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                  <text>Y LETRAS
Revista de la Universidad de Nuevo León

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IP.LIO-r ECA CENTRAL
U . A. N.·:.:.
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Armas y letras/ indice
El otro Borges/ Miguel Covarrubias/ 2

Bertrand Russell: füosofía de las rnaternáticas y autobiografía/ Humberto

Martínez González/ 8
Poesía/ Andrés Huerta/ 14

Géricault en los cien días/ Hugo L. del Río/ 16

Universidad
de
Nuevo León

Algo en la oscuridad/ José Emilio Pacheco/ 20

La televisión y su influencia psicosocial/ Fidel de la Garza/ 26
Para 1w olvidar a Hi!da/ Horacio Salazar Ortiz/ 31

Acercamiento a Scrguei Efacnstein/ Jcsús Dávila/ 33

Rector/ doctor Oliverio Tijerina Torres
Secretario general/
licenciado Tomás González de Luna

'Trozo mural vara llfanhattan/ José María Lugo/ 36

Jefe del Departamento de Extensión
Universitaria/ profesor Rolando Guzmán Flores

Sección de Dibros/ Humbcrto Martínez y Miguel Covarrubias/38

Coordinador de la Sección de Editorial/
ar'quitecto Alfonso Reyes Martínez.

Ilustraciones de la secuencia de la escalera de Odessa de "El acorazado
Potemkin", film de Serguei Eisenstein.

1

__.J

�Hemos dicho " ultraísmo" y ahora diremos que lo que caracteriza a este movimiento
(que no escuela al decir de Rafael CansinosAsséns) 10 es la renovación de la metáfora o
más presuntuosamente su creación.ll Claro es
que el Borges poseedor de juventud (equivalente, como es sabido, a inexperiencia) y además en E spaña. adoptó este •·movimiento" que
no se ria t a n exagerado como el creacionismol2
pero que s.í tuvo corta vida (1918-1922). ¿Debida a qué? A " que se resiente de d eliberación, de cr eación dirigida, de cer ebralismo".13
Por eso es que el Borges que vuelve a la Argentina es un discípulo deficiente del ultraísmo.
Remiremos, para e mpezar, el titulo de su primer libro de poemas: F ervor de Buenos Aires.
Nada que nos diga otra cosa sino apego a la
patria, y si se pe rsiste, un apego que a cada
momento vue lve fantasmagórica la ciudad. No
importa . Se tra ta incluso del reencuentro definitivo ya que el poeta siente que

A

dos ··•versos de catorce" -como el mismo titulo lo pregona). Es justo ya que veamos un
poema del primer libro de Borges :

V ANILOCUENOIA
La ciudad está en mí como un poema
que no h e ,logrado detener en palabras.
A un lado hay la excepción de algunos ver( sos;
al otro, arrinconándolos,
7,a '!'Ada se adelanta sobr e el t i empo,
como terror
que usurpa toda el alma.
Siempre hay otros ocasos, otra gforia;
yo siento la fatiga del espejo
que no descansa en una imagen sola.
¡ Para qué esta porfía
de clavar 'con dolor un claro verso
de pie como una lanza sobre el tiempo
si mi calle, mi e.asa,
desdeñosas de símbolos verbales,
me griitarán su novedad mañanat
Nuevas
como una boca no besada.20

esta ciudad que yo cr eí mi pasado
es mi porvenir, m,i presente;
los años que he vivido en Europa son ilu( sorios,
yo he estado siempre (y estaré) en Buenos Aires.14

El otro Borges
Miguel Covarrubias
siendo de s u pr osa no son sin em bargo exclusivas. Tam bién la poesía de Bor ges se alimenta de los dones de la p r ecisión y la com;
ple jidad. Como también es ve rda d que se tiñ e de los colores qu e mar can las lentas etapas del Borges pensador, convencido de que
todo es par a e l tiempo cíclico y " pa r a que
se r epit a una escen a " .&amp;

Si el mism1s1mo Borgbs habla d el " Ótro Borges" y a é l le dedica el texto que habla d e é l
y de él mismo, es decir, de "'Borges y yo" ,: ¿qué
nos queda a¡ algunos de nosotros? Rastrea r el
labe rinto, claro está. P ero e mpezando bajo dificultades dignas de ese laberinto, habrá que
seguir dos "senderos que se bifurcan ", que,
como al anticuario Joseph Cartaphilus,2 nos llevar á n a explanadas o a sóta nos plenos también de senderos que estarán bifurcándose
siempre a través de l tie mpo y e l espacio que
no pueden ser refutados.

E mpecemos p ues con la poesía de Bor ges. Los
libros que de este gén ero h a r eunido en Obra
poética? son_: Fervor de B uenos Aires ( 1 923 ) ,
L i ma de enfrente ( 1925) , Cuaderno San M artín ( 1 929), el otro, el mismoª y un a péndice :
Museo .

El prime r sendero nos cond uce al Borges que
escribe y se bifurca e n el prosista por un lado
y por e l otro en el poeta. Sabe mos que es el
autor de " inquisicion es", cuentos y ensayos
el que le ha dado a l Borges que logra " tramar s u literatura" la glor ia y e l r econocimiento que a gente de s u patria y s us lectores que se r e parte n por e l mundo le han d epara do-3 F a ma y g loria que por lo de más son
discutibles. Sus mer ecimientos en la prosa no
conviene detalla rlos aquí (nos h emos propuesto hablar e n este ensayo de l ot ro Borges,
de l poeta Borges). Ya otros lo han h echo y
h a n destacado: o el valor de s u pala bra,4 o
e l va lor de s u pensamiento ;5 cos as a mbas qu e

Ya los años en los t res p rime r os títulos
indican el posible a grupamiento de esta la bor
poética en un pe r íodo que h abr á de difer enciarse del otro tít ulo carente de fech a . Concretamente : la primera etapa se bifurca e n
la p rofesión de fe ultraísta y en la realización diversa a l ult r aísmo, in timista, local,
sabedor a de por t on es, plazas, arr a ba les y
amor con despedida ("Entre mi amor y y o
h an de levantarse/t rescie ntas n oches como
trescientas pa redes/ y el mar ser á una magia
entr e nosotr os" .) s

2

El titulo ¿se debe entender como la fusión d·e lo vano y la elocuencia?, ¿se debe
entender como la unión de la vanidad y la
elocuencia? Parece que de cualquier manera
el titulo es correspondiente del contenido.
De cualquier manera lo que aqui conviene retener es:

Este ver a. lo propio : la ciudad, el arrabal, el
tango, el compadrito, los ancestros valerosos,
el cuchillo, no podian avenirse con los postulados d el modernísimo ultraísmo. En ningún
poema d e Fer vor, de Luna de enfrente o Cuaderno San Martín se hallarán aeroplanos o
rascacielos o algo que le fuera muy preciado
a los decididos partidarios de los ismos de la
década segunda del siglo xx. La verdad es
que no es fácil encontrar al Borges ultraísta.
El ha confesado: "Yo he publicado libros ultraistas y los he destruido. Por lo tanto, sólo
he guardado cuatro o cinco poemas de mi primer libro y eran poemas románticos, metáforas que yo cr eia nove dosas acerc(l. de la puesta del sol, sobre la luna y otros objetos ... "15
Esta disidencia te mprana no sólo tiene que
ve r con el " estilo mental" de Borges, tiene
que ver también con la n ecesidad poética del
americano que es, por supuesto, diferente a la
del español. De aquí qu·e " cosmopolitismo,
exaltación de la civilización contemporánea y
pirueta farsesca" 16 sean lo que separe al poeta
del credo modernísimo.

La ciiudad está en m-í como un poema
que no he logrado detener en palabras.

Y decimos que conviene retener estos dos versos porque ya veremos más adelante, en la
confirmación del tiempo cíclico, la escasa variante en la poesía del fin o poesía final de
Borges. De todas maneras hay algo -en este
caso se trata de la ciudad- que no puede ser
detenido. Las cosas fluyen, se mueven .
¡,Para qué esta porfía
de clavar con dolor un claro v erso
de pie como una lanz~ sobre el tiempo
si mi calle, mi casa,
d esdeñosas de símbolos verbales,
me gritarán su novedad 'mañana?

Tal es la desdicha de l poeta que por serlo es
ambicioso: el doloroso clavar del claro verso
no conduce más que a contemplar la inutilidad
de los símbolos verbales. Sin embargo hay que
recordar que el Borges que escribe este poema
es joven y aún ve. Por eso el final no deja
de se r promisorio, halagador, deleitoso:

P ero ¿cuáles son entonces las caracte rísticas de este prime r sende ro poé tico de Borges? El poeta se ocupa de s u patria, de sus
cosas. Salvo dos títulos d e " Luna de enfrente 17
todos se corresponden con el contenido. Incluso en otro tít ulo aparece la palabra dualidá 18
y en un poema ciudá19 varias veces. Esta man e ra de escribir esas pa labras, desvirtuándolas como hacen algunos en algunas r e giones,
simplemente indica las ganas de estar cerca
de la tierra que " lo h a visto n acer". Pero esta
constancia a lo cer cano tien e s u contrapeso en
lo que en aquel entonces podía toma rse como
excesiva libe rtad: la carencia de rima (salvo
en algún poema la asonante ) y el d esorden en
la medida (salvo en los anteriormente anota-

Nu(;"l)as
como un a boca n o besada.

Ya que si el poeta jamás ceja precisamente
porque es el artista insatisfecho de todos los
tie mpos, volver á a clava r su cla ro verso y besará l a boca aún no besada que mañana será
otra vez una boca no besada que pasado mañana . . .

3

�Pero . . . los años han pasado. La circunstancia nacional ha relegado, o mejor dicho no
ha sacado del casi total anonimato al poeta
que ha tenido que sobrevivir como auxiliar de
una biblioteca municipal. Incluso se le ha hostilizado abiertamente. Pero ... también esos
tiempos casi de pesadilla pasan. Aunque no al
olvido. "Sólo una cosa no hay. Es el olvido".21
Otra cosa llega: es la paulatina pero férrea
ceguera.
Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaraoión de la maestría
De Dios, que con magnifica ironía
Me diio a la vez los libros y la noche.ZJ.

Hemos dicho que los tiempos han cambiado. El poeta es ya director de la Biblioteca
Nacional; es decir, le ha;n sido dados "los libros" . Y le ha sido dada "la noche" también:
la ceguera. La magnifica ironía que aquí encontramos no es la de "Dios" sino la del poeta;
encontramos también que pid·e con gran serenidad, con. gran dignidad que "Nadie rebaje
a lágrima o reproche/Esta declaración ... " Rico y no sólo magnifico es este poema que nos
permite saber d·el encuentro dé un hombre
que a falta de un cuchillo "que acaso no sabrá manejar" (como Dalhmann en "El Sur")23

; Qué importa la valabra qiie me nombra
Si es indiviso y uno el anatema?
·
Gro1issac o Borges, miro este querido
Mmido qiie se deforma y que se apaga
En mia pálida ceniza vaga
Que se parece al sueño y al olvido/.S

"¿ Cuál de los dos escribe este poema?,. Borges o el otro Borges. Atrás ha quedado la "Vanilocuencia" con su pretensión de clavar siempre un claro verso. Ahora en cambio es "uno
el anatema" y el mundo: " ... una pálida ceniza vaga/Que se parece al sueño y al olvido''.
Las cosas ya no le "gritarán su novedad maiiana" porque en los " Limites":
Hay ima linea de Verlaine que no volveré
( a recordar,
Hay ·u na calle próxima que está vedada
(a mis pasos,
Hay un esvcjo qiie me ha visto por última
(vez,
Hay una puerta que h e· cerrado hasta el
(fin del mundo.
Entre los Hbros de mi biblioteca ( estoy
(viéndolos)
Hay alguno qiie ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
La muerte me desgasta, incesante.J.7

lleva a otra bifurcación de uno de los senderos: éste que exploramos. Asi como en Ficciones Borges va de "El Sur" o "El fin'' hasta
"Las ruinas circulares" o "La Biblioteca de
Babel", el otro Borges, el poeta pasa de ''Límites" (el que ya transcribimos; porque hay
otro "Limites" . . . ) o " La lluvia" a "El Golem" o "Ajedrez". Es decir: el poeta registra
primero lo sensible y luego lo que conmueve
a la razón.

M irar el río h echo de tiempo y agiia
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber ·que nos perdemos como el rio
Y que los rostros vasan como el agua.30

Y así sucede en todas las siete estrofas. El
Borges de "Artificios" y Fice-iones dice esto
que es contrario a los fuegos momentáneos:
Cuentan que Ulises, harto de prod·igios,
Lloró de amor al divisar lsu Itaca
Verde y humilde. El arte es esa ltaca
De verde eternidad, no de vrodigios-3'

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás d.e Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonías f35

A esta sencillez, a esta escasez de trucos sólo
podría llegar aquél que declara: ''Es verosímil que estas observaciones hayan sido enunciadas alguna vez y, quizá, muchas veces ; la
discusión de su novedad me interesa menos
que la de su posible verdad" .32 Esta declaración se refuerza con los versos finales de "Mateo XXV, 30":

Ya tenemos al Borges que conocíamos por los
ensayos, las "inquisiciones", los relatos. Hemos llegado, aunque por otro sendero (bifurcado, desde luego), al Borges pensador, al
Borges que ha aprendido "a estimar las ideas
religiosas o filosóficas por su valor estético
y aún por lo que encierran de singular y de
maravilloso".36 El mismo señala que esto puede llevarlo (llevarnos) a un escepticismo integral. Pero como Borges no afirma podemos
arrogarnos también nosotros el derecho de
cuestionar no sólo lo que prodiga en su literatura como nota inquietante sino también
la otra cara de la moneda: la ignorancia implicita.37

Todo eso te fue dado, y también
El antiguo alimento de los héroes:
La falsía, la derrota, la hiimillación.
En vano te hemos prodigado el océano.
En vano el sol, que vieron los maravillados
(ojos de Whitm,an;
Has gastado los años y te han gastado,
Y todavía no has escrito el poema)3

Hemos visto pues, un tanto gruesamente,
la cara y el envés de un poeta que acometiendo a favor de nuestro poder de evocación o
llamando a nuestra razón al trabajo metafísico, sabe mostrarse como un poeta que po◄
ne en entred,icho al mundo, a nuestros sentidos, a las ideas que nos han dado tranquilidad
alguna vez.
Al final y para corroborar el gusto por la dialéctica y el juego mental (que ha llevado a
muchos a señalarlo como frio y cerebral y
hasta algo más que eso)38, transcribamos el
epígrafe que Borges coloca en su Obra poética:

recibe el don de la noche que convierte al otro
don en " ... esta alta y honda biblioteca ciega". Todo es uno. Cara enunciación a los ojos
de Borges. Los libros y la noche son uno. Aureliano y Juan de Panonia son uno.24 Shakespeare y los demás son uno.25 Groussac y Borges son uno. Borges y el otro Borges son uno.

De aquí en a.delante, más allá de los cincuenta años, del "Poema de los dones'', "Limites" o "Mateo xxv, 30": '·Los pocos poemas
que ha publicado últimamente han sido cada
vez más clásicos en su forma, y en el fondo
más convencionales ... Hay un sumario en
cada estrofa" _?.a Todo esto tiene una red de
conexiones saludable. La vida, la ceguera, los
años, la muerte han reducido el optimismo.
Le han quitado asimismo la confianza en el
verso libre.?.9 Su "Arte poética" no sólo recurre a los procedimientos tradicionales: los
empobrece; repite la misma palabra del verso 19
al final del 4c;&gt;, Y al final del 2Q se repite en
e l 39:

Al e1Tar por las lentas galerías
Suelo sentir con vago horror sagrado
Qiie soy el otro, el muerto, que habrá dado
Los mismos pasos en los mismos días.
1, Cuál

De

·wn

de los dos escribe· este poerna
yo plural y de una. sola sombra?

4

I do not set up to be ·a poet. Only an all( round literary man:
a man who talks, not one who sings ...
(Excuse this apology; but
I don't like to come be/ore people who
(have a note of song,
and let ·it be suvpose·d I do not know the
(difference.

No es que hable de lo mismo, se trata de algo
que refuerza la conexión saludable mencionada lineas arriba. Ya sabemos, al fin, que a
Borges lo persiguen las dos caras de la moneda,34 el sístole y e l diástole, la novedad que
le grita la mañana y la noche que es su don
irónico y suntuoso.

The Letters of Robert Loiiis Stevenson,

II, 77 (London, 1899).39
Y a continuación véase lo que contesta cuando
se le pregunta sobre si se considera un escritor o un poeta, tras de que ha sido su labor
d·e prosista. la que lo ha llevado hasta Europa
y la que ha sido traducida a varios idiomas:

Otra acotación. Tanto en la Antología versonal como en la Obra poética y como en la
Nueva antologia p0rsonal, Borges menciona

Un poeta, claro está. Creo que no soy
más qiie eso. Un poeta torpe, pe-ro ·u n
voeta, esvero.40

el poema "El Golem". Es el único que repite
en los tres libros. Tal mención repetida nos

5

�BIBLIOGRAFIA:

NOTAS:
rat", en Encuentro con Borges, (Colección Testimonios) , Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968, p. 65.

1 Jorge Luis Borgcs, Antología personal, Sur, S. A., Buenos Aires, 1961, p. 194.

,

13 G. Sucre, op. cit. p. 28.

2 Relator del encuenlro con la Ciudad de los Inmorta-

les y afortunado compañero de Homero en el cuen!o
titulado "El inmortal". J. L. Borges, Nueva antolog1a
personal, la. ed., Siglo xxi Editores, S. A., México,
1968, pp. 116-131.

14 "Arrabal", Obra poética, p . 39.
15 J. L. Borges, "Conversación con Napoleón Murat", op.
c:it., pp. 65-66.

3 "1944. Recibe el Gran Premio de Honor de la S. A. D. E.
.. . 1955. Es nombrado director de la Biblioteca Nacional . . . Se le nombra miembro de la Academia Argentina de Letras. . . 1956. Es nombr~do i;irofesor de
literatura inglesa en Ja Facultad de Filosof1a Y Letras
de la Universidad de Buenos Aires ... Recibe el P1•emio
Nacional de Literatura . . . 1961 ... Recibe el Premio
del Congreso Internacional de E-ditores, que comparte
con Samuel Beckett . . . invitado a dictar cursos en
la Universidad de Texas . . . 1963. Viaja a Europa,
invitado para dar conferencias". Alic!a !urado! G4:nio y figura de Jorge Luis Borges, Ed1tor1al Uruversltaria d e Buenos Aires, Buenos Aires, 1964, pp. 8-10.

16 Ana Maria Barrenechea, La expresión de la irrealidad
en la obra de Borges, E.ditorial Paidós, Buenos Aires,
1\:67, p. 235.
17 "Dakar" y "Manuscrito hallado en un libro de Joseph
Conrad".
18 "Dualidá en una despedida", Obra poética, p. 78.
19 "Versos de catorce", ibid, p. 101.
20 Ibid, p. 32. (En Genio y figura de Jorge Luis Borgea
Alicia Jurado transcribe el verso 150. como: "Desdeñosas de plácemes verbales", p. 112).

4 "Nadie entre nosotros ha creado como él un e stilo
tan 'estilo' . . . Una · prosa de extremada _condensación . . . Esta prosa de primer orden no_ tiene nada
de la mera maestría académica y es bien correcta;
no tiene nada del pintoresquismo arrabalero o campesino y es bien argentina; no sale jamás de las leyes
del juego propio de nuestro idioma y es bien personal;
no tiene nada de preciosista ni de regodeo verbal Y,
sin embargo, está elaborada en sus mínimos pormenores con prurito de perfección". Amado Alonso, "Desagravio a Borges", en Materia y forma en poesia,
3a. ed., (Biblioteca Románica Hispánica), Editorial
Gredas, S. A., Madrid, 1965, pp. 381-382.

21 Nueva antología personal, p . 41.
22 "Poema de los dones", Obra poética, pp. 176-177.
23 J. L. Borge3, Ficciones, 3a. imp., Emecé Editores, S. A.,
Buenos Aires, 1961, p. 195.
2-1 J. L. Borges1 "Los teólogos", El Aleph, 3a. ed., (Colec-

ción Piragua) , Emecé Editores, S. A., Buenos Aires,
1962, pp. 41-53.

25 "Everything and nothing", Antologia personal, pp. 116117.
26 "Poema de los dones", Obra poética, pp. 176-177.

5 "Desligado de la idea de un Dios que se haga depo~itario del ser en sí mismo, otorgándole la permanencia
dentro del Suyo, haciéndolo participar del abso~uto,
nuestro tiempo remite al hombre a esa soledad i_rremediable, dentro de la que sólo puede tener co~c1encia de su finitud. Jorge Luis Borges ha reconoc1d? Y
recogido este sentimiento incorporándolo a su literatura con particular intensidad. Pero al mismo tiempo, este sometimiento es el ,que determina en gran
medida la forma de esa literatura, porque el reconocerse que la realidad en sí misma 1:s incapaz d~ ~dquirir sentido, la literatura se convierte en el umco
medio de alcanzarlo y se obliga, así, a estar en continua relación con ella, estableciendo un curioso juego
de planos". Juan García Ponce, ¿"Quién es Borges?",
en Bevista Mexicana de Literatura, México, núms.
5-6, mayo-junio, 1964, pp. 26-27.

27 Ibid, p. 270.
28 Luis Harss, Los nuestros, 2a. ed., (Colección Perspectivas), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1968,
p. 169.

ma), Siglo xxi Editores, S. A., México,
1967.

Amado Alonso, "Borges, narrador" y "Desagravio a Borges", en Materia y forma en
poesía, 3a. ed., (Biblioteca Románica Hispánica), Editor.ial Gredos, S. A., Madrid,
1965, pp. 368-380, 381-383 .

Vent¡ura Doreste, "Análisis de Borges", en
Eevista de Occidente, Madrid, núm. 46,
año v, 2a. ép., 1967, pp. 50-62.

Ana Maria Barrenechea, La expres,ion de la
i,rrealidad en la obra de Borges, Editorial
Paidós, Buenos Aires, 1967.

Luis Harss, Los nuestros, 2a. ed., (Colección
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Jorge Luis Borgcs, El Aleph, 3a. ed., (Colecctón Piragua.), Emecé Editores, S. A.,
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James Irby, Napoleón Murat y otro, Encuentro con Borges, (Colección Testimoni'os),
Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968.

_ _ _ _ _ , Antología personal, Sur, S. A.,

Buenos Aires, 1961.

Alicia Jurado, Gen,io y figura de Jorge Luis
Borges, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1964.

______ , Ficciones, 3a. imp., Emecé Edi-

tores, S. A., Buenos Aires, 1961.

José María Lugo, "El espejo y Bo;·ges", en
Trabajo y cultura, Monterrey, núm. 1,
enero-marzo, 1967, pp. 46-62.

la.
ed., Siglo xxi Editores, S. A., México, 1968.

______ , Nueva antología personal,

______ , Obra poética, Emecé Editores, S.

Guillermo Sucre, Borges, el poeta, la. ed.,
(Colección Poemas y Ensayos), Universidad Nacional Autónoma de México, Mé1dco, 1967.

A., Buenos Aires, 1964.
Otras inquisiciones, 2a. imp.,
Emecé Editores, S. A., Buenos Aires,
1964.

Ramón Xirau, Emir Rodriguez Monegal Y
otros, "Homenaje a Jorge Luis Borges",
en Revista Mexicana de Literatura, México, núms. 5-6, mayo-junio, 1964.

Georges Charbonnier, El escritor y su obra
(entrevistas con Jorge Luis Borges), trad.
de Martí Soler, la. ed., ( Colección Mini-

29 "Como todo poeta joYen yo creí alguna vez que el
verso libre es más fácil que el verso regular; ahora sé
que es más arduo y que requiere la intima convicción de ciertas páginas de Car! Sandburg o de su padre, Whitman". J. L. Borges, prólogo a Obra poética,
s/ p.
30
31
32
33

6 J. L. B., Antología personal, p. 21.
7 J. L. B., Obra poética, Emecé Editores, S. A., Buenos
Aires, 1964.

'

Ibid, p. 223
Ibid, p. 224.
G. Sucre, op. .cit., p. 119.
Obra poética, p. 158.

34 "G. C.: Vuestra respuesta casi siempre ha sido formada con estas palabras: 'Hay dos ideas' ... J. L. B.:
El anverso y reverso de la medalla, ¿no?" El escritor
y su obra, pp. 91-92.
35 "Ajedrez", Obra poética, p. 182.
36 J. L. Borges, epílogo a Otras inquisiciones, 2a. imp.,
Eme cé Editores, S. A., Bue nos Aires, 1964, p. 259.

8 Todo contribuye a hacernos creer que este título no
es el de un libro propiamente dicho, o simplemente
publicado o preparado con anterioridad a esta summa
poética El mismo autor dice en el prólogo: "he preferido resignarme a los diversos o monótonos Borges
de 1923 1925, 1929 y 1960 así como al de 1964. Esta
suma i~cluye una serie de composiciones inéditas Y
un breve apéndice o museo de poesías apócrüas". Ibid.

37 "Plus qu' une science, ce que Borges noús propase,
c'est un profond questionne ment, une profonde ignorance". Jean Wahl, citado por G. Sucre, op. cit, p. 16.

9 "Despedida", ibid, p. 68.
10 v. Guillermo Sucre, Borges, el poeta, la. e d., (Colección Poemas y Ensayos), Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1967, pp. 28.

38 " .. . soñaba un claro laberinto Spinoza al tender la
red de la Etica y apresar a Dios en su malla, motivo
por el cual, nos dice Salomón de la Selva en su
Evocación a Horac:io, 'obtuvo galardón de dispensa
del sexo'. ( Horacio y Spinoza, desde luego. Y Borges)".
José María Lugo, "El e spejo y Borges", en Trai:&gt;ajo y
cultura, Monterrey. núm. l, enero-marzo, 1967, pp.
46-62.

11 " ... hicimos un movimiento literario. Negábamos la
rima. Queríamos negar la música de l verso. Sólo queriamos encontrar nuevas metáforas". J. L. Borges en
El escritor y su obra, entrevistas de Georges Charbonnie r con Jorge Luis Borges, trad. de Martf Soler,
la. ed., (Colección Mínima), Siglo xxi Editores, S. A.,
México, 1967, p. 15.
12 " ... un poeta chileno, Huidobro, . . . había inventado
una escuela con el nombre de Creacionismo. Sostenía la necesidad de componer versos que no tuviesen
relación con la realidad . .. se llegó con bastante facilidad a e se objetivo ... Si uno se pone a mezclar palabr&amp;.s . . ." J. L. B. en •; conversación con Napoleón Mu-

39 "No pretendo ser un poeta, sólo un hombre de letras
integral: un hombre que habla, no uno que canta ...
Excuse n esta apología, pero no me gusta presentarme
ante quienes conocen algo de canto y permitirles suponer que no conozco la diferencia". Trad. de G. Sucre,
op. c:it., p. 54.
40 Citado p or G. Sucre, ibid, p. 26.

6

7

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�numento más grande en lógica desde el tiempo de Aristóteles. En este trabajo, Russell
muestra que toda la matemática puede deducirse de unas cuantas premisas lógicas o, mejor dicho, demostrarse como el desarrollo lógico de ciertas ideas básicas. Por otro lado,
con esta obra se llega a demostrar que el marco de referencia formalmente lógico para la
ciencia natural es la matemática y está implicado, asimismo, la afirmación de que la
lógica es el más alto grado de pensamiento.

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Sin embargo, la mayoría de l as veces medimos y valorizamos la obra acabada de un
pensador sin detenernos en e l trabajo que
costó al autor la realiz~ión de la misma.
Desde cierto punto de vista, e l trabajo de preparación no importa en cuanto se mide solamente el resultado, pero desde otro, desde
e l aspecto de la comprensión humana, nada
más interesante que conocer la elaboración
en cuanto tal y los múltiples problemas y dificultades que se suscitaron ·en la vida personal del filósofo en cuanto hombre. De muy
pocos pensadores sabemos esto, pero Russell
nos ha dejado un interesante testimonio sobre esa odisea intelectual que fue para él el
viaje de la Principia. Quiero, así, a la vez
que mencionar sumariamente sus ideas sobr e
la filosofía de la matemática, relacionar algunos comentarios que nuestro autor nos hace en su A.utobiografia sobre s u propio trabajo desde su esfera intima e individual.
!¡'Principia y Autobiografía

Bertrand Russell: filosofía
de las matemáticas y autobiografía
Humberto Martínez González
SUMARIO
I. Prir,cipia y .Autobiograf ía

II. La definición de número
III. La influencia de F'rege
IV. La deuda con Peano
en el terreno de la Lógica y de la Filosofía d e
la matemática. Su gran obra, en colaboración
con Alfred North Whitehead, P1·incipia Mathematica, escrita durante cerca de diez aiíos Y
publicada completamente en 1913, es el roo-

La obra del incomparable Sir Bertrand
Arthur William Russell fue vastlsima y abarcó casi todos los campos del saber humano,
pero su mayor logro como creador en el campo d el pensamiento fue, sin lugar a dudas,

8

E l esfuerzo intelectual que constituyó la
realización de Principia Mathematica fue para Russell realmente titánico y, aunado a una
serie de problemas personales, produjeron en
él una fuerte tensión de la cual, según afirma, nunca llegó a recuperarse del todo. En
el primer tomo de s u Autobiografía (18721914), nos dice:
" La tensión de la desdicha combinada
con una labor intelectual muy severa, en
los años que van de 1902 a 1910, fue muy
grande. Me preguntaba a la sazón si llegaría alguna vez al otr o extremo del
túnel en que parecía haliarme. Solla observar desde la pasarela de Kennington,
cerca de Oxford, e l paso de los trenes, y
decidía que al día siguiente me pondría
debajo de uno de ellos. Pero, cttando llegaba e l día siguiente, siempre alentaba
ia esperanza de que, q uizá, los Principia
Mathematioa serían terminados algún día.
Por otra. parte, las dificultades se me antojaba tenían e l carácter de un desafío,
que sería pusilánime no afrontar y vencer. Así, pues, persistí Y, al final, el trabajo quedó concluido, pero mi ·inte lecto
jamás se recuperó por completo de aquella tensión. Y desde entonces, siempre me
he sen~ido menos capaz que antes d e
abordar abstracciones difíciles. Esto es
parte, aunque en modo alguno el todo,

9

�de la razón del cambio en la naturaleza
. de mi obra".1

mina sus P1'inciples of Mathematics:
" ... seguramente te maravillará que te
escriba. El hecho es que he terminado hoy
mi magnum opus sobre los principios de
las matemáticas, labor en que he estado
ocupado desde 1897. Esto me ha dejado
tiempo y libertad para. recordar que hay
seres humanos en el mundo, a los cuales
he estado esforzándome por olvidar. Me
pregunto si te darás cuenta del grado de
sacrific/i.o (y con demasiada frecuencia
del grado de sacrificio de los demás),
del tremendo esfuerzo de voluntad, de
la severa austeridad para reprimir incluso lo que es intrínsecamente mejor, que
comporta el escribir un libro de alguna
magnitud. Año tras año he descubierto
errores en lo que ya había hecho, y me
he visto obligado a rehacerlo todo desde
el principio; porque, en un sistema lógico, un error lo vicia generalmente todo.
La parte más difícil la dejé para. el final,
y el verano pasado la abordé alegremente, con la esperanza de terminar pronto,
cuando de repente tropecé con una dificultad mayor que cuantas había encontrado hasta entonces. Tan dificil era, que
sol.amente pensar en ella requería un
esfuerzo casi sobrehumano. Y hace mucho tiempo todo el asunto llegó a asquearme hasta la náusea, de modo que ansiaba
pensar en cualquier otra. cosa de las existentes bajo el sol; y la pura fatiga casi
llegó a incapacitarme. Pero ahora, por
fin, todo ha concluido, Y, como puedes
imaginar, me siento un hombre nuevo,
pues hab.ía renunciado a la esperanza de
llegar alguna vez al término de mi labor.
Al trabajo abstracto, si uno desea hacerlo
bien, hay que permitirle que destruya
nuestra humanjdad; uno levanta un monumento que al mismo tiempo es una tumba, en donde, voluntariamente, uno se
inh urna lentamente."

Y en el caso del trabajo en el que Russell estaba empeñado, verdaderamente abstracto, tan apartado de las cosas del mundo,
tuvo que haber sido agotador. Desde luego
que en la clase de gente que era Russell, ·interesado en estas cuestiones si no, sería imposible explicarse que las hubier.a emprendido, tuvo que haber algún placer, pero este en
el caso del genio creador, se concentra casi
siempre en el momento del descubrimiento.
En su A·utobiografia nos relata Russell que
ese momento fue para él una época de embriaguez intelectual:
"Mis sensaciones se asemejaban a las que

se experimentan tras escalar una montaña en medio de la niebla cuando, al llegar
a la cima, la niebla se disipa súbitamente
y el panorama se hace visible en cuarenta
millas a la redonda. Durante años me había esforzado por analizar las nociones
fundamentales d·e las matemáticas, tales
como los números ordinales y cardinales.
De pronto, en el curso de unas semanas,
descubrí las que parecían ser respuestas
definitivas a los problemas que habían
burlado mis esfuerzos durante años. Y
mientras descubría estas respuestas, ib_a
introduciendo una nueva técnica matemática, mediante la cual esferas anteriormente abandonadas a las vaguedades de
los filósofos fueron conquistadas por la
precisión de fórmulas exactas. Intelectualmente, el mes de septiembre de 1900
fue el punto más elevado de mi existencia".
"¡Esferas anteriormente abandonadas a
las vaguedades de los filósofos fueron conquistadas por la precisión de fórmulas exactas!" Esta expresión nos describe perfectamente la situación del científico que ha encontrado el meollo de los problemas buscados y los ha organizado en un sistema de explicación coherente y acertado. Es el momento
de la inspiración o iluminación. Pero, después,
el desarrollo de todas las implicaciones del
sistema viene a ser propiamente un trabajo
penoso que está muy lejos de proporcionar
algún placer. A despecho de intermedios divertidos y agradables, los años de 1902 a 1910
fueron para Russell muy penosos. Fueron, es
cierto, extraordinariamente fructíferos en
cuanto al trabajo, pero el placer de escribir
los Pr·incipia Mathematica se concentró todo
en los últimos meses de 1900. "Después de
aquel tiempo", nos dice Russell, "las dificultades y el trabajo fueron demasiado grandes
para hacer posible niugún placer ... la única
delicia realmente vivida relacionada con el
asunto fue la que experimenté al entregar el
manuscrito a la imprenta de la Universidad de
Cambridge".
Otro documento extraordinario sobre este mismo 1&gt;unto viene a ser la carta escrita
a Lucy Martín Donnelly en 1902 cuando ter-

"¡Voluntariamente!". Ante estas palabras, uno no puede dejar de preguntarse qué
es lo que hace a un hombre llevar a cabo semejante tarea que implica tan gran denuedo
y sacrificio. La respuesta a esta pregunta es
tal vez uno de los más grandes misterios, pues
está determinada en última instancia, por
el ser único e individual que es cada persona,
su propio patrón estructural que lo hace ser
lo que es, tan singular como una huella digital.
II/La definición de número

Pero volviendo al lado objetivo, uno de
los puntos cardinales y sin el cual Russell no
hubiera podido llevar a cabo lo anterior fue
su gran descubrimiento: la definición científica ( o como di ria él "matemática" no "filosófica") del número. Russell desarrolló con
esta definición un sistema científico de la aritmética, de la teoría de los números naturales,
y abrió asi una perspectiva para una comprensión más firme entre lógica y matemáti-

10

numonto más grande en lógica desde el tiempo de Aristóteles. En este trabajo, Russell
muestra que toda la matemática puede deducirse de unas cuantas premisas lógicas o, mejor dicho, demostrarse como el desarrollo lógico de ciertas ideas básicas. Por otro lado,
con esta obra se llega a demostrar que el marco de referencia formalmente lógico para la
ciencia natural es la matemática y está implicado, asimismo, la afirmación de que la
lógica es el más alto grado de pensamiento.
Sin embargo, la mayor.ía de las veces medimos y valorizamos la obra acabada de un
pensador sin detenernos en el trabajo que
costó al autor la realizMión de la misma.
Desde cierto punto de vista, el trabajo de preparación no importa en cuanto se mide solamente el resultado, pero desde otro, desde
el aspecto de la comprensión humana, nada
más interesante que conocer la elaboración
en cuanto tal y los múltiples problemas y dificultades que se suscitaron -en la vida personal del filósofo en cuanto hombre. De muy
pocos pensadores sabemos esto, pero Russell
nos ha dejado un interesante testimonio sobre esa odisea intelectual que fue para él el
viaje de la Principia. Quiero, así, a la vez
que mencionar sumariamente sus ideas sobre
la filosofía de la matemática, relacionar algunos comentarios que nuestro autor nos hace en su Autobiografia sobre su propio trabajo desde su esfera intima e individual.
!/Principia y Autobiografía

El esfuerzo intelectual que constituyó la
realización de Principia Mathematica fue para Russell realmente titánico y, aunado a una
serie de problemas personales, produjeron en
él una fuerte tensión de la cual, según afirma, nunca llegó a recuperarse del todo. En
el primer tomo de su Autobiografía (18721914), nos dice:
"La tensión de la desdicha combinada
con una labor intelectual muy severa, en
los años que van de 1902 a 1910, fue muy
grande. Me preguntaba a la sazón si llegaría alguna vez al otro extremo del
túnel en que parecía hallarme. Solia observar desde la pasarela de Kennington,
cerca de Oxford, el paso de los trenes, y
decidía que al día siguiente me pondría
debajo de uno de ellos. Pero, cuando llegaba el día siguiente, siempre alentaba
la esperanza de que, quizá, los Principia
Mathematioa serían terminados algún día.
Por otra. parte, las dificultades se me antojaba tenían el carácter de un desafío,
que sería pusilánime no afrontar y vencer. Así, pues, persistí Y, al final, el trabajo quedó concluido, pero mi intelecto
jamás se recuperó por completo de aquella tensión. Y desde entonces, siempre me
he senl¡i.do menos capaz que antes de
abordar abstracciones difíciles. Esto es
parte, aunque en modo alguno el todo,

9

�de la razón del cambio en la naturaleza
de mi obra". 1

mina sus Principles of Mathernatics:
" ... seguramente te maravillará que te
escriba. El hecho es que he terminado hoy
mi magnwni opits sobre los principios de
las matemáticas, labor en que he estado
ocupado desde 1897. Esto me ha dejado
tiempo y libertad para recordar que hay
seres humanos en el mundo, a los cuales
he estado esforzándome por olvidar. Me
pregunto si te darás cuenta del grado de
sacrific~o (y con demasiada frecuencia
del grado de sacrificio de los demás),
del tremendo esfuerzo de voluntad, de
la severa austeridad para reprimir incluso lo que es intrínsecamente mejor, que
comporta el escribir un libro de alguna
magnitud. Año tras año he descubierto
errores en lo que ya había hecho, y me
he visto obligado a rehacerlo todo desde
el principio; porque, en un sistema lógico, un error lo vicia generalmente todo.
La parte más difícil la dejé para el final,
Y el verano pasado la abordé alegremente, con la esperanza de terminar pronto,
cuando de repente tropecé con una dificultad mayor que cuantas había encontrado hasta entonces. Tan dificil era, que
sol,amente pensar en ellia requería un
esfuerzo casi sobrehumano. Y hace mucho tiempo todo e l asunto llegó a asquearme hasta la náusea, de modo que ansiaba
pensar en cualquier otra. cosa de las existentes bajo el sol; y la pura fatiga casi
llegó a incapacitarme. Pero ahora, por
fin, todo ha concluido y, como puedes
imaginar, me siento J.n hombre nuevo,
pues hab.ía renunciado a la esperanza de
llegar alguna vez al término de mi labor.
Al trabajo abstracto, si uno desea hacerlo
bien, hay que permitirle que destruya
nuestra humanidad; uno levanta un monumento que al mismo tiempo es una tum?ª• en donde, voluntariamente, uno se
inhuma lentamente."

Y en el caso del trabajo en el que Russell estaba emp·eñado, verdaderamente abstracto, tan apartado de las cosas del mundo,
tuvo que haber sido agotador. Desde luego
que en la clase de gente que era Russell, interesado en estas cuestiones si no, sería imposible explicarse que las hubiera emprendido, tuvo que haber algún placer, pero este en
e l caso del genio creador, se concentra casi
siempre en el momento del descubrimiento.
En su Autobiografía nos relata Russell que
ese momento fue para él una época de embriaguez intelectual:
"'Mis sensaciones se asemejaban a las que
se experimentan tras escalar una montaña en medio de la niebia cuando, al llegar
a la cima, la niebla se disipa súbitamente
y el panorama se hace visible en cuarenta
millas a la redonda. Durante años me había esforzado por analizar las nociones
fundamentales de las matemáticas, tales
como los números ordinales y cardinales.
De pronto, en el curso de unas semanas,
descubrí las que parecían ser respuestas
definitivas a los problemas que habían
burlado mis esfuerzos durante años. Y
mientras descubría estas respuestas, iba
introduciendo una nueva técnica matemática, mediante la cual esferas anteriormente abandonadas a las vaguedades de
los filósofos fueron conquistadas por la
precisión de fórmulas exactas. Intelectualmente, el mes de septiembre de 1900
fue el punto más elevado de mi existencia".
"¡Esferas anteriormente abandonadas a
las vaguedades de los filósofos fueron conquistadas por la precisión de fórmulas exactas!" Esta expresión nos describe perfectamente la situación del científico que ha encontrado el meollo de los problemas buscados y los ha organizado en un sistema de explicación coherente y acertado. Es el momento
de la inspiración o iluminación. Pero, después,
el desarrollo de todas las implicaciones del
sistema viene a ser propiamente un trabajo
penoso que está muy lejos de proporcionar
algún placer. A despecho de intermedios divertidos y agradables, los años de 1902 a 1910
fueron para Russell muy penosos. Fueron, es
cierto, extraordinariamente fructíferos en
cuanto al traba]o, pero el placer de escribir
los Principia Mathematica se concentró todo
en los últimos meses de 1900. "Después de
aquel tiempo", nos dice Russell, "las dificultades y el trabajo fueron demasiado grandes
p1.ra hacer posible ningún placer ... la única
delicia realmente vivida relacionada con el
asunto fue la que experimenté al entregar el
manuscrito a la imprenta de la Universidad de
Cambridge".
Otro documento extraordinario sobre este mismo punto viene a ser la carta escrita
a Lucy Martin Donnelly en 1902 cuando ter-

"¡Voluntariamente!". Ante estas palabras, uno no puede dejar de preguntarse qué
es lo que hace a un hombre llevar a cabo semejante tarea que implica tan gran denuedo
Y sacrificio. La respuesta a esta pregunta es
tal vez uno d~ los más grandes misterios, pues
está determmada en última instanc.i a, por
el ser único e individual que es cada persona
su propio patrón estructural que lo hace se1'.
lo que es, tan singular como una huella digital.
II/La definición d e número

Pero volviendo al lado objetivo, uno de
los puntos cardinales y sin el cual Russell no
hubiera podido llevar a cabo lo anterior fue
su gran descubrimiento: la definición oientifica ( o como diría él ''matemática" no "filosófica") del número. Russell desarrolló con
esta definición un sistema científico de la aritmética, de la teoría de los números naturales,
Y abrió así una perspectiva para una comprensión más firme entre lógica y matemáti-

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cas. Podríamos ·decir, pues, que antes de Russell -y Frege-, no existía propiamente una
aritmética científica en todo lo que implica el
sentido moderno de este término.
La definición de número de Russell está
en relación con una serie de postulados que
quisiera sintetizar en los siguientes puntos:
l. La matemática puede demostrarse como un desarrollo lógico de ciertas ideas básicas. (Puede reducirse a lógica).

2. El número de una clase es la clase de
todas aquellas que son similares a ella.
3. Las clases son similares cuando sus
miembros pueden ponerse en una relación
de uno a uno.
4. La noción de relación es la base de la
noción de orden.
5. Un número cardinal infinito satisface
la ecuación n = n 1, o sea, una colección infinita tiene partes que tienen tantos términos
como la colección infinita misma. (La extensión de la definición de núme ro al número
infinito).
6. Es posible evitar paradojas que han
confundido a los filósofos por s,iglos, mediante
la distinción entra tipos de entidades. En particular entre individuos por un lado y clases
por otro, y clases de clases, etc.

tenga como miembros peras, canguros o automóviles; en realidad, no se refiere a ningún
contenido concreto, sino sólo al número de
miembros que la clase posea. Pensando un poco en esto, uno podría extrañarse de que siendo la matemática la más precma, antigua y
objetiva de las ciencias, los filósofos o los matemáticos no hayan podido llegar a una definición de número sino hasta fechas tan recientes como principios de este siglo. Russell
nos dice en una obra de 1914, Our Knowledge
of The External World, que en fecha tan
avanzada como 1884, Gottlob Frege (18481925) tuvo que hacer claro que el númei:o no
era un objeto de la psicología o un resultado
de procesos psíquicos en mayor medida que
lo ·e s el Mar del Norte. "La pregunta '¿Qué
es el número?'", dice Russell, "es una pregunta que nunca se consideró en la forma que
puede producir una respuesta precisa. Los filósofos se contentaban con algún aforismo
como 'El número es la unidad en la pluralidad'. Una definición típica del tipo que satisfacía a los filósofos es la siguiente, tomada de la Lógica de Sigwart (Par. 66, sección
3) : 'Todo número no es meramente una pluralidad, sino una pluralidad pensada como algo unido y circundado y en esa medida como
una unidad1 • Ahora bien, en semejantes defi-

niciones hay un error muy elemental, del mismo tipo que se cometerí.a si dijéramos 'el
amarillo es una flor' porque algunas flores
son amarillas. Considérese, por ejemplo, el
número 3. El número 3 es a lgo que todas las
colecciones de tres cosas tienen en común, pero no es en sí mismo una colección de tres cosas." 3

7. Las verdades matemáticas son a priori
y no tienen nada que ver con los hechos sobre

el mundo, sino que son tautologías lógicas.2

III/ La influencia de Frege

Así, la definición que del número de una
clase da Russell es la de clases de clases similares a una clase dada. Una definición extensional basada enteramente en la similitud
de clases, no importando que tengan diferentes propiedades definitorias con tal que tengan el mismo número de e jemplares. En otras
palabras, no importa que un conjunto o clase

Es sabido que Gottlob Frege había llegado, mucho antes que Russell e independientemente de Peano, a fundamentar los principios de la lógica matemática -de él es la tesis de que la matemática se reduce a, lógicaen su B egriffsschrift de 1879. Por otra parte,
Frege dio en 1884 una definición de número.
Russell mismo r econoce esto y en su obra di-

11

�vulgadora de estas cuestiones tan abstrusas,
Introducción a la filosofía de la maternát.ica,
nos dice: "La pregunta '¿ Qué es el número? '

es una de las que con más frecuencia se han
formulado, pero sólo ha sido correctamente
respondida en nuestros días. La respuesta fue
dada por Frege en 1884, en sus Grund.lagen
der Arithmetik. Aunque este libro es perfectamente breve, sencillo y de la mayor importancia, casi no llamó la atención, y la definición de número contenida en él permaneció
prácticamente desconocida hasta que fue redescubierta por nosotros en 1901." Así, pues,
Russell "redescubrió" la definición hasta
1901, lo que quiere decir que lo hizo independientemente de Frege. La pregunta que se impone, entonces, es cuál fue en realidad la influencia de Frege o la deuda de Russell para
con Frege. En realidad, la importancia que
en la filosofía contemporánea se le concede
hoy a Frege y los numerosos estudios que los
filósofos, ingleses y norteamericanos principalmente, le dedican a este pensador, es debido en parte a la mención que de él hizo Russell en sus investigaciones. La importancia
de la obra de Frege fue reconocida a través
de Russell, y aquélla era prácticamente desconocida hasta que el mismo Russell le empieza a dar el merecido crédito en sus escritos. 4
Esto se debió en gran parte al difícil simbolismo usado por Frege que ni el mismo Russell pudo descifrar. En un pasaje de su Autobiografía, nos dice: '''Cuando ya era yo fellow
del college (1894 aprox.), recibí de él (James
Ward) dos libritos, ninguno de los cuales había leído él n,i suponía de algún valor. Se trataba de (un libro de Georg Cantor), y Begriffsschrift, de Frege. Estos dos libros me
proporcionaron, por fin, la esencia de lo que
yo necesitaba, aunque en el caso de Frege
tuve el libro en mi poder durante años antes
de descifrar lo que quería decir. En realidad,
no lo entendí hasta que hube descubierto independientemente la mayor parte de lo que
contenía."
El simbolismo utilizado por Russell, que
proviene de Peano, fue más eficaz y es el que
se vino a adoptar con mayor preferencia por
los lógicos posteriores. Con todo, algunos críticos contemporáneos han llegado a afirmar
que el trabajo de Russell no posee el mismo
rigor que el de Frege. Pero independientemente de estas observaciones que en los mismos autores estaba muy lejos de presentarse
a disputas, cabria decir que en todo caso Russell también inüuyó en Frege y se podría hablar de una deuda de Frege con Russell. En
1901, cuando este último escribía sus Principles
of Mathematics, y que contenía en esencia lo
que después iba a ser Principia Mathematica,
encuentra una serie de paradojas que se desprendían de las tesis de Frege y le escribe una
carta haciéndoselas ver. La posición que adoptó Frege ante estos inesperados problemas fue
la de una aceptación en un nivel de honestidad intelectual que estuvo muy lejos de tener Newton con respecto a Leibniz en su disputa por poseer el privilegio de haber sido el
primero en descubrir el cálculo infinitesimal.5

En el apéndice de su voluminosa obra que
ya estaba en impre~ión, escribió Frege: ·"Dificilmente le puede suceder a un escritor cientifico algo más desafortunado que la perturbación de los cimientos de su edificio después
de que el trabajo fue terminado. Esta fue la
posición en la que me encontré por una carta
de Mr. Bertrand Russell, justo cuando 13. impresión de este volumen estaba a punto de
completarse. ·•G L::.ts paradojas que encontró
Russell no fueron resueltas por Frege ni por
el mismo Russell en esa época. Es hasta más
tarde, en 1905, cuando publica su articulo sobre la teoría lógica de los tipos, donde da solución a dichos problemas que vienen a qued::i.r definitivamente aclarados en la Principia.
IV /La dciula con Peano

La deuda con el lógico italiano Guiseppe
Peano (1858-1932) si fue directa e inequívoca, tal y como es aceptada por el mismo Russell en su Autobiografía. Nos dice:
"En julio de 1900 se celebró en París un
Congreso Internacional de Filosofía, en
relación con la Exposición de aquel mismo año. Whitehead y yo decidimos asistir
a dicho Congreso, y yo acepté una invitación para leer un ensayo alli ... El Congreso supuso un punto crucial en mi vida
intelectual, porque alli me encontré con
Pea.no. Le conocía ya de nombre y habia
visto algo de su obra, pero no me había.
tomado la molestia de dominar su notación. En las discusiones del Congreso, observé que siempre era más preciso que
cualquier otro, y que invariablemente se
llevaba el gato al agua en cualquier discusión en que tomaba parte. Al pasar los
días, me dije que aquello debía de obedecer
a su lógica matemática. Por tanto, resolví
pedirle todas sus obras. Me las entregó,
y, tan pronto como concluyó el Congreso,
me retiré a Fernhurst para estudiar sosegadamente cada una de las palabras escritas por él y sus discípulos. Fue claro
para mí que su notación proporcionaba
- un instrumento de análisis lógico como
el que buscara yo durante años, y que
estudiándole estaba yo adquiriendo una
nueva y poderosa técnica para la obra
que deseaba realizar desde hacía mucho
tiempo."
Peano había formulado lo que es la base de la lógica matemática: su noción de que
toda la teoría de los números naturales pod,ía derivarse de tres ideas primarias y cinco
proposiciones primitivas. Las tres ideas primarias eran: cero, número y sucesor; éstas,
como ideas primarias no se pueden definir,
esto es, son indefinibles, son las que van a
definir los números naturales. Por otro lado,
las cinco proposiciones primitivas eran: l.
cero es un número; 2. El sucesor de cualquier número es un número; 3. Dos números
distintos no tienen nunca el mismo sucesor;

12

4. cero no es el sucesor de ningún número;
5. Cualquier propiedad que pertenezca a cero y también al sucesor de cualquier número
que tiene la propiedad, pertenece a todos los
números.
Para entender lo que hizo Pea.no hay
que observar que toda la matemática pura
tradicional, incluyendo la geometría analítica, puede considerarse como compuesta en su
totalidad por proposiciones acerca de los números natu1:ales. En la época de Russell, según afirmó, este descubrimiento era reciente.
Pues bien, una vez reducida toda la matemática clásica a la teoría de los números naturales, el paso siguiente en el análisis lógico
fue la reducción de esta misma teoría al menor número de premisas y términos no defi
nidos de los cuales pudiera ser derivada. "Esta tarea", dice Russell en su Introducción a
la Filosofía matemática, "fue llevada a cabo
por Pea.no."
En realidad, aunque se consideraba el
sistema de Peano como Aritmética, más bien
era lógica o meta-aritmética, pues el sistema de Peano en si, no tiene nada que ver
con números, es una abstracción completa
que entra al nivel de lógica. Es la pura regla
que puede aplicarse a cualquier sucesión o
progresión. Russell derivó así de las cinco proposiciones primitivas, dos teoremas que estaban implicitos: el de la inducción matemática y el de la infinitud. En el fondo, lo que
Russell llevó a cabo, fue aplicar este sistema
de Pea.no, que es una estructura general de
progresión, a la progresión aritmética en especial.
La idea genial tanto en Frege como en

Russell fue la de que los adjetivos numerales
se refieren a clases de individuos y no a individuos mismos. Esto, que al parecer es muy
sencillo, fue la base supuesta en el descubrimiento de estos dos pensadores para llegar a
su definición de número que, vienen a ser diferentes en cuanto que el primero la da comprensionalmente y el segundo extensionalmente. Las implicaciones de estas dos clases de definiciones no han sido aclaradas d el todo. Lo
que sí es un hecho es que con la definición
de Russell se acabó de establecer más definitivamente una de las partes de la lógica: su
lado extensional, esto es, toda la lógica contemporánea es lógica extensional, matemática.
Su contraparte, el lado comprensional, que ya
trabajaran Leibniz, Wolff y Kant, no ha tenido ningún progreso y es posible que alli sea
donde también dé frutos y beneficios la defi• nición de número de Frege.
La vida de Bertrand Russell fue una vida
de angustia - y quizá de desesperación, pero
de una angustia y desesperación que, como
en el sentido kierkegaardiano, pudieron tener la superación en un tipo de vida creadora que él mismo halló digna de vivirse. Su
pasión por la búsqueda del conocimiento y la
verdad, su fe inquebrantable en una Inteligencia y un orden natural por encima de todas las cosas pero, sobre todo, su fe en los
hombres mismos, lo llevaron a ser uno de los
más activos y extraordinarios con que haya
contado la Historia de la Humanidad. Su Autobiografía quedará, al lado de sus obras d~
carácter científico, como un gran documento,
original también, en ese nivel de comprensión
humana que Russell tanto trató de proyectarnos, y que es hoy tan necesaria en el mundo
actual.

NOTAS:

una definición precisa de "bueno" (valor), la cual
da origen a un sistema que explica situaciones morales: la Axiologia Formal. Véase de este último autor:
La estructura del valor, México, F. C. E., 1959.

1 Esta y las siguientes citas de la Autobiografia (18721914) han sido tomadas de la traducción española de
Editorial Aguilar.
2 C'f. Introduction to Mathematical Philosophy, passim.

3 Un hecho relacionado con esta problemática es la
búsqueda de G. E. Moore, compañero de Russell en
Cambridge, del bien, o la noción de "bu-eno". 1\lloore
publicó, en el mismo año que Russell publicara sus Principies of Mathematics, 1903, su Principia Ethica, donde dejó claro tambi~n que lo "bueno" no debe confundirse con las clases de cosas que son buenas. A la
confusión la llamó Moore "Falacia naturalista". La
definición de "bueno", según Moore, debería ser el
punto de partida en el que s·e basara toda futura ciencia de la ética. S1n embargo, Moore nunca pudo llegar al mismo éxito que RusselJ con respecto al número
y la ciencia de la Et.ica que proyectaba no se construyó. Es sólo hasta Robert S. Hartman que tenemos

4 El Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Uni-•
versidad de México, publicará próximamente un volumen de los más importantes escritos de Frege en la
Colección de Filo5ofía contemporánea traducidos por
Hugo Padilla. Esta, al parecer, es la primera vez que
aparecerán en castellano escritos de este autor.
5 Más tarde cuando Wittgenstein pregunta en Alemania

a Frege sobre problemas de filosofía de la matemática, éste le recomienda que vaya a estudiar con Russell
a quien considera en ese momento el investigador
más importante de dichas cuestiones.
6 Cf. Philosophical Writings of Gottlob Frege, Oxford,

13

1960, p. 234.

�Poesía de Andrés Hllerta
Tener un secreto

Tener un secreto y guardarlo
no contarlo a nadie
como el secreto que guardan los ovillos
como el secreto que tiene el perfume de la fruta
algo así como vestir la transparencia de la luz •
de color ámbar
ámbar hermosa y nostálgica palabra
en el fondo de tus ojos
arrancada quizá del fondo del océano
o quizá arrancada del fondo del hombre mismo
cómo quisiera compartir contigo la otra cara
del secreto donde logramos el sueño
compartir contigo los mundos del aquí y del allá
y que una vez cruzada la frontera
inventáramos algo más que simples razones
para vivir decir por ejemplo
hágase la luz de los puertos
la aclamación del aire
hágase la amable tarea del amor
de nuestros seres
para llegar contigo a las altas almenas
donde habita el alto Dios
para que el espejo nos devuelva la justa medida
de las cosas

Algo que se agita a cada instante

Algo se mueve a cada instante
y yo no sé qué es
camina por las pendientes
-por los círculos del aire
por las ·partes cóncavas de mis manos
qué es?
y como si de pronto contestaras
todo· y como si todo fuera nada
en fin te diré por la declaración
que nunca hicimos
de nuestra puerta hacia adentro todo
de nuestra puerta hacia adentro
el mundo que compartimos sin violencias

Quiero verte reír sencillamente

Abre sobre el destino del día
tus dientes blancos confúndelos con la claridaa
de estas nubes en este valle grandioso
abre tu mirada deja que camine hasta el infinito
más allá del paso del aire
por donde los pájaros fugitivos
piérdete en esta suave luz de estrellas
que guían nuestros destinos
estremece tu corazón al encuentro
con los álamos rojos
acude pues como acuden las horas del viento
para que hagas mis recuerdos
ahora que apenas se va a iruciar la primavera

La fiesta del día

Luz de los vestíbulos
sobre tu espalda
sobre tu pelo
sobre tu seno
con el mes más triste
metido hasta los huesos
con tu voz llenando esto
que decimos esperanza o soledad
algo me decía entonces
ríos que no nos separaban jamás
doloroso tiempo
para los que solos se comen
sus penas
pero hoy he pensado distinto
en este día martes de este calendario
que rueda
con esta música afortunada
como la tregua más humana
para abrir nuestras ventanas
y sentir un poco de fiesta

14

15

�de los dos soldados de la Francia, tan rendidos de
fatiga el uno como el otro, hermanados a siglo y
medio, pudo haber gritado aquella noche ese salmo de la extenuación?

¿ Qué tiene en común este joven de 21 años
con sus compañeros de armas? Estos militares de
brillantes uniformes viven para la Restauración,
sueñan en la Monarquía absoluta, han jurado fidelidad a la flor de lis. Su religión son el sable y
el hisopo y para ellos el pueblo es la canalla. Impúdicos, recon&lt;;&gt;cen que ni los veteranos de Napoleón ni el pueblo francés apoyan a su gordo, gotoso, inútil Luis XVIII y cifran todas sus esperanzas
en la intervención de la coalición europea. La Casa Real, que vive la pesadilla de sentir en sus talones la caballería napoleónica, huye de Francia.
Volverá, más tarde, amparada por las bayonetas
extranjeras.

•

Géricault en los cien días

Hugo L. del Río
"Puede el héroe decir 'yo sé quién soy' y en
esto estriba su fuerza y su desgracia a 1~
vez".

Una muno, Vida de Dou
Quijote y Sancho.

Nada hay nuevo bajo el sol. Emil Ludwig,
periodista al fin, tuvo la curiosidad de recopilar
las "cabezas" de los periódicos de París que daban
noticia de la huída de Napoleón de Santa Elena.
En sólo veinte dias, el tono cambió desde "El demonio ha escapado de su destierro . . . El tigre
ha sido visto en el Cabo ... El monstruo ha podido llegar a Grenoble gracias a una traición", hasta
"Napoleón estará mañana a las puertas de la ciudad ... Su Majestad se encuentra en Fontainebleau". Delicias de la libertad de Prensa en las que
quizá pensaba otro periodista y ex-combatiente,
Henri Barbusse, cuando escribió en "El Fuego":

"Hace quince meses que el director dice a sus escribas: 'He, ceporros: soltad unas cuantas, mezcladlas bien y llenadme esas cuatro cochinas blancas que tenemos que emporcar" '.
Napoleón avanza y los Borbones, sin el apoyo
directo de rusos y austríacos, emprenden la retirada. La escolta de los emigrados la componen
tropas selectas de caballería, voluntarios de la
aristocracia entre quienes marcha, aparente rareza de rarezas, Teodoro Géricault, ya una de las
más fecundas promesas jóvenes de la pintura
francesa .

16

"Como aguas he sido derramado; todos mis
huesos están descoyuntados ... Ráse secado como
un tiesto mi vigor y mi lengua se ha pegado a mi
paladar . . . No puedo morir, ya que duermo . . .
¿Duermo? Y si fuera a morir . . . Libra de la espada mi vida, mi alma solitaria del poder del perro".

¿ Y Géricault, qué hace ahí? Es un joven atle ..
ta apasionado de los caballos, uno de los mejores
jinetes jóvenes de Francia. Hasta ahí su identific a c i ó n con los soldados de su regimiento,
los famosos Mosqueteros Rojos. Géricault ha vivido para la pintura. Ha expuesto en los Salones
Oficiales. Y la crítica oficial, la burocracia del arte, lo han derrotado, lo han obligado a retirar sus
cuadros. ¿ Qué puede significar para la burocracia
de las galerías este joven pintor que se ha atrevido
a romper los sagrados cánones? ¿ Quién es este
audaz que invoca como su precedente al Carava·
ggio? ¿Y qué son esos ojos de soldados heridos,
quizá vencidos pero no derrotados y esos caballos
que parecen sacudidos por corrientes eléctricas?
No, esto es demasiado. Esto es algo que nunca
antes había sido visto. Fuera, fuera con él.
Ya se sabe que a veces un puñado de pigmeos
puede echar por tierra a un hombre.
Aquí esta pues, Géricault, la noche del domingo de Ramos de aquel año de gracia de 1815 tan
comprometido con el destino. Siente que la burocracia lo ha vencido. Nada quiere volver a saber
de la pintura. Tan sólo es el mosquetero Géricault.
Un mercenario en potencia a quien no le importa
bajo qué bandera ha de luchar. Los Barbones o
Napoleón le dan lo mismo. Lleva el uniforme de
Luis XVIII y no se deja conmover por un joven
admirador que lo ve casualmente y trata de explicarle cómo impactaron el "Oficial de Cazadores"
y "Coracero Herido" a una juventud que a fuerza
de epopeyas parecía por momentos condenada a
perder contacto con lo humano.
Esta noche comienza la retirada de la Casa
del Rey.
Siglo y medio más tarde, otro francés innovador del arte se doblaba bajo el peso de la mochila en la mucho más penosa retirada hacia Dunkerque. "Es la una de la madrugada. Dios ha
muerto", escribirá Louis Aragón. Sí, ¿pero cuál

Fue quizá en la retirada de 1940, cuando Aragón recordó que Géricault recorrió la Picardía en
1815. Tal vez desde entonces comenzó a idear "La
Semana Santa", los siete días de la pasión del
pintor-mosquetero. Porque el Géricault que volvió
a París, desertor de la causa de los Borbones, ya
no era el Géricault un tanto desenfadado de la noche del Domingo de Ramos: la sombra de Babeuf
lo había tocado.
Babeuf, ese gigante desconocido casi por todos; olvidado por algunos. Es lógico que así sea.
La historia se ha escrito para hundir en el olvido
a los Babeuf. La historia oficial, esto es.
"Semblanzas de jefes militares, himnos a la
guerra -escribe Erich María Remarque de los
planes de estudio en los gimnasios alemanes-. Me
horrorizo cuando pienso cómo ha sido falseado en
un solo sentido el concepto de la patria. ¿Dónde
están las semblanzas de los grandes poetas, de los
pintores y de los músicos? Cuando las víctimas
de este plan de estudios abandonen la escuela, conocerán los períodos del reihado de los príncipes
más insignificantes y las fechas de las batallas que
éstos libraron, y considerarán todo esto como lo
más importante que hay en el mundo, pero no sabrán casi nada de Bach, Beethoven, Goethe, Eichendorff, Durero, Robert Koch".
Detrás de la epopeya napoleónica, está el pue •
blo y sus miserias. Los historiadores oficiales, allá
y aquí, desperdician papel al escribir sobre las batallas y las guerras. Enmudecen, en cambio, cuando se les menciona la masa marginada, cuando se
les recuerda que ese mar humano a menudo se encrespa. Y sin embago, esa muchedumbre a veces
colérica y siempre harapienta es la que a la larga
cambia la historia, la verdadera historia, la que
se vive. El precio que paga el pueblo es siempre
muy elevado y no es coincidencia que los primeros en caer sean, generalmente, los mejores de sus
hijos. Babeuf había sido uno de estos grandes hijos de la Revolución Francesa y su vida fue una
epopeya superior a la de Wagram o Austerlitz.
Estuvo a la altura de Saint Just y quizá lo rebasó.
Pero, por fortuna, la burguesía nunca le podrá

17

�dar título de héroe oficial. Veamos, es que este
Babeuf, este irreprimible, este incontrolable, ¿qué
hizo, pues, para que su nombre aún hoy sea execrado? Se atrevió a plantear el problema de la
propiedad. O pudo haber devorado vivos a niños
de pecho; quemar iglesias, violar monjas, desenterrar cadáveres. Secar el mar no es nada, al fin
y al cabo. Esas son travesuras de la edad. Eso se
perdona.
Pero, la propiedad ...
Y Babeuf, claro está, fue fusilado por los soldados de una Revolución hecha, a fin de cuentas,
para defender la propiedad.
Nuestro Géricault recorre la zona más miserable de Picardía enfundado en el uniforme de los
Borbones y oye a campesinos y artesanos mordidos por la miseria, hablar de aquel Babeuf asesinado hace una generación. Babeuf, pues, está vivo.
Y en su nombre, el incipiente proletariado del
campo y las ciudades trata de organizarse. Vaya
que no es fácil tarea, como aún hoy nos consta.
Más a menudo obreros y campesinos se harán pe-dazos entre sí que hacer frente a la gendarmería.
Pero vuelve Napoleón y he ahí el problema
del pueblo olvidado por los historiadores. ¿Con Napoleón? ¿Contra Napoleón? ¿Vuelve a ser emperador o viene a implantar la República? ¿Barrerá
con la nobleza o se apoyará en ella? Ingenuidad
de las masas, ayer como hoy. Todavía se dice "si
el señor (monarca, presidente, gobernador, alcalde) supiera lo que hacen sus subordinados; no; él
no lo toleraría". Desde luego que el "señor" lo sabe y lo tolera, cuando no lo ordena precisamente
así.

es, la etapa secundaria, correspondió a los cientificos. El poeta se adelanta no sólo a la ciencia, sino a la vida y la realidad, que puja y se extenúa,
corre a marcha forzada det!:áS de las odas y rimas, para ajustarse a ellas, Lo que el poeta canta,
es o será realidad. Nada supera a sti intuición y
sabiduría.
¿Qué me importa a mí, qué le importa a nadie si, efectivamente, Géricault se concientizé
aquella madrugada entre las tumbas y los arbolitos, o si fue un dia antes o una tarde después,
quizá en plática con algún obrero, con algún veterano del Imperio en un café, ambos con sus lar..
gas pipas ante un plato con queso y pan mientras
afuera llueve? Aragón tiene el sagrado derecho de
los poetas de hablar con la voz de los dioses.
Géricault es otro. Participa en la conspiración de los Cuatro Sargentos de La Rochela cuya
represión la Comuna llega a vengar en 1871. Con
Fabvier, aquel gigantón héroe homérico, va a la
frontera española en un esfuerzo tan inútil como
heroico de evitar la marcha de los Cien Mil Hijos
de San Luis. Viaja a Inglaterra a observar las
primeras repercusiones de la Revolución Industrial. Abraza en Bélgica al gran David, el regicida.
Conspira.
Y sobre todo, pinta. Pinta como un enfermo,

como un poseso. Baja a los sótanos infectos de
cárceles y manicomios a ver las caras de los asesinos y los locos. Es asiduo visitante de los hospitales donde ve morir a los enfermos. No pierde
una carrera de caballos. Entrevista a un sobreviviente del naufragio de "La Medusa", lo obliga a
decirle cómo los marinos apiñados en una balsa
fueron devorándose unos a otros. Pinta aquello
en uno de sus más logrados cuadros: aquel aferrarse a la vida bajo el sol quemante, aquellos miembros rotos y desgarrados en espera que dientes
de hombre-lobo los devoren, aquella vela a lo lejos
que significa la salvación.
A los 32 años murió Juan Luis Andrés Teodoro Géricault. Los caballos, que idolatraba, lo
mataron. Una caída le provocó la lesión vertebral
que lo llevaría a la tumba tras larga, dolorosa
agonía. Fue el 26 de enero del año de gracia de
1824. Muerto de fatiga, un poeta francés que recorría los caminos de la retirada 116 años más
tarde, pudo ya entonces haber escrito, en un dia
gris:
"Ah, yo estaré con las víctimas . . . La juventud ... Los jóvenes que se levantan y llevan para ti la esperanza del mundo. Como tú serán engañados, escarnecidos; como tú, mil trampas les
serán tendidas. Pero no importa. Son la vida, la
primavera".

Aragón nos regala un capítulo conmovedor
casi digno de Shakespeare: un mozo celoso denuncia a los Hijos de la Igualdad que se reúnen a media noche en el cementerio para discutir qué hacer
ante la llegada de Napoleón. Oficial del rey, Géricault se arrastra entre tumbas y matas a la luz
de la luna y oye a los conspiradores discutir e insultarse. Aquel es, para el despreocupado parisiense, un lenguaje nuevo. Y aquella madrugada de la
Semana Santa, en el miserable camposanto de un
pueblucho cualquiera, Géricault se concientiza: de
gendarme, se vuelve revolucionario. Su lugar está
con ellos.
La poesía, ya lo sabemos, supera siempre a
la realidad. Hace miles de años los poetas soñaron
llegar a la Luna. Se adelantaron, pues, a los científicos, que recién resolvieron los problemas técnicos de cómo llegar. Es decir, la idea, el proyecto
original, fue de los poetas. El cómo hacerlo, esto

18

19

�taría que te lo hicieran?
-Claro que no; pero estoy intrigadísima, no
aguanto la curiosidad.
-Yo tampoco, y a pesar de todo juro que no
quisiera hacerlo. Sabes cuánto me desagrada entrometerme en asuntos ajenos.
-Lo haces por egoísmo, por comodidad, para no perder nada.

-Si tú lo crees ...
-No, no te ofendas, yo nomás decía.
Sin responder fui por los papeles. Leímos en
voz alta. Eran cartas familiares incomprensibles
para extraños como nosotros, postales, felicitaciones, cuentas, asuntos de trabajo, recibos, fotos,
diplomas, boletos, recortes, monedas, hojas de calendario, insignificancias poseedoras de un gran
valor sólo para quienes pueden rememorar su vida a través de ellas.
-Todavía no me lo explico -dijo Ester-. A
nadie le gusta que vean su intimidad, nadie deja
tantas evidencias.

Algo en la oscuridad
José Emilio Pacheco
PRIMER ACTO

Los anteriores ocupantes tuvieron que abandonar apresuradamente la casa. Hallamos muebles en desorden, ropa esparcida, cartas y papeles
privados, alimentos a medioconsumir en el refrigerador ya cubierto de moho. En cambio la despensa sólo guardaba una lata de comida para animales. Había una casita de madera en el traspatio pero no huellas de gatos ni de perros. El teléfono fue arrancado de cuajo, las conexiones
cercenadas.
Pasamos el primer día reordenándolo todo.
Inevitablemente desnaturalizamos las habitaciones. Basta poner más a la izquierda una silla pára
que una casa ya no sea la misma. Teniamos tanta.
prisa por cambiarnos y era tal la crisis de alojamiento por la explosión fabril en la zona, que no
exigimos de la agencia inmobiliaria sino la entrega de la llave en cuanto firmamos el contrato y
adelantamos la mensualidad. No hubo preguntas

-Por eso no creo que el abandono haya sido voluntario: alguien, algo hizo que salieran sin
darles tiempo para mirar atrás.
-¿Cómo saber qué fue?
-Tarde o temprano lo sabremos. Deja que
las respuestas vengan por sí solas.

por la casa ni por los antiguos inquilinos. Era
asombroso lo poco que les interesaba el juicio de
los desconocidos que los remplazarían: dejarlo
todo como lo encontramos señalaba una urgencia
absoluta o una admirable despreocupación.

-Tengo mucha hambre y estoy muy cansada. Me imagino que tú estarás igual.

-Yo creo que piensan regresar- me dijo
Ester.

Nunca he padecido insomnio. Aquella noche
me costó trabajo dormirme. Lo peor fue haber
despertado a las cuatro sin que en adelante pudiera cerrar los ojos. Me levanté a tomar un vaso
de agua. Entreabrí la cortina. Miré con un temor
inexplicable la fila de casas enfrente de la nuestra.
Habían apagado todas las luces. La calle estaba
envuelta en una claridad blanca, en la luz de una
luna metálica que irrealizaba árboles y edificios.
No pude contener el miedo. Nada se movía: ni el
viento ni una sombra ni una hoja de un árbol.
Yo era el único intruso en aquel planeta lívido y
como desangrado de todas las materias vivientes.

-Quizá. Sin embargo la casa es de la agencia. La hemos tomado por un año. Un año es mucho tiempo.
-Preguntemos a los vecinos.
-Somos recién llegados. Es una indiscreción
imperdonable. Nos crearía mala fama.
-Déjalo por mi cuenta. Buscaré una oportunidad sin forzarla ... Oye ¿y si leemos las cartas, los cuadernos?

20

-No me parece bien, francamente: ¿te gus-

-Tomemos algo y vamos a dormir.

Quise despertar a Ester. Me contuve. Hice
mal: quizá hablar entonces nos hubiera salvado.

Crecí en un medio donde no se podía ser cobarde
y me acostumbré a enfrentar todos los retos.
Aquello era otra cosa, nada tenía que ver con el
valor en el sentido convencional del término; era
algo que sólo experimenté durante al guerra cuando atravesamos un pueblo bombardeado en que
todos los habitantes quedaron muertos.
Pasé el día en la fábrica. Todo anduvo menos
mal de lo que pensaba. A fin de cuentas era un
experto y me contrataron porque me necesitaban.
De regreso encontré a Ester muy inquieta. No
quiso hablarme de lo que había hecho y se limitó
a referirme generalidades. Aunque los dos estábamos exhaustos sugerí que viéramos algún programa antes de dormir. Desempaqué el televisor
portátil y lo puse frente a la cama. Se podía elegir entre una pelea de box -que siempre he detestado- y una antigua película. Era un film de
terror acerca de una pareja que llega habitar una
casa de campo inglesa en donde naturalmente hay
fantasmas. Hasta la mujer que les muestra el cottage es un fantasma. Intenté ironizar sobre lo que
veíamos en la pantalla pero, en nuestras circunstancias, ni yo mismo estaba muy convencido de
que burlarme no fuera un modo oblicuo de expresar mis temores.
Ester me pidió que apagara el televisor. Hacerlo era confesar el miedo absurdo. Dije que acabaría de ver la película. --Como quieras-- respondió. Y dándome la espalda se ocultó entre las sábanas. Ya fuera de vigilancia traté de leer un libro
de ingeniería. Con todo, la película no me dejaba
apartar los ojos, y seguí viéndola hasta que terminó con un grito de la mujer al darse cuenta de
que su propio marido era un espectro. Sin moverme de la cama desconecté el televisor. Tenia tanto
sueño que desperté muy tarde y, para llegar a
tiempo a la fábrica, tuve que afeitarme a la carrera y tomar sólo un vaso de leche.
Al terminar la cena, mientras la ayudaba a
recoger los platos, Ester me dijo abruptamente:
-Vámonos de aquí.
-¿Por qué? Acabamos de llegar. Tenemos
que acostumbrarnos. En ningún lado me darían
un trabajo como el que tengo ahora.
-No me gusta el lugar, no me gusta quedarme sola en la casa.
-Ya te acostumbrarás, siempre es así los
primeros días.
-No sé. Todo ha sido tan extraño: el pueblo,
la casa, los objetos abandonados, la gente.

21

�. -¿Has hablado con alguien?
-Con nadie ... bueno, crucé algunas palabras con la mujer de la tienda.

-Entonces si lo dejamos afuera en esta noche helada los vecinos ya no serán indiferentes
con nosotros: se volverán hostiles.
-Hay mucho viento: no creo que se oigan
los maullidos.

-¿ Y qué te dijo?
-Que es mejor que nos vayamos.

-¿Cuáles maullidos? Es un perro ¿no lo
oyes quejarse? Por lo demás aquí no hay aislamiento posible.

-¿Razones?
-Ninguna, no da razones.

fundió con un chispazo en que entrevimos 1~ pelambre rojiza. Y después la oscuridad, mis pasos
para abrir la ventana y dejar que saliera, el sentir el olor a muerte y a tumba del hombre que
se abría paso entre nosotros, contaminándonos
de humedad y podredumbre, el ruido fangoso de
sus pisadas en la escalera, los ojos resplandecientes y encontrados que se volvían para mirarnos,
el ruido de la puerta, el viento que entraba en la
oscuridad y empujaba la casa hacia las tinieblas.

-Hagamos como si no lo escucháramos.

-Supone que podemos imaginárnoslas ¿verdad?
-No sé qué pensar.
-Lo mejor que podemos hacer es despreocuparnos y dejar que las cosas sigan su marcha. Ya
veremos después.
Antes de una semana Ester se habla adaptado a las nuevas circunstancias. Pasamos un mes
tranquilo. Estaba satisfecho con mi trabajo y Ester mostraba una mayor conformidad cada día.
El vecindario no daba señales de vida. Algunas
noches salíamos a caminar por el pueblo; nuestra
única visión eran salas en penumbra sólo interrumpida por el brillo de la tv. A menudo un rostro furtivo apartaba las cortinas para mirarnos.
Eso era todo.
Llegaron cartas para los antiguos inquilinos.
Escribí a la agencia preguntando por la dirección
a la cual debía enviarlas. Respondieron que las
mandara a los propios agentes. Nada más.
La noche de aquel sábado, me lavaba los dientes cuando escuché algo como un maullido que a
la vez fuera un ladrido. Pensé que el gato intentaba volver. Quise abrirle la puerta. Pero después
¿cómo íbamos a echarlo? Siempre me han molestado un poco los animales porque muchas personas que gustan de ellos lo hacen a expensas de
· odiar a los hombres. Allí estaba el último y el más
indeseable de los regalos que abusivamente nos
legaron los anteriores ocupantes. Creí que el gato
acabaría por irse a buscar otro refugio. Ester escuchó también el sonido mixto y rogó que abriera la puerta.
-No: si entra se quedará para siempre.
-Mañana podemos sacarlo.
-Si te sorprenden los vecinos se quejarán
ante la policía. No olvides que se castiga el maltrato a los animales.

22

-¿Para qué? No puedes ir de casa en casa
diciendo: 'Señor, hay un animal que quiere entrar
pero, sabe usted, no lo oímos'.
-Qué absurda situación. Es de lo más idiota
del mundo; sí pero ¿qQé hacemos? Me niego definitivamente a convivir con ese animal.
-Mira, dejémoslo pasar: mañana te lo llevas y lo abandonas cerca de la fábrica.
-No: volverá como ha vuelto ahora ... Que
se vaya al demonio, que se muera haciendo escándalo en la puerta porque no voy a abrirle.
-Bueno, durmámonos porque ya es muy tarde.
Cerré los ojos, intenté convencerme de que
estaba dormido. Seguía escuchándolo, imperioso,
infle~ble. Ester no encontraba acomodo y se revolvía de un lado a otro. Permanecimos cerca de
una hora sin :romper el tácito pacto de no hablar.
Sin embargo el gato o perro seguía imponiendo su
presencia, exigiendo su derecho de entrada.
Lo escuché más cerca, como si estuviera en
el alféizar. Un gato pudo haber trepado al techo
y luego descendido en busca de una ventana mal
cerrada; tratándose de un perro el ascenso era
imposible. No, no lo imaginaba. Se había conver•
tido en una obsesión. Tuve miedo y me hice reproches por tener miedo. Volví a fingirme dormido,
me oculté bajo las sábanas. Ester gritó:
-Está aquí junto a la cama: acabo de tocarlo.
Me incorporé de un salto, encendí la luz. No
estaba. Se había hecho el silencio. Miré a Ester
con un gesto de triunfo. En ese instante, un maullido/ladrido. Salimos al corredor en tinieblas. Nos
estremeció ver en el marco de la ventana del fondo la sombra arqueada y erizada -no de un gato
sino de un perro-lobo.
Ester se aferró a mí. Prendí el foco que se

SEGUNDO ACTO

La casa
Igual a otras cuarenta que se alinean simétricas en ambos lados de la calle. Construida con
materiales frágiles ensamblados en pocas horas.
Aunque se edificó para ser indistinta y no perdurar, presenta pocos defectos visibles de fabricación. Puede objetarse sin embargo el carácter
abierto, aéreo, cristalino que se Je imprimió para
comunicarla al menos visualmente con la naturaleza. Las facilidades otorgadas a la luz las ejercen
vecinos y transeúntes que mitigan el tedio o enriquecen sus paseos observando a toda hora Jo que
sucede en el interior. En este bosque de coníferas
situado en la parte más alta de las montañas, el
sol brilla de tal manera por su ausencia que poner
persianas o venecianas se considera un sacrilegio
contra el culto solar que florece como nostalgia a
lo largo del año; como ceremonia tribal ciertos
días de primavera, algunas horas imprevistas en
los períodos fuera de estación.
El interior

Alfombrado otorga a la pisada una ingravidez, una molicie infantil, una seguridad que en
algún sitio de la mente engendran, sin que las palabras consagren su acoplamiento, las nociones de
intimidad, status, poder (cuando menos el poder
necesario para abandonar las viviendas de mosaico amarillo o duelas apolilladas que amenazan
desplome). En la sala un calefactor eléctrico evita
molestias de acarreo, encendido, vigilancia, dispersión de humos errantes. Y concede al hábito
que hizo de 1wgar sinónimo de casa, la ficción de
leños ardientes, calcinaciones grisáceas y encarnadas, sqmbras que humean.
El traspatio

Una muchedumbre de gorriones se desprende de los árboles. Buscan migajas o duras sobras
de carne que arrojan los habitantes. A veces se
entablan riñas con una ferocidad que se diría in-

23

�creíble en estos pájaros. Algunas tardes bajan los
cuervos y remprenden el vuelo con grandes trozos de pan. Los gorriones forman un círculo resignado. Si hay quien se rebele y pretenda disputar la comida, el cuervo lo amaga. Antes de sentir
la agudeza y pesantez de su pico, la bandada de
gorriones se aleja y busca refugio en las más altas
ramas. Aparte del hombre, los cuervos temen a
los perros que, hartos de comida enlatada, entran
a roer mendrugos y hurgar en botes de basura.
Los de menor tamaño y aspecto inofensivo -malteses por ejemplo-- han aprendido de los gatos
la habilidad de capturar gorriones y triturarlos
entre sus fauces. No matan ciertamente por ham-·
bre: dejan el pequeño cadáver entre la hierba una
vez que la trituración los ha reconciliado con su
instinto de bestias que en edades remotas han sido fieras y ahora pagan en tedio y humillación el
precio del servilismo. En este campo de batalla no
hay perros callejeros. Si nadie los adopta la comunidad los extermina para que no contagien de sarna y rebeldia a los animales caseros. Tampoco se
ven actos sexuales. A los perros de raza se les aparea a su debido tiempo y en lugares precisos. Los
demás son castrados o esterilizados a las pocas
semanas de nacer. La gente viene aquí a buscar
la paz que ya no existe en las ciudades y no hay
sitio para el escándalo ni para el exceso. Todo está perfectamente reglamentado.
1

Los habitantes
No les hemos visto la cara.Aquino hablamos
con nadie. Rehuimos el saludo y procuramos no
andar por el mismo camino que los demás. Por lo
que vemos cuando pasan cerca de nuestras ventanas o cuando cruzamos por enfrente de su casa,
él debe de tener algo más de treinta y cinco años y
ella unos veintisiete. El trabaja en alguna de las
industrias cercanas pero no desde luego en la gran
fábrica de implementos de guerra donde todos lo.:;
vecinos del pueblo prestamos nuestros servicios.
Ella permanece todo el dia en su casa (seguramente tramando algo en contra nuestra), la única
sin antena de televisión-, rasgo que nos ha molestado. Quizá tengan un aparato portátil (no se puede vivir sin tv) o sean tan imbéciles como par-'l
satisfacerse con la horrenda música que escuchan
en su consola, nunca en tono muy alto pues se
adivina que tratan de no incomodarnos. Aunque
la hosquedad, la reticencia, la envidia atemperada
o disfrazada por el desprecio mutuo que a su vez se
encubre de cordialidad, son los rasgos distintivos
del vecindario, todo recién llegado ofrece sin que
nadie se lo exija algunos tributos y primicias: un
platillo regional, una rebanada de pastel de manzana, un juguete de plástico para los niños, una
botella de whisky, un trapo o escobeta para limpiar los coches. Ellos no. Ellos se han aislado. No

nos toman en cuenta, siendo que deberían pedir·
nos perdón por invadir nuestros dominios. Nos declaran inexistentes. Su actitud intolerable tendrá
muy pronto su castigo. Muy pronto.
El móvil

Nuestro orgullo son los prados. Vigilamos su
crecimiento. Alimentamos con abonos sus raíces.
Uno tras otro hemos sustituido las podadoras mecánicas por los nuevos modelos eléctricos que cortan el pasto con la suavidad de una hoja de afeitar. Guiarlas es nuestro descanso, nuestro placer.
El domingo por la mañana, así como algunas tardes soleadas, todo se llena con el rumor de las podadoras-, concierto que participa del silbido del
motor y el encuentro de las cuchillas y la hierba.
Hay reglas precisas. Quien exceda en algunos milímetros la marca establecida sufrirá el peso de
nuestras leyes. Los habitantes no debieron hacernos esa última ofensa. Como si sus actos anteriores no fueran ya una agresión a la buena voluntad
de que siempre hemos dado muestras, violaron la
cláusula número treinta y nueve bis del contrato
-a nuestro juicio la más importante- dejaron
crecer el césped de frente a su casa, rompieron la
armonía del conjunto, dieron a nuestro refugio
tan amorosamente embellecido la fealdad de la
maleza, la suciedad del trópico, la incuria de los
países atrasados y, por qué no decirlo, el salvajismo de otras costumbres incompatibles con nuestra cultura y nuestras ancestrales creencias. Como
sólo nos reunimos durante los solsticios, esta vez
no hubo deliberación ni conjura. Los ecos del templo triangular no repitieron las palabras de ira.
Bastó que en la fábrica intercambiáramos monosílabos y al encontrarnos en la calle señálaramos
con un levísimo desvío de la mano o un guiño de
los ojos el pasto crecido; que moviéramos la cabe. za en señal de condena para los habitantes y de
acuerdo muy hondo entre nosotros. Somos magnánimos. Hemos desterrado de nuestros corazones
el odio. La cruz llameante no arderá más en la noche de las colinas. Cada uno pensó que bastaría
una amonestación o una carta redactada en términos corteses pero firmes o que alguien se acercara a prestarles -sin temor al contagio-- una
vieja podadora mecánica de aquellas que se oxidan
en los desvanes. Alguno de estos recursos tal vez
hubiera bastado para ahuyentarlos sin necesidad
de poner en práctica nuestras medidas habituales.
Si no se hubiera interpuesto la ceremonia, estaríamos resistiendo ahora la calumnia y la injuria de los que ansían destruir nuestro mundo.

llos de nosotros que se levantaron temprano ese
domingo. La atribuimos a un culto esotérico probablemente relacionado con el vudú. El y ella salieron al traspatío. De una jaula o caja sacaron
una gallina. Los testimonios no coinciden: para
algunos era de color leonado, para otros gris ceniza y hay quienes afirman que era completamente blanca: una gallina Légor. Los habitantes discutieron algo que no llegó a escucharse. Parecían
demorar cruelmente el principio de la ceremonia.
Al fin la mujer se apartó un poco y, con un gesto
que debe tener pleno significado en la liturgia
aberrante de su secta, miró cómo el hombre, fingiendo indecisión, le quebraba el cuello a la gallina, que se dejó caer y caminó todavía erguida, por
lo que hubo que repetir el tormento. Esta vez emitió toda clase de sonidos agónicos, giró en redondo esparciendo plumas hasta que el movimiento
se redujo a estertores y a continuación cesó por
completo. La ceremonia provocó la furia impotente de quienes la miraron. Aunque nunca lo hacemos, aunque toda nuestra vida social se reduce
al saludo y el comentario acerca del clima, ese domingo nos llamamos por teléfono para hablar de
lo que acababa de verse. Nuevamente, como en
el asunto del prado, hubo unanimidad. Tal conducta era inadmisible. Los habitantes deberían recibir todo el peso del castigo. Porque si algo no toleramos nosotros, fabricantes de armas que alejan
el peligro de guerra, es la crueldad, y menos la
crueldad con los animales. Claro que aquí se matan gallinas diariamente, pero a este fin nuestros
hogares se hallan provistos de hachitas con las
cuales decapitamos de un solo tajo a las aves. Aunque la gallina sin cabeza en ocasiones intenta darse cómicamente a la fuga, lo más frecuente es que
se deje colgar patasarriba hasta desangrarse-,
práctica que evita el doloroso escándalo de la ce•
remonia.

La noclie del sábado
Nadie oyó ni vio nada. El pueblo estaba desierto. Hubo reunión en las colinas. Tenemos pro-

hibido hablar de la asamblea nocturna.

Los hechos
Terminaban de desayunar cuando escucharon
ruido de pesados instrumentos en la acera. Tal vez
iban a componer el pavimento, a rellenar los baches. Luego rumor de palas, gritos de una cuadrilla. Empezaron a arrancar el pasto con todo y la
tierra en que había hundido sus raíces. Los habi·tantes no creyeron en lo que estaban viendo. Ella
le reclamó que no se hubiera ocupado de cortar el
césped y que su negligencia fuera el motivo de
esa orden municipal que seguramente les acarrearía una multa por descuido. El respondió: -Lapagaría gustoso con tal oe no tener que cortarlo--.
Subió las escaleras, entró en el baño y comenzó
a afeitarse. Ella permaneció en la cocina para lavar los platos. Ambos trataban de no pensar en lo
que ocurría ni confesarse mutuamente el miedo.
Hasta que ella subió a ver a su marido y le dijo
que era preciso reclamarles: cuando menos debieron haber pedido permiso. El respondió: -Esperaré que toquen a la puerta. En el traspatio se oyó un
sonido mucho más fuerte. Ladraron los perros.
Cuervos y gorriones alzaron el vuelo. La casa entera se estremeció. Esquirlas de madera y pintura se desprendieron. Por la ventana alcanzaron a
ver la pala dentada de un bulldozer. Corrieron a
la puerta. La casa se desplomó a sus espaldas.
Uno de los hombres que acababan de arrancar el
pasto se lanzó sobre la mujer y le desgarró la bata de nailon. Ella lo rechazó; su marido derribó
de un golpe a nuestro lacayo. Era lo que esperaban los demás para acometerlos con picos, palas,
azadones. Pegaban y cortaban con furiosa rapidez
como si quisieran seccionarlos al modo en que Jos
niños parten a uná lombriz. Y mientras terminaban de destazarlos y se iban acercando los perros,
y cuervos y gorriones se posaban en los tejados y
en las alambradas, nosotros contemplábamos todo
aquello en silencio, cambiando miradas de complicidad y optimismo al ver nuestra aldea una vez
más y para siempre libre de intrusos.

La ceremonia

24

Fue vista con horror y a distancia por aque-

25

�La televisión y su influencia
psicosoc ial
Comuni&lt;:ac.:iún preliminar

Fidel de la Garza

Programas y comerciales, que cor.stituyen la esencia de fa
transmisión, se clusificaron de a c•Jerdo a su contenido en lo siguiente forma:
COMERCIALES

PROGRAMAS
1. Películas Mexicanas
2. Tele-novelas
3. Comedias
4. Detedíves
s. Va c;ueros y Bélicos
6. Cómico- musicales
7. Noticias
8. Deportes
9. Aventuras Infantiles

1.
2.
3.
4.
5.
6.

7.
8.

9.

10. Caricaturas

TO.

11 . Ciencia-ficción
12. Cult urales

11.

Auto-publicitarios•
Avtos y Refociones
Productos Alimenticio\
Bebidas Alcohólicas
Refrescos
Tabaco
Tiendas de Rapa
Jobor.e, y Cosméticos
Muebles y Aparatos poro
el hogar
Servicio Social
Varios: formacios, Periá·
dicos y Joyerías.

Vaqueros
y Bélicos

1 Vulle de Pasiones. Faldas y Pistolas. los Rebeldes. Bonanza. los lancer. los Vengadores.

Bol Master~on. Bronco. Combate.

..
Cómico-

Revista Rotaria. Festival de la Cancíón. Hoy.

Musicales

Múskri y Estrellas.

Noticias

Noticieros. Noticiero Medio Dio. Noticiero Aceptaciones. Noticiero Monterrey Social.

Deportes

Oeporl&lt;is y Espectáculos. Lucho Líbre. Futbof.
Beisbol. Comentarios Pre,:os a Juegos. Pena
Futbolístic&lt;:1.

Aventuras

El Paya so Pipo. Rin Tin Tin. lossie. El llone,o
Solitario. Flipper. Doktori.

13. Cocino y Belleza

14. Anuncios••

..

JNTRODUCCION
A estas funciones explícitas de la televisión podría agregarse
otra que sería una actitud inconsciente agresivo-destructiva de
sv teleovditorio. Sin embargo, esto actitud na ha sido científicamente explorada. En relación a ella múltiples personalidades,
tales como, U Thant, secretaría genera! de la ONU y el Popa
Paulo VI han hecho resaltar a las casas produdoras, a las au·
torid-ades y al público en general, la influencia tan poderosa
que lo televisión ejerce sobre su auditorio y las consecuencias
que una programación mal orientada puede ocasionar a la masa . Se ha mencionado, aunque en forma especulativa, que la vio·
fencio en fa televisíón puede ser lo causante de la exacerbación
de lo c.riminalidad ' mundial y qve actitudes observados en la
2
televisión pueden ser mimetizadas ,:ar el auditorio. l I

lo comunicación, desde sus manifestaciones mús $imples o
primitivos o nivel prnverbol hasta lo que se ha llamado comunicación de masas. ha $ido objeto de preocupación permanente
paro los interesados en relaciones liumonos. Cll
Durante la Segundo Guerra Mundial lo actitud de los habiiontes de diferentes poises fue modificado y algunos veces hosto
encouz.odo o través de lo rodio-comunicación. Churchill desde
lo resistencia arengaba o los aliados y sus discursos políticos eran
escuchados clandestinamente por los países ocupados. Hitler entusiasmaba o su pueblo y amedrentaba o sus enemigos por medio
de lo rodio, onticipondo los roids de su fuerzo aéreo. Este es un
ejemplo de como lo comunicacion de masas por medio de lo radio
tomó un tinte de presión psicológico que superó rápidamente a

• Propagando del propio
canal poro ser visto.

Infantiles

Los resultuóos represen tan el promedio de las observaciones
de cua lt o personas.
Caricaturas

RESULTADOS YDISCUSION
1.-ClASIFICACION DE PROGRAMAS DE LOS CANALES 3

El presente trabajo vo encaminado a estudiar en forma cien·
tífico la influencia psicológica y social que lo televisión ejerce
sobre su auditorio y hasta dó~de puede ser nociva. Paro lograr
nuestra cometido hemos dívidido el estudio en los siguientes

1., prenso.
En los úitimos dos décadas lo televisión ha ido apoderándose,
o posos ogigontodos, del lugar preponderante de lo rodio como
medio ~e comunicación de masas. lo transmisión hemisférico· de
un discurso, de un evento deportivo, o de los adelantos en lo
conquisto del espacio son hechos cotidianos que no causan mayor
asombro o sorpresa

y 10. .

la programación semanal del canal 3 se distribuyó en lo
,igviente forma:

etapas:
CLASIFICACION DE PROGRAMAS DEL CANAL 3
11 Un análisis cuantitativo de la televisión en si mismo que incluye el contenido, lo d Jración y lo freauencio de los diferentes programas y comerciofes. ( Esta comunicación preliminar es el resultado de cficho onáli$is 1.

los "medios-maso" de comunicación se han difundid&lt;' en
formo por demás vertiginoso debido, entre otros causas, o que
exigen un mínimo de portici¡:oción por porte del hombre &lt;omún
de lo calle. los noticias, por ejemplo, yo n.o son privativos del
que sabe leer y escribir, sino de todo aquel que puedo pasivo•nente oir y ver. Ton seductor es su influjo que es
de esto participación pasivo ante lo televisión y
los niños antes de hablar, ven y escuchan la
todo los comerciales y conforme olconz.on más
desarrollo se interesan por los programas.

Pr ogramas especiales de
propaganda comercial.

2) Un análisis del televidente, sus características personales, tales como: sexo, educación, ocupación, número de haros Y distribución de $U programación favorito.

dificil abstraerse
es habitual que

31 Un análisis de la influencia psicológico! que la televisión ejerce sobre su auditorio, aprovechando lo información obtenida
en las dos primeros etapas y observaciones directas del te!e·
auditorio que nos servirán poro emitir un juicio más preciso sobre fa influencia psicosociol de lo televisión.

televisión, sobre
evolución en su

Sin dudo alguna, lo televisión ha cambiado la imagen que el
hombre tiene de si mismo y del mundo que le rodeo. lo g,an
cantidad de información que pro¡:orciono o las masas ho hecho
que lo que antes era vedado e insólito, ho; leo factible Y per·
mitido. Tres de las funciones primordiales de la televisión han
ejercido vna gran influencia en la manero de ser del hombre
actual, éstos son:
l l Culturizar, llevando al pueblo un conocimiento mós objetivo
y científico del desarrollo intelect 1.,o f y artístico.
21 Divertir, transmitiendo espectáculos ligeros y recreativos, y
3 J Comercializar, d ifU'lldiendo lo s productos del mercado ,:ara
que el tele-oud;torio los co nozco y los acepte.

26

Programas Incluidos

Claslficocién

Películas
Mexicanos

Cinco películas por semana.

T.ele-novelas

No hay.

Comedias

Dick Van Dyke. El y Ella. lo Novicio Voladora.
las Héroes de Hagan: los locas Adams. Los
Apuras de Papá. El Fantasma y lo Señora
Miur. Eso Chica. Las Novios. Mi Marciáno Favarita. los Beverly Ricos. Granjero Ultimo Modela. Joven Centenario. lo Familia Adoms. Mister Ed. Hechizada. lo Isla de Guilligan. Super
Agente 86.

Detectives

Judd. ladrón sin Destina. BI Santo. Alto Tensión. lronside. El Astuto. Monnix.

MATERIALES Y METODOS
la ciudad de Monterrey, capital del Estado de Nuevo león,
se escogió como centro de adivfdades por ser lo residencio de los
investigadores. Se tomaron en consideración y como patrón comparativo dos canales de televisión: el canal 3 con difusión loco!
y el canal 1 O con difusión nacional.
En una semana, lomado al oz.or, se cronometró diariamente
segundo o segundo el tiempo total de transmisión. Esto se
consideró necesario ya que aunque existen programaciones pú·
y

biicos de ambos canales, los comerciales r.o están incluidos en
ella~ y modifican imprevisiblemente la programación,

Shauan. Huckleberrey Hound. i.:imba. Birdman. los Picapiedra. El Pójoro loco. Bol Fink.
Don Gato y s u Pandilla. los Cuatro Fontásticos. Dibujos Animados. Cin&lt;ilandia. El Hom!,re Araño.

�Viaje al Fondo del Mar. Perdidos en el Espacio. Dimensión Desconocido. Los Invasores.

Comedias

Culturales

Anatomía Lunar. Biografía. El Pulso de lo
Ciudad.

Detectives

Depa, tomento de Policía de Nueva York. Misión Imposible. Escuadrón Odd.

Cocino y
Belleza

Vaqueras
y Bélicos

No hay.

Cinco Minutos para Ellas.

Guia de Compras. Codazos. Remate de Autos.

Cómicomusicales

Anuncios

En formo Similor la programación .semanal del canol 1O se
distribuyo en lo siguiente forma :

T A

Mis Adorables Sobrinos. Julia. Teatro Fomiliar de la Azteca.

Cier&gt;ciaFicción

II

L A

DISTRIBUCION DEL TIEMPO TOTAL DE TRANSMISION

Canal 3

Tiempo Total

Sylvia y Enrique. Programo Nestlé. Po ndorama. Amor se escribe con Arden .
Noches TaJ:otíos. Exitómetro Colgate. Los Po·
livoces. El Show de José Feliciona. Cito Musical. Do Re Mi de Costa o Costo. TV Musical
Ossart. Programo Domecq. Orfeón o Go Go.
Loco Valdés { Premiere) . Din Don Do n Musical. lmpoctos Musicales Cuervo Candil-ejes.

Canal 10

Hs. Min.

%

lis. Min,

91 .26

100.0

70.52

%

100.0

Programa s

79.10

86.6

49.30

69.S

Comerciales

10.1 6

13.4

21 .-48

30.4

Domingos Herdez.
CLASIFICACION DE PROGRAMAS DEL CANAL 1O

Clasificación

.

Noticias
Programas Incluidos

Películas
Mexicanas

Cinco Películas por Semana.

Tele-novelas

De lunes a sábado de 3 :00 a 7 :00 P. M.

Estos resultados indican que de coda tres minutos de transmisión, a los comerciales se !es dedico medio minuto en el canal
3 y un minuto en el canal 1O.

Noticieros. Agenda de Medianoche. El Prímero con los Ultimas. Noticiero Cosa Ma11
dero " Excélsior • Noticiero Domecq1 Cuestión de Minutos. t~oticiero o Color.

3.-Di•tribución del Tiem,to de Programacl6n .
lo T:Jbla 2 indica la distribución del tiempo tle programación.

T
Deportes

Box {Un compeona1o, pero no sucede regularmente).

B

A

2

DISTRIBUCION PORCENTUAL DE LA PROGRAMAOON SEMANAL

Pr~

Películas Mexicanas

Tele-novelas

Aventuros
Infantiles

Teatro Fantástico.

Caricaturas

El Corro!caminos. Comedy Copers. Intermedio
Cómico.

CienciaFicción

No hay.

Culturale•

Estudiantinas que Estudian. El Dr. l. Q. Comentarías y Celebridades. Un Sola Hombre.

Cocina y
Belezo

Cocinando con Kraft.

Anuncios

Remate de Autos.

2.- DISTRIBUCION DEL TIEMPO TOTAL DE TRANS1'1\ISION.
En la Tabla I puede apreciarse la forma en que el tiempo
total de transmisión ha sido dividido entre programas y comerciales en las canales 3 y 1O de televisión. l os resultados estón
expresados en horas y minutos y en porciento el tiempo de trans:nisión.

28

A

29

Canal 3

Cctnaf 10

20.S

17.9

o.o

33.8

�T
Comedias

12.5

Detectives

10.7

A

3

5.5

10.6

o.o

Cómica-musicales

3.0

15.8

Cunol 3

Noticias

9 .8

27.2

2.4

6 .4

17.2

10.5

P,ebiclo s Allcohólicos

2.2

13.7

Refresco s

3.3

0.9

Tabaco

1.8

1.7

16.3

3.1

J,,bones y Cosméticos

7.6

16 .3

Muebles y Apa,otos Hogar

8. 1

7 .2

Servicio Social

1.3

1.6

18.8

11.3

Prod . Alime nticios
11.3

Deportes

7 .9

4.5

Aventuras Infantiles

8.4

1.9

8.2

2.2

5.0

o.o

Tiendas de Ropo

Varios
Cu ltural

1.9

Anuncias

1.3

4.0

Ccmol 10

21.1

Auto-publicita rios
Autos y Refa ccione.

Ciencia-ficción

A

OISTRIBUCION PORCENTUAL SEMANAL DE LOS COMERCIALES

Comerciales

Ca ricaturas

l

3.7

-

Vaqueras y Bélicos

B

En la Tablo 3 los auto-publicitarios, los bebidos a lcohólicos
y los anuncios de tabaco hacen 25.1 % de los comerciales de l

ca na l 3 , mie ntras que en e l canal I O esas mi~mos rubros suman

o.o

~0.3 o/o.

RESUMEN
1. Coma parh, in icial de un estudio sobre la influencia psicoló·
g ico y social que la television ejerce sobre su auditorio se
hizo un análisis cuantitorivo de la televisión en sí mi~mo en la
ciudad de Monterrey, Nuevo león. El estudia incluye el can·
te nida, la duración y la frecuencia de las difere ntes programas
y come rcia le s de das canales de televisión: e l canol 3 con di•
fusión loca l y e l I O con difusión nociona l.

Nótese que en ei canal 3 la quinta parte de la programación la constituye las ~elículas mexicanas. El 33.8 % lo forman
programas de detectives, vaque ros y comedias, que agregados
a la s películas mexica nos hacen el 54.3 % de la programación.
Solo el 1.9 % de la p rograma ción total semana l está dedicado a

eventos culturales. las tele-novelas estuviero n ausen tes. En el
cc nal 1O la s tele-novela • ocupan la tercera parte de la programación que agregad a s a las películas mexicanas, a los come dias
y o los programa s de detectives fofmon un 60.9 % d e lo pro·
gromación tota l. los prog ra ma s culturales ocupan el 4 %.

2. Del tiempo total de transmisión el ca nal 3 dedicó un 86.6 ',?o a
programas y un 13.4% o comerciales. En forma similar el
canal 10 dividió su tiempo en 69.5% y 30.4 % respectiva·

4.-DISTRIBUCION DEL TIEMPO DEDICADO A COMERCIALES.

La Tabla 3 represento lo fo rmo en que se ha n distribuido los
d,f,.1entes comerciales se mana lmente.

BIBLIOGRAFIA

1-Ruesch J. Therapeutic Communic.::ition, Ed. W. W. Nort::,n and Compony, Jnc._. 196l.

2.-Klopper J T., Los Efe:tos Sxiales de Ja Comunicaci6n de Masas :En: La C,encia
• de lo Comunicaci6n Humana, W11b'Jr Schramm, Ed. Roble, 1966. Pac,s. 7J..84.
3.-Maccoby Eleonor E.• Los Efectos de la Tttlevisi6n SC'bre los Niños. En: La Ciencia
d a 10 Comunicac1ón Humano Wilbur Schro:mm, Ed. Roble, 19b6. Pa g s. 123-134

30

mente.

3. El 54.3 % de los programas e n el canal 3 lo constituyeron películas mexicanas, programas de vaqueros, comedias y detectives. En e l canal 10 el 51.7% corres pondió a películas mexica nas y 1elenave las. En este misma canal es interesante no•
tar q ue el tiempo e mpleado en ~eliculas mexicanas, te lenove las y come rciales ocupó un 63.4 % del total de la transmisión.
4. Las programa s culturales constituyeron el 1.9% en e l cana l
3 y el 4 % en e l ca·nal 1O del tiempo. total de transniisia n.

Para no olvidar a Hilda
Horacio Salazar Ortíz
a Jl.faría C1ist,ina Villarreal Navar ro

Estoy convencido de que los resortes de la
conducta femenina escapan con fortuna a todo escrutinio y a todo trazo racional. Y querer explicarlos por las corazonadas o la fuerza del instinto
sólo sería otra prueba de la remozada fatuidad
masculina. Me refiero, por supuesto, a aquellos
impulsos que llevan a la mujer a realizar actos que
involucran su propio destino. Sólo de este modo
puedo explicarme la conducta de Hilda en aquella
hora en que la vida, simple y esplendorosa, se impuso a mi empobrecida fantasía, a mis sueños
descoloridos. Pero la mención de la palabra sueños no debe interpretarse en el sentido de que las
vivencias que estoy· recreando ocurrieran fuera
del plano real. Nada de eso. Tampoco son producto de alucinación, porque consta a quienes me
conocen que soy una persona en su sano juicio.
En apoyo a esto podría añadir los siguientes da•
tos: me llamo Pablo Rabiela y soy originario del
sur del país; soy más bien bajo, caricuadrado y un
poco gordo. Camino de manera netamente desgarbada y tengo la impresión de que una de mis
piernas es más corta que la otra, o viceversa. Pero estos datos sólo sirven para hacer más inquietante la conducta de Hilda. Se comprenderá, entonces, que quiera dedicar estas líneas a su recuerdo.
No poseo la fatuidad suficiente como par a
afirmar que he sido amado por las mujeres, aunque he convivido con algunas, las he amado a mi
manera, etcétera. Con Hilda todo esto fue distinto
en más de un sentido. Cuando más tarde conocí a
André Breton, casi he llegado a la conclusión de
que con Hilda me fue dado vivir mi único número.
En aquel tiempo trabajaba como profesor
rural en una pequeña población del sur. Este es el
dato. La impresión es doble y podría expresarse
así:- canto de búhos en la madrugada, relinchos y
coces de caballos, voces apagaaas del hombre, del
arriero; por otra parte, por el reverso: el rostro
pálido de Hilda, su seno tembloroso tras ·el escote,
la mirada furtiva y el oscuro terror de siglos, un
par de monosílabos, un puñal ocioso sobre la mesa, y el "usted" más vivo que me ha sido dado oir.

Me gustaba Hilda. Me gusta todavía. Nunca he
dejado de amarla. Su rostro aparece siempre con
su doble condición de piedra y de rocío, de mutación y de permanencia, pálido y hermético comó
una figura de la época rosa del pintor.
El hombre terminó de aparejar sus animales.
Partió antes del alba. El canto de búhos se diluyó
entre el polvo y las sombras del camino. La terrible quietud campesina volvió a posesionarse de los
seres y de las cosas. Hilda fue mía en los minutos
del alba. En la forma escueta, carente de atuendos, con que la vida suele decorar los sucesos que
nos marcan. Ignoro, o he olvidado, los detalles.
Sólo tengo algunos datos. Hilda vivía con su madrastra y con su padre, el hombre del hatajo. Yo
vivía solo, en la enorme casa vecina, de adobes y
tejado rojo que renté por cincuenta pesos al mes.
Para entrar en mi habitación, en la que viví o morí con Hilda nuestro único número, había que hacer un gran rodeo y entrar por la puerta del corredor. Pero Hilda estaba, estuvo siempre, fuera
de mi mundo.
Dados los antecedentes del caso, se comprenderá que era inevitable la separación. Lamento la
espantosa frase que antecede; puede el que lea,
si le place, cambiarla por otra menos indecorosa.
A la sazón, un antiguo amigo me hizo un presa-•
gioso obsequio. Un puñal de reluciente hoja de
acero, con esta inscripción: "Perro que ladra, no
muerde". No supe qué pensar del obsequio y de la
frase, pero ambos me llenaron de aprensión.
En la tarde, casi en la noche, pude estar con
Hilda la última vez. O la penúltima. En ella, como
en mí, el afecto y la angustia, el viejo terror sordo, se mezclaban. Pero yo no tuve, como ella, el
valor de confesarlo. Sus hermosos ojos tristes
brillaban en la penumbra como los ojos del tigre.
Yo trataba de distraerme. La cobardía me impidió
compartir con ella aquel momento irrepetible.
La imagen de Hilda no me ha abandonado.
He vuelto a verla en el corredor, en la penumbra
del alba y de la tarde, con el mismo escote y la
misma sonrisa pálida. He soñado que me espera

31

�al otro lado del río, pero el despertar siempre me
corta la travesía. También la he visto en otras
circunstancias.

"En la madrugada, el hombre del hatajo avanza entre el polvo y las sombras, entre canto de
búhos y aullido de coyotes. Decenas de perros
hambrientos les contestan, como un eco, desde la
ranchería cercana. Sobre la mesa, a la luz difusa
de la madrugada que penetra por las rendijas, brilla la hoja del puñal. En la esquina del cuarto está
apoyada la escopeta de retrocarga. La visión del
río bajo las sombras adquiere algún rasgo de afinidad con la hoja del puñal. Ahora, con más claridad, leves toques en la puerta del corredor. Abro.
La sombra sigilosa de los pilares se diluye sobre
el muro negro. Allí está Hilda, Hilda en vivo, Hilda soñada, con su escote, su sonrisa, su silencio,
su extraño mundo. Me acerco al borde de la cama.
Ella hace lo mismo. Hablamos, pero no hacemos
preguntas ni juramentos. Vemos pasar como una
sombra, o como una luz, a la vida: escurridiza sobre el cristal o sobre la arena del río o sobre la
hoja del puñal o sobre el seno sin escote o sobre
el cuerpo de Hilda o sobre los dos cuerpos en el
segundo sin nombre de la anulación total".
Después de esto, ha de comprenderse mi acción de gracias por los difusos rumores de la madrugada, por la partida del arriero y el aullido de
los coyotes, por el presagioso canto de los búhos
y el susurro de la arena en el lecho del río. Por
los ojos de Hilda. Por sus muslos y sus senos ceñidos por el alba. Por el cuerpo de Hilda.
Más de esto no podría decir. Espero que Hilda me perdonará la ordinariez de relatar para extraños, de esta manera torpe, un sueño ennoblecido con su nombre.

Acercamiento a
Serguei Eisenstein
Jesús Dávila
Diego Rivera decía que así como no podría
concebirse la existencia de la Lengua Española
sin la presencia de Cervantes, tampoco podría
concebirse la Cinematografía sin la presencia de
Eisenstein. Es decir, para él tanto Cervantes como Eisenstein son intrínsecos e imprescindibles en
sus actividades. Subrayaba que si bien era cierto
que antes de ambos ya se hablaba el español y ya
se había iniciado el hombre en la experiencia cinematográfica, respectivamente, cabía el mérito
histórico a estos dos grandes genios de haber plasmado y resumido en su obra maestra, toda una
serie, grande, de los recursos y las posibilidades
técnicas y artísticas que hasta entonces no habían
sido explotados y que, sentaron las bases para un

32

ulterior desarrollo del lenguaje español y del lenguaje cinematográfico.
El nombre Serguei Mijailovich Eisenstein es
sinónimo de grandeza. Nacido en Riga, capital de
una de las actuales repúblicas bálticas, en el año
de 1898, viene al mundo en el seno de una familia
de ascendencia judía y de acomodada posición social. Sus primeros estudios son realizados en su
ciudad de origen, pasando después al viejo Petrogrado para estudiar Ingeniería y Arquitectura. En
ese tiempo la "Venecia Nórdica" vive momentos
efervescentes y trascendentales, todo es actividad
política y todo es ebullición intelectual. El ambiente cautiva al inquieto Serguei y éste, ávido de

33

�Georges Sadoul, coinciden en afirmar que su obra
es positiva y genial. Ambos desde distintos puntos
de vista van analizando y descubriendo los grandes aportes que nos dejara.

cultura y de información va asimilando conocimientos sólidos, enciclopédicos, sobre Leonardo da
Vinci, Pushkin, Delacroix, Dostoievski, Marx, Gogol, Rodin, Chejov, Freud, Stanislavski, etcétera.

El jurado reunido en los últimos meses de
1958 en la ciudad de Bruselas, califica al Acorazado Potcmkin como la mejor película de todos los
tiempos.

Con el advenimiento de la Revolución Socialista, pasa al lado de ella y empuña las armas para ir al frente como soldado rojo en 1918, combate al lado de su pueblo para rechazar la invasión
imperialista que trataba, según palabras de Winston Churchill, "de ahogar en su propio llanto al recién nacido poder de los soviets". Por esto trunca
sus estudios sobre la Ingeniería y la Arquitectura,
conociendo por propia experiencia los rigores brutales del momento: muerte, soledad, desvastación,
hambre, contrarevolución, traiciones políticas. Sobre todo ello acaba por imponerse la grandeza de
su espíritu y de sus ideas. Este es su primer triunfo.

En México honda huella dejan sus años vividos cuando filmaba la frustrada Tormenta sobre
México, notándose su clara influencia en nuestra
mediocre industria fílmica.
Su teoría manifestada en dos libros: El sentulo del cine y La forma en el cine, es resultado
de sensatas observaciones que mucho tienen que
ver con su formación ideológica, siendo lo esencial en ella la concepción dialéctica sobre el montaje.

En el frente organiza y participa como actor
y director en diversos espectáculos. El proceso
histórico parece acelerarse en su naciente república, la revolución abarca todos los órdenes, campea el ánimo de cambiar radicalmente todos los
organismos de difusión cultural orientándolos al
servicio de la clase obrera y de las grandes masas;
bajo este estado de cosas nace el Proletkult, cultura proletaria, dedicado sustancialmente, a elevar
el nivel cultural de la población por medio de la
difusión y creación de buenos espectáculos; él es
uno de sus fundadores y principales baluartes. En
este período realiza diecinueve obras del más variado género teatral, combinando en ellas el espectáculo circense, el teatro tradicional y la composición fotográfica expuesta en diversos planos.

Para Manuel Michel la escuela cinematográfica soviética representa la suma estética del cine
mudo, situándose Eisenstein a la cabeza de ella.
Las ideas sostenidas por Dziga Vertov, teórico
del Kino-Pravda (cine-verdad), acerca de que había que sorprender la realidad existente en sus
momentos diarios para llevarla a la pantalla,
constituyen una base o plataforma desde donde se
proyecta hacia experiencias más profundas, sin
descuidar en ningún momento la forma y el sentido cinematográficos.

lo que de ello pueda entenderse. En el capítulo n
de El sentido del cine, Eisenstein argumenta ...
"Cada elemento del montaje debe ser una de las representaciones particulares de la idea general, repartido igualmente en todas las tomas. La representación A y la representación B (por ejemplo)
deben elegirse (entre todos los elementos posibles
de tema tratado) y buscarse de tal suerte que su
yuxtaposición -su yuxtaposición y no la de otros
elem,entos- despierte en el espíritu y la sensibilidad del espectador la imagen más completa del
tema."

1925/El Acorazado Potemkin. (l. m.) •
1926 -29/ Lo viejo y lo nuevo. (inicialmente La línea general) . (l. m.)
1927/ Octubre •
1931/ ¡Que viva México!. (inconclusa). (l. m.) •
1936/El Prado de Bejin. (inconclusa). (l. m.)
1938/ Alejandro Nevsky. (l. m.) •
1943- 44/Iván el Terrible, la parte. (Iván Grozny). (l. m.) •

FILMOGRAFIA DE EISENSTEIN
1923/El Cine - diario de Glumov. (c. m.)

1945 - 47/ Iván el Terrible, 2a. parte (La conjura
de los Boyardos). (l. m.) •

1924/ La huelga. (l. m.) •

• Estas pcllculas están siendo exhibidas y estudiadas e n el
Cine Club de la Universidad.

Sus aportes específicos son varios. En La
Huelga, plasma y desarrolla magistralmente las

Es entonces, cuando tiene oportunidad de conocer la película Intolerancia del autor norteamericano David W. Griffith, hecho singular que influyó en forma determinante su participación y su
obra cinematográfica. También entonces encuentra al Teatro Japonés en una de sus más exquisitas versiones, el Kabuki, expresión universal del
pensamiento y del arte nipón pletórico de colorido
y de constantes sorpresas escénicas; el Kabuki, a
diferencia del teatro tradicional, no sigue una secuencia lógica en su representación, utiliza una
forma nueva, trata de despertar la imaginación
del espectador, se trata que por medio de música,
luces, y desplazamientos rápidos, aparentemente
inconexos, se provoque la idea clara de lo que se
quiera decir, sugestión y no entrega directa y
lógica del concepto y del sentido; grata, profundamente impresionado queda el talento de Riga.
Críticos cinematográficos connotados provenientes de ideologías tan dispares como el católico
Henri Agel y como el santón comunista francés

intuiciones, los asomos, que David W. Griffith
tenía sobre el close-up, sobre el uso de la cámara
en movimiento y sobre el desarrollo de acciones
simultáneas en una misma secuencia; por su forma y por su sentido es ésta la primera película
revolucionaria en todos sus aspectos. En su etapa
de cine silente materializa el contrapunto como
idea central del montaje y, merced a esta mecánica, logra sorprender, cautivar, apresar al espectador, teniéndolo en constante estado de atención
hacia el desarrollo de la trama misma.
Todo su montaje (la idea del contrapunto)
es dialéctico, esta concepción contiene lo grueso
de su teoría estética sobre el cine. Planteamiento
de una tesis, de una antítesis y el concepto, la
idea que se transmite y que debe brotar en el pensamiento del espectador, según la fuerza que se
logre imprimir en la representación de las imágenes correspondientes a las dos primeras categorías; sólo así el público podrá captar el movimiento del pensamiento del director y establecer el
más preciso diálogo entre lo que se transmite y

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�Trozo mural para Manhattan

José María Lugo

la fina punta de lápiz desarrolla vectores trenes subway trayectos
entrecruzados cruces lineas rugosas chirridas de ronco hierro
y ensordecidos ojos entrecerrados a golpes olas de aire prisionero
convexas fugas de estrellas reflexionan E;ll alto negro azabache
minúsculas orugas bólidas ardientes latiguillos trazos repentinos
en el dorso africano de la ataviada noche marina frívola y urgente

el inocente aire y el fuego vengativo en soledad multiplicada y sola
el desfile de ceros en cifras de infinitud enloquecida y fanática labor

batallón de cohetes en sus torres de lanzamiento clandestino
despegan ansias anclando duramente sandalias de arrocado hierro
basamento garra pedestal herido &lt;le múltiples hormigas humanas
encharcadas de luz artificial y de sonido enfebrecido y pútrido
cuadriláteros de oro festonean erizadas lanzas babélicas
de estrelladas puntas y de cuchilladas faros bucean en nocturno
vaho de boa soporifico sónico embriaga los caracoles auditivos
y dragones chinos trafican a cierta altura cuadrilátera sobre
sus zancones cien pies férricos y aplomados entre fanales matorrales
la mañana levanta el telón y la obra ya estaba empezada
baba abúlica penetra en la boca de vaho de niebla nibelunga
del río caimán que bosteza su hilera dentada y vorágine
el sol matutino hace llorar a las ventanas ornadas de palomas
que prontamente aplauden formando repentinas nubes giróvagas
para extender su manto en dóciles Jnesas de verde billar
antes de que los menires autorreflejados se beban su sombra
al izar· la estatura desnuda del dia su antorcha de níquel

un ángel con trompeta vuela de una cúspide cúbica a otra cúspide cúbica
al rato llega otro ángel y otro ángel y otro ángel inmóviles
la tarde embiste entonces con triangulaciones doradas de sangre
las yemaa de los ojos
y la noche baja el telón sin darnos cuenta y sin que la obra se acabe
el zorro espín duplica su escalofriante joroba en la sigilosa y brillante
lengua del rio hundiendo sus cuchillos pringados de escarlata festivo
azul oro vespertino agotado verde tornasol de intenso petróleo solar
rápidamente se instala una pecera y de una torre silar henchida
junto a otra torre silar embozada junto a otra torre silar agazapada
empieza a verterse _un quebradizo hilo de tintineantes monedas de oro
una con:iente clor?filáctica ensangrentada y rápida traza en burbujas
consecutivos cuadriláteros sobre las fauces apiñadas de salones de cine
el rostro del cielo se pinta las cejas con unas gaviotas mañaneras
y es atravesado por peces gigantescos de plata bruñida
que el sol acuchilla y rompe en llagas astilladas de nlquel
en ascensos y en descensos se junta a las cacatúas helicópteras
que llenan los aires de atornados ruidos ladeándose esquivas
el verano riega su desnudez prolifica en los ávidos labios de las playas
Y el aire culebrea de diminutas espirales encendidas los ámbitos del ojo
un atlas hercúlida sostiene enrojecido e hinchado de fuerza el globo
mientras un tren foca se zambulle en una orilla del río
Y sale alegremente en la otra sacudiéndose

el conglomerado termitero en su indolenta navegación pluvial
sin que se percate introdúcese de una vez zas en túnel oscuro
el frio obliga a rostros negros exhibiciones dentaduras
y el invierno arroja irremediable su silenciosa e hiperbórea lava
la lluvia anciana deja caer su numerosa caspa amotinada
depositando lentos mantos blancos angélicos cabellos
en el fondo devorador de encañonadas gargantas termópilas
un triángulo va del lugar de unos ojos ve rtiginosos al puro de un barco
y del puro de un barco a una grúa jirafa que rumia ventanas
hojas de vidrio y amamanta a una grúa cigüeña que deposita
un péndulo niño en la mano megalítica y fría de un ·puente
qué unos pájaros y otros pájaros carpinteros de acero
mutilan unos dedos artríticos y huesudos de agarrotado hierro
la isla se estira y alarga sus brazos a las otras islas
en las fruterias de los almacenes unidos cajones se arquitecturizan
los elevadores se termometrizan externos e internos en operaciones
anhelos fruticidas anhelos besticidas humanicidas ansias de rabia
embravecidas contra la casta tierra contra el agua servicial- y bum ilde

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�Sección de libros

l\fax Bcnse, Hegel y Kierkegaard. Una investigaci6n de
principios. Trad. de Guillermo Flores Margadant, (Instituto de Investigaciones Filosóficas, Cuaderno 28), Universidad Nacional Autónoma de México, M~xico, 1969.
82 pp.
La importancia de este pequeño libro, en verdad
profundo, estriba P.u presentarnos los dos tipos de filosofía y modos ele filosofar que a través de la historia se han
venido contraponiendo: el existencial y el sistemático.
Para ello el autor analiza dos casos en extremo opuestos: Kierkegaard y Hegel. Sin embargo, en el transcurso
de su análisis, encuentra "el resultado evidente de que
la literatura filosófica y religiosa de Soren Kierkegaard
no sólo representa uu excursus colosal acerca de la literatura filosófica de Hegel, sino también de que la obra
de Hegel encuentra una interpretaci6n en la obra de
Kierkegaard, de tal calidad como si Kierkegaard fuera
aquel extraño, único discípulo de Hegel que lo hubiese
entendido y -según Hegel- malentendido al mismo tiempo".
H2.y, al parecer, entre Hegel y Kierkegaard, una exclusión mutua y una diferencia radical, pero, al mismo
tiempo, y esto es lo que pretende mostrar la investigación de Max Bense, una armonización entre los dos de
tal suerte que la filosofía de Kierkegaard viene a ser una
especie de contrapartida de la de Hegel. El sistema filosófico abstracto y vacío de Hegel viene a1 interpretarse
mediante la filosofía existencial concreta de Kierkegaard
como un correctivo existencial en un idioma complementario. Kierkegaard mismo seria, según el autor, el correctivo personificado del sistema de Hegel.
Se encuentran asi diferencias que en el fondo pueden armonizarse en un Todo por su complementariedad.
Señalemos algunas de las diferencias que existen entre
estos dos pensadores. Hegel acerca la filosofía a la religión en aquel espíritu absoluto que, en su suprema conciencia de si, es idéntico a Dios. El otro separa la existencia cristiana ininterrumpidamente de la filosofía, en
especial de la filosofía de Hegel, mediante una diferenciación clara y ordenada. El sistema de Hegel es un sistema de identidades. El sujeto es considerado idéntico a
la sustáncia; la realidad a lo racional; la esencia al concepto; lo infinito a lo finito; la razón a la historia; Dios
:i, la. razón absoluta; el ser al pensar, o sea, el ser a.l espfritu. Estas identidades deben ser entendidas como síntesis. En Kierkegaard, en lugar de las identidades se
coloca un sistema de "diferencias cualitativas" o de "saltos", como rezan sus dos términos, que opone a los conceptos hegelianos de "identidades" y "sfntesis". Y 1:stos
sistemas diferentes entrañan una manera de expresión
diferente, un lenguaje diferente que también cuidadosamente analiza Max Bense. "Si me limito por completo",
.nos dice, "a la diferen&lt;'ia en los métodos del estilo expresivo e intelectual, podría llamar el modo de pensar
y de hablar de Hegel --0 sea del sistemático-, el modo
convincente, probatorio, y con esto habría subrayado lo
abstracto y teórico del acto; como contraste con el anterior designaría el estilo filosófico de Kierkegaard como
la más importante expresión, hasta la fecha, de un filosofar oxperimenhl, ensayista; por lo tanto un filosofar
en forma tentativa -Y con esto habría expresado exactamente lo roncreto y práctico de sus intenciones. Esta
distinción entre la filosoffa como teoría pura, y la filosofía como experimento puro; entre el estilo abstracto, teó-

rico, científico, de una fi losofia, y el estilo concreto, experimental, existencial, de un filosofar, es algo que no
sólo puede ilustrarse claramente en una comparación entre Hegel y Kierkegaard; también es fundamental Y característica parn las dos grandes formas distintas que
debe tener presente una historia de la filosofía -en especial una historia estilfstica de esta actividad espiritual."
Asl, la forma en que Hegel da expresión a su Teodicea es el sistema; en cambio, la Teología de Kierkegaard no se presenta en forma de un sistema, sino que
toma la form:t de una obra literaria extensa, religiosa y
filosófica. La diferencia radical ele intención, por otro
lado, estriba en que la primera tiene como meta representar una realidad. mientras qu~ la segunda quiere alcan-

zar un efecto fundamental. "Si el sistema filosófico-religioso de Hegel", dice Max Bense, "sólo se vuelve comprensible b:1jo la categorfa ele una realidad, la literatura
filosófico-religiosa de Kierkegaard únicamente puede comprenderse bajo la categoría. de un efecto."
l\fax Bense introduce también en su investigación
fuentes ins¡iiradoras de Hegel y Kierkegaard, como lo
son Leibniz y Pascal respectivamente, y conserva, como
él mismo dice, "cuando menos algo de la tradición de
los complejos fundamentrrles de problemas, sistema y
existencia, que hoy en dla se encuentra delante de nosotros como una tarea; cuya unión y armonización, es
una tarea decisiva, ya que a este respecto se trata, nada
menos, que de la discusión entre la moderna filosofía
sistemática que considero, como ya dije, en intima relación con la metodolog!a, de las ciencias, metodología moderna (axiomático-dcductivo-formalizadora) y la filosotfa
existencial, cuyas manifestaciones, como igualmente esbocé, encuentra su ante('edcnte en Kierkegaard."' Ahora
bien, ¿En qué consiste esta armonización de sistema y
existenC'ia? El autor lo explica de la siguiente manera:
"La conclusión de sistema a existencia es una conclusión
siftemática, abstracta en cuanto cierra el sistema, en
cuanto lo amplia hacia una nueva disciplina, la filosoffa
existencial, y esto quiere deeir que .el sistema se amplia
neces3.riame11t(', partiendo de un enunciado metafísico
elemental; la conclusión ele sistema a existencia es una
conclusión existencial, ya que requiere un hombre concreto, individual, que represente el sistema en forma existente."
Así pues, el caso Hegel-Kierkegaard nos muestra un
ejemplo de cómo el sistema puede complementarse por la
existencia. Lo cual significa que es una conclusión de la
posibilidad teórica a la realidad práctica, es decir, la conclusión existencial es, en todo caso, una decisión del individuo concreto de existir dentro del conjunto de verdades del sistema, o sea, no renunciar -como Galileo-;
convertirse -:c-.1 estilo de Pascal- ; expiar -al estilo de
Kicrkegaard-. Por último no hay más conclusión que la
existencialista, desde el pensar teórico, abstracto, al ser
práctico, concreto; desde la verdad lógica a la realidad
objetiva; desde el sistema a la existencia; desde lo ideal
y lo posibl&amp; a la realidad y efectividad.
Tenemos, sin embargo, una critica que hacer a nuestro autor. Hay una confusión de principio que desafortunaelament~ vician las conclusiones del libro al no distinguir entr~ "sistema" filosófico y s istema científico.
En última instancia, la pretensión de que el sistema o no
sistema. ele Kierkegaard sea el filosófico al contraponerlo

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al de Hegel que s~rfa cientfflco es evidentemente una equivocación o una tesis del autor que podria ser
muy discutida. En realidad hay grados de sistematización entre los :;istemas de Hegel y Kierkegaard, pero
entre ellos y un verdadero sistema cientffico hay una diferencia cualitativa radical. No existe en filosofía un sistema !ilosófico objetivo y universal que áyude a comprender cualquier filosoffa. Estos son as! --el de Hegel
también-, sistemas únicos y singulares que constituyen
la filosofía de un pensador individual. En cambio, los
sistemas científicos si tienen esta escala de medida universal en un metas1stemn de base: el sistema de las
matemáticas. Con todo, son más los esclarecimientos y
dilucidaciones que ofrece este libro que merece ser
leido no sólo por los especialistas. H. M. G.

e~o, metáfora, y no un monumento al deseo de épater le
bou1111eois. También: el tono de esa primera estrofa d&amp;
Primavera nos acomocl:1. de inmediato frente a uno de
los poemas contemporánr.os que muestran el alma adolorida de un hombre que ha perdido su patria. Es este
poema uno de los más significativos en lengua española,
sobre el tema.
A partir pues del fin de la G'u erra Civil espafiola (y
principios de la Segunda Guerra mundial), resm•ge el
poeta PG. Ya no ultraísta, admirador distante de Juan
Ramón Jiménez, devoto de Antonio Machado, firme en la
exprPsión personal.
Una muPstra ele Poesías de la guerra española, "Oda
a España":
"Cada dia va ai1ondándose, agrandándose
la soledad de España.
Desde lo alto de mi monte miro,
derramo mis miradas melancólicas
por un mundo d~sierto.
Sobre, mi frente el cielo se desliza impasible
y mi dolor en medio eternamente espera.
Ay, mis dias azules
por los que resiJ~.lé cuando era niño,
y mis noches ardidas . ..
Ay, mi tierra, ml.~~~eblo, _EJ!_p-ª'ñª' mj3c._..
Siento a los pies mi vida derribada
y un momento mi vida son mis ojos."

Ped1·0 Garüas, Antología· poética, pról. y selec. do
Juan Rejano, Finisterre, México, 1970.
Ap:uece dos años y medio después de la definitiva
partida de Pedro Garfias (1901-1967), la antologla de su
obra poética, la que pudria señalarse como la más completa hasta el momento. L:i. asociación de un editor -Alejandro Fini.sterre- que publica libros de éxito incierto y
alguno que otro best seller (Su excelencia de Mario Mornno Cantinflas) y un poeta del exilio español -Juan Reja.no- nos permite ahora contemplar casi totalmente -Y
penetrar- la poesfa de uno de los artistas inquebrantables de nuestro tiempo.
Ultraista Pn su primera juventud, PO: dejó testimonio
de esa primPra etapa de su quehacer en El ala del sur,
libro que coincide puntualmente con la expansión del ultrnísmo (1918-1922). Esta escuela literaria contemporánea
y deudora -más lo último que lo primero- del dadaísmo, el futurlsmo y otros ismos de la misma especie, procuró el a.i;ombro vetbal, la salvación artlstica a través
de la metáfora por la metáfora misma y aun la búsqueda
del asombro y el choque. Por todas estas caracterfsticas
el ultralsmo, fundamentalmente español, produjo algunos poetas de- valfa: Vicente Huidobro, Juan Larrea, Gerardo Diego, Rafael Lasso de la Vega, Guillermo de Torre,
Jorge Luis Borges, Pedro O:arHas. Todos estos escritores
derivaron hacia otros géueros o hacia otros moldes de
expresión poética. No era posible madurar si no se retiraban los ojos de la innovación formal y se volvfan
hacia. la morada interior. Y eso fue lo que sucedió con
la obra de PG.

Después de clamar contra la sinrazón de aquel preámbulo a la. Segunda G'uerra que fue la lucha civil en España,
después de la dolorosa separación y de vivir en México
más tarde, surg&amp;n los poemas últimos de De soledad y
otroa pesares (1948) y los de Río de aguas amargas (1953) .
Aquf el poeta ya no habla d(' los hechos concretos, exteriores, brutales, que revierten en su alma; no, habla de
la coruumón con el mundo, y también del desapego paulatino. a través de la soledad. La fuerza de un hombre
puede fincarse en sólo su imaginación: la soledad no volverá débil al que sabe crear el mundo. El poeta está solo
pero lo acompaña su fidelidad al universo que él ha construido:
"A veces grito iracundo:
aquí me falta un lucero,
aquf me sobra una estrella.
¿Quién hizo este firmamento?
Una voz piadosa dice
que no es rielo sino techo.

Véase uno de los "Acordes" de El ala del sur:
"De

fui

-Por mi vida, grito yo,
dejadme saber mi sueño.
Donde yo pongo los ojos
todo es cielo-."

mi balcón flotante
colgándo tus besos

Y ahora todas las noches
repican con el viento"
Ahora compárese ese poema con la primera 1:-strofa
de Prim2vera en Eaton Hastings:
"Porque te siento lejos y tu ausencia
habita mis desiertas soledades
qué pMftmda esta tarde derramada
sobre los verdP.s campos inmortales."
Lo primero que podriamo'&gt; notar aquí es que PG no
es• un u-l.tra-fsta retorcido o escandaloso; su metáfora es

PG nunca transigió con las "relaciones públicas", no
cuidó su "carrera literaria."' Eso lo colocó al margen de
los grupos, las revistas, las editoriales. En buena hora
que Juan Rejauo y Alejandro Finisterre contribuyo.u
en 1970 a la difusión d(' la poesía de PG.
(La. .~ntología poética de PG contiene : un "Retrato
de Pedro O:arfias" por Juan Rejano, El ala del sur (integro), Primavel'a en Eaton Hastings (integro), y scleccion1is de Poesiu de la guerra española, De soledad y
otros pesares, Viejos y nuevos poemas, Río de aguas
amargas). M. C.

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"El deslinde"jbajos de la torre de la rectoría, ciudad universitaria.
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Autónoma de México.

UNIVERSIDAD

Armas y letras

Publicación quincenal de la Universidad de Nuevo León

Revista de la Universidad de Nuevo León. Tercera
época. Número l. (Junio, julio y agosto de 1970) .
Editorial universitaria. Torre de rectoría, So. piso.
Ciudad universitaria. Monterrey, Nuevo León, México. Suscripción por un año/ $ 24.00; en el extranjero/$ 3.00 Dlls.

Datos sobre la universidad. Información general. Encuestas, opm1ones y
entrevistas sobre los problemas de la universidad actual. Sección de letras,
cine, teatro, arte. Reseña de libros y revistas. Reportajes. Ensayos.
Publicado por la Sección de Editorial del Departamento de Extensión Universitaria.
DIRECTOR/DAVID MARTELL MENDEZ
Torre de la Rectoría/ quinto piso / Ciudad Universitaria/ Monterrey,
N. L./Méxíco.

Director/ Alfonso Reyes Martínez.
Colaboran en este número: Miguel Covarrubias,
Jesús Dávila, Fidel de la Garza, Andrés Huerta,
José María Lugo, Humberto Martínez Gonzá]ez,
José Emilio Pacheco, Hugo L. del Río, Horacio
SaJazar Ortíz.
Impresa en los talleres de la Imprenta Universitaria de la Universidad de Nuevo L eón.

$ 6.00

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l5~76

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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              <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1970, Tercera Época, No 1, Junio-Agosto</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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