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                  <text>N? !)O.

JUNIO.

18-l l.

ORIGEN y PROGRESO DE LA OilDEN DE LA CAB.\T.I.EillA EN LA EDAD :irnm,\ ,

•

EL siglo de la caballeria fué la época hcróica de
las tribus Teutónicas cristianas, correspondiente á
la &lt;le los héroes de Grecia. Los tiempos heróieos
de las naciones pueden compararse ó. la juventud
de un individuo, pues las vemos durante este
período de su progreso distinguirse por las virtudes, las locuras y aun los vicios mas comunes en
In juventud del hombre, á saber, sed de glorio,
entusiasmo, orgullo, anclo inexplicable é indefi-•
nido hácia alguna cosa superior á la realidad &lt;le
la vida, fé verdadera en In virtud y grandeza intelectual, y una dósis considerable de vanidad y
credulidad. La caballerin en la perfcecion de su
gloria y su extravagancia exigtia solo entre las
tríbus alemanas, y aquellas que; conquistadas por
estas se amalgamaron con ellas, introduciendosc en
su civilizacion é instituciones el espíritu teutónico.
Asi vemos que la caballeria no se desarrolló enteramente en Italia porque habiendo hallado en este
11ais, una civilizacion ya establecida, de carácter
demasiado sólido para ceder facilmcnte á influencias extrañas, no pudo dicho espíritu ¡&gt;enetrar
en sus instituciones. Tampoco vemos que floreciese mucho entre los griegos ni las tribus esclavonas, exceptuando algunas señales en la Bohemia y la Polonia, que las recibieron de los alemanes. Entre los suecos, aunque pertenecen á
una tribu legítimamente teutónica, no echó nunca
profundas raíces la caballería, mas esto debe tal
vez atribuirse á su situacion lejana, asi como á que
desde muy temprano dedicaron su atencion á la
navegacion y táctica naval, las cuales eran en varios
sentidos poco favorables al espíritu de la caballería,
proporcionando por ejemplo, muy pocas ocasiones
para ejecutar hechos de valor y gallardia á los
ojos de una numerosa y entusiasmada multitud, ó
en las querellas y aventura~ del caballrro andantl'!
q11e formaban una parte tan l'~rnrial de la cdacl
TO)I.

VIII.

caballeresca. Se ha quC'rido suponer, y muchlls
c~critorcs ingeniosos han mantenido, que las nohles
prendas en que se fundaba el espíritu de In cahnllerin han fenecido con ella, ¡1ero &lt;'ualquiem que
investigue imparcialmente el carácter de los tiempos pasados y los compare con los presentes, hallará que el siglo en que vivimos no carece de In,
cualidades que constituyeron la gloria de los ele b
cnballeria. Su fuerza es In misma y solo linn
variado de dircccion. ¿ Es acaso el valor personol
el que ha desaparecido? El soldado que avanza
con paso firme hasta el pié de una bnterin erizada
de cniiones, no puede considerarse menos vnlientr
que los caballeros ele antaño que cubrian su cuerpo
de armaduras im¡1cnetrables &lt;le acero para arrostrar medios mucho menos formidables de dcstruccion. Las últimas guerras de Europa abundon en
acciones de valor que pueden competir ron las mos
brillantes que recuerda la historia. En In batallo.
de Dresde hallándose el emperador Napoleon sentado delante de la puerta de Pirnn, y viendo que
los artilleros que guarnecían un reducto reusaban
servir los caiiones á causa del mortífero y certero
fuego de los tiradores prusianos que derribaban ií
todo el que se presentnbll, se volvió á los granaderos de su antigua guardia y les dijo; "enseñadles
como se conducen los franceses en batalla." Al
oir estas palabras varios soldados saltaron sobre rl
reducto y pasaron tranquilamente por él en vista
del enemigo, hasta que todos perecieron uno por
uno, En cuanto á sacrificios caballerescos de la
vida no puede hollarse un ejemplar mas notnl,le
que el de un oficial 1&gt;rusiuno pcrteuecicnte ni regimiento del coronel Scllill, el cual cuando sus camaradas fueron condenados ú muerte por un consejo
ele guerra francés en Wescl por haber q11cbrnntado
rl armisticio existente, rehusó el perdon c¡uc 1~
1,freció Nnpolcon ú H solo, prefiriendo morir con

y

�102

Fns compañeros de armns. Si se nos habla del
entusiasmo y aun placer con que se exponían los
caballeros á toda clase de privaciones y sacrificios
por ir á los llanos de la Palestina á combatir á los
infieles, diremos que el mismo espíritu ha tomado
en nuestros dins una direccion mas noble. Los
aventureros que se exponen á mil riesgos para
contribuir al progreso de las ciencias y o.l aumento
ele la felicidad y bienestar del hombre, los Ilumboldts, Clappertons y otros, manifiestan el mismo
beroismo en una cansa mns digna. No nos limitaremos á consideraciones estrictas de utilidad al
punto de negar lo que realmente tenia de grande y
sublime el espíritu de la caba1Jeria, pero tampoco
podemos ndmi tir que los virtudes de los siglos
caballerescos han desaparecido, solo porque ahora
se presentan con menos boato y apariencia,
Para explicar la naturaleza y origen de la cabnlleria es preciso antes c.onsidernr el carácter de las
antiguas tríbus alemanas. El espíritu guerrero
les era familiar asi como á otras naciones bárbaras; pero tenion sin embargo ciertos rasgos característicos peculiares á ellas. U no de estos era su
respeto y aprecio hácia las mujeres. Tácito hace
particular mencion de esta circunstancia que prueban ademas suficientemente los historiadores alemanes primitivos. Este respeto al bello sexo fué
difundido por ellos en todos los paises que visitaron, si bien se manifestaba bajo diferentes formas. En Francia dió origen ó. la galanteria refinada por lo. cual se distingue esta nacion; en
España tomó un carácter mas romántico y brillante, participando del fuego de las pasiones orientales; en lo. Alemania vino á ser un carifio tierno
y fiel hácio. la esposa. No hay duda alguna de que
la religion cristiana contribuyó á desarrollar este
sentimiento de estimaciou hácia el sexo femenino
en aquellos tiempos, particularmente por la adorac ion de la virgen que forma una parte tan esencial
de e1la. La reverencia constante de esta personificacion de la castidad y pnreza femenina, debe
haber ejercido una influencia considerable. La
elevado. condicion de las mujeres no puede sin
embargo atribuirse exclusivamente á la religion
eristiana, pues vemos que no Ita producido este
efecto en aque11as naciones que no tuvieron oportunidad de adoptar el espirito teutónico, y muchos
1meblos asiáticos reconocen este principio religioso
tí. que hemos atribuido tanta eficacia (la adoracion
de la vírgen) y sin embargo tienen á sus mujeres
en una condicion muy degradante. En contestacion á nuestro aserto de haber profesado las tribus
teutónicas un aprecio particular hácia las mujeres,
se nos dirá acaso que estas eran tambien muy estimadas entre los romanos. Verdad es que las esposas y las madres eran tratadas con mucho respeto
por los romanos, y la historia de esto. nacion presento. acaso ejemplos mas numerosos ele nobleza
femenino. que la de otra alguna: mas este homennje les ero. tributado no como mujeres, sino como
las fieles compañeras y patrióticas madres de los
ciudadanos. Tenia este sentimiento algo de político, pero no así entre los alemanes. Hay otro
r u~go del carácter aleman que merece ser considerado Pll conexion con este y d cual es mny apa-

rente en su literatura y en la vida de muchos individuos; esto es, una especie de anelo indefinido
por alguna cosa superior á la realidad de la vida;
aquel aelmen ( usando su propia palabra que no admite traduccion) el cual ha ¡&gt;roclucido entre ellos
al mismo tiempo tanta excelencia y tanta extravagancia. Estos tres rasgos característicos de la
raza teutónica, su espíritu guerrero, su aprecio y
respeto hácia las mujeres y la sed indefinible por
la grandeza sobrehumana, unidas á la influencia
del sistema feudal y de lo religion católica romana,
explican pues, el espíritu de la caballería, institucion que á muchos observadores aparece como un
punto aislado en la historia, dejándoles en lo duda
de si deberán despreciarla como ridícula ó admirarla como sublime. El sistema feudal dividió las
tribus teutónicas cristianas en masas cuyos miembros, si bien ligados por ciertos lazos políticos,
carerio.n de aquel trato intimo que unió entre sí á ·
los hombres en las comunidades antiguas, y que ha
producido efectos semejantes en nuestra época y
algunos siglos antes. Conservaban aun en gran
parte la independencia de los bárbaros, pero ex:istia sin embargo un lazo general de union que daba
consistencia á la sociedad colectivamente, esto es,
lo. religion católica. La influencia de esta fué ele
mucha importancia ñ la especie humana durante
los siglos de ignorancia y violencia, fortaleciendo
los. eslabones de 1a cadena social que se 11allnban
contínuamente en riesgo de quebrarse. A esta
causa puede atribuirse la grande uniformidad de
carácter que prevaleció durante los siglos de la
cabnllcria. Ademas el sistema feudal proporcionaba á los nobles el medio de vivir á costa de la
labor de sus oprimidos vasallos sin In necesidad de
o.tender á su propia subsistencia; asi que podian
sin obst.-ículo entregarse á su aficion á las aventuras, consiguiente tí 8U carácter guerrero y ambicioso. Si combinamos ahora los rasgos característicos que l1emos indicado, ú. saber; un espíritu
belicoso; una devocion decidida hácia el sexo
femenino; sed indefinible de gloria unida á In independencia feudal, desprecio del trabajo diario
mecánico ó manual, y uniformidad ele coriícter y
objeto ocasionado por lo. influencia de una religion,
comun, obtendremos una idea bastante clara del
caracter caba11eresco. Este carácter no se ho.1laba
·aun enteramente desenvuelto en tiempo de Cariomagno. El valor manifestado por los caballeros
de su siglo era mas bien el de individuos reunidos
en corporacion. La independencia, la individualidad de carácter que inducia al caballero andante á
ir en busca de aventuras sin mas auxilio que su
fuerte brazo, tuvieron su origen en una época posterior. El uso del caballo de batalla que formaba
una parte tan esencial de la tí1cticn rlel caballero,
no fué comun entre los alemanes basta la época de
sus guerras con los Hunos. Conocíanlo, sí, nn tes,
y Tácito hace mencion de él en su descripcion de
Alemania, pero no fué sin embargo de uso coruun
entre ellos hasta la época que hemos indicado.
El arma de la cabo.Heria despues de su introduccion fué considerada entre ellos, así como entre las
de mas naciones en los primeros pasos de su ci viliincion, como muy superior ú la infontoria, la cual

1(13

D~ illS'fOHIA, DELLA~ LETHA::i Y AHTES.

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

fórmulas y puntillos &lt;pte 1&gt;r_lJ{~ uci~n el orgull? y
distinciones de las clases pr1v1legrnclus; constituyendo por último la base de los abusos cuyo remedio ha sido u1111. de las labores mas importantes
del siglo actual. Fuera tan fácil descu~rir la
marcha que bajo diferentes formas ha segu~do en
su decadencia el espíritu caballeresco en diversas
naciones, como Jo es indicar su origen y desarrollo;
empero seria necesario para esto exceder los estrechos límites de un periódico.
La educacion de un caballero sucintamente detallatlo., era como sigue: El noble mozalbete destinado á la honrosa profesion de las armas, ero.
enviado, generalmente á la edad de doce atios á lo.
corte de algun baron ó noble cabo.lle~o donde
pasaba el tiempo principalmente en servH y oh~e-

los triunfos
enteal'd
,a d f.1...,1,. des¡ueciada hasta que
••
de los suizos demostraron su super1or~dad. En el
siglo xt llegó la orden de la cnballer1~ á ser una
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. n establecida y bien organizada,, ¡iero
ms
1 UClO
•
l1asta el XIV no fueron sus honores patnmomo
exclusivo de la nobleza. Las cruzadas dieron una
tendencia mas religiosa al espíritu caballeresco, Y
puso en contacto á los caballeros de todas las
naciones cristianas, por cuyo. razon se observa
desde entonces una grande uniformidad en toda la
Europa. Fundúronse entonces las órdenes religiosas y militares de los caballeros de Sa~ J u~n, _los
Templarios, los Teutónicos, &amp;c. La inst1tuc1on
entera de la cabo.Heria fué tomando un aspecto mas
formnl, y por último degeneró en Quijo~is_mo extrava,,ante
ó perdió lo. fuerza de su espmtu en las
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quiar á las da.mas y adquirir conocimiento en el
manejo de las armas, el caballo,_ &amp;c. Este _deber
de servir y atenderá las señoras vmo con el bempo
á ser tan perjudicial é. la moral del page como
babia sido saludable al principio. Cuando la edad
y la experiencia en el uso de las armas habían
califico.do al page para la guerra, era nombrado
escudero cuyo nombre recibió por ser _o bligaci?n
suya llevar el escudo del caballero á qmen serV1a.
El tercer y mas nito rango de la ca.ballerio. era el
de caballero que no se confería hasta lo. edad de
21 años excepto en casos de no.cimiento muy ilustre
6 extraordinarÍJ\s hazañas, Lns ceremouias para

la admision del co.ndidato á la orden de la caballería eran las siguientes.
El jóven escudero ó aspirante era en primer
lugar despojado de sus vestiduras y colocado en un
bafio, símbolo de la purificacion. Al salir de él le
vestían una túnica blanca, símbolo de pureza, un
manto encarnado emblemático de la sangre que
tendría que derramar en la causa de la fé, Y un
justillo negro en señal de la disolucion qu_e le
aguardaba o.si como al resto del género h~~ano.
Purificado ya, y vestido, observaba el nov1c10 un
ayuno riguroso durante veinte y cuatro horas.
Por la noche entraba en In iglesia dontle se halla•

�](iJ

EJ. INS'l'IlUC'fOil, O HEPEilTOIUO

!Jan depositadas las armas soLre un altar provisioual y allí pasa!Ja la noche en oracion, velándolas,
generalmente solo y algunas veces en compañia de
un sacerdote que rezaba con él. Por la mañann
su primer acto era In confcsion, dcspues de la cual
el sacerdote le administraba la comunion y en
seguida oía una misa dd Espíritu Santo y un
eermon sobre los deberes &lt;lel caballero y el nuevo
sistema de vicia en el cual iba á entrar. Concluido
el sermon se adelantaba el novicio hácia el altar
con la espada de caballero suspen&lt;lidn del hombro :
el sacerdote se In quitaba, In beudecia, y volvía á
colocarla sobre él. Iba en seguida el candidato á
arrodillarse delante del baron que debia armarlo
caballero. "¿ Para qué fin," le preguntaba este
entonces, "deseas entrar eu esta orden? Si es
con el de ser rico, descansar y ser honrado sin
liacer honor á la caballería eres indigno de él."
El jóven prometia desempeñar fielmente los deberes de caballero, oi&lt;lo lo cual le concedía el
baron lo que deseaba.
Acercá banse entonces al novicio los caballeros y
seiioras presentes á In ceremonia: los primeros le
vestían la cota de malla, In coraza, los brazales,
y los guantes, y las segundas le calzaban las espuelas y ceñian In espada. Era entonces armado
caballero por el bnron cuya ceremonia se re&lt;lucia á
darle este tres golpes con el plano de la espn&lt;ln
sobre el cuello y algunas veces una palmada en las
mcgillas, &lt;liciendole: "En el nombre de Dios y de
San Miguel te hago cnbnllero ;" y solía añadir,
" Sé valiente, atrevido y leal." Armado asi caballero el jóven, le prescntal,an el yelmo y le traían
un caballo sobre el cual saltaba, generalmente sin
a uxilio &lt;le los estribos, y daba dos vPeltns por In
iglesia blandien&lt;lo la lanza y esgrimiendo la espada. Salieudo entonces de la iglesia se presentaba del mismo modo á In multitud que reunida
fuera del sagrado recinto aguardaba con ansia In
parte &lt;lel espectáculo que le tocase &lt;lisfrutar.
Uno de los rasgos mas característicos de los
tiempos caballerescos eran ]ns justas y torneos en
que los caballeros compitiendo en destreza y gallardía ejecutaban mil vistosos hechos de armas en
presencia de un concurso numeroso. "El gusto
imparcial," dice el historiador Gibbon, "preferirú
siempre los torneos á los juegos olímpicos de la
clásica antigüedad. En vez del espectáculo desnudo que corrompía las maneras de los griegos, la
pomposa decoracion de las justas recibía mayor
r ealce con In presencia de In noble y virtuosa
helleza de cuyas manos recibin al vencedor el
premio de su destreza y bizarría. La habilidad y
fu erza que desplegaban los antiguos en In lucha á
b razo partido ó la carrera, tenio. una conexion muy
di~tnnte y dudosa cou el mérito del soldado ; pero
los torneos tal como fueron iuventados en Francia y
an~iosamente a&lt;loptndos en el Oriente y Occidente
vrcsentan una imágen fiel y verdadera del campo
,Je batalla. El combate de hombre á. hombre, la
escaramuza general, In defensa de un desfiladero
ó &lt;le un castillo eran ensayados como si fuera en
senicio actnal, y eu este combate simulado así
como _en el efectho decidía hi victoria el superior
Wllne;o del cabnllo y de 111 lanza." El origen lle

DE IJISTOfilA, GELJ.AS LETHAS Y ARTES.

los torneos es incierto: algnnos autores lo lian
atribuido á los árabes, pero todos los monumentos
tienden á probar que son &lt;le origen teutónico.
Para dar í1 nuestros lectores una idea &lt;le la nnturnlczn de estos torneos insertaremos aquí ln animada descripcion que hace el distinguido literato
D on Antonio Gil &lt;le Znratc de uno que ocurrió en
Costilla &lt;lurante el reinado de Don Juan II.

l.

¡

Era el &lt;lía 1° &lt;lii Enero de 1434 y primera hora
de la noche. D. Juan el II y su corte se hollaban
en Medina del Campo, celebran&lt;lo una de aquellas
fiestas que tan comunes fueron en su reinado, notable por el lujo, la galantería, y In magnificencia
que en él se desplegaron, así como por las frecuentes revueltas que le afligieron. En una 'l'asta
sala de su antiquísimo castillo, adornada con to&lt;lo
el lujo de la época, y resplandeciente de mil luminarias, y al son de una numerosa orquesta, danzaban los principales caballeros y damas que habían
acompañado á S. A., luciendo estas su hermosura
y preciosas galas, y meditando tal vez aquellos en
medio del ardor que mostraban en servir á sus
parejas, alguna nueva rebelion contra el soberano que los honraba. Sentado este eu un rico
sillon dorn&lt;lo, en compañia de su esposa lo. reina
Doña María, de su hijo el príncipe Don Enrique,
y del condestable D. Alvaro de Luna, miraba des&lt;le
el estrado In gallardía y donnirtl de los que tomaban parte en el recreo, y solo se distrajo de aquella
diversion para leer unas trobas que recien compuestas le presentó D. Iñigo Lopez de Mendoza,
que fue de~pues marques de Santillnna; y el buen
rey que tanto se complacía en estas obras del ingenio, alabó la del célebre poeta, mostrándola en
seguida á los que le ro&lt;lcnban.
Ilabíanse suspendido las danzas, cuando entran
de improviso diez caballeros, armados de blanco,
con gentíl continente y gallardía. Asombráronse
todos al ver tan inespcra&lt;los huéspedes; y fijnndo
en ellos su atencion, rccouocieron en el que iba á
su frente í1 Suero de Quiñones, uno de los principales caballeros de la casa del Condestable, y en
los &lt;lemas otros gentiles hombres de gran nobleza
y valor. Ni el color de las armas, ni el modo
caballeroso y cortesano con que se presentaron,
dieron recelo alguno de que su intento fuese turbar
el regocijo de las fiestas, y antes bien crcyóse al
punto que ests\ repentina aparicion fuese anuncio
de alguna aventura que procurase nuevo solaz y
contento. Con efecto, acercóse Suero muy discretamente y con muy humilde reverencia adonde
el rey estaba sentado, y besándole pies y manos,
despues de tomar su vénia, un faraute llamado
Avanguardia, que llevaba el noble cabnllero consigo, presentó respetuosnmeute nl monarca la peticion siguiente.
" Deseo justo es, en los que en prision están, el
de recobrar su libertad; y como yo, de gran tiempo
acú, sea en pr.ision de una muy virtuosa y hermosa
señora, en señal tle lo cual todos los jueves traigo
á mi cuello este fierro, (y todos fijaron In vista en
un a argolla que llevaba al cuello Quiñones) en
nombre del a1)óstol Santiago he concertado llli

rescntc quo sern trescientas lanzas rotM por .mi y
por estos caballeros que me ncompaiían, rompiendo
tres con cada caballero 6 gentil hombre que al
sitio seíÍalado viniere, contnn&lt;lo por roti, la que
hiciere sangre; y esto scrú 1¡11ince dias antes del
apóstol Santiago, y quince dias dcspuc~, salvo si
antes de este plazo mi rescate fucRe cumplido, en
el derecho camino donde las mns gentes suelen
pasar en romería para el sepulcro del santo. Y
por tanto certifico á todos los caballeros y gentiles hombres que alli fueren, q1rn hallarán arneses,
caballos, armas y lanzas tales, que cualquiera ose
dar con elln.s sin temor de que se quiebren por
pequeño golpe. Y notorio sen á todas las seiioras
de honor, que cualquiera que fuese por aquel lugar
donde yo estuviere, si no lleva caballero que baga
armas por ella, perderá el guante de la mano derecha. Mas todo lo dicbo se entiende salvando
dos cosas : que vuestra magestad real no ha de
entrar en estas pruebas, ni el muy magnífico señor
Condestable D. Alvaro de Luna."
Acostumbrado estaba el rey D. Juan á semejantes peticiones, frecuentes en un siglo caballeroso
y guerrero, y sabidas eran por él las formalidades
que se guardaban en iguales casos. Retiróse, pues,
de la sala, y celebró consejo con los principales
caballeros de su corte; y habiéndose decidido que
era justo otorgar la peticion de Quiñones, para
&lt;Jue se pudiese libertar de In prision en que estaba,
volvieron todos nJ sitio del baile, y el mismo faraute Avanguardia dijo en alta voz estas palabras:
" Sepan todos los caballeros y gentiles-hombres
del muy nlto rey nuestro sefior, como él da licencia
á este caballero para esta empresa, guardndu las
condiciones que van dichas." En seguida Suero
de Quiñones se llegó á un caballero de los que
danzaban en la sala, pidiéndole le quitase el almete ; y subiendo luego por las gradas del estrado
donde los reyes estaban, dijo lo siguiente: "l\Iuy
poderoso señor, yo tengo en mucha merced á vuestra
señorin el otorgarme esta licencia, por ser á. mi
honor tan necesaria ; y espero en Dios que serviré
á vuestra real majestad, segun han servi&lt;lo aquellos
de IJ2iPr_ J yo procedo á los poderosos príncipes de
vuestra majestad desciende.'' Dicho esto hizo
nueva reverencia á los reyes, y volvióse IÍ. sus compañeros, quienes juntos con él se fueron á desarmar
y vestirse cual convenio para asistir á aquellos festejos. Pnsóse el resto de In. noche en danzas, y
acabadas estas, Suero de Quiñones hizo leer los
capítulos que había estendido para la empresa, la
cual quedaba aplazada para de allí á seis meses,
debiéndose publicar en todos los pueblos ele la cristiandad donde posible fuese para que asistiesen
cuantos caballeros españoles ó extranjeros quisiesen
señalarse en ella.
II.
Cinco leguas distante de In ciudad de Leon, en
el camino de Santiago, se encuentra el rio Orbigo
con un antiguo puente ele piedra que une los dos
pueblos de la Puente y del Ilospital, los cuales
toman su nombre, aquel de dicho monumento, y
este de un templo muy antiguo que en él existe
perteneciente á. la órden hospitalaria de San Juan

do Jerusalen. Las dos mñrgcnes del rio son muy
frondosas y amenas, particularmente In clerechn,
A un lado del camino existe una graciosa floresta,
y este fue el lugar elegido por Quiiíones para su
honrosa empresa. Despejósc en medio de ella un
espacioso terreno para colocar la liza y las tiendas,
y mimtras los reyes de armas iban por todos los
pueblos de lo. cristiandad, publicando los capitulos
del paso é invitando á. los mas afamados paladines,
numerosos obreros trabajaban en los preparativos
de la justa. Trescientos carros de bueyes llevaron
las maderas necesarias para las construcciones,
sacándolas de los montes de Luna, Ordas y Valdellamas, Ingnres del seiíorio del padre de Quiñones. Formóse una gran liza &lt;le madera que
tenia 1-t6 pasos de largo y In altura de una lnnzn.
En mt'clio ele la liza y á lo largo ele la tela había
formada con fuertes estacas una especie de verja
6 haran&lt;lilla, eeñnlnndo la linea por donde habían
de correr los caballos. En tomo del palenque ee
construyeron siete palcos adornados con magníficos
tapices y colgaduras. El uno en la parte cstrcma
para que Suero y sus compañeros viesen las just38
cuando no combatiesen; dos mas allá, para los
caballeros extranjeros que ncu&lt;liesen á hacer armas; otros dos, á la mitad &lt;lcl palenque, para los
jueces, reyes de armas, farautes, trompetas y escribanos que daban fé de tocio cuanto ocurria ; y los
restantes para las demns personas que de alguna
nombradía ó dignidad quisiesen honrar las justas
con su presencia. A cada Indo de la liza habia
una puerta por donde respectivamente entraban
los rlefensores del Paso y los caballeros conquistn&lt;lores que vcninn á probar las armas; y en ambas
se alzaba en una bandera el blnson de los Quiñones.
Al lado de la liza se armaron veinte tiendas
donde pudiesen descansar los paln&lt;lines aventureros, y estuviesen ademas cuantos oficiales eran
necesarios para el buen órden y solemni&lt;lad de las
justas, sin olvidar los mé&lt;licos, cirujanos, armeros,
sastres y carpinteros cuya asistencia hacían indis1&gt;ensable los diferentes azares que de tan cspuestns
funciones se originaban. Junto á las puertas del
palenque hnbia otros dos tiendas &lt;loude se armaban
los campeones al tiempo de prepararse ni combate;
y en medio de todas se construyó una ancbn sala
de madera, rcv~stida de pafios franceses y otraa
telas preciosas dentro de la cual Labia dos mesas:
la una para Suero de Quiñones y &lt;lemas paladines
que viniesen á justar, y In otra para los caballeros
principales que concurrían como meros especta&lt;lores. Obsequiábalos á todos espléndidamente
el cnpitan del Paso, y les daba alojamiento, ya en
las tiendas, ya en los pueblos inmediatos que eran
todos del scfíorio &lt;le sn padre. Finalmente, una
estátua de mármol, labrado por Nicolno Francés,
maestro de las obras de Santa María de la Uegla
de Lcon, colocada con gran coste en el camino :í
corta distancia de esta ciudad, seiialaba con la
mano un gran letrero donde se leía: vor ald van al

Paso.
III.
Un &lt;lomingo, 11 de Julio, y quince día~ untes

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1

1

EL INSTHUC'l'OH, O HEPEllTOillO

&lt;le! Aposto! Santiago, 11si quo amanoeló empozaron
á resonar las trompetas y otros instrumentos bélicos, que poblando el aire cou SU$ ecos marciales,
movian y azoraban los corazones de los guerreros,
infundiéndoles ardimiento para la noble empresa á
que se preparaban. Suero de Quiñones y sus
compañeros, despues de haber oido misa en el
Hospital de San Juan, salieron juntos para recorrer
el campo y la liza con la solemnidad que en tales
casos se acostumbraba. Oprimia Quiñones el lomo
de un fuerte y brioso caballo con paramentos
azules y bordados de oro que representaban la
argolla de su famosa empresa con esta divisa: "il
faut deliberer.'' Sobre las resplandecientes armas
de que no se veian mas que brazales y piernas
vestia el campeon un falsopeto de terciopelo verde,
con una uza ó túnica de brocado, las calzas eran de
grana italian~, y de la misma tela el gracioso somb1·ero que adornaban plumas de diferentes colores.
LlevaLa en la d!estra una espada desnuda, y en el
brazo derecho su empresa de orq ricamente labrada,
con letras azules al deredor que decian?
"Si d vous ,ie plail 1l'aooyr mw,re,

Certesje di,
Qui je SttÜ
&amp;,~ ve,uure."

Dctras de Quiñones caminaban tres pages en
cuyos vestidos, como igualmente en los paramentos de sus caballos, brillaban damascos, brocados,
pieles exquisitas, anchas placas de fina argentería
y cuanto ¡&gt;odia suministrar el lujo de aquellos
tiempos : el de enmedio era notable por un almete
de forma estraña, sobre el cual se eleva un árbol
de hojas anchas y verdes con manzanas doradas:
enroscñbase al rededor una serpiente y salia por
encima una espada con este lema: "Le vrai ami."
Llevaba este page la lanza de Quiñones, y los otros
dos su casco y su escudo de batalla.
Delante de Suero iban los nueve compañeros
suyos; Estúñiga, Bazan, Nava, Alvar Gomez, Ravanal, Aller, Benavides, Rios y Villacorta; todos
hijosdalgo de la primera nobleza, descendientes
algunos de reyes y los mas conocidos por su ardimiento en las batallas. Sus calzas y falsopetos
eran de grana, la uza de terciopelo azul bordado
todo con la empresa y divisa de Quiñones, y los
paramentos de sus corceles tambien azules con los
mismos bordados. Precedíalos á todos un carro
tirado por dos hermosos caballos, dentro del cual
estaban las trescientas lanzas, cubiertas con un
gran pafio de terciopelo bordado de adelfas y otras
flores, y encima veíase sentado un enano que conducia el carro. En fin rompian la marcha las
trompetas del Rey y de los caballeros con atabales
y ajebebas moriscas que habian sido traidas de
intento por el juez de la justa Pero BarLa para
realzar la fiesta. Los &lt;lemas c'.lballeros principales
que, sin ánimo de combatir, habían acudido á las
justas, iban ó. pie primorosamente vestidos de gala,
al rededor del cnpitau Quiñones, y para mns honrarle llevaban las riendas de su caballo. Eran
estos los hijos del Almirante, de los condes de
Valencia y Benavente y otros muchos de !ns primeras familias de Castilla,

167

Dll HISTORIA, BELLAS LETRAS Y AH'l'E6,

Tal fuó el órden con que entró en la lizn 06tll
vistosa comitiva, y dando dos vueltas al rededor
del palenque, á la segunda se paró enfrente del
palco de los jueces que lo eran Pero Barba y
Gomez Arias. Entoncea Suero de Quiñones requirió á estos que sin respeto ni amistad alguna
juzgasen de lo que allí pasase, igualando las armas
entre todos, y dando á cada uno la honra y prez
que se mereciese por su valentia y destreza. Aceptáronlo los jueces y añadieron algunos nuevos capítulos á los que Suero tenia publicados, y tras
esto alzó la voz el hijo del conde de Benavente,
rogando á Quifíones le permitiese sustituirle, dado
caso que alguna desgracia en la justa le impidiera
terminar su empresa: hicieron la misma solicitud
otros muchos caballeros; pero habiendo reclamado
su derecho los mantenedores del Paso, quedó acordado por los jueces que solo ellos eutrarian en la
liza, y que los que quedasen ilesos proseguirian su .
aventura, haciendo armas por sus compañeros heridos; sin que ninguno de fuera los supliese. 'ferminada esta ceremonia, fueronse á un gran festin á
que tamLien estaban convidados los o.ventureros ó
conquistadores que ya habian llegado, y todos se
prepararon para empezar las justas al día siguiente.

1

ron nl ¡inlco de los jueces que dieron &amp;us armas por
cumplidas, mandándolos snlir de la liza. Suero
convido ó. cenar al aleman, y ambos fueron acompañados con m(1sicas l111sta sus posadas.
Molesto seria referir los muchos caLal!eros aventureros que acudieron á gannr prez y gloria. en
estas justas. Fueron estos sesenta y ocho de diferentes naciones, y todos homLres de gran valor y

Arnaldo no rompió lo suya pero se llevó con ella
un pedazo del guardaLrazo izquierdo de su contrario y del encuentro recibió tan descomunal
revés,' que estuvo para dar con su cuerpo en t·1erra.
Dieron los dos segunda carrera y luego otras hasta
cinco en las que Suero rompió otra lanza y Ar,
. t
naldo una• y rotas así las tres lanzas prescr1p as
en los capitulo&amp; del torneo, ambos guerreros subie-

IV.
Amaneció por fin el dia en que ee debla dar
principio á tan famosa empresa. El primero de
los mantenedores á quien tocaba entrar en la liza
era Suero de Quiñones, é hízolo ni ~on de los instrumentos, cautivando el corazon de tocios asi por
su gallarda ¡uesencia como por su aire noble y
guerrero. Presentóse al ¡moto por el lado opuesto
Micer Arnaldo de la Floresta-Bermeja, aleman
que había acudido desde las orillas del E!La,
ansioso de acreditarse en este honroso Paso. Examinaron los jueces las armas de los dos paladines,
y hallándolas iguales, si bien notaron que el caballo de Arnaluo era mas poderoso que el de Suero,
las dieron por aprobadas. En seguida mandaron
al rey de armas y á un faraute, que publicasen un
pregon para que ninguno fuese osado, '¡)Or cosa
que sucediese á ningun caballero, á dar voces ó
hacer señas so pena de tener la lengua ó la mano
cortada; y no era esta una amenaza vana, pues un
escudero que dias atras faltó á este precepto viendo
á su señor en peligro, tuvo á dicha el que loe
jueces ablandados por los ruegos de honrados caballeros, trocasen aquella pena en otro castigo, si
bien menos sensible, mucho mas vergonzoso.
Hecho este pregon, y habiéndose devuelto al
Aleman su espuela derecha que estaba colgada en
el palco de los jueces desde su llegada al pa!!O
(ceremonia que se usaba con todos los caballeros
conquistadores) mandóse tocar la música con
grande estruendo y tono de romper batnlln. El
rey de armas y el faraute dieron la señal, diciendo
en alta voz : " l,q¡eres alle1·, legeres aller, éf air son
deber:" y los dos campeones, poniendo la lanza en
ristre dieron de espuelas á sus fogosos bridones, y
con la rapidez dehayo, partieron animosos á encontrarse. Suero tocó al alemnn en el arandela,
deguaruecióle el brazo derecho y rompió su lanza:

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.#11;)

rompiendo las tres Janzos proacr!ptos ; y como
nunca faltaba un paladín que saliese por ella, cu
breve se rescataba el guante, y la dama muy agasajada y servida, volvia á seguir su camino. Muy
á menudo trocábanse las armas entre mantenedores
y aventureros, ó estos pedian para combatir las
que habian servido {¡ determinado paladio, y principalmente á Quiñones; y este, cuando el caballo
del contrario so juzgaba inferior, le mandaba
cuatro de los mas fuertes y briosos para que escojiese el que le cuadrase. No siempre los aventureros que llegaban tenian todos igual cortesanía,
ni se portaban en la carrera tan noblemente como
debieran; pero los jueces sabían castigar estas
faltas, como asimismo los excesos de valor e
rayaban en imprudencia. Tiu le sucedió al
Suero; pues diciéndose en sus capitul
permitiría á tres caballeroaju'-ar las
dose una pieza del arnes; ta ~ispe1',
go,
para solemnizar el santo, salió á la
con
tres piezas menos, diciendo que en él se reunfkn
los tres caballeros, y que
otros tres _99mb~irrf}
mas no permitieron los JUeees r1uc si'h¡nwera
, 1&amp;

pujanza. En los treinta días que duraron las jl19tis, diéronse 727 cBrreras, rompiéndose 166 lanzns,
y no llegaron á las trescientas convenidas por no
haberse presentado mayor número de conquista•
dores. Lances hubo muy variados que todos han
sido relatados con minuciosa escrupulosidad por el
escribano Pedro Rodriguez Delena, nombrado por
el Rey para dar fé de todo lo ocurrido en esta empresa. A ,•ecos llegaba un gentil-hombre, y no
estando armado caballero, pedia le hiciera este
honor el mismo Suero Quiñones; y este salia á la
puerta de la liza, y allí se arrodillaLa el doncel, y
recibía el espaldarazo, y hacía el juramento de

cumplir y guardar laa cosas debid~ al lwnorable
oficio de caballería; y en seguida montaba ufano en
su bridon, entraba en el palenque, y mostraba al
mismo Suero que era digno de la honra que acababa de dispensarle. Otras veces una dama que
iba en romería á Santiago, llegando á atravesar
por el terreno seiíalado al paso, tenia que entregar
y dejar cnuti vo su guante de la rnnno derecha, el
cual quedaba colgado en el palco de los jueces
hasta que hubiese uu calmllero r1ue lo rescatase

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�HiS

EL l;\STHLCTUH, O HEPEHIOHIO

IG!l

DE IIISTORIA, DELLAS LETHAS y Al{TES.

,@1t~ante peligro, y 1•01 hal,er quel,rnntado ~us
propios capítulos, lo mandaron que fuese arrestado
á su tienda.
No todos los lances que ocurrieron fueron sin
cml,nrgo felices: cni&lt;lns hul,o peligrosas, heridas
&lt;lcscomunole~, y hn~ta un infeliz caballero murió en
la liza pasn&lt;lo de pnrte í1 parte por In lanza. El
ruisrno Quiiioncs tuvo que estar nlgunos &lt;lias sin
jugar las ormos por haucrsc descoyuntado la mano
en un encuentro.

,¡uicn yo era hosta ar¡t11 : on bt:iial de lo cual yo he
trnido este fierro ni cuello totlos los jueves co11ti111111mente; y porque yo, seiíore$, pienso haber cu111plido todo lo que &lt;lebin, segun el tenor &lt;le mis
capítulos, yo pido Íl vuestra virtud me querais
mandar quitar este fierro en testimonio &lt;le rni
liuerta&lt;l, pues mi rescate ya es cumplido."-Los
jueces res¡ion&lt;lieron brevemente diciendo: "Virtuoso caballero y señor, como hayamos oi&lt;lo vuestra
proposicion y nreugn, y nos parezca justa, decimos
que damos vuestras armas por cumplidas y vue,tro
V.
1 rescate ¡1or bien pagado; y nsi mandamos luego al
Cumpliéronse asl los treinta &lt;lias que hllbian
rey &lt;le armas y al faraute que os quiten el hierro;
sido sciíala&lt;los para &lt;lefen&lt;lcr el paso, y el último 1 porque nosotros os damos aquí por libro &lt;le vuestra
din por la tarde, &lt;lespucs de conclui&lt;la la justa, ,·1 empresa y rescate." Dicho esto el rey &lt;le armas y
mondaron los jueces tocar con alegría todos los
el faraute !,ajaron, y delante de los escriu(l'!lo~, con
instrumentos músicos, y eoceu&lt;liéronse luminarias
toda solemni&lt;la&lt;l, &lt;¡uitaron ú Suero la argolla, obey antorchas que alumbraban todo el campo para
deciendo el mandato &lt;le lo,; jueces.
mas solemnizar el júbilo que á todos animaba por
Cumplida aqí la lil,erlnd del unen Suero &lt;le Quihaber conseguido el fin deseado en tan honrosa
fioncs, los valerosos caballcrus &lt;¡ue le l1al,ian ayuempresa. Lul'go los mismos jueces re,¡uiricron 111.S
dado en la alta empresa de ddendcr el p~o, pidieespuelas que pcrmnnccinn colgadas y eran de los
ron 11uc ú cada uno se les dieoc tcstimoJJio Je hahe,
caballeros que no hnbian podido entrar en liza, y
hecho aquellas armas para que en todo tiempo, y
se las mandaron devolver, &lt;lándolcs gracias por el
honor perpetuo suyo, pudiesen acreditarlo, ~ienJo
buen celo con que se lmuinn ofrecido ni peligro; y
l,lnso11 &lt;le e11s familias. Accedieron los juccl's í1 ou
dieron por sentencia que no por haber dejado de
demnutla; y hecho ll$Í, &lt;lc.~pucs &lt;le haber pasado
hacer armas rccibin su honor menoscabo, pues no
otro &lt;lia en festejos, dl'jaron el lugar donde tanta
quedó por ellos, sino por la falta del tiempo.
glori:t hnl,ian adquirido, y tornaron todos junto~ á
Entonces entró en el palenque Suero &lt;le QuiLeon, cu cuya ciudad se les recibió con el honor y
fíouc~, el gran eapitan del Paso, seguido &lt;le a11s
pompa &lt;JUC tanto mcrccinu.
compaííeros y con el mbmo sé,¡uito i¡ue ya
ha
Tal es la &lt;lescripcion exacta de 1o ocurrido cu
descrito en el primer din &lt;le las justas. Pasearon
n11uel célebre paso, susce11til,Jc de ser adornada
todos el campo, y parándose en frente &lt;le los jueces,
con toda.,; las gulas &lt;le la poesía, mas cuyo scucillo
&lt;lijo en alta voz el valeroso ca pitan:-" Scíiorcs &lt;le ' reloto hemos qul'ri&lt;lo &lt;lar para r¡uc formcu nuestros
grande honor: ya es notorio á vosotros como yo
lectores idea de las ceremonias 11ue se obberrnl,uu
fui prescntn&lt;lo nquí ha treinta &lt;lins con los caualleen las fumosas justas &lt;lonilc dcsplcguban nuebtros
ros gentiles hombres que estún presentes¡ y fué
mayores todas las lirtudcs que coustituycu un
mi venida para cumplir lo restante do mi prision
perfecto caballero.
1¡uc fué hecha por una muy virtuosa scfiorn &lt;le

"º

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:u.~r ~~ ,,:
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~.I,

-Te equi vocns ¡ 11a l).."sn&lt;lo el tiempo : dccíRECUERDOS DE LA SUIZA.

dete.
·
1
Wnlter hizo una seiia á su padre para animo~ e.
.1 Pues bien! murmuró Guillermo por lo bRJO:
GUILLERMO TELL,
•oh!
jnmás, jnmás.
1
_
A
podernos de su hijo, gritó Guessl.~r.
.
-Señor, le dijo Juntando lns manos; seíí_or, yo
- l\li padre quiere hacer la prueba, d1JO W nl~cr'
soy quien os ha ofendido, y Íl mí me &lt;lebe1s c11sy se d esprend1. ó de los brazos ele su padre para tm'
tigar; castigadme, pues, matad me¡ pero devolved
á colocar en el árbol.
mi hijo á su madre.
·~
Guillermo se quedó aterrado, con los brazos
_ No quiero que te maten, exclamó el muo,
caido!I
y apoyada la barba en el pecho.
luchando con los arqueros que le sujetaban.
.
Dndle
un arco y flechas, dijo Guessler.
- Señor continuó Guillermo, mi muger Y mis
-Yo.no
soy arquero, exclamó Guillermo sahijos snldn1n de la Helvecia, os dejarán ~i casn,
liendo de su estupor; no soy arquero! soy ballc_stero.
mis tierras y mis rebnííos ; irán á mendigar &lt;le
- Es verdad, es verdad, exclamo la multitu~l.
l'iudad en ciudad, de casa en caso y de cab&lt;lnií_a en
Gucssler se dirigió á los soldados que bnb1on
cabaiia; pero en nombre del cielo perdona a ese
detenido
á Guillermo como para interrogarlos.
niño.
-Sí, si, dijeron, tenia una ballesta y flechas.
- Hay un medio de salvarle, Guillermo, dijo
_¿y dónde están?
,
Ouessler.
_
Se
le
quitaron
cuando
se
le
desarmo.
-¿ Cunl, exclamó Tcll levnntnndose y juntando
-Que se le devuelvan, dijo Gues~ler.
,
.
las manos. ¡Oh! ¿ cuál 1 decid, decid pronto; y
F11eron á buscarlas y se las entregaron u Gmsi lo que quereis exigir de mí está al alcance de
llermo.
un hombre, lo haré.
-Traed una manzana, añadió Guessler: le
- Nada exigiré de tí que no te crean capaz &lt;le
presentaron. una canasta llena de esta fruta, y el
cumplirlo.
gobernador eligió una.
-Escucho.
-Oh! no, no! exclamó Guillermo, no, no;
- Hace un momento que 11a dicho una voz que
apenas
la veria á la distancia de cincuenta pasos ;
eras tan hábil cazador que quitarías á 50 pasos
es una crueldad elegir esa.
una manzana de encima de la cabeza de tu hijo.
Guessler la cambió por otra algo mayor. .
- Oh! era una voz maldita, y creia que solo
-Vamos,
Guillermo, quiero ser condescend1cnte;
Dios y yo la habíamos oi&lt;lo.
.
.
¿
qué
tienes
que decir de esta?
.
-No importa, continuó Guessler, 81 consientes
Guillermo la tomó, la estuvo exammnn&lt;lo y se
en darme esa prueba de destreza, te perdono por
haber contravenido mis órdenes negándote á sa- la dcvo!.ió exhalando un suspiro.
_ Bien ! midamos ahora la distancio.
.
ludar ese sombrero.
- Un instante, un instante, señor; una distancia
-Impo11ible, imposil,le, seiíor, eso seria tentar
leal; pasos de dos pies y medio.
. .,
á Dios:
- Se hará como deseas, Guillermo. y se m1~10
_ Pues voy á probarte que tengo arqueros menos
la distancia contando cincuenta posos de dos pies
pusilánimes que tú. Atad á Wnlter.
y medio.
.
- Aguardad, señor, aguardad ; y dejadme_ reGuillermo siguió al que calcula~a el _espacio Y
flexionar aunque sea eso una cosa muy temble,
midió por sí mismo tres veces la d1stane1a. Conmuy cruel, muy infame.
vencido de que estaba exacta, volvió ni sitio en
-Te concedo cinco minutos.
que liabia dejado la ballesta y las flechas.
- Devolvedme mi hijo por ese tiempo al menos.
_ Una sola flecha, exclamó Guessler.
.
- Soltadle, dijo Guessler. W alter corrió á los
_
Dejtidmela
elegir
al
menos,
porque
no
siendo
brazos de su padre.
perfecta es muy fácil errar el blanco. ¿No es
_¿Nos ha perdonado, padre? preguntó el inoverdad, arqueros?
cente niño eujugándose las lágrimas con las manos,
_Verdades, contestaron los soldado~.
y riendo y llorando á la vez.
_ Bien, elige, dijo el gobernador: pero un_aGsol~.
- ¿Perdonar? ¿ sabes tú lo que quieren? ¡ Dios
_ Se entiende, ea lo comenido, murmuro mmio ! ¿ cómo puede ocurrirsele semejante idea á lo
llermo ocultando otra en el pecho.
imaginacion de un hombre? Quieren; pero no,
_ Examinó todas las restantes con la mns esno lo quieren ! Es imposible que quieran semecrupulosa detencion, hasta que encontró un~ que
jante cosa. Quieren, hijo mio, quieren que á cinreunía todas las circunstancias por él apetecidos;
cuenta pasos quite con una flecha una manzana de
y mucho tiempo despues de haberla encontrado,
encima de tu cabeza.
-¿ Y por qué no lo quieres tú hacer, padre? fingió que seguia buscando entre las &lt;lemas con el
preguntó inocentemente W alter?
objeto de ganar tiempo.
.
. .
_ y bien, dijo Guessler con 1mpnc1enc10•
- ¿Por qué? ¿ y si errase la manzana ?
- Solo me falta, contestó Guillermo, encomen- ¡Oh! bien sabes que no hay peligro, contestó
el hermoso niño.
darme al cielo.
-Todavía mas dilaciones?
-¡Guillermo! exclamó Guessler.
_Oh! nada tiene &lt;le extraño que no habiendo
- Aguardad, seiior, aguardad ; aun no hoce
cinco minutos.
obtenido ¡&gt;iecln&lt;l de los hombres pida mi~eric ordia
CAPITULO III.

TOM,

YIII.

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�JíO

DE TIISTORIA, DELLAS LETRAS Y ARTES.

EL INS'l'RUCTOR, O REPER'l'OIUO

á . Dios! Es cosa que no se niega ni aun al
mismo sentenciado á muerte cuando se halla ya
en el patíbulo.
-Despacha.
Guillermo se arrodilló ; y mientras estuvo en
-oracion ataron á su hijo: quisiéronle vendar los
ojos, pero él se resistió.
- Y bien ! y bien ! dijo Guillermo interrumpiendo su oracion : no le vendais los ojos ?
- Quiere veros, contestaron los arqueros.
- Y yo no quiero que me vea, exclamó Guillermo ; no lo quiero, ¿ lo ois? de lo contrario no
~ay nada dicho; haria un movimiento al ver partir la fle~ha y yo mataria á mi hijo. Déjate vendar los OJOS, W alter, .te lo suplico de rodillas.
- Vendádmelos, dijo el niño.
- Gracias, hijo mio, exclamó Guillermo enjugándose la frente y mirando á su alrededor con
desencajados ojos.
- Vamos, valor, padre.
- Sí, sí, dijo Guillermo, doblando la rodilla
derech~. y pr~parando la ballesta: pero de pronto
se :·olv10 hacia Guessler. Señor todavia es tiempo,
ev1t~dme un crimen y á vos un remordimiento.
Decidme que todo esto ha sido para castigarme,
para probarme y que ahora que habeis visto cuanto
l1e padecido, me perdonais, ¿ no es verdad, señor?
¿ No es verclnd que me perdonais? Perdonadme
perdonadme en nombre del cielo, en nombre de l;
Virgen Santísima, en nombre de los santos.
- Despacha, Guillermo, dijo Guessler • y no
~anses mi paciencia: ¿ no es cosa convenid¡? Vamos cnzador, danos una prueba de tu destreza.
-:- Dios mio, compadeceos de mí ! murmuró
~mllermo levantando los ojos al cielo ; y, recogiendo la ballesta colocó en ella la flecha, apoyó
la culata en el hombro, y al hacer la punteria, este
hombre que un momento antes temblaba como
una hoja agitada por el viento, se quedó inmóvil
como una estátua de piedra. No se oia su aliento
y las miradas de todos estaban fijas ya en Gui~
llermo, ya en Walter. Partió la flecha y estalló
un gri_to de alegria; la manzana estaba clavada en
la ~nema y el niño no habia sido herido. Guillermo
qmso levantarse, pero vaciló, soltó la ballesta y
&lt;:ayó desmayado.
'
-~uando volvió en sí estaba en los brazos de su
h1Jo : y despues de haberle besado mil veces miró
al g?bernador y vió que sus ojos despedian'rayos
de colera.

- ¿ H; hecho lo que me habias mandado señor?
pregunto.
'
- Sí, rontestó Guessler, y eres un excelente
arquero: por consiguiente te perdono como t
ofrecí, la falta de respeto á mis órdenes.'
e
- y yo, señor, dijo Guillermo, os perdono mis
¡1enas de padre.
- Pero ten;mos que arreglar otra cuenta. Has
prestado ?uxilio á Conrado de Baumgarten, que
es un nsesmo y debes ser castigado como cómplice
suyo.
Guillermo miró á su alrededor como un hombre
']Ue se vuelve loco.
- LleYad ese hombre á la carcel, continuó

Guessler, dirigiéndose á los arquero3: se necesita
un proceso en forma, para castigar el asesinato y
la alta traicion.
- Oh! en el cielo debe haber justicia, dijo
Guillermo; y se dejó llevar tranquilamente al
calabozo.
Walter fue devuelto á su madre.

CAPll'ULO IV.
OUESSLER,

LA noticia de los acontecimientos que acabamos
de referir se babia esparcido por las aldeas circunvecinas y provocado bastante agitacion. Guillermo era generalmente querido. La amabilidad
de su carácter, sus virtudes domésticas y su decidida inclinacion á favorecer á todos los desgraciados le habian granjeado la amistad de cuantos
le conocían. Su estro.ordinaria habilidad habia
añadid_o al sentimiento una cándida admiracion,
y le miraban como un ser privilegiado. 'fal es la
organizacion de los primitivos pueblos : tienen necesidad de recurrir á la destreza para alimentarse
y á la fuerza para defenderse : estas dos cualidades
son las que elevan entre ellos al hombre á la
cualidad de semi-dios. Hércules, Teseo y Castor
no han tenido otras gradas para subir al cielo.
A consecuencia de lo que dejamos expuesto,
fueron á avisar
á Guessler á eso de media noche/
.
de que sena muy probable que estallase un motin
si se le dejaba. tiempo para organizarse. Guessler
opinó que el mejor medio de evitarle seria trasladar á Guillermo fuera del canton de Urís á una
.
'
crndadela
que pertenecia á los duques de Austria
y situada al pie del monte Righi, entre Kussnach
y W eggis. Y creyendo que la travesía seria mas
segura por agua que por tierra, dió órden para
que preparasen una barca, y, una hora antes de
amanecer, hizo conducir á ella á Guillermo.
Guessler, seis guardias, el preso y tres marineros
formaban toda la tripulacion de la barca.
Cuando el gobernador llegó á Flueleu, sitio del
embarque, encontró ejecutadas sus órdenes. Guillermo, atado de pies y manos, estaba recostado
en el fondo de la barca, y á su lado tenia, como
prueba de conviccion, la terrible arma que sirviéndole para dar tan brillante prueba de su destreza, había despertado tantos temores en el corazon de Guessler. Los arqueros le custodiaban
sentados en los bancos inferiores: los dos marineros e~taban al lado del palo, dispuestos á hacerse
á la vela, y el piloto aguardaba en la ribera al
bailio.
- ¿ Será favorable el viento? dijo Guessler.
- Por ahora es excelente, señor.
- ¿ Y el cielo ?
-Anuncia muy buen tiempo.
- Marchemos, pues, al instante.
- Estamos, á vuestras órdenes.
Guessler se sentó en la popa, el piloto tomó el
timon, los marineros desplegaron la vela y el barquicht~elo empezó. á deslizarse por el ~spejo del
lago, ligero y graCioso como un cisne.

Sin embargo á pesar de aquel lago azul, de
aquel cielo est:ellado y de aquellos felices presaaios babia un no sé qué de siniestro en aquella
º ' que pasaba silenciosa como un espmtu
, . de
barca
los lagos. El gobernador estaba sumergid~ en s_us
pensamientos, los soldados respetaban su s1lenc10,
y los marineros, obedeciendo muy de mala gana,
hacian las maniobras que el piloto les mandaba.
De pronto atravesó el espacio una estrella, y desvrendiéndose del cielo se sumergió, al parecer en
el lago. Los dos marineros se miraron con sorpresa y el piloto se santiguó.
- i Qué es eso, patron? dijo Guessler.
-Nada, nada por ahora, señor, contestó el piloto. Sin embargo, hay quien pretende que una
estrella que cae del cielo es un aviso del alma de
una persona que nos quiere bien.
- Y ese aviso es de buen agüero?
- Hum! murmuró el piloto: el cielo se toma
pocas veces el trabajo de enviarnos presagios felices. La felicidad viene siempre de sopeton.
- Luego esa estrella es una señal funesta?
- Algunos marineros cargados de años y de esperiencia opinan que cuando sucede una cosa
semejante al tiempo de embarcarse ,·ale mas saltnr
á tierra, si aun es tiempo de hacerlo.
- ¡Ya!""'~ ¿ Y si es urgente continuar el
viaje?
En ese caso descansa uno en su conciencia,
contestó el piloto, y confin en la proteccion del
cielo.
Un profundo silencio se siguió á estas palabras,
y la barca continuó deslizándose por el agua como
si tuviera las alas de una ave de mar.
Sin embargo, despues de la aparicion del meteoro dirigía el piloto sus inquietas miradas hácia
Oriente, porque de aquel sitio esperaba los mensageros de malas noticias. Muy pronto no quedó
duda alguna acerca del cambio de la atmósfera;
á medida que se iba acercando la aurora iban perdiendo su lustre las estrellas, como si una mano
invisible hubiese corrido un velo de vapores entre
el cielo y la tierra.
- ¡ Recoged la vela ! exclnmó el piloto.
Pero antes de que hubiesen cumplido los dos
marineros las órdenes que acababan de recibir,
una infinidad de olas coronadas de espuma avanz!lron rápidamente de Brunnen, como si quisiesen
salir á recibir á la barca.
- ¡ El viento! ¡ el viento está encima ! gritó el
piloto. ¡ Abajo la vela!
Pero ya sea por torpeza de los dos á quienes
iban dirigidas estas órdenes, ya sea porque algun
nudo impidiese la ejecucion de la maniobra, lo
cierto es que el viento había llegado al buque
antes de que se hubiese bajado la vela. La barca
tembló cual tiembla un caballo que oye rugirá un
leon, se empinó y viró por sí sola, como si hubiese
querido evitar el choque de tan poderoso combatiente ; pero en su movimiento presentó el flanco
á su enemigo. La vela se hinchó, y la barca se
inclinó de tal modo que parecía que iba á zozobrar. En aquel momento, cortó el piloto la cuerda
que sujetaba la '"ela, y estn flotó como una bnn-

Jil

dera en la punta del mástil ele que no tardó en
desprenderse¡ y la barca fue cobrando poco á poco
su equilibrio.
.
. , a'
El alba empezaba á romper, y el piloto volv10
apoderarse del timon.
- No ha mentido el presagio, dijo Guessler,
y la tempestad no se ha hecho esperar mnchotiempo.
- Sí, sí : la boca. de Dios es mas verdadera
que la de los hombres ... y pocas veces escnpa
bien el que desprecia. sus avisos.
- Y qué os parece, patron, estamos ya libres
de la tormenta, ó es esa ráfaga de viento precursora de un hura.can mas violento?
- Sucede algunas veces que los espíritus del
aire y de las aguas se aprovechan de la ausencia del sol para obsequiarnos sin el permiso del
Señor; y en ese caso, cuando amanece, cesan los
vientos y de~aparecen con las tinieblas. Pero generalmente la tempestad se desencadena. por mandato de Dios, y entonces debe cumplir su mision,
y desgraciado del que le sirve de blanco !
- Supongo que no olvidarás que se trata de tu
vida al mismo tiempo que de la mia.
- Si, señor, sé que todos somos iguales en presencia de la muerte ; pero Dios es poderoso, y
castiga al que quiere castigar, asi como salva nl
que quiere salvar. Rema, Franb, rema, á ver
si podemos presentar la proa al viento, porque ya
le tenemos otra vez encima...
En efecto, una nube de olas mas altas y con
mas espuma que las primeras acorrían aterradoras,
y el viento que las seguia, hizo deslizar la barca
hácia atriís con tanta rápidez como las piedras
planas que los muchachos hacen saltar por la superficie del agua.
- Si el viento es contrario- para ir á Brunnen, debe sernos favorable para volver á Altorf,
dijo Guillermo que empezaba á comprender el
peligro.
- Ya lo había pensado, contestó el piloto, y
por eso me he Tuelto mas de una vez á mirnr
hácia ese lado. Pero observad que las nubes que
pasan entre Dodiberg y Titlif, vienen de SaintGothard : el viento que las empuja es contrario al
que levanta esas olas, y antes de cinco minutos se
habrán encontrado.
- ¿ Y entonces 1 ...
-Entonces habrá llegado el momento de encomendarnos á Dios.
La profecía del piloto no tardó mucho tiempo
en cumplirse. Los dos huracanes se encontraron;
lució un rayo, y un estrepitoso trueno anunció que
el combate se había empeñado.
El lago participó al momento de la revolucion
de los elementos; sus olas empujadas en distintas
direcciones por encontrados vientos, se hincharon
como si un volean las hiciere hervir, y el barquichuelo era para ellas tan ligero como el mas imperceptible de los copos de espuma que emblanquecían su cima.
Estamos en peligro, dijo el patron; los que no
están ocupados en la mauiol,ra pue,len implorar h
mi3ericordia de Dios,

...

�EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO
-¿ Qué dices, profeta de desgracias? exclamó
Guessler, ¿ por qué no lo hns nd vertido antes? ...
-Lo hice cuando nos dió Dios el primer aviso,
¡1ero vos, seiior, no habeis querido seguirle.
-Ern preciso seguir el viuje.••.
- Yo he creído que ern deber mio obedeceros,
como lo es vuestro obedecer al emperador, y como
lo es del emperador obedecerá Dios.
U ni\ ola furiosa se estrelló en el costado del esquife, y se llenó de agua.
- ¡ Manos d la obra, barqueros! gritó el piloto;
devolved al lagp el agua que nos regala, porque tenemos demasiado cargamento. ¡ Pronto!
¡pronto!... Otra ola nos echa ria á pique, y el
hombre está siempre obligado á luchar contra la
muerte, nun cunn,!o sen ine,itable.
-¿ No encuentras ningun medio de salvncion,
no queda ninguna esperanza?
-Siempre hay es11eranzns, señor, basta cuando
confiesa el hombre que es inútil su ciencia, porque
ln misericordia del Señor es mas grande que los
conocimientos humanos.
- ¿ Y cómo te has atre,·ido, miserable, ú cargar
con tnmaúa responsabilidad, conociendo tnn poco
tu oficio? murmuró Guessler.
-Seúor, hace cuarenta años que le ejerzo, y
vuede que en toda la Helvecia no se encuentre
mas que un hombre que sea m&lt;•jor piloto que yo.
-Sí, pero no está aquí para ocupar tu puesto !
exclamó Gue~sler.
-Está aquí, seiíor, .. dijo el putron.
Guessler miró al anciano con sorpresa.
-Mandad que suelten al preso; porque, si la
mano de un hombre puede salvaros en tan funesto
trance, es la suya.
Guessler accedió á la proposicion del piloto,
Una ligera sonrisa de triunfo arqueó los labios de
Guillermo.
-¿ Has oido? le dijo el patron cortando las
cuerdas que le sujetaban.
Guillermo cogió el timon, y el anciano fué á sentarse al pie del mástil, al lado de los otros dos
marineros.
- ¿ Tienes otra vela, Rudem? preguntó Guillermo.
-Sí; pero me parece que no es muy oportuno
hacer uso de ella por ahora.
-Prepárala y disponte para izarla.
El anciano le miró sorprendido.
- Vosotros, prosiguió Guillermo dirigiéndose á
los marineros,- apoderáos de los remos, y remad
cuando os lo mande. Al mismo tiempo apretó el
timon; sorprendida la barca con tan brusca maniobra, nciló un instante, pero al fin viró de
bordo, cual si fuera un caballo que reconoce la
superioridad del que le monta.- Remad, gritó
Guillermo, á los marineros que cargándose sobre
los remog, hicieron marchar la barca por donde se
quería, á pesar de la oposicion de las olas.
-Sí, sí, murmuró el anciano, ha reconocido á
su amo, y obedece.
-¡ Nos hemos ~alvado ! exclamó Guessler.
-Todavía no, contestó el patron clarnndo los
ojos en Guillermo; pero mucho hemos adclnntado.

DE HJSTORIA, BELLAS LETRAS y ARTES.

Tienes razon, Guillermo, debe haber entre las dos
montañas de la ribera derecha una corriente de
nire, que, si la podemos aprovechar, nos conducirá
en diez minutos á la otra orilla.
Guillermo se dirigió en efecto hácia la abertura
designada ya por el piloto; un valle separaba dos
montaíins, y por ese valle el viento de oeste formaba una corriente y soplaba con tal violencia,
que figuraha una especie de camino encima del
lago. Guillermo tomó aquel carril líquido, é hizo
seña á los marineros para que recogiesen los remos
y al piloto para que izara la vela. Pué obedecido
al instante y la barca empezó á navegar con unn
rapidez sorprendente.

FUNCION DE SANTA ROSALI.A CELEBRADA POR LOS NEGROS.

( Se co11li1mará.)

ECONOl\IIA DOMESTICA.
NADA hay que contribuya tan eficazmente á promover el bienestar de los matrimonios y evitar la
penuria y dificultades en que suelen verse sumergidos los jóvenes casados, como la economía en el
manejo de su gobierno doméstico. De poco sirve
que el Lombre proporcione poco ó mucho para
mantener á su familia, si hay en ella desperdicio y
desórden. La obligacion del hombre es traer á la
casa lo necesario, y la de la mujer cuidar que nada
salga de ella impropiamente, ni aun la cosa mas
pequeña, no tanto por lo que esta puede valer en
sí, sino por el hábito que produce, el cual, empezando por cosas insignificantes, trae consigo inevitable ruina. El hombre busca una compafíera
para que cuide de su hacienda, le ayude en su
peregrinacion en esta vida, y para que eduque y
prepare á sus hijos para ocupar dignamente sus
respectivos destinos en la sociedad. El interés del
marido debe ser el objeto de la solicitud de la
mujer, y su mayor ambicion no debe extenderse á
mas que á procurar su felicidad y bienestar asi
como la de sus hijos. Este ha de ser el único
objeto de su existencia y de sus esfuerzos en el
seno de su familia donde puede contribuir tanto á
hacer una fortuno, como el marido en la tienda 6
el obrador, No se enriquece el hombre con lo que
gana sino con lo que ahorra. Un marido bueno y
prudente deposita el fruto de su trabajo é industria
en manos de su mejor amigo, pero si este amigo no
corresponde á su confianza ¿ qué E'Speranza le
queda? Si no le es dador confiar en la compañera
de su corazon ¿ de quien podrá fiarse? La esposa
no obra solo para sí; es el agente de varias personas
queridas, y debe procurar el bien de estas mas c¡ue
su propia satisfaccion. Vanidad en el vestir, delicadeza excesiva en el comer, ó mas sociedad de la
que sus medios permiten, son igualmente perniciosos, y deben cuidadosamente evitarse no solo por
el dispendio que acarrean, sino por la corrupcion
1le principios que producen.

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y ~ - ~~
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SANTA Rosalia fué una virgen tan bella como virtuosa sobrina de Guillermo el Bue110, príncipe de
la &lt;li~astia Normanda, quien reinó en Sicilia ~~sde
1150 á 1154. A Guillermo el Bueno su~e~10 su
hijo Guillermo el JfaJo, bajo cu~o. dom1010 fué
teatro la isla de continuas guerras c1v1les, y de toda
clase de iniquidades. Rosalia babia manifestado
desde su infancia síntomas de santidad, y apen~s
contaba diez y seis aíios cuando viendo la perversidad del mundo lo abandonó enteramente Y se retiró á las montañas. Cuando desapareció en 1159
creyeron las gentes que había sido_ arrebat~da al
cielo, pero parece que solo se babia_ refugiado á
una cueva solitaria la cual abandono despues por
haber sido molestada en ella, subiendose á la cima
del elevado y áspero monte Pellegrino cerca de
Palermo donde re;idió hasta su muerte en una
curiosa gruta natural.
f:anta Rosalia falleció por supue,to en olor de
.Fautidad; cuatro ó cinco 5iglos de~pues cuando se

-

-- ...-,.;.

....,.e;...-&lt; .

declaró en Palermo una epidemia terrible (en 1624)
cierto individuo manifestó al pueblo que se -~e
babia aparecido en sueños un ángel el cual le d1JO
que los huesos de Santa Rosalia se hallaban aun en,
la cima del monte Pellegrino privados de sepultura: que si eran estos recogidos con debida reverencia y llevados en procesion tres ve_ces. al red~dor
de las murallas de la ciudad cesana mmedmtamente la epidemia. Ejecutóse todo esto: el esq~eleto fué colocado en una caja ricamente embutida
de plata; la gruta fué conve~tida en p~nto de
peregrinacion habiendo const~1do _una capilla á la
entrada de ella, y Sant~ Rosaha vmo á ser la patrona de Palermo.
La celebracion anual de la fiesta de Santa R~salil\ es la mas suntuosa de Sicilia, y segun la ºP'.nion de los sicilianos la mayor del m~do, Ve_r1ficase todos los años en el mes de J uho en 1~ cmdad lle Palermo y dura cinco clias. En el primero
un cárro gigantesco que se eleva cual torre á una

�17 l

EL INSTHUCTOn, O REPERTOllIO

nltura de mas de ochenta piés recorre lns calles
tirado por una hilero. de bueyes ó mulns, que á
,·cces pasan de ciento, vistosamente engalanadas
con cintas y flores. En el carro ván un gran 11úmno de músicos, y en el centro se eleva una estatua de Santa Hosalin de plata maciza, Una procesion numerosisima de eclesiásticos, soldados, funcionarios públicos, &amp;c. &amp;c. forman el séquito,
ncompafiando nl cnrro en su marcha. El tiempo
es generalmente muy favorable, asi es que durante
los cinco dias de In festividad se entregan los sicilianos á toda clase de regocijos públicos y privados,
terminando la funcion con corridas de caballos,
Esta festividad siciliana fué introducida por el
clero católico en algunos puntos de la América del
Sur, donde su celebracion por los negros, aunque
hecbn de buena fé, no puede menos de presentará
los ojos del observador la npariencia de una parodia.
Paro. la mente pensadora la celebracion anual de
Palermo, prescindiendo de consideraciones filo~óficns en lns que no uos hallamos dispuestos á entrnrz
ofrece en el entusiasmo y devocion del pueblo, el
esplendor de la funcion y el homenaje de gratitud
que expresa, un espectáculo imponente é interesante, ademas de que alli se celebra en la localidad
inmediata al punto donde segun la tradicion vivió
In. virgen bcrmitnfia. Pero su celebrncion en la
América,.del Sur tal como la efectuan los negros
tiene algo de grotesco y absurdo. El grabado que
ncompafia 110 dt•ja de dar una idea bastante fiel 1le
esta ceremonia.
El exhubcrnnte alborozo con que los negros entran en cualquiera regocijo ó funcion es bien conocido, y nqui los vemos en toda In locu{1z extravagancia de la alegria, Observad al rey y la reina
en el centro de la procesion: el negro rostro éÍe aus
ruagestades brilla con toda la gloria y exquisito
goce del momento prodigando á sus leales súbditos
las sonrisas mas benignas ~ condescendientes. Cúbrese de flores el terreno que pisan: dos de sus
Ynsallos se postran en bufonesca humildad delante
de ellos; otro dispara una 1&gt;istola en el aire.
Detrás viene la corte, y al paso que avanza la
procesion de ma_r¡istrados y nobles acompañados de
ondeantes banderas y música, los gritos y nclnmnciones de la multitud proclaman su regocijo y entusiasmo. Los músicos en primer término merecen particular ntencion y la escena toda presenta
bastante verdad y fuerza pictórica,

-l\IORATIN.
Do.N Leandro Fernnndez de Morntin conocido
entre los árcades de Roma por el nombre de
Inarco Cclcnio es uno de los poetas dramáticos
modernos que han adquirido mayor celebridad.
Sus comedias, pocas en número pero de mérito
eminente, se distinguen nsi como sus poesins líricas
por una fluidez de estilo y unn. facilidad y pureza
de lenguaje en extremo agrndoblcs. Cuando cm-

pezó Morntin á sciínlnrse como poeta sul,sistia aun
en gran parte lo. aficion al estilo he11chido, los
complicados conceptos y la versificncion violenta y
exagerada con que habinn corrompido la poe~ía
española Góngoro. y sus prosélitos, si bien algunos
escritores modernos de mejor gusto Luznn, Cadalso,
Iriarte, Melendez, Jovellanos1 Cieufuegos, Don Nicolas Moratin padre de Lenndro, y algunos mas
se esforzaron en redimirla del oprobio en que
babia caído. l'tforatin se manifestó desde luego
enemigo acérrimo de aquel estilo pomposo, combatiendolo con el precepto nsi como con el ejemplo
en sus escritos, como se vé en la leccion poética
que sigue á esta noticia biográfica: y como dice el
mismo de si en su epístola á Geroncio :
El ha sabido adquirir
La cstimacion gcueral,
A plauso y em·idia excita
Cuanto llega á pul,licar.
Le murmuran: pero nadie
Camina por donde él ,a;
Nadie acierta con aquella
Dificil f arilidad;

································· ..

l\loratin nació en Madrid en 10 Je l\lnrzo Je
1760, aus padres fueron Don Nicolas l~ernandez
de Moratin, el insigne poeta de quien ya @e ha
tratado arriba, y Doña Isidora Cabo Conde. Form6$e por sí mismo, y como á escondidas, en el
gusto de la poesía, y en sus primeros etitudios; y
su padre que le destinaba primero á la profesion
de la pintura, y Jespucs al ejercicio de la joyerln,
fue bien ngrnclablemente sorprendido al ver á su
hijo ganar en la .Academia española el segundo
premio de poesía en 17í9, cuando apenas contaba
19 años de edad. Este lauro le hizo redoblar en
nplicncion y en esfuerzos, y tres afios despues ganó
igualmente el premio segundo de poesía con la
Leccwn potiica, donde ya se veía al poeta manifestar el gusto clásico y puro, y In facilidad y belleza de ejecucion con que se distinguen sus obras.
Por los años de 1787 hizo un viaje á Paris en compañía del conde de Cabnrrús, donde conoció y
trató al célebre Goldoni, y donde acabaría de
formar su gusto en el arte de la comedia, á que le
inclinaba poderosamente su genio y en que tanto
se babia de aventajar despues. Vuelto ó. Espolín,
la oda que escribió en el año siguiente á la proclamncion del Señor Rey Don Carlos IV le hizo mas
conocido del Gobierno, que le agració entonces
con un pequeño beneficio. En el año de 1700 &lt;lió
El .,,itjo y la nifuz, comedia que se representó con
muchísimo aplauso, y que puso al autor en el lugar
eminente de donde no se le ha visto descender
despucs : amenazado de ser envuelto en la desgracia que por el mismo tiempo cayó sobre su
protector el conde de Cabnrrús, fue libertado del
peligro por el favor de Don Luis y Don Manuel Godoy, entonces ya en la cumbre del favor, y
que le consiguieron un beneficio considerable en
Andalucía, y una pension sobre la mitra de Ovicdo,
con cuyas gracias pudo considerarse en aquel cstndo de desahogo y fücultade~, propio para cultivar

17,j

DE JIJSTORIA, DELJ,AS LETRAS y ARTES.

Caf
las musas á su gus tO Ycon inclependencia. El
l y·
·t
f d d n l 70-2 con igual aplauso que e ieJO
uel N"
n o- e El autor des pues snl"
io de España á
Y, ~ ; ;::uevo; y recorrió la Francia, la lngl~:
la Holanda y la Italia, donde permanec10
tVIRJR
erra,
, · E aña ,, a
hasta el año de 1796 en que regres~ a • sp , ,
hecho secretario de la Interpretac1on de leng;as
or su favorecedor el Príncipe de In Paz. El a;.on La Mogigata, El Sl de las Niñas, fueron s~cesivamente el fruto del estudio y agrnda~le s1tuacion de que el poeta gozaba desde aq~elln epoca,
representadas todas con igual aceptac1on que sus
primeras comedias. Las turbulencias que amede .Bonapnrte,
nazaron en 1808 con la invasion
,
acabaron con su fortuna y con su sosiego, ce;~
con los de tantos otros hombres de letras.
siguió la opinion de aqueJlos que no creyeron
posible la resistencia á las armas francesas : de
aqui todas las vicisitudes de su fortuna; y de su
residencia desde entonces ya en Espan_n, ya fien
. ya en Italia. Vuelto á Francia,
F rancia,
, á pal . n
se fijó en Burdeos, y ·últimamente paso
, ar1s,
donde murió eu 21 de Junio de 1828 ; y esta e~terrndo no lejos de Moliere, cuyo imitador fehz
babia sido.
d E 1
Fue amigo de J ovellanos, de Forner, e sta n,
de Goya, y de casi todos los hombres mas señalados de su tiempo.
LECCION POÉTICA,
O adlira co11tra l,os vicio&amp; de la poesía ca&amp;tellana,

.Apenas, Fabio, lo que dices creo,
y leyendo tu carta cada dia
l'tias me confunde cuanto mas la leo.
¿ Piensas qne esto que llaman poesía,
Cuyos primores se encarecen, tanto,
Es cosa de juguete ó frusleria;
0 que puede adquirirse el numen santo
Del Dios de Delo, á modo de escalada,
O por combinacion, ó por encanto?
Si en las escuelas no aprendiste nada,
Si en poder de aquel dómine pe~ante
Tu banda siempre fué la desgracmda ;
. Por qué se!!'llir procuras adelante?
U~ arado, una"azada, un escardillo,
Para quien eres tú, fuera bastante.
De cólera te pones amarillo:
Las verdades te amargan: ya lo advierto,
No &lt;iuieres consultor franco y sencillo.
Pues hablemos en paz: que es desacierto
Descnaañar al que el error desea,
Vaya ;or donde vá, derecho? tuert?.
Dígote, en tin, que es admirable idea
En tu edad cann. acariciar las musas,
y trepar ú. la fuente pegaséa.
Pues si el aceite y 111 labor no excusas,
y prosigues intrépido y constante,
En tí sus glorias lloverán infusas.
Los conccptillos te andarán delante,
v crsos nrrojarús ú. borbotones,
Tendrás en el tintero el consonante.
¡ Qué romances harás y qué canciones!

. y qué asuntos tan lindos me prometo
Que pam tus opúsculos dispones!, .
. Qué gracioso ha de estar y que discreto
U~ soneto al bostezo de Belisn,
Al resbalon de Inés otro soneto! .
Una dama tendrás, cosa es precisa:
Bellísima ha de ser, no tiene quite,
y llamarásla Filis ó Mnrfisa.
. .
Díla que es nieve, cuando mas te unte;
Nieve que todo el cornzon te nbr~sa,
y el fuego de tu amor no la derrite.
y si tal vez en el afecto escasa
Pronuncia con desden sonoro hiel,o •,

•

Breve disgusto, que incomoda y ,Pasa;
Dirás, que el encendido Mon~belo
De tu pecho, entre llamas y ce?1zas,
Corusca crepitante y Jlega al ~1elo.
Si tu pnsion amante sole~~1zas,
No olvides redes, lazos y pns1~nes,
En donde voluntario te esclavizas.
Pues si el cabeJlo ó. celebrar te pones
l\Ins que los rayos de Titon berm~so, '
. Qué mérito hallarás, qué perfecciones.
1
Dilo que el alma agena de reposo,
Nada ;olfos de luz ai·diente '!/ pura,

En crespa tempestad del oro tt11do.,o t ·
Llama á su frente espléndida llanura,
Corvo luto sus cejas, ó suaves
.Arcos que flecl1a te clavárnn dura.
cu:ndo las luces de su olimpo alabes,
Apura por tu viJa, en el asunto
Las t~vesuras métricas que sabes.
Dí que su ~ielo, del cenit tras?nto,
Dos soles ostentó, por darte enoJos,
Que ai se ponen quedarás difunto;.
y al aumentar tu vida sus despoJOS
Se lava el corazo11, '!/ el agua arroja

Por los tersos balcones de los ojos¡. .
y tu amor que en el Jlanto se remoJn,
,

. d

En él se anega, y sufre inus1ta o~
Males muriendo, y líquida congoJn.
Dí que es pensil su bulto de mezrlndos
Clav;l y azahar, y abeja revolante
Tú que libas sus cálices pintados.
La boca celestial, que enciende amante

Relámpagos de risa cannesles ~
.Alto asunto al poeta que la cante,
Hará que en su alabanza las varíes
Llamándola de amor ponzoña breve,
o madreperla hermosa de rubíes. .
.Al pecho, inquieta de sazon de DJel"e,
Blanco porque Cupido el blanco puso
En él :, en blanco te dejó el nieve.
' J
•
y dí que venga un literato nJ uso,
Con su Luzan y el viejo Estagirita,
Llamándote ridículo y confuso;
Que yo sabré con férula erudita
Hacerle que enmudezca arrepentido,
Por sectario de escuela tan maldita.
Asi tnmbien hubiéramos vencido

• Quevedo.

t Gernnlo Lobo.

t Idem.
~ Quevedo.

o

..
;:

�17G

EL INSTRUCTOR,
E_I 'l'"enust0 rigor de esa tirana,
Tigre, de rosa y alhelí vestido
R Ma_s, quier? suponer que la lnhumana
asgo tus ovillejos y canciones
y todas las tiró por la ventana~
'
D'No ,importa, as1, va b'ien. Luego
compones
iez o doce lloronas elegías
Llenándola de oprobios y b~ldones.
No te puedo prestar ningunas mías.
Pero tres me dará cierto poeta,
,
Lar~a~, eternas, y sin arte, y frias.
Diras que ~auto la pasion te aprieta,
Que mueres mfeliz y desdeñado.
i Inexorable amor! ¡ fatal saeta !
El cuerpo dejarás al verde prado
El alma al cielo de tu dama hermo:a
y serás en su olvido sepultado.
'
Y_en lugar de escribir: "Aquí reposa
Fab10, que se murió de mal de amores .
Culpa de una muchacha melindrosa.,,,
Detendrás á las niufas y pastores ,
Para que una razon prolija lean '
De ~odas tus angustias y dolores.
Bien que los sabios, si adquirir desean
Fama y nombre inmortal, no solamente
En un_ sugeto su labor emplean.
Olvida, amigo, esa pasion doliente.
Hartas quejas oyó que murmuraba •
Con Je~gua de cristal pícara fuente.
~o siempre el alma ha de gemir esclava:
DeJate ya de celos y rigores,
y el grave empeño que elegiste acaba.
Que ya te ofrecen mil aparadores
Tra~s~ormada~ las salas en bodegas'
Espmtus, aceites y licores.
Suena algazára : cada cual despega
Un ~asco,~ otro, la embriagada gente
E~pie~a a improvisar... y ¿ quién se niega?
¿ Que vale componer divinamente
C_on l~rgo estudio, en retirada estancia,
S1 delirar no sabes de repente?
Cruzan las copas, y entre la abundancia
De los brindis alegres de Lieo
Se e~per~ de tu musa la elega~cia.
Mira a Camilo, desgreñado y feo,
Honca la voz, la ropa desceñida
Lleno de vino y de furor pimpl:o .
Como anima el festin, y la avenlda
De coplas suyas con estruendo suena
De todos los oyentes aplaudida .
,
.La q~intilla acabó : los vasos Ílena
Fiel asistente de licor precioso.
Vuelve á beber, y á desatar la vena.
Bomba, bomba, repite el bullicioso
Concurso, y cuatro décimas vomita
Con pie forzado el bacanal furioso.
y qué, ¿ tú callarás? ¿ nada te excita
A mostrar de tu numen la afluencia
Cuando la turba improvisante grita ?
N ¿· Temes ? V ano temor. La competencia
o te desmaye, y las profundas tazas
Desocupa y escurre con frecuencia
~a te ?1iro suspenso, ya adelgaz~s
El rngemo, y buscando consonante

'

O REPERTORIO
En hallnrle adecuado te embarazas.
¿ A qué fin? Con medir en un instante
Aunque no digan nada, cuatro versos
,
Mezclados entre sí, será bastante.
¿Juzgas acaso que saldrán diversos
De los que dieron á Camilo fnma,
O mas duros tal vez, ó mas perversos l
No porque alguno Píndaro le llama
Oyendo su incesante taravilla
'
p·
,
ienses que numen superior le inflama.
Los muchachos le siguen en cuadrilla
Pues su musa pedestre y juguetona
,
Es ~ntretenimiento de la villa.
S1 arrebatarle quieres la corona
y hacer que calle, escucha mis ideas
Y estimarás nl doble tu persona.
'
Chocarrero y bufon quiero que seas
Cantor de cascabel y de botarga:
,
Verás que aplauso en Avapies granjeas
Con tal autoridad, luego descarga •
Retruécanos, equívocos, bajezas,
Y en ellas mezclarás sátira amarga.
Refranes usarás y sutilezas
En tus versillos, bufonadas frias
Y mil profanaciones y torpezas. '
y esta compilacion de boberías
Al público
. darás de tomo en tomo,
Que ansioso comprará lo que le envías.
Porque el ingenio mas agreste y romo
Con obras de esta especie se recrea
Como t~ con las gracias de Gerom~.
~a~ s1 tu orgullo obscurecer desea
Al lírico famoso venusino
Con quien tu preceptista me marea
Aparta de sus huellas el camino ,
Huye su estilo atado de pedante '
Que inimitable lJaman y divino.'
Canta ~n idioma enfático-crispante
~e las deidades chismes celebrados,
Sm ?erdonar la barba del tonante.
P1
en Fenicia los alegres prados,
La nma de Agenor y sus doncellas
Los nítidos cabellos destrenzados ,
Qu~, dando flores al abril sus huellas
La orilla que de líquido circunda
,
.Argento Doris, van pisando bellas.
Al motor de la máquina rotunda
Que enamorado pace entre el armento
La yerba, de que opaca selva abunda
La ninfa al verle, agena de espaven~o
~rna los cuernos y la espalda preme, '
Sm recelar lascivo tradimento.
Ya_los recibe el mar: la vírgen treme
Y alJuvenco los ál&lt;&gt;idos
undusos
'
0
l'''l
ie agos, hace duro amor que reme.
Ella,
. los astros ambos lacrimosos,
R ec-,,procando aspectos cintilantes •
Prorrumpe en ululatos dolorosos •
Cuyas quejas en torno redunda~tes

~;ª

IJe flébiles ancilas repetidas t,
Los antros duplicaron circunstantes.

(Se continuará.)
• Silveira.

t , illamediana.

'

177

DE lllS'rOllIA, BEJ,J,AS LE'rHAS Y ARTES.
LA cÁSIA.

LA cásia pertenece nl género de plantas leguminosas, y se divide en un gran número de especies
incluyendo entre ellas la planta que produce las
hojas de sena usadas en la medicina. Criase en
general en los climas trópicos ó templados, y se
compone de un cáliz de cinco hojuelas caedizo,
flor tambien de cinco hojuelas casi redondas, y
diez hebritas separadas eu medio. Los botánicos
reconocen de 200 á 300 especies distintas de Cásia;
pero las que principalmente se usan en la medicina son, l. La cásia fistula; 2. La acutifolia;
3. La obovata; y 4. La lanceo/ata cuyos nombres
han recibido 6. consecuencia de algunas distinciones en la formacion ó apariencia. de sus hojas.
La cásia fistula es un árbol de algun tamaño, con
largos racimos pendientes de flores amarillas que
le dan una apariencia muy vistosa. Crece espontáneamente en la ludia y en las regiones trópicas
de Africa. La cásia acutifolia es un arbusto con
flores tambien amarillas en racimos erectos: críase
en el Egipto, Senaar y Abisinia, y forma un ramo
importante de comercio en estos paises. El sena
llamado de Alejandría que produce esta cásia es el
mas estimado en la medicina, La cásia obovata
se distingue con el nombre de Sena de Alepo por
criarse principalmente en el bajalato de este nombre en la Turquía asiática; y la cásia lanceolata
por una razon análoga es conocida en el comercio
con el de sena de l\Ieca. La flor de la cásia que,
como ya se ha dicho, se compone de cinco hojas
pequeñas casi redondas, es en su olor y sabor muy
sem.ejante á la canela, empleándose como esta en
usos culinarios. La leguru bre que constituye su
ToM, VIII.

fruta se compone de una vainilla parecida Íl la del
guisante pero mas pequeña y de color pardo mas
ó menos oscuro. Contiene esta vainilla una pulpa
gruesa dividida en tiras transversales las cuales
separan las semillas unas de otras.
Las diferentes especies de cásia de que hemos
hecho mencion se usan en la medicina, ya utilizando la. pulpa ó ya las hojas. La pulpa de la
cásia fistula consiste principalmente de azucar y
goma y es un laxante suave. Entra pues como
ingrediente principal en la composicion de todos
los purgantes de que forma el sena la base. De la
flor de la ciísia se hace mucho uso para formar la
esencia de café. Esta sustancia preparada con
pulpa fresca, es ligeramente purgante y constituye
un excelente artículo de dieta para los que sufren
consti pacion habitual,
Las hojuelas de la cásia son bien conocidas de
todos en la forma y con el nombre de hojas de
sena usadas en infusion ó cocimiento como purgante familiar. .Al hacer uso de estas hojas debe
procurarse que esten libres de adulteraciones : en
el comercio suelen ir mezcladas con las hojas y
fruto de la coriaria mirtifolia, planta muy venenosa
en cuyo caso producen náuseas, dolores cólicos y
grande incomodidad al tomarlas. El sena puro es
un excelente purgante.
El principio activo ó purgante cede al agua, bien
sea fria ó caliente y al alcohol. Si se hace la
infusion en agua es preferible la fria por que no
produce dolores cólicos. Para hacer la illfnsion
deberán permanecer las hojas en el agua sobre
veinte y cuatro horas, sujetándolas en el fondo
eon un fuerte peso, y excluyendo el aire cuanto
sea posible. Suelen echarse en la infusion algunas
sustancias aromáticas ya para corregir su tendencia á ocasionar dolores cólicos, ya para aumentar
su eficácia purgati va.

EXÁMEN ANALÍTICO DE LAS OBRAS DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
(ARTÍCULO

II.)

EN nuestro número anterior examinamos las p&lt;iesias y el teatro de Cervantes y su DQvela titulada
la Gala.tea: El artículo que ofrecemos hoy á nuestros lectores contendrá el análisis de sus Novelas
tjempw.res tomado del que escribió el académico
Don Agustin García de Arrieta para la edicion
clásica de lns obras escogidas de Cervantes publicada en Paris:NOVELAS.
"Las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes
son sin disputa las mejores producciones de este
grande ingenio, despues de su inimitable é inmortal Quijote, y lns primeras tambien que se
compusieron originalmente en castellano; abriendo
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1

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1

178

EJ, INSTRUCTOR, O REPERTORIO

en ellas, como él mismo dice en s11 Viage al Parnaso, un camino para estender el uso y p1·opiedad del
idioma patrio. Yo, dice en su prólogo, soy el primero que !te novel,ado en lengua castellana, que las
muchas novelas, que en ella andan impresas, todas
son traducidas de lenguas extrangeras; y estas son
mías propias, no imitadas ni li111·tadas : mi ingenio
las engend7'&amp;, y las pa1'i&amp; mi pluma, y van creciendo
en los brazos de la estampa. Antes de dar á luz la
coleccion &lt;le todas ellas procuró tantear como las
recibia el público, intercalando en la primera
1)arte del Quijote la del Curioso Impertinente y la
del Capitan cautivo, aunque sin conexion ni analogía con la accion de aquella fábula, aventurando
y aun recelando, como confesó despues en su segunda parte, que los lectores, poniendo su atencion
en las aventuras del héroe principal, no la diesen á
las referidas novelas, ó pasasen por ellas con prisa
ó con enfado, sin advertir la gala y artificio que
en sí contienen, como se mostraria mas ni manifiesto cuando por sí solas, y sin arrimarse á las locuras de Don Quijote, ni á las sandeces de Sancho,
s,11iesen á luz. Con el mismo objeto indicó tambien el título de algunas otras, como la de Rinconete y Cortadillo, y el Zewso Estremtfw. No le
salió vana esta tentativa, puesto que no solo fueron
bien acogidas en España, sino que en 1608 reimprimió en Paris César Oudin la del Curioso Impertinente, al fin de la Silva Cw·iosa de J ulian de
1\Ie&lt;lrano, y In public6 al mismo tiempo separadamente y trad uci&lt;la al francés, para instruccion de
sus discípulos. Esto, y el ver correr nlgunas en
eopias, nunque incorrectas, con aprecio entre Ius
gentes, le alentó á dará todas la última mano para
solicitar su impresion, como lo hizo á mediados del
nño 1612, y publicarlas hácia fines &lt;le Agosto de
1613, dedicándolas á su ilustre Mecenas, el Conde
de Lemos por medio de una carta, digna del mayor
aprecio é interés, asi por la urbanidad, gratitud y
moderacion con que está escrita, como por ser un
modelo de lo que deben ser los escritos &lt;le su
especie, y una critica muy fina &lt;le ln mayor parte
de las epístolas dedicatorias que se escribian en
aquel tiempo, y de las que se han escrito despues y
aun escriben todavía por autores tan lisonjeros
ceomo vena.les y no nada delicados.
Recibiólas el público ilustrado é imparcial con
-el aprecio qoo se merecian, tanto que le gran¡zearon
á su autor el dictado de Bocacio esparwz, que le dió
el chistoso é ingenioso dramátieo 'rirso de Molina
al considerar sus excelentes calidades : pudiendo
añadir que excedió con mucho al novelista italiano
.
.
'
as1 eu la importancia moral y política de los argu•
mentos de casi todas ellas, como en el buen ejemplo de su doctrina. Rabia visto Cervantes en
Italia el aplauso con que corrinn en este pais las
novelas de aquel: pero advirtió que sin embargo
de su buen estilo y de la elegancia, pureza y singul~res gracias de lenguaje, que las hacian tan apreciables, eran por otra parte harto nocivas por la
frivolidad, la indecencia y nun oscenidad de sus
ideas y argumentos; y asi lHOcuró evitar este
abuso, adoptando para el plan de las suyas aquellos, que sin ofender el pudor, fuesen característi-

cos del genio de su nnciou, y prestasen materia nl
ridículo, para lograr In correccion de los vicios
mas dominantes en la sociedad, yn por falta de educacion, ó ya por causa del imperio que ejercen en
el vulgo las preocupaciones, malos hábitos y creencias absurdas, cuya perniciosa influencia babia
observa.do y penetrado su perspicacia en la série
de sus comisiones y viajes por la península. En
tales fundamentos se apoyó para llamarlas 'liemplares; porque si bien se mira, dice en su prólogo,
no hay ninguna de quien no se pueda sacar algun
ejemplo provechoso. Igual concepto formaron de
ellas sus censores y aprobantes diciendo: que
daban honor á la lengua castellana, y que no se
mostraba menos en ellas la discrecion y amenidad
de su autor, que en el Quijote; y el festivo y fecundo Gerónimo de Salas Barbadillo añadió: 'que
con ellas confirmaba Cervantes ln justa estimacion
que en España y fuera de ella se hacia &lt;le su claro
ingenio, singular en la invencion y copioso en el
lenguaje; pues con lo uno y lo otro enseña y admira, dejando &lt;le esta vez concluidos con la abundancia de sus palabras á los que, siendo émulos de
la lengua espafioln, In culpan &lt;le corta y niegan su
fertilidad.' Los principales autores dramáticos
españoles &lt;le aquel tiempo acreditaron el aprecio
que mereeia su invencion, el artificio de su plan, y
la propiedad &lt;le sus cara,ctéres, escogiéndolas para
argumentos de algunas de sus comedias, como lo
hicieron con gran celebridad Lope &lt;le Vega, l\foreto, Solis y Don Diego de Figueroa y Córdova.
De aquí nace que estas primitivas novelas españolas aun despues de mas de dos siglos se leen siempre con gusto por las personas ilustradas, y que
los escritores de mayor crédito, teniéndolas por las
obras mas correctas de Cervantes, califiquen con
justicia la primacía y preferencia que merecen
sobre las modernas, considerándolas como piezas
excelentes de imaginacion y de elocuencia, como
las mas perfectas que tenemos hasta ahora, y en fin
como obras clásicas y magistrales en su género,
particularmente las novelas jocosas 6 cómicas, y
aun algunas de las sérias; pues en ellas hace ver
su autor la naturaleza con aquella verdad, con
aquella alternativa y con aquellos accidentes que
le son inseparables y nun esenciales, mientras que
los demas novelistas modernos dejan ver desde
luego en sus obras el artificio, el estudio y la afeatacion pedantesca y fastidiosa de filosofía y sensibilidad exquisita y romántica con que exageran,
desfiguran y desmienten le. naturaleza, por no
saber imitarla con propiedad y verdad : cosa harto
mas dificil y solo da.da á los ingenios de primer
orden.
Para conocer y apreciar debidamente el mérito
de las novelas de Cervantes, ~specialmente de las
cómicas ó jocosas, era necesario saber el tiempo,
el lugar en que las escribió, su oportunidad, su
objeto, sus alusiones todas, la doctrina que quiso
dar por medio de ellas, con otras circunstancias y
particularidades que hnrian comprender mejor su
inimitable gracia, sagacidad y agudeza; pero
siendo todo esto mas bien asunto de un detenido
análisis, que de un prólogo, nos reduciremos á

DE IllSTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

17\1

de IIorn, ni fué cautiva.do en la batalla &lt;le Lcpanto,
decir en el presente, ya que no todo, á lo menos lo
ni quedó esclavo de Ochali, ni por fallecimiento
que baste para dar una prévia y ~i~ere. idea de las
de este pasó á poder de Ázan-Agtí., con quien han
principales de ellas, y de las opm1ones y filosofía
creirlo
se trasladó de Constantinopla á Argel en
de su autor.
1577, ni llegó tampoco á ser capitao: suceso~ y
y empezando por la novela del Curioso Impertinente parece haber tomado su autor el argumento circunstancias que se ntribuyen todas al cautivo
Rui Perez de Viedma, natural de las montañas de
de elÍa del Ariosto, cuando en su Orla11do pinta un
Leon, acnso compañero de Cervantes en su cauticaballero, que habiendo casado con una dama,
verio, y verdadero actor y héroe de la novela, cu~os
llena de honestidad, hermosura y tliscrecion, con
sucesos y aventuras fueron ciertos, ,Y _en que q~mí
quien vivió feliz algunos años, le aconsejó la maga
tuvo nuestro autor no poca parte e mtervencwn.
:Melisa que para probar la virtud de su mujer le
Por eso dice en boca del Cautivo al comenzar esta
diese libertad y ocasiones de abusar de ella, finnarracion : 'y esten vuestras mercedes atentos, y
giendo ausentarse, y que bebiendo deapues en
un vaso de oro, guarnecido de piedras, lleno de oirán un discurso verdadero, á quien podria ser
vino generoso, sabría si le babia sido fiel ó no; que no llegasen los mentirosos, que con curioso y
porque si lo era, le beberia todo sin que nada pensado artificio Ruelen componerse.' Y en su
se le derramase, y si lo contrario, se le vertería el comedia de Los Baños de A1'{Jel, donde se repiten
licor sin entrarle una gota en el estómago. Curioso estos sucesos, finaliza la última jornada diciendo;,.
\
é impertinente el caballero aceptó el consejo de la
No de la imaginacion
maga, y al beber en el vaso experimentó el castigo
Este trato se sacó,
de su curiosidad impertinente, vertiéndosele todo
Que la verdad lo fraguó.
el vino por el pecho: por cuya razon rehusó ReiDien lejos de la liccion.
ualdos exponerse á tan peligrosa prueba, cuando se
Dura en Argel este cuento
la propuso el mismo caballero en un convite, con•
De amor y dulce memoria,
tentándose con la buena opinion que ya tenia de su
Y es bien que verdad é historia
Alegre al entendimiento, &amp;c.
mujer. Es pues muy verosímil que Cervantes,
apasionado y admirador de Ariosto, tomase de esta
De todo lo cual, y de otras vuias circunstanciu
ficcion la idea de su novela, tan apreciable por su
que pudieramos anotar, se puede inferir con harta
artificio, su estilo, y por la pintura de los afectos
probabilidad que aunque esta novela contenga aldel amor, de los zelos, y de la fragilidad humana,
gunos acontecimientos del cautiverio &lt;le Cervantes
como ejemplar, no solo por el merecido castigo que
de quien se hace expresa mencion en ella, el suceso
recibe Camila, sino porque hace ver los riesgos de
ó accion principal aconteció al capitan llui Perez
las pruebas aventuradas, imprudentes y no necesade Vie&lt;lma, compañero &lt;le Cervantes en el baño de
rias; y cuan conveniente es por el contrario huir
Aznn-.Agá; ó que por lo menos, cuando él no sea
de las ocasiones y peligros para no exponerse á ser
cierto y verdadero, se compuso de otros hechos y
víctima de una pasion tan temible cual es la del
a1J1or, la cual solo se vence con huirla : enseñán- acontecimientos reales y efectivos, aunque enlazadonos por fin, como dice muy bien su autor, que dos é historiados del modo mas oportuno y convenadie se ha de poner d brazos con tan poderoso ene- niente para guardar la propiedad de lns costumbres
migo; porque son menester fuerzas divinas para y &lt;le los lances é incidentes de la accion principal,
y preparar con mas naturalidad el desenlace de la
vencer las suyas humanas.
fábula. El suceso de Zoraida, ó su robo y traida
La novela del Capitan Cautivo es en gran parte
histórica y verdadera; y no falta quien ha crei&lt;lo á España, nada tiene de inverosímil, ni es tnn
que el héroe de ella es el mismo Cervantes. El singular que no hubiese ocurrido otro muy semepadre Sarmiento aseguraba que esta novela era jn11te por aquellos tiempos, segun refiere el padre
una disfrazada historia de la vida de Cervantes, y
Sepúlveda, el tuerto, el cual escribiendo en el Esaplicaba tí. este todos los sucesos del Capitan Cau- corial lo que pasaba en su tiempo, cuenta que una
tivo, desde que le apresaron en Lepanto en 1571
señora alemana, mujer del rey ó sultan de Argel,
hasta que fué á Argel con Azan-Bajá en 29 de hallándose el año 1595 en uno de lo&amp; jardines fuera
Julio &lt;le 1577. Otros literatos mas modernos han
de la ciudad, se vino á España, con veinte persosospechado y aun creido que Cervantes, prendado nas mas, y lo mejor y mas rico que tenia, en una
de la virtud y hermosura de Zoraida, heroina en barca que se envió de propósito desde Valencia,
parte &lt;le esta novela, no solo la trajo á España,
por orden de Felipe II, quien le asignó una pendonde murió poco tiempo despues, dejándole por sion, con la cual vivió muchos años &lt;lespues en
fruto de su amor y aventuras tí. su hija Doña Isabel aquella ciudad. Por lo &lt;lemas esta novela, adede Saavedra, sino que á esto aludió en muchos mas de ser muy ejemplar en su objeto y consect:enlances y expresiones de la Galatea, En la vida de
cias, es muy curiosa é interesante por las noticias
Cervantes, queda ya insinuado que esto no es
tan auténticas é individuales que contiene sobre.
cierto, y asimismo que Cervantes no es el héroe de
lns costumbres de los argelinos, y el bárbaro trato
esta novela; y si bien es verdad que hay en ella que daban á los cristianos cautivos poP aquellos
pasajes verdaderos en que tuvo parte su autor, tiempos.
tambien es notorio que ni este fué á Flandes con
De la dilatada mo.nsion que Cervantes hizo en
el duque de Alba, ni sirvió allí á sus órdenes, ni
S. \'illa nació el pleno conocimiento que a&lt;lquirió
pudo ver las muertes de los condes &lt;le Egmont y
ne los barrios mas recónditos de nq_uel pueblot de-

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EL INSTRUCTOR, O IlEPER'fOHIO

las costumbres y modo de vivir de los sevillanos,
de sus vicios y preocupaciones, y aun de las hablillas, consejas é historietas mas admitidas en la
credulidad del vulgo; y de aquí tomó, como observa el nuevo historiador de su vida, los originales
de sus novelas Rinconr.te y Cortadillo y el Zel.oso
Estrcmeíw. Las aventuras de aquellos dos famosos
ladrones acaecieron en el aiío 1569, bien que á
fines de aquel siglo, segun el testimonio de D. Luis
Zapata, subsistia aun la cofradía ó sociedad de
aquellas gentes perdidas y astutas, de quienes hace
Cervantes la pintura tan viva, graciosa y fiel, y
que robaban impunemente bajo ciertas reglas y
constituciones, con grave perjuicio de la seguridad
personal, y con sumo desacato contra lo que se debe
á la justicia y al orden público, como procuró
manifestarlo y persuadirlo. En el Zeloso Estreme,io, q~ refiere cuanto perjudica la ocasion, y cuyo
caso asegura ser verdadero, pudiebdo conjeturarse
acaecido por los años 1570, quiso Cervantes poner
patentes los malos efectos de la opresion indiscreta
de un marido, las artes perniciosas de un jóven
ocioso y seductor, las tercerías de una dueña maligna, corrompida y taimada, y los riesgos de la
notable desigualdad de edad en los casados.
Por lo que hace á la novela del Licenciado Vidriera, no faltan escritores juiciosos que aseguren
que en ella se propuso Cervantes ridiculizar la
manía y extravagancia del erudito humanista
Gaspar Barthio, quien habiendo nacido en Custrin
el año 1587, y manifestado desde su infancia un
ingenio precoz y utla memoria maravillosa, estudió
con mucho fruto y lucimiento en varias academias
y universidades de Alemania, y viajó 1&gt;or Inglaterra, Holanda, Francia, Italia y España, aprendiendo las lenguas vivas con perfeccion, y procurando aprovecharse en todas partes de las luces y
conocimientos de los sabios que encontraba. De
vuelta á Alemania fijó su residencia en Leipsick,
renunciando á toda clase de empleos, por entregarse con mayor sosiego á sus estudios. La-predileccion que tuvo por la lengua española, y el
aprecio que hizo de nuestras obras de ingenio y
entretenimiento, le estimularon á traducir al latín
la tragi-comedia la Celestina, que llamaba tambien
como Cervantes, libro divino, la Diana Enamorada
de Gil Polo, y hasta para la traduccion del Pornodiddscalo de Pedro Aretino se asegura que no se
valió del original, aino de una version castellana.
Este empeño, esta aficion estremada, y una aplicacion tan vehemente á la lectura de nuestras novelas llegaron á trastornar la cabeza de Bartbio;
viviendo durante diez años persuadido de que era
de vidrio, sin querer por esta aprehension que
nadie se le arrimase. La facilidad con que en
medio de su pasion por estos libros amatorios se
dedicaba á traducir y comentar muchos autores
ascéticos y eclesiásticos, especialmente de la edad
media, y las contradicciones é inconsecuencias en
sus opiniones sobre algunos escritores clásicos,
como Estacio, Claudiano, Silio Itálico y otros, que
ya nothron algunos eruditos, prueban el trastorno
de su juicio, al mismo tiempo que son un testimonio de su inmensa crudicion y variada lectura.

Es pues muy probable que cuando estuvo en España
le conociese y tratase Cervantes : y en efecto, al
ver el 1w·o ingenio, notable habilidad y entendimiento
del licenciado Vidriera, cuando aun tenia pocos
años, sus viajes por Italia, Flandes y otros dive1·sos
paises, su retiro y abstraimiento, porque atendía
mas d sus estudios que á otros pasatiempos, y finalmente su manía y extravagancia, parece indudable
haber sido aquel docto maniático aleman el ori.,.iº
nal que Cervantes se propuso copiar con tanto donaire y propiedad en esta novela, escrita despues
de haber estado la corte en Valladolid, y con tal
discrecion, ingenio y copia de moralidades y sentencias, que supo mezclar en los incidentes una
censura y sátira general de los vicios y abusos mas
comunes de aquella época en casi todos los oficios
y empleos de la república; siendo por esta razon,
segun observa el erudito l\foyans, el testo donde

tomaba Quevedo puntos pamformar despues sus_ lecciones satf1icas contra todo género de gentes.
De igual y aun mayor doctrina y utilidad moral
es el Coloquio de /.os dos perros Cipion y Berganza,
que en realidad es un apólogo excelente, y una invectiva. severa contra muchas supersticiones y resabios de la mala educacion que reinaban en
España, si bien amenizada con mil gracias, chistes
y donaires, y mezclando al mismo tiempo máximas
de la mas sublime moral y política para hacer
agradable é interesante su lectura. Sátira. la llama
el citado Mayans, en que imitando á Luciano, á
Horacio y á Lucilio, se reprende á muchos con
acrimonia, si bien con ingenioso disfraz; y M. Florian añade que es una admirable critica, llena de
filosofía y de gracias, donde las costumbres españolas de aquel tiempo estan pintail11s al natural y
con todo el ingenio de un Cervantes; por cuyas
circunstancias mereció los elogios del célebre Pedro
Daniel Huet, uno de los hombres mas juiciosos y
eruditos que ha tenido la. Francia. Por la pintura
tan exacta que hace en ella Cervantes de la vida y
costumbres de los moriscos, y anuncio de su expulsion, que se verificó desde el año de 1609 al
1614, se puede asegurar que la escribió muy poco
tiemr,o antes de su publicacion. En la que hace
del alquimista, que estal,a enfermo en el hospital
de Valladolid y pretendía sacar plata y oro de
otros metales y aun de las piedras, aludió á una
preocupacion muy dominante por aquel tiempo en
Espaiía y en Europa, y á un suceso muy reciente
acaecido en Madrid. Presentóse alli en el aiío de
1609 Lorenzo Ferrer Maldonado, dándose el título
de capitan, y suponiendo entre otras cosas prodigiosas que alcanzaba grandes secretos de naturaleza, y entre ellos el de descifrar la clavícula de
Salomou, con lo cual se venia á encontrar y perfeccionar el verdadero lapis, ó la piedra fil.osofal,
nunca jamas enteramente hallada de los alquimistas en tantos siglos, y prometia convertir en oro los
mas bajos metales. Alucinados con estas promesas algunos incautos ó codiciosos, le ayudaton con
casa y caudal competente para comenzar su obra;
pero él, entreteniéndolos mañosamente mas de dos
años, anunciándoles siempre la proximidad del
rnceso, auuque decia era menester mucho tiempo

181

DE IlISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.
para la trruimutacion de los metales, desaparerió
de Madrid ocultamente, dando este pago y este
chasco á los que le ayudaban y daban larga pension. Algun tiempo des pues vino á ser p~eso_
la chancillería de Granada, donde se le JUstifico
haber falsificado varias firmas y escrituras públicas. 'l'ambien el matemático, su compañero de
hospital, que andaba veinticlos a~o~ hacia tras de
hallar el punto .ft.jo, tuvo su or1gmal en aquel
tiempo : porque á la codicia y reclamo de los
cuantiosos premios ofrecidos por el gobierno esp~ñol al que descubriese el modo de hallar la longitud en el mar, á lo que vulgarmente llaman punto
fijo acudieron muchos proyectistas aventureros, y
en(re ellos el Doctor Juan Arias de Loyola en
1603, y el portugués Luis de Fonseca Coutiño,
hácia el año de 1605, pretendiendo haber encontrado
lo que se deseaba. Fueron preferidas las proposiciones de este á las de Arias, por el influjo de su
paisano Juan Bautista Labaña, y se ~e ofre~ie~on
seis mil ducados de renta perpetua, s1 la practico.
acreditaba la verdad y exactitud de su invencion;
y despues de muchas dilaciones y consultas se empezaron en 1610 las experiencias en varias navegacionea á América y Asia, que no correspondieron á
las promesas del autor, quien habiendo causado de
esta manera gastos considerables por mas de ocho
años, desapareció repentinamente de Madrid.
Igualmente tuvo, no uno, sino muchos originales
el arbitrista y compañero de hospital del mntemático y alquimista, que introduce Cervantes para
ridiculizar la plaga de proyectistas y proyectos
desatinados que inundaron la corte de España en
su tiempo y continuaron en todo el siglo xvn, con
motivo de los gastos y apuros del erario, y que
fueron el objeto de muchas sátiras é invectivas que
se escribieron contra ellos, especialmente por Quevedo. Ya en la segunda po.rte del Quijote, capítulo primero, babia dicho de ellos nue$tro autor,
en boca del barbero, que la experiencia tenia mostrado que todos 61.os mO,JJ arbit1-ios que se dan á S. M.

Pº:

6 son imposib"les, 6 disparatados, 6 en dafw del rey 6
del reino: mas en la novela del Col.oquio vuelve á
la carga, introduciendo, para mejor desacreditarlos, el proyectista que para desempeñar el erario
real propone su absurdo y ridículo proyecto ' de
que se pida en, Cortes que todos los vasallos de
S.M., desde edad de 14 basto. 60 años, sean obligado~ á ayunar una vez al mes á pan y agua, y esto
J1a de ser, dice, el dia que se escogiere y señalare;
y que todo tl gasto que en otros condumios de
fruta, carne y pescado, vino, huevos y legumbres,
se hubieran de gastar en aquel dia sino se ayunara, se reduzga á dinero y Be dé á S. M., sin
defraudalle un ardite, so cargo de juramento; y
con esto en veinte años queda libre y desempefiado
el erario; y que esto antes seria de provecho que
de daño á los ayunantes, porque con el ayuno agradarian al cielo, y servirian á su rey; y tal podria
ayunar que le fuese conveniente para su salud.'
Aun es mas notable otro suceso, que al mismo
tiempo que prueba la época de esta ingeniosa é
importante novela, manifiesto. cuanta era la cordura é ilustracion de Cervantes y su destreza para

combatir los errores y preocupaciones, á proporcion de su mayor influjo 'y trascendencia. Ero.
entonces tan general como nociva en España lo.
credulidad y propension á los encantamientos, adivinaciones, agüeros, hechizos, transformaciones Y
otros portentos semejantes, que proviniendo de los
moros, naturalmente súpersticiosos, y del vano
estudio de la astrología judiciaria, entonces muy
acreditada, se habia arraigado en toda clase de
gentes y especialmente en v~l~o, po~ 1~ falta ?e
buena educacion y sanos prrnc1p1os rehg1osos, sm
que las declamaciones y doctrinas de algunos sabios españoles, como el docto maestro ~e?ro
Ciruelo, hubiesen bastado á contener estos VIClos,
ihtstrar las opiniones y mejorar las costumbres.
Habíase burlado Cervantes con mucho donaire y
oportunidad de estas supersticiones en varios lances
y cuentos del Quijote, y aun en el Li_cencia_do Vidriera, cuando por consejo de una morisca dice que
le dieron unos hechizos paro. forzarle la voluntad, Y
manifestó con este motivo que no babia en el
mundo yerbas, encantos ni palabras suficientes
para forzar el libre albedrío del hombre: mas en el
Col.oquio de /.os perros trató mas de propósito de los
engaños, embelecos y arterías de las brujas y
hechiceras, refiriendo la historia, comun en su
tiempo, de la Camacha de Montilla, por medio de
la vieja Cañizares, una de sus mas aprovechadas
discípulas. Maniliéstase toda la ridiculez de semejantes patrafias é ilusiones en la. relacion que esta
hace de las habilidades y doctrinas de su maestra,
de sus confecciones y ungüentos, de sus viajes
aéreos y festines nocturnos, de sus trasformaciones
y maleficios, y como no quiso acabar sus dias sin
visitar las zambras, bailes, orgías y comilonas con
que se solazaban otras hechiceras en los ayuntamientos y aquelarres de Zugarramurdi, en el valle
de Baztan, de cuyas resultas fueron castigadas en
el afio de 1610 por el tribunal de la inquisicion de
Logroño. Basta leer la horrendo. y asquerosa
figura que presentaba la bruja Cañizares, cuando
en medio de sus éstasis y arrobamientos lo. sacaba
arrastrando uno de los perros al patio de la casa,
el castigo que ella y la Montiela habían sufrido
por sentencia de un juez, y la prision que otras de
sus compañeras padecieron en la Inquisicion, donde
confe~aron sus brujerías y ficciones, para poner en
aborrecimiento á tales embaidoras, y concluir con
Cervantes que la Camacha fué burladora falsa, la
Cañizares embustera, y la l\fontiela tonta, maliciosa y bellaca. Esta propension á creer cuentos
y prodigios, tan indecentes como extravagantes, al
paso que minaba la religiosidad de las gentes sencillas, hallaba tal vez apoyo en lo. persuasion de
varias personas de autoridad y valimiento; y por
esta razon cuando Cervantes, protegido del cardenal Rojas y Sandoval, arzobispo de Toledo é inquisidor general, procuraba desarraigar tan perniciosas ideas con las armas de la sátira, de la burlo.
y el ridículo, el docto Pedro de Valencia dirigia á
este ilustre prelado un erudito discurso acerca de
los cuentos de brujas, donde con razones religiosas
y sóli&lt;las y con discreta filosofla &lt;lemostraua la
superchería y falsedad de aquellas extravagancias,

e!

�182

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

y los riesgos efectivos que se originaban de publicarlas y darlas á luz, por el escándalo y mal ejemplo que producian, y por lo mucho que deshonraban á la nacion. Tal fué en esta novel11, igualmente que en el Quijote el constante y loable objeto de la filosofía de Cervantes, de este admirable
y prodigioso ingenio, digno de mejor siglo, muy
superior al suyo, y no conocido ni apreciado en él
como se merecía. Al concluir su lectura se experimenta un gran sentimiento de que su sabio y chistoso autor no nos haya dejado la segunda parte de
ella, ó lo que es lo mismo la historia que debia
contar la noche siguiente, el segundo perro CiJJion,
como allí se 11ropone, y con la cual hubiera completado el cuadro critico de tantos abusos y preocupaciones de todas especies como abundaban en su
tiempo y cundieron vergonzosamente hasta el
nuestro, en que por fin se puede decir que han acabado con la ignominia, desprecio é indignacion
que merecian, asi ellos como sus necios ó ya maliciosos é interesados propagadores.
No son menos recomendables y fecundas en gracias y rasgos cómicos, y en hermosas y muy naturales pinturas de costumbres y caractéres nacio. nales las demas novelas cómicas ó jocosas de nuestro autor, tales como La Gitanilla de Madrid, en
la cual se pintan con admirable destreza las costumbres de los gitanos: La Bustre Fregona, cuya
narracion está. toda llena de gracias y donaires, y
el Casamiento engañoso, cuyos caractéres y aventuras estan pintados con tanto chiste como desenfado
y franqueza. La de la 7'ia. Fingida, verdadera
lti.st&lt;&gt;ri.a que sucedi6 en Salamanca el afio 1575, está
escrita con mucha gracia, ligereza y correccion, y
con la lozanía y sales cómicas y características de
la mor.edad de Cervantes, quien sin duda refirió y
pintó en ella un suceso acaecido en su tiempo en
aquella ciudad, y mientras cursó en su célebre
universidad; pues en efecto se sabe ya que cursó
allí, segun refiere el nuevo historiador de su vida,
apoyado en el testimonio reciente del doctor
Don Tomas Gonzalez, catedrático de retórica que
ha sido en aquella universidad, el cual asegura
haber visto entre los apuntamientos de sus antiguas
matrículas el asiento de Miguel de Cervantes para
el curso de filosofía durante dos años consecutivos
con expresion de que vivia en la calle de Moros.
Induce tambien á creer esta noticia la exactitud
con que Cervantes habla en esta novela de aquellos
estudiantes, del número y costumbres de todos
ellos, clasificándolos _por provincias, y caracterizándolos con tal gracia, verdad y maestría, que este
pasage se puede asegurar que es el mas hermoso
de ella y aun de todas sus novelas. El fin moral
que en ella se propuso fué hacer ver el desventurado término en que paran las mujeres perdidas,
que llevándose tras de sí los ojos y las voluntades
de los hombres cuando mozas, se aplican, cuando
viejas, á corromper la juventud con sus consejos y
tercerías, y traficar torpemente con sus gracias •
,
que son el origen
de la perversion del bello sexo en'
sus mas tiernos é inocentes años, y del deshonor y
ruina de un gran número de familias, que por desgracia han llorado, lloran y llorarán los funestos

'

DE IJ[STOHIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

efectos de su maléfica influencia. De paso ameniza su narracion, ridiculizando y pintando las
arterías, los embustes, los enredos y las pérfidas
artes de estas malas hembras, y de las rameras de
oficio, para enseñar á evitarlas como lo hace en la
citada novela del Casamiento Engañoso. La de la
Tia Fingida, igualmente que la del Zeloso Esti-eme1ío, Riru:onete y Cortadillo, el Curioso Im.perti11ente y acaso algunas otras, las escribió Cervantes
en Sevilla, donde corrieron por entonces en copias
manuscritas con mucho aprecio entre los literatos
y curiosos, y por este medio llegaron á manos del
licenciado Don Francisco Porras de la Cámara,
prebendado de la santa iglesia de aquella ciudad,
quien las incluyó á una Miscelánea que formó por
los años 1606, de varios opúsculos propios y agenos, por encargo del arzobispo, Don Fernando
Niño de Guevara, que quería pasar entretenido
con esta lectura las siestas del verano en su quinta
de Umbrete. Sin duda con los viajes y mudanzas
á varias provincias, que hubo de hacer Cervantes
con motivo de sus comisiones, se le estravió la
novela de la Tia Fingida, y este quizá fué el
motivo de no publicarla despues con las otras doce
que dió á luz en sus últimos años, en Madrid, esto
es en el de 1613. Por fortuna el manuscrito ó
miscelánea donde estaba incluida fné á parar, ó
mas bien á sepultarse en el archivo del colegio de
San Hermenegildo de Sevilla, de donde al cabo de
ciento cincuenta años salió para incorporarse con
los manuscritos del colegio imperial de Madrid,
donde fué hallada por la diligencia del difunto y
erudito Don Isidoro Besarte, encargado del arreglo
ele aquellos, el cual me permitió sacar copia de
ella, con cuyo motivo vió al cabo de tanto tiempo
la luz pública en 1814 que la imprimí, al fin del
Espiritu de Cervantes que publiqué entonces. Con
ella estaba tambien sepultado un entremes suyo
intitulado Los Hablado,-es, que se imprimió en Se~
vil~a en 1624, por Juan Serrano de Vargas, y que
qmzá por las mismas causas se estravió con otros
muchos que se sabe compuso para el teatro de
aquella ciudad, durante su permanencia en ella,
puesto que no le incluyó con los ocho que publicó
en Madrid, junto con otras tantas comedias. Una
y otra composicion se incluirán ahora en la coleccion presente de sus obras escogidas.
Por lo que toca á las novelas serias es necesario
confesar que no tienen igual mérito que las jocosas, si se exceptuan dos ó tres, y entre estas sobre
todas la intitulada La.fuerza de la sangre, que es
la mas felizmente ideada, mejor conducida, de
mayor interés, y asi mismo la mejor escrita de
cuantas en este género se conocen de Cervantes •
. asegura haber sido cierto su argumento, y
quien
que todavía vivían felizmente en su tiempo Rodulfo y Leocadia, principales actores de ella, con
una ilustre descendencia. Florian hace tambien
particular elogio de esta novela; y en el dia se
acaba de componer y representar en Paria con
mucha aceptacion la ópera intitulada Leocadi,e,
cuyo asunto, si bien bastante alterado, está tomado
de la Fuerza de la sangre, ó por mejor decir es el
misru9 en el fondo. Igual verdad atribuye Cer-

'

18,'3

vnntes al suceso de Ju Espwínla inglesa, la cual paPRUEBA EXTRAORDINARIA DE FIDELIrece escrita segun se infiere de su relato, hácia los
años de 161~, y es bastante pa~~tica é interes~nte.
DAD EN UN CRIADO.
En la del Amante liberal refino Cervantes d1sfraEN el invierno del año 1776 el conde y la condesa
zadamente algunos de sus propios sucesos, asi
de
Podostky se trasladaban de Viena á Cracovia:
como lo hizo en la del Capitan cautivo. Es muy
los
lobosqueabundan
considerablemente en las mondigno de notar en ella el felicísimo y 1'.1uy sentid_o
tañas Cárpatas y que cuando el frío es muy severo
apóstrofe, con que principia, á l~s rumas de N1cosia, que en su género es el meJO? r~s~o que ha son muy feroces y atrevidos, bajaron á manadas y
persiguieron el carruaje entre los pueblos de Os~
salido de la pluma de Cervantes, y qu1za de cuanweik
y Zator el último de los cuales se halla ya a
tos escritores se conocen.
muy pocas leguas de Cracovia. Uno de los dos
Algunos han notado falta de dignidad ~e incriados que los acompañaban se había adelantado
terés en los argumentos de sus novelas, y desigualá mandar preparar los caballos de posta: el otro,
dad en ellas· pero en realidad esta mas proYiene
á quien el conde apreciaba particularmente por su
de la variedad y diversa naturaleza de sus mismos
fidelidad, vie!ido que los lobos se acercaban por
argumentos, y de las diferentes costumbres y camomentos pidió á su amo le permitiese abandoractéres que en ellas se pintan, que de la falta de
narles su caballo con lo cual se satisfaría en parte
in"enio y decoro en su autor, el cual en todas se
su rabia, dando á los viajeros tiempo para llegar á
m~estra natural, oportuno, propio y conveniente.
Zator. El conde consintió, y el criado subiendose
Porque en efecto, diverso es y debe ser, por ejemdetrás
del carruaje, dejó en medio del camino el
plo, el recato de Leonisa en el Amante liberal, de
caballo el cual fué luego cogido por los lobos y
la desenvoltura ó desenfado alegre, pero honesto,
de Preciosa en la Gitanilla de Madrid: otro estilo ! hecho mil pedazos. Entretanto los viajeros continuaron caminando con la mayor velocidad que les
se advierte y requiere en los discursos de Lotario
fué posible, esperando Hegar al pueblo del que ya
y Anselmo en el Curioso impertinente, que en los
no se hallaban muy distantes; pero los caballos
de Monipodio y sus compa6eros en la novela de
Rinconete y Cortadillo; y lo mismo se puede clecir estaban cansados y los lobos que habiendo gustado
respectivamente de las demas novelas comparadas sangre estaban mas enfurecidos que nunca, habían
casi alcanzado el coche. En este crítico momeoto
entre sí. Y de aqui proviene no solo la propiedad,
el criado gritó; "Un solo arbitrio queda ya; yo
sino la diferencia encantadora de los varios cante•
me entregaré á los lobos si me prometeis bajo juratéres que en todas las novelas de Cervantes se pinmento proveer á la subsistencia de mi mujer é
tan con tal viveza, verdad y naturalidad; por
hijos: yo pereceré, pero mientras se arrojan sobre
donde se conoce que su genio imitador, no menos
mi podreis escapar." Podotsky titubeó algunos
observó las costumbres, abusos y preocupaciones
instantes mas como no babia esperanza alguna de
de la gente vulgar y plebeya, que de la mas ilustre
y civilizada, y que con igual tino manejó su pincel libertarse de una muerte horrible, consintió, jurando solemnemente que si consentia en sacrifiel retrato de los unos que de los otros : persuadido
carse por su seguridad cuidaría él siempre de su
justamente que de la buena educacion y mejora de
todos habia de resultar aquella ilustracion y ven- familia. El criado se apeó inmediatamente clel
coche, se entregó á los lobos y fué devorado. El
tura á que pueden y deben aspirar los hombres en
el estado de sociedad. Hállense ademas en las conde llegó á Zator y se salvó. Cumplió religiosam~utc su palabra.
novelas modos de decir tiernos, sentidos y delicados; abundan de frases afectuosas y enérgicas; de
rasgos elegantísimos, y en gran manera elocuentes,
y de un estilo ameno y numeroso ; de imágenes y
UTILIDAD DE LOS CONOCIMIENTOS
comparaciones de una singular propiedad y de una
estremada gallardía y hermosura; y finalmente, en
LITERARIOS.
la expresion de los afectos, en la amenidad de las
descripciones y en los discursos tan elocuen~:s y I EL teniente general Sir Jorge Murray que sirvió
bien razonados de que abundan todas, nos deJO su \ en la expedicion de Egipto, se hallaba acampado
autor mil modelos de los varios modos de decir;
delante de Alejandría donde sus tropas sufrinn
ostentó la riqueza y propiedad de la lengua casteconsiderablemente por falta de agua: sus conocillana para todos los géneros y para todos los estimientos literarios le fueron entonces de mucha
los, y afianzó la universalidad y aprecio que ya
utilidad rec01·dó que el ejército de Cesar babia
gozaba esta en su tiempo por todo el orbe conopadecido mucho por la misma causa y casi en el
cido. Por último, bastará decir vara recomendamismo sitio, y consultando sus Comentarios que
cion de sus novelas, particularmente las cómicas ó
siempre llevaba consigo en su librería portátil,
jocosas, que son juntamente con el Quijote el mas
halló que no le engañaba la memoria, y que lvs
precioso y abundante tesoro de la lengua casteromanos habían obtenido agua abriendo pozos en
llana, la pintura mas fiel, mas natural, variada y
la arena hasta cierta profundidad. Hízose inmeamena de las costumbres españolas de aquel siglo,
diatamente el experimento, y el resultado fué un
y que su lectura es y debe ser doblemente intereacopio abundantísimo de este importante artículo
sante por estos dos respectos."
con el cual pudieron los ingleses mantener su posicion y conseguir últimamente el triunfo.

'

.

�EL INSTRUCTOR, O llRPERTOilIO
18J

DE Il'l:S1'0RIA, BELLAS LE'l'RAS Y AR'l'ES.
LAS CIENCIAS OCULTAS.

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ALQUIMISTA DE LA EDAD UEDI.i.

Po&amp; atractivo que hubiera podido ser el título de
este artículo dos ó tres siglos há, solo en un punto
de vista histórico puede hoy interesar á los lectores de la época actual. La verdadera ciencia no
ha menester el apoyo del misterio, y lejos de tener
nada oculto en su objeto ó procedimientos, se complace y prospera en la publicidad que establece
una libre comunicacion entre sus prosélitos. Verdad es que tiene sus dificultades, pero las confiesa
francamente, bajo el convencimiento de que el

primer paso hácia la remocion de todo obstáculo es
el conocimiento positivo de su existencia.
Las llamadas ciencias ocultas tenían por objeto influir so~renaturalmente en los sucesos presentes y
pronosticar los futuros: las labores é investigaciones
del mágico, el astrólogo y el alquimista se han en.
'
caminado siempre al uno ó el otro de estos fines.
La creencia en la mágia y la adivinacion parece
haber prevalecido en todas las edades y en todos
los
paises, tanto en aquellos que consideramos
1

como la cunn de la civill-zacio1,, cuanto en los que se
hallaron sumidos en la barbárie y la ignorancia.
Son muy frecuentes en la Escritura Sagra&lt;la las
alusiones á la práctica de la mágia y la adivinacion.
Los judíos despues de su cautiverio en Egipto
parecen Laberse aficionado á esta creencia, y frecuentemente se les prohibió entregarse á procedimientos que para ellos formaban solo parte de la
idolatria á que tan obstinadamente adherían. La
Cabala judáica tuvo su origen en tiempos muy
remotos, pero se manifestó solo en todas sus variedades durante la edad media, reflejando los misterios religiosos del rabinismo. Cabala en su sentido
recto significa tradicion ó doctrina recibida, y en
su origen parece haber sido una doctrina puramente religiosa, especie de teología secreta cuyo
objeto era explicar el sentido misterioso de los
sagrados escritos; pero ya antes de la edad media
habia llegado á ser ,el vehículo imaginario de- comunicacion con los seres ó espíritus de otro mundo.
Di vidiase en dos secciones: una de ellas trataba
de las virtudes secretas ocultas en el mundo material, y la otra del conocimiento sobrenatural.
!labia tamuien otra especie inferior de cabala que
consistia en la combinncion de ciertas palabras misteriosas llamadas cabalisticas que proporcionaban
al que las llevaba sobre !Í1 proteccion contra las enfermedades, los espíritus malignos, &amp;c. La célebre
combinacion Abi-acadabra adquirió una reputacion
inmensa. Entre los primitivos cristianos, y despues entre el vulgo ignorante, se atribuia tambien
á ciertos pasajes del Nuevo Testamento una eficacia
peculiar para curar enfermos, &amp;c. Entre otros los
dos primeros versículos del evangelio de San Juan
eran tenidos por infalibles para este fin. Los
mismos signos cabalísticos de que se hacia uso en
una ocasion para alejar las enfermedades y los
males cuya ocurrencia se temia, eran empleados
en otra para invocar la agencia del demonio y
obrar milagros fatales. Asimismo la combinacion
de ciertos números ha sido considerada como un
principio dotado de extraordinaria influencia sobre
los sucesos futuros. Los indos, los egipcios, los
chinos, y los europeos de la e&lt;lad media, han tenido
siempre la idea mas relevante de la energía de
cuadrados mágicos y otras figuras cabalísticas.
Los griegos prestaban implícita fé en la adivinacion, asi que en el primer periodo de su historia no
se acometía empresa alguna de importancia sin
consultar antes el vuelo de las aves, la inspeccion
de sus entrañas, los sacrificio~, &amp;c. Mas adelante
consultaron los oráculos á los cuales consideraban
como los verdaderos intérpretes de la voluntad de
sus dioses. El oráculo de Apolo en Delfos, por
medio de la sutileza y duplicidad de sus respuestas, adquirió una reputacion inmensa y duradera.
Los romanos practicaron extensamente la auguracion. En algun tiempo formó parte del sistema
regular de instruccion que proporcionaban á los
jóvenes principales, algunos de los cuales eran enviados de orden del senado á los diferentes estados
de_ E~r~ria á estudiar el arte. Los auguras que ni
prrnc1p10 pertenecieron exclusivamente á la clase
de patricios, pero despues parcialmente á la plc'foM. VIII.

beya, fueron incorporados en un colegio y eran
tenidos en grande estimacion. Disfrutaban de
muchos privilegios y no podian ser privados de sus
destinos por grandes que fuesen los delitos que
hubiesen cometido. Derivaban sus agüeros de la
apariencia de los cielos, el vuelo y ca~to de _las
aves, el modo de picar de los pollos, la mspecc101t
de las entrañas de las victimas, el azar de l~
lotería, &amp;c., &amp;c. Algunos de estos experimentos
eran de naturaleza muy ridícula. Es digno de
notarse que muchos de los observadores mas profundos de la antiguedad creyeron en esta facultad
de pronosticar lo futuro; pero debe tenerse presente que entre los antiguos la adivinacion se hallaba asociada mas 6 menos con las solemnidades y
misterios de su religion. Sin embargo Caton expresa su admiracion de que los agoreros mantuviesen la gravedad de su semblante mientras consultaban sus oráculos.
La época en que las tríbus del Norte inundaron
y devastaron las regiones meridionales de Europa•
fué un período fértil de brujería moderna-. Las
diyersas naciones de Hunos, Godos, Suevos, Vándalos, &amp;c. trajeron todas sus tradiciones de mágicos y encantadores diferentes unas de otras; nl
paso que aquellos á quienes conquistaban en el
progreso de su in vasion, escond iendose en cuevas
y bosques proporcionaban materiales para nuevas
leyendas de enanos y encantadores ocultos y misteriosos. Aunc1ue la mitologia céltica cedió á. la
influencia del cristianismo, dejó sin embargo por
via de legado sus mágicos y otros seres sobrenaturales. Asi vemos al encantador Mer]in, enlazado
con las fábulas de los siglos de la caballería, y su
fama ha llegado hasta nuestros dias gracias en
parte al peregrino ingenio del inmortal Cervantes.
Despues de las Cruzadas los europeos mezclaron
con las rudas ideas del Norte las brillantes y encantadoras imágenes de los árabes y los persas, y
de este origen proceden muchas de nuestras leyendas. La ocupacion de la España por los moros di6
un impulso considerable al estudio de las ciencias
ocultas: eran estos entonces el pueblo mas ilustrado é instruido de Europa, y siempre manifestaror. una aficion muy pronunciada á, esta clase de
investigaciones. Asimismo los judios (que, como
ya digimos, cultivaban mucho este estudio) en
razon á su vida errante debieron frecuentemente
ser conductores del saber entre el Oriente y el
Occidente. Durante los siglos xvr y xvu la
creencia en el sortilegio prevalecía en toda lo.
Europa•, y frecuentemente daba origen á las
persecuciones mas crueles. Practicado ya solo por
el charlatan ó las personas de facultades mentales
dudosas 6 debilitadas habia perdido el carácter
solemne é importante de l¡ue le habia revestido su
conexion ó enlace con los ritos religiosos en tiempos antiguos, hasta que por último ha llegado á
desaparecer ante las luces de la civilizacion.
• Véase respecto de España el segundo articulo analftico
de las obras de Cervantes inserto en el presente número
desde la pag. 180, párrafo que empicia. "De igual y au11
mayor doctrina."

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�186

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

No deja de ser humillante el recordar cuan poco
tiempo hace que la creencia en el sortilegio era
casi universal ; y las crueles persecuciones instituidas para su supresion son una de las manchas
harto numerosas de la historia europea moderna.
Inútil fuera entrar ahora en cuestiones respecto á
la identidad que existe entre las brujas de que se
hace mencion en los sagrados escritos, y los desgraciados individuos á quienes mas recientemente
se ha distinguido con esto. apelncion. Baste decir
que se ha echado mano de pasajes cuyo objeto
y sentido era evidentemente de aplicacion momentánea, para justificar uno. persecucion cruel y sanguinaria fundada en la ignorancia y la credulidad,
y perpetrada principalmente con mujeres ancianas,
achacosas y tal vez insanas, que cediendo con frecuencia á los tormentos mas inauditos y á l11s persuasiones de las presentes, confesaban tener pacto
con el espíritu maligno, derivando de él un poder
pernicioso á la sociedad. Sin embargo algunas de
]as primeras acusaciones de este crimen se dirigieron á otras personas, y encubrían objetos diferentes.
Así los adversarios políticos ó los tenidos por

\

herejes eran frecuentemente acusados ele brujerfa
como el medio mas seguro y expedito de acabar
con ellos. Quien habrá que no condene altamente
la cobarde acusacion de sortilegio presentada por
los ingleses contra la noble é intrépida doncella de
Orleans? Verdad es que Juana de Are se creyó
inspirada por el cielo para procurar la libertad de
su país, pues que durante la oracion en que pedia
auxilio contra sus enemigos imaginó oir una voz
celestial que exclamaba-" Vé, vé, que yo seré tu
apoyo !" pero prescindiendo de este arrebato de
entusiasmo, sus enemigos sabían bien que la terrible
resistencia que les opuso esta mujer varonil nada
tenia de sobrenatural y si mucho de her6ico : pero
era preciso deshacerse de ella, alejando al mismo
tiempo cuanto fuese posible el odio que lleva consigo la venganza perpetrada á sangre fria contra
un enemigo vencido. Juana de Are fué quemada
á fuego lento en Rouen á 30 de Mayo de 1431 •.

• Yéase el lomo m de El Iostruclor, pá~. 161.

-.;: __ -

,,.:.,;~"t.- -

\::_"-"--

En diferentes pontos de Europa se instituyeron
cuencia de este estímulo fué una pcrsecucion sanco~isiones de la Inquisicion para descubrir y des- grienta por toda la Francia, la Italia y la Aletruir ó. ~dos los que practicasen el sortilegio, y del
mania.
r~lato mismo de algunos de estos inquisidores colePor los años de 1485 Cumanus quemó mas de
gimos las crueldades inauditas que se cometían cuarenta pobres mujeres en un año; y hácia el
bajo este pretexto. El papa Inocencio VIII exmismo período otro inquisidor quemó cien personas
¡iidió una bula deplorando el aumento considerable
en el Piamonte. En 1515 fueron ejecutadas quique se notaba en el número de brujas, y exhortando
nientas personas en Ginebra como "brujas protesá los inquisidores á que empleasen mayor actividad
tantes", y Remigio el inquisidor de Lorena se jacta
Y cnergia en su funesto ministerio. La conse- 1 de haber hecho quemar en quince años nuevecien-

DE HISTORIA, DELLAS LETRAS Y ARTES.

tos intlivi&lt;luos. En 152-1 se dice que perecieron
nsi hasta mil personas en Como. El sortilegio
servia frecuentemente de pretexto para las persecuciones contra los albigenses en Francia, y este
pais continuó siendo el teatro de los mayores crueldades, hasta que un decreto de Luis XIV mandando que cesara toda persecucion por el crimen
de sortilegio, hizo que desapareciese este enteramente, tan cierto es que la pcrsecucion cruel
aumenta mas bien que disminuye el crímen contra
el cual se dirige. En España la Inquisicion procedia activamente contra toda clase de sortilegio;
al paso que en Suecia, segun asegura el Dr. Horneck, perecieron mas de ochenta personas acusadas
de brujería, sin que hubiese otros datos ni pruebas
para justificar esta violencia que los relatos de
niños.
La alquimia, ó arte imaginario ele convertir en
oro ó plata torla clase de metales bajos, parece, por
el pre6jo al, ser de origen arábigo. Efectuábase
esta trasmutacion por medio de una sustancia
llamada piedra filosofal, la cual era el grande
objeto de las investigaciones y experimentos de los
alquimistas de la edad media. La posibilidad de
m descubrimiento era implicitamente creída aun
por los mayores genios de la época, al paso que
otros de reputacion mas dudosa se jactaban de
poseerla. Era por cierto gran lástima que el poseedor de este manantial inagotable de riquezas,
se hallase, como sucedía con harta frecuencia, cubierto de andrajos y precisado á mendigar el sustento. Dice pues bien el refran italiano; "Non ti
fitlare al alchemista povero 6 medico amalato" (no
te fies de alquimista pobre ó medico enfermo).
La alquimia se hallaba en su estado mas floreciente
durante el siglo XIII. Otro objeto ele investigacion
era el elixir de vida ó medicina univer5al p11.ra la
cura ele toda clase de eufermetlades y la prolongacion de la vida mas allá de sus límites naturales.
"A,1uella medicina," dice Fray Bacon, "que pudiese remover todas las impurezas de los metales
bajos y transformarlos en oro ó plata, podría del
mismo modo limpiar de toda corrupcion al cuerpo
humano purificándolo de tal modo que prolongase
la vitla por un período de muchos siglos."
Ya hemos dicho que hombres de saber é ingenio
durante aquella época de ignorancia y supersticion,
creyeron firmemente en la existencia de la alquimia, y pasaron la mayor parte de su vicia en laboriosos estudios y constantes experimentos. Ni
ha faltado quien los imite en tiempos mas recientes.
Ademas de aquellos que siendo contemporáneos
de la épo&lt;'a en que prevalecía esta ilusion, debieron naturalmente ser arrastrados por ella, otros
filósofos eminentes han expresado mucho despues
su creencia absoluta ó parcial Em los relatos que
han llegado hasta nosotros: tales son Descartes,
Bergmann y Van Helmont. Este último dice·
"No puedo menos de creer en la posibilidad de'
hacer el oro y la plata, aunque sé que muchos
químicos han consumido su propia hacienda y la
de ot_ros •en busca de este 8ecreto ; y aun hoy vemos a estos sencillos investigadores sútilmente engaiiados por una pandilla diabólica de sanguijuelas

187

ansiosas de chupar el oro y la pinta expendidos en
estos experimentos. Bien sé que algunos nega1:ún
esta Yerdad y otros dirán que es obra del demomo;
ele todos modos no puede negarse que la salsa es
mas cara que las tajadas." Helvecio publicó el
relato circunstanciado de una transmutacion que
presenció él mismo ejecutada en su casa por un
forastero, "de hábito plebeyo y aspecto grave."
Llama á su libro "El Breve del Becerro de Oro,
que descubre el milagro mas raro de la naturaleza,
á saber cómo por medio de una pequeííísima porcion de la piedra filosofal fué transformado un
gran trozo de plomo ordinario en oro purísimo Y
resplandeciente; en la Haya aiio de 1666."

( Se continuará).

NAVEGACION POR EL VAPOR ENTRE

FRANCIA Y AMEllICA.
(Cooclusion.)

EL primer artículo del proyecto de ley se funda,
~eñore~, en el principio que acabamos de exponer.
Concede al ministro de Hacienda la facultad de
tratar con una compañia comercial para el establecimiento de la línea de Nueva York al Havre,
reservando las otras tres para el gobierno, en razon
á que segun las apariencias no hubieran producido
suficientes retornos para que pudiesen entrar en
esta empresa capitalistas particulares sin temor
considerable.
Hemos visto que la Inglaterra ha concedido á
la Compafíia Real de Southampton un subsidio de
30,000,000 de pesos para la construccion y equipo
de los vapores destinados á las Indias occidentales.
En Francia, donde las facilidades y conveniencia
para la construccion naval son comparativamente
tan pocas; donde el carbon, la leña y el hierro son
tan caros, ¿ qué auxilios no hubieran exigido las
compañías particulares para los tres servicios separados de Nantes, l\larsella y Burdeos? Ademas
de que ni una solit se ha presentado. La que se
formó en Marsella exigió como condicion principal
que se le confiriese el privilegio exclusivo de emprender el servicio de Méjico, y creemos haber
probado plenamente que era imposible para el gobierno el privar á Burdeos de su comercio sok&gt;
para transferir el punto de salida para las Indias
Occidentales al puerto que.menos ventajas ofrece.
Acaso aumentando los subsidios hubiera podido
obtenerse la concurrencia de algunos capitalistas
particulares: tal re¡¡ultado es dudoso, pero aun
admitiendo la hipótesis, somos de opinion, señores,
que pasando de cierto limite, el sistema de subsidios debe abandonarse por ofrecer mas inconvenientes que ventajas: y hé aquí la razon que teuernos para pensar asi. Cuando el gobierno construye por si, puede establecer y disponer los vapores segun sus ideas: los barcos son propiedad
suya: el dinero c¡ue expende contribuye por lo
menos á establecer una fuerza militar, mientras

..

2
N
N

�188

EL lNSTRUCTOH, O REPERTORIO

que puestos los fondos cu manos de una compañia
cuyas miras son puramente comerciales, serian
irremisiblemente perdidos en el caso de malograrse
la empresa, al paso que los vapores en todos casos
no podrian servir siuo como medios de transporte.
Establecióse una compañia en el Havre asi como
en MarseUa. En aquel puerto se originan obstáculos por la competencia de Bristol y Liverpool.
La línea no puede dividirse, y presenta suficientes
retornos para hacer indiferente el importe del subsidio. Será preciso en dicho punto competir con
los ingleses en velocidad y capacidad de flete :
para este fin es indispensable que los vapores sean
construidos, equipados y establecidos de un modo
comercial. Aquí el interés privado obrará como
un útil estímulo. En circunstancias semejantes
creemos que es conveniente tratar con una compañia si se presenta alguna que ofrezca las condiciones
morales necesarias. Ni era prudente que el curso
de estas transacciones que suelen en general ser
complicadas y tediosas, se suspendiese indefinidamente, pues el establecimiento de la línea de Nueva
York al Havre es objeto de mucha importancia.
Fué pues necesario asignar un período de tiempo
!ll cabo del cual pudiese el gobierno reasumir el
ejercicio de sus derechos, Fijóse, pues, el término
de seis meses. La compañia del Ravre abandonada á sus propios recursos quedaría imposibilitada de obrar por falta de capital suficiente: era
pues necesario que el gobierno le prestara su
auxilio. Empero ¿cual debia ser la naturaleza de
este auxilio? El sistema adoptado en Inglaterra
es un subsidio anual. Desech6se desde luego la
idea de una indemnizacion fija por ser una carga
inmediata y demasiado pesada para el erario. La
participacion del gobierno en los dispendios incurridos en el primer establecimiento, pfrece tambien el inconveniente de que la ndministracion
pública hahria de figurar en las cuentas de la so~i~dad, coartando asi la libertad de sus procedimrnntos tan esencial á la indústria, Un subsidio
anual parece pues preferible en todos sentidos.
En una pal~~ra se reduce á esto; el gobierno paga
¡Jor un serv1c10 prestado. La compañia se encarga
de trnnaportar In correspondencia, y el Estado por
vio. d~ indemnizacion le concede una pension fija.
Es, sm embargo, evidentemente imposible formar
-una opinion absoluta en un asunto de esta naturaleza y en cuestion que envuelve un sistema. Ninguna debe adoptarse ó desecharse exclusivamente.
El punto importante es hallar compañías que ofrezcan suficientes garantias de capacidad y que puedan y deseen obrar activamente. Si á fin de colocarlas en una posicion que ellas "Consideren como
favorable, prefiriesen un método á otro importa
.
'del tesoro
poco, srnmpre
que los sacrificios exhidos
•
o
sean eqmvalentes en ambos casos.
El subsidio anual fijado es 880 francos por cada
caballo de fuerza, ó sea 400,000 francos por cada
barco de fuerza de 450 caballos. Esta indemnizacion podrá parecer considerable; en el proyecto
de ley original ascendía solo á 240,000 francos.
~ª. comision d~ la Cámam de los Diputados, {L petic1on del Presidente del Consejo, la ha aumentado

casi en un doble. A esta medida damos, seiíores,
nuestra completa aprobacion. Es una medida
prudencial para prevenir In quiebra de las primeras compañías encargadas de este proyecto. Tal
suceso no tan solo ocasionaría pérdida de tiempo
(y el tiempo es precioso) sino tambien de dinero,
intimidando ademas á los capitalistas para entrar
en lo sucesivo en empresas de esta naturaleza.
Dos modos hay de representar el interés público
en esta r.Iase de cuestiones. Unos protejen obstinadamente los caudales del tesoro: investigan con
ansiedad la suma de ventajas obtenidas por la
compañia, procuran disminuirlas y parecen siempre temerosos de que adquiera un alto grado de
prosperidad. Esta equivocada política ha sido la
nuestra durante los ultimos años, y sus resultados
son ya evidentes. Otros, por el contrario son de
opinion que es vergonzoso y perjudicial al pais
amontonar ruina sobre ruina presentando asi en
todas ocasiones el espectáculo de su impotencia.
Se regocijan en In prosperidad que saben ha de ser
por último ventajosa, y creen que el incentivo del
buen éxito en los primeros esfuerzos estimula á
nuevas empresas. Nosotros participamos, señores,
en esta última opinion.
Ademas si examinamos atentamente el importe
del subsidio indicado de 880 fr. conoceremos que
no es en manera alguna exhorbitante; es menor que
el asignado por el gobierno inglés á las compañias
ejecutivas el cual asciende á mas de mil francos
por caballo de fuerza. Es justificable en considcracion á la posicion peculiar que ocupará esta empresa entrando en oposicion con un rival tan formidable ; y por último, aunque estamos lejos de
querer fnndar un cálculo positivo sobre la incierta
base de semejantes especulaciones, llamaremos la
atencion de la Cámara hácia los datos siguientes.
El coste de un barco de vapor ele 450 caballos de
fuerza es apreciado por la administracion de marina en 1,700,000 fs.; por consecuencia el de cinco
buques será 8,500,000 fs. suma que no es muy fácil
reunir con solo el aliciente que ofrece una especulacion de carácter nuevo, y respecto de la cual
existe solo un conocimiento imperfecto, y cuyos
beneficios son ciertamente muy problemáticos.
Sobre estos datos, señores, adoptó la comision la
suma propuesta,
La época ó períodos para la salida de los buques,
el número de individuos que hayan de componer
la tripulacion, la duracion del subsidio que no
deberá exceder un espacio de diez años, y en general todas las precauciones necesarias para la seguridad de los pasajeros se expresarán en sus instrucciones.
Los catorce barcos de vapor destinados para la
América del Sur y las Antillas, construidos por el
gobiemo, lo serán de modo que puedan llevar ca,ñones en caso de necesidad. Hállase esto estipulado en el primer párrafo del artículo 3°. Est~
clase de barcos por su construccion peculiar, pueden llevar menos cantidad de mercancías que los
que están exclusivamente destinados al comercio;
con todo, este vendrá á ser sn único inconveniente
pues su velocidad será la misma.

DE IIISTORl,\, DELLAS LETRAS Y ARTES.
El segundo párrafo del mismo artículo provee
para el caso en que el Estado quisiese desempeñar
la empresa por si mismo. Sobre este punto, señores, se ofrecen dos cuestiones que deberemos
examinar. ¿No seria esto competir el gobierno
con los barcos de vela emprendiendo el transporte
de mercancias ! No afectará asi al comercio?
Este, señores, nos parece un temor infundado.
Los vapores transportarán solo cartas, pasajeros,
oro y plata, y artículos de coste tales como la
cochinilla : el dispendio de sus fletes no permitirá
que tomen á bordo mercancias voluminosas :
luego la competencia no es ya de carácter sério.
Pero suponiendo que no fuese asi, y que en realidad la navegacion por el vapor llegase á ser un
rival poderoso para la de vela, lo mismo sucederá
bien se halle en manos del gobierno ó en la de individuos particulares, y el rernltado será igual para
aquellos cuyos intereses se hallan amenazados: el
argumento deja, pues, de ser válido. La segunda
cuestion es de naturaleza mas importante.
Las consecuencias siguientes resultarán de tomar
el gobierno á su cargo el transporte de mercancías.
Si, bajo cualesquiera circunstancias, sea 6 no por
culpa de sus agentes, se perdiese un cargamento
de valor de 10,000,000 de francos, el gobierno seria
responsable pues que entra en especulaciones mercantiles, reporta los beneficios de ellas, y debe por
consig.uiente sufrir sus pérdidas. Será pues deudor á los dueños de los artículos perdidos, del importe de ellos: tal resultado es inevitable. Este
es un inconveniente, pero no el mas formidable
pues que puede prevenirse por medio de seguros.
La cuestion mas delicada es la siguiente. No
corresponde á la dignidad de los oficiales de marina el constituirse en sobrecargos de un buque.
La ordenanza del servicio no les permite ocuparse
de transacciones mercantiles. Síguese de aqui la
necesidad de establecer en union con ellos á bordo
de los vapores, un agente ó comisionado responsable
de todas las inexactitudes ú omisiones en las facturas ó guias, de las nverias, contrabandos, y en una
palabra de todo lo que envuelve la responsabilidad
de 1011 capitanes. Este plan por el cual el servicio
recae en dos agentes de distinto carácter, se halla
aun sin ejemplar, y por consiguiente ignoramos
cuales serian sus resultados si llegase á ponerse en
práctica. Esta es una innovacion sobre la cual In
experiencia sola puede pronunciar su juicio. Ademas con arreglo á las leyes que determinan las
relaciones entre las naciones, los buques de guerra
no deben entrar en operaciones mercantiles. Arboran la bandera nacional y forman en algun modo
una parte destacada de la fuerza de la nacion. A
su llegada á un puerto no están sujetos á las reglas,
visitas y fórmulas generales á que tienen que someterse los buques mercantes.
Aqui tenemos sin embargo buques pertenecientes
al Estado y que deberán conducir pasajeros y mercancías ; ¿ bajo qué pié deberán ser recibidos? Izan
el pabellon nacional, y por consecuencia tienen derecho á ciertas concesiones y excepciones. Tienen
mercancias á bordo, por consiguiente son barcos
mercantes; ¿ cual de estos dos caracteres obtendrá

189

la preponderancia? De que modo se les _sujetará
á la intervencion de las aduanas á los tribunales
de comercio y á la j urisdiccion consular? Es evidentemente necesario entrar en negociaciones con
respecto á estos diferentes puntos con las potencias
extranjeras. Será posible conseguir una solucion
satisfactoria? ¿podrá infringirse el principio que
declara ser buque mercante todo aquel que lleva
pasajeros y mercancias? El presidente del Consejo espera poder conseguirlo y lo ha expresado
nsi á la comision, Hé aqui otro punto que deberemos reservar para mas adelante. De todos modos
si fuese necesario podrá confiarse el mando de los
vapores á maestres de barco. El gobierno se ha
resenado esta facultad en el artículo 4°.
La cuestion de que deberemos tratar en seguida
es relativa á la fuerza de las máquinas de vapor, y
á si será 6 no posible construirlas en las fábricas
francesas. Hemos aludido ya al hecho de que en
Inglaterra, en Francia y en América se empleó al
principio la navegacion por el vapor en rios y canales con máquinas de poder muy limitado; habiendo aumentado este gradualmente desde la
fuerza de tres caballos á la de 100, 200, y 250.
Apenas se aplicó la navegacion por el vapor á
travesías largas, cuando los ingleses cometiendo el
mismo error aumentaron el poder de sus máquinas.
Empezaron con vapores de fuerza de 450 caballos,
y los construyen ahora de 500, 600, y aun de 1,000.
¿ Para qué1 para obtener sin duda mayor velocidad y cabida. Se creyó, pues, que deberíamos
proceder bajo el mismo principio y colocarnos inmediatamente ó. la par con ellos.
Señores, In velocidad del barco de vapor depende
menos de In fuerza absoluta del poder motor que de
guardar las proporciones debidas entre su forma,
su tamaño y el poder efectivo de su máquina.
Los vapores de 160 caballos que ejecutan el servicio del Levante, son tan veloces como el Great
Western y el B1·itish Queen * navegando á razon de
ocho millos por hora. Esta velocidad, ademas,
tiene sus límites que es imposible exceder, esto es,
la de 12 millas marinas por hora. Mas allá, la resistencia que opone el agua expelida es tal que inevitablemente destruye la accion del poder motor.
En los barcos destinados á la navegacion de rios y
canales se ha conseguido ya este maidmum de velocidad : el Express en el rio Clyde, y el Star en
el Támesis han surcado las aguas con una velocidad
de 14 millas comunes de Inglaterra por hora que
equivalen á 12 marinas. Mas esta es una velocidad extraordinaria que puede considerarse como
imposible de conseguir en la mar sin incurrir
dispendios infinitamente desproporcionados á las
ventajas, Cuanto mayor es la velocidad tanto
mayor es el coste. Investigando cual pudiera
ser el motivo que ocasionó el aumento gradual
de la fuerza de las máquinas hemos podido hallar
solo uno, á saber, la necesidad de atravesar distancias cada dia mayores sin haber de renovar In

• La descripciou de estos vaporcsJ1a aparecido ya tn las

cohurnas de El Instructor.

�]!)0

EL INSTil.UCTOH, O REPERTORIO

provision de carbon. Part esto solo fué necesario
construir vapores de fuerza de 450 caballos. Si
con esta fuerza se ha conseguido el objeto ¿ qué
motivo pÜede haber para excederla? Es imposible
descubrirlo.
¿ Es acaso para aumentar la capacidad del barco
á fin de poder recibir mayor número de pasojeros
y mercancias? La experiencia obtenida en la
construccion de los barcos de vela parece no deber
justificar este deseo. Despues de haber empleado
por mucho tiempo barcos de 300 á 500 toneladas
se trató de aumentar estas dimensiones y construirlos de mil y mas toneladas: mas cual fué el resultado? Muy luego se notó que no era ventajoso en
razon á que el cargo era necesariamente tan largo
y tedioso que nadie queria colocar sus mercancias
en la primera fila de un barco capaz de recibir
cinco ó seis mas, asi que fué abandonado este plan.
Podemos pues considerar el espíritu que ha inducido á los ingleses á construir vapores de fuerza de
1,000 caballos como una empresa cuyos resultados
son muy dudosos. El único fin que debia racionalmente esperarse ha sido excedido por un deseo
vago de hallar algo mejor sin saber exactamente
qué cosa sea. Origínanse dispendios enormes, pues
máquinas de fuerza tan considerable no son fáciles
de manejar. Sus accidentes son terrible~, la menor
cuña que no se halle exactamente en su lugar, la
imperfeccion mas pequeña que en una máquina de
dimensiones ordinarias no ofrece inconveniente,
viene á ser bajo la influencia de una fuerza igual á
la de mil caballos, causa de enormes daños, y puede
ocasionar accidentes de naturaleza muy séria. En
vista de estas razones, creemos pues, señores, que
seria poco prudente el dar nuestro asentimiento á
una empresa cuyas consecuencias nos son desconocidas, el comprometer un capital mas fuerte con la
espernnza de ventajas inciertas; el tener solo una
salida mientras que dos vapores con el mismo dispendio pueden permitir el establecimieuto de dos,
ofreciendo asi oportunidades mas frecuentes á los
viajeros; y por último incurrir sin motivo todos
los riesgos é incertidumbre de experimentos no
ejecutados aun.
Pasemos á la cuestion siguiente. ¿ Donde deberá el gobierno mandar construir los vapores;
en Francia ó en paises extranjeros?
Pues que el vapor ha venido á. ser un implemento
de guerra es preciso que logremos ponerlo en juego
por nosotros mismos, sin haber de recurrir á fabricantes extranjeros. La Francia no debe verse en
la precision de buscar en un pais extraño uno de
los elementos de su influencia. Sobre este punto
no pueden existir dos opiniones.
Pero no hemos construido jamás máquinas de
vapor de fuerza de 450 caballos. Requieren estas
instrumentos peculiares que no poseen nuestros
fabricantes, y una experiencia de que tambien
carecen. Aun suponiendo que pudiesen construir
tan bien como los ingleses no es posible que lo
hagan en el mismo tiempo, pues que no tienen
c,tablecimientos dispuestos al intento; y el tiempo
es precioso.
m ministerio de Marina debe pues, á nuestro

entender, ocuparse de dos objetos: estimular y
protejer las fábricas nacionales, encargarles tanta
cantidad de trabajo cuanto permitan la urgencia.
de la. cuestion, la novedad de la obra y la necesidad
de un establecimiento especial, exigiendo al mismo
tiempo que la calidad de la manufactura sen buena,
pues no debemos comprometer el éxito de la empresa que depende enteramente de la excelencia
de nuestras máquinas. Y como un conocimiento
práctico en esta clase de manufacturas no se adquiere en un dia, pues para su establecimiento se
requieren tiempo y dispendios asi como experiencia
para conseguir la perfeccion deseada, y como cnrecemo~ aun de modelos, será necesario que hasta.
cierto punto nos valgamos de constructores ingleses. Pero esta competencia no debe alarmar á
nuestros fabricantes. El número de factorias inglesas á que puede recurrir el gobierno es tan
limitado, y estas se hallan tan sobrecargadas de
trabajo, que seria inútil intentar, aun dado caso
que lo deseáramo9, el encargarles la construccion
de todas nuestras máquinas. No está ya lejos el
dia en que podremos proveernos en Francia de
todos los requisitos necesarios para nuestra navegacion por el vapor eu el Atlántico : pero sin
embargo este din no ha llegado aun. En la actualidad debemos considerar exclusivamente el
objeto aun mas que los medios, pues la consecucion
de él es de primera necesidad. Los intereses de
la industria nacional son comparativamente de
importancia segundaria.
Señores hemos examinado ya las principales
cuestiones suscitadas por este proyecto de ley,
hemos manifestado el enorme desarrollo que ha
obtenido en un reino vecino una fuerza aplicada
actualmente á las exigencias del comercio, pero
que en caso necesario podria llegará ser un instrumento de guerra; hemos procurado probar la necesidad en que estamos de luchar contra la competencia de los vapores ingleses; y hemos expresado nuestra conviccion de la influencia que ejerceria en las relaciones de ambos hemisferios el
hecho de disminuir las distancias por medio de
comunicaciones rápidas y regulares. Entrando
despues en cuestiones de mayor complicacion y
dificultad, hemos intentado justificar á los ojos
de la Cámara nuestra eleccion respecto de las líneas
y puntos de salida y llegad:\ de los buques. Ya
ha visto esta como la ejecucion del proyecto se
divide en dos partes : la una confiada al gobierno
y la otra á individuos particulares. Cómo y bajo
qué condiciones pudiera ser establecida y obrar la
compañia del Havre : de qué modo podria el gobierno vencer las dificultades que se originan de
llevar adelante la empresa por medio de agentes;
y por último cual deberia ser la fuerza de las
máquinas y en que proporcion pudiera su manufactura confiarse á ingenieros franceses. Réstanos
solo concluir. Cualesquiera que sean las diferencias de opinion que puedan existir respecto á los
pormenores detallados en este proyecto de ley, In
idea general de ella ha sido recibida con aplauso
por la otra cámara y por la nacion entera. Confiamo~, Señores, en que no la respondernn vds, con

DE IIISTORIA, DELLAS LETRAS Y ARTES.
un emplazamiento ó dilacion fatal. Se acerca la
época en que parecen próximos á efectuars~ cn~bios considerables· en que segun las apar1enc1as
deberá efectuarse ~na revolucion en la coudicion
relativa del poder é influencia de las naciones; ni
podemos dudarlo por mas tiempo. Comencemos

l!H

pues nuestras operaciones, y preparémonos desde
luego para los sucesos que puede ocasionar en el
mundo el desarrollo de este maravilloso de~cubrimiento. La dilacion puede ser fatal.
Señores : la comision tiene el honor de proponer
la adopcion unánime de este proyecto de ley

MONTES DE ARENA MOVEDIZA.

SIMUM, Ó TORMENTA ARENOSA EN LOS DESIERTOS DE ARABIA.

EL fenómeno de un monte de arena movedizo es
muy frecuente en la superficie de la tierra, y no
pocas veces villas y ciudades enteras han sido sepultadas por ellos, Estos montes de arena ae
hallan comunmente á corta distancia de la orilla
del mar, componiendose de las partículas arenosas
que traen consigo las olas, y que enjutas por el sol
son luego transportadas tierra adentro á. mayor ó
menor distancia por la fuerza del viento. Existen
tambien collados arenosos de procedencia opuesta,
esto es, llevados hácia la mar por los rios, torrentes
de agua llovediza, y otros agentes, los cuales son
subsiguientemente rechazados de nuevo formando
cadenas de montes mas ó menos considerables.
Las costas de Holanda presentan un ejemplo de
esta clase de fenómeno, y tambien las de Francia,
España y otros paises. En la babia de Vizcaya
las arenas movedizas son tan comunes que han
ocasionado daños considerables á las tierras asi
como á los habitantes, tanto en tiempos antiguos
como recientemente. En el año de 1770 una aldea
entera cerca de St. Pol de Leon en la Bretaña fué
tan completamente sepultada en un monte de
arena movediza, que nada se veia de ella sino la
veleta del campanario de su iglesia. El naturalista
Cuvier asegura que en dicho país van actualmente

cubriendo las arenas movedizas vastas porciones
de terreno. Avanzan con una fuerza irresistible,
sepultando bosques y llanuras en su progreso, é
impeliendo lagos formados por las aguas llovedizas que no pueden abrirse un camino por ellos
para arrojarse en la mar. Un pueblo llamado
Mir.1izan en el departamento de las Landas, está
luchando hace ya veinte años contra un monte de
arena movediza que puede decirse avanza por horas
amenazando sepultarle; ni será su destruccion obra
muy lenta, considerando que se acerca á razon de
mas de setenta piés cada año.
Tambien en Inglaterra se han experimentado
iguales fenómenos. En la costa setentrional del
condado de Cornwall ha sido inundada una extension considerable de terreno por montes de arena
de varios centenares de piés de elevacion. La
masa entera de estos montes ha mudado tan completamente de sitio que las ruinas de antiguos edificios sepultados por ellas, han vuelto á quedar á
descubierto á medida que iban aquellas avanzando.
Descubriose una vez de este modo una vasija que
contenia medallas antiguas por medio ele las cuales
pudo formarse una idea aproximada de la época
en que fueron sepultadas.
Ilay arenas movedizas de diferente carácter las

�102

EL INSTUU(;'l'Oil.

cuales han proJuciJo alteraciones mas consideraIn mnyor parte tic estos destrozos son comunmente
bles en la superficie de la tierra, y afectado en
movirlas
por el viento en remolinos violento~, cemayor grado el bienestar y condicion de sus habigando
y
sofocando á los desgradados á quienes
tantes. Cuales fuesen los límites primitivos de
sobrecogen. El grabado á la cabeza de este artílos desiertos arenosos y el estado de las numerosas
culo podra dar al lector una idea bastante correcta
regiones cubiertas hoy por ellos, ea casi imposible
de estas tormentas 6 Bimum, de las cuales hallará
determinar : pero lo cierto es que se han movido
en
el tomo v1, pag. 166 de este periódico, una
considerablemente produciendo consecuencias dedescri1&gt;cion circunstanciada.
plorables. Empujadas, al parecer, por loe vientos
occidentales las arenas del interior de Africa han
avanzado luícia las orillas del Nilo, abrumando
muchas ciudades populosas y las ruinas de otras,
y cubriendo una porcion considerable de las tierras
de labor del Egipto. El número de ciudades,
villas y aldeas que por este medio han desapare1
cido de la superficie de la tierra es muy conAiMOSAICO.
derable. El viojero francés, Denon, nos dice que
en muchos parajes aparecen aun sus cimas eir:teriormente, y añade "nada puede haber mas meFuerza mecánica del Carlxm.
lancólico que el andar sobre pueblos sepultados
SABIDO es por todos los ingenieros modernos que
debajo de las arenas del desierto, pisar sus techume:riste virtud suficiente en un cclemin de cnrbon
bres, poner el pié sobre las cúspides de sus templos,
propiameute empleado, para levantar un peso de
y reflexionar que alli hubo en algun tiempo campos
setenta
millones de libras á un pié de altura. Esto
fértiles y cuJtivados, que alli crecieron árboles
es J&gt;recisamente lo que en la actualidad ejecuta
lozanos, que alli por fin habitó el hombre, y que
una máquina de vapor en Cornwall. La subida
todo ha perecido!" ... Estas observaciones recoral
Monte Blanco en los Alpes desde el valle de
darán á muchos de nuestros lectores el hecho de
Chamouni, es considerada, y con justicia, como
que la mayor parte de las obras maestras Je esculuna de las tareas mas penosas que un hombre rotura antigua que poseemos se hallaban enterradas
busto puede ejecutar en dos dias. La combustion
de este modo, particularmente las pertenecientes
de
dos libras de carbon le colocnria en la cima.
al Egipto: entre ellas puede citarse la grande
Esfinge cuya base estaba sepultada en la arena á
Papiros.
una profundidad de treinta ó cuarenta piés, asoEL verdadero papirus del cual se hacia antiguamando poco mas que la inmensa cabeza sobre la
mente el papel y que se creia perdido ha sido dessuperficie. Aunque los desiertos de arena han
cubierto en Siracusa en estado silvestre, y despues
producido asi daños muy considerables sepultando
de muchos ex1&gt;erimentos se ha conseguido manulos monumentos gloriosos de pasadas edades, ofrece
facturar
con él papel semejante al que usaban
sin embargo este hecho mismo una ventaja consilos egipcios.
derable que tiende á consolarnos de él. La arena
preserva los objetos cubiertos por ella, y no de otro
Respue,ta pronta.
modo pudieran haber llegado á nosotros las preCJIA.TEAUNEUF, gunrdasellos de Luis XIII, fué
ciosas estátuas, relieves y aun pinturas descubiertas
desde niño notable por su agudeza y despejo.
en tiempos modernos. El naturalista Lyall que
Tenia
solo nueve años de edad cuando un obi~po
hace estos observaciones, añade como hecho no
le
hizo
varias preguntas, á todas las cuales resimprobable el de que las mismas arenas muden
pondió
con
suma presteza y oportunidad ; por úlotra vez de sitio, por cuyo medio ciudades mas
timo le dijo el prelado "Te daré una naranja si
antiguas aun que Tebas y Mcmfis volverán acaso
me dices donde se halla Dios." "Señor," res6. aparecer en su integridad primitiva, removiendo
pondió
el niño, "yo os daré dos si me decis donde
en ¡,arte el velo misterioso que cubre la historia de
no se halla."
las primeras edades del mundo.
¡ Mas ay que el infinito número de vidas humaEstilo sublime.
nas destruidas por las arenas del desierto no poÁL relatar uno cómo babia sido perseguido por un
Jnin ser restauradas jamás! Caravanas enteras
toro dijo: "El bramido del toro parecía ni trueno,
compuestas de centenares de individuos han sido
yo corría con la velocidad del relámpago, y al
abrumadas de este mo~o tanto en Asia como en
saltar
sobre la cerca con una rapidez igual á la de
África. En la Arabia, segun nos informa Burcklas estrellas al caer de la galaxia, me desgarré Jos
hardt, los huesos de hombres y camellos son la
calzones con tal estrepito como si se hubieran junúnica guia del peregrino. Las arenas que causan
tado el cielo y la tierra."

LONDRE.5:
EN U

uu•n.tNTA O.E CAR!.0 5 wooo, ro1·r1N'1 counT, 'LJ:ET STRE.ET.

•

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              <text>Periódico enciclopédico de divulgación de historia antigua y moderna, noticias, literatura, artes, geografía, agricultura, comercio, finanzas, y tecnología. Editada por José María Jiménez de Alcalá. Primera revista ilustrada publicada en castellano en Londres por Carlos Wood.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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