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Contenido
Valores y educación
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3obadilla, [ 29]
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lo Yáñez, [ 34]

Alardín
~l Dávila, [ 35]

Sociológica:

Esperanzas y expectativas
José María Infante,. [ 38]

Machina speculatrix:

Calculemos
Hugo Padilla, [ 40]

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j ...._.._.

Contenido
Valores y educación
Pablo Latapí, [ 3 ]

La construcción de la nación
y el conflicto de identidades
Enrique Florescano, [ 12 ]

De la urgencia creadora a la crítica
Leticia Algaba, [ 20 ]

Borges, más allá del centenario
[Entrevista con Marcos Ricardo Barnatán]

Gabriel Contreras, [ 26 ]

La tarea inconclusa
de Michael Foucault
Julio Ortega Bobadilla, [ 29]

Dos poemas en español
Thiago de Mello, [ 33 ]

Trespoemas

iHoy mismo!

Ricardo Yáñez, [ 34]

La poesía de Carmen Alardín
Armando Joel Dávila, [ 35]

Sociológica:

Esperanzas y expectativas
José María Infante, [ 38]

Machina speculatrix:

Calcul,emos
Hugo Padilla, [ 40 ]

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�ll alores y educación
Pablo Latapí
Música:

"Nadie sabe para quién trabaja•:
o "Las vicisitudes de la industria
del disco, músicos y aun los inventores"
Alfonso Ayala Duarte, [ 43]

Libros:

Una monografía necesaria
José Carlos Méndez, [ 46]

Aunque usted no lo crea
Ricardo Martínez Cantú, [ 47]

Una historia en el diván
Francisco Ruiz Solís, [ 49 ]

Colaboradores, [ 51 ]

Portada y viñetas en páginas interiores/ Emir Guerrero

ESTÁ DE MODA HABLAR DE VALORES EN LA EDUCACIÓN.

En mi opinión, no es una moda; es un reclamo,
un deseo de recuperar algo esencial que hemos
abandonado: la función formativa de la escuela.
Algo esencial, porque nadie puede educar sin valorar, porque toda educación se dirige hacia ciertos fines que aprecia como valiosos para el individuo y la sociedad.
Hablemos con franqueza: si lo esencial de nuestra tarea de educadores es tratar de hacer mejores
a los hombres, debemos confesar, con honestidad,
que poco sabemos de cómo hacer mejores a los
hombres. Algo sabemos en el orden del conocimiento: hay teorías del curriculum, hay metas
cognoscitivas y sistemas de evaluación, y logramos
enseñar matemáticas, geografía, física. Logramos
incluso a veces que los alumnos aprendan a aprender y se apropien destrezas y habilidades intelectuales. Y en algunas, muy pocas, ocasiones, logramos que algunos alumnos desarrollen visiones
comprensivas del mundo e integren conocimientos multidisciplinarios, y se acerquen, aunque sea
tímidamente, al enigma del mundo o al enigma
de sí mismos. En el orden del conocimiento, poco
podemos, pero algo podemos.
El conocimiento, sin embargo, no hace necesariamente mejores a los hombres. Es una vertiente
de la perfectibilidad humana, importante, sí, pero
no la más importante. En otro sustrato de la persona, más misterioso e inasible, se desarrollan fuerConferencia sustentada por el autor en la Universidad Autónoma de Nuevo León, dentro del Coloquio 2000: Para repensar la historia, el 13 de septiembre del 2000.

zas y procesos, amores, atracciones, afinidades,
solidaridades, esperanzas; ahí se abre la posibilidad -tenue, pero real-de la decisión libre y del
orden moral. Llamamos a este sustrato de la persona, a falta de mejor término, el terreno de los
valores. Es el corazón de la educación. Y nos entretenemos especulando qué son los valores, construimos teorías psicológicas, filosóficas, sociológicas, éticas, para explicar lo que son; elaboramos
códigos, clasificaciones, taxonomías; pero en el
fondo, después de todo este esfuerzo, debemos
concluir que es muy poco lo que sabemos para
hacer mejores a los hombres.
Si el tema en sí es difícil, hay tres razones más
particulares que lo dificultan aún más. Primero,
porque la escuela mexicana ha abdicado desde
hace mucho de su función formativa; por el peso
de su tradición positivista casi no se ha ocupado
de la formación integral de fa persona (nuestros
currículos están centrados en el conocimiento
aunque los acompañe un inofensivo discurso sobre otros aspectos del desarrollo humano); y además, por una interpretación simplista de su

[ 3]

�laicidad y por temor a que la religión se cuele por
la puerta trasera, ha relegado al silencio su objetivo esencial de formación moral. Por esto, la propuesta de discutir valores se recibe con suspicacia. Pero por esto también abundan las iniciativas
y propuestas de educación en valores.
Una segunda razón es el rechazo bastante generalizado a la directividad de la educación; los
jóvenes -y aun muchos profesores ya no tan jóvenes- propugnan la «emancipación» como conquista de las nuevas generaciones y rasgo definitorio del hombre de hoy. Una educación que proclame valores, que dé línea, les parece sospechosa
de represión, de adoctrinamiento y autoritarismo.
Tercera razón: el pluralismo de las sociedades
contemporáneas, también de la nuestra, que lleva
a cuestionar que pueda haber valores comunes,
aceptables para todos. ms posible definir hoy una
base común de valores y -aún más- es posible
proponer hoy una moral pública normativa, ante
la diversidad de ideologías, la defensa de la subjetividad, la glorificación del capricho y el escepticismo generalizado?
Así y todo, hay que reabrir el debate sobre los
valores en la educación por la sencilla razón de
que sin valores no hay educación. Para contribuir
a él procederé hoy por cinco pasos: primero abordaré la definición de valor; segundo, me ocuparé
de las maneras como tematizamos y clasificamos
los valores; tercero, trataré de sintetizar lo que sabemos sobre la manera como se forman los valores; cuarto, aludiré a los métodos y prácticas pedagógicas hoy predominantes en este campo; y finalmente me referiré a la educación en valores
como problema de la política educativa, en cuanto dice relación con el Estado.

Definición de valor
«Valor» es un término polivalente, de múltiples
significados; por lo mismo, «educación en valores
o de los valores» puede tener también muy diversos significados.
En forma general, entendemos por «valor» lo
que se valora, lo que se considera digno de aprecio· así valor se identifica con «lo bueno». La ver' '
dad es un valor, lo mismo que la salud o el sentido
del humor; son bienes, son algo deseable. A par-

tir de esto, tendemos a concebir todas las cualidades deseables como grandes valores abstractos: la
verdad, el bien, la belleza, la bondad; y tendemos
a considerar que estas cualidades existen como realidades externas a nosotros, como objetos de nuestro deseo. Aunque no les concedamos existencia
ontológica-como las «ideas» de Platón en el mito
de la caverna, en donde sólo vemos las sombras
de esas ideas de esas «ideas»- sí tendemos a concebir el bien, la verdad, la belleza o lajusticia como
ideales que existen independientemente de nosotros, que debemos hacer nuestros.
En el orden psicológico los «valores» son propiedades de la personalidad, preferencias, orientaciones, disposiciones psíquicas. Nos apropiamos
aquellos bienes abstractos, los interiorizamos en
nuestra personalidad como actitudes, sentimientos, convicciones o rasgos de carácter. Así, decimos que alguien es bondadoso,justo, generoso o
valiente. En este sentido, en el orden psicológico,
los «valores» vienen a ser, en cierta forma, los fines de la educación; son las propiedades de la personalidad que nos proponemos formar en los
educandos.
En el orden sociológico, por otra parte, los "valores" adquieren otro significado: son preferencias colectivas, compartidas por un grupo; implican sentimientos de grupo, modos de reaccionar
o conductas determinadas; su formación y evolución siguen leyes que las ciencias sociales tratan
de elucidar, distintas en buena parte de las de los
valores del individuo.
Y entre el orden psicológico cabe ubicar el orden moral, que tiene su propia especificidad y un
lugar central en el desarrollo humano: es el orden del uso responsable de la libertad, pues no
otra cosa es la moral. Aquí «valor» significa una
toma de posición que percibimos como obligatoria para nosotros mismos en virtud de nuestra dignidad humana; los valores morales vienen a significar normas, normas de conducta que sentimos
que debemos de cumplir por imperativo de nuestra conciencia, no por coacción externa.
La «educación en valores», en consecuencia,
tiene todos estos significados: se sitúa en el orden
psicológico y moral, y toma también como referencia el sociológico; podríamos definirla como
el esfuerzo sistemático por ayudar a los educandos
a adquirir aquellas cualidades de su personalidad

[4]

que consideran deseables en los diversos ámbitos
de su desarrollo humano, y particularmente
aquellas que se relacionan con el uso responsable
de su libertad.

Cómo se tematizan los valores
Para convertirse en propuestas educativas los valores tienen que identificarse, que tematizarse de
alguna manera, que clasificarse.
Una manera cómo esto se ha hecho a lo largo
de la historia es a partir de una visión religiosa.
Muchas religiones, sobre todo aquellas que han
elaborado intelectualmente su propuesta de fe,
han precisado un ideal religioso, un perfil del
hombre deseable; construyen sus propios sistemas
de valores clasificando sus virtudes y formulando
una moral, o sea, el conjunto de principios y normas de comportamiento congruentes con estafe
religiosa. En la mayor parte de las religiones estas
tematizaciones no son inmutables; se reformulan
a partir de las preocupaciones de cada época tratando de mantener vigente su esencia.
El ideal del cristiano del siglo IV es distinto al
del siglo XVI; el de principios de este siglo, bastante diferente al del momento actual.
Otra manera de tematizar los valores obedece
a intereses o preferencias culturales que reciben
consensos más o menos generalizados. Hoy en día,
por ejemplo, encontramos tres propuestas de formación de valores de las que se habla mucho. En
primer lugar, la educación para los derechos humanos; se toma la Declaración Universal de los
Derechos Humanos de las Naciones Unidas como
base conceptual indiscutida, que ha recibido el
consenso de todos los gobiernos y supuestamente
de todos los grupos culturales, y se identifican los
valores que corresponden a esos derechos; así se
delínea un ideal educativo que orientará la formación valoral; por esto muchos se identifican hoy
en la educación en valores con la educación para
los derechos humanos.
Una segunda tematización contemporánea se
centra en la educación para la paz y la comprensión internacional. Dado el anhelo de paz en el
mundo, sobre todo a partir de la Segunda Guerra
Mundial, se ha tomado el tema de la paz y la comprensión internacional y la convivencia social ar-

moniosa como la meta de una educación en valores. Existe una famosa Recomendación de la
UNESCO de 1974 sobre este tema, que contiene
muchas orientaciones concretas para desarrollar
una educación orientada a construir un mundo
más armonioso, tolerante y pacífico.
Una tercera manera es la educación para la
democracia, que recientemente se enfatiza, porque se cree que el concepto de democracia resume muchos valores relevantes para construir una
convivencia respetuosa y facilitar el progreso económico y social y -entre nosotros- porque la
transición política del país así lo reclama, el Instituto Federal Electoral está realizando un espléndida tarea educativa en esta dirección.
Estas tres maneras de tematizar los valores no
son las únicas; las menciono porque me parece
que son las más recurrentes en la sociedad mexicana actual que busca fundamentar valores aceptados por todos, sin referencias religiosas explícitas, para consolidar la cohesión de la sociedad y
una moral pública común.
Por supuesto que éstas -y cualquier otra- sistematización que se quiera proponer son debatibles. La misma Declaración Universal de los Derechos Humanos está sujeta a cuestionamientos,
como lo muestra la siguiente anécdota: hace unos
años, siendo yo delegado alterno de México ante
la UNESCO, pregunté en un coktail al delegado.
de China continental qué se pensaba en su país
acerca de la Declaración Universal. Me contestó
con una amplia sonrisa, sin decir nada, muy orientalmente; seguí insistiendo y, al calor de otra copa,
me contestó finalmente: «Mire usted, la verdad,
la Declaración nos resulta muy extraña por varias
razones: primero, porque nosotros, aunque comunistas, somos educados en la tradición de Confucio, y para Confucio primero son las obligaciones
y luego los derechos. Nosotros hubiéramos hecho
primero una Declaración de las obligaciones universales, antes que de los derechos. La segunda
razón es porque en nuestra cultura es más importante la familia que el individuo. Enumerar derechos del individuo, sin hablar para nada de la familia, nos resulta inconcebible». Vemos, por tanto, la relatividad cultural que cuestiona casi cualquier pronunciamiento, aun los que nos parecen
más universales.
Prescindiendo de estas observaciones, es obvio

[5]

�que las sistematizaciones de valores son indispensables y, aunque todas sean discutibles, tendremos que
optar por alguna. Sea que conceptualicemos la educación como los valores correspondientes a los derechos humanos, o la orientemos a la paz y la comprensión internacional o a la democracia, todos tratamos de construir una carta que integre y dé inteligibilidad y congruencia a los valores individuales y
sociales para guiar nuestra tarea pedagógica.

Cómo se forman los valores
Los procesos por los cuales se forman esas «propiedades de la personalidad», esas disposiciones
o preferencias, han sido objeto de innumerables
explicaciones teóricas. En realidad sabemos muy
poco; las teorías pueden ser fascinantes pero ninguna cuenta con evidencias empíricas que nos
convenzan de su validez; nos movemos en un terreno de hipótesis, arañando apenas procesos misteriosos. Ni siquiera sobre nosotros mismos logramos saber cómo se formaron nuestros valores; tampoco las madres o los padres de familia pueden
explicar cómo se formaron los valores de sus hijos, por qué uno resultó díscolo y otro generoso,
uno músico y otro líder social. Si los padres no lo
saben, menos lo saben los científicos.
Mucho del esfuerzo teórico se ha centrado en

la formación de los valores morales. No todos los
valores tienen igual relevancia para la ética, pero
es evidente que los que más interesan en la educación son los que se vinculan con el uso de la libertad y el desarrollo de la responsabilidad, o sea con
la moral. La moral no es enseñar mandamientos y
convencer de que debemos acatar la ley; yo diría
que es precisamente lo contrario: es enseñar a ver
más allá de la ley. Al menos desde el punto de vista cristiano, según el cual el hombre no se hizo
para el sábado sino el sábado para el hombre, la
formación moral es ayudar a los niños y jóvenes a
vivir por el espíritu y no por la ley, a ser sinceros y
no farisaicos, a descubrir su propia libertad y a
aprender a ejercerla responsablemente. Ayudarlos a que crezcan en humanidad hasta donde pueden llegar, a ser cada vez más autónomos, más
auténticos en el uso responsable de la libertad, eso
es la formación moral.
Enumero brevemente los diversos enfoques
teóricos que se han propuesto para explicar la formación de valores. El psicoanalítico, en la corriente ortodoxa freudiana, pretende explicar esta formación por las dinámicas del inconsciente, y en
la construcción de la moral por la identificación
con arquetipos, la constitución del superyó, la
sublimación de los impulsos y los mecanismos de
censura; los valores serían el resultado de una construcción inconsciente, de una historia secreta, es-

[ 6]

condida en la profundidad de la persona. El enfoque psicodinámico indaga las fuerzas integradoras
de la personalidad, particularmente el deseo, las
motivaciones y los sentimientos; se afirma que estas fuerzas,junto con el impulso de autoconservación, el de la autoestima y el del propio valer, confluyen en la dinámica de la autorrealización y forman nuestros valores. El enfoque conductista subraya los condicionamientos y determinantes de
los comportamientos; explica las decisiones por
mecanismos de estímulo-reacción. El sociológico, en
cambio, profundiza en los procesos colectivos que
fijan las preferencias y las normas de conducta
social y las maneras como esas normas sociales
condicionan los valores de los individuos. Finalmente, está otro enfoque que subraya el aspecto
intelectual en la formación de los valores, llamado cognitivo-evolutivo, que en el caso de valores
morales se denomina el «desarrollo del juicio
moral». Esta rápida enumeración hace ver la enorme complejidad de los procesos que intervienen
en la educación valoral; sólo un ingenuo pretendería tener todas las respuestas.
El último de los enfoques teóricos referidos, el
del desarrollo del juicio moral, iniciado por Piaget
y continuado por Lawrence Kohlberg y varios de
sus discípulos, merece una breve explicación por
ser probablemente el que predomina hoy día (Barba 1994). Esta teoría sostiene que el desarrollo
moral se da a través de estadios sucesivos de razonamiento, que van de la heteronomía del niño
(que depende de leyes externas) a la autonomía
de la persona madura. Kohlberg se hizo famoso
sobre todo porque esquematizó esos estadios siguiendo a Piaget, coordinándolos con los de la
psicología genética, haciendo ver que había una
correspondencia entre la manera corno el niño va
desarrollando sus estructuras cognitivas y los pasos por los que va formando su juicio moral y avanzando hacia su autonomía.
Así, distingue varios niveles, y, dentro de cada
nivel, varios estadios de juicio moral. Lo esencial es
que pone el énfasis en el elemento cognitivo, el juicio, para desarrollar la moralidad; por esto coloca
en el corazón de la moral los principios de lajusticia
y los conceptos de equidad y de reciprocidad.
Es, sin duda, por este énfasis cognitivo por lo
que la teoría del juicio moral ha sido privilegiada
en los esfuerzos de formación valoral, que se en-

trelazan con el curriculum, con el desarrollo del
conocimiento.
Esta teoría ha estimulado muchos experimentos; se ha ido institucionalizando pedagógicamente
de cuatro maneras: una, mediante la discusión de
los llamados «dilemas morales», discusión de situaciones de conflicto moral que sirve a los alumnos para esclarecer sus propios valores. Se propone a los alumnos un dilema de su vida escolar o
extraescolar, y ellos discuten cuáles son los valores que están en juego y cómo les parece que debe
resolverse ese dilema; así cada alumno va esclareciendo cuáles son sus valores reales, los que están
normando su comportamiento. Otra manera es
interviniendo en las asignaturas del currículum
para hacer aplicaciones de significado moral. En
literatura, en historia, en geografía, se identifican
los momentos curriculares más adecuados para
introducir discusiones y experiencias significativas;
de esta manera se integra el desarrollo del juicio
moral al currículum establecido.
Una tercera manera es organizar cursos especiales que estimulen, sobre todo en los maestros,
la sensibilidad a los aspectos morales y los familiaricen con la formación del juicio moral. Una cuarta, finalmente, ha sido el establecimiento de escuelas ejemplares, donde se vivan determinados
valores, donde la organización escolar los promueva y los encame. Esta fue una idea muy antigua de
Kohlberg en el experimento que se llamó «la comunidad justa», una comunidad escolar que establece sus propias normas por consenso y conduce
los comportamientos cotidianos a la luz de esas
normas. No puedo detenerme en estas explicaciones, pero es interesante mencionarlas.
Ahora bien, la teoría del juicio moral tiene varios problemas; enumero cinco:
En primer lugar, está lejos de contar con evidencia empírica que pruebe sus postulados; no se
ha experimentado suficientemente para comprobar la consistencia de los estadios y niveles propuestos, ni la efectividad de las medidas pedagógicas que recomienda.
Segundo, tampoco está probado el supuesto de
que estos planteamientos tengan validez universal y supercultural; probablemente no la tengan y
correspondan a una mentalidad europea o anglosajona; no sabemos qué tan adecuados son para la
cultura mexicana.

[ 7]

�En tercer lugar, parece ponerse una confianza
exagerada en el esclarecimiento de los valores,
como si de ese análisis se siguiera un compromiso
con esos valores. El mero esclarecimiento no pasa
de ser una apreciación intelectual; inclusive puede conducir a un cierto relativismo moral. Si en
una clase de bachillerato unos estudiantes esclarecen como suyos unos valores y otros otros, fácilmente se concluirá que «todo es lo mismo», que
todos los valores son relativos y se recurrirá a una
concepción equivocada de la tolerancia: la que la
identifica con la indiferencia.
Cuarta limitación: por ser esta una teoría que
se centra en el juicio moral, sobrevalora los componentes racionales en la formación de los valores y prescinde de los afectivos, sociales /culturales que son sumamente importantes. Estoy seguro
de que,lsi
cada uno de nosotros reflexiona sobre
1
su vida psobre cómo se formaron sus valores, comprobat¡á que, al lado de influencias racionales,
hubo otros factores: el amor, el deseo, las aspiraciones, los ideales, que fueron muy importantes,
parecen quedar fuera de esta teoría.
Finalmente, la teoría del juicio moral mantiene una gran ambigüedad respecto a la posibilidad -yo diría la necesidad- de valores absolutos, y a la manera de identificarlos y asimilarlos.
No hay referencias en Kohlberg sobre la problemática del carácter absoluto que pueden llegar a
tener algunos valores fundamentales, qué hacer
con ellos, cómo vivirlos, cómo conciliarlos con los
de otras personas; éste me parece un aspecto fundamental en la formación de toda persona humana, es decir en la educación.

fluya, pero muchas veces provoca rechazo por imponerse de manera tan unilateral.
Se enfatiza también que conviene privilegiar
una «visión holística» (es decir integral e integrada), que relacione unos valores con otros y haga
ver su congruencia. Por esto se prefiere que la formación de valores no esté confinada a un área
curricular (como podría ser el Civismo), sin abarcar toda la educación como un eje transversal; más
aún debiera procurarse en la escuela un clima o
ambiente propicio a la experiencia de los valores
que se consideran importantes.
También se destacan, en la práctica pedagógica contemporánea de nuestros países, dos cosas
como especialmente importantes: las relaciones
personales que se viven en la escuela, que están
condicionadas por la organización de la institución (pues de ellas depende que se fomente la confianza y la veracidad, el diálogo, el respeto, la solidaridad, la autoestima, etc.); y el maestro como el
factor más relevante, en cuanto encarna los valores y los realiza ejemplarmente ante los alumnos.

cuela pública desempeña tres roles diferentes que
no es fácil conciliar. Por una parte, es funcionario
del Estado y debe cierta lealtad al Estado que lo
ha contratado (si tiene objeción de conciencia,
debiera renunciar, pero mientras trabaje debe
observar fielmente el laicismo oficial). Por otra
parte, es representante de los padres de familia;
no se puede explicar la función que desempeña
sin referencia a una delegación explícita o implícita de los padres para que eduque a sus hijos;
¿hasta dónde debe llegar la lealtad a los valores de
las familias en la educación que da el maestro?
¿No entra este rol en conflicto con el anterior? Y
finalmente -por eso es trilema- el maestro es
también él mismo, una persona con su propia filosofía de la vida y su propia formación moral.
¿Qué hace entonces un maestro agnóstico, que es

Los valores y el Estado
Refirámonos, finalmente, a algunos problemas
que plantea la formación de valores a la política
educativa; concretamente, a la intervención del
Estado en estos aspecto de la educación. Selecciono dos problemas de especial importancia en nuestro contexto mexicano: el del laicismo escolar y el
de la legislación en material de valores.

Laicismo y valores
Los métodos y lru prácticru pedagógi,cru
Un estudio que realiza las tendencias que sigue la
formación de valores en la escuela en América
Latina (Schmelkes 1994) llega a las siguientes conclusiones:
En nuestro país se enfatiza actualmente que debe
haber congruencia entre la labor de la escuela y la
de la familia; de lo contrario, una descalificará a la
otra y se crearán conflictos en el educando. Se
enfatiza también que la prédica, la exhortación o la
proclamación de ciertos valores -más si se hace autoritariamente- es de escasa utilidad; no que no in-

religión y respetar todas las maneras de pensar.
Pero, ¿puede el Estado educador entrar al terreno de la conciencia del individuo, dictarle normas morales, imponerle obligaciones morales? Y
además ¿cómo puede hacerlo en una sociedad
plural en la que coexisten muchas maneras de
pensar, religiones diversas y concepciones morales muy variadas?
Creo que el principio de solución para conciliar una escuela pública laica con la formación
moral es distinguir una plataforma mínima de valores morales, en los que debe haber consenso de
todos, y las fundamentaciones de esos valores que
pueden ser distintas y estar referidas al orden religioso de cada persona. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, Jacques Maritain proponía, para

El Estado mexicano es laico y la enseñanza de las
escuelas públicas debe ser ajena a toda doctrina
religiosa. Esto es claro, pero, lejos de resolver el
problema de la formación moral, le añade nuevas
complicaciones. ¿cómo conciliar el laicismo y la
formación moral?
El Estado, el no laico y el laico, cuando entra al
orden de la educación, tiene que establecer cierto fines. Decíamos que toda educación supone fines, orientaciones, también en materia de valores
y de valores morales; laicidad escolar no significa,
entonces, ausencia de fines, sino no imponer una

[8]

Francia, rehacer su tradición de laicismo escolar
estableciendo una «Carta Democrática» obligatoria para todos, en la que constaran los valores esenciales a la democracia, y dejando que las diversas
tradiciones religiosas o ideológicas fundamentaran esos valores de acuerdo a sus modos de pensar.
Esto supondría una concepción abierta de la
laicidad -abierta en dos sentidos: hacia el orden
moral de cada alumno, según las convicciones de
su familia, y hacia las tradiciones culturales del país
(he desarrollado esta propuesta en un trabajo reciente que presenté en un Seminario sobre
laicidad, realizado en El Colegio de México.)
Ejemplifico la madurez que se requeriría del
maestro -en esta concepción de laicidad abierta- con el siguiente «trilema»: un maestro de es-

[ 9]

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�funcionario del Estado y educa a hijos de padres
católicos o judíos en una escuela laica? ¿Qué orientaciones debe seguir?
El hecho de que nunca se exterioricen este tipo
de conflictos muestra, me parece, no que no existan en nuestra sociedad mexicana, sino que nuestra cultura pedagógica aún no ha profundizado
los problemas de la formación moral y las posibles interpretaciones de la laicidad escolar. Ni el
Estado, ni la Iglesia, ni los padres de familia han
debatido estas cuestiones con seriedad. Pienso, por
ejemplo, en el caso de Francia, donde actualmente se debate este tema, donde los obispos católicos están proponiendo desde hace varios años una
visión positiva de la laicidad, como un elemento
que protege la libertad del acto de fe y la más auténtica, y donde se preocupan por dar a los maestros católicos de escuelas públicas una formación
seria para resolver estos conflictos, con pleno respeto a la conciencia del niño, del educando, y con
coherencia con su fe religiosa personal.
En nuestro caso, debiéramos iniciar la tarea de
esclarecer los valores comunes que requiere una
vida democrática, establecer consensos sobre los
rasgos deseables de las personas que queremos
formar en nuestras escuelas -el respeto, la participación, la apertura al diálogo, el sentido social,
etc., y, sobre esa base, ir elaborando una pedagogía de la formación moral en la que se concilie la
laicidad de la escuela, entendida como respeto a
todas las religiones, y la ayuda a cada alumno, según sus propios referentes. Sería una laicidad
abierta a los valores morales individuales de los
alumnos, no menos que a las tradiciones culturales del país (muchas de las cuales, en países como
el nuestro, están indiscutiblemente vinculadas a
elementos de su historia que fueron religiosos en
su origen).

La ley y la formación en valores
El otro problema que deseo tratar es el del papel
de las leyes, de la legislación, en esta materia: ¿Qué
conviene que prescriban y manden respecto a la
formación valoral y moral?
El Estado, con todo su poder, puede muy poco
en materia educativa, y más en materia de valores.
No educa -esto lo hacen sólo las personas- sólo

organiza la enseñanza; depende de -y está limitado por- muchas mediaciones humanas en su
tarea educativa. Lo principal que puede hacer es
normar, y esto no es lo más efectivo para el objetivo de formar valores.
Si se me pidiera jerarquizar los factores que,
en mi opinión (no es más que una opinión), influyen en la formación de valores en el orden escolar, yo enumeraría estos siete y en el siguiente
orden de importancia: primero, el ejemplo de los
maestros; segundo, el ambiente o clima de la escuela, propicio para la formación de ciertos valores y el ejercicio responsable de la libertad; tercero, la organización de la escuela por cuanto ella
imprime un sello al ejercicio de la autoridad, a las
relaciones interpersonales y a la participación;
cuarto, la oportunidad de tener experiencias significativas; quinto, la apertura a la comunidad
externa que tenga la escuela; sexto, el curriculum,
los contenidos curriculares; y en el último lugar,
el canon de los valores proclamados, o sea los
enunciados normativos. En mi apreciación, las disposiciones del Estado son el elemento que menor
importancia efectiva para el proceso de formación
valoral.
Podríamos decir que al Estado corresponden
tres grandes funciones al respecto: la primera,
normar y orientar; la segunda, promover, estimular e inducir; y la tercera, evaluar.
Aunque la proclamación de normas tiene sólo
importancia relativa, es indispensable; toda educación requiere objetivos y fines claros que corresponde al Estado definir. Supuestamente, en la filosofía democrática, lo que el Estado hace es concretar los consensos sociales y darles expresión
jurídica. El deber-ser, la definición de los fines, es
socialmente significativa; constituye una referencia para todos los educadores del país y para la
sociedad. Pero, no sobrevaloremos la ley.
La segunda función es más importante para la
práctica: la de promover, estimular, inducir, Aquí
cabría la normatividad cotidiana que establece límites y espacios, define estímulos, fija roles, sanciona una forma de organización y condiciona el
funcionamiento de la escuela. Las normas sobre
estos aspectos no formarán directamente los valores, pero inducirán a vivirlos y alentarán a los buenos educadores. Así quiero interpretar la asignatura de Formación cívica y ética, que se ha incor-

[ 10]

porado recientemente al currículo: como una
oportunidad de introducir experiencias significativas, pero nada más. La educación valoral es asunto de mediaciones humanas y éstas no se pueden
controlar y determinar a través de prescripciones.
El Estado debiera estimular a los maestros a
formar valores de diversas maneras, antes que nada
procurando que todos los maestros tengan la experiencia de su propia formación de valores. Además, organizar talleres, debates, eventos en que
participen también los padres de familia. La formación en valores debiera ser asunto de interés
público.
También correspondería al Estado dar a sus
maestros un trato respetuoso y digno; la formación de los valores de los maestros empieza quizás
en la forma en que las autoridades -incluyo a los
directores y supervisores- los tratan. Mal puede
un docente formar valores de respeto si en la ventanilla es tratado por un burócrata autoritario y
grosero. Un trato humano y respetuoso de parte
de los funcionarios es una primera condición para
promover la formación de valores humanos.
La tercera función del Estado es evaluar. Pero
en esta materia no puede el Estado, ni nadie, desarrollar un sistema completo de evaluación. Nunca tendremos -y qué bueno- indicadores precisos
que nos digan: «los niños de esta ciudad son hoy
más magnánimos que los de tal otra» o «ya aprendieron a perdonar mejor que hace dos años». La
calidad de las personas no puede ser evaluada de
manera simplista y superficial. Sin embargo, si todo
lo que nos proponemos debe ser de alguna manera evaluado, podemos sugerir que el Estado haga
algunas cosas en relación con la evaluación de los
valores.
Podría, por ejemplo, estimular a las escuelas a
evaluar algunos aspectos valorales de sus alumnos,
de acuerdo a criterios nacionales o regionales, o a
los rasgos propios de la tradición educativa de una
escuela particular. A mí, por ejemplo, me gustaría
saber si los muchachos de secundaria están prefiriendo las tradiciones mexicanas en sus maneras
de divertirse o las de Estados Unidos, o de qué
manera jerarquizan ciertas preferencias regionales respecto a las nacionales (problemas particularmente interesante para el futuro); o saber si
están cediendo al bombardeo de los medios de
comunicación y asumiendo hábitos de consumo

irracional, o si se están volviendo indiferentes, o
si les gusta la lectura o si van adquiriendo, conforme a su edad, una mayor responsabilidad social o
política. Son aspectos parciales que pueden ser
evaluados de alguna manera, y el Estado debiera
alentar esas evaluaciones.

Conclusión
Para asuntos de gran importancia como éste de la
formación de los valores, los seres humanos no
tenemos más ayuda, más recursos, que nosotros
mismos, nuestra experiencia individual y colectiva, nuestra cultura. Debemos recogerla, atesorarla y ponerla al servicio de la educación de las siguientes generaciones.
Por esto es muy saludable que esté renaciendo
entre los maestros y en la sociedad el interés por
la formación valoral y moral. Muy saludable también que se haya incluido en el currículo la materia de Formación cívica y ética, aunque el actual
plan y programa de estudio adolezca de deficiencias. Aunque sepamos muy poco sobre esto, aunque andemos a tientas -lo cual ayuda para acercarnos a este tema con humildad, reconociendo
que estamos bordeando el misterio de los que somos- es importante realizar el esfuerzo colectivo
de reflexionar sobre la función formativa de la
escuela. Así avanzaremos en el conocimiento de
cómo hacer mejores a los hombres.

Referencias:

Barba, Bonifacio, Educación para los derechos humanos. Los derechos
humanos como educación va/oral, México, Fondo de Cultura Económ ica, (en pren sa).
Latapí, Pa blo, Una laicidad abierta, en: « Tiempo educativo mexicano», UM-UNAM, 1996, vol 1, p . 204.
Latapí, Pablo, La laicidad escolar: cinco vertientes de investigación, en
Roberto Blancarte (compilador), Laicidad y valores en un Estado democrático, El Colegio de México y Secretaría de
Gobernación, México, D. F., 2000, p. 33 ss.
Schmelkes, Sylvia, Educación para los derechos humanos y /.a pat., 1995,
(ma nuscr).

[ 11 ]

�llaconstrucción de la nación
y el conflicto de identidades
Enrique Florescano

ESTE ENSAYO NACIÓ EN REBELDÍA CONTRA LA TESIS QUE

afirma que los mexicanos tenemos una identidad
nacional única, basada en una memoria histórica
común. Se trata de una tesis que aparece con frecuencia en los manuales de historia, en los libros
de texto oficiales, en la obra de algunos historiadores y en la conversación de todos los días. Contra esa afirmación hace tiempo comencé a desarrollar la hipótesis de que en lugar de una memoria única, en el pasado mexicano habían coexistido múltiples memorias, sostenidas por los diversos grupos étnicos, sectores sociales, organizaciones políticas, localidades y entidades regionales
que componían el país. Pensaba que esa pluralidad de memorias no había sido armoniosa en el
pasado y continuaba hondamente dividida en el
presente. Como eran afirmaciones de identidad
de grupos contradictorios y desiguales, lo más pro-

Conferencia sustentada por el autor denu·o del Coloquio 2000:
Para repensar la historia, organizado por la UANL, el 8 de noviembre del 2000.

bable es que fueran memorias urgidas por reivindicar orígenes y valores propios, contrapuestos a
los que enarbolaban otros grupos.
Dice el historiador J.G.A Pocock que "Una sociedad puede tener tantos pasados y tantos modos de dependencia con esos pasados, como tiene relaciones efectivas con el pasado, y debe ser
importante para el análisis de la historiografía
como para el estudio del pasado tener en mente
que la conciencia de la sociedad acerca de su pasado es plural, no singular, y está socialmente condicionada de muchas maneras". 1 En los varios periodos de la historia de México los distintos grupos que integraron la sociedad establecieron diferentes relaciones con el pasado y, por consiguiente, crearon diferentes imágenes del mismo, a menudo antagónicas de las que desplegaron otros sectores sociales. Si cada sociedad está organizada
consciente o inconscientemente para asegurar su
propia continuidad, podemos suponer, como dice
Pocock, "que la preservación de la memoria del

pasado tiene la función de asegurar la continuidad de valores y tradiciones arraigadas en el pasado, y que esta conciencia del pasado es, de hecho,
la conciencia de la sociedad sobre su propia continuidad y sobreviveocia" .2
Según esta interpretación, las naciones deberían tener variadas y plurales memorias del pasado, tantas como grupos étnicos moraron en su
territorio. Sin embargo, en nuestros días, al comenzar un nuevo siglo, la paradoja es que México, el país plural formado por múltiples grupos y
largos siglos de historia, tiene una historiografía
centrada en narrar las hazañas de los vencedores
de las luchas políticas de los siglos XIX y XX. En
esta memoria disminuida casi no hay rastro de la
populosa nación negra que en el siglo XVII era la
segunda más grande del país, sólo superada entonces por la población indígena. Asimismo, aun
cuando desde el siglo XVII Nueva España fue la
primera nación del continente americano en mantener relaciones con Filipinas y el extremo oriente, en los anales históricos apenas queda huella
de ese contacto que se prolongó por dos siglos.
Más pobre aún es el registro de la historia de la
religión, la institución que durante milenios estableció las principales formas de participación,
identidad e integración de los distintos grupos
sociales que conformaron la nación.
Otro ejemplo notable de ocultamiento deliberado del pasado es el de los tres siglos de la dominación española. En los años que siguieron a la
Independencia y el nacimiento de la República la
lucha política entre liberales y conservadores convirtió el pasado colonial en la época negra de la
historia mexicana. La contienda de esos años
dividió al país entre quienes se obstinaban en edificar la nueva nación sobre sus antiguas raíces indígenas y quienes querían sustentarlas exclusivamente en el legado hispánico. El triunfo de los
liberales hizo que todo intento de reconstruir los
tiempos de la dominación española concluyera en
una condena de la Iglesia, las clases dirigentes y
los valores hispanos. Para los liberales el virreinato
vino a ser la época de la sumisión colonial, el tiempo del saqueo de las riquezas minerales, el origen
de los latifundios y la cuna de las tradiciones conservadoras.3

Esta imagen negativa de la sociedad colonial
resultó tan influyente que aún hoy carecemos de
una evaluación templada del virreinato. Es decir,
la memoria histórica mexicana no ha podido aceptar aún los tres siglos que forjaron una nueva nación y, en consecuencia, no hemos podido elaborar una historia objetiva de la conquista ni menos
relatar comprensivamente cómo nació una nueva
sociedad fundada en herencias culturales diver4
gentes de la propia tradición ancestral.
Algo semejante ocurre con nuestro pasado más
remoto. La negación del pasado hispánico corrió
paralela con la condena del pasado indígena. Los
testimonios disponibles muestran que la empresa
de borrar la antigua memoria indígena se inició
al otro día de concluida la conquista de MéxicoTenochtitlan, y se continuó durante los tres siglos
del dominio colonial y a lo largo del XIX. En otra
parte he mostrado que el vituperio de los pueblos
indígenas fue una práctica ejercida por todos los
grupos sociales y partidos políticos durante el siglo XIX. Esta descalificación implacable configuró la imagen degradada del índigena que ha llegado hasta nosotros y nos legó una visión negativa
de su memoria histórica. 5
Tantos ejemplos de negación, olvido y condena del pasado muestran que la reconstrucción de
la memoria mexicana, antes de ser continua y estar guiada por el raciocinio, ha sido conflictiva y
parcial. Parece ser, sobre todo, una reconstrucción
gobernada por las disrupciones políticas que modificaron el acontecer histórico. Los hilvanadores
de la reconstrucción del pasado no pueden dejar
de observar que no fueron concepciones intelectuales de la historia las que modificaron la interpretación de ese pasado, sino los cambios operados en el desarrollo político de los estados.
En el México de comienzos del siglo XIX los

4

5

1

[ 12]

Pocock, 77ie origins of the study of the past, p. 213.

2

Ibid., p. 211.

3

Cf. Brading, Los orígenes del nacionalismo mexicano.

Recientemente José Luis Martínez dio a conocer la primera
semblanza justa y mesurada de Hernán Cortés hecha por un
esctitor mexicano, y un relato inteligente, documentado, ameno y comprensivo de la conquista de México. Véase Hernán
Cortés. Fondo de Cultura Económica, 1990. Pero aún nos falta
una buena historia de la conquista del cenu·o de México, y
más aún, una historia contrastada de las diversas conquistas
que tuvieron por teatro el tertitorio mesoamericano, comprendido el remoto norte.
Florescano, Etnia, &amp;taao y Nación, cap. Ill; y también Memoria
indígena, cap. Vll.

[ 13]

�pueblos indios, los mestizos, las castas, los criollos,
las ciudades y las corporaciones sostenían ideas contradictorias de nación. Como afirma Frarn;ois-Xavier
Guerra, desde mediados del siglo había por lo m~
nos dos ideas de nación que luchaban entre sí. Por
un lado estaba la nación compuesta por estamentos
y grupos corporativos, cuya unidad se fundaba en
las costumbres y tradiciones colectivas instauradas
por el propio desarrollo histórico. Esta nación era
"el producto de una larga historia, a lo largo de la
cual se han forjado sus valores, sus leyes, sus costumbres, es decir, su identidad".6 Esta nación antigua
era también una nación católica. Por otro lado estaba la nación moderna, integrada por individuos iguales, el ideal al que aspiraba la ascendente clase política liberal. Esta nación, en contraste con la antigua,
se pensaba secular, era una nueva "nación política",
que no incluía a sus sectores más antiguos.
El enfrentamiento entre los grupos étnicos tradicionales y la nación se produjo cuando se creó
el Estado moderno, el llamado Estado-nación. Al
contrario de la nación histórica, el Estado-nación
es concebido como una asociación de individuos
que se unen libremente para construir un proyecto. En esta concepción la sociedad no es más el
complejo tejido de grupos, culturas y tradiciones
formado a lo largo de la historia, sino un conglomerado de individuos que se asumen iguales. Luis
Villoro observa que esta nueva idea de nación
"rompe con la nación tradicional. Un pueblo ficticio de individuos abstractos reemplaza a los pueblos reales; una nación construida, a las naciones
históricas". El Estado-nación, en lugar de aceptar
la diversidad de la sociedad real, tiende a uniformarla mediante una legislación general, una administración central y un poder único. La primera exigencia del Estado-nación es entonces desaparecer la sociedad heterogénea y destruir los
"cuerpos", "culturas diferenciadas", "etnias" y "nacionalidades. "7
Para comprender el efecto decisivo que el Estado-nación tuvo en la creación de una nueva memoria histórica conviene recordar que la "homogeneización de la sociedad se realiza sobre todo en
6

Guerra, Modernidad e independencia, p. 325; véase también Villoro, Estado plura4 pluralidad de culturas, p. 16. En esta parte
sigo las ideas presentadas al final del cap. Vll de Memoria indí-

gena.
7

Villoro, Estado plura4 pp. 26-28.

el nivel cultural". Para construir a la nueva nación
se unifica la lengua en primer lugar y en seguida
el sistema educativo; luego se uniforma el país bajo
un único sistema económico, administrativo y jurídico. Y en el caso de que en el mismo territorio
convivan varias culturas y naciones, la cultura de
la nación hegemónica sustituye a la multiplicidad
de culturas nacionales. Como dice Gellner: "El
nacionalismo es esencialmente la imposición de
una cultura desarrollada a una sociedad en que
hasta entonces la mayoría, y en algunos casos la
totalidad de la población, se había regido por culturas primarias. "8
El proyecto de Estado-nación que maduró en
México durante la segunda mitad del siglo XIX se
impuso como primera tarea someter la diversidad
de la nación a la unidad del Estado. Los constructores del Estado anhelaban una nación desprendida de las comunidades históricas que habían formado a la nación plural. Luis Villoro advierte que
la "nación moderna no nace de la federación y
convenio entre varias naciones históricas previas.
Es un salto". Se origina "en la elección de una forma de asociación inédita y en su imposición a las
naciones históricas existentes en un territorio".
"En realidad, la constitución del nuevo Estado es
obra de un grupo de criollos y mestizos que se impone a la multiplicidad de etnias y regiones del
país, sin consultarlos. Los pueblos indios no son
reconocidos en la estructura política y legal de la
nueva nación. "9
El triunfo político de los liberales sobre los con8

Gellner, Naciones y nacionalismo, p. 82. Como dice Devalle," Ultimately, in the state-ist conception ofthe nation state and nation
become one, an 'imagined community' that ignores the various nations/
idcntifieslhistories it may incliuie. To mantain this conception oJthe nation-

state it is necessary constantly to stress the existance of only une possible
cultural mode4 one history, one úmguage. one social project ~ citado por

9

Sían Jones, "Discourses of identity in the interpretation of the
past", en Paul Graves-Brown, Sianjones y Clive Cambie (eds.),
Cultural identity andArcheology. Routledge, 1996, p. 74.
Villoro, Estado plura4 pluralidad de culturas, pp. 30-31 y 4041.
Según Guillermo de la Peña, "El Estado liberal que empezó a
surgir con las reformas borbónicas y culminó[ ...] al restaurarse la república federal en 1867, supuso la homogeneización
de la población y trató de diseñar un sistema de poder impersonal, fundado en la administración de la libre concurrencia.
Pero al no existir deJacto la igualdad ciudadana, el Estado hubo
de convertirse en reorganizador de la sociedad civil.. ." Véase
de la Peña, "Poder local, poder regional: perspectivas socioantropológicas", enJorge Padua y Alain Vanneph "comps.) Poder
loca4 poder regional. El Colegio de México, 1986, pp. 27-56.

[ 14]

servadores aceleró el proyecto de uniformar la
diversidad social y las múltiples mentalidades e
imaginarios que la expresaban. Los conceptos de
patria y nación se redefinen entonces. Patria no
es más el minúsculo lugar de origen, sino el territorio comprendido por la República mexicana.
Nación no es más el grupo social unido por la lengua, la etnia y un pasado compartido, sino el conjunto de los ciudadanos que conviven en el territorio. En lugar de la nación real disgregada en
criollos, mestizos, indios y castas, se proclama un
Estado integrado por ciudadanos iguales. En contraste con la nación escindida por el transcurrir
histórico (el pasado prehispánico separado por la
historia del virreinato, y éste por el pasado de la
República), aparecen las primeras obras que unen
esos pasados excluyentes en un discurso integrado. Era éste un discurso evolutivo y lineal que partía de la antigüedad prehispánica, continuaba con
el virreinato y la guerra de Independencia, seguía
con los primeros años de la República y concluía
con la época gloriosa de la Reforma.
Las obras históricas y los museos que entonces
fueron creados propusieron unificar estos distintos pasados, integrar sus épocas más contradictorias y afirmar una sola identidad. La historia patria se convirtió en el instrumento idóneo para
construir una nueva concepción de la identidad
nacional, y el museo en un santuario de la historia patria. Esta última vino a ser el eje de un programa educativo que transmitió la idea de una
nación integrada, definida por épocas históricas
que se sucedían de modo evolutivo, y cohesionada
por propósitos políticos comunes. Se forjó así una
conciencia nacional asentada en una "comunidad
imaginada."
El calendario cívico y los monumentos públicos celebraron las fechas fundadoras de la República, la defensa del territorio nacional y a los héroes que ofrendaron la vida por la patria. La pintura, la litografía, el grabado, el mapa y la fotografía se asociaron con los medios de difusión modernos (el libro y el periódico) para reproducir
los variados paisajes y rostros del país unificados
bajo el nombre de mexicanos. De este modo, los
gobiernos de fines del siglo XIX imprimieron en
la población la imagen de un México integrad~,
la idea de un país sustentado en un pasado antiguo y glorioso, próspero en el presente y proyec-

tado hacia el futuro. El nuevo canon de esta interpretación de la historia tenía como centro el Estado-nación, y como postulados el patriotismo, la
defensa de la integridad de la nación y el culto a
los principios de la República y a sus héroes fundadores. Era una concepción de la historia cívica
y laica, cuyo objetivo principal era fortalecer la
unidad política de la nación.
Esta concepción mítica de la nación homogénea dominó gran parte de la historia del siglo XX,
y sólo fue combatida y transformada hasta tiempos muy recientes.
La segunda parte de esta charla está dedicada
a explicar el derrumbe y la transformación de ésta.
Comenzaré con la reseña de un logro no suficientemente destacado de los estudios históricos
y antropológicos: el derrocamiento del canon historiográfico que impuso a fines del siglo XIX México a través de los siglos, la obra colectiva dirigida
por Vicente Riva Palacio. Como es sabido, esta obra
fue la primera que integró los hasta entonces contradictorios pasados de la nación y postuló el mito
de la nación homogénea. Veamos entonces el tránsito que nos llevó.

De la nación homogénea a la nación plural
Uno de los primeros efectos de la aparición de
México a través de los siglos, fue difundir una narración exaltada de la unidad nacional que borró la
silueta de las regiones y los pueblos. Como se ha
escrito, la historia se convirtió en biografía del
Estado, y el faro que guió estas obras fue el modelo establecido por México a través de los siglos. Andrés Lira observa que esta literatura nacionalista
se concentró en la exaltación del pasado prehispánico, el país mestizo y los héroes que escribieron la Constitución liberal de 1857 y encabezaron
el movimiento de Reforma. Asimismo, los enemigos de esta literatura nacionalista vinieron a ser
los hispanistas, los imperialistas, la Iglesia política, los índigenas vivos, los caciques regionales y
cualquier forma de reivindicación local o grupal.
Como advierte Timothy Arµ1a, "La historiografía mexicana relativa al temprano siglo XIX es, en
general, centralista de orientación", acendradamente nacionalista, contraria a las iniciativas que
expresaban oposición a los sagrados objetivos na-

[ 15]

�cionales, inclinada a sobrevalorar la armonía política que supuestamente prevaleció en el tiempo
de los virreyes y proclive a considerar las demandas de las élites regionales como sinónimo de desintegración.
La historia que entonces importó relatar era la
historia de los tres movimientos que construyeron
el Estado nacional: la Independencia, el movimiento de Reforma y la Revolución de 1910, de la cual
emergió el Estado revolucionario. De este modo
la historia del siglo XX se convirtió en la "historia
del encumbramiento del Estado posrevolucionario, visto por él mismo." A pesar de que estos tres
movimientos tuvieron su origen en el interior del
país y nacieron como reacciones contra la opresión centralista, el nacionalismo revolucionario los
transformó en una suerte de arquetipos de la homogeneidad de la nación. De 1920 a 1970, durante cinco largas décadas la visión oficial de la historia posrevolucionaria se impuso en la mentalidad
de los historiadores, las instituciones y el libro de
texto, sin que casi nadie osara desafiarla. Fue una
ideología que con el pretexto de cimentar la unidad política negó la diversidad territorial, la heterogeneidad social y la pluralidad cultural y política de la nación. Durante cincuenta años la hegemonía nacionalista se impuso asimismo sobre los
ensayos de historiografía local y regional, los cuales reprodujeron los temas, los actores y los enfoques canonizados por el discurso centralizador.
La crítica al Estado homogéneo se generalizó
entre fines de la década de los sesenta y el principio de los años setenta y provocó una profunda
revisión del pasado. En esos años, advierte Guillermo de la Peña, "tanto el indigenismo oficial
como el discurso de homogeneización de las culturas y de los territorios comenzaron a enfrentar
cuestionamientos radicales. Hubo, por supuesto,
una crítica abiertamente política, surgida del movimiento estudiantil de 1968. Pero también hubo
cuestionamientos que vinieron de académicos
nacionales y extranjeros, de historiadores, geógrafos, sociólogos, y también de antropólogos, que
expusieron las falacias centralistas subyacentes a
muchas visiones oficiales del territorio de México. El historiador Luis González (1968), por ejemplo, contrasta la historia patria, escrita desde las
ciudades y sobre todo la Ciudad de México con la
historia matria, "la que se vive y se percibe en el

terruño." La obra de Luis González inició un cambio de ciento ochenta grados en la historiografía
regional. En primer lugar porque su obra maestra, Pueblo en vilo, elevó la menospreciada historia
local a los rangos más altos del prestigio historiográfico. Segundo, porque en su reiterada exaltación de las virtudes de la microhistoria explicó con
sencillez qué es, cómo se hace y para qué sirve la
historia local. Gracias a este mensaje y a su inusitado discurso, que combinaba la erudición libresca
con el lenguaje coloquial y vernáculo, la obra de
Luis González tuvo una recepción excepcional en
todos los rincones del país y una respuesta multiplicada, que convirtió a la historia local en parte
sustantiva de la identidad nacional.
Los geógrafos se sumaron a la crítica de las interpretaciones centralistas y propusieron nuevas
perspectivas regionales que recogían planteamientos procedentes de la ecología, la territorialidad,
la ciencia política, la antropología y la historia. Con
un ímpetu mayor, los historiadores del proceso
revolucionario desbarataron el mito de la revolución homogénea y mostraron las raíces regionales de la explosión que se desparramó por el territorio entre 1910 y 1920. La compleja relación entre el Estado nacional y los intereses regionales
fue uno de los temas que absorbieron el interés
de historiadores y antropólogos.
El uso extensivo del concepto de región y su aplicación cada vez más productiva a la realidad mexicana es también un mérito de los antropólogos, pues
como dice De la Peña: "ha sido tal vez el concepto
clave en la historia de la antropología sociocultural
mexicana". Debemos a la reflexión de los antropólogos el abandono de la concepción localista y descriptiva de los "estudios de comunidad", y la vinculación de la región con un contexto espacial, social
y conceptual mayor. En los últimos años, los estudios regionales emprendidos por los antropólogos
se concentraron en cuatro grandes temas: los sistemas productivos, los mercados, los sistemas de dominación y los patrones regionales de cultura.
La mayor aportación de estas inquisiciones fue
problematizar el concepto de región, convertirlo
en un instrumento incisivo para el análisis social y
en una noción privilegiada de los estudios históricos. Hace tiempo los geógrafos abandonaron la
concepción del territorio como espacio determinado por los factores fisiográficos y lo vieron como

[ 16]

espacio socialmente construido por las sucesivas
mutaciones históricas. Pero como dice Guillermo
de la Peña, "fueron los antropólogos quienes desde hace mucho mostraron empíricamente que el
concepto de espacio es socialmente creado porque es socialmente vivido."
Las investigaciones inspiradas en la llamada corriente de ecología evolucionista promovidas por
Julián Stewart, Eric Wolf y Angel Palerma, desembocaron en nuevas interpretaciones en la medida
en que afinaron sus instrumentos teóricos. Las
obras de Aguirre Beltrán (El proceso de aculturación
y Regiones de refugio) señalaron que en todo estudio regional era imprescindible vincular la región
y los grupos étnicos con la economía'política, el
mercado, la ciudad, la estructura de clases y la nación. O como dice Guillermo de la Peña, quedó
claro que "a los indígenas no se les puede entender sin entender a los no indígenas". El estudio
antropológico de las regiones significó una mejoría de los marcos teóricos empleados, un juego
constante entre teoría e investigación empírica, y
una vinculación recíproca entre los procesos contemporáneos y el pasado histórico. Buena parte
de la obra de Aguirre Beltrán se asentó en una
relación fluida entre presente y pasado, y esta vinculación alentó la aparición de los primeros estudios regionales con una perspectiva histórica y
antropológica. Estos avances de las ciencias sociales se reflejaron en la multiplicación de las investigaciones históricas centradas en la región, en una
apropiación por parte de los historiadores de conceptos antes sólo manejados por antropólogos,
economistas o sociólogos, y en una mejoría notable en la calidad de los estudios regionales.
Para los historiadores la localidad y la región
siempre fueron atractivas porque el espacio donde ambas se asentaron permitía hacer indagaciones profundas en un tiempo relativamente breve.
Francois Chevalier descubrió en archivos ignorados y en repositorios familiares antes nunca consultados una cantera prodigiosa que le permitió
escribir el primer relato fundado sobre la formación de los grandes latifundios en el norte de
México, una región entonces inexplorada.
Posteriormente, las obras de Charles Gibson,
Woodow Borah, William Taylor, David Brading y
Eric Von Young ampliaron nuestra comprensión
de la diversidad regional mexicana. Esta irrupción

en la historiografía mexicanista de los métodos
promovidos por la historia económica, la demografía histórica, la prosopografía, la historia de las
mentalidades y otras corrientes innovadoras que
florecieron entre 1970 y 1990, se tradujo en una
ola de estudios centrados en la región. El siglo
XVIII y la primera mitad del XIX fueron redefinidos en su complejidad regional por una serie de
obras notables, debidas a una nueva generación
de historiadores.
La acumulación de tantos y tan diversos enfoques
sobre la región llevó a pensar en los factores que
determinaban esa realidad. Las regiones, como dice
Van Young, no sólo son "buenas para pensar", sino
que en "el campo teórico el análisis regional ayuda
a resolver la tensión entre la generalización y la particularización". De ahí que avanzando sobre las teorías de Robert Redfield y Julián Stewart, que definían la región en términos culturales, se intentara
dilucidar la naturaleza del espacio regional acudiendo a la tesis desarrollada por Carol Smith, según la
cual espacio físico y organización social se condicionan mutuamente en la región.
Con todo, quizá la última novedad en estacascada de estudios regionales sea la aparición de un
grupo de obras de historia política concentradas
en la región y en las relaciones de ésta con los
poderes de las capitales administrativas. Un rasgo
común de estos ensayos es el rechazo de la tesis
que postulaba que el surgimiento del Estado federal a principios del siglo XIX dio origen a las
regiones, y la consecuente afirmación de que la
defensa de las autonomías regionales forjó el Estado federal. Timothy Anna, uno de los sostenedores de esta tesis, la defiende así:

[ 17]

Creo que uno no puede definir correctamente lo que la
nación es si no comienza por las partes que la integran,
porque son precisamente estas las que han definido a la
nación[ ...] Y creo que las naciones no son tan imaginadas como fabricadas, es decir, son el resultado de procesos políticos y sociales por los cuales se establecen las instituciones de gobierno y administración, conforme a las
identidades e instituciones existentes, y a la historia de
un espacio territorial [...]
El provincialismo -la aspiración di; igualdad provincial y
gobierno propio, el deseo de una equidad política, la demanda de una igualdad jurídica, la oposición al poder absoluto ejercido por la Ciudad de México sobre el resto del
país- se convirtió en la principal fuerza impulsora del periodo que siguió inmediatamente a la Independencia...

�..

Desde este mirador la historiografía sobre los procesos políticos de la primera mitad del siglo XIX
comenzó a cambiar nuestra concepción sobre las
fuerzas que condicionan la formación de las regiones. Al concentrarse en la región, estos estudios
replantearon la controversia a la que alude Anna: la
pugna entre las aspiraciones autonomistas de los
estados versus el centralismo recalcitrante de los poderes asentados en la Ciudad de México.
Paralelamente, los estudios locales aportaron
una nueva visión de la participación indígena en
los procesos históricos. De pronto, la antigua visión negativa del indígena como peso inerte o como receptor pasivo de la acción de sus dominadores, se trocó en desvelación de las múltiples formas de resistencia que asumieron los pueblos en
el escenario nacional. Los nuevos estudios demolieron la concepción de que las comunidades eran
organismos inalterables adheridos a identidades
petrificadas en el tiempo. El nuevo enfoque sobre
las comunidades indígenas rompió también la interpretación que las veía como arcadias armoniosas y reveló la presencia destructiva del faccionalismo. Por otro lado, la mayoría de estos estudios
mostró que el acoso de criollos, mestizos, caciques,
políticos, Iglesia e invasores extranjeros sobre las
tierras indígenas hizo de los comuneros el grupo
social más resistente, y el más audaz para convenir acuerdos, pactar alianzas y toda suerte de negociaciones que aseguraran la conservación de sus
tierrras y la preservación de sus tradiciones.

Así, la extraordinaria maleabilidad de la conducta indígena, advertida ahora en distintos tiempos y regiones, ha conducido a reconocer en sus
acciones defensivas y en sus respuestas a las amenazas del exterior el cambiante rostro de la identidad campesina. Frente al abanico de peligros que
los amenazaban, los pueblos indígenas no sólo
integraron en sus filas a dirigentes que provenían
de distintos sectores sociales, sino que establecieron pactos con los grupos conservadores, moderados y liberales que competían en la arena nacional, así como los ejércitos norteamericanos y franceses que invadieron sus territorios, además de
convenir sus negociaciones cotidianas con los caciques y jefes políticos regionales.
Por otra parte, si ahora sabemos con cierta precisión cómo se transforma la identidad indígena
a lo largo del tiempo, no podemos decir lo mismo
de la identidad mestiza, de las poblaciones africanas y mulatas que se asentaron en diversas regiones, o de las identidades regionales conocidas bajo
las denominaciones de tapatíos, alteños, jarochos,

huastecos, uu:atecanos, sonorenses, fronterizos, norteños,
chilangos, tlaxcaltecas, poblanos, chiapanecos, yucatecos,
etcétera. Respecto a los negros y mulatos por ejemplo, se ha comenzado a indagar la construcción
de su identidad, siguiendo las obras fundadoras
de Gonzalo Aguirre Beltrán. Tal es el caso también de los pobladores de los Altos de Jalisco y de
Morelos. Pero, con excepción de Pueblo en vilo de
Luis González, y de Las salidas del laberinto de

[ 18]

Claudio Lomnitz, la mayoría de los estudios sobre
la identidad local regional sólo tocan uno o dos
aspectos de los componentes de esas identidades,
y casi nunca persiguen sus transformaciones a lo
largo del tiempo.
Una excepción notable es el rescate histórico
del grupo de los rancheros. Avistados por primera vez en Laformación de los grandes latifundios, más
tarde se desvanecieron de los registros historiográficos hasta que George McCutchen, Paul Taylor, David Brading, Frans Schryer y otros historiadores hicieron notar los rasgos singulares que los
hacen un grupo aparte. Pero sólo hasta que Esteban Barragán decidió considerarlos como un sector decisivo en la formación de la nación moderna, los rancheros alcanzaron plena nitidez como
un grupo social diferenciado.
Nada tiene entonces de extraño que esta multiplicación de los estudios regionales y el reconocimiento de complejas identidades locales desembocara, en los últimos años, en una reflexión crítica sobre los métodos utilizados para reconstruir
la historia y la identidad nacionales. El libro de
Claudio Lomnitz, Las salidas del laberinto, recoge
las críticas expresadas antes por Carlos Monsiváis
y otros autores contra las corrientes intelectuales
que transformaron el desarrollo histórico en un
psicodrama según el cual los traumas de la infancia de la nación (la Conquista) desencadenaron
las tragedias posteriores de la historia mexicana y
forjaron una identidad nacional escindida. El libro de Lomnitz descubre identidades locales,
étnicas y de clase decisivas en la formación de la
compleja geografía de la identidad nacional. Además de rechazar los enfoques de los "pensadores"
(Samuel Ramos, Octavio Paz), porque no son suficientes "para franquear los obstáculos teóricos
que impiden una comprensión de la verdadera
naturaleza de la cultura nacional", Lomnitz muestra que el nacionalismo "no es comprensible[... ]
sin un análisis de la cultura en el espacio nacional". Su propuesta "consiste en enfocar la cultura
en su espacio (local y regional), mediante la yuxtaposición de diferentes tipos de relaciones entre
la producción cultural y otros sistemas espaciales,
y analizar las tensiones y contradicciones entre
estas relaciones."
Estos diversos estudios sobre las regiones y las
identidades locales, pero especialmente los cita-

dos antes de Luis González, Héctor Díaz Polanco,
Claudio Lomnitz, Guy Thompson y Esteban Barragán, mostraron las bases endebles que sostenían las intepretaciones anteriores de la idiosincracia mexicana. Y sobre todo, reconocieron la
urgencia de estudiar las regiones y las identidades
en el lugar donde éstas se producen, que siempre
son lugares ocupados por grupos que al afirmar
sus propias identidades, rechazan o adoptan las
de sus vecinos. Así, del mismo modo que estos
variados estudios reconocieron las localidades y
las regiones como focos generadores de culturas
específicas, así también una corriente filosófica
mexicana reciente (Fernando Salmerón, Luis Villoro y León Olivé) ha propuesto, frente a las interpretaciones hegemónicas sobre "lo mexicano"
y la identidad nacional, el concepto de pluralismo cultural. Es decir, esta corriente se opone a "la
idea de que existe, de hecho o potencialmente,
una única representación completa y verdadera
de la realidad a la cual deban acceder todos los
seres humanos, ni siquiera a largo plazo, sea cual
sea la cultura o la comunidad epistémica a la que
pertenezcan".
De este modo, en el lapso de medio siglo, la
historiografía se ha unido a la antropología, la
geografía, la ciencia política y la filosofía para combatir las. mitologías del nacionalismo hegemónico, pensar desde distintas perspectivas la formación histórica de la nación y proponer la instauración de "una política multicultural adecuada a México". Es claro, como subraya León Olivé, que la
realización de esta aspiración "requiere un largo
proyecto de transformaciones políticas, sociales y
culturales. Para que éstas puedan darse es necesario un cambio en nuestra concepción del Estado,
y en el Estado mismo. También se requiere una
disposición al cambio por parte de las diversas culturas que pretenden participar en el desarrollo del
proyecto multicultural ... "
En suma, como se ha visto, la historiografía mexicana, al vincularse con la antropología, mostró
su voluntad de cambio en el transcurso de las últimas cinco décadas. A lo largo de estos años modificó sus enfoques y sus métodos para examinar el
pasado, reconoció la diversidad territorial, social
y cultural del país, y asumió la responsabilidad de
presentar una nueva imagen de esa realidad: la
silueta de un país diverso, múltiple y contrastado.

[ 19]

�lile la urgencia creadora
a la crítica
Leticia Algaba
•

I

1882 VICT..,TE RlvA PALACIO ESCRIBE EL PRÓLOGO A la
novela Carmen. Memorias de un corazón de Pedro
Castera, donde leemos una encendida defensa de
la función de la literatura en casi todo el siglo XIX
precisamente cuando la doctrina positivista dominaba y daba comienzo el modernismo. En ese momento de cambio opone y defiende la sensibilidad
del poeta al conocimiento científico del hombre:

EN

.. .la poesía y la literatura luchan y luchan con éxito, por
conservar entre los hombres esas ilusiones fantásticas que
endulzan las amargas horas de la existencia y nos brindan siempre un día espléndido y sereno, en medio de la
noche más oscura y tempestuosa.1

En aquel año de 1882 el incansable luchador Riva
Palacio escribía en La República, periódico político y literario, unos artículos escondido como tantas otras veces en el seudónimo Cero inventado
porJuan de Dios Peza, coautor de algunos textos,
entre los que también figuran leyendas.2 Este periódico polemizaba con La Libertad de tendencia
positivista. Algunos de los Ceros pronto se convirtieron en volumen con el subtítulo Galería de contemporáneos, se trata de semblanzas que se disgregan en apuntes sobre historia, literatura universal, teoría literaria y discurren ya en el tono de la
conversación, ya en el análisis riguroso mas siempre desolemnizado con el humor y la fina ironía,
"la sal ática" en palabras de Clementina Díaz y de
Ovando. La lectura de los Ceros va perfilando un
retrato de Riva Palacio: el novelista está ahora

1

2

"A Pedro Castera", en Cannen. Mrmorias de un corazón, ed., y
pról. Carlos González Peña, 7 ed., México. Porrúa, 1995, (Escritores Mexicanos, 62), p. 20.
Tradiciones y leymdas wxicanas, con pról. de Jorge Ruedas de
la Serna es el ,ol. I de Obras escogidas de Ri,a Palacio.

empeñado en la crítica; su infatigable pluma sigue inventando personajes pero ahora los coloca
-a ellos y a sí mismo- en un trecho de la literatura mexicana como preparando una tradición,
avizorando el futuro, ese tiempo que parece ser el
motor de su escritura, al menos de sus novelas que
vieron la luz pública entre 1868 y 1872.
Casi un año después de la restauración de la
república Ignacio Manuel Altamirano no cesaba
de celebrar en sus "Revistas Literarias" el éxito de
las Veladas Literarias, auténticos foros en los que
se leían primicias de obras y se discutía el porvenir de la literatura nacional. En una velada del
mes de febrero de 1868, Riva Palacio lee las primeras páginas de Calvario y Tabor, su primera novela e inmediatamente anuncia la publicación por
entregas en La Orquesta. Periódico omniscio y d~ buen
humor, del que era entonces redactor en jefe. Inicia entonces una empresa que en el curso de cuatro años produce siete obras: en 1868, la ya citada,
Monja y casada, virgen y mártir y Martín Garatuza;
Los piratas del golfo y Las dos emparedadas, en 1869;
La vuelta del-Os muertos, en 1870, y Memorias de un
impostor. Don Guil/.én de Lampar!, rey de México en
1872. El ritmo de escritura pone al descubierto
no sólo una urgencia creadora sino también un
proyecto aderezado a ciertos fines. Esta afirmación
se basa en varias pistas: la urgencia reside en la
necesidad de construir un futuro, un porvenir
donde asentar el nuevo Estado mexicano, pues
1867, lo sabemos, era un año crucial. Riva Palacio
sabía que la novela sería la mejor arma para ocuparse primero de la lucha contra el Segundo Imperio y del triunfo sobre éste, paso decisivo para
el logro pleno de la independencia nacional y verdadero augurio del porvenir. Después retrocede
al pasado colonial y ahí capta una especie de contrapunto: la luz brilla en los intentos libertarios,

[ 20]

la sombra reside en los yerros del dogmatismo.
En el claroscuro residirá la mixtura de una herencia que era preciso reconocer, asumir como la semilla de su presente, 1868, momento propicio para
construir el futuro. Otra pista importantísima es
que el no\'elista tenía en su poder desde 1861 archivos de la Inquisición a propósito del proyecto
de un libro sobre las causas célebres, que el presidente Benito Juárez intentaba publicar y para lo
cual solicitó al Congreso de la Unión se discutiese
el decreto correspondiente. Luego de encendidas
polémicas entre las voces conservadoras y las liberales, comandadas estas últimas por los diputados
Juan Antonio Mateos y Vicente Riva Palacio, el
decreto se aprobó mas el libro no se publicó. Así,
los documentos del Santo Oficio se convirtieron
en una gran fuente para las novelas históricas de
Riva Palacio.
El novelista despegó fácilmente por la experiencia anterior en el drama histórico y la comedia,
escritos al alimón con Juan A. Mateos, y el periodismo; de éstos había aprendido un recurso fundamental: la cercanía con el espectador y el lector. Comienza a utilizar otro recurso, el Prospecto, un texto-anuncio muy eficaz para atraer a los lectores. En
el de Calvario y Tabor figuran frases provocadoras:
el autor fue "testigo de los acontecimientos que

refiere", palabras que garantizaban la veracidad
de los sucesos y la colorida descripción del paisaje
y las costumbres. La puntualidad de las entregas
semanales, cuyo costo era de un real en la ciudad
de México y 1.5 en la provincia, delataban la mano
eficiente de Manuel C . Villegas, el editor. Las entregas de esta primera novela se convirtieron inmediatamente en un hermoso volumen; con la
venta de seis mil ejemplares se agotó la primera
edición y se comenzó a preparar la segunda. El
éxito abonó la recepción de Monja y casada, virgen
y mártir que no era la Constitución de 1857, como
precisaba La Orquesta, sino una novela. El Prospecto introdujo una frase muy sugerente: el autor ha consultado "secretos y polvosos archivos",
palabras alusivas al subtítulo de la obra Historia de
los tiempos de la Inquisición. ¿se trataba de una novela o de una historia? Inicialmente parecían prometerse dos caminos de lectura no opuestos en
aquel momento, pues los lectores realmente conocieron aspectos del pasado colonial y se conmovieron con el destino trágico de las protagonistas de la novela. Pero el contubernio entre la
historia y la ficción despertó en seguida a ciertos
lectores interesados en otras "verdades históricas";
se alzó la crítica del conservadurismo más extremo en la voz de Mariano Dávila en una cuidadosa

[ 21]

�y agria polémica a la manera de los censores inquisitoriales,3 anacronismo que lesionó algunas
novelas de Riva Palacio pues hay constancia de que
algunos ejemplares fueron quemados. Así, a su
propio talento propagandístico Riva Palacio sumaba el de los críticos conservadores, y las siguientes
novelas Martín Garatuza y Los piratas del golfo cumplían eficazmente con las expectativas de los lectores según se verifica en el Prospecto de esta última
novela:
" ...esperamos dar a nuestros suscriptores una prueba de
agradecimiento por la acogida sin ejemplo que han dispensado a todas nuestras publicaciones, y cooperar al engrandecimiento de la literatura de nuestra patria, con una
verdadera perla" .4

En las palabras de la cita anterior comenzamos a
notar que el Prospecto apuntaba los fines del novelista, rasgo que se tornará más nítido en el Prospecto de La vuelta de los muertos, novela sobre la
época prehispánica. Ahí se indica que las obras
anteriores han logrado que "de una manera económica y recreativa, se difunda y comprenda por
el pueblo la historia de nuestro país". 5
En mi opinión, la índole histórica de las novelas de Riva Palacio encuentra su mejor interpretación en Memorias de un impostor. Don Guillén de
Lampart, rey de México, su última novela de 1872.
Luego de un silencio narrativo de dos años, el Prospecto destaca lo siguiente:
Reproducida ahora por la fecunda imaginación de Riva
Palacio en el elegante estilo que le es tan peculiar, la historia del irlandés Lampart, desde su primera impostura
hasta su expiación en el patfüulo, aparecerá en sus verdaderos colores, con todo su interés y el atractivo con que
el novelista sabe constituirse para el público, no en un
simple cronista, tampoco en un solo romancero, sino en
un verdadero historiador, que tiene el don de exhumar
el pasado y ofrecerlo al presente, coronado con las flores
más bellas de la imaginación y de la historia.6

Abiertamente, Memorias de un impostor se ubica
entre la historia y la ficción. Las "Memorias" de
3

4
5

6

En mi libro Las licencias del novelista y las máscaras del crítico
estudio la singular polémica y el alcance de la crítica histórica y literaria de Mariano Dávila. México, Universidad Autónoma Metropolitana, 1997. (Serie Literatura).
La Orquesta, 3 de febrero de 1869.
[bid., 7 de mayo de 1870.
[bid., 29 de mayo de 1872.

Guillén de Lampart se insertan en la segunda parte de la novela, no sin antes ser retocadas, esto es,
reescritas, ejercicio que bien puede caber en el
trabajo del historiador, y en la primera parte don
Guillén se nos presenta como un personaje dotado de gran corazón: no sólo conspira para lograr
la independencia de Nueva España, sino que también se da tiempo para recorrer por las noches las
calles de la ciudad de México entregando su amor
a varias damas, viviendo amoríos simultáneos en
señal de su fogosa generosidad. Este personaje fraguado por la imaginación de Riva Palacio parece
entrar en competencia con el auténtico, pues la
vida de Lampart fue realmente novelesca. Aún así,
Riva Palacio se inmiscuye en la intimidad del personaje para combinar la historia privada con la
historia pública, esta vez en partes separadas, acaso para que el lector las compare, o complete zonas que no toca alguna de las dos, o elija una sobre otra, un juego sabroso con el que el novelista
interesaba a los lectores mostrándoles los beneficios de una historia viva gracias a la verosimilitud
literaria que dotaba a los personajes de una eficaz
combinación de rasgos novohispanos con decimonónicos.
Para ésta, su última novela, Riva Palacio escribe un prólogo, rasgo con el que se inserta en la
tradición del escritor de novela histórica que suele explicar al lector la mixtura del dato histórico
con la ficción o que señala la consulta a fuentes
históricas para dar señales de veracidad. En las
novelas anteriores, estos elementos figuraban en
los Prospectos, de ahí la singularidad del prólogo
que parecería una especie de despedida del género novelístico, parecería cerrar un ciclo de la escritura de Riva Palacio. El novelista le cuenta al
lector la curiosidad y la simpatía que desde su infancia guardaba a un hombre irlandés que habría
pretendido ser rey de Anáhuac muchos años antes de que Hidalgo se insurgiera. Andando el tiempo, el proceso inquisitorial contra aquel irlandés
cayó en sus manos, con lo cual pudo satisfacer
aquella curiosidad infantil. Ahí se enteró de las
grandes dotes del personaje, de su conocimiento
del derecho, la teología, las ciencias naturales, de
sus dotes artísticas comprobables en textos en prosa y en verso. Descubrió también algo fundamental: la evasión de don Guillén, "lo bien combinada
y audazmente ejecutada", algo más que compara-

[ 22]

ble con las "romancescas evasiones que nos cuentan los novelistas franceses". Y en efecto, el novelista encontró el ingrediente fundamental para la
trama ficticia. En complicidad con el lector, Riva
Palacio abre una pregunta retórica: ¿escribo un
libro o una novela? La respuesta es la siguiente:
Lector, puedes con toda confianza tomar a lo serio esta
novela en su parte histórica, prescindiendo de su forma,
como se prescinde del estilo en esas obras en que la verdad viene presentándose con el triste vestido de un desaliñado lenguaje.'

Las frases anteriores son reveladoras de todo un
ejercicio narrativo, de una apropiación que la
novela hace de la historia, confirmación de que
es el género capaz de atraer casi todo para verterlo en la verosimilitud literaria; en las novelas de
Riva Palacio está gobernada por una voz omnisciente que destila amenidad, sentido del humor,
suspenso, elementos eficaces para ir desenredando tramas complejas que conjugan la historia pública con la historia privada.
En síntesis, las siete novelas de Riva Palacio
constituyen lo que he denominado urgencia creadora bajo el imperativo del futuro que daría legitimidad a la restauración de la república a través
de la narración de la lucha que dio el triunfo definitivo y la anhelada paz, y de la incursión en los
siglos coloniales con el fin de buscar y asumir los
rasgos de la herencia. Es ésta la plataforma histórica, su movimiento se da en la construcción de

7

Vicente Riva Palacio, Memorias de un impostor. Don GuiUén de
Lampart, rey de México, México, Porrúa, 1946, t. I, p. xvi, (Es·
critores Mexicanos, 33).

personajes envueltos en el melodrama o en las
aventuras gobernadas por el sentimiento, personajes dotados de sensibilidad romántica que abarca por igual el amor a la patria, al hombre, a la
mujer, a la familia, estados del alma que lograron
conmover a los lectores, aquellos con los que el
escritor se comunicaba desde el inicio en los Prospectos de las novelas. Existen pruebas para afirmar lo anterior; José Ortiz Monasterio cita en su
libro sobre los dramas y las novelas de Riva Palacio una carta que el señor Jorge de Manjarrez dirigió desde Guadalajara al escritor:
Tal vez será una niñería lo que le voy a decir, pero confío
que usted me dispensará en gracia de la sinceridad que
dictan mis palabras. En el curso de la novela (Calvario y
Tabor), en episodios que oía con indiferencia una persona a quien yo leía por las noches, yo sentía que se me
venían las lágrimas y tenía que suspender la lectura para
limpiarlas con un pañuelo. Por la escasez de mis recursos
vivo con una familia en que hay niños desde nueve a doce
años: pues bien, me daba gusto verlos sentados en círculo, escuchando atentos y conmoviéndose con la lectura
que daba el hermanito mayor, porque usted con una sencillez encantadora ha sabido tocar las fibras más delicadas del corazón, y poner su novela al alcance de todas las
inteligencias.8

n
Al principio del artículo me referí a la defensa de
la literatura frente al "libro frío" de la ciencia por
parte de Riva Palacio en el prólogo a la novela
Carmen de Pedro Castera. "Las dulces mentiras,
añade, ofrecen consuelo y esperanza a los lecto8

[ 23]

Historia y ficción. Los dramas y las novelas de V. Riva Palacio,
México, Instituto Mora y Universidad Iberoamericana, 1993,
p.187.

�res." Tal propósito parece ceñirse a las novelas de
Riva Palacio aunque en los Prospectos se dirigían
a abonar la lección de historia, a la veracidad entre comillas, acaso porque la ficción no necesita
-ni entonces ni ahora- propaganda, pues la verosimilitud actúa, logra la identificación con el lector. ¿Cómo no habría de alcanzarse la adhesión
con el lector de 1868 cuando Martín Garatuza es
un personaje del siglo XVII que se mueve del estrato más bajo hasta la cumbre del poder pues trabajaba con el propio virrey, simbolizando así lamovilidad social, decimonónica, por supuesto? Y ¿por
qué no identificarse con Martín Garatuza, un delincuente producto de las condiciones sociales,
que mostrando su gran corazón, sus nobles sentimientos, actúa a favor de la libertad?
En Los Ceros. Galería de Contemporáneos, Riva Palacio estima que la narración o la puesta en escena de los grandes acontecimientos históricos debe
recurrir "al fondo de la vida privada y de las costumbres de los hijos de un pueblo". La intimidad
de los personajes históricos fue en sus novelas un
elemento central, a veces un tanto exagerado en
mi opinión como en el caso de Guillén de Lampart. Los resortes íntimos alcanzan a Cuauhtémoc
en la novela Martín Garatuza a través de un episodio amoroso. El joven abuelo se presenta en la
derrota, confinado en su propia casa; sus ojos tristes se alegran ante la belleza de Isabel de Carbajal,
surge el amor que procrea un hijo, Felipe, que
nace cuando Guatimoc ya había muerto. En la
búsqueda del origen Riva Palacio imagina y propone un árbol genealógico singular, pues Isabel
era hija de judíos portugueses, es decir, cristiana
nueva, y Felipe lleva un nombre hispano. ¿Qué
pretendería el novelista con tal propuesta de mestizaje? Y ¿qué impacto tendría sobre los lectores
de 1868? Acaso una primera respuesta se encuentre en el aliento romántico de la novela, aunque
también se antoja suponer la intención de recrear
la leyenda de Cuauhtémoc. En un discurso que el
escritor pronunció en la ceremonia conmemorativa de la Independencia, el 16 de septiembre de
1871, se refería al impacto de las leyendas por
cuanto son lecturas de la edad temprana que, decía, "se graban en la memoria como una lámina
de diamante", se escuchan por la noche "al abrigo del hogar paterno...con la cabeza reclinada
sobre el regazo de una madre amorosa", circuns-

tanda propicia para escuchar la "historia repetida y siempre nueva para corazones bien formados" .9 El episodio de Guatimoc e Isabel de Carbajal
no parece haber tenido ninguna repercusión; el
propio Riva Palacio advierte en Los Ceros que los
personajes indígenas no tuvieron buena fortuna
en la escena literaria:
...un argumento mexicano, sobre todo si es de tiempos
antiguos, hace rodar el mejor drama. En Francia la figura
de Clodoveo con su larga cabellera...causa entusiasmo
patriótico, y Cuauhtémoc en la escena, en México, no ha
podido nunca sobrevivir...Las cosas de México caen mal
a las gentes de México.'º

Aunque las frases anteriores se daban en el contexto de la moda francesa que comenzaba a imperar en México -escritores que firmaban con el
seudónimo Moi y preferían bouquet a ramillete, chic
en vez de garbo, reverie a ensueño o delirio- destilan una crítica al tropiezo de un elemento importante en el nacionalismo que los escritores de
la generación de Riva Palacio pretendió imprimir
a la literatura.
Las discusiones en torno a la mexicanización
de las letras con el fin de cimentar la identidad
habían desaparecido de la escena nacional en
1881, de ahí que Riva Palacio ya formule un balance. Es entonces cuando repasa ciertos fundamentos de la poética a la que se afilió una buena
parte de los escritores. En la semblanza de Juan
de Dios Peza define las dotes del poeta con mayúscula; una de ellas es la sensibilidad, y se pregunta por la residencia del sentimiento, "esa delicada predisposición para recibir impresiones morales y ser afectados por ellas". Las respuestas varían: en el alma, según los metafísicos, en el cerebro para los que no lo son, para los poetas reside
en el corazón. A través del sentimiento el poeta
expresará una gama de afectos; en Peza, por ejemplo, dominan el amor filial y el amor patrio. Si
esto discurre en la poesía lírica, en Carmen, la novela de Castera, los personajes muestran "la lucha
terrible de encontradas pasiones", de modo semejante a las novelas de Riva Palacio en las que los
9

10

[ 24]

Ensayos históricos, comp. y est. prel.,J. Ortiz Monasterio, 1977,
p. 66 . (0 /Jras escogidas, edición citada).
Los Ceros. Galería de Contemporáneos, prólogo "Los retratos del
general", por Clementina Díaz y de Ovando, 1996, pp. 16566. En Obras escogidas, (edición citada).

personajes viven horas amargas y dulces por el
amor y las ilusiones de diverso tipo. La distensión
del sentimiento se afinca en un elevado propósito; así lo apunta Riva Palacio:
Yo he tenido siempre la convicción que los sentimientos
de los hombres se forman en la niñez con las lecturas de
estas novelas, que les hacen ver al través del prisma de su
inocencia siempre triunfante la virtud y siempre odioso
el vicio. 11

El rechazo al vicio y el triunfo de la virtud son conceptos neoclásicos presentes en una buena parte
de las reflexiones encaminadas a la existencia y la
fisonomía de la literatura mexicana desde los años
treinta hasta los setenta del siglo XIX. Francisco
Zarco, por ejemplo, en su "Discurso sobre el objeto de la literatura" que pronunciara al tomar posesión de la presidencia del Liceo Hidalgo en 1861,
señalaba en las bellas letras no sólo el entretenimiento sino un poderoso medio civilizatorio y de
avance para la humanidad por cuanto en ellas salen victoriosas la moral y la virtud. Por su parte,
Riva Palacio expresa también una finalidad didáctica en la novela como formadora de sentimientos nobles, pero en sus novelas, recordemos, suele darse la exacerbación de la pasión amorosa y
del odio, de la pureza, de la perversión, es decir
lo bello junto a lo feo, combinatoria perteneciente a la estética romántica. Así, los fines edificantes, morales, se conjugan con el aliento romántico. Como otros escritores de su generación Riva
Palacio asumió la misión de un proyecto civilizador. Al saludar la novela de Pedro Castera en 1882
mira sus propias novelas y sintetiza aquella urgencia creadora a la que me he venido refiriendo y a
la vez descubre la estrategia para formar un público lector, sobre todo femenino, por cuanto la mujer era la columna vertebral de la familia, institución fundamental de la sociedad, o en sus palabras: "Yo he creído que la delicadeza de la mujer
civilizada, se debe en su mayor parte a la lectura
de esas novelas."
De la perspectiva que ofrece el paso del tiempo, Riva Palacio tomó el camino de la discusión
con las ideas positivistas, se interesó en las de
Darwin y Spencer, incluso adoptó algunas para la
11

escritura del capítulo "El Virreinato" para México
a través de los siglos. Ahí se revela como historiador
ecléctico según advierte Alvaro Matute: " ...su impulso romántico vital trata de llegar a la madurez
científica en un interesante equilibrio." 12 En el terreno literario, Riva Palacio escribió sus novelas
desde el aliento romántico en aras de la finalidad
social inmediata de instrucción y formación, propósito estrechamente vinculado con aquel esfuerzo que señalaba José María Vigil para los intelectuales del Liceo Hidalgo. En su discurso "Algunas
observaciones sobre la literatura nacional" del año
1872, decía:
Sea cual fuere el estro individual de cada autor, debe dirigirse a un fin común, a acentuar lo que debe llamarse
literatura nacional; a traducir la necesidad de nuestro
pueblo, a elevar los sentimientos, a purificar las costumbres, embelleciendo lo bueno de ellas, corrigiendo lo digno de censura, de este modo podrá alcanzarse el fin moral o de aplicación que se muestra en el fondo de toda
literatura. 13

Indudablemente las frases de Vigil desentrañan
la función de la literatura mexicana de un periodo extenso del siglo XIX, desde los años treinta
con las discusiones y la obra de los miembros de
la Academia de Letrán, el Ateneo Mexicano, el
Liceo Hidalgo, hasta los primeros años de la república restaurada, de esa vida literaria empeñada en la asunción de la identidad nacional. El de
Riva Palacio fue un empeño que desconoció la
fatiga. De la escritura de dramas y comedias, pasó
a las novelas, luego a la historiografía sin dar tregua al periodismo y a la actividad política, y ya en
España con la representación de México en una
especie de exilio de diez años, continuó escribiendo. En noviembre de 1896, unos días antes de su
muerte, corregía las pruebas del volumen Los cuentos del general, una excelente muestra de otro registro narrativo, distinto de las complejas tramas
de sus novelas. Al igual que en 1868, la hora del
futuro, y 1882, la hora del cambio, se mostraba
una vez más a la altura del presente como el momento preciso para asumir el pasado y preparar
el futuro.
12

"Notas sobre la histo1iografía positivista mexicana", Secuencia, Instituto Mora, núm. 21, septiembre-diciembre de 1991.

13

"Algunas consideraciones sobre la literatura nacional", en
La misión del escritor. Ensayos mexicanos del siglo XIX, México,
UNAM, 1996, p. 271. (Al Siglo XIX Ida y Regreso).

Vicente Riva Palacio, "A Pedro Castera", en Cannen, o-p. cit.,

P· 21.

[ 25]

�m orges, más allá del centenario
[Entrevista con Marcos Ricardo Barnatán]

Gabriel Contreras

l
J

MARcos RICARDO BARNATÁN ES EL AUTOR DE BoRGES, BIOGRAFÍA
total, publicada en España y en Bogotá. Es un investigador que se distingue como uno de los testigos sistemáticos de la vida y la obra del narrador argentino Jorge Luis
Borges. Ha escrito numerosos textos dedicados a la prosa
borgiana, y recientemente se presentó en Barcelona para
hablar públicamente de su trabajo como biógrafo del escritor argentino más celebrado de la segunda mitad del
siglo XX. Esta es una entrevista exclusiva con Marcos Ricardo Bamatán.

-Estamos más allá de los primeros cien años de Borges.
Todo indica que Borges no se cuece al primer heroor.
-Un momento: hay Borges para rato. Esto no se
acaba aquí. A mí, vaya, me tocó participar activamente en el Año Borges, especialmente porque
desde hace mucho me he dedicado al estudio y a
la difusión de su obra en España, desde los años
setenta.
Yo comencé con las actividades del Año Bor-

ges en Sevilla. España, por lo que se ve, le ha
dado bastante eco a Borges. A finales de Año
Borges, participé en un curso internacional en
Granada, un curso armado por la universidad ...
Se realizó también, en Italia, específicamente en
Venecia, una exposición itinerante y un curso dedicado a lo borgesco en la Biblioteca Marquiana; y hay que considerar también los materiales
de una exposición plástica que se presentaron
en París ...
En agosto, verás, en agosto de 1999 estuve en
Buenos Aires, en el Museo de Bellas Artes, donde
se ofrecieron conferencias, lecturas de poemas,
proyección de películas. Vaya, incluso en Estocolmo ocurrió más o menos lo mismo, aunque con
el detalle del trabajo teatral, que corrió a cargo
de los chilenos y los uruguayos, esa gente que fue
a dar ahí a causa de las dictaduras ...
En fin, que se pudo ver, por ejemplo, en Sue-

[ 26]

'

l

cia, La estrategia de la araña, de Bernardo Bertolucci, una película basada en El tema del traidor y
del héroe de Borges, una película realmente memorable. Y por fin tengo que mencionar a Roma,
donde los actos fueron muy concurridos. Aparte
de Francia y España, Italia creo que es la tierra
donde Borges es más querido, más respetado y más
leído.

ropea. Claro, como estaba a salvo de los nacionalismos, podía mezclar con toda soltura y libertad
la tradición de Shakespeare con la de Cervantes y
la de Dante.

-Es curioso, pero usted contrajo el virus de esa generosa enfermedad que consiste en estar obsesionado con la
obra de Borges en los días en los que no se hablaba más
que del boom.

-A primera vista, Borges resulta un hombre gris.
No tiene, por supuesto, esas dotes de aventurero que
tuvo, por ejemplo, Hemingway u otros escritores más
vitalistas. Hemingway estuvo en la guerra, cazaba
elefantes, pescaba entre tiburones. Borges no.
Pese a eso, la biografía de Borges es muy interesante. Se trata de un viajero que anduvo de aquí
para allá desde muy joven. A los 14 años viene a
Europa con sus padres y se encuentra con la Primera Guerra Mundial. Ahí mismo, en Ginebra cercada, se empieza a contactar con las primeras vanguardias literarias de la época. Viene a España
cuando temina la guerra y participa con los ultraístas. Publica sus primeros textos en Sevilla, y a
partir de entonces difunde estas escuelas, estas
posturas, en Buenos Aires.
Tiempo después ahí mismo en Argentina, su
vida se vuelve más oscura. Se convierte básicamente en un lector, en un bibliotecario. Y de pronto
se ve envuelto en la historia argentina, un poco
por casualidad. Acaba siendo, sin propónerselo,
un opositor al peronismo, por razones de su antifascismo.

-Borges no estaba representado por Carmen
Balcels. Borges es mayor a todos los representantes
del boom. Su aparición en Europa comienza a partir de 1961. Habrá que recordar que en esos días, la
Asociación de Editores le otorgó el premio Formentor. Ese premio lo compartió con Samuel Beckett,
quien poco después ganaría el Nobel.
Aquello se dividió, porque los sajones querían
darle el premio a Beckett y los hispanos a Borges,
de modo que acabaron por compartirlo.
A partir de ahí, más allá del dinero que el premio representaba, que no era mucho, Ficciones
mereció un tratamiento especial, tuvo una difusión popular, realmente amplia. Luego Borges se
fue a Harvard, a Texas, a México, recorrió América Latina, y en el 63 vino a París y a Madrid. Después, está bien claro, ese virus de la obra borgiana
fue creciendo, expandiéndose entre el público
masivo. Vaya, los tours de conferencias que iba
ofreciendo el maestro, lo fueron convirtiendo en
una especie de gurú literario, un personaje desvalido, frágil que, en inglés, en castellano o en francés, iba hablando por ahí de Homero, de Stevenson, de Coleridge...
Y junto a todo ello está el soporte de una obra
extensa, sorprendente, rica y variada. Todo eso,
unido, forjó la idea de un escritor latinoamericano no sólo tocado por el color local, sino capaz
también de ofrecer una lectura distinta de Europa, de la cultura europea.

-Acabó por transformar a los europeos.
-Borges, que se hizo fuera de la tradición europea, acabó influyendo dentro de la tradición eu-

-En términos de procedimientos, ¿cómo se desarrolló la
biografía de Borges, un caso tan particular, que pareciera carecer de vida privada?

-Antiperonista hasta el fina~ con o sin Perón.
-En el 55 cae Perón y Borges es nombrado director de la Biblioteca Nacional.
Paralelo a todo ello está el tejido de su vida
amorosa. Es muy enamoradizo. Tiene muchos sinsabores, desamores, hasta que en los años sesenta
se casa con una novia de juventud, a la que accede
cuando ella ha enviudado. Eso rompió una ligazón de muchos años en los que vivió soltero y un
poco atado a su madre.
Hay que tomar en cuenta también que en 1955
Borges queda totalmente ciego. La vida le prohibió leer y escribir, sus grandes pasiones.
Así, sus dos grandes amigos, Alfonso Reyes y
Pedro Henríquez Ureña, se convirtieron en las

[ 27]

�te en italiano, en francés, en inglés, pero no ha
aparecido una versión crítica considerable en español. Muy pronto incluso se va a publicar la obra
de Borges en chino, al igual que la biografía que
yo le dediqué.

luces que le permiten mejorar y aderezar su vida
en Buenos Aires.

-¿Cómo fue cocinada esta biografía total?
-Lo conocí cuando yo era muy joven. Tenía 17
años y no tenía gran interés en su obra. Me preocupaba mucho más de los asuntos políticos. Vaya,
los jóvenes no lo habíamos leído, pero teníamos
muchos prejuicios en su contra, prejuicios que nos
venían desde la extrema izquierda y de la extrema
derecha. Los jóvenes argentinos de esos días pensábamos sobre todo en el Che Guevara.
En el 65 me vine a España. Y fue aquí donde
me puse a leer a Borges, sistemáticamente, apasionadamente. Me devolví a Argentina con el pretexto de mi servicio militar y me puse a seguir a
Borges. Iba a los restaurantes donde él comía, escuchaba cada una de sus conferencias, espiaba de
qué hablaba con sus visitantes. Le tenía mucho
respeto y a su lado yo resultaba un tímido incurable. Hasta que un día me decidí, le llamé por teléfono y me dediqué a conversar con él, en su casa.
Desde entonces comenzamos a vernos en su casa
de Buenos Aires, en España, donde pudiéramos.
Esa posibilidad se convirtió en una rutina que duró
hasta el día de su muerte, en los años ochenta.

-¿El centenario se terminó el 31 de diciembre del '99?
-No señor, yo creo que va a continuar cuando
menos hasta agosto del año 2000.

_¿Podemos esperar más inéditos de Borges?
-En cuanto a obra literaria, a estas alturas no hay
nada inédito. Se han reconstruido todos sus libros
juveniles; se han reconstruido los trabajos de la
época ultraísta; se han antologado los textos de
revistas ... Lo único que está por verse, es tal vez
algo de su correspondencia. Aunque de eso ya hay
un tomo publicado. Nada más.

-¿Qué tanto se puede esperar de María Kodama como
representante final de los textos de Borges?
-Ella fue la compañera de sus últimas décadas.
Fue algo más que su secretaria, y eso Borges lo
demostraba a quienes lo conocíamos en realidad.
Bueno, pues se casó con ella al final de su vida... Y
María, María se ha dedicado en cuerpo y alma a la
difusión de la obra borgiana, aunque efectivamente es muy criticada... Lo que pasa, creo, es que los
viejos amigos de Borges se han sentido muy postergados por la presencia de Kodama, y lo mismo
muchas mujeres a las que les hubiera gustado casarse con él; ellas, digo yo, se sintieron despechadas, desplazadas.

llatarea inconclusa de
Michael Foucault
Julio Ortega Bobadilla
1A CULTURA INMENSA DE MICHAEL PAUL FouCAULT ES
sólo igualada por la originalidad de sus planteos,
que han dado nacimiento a una nueva forma de
mirar el mundo que dista de las cosmovisiones a
las que son tan proclives los filósofos. Cierto es
que, en opinión de algunos filósofos, la filosofía
vista con lupa no tiene más allá de dos o tres grandes sistemas, a saber: Aristóteles, Tomás de Aquino
y Hegel. La inteligencia y el rigor son las armas de
este filósofo catalogado como uno de los más importantes de la posguerra y, sin duda, quien ha
impuesto la marca -Maurice Clavel le llamó el
Nuevo Kant-, al pensamiento filosófico contemporáneo en ese peligroso laberinto de Minos, que
nos seduce y puede confundir a la vez, denominado Posmodernidad.
Michael Foucault, (1926-1984) 1 nace en Poitiers; estudia filosofía, psicología y psicopatología.
Enseñó al principio en Uppsala, Clermont-Ferrand
y Pa1is, convirtiéndose en profesor de Historia de
los sistemas de pensamientos, sucediendo en el cargo
nada más y nada menos que ajean Hyppolite en
el Colegio de Francia (1970) , marcando un hito
entre sus miembros debido a su corta edad.
El joven Foucault se inició a la crítica desde los
parámetros marxistas propios de la guerra fría y
abandonó su compromiso con el Partido Comunista Francés2 en una época tan temprana como
1953 y evolucionó bien pronto, hacia el planteamiento de sus propias ideas fuera de los marcos
referenciales establecidos. Desde el inicio su estilo trató de desembarazarse del pensamiento estructuralista tan en boga en la Francia de los años
50 y se volvió nítidamente nietzscheano a partir

_¿Qué falta por conocer de la herencia de Borges?
-Falta sobre todo un aparato crítico; falta una
edición comentada de sus obras completas. Es
curioso, pero eso es algo que ya más o menos exis-

[ 28]

1

2

Michael Foucault Biography, (http:// userwww.sfsu.edu/
-rsauzier/ Foucault.hanl)
Ver: James Miller, La paswn &lt;k Micluul Foucault, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1995.

[ 29]

�de 1971 con Las palabras y las cosas, que sin desestimar los estudios de su maestro Canghuilhem, de
Bachelard y Dumézil demostró montar un nuevo
dispositivo de conocimiento crítico con deudas
instrumentales no muy claras hacia sus mentores.
Sus indagaciones giran siempre en torno al
mismo núcelo temático que establece una relación
entre saber-poder. Su estilo es un jardín a lafrancesa,
complejo, a veces oracular, y no dispuesto a hacer
concesiones al lector, como si sostuviese a pie firme la cuestión de que el conocimiento es un sitio
con una puerta estrecha en la que pocos pueden
entrar, a veces, ninguno. Comparte ese gusto por
el escollo con la escritura de algunos contemporáneos suyos como Lacan, el chamán del psicoanálisis, y Derrida, el inventor de la deconstrucción,
sin embargo sus posiciones frente a estos otros dos
discursos son en más de un punto antagónicas.
El tema de sus investigaciones ha sido definido
por él mismo:
" ... cómo se formaron dominios de saber a partir de las
prácticas sociales" o "más precisamente del problema de
ciertos determinados dominios de saber a partir de las
relaciones de fuerza y relaciones políticas en la sociedad".3

En Microfisica del Poder 4 replantea la cuestión: "lo
que en el fondo buscaba eran las relaciones entre
poder y saber".
Sus investigaciones tratan también de develar el
modo como se gobiernan los hombres a través de la
producción de verdades entendidas como interjuegos
de verdaderofalso regulados por un entorno social
definido. El régimen de verdades es vinculado a la
política y las realidades que ésta produce que no
son más que espejismos situados en un tiempo determinado, que adquieren un sentido definido por
los intereses en juego. Es conveniente señalar que
éstos no obedecen sólo a un enfrentamiento bipolar o dialéctico de fuerzas sociales -vrg. pro/,etariado
vs. burguesía- en un plano vertical, sino a una confrontación de múltiples vectores en ejes que pueden ser verticales y horizontales.
Su gesto filosófico se traduce en una actitud
crítica a los sistemas establecidos de valores y a la

posibilidad de encontrar un fiel orden estructural
o superestructural que surja como una constante que
explique el desarrollo del devenir histórico. En
La arqueología del saber 5 plantea: "la relatividad del
saber histórico y la racionalidad de la teología del devenir... "; haciendo énfasis en la discontinuidad,
como inherente a los procesos históricos y tratando de fincar su proyecto de conocimiento sobre
la base de la singularidad de los fenómenos y la
imposibilidad de trazar discursos ideales y atemporales sin la perversión de factores extrínsecos
al propósito de saber. En el mismo libro, relata
que en el campo de los enunciados no existe ni lo
posible ni lo virtual, todo es real ...
Para Deleuze6 el discurso de Las palabras y las
cosas no trata ni de palabras ni de cosas, tampoco
de objetos o de sujetos; frases o proposiciones semánticas, ni análisis gramatical o lógico, lo que
está en juego es una teoría general de la producción de discursos positivos y de prácticas discursivas
que producen efectos múltiples sobre la sociedad
en su conjunto.
La historia no es una estructura y Foucault se
nombra con energía: antiestructuralista.
Mucho se ha hablado de la inspiración nietzscheana en Foucault. Quizá no se ha sacado todo
el jugo a esta relación en la literatura sobre Foucault. Una cuestión que no se ha señalado suficientemente, y debía desarrollarse aún más, es la
de la impronta de la voluntad de poderío en la obra
foucaultiana. Podría uno ponerse a cavilar sobre
La voluntad en Nietzsche; intentar repensarla en
el Foucault del último periodo vital. No sería extremadamente difícil anudar esa época con el concepto voluntad del filósofo germano.
De hecho hay un desplazamiento en el título
del tomo uno de la Historia de la sexualidad que
lleva el subtítulo: La voluntad de saber; al tomo tres
de la historia con el subtítulo de: La inquietud de
sí; obscura alusión a una cierta voluntad de saber
que persiste a pesar de las difcultades internas o
externas y que tal vez sólo debiera llamarse inquietud. En El orden del discurso7 dice en forma por demás poética:
5

3

4

Michael Foucault, La verdad y las formas jurídicas, Gedisa, Barcelona, 1980.
Michael Foucault, Microfisica del poder, La piqueta, Madrid, 1978.

6

7

Michael Foucault, La arqueología del saber, Siglo XXI Editores,
México, 1970.
Gilles Deleuze, Foucault, Paidós Studio, México, 1987.
Michael Foucault, El orden del discurso, Tusquets Editores, España, 1999.

[ 30]

" .. .inquietud respecto a lo que es el discurso en su realidad material de cosa pronunciada o escrita; inquietud
con respecto a esa existencia transitoria destinada sin duda
a desaparecer, pero según una duración que no nos pertenece; inquietud al sentir bajo esa actividad, no obstante
cotidiana y gris, poderes difíciles de imaginar; inquietud
al sospechar la existencia de luchas, victorias, heridas,
dominaciones, servidumbres, a través de tantas palabras
en las que el uso, desde hace tiempo, ha reducido las asperezas"

Lo que el común de la gente entiende por voluntad -más o menos- es algo parecido a aquello
que postula Kant8 en Metafísica de las Costumbres. Si
leemos en su capítulo primero: Tránsito del conoci-

miento vulgar de la razón al conocimiento filosófico;
veremos que Kant inicia el texto preguntándose:
¿qué puede ser considerado bueno sin restricción? Sitúa
entonces, distintas virtudes (o talentos del espíritu); la inteligencia, el valor, la perseverancia; pero
nos termina diciendo que éstos pueden ser asimismo tanto buenos como malos, estas cualidades del
temperamento en manos de personas dañinas
pueden resultar peligrosas. Pese a ello nos sugiere una primera respuesta; sólo puede ser considerada como bueno: la buena voluntad. La buena
voluntad no es buena por lo que se efectúa o realiza, tampoco es buena por su adecuación para
alcanzar algún fin que nos hayamos propuesto; es
buena sólo por el querer, es decir, es buena en sí
misma.
Habría que diferenciar dos resultados de esta
definición; el primero de ellos es que la buena
voluntad queda por fuera de su resultado, esto
quiere decir, una primacía de la intención por
sobre el efecto, la idea por sobre la acción, un
querer por sobre el resultado; la segunda hipótesis que podemos concluir es que buena en sí misma
implica un elemento extrínseco, por fuera en lo
sensible que la haga buena, un bien que surja de
la suma de todas las inclinaciones. Esto podría ser
denominado como moral kantiana; evito seguir,
pero creo importante afirmar, que esta moral debe
tener un tinte universal. La buena voluntad debe
ser entendida como un acto intencional y de dominio consciente.
La voluntad de poder en Friederich Nietzsche
puede entenderse más bien como una cambiante

constelación de fuerzas que pugnan entre sí para
asegurarse una cierta dominación incluyendo lo
que podríamos denominar la pulsión de saber.
Cada centro particular posee su propia perspectiva, a través de la cual, interpreta y valora el mundo de acuerdo a sus particulares intereses vitales.
El hombre sería, en la Psicología nietzscheana9 un
conjunto de relaciones de fuerza pugnando por
prevalecer unas sobre otras, la voluntad de poder
quizá no sea la conciencia y no definitivamente la
buena voluntad. El conjunto de relaciones de fuerza que operan en el cuerpo podría llevar por nombre voluntad de poder. Tal vez entender las fuerzas
del cuerpo de una manera cercana a la mecánica
cuántica, y el llamado principio de incertidumbre o relación de indeterminación formulado por Werner
Heisenberg, en 1927, que afirma que la inexactitud forma parte natural de nuestro conocimiento
del mundo subatómico. El principio de indeterminación supone que en la realidad subatómica
no rige el determinismo físico. En este dominio,
las leyes sólo logran una formulación estadística y
una fuerza que sigue hacia adelante, puede retroceder, pero nunca detenerse. Su detención es la
muerte.
Dice Nietzsche 10: "iEste mundo es la volw1tad
de poder -nada más! iY también vosotros mismos
sois esta voluntad de poder-nada más!" La conciencia es lo que Nietzsche denomina la pequeña razón,
enfrentada a la gran razón. En esta última es donde juegan -iimportantísima la metáfora del juego
en Nietzsche!- las relaciones de fuerza, y muy probablemente la gran razón pueda ser igualada a
pulsiones del cuerpo.
La conciencia es un mero efecto de aquello que
acontece en el cuerpo; efecto, no-lugar de decisión de tipo voluntario.
Todo este rodeo, para decir que el concepto
de voluntad en Nietzsche no puede ser equiparable a algo consciente. Es necesario hacer notar que
Nietzsche estuvo muy fuertemente influenciado
por las investigaciones en neurobiología llevadas
a cabo en el siglo XIX, en la cual se postulaba a la
conciencia como un reflejo de un conjunto de
operaciones de tipo biológico -no se puede inferir

9
8

Inmanuel Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Espasa Calpe, Madrid, 1994.

Paul-Laurent Assoun, Freud y Nietzsche, FCE, México, 1984.

°Friederich Nietzsche, La voluntad de poder, Obras completas,

1

Prestigio, Buenos Aires, vol. IV, pp. 801-802.

[ 31 ]

�que Nietzsche haya creado su filosofía a partir de
estas investigaciones, pero estuvo informado de
ellas- y Freud que seguramente leyó a Nietzsche
también; si no ahí está el Ello para mostrarlo. Podría afrimarse que en Nietzsche la voluntad entendida como consciente carece de importancia,
uno debe abandonarse a la voluntad de poder que
se manifiesta en el empuje pulsional pero ahí topamos con lo que Freud denominó la pulsión de
muerte y que no me parece abusivo señalar que
fue la que arrastró a Nietzsche y a Foucault a la
puerta de salida.
Foucault se reía de conceptos tales como pulsión de muerte, le parecía como una moral de la
tristeza, por decirlo de alguna manera. Es seguro
que Foucault nunca conceptualizó sus experiencias desde esa óptica.
Lo que los psicoanalistas podrían calificar como
pulsión de muerte desemboca en un término ambiguo que Michael Foucault canta como una estética de la existencia. El texto La pasión de Michael
Foucault 11 intenta explicar la obra del autor a partir de sus experiencias de vida, sabemos que la vida
de un autor difícilmente puede ser explicada como
una metáfora autobiográfica sin caer en grandes
pecados, pero desde el psicoanálisis uno no puede dejar de lado que Freud cedió a la tentación
más de una vez ... y no puede uno dejar de pensar
en la posibilidad de que en ciertos casos sea así y
si no pues allí tenemos para demostrarlo a San
Genet.
Quizá no sea imposible afirmar que todo el recorrido intelectual de Foucault está intrincado por
un gusto pronunciado por la búsqueda de "experiencias límite" y todo su pensamiento puede ser
descifrado como una "alegoría autobiográfica". Así
-según esta lectura-, en su obra se expresarían,
más allá de las inquietudes más sublimes de una
prosa virtuosa, también las pulsiones del sadomasoquismo y la fascinación por la muerte en una
búsqueda suicida incansablemente perseguida en
la experimentación sexual sin barreras, que culminó en la terrible apoteosis final del Sida, del que
Miller12 se atreve a preguntarse si no habrá sido
deliberadamente elegido.
Si quisiéramos ser fieles a Michael Foucault, alJames Miller, La pasión de Michael Foucault, Editorial Andrés
Bello, Chile, 1995.
12 Ibídem.

guien que sistemáticamente luchó contra la categoría de autor, podría pensarse que ningún pensamiento puede ser abordado a partir de dicha
categoría y menos en base a la historia personal
del cuerpo de la mano de quien escribe, de hecho las categorías de sujeto y conciencia son cuestionadas de manera radical por Foucault, pero el
hombre mismo -en contra de sus mismas tesis-,
jamás rehusó firmar un escrito con su nombre e
imponerle el sello de su personalidad subjetiva.
Fuerte gesto que convertido en argumento, obra
como prueba en contra de la desaparición del sujeto tan cantada por él mismo.
Queda pendiente el responder a la pregunta:
¿y por qué es inquietante para mí la muerte de
Foucault? Nada más y nada menos, porque la idea
de un hombre tan brillante y genial, henchido de
ebriedad dionisíaca; abandonándose al goce (concepto lacaniano crucial que implica la fusión de
la pulsión de vida con la pulsión de muerte con
predominio de la última) y no al placer hasta perder toda razón y todo análisis de lo Real o del discurso, desde el anonimato de unas entrevistas no
destinadas a la publicación y recogidas por Maceyl 3
podemos oír su voz referirse a los poppers y otras
drogas:
".. .liberan de la anatomía la localización sexual del placer(... ) Besar en la boca con un placer absoluto y fantástico (... ), cosas tales como las píldoras amarillas o la cocaína nos permite estallarlo (...al orgasmo... ) y difundirlo por todo el cuerpo; el cuerpo se convierte en el lugar
completo de un placer completo, hasta el punto de desembarazarnos de toda sexualidad... "

Esa imagen de Foucault hundiéndose en el remolino de los sentidos y hablando de completud con
tanta ligereza me trastorna un poco ... Es como si
el supremo artífice de la disección se negase a analizar su propia conducta y decidiese echarse de
cabeza sin más en el fondo del abismo, como lo
hizo su compañero de viaje, biógrafo y exégeta incidental Deleuze; o se suicidase como Michael
Pecheux atándose de cadenas y arrojándose al
Sena; o -llevaré la metáfora lejos- , asesinase su
propia conciencia como lo hiciese Althusser con su
mujer; todas estas imágenes de pesadilla que uno
quisiera olvidar.

[i]os poemas en español
Thiago de Mello
HACE CALOR EN 1A SELVA

AMOR MÁS QUE IMPERFECTO

EL TIBIO CUENCO del vientre
De la muchacha tendida
Tomo en las manos y sorbo

DEL AMOR NO. Dudo de mí.
Del modo más que imperfecto
Que tengo de amar todavía.

Muy lentamente la luz
Que líquida se derrama
Entre el ca/,or de los muslos.

Con frecuencia me doy cuenta
Que mi mano está escondida
Dentro de la mano que recibe
La rosa de amor que entrego.
Mirando bien mi mirada
Estoy escondido atrás
De /,os ojos que me ven.
Conmigo mismo reparto
Lo que pretende ser dádiva,
Pero de mí no se aparta.

El torso se curva desde
La horquilla de las caderas:
Hace calor en la selva.
El sudor corre en la nuca
Perfumada de hierba buena:
La tierra se encharca de fiesta.

***
CUANDO lentamente
Tus caderas se estremecen
Y reclinas el torso
Que ondula en la hierba
De la tarde, y tu mentón
Asciende anunciando
La boca iluminada,
Y tus pelos rozan
La alegría de mi lengua
Entonces es cuando
Yo sé quien soy.

Por más que me prolongue
En el ser que me reparte,
De repente me siento
El dueño de la alegría,
Que estremece la piel
Y hace nacer lunas
En el cuerpo que abrazo.
Del amor, no. De mí yo dudo
Cuando en el centro más claro
De la ternura que invento
Engasto un sabor a precio
Aún sabiendo que el premio
Del amor es só/,o amar.

11

13

David Macey, Vidas y leyendas de Michael Foucault, Editorial Cátedra, Madrid, 1995.

[ 32]

[ 33]

�11 a poesía de Carmen Alardín

O res poemas
Ricardo Yáñez

Armando Joel Dávila

AL CENTRO de la llama
el alfabeto
arde secreto

CARMEN NARDÍN MARTí NACIÓ EN TAMPICO, TAMAULI-

Ciencia y no ciencia
que deja al corazón
en transparencia
Ll.ega fluyendo
y en un süpl,o encendido
me va diciendo
Si de la vida
se halló el oro molido
cuándo se olvida
DELIRIO ÚLTIMO

EN LA NIEBLA arbolada de Nogent, cerca del agua, la natural,eza
Ú&gt; impregna y en su ardor lo consume; l,ejana,
engaño de sí mismo, recuerdo en este cuarto de tísico donde
amargado, adowrido, odia
a cuantos se l,e acercan, agoniza
bien que amando a distancia lo que vio y
gracias a Ú&gt;s follajes y la dulce caricia de la seda, la música,
el frescor,
perdonando. No l,o turba el sil.encio: allí, de cuerpo entero,
Flandes e Inglaterra ll.evan su húmedo cieÚ&gt;, multiplicada brisa
que espl.ende en el color, abisma en la profundidad.

Los MURMULLOS
ws MUERTOS en el día de la sangre Ú&gt;s muertos en el río en la sangre
del río ws muertos en la sangre escucha el agua cómo recorre la
sangre de los muertos de Ú&gt;s muertos la sangre por el agua de l,os
muertos el agua por el agua de Ú&gt;s muertos la muerte por el agua de
la sangre de los muertos el sil.encio de la sangre escucha el agua del
sil.encio de la sangre dónde viajan esos muertos que no pueden dejar de ser lwrados por la sangre que viaja por donde viaja el tiempo
de la muerte

[ 34]

pas, en el año de 1933, pero a la semana de nacida fue traída a Los Herreras, Nuevo León. Su infancia y su primera formación se dio en nuestras
tierras. Su contacto con la poesía data, según ella,
desde los tres años. En la entrevista realizada por
Myriam Moscona, Carmen cuenta que dialogaba
con la niña del retrato y fue en esa primera época
de su infancia donde se marcó su deseo por utilizar la palabra como vehículo de comunicación.
De ese pasado infantil nace su contacto mágico
con la poesía. Por eso, Carmen Alardín irá creando un mundo de imágenes, de palabras y de música a través de su obra. Resulta interesante conocer el itinerario que ha seguido su poesía, saber
cuáles son los elementos en que se fundamenta
para crear su poética y apreciar sus cualidades y
estilo de escribir.
Carmen Alardín pertenece por su ciclo vital a
esa generación poética nacional femenina de los
años treinta. Junto a Rosario Castellanos, Isabel
Fraire, Margarita Paz Paredes, Dolores Castro,
Thelma Nava, Enriqueta Ochoa y Elva Macías. Y a
nivel local con Juanita Soriano, Altaír Tejeda de
Tamez, Esther M. Allison, Teresa Aveleyra y Gloria Collado. El hacer mención de esta generación
de mujeres poetas no significa que comparta influencias, preocupaciones, temas, ni que en lo formal de su obra exista el tono y la manera de versificar y presentar su poesía. Carmen ha seguido un
camino distinto a nuestras autoras locales. Sus estancias en la ciudad de México y sus lecturas la
hacen ser singular y dueña de una voz propia.
Lo meritorio de su obra reside en que ha sido
de las pocas poetas de esta tierra cuya obra ha trascendido las fronteras regionales, forjándose un
sitio en la poesía mexicana actual.
Se dio a conocer como poeta con su volumen
El canto frágil (1950), y participó en el taller poético de Juan José Arreola en 1960, año en que publica su poemario Después del sueño. En 1977 la

Universidad Autónoma de Nuevo León reúne su
primera antología con el título de Col,ección de poemas, editado por el Instituto de Artes, dirigido en
ese entonces por el maestro Miguel Covarrubias.
Posteriormente publica el libro Entreacto, en que
define una manera particular de abordar la poesía. Es a partir de este libro en que se singulariza
la forma de escribir su poesía, la perfecciona a tal
grado que la convierte en canto, en música.
La poesía escrita por Carmen Alardín la podemos enmarcar dentro de la corriente que cuida el
aspecto formal, ya que hace uso del verso de corte
clásico, y en lo temático manifiesta su preferencia
por asuntos trascendentales como: el amor, el tiempo, y su efecto destructor, la muerte o la desolación humana. Sin embargo, podemos apreciar algunos poemas que tienden a la prosa como: "No
pude detener los elefantes", 'Juicio final" y "Siempre habrá una vez", en donde se nota un distanciamiento irónico a la manera de Gabriel Zaid.
Desafortunadamente son pocos los poemas de este
tipo que Carmen ha escrito y de los que bien se

[ 35]

�hubiera podido sacar mucho partido, incluso escribir un libro. Se puede afirmar que estas dos formas de versificar se complementan en su obra,
puesto que conviven y dan el tono antisolem-ne a
su poesía.
En relación a las influencias más notorias en
su primera época, creemos que parten de la poesía de Juan Ramón Jiménez y también de Carlos
Pellicer. Se traslucen leves ritmos de Gabriela
Mistral y Rosario Castellanos. Es importante decir
que la influencia de la poesía femenina en la obra
de Carmen Alardín está casi ausente, porque ella
más que todo ha ido ahondando en sí misma y
perfeccionando su estilo de escribir. Por otro lado,
es importante mencionar que sus lecturas de poetas alemanes, ingleses, españoles la han enriquecido interiormente, así como la serie de traducciones que ha realizado de diversos poetas. Sus
grandes fijaciones por poetas místicos, como San
Juan de la Cruz, incluso su pasión por la Cábala y
las ideas orientales del budismo zen. Todo esto
trasmutado en una forma natural y mágica, que
difícilmente la advertimos si no tenemos bases para
rastrearla y reconocerla. Es por eso que dentro de
la claridad y de la forma de organizar el poema
hay el elemento misterioso y sugerente que nos
hace pensar y ver que más allá de sus paradojas y
de sus imágenes existe un trasfondo mítico y ancestral. Como dice Minerva Margarita Villarreal:
"Los últimos libros de Carmen son los primeros", 1

en vez de complicar su quehacer con la palabra,
la ha depurado y ha obtenido mejores grados de
calidad poética.
Si nos preguntamos cuál es el impulso creativo
de la poesía de Carmen Alardín, diremos que parte de un deseo innato de cantar, a través de su
poesía se transparenta ese deseo, ese gusto por
cantar. La búsqueda de la melodía de la palabra
es el motivo central de su decir:
Navegaré las horas río abajo,
hasta que por las playas del retorno
aparezca el velero de tu canto.2

Brazos que nos dejó la primavera
para seguir cantando con su trino.3
Cantar es el cansancio de saberse
precisamente humano. 4
nuestros primeros pasos lacerados
en barro y luna, de canción primera.5

Otro elemento que aparece frecuentemente en
su obra como factor que impulsa la creación, ya
sea para bien o para mal, pero casi siempre se
manifiesta como la "buena nueva" es el viento.
No le digas al árbol
que siga en pie
déjale soñar que el viento
lo recueste en las montañas.6
Cuántas historias ilímites del viento.7
iqué cadencias tejidas por el viento
para enlazar tu voz con las alturas.8
Aunque un fúnebre viento nos transporte
donde el camino es grieta que devora. 9

Pero el tema que unifica toda su obra, le da coherencia y sentido, es el amor,
"retomando el romanticismo no desde el sustrato de la
angustia, sino a partir de la sublimación de la realidad a
través del lenguaje". 10

El tema del amor como el eje que mueve las palabras y las proyecta de manera tal, que su verso se
da natural y efectivo. Las palabras se van enlazando y crean efectos gratos, tanto en lo estético de
sonido y significado.
En resumen, la poética de Carmen Alardín nace
de un deseo de proyectar el amor desde una perspectiva de lenguaje, tomando en cuenta todo el
basamento que le entregan su realidad y su mundo emotivo, el cual es por demás hipersensible y
dispuesto a encontrar correspondencias hasta en
3

5

6
7
8

1
2

Op. cit., p. 20.

• op. cit., p. 28.

Covarrubias Ortiz, Miguel, et al. Desde el Cerro de la Silla, p. 300.
Alardín, Carmen, Antología persona~ p. 20.

9
10

[ 36]

Op. cit., p. 37.
Op. cit., p. 40.
Op. cit., p. 24.
Op. cit., p. 45.
Op. cit., p. 60.
Op. cit., p. 64.

los elementos más mínimos, ya sean frutos de una
lectura o de su intuición mágica y sugerente.
Al hacer un recorrido por su obra poética, desde sus primeros libros a los últimos, encontramos
que su itinerario, ha sido mágico. Por un lado, no
se puede negar que, en la etapa inicial, las influencias modernistas y posmodernistas se traslucen en
su obra, independientemente de su talento natural y su sentido creativo innato. Es una poesía de
corte clásico, endecasílabos, sonetos, versos medidos y podríamos afirmar que descriptivos de paisajes y momentos. Esta etapa se cierra con los poemas de Sonatas de las hojas, en 1966. A partir del
libro Nacer en Madrid, hay un dislocamiento en su
poesía. Entra en su quehacer poético el verso en
prosa y el tono irónico que viene a ser un gran
respiro para su poesía. Y será hasta la aparición de
Entreacto, donde hay un cambio completo en su
forma de organizar no sólo los poemas sino también los libros. Es en esta etapa donde Carmen
Alardín pone en el tapete su deseo de formular su
teoría poética. Aquí notamos que la temática del
libro responde a un planteamiento general. Las
navajas aparecen como elementos básicos de todo
el poemario y sus siguientes libros serán trabajados bajo esa premisa. Un tema abordado desde
distintos ángulos. Así lo vemos en La libertad inútil
y otras noches, en La violencia del otoño y en Caracol
de río. Nuestra autora declara que un libro de poesía debe
"tener estructura en los poemas, que coincidan en tono,
en temática y en fecha". 11

O sea que escribir un libro para ella requiere de
escoger un tema determinado, que mantenga un
tono en todo su desarrollo y que se realice en un
tiempo determinado. Esto lo notamos en lo que
escribe a partir del libro antes mencionado. Sin
embargo, la poesía de Carmen Alardín se ha ido
decantando, ha llegado a la perfección formal porque trata de ahorrar palabras o decirlas de la manera más simple, pero no por eso exenta de calidad y de altura poética. Minerva Margarita Villarreal dice:
"El tono es directo y desenfadado, la poesía de Carmen
es sugerente, su poesía ha madurado en fuerut y en frescura".

Así pues, leer los últimos libros de Carmen Alardín
es escuchar palabras nuevas, inocentes y puras,
alguien que nos dice las cosas del mundo por primera vez. Es una poesía que está recreándose y
recreando la experiencia, que se ha despojado de
la carga inútil y sólo dice lo necesario, lo esencial.
En torno a su obra se han dado opiniones importantes, como la de Hugo Gutiérrez Vega al afirmar que:
"los libros de Carmen Alardín son el testimonio de un
itinerario amoroso y de una lucha constante, ardua y gozosa con las palabras". 12

Por otra parte, refiriéndose a su último libro Caracol de río, Reynol Pérez Vázquez dice:
"Carmen se permite escribir, desde otra óptica, textos
donde el contenido sorprende a la forma". 13

Su trabajo con las palabras ha sido constante, se
renueva en cada libro que publica, busca equilibrar su mundo con su emoción cotidiana. Ha llegado con mucho esfuerzo y gran talento a la transparencia de sus deseos. De su último libro diremos que predomina el oficio acabado y sereno de
la madurez.
Bibliografía:
Alardín, Carmen. Antología personal, poemas, Monterrey, México, 2000.
Caracol de 1io, verdehalago, Fondo para la Cultura y las Artes
de Nuevo León, México, 2000.
Colección de poemas, Instituto de Artes de la UANL, Monterrey,
Nuevo León, México, 1977.
Entreacto, Editorial Katún, México, 1982.
La libertad inútil y algunas noches, Editorial UNAM, Colección
El ala del tigre, México, 1992.
El mar hasta tu puerta, Colección privada, Madrid, España, 1995.
Gutiérrez Vega, Hugo. "Impresiones de la poesía de Carmen Alardín"
en Armas y Letras, núm. 11, mano-abril, 1998.
Pérez Vázquez, Reynol. El amor: caracol que no sabe de naufragios, en
Armas y Letras, núm. 24, mayo-junio de 2000.
Covarrubias Orliz, Miguel. Desde el Cerro de la Silla, Artes y letras de
Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, México, 1992.
Chouciño Fernández, Ana. Radicalizar e inúrrogar los límites: Poesía
mexicana 1970-1990, Editorial UNAM, Colección Biblioteca
de Letras, México, 1997.
Dicciona1io de Escritores Mexicanos, tomo I, Editorial UNAM, México, 1992.
Moscona, Myriam, De frente y de perfil, semblanzas de poetas, Departa•
mento del Distrito Federal, México, 1994.

-

12

''
11

Opinión de la autora.

[ 37]

Gutiérrez Vega, Hugo. "Impresiones de la poesía de Cannen
Alardín", Armas y Letras, núm. 11.
Pérez Vázquez, Reynol, "El amor: caracol que no sabe de naufragios", Armas y Letras, p. 63.

�Esperanzas y expectativas
SIEMPRE QUE SE COMIENZA UN AÑO SE MARCA UN CORTE

imaginario en el que se hacen balances de lo ocurrido y proyectos sobre el futuro. El corte es, asimismo, arbitrario, pero nada impide que los seres
humanos formulemos expectativas sobre los acontecimientos que sobrevendrán. El asunto no tendria mayor trascendencia social si sólo se tratara
de esperanzas personales, que afectarían el propio destino personal sin mayores repercusiones en
el resto de los seres humanos.
Pero también se formulan predicciones sobre
el futuro de la sociedad, en especial sobre la marcha de la economía. Generalmente se predice sobre el crecimiento del producto bruto interno y
sobre la inflación como las dos variables más importantes. En este periodo de fin de siglo y comienzos del siglo XXI casi todos los analistas parecen haberse puesto de acuerdo en que la economía mexicana crecerá menos en el año 2001
de lo que lo hizo en el año anterior y ello es un
presagio de índole pesimista. Una de las primeras
preguntas que nos deberiamos formular es ¿por

qué creer en los augurios? Sin duda, los seres humanos hemos avanzado mucho, desde la época
de las cavernas, en dominar el futuro: ya no tenemos que ponernos a trabajar desde la mañana para
saber si vamos a comer o no ese día (al menos
para mucha gente es así), ya no tenernos que tratar de mantener contentos a los dioses para que
sean benignos con nosotros y nos provean de alimento y seguridad.
Pero tratar de adivinar lo que sucederá sigue
convocando a muchos seres de modo cautivante;
incluso los presidentes de grandes potencias o los
poderosos de grandes imperios de tiempos actuales han recurrido y recurren a adivinos o astrólogos por razones no siempre muy claras, quizá para
conjurar los posibles males.
Malo es para un pueblo que sus principales figuras de autoridad tengan que recurrir a otros (a
veces, en realidad, a fantasmas) para saber qué
derrotero tornar, malo que las decisiones se basen
en influencias personales oscuras, malo que quien
ocupa una posición central en función de su capacidad para tomar decisiones se someta así a otras
influencias.
¿Debernos creer en las predicciones, sean buenas o malas? Quiero decir que ¿si son buenas y
nos dan seguridad debernos obligarnos o supeditamos a ellas, pero si son malas no debemos hacerles caso -o al revés-? Un ejemplo que será recordado por mucho tiempo serán las predicciones de Wharton de 1994. Estas predicciones son
tornadas por algunos como mensajes divinos, atendidas por muchos economistas y empresarios. Pues
bien, en diciembre de 1994, pocos días antes de
lo que pasará a la historia corno "error de diciembre", CIEMEX-WEFA, la organización que da a
conocer esas predicciones, decía que la economía
mexicana pasaría de un crecimiento de 2.9 por
ciento en el año 1994 a un crecimiento que podía
oscilar en 1995 desde un optimista 4.5 a un pesimista 3.5 y que el dólar, que se encontraba a una
tasa de$ 3.37, podría ir de una paridad pesimista
de $ 3.62 a una optimista de $ 3.38 en el mismo
periodo. Todos sabemos lo que ocurrió, de manera que debemos tomar con mucho cuidado cualquier predicción sobre nuestro futuro personal o
colectivo y nuestras acciones venideras, así sean
hechas en nombre de la ciencia.
Lo cierto es que somos los seres humanos los

[ 38]

principales responsables de nuestro propio destino, individual o social. Muchas de las decisiones
de efecto individual o colectivo que tomamos hoy
nos tr~erán consecuencias en el futuro. Si el producto mterno bruto de México crece más o menos en este año será el resultado de acciones que
estarnos tomando hoy.
Pero no sólo de acciones: también de las figuras o representaciones del imaginario colectivo.
En otras palabras, que mucho de lo que ocurrirá
tiene que ver con lo que pensamos que va a ocurrir. Esta idea tornó forma especial con lo que
sociológicamente se conoce como "el teorema de
Thornas" que en su formulación clásica puede ser
presentado corno "si los seres humanos definen
las situaciones como reales, éstas son reales en sus
consecuencias".
Hace ya algunos años, el sociólogo Karl Steinbuch desarrolló un interesante estudio: tomó los
sondeos que se habían hecho en Alemania entre
los años 1958 y 1981 en los meses de diciembre
preguntando a la gente si esperaba el próximo año
con miedo o confianza y sobrepuso la distribución
resultante con el crecimiento del producto nacional bruto del año consecutivo. Los resultados son
sorprendentes: las distribuciones son casi iguales,
vale decir que si el porcentaje de personas que
esperan el año con optimismo es alto, el producto nacional bruto crece de manera proporcional;
por el contrario, si las expectativas son bajas, el
crecimiento es nulo o negativo. Podrá decirse que
la gente pensaba así porque "ya sabía" lo que iba a
ocurrir, pero lo cierto es que las correlaciones
muestran claramente que las predicciones formuladas en la fantasía se cumplen en realidad.
Claro que Steinbuch trabajó con la opinión del
pueblo y no de los expertos y en nuestro caso no
sabemos que piensa el pueblo. Esperemos que los
expertos, esta vez, estén equivocados.

[ 39]

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�Calculemos
V AMOS A SUPONER QUE ALGUIEN POSEA UNA CUERDA DE 18
metros y se le diga que forme diversos rectángulos
con ella. Supongamos que el primero que hace tiene dos lados de 5 metros y los otros dos de 4: este
rectángulo tiene un área de 20 metros cuadrados.
Pensemos en que el segundo rectángulo que hace
tiene dos lados de 6 metros y los otros dos de tres:
este rectángulo tiene un área de 18 metros cuadrados. Imaginemos que hace un tercer rectángulo con
dos lados de 8 metros y los otros dos de 1: este rectángulo tiene un área de sólo 8 metros cuadrados. Si
cada lado tuviera 4.5 metros (un cuadrado de 4.5
metros por lado) ésta sería la figura rectangular con
el área máxima (20.25 metros cuadrados) que se
puede obtener con un perímetro de 18 metros. Si se
levanta la restricción de que las figuras sean rectangulares, ¿cuál figura tendrá el área máxima para un
perímetro determinado? La respuesta es: el círculo.
Con esta última apreciación empieza un interesante
trabajo de Gottfried Wilhelm Freiherr von Leibniz
(1646-1716), un diálogo en torno a la relación entre
la verdad, las palabras y las cosas, escrito en 1677,
dos años después de que desarrollara las nociones
del cálculo infinitesimal.

Se toma, pues, como verdadera la siguiente proposición: "De todas las figuras con igual perímetro,
el círculo tiene el área máxima". Pensemos en esa
proposición. Ahora, si dejamos de pensarla, ¿deja de
ser verdadera? La respuesta más natural es: no, no
deja de ser verdadera. Uno de los dialogantes, llamado B, en el trabajo de Leibniz, va más lejos y dice
que es verdadera aun cuando los geómetras no la
hayan probado ni la gente se haya dado cuenta de
ella. ¿No estará confundiendo este dialogante las
proposiciones con algo semejante a los hechos? En
efecto: un hecho es lo que es independientemente
de que se le conozca o no. Pero los hechos no son
verdaderos o falsos; son o no son, simplemente. De
algunos pensamientos o de las aseveraciones puede
decirse que son verdaderos o falsos, pero no de los
hechos. Los hechos y las proposiciones están vinculados: la proposición "está lloviendo" es verdadera
cuando se da el hecho de que está lloviendo, y es
falsa si no se da ese hecho. Están vinculados, pero
son cosas diferentes. Su confusión lleva a posiciones
como la anterior del dialogante B. Pero si se deshace la confusión, subsiste la pregunta: si dejamos de
pensar la proposición, ¿deja de ser verdadera?
Fuera de Leibniz, históricamente, hay varias soluciones. Las proposiciones no sólo son secuencias
de palabras, esto es, de signos. Tienen un significado. En diversos idiomas se puede decir lo mismo de
diferentes formas. "Está lloviendo", en inglés se dice
"It is raining", o en alemán "Es regnet", por ejemplo. Estas expresiones significan lo mismo. Este "lo
mismo" (que alguien ha llamado "unidad ideal de
significación") es, dicen algunos, lo que hay que tomar como proposición. Este "lo mismo" no parece
ser un hecho, como en la confusión anterior. Es otro
tipo de cosa; no parece pertenecer al mundo físico,
es algo ideal. De aquí a postular todo un mundo de
entidades ideales con existencia autónoma, independientes de que las pensemos o no, hay menos que
un paso. Se dice, por ejemplo, que "7 + 5 = 12" es
una verdad desde siempre y para siempre, desde
antes que apareciera el hombre sobre la tierra y después de que desaparezca. Se deja de lado, o se ignora, que los operadores "+" e "=" son invenciones humanas -términos sincategoremáticos, en terminología medieval-, sin referente en la realidad; se olvida también que no hay números en el mismo sentido en que hay piedras. Lo peor: la proposición "7dinosaurios+ 5dinosaurios = 12dinosaurios", resultaría existente y verdadera desde antes que aparecieran los dinosaurios. Debe notarse también que el asun-

[ 40]

to sufre un corrimiento: empieza a deslizarse del problema de la verdad al problema de la existencia. Hay
quienes creen en esta modalidad de solución: se les
llama platonistas. Hay que solucionar el problema de
otra manera porque el hombre es el único que construye, comunica y entiende las proposiciones. Sólo él
vive de modo pleno en el mundo del significado.
Leibniz invita a no confundir las proposiciones
con los hechos, pero asume una variante de la posición platonista. Para que al dejar de pensar una proposición no desaparezca su verdad, dice que "la verdad realmente pertenece a la clase de los pensamientos que son posibles, y que hay certeza sólo cuando
alguien toma una u otra de las formas contradictorias de su pensamiento como verdadera o falsa". El
pensamiento posible se contrapone al actual. Actualmente estoy pensando en la proposición " de todas
las figuras con igual perímetro, el círculo tiene el
área máxima", de la cual tengo la certeza de que es
verdadera. La certeza que tengo es un estado psicológico en mí. Al dejar de pensar la proposición sólo
desaparece mi certeza como estado psicológico, pero
no la verdad: la proposición junto con su verdad retornan al reino de lo posible, es decir, de lo no-actual. A este reino, Leibniz le llama "clase", pero esto
es lo de menos. ¿Qué puede ser la clase de los pensamientos que son posibles, es decir, que son no-actuales? Si le siguiéramos la corriente a Leibniz, podríamos decir que se compone de dos subclases: a) la
de los pensamientos que nunca se han actualizado,
y b) la de los pensamientos que alguna vez fueron
actuales (pensados por alguien) y luego regresaron
a la clase de lo posible (dejaron de ser pensados). A
personas que no tienen inclinaciones platonizantes,
les da la impresión de que aquí hay mucha pirotecnia, mucha pólvora de infiemito. Y alguna parte de
estos fuegos artificiales puede provenir de un vicio
no infrecuente: la ontologización de la negación.
Veamos.
Hay rosas que no son rojas. Entonces podemos
decir: "esta rosa no es roja", lo cual es correcto. Decimos que algo (una rosa) carece de una propiedad
(el ser roja). Pero fácilmente algunos tlósofos (incluso lógicos, lo cual es escandaloso) reformulan la
proposición anterior como "esta rosa es no-roja". No
se percatan de que hay una abismal diferencia entre
decir que algo carece de una propiedad (no ser roja)
a decir que algo tiene una propiedad negativa (ser
no-roja). Cualquier cosa tiene propiedades o carece
de ellas, pero ninguna tiene propiedades negativas.
Leibniz, al determinar lo posible como lo no-actual

Leibniz

provoca la idea de que lo no-actual de alguna manera es, y de que con ello se puede formar una clase.
Más interesante resulta percatarse de que el anterior problema sólo es una manera de merodear
sobre un asunto que siempre perturbó la curiosidad
de Leibniz: el de la relación entre los lenguajes y las
cosas. Los caracteres de los lenguajes y las palabras
mismas pueden ser convencionales, pero "la verdad
no se basa en lo que es arbitrado en los caracteres,
sino en lo que es permanente en ellos: a saber, la
relación que las marcas entre sí tienen con las cosas". Leibniz piensa que al indagar más profundamente en estas relaciones llega a surgir un cálculo
combinatoria! (ars combinatoria), es decir, una especie de lenguaje universal. No se trata de proponer
un idioma con el que todo mundo se entienda, como
el latín o una variante anticipada del esperanto. Es
algo de más fondo: la búsqueda de un método universal para analizar y manipular las ideas por medio
de caracteres numéricos. Esta pretensión tiene ascendencia pitagórica y luliana. El autor de las presentes líneas debe confesar que se ha visto aquejado
de manera recurrente, al modo de las tercianas, por
una cepa de este virus. Por ahí hay algo publicado, y
más por publicar. Se debe tomar la precaución de
despojar al vi.rus de sus genes malignos: sus aspectos
esotéricos, semicabalísticos y metafísicos; hecho esto,
lo que queda es un enfoque saludable y poderoso
de la lógica. En el caso de Leibniz ni esto quedó:
sólo el rescoldo humeante de una utopía.
En 1666, a los veinte años de edad, Leibniz publi-

[ 41 ]

�ca un pequeño libro, De ars combinatoria, en donde
plantea por primera vez el asunto de un lenguaje
basado en la relación entre las proposiciones y las
cosas, un lenguaje que intenta manejar con números a los términos y los conceptos. En el Prefacio a la
ciencia general (1677), asienta que esta idea no se la
debe a nadie y que no hay otra cosa que sea capaz de
inmortalizar más el nombre de su inventor. Al mismo tiempo, Leibniz va tomando conciencia de que
su libro juvenil sólo es un bosquejo, un embrión. Por
esto, varios años después, en El arte del descubrimiento
(1685), admite que su primera intentona tiene el
sabor de un trabajo de aprendiz. Y más tarde se lamenta de que el opúsculo haya sido reimpreso, contra su voluntad, en Frankfurt (1690), porque según
Leibniz su pensamiento ha madurado mucho desde
la primera publicación.
Lo cierto es que sobre estas cuestiones hay más
de presuntuosidad que de hechos y verdades. En el
Prefacio, Leibniz pone las cosas en condicional: si
pudiéramos encontrar caracteres o signos para expresar todos nuestros pensamientos de manera tan precisa y exacta como la aritmética se expresa con números, entonces podríamos proceder en todo asunto
sujeto a razonamiento como se hace en la aritmética
o la geometría. Así, si alguien disputara o discrepara
de algunos resultados, se le diría: "calculemos, señor". Y quedaría zanjado el asunto. ¿Por qué no se
lo dijo a Newton cuando disputaron por la primacía
en la invención del cálculo infinitesimal?
Leibniz repite su idea una y otra vez. Afirma que
le sirvió para llegar a la conclusión de que cada figura silogística tiene seis modos. Según la tradición,
por ejemplo, en la primera figura hay cuatro modos: Barbara, Celarent, Darii yFerio. Leibniz, para completar los seis, añade: Barbari y Celaro. En este problema hay mucha miga, aun actualmente (Cfr.
Cohen &amp; Nagel, Introducción a la lógica y al método
científico, T. I). Lo que ebulle en el fondo de este asunto es la concepción de la existencia. No se puede pasar de un juicio universal ("todos" o "ninguno") a un
juicio particular ("algunos sí" o "algunos no") sin añadir que aquello de que se está hablando existe. Por
ello, son discutibles los modos que agregó Leibniz. En
la lógica moderna la existencia no es considerada como
un predicado, es un cuantificador. La existencia dejó
de ser considerada como predicado desde Kant.
En El arte de descubrir (1685), Leibniz vuelve a decir
que "todos los resultados del razonamiento se pueden determinar de un modo numérico" y que "cuando haya disputas entre personas, podemos decir sim-

plemente: calculemos(... ) para ver quién está en lo
correcto". Cinco años más tarde, su ambición ha crecido tanto que cree factible poder calcular el número total de verdades que el hombre es capaz de llegar a expresar (todas las verdades posibles: el reino
de la posibilidad) y aun determinar el tamaño del
libro que contuviera todo el conocimiento humano
expresable con las letras de alfabeto. Todavía más:
en este libro también estarían contenidas las proposiciones falsas y aun las expresiones sin sentido. De
seguro sólo pensó en el alfabeto usual, pero ¿qué
pasa con los caracteres del sánscrito, del chino, del
árabe, del japonés, y otros? Debió haber pensado en
los problemas de la traducción. Si todos los idiomas
estuvieran incluídos en tal libro, sería difícil decidir
a partir de cuál idioma particular debería empezar a
leerse y desde ahí juzgar qué expresión tiene sentido y cuál no. Porque sin un mecanismo de traducción, desde la atalaya de un idioma particular todo
lo demás resulta bárbaro y sin sentido.
Adicionalmente, tendrían que considerarse las lenguas muertas y los idiomas posibles. Total: la cosa no
es simple. Leibniz mira todo desde el templete de la
utopía: "podemos decir que cualquiera que entienda el uso del alfabeto conoce todo".
Aunque él lo crea así, Leibniz no se encuentra
solo en esta aventura. Aparte del viejo antecedente
de la Ars magna (c1270), de Raimundo Lulio, en el
propio siglo XVII pueden detectarse al menos tres
manifestaciones con la misma orientación. Una, de
Descartes, quien en una carta (20 de noviembre de
1629) le dice a Mersenne: "entre todos los pensamientos que puedan venir a nuestras mentes, se forma un orden en el mismo sentido en que hay un
orden natural entre los números", y al desarrollo de
este orden le llama "un lenguaje". Las otras dos, en
las obras de George Del-garno, Ars signorum, y de
John Wilkins, Essay towards a Real Character anda Philosophical Langu,age, que aparecieron en la década
1660-1670. Toda historia de la lógica formal recoge
estas referencias, junto con las de Leibniz, como
ancestros remotos de la lógica matemática, de la lógica actual.
¿calculamos otra y nos vamos?

[ 42]

Edison

"Nadie sabe para quién trabaja': o
"Las vicisitudes de la industria del disco, músicos y aun los inventores"
DESDE EL INICIO DE LA HUMANIDAD LA TECNOLOGÍA LE

ha afectado en cada uno de sus diferentes aspectos. Con la llamada Cuarta Revolución Industrial,
donde la computación electrónica ha tenido un
peso extraordinario, esta incidencia se potenció
notablemente. En el particular campo de la música, los recursos tecnológicos que afectaron su desarrollo fueron el bulbo, el transistor y otros inventos usados en la producción y grabación de
sonido, pero ya entrada la segunda mitad de la
centuria, los años ochenta presenciaron el nacimiento de medios novísimos y ajustados al nuevo
entorno: la creación de la interface digital para
instrumentos musicales (MIDI), que permitió estandarizar la conexión de sintetizadores y computadoras; software que posibilitó a la notación musical para reproducirse a cuatro voces; software
para secuenciar archivos MIDI con 16 y 32 canales y usarse con instrumentos corno teclados,

controladores, baterías electrónicas y módulos de
sonido.'
En la siguiente década el mundo vivió un intenso quehacer en lo que se refiere al desarrollo
del intercambio de información vía Internet. Si
bien ésta fue creada desde mediados del siglo, la
World Wide Web se creó en Europa hace apenas
diez años, al tiempo que la presidencia de Estados
Unidos promovía una Infraestructura de Información Nacional y el Centro para Aplicaciones de
Supercomputación introdujo aplicaciones multimedia que simplificaron el uso de la red. En este
ambiente los proveedores de conexiones a Internet crecieron considerablemente y el número de
computadoras conectadas alcanzó los cuatro millones.
En las fechas los sistemas para grabar música directamente sobre el disco duro de las computadoras llegaron al público masivo y los desarrollos del
software aunados a la capacidad de las computadoras permitieron la creación de herramientas tan fáciles de usar que cualquier persona con un entrenamiento mínimo pudo copiar y tocar música.
Desde luego que desde los inicios de la red los
músicos y melómanos se comunicaron a través de
ella, pero lo hacían más que nada a través de noticias o el intercambio de literatura especializada;
todavía no circulaban en línea la notación musical ni los archivos de audio. Sólo a partir de los
ochenta los proveedores de conexiones empezaThe Internet andMusic Technowgy, http://www.nb.netF mycal1/

1

Info.html.

[ 43]

�ron a introducir interfaces gráficas y de sonido,
con lo que los archivos estandarizados MIDI se
empezaron a intercambiar entre computadoras y
teclados. Las comunicaciones de sonido, con todo,
todavía eran fastidiosas; para bajar de la red un
archivo de 1Osegundos se requería hasta una hora.
Debieron llegar los años noventa para ver el nacimiento de la WWW y el Hyper Text Mark-up Language (HTML); entonces las transferencias por
módem se aceleraron a 28.8 K por segundo y los
archivos de sonido se pudieron escuchar mientras
eran bajados. Sólo así los músicos y melómanos
tuvieron la capacidad de compartir archivos de

o sitio que facilitara el intercambio y consumo de
3
música copiada desde CDs originales. En 1999
Diamond Multimedia, fabricante del Rio MP3,
aparato para tocar este formato, fue objeto de una
demanda presentada por la RIAA, organización
que incluye a las principales empresas discográficas
con intereses en los Estados Unidos, como Seagram, Universal Music, Bertelsmann, Sony Music,
Warner Music y EMI. El caso, sin embargo, fue
perdido cuando el juez encargado determinó que
Rio no violaba el Acta de Grabaciones Caseras de
1992. Otras importantes empresas demandadas
por la RIAA han sido MP3. Com y Napster.
El juicio a esta última fue de lo más divulgado
durante el año pasado y objeto de la atención de
analistas y críticos de la vida cultural norteamericana y mundial. La influencia de la compañía es
tan patente que Shawn Fanning, creador del servicio de música en línea Napster, fue ubicado en
el sexto lugar de la lista de 101 personalidades más
importantes en la industria del espectáculo elaborada por la revista Entertainment Weekly, por de4
lante de artistas como Bruce Willis o Tom Hanks.
El caso representa una batalla entre los propietarios de derechos de autor y el tráfico de copias
domésticas de música. Si yo copio una canción con
mi grabadora portátil y la intercambio por una que
tú copiaste, no pasa nada. Pero si cien mil o más
internautas intercambian diariamente archivos
MP3, el acontecimiento no deja de alarmar a los
fabricantes de discos y los músicos firmados con
las compañías disqueras. El asunto, no obstante,
es complicado ya que la legislación actual es incapaz de poner orden en la presente circulación de

sonido digital.2
La revolución del intercambio de música a través de Internet comenzó en 1987, cuando el
Fraunhofer Institut Integrierte Schaltungen, en
asociación con la Universidad de Erlangen, crearon el algoritmo de compresión/ descompresión
digital para transmitir audio llamado MP3. El nuevo sistema, que fue creado para comprimir archivos de video pero que también redujo el tamaño
de los archivos digitales de audio hasta en doce
veces sin menoscabo de su calidad, fue aprobado
en 1992 por el Moving Pictures Experts Group
(MPEG ), oficina adscrita a la Organización Internacional para la Estandarización. En un principio,
los que aprovecharon el nuevo formato fueron
sólo aquellos que tenían una conexión rápida a
Internet, pero poco después cualquiera que tuviera un módem de 56 K, así como un procesador de
300 MHz, fácilmente pudo subir y bajar de la red
archivos de música.
La primer víctima de esta tecnología de la información fue la industria de la música grabada,
que fue sorprendida con la acelerada multiplicación que en la segunda mitad de los años noventa
experimentó el tráfico de archivos MP3. Para el
año 2000, el número de sitios dedicados al intercambio de música sumaba algunos cinco mil, con
más de medio millón de piezas y álbumes en for-

ma gratuita.
La industria disquera, por supuesto, reaccionó
en contra del movimiento buscando la creación
de nuevos formatos controlables y a prueba de
copias, pero también atacando a cuanta empresa

música en la red.
Pero, ¿qué hace exactamente Napster? Es una
pequeña pieza de software que cuando la instalas
en tu computadora escanea el disco duro en busca de archivos MP3, de manera que cuando la computadora es conectada a Internet otros usuarios
de Napster pueden descargar tus archivos MP3, y
viceversa. En un día típico Napster pone a disposición de cada uno de sus usuarios cientos de miles de archivos.

3

4

NaiefYehya, "La información d ebe ser gratis... la música también", Laj ornada Semanal, México, 25 de julio de 1999.
"Se coloca en la lista de los más poderoso s", El Norte, 22 de

Lo más probable es que la RIAA llegue a un
acuerdo o asociación con Napster y así, de alguna
manera, aproveche su clientela; tal vez con una
cuota.mínim
· ' d"ica. porque s1• Napster pier. . ª peno
de el JUICIO, sus usuarios, lejos de pasar a alimentar las compras de música en línea, o fuera de ella
de las compañías disqueras, pasarán, esto es lo m~
seguro, a otras comunidades de melómanos internautas. y lo peor del caso -o lo mejor, según sea
el lado_ de nuestras simpatías- es que esas otras
comurudades están diseñadas para no dejarse atrapar, como ~stá a punto de serlo Napster.
Hay v'.1°os programas para intercambiar archivos musicales, entre los que destacan Gnutella
(http://gnutella.wego.com/ ) y Freenet (http://
freenet.sourceforge.net/ ). El primero, que es un
progr:ima en el que es muy difícil de rastrear a sus
usuarios, ofrece una manera de transferir archivos semejante a la de Napster, pero sin conectarse
a u~ servidor central; el segundo, tal vez el más
temible de todos, es un sistema todavía en desarroll? que ofrece el más anónimo intercambio de
archivos, por lo que, pase lo que pase con Napster,
~epres~nta un gran dolor de cabeza para el futuro
inmediato de las industrias de la música, el cine y
el software.
La industria disquera se ha portado intransigente con los actuales piratas de la música. Pero
también lo ha hecho con sus consumidores tradi-

cionales; al lado de los intercambios piratas de la
red, S?ny, por ejemplo, pone su material en línea
a preoos,de casi 5 dólares. Así, aunque no es justificabl~ , s1 es comprensible el abuso de los piratas.
Las d1squeras transnacionales deberían considerar que en el marco de los 40,000 millones de dólar,es anuales que su industria produce, bien podnan mantener a raya sus exorbitantes ganancias
en f~vor ~e sus consumidores y de paso limitar así
la p1ratena.
. Pero sólo limitarla, porque, como dicta el sentid? común: nadie sabe para quién trabaja. Ni siq~1era quien inició todo este asunto de la industna del sonido grabado y es recordado como el
más prolífico inventor de Norteamérica· Tho
Al E"
•
mas
. va di~o~ (1847-1931), atinó a prever el negooo mult~millonario que representaría su más celebrado mvento, el fonógrafo para la industria de
la música. Según él, el apara¡o serviría como ins°;1mento de oficina, como grabador de memorandums y otros mensajes. 5

s _Edison, T ho~as Alva, en The how it works enciclopedia ofgreat
mventors &amp; discov_eries, edi ted by Donald Clarke, Published by
Marshall Cavend1sh Books Limited , Great Britain 1978
55-58.
'
' pp.

octubre de 2000.

[ 44]

[ 45]

�ne reproducciones de trabajos de todas las épocas del
artista, desde 1956 hasta 1999, representadas en orden
cronológico, lo que permite ver su evolución tanto en
sus técnicas y estilos como en sus temas. Son 23 dibujos, 28 grabados y 15 pinturas las que analiza Arturo
Cantú, una por una, estableciendo las relaciones y diferencias entre ellas, cuando es el caso. Para Arturo
Cantú,
gran parte de la pintura y los dibujos de Gerardo Cantú
suscitan de inmediato la simpatía cordial del espectador ... ( ... )
El dramatismo del p1imer Gerardo Cantú, el de sus
años de estudiante en Checoslovaquia, ha encontrado al
paso del tiempo el toque de la gracia y de la sabiduría. El
mundo no es como piensan los jóvenes que es, pero sigue siendo el mismo. (... ) La mirada de Cantú, al paso
de una obra original y con frecuencia sorprendente, ha
encontrado la distancia adecuada, la humanidad que permite comprender por igual lo grande y lo pequeño.

Conocedor profundo de la obra del artista, Arturo Cantú presta particular atención a algunas obras, como El
poeta y la musa (1 y 2, de 1977 y 1991, respectivamente):

Susana, desnuda, duerme sobre una mesa que es una cama
... Pero en realidad la plancha de la mesa se vuelca hacia
el espectador del cuadro. La superficie blanca de la mesa
no obedece las leyes de la perspectiva aunque sus patas sí
lo hacen...
(... ) La descomposición deliberada de los planos y la
discontinuidad de las superficies, transformadas en masas de color -cubismo y Cézanne- son aquí recursos
de un realismo más inteligente y rico que el de la academia ...

En La cena de los apóstoles:
En medio de la dispersión de la cena los discípulos están
numerados, como si fuera la única manera de asegurar
que forman un grupo de doce.(... ) Sólo dos de los doce
acompañan a Cristo ... Ha pasado quizá el mejor momento de la cena y los discípulos han olvidado su propósito
original. ( ... ) En el centro de la mesa quedan los restos
de un cabrito, y atrás de la figura principal (Cristo), en
la pared, cuelga un cuadro de La última cena de Leonardo. ( ... )
La tensión del cuadro viene del equilibrio entre el
dibujo suelto de las figuras alrededor de la mesa, y las
líneas que delimitan la mesa...

En resumen, una buena monografía para acercarnos e
iniciarnos en la obra de Gerardo Cantú. Sólo hay una
falla en la edición: la ausencia de datos biográficos sobre el autor, cosa que pudo hacerse en las solapas.

Una monografía necesaria
José Carlos Méndez
BIENVENIDA ESTA MONOGRAFÍA (PUBLICADA EN LA CIUDAD DE

México) sobre uno de los artistas plásticos más representativos de Nuevo León, Gerardo Cantú, quien no
hace mucho dijo en una entrevista que "soy reconocido sobre todo aquí en Nuevo León, pero no soy famoso; ya no lo voy a ser; en general nunca pasaré de ser
conocido, nada más" (Vida Universitaria, UANL, octubre de 2000).
Bienvenida también porque es una de las muy pocas obras escritas sobre alguno de los muchos artistas
plásticos neoleoneses, de cuyas obras pudimos apreciar
una muy buena muestra en la exposición 100 años a
través de cien artistas. Las artes plásticas de Nuevo León.
Siglo XX (noviembre 1999 a febrero 2000 ), organizada
por el ya clausw-ado Museo de Monterrey.
Escrita por Arturo Cantú, regiomontano radicado
en la Ciudad de México, Gerardo Cantú es un estudio y
una antología, representativa y equilibrada, de la obra
de este dibujante, grabador y pintor que ha ganado
varios premios nacionales, como el del Salón de la Plástica Mexicana, de la Ciudad de México.
Dividida en una introducción y tres capítulos (El
dibujo, El grabado y La pintura), Gerardo Cantú contie-

Aunque usted no lo crea
Ricardo Martínez Cantú
LUIS GONZÁLEZ DE ALBA:

El burro de Sancho y el gato de Schrodinger,
(Amaleurs, 1), Paidós,
México, 2000, 272 pp.

...El lecho de la musa, vertical frente al espectador, es un
recurso que el pintor utilizará en muchas representaciones similares: combinar en una sola visión dos puntos de
vista, el que contempla la escena de frente y el que la ve
desde arriba.

Una variable del recurso mencionado se da en las tres
versiones de La celestina (de 1972, 1993 y 1999, respectivamente). De lo más representativo del estilo de Cantú son Susana y los viejos y La cena de los apóstoles. En
Susana y los viejos,

[ 46]

LA COLECCIÓN AAfATEURS DE EDITORIAL PAJDóS TIENE SU ORI·
gen -según palabras de los editores- en la convicción
de que "la manera más gozosa de acercarse a un tema
es ser invitado o seducido por un aficionado, profesional no del tema en cuestión sino de la escritura"; ello
debido a que ese aficionado, siendo "el amante y no el
cónyuge, el que pasea y no el que radica", será capaz
de hacer sentir al lector el lado lúdico, estimulante y
placentero del conocimiento.
El primer volumen de la colección, escrito por Luis
González de Alba -autor de novelas, cuentos y poemas,
y ganador del Premio Nacional de Periodismo 1997 por
su labor como divulgador científico-, cumple cabalmen-

te con esa declaración de principios, ya que lo que encontramos aquí es el relato claro, ameno y apasionado
de las consecutivas e insólitas transformaciones por las
que la ciencia física ha atravesado a lo largo del siglo
XX; relato que además absorbe y emociona a quien lo
lee porque es casi imposible no contagiarse del entusiasmo con el que fue escrito.
Y esas transformaciones en la física, que a su vez
trastocaron en forma tan radical la imagen que el hombre tiene del mundo, no pudieron haber sido más
sorpresivas, considerando que, al iniciar el siglo, ya
nadie esperaba grandes cambios. Esta última aseveración puede que sea verdad o puede ser sólo una "mentira compartida", como la anécdota de la manzana de
Newton y como tantos otros mitos de la ciencia y la
cultura que no por falsos dejan de ser menos verdaderos en un sentido precisamente mítico y, por ello, más
profundo que el histórico. El hecho es que se ha vuelto un lugar común la afirmación que sostiene que en
1900 los físicos tenían la plena convicción de que el
esquema de la realidad elaborado por su ciencia estaba a punto de completarse, quedando nada más dos
pequeñas cuestiones por resolver: la catástrofe ultravioleta y el efecto fotoeléctrico.
Finalmente esas cuestiones fueron resueltas, aunque no para tranquilidad de nadie, pues su resolución
no cerró el esquema de la teoría clásica, sino todo lo
contrario: abrió la puerta a la nueva física: a la relatividad y la incertidumbre. Ambas cuestiones fueron resueltas, además, sobre la misma base: echando mano
de la hipótesis de los quanta de Max Planck, quien -no
obstante haberla formulado- se refería a ella como "la
horrenda hipótesis" y se molestaba porque otros la tomaran con tanta seriedad, ya que él mismo no podía
dejar de considerar como una chapuza especulativa a
una afirmación que no guarda ninguna relación con

[ 47]

�la experiencia, pues sostiene que la energía, cuando se
desplaza, desaparece de aqw para luego aparecer más
allá, sin atravesar los puntos intermedios; de la misma
manera en que se teleportan los ángeles, si es que hemos de creer las palabras de Santo Tomás de Aquino; y
en forma similar -también- a lo que ocurre con el burro de Sancho "en alguno de esos capítulos donde Cervantes se hace bolas y Sancho tiene burro y no tiene
burro, tiene burro y no tiene burro; apenas se lo ha
robado Ginesillo de Pasamonte, cuando ya lo monta;
lo acaba de montar en lo alto de la página, cuando
llora por el recuerdo de su pérdida tres párrafos adelante".
En 1905 la teoría de la relatividad de Einstein zanja
la prolongada cuestión de si la luz es onda o partícula,
afirmando que es las dos cosas, o bien ninguna. No es
necesario que el espacio vacío interestelar esté lleno
de éter lumínico porque la luz que lo atraviesa está
compuesta de quanta que, en este caso, se comportan
como partículas; a pesar de que en otras circunstancias
actúen como ondas.
Pero el asunto no acaba ahí, la relatividad implica
otras muchas cosas, cada cual más alejada de la experiencia cotidiana, aunque todas probadas en la experimentación. El espacio y el tiempo son elásticos y están
integrados en una realidad tetradimensional. La gravedad es sólo una manifestación de la aceleración, provocada por las distorsiones que la masa de los cuerpos
celestes ocasionan en el espacio que los rodea. Entre
más invierte un objeto su capacidad de movimiento en
viajar por el espacio, menos capacidad le queda para
moverse por el tiempo y, por ello, a mayor velocidad, el
tiempo transcurre con más lentitud para él, hasta llegar a la velocidad de la luz que, por eso mismo, no
puede ser rebasada. La luz invierte la totalidad de su
energía en moverse por el espacio y, como consecuencia, es incapaz de desplazarse por el tiempo; el tiempo
no transcurre para ella: es eterna. Además, la velocidad de la luz es constante y absoluta: 300 000 kilómetros por segundo para todo observador posible, independientemente de que el observador "esté en reposo" o también se mueva; independientemente de que,
en este último caso, se mueva hacia la luz o "alejándose" de ella.
Al mismo tiempo y por otro lado, habiendo sido
descubiertas las partículas que integran los átomos -el
electrón, el protón y el neutrón-, en 1913 Bohr aplica
la teoría de los quanta al problema planteado por el
hecho de que los electrones no caen hacia el núcleo
como era de esperarse; problema que se resuelve en
forma automática si se considera al electrón como un
quantum de energía; lo cual trae por consecuencia, a
su vez, que esa partícula sólo pueda existir, dentro del
átomo, en los niveles permitidos por la constante de

Planck y que, cuando brinca de una órbita a otra, lo
haga sin pasar por los estados intermedios, moviéndose -otra vez- como los ángeles de Santo Tomás.
Diez años después De Broglie propone, por motivos puramente estéticos de simetría, que si las ondas
de luz pueden ser consideradas como partículas, lo inverso podría aplicarse a las partículas subatómicas a las
que él asocia entonces con paquetes de ondas; algunas
de estas ondas se cancelan y otras convergen, apareciendo como partículas en los puntos de coincidencia,
los cuales, por su parte, corresponden a las órbitas legales de Bohr. A partir de esos antecedentes, Heisenberg formula, en 1927, el principio que desdibuja los
límites entre sujeto y objeto al colocar a la incertidumbre en el lugar ocupado durante siglos por la causalidad. Ninguna partícula tiene ya velocidad ni posición
mientras no exista una observación que la determine y,
cuando una observación determina alguna de esas variables, la misma observación hace más nebulosa la otra. En
ese mismo año, Bohr establece el principio de
complementariedad que considera a partículas y ondas
como manifestaciones complementarias de un mismo
sustrato profundo, las cuales existen en superposición
de estados mientras no se realice ninguna observación.
Con esto queda establecida la nueva física, la mecánica cuántica, y se desencadena una serie de resultados contrarios a la intuición, a los que el mismo Einstein
habrá de oponerse.
Se predice y comprueba la existencia de la antimateria. Se formulan las hipótesis de que las partículas
antimateriales pueden ser partículas viajando hacia el
pasado y de que todos los electrones del universo son
idénticos porque no son más que un único electrón o,
mejor dicho: son las diferentes apariciones en el presente de un mismo electrón que viaja del pasado al futuro y del futuro al pasado, una y otra y otra vez. Se descubre que, de las "partículas elementales" que componen
el átomo, nada más el electrón es en verdad elemental,
ya que protones y neutrones están formados de componentes menores: los quarks. Se predicen y detectan multitud de partículas nuevas que están ahí -es cierto-, aunque nadie sabe para qué, pues parecen ser innecesarias
en la integración del universo.
Todo eso provoca polémicas entre relativistas y físicos cuánticos: Einstein se opone a la mecánica cuántica
formulando una serie de "experimentos mentales" tendientes a poner de manifiesto que las afirmaciones de
aquélla desembocan en resultados absurdos. El más
famoso de estos Gedankenexperiment, conocido como la
paradoja EPR, condujo a una serie de "experimentos
reales" que no sólo probaron, sin lugar a dudas, que
esos resultados -absurdos o no- son el modo de acción
de la naturaleza; sino que, además, fueron muy productivos para la mecánica cuántica, pues llevaron, en

[ 48]

1996, a establecer procedimientos que permiten "examinar objetos sin observarlos en absoluto: sin que los
toque nada, ni un rayo de luz ni cualquier otra cosa"; y
posibilitaron, en 1998, la teleportación cuántica incondicional: la primera transportación sin cuerpo.
El conflicto entre la relatividad y la mecánica cuántica preocupa a los científicos. "¿Cómo pueden ser
mutuamente incompatibles dos teorías que describen
al mundo con tal precisión?" Esa incompatibilidad se
produce por debajo de la longitud de Planck; medida
tan pequeña que alcanzaría la altura de un árbol promedio si un átomo fuera agrandado hasta el tamaño
del universo entero. Ahí, en el llamado punto cero, la
energía "es una perpetua danza entre el ser y el no ser,
un ir y venir de pares virtuales de la inexistencia a la
existencia y de nuevo a la inexistencia".
Como un intento de unificar las explicaciones cuántica y relativista surge la teoría de las cuerdas. A diferencia de la mecánica cuántica que considera al electrón,
al fotón y a las demás partículas elementales como puntos sin dimensiones, la teoría de las cuerdas sostiene
que cada una de esas partículas es en realidad una cuerda elástica y vibrante del largo de la longitud de Planck.
Por debajo de esa longitud no hay nada y, por consiguiente, el terreno de la incompatibilidad no existe y,
en consecuencia, la incompatibilidad tampoco.
Todas las cuerdas son idénticas en cuanto a su materia y las diferencias de masa, carga, espín, que se dan
entre las distintas partículas son producidas por las diferentes formas de vibrar de la supercuerda que integra a cada una de ellas. La teoría de las cuerdas sostiene también la existencia de 10 u 11 dimensiones: las
cuatro reconocidas por la relatividad -largo, ancho,
grueso y tiempo- más otras 6 ó 7, que permanecen
enrolladas en cada punto del espacio desde los orígenes del universo; las cuales no se manifiestan, pero
permiten a las cuerdas vibrar como lo hacen. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas: la teoría, parece
estar fuera de cualquier posible comprobación, ya que
para verificarla empíricamente se requeriría de un acelerador de partículas del tamaño de la Vía Láctea. Se
trata, por lo tanto, de lo que John Horgan llama ciencia
irónica.
Otros físicos sostienen que la información no es meramente un concepto, sino una cosa en el mundo y, no
sólo eso, afirman que es -junto con la energía y el espacio-tiempo- uno de los ingredientes básicos del universo. Explican de esta manera el hecho de que una observación, que no es más que la recolección de información, provoque que un paquete de ondas se colapse
y aparezca como partícula. "Esto implica que la realidad es muy semejante a una simulación corrida por un
programa de computación; sólo faltaría saber quién está
coITiendo el programa."

Explicaciones inusitadas que, sin embargo, permiten hacer predicciones con una precisión nunca antes
alcanzada por la ciencia y que, por eso mismo, se traducen en una tecnología que funciona; descubrimientos asombrosos; hipótesis que producen vértigo; son
los episodios que componen la fascinante historia de
la física a lo largo del siglo XX. González de Alba relata
esa historia, narrando las sucesivas sorpresas y los múltiples prodigios que la integran, asegurándose -además- de que los conceptos claves -incertidumbre,
complementariedad, antimateria, superposición de estados, no
separabilidad, entropía- sean cabalmente comprendidos
por el lector interesado en conocer los últimos avances
de la investigación física y sus más recientes resultados.

Una historia en el diván
Francisco Ruiz Solís
Borus BERENZON GoRN
Historia es inconsciente (La historia cultural:
Peler Gay y Robert Darnton).
Ed. El Colegio de San Luis.
San Luis Potosí, 1999.
EN EL AMPLIO CAMPO DE LA HISTORIA Y DE SUS PRÁCTICAS EXIS-

ten diversas disciplinas especializadas y tipos de discursos históricos. La historia como discurso, dejó de ser
hace mucho tiempo una disciplina puramente historiográfica. Del análisis de datos "objetivos", para construir discursos, como crónicas, descripciones y explicaciones de procesos, ha pasado también, al análisis de
lo sensible, lo simbólico.
La presente obra es una contribución a la discusión
teórica de la historia cultural, entendida como la historia del inconsciente individual.
Una identificación metodológica de los diversos te-

[ 49]

�Colaboradores
Leticia Algaba. Egresada de la Fa-

[Tandil, Argentina, 1942]. Sociólogo, maestro
universitario. Dirige la División de
Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

Alfonso Ayal,a Duarte. [Monterrey,

Pablo Latapí. [México,

1952]. Estudió antropología en la
UANL y la maestría, en la misma disciplina, en el Colegio de Michoacán.
Autor de Músicos y música popular en

Monterrey ( 1900-1940).

Gabriel Contreras.

[Monterrey,
1959]. Escritor y periodista. Estudió
psicología en la UANL. Autor de libros de dramaturgia, narrativa y periodismo. Actualmente radica en
Barcelona.

ArmandoJoel Dávil,a.
mas de la historia cultural en el plano historiográfico
lleva a considerar a la tradición oral, el lenguaje o el
discurso, los rumores, los chismes, cotilleos, cuentos,
leyendas y refranes que revelan las estructura más íntima de toda organización social, el sistema de parentesco, como expresiones con sentido que expresan lamentalidad de una época.
Berenzon dice que el discurso de la historia, no es
la historia, más bien la oculta. Por esta razón es necesario vincular al psicoanálisis como una disciplina que
posibilita la lectura de lo oculto. La historia cultural
considerada como la historia de las concepciones del
mundo, sólo es posible con la intervención del psicoanálisis que aporta a la historia intelectual una psicología de la creencia, de la incredulidad y de los resortes
psíquicos de los rituales religiosos.
Así, puede considerarse al psicoanálisis como un
elemento explicativo que aporta una interpretación de
los componentes subjetivos que participan en un personaje histórico, en un grupo, un comportamiento, un
sentimiento o un pensamiento. Dicho de otra manera,
la historia de las mentalidades puede considerarse como
una análisis sobre las formas discursivas del Otro, en
un momento determinado del tiempo, así como de la
forma en que esa época y lo discursivo constituye a los
sujetos.
Las posibilidades analíticas que brinda el psicoaná-

lisis a la historia cultural tienen que ver con la observación de ritmos, relaciones entre sujetos, situaciones,
grupos y la interrelación de un sujeto con otro. Se trata, entonces de un enriquecimiento de una visión de la
mentalidad como expresión de una civilización particular, con sus actitudes y las conductas de los individuos, la herencia cultural, los sistemas de visión del
mundo, las representaciones religiosas, los modelos de
comportamiento, las virtudes y los vicios, los periodos
de la vida intelectual predominantes y una vida afectiva
desarrollada. Todas estas expresiones exploradas, también, como una construcción imaginaria y simbólica.
Es en este contexto que aparecen Peter Gay, como
uno de los mejores comentaristas de Freud y como lector del discurso histórico, con el que analiza la cultura
burguesa del sigloXX, y Robert Darnton como impulsor de una historia cultural que tiene como bases el
amor, la pasión, la seducción, la política y el deseo; la
base del inconsciente intrasubjetivo y el pasado: la
pulsión.
Ambos, es sus propuestas acerca de la historia cultural, se encaminan no sólo a la recuperación del pensamiento de Freud y Lacan, sino además a la combinación del rigor histórico y a la interpretación psicoanalítica, lo que lleva, según Berenzon, a una recuperación
posible del sujeto en la historia, desde la perspectiva
de la subjetividad.

[ 50]

José María Infante.

cultad de Filosofía y Letras de la
UANL. Maestra investigadora de la
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco.

[La Ascención, Ararnberri, N. L., 1952]. Poeta. Editor. Maestro universitario. Fue
director de Publicaciones de la
UANL. Autor, entre otros libros, del
poemario La huella del relámpago.

D. F.,
1927]. Pedagogo. Doctor en ciencias de la educación por las universidades de Munich y Hamburgo.
Fundó en 1963 el Centro de Estudios Educativos. Colaborador de
Excélsior y cofundador de Proceso.
Asesor de la SEP y vocal de
CONACYT. Autor de, entre otros libros, Diagnóstico educativo nacional,
Mitos y verdades de la educación mexicana y Análisis de un sexenio de la edu-

cación en México.

Julio Ortega Bobadilla. (México,
D. F., 1956]. Cursó la carrera de
psicología de 1975 a 1980 en la
UNAM. Trabajó doce años como
profesor y asesor de tesis para la
Facultad de Filosofía y Letras de la
_UNAM e impartió clases dentro de
la Universidad Pedagógica Nacional. Actualmente es investigador
del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad Veracruzana en la ciudad deJalapa, Veracruz.

Hugo Padilla. [Monterrey, 1935].
Fue jefe de Extensión Universitaria
de la UNL y director de Armas y Letras. Es maestro de tiempo completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Ricardo Martínez Cantú. [Monterrey, 1949]. Escritor. Maestro universitario. Estudió filosofía en la
UANL. Coordinador editorial de la
revista Entorno universitario.

Francisco Ruiz Solís.

[Puebla,
1957]. Investigador. Maestro universitario. Editor. Estudió comunicación, sociología y metodología en
la UANL.

Thiago de Mello.

Enrique Florescano.

[San Juan
Coscomatepec, Ver., 1937]. Licenciado en derecho y en historia por
la Universidad Veracruzana. Maestro en historia por el Colegio de
México. Doctor por la Sorbona. Fue
director del Instituto Nacional de
Antropología e Historia. Entre
otros libros, ha publicado Origen y

desarrollo de los problemas agrarios de
México 1500-1821.

[Manaus, Amazonas, Brasil, 1926]. Es uno de los
poetas brasileños más importantes
en la actualidad. Organizó el Primer Encuentro Amazónico de Poetas Latinoamericanos y prepara actualmente una antología de poetas
de América Latina.

José Carlos Méndez.

[Zamora,
Mich., 1943]. Periodista y editor.
Estudió letras e historia en la
UNAM. Es becario del Centro de
Escritores de Nuevo León.

[ 51]

Ricardo Yáñez.

[Guadalajara,
1948]. Poeta. Ha publicado Ni lo que
digo (1985), Dejar de ser (1994),
Prosaísmos (1995), Antes del habla
(1995) y Si la llama (2000). Es coordinador de talleres de creatividad
en varias ciudades del país.

�itoriale
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Zacarías Jiménez

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DlllECCION DE
PUBUCAQO NF.S

U

A

N

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�itariales

Zacarfas Jiménez

UNM1SIOADAU1'ÓNOW.Dl:IN\lti','OLJ!ÓN

Informes: Secretaría de Extensión y Cultura/ Dirección de Publicaciones
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Biblioteca Magna Universitaria "Lic. Raúl Rangel Frías"
Av. Alfonso Reyes Núm. 4000 norte Monterrey, N.L. C.P. 64440 Tel.
(018) 329 4111 / Fax 329 40 95

DIRECCION DE
PUBU CAOONFS

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad Autónoma de Nuevo León, 2001, No 28, Enero-Febrero </text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Rangel Guerra, Alfonso, 1928-2020, Director</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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