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                  <text>A
revista

de

la

universidad

autónoma

de

s
nuevo

león

11

1
Mayo / agosto de 1999

18 - 19

1
Nueva época / Precio: $ 20.00

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Contenido
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Rtloiduol

•

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'

Rector: Dr. Reyes S. Tamez Guerra
Secretario General: Dr. Luis J. Galán Wong
Secretario de Extensión y Cultura: Lic. Humberto Salazar

FONDO
llNIVERSllttk.,

Reloj de sol de éabriel l,aid / Julio Hubard, 3
La práctica mortal de Gabriel l,aid / Juan Domingo Argüelles, 8
Inventario de José Emilio Pacheco / Vicente Quirarte, 15

Adiós a la razón. Nuevas perspectivas en filosofía de la historia
César Augusto Reza Rodríguez, 20
Del Tamayo del mundo/ Genaro Huacal, 25 .
Dos poemas: un mismo latido / Rosaura Barahona, 28
Alba y palalrras /Francisco Magaña, 30
Muchacha en el trapecio / Miguel Barnet, 31
Soneto / Alda Merini, 32
La forma 4 / Salvador Casteñeda, 33

Director de Publicaciones: Lic. Armando Joel Dávila

A
L

M

R
E

T

A
R

A

s
A JEP / Christopher Dornínguez Michael, 35
Itinerario de una vocación. Una visión de Luis Mario Schneider
Alfonso Rangel Guerra, 36
Retrato y versos de esperanza para Luis Mario Schneider /Raúl Renán, 38
Réquiem/ Andrés Huerta, 40

S

1 nisla de la 11 i 111si dal a, 161 0 1 1 de u no l e ó1

Directora: Mtra. Carmen Alardín
Secretario de redacción: Óscar Efraín Herrera
Diseño: Francisco Barragán Codina
Tipograjia, formación y diseño de páginas interiores: Francisco Javier Galván C.
Consejo editoriak Arq. Abigaíl Guzmán Flores, Profr. Israel Cavazos Garza, Lic. Margarito Cuéllar, Lic. Armando Joel Dávila,
Lic. R°¡berto Escamilla Molina, Profr. Celso Garza Guajardo, Mtro.José María Infante,
Líe.Jorge Peclraza Salinas, Lic. Alfonso Rangel Guerra, Lic. Humberto Salazar.

Razones y sinrazones

o e i o 1 óg i e a

Oficinas: Dirección de Publicaciones de la UANL. Biblioteca Magna Universitaria Raúl Rangel Frías, Av. Alfonso Reyes núm. 4000 Nte.
Monterrey, Nuevo León, C. P. 64440 / Teléfono: 329 41 11, Fax: 329 40 95 / Publicación bimestral / Precio del ejemplar:$ 20.00
Impresa en Minuteman Press. ; Registros en trámite / Armas y Letras no responde por originales
y colaboraciones no solicitados. Todos los artículos firmados son responsabilidad de su autor.

,

conomia

José María Infante, 41

Visiones contemporáneas solrre nuestros problemas económicos
Jorge Meléndez Barrón, 43

atención
flotante

La familia en el diván
Hornero Garza, 46

�Reloj de sol de Gabriel Zaid
achi na
spe cul atrix

Julio Hubard

El trabajo / Hugo Padilla, 52

•
Hegel, que me hace repetirme cosas corno: "yo quidicciones. Cometamos el
siera entender". La difeerror de presentar la obra
rencia notable está en el
poética de un autor que no
modo del verbo: el marcanecesita presentación y,
do carácter de irrealidad
que, por añadidura, ha hedel subjuntivo con que se
cho la más pungente crítilee lo abstracto cuando es
ca de las presentaciones de
abstruso, en la literatura
libros. Eso por un lado; por
de Zaid se convierte en un
el otro, quiero evitar la desmuy grato indicativo: su
cortesía de presentar algo
obra me da, me agrega,
de lo que ya todos ustedes
Gabriel Zaid
una inteligencia que diatienen clara noticia. Aun
loga conmigo y evita que
así, quiero participar en
la cabeza se me haga gruesto por el puro gusto cemos, como suele suceder
lebratorio y por la exploraa cualquiera que cree que,
ción, de distintos modos,
para pensar, uno mismo
de una convocatoria a la
es suficiente. Zaid es una
lectura como forma del
de esas inteligencias tan
placer, de goce, de la sornítidas que logran llevar a
presa. Y, vaya, por el gusto
DCÑtítsu lector tan lejos como él
de oír -y decirlo- cómo
mismo; por eso su lectura
canta la inteligencia, pues
nos deja la sensación de
que en eso consiste, según
ser más listos, más perspicaces, en una palabra:
Pound, la más alta poesía: la danza del intelecnos hace más inteligentes de lo que somos.
to entre las palabras.
La mejor descripción para englobar su obra
Ésa es una de las más notables característies ésta: "no hay vez que lea a Zaid sin aprender
cas de Gabriel Zaid, de todo Zaid y no sólo de
algo o descubrir algo". Esto, o algo muy semesu poesía. Para decirlo de modo sencillo, cuanjante, me dijo Hugo Hiriart, otro escritor, por
do leo sus poemas o sus ensayos me descubro
cierto, de los muy pocos capaces de pensar por
repitiéndome, a solas, calladamente, frases
propia cuenta y sin la certeza de la suficiencia.
mentales, del tipo de los ripios críticos con que
El caso, en fin, es significativo por lo que indiuno acompaña y tasa sus lecturas. Me repito
ca, de modo inmediato, en un escritor de procon frecuencia cosas como: "yo quiero ser intesa, pero ¿y en un poeta? La cosa empieza a paligente", que es una intuición muy distinta a la
recer extraña y, en efecto, con cada lectura se
que percibo en mí cuando leo, por ejemplo a
INCURRAMOS, PUE.S, EN CONTRA-

Composiciones dialógicas en inglés: un estudio preliminar / Alhelí Morín Lam, 55

edagógica

istoria
matria

ine,
televisión
y otros
espej ismos

ibros

Buenos y bonitos y baratos. Vanidad y vestimenta en Monterrey, entre 1850 y 1870
Ricardo Elizondo Elizondo, 57

Reloj de sol

La otra conquista / José Carlos Méndez, 64

Desafios latinoamericanos / Francisco Ruiz Solís, 66
Sombras de pantera / Eduardo Langagne, 67
Los otros poetas griegos de Cayetano Cantú / Humberto Martínez, 69
Nuevo León: el vestigio concentrado y expandido de un reino inexistente
Abraham Nuncio, 72
Una botella en el tiempo / Roberto Maldonado Espejo, 76
Contraportada / Óscar Efraín Herrera, 78
Colaboradores, 80

Portada: Pablo Flórez: Cristo/ Técnica: acrílico sobre fibracel, 100 x 150 cm, 1999.
Viñetas interiores: Pablo Flórez.

3

�vuelve más rara. Es cierto que basta el canto
bien hecho para el primer goce del poema y
que, más allá, es añadidura. Sin embargo, quiero volver sobre mi propia experiencia. Todavía
recuerdo cómo, por allá de los últimos setenta,
descubrí en Zaid asuntos asombrosos de métrica, rima, aliteración que, simplemente, me parecían fabulosos y casi imposibles. Quise copiarlo y
no pude; en el camino aprendí otras cosas y pequeños secretos pizcados entre los ápices y las
aristas breves de sus recursos. Diez años después
quise ver si ya podía hacer poesía zaidiana: nuevo fracaso, pero también, nuevo aprendizaje.
Otros diez años, es decir, ahora, a veinte de haber leído estos poemas por primera vez, y creo
que ya puedo decir con toda claridad que sigo
sin poder imitarlo y sigo descubriendo secretos.
Y me pongo en actitud de relojero o de desactivador de bombas, con intención de desmontar
pieza por pieza, pizca por pizca y no llego toda-

vía a comprender cómo diablos me asalta siempre el mismo júbilo de haber fallado.
Justo cuando uno cree estar a punto de despejar la última incógnita de la ecuación, el enigma vuelve a armarse y adquiere esa calidad de
poema y no de pegamiento de asuntos menudos y meticulosos: el poema no es una suma de
recursos sino un resultado vivo.
Y por eso, Zaid no tiene discípulos, a pesar
de que no pocos hemos querido serlo. No se
puede imitar lo que Zaid hace, ni lo que da. Es
igual con el sazón: aunque hubiera, y se siguiera, una misma receta, el resultado puede ser,
en un caso la maestría y en el otro algo apenas
pasable. Vaya: ni siquiera Zaid ha imitado a
Zaid. Solamente se pueden copiar recursos y
tics, técnicas y síntomas. Y aquí reside otro secreto. La mayoría de los poetas cuenta con un
pequeño puñado de trucos y recursos. El mismo Borges, poeta enorme, reconoce que su
capacidad recursiva se constriñe a unos cuantos asuntos. Zaid lleva ahí una ventaja, porque
no opera como los demás: parece escribir sus
poemas con una herramienta específica para
cada uno, por más que sus artejos se construyan con otros, clásicos, tradicionales y conocidos por todos. Ninguno de sus poemas es resultado de una métrica estrámbotica, pero tampoco, ninguno, casi, se ajusta a los hábitos con
que suelen vestir las órdenes monásticas del
metro. Lo suyo no es la clerecía sino la juglaría. Salvo la Fábula de Narciso y Ariadna, y los
poemas siguientes, hasta Alba de proa, que son
un puñado, y algún otro, cuando mucho diez
en total, los poemas de R.ewj de sol tienen todos
alguna novedad, alguna extrañeza técnica:
sonetos rarisimos, o yuxtaposiciones de copla y
versículo en el mismo poema, en fin, sucede
que cada cosa lleva su ingenio distinto y su propio recurso y, aunque cualquiera pueda reconocer el metro de este poema y escansión de
aquél, o el esquema aliterativo o de rimas de
tal otro, resulta, digo, que no hay modo de recoger algo que fuera una sintomatología zai-

-

GABRJEL ZAID

SEGUIMIENTO

l'ONDO DE QJLTtllA Dl&gt;NtlillCA

4

nada menos dionisiaco, nada menos dado a la
ebriedad que esta mesura cantable, musical.
Nietzsche decía que lo apolíneo era aquello
del sueño y la escultura, y lo dionisiaco, el vástago de la ebriedad y la música. Nietzsche decía
esto porque le quedaba demasiado cerca aquel
descomunal tapir, genial sin duda, que era
Wagner; pero si la flauta es de Dionisios, la lira es
de Apolo. Además, tampoco entendía, no podía
entender, ni la luz ni la temperatura de, por ejemplo, el Meditarráneo oriental. ~ en México, tenemos dos poetas mediterráneos: Xirau, del Occidente, y Zaid, del Oriente. En efecto, Zaid es
apolíneo como el que más, pero no ateniense
sino efesio o aun más oriental. Incluso cuando
habla de ebriedad, en dos o tres de sus poemas,
habla de la moderada iluminación sufi, no de las
bacanales, y su temperamento musical está que
ni mandado hacer para contrariar la taxonomía
del filósofo del martillo.
El mundo que Zaid encuentra, aunque en
orden, es hijo del misterio, pero también de la
alegría, y éste es un mundo realmente extraño
en la poesía contemporánea. Es un orden emparentado, en idea, no en textura, si acaso, con
el de Pellicer y el jardín de Ponce, pero difiere
en su orden algebraico y geométrico, en su afán
de ver en el mundo, a la vez, la máquina apolínea, de factura humana, y la naturaleza, don
del misterio. ~ mientras que por la selva de
Pellicer el lector se abre brecha a machete, de
entre las olas de la playa, Zaid ve surgir esto:

diana. Unas veces se trata de hallarle su piedra
al sapo y, otras, su sapo a la piedra.
Cada cosa su forma, cada verdad, su escanción. Ahora que lo pienso, la labor de Adán
debe haber sido ardua y dificil. Amanecer con
un tal encargo y, aún así, dormir tranquilo, con
la certeza de que, entre los posibles, éste es un
mundo estupendo y deleitable, donde nombrar
las cosas no es una tarea de tantas. Es más bien
mester del que sabe escuchar algo como esto:

El mar insiste en su fragor de automóviles.
El sol se rompe entre los automóviles.

ALBA DE PROA

La brisa corre como un automóvil.

Navegar.

Y de pronto, del mar, gloriosamente,
Navegar.

chorreando espumas y desnudeces,

Ir es encontrar.

sale un automóvil.

Todo ha nacido a ver.
Todo está por llegar.

¿Hay algún otro poeta que, hoy, en la era de
los verdes, pueda ver un coche como ~a Venus? Y más raro: no es sólo ironía, se trata de

Todo está por romper
A cantar.

5

�un poema también votivo. Hay una calidad de
insobornable en la relación de Zaid -de todo
el escritor, en prosa y verso- con la realidad
tangible del mundo, una calidad que pareciera hacerlo inmune a ideologías, autoengaños,
fantasmones de las modas de los ripios. Y, así
como botticeliano es un automóvil, el resto de
la obra zaidiana comparte esta suerte de limpia desnudez. Una desnudez de, ambos, la mirada y lo mirado, la percepción y las cosas. Y
me explico: no es la desnudez exhibicionista
de nuestra actual lascivia, que ha pasado, en
breve lapso, de las rodillas al ombligo, del ombligo a todo el cuerpo y, luego, por vehemencia de incremento, hasta las tripas. Pero mostrar el páncreas ya no es desnudez. No es un
asunto de quitarse la ropa y todo sino de atender lo que fue imbricado en nuestra expulsión
del paraíso: una desnudez como condición, a
un tiempo, de belleza falible y fragilidad de la
creatura. Cosa débil y hermosa.
Pues que el mundo de Zaid no es complicado; bastan algunas intuiciones: lo real, lo dado,
es un milagro de orden y de inteligencia; las
obras de los hombres, cuando bien hechas, suelen continuar la tarea de la creación. Zaid no
es amigo de la zarandaja de la otredad librada
al gas, al caos, sin eslabón al Uno primero; de
hecho, lo sorprende -como a Chesterton, por
ejemplo- el milagro de que las cosas sean precisamente lo que son. De pronto, con júbilo
incluso, el mundo de siempre se le vuelve ex-

Porque corren días de otredad, no desnuda, desliada, parece como si hubiéramos perdido la referencia y proporción de todo y de
uno. Son días dionisiacos los que pululan por
los más actuales librotes teoriquísimos, incomprensibles.
Por eso creo que el título que ordena al libro es el más atinado. El reloj de sol es, tal vez,
el artefacto más apolíneo, más incluso que la
clepsidra, con su correr de agua limpia, pero
llena de náyades. El reloj de sol no violenta
nada, no concita diablo alguno; es el resultado
de participar en la observación y adivinarle una
mesura y geometría a la misma luz. Cosas de
aquellos árabes. Además-cosas de orfebre que
es- reloj es palabra de esas que un verdadero
poeta sabe cortejar, amar y temer. Sólo tiene
una rima posible: boj, que es palabra de uso
nulo y es arbusto que casi nadie sabría reconocer. Reloj actúa, en su escansión, igual que tiem-

po, que no tiene rima posible, pero es más breve. También es más breve el poema homónimo
de Zaid que el de Quevedo. Y no sé si hay o no
una relación entre ambos, pero el juego me
gusta, porque redime. Dice Quevedo, después
de veinte versos, que:
ves tu muerte en tu vida retratada,
cuando tú, que eres sombra,
pues la santa verdad ansí te nombra,
como la sombra suya, peregrino,
desde un número en otro tu camino
corres, y pasajero,
te aguarda sombra el número postrero.

PRÁCTICA MORTAL

En fin, Quevedo es un prodigio que siempre acaba en tumba, en culpa, en sombra (aunque esto suene a Góngora). Al espíritu sombrío,
todo le da en el pecho, todo le carga las espaldas y no halla luz ni ligereza. El R.eloj de sol
zaidiano es lo contrario:

Subir los remos y dejarse
llevar con los ojos cerrados.
Abrir los ojos y encontrarse
vivo: se repitió el milagro.
Anda, levántate y olvida
esta ribera misteriosa
donde has desembarcado.

Hora extraña.

Y se redondea en el siguiente:

No es
el fin del mundo

traño:
¡Qué extraño es lo mismo!
Descubrir lo mismo

Ensayos sobre poesía

Llegar a lo mismo.
¡Cielos de lo mismo!
Perderse en lo mismo.
Encontrarse en lo mismo.

sino el atardecer.

SOL EN lA MESA

La realidad,

Dios está aquí.

torre de pisa,

Perdido en el abismo

da la hora

de un vaso de agua

a punto de caer.

demasiado visto.
Dios está aquí.

(¿Ya se ve por qué mi incomodidad? El poema es impecable y, sin embargo, no sólo su escala, digamos, cromática, sino su metro es muy
raro, raro y hermoso: canta y fluye sin que la
síncopa pese ni tropiece.)
Quiero leer, en estos poemas, que Zaid toma
del brazo a Quevedo y le dice que no es para tanto, que sufrir así no es ni sano ni bueno, que la
sombra es breve, precisa, sabrosa si se tiene en
cuenta al sol y no sólo al reloj. Y mi imaginación
continúa con el poema de enfrente:

La brisa, el sol, la mesa

no son Dios. Mis ojos
no son Dios.
Dios está aquí.
Se movió la ventana,
y el Espíritu Santo
bailó en un vaso de agua.

¿Qué sigue? Nada: prosigue el gozoso tiempo del lector ...

¡Oh mismo inagotable!
Danos siempre lo mismo.

6

7

�Sus ejemplos, muchas veces estadísticos, cumplen la función probatoria de sus argumentos.
Como poeta, Zaid ha guardado, desde hace
un buen tiempo, cierto silencio que sus lectores tenemos que deplorar. Pero, de vez en cuando, concentrado y victorioso un poema suyo
rompe el silencio, con hondas emociones y
delicada belleza, como el siguiente de Sonetos y
canciones (1992): "A punto de morir,/ vuelvo
para decirte no sé qué/ de las horas felices./
Contra la corriente./ No sé si lucho para no
alejarme/ de la conversación en tus orillas/ o
para restregarme en el placer/ de ir y venir del
fin del mundo./ ¿En qué momento pasa de la
página al limbo,/ creyendo aún leer, el que
dormita?/ La corza en tierra salta para ser perseguida/ hasta el fondo del mar por el delfin,/
que nada y se anonada, que se sumerge/ y vuelve para decirte no sé qué".
Gabriel Zaid es un poeta a quien no estorba
la inteligencia ni banaliza el sentido del humor,
la gracia, el placer del juego. Ahí donde los
malos poetas sólo podrían hacer chistes acerca
de la eternidad o la rutina, él escribe una página para que la leamos y la volvamos a leer, como
esta "Pastoral":

La práctica mortal
de Gabriel Zaid
Juan Domingo Argüelles

l. El poeta y sus razones

•

más adula al lector y no teme
contradecirlo. Ello tiene que ver
AL IGUAL QUE SU CULTURA, LA OBRA
con el ensayista, con el crítico
de Gabriel Zaid es vasta y es diinteligente de la sociedad y la
versa; por si ello no bastara, es
política, pero no en menor meaguda, como su sensibilidad y su
dida con el poeta que exige, a
inteligencia. En los libros de
quien lo lee, algo mucho mejor
Gabriel Zaid (Monterrey, Nuevo
que buenas intenciones: inteliLeón, 1934) se concentran varias
gencia y emoción.
lecciones que han sido decisivas
Respecto del autor reflexivo,
incluso más allá de la literatura:
Paz lo define y lo retrata con un
su moralidad incorruptible, su
trazo impecable: "Conciso, direcalejamiento del bullicio banal,
to y armado de un humor que va
Gabriel Zaid
frívolo y vanidoso de eso que se
del sarcasmo a la paradoja, Zaid
ha dado en llamar el "medio culsatisface una necesidad intelectural" y, sobre todo, una caractual y moral del lector mexicaterística que resulta insólita en
no, hastiado de la inflación rela cultura mexicana: su indetórica de nuestros ideólogos,
pendencia intelectual frente a
truenen desde lo alto de la pirátodo, en un ambiente que oblimide gubernamental o prediga o condiciona la pertenencia
quen desde los púlpitos de la
a un grupo, a una religión, a una ideología o a
oposición. En un país donde la incoherencia
un credo político.
intelectual corre pareja con la insolvencia moDesde hace muchos años, en México, Zaid
ral, el método de reducción al absurdo -el
favorito de Zaid- nos devuelve a la realidad. A
se ha entregado a la tarea de pensar por sí mismo. No se ha dejado llevar por la pasión irreesa realidad nuestra, a un tiempo risible y terrible".
flexiva de los que gimen y lamentan, pero tamEntre los destacados méritos de Zaid está el
poco ha permitido que las razones del poder
de no aburrir jamás a sus lectores y plantea sus
sean sus razones. Zaid es nuestro Montaigne,
escritos como dentro de un diálogo de intelinuestro Voltaire: siempre atento a lo que vergentes y de sensibles, pues de otro modo sus
daderamente importa; su disidencia intelectual
ironías serían indescifrables. La capacidad de
ha venido a enseñar que la verdad existe pero
reflexión en Gabriel Zaid va unida a la exposiprimero hay que encontrarla.
ción amena sin que ello quiera decir simplista.
Ha dicho Octavio Paz que Gabriel Zaid ja-

Una tarde con árboles,
callada y encendida.

Reloj de sol

8

nista, Gabriel Zaid dice verdades y pone las cosas en su justo nivel. Si de alguien puede decirse que asume un ejercicio moral ante la vida y
ante el oficio de escritor, ese alguien es Gabriel
Zaid.
En este sentido, su poesía no le va a la zaga,
y entre sus libros es posible leer y releer sin fatiga una buena cantidad de páginas que consiguen arrebatarnos del hastío doméstico y la
mediocre cotidianidad. "No soy el viento ni la
vela/ sino el timón que vela./ No soy el agua ni
el timón/ sino el que canta esta canción./ No
soy la voz ni la garganta/ sino lo que se canta./
No sé quién soy ni lo que digo/ pero voy y te
sigo."
En Zaid admiramos el impulso y los resultados; por ello tenemos que lamentar que este
singular poeta haya dejado de publicar durante varios años. En 1976, Zaid reunió su producción poética (escrita entre 1951 y 1976) con el
título Cuestionario. Ahí recoge los libros Seguimiento (1964), Campo nudista (1969) y Práctica
mortal (1973), así como varios poemas no incluidos anteriormente en libros. En 1992 publicó Sonetos y canciones, así como una antología personal bajo el título Práctica mortal.
En su obra ensayística literaria sobresalen La
máquina de cantar(1967) , Leerpoesía (1972), Los
demasiados libros ( 1972), Cómo leer en bicicleta
(1975) , La feria del progreso (1982), La poesía en
la práctica (1985) y Tres poetas católicos (1993).
Como lector de poesía y como antologador
de la misma, Zaid ha dado muestra de congruencia: no se le puede acusar de mal gusto
porque es dueño de una autocrítica vigilante e
implacable. Sabe discernir y no calla las razones acerca de lo que le parece poco grato. El
segundo volumen de sus Obras (México, El
Colegio Nacional, 1993) reúne todos sus Ensayos solrre poesía: más de quinientas páginas de
extraordinaria reflexión emocionada; ~ás de
quinientas páginas de profunda sensibilidad
inteligente.
En su tarea de recopilador y crítico de la

Las cosas su silencio

\,

llevan como su esquila.
Tienen sombra: la aceptan.
Tienen nombre: lo olvidan.
A lo largo de los años, la sinceridad con la
que ha actuado Zaid ha sido ejemplar y, en la
medida del ejemplo, ha enseñado a sus lectores a no dejarse confundir ni por los prestigios
ni por las modas; ni por las radiaciones del
poder ni por las falsas brillanteces. En un medio donde lo más fácil y cómodo es quedarse
callado para sacar la triste ventaja del oportu-

9

�poesía, dos obras suyas son fundamentales y
constituyen referencias obligadas para todo
antologador que emprenda labores semejantes. Nos referimos a Ómnibus de poesía mexicana
( 1971) y Asamblea de poetas jóvenes de México
(1980), continuamente reeditados, sobre todo
el primero.
A ello debe añadirse su constante ejercicio
crítico en revistas y suplementos, donde hace
gala de todas las cualidades ya mencionadas y
de otras más que nuestra inadvertencia soslaya. Y no debemos pasar por alto el otro ejercicio ensayístico, el de la reflexión en torno de la
realidad social y la irrealidad política, campo
en el que nos ha entregado numerosos títulos,
entre ellos El progreso improductivo (1979), La
economía presidencial (1987), De ws libros al poder
(1987) y La nueva economía presidencial: Saldo del
Grupo Industrial Los Pinos (1994).
A sus 65 años, Zaid ha dedicado más de treinta al ejercicio de la conciencia crítica indagadora. A través del ensayo, ya sea literario o político, ilumina la materia merecedora de su interés. Por otra parte, sus estudios certeros sobre
poesía nos han enseñado realmente a l,eer en
este género, y no nada más a pasar la mirada
sobre las páginas. No en vano uno de sus libros,
ya citado, lleva por título Leer poesía. Un título
simple, pero de muy complejas implicaciones.
Zaid ha desterrado equívocos y, al cuestionar, ha puesto al desnudo, con humor y con
ironía, las medias verdades, las eternas mentiras, las potencialidades destructivas de la ignorancia, la banalidad, las pretensiones, la pedestre mitología de la inepta cultura y de la no
menos inepta política. Desde hace muchos años
se ha distinguido como uno de los más incisivos opositores de la arrogancia al poder, sea el
poder que fuere. Su lección nos dice a los lectores, y le advierte al poder, que ya es hora de
acabar con la impunidad, el silencio, la complacencia o la resignación: y todo ello, como
maravillosa paradoja, sin los reflectores del
burdo protagonismo.

Porque, por otra parte, Gabriel Zaid huye
de la cultura como espectáculo, y rechaza el
uso, cuantimás el abuso, de la banalidad publicitaria que lleva al escritor a ser figura protagónica en la ridícula feria de las vanidades. No
pocas veces, su poesía concentra la sabiduría
sentenciosa que nos revela una verdad y nos
señala una conducta: "Feliz quien tiene hábitos/ con qué vestir y en qué habitar,/ y no anda
a la intemperie del Espíritu/ y sabe qué decir y
qué pensar".
Otras veces, la engañosa facilidad de la forma lírica popular nos entrega ráfagas de sencilla belleza: "En unos ojos abiertos,/ olvidado
me di alcance./ Hoy me esquivan y no sé/ ni
perderme ni encontrarme".
Tal vez el siguiente dístico condensa, de manera precisa, la sensibilidad y la aguda inteligencia de su autor: ''Un brazo nada más no es cosa
mala/ si vez que el otro se convierte en ala".
La obra de Gabriel Zaid es un portento de
razón y de emociones. Su inteligencia va unidad a su amenidad. En uno de sus libros, escribió: "Ninguna transformación del mundo justifica una vida desabrida". Sus lectores sabemos
bien el sentido de esta frase en el desarrollo de
su propia obra.
II. La emoción inteligente
La poesía de Gabriel Zaid no es abundante
como la de otros muchos autores mexicanos
(a pesar de que en 1976 abarcó un tomo de
casi trescientas páginas), pero sin duda alguna
ha influido de manera decisiva en la lírica nacional. Varios poemas zaidianos y sobre todo
algunos versos en particular están integrados
al patrimonio memorioso del lector que vuelve a ellos, una y otra vez, para hacer que se cumpla el anhelo de todo autor: perdurar en la voz
y en los sentidos de los otros: "los otros que no
son si yo no existo/ los otros que me dan plena
existencia", diría Octavio Paz.
Yha sido precisamente Octavio Paz uno de

10

los mejores lectores de la poesía de Gabriel
Zaid. Por ejemplo, en el cuarto tomo de sus
Obras comp!,etas (Fondo de Cultura Económica,
México, 1994), el autor de Piedra de sol recoge
el iluminador ensayo sobre Cuestionario (1976)
que en un principio incluyó en su libro In/mediaciones (Seix Barral, Barcelona, 1979).
En algún momento de ese ensayo, Paz señala: "Zaid es un poeta escaso, sea porque escribe
poco o porque se exige mucho. Cualquiera que
sea la causa, esterilidad o rigor, su escasez es
asimismo excelencia. No sólo son poquísimos
los poemas de su libro que no me gustan sino
que tampoco me arriesgaría a desechar esos
pocos. La razón: en una obra como la de Zaid,
hecha de poemas que principian y terminan
en ellos mismos -breves, totales, autosuficientes-, todas las composiciones, incluso las que
son en apariencia insignificantes, cumplen una
función y tienen un lugar. En un poeta frondoso, suprimir es podar; en un poeta estricto, cercenar. Zaid debe publicar todos sus poemas, sin
más orden que el único posible: el cronológico
-salvo una sección aparte con los circunstanciales- y sin las duplicaciones que estorban la
lectura de Cuestionario. Como en todas las obras
humanas, en la suya hay defectos (pocos): lo
que no hay es repetición ni confusión. A veces
Zaid es dificil-por exceso de concentracióny otras demasiado simple -por exceso de escrúpulos- pero nunca es cansado. Sus lectoresjamás sentimos que sobre algo en sus libros".
Después de lo escrito por Paz, resulta dificil
y hasta pretencioso intentar alguna otra forma
del elogio. Cuanto importa del Zaid poeta está
dicho en ese brillante comentario. El lector sensible se beneficia siempre con esa poesía que
en 1976 su autor reunió en Cuestionario y en
cuya edición pidió a los lectores compartir un
juego de preferencias: que le dijeran, por correo, cuáles eran los poemas que gustaban más,
cuáles los que no gustaban en absoluto y cuáles los que merecían la indiferencia.
Prometía el autor, en una edición futura,

hacer un balance del juego. Pero independientemente de balances y de cifras, la poesía de
Zaid puede calibrarse en el franco entusiasmo
de sus lectores. Un ejemplo de este entusiasmo
es el que en 1985 llevó al poeta jalisciense Ricardo Yáñez a reunir su obra poética bajo el
título general de Ni /,o que digo (Fondo de Cultura Económica), que procede de un verso ya
citado de Gabriel Zaid, un verso contenido en
la "Canción de seguimiento" que está entre lo
mejor que ha escrito Zaid y que cualquier buen
lector tiene por fuerza que envidiar.
Ricardo Yáñez no rindió únicamente homenaje a Zaid en la elección del título de su libro,
sino también en el tono y en la intención que
son casi "variaciones" de la dificil sencillez de
Zaid, como en estos versos de Ni /,o que digo: "no
sé ni qué decir pero me digo/ que al fin y al
cabo soy un buen testigo/ y voy a atestiguar que
estoy amando".
En 1992, Gabriel Zaid reeditó Práctica mortal (Conaculta, Lecturas Mexicanas, tercera se-

ne
·Y

Cancion

11

�Siempre nos intrigó el resultado de dicho
experimento, muy en el estilo estadístico de
Gabriel Zaid. Nos preguntábamos cuántas de
las tres mil tarjetas habrían llegado al autor de
Cuestionario. En 1995 despejamos esa duda con
la feliz aparición de R.eloj de sol (la edición de El
Colegio Nacional), volumen inicial de las Obras
de Gabriel Zaid que, a decir del autor, reúne
su poesía escrita entre 1952 y 1992.
Cuestionario también intentaba ser una reunión poética completa (lo escrito entre 1951 y
1976), pero ya desde entonces Zaid advertía:
"Escribir y publicar no son la misma cosa. Escribir siempre tiene algo de justificable. Publicar es un acto público, que obliga a responsabilidades públicas. '¿Por qué publica usted?'
debería poder responderse, diciendo (al menos): 'Porque me atrevo a suponer que esto le
pueda interesar a personas que desconozco'.
Imprimir para los amigos y conocidos, aunque
bonito yjusificable, no es lo mismo que publicar. Publicar es respetar a un desconocido.
Abrir la puerta a no se sabe quién: Puerta -no
hay que engañarse- que no conduce a la intimidad del autor, sino a la del lector; que le exige franquear, ejercer, realizar, a través de la lectura, una serie de actos que hacen más habitable su propia estancia en la realidad".
Es bajo estas premisas que puede entenderse hoy la decisión del poeta de incluir en sus
Obras tan sólo una selección de toda su poesía,
ya sea en verso o en prosa. Existe una enorme
diferencia cuantitativa entre los 208 poemas de
Cuestionario y los 80 de R.eloj de sol, más aún si
consideramos que el primer volumen llegaba
hasta 1976, mientras que el reciente se impone
sus límites en 1992.
A este respecto, Gabriel Zaid incluye la siguiente explicación, hacia el final del nuevo
volumen: "No cabe aquí el análisis del experimento, que me orientó muchísimo (57 lectores respondieron, de algún modo, el cuestionario). Descontando la variedad de gustos y la
generosidad (no hubo un poema que no le

rie) con la siguiente advertencia: "Esta edición
excluye Fábula de Narciso y Ariadna (Kátharsis,
1958), la mitad de Seguimiento (Fondo de Cultura Económica, 1964) y la cuarta parte de Campo nudista Qoaquín Mortiz, 1969). La ordenación y revisión de los poemas restantes, y de los
nuevos, no respeta el orden cronológico (195~
1972) ni la publicación anterior. Se ha querido
integrar una lectura, no un expediente".
Casi simultáneamente, Zaid publicó Sonetos
y canciones (El Tucán de Virginia, México, 1992),
que contiene siete "sonetos en prosa" (así los
denomina él), poco más de una decena de sus
hermosas versiones a las canciones de Vidyapati, el gran poeta erótico hindú (1352-1448), y,
finalmente, una buena cantidad de traducciones de las coplas al gusto popular del portugués Fernando Pessoa.
El breve libro en cuestión es disfrutable tanto por los poemas originales de Zaid como por
sus versiones y los ensayos que dedica a Vidyapati y a Pessoa. Como siempre, acaba admirándose la inteligencia y sensibilidad del erudito y
del poeta, y como ya advertía Paz en 1979, los
lectores no diríamos que hay algo que sobra
en el libro de Zaid, sino que, por el contrario,
deploramos que no haya escrito, aunque sea,
una página más.

m. La autocrítica, una práctica mortal
Como ya hemos advertido, Gabriel Zaid es un
poeta a quien no le estorba la inteligencia ni lo
banaliza el sentido del humor, la gracia, el placer del juego. Ahí donde los malos poetas ejecutan una cabriola más en la previsible rutina
"literaria", él escribe una página inolvidable.
La tarjeta para los lectores que incluyó hace
más de dos décadas en Cuestionario, con la lista
de los más de doscientos poemas de que consta
el libro, traía la siguiente, insólita, solicitud: "Cada
número representa el poema de la página respectiva. Cruce los que no le gustan, circule los
que le gusten y deje sin marcar los demás".

12

vigilante lo ha conducido a una reducción bastante considerable, aunque lo cierto es que, al
menos por lo que a nosotros respecta, en R.eloj
de sol no está ausente ninguno de los poemas
que más admiramos y releemos.
Pero si quisiéramos poner alguna objeción,
desde el principio, tendríamos que decir que
ya estamos extrañando "Canción de ausencia"
en este nuevo volumen, primera supresión de
Cuestionario en R.eloj de sol. Para no perder este
poema, y para releerlo, volveremos siempre a
ese libro de 1976: "Algo que sé de amor me
dice que te hable./ El pájaro que a trinos va
sosteniendo el aire./ Algo que sé de amor me
dice que te ame,/ aunque me acerque dudas
el silencio del aire./ Algo que sé de amor me
dice que me calle/ para oír tus palabras en los
ecos del aire".
Zaid es de los que cree en sus lectores. Más
allá de famas y prestigios, le interesan la
atención y la sinceridad. Así, explica: "La lectura de mis lectores me ayudó a distanciarme de
los poemas, verlos con otros ojos y cuestionarlos en conjunto y en detalle. Años después, al
intentar este volumen de 'poesía completa', la
experiencia me sirvió para descubrir en ochenta poemas (corregidos y barajados interminablemente con otros tantos suprimidos) mi verdadera 'poesía completa".
Quizás todo esto podríamos explicárnoslo
con el saludable escepticismo y la sana disidencia de ''Tumulto", ese poema que da inicio a la
sección "Claridad furiosa": "Me empiezan a desbordar los acontecimientos/ (quizá es eso)/ y
necesito tiempo para reflexionar/ (quizá es
eso)./ Se ha desplomado el mundo./ Toca el
Apocalipsis./ Suena el despertador./ Los muertos salen de sus tumbas,/ mas yo prefiero estar
muerto".

gustara a alguien), pude observar cierta convergencia, afin a mi propio gusto, en los poemas preferidos. Esto me dio confianza en que
podía ser más riguroso. Lo esencial está en unas
cuantas docenas de poemas, que pueden llegar
a decir más, gracias a la compañía o ausencia
de otros. Eliminar poemas aceptables por sí
mismos puede enriquecer el conjunto restante, de igual manera que suprimir palabras puede mejorar un poema".
No siempre estaremos de acuerdo con la
decisión del poeta, del mismo modo que no
siempre es posible estar de acuerdo con aquellos que en vez de suprimir añaden. (Por ejemplo, los exégetas que, al compilar las Obras de
su autor preferido, incluyen sus listas del supermercado, con el argumento de que son de
su puño y letra.)
En el caso de Gabriel Zaid, su autocrítica

Un buen puñado de poemas puede muy
bien ser una obra, y no serlo treinta libros. Por
ello, para un autor que se respete, y que respete a sus lectores, su obra está en ese puñado ~e
textos indiscutibles que en algo ha contribui-

13

�do a que sigamos creyendo en la necesidad de
la poesía.
En 1996 la Dirección General de Publicaciones del Conaculta creó una colección de
poesía contemporánea a la cual puso por título Práctica Mortal en honor de Gabriel Zaid y
en alusión a uno de sus libros de poesía más
significativos (el cual vio la luz en 1973) y, por
supuesto, como referencia exacta al poema que
da título a dicho libro y que caracteriza, en gran
medida, el estilo de este autor regiomontano,
artífice de espléndidas brevedades líricas, como
son los casos de "Reloj de sol" ("Hora extraña./ No es/ el fin del mundo/ sino el atardecer./ La realidad,/ torre de pisa,/ da la hora/
a punto de caer.") y, por supuesto, de "Práctica
mortal": "Subir los remos y dejarse/ llevar con
los ojos cerrados./ Abrir los ojos y encontrarse/ vivo: se repitió el milagro./ Anda, levántate y olvida/ esta ribera misteriosa/ donde has
desembarcado".
Encontrar el título adecuado para una colección literaria no es tarea fácil si tomamos en
cuenta las múltiples opciones y el hecho de que,
no pocas veces, la elección deja de lado otras
espléndidas propuestas. Existió, en la década
del ochenta, y en honor de Carlos Pellicer, una
colección que llevó por título Práctica de Vuelo. No sé si alguna vez haya existido, en honor
de Octavio Paz, una colección de poesía que
llevase por título Libertad Bajo Palabra, pero
sí hubo una, también en los ochenta, con el
título Las Peras del Olmo. Yen honor de Rubén
Bonifaz Nuño existe, desde hace varios años,
la colección poética El Ala del Tigre. Práctica
Mortal es un título afortunado para esa colección ya mencionada, y también hubiera sido
un muy buen título Reloj de Sol.
El caso es que, de este modo, se homenajea
una poética singular cuyas virtudes nadie discute y creo que esto es lo importante al elegir
el título de una colección en honor de un autor determinado. Y es el caso, también, de que
el libro R.eloj de sol forma parte, desde 1998, de

la colección Práctica Mortal, con la siguiente
advertencia editorial: "Nuestra colección de
poesía hubiera quedado incompleta sin este
volumen que incluye el poema de donde tomamos el título deliberadamente ambiguo de
Práctica Mortal. El homenaje que le hacemos
al autor de esta divisa no es gratuito. Desde 1958
en que publicó su primer poemario, Gabriel
Zaid ha venido depurando su obra poética que
cuarenta años más tarde aparece, por su rigor
y su limpidez, como uno de los avatares más
afortunados del clacisismo en la segunda mitad del siglo XX mexicano".
Si cuarenta años después, Gabriel Zaid optó
por lo esencial ("unas cuantas docenas de poemas, que pueden llegar a decir más gracias a la
compañía o ausencia de otros"), este centenar
de páginas se presenta hoy, a los sentidos del
lector, como la obra de alguien que, al igual
que Borges, se enorgullece no nada más de los
poemas que ha escrito sino de los muchos que
ha leído y disfrutado y que busca, precisamente, que los lectores encuentren también ese alto
y hondo placer que es leer y releer un poema y
retenerlo en la memoria y revivirlo cada vez que
uno quiera y cada vez que alguien lo necesite.
Poeta fino, sutil, culto y profundamente irónico, Gabriel Zaid es ya, sin hipérbole ninguna, uno de nuestros clásicos. En los siguientes
ocho versos ("Elogio de lo mismo") queda cifrada una de las propuestas poéticas más bellas
y originales:
¡Qué extraño es lo mismo!
Descubrir lo msimo.
Llegar a lo mismo.
¡Cielos de lo mismo!
Perderse en lo mismo.
Encontrarse en lo mismo.

Inventario de José Emilio
Pacheco*
Vicente Quirarte

•

EN LA PÁGINA 45 DE LlS BATALLAS EN EL DESIERTO,
uno de nuestros escasos libros clásicos que gozan de fama pero además de numerosos y cada
vez más jóvenes lectores, José Emilio Pacheco
hace el retrato de Carlos, ese niño héroe que
se atreve a entrar en el más solitario de los combates. Cuando el psiquiatra lo interroga sobre
aquello que más detesta, el personaje responde: "La crueldad con la gente y con los animales, la violencia, los gritos, la presunción, los
abusos de los hermanos mayores, la aritmética,
que haya quienes no tienen para comer mientras otros se quedan con todo; encontrar dientes de ajo en el arroz o en los guisados; que
poden los árboles o los destruyan; ver que tiren el pan a la basura".
Quien conoce la obra de José Emilio Pacheco, o ha gozado del privilegio de su cercanía,
puede hallar en las características anteriores un
retrato del autor. La personalidad de Carlos, el
niño que en su edad adulta tiene el valor de
recordar, es un resumen de los valores defendidos porJosé Emilio Pacheco, esos que lo han
llevado a construir una escritura que admite
varias fraternidades pero que al final nos deja
con la sensación de estar ante un estilo que,
por diversos motivos, hacemos inmediatamen. te nuestro. Mis alumnos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que para el curso Historia
de la Literatura leyeron Las batallas en el desierto, me agradecieon haber compartido con ellos

¡Oh, mismo inagotable!
Danos siempre lo mismo.
*Texto leído en el homenaje a José Emilio Pacheco realizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León.

14

15

la odisea de Carlos y no haber necesitado acudir al diccionario para descifrarla. Para un
miembro de El Colegio Nacional, que pertenece a tan alta institución por el modo cimero
en que utiliza el lenguaje, semejante opinión
parecería una ofensa. En el caso de José Emilio, se trata de un elogio y un agradecimiento.
Elogio, porque la limpieza de su sintaxis es fruto de una intensa lucha con el lenguaje; agradecimiento, porque pocos ejemplos tenemos
en nuestras letras de una correspondencia tan
fiel entre las palabras y las cosas.
El altruismo y las buenas intenciones no
bastan para hacer literatura. En un amplio espectro que va deJohn Donne a Mafalda,José
Emilio Pacheco sufre auténticamente como si
cada una de las dolencias del mundo fueran la
suya. Lo admirable es que, con base en las rebeliones inmediatas que todo ser sensible experimenta ante los desequilibros del mundo,
él haya podido construir una obra unánimamente admirada por su compleja sencillez, por
su envidiable claridad, por su honestidad avasallante, por su maestría para borrar la primera persona del singular y fundirla, imperceptible y permanentemente, con la primera persona del plural.José Emilio Pacheco ha logrado,
con sus letras articuladas en los diversos géneros, el triunfo del nosotros considerado como
obra de arte.
Existen los escritores que construyen la gran
obra y después guardan silencio. Y existen los
que piensan que no basta romper el cerco individual, sino que es necesario volver a decir de

�otro modo lo mismo. En 1956, un muchacho de
17 años publica en la revista Estaciones su 'Triplico del gato". El texto parece ser obra de un
autor experimentado: la cuidadosa disección
del animal doméstico y siniestro está realizada
con la maestria con la cual Durero reprodujo
cada uno de los detalles en la armadura natural del rinoceronte, o con el buril seguro y olr
sesivo con el cual un maestro mexicano de José
Emilio,Juan José Arreola, trazaría cada una de
las criaturas de su Bestiario. Más que el hallazgo
metafórico, la idea que modela el concepto;
más que el retrato lírico, el ensayo que es conceptualidad musculada, sabiduría esencial.
Todo parecía anunciar, en 'Tríptico del gato",
que ese joven autor, lector tanto deJules Renard
como de tratados de zoología, era de la estirpe
de aquellos que labran libros perfectos. 43 años
después, José Emilio Pacheco es el hermano
más fiel de ese joven : aún es el niño grande,
rebelde ante los entuertos del mundo pero
ahora es también el maestro que enseña sin
pontificar, que ilumina sin querer deslumbrar,
que rescata sin exigir una recompensa ni siquiera nominal. "En defensa del anonimato", título de uno de sus poemas, es una fe de vida y uno
de los principales emblemas de su quehacer.
Entre 1963 y 1967, el joven José Emilio Pacheco publicó tres libros perfectos, articulados
en diferentes géneros: los cuentos de El viento
distante, los poemas de Los el,ementos de l,a nochey
la novela Morirás !,ejos. Tradición y vanguardia,
clasicismo y experimentación se daban la mano
en los trabajos de un autor que parcecía haber
nacido hecho. Sus temas y obsesioes pasan en
esas obras lista de presente: la solidaridad con
los condenados de la tierra, el huracán implacable de la Historia, la materia en constante
transformación, la infancia como territorio del
descubrimiento y como anticipo del futuro
desastre. Sin embargo, nunca los concibió
como obras terminadas. Sus libros son como la
obra maestra de Michael Ende, La historia interminable y, en su perfecto mecanismo, cada una

de sus piezas narrativas es un ejemplo del género. En sus homenajes a la pulp fiction, José
Emilio es nuestro Tarantino; en sus magistrales cuentos de fantasmas, no olvida el consejo
de Montague Rhode James en el sentido de
dejar la puerta levemente abierta con objeto
de permitir, mínimamente, la explicación racional. En Morirás !,ejos obliga a replantear las
estructuras narrativas tradicionales, en una
novela que aún hoy mantiene su vigor formal y
su peso moral.
Maestro en todos los géneros literarios que
cultiva, José Emilio dejó de apostar todas sus
cartas a la idea de El Libro, para emprender,
mediante textos breves e intensos, un combate
contra la ignorancia, la indiferencia y el olvido. Con sus ediciones, prólogos, notas e inventarios,José Emilio es uno de los más importantes historiadores y criticos de la literatura mexicana, uno de nuestros auténticos educadores.
Su importancia proviene río sólo de su fecundidad sino de su preocupación por aventurar
nuevos juicios o por corregir rumbos trillados.

16

El gran escritor se adelanta, en la práctica, a
los teóricos literarios. La intertextualidad, la
deconstrucción, la escritura del desastre, son constantes en los textos de José Emilio, siempre de
manera activa, nunca como ejercicios de retórica. A él no se le ocurriria llamarse historiador de las mentalidades, pero sus inventarios
constituyen, en conjunto, un Tratado de la Vida
Privada como no lo ha hecho ninguno de nuestros historiadores, sobre todo de un siglo contra cuyos desastres no ha dejado de advertirnos y cuyos esplendores ha celebrado.
En la feria de vanidades de nuestra República Literaria,José Emilio Pacheco es el autor incómodo. La versatilidad de su trabajo lo hace
indefinible; no concede entrevistas, casi nunca
presenta sus libros, se niega rotunda y valientemente a responder encuestas sobre temas de los
que se espera que el escritor sepa todo. La modestia es su principal enemiga pero también el
arma que se vuelve contra quienes, en busca de
elementos para criticarlo, lo quisieran más mundano, más débil, más expuesto a las mezquindades de nuestro a veces tan innoble oficio.
José Emilio es uno de nuestros grandes escritores porque es el más inseguro de todos. Su
exigencia es una de las lecciones que nunca
agradeceremos suficientemente. No se trata
sólo de que todo lo hace bien, sino que en cada
una de sus actividades propone caminos nuevos. Sus intentos, en su opinión modestos, y que
son auténticos logros, siempre trascienden la
primera intención. A fuerza de huir de la originalidad, es uno de nuestros escritores más originales. De ahí que cada vez sea más común la
frase ''Yo quisiera hacer esto como lo hace José
Emilio".
En un fin de siglo donde la palabra libro comienza a ser sustituida por el término soporte
papel,José Emilio ha sido fiel al texto impreso,
en una que es, literalmente, columna de la cultura mexicana, de la cultura desde México.
Pocos espacios nuestros gozan del horizonte de
expectación de Inventario, palabra que, de

acuerdo con María Moliner, significa "Lista de
lo encontrado. Lista de cosas valorables". En
cualquiera que lo practica, el oficio es motivo
de gratitud. Si quien lo firma es el monograma
JEP, entonces es digno de nuestro homenaje.
José Emilio descubre, pero nos hace creer que
está encontrando y, más áun, que nosotros con
él somos responsables y partícipes de la iluminación. Quiere ser el cronista en su más original sentido, la conciencia de la tribu, el encargado de mantener viva la llama de la historia.
En su volumen que reúne colaboraciones de
su columna Excerpta, Edmundo Valadés, siempre sabio y galante, escribió la siguiente dedicatoria: "A José Emilio Pacheco, que lo hace
mejor". ¿Por qué cada Inventario es leído, disfrutado y atesorado, más allá de la intención
pragmática y presente para la cual fue escrito?
Dificilmente habrá un lector suyo que no conserve alguno de esos Inventarios donde el autor
reinventa el término donde todo cabe: la agudeza de José Emilio, su amor a la verdad, su
huida del lugar común lo obligan en cada una
de sus jornadas a dar fe de las cosas como si
por primera vez ocurrieran. Para citar una de
sus obsesiones más caras, aquellos textos donde habla de temas familiares son como el naufragio del Titanic: aunque todos conocemos las
líneas generales de la historia, siempre queremos que nos la vuelvan a contar. Si quien nos
la dice se llama José Emilio Pacheco entonces
no dudamos. De Nahui Ollin a la anatomía de
la torta, de las diversas hipótesis sobre el asesinato de Álvarado Obregón al silencio de JeanArthur Rimbaud, de la indagación sobre el
murciélago a los innumerables y siempre nuevos retratos del mar,José Emilio no propone ni
dispone: expone. Sus lectores no tenemos más
remedio que aceptar las conclusiones del más
dotado de nuestros Sherlock Holmes, que siempre deja atrás a los numerosos Lestrade que fil'.
man y cobran en la nómina de nuestra academia. Visionario y erudito, detective yjuez,José
Emilio tiene una especial habilidad para encon-

17

�trar misterios donde otros miran soluciones
fáciles.
El trabajo de José Emilio Pacheco que convencionalmente llamamos periodístico, tiene
en la tradición mexicana una genealogía particular. De Luis de la Rosa a Francisco Zarco, de
Ignacio ManuelAltamirano a Manuel Gutiérrez
Nájera, de Amado Nervo a Martín Luis Guzmán, José Emilio pertenece a la estirpe de autores que pudieron haberse dado el lujo de labrar la obra maestra, como lo hicieron, pero
además cumplieron el deber de registrar en la
página efimera el momento que pasa. Escritores profesionales, trascendieron el qué para insertarse en la herencia más vasta de cómo. José
Emilio escribe sobre todo y sobre todos, pero
siempre para hallar la nota nueva o señalar el
camino para el futuro investigador. Quien se
enfrenta a sus textos de una claridad apabullante, no sospecha las horas de trabajo &lt;letras
de cada palabra ni las numerosas lecturas necesarias para llegar a la síntesis. He leído varios
trabajos sobre Amado Nervo. Ninguno me ha
dicho tanto como la página dedicada por José
Emilio al poeta nayarita en la Antología del mo-

dernismo. Con ése, los ejemplos podrían multiplicarse. Basta que un escritor nos marque con
una frase para que la memoria del mundo no
se pierda, para que como animales lectores no
sucumbamos.
Hablar en Monterrey sobre José Emilio Pacheco conduce de manera casi inevitable a recordar a Alfonso Reyes. Talento, poligrafia y
preocupación universal son cualidades que evidentemente los hermanan, pero es justo establecer también sus diferencias. Alfonso Reyes
decía que publicar era una forma de limpiar
de papeles el escritorio. Con todo, Reyes creía
en la transformación de lo periódico en permanente: la odisea no siempre afortunada de
la página del diario a la del libro. En este sentido, José Emilio es el peor enemigo del interesado en su obra pero, al mismo tiempo, y por
ese motivo, su mejor aliado. En alguna ocasión,
la UNAM y la Editorial Era planearon el proyecto de publicar íntegramente los Inventarios.
El trabajo de recopilación lo había realizado,
paciente y amorosamente, sin becas no estipendios institucionales, Carlos Muciño, de ocupación lector de José Emilio y uno de sus mejores
geógrafos. Con ejemplar obstinación, cortés y convincente, José Emilio se negó hasta
que los editores desistimos del
intento. Su principal argumento: la palabra, fulgurante
en el momento de la articulación, se pierde en esa forma
' de cárcel que es el libro consagra torio y a veces
amedrentador. Los libros que
leímos, ávidos y vírgenes, pobres y felices, en ediciones
baratas durante nuestra adolescencia, pierden su frescura
en los volúmenes marmóreos.
Ser poeta y ser inteligente
es una de las dualidades más
difíciles de sobrellevar. José

sil,encio de la luna constituyó el triunfo de una
poesía que no se parece sino a la poesía de José
Emilio Pacheco: enumeradora, exploradora, recolectora, la poesía como gran Historia de los
sin Historia, de lo sin Historia. José Emilio es
pesimista, pero nunca misántropo. Si bien ha
dejado de creer en el hombre, no ha dejado de
pensar en él y, por lo tanto, de amarlo. Por eso
estamos aquí reunidos, para hablar de él y con
él, para agradecerle su fecunda existencia.
Dice Frédéric-\ves Jeannet, uno de los más
cercanos camaradas de Michel Butor, que cuando el veterano de la nouveau roman llega a un
hotel y se encuentra en el difícil trance de llenar la tarjeta de registro, al llegar al renglón
ocupación, Butor escribe 'Jubilado". No escritor,
ni novelista ni poeta, sino la palabra que sintetiza la condición laboral que, concebida para
la felicidad, resulta trágica para el común de
los mortales. Estoy seguro de que José Emilio,
al igual que Butor,jamás se autonombraría escritor sino prefiere seguir escribiendo. En lugar de dormirse en sus merecidos laureles, prefiere leer con la frescura, la pasión y el desinterés de sus años mozos. El pretexto para estar
reunidos esta noche en Monterrey es el cumpleaños número sesenta de José Emilio Pacheco, un autor en pleno ejercicio de sus facultades y que, por su entrega y fidelidad a las letras, se resiste a ser llamado hombre de letras.
En el fin del siglo XX, del cual ha sido apasionado y brillante cronista, poeta, narrador, historiador y traductor, mantiene su lealtad a la
voz del niño que desde el Parque Hondo busca
su jardín en la Tierra; al que se enamora sin
esperar otra recompensa que el honor; al que
como Andrés Quintana escribe un cuento y se
juega la vida, a todos esos personajes que, creador por él, ya no son él sino nosotros, esa primera persona, plural y agradecida, que lo sabe
hermano y maestro, compañero en esta isla a
la deriva que él hace más soportable.

Emilio nació con ambas alas, y si su obra tiene
esa tensión esencial es porque su actividad primordial es la poesía. Su poesía es de una lucidez amarga, pero no deja de creer en los milagros que justifican la vida, que nos salvan para
llegar de un día al otro. José Emilio nunca emociona a su poesía y por eso nos emociona. Si
sus dos primeros libros lo muestran continuador de la gran tradición de la poesía como fiesta del intelecto, a partir de No me preguntes cómo
pasa el tiempo da un giro radical. Es la época
cuando Marshall Mac Luhan define al tercer planeta como una aldea global. Sin abandonar su
preocupación por lo mexicano, José Emilio
mira la tierra, sus devastaciones, sus ruinas, pero
también sus treguas y epifanías. Su poesía se
convierte en un inventario del paso de los días,
donde no cuenta el testimonio personal sino
se privilegia la voz del poeta. En sus libros de
expresión cada vez más depurada, dentro de
su dificil sencillez,José Emilio brinda una constante lección del maestro, un permanente examen de la vista. La concesión del Premio Internacional de Poesía 'José Asunción Silva" a El

Monterrey, 3 de agosto de 1999

19

�Adiós a la razón
Nuevas perspectivas en filosofia de la historia
César Augusto Reza Rodríguez

•

diferentes maneras. No pretendemos nosotros
poner en entredicho la legitimidad de aquellas
formas de hacerla que no compartimos. Simplemente nos atenemos a la recomendación,
lugar común entre los especialistas, de tener a
la vista siempre, al filosofar, lugar común entre
los especialistas, de tener a la vista siempre, al
filosofar, una base tomada de alguna ciencia,
como recurso para defenderse del embrujo de
la especulación excesiva. Nosotros, en lo que
sigue, invocamos el auxilio de la antropología.

LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA HA SIDO TRADICIONALmente una disciplina cuyo cultivo ha ocupado
tanto a filósofos como a historiadores. Unos y
otros han ofrecido ideas muy variadas sobre lo
que a su juicio constituiría una temática legí tima de la misma; desde orientaciones que hacen
de ella una indagación de la historia como dimensión específica de lo real (esto es, como
estudio de naturaleza ontológica, encargada de
establecer el sentido del devenir histórico, la
naturaleza de sus leyes de desarrollo, la dialéctica de la libertad y la necesidad en el curso de
la historia, etc.), hasta aquéllas que ponen el
acento en las condiciones teórico-metodológicas en las que ha de constrUirse su interpretación por parte de la ciencia histórica (en otras
palabras: la filosofia de la historia como capítulo de la filosofia de las ciencias o de la epistemología, en cuyo caso las preguntas centrales
girarían en tomo al estatuto de la ciencia histórica, a las normas de la investigación histórica, los límites del conocimiento histórico, y
otras semejantes).
Reconociendo la amplia gama de enfoques
que sobre el tema han actuado, queremos aquí
resaltar una línea de argumentación que liga a
la filosofia de la historia con la preocupación
filosófica por esclarecer el estatuto específico
de los seres humanos en cuanto tales. En esta
línea, tomada del primer grupo de propuestas
arriba mencionadas, el acento se pone en la
reflexión sobre el sujeto de la historia considerado desde el ángulo de la filosofia.
En este terreno, se impone una consideración previa. Se puede hacer filosofia de muy

a) Los seres humanos como seres históricos

De acuerdo con un punto de vista clásico, los
seres humanos hacen la historia. Si preguntamos qué es lo que hacen en ella, ese punto de
vista responde que en la historia los seres humanos se hacen a sí mismos. Dicho de otro modo:
los seres humanos no son (humanos) sino en la
medida en que se constrUyen como humanos
en el curso de sus vidas, con formas y grados
específicos de humanidad determinados por el
complejo de factores que actúan en el "mundo
de la vida", en tanto que la especie como el individuo se encuentran socio-culturalmente ubicados, y constituyendo el conjunto de la historia el trayecto en el que la especie cumple su
proceso de humanización.
Este punto de vista, conocido como "historicismo", niega que lo humano sea un dato inmediato, el punto de partida desde el que cada uno
irrumpe en el horizonte de la vida para luego
nada más revestirse fenoménicamente de aquellas
modalidades vigentes en la circunstancia especí-

20

fica que le toca vivir. No somos humanos por derecho de nacimiento; carecemos de ser, y buscamos luego llenar nuestro vacío ontológico (nuestrono-ser constitutivo) construyendo andamiajes,
históricamente determinados, que nos permiten
reconocemos como expresiones legítimas de una
cultura y de una época.
Aun con la discutible radicalidad con la que
en el historicismo se plantean las cosas, tiene
este punto de vista la ventaja de arrancar de su
aparente obviedad el tema de la naturaleza humana, obligando a traer a cuento temas como el
de la relación entre naturaleza y cultura; y el
de la universalidad y relatividad de lo humano,
ambos de innegable importancia en el contexto de la reflexión filosófica.
Si analizamos las manifestaciones de la vida humana
en el doble eje sincroníadiacronía, tendremos ante
nosotros a seres humanos
pertenecientes a diversos gru- '
pos y a diversas épocas haciendo siempre y donde quiera básicamente las mismas
cosas, pero haciéndolas de diferentes maneras; todos los
seres humanos, sin importar
la sociedad y la época específicas en que se encuentren viviendo, se manifiestan preocupados
por obtener un sustento, por establecer normas de convivencia, por regular la movilidad
de sus miembros de unos grupos a otros, por
transmitir a niños yjóvenes los patrones de comportamiento aceptados por los adultos, etc.
Siempre lo mismo ... Y siempre diferente: para
unos la caza y la recolección, para otros la agricultura o la producción industrial; unos apoyando sus mandatos en un aparente origen divino, otros derivándolos del derecho; unos dentro de los vínculos del parentesco, otros creando instituciones alternativas como la escuela,
encargadas a mentores especializados, etc.
La variedad del comportamiento humano

puede entenderse como resultado de un factor fácilmente discernible: la cultura. ¿Cómo
entender las constantes identificables en ese
comportamiento? ¿Como resultado de una naturaleza humana constitutiva subyacente?
¿Como proyección de nuestro afán de simplificar la multiplicidad caótica de la experiencia a
fin de rescatar de ella algo inteligible? La respuesta a esas pregunta no es simple, y el hecho
de que se sigan planteando sin esperanza de
respuesta última revela su carácter netamente
filosófico.
Con todo, desde ellas algo se asoma con el
peso de una evidencia: nunca y en ninguna parte los seres humanos seleccionan libres de todo
condicionamiento las modalidades de su quehacer; nunca y en ninguna
parte se encuentra uno
abandonado al recurso de
sus propias fuerzas, por lo
que no tenemos cada quien
., que empezar arrancando
una y otra vez de cero. Siempre y donde quiera nos encontramos limitados por las
circunstancias que nos envuelven: no escogemos la
época en que nacemos, ni la
familia a la que llegamos, ni las expectativas en
que nuestros padres se esfuerzan por construirnos, ni el mundo de significados que constituyen el marco de pensamiento propio del grupo al que pertenecemos, ni constituye todo esto
arcilla moldeable por nuestras manos. Lo encontramos como algo hecho, como realidad
consistente a la que tenemos que amoldamos.
Y, por lo mismo, tampoco lo encontramos como
horizonte oscuro al que trabajosamente hemos
de clarificar: los mayores nos conducen por ello
hasta hacérnoslo familiar y nos impulsan a seguir el camino desde el punto al que ellos han
llegado. Es este eslabonamiento de la vida humana, por el que cada generación toma de la
anterior un punto de partida al que continúa y

21

��che a esta rueda puede darse por mal vivido:
ha sido escalón para el avance de las nuevas
generaciones y se verá coronado en el arribo
final de la plena igualdad, libertad, fraternidad.
El siglo siguiente no se apartó un ápice de
esto. Cambiaron los personajes, pero no el afán.
Se ofrecieron nuevas versiones del paraíso, tales como el comunismo, aunque con la misma
idea básica: el futuro nos pertenece, tenemos
rumbo, no hay incertidumbre.
Llegamos al siglo veinte. La expansión de la
razón científica siguió su ritmo creciente. Al
mismo tiempo se hizo evidente que un mayor
conocimiento no nos vuelve automáticamente
menos estúpidos. Para Europa esto fue muy claro: las dos guerras mundiales, los campos de
concentración, la bomba atómica, el alejamiento indefinido del paraíso comunista cuando ya
se creía a la mano. Y cundió el desencanto. Las
banderas se desgastaron. Lo que sólido se creía
se manifestó castillo en el aire: el futuro se volvió oscura maleza.
Hoy en día están en entredicho todas las
banderas, ya no dicen nada. ¿Tiene sentido
entonces aún una filosofía de la historia, que
por definición se orienta a dar forma al gran
relato que nos pone en control del futuro, que
nos salva de la muerte inútil? ¿Es posible una
filosofía en la época de la incertidumbre, el
desencanto? Éste es el dilema de la posmodernidad, la época del fin de la historia, de la relativización de los discursos. ¿Qué puede decirnos ahora nuestra disciplina?
Mi punto de vista es que la filosofía de la
historia así entendida, como construcción del
gran relato, se está agotando. Que tiene sentido cultivarla solamente como recurso para desentrañar a trasmano la constititución incierta
del trayecto humano, como "deconstrucción"
crítica de las grandes promesas, como evidencia de que los discursos deben confrontarse
horizontalmente, sabiendo que ninguno de
ellos es dueño de la verdad.

profundo creyente como era, suponía a su vez
que la contemplación de dicho reloj, hecha
posible desde "su" ciencia, permitiría también
a sus usuarios gozarse en la contemplación del
relojero) y, por ello mismo, susceptible de manejo preciso a partir de la teoría científica.
Difícilmente puede imaginarse una realización mejor del ideal baconiano de la ciencia.
Francis Bacon, en el siglo anterior, había acuñado los lemas de la modernidad: "saber es
poder", "a la naturaleza se la vence obedeciéndola, y obedecerla consiste en conocer sus leyes y regirse por ellas", "saber para prever, prever para actuar" (F. Bacon, Novum Organum).
La ciencia es ejercicio de la razón metódica, y
ésta es instrumento de la acción. La razón, aplicada al tratamiento metódico, riguroso, de los
hechos, nos brinda un conocimiento que potencia nuestra capacidad de dominio sobre esos
hechos, a la vez que nos libera de los fantasmas
mentales (ídolos) que nos esclavizan.
Newton fue visto como realizador de este
ideal, y despertó en los pensadores ilustrados
el deseo de ampliar el alcance del espíritu científico hasta alcanzar el dominio de los asuntos
humanos. Igual que en la naturaleza, la razón
científica podría contribuir a alumbrar los hechos de la vida humana, desnudar sus leyes y
damos su control para, de ese modo, hacemos
dueños de nuestro propio destino. Montesquieu, Rousseau, Voltaire y demás se encargaron de apuntalar la utopía, que tuvo como expresiones mayúsculas la ideología del progreso y las banderas de la revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad.
La idea del progreso fue ampliamente cultivada. Fue no sólo ideología política o económica: pareció la nota característica, la "lógica"
inherente a todo lo humano y a la misma naturaleza biológica (donde se expresó subsumida
en la idea de evolución). Si todo es progreso, el
curso de las cosas no es errático: toda época tiene sentido por el lugar que ocupa en la cadena
ascendente del progreso. Nadie que se engan-

24

Del Tamayo del mundo
Genaro Huacal

Trópico, para qué me diste las manos llenas de color
todo lo que toque se llenará de sol.

•

Car/.os Pelücer
En cierta forma toda mi obra habla de amor, llegué a la
conclusión de que el amor es la mejor razón para
vivir... amor en un sentido ... universal: amor a la
naturaleza, a los objetos, al trabajo mismo ... contemplo
la tierra y el espacio, observo, pinto y siento que va
surgiendo en mí un gran amor.

Rufino Tamayo
SIEMPRE QUE ME PREGUNTAN POR MIS POETAS FAVORJ-

tos menciono sin titubear al arquitecto Luis Barragán, al músico José Pablo Moncayo y al pintor Rufino Tamayo, quienes han agudizado mis
sentidos y hecho más feliz cada vez que los encuentro.
Particularmente en Tamayo percibo un paisanaje cierto al contemplar su obra, será la empaña que los grandes maestros nos convocan por
ese reflejo que sentimos nuestro, la universalidad que nos personaliza. Ambos descendemos
de indígenas, ambos nacimos en el trópico y al
ver sus colores y sus formas late en mí esa complicidad que me anima a escribir estas líneas.
Para los indígenas del sur de México los árboles son los frutales, para nosotros no existen
de sombra, los frutales también la ofrecen; he
ahí el meollo del asunto: los colores de Tamayo
son frutales y también asombran.
Uno de los más grandes descendientes de
nuestros indígenas fue Rufino del Carmen Arellanes Tamayo, nacido el 26 de agosto de 1899
en la ciudad de Oaxaca, en una familia de zapotecas, un suceso fundamental en su vida y
obra. Gracias a que los dioses zapotecas se confabularon él nació y lo hizo para la pintura. El
alma zapoteca alienta su visión, nutre y anticipa lo mejor de su obra, define su color.

En un tiempo en que el arte rompía con lo
habido y por haber, Tamayo mantuvo contra
todo su visión figurativa: "Yo respeto mucho la
pintura abstracta, pero necesito la figura, la
referencia humana dentro del cuadro". Quien
aprendiera a dibujar muy bien con un sistema
francés añade que aprendió tan bien que tardó varios años en desaprender.
En 1921 fue nombrado jefe del Departamento de Dibujo Etnográfico del Museo Nacional
de Arqueología: "Eso me abrió un mundo. Me
puse en contacto con el arte prehispánico y con
el arte popular. De inmediato descubrí que ahí
estaba la fuente para mi trabajo: nuestra tradición. Traté entonces de olvidar lo aprendido
en la Escuela de Bellas Artes, incluso me endurecí la mano para empezar de nuevo. Comen-

25

�cé a deformar las cosas pensando siempre en
el arte prehispánico".
Una de las enseñanzas para cualquier principiante es que el arte moderno predica el valor expresivo, no la capacidad de copiar el modelo. A lo largo y ancho de su obra Tamayo no se
interesa en la psicología de sus personajes sino
por el lugar que ocupan en la composición.
He ahí la conjunción de la figura colorida,
su concepto formal y la pervivencia del fuego
de su entorno, el trópico salvaje con sus explosiones del arcoiris en flores y frutas.
La familia de Tamayo comerciaba frutas en
grandes cantidades al mercado de La Merced,
del D. F. Desde niño se empapó del colorido
tropical que más tarde no adoptó, sólo dejó fluir
hacia sus telas. "Mis colores son frutales - solía
decir el maestr~, de fruta madura." El contacto constante con la fruta es decisivo para su
formación estética.
Su símbolo, la cifra que resume lo que en el
fondo de su alma lo hacía latir zapoteca fue la
sandía, por su sensualidad, color y polisemia,
metáfora de la luna, una luna tamayesca con
todo y su Mar de la Tranquilidad y sus semillas.

La obra de Tamayo es ante todo imaginativa: penetra a través de la apariencia el sentido
de las cosas, capta la esencia más allá de su aspecto fisico.
"La imagen de las cosas aprisionada por la
retina no dice nada, no explica nada sobre su
valor y su significación. Para plasmar su esencia hay que recurrir al signo, a ese signo de virtud mágica que es la Forma. Ésta es una de las
posibilidades de que dispone el hombre para
asir espiritualmente el dato material", dice
Westheim, para "incluir la naturaleza en la experiencia anímica", agrega Worringer.
"Lo opuesto al arte imaginativo es el arte imitativo que se limita a reproducir lo óptico-fisico
aferrándose a la realidad. En el alma y la fan tasía del indígena el arte imitativo nunca ha desplazado al arte imaginativo pues en los colores, fuertes y brillantes, el indígena expresa su
emoción ante la vida, su alegría de crear."
De todo esto brota la creación, el arte de
Rufino Tamayo. Su fuerte sabor a los ancestros,
al azul maya, a la ciudad de los muros pintados, a Bonampak.
En 1926 Tamayo inició su camino hacia la

Orozco y Siqueiros y la temática nacionalistarealista de Rivera es un lugar común sobre Tamayo. Desde entonces estableció su canon estético bajo un humanismo trascendente que no
niega su identidad como artista ni como mexicano.
Por el contrario, Tamayo siempre admiró el
trabajo de Picasso, de Braque, de El Greco. Si
alguna vez se le acusó de poco mexicano, su
universalidad y el tiempo lo confirman como
el artista de raíces más profundas en lo mexicano, como Barragán y Moncayo.
"Mi estancia en Europa no hizo más que
reafirmarme en la mexicanidad de mi trabajo.
Por otra parte --cosa que me halaga comprobar-, mi pintura, además de ser mexicana por
espíritu y por esencia, es internacional y contemporánea. Ymientras otros pretenden llevar
el nacionalismo a tal extremo que segregan a
México del concierto internacional, mi lucha
ha sido siempre por que sea lo contrario: que
México contribuya con su arte, ·mientras aprovecha también la lección internacional."

luz, permanece en Nueva York hasta 1949. Posteriormente recorre Europa, reside en Francia
y acentúa el carácter internacional de su quehacer artístico.
"Siempre tuve la idea muy clara de que Nueva York era el centro del arte. Yo realmente me
formé en Nueva York. Allí aprendí a soltar la
mano, a vencer los vicios que había adquirido
en la escuela, a disciplinarme, a sobreponerme a la soledad y a la miseria - alguna vez tuve
sólo siete manzanas para los siete días de la semana-y, sobre todo, aluchar contra las tenta.
"
Clones.
Y sí, acertó, Nueva York fue su camino de
Damasco, su estancia cobra gran importancia
en la evolución de su arte. Esos años coinciden
con una época en que los artistas mexicanos
llegaban a las urbes estadounidenses con encargos por realizar. Los llamados "tres grandes"
de la pintura mexicana estuvieron muy atareados en todo el país.
Las ideas de Tamayo eran opuestas a las de
Orozco, Siqueiros y Rivera. Su disconformidad
con la ideología política de la pintura de

27

�Dos poemas: un mismo latido

No llegaré a saber

Rosaura Barahona

ni si era de verdad

•

Es POR DEMÁS: LEER A MUJERES INTELIGENTES CONDUce al desasosiego. Cada verano, desde hace muchos, reviso literatura escrita por mujeres (sí, ya
sé que la Woolf dice que la literatura no tiene
sexo pero, bueno, con permiso de la Woolf, leo
literatura escrita por mujeres) y acabo por reconocer lo mucho que todas ellas saben de mí:
han sufrido mis amores (los primeros, los maduros, los tardíos, los imposibles, los estimulantes, los secretos), han hurgado en mis carencias, han llorado mis recuerdos, han tenido a
mis hijos, se han avergonzado de mis errores,
han articulado mis inquietudes, se han empantanado en mis dudas, han amado mi oficio y se
han dejado esclavizar por las palabras. Han armado, poquito a poco, un enorme mapa en el
que no sólo nos localizamos unas a otras, sino
nos ubicamos con inquietante tranquilidad.
Algún día hablaré con calma de ese gran
mapa de donde Woolf puso los mares y Yourcenar, los cayos profundos; Castellanos, las
sierras agrestes y Enriqueta Ochoa, las cuevas
escondidas; Plath, la ciudad/selva y Bronte
(Emily), el huracán inesperado que arrasa con
el civilizado orden y con el sometimiento.
Hoy estoy con Belli. Gioconda. Nicaragüense, cuarentona, talentosa. Tres coincidencias pusieron en mis manos sus poemas y para escribir
algo acerca de ella, me puse a revisar antologías de poemas amorosos, eróticos, femeninos
y feministas. Y, por supuesto, como sucede siempre en estos casos, la búsqueda ha dado más
frutos que los encuentros. (¿Cómo puede haber en esta ciudad tanta gente silenciosa, con
conocimiento, oficio y talento, si abrir un libro
dispara cien ideas a la cabeza y sólo la falta de
tiempo impide darles forma?)

por qué ni cómo nunca
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido

En la antología crítica de Ángel Flores y Kate
Flores Poesía feminista del mundo hispánico (desde
la edad media hasta la actualidad), editada por
Siglo XXI en 1984, aparecen unos cuantos poemas de Idea Vilariño, uruguaya nacida en 1920.
Quizá a manera de comentario marginal, convendría recordar que Vilariño siempre se ha
caracterizado por su sobriedad y su mesura.
Aun para sus entusiasmos o compromisos más
profundos (la primera parte de la revolución
cubana) o para su desaliento y amargura. Basta traer aquí uno de sus poemas:
No hay ninguna esperanza
de que todo se arregle
de que ceda el dolor
y el mundo se organice.
No hay que confiar en que
la vida ordene sus
caóticas instancias
sus ademanes ciegos.
No habrá un final feliz
ni un beso interminable
absorto y entregado
que preludie otros días.

vivir juntos
querernos
esperarnos
que cocinar sin fe

estar.

fornicar sin pasión

Ya no soy más que yo

masticar con desgano

para siempre y tú ya

para siempre sin lágrimas.

no serás para mí
más que tú. Ya no estás

Hace algún tiempo apareció en Poesía adentro un poema de la española Blanca Lampreave
de Taracido llamado Poema para ti: "Yo soy la
no-hacedora de tus tortillas/ la no-planchadora de tus camisas.// [ ... ] la no-acompañante/
de tus noches de invierno/ [ ... ] la no-freno de
tus ratos/ de mal genio,/ la no-compartidora
de tu lecho,/ en tus horas de ensueño/ la nomadre/ de tus hijos.// [... ] Yo no estaré siempre a tu lado,/ para no-cerrar nunca siquiera/
tus párpados, suavemente,/ un día ... "
Entre los poemas de Idea Vilariño que se
incluyen en la antología antes citada, viene uno
que se asemeja mucho al de Lampreave y que,
la verdad, la verdad, puedo apostar que casi
cualquier mujer podría firmar, si no la viera el
marido. Aquí está (el poema, no el marido):

en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

¿Plagio? Lampreave es mucho más joven que
Vilariño. Quién sabe qué tan factible sea, sin
embargo, que la haya leído y se haya fusilado el
poema. A menudo, nosotros nos descubrimos
plagiando involuntariamente a alguien más talentoso (menos mal, ¿no?). Debe ser prácticamente inevitable que eso suceda: las lecturas,
una vez que se asimilan, pasan a formar parte
de nosotros y algún giro, alguna imagen, no
pocas metáforas deben engañarnos y hacernos
creer que son propias, cuando no lo son.
En este caso, los poemas son distintos, aunque en esencia dicen lo mismo. Yo prefiero verlos como formas distintas de un mismo latido.
Después de todo, son síntesis de muchos latidos que no por secretos dejan de estar ahí. Yes
que el amor frustrado ha sido, es y será, siempre, uno de los temas predilectos de la poesía.

Tampoco habrá una fresca
mañana perfumada

YA.NO

de joven primavera

28

para empezar alegres.

Ya no será

Más bien todo el dolor

yano

invadirá de nuevo

no viviremos juntos

y no habrá cosa libre

no criaré a tu hijo

de su mácula dura.

no coseré tu ropa

Habrá que continuar

no te tendré de noche

que seguir respirando

no te besaré al irme.

que soportar la luz

Nunca sabrás quién fui

y maldecir el sueño

por qué me amaron otros.

29

�Alba y palabras

Muchacha en el trapecio

Francisco Magaña

Miguel Bamet

•

•

Para Marylin Bobes

Era una muchacha de ojos claros,
intranquila,
con nombre de suicida

I

¿Dónde están
ahora
los nombres que no están
cuando amanece
ahora
que revienta en los labios
un murmullo
una frase ininteligible
ahora
que el pensamiento
grita
al fin de cuentas para qué
ahora
en el instante más claro del olvido
y en el silencio
y la nada
de otro ahora?

Fumaba para que el humo la envolviera
en nubes venenosas

Siento sus pasos que se acercan,
indetenibles, al peligro,
cuando apago el fonógrafo

Quiso, además, ser comunista
ella, tan solitaria, que besaba
las paredes
y a ratos se parecía a la sota de bastos
111
Cuando la noche piensa
los objetos hablan
un lenguaje de confusas oscuranas
Vuelve
la pregunta de ayer
la de mañana la sabida la incontestable

11

Habla el silencio
y se escucha
a lo lejos
una queja algún ladrido

El tiempo es otro.
Dibuja en sus contornos
una silueta indecisa y multiforme,
un cuerpo nublado de preguntas
y una mirada fija en el ayer.
El tiempo,
que ignora qué hacer con su tiempo,
tampoco sabe que amanece.

Ya sé que alguien tiene que llorar
sobre la pista del circo
pero ahora déjenme escucharla
porque ella llega, sigilosa,
a colocar su sombrero de lata,
abollado, su glamour de feria,
en el trapecio

Un día hubo que sacarla
de su retrato de Daguerre
para que recuperara la cabeza
que había perdido entre papeles
de una oficina lunática
Bebía porque a ella le gustaba
sentir las yemas de sus dedos
sobre el hielo y acariciar lo inservible

Mientras todos dormían
mi amiga esperaba a un fantasma en el trapecio
con un disco rayado de John Lennon

Cuando la noche piensa
un relámpago alumbra
la memoria

30

El vértigo la salvó siempre de
[la caída
aunque era una muchacha,
[repito,
con nombre de suicida

31

�Soneto

La forma 4

AldaMerini

Salvador Castañeda

•

•
a Gaspara Stampa

Mi señor se asemeja tanto al cielo,
su rostro es el sol y frecuentemente
sus ojos las estrellas; envolvente
el sonar de su voz, ah, dios de Delo.
La tempestad, la lluvia, el trueno, el hielo
sus desdenes, furia, si impaciente
y qué tranquilidad cuando consiente
benigno desgarrar de su ira el velo.
La primavera, brote de las flores
es, cuando reverdece mi esperanza
y a resguardarme accede con honores

mas el invierno después, cuando en mudanza
morada y pensamiento, ya cambiado,
apártase de mí, me ha despojado.

Versión deJeannette Clariond y Ricardo Yáñez

32

pARA LAS IMPOSICIONES FISCALES, APENAS ASOMA UNO
la cabeza se la cortan.
Mucho se dice de la imposición para los inmiscuidos en la cultura, en la difusión de la
cultura, en la creación literaria. Aun como
aprendiz no me les pude escapar, así que me
lancé a darme de alta en el IVA.
No encuentro por ninguna parte el Valor
Agregado, pero sí el impuesto; ¿valor agregado a qué?
Primero acudir a las oficinas de la delegación política correspondiente. Hacia la Benito
Juárez en trolebús con acta de nacimiento,
Registro Federal de Causantes, Registro de Tesorería, credencial de elector, comprobante de
domicilio, cartilla liberada (por si acaso; no se
les vaya a ocurrir).
El conjunto es imponente: campo deportivo,
canchas, explanadas, astas para la bandera. Hombres y mujeres de overol entre los matorrales de
ornamento y el pasto, recogen basura. Los edificios para oficinas; verdaderas fortalezas.
Un valle de adoquines y una fuente como el
ombligo de todo. El aguajalonada por el viento,
la brisa fresca. El sol mañanero. El Parque de los
Venados, Francisco Villa oficializado en bronce.
Un hombre que con los ojos regula su mear
delictuoso en los matorrales del camellón, cuidando que la justicia no lo apañe. Los del camellón de la Calzada Ignacio Zaragoza luego que
la justicia les quemó las casas, aterrorizó niños,
golpeó ancianos; aceleró partos, persiguió y
encarceló; robó televisores, estufas, tocadiscos.
Granaderos ungidos con el óleo sagrado de la
Renovación Moral (la renovación moral es para
toda la sociedad). "Rescatemos a la policía del
descrédito en que cayó para que sea un instrumento y un ejemplo del estado de derecho. Al
mismo tiempo reconozcamos los casos de sus

elementos que cumplen su tarea con responsabilidad y dignidad."
Justicia, se lee en uno de los edificios, es
necesario subir por una escalinata para alcanzarla. Vidrios polarizados, amparo del vientre
de los jueces, la impunidad.
Desayuno mis jugos perforan tes de intestinos, y sigo en busca de la oficina que me ejecuta con el IVA. Doy con ella.
Ahí, señora amargosa con bolsas en los párpados se mueve oscilante tras un mostrador.
Cuidado. Hay que semblantearla y hacer un
esfuerzo para determinar su estado anímico,
pero rápido, por que si no acertamos, nos cae
encima. A cada vuelta la de las bolsas parece
que se corona con un letrero que dice: "IVA,
declaración en ceros), y la pierde de regreso.
Me atrevo: el que no se avienta no cruza el río y
ahí voy, pregunto, mejor dicho afirmo que quiero darme de alta en el ejército de causantes:
"¿ah, sí?, pues tiene que formarse para que le
diga lo que tiene que hacer".
La cola ni se mueve, el tiempo no avanza
como yo quisiera. Más jugos perforan tes.
La reina se corona y me orienta. Salgo en
chinga hacia la Oficina Federal de Hacienda
"indicada" pensando en la Forma 4, a pie. Llego a la glorieta Riviera, paso encima del tráfico
valiéndome madre, y estoy adentro.
Módulo de información y quejas. Una chica se
atrinchera tras la pila de formas y folletos con
los razonamientos y las obras justificantes de
las imposiciones fiscales.
La Oficina Federal de Hacienda es muy
amplia y chica para el ejército de burócratas,
también parapetados en los escritorios y alteros
de folios del mismo color. Por la retaguardia
quedan encajonados por los archiveros. Hay ahí
un ruido amorfo concebido de teclazos sobre

33

�papel, sellos que se golpean contra los escritores, voces, rasguidos, timbres de teléfonos, ruidos de baquelita resquebrajados, los ventiladores, las computadoras.
Al entrar, a la izquierda, unaJEFATURA sin jefe,
hasta el fondo la SUBJEFATURA, ésta sí con subjefa.
A un lado del misterioso jefe, la bandera sacralizada en un nicho. En la pared, tras la ausencia, el
jefe de todos en la silla presidencial, en pose de
tres cuartos y la mano izquierda sintiendo el forro de la misma pierna; tela importada.
Tomo mi lugar en la fila de las formas. Un
angelito nos explica, multiplicándose para todos, cómo llenar los siete tantos. Todos queremos saber al mismo tiempo el cómo y pareciera darnos el norte para escapar del infierno. El
ángel nos abandona y no sabemos qué hacer.
Llega al rescate un anciano demasiado elocuente. La jovencita se aleja sin rumbo, metida en
botas azules, con pasos de quien pisara sobre
guijarros. Después de tres intentos para llenar
la forma me dan ficha; la 32 para el segundo
escritorio. Me sumo a los que esperan en alargada hilera de sillones. La desesperación; faltan 23 para mi turno. Una mujer se tranquiliza
tejiendo y entretejiendo con largas agujas la
intranquilidad; los demás seguimos consumiendo jugos perforan tes con humo de tabaco de
cigarros "con el sabor de mi ciudad". Piernas y
pies con temblorina, exhalaciones desde más
allá de los límites, la cabeza caliente, las mentadas de madre.
El ambiente se adensa. El tiempo repta y
nadie puede ir más aprisa, él marca el ritmo de
marcha. A la derecha, rumbo a las cajas, en la
misma línea de desesperación, un escritorio
arrumbado y en la silla una figura grotesca que
se desparrama frente a la indiferencia.
Ellos y nosotros en realidad parecemos dos
fuerzas antagónicas, sólo que la nuestra derrotada desde antes de la batalla, hay fichas rojas y
azules que somos nosotros. El que llama a las
rojas es un hombre ya con una loma en la espalda, bigote horizontal en el que gasta mucho tiempo, teñido de caoba lo mismo que los
residuos de pelo en la cabeza. Resulta demasiado amable con los que se acercan y sonríe para
todo; ¿será que sabe que estamos perdidos y
así lo celebra? Cuando no tiene a nadie frente

a él se inquieta y picotea sobre el escritorio con
los dedos y con una pluma, pasa la vista sobre
todos nosotros y nos reparte una sonrisa que
no alcanza para nada; pasan jóvenes y con la
mirada les baja los pantalones. Algo platica con
su compañera, la de las fichas azules, y hace
como que golpea con algún sello, al mismo
tiempo ríe con ruido atrofiado, una risa sorda,
apagada, solamente el gesto. Corta la conversación. Jala el cajón de la izquierda de su escritorio, saca un tarro blanco y una cuchara, se
aleja y regresa. Se atrinchera otra vez y sorbe
café caliente. Vuelve a llamar a una ficha que
no aparece, se resigna, medio acomoda lo acomodado sobre el escritorio, extrae una agenda
que exfolia hasta encontrar lo que busca y se
va hacia la Jefatura sin jefe, descuelga el teléfono, habla como mico, sólo boquea. Luego de
un buen rato, regresa y vuelve parapetarse.
Ella grita: "¡32!", yya me tiene enfrente. Su
blusa desabotonada descubre parte de sus senos contenidos y la mano quiere amoldarse a
ellos; basta de jugos amargos.
La subjefa, con rayitos en el pelo negro, tiene embadurnado con pintura el tiempo estancado en la cara. Ella debe autorizarme el libro.
Espero un rato, la desvisto, la visto y la vuelvo a
desvestir para amortiguar mi frustración. Firma sobre la huella del sello que estampó la de
la blusa abierta; una firma apretujada, como
de licenciado.
Por el mismo laberinto de escritorios por
donde llegué hasta la firma de licenciado, regreso. La figura grotesca sigue cayendo de la
silla que parece resbalar sobre la pared; es una
mujer vestida de hombre que duerme como
bendito, enajenada, en otra realidad. Se trasmina y babea, usa afeites naturales color oscuro de los mofles de Ruta 100.
Vuelvo sobre mis pasos hacia la Delegación
Benito Juárez, a pie, ahora sin pensar en la Forma 4, sino en la reina y sus bolsas; ella me dará
-al fin- el número del IVA. Un ruido de dos
mordidas con hocico metálico deja sobre la
Forma 4 dentelladas rojas de 7 cifras. Se vuelve
a coronar y dice: "El rojo es su número de IVA,
para siempre".
Escucho ruidos como cadenas y candados
que se cierran.

34

Me sería imposible a mí, como a tantos de tus
lectores hispanoamericanos, mencionar la totalidad
de autores que leí gracias a tu invitación silenciosa:
Martín Luis Guzmán y Alfonso Reyes, Edmund
Wilson y T. S. Eliot, Rubén Darío y los modernistas
mexicanos, Walter Benjamín y Federico Gamboa,
Ignacio Manuel Altamirano y Vladimir Holan, Walt
Whitman y Suetonio. La lista es heterogénea; no lo
es tu visión universalista, de la que soy devoto, la
omnipresencia que permite relacionar, a través del
eterno presente de la crítica, las heridas más viejas
en el drama de la civilización con actualidad incesante de la barbarie. Eso encuentro en Morirás lejos,
clásico de nuestra novela. Y cuando tu apocalipticismo me exaspera descubro que lo comparto en
grado tan íntimo que necesito de un antídoto.
En 1989 en la Residencia de Estudiantes, en Madrid, me atreví a preguntarte en público sobre la
aparente inmunidad de tu obra ante la crítica. Quizá recogí entonces la necesidad de mi propia generación de distanciarse de sus maestros, aun de los
más queridos, como reza el coro de esas querellas
entre los antiguos y los modernos que todos nos vemos obligados, en nuestra pequeña medida, a repetir. Desde entonces algunos críticos, de buena y mala
fe, con justicia o sin ella, comenzaron a criticar tu
poesía, así como tu visión moral de la literatura.
En mi caso te he criticado guiado por la creencia, acaso soberbia, en la profundidad y la nobleza
de la amistad literaria, que tú me enseñaste a considerar, desde tu escritura, como aquello que se forja
fuera del comercio mundano entre escritores, en la
soledad de la lectura.
Un discípulo tuyo -me arrogó el serlo, como
tantos de mis estrictos contemporáneos- no podía
ni puede rendirte mejor homenaje que el de la crítica misma. Gracias a los Contemporáneos, a Octavio
Paz, a Tomás Segovia, Jorge lbargüengoitia, Juan
García Ponce,Juan Vicente Melo, Carlos Monsiváis,

Homenaje a Pacheco*
QUERIDO JEP:

Lamento no acompañarte en persona en el festejo de tus 60 años que se cuentan entre los más
fértiles que ha vivido un escritor mexicano en este
siglo que termina. Repito con alegría lo escrito en
la advertencia a Tiros en el concierto ( 1997). Sin ti, sin
esa frecuentación semanal del "Inventario", que disfruto desde los doce años, nunca hubiera sido crítico literario.
Me atrevo, en este mínimo homenaje -hasta la
expresión es tuya- a enumerar algunos de los temas que aprendí leyéndote a lo largo de un cuarto
de siglo: la pasión por la historia mexicana y la dolorosa exorcización de sus demonios, la curiosidad
enciclopédica por tantas lenguas y todas las literaturas o la versión contemporánea de un fragmento
de la antología griega. Muchos de estos motivos, de
la erudición al periodismo, de la crónica ejemplar a
la crítica puntillosa, toda una galería de símbolos,
que van desde la masacre de Huitzilac hasta la muerte de Jorge Cuesta, pasando por el sepelio de Luis
Cernuda, forman parte activa y sensible de nuestra
herencia intelectual.
* Texto leído en el homenaje a José Emilio Pacheco realizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León.

35

�ciclos, o presentes en la memoria literaria pero dispersos en ediciones perdidas y olvidadas. ¿Dónde
encontrar referencias sobre los "otros contemporáneos", como Anselmo Mesa, Enrique Asúnsolo o
Enrique Murguía; o información bibliográfica y biográfica sobre esa figura huidiza de las letras y la plástica mexicanas que es Agustín Lazo; o María Izquierdo, caso similar; o textos de Pedro Castera o las obras
completas de Antonieta Rivas Mercado, si no es en
la amplia obra realizada por Luis Mario Schneider?
Esta lista sería imposible mencionarla aquí completa. Baste decir que Luis Mario dejó 47 títulos de
ediciones críticas, anotadas o comentadas. Recordemos solamente que a él debemos la presencia en
obras rescatadas de Jorge Cuesta, Gilberto Owen,
Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Efrén Rebolledo,
Genaro Estrada y muchos más.
Pero además está su obra personal, obra escrita
en sus años mexicanos, aunque podría ser que se
nos queden fuera trabajos y títulos anteriores a su
viaje a México. Pero de su estancia en nuestra tierra
son dos novelas, La resurrección de C,,otiúl,e Goñi, del
año 1977, y Refugio, de 1995, la primera merecedora
del Premio Xavier Villaurrutia. Además, cinco libros
de poesía: El oído del tacto (1962); Valparaíso (1963);
Memoria de la piel (1965); Arponero de fuego (1967) y
La semilla en la herida (1995), este último distante
casi treinta años del primero.
¿Por qué abandonó Luis Mario Schenider su
patria? No tengo respuesta a esta pregunta, aunque
pueda haberla en textos del propio Luis Mario o
sobre él. Lo que sí podemos afirmar con certeza es
que hizo suya la patria de adopción y a ella entregó
lo mejor de su trabajo. No es, en verdad, un caso
único, pues México ha tenido visitantes de diferentes partes del mundo que llegaron y aquí se quedaron para dedicar su vida a las letras o las artes, o su
estudio e investigación. Pero el caso de Schneider
merece destacarse porque representa una constancia y una permanencia sostenida en el trabajo literario y de investigación, de tal manera que el conocimiento de nuestras letras es más amplio y más rico
gracias al esfuerzo y dedicación de este investigador
ejemplar, que poseyó sin duda esa peculiar capacidad para penetrar en territorios poco explorados y
saber encontrar las huellas suficientes del objeto de
su búsqueda. La posesión de ese olfato peculiar para
rastrear lo disperso y lo desconocido, lo llevó siempre al encuentro de manuscritos, periódicos y textos, que en las publicaciones de las que luego fue
editor responsable, ofrecen una visión completa y

y a ti,José Emilio, la crítica en México es hoy, más
que nunca, una actividad ejercitada abiertamente,
en las revistas literarias, en la conversación cotidiana y, cada vez más, en la plaza pública.
Te imagino, mientras escuchas estas líneas, impaciente por volver al trabajo: a tus 60 años has vencido de manera sobrada y anchurosa la maldición de
esas carreras literarias mexicanas marcadas por la
fugacidad, la infertilidad y el abandono de las letras
por formas menos arriesgadas de respetabilidad.
A través de la aprobación y del rencomio, con
fortuna y sin ella, escribo bajo la involuntaria vigilancia de quien me enseñó el oficio. No eres responsable de mis ideas. Pero cada vez que te leo me
encuentro en el espejo de mi propia vocación.
Con mucho cariño,
Christopher Domínguez Michael.

Itinerario de una vocación.
Una visión de Luis Mario
Schneider
Alfonso Rangel Guerra
DE SANro ToMÉ, PRoVINcIA DE CoRRIENTF.5, EN ARGENTIna, hasta la ciudad de México, hay una distancia tan
grande como lo es la geografía hispanoamericana
que separa estos dos puntos del continente. Con 29
años de edad, Luis Mario Schneider recorrió esa
distancia y se quedó en tierra mexicana, donde vivió los 39 años restantes de su paso por la tierra.
Años fructíferos, en los que prodigó su capacidad
de trabajo al servicio del estudio y la investigación
de las letras y el arte mexicanos. Dieciséis estudios y
trabajos monográficos sobre López Velarde, Frida
Khalo, Abraham Ángel y muchas otras figuras y temas, todos relacionados con la vida mexicana: surrealismo, arte culinario, santuarios y peregrinaciones, teatro experimental, estridentismo, itinerario
veracruzano de Gabriela Mistral. Pero esto no es
todo, obviamente, pues la dedicación infatigable al
trabajo de investigación lo llevó a ocuparse de textos y obras de muchos autores, y también de publicaciones periódicas, la mayor parte de dificil acceso
por ser éstas de escasa distribución o ya muy distantes en el tiempo, y aquéllos prácticamente descono-

a

36

y de sonrisa pronta, tierna pero sin demagogia, transmitía pasión, cuestionamientos, nuevos criterios y una seguridad crítica cuyo inmediato despliegue requería de la acción siempre
meditativa".
"Hoy somos muchos [continúa
Luis Mario Schneider] los que le debemos a la doctora María del Carmen
Millán -la que siguió siendo siempre
la maestra Millán- nuestra afición,
nuestro apego, también nuestro gusto por vivir fatalmente encadenados
al estudio, a la indagación del saber y
de la literatura mexicana."
En esta declaración del propio
Schenider vemos cómo creció en él
el amor a la investigación y particularmente a las letras mexicanas, al
lado de una maestra tan generosa y
trabajadora como lo fue María del
Carmen Millán.
Luis Mario Schneider visitó Monterrey en varias ocasiones y en una de
ellas lo conocí. La última visita fue en
ocasión de la Feria del Libro en esta
ciudad, el año de 1997, para impartir
una conferencia sobre el estridentismo y más particularmente sobre Germán ListArzubidi. En una de
esas visitas me comentó que intentaba investigar una
figura olvidada de la poesía mexicana, Rafael Lozano, originario de Monterrey, donde nació en abril
·de 1899 (es decir, acaba de cumplirse el centenario
de su nacimiento y pasó completamente inadvertido). Vivió en París, donde animó la revista Prisma y
cuyas huellas se pierden en Venezuela, donde murió. Me preguntaba Luis Mario si tenía yo alguna
información sobre este poeta. Yo no tenía más datos que los publicados en la Antología de poetas nuevol.eoneses, de Emeterio Treviño González, editada
el año de 1930. Prácticamente nada. Volvió Schneider en otras ocasiones a Monterrey y seguía en pie
la inquietud de la investigación sobre la vida y la
obra de Rafael Lozano. Finalmente, optó por decirme que yo era el que debía investigar a este
regiomontano desconocido y me ofreció pasarme
todos sus materiales. Lo hizo en otro viaje, en el que
no pude verlo por encontrarme ausente de la ciudad, dejándomelo con Mónica Rangel.
Estos materiales son los siguientes:
Revista Prisma en microfilm, en 17 placas múlti-

sabiamente analizada del autor, la corriente o el movimiento literario sometidos a la investigación bibliográfica y literaria.
Entre los muchos trabajos editoriales de Luis
Mario Schneider escojo uno, porque en él hace un
reconocimento y una declaración de su vocación
de investigador, pero también porque tiene interés
para mí por tratar en él la recolección de las obras
completas de una figura muy estimada en las letras
mexicanas y que a mi esposa y a mí nos honró con
su amistad: la doctora María del Carmen Millán. Luis
Mario Schneider la reconoce como su maestra y se
aplica a la edición de sus obras completas en 1992,
en dos volúmenes, en el marco de la conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de
América (o la del Encuentro, si se prefiere) , en el
estado de Puebla, donde ella nació, en Teziutlán.
Al referirse a los libros, prólogos, estudios, artículos
y antologías de la maestra Millán, Luis Mario Schneider escribe: "De todo, habría que completar la imagen de una maestra rigurosa que no ausentaba humanidad, vivaz y ejemplificadora, que lo único que
rechazaba era la mediocridad o la falta de profesionalismo. Chaparrita y entusiasta, siempre nerviosa

37

�Retrato y versos
de esperanza
para Luis Mario Schneider

ples por página, al parecer todas del año 1922.
Dos copias de cartas de Rafael Lozano a Alfonso
Reyes, ambas del año de 1921, solicitando su colaboración en Prisma.
Índices por orden alfabético de los artículos,
ensayos y reseñas publicados en la revista Prisma.
Copia del certificado de estudios de Rafael Lozano, del nivel preparatoria, y fichas bibliográficas diversas, al parecer de mano de Luis Mario Schneider.
Un ejemplar original de la revista Prisma y copia
de otros siete.
Copia del libro con traducciones al español de la
poesía de Paul Valéry, realizadas por Rafael Lozano.
Copia del libro Euterpe, de Rafael Lozano (1930).
Copia del libro La alondra encandilada, de Rafael
Lozano (1921).
Copia de un libro de poemas, al que falta el título, de Rafael Lozano.
Aquí falta, evidentemente, todo lo relacionado
con la vida de Rafael Lozano en Venezuela, periodo del que se ignora todo y aun la fecha de la muerte del poeta.
Menciono este legado, si así puede llamarse, que
me hizo generosamente Luis Mario Schneider, referente a una figura originaria de Monterrey, para
que sea aquí donde se realice el rescate de su obra y
el mejor conocimiento de su vida. Al mencionarlo,
me comprometo a realizar la tarea encomendada,
porque sería el mejor homenaje que podría hacerse a este hombre generoso que dedicó su vida y su
tiempo a estudiar las letras mexicanas.
El investigador y el crítico se aplican a estudiar
la obra de los otros. A ella se dedican y con el tiempo van acumulando los frutos de la tarea realizada.
No es absurdo ni desmedido pensar que la cadena
de la continuidad, en la vida de la cultura, impone
la obligación de hacer también objeto de la investigación, la acumulada por estos hombres que tanto
dieron para la mejor comprensión y conocimiento
de nuestras letras. Por ello, y ahora que estamos ante
el periplo vital, ya concluido, de Luis Mario Schneider, consideremos que una manera, quizá la mejor,
de pagar la deuda que tenemos con él, es revisando
y reuniendo el material rescatado y publicado a lo
largo de su estancia en tierras mexicanas, para poder un día tener disponible la obra completa de
quien hizo posible que tuviéramos en nuestras manos la de tantos otros autores de la literatura mexicana.

Raúl Renán
Retrato

Su GALANURA DE LOS AÑOS DE JUVENTUD SE TRANSFORMÓ
con la influencia del tiempo en buena mozería de
creación e invención. Buenos y mejores trabajos,
hallazgo de pepitas de oro en el basural. Luis Mario
combinaba el bien escribir con el mejor pensar, por
ello lo que encontraba lo pulía al grado del arte. La
vida de la cultura mexicana se encontró a gusto
despojada por él de la hojarasca de la indiferencia y
el tedio del intelecto en circulación. Schneider
metió aguja de acero irrompible-indoblegable en
las rendijas tan juntas que casi hacían campo abierto donde encontraba mina que voraz hacía suya. Granel de letras atentas, útiles exactas por efecto, organizó tantas que hizo guías de un empedrado sólido,
de nuestros grandes mexicanos literatos. Nos abrevió trabajo que a los futuros hará saber más. Dejó
ceniza, su ceniza para abonar cordura y trabajo vigoroso.
Luis Mario Schneider y los versos de esperanza
EL LECTOR, EL INVESTIGADOR, EL ESTUDIOSO, EL CATEDRÁ-

tico fueron la preocupación sensible de este iluminador de oscuridades. Donde quiera que su afinada detección percibía algo oculto de su autor de su
incumbencia o una obra, armado solamente de su
fuerza intelectual y de un natural instinto deductivo, siguiendo las huellas de letras, a veces invisibles
o supuestas por la lógica, Luis Mario Schneider (Arg.
1931-Méx. 1999), siembra su divisa triunfal. Cuando en tono semejante a éste le expresaba mis elogios por una obra suya, respondía invariablemente:
"Son exageraciones de la amistad, Raúl".
Ahora que se ha publicado póstumamente un
nuevo trabajo resultado de su exploración acuciosa
en el material poético de Carlos Pellicer, campo andado de sobra por Schneider, de donde extrajo ciento dieciséis poemas tempranos escritos entre 1911 y
1926 y dedicados a Esperanza Nieto, única novia del
poeta, concedo enorme validez a su sentencia que
confirma su vocación: "La historia literaria no se
hace escondiendo los datos de la génesis y de la evo-

38

,.

I

lución estética de su autor".
Schneider echa sus luces esclarecedoras y hace emerger la verdad que de antemano suponía.
Todo es vestigio hasta una palabra ilegible, una palabra perdida, una fecha en sil;ncio, también un fragmento de poema
hecho poema, y una improbabilidad que lo llevaba a lo probable.
Estoy ocupándome de este
rastreador de tesoros literarios,
primero porque hay que reconocer su extenuante labor y segundo porque hay que orientar las
señales que la corriente del declive del tiempo suele llevar al olvido. De Pellicer se han ocupado especialistas en las materias
diversas que ofrece el estudio de
su enorme producción. El propio Schneider contribuyó a la realización editorial
de la poesía completa del poeta tabasqueño (Carlos Peciller, Poesía compl.eta, 3 volúmenes, UNAM/
Conaculta/ Ed. El Equilibrista, 1996).
El libro Versos a Esperanza, recientemente publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura, debe
su edición y estudio preliminar a Luis Mario Schneider. Las veintiocho páginas del estudio inicial del
libro son un ejemplo de la formación académica de
un escritor. Poeta, novelista, ensayista, dramaturgo,
investigador, historiador literario. Debo confesar
que entre mis infinitos descuidos estuvo el de no
tener presente que Luis Mario Schneider fue primeramente poeta, se registra a estas alturas ser autor de hasta seis libros de poesía publicados en la
década de los años sesenta, sin embargo, cuando le
confié mi idea de hacer la antología de poetas extranjeros vivos en México, bajo el título de Transterrados, sólo comentó la propiedad del término para
el caso y sobre todo la atención que ponía yo en
esos autores cuya obra se asimila a la nuestra en su
viaje de correspondencias de influyente a influido.
Luis Mario en ningún momento me recordó su trabajo en este orden.
Cuando me dijo que había encontrado en la biblioteca de París la sospechada novela de Agustín
de Iturbide, El ilustre portugués o los amantes conspiradores, lo hizo con la soltura de quien anuncia la
aparición del sol en ese día; pasados treinta años de

conocerlo y tratarlo viví la certeza de que la vocación es la persona misma y que esa persona ante
mí era en lo medular bondad
inteligente.
Este espléndido transterrado
nos dio de suyo la pasión de
quien puede llegar a las superficies subterráneas de los hombres
y las obras literarias que más nos
significan, lo mismo que a su vez
le imbuyó lo mexicano. A los
Contemporáneos, a cuya poesía
llamaba conceptualista, los reunió en su cónclave vital con una
formulación de dudas esclarecedoras; de Jorge Cuesta, "el ensayista por excelencia de los Contemporáneos", como él lo califica, nos hizo una desfragmentación hasta la unidad artístico-intelectual del más trágico del mencionado grupo; de Octavio Paz trazó la geografía
mexicana sin poderse salvar del acto delictivo que
como él mismo declara lleva implícito el armar un
libro con piezas de la mencionada especie. Se ocupó también del surrealismo en México mediante un
testimonio documental que atestigua la enorme concentración de poetas y pintores surrealistas desde
el arribo a nuestro país en 1938 de André Breton y
después de Antonin Artaud, hasta la Exposición
Surrealista en 1940.
Me he referido nada más a cuatro empresas de
mi predilección. Del amplio catálogo de los trabajos y de los días de Luis Mario Schneider hay mucho más de qué hablar que tal vez no exija tanta
destreza como la que él desempeñó durante cuarenta años sin sosiego.
Ya dijimos que es uno de los grandes estudiosos
de Pellicer, lo ratifica su última contribución a la
integridad del opus pelliceriano, estos Ver.sos a Esperanza, siete años de poesía infinita, el investigador e
intérprete del tiempo los hace andar con el tono
del largo "heroísmo" amoroso de Pellicer enlazando cartas, sembrando asociaciones, versos claves,
referencias epistolares, un todo integrado con el
excipiente intelectual y afectivo de· quien deslinda
con cerrados paréntesis "una pena dulce y un noble silencio", como llamó a su amor Carlos Pellicer,
última firma de Luis Mario Schneider.

39

�Réquiem

Te quisiera contar algo de mí mismo pero tú ya
lo sabes casi todo o bien lo adivinas, que algunas
veces voy con la tristeza que regala el mundo por el
azar de la vida y que al otro día me levanto a vivir
pensando que todo es irremediablemente de donde presiento están los nacimientos de agua, los árboles crecidos y la esperanza que no cesa.
A veces llegan las horas suicidas y las alejo con
pedacitos de cera encendida o cambio a otra cosa,
miro las fotografías de Saskia y mis hijos, y de los
que alguna vez fueron mis amigos.
Pensarás que nunca he sido feliz, te confesaré
que sí, por cuánto tiempo, no lo sé, pero no se necesita ser el hombre más importante del mundo para
ser feliz, soy feliz cuando estoy solo, muy cerca de
un río, cuando contemplo la noche y me hiere el
aire, cuando estoy rodeado de árboles y voy al desierto, tan semejante a ese vacío que deja el amor y
a esa tristeza que no se puede compartir ya que es
parte tan integral de nosotros.
Bye,Jorge, nos veremos.

a Elmys Gracia Rodríguez,
de Holguín, Cuba
QUERIDO JORGE:

Te escribo para pensar en ti, recorro el tiempo
no para medir la edad sino para dar saltos por lugares a donde nunca fui contigo, me hablaste de tantos lugares, de Varsovia a Brasil, de Brasil a Argentina y de ahí hasta París, gran conocedor de las cosas
y la vida, ciudades, destinos, de la mar y del aire de
la noche, del amor, sus virtudes y fracasos, también
de la soledad.
Recorrer tus poemas es buscarte a ti con esa cara
sin rostro de amor y luz.
Postrado en tu hamaca del sueño voy deshilando los recuerdos como si fuese un retrato "de familia"; tu voz y el dolor suben por lo alto del destino
hasta los mundos que giran más allá del sueño.

Andrés Huerta

ociológica
forma de lograr sistemas racionales globales;
un ejemplo máximo de ello está constituido por
el sistema de las matemáticas usuales, en el que
aún no hemos logrado solucionar este aspecto:
o somos coherentes e incompletos o somos completos e incoherentes.
El cálculo del tiempo nos permite comprender más a fondo algunos de estos mecanismos:
dado que la correspondencia entre nuestras
formas de medición (horas, minutos, días, etc.)

Razones y sinrazones

y los procesos medidos no es coherente, nos
vemos obligados a inventar calendarios "imperfectos" y sistemas anormales (meses de duración irregular, años bisiestos y demás), diferen-

WEBER, EL SOCIÓLOGO ALEMÁN QUE HA INFLUIDO

enormemente en la construcción de la teoría
sociológica de este siglo (ya terminado, según
algunos), creyó que el proceso fundamental de
la sociedad contemporánea era el de la racio-

tes entre las culturas. En una época en que las
distintas formas de comunicación se han
acelerado, esto acarrea una serie de trastornos
adicionales en cuanto a las concordancias (días
de descanso y festivos no coincidentes), que a
veces nos llevan a dudar de la capacidad huma-

nalización en todos los órdenes. Aun cuando
era evidente que tenía en mente las sociedades
del desarrollo industrial capitalista, podemos
entender que pensaba que la racionalización
se expande y se infiltra en todas las sociedades
y formas de cultura de manera implacable e

na de reaccionar aplicando racionalidad a los

inexorable. Lo que no pudo prever Weber es
que en las propias sociedades avanzadas su contraparte, la irracionalidad, no desaparecería y

sistemas construidos.
Porque el tiempo es en sí mismo una construcción cultural, variable según las tradiciones
religiosas: budistas, cristianos, hindúes, judíos y
musulmanes contamos los años de manera dife-

tendría permanentes recurrencias, en las pala-

rente, convencidos todos de que nuestra cuen-

bras y en los actos.
Aquí quisiera señalar que estoy entendien-

ta es la correcta.
De allí que los milenarismos sean irraciona-

do por racionalidad a la propiedad de los modelos o sistemas de acción o representación del

les en su constitución y, en cierto sentido, una
de las formas colectivas de pres~ntación de los
delirios. Milenarismo es una categoría muy am-

mundo real donde la concordancia entre medios y fines es máxima y no contradictoria. Quede claro que, hasta el presente, esto sólo se logra

plia, pero podemos decir que se trata de asociar un periodo de mil años a ciertos acontecimientos extraordinarios. Los milenarismos sur-

parcialmente en ciertos sectores y que no hay

40

41

�gen a partir de curiosas interpretaciones de los
textos míticos fundantes del cristianismo. Aún
cuando hacen su aparición ya hacia fines del siglo segundo, su forma más fuerte se expresará
hacia el siglo XVIII, cuando aparece el movimiento de la "Nueva Iglesia" o "Nuevajerusalem". Es curioso cómo todas estas creencias tratan de racionalizar los textos míticos fundantes,
interpretándolos de manera tal que lo irracional pueda presentarse como racional. La dificultad ahora es que algunas formas de milenarismo han vuelto a aparecer entre nosotros,
causando muchas perturbaciones en vastos sectores sociales. Y también (y espero equivocarme) es probable que este fenómeno se incremente a medida que avanza este año.
Los mitos se presentan siempre como construcciones simbólicas que imponen un orden
en el mundo. Dado que éste provoca siempre
muchas inquietudes por su aparente desorden
(la muerte, las carencias, las enfermedades, los
eclipses, los terremotos, etc.), los seres humanos debemos encontrar certezas que nos permitan creer en un orden, aunque sea falso. La
mayoría de los mitos-antiguos o modernostratan de encontrar ese orden, por lo que debemos tomarlos como una forma de búsqueda
de racionalización, aun cuando todos ellos contengan elementos irracionales.
Las religiones, organizando los mitos ancestrales, se han presentado siempre tratando de
ayudar a los seres humanos a superar miedos y
angustias; sin embargo, muchas veces ha caído
en excesos, aun cuando hayan luchado contra
ellos. La historia de las religiones es una historia de violencia hacia fuera y hacia adentro:
hacia quienes se presentaban como extraños,
paganos, infieles y hacia los que no mostraban
suficiente apego y disciplina, imponiendo siempre un orden al que los seres humanos parecemos no ser muy afectos.
Lamentablemente, el mundo actual no nos
muestra que las religiones quieran luchar contra esos excesos: Karol Wojtyla acabando con

,,

conornia

la apertura del Concilio Vaticano II, los grupos
fundamentalistas musulmanes eliminando toda
disidencia o apertura en la mayoría de los países árabes -incluida la condena a Salman
Rushdie-, losjudíos ortodoxos tratando de eliminar a todas las expresiones de modernidad.
Mientras tanto, la cultura científica, ese refugio de la racionalidad, lucha por mostrar sus
virtudes, dado que es una empresa limitada y
autoconsciente de ello. Pero ése es, justamente, el punto en que la ciencia se separa de la
religión: en su capacidad para reconocer sus
errores y su limitación. La universidad, bastión
de la cultura científica, está hoy amenazada por
muchas de esas expresiones de lo irracional,
incluyendo los enemigos internos; no es raro
que en esos agujeros o nichos donde la ciencia
no tiene o no ha podido encontrar respuestas,
aparezcan personas dispuestas a rellenar ese
vacío y que muchas de ésas aparezcan en la
misma universidad, para no hablar de universidades que han sido creadas por esos mismos
grupos. En los Estados Unidos, donde muchas
confesiones religiosas han sido autorizadas a
sostener instituciones que llevan el nombre de
universidades, se han multiplicado en los últimos tiempos distintas formas de discriminación
o represión de personas e ideas que no concuerdan con las ideologías religiosas de los
dueños o patrocinadores.
¿Estamos yendo hacia una nueva edad media?

42

de 20 años será tan sólo tres por ciento más
elevado: para todo fin práctico, el producto por
habitante no crecerá en dos décadas.
En términos económicos, en la pérdida del
bienestar al que podría aspirar la población, al
país le costarán más caro los sexenios de López
Portillo, De la Madrid, Salinas y Zedillo, que la
Revolución y la Gran Depresión juntas.
Como se ha comentado antes en este espacio, desde los sesenta y los setenta surgieron
voces que alertaban sobre una previsible crisis
económica si no se cambiaban algunos elementos del modelo de desarrollo nacional. Desafortunadamente, los gobernantes no hicieron caso
y los pronósticos se cumplieron de manera dramática, como lo ilustran los números citados.
Después de la debacle del 95, diversos observadores han analizado a profundidad las fuentes
del problema de desarrollo de México, así como
lo que se debe hacer para retomar el crecimiento sostenido del nivel de vida. En un número
anterior de Armas y Letras repasamos ya las conclusiones del Banco Mundial, cuyo principal
argumento es que México ha sido en realidad
tímido para implantar a fondo el llamado modelo "neoliberal" y que de ahí derivan en buena medida los problemas. Vale la pena revisar
también algunas otras opiniones, de las más
autorizadas entre los economistas mexicanos.
El libro La política económica en México, 19501994 se publicó en 1996. Su autor es el historiador económico Enrique Cárd_enas, rector de
la Universidad de las Américas en Puebla, muy
reconocido como un observador del desarrollo económico de largo plazo de nuestro país.
En su trabajo, Cárdenas identifica varias lec-

Visiones contemporáneas sobre
nuestros problemas económicos
DE 1910 A 1940, NUESrRO PAÍS TINO QUE ENFRENTAR
dos serios problemas que frenaron su crecimiento económico: la revolución mexicana y,
posteriormente, a finales de los veinte y entrados los treinta, la tremenda inestabilidad financiera mundial, con los cracks bursátiles y la Gran
Depresión. De haber crecido la economía y la
población al mismo ritmo que lo habían hecho en los 40 años previos a 1910, al iniciar la
década de los cuarenta, una vez pasados los
problemas, el Producto Interno Bruto (PIB)
por habitante debería haber sido 56 por ciento mayor. Se puede decir entonces que eso costaron los dos grandes acontecimientos mencionados.
Ahora bien, si de 1981-que fue el último
año de la abundancia- al 2000, el PIB per capüa
creciera a la tasa que experimentó en los cuarenta años anteriores, al finalizar el sexenio del
presidente Zedillo este indicador del nivel de
vida debería ser 73 por ciento superior al que
en realidad se observará. En realidad, después

43

�ciones que ayudan a entender mejor el desempeño de México y que aportan elementos para
guiar la política económica que permita recuperar el crecimiento. Primero, que "la economía mexicana es... pequeña, en el sentido económico del término... no puede encerrarse en
sí misma sin que tarde o temprano termine en
alguna crisis", pero también "está sujeta a los
vaivenes de la economía internacional, o a las
fluctuaciones de los mercados ... de mercancías
o ... de servicios... financieros". unca debemos
ir contra esa realidad.
Una segunda lección es la recurrencia de las
devaluaciones del peso y que "Siempre que se ha
intentado aguantar las presiones justificadas en
el mercado cambiario con la esperanza de que
por alguna obra divina dichas presiones se esfumarán, o sea defender el tipo de cambio más
allá de lo razonable, el impacto de la irremediable devaluación del peso es mucho peor de
lo que hubiera sido en otras circunstancias".
Por ejemplo, comparemos la devaluación del
54, que según muchos fue más bien preventiva
y, pese a la cual, la economía como quiera creció diez por ciento en términos reales ese mismo año, con la de diciembre del 94 y sus secuelas negativas.
Sin embargo, de acuerdo
con Cárdenas, la lección más
importante es el problema de
largo plazo: "hemos perdido la
tendencia de alto crecimiento que el país necesita". Esto
se debe, en su opinión, al fuerte aumento de la población,
resultado de posponer por varias décadas las políticas de
control de la natalidad, y al
"problema de escasez crónica
de ahorro para financiar la
inversión". Con relación a este
último punto, él insiste en que
la "carga pesada de la deuda
es una de las causas funda-

mentales que han impedido que la economía
pueda volver a crecer como se necesita" y, durante los pocos momentos en que se ha tenido
la oportunidad de reducir este lastre, como
cuando la abundancia de recursos por el boom
petrolero en el sexenio de López Portillo, la
deuda no sólo no ha sido disminuida, sino que
ha crecido desmesuradamente. Cárdenas dice
que, en 1995, por ejemplo, "el servicio de la
deuda llegará a alrededor de cuatro o cinco
puntos porcentuales del PIB, mientras que la
inversión pública... será de alrededor de dos
puntos ... , por lo que de no tener que pagar el
servicio de la deuda, la inversión pública de ese
año se podría triplicar".
Las propuestas de política económica de
Cárdenas son: incrementar el ahorro interno,
manteniendo una estabilidad macroeconómica
con el fin de estimular el ahorro de largo plazo, sobre todo buscando el equilibrio de las finanzas públicas; también evitar mantener el
tipo de cambio artificialmente sobrevaluado o
subvaluado por mucho tiempo. De hecho, sugiere que "quizá ha llegado el momento de
cuestionarse a fondo la necesidad de mantener una moneda internacional, por ejemplo,
para toda América del Norte". Por último, este
autor insiste en que es indispensable reducir el crecimiento poblacional pues,
dadas las limitaciones económicas que enfrentamos,
todavía es alto.
También en 1996 apareció
un nuevo libro de Leopoldo
Solís, basado en el ciclo de
conferencias que sobre la crisis económico-financiera de
1994-1995 ofreció en El Colegio Nacional. En él, este
destacado economista analiza las causas inmediatas de
la emergencia que detonó la
devaluación de diciembre

de 1994, e identifica algunos importantes problemas de largo plazo.
En el resumen de los orígenes de la nueva
crisis que heredó Salinas y que manejó mal
Zedillo, el doctor Solís indica que ésta "se gestó
durante varios años y sus causas se ubican en la
naturaleza del modelo y las políticas estabilizadoras seguidas, los cambios en el exterior y los
acontecimientos políticos derivados de la pugna por el poder en México". La reducción de
la inflación o "estabilización de la economía se
logró sin un crecimiento y con un abultado
déficit de la balanza comercial".
Ante ello, el más grave error de la política
económica, según don Leopoldo, se cometió
"cuando se tomó como ancla al tipo de cambio
para corregir el problema inflacionario interno, puesto que ésta es una variable instrumento para otros fines, por ejemplo, la estabilidad
de la balanza de pagos".
De acuerdo con él, durante el sexenio de Salinas "la acción del Estado en materia de política
económica se movió en un sentido correcto": se
combatió la inflación, se eliminaron o racionalizaron subsidios a los servicios públicos, se desreguló bastante la actividad comercial, se elevó
la captación tributaria, se modificó la legislación para permitir la inversión privada en infraestructura, en el campo se restablecieron los
derechos de propiedad de la tierra, en fin, parecía que todo iba bien. Pero, además del error
de la sobrevaluación del peso ya señalada, se
propició al mismo tiempo una "economía de
casino", en lugar de propiciar la formación de
capital humano y físico.
En esos años, apunta este distinguido economista, se derrumbó el ahorro interno y, buscando defender el artificialmente elevado valor del
peso, se incrementó la deuda pública con los
extranjeros en unos pocos meses, al final del
sexenio, a niveles que dieron al traste con las
reducciones que se habían logrado tras varios
años de reestructuración con nuestros acreedores. Quedan así identificados dos problemas

de largo plazo que, en el mundo globalizado
de las finanzas contemporáneas, ponen al país
en una situación precaria: la insuficiencia del
ahorro interno y lo elevado de la deuda externa.
La cuestión del ahorro es compleja y, sin
embargo, la necesidad de incrementarlo es
urgente, como señala don Leopoldo. En su
opinión, "todo parece indicar que es el ahorro
del gobierno la única variable que, como instrumento de política económica, puede contribuir directamente a modificar esta situación
a través de impuestos o gasto, o indirectamente, al actuar sobre los mecanismos financieros".
Su recomendación es explorar nuevos caminos
y analizar las posibilidades que ofrecen las reformas fiscales que estimulen la reinversión de
utilidades de las empresas; el fomento del sistema financiero; los cambios en el sistema de
seguridad social que busquen incrementar los
rendimientos que ofrecen las cuentas de ahorro obligatorio para el retiro y la vivienda; la
estabilidad macroeconómica que puede proporcionar el manejo prudente de las finanzas
públicas y de los volátiles flujos de capital extranjero.
Con respecto al endeudamiento del gobierno, después de repasar la historia de México,
desde su nacimiento como país independiente, Leopoldo Solís concluye textualmente que,
"en términos generales, se puede señalar que
el problema de la deuda externa trasciende el
ámbito de los mecanismos de mercado, y que
su solución, urgida de voluntad política, no
habrá de ser duradera, si no se establece un
límite a la proporción de deuda pública interna y de la deuda externa como proporción del
PIB. Todo esto significa que a la postre podrá
limitarse la transferencia de recursos al exterior, y que los organismos financieros internacionales tomarán en cuenta las necesidades de
crecimiento económico, pues para pagar hay
que crecer y cumplir las políticas internas de
ajuste, a un mismo tiempo".

45

�tención
flotante
bre el grupo familiar como unidad social básica ha aumentado exponencialmente. De ser un
asunto -junto con el matrimonio, la filiación
y el parentesco- de la antropología y la sociología, se ha convertido en un tema central de
la psicoterapia. A la palabra familia le han inventado una etimología incorrecta pero plausible. Se llegó a pensar que derivaba de James
que significa hambre y que aludía al grupo de
personas que un jefe debía alimentar. La palabra proviene del osco "famel" que significa siervo, luego pasa al latín clásico Jamulus para indicar la servidumbre con un sueldo, que vive en
una habitación de la casa. De ahí procede fámula. Esta significación primitiva se ha enriquecido y sofisticado considerablemente al paso del
tiempo.
El concepto general de familia alude a un
grupo primario formado por varias personas
unidas por fuertes vínculos afectivos, d~ parentesco y consanguinidad. La incapacidad del
recién nacido para sobrevivir sin la ayuda y cuidado de personas adultas ha hecho pensar en
la indudable antigüedad de la institución familiar; no así de su estructura y organización que
ha cambiado en las diferentes épocas de la historia de la vida privada. Además de la familia
nuclear (marido, mujer e hijos), existen otras
configuraciones, por ejemplo, familias con un
solo progenitor (por: divorcio, separación o
abandono) también llamadas uniparentales,
familias extensas (que incluyen a varios parientes), familias de tres generaciones viviendo juntas, hogares unipersonales, familias reconstituí-

La familia en el diván
DICE WOODY ALLEN QUE GRACIAS A fREUD LA INDUS-

tria del diván no ha muerto. Ese mueble emblemático, donde los pacientes neuróticos contaban su "novela familiar" al psicoanalista, se
ha convertido recientemente -según las circunstancias- en el sofá que recibe al enfermo
con su familia. De este modo el paciente, que
antes le relataba al analista sus impresiones subjetivas sobre una familia abstracta y fantaseada,
asiste ahora a consulta acompañado por la familia real y presente en un aquí y ahora despojado de las inevitables distorsiones personales;
y el analista puede ver -en vivo y en directo-las interacciones que antes deducía, con sus
personales distorsiones, del discurso del analizante. Una terapia no sustituye a la otra; sin
embargo, cada vez menos pacientes acuden al
diván analítico y cada vez más analistas se interesan por la terapia familiar. Extinguido casi el
introspectivo Horno psycoanaliticus de los años
cincuenta y sesenta, la familia posmodema con
prisa asiste a consultar en grupo.
En los últimos treinta años la literatura so-

46

das (formadas por uno o los dos cónyuges divorciados, con o sin hijos) y algunas otras modalidades emergentes (poligárnicas, comunales,
padres del mismo sexo e hijos de uno solo de
los cónyuges o adoptivos, etc.) .
La familia se iniéia con la unión de los padres y pasa por diferentes etapas en su ciclo de
vida. Se le han adscrito por lo menos cinco
momentos característicos: la pareja recién casada, la familia con hijos pequeños, el grupo
familiar con adolescentes, la separación de los
hijos y la pareja sin hijos en el hogar. Cada etapa se caracteriza por un espectro peculiar de
problemas y conflictos. Recuérdese el síndrome del nido vacío cuando los padres se quedan solos. En todo grupo familiar es posible
identificar dos subgrupos: el subsistema de los
padres con sus funciones bien definidas (conyugales y parentales) y el subsistema de los hijos o constelación fraterna. De su interacción
dependerá la funcionalidad o patología del
conjunto.
Hay muchas clasificaciones de las familias
atendiendo a diversos criterios, por ejemplo:
familias tradicionales, rígidas, caóticas, "perfectas" (entrecomillas, por supuesto), aglutinadas,
desunidas, infantiles, impulsivas y otras. Otras
tipologías tienden a considerar el apego excesivo o el desapego de sus miembros y cómo éstos mantienen sus respectivos límites. Otra clasificación enfatiza el diagnóstico del miembro
identificado como paciente y la infiltración de
su patología en el resto del sistema. Así se habla de la familia alcohólica, obsesivo-compulsiva, anoréxica, esquizofrénica, psicosomática,
fronteriza, "barracuda", etc.
La familia es un sistema social en el que cada
miembro está constantemente interrelacionado
con otros grupos e instituciones pertenecientes al macrosistema social. Todo individuo adulto forma parte de un sistema primario -familia nuclear- que al paso del tiempo integrará
tres generaciones a través de una bien definida
red de relaciones, susceptible de ser represen-

tada en una gráfica denominada genograma.
Cada familia configura un genograma peculiar
y característico. Este instrumento proporciona
información acerca del pasado familiar inmediato y permite formular predicciones útiles en
torno al probable desempeño de la familia en
el marco de una terapia. De un modo general
se habla de familias sanas y disfuncionales según la forma ordenada o caótica en que los
miembros cumplen sus funciones específicas.
En toda familia bajo tratamiento se estudian
los estilos de comunicación, los patrones de
interacción y sus modos peculiares de desorganización. La consultas pueden ser desde una
entrevista familiar conjunta para llegar a un
diagnóstico, hasta una terapia familiar en crisis o el diseño -tras una exploración más amplia y profunda- de una estrategia terapéutica
de más largo alcance. Todo depende del diagnóstico, la disposición de los miembros al tratamiento y el grado de resistencia al cambio.
Hay muchos enfoques terapéuticos con sus
respectivos nombres: terapia de la comunicación, contextual, feminista, de impacto múltiple, simbólico-experiencial, ecológica, de
Bowen, etc. Sin embargo, los modelos más difundidos son: el estructural, el estratégico, el
sistémico y el modelo de orientación analítica.
Con frecuencia estos enfoques se combinan y
adaptan en nuevas fórmulas. La terapia familiar ha adoptado un lenguaje tomado de la epistemología, la cibernética, la teoría general de
sistemas, la comunicación, la información, la
ecología y la teoría del juego. Términos tales
como paradoja, contraparadoja, prescripción
del síntoma, metáfora, triangulación, doble vínculo terapéutico, causalidad circular y varios
cientos de otros términos más remiten a otros
tantos conceptos de esta práctica clínica en
constante crecimiento.
El modelo estructural considera que en toda
familia existen jerarquías, roles, límites, alianzas y coaliciones cuya presencia, permeabilidad,
rigidez o ausencia determinan el grado de

47

�sabe, por supuesto, de la existencia del equipo
y se acostumbra a su presencia no visible directamente. Las etapas de una sesión normal de
noventa minutos incluyen una pre-tarea de
todo el equipo para valorar el caso y diseñar
una estrategia aplicable a la problemática de la
familia. Se trabaja de acuerdo a hipótesis surgidas en la evaluación de los datos de la historia
clínica. Esta etapa dura quince minutos. Luego la pareja terapéutica pasa a entrevistar a la
familia durante cuarenta y cinco minutos. A esta
etapa corresponden un estadio social, el estudio del problema, un estadio interactivo y la
elaboración de un contrato terapéutico. A esto
sigue una post-sesión de media hora en que los
dos terapeutas despiden a la familia y se reúnen
con el equipo terapéutico para evaluar la sesión y afinar o redefinir las estrategias y metas
para la siguiente sesión. En el consultorio privado se trabaja con el grupo familiar durante
sesenta o noventa minutos, según el caso, y de
acuerdo a un diagnóstico y a un plan terapéutico a lo largo de diez a quince sesiones una vez
por semana. Cada familia es portadora, sin saberlo, de la solución a sus problemas. Al escuchar con interés sincero, honestidad y empatía,
el terapeuta contribuye a la solución de los conflictos. Las familias mejoran con sólo extemar
las dificultades y ponerles nombre. Esta operación reduce el montante de ansiedad, culpa y
vergüenza asociado al malestar difuso que la
familia trae al tratamiento. El humor, utilizado
oportunamente, diluye cargas emocionales que
gravitan pesadamente sobre la familia. A los
miembros se les asignan tareas que deben realizarse de acuerdo a renovadas estrategias en
un proceso de creatividad permanente. En
nuestra ciudad funcionan dos instituciones que
brindan este servicio a las familias de escasos
recursos, me refiero a la Unidad de Psiquiatría
del Hospital Universitario (Tels. 348 05 85 y 348
05 86) y a la Clínica de SAGMO (Tels. 372 17
57 y 374 06 08).

disfuncionalidad del sistema. Este enfoque terapéutico propone una relación más saludable
modificando las relaciones jerárquicas rígidas
o las interacciones inadecuadas, permitiéndole mayor flexibilidad al sistema. La terapia familiar estratégica se propone definir el problema y elaborar un plan terapéutico para enfrentarlo. Este enfoque analiza los patrones
interactivos que determinan y refuerzan conductas enfermizas para diseñar más tarde un
esquema correctivo de las interacciones anómalas. Estos dos modelos terapéuticos y sus variantes enfatizan lo interacciona} frente a lo
intrapsíquico. En cambio la terapia familiar
psicodinámica, que utiliza conceptos del psicoanálisis aplicados a la terapia familiar tales como
resistencia, transferencia y contratransferencia,
toma en cuenta el pasado, destaca lo intrapsíquico frente a lo interacciona! y utiliza la interpretación. En cuanto a la terapia sistémica de
la escuela de Milán baste comentar solamente
su fecunda creatividad y la originalidad de sus
aportaciones.
En la práctica institucional se trabaja con la
familia en una cámara de Gesell, con una ventana de visión unilateral tras la que se colocan
varios miembros del equipo terapéutico que
observa la interacción de la familia y dos terapeutas que están trabajando en contacto directo con el grupo familiar en estudio. Existe un
teléfono por el que se comunica el equipo terapéutico con los dos terapeutas. La familia

48

achina
speculatrix

El trabajo
AL CAER EL HOMBRE DE 1A GRACIA DE DIOS, CAYÓ EN
la desgracia del trabajo y hubo de ganarse el
pan con el sudor de su frente. Es atractiva esta
alegoría; no obstante, esconde una grave y
antropomórfica falta de consideración que
merece ser sacada a flote: ¿y qué, todos los otros
seres vivos no se desplomaron conjuntamente
con el hombre? La víbora misma de la tentación, por ejemplo, ¿sólo empezó a arrastrarse
-a trabajar- en busca de alimento después
de la caída, cuando antes no lo hacía? El colibrí, ¿qué pecado cometió? Momento: no hay
que otorgar mucha veracidad al mito. Ni el
hombre ni los otros organismos vivientes cayeron de parte alguna a la hondonada del trabajo. No cayeron por una razón simple: siempre
han estado ahí. El trabajo, en un sentido estricto, es el precio que pagan los organismos por
actuar en el escenario de la vida. El sentido
amplio del trabajo puede observarse desde

otros miradores.
Cuando alguien desatiente la noción estricta del trabajo y se ocupa de los trabajadores y

su papel histórico y social se le pueden ocurrir
varias cosas. De hecho, se han ocurrido cosas
dispares y disparatadas. Aristóteles piensa que
para dedicarse a la política es necesario el ocio
y también piensa que lo ideal sería que los agricultores fueran esclavos porque así se les sacaría provecho y se evitarían insurrecciones (Pol.,
1328-1330). Los esclavos en Platón se mencionan con naturalidad: es un esclavo quien requiere al escanciador de cicuta en la muerte
de Sócrates. Y también hay enaltecimiento del
ocio. Estas ideas, con seguridad, no son invenciones de estos pensadores, sino que avalan
prácticas y creencias más antiguas. Y no siempre debe entenderse una noción según los criterios actuales. El ocio antiguo, por ejemplo,
no equivale al dolce Jare niente italiano, ni al falso estereotipo del indio mexicano dormido bajo
un cactus, ni en general a la inútil holganza. El
ocio se deslindaba entonces, y de manera específica, frente a los trabajos de índole manual.
Así, los políticos y los filósofos tienen un quehacer diferente al de aquellos que se ocupan
del trabajo manual: sólo en este sentido son
ociosos bajo el viejo concepto. Hace muchísimos años Octavio Paz me dijo: ''yo estaría contento si por las mañanas tuviera que trabajar
en una fábrica de bicicletas, pero por las tardes
me pudiera dedicar a la poesía". Ignoro por
qué Paz elegía bicicletas en lug~ de patines o
cualquier otra cosa; no obstante, es claro que
asumía la confrontación antigua entre los dos
tipos de trabajo; y aceptaba el trabajo manual,
aunque de medio tiempo.

49

�La esclavitud fue una terrible práctica que
agobió al hombre durante la mayor parte de la
historia. No agobió a todos, por supuesto: los
amos formaban grupo aparte. Lo más grave de
esta práctica no estriba en la apropiación por
el amo del trabajo del esclavo, sino en que convierte al esclavo en cosa. Sólo hay que ftjarse
bien en la tranquilidad con que Aristóteles dice
que siendo los agricultores esclavos no hay peligro de insurrección, aunque agrega otras condiciones: que deben ser dóciles, que es preferible que no sean de la misma tribu, etc. Los esclavos son cosas y se compran y se venden como
tales. En tanto que cosas carecen de privilegio
de la insurrección. Esto explica, en su parte más
honda, los castigos severos a los que eran sometidos los esclavos que intentaban escapatorias o a los que instigaban a la insurrección: no
querían tanto escapar de su situación laboral
cuanto de su condición de cosa. No se incurría
en una infracción reglamentaria cualquiera,
sino en su severo delito ontológico. Por el revés de esta trama, el amo podía otorgar libertad al esclavo y, cuando lo hacía, no actuaba
sólo como propietario, sino como mago. Al
otorgar la libertad al esclavo trocaba cosas por
gente. Sin duda, la apropiación del trabajo te-

nía un significado pecuniario para el amo. Esto
es indiscutible. Pero quizá, en el rincón más
egoísta de su corazón, lo que más gratificaba al
amo era el poder jugar a la transformación de
cosas en gente --o a la inversa- con la varita
mágica de su voluntad.
Dice Israel Cavazos que en el Nuevo Reino
de León y en Coahuila la encomienda de indios degeneró en hurto y venta de indizuelos, a
los cuales, como en la cacería, se les llamaba
"piezas". Este concepto de "pieza" es interesante porque, aparte de su connotación cinegética, también alude a algo no acabado, algo fragmentario: un ingrediente, no una totalidad. El
esclavo no acaba de ser hombre, es sólo una
herramienta. Es una cosa, pero no un objeto
inane: es un utensilio. El esclavo es algo más
que una piedra, pero algo menos que un hombre: se ubica en el limbo de los útiles. Los indios del noreste mexicano no eran pan dulce,
pero, de todas formas, queda aquí bien ejemplificado un caso más del uso inhumano de los
seres humanos.
Todo trabajo subordinado es detestable, no
sólo porque todo tipo de subordinación lo es,
sino porque su complemento encarna en el
concepto de dominación. La subordinación no
es una resultante de las formas de propiedad,
corno imaginan los utopistas, y otros, sino una
enfermedad que parece aquejar a todo intento de organización. ¿Habrá algún modo de que
exista la organización sin que el virus de la jerarquía invada sus tejidos? No lo parece, y esto
se refleja en la conocida parodia de un noble
postulado: "todos los hombres son iguales, pero
unos son más iguales que otros". Por ahí andan libros en que se estudian las jerarquías aun
entre los astros. La noción de jerarquía parece, infortunadamente, imprescindible; es compañera de toda diferenciación y variedad. Lo
contrario es la muerte termodinámica: el cero
absoluto. Pero algo más acontece con las conceptuaciones del trabajo.
El amo, el dominante, consuela y narcotiza

50

a sus subordinados: "el trabajo ennoblece", l_es
dice. Otro, menos nobiliario, les soba la espalda psicológica y seglarmente los alienta: "el trabajo dignifica". Los falsarios absolutos fueron
los nazis, quienes en el frontispicio de sus campos de exterminio ponían el letrero Arbeit macht
frei, el trabajo libera. Todo ello es bisutería conceptual, añagazas para que el subordinado no
se insubordine y, peor aún, para que se enorgullezca de su inferior condición. El poder hi¡r
nótico de estos conceptos llega a producir zornbies laborales para el beneficio de todo tipo de
amos: el empresario, la corporación, la transnacional, el Estado. En broma, le oí decir a alguien: "el trabajo es trabajoso, por eso se llama
trabajo; si no, se llamaría de otra manera", y
añadía: "además, debe de ser riesgoso, por eso
hay letreros que dicen: cuidado, hombres trabajando". La broma descubre el otro rostro del
asunto: sólo un masoquismo natural o inducido, consciente o inconsciente, puede glorificar
el trabajo subordinado. Pero, aparte de éste,
¿hay un trabajo libre, desenajenado, en verdad
que sea gratificante, sin engañifas? Quede la
pregunta abierta para que cada quien la responda con el listado de sus preferencias.
En tiempos espinosos para la economía, una
axiología intuitiva y tierna dirá que si la vida
depende de tener un trabajo subordinado, o
de no tenerlo, es preferible lo primero. Claro.
Pero siempre será mejor no tener amos. O ser
cada quien el amo de sí mismo, lo cual finalmente significa ser, también, el esclavo de sí
mismo. El sujeto que impone un deber es el
primero que debe de cumplirlo. El amo de sí
tiene corno imagen al esclavo de sí.
Ha habido filosofias que en el trabajo han
visto la realización del hombre mismo. Otras,
van por los caminos de las utopías -&lt;:orno diría Buber- en busca del trabajo feliz. Otras
más, enredan estos asuntos con los de la teología, lo cual parece rebasar las fronteras de lo
sensato. Casi todas tienen clavada una esquirla
metafisica: el trabajo forma parte de la esencia

del hombre. Sólo una he encontrado que dé
preponderancia al trabajo en sentido estricto
-&lt;:orno se dijo en un principio--, esto es, corno
simple manipulación y uso de la energía. Por
el solo hecho de existir, todos los seres vivientes -los dominantes, los subordinados, la víbora, el colibrí- están atados a la energía. Del
balance entre entradas y salidas de ésta, en gran
medida depende su existencia.
En la mecánica, la definición del trabajo es
más bien modesta: es el producto de la fuerza
por la distancia recorrida en la dirección de
aquélla. Esta definición proviene de la insistencia de Leibniz en que el efecto de una fuerza
debería apreciarse según la distancia recorrida
por el cuerpo. Descartes, por su parte, pensaba que lo importante era considerar a la fuerza
de acuerdo con el tiempo en que estuviera actuando. Estos dos enfoques, de apariencia
opuesta, se reconcilian una vez que Newton
postula su Segunda Ley y dan origen a los conceptos de energía potencial y de energía cinética y, entre ambos, al de energía mecánica. Y
así corno apareció esta noción de energía mecánica, fueron apareciendo otras: la de energía calorífica, energía radiante, energía magnética, energía eléctrica, energía elástica, energía química ... Energ~a desde las partículas elementales, pasando por los organismos vivos,
hasta abarcar el universo entero. Y, finalmente ,
en el siglo XIX, se estableció la piedra clave
sobre los asuntos de la energía, la Primera Ley
de la termodinámica. Del texto donde estudié
esta disciplina, copio su versión en inglés:
"Energy can be neither created nor destroyed
but only converted from one frorn to another".
La energía no puede ser creada ni destruida,
sólo puede cambiar de forma. Yla materia, según una muy conocida fórmula de Einstein, no
es sino otra presentación de la energía que, en
las explosiones atómicas, puede recobrar su violento rostro original.
La Segunda Ley de la termoQinámica es menos directa, quizá un poco más complicada;

51

�desde un punto de vista tecnológico, impide
convertir en trabajo todo el calor suministrado
a un sistema, sin importar cuán perfecta o ingeniosa pueda ser una máquina (incluyendo
ésta, la machina speculatrix). Con esta Ley aparece una nueva propiedad, llamada entropía.
Teóricamente es un concepto preciso establecido por medio de una ecuación, pero algunos
divulgadores dicen que señala una tendencia a
la desorganización en cualquier sistema: en el
universo entero, para acabar pronto. Por ello,
los seres vivientes parecen constituir una maravilla: evolutivamente han estado subiendo por
la escalera de la organización; pequeña en las
entidades unicelulares y potenciada en el hombre. Los organismos vivientes parecen refutar
esta Segunda Ley. Pero la refutación es ilusoria: los seres vivientes adquieren e incrementan
su organización a costa de la energía en su exterior. Chupan energía y expelen entropía: indefectiblemente contribuyen a la degradación
termodinámica total.
Adquirir organización con base en este tra-

siego de energía es un verdadero trabajo. Es el
trabajo básico. El trabajo en un sentido estricto. Ciertos animales llegan a tener alguna intuición de esto: la leona -el león no es afecto
a los trabajos de la caza- deja de perseguir a
su presa cuando aprecia que es mayor la energía que ha de gastar en la persecusión que la
que pudiera obtener por la ingesta de su carne. En el nivel básico, el manejo de la energía
por los mecanismos autónomos en los organismos vivientes es un verdadero trabajo de perro
bailarín, poco reconocido. Dos autores mexicanos, Estañol y Césarman, tocan este nivel en
un reciente librillo: Como perro bailarín, precisamente.
En general, sería deseable que todos los que
quieran asomarse al tema del trabajo sepan algo
(o mucho) de termodinámica. Sin llegar a rozar, por supuesto y mutatit mutandis, los extremos del griego: no entre aquí quien no sepa
geometría. Es decir, parecería abusivo decretar: no toque el asunto del trabajo quien no
sepa termodinámica. Aunque .. .

edagógica

respuesta escrita podía conseguir. Por esta razón, decidí experimentar con prácticas de composición a partir de la lectura y discusión de
textos literarios, a pesar de la preocupación por
la obviamente amplia distancia entre la calidad
de los textos leídos y la que podía obtener de
mis alumnos, la mayoría de quienes aún se encuentran en niveles intermedios de adquisición
del idioma.
Decidí, de acuerdo a las recomendaciones
de expertos, enfocarme en lo que los alumnos
eran capaces de realizar, en lugar de obsesionarme constantemente por sus múltiples y evidentes limitaciones. Por otro lado, era evidente que, en vista del gran número de alumnos que
debía atender, sería difícil para mí mantener
el ritmo de revisión de composiciones semanales. Además, mi propósito central no era convertirme en el árbitro único en la determinación de lo que constituyen los criterios de una
buena composición. Deseaba más bien propiciar
un diálogo entre lectores y escritores, que hiciera a los alumnos conscientes de la naturaleza social de la lectura y la composición. Además, en una ocasión anterior en que impartí
un curso de redacción en inglés, algunos alumnos me habían hecho ver la inutilidad de marcar errores que ellos aún no estaban en condiciones de corregir. Por ende, decidí que los
alumnos mismos deberían revisar y responder
a sus propias composiciones, y que trabajaríamos a su nivel, no al mío.
Con este fin, diseñé una Hoja de respuestas y
evaluaci,ón del lector, que requería que éste hiciera explícitas sus opiniones, sugerencias y cuestionamientos acerca de la composición leída.
Luego, el lector y el escritor se reunirían y &lt;lis-

Composiciones dialógicas
en inglés: un estudio preliminar
Alhelí Morín Lam
DESDE HACE UN PAR DE AÑOS ME HE DEDICADO A LA

Librería Universitaria
Ciudad Universitaria/ teléfono: 376 70 85 / Zaragoza 116, sur/ teléfono: 342 16 36

Libros de texto ~ Ciencias w Letras y humanidades
w Política y sociedad w Diccionarios w Enciclopedias

Libros de arte w Papelería w Novedades

52

enseñanza de literatura en inglés en la Facultad
de Filosofía y Letras de la UANL. Desde el comienzo, he explorado diversos métodos para
ayudar a los alumnos a alcanzar el doble propósito de desarrollar sus conocimientos del
idioma inglés, a la vez que mejoran su habilidad para leer y apreciar textos literarios. En esta
labor nunca había incluido sistemáticamente
la práctica de la composición como medio para
responder a la lectura de textos literarios por
considerar, al igual que la mayoría de los instructores en nuestro programa, que era más
importante promover las respuestas por medios
orales que por medios escritos. Sin embargo,
continuamente observé que la búsqueda de
tales respuestas orales, a través de discusiones
de grupo, equipos o parejas adolecía de la perspectiva sistemática, coherente y global que una

53

�cutirían los comentarios emitidos por el primero, y el segundo se abocaría a la revisión de su
composición, tomando en consideración lo discutido con su lector.
Otra meta de mi investigación fue observar
el grado en que los alumnos adquirieron la capacidad de utilizar los procesos sugeridos en el
curso para responder a la lectura de textos literarios. Los más importantes de esos procesos
son los siguientes:
Cuestionar: formular preguntas que surgen
mientras leen.
Predecir: adivinar razonadamente, en base a
lo que se ha mencionado en el texto.
Cw:rificar: aclarar confusión y responder preguntas.
Resumir: revisar algunas de las ideas o eventos principales.
Evaluar: razonar usando el sentido común,
líneas establecidas y evidencias, para llegar a
opiniones sólidas y conclusiones válidas.
Conectar: comparar el texto con algo de tu
propia experiencia, con otro texto, o con ideas
dentro del texto.
Revel,ar respuestas personales al texto en la forma en que lo experimentaron.
Revel,ar respuestas literarias. análisis del texto
por medio de la búsqueda de detalles que ayuden al lector a entender el propósito del autor
al escribir la obra.
Además de las opiniones, sugerencias y preguntas, se pidió a los alumnos que evaluaran
las composiciones leídas en términos de los siguientes factores:
l. La composición corresponde a la tarea
asignada.
2. Uso del lenguaje.
3. Organización y coherencia.
4. Efectividad.
5. Relación/referencias al texto leído.
Si bien factores tales como organización y
coherencia del texto fueron incluidos en la hoja
de evaluación, el curso no enfatizó estos factores
en cuestión de enseñanza de composición, de-

bido a que los alumnos habían tomado previamente dos cursos en que practicaron la redacción de párrafos, lo cual involucró un fuerte
enfoque en aspectos mecánicos y técnicos de
la redacción. En el curso estudiado se trató de
que los alumnos desarrollaran una noción acerca de lo que es una buena composición a través de la lectura de textos literarios. Desde esta
perspectiva, se considerq "bueno" un texto en
la medida en que era efectivo; es decir, en que
lograba el objetivo comunicativo propuesto por
el autor, ya sea que éste haya sido divertir, informar, conmover o convencer, entre otros.
La primera tarea de composición asignada
(en la que me enfocaré) consistió en un ensayo
interpretativo: Regl,as del juego; a través de_l cual
los alumnos debían discutir un evento familiar
como si fuera un juego, es decir; en términos
de reglas, jugadores, premios y ganadores. A
continuación discutiré algunas de las respuestas dadas por los alumnos a las composiciones
leídas, y el modo en que éstas reflejan los procesos de lectura y análisis literario que se buscó
promover en el curso.
Respuesta personal. La forma más común de
respuesta personal fue la expresión de aprobación de las ideas expresadas en la composición.
Por ejemplo, algunas respuestas fueron: "Me gustó mucho el respeto y amor hacia tus padres;
me gustó cuando dices: 'no debemos tener peleas o discusiones, así que con frecuencia evito
los pequeños detalles'; me gustó mucho al final, cuando reconoces que esta conducta era
errónea; me gustó cuando dijiste que tu familia tiene mucha comunicación". Además, una
lectora decidió ofrecer un consejo personal a
la escritora, sugiriéndole: "Debes tratar de que
tu novio pague todo, para eso es tu novio".
Respuestas literarias (análisis del texto). Los lectores expresaron su opinión respecto al texto
refiriéndose a descripciones, ejemplos, acciones o detalles dentro del mismo: "Me gustó la
forma en que expresas los sentimientos del cazador; me gustó la forma en que describes el

54

contexto de la historia, aunque deberías inventar más acción, más ejemplos; me gustó cómo
describes los eventos; me gustaron los detalles
de las reglas".
Conexiones. Los alumnos valoraron la relevancia del texto leído refiriéndose al propio contexto o a los lectores del texto: "Creo que esto
sucede en casi todo el país si el novio es muy
malo; es muy bueno (especialmente para gente tímida) que escribas sugerencias para este
tipo de situación".
Cuestionar: Los alumnos inquirieron acerca de
los sentimientos o puntos de vista del escritor, o
de algún personaje: ine gustaría saber más acerca de los pensamientos del cazador; ¿qué son las
reglas de vida para ti?, ¿por qué decidiste no escuchar a tu corazón?, ¿disfrutas hacer tus tareas?,
¿cómo te sientes respecto a estas reglas?, ¿por qué
dices que eres un chico tímido?, ¿por qué piensas que todos los hombres son iguales?"
C!,arificar: En un caso observado de clarificación, la lectora identificó una contradicción (falta de coherencia) en el argumento planteado:
"si dices que no debes ser mecánico, por qué dices que debes mostrar sentimientos que quizá no
sientes? Cuidado con las contradicciones".
Evaluar: Los lectores emitieron juicios de valor respecto a las situaciones descritas: "pienso
que la situación en tu casa es injusta; fue buena
experiencia para tu hermano, porque aprendió
de ella".
Resumir / Identificar temas. Debido a que la
identificación de temas o ideas principales requiere analizar el texto a un nivel más abstracto, esto resultó difícil para muchos lectores.
Algunos identificaron los temas o conceptos tratados expresándolos con una palabra, por ejemplo: el respeto; l,a obligación. En otros casos, los
alumnos intentaron sintetizar la idea principal
por medio de una oración: "cómo la gente trata de lastimar a otros simplemente para conseguir un empleo; el momento que disfrutaste
con tu familia; debes estar con los amigos en
las buenas y en las malas".

Organización, coherencia, cohesión: Los lectores
criticaron este aspecto refiriéndose a la construcción de párrafos, vínculo entre el título y el texto,
cohesión entre párrafos, aspectos retóricos como
la ausencia de una conclusión o resolución, e
inconsistencias lógicas en las ideas expuestas:
"¿qué tiene que ver el tema de tu composición?
El segundo párrafo necesita más explicación,
descripción; checa las oraciones-tema; creo que
entre los párrafos 4 y 5 debe haber un conector;
falta el final del juego: ¿quién ganó?; ¿qué relación tiene el primer párrafo con el resto de tu
ensayo? Por qué, si terminas diciendo que uno
debe tener confianza en sí mismo, tienes que
mentir?" Asimismo, los alumnos sugirieron formas en que podría construirse mejor la introducción a la conclusión del texto.
Introducción. En sus sugerencias sobre cómo
construir una introducción apropiada para el
texto leído, los alumnos identificaron temas centrales, tales como: l,a amistad como juego, l,a importancia de l,a amistad o por qué l,a gent,e no muestra sus
sentimientos. En otro caso, la idea sugerida servía
para preparar el contexto en el que ocurre "el
juego": cómo se asignan tareas de limpieza en el hogar:
Conclusiones. Los lectores demostraron sus
nociones acerca de cómo puede concluirse o
darse resolución a un texto, sugiriendo a los
escritores que se refirieran a la perspectiva
personal del escritor o personaje: cómo se siente, qué piensa o qué razones tiene. En otros
casos, se esperaba un desenlace: quién ganó el
juego, cuál fue el premio. Asimismo, se sugirió
que se subrayara la importancia del juego. En
otro caso, la lectora sugirió a la escritora que
concluyera con una recomendación acerca de
cómo conservar una amistad.
Efectividad. Si bien los alumnos no estaban
familiarizados con este término, debido a que
en la mayoría de sus experienci~s de composición previas habían tenido que enfocarse en
aspectos técnicos o mecánicos de la composición; en muchos casos comprendieron que la
efectividad se refiere al grado en que el texto

55

�versas experiencias de los alumnos con la lectura
de textos. Sin embargo, sí fue evidente que la
oportunidad de discutir tareas de composición
en clase (conocida como composición dialógica), tuvo un efecto enriquecedor para muchos
de los textos producidos, para la comprensión
por los lectores de los procesos que esto implica.
Asimismo, tales interacciones tuvieron un efec-

logra el propósito comunicativo que el escritor
buscaba. En algunas de las respuestas de los
lectores se evidencia una respuesta global hacia el texto leído: creo que tu composición fue
muy interesante, me gustó el juego que describes de comer uvas muy rápido; estuvo bien,
directo al punto, me gustó la forma en que lo
manejas; creo que es muy interesante y cierta;
es interesante la forma en que escribes acerca
de tu rebeldía juvenil.

to positivo sobre la motivación de los alumnos
hacia la lectura, al reducirse la distancia entre las
tareas del lector y del escritor, lo cual se espera
que pueda, con ayuda de una pedagogía sensible a las respuestas de los lectores, transferirse a
la lectura de textos más complejos y menos cercanos culturalmente y, finalmente, contribuir a
la adquisición de una segunda lengua.

Conclusiones

La diversidad de respuestas expresadas por los
alumnos/lectores evidencia la naturaleza compleja y personal de la interacción entre lectores,
textos y escritores. Esta complejidadjustifica una
pedagogía que promueva tales interacciones de
una forma abierta, exenta de las restricciones que
representa la enseñanza de la composición en
términos de modelos y fórmulas.
Las respuestas observadas variaron en términos de su calidad, posiblemente debido a las di-

istoria
matria
Durango, Catorce, Mapimí, Zacatecas, Mazatlán
y puntos intermedios, hacía frecuentes viajes a
Matamoros para surtirse de mercancía y para
sacar oro y plata del país,3 instalaba puesto en
las ferias, sobre todo en las de Saltillo y Lagos,
y vendía al por menor vasijas, vajillas, cera, cigarros y ropa en su almacén de Monterrey.
La frase que titula este artículo es la misma
con que Francisco Ortigosa califica a los casimires que le pide a su hermano. No sabemos exactamente cuáles colores eran por entonces considerados como alegres, pero, si la situación es tal
como ahora, Francisco se refería a tonos de celeste, de azul, de paja, de amarillo, porque sospechamos que para un hombre, rojo, verde y
naranja estaban vedados, o al menos no se usaban para el casimir de pantalones y chaqueta,
o levita, porque, además de aplicar el sentido
común, no hemos encontrado referencia alguna a prendas para caballeros con esos colores,
exceptuando el jorongo y algún borde de pañuelo. Durante los primeros años de la década
de 1860 los hombres norestenses de posición
social superior, o media, vestían con pantalón,
chaqueta y chaleco de casimir, o paño, aunque
el chaleco podía ser también de cotonía,4 sobre
todo si era blanco y estaba labrado en cordoncillo. 5 Los colores más usados eran el negro para la
levita -no hemos encontrado anotación alguna que la describa de otro color-:-y tonos conservadores para el resto, o bien rayados y "mil
rayas", aunque también el blanco era empleado, y mucho, porque aparecen no sólo camisas
y chaquetas de ese color, sino también sombre-

Bibliografía

Scott Foresman, Literature and Integrated Studies:
Forms of Literature, Glenview, 1997.
Carson,J. G., e l. Leki, Readingin the Composition
Classroom, Heinle &amp; Heinle, Boston, 1993.

Buenos y bonitos
y que sean alegres
Vanidad y vestimenta en Monterrey,
entre 1850 y 1870
Ricardo Elizondo Elizondo
EN ABRIL 8 DE 1862 FRANc1sco LE ESCRIBE A su PRImo León, un comerciante residente en Monterrey que recibía mucha mercancía por Matamoros: " [... ] te encargo (del proveedor que tienes en París) dos cortes de casimir buenos y
bonitos y que sean alegres, pues ya sabes que
yo cuanto más viejo más presumido. No se te
olvide la zamarra y el reloj, pues para éste tengo un bejuco que me cuesta 60 pesos. También
te encargo una cartera, pero ten cuidado que
venga todo bien arreglado porque los comitos
(sic) apestan feo". 1 Francisco había sido de
todo: comerciante en pequeño, comerciante
viajero, gambusino, administrador de minas e
inversionista en variados negocios, al parecer
no se casó y al escribir la carta citada arriba rondaría por los cincuenta años. 2 León, por su parte, comerciaba desde Monterrey con Saltillo,

56

57

�de la masonería o por ser propio de albañiles,
al fin y al cabo el humor burlesco de la población no andaba lejos. Para abrigarse, además
de la levita tenían jorongos, de los que existían
"hechizos" y comprados, los primeros eran los
tramados en casa y los segundos los manufacturados por taller o artesano; los hechizos eran
muy apreciados. Entre losjorongos comprados,
por los precios asentados distinguían algunas
variedades más finas que otras: los más caros
eran los jorongos "salineros", que suponemos
hechos en algún punto del largo Valle de las
Salinas, que ocupa no menos de cien kilómetros, atravesando Nuevo León de oriente a occidente, al norte de Monterrey, y que iba desde
la Villa de Marín hasta la Villa de San Francisco de Cañas, hoy Mina. Además de los salineros
había jorongos "saltilleros" y "sanluiseños", y
cualquiera de ellos podía ser de colores sólidos
-negro, marrón, café, cenizo--, con diseño veteado o con franja en las orillas. Si
tomamos en cuenta que eljorongo aparece en nueve de cada diez inventarios masculinos, podemos
concluir que
era una
prenda
muy útil y
popular,
porque
aun los caballeros
que tenían levita en su
guardarropa tenían también uno o varios jorongos, para 1866 empieza a
mencionarse la capa y,
por lo que dice la correspon-

ros y los chalecos ya mencionados, amén de que
la población masculina en general, fuera de la
clase acomodada, vestiría mayormente de blanco, porque la indiana, "ymperial" y manta, tradicionalmente manufacturados como géneros
blancos y que mucho se vendían, servirían para
la ropa de los campesinos, artesanos, arrieros,
dependientes y sirvientes. 6 El hombre urbanizado, o con costumbres de ciudad, aunque viviese en terrenos rústicos o en poblados pequeños, tal como Francisco, usaba ropa de casimir
acompañada de una camisa de "bretaña" o de
"royal", y unos canzoncillos,7 que solían ser de
lino o imperial y, como la mayoría eran jinetes,
los exigían muy bien acabados,ª si no los regresaban: "(Te envío) lino grueso para que me hagan calzoncillos, pues los que me hicieron tienen mal género y no me gustan, hay le servirán
a Aristeo".9
Calzaban zapatos de gamuza o vaquetilla,
que se mandaban a hacer, 10 y no hemos
encontrado referencia alguna
a calcetines o medias de
hombre. También usaban sombreros de
fieltro o de paja,
estos últimos
blancos, y paraguas, de los
que hemos
encontrado
varios. Los
pañuelos
eran importantes, de varios tamaños, colores y
telas, uno de
ellos de nombre interesante,
porque se le llamaba "pañuelo masón",
ignoramos si por tener alguna asociación con los ritos

58

das de seda o de algodón, de muchos colores
-siempre se mencionan el color, dando la impresión que determinado color, como el rojo,
era más caro--; pañuelos de tamaños varios,
apareciendo entre ellos frecuentemente uno
descrito como "de orilla morada", no sabemos
si su popularidad se debía a la moda, a su accesibilidad monetaria o a que tenía un significado especial; usaban también "pañuelón", casi
siempre con el agregado "tejido de lana". Por
abajo del túnico usaban enaguas, todas blancas y, más abajo, pegados a las carnes, "calzoncillos "15 o "calzoncillos de señora"; no hemos
encontrado prenda para la parte superior del
tórax. Por encima del túnico podían usar el
rebozo, ya mencionado antes, un tápalo, que
los había de variados tipos, colores y materiales, hechizos y de fábrica, o un saco de lana.
Tampoco hemos encontrado referencia a sombreros de mujer, excepto una "pamela de punto", sin embargo, seguramente usaban velos y
mantillas, porque, aunque no aparecen registrados directamente, existe registro de telas de
malla, de tul y de seda, que mayormente se usan
para eso, además de que tales prendas femeninas eran obligatorias en el rito católico. Usaban paraguas y sombrillas, guantes y mitones, y
bolsitas tejidas, o "de labor", de variados tipos y
finuras, lo que se deduce de la diferencia en
precio con que eran registradas. Solía adornarse con cintas, listones, botones de concha y carey, hebillas y flores de tela. Como joyas tenían
medallas, medallones, cadenas, hilos de oro con
cuentas, zarcillos con "mamón o sin mamón",
soguillas de oro, tumbagas, anillos finos con
pedrerías, incluso de brillantes, como el que le
obsequia el coronel Fernández a su hija primogénita Lupe, 16 y anillos corrientes, que no sabemos exactamente de que metal serían pero
sospechamos que de plata, por el precio. No
hay que olvidar que estamos estamos revisando solamente el guardarropa de las décadas de
1850 y 1860, porque años posteri~res aparecen
otras formas, materiales y modas para adultos

dencia, fue traída en la ciudad de México y la
hicieron repetir a los sastres, pero sólo era usada por los jóvenes y por los que pasaban por
adelantados. 11 Los hombres usaban también botones de camisa, mancuernillas y fistoles independientes a la prenda: los botones podían ser
de palo, de hueso, de concha12 o de marfil, o
bien de metales ordinarios, plata u oro; en
mancuernillas sólo hemos encontrado de plata y oro, igual que los fistoles, pero eso no impide que las hubiera en otros materiales, ya que,
si existían de lujo, bien podía haber de otros
materiales, para el diario. Aparte de estos adornos, los hombres usaban cadena de oro o plata, tumbagas13 y reloj -a la cadena le llamaban
"bejuco"- y, en ocasiones, una tira bordada o
una cinta de plata galoneando el sombrero. Indistintamente podían portar daga, machete de
puño de plata, pistolas o revólveres de varios
tipos y acabados, "baleros", cartucheras, funda
y, eventualmente, podían traer bastón con estilete y/ o sable. 14 Los documentos citan "lanzas",
pero siempre aparecen o arrumbadas en la fincas rurales o inventariadas junto a un conjunto
de bienes inservibles, lo que nos da la impresión de que eran objetos ya superados, residuos
de otros tiempos, herencias de abuelos y bisabuelos.
Las mujeres, aunque es más riesgo definir
su vestuario, sabemos que todas tenían "túnicos" de cuantos colores y telas podían y, por la
valuación de cada uno, los había desde muy finos y lujosos hasta los más ordinarios. Para el
periodo mencionado no aparece otro tipo de
prenda totalizadora como no sea el túnico, por
eso creemos que con túnico definían cualquier
vestido de mujer completo, es decir, con falda
y blusa unidos. Había también "camisas de señora" de telas diversas; ruedos, también de varias telas, que siempre se registran como prenda aparte; rebozos de cualquier color, y de seda,
algodón o lana, tanto locales como de SanJuan
o Santa María; medias de seda o de hilo; zapatos de ante y botines de piel o tafilete; masca-

59

�de ambos sexos -sobre lo que no hemos encontrado referencia específica alguna es sobre
la manera de vestir a los niños y niñas, ni entonces ni después, salvo vagos asientos como
"vestidito de niña" o "ropa de niño".
Para guardar la ropa usaban mayormente de
baúles y castañas, habiendo pocos roperos, porque de entre 217 registros referentes a objetos
para guardar ropa sólo dos son roperos, el resto baúles, castañas o simples cajas. Los baúles,
castañas y cajas tenían su propia cultura; los
había de calidades distintas con precios también muy distintos. Para los señores podían ser
de colores negro, café, o forrados de baqueta,
para las señoras de colores como amarillo, verde o rojo, forrados de piel o bien de tela. Los
baúles y castañas valían más si traían su propio
banco y su propia llave. Los blancos eran mejores si tenían cajón, y los baúles y castañas con
divisiones internas igualmente eran más apreciados. El forro podía ser de pergamino, o de
baqueta, como ya dijimos, pero no sólo al natural, sino colorida: roja, negra, amarilla, colorada. Había baúles cortos y grandes baúles, también castañas y cajas, aunque estas útimas nunca valieron tanto como sus primos. Baúles y
castañas siempre se mencionan como parte del
moblaje de una recámara, o específicamente
se explica que son "para ropa de uso ordinario". Especialmente valorados eran los llamados "baúles mexicanos", suponemos, ya que los
mencionan de varios colores, que se refieren a
los baúles de laca o maderas de olor provenientes del Bajío o de Michoacán. No sabemos exactamente en base a qué hacían la diferenciación
entre baúl y castaña, 17 quizá era por la forma
de la tapa, o por la forma misma del objeto, de
lo que sí estamos seguros es que no era por el
tamaño. Una caja era, comparado su precio con
el de un baúl, un mueble ordinario, más basto.
Especial cuidado ponían en los baúles de viaje,
que eran sumamente fuertes, pero además podían desarmarse y quedar en un hato de tablas.
En noviembre de 1861, Ignacia Palomera, cuyo

marido vivía en Monterrey, le escribe a una
amiga contándole de su salida para Durango,
entre otras frases le dice: "para llevar menos
bromas hoy despachamos el mundo con un
carrero". 18 El tal "mundo" mencionado por
doña Ignacia era uno de esos baúles especializados para el transporte; recibían el nombre
de mundo -lo que no deja de tener su poesía-, porque todo les cabía, se desdoblaban y
se abrían en infinitas cajas y cajoncitos, percheros, correas y sostenes.
Parte de la apariencia, como la vestimenta,
eran el aseo personal y el de las prendas. Para
el aseo personal, por lo barata y fácil de conseguir, seguramente usaban de agua "cuarteada",
que no es otra cosa que agua puesta a tibiar al
sol; decimos seguramente porque usar agua
cuarteada para bañarse es una costumbre aún
ahora observada en los pueblos del noreste.
Sabemos que poseían grandes pailas de fierro
y de "hojalata", muy a propósito para el baño
del cuerpo, también lavamanos de fierro, de
cobre y de loza, jofainas, jarras, cepillos y jabón. Este último era un artículo estimado, se
valuaba en los inventarios en cuartos de arroba, en media arroba, por caja, por pastillas;
aunque ese jabón ha de haber sido uno de elaboración especial, porque de hecho Monterrey
produjo siempre suficiente jabón grueso, de
grasa animal. 19 Para secarse usaban toallas de
alemanisco y de lino y, por los anuncios de las
boticas, tenían a la mano las aguas floridas, colonias y perfumes normales en la ciudad de
México o en el extranjero. 2º·21 Para el aseo de
la ropa sabemos que además de hacerse en casa,
podían contratar lavanderas, y que para la presentación final usaban almidón y planchas, las
cuales, por la numeración que marcan, indican que había alguna especialidad -el almidón es un producto que siempre encontramos
en los inventarios de los comerciantes al mayoreo o menudeo.
Otra forma de vestir el cuerpo eran la montura y los carruajes. En tierra de ganados yjine-

60

tes, como era el noreste, era lógico encontrar
variado tipo de monturas, desde las sencillas,
que sólo marcan como "silla de montar", hasta
las opulentas -pero no por eso menos populares- mencionadas como "calzadas de plata",
"aviadas con gualdrapa", "tercios con cubierta", "silla fina" y otros juegos de montura. Todos los arreos incluían reatas, las más caras eran
las de crin, luego las de cuero, o chavindas,22 y
por último las de ixtle, al que siempre apuntan
como "istle". En carros y coches había una buena oferta. El año de 1863 aparece un desplegado en el Boletín Oficial que anuncia que se
venden "ocho carros con ejes de fierro y de muy
poco uso", poco después aparece otro anuncio
que indica que había una fábrica de coches
donde se podían adquirir: "unas carretelas de
lujo recién concluidas de construcción sólida y
por el estilo más moderno, unas ambulancias
de muchas comodidades para caminantes, varios artículos de ferreteóa y unos pertenecientes al ramo de carrocería como hules, charoles, pinturas, barniz y extenso surtido de maderas extranjeras y del país, como camas, rayos,
vigas, tablas, etc.". A los pocos meses otro más:
"Se venden tres carruajes: dos ambulancias y
uno de abanico, fino y nuevo". 23
Las dos décadas que demarcamos se perciben, con respecto a la vestimenta, como una
transición entre un medio silvestre y consciente de su lejanía y relativo aislamiento, y la poco
a poco cada vez más persistente sensación de
que se pertenecía ya a un mundo diferente, a
una nación "adelantada" y a un momento más
civilizado y cómodo. Al respecto, durante los
cincuenta y sesenta aún se mencionan prendas
coloniales y de tierra de "chichimecas", como
la chivarra, que es un calzón de cuero con pelo,
de cabra, y que se usaba sobre calzones de lienzo; también se mencionan los mocasines o zapatillas de hechura indígena, los ponchos y los
jorongos, al lado de botas, conjuntos de casimir, capas y tápalos de "gro" y de "brillantina",
tal y como se usaban en Europa o la ciudad de

México, puesto que de allá venían los modelos
que aquí se copiaban. Mucho nos interesa saber sobre la mano de obra que hacía posible el
vestuario, sabemos que había tejedoras de telar con cierta fama, incluso una de ellas, llamada Agustina del Bosque, fue contratada para
comandar a otras obreras para trabajar en la
Fábrica El Porvenir,24 y sabemos también que
la máquina de coser aparece ya en la década
del setenta como parte de un juicio por intestado,25 lo que significa que estaba en la región
desde tiempo antes. Pero pocas referencias
hemos encontrado sobre costureras, que sabemos trabajaban a domicilio y contratadas por
días o por semanas, y sólo de pasada se menciona a un sastre,26 que ha de haber sido buen
"oficial", porque se le encargan un "frac tablón"
y una "argelina" -que por el contexto imaginamos que se trata una capa para montar a caballo-y el cliente quedó muy satisfecho. Hay
mucha venta de telas, de lo más variadas, lo que

61

�implica manos para trabajarlas y cuerpos para
lucirlas, manos y cuerpos con vida privada, por
supuesto.

drill de lino: El dril es una tela fuerte, de algo-

dón, si aclaran que de lino, será porque es un
tejido igual de fuerte pero hilado con lino.
gro, que en francés se dice gros: Tela de seda
sin brillo y de más cuerpo que el tafetán. Se
usaba en vestuario femenino.
imperial: Tela que de seguro es de algodón,
porque se usa para sábanas. También en algunas prendas como camisas y ropa interior. (No
la registra Moliner.)
indiana: Tela de lino o algodón, o mezcla de
uno y otro, pintada por un solo lado. Era tela
popular.
indiana angosta: Alguna variación de la "indiana" común. Ver "indiana".
lomillo: Tela bordada a "punto de cruz", o a
puntadas cruzadas.
madapolá: Es el madapolán inglés, tela de algodón, especie de percal blanco y de buena
calidad -su nombre proviene del lugar de la
India que lo fabricaba: Madapolam (DRAE).
manta: El Diccionario de la Academia Española dice "tela ordinaria de algodón que se fabrica y usa en Méjico".
mezclilla: El Diccionario de la Academia Española dice que la "mezclilla", viene de "mezcla",
que es un tejido de hilos de diferentes clases y
colores, así que mezclilla es un tejido hecho
como la mezcla pero de menos cuerpo. Tal explicación no es la justa para México, donde la
mezclilla es una de las telas más resistentes y de
más cuerpo que se hacían, ya que las prendas
de uso fuerte se confeccionaban con ella.
muselina: Tela de algodón con mezcla de seda,
a veces lana; debe ser fina y poco tupida.
royal: No encontramos el término, probablemente era un localismo referido a una marca.
tarman: (Aún no encontramos a qué tejido hacía referencia).
tolonada francesa: Tela que seguramente tenía
su origen en la ciudad de Tolón, en Francia.
(Aún no sabemos a qué tejido exactamente
hacía referencia.)

Brevísimo glosario con nombres y explicación
de algunas telas mencionadas en los
documentos del noreste entre 1850 y 1870
alemanisco: Aplícase a cierto género de tela la-

brado al estilo de Alemania, donde tuvo su origen. Se usa de preferencia para mantelería y
toallas.
brillantina: Quizás un apelativo para alguna tela
brillante, tipo raso, o seda, aunque no tan fina.
Se usaba para sobrecamas. (No la registra María
Moliner.)
brin: Tela de lino basta que se empleaba para
forros y para pintar sobre ella. Lona muy delgada.
bretaña: Lienzo fino de algodón fabricado originalmente en Bretaña e imitado luego en otras
partes con iguales características.
carrandan: (Aún no encontramos a qué tela
hace referencia).
carrandan masón: (Aún no encontramos a qué
tela hace referencia).
carrandan lacre: (Aún no encontramos a qué
tela hace referencia).
casimir: Fuera de México la palabra remite a
otra tela de lana, más gruesa. Incluso el Diccionario de la Academia Española lo define como
"cachemir", el cual es de tejido más espeso.
cotín: Probablemente "cotonía" o "cotonada",
ambas telas fuertes, a veces formando cordoncillo; la primera generalmente blanca, la segunda con flores en relieve, o con fondo listado y
flores (según María Moliner).
cotinada: Seguramente es tela de algodón, pero
no sabemos qué característica la definiría como
"cotinada". El Diccionario de la Academia Española ofrece solamente la raíz: "cotín, cutí,
tejido de algodón".
cotinacla azul: Ver "cotinada".

62

Notas:

ordenó que algunos sobrantes de la misma fueran
convertidos en anillos para que mediante su venta
entre los fieles se obtuvieran los fondos faltantes.
Los anillos de tumbaga -llamados simplementes
"tumbagas"- gozaron de enorme prestigio en el
noreste de México.
14
Encontramos el registro de "2 caretas de alambre
fino y cuatro floretes, con puños de madera corriente", como parte del inventario de una tienda, lo que
indica que algunos practicaban la esgrima y otros,
quizás, aún recordaban el uso de la espada. AGENL,
Juicios por intestados, Documento 903/105.
15
Algo nos dice que los "peritos valuadores" al registrar estas prendas como "calzoncillitos", lo hicieron con un cierto regusto, un como regodeo palatino, no lejano al placer fetichista, o al menos evocador -muy normal, si al caso vamos.
16
ITESM. Correspondencia Fernández, carta 17/3/
1861.
17
La palabra castaña, usada en referencia a una caja o
baúl, es un regionalismo norestense. Consultar Ricardo Elizondo Elizondo, Lexicón del n&lt;rreste de México, Fondo de Cultura Económica, México, 1996.
18
ITESM. Correspondencia Ortigosa, carta 7/ 11/
1861.
19
Isidro Vizcaya Canales, La industrialización de Monterrey, ITESM, Monterrey, 1969.
20
La Botica del León, una de las más afamadas y prestigiosas de Monterrey en la década de 1860, anunciaba en el periódico que recibía mercancía de Londres, París, Nueva York y del "estrangero". Un dato
interesante es que por las listas de artículos publicadas sabemos que por entonces ya había en la región aficionados a la fotografía, porque los desplegados anuncian al final: "glicerina y otras substancias químicas y fotográficas".
21
La casa comercial de Valentín Rivero sostenía
corespondencia con laboratorios alemanes, ingleses y norteamericanos, e importaba gran cantidad
de productos que colocaba luego en Monterrey y
en toda la región. ITESM, Correspondencia Rivero.
22
El nombre de "chavinda" proviene de la población
michoacana de igual nombre, cuyas reatas y cuerdas eran consideradas de óptima calidad (R,
elizondo E., Lexicón del noreste de México, FCE. , México, 1996). La palabra mecate es un aztequismo,
viene de mecatl, tira larga y angosta hecha de fibra
vegetal (Francisco Santamaría, Diccionario de mexicanismos, Porrúa, México, 1978).
23
AGENL, Periódico Ofiaal:. 2/9/1863, 2/9/1863, 19/
2/1864.
24
ITESM, Correspondencia Rivero, Carta 27/9/1876.
25
AGENL, Juicios por intestados, Documento 902/
82.
26
ITESM, Correspondencia Fernández, cartas del 12,
23 y 31 de diciembre de 1866.

1

ITESM, Correspondencia Ortigosa, carta 8/4/1862.
[Las correspondencias personales de Jesús Fernández, León Ortigosa y Valentín Rivero, usadas como
fuentes para este artículo, se encuentran en la Biblioteca Miguel de Cervantes del Tecnológico de
Monterrey, abreviado ITESM.]
2
ITESM, Correspondencia Ortigosa.
3
Para muestra del último aserto, ver ITESM, Correspondencia Ortigosa, carta 13/06/ 1862.
4
Al final de este artículo hemos incluido un cortísimo
glosario con el nombre y explicación de cada tela
mencionada por los documentos.
5
Todos los datos concernientes al vestuario, artículos de baño y aseo,joyas y demás objetos que aparecen en este relato, proceden del Archivo General
del Estado de Nuevo León, AGENL, Juicios por
intestados, documentos números 899/28, 899/30,
900/41 y900/50, que corresponden al periodo que
va de 1855 a 1868.
6
Ver en Polvo de aquellos lodos (Ricardo Elizondo
Elizondo, Tecnológico de Monterrey, 1998), las fotos donde aparece el pueblo regiomontano reunido, que son varias.
7
ITESM, Correspondencia Fernández, carta 5/10/
1866.
8
ITESM, Correspondencia Fernández, carta 19/06/
1870.
9
ITESM, Correspondencia Fernández, carta 12/ 06/
1870.
10
ITESM, Correspondencia Fernández, carta 8/05/
1865.
11
ITESM, Correspondencia Fernández, carta 23/12/
1866.
12
En Higueras, población localizada al noreste del
estado de Nuevo León, distante de Monterrey poco
menos de un ciento de kilómetros, hasta hace pocos años aún se encontraban las ruinas de una "fábrica de botones". En el patio de un caserón situado en los límites del pueblo, desparramados como
escombros, había una enorme cantidad de restos
de conchas, con otro tanto de botones fallidos, quebrados o imperfectos, de varios tamaños. Seguramente la concha la traían de las playas cercanas a
Matamoros, la mano de obra la proporcionaba el
poblado, mientras los compradores y distribuidores del producto estaban en Monterrey. Por la cantidad de restos, el negocio fue provechoso por muchos años.
13
Una tumbaga era un anillo de piedra alguna, hecho
sólo de metal; tumbaga era el nombre de una aleación de bronce, plata y oro que durante la época
colonial venía de Asia. El nombre de tumbaga,
como sinónimo de argolla o anillo, procede de dicha época, cuando, para sufragar el costo de la reja
de la Catedral de México, forjada en ese metal, se

63

�'
ine,
televisión
y otros
espeJlSffiOS

dades; cómo pudo haber reaccionado un
indígena fiel a sus creencias y tradiciones a la
serie de pérdidas que trajo consigo la conquista, y cómo su proceso de resistencia cultural
afecta a quienes le rodean ... "
En lo primero y en lo último Carrasco no
ahonda, afortunadamente, pero sí en lo de
"cómo pudo haber reaccionado un indígena".
Éste es el gran acierto de Carrasco y lo desarrolla bien. Nos guste o no Topiltzin, estemos o
no de acuerdo con el personaje, Topiltzin es
veraz. Y es veraz desde el principio de la película, desde esa primera, magnífica secuencia, verdaderamente poética, en la que en unos cuantos planos cerrados sobre ruinas de uno de los
templos aztecas, en las que hay algunos cadáveres entre agua, lodo y sangre bajo una fuerte
lluvia cuyo sonido es lo único que escuchamos.
Carrasco logra transmitirnos una imagen (y una
emoción) de la tragedia que para los aztecas
fue la caída de Tenochtitlan.
Luego viene la presentación de Topiltzin: es
un indio culto (es tlacuilo, pintor de códices),
y después sabemos que tiene sangre noble, pues
es hijo natural del emperador Moctezuma, todo
lo cual hace verosímil su conducta. Y esto también nos lo da Carrasco con una extraordinaria economía de medios y en términos de puro
cine: un gran primer plano en el que vemos a
Topiltzin pintar los sucesos en un códice. Pocas veces se ha logrado decir tanto en el cine
mexicano con tan poco celuloide.

La otra conquista
José Carlos Méndez
LA OTRA CONQUISTA (1998), DE SALVADOR CARRA.seo
( 1967), es una muy buena película mexicana y
por momentos una gran película, con grandes
logros, como la manera en que resolvió plásticamente el problema de la "escenografia" y,
sobre todo, la integración de música e imagen.
Hay algunas fallas, pero son de esas que se
superan con oficio, y, en lo que se refiere al
tema de esta película, con mayor conocimiento histórico y con madurez cultural. Pero vamos por partes. La otra conquista ocurre entre
1521 (la caída de Tenochtitlan) y 1531 (año de
las apariciones de la Virgen de Guadalupe), y
muestra la resistencia de Topiltzin (hijo natural
del emperador Moctezuma) a convertirse a otra
cultura y a otra religión, proceso que culmina
en una forma de sincretismo: la de TonantzinGuadalupe. El tema no es nuevo en México, ni
tan simple como lo plantea La otra conquista; lo
que sí es nuevo es la forma de plantearlo en
cine. Para Carrasco, la cuestión central es que
"hemos tratado de imaginarnos cómo pudo
haber sido este periodo tan fascinante de nuestra historia, lleno de complejidades y ambigüe-

Los medios y las soluciones

Como es sabido, a diferencia de otras artes, el
cine requiere dinero, a veces mucho, paramostrar lo que en una novela, por ejemplo, se describe y se deja el verlo a la imaginación del lector. Carrasco no tenía esos medios; así que no

64

pudiendo filmar la batalla de la caída de
Tenochtitlan nos dio su esencia (desde el punto de vista de los indios) abstrayéndola poéticamente. Y así el resto.
Con muy pocos (pero muy buenos) actores,
Carrasco filma pianos muy cerrados, pero
abriéndolos en algún momento al paisaje, con
lo que logra darles profundidad de campo y
airearlos, eliminando opresividad al tiempo que
les da naturalidad.
En la medida en que decidió el guión por el
camino de la individualización en la persona
de Topiltzin, y en que lo coloca en cautiverio
monacal, la mayor parte de la película sucede
en interiores, para los cuales eligió algunos de
los más hermosos conventos coloniales, cuya
belleza aprovecha y nos transmite no como un
esteticismo artificial, como un decorado, sino
como un personaje más integrado a la historia
que nos cuenta y al estilo con que nos la cuenta (el no haber caído en la trampa de mostrarnos con regodeo las hermosísimas fachadas de
esos conventos es una muestra del talento de
Carrasco) .

deriva del efecto multiplicador del sonido y la
imagen combinadas". En La otra conquista,
Carrasco lo entendió -o lo intuyó; y además
consiguió con ello otra metáfora (que por lo demás es real y uno de los hechos más importantes
en el proceso de evangelización en México): el
expresar el mundo emocional indígena con
música prehispánica y el mundo hispano-católico con música de cámara (gran música, y ambas
compuestas originalmente para la película), y
culminar la película, ya sobre los créditos finales,
con una hermosísima (musicalmente) aria, cantada por Plácido Domingo, que integra culturalmente ambos mundos.
Ciertamente, Carrasco se permitió varias licencias poéticas (sobre el sincretismo, sobre las
formas de evangelización, sobre la religión azteca ... ), pero el guión que armó y la forma en
que lo filmó las legitiman.
Por lo demás, Carrasco no pretende darnos
la visión de ese proceso histórico, sino, como
lo ha dicho, una versión de cómo pudo haberlo
vivido un indígena de las características de
Topiltzin.
La historia y los temas (el sincretismo, la
evangelización, el mestizaje ... ) siguen ahí y a
la espera de que se les siga llevando al cine.
Carrasco mostró una forma de hacerlo y lo hizo
muy bien.

Música e imagen
Para Akira Kurosawa, uno de los pocos verdaderos poetas del cine, "la energía cinematográfica

o
CINE Y MÚSICA TE ESPERAN
La Biblioteca Magna Universitaria "Raúl Rangel Frías", con el afán de brindar un
mejor servicio a todos los usuarios, pone a su disposición la nueva Sala Audiovisual,
que cuenta con los siguientes servicios:
•
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•

Ciclos de cine alemán y francés
Servicios de video en cubículo
Servicio de audio en cubículo
Lectura de CD ROM
Sala de lectura formal e informal

•
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•

Servicio de equipo para diapositivas
Renta de sala de proyección
Consulta de colecciones históricas
en microfilm e impresión.
• Proyección de documentales

ABIERTO PARA TODO PÚBLICO, DE LUNES A VIERNES DE

65

8:00 A 17:00 HORAS.

�ibros
cia de los países desarrollados en las realidades
nacionales.
La parte central del libro aborda el papel
de la democracia, como el instrumento de legitimidad y estabilidad política, el desencanto
de la población por los procedimientos democráticos oscurecidos por la corrupción, la inseguridad y la violencia, así como por la permanencia y la profundización de la pobreza en las
últimas décadas.
La institucionalización progresiva de los procedimientos democráticos en los países latinoamericanos no ha dado los resultados previstos
por los gobiernos y los grupos políticos, en la
medida en que no han estado acompañados
de políticas de empleo y redistribución de los
recursos que mejoren las condiciones de vida
de la mayor parte de las poblaciones.
Es por esta razón que uno de los grandes
desafios consiste en erradicar la pobreza, en sus
distintos niveles.]. Stevens propone las siguientes medidas para erradicar a la pobreza, allí
donde se encuentra:
1. Estímulo a gran escala de una política de
crecimiento sobre la base del uso intensivo de
mano de obra.
2. Aumento de la inversión en capital humano e instituciones de ayuda social.
3. Creación de mayores redes de seguridad
focalizadas. Cohesión social y solidaridad mutua.
Con una política que incluya estas medidas
se puede generar más empleo y reforzar las tareas de redistribución de los ingresos. De ello
depende en gran medida la legitimidad, la con-

Desafíos latinoamericanos
Francisco Ruiz Solís
Willy J. Stevens
Desafíos para la América Latina
Ed. Taurus

México, 1999.

DE ACUERDO A TODO EL CONJUNTO DE INDICADORES

que los economistas y los sociólogos utilizan
para medir el desarrollo de un país, en América Latina, al parecer, se presenta una marcada
acentuación de desequilibrios y deterioros que
ponen en cuestión el futuro del conjunto de
las naciones del continente.
Desafíos para la América Latina es una visión
actualizada, a la vez detallada y general, de un
diplomático europeo informado y preocupado
por los problemas que enfrentan los países latinoamericanos en su diversidad.
La obra inicia con un análisis de la historia
política de cada uno de los países de la región,
que incluye las experiencias de las dictaduras
militares, la presencia de la guerrilla y la influen-

66

fianza y en consecuencia una mayor participación en los procesos electorales regionales.
La obra presenta una evaluación documentada del costo social, político y económico de
la corrupción institucionalizada, de la violencia en todos sus niv'eles y de la degradación de
los recursos naturales, región por región.
La delincuencia común y la organizada constituyen así otro de los problemas tratados que
el autor asocia al mercado de las drogas y a los
sistemas de aplicación de lajusticia, en muchos
casos obsoletos. Si hay algo en común, que comparten muchos países latinoamericanos, además
de una lengua y un continente, es la impunidad,
que ha minado históricamente, las relaciones
entre gobiernos y poblaciones. Violaciones a los
derechos humanos, abuso de autoridad, aplicación injusta del derecho, los delitos administrativos, cometidos por empresarios, militares
y funcionarios públicos, en todos los niveles.
A la falta de una ética de la justicia consistente, que tiene su origen en las condiciones
de vida de la mayoría de la población, se suma
una falta de una cultura de conservación de la
vida natural. Contaminación de las aguas y del
aire, degradación de los suelos y deforestación
de las selvas y los bosques.

El panorama que nos presenta la obra de J.
Stevens es el trazo de un drama, que nos presen ta con la más amplia información objetiva y
actualizada, que pudiera encontrarse junta en
en sólo libro. Quien se acerque a esta lectura
tendrá una de las fuentes más ricas en información sobre el conjunto de los países que
comprende América Latina; su historia política reciente, su problemática, en todos los niveles, y los desafíos que tendrán que enfrentarse
en el fin del milenio. Desafíos para América Latina es una obra imprescindible para todo lector, preocupado o despreocupado, por su presente y su futuro.

Luces que producen
Sombra de pantera
Eduardo Langagne
Miguel Covarrubias
Sombra de pantera
Conarte / UANL / Ediciones Castillo
Monterrey, 1999.

CON SOMBRA DE PANTERA MIGUEL COVARRUBIAS NOS

ofrece un nuevo libro. En él se combinan de
manera ágil y propositiva dos de sus múltiples
pasiones creativas: la poesía y la traducción.
En el caso de este difícil arte (la traducción,
desde luego, no me refiero sólo a la poesía), es
de todos conocida la antigua frase que quiere
convencernos que el traductor es traidor. Con
ese epígrafe diluido en un contexto de ironía y
humor, Miguel Covarrubias ya nos había obsequiado El traidor, donde su fino trabajo de traductor de textos en francés y alemán constata
que el empeño por llevar significados de una
lengua a otra no es nunca traición sino recreación. Con todo el riesgo que esi:.o implica debo
decir que aunque tal vez la traducción no existe, sí existen los traductores, transitan los poderosos riesgos de las aproximaciones y culti-

67

�otras presencias de esta pantera que puede, por
la mano del autor, transmutarse en luz y pasar
del tiempo negro al espacio azul para mostrar
su sombra, que permite sentir el felino movimiento con la emocionante secuencia que el
cinematógrafo nos ha enseñado. El sueño de
la pantera puede entonces representar el clímax de la secuencia. El lector sentirá el paso
acompasado, vigoroso, a un tiempo silencioso
y provocador de la pantera. Y conste que aún
no he dicho que la pantera es una mujer. Po-

van la recreación de los asuntos intraducibles.
Y Covarrubias es uno de ellos: uno de estos abridores de ventanas, guías de las aventuras semánticas, alumbrador de veredas desconocidas.
Sombra de pantera es por lo tanto un libro de
poesía de un poeta, y amparados en la significación original de la palabra poiesis, es, por extensión, un libro de creación donde son convocados un creativo "yo lírico" y un recreativo
''yo transformador", que pone en español poemas originalmente escritos en alemán, en fran-

dría no serlo. No serlo exactamente.
La parte que sigue "Y la pantera cierra sus
ojos de oro", nos ofrece cuatro poemas que afilan sus colmillos y nos permiten envolvernos,
confundirnos poéticamente para la representación creativa de otras panteras, originalmente en otras lenguas, que vendrán a acecharnos
en una paradójica oscuridad que iluminará
nuestra lectura. El poema titulado "Pantera" ya
lo había publicado Miguel en el libro Pandora,
donde consigna la fecha de su escritura: 13 de
diciembre de 1983. No hay ningún cambio en
el poema para la edición que comentamos. Serena factura de un texto. Paciencia y convencimiento. Eso es lo que quería decir el poeta de
la pantera.
De las versiones, aproximaciones, creaciones, recreaciones, que Covarrubias hace de ese
felino políglota, recordamos justamente a la
pantera de Rilke, que ya venía en El traidor. A la
pantera de Bukowski ya la habíamos deseado
en alguna versión anterior: recordamos aquella antología de poesía norteamericana que
hace algunos años circuló entre los amigos. Pero

cés y en inglés.
Para empezar, en la parte que corresponde
al ''yo Covarrubias", el poeta plantea de manera muy original la presencia de este sombreado animal en su equivalencia con los cuatro
elementos primitivos: agua, viento, fuego, tierra. A esa presentación elemental, aunque Covarrubias, aprovechando su fina ironía, quiere
influirnos en la "Noticia" que abre el volumen,
a mí me provoca claridad y no bostezos, siguen

esta pantera de Bukowski y de Miguel Covarrubias, en nuestra percepción actual, es una pantera más joven, más felina, y más amorosamente
agresiva que las otras. Es un recuerdo renovado.
Es una nueva sensación de peligro erótico.
Según la Lexicopedia de la Enciclopedia Hispánica, pantera viene del latín panthera y éste
del griego pánther, de pan, todo, y therión, fiero.
Añade que es un sustantivo femenino y que se

refiere al género de grandes felinos de pelaje
amarillento con manchas circulares negras, al que
pertenecen el leopardo y el jaguar. Creo que en
nuestra percepción en español (y deduzco que
en alemán, francés, inglés), la palabra nos produce la imagen de ún animal oscuro, negro, brillante. La lexicopedia dice además que a menudo se llama pantera sólo a la pantera negra de Java
y Sumatra, considerada por algunos como una
forma oscura de leopardo asiático y por otros
como una especie distinta conocida como pan-

y Alí Chumacero, de Lizalde yJosé María Lugo,
y el expresivo trazo de artistas que la ilustran
como Gerardo Cantú, autor del felino retrato
de Miguel, Guillermo Ceniceros, Benito Estrada, Fernando Flores Sánchez y Saskia Juárez.
Por si fuera poco, la dedicatoria del libro es un
hermoso y memorable dístico y todos estos cuidadosos recursos lo convierten en un libro en-.
vidiable. En mi propio ejemplar añado una
delicia más para jactarme ante ustedes: mi libro está firmado por Miguel Covarrubias.

thera me!,as.
Vuelvo a la primera sección del libro para
decir que, a esas coloridas definiciones que nos
hablan de la pantera, negra por cierto en el
libro de Covarrubias, se suman una serie de frases que nos dibujan a los cuatro felinos elementales, prefiero decir iniciales, que después se
irán multiplicando en este libro inusitado
(como el sulfato de cobre) .
Así, la "Pantera de agua" que es la "pantera de
negrura elástica". Existen también "los tatuajes
donde las panteras azulean", está presente "la
pantera enigmática". En la "Pantera de viento"
aparece "La pantera antes silenciosa", se sabe
que "No hubo otra pantera así" y que existe un
"laberinto destinado única y exclusivamente a
las panteras". La "Pantera de fuego", por su parte, puede producir "La sombra eterna y cruel
de la pantera"; hay en el poema un momento
en el que "una pantera entra en una segunda
pantera". El último elemento, convertido en la
"Pantera de tierra", encierra una pregunta, será
que "[¿] espanta con su único poderío en reposo?" Este catálogo de frases nos ofrece llaves, claves visuales para ese seguimiento cinematográfico que propusimos al principio de
este comentario, y que nos dan una posible lectura de este serio divertimiento realizado por

Los otros poetas griegos
de Cayetano Cantú
Humberto Martínez
Cayetano Cantú
La guerra de las montañas. Anto/,ogía de poetas griegos

delsig/,o XIX
Conaculta / El Tucán de Virginia
México, 1998.

LA

griegos del siglo XIX (Conaculta/ Ediciones de El
Tucán de Virginia, México, 1998), que ha estudiado, seleccionado y traducido Cayetano Cantú, merece una consideración especial. Enamorado de Grecia desde su época de estudiante,
huésped frecuente en el país, el autor es de los
pocos mexicanos que han realizado su vocación
de filohelenista traduciendo a autores griegos
contemporáneos (Cavafis en 1979, primera
edición). Con esta antología nos trae a nuestro
horizonte cultural, y con la enorme disposición
que ello representa, una muestra de los poetas
griegos que no conocíamos en México, los que
vivieron el periodo de la Independencia (de
1814 a 1832, del imperio turco que había conquistado las islas y el continente griego desde
el siglo XIV) y la formación del estado griego
moderno. Con una clara y precisa introducción,
el autor nos sitúa en el espacio histórico; agrega

el poeta.

Sombra de pantera reúne más atractivos todavía: el paisaje de su formato, la vegetación de
su diseño, la soleada presencia de epígrafes maravillosos de Borges y García Lorca; de Cemuda

69
68

GUERRA DE LAS MONTAÑAS. ANTOLOGÍA DE POETAS

�a cada poeta seleccionado un retrato, bien escrito, sin adornos retóricos y excesiva erudición,
de la vida y obra que basta para diferenciarlos y
reconocerlos en este primer acercamiento.
Los neogriegos o neohelenos (recuérdese
que los griegos nunca se llamaron a sí mismos,
en su propio idioma, "griegos"; éste es un término con que los romanos los designaron: graeci.
Hélade fue el nombre colectivo para el conjunto de los helenos), tan alejados en el tiempo,
física y espiritualmente, de esos ancestros que
fueron los padres de la civilización occidental,
no pudieron dejar de retomar y utilizar aquellas
ideas que transmitieron los valores de justicia,
independencia y libertad. Se evocó el pasado y
su espíritu, el tiempo y el espacio antiguo, lo
ideal y lo terrenal, el arte, que a través de monumentos y esculturas todavía existentes. "Estas piedras", dijo el sabio Rizos-Neroulos en la
Primera Conferencia de la Sociedad Arqueológica Griega en 1838, después de la Independencia, "gracias a Fidias, Praxíteles, Agorácrito
y Mirón, son más preciosas que los diamantes
o las ágatas; es a estas piedras a las que debemos nuestro renacimiento político". Estas "piedras" fueron las que atrajeron primero el interés de los europeos modernos, viajeros, pintores, coleccionistas, pero también de quienes
cultivaban las letras y la filosofía antigua. Surge
así el interés por rescatar la patria de nuestros
creadores ideológicos, y que despierta sueños
medievalistas y románticos de guerra santa, de
cruzada cristiana contra el infiel turco-musulmán. La cruz contra la media luna.
Los europeos ayudan a la liberación de Grecia, materialmente, pues se forman sociedades
y comités que reúnen fondos, pero también
personal y voluntariamente para luchar como
el caso de Lord Byron, que morirá en ese suelo
de patria adoptiva y mítica. En Europa, la greceidad, el filohelenismo, se pone de moda y se
difunde en traducciones de textos clásicos, ediciones de relatos de viajes acompañados de dibujos, y en novelas como el Hiperión de Holderlin. Todos coinciden en las apreciaciones de

Winckelman: que el buen gusto había nacido
bajo el cielo de Grecia, que las ideas supremas
de la vida y la cultura humanas habían tomado
cuerpo en la Grecia clásica. Redescubrimiento
de la antigua Hélade, búsqueda del original
perdido. Aunque se pregunta también por la
Grecia actual y si los griegos de ahora podrían
considerarse legítimos descendientes de los
antiguos, la mirada es hacia el pasado, mítico,
ideal, imaginario. Lo delatan hasta las representaciones de dibujantes y pintores. Mucho
importó en una primera instancia el lugar, el
rescate arqueológico de esa tierra también "sagrada" culturalmente, de los monumentos que
la recuerdan, y que expropiarán las potencias
interesadas para conservarlos mejor en los
museos europeos como patrimonio universal.
Para los neogriegos, sin embargo, la guerra
se libraba en casa, con grandes pérdidas, cruel,
sangrienta, y no dejaron de aprovechar el hecho de encontrarse en el suelo mismo de Grecia como propaganda política. En marzo de
1821, Alexandros Ypsilantes, un griego fanariota que, al frente del ejército emancipador, invade los principiados, dice:
Recordemos, bravos y generosos griegos, la libertad de la tierra griega clásica y las batallas
de Maratón y las Termópilas. Combatamos sobre la tumba de nuestros antepasados que, por
damos la libertad, lucharon y murieron. La sangre de nuestros tiranos es cara a las sombras de
Epaminondas el tebano y del ateniense Trasíbulo ... a las de Armodio y Aristogitón ... y, sobre
todo, a las de Milciades, Temístocles, Leónidas
y los trescientos que mataron tantas veces su

número entre los innumerables soldados del
ejército de los bárbaros persas. ¡Ha llegado la
hora de destruir a sus sucesores, más bárbaros
aún, y más detestables!

El gran tópico griego, el de "bárbaro", el
otro, el extranjero, el que no habla la lengua
propia, ayudará a la unidad y a la formación de
la nueva identidad. Ya vendrá el vacío, después,

70

en nuestros tiempos de fin de modernidad, el
"¿qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?"
de Cavafis, quien reconocerá ese servicio indirecto, el hecho de que eran una solución. Como
lo argumentó Edith Hall en Inventing the Barbarian (Oxford, 1989), en un determinado momento de su historia, los griegos inventaron la
categoría de "los bárbaros" y se la aplican a todos los no griegos, a /.os otros, para definirse luego a sí mismos, de rebote, por oposición y contraste. Con el bárbaro persa se inventó también
al heleno; ahora el turco unificará al neogriego.
Es paradójico: sólo quien se descubre a sí mismo busca identidad e independencia del otro
que al mismo tiempo lo definirá. ¿Cómo hubiéramos llegado, nos preguntamos, a ser mexicanos sin el español y el indio, sin una Nueva
España? El otro no sólo es solución. La pluralidad define, somos por contraste. Nadie existe
sin un otro. Hay sólo alternancia de dominio.
La operación de Ypsilantes fracasó, momentáneamente, pues ese mismo mes de marzo, el
día 25, un religioso, como ocurría en México
un poco antes, el metropolitano de Patrás, Germanos, proclamó el alzamiento en el Peloponeso. En 1827 se destruye la flota turca y Turquía reconoce la independencia de Grecia que
la confirmará formalmente en 1832 con el Tratado de Constantinopla. Pero la independencia no es total, muchas islas y todavía parte del
territorio continental tendrán que ser liberados.
Se llega a pensar (Megali Idea; la Gran Idea), utópicamente, en rescatar a la misma Constantinopla, la antigua Bizancio, la ahora Estambul.
La lucha durará todo el siglo y parte del que
ahora dejamos. Sólo la Gran Guerra acabará
con el poder del imperio turco. En Grecia se
sucede la monarquía, la dictadura, golpe de
estado y estado democrático moderno. Para
llegar a esto habría que unificarse, y la mayor
unidad la proporciona la lengua. A pesar de
que los neogriegos se sentían unidos por cierta
comunión en raza y tradición, no tenían una lengua común moderna en la que se pudiese expresar el discurso de la nueva nación y propio

de todos sus habitantes. Existía el fenómeno
de digl.osia, el de una fuerte separación entre la
lengua culta escrita y la multitud de dialectos
del habla popular. Por un lado un idioma culto, clásico, heredero de la coiné antigua, que
transmitía en la escritura los valores de la tradición griega, el llamado cazarévusa, y por otro el
griego hablado, popular, el demotikí.
A los grandes poetas e intelectuales del siglo XIX, representados en esta antología de
Cayetano Cantú, les tocó luchar en dos frentes: el político y el lingüístico, los cuales no
podían disociarse en la constitución de una
nación independiente como estado soberano.
Los poetas y escritores crean este griego moderno que será resultado de una mezcla. Hacia
1880, la generación de Palamás y Psijaris introduce definitivamente la lengua dimotikí en la
literatura y logra la fusión de las dos tradiciones. Dos grupos luchan en tomo a esto: los fanariotas, partidarios del cazarévusa, y el grupo
del Heptáneso, de las siete islas jónicas, partidarios del dimotikí. Con los grandes escritores
del siglo XX, Casansakis, Cavafis, Seferis, Elytes,
se llegará a la unificación de la lengua literaria
escrita y se construirá el modelo de referencia
lingüístico preciso que definirá el griego actual.
La antología de Cayetano Cantú no es sólo
de guerra, queja, pregón o protesta, es de amor,
sentimientos íntimos y humor. La época será
también mezcla de romanticismo y clasicismo.
Hay que agradecerle a este apasionado de Grecia su encomiable dedicación, su paciente y
selectivo trabajo que combina y agrada, que nos
informa y deleita. Seriedad y esmero que da
satisfacción y derecho a la alegría. Porque pensamos que el autor cree, como Cavafis, a quien
aprobaría Nietzsche, y quien nos enseñó que
no todo es luz apolínea en el pasado griego,
que sólo se debe ser serio por conveniencia, en
la obra, y para que la gente lo· tome a uno en
cuenta, pero en el fondo, interiormente, como
los mismos griegos nos enseñaron, reímos y bromeamos mucho.

71

�Nuevo León: el vestigio
concentrado y expandido
de un reino inexistente
Abraham Nuncio
Luis Lauro Garza (coordinador)

Nuevo León, ht,y. Diez. estudios soci,o-políticos
Universidad Autónoma de Nuevo León/ La jornada
México, 1998.
N UEVO LEÓN ES EL VESTIGIO DE UN REINO INEXISTEN-

te (el Nuevo Reino de León) reducido casi a su
capital, Monterrey.
Si Aguascalientes, como se dice, es una capital sin estado, Nuevo León es un estado mediante su capital. Aquí se concentran alrededor del 90 por ciento de las familias y los recursos materiales. A esta concentración corresponde una expansión ya centenaria. Monterrey
mediante, Nuevo León ha desbordado su perímetro y aun las fronteras nacionales.
Ya cubierto por la sombra de la arqueología, el monumento a la Revolución tuvo un día
su significado. Algunos sabrán que su estructura metálica fue fabricada por la Fundidora de
Monterrey a pedido del gobierno de Porfirio
Díaz para construir el Palacio de Justicia mexicano a imitación del Palais de Justice francés.
Los millones de mexicanos que acuden a
Bancomer o a Serfin a depositar o retirar dinero de alguna manera tocan, aunque no lo sepan, una historia que empieza y continúa con
la Cervecería Cuauhtémoc, con la Vidriera
Monterrey (ahora el conglomerado Vitro) , con
Hojalata y Lámina (Hylsa), parte esencial de
los activos del grupo Alfa, con el Tecnológico

cida como Salinas y Rocha, que daría lugar a
Elektra, que daría lugar a TV Azteca, etcétera.
Los n:iedios, a veces a pesar de ellos mismos,
dejan ver ciertas cosas. El periódico Reforma o
la revista Miknio permiten evaluar mejor a sus
matrices: El Norte y El Diario. Para sus dueños,
la crisis de las dos últimas décadas fue -dicho
sea en lenguaje empresarial- oportunidad y
crecimiento.
La XEW. ¿Quién no la ha escuchado en la
Muy Noble y Leal Ciudad de los Palacios, como
era costumbre de sus locutores referirse a la
capital del país? O por lo menos, ¿quién no ha
oído hablar a su madre o a su abuela de las
radionovelas con las que la XEW educó sus sentimiento? Una de las raíces de esta radiodifusora, y por lo tanto una de las raíces de Televisa, está en Nuevo León. El apellido Milmo, el
segundo de Emilio Azcárraga, difunto presidente de la televisora, es un apellido vinculado a
Monterrey. Patricio Milmo, el patriarca de ori-

de Monterrey.
El empresario regiomontano Benjamín Salinas Westrup decía que había que elevar el nivel
de la gente. Entonces, la más pobre -la mayoría- solía dormir en petates. Junto con su cuñado, el profesorJoel Rocha, montó una fábrica de camas de metal. Esa fábrica daría lugar a
la cadena de tiendas de departamentos cono-

72

gen irlandés, fue el principal comerciante de
la región con sede en Monterrey en la segunda
mitad del siglo XIX.
El Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, que nació en 1942 como
respuesta privada~a la reapertura de la universidad pública (la Universidad de Nuevo León
fue fundada en 1933 y clausurada un año después por conflictos políticos), tiene hoy sedes
en las principales ciudades del país y es, de hecho, la única institución de educación superior
que tiene una dimensión nacional.
No omito a Sultanes, Tigres y Rayados. Son
también, con sus altibajos, productos nuevoleoneses.
Pragmática y apegada a las realidades terrenales de la modernidad industrial y financiera,
Monterrey pareciera ajena al mundo de los milagros. No deja esto de ser relativo. Los mexicanos
estamos acostumbrados a ver como parte del paisaje urbano el símbolo del Instituto Mexicano del
Seguro Social: una madre amamantando a su
pequeño al abrigo de las amplias alas del águila,
a su vez unos de los símbolos fundacionales de la
patria mexicana. La escultura fue obra de un
hombre de Nuevo León, el más universal de sus
artistas plásticos: Federico Cantú. A su escultura
se la conoce -vox papu~ como Nuestra Señora del Seguro Social. Con seguridad se le pide
que haga milagros. Habrá que darse prisa, pronto el símbolo, la institución y la esperanza podrían
desaparecer como tantas otras cosas que antes
tuvimos y ya no tenemos más.
Fábricas de vidrio en Estados Unidos o en
Costa Rica, cementeras en España, tubería para
grandes duetos en la mitad del mundo y tecnología para producir acero en la otra mitad.
Nuevo León, con sus exportaciones, forma parte de ese imperio supranacional creado por el
mercado global de mercancías.
Así que Nuevo León, hoy, es un poco el mundo, hoy, y bastante más, México, hoy. Su presencia tiene diversas expresiones y es percibida
también de diferentes manera. Paradójicamen-

te, las realidades específicas que entraña en su
territorio son poco conocidas. De aquí el valor
de trabajos como el que hoy comentamos (una
sobria edición de la Universidad Autónoma de
Nuevo León y La jornada). Los diez estudios sociopolíticos contenidos en el libro coordinado
por el maestro Luis Lauro Garza revelan, en
buena medida, los cambios recientes que ha
registrado Nuevo León: unos por efecto de su
entorno nacional e internacional y otros debidos a su propia dinámica.
Desde su despunte como una entidad industrial a fines del siglo pasado, Nuevo León se
convierte en un imán permanente de migrantes. Vienen generalmente del campo y su incorporación a la ciudad implica hacinamiento, marginación, pobreza -que se acentúa en
época de crisis-, ruptura en la estructura familiar; pero también fenómenos de lucha por
mejores niveles de vida y liberación personal y
colectiva. Esto puede verse en los estudios de
Eduardo López y Manuel Ribeiro sobre el divorcio y el rol de la mujer en la familia; en el de
Alejandra Rangel sobre este mismo tema, donde analiza un liderazgo femenino en torno a la
lucha por la vivienda y cómo el espacio fisico
del que se posesiona el grupo se convierte "en
• el lugar de la práctica social y política (donde)
se introducen sistemas de intercambio y procedimientos de negociación que producen decisiones", y en el de Víctor Zúñiga y Óscar Contreras sobre la pobreza. Su enfoque es original.
Toman en cuenta dos puntos de vista ideológicos, que actúan en el caso de Monterrey: uno,
el contemporáneo, en Estados Unidos, y el otro
correspondiente a la Inglaterra de los siglos
XVIII y principios del XIX. En términos generales, para el norteamericano que no la padece, la pobreza no existe. Ypara los ingleses, simplemente, si existía no debía tomársela en cuenta. En Monterrey, según la ·opinión de los
encuestados, la pobreza no es un problema estructural, sino de talante; par:a la mayoría de
los no pobres, la causa d e quienes lo son es su

73

�dos-nación, como lo ve Esthela Gutiérrez. Hoy
es manifiesto el terreno que van ganando las
ramas productivas sobre las economías naci~
nales. El conflicto en el mercado internacional
ya no se da entre los Estados-nación, sino entre
unas y otras ramas. Este fenómeno ha afectado
a Monterrey. En razón de su historia industrial
y de su infraestructura era una de las regiones
mejor dotadas para enfrentar la competencia
internacional. En 1988, sus principales ramas
industriales resultaron superavitarias. Ocho
años más tarde, sólo las ramas textil, de bebidas, prendas de vestir y minerales no metálicos
se mantuvieron superavitarias. Hay otros datos
preocupantes. Mientras que entre 1988 y 1992
la inversión de las empresas manufactureras
crece significativamente (70% en el ciclo 19881989) , entre 1991 y 1994 sólo llega a crecer
1.5% anual.
Y mientras eso ocurre, en la economía, en
la política, sólo al cabo de veinte años de pr~
cesos electorales, dice Luis Lauro Garza, se superaron la apatía, el rechazo ideológico -por
ciertos sectores de izquierda-y el fraude electorales. La oposición y sus alianzas, sobre todo
a partir de 1985, dieron lugar al primer experimento de alternancia en el poder cuyo resultado fue un bipartidismo estable hasta ahora. La
presencia de la tercera opción -ahora mínimamente representada en el Congreso local
por el PRD y el PT- no ha logrado convertirse
en una corriente con capacidad para competir
con el PRI y el PAN.
El campo, la religión, el tiempo libre y otros
ternas abordados en Nuevo León, hoy conforman, con los estudios que brevemente he c~
mentado, un segmento de la temática de ese
estado inmerso en su capital. El tono del libro,
como cabía esperar, es desigual: la descripción,
la cuantificación, la cautela conviven con análisis críticos donde no sólo se da cuenta de los
fenómenos sino que se intenta enjuiciarlos por
su significado profundo.

pereza, su falta de voluntad para superarse, o
bien por la corrupción del gobierno; desde otra
óptica, la pobreza se debe bien a la falta de
empleos remunerados bien a Estados Unidos.
Pero para la visión cotidiana y muy extendida de la población, Monterrey no es el mundo
del n~trabajo, sino del trabajo, del jale, del aquí
dándole duro, a pesar del calor, que para eso
están las chelas. La realidad de esta visión la
explora María de los Ángeles Pozas. Las modificaciones de la relación laboral en el marco
internacional tienden a acentua lo que se ha
llamado eufónicamente flexibilización del trabajo. En Monterrey, el fenómeno cobra quizá
mayor intensidad por la manera en que los
empleadores han moldado a su fuerza de trabajo a lo largo de más de un siglo. Sólo con
considerar algunos datos se puede dar idea de
cómo se han operado esos cambios. La concentración es en todos sentidos. El 3.3% de los establecimientos industriales posee el 88% de la
inversión y da empleo al 63% de la fuerza de
trabajo en la industria. La organización sindical que han logrado imponer les ha permitido
ajustarse mejor a la economía de mercado regida por la globalización: los sindicatos blancos aglutinan al 69% de los trabajadores que
laboran en el sector manufacturero (alrededor
de 200 mil trabajadores), mientras que los sindicatos vinculados al PRI (la CROC y la CTM)
agrupan sólo al 30% (90 mil trabajadores).
Trabajar más o menos horas, en horarios quebrados, sin las garantías que ofrece el artículo
123 constitucional es un aspecto de la flexibilización; el otro es el salario. Los tradicionales
beneficios materiales y prestaciones a cambio
de libertades sindicales aún no se tocan; tampoco hay indicios de los efectos que produzca
el cambio de salario por ley a salario por nivel
de productividad.
También sujeto, por sus características, al
entorno mundial, Monterrey está más expuesto a las distorsiones que genera la economía
global y que afectan principalmente a los Esta-

74

Una botella en el tiempo
Roberto Maldonado Espejo
Femando J. Elizondo Garza

Historias megicanas
Libros de la Mancuspia
Monterrey, 1998.

UN AMIGO REACCIONÓ OFENDIDO CUANDO VIO EL Tí-

tulo Historias megi,canas [sic]. Sacó un fervor patrio que le desconocía, argumentando el poder pedagógico que tiene lo incorrecto en las
generaciones futuras. Este paternalismo imaginario engendra mundos inocentes. Y es que
el futuro es el argumento de toda pedantería
moral en cuanto lugar donde habitan las consecuencias de nuestro presente ... y de nuestros
miedos. Claro que más allá de esta ofensa que
expresó mi amigo por la falta de la equis y puesto que conozco sus aspiraciones, pude intuir
que la autoridad cívica se justificaba la envidia
de que otro haya hecho texto su palabra, esto es,
palabra definitiva en cuanto escritura. Sin quererlo, el amigo ofendido envidiaba esa posibilidad de conquistar el futuro: las palabras, hechas
texto, ahí quedan. Así pues, leí primero a mi
amigo que al texto. Ni su argumento era hipócrita ni mi interpretación falsa, basta decir que
la equis es el lugar de la incógnita y por esto el
lugar de cualquier cosa que aún peca de ser
desconocida, con definición en el devenir...
Aceptando leer en ese tiempo de la duda llamado futuro, nos obligamos a la pregunta: ¿por
qué y para qué se hacen textos?
Un artefacto viaja al espacio con información de este mundo: la figura de una pareja
humana, saludos en varios idiomas y algunas
·otras cosas que los científicos consideraron útiles para que, de haberlas, otras inteligencias,
cósmicas ellas, sepan de nosotros. No se pretende respuesta pero la esperanza es lo último
que muere. Ésta fue la última versión de un
mensaje dentro de una botella lanzada al mar
de las soledades siderales. Si los avances técni-

IDSTORIAS MEOICANAS
Fernando J. Elizondo Gana

LIBJI08DILA~

cos son maravillosos con respecto a Robinson,
el objeto es el mismo: ser salvados. Y no para
que se nos saque de una isla, sino para que otro,
otros, sepan y atestigüen de las vicisitudes de
nuestro viaje en el tiempo. De Fernando ya sabía, de sus textos no.
Conocedor de los lenguajes sintéticos, el ingeniero Elizondo se instala en ese sueño de ab~
lir la ambigüedad, él sabe algo de ese ruido en el
medio que provoca no menos ruidos en las
ecuaciones de una comunicación cada vez más
simple en el esquema pero cada vez más compleja a la hora de hacer guiños, pucheros y berrinches. Quiere ver las consecuencias en un futuro
del texto que nosotros leemos en presente.
Historias megi,canas abre con un escrito que
puede ser una pequeña obra de teatro con ac~
taciones en un lenguaje de función biunívoca,
como el de las carreteras (a un símbolo corresponde uno y sólo un significado), describe un
matrimonio que ha encontrado en la competencia intelectual la codificación de las actitudes, de tal manera que cada uno en la pareja
tiene un campo reducido de posibles reacciones del otro, logrando un precario control del
devenir del ¿amor? Cada uno sabe, más o menos, la respuesta que el otro tendrá ante un
estímulo y viceversa. Así, se pueden dedicar a

75

�la manutención y crecimiento del estatus sin
las dolorosas rupturas de los que no pueden
renunciar a la reinvención diaria, a los posibles
yo que devuelvan al tiempo el reino del azar.
Esta pareja renuncia, pues, a las ambigüedades
para borrar la incógnita que es el después, atravesando la existencia como en una carretera,
sabiendo hacia dónde está la curva, dónde no
se debe rebasar y cuál es la velocidad que permite el control del vehículo en caso de verse
obligado a una maniobra inesperada. Todo esto
narrado con humor, a veces negro, pero sin lamentaciones, simplemente como una alternativa para ser matrimonio en estos tiempos que
hacen del mundo una pequeña isla perdida
donde es mucho más peligrosa y posible una
catástrofe que los peligros del cosmos.
El segundo texto es lo inverso. ''La diferencia
entre lo verdadero y lo falso es sólo un prejuicio nuestro", dice un personaje de Italo Calvino. Mi tío Vito lo decía con mayor agudeza:
"...No son mentiras, lo que pasa es que son verdades más profundas". O también: "Dénme un
adjetivo y ahí meteré el mundo". Parafraseando
a Arquímides. Este jarrito donde todo cabe si
lo sabemos acomodar, esa palanca que mueve
las diferencias entre bueno y malo, verdadero
y falso, ese prejuicio calviniano, es el adjetivo,
porque esas palabras no son más que nuestro
juicio acerca de lo nombrado. Ycomo todo juicio nuestro, aunque finjamos no darnos cuenta, es dudoso, o proliferamos los epítetos o hacemos de la ambigüedad la sustancia prima de
los argumentos para igualar los contrarios: hay
maneras de elogiar acusando de locura y, también, se puede insultar elogiando la genialidad.
Éste es el juego de oscilar entre los adjetivos
hechos nombres y a la inversa. En este texto el
humor es al cuadrado, si la Sociedad de Escritores Resentidos, Frustrados, Amargados, Neuróticos, Psicóticos y Similares es una respuesta
al estereotipo de los escritores e intelectuales,
Fernando sabe que unos son otros y otros son
unos, así que le da una vuelta más a la tuerca

sin caer en la trampa para no romper el tornillo: él no se sitúa, acepta la burla que le corresponde y, contrario a otros, nos muestra la risa de
sí mismo. Esperemos que haga la solicitud a la
Sociedad de Escritores Consentidos, Triunfadores, Alegres, Tranquilos, Imaginativos y Similares.
Decir que en el tercer texto asistimos a una
versión de El esque/,eto de la señora Mora/,es sería
el peor ejemplo de lectura y el mejor ejemplo
de simpleza espiritual, ya hay demasiados ocupados en buscar parecidos haciendo del mundo un solo predicado, el discurso una aburrida
mismidad, bueno, hay hasta teóricos que han
hecho el catálogo de todos los temas no sólo
escritos, sino posibles. El hacer texto, decía,
reúne los dos parámetros de los anteriores: la
abolición de la ambigüedad es necesaria para
aprender a investigar, pero aprender, como
razón de una formación académica, aunque la
más consciente y aparente de las razones, es la
menor. Aún ahí, en el aprendizaje de la técnica o de la ciencia, lo que impera es la diosa de
las casualidades: la pasión. Ese misterio que
contiene todos los significados y que se rebela
a cualquier diagnóstico, ese proceso estocástico
de enorme entropía: un desorden en el que
sólo cabe la fe de que tenga la tendencia a un
orden en función del tiempo, que en un futuro indeterminado tome un curso que la haga
aprehensible. El deseo de venganza, de matar
por envidia, de aniquilar en otro el odio de sí
mismo, hace al protagonista realizar un aprendizaje que no logró cuando estudiaba formalmente una carrera.
"Sólo el poder ser leído por un individuo
determinado prueba que lo que está escrito ·
participa del poder de la escritura, un poder
basado en algo que va más allá del individuo.
El universo se expresará a sí mismo mientras
alguien pueda decir 'yo leo, luego él escribe."
Esto no sólo por seguir con Calvino, sino porque esta lectura no pretende adeptos, incluso
su negación no es más que otra lectura y para
no dejar atrás a mi tío Vito diré que "cada quien

76

tiene su manera de matar cucharachas". El comentario del último texto de Historias megi,canas
me lo reservo, dejando abierto un canal de regreso. Es mucho humor negro formar un libro
con una pequeña obra de teatro, una solicitud,
la crónica de un asesinato y una historia policiaca en verso que al mismo tiempo es la historia de un "plagio", para todavía negarles a ustedes el placer de descubrir los experimentos y
desenfados, la frescura y desfachatez de un autor ideal que se va prefigurando en las mismas
reglas de los textos, un autor ideal como el que
dice Umberto Eco que existe atrás de cada discurso escrito, no Fernando Elizondo, al fin y al
cabo, nunca podré estar seguro de haber leído
bien el mensaje que traía su botella, infinitamente más complejo que el que lleva la nave
hacia el espacio sideral, porque ése es de este
mundo para otros mundos que existen en el
mismo lugar y en el mismo tiempo. El amigo
ofendido por la ortografía del título tuvo razón en los posibles efectos, pero jamás en las
maneras, esta botella lanzada hacia el futuro,
quizás informe que había sujetos cuyo método
de aprehenderse era estar siempre siendo otros
a través de la burla de sí mismos y de su tiempo.
Quién sabe, de lo que sí estoy seguro es de que
en mí y en otros se salva un yo de Fernando
desconocido para él mismo y que con la lectura un yo otro nace sin saber a qué está renunciando ni a qué encuentros está destinado en
su propia isla que seguramente será visitada por
otras naves con mensajes de inteligencias desconocidas.
Conocer desde hace años al autor condicionó mi lectura. Eso no me apena porque todas
mis lecturas están llenas de mis afectos, tanto
· como mis tristezas llenas de las lecturas que no
tendré tiempo de hacer. Pero que conste que
la forzada esquematicidad de este discurso queda en deuda con la generosidad de Fernando,
y no porque haya querido que yo presentara su
libro, sino por haber escrito sus textos para mí
y todos los que quieran.

77

�Contraportada
Óscar Efraín Herrera

Alfonso Reyes para niños

Margarita Cuéllar (compilador)

Consejo para la Cultura de Nuevo León /
Secretaría de Eucación / Conaculta
Monterrey, 1999.

El mar es un desierto. Poetas de /,a frontera norte

CON UNA FÓRMULA ATRACTIVA, QUE COMBINA TEXTOS

POR LO GENERAL, LOS ESCRITORES QUE VIVEN FUERA

interesantes con ilustraciones infantiles, el Consejo para la Cultura de Nuevo León, en coordinación con la Secretaría de Educación en el
estado y el Conaculta, publicó Alfonso Reyes para
niños, carpeta con cinco cuadernos en los que
se incluye también una semblanza del escritor.
En Alfonso Reyes para niños sobresalen las ilustraciones, realizadas por niños que participaron en los talleres "Leer y pintar con Alfonso
Reyes", que organizó el Consejo en los municipios de la entidad. La imaginación y los colores infantiles alegran los poemas de Reyes.
"Al viajar por estas páginas encontrarás castillos de miniatura, pantanos con lagartos verdes, voladeros y princesas encantadas que como
sueños se llenan de colores y sorpresas", dice
Alejandra Rangel, presidenta del Consejo, en
la presentación del libro. Y si Reyes aprendió a
utilizar la imaginación, Rangel propone que
con "esa imaginación queremos que los niños
y niñas junto con sus maestras y maestros, su
familia, aprendan a acercarse a Alfonso Reyes,
hacerlo suyo, conversar con él, escucharlo a
través de la lectura de su obra".

de la capital del país buscan acercarse a la vida
literaria de la ciudad de México y se olvidan de
lo que ocurre en los estados vecinos, quizá por
eso nosotros, quienes vivimos en la franja fronteriza norte del país, poco o nada sabemos de
lo que se escribe actualmente en la región. En
este contexto, la antología El mar es un desierto
sirve de puente entre autores y lectores para
conocer esa poesía que se está realizando en
una zona geográfica alejada por mucho tiempo de la actividad cultural.
Margarito Cuéllar, quien ha realizado dos
antologías (Veinte años de poesía en Monterrey y Alforja de poetas) localizó y consultó lo publicado
por 315 autores menores de 50 años que radican en la frontera norte y seleccionó una muestra de la obra de 46 poetas nacidos entre 1950
y 1970. Sorprende tanto la cantidad de escritores como la variedad de temas y registros poéticos. Si bien puede cuestionarse al compilador
la ausencia o la presencia de algunos poetas,
también le debemos agradecer que nos permita acercarnos a un "mar" de poesía que muchos creían era un "desierto".

UANL/FONCA
Monterrey, 1999.

78

Eulalio Ferrer

Catálogo de revistas de arte y cultura. México

Los lenguajes del color

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
México, 1999.

CNCA / INBA / Fondo de Cultura Económica
México, 1999.

LAs REVISTAS SON TODAVÍA LOS VEH ÍCULOS PREFERIDOS
para divulgar asuntos culturales, es lo que puede concluirse de la lectura del Catálogo de revistas de arte y cultura. México que publicó la Coordinación Nacional de Desarrollo Cultural Regional del Conaculta. En este volumen se incluye información de 309 publicaciones que
estuvieron apareciendo, al menos, hasta 1998.
Cada una de las revistas catalogadas ocupa
una página del libro, en la cual se muestran las
portadas de algunos ejemplares, una ficha con
las características de la publicación, el directorio, la periodicidad, el formato, número de
páginas y tiraje.
El Catálogo cuenta con estadísticas de las disciplinas, tirajes, lugares de origen y periodicidad de las revistas. Por ejemplo, de las 309 publicaciones, 49 por ciento se edita en el Distrito Federal; los estados con mayor número de
revistas son Baja California ( 15), Estado de
México (12), Michoacán (12) y Nuevo León
(11); en cuanto a contenidos: 133 son de literatura (no obstante, son las de menor circulación), 123 de arte, cultura y sociedad, 17 de
artes visuales, 14 de música, y el resto entre teatro, cine, danza, arquitectura y comunicación.

EL TÍTULO DE ESTE LIBRO PUDO HABER SIDO ENCICLOpedia del color por sus alcances, pero el autor
prefirió el término lenguaje quizá porque el
color es, finalmente, el código que nos hace
distinguir los matices de la realidad.
Eulalio Ferrer en Los lenguajes del color nos
proporciona no sólo un compendio del papel
del color en la historia, cultura y arte, sino que
nos obliga a reflexionar sobre esa capacidad de
distinguir y utilizar.
El color en la historia, universal y de México, en las religiones, en la literatura y las demás artes, en la política, la moda y la publicidad; el color como gramática, como teoría,
como símbolo, son aspectos que Ferrer aborda
con erudición y amenidad.
Para el autor, el lenguaje del color es convencional, a menudo codificado como una vegetación múltiple de signos y analogías del más
diverso género. Ferrer reitera con su libro un
concepto: muchas veces las palabras no son
suficientes, por sí solas, para expresar todo lo
que sentimos, ni todos los colores son calificados o traducidos de igual manera. El color ayuda a que las palabras tengan más fuerza.

79

�Colaboradores
Adentro.

H~ (ciudad de México,
1962). Poeta, ensayista, traductor.
Estudió filosofía en la UNAM. Es
becario del Sistema Nacional de
Creadores de Arte.

~ ~ (ciudad de Méxi-

A""'4 H"""'1,.

JMt- ~ ~

(Chetumal,
1958). Poeta y crítico literario. Es columnista en ElFinancieroy El Universal y subdirector de la revista Tierra

JJ,¡,.

~ f,1~

(Milán, Italia). Poeta. Es
autora de La presenzia de Orfeo, Paura
di Dio, Destinate a morire, entre otros
títulos.

A!JJ,:. "1~ L.u,.
Entre apagados muros, Estoy de paso y
Poesía (1967-1989).

(Montemorelos,
N. L.). Imparte clases en la Facultad de Filosofía y Letras. Obtuvo el
doctorado en la Universidad de
Texas, en Austin.

(La Habana, 1940).
Poeta y narrador. Con pies de gato
(1993) recopila parte importante de
su obra. Es embajador de Cuba ante
la UNESCO.

J~ "1tAW. f ~

N,,J,.,...~ (Texcoco, 1941). Es-

SJ..,~ ~.t..;.,ú

~~

co, 1942). Escritora. Fue catedrática del ITESM. Es editorialista del
periódico El NMte.

"1~

~

•

(Doctor Arroyo, N. L.,
1933). Autor de Avivando el fuego,

(Tandil, Argentina, 1942). Sociólogo, maestro universitario. Dirige la División de
Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

critor. Estudió filosofía en la UANL.
Director fundador de Deslinde. Autor
del ensayo Visi6n de Mont,errey.

H4?P~
(Matamoros,
Coah., 1946). Escritor. Recibió el
Premio Grijalvo con su novela ¿P&lt;YT'
qué no dijiste todo? Labora en la Dirección de Literatura del INBA.

D-...,.,

"14JML (ciudad
de México, 1962). Escritor. Autor de
la Antología de la narrativa mexicana

(Jkt11;I,,

del siglo XX y Tiros en el contierto.
~

ftt..J• EL:.,...J.

(Monterrey, 1950). Escritor. Autor de Setenta veces siete, Narcedalia Piedrotas y

Lexicón del noreste de México.

P-1/.~

(ciudad de México,
1952). Escritor. Por su libro Cantos
para una exposición ganó el Premio
Nacional de Poesía de Aguascalientes. Es titular de la Coordinación de
Descentralización del CNCA.

V~ Q ~ (ciudad de México,
F~~

"1~

(Paraíso, Tab.,
1961). Poeta, traductor. Dirige la editorial Monte Carmelo. Autor de los
poemarios Penitencia el mar, Comuni6n
de sueños y Habitar donde fantasmas.

&amp;,;.

(Santa Bárbara, Chihuahua, 1951). Fotógrafo,
narrador. Becario del Centro de Escritores de Nuevo León.

H....,,~ "1~

H~

Humanismo y &amp;f&lt;YT'ma, Ensayos en literatura mexicana, El otro lado, Pensar y
situar, entre otros.

Ó&lt;UM ~ H~ (Monterrey,
1962). Poeta, periodista. Autor de
La ganancia y la pérdida y Camino ha-

1954). Poeta, ensayista, editor. Es
investigador de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Aq.,... ~ ~
~~

(Monterrey, 1933-1999).
Pintor. Estudió en el Taller de Artes
Plásticas de la UNL y en La Esmeralda.
~ (Monterrey, 1935).
Escritor, psiquiatra. Es presidente de
la Sociedad Analítica de Grupo de
Monterrey, A. C.

(Monterrey, 1935). Fue
jefe de Extensión Universitaria de la
UNL y director de Armas y Letras. Es
maestro de tiempo completo en la
Facultad de Filosofia y Letras de la
UNAM.

(Monterrey,
1942). Escritor, filósofo. Autor de

J.,.,_~~

(ciudad de México, 1964). Economista. Profesorinvestigador de la Facultad de Economía de la UANL, a la que dirigió

(Monterrey,
1928). Escritor, maestro universitario. Exrector y exsecretario de Educación en el estado. Dirige el Centro de Estudios sobre la Universidad
de la UANL.

2-d ~

(Mérida, 1928). Poeta,
narrador y promotor cultural. Subdirector de Publicaciones del INBA.
Recientemente publicó un volumen
de relatos: ÚJs silencios de Homero.

~~ ~ ~ Filóso-

de 1995 a 1998.

fo, maestro universitario. Coordina
el Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

J~ C!Mf.. M~

f~~Sc,/4 (Puebla, 1957).

cia mis huesos.
~ ~ (Sihochac, Campe-

che, 1957). Escritor. Ejerce el periodismo. Reunió su obra poética en
el volumen Pompeyanos.

(Zamora, Mich.,
1943). Periodista. Es editor en la
Dirección de Publicaciones de la
UANL. Colabora en El Norte.

Sociólogo, profesor universitario.
Editor en la Dirección de Publicaciones de la UANL y catedrático de
laUDEM.

Informes: Secretaría de Extensión y Cultura / Dirección de Publicacione s
de la Universidad Autónoma de Nuevo León

Biblioteca Magna Universitaria
"Lic . Raúl Rangel Frías"
Av. 'Alfonso Reyes Núm. 4000 norte DIREccioN oE
Monterrey. N.L. C.P. 66440 PUBuCAooNES
Tel. (018) 329 4111 / Fax 329 40 95 ...u_ A_ N_ L....

�FIN DE MILENIO
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

1999 •

2000

�</text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad Autónoma de Nuevo León, 1999, Nueva Época, No 18-19, Mayo-Agosto </text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Alardín, Carmen, 1933-2014, Directora</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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