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GUERRA DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA.
De 1808 á 1814.

I
1
1

LA ambician desmesurada del ilustre y afortunado
guerrero Napoleon le habia hecho mirar por largo
tiempo con ojos codiciosos á la bella y fértil península española. Desde el principio de su gloriosa
carrera contemplaba ya la posibilidad de apoderarse de ella; pero sea que temiese el denuedo é
indomable espíritu de independencia á la dominacion extranjera que babian manifestado siempre
sus habitantes, ó que no le conviniese durante sus
operaciones militares en el K orte de Europa tener
por enemiga á la España, que, aunque menos
fuerte, podia por su posicion geográfica causarle
• considerable daño, lo cierto es que basta el año de
1808 cuando la paz de Tilsit había afianzado el
cetro en su diestra no llevó á efecto la invasion
que meditaba, y aun entonces no la verificó abierta
y noblemente, sino por medio de un engaño y
valiendose de un pretexto ~ubrecticio y ratero may
indigno de un hombre que en mas de un sentido se
babia hecho acreedor á la apelacion de Grande
con que era distinguido.
El privado Don Manuel Godoy, que de simple
guardia de corps babia ascendido en muy pocos
años al rango y título de príncipe de la Paz, y al
elevado puesto de primer ministro de Espafia y
generalisimo de sus ejércitos, no contento con tan
extraordinaria prosperidad ambicionaba aun adornar sus sienes con una diadema. De la codicia de
este favorito se valió Napoleon para llevar á cabo
sus planes respecto á la Espafia, tomando artificiosamente por pretexto la ocupacion del Portugal
que babia resuelto efectuar, para castigar á esta
potencia por su adhesion constante á la Inglaterra,
y por haberse negado á poner en práctica los actos
hostiles contra ella que exigia su implacable enemigo. Encubiertas sus miras de introducir un
ejército en España bajo el pretexto de que lo desti-

' ToAJ, VIII.

naba á la expedicion contra Portugal, y ofreciendo
tí. Godoy la soberanía de dos de sus provincias, los
Algarves y Alentejo, para sí y sus sucesores, obtuvo el fin que se proponia. Firmóse en Fontainebleau el 27 de Octubre de 1807 entre el mariscal
de palacio DuToc por parte del emperador, y
Don Eugenio Izquierdo eomo representante de
Godoy, un tratado, ó mas bien farsa á este efecto
que es fácil conocer no pensaba Napoleon cumplir.
Su objeto era lisonjear el orgullo del príncipe de la
Paz con una soberania ilusoria, para que como
árbitro del gabinete espaiíol coadyuvase á sus
vasto~ planes comprometiendo y sacrificando la
opinion y la independencia de la Espafia. La
celeridad de la ejecucion prueba el empeiío que
tenia Bonaparte en llevar á cabo su proyecto.
Apenas se había firmado el tratado por los agente,
diplomáticos, y sin saber la corte de Madrid sus
términos precisos, J unot, general en jefe de las
tropas reunidas en Bayona y Burdeos con el nombre de ejército de observacion de la Gironda, recibió la órden de pasar el Vidasoa y entrar en la
Península como lo verificó, empezando tambien á
moverse las tropas españolas que segun el convenio
de Fontainebleau debian cooperar con las imperiales para la ocupacion del Portugal.
Mientras se preparaba la España á manchar con
una injusticia el lustre de sus arma~ y el honor de
su política, un suceso extraordinario llamó la atencion de la capital y de la monarquia en el palacio
del Escorial. El príncipe de Asturias, despues
Fernando VII, á instigacion y por los amaños del
privado Godoy fué sospechado del intento de arrojar á su padre del trono. Por un decreto de 30 de
Octubre de 1807 denunció el rey á su hijo primogénito como reo de alta traicion, mandando se le
formase inmediatamente causa. El pueblo penetró

s

�130

EL IN STRUCTOH, O HEPERTOHIO

desde luego el origen de estos disturbios, y el odio
~ue ya profesaba al valido subió de punto al considerarle autor de ellos; sin embargo el príncipe
&lt;le Asturias fué absuelto por el tribunal nombrado
para ~uzgarle, y Godoy solo consiguió enconar la
enemistad que no po&lt;lia aquel menos de profesarle
ya, y hacerse mas odioso á los ojos de la nacion
entera.
Habían comenzado entretanto las operaciones
contra el Portugal, y el ejército francés recibía
co~itínuos refuerzos,,de modo que el camino militar
abierto desde Bayona á Alcántara hervia en tropa
y aprestos militares. En el departamento de los
bajos Pirineos se reunía un nuevo ejército con el
nombre de segundo cuerpo de observacion de la
Girouda, y á pesar de que por el tratado solo
podian entrar en la Península treinta mil hombree
el gabinete español tenia cubiertos los ojos con u~
denso velo que no le permitía ver la profunda sima
en q__ue iba á sumergirse la gloria y la libertad
e~~a~ola. E~ general Dupont, jefe de este nuevo
eJerc1to, entro en Irun el 24- de Diciembre: en 30
de Enero de 1808 lo verificó Moncey con numerosos refuerzos, y el 3 de Febrero se metió en
Cataluña por la Junquera Duhesne con doce mil
hombres, sin noticia de la corte de Mailrid.
Tales ruol'imientos y tan fuertes divisiones no
po&lt;lian dejar duda de que ya no se trataba de
ocupar solamente el Portugal, y hasta el mas senrillo conoció que las miras.estaban puestas tambien
en Espaúa. Mas por desgracia los~spaííolee creyeron que las tropas francesas venian destinadas á
obrar en fü_vor del prí~ici pe de Asturias, y aunque
su presencm y los danos que experimentaban no
les eran ?ra_tos! sufrian sin quejarse un mal que
les pnrecia m&lt;l1spensable, para librarse del escan-

Murat, gran duque de Berg y Cleves, encargado
por N apoleon del mando de las tropas f
l p ,
.
·
rancesas en
a enmsula, ~~b1a entrado en la capital el din
antes, y presencio con no poco desagrado el afecto
que profesaba el pueblo al jóven monarca. Obsti-

da!oso y perjuUicialisimo _predominio ele un mlido
odiado.

1

. Pero los movimientos del ejército invasor que de
cha en clia obraba con menos recato, .tomaron un
carltcter alarmante, y la corte que entonces se
hallaba en A ran311ez,
·
· d o correr tan apriesa los
vien
s~cesos amenazadores, se puso en el mayor confüc!o, y desde el 13 al 16 de Marzo se tomaron
nri_as disposiciones para verificar la trnslacion del
gob,?rno á Sevilla Y de alli á Méjico si lo e:xigian
las c1rcumtancias. El pueblo llegó ó. penetrar el
secr~to revelado por Godoy ó. su amiga DoifaJosefa
Tudo, y el ~e~contento general que ocasionó el
proyectado vin3e acéleró la crísis que hacia tiempo
se ~reparaba. El 17 estalló en Aranjuez una revoluci~n: la casa del favorito fué allanada, y este
hubiera perecido á no esconderse en un desván
entre ~nas esteras, donde permaneció oculto hasta
In manana del 19 en que le encontraron los amotinados. Un piquete de guardias de corps lleo-ó por
fortuna suy~ á tiem~o de contener á sus per~eguidores, y la interpos1cion del príncipe de Asturias
que acudió de órden de sus padres, le libró por
se~unda Yez de la muerte. Fué sin embargo despo3a~o por real decreto de Rus títulos y honores ;
formosele causa! y en tanto que se sustanciaba fué
preso en el castillo de Villaviciosa.
~~tos s_uc?sos y. la decitlida tendencia de la
opm1on publica obligaron
á Carlos IV á abd'1car 1a
..
corona en su hi30 que con el nombre d F
d VII
'
e ernan_ o
fue aclamado con entusiasmo por la
nac1on entera que habia fundado en este prínci e
las mayores esperanzas. El 24 de l\Iarzo verifi~ó
el nuevo
d rey su entrada púl,Jica en Mad
, ri.d cuyos
mol:~ ores llernron su regocijo hasta un punto de
d em~
·

~ó~e _en no reconocer por rey á Fernando VJ1
1ns1st1endo en la violencia
.
de
' de 1~.. abd'1cac1on
Don C~rlos_; pero ~udó de tono y lenguaje cuando
1~ e~ns1dero necesario para hacer caer á su incauta
nctuua en el lazo que le preparaba. El em-

·'

DE 11 ISTOHl.\ 1 B8LL.\.::. LETHAS Y AHTES.

perador l1aLia nnuuciatlo su intencion uc ,·isitar á
la familia real de España, y l\lurat entonces en
union del ministro francés Savary, excitó con emlJP.ño á Fernando á que saliese en persona hasta
Burgos á recibir á Napoleon, asegurándole que
esta prueba de cordialidad y franqueza induciria á
este á reconocerle como soberano espaííol. Cediinclo Fernando á sus repetidas instancias se tleci&lt;lió á efectuar el viaje, pero tuvo antes la pre,·ision de nombrar una Junta de Gobierno que
tlurante su ausencia tlesempefiase los negocios en
su nombre, presidida por su tio el infante Don Antonio con asistencia de los cuatro secretarios
O•Farril, Piúuela, Azanza y Gil de Lemus. A
esta precaucion se debió sin duda la salvacion de
la pátria. Arreglados asi los asuntos salió el dia
10 tle Abril, y el 12 llegó á Burgos acompañado
del impostor Savary que le había designado esta
ciudad como término del viaje. No se cortó este
de ,er en parte descubierta su falsedad, antes
insistió en seguir adelante como se verificó despues
de algunos debates y dudas. El 14 llegaron á
Vitoria, donde se redoblaron los temores y los
inconvenientes¡ mas ya no era tiempo de retroceder sin exponerse mucho: asi es que á pesar de
la oposicion del pueblo, salió de Vitoria y llegó á
lrun el lO, y al siguiente dia cruzó el Vidasoa
penetrando en el territorio francés.
Los reyes patlres instigados tnmbien por l\lurat,
quien les hizo creer que por medio de uua entrevista personal lograrian inducirá Napoleon ó. anular la abdicacion que había hecho Carlos IV de la
corona volviendo á sentarle en el trono, salieron
tambien del Escorial con destino á Bayona donde
llegaron el 30 del mismo Abril, y poco despues los
siguieron la reina de Etruria y el infante Don Francisco, completándose asi el cautiverio de la familia
real de España.
No satisfecho aun Murat con lo hecho, quiso
tambien deshacerse del infante Don Antonio obligándole á salir de Madrid con direccion á Bayona.
El dia 2 de Mayo al subir en el coche se acabó el
sufrimiento de los madrileños: trataron de oponerse á la marcha del último Borbon, pero la gran
guardia que le custodiaba hizo fuego sobre el
pueblo. Estalló entonces la indignacíon castellana y empezó la gloriosa lucha que ha hecho á la
España acreedora al respecto y admiracion de los
demas naciones. En el tomo VL de El Instructor,
página 211, se ha hecho un extenso relato de los
sucesos de este din aciágo, por consecuencia, contentándonos hoy con hacer reforencia á dicho escrito, pasaremos á hablar de los acontecimientos
que se siguieron despues.
N apoleon realizaba entretanto su plan de usurpar
la corona de Castilla para dar ensanche á su desmedida ambicion. Exigió de Fernando á quien
tenia prisionero en Bayona que la renuncim,e, y
viendo que este se resistía á tamaíía violencia le
impuso esta alternativa abdicacio11 tJ muerte. En
tal aituacion fué preciso ceder á la fuerza, y el 5 de
Mayo renunció la corona en favor de su padre:
111as este un día antes de veriticm·se esta cesion
hal,ia celebrado un tra lado ceu el cm ¡icrador ha-

ciendole dueúo del trono español. Por medio de
esta hipócrita deferencia á los derechos de legitimidad, creyó Napoleon cohonestar su fementida
usurpacion; pero esta política ratera lejos de encubrir sus verdaderos sentimientos no produjo otro
resultado que grangenrle el od io de los españoles.
¿ Qué necesidad tenia el guerrei·o ilustre de nuestros tiempos de hacer uso de semejautes arterías?
No hubiera sido mas noble, mas digno de aquel
génio extraordinario, el presentarse abiertamente
como conquistador? Fuerzas tenia suficientes para
efectuarlo, las que unidas al prestigio de su nombre
y la fama de los beneficios conferidos por él á
otros paises conquistados hubieran acaso facilitatlo
la sumision de enemigos nobles y generosos. La
conducta de Napoleon re,pecto de la España fué
un borron asi corno un error de su carrera política.
Por decreto de 6 de Junio tle 1808 ¡Jroclamó
N apoleon á su hermano José, á la sazon rey de
N ápoles, rey de España é Indias, saliendo garau te
de la independencia é integridad de sus estados, y
procediendo en seguida á introducir varios cambios en la administracion interior y las instituciones vigentes, los cuales proclamaba ser índice
ele su solicitud lJ0r el bien y prosperidatl del país ¡
pero los españoles conocieron mejor la mala fé de
sus enemigos que Na1Joleou conoció á la España.
El grande hombre del siglo creyó muy fácil la
conquista, pues que le parecían nulos los recursos,
y al pueblo le consideraba degenerado de su antiguo valor y entregado á una bárbara supersticion:
mas no tardó en descubrir su error, cuando vió en
la España una nacion guerrera, celosa de su independencia, enemiga ele toda dominacion extraña,
sóbria y paciente en las fatigas, y tan entusiasmada
en la victoria como resignada en las derrotas. A
naciones como esta antes se las extermina que se
las sojuzga, y primero que ceder mueren en In
lucha.
Apenas el chispazo tlel 2 de l\layo habia electrizado todos los puntos tle hi Península, los decretos
que contenian las renuncias de los Borbooes y la
creacion de la nueva dinastía acabaron de conmover todas las provincias. El 6 de Junio de 1808
declaró la Junta de Sevilla la guerra al emperador,
y la España entera respondiendo á este patriótico
llamamiento, se armó para defentler su independencia. Con un ejército harto escaso, sin un
centro ó núcleo de accion que dirigiese sus operaciones, y sin mas garantías que su valor y patriotismo para resistir la violencia de un enemigo
fuerte y orgulloso, uo por esto se iutimidó el denodado pecho castellano. Jóvenes y ancianos, eclesiásticos y legos todos acudieron á defentler su
país, todos rivalizaron en ardor y eu acciones
lieróicas, y nuestros compatriotas del Nuevo Mundo
sofocando por un tiempo el espíritu de independencia que ya empczlllm á germinar entre ellos,
unieron sus votos á los de las demas uacioues eu
füTor del alzamiento de la Península. " Los habitantes de Cuba, Puerto Rico, Yucatan y el poderoso reino de Nueva España, pronunciáronse cou
no menor union y arrebat:uniento r¡ue sus hermano¡¡
de Europa.' Itléuticos fueron los sentin1icutos r1ue

�EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO
mostraron sucesivamente Tierra Firme, Buenos
Aires, Chile, el Perít y Nueva Granada. Idénticos los de todas las otras provincias de una y otra
América española, cundiendo rápidamente hasta
las remotas islas Filipinas y Marianas. Y si los
agravios de Madrid y Bayona tocaron por su enormidad en inauditos, tambien es cierto que nunca
presentó la historia del mundo un compuesto de
tantos millones de hombres esparcidos por el orbe
en distintos climas y lejanas regiones, que se pronunciasen tan unánimemente contra la iniquidad y
violencia de un usurpador extranjero•."
Los campos de Bailén fueron testigos del primer
triunfo conseguido contra los que se titulaban innncibles. El ejilrcito de Andalucía á las órdenes
del general en jefe Don Francisco Javier Castafíos,
y de los de division Reding, Coupigny y Lapeña,
consiguió el 19 de Julio de 1808, despues de diferentes movimientos y ataques, una completa victoria sobre el brillante ejército de Dupont en In
que cupo á los soldados españoles la gloria de ser
los primeros á humillar el orgullo de las águilas
imperiales. La derrota de los franceses fué tan
compfota que el rey J o&amp;é que babia efectuado su
entrada en Madrid casi al mismo tiempo, esto es el
20 de Julio, determinó abandonar la capital y reti.
rarse al otro lado del Ebro como lo verificó pocos
dios despues.
El entusiasmo de los español\ls llegó á su colmo
con este primer ensayo, al que se siguieron otras
ventajas conseguidos en Gerona, Valencia y Aragon, pero todos sentian la falta de un centro de
unidad que dirigiese en grande las operaciones.
El 2 de Mayo babia quedado disuelta la Junta de
Gobierno, erigiendose Juntas provinciales cuando
á consecuencia de aquellos sucesos se alzó la nacion
en masa. El celo y actividad desplegados por
estas juntas son ciertamente dignos del mayor
elogio, pero sus decisiones careciendo de unidad
eran por lo tanto menos eficientes. Haciase pues
necesaria una cabeza capaz de dar el debido impulso á los masas y que mereciese la confianza
nacional; y á este fin comunicaron entre sí las
juntas de Sevilla, Murcia, Galicia y otros, dccidiendose entre ellas la formacion de una Junta Central

•

• ronde de Toreno.

y Suprema de Gobierno compuesta de treinta y
seis diputados de todos lns provinciales, la cual se
reunió en Aranjuez el 25 de Setiembre de 1808.
La Inglaterra que se hallaba en guerra con la
España porque esta se babia aliado con Francia,
viendo el pronunciamiento de la Península, ño
solo cesó en sus hostilidades, eino que ofreció ayudar ó los españoles ú sacudir el yugo. Pué admitida la oferta, é inmediatamente se vieron en lns
provincias marítimas de España enviados y agentes
ingleses que animaban á la. lucha con sus persuasiones, con sus caudales y personas; á que se siguió
el envio de tropns británicas mandados por Sir Arturo Wellesley, ahora duque de Wellington, las
cuales despues de arrojar á los franceses de Portugal entraron á batirlos en Castilla.
El ejército español que se hallaba en Portugal
á las órdenes del general francés J unot en virtud
del tratado de Fontainebleau, apenas tuvo noticia
del levantamiento de su 11ais contra los franceses,
acudió á la defensa de su pátria uniendose á sus
conciudadanos. Lo mismo hizo el otro ejército
español que Napoleon babia arrancado á la España
para debilitarla, y que á las órdenes del marqués
de la Romana, se hallaba en Dinamarca contribuyendo á las glorias del insaciable emperador.
Logrando embarcarse en treinta buques ingleses
llegó este ejército á Santander el 8 de Octubre de
1808 con una fuerza de nueve mil treinta y ocho
hombres.
N apoleon al ver el aspecto hostil que ofrecia la
España, mandó reunir un ejército numeroso para.
subyugarla. Por Noviembre de 1808 entró el
mismo al frente de setenta mil hombres, que unidos
ñ lo~que con el rey José habian repasado el Ebro,
formaban un cuerpo de ciento veinte mil infantes
y veinte mil caballos, con un gran tren de artilleria. En su marcha hácia la capital llegó á los
puertos de Somosierra, cuyas gargantas ó desfiladeros defendían sobre diez y ocho mil españoles
con diez y seis piezas de artilleria. El bien sostenido fuego de las liaterias detuvo el progreso de
las avanzadas france~as, y ni la presencia del emperador que se halló en medio de la accion expuesto al fuego de la artilleria y fusilería española,
ni el valor impetuso de la guardia imperial, pudieron por largo tiempo vencer la vigorosa resistencia de los intrépidos españoles.

DE IJISTOHIA, BELLAS LETRAS y ARTES.

133

t e las personas que no le ho.bian visto há~itos y
. embargo acercándose al desfiladero
Napo1eon sm
. •
d
en
r
·
defectos
personales que no tema.
""En . tiempos
.
hasta la boca misma de los cañones, conc1b1ó ~es e
sereno~,"
dice
el
conde
de
Toreno,
y o.s1st1d? de
ºbilidad
de
forzar
el
paso
por
medio
de
l
luego a posi
• k'
autoridad sino mas legítima por. lo menos de origen
atrevida carga de caballeria. Krazms i y sus
una
'b.
l
, d e_n de
odioso no hubiera el mtruso deshonrado
bravos lanzeros polacos, rec1 ieron ~ or
menos
,
,, . 'd d d España
el sólio mas si cooperado á la ie1ic1 a. e
tacar y ansiosos de distinguirse, subieron a gaNacido en la clase particular, y habiendo pasado
~ope h~sta las trincheras ven~iend~ todos ~os. obs·
·•
r
los vaivenes y trastornos de una g.ran. revolutáculos con tan inesperado é mtrép1do movnmento.
El ejército francés pasó sobre los cadáv~res de sus :on política, poseía á fondo el conoc1m1ento de
loa negocios públicos y el de los.hombres. Suave
enemigos, acuchillando al p~é de sus canones á los
de condicion, instruido y agraciado d~ rostro, .Y
artilleros que desdeñaban huir.
.
Apenas se acercó Napoleon á Madnd,. cuando 1 atento y delicado en sus modales, h~ub1era .cautila Suprema Junta y ¡08 tribunales supeno~es del vado á su partido las voluntades espan~las, s1 antes
se las hubiera tan gravemente lasttma~o en. su
reino emprendieron su retirada á Andalu.c1a, ~sno
• si· bien enr1quec1do
pundonoroso orgu11o.•· J ose,
.
cogiendo la ciudad de Sevilla para su res1d?nc1a.
de
ciertas
y
laudables
calidades,
carec1a. de las
El emperador verificó $U entrada en 1~ car,1.tal el
dia 4 de Diciembre en Tirtud de cap1tulac1on á virtudes bélicas y austeras que se ~equenan ~ntonces en España, y sus imperfecc1one~, dfbtles
que precedieron tres dias d~ vigor~sa defensa. 1!-lunares en otra coyuntura, ofrecianse_ ab~!tadas á
poco tiempo salió de Espana llamundole á Pans
los ojos de una nacion enojada y ofendida.
nuevos cuidados.
La aversion de los espaííoles ó sus orgullosos
Despues de la marcha del emperador, tomó
hué ·pedes no se manifestaba solo en las palabras.
José I el mando de los ejércitos, y creyó que uqui
como en Nápoles la natural dulzura de su carácter Dis~utábaseles el terreno á palmos, y las ~lazas
que no habian caido en su poder por mecho del
uniria á su cetro los pueblos que la fuerza acababa
.de someter. Acostumbrado á la vida apática,. á engafio se resistieron con un her~ism~ que las hn
la molicie y á los goces de Italia, rodead~ de .baJOS 1·nmortalizado en los fastos de la lustona.
El mo.risco.l Lefevre babia sitiado á Zaragoza,
aduladores que le engañaban con la hsonJa, se
ciudad abierta, y sin mas obras de defensa que l~s
mantenia de vanas y quiméricas esperanzas. En
pechos de sus dignos habitantes. Cunren_ta mil
lugar de conducir los ejércitos marchando á su
frente se estancó en la capital donde los besamanos, franceses la atacaron diferentes veces, y siempre
las audiencias, las felicitaciones, y el séquito pa- hubieron de retirarse con vergüenza, rechazados
laciego le tenían aletargado y desvanecidos á s~s por paisanos inexpertos y casi c\esarmad,os: Enministros y consejeros. Por otra parte quena tonces el emperador creyó que el mal ex1to dependia mas que del valor de los Zaragozanos de la
ganar la voluntad de los españoles ~mitand~ por
.
. ·a del general sitiador. lleemplazúronle
todos los medios el fausto, el ceremomal y la piedad 1mpenc1
· ¡
Moncey y Mortier, y últimamente el ~arJSCa,
de los monarcas españoles. Asistia á las funciones
de ialesia
y á las procesiones, seguido de su estado
Lannes, duque de Montebello, que mas fehz, llego
0
á coger el fruto de tantos desvelos y. de tantos
may or y guardia con velas encendidas: afectaba
religiosidad y munificencia: pero solo consiguió
víctimas. Montetorrero, Santa Engrac1a, el ?oso,
hacerse mas ridículo, porque el pueblo estaba cada cuartel, cada calle, y cada casa, se defend1er~n
dispuesto á desconfiar y tomar en mal sentido á palmos con el mayor teson ; no se consegma
todas sus acciones. Y llegó á tal punto la pre- ventaja por el enemigo que no costase ~om_bates y
ocupacion contra él, que hasta se le achacaron sangre: las bombas aplanaban los ed1fic1os, l11s

...

o

;

::1

�134

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

balas los desmoronaban, y el fuego los consumia :
barrios enteros demolidos, toda la ciudad y sus
afueras contraminadas, mas de veinte mil defensores muertos eu su recinto, trece mil enfermos en
los hospitales, y toda la poblacion fatigada y famé!ica; finalmente, escombros, cenizas, luto, desolac1on y muerte, tal era el espectáculo que ofrecia
la incomparable Zaragoza, cuando despues del
segundo sitio capituló con honor. Los vencedores
mismos acostumbrados á medir sus fuerzas con
todos los pueblos y naciones de Europa, hao hecho
la justicia de confesar que la última defensa de
Zaragoza no tiene ejemplo en la historia moderna,
y que tal vez puede rivalizar en valor con Numancia y Sagunto. Este fué el resultado de un
sitio de cincuenta y dos dias de trinchera abierta
de los cuales se emplearon veinte y nueve para
entrar en la plaza, y veinte y tres en fa. guerra que
se sostuvo de una en otra casa. Todos los Zaragozanos se colmaron de gloria, y el general Palafox
á su frente aumentó las muchas que babia ya
adquirido al lado de sus compatriotas en la primera
defensa de la inmortal Cesar-Augusta•. Zaragoza
capituló el 21 de Febrero de 1809. No fué menos
gloriosa la defensa de la importante plaza de
Gerona, que sufrió tambien dos sitios obstinados
cayendo por último en poder de los franceses en'
Diciembre del mismo año.
Entretanto la Junta Central no cesaba de adoptar
las medidas mas enérgicas para la defensa de la
pátria, y auxiliada por la prontitud y buena voluntad con que el pueblo se prestaba á cuantos
sacrificios se exigiao de él, pudo organizar, á pesar
de la escasez de sus recursos, varios cuerpos de
ejército, destinados á obrar en diversos puntos de
la Peninsula. Pero á pesar de los extraordinarios
y gloriosos esfuerzos de los españoles, se notaba la
falta de un verdadero general en jefe que moviese
estas enormes masas con acierto, y maniobrase en
grande ; asi es que la victoria coronó á los enemigos de la Espaiía diferentes ,·eces. El 13 de
Enero de 1809 perdió el general Don Francisco
Javier Venegas la batalla de Uclés á la que babia
provocaclo al duque de Istria; el general Víctor
ganó en 28 de Marzo la batalla de Medellin contra
el ejército de Estremadura, y en otros varios encuentros tuvieron que ceder las tropas españolas á
las aguerridas napoleónicas.
Proporcionó sin embargo un desquite á las armas castellanas la batalla de 'falavera dada desde
27 á 29 de Julio de 1809. El ejército español á
las órdenes de su general Don Gerónimo de la
Cuesta, y los ingleses aliados bajo el mando de
W elliogton, derrotaron completamente á todas las
tropas francesas que mandaba su rey en persona.
Mas de ciento cuarenta mil hombres de una y otra
porte, y sobre ci,mto treinta piezas de artillería
jugaron en esta batalla sangrienta, cubriendo los
campos de muertos y heridos, á los vencedores de
la gloria militar y de confusion á los franceses que
l1uyeron en la m11s espantosa y desordenada fuga.

'

• Don fe1min Cabalforo Mor¡¡11ez.

No tar~aro~ sin emba~go..en lavar esta afrenta
' con la victoria que cons1gu10 el general Sebnstiaoi
en los campos de Almonacid de Toledo el 11 de
Agosto, y si bien la gloriosa accion de Tamames
reanimó el espíritu de los castellanos, fué muy
efimera esta ventaja, pues á ella se siguió la célebre
y desgraciada batalla de Ocaña tan funesta para
las armas españolas.
A principios de 1810 los franceses aparecieron
victoriosos en todos los ángulos de Espniía, y el
20 de Enero invadieron la Andalucia. La Junta
Central deseando graogearse aun mas el amor de
los pueblos y excitar si posible fuese á mas alto
grado su entusiasmo, babia determinado restablecer las leyes flllldamentales de la mouarquia
convocando las antiguas Córtes generales del reino.
Ya en l\fayo de 1809 babia anunciado la coovocacion, ordenándola formalmente en 28 de Octubre.
Pero la invasion de las Andalucias desbarató sus
planes, y la Junta tuvo que trasladarse á la isla de
Leon por ser punto que ofrecía mayor seguridad.
Empero ya á la sazon una série de intrigas nsi
como la complicacion y dificultad de las circunstancias, habiao debilitado el prestigio de que gozaba In Junta Central, cuyos miembros, sacrificando sus sentimientos particulares en !ns liras de
la pátria, resignaron su autoridad en una Regencia
compuesta de cinco individuos. Toda la nacion
reconoció al consejo de Regencia, y lo mismo
hicieron las provincias de América, excepto Buenos
Aires y Venezuela. Reunieroose por fin las Cortes,
las cuales, instaladas casi bajo el cañon enemigo,
empezaron sus sesiones públicas el 24 de Setiembre de 1810. Una de sus primeras disposiciones fué proclamar segunda vez á Fernando VII
por rey de Espaiía é !odias, dando por nulas y de
ningun valor las renuncias y actos de Bayona.
Esta reunion que tomó el nombre de Córtes generales y extraordinarias, se compooia de ciento
cuatro diputados y cuarenta y ocho suplentes.
La España toda en armas y cada vez mas deci~
dida, luchaba diariamente por su independencia y
la libertad de su monarca, sin que la sangre vertida
ya entonces en mas de veinte batallas y un sin
número de acciones menores bastase á debilitar su
entusiasmo. Combatiendo con un arrojo de que
no hay ejemplo, apenas dejaban pasar dia sin
medir sus armas con las huestas de su tirano. El
ejército anglo-español mandado por el general Beresford babia derrotado el 16 de .Mayo de 1811
en los campos de la Albuera á los franceses que
mandaba el mariscal Soult, con perdida considerable. Este mismo ejército combinado al mando
de Lord W ellington, consiguió otra gran victoria
contra los enemigos el 22 de Julio de 1812. El
mariscal l\Iarmont general en jefe de Jns tropas
francesas, no solo vió derrotado su ejército en la
gloriosa batalla de Arapiles, sino que salió herido
con varios generales, y perdió quince mil hombres
entre muertos y heridos, sin contar los prisioneros
y veinte y siete piezas de artilleriu.
La noticia de esta derrota y de la marcha del
ejército alindo puso en gran consteroacion al gobierno intruso. El rey José con sus tro¡,u;¡ y

DE lJISTOHIA, BELLAS LETHAS Y AHTES.

1

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adictos cmprer'ulió la retirada para Valencia el
10 de Agosto; dos dias despues entraron en l\Indricl tos ingleses, y el ejército francés, apurado por
tocias partes, se trasladó á las márgenes del Ebro,
dejando el campo á los vencedores. La batalla de
Arapiles puede decirse que &lt;lió el golpe mortal á
In dominacion francesa en España, pues aunque
José logró á consecuencia de momentáneas ventajas entrar de nuevo en la capital en Noviembre
del mismo año, se vió precisado á abandonarla en
Mayo clel siguiente para no volver jamás.
Las Córtes entretanto se habian ocupado en
formar su Constitucion, la cual fué promulgada
en Cádiz el 19 de l\Iarzo de 1812: el 14 de Setiembre del siguiente aiío cesaron en sus funciones las Córtes extraordinarias, habiendo en este
tiempo estrechado el gobierno sus alianzas con
Inglaterra, Rusia, Prusia y Suecia, y formado un
ejército de ciento ochenta mil hombres.
El 1º de Octubre siguiente abrieron en Cádiz aus
sesiones las Córtes ordinarias ; mas habiendose
manifestado la epidemia en dicha ciudad, se trasladaron á la isla de Leon ó ciudad ele San Fernando, y desde alli á l\ladri«l en Enero de 1814.
Convencido ya Napoleon de la imposibilidad de
conquistar á la España, y acosado ademas por las
huestes del Norte, se vió obligado á tratar con
Fernando, que desde 1808 se hallaba prisionero en
Valenfay, reconociendole, por un convenio celebraclo el 8 de Diciembre de HH3, como legítimo
soberano de España é Indias, si bien le impuso
condiciones asáz duras y violentas.
El rey entró en el territorio español el 24 de
Marzo de 1814, pasando el Fluvia por Báscarn,
donde fué recibido por Don Francisco Copons,
genernl en jéfe del ejército de Cataluña. Esperábase con sobrado fundamento que sancionase y
jurase la Constitucion de 1812, aprobando lo hecho
1ior las Córtes : pero ingrato á los servicios eminentes prestados por estas á la pátria y á su persona, y que tanta parte tuvieron en el glorioso
desenlnce á que debió su libertad, ó ya cediendo á
las insidiosas sugestiones de los enemigos del gobierno, abolió la Constitucion, y dos dins antes de
su entrada en Madrid, que se verificó el 13 de
Mayo de 1814, fueron de órden suya disueltas las
Córtes por medio de la fuerza armada. Nos abstendremos ele hacer observaciones sobre este bastardo proceder, por ser agenas del objeto de este
escrito.
Con la libertad del rey y la asombrosa caida de
Napoleon tuvo fin en España la gloriosa guerra de
la Independencia en que los españoles admiraron
nl mundo entero con su constancia y valor ejemplar, sellado con su sangre en mas de cuatrocientas
ochenta batallas y acciones de guerra, sin coutar
los infinitos choques de las guerrillas y del paisanaje, que constantemente, y en todos los puntos
de la Península, disputó al enemigo la posesion
del país.

135

EL DIA DOS DE MAYO DE 1808.
Védlos ... vienen allí; volved los ojos,
Escuchad su clamor ! son los tiranos
Que "ienen á partir vuestros despojos
y en vuestro pecho á ensangrentar sus manos.
Sus {1guilas no veis que el vuelo aflojan
Con gritos mil sobre in villa opresa?
Miradlas descender, como se arrojan
En bandadas los buitres á su presa.
Ah! cómo sospechar, misera villa,
Tú r¡ue eras noble y por tu mal valiente,
Que asi burlaban tu amistad sencilla,
Que asi dudaban de tu arrojo ardiente!
Y abriste el seno y el reptil odioso
En el calor del corazoo guardaste;
l\lns presto de su diente venenoso
En la ponzoña impura te inuntlnste.
El corazon mordió que era su abrigo
Y el pecho desgarró que lo abrazaba,
l\Iostrando entonces, pérfido enemigo,
De su traicion la ponzoñosa lava.
Ay! tus hijos, l\Iadricl, los que animados
De su ardiente valor á luchar fueron,
Contra armadas falanges de soldados,
Sin urmns combatiendo sucumbieron.
Mns siu venganza no, r¡ue brcvemer,te
Esa hueste imperial rota en pedazos,
Al pueblo que insultó, dobló In frente
Al golpe cierto de sus fuertes brazos.
Murieron en In lid, que si venganzas
Contra esas huestes el valor previno,
No fué jamas con torpes asechanzas,
Ni sus frentes dobló hierro asesino.
Pura siempre y hermosa la memoria
Al mundo quedará ele uuestros hechos:
Solo para vosotros sea la gloria
De haber herido en indefensos pechos.
Hijos de esos verdugos! si de vellos
Aun vuestro orgullo con placer se goza,
Venid, venid y preguntad por ellos ...
Alli estan, en Bnilén y en Zaragoza.
Aun hoy cubren sus blancas osamentas
Llanuras mil y su clamor se escucha
Y aun quedan las imágenes sangrientas
De aquella horrible desusada lucha.
Y tú tambien, Murat, tú que manchado
Con ln muerte de mártires sin cuento
Deshonraste tus timbres de soldado,
De sangre de patibulos sediento!
Tú que á mi patria de opre~ion y yugo
Cubrir quisiste con traidor alarde

�13G

EL INSTRUCTOR, O UEPERTORIO
Y que troca~te, pérfido verdugo,

Ln espada fiel, por el puñal cobarde.
Qué fué de tí! Los tigres vencedores
En los campos de Pizzo te alcanzaron
Y ofendidos traidores, de traidore~,
Tiranos, de tiranos se vengaron.
Y vosotros, dormid, los que In muerte
En esa tumba para siempre encierra:
Dormid, dormid en paz, sin que os despierte
Hondo clamor de fratricida guerra.

No alceis los ojos ni las yertas manos
De nuevo á contemplar nuestros afanes,
Que de nuevo hallareis otros tiranos
Que insultarán vuestros sangrientos manes.
Hoy tambien por las calles se derrama
Con bárbaro rencor sangre inocente ...
Y rebelde tamhien ahora se llama
Quien niega á la opresion su altiva frente.
A.G.G.

ELEGIA.
Animus memioisse horret,
Luctuque refugit,
Vrno. EN.

Noche, lóbrega noche, eterno asilo
Del miserable que esquivando el suefio
Ptofundas penas en silencio gime,
No dcsdefies mi voz: letal beleño
Presta á mis sienes, y en tu horror sublime
Empapada la ardiente fantasía,
Da á mi pincel fatídicos colores,
Con que el TREMENDO DU.
1'race al fulgor de vengadora tea,
Y el odio irrite de la 1&gt;atria mia,
Y escándalo y terror al orbe sea.
¡ Dio. de execracion ! La destructora
Mano del tiempo le arrojó al averno:
Mas ¿ quién el sempiterno
Clamor con que los ecos importuno.
La madre España, en enlutado arreo,
Podrá atajar? Junto al sepulcro frío,
Al pálido lucir de opaca luna,
Entre cipreces fúnebre la veo:
Trémula, yerta y desceñido el manto,
Los ojos moribundos
Al cielo TUelve que le oculta el llanto,
Roto y sin brillo el cetro de dos mundos
Yace entre el polvo, y el leon guerrero
Lanza á sus pies rugido lastimero.
¡Ay! que cual débil planta
Que agosta en su furor hórrido viento,
De víctimas sin cuento
Lloró la destruccion Mántua afligida !
Yo vi, yo vi su juventud florido.
Correr inerme al huésped ominoso.
Mas ¿qué su generoso
Esfuerzo pudo? El pérfido cau1lillo

En quien su honor y su defensa ff11,
La condenó ni cuchillo.
¿Quién? i ay! 1a alevosia,
La horrible asolacion habrá que cuente,
Qué, hollando de amistad los santos fueros,
Hizo furioso en la indefensa gente
Ese tropel de tigres carniceros?
Por las henchidas callee
Gritando se despeña
La infame turba que abrigó en su seno.
Rueda allá rechinando la cureña,
Acá retumba el espantoso trueno,
Alli el jóven lozano,
El mendigo infeliz, el venerable
Sacerdote pacifico, el anciano
Que con su arada faz respeto imprime,
Juntos nmnrra su dogal tirano.
En valde, en valde gime
De los duros satélites en torno
La triste madre, la afligida esposa,
Con doliente clamor: la pavorosa
Fatal descarga suena
Que á luto y llanto eterno las condena.
¡ Cuánta escena de muerte! Cuánto estrago!
¡ Cuántos ayes do quier! Despavorido
Mirad ese infelice
Quejarse al adalid empedernido
De otra cuadrilla atroz. "¡Ah! ¿qué te hice?"
(~xclamn el triste en lágrimas deshecho)
" l\fi pau y mi mansion partí contigo;
"Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho,
"Templé tu sed, y me llamé tu amigo;
"¿ Y ahora podrás pagar el hospedage
"Siucero, franco, sin doblez ni engaño,
"Con dura mue-rte y con indigno ultrage?"
¡ Perdido suplicar! ¡ inútil ruego!
El mónstruo infame á sus ministros mira,
Y con tremenda voz gritando ¡fuc_qo !
Tinto en su sangre el desgraciado espira.
Y en tanto ¿dó se esconden,
D6 estan, ó cara Patria, tus soldados
Que ú tu clamor de muerte no responden 1
Presos, encarcelados
Por gefes sin honor, que haciendo alarde
De su perfidia y dolo,
A merced de los vándalos te dejan,
Como entre hierros el lean, forcejan
Con inútil afan. Vosotros solo
Fuerte DAOIZ, intrépido VELARDE,
Que osando resistir al gran torrente,
Dar supisteis en flor la dulce vida
Con firme pecho y con serena frente;
Si de mi libre Musa
Jamás el eco adormeció á tiranos,
Ni vil lisonja emponzoñó su aliento,
Allá del alto asiento
A que la accion magnánima os eleva,
El himno oid, que á vuestro nombre entona,
Mientras 1a fama aligera le lleva
Del mar de hielo á la abrasada zona..
Mas ¡ ay I que en tanto sus funestas alas
Por la opresa metrópoli tendiendo,
La yerma asolacion sus plazas cubre ;
Y al áspero silvar de ardieutes balas,

13 7

DE lll~'l'OHIA, 13ELl,AS LETHAS y AHTES.
Y ni ronco son de los preiíndos bronces
Nuevo fragor y estrépito suceJe.
¿ Oís como rompiendo
De moradores tímidos las puertas,
Caen estallando de los fuertes gonces?
¡ Con qué espantoso estruenJo
Los dueños buscan que medrosos huyen !
Cuanto encuentran destruyen
Bramando los atroces foragidos
Que el robo infame y la matanza ciegan.
¿No veis cual se despliegan
Penetrando en los hondos aposentos
De sangre y oro, y lágrimas sedientos?
Rompen, talan, destrozan
Cuanto se ofrece á su sangrienta espada.
Aqui matando al dueño se alborozan,
Hieren allí su esposa acongojada:
La familia asolada
Yace espirando, y con feroz sonrisa
Sorben voraces el fatal tesoro.
Suelta, á otro lado, la madeja de oro,
Mustio el dulce earmin de su mejilla,
Y en su frente marchita la azucena,
Con voz turbada y anhelante lloro
De su verdugo antes los pies se humilla
Tímida vírgen, de amargura llena;
.Mas con furor de hiena,
Alzando el corbo alfange damasquino,
Hiende su cuello el bárbaro asesino.
¡ Horrible atrocidad! ¡ treguas, ó Musa,
Que ya la voz rehusa
Embargada en suspiros mi garganta!
Y en ignominia tanta
¿ Será que rinda el español bizarro
La indómita cerviz á la cadena?
No, que ya en torno suena
De Palas fiera el sanguinoso carro,
Y el látigo estnllante
Los caballos flamigeros ostiga.
Ya el duro peto y el arnés brillante
Visten los fuertes hijos de Pelayo.
Fuego arrojó su ruginoso acero:
¡Venganza y guena I resonó en su tum ha ;
¡ Venganza y guerra l repitió Moncayo;
Y al grito her6ico que en los airea zumba
¡ Venganza y guerra I claman Turia y Duero.
Guadalquivir guerrero
Alza al bélico son la régia frente,
Y del patron valiente
Blandiendo altivo la nudosa lanza,
Corre, gritando, al mar ¡ guerra y venganza!
Vosotras, ó infelices
Sombras de aquellos que la infiel cuchilla
llobó á sus lares, y en fugaz gemido
Crumis los anchos campos de Castilla;
La heróica España, en tanto que al bandido,
Que á fuego y sangre de insolencia ciego
Brindó felicidad, á sangre y fuego
Le retribuye el don, sabrá piadosa
Daros solemne y noble monumento.
Alli en padron cruento
De oprobio y mengua que perpétuo dure,
La vil traicion del déspota se len :
Y altar eterno sea
To:u. VIII.

Donde todo español al mónstruo jure
Rencor de muerte, que en sus venas cunda,
y á cien generaciones se difunda.

J . N.

GALLEGO,
o

..

&gt;

REMEDIOS.

Contra la c&amp;lera &amp;enojo. Salid á dnr un paseo al
aire libre : alli podreis dar vuestras quejas á los
vientos sin ofender á nadie ni proclamar vuestra
simpleza.
Contra u,¡ ataque de indolencia &amp;pereza. Contad
las oscilaciones de un péndulo. Ejecutad esto durante una hora, y es bien seguro que á la segundo.
os hallareis dispuesto 6 quitaros la casaca y trabajar como un negro.
Contra un ataque de ambician. Entrad en un
cementerio y leed las inscripciones de la~ !umbas:
ellas os dirán cual es el fin de la amb1c1on. El
sepulcro será pronto vuestro dormitorio, la tierra
vuestra almohada, In corrupeion vuestra madre, Y
los gusanos vuestros compañeros y amigos.
.
Contra el descontentamiento. Visitad el hosp1tal
y el hospicio, ó hablad con los mí~eros habi_tantes
de una cárcel : volTed la vista Mc10. el tulhdo, el
ciego, el enfermo ó el afligido y os avergonzaréis
de murmurar de vuestras triviales desventuras.
Contra el desaliento. Mirad la infinidad de cosas
buenas que Dios os ha concedido en este mu~do Y
las que promete á sus servidores en el ven~dero.
El que vá á su jardin tan solo á buscar esprnas Y
telarañas, las hallará sin duda; mientras que aquel
que baja en busca de una flor logrará tal vez volver
á su casa con una muy hermosa en la mano.
Contra toda clase de ataques de duda, perplexidad, y temor. Bien tengan relacion con el
cuerpo ó con el espíritu; bien sea que carguen
sobre los hombros, In cabeza ó el corazon, el remedio
siguiente efectuará una cura radical. "Apoya tu
carga sobre el Señor que él te sostendrá."

CANON INDIANO.
EN Cubberpore na Jeal, en India, hay un caíion
que tiene doscientas y trece pulgadas de largo,
sesenta y seis de circunferencia al rededor de la
boca, y diez y ocho pulgadas de calibre. Tenia
originalmente seis aniUos que servían para alzarlo,
y de eUos se ven aun cinco. Los naturales llaman
á este cañon J aun Kushall, ó destructor de la vida,
atribuyendo su manufactura y posieiou á las doosas
ó divinidades tutelares, aunque sus inscripciones
persas muy imperfectas ya, atestiguan su formo.cion por la mano del hombre. Pero lo mas ex.
traordinario es que dos árboles corpulentos han
abrazado en su crecimiento tanto el cafíon como
la curefia, formando con ellos un solo cuerpo.
Fragmentos del hierro, un muelle, una de las pezoneras y parte del maderaje proyectan entre las
T

�EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO
raices y troncos de estos árboles, pero el cañon se
halla sostenido enteramente por ellos. Uno de los
anillos y la mitad de su extension total están comJ)letamente empotrados en el tronco. No puede
imaginarse una vista mas curiosa ni un cañon mas
firmemente montado.

BAJA TEMPERATURA.

Cu ANDO oimos hablar del ínfimo grado de temperatura que se experimenta en las regiones árcticas,
suponemos naturalmente que un frío tanto mas
intenso que el mayor que llega á sentirse en los
climas mas templados, debe ser sumamente JJenoso
á pesar ele cuantos esfuerzos se hagan para neutralizarlo por medio del abrigo. Sin embargo el
extracto siguiente tomado del diario del capitan Back, que acaba. de efectuar una expedicion
exploratoria á los climas boreales, probará que esta
idea es algun tanto equivocada. "Como la crudeza de la estacion," dice, "había pasado ya, y
babia yo visto el termómetro el dia 17 de Enero
á 102 grados debajo de cero* y dormido al raso
en una atmósfera 82 grados mas fria que el hielo,
con solo una manta por cubierta, habiendo ademas
adquirido alguna experiencia en el modo de transitar
sobre las nieves, se rue permitirá acaso hacer algunas observaciones respecto á la intensidad del frío
en las inhospitables regiones del norte, como generalmente se las denomina. Durante una calma,
bien sea que el termómetro señalase 70 grados sobre, ó 7 grados debajo de cero, la sensacion era
igual para mi: y aunque he experimentado una
diferencia de temperatura de 80° de frio á calor y
vice versa en solas veinte y cuatro horas, este cambio no era sin embargo suficientemente sensible
vara interrumpir mis ocupaciones diarias. He recorrido los campos cazando en toda clase ele temperaturas, desde el punto mas alto al mas bajo del
termómetro sin mas abrigo que el que acostumbro
á usar en Inglaterra en un día de verano, sustituyendo sin embargo una gorra de pieles, sandálias
ó alpargatas de cuero, y manguito$, en lugar del
sombrero, las botas y los guantes de cabritilla.
Una camisa sencilla de algodon bastaba para resguardar el pecho del frio mas intenso que se ha
conocido alli, y aunque mis chalecos eran de solapa,
nunca sentí bastante frío para tener que abotonarlos. No hice uso en manera alguna de flanela
ni otro artículo de abrigo. Debe sin embargo tenerse presente que estoy hablando solo de la temperatura durante una calma, ó cuando la atmósfera
se halla muy ligeramente agitada. La depresion
mayor del term6metro no me impidió jamás el emprender una excursion de placer, pero una temperatura 40 grados mas elevada, acompañada de una
brisa récia me detenía en casa. La sensacion del

frio depende mucho mas, como ya he dicho antes,
de la fuerza del viento que del estado del termómetro. Esta facilidad de soportar el frio parecerá
extraordinaria á los que han leido los terribles
relatos que de las regiones polares se han hecho,
ni será extraño que así sea. Maravillábame yo de
mi mismo al verme cazar y discurrir agradablemente por el campo en un pais tenido generalmente por inhabitable tanto para el hombre como
para el bruto: pero mi sorpresa subió de punto
cuando en mis correrias vi volar delante de mi de
rama en rama el bullicioso pardillo, pájaro que tan
frecuentemente adorna en Inglaterra la casa del
labrador; si un animalillo tan pequeño encuentra
los climas de Inglaterra y la zona glacial igualmente adecuados á su constitucion ciertamente que
el hombre puede vivir alli !" ...

CUADHOS DE LA EDAD )lEDIA.

DIVERSIDAD DE GUSTOS RESPECTO A
ALIMENTOS.
EL sentido del gusto así como los órganos digestivos se habituan con el uso á toda clase ele alimentos, considerando unos como sabroso y delicado
lo que otros tienen por asqueroso y nnuseabundo.
Los esquimales se mantienen principalmente de
grasa de ballena y otros cetáceos, y consideran un
trago de aceite como uno de los manjares mas
delicados. Los rusos devoran con toda la ansiedad del gastrónomo, jabon, velas y sebo de toda
clase. En los dias sensuales de Roma los cachorros, ó perros jóvenes, eran mirados como una gran
delicadeza en las mesas ele los ricos, y aun hoy son
muy estimados en las i~las del mar del Sur, en la
China, y en las orillas del l\1isuri y el Misisipi.
Browne, en su historia de Jamaica, dice que el
gato es un manjar delicado entre los negros: tambien gustan mucho de ellos los chinos; pero estos
últimos no son muy delicados respecto á los artículos de que derivan los elementos de la vida.
Comen ratas y culebras, y tambien las manos del
oso; y sus magnates son muy aficionados á la
parte comestible del nido de la golondrina de
Java, del cual los materiales suficientes para formar un plato no cuestan menos de 75 pesos.
Huevos pútridos y á medio empollar figuran en el
catálogo de sus extraños manjares.

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LA CASTELLANA,

ABKEGACION PROPIA.
ha existido ni existirá jamás cosa alguna
permanentemente noble y exceleute en el carácter
de lm hombre á quien es clesconociua la pr{1ctica
de la abnegacion ue sí ruismo.
NuNCA

PERSEVERANCIA.
• Té.1gase presente que los ingleses usan el term6mEtro de
Farenheit que se di vicie en 212°, siendo el 32 equival, nte á
cero cu el termómetro ele Reaumur generalmente usado fuera
d~ J05latcrra,

130

DE IIISTORIA, DELLAS LETRAS y AHTES.

E ,; imposible calcular lo que puede ejecutarse en
la vida por medio de 1)rincipios muuerados y una
j11iciosa perseverancia.

NUESTRO grabado representa la "Señora del Castillo " ó castellana de la edad media. A ella
deb; el bello sexo muchos de sus privilegios y la
delicada cortesia que habiendo tenido su origen
en los tiempos caballerescos, ejerce aun su influencia en la sociedad moderna. Retirada en su
castillo, era la dueña soberana de su familia y ele
sus vasallos; durante la ausencia de su esposo en
cazerias ó en la guerra, recaia en ella la responsabilidad de defender el castillo, y existen varios
recuerdos de nobles castellanas que han desempeñado este deber con tanta intrepidez y perseverancia como el caballero mas valiente.

Pero la ocupacion general de la señora del CII.S•
tillo era de carácter mas pacífico y menos tumultuoso. En el retiro de su alcazar ocupaba las
horas de ócio y las de sus doncellas en obras de
bordado 6 tapiceria que representaban las hazañas
de su esposo ó de sus hijos. Era tambien con frecuencia la castellana muy hábil en el conocimiento
de las propiedades medicinales de las plantas y ~n
el arte de sanar, adquisiéion de mucha importancia,
pues su habilidad para curar heridas de arma
blanca 6 las producidas por los colmillos del jo.valí,
era frecuentemente requerida. La poesia nacional
fué apreciada y cultivada en los salones del cas-

�140

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

tillo feudal, y los trovadores errantes, padres de la
establece con su mujer é hijos, y algunos indivipoesía moderna, consideraban como la recompensa
duos libres que no habiendo obtenido feudos pura
mas alta de su talento una sonrisa de la señora del sí ni conseguido dominio propio, se asocian á él
castillo. A medida que l11s ideas y modales del formando parte de su servidumbre. Estos son los
siglo fueron adquiriendo mayor grado de cultura,
habitantes de lo interior del castillo. Al pié de la
y que el respeto caballeresco hácia el bello sexo eminencia que ocupa este, vemos una pequeña
llegó á ser una especie de opinion general, la cas- poblacion de campesinos ó vasallos que cultivan
tellana se present6 en los torneos á presidir en cali- las tierras del propietario del feudo. En medio
dad de "Reina de la hermosura." Su presencia y de este grupo de aldeanos sugirió muy pronto la
el fuego de sus ojos animaban á los esforzados caba- religion el establecimiento de una iglesia y un
lleros que llenos de noble emulacion y orgullo,
sacerdote. Este, en las primeras edades del feudadoblaban la rodilla delante de ella y recibían de su lismo era generalmente capellan del castillo asi
blanca mano el premio de la victoria. Estas cos- como cura de la aldea ; mas estos oficios vinieron
tumbres contribuyeron eficazmente á refinar los
con el tiempo á separarse, residiendo el cura dentro
modales de la sociedad, y la castellana vive aun á
del pueblo y á la inmediacion de su iglesia.
pesar de que su castillo ha caido ya en ruinas.
Tal es la pintura exacta de la sociedad feudal en
Una gran parte de aquella deferencia cortés, aquel general : el señor, sus vasallos, y el sacerdote,
respeto delicado y casi reverencial hácia las damas componen en una escala mayor ó menor, el sistema
que constituye la esencia de los modales de un
feudal, separado de la monarquía y de las ciudades
caballero, tuvo su origen en los dias de la "Señora populosas, elementos distintos y hetereogéneos.
del castillo."
Lo primero que llama nuestra atencion al examiEl feudalismo fué el primer paso en la reorganinar esta pequeña comunidad es la grande imporzacion de la sociedad, despues que el barbarismo tancia que daban al poseedor del feudo no solo su
empezó á fatigarse de sus propios excesos. "Donde • propia opinion sino la de todos cuantos le rodeaquiera que cesaba el barbarismo," dice Mr. Guizot,
ban. Un sentimiento propio de consecuencia per"se h~cia el feudalismo general. Al principio se sonal, y de libertad individual era el rasgo mas
&lt;'Onsideró su establecimiento como el triunfo del prominente del carácter ele los bárbaros. Este
caos. Toda unidad, toda civilizacion general pa- sentimiento tomaba sin embargo en este caso un
recía aniquilada, y completamente desmembrada jiro diferente: no era ya simplemente la liberta.d
la sociedad, formándose de sus ruinas una multitud
del indivíduo, del guerrero; sino la importancia
de sociedades pequeñas, oscuras, aisladas é incohe- del señor, el jefe de la familia, el amo. La situnrentes. Los que fueron testigos de este cambio lo
cion de este respecto á las personas que le rodeacalificaron de anar,¡uia universal y disolucion de
ban debia necesariamente engendrar una idea de
todo lo creado. Consúltense los poetas e historia- superioridad, y superioridad de peculiar naturadores de aquella época; todos creian que se acer- leza muy distinta de la que reconocemos en un
caba el fin del mundo. Sin embargo esta era en estado diferente de civilizacion. Véase, por ejemrMlidad la formncion de un nuevo y verdadero plo, el patricio romano, que se hallaba colocado en
sistema social. Era este tan necesario, tan inevi- una &lt;le las posiciones mas aristocráticas del antiguo
table como consecuencia infalible del estado prévio
mundo. Semejante al sefior feudal, era cabeza de
de cosas, que todo se incorporó á él, todo adoptó
una familia, superior, amo; y ademas se hallaba
su forma. Hasta los elementos mas extraños á
revestido de la dignidad de magistrado religioso, y
este sístema, tales como la Iglesia, las comunidades
gran sacerdote entre sus dependientes; pero nótese
libres, la dignidad Real, todos tuvieron que acomola diferencia: la importancia de que disfrutaba en
darse al nuevo órden social. Los cuerpos eclesu capacidad sacerdotal era derivada de otro poder
siásticos vinieron á ser señores y vasallos, y la
superior. No era estricta.mente personal, sino
dignidad régia se escondió en la persona del Señor
conferida por el Altísimo, como delegado de la
feudal. 'l'odo se daba en feudo: no solo los
divinidad é intérprete de la fé religiosa, El paestados si tambien los derechos y privilegios: el tricio romano era ademas miembro de una corpoderecho de cortar leña en el bosque, el privilegio
racion que residía unida en el mismo sitio, esto es,
de pescar. La iglesia concedia sus derechos eclemiembro del senado; otra importancia derivada
siásticos en feudo: tales como los bautismales y
tambien de superior poder, cual era el del cuerpo
otros; y asi como todos los grandes elementos de
á que pertenecia. La grandeza de éstos antiguos
la sociedad quedaron encerrados en el círculo aristócratas asociada á un carácter religioso y pofeudal, las circunstancias mas triviales de la vida lítico, pertenecía á la corporacion en general mas
comun fueron tambien sujetas á la influencia del
bien que á los individuos mismos. La del señor
feudalismo."
feudal era exclusivamente suya: nada derivaba de
Este cambio social puede decirse que se efectuó otro: todos sus derechos, todo su poder residiau
principalmente durante el siglo décimo. Visitemos solo en él. No era magistrado religioso, ni miembro
ahora al poseedor de uno de estos feudos en su de ningun senado: en el individuo mismo, en su
retiro solitario, y examinemos la vida que alli propia persona estaba toda su importancia. ¡ Cuán
pasa, y la pequeña sociedad que le rodea.
vasta debió ser la influencia que ejercia esta situaHabiendo elegido un sitio elevado naturalmente cion en el individuo que la disfrutaba! Qué altifuerte, y el cual cuida de fortificar aun mas, pro- vez, que orgullo debió engeut!rnr en él! No recocede el sef)or feudal á edificar su castillo. Alli se
uocin superio.r de quieu fuese el representante,

141

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.
cerca &lt;le él no tenia iguales con quienes rivalizar:
ni existia una ley general y poderosa que le gobernara ni fuerza exterior que le reprimiera. Su
volu~tad no tenia otro freno que el límite t!e su
poder y la presencia del peligro. Tal pa~ece ser
el efecto que debia naturalmente producir en el
carácter y sentimientos del hombre la situacion en
la cue.l se hallaba colocado bajo el sistema feudal.
Pasemos ahora á examinar otra consecuencia. no
menos importante aunque en general poco observada, á saber, el carácter peculiar de la familia
feudal.
Consideremos por un momento los diferentes
sistemas de familia. Véase en primer lugar la
familia patriarcal de que hallamos una pintura tan
interesante en la Biblia, y en numerosos tratados
orientales. Consiste esta en un crecido número de
individuos, y es en realidad una tríbu. El jefe ó
patriarca en este caso vive en comunidad con sus
hiios con sus vecinos, con las diferentes genera, '
.
ciones reunidas cerca de él, y con todos sus pan entes,
ó criados. No solo vive con ellos, sino que tiene
los mismos intereses y hace la misma vida. Tal
era la situacion de Abraham y de los patriarcas, y
tal es aun la de los árabes beduinos que de generacion en generacion continuan haciendo la misma
vida patriarcal.
Fijemos luego la atencion en el clan, otro sistema de familia que apenas existe ya excepto en
Escocia é Irlanda, pero por el cual ha pasado
probablemente la mayor parte de la sociedad
europea. Esta no es ya la familia patriarcal.
Nótese aquí una diferencia muy marcada entre el
jefe y el resto de la comunidad. Su modo de vivir
es distinto: la mayor parte de los vasallos se dedican
á la agricultura y á suplir las necesidades del jefe,
mientras que este vive en el ocio ú ocupado en la
guerra. Sin embargo tod!)s proceden del mismo
tronco; todos tienen el mismo nombre, y su descendencia comun, sus antiguas tradiciones, los
mismos recuerdos, las mismas asociaciones, constituyen un lazo moral, una especie de igualdad entre
todos los miembros del clan.
Estas son las dos principales form~ de sociedad
familiar que nos presenta la historia: preguutaremos ahora, ¿se parecen In una 6 la otra á la familia
feudal? cierta.mente que no. A primera vista parece existir alguna analogía entre esta y el clan,
p.ero la diferencia es sin embargo notable. La
comunidad que rodea al poseedor del feudo le es
enteramente extraña; no lleva su nombre ni los
une relacion alguna de parentesco, ni fazo moral
ni histórico. Lo mismo sucede con respecto á la
familia patriarcal. El señor del feudo no hace la
misma vida, ni sigue las mismas ocupaciones que
sus vasallos ; su ejercicio es el de las armas, y
cuando las depone, vi ve en el ocio y el reposo: los
individuos que le rodean son todos labradores.
La familia feudal no es numerosa, no forma tribu;
y se reduce á un estrecho círculo, una familia propiamente dicho, esto es, la mujer y los hijos que
viven separa.dos de los &lt;lemas en lo interior del
castillo. Los aldeanos y los siervos no forman
parte de ella; son de origen distinto y ocupan un

ranrro
considerablemente inferior. Cinco ó seis
0
individuos á una altura infinitamente elevada sobre
ellos y al mismo tiempc, forasteros, componen la
' feudal. ¿No es pues evidente
. que la pecufamilia
liaridad de su situacion debe haber dado á esta un
carácter tambien peculiar? Confinada, concentrad 11, precisada continuamente á atender á su defensa• desconfiando, ó por lo menos segregándose
del r:sto del mundo y hasta de sus criados, parece
natural que la vida privada, las maneras domésticas adquiriesen una preponderancia considerable.
Preciso es confesar que los modales rudos del jefe,
y el hecho de pasar la mayor parte de su tiempo
en la guerra ó la caza, debieron oponer fuertes obstáculos á la formacion de una sociedad estrictamente doméstica; pero su progreso aunque tarclio
era sin embargo cierto. El jefe, por violentos y
brutales que fuesen sus ejercicios exteriores, volvia
habitualmente al seno de su familia. Encontraba
alli á su mujer y sus hijos, y en general á nadie
mas; ellos solos eran sus constantes compañeros;
solo ellos participaban en sus amarguras y sus placeres y se interesaban en cuanto tenia relacion con
él. En tales circunstancias era preciso que la vida
doméstica ejerciese una vasta influencia; ni faltan
pruebas para justificar la verdad de este aserto.
¿ No fué acaso en el seno de la familia feudal
donde se hizo primero sentir la importancia de las
mujeres, el valor de la esposa y de la madre? En
ninguna de las comunidades antiguas, no solo aquellas en las cuales el espíritu de familia no existió
jamás, sino las que participaban de él en mayor
grado, por ejemplo, en el sistema patriarcal, en
ninguna de estas llegaron las mujeres á obtener el
lugar y consideracion que adquirieron en Europa
durante el ijistema feudal. Al progreso, á la preponderancia de las relaciones domésticas en los
castillos feudales, debemos pues este cambio y esta
mejora en su condicion.

1

GALERIA ZOOLOGICA,
ó
Histol'ia Natural de Cuadrúpedos, Aves, Peces, Insectos y
Reptiles. En una série de bellos grabados, con artículos
descriptivos por D. ANGEL DE V1LLALOB0s, CatedJ'áLico de
Literatura Española del Colegio del Re,J e11 Lo11dm.

EL estudio de la Historia natural es ya en el día
un ramo importante y aun indispensable de la
educacion esmerada: es un deber que imponen las
exigencias sociales, no ya como adquisicion de
mero adorno, sino como una de aquellas ciencias
cuyo cultivo contribuye eficazmente á la realizacion cumplida de los designios benévolos de la Providencia para nuestra conveniencia y bienestar.
Considerado este estudio con relacion solo á su
utilida&lt;l, desde luego se advierte que si es necesario
en nuestras relaciones sociales que estudiemos la
índole, carácter y .capacidad de los individuos de

�142

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

nuestrn especie con quienes nos ponen aquellas en
contacto, no hay razon para que dejemos de hacer
extensivas nuestras investigaciones al vasto número
de seres irracionales que el Todo Poderoso ha
colocado sobre la tierra para servicio y utilidad
del hombre, á. fin de que, auxiliados por este conocimiento, podamos sacar de ellos todo el fruto y
ventajas que pueden proporcionarnos.
Empero esta consideracion de mera conveniencia
queda eclipsada, si se compara con el exquisito
placer que causa á. una mente bien organizada la
contemplacion de las obras de la naturaleza ; y de
estas los animales, que si bien están privados de
razon se hallan en cambio dotados de un instinto
admirable y de una sagacidad muy superior á la
idea que en general se tiene de ella, constituyen
una parte muy esencial é importante.
Pero el estudio de la Zoológia, asi como el de
las &lt;lemas ciencias esencialmente descriptivas, es
imperfecto sin el auxilio que le prestan las ilustraciones pictóricas, y es tanto mas ameno, agradable y efectivo, cuanto mas bellas y correctas
sean estas.
La obra que sometemos hoy al juicio del ilus~
tra.do público presenta en esta parte veo tajas muy
considerables á. cuantas han aparecido hasta hoy.
El arte de grabar ha adquirido en Europa, y particularmente en Inglaterra, un grado de perfeccion
extraordinario durante los últimos diez años, y
la série de grabados que constituyen la parte mas
esencial de la Galería Zoológica, pueden ser considerados como una prueba de este hecho, excediendo con mucho en mérito artístico á. todos los
de su género publicados hasta hoy.
La lámina del Camaleopardo que acompaña á
este prospecto, ha sido elegida por ser la mas pequeña de las ya concluidas, y la única que cabe
en las páginas de El Instructor. Nuestro objeto
al insertarla ha sido dar al lector una idea de la
calidad y belleza del grabado, la exactitud y correccion del dibujo, y la utilidad de la obra ; pero
han salido fallidas nuestras esperanzas, por las
desventajas tipográficas con que tenemos que luchar. En priiner lugar el papel en que vá impresa
la Galeria es de una calidad muy superior al de
este periódico, y el estampado, hecho con el mas
escrupuloso esmero, es incomparablemente mejor
que el de esta muestra; ademas que no es razon
esperar tal perfeccion tipográfica en un periódico
de, circulacion extensa, donde la impresion de esta
lámina no puede recibir una atencion exclusiva.
Los artículos descriptivos (de que podrá servir de
muestra el que insertamos á continuacion) van impresos, en letra de suma elegancia y nitidez, al pié
de cada lámina, proporcionando así la ventaja de
una referen&lt;'ia constante al objeto descrito.
El tamaño de los grabados, (los animales pequefios hasta el volumen del raton, el topo, y aun
otros algo mayores, son de tamaño natural) la correccion del dibujo, y el acertado efecto de las sombras, los constituyen excelentes modelos para los
aficionados al dibujo de animales y aun del paisaje.
Así pues puede pronosticarse que entre las obras
de utilidacl científica, de belleza artística y ti pot&gt;

gráfica, y de entretenimiento y adorno, ocupará
un lugar distinguido la Galeria Zoológica.
Esta obra se publica por cuadernos ó entregas
de seis láminas con una hermosa cubierta. Las
entregas 1 y 2 estan ya publicadas. La l ª contiene la historia natural del Camaleopardo, el Cisne,
el Raton, el Rinoceronte, el Oso, y la Liebre ; y la 2ª
la del Elefante, el Crocodilo, el Topo, la Avestruz,
el .Aguila, y la Lechuza.

:EZ. CAMA:r.:EOPA.BDO.

Este hermoso animal es tal vez el mayor de los
cuadrúpedos en altura sino el mas voluminoso.
Tiene diez y seis piés de elevacion, y aun hay quien
asegura haberlos visto de veinte. Presenta alguna
semejanza con el ciervo, el camello y el leopardo :
su boca es del primero, su cuello y piés del segundo, y la piel del último. Sus ojos brillantes y
apacibles anuncian la tranquilidad de sus costumhres; su labio superior que rebasa bastante del
inferior, denota la facultad de arrancar las hojas ó
las ramas tiernas de los árboles, y sus dientes indican un animal rumiante. Como el camaleoparclo
se cría solo en una comarca de Africa donde los
europeos penetran muy rara vez, nada apenas
sabemos de sus hábitos en la vida montaráz, por
lo que nuestros conocimientos relativos á. este bello
animal se reducen á. las conjeturas que arroja
de sí su conformacion física. En su parte inferior son iguales las piernas de adelante y las de
atrás, pero los muslos de las primeras exceden
con mucho á. los de estas, lo cual dá al lomo del
animal una inclinacion muy pronunciada. Desde
la punta de la cola á. la extremidad del l1ocico
hay una distancia de veinte y dos piés, de los
cuales ocupa el cuello mas de seis. En la parte
mas elevada de la cabeza se ven dos cuernos rectos
tan gruesos por el extremo superior como por la
base, cubiertos de piel como el resto del cuerpo,
y superados por un grueso boton oculto entre un
vello largo que remata en forma de pincel. Su
cuello no es flexible como el del camello, y continuamente le lleva derecho como si quisiese mirar
á algun objeto distante, y como su longitud es
poco mas de un tercio de la estatura total, no
puede beber sin arrodillarse ni tomar nada del
suelo sin separar las piernas de delante. Esto
prueba que no ha sido destinado este animal para
vivir en las llanuras, pues no le seria fácil pacer
la yerba. Tampoco es ágil en la carrera como
los &lt;lemas animales que las ocupan, antes al contrario su marcha es torpe y parece que cojea al
andar, á. causa de mover el pié izquierdo de
delante al mismo tiempo que el izquierdo de
atrás. En 1825 envió el virey de Egipto á Europa
tres camaleopardos jóvenes. Uno vino á Londres
donde vivió muy poco: el que se dirigió á. Alemania experimentó la misma suerte : el tercero
que llegó á París sin ningun accidente, y que fué
objeto de una asistencia tan esmerada como oportuna, parece haberse aclimatado perfectamente.
De él es copia el que representa este grabado.

�DE HISTORIA, BELLAS LE'l'RAS Y ARTES.

UECUERDOS DE LA SUIZA.

CASCADA DE STANBACK, Y CABAIIA SUIZA.

CAPITULO SEGUNDO.
CONRADO DE BAUMGARTEN,

-Naft, exclamó Conrado deteniéndose.
-Habrá roto la cadena., y aprovechándose desu
libertad andará cazando por el monte, contestó
ftoschen.
Conrado le hizo una seña para que callara, y
escuchó eon la profunda atencion de un cazador y
de un monta~és que está acostumbrado á adivinar
al menor indicio la salvacion y el peligro. Los
ladridos sé oyeren otra vez, y Conrado se estre•
meció.
-Sí, si, está cazando, murmuró; pero sabes que
clase de caza acecha?
-Qué nos importa?
-Qué importa la vida á los que huyen con el
objeto de salvarla? Somos perseguidos, Roschen:
el infierno ha sugerido una idea fatal á esos demonios; no sabiendo donde encontrarme han soltado
á N aft, y se hao fiado á su instinto.
-Pero como puedes adivinar? ......
-Escucha y advierta con qué lentitud se acercan los ladridos; le tienen sugeto á fin de no
perder nuestra huella, porque á no ser asi ya
estaria Naft á nuestro lado, cuando ahora necesita
por lo menos una hora para alcanzarnos.
Naft ladró otra vez, pero sin aproximarse de un
modo sensible; al contrario, parecia que la voz se
oia mas lejos que antes.
-Pierde nuestra huella, dijo Roscher.i con alegría, su voz se alPja.
-No, no; contestó Conrado; Naft es demasiado
fino para falta'rles; es el viento que sopla de otro
lado: escucha, escucha. Un violento trueno interrumpió los ladridos que efectivamente se oian mas
cerca, y luego que cesó el estampido resonaron de
nuevo.
TOM,

VIII,

-Huyamos, exclamó Roschen, huyamos hác1a.
la gruta.
- Y de qué utilidad puede sernos en este momento? Somos perdidos si dentro de dos horas no
hemoa puesto el lago entre nosotros y los que nos
persiguen•
A estas palabras le cogió la mano y la arrastró
en pos de sí.
-¿ A donde vas, á donde vas? exclamó Roschen;
pierdes el camino del lago.
-Ven, ven, es preciso que burlemos la atencion
de esos cazadores de hombres; el lago dista de
aquí tres leguas, y si siguiésemos el camino derecho no podrias dar un paso antes de veinte minutos: ven, te digo.
Roschen, sin contestar, reunió todas sus fuerzas, y siguiendo rápidamente la direccion que su
marido babia elegido, anduvieron ambos en esota
disposicion unos diez minutos, al cabo de los cuales
se encontraron en el borde de una de esas grietas
q•1e tan comunes son en las montañas. Un temblor de tierra la. babia producido en tiempos muy
remotos. Un precipicio de veinte pies de ancho
rodeaba la. montaña. Era una de esas arrugas
que anuncian la ancianidad de la tierra.. Cuando
la vió dió un grito terrilile. El frágil puente que
servia de comunicacion entre las dos orillas ha.bia
sido destrozado por una. roca que se babia desprendido desde la. cima de Rocstock. Roschen
comprendió toda la desesperacion que encerraba
el grito de su esposo, y, creyéndose perdida, cayó
de rodillas.
-No, no, no ha llegado todavia la hora de implorar la clemencia del Señor, exclamó Conrado,
cuyos ojos brillaban de alegria. Animo, Roschen,
ánimo ! Dios no nos abandona enterameute.
Mientras que pronunciaba estas palabras, corrió
hácia un pino cuyas rumas habia desgajauo el
hura.can, y que solitario ostentaba su poder en d

u

�HO

EL INSTRUCTOR, O REPERTO"RIO

DE IllS'fORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

borde del precipicio. Conrado empezó la obra de
menos el camino que ilebia seguir; pero en ese
salvacion dándole repetidos hachazos: y el árbol,
camino mismo era fácil encontrar esos despeñadeatacado por un enemigo mas encarnizad!&gt; y ·mas
ros tan comunes en las montañas, y que solo puepoderoso que la tempestad, se estremeció desde las
den atravesar impunemente los pies de la gamuza
l'aices hasta In copa. Verdad es que ningun leñaó las-alas del águila. Conrado dejó caer taruLien los
dor ha dado jamás golpes tan terribles.
brazos y exhaló un gemido como el que despide el
Roschen animaba á su marido, ni mismo tiempo luchador próximo á ser vencido.
-que escuchaba In voz de N aft, que durante estos
En este momento se oyó en lo alto de Rostock
retrasos y contratiempos, se había aproximado
un murmullo prolongado y estrnño; la montaña
considerablemente.-No desmayes, querido mio,
osciló tres veces, cual si fuera un hombre embriano desmayes! le decia; mira como tiembla el
gado, y una niebla caliente como el vapor que desárbol! Oh! qué fuerte y vigoroso eres! No despide el agua hirviendo, atravesó el espacio.
mayes, Conrado; vacila, cae! - Cayó! gracias
U na manga! exclamó Conrado, una manga!. ..
gracias, Dios mio! nos hemos salvado.
'
Y cogiendo á Roschen en brazos se lanzó con ella
. En efec_to, el pino cortado por su tronco y cedebajo de la bóveda de una enorme roca sostediendo al impulso que el montañés k habia dado
.
'
me¡¡,do con una mano á su muger y agarrándose
c~yó quedando atravesado en el precipicio, ofre-' con la otra á los picos ,d e la peña.
ciendo de este modo un puente solo practicable
No bien estuvieron debajo de este abrigo, cuando
para un montañés, pero suficiente para el pié de
los
ramas superiores de lo~ pinos se estremecieron
un cazador.
comumcándose inmediatamente este movimiento IÍ,'
-Nada temas, ~xclamó Roschen lanzándose la
las ramas inferiores, Un silvido, cuyo ruido domiprimera, nada temas, Conrado, y sigueme.
naba el del huracan, se apoderó de todo el espacio;
Pero en vez de seguirla Conrndo, no atreviénla selva se encorbó como un cuerpo de espigas·,
dose á mirar el peligroso paso, se habia echado al
oyeronsé horrorosos estallidos y á poco rato vieron
suelo, sujetando el árbol con el pecho á fin de que
los desventurados esposos volar hechos astillas, los
llO vacilase bajo el pié de su amada. Durante
troncos de los árboles mas recios, que se desarraieste tiempo se oian los ladridos de N aft á la disgaban y elevaban, como si l:a mano de un demonio
tancia de un euarto de hora. Conrado conoció
los a~arrase al pasar de la cabellera, y huían del
que el movimiento dado al árbol por el peso del
empuJe de la manga dando vueltas cual si fuesen
euerpo de Roschen había cesado enteramente y se
una insensata cuadrilla de gigantes y espan-tosns
o rriesgó á mirar hácia donde ella estaba.
fantasmas. Por encima de ellos huia, siguiendo
.Roschen desde el lado opuesto le alargaba la
el mismo impulso, una espesa cuerda de ramas y
mano y le excitaba á pasar.
matorrales; y por debajo, saltaban las piedras á
Conrado atravesó al momento aquel puente vacimillares, arrancadas de la montaña, formando tor1.ante, con la misma facilidad que hubiera podido
bellinos, á manera de menudo polvo. Felizmente,
hacerlo por un arco de piedra; y cuando estuvo ni
la ?eña, debajo de la que se habian abrigado, estal.ia
lado_ de su m~g~r. se volvió, y dando un puntapié
SUJeta por medio de seculares lazos al inmenso
al prno ~e prec1p1_to al abismo. RoscLen le siguió
cuerpo de la montañn; permaneció inmóvil, procon la nsta, y, viendo que se hacia pedazos en las
tegiendo á lod fugitivos .que encontrándose en medio
rocas y que saltaba de profundidad en profundidad
del mismo huracan, siguieron con espantada vista
se puso pálida y á temblar. Con-rado al contrRTio'
la marcha
del horroroso fenómeno que, avanzando
,
dió un g.rito de alegria, parecido á lo; del águila ;
en 1mea recta, y derribando todos los obstáculos
del leon despues de una victoria, y pasando el
marchó hácia Bauen, pasó por encima de una cae;
brazo al rededor del talle de Roschen, se internó
que desapareció con él, alcanzó -el laao
se¡Jaró la
O
en un sendero abierto por los gamos. Cinco mi. bla que le cubria en dos paredes que
'
me
cualquiera
nutos despues los que los perseguian lleaaron al
0
hubiera creido sólidas, encontró una barca que
borde del precipicio guiados por Naft....
abismó y fué á morir contra las rocas de AxemSin embargo la tempestad arreciaba, lo~ relámberg, dejando el espacio que habia recorrido vacío
pagos se seguian unos á otros sin interl'upcion el
y desollado como el lecho de un rio sin agua.
trueno .no cesaba un instante de rimbombar' la
- Vamos, ahí está trazado nuestro camino ex1111via caía á torrentes, los gritos de loe cazad;res
c!amó Conrado arrastrando á Roschen al barr:nco.
los ladridos de N aft, todo se perdia en tan lúgubr~
Seguiremos esa herida de la tierra, y ella nos concaos. Al cabo de un cuarto de hora se detuvo
ducirá al lago.
Roschen.-No puedo andar mas, dijo, dejándose
-l'al vez, dijo Roschen reuniendo todas sus
caer en sus brazos, huye solo, Conrado huye solo
fuerzas para seguir á Conrndo.... Tal vez nos
por Dios; te lo suplico....
'
habrá librado el huracan de nuestros enemiConrado miró á su alrededor para reconocer á gos.
que distancia se hallal.ia del lago; pero el tiempo
-Sí, contestó Conrado, asi hubiera sucedido si
estaba ton opaco, '// todos los objetos habian to•
yo
hubiese dejado el puente improvisado despues
mado, bajo el velo del huracan, un color tan unide haber pasado nosotros... porque se habrian enf?rme, que no pu_do orientarse; levantó los ojos al
contrado en la misma línea que hemós seguido, y
~1elo y el sol hab1a desaparecido como un rey arroprobablemente
habríamos visto pasar sus cadáveres
Jado del trono por un motin popular. La caida
.del mismo sol le indicaba sin embargo poco mas ó por encima de nuestros cabezas• pero habrán
tenido que tomar á la izquierda para dar Ja vuelta

.

.

.

'

al preciptcio, la manga les ltabní dado tiempo para
alcanzarnos... y ... allí tienes la prueba.
En efecto, se empezaba á oir los ladriclos de
Naft.
Conociendo Conrado que á Roscheu le abandonaban las fuerzas, la cogió en brazos, y con tan preciosa carga continuó su camino con mas velocidad
que si ella le hubiese seguido.
Diez minutos de mortal silencio se siguieron á
las pocas palabras que los esposos habían hablado.
Pero en tan corto tiempo, babia ganado Conrado
mucho terreno; ya divisaba el lago á través de la
niebla y de la lluvia, á la insignificante distancia
1le cincuenta pasos. Roschen, por su parte, tenia
clavados los ojos en el valle que acababan de recorrer. De pronto sintió Conrado que se estremecía, y al ruismo tiempo se oyeron gritos de alegría;
eran los de los soldados que los perseguian y que
al fin los babian divisado. En aquel mismo instante se puso Naft á soltar al lado de su amo; al
reconocerle babia dado tan fuerte sacudida á la
cadena que la babia roto en las manos del que la
tenia; algunos eslabones pendian aun de su collar.
-Sí, si, murmuró Conrado, eres muy fiel N aft;
pero tu fidelidad en este momento nos es mas fatal
&lt;¡ue una traicion.
Conrado se dirigió en derechura al lago, seguido
á unos trescientos pasos por- ocho á diez arqueros
del señor de W olfranchiess; pero al llegar á la
orilla del agua tropezó con otro obstáculo; el lago
estaba iublevado como un mar furioso, y á pesar
de las súplicas de-Conrado no quiso ningun barr¡uero arriesgar la vida por salvar la suya.
Conrado corrfa como un insensato, llevando en
Lrazos á Roschen medio desmayada, y pidiendo de
'1oz en grito ayuda y proteccion, perseguido siempr.e por los arqueros que se acercaban con una
ligereza extraordinaria.
Un hombre salió de pronto al camino de detras
de una peña. ¿ Quién pide socorro ? dijo.
- Yo, yo, contestó Conrado ; por mí y por esta
muger que aquí veis. Una barca, en nombre del
cielo, una barca !
-Venid, añadió el desconocido saltando á una
barca que estaba amarrada á una anlora.
-Oh! sois mi salvador!
-El Salvador es el que ha derrama-do su sangre
¡&gt;or los hombres; Dios es el que me ha enviado á
vuestro encuentro; dirigid pues á él vuestras acciones de gracias; porque vamos á tener necesidad
de r¡ue no nos pierda de vista.
-Pero al menos, debeis saber á quien salvais.
-Estais en peligro; esto es cuanto necesito
saber: veuid !
Conrado saltó á la barca y colocó en- ella á
Roschen. El desconocido desplegó una veta, y
colocán,uose en el tiruon, desató la cadena que
sujetaba la barca á la orilla. Lanzose el !Jote,
saltándose por encima de las olas y animándose á
cada ráfaga de viento, como se anima un caballo
cuando siente las espuelas y oye la voz de su
ginete. No Lien estarian los fugitivos á cien pasos
del sitio cu r¡ue se l1al,ian unbarcado, cuando llegarou ú él los an1ueros.
[,

U7

Habeis llegado demasiado tarde, señores mios,
murmuró el desconocido; estamos _ya fuera de vuestro poder; pero 110 es esto bastante, continuó dirigiéndose á Conrado, ocultaos jóven, ocultaos; ¿no
veis que lleva la mano á. su carcax? Una flecha
anda mas que la barca mejor dél mundl&gt;, aun
cuando la empujase el mismo demonio que maneta
las tempestades. Boca abajo, boca abajo, os digo:
Conrndo obedeció. En el mismo momento oyen un
sil vid o que pasaba por encima de sus cabezas; una
flecha se clavó temblando en el mástil de la barca;
las otras se perdieron en el lngo. El barquero miró
con tranquila curiosidad la flecha cuyo hierro se
habia sepultado todo en el agujero que babia abierto.
-Sí, sl, murmuró; nuestras montañas producen
excelentes arcos de fresno, de tejo y de cuero; y si
la mano que los maneja y el ojo que dirige la flecha
que lanzan fuesen mas diestros, correria mucho
riesgo el que les sirviese de blanco. Por lo demas,
no es fácil alcanzar al gamo que corre, al pájaro
que vuela ó á la barca que salta. Bajad otra vez la
cabeza, jóven, porque va á pasar otra nube.
En efecto, una flecha se clavó en la proa, y otras
dos, atravesando la vela, se quedaron en ella detenida por las plumas. El piloto las miró con
desprecio.
-Ahora, dijo á Conrado y á Roschen, podeis
sentaros tranquilamente en los bancos de la barca,
como si fueseis de paseo; antes de que tengan
tiempo de sacar otra flecha de su carcax estaremos
ya fuera de tiro ; solo una ballesta puede enviar la
muerte á la distancia á que nos hollamos: mirad si
me equivoco.
En efécto, otra nube de. flechas se sepultó en el
surco que la barca dejaba; los fugitivos se habían
librado de la cólera de los hombres y ya no tenían
que temer mas que á ta. de Dios; pero el desconocido parecia estar tan aguerrido contra la segunda
como contra la primera; y una media hora despues de haber partido de una orilla desembarcaron
Conrado y su muger en la otra,
Antes dé separarse de su libertador- pensó Conrado que un hombre tan intrépido pod!'ia ser muy
útil en la conjuracion, de la que formaba él parte.
Empezó á contarle lo que se babia decidido en
Grutli ; pero á la primera palabra se d~tuvo el
desconocido.
-Me habeis llamado en vue~tro auxilio, y me
he acercado á ,·os como hubiera deseado que se
acercasen á mí en igual caso; no exijais mas de mí,
porque nada mas haré.
- Per0- al menos, exclamó Ros11hen, decidnos
vuestro nombre para que le llevemos en nuestro
corazon al lado del de nuestros padtes y de nuestras madres, porque, como á ellos, os somos deudores de la vida.
- Sr; sí, vuestro nombre, añadió Conrado; no teneis ningun motivo para ocultárnosle.
,
-Ya se ve que no, contestó sencillamente el
desconocido amarrando su barca á la orilla; he
nacido en Burglen, soy recaudador del Fraumunster y me llamo Guillermo 'l'ell.
Saludó á los dos espo~os y tomó el camino de.
fluelen.

�lJS

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

...
CAPITULO TERCERO.
GUILLERMO TELL.

1
rl

1

f

1

I

AL º!ro dia de haber sucedido lo que acabamos de
referir, anunciaron al bailio Hermano Guessler de
Brounegg un mensagero del caballero Beringuer
de Landeuberg. Mandó que se le hiciera entrar.
El mensagero contó la aventura de Mechtal y
la venganza de Landeuberg.
No bien babia acabado cuando anunciaron
un
atquero del señor de Wolfranchiess.
E( arquero refirió la muerte de su señor, y el
med_10 de que se babia validb para salvarse su
asesmo, ayudado por un hombre llamado Guillermo, de Burglen, aldea sujeta á la jurisdiccion de
Gue_ssler. El bailio prometió que ese hombre seria
castigado.

soltáran los lazos que le sujetaban. Despues de
cumplida esta órden, el cazador, que sabia que le
estaba reservado algun castigo, dejó caer los brazos, Y miró al gobernador con una sencillez tan
estraña á la debilidad como á la arrogancia.
. --:-- ¿ Es -verdad, le dijo Guessler, que te has resistido á saludar ese sombrero 1
-Si, señor.
- Y porqué?
- Porque nuestros padres nos han enseñado á
descubrirnos tan solo delante de Dios, de los ancianos y del emperador.
- Esa corona representa el imperio.
- Os engaiíais, señor; esa corona es la de los
condes de Haugsbourgo y de los duques de Austria.
Pl~ntad esa corona en las plazas de Lucerna, de
Fr1bourg, de Zoug, de Bienne y del pais de Glaris
que les pertenecen, y no dudo que sus habitantes
le rendirán homenage; pero nosotros que hemos
reciliido del emperador Rodolfo el privilegio de
nombrar nuestros jueces, de ser gobernados por
nuestras leyes, y de no depender mas que del im~e:io, debemos respetar todas las coronas, pero
umcamente á la imperial tributar homenaje.
- Pero el emperador Alberto, al subir al trono
romano, no ha ratificado esas libertades concedidas
por su padre.

. Acababa de empeñar su palabra, cnando anunciaron un soldado de la guarnicion de Schwanau.
El soldado &lt;;_ontó que habiendo atentado el gobcr~ad~r del castillo al honor de una jóven de Art,
hab1a sido sorprendido y asesinado estando cazando por los dos hermanos de la victima • los
cuales se habian
refugiado en la montafia, en d'ond e
.
se· les ha bia per~eguido inútilmente.
L:vantóse Guessler y juró que si M echtal, que
- Ha hecho mal, señor, y por eso U ri, Schwitz y
hab1a roto el brazo á un criado de Land b
·c
we%
Unterwald~n han aecho alianza entre sí y se han
que s1 onrado
de
Beaunagarlen
que
hab·
.
_
,
1a asesicomprometido, por medio de juramento, á denado al seuor de W olfranchiess en el han-o
.
l ·,
, que s1
fender recíprocamente sus personas sus familias
os Jove~es que habian asesinado al gobernador
sus b.ienes, y a, ayudarse unos á otros' con consejos'
del_ castillo de Schwanau cayesen en sus mano
y con las armas.
serian todos sentenciados á muerte L
s,
•
os mensa-¿ y crees tú que cumplirán su juramento? dijo
geros _se preparaban para marcharse con esta conGuessler sonriéndose.
tes:nc1on ; pero Gues~ler les invitó á que le acom-Lo creo, contestó tranquilamente el cazador.
panasen antes á la plaza públira de Altorf
y crees tambien que morirán esos plebeyos
Cuando llegó á ella, mandó que plant:sen en
antes que faltar á él ?
el suelo un palo, en el cual colocó su sombrero al
- Hasta el último,
que rodeaba la corona ducal de Austria
t
t'
hº
, y ac o
- Lo veremos.
~on muo izo anunciar por pregon que todo noble
1
-_Bi~n
puede mirar lo que hace el emperador,
º. P :beyo que pasára por delante de aquella incontmuo el cazador ; porque no es afortunado e
sigma d_el poder de los condes de Haugsbour o se
esa clase de espediciones ; se acordará del sitio d:
descubriese en señal de obediencia y homeg .
naJe.
C oncl UI"d a esta ceremonia despidió á l
Ber~a en el que perdió su bandera imperial. de
.. ,
os mensaZur1ch, donde no se atrevió á penetrar, á p~sar
geros, prevm1endoles que refiriesen lo q
b b d
.
ue acade que todas sus puertas estaban abiertas y sin
ba ~n e P:esenciar, y que invitasen á los que les
embargo con esas dos ciudades no se ve~tilaba
abian. enviado, á que hiciesen otro tanto en sus
u~a c~estion de libertad, sino tan solo de límites:
respectivas, jurisdicciones, como medio infalible
bien se que vengó estos dos reveses en Glaris .
de co~1ocer a los enemigos del Austria: finalmente
p~ro Glaris era déhil, y fué sorprendido indefenso:
coloco una guardia de doce arqueros en la plaza'
mientras que los confederados estamos apercibidos
y les mandó que detuviesen á todo el que
,
' á b d
se ney tenemos armas.
gara o e ecer la órden que acababa d d
-tl cabo ~e tres dias, fueron á avisarle\u:habia
s1 o de~emdo un hombre por haberse negado á
descubrirse delante de la corona de lo d
d
A
·
s uques e
ustr1a. -Guessler montó al instante á cab 11
marchó á Altorf r.on sus guardias. El cut a~1!
estdabalatado al mismo palo en el que habían ~oloca o e sombrero del b
d
go erna or; y por su ropilla
d e pano
verde d B l
e
e, Y por su sombrero adornado
'
con una p l urna d
•¡
. .
e agm a, se venia al momento en &lt;'onoc1m1ento de que era
d
C , d 11 ,
un caza or.
uan o ego en frente ele él, mandó G uessl er que

ª

- ¿ y que tiempo has tenido tú para aprender
las leyes y la historia, si no eres mas que un simpl
cazador como lo indica tu trage?
e
- Conozco nuestras leyes, porque es lo primero
que nuestros padres nos enseñan á respetar y á
defender; conozco la historia, porque he estudiado
en el convento de nuestra señora de las Ermitas
lo que me ha valido para obtener la plaza de re~
caudador de las rentas del Fraumunster de Zurich
Con referencia á la caza, no es mi profesion es ml
entreteni~iento, como el de todo hombre libre.
- ¿ Y como te llamas ?

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.
- Guillermo es mi nombre ele pila, y Tell et de
mis abuelos.
- Ah ! esclamó Guessler con alegria, ¿ no eres
tú el que ha socorrido á Conrado y á su espo~a,
durante el último huracan?
- He pasado en mi barca á dos j6venes, á
quienes perseguían unos soldados; pero no les he
preguntado ~u nombre.
-¿No eres tú el mismo á quien citan como el
cazador mas diestro de toda la Helvecia?
-Comó que quitaria á cincuenta pasos, una
manzana de encima de la cabeza de su hijo; dijo
una voz que salió de entre los concurrentes.
- Dios perdone esas palabras al que las ha pronunciado ! esclamó Guillermo ; pero bien se puede
apostará que no han salido de la boca de un padre.
-Segun eso, ¿ tienes hijos? preguntó Guessler.
- Cuatro, tres muchachos y una niña. Dios ha
bendecido mi casa.
- Y á cuál quieres mas?
- No prefiero á ninguno.
-A alguno profesarás mas cariño.
-Al menor, quizás, porque es el mas débil, y
por consiguiente el que mas necesita i pues solo
cuenta siete años.
- Y cómo se llama ?
-'Walter,
Guessler se dirigió á uno de los guardias que le
habían seguido á caballo.~ Corre á Burglen, le
dijo, y traete al jóven Walter.
- ¿ Y para qué, señor? Guessler hizo una seña,
y el guardia marchó á galope.
- Oh! vuestras intenciones serán muy buenas,
¿ pero para qué quereis á mi hijo?
- Lo verás, dijo Guessler acercándose al grupo
y hablando tranquilamente con los escuderos y los
guardias que le acompañaban. Guillermo se quedó
de pie en el mismo sitio en que estaba, bañado
el rostro en sudor, y con los ojos clavados en el
suelo.
Al cabo de diez minutos volvió el guardia con
el niño sentado en el arzon de su silla; y cuando
estuvo cerca de Guessler le apeó.
-Ahí le teneis, señor, dijo el guardia.
- Está bien, contestó el gobernador.
- Hijo mio, esclamó Guillermo ; y el hermoso
alter se precipitó en sus brazos.
- ¿ Me llamabas, padre? dijo el niño palmoteamlo de alegria.
- ¿ Cómo te ha dejado venir tu madre? murmuró Guillermo.
- No estaba en casa. Oh! qué envidia han
tenido mis hermanos .• ! me han dicho que me
quieres mas que ellos.
Guillermo exhaló un suspiro, y apretó á su hijo
contra su corazon.
Guessler miraba esta escena con alegres y feroces ojos ; y cuando hubo dado á los corazones
del padre y del hijo el tiempo suficiente para esplayarse.-Atad á Walter á aquel árbol, dijo, señalando una encina que estaba en el otro estremo
de la plaza.
- ¿ Para qué? esclamó Guillermo apretándole
entre sus brazos.

,v

140

- Para probarte que entre mis guardias hay
tambien arqueros que, sin tener tu reputacion,
saben tambien dirigir una flecha.
Guillermo abrió la boca como si no hubiese comprendido lo que acababa de oir, pero la palidez
de su rostro y las gotas de sudor que rodaban de
su frente anunciaban bien que lo babia comprendido perfectamente.
Guessler hizo una seña, los soldados se acercaron.
-Atar tí. mi hijo para servir de blanco á tus
soldados ! Oh! no lo intentes, gobernador, Dios
no lo permitiria.
- Lo veremos, dijo Guessler, y repitió la órden.
Los ojos de Guillermo brillaron como los de un
leon ; miró á todas partes, buscando un sitio por
donde huir, pero todas las a venidas á la plaza estaban tomarlas.
-¿ Qué quieren de mí, padre ? preguntó W alter
asustado.
- Que quieren, hijo mio? qué quieren de ti?
Oh! tigres con figura humana! quieren degollarte.
- ¿ Y por qué, padre? dijo el niiío llorando ; yo
no he hecho mal á nadie.
-Verdugos! verdugos! verdugos! esclamó Guillermo apretando los dientes.
·
-Acabemo•, dijo Guessler.- Los soldados arrancaron á Walter de los brazos de su padre.
Guillermo se arrojó á los pies del caballo del gobernador.

( Se contimtard).

CORREOS EN FRANCIA.
UN caballero de Dublin, Irlanda, escribió á una
señora cerca de Metz en Francia á quieu no hauia
escrito desde la renovacion de la guerra en 1803.
Su carta iba datada á 23 de Enero de 1833, y
dirigida, como antiguamente, al cuidado de un
tendero residente en la ciudad de Pont-á-Moussons:
en un ángulo de la carta escribió, " Las cartas
iban asi dirigidas á la Señora de-- en 1803 ;
residía entonces en Arnaville." Su marido habiendo obtenido un empleo por el gobierno se
habia trasladado á Spires en Alemania con toda su
familia despues de haber dispuesto de sus haciendas. La señora murió en Spires e~ 1813. Su
marido falleció tambien en 1830. El tendero de
Pont-á-Moussons que recibia sus cartas, babia
muerto mucho antes, y sin embargo la carta en
cuestion llegó en Estrasburgo á manos de la bija
mayor, quien hallandose casada hacia muchos años
tenia por consiguiente otro nombre. Fué contestada por su marido el 14 de Abril Qe 1833, de
modo que á pesar del transcurso de tiempo y mudanza de nombre, el correo descubrió el heredero
mas cercano en el espacio de dos meses. En cualquiera otro pais la carta hubiera sido probablemente quemada.

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150

EL l.NSTRUCTOH, O REPERTOHIO
DE HISTOnIA, BELLAS LETRAS Y AHTES.
EL MONTE SINAI.
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~·.• ,s.

..:

. .--:..-

Yista de los montes de Sinaí y Horeb con el convento de Santa Catalina.

AL hacer en nuestro número anterior la descripestas montafías son fértiles, y producen mucha y
cion del mar Rojo, digimos que este se divide en la
buena fr~ta: Hay tambien abundancia de agua
parte setentrional en dos brazos ó ramales llamaen este distrito, por cuya razon sirve de refugio á
dos Bahr-el-Acaba y Bahr el Suez. La península
los beduinos cuando lo &lt;lemas del país se halla
que for~an estos dos brazos es con mucha propieseco. Es probable que por esta misma razon fo
dQd designada con la apelacion de Arabia Petrea ó
eligiesen los israelitas para lijar en él su campapedregosa, pues se compone de masas de roca y
mento donde permanecieron cerca de un año, pues.
peña, y de profundos precipicios, interpolados de
no hay duda de que este territorio constituyó el.
estrechos desfiladeros y valles arenosos. La vegeDesierto de Sinai de que se hace tan frecuente
tacion es muy débil: muchas de sus llanuras estan
mencion en la Santa Biblia.
cubiertas de guijarros y pedernales sueltos, y otras
La parte sagrada del grupo de Sinaí consiste en
son arenosas. Rara vez llueve en estos desiertos
dos elevaciones .adyacentes ó mas bien una mony los manantiales de agua son sumamente estaña con dos cimas, conocidas respectivamente por
casos.
los nombres de "Gebel Mousa" ( monte de Moisés)
.En el centro de esta península se eleva el grupo
y "Gebel Caterin" (monte de Catalina). El pride las montañas de Sinaí, tan célebres por su
mero es segun la opinion general el monte Sinaí
conexion con varias circunstancias importantes
donde recibió Moisés las tablas de la ley, y el se~
relativas_al tránsito,de los Israelitas desde Egipto
gundo el monte Horeb, donde apareció Dios á
á Palestrna. El nucleo superior de Sinaí, comMoisés, mandándole emprendiese su grandiosa
pu~sto casi enteramente de granito, forma uu
obra. Respecto á la identidad de estos dos montes
desierto peñascoso de figura circular irregular1 de
exis~. alguna confusion: se han suscitado grandes
die~ á doce leguas de diámetro, é intersectado por
Y rerudas controversias entre varios autores no
varios estrechos valles : contiene este espacio las
faltando quien mantiene que el verdadero Sin~i es
montañas mas altas de la península las cuales se
una montaña conocida con el nombre de Serbal
disti?guen fác~lmcnte del resto del ;aisaje por sus
situarla mas_ al Occidente. Sin embargo la opinion
pun~tagudas ?1mas y sus lados quebrados y casi
general esta en favor de las que hemos indicado
verticales. Srn embargo los valles situados entre
mas arriba.

El origen del nombre de santa Catalina que ha
recibido el monte Horeb de la Sagrada Escritura es
el siguiente, segun la tradicion que se conserva
aun. Este eonvento que á pesar del nombre patronímico que hoy tiene fué originalmente y aun
continua dedicado á la Transliguracion, se construyó de orden del emperador Justiniano. Pocos
años despues tuvo uno de los monjes una revelacion en sueños de que el cuel'pO de santa Catalina que había sufrido martirio en Alejandria,
había sido tranPportado por ángeles á la cima del
pico mas elevado de las montañas adyacentes.
Consiguientemente subieron los monjes en procesion, y habiendo hallado los huesos, los bajaron y
depositaron en la iglePia. Para conmemorar este
suceso dieron el nombre de la santa no solo al
convento sino á la montaiía.
Apéanse en este convento los viajeros, quienes
despues de un corto descanso consideran su primer
deber el subir á cima de Gebel Mousa (Sinaí) ii. la
cual conduce una subida rápida que empieza á
espaldas del convento mismo. Labráronse en algun tiempo escalones hasta la cima, pero han sufrido tanto con los torrentes del invierno, que
actualmente son de muy poca utilidad. Despues
de una subida que suele durar tres cuartos de hora,
se llega á un pequeño llano al cual dá entrada una
puerta ó arco de piedra que antiguamente debió
estar cerrada. Un poco antes de llegará ella hay
entre las rocas una pequefia iglesia dedicada á la
Virgen Maria. En el llano mismo hay otro edificio de mayores dimensiones rudamente construido, y dedicado á san Elias. En la actualidad
solo lo frecuentan alguna vez los monjes para celebrar en él el sacrificio de la misa. En este sitio se
paran los peregrinos cerca de un ciprés situado al
lado de un estanque de piedra que recibe las aguas
llovP.dizas. Este es el sitio de la montafía donde,
segun la opinion de los árabes, apareció Dios á
Moisés. Desde alli una subida aun mas pendiente
que la anterior, conduce á la cima del pico cuyo
terraplen tendrá unos sesenta pasos de circunferencia. En esta cima hay una iglesia que forma
el principal objeto de la peregrinacion de los cristianos. Esta iglesia es de granito, pero ha sufrido
mucho á manos de los árabes que hau hecho
cuanto les ha sido posible para destruirla. Creen
ellos que las Tablas de la Ley se hallan sepultadas
debajo de este edificio, y han practicado excavaciones por todos lados con la esperan za de hallarlas. Los mahometanos tienen tambien su templo
en un pico algo menos elevado á unos treinta pasos
de la iglesia. Tienenla eo gran veneracion, y es
el término de sus peregrinaciones. Los beduinos
lo visitan con frecuencia y sacrifican ovejas en
honor del legislador judáico á quien hacen votos
solicitando su intercesion. Ni carecen estas pobres
gentes de sus peculiares reliquias en aquella montaña, pues en el ascenso desde San Elias á la cima
sobre la cual se halla situada su mezquita, enseñan
un paraje en la peña &lt;londe se divisa una señal
algo parecida á la impresion de un pié humano, y
la cual creen firmemente los musulmanes ser la
estampa &lt;lel pié de Mahoma producida cuando
visitó la mezquita.

151

La montaña de Santa Catalina es mas alta y
mas pintoresca que la de Moisés. Su principal
reliquia es natural fuese el paraje donde estaba la
zarza ardiente: mas este parece hallarse dentro
del recinto ocupado ahora por la iglesia del con•
vento. La subida á la montaña es muy dificil,
pero recompensa de esta fatiga la magnífica vista
que en la cima se disfruta de los golfos de Acab~ y
Suez que como ya digimos, constituyen la penmsula. En la cima del pico mas elevado hay solo
una pequeña capilla, ó mas bien cobertizo construido con piedras sueltas. Cubre esta capilla el
sitio de donde dicen fué extraído el cuerpo de
sRnta Catalina á pesRr de que el suelo es un pedazo
sólido de duro peñasco.
Entre los montes de Sinaí y Horeb se encuentra
el valle de El-Ledja, donde l1ay un convento muy
bien conservado y que proporciona un excelente
descanso á los viajeros al bajar de las áridas montañas que lo dominan. Este valle presenta muchos
objetos de veneracion, 1&gt;articularmente la que suponen ser la roca de la cual obtuvo Moisés el manantial de agua para los israelitas. Hállase esta
enteramente aislada á un lado del camino: tiene
sobre doce piés de altura y es de una figura irregular que se acerca bastante á la de un cubo. Hay
algunas aberturas en su superficie por las cuales
dicen salió el agua: tienen estas generalmente de
diez á doce pulgadas de largo y sobre una ó &lt;los de
profundidad. La mayor parte de estas rendijas
son evidentemente obra del arte, pero tres ó cuatro
de las veinte que se cuentan pueden muy bien ser
naturales, y fueron probablemente las que en un
principio llamaron la atencion de los monjes bácia
la 1&gt;iedra. Tanto estos como los beduinos creen
firmemente que esta es la roen. de Meriba, y estos
últimos llenan las rendijas con yerba como ofrendas á la memoria de Moisés, del mismo modo que
la depositan sobre el sepulcro de sus santos, por
ser la yerba para ellos el don mas precioso de la
naturaleza, y del cual principalmente depende su
subsistencia. No lejos de este sitio se ensefia una
excavacion pequeña y al parecer natural en una
roca donde dicen que acostumbraba á sentarse
Moisé~. Cerca de ella se vé la olla petrificada del
mismo, que consiste en la proyeccion circular de
una roca muy parecida en tamaño y figura á la
cubierta de una olla. Los árabes han procurado
varias veces en vano romper esta peña suponiendo
que esconde considerables tesoros.
Pasemos ahora á tratar del convento de Santa
Catalina situado al pié del monte 1-Ioreb ó mas
bien en la parte elevada de la montaña donde empieza á separarse en dos cimas distintas.
Las tradiciones locales datan el origen del convento de Sinaí en el siglo cuarto. Dícese que la
emperatriz Helena, .madre de Constantino, mandó
erigir una pequeña iglesia en el sitio donde Moisés
recibió las órdenes del Altísimo desde la zarza que
ardia sin consumirse. Como esta iglesia atrajese á
la montaña gran número de peregrinos y viajeros,
se edificaron varios conventos pequeños en diferentes puntos de la península durante el siguiente
siglo; pero los monjes y reclusos que se habian
establecido en ellos, eran tan molestados por los

�1-iJ

EL JNSTHUCTOH, U HEPERTOIUO

herluinos qu(' visitnban aquellns rt'giones, que determinaron pedir al emperailor Justioinno mnndnse construir un convento fortificado donde pudiernn guarecerse de sus opresores. Concedióles
el emperador lo que pedian, y envió obreros de
Constuntinopla y Egipto con órden de edificar un
convento en la cima del monte de l\Ioisés. Esta
situacion tan elevada y expuesta hubiera sido muy
incómoda pnra los individuos residentes en el convento, por cuya razon, asi como por la falta de
agua en dicho punto, las personas á quienes había
sido encomendada la obra tuvieron el Luen juicio
de edificarla en el sitio que ahora ocupa. Asi que
quedó concluida envió J ustiniano algunos esclavos
para que sirviesen de domésticos en el convento,
los cuales se establecieron con sus familias en los
valles vecinos. Pocos años despues adquirió el
convento los restos mortales de santa Catalina
como manifestamos anteriormente, cuya circunstancia fortaleció considerablemente los derechos
que ya tenia este monasterio á la veneracion de los
griegos.

11

.,

El edilicio es un cuadrángulo irregular cuyos
lados tienen sobre 130 pasos; está rodeado de una
fuerte muralla de granito defendida por varias
torres pequeñas: su parte superior es una mezcla
de arena de granito y guijarro~ unidos con barro
que ha adquirido una extraordinaria dureza. El
convento encierra ocho ó diez patios pequeños
algunos de los cuales están plantados de flores y
vegetales, y tambien algunas palmeras y muchas
parras. La distribucion interior es muy irregular,
á comecuencia del desnivel del terreno sobre el
cual se eleva el edificio; pero todo ello está muy
aseado y en buen órden. En los pisos alto y bojo
hay un gran número de celdas, de las euales pocas
~e hallan nhora ocupadas. El edificio principal
en lo interior es la iglesia que, así como el convento, fué edificado por J ustiniano, pero ha sufrido
despues varias alteraciones. La figura de la iglesia
es un cuadrado oblongo. Sostienen el techo una
doble hilera de bellos pil11stras de granito de diferentes formas, que han sido cubiertas con una
capa de yeso, acaso porque el color natural del
granito no era grato á los monjes cansados de
ver solo esta piedra á su rededor. La cúpula sobre
el altar permanece aun tal como fué originalmente
coustruida por J ustiniano, cuyo retrato y el de su
mujer Teodora se distinguen aun, asi como una
pintura de la Transfiguracion en honor de cuyo
sueeso foé erigido el convento. Las paredes al
rededor del altar se hallan profusamente adornadas
con lámparas de plato, pinturas, y retratos de
snntos, entre los cuales figura San Cristobal con
una cabeza de perro. El piso está cubierto de
bellas baldosas de mármol. .Alli se hallan depositadas las cenizas de Santa Catalina. Uno de los
objetos notables que encierra la iglesia es un sarcófago sobre cuya cubierta de pinta ruaciza se vé
una fi¡,rurn de cuerpo entero de la emperatriz Ana
de Rusia. Enviúlo alli esta prince.,a con la intencion ( que no llegó por último á verificarse) de ser
depositada en él. En una pec¡ueiin cu¡,illa inmedi111n á la igletiia enceíían los wonj~s el pnraje
iloHtlc ,uponen estuvo la zarza ardiente, el eual es lt

cofüiderado romo el sitio mas sagrado de la montaña. Ademas de la grande igle$Ía, ha y otras
veinte y siete capillas diseminadas en varios puntos
del convento, en muchas de las cuales se celebro.
misa diariamente, y en todas ellas por lo menos
una cada domingo. En realidad este establecimiento era hastnnte parecido al templo del santo
Sepulcro en J erusalen, en el cual hay capillas paro.
todas las principales sectas cristianas excepto la
protestante. .Muchas de ellas en el com·ento de
Sinai han sido abandonadas hace mucho tiempo
por sus dueños. Lo mas estraiío es hallar entre
estas una mezquita mahometana bastante capaz
para contener doscientas personas en oraciou. Los
monjes dicen que fué construida para evitar In
destruccion del convento. Relatan que el sultnn
Selirn se aficionó á un jóven sacerdote griego que
habiendo caido enfermo fué enviado á Sinaí para
recobrar la salud: murió sin embargo; y el emperador considerando que los monjes habian cnusado su muerte, mandó al gobernador 1le Egipto
que destruyese todos los establecimientos cristiunos
de la península que por entonces eran muy numerosos. Los monjes de Santa Catalina informadoJ
de esta órden y de las preparaciones que se estaban
haciendo para ponerla en ejecucion, se apresuraron
á construir la mezquita en cuestion, con la esperanza de que el establecimiento entero se salvaría
por este medio. Les salió bien su estratogema,
y bajo el mi!mo principio han conservado desde
entonces la mezquita. Pero las crónicas arítbigas
existentes en el conve5to, dan á esta un origen
mucho mas antiguo, mencionando circunstancias
que parecen justificar el aserto. Cuidon de ella
los sirvientes beduinos que la usan los viernes
para sus devociones. Visítanla algunas veces peregrinos mahometanos, pero solo cuando llega
nlgun musulman de rango suena el toque de orncion desde el minarete.
Ninguna de las iglesias y capillas de los conventos tienen campanarios. Hay sin embargo una
campana que toen solo los domingos. El modo
usual de llamar á los monjes á maitines es dar un
golpe sobre un pedazo largo de granito suspendido
con cuerdas, el cual produce un sonido que se oye
en todo el convento; cerca de él hay un trozo de
madera seca que emite un soni&lt;lo distinto, y sirve
para llomar á vísperas. Se emplea con mucha
frecuencia este último método en los templos cristianos del Oriente para suplir la falta de campanas, cuyo uso está interdicho por los musulmanes.

El convento del monte Sinaí contiene hoy un
prior y sobre treinta monjes. El prior es la ver- ,
dadera cabeza de la comunidad y maneja todos los
negocios de ella; pero la órden de los monjes de
Sinni diseminada por el Oriente se halla bojo la
jurisdiccion de un arzobispo elegido por un concilio
el cual se com1&gt;one de delegados del monte Sinní
y del convento afiliado del Cairo. .Ademas de
este convento que contiene un prior y cincuenta
monjes, tiene el monte Sinaí estnblecirnic11tos y
haciendas territoriales tn rnrios puntos del Orienk,
particul11r111eute en el Archipiélago y Cu1alia. Posee tambicn dos pcquciins igle&amp;ins en In India, nnn

15:)

VE !IJ~'l'OnIA, BELLAS LETHA::i y ARTES.

.

d mayores privilegios pues teman
m plato de carue guisada dos
d echo para ex1g1r l
d
er
1 din. es dificil comprender de que mo o
vece~ n. n .lo. monges hacerles renunciar á este
co?s~gm_ero . C • do un J. equc Jle«a al convento
uan
" • ., d
f ',
Pr1v1leg10.
recibe a d emns del pan , cierta cnnhdau e - cal 1.,
. bon y algunas veces un panue o,
babu, nzucar, JO
' d
Parece sin emd' .
6 prendas e ves 11r.
me icmas,
llas tribus que se denominan pro•

,
t • La, mnyor1 parte
de rl disfrutaban aun .. e.
en C1ilc11ta y In otra en Sura
d las
los monies del monte Sinní son natura es e
.
.•
Generalmente no permanecen en el
islas gr1tegnmsa., que cuatro ó cinco niíos, volviendo
conren o
•
d ·
des ues á su 11ais donde se jactan de sus 1m ec1m¡;ntos entre los beduinos: sin emba~go nlgunos
re,iden alli toda su vida. Son muy ignorantes.
Pocos entienden el úrabe y ninguno de e!los sabe
leerlo ni escribirlo: ni liay entre ellos qmen sepa
leer corrientemente aun el griego moderno (su ~engua maternal) excepto en los libros de orac1on.
Tienen sin embargo una buena librerio. que no
. de b"d
~aben apreciar
i amen t e á pe•ar
• .de que rehusnn de,nhnccrse ele las obras que conti_ene. C~~~
sisten estas en I,500 volúmenes en griego y '
manuscritos arábigos.
El número de personas que visitan el conve~to
. . 'fican te., el ·•i"Io
pasado sohnn
es ahora muy 10s1gm
e
nun acudir cnra,·anas desde Cniro y J erusnlen, y
existen recuerdos en el convento de haber llegado
en un din ochocientos armenios de la ~iudad santa,
y en otro quinientos coptos del Ca1ro. Actualmente no pasan de iietenta ú ochenta lns personas
ue acuden durante el afio. Lo~ re_c~usos gustan
!ucho, como es natural, de recibir v~s1t~s y tratan
á los forasteros con cariño y hospitalidad, La
puerta de entrada está amurallada, y cuando _Ilrg~
nlgun viajero tiene que dar aviso de su arribo a
• des gn'tos. El portero le tira una
gran
. cuerda
. á
la cual ata él su carta de recomendac1on_: ,1 esta
resulta ser satisfoctoria á juicio de~ ¡mor, ~na
horizontal .sujeto
maroma eOn lln Palo ó travc•año
:i su extremo deseieude uesde una v~n~nnn s1~11ad1i
ú cuarenta pies de clevncion, y el vrn;ero es IZado
por medio de una garrucha.
.
La disciplina del monasterio respecto á nh_mentos y orncion es muy severa. Los mon~es tienen
, t'ir a, misa dos veces durante el .dia Y otra11
que asu
¡
dos por la noche. Su regla les prohibe nbso utamente el uso ele carne, y ~us a~unos son m~y
ríaidos. Pau y legumbres constituyen su prrnci;nl alimento. Obtienen sus verd~ras de un her•
moso huerto situado á corta distancm del convento
con el cual comunica un camino subterráneo.
Produce este huerto toda clase de fruta~ y legumbres de la mejor calidad. Los mongea t~enen cada
uno de ellos un oficio con BU correspo?d1ente taller
en el convento, por cuyo medio cons1gu_en ~o solo
emplenr agradablemente las horas de_ocio si_ tambien hacerse independientes de la rndustrm del
Egipto.
Los beduinos tienen á los monges en alarma
continua. Han e,tablecido In costumbre de que
cualquiera de ellos que llega ni convento ha de
recibir pan para su almuerzo . y cena, el . cual le
bajan desde la ventana, pues mngun be~~nno, excepto los criados del convento, es adnnhdo en su
recinto. .Afortunadamente no hay cerc~ de, este
buenos 11asturojes cuya circunstancia_ obl~ga a lo~
árabes á acampar á alguna distancia s1en~o ns1
sus visitas menos frecuentes de lo que podm\ su•
ponerse. Sin embargo apenas pasa un din en _que
no tengan los mongcs que proveer de pan á tre'.nta
ó cuarenta personas. El siglo pasado los bedumos
ToM, VIII.

:::!~a~u:e~q::nvento contraen la ?bli~::\i::
Cambio de estos privilegios, de proteJer o 1
•
no molestar IÍ los pcregrmos
que acuden á at monlas
tniin respetando y RSistiendo á transpor ar
curg~s destinadas al convento. Ocurren ~~~u~:~
nces desavenencias entre los monges y 11
duino• que suelen exigir mas de lo que aquel o~ se
bailan·,dispuestos a, conced er, p ero en generad rema
b' en.
armonía entre unos y otros, e 1
cierta paz Y
.
,t
la preservado~e acaso IÍ estas relaciones mu un 8
cion del convento.

XAVEGACIO~ POR EL VAPOR ENTRE

FRANCIA y AMERICA.
(Continuacion •.)

Dxnnn::rno en dos partes el movimiento comelrl. l c¡ue se e~ectua
entre 1n F rane1·a yd aquea
1'
cin
orcion de In América central, y toman o como
~na de ellas las regiones si tundas al rededor del
Golfo de Méjico, y como la otra las que rodea_n
1 d los Caribes obtendremos los resultados s1a uientes:
e
0000 . to•
Burdeos' transporta á ,,•t'"
eJtCO -,
gneIa d asmasque 11nrsclla.
•
· pero en las .islas• Caribes
bl
dibfruta Marsella de una ouperioridad_ md1sputn e
, La' corrieottl cornerc1nl
so bre B urdeo•·
. . toma pues
en aquellas regiones una direccion d1stmta, segun
su diferente deotinncion.
li
Hay ademas otro medio, señores, de exp car
este hecho. Burdeos durante los últimos aiíos ~ha
monopolizado la mitad del comercio de la_ Espan;,
á la cual por la semejanza de gustos é ideas a •
hieren aun las que fueron sus colonias, á pesar de
. .
La causa probable de esto puede
su emanc1pac1on.
iendose establecido una línea de comuhab
ser que
.. . d d
,
nicacion entre la Francia y McJJCO es e 1a e1!~ca
de In emancipncion americana, num~rosas fa1mhaa
udientes emigraron buscando refugio en_ el Con:
P.
é. Burdeos se establecieron nlh
tmen t e. Lleanclas
,,
fi. aron en este puerto el centro ~e sus ope~aY. J
La masa de capital que traJeron consigo
c10nes.
•
·11 es de
se ha calculado en no menos de 50 a 60 ru1 on
libras (de 10 á 1'2 millones de peso~). A co~se
. y baJ·o el influJ· o de estas circunstancrn~,
cucnc1n,
.

3 lti

344, J,a nbun•

• Yéase al tomo vu, pá¡;mas '2S6f'
/nuestros lectores
•
·a1
) deseo de o recer
u
dnnc1a de maten es, e
. un tancias unexas á
.
otras c1rc •
·
asuntos varmlos Y amenos, Y
ho posponer hasta hoy

¡~ Jaborns periodísticas, nos 1,an 1iec
la contiouacion de este artículo.

X

�154

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

se desarrolló el comercio de B1udeos con la España, tomando un aspecto mas extenso sus relnciones con Méjico. Asi puede explicarse el estado
del tráfico representado por la estadística de los
registros de la aduana.
Ahora bien, señores, á fin de decidir con acierto
sobre la eleccion que vamos á hacer, dirijamos por
un momento In ntencion á las empresas á que se
ha puesto mano al otro lado del canal británico.
Los ingleses estan estableciendo una compañia
con, el objeto de co~erciar con las Antillas, y
¿ que puerto han escogido para su establecimiento?
Southampton: un puerto muy inferior en importancia mercantil á Liverpool, Bristol ó Londres•
pero tienen en vista un objeto, que es tomar 1~
delantera á los b!tl'Cos de vapor que pueden alo-un
din dirigirse á ias mismas regiones desde Fran~ia
~élgica, H.ola?da ó Hamburgo. Este plan, !e~
u~res, nos md1ca el que conviene adoptar. 'l'amlHen nosotros debemos dar la preferencia á la línea
que ofrece mayor expedicion, y esta línea termina
eu el Océano no en el Mediterráneo, pues los vapores que salen de l\!arsella y se detienen á tomar
pasajeros y correspondencia en Barcelona y Cádiz
deberán necesariamente perder dos dias antes d;
ponerse en línea con Burdeos. Esto pues hace
una diferencia de dos días en la duracion y de
150 leguas en la extension del viaje.
'
La posicion excéntrico. de 1\-Iarsella, ofrece aun
mayores inconvenientes. Una de sus consecuencias es que los habitantes de los departamentos
setentrionales de Paris y Havre, que forman una
parte muy considerable de los pasajeros que van á
la América del Sur, tendrían que viajar 200 ó 250
leguas parn. embarcarse.
Ademas respecto á las mercancías mismas, ó por
lo me.nos !ns que _los vapores pueden trans1Jortar,
c¡ue siempre consisten de artículos de un valor intrínsico. considerable, no es mnterin de poca ¡ 01•
portnncm haber ele recorrer el diámetro mayor de
!~rancia para llegar al punto de su destino. El
&lt;•omerc)~ de plata y oro, por ejemplo, que hacemos
con l\Ie;1co, y que se efectua casi exclusivamente
en Paris, nada ganaría por cierto con removerlo
ele la capital.
Asi pues para mantener la competencia con
Southampton, para simplificar y acortar los movimientos necesarios, Burdeos ofrece una ventaja
indisputable.
Si examinamos los intereses que dependen de
c~tas dos grandes ciudades vemos por una parte á
Nantes, Bayona, La Rocl1elle y Lorient, enlazadas
todas por un servicio de vapores establecido hace
tres años bajo la direccion de l\Ir. Delmestre los
cuales p~oceden hasta el Hnvre ; y por la otra á
Lcon, Samt Etienne, Avignon, Grenoble y Nismes.
Por un Indo las riberas de la Gironda por el otro
la del Ródano ambas ricas y fértil:s · el interés
vnrcce igualmente balanceado y la decision e~ 1
favor ele ambas rivales consiguientemente imposible.
1

Si por último invcstietamos la naturaleza pecur ., 1
e
,..1ar ue a situacion de ambos puertos, hallamos
&lt;¡ue d 11110 1lisfrutn lle una prosreri&lt;lad creciente

al paso que el comercio del otro parece &lt;leclínár.
Situada á orillas de un rio caudaloso que admite
en sus aguas buques de considerable tonelaje, y
rodeada de un suelo fertilísimo, Burdeos lucha sin
embargo en vano contra el golpe que recibió con
In irreparable pérdida de Santo Domingo. Del
mismo modo que las máquinas viejas son abandonadas con la introduccion de otras nuevas, asi los
puertos ]Uedan desiertos cuando varia de direccion
la corriente del movimiento comercial. La aplicacion del vapor á la navegacion transatlántica,
bastará acaso á restituir á la segunda cnpital del
reino el secreto de las riquezas que parece haber
perdido, y que fueron la causo. de su esplendor en
tiempos pasados.
Estas varias consideraciones han inducido sin
duda á In Cámara de Diputados ú. asignar una
especie de privilegio á la situacion de Burdeos para
la posesion de la línea de las Antillas : esta preferencia no es sin embargo exclusiva. El gobierno
ha propuesto que las salidas de los buques se verifiquen alternndamente desde Burdeos y Marsella
el din 1° de cada mes. Se determinó que hubiese
diez y ocho salidas desde Burdeos y doce desde
l\Inrsella. •Ninguno. de las dos ciudades quedará
pues completamente desheredada, 1iero las ¡,orciones serán divididas con desigualdad. El objeto
propuesto de luchar contra la competencia de
Southampton se habrá conseguido, y este motivo
nos parece justificar plenamente el plan á que
hemos dado la preferencia., y que tenemos hoy el
honor de someterá la decision de In Cí1maro.
"¿ Acaso podrá hacersenos esta pregunta: Si la
línea de Burdeos es la mas corta y In mejor, ¡ porqué entran Vds. en rompeticion consigo mismo~,
estableciendo una segunda linea desde .Marsella?
No es esto hacer una concesion pueril á intereses
locales? No es transigir con necesidades infundadas? Creemos que n6, Señores, y es nuestro
sentir que semejante opinion se desvanecería con
algunos instantes de séria é imparcial reflexion.
Marsella es el depósito comercial del Mediterráneo: todo se dirige á aquel punto. Por una
parte navegan el mar NPgro los vapores austriacos
de la compañia c!el Danubio. Por la otra los
buques ingleses de In compañia. de las Indias orientales surcan el mar Rojo. Nuestros paquebotes
del Levante corresponden con los bajeles de ambas
procedencias, recogiendo asi en su tránsito &lt;:artas
y pasajeros que vienen del Este de la Europa, de
uno. parte de Asia, y del norte de Africn. La
importancia de esto. línea es ya un motivo suficiente para continuarlo. hasta las Antillas pues
si no ee satisfacen los intereses de que depende,
buscarían estos un establecimiento en otra parte; y
si Trieste, cuya competencia es ya formidable,
llegase á establecer vapores transatlánticos, la corriente mercantil refluil'ia inmediatamente á aquel
punto con detrimento nuestro. Los austriacos se
aprÓ1'ecbnrinn ávidamente de nuestros descuidos,
pues tal es evidentemente su interés. La Espaíia
misma que en el din se halla imposibilitado. de
establecer una línea de comunicacion con sus antiguas colonias, podrio, sino con su propio capital

DE HISTORU, DELL.\S LETlUS Y ARTES.
al menos con in,\uqtrin y la asistencia ele caudales
extrRnjero~, establecer una linea en Cádiz. E,ta,
seííore@, no es una hipótesis pues en realidad se
está formando actualmente una compañia y debemos pues anticiparnos. La union de los vapores
del Mediterráneo con los del Océano en l\farsella
concentraria en esta ciudad con gran beneficio
suyo, y téngase presente, con beneficio de toda la
Francia, el movimiento comercial dti las nncioncs
del Mediterráneo y del Nuevo Continente.
Esta es una consideracion de primera importancia : he aquí la segunda. Hemos visto que el
comercio de las Antillas se verifica principalmente
con Marsella: no es pues justo que empleemos
medios violentos y artificiales para hacerle muelar
de direccion. Ademas no seria político destruir
la superioridad del ttnico punto donde el comercio
de Francia puede competir con el de cualquiera
otra nacion del mundo. Guardémonos bien de
privarle de esto. ventaja debida á varias causas:
á su situacion, á la centralizacion de operaciones,
y á la industria de sus hnbitantes, y por la solo.
razon de que su prosperidad existe y que este resultado ha sido su consecuencia, es indiipensable
incluirla en el sistema de navegacion que vamos
á establecer. Cada nacion, señores, posee uno ó
dos puertos en una posicion excepcional semejante,
de los cuales puede con justicia envanecerse. En
Inglaterra se hallan en este caso Liverpool y
Londres; en América, Nueva York y Nueva Orleans; en Francia, Marsella. Permitir que esta
porcion de nuestra gloria nacional, este signo exterior de nuestra influencia decaiga y se aniquile,
KCrin hacer un daño positivo á la nacion entera.
En una palabra, señores, parece necesario que
In Francia mantenga su influencia en el Mediterráneo alrededor del cual se ngitan tantas cuestiones importantes ; y el medio mas seguro de
efectuarlo es dar el ejemplo creando vastos y útiles
establecimientos.
Teniendo á la vista todos estos motivos, la comL~ion no cree, señores, que el establecimiento de
una línea de paquetes en Mnrsella puede calificarse
de concesion pueril á intereses locales : considero.
al contrario que esto. empresa presenta todos los
caracteres de pública utilidad que no era posible
dejar de reconocer.
La direccion que deberán seguir los vapores destinados á las Antillas es la siguiente. Los rnquetes de Burdeos y Marsella tocarán, los primeros
en la Coruña, y los segundos en Barcelona y Cádiz.
Tomarán alli provisiones y carbon, y se dirigirán
luego en derechura á la Martinica, donde segun
hemos observado ya se establecerán diques 6 fondeaderos: continuarán despues su viaje á la Habana pasando por Guadalupe, Santo Tomas,
Puerto Rico, Haiti y Santiago de Cuba.
La tercera línea al Brasil presentará pocas ventajas al comercio. El punto elegido pnra la sa.
licia de los vapores es Nantes ó mas bien St. Nazail'f', situacion central en las inmediaciones de
Paris y en comunicacion por medio del rio Loira
con una gran parte de nuestro territorio. El
gobierno l1n qner'do dar una pruebo. notoria de ~u

155

solicitud en fnyor de uno. ciudad industriosa que
solo necesita de algun auxilio para reponerse del
o.batimiento en que había caido, y establecer el
comercio extranjero que hoy requiere. Por este
medio se establecerá un nuevo canal de exportacion para las ¡,rod ucciones- de los veinte y siete
departamentos de r¡ue se hallo. rodeado, ni dejará de ser importante esta so.licio. considerando
que nuestras exportaciones al Brasil ascienden á
2-3,000,000 de francos, y que las l)rovincias de
La Pinta á pesar del bloqueo han recibido mercancías nuestras por valor de 5,000,000. La línea
propuesta procederá 1\ Lisboa, Pernambuco, Bnl1ia
y Rio Janeiro. El tiempo empleado en estos dife' rente~ pasajes será el siguiente:
Dins
l. Línea de vapores desde El Ilavre á Nueva
York ................................................ 1r~
'2. La de Burdeos á In J\Iartinicn ........ 19 }
28
De la M nrtinica á In Habana ...... .. 9
3. De ~Iarselln á la l\Iartinicn ........... 20½ }
301
De la Martinica 1í la Habana .. .. .. . . 9
4. De la Habana á Méjico .......................... 12
5. De la Martinica ú la Américo. central.. ...... 16
6. De St. Nazaire al Brasil ........................ 25
7. De Uio Janeiro á la Plata,..................... 7
Señores: en la proyectada ley de la cual acabamos de manifestar los puntos principules, hay uno.
omision que sin dudo. hn debido llamar la atcncion
&lt;le In Cámara. Poseemos en el continente americano una colonin cuyo suelo siendo tan fértil como
el de Demerara y Surinnm, ofrece consiguientemente iguales espernnzas de prosperidad : hablamos de la Guayana. Al establecer comunicaciones
por medio del vapor mas allá de los mares, admitiendo naciones extranjeras á participnr de sus
beneficios, la Guayana se presentó necesariamente
á nuestra consideracion; pero segun In opinion de
los inteligentes, parece que algunas dificultades en
la navegacion se oponen á que los vapores puedan
tocar en dicho puuto sin alargar considerablemente
el regreso y hacer imposible la estacion en Gorea.
Pero ya habrá visto la Cámara que el Presidente
del consejo ha propuesto obviar esta dificultad con
el establecimiento de un vapor de fuerza de 160
caballos, que saldrá de la Martinica con la correspondencia. Es justo que la metrópolis extienda su
solicitud á las pocas colonias que ya nos qu~dan.
El número de Luques requeridos paro. estas diferentes líneas se ha calculado del modo siguiente:
Para el Havre el minimwn es cuatro y el ma:i:imum cinco, si queremos evitar toda interrupcion; lo fijaremos pues en .. .. .... ...... .. ..
Para Burdeos...........................................
Marsella... ........................................
Nantes.............................................
las dos lineas segundarías de las Antillas 3}
lo. líneo. segundnria del Brasil ............ 2

5
6
4
4
5

Total ............................. 24
Ifo hiendo arreglado estas cuestiones preliminares,

�EL IXSTilUCTOR, O IlEPEilTORIO
posaremos ahora, seiíores, á examinar los medios
de ejecueion: para esto empezaremos por hacernos
las preguntas siguientes 1. ¿ Debe el gobierno emprender por si y de su
propia cuenta la construccion de estos vapores,
ó deberá esta tarea recaer en compañias particulares auxiliadas 1,or el estado?
2. ¿ De qne modo deberá suministrarse este auxilio?
3. Por último: En el caso de construir el gobierno
los bnjele~, ¿ podrá tambien efectuar por sí el
transporte de mercancias?
El proyecto de ley contiene la~ disposiciones
siguientes.
La línea del Havre á Nueva York estará :í cargo
de una compañia comercial independiente que recibirá un subsidio anual de 880 francos por cada
cal.,allo de fuerza, formando un cnpital de 1,600,000
francos para el servicio de posta cuyo producto
valuado en 600,000 francos pertenecerá al estado.
Respecto á lns demas líneas tanto principales como
segundarius serán ejecutadas por el gobierno, pesando el gasto sobre el erstrio. El establecimiento
de vapores requerirá el desembolso de 28,42 &gt;,000
francos, y el servicio una vez establecido costará
anualmente 12,000,000: en compensacion de este
dispendio puede esperarse un retorno de 4,000,000,
que aumentará cada nño. Tal es la ~olucion asignada á este problema en cuyo exámen entraremos
al1ora.

Cucstio11 primera.
¿ Debe el gobierno emprender por sí la ejccucion
del proyecto? Señores: la solucion de esta cuestion no podia en manera alguna ser dudosa para
nosotros. Hemos llamado la ate11cio11 de la Cámara hácia las exigencias de nuestra marino..
Hemos probo.do q••e la Inglo.terra puede cuo.nclo
quiera poner en mo.r un crecido número ele buques.
Hemos observado que desde hoy en adelante lns
máquinas de vapor vendrio.n á ser instrumentos de
guerra; por consecuencia es tan necesario que el
gobierno tenga talleres para su construccion como
Jo es que costée fábricas de armas y cnííones. Esto
solo seria suficiente motivo para justificar la empresa por parte del gobierno mismo, pues teniendo
íi la visto. intereses tan materiales, no podriamos
confiar enteramente en la probabilidad siempre
incierta de In institucion ó no instituC'ion de compo.ííias particulares. Este proceder comprometeria
nuestra seguridad: es pues necesario que el gobierno obre: pero ¿ cómo, y en que grnclo?
La situacion de la Francia, señores, difiere respecto á industria de la de Inglaterra: no nos
hallamos o.nimados por el mismo espíritu de asociacion, ni poseemos los mismos recursos ni la misma
Jlerseverancia en nuestros proyectos. Es sin dudo.
alguna prudente aceptar el auxilio de la industria
cuando esta lo ofrece, pues proporciona un alil•io
al tesoro y es el origen 1,roducth-0 de útiles instituciones; pero 110 debe sin embargo confiarse enteramente en él. Admitimos sin dificultad que
por principio general el manejo de asuntos comer-

cialcs se halla mejor colocado en manos de individuos particulares que en las del gobierno; pero es
preciso tambien confesar que en Francia el espíritu
de asociacion se halla aun débilmente desenvuelto
y es inadecuado á ejecutar todo lo que se requiere
de él; á saber; caminos de hierro, diques, y barcos
de vapor. De esto hemos tenido pruebas recientes
que es imposible olvidar, y que seguramente no
son propias para inspirar confianza en capitalistas
tan tímidos en sus adelantos.
Al paso pues que aceptamos la asistencia de la
industria, creemos prudente asignar un término á
su nccion, y circunscribirla á cfortos límites; y
por la misma razon que algunos caminos de hierro
de no.turnleza mas productiva que los demás le han
sido confiados, le encomendaremos la parte mas
ventajosa de la empresa tran~atlánticn, reservando
el resto para el estado.
Podrá arguirse, señores, que este sistema está
en oposicion con las leyes de una sana economia
pública; que el gobierno en la esfera que ocupa
debe ejercer una celosa y elevada vigilancia sobre
los intereses del pueblo sin descender él mismo á
la areno., y constituir~e á su vez en especulador ó
mercader? No podemos, señores, admitir esta
opinion en su aplico.cion general, El primer deber
del gobierno es proveer á la seguridad del pais: el
segundo estimular el progreso de la sociedad, y
cuando hay que introducir mejoras materiales y
los individuos permanecen inactivos 6 no obran
con suficiente prontitud, es en este co.~o justifico.ble
su intervencion pues comunica un movimilmto gcnerati rn tí. todos los ¡rn11tos del territorio.

JJ7

DE IIISTORIA, BELLAS LETRAS Y All'l'ES.

LOS BLANCOS Y LOS NEGROS.

~..:( :,_
_..,
\

'

.;

( La conclusio11 c11 l'l pr6.t'imo 11úmcro.)

PREVENCION CON'rHA LA HIDROFOBIA.
DESPUES de lo.var si es posible la po.rte mordida
deberá el paciente aplicar á ella inmediato.mente
la boca y chupar con fuerza y determino.cion,
En seguida, y lo mas pronto que sea posible, se
baíínrá la l1ericla arrojando sobre ella un caño ele
o.gua caliente de un pié ó mas de altura: volverá
entonces á chuparse, lavando la boca despues de
cada o.bsorcion. Seguirán practicándose alternadamente ambas operaciones durante un cuarto de
hora ó media hora. Si la herida sangra, tanto
mejor. El riesgo de absorcion por la boca ocurre
solo cuando existe en esta alguna escoriarion ú
otra clase de herida, cosa no muy comun, y aun
entonces se puede evitar por medio de abluciones.
De todos modos el paciente no 8e expone chupando
la herida á riesgo alguno que ne&gt;' ho.ya incurrido
ya en grado infinitamente mo.yor. Otra persona
puede con igual impunidad aplicar la boca á la
herida clespues de lavada. El cuchillo 6 el cáustico pueden en seguida usar,e con la esperanza de
aume11to.r lns probabilidades de cura.

LAS grandes distinciones que existen entre las di- 11
ferentes razns de hombres han debido desde los
primeros siglos causar admiracion en el observador, pero no se han hecho sin embargo serios
esfuerzos para averiguar la naturaleza y causas de
estas variedades hasta el siglo presente, en que ho.
siclo ilustrado este asunto por lo.s investigaciones
de Cuvier, Blumenbach, Prichard y algunos otros
escritores. Se está muy lejos aun &lt;le haber obtenido en esta ciencia resultados satisfactorios; pero
mucho de lo que se ha averiguado ya es sin embargo sumamente interesante y digno de la atencion general.
Es tan indudable que hay distinciones notables
entre las razas humanas como lo es que existen
hombres altos y bajos, blancos y morenos ó de j
color diverso en los ojos y el cabello : asimismo
negar que hay algunas razas decididamente inferiores á otras en facultades mento.les, fuera tan 1
1

absurdo como negar la existencia de capacidades
distintas en los habitantes de la misma ciudad y
aun de la misma familia. Pero de esta admision
no debe inferirse que la raza humana se compone
de diferentes especies, distintas en naturaleza y de
origen diverso. Esta suposicion fuera no solo contraria al espíritu de los sagrados escritos, sino
tambien de la ciE:ncia, independiente de la revelo.cion. Al ver que el homb1·e en todas sus variedades posee ciertas cualidades comunes á lo.
especie en general; que seres humanos de color
blanco, negro, rojo y bronceado pueden existir en
casi todos los puntos del globo y llegan á naturalizarse en cualquiera clima; que pueden enlazarse libremente entre sí, y que los hijos del blanco
y la negra, del rojo indio americano y de la indígena amarilla de Mongolia son generalmente de
una tinta media; que el hijo de un europeo civilizado si se le colocara desde la infancia entre

�EL INSTHUCTOn, O HEPEHTORlO
~alvnjcs llegaria á ser uno de ellos, ni paso qne el
razas y distinciones entre los perros! Prcseuton
hijo de un salvaje educado entre hombres civilitoda clase de formas, colores, caracteres y tamazados vendría á ser uno. persono. Je finos modales
ños. Sin embargo el perro desciende decidido.y educacion ; todas estas son razones podero,ns
mente de una sola raza, y aunque no podemos decir
para presumir que el hombre es esencialmente un
cual fué la. original ó primitiva, tenemos sin emser homogéneo, y que las diferencias individuales
bargo razones 11oderosas para creer en el hecho de
que se notan no justifican la creencia de que la
una misma descendencia. El caballo y el buey
especie humo.no. se compone de razas ó especies 1&gt;resentnn iguales ejemplos de grande variedad en
di~tintas.
las razas, producida por el transcurso del tiempo
Verdad es que podrá acaso ocurrir esta preen su trato y circunstoncias dométiticos.
gunta: si la raza humana desciende toda de una
¿Porqué pues no ha de presentar el hombre un
misma pareja, ¿ cuales eran los caracteres físicos
ejemplo semejante de muchas variedades procede este par, y cuando y donde tuvieron origen las
dentes de uno. raza original? Es indudable que
diferencias que dividen o.hora la especie en blancos,
existe una diferencia notable entre un hombre de
negros, o.cobrados, amarillos, &amp;c. ? La respuesta
tez muy blanca y otro decidirlamente negro; pero
es sencilla pero no satisfactoria : No lo sabemos.
¿ cuanta diversidad de tintas no hay entre los
En los períodos mas remotos que recuerda la ltisblancos; cuantas entre los mulatos, y cuantas aun
toria, hallamos que "existían ya estas distinciones,
entre loR negros? La diferencia entre un inglés y
y no nos queda que hacer mas sino confesar uuestra un espniiol es muy considerable, y aunque la que
ignorancia y colocar esta cuestion entre las demas
existe en España misma entre el asturiano y el
relativas á la historia primitiva de nuestro. raza
andaluz no lo es tanto, es sin embargo muy noque acaso con el tiempo llegarán á de~cubrírst,
table. En una palabra la especie humana preBasta para nosotros saber que hay razones natusenta aun mas variedades que la canino, aunque
rales muy poderosas para creer en la unidad de la
las de esta pudieron acaso burlar los esfuerzos del
especie l111mana; debiendo asimismo iuferir que la
calculista.
variedad de las razas, asi como la diferencia en los
Existen, no liay dudn, dificultades para creer
idiomas ó lenguas, tiene por objeto algun fin moral
que la razo. humana procede toda de un mismo
importante en lo. historio. de nuestra raza.
tronco: pero las que se oponen á la creencia de
No puede negarse que á primera vi@ta parece
que debe su origen á diversas procedencius son
que hay razones muy podero,;as para creer que la
aun mas numerosas y mas árdun!I: al paso que la
especie humana se halla dividida en l'llmas disfé en la unidad del hombre nos reconcilia con la
tintas procedentes de diversos tronros. ~abemos
re,·elacion y con nosotros mismos. Campo vasto
que el clima no produce color. Un hombre blanco
y comun ofrece el mundo entero para los esfuerzos
podrá adquirir un color moreno y aun casi negro
del rnitiionero y del filántropo; asi ni considerará
11or la exposicion á los rayos del sol, pero ~us hijos
1 nue,tros semejantes seon blancos, rojos, mulatos, ó
serán blancos; y si una colonia de negros se esta1 negro~, debemos exclamar "Sois todos hermanos,
bleciera en el norte de Euro1&gt;a ra,;ándose estos
¿ porqué pues habeis de haceros daño unos á
siempre entre sí, sus l1ijos serian negros hastu su
otros?"
mas remota posteridad. Considerando tnmbien la
Animados de este espíritu ofrecemos el grabado
historia del hombre preguntaremos ¿ por qué hon
á In cabeza de e~te artículo, el cual represent,1 dos
permanecido los negros de Afric:o. aparentemente
negros pertenecientes á un ingenio de la América
estacionarios por ~iglos, mientras que los blancos
1 del sur. )Iírulos, lector, antes de atreverte á decir
Jinn snlido del barbarismo? En que consiste que - que no son tus hermanos.
los indos han sido desde la mas remota antigüedad
un pueblo civilizado, y sin embargo pasi,•o, inmóvil 6 inmutable? Por qué rnzon ha permanecido
In Chino en su condicion actual por tan larao
período de tiempo? Como es que la .Australia ~e
halla poblada por una raza de hombres que pareDEPÓSITOS DE PAPEL MONEDA.
cen ocupar el lugar mas ínfimo en la escala de la
humana inteligencia, al paso que en la Nueva
EL Banco de Inglaterra deriva un pequeño beneZelanda, á pocos centenares de millas de ~u costa,
ficio del afan de algunos indhiduos por atesorar
se vé un pueblo fiero, activo y varonil, y de capapel moneda. Antiguamente emitia el banco
rácter enteramente distinto? Argumentos fundabilletes ó notas de considerable valor, de los cuales
dos en consideraciones semejantes á estas, han in-·
existen aun en el dia cierto número, conservándo&lt;lucido á algunos autores escépticos á considerar la
los los poseedores como una curiosidad por la cual
especie humana como decididamente compuesta de
pagan por cierto bien caro, pues pierden asi el infamilias ó razas distintas.
terés que les reportaria su importe in,·ertido en los
Pero volvamos la vista al perro, este animo!
fondos públicos. No hace mucho que un caballero
afectuoso y fiel que parece haber asociado su exisresidente en una casa inmediata á la del redactor
tencia á la del hombre siguiéndolo alrededor del
de est!l periódico, tenia colgodo en su despacho en
globo. ¿ Qué conexion tiene el ma~tin ó el alano
su marco y cristal, por vil\ de adorno, un billete
ron el galgo, ó el podenco con el faldero? ¡ Cuán
de banco por valor de 160,000 pesos fuertes: babia
inmensa es la rnriednd que ofrecen las diferentes
permanecido alli muchos años hasta que cuando

¡

/

1.;o

DE JllSTOHIA, BELLA~ LETRAS y ARTES.

corteza es mas grueso. lo producen en mayor n~unmuri6 su dueíío fué convertido en especie ~or sus
.
E• mpieza
. n los árboles á dar esta resma
dancio.
. . . á
herederos. A primera vista parece extrano que
~
de
edad
Hácese
una
rncis1011
los cuarenta anos
·
. ra 851, al peligro de ser robado
un docuexpusie
.
en ln corteza, y la trementina distilo. gota á go~~
mento que representaba tan crecida suma; _pero
en un receptáculo preparado de ante~ano ol ~1é
I hecho es que la circunstancia de hallarse as1 extlel árbol, el cual contiene sobre cuartillo y medio.
;uesto este billete ero. conocida en el ~a11co, y
Para purificarlo. la exponen al sol en cubas perfo•
cualquiera otro que el dueño que lo hu~1era preradas en la parte inferior por donde filtra. ~n los
sentado para el cobro, habría sido inmediatamente
Estados Unidos la recoleccion de la trementma se
aprehendido como ladron. Otra nota de ban~o fué
halla casi exclusivamente confiada á los neg~s,
descubierta hace algunos aííos de un mod_o si~gucada uno de los cuales tiene á su cargo de 3 ~ 4
lar. Suscitóse una noche en una tertulia ?1erta
mil árboles. El procedimiento dura totlo el ano,
cuestion sobre un pasaje de la Sagrada ~sc~t~rn: 1
hacen las incisiones en los árboles
aunque no Se
• d d. t·l
Uno de los disputantes repitiendo el pasaJe 1nd1ó a
hasta e1 mes tl e l\Io.rzo y el J. ugo deJa e • is I ar
6
un dean de la iglesia anglicana que se hallaba pre•A a' fines de Octubre.
Los caJones
1
genera
men""
.
~
sente que le explicase su significado. El dean ~ue
receptáculos se vacían cinco ó seis veces al a~o, y
hnbia dedicado tanto tiempo á los goces de la v,~a
&lt;&gt;-o de ellos producen un
de
. barril
.
como al e:;tudio de los sagrados escrito_s, ~espo11d1ó se en1cu1a que ~
,,
libros
La
trementina
tiene
un
peso e1e un ns 3- 0
·
que no babia semejante pasaje en la Bibha. Ocaolor muy fuerte y' para muchos, desagradable aunsionó este punto otra nuern disputa, y el caballero
que frnrrrante, y un sabor amargo y repugn1mte: su
que babia aventurado el aserto dijo que si le d~ban 1
consi,t:ncia, en el estado resinoso, es mn~ espesa
una Biblia $C comprometía ~ señalar el paso.Je en
1a de la m iel., su color amarillo
qne
. sucio,· y su
uno de los libros del anhguo testame11to. La
opacidad
mayor
que
la
de
otras
re~mas.
Biblia que se bailaba mas á la mano era una que
Hay varias clases de trementmn. Las mas
Jn madre de Lord R-- en cuya cusa ocurrió la
usuales
son la trementina comun qne produce el
cuestion acostumbraba leer todos los din~, pero que
pino silvestre; la ele Venecia que se. extrae del
haLia sido colocada entre otros libros ,-ifjos de
alerce ó lárice (pinus lari.r) y es mas fluida y transdevocion en nn estante, no babieudoln. abierto
parente que lo. anterior y de olor y sabor meno~
desde su muerte. Al abrir el sagrado volumen
desagradable: la trementina ó bálsamo d~ Cana,la
fué hallado en él un papel que, examinado, resultó
extraido del J&gt;iuus Bawimea que se cr'.a en las
ser un billete de banco por valor de 200,000 pesos,
regiones mas frias de la América :etentr1on_al y es
d c color mas claro., y el Chilln o .trementmn
, p· de
.
Chipre la cual se obtiene del terebmto o IS1ac1a
Trrrbi11tl1us natural del norte de Africa y del sud
de Europa y cultirndo en Chios y Chipre. Su
color es fragrantc y el sabor menos o.margo que ~os
TREMENTINA.
anteriores: es muy transparente, clara y. tenaz.
La trementina de Chipre es mas cara que nmgunn.
otra por cuya razon rara vez se obtiene pura en el
mercado.
El aceite ó espíritu de trementina (que es c?mo
se emplea esta sustancia en las arte,) se obtiene
distilánclolo. combino.da con agua, en un aparato
muy semeja~te al alambique o~dinario.
libra~
de -:mena trementina dan 60 libras del aceite. Si
la d istilacion se ejecuta sin agua en una retorta, el
producto es rnns ,olátil y acre constituyendo una
e~pecie de aceite esencial ó concentrado. El residuo que queda en ambos casos. es una masa
rojizo. que solidificada f~rmo. la re~mo. comun ~!el
comercio. Esta sustancia os fundible y muy rnflamable.
La trementina se usa en cantidad considernhle
en la manufactura de colores y barnices de to1lu~
clases.

25?

ESTUDIOS.
llnma del terebinto ó árbol de la trementina,

LA sustancia conocida en el comercio con e~. n?m•
bre de trementina, es un jugo resinoso que d1shlan
ciertos árboles de la especie del pino. Los que se
hallan mas expue~tos á los rayos del sol Y cuyn

L1 variedad de estudios lejos ele debilitar la mcntt'
es un medio efic1íz de promover su energio. Y de~arrollo. Aquellas personas que se _h an dedica(lo
exclusivamente tí un ramo del so.her, rora H•z despliegan facultades intelectualeti de primer orden.

..

o

►

�100

EL INSTRUCTOR.

1

- MOSAICO.
Sciwraa en la Corte.
FRANCISCO I de Francia, rival de nuestro Carlos V,
fué el primer monarca que introdujo señoras en su
corte; en cuya ocasion dijo con el e~píritu de la
verdadera galantería, que una corte sin damas era
como el año sin prima\'era ó mas bien como la
prima\'era sin flores.

· 1Jfelocoto11ea y AbridQ1'es.
CUANDO los melocotone~ y abridores se hallan á
medio madurar, cúbrase la parte de ellos que mira
al sol con pedacitos ó láminas de cera de la forma
ó figura que se desee. La cera impedirá que el sol
colore las partes cubiertas por ella y cuando la
fruta esté madura y se despegue la cera se hallará
aquella adornada de figuras y dibujos varios.

Cakidoscopio 1111uical.
llACE algunos años se hizo una prueba (al ¡,arecer
con huen éxito) para 1,roducir tocatas de música
bojo un principio anúlogo al que se emplea para
ohtcnrr en el cnleiJo~copio tanta multitud de
dibujo~ simétricos. Los materiales empleados
para este fin consistían en targetas preparadas de
antemano enria urni de !ns cuales contenía un
compás compuesto con arreglo á cierto ritmo y
tono: seis ú ocho de estas tarjetas se iban colocando delante del tocador por el orden en que quedaban despucs de barajadas, resultando asi una infinita combinacion de aires nucrns. Este artificio
ingenioso producía muy buenos resultados en los
vahes.

Asno.
LAcu, rey de Siam, fué despertado por el rebuzno
de un asno en el momento en que iba á ser asesinado. En el entusiasmo de su gratitud mandó que
se diera á todos los hombres el nombre de asnos.
Dícese que cuando llegaba un embajador de la
China á la corte de Sinm, el Oquisa-Vaug ó Maestro de ceremonias proclamaba en alta voz: Poderosísimo Lacú, Señor absoluto del Universo, Rey
de los Elefantes bla11cos, y Depositario del Diente
sagrado! Un grande burro de la China ha venido
á ver á V. M. 1
•
Un prlncipe africano.
UN teniente de la Real armada inglesa se estableció en la bahía de Natal sobre la costa de Africa
con el objeto de entablar relaciones de comercio
con los naturales. Reina en aquel distrito un jefe
ó príncipe llam1tdo Chaka, el hombre mas feroz é
inhumano que ha existido jamás. lié aqui la

pintura que de él hace el teniente. "Im¡,one
muerte ú. hombres, mujeres y nifios que por la mns
mínima causa le molestan ó incomodan, Tiene
1,200 concubinas, y cuando se cansa de ellas las
distribuye entre sus oficiales. Sus jefes y magnates
se acercan á él arrastrándose por el suelo. No
hace mucho q~e una persona de rostro algo extrafío habiendo alterado la serenidad de lns facciones del rey, gritó este; alejad á ese hombre y
matadlo; me hace reir demasiado."

El alfabeto en grande.
ATICO adoptó un método nuevo y admirable de
enseiíar el alfabeto á su hijo : recibió para el uso
11nico y exclueivo de este veinte y cuatro domésticos cuyos nombres empezaban con las veinte
y cuatro letras, llernndo cada uno en la espalda
la impresion de cada una de ellas por via de
divisa.

La piiía viva.
DESAFIARONSE dos príncipes alemanes á quien
presentaria manjares mns raros en su mesa. Apostaron una suma considerable, y se nombraron
jueces. Uno de ellos dió una comida tan elegante
y costoso, y con tal profusion de exquisitos manjare, que parecin imposible subrepujarla con ninguna otra. Asistieron despues los jueces al banquete del otro príncipe. En el centro de In mesa
se veia una hermosísima piña que excitó la admiracion de los concurrentes por su gran tamaño.
Cuando se hubieron colocado los postres tí su rededor, el príncipe llamando la ttteneion de los jueces
dUo en alta voz "Preséntate Borolowsky." A
estas palabras la piña se abrió por el medio, y
salió de ella el bien conocido enano conde Borolowsky quien saludó con la mayor cortesía á los
convidados. Los jueces declararon que el segundo
príncipe habia ganado la apue~ta, no habiendo
presentado el otro tan raro manjar como la piña y
su contenido.

Coite ori.gi11al de las pieles.
CoYPAn.urno el valor que reciben los indios por
sus pieles con el precio á que se venden en Londres
por la compañia de la bahía de Hudson se puedo
inferir la opresion de aquellos infelices. Llis
agentes de la corupaiiia reciben tres pieles de
marta en cambio de un mal cuchillo cuyo valor,
incluyendo el porte á aquellas regiones distantes,
no pasa de un real de plata: ahora bien tres pieles
de marta se han vendido aqui este ill\·ierno por
veinte y seis pesos fuertes. En las pieles mas
escasas, tales como la zorra negra, la nútria de
mar y otras, la ganancia es aun tres veces mttyor.
No hace mucho que una piel de zorra negra se
Yendió en Londres por 255 pesos en cambio de la
cual el indio babia recibido un artículo de rnlor do
diez reales.

LO!\DRES:
EN t.A BJPRENT.\ DE CARL"S

wooo,

l'0r•1~·s counr, FLBET 3TREF.T,

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