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                  <text>FEBRERO.

N? 86.

1841.

::: :
HISTORIA DE FRANCIA.-CATALINA DE MEDICIS.
AUNQl."E el trono de Francia no ha sido nunca exclusivamente ocupado por una mujer, el gobierno
de aquel país ha participado sin embargo con
tanta frecuencia y tan completamente como el ele
cualquier otro reino de Europa del sistema que los
escritores sobre la constitucion de los estados distinguen con el nombre de Ginocrticia. Reinas,
reinas-madres y favoritas han hecho muchas veces
ilusória la ley sálica, y sin llevar positivamente
sobre sus cabezas el emblema de la soberanía absoluta, han ejercido, algunas veces abiertamente, todas sus prerogativas. En el período de que vamos
á. hablar, el año de 1572, el verdadero soberano de
Francia era la célebre Catalina de Médicis, viuda
de Enrique II y madre del monarca reinante
Carlos IX. El corazon humano no alimentó jamás
una amhicion tan excesiva como la que dominaba
á. esta mujer extraordinaria. Sin respeto alguno
por la religion ni la humanidad, y despreciando
igualmente la ley de Dios y la opinion de los
hombres, procedía directamente á la ejecucion de
sus planes con toda la energía y audácia que
requería la naturaleza de ellos, sin sufrir en su
marcha obstáculo de ninguna especie.
Carlos IX heredó en gran parte la habilidad de
su madre, pero esta mujer perversa con el fin de
asegurar mas firmemente su propio dominio, cuidó
de rodear á su hijo desde el momento de su advenimiento al trono (lo cual se verific6 cuando
solo tenia diez años de edad por muerte de 5u
hermano mayor Francisco II) con toda clase de
seducciones las mas apropósito pare. debilitar su
ánimo y pervertir los dotes de In naturaleza.
Hallábase á la sazon la Francia, asi como una
gran parte de la Europa, dividida en dos grandes
partidos que si bien eu un principio debieron su
origen á la diferencia de opiniones en materias
religiosas, tomaron muy luego un carácter político
luchando cada cual en la contienda no solo por su

ToM. VIII.

creencia 6 principios religiosos sino por el derecho
de gobernar y la supremacía polltica. Los hugonotes 6 protestantes diferían de loa católicos en
política y en religion, y hallándose organizados y
mandados por algunos de los hombres mas eminentes de Francia, presentaban una apariencia formidable. Estalló la guerra civil entre ambos partidos y despues de una lucha de muchos años
en la cual los hugonotes fueron secreta y poderosamente auxiliados por Isabel reina de Inglaterra, se firmó en 1570 la paz de St. Germain-enLaye concediendo á estos el libre ejercicio de su
culto: pero el odio que produjo entre ambos partidos el ardor de la lucha no acabó con ella, y Catalina que consideraba le. ascendencia que iban adquiriendo algunas personas notables del bando
protestante en el manejo de los negocios del estado
como un obstáculo á sus miras ambiciosos, se aprovechó de esta enemistad para perpetrar un atentado execrable, tanto mas criminal cuanto que para
satisfacer una pasion mundana y reprensible se
invocó el nombre de la religion, el sentimiento mas
dulce, mas noble y mas afectuoso del corazon
humano.
A la cabeza de la Francia católica se hallaban
despues del rey y su madre el duque de Guisa y
su hermano el cardenal de Lorena, relacionados
con la familia real por el casamiento de su sobrina
Maria, reina de Escocia, con el anterior monarca.
Francisco II. Los gefes de mayor rango entre los
hugonotes eran los dos príncipes reales, Enrique
rey de Navarra y el príncipe de Con dé; pero el
alma de este partido, el que principalmente Jo
dirigía con sus consejos é influencia popular, era el
Mbit y bizarro Coligni, 6 segun el titulo con que
generalmente le distinguían en su tiempo, el almirante de Chatillon, La inmensa mayoria de la
poblacion era católica, pero con todo los protestantes formaban tambien un cuerpo consideraLle y
F

\

�3.J.

EL INST~UCTOR, O REPERTORIO

poderoso, y aunque las 1·ecientes batallas de J arnac y ?t!oncontour, en las cuales fueron batidos
por el duque de Anjou hermano del rey, habian
clisminuido algun tanto su fuerza, la energia inherente á una secta nueva y agresora les hizo reponerse muy pronto de estos desastres. El efecto
de la paz de 1570 (comuumente llamada la paix
boiteuse- la paz coja) fué mns bien suspender
por un tiempo las hostilidades entre ambos
partidos que el reunirlos ó terminar sus difc..reneios.
En este estado se hollaban las cosas cuando la
l'eina madre resolvió dar un golpe decisivo para la
consolidncion de su autoridad. No hay razou
alguna para suponer que Catalina en su premeditado ataque contra los protestantes se hallaba impelida por motivos religiosos. Su carñcter y la
historia entera de su vida contradicen esta suposicion. En su modo de tratar á los dos partidos
hasta aquel momento babia manifestado toda la
imparcialidad que podio. esperarse de una persona.
enteramebte indiferente á los principios de ambos,
haciendo uso del uno únicamente parit balancear
al otro, y favoreciendo ya á los católicos, ya á los
pretestantes segun-convenio. por el momento á la
consecucion de sus planes.
La ocasion que escogió Catalina para 1n l)erpetracion de su diabólico designio, contrib_uyó á hacer
mas odioso el carácter de la tragedia qne iba á
representarse. Con el fin ostensible de consumar
la reconciliacion de ambos partidos se babia proyeetado .el casamiento de la princesa Margarita
hermana de Carlos IX con Enrique de Navaxra..
Existen hartos motivos para creer que Catalina
y su hijo propusieron esta union con el intento de
inírndnr el día de su celebracion en la sangre de
sus desventurados vasallos. Adoptáronse cuantos
medios se consideraron oportunos para desterrar
en la corte los celos y animosidad de ambos bandos
á fin de establecer la confianza necesaria para la
perpetracion del a.tentado. El rey mismo se encargó de manejar á Coligni, y empleó para conseguirlo un disimulo y un artificio tan sµperior á ,sus
años que muy pronto hizo caer al almirante en. la
red que le babia tendido. H.abiendole llamado á
su corte le recibió.Carfos con un grado de distincion que apenas se babia concedido hasta entonces
á ningun vasallo, y no solo restableció al indultado
rebelde en torlossus honores y d.igni&lt;lades, sino s¡ue
Je admitió en su confianza, le consultó en todos los
asuntos de estado, y pareció guiarse por su opio.ion
mas que_por la de ninguno de sus demns coru~jeros.
Con estas.y otras apariencias 11-egó á persuadirse
el almirante de que no tenia amigo mas firme y
verdadero .que su jóven monarca. Engañado asi
Coligni, no es-extraño.que la mayoria. del partido
que le consideraba como su gefe ca_yese tambien
en el mismo lazo. Las ofertas de union y amistad
proferidas en la corte fueron considerad.as como
sinceras no solo por los protestantes sino tambien
por los miembros del otro partido, pues hasta pocas
horas antes de la ejecucion del plan homicida solo
la reina. y s.u ~ijo estaban en el secreto;. y cuando
se enviaron couvites á los principales ~~ñores pro-

testantes residentes en las provincias para que asís•
tiesen á las bodas reales, pocos rehusaron acudirá
París por el temor de que sus vidas corriesen peligro en una ocasion que para ellos era en realidad
un verdadero triunfo, y que debía sancionar la presencia y autoridad de su venerado y experimentado
gefe como consejero íntimo del rey. Sin embargo
algunos de ellos mas cautos juzgaron prude1rte
rehusar el convite.
Los estrechos límites de un artículo no nos permiten entrar en el pormenor de los festines que se
celebraron para obsequiará los gefes de los hugonotes y de los varios artificios de que se hizo uso
para distraer sus sospechas. El dia 22 de Agosto
de 1572 fué herido el almirante Coligni por un
asesino que le disparó un tiro de fusil desde una
ventana. Es ya un hecho generalmente admitido
que el tal naesino fué empleado por Catalina para
este fin, pero se ignoro. la razon que hubo para
atentar aisladamente contra la vida del gefe de las
hugonotes antes de empezar la proyectada matanza. general. Como quiera que fuese, tuvo esta
circunstancia el efecto contradictorio de excitar de
nuevo los sospeehas de este partido y el de desterrarlas completamente; pues el rey acompañado
de su. madre visitó al anciano y manifestó el mayor
sentimieñto por lo ocurrido : bajo pretexto de protegerle contra nuevos atentados mandó colocar en
su casa una fuerte guardia, mientras que muchos
de los adictos á Coligni aceptaron el convite dél
rey y se trasladaron -al palacio donde se creían mas
seguros.
Llegó por último el día en que se celebraba la
fiesta de San·Bartolomé y las preparaciones paru.
la horrible trageaia se hallaban ya completas. Se
dispuso que la señal para comenzar la matanza se
daria al romper el alba por el reloj del palacio
de la Justicia. Los conjurados debían entonces
penetrar en las casas donde se hallaban alojados los protestantes, y proceder á la degollacion
de estos sin distincion de sexo ni edad. Las
puertas de dichas casas habian sido todas señaladas de antemano con cruces blancas. Los asesinos á. fin de poder reconocerse cuando se encontrasen, llevaban tambienuna banda blanca rodeada
al brazo izquierdo y una cruz del mismo cólor en
el sombrero. Despues que comenzó la matanza
parecen haber sido generalmente adoptadas esta-s
señales distintivas por la póblacion católica como
medio de reconocimiento mútuo, y á fin de poder
transitar sin peligro -en medio de la terrible borrasca que inundaba. de sangre las calles de la desgraciada. ciudad de Paris.
Sin embargo á pesar de lo dispuesto respecto á
la hora de comenzar la carnicería y el punto desde
el cual debía darse la señal, el ánimo vacilante de'l
rey ( que ú. pesaT de los p'érfidos consejos de su
madre repugnaba aun sancionar tan bárbaro atentado) estuvo cerca de impedir su ejecucion ; pero
Catalina aprovechándose de un momento de excitacion que logró producir en el ánimo de su hijo,
anticipó Ias ordenes expedidas y mandó que tocasen arrebato inmediatamente desde el campanario
de la.iglesia o.dynoente de San German l'Auxerrois

DE IIIS'fORIA, BELLAS LETRAS Y AR~ES

3G

principales los cadáveres desnudos y los miembros
y que comenzase desde luego la matanza. Eran á
mutilados de los víctimas, yacían todavía sin sepulla sazon los dos de la mañana.
tura y aun empezaban á ¡,utrifiea-~e. Estas reli,.
Apenas oyeron los habitantes de Paris el toque
quias de la mortandad abundaban sin embargo mas
alarmante de arrebato, salta.ron pavorosos de su
que en ninguna otra parte á las inmedia&lt;'iones del
lecho en elxpectativa de la causa que podía produrio, en cuyas riberas se hallaba establecido una
cirlo. Las ventanas del palacio del Louvre, y el
especie de mercado donde se veía á los parientes
de las Tullerias, y muchos otros edificios públicos
de los c1ue perecieron entrar en ajuste por sus
y privados fueron iluminadas inmediatamente, y
cadáveres con aquellos que los habían sacado de las
los inquilinos de las &lt;lemas casas habi€ndo imitado
aguas.
este ejemplo fué muy luego general la ilumfoacion.
Excesos semejantes aunque en escalá mas limiSin embargo pasó algun tiempo en preparaciones
tada que los de París, se cometieron al mismo
por una parte, y terror, perplexidad y confusion
tiempo en varias otras ciudades de Francia á las
por la otra antes de empezar la matanza. Dada ya
cuales se despacharon de antemano correos de órden
la señal no era posible impedir sus efectos; por
del rey anunciando lo que iba á suceder, y el popuconeecuencia quedaba desvanecido el temor de que
lacho alentado por el ejemplo de la capital y excila irresolucion del rey frustrase la consecucion del
n}an, y esto es lo que quería asegurar la cruel Catatado acaso por las autoridades, se entregó á toda.
lina.; pero logrado este objeto no quiso que el
clase de excesos.
éxito de la empresa corriese peligro de ser menos
El número de individuos que perecieron en esta
terrible convulsion ha sido objeto de cálculos muy
oompleto á causa de empezar el ataque antes del
diversos como era de esperar en un asunto tan
tiempo originalmente señalado, ó cuando los presujeto á conjeturas. Un historiador católico (Pereparativos necesarios se hallaban acaso imperfectos.
fixe) lo hace subir hasta 100,000; pero la opinion
Sobre todo se babia dispuesto, por consejo de un
de Thou que lo fija en unos 30,000 ofrece mas properverso cortesano llamado Savennes, que de ningun modo empezaría la matanza antes de ser de dia,
babilidad de exactitud. En Paris asegura este
último eBcritor que perecieron 2,000 personas el
por temor de que algunas de fas víctimas se escapasen á favor de la oscuridad.
primer dia solamente, y otros afirman que el nú.mero de víctimas en la capital antes de la termiColigni fué una de las primeras eutre ellas. Un
peloton de asesinos se dirigió á su residencia. y
nacion de la matanza no fué menos de 10,000. El
penetró hasta la alcoba del anciano. "¿ Sois vos el
historiador Dávila que adopta este cálculo, dice
almirante de Chatillon7" le dijo uno de ellos 1&gt;reque entre los muertos había quinientos nobles,
caballeros y oficia.les militares de alto rango.
sentándole al mismo tiempo su espada desnuda.
En la confusion de la matanza en París hubo
"Si, yo soy," respondió tranquilamente; y luego
fijando los ojos en el arma con que era amenazado:
algunos escapes nota.bles, pero uno de los mas ex"J óven," añadió, "debierais haber respetado mi
traordinarios fué acaso el del mariscal de In Force
edad y mis achaques, pero á bien que solo abreviael cual se halla representado en el grabado anexo.
reis mi vida algunos tlias ú horas; sin embargo
El historiador Mezeray había publicado un rehubiera deseado lograr la muerte de un soldado,
lato inexacto de esta circunstancia que despues
en vez de perecer á manos de un rufian despoetizó Voltaire introduciendolo en su poema de
preciable." El asesino entonces, pronunciando un
la Enriada. El poeta tuvo sin embargo despues
voto terrible, le envainó la espada en el pecho,
ocasion de examinar las memorias que de su vida
dándole luego repetidos golpes en la cabeza.: los
escribió el mismo mariscal, y en una edicion
demns le asaltaron al mismo tiempo con igual
siguiente de su Enriada insertó como nota un referocidad, hasta que cayó al suelo sin vida. Oyose
lato mas exacto de aquel suceso. El señor de la
entonces la voz del duque de Guisa preguntando
Force, padre del mariscal, era uno de los protesdesde abajo si estaba. perpetrado el hecho. Hatantes distinguidos que residían en el barrio de San
lliendole contestado en la afirmativa, manuó que el
Germnn cuando empezó la matanza. La primera
cuerpo fuese arrojado por la ventana al patio á fin
noticia que tuvo de lo que pasaba en Paris en la
de ver por sus propios ojos si era efecth,amente el
mañana fatal del domingo, fué por medio de una.
almirante á quien habían muerto. El cada.ver se
persona que segun parece atravesó el río á nado
hallaba tan desfigurado que al principio no lo conopara prevenirle del peligro que corría. Con el
ció, pero hnbiendose inclinado sobre él y limpiado
caballero la Force vivían sus dos hijos, de los cuales
él mismo con un pañuelo la sangre que cubria el rosel mas j6ven que des pues llegó á ser mariscal, tenia
tro: "El es," exclamó, "ya le reconozco." Dióle
entonces trece años. Si el padre hubiera pensado
entonces una patada, y reuniendo sus secuaces, se
solamente en su spgurida.d personal, probablemente
ausentó con ellos.
habría logrado ponerse en salvo como lo efectuaNo pretenderemos entrar en todos los horribles
ron varios amigos suyos: 1Jero hubo de perder
pormenores de este atroz atentado. La matanza
algun tiempo en preparar á sus hijos para huir con
general duró tres días, y aun despues durante el él y antes de que saliesen de casa ya habian penel'esto de la semana hubo un crecido número de
trado en ella los asesinos. El caudillo feroz que los
víctimas.
capitaneaba habiendo mandado desarmar á los
El aspecto que presentaba la ciudad de París
prisioneros se dirigió á la Force, y con horribles
despues que hubo cesado In cnrniceria ern verimprecaciones é insultos le anunció que babia lle.
ooderamente repugua.nte. En algunas de las calles
gado su última hora, SiJ1 embargo habieD.dofa

�EL INSTRUCTOR, O REPERTOilIO

ofrecido La Force dos mil pesos por que perdonase
la vida á él y á sus dos hijo•, el rufian y su bando
se convinieron en aceptar esta suma. Despues de
haber saqueado la casa, mandaron á los tres que
atasen sus pañuelos en forma de cruz sobre los
1ombreros y remangasen el brazo derecho, despues
de lo cual salieron todos juntos á la calle. El rio
cuando lo atraVl!saron se hallaba ya cubierto de
cadáveres, asi como los patios del palacio del
Louvre y demiis sitios por donde pasaban. Llegaron por fin ú la casa de l\Inrtin gefe del bando que
conducía á La I&lt;'orce, y habiendo exigido á este un
juramento solemne de que no intentaría escapar
hasta haber pagado la suma prometida, quedaron
el padre y los dos hijos bajo la custodia ele dos soldados suizos.
}!adama de Ilrisumbourg cuñada de La Force
rcsidcute ca el arsenal, del cual era gran maestre

su pariente el mariscal de Biron, íué la persona á
quien acudió aquel en solicitud de la suma necesaria para lograr su libertad y ella prometió remitirla puntualmente en la noche del siguiente dia.
Fué pues preciso que los Jirisioneros permaneciesen
hasta entonces donde estaban. Por último cuando
llegó la hora señalada partió un mensajero á buscar el dinero, pero antes de que volviese, se pre•
sentó el conde de Cocona á la cabeza de un pelo•
ton de soldados, con ordenes, segun dijo, de conducir inmediatamente á los prisioneros á la pre•
sencia del duque de Anjou. Apenas hubo inti•
mado el objeto de su visita cuando sus satélites se
arrojaron sobre La Force y sus dos hijos y los des•
pojaron de sus capas y sombreros, y por el modo
brutal con que los trataban les dieron bien claramente á entender la suerte que les estaba preparada. Condujéronlos sin embargo hasta el ex-

DE IIISTORIA, DELLAS LETRAS Y ARTES.
tremo de lo. calle de St. Honoré sin causarles daño
alguno; pero al llegar á aquel punto hicieron alto
los asesinos, y arrojándose repentinamente sobre
ellos, despacharon primero al hijo mayor y un instante despues al padre, cosiendolos ambos á puñaladas. Por una casualidad tan feliz como extraordinaria el mas jóven de los hijos cuyo nombre era
Snnüngo Nompar, escapó ileso en la confusion del
ataque habiendo caído todos los golpes de los asesinos sobre su padre y hermano. Tuvo sin embargo lo. presencia de ánimo de dejarse caer á su
lado, y revolcándose en la sangre de que estaba
cubierta la tierra, gritar que estaba mortalmente
herido y en seguida finjirse muerto. Los asesinos
suponiendo el hecho ya perpetrado, despues de
haber de~pojado apresuradamente los tres cuerpos,
se alejaron de aquel sitio. No tardaron mucho en
acercarse algunos vecinos compasivos y entre ellos
un pobre artesano : este fijando la vista en el
cuerpo del jóven Santiago dijo hablando consigo
mismo: ¡ Que lástima! Este es uno. mera criatura! Esta observacion aunque hecha en voz baja
fué oido. por el jóven La Force quien se aventuró,
animado por ella, ó. levantar con disimulo la cabeza y manifestarle que todavía estaba vivo. El
hombre al oir eYto le mandó que se estuviera quieto
hasta que pudiera volver por él y llevárselo de
alli sin ser visto. Tan luego como vió despe.,,
jada la calle y que no había en ella quien pudiese
observarle, regresó y arrojando una capa vieja sobre
el muchacho, le tomó en hombros y se encaminó
hácia su propia casa. Algunas personas á quienes
encontró le preguntaron á quien llevaba de aquel
modo. "Es mi sobrino que está mas borracho que
una cuba: no será mala fel¡&gt;a la que él lleve esto.
noche." Pronto llegó á su casa y en ella pasó In
noche el jóven La Force. A la mañana siguiente,
martes, su libertador á instancias suyas, se convino
en conducirle al arsenal, bnbiendole ofrecido el
jóven treinta pesos por este servicio. Salieron
juntos al romper el dia, y en breve rato llegaron á
la entrada del arsenal sin haber experimentado
interrupcion alguna. La dificultad era ahora el
que La Force lograse penetrar en el edificio con el
vestido andrajoso que para mayor seguridad habia
adoptado, pero habiendo dejado á su guia á la parte
exterior, halló por último una oportunidad de escurrirse sin ser visto del portero entre otras personas que entraron al mismo tiempo. A nadie encontró hasta llegar á aquella parte del arsenal
donde residia su tia. La sorpresa y emocion de
esta sefíora al verle fueron tanto mayores cuanto
babia recibido ya la noticia de que los tres habían
perecido. Envió inmediatamente las treinta coronas al pobre artesano, é hizo acostar á La Force
para que se recobrase del terror y agitllcion que
babia experimentado. Permaneció escondido en
el arsenal los dos dias siguientes ; pero al cabo de
este tiempo recibió aviso el mariscal de Biron de
que iba á'ser registrado el arsenal de órden del rey
á consecuencia de los rumores que circulaban de
haberse refugiado en él algunos hugonotes. Se
consideró pues oportuno transferirle á otro paraje
seguro, y en la mañana del jueves, habiendole ves-

37

ticlo de page, fué confiado al cuidado de un
J\1r. Guillon, interventor de artillería á quien sin
embargo le dijeron solamente que era el hijo ele su
difunto amigo Benupny, y que habiendo llegado
recientemente á París, no se deseaba otra cosa sino
que tuviese cuidado con él hasta qne cesara el
estado de confusion en que se hallaba la capital.
Permaneció con Mr. Guillon siete ú ocho dins, pero
aun entonces habiendo circulado las nuevas de su
milagroso escape temieron sus parientes que los
asesinos hiciesen alguna tentativa para apoderarse
de su víctima: sin embargo con mucha cautela y
precauciones lograron sucarle fuera de París, y
dcspues de varias aventuras y peligros tuvo la
suerte el fugitivo La Force de llegar á la casa de
un hermano de su padre que residía cerca de J\lirande en el sur de la. Francia, y el cual le recibió
con el mayor júbilo y cariño. Este jóven que tan
pro,idencinlmente se libró de la muerte, y que
luego ascendió al elevado rango de mariscal de
Francia, vivió mas de ochenta nfíos despues del
suceso que acabamos de referir, habiendo fallecido ó. la edad de noventa y cuatro nlios en el de
16-33. Fué probablemente uno de los últimos que
sobrevivieron á la sangrienta escena en In cual estuvo tan cerca de perecer.
Catalina de Médicis que dispuso é hizo ejecutar
la atroz matanza de los hugonotes, fué esposa do
un rey de Francia y madre ele tres. Su marido
era Enrique, hijo del famoso Fraucisco I; y sus
hijos fueron Francisco II con quien e~tnvo casada la célebre l\larin Estuarda reina de Escocia,
Carlos IX que reinaba durante la época á que se
refiere este artículo, y Eurique III que le sucedió.
Carlos IX murió en 1574, dos años despues del funesto din de San Ilartolomé cuando apenas contaba
veinte y cuatro nfios de edad. Sus últimos momentos fueron emponzoiíados por el recuerdo lle
aquel hecho cruel. Su hermano que le sucedió
hizo asesinar á los Guisas, pereciendo uno de ellos
1
á pufíalndns en el gabinete mismo del rey. En
cuanto á Catalina murió en ló89 odiada no solo de
sus vasallos sino aun puede decirse del mundo
entero.

El mundo es un libro muy voluminoso, y el que
pasa la vida en iu casa no puede leer sino una
página.

�EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO
CULTO TRIIlUT.iDO A LOS A~DIALES EN EL INDOSTAN.

EL TORO DRACMAN.
ENTRE los actos de barbárie de que debiera el
hombrP. avergonzl\rse, y que tanto disminuyen la
dignidad y nobleza de su ser, pocos hay que reJ)Ugnen á la humanidad como el maltratamiento y
crueldades per¡,etradas con los animales, e~pecialmente aquellos que desde el primer momento de
su existencia Jlrestan ya senicios al hombre que
tnn mal los reconoce. El noble caballo, el paciente y no menos í1til asno, el perro mismo, este
símbolo de la fidelidad y amistad pura, son víctimas del tratamiento mas inhumano tal vez en el
momento mismo en que sus esfuerzos son mas
útiles al dueño inconsiderado que los 01irime. Y
esto sucede entre nosotros; nosotros que apellidándonos hombres ch·ilizados miramos con desJ)recio aquellos pueblos que si bien no cultivan
aun las ciencias y las artes con tanto acierto, conservan en cambio otras virtudes patriarcales que
el orgulloso europeo ha creido deber olvidar. Por
lo menos, concretándonos á la cuestion presente, es
indudable que cuanto mas nos apartemos delcentro
de los progresos, veremos mas humanidad luicia los
animales. Aun sin salir de Europa, la Turquía
misma, ese país á quien favorecemos con el epíteto
de semi-bárbaro, nos da el ejemplo en esta parte.
Los turcos consideran como un deber el no maltratar sin necesidad á los animales, creyéndose
obligados por la inversa é. recompensar con el
cuidado mas asiduo los servicios que de ellos reciben. Debe decirse Ein embargo en viudicacion
de la Europa occidental, que existe una sociedad
en Inglaterra cuyo objeto es evitar la perpetracion
de crueldades con los animales. Loor é. los hombres benéficos que la componen, y ójala sean imitndos sus esfuerzos en todos los demos paises !
Otro estremo no menos reprensible que el que
acabamos de indicar, y aun mucho mas si se considera el principio supersticioso é. que debe su
origen, es la veneracion con que son trotados los
animales en la mayor parte del Asia meridional.

La benevolencia de los musulmanes hácia elfo,
proviene solo de su bondad natural, y debe rara
vez su origen á un sentimiento religioso ; así estas
manifestaciones no esceden por lo general los límites-racionales. Los turcos se abstienen de maltratar, mas bien que favorecen, y aun su mansedumbre se estiende solo ú los animales inofensivos;
pero en el lndostan donde las relaciones del hombre con la mayor porte de los animales estan
fundadas sobre creencias supersticiosa~, no es ya
benevolencia, no es solo afeccion lo &lt;Jue les tributan, sino un culto respetu03o, una verdadera
adoracion. Ni se limita esta á una especie particular; todas las razas tienen derecho á este bomenage; los animales feroces y destructores, los
incómodos y nocivos son protegidos y venerados
á la par de los mas útiles y mansos. Este culto
toma su origen en la fe que prestan los indos á la
metempsicosis ó transmigracion de las almas, á la
presencia de un principio divino, de una emonacion
celeste en toda criatura, asi como en las innumerables aventuras de los dioses de la India, de cuyas
resultas se l,nn puesto en relaciGn intima con diferentes especies de animales. Parecen increibles
las costumbres, las instituciones estraordinarios que
han producido estos sentimientoa de los indos hácia
los animales, y que ofrecen nuevos materiales á la
historia de los aberraciones humanas. Todas las
sectas se abstienen, por princi1&gt;io general, de dar
la muerte á los animales; algunas, sin embargo,
hacen escepcion de esta regla matando á las bestias
feroces, y aquellas que pueden servir de alimento;
pero ea cambio las hay que no solo abominan este
género de comida, siuo que rehusan atentar é. la
vida de un animal cualquiera bien sea en defensa
propia ó para evitarse sufrimientos é iucomodidades. Así los Yainos, mordidos por una pulga
ó un mosquito, se guardan muy bien de destruirlos,
antes al contrario permanecen inmóviles temiendo
ejecutar el menor movimiento que pueda con-

DE fiISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

30

trarinrlos en su operacion. Aun estos animales
esqueleto en el pozo de donde los extraen dcspucs
tan despreciables en la. escala de lo creado, y que
por caminos subterráneos pnra arrojarlos en lo.
en nuestra opinion merecen menos _que otro almar. Los guardas de este cementerio velan con
guno, prhilegios de n!ng~na especie, _son n:uy ' cuidado sobre los cuerpos depositados en su recinto
favorecidos en ciertos d1stntos de lo. Iodrn. Funpura observar cual de los dos ojos será primero
danse para ellos hospicios y hospitales donde se
arrancado de su órbitn por el buitre. Si es el
reunen por millares, y cuando llegan á e~casear lo~
izquierdo, el juicio pronunciado contri\ el muerto
creyentes que 11or devocion y penitenci'.l se soha sido terrible y sernro; por la inversa si es el
meten á la voracidad de estos fcrol!es msecto~,
derecho la sentencia es foyorable."
alquilan mendigos que mediante rierta cnntidad
Los indos llcvnn aun mas adelante que los auconsienten en abandonarles por un tiempo dado
tiguos egipcios los honores religiosos que rinden 1í.
sus piernas 6 bruos. Otros insectos hay no menoa
ciertos animales. No causa ya risa la estravafestejados· y entre los cua,lrúpedos ha~ta el rnton
gancia de los homenoges que el emperador Calígulo..
disfruta el~ la conveniencia de estas fundaciones
q ueria fuesen tributados á su caballo-con su!, al ver
piadosns. U na de estas ratoneras, vi;;itada últiel culto de que son objetos los elefantes bloncos en
mamente por un vingero, encerraba sobre cinco
varios puntos del Asia, como Siam, llegú, y el
mil habitante~, y una suma con~ider.ible pe~aba
imperio de los Dirmancs. Estos elefantes tienen
sobre las rentas del estado para su manteuimiento.
una corte rica y l,rillunte como la de u11 príncipe
No hablaremos de los casas de refugio establecidas soberano. Una serYidumbre numerosa está anexa
para otras diversns especies de animales, diremos
ú cada uno de ellos, La vasta mansion de uno de
solo que las monas parecen ser en general objeto
estos privilegiados brutos, estaba so.tenida, segun
de atenciones y cuidados mas solícitos. Ademas la descripcion de un testigo ocular, por hermo~n~
de los bananos que son pam ellas otros tantos
columnas y dorada interior y exteriormente. Una
santuarios, hay numerosasenfermeriasdonde hallan 1 cortina de terciopelo negro bordada de oro oculsegura y favorable acogida los ancianos y acha- j taba la entrada é. las piezas interiores. El elecosos.
fante, sujeto con cadenas de plata, descansaba sobre
Segun la creencia de algunas tribus, el destino
un colchon de pafio azul cubierto con una rica
futuro de un moribundo depende principalmente alfombra, y sobre ella una colcha de seda carmesí.
del sitio en que reposan sus despojos, y es una
El oro, los diamantes y los rubies brillaban sobre
garantía de folicidad eterna el ser devorado por los espléndidos harneses. Cuando lo Uevabnn o~
ciertos animales. Sobre los montes del Himalnyo,
baño iba precedido de una música estrepitosa, y
el estómago de un milano sagrado es un purgatorio
al volver le lavaba un camarero los pies en una
que purifica el cuerpo. He aqui la de~cripcion
palangana de oro. Tenia un din sefialado de reque hace un observador ingles del procedimiento cepcion y audiencia; el pueblo venia á adorarle,
por el c\Hll proporcionan á los muertos esta feliz
y los embajadores extranjeros eran admitidos á
sepultura. "En primer lugar lavan el cuerpo con
hacerle la corte y ofrecerle sus regalos. El buey
mucho cuidado, y despues de prepararlo con v-nrias
no es venerado con tanta pompa y fausto pero disceremonias, le, meten en un gran mortero en el fruta de igual consideracion, y si bien no pasa la
cual machacan juntos los huesos y la carne hasta
vida rodeado de una magnificencia real, no es por
que todo queda reducido á pasta. Con ella hacen
esto menos dulce y cómoda su existencia. En
bolas pequeñas que distribuyen sobre un campo ciertos casos, y mediante la debida interpretacion,
destinado é. este uso. Innumerables bandadas de puede disculparse el acto de dar muerte é. un
milanos jiran sin cesar en torno de este sitio fú- animal cualquiera, pero maltratar é. un buey es
nebre, y descienden á tierra aai ,1ue la aproxima- un sacrilegio que nada puede justificar. En mecion de un convoy les anunr.ia el apetecido ban- dio de los horrores de una escasez general que
quete." La ventaja de ser devorado por estos
desoló á la India en 1812, once indos acosados
milanos sagrados, se paga á un precio exhorbitante,
por el hombre se estraviaron al punto de matar
JlOr cuya razon solo los grandes personages y los una vaca y devorarla: pagaron todos este crimen
ricos obtienen este privilegio. Los cuerpos de los con lo. vida, cargados de maldiciones.
.,pobres son patrimonio de los buitres. Esta creenHay una especie de toros á 108 cuales se tributa
cia. de los pueblos del Ilimulaya existe tambien
una Yeneracion aun mas profunda. Esta raza,
entre los Parsis de la costo de .Malabar. "Su mas pequeña que lo de rmestros bueyes comunes,
cementerio principal," dice el mismo viagero que
se acerca ú la familia de los bisontes por una proacabamos de citar, "está situado á la orilla de
tuberancia entre las espaldilla,, distinguiéndose
la mar, y consta de un edificio circular, sin techo,
ademas en varios pellejos ó papadas que penden
de unos 60 pies de diámetro y 30 de altura. El
de la parte inferior del cuello. El grabado colointerior, de sólida mampostería, es en forma de cado á la cabeza. de este artículo representa un
embudo con un pozo en el centro muy capaz y
individuo de esta especie. Sus formas son reprofundo. Al rededor de este pozo, hay en la dondas y bastante graciosas. Su fisonomía es
fábrica varios huecos con menos declive que lo dulce, su humor pacífico. En su carácter así
demas, sobre los cuales se depositan los cuerpos como en su figura, tiene algo de la languidez
para que sean pre,a de los buitres. Asi que e;;tos 1 asititica, y aun ciertos r&gt;lsgos de In desdeñosa segubllll de,pojado los huesos de la carne que los cubria, ' ridad de los Ilracmanes. La veneracion J&gt;Ública
acuden los parientes del difunto y precipitan el I confunde en realidad, y coloca en el mismo rango

�40

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

EL INS'rRUCTOR, O REPERTORIO

al animnl sagrado, y á estos sacerdotes únicas personas encargadas de su cuidado. Dichos toros
designados por respeto con el nombre de toros
bracmanes, tienen su domicilio en las dependencias
ú accesorias de los templos á cuya inmedincion
pasan la vida en el ócio y el regalo. No hay una
barrera que no caiga, una puerta que no se abra
delante de ellos, ni un prado á cuyo ¡,asto dejen
de tener libre acceso. La solicitud con que se
procura prevenir sus deseos, les ha inspirado una
confianza, una familiaridad que todo otro que un
creyente hallaría incómoda y vejatoria. Penetran
en las casas é hincan un diente caprichoso en
cuanto tienta su apetito. Se pasean lentamente
por los bazares, y si algo atrae su atencion en las
tiendas ó en los puestos, derriban sin cólera y con
la mayor indiferencia cuanto se les pone por
delante, y comen los granos, frutas ó legumbres
que se apresuran los mercaderes á ofrecerles con la
mas obsequiosa complacencia. Sin embargo no
sin esperanza de alguna retribucion reciben los
indos pacientemente estas visitas importunas: los
toros bracmanes están particularmente consagrados al mas temible de los dioses del lndostan; al
destrnctor Siva; llevan sobre el anca uno de los
símbolos alegóricos de la divinidad á quien pertenecen por la circunstancia de ser un individuo
de su raza, el buey N andi, quien tiene el honor de
servir á Siva de cavalgadura ordinaria. Pien@an
pues los indos que sus buenos oficios hácia la
montura pueden engraciarlos con el ginete, Sirvense ademas del sagrado animal como de un
medio de transporte para ellos mismos. Feliz el
indo que expira en las aguas del Ganges asido á
la cola de un buey ó de una vaca ! Puede estar
seguro de llegar via recta y sin tropiezo al paraiso
del Indostan.
Esta mansedumbre exagerada de los indos hácia
los animales ofrece un contraste singular con el
desprecio que hacen de la vida y de los padecimientos corporales, en algunos de sus ceremonias
ó funciones religiosas.

LA LECTURA Y EL ESTUDIO.
U.No de los grandes defectos de la enseñanza propia en la actualidad es que se lee mucho mas que
se estudia. La lectura y el estudio son ambos indispensables en su proporcion debida, pero ninguna de estas ocupaciones puede por sí sola reemplazar á la otra. Es necesaria la lectura para
instruirnos de los hechos tanto de la época actual
como de los siglos anteriores: ella nos provee de
materiales para pensar: dirige nuestra mente, sin
mucho esfuerzo por nuestra parte, hácia objetos
nuevos y deliciosos, formando asi nuestro gusto y
nuestro estilo, y nos proporciona á poca costa un
exquisito goce mental. Pero leer no es estudiar.
Un hombre puede leer gran número de libros y
aun estos buenos y selectos, y sin embargo no
tener el mas remoto derecho al título de literato.
Una mente instruida y completamente educada es

solo el resultado del estudio. Cada individuo debiera dedicar una parte de su tiempo á la adquisicion de un ramo determinado del saber, y emprender su estudio con la firme resolucion de conseguir el objeto que se ha propuesto; de este modo
adquirirá el hábito importante de disciplina mental, y la facilidad para investigaciones sucesivas
que le preparará para abrazar, analizar y comprender otros asuntos. Este es un trabajo que
cada hombre debe hacer para si; no hay colegio ni
escuela que logre hacerlo por él, ni catedrático por
erudito que sea que pueda indicarle un camino
real que conduzca á estas adquisiciones. Buena
eleccion en los Ji bros, leer poco cada din, reflexionar mucho, á libro cerrado, sobre lo que se ha
leido, consignar al papel el resultado de estas
reflexiones, corroborarlas ó combatirlas con adquisicion~s sucesivas hasta formar conclusiones
convincentes: no procederá un asunto nuevo hasta
haber completamente analizado y comprendido el
anterior, y sobre todo continuar periódicamente
este curso de educacion mental sin precipitacion ú
anelo excesivo, ni interrupciones mas nocivas aun.
Un poco cada día, pero ese poco, seguroGutta lapidern cavat, non vi sed saipe cadendo,

OSOS EN RUSIA.

EN el distrito de Novogorod que abunda en espesos bosques y se halla muy infestado de estos animales, tienen los aldeanos un modo singular de
libertarse de sus desagradables vecinos. Se apoderan de los cachorros en la primavera durante la
ausencia de los padres; construyen luego una
balsa sobre la cual los sujetan clavándolos á ella
por los piés, y en seguida la abandonan á la corriente del rio. Los osos que oyen sus gritos y quejidos, siguen la balsa rio abajo: por último los
cachorros mueren, y sus padres enfurecidos atacan
cuanto se les pone por delante, pero ya por entonces se encuentran á una distancia considerable
de sus primeras guaridas, así que los autores de
su infortunio no son los que sufren los efectos de su
venganza. Debemos este relato á una señora que
asegura haber visto una balsa flotante con los
cachorros muertos en ella.
Los rusos tienen algunas ideas muy raras respecto á los osos: entre otras cosas dicen que un
par de osos ele distincion se eximen del cuidado de
educar á sus cachorros empleando para este fin en
calidad de preceptor á. otro oso de rango inferior,
esto es, de menos fuerza y valor, el cual requiere
proteccion, y cuida de los hijuelos mientras los
padres salen en busca de alimento. Este dómine
que en lengua rusa se llama pestoon ó pedagogo,
saca á sus pupilos á tomar el sol á la entrada del
bosque, y permanece él de centinela avisándoles
con un grito de la proximidad del peligro. Este
refinamiento de costumbres no parece haberse extendido aun IÍ los osos del distrito de N ovogorod,
pues si asi fuese, se hallaria su progenie mas á cubierto de las crueldades perpetradas con ella por
los habitantes de aquella comarca.

AMELIA.
ERA un hermoso dia del mes de Octubre de 18-.
Alfredo l\Jo11tgomery que babia venido de Londres
á York á visitará un tio suyo, mercader opulento
de aquella ciudad, salió á dar un paseo por las
amenas y bien cultivadas campiñas situadas entre
York y Bishopthorpe. El camino que babia tomado, cruzaba por entre campos que poco antes
cubrieran doradas mieses, y que á la sazon presentaban la apariencia del otoño, A la izquierda
ondeaban los majestuosos álamos del magnífico
paseo que por mas de tres cuartos de legua guarnece la pintoresca ribera del rio Ouse. Sus hojas
brillaban al resplandor del sol cual oro brufiido.
Hácia la espalda se elevaban las torres de aquel
majestuoso templo, la catedral de York, que es
acaso el edificio gótico mas rico que posee la Inglaterra•, mientras que al frente, el palacio de
Bishopthorpe, residencia del venerable arzobispo
de esta comarca, elevándose sobre los plantíos que
lo rodean, terminaba la perspectiva. Alfredo teuia
un corazon sensible á las bellezas de la naturaleza,
y se detuvo á contemplar estos vistosos objetos,
con sentimientos de admiracion y placer. Acababa de sacar su lapicero para dibujar la venerable
catedral tal como se presentaba en la distancia,
alzándose cual gigante sobre los edificios pigmeos
que la circundan, cuando un grito agudo llegó á
sus oidos. Procedia del camino real á. corta distant'ia de donde se l1allaba Alfredo, quien acudió
al momento para descubrir cual era la causa y
prestar auxilio si fuese necesario. A pocas ,·aras
del punto en que se encontraba vió dos rateros
que despojaban á una jóven tendida en el suelo.
Aunque sin mas armas que un palo voló á su socorro: los ladrones al verle huyeron precipitadamente pnes los criminales son generalmente cobardes. Alfredo dirigió entonces su atencion á la
jóven que acababa de libertar, y que yacia desmayada en medio del camino. Parecia contar
apenas diez y ocho años, y aunque el terror babia
desterrado el color sonrosado de sus mejillas, era
sin embargo evidente que poseía muchos atractivos
personales. Alfredo la tomó en sus brazos, y la
amedrantada doncella empezó luego á dar señales
de recobrar el sentido, lo cual no t'ué poca fortuna
pues nuestro héroe no hubiera sabido que partido
tomar si hubiese durado mucho su estado de insensibilidad. Abrió los ojos y fijándolos en el rostro ingénuo de su jóven libertador "¿Estoy salva?" Preguntó en acento suave.
"Nada teneis ya que temer; sin embargo tan
luego como sea posible convendrá que nos alejemos de este sitio no sea que vuelvan los salteadores dispuestos á tomar venganza."
. "Ah! vámonos inmediatamente," exclamó ella,
mcorporándose; "ya estoy enteramente repuesta,
y puedo "Yolver á mi casa."

• Yéase la descripcion de la catedral de York en el
tomo v,, pag. 265 de El Instructor.

ToM, VIII.

41

"Me permitireis que os acompaíie?" dijo Alfredo,
"pues no quisiera dejaros sola otra vez expuesta á
nuevos peligros." E sta oferta fué inmediatamente
aceptada por su jóven compañera, y ambos se encaminaron á la casa de campo de su tia, que,
segun dijo ella, se hallaba situada á corta distancia.
Al llegar recibió Alfredo de la señora Mildmay
las mas expresivas gracias por el servicio que acababa de prestar á su sobrina, admitiólas este con
una modestia é ingenuidad que realzó considerablemente la opinion que de él habian formado
ambas. Varios amigos de Alfredo lo eran tarobien de la señora Mildmay, así que durante su permanencia en York tuvieron frecuentes ocasiones
de verse, y cuando últimamente partió Alfredo
para la metrópoli, llevó consigo la seguridad de
que el corazon de la hermosa Amelia }1ildmay era
enteramente suyo.
No sin dificultad se separó Alfredo del paraje en
que se hallaban concentradas todas sus esperanzas
y deseos, pero las ordenes de su padre eran imperativas. Sir Jaime Montgomery era el gefe de
una antigua y noble familia, y consideraba á su
hijo como el ser destinado á perpetuar el honor y
lustre de ella. Bien conocia Alfredo que su padre
no consentiria jamás en su union con la hija pobre
y huérfana de un cirujano de provincia, pues tal
era Amelia, por muy amable que fuese, y aunqne
se hallase adornada de las prendas mas relevantes;
asi es que obedeció los mandatos de su padre con
cierto presentimiento funesto de desgracias venideras, pero resuelto al mismo tiempo á resistir cuantos
esfuerzos pudieran hacerse para inducirle á quebrantar los juramentos que le ligaban tí. su querida
Amelia. Mas Alfredo no conocia su propio corazon ; confiaba demasiado en la fuerza y estabilidad
de su cariño, y se engañó.
Sir J airue supo por medio de su cuñado, en cuya
casa permaneció Alfredo durante su residencia en
York, que este babia concebido una pasion amorosa hácia una jóven que no tenia cosa alguna que
la recomendase sino hermosura, bellas prendas y
una educacion muy esmerada, Debió esta última
á. los cuidados de un padre carilioso, que durante la época de su prosperidad, con una profesion lucrativa y In esperanza de poder dejar á
su adorada hija, imágen de una esposa querida que
le babia arrebatado la muerte, una fortuna independiente cuando no fuese considerable, no perdonó dispendio alguno en su educacion y le proporcionó los maestros mas emfoentes. Amelia
correspondió dignamente á sus cuidados; pero
la adversidad desvaneció muy pronto las esperanzas del señor Mildmay; murió este en el abatimiento y la desesperacion, dejando á su hija bajo
el amparo de la viuda de un hermano suyo la
cual durante seis años babia servido de madre á la
pobre huerfana con un cariño y esmero que Amelia
sabia muy bien apreciar y que pagaba con el
afecto mas acendrado. De este modo aunque la
señorita Mildmay hubiera honrado una corona
ducal, sin embargo la circunstancia de no ser ilustre su cuna (la falta de fortuna no hubiera sido un
G

�42

BL INSTRUCTOR, o REPEHTomo

obstilculo) impidió que Sir Jaime Montgomery
con la perFpectiva ele la felicidad conp1gal. l'ero
,consintiese en darla el título de hija.
su conciencia la acusaba de haber ocultado ó. su
Cuando llegó Alfredo á la espléndida mnnsion
cnriiíosa tia, ó. peticion de Alfredo, el hecho de
de su padre en Londres, halló un crecido número de
haber contraido ambos un compromiso formal, y
personas del gran tono que se habian reunido alli
su corazo11 la rcconvenia amargamente por haber
con el objeto de disfrutar los placeres de un inusado de durilicidnd con amiga tan bondadosa.
vierno en la capital. Al principio tomó parte con
Resolvió pues desnhognr su pecho lrncieodo á esta.
bastante repugnancia. en !ns escenas de espléndida
un relato sincero de sus inocentes amores, y una
ilisipacion en que se vió sumergido, ocupando consuave reconvencion fué el único castigo que su
tinuamente su memoria y su corazon el recuerdo
bondadosa tia impuso á la afech1osa Amella.
de su Amelia: pero muy pronto (tnl es la influencia
'rranquila entonces y satisfecha consigo misma
de los bellos ojos y las hermosas formas) entró en
esperaba esta con ansia recibir carta de la capital.
ellas con un grado de placer de que él mismo no
Llegó esta por fin, y concebida en términos tan
·acertaba . ú. darse cuenta, pero que cualquiera que
ardientes como sus propios sentimientos, tan puro,
conozca la misera naturaleza humana hubiera sin
como su imaginacio11. Bajo la snncion de su tia
dificultad alguna atribuido á su verdadera causa.
contestó Amelia á esta carta amoro~a la primera
El hecho era que Alfredo aunque adornado de mil
que habia recibido en su vida; y fué tal el efecto
cualidades apreciables no dejaba de participar alque causaron en Montgomery e~ta~ pocas lineas
gun tanto en el orgullo de su padre. Las semillas
dictadas por el amor mas puro é inocente que se
de la vanidad abundaban tambien en su composiausentó de una funcion dada expre~arnente para
cion y viciaban su carácter en muchos respectos
él á fin de contestará ellas. La carta siguiente le
estimable. Como h~edero del titulo y fortuna de
pareció menos interesante, pero sin embargo conSir Jaime Montgomery, era natural que todas las
testó ó. ella sin demora. Antes de responder ó. la
jóY,mes ne comprometidas cuyas familias se bailatercera d~jó pasar un período mas largo de tiempo:
. ban en relaciones de amistad con la de Alfredo asotro mayor aun debp:.ies de la. cuarta, y la quinta
pirasen á cautivar lo. atencion de este jóYen elequedó por tanto tieu1po sin respuesta que el coragante y apuesto; y no fueron pocos los lazos.que
zon de Amelia em1iezó á experimentar serias inse le tendieron con el fin de conseguirlo. Algunos
quietudes. Llegó por 611, pero tan fria, tau iudifede ellos fueron tan palpables que salieron fallidos á
rente que quedaron confirmados ebtos temores.
causa de su misma groseria; otros sin embargo
Sin embargo ni aun ú su tia _quiso manifestar sua
eran manejados con mas delicadeza, y mientras que
sospechas de la infidelidad de Alfredo, aunque el
por una parte lisonjeaban su vanidad excitaban
convencimiento de que este ya no amaba, al menos
por otra su interés. Con todo, en obsequio del
no como ella con un afecto puro, ardiente y exclusexo que el cielo piadoso envió para consolar y
sivo, afligia su corazon al punto de afectar su salud.
!lyudar al hombre en las fatigas de esta peregrinaDesapareció de sus mejillas el sonrosado color,
cion, debe decirse que las jóvenes que ponian en
perdieron ius ojos el lustre, y la sensible Amelia
juego los ardides fimeniles para ganar el coro.zoo
que poco ante~ babia sido tan festiva., tan animada
de Alfredo eran compara.ti\-amente , pocas en núy venturosa"no era ya ni la sombra de si misma.
mero, y aun entre -estas acaso no habia una
Mientras que la desventurada Amelia lamentaba
que hubiese procurado cautivar su afecto si hude este modo la infidelidad de su amante, este por
biera sabido que una hermosa doncella á quien
su parte caia en los lazos que le tendían la ambiél babia jurado fidelidad, sufria en secreto por su
cion y el cariño. Lady Lui!lll Montague era hija
causa.
del hizarro almirante de este nombre, y las doa
Al cabo de pecos meses Alfredo llegó casi á olvifamilias de llontgomery y l\fontague se hallaban
dar que existia en el mundo Amelia .M:ildmay.
unidas por los vínculos de la amistad mas estrecha.
Asociado á una porcion de jóvenes elegantes pa- /j
Luisa amaba; y ademas ambicionaba ganar el
saba con ellos los dias en paseos, festines, cazerias y 1
corazon de uno por qllien tantas mujeres suspiraotras ocupaciones consideradas de buen tono, y
ban. Hizo pues asiduamente la corte á Alfredo,
las noches en la opera, teatros, bailes y saraos. 1
pero de un modo tan delicado, gue él jamás lo
Donde quiera que iba le asaltaba la lisonja, do
percibió. :Apelaba á su juicio en cuantas cuesquiera que vol via los ojos era objeto de las atentiones Si ofrecían, guiábase por su opinion en la
ciones mas asiduas de la opulencia, la juventud y la
eleccion de sus libros ; cantaba nq uellas canciones
hermosura. ¿ Es pues de extrañar que su c&lt;&gt;razon
y tocaba aquellas piezas de música que él preferia:
sucumbiese á tan poderosas tentaciones? ni que las
ya le regalaba un hermoso ramillete arreglado por
tranquilas y modestas cualida~s de Amclia quesu mano ; ya un bolsillo hecho por ella, y en una
dasen eclipsadas en medio de la brillantez, las prepalabra ponia en juego todas las artes delicadas de
tensiones y seducoiones de la. alta sociedad? N
0
que el bello sexo sabe &amp;acar tanto partido, y que
es nueetro ánimo -0isculpar su infidelidad: manison tan seductivas en sus efectos sobre aquellos á
festamos los hechos lamentando al mismo tiempo
quienes desean interesar. Alfredo halló gradualel tener que recordar la defeccion de Alfredo
mente que la sociedad de Luisa Montague era casi
Montgomery de sus solemnes promesas.
necesaria á su existencia: acompañábala en el
Pero ¿ qué hacia entre tanto Amclia? Al prinparque, en la ópera, en el baile, y una mañana que
cipio confiada en las promesas de su amante mifué á informarse de su salud no habiendola visto el
uba su dicha futura como cierta, y se deleitaba
dia anterior en su propia casa, se olvidó de su

I

~

DE' ITISTOHIA, 13ELLAS LETHAS· Y. AHTES.

43

honor y de Amclia, y cchúndo~&lt;' (1 lo3 11ies de • Inmediatamente despues de la boda partieron
Alfredo y su esposa efe Lo?dres par~ una_ magnífica
Luisa la ofreció su fortuna y ~u mnno.
cnsa de campo perteneciente á Sir Jaime l\IontSu oferta fué aceptada; pero apenas pronunció
gomery. Felices alli en la sociedad el uno del
la bella Luisa esta mágica palabra que coron11 lns
otro pasaban las horas de placer en placer con
esperanzas de un verdadero amante, cunn1!0 la
imáupn de Amelia se presentó á la memoria de
tant~ rapidez que no parecía sino que el tie~p.o
Alfr~do. Llenóse ele turbacioa, perdió el color, y
hnbia hecho mas veloz su carrern; pero esta fchc1ago-riiulo por sus remordimientos cayó ca~i sin
dad era. demasiado exquisita para durar largo
sPnti1lo en una silla que se hallaba cerca de el. A
tiempo. El décimo dia ele su residencia en el
las pr&lt;&gt;guntas ansiosas de Luisa dió solo re~pur_sta~
campo se hallaba Lui~a en fo. pr~dcra que daba
iiwoherentes, y por último se ausentó repenti_na- , frente á la ca~a, equipada en su trnJe d~ mon~ar'. _Y
m&lt;&gt;nte en un estado que seria digno de compas1on,
esperando á Alfredo que dchia acompauarla a vmai no lo hubiese acarreado con su olvido absoluto tar á caballo algunos sitios pintorescos de las camde lo que debía á la infeliz Amelia que le h~bia
piñas inmediatas. De repente llamó _su ntcncion
l1echo dueño exclusivo de su corazon. Bu~co la
unajóven que llena de ngitacion y emoc1on_ extraor•
soledatJ, pero }ns reflexiones ó. que en ella se entredinaria la examinaba atentamente con OJOS llenegaba despedazaban su alma: probó á_ engol_farse
trnntes en los cuales se veía claramente brillar el
de nuevo en la sociedad en busca de d1stracc1on y fue"O de la demencia. Sin pronunciar una sola
e
. d
de reposo, pero nada podía calmar la agitacion ~e
palabra tenia la vista fija en Luisa que ate~or1za a
au espíritu. Si hubiese tenido la suficiente energia quería huir, pero al mismo tiempo parecm como
para confesar ó. Luisa el estado verdadero de sn por encanto privada de la facultad de moverse.
eorazon todo hubiera podido remediarse aun, pues
La desconocida se acercó a ell11, pasó la mano sobrG
poseia estl\ uno. mente noble y generosa, aunque 8 u frente, y separando los ondosos rizos que la
aus bellas cualidades se hallaban en parte oscure- cubrían exclamó despues de una brere pau!acidas por la ambicion; pero el orgullo de Alfredo
" ¿ E;es tu su e~posa? Pero no," añadió la bella
no le permitia confesar que ho.bia obrado con dudemente (pues tal era su estado) "él está explicidad, manifestando amnrla cuando su corazon
1&gt;irante en este momento, su fé me estaba promepertenecia en realidlld á otra, y por último resoh~ó
tida ... tu, nnda tienes que ver con mi Alfredo."
atener~e á las consecuencias de su promesa, y olvi¡ Que momento tan cruel fné este para Luisn.
dar ei le era JlOsible ti Amelia l\fildmay.
Veia delante de sí á una infeliz engañada por et
La oferta que de m mano hizo Alfredo ú. Lui~a hombre ú. quien babia ella enlazado su cxistc11cia;
Montague caus6 mucho placer á las familias de
la cual á consecuencia del abandono cruel y desambo~, y desde luego empezaron á hacer$e grandes
piadado de este, babia perdido el uso de su razon.
preparativos para celebrar las bodas. Alfredo es· Que golpe para una esposa afectuosísima, y que
.
cribió á Amelia. preYiniendola. que se preparase á 'no careciendo de orgullo no hubiera aceptado Jllrecibir las nuevas de un suceso inesperado, y desde
mas un cornzon dividido, ni content{1dose con solo
aquel momento se entregó enteramente á los enuna parte del cariño de su esposo ! Pero con ln.
cantos de 11\ que iba á ser su esposa. Ansioso de
esperanza de que acaso procedia todo de una cqnilibertarse de los recuerdos penosos que frecuentevocacion quiso cerciorarse.
mente le asaltaban, é imaginando que disfruto.ria
"¿De que Alfredo hablá~, mi buena mujer?'r
de mas tranquilidad desde el momento que viniese
preguntó con dulzum.
á ser su deber el amar y honrar á Luisa como á
"¿De quien he de hablar-sino de mi Alfred~espo~11, procuraba por cuantos medios estaban á su
.Alfredo Montgomery, aquel para quien he teJ1do
alcance acelerar la union. Antes de llegar el dia esta guirnalda; pero las flores estnn yn marchitas,
señalado para efectuarla, ya habia ohidado enteralo mismo que-su amor, presumo, pues hace ya mumente á Amelia, y cuando condujo á Luisa al altar,
cho tiempo que no he tenido carta suya." Sacó enni un solo recuerdo de su despreciada amante vino
tonces del pecho una guirnalda de flore~, y estreá turbar su espíritu. ¡ Tal es el hombre, y tal es chándola contra sus labios, la presentó á la señora
frecuentemente su amor! Arde con violencia por de l\Iontgome~y, "l\Iira," la dijo, "estas s?n las
algun tiempo; pero la ausencia disminuye la
flores de que el gustaba tanto: las be recogido de
llama, y no pocas Yeces la apaga enteramente, aun
mi glorieta., aquella glorieta que Alfredo adornó
cuando el objeto de ella posea t-Odas las cualidades
para. mi ; pero no puedo dártela no; debo reserque pueden hacer honrosa la eleccion.
varla para él. Alfredo!" ... exclamó en una voz
Amelia supo por los papeles públicos el casapenetrante, "donde estás?" Luego afü\dió en
miento de Alfredo, y al dia siguiente desapareció
acentos lastimeros, "l\[e dijeron que se h¡tbia cade la casa de su tia, sin que las mas activas dilisado, pero no quise creerlo: anduve errante de
gencias por parte de esta lograsen descubrir su
noche y de die, por montes y collados, por prndeparadero. En vano íntentariamos pintar el dolor
ras y malezas, hasta que llegué á la casa de su
de esta anciana. respetable. Amaba á Amelia como
padre; alli tambien Dli dijeron que estaba cnsado.
si fuese su propia bija; o.si cuando de8pues de dos Sin embargo ni aun entonces lo creí. Le he sedias de inútiles pesquisas, empezó á perder la espeguido hasta aqui ... y ¿ porqué no, puesto que me
nnza de recobrarla, se resintió su salud delipertenece 1 Dí, pues, ¿ qué derecho tienes tu para
cada, y empeorando por grados su mal llegó á
estar o.qui?"
enfermar graYemente.
Amelia. (pues no era en realidad otra a&lt;1uclla

�44

1

EJ. INSTRUCTOR, O REPERTORIO

infeliz demente) cogió entonces á Luisa bruscamente de la mano: despidió esta un grito agudo·
la bien conocida voz llegó á oidos de Alfredo quie~
voló al lado de su esposa ansioso de saber la causa
de su terror, Pero ¡ qué espectáculo se presentó á
su vista! Vió á su amada esposa pálida é inanimada, la imagen misma de la muerte, sostenida
por una doncella que tambien babia acudido al
grito de Luisa, y tendida á sus pies en un estado
no menos deplorable á la hermosa criatura á quien
babia él hecho para siempre desgraciada. CómQ
se hallaba esta alli era un misterio que no podia al
pronto explicar, y como ignoraba lo que acababa
de pasar entre ella y Luisa no sabia tampoco qué
partido tomar en aquel apuro. Antes de que pudiese recobrarse de su sorpresa y tomar una determinacion, volvi6 Amelia en si, y al incorporarse
vió á :M:ontgomery : alzósc: del suelo y abalazándose á él le echó los brazos al cuello exclamando,
"¡ Aqui está! Ya es mio ! Oh Alfredo! me dijeron
que te habias casado, que babias dejado de amarme·
.
pero yo no quise nunca creer que pudieses
abandonar al corazon que late solo por tí ... mira," y cogiendole la mano la colocó sobre su corazon, "mira
que agitado está ... pero pronto quedará tranquilo.
Alfredo.,. yo muero!" ... y su voz tomó repentinamente un tono racional y CQmedido, "No sé lo
que he dicho, ni lo que he hecho, he andado vagando no sé por donde ... pero ... pero ... " se esforzó en articular algunas palabras mas, pero la
naturaleza se hallaba ya exhausta: exhaló un profundo suspiro, dejó caer la cabeza sobre el pecho
de Alfredo, y expiró.
Mientras pasaba esta escena, Luisa hr,bia sido
conducida por sus doncellas á la casa. Siguióla
poco despues Alfredo llevando en brazos el cadaver
de Amelia, y casi tan inanimado como él. Lo
colocó sobre un sofá, cayó de rodillas á su lado, y
en su frenesí pidió repetidas veces á su Amelia
que volviese á vivir para él y para el amor. Pero
el recuerdo de su esposa le hizo volver en sí ; levantóse, y arrojándose en una silla, se cubrió el
rostro con un pañuelo y prorrumpió en sollozos
convulsivos. Pasado este paroxismo se trunquilizó algun tanto, y fué en busca de Luisa que se
liabia retirado á su aposento. Hízola un relato
fiel de su conocimiento con Amelia, y solicitó con
tanto fervor su perdon que muy pronto le fué concedido; pero quedó clavada en su corazon una
espina que el tiempo no pudo arrancar jamás.
Rodeado de cuantos goces puede pl'Oporcionar la
fortuna; colmado de felicidades al parecer mayores
que las que comunmente alcanzan los mortales, el
recuerdo de Amelia le asaltaba en las horas de
soledad y retiro: era el gusano roedor que privaua
á sus noches de reposo, y de felicidad á sus dias.
asi su vida presentaba un ejemplo memorable de
espléndida miseria. Su mujer era menos desaraciada, pues para ella fué esposo atento y cariñ~so,
y á su muerte que ocurrió un año despues de la
boda, el dolor de Luisa fué sincero y vehemente.
Tuvo varias ofertas de matrimonio vero las reusó
todas fiel Ít la memoria de aquel que habiendo sido
iu primer amor quiso fuese tamuien el único.

.

'

Resta solo esplicar por qué medios descubrió
Amelía la residencia de Alfredo en el campo.
Sabia las señas de su casa en Londres por las cartas
que él le babia esci·ito: por los criados de la casa
se supo que una jóven cuyas señas correspondian á
las de Amelía se babia presentado preguntando
por Alfredo pocos dias despues que los novios partieron de Londres. Cuando la dijeron que babia
salido para Chilton con su esposa, salió precipitadamente á la calle sin pronunciat una sola palabra. Súpose que una diligencia la babia conducido
hasta la aldea inmediata á la casa de campo de
Montgomery, pero no llegó á averiguarse si babia
hecho todo el viaje en coche ó solo parte de él
ejecutando á pié lo &lt;lemas del camino: el estado
de su vestido cuando llegó á Chilton hacen probable esta última conjetura. A expensas de Alfredo fué transportado su cadaver á Bishopthorpe,
y enterrado en el cementerio de aquella aldea.
La tia de Amelia sobrevivió muy poco á esta desyenturada, y ambas descansan hoy en el mismo sepulcro.

DE IIlSTOIUA, DELLAS LETRAS Y All'l'ES.

45

LOS FRANCESES EN ARGEL.

INSENSIBILIDAD DEL CEREBRO.

LA sensibilidad física difiere mucho de lo que á
primera vista parece indicar la experiencia. Por
ejemplo el cerebro carece de sensibilidad: aquella
parte de los sesos que bien sea removida ó enferme
causa la pérdida inmediata de los sentidos, es en
si misma tan insensible como la piel de nuestro
zapato. Causa ciertamente maravilla el hecho de
que es posible tocar los sesos y aun cortar parte de
ellos sin interrumpir al paciente en lo que está
diciendo!... De este hecho dedujeron antiguamente los tisiologistas que el cirujano no babia
llegado todavía á tocar el órgano mas importante
del cerebro. Esta idea procedía de la opinion
general entonces de que un nervio debe necesariamente ser sensible. Pero si consideramos que las
diferentes partes del sirtemn nervioso tienen oficios
totalmente distintos, y que hay nervios insensibles
al tacto é incapaces Je producir dolor aunque 1&gt;or
otra parte se hallan exquisitamente adaptados á
sus respectivos objetos, no habrá razon para suponer que el cerebro haya de poseer sensibilidad ó
&amp;.anifestar la~ mismas 1&gt;ropiedades que los nervios
cutáneos. Como quiera que sea, este es indudablemente el hecho ; el cerebro por el cual han
de pasar todas las impresiones antes de poder ser
percibi ias, es en si mismo insensible. Esto nos
enseña que •la sensibilidad no es una consecuencia
necesaria del tejido delicado de las partes vitales
sino que debe tener un órgano apropiado, y que
constituye un don especial.

No debemos decir cosa alguna que pueda disgustar á otro, ni aun en chanza, por lo que tlebemos·considerar bien cómo nos chanceamos.

---Un ofic:aJ franc~s cautivo en presen, ia ele Abd-d-Ka~er.
AQUELLA parte de la costa septentrional de Africa
en la cual los franceses procuran actualmente estable~erse ha sido teatro de sucesos muy memorables.
Alli, dos ó tres mil años há florecia la colonia fenicia de Cartago, república comercial que en su
obstinada lucha con su poderosa rival, Roma, conmovió al mundo conocido entonces. Los romanos
destruyeron á Cartago un siglo y medio antes denuestra era, !?ero la colonia romana de Cartago
reemplazó á la antigua república, mientras que la
conquista del pais (especialmente aquella parte
llamada N umidia en la que se halla situada Argel)
ponia en requisicion contínua el valor y pericia
militar de los romanos.
Bajo el dominio de sus conquistadores disfrutaba

Cartago los beneficios de la civilizacion romana, y
la cristiandad fué difundida por aquellas comarcas. Uno de los célebres fundadores del cristianismo, San Agustín, era obispo de Hippo y todavia se descubren las ruinas del paraje que dió
nombre á su diócesi. Pero la civilizacion y el
cristianismo antiguos han desaparecido mucho há.
Los vándalos en el siglo v, pasaron de Espaiía á la
Africa destruyendo todo cuanto encontraban, y en
los siglos séptimo y octavo los sarracenos victoriosos que por entonces parecian destinados ó. conquistar el mundo, ocuparon las costas y con el
tiempo convirtieron todo el país, real ó nominalmente, al islamismo.
Si examinamos el mapa vemos que la costa sep-

�40

EL IXSTRUCTOR, O UEPERTORIO

tentrional de Africa se halla ocupada por el imestados europeos cuyo comercio impedían sus piraperio de l.'trnrruecos, y los territorios de Argel, tas, pero si hien intimidada algunas Yeces por las
Tunez, (In antigua Cartngo) y Trípoli. Esta parte demostraciones hostiles de estas 1rncioncs, satisfedel continente africano es conocida de los enropeos cha, otras, con el pago de un subsidio ú ol.,ligada á
con el nombre de Berberín. El imperio de Mar- entrar en tratados, casi nunca podia confiar~e en
ruecos ocupa el occidente y se extiende desde el su buena fé; pues el cebo de la rapiña y los esclaAtlántico hasta el estrecho de Gibraltar: este vasto vos era demasiado poderoso para corsarios de proterritorio posee un gobierno independiente fun- fesion. Durante el siglo actual mientras la ntendado por los moros ó árabes. J\Jas allá del estrecho cion de In Europa se l1allabn ocupada en los acony baiiados por el Mediterráneo se hallan los ex- tecimientos mas importantes de una guerra contitensos territorios de Argel y Tunez. En el pri- nental, los piratas argelinos llegaron á ser intolemero se han establecido los franceses y procuran rables. Los Estados Unidos les pusieron freno en
ahora conquistar el pais. En el tomo v de este
1815. Al año siguiente Lord Exmouth pasó ni
periodico, página 83, hallarán nuestros lectores una Africa con el objeto de concluir un tratado en
relacion circunstanciada de la excision entre la virtud del cual fuesen puestos en libertad los
Francia y el estado Argelino que motivó ó mas muchos e8cln'l'Os cristianos que se bailaban en
l1ien aceleró la ocupacion de aquel territorio por
Berbería: pero apenas regresó á Inglaterra cuando
las tropas francesa~, y asimismo pormenore~ de las se manifestó hi mala fé de los argelinos en su viooperaciones militares de la conquista. Nos limi- lncion del tratado. El gobierno ingle~ em·ió entaremos pues ahora ú. dar una rápida ojeada á los tonces al mismo almirante con una escuadra para
sucesos anteriores que prepararon este dcsenlncc,
que exigiera por In fuerza el cumplimiento de lo
pasando luego nl episodio que ilustra nuestro
pactado
: no habiendo contestado los argelinos á
grabado.
sus amonestaciones, l.,ombnrdeó á Argel reduciendo
En el número corrc~pondiente nl mes de Abril
la ciudad y In~ fortificaciones á un rnonton de
del afio nuterior, dijimos como dos hermanos ruinas. Humillado el dey tuyo que someterse á
hijos de un alfcrcro de la isla de Lcsbos, estimula- las coudicionei¡ propuestas, la abolicion total de la
dos por su espíritu inquieto y aventurero entraron
escla,·itud de ]03 cristiano~, &amp;c. Antes de dos
i'1 servir á bordo de un pirata argelino, y cómo se
nííos sin embargo voh·ieron los nrgelinc,s á sus
almron con el mando que les grangeúra sn nlor,
prácticos antiguas hasta que habiendo insultado ni
pericin y fortuno. Estos hermanos conocidos 1ior consul francés sin querer someterse á dnr la satisel sobrc110111 bre de Baruaroja llegaron á ser el
fttccion que se les exigía, equipó la Fruncin. una
terror del Mediterráneo que cruzaban no ya con
escund ra considerable con el objeto exclusivo de
un uajel aislado ~ino con flotas formidal.,fes. Solo tomar posesion de Argel y extirpar de una nz
el poder colosal de Carlos V ee consideraba sufie~te nido de piratas que durante tres siglos ha
&lt;:ientc IÍ. castigar la iusolencia de este pirata nudáz,
dado tonto que hacer á la Europa. La escuadra
y todas lns potencias marítimas del Mediterráneo
france~a á los ordenes del geuerol Bourmont, llegóy aun del oceano le suplicaron pusiese coto ú. las
en Junio de 1830; Argel sucumbió: el &lt;ley, últimocrueldades y demasías de aquel marino intrépido y
de su raza, abdicó y se retiró á Europa, y los franafortunado. Co11secuencfa de esta demanda fué
ceses tomaron posesioo de la ciudad en la cual
la célebre expcdicion del emperador soure Tunez
encontraron sobre diez millones de pesos en e&amp;descrita tamuien por extenso en el número citado.
pecie y en generos de valor.
Bnrbarojn el mayor murió cubierto de heridas·
Hace ya diez años que los franceses poseen á
&amp;ucediéndole su hermano Aradin que consideran~
Argel, y aunque han derramado mucha sangre y exdose poco seguro en sus estados de Argel los colócó pendido tesoros en varias tentatirns para extender
hnjo In proteccion del gran sultan, reconociendo en
sus conquistas puede decirse que solo poseen aun
él una soberanin que sin emuargo no era mas que
la ciudad de Argel, la de Constantino (antigua
nominal. Cuando el sulton nombró á Barbaroja
capital de Numidia) y algunos puntos en la costa
almirante de sus escuadras, dejó este el gobierno de
que con mucha dificultad logran mantener. La
Argel encomendudo ú. uu amigo suyo natural de
naturaleza del pais y el caracter de sus habitantes
Cerdeiía que se babia hecho mahometano y pirata. ofrece grandes obstáculos á su progreso. La linea
Desde entonces no fué Argel otra cosa sino un
de costa es considerable, pero es muy montuosa.
nido de piratas terror y peste del .Mediterráneo. atravesando la cordillera del Atlas todo el terriApresaban los buques de todas las naciones que no torio de Argel, ó Algería como lo llaman los franse sometían á pagarles tributo; y desembarcando ceses. Detros de las montañas que guarnecen ó
repentinamente en las costas de Espaíín, Francia é
mns bien constituyen la costa, se halla el gran
Italia, enqucnbnn los pueblos y se llevaban á los desierto de Sabara, vasta llanura de arena mohabitn11tes en calidad de esclavos. El ejemplo de
vediza que dista como unas veinte y cinco lelos piratas argelinos fué imitado por otros estados
guas de la mar. Los naturales son todos desberberiscos; la ciudad de Sallé en Marruecos
cendientes de los habitantes primitivos ó de los
vino á ser tan notal.,Je como la de Argel; y
árabes que conquistaron el pnis, pero son de hábitanto en el Atlántico como en el Mediterráneo los
tos nomadaq, altivos, fieros é ignorantes; casi nunca
corsarios de Berbería eran objeto de terror para los
reconocieron el dominio de los turcos y parecen
uuqucs mercantes.
aborrecer ele todo comzon el de los franceses.
.Argel ha sido atacada repetidas veces por los
Uno de los enemigos mas activos que tienen e~to•

DE HISTORIA, BELLAS LETHAS Y ARTES.
es Abd-el-Kader un jóven caudillo que ha eludido
su persecucion y desbaratado sus planes por muchos años consecutivos. Al leer el relato que
hacen los papeles franceses de las operaciones de
sus tropas, desde luego se deja conocer que este
árabe africano es hombre de mucha energía y habilidad. Le ha sido preciso obtener subsidios; ha
tenido que mantener unidas varias triuus y razas
distintas, alimentar su entusiasmo y animarlas en
sus reveses: sin embargo este hombre que en comparacion de los franceses puede ser considerado
como semi-bárbaro y caudillo de bárbaros, ha logrado durante diez años ocupar la táctica militar,
la ciencia y el valor de los franceses. Abd-el-Kader
es en realidad un moderno J ugurto. J ugurta, el
numida, mantuvo en el mismo pais una hábil y
obstinada lucha con los romanos. Abd-el-Kader
repite hoy su táctica y con igual espíritu contiene
el progreso de los franceses - es de esperar que no
le toque la suerte de J ugurta.
Un oficial de la marina france!a se hallaba estacionado en 1830 en Arzew puerto de mar situado
entre Argel y Orán. Habiendo soltado en tierra
con algunos individuos de la tripulacion á proveerse de agua en un manantial no muy distante
de la costa, se echó repentinamente sobre ellos un
peloton de árabes los cuales consiguieron llevarse
á Mr. de France que asi se llamaba el oficial. Sus
captores pensaron al principio en matarlo, mas por
último determinaron llevarlo al campo de Abd-elKader donde llegó despues de una marcha muy
penosa. En una obra publicada no ha mucho en
Paris refiere el mi~mo su aventura del modo
11iguiente" El campo de Abd-el-Kader se hallaba situado
en medio de un bosque de higueras sobre el camino
que conduce de Moustaganem á Mascara. Tan
luego como llegamos á la primera tienda, mis guias
me hicieron desmontar y desde luego nos vimos
rodeados de miles de árabes, hombres, mujeres y
niños que empezaron á hacer resonar el aire con
sus confusos clamores. Entre la griteria solia yo
ó. veces distinguir estas palabras; "¡ hijo de un
perro! ¡ Perro cristiano! Cortarle la cabeza I"
Todo esto acompafiado de golpes y los esputos
acostumbrados. Pero los Chaous • vinieron á mi
socorro. Dispersaron á palos á aquellos salvages
y consiguieron aunque no sín dificultad arrancarme
de entre sus manos y conducirme á la tienda de
Abd-el-Kader formundo un parapeto con sus
cuerpos.
Esta recepcion brutal no debiu inspirarme confianza. Ademas experimenté cierto sentimiento
de temor al entrar en la tienda; pero Abd-el-Kader
percibiendo sin duda alguna mi abatimiento por la
palidez de mi rostro me hizo seíías sonriendose al
mismo tiempo, para que me sentase, y me dijo;

• Los Chaous son los individuos de la guardia del sult:in
árabe enc:irgados de ejecutar las sentencias pronunciadas
por este: en una palabra, son sus verdugos. Visten con
~ucho tsplendor lo cual unido á su atWica presencia y {i la
idea de su ministe1 io les dá un aspecto muy imponente•

47

mientras esteis cerca de mi no temáis que se os
maltrate ni insulte. Animado con este buen recibimiento le pedí agua; uo babia bebido desde el
din anterior gracias á los árabes que me capturaron·, Abd.el-Kader mandó que me condujesen
.. ú.
la tienda que sirve de nlmncen de prov1S1ones
donde me dieron un ruelon, ubas, pan blanco y
agua. En aquel momento experimenté sensaciones
que no esperaba hnl.,er sentido ya. La afabilidad
de Abd-el-Kader, la seguridad que se hauin apresurado á darme, todo contribuyó á reanimar mi decaído valor y darme esperanzas lisonjeras para lo
futuro. El melon era excelente y el agua fre~cn y
deliciosa: devoré el primero y me bebí un cántaro
entero de agua.
Concluida mi comida fuí conducido á la tienda de
Abd-el-Kader que por supuesto es In mas magnífica
de todo el campo. Tiene treinta pies de largo y
once de elevacion. El interior se halla decorado
con colgaduras de paños de diversos colores guarnecidos de bandas colgantes de seda blonca, todo
combinado con arabescos y medias lunas amarillas,
encarnadas, n;mles y verdes. Una cortina tnmbien
de paiío di vide la tienda en dos partes desiguales.
En la de atrás que es la mas pequeña, hay un colcbon en que duerme In sie~ta el ijultán. Una pequeiín puerta accesoria dá entrada á los individuo11
de la servidumbre y á los esclM·os exclusivamente
destinados al servicio personal de Abd-el-Knder.
Dos favoritos B,m-About, y Ben-Fnka tienen el
encargo de custodiarle cuando sale por esta puerta
y presentarle el agua para sus abluciones. Las
dos cortinas que cierran por la noche In entrada
de la tienda permanecen dur,mte el dia recogidas
sobre dos varillas largllS. De este modo el interior de la tienda es visible desde afuera y su acceso
permitido á todos.
En uuo de los rincones de la tienda se nu cuatro
banderas arrolladas, las cuales llevan siempre cuatro ginetes delante de Abd-el-Kader cuando vá de
marcha. Son de seda y cada una de ellas pertenece á una de las diferentes armas del ejército,
como caballerin, infnnteria, &amp;c. El viernes, dia de
descanso entre los árabes, son expuestas estos banderas delante de la tienda del sulton.
Treinta esclavos negros rodean la tienda de
Abd-el-Kader y forman su guardia personal. No
son nunca relevados ni tienen otro lecho que In.
tierra. Hay tambien un gran número de Chaous
á la entrada esperando las ordenes de su amo.
En el centro de In tienda se vé un banquillo elevado, cubierto de seda encarnada del cual hace uso
Abd-el-Kader para montar á caballo. Hay tambien un pequeiio colchon cubierto de alfomura y
sobre él dos almohadones de seda encarnada. A
cada Indo del colchon se halla colocada una arca;
otras dos forman el respaldo y el todo lo cubre una
rica alfombra. Este es el sofá sobre el cual está
sentado Abd-el-Kader. Las arcas de que se ha
hecho mencion contienen su dinero y sus ,·estidos.
En el suelo hay una alfombra destinada para los
forasteros.
lié aqui todo el ajuar y adornos de la tienda de
Abd-el-Kader. Ahora describiré brevemente la

'

�4d

EL INSTHUCTOR, O REPERTOllIO

vi&lt;la, el cnrácter, lns mancrns y los húbitos &lt;le este
cnu&lt;lillo ton poco conoci&lt;lo aun en el dia. DesJ&gt;ues li como su gefe. En el dia le reconocen por aultnn.
de lo mucho que babia oido decir de él esperaba ff Es el ímico hombre capaz de sostener á los Ílraucs
contra nuestros ataques. Si las tribus le perdieran,
ver ú un búrbaro siempre dispuesto á cortar cabedesanima&lt;las
como están ya y cansadas de la guerra
zas, un tigre se&lt;liento de sangre, pero muy pronto
se pondrian desde luego en nuestras manos."
conoci cuan equivocada era mi opinion.
El autor procede luego á narrar la conversacion
Ab&lt;l-el-Kader tiene veinte y ocho años de edad.
que
tu,·o con Abcl-e!-Kacler en la cual este caudillo
F.s pequeíio de cuerpo pues su estatura no pasn ele
mnnifestó
una copia de conocimientos muy supecinco piéa: su rostro es Inrgo y excesivamente
riores á lo que podia esperarse ele una J&gt;eNona casi
pálido: sus graneles ojos negros tienen una expreenterameute privada, como él, de los medios de
sion dulce y benigna: la boca es pequeña y grainstruirse.
Sus raciocinios sobre el derecho de
ciosa, la nariz aguileíia. Tiene lo. barba poco pogentes
y
los
principios de moral universal hacen
blada pero muy negro: un vigote pequeño que
honor á sus sentimientos. Es &lt;le sentir que un
culire su labio superior ció á su fisionomia naturalhomure dotado ele facultades tan sobre~alientes
mente benévola un aire marcinl que le sienta
no
se l,alle en situacion apropósito, por carecer de
¡&gt;crfectamentc. Tiene Abcl-cl-Kailer los mano~
los
auxilios 11ccesarios, para efectuar la regeneramuy pequeñas y ele bella forma y manifiesta
cion de un pueblo que si bien ocupan hoy un
bastante coqueteria en el esmero con que las cuida.
rango ínfimo ó casi negatiro entre Jas naciones
Continuamente las está lavando. Micntrag concivilizaclas
es sin embargo acreedor nmejor suerte.
verga sentado en su sofá con las piernas cruza&lt;las
á la oriental, generalmente tiene cogidas las puntas
&lt;le los piés con las manos, y cuando ~e cansa ele
esta posicion empieza á limpiar y cortarse las
LA DE.:\IANDA DEL FRONTERO.
uñas con unas tijeras cuyo mango de nacar est,í
A vos en CHstilla el rey,
delicadamente trabojaclo y que llel'a constantem que fahlan josticiero
mente consigo.
l\Iercé vos piclc un frontero
Afecta una sencillez extremada en el vestir.
//
l\Iercé que es josticin en ley.
No se v~n nunca oro ni bordados en su~ mantos ó
Tenccles por servidor
bernú~. Gastn cnmisas ele lienzo muy fino cuyas
(E non lo merc$CC el sello)
costuras ván cubiertas con una cinta de seda. 1
Un bijoclalgo, Don '!'ello
Sobre la camisa lleva el haick es11ecie de túnica
De
Castrojeriz señor.
ele lana muy fina. Despues del haick vienen dos
Ese de Castrojeriz
bernús de lana blanca y sobre estos uno negro. 1
Con los liomes zizníiero,
El único adorno que sufre en su sencillo traje son
Con
las clama~ fallagucro
algunas borlas y Lellotas ele seda. No lleva armas
El
menos
bravo en la liz;
en la cintura como la mayor parte ele los musulSepailcs que tuvo antojos
manes: cnlza sus chinelas sobre el pié desnudo.
Que non los cleuió cntojar
Tiene afeitada la cabeza lo. cual cubre con &lt;los ó
Cá
tentó ele captivar
tres gorras griegas una encima ele otra, echando
A mi clama con sus ojos.
luego sobre ellas la capucha del bernú.
Le advierto, é non se cuiiló,
El pndrc ele Abcl-el-Kader que murió no ha
En
falagalla el seguia
mucho tiempo, era un marauut ó sacerdote llama&lt;lo 1
Le
fabló
en su demasía
Mihiclin, quien por sus talentos, su inteligencia, su
E bien nuclúz me fouló.
buena suerte y su reputncion de santidad, disfruE aun me hul,o de denostar¡
taba ele mucha fama entre los árabes y ejercia una
De solo á eolo le reto
influencia moral muy consiclernble. Habia efec- Vueso plazo non aceto
tuado dos veces el viaje á Meca, llevanclo á su hijo
pre dijo) cato.el medrar.
consigo la segunda vez: tenia este entonces solo
Sin mote, é por nombre Orfü:
ocho aíios, pero su tierna edad no le impidió
Non
vos quiero por rival;
hacer observaciones y aprovecharse &lt;le ellas guindo
Un ruin frontero, non val
por los consejos de su padre. Sabia ya leer y
Don Tello Costrojeriz.
escribir el árabe y aun babia aprendido el italiano.
Ansinn Enrique, nobleza
A su regreso de )leca se dedicó al estudio del
Si
me he &lt;le medir con él,
Corán, y muy pronto comenzó !Í distinguirse.
Qtte menos, con un doncel
Ocurrió la toma ele! Argel. Tnn Juego como
Non puedo hauer igualeza."
concluimos el tratado ele paz con los árabes, proE vienclome aun guervelloso
curó Ab&lt;l-el-Kader excitar á !ns triuus, fomentar
"Cresced ¡&gt;rimero, rapaz"
sus resentimientos, exaltar su fanatismo religioso y
Dijo, é firiome en Ja faz
sobre tocio constituirse en su gefe. La inteligencia,
Que
aun lo cuento vergoñoso.
actividad, intrepidez, sutileza y política del jóven
Júgnme
á mi su gran&lt;lia
mnrabut le hicieron muy pronto célebre entre las
Doncel, para entrar en liz,
tribus. Los órnbes reconocieron la superiori&lt;lacl
Con el de Castrojeriz
que los dotes que poseia le &lt;laban sobre ello~, y por
E
vengar su alevosia.
grados se fueron acostumbraudo á considerarle
G nF.aon10 ROMERO 1" LAnn.1.11.1.aA.

¡

4!)

DE HISTORIA, BELLAS U ..'TUAS y AHTES.

DESTITUCION DE LA INFANCIA.

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San Vicent, de Paula, recogiendo niños abandonados en las calles de Paris.

EL hecho de haber creado el Todo Poderoso. á la
primera. mujer para servir de compafiera ni p'.1mer
hombre es uno prueba el'iclente &lt;le que la soc1ecl~d
6 el est~do social es una condicion tan necesaria
de la existencia de ambos como lo son
la
conservacion de la vicia el alimento y el aue.
Por esto hemos sido dotados de aquellos fuert?s
. instintos naturales que parecen hacer ele la especie
humana una gran familia, liganclo unos con otros
á los individuos que la componen con lazos de
amor y simpatía, los cuales dnndo orig?n á las
diversas relaciones de cariño Y depend~ncia,. unen
á las soeicd ades en tribus, pueblos o nac1oneP,
evitando la extincion &lt;le la especie.
Sin embargo estos mismos in,tinto~ á pesar de
su influencia y poderío prueban en&lt;lentemcnte
Toa1, Vlll.

J&gt;ª•ª.

que el hombre ea un ser esencialmente sujeto ú un
alto grado ele cultura moral é intelect~al, .Y ~ue
1
hasta sus apetitos son guiados por el nre~1stiblc
I poder de la sana opinion pública. Por eJem¡,lo
¿ existe acaso un sentimiento mas hermo~o que el
amor de los podres luicia sus hijos, especial~~ntc
1
Este ultimo
1 el de la madre por KU tierno infante?
instinto ha sido en tocias edades el tipo ele la ~ons, tancia, y á no ser por él razas enteras hubieran
perecido. Sin embargo este ~mor de m.adre, tan
1 puro, tau ardiente, tan excluSivo, h~ tem&lt;lo Y cl~s1 graciaclamente tiene aun sus excepciones. La lus' toria ele la especie humana ofrece ejemplos harto fre..
cuentes de madres que han olvidado sus clebere~'.
~umiuistranuo a~i una prueba irrecusa~le de que st
bien parece CLUC dicho instinto debiera. por s¡¡

¡

·

II

�50

EL INSTRUCTOU,

fuerza natural obrar sin el nuxilio de agentes ex·traños, sin embargo el cariño de las madres por
sus hijos necesita el estímulo del cultivo intelectual parn producir sus mas preciosos frutos.
Por eso vemos que desde las edades mas remotas, entre naciones distintas y en épocas antiguas
y modernas ha prevalecido la práctica del infanticidio y exposicion de criaturas. Verdad es que el
mayor peso del delito debe recaer sobre el padre
que obra impulsado llOr su egoismo, pues el instinto natural de la madre la hace apegarse al niño
cuya existencia se hallaba identificada con la suya.
Pero tambien ha habido madres que han participado áq1pliamente en esta práctica cruel, abandonando á la perdicion la vida precieso. que les habia
sido confiada.
El delito del infanticidio prevalecía '·Y aun se
liallaba legalizado en la famosa y civilizada Grecia.
No era legal pero si muy tolerado en lo. antigua y
severa Roma. ' En Europa durante la edad media
Jlegó á adquirir una preponderancia terrible. Es.
muy comun en el Indostan á pesar de los muchos
esfuerzos que hacen los europeos para-desterrarlo.
Esta costumbre bárbara-prevalece aun en la China
y puede decirse que ha despoblado muchas de las
islas de la Polinesia. "Lo. exposicion de niiíos,"
dice el historiador Gibbon, "era el vicio dominante de los antiguos¡ era algunas veces prescrito,
frecuentemente permitido, y casi siempre practicado con impunidad por aqueUos pueblos que no
participabo.n en las ideas romanas de autoridad
paterm1l, y los poetas dramáticos que apelan siempre al corazon humano, representaban sin embargo
con indiferencia una costumbre popular cuya barbárie paliaban moti ros de economia y compasion."
No dej~ hasta cierto punto de hacer menos odiosa
la crueldad de la ¡,ráctica del infanticidio el ver
que su causa primitiva es la dificultad de obtener
,subsistencia. En las ¡&gt;rimeras edades del mundo
antes que el número de sus habitantes fuese tan
considerable que se estorbasen los unos. á los otros,
y cuanilo dilatados espacios de terreno inculto reclamaban manos que los labrasen y quien cuidase
de los ganados, los hijos eran apetecidos principal•mente á causa de su utilidad; pero cuando una
poblacion numerosa diseminada sabre .comarcas
ocupadas anteriormente, experimenta dificultad en
obtener los medios de subsistencia, los hijos vienen
á ser objl!tos de temor, y si el sentimiento de
moral pública se marrlfiesta apático sobre el particular, &amp;on sacrificados con muy poeos·remordimientos. Sin embargo aunque la escasez de alimento es acaso la primera causa del infanticidio,
el amor al ocio ó los placeres puede considerarse
como la segunda. Do quiera que las costumbres
son licenciosas y que los habitantes piensan solo
en vivir para sus propio goces y bienestar, son
temidos los hijos vorque coartan la libertad que
requiere el egoismo. Ambas causas obran en combinacion, y á ellas puede añadirse otra á saber, el
freno de la vergüenza y el temor de la infamia:
pero limitándonos á los dos primeras, ¡ triste del
pais en donde el amor á In con,eniencia egoística
6 A los placeres, y la dificultad de obtenet medios

o REPER romo
1

de subsistencia, se dún la mano para marchitar los
bellos·sentimientos del corazon lrnmano !
El legislador Moisés, sujetando á severas restricciones la antigua práctica ( que no se atrevió ó.
abolir enteramente) de la poligamia y el divorcio,
y protegiendo los derechos que la naturaleza concede á los llijos respecto á sus padres, contribuyó
eficazmente á estrechar entre los judíos los lazos
sociales del cariño y respeto que unen entre sí ó.
las gene,aciones sucesivas. Pero estaba reservado
al cristianismo hacer para el mundo entero lo que
Moisés efectuó para los judios. El mismo Jesucristo "tomó en sus brazos niños pequeiíos y los
bendijo," uno de los incidentes mas i1rteresantes
de la vida de nuestro Redentor, y sus apóstoles
recorrieron el imperio romano, proclamando ·entre otras materias importantes que los hijos debian ser obedientes hó.cia sus padres, y estos
amar á sus hijos y no tratarlos con dureza. El
cristianismo l.ta elevado asimismo el carácter de las
mujeres y ha preservado la vida de millares de
nrños, dándoles un lugar en la ley de las naciones.
Verdad es que una noble matrona romana presentó
sus hijos á un patricio rico pero ignorante que le
pidió le ensenase sus joyas - "Mis hijos,'' dij.o,
"son ·mis joyas; mis mas nobles adornos." l\Iai!
este era el sentimiento de una mente cultivada no
el de la multitud, y como hemos dicho ya el infanticidio fué generalmente practicado en el imperio romano hasta que la introduccion del cristianismo elevó tanto la opinion pública que el emperador Con11tantino el Grande, y rlespues Yalentiniano, clasificaron la destruccion de los niños con
el crímen de homicidio, imponiendo á sus pctpetradores el castigo de los asesinos.
De este modo consiguió el cristianismo elevnr á
principio moral lo que era solo un mero instinto
de nuestra naturaleza, y desde entonces en proporcion á la influencia de este principio cesó .la
práctico. del infanticidio. Pero la exposiC'ion de
niiíos se · hizo muy general durante el período
conocido con el nombre de la edad media. Las
irupciones de "los pueblos bárbaros y los movimientos turbulentos y perpétuos de grandes masas
de hombres, movidos por el cebo de la rapiña y el
de&amp;eo de guerrelll', no.solo-corrompió los principios
de moral, sino que trastornó todas lns relaciones
sociales de la vida: pero durante este largo y calamitoso perío-do,· vemos al cristianismo esforzarse
para contrarestar los daños causados por la ignorancia y la barbárie. El espectáculo de tiernos
niños expuestos en las calles de Roma ó ahogados
en el Tibre, ocasionó la introduccion de los hospicios ó casas de Expósitos entre las instituciones
benéficas de Eur&lt;&gt;pa. El papa Inocencio III dedicó su atencion á este importante objeto ·en e1
año de 1198, y puede decirse que fué fundador del
primer hospital de esta clase que se estableció en
Europa. ·Imaginó aquel pontífice que proporcion&amp;ndo·un sitio donde las madre!lJ,udiesen depositar
á sus niííos con seguridad, sin exponerse á ser
interrogadas ó descubiertas, se evitaria en gran
parte la frecuente perpetracion del crímen de
infan'ticidio. Co.n este .objeto se fijó un torno en

51

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.
una apertura hecha ,\ propósito en la pared, en
una parte retirada del edificio. Depositado el
niiío en este torno durante la noche por la madre
y avisando por medio de una campana dispuesta
a:lli al intento, la persona de guardia daba vuelta
al torno y recogia la criatura que desde aquel
momento era colocada bajo la proteccion del instituto, que se encargo.ha de criarla y educarla
dándole por último algun oficio ú profesion. Aquellos padres que tenían esperanzas de poder algun
dia reconocer á sus hijos, dejaban con ellos uno.
seiíal por tiedio de la cual eran despues reconocidos
cuando venian á reclamarlos, siéndoles entrego.do
el niño tan luego como satisfacian el dispendio incurrido por el establecimiento en su manutencion.
Bajo el mismo principio se hallan hoy establecidos
todos los hospicios ó casas de expósitos.
Posteriormente un hombre virtuoso ~e dedicó á
la benévola tarea de librar de la destruccion los
niños que yacian inhumanamente abandonados en
las calles de Paris. San Vicente de Paula, á quien
puede llamarse el santa patron de Frnncia, era uno
de aquellos seres que adornan el catolicismo. Nació en 1576 y murió en 1660, habiendo tenido
durante su vida algunas aventuras muy extraordinarias. Navegando en una ocasion cerca de la
costa de Francia, fué apresauo el buque en que iba
por un pirata argelino, lleváronle ú Berbería, y
alli permaneció en cautiverio algunos años. Convirtió á su amo al cristianismo y escaparon juntos
á Francia en un bote. El resto de su vida fné un
acto contínuo de devocion á sus deberes como
cristiano y como sacerdote. Fundó en París un
establecimiento para misioneros, cuyo objeto era
nada menos que convertir al mundo entero, enviando misioneroit haitta los puntos mas remotos ele
la tierra, y ciertamente aunque el proyecto era
demasiado magnífico hasta para el entusiasmo y
energia &lt;ltl mismo San Vicente, no dejaron de
conseguirse grandes ventajas durante su vida, si
bien la institucion degeneró mucho despues de su
muerte. Un hombre, sin embargo, puede ser fundador de establecimientos piadosos, y sin embargo
abrigar en su pecho muy poca caridad: los actos
indiferentes y triviales de la vida del hombre son
los que manifiestan SlL carácter tal cual és. Véase
nuestro grabado; San Vicente de Paula transitando con paso mal seguro sobre la nieve, en las
malformadas calles de París, llenas de escombros
y derrumbaderos, y recogiendo á las infelices
criaturas abandonadas á la muerte ó la compasion.
Un crecido número de niños eran en su tiempo
expuestos en las calles, y él se esforzó para proporcionarles un asilo. El establecimiento que
fundó, sostenido al principio por medio de suscripciones particulares, llegó despues á ser una institucion nacional conocida hoy, con el título de
"Hópital des enfans trozwés."
San Vicente de Paula fué canonizado despues de
su muerte, y su memoria y su nombre son profnndamente venerados por los católicos de Francia
asi como los de todos los paises. Un bello grupo
ele marmol blanco que representa al santo rorleado
de niños expósitos, adorna una de las igle,ias de

Paris. U no de los grabados de mas mérito q_ue
posee en el dia la escuela francésa, represeuta á.
San Vicente defendiendo fa causa de los huérfanas
en presencia de Luis XIII, y en otra lámina muy
popular de la cual se vende un gran número de
ejemplares en todas las ferias campestres, se le ve
transportado á los cielos por los espíritus de los
huérfanos á quienes en la tierra ha libertado de la
destitucion. Bello. y poética idea!

..

ANECDOTAS RELATIVAS A LA VINA.
LA vifia viene del Asia segun unos, del Africa
segun otros, y aun no falta quien pretende que
siempre ha existido en Europa. Asi que las tres
partes del antiguo mundo se disputan el honor de
haberle dado origen. En Asia la plantó Noé, en
Africa Osiris, en Europa Baco. Dificil es remon.tar basta el origen de las cosas, porque la cuna
de los tíempos se halla envuelta en nubes muy
densas.
-Hubo un rey de Tracia que se ])amaba Licurgo que hizo arrancar las viñas en su reino, á
fin de cortar los excesos á que se entregaban sus
súbditos en el estado de embriaguez. Se decía
que había combatido y dado muerte á Baco, y
otros afirman por el contrario que Baco fué quien
le &lt;lió muerte y castig6 su menosprecio. La Tracia
fué célebre por los bacanales de hombres y mujeres. Las 'l'hiadas furiosas Ee esparcian por el
monte .Menalo, ó en los bosques del monte Liceo,
y celebraban las victorias del triunfador del Indo.
Una de ellas, Agavé, inmoló á su propio hijo en
el acceso de su embriaguez: las bacantes despedazaron á Orfeo. En cuanto á Licurgo fué tal la
violencia y pasion con que contribuia personalmente á la ejecucion de su proyecto, q11e se cortó
las piernas con el hacha con que cortaba lns viñas.
- Osiris en sus conqµistas en vez ele dar leyes á
sus pueblos les dió viñas, seguro asi de su sumision.
- Isaac al bendecir á su hijo J acoh, le deseaba
verdadera riqueza, esto es, abundantes cosechas y
vendimias venturosas,
- Cuéntasela anécdota siguiente de los padres
del desierto. Uno de ellos recibió de regalo un
gran racimo de uvas y lo remitió al anacoreta mas
inmediato; este hizo lo mismo, y sucesivamente
todos los cenobitas hicieron alarde de pri vacion, y
el racimo despues de haber recorrido todo el desierto volvió al ¡,rimero que le babia recibido.
- Un esclavo predijo á Anceo, rey de Arcadia,
que no beberia mas vino de su viña. El rey hizo
traer una copa de vino, y teniendola en la mano le
dijo el mismo esclavo; "de la copa á vuestros
labios hay alguna distancia;" á este tiempo vinieron ó. decirle que el javalí de Caledonia estaba en
su viíindo; arroja la copa sin haber bebido, corre
al javnlí, y perece entl'e strs colmillos.
- El tirano Sileo tenia moguíficos viñedos; detenia á los caminantes y les ouligaLa á trabajar en

�EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO
ellos: pero vino IIercules dió muerte á Sileo y
puso en libertad á los viajeros.
- Los griegos no ejecutaba:n su vendimia como
nosotros; cogían la uva, la exponían al sol y á la
frescura de la noche durante diez días ; despues
la tenian por cinco días mas á la sombra, y concluidas estas operaciones, la pisaban depositando el
jugo en odres y vasijas.
-A las Furias y á las Euménides solo les hacían
libaciones los griegos con agua pura; he aqui porque Sofocles las llamó las diosas s6brias.
-Astíages, padre de !\!andana, so6ó que del
seno de su hija nacería una vi6a que cubrirla toda
el Asia. Despues de este sueño fué cuando intentó
matará Ciro.
- El asesino de Filipo, rey de l\Jacedonia, padre
de Alejandro, fué apre~ado inmediatamente, porque al salir de ejecutar su atentado quiso huir por
un viñedo de los jardines del palacio, y se encontró
enredado entre las cepas.
- El asno es un exceltnte animal. Bufon no
ha dicho bastante en su alabanza. Solo en el
tiempo de Homero supieron apreciarle debidamente. Cuando el príncipe de los poetas le comparaba á un héroe, 6 mas bien comparaba un héroe
á aquel cuadrúpedo, sabia muy bien lo que se
hacia; á él et1 á quien se debe el secreto de podar
las viiías. Habiendo el asno roído las extremidades de la cepa, observaron los ha bitantes de
Nauplia que los tallos asi cortados y disminuidos,
se multiplicaban con mas abundancia.
- El vino escaseaba aun en Italia en tiempo de
Numa. Este prohibió que se rociase con él la
hoguera de los muerto~.
- Caton fué el primero que escribió en Roma
sobre la agricultura, y señaladamente sobre el culii vo de la viña.
- En el convite que Cesar dió en Roma el din
de stt triunfo hizo servir vino de Falerno, de Chio,
de Lesbos, y de Mesina: esta fué la primera vez
&lt;1ue se vieron en Roma cuatro diferentes vinos en
lllla misma comida.
- El magnífico general romano Lúculo, á su
regreso de Asia, hizo distribuir al pueblo cien mil
¡,ipns de vino.
- Los tres objetos que principalmente determinaron á los galos á su expedicion sobre la Italia, fueron las viñas, los higos y el aceite de oliva. Ellos
fueron los fundadores de l't1ilan, Brescia y Verona.
- En la guerra de los gladiadores, Espartaco
sitiado sobre el Vesubio y vivamente estrechado
por los romanos, no sabia como evadirse. La única
bajada era un sendero muy estrecho y dificil; todo
lo demas eran rocas escarpadas inaccesibles, de
donde salían una multitud de cepas entretejidas y
silvestres. Espartaco mandó cortar los sarmientos
mas fuertes é hizo con ellos escalas sólidas y tnn
largas, que desde la cima de las rocas pendían
hasta la parte inferior de la llanura. Por este
medio evitaron él y los suyos caer en manos de sus
enemigos.
- En Cartago los soldados no bebían vino.
Tampoco lo bebían los magistrados durnnte el
ejercicio de ~us cargos.

-Ababa, sultana favorita de uno de los primeros emperadores de Turquía, se abogó con una uva.
Igual muerte tuvo Anacreonte en medio de un
banquete.
- Anacarsis decía que la viiía dá tres frutos: la
voluptuosidad, la embriaguez, y el arrepentimiento.
- Domiciano en el año 9-2 hizo arrancar las
viñas en las Galias. Esta orden fué ejecutada durante cerca de dos siglos.
- Hasta el siglo xn no se ha empezado á. hacer
vino blanco con uva tinta.
- En Corneillon (Francia) hay una cepa di:l
grueso de un hombre, y sus ramas cubren una
grande encina. En un solo año se hicieron de sus
uvas 350 botellas de vino.
- Otra cepa hay en Ilampton Court, sitio real
no muy distante de esta metrópolis, que ocupa
una vasta estufa, Algunos nfíos ha dado basta
cuatro mil racimos. Jorge III dió en una ocasion
á los cómicos que habian representado en su presencia, cien docenas de racimos de esta cepa.
- La viña requiere un clima templado; Schirnz
á los 25 grados de latitud meridional, y Coblentza
ó. los 52 de latitud septentrional, son los dos ¡iunto11
extremos del cultivo de la viña.
En la campánin los vástagos se remontan hastn
In cima de los árboles. Los vendimiadores se ajustan bajo la condicion tle que en caso de caidn y de
muerte el propietario queda obligado Íl costear los
gastos del funeral.

DE HISTORIA, BELLAS LETltAS Y ARTES,

EL TEATRO POR FUERA.
" Si hacen de mi humor desden
No tienen mas que gustallo,
l\Iientras por tonto echo l'l fallo
A quien no le sepa bien."
JcLES!AS.

ó3

autores dramáticos, á los artistas, empresarios,
empleados, espectáculo mat~r~al, decoracion;s,
transformaciones, vuulos, mus1ca y acompnnamiento. El teatro pot· fuera le constituye únicamente el público espectador. Puede, pues, mirarse
la cuestion de ambos modos; 6 bien dando la cara
á la escena, y fijando la vista y la ,imagina~i,on en
la finaida ilusion del espectáculo, o ya volviendole
la es~alda y asestando el catalejo á la animada
realidad de los espectadores. Ilueno será por hoy
prescindir de la primera cuestion para ocupar~os
exclusivamente de la segunda; abandonar el 10terés dramático por el interés social, el mundo de
carton por el mundo positivo, y buscar en el espectáculo cómico lo mas cómico del espectáculo ; que
sino lo ha por enojo no es otra cosa que el público

L! escena c6mica, asi como la gran escena. del
mundo tiene dos aspectos. Uno i'!lterior, privado,
y reducido al estrecho círculo de sus sacerdotes y
comensales¡ el otro público, exterior y que dice
relacion con la sociedad entera. Para entrar en
aquel, ea necesario hallarse iniciado en sus misterios, y tener uno. parte mas ó menos directa en su
accion ; para conocer este basta solo eer espectador
constante, y estar dotado de une. dosis regular de
observacion.
1
El teatro por dentro, comprende, pues, á los espectador.

DEL COMER.
"COMER poco y amenudo" es un precepto generalmente observado porque parece hallarse de acuerdo
con nuestros sentimientos: pero es sin embargo
una regla malísima y de consecuencias muy perjudiciales. Antes de que el alimento se halla á
medio digerir, los nervios irritables de la parte
superior del estómago producirán un apetito ficticio, y es bastante evidente que el satisfacer esie
apetito es solo obtener un alivio temporal (y aun
ese no siempre) á expensas de un padecer sucesivo. No es razonable sobrecargar el estómago con
mayor cantidad de alimento del que puede digerir;
y como la regularidad es siempre esencial para la
salud conviene tomar alimento á horns señaladas.
Este apetito falso que- no nace de las exigencias
de la naturaleza sino del estimulo mórbido de los
jugos del estómago, ocurre cuando se deposita en
este mas de lo que puede digerir. Esta condicion
del estómago ha hecho creer á algunas personas
ignorantes que aquellos que experimentan e~te
apetito al parecer insaciable tienen dentro un gusano que consume la m11yor parte de lo que comen.
Hay en la India una planta, especie de eléboro
(no el eléboro de los farmacéuticos) la cual tomnda
medicinalmente por aquellas personas que padecen
de dispepsia al punto de reusar todo alimento
vuelve ó. producir el apetito. A esta planta llaman
los naturales "Raíz indiana."

A la verdad, que considerado el asunto bajo este
aspecto, no puede ser mas animado y profundo, y
manejado por diestra mano, no dejarla de producir
un asombroso interés. ¡ Ay que no es nada! mil
ó dos mil pcrsonages de tollos sexos y condiciones;

vírgenes y matronas; viu_das y reinr.i?entes; niños
1 y viejos; solteros y mandos; Mesalinas y Lucre, cias; Marcos y Colatinos; patri~ios y plebeyos;
'., sombrerillos y zagalejos; chaquetillas y S()Ttus. Y
' todo esto visual y gerárquicamente ordenado; por

�54

EL INSTRUCTOR, O REPERrrORIO

clases, segun el blason heráldico¡ por familias,
siguiendo el sistema de Lineo¡ por precios, al
tenor de la balanza mercantil; por sexos á la ma1
nera füiológica ile Russel; por trages, segun el
método de Utrilla; por genios y condiciones, conforme á la craneoscopia del Doctor Gall.
Las seis y media ... entremos en el teatro ...
Media hora falta aun para comenzar el espectáculo ... ¡ qué cosa tan triste es un teatro sin gente!...
Es como si dijéramos un cuerpo sin vida, un
cadáver yerto é inanimado .. Y si el teatro es
uno de los teatros de Madrid ¡ qué cosa tan fea
ademas l Mirada desde las alturas la mezquina y
económica platea parece por sus diversos com•
partimientos una caja de estuche ó nccesaire sin las
11iezas correspondientes; mirando desde la platea
los costados del edificio, recuerda los anaquelerías
de nuestras boticas, ó los simétricos nichos de
nuestros cementerios.
La misma soledad, el mismo silencio que en
estos, y á la escasa luz de algunas mechas encendidas provi~ionalmente en la lámpara central, se ven
allá cerca del techo los retratos de algunos de
nuestros célebres autores, los cuales solo despues
de muertos han adquirido el derecho de asistir
gratuitamente al espectáculo; y aun esto tan limitado y en sitio tau poco conveniente, que mas
parece que aspiran á escapar á las troneras por
entre las enormes piernas de un Apolo, que mas
que Apolo, parece un tambor mayor.
Conforme se va acercando la hora, empieza
aquel solitario recinto á dar señales de vitalidad:
ya es una puerta que se abre para dar entrada á
un bulto negro que aparece en la arteria de las
luneta,; el cual mira con interés á todas partes,
hace un movimiento de impaciencia, y vuelve á
salir precipitado; ya son algunas pausadas sombras
que van á colocarse aisladas aquí y allá quebrando
o.si la uniformidad de las grado.s laterales, ele los
bancos céntricos, y de la altísima tertulia. Ora se
escucha un animado diálogo femenil en los hondos
abismos de la cazuela; ora el ronco sonido de una
tos catarral y aguardentosa revela al observador
que algun ser viviente respira sepultado en los
últimos confines del patio.
El nuncio de la luz aparece en fin por un agujero,
y saltando por encima de los bancos cou una
cerilla en la mano, se acerca á la lámpara, y
comunica su influencia al círculo de quiru¡uets, con
lo cual y concluida su tarea, avisa á los de arriba
1&gt;arn que den vuelta á la máquina, y sube el
luciente fanal con pausa y gravedad hasta quedar
colocado á la media altura del espacio. Magestuosa operacion que observan con sorpres~ y entusiasmo las tiernas criaturas que han asomado á
los palcos, y de que huyen por precaucion todos
los desdichados á quienes tocó sentar perpendiculares bajo la influeqcia de aquel mecánico planeta.
Quedan, pues, al descubierto las som brias paredes del edificio, el ahumado techo, los mezquinos
bancos y sillas: y sucesivamente Yan dando la
cara las misteriosas parejas de los palcos por
asientos, que no ven con buenos ojos aquella ilumi-

nacion, aunque escasa; luego ocupan la delantera
de la cazuela todas las Diosas de nuestra mitología
matritense, y &lt;letras de ellas se van agrupando las
modestas beldades á quienes no es necesaria tanta
publicidad. Ilarpór.rates, el Dios del silencio
como todo lo perteneciente al género masculino,
está desterrado de aquel bullicioso recinto, y mil y
mil voces, si quier gangosas y displicentes, si quier
melifluas, y atipladas, se confunden¿.iaturalmente
en armónico diapason, y mas de una vez sobresalen
por entre los diálogos de los actores, ó sobre los
crescendos de la orquesta.
Dos campos iguales en dimension, di(erentes en
calidad, se dividen económicamente el elevado
recinto conocido bajo el nombre de tertulia. Del
lado de la izquierda, el sexo que solemos Uamar
bello, ostenta sus gracias peregrinas, sus ingeniosos
adornos y su amable coquetería. En el de la
derecha el otro sexo feo juega las armas que le son
propias, el desenfado, la galantería y la arrogancia.
Cruzanse, p11es, de la una á. la otra banda las
ojeadas, las anteojeada~, los saspiros, las sonrisas,
y otros signos expresivos de inteligencia, y volando
á estrellarse en el lecho comun, tornan á descender
convertidos en vapor simpático, eléctrico, que extendiendo su influencia por todos los rinoones de la
sala, impregna y embalsama á toda la concurrencia
en igual amoroso sentimiento.
Suspicaz y meticuloso por extremo debió ser el
primero que tuvo la ocurrencia de la separacion de
los sexoe en algunos puntos de nuestros teatros ... ¿y
donde? precisamente en un país en que se miran reunidos en los templos, en el circo y &lt;lemas espectáculos públicos. A la verdad, nada se arriesgaba en
apostará que no fué marido celo~o el que tal imaginó, pues si él lo fuera á buen segur{) que conviniese
en abandonar bajo su palabra tres ó cuatro horas ii..
su esposa donde apenas alcanzara á divisarla. Sin
embargo, sea dicho en verdad, esta costumbre como
todas las de este mundo tiene su contra y tambien su.
pro; la mitad de los hombres dicen que es mala¡ la
mitad de las mujeres la defienden por buena; y las
otras dos mitades piensan en sentido contrario •••
Vayan vds. á entenderlos, ni á adivinar las razonesque cada cual alegará! De todos modos no puede
negarse que cuando no sea otra cosa presta cierto
saborete de originalidad á nuestro teatro maarileño
que no es de desdeñar para el curioso observador.
Exrepcion de esta austera conformidad, es la
triple fila de aposentos donde á par que los sombrerillos y manteletas, vienen á colocarse las placas
y bordados, las elegantes corbatas y los guantes
amariJlos ; lo cual hace á esta seccion la mas
armoniosa y variada del espectáculo. La luneta
con sus aristocráticas pretensiones, los sillones y
gradas con su público atento, inteligente, y de
buena fé, y el patio en su humilde modestia, sirven
como si dijéramos de base á todo aquel artificio
mecánico, de centro de aquellos opuestos polos.
En esta region principal es donde tiene su
asiento el abonado, especie de planeta teatral, mitad
hombre y mitad luneta, que viene pe~ióclicamente
á efectuar su conjuncion con ella todas las noches,
y á formar las mas veces entrambos una sustancia

DE IJISTOHIA, BELLAS LETflAS Y AflTES.

65

No menos interesante y animada otra secrion
] 1omogénea de palo y de baqueta, para quien son
Jel auditorio sienta por Jo regular en las filas
indiferentes el compas chisico ó el romántico vuelo,
céntricas• esta es la seccion de los inteligentes, y
y en quien suelen l!)nbotarse las magnéticas sensase
compo~e como quien nada di_ce_ de los autores
ciones con que pretendiera el poeta. electrizar al
dramáticos,
los escritores follebmstas, y tal cual
auditorio. Este obligado adorno de las filas mas
actor en descanso que aqueJla noche no le tocó
avanzadas de la luneta, es de rigor que ha de
figurar. Esta seccion es bull~c!osa de suyo, comuentrar con solemnidad á la segunda escena del
nicable y expansiva; sus dec1s1ones son absolut~s
segundo acto, y atravesar en movimiento ondulay sin apelaciou ; pronúncianse eJ:-ca~edra; rom1torio por el estrecho límite que permiten las piersion de aplausos la llaman unos; sociedad de senas de los &lt;lemas espectadores, no sin desagrado
guros la dicen otros ; pero los un?s y ~os otros
de estos, que en tal momento miran interponerse
esperan
con atencion las ~uestras mequ'.vocas de
aquel cuerpo estraño entre sus ojos y la escena;
su
sentencia,
y aplauden s1 aplaude, y silban por
pero In política exige el mayor disimulo, y que se
simpatía cuando escuchan á la inteligencia silba~.
repriman las muestras de aquel enojo, para correLos &lt;lemas compartimientos de la planta baJa
sponder con afectada sonrisa al elegante Adonis
son
ocupados en simétrica variedad p~r ~quel~a
que reparte sendas cnbezadas á todos sus compaparte
del respetable ptlblico que en el D1cc1onar10
fieros de banco. Llegado despues á su término
moderno solemos llamar las masas; en cuya con•
final, á su luneta, que Je espera para recibirle en
feccion entran indistintamente los drogueros de
sus brazos, es indispensable que ha de bajar el
calle de Postas y el honrado ropero de calle
asiento con notable estrépito, y de este modo atraer
Mayor; el empleado vetusto y el imberbe merihácia su persona la puriteria de todos los anteojos
torio• el inexperto provincial y el pacífico artede los palcos; á cuya interesante atencion corres.
sano·' todos los cuales vienen al teatro los Dommponde el abonado, permaneciendo en pié largo
aos
;
fiestas
de
guardar
á
divertirse
con
la
mejor
rato con la espalda hácia la escena; componiendo
del mundo, y á pillar de paso, si pueden, una
simétricamente el cabello con el anteado guante;
leccioncilla moral; y la diversion que encuentran
sacando despuea el pañuelo, impregnado eu patclwuly y balsamo de Turqrtia, limpiando cuida- no es nada menos que tres ajusticiados, y un tormento; y la moral que suel!!n beber, la que se
dosamente los cristales del doble anteojo, y diridestila de un suicidio ú otro delito horrible.
jiéndoles despues circularmente á todos los aposen•
Con Jo cual, concluida la diversion, vuelvese á
tos, la cazuela y la tertulia. Verificadas todas
casa el honrado ciudadano, bien persuadido de que
estas operaciones el abonado se vuelve en fin á la
todas las mujeres son cortadas por el patron ele
escena, y si en tal momento alcanza á atraer una
Catalina Howard 6 Lucrecia B01ja; y que todos
rapida sonrisa de alguna actriz, ó tal cual disimulos hombres son poco mas ó menos á la medi&lt;la de
lada cortesía de algun cantante, es como si dijéralos Anloni y Ricardo Darlingto11; de todo lo cual
mos, el bello ideal de la fortuna, la suprema dicha
viene á deducir que la peor gente del mundo son
teatral.
los hombres y las mujeres; c¡ue toda sociedad es
El abonado por lo &lt;lemas presta poca atencion
una picardía; todo gobierno un embrollo; toda
al espectáculo, y como este nunca es nuevo para él,
religion una farsa; y toda la existencia una pura
porque si es segunda representacion asistió igualcalamidad.
mente á la primera, y si es primera, vió tambien
Y á la verdad que la consecuencia no puede ser
el ensayo, nada puede interesarle, antes bien mira
mas natural; porque si el hombre 6 la 111ujer que se
con desden y aun con lástima, la obligada atencion
les ha representado en la es('ena ha sido un príndel auditorio, y el efecto imprevisto que sobre él
cipe, por fuerza ha de haber tiranizado á sus
suelen ejercer las distintas situaciones del drama;
pueblos, y ha de reunir el fanatismo y In crueldad,
y cuando estas lleguen á su mayor interés, afectará
la hipocresía y el dolo; si ha sido princesa, havolver desdeñosamente la cabeza, ó hablará con
branla visto dar convites envenenados; y entregar
los músicos, ó se dirijirá á cualquiera de sus colaterales, diciéndole:-" ahora el tirano va á darle \ sonriéndose lll verdugo la hermosa cabeza. de su
11.mHnte; ó arrojar al rio á los favoritos con quienes
la copa envenenada" ... - y cuando esto sucede y
ha pasado la noche; si ha sido hombre del pueblo
todos los espectadores revelan en sus semblantes lo
por fuerza seria hijo de un verdugo; y habrá
angustioso de la cituacion, se ve reir la foz tranquila del abonado, y escúcbase su voz harto perconspirado contra su mismo bienhechor; y se
ceptible que dice:-" No te11gan vds. miedo, porhabrá levantado á fuerza de bajezas á las altas
dignidades de la república; si ha sido juez naturalque ahora vá á salir la dama á matar al tirano con
un agudo puñal."mente habrá sido seductor de su víctima y perjuro,
Durante el entreacto el abonado sube á visitar
venal y corrompido; si ha sido esposa habrá en'los palcos, y como bola de cubilete entra y sale de
terrado vivo á su esposo para dar la mano á su
rival; si ha sido madre, se habrá enamorado de su
una en otra casilla, y ora le vemos en un palco
propio hijo ; y si fuere hijo, habrá ensangrentado
bajo hablando en francés, y afectando la seriedad
diplomatica entre dos lonjanísimos extranjeros,
su acero en el autor de sus dias; si ha siuo religioso
habrá abusado de su santo ministerio para seducir
ora en un principal, siendo la causa de la bulliciosa
alegria de una coleccion de beldades que se dispula inocencia, ó para ejercer sus venganzas; si ha
sido en fin amante por fuerza habrá sido movida
tan sus respuestas, sus miraclas, y son exactamente
del mismo parecer sobre el mérito de la pieza.
por un amor vergonzoso y criminal. Semejantes

fé

1

"¡;
is

�56

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

primores de In modernn escena, son como si dijéramos el cuotidinno alimento que se da á un pueblo
incauto á quien se pretende instruir y deleitar; de
esta manera se le enseña la historia en caricatura;
se le familiariza con las escenas patibularias ; se le
aparta de toda creencia; se le arrastra en fin á un
abismo sin límite conocido.
Por fortuna esta exageracion de colorido, esta
brillantez de la mentira, lleva su correctivo en su
misma demasia, y una vez disipadas las primeras
impresiones, la razon va recobrando su imperio, y
convirtiendo en ridículo aquello mismo que un
momento se admiró como sublime. El observador
~lósofo no puede menos de reconocer esta benéfica
reaccion, y mira con placer á la concurrencia no
ya agitada y entusiasta ante las formidables peripecias del drama inmoral; sino distraida é indiferente, como quien no cree lo que mira; no pocas
veces respondiendo con burlona sonrisa en vez de
las violentas lágrimas que la dema11daba el poeta,
"On ne voit pas pleurer personne ;
Pour notre argent nous avons du plaisir;
}:t le tragique qu'on nous donne
Est bien fait pour nous rejouir."

Pero veo con dolor que arrastrado por lo importante del argumento me aparto insensiblemente de
mi estilo y propósito, y como que parezco volver
cara á la escena abandonando mi objeto que es
pintar al público espectador. Sin embargo tiene
tal relacion el efecto con la causa, que a pena~ es
posible tratar de aquel sin rozarse algun tanto con
esta. Afortunadamente en este momento cae el
telon y el drama desaparece; unas cuantas varas
de lienzo se han interpuesto entre la sociedad fal}tástica, y la sociedad positiva; los Hernanis y las
Tisbes huyeron de nuestra vista, y ya solo tenemos
delante las Tomasas y los Pedros; el hombre y la
mujer se han convertido ya en mujeres y en hombres; el castillo feudal en un menguado coliseo; y
los canales misteriosos de Venecia en los lfllimados
callejones de palcos y cazuela.
.Aqui quisiera yo tener una pequeña dosis de la
imaginacion poética de nuestros autores para bosquejar aunque de ligero esta escena final, que
aunque para algunos podrá parecer insignificante,
es para muchos la que forma el principal interés
del drama.
Los que conocen la estructura de nuestros teatros madrileños saben ya lo menguado y obsc11ro
de sus escaleras, sus estrechas puertas y pasillos,
su taquigráfico portal. Pues bien, en aquellas
escaleras, en aquellos callejones y á la luz de
aquellos farolillos, se verifica en el acto solemne
de la salida. la reunion misteriosa y armónica de
quinientas parejas que suben, que bajan, que cruzan, que corren de aqui para allá, buscando cada
uno su cara mitad, y miran~o de paso á las mitades
agenas.... De aqui puede inferirse sustancialmente
el interés y fuerza cómica de semejante desenlace,
la animacion y el moTimiento de tal escena final.
El rápido mozalvete que volando en alas de su
amor y su deseo atraviesa por sobre las piernas de
los lacayos dormidos en la escalera y vá á situarse

57

DE HISTORIA, BELJ,AS LETRAS Y ARTES.

á la salida del palco para tener ocasion de arreglar
uoa manteleta ó correr á avisar al cochero; el
pausado esposo que detenido por la gente que sale
de las lunetas, se agita y desespera por llegar á
recibirá su esposa cuando ésta baja ya cortesmente
sostenida por una mano ttnteada que casualmente
se encontró al paso ; el amante desdichado que al
ir á ofrecer la suya al objeto ele su ternura, se
siente asir por una arpia de siglo y medio, que
empieza ya de antemano ñ ejercer los rigores de
suegra; los formidables lacayos asturianos cargados de almoadas y mantones que cruzan bárbaramente abriendo un ancho surco en aquella apiñada
falange; los celosos papás que tratan de poner á
cubierto las gracias de sus hijas robándolas á las
indiscretas miradas de los jóvenes que coronan en
correcta formacion ambos límites de la escalera ;
las viejas, que llaman al gallego con voz nasal y
angustiosa; los niños que lloran porque los pisan,
ó que dominados por el sueño van tropezando en
todos los escalones ; los reniegos de los que van á
tomar el coche contra los que no les dejan llegar á
él; las imprecaciones de los que esperan ir á pi·é
contra los coches que obstruyen la salida; las pérdidas improvisadas de alguna dama; los hallazgos
repentizados de algun galan ; los chascos de tal
cual amador que esperaba por una escalera mientras el objeto de sus esperanzas descendia por la
otra; las curiosas glosas del drama, que se escuchan en boca de un mozo del Lavapies ó de una
manola del Barquillo; aquel eterno disputar sobre
si la escena del veneno era mas bonita que la del
tormento, ó si la comedia estaba en prosa ú en
verso; aquel decir picardias del traidor, y salir
poco sa,iisfechos porque aunque se dice que le
ahorcaron, no le vieron ahorcar; aquel comparar
mentalmente al romántico galan ideal con el clásico marido efectivo; aquella rápida transicion
desde las imaginaciones poéticas á las prosáicas,
desde la historia fingida á la historia verdadera;
todos estos son objetos dignos &lt;le observacion, y
tan gustosos de ver como imposibles de describir•
El teatro en fin vuelve á quedar en silencio; y
el alcaide cierra cuidadoso las puertas del templo
de la ilusiou ; el poeta regresa á su modesta habitacion á dormir al arrullo de los aplausos ó de los
silbidos; el actor depone mantos y coronas y toma
paraguas y sombrero para dirigirse á cenar; el
viento fresco de la noche disipa las quimeras en la
agitada mente del espectador, y cuando éste al
poner el pié en la calle piensa toda vía escuchar la
terrible campana de San l\Iárcos, reconoce con
placer, que no es nada de esto, sino qne dan las
doce en el reloj de la Trinidad.
EL CURIOSO PARLANTE,

EL CORAZON Y LA CABEZA.
LA cabeza de una muger está siempre influenciada
por su corazon: pero el corazon del hombre está
generalmente influenciado por su eabcza.

LA BENEFICENCIA.
"Nostri pars optima sensus."

JuvEN,
Alma beneficencia, ya te canto:
A-saz ~onaron en mi acorde lira
Del dios vendado la funesta ira
Y de su madre el venenoso encanto:
Asaz en la ribera
Del patrio Bétis aumenté su gloria,
Cuando en voz placentera
Sus flechas celebrando y mi victoria,
De Emilia los loores
.Aplaudieron las ninfas y pastores.
Dulce ilusion, aunque gozosa, vana,
Que lo mejor robaste de mi vida,
Huye veloz, como la luna herida
Del triunfante esplendor de la mañana:
¿ Qué fuego desusado
Hierve en mi pecho? ¡,qué centella ardiente
Con brillo regalado
Penetra el seno á mi ofuscada mente,
Y de su horror oscuro
Brota de la virtud el rayo puro?
No mas hermoso entre la niebla fria
Del alterado piélago de oriente
Levanta el sol la enrojecida frente,
Padre y monarca del rosado dia ~
No mas tierna la aurora
Sobre la flor del aterido prado
Su blando aljófar llora :
No mas sereno el céfiro templado
Dulce calor fecundo
Vierte en los seres del inmenso mundo.
Salve, luz celestial: fuego escondido,
Que en este yerto corazon dormías,
Salve: disipa con tus llamas pias
La ciega oscuridad de mi sentido~
Mi espíritu enardece:
Purifica mis labios : pueda el canto,.
Que ya en mi pecho crece,
Si la voz de un mortal alcanza á tanto,
Domar la envidia fiera,
E igualar de los siglos la carrera.
O mas bien, vuela tú; y al triste humano
Comunica tu llama abrasadora
En la fulgente cuna de la aurora,
Y donde hiela el último Oceano;
Tu ardor hermoso sienta
Desde el feroz caribe, que tranquilo
De ~angre se alimenta,
Hasta el esclavo estúpido del Nilo,
Que á la alzada cuchilla,
Cordero inerme, la cerviz humilla.
Se verá entonces la anchurosa tierra
En hermanales vínculos unida,
Y huyendo de tus rayos pavorida
Sn negro pabellon plegar la guerra:
Odio, rencor, venganza,
Interés, ambicion, copiosos males,
Que dió con la esperanza
La caja de Pandora á los mortales,
YII tan infaustos nombres
Solo en la historia aprenderán los hombres.
'füM. VIII.

Pálido cae de vuestra impma. frente
El funesto laurel que la adornaba;
y el orgullo infernal que os animaba,
Postrais rendidos á la luz naciente.
· No veis la envidia horrenda,
~
d
.
Que el celeste esplendor braman o esquiva;
Y por oculta senda
Vertiendo fiera su ponzoña-activa,
Huye con raudo vuelo
A nunca mas turbar la luz del cielo?
¿No veis, no veis ni ciego fanatismo,
De su ominoso sólio derrocado,
Cuál gimiendo se lanza despechado
.A la negra mansion del patrio abismo 7
El puñal de Megera
Ved cuál se escapa de su ardiente mano :
Ved de su cabellera
Las serpientes dormir : el grito insano,
Pl'ecursor de destrozos,
O prime ya con pérfidos sollozos.
Pérfidos, sí: que ardiendo en vi va saña
Recuerda altivo sus funestas glorias,
De Merindol y Albiga las victorias,
Y la extinguida hoguera de la España.
El siglo infausto llora,
Que el alma devoró de los mortales
Su antorcha abrasadora,
Y erigió entre nublados celestiales,
Del crédulo esperanza,
El trono del orgullo y la. venganza.
El libre pensamiento los impíos
Oprimiendo en oscura servidumbre,
Consagraron á un Dios de mansedumbre
De humana sangre caudalosos rios :
Su bárbara cuadriga
Holló los cetros y el laurel triunfante
Y de la pu amiga.
La dulce rama: el fuego devoran te,
Que sus ruedas abrasa,
Yerma el campo infeliz por donde 1msa.
Mas ¡ ah! que ya cesaron los horrores.
Del tenebroso siglo de la ira,
Y el abatido monstruo yA suspira,
Devorado ele inútiles furores.
Y tú, yerto egoismo,
Que la frente á los cielos levantaste,
Y 11n imperio en tí mismo
Del universo entero te formaste,.
¿ Cómo cayó espantoso.
De tu poder el hórrido- coloso?
Cual sube audaz en las heladas cimas,.
Que el aterido mar del norte baña,
De endurecida nieve alta montaña,
Muerte.y terror de los polares climas~
Firme, inmoble y segura
Sufre el eterno sol del Cancro ardiente
La inmensa mole y dura
Opone al rayo de la luz clemente,
Y en su 5eno acogida ·
Niega por siempre al fuego de la vida:
Asi en el corazon, que el monstruo fiero
Con su hielo infernal entorpeciere,
Jamás la triste humanidad espere
Restos hallar de su calor primero.
0

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�58

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

¡ Ay de aquel desgraciado

l

Que á su interés Ó'á su placer se atreva!
El hierro despiadado
Ya amenazando está. Sin que le mueva
Ni el rencor, ni la saña,
Tranquilo en sangre y lágrimas se baña.
Furias del Orco, huid : y tú, amor santo,
Padre de cuanto anima y cuanto crece,
Benigno á los mortales resplandece,
Y vierte al orbe tu apacible encanto.
La oscura venda deja,
Con que la infiel mudanza te cubría
Y la celosa queja:
Por ella el hombre te llamó algun dia,
Maldiciendo tu imperio,
Placer mentido y torpe cautiverio.
Las dulces flechas que te &lt;lió natura
Para esparcir del ser la llama ardiente,
Templa, ó amor, en la sagrada fuente
De la amistad inextinguible y pura:
Y el amante enlazado
A la gentil btldad que lo enamora,
En lágrimas bañado,
Exclame al despuntar de cada aurora:
"¡ Destino venturoso,
El de hacerte feliz, siendo dichoso !"
Tú, divina amistad, del alto cielo
Al mundo, que te implora, ya desciende,
Y en sus heridas amorosa extiende
El bálsamo apacible del consuelo.
Gloria de los mortales,
Salve: tú robas á la humana vida
La mitad de los males;
Y á la breve porcion, tal vez mentida,
Del bien, tú sola eres
Quien renuevas los rápidos placeres.
Contigo la piedad en lazo amado
Temple al hombre los ásperos enojos,
Y el tierno llanto de sus dulces ojos
Calme el llanto infeliz del desgraciado :
Asi el blando rocío
El Euro entre sus alas atesora;
Y cuando el soplo frio
Del Aquilon los campos descolora,
Con su lluvia templada
Vuelve el será la rosa desmayada.
Mas ¡ oh! ¡ ves la bondad, naturaleza,
Que tus inmensos ámbitos domina,
Y entre los rayos de su luz divina
Ostenta pura su inmortal belleza?
Yo escucho el grato acento,
Que inunda de placer los corazones:
Yo miro al vago viento
Enarbolar los cándidos pendones,
Y su númen sagrado
El orbe todo venerat postrado.
Ya, ya la mano al pálido indigente
Tiende benigno el prócer: junto al lecho
Del moribundo en lágrimas deshecho
Ya la piedad el poderoso siente:
Ya el oro fementido,
Por el que vió otro tiempo la doncella
Su limpio honor vendido,
Es dote y premio á la modestia bella,

Y con hermosas flores
Enlaza la virtud y los amores.
Contempla el padre anciano enagenado
De sus caducos años el consuelo,
Y sonríe al festivo nietezuelo,
Que con gracia infantil juega á su Indo;
Y en su vejez felice,
Ultimo rayo &lt;le un sereno din,
Al bienhechor bendice
Que coronó sus canas de alegría,
Y plácido y tranquilo
Desciende de la tumba al quieto asilo.
Y tú, jóven beldad, ¡ cuán dulcemente
En la mansion del infeliz suspiras!
De la safiuda enfermedad las iras
¡ Cuál templa tu ternura diligente!
¡ Con qué rosas aviva
Las gracias de tu angélico semblante
La bondad compasiva!
Las ve el amor ; adóralas tu amante :
Y el premio entre sus brazos
Da á tu piedad con regalados lazos.
Mas ¿ veis á aquellas almas celestiales,
Que en sus aras reunió beneficencia,
El seno penetrar de la indigencia,
Y arrancarle el secreto de sus males?
¡ Cuál endulzan piadosos
De un triste corazon el triste duelo !
¡ Cuál brillan genero~os,
De la maldad, que dominaba el suelo,
Enemigos osados,
Para el bien de la tierra conjurados!
¡ Sauta conjuracion ! todas las gentes
Seguirán tu bandera victoriosa:
Prepara ya, posteridad dichosa,
Laurel sagrado á las heróicas frentes.
Triunfad: el mundo entero
Subyugue el entusiasmo que os anima;
Y volando ligero
De nacion en nacion, de clima en clima,
Por siempre cante el hombre
De la virtud el sacrosanto nombre.
Salve, hermosa virtud. ¿ Cómo, si dabas
Alma y vida á mi ser, no te sentía?
¿ Cómo en mi seno sin vigor yacía
La fuerza celestial que le inspirabas?
Ya sé cuál es la fuente
De aquel vago llorar que la ternura
Vertió á mi rostro ardiente :
Ya conozco del bien la emocion pura,
Que el mísero gemido
Tal vez me sorprendió del desvalido.
Renueva pues tus cuerdas, dulce lira;
Y en desusado y victorioso acento,
Acalla el grito del rencor sangriento
Y la voz de la muerte y de la ira.
Rompe el velo sombrío,
Que ocultó al hombre bajo el torpe imperio
Del egoísmo impío,
De su existencia el divinll.l misterio,
Y enseña á los humanos
A ser en dulce paz dulces hermanos.
Que este impulso del bien,que en su clemencia
A nuestras almas concedió natura,

59

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.
Extiende Febo, generoso vuela,
Y estrecha blandamente
En lazo bienhechor la humana gente.
A.si del claro sol destello puro,
En tímida centella transformado,
Entre sus densas láminas trabado
Encierra el pedernll.l inerte y duro.
Mas si activo el acero
Fuerza á mostrarse la encubierta llama,
Con ímpetu ligero
Sobre el pábulo breve se derrama,
Y crece y es hoguera,
Y al Alpe y á Pirene consumiera.

No puede, no, morir; la envidia impura
El lanzó de la edad de la inocencia.
El en la selva umbría
El hombre al hombre unió, cuando entre breiías
La sociedad nacía:
El postrando las hórridas enseñas
Del interes inmundo,
Los Casas y los Pen produjo al mundo.
Instinto natural, allá en el seno
Del hondo corazon yace escondido,
Dó el orgullo y el vicio fementido
Lo aduermen con su plácido veneno:
:M:as cuando el torpe encanto
Rompe una vez de la infernal cautela,
Por donde el rojo manto

A. L.

EXCAVACION DE RIOS Y FONDEADEROS.

e

~;:~·
........
Fiy.1.

Tono lo que puede contribuirá facilitar el tránsito
y las comunicaciones mercantiles de un pais, debe
ser considerado como un servicio directo hecho á
la comunidad, y la libre navegacion de los rios y
uso expedito de los puertos y fondeaderos son, sin
duda alguna, objetos que en este sentido merecen
particular atencion. Hay ríos que ofreciendo en
la mayor parte de su curso un fondo uniforme, y
suficiente para admitir buques de considerable
porte, no son sin embargo navegables á causa de
los depósitos de tierra, arena ó cascajo que en algunos parajes no dejan bastante fondo para el
paso de los bajeles empleados en el tráfico. Asimismo, y por causas análogas, un puerto ó fondeadero que sin estas aglomeraciones parciales ofrecería un ancorage seguro y un acceso fácil, viene á
ser inútil ó peligroso. La inconveniencia de estos
obstáculos se ha hecho sentir do quiera que la naturaleza del terreno los ha presentado, y varias
tentativas y esfuerzos se han puesto en práctica
para removerlos; pero las dificultades que se han
presentado siempre para la consecucion del objeto,

'

han hecho frecuentemente abandonar el proyecto
como impracticable, y renunciar á las ventajas
que pudiera reportar el buen éxito. En primer
lugar la remocion de estos depósitos á brazo ó por
medio del trabajo manual mas ó menos auxiliado
por aparatos apropósito, fuera demasiado costosa.
El uso de una máquina por cuyo medio se ejecute
la operacion (aun suponiendo que nuestros conocimientos en la mecánica hubieran sido iguales á los
que hoy poseemos) seria, por falta de una activa
fuerza motriz, demasiado lenta suponiendo que se
emplease la de caballos ó la corriente del agua en
los rios, dando acaso lugar á que la aglomeracion
sucesiva fuese tan rápida como la remocion, lo
cual evidentemente haria ilusorio el trabajo é
inutil el dispendio: pero la aplicacion del vapor,
este agente universal para toda clase de operaciones mecánicas, ha venido á hacer practicable
y aun fácil lo que antes presentaba tantas dificultades. El grabado que antecede representa una
máquina destinada al objeto indicado con las últimas mejoras hechas en su construccion. Desori-

o
"'

�Et INSTRUCTOR, O REPERTOR1O
biremos la nccion de esta máquina para dar á
nuestros lectores una idea correcta del respectivo
oficio de sus partes componentes, y del movimiento
general, antes de entrar en el pormenor de su
construccion particular.
Un barco A B, construido expresamente para
este objeto con extraordinaria fuerza y sólidez,
contiene la máquina. Traído al paraje en que ha
de obrar, se le sujeta por popa y proa, preparando
asimismo los cables y cadenas necesarias para remolcarlo de una parte á otra, La barra sobre la
cual juegan los arcaduzes 6 cubos, y que se compone de dos grandes vigas de madera, está sostellidu sobre una fuerte palanca ó barra de hierro
con abrazaderas de madera. Sobre estas vigas
corren los cubos llenos por medio de dos cilindros
de hierro colocados en los extremos de ellas, mientras que los vacíos y la cadena sin fin á que están
sujetos, forman una curva .al bajar hácia el fondo.
Esto es esencial para el modo en que los cubos
deben obrar sobre dicho fondo.
Esta viga con el correspondiente aparato de
cubos anexo á ella, se baja con precaucion hasta
que estos tocan el fondo, donde el peso mismo de
la máquina, y la direccion oblícua en que se ajusta
sobre la superficie de la tierra, ó arena, hacen que
los cubos penetren en ella mas ó menos segun la
tenacidad y firmeza de ella.
El manejo de esta parte de la máquina se reduce
pues 1Í bajar 6 subir el extremo inferior de la palanca lo suficiente para ajustar los cubos á. la superficie del fondo, y despues de asi ajustados,
hacer que la cadena á que ván sujetos jire sobre
los cilindros fijos á los extremos de la viga, de
modo que cada uno de los arcaduces obre sobre el
fondo, llenándose ó por lo menos arrancando cierta
porcion de barro ó arena, y ascendiendo luego asi
cargados por el otro lado de la barra hasta llegar
al extremo superior, donde por la accion continua
de la cadena sin fin, vuelven á bajar en rápida
sucesion, vaciando su contenido en una barca ú
otro receptáculo á propósito, colocado al lado de
la máqt.rina con ei;te objeto, y el cual despues de
lleno se separa con su carga haciendo lugar para
otro. El principio de esta máquina es igual al del
bien conocido artificio de la noria.
E8tas operaciones se efectuan por medio de la
fuerza que procede de una máquina de vapor situada en el barco mismo. Asi pues, A B, como
ya dijimos, es el barco. C, es un caballete macizo
de madera, construido en su proa, el cual sostiene
el extremo superior de la viga D E. La parte in-

-y

ferior de la misma, E, toca al fondo. La cadena
sin fin F G jira continuamente al rededor de esta
viga sobre dos rodillos cilíndricos colocados en los
extremos H é I.
El extremo infürior de la viga de cubos, por
cuyo nombre la distinguiremos, está suspendida
por una cadena que corre en poleas de gran fuerza
n sostenidas por otro caballete tambien muy fuerte
P y Q. La prolongacion de esta cadena pa~a sobre
dos cilindros pequefios como en S S, hasta llegar á
otro mayor
donde se enrosca, y el cual jirando
á uno ú otro lado por la aocion de la máquina de
vapor, proporciona con suma facilidad los medios
de ajustar exactamente los cubos á la superficie del
fondo.
Las letras S, L y M, indican la bomba neumática,
el cilindro, y la palanca de una máquina de vapor,
N es la caldera, O la chimenea. Tes un brazo de
la máquina llamado palanca de r.onexion por que
une por medio de la ciguefia V la palanca M, que
es en renli&lt;lad el agente ó conductor de la fuerza,
con aquella parte de las otras máquinas que ha
de poner en movimiento. Sobre el mismo eje en
que jira la cigueña V, se halla tambien sujeta una
rueda dentada W, la cual pone en movimiento otra
mas pequefia en X, y esta, otra en Y. Esta última
obra sobre un piñon ó ruedecilla :z fija en un eje
horizontal sobre el cual jira tambien la rueda ver"
tical a cuyo borde es cartabonado. La rueda a
pone en movimiento otra rueda horizontal de cartabon b fija 5obre un eje vertical que segun se vé
en el grabado, pasa por el centro de la rueda b
hácia la parte superior del mecanismo, donde por
medio de otra rueda cartabonada, que no puede
verse en la lámina, es puesta en movimiento la
rueda grande Z haciéndola jirar con lentitud; y
como dicha rueda se halla sobre el mismo eje que
el cilindro I, resulta el movimiento de la cadena y
los cubos.
En C hay un tornillo sin fin fijo en el eje vertical
mencionado últimamente, el cual por medio de la
misma accion que produce todos los demas movimientos, hace jirar una rueda d sujeta al eje de un
cilindro ó molinete por cuyo medio es impelido e1
barco de un punto á otro segun requiere el progreso de la obra, ó bien se le hace avanzar con
movimiento uniforme durante la operacion. Hay
en q una casilla para el uso de los operarios ; l es
un molinete ó ciguefia para las operaciones segundarías de la obra.
A A es el agua en que flota el barco. B B e1
suelo ó fondo sob,e el cual obran los cubos.

z,

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y AR'rES.

La figura 2 manifiesta un plano horizontal de
aquella parte de la máquina necesaria para explicar el juego de las ruedas que producen el trabajo
requerido. En este grabado las letras que indican
cada una de las partes componentes son las mismas
que las de la fig. l. Asi N es la caldera de la
máquina de vapor, L es el cilindro, s la bomba de
aire. Y la gran ciguelía, W la primera rueda,
X el piñon ó ruedecilla. con una rueda volante

E'i.9: S

61

detras de ella. Y, la rueda tercera movida por X:
Z y Z, el eje horizontal de la rueda Y sobre el cual
jiran las ruedas cartabonadas a y a, poniendo en
movimiento la rueda de cartabon b fija en el eje
vertical que se vé en la fig. 1, y cuyo extremo
superior mueve el cilindro I sobre el cual pasa la
cadena sin fin á la que van anexos los cubos, segun
se ,·é en la fig. l.

Iig: 4-.

ti
o

Las figuras 3, 4 y 5 manifiestan la construccion
del arcaduz ó cubo. La fig. 3 es la vista lateral
-de uno de ellos con los eslabones de hierro que los
sujetan en la série ó cadena: A y B es el arcaduz,
C el eslabon, de los cuales hay uno á. cada lado.
En la fig. 4 se vé el mismo por debajo dando frente
al expectador el lado A de la fig. 3. La fig. 5
representa en perspectiva dos cubos unidos por
medio de los e~labones de la cadena: aquella parte
del eslabon por medio de la cual van los cubos
unidos unos á otros se manifiesta aquí en los
puntos C, D y E (suponiendo otro punto en frente
de E al otro lado del cubo B) y asimismo las
piezas intermedias G y H.

La figura 6 representa uno de los cilindros ó
mas bÍen rodillos sobre los cuales pasan la cadena
y cubos durante la operacion. L'os lados R R de
este rodillo proyectan con el objeto de impedir
que la cadena y cubos se salgan de su lugar,
El barco y la máquina representados en estos
grabarlos ofrecen como dijimos ya todas las mejoras
que basta el dia se han hecho en este ramo.
El barco es de 300 toneladas de porte. La máquina de vnpor es de fuerza de veinte caballos.
El coste de un barco semejante completo, con sus
máquinas y demas utensilios, es de unos 20,000
pesos fuertes.
La cantidad de trabajo ejecutado y el coste de
este trabajo son como sigue. Con un consumo de
carbon de dos quintales y medio por hora, levanta
de 100, á 200 toneladas en peso de material, sea
arena, barro, cascajo, &amp;c. y el coste aproximado
calculando el jornal de los trabajadores y el des-

gaste proporcional del buque y de ]as máquinas
es en dicho tiempo de unos 20 pesos fuertes.
Esto es cuando el agua se halla bastante tranquila
y la profundidad no excede de 12 á 14 piés. En
algunos rios el dispendio es mayor )legando algunas veces á 35 pesos por cada cien toneladas,
pero nunca mas.

LA CAIDA AFORTUNADA.
EN la vasta y bulliciosa metrópoli de Inglaterra
todo se hace de priesa. La competencia en los
di fe rentes ramos de la industria comercial, artística, y aun científica, hace necesario que aquellos
que no quieren ser alcanzados, y aun dejados atrás,
por sus competidores, corran á la par de ellos para
mantener su puesto en la carrera. Esta necesidad
se hace sentir en la parte mercantil de la literatura, tanto y aun acaso mas que en los demas ramos productivos, pero muy particularmente en la
manufactura de los papeles públicos cotidianos.
De estos solos (sin contar el gran número de periódicos semanales y mensuales que pasan de 160)
se publican todos los días de diez y siete á veinte,
y algunos de ellos, particularmente el titulado
"Times," pudiera muy bien recibir el epi teto de
periódico monstruo ó sábana de papel. Extendida
la hoja sencilla en que está impreso, mide en algunos números de cinco á seis piés de largo sobre
unos cuatro de ancho: y la cantidad de material
que contiene es equivalente á un tomo en octavo
menor bastante grueso ; y esto se ha de publicar
todas las mañanas! Imaginen nuestros lectores si
será necesario andar de priesa para conseguirlo.
Eu otro número daremos algunos pormenores curiosos relativos al mecanismo de uno de estos diarios, con noticias históricas y estadísticas de la
prensa periódica; por hoy nos limitaremos á mencionar uno de los medios de que se valen los redactores para llenar las columnas de su periódico, por
In concxion que tiene con cierta anécdota curiosa

�02

EL INSTRUCTOR, O REI?ERTORIO

que nos ha comunicado un editor amigo, y que
dad y simpatías del público, que empezaron á llotransmitiremos á nuestros lectores parR. darles una
ver donativos en metálico dirigidos al editor del
idea de la fé que merecen algunos " párrafos de
periódico "para el desgraciado albañil" al punto
gaceta."
de reunirse hasta unos 200 pesos fuertes. El editor,
Hay en Londres un número de individuos cuya
ignorando el nombre y paradero del albañil, y aun
ocupacion, ó mas bien profesion, es andar á caza
probablemente hasta entonces el suceso á que alude sucesos ó aventuras ya sean de carácter jocoso
dían los donativos, envió á llamar al autor del
ó lúgubre, que les sirvan de asunto para escribir un
párrafo para que adquiriese las noticias necesarias.
párrafo ó artículo corto el cual ofrecen en venta á
Investigado el caso resultó que el albañil habiendo
los redactores de los papeles públicos para su incaído sobre un monton de tierra fofa no babia
sercion en estos. En el caso de ser calificados de
recibido mas daño que una ligera. contusion y
admisibles estos artículos recfüen en pago los aucontinuó trabajando; que no era casado ni tenia
tores aventureros un penique (menos de medio real
mas obligaciones y cuidados que pasar alegrede vellon) por cada renglon, de donde le¡¡ viene el
mente la vida lo cual sabia efectuar sin necesidad
nombre de penny-a-liners, ó penique-por-líneas.
de estímulo ni exhortaciones. ¿ Qué hacer en seExcu¡,ado es decir cuan precaria es la suerte de
mejante apuro? ¿ Escribir otro párrafo manifesestos infelices, y cuantas veces sucede que los
tando que todo lo dicho anteriormente era un entristes penique-por-línea~, ámenos que una chiripa
sarte de mentiras y devolver el dinero á los que lo
venga á su socorro, no tienen un solo penique con
habían remitido? Esto hubiera sido sin duda el
que llevar un bocado á la boca.
proceder mas honrado. Mas ¿ como efectuarlo sin
Tal era precisamente la situacion de uno de ellos
comprometer la veracidad del periódico? ... y luego
no ha muchos dias. A pesu de lo severo de la esel dinero ¡ es tan goloso! .. Este último argumento
tacion (contra cuya crudeza su menguado guardaera demasiado convincente y nuestro penique-porropa no le ofrecía particular resguardo) babia anlínea resolvió que pues la suerte le había sido prodado toda la mañana en busca de algun accidente
picia una vez, no seria él tan ingrato que reusára
ó aventura cuya descripcion le proporcionase los
sus favores. Buscó al albañil, contóle lo ocurrido
medios de acallar los clamores de su despótico esy convinieron ambos, como lo hicieron despucs, en
tómago; pero en vano: todo parecia marchar en
repartirse las limosnas. l\Iala~ lenguas aseguran
buen orden y armonia; nada que se separase de lo
que el primer uso que hicieron de su dinero fué
comun, nada que ofreciese asunto admisible para
brindar en celebridad de "la caida afortunada."
un articulo, se presentaba á su vista escudriñadora.
"Si quisiera Dios," decia entre sí el cuitado, "que
ee pegase fuego á algun edilicio, que se oyeran
gritos de ladrones, que volcára una diligencia, que
NECEDAD Y DISCRECION.
á alguno le diera gana de arrojarse de una ventana,
ú otra friolera de que uno pudiera echar mano
LA diferencia que hay entre un hombre discreto y
para sacar hoy de comer ! " . . . . Desesperanzado
un necio, es que el primero se aprovecha en sus
de conseguir su objeto y maldiciendo su mala
acciones de }Q experiencia y práctica de otros, y
estrella, iba ya á retirarse á su albergue para no
razona consigo mismo antes de entrar en cualañadir á la calamidad harto dura ya del hambre
quiera empresa, mientras que el necio obra sin
la de un cansancio sin utilidad : pero, ¡ O fortuna!
premeditacion, y desatiende asimismo la conducta
como pasara cerca de una casa en con~truccion, dió
y experiencia de todos los &lt;lemas hombres. De
la feliz casualidad de que uno de loR albañiles se
aquí resulta que el discreto obra por su propia vocayese del andamio. "¡ Gracias á Dios, dijo nuesluntad y alvedrío, mientras que el necio, semejante
tro penique-por-línea, probablemente no ayunareá un autómata es puesto en movimiento por el
mos la hoy," y como el tiempo era escaso y su
impuL;o de un agente extraño.
impaciencia muy grande, no se detuvo á investigar
las circunstancias del suceso ocurrido sino que
poniendo desde luego pluma en papel procedió á
LA JUVENTUD Y LA EDAD MADURA.
comignarlo á la posteridad. "Artefano honrado
LA mente de los jóYenes se asemeja al vino nuevo
y hábil," "desgracia lamcntabk," '' su vida en in•
minen te peligro," "mujer é hijos ( e,to es de rigor)
en un estado continuo de fermentacion y efenei;en lii mayor destitucion," "todas las almas sensicencia; pero la del hombre maduro se parece el
bles debieran apresurarse ó. ~ocorrcr ... " &amp;c. &amp;c.
vino añt&gt;jo que ha perdido sus partículas fogosas y
retiene solo su fuerza y aroma.
Con estas ú otras expresiones semejaates acompañadas de pormenores y episodios que le sujirió su
fecundo ingenio, compuso nue,tro autor la historia
mas lnstímcra que vieran humanos ojos, y sin deteVENTAJAS DE LA ADVERSIDAD.
nerse un instante la presentó al redactor de uno de
los papeles públicos quien desde luego la admitió,
Asr como una borrasca sucediendo á otra borrasca,
dándole por ella unos 12 reales.
y una oleada seguida de otra van endureciendo
Hnsta aquí v:i bien: mas no es esto lo mejor.
mas y mas la concha que encierra á la perla, del
Tan lastimero era en verdad el relato, y tan elomismo modo las borra~cas y oleadas de la" ida dan
cuente la apelacion qne en ella se hacia á la carinueva fuerza y energía al carácter del hombre.

..

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

G3

•

,I

CENIZAS DEL EMPERADOR NAPOLEON.
Los restos mortales de aquel guerrero ilustre,
aquel hombre extraordinario que durante un periodo de veinte años ha tenido en conmocion á la
Europa entera, han sido transferidos á Francia
desde la isla de Santa Helena donde se bailaban.
El gobierno inglés á in~tancias de Luis Felipe ha
consentido en ceder el noble depósito que tan escrupulosamente custodiara cuando consideraba sin
duda exigirlo asi la pu de Europa. La traslacion
se ha hecho con toda la pompa y solemnidad que
reclamaba tan grandioso objeto, y la recepcion
del féretro en Paris y &lt;lemas puntos de Francia
por donde pasó, ha justificado plenamente la veneracion y entusiasmo que experimentan aun los
franceses por el que fué su emperador. Lll solemne ceremonia fúnebre celebrada en esta ocasion, ha excedido en magnificencia cuanto se ha
visto hasta hoy, haciendola aun m11s imponente é
impresiva la no mentida afliccion pintada en todos
los semblantes, que todo el realce que le diera el
aparato y la pompa exterior. Este suceso ha despertado naturalmente el vivo interés que por muchos años deberá inspirar cuanto tiene relacion
con el último emperador de los france,es, y la
prensa, órgano siempre fiel de los sentimientos
populares, no se ha descuidado en pagar su tributo
á la ansiedad del público, dando á luz no solo
minuciosos pormenores de los últimos acontecimientos, sino reproduciendo un sin número de
incidentes relativos á la vida y hechos de K apoleon
durante su gloriosa carrera militar y política.
Por esta razon, aunque al principio tuvimos la
idea de insertar en nuestro periódico una descripeion de las ceremonias relativas á la traslacion á
Francia de sus despojos mortales, nos ha parecido
despues que seria acaso mas oportuno publicar por
separado una breve pero completa memoria de su
vida, proscripcion y muerte, ilustrada con numerosos gmbatlos y viñetas, la cual en pocas páginas
contendrá los sucesos mas notables de una historia

,

tan fecunda en acontecimientos de interés vital en
todos tiempos 1&gt;ero con es1&gt;ecialidad para la generacion actunl.
Dicha memoria acompañará al próximo número
de El Instructor.

MOSAICO.

Oreja, largas,
LA.s oreju son sin duda la parte de la cabeza que
menos influencia tienen en la fisionomia por ser
sus movimientos muy débiles y en general casi
imperceptibles. La circunstaucia de ser grandes
es un demérito en cuanto al bien parecer pero una
ventaja respecto al sentido de que son el órgano.
La oreja grande percibe los sonidos mejor y ó.
mayor distancia. El conocimiento de este hecho
puede haber inducido á varios pueblos salváges
cuyos hábitoa hacen muy necesario para ellos el
oír á gran dbtancia, á adoptar la costumbre e:x:tra6a no tan solo de perforar el oido á fin de suspender á él piedras, anillos y otros objetos que con
su peso los hagan mas voluminosos; sino ú aumentar excesivamente el tamaño del lóbulo, horadúnrlolo é introduciendo pedazos de madera ó metal
que gradualmente reemplazan con otros mayores.

Preocupacio11.
Es un error bastante general aun entre personas
bien educadas, el considerar un suceso como causa
de otro por hR.ber aquel precedido inmediatamente á este. Un ejemplo curioso de este error
ocurrió el siglo pasado. El pescado de que principalmente se mantienen los habitantes de Noruega
desapareció repentinamente de sus costas. La

�64

EL INSTRUCTOR.

práctica de la inoculacion por las viruelas acababa
de ser introducida en el pais, y desde luego fué
considerada como causa de aquella calamidad.
Penetrados los habitantes de esta idea y conceptuando que el peligro de la enfermedad era menos
funesto que la certidumbre de morirse de hambre,
expresaban la mayor indignacion contra todo el
que procuraba librarlos del azote de las viruelas.

Estatura del lwmbre.
PnEV-'.LECE en general una idea errónea respecto

á la estatura del hombre la cual suponen muchos
es hoy considerablemente menor que lo era en los
siglos remotos de la antiguedad. Este error puede
hasta cierto punto haber originado en las leyendas
antiguas de gigantes á. que ya nadie dá. crédito.
.Al mismo tiempo hay infinitos datos para c~eer
que la estatura del hombre á. pesar de afgunas
variaciones locales, no ha disminuido sensiblemente, y no solo por la concurrencia de varias
pruebas deducidas de evidencias históricas desde
las épocas mas remotas, sino por consideraciones
científicas en la ausencia de otros datos, puede
inferirse que no ha habido en ella alterncion sensible desde el origen de la especie humana.

1.lfuerte causado por el ,·ayo.
Poc.1.s personas que no hayan tenido ocasion de
examinar un cuerpo humano herido por el rayo
tienen una idea correcta del modo en que el golpe
eléctrico efectua la terminacion repentina de la
vida. Las alteraciones visible~ del cuerpo producidas por él ofrecen un contraste singular con las
que por lo comun ocasionan las enfermedades.
Su mecanismo aparece. perfecto y casi intacto y
sin embargo entre las infinitas formas bajo las
cuales se presenta la muerte, en ninguna de ellas es
el principio vital tan rápidamente destruido.

Sueño profundo.
GENRRJ.LMENTE se con~idera el sueño profundo
como un estado saludable de reposo. Sin embargo
las observaciones de facultativos eminentes han
probado que solo es saludable aquel sueño del cual
despertamos con facilidad.

Modo de limpiar las cadena, y otra, alhajas
de oro.
fü sabido que en la composicion de estos objetos.
entra mayor ó menor cantidad de cobre y que
tanto mas pronto pierden estas joyas su brillo
cuanto mayor liga de cobre contengan. Será pues
fácil el ponerlas brillantes con solo hacer que desªRarezca. el cobre que hallándose en su superficie
les comunica un viso d~sagradable. Basta poner
á herbir estos objetos en agua en que se haya
echado dos onzas de sal amoniaco. El oro que
despues de esta operacion cubre él solo la super-

ficie le dá todo el brillo que le es propio cuando
está. sin liga.

Acido prúsico.
EsTE violento veneno se llama asi por extraerse
del azul de Prusia cuya circunstancia he hecho
que no se note su existencia en una infinita variedad de objetos naturales. El ácido prúsico ó bidrociánico exhala un olor muy agradable que se
per&lt;'ibe fácilmente en algunas :flores, como el alelí
doble, por ejemplo, y en la flor de varios árboles
como el melocotonero, el espino blanco y otros: en
realidad este ácido parece constituir su principio
oloroso. Se descubre asimismo en el meollo ó
cuesco de varias frutas de hueso, tales como el
albericoque, el a1tllocoton, la guinda, y la almendra,
y en esta última en tanta cantidad que ha llegado
á. ocasionar la muerte. Existe en las hojas del
laurel comun en tal abundancia que el agua destilada de ellas es un veneno casi instantáneo. Este
hecho fué descubierto en Dublin donde varias
personas que bebieron de un licor preparado con
hojas de laurel fueron todas envenenadas. Sin
embargo en España, Francia y otros países prevalece aun la costumbre de aplicar el laurel á. uso&amp;
culinarios.

El estómago.
Los antiguos consideraban el estómago como el
asiento de nuestras facultades y afecciones mas nobles, así como del orgullo y del valor. Perseo lo
llamaba el dispensador del ingenio : por los sagrados escritos deducimos que los hebreos lo consideraban como el cuartel general de la inteligencia; y los indos, uno de los pueblos ma11 religiosos lo reverencian aun hoy como el asiento del
raciocinio. Acaso por esta razon los animales que
tienen dos estómagos han sido llamados rumiantes.,
por excelencia.

Grandeza lacal.

EL último Cande de Altamira (personalmente conocido del que escribe) era un pequeño grande
hombre de cuatro pies y dos pulgadas de alto.
Aunc1ue entre sus títulos poseia un principado y
tres ducados nunca usó otro que el antiguo, aunque
para él acaso menos adecuado, de Conde &lt;le Altamira. N unen dobló la cerviz al yugo de N apoleon,
y él fué quien dió al imbecil Carlos IV aquella
oportuna y bien conocida respuesta cuando el rey
le dijo un din, "Primo, ¡ qué pequeño eres!"
"Verdad es, Señor, pero en mi casa soy Grande."

• Rumiar. Considerar despacio y pensar con reflexion
alguna coaa.-Diccionario de !alengua española por la Real
Academia,

LO;\DRES:

e:-

LA IMl'RE;\T,1 l&gt;E CAIILOo \1000,

rorru,'s

&lt;'OURT, tlEET STREET,

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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