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                  <text>���I -------··-·· ..

BIBLIOTECA CENTRAL
U. A. N. L.

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Rector
DR. RECTOR FERNANDEZ GONZALEZ

Secretario
DR. ROBERTO MOREIRA FLORES

Departamento de Extensión Universitaria

Jefe del Departamento
DRA. AURORA MORENO

Jefe de la Sección Editorial
RECTOR JAVIER MORA SALAZAR

Torre de la Rectoría

Quinto Piso

Ciudad Universitaria
Monterrey, Nuevo León, México

�REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

No. l

Año 12

Marzo de 1969

Segunda Epoca

SUMARIO

Agustín Basave Fernández del Valle, Significación y sen-

I

tido del libro en ei horizonte cultural -Conferencia- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

5

Nicolás Martínez Cerda, Misión de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17

David Hernández, Dos salidas del Laberinto de Octavio
Paz .. . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . ...... 31

José P. Saldaña, El Presidente de la República, Lic. Miguel Alemán Valdés, en Monterrey .. .. ... . . . 45

Campio Carpio, Ante el Pórtico de la Historia . . . . . . . . 53

�DR. AGUSTIN BASAVE
FERNANDEZ DEL VALLE
President.e del Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad de
Nuevo León.

SIGNIFIGAGION Y SENTIDO DEL LIBRO
EN EL HORIZONTE CULTURAL

Yaya, por delante, una confesión personal: nací entre
libros y entre libros he de morir. Soy -¿por qué no decirlo?- un ciudadano de la república de los libros por derecho de amor y de estudio. Autor vocacional y lector empedernido, los libros le han robado horas a mi sueño -aunque me hayan lanzado a muchos ensueños- y han mermado considerablemente mi bolsillo. Todo esto viene a
cuento porque mi disertación no · será, simplemente, una
académica y fría conferencia sobre la significación y el
sentido del libro en el horizonte cultural. Claro está que me
propongo ofrecer un riguroso análisis filosófico sobre el ser
y el quehacer de la cultura y sobre la esencia del libro co•
mo ente expresivo-instrumental. Pero mi mensaje será
-así lo espero- un mensaje de pasión libresca, de erog
cultural.
·Empezate por hablar de la vida humana como cultura.
Necesitamos orientarnos, saber a qué atenernos respecto de
los seres, que íntegran la realidad en la que nos encontr amos viviendo. En conseguir esa orientación nos va nuestra
pervivencia y nuestra felicidad. Conocer la realidad para
salvarnos, para ser hombres de verdad en la gran aventura que es existir.

En la conexión cambiante del yo y del mundo se da
5

�un dinamismo dramático que constituye la realidad de la
vida humana. Buscando la estabilidad que me falta, advierto que mi vida se ofrece como una norma o programa
de salvación. Y este programa perfilará mi existir como
hazaña y como misión. Sostenerme en el universo con ~
programa de salvación ha sido, sigue siendo y va a se:, mi
tarea primordial en la vida. Cuando parece que se pierde
todo sostén y que vamos a naufragar en el inmenso océano del universo, surge la angustia. No tan s~lo se trata. de
que el riesgo me circunda, sino de que yo mismo soy nesgo en la fragilidad de mi ser biopsíquico y moral. Un enlace de sucesos únicos ensartados como cuentas de un rosario personal por hacer, va poniendo _de_ m~?ifiesto ~n:1"
asombrosa y al parecer inagotable mult1pbcac10~ de p~sibilidades. Dentro de las posibilidades, no todas tienen igu~l
valor para mi vida. Si todas fuesen equivalentes, po_dr1a
lanzarme ciegamente en cualquier dirección. Se acabana la
seriedad, la fe, la razón en el acto de decidir. Una sola posibilidad es la mía: el abrazo a la vocación.
La cultura como sistema de certidumbres y estabilidades frente a la incertidumbre y la inestabilidad de mi vida, no es propiedad de nadie porque no es un bien jurídico.
Esencialmente transferible, la cultura no es excluyente,
aunque sea susceptible de apropiación por todo aquel que
se sienta habitado por ella, confirmándola en su vida personal. Conocimientos que flotan en nuestro ser Y se deslizan sin dejar ningún sedimento, no forman cultura. Otros
por el contrario, penetran en nues~r? interior, ~e lig8:° a
nuestros recuerdos, conceptos, voliciones y pasion~, integrando nuestro yo psicológico. Hasta se podria decir que
se hacen, en nosotros, carne y sangre, vida Y ~píritu ...
Los transformamos y nos transforman. No son simples conocimientos "nocionales", sino que son verdaderamente conocimientos "reales" ---eomo diría Newman- porque los
hemos asimilado. Con la ventaja de que se tornan, una
vez asimilados, autónomos, personales. Desde entonces
conocemos por nosotros mismos y no por medio de otros.
Habrá una manera propia de comprender y de expresarse
6

que cor;esponde a un determinado cuerpo y a un temperamento p~culiar. Conoceremos las cosas conociéndonos a nosotr~s _rmsmos, Y no las comunicaremos al exterior sino comumcando?os a nosotros mismos. El hombre, al conocerse,
se hace mas hombre. Por hombre, reflexiona, se plantea
problemas, . descubre soluciones y confronta estas últimas
c?n 1~ roca viva de la realidad. No hay que olvidar que el
t~rmmo "cultura" tiene un origen agrario y significa cultivo. P:~º el cultivo supone la simiente, la sementera, la
plantac10n, la labor del sembrador. Sin este afán humano
sobre la tierra en cuanto meta perseguida y adquisición lograda, nunca podrá entenderse la cultura personal.
. L~ vida del hombre culto no puede ser conducida sin
f1losofm, esto es, sin conciencia de que en cada suceso en
cada aca~imiento, transparece el "sentido sobretemp~ral
de que esta empapado". La divisa del hombre culto podría
ser_ aquella que formuló Eugenio D'Ors: La elevación de la
anecdot~ a categoría. No se puede ser culto sin una por lo
menos discreta base filosófica como elemento integrante y
aun rector,,de lo que es, entre nosotros, la llamada "cultur~ ~eneral . No debe olvidarse que no hay formación autentica que no repose en un decoroso conocimiento del hombre en cuanto hombre. En este sentido, no hay más cultura q~e .la cultura humanista. Todo lo demás es barbarie. No
suprimiremos ninguno de los datos y valores esenciales del
hombre, porque una cultura desequilibrada o deficiente no
me~:ce el n?mbre de cultura. Daremos satisfacción a las
leg1_t1~as exigencias del cuerpo, pero buscaremos para el
espmtu ~uz, belleza Y bien ... La perfección humana frente a la vida toda y a la universalidad de las cosas .es abarcada por el concepto de cultura. Mientras el humanismo sólo apunta d:rechamente a la perfección del hombre, por
hombre; la idea de cultura engloba la perfección del hombre y su circunstancia.
La cultura responde a un anhelo fundamental de la naturaleza humana, pero es obra del espíritu y de la libertad
agregando sus esfuerzos al de la naturaleza. Cultura es ple~
7

�nitud vital especüicamente humana: actividades especulativas y actividades prácticas (éticas y artistic~) ~ngranadas
al tiempo y a sus vicisitudes. Trátase, consigmentemente,
de algo especialmente humano y, como tal, pere~~ero.
Siempre me ha parecido magnífica aquella expresion de
Herriot: "La cultura es lo que queda cuando todo lo demás
se· ha olvidado". Queda la capacidad, la apitud. Gracias
a la cultura, nuestras sensaciones, nuestras imágene~,
nuestras intuiciones, nos pueden sobrevivir y, por co~iguiente, es posible que adquieran un cierto modo de existencia que ya se encuentra fuera del yo.
La vida humana, desarrollándose según sus peculiares modos de ser y comprendiendo la producción Y utilización de objetivaciones culturales, es también Y de i:nane~a
eminente, cultura. No hay que olvidar que en el dmamismo y fluencia de vida se fraguan, en el interior de u_n sujeto, el libro y la sinfonía, la catedral y la herramienta.
Consciente o parcialmente inconsciente, el proceso de creación cultural -radicado en la capacidad objetivante del
hombre- va desde la primera incitación o germinación
hasta que el objeto ingresa con vida independiente Y propia
en el mundo de la cultura. Si por una parte el hombre crea
la cultura, por otra la cultura lo va configurando a él. Piénsese en lo que significa, en la vida de cada cual, el lenguaje, la religión, el derecho, el arte, la técnica ... Gracias.ª
estas realidades realizamos intimamente nuestra propia
índole, acrecentamos y fortalecemos nuestra vida interior,
cumplimos nuestro destino natural.

fía de la Cultura-, Editorial Fondo de Cultura Económica). Sin desconocer la importancia de una consideración
funcional del hombre y tle una filosofía de las formas simbólicas, no creo que sea posible proporcionar una visión de la
estructura fundamental de cada una de las actividades culturales humanas -como en vano lo pretende Cassirersin una previa metafisíca del hombre.
La cultura proviene -como la ha apuntado Francisco Romero- de la capacidad objetivante. Si el hombre es
un ser que capta y concibe un mundo objetivo, la cultura
forma cuerpo con el hecho de ser humano. Distinguese entre cultura objetiva -toda creación del hombre: obra de
arte, institución, teoría, costumbre- y vida cultural --existencia del hombre entre los entes objetivos creados por él-.
Tenemos la facultad de imponer nuestro propio cuño
a la naturaleza, de incorporarle un sentido. Todo aquello
que de alguna manera producimos o modificamos para introducir en nuestro círculo humano, es objeto de cultura:
parques nacionales, pisapapeles, edificios, leyes y reglamentos. En este sentido se ha podido decir que la tierra
entera está culturizada, porque no hay rincón en ella que
escape a las relaciones jurídicas y de dominio. Sólo los astros no están afectados por la cultura. Cabe decir que son
pura naturaleza.

Tan importante resulta la cultura para la comprensión
del hombre, qu~ Ernst Cassirer ha llegado a clecir que "la
caracteristica sobresaliente y distintiva del hombre no es
una naturaleza metafísica o fisica sino su obra. Es e~ta
obra, el sistema de las actividades humanas, lo _que def~e
y determina el círculo de humanidad. El lenguaJe, el mito,
la religión, el arte, la ciencia y la historia son, otros,,tan!os
'constituyentes', los diversos sectores de :~te circulo ~pag.
105, Antropología Filosófica -Introducc1on a una Filoso-

El objeto cultural, sentido humano impreso en una
cosa, se comprende pasando "de algo significante a algo
significado" (Romero). Base material, contenido o sentido
y referencia a un valor --que no es parte efectiva de un
objeto sino de una direccion o polarización- son los ingredientes que integran el objeto cultural. El hombre humaniza lo no humano, transforma la realidad colonizándola.
"Vida humana objetivada" llama Recaséns Siches a la cultura objetiva, porque supone la proyección al exterior de la
interioridad del hombre. Nada de raro tiene que el hombre,
al autoafirmarse, edifique un mundo, si pensamos que lleva un mundo dentro de sí, una interioridad poblada de ins~
tandas objetivas.

s·

9

�Primitivamente la palabra cultura significó un estado
o una posesión de la persona individual (cultura animi).
Posteriormente adquirió el sentido de la estructura objetiva supraindividual. En realidad, ambos aspectos de la cultura están íntimamente vinculados y se condicionan mutuamente. Conviene recordar que 1a palabra cultura arranca del cultivo de las plantas (agricultura), cuyo significado
s2 extendió al cultivo anímico. El hecho es que nos encontramos viviendo en medio de un conjunto de productos con
sentido, que existen ahora y para un grupo, para nosotros.
Cada sector está constituido por bienes culturales que encarnan un valor peculiar. No se trata de un organismo sino
de una organización de partes esencialmente distintas en
una unidad más o menos diferenciada y estrecha.
· Una auténtica filosofía de la cultura intenta conocer el
mundo de la cultura no como un mero agregado de hechos
inconexos y dispersos, sino como un todo orgánico, como un
sistema. El hombre vive en una sociedad de pensamiento y
sentimiento cuyos elementos y condiciones constitutivos
son: el lenguaje, el mito, el arte, la religión y la ciencia. No
puede el hombre vivir su vida sin expresarla. Y estas expresiones sobreviven a la existencia individual y efímera de sus
forjadores. Entre estabilización y evolución se da una tensión constante. Hay una tendencia a las formas fijas y estables de la vida, como hay otra que propende a romper
este esquema rígido. La cultura, en conjunto -afirma Cassirer- "es el proceso de la progresiva autoliberación del
hombre" pág. 313, Antropología Filosófica Fondo de Cultura Económica). Pensamos nosotros que los objetos culturales lo mismo le ayudan al hombre a vivir como a destruir y a dar muerte. En todo caso, el futuro de la historia
depende de la cultura, no de la fatalidad.
Un cosmos intelectual, que abarca un conjunto orgánico de valores expresados por la actividad humana, está
ahora en nuestras manos. Si la cultura es fruto de la libertad espiritual, no podemos eludir nuestra responsabilidad histórica. Conciencia crítica, organicidad de conocí10

mientas, afinamiento espiritual, todo ello es bueno procurar, a condición de no absolutizar los valores humanos. Sin
un fundamento trascendente de los valores, la cultura se
viene abajo como falso ídolo. O el fundamento de los valo~
res es Dios, o los valores cesan de ser tales. Los valores
que expresa toda cultura nos remiten al fundamento de todo
vc.lor.
"La palabra cultura -afirma Nicolás Abbagnano-·
tiene dos significados fundamentales. El prímero es más
a~tiguo y significa la formación del hombre, su mejoramiento Y perfeccionamiento. El segundo significado indica
el producto de esta formación, esto es, el conjunto de los
modos de vivir y de pensar cultivados, civilizados, pulimentados, a los que se suele dar también el nombre de civilización" (Nicolás Abbagnano, "Diccionario de Filosofía",
pág. 272, Fondo de Cultura Económica). Mi maestro, el Dr.
Juan Zaragiieta, ha dicho que "la cultura es la superación
de la naturaleza por un esfuerzo humano a ella conducente en las diversas direcciones de la vida" (Juan Zaragiieta:
"Diccionario Filosófico", pág. 139, Espasa Calpe, S. A.) .
Conocimiento de los seres, actuación sobre ellos, valoración, refle_?Ción filosófica, religión son modos o categorías
de la cultura. En este sentido, cabe decir, que la cultura es
característica distintiva y universal de las ·sociedades humanas. Jamás se ha tenido noticia de un grupo humano que
no tuviere lenguaje, tradiciones, costumbres e instituciones.
La segunda edición de la magna "Enciclopedia Filosófica"
italiana, que acaba de salir a la luz pública en Florencia
define la cultura en los siguientes términos: Cultura: "Eser~
citazione delle facoltá spirituali, mediante la quale queste
sano porte in condizione di dari i frutti piU abondanti e i
miglio che la loro naturale constituzione consenta" ("Enciclopedia Filosófica", volumen 2, pág. 207, G.C. Sansoni Editare, Firenze) . Hasta aquí algunas índispensables precisiones sobre la cultura. Vayamos ahora al libro: un específico
objeto de cultura.
El Diccionario de la Real Academia Española de la
11

�. Qué sería del libro sin interlocutor, sin lector, sin ~nt · rp:ete? El libro no siempre habla para todos ni a to os
~ lo ~ismo. Nada dice para un analfabeto y muy poco
:~~: para el tonto. Cosa diferepte es que lo lea un hombre

inteligente o un iniciado si se trata de un libro de filosofía
o de matemáticas. Para el librero el libro es mercancía, objeto de comercio. Para el autor, el libro es expresión personal, intimidad comunicada, obra de vida humana cristalizada. Por eso el libro es multifacético, tornadizo, pluridimensional en su sentido. Curiosa entidad la del libro: su
coseidad no !e impide un hálito de personeidad. Esta entidad
entre la naturaleza y el espíritu lleva, de algún modo, el
resplandor presencial de su autor. Todo libro nos da a conocer un nombre, un estilo humano. Acaso algunas veces
no se origine totalmente en la autenticidad personal; aún
así, será expresión de una persona y hasta de un pueblo y
de un raza. En el libro no hay que ver solamente lo que se
manifiesta, sino quién se manifiesta. Hay libros jóvenes,
agresivos, irrespetuosos, humildes, personales, petulantes,
deprimentes, esperanzados . . . En última instancia, cabría
decir que hay tantos libros posibles como personas-autores. En todo caso, el libro auténtico es siempre presencia
personal, proximidad existencial entre hombres, manüestación espiritual concreta. El gran libro-persona es libro presencia, es libro confidencia, es libro amistad. Está más allá
df' lo útil. Düunde la cultura y los dones del espíritu por
superabundancia de vida. Naturalmente que también hay
los libros indignos, venenosos, pornográficos, destructivos.
Hay libros --que duda cabe-- que derraman rencor. Por
eso a los libros hay que escogerlos como se escogen a los
amigos. Y sin embargo, como bien dice mi cordial amigo,
el filósofo español Pedro Caba: todo libro, como toda obra
del hombre, como toda acción, como todo gesto, aspira a
un mínimo de originalidad. Todo hombre, en toda obra, ansía originar, aspira a ser padre o madre de otras almas. Todos queremos grabarnos en el recuerdo de los demás, llamar la atención de los otros, tener fama, gloria, popularidad o nombre, porque todos aspiramos a lo que ya somos:
a inmortales ... (Pedro Caba: "Filosofía del Libro", pág.
54, Madrid MCMLVII) . La aspiración a la personalidad,
originalidad y autenticidad es consubstancial a todo autor.
Aunque todo autor, por genial que sea, usa un idioma que
no ha inventado, se nutre en una tradición nacional y un_i-

12

13

18 a edición nos ofrece tres acepciones del
Lengua, en su av .
, . ") 1) "Reunión de muvocablo libro (del latín liber, libri : . .
. 1 t
ordinariamente impresas,
chas hojas de papel, vite a e c.,
.
b" rta de
que se han cosido o encuadernado Juntas con c~ ie
un
l cartón pergamino u otra piel, etc., Y que orman
pape'
2),-0bra científica o literaria de bastant_e exvolumen.
·
) -Cada una de ciertas
t
• • para formar volumen. 3 •
. ,.
ension . .
uele dividirse la obra científica
partes prmcipales: ~n que s
an extensión". La prio literaria Y los codigos Y leyes de gr
t · 1 del libro y
mera acep~ión dse centrusa
~a
eficiente y
nada nos dice e su ca
'
a
f" 1 La segunda acepción apunta 1a caus
de su causa ma ·
. tü· y de lo literaformal dentro de los límites de lo cien ico
.,
1·t . . ..
- ala por extens10n Y a i e
rio. La tercera sigmficacion sen ,
.
ración, un particular uso de la palabra llbro.

:~;:m~~us¿ ::~:a

y O quisiera hablar del libro desde el punt? d: ;~:~c!~
no lo hace m~gu
1a filosofía de la cultura. y esto
1·b
ee una cierta exprenario Como ente cultural, el i ro pos
d
.
, .
omo resultante de su estructura y e
sividad transfislica, c os Su materialidad es algo accesorio,
su puesto en e cosm .
Pe
.
d . Ciertamente un libro es una cosa. derivado, secun ario.
.
d ínculo a contenidos culosa medial que sirve e v
.
ro una c . rofundos Dentro del horizonte cultural, el liturales __mas_ P d
1 . ubroatón del ente expresivo-instrubro esta ubica o en a s
~o•
•
tal En un libro se encarnan virtualidades ~ue no puemen .
. ,
on su material. Las paden identificarse en nmgun caso c
. . sentidos
1 bras sobre el papel son vehículos de expresiones:
a posibilidades de inteligibilidad. Lo que corporaliz~ la( ex
Y
.
terial no es ya la materia que
presión o el sentido tran~mal
tructura inmaterial del sigsería un subelemento), smo a es
. h d modo
esf ra ideal de conexiones culturales. D~c o e .
no: la ~ . el libro es una totalidad expresiva de signo
mas preciso·
, ·
ultural
más relación más sistema transfisico o c
.

�versal, lleva supuestos étnicos, estírpicos o históricos sobreentendidos. Dentro del contexto social e histórico, cada
hombre, que al fin y al cabo es un heredero, proyecta su
autenticidad personal. Y cuando deveras busca la verdad,
el bien y la belleza, la originalidad le viene por añadidura.
Así lo creo yo, por lo menos.
Hoy en día hay demasiados libros. Dentro de esa abundancia torrencial, muchos libros salen sobrando por estériles o por estúpidos. Es preciso orientarse, con buenos guías
bibliográficos, en la inextricable y sofocante selva de libros. No podemos leer todo lo que debiéramos leer. En
consecuencia, se impone una rigurosa selección de acuerdo con radicales preferencias. En los años de mi adolescencia, cuando leía un libro de segunda o tercera clase, recuerdo que mi padre me espetó aquel adagio latino: "Ars longa,
'vita brevis". Desde entonces he tratado de disciplinar mis
lecturas. No con inhumana rigidez, pero sí con metas claramente dilucidadas. Acordándome de aquella frase de Lessing: "un libro grande, es un gran daño", he procurado,
como autor, apretar ideas, mostrar espíritu de parvedad, ·
condensar mensajes. Y creo que algunos de mis libros llevan mi mensaje más personal y muchas de mis mejores esperanzas. Siempre he sentido vivir para algo más que para dar con mis huesos en una tumba. Y para el autor, cada libro es creatura amada. Cuando un autor que se respet a da al público una de sus obras, es porque la juzga digna
d(· salir a la luz pública. Porque publicar un libro que no
se estima es sobra de desfachatez o falta de honestidad intelectual. En cada una &lt;le nuestras obras va encapsulada
una etapa de ardiente vida espiritual, una objetivación -extraña paradoja- de nuestra inobjetivable subjetividad. Hay
que sostener la cultura y hay que hacerla avanzar. Hay que
fomentar el buen libro como instrumento de formación Y
de humanización. Sabemos que más allá de los derechos de
autor hay un condominio espiritual del que hace el libro Y
del que lo lee. Seguramente Gregorio Marañón exagera al
decir que la humanidad debe al libro "el 90 % de su progreso material y moral". Pero nadie negará que sin el libro

14

moriría la mayor y la mejor parte de la cultura. "El Quijote", "Hamlet", "La Divina Comedia", "Fausto", los diálogos platónicos y las tragedias griegas, la obra aristotélica, los libros de Kant y los volúmenes de Heidegger, para no
citar sino unos cuantos ejemplos egregios, resuenan y palpitan en nuestro espíritu. En esas obras, unos hombres
-nada menos que todo unos hombres como diría Unamuno- se han vertido y expresado. Nos han iluminado y nos
han forjado.
, Voces apocalípticas nos hablan de la decadencia y agonía del libro. "Debemos dar el aviso con sencilla y medit ada gravedad: el libro en Europa -asegura Pedro Cabava a dejar de ser, está ya dejando de ser, el instrumento
de la cultura . . . El problema no hace más que brotar ahora. Pero es posible que dentro de cien años (la historia anda con botas de cien leguas) el uso del libro sea una rareza
de eruditos y nostálgicos solitarios añorando la noble pesebrera de las bibliotecas. El libro está en peligro y hemos
entrado en la fase de decadencia cultural, en el crepúsculo
vesperal de su esplendor". No creo que el libro haya entrado en su decadencia y en su agonía. Me parece, sencillamente, que el cine, la radio, la televisión y la cinta magnetofónica le disputan un ámbito de vigencia que antes era
exclusivo. Pero ni el cine, ni la radio, ni la televisión podrán desplazar, definitivamente, al libro. De la supervivencia del libro depende la supervivencia de la gran cultura, de
la cultura que llamamos clásica. La palabra de los grandes
muertos, encerrada para siempre en los grandes libros, se
hace universal e inmortal. Recuerdo haber leído hace vl~
rios años, una bella página de Stefan Zweig, en la cual, habiando por todos nosotros, da un testimonio de agradecimiento a los libros: "Aquí están, resignados y callados. No
instan, no llaman, no piden. En su estante están y esperan,
silenciosos. Una somnolencia parece envolverlos, y, sin embargo, de cada uno de ellos mira un nombre como un ojo
abierto. Al acariciarlos con la vista, con las manos, no nos
llaman suplicando, no se dan importancia. No piden. Están
esperando que nos entreguemos a ellos; solamente enton-

15

�ces se ofrecen. Primero, tranquilidad alrededor de nosotros,
tranquilidad en nosotros, luego estamos dispuestos para
ellos: una noche, al regreso del camino fatigoso; un mediodía, cansados de los hombres; una mañana nublada que se
abre entre sueños visionarios. Deseamos platicar con alguien y sin embargo estar solos. Deseamos soñar, pero
con música. Con el gusto epicúreo anticipado de la dulce
prueba, nos acercamos a la biblioteca: cien ojos, cien nombres, clavan la vista en nuestra mirada escudriñadora, silenciosos y pacientes, como las esclavas de un serrallo en su
dueño, esperando con devoción la llamada y felices de ser
elegidos, de ser gozados ... "
"Pequeñísimos trozos de lo infinito, estáis instalados
silenciosamente en el interior de nuestro hogar. Pero cuando os liberta la mano, cuando vibra vuestro corazón, entonces rompéis invisiblemente vuestras cárceles triviales, y
vuestra palabra nos eleva, como en un vehículo fogoso,
desde la nada a la eternidad" (Stefan Zweig: "Agradecimiento a los Libros" en la revista "Peñoles" sección literaria, pág. 8, septiembre-1951, Monterrey, México).
Tócame concluir. En un instante de contenida emoción, Sócrates define el ala. La naturaleza del ala, nos dice, consiste en llevar hacia lo alto lo pesado. Esa y no otra
es la misión del libro. Los buenos libros realizan la misión
aerostática del ala: elevar hacia lo alto, "ad astra", las humanas pesadumbres. Como Israel por el desierto en tien~s, nosotros estamos de paso. Pero en este paso, hemos
visto, -en muchos libros- nuestro camino en los luceros.

NOTA DEL EDITOR: La anterior es una conferencia pronunciada por
el Dr. Basave, en el Salón de Cabildos del Palacio Municipal de la Ciudad de Guadalajara,
Jalisco, con motivo de la Feria del Libro, y que
Armas y Letras tuvo a bien transcribir dados
su carácter e idoneidad.

16

NICOLAS MARTINEZ CERDA
"El día en que los jueces tienen miedo, ni un solo ciudadano puede reposar tranquilo .. . , porque la constitución vive en tanto que se aplica por
los jueces; cuando ellos desfallecen, ya
no existe más . . . Lo decía con palabras de metal el texto del Rey visigodo: la salud del pueblo es tener derecho y mantenerlo".
Eduardo J. Couture: "Estudios de Derecho Procesal Civil", Tomo I. pp. 95
y 157.

MISION DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA
DE LA NACION

t a finalidad de nuestro Máximo Tribunal va hermanada con la institución del Amparo. Si la jurisdicción del
Alto Colegio se encuadra dentro de los lineamientos de
nuestro sistema federal y el Juicio de Amparo conserva
toda su lozanía, podremos concluir que la misión de la H.
Corte Suprema de Justicia de la Nación es, dentro de la división de pocleres (Art. 49 constitucional), el órgano del
Poder Público de mayor valía por su función intrínseca:
realizar una justicia democrática interpretando la Ley Suprema.
Los artículos 104, 105 y 106 constitucionales fijan
jurisdicción ordinaria no limitada, opuestamente a la
risdicción de la Corte de Derecho de Norteamérica, la
está investida de competencia ordinaria limitativa y,
ende, reducida.

una
juque
por

La jurisdicción política o extraordinaria se fundamenta en el artículo 103 constitucional, fracciones II y III, en
forma limitativa; mismas que por interpretaciones sofisticadas han sido galvanizadas.

17

�El tema de la justicia federal (la Corte específicamente), ha sido largamente tejido, silenciosamente elaborado,
soslayado vergonzosamente, abordado en forma exhibicionista o simulada; en fin, existe, como diría Chiovenda,
"una amplia carretera por la cual han pasado ya tantos
antes que nosotros".
La justicia constitucional mexicana constituye lento
espectáculo. Luis Pablo Bustamante, en La Sentencia de
Amparo, afirma que desde 1938 hay juícios pendientes.
La larga trayectoria histórica demuestra que el Poder
Judicial Federal, en especial la Corte Suprema, trabaja con
pérdidas, debido a imperfecciones connaturales que datan
de un pasado incierto y oscuro, provocado por el artículo
14 constitucional, al recoger el principio de la "exacta
aplicación de la ley", que se inician desde las forzadas interpretaciones sentimentalistas del Juez Vallarta, pasando
por la fuerte censura del constitucionalista Rabasa, sin encontrar eco, hasta llegar a la sabia crítica del magistrado
Palacios. El problema se teje en torno al Amparo-casación
y apelación federal.
El Constituyente del 57 "no anduvo los caminos de la
casación". Ramón Rodríguez advierte: "Nada se dijo en el
Constituyente acerca de la palabra 'exactamente' ", además, consideraba que si los tribunales federales revisaran
los fallos de los tribunales regionales se acabaría con su
soberanía (autonomía) y con su independencia.
"Los legisladores constituyentes no pudieron querer
esta subversión", sostiene con idéntico criterio Castillo Velasco.
La ley reglamentaria del Juício de Amparo del 30 de
noviembre de 1961, elaborada en su mayoría por constituyentes, en su artículo 8 niega el amparo judicial (demos fe
a esta interpretación).
La Corte de Vallarta repudia la casación. Forzadamen-

t&lt;-1 el Amparo-casación penal entra "por la puerta sentimental de la aplicación exacta en la sentencia definitiva de
las leyes penales". El digno juez se opone a la confusión de
instituciones y empequeñecimiento de la Corte: "pretender
que el Amparo surta los efectos de un recurso, con la apelación, . . . es hacer monstruosa mezcla del derecho constitucional y del civil ... El Amparo no juzga más que la incoru;titucionalidad de las leyes o actos de las autoridades ... ".
Nuestra Corte Suprema alcanza dignidad y respeto,
guíada en las t.esis de su ilustre Presidente. Su salida provocó el triunfo de la corriente contraria y desde 1882 el
amparo judicial tiene vida legislativa, corroborada por el
Código de Procedimientos Civiles.
Rabasa corrige a Vallarla en su método interpretativo. Su crítica es certera (aunque ambos perseguían idénticas finalidades). Consideró que de no suprimirse la casación, la Corte sería revisora de los fallos del Poder Judicial
del fuero común en toda la República, señalando la consecuencia: "máquina que se paraliza si se le atasca de materia prima"; finalmente sentenció: "LA IMPOSIBLE TAREA DE LA CORTE".
El Alto Tribunal sigue un camino poco feliz. El rezago
mostrado por estadísticas asombró a Moreno Cora y a Rabasa. Su peregrinar ha sido semejante a un ciclo crítico
económico permanente. Paliativo tras paliativo la hace vivir en estado de eutanasia.
El Alto Colegio es un tribunal burocratizado y sin perfil propio. El rezago de la H. Suprema Corte de Justicia de
la Nación es en 1950 de 37,881 expedientes; en 1959, de
10,055; en 1964, de 18,380; en 1966, de 20,333; y en 1967
ascendió a 13,814 asuntos.
Nadie niega el deambular de la Corte. La profesión de
Rabasa está plenamente cumplida, no obstante la creación
de los Tribunales Colegiados "Pequeñas Cortes". El Alto
Tribunal en 1958 reportó 20,820 expedientes rezagados.

18
19

�Ahora, si se examina rigurosamente la unidad jurisprudencia como ya lo ha hecho el ilustre jurista J . Ramón
Palacios, la conclusión objetiva, honrada, nada adulatoria,
es que la llamada unidad jurisprudencia ha sido poética y
por su tejido contradictorio semeja a una "cabeza sin sesos"; como diría Kant.
La obligatoriedad jurisprudencia} en nuestra legislación hace perder sus características de interpretación y
de orientación, reconocidas unánimemente por la doctrina.
La jurisprudencia obligatoria surgida "en la actuación de
la ley en el caso concreto", como diría Chiovenda, omite
distinguir lo llamado por Calamandrei "el derecho legislativo" y el "derecho judicial", en donde existe distancia; no
es lo mismo la interpretación legislativa que la judicial.
Nuestra jursprudencia obligatoria. evita que juzgadores se
anoten un mérito en su expediente y sí conduce a aplicar la
ley en forma de estampilla y la jurisprudencia como si fuera un sello, tal como ya ha sido señalado por un maestro.
De la unidad jurisprudencia se deduce el respeto y dignidad del Máximo Tribunal de la República.
La Corte Suprema es un órgano atrofiado, oscurecido
y absorbido por su amplia competencia. A este fundamental problema anteceden, como ya se ha advertido, la concepción del ilustre Ignacio Vallarta, esforzado y esclarecido Magistrado Presidente, hasta hoy irremplazable. Detesta la casación y la califica de "teoría subversiva del orden
social". En su tomo III, p. 11, afirma que "el amparo no debe servir para quitar o imponer restricciones a los Estados
de la República".
Rabasa demuestra que la suerte de la Corte Suprema
en la República ha sido infeliz. Pone los puntos sobre las
íes invocando estadísticas. Su tarea, nos dice, es vergonzosa: requiere al obrero especializado y desecha al artífice.
. El derecho común se federaliza al cercenarse la autonomía constitucional de los Estados y al ampliar su com-

20

petencia la Corte. Lo ganado en poder, nos dice Rabasa, lo
perdía en la categoría de sus funciones, y de intérprete de
la Ley Suprema, pasaba a intérprete discutido del derecho
común y así conseguía asumir "el papel de uno de los tantos tribunales de provincia, sacrificando la dignidad de sus
funciones en aras del acrecentamiento de su poder". De ahí
que certeramente afirmara el citado constitucionalista "los
Estados son soberanos para dictar leyes, en materia de Derecho Común pero no lo son para aplicarlas".
J . Ramón Palacios, viril e insobornable magistrado de
la Judicatura Federal, realiza insólitos estudios (actualmente reimpresos por la Universidad de Nuevo León), en
donde investiga exhaustivamente la historia de nuestras
instituciones, así como aquéllas con las que guardan símil,
postula la depuración y las rejuevenece invocando nuestros
antecedentes y adelantos doctrinario-vigentes en diferentes
países del orbe.
En la ·enconada lucha ideológica de nuestras instituciones, don J. Ramón Palacios es uno de los factores principales. Sin descanso ha combatido, firmemente, sin contradicciones (véase sus "Estudios Juricficos", lera. Ed. 1969, UNL,
que son una reimpresión de artículos escritos en épocas diferentes) y, sin arrepentimientos, señala la actitud de estancamiento antihistórica de los representantes del Poder ·
Público para adaptar a nuestras instituciones a la par de los
avances de la ciencia jurídica.
-Determina también, el mencionado Maestro, la genealogia de la casación y del amparo; y bajo el angustioso grito "¡volvamos a lo antiguo!" adaptándolo a los avances democráticos y sociales, postula la depuración de nuestro proceso. El problema de la justicia federal lo aborda con tanto
dominio que hace inspirar profundo respeto.
El citado autor demuestra que las funciones casacionistas de las Cortes: Suprema y Pequeñas son "desarticu-

21

�ladas, inconexas y dispersas" y que crean "una permanente incertidumbre jurídica".
En su obra Instituciones de Amparo afirma: "El artículo 131 de la Ley de Amparo de 1919 quitó al Amparo la
careta y lo presentó tal cual es: casación" (p. 355) más
adelante acota: "Apelación, casación, amparo, suenan ya
confundidos" (p. 365).
La senda seguida por nuestras principales instituciones
de antaño ofreció un problema de interpretación. En el Constituyente del 17 se legitima todo un proceder bastardo. Carranza distinguió el Amparo y la Casación.

Jara y Medina aprueban el artículo 14 que legitimaba,
sin velos, la casación, la garantía de exacta aplicación de la
ley, inspirándose en la enmienda II de la Constitución de
Norteamérica, en donde localizamos lo que se ha llamado
"debido proceso legal" o sea "process of law", desnaturalizando instituciones y quebrantando el régimen federal.
Los constituyentes citados recobran tardíamente la
visión al discutirse el artículo 107 constitucional; presentan su voto particular impugnando lo ya aprobado en el artfculo 14 constitucional.
Las razones son evidentes. Se destrozaba el régimen
federal. Don Hilario Medina invoca la Constitución de 1824,
adelantada en esta zona, y a poco andar del tiempo, en la
época de Salvador Urbina, el citado constituyente sepulta
sus concepciones, ante las muletillas políticas de escaso
malabarismo del presidente Urbina, quien negó la distinción de constitucionalidad y legalidad, enterrando un pasado digno y el más brillante de la historia de nuestro Derecho Público.
Nuestros cultores del Amparo continúan haciendo gala de los mitotes del Juicio de Amparo.
22

Agustín Rodríguez advierte: "Una institución que no
es transplantada en toda su lozanía, sino mutilada corre el
.
'
riesgo de marchitarse" (Casación Civil, México, 1903, pp.
43 Y ss.). El instituto judicial de la Casación vive en el
Amparo. Instituciones que por su distinta jerarquía no se
conllevan. Su conjugación torturante por nuestro Constituyente (Art. 14, últimos párrafos, y Art. 16, "causa legal",
de la Constitución) conduce a un régimen estructural de
casación constitucional, que no obstante la fiebre sincronizada de reformas ha hecho que el Poder Judicial Federal
funcione siempre con pérdidas y eche mano hasta agotar
las reservas. La justicia constitucional es la mayor enfermedad social que padece nuestra Patria.
La concepción de la mayoría de nuestros técnicos en
Amparo no ha sido firme; hay adulación, contradicción y
arrepentimiento.
La competencia casacionista de la Corte es justüicada
por Fix Zamudio, no obstante ser conciente de su teratología Y de proponernos un sistema: de Salas con competencia
para las garantías individuales y otras para dilucidar conflictos de legalidad.
Ignacio Burgoa considera que el Juicio de Amparo
"medio extraordinario de control de legalidad" es superior
por su amplitud a los medios de control que guardan símil
con el Amparo. Su concepción respecto al binomio: Corte y
Amparo es un viacrucis de contradicciones y arrepentimientos.
Tena Ramirez nos dice que el Juicio de Amparo sale
al campo del Derecho Internacional y ha regresado al corazón de la patria con sus banderas en alto.
"Con quienes debemos de enfadarnos es con los aduladores de nuestros vicios" (Moliere).
Nosotros pensamos con el maestro Palacios, que a los

23

�defensores de la corriente heterodoxa les ha faltado profundidad.
Sobre la mezcla anidada en el llamado Juicio de Amparo, don Niceto Alcalá-Zamora dice: "es a la v~ un recurso de inconstitucionalidad, de amparo-garant1as Y de
casación".
Mientras no se depure y complete nuestro régimen
procesal, todas las reformas que sigan el mismo calle~ón estrecho y sin salida, serán aéreas y huecas. La amplla protección que sustantivamente ( en oposición de adjetividad
procesal) da la Constitución de la República al gobernado,
se queda corta ante la ausencia de medios procesales idóneos.
i Ya el Quijote advierte: "es menester tocar las apariencias con las manos para dar lugar al desengaño".

Para justificar o canonizar el Amparo-casación se ha
argumentado, sin la mínima reflexión de análisis, si argumentos pretéritos son actuales o anacrónicos.
Don Venustiano Carranza pronunció que los jueces locales eran "instrumentos ciegos de los gobernadores".

Corte como unidad, tanto más, cuanto que la sentencia de
amparo no puede reparar la actuación irregular de autoridades responsables favorable al inculpado, por la imposibilidad de agravar la condición del quejoso en la sentencia
que en el juicio de garantías es pronunciada'". (La Exacta
Inexactitud, Revista Veracruzana, No. 1, enero y febrero
de 1959, pp. 18 y 19) .
Burgoa y Fix Zamudio, entre otros, justifican la actual estructura de la justicia federal y régimen procesal del
Amparo-casación, esgrimiendo los clásicos motivos del casillismo, hoy inactuales. Se destruye la autonomía constitucional en pos de la hipertrofia de la Corte. Lo expresado
por Don Mariano Azuela, nosotros lo aplicamos por igual
al Máximo Tribunal. Recordemos que Rabasa llamó a los
ministros "TORPES Y VENALES" y tampoco hubo respuesta.
El mal es de raíz, y se precisa extirparlo realizando
una reforma integral a nuestro proceso y órgano jq.dicial
federal.
El jurista J. Ramón Palacios acota: "La elevada misión casacionísta de nuestra Honorable Suprema Corte se
ha visto menguada desde su inicio por indudable culpa es
de este silencio codificado, y si en Italia se suscitaron y suscitan interminadas controversias a pesar de sus textos explícitos, que no podríamos esperar de un régimen jurídico
trunco, estrábico y mudo como el nuestro, que orilla a los
Tribunales, no siempre muy cautos, a ir creando los cuerpos
de doctrina en tan añejo como perenne tema" ( op. cit., p.
65).

"Don Mariano Azuela, hijo, escribió (nos dice el maestro J. Ramón Palacios) sin que nadie viniese a combatirle:
'Ha podido advertirse en múltiples amparos penales que
autoridades judiciales de los Estados proceden a menudo
con verdadera lenidad al sancionar el delito. Así, con el
propósito de atenuar la penalidad, califican indebidamente
como homicidios simples los que aparecen cometidos notoriamente con calificativas, o consideran como cometidos en
riña homicidios simples. La frecuencia con que se advierten
tan serias anomalías y la gravedad del perjuicio social que
evidentemente engendran, es motivo de profunda preocupación que no puede quedar limitada al ámbito reducido de
una Sala, sino que debe ser compartida por la Suprema

Es cierto que en el juzgador pesan las culpas del legislador, pero en México la Corte es cómplice de su propia nomofilaquia. Sus proyectos son circunstanciales. Sólo parchan un hueco presente e incluso algunos han cavado la
tumba del Amparo. Por otra parte, la autonomía constitucional de los Estados se ha concebido como ficción jurídica.

24

25

�Esa frase burocrática oficial y nominal del Poder Judicial Federal "hemos cumplido con nuestra misión" está
teñida de ribetes faranduleros, que desde luego en nada
ayudan al desarrollo de nuestra justicia.
La corte requiere de crítica y autocríti~a. Só:o ~s_í comenzará el raciocinio del Poder dejando atras su mc1p1ente
prestigio.
La vilipendiosa frase de Montherlant: "todo el mundo
está bien" no puede anidar en la H. Suprema Corte de Justicia de nuestra Nación.
Los vicios encallecidos de la administración de justicia
habrán de comenzar a sanearse por las Universidades. Toca a sus maestros, altos empleados, estudiantes Y egresados, romper círculos viciosos, desterrar esa crisis aletargada, para formar profesionistas dignos de los que tanto requiere la República.
Toca a los jóvenes luchar por un sistema de justicia
democrático y dar al pueblo lo que los adultos no le han
dado.
"El derecho --&lt;!erteramente afírma Carnelutti-, no
puede vivír sin eÍ proceso, como no puede vivir un hombre?
sin el corazón".
La generación pos-revolucionaria se enajena y _adora
fetichismos, formas cadavéricas de liberalismo. "Ca~averes
que se esfuerzan --&lt;!orno dice Azuel~ siguiendo a ~~dia~ffpor conservar insepultos un pequeno grupo de pri_vilegios Y
algunos hombres de buena fe que ~o logr_a~i_ desligarse ~el
pasado inmediato que es la auténtica pos1c1on del reacc1?nario". La incerteza jurídica es la placenta de la patologia
del derecho.
Nuestros proyectistas han formado un sistema de poca
monta que la praxis ha demostrado su miopía Y estrechez.

Su incerteza termina con toda garantía de acción, y la crisis del Poder Judicial Federal (de la Suprema Corte específicamente) se muestra en la tormentosa pesadilla del in~
terminable y crónico rezago.
Don Emilio Rabasa, acota: "cuando las leyes comunes
y la Constitución se oponen en el mismo nivel para confundirse en la promiscuidad, no son las leyes las que suben
sino la constitución la que desciende" (El Art. 14 y el Jui.cio Constitucional, P. 298).
Revisemos nuestras instituciones que en el pretérito
dieron gloria y honraron a México. La Corte, con Vallarta
a la cabeza fue respetable; el Amparo, fruto e inspiración
del liberalismo es plausible por sus efectos jurídicos, pero
su gestación en el seno maternal del Congreso Constituyente de 1917 es enferma, al perder su prístina pureza, su alteración y mixtura con otras instituciones termina pulverizándolas.
La dialéctica no ha sido desmentida y mientras la Corte no la entienda o la ignore concientemente, y no destierre
los obstáculos incrustados en su estructura y en el proceso
de amparo, su misión será pigmea y barrera para una
pronta justicia democrática.
Existen garantías que deben ser consideradas para lograr una sabia judicatura.
El procesalista don Niceto Alcalá-Zamora refiriéndose
al aspecto económico, nos dice: "pagar bien a los jueces no
es pues, superfluo, sino necesidad esencial".
La independencia concatenada con honradez, dignidad
y capacidad, es la garantía fundamental, Calamandrei acertadamente afirma, que los jueces en momentos de cumplir
con su misión, "deben sentirse libres de toda subordinación
jerárquica, es un duro privilegio a quien lo disfruta, el valor de responder de sus actos sin esconderse tras la cómoda

26

27

-

�pantalla del orden superior". (Elogio de los jueces escrito
por un abogado, 1936, p. 127).
Si el soborno, el ditirambo, orfandad jurídica, mazquindad, farsantería y exegetismo legaloide, anidan en la judicatura, ésta destruirá pronto la norma suprema del país:
"Que la historia os perdone como yo os perdono".
Por la H. Corte Suprema de la República han pasado
ministros que le han dado dignidad al máximo órgano de
la Judicatura Federal.
Don Alberto Vásquez del Mercado, uno de los grandes
juristas mexicanos abandona el alto sitial del máximo tribunal para combatirle. Don Teófilo Olea y Leyva, que escribió avalándose en su conducta: "Mi permanencia en la
Corte Suprema de la Nación sólo se justificará mientras
pueda pensar y votar como hombre libre e independiente".
Don Luis G. Corona, de quien el maestro Palacios Vargas
afirma: "encierra solemnemente la probidad intelectual del
juzgador", "no tarde, pero si lejana, le es dada la Magistratura titular: hace apenas dos años, y tampoco discursea
ni hace reverencias, como que sabe de la alta dignidad del
encargo, y aunque no alardea de ello, conoce de sus merecimientos intelectuales y morales" (El Buen Juez, "Criminalia", P. 216, Abril de 1955, No. 4).
: El problema de la justicia en México es de hombres
y de leyes (nuestra afirmación E!stá acorde en concebir al
Derecho como super-estructural). La estructura casacionista de la Corte no resuelve el rezago ni con los mejores
intelectuales del Universo.
Se ha repetido con el maestro español Jiménez de Azúa
que son preferibles los magistrados aptos, preparados y entusiastas, que redactar inmejorables proyectos. "Siempre
será preferible un juez a lo Magnaud con el Código de Napoleón, que un magistrado incomprensivo e ignorante con
preceptos como los del proyecto italiano o del suizo. Por mi
·28

parte siempre quise mejor una ley penal anticuada e imperfecta, con juzgadores inteligentes y formados en la moderna técnica, hábiles en ensanchar los arcaicos moldes anticuados, que un códig&lt;? de orientación audaz y técnicamente perfecto aplicado por una magistratura imbuida de prejuicios Y pronta a aprovechar el arbitrio que la ley otorga para seguir usando el viejo código derogado" (El Nuevo Derecho Penal, 1929, 112 y Ss.).
Nosotros pensamos al igual que el ilustre maestro don
Celestino Porte Petit: "una noble y urgente aspiración sería alcanzar la meta de buenas leyes y buenos jueces".
El juzgador no puede brincar las fronteras del ámbito
legislador, permitirlo equivale a otorgar facultades legislativas y aceptar una transmutación de poderes.
Si la concepción del Congreso Constituyente de 1917
e_n la administración de justicia fue infeliz, no podemos contmuar con siestas, con pesadillas consentidas; se reforma
su arquitectura o candentes esperemos que el rompimiento
democrático se manifieste y surja una revolución ideológica que extirpe raíces que alimentan anacronismos.
Para que la H. Suprema Corte de Justicia de la Nación
se desembarace de su inseparable e histórico rezago, ;
quede sepultado "como botín de alimañas", se requiere una
reforma integral a todo nuestro proceso y la creación de
una SUPREMA CORTE CONSTITUCIONAL al estilo de
Alemania Federal Occidental que conoce de los conflictos
verdadera o directamente constitucionales (y no como la nuestra que bajo el signo de una hipócrita constitucionalidad, conoce de varios procesos, en una competencia
amalgamada).
Los conflictos constitucionales constituyen la razón y
justificación de la existencia de la CORTE CONSTITUCIONAL, además se requiere el establecimiento de una CORTE NACIONAL DE CASACION para uniformar nuestro
29

•

�DAVID HERNANDEZ

Derec~o en toda la República como en España, Francia e
Italia.

UNIVERSIDAD DE l\llAi\11
Departamento de
Lenguas Extranjeras

Los tribunales Colegiados "como un mal ~-enor" ~?ntinuarán para hacer viable el sistema de casac10n. Y . De
allí en adelante la fecundidad de la cosecha dependera de
la calidad de la siembra" COUTURE.

-DOS SALIDAS DEL LABERINTO DE OOTA VIO PAZ

Reivindiquemos el régimen procesal del Amp~ro, .. Y
demos solio permanente a la ley de leyes, a 1~ Con_sbtuc_10n
General en la República y establezcamos el signo mdub1table de certidumbre y seguridad jurídicas.

:x

iene mucha razón Octavio Paz al decir que "La soledad, el sentirse y el saberse solo, desprendido del mundo y
ajeno a sí mismo, separado de sí, no es característica exclusiva del mexicano". 1 Pero igual a la soledad, la grata compañía, la amistad simpatética, el amor, en fin, es universal.
Y si la amistad y el amor son universales también podrían
pertenecerle al mexicano. De modo que, según entendemos
el significado de la palabra (la imagen del) "laberinto", diríamos que es un lugar que goza de muchos caminos pero
ninguno con salida. Propondríamos que o el laberinto de
Paz tiene salida, es decir, salidas, o México no ~e encuentra
en un laberinto.

•

Precisamente porque tanto la soledad como la amistad o
el amor son universales, hay salida en el laberinto que Paz
atribuye a México. Si México se encuentra en él no se encontrará solo, porque ni el amor ni la soledad son características de un país u otro. Así es que si en verdad existe un
laberinto inmerso estará en él el mundo. Pero esto de la
soledad universal o un laberinto universal no tiene lugar
aquí, sino la búsqueda de una salida del laberinto mexicano.
Para buscar salida hay que referirse al buen consejo
del claro guía, Justo Sierra, que nos dirigía, al darnos un
método, hacia el camino de un desarrollo de una filosofía
mexicana, lo que se podría aplicar a casi todo problema, a
saber: 1) la necesidad de investigar la realidad mexicana,

30

31

�2) inventar soluciones para nuestros problemas, 3) no
desconectarse de lo universal. A medida que nos acerquemos a lo universal, nos acercaremos a la salida. Pero esto
es proceder al revés, porque no debía ser cuestión de "ace~carse" a lo universal, sino de no desconectarse de lo universal, lo que quíere decir, suponemos, que no debíamos
deshacernos de lo universal, en primer lugar, mientras se
hable de lo mexicano. Visto por este lado, pues, es posible
que daremos con nuestra muy deseada salida a~tes de que
lo esperábamos. Dicho en otras palabras, lo universal, que
es nuestra salida, se debe encontrar en lo mexicano; de modo que nuestra salvación, últimamente, se encuentra no en
una abstracción de algo llamado "lo universal", sino en lo
mexicano, es decir, en el mexicano de carne y hueso.
Desde el día que México pudo ver la luz filosófica del
farol orteguíano, ha habido dirección en la búsqueda filosófica del mexicano. Los grandes exploradores, Caso, Vasconcelos, Reyes, Ramos, Zea y ahora Paz, han buscad?
enérgicamente, bajo todos los cielos e infiernos, ,~or esa _efimera entidad que se ha acostumbrado llamar lo mexicano". Posiblemente por haber olvidado la letra, si no el espíritu de lo que nos decía Unamuno, parece que hemos dejado ~capar el objeto de nuestra búsqueda, porque he~os
desplazado, y por tanto perdido, al mexicano concreto m~entras nos desperdiciamos dando caza a fantasmas, a la idea
de "lo mexicano". En cierto sentido, no cabe duda que . ~e
pueden perseguir las ideas universales en una especulacion
metafísica, entre las cuales se podría encontrar aquélla que
conocemos como "lo mexicano". Pero dentro de nuestra
preocupación circunstancial, con raíz en el historicismo,_ no
podemos andar sobre las nubes y esperar cazar al mexicano de carne y hueso, que tiene existencia muy . terrestre.
Preciso es buscar a este hombre concreto que circunstancialmente es mexicano. Para llegar a ello, en términos unamunescos, hemos de buscar al mexicano particular, o mejor dicho, a todos los mexicanos: el lavap~atos, el ~racer?,
el profesor, el limosnero, la monja, el cacique, el diplomatico, el barbero, el poeta, la prostituta, el atleta, etc.

32

Pero no basta colocar sólo aquellas personas o tipos
que quepan dentro de una categoría predeterminada. No
basta hablar de un hombre que "debía" ser mexicano, sino
de todo hombre que es y ha sido históricamente mexicano
Quiéralo el "pachuco" ("El mexicano [que] no quiere ser
ni indio ni español, tampoco quiere descender de ellos. Los
niega. Y no se anima en tanto que mestizo, sino como abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la nada". Laberinto p. 69.) o no, el mexicano es tanto azteca como español, criollo, mestizo o mulato. En fin, es hombre de circunstancia mexicana, desde el primer momento histórico hasta
el momento actual. Quiéralo o no, tampoco es abstracción
o hijo de la nada. No por querer negar su propia existencia
deja uno de existir. Ha adquirido, posiblemente, un aspecto cínico, pero no por eso ha logrado abdicar de su existencia, porque no nos es dado este poder, pues hasta como cadáver tenemos tanta existencia como cualquiera, aunque
hayamos perdido Wl poco de nuestra "esencia¡,. Pero es precisamente esa "esencia" la que buscamos. Como se ha dicho,
podemos perder algo de ella al suicidarnos, porque ya no
tenemos muchas de las potencias que eran nuestras: el poder hablar, ver y sentir, pero no dejamos por ello de existir.
La dificultad en poder captar "lo mexicano", recae sobre nuestro anhelo de criticar todo lo que no cabe dentro
de la imagen que hemos grabado en nuestra pasión de "querer ser". Desafortunadamente, más de lo que nos es justo, queremos ser lo que no somos. Esto puede significar
una asviración admirable si nuestro querer ser cabe dentro
de lo que podemos ser. Por tanto, se puede entender como
se crea este laberinto psicológico que describe Paz cuando
dice que "el mexicano se esconde bajo muchas máscaras"
(p. 150). Pero, ¿por qué no debía hacerlo? Lo extraño sería que no se escondiera bajo muchas máscaras. Si volvemos otra vez a esos tempranos momentos de la Conquista
veríamos con Paz el porqué: "Ningún otro pueblo se ha
sentido tan totalmente desamparado como se sintió la nación azteca ante los avisos, profecías y signos que anunciaron su caída" (p. 74). Visto de esta manera es fácil ver
33

�porque concluye Paz; diciendo que la Conquista "es _un hecho histórico en el que intervienen muchas Y muy diversas
circunstancias . . . el suicidio del pueblo azteca" (p. 75) •
¿Nos extraña, pues, que el mexicano se haya esc_ondido bajo muchas máscaras? ¿Nos extraña que el mexicano se encuentre sumergido en una profunda soledad? Tampoco debía extrañarnos de que "Somos, por primera vez en
nuestra historia contemporáneos de todos los hombres"
(p. 150). Ni debía extrañarnos que "Eramos objetos: empezamos a ser agentes de los cambios históricos Y nuestros
actos y nuestras omisiones afectan la vida de las ?randes
potencias" (p. 149). Pero, ¿por qué se puede decir t?do
esto si no se habla de tm desarrollo histórico-circunstanc,a~?
Como el mismo Paz ha dicho, la historia no es una serie
de acontecimientos del hombre, sino es el hombre. Ahora
bien, si se busca "1o mexicano", no sólo debíamos hablar
del mexicano contemporáneo que quisiéramos que se arrancara sus máscaras, sino también del mexicano "objeto" ,
la "materia inerte sobre la que se [ejercía 1 la voluntad de
los poderosos" (p. 149). Lo mexicano, en fin, es el mexicano y su circunstancia, todos los mexicanos y todas las
circunstancias históricas, es decir, que el mexicano es tanto el tipo que criticamos como el que deseamos que fuera,
pero también las circunstancias que le han r?deado desde
el primer momento de su evolución como mexicano.
Nos quejamos del mexicano que se dej? ser dominad?
por la voluntad de los poderosos. Pero, ¿que otra alterna~iva le era posible? Desamparado y c~si ~uerta _su_ esen~!;
con su suicidio, ¿qué más podía ser smo. ~a.tena merte •
Debíamos, pues, convidar al mexicano primitivo ~ compartir el abrazo simpatético que le tenemos al mexicano co~temporáneo. En vez de ver las máscaras como u_n~ debilidad moral, debíamos ver este recurso co1:10_ la umca alternativa dada al mexicano primitivo, su umca forta~ez:1
psicológica. y al igual que podemos demostrarle al primitivo nuestra compasión y aceptarlo como uno de los ~uestros, también es preciso t_ratar de comprender al mestizo y
34

a los otros tipos del período colonial. Cada etapa del desarrollo mexicano, destacadas más claramente en las grandes explosiones revolucionarias (la guerra de Independencia, 1810; la Reforma, 1857; y la Revolución de 1910), nos
r evela otra faceta del hombre mexicano, forjado por su
circunstancia inmediata. Si el mexicano no hizo historia o
no actuó como su contrafigura norteamericana, es porque
no pudo hacerlo, y no pudo hacerlo porque su oportunidad
circunstancial no fue la misma, ni mucho menos.
Conocernos verdaderamente a nosotros mismos, entonces, no es buscar sólo lo que nos agradaría encontrar. No
pudo el mexicano histórico "ser agente de los cambios his•tóricos" como no lo pudo ser el negro norteamericano. Pero ni el uno ni el otro dejó de ser lo que fue en su circunstancia repectiva. No sólo padece el mexicano de todas épocas los mismos sufrimientos que padecen los muchos otros
seres humanos de los países "sub-desarrollados", sino comparte la misma soledad uriiversal que todo el mundo conoce de primera mano. Así es que no se habla de una soledad
mexicana, ni de un laberinto mexicano, ni tampoco de una
circunstancia de "lo mexicano", sino de un mexicano (todos los mexicanos) en una circunstancia que tiene sus muchos paralelos con otros países en cuanto a sus aspectos
económicos, sociales y religiosos. Además se puede hablar
dentro de otro nivel, el del hombre cotidiano, el que tiene
sentidos y una conciencia intransferibles. Este hombre mexicano, que vive y muere en su circunstancia muy mexicana, es el hombre universal tanto como el hombre circunstancial. Para conocernos verdaderamente hemos de juzgarnos a nosotros propios en todos sus hechos objetivos, si es
que vamos a encontrar esa realidad mexicana que había
mencionado Justo Sierra. No sólo hace falta una perfecta
honestidad, sino también un valor extraordinario. No hay
otro recurso.
Al reconocer nuestros vicios y virtudes, que tenemos
en abundancia, podemos empezar a investigar esa realidad
mexicana. En vez de hablar de laberintos y soledades, que
35

I

�no son peculiares a México, aunque sí sus variaciones, debíamos revisar nuestra historia en una perspectiva objetiva para mejor valuar lo que se ha hecho bien y lo que
se ha hecho mal; aprender de lo bueno tanto como de lomalo; pero guiarnos por lo primero y evitar lo segundo. Si nos
damos cuenta de que hasta ahora no ha podido actuar el
mexicano como agente de los cambios hístóricos, de allí debíamos tomar nuestro punto de partida, en una acción positiva en vez de una negativa. Hace falta pues proponer
programas para la acción del nuevo protagonista, es decir,
los mentores de la intelectualidad debían escribirle al protagonista (todo mexicano) el drama para que pueda desempeñar el papel que le sea propio en esta nueva oportunidad circunstancial. Pero mientras que se busquen las soluciones, más bien, la forma, estilo y tono de nuestro drama (porque comedia no sería seguramente) no ha de olvidarse que es fácil "desconectarse de lo universal" si se
sumerge demasiado en "lo mexicano".
Nuestra primera salida del laberinto se encontrará en
la verdadera fusión del hombre mexicano con el universal.
Mientras el mexicano trate de ser sólo uno o el otro, no
será ni uno ni el otro. En este caso sería, lógicamente, "hijo
de la nada". En cambio, el mexicano en su faceta azteca, el
que se suicidó, no era hijo de la nada, sino el fénix que moría para renacer. Los otros que "los poderosos" mataron
tampoco fueron hijos de la nada, sino también otras facetas del ciclo del fénix. Ahora llega ese mismo mexicano en
una nueva faceta, el de agente de los cambios históricos.
Nos ha llegado a nosotros la hora para salir a escena. Y no
hay segunda oportunidad para el que de pasos atrás, porque en este teatro terrestre no se da el mismo papel dos
veces. El ambiente del protagonista en su drama de la vida real contiene las tres caras de nuestra madrastra, el
tiempo: el pasado, el presente y el futuro. Tiene que enfrentarse el mexicano cara a cara con cada una, porque
sería completamente absurdo tratar de vivir en sólo una o
dos caras de esta maldita trinidad. Esta perspectiva temporal le permitirá verse vivamente en un claro espejo. Vién36

~ose ~o con egotismo de un narcicismo, sino con completa
sm?eridad, el mexicano encontrará esa fusión, la primera
salida del laberinto.
Con esta cándida vista de nuestra verdadera cara, podremos ver la primera salida del laberinto, y desde la primera podremos ver la segunda, porque la segunda se encontrará en la cara futura de nuestra circunstancia. Y como
puede imaginarse, la cara futura no tiene sentido alguno sin
las otras dos caras. De modo que para dar paso hacia el futuro hay que dar un vistazo por rededor de nuestro presente y hacia el pasado. Arraigado en el pasado y el presente el
mexicano puede crecer naturalmente. Al clavarse las raíces
hondamente en el suelo mexicano, extrañaría no salir una
flor plenamente mexicana. El suelo mexicano ha saboreado
su cantidad de sequías y terremotos, lo que ha impedido el
libre crecimiento de la flor. Para recobrar algo del potencial que se perdió en las dañosas ráfagas políticas que ha
conocido este suelo, preciso es fertilizarlo. El fertilizante
será para el mexicano el reconocimiento del compatriota.
Dicho en otras palabras, lo que se ha perdido sólo se puede recobrar si recobramos lo que perdimos, y lo que el mexicano ha perdido es precisamente el "otro" mexicano. Un
mexicano se ha apartado, aislado, del otro mexicano con sus
prejuicios en una especie de segregación, lo que ocurre universalmente. Pero hay unos países que pueden soportar
algún grado de segregación social, mientras en otros fragmenta al país hasta el punto de convertir al pueblo en "materia inerte", porque todos tiran por divergentes lados. Es
imposible operar la maquinaria nacional despedazada. De
manera que tan pronto como el criollo, el mestizo, el indio,
el mulato, el negro, el pobre y el rico se reconozcan los unos
a los otros como verdaderos mexicanos, verdaderos vecinos, recobrará el mexicano la mayor parte de su propio
ser. En una palabra llegará a ser esa flor mexicana, y sólo como la flor mexicana podrá salir del laberinto.
Cuando Paz pregunta "¿ Cómo y dónde obtener esos
recursos económicos y técnicos?" recordamos que él había
37

�dicho que México no tiene "ni la población ni los recursos,
materiales y técnicos, que exige un experimento [como el
prodigioso desarrollo de la Unión Soviética] de tales proporciones" (p. 142). No se entie1;d~ la _lógica toc~nte a la
población, especialmente, pues Mexico tiene 40 millones ~e
habitantes mientras Inglaterra mantiene 46, Y este palS
ha sido un~ de las grandes potencias por hace tiempo. Ahora bien, mantendríamos que ni los recursos ni las poblaciones residen en el fondo del problema, porque bastan los
recursos y la población. El grano del problema existe en la
mala distribución -tanto en los recursos como en la población- que resulta en un inmenso desperdicio. La debi- .
lidad está en este desperdicio, no en la pobreza de recursos
población, ni tampoco en el mero hecho de lab:rintos o so0
ledades. El desperdicio empieza en la soledad, si, la soledad
creada por nuestros prejuicios egotistas, en la pérdida del
"otro mexicano". Sigue el desperdicio en la increíblemente falaz idea de que la única ruta a la prosperidad es camino de la capital. Todo el mundo con mínima esperanza ~e
encontrar mejor vida (en este mundo) parte para la capital. El resultado inevitable es la c r e a c ió n Y crecimiento del barrio bajo, la pobreza, la enfermedad Y el
analfabetismo. Y lo poco que el pueblo puede ganar con
tan gigantescos esfuerzos son algunos limitados remedios
para confinar esta plaga. Mientras _tant~ l?s recursos humanos y materiales perpetúan el latifundio mtelectual, económico y social.
Pero si es verdad, como dice Reyes, que México ha llegado a su mayoría de edad, entonces estará preparado para ·
autodeterminarse. Paz ha dicho que actuaría a su provecho México al tratar de imitar al desarrollo soviético, pero por carecer de población y recursos no le es posible. Aún
más fundamental, sin embargo, dice Paz que "Nadie duda
que el 'socialismo' totalitario puede transformar la economía de un país; es más dudoso que logre librar al hombre.
y esto último es lo único que nos interesa y lo único que
justifica una revolución" (p. 143). Es, en fin, la libertad
lo que vale más. Por un lado, sin embargo, unos dirían que

38

la libertad sin vida no tiene sentido alguno. Mientras otros
dirían que la vida no tiene valor alguno sin la libertad. Vamos a suponer, no obstante, que diría Paz, como muchos
otros, que podemos preocuparnos de cuestiones de libertad
sólo después de tener vida. Cronológicamente, si no lógicamente, hay que tener vida antes de considerar el problema
de la libertad. Al tratar de proceder a la inversa siempre
fracasamos, al igual que el niño que trata de correr antes
de and~~ a gatas. Es por eso, probablemente, que hay tanta
rev?luc1on en el mundo ahora. Buscar la vida, pues, quiere
decir fundamentalmente buscarse la vida. En una palabra,
tan. tosca que parezca, hay que comer antes de pensar 0
aspirar a nada. Ya lo decía Marx que lo fundamental es causa del_ conflicto _entre las clases; lo segundo es posible sólo
despues que este llena la barriga, por así decirlo. Sólo den~º del pr~eso básico se puede encontrar lugar para respirar el aire fresco de la libertad, si es el caso, añadiría~os, que e:asta tal cosa u oportunidaa dentro de nuestra
circunstancia.
Paz sugiere que "Sin duda la mejor -y quizá la única- solución consiste en la inversión de capitales públicos,
ya sean préstamos gubernamentales o por medio de las organizaciones internacionales. Los primeros entrañan cond~
ciones políticas o económicas y de ahí que se prefiera a los
segundos" (p. 142). Su análisis de los problemas económicos Y políticos que comparten los pueblos "subdesarrollados''. Y la influencia que han tenido pensadores como Stalin,
Lemn, Marx Y Engels en el mundo contemporáneo lo hace
con ~~ agud~ima perceptibilidad. He aquí, pues, la presentaCion de direcciones prácticas que puede considerar México para autodeterminarse. Lo que se teme más
la pérdida de _la ~~rtad, porque al rechazar ese "método de probad3: ef1?~c1_a }e per~erí~ . el cordón umbilical de la "economia dmgida que significa para él (y muchos más, se•
guramente) "el trabajo a destajo (estajanovismo) los campos de concentración, las labores forzadas, la d~portación
de razas Y nacionalidades, la supresión de los derechos ele-

:s

39

�mentales de los trabajadores y el imperio de la burocracia"
(pp. 142-143).
Sin embargo, admite Paz que "el capital no es sino
trabajo humano acumulado" (p. 142). Dado así el caso lo
que se quiere evitar es el abuso de este trabajo humano, es
decir, ¿quién ha de acumularlo? ¿bajo qué condiciones?
¿quién dirige? y ¿qué será el criterio para la distribución
de lo acumulado? No se pretende aquí, ni mucho menos,
dar una perfecta o completa solución, pero una posible resolución, sí. Para empezar hay que encontrar una lógica.
Sin lógica no puede haber criterio con sentido. La tarea se
puede dividir en dos partes principales: (a) la elección
entre alternativas (b) el entendimiento dé un sistema socio-económico completamente integrado.
Enfrentados con la primera parte, hay que darse uno
cuenta de las alternativas reales entre las cuales podemos
elegir. ¡Ni hablar de posibilidades puramente hipotéticas! 2
Claro que se podrían alistar innumerables alternativas, unas
más probables de realizar, otras infinitamente más improbables. Para sólo enunciar unas de las más "conspicuas" pero también más exigentes, podríamos ofrecer las siguientes: (a) todo el mundo que busque su propia libertad por
su hebra, lo que lógicamente conduciría a una perfecta anarquia, que significa perpetua guerra universal, , (b) no hacer nada, lo que debilitaría al pueblo aún rriás y lo dejaría
presa de toda rapiña, (c) someterse a un socialismo totalitario, lo que lograría la pérdida de la libertad, (d) la inversión de capitales públicos por medio de las organizaciones internacionales, lo que fracasaría desde el momento de
su concepción por el mero caso de que sería completamente imposible e ilógico mientras esté México en su laberinto, de modo que la única alternativa que conduciría a una
solución lógica de realización tanto concreta como real sería la siguiente, la que, naturalmente, preferimos, (e) salir del laberinto.
Para salir del laberinto, pues, hay que buscar las sa-

40

lidas. Y las salidas, como ya se ha dicho, se encuentran en
el conocerse el mexicano y en encontrar al "otro" mexicano. Y lo que forzosamente se requiere en este salirse son
las ~espuestas a las preguntas: ¿para qué salgo? y, ¿dónde
voy • Las respuestas a estas preguntas contienen la segunda
parte de n~estra resolución al problema mexicano, porque al
sa~r ~recisamente por qué sale uno del laberinto y dónde
q~.uere ir: e~ darse cuenta de o hasta entender el sistema soc~o:economico! lo que sería el fondo y la forma del proceso de
vivir. La contmgencia imperativa, claro, se plantearía cabalm_ente en e! saber, el verdadero saber (el porqué salir y para
donde cammar). La lógica, pues, demandaría que empezáramos con ~na base verdadera y concreta. La única aceptable
es el mexicano mismo, el hombre concreto no "lo mexicano"
abst~acto. El mexicano es, por tanto, el ~zteca, el español,
el cnollo, el mestizo, el mulato, el negro, el zambo, el rico
Y el pobre, todos juntos en el mismo sufrir y vivir circunstanc!al e~ t~a su evolución. Visto por medio de la persI&gt;e&lt;:tiva ~stonca puede el mexicano entender el punto evolucionario en que se encuentra actualmente. Sólo con esta
base puede esperar respuestas a las dichas preguntas.
La cuestión .~e la libe_rtad no se puede discutir aquí,
pero una resoluc10n tentativa sí se puede aportar. Al tocar
el t_e ma de alguna conciliación del nacionalismo y las aspiracio~es revolucionarias de las masas, Paz se percata de
que siempre hay los mismos ingredientes: "nacionalismo
reforma a~~ria, conquistas obreras y, en la cúspide, u~
Estad~ decidido a llevar a cabo la industrialización y saltar
de epoca feudal a la moderna ... El rasgo distintivo -Y
decisivo-: es que no estamos ante la revolución proletaria
de los paises 'avanzados' sino ante la insurrección de las
masas Y pueblos que viven en la periferia del mundo occid~~tal~' (p. 145). Estas agudísimas observaciones nos serviran mcalculablemente, porque nos ofrecen el instrumental para poder elegir entre las alternativas. He aquí pues
el caso de un circulo vicioso que puede romperse sól~
la voluntad, pero una voluntad enérgica y unificadora.
Hasta ahora se ha tratado de arrogarle al Estado el poder

~ª-

po;

41

�de determinar el destino del pueblo. Pero, desgraciadamente, este monstruoso Estado no ha sido el pueblo, sino un
"interesado" grupo de hombres que no con la más generosa fantasía podíamos atribuirle el fabuloso epíteto de
"representante".
Si es que el mexicano en verdad quiere pertenecer al
mundo occidental y no quedarse en la periferia, ya tendría
parte de su motivación para salirse del laberinto. Si es que
el mexicano quisiera romper el círculo vicioso, tendría que
unificarse como una fuerza encaminada hacia su destino
deseado. Pero se habla del pueblo, del mexicano entero, no
del cerebro o de las orejas o de los pies o de las uñas o del
corazón, sino del cuerpo entero. Si el "Estado" no es verdaderamente el pueblo, no habrá salida en el laberinto. Paz
ha dicho que sólo la libertad podría justificar una revolución si la revolución es sangrienta. Marx había comentado
que siempre habría conflicto entre las clases mientras fueran desiguales, porque el adinerado jamás cedería sus bienes al "desposeído". De modo que mientras las clases sean
desiguales y el círculo vicioso no se haya roto, cuando no
esté el pueblo en plena revolución vivirá siempre bajo la
sombra de una revolución potencial.
Hay dos maneras principales para lograr arrogarse a
sí mismo el poder que merece el mexicano sin llegar al punto de la revolución sangrienta: (a) reemplazar el sistema
político del pasado con uno verdaderamente (más) democrático (b) disolver el poder económico de la clase rica.
De seguro se habrán ya pensado en estas posibilidades.
Conforme, pero, muy probablemente no con nuestra lógica
o las salidas. Ahora bien, desde Justo Sierra, los ateneístas
y numerosos más han sonado el clarín de la enseñanza. La
más rica herencia que puede ofrecerle una generación a la
siguiente es la buena enseñanza, lo que no equivale a lavar
el cerebro con prejuicios personales o supersticiones. La
puerta de nuestras salidas es la buena enseñanza. Recordemos que las salidas sólo son posibles o para todos o para
nadie. Con la buena enseñanza se puede crear un sistema
42

socio-~?litico en que cualquier profesor, político, comercian
te, militar o sacerdote que "se sirve" a sí mismo y no al
pueblo cometerá traición, que debe pagarse con la vida
(preferiblemente en prisión perpetua). De esta manera los
recurso~ ~a~urales del suelo mexicano y la población no se
desperdiciarian en dar alimentación al monstruo insaciable
del c~culo vicioso, sino México tendría un rico capital de
~a~aJ~ acumulado. El poder de la clase rica se disolvería
sm incidente al cambiar el valor de la divisa nacional con
darl~ v~or _al trabajo en vez que a la cosa, el prod~cto,
qu~ Jam~ tiene ser (sólo existencia), mientras que el trab~Jador siempre tiene ser, tenga en mano o no el producto.
Sm el poder de su dinero el rico no tendría modo de "comprar·' a un hombre para destruir a otro. El rico; digámoslo
franc~ente, no es el que lucha mano a mano sino el mercenario. Pero, sin dinero, no hay mercenarios.
No cabe duda alguna que muchos argumentos podrían
llover s~bre esta~ nociones, como el que pediría saber ¿ qué
resultaria en el S1Stema económico al quitarle a la clase rica su poder pecuniario? -¿especialmente en relaciones internacionales?- Estas, como casi todas, si no todas, se pueden contest~ ~on algún cuidado. Por ejemplo, al quitarle el
poder econom1co a la clase rica bruscamente no resultaría
en na_~ª más_ que un desastre fatal. Pero con cuidadosa preparaci?n Y aJustamiento gradual, la clase rica no tendría otro
remedio que someterse al nuevo orélen socio-económico. En
cuant~ ~ las relaciones internacionales, el mundo trata con
la nac1on estable sea el orden socio-económico que fuere.
De todas maneras, para todo esto la buena enseñanza otra
v~z,_ es la clave para su realización. A fin de cuentas, 1~ que
distingue el pueblo "avanzado" y el "atrasado" o "subdesarrollo" es_ precisamente esto: el sistema educativo. El
pueblo de sistema educativo más elaborado es invariablemente el que se encuentra a la cabeza del mundo progresivo, o se~ "avanzado". En las naciones más democráticas
han realizado su desarrollo máximo por medio de -la promesa que le ofrece al hombre- la enseñanza. Que al fin
llegue al mundo miserable el hombre demócrata y se en43

�JOSE P. SALDA:¡q, A

cuentre en un universo de absoluta mediocridad, de una
deshumanizada y estéril practicalidad, de un espacio vacio
de hitos espirituales, de horizonte tan oscuro que no parezca tener salida -como en un laberinto, eso ya sería hablar
de un laberinto dentro de otro. Que al salir de un laberinto
nos enfrentaríamos con otro más amplio, es asunto para
otra tarea. Esta trata únicamente de intentar la salida del
primer laberinto, la circunstancia actual del mexicano,
como el que nos ha proporcionado el primer rayo de luz: Octavio Paz.

CRONISTA DE MONTERREY

EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA,
LIC. MIGUEL ALEMAN V ALDES,
EN MONTERREY

(Primera Parte)
Antecedentes.

B

esultaría interesante estudiar a fondo las impresiones de quien visita a Monterrey con la alta envestidura de
Presidente de la República y las que provienen del pueblo
en general.

N O T A S
l . El Laberint o d e la Soledad, Méx., 1963, p . 151.

2. Como el creer que se podría llegar a un m undo par adisíaco únicamente al desearlo.

44

No siempre las reacciones van por el mismo camino,
ni pueden medirse con la misma vara, por la razón de que
siendo distintas merecen diferente tratamiento. Cabría en
esto pensar en los beneficios o simpatías que existan en el
visitante, que forman parte de su yo interno, que pueden
sufrir alteraciones por el carácter con que efectúa la visita y cuyas alteraciones pueden ser contrarias o favorables
a la ciudad; pero de todas maneras tienen una capital importancia. Respecto al pueblo, generalmente exterioriza sus
sentimientos con espontaneidad y de ello puede inferirse
si existe una verdadera simpatía por la persona a quien se
recibe, o si al contrario no merece la estimación que se debe al mandatario.
Durante el largo proceso de nuestra vida institucional
hemos recibido la visita de varios Presidentes de la República, en situaciones no siempre normales y bien pudieran
obtenerse conclusiones más o menos exactas sobre los pormenores apuntados. Esa labor significaría una penetración

45

�\

psicológica delicada, un acopio de datos consecuentes, y sobre todas las cosas, una serena meditación para que las
conclusiones correspondan a la justicia que debe existir en
tales casos.
Por ejemplo, podemos decir que muy distintas impresiones recibieron y se llevaron cuando siendo Presidentes
de la República nos visitaron el Gral. Plutarco Elías Calles
y el Gral. Lázaro Cárdenas y seguramente en condiciones
distintas se puede hablar de la visita del Gral. Manuel Avila Camacho y del Lic. Miguel Alemán.
Y puesto que esta crónica ha de referirse pr~isamente al Lic. Alemán, dejamos para quienes se consideren capacitados escribir sobre nuestros distinguidos visitantes en
el aspecto sicológico-social, que por mi parte trataré de exteriorizar lo que sé, porque lo vi, y lo que me dicten las impresiones que recibí durante la visita del Lic. Miguel Alemán.
Para ello es necesario detenernos a considerar, aun
cuando sea rápidamente, el momento político durante la actuación del Lic. Alemán, y todo cuanto rodeaba su personalidad en relación directa a Nuevo León.
¿Existía de parte del Lic. Miguel Alemán animadversión en contra de nuestro Estado? ¿Estaba influido en
el sentido de guardar prudente distancia en todo cuanto
concernía a los intereses de esta entidad? ¿Era acaso imparcial en sus apreciaciones de lo nuestro?

den ~olítico, sin que esto significara que no participara en
c~est10nes que a la corta o a la larga tendrían que interferir en las actividades de todo orden. Quiero con esto decir
que sin olvidar los deberes ciudadanos, privaba una atmós~
fera_saturada ~e esfuerzos dedicados al trabajo, como si
hubiese la consigna de recuperar el tiempo perdido en épocas pasadas. Tal vez este ambiente no satisfacía a quienes
esperaban demostraciones patéticas del pueblo hacia sus
gobern~ntes, interpretando en forma equívoca lo que era
una actitud de superación en lo económico y en lo social.
De estas _situaciones se habían cosechado algunos sinsabores_ que_ sm la significación de algo definitivo no dejaban de mflmr en la mente, especialmente de los hombres de
empresas, por cuanto a la seguridad de la vida en común
dentro de las garantías constitucionales.
Algo podría hablarse de la época del Gral. Lázaro Cárdenas, como también de lo correspondiente al Gral. Avila
Cama~ho; pero no sería consecuente una explicación pormenorizada de hechos, ya que mi propósito como queda dic~o, es el de historiar la visita del Lic. Miguel Alemán Valdes en la forma y términos que más se ajusten a la realidad.
Militancia Política.

Dedicado Nuevo León al trabajo intensivo en los menesteres industriales, agrícolas, ganaderos y comerciales,
se desentendía hasta cierto punto de las cuestiones de or-

_ Apenas obtiene el Lic. Miguel Alemán su título en el
a_n? de 192? Y principia su actuación política por cuyas actividades siente una gran inclinación. Habiendo nacido en
e_l pueblo de Sayula del Estado de Veracruz el 29 de septie_mbre d:. ~900, heredó de su padre, el Gral. Miguel Ale~~n _la afic10n a las cuestiones políticas, aun cuando no parti:ipo en la lucha armada, captó con interés desde estudiante las esencias de los ideales revolucionarios, de los que
su P~dre era un adalid, formando las avanzadas de las nuevas id:as con l?s Flores Magón, Antonio I. Villarreal, Juan
Sarab1_a, Antomo Soto y Gama, Ponciano Arriaga ... Desde
muy Joven se afilió al Partido Liberal Mexicano, enro-

46

47

Es difícil precisar la contestación de cada una de estas
interrogaciones, sin que ello implique que no podamos aventurar algunas ideas que nos permitan pintar el trasfondo
de un acontecimiento, para nuestra comunidad, de enorme
trascendencia.
..

�lándose en un brote rebelde que surgio en Acayucan,
Veracruz, en septiembre de 1906 tendiente a combatir la
dictadura del Gral. Porfirio Díaz. Posteriormente, afiliado
a la Revolución Constitucionalista, combatió a Victoriano ~
Huerta, participando eil numerosos hechos de armas d~do muestras de gran valor y conocimientos de la táctica
militar. Al terminar la Convención de Aguascalientes se
unió a las fuerzas del Gral. Alvaro Obregón, estando presente en numerosos combates conquistando paso a paso el
grado de Divisionario. En 1929 siempre leal a los principios antireeleccionistas se levantó en armas en _contra dE!l
Gobierno presidido por el Lic. Emilio Portes Gil en atención a que el Gral. Obregón, habiendo logrado la reforma
de la Constitución que prohibía la reelección, nuevamente
fue electo cómo Presidente de la República, hecho con el
que no estuvieron de acuerdo numerosos elementos constitucionalistas, en cuya contienda murió en Mata de Aguacatilla, Veracruz.
Volviendo sobre el Lic. Miguel Alemán cabe mencionar que su carrera política fue brillante, principiando por
lanzar su candidatura a Diputado por el Estado de Veracruz, ocupando después un escaño en el Tribunal Superior
de su Estado en 1935, para pasar al Senado en 1936, Y regresar a su Estado natal para hacerse cargo del Gobierno
del Estado.

las novedosas formas de actuar, que le granjearon grandes
simpatías. Estableció el sistema de reunir en círculos de estudio a grupos de hombres de empresa, de profesionales, de
obreros, campesinos y del pueblo en general. Su propósito
era enterarse a fondo de los problemas no tan sólo de cada
Estado, sino también de los municipios, planificando su
programa en todo cuanto se relacionaba con la ciudad y con
el campo. Los resultados fueron magníficos, pues una vez
en la Presidencia de la República se ordenaron los estudios
correspondientes, aplicándose todo aquello que era factible
para el desenvolvimiento y progreso del país.
Puede asegurarse que con el Lic. Alemán principió el
verdadero gobierno civilista en el país, ya que aun cuando
el Gral. Manuel A vila Camacfio y antes el Gral. Lázaro
Cárdenas, así como el Gral. Abelardo L. Rodríguez, habían
gobernado dentro de la Constitución, su carácter de militares imponía cierto sello de gobierno que podía en cualquier momento transformarse en dictadura, de la que ya el
pueblo estaba cansado.

Cuando el Gral. Manuel Avila Camacho inició su propaganda como candidato a la Presidencia de la República
al principiar el año de 1940, es designado director de la
campaña el Lic. Alemán. Su habilidad lo acreditó como un
gran organizador, y al ocupar el Gral. Avila Camacho la
Presidencia es designado Secretario de Gobernación, separándose de este puesto con el propósito de contender como
candidato en las elecciones presidenciales en 1945. Los contrincantes fueron el Lic. Ezequiel Padilla y el Gral. Miguel
Enríquez Guzmán.

Para lograr el mayor éxito en sus actividades el Lic.
Alemán reunió en su Gabinete a personalidades de alta categoría cultural y de ideología definida dentro de los principios revolucionarios. Ellos fueron: El Lic. Héctor Pérez
Martínez, en Gobernación; Lic. Jaime Torres Bodet, en Relaciones Exteriores; Lic. Ramón Beteta, en Hacienda; don
Nazario Ortiz Garza, en Agricultura y Fomento; Lic. Manuel Gual Vida!, en Educación; Dr. Rafael Pascasio Gamboa, en Asistencia y Salubridad Pública; Gral. Gilberto R.
Limón, en Defensa Nacional; Lic. Agustin García López, en
Comunicaciones y Obras Públicas; don Antonio Ruiz Galindo, en Economía; Lic. Andrés Serra Rojas, en Trabajo y
Previsión Social; Lic. Francisco González de la Vega, en la
Procuraduría de la República; Ing. Adolfo Orive Alba, Recursos Hidráulicos y don Alfonso Caso, en la Secretaría de
Bienes Nacionales.

Se significó la campaña electoral del Lic. Alemán por

Con este equipo realizó el Lic. Alemán una revolución

48

49

�dentro del Gobierno, que tuvo el significado de acabar con
obsoletos procedimientos públicos que daban la impresión
de "dejar hacer y dejar pasar", que mantenían al país en
permanente expectación. En cambio, con el dinamismo propio del Lic. Alemán y la cooperación de sus Secretarios de
Estado, proyectó la fisonomía oficial de tal manera que sacudió no tan sólo los órganos oficiales, sino también a la
economía particular, logrando un auge en el país como no
se había conocido hasta esa época.
Se construyeron nuevos ferrocarriles, extensas carreteras, obras monumentales de presas y canales de irrigación; se realizó la construcción de la Ciudad Universitaria,
que es admiración de propios y extraños; dio impulso al
Instituto Mexicano del Seguro Social logrando su expansión
y especialmente la plena aceptación de empresarios y trabajadores de un sistema que había despertado suspicacias;
logró crear centros multifamiliares de alta categoría; aumentó el caudal de agua potable en el Distrito Federal; en
instrucción pública empleó los más valiosos recursos multiplicándose los centros escolares a través del territorio nacional; dio un gran impulso a Baja California logrando que
mediante el aumento de población, desarrollo industrial y
comercial, se convirtiera territorio norte como el Estado número 29; a la Comísión Federal de Electricidad dio elementos para su mayor capacidad de trabajo ampliando sus servicios en todos aquellos lugares en donde era menester. Se
efectuaron obras en los puertos principales del país de manera de hacerlos capaces de multiplicar las operaciones en
beneficio del comercio y la industria.
En conclusión, puede decirse que las actividades políticas y adminístrativas del Lic. Alemán Valdés marcaron
un signo de espectacular progreso que le formaron una aureola de respeto y admiración. Dentro de este panorama
delineó su gestión con alto espíritu de tolerancia constructiva creando un ambiente propicio a la libertad de prensa y
de cultos, de manera que no se registraron en su período
acontecimientos que pudieran significar descontento.

50

. . ~ lo que respecta directamente a Nuevo León, se sigmf1co por una condescendencia para ayudar a la solución
de nuestros problemas, que rompía con la indiferencia con
que anteriores administraciones federales nos habían tratado.
El Gobernador del Estado, Dr. Ignacio Morones Prieto
d~ not?rio dinamismo, se entregó a las actividades admi~
mstrativas con positiva pasión. Su entusiasmo por transformar la físonomía de Monterrey y allegar elementos para el
progreso de los demás Municipios, lo llevó a iniciar obras
de tan alta categoría como la canalización del Río Santa
Catarina, el drenaje pluvial y sanitario, la construcción d~
presas en Linares y otros lugares . . .
. ¿ Y los r~ursos? Su amistad personal con el Lic. Aleman lo alento de tal manera que dio por seguro conseguir
la ayuda necesaria. No se equivocó, los millones acudieron
ante la ~credulidad de quienes estábamos acostumbrados
a que saheran los millones de aquí, sin esperanzas de retorno.

El prodigio se realizó: se canalizó el Río, se construyeron 4 puentes monumentales; en los terrenos ganados se
co?~~yeron amplias avenidas, alegres plazas públicas,
ed1f1c1os de gran costo; se edificó el grandioso Hospital de
Zona del Seguro Social . . . todo ello sin costo para el Estado, aparte de enriquecer el patrimonio de la Universidad
de Nuevo León con los terrenos ganados al río.
. ?1ando se anunció su visita a la ciudad de Monterrey,
ex1stia un panorama amplio de simpatías para él y el deseo
vehe~ente de estrechar su mano, considerándolo como un
~tad_is_ta Y un hombre cuya actividad en los cuatro años de
e~~rc1cio en. el Poder, había logrado conquistar la estimacion Y confianza de todo mundo. Es así, con estas señales,
como 1~ ~ue_rta_s de Monterrey se abrieron de par en par
para recibir Jubilosamente al ilustre visitante.

51

�CAMPIO CARPIO
ESCRl'l'OB ARGENTINO

ANTE EL PORTICO DE LA HISTORIA

•(Mr
•~ ujeto al banco de madera ferroviaria que enlaza
Monte Grande con la capital federal, cabalgué esta mañana
de otoño "Sobre el destino", de Cicerón, que el amigo Angel
J. Cappelleti expuso y compuso en lengua castellana. Sesenta
minutos de tiempo en la historia de un mundo filosófico poblado por hombres ilustres, ubicados e_n lugares de querencia que parten de los últimos alientos griegos y asisten al
sepelio de la prepotente Roma. El genio de -la sabiduría grecorromana que reverdeció tantos laureles en otros siglos y
que aun mustios, mantienen, como sabrosos pastizales para
la fauna intelectual de nuestra era nuclear, nos invadió de
ininterrumpida atención cuanto de allí vino como creación
y lastre, levantando imperios y derruyéndolos, aventando
sepulcros y erigiendo ídolos, trasegando siempre, en eterno traginar, adivinaciones, cosas, conceptos, in~tituciones,
cuya tarea absorbente convulsiona la vida de las sociedades
humanas.

Pareciera que después de lo dicho y aplicado por los fi1ósofos, literatos y poetas griego~ pQco quedaría ppr obserivar y cultivar. Más lo que el griegQ aprendió fue aplicado
por romanos en el área universal, ·sino _con _la borrascosa
tormenta de quinientos años que duró _el renacimiento helénico, generó en todos los campos qel saber talentos de arrastre en varias disciplinas conocidas que parten de Aristóte-

53

�les a Séneca, que los griegos se encargaron de difundir a
través de sus correrías en aquel orden civilizado y los césare!" romanos en extirpar. En aquel escenario político, pletórico de interlocutores, sustituidos hombres y dignidades, reducidos a fragmentos dogmáticos, contradicciones, fluctuaciones y temores circunstanciales que invadieron la vida pública y privada, le fueron seccionadas las manos a este filósofo.
Algo ha de acusar en originalidad este Cicerón, versado en filosofía de las diversas escuelas y literato que legó a
la posteridad algunas verdades universalmente inmutables
como reto a la eternidad, para que su destino hubiera sido
tan fatal. La historia ha sido compasiva con aquel crimen
público que demora casi dos milenios para sentar jurisprudencia en el ámbito de la época, el curso de los sucesos se
remontó sobre el horizonte de las edades antigua y media,
las diversas doctrinas se oficializaron y refutaron, la violencia organizada volvió a sentar sus reales en el globo y el estoicismo, epicureismo y cristianismo asisten temorosos al
último parpadeo de la llama divina que el diálogo del ágora, municipio y del parlamento tanto hizo por subsistir. La
religión del Edo. se convirtió en razonamiento del poder. Los
dioses ciudadanos que alimentaron la libertad de juicio, cualesquiera fueran las opiniones sociales, políticas o filosóficas, se han vuelto paradójicamente sanguinarios, redujeron
los principios a ideas de aplicación conspirativa. El formalismo ético tan arraigado en el consenso filosófico griego y
romano de los primeros tiempos del imperio, se desplazó a
campos de batalla, con los graves prejuicios que acusa el
pensamiento posteriormente, errante desde entonces en el
conocimiento universal.
El Cicerón, senador que dominara agitadas controversias del nerviosismo político con elocuencia competitiva por
la destreza en manejar el pensamiento dominante, fue más
allá de la razón, esgrimiendo armas de vencedor, prohibidas
para los hombres de menor destreza intelectual. De ahí que
sus palabras lastimaran como hierro al rojo aplicado al cuer-

po mortal. Enfrentado a discusión que determinará un nuevo rumbo en la vida política romana, volcó su retórica como un glaciar sobre el cuerpo de los enemigos. Y, lejos de
construir, de levantar un monumento del saber y habilidad
intelectual a la herencia filosófica del mundo antiguo, se
precipitó en la penosa lucha de conmociones extrañas, al
ministerio intelectual. La desenfrenada carrera discursiva de
partidos fue considerada un peligro para la ciudadanía y for.
midable obstáculo en el camino de su dramática victoria.
Las "Catilinarias", desordenadas en una confusión del apasionamiento, no rindieron los materiales que el filósofo tenía ~ mano. Su desarrollo era retórico y no lógico, con grave riesgo para el conocimiento humano, tan luego en el ins~ante preciso en que aquella humanidad esperaba la palabra
Justa, equitativa, equilibrada y libertadora.
La razón política dominante entonces se sobrepuso al
P_?der creador _de doctrinas superiores. Saltando de hipóteSIS a especulaciones de otros órdenes, escasas ventajas obtuvo sobre sus adversarios, ganando encono donde no siem.
pre intervenía el razonamiento estricto conforme lo exhrta
el tiempo y el momento crucial de aquel período y conglo~erado humano. La discusión parlamentaria degeneró en
d~sputa, detestable giro nervioso del destino y las pasiones,
a~e?~ al mandato de los dioses. La palabra de orden de la
divimdad no logró despertar la duda en la verdad áe los
acontecimientos que se sucedían y que asistían a los contendientes en el extremo opuesto. Pareciera que la conciencia
Y el noble significado de la doctrina filosófica abandonaran
al genio elegido, que tal modo avanzaba sobre el destino con
~menazas de muerte. Entregado en manos de la ciega fatalldad, que tiene poder "sobre la vida humana", no tuvo en
cuenta que muchas situaciones complicadas que entrañan
graves riesgos, dependen "de la palabra de los dio~es" y algunas veces "sólo tienen su causa en la libre voluntad del
hombre". Eso era indiscutible para los griegos en circunst~~cias de peli~ro donde actuaba como árbitro Zeus, persomficado como idea y figura de la justicia.

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55

�Ya los grandes trágicos, Esquilo, Sófocles y Eurípides
descubrieron esa inexorable y misteriosa potencia "que predetermina la vida de los hombres" y los convierte omnipresentes protagonistas, a despecho de la impersonal fuerza divina que está por encima de los dioses. Cicerón, en sus arrebatos de oratoria se dejó arrastrar por la pasión como inspiradora de la soberanía absoluta, sin medir las circunstancias y coordenadas "del mundo físico", explicadas por "principios racionales, cuando se trata de la huma~dad, de su _pasado y de su porvenir". Refugiado en ese mito, se lanzo al
combate con la idea fija de vencer "temporalmente a un
cuerpo determinado", sin atender otras consideraciones que
las de conquistar triunfos. Si atendiera el llamado ancestral
de la debilidad humana "en la formulación estricta" de reconocer en cada una de aquellas "almas efímeras" que combatía con el peso del mazo sobre el yunque "a cada uno sus
merecimientos", probablemente el de~tino físico y mor~l de
aquella comunidad romana que se desmtegraba por esa 1rreconciliación que los griegos se habían cuidado tanto de mitigar.
La filosofía griega, que debía sus progresos al alcance
de la comprensión, sabía cuán difícil resultaba contener los
impulsos de la victoria sobre un vencido. Ha soslayado las
ventajas de la derrota "como fenómenos cósmicos, causas
específicamente diferentes" al acaso. De ahí que ~ta~ !-eorías pudieran subsistir a riesgo de los vendabales h1stor1cos
que sacudieron la corteza y estructura ?el m1:1ndo: ordenan:
do los "átomos que mueven en el espacio vac10, sm regla m
duración estables". Tal secuencia gobierna el siglo veinte,
repitiendo hechos de la muerte prematura de doctrinas e instituciones complejas en grado infinitamente superior que Jas
que regían el mundo romano. La ataraxia que cercenó la
explicación y aplicación de la libertad entonces como ah?ra,
trae al plano del conocimiento la movilidad de las doctnnas
y sustrae al pensamiento el mecanismo orgánico que es el
conjunto de todas las voluntades.
La participación de los "movimientos del alma huma56

na", imprescindible en el período en que el imperio se despeñaba, significaban un imperativo vital para los pueblos
integrados por personas y no por animales irracionales. La
doctrina del imperio al arbitrio de los elegidos de la fortuna intelectual y militar, subvirtiendo las esperanzas de los
vencidos al poder de la fuerza opresora, encegueció los espiritus combativos, que desde entonces no lograron alternar
sino en lucha abierta. Desconociendo los términos medios
entre fuerzas opuestas, se abrigó conseguir la salvación del
imperio aplicando solamente la razón del vencedor, excluyendo el potencial del sector sometido, aplicando un solo
principio de razonamiento. El descontento cargó de nubarrones la historia humana en conmociones de magnitud tal que
amenaza constantemente desde entonces acá la arquitectura
estable del mundo social.
El precedente filosófico predominante en el pensamiento romano, y legado a las generaciones posteriores como catástrofes cíclicas, 1mponían al conjunto de los seres activos
la responsabilidad de gobierno, condicione por igual en la
búsqueda del órden entre las comunidades y naciones. Por que el papel desempeñado entre los actores en ese escenario,
no debiera concurrir a la contradicción de la lógica menos
exigente. Esta falsa concepción de aquel presente y de nuestro futuro, nos ha demostrado el determinismo negativo del
destino, enfrentado a las mismas causas universales dependientes de un poder único como base gubernativa. El pensamiento quedó traumatizado por ese clima de la prepotencia,
donde el opositor depositaba la suerte de su destino, y los
oprimidos, las catástrofes de la rebelión que arrastraron a
tantos perseguidos a una muerte en masa, sin remedio.
Nuestro filósofo envolvió sus especulaciones en la vorágine del azar sanguinolento entre vencedores y vencidos,
sembrados sobre un dilatado campo de batalla centralizado,
leJos del teatro de operaciones donde actuaban césares con
autodeterminación del poder que le conferían sus acciones
incontroladas. El poderío de estos comandantes se extendía
sobre el mapa de dos continentes, separados de Roma, por
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�di~tancias pronunciadas y apetencias personales de los conquistadores, que imponían su ley y normas gubernativas
conferidas por las armas. La cadena del imperio tenía rotos
varios eslabones y en tanto el Senado malgastaba sus energías en enconadas disputas retóricas, en cada sector del itnperio germinaba la cizaña de la discordia. La ausencia de
una determinación coherente que cerrara las h u e 11 a s
del descontento en una acción uniforme de avanzada hacia
continentes extraños a la función evolutiva, retrajo el pasado a un presente convencional en desmedro del futuro.
El sofisticado recurso de echar mano a argumentos retóricos, ajenos al juicio, evadiendo situaciones comprometedoras para el porvenir de los destinos del progreso científico y literario, sirvió de catapulta al pensamiento antiguo,
extendido, como consecuencia sobre el medioevo. Negando el determinismo evolutivo de las organizaciones morales
y políticas de una sociedad, se estatificaron los principios,
reduciéndolos a conceptos absolutos y totalitarios. Durante
la edad antigua, en aquel trance histórico, se cerró el derecho del libro albedrío, indispensable para el choque de las
ideas. Fue necesario el transcurso de tantos siglos hasta que
se acercó a nosotros la filosofíá árabe, partiendo el pensamiento aristotélico, única fuente genuina que ofrecía diálogo más allá del escolasticismo, negado por el dogmatismo
del derecho romano. Aceptado y difundido a través del mundo antiguo como herencia, hubimos de llegar a la revolución
del Renacimiento para que la libertad se reencontrara al cabo de veinte siglos de sumisión intelectual.

en explosión y se encuentran en pleno desarrollo.
Lo creado por los griegos en un tan particular ambiente de universalidad durante su humano quehacer ae tantos
milenios antes, fue demolido por la filosofía romana y comprometió hasta al mismo pensamiento contemporáneo, ;odavía entroncado en el poder social y político que provocó
una división más acentuada de los conceptos modernos del
mundo social. Allí se cerró el paso para el destino de la libertad con la entronización de las dictaduras que por retrasar el reloj de la historia el pensamiento de hoy ha de combatir. La filosofía del imperio, sofisticada bajo denominaciones políticas de distintos colores, pero esencialmente
dictatoriales por igual, aun en procedimientos de orden económico, se arrastra a los pies de los vencedores y compromete al futuro de la vida de relación en la tierra, separando
el pensamiento moderno por triples cortinas de hierro.

Este trasiego de conceptos, hombres e instituciones,
concebidos como verdades inmutables para la eternidad, generaron, por consecuencia opresión y violencia, de donde habían surgido con lejano antecedente histórico el espíritu de
resurrección individualista pritnero y colectivo después, negando a nosotros como producto del exterminio a fuego rasante del poder autocrático. Esas teorías del absolutismo
se extendieron sobre el panorama universal, infectando los
campos del conocimiento que en el siglo pasado se rebelaron

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59

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Agustín Basave Fernández del Valle</name>
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