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                  <text>��Contenido
En los cien años de Pedro Garfias [ 2]
Pedro Garfias

[ 3]

Pedro Garfias en el recuerdo [ 7]

Alfonso Rangel Guerra
Raúl Rangel Frías
Alfredo Grada Vicente

Ámbitos temáticos en El ala del sur de Pedro Garfias [ 11] Juan Matas Caballero
La postura internacional ante la Guerra Civil Española
a través de la obra poética de Pedro Garfias [ 19] Pablo Carriedo Castro
Pedro Garfias: sus antecedentes masónicos [ 26] Antonio Adolfo Reguera García
Pedro Garfias: aficionado flamenco y poeta maldito [ 29] Diego Rojano
Pedro Garfias en Monterrey [ 31 ] Vanessa Herrera
Yo soy Pedro Garfias, el poeta! [ 34] Armando Joel Dávila
Pedro Garfias, entre España y México [ 36] Poemas
La escritura como un velo del dolor [entrevista
con Leonardo Martínez Carrizales]

[ 39] José Carlos Méndez

Las gestiones del escritor canciller [ tres cartas de Alfonso Reyes
a Enrique González Martínez. y un comentario histórico] [ 42] Leonardo'Martínez Carrizales

Alfonso Reyes en Brasil [ 48] Alfonso Rangel Guerra
juan Soriano [ 51 ] Sergio Pitol
Dos textos [ 59 ] Humberto Martínez
MACHINA SPECUlATRIX:

El pulidor de lentes [ 60 ] Hugo Padilla
MúSICA:

El sonido del hormiguill.o [ 63 ] Alfonso Ayaia Duarte
ÜNE, TELEVISIÓN Y OTROS ESPEJISMOS:

¡Por fin la ley! [ 67] Roberto Escamilla
LIBROS:

Reynol Pérez: El tren del.os sueños/ José Ángel Leyva [ 74 ] . El cosmos por la palabra/
Ricardo Martínez Cantú [ 75]. Arquicultura: un model.o y su aplicación/José Carlos
Méndez [ 77]. Cantos de sirenas/ Armando Hugo Ortiz [ 78]
Colaboradores [ 80 ]

Viñetas del pintor Guillermo Ceniceros en páginas: 15, 19, 22, 24, 26, 29, 31, 38 y 59
Dibujo de la portada / Alfonso Reyes Aurrecoechea

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•

Contenido
En los cien años de Pedro Garfias

[ 2]

Alfonso Rangel Guerra

Pedro Garfias

[ 3]

Raúl Rangel Frías

Pedro Garjias en el recuerdo

[ 7]

Alfredo Gracia Vicente

Ámbitos temáticos en El ala del sur de Pedro Garfias [ 11] Juan Matas Caballero
La postura internacional ante la Guerra Civil Española
a través de la obra poética de Pedro Garjias [ 19] Pablo Carriedo Castro
Pedro Garjias: sus antecedentes masónicos [ 26] Antonio Adolfo Reguera García
Pedro Garfias: aficionado flamenco y poeta maldito [ 29] Diego Rojano
Pedro Garfias en Monterrey [ 31] Vanessa Herrera
Yo say Pedro Garfias, el poeta! [ 34] Armando Joel Dávila
Pedro Gar.fias, entre España y México [ 36] Poemas
La escritura como un velo del dolor [entrevista
con Leonardo Martínez Carrizales]

[ 39] José Carlos Méndez

Las gestiones del escritor canciller [ tres cartas de Alfonso Reyes
a Enrique González Martínez y un comentario histórico] [ 42] Leonardo"Martínez Carrizales
Alfonso Reyes en Brasil [ 48] Alfonso Rangel Guerra
Juan Soriano [ 51 ] Sergio Pito!
Dos textos [ 59]

Humberto Martínez

MACHINA SPECULATRIX:

El pulidor de !,entes [ 60] Hugo Padilla
MúSICA:

El sonido del hormiguillo [ 63 ] Alfonso Ayaia Duarte
0.NE, TELEVISIÓN Y OTROS ESPEJISMOS:

¡Por fin la ley! [ 67] Roberto Escamilla
LIBROS:

Reynol Pérez: El tren de los sueños/ José Ángel Leyva [ 74]. El cosmos por la palahra /
Ricardo Martínez Cantú [ 75]. Arquicultura: un modelo y su aplicación / José Carlos
Méndez [ 77]. Cantos de sirenas/ Armando Hugo Ortiz [ 78]
Colaboradores [ 80 ]

Viñetas del pintor Guillermo Ceniceros en páginas: 15, 19, 22, ·24, 26, 29, 31, 38 y 59
Dibujo de la portada / Alfonso Reyes Aurrecoechea

�11n los cien años de Pedro Gar.fias
E'srE AÑO SE CUMPLEN CIF,N DEL NACJMJFNI'O DEL P0é7A PEDRO
Garfias. Nacido en Sal,amanca el 20 de mayo de 1901,
vivió niñez y juventud en Andalucía y participó en el movimiento ultraísta, dirigi,do por Rafael Cancinos Assens,
donde participó tambiénJorge Luis Borges. La guerra civil
se desató cuando él tenía 35 años y se entregó sin reservas a
l,a causa republicana. Sometido al exilio por l,a derrota de
l,a República, el destirw lo llevó a Ingl,aterra y l,a ausencia
de l,a patria en un país ajeno a su l,engua lo impulsó a
escribir un poema dolorido en que, sin perder l,a contención
y mesura características de toda su obra, vertió su dolor par
el mundo perdido. Lo llamó Primavera en Eaton
Hastings y es, sin duda, una de l,as más importantes expresiones de su poesía y de l,a español,a de su tiempo. Pahlo
Neruda escribió en su libro de memorias Confieso que he
vivido, l,a anécdota que l,e contó que l,e contó en México el
propio Garjias, de aquell,as conversaciones que sostuvo
durante varios días en l,a taberna del lugar; can el hombre
que servía en l,a barra, el poeta español habl,ando en su
1,engua y el tabernero en l,a suya, sin conocer ambos más
que l,a propia. Hablaban de sus soledades y Garfias tenía
l,a convicción de que en aquellos diálogos se habían entendido bien.
La so/,edad es, obviamente, el tema central de la poesía de Garfias. Este dolor lo supo traducir en pal,abras y
construir con ellas algunos de los poemas en kngua castellana más bellos del siglo XX. Suel,e ubicársel,e en la
generación del 27, pero su singularforma de mantenerse a!,ejado de los ámbitos literarios no propició su identificación con los grupos de escritores de su época.
Lkgó a México en 1939 y vivió aquí hasta su muerte, 28 años después. A Monterrey lkgó en 1943 y se
integró a la Universidad de Nuevo León, colaborando
con Raúl Rangel Frías en el Departamento de Acción
Social. Por aquellos años empezaba a publicarse el Boletín Mensual Armas y Letras en cuyas páginas aparecieron algunos de sus poemas y la Universidad le publicó el libro De soledad y otros pesares, quizá el primero de la institución.
Pedro Garfias vivió en Monterrey pero también pasó
algún tiempo en Tampico, Guadalajara, Guanajuato,
Pachuca y la ciudad de México, pero siempre regresó a
Monterrey y aquí murió. En todas partes hizo amigos,

porque su natural generosidad se voolcaba en actitudes
amistosas y nunca asumió antagonismos y enfrentamientos. Su poesía permanecía guardada en su memaria y
acostumbraba decirl,a en voz alta a petición de sus amigos. La reiterada solicitud de algunos de sus alkgados
lo llevaba a escribir estos poemas que él llevaba consigo.
Su peculiar estilo para volcar su poesía en los recintos
que frecuentaba lo asemejaba a un juglar en pkno siglo
XX. Y en sus momenios de sokdad, al concluir el día,
seguramente lo visitaba la poesía y comenzaba en si/,encio el "lento trabajo de construir el poema verso a verso,
sin más apoyo que la memaria. Si quedaba concluido no
lo pasaba de inmediato al papel. Su memaria prodigiosa, hecha para guardar estas manifestaciones de su
mundo interiar; l,e permitía después, al calor de la tertulia o el diálogo, externar en voz alta todo eso que en el
sikncio de la soledadfue construyendo para erigir el poema. En ese momento su voz quebrada y fuerte permitía
que se cumpliera la última etapa de la creación poética,
al otorgar sonido a sus palabras.
Este número de Armas y Letras se honra con la publicación de un breve texto de Raúl Rangel Frías, quien
recibió a Garfias cuando Uegó por primera vez a Monterrey. Le siguen las palabras memoriosas de Alfredo Gracia Vicente, amigo del poeta durante toda su vida. También se publican cuatro trabajos de colaboradores españoles, prueba indudable de que ahora a Pedro Garfias se
le conoce y estudia en España: Juan Matas Caballero,
Pablo Carriedo Castro, Adolfo Reguera García y Diego
Rojano. Hay dos colaboraciones de las nuevas generaciones regiomontanas: Vanessa Herrera y ArmandoJoel
Dávila. Se incluye también una selección de la obra del
poeta.
Es muy satisfactorio para Armas y Letras publicar este
número de homenaje a Pedro Garjias, el poeta que hace
poco más de medio siglo colaboró en l,a realización de esta
publicación, en su formato ariginal de boletín mensual.
Este homenaje no salda nuestra deuda con Pedro Garjias,
pero es expresión de recorwcimiento a quien enriqueció can
su presencia y can su poesía el ámbito cultural y humano
de Monterrey. Nos legó su poesía, sus lecciones de sencillez,
el testimonio de su tiempo y el término de su vida, apagada
en esta ciudad el 9 de agosto de 1967.

Alfonso Rangel Guerra

[ 2]

rledro Garfias
Raúl Rangel Frías

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DEL POZO DE ESA MEMORIA QUE SE FORMA A EXPENSAS DE

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la vida quiero rescatar, en la amistad cordial que
los presentes me brindan gente regiomontana
como la mía, aquella de la cual desciendo y hacia
la cual van también mis esperanzas -algunos
fragmentos que no podría decir de otra manerade una lección que yo recogí al paso de las horas.
Paso de un destino que nos va a cada uno de
nosotros acuciando con su ingente preocupación
de rendir la palabra obligada al preciso momento
en que debemos seguir siendo fieles a nosotros
mismos y a la posteridad.
De ese pozo de los recuerdos, memoria fiel de
la exigencia que nos acucia, como un tábano persigue a la conciencia, yo rescato para esta conversación la memoria de un hombre, de un amigo,
de un poeta.
Pedro Garfias fue -quiero decir precisamente
algo, una narración o un mito y no exactamente
alguien- algo en que se hizo memoria, manantial
y conmemoración nuestras significativas naturalezas de mexicano, español, ibérico o hispano ha-

blante que somos en cada uno de nuestros fragmentos todavía dispersos por el mundo.
Este algo, poeta, amigo, que arrojó a Monterrey
aquel cataclismo -la Guerra de España- me devolvió un manantial de ternura, hizo crecer la memoria de mi pasado y me dio el regalo de un símbolo
para el futuro.
Llegó Pedro Garfias a la Universidad de Nuevo
León cuando yo me iniciaba en unas tareas que
todavía recuerdo con orgullo y con honor, de las
cuales quedaron como desprendidas piedras, por
obra más de quienes acudieron conmigo a la tarea que por mí mismo, una escuela de verano, un
taller de artes plásticas, una serie de ensayos sobre teatro y de empresas editoriales; las que todavía esta Alma Mater regiomontana sigue haciendo crecer y, esperamos, multiplicar en bienes y
dádivas para la cultura de Nuevo Leon.
Y aquí quedó Pedro Garfias anclado, como un
madero arrojado por la tempestad. I_)e ese tronco
viejo y carcomido brotaban todavía hojas de un
follaje cuajado de sombras, de tibiezas y de aro-

[ 3]

�Gasset, en Madrid. Un poeta incumbrable: Antonio Machado; y aún más le iban naciendo retoños
al árbol español, con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas.
Luego Pedro fue a dar a Madrid, al ·modo de
un muchacho nuestro que va a dar a México. En
el hervor de su adolescencia allí se afilió a la poesía, como a un batallón de combate, para abrir
tierras de conquista al ingenio y al talento español.
Hizo entonces un manifiesto como acá se producen en América los manifiestos revolucionarios,
sólo que no había tiros, golpes ni carreras de caballos. El manifiesto de Pedro y sus compañeros
fue un manifiesto político de una doctrina poética que se llamaba el ultraísmo -ultra es la palabra
simbólica inscrita en el plus ultra de España, el
allá de la allendidad, dirán unos dtscípulos de las
esencias germánicas-.
Pedro era un poeta ultraísta y aquello que en
tiempos de juventud sólo es regocijo de años mozos, afán de invención y práctica de guerrillero
poético, tuvo vez más tarde, a la hora trágica de la
España que llevamos todos clavados en el costado, una verificación que nadie podía sospechar,
ni siquiera los propios combatientes.
De los años de su juventud, entre los dieciocho
y los veintitrés, puesto que había nacido con el
siglo y corría con los años del mismo, fue un cultivador de la poesía que buscaba cambiar los aires
dulces y musicales de Rubén Darío, por una verdad más congruente con la inmensa y cruda situación de los hombres que habían acabado la Primera Guerra Mundial.
No se podía entregar ya el corazón a la sonatina
rubendariana. El dolor, la injusticia y la sangre
habían salpicado el rostro de los muchachos poetas de todo el mundo; y por supuesto, al principio
ni ellos lo sabían. En París o en Madrid se buscaba
romper las metáforas' para descubrir detrás del
espejo roto la verdadera imagen del hombre.
crepúsculo.
Parece frívola la poesía de estos años mozos y
Pedro era así, venía de la España plateresca en
ya era el principio de la desesperación; el ultraísmo
sus versos pero en su sangre remontaba desde la tiede España o el surrealismo de Francia. Entre norra andaluza en donde había recogido lluvias, temsotros, José Juan Tablada y luego Ramón López
pestades y lágrimas. Le tocó en su juventud la hora
Velarde fueron poetas que al comienzo de la gran
feliz cuando España alumbró una aurora de renaciconmoción mexicana en años de 1913-25 nos pumiento en la claridad y la estructura universal.
sieron en el camino de una nueva poesía.
Era Rector allá y lo fue, Miguel de Unamuno,
Pedro calló; se hizo el silencio en sus voces, seen Salamanca. Otro maestro, que lo ha sido de
gún sus biógrafos, desde apenas los veintitrés o
españoles y de iberoamericanos, José Ortega y

mas, donde se posaban los pájaros misteriosos de
la poesía de España.
De ese follaje fuimos dejando él y yo uno a uno
en las páginas de una publicación universitaria:
Armas y Letras, los cantos de Garcilaso, de Quevedo,
de Fray Luis de León, del príncipe de los poetas,
Luis de Góngora.
Pedro era ya, entonces, un proscrito. Nunca su
mano se levantó para castigar a nadie, pero su
corazón no podía sufrir la injusticia ni el dolor
ajeno. Alguna vez en la propia aula de Fray Servando, con innúmeros destrozos de los vitrales y
desde los agujeros de sus muros en que penetraban el aire, la lluvia y los pájaros; alguna vez, se
indignó porque celosos guardianes arrojaron fuera las golondrinas y los gorriones que habitaban
sus techos. Pedro no fue un hombre de cólera,
pero la cólera de otros le despertó de nuevo al
amor; y aceleró el latido de su corazón.
Si uno habla de un poeta, no hay más remedio
que leerlo, porque nada puede substituir esa operación perfecta que consiste en regresar paso a
paso a sus signos, a sus cantos; al modo en el cual
más allá de los accidentes peculiares de nuestra
geografía terrestre, habitamos y somos ciudadanos de un mundo celeste.
Pedro era un poeta que nació -claro que nació
cierta vez como todo ser humano- en una tierra,
mejor dicho en una ciudad perfecta, que se llama
Salamanca, toda cuajada de plata. En la música
de sus piedras, en el recuerdo de sus versos, en la
lección de sus maestros: Cervantes o Vitoria, o Fray
Luis de León, son capaces de confundirse los términos y límites del genio humano.
Pero no era expresa y sencillamente Pedro
Garfias un hombre de Salamanca; procedía y allá
fue a dar precisamente en su destino, de una familia de campesinos andaluces que tenía a orgullo las torres de su campanario, el sol y las bestias
mansas que en la era ponen la nota sosegada del

[ 4]

Capitán
de bandidos y soldados.
Ya mí qué
si yo siempre te veré
con la muerte terca enfrente
y tu mirada inocente
mirándola fijamente.
¡Ay, Ximeno, Capitán
del Batallón de Garcés-,
Capitán
de la cabeza a los pies!

veintidós años, hasta el 36 en que estalló la Guerra de España, que no es Guerra de España, sino
u_~a guerra contra España. Tomó su camino y volVI~ a hab!a~ el poeta. La poesía que antes era artificio, pracuca de escuela o retórica académica
había encontrado de nuevo un sendero hacia 1~
verdad, envu~lta en cólera, en odio y en sangre.
Pedro se hIZo poeta guerrillero y ganó premios;
y lo recuerdan sus voces que son claros sones de una
cometa de combate y a la vez flautas de amor de un
hombre que no puede renunciar a la ternura
Lo dice al capitán Ximeno:
·
Mirada azul de Ximeno
en cara de niño bueno.
Mirada de azul cuajado,
de azul acero templado
tan inocente
bajo la paz de la frente.
Dicen, Ximeno, que fuiste
bandolero y que supiste
de la fuga por los montes
hacia aquellos horizontes
donde nadie sabe dónde
un tibio rincón se esconde
para el hombre como el ave
sediento de libertad.
Y quién sabe
si fue mentira o verdad.
Yo te he visto Capitán
en el frente cordobés:
Capitán
del Batallón de Garcés.
Valiente, serio, callado,
gran soldado
sobre tu caballo alzado
qué buena estampa tenías
tu mirada, como el cielo
desperezando su vuelo
sobre lentas lejanías.
Y ahora irás por las veredas
y entre breñas y jarales
-no por blandas alamedas
ni por caminos realesTu pistola sin reposo
y tu caballo nervioso
serán tu solo equipaje.
Y tu silencio y tu afán
desolados...

Pedro era tierno, cantaba desde el corazón del
ho?1bre, no en lo~ !itorales de la amargura y del
od10. En una ocas1on, en medio de los episodios
de aquella fratricida contienda, se detuvo en Valencia a decir a la mitad de la guerra:
Me detengo, mar de Valencia
a tus orillas
mientras pienso con mi porte que no
quiere ser guerrero
qué fue de mi vida antigua
de mis sueños, de mis ilusiones nobles
de mi corazón abierto, de mi frente '
voladora por los caminos
del cielo
quéfuedeloquesefue
Y qué es esto que ahora tengo
una cólera me corre,
una angustia me sofoca por las venas
como fuego, como piedra sobre el pecho
Y pone en mis ojos tristes su desvelo
una visión implacable de muertos,
muertos y muertos
malditos los que llevaron, malditos
los que trajeron tanta paz y tanta gloria
tanta sombra y tanto duelo
muertos estarán un día
lo mismo que yo estoy muerto.

_:'ras la Guerra de España (la guerra contra Espana) Pedro fue arrojado como un leño a la ribera
de unas Yotras tierras; de las islas británicas a las
que habían de ser sus verdaderas islas, las islas de
su soledad, de sus pesares y de su dólor.
Los poemas de Pedro son muy conocidos, algunos muy populares, otros no tanto; lo mejor,
na~ralmente, queda oculto parad lector que
qmera rescatar en la intimidad la verdadera voz

[ 5]

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1

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•1

y humano, escribió uno de sus grandes poemas,
de la poesía. Porque no hay manera de hablar de
el más grande poema del éxodo español que, seun poeta sino acudiendo a sus textos, porque todo
gún dice Alfredo Gracia, lo ha externado el crítipoeta es sólo texto en que está hecha y deshecha
co Dámaso Alonso: «Primavera en Eaton Hassu poesía; y su fatalidad de hacer versos; de ser un
tings».
hombre conmovido, ejercido y extenuado de poeEn un principio podría pensarse que se trata
sía.
de una influencia de los grandes poetas ingleses y
Se pueden hacer versos de ocasión, festivos, graes, en efecto, parecido a la elegía que el maraviciosos, de broma, heroicos; pero es sumamente
lloso poeta inglés Shelley dedicó a Keats en su
excepcional ser poeta como fue Pedro, de la camuerte; pero refleja la nostalgia, la pesadumbre y
beza a los pies, como del batallón con el capitán
el ánimo doloroso de una balada; una de aquellas
Garcés. Lo cual no quiere decir que todos sus verbaladas que nos vienen de la Edad Media y que
sos fueran buenos, exactos o maravillosos.
tendrán en otra época consagración tan hermosa
Del más ilustre de los príncipes de la poesía de
como la del poema de Óscar Wilde con «Balada
España, don Luis de Góngora, tomará para sí en
de la cárcel de Reading».
el prefacio de sus: «cuantos me dictó versos, dulce
No sabe uno si Pedro aquí canta a España una
musa en soledad confusa, perdidos unos y otros
elegía; o eleva en realidad su voz en tonada de
inspirados».
amor, un arrullo de paloma por la España que no
Los versos son pasos perdidos, unos y otros, insse le deja morir, que no se le podrá morir nunca a
pirados; «cuantos me dictó versos, dulce musa»,
Pedro Garfias como nos ocurre también a nosocomo dice el poeta.
tros.
En el texto queda el recuerdo de una presenVino Pedro Garfias a México y se quedó con
cia que le dictó al poeta el sentido de su revelanosotros. Su poesía es un mensaje nuevo y tal vez
ción, una identidad de la realidad y el sueño. El
siempre será así. Tal vez de la otra España, de aquepoeta vive lo extremo; de nuevo todo es en su orilla otra que ni nosotros llevarnos dentro, ni se ofregen, no hay nada que le pueda asegurar abrigo,
ce precisamente como imagen. Es una España que
techo o tibieza amorosa; el poeta está siempre a la
es ensoñada y es también otra que queremos haintemperie, en la más alta región donde el aire se
cer los españoles y los americanos de aquí y de
enrarece y la atmósfera se carga eléctricamente
allá.
de potencias; puede ser la víctima y es frecuenteSiempre parecerá que es otra España la que
mente un rayo cósmico.
tenemos dentro y siempre parecerá que no somos
El poeta no está seguro de la palabra; desespefieles a la de aquí y también se dirá de la imagen
ra su afán en ocasiones, trágicamente; y va dejanque de allá nos llega.
do en el camino recto diversos fragmentos de su
Pedro era un fresco viento de un atardecer
propia vida, ¡qué importa que parezca un mendiandaluz; había recogido los aromas de la serranía
go o un bandido!
con sus robles y sus encinas; había quedado por
Poetas hay que han cruzado la alta zona en que
largas noches depositado en las vegas generosas
la locura o el extravío pueden imprimirles un vuelo
de sus ríos; tomó aliento en el vaho de los campedefinitivo, sin regreso; y que luego rescatan para
sinos y de los ganados que recorren la vega.
nosotros los mortales una palabra de ternura, una
Nos llegó como una nube y traía consigo, como
metáfora, o un verso, un poema. De estos poetas
algunas de éstas, presencias celestes, luces, fosfovidentes hechos de la cabeza a los pies, con precio
rescencias, mensajes. Aquí se quedó con nosotros,
de sangre adquieren el fulgurante espectáculo de
nos hizo dádiva por muchos años de su presencia,
un mundo que habla.
y aun cuando algunos como él confundieron la
Pedro Garfias escribió algo de los menos conoavena con el trigo, siempre de Pedro nos ha de
cidos de sus poemas, tal vez; o de lo que no sin ser
quedar más allá de los litorales y de las riberas
conocido, porque lo es mucho, le han dedicado
angustiadas, hacia lo que ha de ser deficiencia y
menos atención todos los que a él vuelven la miradeserción humana, un mensaje, una voz, un alto
da. Después de la Guerra Española fue a dar a las
al tiempo.
Islas Británicas y ahí, en un albergue providencial

[ 6]

Diedro Garfias en el recuerdo
Alfredo Gracia Vicente
E~ pr~te texto manuscritofue leído por don Alfredo Gracia Vicente en el Círculo Mercantil Mutualista, la noche
del v~~ 11 de agosto de 1995, evento organizado por
la Directiva de la Peña «El Toreo» que entonces presidía
el Ing. Francisco J. Morales A/anís, en homenaje a
Garjias, en el vigésimo octavo aniversario de su muerte.
La transcripción fue realizada porJosé Roberto Mendirichaga, a quien don Alfredo entregó sus apuntes, con la
idea de que algún día pudieran publicarse. Armas y Letras lo hace ahora, agradeciendo a Mendirichaga el haberfacilitado y transcrito este material póstumo del librero
Y promotor cultural fallecido en esta ciudad el 23 de marzo de 1996. Por motivos de espacio, no se reproducen Lodos aquellos poemas yfragmentos de poemas que el maestro Gracia Vicente utilizó en la citada conferencia, aunqitL sí se hace referencia a ellos. Alternaron con don Alfredo
en el Círculo esa calurosa noche de agosto, el Ballet «Sevilla» de Sabás Santos y la guitarra de Rafael Stringel.
Acerca de la reseña del citado evento efectuado en 1995,
puede verse el material escrito porJosé Roberto .Mendirichaga en El Diario de Monterrey, VJII-15-95, 7-A.

COMPLEJÍSIMO TRABAJO DE INVESTIGACIÓN SOBRE UN POE-

ta olvidado, Pedro Garfias Zurita, de vida errante
y obra desperdigada. Francisco Moreno Gómez
hizo el milagro. Le ayudó «todo el mundo»: Margarita Fernández Repiso (viuda), quien escribe, y
numerosos amigos mexicanos y españoles exiliados.
Francisco Moreno G. hace una afirmación: «¡Si
en España se amara a Garfias sólo la décima parte
de lo que se le ama en México!» 1
Podemos, pues, reconocer que la figura de Ped~o G~rfias Zurita, gracias al tesón, paciencia y sab1duna del doctor en letras Francisco Moreno
Gómez, nuestro amigo, ha sido definitivamente

1

De Monterrey se cita también al Lle. Alfonso Rangel Guerra,
al Profr. Sergio Escamilla Tristán (Preparatoria 16 de la
UANL) y al Lic. Ernesto Rangel Domene. La lista de colaboradores de Francisco Moreno Gómez es inagotable y cubre
toda la República Mexicana.

rescatada para la poesía y para el mundo. En la
historia de las letras, el año 1995, por ese solo hecho, es un año memorable.

Justificación
Garfias, pese a figurar con honor entre los jóvenes de la generación del 27, era raramente comentado y aceptado por los estudiosos de la época.
No lo conocían. Apenas si habían oído su nombre.
En algún diccionario de Literatura, he comprobado personalmente que Pedro Garfias Zurita está
entre los nombres no nombrados; entre ese grupo, pequeño o grande, de esa misteriosa lista que
aparece poco más o menos así: «Los principales
poetas de este tiempo son Fulano, Mengano, Perengano y algunos más». Aquí en este final está
incluido nuestro respetado, querido, entrañable
Pedro. Francisco Moreno Gómez nos lo devuelve
ahora, a los veinticinco años del fallecimiento del
poeta en Monterrey, puesto que la obra fue publicada hace tres años por la Universidad Complutense de Madrid, siendo la tesis doctoral del citado investigador.
Nunca es tarde para el gozo y el amor de los
buenos. Gracias te damos, doctor Francisco Moreno Gómez. Te sentimos a nuestro lado, en el
re~uerdo que este día hacemos del gran poeta
universal, andaluz por más señas y nacido en Salamanca, para completar el mosaico.
Nuestro poeta fue hijo de Antonio Garfias Domínguez y de Ma. Dolores Zurita. Nació en Salamanca, egregia ciudad castellana, el 27 de mayo
de 1901. De familia radicalmente andaluza, Garfias
fue a nacer en la gloriosa ciudad castellana, ya que
aquí vivían temporalmente sus padres, debido a
que don Antonio había conseguido un trabajo al
ganar el arrendamiento del impuesto de Consumos en el Ayuntamiento de la ciudad castellana.
Parece cierto que la familia Garfias había re-

[ 7]

�el origen, /,a fuente, y se desnudan?
Las palabras desnudas amanecen.
¿Por qué no hab/,amos nunca, solos, /,argo... ?

Perdro Garfias por Luis Chessal

•

l

1¡

gresado a Andalucía en 1903 y q~e ~e establ~ció
en Osuna, bella ciudad de la provmoa de Sevilla.
En 1909, en Sevilla, en el domicilio de sus padres,
falleció el 14 de junio doña Dolores, madre de
Pedro, cuando el futuro poeta contaba con ocho
años de edad.
Medio siglo después -poco más o menos- Pedro, en un sueño, vio a su madre. El poeta nos lo
cuenta:

me vistieron de luz hasta los pies.
Me fui quedando dormido
y comprendí que ya, nunca
más, tendría miedo.
Que podía dormir tranquilo.

Pedro Garfias, hombre de exquisita ternura, si
los hubo, trató poco a su padre. Recuerdo su afán,
ya avanzada su vida, por componer unos sonetos a
su padre. No escribió los que hubiera deseado, pero
nos dio el gusto de oírle algunos, quizás cuatro.

SUEÑO

¿Por qué no hablamos nunca, largamente,
tú y yo, padre, cuando esto era posible,
como dos hombres, como dos amigos
o dos desconocidos que se encuentran

Anoche la volví a ver
después de cincuenta años.
Yo me debatía entre miedos,
me acongojaban las sombras,
se me salía el corazón
por la boca. Cuando la sentí llegar
me fui haciendo pequeñito,
se me alargaron los brazos,
ante mis ojos mojados
se descubrió un mundo mágico.
Di los dos primeros pasos,
uno solo, repetido:
Ma...Má.
Una palabra y un beso y una mano

en la jornada y echan un cigarro
y se sientan al borde de la vida
mirando pasar la tarde y el camino
y hab/,an, hablan y callan, pausas de humo,
miradas vagas, las palabras caen
o se quedan flotando en el silencio;
a veces dicen la verdad primera,

[ 8]

humana, desconocidas por los demás, y que él recoge con sus oj9s de acero pulimentado, de un
modo imprevisto, suyo propio.

Nadie, ni Pedro, pudo soportar la soledad entera, sin lágrimas siquiera.
Garfias hizo los estudios elementales y luego
los universitarios, estos últimos en el área de Leyes. Hay constancia de ellos primero en la Universidad de Sevilla y después, desde abril de 1918,
en la de Madrid. En la capital vivió en una pensión conocida por la familia, en la calle Humilladero No. 5, 4º. piso.
El joven Garfias, estudiante y poeta, se vio pronto rodeado de amigos y compañeros. Pedro atrajo
a su compañía y a la misma pensión a jóvenes como
él, igual que a hombres de letras como Eugenio
Montes y Rafael Sánchez Ventura. También se
hospedó allí, en alguna temporada, Luis Buñuel.
En 1919, Andalucía se vio sacudida por revueltas
obreras que pusieron en peligro la gobemabilidad
(así se dice ahora) de la nación española. ¿Ecos
de la revolución rusa?
En 1922, Garfias fundó la revista Horizonte, de
la que se publicaron pocos números. Con todo, la
revista pasó a ser, en la historia de estos periódicos literarios, uno de los más importantes del
momento y uno de los que han dejado indeleble
recuerdo.
A la importancia de las revistas, hay que juntar
la de las tertulias en los cafés. Las letras madrileñas trabajaban más en esos beneméritos establecimientos, que en la universidad. El café de Pedro
era el Colonial, al principio de la calle de Alcalá,
por la Puerta del Sol; el único que no cerraba de
noche. A la una de la madrugada era un bullicioso hervidero de poetas, escritores de toda laya,
escandalosos jovencitos alternando con sesudos
varones. Garfias, inteligente, erudito y sabio, causó estupor de todos.
Tomás Luque, del Ultra de Madrid, nos habla
del Garfias del «Colonial»:

Personaje importantísimo de esta época madrileña alrededor del ultra fue Jorge Luis Borges, el
gran argentino frecuentador de la tertulia del
maestro Rafael Cansinos Asséns y, por lo tanto, de
la de Pedro Garfias. Borges llegó a Madrid después de recorrer Europa en compañía de su hermana Norah, pintora y poeta. El gran Borges se
adhirió al Ultraísmo y fue en Argentina su más
ilustre representante.
El Manifiesto ultraísta es de 1919. No es demasiado extenso, pero no puedo transcribirlo porque resultaría un grave exceso junto a estas notas.
Según Pedro Garfias, se redactó en el Café «Colonial», pero siempre, según el mismo Garfias, el
impulso procedía directamente del grupo juvenil
de Sevilla.2

EL ENLUTADO

Las estrellas recogían sus velos azules
y sus trinos los pájaros.

Por la montaña
ruedan las horas como soles apagados.
El día
harmiga blanca
por la montaña abajo.

2

Pedro Garfias, que brotó en Cabra, es todavía un
niño[ ... ]. Pero su voz se ha fortalecido con la predicación de las nuevas poéticas. Es ya un viejo por su
erudición y su pasión estética moderna. Esta voz frenética, que se endureció en la soledad de los libros,
se alza a todo momento, doctoral y bella, cantando
las inmensas emociones que flotan en la realidad

[ 9]

Don Alfredo Gracia incluye dos párrafos del Manifiesto: Los que

suscriben, jóvenes que comienzan a realizar su obra [. .. ] necesitan
tkclarar su voluntad tk un arte nuevo que supla la última evolución
literaria: el novecentismo.
&amp;spetandc la obra realizada plJT las grandes figuras de este movimiento, se sienten con anhelo de rebasar la mela alcanzada por estos p,imogénitos [...] . Nuestro lnn.a será ultra, y en nuestro credo caiJrán todas las
tendencias sin distinción, con tal que expresen un anhelo nuevo. Más
lartk, estas tendencias sin distinción, lograrán su núcleo y su definición. P1JT el momento creemos suficiente lograr este gi,ro de rerwvaci6n y
anunciar /,a fundm:i6n tk una revista que llevará el título tk UUra, y en
la que s6lo lo nuevo hallará acogi,da [... ] .
Colaboradores de esta revista fueron, entre otros, Rafael Alberti, Dámaso Alonso,José Bergamín, Luis Buñuel,Juan Chabás,
Eugenio D'Ors, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Pedro
Garfias, Ramón Gómez de la Serna,Juan Ramónjiménez, Antonio Machado, Antonio Marichala1; Eugenio Montes,J osé Moreno Villa,José Rivas Panedas, Guillermo de Torre ...

�Si es que te asustan la noche y las sombras
yo iré a tu encuentro.
Hay o mañana vendrás a buscarme
y me hallarás como siempre en mi puesto.
No podrás alterarme los pulsos
ni quebrarás el compás de mi pecho.
Sé a lo que vine, por eso te busco;
sé a lo que vine, por eso te espero.
Bajo la guardia febril de mis ojos
mil corazones palpitan serenos.
Te venceré porque soy el más fuerte.
¡Tú eres la muerte!¡Yo say el pueblo! 4

Aleluya
Los pájaros han tejido
en mi ventana
su enredadera de trinos
Yo ya atrapé mi estrella
Cogidas de la mano las veinticuatro horas
bailan en torno de mi indiferencia.

SOL
El sol ha tendido su red
Micorazón Micorazón
es un pez rojo entre las mallas [... )3

Cierro este homenaje al poeta Pedro Garfias
leyendo un fragmento de sus versos de Río de aguas

amargas:
Poesías de la guerra española se publicó en México.
Juan Rejano le puso prólogo y sitúa la obra en julio
de 1941. El libro estaba ya escrito en 1938, ya que fue
precisamente en ese año cuando Garfias, con esos
poemas, ganó el Premio Nacional de Literatura.
Con las poesías de guerra, Pedro Garfias conquistó la popularidad que tan legítimamente había logrado. Nuestro amado poeta hizo la guerra
con versos y la ganó. Y pese a su pobre salud, estuvo en los frentes bélicos en calidad de comisario.
Vivió la contienda como soldado, como político y
como demócrata. Después de la tragedia revivió
sus versos de guerra, donde pudo recitarlos, preferentemente en México, con grande entereza
nunca igualada por quienes nos hemos atrevido a
repetirlos en situaciones como ésta.
Antes de leer alguno de los poemas de este libro inmortal, pido permiso y perdón, a la vez, a
Pedro Garfias y a ustedes:

Yo sé que ya mi voz se va perdiendo,
yo sé que mis ojos vuelan poco,
sé que de tanto ya sentirme loco
loco me estay volviendo.
Sé que mi amor se fue sin haber sido,
que mi vida se va porque así quiere,
y que mi anhel,o de vivir se muere
en pasmo wnvertido.5

Pedro Garfias, guionista de cine, cronista y crítico taurino, pero sobre todo poeta, gran poeta,
Monterrey te recuerda cuando, como dijera Rangel Frías, «[ ... ]has llegado por fin a puerto, para
que te ablande la ternura de nuestro suelo. Quedas cual dormido gorrión».

MILICIANO DE GUARDIA

Muerte que estás escondida en la noche,
no me das miedo.

5

4

Otros poemas de Garfias leídos por don Alfredo Gracia esa
noche e incluidos en el texto son: «Romance del amor ido»,
«Versos castellanos», «Recién muerto», «Epitafio a Antonio
Machado», «De río ... », los que fueron tomados de la O/Jra
completa, de Pedro Garfias, edición de 1989, la que incluye,
entre otros escritos, los libros Álbum gráfico, Primeros poemas,
El ala iul Sur, Acordes, Ritmos cóncavos, Romancillos y canciones,
Motivos..., Poesías /U /,a guerra española, Rí,o /U aguas amargas y

5

Primavera en Eaton Hastíngs.

[ 10]

Igualmente, fueron leídos en esa velada «Mi segunda compañía», «Capitán Ximeno» y «Guerra de independencia». También, del libro Primavera en Eaton Hastings, de su exilio inglés,
«Porque te siento lejos...», «Noche con estrellas» y «Yo te puedo poblar...». Y del libro De soledad y otros pesares, «Viejos y nuevos poemas». Don Alfredo Gracia, de similar manera, leyó
«Aquí está Pedro», oración fúnebre ante el féretro del poeta
por el maestro Raúl Rangel Frías, y el poema de Juan Rejano a
Garfias, quien es retratado como «De oscuro pájaro ganchudo la faz / reverso insólito de su alma luminosa... »
También leyó don Alfredo los poemas que inician con «Él
iba solo... » y «Como andaba a su manera[ ... ]», al mismo tiempo que el poema «AJesús».

llmbitos temáticos en
El ala del sur de Pedro Garfias
Juan Matas Caballero
EN ESTE RECIÉN ESTRENADO SIGLO Y MILENIO SE CUMPLE

el primer centenario del nacimiento de Pedro
Garfias (1901-1967). La efemérides debería ser
aprovechada, a mi juicio, para que todos los que
estamos interesados en la figura y en la obra literaria del malogrado poeta andaluz consigamos
conjurar, de una vez por todas, el más siniestro de
los castigos que, aún hoy, sigue padeciendo: el del
olvido que, «cuando sopla -como dijera Luis
Cemuda- mata». Si podemos alegramos de que
la trayectoria vital de Pedro Garfias ha sido felizmente reconstruida y estudiada, todavía tenemos
que lamentar que su obra poética -si bien ha sido
debidamente rescatada y ordenada- no ha sido
suficientemente analizada, ni, por consiguiente,
adecuadamente valorada; 1 de modo que no son
pocas las tareas pendie~tes que los garfistas aún
tenemos por delante. Por este motivo quiero celebrar el centenario de Pedro Garfias centrándome
en el estudio de un aspecto específico del que fuera su primer libro de poemas: el universo temático de El ala del sur (1926). Soy consciente de que,
en el breve espacio de que dispongo, dificilmente
se puede ir más allá de enunciar sucintamente las
claves temáticas de El ala del sur, por eso no pretendo estudiar todos los temas y motivos que configuran el poemario, sino que me limitaré a cifrar
al menos aquellos ámbitos temáticos que aparecen en El ala del sur y que, a mi juicio, terminaron

5
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Sin duda, el más pertinaz y sobresaliente asedio contra el olvido de nuestro poeta se debe a Francisco Moreno Gómez, quien
ha sabido encajar todas las piezas del puzzle que perfilan definitivamente tanto la vida (Pedro Garfias, poeta /U la vanguardia,
/U la guerra y del exilio, Córdoba, Diputación Provincial, 1996)
como la obra de Pedro Gartias (Poesías completas, Madrid, Editorial Alpuerto, 1996). (Las citas textuales que, a lo largo de
este trabajo, se hacen de la poesía de Pedro Garfias se toman
de esta edición, y se especifica entre paréntesis el número del
poema y la página correspondiente).

[ 11]

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�signando toda la posterior trayectoria poética de
Pedro Garfias: la naturaleza, el tiempo y la soledad.2
La naturaleza es uno de los temas que tiene más
relieve en El ala del sur y es también un motivo recurrente a lo largo de la posterior creación literaria de
Pedro Garfias. Se trata de una naturaleza que el poeta
convierte en símbolo de su experiencia vital y a la
que se vincula de forma afectiva proyectando sobre
ella los perfiles de su experiencia sentimental. El
paisaje natural que recrea Garfias en El ala del sur
no se puede limitar a un determinado lugar de la
geografia española, ni siquiera andaluza, porque tiene tintes, precisamente por esa precisión afectiva que
proyecta sobre los elementos naturales, de ser connotados universalmente. Ahora bien, no cabe duda
de que la naturaleza evocada y cantada por Garfias
en El ala del sur, como se deduce del propio título, es
principalmente andaluza. Nuestro poeta, siguiendo
la telúrica reacción de los escritores en el decurso
de toda la tradición literaria (desde Garcilaso como
poeta del Tajo, hasta Antonio Machado vinculado
al paisaje de Castilla o García Lorca a la Andalucía
del llanto), canta en su primer libro de poemas-y lo
seguirá haciendo a lo largo de su posterior creación
poética- el paisaje de Andalucía.
El deseo y la búsqueda de una nueva formulación poética para expresar los nuevos temas y
motivos que los vanguardistas en general, y los
ultraístas en particular,3 querían incorporar a la
2

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1

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3

Para obtener una visión más completa del universo temático de
El a/Q. del sur y, de forma más general, para un estudio exhaustivo de este primer libro de Pedro Garfias, remito a mi Memoria
de Licenciatura titulada «la obra poética de Pedro Garfias» (aún
inédita) , y que fue leída el 10 de enero de 1986 en la Facultad
de Filosofia y Leo-as de la Universidad de Córdoba.
Sobre el significado de la vanguardia, y más concretamente del
Ultraísmo, véase, entre otros, los siguientes estudios: J. Mª
Barrera López, El Ultraísmo de Sevilla, Sevilla, Alfar, 1987, 2 vols.;
R R Buckley yJ. Crispin, Los vanguardistas españoles (1925-1935),
Madrid, Alianza Editorial, 1973; A. P. De bicki, Estudios sobrepoesía española C()Tt/emporánea. La generación de 1924-1925, Madrid,
Gredos, 1981; A. Leo Geist, La poética de la generación del 27y las
revistas literarias: de la vanguardia al compromiso (1918-1936), Barcelona, Guadarrama, 1980; C. B. Mo rris, Una generación de poetas
españoles (1920-1936), Madrid, Gredos, 1988; D. Paniagua, Revistas culturales C()Tttemporáneas, II, El Ultraísmo en España, Madrid,
Ediciones Punta Europa, 1970; Manuel de la Peña, El ultraísmc
en España, Ávila, Editorial Castellana, 1925; G. Siebenmann, Los
estiws poéticos en España desde 1900, Madrid, Gredos, 1973; Guillermo de Torre, Ultraísmo, Existencialismc y Objetivismc en Literatura, Madrid, Guadarrama, 1968, Historia de las Literaturas de Vanguardia, II, Madrid, Guad arrama, 1974; Gloria Videla, El

Ultraísmo. Estudio sobre ws mooimientos poéticos de vanguardia en
España, Madrid, Gredos, 1963.

poesía, se tradujo en la recreación de los elementos de la naturaleza a través de imágenes deportivas e intrascendentes. Así, se observa que en «algunos poemas la fusión de paisaje y estado de ánimo evidencia un talante juguetón, una perspectiva infantil, de modo que la animación del contorno genera imágenes absurdas, ya sea por el carácter
de las asociaciones, ya sea por la materialización de
lo abstracto y por los efectos de sorpresa verbal e
imaginística».4 Un proceder que se proyecta prácticamente sobre todos los elementos de la naturaleza: el sol ( «Clavado en el monte el sol / faro de las
nubes náufragas», en «Claridad», 127, p.190) , el mar
(«La montaña y el mar sus dos lebreles / le saltaban
al paso», de «Caminante», 120, p. 187) o el árbol
(«caja de música», de «Primavera», 123, p. 189; «Y
los árboles prófugos / volaban encendidos como
globos», de «Amanecer», 125, p. 190).
Pero El ala del sures una obra que no sólo rindió tributo a la vanguardia ultraísta, sino que es
un libro de poemas mucho más maduro y, por lo
tanto, nos muestra una perspectiva poliédrica que,
difícilmente, puede quedar reducida a un único
punto de vista. En este sentido, también resulta
fácil comprobar cómo Pedro Garfias nos ofrece
otros tratamientos diversos cuando recrea esos
mismos elementos naturales en su primer poemario. Así, podemos hallar la evocación precisa de
una naturaleza que se refleja con una buena dosis
de objetividad descriptiva (como cuando nos
muestra al «Sol seco y fuerte como un vino», de
«Mansión», 95, p. 177), o que cobra una evidente
significación simbólica para el poeta cuando le
confiere características humanas: así vemos cómo
«el sol se despereza» («Adiós», 116, p. 185) , o el
viento y la lluvia quedan personificados y convertidos en amantes: «Bajo los cielos tronchados, /
sobre las sierras desnudas / mima la mano del viento / la melena de la lluvia. / Brillan los ojos del
viento / sátiro de barba aguda. 5 / La lluvia tiem-

bla y sonríe / virgen de frágil cintura», en «Romance de la lluvia», 270, p. 381). En el tratamiento de la
naturaleza, cantada metonímicamente gracias a la
evocación de cuatro elementos: el sol, el viento, el
árbol y el mar,6 se puede comprobar cómo el poeta
cambia de tono, que es más frío y con cierto aire de
provocativo humor en la sección de «Ritmos cóncavos», mientras que en «Romances y canciones» la
evocación que hace de esos mismos elementos es
mucho más afectiva, predominando la personificación en todos ellos. De este modo, se evidencia un
poeta que expresa un gran amor por la naturaleza,
especialmente por el paisaj e andaluz.7
El poeta también hace partícipe a la naturaleza del sentimien to amoroso, y no sólo cuando se
trata de contribuir a la relación de amor entre el
poeta y su amada, o para ponderar las cualidades
de la amante, sino también cuando son los propios elementos naturales los protagonistas de la
manifestación amorosa. Así, por una parte, el poeta, haciéndose eco de la clásica filosofía neoplatónica, hace partícipe a la naturaleza de la relación
amorosa con su amada, de forma que los elementos naturales se hacen eco del sentimiento amoroso del poeta, quien, de ese modo, objetiva y
universaliza su amor: «Cada paso nuestro, amiga,
rasga la carne tierna / de la mañana. Se la sien te
cruj ir y desgarrarse; aun / se desangraría, si no
llegase pronto la brisa, dulce/ como una mano, a
calmarla» («Amiga», 97, p. 178). El poeta encuentra en el sentimiento amoroso y e n la contemplación y vivencia de la naturaleza, que se hace partícipe de ese sentimiento, la máxima plenitud, por
lo que se produce entonces la deificación de esos
dos componentes imprescindibles que justifican
la existencia del poeta: la amada y la naturaleza,
de cuya relación nace la armonía para nuestro
poeta, una armonía cósmica de acuerdo con la
tradición neoplatónica.8 De ahí que nos encon6

4

5

Emilia de Zuleta, Cinco poetas españoles, Mad rid , Gredos, 1971,
p. 203.
Los roman ces de El ala del surque aparecen en la antología de
De soledad y otros pesares (1948) reflejan con frecuencia el influj o de la creación poética de García Lorca, como se aprecia
fácilmente en esta asociación metafórica del viento con un
«sátiro de barba aguda», pues el poeta granadino e n «Preciosa y el aire» (Primer Romancero Gitano, 1924-1927) también había llamado al vie nto «Sátiro de estrellas bajas / con sus lenguas relucientes» (F. García Lorca, Poesía, ed. M. García-Posada, Madrid, Akal, 1982, vol. 2, p. 144).

[ 12]

7

8

En Elaladelsurla presencia de la naturaleza no se limita a esos
cuatro elementos, sino que aparecen continuas alusiones al
mundo floral y animal que llegan a adquirir un claro valor
simbólico para el propio poeta. Véase el Capítulo V de mi La
o!Jra poética de Pedro Garjias, op. cit., pp. 347-425.
Así lo reconocen M. Resnick, «Prólogo» a P. Garfias, De soledad
y otros pesares, Madrid, Editorial Helios, 1971, p. 15 y A. Gracia
Vicente, «Pedro Garfias, pastor de soledades», en P. Garfias,
&amp;cién muerto y otros poemas, Mon terrey, Ediciones Sierra Madre, 1975, p. 52.
Con esta forma de contemplar y valorar el paisaje natural,
nuestro poeta adopta una actitud clasicista ante el tema, re-

tremos, con cierta frecuencia, algunos versos en
los que esos dos microuniversos son los protagonistas quintaesenciados del amor del poeta con
su amada y sus ecos en la naturaleza: «Sobre tu
falda/ el sol el viento y la mon taña» ( «Madrigal»,
119, p. 187). Y, por otra parte, el poeta expresa su
sentimien to por el mu ndo natural humanizando
e idealizando todos los elementos naturales que
llegan incluso a participar de la simbología y el
ambiente amoroso: como se puede ver en el ya aludido «Romance de la lluvia» o en este «Romance de
la aurora» (271, p. 382) : «La aurora de ojos despiertos / que todo lo van mirando / penetra el bosque
profundo/ como un corazón cerrado./ [...] / Sobre la morena piel / del bosque despabilado / brota un borbotón de espumas / cada roce de sus manos, / pone una flor de cristal / cada beso de sus
labios». En el poema titulado «Sol» (96, p. 178) también vemos cómo se expresa la unión del sol con la
tierra: «Del azul cuaj ado del alba, como un surtidor/ invertido, brota espon táneamente el sol. [... ]
Resbalando aquí, rebotando allá, viene a / caer
sobre la tierra tierna y la traspasa». Tal vez, esta
reiterada manifestación amorosa del mundo natural esté expresando el deseo de fusión del poeta
con la naturaleza, con la que ha llegado a alcanzar u na profunda comunicación espiritual y de la
que ha obtenido una visión trascenden te.9
Pero el exilio se tradujo en la ruptura del equilibrio que gozaba el poeta; la armonía cósmica que
se había hecho explícita en El ala del sur se ha roto
para siempre y no volverá jamás, pues nunca más
se podrá dar ese triángulo amoroso entre el poeta, su amada y la naturaleza que fielmente se hacía eco d e la felicidad de los enamorados. El paisaje del sur había desaparecido físicamente de su
mirada y, aunque el tema de la naturaleza continuará desarrollándose a lo largo de toda su creación poética posterior, la evocación natural o pai-

9

cordándonos la espiritualización que nuestros poetas áureos
proyectaron en la naturaleza; véase, por ejemplo, MargotArce,
Garcilaso de la Vega, Madrid, Hernando, 1930, pp. 103-113 y B.
Isaza Calderón, El retomo a la naturaleza, Madrid, Industrias
Gráficas España, 1966, pp. 118-121.
En este sentido, había afinnado E. Orozco que «incluso como
una reacción innata y primitiva se da en el hombre lo que se
ha llamado un sentimiento de continuidad vital, de sentirse
unido o fundido a la vida de la Naturaleza, de percibir instintivamente los riunos de sus cíclicos periodos vitales», Paisaje y
sentimiento de la naturaleza en la poesía española, Madrid, Ediciones del Centro, 1974, p. 20.

[ 13]

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11

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1

sajista de su tierra se hará, a partir del exilio, desde un sentimiento de profunda nostalgia. Ya no
habrá espejo natural que refleje la relación amorosa del poeta con su amada, ni habrá posibilidad
de cantar in praesentia los nítidos y luminosos perfiles del paisaje del sur; los años de la ilusión y de
la felicidad, de la armonía universal han desaparecido para siempre. Ya sólo cabrá la posibilidad
de recuperar el paraíso perdido 10 desde la imaginación, el sueño o la propia literatura, que son los
únicos instrumentos que le permitirán al poeta
reencontrarse con su amado paisaje andaluz. 11
El tema del paso del tiempo adquiere una diversa tonalidad en El ala del sur, pues el poeta nos
ofrece una variada perspectiva sobre este universal y recurrente tema que oscila entre una visión
juguetona e intrascendente y una imagen de trascendente gravedad que anuncia el énfasis tremendista y obsesivo que adquirirá paulatinamente en
los posteriores libros de Garfias.
El deseo de renovación temática que anhelaban los ultraístas puede considerarse, quizás, como
la principal causa que motivó la visión lúdica que,
en un primer momento, proyectó Pedro Garfias
sobre el tema del tiempo, un tratamiento que le
permitió alejarse de los márgenes convencionales
de la tradición literaria. 12 La perspectiva jovial y
desenfadada que Garfias proporciona al tema del
tiempo halla su resorte en el tono deportivo de
las imágenes en las que circunscribe el devenir
temporal. El poeta, que se muestra más preocupa10

11

12

Sobre este tema del paraíso perdido puede verse el trabajo de
José Manuel Trabado Cabado, ,'.Jardines de dicha y paraísos
clausurados. La evolución del mito edénico en la poesía de
Pablo García Baena», Mitos. Actas del VII Congreso Internacional
de la Asociación Española de Semiótica, ed. Túa Blesa, Zaragoza,
Anexos de Tropelías, 1998, vol. III, pp. 734-742.
Así ocurre, por ejemplo, en su primer libro del exilio, Primaveraen Eaton Hastings, en donde se evoca el mundo natural de su
anhelado paisaje andaluz, un paisaje que, sin embargo, y a
pesar de la distancia, siempre estará presente a lo largo de
toda su creación poética. Véase mi trabajo «Teoría y práctica
del exilio: Primavera enEaton Hastings, de Pedro Garfias», Cuadernos para Investigación de la Literatura Hispánica, 14 (1991),
pp. 155-172.
Como había dicho J. García Gallego: «un deseo lúdico domina el entorno cotidiano del poeta (siendo dificil encontrar un
poema sin algún rasgo de este tipo), le conduce hacia una
visión insólita, pura imagen del tiempo dentro de ese mundo
casi cinematográfico creado por el poema [ ... ]. Jovialidad e
intrascendencia de la que ni siquiera la seriedad de ese tópico
'transcurrir del tiempo' pudo escapar», «Pedro Garfias y el
ultraísmo», Litura~ 115-116-117 (1982), p. 115.

do por obtener recursos poéticos del tratamiento
del tiempo que por la reflexión filosófica o íntima
sobre su paso, plasma literariamente el transcurrir
temporal de forma plástica asociándolo a efectos
sensoriales, como el sonido ( «Cantan en la tarde clara / las horas al arribar. / Las horas que naufragaron / en la noche cantarán» en «Motivos del mar»,
142, p. 200; «entre mis manos canta / el cascabel de
la hora fugitiva» en «Acordes», 105, p. 182), el sabor
( «Como una flor nueva / se abre la mañana / [... ] /
y exprimen las horas / zumos de naranja» en «Canción», 134, p. 196) , el color, que especifica el paso
del día a la noche (así, el amanecer: «Florecerán los
días / como huellas rosadas» en «Romancillo de la
despedida», 132, p. 194; la tarde: «Muestra desnuda su carne, / color de llama, la tarde» en «Motivos
del campo», 150, p. 203; y la noche: «Que va el viento tembloroso / de la negra noche huyendo» en
«Romance del viento», 269, p. 381), etc. O hace explícita su concepción lúdica del paso del tiempo,
en tanto que poeta ultraísta, cuando asocia la evolución de las horas con la imagen de los aros o las
ruedas: «Y los niños / ruedan las horas/ como aros»
(«Primavera», 123, p. 189), «Las horas/ soles apagados/ ruedan / por el azul/ al mar» ( «Tormenta», 122, p. 188), «Hacen su rueda lenta las horas»
(«Motivos de la ciudad», 148, p. 202). En estos ejemplos se observa, sin embargo, cómo el poeta asocia
el tiempo con una imagen circular, con lo que se
podría pensar que, tal vez, debajo de estas imágenes
aparentemente intrascendentes, se halle una alusión
a la idea nietzscheana del eterno retomo, que tuvo
tanta importancia en la poesía de su maestro Antonio Machado.
En El ala del surse observa también cómo el poeta nos ofrece su meditación sobre el pasado histórico, que será una constante a lo largo de su posterior
obra poética. Si bien todavía no se observa una reposada reflexión sobre el pasado y el presente del
pueblo español a la manera de Antonio Machado,
sí se aprecia la evocación del pasado legendario concretado en los «Tres poemas de Toledo» 13 : «Plaza
de Zocodover / ágil como una paloma / sobre la
13

[ 14]

Eran conocidas las excursiones que la orden de los caballeros de Toledo-entre los que se encontraba Garfias- realizaban desde Madrid a la ciudad imperial, como relata sumentor, Luis Buñuel, en Mi últimc suspiro, Barcelona, Plaza yJanés,
19833, pp. 59 ss. Tal vez esas expediciones fueran el origen,
más allá de la diversión, de la evocación y meditación temporal que reflejan estos «Tres poemas de Toledo»._,

enconada piedra / de Toledo, vieja copa / desbordante / de negro zumo de horas» ( «Zocodover», 136, p. 197); «Santo Domingo el Real.../
La noche aúlla al pasado / como un can» ( «Santo
Domingo el Real», 138, p. 198).
El transcurso del tiempo en la poesía de Garfias
no se reduce tan sólo a la pirotecnia metafórica
que refleja una concepción juguetona, hueca y
ajena, sino que el poeta también nos ofrece una
perspectiva más íntima y sincera del fluir temporal -como cuando asocia el ritmo del tiempo con
el de su corazón: «Mi corazón y el/ tiempo justos,
acompasados» ( «Evocación», 102, p. 180)- , que,
sin que se advierta aún ninguna nota de dramatismo; se tiñe de un cierto matiz melancólico: «y en
la mañana tierna cada hora que pasa / me deja su
rama de olivo» («Acordes», 111, p. 183). Así se
empieza a ver, ya en El ala del sur, cómo el poeta
rinde su personal e íntimo tributo a un tópico de
largo recorrido literario como el del tempus fugü,
que, sin embargo, no está exento de un tono de
sincera lamentación por la pérdida del tiempo:
«Mis manos / mis manos fatigadas / de hurgar en
la maraña de los días/ entre mis manos canta/ el
cascabel de la hora fugitiva» ( «Acordes», 105, p.
182). En este mismo sentido, también es posible
hallar algunos versos que delatan una verdadera
preocupación por el paso del tiempo, cuyo avance destructivo y veloz se siente como una auténtica premonición: «Tiene el tiempo en mis oídos /
retumbos de tempestades» ( «Romance de la soledad», 272, p. 383): la aliteración de sonidos nasales
junto a la de las bilabiales oclusivas sirven precisamente para subrayar el sentimiento trágico que se
proyecta sobre el tema del tiempo.
En esta línea más reflexiva aparece la asociación

del paso del tiempo con la idea del agua, más concretamente con el agua corriente, con lo que nuestro poeta se introduce en el profundo cauce de la
tradición literaria que había identificado el decurso
vital con el río: «Es viejo el árbol. Impasible ha visto / pasar del tiempo la corriente lenta, / lenta y
callada[ ... ]» ( «El árbol sonríe», 154, p. 205). Larga y
prolija sería la enumeración de los afluentes filosóficos y literarios que desembocan en esta rica imagen del tiempo-río, cuyo eco se oye en todas las épocas, aunque, tal vez, las resonancias simbólicas más
cercanas a nuestro poeta se cifren en los versos de
Jorge Manrique y Antonio Machado.14 Nuestro poeta comienza a reflejar su preocupación de que, al
igual que el·agua-como había sentenciado Heráclito- no pasa dos veces por el mismo río, el tiempo
pasado no vuelve jamás, por lo que nuestro peregrinar hacia la muerte resulta inexorable y, por lo tanto, se debe aceptar estoicamente. Si el río era el símbolo del paso del tiempo, es decir, de la vida, el mar
será la desembocadura de ese río, o sea, el símbolo
de la muerte, con lo que Garfias continúa con los
ecos manriqueños y machadianos cuando formula
su deseo de morir en el mar15 : «Abrevadero del mar
/ donde he bebido esta sed / esta sed de eterni14

La imagen del río como símbolo de la vida que había popu-

larizado y literaturizadoJorge Manrique tiene, al fin y al cabo,
un claro origen bíblico (Ec, I, 7), aunque su sentido no sea el
mismo; véase]. Manrique, Poesía, ed. V. Beltrán, Barcelona,
Crítica, 1993, p. 150. P. Cerezo Galán señala el río como uno
de los símbolos de la temporalidad en Antonio Machado, en
su obra Palabra en el tiempo. Poesía y filosofia Antonio Machar.lo, Madrid, Credos, 1975, p. 79.
Véase J. Manrique, Poesía, ed. cit., p. 150. P. Cerezo Galán interpreta el símbolo del mar como la muerte en la poesía de
Antonio Machado y señala el precedente de Jorge Manrique;
Palabra en el tiempo, op. cit., p. 99.

en

15

[ 15]

�1

1

dad./ Cantan en la tarde clara/ las horas al arribar. / Las horas que naufragaron / en la noche
cantarán. / Quiero morirme en el mar/ cara a la
cara de Dios,/ de frente a la eternidad» (142, p.
200). Pero el mar no es para Garfias sólo simbolo
de la muerte, sino también de la eternidad, con lo
que la resignación estoica de aceptar la muerte
puede hallar la recompensa de obtener la eternidad y de salir victorioso de su lucha contra el tiempo al seguir formando parte del mundo natural.
Como se ha podido comprobar, el tema del
tiempo ha sido tratado de forma constante y con
diversidad tonal en El ala del sur, pues el poeta nos
ha ofrecido desde una visión lúdica e intrascendente del fluir temporal en la que destacaba su
imagen plástica y sensorial, hasta una reflexión
sincera y profunda sobre el poder destructivo del
paso del tiempo, cuyos efectos comienzan a ser
sentidos como una obsesión dramática. En este
primer libro de Garfias se hallan, por lo tanto, las
claves de su posterior tratamiento del tema, que
seguirá las pautas de una reflexión trascendente y
reflejará la huella de su trágica experiencia vital.
También se verá como una idea recurrente en su
poesía del destierro el deseo del poeta por situarse al margen de los límites del espacio y del tiempo, con lo que de esa forma se hará realidad poética su amarga experiencia de estar viviendo ausente de su patria y, si el poeta se siente viviendo
entre paréntesis, por qué no asumir también su
falsa vida como una verdadera muerte en la que
no hay ni tiempo ni espacio: «La tierra dando vueltas va alejándose / con la soga del tiempo a la cintura. / Fuera del tiempo y el espacio estoy / con
mi vida enlazada por sus puntas». (Canto XIII de
Primavera). También quiero destacar cómo el poeta, una vez que acepta definitivamente la imposibilidad de regresar a su patria perdida, enfatiza el
tratamiento de lo temporal desde una perspectiva
estoica, es decir, asumiendo la fatalidad de que el
tiempo se acaba y que hay que aceptar resignadamente la muerte. Si en los ecos ultraístas que bullían en algunos poemas de El ala del sur se oían
los cascabeles de las horas, es decir, el tiempo se
recreaba a través de las imágenes plásticas y sensoriales, sobre todo acústicas, en los postreros poemas de Garfias, más en concreto en Rio de aguas
amargas, el tiempo, como la vida que se acaba, pasa
en silencio, como la muerte que, para los estoicos, se acercaba siempre calladamente: «Y ahora

estoy sentado, viendo pasar las horas / mudas y
los días de ojos como de yeso» ( «Se fue la luz») .16
El tema de la soledad es, sin duda, el que más
caracteriza la poesía de Pedro Garfias, ya que aparece en toda su creación literaria y se convierte
en un auténtico emblema no sólo de su poesía
sino también de su dimensión humana. 17 La soledad se muestra en El ala del sur como una hoja
con su haz y envés: por un lado, el poeta nos presenta la soledad deseada y buscada y, por el otro,
la soledad se alza como un muro que lo aísla de
todo cuanto le rodea. La búsqueda de paz y tranquilidad que el poeta necesita tiene que venir
acompañada del contacto en soledad del hombre
con la naturaleza; una soledad que también se
hace necesaria para disfrutar de la grata contemplación de la ciudad que los poetas ultraístas -y
vanguardistas, en general- convirtieron en uno
de sus temas predilectos, como hizo Garfias en su
poema titulado «Soledad»: «Bullía en su copa la
noche, burbujeada de luce-/ros. Lentos gritos
perdidos la recorrían, palpando/aquí y allá las
sombras, hasta hallar una, profunda/y tierna,
donde cobijarse. Sabiamente, el viento/pulsaba
las calles, tensas y vivas. A lo lejos, sobre/ el horizonte, glogloteaba el día, como un agua/presa.»
(101, p. 180). De la experiencia de gozar la anhelada soledad han surgido los poemas de tono bucólico, casi pastoril -diría-, que Garfias compuso, y que cinceló en el que es, sin duda, uno de los
mejores libros de la poesía española contemporánea: Primavera en Eaton Hastings.18
Pero,junto a esa soledad querida para encontrar

16

17

18

[ 16]

El eco manriqueño es constante en la obra de Pedro Garfias,
como se aprecia en esta huella de los conocidos versos «cómo se
pasa la vida / cómo se viene la muerte / tan callando», ed. cit.,
pp. 147-148. V. Beltrán anota, a pie de página, que se trata de un
eco ovidiano, ya que la idea de que la muerte se acerca progresivamente o de que la edad pasa ligera y en silencio, ha sido recreada frecuentemente por el poeta latino, como se ve en sus
Metamorfosis,X: «Labilllr occulte, fallitquevolatilis aetas, / et nihil
est annis velocius». El pensamiento estoico ha desarrollado también esta idea del paso rápido y silencioso del tiempo, o del callado acercamiento de la muerte, de ahí también la necesidad
de aprender a morir, como recomienda Séneca (por ejemplo,
en su Epistula XXIV¡. La poesía española se ha hecho eco de esta
consciencia ante el paso del tiempo y la muerte; véase Mª R
Fernández Alonso, Una visión de la muerte en la lfrica española. La
muertecomo,amada, Madrid, Credos, 1969.
Sobre este tema puede verse K Vossler, La poesía de la soledad
en España, Buenos Aires, Editorial Losada, 1946.
Esa recreación bucólica de la soledad puede verse, por ejem-

el ambiente propicio en el que sentirse tranquilo y
conversar consigo mismo, en los poemas de El ala
del sur se hallan algunos versos que expresan la tristeza y desolación que afectan al poeta: «Ni una hoguera en la noche / para mis pobres sueños ateridos / Mi corazón iba de pecho en pecho / Pájaro
perdido» («Acordes», 106, p. 182); «tú que en tu
frente trémula / llevaste una montaña / de sombras y de penas» ( «Romancillo de la primavera», 131,
p. 193). Esta realidad interna del poeta es la que lo
lleva a proyectar su pesadumbre y sentimiento de
soledad a todo cuanto le rodea, exteriorizando así
su sentimiento de soledad: «A mi alrededor, extendida por todo el mundo, / una gran soledad»
(«Evocación», 102, p.180). 19 Y será en su «Romance de la soledad»20 donde se manifieste más claramente su temprana obsesión por este tema literario y realidad vital del poeta, que adquiere un tono
dramático en su meditación a la caída del sol, o al
expresar su lamento por el paso del tiempo o, incluso, su anhelo de unión con la naturaleza: «Aquí estoy sobre mis montes / pastor de mis soledades. /
Los ojos fieros clavados/ como arpones en el aire. /
La cayada de mi verso/ apuntalando la tarde. [... ]
/ Tiene el tiempo en mis oídos / retumbos de
tempestades. [... ] / Vibra mi sien al zumbido /
de los vientos y los mares. / Y aquí estoy sobre mis
montes/ pastor de mis soledades.» (272, p. 383).
Si el tremendismo y la fuerza que adquiere la
intensa autoproclamación del poeta como pastor
de sus soledades proporcionan al tema literario
de la soledad una evidente dimensión humana y
vital ya en El ala del sur, cuando el tema se terminará convirtiendo en una verdadera obsesión será
a raíz de su exilio, pues la soledad sólo se mostrará desde la única perspectiva de su envés como
una circunstancia que le viene impuesta por la
derrota y la frustración que representa la imposi-

19

plo, en el Canto m de Primavera en&amp;t&lt;m Hastings, ed. cit., p. 334.
Sobre este poema bucólico de Pedro Garfias, véase mi trabajo,
ya citado,«Teoría y práctica del exilio... ».
Sobre la idea de la soledad y la melancolía, en El ala del sur,
como rasgo modernista, véase mi trabajo «Algunos rasgos
modernistas y antimodemistas en El ala del sun,, en Actas del

Congreso internacional sobre el Modernismo espaiiol e hispanoamericano y sus raíces andaluzas y cordobesas, ed. Guillermo Carne20

ro, Córdoba, Diputación Provincial, 1987, pp. 431-436.
Sobre este poema había escrito A. Gracia Vicente que «es un
presagio de sus propias soledades, la práctica aceptación de
un hombre que, orgullosamente se dispone al desamor de sus
semejantes», Pedro Garfias, pastor de soledades, ob. cit., p. 55.

[ J.7]

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1
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r

1

bilidad de regresar a su patria y verse, como cuando está en Eaton Hastings, «Solo en medio de un
pueblo que forja su destino / y rueda sus azares
con temple calculado; / que trabaja y que juega y
el domingo descansa / [ ... ] / que cuida con ternura franciscana sus flores, / sus aves y sus peces y
esclaviza a la India / solo en medio de un pueblo
que duerme en esta noche / yo he de gritar mi
llanto» (248, pp. 341-42).
Tanto la realidad externa como la desilusión y
el desengaño fueron haciendo de la soledad la
palabra clave de su obra poética y de su vida. Por
ello, A. Gracia Vicente había afirmado que «Pedro Garfias, a lo largo de su vida dura labró el monumento de su soledad». 21 En El ala delsurse presagiaba que este sentimiento sería uno de los ejes
principales, si no el más importante, en torno al
cual se configuraría toda la poesía de Garfias,
como se demuestra en los versos postreros de su
Rio de aguas amargas (1953) en el que se observa
cómo el yo desesperanzado, que ha acumulado
todas las derrotas, se convierte en el trágico protagonista de su obra. La imagen del poeta tabernario
-como lo llamara Max Aub-22 ha quedado en la
retina de todos los que lo conocieron, y el poeta
convirtió su poesía en un don de la ebriedad: «Él iba
solo / tambaleándose. / Borracho de amor, / borracho de hambre, / borracho de alcohol, / quién
sabe. / Él iba solo/ tambaleándose» (338, p. 456).
A modo de conclusión, puedo decir que en este
primer libro de poemas de Pedro Garfias, El ala

del sur, se dan cita, como si de una premonición se
tratara, aquellos temas que fueron para el poeta
un placer y una obsesión que sobrepasaron el espacio de la página en blanco, pues ni la querencia
por el paisaje del sur, ni la preocupación por el
paso del tiempo, ni la soledad, fueron para Garfias
una mera recreación literaria o filosófica, sino que
se convirtieron en el leitmotiv de su propia existencia, hasta el punto de convertir en un único plano
la doble vertiente del poeta: la de la vida y la de la
literatura. Lo sorprendente ha sido verlos reunidos precisamente en El ala del sur, su primer libro
de poemas, y volverlos a encontrar a lo largo de
toda su creación poética posterior, como un fiel
retrato de toda su trayectoria vital. La presencia
del tema de la soledad, del tiempo, de la naturaleza en El ala del sur proporcionan a este primer libro de Garfias un tono de gran calado y profundidad ideológica que se agudizará en los poemarios
posteriores, gracias a sus ecos y resonancias. Esta
evidencia debería haber sido suficiente para haber impedido que algunos críticos afirmaran que
en El ala del sur prevalece por encima de todo un
tono juvenil y despreocupado, propio del ambiente vanguardista en el que se inspiró. Los juicios y
valoraciones de este calado se han quedado, evidentemente, sólo en lo más superficial del proceso de elaboración de El ala del sur y no han sabido
captar la trascendencia ni el dramatismo que estos temas adquieren en este primer libro de poemas de Pedro Garfias.

1

21

22

A Gracia Vicente, Pedro Garfias, pastor de soledades, art. cit., p. 58.
Max.Aub, «Pedro Garfias», Ínsula, 251 (1967), p. 3.

a postura internacional
ante la Guerra Civil Española
a través de la obra poética
de Pedro Garfias
Pablo Carriedo Castro
l. SON MUCHAS LAS PERSPECTIVAS TEÓRICAS QUE SE ADOPtan para abordar el estudio literario, científico, de
cualquier texto. Fundamentalmente quedan reducidas a dos: aquellas que potencian la inmanencia
de la creación artística atendiendo sólo a la dimensión estructural de la misma; y aquellas otras que
fundamentan su análisis en el cotejo de las características externas, la coyuntura histórica en la que
nacen las obras. Dentro de estas últimas la potenciación del factor socio-económico ha sido una
característica básica de las corrientes marxistas. En
el caso que nos ocupa, la literatura de la Guerra
Española, la contextualización general se hace mucho más necesaria, y la valoración de los aspectos
de producción y confrontación de clases fundamental, dado que, aunque siempre subyacen 1 ,
durante la guerra son abiertamente manifiestos, y
es este sustrato ideológico el que domina la creación general; también la de Pedro Garfias. Nuestro objetivo es establecer una correspondencia
entre los textos literarios del poeta con la repercusión política internacional; es decir, la proyección que el conflicto bélico de 1936 alcanzó en el
extranjero, y cuáles fueron las reacciones de las
diferentes potencias, así como las desarrolladas
1

[ 18]

«Tanto el arústa como el lector pertenecen, más o menos contradictoriamente, a clases sociales determinadas en cada momento específico de las relaciones de producción, y no pueden, por lo tanto, sino acercarse a la realidad desde su perspecúva de clase, con mayores o menores contradicciones».
Blanco Aguinaga, Rodríguez Puértolas y Zava.la (1978:33).

[ 19]

�11•

: jI'
I'

dentro del país acerca de este aspecto, realmente
primordial en el transcurso y posterior resolución
del conflicto. Serán principalmente tres, a grandes rasgos, los núcleos temáticos que aborde el
poeta andaluz en torno a este problema. El primero de ellos se centra en la ayuda efectiva que el
gobierno frentepopulista recibió del extranjero,
poca en términos generales, proveniente de la URSS,
la ayuda de los brigadistas internacionales y otros
(pocos) países como, por ejemplo, México, vinculado al poeta desde los difíciles días de la guerra, y
tierra en la que morirá al cabo de un interminable y
agónico exilio. La segunda se circunscribe al ámbito de las potencias europeas, simbolizadas principalmente en Francia e Inglaterra, cuya desidia política,
interesada, fue sentida dolorosamente en la España
leal como traición y abandono ante la amenaza común del fascismo. Y finalmente, el tercer núcleo
referente a la ayuda, también interesada, que el eje
prestó a la sublevación militar del 18 de Julio, peso
fundamentalmente militar que inclinó la balanza de
la victoria del lado de los golpistas y transmutó el
concepto de guerra civil en una nueva guerra de
independencia.
2. Es importante establecer las pautas generales en las que se mueve la producción poética del
periodo, a fin de entresacar las peculiaridades que
adquiere en las referencias al aspecto que ahora
abordamos. En general, la vuelta a una literatura
de corte tradicional se impone durante las primeras manifestaciones del llamado Romancero de la
guerra; la exaltación general cuaja en la elaboración de una poesía de metro corto, mayoritariamente octosilábico, con una temática mixtura de
lo popular y lo político, la reivindicación social
sobre el fundamento de una realidad entendida
como injusta, y el llamamiento a la colaboración:
-¿Por qué lloras campesino?[... }
¿No va en pan la recompensa
de este esfuerzo en que te afanas? [. ..J
Lucha, pues, y no te larnentes. 2

se encuentran también obreros, combatientes,
campesinos; muchos tomaban por primera vez
contacto con la cultura3 , pasando así una de las
páginas más singulares de la literatura española
del siglo XX. Junto a estas dos es de mencionar
también la inmediatez con que la mayor parte de
estas obras ven la luz; la reelaboración es prácticamente nula debido, claro, a las circunstancias externas que imponen el contenido sobre la reescritura formal. El inmovilismo que la crítica tradicional atribuye a estos textos es fácilmente revisable
bajo la lectura de los mismos. A esta primera etapa le sucede otra, tal vez 1937, en la que transcurrido un año de guerra, las cosas se ven diferentes; la poesía poblada de imaginería política y exaltación bélica ( «Te venceré porque soy el más fuerte/ ¡Tú eres la muerte! ¡Yo soy el pueblo!» dirá
Garfias4 ), va dando paso a otro tipo de aprehensión más humanizada por el contacto trágico con
la guerra, hasta desembocar en una poesía hondamente reflexiva de acentuado dramatismo, ya
al final de la contienda:
Un rumor aUá abajo
mucho más a lo hondo que mi sangre
ha empez.ado a morder el aire quieto [. ..J
Atrás siglos y siglos me empujan como olas.
Pero enfrente no hay nada: la muerte y nada más
que la muerte. Adelante!"

Las creaciones referentes a la intervención internacional hemos de enmarcarlas en la producción de Garfias sobre 1937. Ya ha dado tiempo a
conocer la importancia del factor exterior en la
ayuda militar y económica: los sublevados reciben
periódicamente refuerzos logísticos provenientes
de Alemania y principalmente de Italia, de atrás
más sensible a la situación española, en los puertos africanos que dominan, desde donde los envían a la península; aviones, armas, camiones, com-

3

Otra de las características básicas de la producción de guerra es la participación multiclasista en
la creación poética;junto a autores profesionales,

2

Poema anónimo. Citado en César de Vicente Hernando
(1994:379).

4
5

[ 20]

Durante la República la preocupación cultural fue un aspecto
de primer orden para los gobiernos, que promovieron todo
tipo de actividades (grupos de teatro, recitales, institutos para
obreros, creación masiva de escuelas... ) para acercarla al pueblo; ya en la guerra en muchos casos se acelerará este proceso
y la información a nivel general, sobre lo que sucedía en España y el extranjero era insólita, por lo generalizada, para el periodo, y en ella jugó un papel fundamental la poesía.
Poema «Miliciano de guardia». Moreno Gómez (1996:218).
Poema «Oda a España» Moreno Gómez (1996: 295-296).

bustible (comprado precisamente a EEUU, que
por entonces se mantenía, tras la Gran Guerra,
en una política aislacionista sólo rota por intereses comerciales) y dinero para costear todos los
gastos. Dirá Garfias en febrero de 1939:
Vuestras armas, vuestras voces
nos dicen : Italia, Italia,
y el eco del viento responde:
España, España, España.6

Efectivamente, el potencial republicano era
mucho más reducido que el de los golpistas. Según atestigua Avilés Farré7, las gestiones del gobierno eran inútiles. La coyuntura internacional
actuaba en contra de la República: sus aliados naturales Bélgica, Gran Bretaña y principalmente
Francia, por entonces con un socialista en el poder, Léon Blum, jugaban a la política con los dictadores del eje, intentando evitar un conflicto europeo con el sacrificio español; el Comité de No intervención se reúne por primera vez el 9 de septiembre, participan en él las potencias del eje, los
gobiernos de los países más significados de la Europa occidental, salvo Portugal y la URSS; el acuerdo es firmado y se toman medidas para su cumplimiento; sin embargo, sólo cinco días después, la
oficina de exteriores británica recibe noticias de
envíos de ayuda militar italiana a las plazas
norteafricanas, a las que pronto se les sumarán
aviones alemanes para efectuar un puente aéreo.
Los poetas e~añoles eran conscientes de ello;
nadie se engañaba:
El ritmo teutónico está en marcha
Un, dos.. .
Un, dos.. .
La pequeña «guerra mundial» amenaza al mundo [. .. ]
¿Recordáis Abisinia?
Entonces comenzábamos a aprender geografia política.
Y economía: Etiopía ¡Petróleo! España ¡Hierro y pirita! 8

Gran Bretaña mantenía al gobierno de Blum en
una postura no intervencionista: en caso de apoyar a la Repúbica, si el conflicto se extendía a Francia, se las vería sola frente al ejército nazi. También la situación interna del país, bastante conflictiva con los sectores conservadores, mantuvo
al país galo en un acobardado'titubeo resuelto en
pequeños guiños como el tolerar el comercio armamentístico encubierto desde la embajada en
París, que no cubría sino una parte ínfima de la
demanda del frente. De esta manera, desde la propaganda republicana los mensajes al extranjero y
la concienciación del interior pasaron por el planteamiento de una nueva guerra de independencia, entroncando así con una de las tradiciones
históricas más sólidas conservadas por el pueblo español desde el siglo XVIII. Nace así también el tópico
de «la venta de España», uno de los más prolíficos en
los textos. Pedro Garfias envía un mensaje clarificador en su poema «A las democracias internacionales»: «¿España partida en dos? / ¡Eso no! / España
nuestra y muy nuestra». La poesía se convierte en un
arma informativa de primer orden. Esta información
se encuentra también estructurada con respecto a
quién sea su receptor directo. Esta disociación se
plasma en los huecos funcionales que adquirieron dos de las revistas más señeras del momento:
El mono azul y Hora de España; la primera de origen marcadamente popular9 , y la segunda más
elitista, cuya labor principal consistió, precisamente, en la información al extranjero. Igualmente
sucede en la obra poética específica de Garfias;
en su poema «Guerra de independencia», publicado en su primer libro del periodo, la referencia
a la intervención extranjera no pasa de una mera
mención enmarcada en un llamamiento general
a la lucha y a remarcar el carácter no civil, es decir, no fratricida, sino de lucha ideológica que
conlleva la guerra:
Italianos y alemanes
se disputan nuestra -presa
se reparten nuestra carne
con zarpazos de pantera[...]
Que ya la guerra civil

De cara a los intereses de las potencias occidentales era importante enfatizar el valor civil de
la guerra, a fin de poder justificar su neutralidad.
6

7

Moreno Gómez (1996:319).
Payne y Tussell (1996:273 y ss.).
Poema firmado por un poeta desconocido llamado Iconoclasta. Vicente Hernando (1994:282).

9

Aunque participan todo tipo de autores, tanto desconocidos
como profesionales.

[ 21]

�es guerra de independencia. [...]
Español,es:
Que nos quitan nuestra tierra10 •

A medida que avanza la guerra va tomando forma poética la soledad internacional de España
frente al enemigo. La vacilación de las democracias («Bélgica, Inglaterra, Francia, / estudiad sobre los mapas, / estudiad» 11 ) se materializa en una
crítica feroz contra el gobierno británico representado en Mr. Chamberlain, su primer ministro,
el país menos afortunado en la crítica del poeta, y
un desencanto casi despreciativo contra el país
galo:
Derrama París su llanto
demagógi,co.
Londres arropa en su niebla
los deslumbres de su oro.
Madrid espera y espera
sobre un pedestal de escombros 12

1
1•

1

«La niebla» va a ser en la crítica de Gafias a
Gran Bretaña un tópico referencial del carácter
anglosajón, que, confrontado con el sol español y
la luminosidad de su espacio, es interpretable fácilmente como un retrato de actitudes frente a la
guerra contra los fascistas. Este uso simbólico y
opositivo luminosidad-oscuridad, calor-frío, valentía-cobardía... conforma un campo semántico de
uso generalizado y elementos profusos en general en el Romancero, donde el enemigo y el desentendido van a ser siempre los portadores del valor
negativo de dicha confrontación. El poema que
dedica a Agnes Dormay, miliciana francesa muerta en la defensa de Madrid, ilustra este aspecto:

vino de la dulce Francia...

Quedó en Madrid para siempre.
Tierra de Madrid la guarda [. ..]
Vino de la Francia amarga. 13

11

12
13

Moreno Gómez
Moreno Gómez
Moreno Gómez
Moreno Gómez

Cuando hayáis descansado, míster, de vuestros vuelos
[. .. ] y saboreado
las mie/,es derretidas de los vítores
yo, poeta español tengo a honor invitaros
a visitar España.
Esta España que ayer organizaba

14

Solidaridad ardiendo
en sus pupilas quemadas
y en sus labios decididos

10

Mucho más críticamente es tratado el premier
inglés, al cual Garfias apoda sarcásticamente «Príncipe de la Paz»; los esfuerzos de su gobierno por
mantener fuera del conflicto a su país, la presión
a la que somete a otros gobiernos, dentro del tablero de ajedrez de la Europa del periodo14 , es
vista, con razón, por el poeta como algo irónicamente trágico. La sátira contra los viajes del ministro, siempre de aquí para allá, buscando una
solución falaz a la guerra bajo su neutralidad, alcanza a ser una crítica, en un sentido más amplio,
de la política hipócrita que con respecto a España
se estaba llevando a cabo. En dos poemas se convierte el «Príncipe» en protagonista: «Hablo con
Ud. Míster Chamberlain» y «Soneto a Mr. Chamberlain». En el primero de los dos entra en juego
uno de los mecanismos más utilizados desde el
bloque intelectual que apoyaba el gobierno nacido en 1936: el hecho de mostrar lo que sucede en
España, la tragedia de la guerra, dar a conocer en
un sentido lo más informativo posible qué era la
guerra de España; en este caso Garfias contrapone la tranquilidad del espacio británico, simbolizado en sus niños, con el drama que viven los vástagos españoles: hambre, muerte, destrucción, que
no preocupa a sus negociaciones; estructura narrativa con tonos de increpación y un lenguaje totalmente dialógico:

(1996:226-227).
(1996:275).
(1996:288).
(1996:290-291).

[ 22]

El conflicto en España no dejaba de ser un elemento más de
la política internacional, donde las naciones lo utilizaban a
conveniencia: tanto el eje, como las democracias, como la
misma URSS. Los conservadores británicos tampoco deseaban aliarse con los soviéticos en la ayuda a la República de
cara a mantener la posibilidad de la paz con los gobiernos
italiano y sobre todo alemán. De igual forma Stalin veía que
un vuelco militar a favor del Frente Popular, además de suponer un enfrentamiento directo con Berlín y Roma, avivaría el anticomunismo en las democracias occidentales neutrales, principalmente Gran Bretaña de gobierno conservador; sin embargo, su papel de dirigente internacional
antifascista impedía su desinhibición absoluta con respecto
a la Internacional Comunista, que apoyó desde el principio
la República, bajo la perspectiva ideológica y no desde lapolítica por naciones.

su vida oscuramente
en un sil.encía humilde y laborioso,
bajo un sol complaciente, halago de turistas. [. .. ]
Y no hay paz en el mundo, Príncipe de la paz,
¡porque hay guerra enEspaña! 15

El segundo de los poemas supone un punto de
inflexión que se sale, por su originalidad de tema
y tratamiento, de la normalidad del Romancero de
la guerra. El soneto es de clara factura barroca, de
ecos gongorinos muy acentuados, donde el uso
de la mitología, la ruptura sintáctica en giros
ciceronianos y construcciones estetizantes, halla
su contrapunto formal en el último terceto donde Garfias recupera el tono acostumbrado de sus
construcciones de guerra, con una llamada de
atención sobre la figura del premier «infatigable,
venerable Ulises». Esta obra se enmarca en el contexto de la Conferencia de Munich, celebrada en
septiembre de 1938. El presidente Negrín había
mantenido contactos con Léon Blum, solicitando
la intervención de columnas francesas en el frente de Cataluña y el Ebro. La situación política internacional hacía presagiar un adelanto de la guerra europea que habría favorecido al régimen republicano. El ministro inglés apovechó dicha conferencia para aunar propósitos de entendimiento
entre los bandos enfrentados en España, ahora que
su neutralidad (si Francia entraba en guerra), se
veía en peligro, bajo los auspicios de Berlín y Roma
en el bando golpista y de Londres y París en el
gubernamental. En España la noticia no fue bien
recibida por ningún contendiente; sin embargo,
en Europa se veía favorable. De nuevo, los titubeos políticos dejaron que Franco y su directorio
militar recibiera ayudas, y bloqueó internacionalmente la de los republicanos. La ironía despiadada
que Garfias vierte en su composición revela el sentimiento general de la España leal:
Oh infatigable, venerable Ulises
de Caribdis a Scyla navegando
no por el bronco mar, sino por el blando
aire que espumas con tus nieblas grises.
Abogado rapaz experto en flemas,
pródigo en reverencia y en sofismas,
ce/,estinesco zurcidor de cismas

15

[ 23]

Moreno Gómez (1996:275-276).

�e/,ocuente en silencios y en zakmas 16 ;
Prémier lnitano, tu insacable anhe/,o
de pobre pedigüeño peregrino
alniendo en surcos el vaivén del cie/,o
torna y retorna y busca su camino.
¡Hasta que te detenga el vuelo
una España aferrada a su destino!

«La comparación sobre la figura de un Ulises
acomodado, perseguidor de una paz que sólo a él
beneficia, llega a la ridiculización mediante el uso
de un léxico poblado, tendente hacia la aliteración fónica ( «celestinesco zurcidor de cismas») y
en cierta medida hermético, (herencia barroca),
que al contrastar con los dos últimos versos en
una ruptura abrupta del tono, desvela significativamente la búsqueda intencional de la caricatura. Efectivamente la intervención de Gran Bretaña deja de nuevo, y casi definitivamente a España
en manos de la poca ayuda que recibe de la
URSS17 y de México18 , la primera más pendiente
del estallido inevitable de la guerra mundial, y la
segunda cercenada por su escasa industria
armamentística. Fuera de la ayuda gubernamental siempre entumecida por la coyuntura y con el
doble rasero por herramienta (aún hoy), el auxilio más agradecido que recibió el frente republicano fueron las brigadas internacionales, de inspiración comunista, y articuladas desde los sindicatos y partidos marxistas del extranjero. El corpus de poemas a estos «héroes de la libertad» es
amplísimo: Prados, Alberti, Herrera Petere, Moreno Villa, Chacel, Azaña, Aleixandre ... y los autores populares desconocidos; Garfias les homenajeará en abril de 1937:
Qué grande es vuestra patria camaradas
de la Brigada Internacional. [. .. ]
Cuervos de tres países acechan en las nubes [. ..J
¡Todos a una contra ellos, todos
a defender España! 19
16
17

18

19

[ 24]

Sus intervenciones fueron decisivas en muchos
casos y su llegada, con las tropas fascistas a punto
de llegar a las puertas de Madrid, fundamental
para mantener la capital, punto esencial de la guerra. Llegado el final de la contienda los gobiernos
respectivos declaran la salida del país de todos
ellos. Su despedida se convierte también en un
acto de sentido agradecimiento ( «Estáis en mí,
conmigo, sois mi sangre» escribirá Emilio Prados).
Sin embargo, y llama la atención, Garfias no participa de este homenaje, sino que busca la unidad
de los españoles ahora solos, y la continuidad en
la lucha («Cada día va ahondándose, agrandándose / la soledad de España» 20 ) . La conciencia
explícita, informativa incluso, bajo el signo poético, es clara en su poema «Retirada de los internacionales»:
La memoria se fue de lo perdido
la memoria se fue de lo ganado[. ..}
Yo hablo a España invadida y lloro, y grito y rujo
y me abro el corazón con las dos manos [. ..J
ya no hay más que españoles...
Con nuestro corazón y nuestros brazos.21

20

21

Poema «Oda a España». Moreno Gómez (1996:295).
Moreno Gómez (1996:294).

El afán con que Garfias defendió el ideal republicano y su resolución en derrota explica la fuerte crisis que el poeta vivió desde el fin de la guerra: se agravó su alcoholismo y su desentendido
vivir sustentado por amigos y colegas; todo ello tiene un reflejo en su poesía angustiada y triste,
nostálgica de la tierra perdida y del ideal acabado.
En el exilio escribirá : «Volveré a sentir un día / lo
que aquel día sentí/ o he de morirme esperando /
otro 14 de Abril».

Bibliografia

Esta seguridad de soledad frente a la situación
internacional y la derrota cada vez más clara en el
aspecto militar llevan inexcusablemente a pensar
en el exilio, la huída del país. Garfias, enfermo en
Valencia, se duele de no poder participar en el
frente con su batallón y conmina a la lucha al pueblo de Valencia haciendo conciencia de su necesidad da hasta el último momento:
¡También yo estoy so/,o!
¿Pero a dónde quieres que vaya, a Inglaterra

a vivir para siempre entre nubes
y lluvias y nieblas,
o a Rusia lejana,
o a Francia tan cerca
que me clave el oído el rumor
del agua regando mi huerta?
Yo voy con /,os míos. [. ..}
¡A mí nadie me quita este cie/,o!
¡A mí no me quita ni Dios esta tierra! 22

Moreno Gómez, Francisco. Poesías completas. Alpuerto. Madrid,
1996.
- - . Pedro Gajias poeta de la vanguardia, de la guerra y del exilio.
Excma. Diputación de Córdoba. Córdoba, 1995.
Barrera López, José María. Pedro Garjias, poesía y soledad. Alfar.
Sevilla, 1991.
Payne, Staney y Tussell,Javier (directores). La guerra civil Temas
de hoy. Madrid, 1996.
Tuñón de Lara, Manuel (director). Histari.a de España Vol. 9. Crisis
del estado: Dictadura, República, Guerra (1923-1939). Labor. Barcelona, 1989.
Salaün, Serge. La poesía de la guerra de España. Castalia. Madrid,
1985.
Blanco Aguinaga, Rodríguez Puértolas y Zavala. Historia social de
la literatura española (en lengua casi,ellana), 2 Vol. Akal. Madrid,
2000.

22

Reverencias sumisas.
El barco llamado «Komsomol», hundido por la flota sublevada después de abastecer vía Canarias algunos puestos republicanos, fue cantado en el Rmnancero como una gesta propia de
un español leal: «Que hundidos en la tragedia / los marineros
murieron / de cara a la España libre / de cara a nuestro recuerdo».
«De Méjico y Rusia suben / los humos del alborozo». Poema
«Liberación de Pozoblanco». Moreno Gómez (1996:243) .
Moreno Gómez (1996:220).

[ 25]

Moreno Gómez (1996:285).

�• edro Garfias:
sus antecedentes masónicos
Antonio Adolfo Reguera García

Lo de ayer, ÚJ de hoy, ÚJ de mañana
!,o que nunca será...
Se me vuelan ÚJs pasos en bandada,
ni con la vista retenerÚJs puedo 4

Una afinidad masónica en este poeta puede
habernos sorprendido, en un primer momento,
dada su conocida filiación comunista. Sin embargo, en las perspectivas del franquismo, este emparejamiento no era extraño: Tribunal Especial para
la Represión de la masonería y el comunismo. Desde
estos tribunales se comienza a perseguir, en 1949,
a Pedro Garfia Zurita.
La falta de la «s» en el apellido paterno del
poeta pudiera deberse a un pequeño error andaluz. Una «s» final que no suena transforma a
Garfias en Garfia. Más adelante la «f» se convierte
en «c». Toda una serie de equivocaciones que a
quien suscribe le son muy familiares: cuando preguntaba por libros de este autor era normal que
anotaran «Pedro García». Pasado el tiempo, esta
cadena de errores convierte a nuestro personaje
en un desconocido: «Pedro García Zurita», del que
nada se sabe:
Han resultado infructuosas hasta hoy las gestiones practicadas por ws Del,egados de mi autoridad para la detención
de Pedro García Zurita.

LA VIDA BOHEMIA EN QUE VEMOS CAMINAR AL POETA, SUS
dificultades para someterse a la regularidad de un
empleo y de una vida ordenada, nos hacen olvidarnos con frecuencia de que fue un hombre de
partido, de militancia clara; un hombre que cantó a la disciplina:
¡Oh dulce disciplina!,
acógeme en tus brazos férreos,
que a mí me parecen tan tiernos.
Quiero que tú me sujetes,
que me moldees,
que hagas de mí un hombre más fuerte
y más consciente. 1

Este escrito lleva fecha de marzo de 1950. No
era el poeta olvidado del que hablamos alguna vez.
En los departamentos de la seguridad del Estado
franquista lo recuerdan y lo buscan.
Sabíamos, sin embargo, que buscaban su olvido:
Desde muy temprano, en la inmediata posguerra (1946),
en una Relación de autores, cuyos libros no pueden ser
vendidos ni distribuidos entre ÚJs libreros, se cita el nombre
de Pedro Garfias, junto a Cernuda, Prados, Alherti y León
Felipe.5

Mi corazón vuela de pecho en pecho
Pájaro perdido
buscando entre las ramas de los árboles
su nido 3

Era a la vez un hombre de fuertes sentimientos, capaz de percibir el daño que podría causar

1

en los seres más queridos. «Margarita y mi padre
son las dos personas a quienes más he querido en
la vida, pero también a las que más daño he hecho.»2
Un daño que iba doliendo doblemente. Por
su efecto y por la consciencia misma del dolor causado. Los compromisos del poeta superaban a veces las posibilidades de respuesta.

FrancÍsco More no Gómez, en Pedro Garfias, Poesías Compl.etas, Alpuerto, Madrid, 1996, p. 224.

Algunas obligaciones iban a quedarse en el camino.

Ahora intentan localizarlo. En la base de esta
búsqueda parece estar un acta de la Logia Española de Sevilla, correspondiente al año 1927, en

la que Pedro Garfia Zurita es dado de baja debido
a su falta de pago y asistencia.6
Era una etapa en que le creíamos ligado únicamente al anarquismo, predominante por aquellas
fechas en el obrerismo sevillano. El Pedro de siempre brotaba claro: «No era hombre que se sometiera fácilmente a las normas que le dictasen los
demás.» 7
• Había cometido delitos variados: la firma de
manifiestos de adhesión a la República, la adhesión al manifiesto de los intelectuales para la defensa de la cultura, la firma de un manifiesto de la
alianza de los escritores antifascistas por la defensa de la cultura, la publicación de poemas en diversos medios de comunicación republicana, la
asistencia a una conferencia pronunciada por el
filólogo Navarro Tomás en la Exposición de Ayuda de la Comisión de Auxilio Femenino, el ejercicio de diversos cargos: comisario político de las
milicias andaluzas, comisario destinado al sector
de Córdoba, comisario político del 2º Batallón de
la 34 Brigada...
Así que en abril de 1949 comienzan a buscarlo
de oficio:
«Por dada cuenta del expediente seguido a Pedro Garfia Zurita, el tribunal acordó el pase alJuez
Instructor número uno de los adscritos a este tribunal a efectos de incoación de sumario». La fecha es de 25 de abril de 1949. Y consta que la anterior orden se cumple al día siguiente.
El día 12 de abril había salido desde Salamanca el expediente de Pedro Garfia Zurita «con certificado de antecedentes masónicos».
Y el 25 de mayo del mismo 1949 la Comisaría
General Político-Social (Dirección General de
Seguridad del Ministerio de la Gobernación) informa que «de dicho individuo se desconoce hasta la fecha, situación y paradero, así como actividades político-sociales desarrolladas.»
La información desde Sevilla Qefatura Superior de Policía) es similar: «Han resultado infructuosas cuantas gestiones se han practicado hasta
la fecha para la localización del mencionado, que
actualmente no consta como vecino de esta capi-

6

5

[ 26]

María Luisa Romero Marqués, Pedro Garfias. Vida y naturaleza
1m su poesía, UNAM, 1969, p. 97.
Francisco Moreno Gómez, op. cit., p. 145.

1

Ibídem, pp. 454-455.

J. M. Barrera López, Pedro Garfias: Poesía y soledad, Ed. Alfar,
Sevilla, 1991, p. 15.

7

[ 27]

«En la página al5 del Acta de los trabajos realizados por el
Grande Oriente Español correspondiente al 24 de enero de
1927, consta que ha sido dado de baja por falta de asistencia
y pago en la Logia España de Sevilla, Pedro Garfia Zurita•.
María Luisa Romero Marqués, Idem.

�tal, ni figura en los ficheros de la Delegación de
abastecimientos y otros consultados; se continúan
no obstante las mismas que, caso positivo, le serían comunicadas oportunamente.»
Dado que este señor no es localizable en las ciudades consultadas van a buscarle en las prisiones.
Tampoco lo encuentran: «No constan antecedentes. Se practican gestiones, cuyo resultado, de ser
positivo, se comunicará oportunamente.» Era feb~ro de 1950. Buscaban a Pedro García Zurita.
En vista de que las gestiones han resultado infructuosas se emite una «propuesta de archivo provisional, previo pase al Excmo. Sr. Fiscal» procediéndose al «Archivo provisional de las presentes
actuaciones en tanto el encartado se presente o
sea habido». Era el mes de junio de 1950.
Esta conexión con la masonería nos viene a
explicar en cierto modo aspectos de la personalidad de Pedro Garfias que no veíamos suficientemente hilados, que se nos antojaban inconexos,
sueltos. Tal es el caso de la religiosidad que emana de algunos de sus poemas:
Iremos ante Dios, el Dios que sea,
un Dios desconocido,
o aquel que nos pintaron en la escuela.8

y de su relación con el Triángulo Masónico de
Écija. 9 O sus palabras, casi evangélicas, a la señora
Oriol en 1920:

8
9

Francisco Moreno Gómez, op. ciL, p. 317.
Francisco Moreno Gómez, Pedro Garfias, poeta de la vanguardia,
de la guerra y del exilio, Diputación de Córdoba, 1996, p. 158.

«No preguntad si un hombre es bueno; únicamente preguntad si ama a los pobres. Porque en
verdad os digo que corazón que no se emocione,
que no se conmueva con la desgracia ajena como
propia, es corazón de bronce para todos los sentimientos. ¡Ay de los egoístas que cegados por la
senda y por el oro de su misma soberbia olvidan
los harapos del infortunio!» 1º
Sus capacidades, sus movimientos, transcienden con mucho el quehacer de un poeta: «Yo me
acuerdo de que sentado allí, se ponía y defendía
una cosa, una religión o una filosofía, y cuando ya
estaban todos convencidos, defendía la contra• [ ... ] » 11
na
Una leyenda de inconstancia, de incapacidad
para un trabajo regular, para una vida organizada
nos deja poco espacio para percibir al Pedro
Garfias de la constancia, de la disciplina, al hombre que llamó la atención de Luis Buñuel porque
era capaz de pasarse «quince días buscando un
adjetivo» .12 Un poeta que trabajaba el verso hasta
integrarlo en su memoria, hasta hacerlo parte de
sí mismo.
Ignoramos si hubo un antes y un después. Ignoramos si hubo un momento de cambio, pero
recordamos con Oliver Sacks «que, después de haber sufrido ciertas cosas, you can 't bond, can 't belong,
uno siente que ya no puede pertenecer a nada,
que ya no puede establecer vínculos profundos.»13

10
11
12
1
'

[ 28]

lbidem, p. 148.
lbidem, p.147, citando a Rodolfo Álvarez.
J. M. Barrera López, op. cit., p. 52.
Enrie González, «Enu·evista a Oliver Sacks», El Mundo.

rledro Garfias: aficionado
flamenco y poeta maldito
Diego Rojano
EL CIELO Y LA TIERRA SON EL PATRIMONlO COMÚN DE TO-

dos los desterrados, de todas las naciones, de todos los regímenes y de todos los tiempos. Tantas
tumbas cobijan a tantos seres cuyos restos están
esparcidos bajo el cielo de países lejanos de la nacencia y de la querencia de sus moradores. Lo que
nos queda y lo que más se ha destacado de Pedro
Garfias es una existencia desordenada y
heterodoxa. Se ha puesto de relieve el haber sido
un hombre comprometido con la República Española y militante del partido comunista, vinculado a los integrantes del 27. Con su orgullosa independencia, no preocupado por la tramoya de los
ambientes literarios, con su Premio Nacional de
Literatura.Su nombre quedó proscrito y los
gerontes de nuestra literatura lo condenaron en
vida y en la muerte al silencio. Comisario político,
perteneciente a las milicias andaluzas, que proclamaba al viento sus poemas bélicos: «Algún día /
Andalucía será/ nuestra, como nuestra es, / y ya nada
importará el ahora y el después». Este charro y andaluz goza en México, su patria adoptiva, de amplia
aceptación. Su obra poética se ha consagrado en
la nación hermana. Su poema «España», es un
mensaje de paz y entrega para aquellos que dieron su vida por una causa: Tus cordiUeras de salvaje
aliento, / tus íntimas, profundas, dulces vegas; / tus
erial,es rutilando al sol / como medallas a tu pecho presas / y tus saltos castillos apoyando / en su bastón una
vejez sincera / contemplo eternamente, España mía, sobre la palma de mi mano abierta.
José Bergamín, que también padeció destierro
y proscripción, compuso esta sólea que le viene
como anillo al dedo, a la vida y a la obra poética
de Pedro Garfias: La sol,edad de mi vida/ se está quedando sin alma. / Mi corazón ya no tiene/ sangre para
poder dársela. El poeta trata de sobrevivir al grillete
del olvido y de la muerte. El poeta, en su entron-

[ 29]

�que de poesía y existencia: El cante es un toro negro /
que alguna vez puede matarte. Poseía la carga social,
política y emotiva de su pueblo y ese don de materializar sus vivencias y experiencias en verso. Era el
mejor y más silencioso de los aficionados al flamenco, siempre con el oído y la sensibilidad prestos a
escuchar de quien tuviera algo que decir y a recoger
lo que mereciera la pena de cada artista. Su deambular por la geografía andaluza: Cabra, Osuna,
Lebrija, Utrera, La Carolina le hicieron ir atesorando un saber y una cultura de ese enigma llamado
«flamenco». Su corazón latía al son y ritmo de su
gente andaluza. La secuela de la memoria y el amor
de los suyos, sus eternos acompañantes en la tremenda herida del destierro. Se refugia en la soledad: La
sol,edad que uno busca/ no se llama sokdad. Siempre
rapsoda,juglar, poeta errante, la bohemia a flor de
piel, amante de la noche, frecuentador de tabernas,
catador de los vinos cordobeses, asiduo de tertulias,
de cafés y tablaos. Perfeccionista, siempre buscando
la verdad, el son y el latido para sus poemas. El espectáculo era oír in situ la voz de Pedro Garfias. Declamar, recitar, transmitir en directo su amarga pena,
su compromiso, expresar su misterio, aquello que
le corroía las entrañas de su ser. Nos dio una lección
postrera de cómo llevar su miseria, su atroz existencia, su patria perdida, con dignidad y belleza; lo peor
que se puede hacer con su nombre y con sus versos
es matar su recuerdo de poeta elegíaco. Hablaba
con los toreros, con los cantaores; participaba de sus
zozobras. A los cantaores les sugería nuevos caminos para cantar. Al otro lado del Atlántico, en el ·
México del asilo para tantos españoles de la diáspora, estaba atento a la queja lastimera de El Niño del
Brillante, con El Niño de Caravaca, que era el que
mejor cantaba las tarantas en toda España. En tono
paternalista les aconsejaba sostener la voz; todo ello
era fruto de su larga endadura descifrando cantes y
conviviendo con sus intérpretes. Había intuído que
es esencial la soledad para todo creador y para poder encontrarse consigo mismo. Se siente desgraciado quien ha tenido una existencia monótona y
ha desaprovechado la oportunidad para ejercitar esa

zona profundamente emocional que todos poseemos.
Tomás Pavón, amigo de Garfias, alargaba los
cantes y al mismo tiempo los ligaba. Los olivos que
siempre llevó en el alma jonda de su poesía por el
ancho mundo. Creía en ese universo fantástico y
subterráneo que es el flamenco, y ese sortilegio
que subyace como elemento clave de toda obra
de arte. Tuvo un papel de cierto relieve dentro
del movimiento ultraísta, uno de los firmantes del
manifiesto que abriría nuevos cauces en el firmamento de la creación. También estuvo inmerso en
la vanguardia sin renegar de su vena neopopularista. Max Aub lo ha calificado como «el último
poeta tabernario» vinculado siempre a los ecos de
sus estancias prolongadas en el Sur hispano.
Octavio Paz lo recuerda vagabundeando por los
pueblos y ciudades de México. Su voz resonaba
en los atrios de las iglesias, con su capacidad de
convocatoria, con la autencidad de su verso, de lo
que fue y de lo que el destino quiso que fuera: Fue

tan triste su suerte, / vivió tan solo y viejo / que ni su
propia muerte / acompañó el cortejo. Su compañero
de fatigas y de diáspora, el pontanés Juan Rejano,
traza la silueta verdadera de Garfias: De oscuro pá-

jaro ganchudo la faz, cokccionista de noches universales, lucero galán de todas las tavernas enamoradas. Aquí
está Pedro Garfias. ¡Mirádlo! El autor del poeta más
hermoso de la emigración colectiva, reflejando
con dramatismo y cierto pudor, amargor de tantos miles de compatriotas: «Entre España y México», que tiene este estremecido comienzo: Qué hilo

tan fino, qué delgado junco / de acero fiel, nos une y nos
separa/ con España presente en el recuerdo/ con México presente en la esperanza. La cirrosis iba minando
sus fuerzas . Monterrey fue el escenario de su adiós
definitivo. Sólo se cumpliría su última voluntad.
Santiago Roel, Ministro de Exteriores del país fraterno, hizo realidad esta esperanza, largamente
acariciada en el infortunio: Me gustaría / que fuese
tarde y oscura / la tarde de mi agonía. El memento
culmina con este hondo latido: Me gustaría / que
me ll,enasen la boca de

[ 30]

tierra mía [ ... ] .

~ edro Garfias en Monterrey
Vanessa Herrera
M. ZERTUCHE, ENTONCES DIRECTOR DE LA
Escuela de Verano de la Universidad de Nuevo
León, invita a Pedro Garfias a Monterrey para un
homenaje a Federico García Lorca. Después de
esto, el poeta se traslada a esta ciudad, donde reside por espacio de cinco años, de 1943 a 1948
aproximadamente, tiempo en que trabaja como
secretario del Departamento de Acción Social Universitaria, invitado por el licenciado Raúl Rangel
Frías, con quien entablaría una sólida amistad. «En
una estación de radio que tenía la Universidad leía
sus poemas y los de Góngora, Federico García
Lorca, León Felipe, entre otros», declara Margarito Cuéllar.
Para Miguel Covarrubias, su modo de vivir y de
hacer la literatura hacía de Garfias un poeta fuera
de lo común: «la literatura para él era más que el
libro, tanto que sus libros los tenía en su cabeza».
Y añade: «era conocido por su memoria, una memoria prodigiosa».
En mayo de 1943 escribe Ekgía de la presa del
Dnieperostroi. A partir de 1944 participa en las publicaciones: Universidad, Hora Universitaria y Armas
y Letras: en esta última se encarga de la sección
poética. También colabora en el periódico El TiemFRANCISCO

(

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V

po.
En la librería Cosmos, ubicada en Padre Mier,
entre Escobedo y Parás, visitaba a su entrañable
amigo y compatriota Alfredo Gracia Vicente. El
llamado «desafiador de los más altos fuegos», por
Juan Rejano, participa con su voz ronca y quebrada en las charlas radiofónicas de «El Consejero
del Aire» que hacía con el doctor Daniel Mir.
En México, colabora en Novedades, Siempre!, y
otras publicaciones. «Aunque no es tanto lo que
escribe con el lápiz o con la pluma, sino aquello
que escribe mentalmente»; dice Miguel Covarrubias, «escribía en las cantinas, en la estación del
metro»; llegaba a dejar trozos de poemas, vistos
como garabatos, sin ningún título, «en las orillas
de los periódicos, en hojas de cuentas o servilletas
de los bares públicos. Tenía la poesía en la cabe-

za, en el cuerpo entero», afirma el poeta que considera a Garfias como un juglar «que iba prodigando graciosamente su poesía y no esperaba sino
recibir lo indispensable para mantenerse con aliento».
En 1951 escribe Vitjosy nuevos poemas, en el D.F.;
y en 1953, Río de aguas amargas, en Guadalajara.
La última es una poesía de melancolía, según
Margarito Cuéllar, «es de dolor, de llanto, de mucha evocación, recuerdo y ansiedad por no poder
recuperar lo pasado; contrasta mucho con su primer libro que es de mucha luz y tranquilidad».
Pedro Garfias sucumbe en soledad.
En 1948, la Universidad de Nuevo León edita
casi toda su producción literaria en -el libro De Sol,edad y otros pesares. Reúne los poemas El ala del

[ 31]

�Sur, Acordes, Ritmos cóncavos, Romances y canciones y
Motivos del mar, Viejos y nuevos poemas (D.F., 1951),
y Río de aguas amargas (Guadalajara, 1953).
Santiago Roel García expone que el libro se
iba a llamar originalmente Río de aguas amargas;
pero una noche, Garfias conversó largamente con
Pedro Reyes Velázquez. Acompañados de cogñac
se convino esa noche en que la soledad era uno
de los más hermosos conceptos utilizados con
mayor frecuencia en la poesía española. La tesis
central de aquella noche fue que el hombre es un
ser solitario. Su soledad es forzada. Mas en algunas ocasiones él mismo se la impone voluntariamente. Estar solo es una pena, un dolor, una condena, una pesadumbre. La soledad es, pues, junto con otros pesares, un pesar más. Y el título del
libro fue cambiado: De soledad y otros pesares.
Tres etapas distintas y distantes de su poesía son
expuestas en esta obra: El ala del sur, versos escritos del año de 1918 a 1923, en Madrid y Sevilla.
«Primavera en Eaton Hastings», poema compuesto en Inglaterra durante los meses de abril y mayo
de 1939, a raíz de la pérdida de España, a la cual
agregó algunos poemas, que, como él mismo dice
en el prólogo: «lo demás pertenece aquí, a México y Monterrey; lo debo a mi segunda y amada
Patria».
El poeta andaluz era asiduo visitante de centros literarios y bares, como el «Lontananza», por
Aramberri; así lo recordaba el poeta recién fallecido, Andrés Huerta, en una charla con el también poeta Andrés Montes de Oca en 1994: «Por
medio de Alfonso Reyes Aurrecoechea conocí a
Pedro Garfias, al profesor Zertuche y a un fotógrafo apellidado Ita; fue en una cantina donde yo
trabajaba, llamada «El Fresno». A Pedro ahí lo
atendía; era un agasajo, risa y risa». «El Fresno» se
situaba en 5 de Mayo y Carranza.
El «matemático jubilado antes de nacer a las
altas ecuaciones que se enlazan con el álgebra
poética», según Juan Rejano, era amigo de muchos. Desde su estancia en México, sus amigos de
«La Cabaña», de «El Reforma» , amigos como Enrique C. Livas, Alfredo Gracia Vicente, Ernesto
Rangel Domene, José Navarro, Agustín Basave,
Santiago Roel, Alfonso Reyes Aurrecoechea, Raúl
Rangel Frías,Jesús Garza Hemández «Don Chucho», entre otros, gozaron de su compañerismo.
Se mantenía de la solidaridad de sus amigos
«era una especie de ritual. Llegaba a Monterrey y

había que organizarse para pagar la cuenta del ya
desaparecido hotel Iturbide, en Zaragoza y Padre
Mier, y las cuentas de la cantina «El Reforma» que
estaba enfrente del hotel», recuerda Miguel Covarrubias.
Se hace evidente «la religiosidad de un poeta»
como dice Miguel Covarrubias, en el poema Su
muerte y él: «Desde que no creo en Él, / a qué me
andáis predicando / que yo mire para arriba / si
Dios mira para abajo», escribe Pedro Garfias.
Garfias recita sus poemas de memoria, tanto íntima como públicamente; los pocos lugares de poesía oral eran el Aula Magna, la plaza del Colegio Civil y los jardines de Arte, A.C. De este último lugar,
Miguel Covarrubias tiene gratos recuerdos con el
poeta: «Como a los artistas les gritan tal canción, a
él le gritaban un poema: «Capitán Xime- no», y
Garfias atendía con su hablar españolado»; podía
ser Machado, Lorca, Garfias. Se plantaba para decir
sus poemas, en el lugar que fuera, a pesar de su habla tartajeada «su espalda ya encorvada, se erguía, y
la voz aparecía mucho más clara, fuerte, poderosa.
Era, repito, impresionante», y añade: «puedo asegurar que no hay una sola persona que lo haya escuchado y que no se haya sentido absolutamente impresionado, conmovido; por la forma extraordinaria, única de decir la poesía».
En su poema «Diálogo» Pedro Garfias escribe
«Leer un poema es como amar a una mujer: / Cuesta
trabajo y tiempo comprender./ Se la conoce, / Se la
desconoce / Se la reconoce / y un día se la siente /
de la cabeza a los pies».
En 1962 aparece la segunda edición de Primavera enEaton Hastings, por iniciativa de Carlos Fernández del Real y de El Colegio de México, con
ilustraciones de Arturo Souto, Vicente Rojo, Alberto Gironella y Antonio Rodríguez.
Rosaura Barahona lo recuerda «con su mirada
dura, penetrante e inolvidable». Otros, recuerdan
el Garfias castigado físicamente, con dificultades
para trasladarse, con problemas en sus piernas, en
su mirar, «con un ojo como que para allá y el otro
para un rumbo opuesto», dice Miguel Covarrubias;
«pero era un hombre singular instalado en la intensidad de la vida».
En tanto que Margarito Cuéllar lo alude como
«un viejo león»; pues se conoce un Garfias descuidado, desaliñado y con la barba canosa crecida.
«Todo para un poeta viejo y triste/ alcoholizado y
mísero y maldito/ con un doble dolor sobre los

[ 32]

_hombr?s:/ el reconocimiento y el despido./[ ... ]»,
eséribe en Adiós y ... Gracias, «...-Los que lean estas
líneas/ saben a quienes me dirijo-/ Os debo un
homenaje. Aceptad mi palabra./ No he de morirme, sin rendíroslo» .
En Monterrey pasa sus últimos años de existencia. Algunos como don Alfredo Gracia y Ernesto
Rangel Domene auxilian a Garfias en sus últimos
días. Deja de existir el 9 de agosto de 1967. Cita su
acta de defunción el diagnóstico mortal:
«Ensefalopleatia Norcosis de Carbono Insuficiencia Renal».
«Se me va Monterrey, si yo me voy,/ Si yo me
quedo, a lo peor se va./ Mejor me voy con Monterrey a cuestas [... ]/Alguien lo recuperará./ Y toda
ella y cerro y silla y hombres,/ Todos metidos en
mi morral,/ Y todo con más cerros y más hombres,/ Para otros ojos permanecerán», escribe en
«Poema del adiós».
«Del Garfiasjoven, fantástico y mítico ya no quedó nada; se convierte en el Garfias compadecido
en el ocaso», dice Alfonso Reyes Martínez, y recuerda a Garfias como «un hombre traspasado por
el dolor». Muere pobre, pero toda su pobreza era
rica en la totalidad de su ser, cuerpo débil, afortunado en su intelecto poético. Lo podemos recordar como en Nuevos Acordes: «Él iba solo/ tambaleándose./ Borracho de amor,/ borracho de hambre,/ borracho de alcohol,/ quién sabe./ El iba solo/
tambaleándose».
No lo mata el licor; muere de enfermedad, de
soledad, de dolor y tristeza, de rabia y enojo, de
desamor; ya era tiempo de un descanso, un descanso eterno. «[ ... ]De Monterrey me llevo lo que
traje:/ recuerdos no olvidados de mujeres/ hermosas y lejanas,/ de hombres de pecho ancho/
dos pares de ojos negros/ y algunos nuevos cuadros. / Dejo un pedazo corto de camino/ grande,
porque el camino/ ya se me va acortando. / Total:
hechas las cuentas, / veo el saldo:/ de Monterrey
me voy,/ como siempre, ganando[ ... ]», escribe en
«Despedida», perteneciente al libro Otros poemas.
Tras años de su muerte, los seguidores de
Garfias no dejaron en el olvido su obra, y siguieron editando sus textos y trabajos dedicados a su
memoria. En 1970, Andrés Huerta le escribe Elegía a la vida de Pedro Garfias. Y en 1972, el libro
Antología de homenaje del quinto año de su muerte.
Otro libro fue Recién muerto y otros poemas, en

1975, bajo el epílogo del extinto Alfredo Gracia
Vicente: «Pedro Garfias, pastor de soledades». Don
Alfredo no dejó morir su recuerdo. Un libro más:
De España, toros y gitanos, 1983. Por el Gobierno
del Estado de Nuevo León: De Soledad y otros pesares, en 1992, en una edición conmemorativa del
25 aniversario de la muerte del poeta.
Nace hace cien años, en otra época, en que la
burguesía creía que los poetas eran «los entenados
de la letra», Pedro Garfias les demuestra que la
poesía era del que la poseyese. En otra época, definitivamente, pero en pleno apogeo de la resurrección de ideas, sentimientos y múltiples significados que se reflejan a través de sus letras, que
hoy en día son estudiadas por los escritores y artistas contemporáneos, como la escritora Ofelia
Patricia Pérez Sepúlveda, quien afirma: «la obra
de Pedro Garfias es una invitación para vivir la vida
y también para poetizarla».
Pero, ¿cómo hay que recordar a Pedro Garfias?
Sea cual sea la forma, hay quienes no van a su tumba pero leen su obra y hay quienes van a su tumba
y leen su obra; los que se saben el nombre de un
poema, o quienes los recitan de memoria; en esencia, siguiendo su ruta, su camino, con respeto a él
y a sus seguidores.
Garfias deja una escuela poética que, como él,
escribe y trabaja en las letras. «De Pedro Garfias
se puede decir que nosotros somos hijos de él, hijos
de su llanto; somos hijos de sus poemas tan universales, de su voz tan adolorida», fueron palabras
de Andrés Huerta en 1994.
Hay que agradecerle, como nos invita a hacerlo
Rosaura Barahona, agradecerle a Garfias, nuestro
maestro, quien sin habernos dado jamás una clase
nos ofrece la mejor enseñanza que un maestro le
puede ofrecer a sus discípulos: el ejemplo. Su experiencia transformada en poesía, su vehemencia por
la vida, su pasión por el licor, su soledad irremediablemente acogida, su sufrimiento en silencio, el amor
a su patria: esa España que jamás olvidó.
Me arriesgo a imaginar que si Garfias pudiera
aparecer de nuevo por nuestra ciudad, lo ubicaríamos en «El Fresno»; sería de nuevo el centro de atención de las miradas y, sin duda, llenaría el espacio
del lugar con su potente voz, alta y ronca... al lado,
un Andrés Huerta emocionado, así como alguna vez
le vimos; embriagándose de poesía garfiana. Sería
una noche del estío regiomontano.

[ 33]

�llosoy Pedro Garfias, el poeta!
Armando Joel Dávila
Quemaste mi juventud
como un trapo viejo. Un día,
me rebel,é. Vi, y volví.
No; no volveré.
Blas de Otero

UN POETA -SI LO ES VERDADERAMENTE- FORJA SU LEYEN-

da sin necesidad de consenso social. Así lo vemos
en su modus vivendi como un ser humano que ocupa un rol, aun cuando no sepamos algo de su pasado. El poeta como creador se nos confiesa como
un ser completo que transmite sus vivencias y sus
emociones, cargándolas hasta el exceso de significados, o en otro caso, inventándose una máscara
que se acerque a sus deseos, o en el último, en ser
un gran fingidor, que lo que diga, aunque sea falso, lo siente como propio. Garfias es el ejemplo
del poeta que une vida personal y poesía. Sentimos que su discurso poético cala en lo hondamente vivido, traspasado por un dolor, personal.
De ahí que se nos presente como un ser maltratado y a la vez furioso contra su realidad.
¿Cómo se adentra en la mentalidad de las personas un ser arisco, huidizo, e irreverente con los
demás y aun consigo mismo? Pedro Garfias es el
prototipo del poeta solitario y desgarrado que a
medida que pasa el tiempo va encontrando el lugar que le corresponde. Su vida y su obra poética
están íntimamente ligadas, y no se entendería su
tragedia personal si no se leen cronológicamente
sus libros, que están escritos al calor de una guerra y de una pasión.
Garfias asume en su momento el compromiso
con una causa y con una ideología que lo lleva a
extremos peligrosos: a participar en una guerra, a
creer firmemente en un ideal y ser capaz de morir
por él. Pero lo más angustioso de su experiencia
vital fue la forzosa salida de su país, y en consecuencia el exilio en lugares extraños a su patria.
Primero Inglaterra como lugar de residencia, donde escribe la colección de poemas más sentidos y

originales y posteriormente México, como el lugar que lo cobijaría hasta su muerte.
Pedro Garfias al igual que León Felipe Camino, Luis Cernuda y Emilio Prados vinieron a esta
tierra en calidad de exiliados y aquí robustecieron su obra, porque hay que decir que ya venían
formados intelectual e ideológicamente y que el
ser trasterrados les prestó visión para hacer una
obra enraizada en lo más humano del ser español. Cada uno con su forma de ver el mundo, con
su estilo y su tragedia personal. Durante el franquismo estos poetas fueron ignorados por sus contemporáneos residentes en la península y por
la literatura que se escribía en España por aquellos años. Sin embargo, estaban creando particular obra, en especial la poesía de Cernuda, que es
un parteaguas de las formas y de la manera de asumir el poema. Sus atrevimientos y sus poemas en
prosa rompieron con los esquemas de la poesía
de su generación.
En cambio Pedro Garfias, por su origen y su
escuela sigue las formas líricas tradicionales, en.
las que al principio, en sus libros iniciales se antojaba como un rompimiento, fue luego un retrotraerse a las formas más generalizadas del romancero.
Garfias fue en sus primeros libros un poeta que
tendía a la novedad, quizá por su juventud, pero
luego cuando adquiere el compromiso, sus versos
se ponen al servicio de una causa, y lo estético pasa
a segundo plano. Sin embargo existe en algunos
de sus poemas comprometidos, la vibración honda de la palabra y el sentir de su raza.
El asumir la tragedia del exilio, obligó a Garfias
a mostrar sus heridas y su manera de hacerlo fue

[ 34]

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crear mentalmente un repertorio de poemas, los
cuales decía cuando quería y les cambiaba frases
o los enfatizaba según el auditorio. Esto lo hizo
ser un poeta itinerante, que recorría las ciudades
de nuestro país y se quedaba en ellas según la
hospitalidad y el clima.
En Monterrey encontró amigos que le tendieron la mano, cuando la naciente Universidad de
Nuevo León, bajo la batuta del maestro Rangel
Frías y cuando la Escuela de Verano iniciaba sus

actividades, ahí estaban el maestro Francisco M.
Zertuche y el maestro Alfonso Reyes Aurrecoechea, quienes le pidieron se estableciera en Monterrey. Así fue como Pedro Garfias obtuvo un trabajo y posteriormente publicó una antología de
su obra De soledad y otros pesares, la cual es difícil
conseguir, pero ya se ha hecho una reedición de
ella por la Dirección de Publicaciones del Gobierno del Estado. La importancia de esta antología
consiste en que es hecha por el mismo autor, recoge lo que el considera como lo más trabajado y
lo que piensa que hay que rescatar.
Hay que decir que Garfias pulía sus poemas,
les cambiaba palabras y hasta frases completas, por
lo que sería conveniente hacer una edición crítica de su obra. Porque el poeta en sus últimos años
se convirtió en un poeta oral y olvidó lo escrito.
Fue Juan Rejano, su amigo y español también,
quien realizó una última antología de sus poemas,
la que fue publicada con el sello de CONACULTA.
En esta antología se hace un recorrido por la obra
del poeta, tomando en cuenta la calidad de los
textos y aquellos que reflejan su temperamento
atormentado, del poeta. Este primer intento por
dar a conocer la obra de Garfias a nivel nacional
abre una nueva perspectiva de un poeta olvidado,
que se había quedado inmerso en los andadores
de la provincia mexicana.
Por otro lado, tenemos las investigaciones que
se han hecho últimamente en su tierra, donde se
le revalora y se le reconoce como un poeta de
calidad indiscutible. Sin duda que Garfias deja una
leyenda en nuestro medio regiomontano, y quienes tuvieron el privilegio de conocerlo y oír sus
poemas lo han constatado, ya escribiendo, ya recreando su mundo, o admirando su personalidad y su manera de vivir la poesía.
Su influencia ha sido grande entre los poetas
de la generación de los sesenta, como Miguel Covarrubias, Homero Garza, Andrés Huerta, Gabriel
Zaid y Alfonso Reyes Martínez. Pero más allá de
su existencia física, sería interesante investigar en
qué poetas locales existe la huella de su estilo y de
la forma de abordar los temas poéticos. Porque
Pedro Garfias, hay que afirmarlo, marcó un hito
en nuestro medio y dio pie para que·personas ajenas a lo propiamente literario ensayaran pergeñando cuartillas de lo que les impresionaba de él,
puesto que era un fenómeno anormal en nuestra
comunidad.

[ 35]

�ll edro Garfias:
entre España y México
PUEBLO

ROMANCE DE LA SOLEDAD

Aquí estoy sobre mis montes
pastor de mis so/,edades.
Los ojos fieros clavados
como arpones en el aire.
La cayada de mi verso
apuntalando la tarde.

ENTRE ESPAÑA Y MÉXICO
A bordo del Sinaia

Mi corazón temblando bajo el ala del Sur.

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Desde la Co/,egi,ata, alta como una frente,
es grato componer y descomponer
el rompecabezas del pueblo:
los suspiros claros de las casas,
las plazas de ancho aliento
y esos viejos murguistas de las torres,
ciegos y altivos.

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EVOCACIÓN

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Tiene el tiempo en mis oídos
retumbos de tempestades.
Mi corazón se ace/,era
sobre el volar de las aves.
Vibra en mi sien el zumbido
de los vientos y los mares.

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Quiebra la luz en mis ojos
la p!,enitud de sus mármo/,es.

Un álamo cernía el sol
y lo espolvoreaba en su nuca
suave y pálido como un aliento.
Ella sentada, firme y dulce, sobre la tierra.
Yo tendido, con toda mi vida,
mi cabeza en su faú:la y un brazo suyo
como una rama dócil sobre mi cuello.
Mi corazón y el tiempo justos, acompasados.

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LA LÍRICA HlSPANOAMERICANA TIFNE EN PEDRO GARFJAS

uno de sus exponentes más fieles. Pese a que el poeta
español no figura en !,as grandes antologías poéticas
del siglo XX, su obra se aprecia lwy en día como un
legado que, lejos de disminuirse ante el silencio y la
sombra, se Jortal,ece. La muestra que hay se publica
nos ofrece una ventana en la que la luz. y el dolor se
abren paso, desde la visión de rupturajuvenil hasta
la madurez. El paisaje pleno de luz y de juegos
lingüísticos, el romance heroico, la penumbra que se
recrea en la ausencia, el recuerdo de la tien-a nativa,
la evocación, la remembranza, aparecen aquí en toda
su plenitud como una flor que se abre en el asfalto.
Una flor que sangra, pero que despunta, a pesar de
todo. / Margarito Cuéllar.

Luego ace/,era el tiempo su corriente,
se precipita todo compacto
como un bloque de hielo flotante.
Arden mis mejillas al roce vivo, continuado,
de los días y de las noches.
Mi corazón se acongoja detrás.
Y abro los ojos.
Un cielo asfaltado, frío, de gran ciudad,
y un airecillo vivaz y desnudo como un pilluelo.
A mi alrededor
extendida por todo el mundo
una gran so/,edad.

Y aquí estoy sobre mis montes
pastor de mis so/,edades.

CANCIÓN

Guadalquivir:
El espejo de tus aguas
sabe del rodar suave
de las tardes sevillanas.
Ay, río que se me va.
Ay, tarde que se me escapa.
A cada paso del río
va adelgazando la noche
y las estrellas menudas
ya nos parecen enormes.

Qué hilo tan fino, qué delgado junco
-de acero fiel- nos une y nos separa
con España presente en el recuerdo,
con México presente en la esperanza.
Repite el mar sus cóncavos azu/,es,
repite el cielo sus tranquilas aguas
y entre el cielo y el mar ensayan vuelos
de análoga ambición, nuestras miradas.
España que perdimos, no nos pierdas;
guárdanos en tu frente derrumbada
conserva a tu costado el hueco vivo
de nuestra ausencia amarga
que un día volveremos, más veloces,
sobre la densa y poderosa espalda
de este mar; con los brazos ondeantes
y el latido del mar en la garganta.
Y tú, México libre, pueblo abierto
al ági,l viento y a la luz del alba,
indios de clara estirpe, campesinos
con tierras, con simientes y con máquinas;
prol,etarios gi,gantes de anchas manos
que forjan el destino de la Patria;
pueblo libre de México:
como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja,
de generosa sangre desbordada.
Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!

Capitán, pronto, la brújula.
Que este río no va al mar.
Que va a la luna.

Mi corazón temblando bajo el ala del Sur.

[ 36]

[ 37]

�PEZ AZUL DE LAS AGUAS
A Horacio Guerra García

Pez azul de las aguas
que se deslizan, saltan, se alborotan
sin gri,Uetes de cauces
ni peñas rompedoras.
Nubes de tierna carne transparente
flotando libres por el cielo a solas.
Árbol,es de ági,l vuelo
y flameantes copas.
Sol de saltos de ardilla
deshilvanando sombras.
Aves de plumón blanco,
¼las de brisa, olas,
¡akgría! ¡akgría!

RECIÉN MUERTO

Megustaria
que fuese tarde y obscura
la tarde de mi agonía.
Me gustaría
que quien cerrase mis ojos
tuviese manos tranquilas.
Megustaria
que los presentes callasen
o llorasen con sordina.
Megustaria
que fuesen pocos y aún menos
de los que se necesitan.

Hasta que el alma se revierte absorta
a esa caverna de coral y nácar
que está en la entraña de la roca.

Megustaria
que en el sikncio del mundo
se oyese crecer la espiga.

DE Río DE AGUAS AMARGAS

Megustaria
que la tierra fuese dura
como pi.edra conmovida.

La palabra se rebela.
Si no la cuidas se escapa,
porque tiene su querencia.
Te procura.
De noche de asaetea
de día kvanta el vuelo
y se al,eja.

Megustaria
que me lknasen la boca
de tierra mía.
Si a los que van a matar
l,es dan todo lo que pidan
dejadme pedir de muerto
lo que a mí me gustaría.

La palabra busca si.empre
su querencia.
Antes de dormirte todo
hazte el dormido y espera;
pero cuando ll,egue, cuídala,
acomódala en tu tienda,
que sienta calor y frío,
que se ajuste, que se avenga,
que respire, que se quede.
Y verás, si es que se queda,
cómo suena la palabra
cuando suena.

[ 38]

llaescritura
como un velo del .dolor
[Entrevista con Leonardo Martínez Carrizales]

LEONARDO MARTÍNEZ CARRIZALES (CIUDAD DE MÉXICO,

1966) ganó el XII Certamen Nacional Alfonso Reyes 2000 con su ensayo La sal de los enfermos.
Caída y convalecencia de Alfonso Reyes. París
1913-1914, que acaban de publicar, conjuntamente, la UANL y el Consejo para la Cultura de Nuevo
León.
Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde obtuvo una maestría en Letras Mexicanas, Leonardo Martínez Carrizales es
autor de dos libros más: Juan Rulfo, los caminos
de la fama pública (FCE, 1988), y La Gracia
Pública de las Letras. Tradición y reforma en
la institución literaria de México (Secretaría de
Cultura del Gobierno del Estado de Puebla/Editorial Colibrí, 1999). También ha preparado la edición anotada y el estudio de la correspondencia Alfonso Reyes / Enrique Gonzákz Martínez, de próxima aparición, y en esta edición publicamos un artículo suyo: «Las gesti&lt;mes del escritor canciller. Tres
cartas de Alfonso a Enrique Gonzákz Martínez y
un comentario histórico».
La sal de los enfermos... gira en torno a la
manera en que Alfonso Reyes enfrentó la muerte vio1,enta de su padre, el general Bernardo Reyes -ocurrida en 9 de febrero de 1913-, y cómo rehizo su
vida en la dureza del exilio parisino. En una entrevista, Martínez Carrizales expresó que este ensayo
«tiene como propósito estudiar el modo en que este
hombre cae y lo pierde casi todo junto con toda su
familia en el México de la época, y /,entamen/e se va
restituyendo y recuperando a sí mismo [... ] . Lo que
yo no conocía de Reyes era fundamentalmente esa
templanza y esa fuerza mental que demuestra en una
etapa muy joven, porque tenía unos 24 años [... ] » .
Aprovechando que él vendría a Monterrey para
la presentación de La sal de los enfermos... --en el
marco delFestivalAlfúnsino 2001 (UANL)--, y para
impartir el seminario « Tres momentos cruciales en
la vida de Alfonso Reyes», le hicimos esta entrevista
sobre algunos puntos de su ensayo solm Reyes y de
La Gracia Pública de las Letras, pues hay algunos vasos comunicantes entre ambas obras./ J osé
Carlos Méndez.

José Carlos Méndez: En La sal de los enfermos ...
usted se refu:re al sufrí.miento de Alfonso Reyes a causa
de la muerte vioknta de su padre -y de acontecimi.entos
políticos relacionados-, y a la belleza y sentido moral
que esa clase de padecimientos pueden otorgarl,e al ser
humano. Enseguida usted dice que «la manera peculiar
de belleza que distingue a la obra de Reyes, y al mismo
Reyes», tienen su fuente en 1913. Es decir, así lo enti.endo, tanto en la muerte del general como en el modo en
que don Alfonso la enfrenta y supera, y en su destierro
parisino. ¿En qué consiste, para usted, esa «manera peculiar de belleza que distingue a la obra de Reyes»?
Leonardo Martínez Carrizales: En primer lugar, quisiera responder a su pregunta con una declaración, casi diríamos, metodológica. Al referirme en el pasaje que usted trae a cuento, a la «manera peculiar de belleza» de Reyes, quise orientar
al posible lector de La sal de los enfermos hacia el
valor más preciado para mí a la hora de concebir,
investigar, redactar y corregir este libro; un valor,
digamos, moral; un valor que sólo accidentalmente
depende de los datos contenidos en esas páginas
y que, en verdad, se atiene al espectáculo humano del cual todos participamos.

[ 39]

�.1

Tal y como lo asenté en las páginas preliminares del libro, pienso que si algún mérito reclamo
para mi trabajo es el de haberme acercado, por
momentos, al caudal de dolor y a la convalecencia de Alfonso Reyes, y el de haber transmitido la
emoción que suscitó en mí ese hecho. Reyes, consciente de esta clase de procedimientos morales a
la vez que literarios, es nuestro guía en esta lectura; una y otra vez sembró a lo largo de su obra el
germen de una interpretación de este tipo: la escritura como un velo que disimula el patrimonio
de dolor que a todos nos toca. De este modo, la
belleza atribuida a la obra y la personalidad de
Alfonso Reyes no proviene exactamente de los
acontecimientos infaustos de 1913, sino del modo
en que tales percances fueron confiados a los profundos depósitos de la literatura. Dicho de otro
modo, la lección de Reyes a este respecto es menos histórica y política que retórica.
Quisiera añadir un paréntesis. Me llama la atención que usted haya reparado en esa frase de mi
libro construida a partir de «manera peculiar de
belleza,&gt;. ¿Es que no reconoció en ella un préstamo, como hay tantos otros en el libro? ¿Es que no
vino a su memoria el pasaje de Parentalia en que
Reyes, con esta frase, remata una descripción
moral del padre? Al haber reparado en esas palabras, usted reparó en ese tipo de felices mecanismos lingüísticos que nadie puede olvidar una vez
que los ha leído atentamente en la obra de Reyes.

políticas? Si la literatura ha de tener algún valor,
éste radica en hablar de nuestros intereses humanos más urgentes.
]CM: ¿Entonces podríamos decir que esto se relacio-

]CM: ¿Tiene que ver todo lo anterior con la afición y

na con lo que usted señala en su libro acerca de «la ekcción de ciertos temas y recursos expresivos» por parte de
R.eyes? ¿Y cuál,es serian algunos de unos y otros?
LMC: Un ejemplo como el de Ifigenia cruel es
demasiado conocido como para insistir en él al
respecto de la frecuentación, por parte de Reyes,
de temas y recursos expresivos a la hora de escribir sobre asuntos caros a su experiencia. El tipo
del discurso y el asunto propios de Ifigenia... son
algo así como una sangría verbal aplicada en el
molesto absceso de la persona. Además,
recuérdense otros casos: cuando Reyes decide
hablar de la muerte del general Bernardo Reyes
acude a un tipo de discurso retórico sancionado
por la tradición clásica, de donde resulta la Oración del 9 de febrero. Y así las cosas. A lo largo de
toda su trayectoria hay una estrecha relación entre su propia experiencia y su expresión literaria;
relación mediada por recursos y temas sancionados por el influjo de la cultura clásica en Occidente. Aquí es el discurso epidíctico, allá la tragedia,
más allá la memorabilia...
En fin, vuelvo a llamar la atención, más que
sobre casos específicos de la obra alfonsina, sobre
un mecanismo general de la expresión verbal que
une poesía y experiencia, de acuerdo con el canon retórico y poético de la cultura clásica.

estudio de R.eyes de la cultura helénica?
LMC: Definitivamente sí. Alfonso Reyes aprendió ese mecanismo moral de la literatura en los
autores griegos. Aprendizaje sensible de lector,
pero también aprendizaje erudito de estudioso del
fondo retórico y poético de la cultura clásica. Entendámonos: cuando Reyes confía a la egregia figura de Ifigenia la alusión de sus propias penas,
no sólo constatamos una afición del gusto a una
zona de las letras de Occidente, sino una apelación a una cultura que legisló literariamente los
vasos que comunican poesía y experiencia.
Además, déjeme decirle que yo me considero
un alumno sencillo de esa lección. Lo digo en este
sentido: ¿qué otro valor puede tener un ensayo
de corte biográfico como La sal de los enfermos que
acercarse un tanto al espectáculo humano, más
allá de datos y vagas especulaciones históricas y

]CM: Creo que, ciertamente, una de las cualidades mayores que distinguen a Alfonso Reyes y a su obra es lo que
usted señala en su libro como «la alegría de quien reconoce el
mundo y termina por vivir de conformidad con éste, como
una prueba de grado superior de humanidad que /,e ha sido
deparado". Pienso que esto tiene que ver, entre otras cosas,
con su decisión de no publicar en vida su Oración del 9 de
febrero. Y esto no por temor, sino por el hecho de que Reyes,
sumamente consciente de su figura púhlica y de su biografía
políticafamiliar; sama que su publicación en vida de él necesariamente se interpretaria como un acto político, y que por
el/,o decidió, con sabia y responsab/,e prudencia, aplazar su
publicación para después de su muerte, cuando el efecto político sería distinto. (Desde luego, implico que Reyes era consciente de que la Oración... se publicaría póstumamente algún día, pues de ninguna manera quería guardar sikncio
eterno al respecto). ¿Quisiera comentar algo sobre esto?

[ 40]

LMC: En el terreno al cual usted alude sólo
cabe la especulación, pues lo que sabemos firmemente sobre la Oración del 9 de febrero es muy poco.
Me refiero, claro, a las condiciones de escritura y
publicación. Lo único que me atrevo a afirmar, es
que dada la refinada elaboración formal (la elección de un tipo de discurso, la distribución de la
materia, los giros expresivos, los epítetos, incluso
las correcciones de Reyes en el original reproducido por Gastón García Cantú en la primera edición), cabe suponer que Reyes abrigaba el firme
propósito de publicar esta pieza. ¿Guándo? Quizá, como usted sospecha, póstumamente, mediante manos vicarias.
Yo me inclino a pensar que la Oración... pudo
ver la luz poco después de haber sido escrita, en
el tempestuoso periodo final de su embajada argentina, poco antes de la escala luminosa y feliz
de Río de Janeiro. La Oración... pudo ser uno de
los documentos necesarios para «negociar» simbólicamente el siempre postergado, temido, incómodo regreso definitivo a México. Sin embargo,
el traslado a Brasil suspendió el proyecto para una
ocasión que ya no llegaría en vida de Reyes, pues
las condiciones del regreso en 1939 nada tienen
que ver con las de 1930-1931.
En último término, si bien es problemática la
situación de la Oración... en el cuadro general de
la biografía pública de Reyes, estas páginas resultan perfectamente regulares en sus hábitos expresivos. Además, esta obra forma parte de un sistema de referencias literarias dependiente del general Bernardo Reyes y los acontecimientos de
1913, que va de la primera parte del Diario («Los
días aciagos») a Parentalia, pasando por algunos
poemas como «9 de febrero de 1913».
]CM: Como es sabido, aunque no necesariamente reconocido en forma pública, los cánones de la literatura y
«la historiografía de la cultura mexicana del siglo XX»,
han estado regidos, en gran parte, por la política del
régimen que gobernó México por más de setenta años
(no obstante sus matices sexenal,es). Creo que con La Gracia Pública de las Letras y con La sal de los enfermos usted contribuye de modo muy importante a emprender las necesarias y urgentes «precisiones incómodas para el discurso de la historia de la cultura mexicana en el siglo XX». Me refiero a las precisiones de que
habla usted en el caso de Agustín Yáñez en La Gracia
Pública de las Letras.

¿Cree usted que la critica y la historiografía mexicanas de la cultura estén preparadas para emprender esas
precisiones, o que esté dispuesta a hacerlo hoy que el momento histórico parece propicio? ¿Y cómo podría realizarse ese proceso sin caer; desde luego, en revanchismos o
cosas similares, sino con la prudencia necesaria?
LMC: Disiento de su modo de ver las cosas a
este respecto. Cierto; el caso de Agustín Yáñez es
un ejemplo a propósito para postular que las necesidades del sistema político mexicano determinan lafama pública de ciertos autores. Algo parecido sucedería con Jaime Torres Bodet, por ejemplo, cuya obra hoy se lee e interpreta desde la perspectiva de su servicio público. Hecho lamentable
para un poeta y un prosista de tan alto nivel.
Sin embargo, no creo que debamos llevar las cosas al extremo. Uno de los propósitos de La Gracia
Pública de las Letras-acepto que ni del todo ni explícitamente desarrollado- radica en plantear que los
factores que determinan los núcleos básicos de un
relato oficial sobre la cultura mexicana son de diversa índole. El factor político no es el único; ni siquiera el dominante: un sistema literario se rige de acuerdo con leyes inherentes a las formas verbales; quiero decir, a la construcción, circulación, apropiación
y lectura de las formas verbales. Así, recuérdese que
en La Gracia Pública de las Letras destaco el hecho de
queJuan Rulfo se haya visto favorecido por un horizonte que privilegiaba las formas narrativas elegidas
por este escritor.
O bien adviértase que me detengo en las disputas retóricas que propiciaron el auge del modernismo y del Ateneo de la Juventud, en menoscabo de
la poesía tradicional y conservadora.
En fin, sospecho que el replanteamiento necesario de nuestra historia literaria, al margen de los cambios de regímenes políticos, pasa por el fortalecimiento material y humano de las instancias responsables de la historia y la crítica literarias: universidades, centros de investigación, archivos documentales, revistas, periódicos, bibliotecas, etc. La pobreza
de nuestros discursos críticos al respecto de la literatura es el reflejo de un entorno social deprimido en
materia cultural: pocos y viejos libros a disposición
de estudiantes escasos, suplementos y revistas literarias de muy restringida circulación, poca movilidad
en las plantas de profesores e investigadores, etc.
Estamos ante un hecho que implica _un cambio en
el sistema de una cultura y no sólo un relevo de personajes políticos.

[ 41]

�3.

as gestiones
del escritor canciller

México, D. F. a 22 de septiembre de 1942
Sr. Dr. D. Enrique GonzálezMartínez
Mayorazgo, 715
Colonia del Valle, D. F.

Caro Enrique:

[Tres cartas de Alfonso Reyes a Enrique González Martínez
y un comentario histórico]

Leonardo Martínez Carrizales

Aquí está el temario puesto en orden. Aquí está
la lista d e personas. Los nuevos quedan sometidos a las instrucciones de usted. Cuando usted
mande cito a quienes usted me diga, avisándole
previamente a Jaime.
Un abrazo,
Alfonso Reyes.3

l.
México, D. F. a 15 de agosto de 1942

***

Confidencial
Sr. Dr. D. Enrique González Martínez
Mayorazgo, 715

COMENCEMOS POR CARACTERIZAR l.A ÍNDOLE DEL CONGRE-

Colonia del Valle, D. F.

SO

Mi querido y admirado Enrique:
La suerte nos une, y yo muy orgulloso. Hablé con
Jaime Torres Bodet. Donde usted vaya voy yo. Pero
quiero hablar con usted porque no me tranquiliza la idea de tener en el seno de la Comisión para
el Congreso de Escritores al equívoco [Fernando]
De la Llave y al difícil [Félix Fulgencio] Palavicini.
Además,Jaime quiere que añadamos otros miembros a la Junta, tanto para disolver ese veneno en
más agua como para caracterizar los distintos géneros: historiador, filósofo, etc. Finalmente,Jaime
nos pide candidato para tesorero. Yo creo que
debemos pensar en una persona que, a su matiz
intelectual, una predominante capacidad administrativa y burocrática. De lo contrario, estamos perdidos. Mis teléfonos privados están en las dos guías.
Los de mi despacho van en esta carta. Espero con
urgencia sus órdenes y le mando un abrazo.

Alfonso Re) es por Luis Chessal

2.
Telegrama ordinario
Doctor Enrique González Martínez
Mayorazgo 715
Colonia Del Valle
Sábado 10 mai'iana pasaré por usted para visitar Torres Bodet
que nos espera saludos
Alfonso Reyes

de escritores americanos aludido en estas cartas.4 En principio, se trata de la iniciativa de un
comité de escritores, independiente del Estado
mexicano. Sin embargo, desde luego este comité
quiso relacionar a la Secretaría de Relaciones Exteriores con sus propósitos, consciente del clima
político que se vivía en 1942. La Cancillería consintió en dar su apoyo a la iniciativa, sustentada
en las coincidencias que el proyecto original tenía con la posición del gobierno mexicano ante
la agenda política y diplomática planteada por la
guerra. Así, el congreso debía llevarse a cabo el 12
de octubre en la ciudad de México.
El comité estaba organizado de la siguiente
manera: Jorge Ferretis presidía la Comisión Coordinadora de Trabajo, a la cual también pertenecían Mauricio Magdaleno, Ermilo Abreu Gómez,
Carlos Pellicer, Rafael F. Muñoz y Gregario López
y Fuentes. Por su parte, Félix Fulgencio Palavicini
encabezaba la Comisión de Asuntos Diplomáticos,
en la cual colaboraban Luis l. Rodríguez yJosé de

El Colegio de México

Alfonso Reyes

Pánuco, 63

1

México, D. F.

3

México, D. F. a 20 de agosto de 19422
4

1

Documento mecanográfico; copia al carbón, füma autógrafa. Una hoja de papel escrita en una cara. Procedencia: Expediente Enrique González Martínez, Capilla Alfonsina.

2

[ 42]

Documento mecanográfico; copia al carbón, firma autógrafa. Una hoja de papel escrita en una cara. Procedencia: Expediente Enrique González Martínez, Capilla Alfonsina.

Documento mecanográfico; copia al i;arbón sin finna autógrafa. Una hoja de papel escrita-4tn una.cara. Procedencia:
Expediente Enrique González Martínez, Capilla Alfonsina.
Los documentos relativos a la organización de la Conferencia Interamericana de Escritores de 1942, sustento de este
artículo, proceden del expediente Congreso de Escritores
Americanos, del Archivo Histórico "Matías Romero" de la
Secretaría de Relaciones Exteriores, ill-614-17.

Jesús Núñez y Domínguez. Fernando de la Llave
era el presidente de la Comisión General de Organización, con la cual también contribuían
Chano Urueta y Roberto Guzmán Araujo. Al frente de la Secretaría de Asuntos Económicos figuraba Adela Formoso de Obregón Santacilia, y al frente del Gabinete de Información Áurea Procel.
Como puede advertirse, se trataba de una organización compleja, expresión de un grupo de escritores y políticos con intereses bien definidos, suficientes como para reclamar una zona de acción
pública en los asuntos propagandísticos del Estado frente a la guerra.
Ya para marzo de 1942, este grupo negociaba
con el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Con el propósito de
cobrar proyección continental, así como también
de contar con una organización hemisférica eficaz, De la Llave se había comprometido a tener al
tanto del Congreso a todas las representaciones
de México en América. El 21 de mayo de 1942,
Fernando de la Llave escribió lo que sigue a la
Dirección General de Asuntos Políticos y del Servicio Diplomático de la Secretaría de Relaciones
Exteriores: «La Comisión General de Organización gestionará con las Secretarías de Educación
Pública de los diferentes Gobiernos de la América el envío de los escritores que representen a cada
país, siendo los gastos de permanencia en México
por cuenta del Gobierno, que en esta forma ha
cooperado para el más brillante éxito de esta trascendental asamblea de escritores, más que nunca
urgente e indispensable».
En consecuencia, el gobierno de México otorgaría a las decisiones del comité organizador no
sólo su sanción institucional, sino también sus recursos económicos. Esta deferencia poco común
en beneficio de una iniciativa independiente parecía plenamente justificada en virtud de la necesidad del gobierno de fraguar una cobertura de
orden intelectual a su política de apoyo a los Estados Unidos en el año crítico de 1942: el año de
ingreso en el conflicto europeo de la poderosa
nación americana y de México. No obstante, cuando esta iniciativa se vio desplazada del favor gubernamental, fue precisamente el tema de la subvención pública uno de los más socorridos en los
ataques periodísticos.
Pero este desplazamiento tardará en ocurrir y,
como advertimos por las cartas que comentamos

[ 43]

�r

en este apéndice, Jaime Torres Bodet, Alfonso
Reyes y Enrique González Martínez. todavía tuvieron que arreglárselas en agosto de 1942 con Fernando de la Llave y sus am_igos. El 25 de mayo,
este personaje enteró a la ya referida Dirección
General de Asuntos Políticos y del Servicio Diplomático del nombramiento de los delegados de su
comité.con el propósito de;: obtener para ellos certificación oficial. Repasemos los nombres de estos
delegados: José deJesús Núñez y Domínguez,José
María González de Mendoza, Rafael F. Muñoz,
Mauricio Magdalena, Ermilo Ab.reu Gómez, Mariano Azuela, Ricardo López Méndez, Martín Luis
Guzmán, Enrique González Martínez, Jorge
Ferretis, Gregario López y Fuentes, Alejandro
Quijano, Artemio de Valle-Arizpe,José Vasconcelos y Félix F. Palavicini.
La organización llegó a tal punto que De la Llave nombró a Gustavo Ortiz Hernán, cónsul d e
México en Filadelfia, «Representante General 9el
citado Comité en los Estados Unidos de Norteamérica» (16 de junio de 1942); inmediatamente,
la Cancillería se dio por enterada y envió la notificación correspondiente al embajador Francisco
Castillo N.ijera. Los trabajos preparatorios de este
congreso siguieron adelante en estas condiciones;
incluso Cuba llegaría a nombrar delegados, según
el informe puntual del encargado de negocios a. i.,
José Gorostiza.
La convocatoria al congreso fue emitida en
mayo de 1942. Una reseña de sus propósitos puede darnos una idea aproximada de la zona ideológica en la cual pudieron coincidir los intereses de
la Secretaría de Relaciones Exteriores y lós del
grupo de Fernando de la Llave. Este documento
proclamaba la necesidad de reunir a los escritores de América «en un cuerpo de lucha para defender los esenciales derechos de la civilización y
la dignidad humanas» . Dadas las circunstancias internacionales del momento, la convocatoria postulaba la urgencia de concretar en manifestaciones tangibles las obligaciones sociales del escritor.
La reunión proyectada en 1942 habría de ser la
primera de una serie anual y permanente, coq base
en un organismo internacional que congregase
representaciones nacionales acreditadas con derecho a voto. La agenda estaba integrada por ocho
puntos: l. La posición del escritor de América en
la hora actual; 2. La responsabilidad social del escritor y su forma de lucha por la defensa de la

democracia americana y en contra del nazifacismo,
considerado éste como enemigo de la cultura; 3. La
participación del escritor en los deberes de los pueblos libres; 4. La formación de una conciencia democrática en América; 5. El examen de los problemas de la cultura en relación con la libertad; 6. La
coordinación cultural de los pueblos del continente; 7. La constitución de un comité permanente que
actúe simultáneamente ~on los gobiernos, los escritores y la prensa de los países americanos; y 8. Asuntos generales.
Esta iniciativa gozó, hasta agosto de 1942, del
favor oficial. Al margen de los consensos y las negociaciones entre grupos de interés que debieron
sustentar la fortuna de este proyecto, y que por el
momento se me escapan, el gobierno mexicano
encontró en el congreso satisfechos dos de sus
principios más caros en la coyuntura internacional: uno, de política interna, el de unidad nacional, y otro, de política exterior, el de la organización panamericana en defensa de la democracia
-la democracia de los países aliados-. Sobre todo
en este segundo aspecto los escritores mexicanos
prestaron servicios incalculables desde el punto
de vista de la construcción de un discurso sólido;
algunos de ellos cederían al Estado parte del capital político y diplomático atesorado en el servicio
exterior. Tal será el caso del funcionario de alto
nivel de la Secretaría de Relaciones ExterioresJaime Torres Bodet, quien, como veremos poco más
adelante, terminará por operar la reunión continental de escritores americanos, al margen de los
organizadores del proyecto original, y quien llamará en su auxilio al prestigioso perfil internacional de Enrique González Martínez y Alfonso Reyes. En este punto, de Reyes cabe agregar un par
de cosas: su dilatado servicio diplomático, más
extenso y estratégico que el de González Martínez, y sus capacidades intelectuales y discursivas
puestas al servicio del Estado mexicano, tanto en
sus informes técnicos como en documentos públicos.
Empeñado en situar el destino de México en
una zona hemisférica dominada por los Estados
U nidos desde que, asumió la Subsecretaría .de Relaciones Exteriores avilacamachista,Jaime Torres
Bodet explicó en voz alta el marco de referencia
cultural en que debía comprénderse la actitud
adoptada por México .con una decisión, si cabe,
más enfática, luego de la agresión japonesa a los

[ 44]

Estados Unidos en 1941; decisión orientada a
reactivar y hacer efectivos los mecanismos de cooperación regional sancionados por el panamericanismo.
Fieles a la voluntad popular, nuestros gobiernos han expresado ya su d_eterminación de mantener incólume el espíritu de·unidad de este continente. Solidaridad, firmeza, confianza, trabajo y
unión, son los preceptos que, por lo que concierne a México, se desprenden de las palabras que
ha dirigido al país el señor Presidente Ávila Camacho. Es necesario elevar nuestro pensamiento.
Es necesario asumir las responsabilidades que surgen de una situación que no hemos provocado,
pero a la que nos sobrepondremos con estoicismo. Es necesario, en fin, izar en todas las voluntades una misma bandera: la del esfuerzo, para la
salvación de la democracia.5
¿Será necesario advertir que la democracia en
la cual Torres Bodet empeñó todo su crédito tiene un valor que sólo puede reconocerse a la luz
de los problemas internacionales más apremiantes del periodo (la guerra) y del conflicto hemisférico más prolongado que haya padecido el país
(el entendimiento con los Estados Unidos)? De
este modo, no será extraño reconocer el terreno
pedregoso en que esta política debió abrirse paso.
De allí el empeño de Torres Bodet en involucrar
el crédito de Reyes y de González Martínez en una
iniciativa que arrendaría agua a su molino: el congreso de escritores americanos.
Entre los simpatizantes de esta posición, cabe
destacar la actitud de Jesús Silva Herzog: «¿Qué
intereses defendían las democracias: Estados Unidos, Inglaterra y aun la Unión Soviética que estuvo alineada en la lucha? Según entendimos aquí,
defendían la libertad del hombre, la dignidad del
hombre, la decencia en la vida del hombre, la eliminación del temor, el mejoramiento de la vida
humana.»6

5

6

Estas palabras corresponden al discurso pronunciado por
Torres Bodet en el banquete ofrecido por la Mesa Redonda
Panamericana para celebrar el Día de las Américas, el 14 de
abril de 1942. J. Torres Bodet, «La democracia, ambiente propio del continente americano», en Discursos, México, Editorial Ponúa, 19 , p. 67.
J. W. Wilkie y E. M. de Wilkie, «Jesús Silva Herzog, economista e historiador», en México visto en el siglo XX. Entrevistas de
histaria oral, México, Instituto Mexicano de Investigaciones
Económicas, 1969, p. 700-701.

Jaime Torres Bodet por Luis Chessal

La operación política de Jaime Torres Bodet,
acatada y avalada por Alfonso Reyes en favor del
dominio del congreso de escritores, queda puesta
de manifiesto en las cartas que encabezan este artículo. Jaime había sido nombrado subsecretario
de Relaciones Exteriores por el flamante presidente Manuel Ávila Camacho. Ezequiel Padilla, promotor del congreso, sería su superior en la cancillería. Muy pronto, Torres Bodet se convirtió en el
operador político de Padilla y, bien visto, del presidente, pues la agenda internacional de la administración encabezada por el teziuteco ocuparía
un lugar notabilísimo en virtud del escenario internacional en el que se llevaba a cabo el relevo
del poder mexicano: la guerra en Europa y las reclamaciones norteamericanas a nuestro país. Un
acuerdo de cooperación hemisférica resultaba el
camino indicado para Manuel Ávila Camacho. «La
[tarea] más urgente consistiría en orientar a la comunidad nacional frente a la guerra que amenazaba extenderse por todo el mundo. Me he referido a la sorda germanofilia que fermentaba en
nuestro país. Cuanto más expresaba el gobierno
de Washington su simpatía por la Gran Bretaña,
menos ecos hallaba esa simpatía en diversos sectores, ignaros unos y cultos otros, pero reacios, éstos y aquéllos, a la colaboración panamericana.»7
Así, el trabajo de Jaime Torres Bodet se orien-

7

[ 45]

J. Torres Bodet, en Memorias, t. 11, p. 645.

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1

Mariano Azuela por Luis ChessaJ

1

1

1

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-

tó hacia el allanamiento de los escollos en el entendimiento de las dos naciones, y hacia el combate en contra de la malquerencia de la opinión
pública con respecto de ese entendimiento. En
esto último, invirtió todo su capital intelectual y
su imaginación retórica.
En el libro en que Jaime Torres Bodet recopiló
y organizó cuidadosamente sus copiosos discursos
públicos, no hay ninguno que aluda a un congreso de escritores americanos. El texto más cercano
a este hecho es el que coresponde a la celebración del XXI aniversario de la fundación del PEN
Club Internacional, verificada el 1 de diciembre
de 1942. Es plausible, pues, la búsqueda en tales
palabras de algún reflejo de las motivaciones ideológicas y políticas que explicaban las maniobras
de Torres Bodet, Reyes y González Martínez.
Esta pieza oratoria es un modelo de la práctica
del discurso que Jaime Torres Bodet ejerció con
raro talento y eficacia en el servicio de los intereses del Estado. De acuerdo con esas palabras, efectivamente pronunciadas frente a una asamblea de
escritores americanos, el hombre de letras tiene
un modo de servir a la sociedad: el cumplimiento
pleno del designio que le es propio, y que radica
en cumplir con el mandato de la belleza, al mismo tiempo en que cumple con el imperativo de la
moral pública. El propio Torres Bodet vuelve explícita la fuente de esta doctrina cívica del arte: la
antigua Grecia. El matrimonio de la Belleza y de
la Bondad en beneficio de la salud de la Repúbli-

ca. En la conclusión de su oración cívica, esta idea
clásica sobre el poeta y la poesía queda asociada
al momento presente. «Y una de las formas más
nobles de la existencia del escritor es la lucha por
el derecho y la libertad. En una edad en que la
barbarie mecánica de las dictaduras intenta arrasar no sólo a los pueblos independientes, sino a
los altos conceptos de justicia, de honor y de humana fraternidad, el intelectual no puede encerrarse dentro del frío egoísmo del dil,ettante. Todo
lo obliga a actuar con valor y con decisión.» 8 La
arenga del servidor público no se hace esperar:
«Libertad y cultura van siempre unidas. Reconociéndolo así, los intelectuales de este Continente
no han de dejarse vencer por el pesimismo. Nada
puede eximirles de sus deberes de hombres y de
ciudadanos. América es tierra de libertad y sus
designios se encuentran ligados a la razón de ser
de la democracia. Mas, para afirmar su perduración, es indispensable advertir con exactitud que
tan magnífica empresa reclamará de todos nosotros un don absoluto y sin reticencias.»9
La presencia de Jaime Torres Bodet en las operaciones ideológicas de la Cancillería mexicana, y
el liderazgo que pronto cobró al mediar el trato
de los escritores con la Secretaría de Relaciones
Exteriores coincide con el desplazamiento de la
iniciativa original del congreso. En breve, dicha
iniciativa será sustituida por otra completamente
controlada por el gobierno mexicano, a través del
subsecretario, con el apoyo de Reyes y González
Martínez.
El 7 de agosto de 1942, la Cancillería giró un
telegrama a todas las legaciones y embajadas de
México en América para anunciar el aplazamiento del congreso «con objeto de darle [a éste] una
nueva organización de mayor alcance». El 22 de
agosto, el canciller Ezequiel Padilla escribió al
embajador de México en Estados Unidos, Francisco Castillo N;ijera, un documento reservado que
reviste una importancia especial para nuestro asunto: el estatuto alcanzado por Reyes y González
Martínez en la planeación del encuentro de escritores americanos, una vez que el proyecto original había sido desplazado de los intereses de la

8

J. Torres Bodet, «Misión de los escritores», en Discursos, 2a. ed.,

9

[ 46]

México, Editorial Porrúa, 1981, p. 803.
lbid., pp. 803-804.

Secretaría de Relaciones Exteriores. De acuerdo
con el documento de marras, la Cancillería había
decidido ya no apoyar el congreso de Fernando
de la Llave, Félix F. Palavicini y su comité.
En cambio, la Secretaría de Relaciones Exteriores
ha estimado útil robustecer el actual movimiento
de solidaridad continental por medio de la celebración de una Conferencia Interamericana de Escritores, de carácter oficial, y a la que asistan los valores más auténticos, en el campo de las letras, de
nuestro Continente. Desde luego, se ha constituido
un Comité Organizador del que es Presidente el Dr.
Enrique González Martínez y Secretario General el
Lic. Alfonso Reyes.

La reunión de escritores se llevaría a cabo en
mayo de 1943. El memorando del embajador
mexicano tenía como propósito hacer a la Cancillería la siguiente consulta, antes de operar en
Estados Unidos la nueva iniciativa: o que el encuentro se organizara como un acto propio del
gobierno, o que se llevara a cabo con la estrecha
colaboración de la Unión Panamericana. En su
respuesta, la Secretaría confesó que se inclinaba
por la segunda opción. Así, pide a la embajada
que examine la opinión del Consejo Directivo de
la Unión Panamericana a este respecto. Incluso
autoriza al embajador a nombrar un delegado para
que se traslade a México y discuta directamente el
punto con el comité de González Martínez y Reyes y, en su caso, formule un anteproyecto. Tal es
el grado de interés que este plan ha cobrado en el
ánimo de la Secretaría, y la atención que se dispensa a los Estados Unidos.
Las consultas, debieron llevarse a cabo inmediatamente, pues el embajador Francisco Castillo
Nájera respondió al titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el 11 de septiembre, que el
gobierno de México debía convocar la reunión de
escritores americanos con el apoyo de la Comisión Mexicana de Cooperación Intelectual de la
Unión Panamericana, «con cuyo jefe hemos tratado este asunto ampliamente, habiéndonos asegurado que la Unión Panamericana prestará toda
clase de facilidades y colaborará en forma decidida para el éxito completo de la Conferencia Interamericana de Escritores».
Corno se advierte, tanto el nombre oficial de la
reunión como la cobertura institucional habían

cambiado sustancialmente. Alfonso Reyes, Enrique
González Martínez y Jaime Torres Bodet habían
transformado la iniciativa original de acuerdo con
los intereses prioritarios del gobierno mexicano
ante las puertas de la guerra. En lo sucesivo, el
curso de la organización de la Conferencia Interamericana de Escritores se apegará a los intereses panamericanos que ligaban a México con los
Estados Unidos en el escenario de la Segunda
Guerra Mundial. Incluso tenemos evidencia de
que• Alfonso Reyes, partidario de estos intereses,
gestionó el apoyo de Nelson Rockefeller, en su
calidad de director de la Institución Coordinadora de Relaciones Culturales Inter-Americanas en
los Estados Unidos. 10 La Cancillería adoptó esta
sugerencia: hacia los primeros días de diciembre,
la embajada de México en los Estados Unidos informó a la Secretaría del interés de Rockefeller
en apoyar la Conferencia, para lo cual requería
los nombres de los escritores interesados en participar, la agenda del encuentro y la cantidad aproximada de recursos requerida por los delegados que
no contaran con ayuda de sus gobiernos.
No tengo noticias acerca de la celebración de
la Conferencia Interamericana de Escritores. Sin
embargo, hasta aquí, el episodio es suficiente para
estudiar los propósitos y las actitudes de escritores corno Alfonso Reyes al servicio de ciertas iniciativas gubernamentales.

'º

[ 47]

«México, D. F. a 23 de noviembre de 1942. / Excmo. Sr. D.
Ezequiel Padilla, / Secretario de Relaciones Exteriores / CIUDAD. / Señor Secretario y muy distinguido y fino amigo:/ En
nombre del Comité Organizador de la Conferencia Inter-Americana de Escritores que habrá de celebrarse en México en
julio próximo y cuyos fines y propósitos usted conoce, me permito rogar a usted el que nos conceda su valiosa mediación
para interesar en dicha Conferencia a Mr. Nelson Rockefeller,
Director de la Institución Coordinadora de Relaciones Culturales Inter-Americanas en los Estados Unidos. / Dando a usted las gracias de antemano por tan precioso auxilio y en espera de que usted tenga a bien concedérnoslo, lo saludo con la
mayor atención y soy siempre su cordial y viejo amigo / [Rúbrica] / Alfonso Reyes.» (Documento mecanográfico. )

�11 lfonso Reyes en Brasil
Alfonso Rangel Guerra
ALFONSO REYES SIRVIÓ A MÉXICO EN EL EXTERIOR EN

diversos cargos, hasta el de encargado de negocios y después embajador, en España, Francia,
Argentina y Brasil. En Argentina estuvo en dos
ocasiones y en Brasil un largo periodo de siete
años, más una estancia final de nueve meses enviado por el presidente Cárdenas para negociar la
venta de petróleo mexicano. Esta larga estancia
en Brasil dejó profunda huella en el escritor. Ahora, después de más de cuarenta años de su fallecimiento, se publica un estudio exhaustivo y riguroso sobre la presencia de Alfonso Reyes en Brasil y
la influencia y el significado que la cultura y las
letras brasileñas ejercieron en la persona y la obra
del mexicano universal. El doctor Fred P. Ellison,
de la Universidad de Texas en Austin, ha escrito
el libro Alfonso Reyes y el Brasil, editado por
CONACULTA el año 2000, en su bella colección
«Sello Bermejo».
«Es irónico -escribe el doctor Ellison- que a
causa de la 'incomunicación' (que lo lamentaba)
entre las grandes 'mitades' de Iberoamérica, el
valioso papel de Reyes como intérprete del Brasil
todavía no haya sido apreciado, ni por los mexicanos ni por los brasileños.» (p. 220). El libro del
doctor Ellison supera esta lamentable situación y
en sus 267 páginas nos ofrece una amplia y completa visión de la vida de Alfonso Reyes en ese país,
sus relaciones y amistades con los escritores brasileños, su visión de la cultura y la circunstancia brasileñas y la poderosa influencia que el Brasil estableció en su obra y en su visión americana de la
cultura. En los últimos capítulos del libro, Ellison
destaca lo que llama las «reverberaciones» del
Brasil en la obra y el hacer literarios de Alfonso
reyes, desde su regreso definitivo a México en 1939
hasta su muerte ocurrida veinte años después.
Es curioso -como se puede leer en sus cartas a
Genaro Estrada-, que su traslado de Buenos Aires
a Río deJaneiro en 1930, no le haya parecido al
escritor un cambio interesante, pues dejaba la capital argentina (a pesar de los problemas que aquí

padeció) que sin duda le representaba un ámbito
similar al que había vivido antes en París y Madrid. Brasil, en cambio, lo ve como un lugar distante de los sitios y espacios culturales y diplomáticos que había conocido. Desde Montevideo le
escribe a Genaro Estrada una carta-telegrama el 3
de marzo de 1930: «Exclusivamente confidencial
ruégole aconsejarme qué debo hacer, pues aunque aprecio mucho honrosa proposición, consideró Brasil alejado notoriamente de los principales centros de actividad diplomática y literaria...
Como siempre estoy dispuesto a obedecer, pero
por primera vez trasladó resúltame aflictivo.» Sin
embargo, a medida que fue pasando el tiempo
Alfonso Reyes fue adquiriendo y comprendiendo
la verdadera dimensión y la riqueza espiritual y
humana que el país le ofrecía en el trato con sus
escritores y diplomáticos. Como afirma el doctor
Ellison: «La naturaleza tropical -para don Alfonso- [... ] representa una atracción casi mística y tiene el poder de rejuvenecer su espíritu (p. 31); y
del brasileño el mismo Reyes dijo que «es el diplomático nato, y el mejor negociador que ha conocido la historia humana» . («el Brasil en una castaña»).
Aunque fue concebido en Buenos Aires, el
Correo Literario Monterrey apareció en Río de
Janeiro y casi toda la vida de la publicación corresponde a la tierra brasileña, pues al regresar
de Río a Buenos Aires el Correo pronto deja de
publicarse. Alfonso Reyes dejó testimonio de las
dificultades que debió enfrentar al momento de
editar e imprimir una publicación de lengua española realizada por linotipistas brasileños. Pero
supo superar estas situaciones no sólo porque sabía el significado y el valor que este Correo tenía
para sus amigos y escritores de Europa y América,
sino también sin duda porque el ambiente humano y literario de Río lo empujaba a cumplir con
satisfacción esta peculiar tarea de editor solitario,
trabajo que le permitió alcanzar la comunicación
literaria que deseaba y le devolvió con creces, en

[ 48]

amistad y literatura, el esfuerzo complido.
Como en todos los lugares donde Alfonso Reyes sirvió a México, en Brasil su obra literaria de
ninguna manera disminuyó o perturbó el trabajo
diplomático que le correspondía, y podría afirmarse que nadie como él desempeñó esa difícil tarea
de acercar a dos pueblos distantes por la geografía pero unidos en esa peculiar sensibilidad derivada de su condición americana. El tiempo ha
desdibujado este esfuerzo y por eso cobra especial valor el libro del doctor Fred P. Ellison sobre
Reyes y sus años en este bello país.
De los aspectos más importantes de la vida de
Alfonso Reyes en Brasil, sobresalen sus relaciones
con autores como Manuel Bandeira, Ribeiro
Couto, Renato Almeida, Tristao de Athayde (Alceu
Amoroso Lima), Cecilia Meireles y otros más. En
todos encontró generosidad e inteligencia y una
amplia disposición para valorar su trabajo diplomático y cultural. Sobre Cecilia Meireles importa
mencionar la correspondencia que mantuvo con
Alfonso Reyes, de la que el doctor Ellison nos informa que sólo las cartas de la escritora están archivadas en la Capill_a Alfonsina de la ciudad de
México y no aparece copia de ninguna de las que
Reyes debió escribir a esta bella escritora. El misterio sobre la posible relación de Reyes con Cecilia
Meireles se mantiene todavía y quizá llegue a despejarse algún día. El cuento «Análisis de una pasión» pareciera no referirse a la escritora, a pesar
de que el personaje femenino lleva su nombre.

En todo caso, es interesante destacar la emotiva
lectura de las cartas de Cecilia Meireles a Alfonso
Reyes sobre el tema de la educación. Ella estaba
convencida del poder de la educación en la formación de los niños y la escritora brasileña muestra una riqueza interior, alimentada por la convicción del valor de la educación en el desarrollo de
la persona y de la sociedad. Pero además ella supo
apreciar y valorar al intelectual mexicano. En una
de sus cartas de 1931, Cecilia Meireles escribe sobre la capacidad de Reyes para entender la psicología del adolescente: «Mostra-nos a supreendente
riqueza emotiva de uma idade ondulante como a agua,
e que contém en si todas as direr;oes, como o vento... »
( «Nos muestra la sorprendente riqueza emotiva
de una edad ondulante como el agua, y que contiene en sí todas las direcciones, como el viento»).
Sorprende en la lectura de este valioso estudio
de Fred P. Ellison, la diversidad y profundidad de
las relaciones amistosas establecidas por Reyes cojn
tantos escritores brasileños. La acuciosidad del
investigador supo penetrar en la relación humana del mexicano con sus amigos brasileños. Detrás de esta correspondencia y de estas amistades
se mueve el amplio y complejo cuadro, animado
por esa peculiar forma de cautivación que este país,
su naturaleza, sus letras y sus gentes, ejerció en
Alfonso Reyes. Además, su carácter mediador y su
disposición para convivir y mantener con sus amigos del Brasil esta línea permanente de contacto
afectuoso y de valoración de la conducta humana

[ 49]

�y literaria, ofrece en estas páginas una visión desconocida, o no suficientemente conocida, de la
estrecha relación humana que Alfonso reyes mantuvo con sus amigos brasileños. Otro aspecto poco
estudiado en la vida y la obra de Alfonso Reyes, es
el efecto que la atmósfera brasileña imprimió a su
obra, propiciando una visión más sensual de la vida
y aún la presencia de aspectos eróticos que antes
no se habían manifestado en su literatura. El estudio de Ellison se detiene en estos aspectos para
mostrar el peculiar fenómeno de la natural disposición del escritor para expresar su gusto por la
belleza femenina, enriquecida por el ámbito de
una naturaleza rica en testimonio y pródiga en
forma y color. También merecen destacarse los
avances que el espíritu del escritor hizo hacia un
territorio no expresado antes, como si esa atmósfera brasileña hubiera sido propicia para la
desinhibición de la escritura de Reyes. El poema
«Salambona», escrito en Río en 1935, es un buen
ejemplo de este tipo de poesía.
La poesía escrita por Alfonso Reyes en Brasil, o
después en México con las «reverberaciones» que
menciona Ellison, es testimonio de esta podersa

fuerza en la que el escritor se dejó envolver. Los
«Romances del Río de Enero» revelan esa prodigiosa capacidad del espíritu para convertir en palabras Un mundo pródigo en incitaciones y llamados, que llevaron al poeta a verter en la forma
más querida para él, el romance, todas las respuestas que su mundo interior era capaz de expresar a
través de la palabra. Estos, «Romances del Río de
Enero», ajuicio de los mismos brasileños, son la
expresión más alta escrita por un extranjero sobre la ciudad de Río.
Toda la visión que se ofrece del mexicano universal en el interesante y delicioso estudio del doctor Fred P. Ellison, muestra el efecto que estos largos años vividos por Alfonso Reyes en Brasil, influyeron en su vida y obra. Este libro enriquece la
bibliografía sobre Reyes y viene a demostrar que
después de más de cuatro décadas de su desaparición, la riqueza y contenido de su obra continúa y
continuará ofreciendo la posibilidad de revelarse
a través de las investigaciones de los estudiosos de
esta obra, inagotable y siempre nueva como lo es
la de todos los grandes escritores a lo largo de la
historia humana.

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ta años. Su biografía, su obra, su presencia en el
mundo lo diferencian de los demás pintores mexicanos, los de su generación, los anteriores y también
los posteriores.
Desde la más extrema infancia estableció una relación con la creación plástica, aun si en aquella época no tenía conciencia de ello. Podemos imaginar
un niño con mínima escolaridad que juega con bolas de arcilla o de cera fascinado de que sus dedos
las conviertan en figuras. Descubrió entonces las
posibles transformaciones de que es susceptible la
materia y también los senderos que llevan a la representación. Del juego con la materia informe surgirán pescados, palomas, o algo parecido a los rostros
de sus hermanas. Un eco de esa sorpresa infantil ha
acompañado a su pintura, sus escenografías, su obra
gráfica y su escultura.
A los catorce años participó en una exposición
organizada por el pintor Rodríguez Caracalla, en
cuyo taller había aprendido durante un año el uso
de los materiales, la preparación de las telas, el manejo de la perspectiva, en donde participarían también el maestro y algunos alumnos; el adolescente
Soriano demuestra no ser un mero estudiante de

pintura, sino un pintor por derecho propio.
La capacidad de sorpresa y una feliz seguridad a la
que él a veces llama inseguridad han sido signos permanentes en su vida. Es seguro hasta en sus dudas. Es seguro cuando destruye un cuadro por no coincidir con el
proyecto ideal que había trazado. Seguro, también, cuando siente que debe corregirse.
Aquella primera exposición en el Museo de Guadalajara marcó su destino. Es fácil advertir que no
copia sumisamente la lección de los maestros del
pasado, ni tampoco la de sus contemporáneos, cuyas obras pudo haber visto en revistas de arte o en
páginas culturales de los periódicos que encuentra
en el Taller de Jesús Reyes Ferreira, de quien es ayudante. Desde la primera aparición de su pintura él
tiene ya una visión. No son cuadros inseguros, ni
farragosos, ni bobos. «El pintor ve aquello que los
otros sólo sienten o apenas vislumbran», escribe
Benedetto Croce, y define de esa manera tan sencilla y clara el problema de ver. Aquel chamaco de trece años había ya visto o vislumbrado entre brumas
lo que era la pintura, o al menos su pintura, y quizás
sospechara hacia dónde debía dirigirse.
Los retratos presentados en la exposición del
Museo de Guadalajara no se parecen a los de Diego
Rivera ni a los de los demás muralistas; tampoco a
los cuadros de Tamayo, de Guerrero Galván, de Ju-

[ 52]

lio Castellanos, o de Rodríguez Lozano, salvo en cierta atmósfera común, esa música del tiempo, que llamaba Gauguin, cuando hablaba de sus lazos con pintores contemporáneos, absolutamente diferentes en
sus.intenciones, sus temas y sus procedimientos técnicos y con quienes, sirí' embargo, establecía una
conexión subterránea. Eran retratos de sus hermanas, de vecinos y un autorretrato. Lo que mantiene
radiantemente vivos a esos cuadros, potenciados por
el paso del tiempo, es el empeño del pintor de lograr composiciones muy estrictas. En el retrato de
su hermana Marta, los planos de una mesa se contraponen con la figura humana como dos masas de
color que convergen en un ángulo. La posición inclinada de una manera extraña del rostro hace posible combinaciones geqmétricas con los otros objetos del cuadro: una botella y un libro. Sin ser consciente de ello, su preocupación fundamental era ya
la composición, es decir, la distribución de los espacios para producir un efecto determinado.
Aun ahora ese principio le parece válido. Todo
detalle en un cuadro debe componer. Ya en aquella época
parecería que al mismo tiempo que tiene en mente a
la persona o al objeto que va a pintar estaría encarándose a las distintas posibilidades que puede permitir
la dimensión de la tela, la posición de las masas en esa
superficie y la disposición de los colores.
El Juan Soriano imberbe que en 1934 mostró sus
obras en Guadalajara, no era meramente un embrión
de artista, sino un creador de cuadros con un sello
individual, destinado a cubrir otros espacios plásticos, a encontrar una noble armonía entre el clasicismo y la experimentación, la libertad y el canon, la
vanguardia y la tradición. Un artista tocado por la
levedad y la gracia pero también por la intensidad
de emoción. Es un heredero de la caldera fáustica;
en la suya cabe todo: el mito y la realidad a secas, lo
cotidiano y lo universal, lo lejano y lo que está a la
mano. Lo único que no admite es lo pomposo, lo
hueco, lo falso.
La obra de Soriano se sostiene por una constante
elaboración de su intuición a la que ha convertido
en un sistema de conocimientos y de creación. En
todos los periodos ha estado presente la educación
de su mirada. Su auténtica escuela ha sido la curiosidad y el interés por la cultura. Guadalajara es la fuente inicial a la que recurre siempre, es el lugar de su
niñez y de su adolescencia, el de las primeras obras,
la marca de fuego, el seno matemo ..Al abandonarla
rompió el cordón umbilical y se proporcionó una

educación a su manera. En una ocasión declaró: «Yo
no creo que se pueda enseñar. Cuando daba clases
les aconsejaba a mis alumnos que no vinieran al salón, que pintaran en sus casas, que leyeran, viajaran,
asistieran a los museos, las iglesias, las hermosas calles de México. La educación de un pintor o un escritor la da el ver obras perfectas legadas por el pasado, en las que él podrá encontrar muchas resonancias».

2. En la ciudad de México
Cuando alguien ha recorrido un tramo largo de
vida, y dirige su mirada hacia el pasado, le resulta impresionante la enorme importancia que en ella ha jugado el azar. Es posible, dicen algunos, que el conjunto de hechos nacidos por azar estuviesen ya predestinados, y que en el libro de la vida todo lo que parece
ocasional estuviese ya trazado. No haber asistido cierto día a una cita que parecía importante, por ejemplo,
determinó una cadena de circunstancias que cambiaron de modo notable la existencia, con la intervención voluntaria de la persona o sin ella. Sin la extravagancia impetuosa de Marta, su hermana, y el trabajo
en la tienda y taller de antigüedades de Jesús Reyes
Ferreira, es posible que las facultades de aquel niño
que con las manos transformaba la arcilla y la cera se
hubiesen reducido a una simple habilidad manual infantil, un juego intrascendente, una llama de fervor
que se consume en sí misma, como sucede con millares de niños prodigios que terminan en trabajos anodinos, sin gracia, sin establecer jamás comunicación
con el arte o la ciencia. La energía enloquecida de su
hermana, su arribismo, su «salón literario», pusieron
en contacto al adolescente con un grupo dejaliscienses
que viajaban, leían, oían música, conocían lenguas extranjeras, introducían palabras en francés y en inglés
en medio de la conversación más intrascendente, y se
deleitaban en su superioridad y rango social; personajes excéntricos, uno de cuyos atributos, el fundamental, el del perfecto snob, era estar permanentemente
de regreso de todas las cosas, para lo que era necesario informarse sobre lo que se escribía, o pintaba en la
capital, pero sobre todo en Nueva York, en París, Londres o Roma. Su trato con Reyes Ferreira fue más propicio a un camino de perfección que el de aquella fauna florida, divertida y parlanchina más cercana al coñac y al tequila que a cualquier disciplina seria. Chucho lo familiarizó con sus propios conocimientos artísticos, que eran amplios, lo acercó a los libros, a la

[ 53]

�historia, y, sobre todo, al barroco mexicano y al arte
popular, sus plazas fuertes.
Un día, por azar, entraron al Museo de Guadalajara la fotógrafa Lola Álvarez Bravo y los pintores
María Izquierdo yJosé Chávez Morado,jóvenes que
se movían con cierta soltura en el medio artístico
mexicano y por casualidad pasaron a la sala que ocupaba la exposición de Caracalla y sus discípulos. Lo
hicieron, por fortuna, en el momento en que Juan
estaba presente. De lo que vieron, lo único que les
interesó fueron los cuadros de aquel niño, cuyos retratos tenían una extraña conexión con el expresionismo alemán. Conversaron con él y lo alentaron a
viajar a la capital para continuar sus estudios y seguir pintando. Un año más tarde, el pintor imberbe
llegó a la gran ciudad, perdido, asombrado, inspirado, ríspido, acongojado, como ese personaje balzaciano, recreado luego por todos los novelistas del
siglo XIX, el joven llegado de provincias, que aparece
de pronto en la gran capital con la intención de comerse al mundo, de forjarse una educación sentimental, de triunfar en todos los terrenos. En la mayoría de esas novelas las circunstancias rebasan la capacidad de comprensión y resistencia del joven e
inocente forastero. Las durezas del medio lo debilitan, lo derrotan y hacen de él un paria anónimo, o,
por otra parte, la suerte le sonríe, ingresa en la administración, en los negocios, en el periodismo, y
esa aparente ventura derrota al artista, lo aleja de su
ser esencial, lo transforma y lo vence de la manera
opuesta a la del otro. Años después de su ingreso a
la gran urbe, ha olvidado el propósito por el que
había llegado. La concatenación de una serie infinita de azares lo ha transformado a tal grado, que si
alguien comenta sus momentos iniciales él sonríe
entre avergonzado y sentimental y cuenta anécdotas
sobre las veleidades de unajuventud incierta, la suya.
No recuerda con desagrado esos tiempos de bohemia, dice, pero la realidad es siempre la realidad, y
sus intereses, su puesto, su familia, sus compromisos
no le permiten detenerse en aquellas fantasías. Y de
repente, malhumorado, cambia de tema.
Juan Soriano habla de su vulnerabilidad juvenil,
de su desorientación, de su ignorancia, de las trampas que su delicado sistema nervioso le tendía. Es
probable que haya sido así, pero no recuerda ya, o
tal vez ni siquiera lo percibió en su momento, que
en el interior de ese trémulo adolescente, existía una
estructura de acero que en muy poco tiempo llegó a
ser una de las presencias más interesantes del arte

en México. Casualidad y causalidad se convirtieron
en una misma instancia. Aquel joven logró acercarse al azar, retarlo, manejarlo, y a partir de entonces
comienza el mito de Juan Soriano.
Pocos años después de su llegada a la capital se incorporó al mundo de la cultura, en especial al de las
artes plásticas y la literatura, que en aquella época estaban plenamente integrados. Octavio Paz fue el amigo más admirado en su juventud y durante toda su
vida. Fue también su maestro esencial. A lo largo de
esa amistad, Paz escribió textos espléndidos sobre su
pintura. El primero, de 1941, es un retrato, un homenaje y un poema. Dice el primer párrafo:
Cuerpo ligero, de huesos frágiles como los de los esqueletos de juguetería, levemente encorvado no se sabe
si por los presentimientos o las experiencias; manos
largas, huesudas, sin elocuencia, de títere; hombros
angostos que aún recuerdan las alas de petate, del ángel o las membranas de murciélago; delgado pescuezo de volátil, resguardado por el cuello almidonado y
estirado de la camisa; y el rostro: pájaro, potro huérfano, extraviado. Viste de mayor, niño vestido de hombre. O pájaro disfrazado de humano. O potro que fuera pájaro y niño y viejo al mismo tiempo. O, al fin,
simplemente, niño permanente, sin años, amargo, cínico, ingenuo, malicioso, endurecido, desamparado.

No tardó en moverse como pez en el agua. A Pª2
lo conoció al final de los 30, a su regreso de la guerra española. Trataba a un grupo de escritores formado por Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Octavio
Barreda y Agustín Lazo, quien estaba a caballo entre
la literatura y la pintura. Fue amigo de las mujeres
más notables de su tiempo: Lupe Marín, MaríaAsúnsolo, Lola Álvarez Bravo, Elena Garro, Oiga Costa,
Lya Kostakovski, Carmen Barreda. Su prestigio se
cimentaba en parte en los magníficos retratos de esas
damas. Otro de sus círculos fue el de los exiliados
llegados a México a la caída de la república española: Diego de Mesa y su familia, María Zambrano,
Emilio Prados,José Moreno Villa, Margarita Nelken,
Ramón Gaya, Gil Albert. Su capacidad de dialogar
ha sido siempre asombrosa.
Su pintura se enriqueció rápidamente. Forjó un
estilo y lo fue afinando; descubrió nuevos espacios y
midió en ellos sus capacidades. Si en sus primeros
retratos, los de Guadalajara, y los pintados a su llegada a México había llegado a la forma por intuición,
en una segunda fase la intuición no desapareció,

[ 54]

pero supo apuntalarse en un mejor conocimiento del arte y de sus procedimientos.
Aprendió que las grandes obras lo son cuando
sus autores se han enfrentado a los grandes problemas de la forma. Al abrirse a un espacio más amplio
que incorporó a la naturaleza, a sus personajes, las
naturalezas muertas, la recreación entre líneas y color de ciertos mitos, o a toda clase de escenarios a
donde le llevaba su curiosidad, supo que lo importante no era tanto el tema, ni los personajes, sino la
manera en que se resuelve formalmente la obra, y
que los errores tienden a generarse cuando una obra
se estudia a partir de su tema y no de sus valores
estilísticos intrínsecos. Desde su llegada a México
hasta el inicio de los años cincuenta, es decir, hasta
su viaje a Roma, produjo cuadros bellísimos, intensos, de espléndida factura. Algunos se cuentan entre los mejores de su obra. Las niñas muertas, desde
la más patética, de 1938, parecida a una figura de
cera oscura, con algodones en las fosas nasales, y un
cerco de manos que aparecen detrás de su cuerpo
yacente con una gesticulación que sugiere signos
esotéricos, hasta las otras niñas, también muertas,

pero envueltas en blanquísimas sábanas, en velos
delicados y en lujosos arreglos floridos donde juegan cándidamente los ángeles, o los retratos que
abundan en ese periodo: el de Isabela Corona de
1939, el de Xavier Villaurrutia de 1940, los dos de
María Asúnsolo, uno de 1941 y otro de 1949, una
negra de Alvarado, una figura espléndida de 1943 y
dos retratos de antología, los que para mí son los
más bellos del pintor: el de Lola Álvarez Bravo y el
de Lupe Marín, ambos de 1945, y el de Diego de
Mesa con un perro, de 1948. Esos cuadros, y otros
que tienen un cierto toque escénico, como La novia
vendida y R.ecreo de arcánge'-es, ambos de 1943; las varias apariciones de niñas con juguetes, con flores y
frutas, con un pollo; La mascarada, de 1945 y El rapto
de Europa, de 1947, lo convirtió en uno de los pintores prestigiados de México.
No logró esa posición porque sus retratos fueran
magníficos estudios de carácter, o porque sus hermosas escenas recreen atmósferas típicamente urbanas o exóticamente tropicales. Todo eso es cierto, claro, pero el alto nivel artístico resultó de otras
circunstancias. Soriano sabe que un cuadro como
el de esa niña inocente a quien la muerte arrebató
prematuramente, o una joven de naturaleza fuerte
en Alvarado, o una coreografía de ángeles barrocos, o un conjunto de damas interesantes y hermosas y hombres que emanan inteligencia y carácter,
todo eso, a fin de cuentas, no es sino un pretexto,
una ocasión de recrear la realidad, la suya, la que ve
su ojo de pintor, una fuente de energía para alcanzar significación artística. «Debemos recordar que
un cuadro antes de ser un caballo o una mujer desnuda es esencialmente una superficie recubierta de
colores dispuestos en un orden adecuado», dice
Maurice Denisse.
Marangoni, en su obra Saber ver nos ofrece un
ejemplo perfecto de la subordinación del tema a las
necesidades de composición de un artista:

[ 55]

El Veronese, en su gran tela Cena en l,a casa de Levi, por
haber pintado al lado de la cabeza de Cristo la de un
moro, fue, como ya es sabido, acusado al Tribunal de
la Inquisición por haber ofendido a la Religión, y él se
excusó diciendo con toda sinceridad que había tenido necesidad de una mancha oscura -la cabeza del
moro- al lado de una clara -la cabeza de Cristo- para
entonar el cuadro. A lo que añadió de una manera
práctica: «Nosotros, los pintores, nos tomamos las licencias que se toman los poetas y los locos».

�En los primeros cuadros que pintó al llegar a la
capital, se evidencia una crispación de línea y color.
Los contornos de sus retratos son excesivamente
hieráticos, como si fueran grabados en metal. Trata
de cerrar los límites de cada rasgo, tanto en las personas como en las flores de sus naturalezas muertas.
Xavier Villaurrutia comentaba que Soriano no pintaba sus retratos, sino que los esculpía. Con el tiempo fue renunciando a esos efectos. Su pintura comenzó a apaciguarse, a cobrar ligereza, luminosidad y, sobre todo, movimiento. Al mismo tiempo
que sus formas se descongelaban su composición se
volvía más y más compleja. Todo lo que introducía
en sus telas tenía que componer; cada detalle debía
ser absolutamente necesario al conjunto.
Un cuadro de estructura formidable es La negra
de Alvarado, el retrato de una muchacha sencilla del
trópico. La figura es contundente, y su perfección
depende de la composición, de la distribución del
color, del lugar que el cuerpo ocupa en la tela y de
una luz que parece emanar del propio cuerpo de la
joven. Es una obra de intensa laboriosidad, pero a
primera vista nada de eso se percibe, porque el pintor ha sabido ocultar todas las costuras. Cada centímetro de esa pintura es obra de la composición, de
contrastes de luz y de sombra, de la armonía entre
las manchas de color, y también de un juego audaz
entre tonos fuertes y apagados.
Un año después, en 1945, pinta los retratos de
dos de sus diosas tutelares: Lola Álvarez Bravo y Lupe
Marín, y después el de María Asúnsolo. Los tres
muestran la plenitud de sus facultades. La composición estructural de cada uno es notable. Hay que
recordar que es muyjoven, tiene apenas veinticinco
años cuando pinta a las dos primeras amigas y veintiocho cuando termina el retrato doble de María
Asúnsolo, donde es una hermosa mujer y también
una niña que aparecen envueltas por delicadas tonalidades de grises y rosas. En esos retratos se descubre la facilidad con que el pintor puede transitar
de la antigüedad clásica a la modernidad. Hay un
dejo renacentista en esas tres obras perfectas que
armoniza con la tónica de nuestro tiempo.
Cuando en 1952 Juan Soriano viaja a Roma, tiene apenas treinta y dos años y es ya uno de los pin tores más prestigiados del país. Lo que no sabe aún es
que está a punto de dar el más grande salto de su
vida.

3. Entre Roma y México

bujo; uno es omnipotente cuando dibuja, porque de
una línea puede surgir un ojo, una zorra, el sol, un
abismo. Todo entonces se vuelve germinal.

Soriano llega a Roma en 1952. Su encuentro con la
antigüedad fue soberbio. Tenía treinta y dos años y una
obra madura a sus espaldas. El contacto con el arte renacentista lo condttjo a épocas anteriores, al preclásico,
y, en particular, al micénico, y al cretense. El contacto
con Grecia y Creta fue muy intenso, casi febril. Volvió a
descubrir el mundo y se sintió en condiciones de comérselo. Aquellas formas arcaicas, periclitadas muchos
siglos atrás, le produjeron una sensación de libertad que
jamás había experimentado:

[56]

En aquellos primeros descub1imientos -dice- capté la
idea de ese mundo que se me reveló como nuevo y
decidí plasmarlo con mucha libertad, tanto en la forma como en los colores. Tal vez por eso llegué luego a
lo abstracto, puesto que la abstracción está siempre a
un paso del misticismo de la forma, la forma en sí, la
forma libre que sugiere la transformación de una montaña en un caballo, del caballo en árbol, del árbol en
rehilete. Puede ser por un abandono al placer del di

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En ese año pinta dos autorretratos impresionantes, que difieren significativamente de su pintura anterior. Son imágenes severas de sí mismo, desprovistas de los atributos emocionales y afectivos que tenían los autorretratos del pasado. Éstos, los de Roma,
se ciñen a lo más estricto y esencial de la persona,
sobre todo la estructura ósea del rostro. El primero
nos muestra a un hombre atónito, un sonámbulo,
un peregrino, un solitario anclado ante el umbral
de una tierra de nadie, un ser espectral que ha abandonado su plan para errar por tierras ignotas, por
un mundo-otro. Los colores del forastero son grises, verdosos, levemente violáceos, todos desteñidos
y luidos, para corresponder a su figura. En el segundo, Soriano se autorretrata en el acto de pintar un
viejo árbol nudoso con una rama frondosa. No está
ante un caballete pintando al árbol, ni la escena se
refleja en ningún espejo, como es habitual. En el
cuadro, el pintor, un Soriano severo y concentrado,
y el árbol supuestamente pintado por él, son puramente sujetos de la trama; el acto de pintar es una
situación imaginaria. El tono espectral ha desaparecido, el verde aparece en los ojos y la camiseta del
pintor y, sobre todo, en el follaje que recubre la
rama, la misma que le aproxima un fruto de indudable carácter fálico. Uno piensa en la sexualidad,
pero en la sexualidad de un asceta. Parecería que
esos cuadros son el adiós al mundo que el artista
acaba de dejar y el inicio de otro que está por descubrir.
Se presiente en el aire un tiempo de prodigios.
Un viaje a Creta aceleró su transformación interior
y le abrió las puertas a otro espacio: el de la libertad.
En efecto, entre 1954 y 1956, produjo cuadros radiantes, de colores muy vivos, cuadros libérrimos,
solares, intensos y a la vez regocijan tes. De las grandes obras del periodo sobresalen La madre y La vuelta a Francia, que son de 1954, varias versiones cromáticas de un Apolo y las musas, de 1954 y 55, Retrato
de una filósofa, un par de maravillosas calaveras fosforantes, que parecerían un pregón del triunfo de la
vida, y una excepcional escultura en cerámica: La
ola, germen de otro desarrollo en la actividad de
Soriano, todo de 1955.
Bastó que el joven maestro que había partido de
su país con una reputación excelente, dueño de una

técnica impresionantemente eficaz, se saliera de un
estilo forjado durante varios años, para que se desatara una escandalosa acometida contra él y su nueva poética. Lo que había hecho era una locura, un
acto autodestructivo, tirar sus atributos a la cloaca,
hundirse en la anarquía. También se le acusó de
antipatriota por utilizar técnicas contrarias a la Escuela Mexicana de Pintura. La prensa arremetió contra él por obsceno. Su galería se negó a exponer sus
obras romanas y el público quedó desconcertado.
Me parece que quien entendió mejor su metamorfosis fue Paul Westheim, el sabio teórico alemán radicado en México. Cuando Soriano pudo exponer al fin
en otra galería, Westheim comentó:
¿Qué le había sucedido? ¿Un hechizo, un encantamiento o, simplemente, una resurrección? La resurrección
del enfant terrible que le bulle por dentro y que durante
tantos años y con tanto trabajo se esforzó por acallar y
hasta por asesinar un poco, y todo por el miedo de
que no lo tomaran en serio[ ... ]

En efecto, Soriano había resucitado, había encontrado su verdadero ser y eso lo colmaba de alegría
de vivir y descubrir una realidad que le parecía más
real cuie ninguna otra. Soriano ha defendido permanentemente su derecho a creer que la realidad
es la madre de todo aquello que tenga valor en esta
vida. El sueño es realidad, la imaginación es realidad; lo demás son palabras. Los cuadros pintados
en Roma surgieron desde una perspectiva de inocencia. «En esa época sentí que me descubría a mí
mismo y que descubría al mundo». Los colores fundamentales fueron entonces el amarillo y en menor
medida el azul: el sol por una parte, y el mar y el
cielo por la otra. El color alcanzó su máximo brillo,
y permitió que sus cuadros fueran ampliamente
permeados por la luz. Intuyó que lo que cuenta sobre todo en los colores son las relaciones que pueden establecer entre ellos. El renovado artista logró
contrastes más efectivos e inesperados a través de un
sistema polifónico de combinaciones cromáticas, que
nunca se hubiera atrevido a emplear en México.
Matisse, al final de su vida, comentó que su camino hacia la creación y dentro de la creación «no había sido sino una búsqueda de nuevos medios expresivos para liberarse de la imitación de la naturaleza. La exactitud no es la verdad. No puedo copiar
la naturaleza sino interpretarla y subordinarla al espíritu del cuadro. Pero soy consciente de que aun

[ 57]

�apartándose de la naturaleza un artista debe estar
convencido de que procede así, sólo para obtener
una naturaleza más real: la realidad lo es todo».
Una pieza fundamental entre la producción romana es La madre. «Acercarse a ese cuadro produce
un escalofrío», dice José Miguel Ullán. La madre, de
Soriano, es un fetiche, un tótem, la fuente eterna de
la vida; posee los grandes atributos, y sin embargo
produce miedo. Es un óleo casi enteramente amarillo con un subfondo rojizo. Es una figura centrada
en una habitación; sus caderas son inmensas y en
ella se destacan los huesos ilíacos. Encapsulados en
las caderas, los huesos forman una segunda cara
mayor que la auténtica; y la boca en ese rostro es a la
vez el sexo de la figura entera. Está relacionada con
las deidades arcaicas de la Hélade que representaban a la Gran Madre Universal. «Poseen todos los
poderes de la serpiente: la profecía, la fecundidad y la
fertilidad -dice Soriano-. La madre que pinté no tiene ni ligereza ni la alegría de las diosas micénicas. A
los mexicanos todo se nos vuelve grave, tal vez sea por
la herencia española o por la azteca, doblemente tétrica, quizás por la conjunción de ambas. Lo que le da
cierta alegría a mi figura es el color amarillo dorado;
todo en ella alude a una aurora realmente luminosa».
Ese óleo que oscila entre la figuración y lo abstracto es
ya un preludio del episodio siguiente.
Portento de ese periodo es también La ola, una
pieza de cerámica de carácter más bien abstracto,
como es todo lo que hace en esos años. Es una pieza
con una base fuerte y que termina en movimientos
circulares, casi cifrados, como algunos fetiches esotéricos de composición perfecta. Su fuente es
prehistórica; es el núcleo inicial,junto con otra pieza de cerámica, también de la misma época, de una
de las vertientes actuales del maestro: la estructura.
El paso a la abstracción «dura», al lienzo que ha
abolido por completo la figura se produjo de modo
natural, y, en su caso, nació como la conclusión de
un estallido de libertad y de inmensa fe en la pintura. Su fervor por la composición encontró en esa
corriente un cauce próximo a su temperamento.
Hacia el final de los sesenta, comenzó a decaer ese
entusiasmo. Comenzó a perder tensión en lo que
hacía y temió que su trabajo se transformara en mera
decoración. El primer paso de una despedida cons-

tituye uno de los momentos de apoteosis del pintor:
la exposición de imágenes de Lupe Marín en 1963.
Lupe fue una de sus primeras amigas entrañables en
México. Su figura, su personalidad, su independencia, su mezcla de refinamiento y animalidad, su lenguaje, sus arrebatos de firmeza, su arrogancia, sus contradicciones, su excepcional elegancia, su vida entera,
lo había deslumbrado. «Para mí -&lt;liceJuan-, Lupe era
todo lo contrario a las niñas que yo pintaba cuando la
conocí. Siempre la vi como a una especie de Circe, era
lo arcano, era Hécate». La preparación de esa muestra le llevó tres años y cuando se abrió suscitó pasmo
y admiración. Fue una muestra consagratoria. Pintó
muchos cuadros, algunos enormes, y centenares de
dibujos, de esbozos, de apuntes. En la ejecución de
esos retratos, Soriano resumió su pasado entero: la
perfección de los retratos de años anteriores y la libertad descubierta en Roma. El resultado fue deslumbrante y constituye uno de los grandes hitos de
la historia en México.
Del día en que hizo su primer viaje al día en que
inauguró la muestra con los rostros de Lupe Marín,
pasaron poco más de diez años. En esa década, Soriano descubrió zonas profundas de su interior que
ignoraba. Refrendó una norma que él se había impuesto desde siempre: la de que un artista debía ser
fiel consigo mismo y no a lo que los demás querían
que fuera. Pero para ser fiel, y eso lo aprendió en
Roma, debía conocerse y también conocer su entorno, y el Universo entero si era necesario. Su itinerario en esos años fue impresionante por su diversidad. Llegó al informalismo más radical, se entusiasmó con él, pero cuando lo juzgó necesario volvió a
formas conocidas. Cuando en 1962, los críticos, los
galeristas, sus amigos y viejos admiradores se convencieron de que Juan era excelente en la abstracción, y que no había perdido su talento, sino por el
contrario, se había ampliado, él abandonaba la aventura. En la serie de Lupe Marín la libertad es absoluta; las formas provienen de modo muy directo de la
abstracción, pero la figura no queda eliminada,
mucho menos la de Lupe Marín, cuya imponente
presencia no hubiera permitido ninguna omisión.
Volvió al canon, sí, pero no para enclaustrarse en
él. Quien ahora marca las reglas y las fronteras es,
desde luego, el pintor.

[ 58]

Dlos textos
Humberto Martínez
DESCONOCER
CRECEMOS POR EL DOLOR.

Es

DIFÍCIL CONOCER A UNA

persona, a otro. Por más que nos acerquemos un
fondo de misterio permanece. Las desigualdades
o disparidades, las diferencias esenciales que, tarde o temprano podrían manifestarse, no impiden
un trato, una comunicación y una convivencia a
veces gratamente conseguida por un tiempo. Contacto en la superficie. Y sin embargo, la intimidad
se recata, sólo se deja ver por un lado y por un
momento, cuando lo más personal, lo más propio, no se toca o no importa en determinada situación. Si se transgrede un límite, la supuesta
amistad se vulnera, se resiente porque se ve traicionada por lo nuevo que se le revela y que creía
conocer. Descubrir lo que no estaba ahí, lo que
aparece ahora como contrario o distinto al seguro conocimiento que albergábamos, es desconcertante y turbador. Nadie está preparado para ello.
Cargamos con esa falla, acaso de manera natural.
Pero es un hecho que ocurre con mayor frecuencia en nuestro mundo de casi infinita diversidad.
No nos conocemos ni en nuestra aldea. Habremos de vivir un colapso para volvemos precavidos, menos incautos, más escépticos frente a la
presuntuosa creencia de que se conoce a una cosa,
a tal o cual persona. Casi siempre lo damos por
hecho, olvidando nuestra ya perdida inocencia.
Nunca nos preguntamos en qué se basa nuestro
conocimiento. Pero si no existe, como es casi siempre el caso, un trato directo e íntimo, que tampoco asegura nada, resulta ingenuo presumir que
podemos agotar el conocimiento del otro. Vivimos
de suposiciones, nuestras enmarcadas suposiciones. Todos portamos una máscara, no porque lo
hayamos decidido. Basamos nuestro saber en el
único instrumento en el que podemos depositar
la confianza: la intuición. La experiencia es la
única que gradúa esa confianza: del distante y precavido querer a la ignorante y arriesgada entrega.
La vida es la que nos da golpes.

FALTANTE

TAL VEZ EL ÚNICO MODO DE ENTENDER LAS COSAS SEA
contándolas, a otros, a nosotros mismos, de viva
voz o por la escritura. Pero la narrativa es desleal,
no tanto porque revele, sino porque inventa. Acaba sacrificando la realidad al arte, y propone o se
imagina desmesuras, debilidades o triunfos, donde no los hay, pero que favorecen el relato, la descripción de nuestro yo. La mentira nos protege.
Siempre estamos contando nuestf&lt;\ vida, huyendo de ella. La codiciosa pasión de descubrir acaba
ocultando lo que pretendía revelar, entregándolo
a una morbosa ficción. Perdemos la realidad; ganamos tiempo, y entretenimiento. Ynos perdemos,
constatando con alegría la salvación de lo que suponemos más nuestro, y a la vez la amarga decepción de no entender. ¿Dónde se halla lo auténtico? Porque si algo comprendemos es su ausencia,
lo que nos falta.

[ 59]

�~

speculatrix

~

•N

~
~

~

Hugo Padilla
El pulidor de lentes
23 AÑOS DE EDAD, DESCARTES, QUIEN PARTIQPÓ
en la milicia, encontró cobijo en el cuartel de invierno en donde, al amparo del ocio y del calor
confortable de una estufa, se le ocurrieron montones de ideas, mismas que mantuvo rumiando
durante nueve años más. Esto quedó narrado en
su Discurso del método (1637), obra que constituye
una fina muestra de autobiografía intelectual. Los
resultados mismos de sus reflexiones aparecen
mejor expresados en las Meditaciones metafísicas
(1641). El punto de arranque se encuentra en la
duda, que en el caso de Descartes se adjetiva de
«metódica» para deslindarla de la duda que los
escépticos profesionales practican como pose u oficio.
Primero, Descartes pone en duda todas las opiniones y conocimientos que había adquirido con
anterioridad. No lo hace tomándolos uno por uno,
«pues fuera un trabajo infinito», dice. Los agarra
en macolla: le quita los cimientos al edificio donde se alojan. Los cimientos representan los principios o base en que se sustentan dichos conocimientos y opiniones. De esta manera, todos los
A

LOS

conocimientos que tienen su fuente en los sentidos son puestos en duda en virtud de dos criterios: uno, que los sentidos a veces engañan y no se
puede confiar en aquello que ha engañado alguna vez; dos, que no sabemos si estamos percibiendo el mundo o lo estamos soñando (como en La·
vida es sueño, de Calderón). Pero sean ficciones o
sueños, engaños o fantasías, no escapan a una consideración más general: todos son extensos, todos
tienen figura, todos se pueden contar para saber
su número, etc. Se trata de aquellos asuntos sobre
los que versan las matemáticas. En resumen: se
pueden poner en duda los conocimientos empíricos, digamos, los de la física, la astronomía, la
medicina,etc., pero quizá no podamos hacerlo con
los conocimientos de las ciencias formales, los de
la aritmética, de la geometría, etc. Como dice
Descartes: «duerma yo o esté despierto, el cuadrado no tendrá más de cuatro lados». Sobre este tipo
de verdades no parece caber duda.
Segundo, si en lugar de Dios, «que es bondad
suma y la fuente suprema de la verdad», existe un
genio o espíritu maligno que empeña todo su
poder y su astucia en engañar, entonces ni siquiera las verdades de la matemática, que parecían
sobrenadar, subsisten ante el acoso de la duda. El
burlador malévolo corroe, corrompe, infecta toda
seguridad en el cimiento, toda certeza. La hipótesis del genio maligno quita los cimientos a la edificación entera del conocimiento. Pero hay algo en
lo cual no me puede engañar, dice Descartes: si el
genio me engaña, es porque soy, porque existo.
Luego, «yo soy, yo existo» es una proposición necesariamente verdadera. «Pienso, luego existo»
(cogito, ergo sum) es la fórmula más conocida de
esta primera certeza, de este primer isolte que saca
la cabeza sobre el nivel de la duda absoluta que
parecían plantear las artes del burlador maléfico.
Yo soy una cosa que piensa. ¿Quién yo? El que en
cada caso llegue a esta evidencia.

[ 60]

Descartes dedica la «Meditación tercera» a la
aniquilación del gran burlador y, con ello, a establecer la posibilidad del conocimiento cierto más
allá de la certidumbre primera del cogito. Para ello,
argumenta que dado que el genio había sido supuesto en el lugar de Dios, en caso de poderse
probar la existencia de éste, el burlador desaparece. Y en seguida ofrece varias pruebas de la existencia de Dios; la mejor de ellas, que aparece en
la «Meditación Quinta», es de vieja tradición, y está
basada en la afirmación de que hay esencias que
implican la existencia: a Dios no se le puede pensar como inexistente porque un Dios inexistente
no es Dios. Luego, Dios existe. Aquí, «existe» es
tratado como si fuera un predicado; pero desde
Kant, y en la lógica matemática, no se puede considerar la existencia como un predicado.
Hay quienes en su tiempo acusaron de ateísmo a Descartes. Pascal piensa que sólo utilizó a
Dios parta que le «diera un capirotazo al mundo
para ponerlo en movimiento (y) después de esto
no necesitó de Dios» (Pensamientos, 194). Es injusto. Si dentro de la línea de pensamiento clavada
por la duda metódica, Descartes no apela a Dios,
¿cómo hubiera podido deshacerse de la hipótesis
del genio maligno? Si la «Meditación Tercera» no
fuera como es, ¿cómo imaginar de otra manera el
sistema cartesiano? ¿O no habría llegado a tener
ningún sistema? Hay que recordar que le llevó
nueve años llegar a sus conclusiones.
Pascal fue un cismático del cartesianismo, y también de la ciencia. Otros cartesianos simplemente
se desviaron por la ruta de la heterodoxia. Uno
de estos es Baruch (posteriormente llamado Benito) Spinoza (1632). De origen judea-portugués,
Spinoza ejerció dos oficios: el de pulidor de lentes y el de filósofo. Como pulidor de lentes se dice
que su mercancía era bien recibida en el mercado. Su filosofía, aunque pretende darle un pequeño baño de cientificidad, suena ajena al pensamiento del siglo XVII. D'Alambert, en su Discurso
preliminar de la Encidopedia, en el siguiente siglo,
casi no lo menciona. O, de plano, lo ignora.
Se han detectado varias etapas en el pensamiento de Spinoza. El nombre de un libro de Avenarius
lo muestra: Ueber die beiden ersten Phasen des
Spinozischen Pantheismus und das Verhaltnis der zweiten
zur dritten Phase (1868), que en español quiere
decir: «Sobre las primeras dos fases del panteísmo
spinocista y la relación de la segunda con la terce-

ra fase». Del primer libro que escribió Spinoza,
no conozco traducción española; pero sí de su
segundo libro, que en español se llama La reforma
del entendimiento, el cual fue publicado originalmente como obra póstuma (1677). Con base en
esta última obra, pueden hacerse algunas consideraciones sobre el pensamiento de Spinoza y su
relación con el de Descartes.
Juan Colérus, ministro de la iglesia luterana,
poco después de la muerte de Spinoza, publicó
una semblanza biográfica del filósofo. En ésta se
puede leer: «Habiéndole caído por fin entre las
manos las obras de Descartes, las leyó con avidez;
y en adelante declaró a menudo que era allí donde había bebido el conocimiento que tenía de la
filosofía». Del libro La reforma, sin embargo, se
desprende que Spinoza no seguía con fidelidad
ni la sustancia medular ni otros adminículos del
pensamiento cartesiano.
Es cierto que en los Principios de la filosofía
(1644) Descartes ya no menciona al genio maligno por su nombre, pero la fuerza de la argumentación subsiste. Por ello, requiere nuevamente afirmar la existencia de Dios: «no siendo Dios falaz,
la facultad de percibir que nos ha dado no puede
tender a lo falso&gt;&gt;. El error no es inducido por un
burlador maléfico, sino que se produce cuando
los juicios no se sujetan a los criterios de claridad
y distinción. Pero no es lo mismo el error que la
duda. El genio en los Principios está diluído, pero
sigue al acecho hasta que se afirme la existencia
de Dios. En Descartes hay una secuencia: primero, la duda que incluye al genio; segundo, el cogito
y el criterio de la claridad y la distinción para los
pensamientos verdaderos; tercero, la afirmación
de la existencia de Dios; cuarto, la aniquilación
del genio maligno; quinto, la apertura de la posibilidad de ampliar el conocimiento. El siguiente
argumento es ejemplificativo: «si tenemos de Dios
un conocimiento como el que tenemos del triángulo, desaparecerá toda duda. Y del mismo modo
que podemos llegar a tal conocimiento del triángulo, aunque no sepamos si algún engañador supremo nos confunde, podemos llegar también a
un conocimiento semejante de Dios aún sin saber
si tal engafiador existe». En Descartes la afirmación de la existencia de Dios es garantía no sólo
de verdad del conocimiento del triángulo, sino de
todos los conocimientos matemáticos y, finalmente, del conocimiento entero. En Spinoza, en cam-

[ 61]

�bio, el conocimiento de Dios y el del triángulo
están emparejados. Pasan más cosas: el momento
del cogi,to y su certidumbre no le importa: la duda
queda minimizada; no se interesa por el papel que
cumple la hipótesis del genio maligno. Y confunde la duda con el error: «la duda siempre nace de
investigar las cosas sin orden». No; el error es el
que nace de esta forma. En Descartes es diferente: en caso de duda, suspéndase el juicio para no
cometer errores. Es más simple y mejor.
En el jardín de la filosofia, los dos pensadores
caminan por senderos que se bifurcan. Tienen
distintas metas. Descartes busca, ante todo, la
fundamentación del conocimiento. Spinoza, en su
libro La reforma, lo que quiere alcanzar es el bien
verdadero o la felicidad.
Los intentos por lograr una eudemonología, arte
de vivir bien, de bien vivir o de ser feliz, son viejos.
Muchas fórmulas se han intentado para adquirir la
dicha y la ventura. Algunas de ellas buscan la felicidad por la vía de las riquezas, otras por los caminos
de la fama, y algunas más encareciendo los placeres.
Con distintos argumentos, Spinoza cancela estas
soluciones y se queda flotando en una especie de
duda, pero muy diferente a la de Descartes. Más que
de duda, se trata de su prima: la indecisión. Finalmente, llega a la conclusión de que la riqueza, el
placer y la gloria, cuando no se los adopta como fines, sino como medios para otras cosas, «no causan
daño alguno». Pero tampoco se les puede confundir con el bien supremo.
Las consideraciones que Spinoza hace en su
libro La reforma, si se les toma de manera parcial,
parecen encaminadas a conseguir conocimientos
ciertos y confiables. Esto está dentro de la atmósfera del cartesianismo y del clima general del siglo XVII. Pero quedan fuera si se atiende al fin
que se pretende darles. Dice Spinoza: «cuando
sepamos que todo lo que sucede observa un orden eterno y obedece a leyes fijas de la naturaleza
universal [ ... ] siendo el sumo bien la toma de posesión de aquella naturaleza superior [ ... ] esta naturaleza está constituída por el conocimiento de
la unión de la mente con la naturaleza universal».
Se trata de unión, de unidad, de comunión del
alma con la naturaleza. Es una especie de mística
panteísta. Sí, Spinoza es un panteísta. Al comprender a la naturaleza universal, el hombre consigue
una naturaleza humana superior. En alcanzar esto

consiste el bien supremo y la felicidad. Al comprender la naturaleza universal, el hombre se
diviniza. Este misticismo panteísta de Spinoza difiere de otros tipos de misticismo. Los estados
teopáticos, los arrebatos, en otros casos se expresan
de manera distinta, como en San Juan o en Santa
Teresa. Por sus expresiones literarias invitan a seguir
el ejemplo. Pero en Spinoza la invitación es abierta
y amplia: «habrá que establecer una sociedad tal que
permita al mayor número posible de individuos alcanzar ese grado de perfección». Al socializarla, la
invitación se trueca en utopía.
Apenas media página después de exponer en
qué consiste el bien supremo, Spinoza echa avolar el papalote de su fantasía y dibuja las necesidades y los rasgos de su sociedad utópica. Hay que
establecer una sociedad constituída de tal manera, dice, que permita al mayor número de
invididuos posible alcanzar ese grado de perfección. Habrán de cuidarle mucho dos cosas: la filosofia moral y la teoría educativa para la enseñanza
de los niños. A esto debe agregarse una reorganización de la medicina y de las artes mecánicas
«para lucramos del tiempo y de una mayor comodidad de la vida». Todas las ciencias, todos los conocimientos, deben tender a lograr la suprema
perfección humana. Lo que no sea útil para este
fin , habrá que arrojarlo por el caño. No conozco,
o no hay, estudios detenidos que analicen estos
desvaríos utopistas y averigüen si Spino:m intentó
echarlos a andar.
Podría sospecharse que algunas atenciones que
recibió en vida y aun después de su muerte, no
provienen de amigos, sino de cofrades. Luis Meyer
editó la obra póstuma La reforma; había amigos
que colocaban sus lentes en el mercado y le
enviaban el dinero recaudado; personas distinguidas procuraban su plática y su compañía; algunos
otros «le ofrecían su bolsa y toda suerte de asistencias», dice Colérus. Van de Spyck, su último casero, pagó ciertas cuentas postreras.
También tuvo malquerientes: lo excomulgaron
en la sinagoga; un fanático judío lo acuchilló en
la cara. Y para el colmo, el médico que lo atendió
en sus últimos momentos, robó de su habitación
un cuchillo con mango de plata, algo de dinero, y
quizá algunos de los últimos lentes que había pulido. Lo de los lentes no está documentado, es una
hipótesis tardía.

[ 62]

turas que tenían que presentar. Y yo llegué ahí de
chamaco y, como no conocía México, pues les pedí
que me dieran permiso para ayudarles en lo que
fuera; ahí limpiaba las marimbas ...

A.A. ¿Recuerda los nombres de sus maestros?

J.L. Efrén Solís, Manuel Solís... Puro Solís, puros
hermanos chiapanecos. Esos sí eran auténticos
chiapanecos.

Alfonso Ayala Duarte

El sonido del hormiguillo
[Entrevista con «Alma de Chiapas»]
A.A. Antes que nada, ¿cuál es su nombre?
J. L. Mi nombre es Jesús Lozano Navarro.
A.A. ¿Y dónde y cuándo nació?

J. L. En Pánuco, Veracruz, en 1927.
A.A. ¿Cuándo llegó a Monterrey?
J.L. Pues primero me fui a México. Yo no era músico, pero allá estuve con puros maestros chiapanecos, estudiando pura marimba, nada más.
A.A. ¿En que año seria eso?

J.L. En el 45. Tenía 18 años. Ahí estuve 5 años a
puro estudiar, nada de tocar ni una melodía, con
puros maestros chiapanecos.

A.A. ¿Estos maestros, tenían una escuela de música?
J.L. No, ellos eran unos concertistas que tocaban
en Alemania, Rusia ... cada seis meses salían de gira
y los otros seis meses estaban estudiando las ober-

A.A. Acerca de la manera en que usted estudió con estos
maestros chiapanecos. ¿Tiene algún nombre? ¿Es una
técnica de escuela?
J.L. Ah, sí, cómo no. Al enseñarse uno a tocar, lo
primero que le enseñan es la escala musical, que
eso, en todas las escuelas, es lo primerito que le
enseñan a uno. A uno le van enseñando, primeramente, cómo se acompaña. La marimba tiene unos
bajos, que toca con unas bolas grandes de hule
crudo; de ahí sigue el que armoniza, ése se llama
«armonía», el que sigue de los bajos; de los bajos
sigue el centro y del centro sigue el tiplista: bajo,
armonía y tiplista. El bajo usa dos baquetas; el armonía, tres; el centrista, cuatro y el tiplista nomás
usa dos. El tiplista es el que va guiando, repite lo
que la mano izquierda hace. Por ejemplo, el que
va en el centro va tocando la melodía con la mano
izquierda y el que va en el tiple va tocando la misma melodía, nomás que más fina, más lleno, porque se puede quedar trinando. Y luego viene el
solista. Son cinco. En el centro van tres: primera,
segunda y tercera cuerda. El tiplista es el que hace
la cuarta cuerda. Y acá hay dos: el armonista y el
bajista. Son cinco, y con el solista son seis. Es como
si fueran cuatro saxofones, tres trompetas y un
pianista que va tocando la melodía. La técnica para
tocar la marimba es a base de no golpearla. Porque mucha gente que toca parece que está cortando leña.
·
A.A. ¿Y después de estudiar con ellos, qyi pasó?

J.L. Después de que me enseñaron, después de

[ 63]

�sicos, pero con un vibráfono que encargué a Estados Unidos a unos adua2nales que les tocaba. Eran
cuatro saxofones, tres trompetas, bajo y guitarras
eléctricos, vibráfono, dos percusionistas (incluida
la batería) y un «secre». Y vaya que si les di guerra
a la «Orquesta de Gustavo Rubio», a la «Embajadores»... porque yo tengo un hermano que es
arreglista, Santos Lozano, que hacía arreglos para
la Universidad y el Tecnológico. Yo tenía esa ventaja que no tenía ninguna orquesta, porque hacía
arreglos especialmente para mí.
cinco años, entonces me dijeron que ya estaba listo para que trabajara en cualquier lado. Y me dieron, o prestaron; una marimba; como quiera yo
me la traje, y con esa llegué aquí a Monterrey. Llegué en 1950. Primero llegué a Tampico, y de ahí
el ciclón del 55 me corrió a Monterrey. Desde entonces estoy aquí.

A.A. ¿Y ya traía su marimba?
J.L. Traía un instrumento, pero aquí formé el primer grupo de marimba «Alma de Chiapas». El inicio de la Marimba «Alma de Chiapas» fue en 1955.
A.A. Hagamos un paréntisis para referirnos al instrumento en sí. ¿De qué palo, de qué madera están hechas
las marimbas?
J.L. Esa madera solamente en Chiapas hay. No hay
en ninguna parte de la República Mexicana, ni
en ninguna parte. Esa madera se llama «hormiguillo».
A.A. ¿Todo el instrumento está hecho de esa madera?
J.L. No, estamos hablando de las teclas. Todas están hechas de pura madera de hormiguillo, que
tiene varios colores; puede ser blanco, amarillo,
negro y colorado. Hay cuatro colores.
A.A. ¿Y dan diferentes sonidos?
J.L. Sí. Lo que pasa es que el hormiguillo negro,
que es el mero centro de la madera, da un sonido ...
Le voy a decir una cosa: en la cuestión de marimbas,
de entre cien o mil sale una buena. Es una aventura
que se avienta uno, porque es como un albur; porque uno las manda a hacer, todos las mandamos a
hacer, pero te pueden salir menos sonora, un per
quito sorda. Tienen muchas pequeñas cosas que
hacen que te puedan salir buenas o no.

A.A. ¿El resto del instrumento de qué es?
J.L. Es madera de cedro, de pino. Las cajas de resonancia son de cedro, porque no se pica, es duro,
es una madera fina. Los cajones, la cajonería, como
se llama, es de cedro, y las teclas de hormiguillo.
A.A. Bueno, es obvio que usted formó su primer orquesta
porque es instrumentista, pero sería también que entonces en Monterrey había un ambiente Javorab/,e a estos
conjuntos?
J.L. Aquí, en ese tiempo ya existía la Marimba
«Arturo Labariega», que trabajaba mucho en la
Cervecería y en eventos y en todo. En ese tiempo
se usaba que las marimbas traían saxofón y trompetas. Andaban todos muy equipados. Entonces
formé el primer grupo. Fue el primerito que formé aquí en Monterrey, siendo un acordeón, tres
de marimba, batería y unas maracas, así se formó
el grupo y de ahí se le fue reformando; se quitaron las maracas, se le puso dos saxofones, luego
tres, luego trompetas, luego bajo y automáticamente se hizo una orquesta. Pero últimamente ya se
está trabajando en otra forma: bajo eléctrico, dos
en la marimba y una batería. En los setenta todavía se escuchaba la marimba en Monterrey. Toda
la calle Escobedo, desde Washington hasta llegar
a Matamoros, estaba llena de marimbas por los
dos lados. Había, más o menos, unas 25 marimbas.
Aquí en Arteaga y Juárez estaba la marimba de
Toño Rosas, «El Charcas», que le decían, que le
dicen; todavía vive, pero ya no tiene ... Después,
todas las marimbas desaparecieron de la escena.
A.A. ¿Cuándo fue que su orquesta incluyó los saxofones
y las trompetas?
J.L.· En tiempo de las Olimpiadas de 1968 se me
ocurrió formar una orquesta con los mismos mú-

[ 64]

A.A. Cuando usted lkgó, ¿qué marimbas había en Monterrey?
J.L. Estaba, primeramente, la Marimba «Arturo
Labariega», atrás de la iglesia de Cristo Rey; luego
estaba «La Oiga», en Juárez y Colón; seguía la «Perla Oaxaqueña», de Oaxaca; y luego la «Franky
Quevedo y su Marimba», «Magos del Ritmo», «Las
Ligas de Oro», y otras que de momento no recuerdo ... «Ecos de Chiapas» ... y puro tipo de Chiapas.

A.A. ¿Y era gente que realmente venía de Chiapas?

J.L. Sí, porque se oyó el furor de que aquí en Monterrey había mucho trabajo. Y, en verdad, en aquel
tiempo trabajabas todos los días en bodas,
quinceañeras, bautizos. Porque no había grupos,
como ahora que hay un montón. En aquel tiempo yo tenía como cincuenta personas trabajando
para mí. Yo los hacía en grupos; mandaba ocho,
cinco, cuatro. Llegué a tener hasta 10 marimbas,
porque venían mucha gente de otras partes, como
San Luis, Chiapas, que oyeron que aquí había
mucha gente, mucha chamba, y aquí se quedaban
a trabajar conmigo uno o dos años. De México
llegó mucha gente. En aquel tiempo lo que dominaba era las marimbas. Monterrey era dominado
por las marimbas.

A.A. ¿Pero también estaban las orquestas?
estoy hablando de marimbas, pero
también estaban las orquestas de Armando
Thomae, «Embajadores», Gustavo Rubio, RayGarza, Mauricio Garza, Isaac Flores, «Orquesta América» y otras.

J.L. Bueno,

A.A. Esas no competían con ustedes?
J.L. No, para nada les hacíamos peso a ellos, ni
ellos nos hacían peso a nosotros.

A.A. Y entre ustedes, ¿cómo era la competencia entre las
marimbas?
J.L. No, todos teníamos trabajo.
A.A. ¿Y se inscribieron en algún sindicato?
J.L. ¡Ah! Claro, en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Música, en la Sección 48. Todas
las marimbas estábamos en el sindicato. Porque
éramos muchas marimbas. La calle Escobedo era
como la calle Bocanegra, donde están todas las
marimbas de México, desde Peralvillo hasta San
Cosme. Aquí, a la calle Escobedo la hicieron igual.
Enfrente vivía una y al otro lado igual. Nadamás
en esa cuadra, en donde yo vivía, entre 5 de Mayo
y Washington, habíamos como unas cinco marimbas.
A.A. ¿Y por qué se salió de ese ambiente?
J.L. No, yo no me salí. Lo que pasó es que empezó
el furor de los grupos ... Como la marimba decayó
en más del 90%, entonces yo fui el primero que
corrí a Mazatlán. Porque allá se ocupa el turismo
desde octubre hasta marzo: seis meses de turismo
americano. A mí me hablaron para una prueba
de un mes en Hotel El Cid y ahí estuve diez años,
desde el 75 al 85. El dueño no me dejaba venir,
pero, francamente, me aburrí, y de ahí nos pasamos a La Paz, Baja California, a trabajar otros cinco años. Mientras tanto, aquí se fue acabando todo.
Cuando yo llegué, para el 92, 93, ya no había
marimbas.
A.A. ¿A que se debió esta desaparición?

J.L. Pues a la música grupera; eso fue. Ahí en el
Directorio vienen todos los grupos... Pero ahora
está peor de tapizado de regionales. Ahora es el
regional. Ahora ya los gruperas quedaron muy...
así como quedamos nosotros. Ahora son los regionales los que dominan la escena. Son épocas.
Porque la época de nosotros ya pasó. La época de
los que nos eliminaron a nosotros ya pasó; ahora
son puro Límite, Pesado, todos esos grupos. Yvaya
que son más de ... porque la otra vez que hubo un
concurso, conté más de mil conjuntos. Yo estaba
trabajando en San Nicolás y ahí hubo un concurso que duró meses, porque eran mil y pico de conjuntos. Yo le estoy diciendo, porque metían tres,
cuatro o diez grupos en un evento y les daban trofeos y otras cosas.

[ 65]

�A.A. Yo veo que, aunque dice que la época de la marim-

J.L. Desde el principio ha habido batería.

ba se acabó, usted acaba de comprar una.

J.L. Bueno, vamos por partes. De unos años para
acá las marimbas están trabajando en puro restaurante. Ya no andan en eventos como antes. Por ejemplo, Simón trabaja en la Plaza México, en Las Monjitas, en el Plaza. Tres trabajos, aunque son repartidos, son trabajos. Tienen también El Gusto de Puebla y El Mar Caribe. Aquí trabajan cuatro, cinco días,
y allá en El Gusto de Puebla toda la semana. Como
este señor tiene hijos y nietos que tocan, manda aquí,
busca acá y hace el grupo.
A.A. ¿ Quién es Simón?
J.L. Es un músico chiapaneco. Como todos me
decían: dónde está el chiapaneco, dónde está el
chiapaneco? Entonces fue cuando yo me traje a
Claudio Simón Antonio, de Tonalá, Chiapas. Yo
fui por él porque como yo soy de Veracruz no coincidía el nombre de la marimba Alma de Chiapas
y entonces fui por este chiapaneco que ya conocía. Yo me lo traje en 1965. Aquí nacieron sus hijos y sus nietos que ya tocan conmigo.

A.A. ¿Y el bajo el,éctrico?
J.L. No había bajo eléctrico. Había bajo de madera, pero ya con lo moderno ...
A.A. ¿Y el acordeón?
Pues ya no hay acordeonistas. Los que hay
~horita son regionales. El que yo traía ya murió.
El era de aquí, de los Leal, de los de la Papelería
El Guerrero; era músico que tocaba piano y acordeón; trabajaba conmigo, pero en orquesta.

J.L.

Cine,
televisión
y otros
espejismos

A.A. Finalmente, don Jesús, ¿qué futuro ve usted para

la marimba chiapaneca en Monterrey?

J.L. Pues ya está resurgiendo. Poco a poco va agarrando más fuerza. Como la tienen aquí como una
cosa típica, y no hay competencia. Los que somos,
somos los mismos. Simón tiene sus trabajos y su
gente y yo tengo los míos. Aquí ya se acabó «El
Charcas»; ya se acabaron todas las marimbas. Aquí
nomás quedamos Simón y yo.

A.A. ¿Y usted, dónde toca?
J.L. Ahorita no estoy tocando en ninguna parte,
porque estoy operado y no he conseguido ni he
buscado, porque me operaron y he estado en recuperación.

¡Por fin la ley!
La comunidad universitaria lamenta profundamen-

A.A. ¿Qué repertorios tocan ustedes?
J.L. Nosotros tocamos tanto colombiana como
rock, hasta lo regional. Y es por eso que nos hemos defendido últimamente. Porque tocamos de
lo que salga. Y música americana también; yo también toco «Patrulla americana» y mucha otra música americana.
A.A. ¿Siempre han tocado el mismo tipo de piez.as?
J.L. En aquel tiempo, cuando nosotros llegamos a
Monterrey, tocamos pura cosa de Chiapas: «La
Sandunga», «La Chiapaneca», pura música típica
de allá. Y repetíamos lo mismo, lo mismo. Pero
nosotros ya veníamos preparados con &lt;lanzones,
porque se supone que la marimba es para
&lt;lanzones y toda clase de tropical. Pero la gente
empezó a darse cuenta que tocábamos de todo y
empezó a revolucionar la marimba.

[ 66]

«Se acabaron los tiempos en los que con

te el sensible deceso del señor ingeniero

todo el poderse aplicaba la ley de Herodes a los

Don Roberto Treviño González,

cineastas críticos. Con el 10 por ciento en

acaecido el 14 de mayo del presente.

pantalla para el cine mexicano, a ninguna
película se le negará llegar a la pantalla, ni

Brillante universitario, fundador y director de la
Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas y rector de
nuestra Alma Materdurante el periodo 1955-1958.
El ejemplo de su trayectoria profesional, el cariño a
nuestra institución, la congruencia de sus actos y el
valioso testimonio de una vida que otorgó especiáJ.
primacía a la educación, han marcado una huella
imperecedera en la universidad.
Nos unimos al sufiimiento de las respetables
familias Treviño Villarreal
y Treviño González.
Sabemos que en la memoria de la grandeza de vida
del estimable Maestro encontrarán el mejor
bálsamo para mitigar la pena de esta temporal
separación.
DocroR LuisJESús GAlÁN WoNc / REcroR
Monterrey, N. L., a 16 de mayo de 2001

A.A. ¿Cuándo se integró la batería al conjunto de marimba?

Roberto Escamilla

quedarse enlatada.
No se van a encerrar en el castillo de la pure-

za, sino que habrá un distinto amanecer para
todos. Sólo me queda decir, ¡corte! y ¡acción!» .
Santiago Creel el 29 de mayo

POR FIN, TRAS UNA IARGA LUCHA ENTRE LAS COMPAÑÍAS

distribuidoras de películas norteamericanas en
México y la comunidad cinematográfica nacional,
la Secretaría de Gobernación anunció, a través de
su titular Santiago Creel, la promulgación, con
modificaciones, de la muy esperada, desde 1999,
Ley de Cinematografía. En realidad, la ley emitida desde 1992 con Salinas, cuando el cine se in-

cluyó en las negociaciones del TLC y perdió su
calidad de industria cultural, la retomó el presidente Zedillo, gracias a la iniciativa de María Rojo,
entonces diputada, pero las discusiones sobre el
doblaje al español de las películas extranjeras y la
concesión de un tiempo en pantalla obligado en
las salas de exhibición para los filmes mexicanos
demoraron su salida. El resultado final, como se
observó en las declaraciones del 29 de mayo, no
fue del todo, en particular para los cineastas mexicanos, una batalla perdida.
Una cosa sí se perdió. El doblaje al español de
películas, permitido en la versión de 1992, sólo
en películas para niños o de materiales educativos, se extendió, por desgracia, a adolescentes y
adultos; tal y como se practica, casi por rutina, en
los grandes circuitos televisivos. Para muchos aficionados al cine, la medida no pa.rece demasiado
radical, mientras se proyecten las versiones en su
idioma original, quizá a un precio más elevado;
pero para la reducida industria fílmica nacional,
doblar un material extranjero al español es convertirlo en película nacional, en particular p{Í.ra
los sectores de la tercera edad, con dificultádes
para leer los subtítulos a la velocidad que circulan, y para miles o millones de mexicanos y mexicanas, con apenas atisbos de educación elemental, incapaces de decodificar de manera apropiada y rápida las palabras de los subtítulos. Para las
compañías extranjeras esto representa enormes
ingresos adicionales al llegar con sus versiones,
aparte de los niños, a todo tipo de público.
El diez por ciento en pantalla anual para las
películas en estreno, deducido del total de exhi-

[ 67]

�biciones por cada periodo en las salas comerciales, sean conjuntos o pequeñas salas, es un gran
logro, si los números no se manipulan. ¡Y sí la producción crece, de manera progresiva y con calidad, sea de búsqueda o comercial, para poder llenar este espacio! A finales de los noventa, se realizaban entre once y veinte cintas al año; en el 2000,
fueron más de 28, aparte de un elevado número
de cortometrajes. Sin ese crecimiento, sin ese poder, no se habrá logrado nada. Se necesita una
actividad constante con «Todo el poder» industrial y con garanúas de estreno para sacar al mercado, mínimo, 50 películas al año. Eso sin olvidar
que el negocio fuerte del cine no radica en hacer
cine y promocionarlo y distribuirlo, sino en exhibirlo de forma total, para poder recuperar la inversión, en la realización y en la difusión, y obtener ganancias del porcentaje que les toca a sus
creadores de los ingresos en las salas.
Otra importante innovación contiene el nuevo reglamento federal: la creación del FIDECINE.
Un sistema de apoyos financieros para promover,
o resucitar, la industria cinematográfica nacional.
Tanto para estimular la producción, como para
las otras áreas señaladas en el párrafo anterior: promoción y distribución. El cine crítico, o cualquier
otro tipo de cine, se puede congelar, no sólo por
la aplicación política de «La ley de Herodes», sino
cuando nadie se entera de su presencia. Cosa lo
más normal en una actividad donde el ruido se
hace, por lo menos en las páginas de espectáculos, casi en exclusiva para los productos extranjeros. Detalle comprensible, si se recuerda quiénes
tienen el dinern para comprar espacios publicitarios de manera regular en los medios. O si se lanzan a los cines, por problemas de costo, unas cuantas copias de una buena película mexicana - ¡atención al adjetivo!- frente a las 150 copias mínimo
que los filmes norteamericanos tienen para cubrir
el país por completo desde su primera semana de
estreno. El FIDECINE es clave también porque
insiste en algo ahora muy olvidado y casi inexistente: el cine industrial comercial mexicano, hecho a un lado frente a los logros del último cine
de búsqueda.
IMCINE seguirá, y con él FOPROCINE, el fondo de apoyo para el cine de calidad, cuyos resultados, en número y calidad de los títulos, están a la
vista y gusto de muchos cinéfilos. Pero ese cine de
autor, a pesar de su gran calidad, continúa siendo

una diversión minoritaria. Para un desarrollo sano
se requiere al lado del cine autoral, un cine acotado en «El castillo de la pureza», un cine comercial
que ofrezca una mirada distinta, más propia y
nuestra que las muestras extranjeras, pero digno
y eficaz. Sin ese apartado, jamás se llegaría a cubrir el mínimo anual antes citado: 50 películas.
Además, con esa posibilidad genérica y argumental, los cineastas tendrían la posibilidad de una
carrera con sus altas y sus bajas pero continua. Sin
que todo fuera aspirar a lograr obras maestras. Y
sin caer en los excesos infames y miserables de la
última producción privada de hace años, refugiada en los arrebatados telenovelones diarios del
entretenimiento electrónico.
Quedan pendientes algunas cosas. Se cancela
la censura, siempre viva, aunque soterrada, en los
pasillos de gobernación. Pero se precisa un sistema de clasificación para ubicar las películas producidas o por producir: AA, A, B y C, y recibir los
apoyos señalados en la ley. Aunque se asegure que
la libertad de expresión en el cine será la que se
inscribe en la Constitución para todos los mexicanos, la libertad tendrá que ejercerse y pdearse día
a día, entre los territorios indefinidos de estas iniciales, como ocurre ahora con muchos acontecimientos mediáticos en nuestro país. Lo fundamental en la ley aprobada sigue siendo la obligatoriedad de exhibición para todas las películas mexicanas, y las garanúas de su estreno antes de seis meses de la fecha de su autorización, y por lo menos
durante una semana en cartelera. Para el lector
no especializado, esas veinte y tantas películas producidas en el 2000, apenas llenan unas cuantas de
las 52 semanas al año que contemplan las salas de
proyección.
Faltan muchas definiciones junto a la ley. La
Asociación Mexicana de Productores Independientes las recalca en una inserción publicada en
la prensa: adecuaciones fiscales, incorporación de
la televisión pública y privada, de manera activa,
como en Europa, en la producción; y por supuesto, la revisión del TLC para excluir al cine de sus
lineamientos; y volverlo a su condición de industria cultural, como insistieron otros países en defensa de su identidad. 'Sin ir demasiado lejos, aún
con Salinas en las negociaciones, nuestro socio
tripartita Canadá.
¿Un «Distinto amanecer» para el cine mexicano? ¿Para nuestra fábrica de sueños, como lo de-

[ 68]

nominan los productores independientes? Habrá
que estar muy atentos y ser muy profesionales,
ahora sí a nivel mundial, y entre todas las partes
que arman ese producto tan especial y singular
que es una película.
Un amanecer distinto se iluminó, en apariencia, para nuestro país, el primero de diciembre
del año pasado. En menos de un año, hemos pasado en los asuntos ciudadanos y colectivos,
parafraseando útulos de películas del novísimo
cine mexicano, a la manera de Santiago Creel, del
«Demasiado amor» a «Amores perros».
Esperemos que ese tránsito canino no sofoque
el despertar de este ultimísimo cine mexicano. El
sexto o séptimo novísimo desde su bautizo como
nuevo, allá en los setenta. (Para este mini análisis
no leímos la ley en el Diario de la Federación, nos
remitimos a las noticias de los matutinos nacionales. No creemos cambie mucho).

XXXVII Muestra Internacional
de Cinematografía
Organizada por la nueva dirección de la Cineteca Nacional, la muestra número XXXVII salió
del Distrito Federal con cinco películas menos.
Uno de los filmes, ya reseñado aquí, «Antes de
que anochezca», se estrenó previamente para aprovechar la pasada feria de los Óscares; y otros de
distribuidoras con un número muy pequeño de
copias, vendrán pronto o se irán ofreciendo en
estos días. Así llegó, sin pena ni gloria-parece no
merecerlas- «Malena»; y creemos se estrenarán, a
lo largo de la cartelera del verano, materiales de
interés como «¿Dónde estás, hermano?», de los
fabulosos hermanos Coen; la esperada «La lengua
de las mariposas», película española de José Luis
Cuerda, basada en los cuentos gallegos de Manuel
Rivas; y «El amor nunca muere» de Patrice
Laconte, director de la excelente «Monsieur Hire».
Hay que estar pendientes de la programación comercial. Las nueve restantes, que llegaron a la Cineteca Nuevo León, celebrando su tercer año de
actividades, y enrolada ya como miembro asociado de la FIAF, la internacional Federación de Archivos del Film, se convirtieron en lo mejor del
festival. Hay que estar atentos. O vuelven a la Cineteca, o aparecen en los cines convencionales;
o, como ocurre cada vez con mayor frecuencia, se
ofrecen en la televisión por cable y a veces hasta

llegan a los mismos videoclubes, no demasiado
familiarizados con el cine de arte.

«Bajo la arena»
Después de haber admirado sus impecables
cortometrajes «Un vestido de verano» y «Mirando
el mar» y el espectacular divertimento de «Comedia de familia», en francés «Sitcom», con todo lo
que esto implica, Ozan emprende una aventura
más seria y fascinante. En el acostumbrado viaje
de veraneo de una pareja madura, el marido desaparece al nadar en el mar, no se sabe si se ha
ahogado o si se alejó por propia voluntad, dejando a la mujer en la más profunda incertidumbre y
soledad. Retrato riguroso y casi morboso de sus
horas vacías, de su vuelta a la sociedad, del encuentro con una pareja nueva y del rechazo a la
verdad, la muerte del marido, aun frente a un
cuerpo en la morgue; sostenido con una eficacia
mayúscula por una todavía sensacional, y ya madura, actriz, Charlotte Rampling.

«Palabra y utopía»
Del legendario Manoel de Oliveria, 93 años de
edad, compitiendo todavía en el pasado festival

[ 69]

�de Cannes con su más reciente película, llega a la
Muestra una obra realmente excepcional. A primera vista, una biografía minimalista de los últimos años del jesuíta Antonio Vieira, un famoso
religioso portugués, defensor de los indios del
Brasil en el siglo XVII; más de cerca, una profunda interrogación sobre el hombre y sus semejantes, haciendo uso, como jamás se había visto en el
cine desde hace muchos años, del instrumento
más formidable de la escolástica: la palabra. Las
reflexiones sobre el nuevo mundo, las andanzas
del escritor y orador sagrado, señalados con las
imágenes más elementales y significativas: grabados antiguos, el movimiento de las olas en el mar,
como muestra de los repetidos viajes del sacerdote, se corresponden con un alma inquieta que se
enfrenta, palabra y obra, palabra y utopía, como
todo ser pensante en cualquier época, a las injusticias y sometimientos de las autoridades en el
poder. En este caso, las de la infame, y a la vez,
Santa Inquisición.

«El tren de la vida»
El dato es importante: en 1996, el director Radu
Mihaileanu, le envió el guión de «El tren de la
vida» a Roberto Benigni para ofrecerle el papel
protagónico de la misma. Al parecer el italiano

do constante que sufre este personaje logran llegar al espectador. Las otras dos, la primera, basada en una lucha sorda entre dos campesinos; y la
última, centrada en un joven enfebrecido por los
celos y la Biblia, solamente inciden en lo más insólito del film: el territorio de la acción. Rural,
campesino, pero muy cercano, como lo acotan las
imágenes del inicio del filme, a las Javelasy las grandes avenidas de Río deJaneiro.

«Perfume de violetas»
Después de haber dejado muy atrás el universo
femenino de «Los pasos de Ana», tras pasar por la
adolescencia masculina en tono de comedia con
«Anoche soñé contigo» y repuesta ya del fracaso
lamentable de «El cometa», Marysa Sistach regresa con ayuda de su guionista y esposo, el cineasta
José Buil, a la mujer, y muy en especial al mundo
de las jóvenes adolescentes de los barrios populares del De Efe, para ofrecernos una obra que sorprende por su tono y por su madurez, a pesar de
los riesgos que se juega. «Perfume de violetas»
narra las relaciones que se establecen entre Yessica,
rebelde y mal hablada y su compañera de secundaria, Miriam, modosa y bien instruida en los cánones de la clase media baja. Yessica sufre de acoso sexual, y su relación con el mundo que le rodea, el mundo que intenta guardar más las apariencias que otra cosa, la va destruyendo poco a
poco. El film es un documento que roza las líneas
sensibles del melodrama, pero jamás cae en el discurso fácil, y sí penetra en un contexto degradado por trivial y envilecido, sobre todo con respecto al papel de la mujer en la sociedad. Sorprenden las actuaciones de las actrices, muy en especial Ximena Ayala, surgidas de un taller de teatro
popular; y las descripciones exactas, casi con esti-

de textos y soledades anímicas, ya olvidadas en el
vacío actual de las salas de cine, ante el final de la
filmografia del maestro sueco, irrumpen algunas
escenas de pasión y de peleas conyugales, vistas de
forma más entrañable y menos metafisica por Liv
Ullmann. El film, a pesar de su duración, se sostiene
a la perfección, gracias a que la narración se matiza
por la presencia de una niña, la hija de la pareja,
que es la que debe sufrir las desventuras y caídas de
sus padres. No sólo con sus nuevas parejas, sino también entre los casados cuando intentan establecer
una relación fisica.

lete, de muchas madres mexicanas, gracias al trabajo y olfato interpretativo de Arcelia Ramírez y
María Rojo.

trabajaba en su proyecto de «La vida es bella» y
declinó, por fortuna. Al pastiche falso, repleto de
barata comicidad, le sucedió un film lleno de gracia, sensibilidad y.respeto en el tratamiento de una
historia demasiado especial. En 1941, un grupo
de judíos del este de Europa, para huir del holocausto, compran un tren y arman un singular aparato escénico para hacer creer a los alemanes que
son verdaderos deportados en camino a los campos de concentración; en realidad se dirigen a
Rusia para salvarse del exterminio. Divertida y
desenfadada, como la imaginación suele ser, la
recreación es no sólo respetuosa de los hechos sino
irónica, cuando los grupos de judíos intérpretes
terminan asumiendo los diversos roles de la impostura. Un film delicioso y divertido, y lleno de
bondad, a pesar del escenario real.

«Casi nada»
Tres historias integran el film menos logrado
de la Muestra. Las tres inspiradas en grandes autores literarios: Gorki, Borges y Guimaraes Rosa.
De las tres, se salva únicamente la segunda que
cuenta la historia de un hombre temeroso de alguien, una especie de bandolero, que viene a reclamarle la vida. La serie de alucinaciones y mie-

[ 70]

«La cena»
La intención de Ettore Scola era contar algunas pequeñas historias de hoy, según refiere, en el
entorno más noble que pueda existir para un italiano: una trattoria a la hora de la cena, la hora sin
máscaras. Así, en "La cena" se reúnen en una no-

«Infiel»
Después de «Confesiones privadas» y siguiendo
la pista a los recuerdos escritos de Ingmar Bergman,
entre los cuales ella está involucrada Liv Ullmann
'
'
la actriz y directora filmica, emprende la aventura
más bergmaniana de todas: "Infiel", escrita por el
mismo Ingmar Bergman. En la historia, Bergman
aparece tanto como un viejo guionista encerrado
en una isla desierta escribiendo una historia de infidelidad conyugal, interpretado por Erland
Josephson, como en los recuerdos de una actriz,
Marianne, que le cuenta su historia amorosa; teniendo como personajes masculinos a su esposo, un director de orquesta itinerante, y a un cineasta lleno
de problemas emocionales y de creación que no es
otro que Ingmar Bergman. En medio de una serie
che más de cuarenta comensales, la mayoría clientes habituales. Se habla de todo, y hablan todos,
desde el profesor hasta el burócrata, desde los
ocasionales japoneses fotografiando los rincones
del lugar hasta los comunistas, desde los jóvenes
cargados de aretes hasta los que mendigan con
sus habilidades un poco de cena o compañía.Juntar personas ha sido un motivo recµrrente en la
obra de Scola, pero «La cena», sin vino y sin aperi-

[ 71]

�tivos, en ocasiones se vuelve no muy ligera.

clásicos de la cinematografía: «Nosferatu». La premisa: el vampiro del filme de Murnau era una auténtica criatura de la noche, que modera sus deseos por obligación, durante el rodaje de la película. La fotografía y la puesta en escena contribuyen mucho a acentuar una atmósfera tan desconcertante como en el original.

«Al filo de la inocencia»
Joseph Hilditch es un meticuloso cincuentón,
encargado de los servicios alimentarios de una gran
fábrica. Sus pasatiempos son simples y a la vez refinados: revisar todas las noches unos viejos videos
grabados con una serie de programas de cocina y
preparar fastuosas cenas cuyo único comensal es él.
Felicia es una chica irlandesa que ha quedado embarazada. Sin demasiados recursos se lanza a Inglaterra, a donde le han dicho que ha huído su amante. En Birmingham se encuentra de manera casual
con Hilditch, quien le da un raid y la ayuda a tratar

de localizar a su novio. Las respectivas historias empiezan a cruzarse frente al espectador. Y también su
pasado. Y es ese pasado y la elaborada telaraña de
mentiras que va tejiendo Hilditch para atrapar a
Felicia, y los recuerdos que lo apabullan, y los
apabullan, lo que va cercando al espectador en una
historia fascinante, donde la casualidad en verdad
no existe. El es un impecable asesino en serie, ella,
la nueva víctima. Ambos caen atrapados, sólo para
liberarse, en una película extraordinaria, donde Bob
Hoskins da con su rostro la medida exacta de las
sospechas que poco a poco van anidando en la mente
del público mientras se desarrolla antes sus ojos el
correr de la acción.

«Lost Killers»

«Bailando en la oscuridad»
cine alemán, cuyos realizadores provienen de las
etnias más lejanas y distantes que podría imaginar
hace años la orgullosa y altiva nación. «Lost Killers», desenfadada, disparatada, de humor negro,
casi surrealista, es el segundo largometraje de un
cineasta georgiano cuya carrera se ha hecho en
esta mezclada república. Dito Tsintsadze nos invita a seguir a dos pobres diablos que se creen, o los
creen, asesinos a sueldo. Uno es croata, Branco,
otro georgiano, Merab. Ambos son inmigrantes
ilegales y el seguimiento de su víctima es una sucesión de actos fallidos presididos por una serie
de desmesuradas juergas. A los dos se le suman
una serie de personajes marginales casi indeseables, que terminan por seducir. Lan es una prostituta vietnamita de un aliento tan malo que corre
a los posibles clientes. Aparte, en el momento del
orgasmo entra sin remedio en un estado de catalepsia. Carlos es otro, inmigrante haitiano, en espera de vender uno de sus riñones, el derecho que
quiere tanto, para irse a Australia. A tal galería se
le suman los organizadores de la prostitución y la
anciana madre de Branco, en agonía sempiterna,
que revive cada vez que Merab hace un brindis
georgiano. Más la novia portuguesa del croata,
carnada clave para atrapar a la designada víctima.
Todo es tan inútil, todo está tan errado, que uno
termina por congraciarse con ese cuadro de parias y buenos para nada dispuestos a brindarnos
el humor más satírico y poco ortodoxo de los últimos años. Una gran sorpresa, insisto. Vale la pena
disfrutar esta experiencia poco convencional en
el cine de calidad.
Estrenos. Muchas películas, poco cine.

«La sombra del vampiro»

I

Un nuevo filme de Lars Von Trier, del movimiento Dogma, centrado alrededor de una inmigrante checa, casi invidente, cuyas únicas dos obsesiones en la vida son reunir el dinero suficiente
para poder operar a su hijo y salvarlo de un problema visual idéntico al suyo; mientras sueña despierta en el cine musical del Hollywood legendario. El inteligente manejo de los postulados teóricos -como el manejo de la cámara que lleva el
mismo director- y una historia que se presta de
maravilla a sus intenciones estéticas, hacen de «Bailando en la oscuridad» una excelente película.

"El odio", que mantiene la lógica y el suspenso de
la trama de principio a fin, segundo tras segundo
de proyección.

«El segundo aire»
Aunque poco creíble, en un contexto específicamente nacional, "El segundo aire", de Fernando Sariñana, es una agradable visión de lo que
debería ser un cine industrial comercial en este
segundo aire que intentará, después de aprobada
la Ley Federal de Cinematografía, el muchas veces nuevo cine mexicano.
¡Pero para tomarse las reglas del juego en serio! No para llorar, cuando a las dos semanas desaparecen Sin dejar huella y sin Demasiado amor, las
producciones.

«Descubriendo a Forrester»
Un Gus Van Sant cada vez más positivo, pero
menos ácido y virulento. Sin Sean Connery, la
alambicada historia de Jamal se hubiera ido totalmente a pique.

«El amanecer de un siglo»
lsvan Szabo, el extraordinario cineasta húngaro regresa al cine para contarnos la historia de la
familia Sunshine, familia judía, en los devenires
de un país y de un grupo humano, que pasa de los
rigores y deberes del imperio austrohúngaro a las
injusticias del socialismo dogmático, con un intermedio dedicado a la ocupación Nazi. Estupenda
recreación de todas y cada una de las épocas, con
un Ralph Fiennes interpretando a cada uno de
los sucesores de cada generación. Solo se extraña
la cámara operática y el manejo de los conjuntos
que hicieron del cine de Szabo, con sus enormes
planos secuencia y su visión despiadada de la realidad, un placer exquisito.

«Los ríos de color púrpura»

¡La gran sorpresa de la Muestra! De un último

Elias Merhige ha creado una estupenda recreación fílmica, un cine sobre el cine, de uno de los

[ 72]

Un magnífico thriUer de Kassovitz, creador de

[ 73]

�Reynol Pérez:
El tren de los sueños
José Ángel Leyva
REYNoL PÉREZ:
El tren nuestro de cada día (nueve obras
de teatro)

UANL
Monterrey, 2000.

¿CóMO PUEDE UN ESCRITOR QUE NO

hace teatro comentar la obra de un
dramaturgo, sobre todo si se trata
de un escritor-lector que se siente
poco atraído por las puestas en escena, excepto cuando el desnudo
femenino, venga o no a cuento,
compensa morbosamente las ganas
de salir huyendo ante la falta de
persuasión y creatividad que aqueja el teatro mexicano? El libro de
Reynol viene a decirme y a confirmarme que es preferible leer la
obra que verla actuada. Al menos
así funciona en mí. Y no es por ofender a los directores y a los actores
nacionales, que los hay magníficos,
pero abunda la mala calidad. Entre la comedia de corte Televisa y
las plastas posmodemas, uno prefiere quedarse en casa y leer un libro de teatro como el de Reynol.
Entonces, mi papel es el del lec-

tor, que no crítico, de una publicación de nueve obras de teatro que,
de entrada, debo decir, muestran
varias facetas en la producción de
su autor. A propósito, recuerdo que
Luisa Josefina Hernández me refería en una entrevista que los mal
pagados periodistas son quienes
hacen las veces de críticos o
reseñistas de las puestas en escena,
. y de vez en cuando se transforman
en reseñistas de los libros de ladramaturgia mexicana. Pero a los verdaderos críticos los ubicaba en el
interior de la academia. Ellos, según su punto de vista, no pretenden estimular al más amplio público para ver una puesta en escena,
sino simple y sencillamente buscan
hacer el análisis y consignar el fenómeno teatral de nuestro medio.
Si para Ludwik Margules el estancamiento de los directores de
teatro, de la creatividad escénica, se
debe en gran medida a la escasa
renovación y experimentación de
los escritores de teatro. Para Luisa
Josefina Hernández el hecho nada
tiene que ver con los dramaturgos,
quienes responden a su realidad y
a su momento. Entre generación y
generación, afirmaba la también
profesora y narradora, hay grandes
diferencias discursivas, temáticas,
técnicas, etcétera. Es posible que
ambos maestros tengan razón, pues
Margules plantea el asunto desde
el plano de una revolución, de una
sacudida violenta de las poéticas
sobre las cuales se escriben las obras
de teatro, y Luisa Josefina Hemández lo analiza desde la perspectiva
generacional, en la cual se observan grandes transformaciones y diferencias entre unos y otros representantes del género. Pero yo digo

[ 74]

que los cambios pueden ocurrir en
una misma persona, como es el caso
de Reynol Pérez. Sus nueve obras
muestran un registro que podríamos
calificar de desconcertante. Más allá
de la obra Aullidos, de corte rulfiano,
que inicia el libro, el pulso de Reynol
adquiere un tono a veces intimista,
onírico, humorista y en ocasiones auténticamente caprichoso, tributario
del absurdo. No obstante, se puede
advertir el acento, la escritura de un
mismo autor.
Como «poética de la imaginación», define Vicente Leñero, en el
prólogo del libro, a este conjunto
de piezas teatrales. El famoso periodista, dramaturgo y narrador agrega: un «teatro que se antoja imposible», desde la perspectiva escénica, por supuesto. Un teatro posible para quien lee El tren nuestro de
cada día; complejo para quienes
asumen el reto de montar las obras
y de concebir la poética escrita en
la poética escénica. De algún modo,

quien recrea el espacio en donde
nos sitúa el escritor y lo escenifica
mentalmente está confirmando la
posibilidad de hacer real lo imaginario. Entiendo bien a qué obras
alude Leñero cuando redacta ese
mensaje. No son las adaptaciones
de los cuentos búlgaros, como es el
caso de «Paisaje con perro», de
Stanislav Stratíev, que Reynol titula
«Mocasín»; o «La vitamina que llegó de América», del relato «Un paquete de América», de Svetoslav
Mínkov, sino a las obras más personales que muestran a un dramaturgo audaz, embebido en atmósferas
y circunstancias distantes de su geografia. Allí donde lo onírico se desenvuelve en ires y venires por el
tiempo y los personajes son sometidos a transfiguraciones cronológicas, emotivas, existenciales.
La creación de Reynol traza
movimientos pendulares entre lo
tradicional y lo vanguardista. El
humor y el drama, la ironía y la ternura se entreveran a menudo en
ese juego de voces que nos hablan
y se hablan entre sí. Los tiempos,
cuadros, actos en los que estructura y delimita Reynol sus obras, plantean a veces esfuerzos mentales
para mantener el enfoque sobre las
figuras que dialogan en planos interiores, confesionales, y enseguida
en planos abiertos o en ámbitos familiares donde puertas y ventanas,
enseres domésticos y en general la
utilería forma parte de las atmósferas internas de los personajes. Más
que el vestuario y la escenografía,
son los diálogos, el lenguaje con el
que construye las existencias, lo que
nos ubica en torno a la idiosincrasia y a las culturas que ha elegido el
dramaturgo para situar sus piezas.
La obra El tren nuestro de cada día
poco tiene que ver con los paisajes
y el discurso, con la mentalidad de
El guardagujas, de Arreola, pero sí
más que ver con las estaciones ferroviarias donde desarrolla Chejov
sus historias, con la nostalgia y el
abandono de Un tranvía llamado

deseo. Más que nada, ese tren ha
surtido en mí el efecto evocador de
sueños, de poemas que hablan no
de locomotoras, sino de estancias
en el pasado, hayan o no ocurrido,
pero que son, al fin y al cabo, realidades muertas que insisten en aparecer como auténticas, como parte
de una historia cuajada de anhelos,
que si fueron o no, lo importante
es que son ... y muy probablemente seguirán siendo.
La mayoría de las obras, sobre
todo las más personales, van hacia
un ajuste de cuentas con la niñez,
con esos hilos de tiempo que se
embobinan con los presentes existenciales en que nos muestra Reynol a sus personajes. «El bostezo
azul», «Paisaje con columpio»,
«Ralph», «Ana y el hombre» y, sin
lugar a dudas, la que da nombre al
libro, están llenas de sugerencias y
de símbolos del viaje, de la espera y
de la ausencia, del tránsito por uno
mismo. El abandono de algo o de
alguien martillea constantemente
en los diálogos, tal vez una oportunidad, quizás un momento histórico, un amor, la edad, el porvenir.
La prosa con la que están escritas las obras es pulcra y rigurosa,
concisa y certera. Los diálogos son
convincentes, accesibles, universales. Sería interesante ver cómo perciben los europeos un teatro recreado en sus atmósferas, sobre todo en
las de ese mundo europeo con
tufillo del pasado, que fueron y son
los países del ex bloque socialista.
Su oficio de traductor y narrador
mucho tendrá que ver en la madurez de su escritura dramática, como
es obvia la influencia, el gusto o simpatía por la cultura y el idioma búlgaros. Conozco su trabajo de traducción, en particular de Atanás
Dalchev yYordan Radíchkov, ambos
escritores búlgaros, y la selección de
siete poetas búlgaras que hizo para
la revista Alforja, de poetas. Así, puedo afirmar que su compenetración
con el mundo del socialismo real y
los sedimentos de la ortodoxia cris-

[ 75]

tiana, de los místicos bizantinos, ha
dado sus frutos en México. El viaje
adquiere su verdadera dimensión
no en el tránsito, sino en el recuerdo, cuando ya se asienta la experiencia y aflora la ausencia con todos sus presentes.
Por último, hay que destacar la
calidad editorial del libro, el oficio
con que fue hecho en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Así,
el contenido y su continente responden a esta poética de la imaginación, que ya ha demostrado su
factibilidad escénica, aunque no
podamos avalar la calidad por falta
de elementos.

El cosmos
por la palabra*
Ricardo Martínez Cantú
LUIS GARCÍA DE AMÉZAGA:

El caos de la impresión.
Sinmar, Madrid, 2001.

EL CAOS DE LA IMPRESIÓN DA fNICIO CON
una poesía que se vuelca sobre sí
misma y reflexiona en sentido estricto: una poesía que sondea el
proceder de la creatividad, que indaga los mecanismos del hacer propio de ese hacedor que es el poeta.
La mente y la razón no favorecen el acto creativo; antes bien, levan tan obstáculos. La razón establece lineamientos que cartogra-fian
la realidad y la convierten en un
árido mapa. La mente, por su parte, se descubre ef"lffiera y busca dominar para inventarse eterna.
«Pero lo vivo es vida / y no conoce muerte.» El arte sigue otras
avenidas: «Otorga vida a aquello
* Un ejemplar de este poemario fue donado por su autor a la Biblioteca Magna
Universitaria RaúlRangel-Fríasdonde puede ser consultado.

�Luis Miguel García de Amézaga

El caos de la impresión

Editorial Sinmar

que no la goza.» El acto creativo es,
simultánea y contradictoriamente,
de una simplicidad extrema y de
una complejidad extraordinaria.
Lo excepcional es arbitrario y llega
por asalto. «La inspiración te descubre en una pausa, / en un intervalo vacío / o enfrascado en dolor
infinito que ya no se siente. / [ ... ]
/ Es éste el espacio de la fusión /
donde se llevarán a cabo los demás
encuentros.» El proceso de la creatividad implica «vincularse por
completo, / incubar el fruto, romper el cascarón, y animar sus primeros pasos. / Después requiere
también desvincularse íntegramente / y ser libre para futuros no dichos.» La inspiración llega, además,
por oleadas: se alterna «la desmesurada actividad con la desesperante laxitud», poniéndose así también
de manifiesto la existencia de «un
mecanismo administrador / encargado de dosificar el alimento.»
El artista ha de «moverse en las
lindes de las reglas», desdoblarse
quizás: «dos tazas de café / el escritor y su heterónimo / ... / dos tazas
y un solo hombre». Debe asimismo comprom eter sus hábitos
tranquilizadores, arriesgándolos tal
vez inútilmente, ya que a «la experiencia inspirada más profunda, /
la transformadora, / no hay posibilidad de expresarla / porque en ella

todo sobra» y «el escritor ya no escribe / lo que sabe no pueden decirlo las palabras.»
Los poemas transitan -en la segunda sección del libro- desde la
creatividad hasta la locura, pues
ambas suelen avanzar por senderos
paralelos, por rutas que a veces se
entrecruzan y hasta parecen superponerse, por pasillos en los que se
alternan «los focos y las sombras».
«La locura es un hachazo en el
alma / apenas hay distancia entre
ella y la visión clara.» Por eso «la
genialidad empuja hacia posturas
vulnerables» en las que el hombre
genial debe tomarse a sí mismo -y
aceptarse voluntariamente- como
su propio conejillo de Indias.
Sin embargo, el genio no es un
loco, aunque siga «un ritmo singular», «un demoledor ciclo de creencias y desilusiones». El genio se asume como «abismo de efímeras caídas y euforias», se deja embriagar
por el aroma de las espinas, mantiene el equilibrio sobre filos y finta a los abismos; pero gesta también, «en soledad discreta», la fuerza necesaria para controlar las voces interiores que lo abruman y
para construir, con sus revelaciones,
una armonía superior. El genio logra «expandirse buscando sintonías» y «alberga una teoría (descabellada o no) / que explica y sublima su padecimiento».
Finalmente, en la última sección
del libro los poemas refieren al futuro. No al futuro personal que
obsesiona a la juventud y a su afán
de protagonismo; sino al futuro sin
adjetivos: a los futuros de la humanidad y del mundo que cobran interés cuando el joven madura.
Para prever el porvenir hay que
escapar del tumulto de la prisa y
refugiarse en la serenidad, en «la
paciencia [que] nos permite ver
[... ] / la perfecta adecuación de las
piezas sobre el tablero del devenir».
«Contemplar desde lo quieto / aunque todo se balancee / es contemplar entendiendo.»

[ 76]

Con esta perspectiva, no parece
sensato esperar grandes cambios
hacia delante, considerando que no
los ha habido en el camino recorrido hasta ahora: «Regresa el físico a
su hogar inteligente / mientras su
corazón barrunta / que no es más
hombre / que el hombre de hace
veinte siglos.»
Sin embargo, tal vez sí se haya
modificado la actitud humana. El
hombre ya no se deja arrastrar tan
fácilmente por el entusiasmo de las
utopías. Hemos depositado el poder en el sistema liberal de Mercado y ahí:
Los que vegetan en su zona
[más lujosa y opípara
Tienen bajo la suela de sus zapatos
Sin proponérselo, sin remedio,
A la gran masa empobrecida
[y asfixiada
Cuyo error consiste en querer
[ser ellos,
Algún día, quienes pisen.
Cerrando así el círculo y
[legitimándolo.
El sistema teje su tela de araña
Basándola siempre en el miedo
[a malograr.
Aplasta cabezas,
Pero cuando éstas van a explotar
Aligera la presión, da pastillas,
[pone tiritas
Porque se alimenta de un ejército
[de enfermos con esperanza.
Que no de muertos.

En el amanecer del siglo XXI
«aún somos adolescencia caprichosa». Y la misma desconfianza cabe
para las ilusiones trascendentales:
«No creemos ya en un gran Pater /
todopoderoso... /[ ...] / Sí en un perdurar / que quizás sea muy semejante al ser consciente; / 200,000 millones de neuronas funcionando plenamente / como los 200,000 millones de estrellas de la Vía Láctea».
Al final quedarán quienes ya
estaban cuando llegamos: la brisa,
la noche, los mares y la tierra: «la
Naturaleza equilibrada que se

autoalimenta en alarde de vida», los
campos hasta donde desertan regueros de gente para encontrarse con
que la tierra ya no los reconoce.
Los hombres deben, pues, tirar
hacia delante, aunque se desconozca el rnmbo. No hay otra alternativa. Y esperar que la sapiencia se produzca como un milagro trabajado,
porque «si nos crecieran mucho
más las piernas que los brazos /
cómo podríamos atarnos los cordones de los zapatos».

Arquicultura: un modelo y su aplicación
José Carlos Méndez
ARMANDO

v. FLORES

Arquicultura. Modelo para el estudio de la
arquitectura como cultura
UANL
Monterrey, N. L. , 2001

Por su propósito, por el conce¡r
to que lo 1ige y por la aplicación que
hace del modelo que propone a una
obra concreta «El Obispado» , este libro del arquitecto Armando V. Flores Salazar está dirigido a todos: desde el ciudadano común y corriente
que disfruta o padece la arquitectura de su ciudad, hasta quienes la proyectan, la construyen o destruyen, la
ordenan o la desordenan. Porque si
bien en este libro el arquitecto Flores analiza un edificio histórico, que
además es símbolo de la ciudad de
Monterrey, su modelo -la arquicultura- no sólo sirve para estudiar y
apreciar la arquitectura del pasado,
sino la del presente, la que se hace
hoy y la que se hará.
Por eso Arquiculturaes uno de esos
libros que pueden influir en cambiar
un estado de cosas, mejorarlo, corregirlo, en beneficio de los seres humanos. Que eso se logre o no dependerá de sus diversos lectotres.

Lo que Flores sostiene es que la
arquitectura, o mejor dicho, el «objeto arquitectónico» (todo objeto
habitable o usable construido por el
hombre) no debe verse ni estudiarse en sí mismo, sino como objeto
cultural, pues en él «conviven simultánea y permanentemente tres dimensiones: la física, que nos dice de
la materialidad; la histórica, que nos
dice del espacio-tiempo, y la psicológica, que n0s dice del hombre».
Flores ya había aplicado su modelo en Calicanto. Marcos cultural.es en la
arquitectura regiomontana. Sigws XV al
XX (editado porla UANL, 1998) en
el que, entre otras cosas, nos proponía una nueva y más rica manera de
«leer la ciudad», una lectura que él
ha hecho más refinada en Omamentaria. Lectura cultural de la arquitectura
regimnontana, libro que pronto publicará la UANL y que junto con
Arquicultura constituye una trilogía
que, como dijo Alfonso Rangel Guen&lt;l en su presentación, contribuye significativamente a esa labor en marcha
de ir dotando a Monterrey de memoria de su quehacer cultural en sus diversas expresiones.
Con prólogo de Alfonso Rangel
Guerra y fotografías de Francisco
Barragán Codina (algunas espléndidas, como las de las páginas 24 y
106), Arquicultura es también-un libro muy didáctico en el que Flores
explica paso a paso su modelo, y nos
da sus fuentes teóricas, en particular las modernas, como el buen
maestro que también es. Por esta
razón, Arquicultura no es sólo un li-

[ 77]

bro para los lectores regiomontanos,
sino para todo lector.
En cuanto al edificio elegido para
estudiarlo (y mostrarlo) a la luz de
su modelo, Alfonso Rangel Guerra
da en su prólogo las diversas razones; y Flores abunda en ellas y nos
dice que «El Obispado» -el nombre
popular con el que se conoce al Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe, proyectado y construido entre
1787 y 1788 por el Obispo Raphael
Joseph Verger y Suau (1781-1790)es el edificio que «inicia el tiempo
arquitectónico y la arquitectura' culta' en la región. Se instala como reto
para la ejecución de obras importantes, y al ser el primero en separarse
de la mancha urbana, inicia estrategias de crecimiento y desarrollo».
Flores analiza «El Obispado» desde todos y cada uno de los valores
que propone en su modelo, desde
los materiales utilizados y las técnicas de construcción, hasta sus ornamentos y su sofisticada simbología,
clara en su tiempo y que hoy nos
exige información y estudio. Del estilo, Flores nos dice:
El edificio se cataloga como colonial-franciscano, y por su capilla
como barroco. En términos generales, su estructura funcional corresponde a la arquitectura monástica
o conventual por sus componentes,
como habitaciones, capilla oratorio,
claustro y patio. Su apariencia externa apoya esta impresión por el
contraste entre la austeridad del
claustro y la algarabía de la capilla;
mientras que el tratamiento de la
estructura formal de la capilla es
eminentemente barroco. La presencia de columnas estípite en su
portada demuestra el más evolucionado barroco de su tiempo.

El texto incluye un glosario de
términos arquitectónicos, la bibliografía básica y un resumen de los
avatares sufridos por este edificio
desde su construcéión hasta su
rescate y restauración.

�Cantos de sirenas
Armando Hugo Ortiz
TEREESTRADA

Sirenas al ataque. Historia de las mujeres
rockeras mexicanas.
Instituto Mexicano de la juventud, SEP.
México, 2000.
EL LIBRO SIRENAS AL ATAQUE... REFIERE

las venturas y desventuras de las
mujeres mexicanas que osaron incursionar en el rockanrol, no como
simples fans o adelitas psicodélicas
de los músicos, sino con un papel
de protagonismo.
Lograr la publicación del libro
en sí es una historia de sirenas,
ejemplo de las horas extra que
debe trabajar una dama para ser
tomada en cuenta. Tere Estrada -la
autora- menciona en la nota previa que su proyecto comenzó hace
diez años, en 1991; desde entonces
peregrinó de la ceca a la meca para
obtener auspicio, buscando complacer a los exigentes editores que
pedían agregar o recortar texto y
contexto del material, y luego el
rechazo con «equis» pretexto: que
a la dependencia le habían recortado el presupuesto, que la fila de
publicaciones era muy larga y que
a la suya tardaría varios años en llegarle el tumo; o, lo más frustrante,
luego de un silencio de varios meses, enterarse que el manuscrito se
empolvaba en la gaveta de un burócrata.
Lo anterior lo refiere explícitamente su autora. Por la fecha del
colofón, noviembre de 2000, nosotros suponemos que en ese tiempo
álgido la nave estuvo a punto de
encallar; era el cambio de sexenio
y partido político en el poder, cuando las dependencias federales depuraban archivos y escritorios, previendo futuras acusaciones por
malversación del erario. ¿Qué interés podía tener un funcionario en
un libro de último minuto? De se-

guro Tere debió prodigar su tenacidad y un último esfuerzo para llegar a puerto y damos la oportunidad de conocer su trabajo, del cual
haremos sólo algunos apuntes,
pues la riqueza de su contenido
merece más espacro del que disponemos en esta ocasión.
Sirenas al Ataque, historia de las

mujeres rockeras mexicanas (19562000) es un volumen que consta de
384 páginas. De entrada parece un
texto evocativo, una visión panorámica del México juvenil que abarca desde la candidez de la posguerra, pasando por el trauma del 68,
hasta arribar al nuevo milenio; pero
el avance de su lectura nos lleva más
allá de una crónica costumbrista del
Distrito Federal: es un trabajo académico con rigor y metodología
propios de este tipo de enfoque;
una combinación de testimonios,
recopilación bibliográfica y sonora,
enriquecida de contexto histórico;
por ello algunos pasajes pueden
parecer áridos, pero son necesarios
para fundamentar reflexiones y
conclusiones sustentables. En general, el texto es fluido y ameno.
El intervalo cronológico de 45
años se señala en el subtítulo. La
autora precisa con nitidez el geográfico: el Distrito Federal, y especifica que, a más de cantantes, instrumentistas y compositoras, incluye a las mujeres que prestan apoyo
al espectáculo tras bambalinas:
managers, representantes, promotoras, locutoras, sin olvidar al equipo técnico, responsable de la transportación e instalación del equipo,
los «secres» (en este caso las «secres»), llamados hace tres décadas
«chicharines». De todas ellas escuchamos sus voces y puntos de vista.
El recorrido de nueve lustros de
la cultura del rock en México tal vez
provoque estupot en muchas mujeres. A quienes vivieron el alboroto de los años sesenta les parecerá
inaudito que las chavas de hoy, plagadas de tatuajes y aretes por todo
el cuerpo, sean herederas de sus afi-

[ 78]

dones y, viceversa, a estas chavas
también les puede provocar pasmo
que esas señoras «agüitadas» sean
sus ancestros.
Este libro nos hace reflexionar
en tomo a una verdad ineludible:
en la historia del rock han aparecido diferentes modalidades: twist,
mash potato, ska, heavy metal, progresivo, punk, underground, guacarock, etc. Algunas han desaparecido, pero en la actualidad la mayoría coexiste, unas a nivel masivo,
otras en nichos intermedios y algunas sólo para consumo interno. Por
tal motivo, entre todos los que gustamos de un género de rock hay parentesco, así sea muy lejano. Esto
es válido para mujeres y hombres,
que a veces nos incomoda ver a un
muchacho greñudo rumbo a una
tocada de «Míster Talo».
En la mayoría de las voces femeninas que hablan en Sirenas al Ataque... se percibe un reclamo contra
el machismo de gran parte de los
rockeros; va desde el rechazo tajante a la participación de la mujer hasta la incredulidad sobre la capacidad de cantar una rola o ejecutar
un instrumento. Resulta paradójico esta conducta en un gremio que
se supone vanguardia del liberalismo. Concluimos que por todas partes hay muchos Carlos Abascal y
muchas telarañas por remover.
En todo libro extenso, como Sirenas al Ataque... , siempre es útil y
necesaria la sección gráfica que,
aparte de ilustrar, sirve como descanso a la vista. Consideramos que
las fotos incluidas en la edición
merecían mayor tamaño para apreciarlas en su plenitud. Este detalle
se subsana con el disco compacto
anexo, que incluye una antología
de las diferentes voces y estilos descritos en el texto. La parte sonora
muestra a los poco conocedores
que en su investigación Tere Hernández fue más allá del rock al enfocar otros géneros como el blues
y ondas alternativas experimentales.

Tere cumplió su propósito original, pero siempre quedan tareas
por indagar: un ejemplo es la historia del rock fuera del Distrito Federal; pero, sin duda, esto corresponde a los directamente interesados o involucrados, los músicos e

investigadores de provincia; para
nuestro caso, Monterrey.
Otro aspecto digno de estudio
es el aporte de las cantantes de pop
al género. Desde mi particular punto de vista merece evaluarse con
toda objetividad la obra de Gloria
Trevi. Escuchando su música me resulta harto difícil no encuadrarla
dentro de «damas con mérito», así
sea mínimo.
Hoy, Gloria Trevi y su propuesta musical son rechazadas, lo mismo que por los partidarios del rock
comercial, aliados al puritanismo
mojigato, y por los partidarios del
rock no comercial, quienes la acusan de seudorockera; pero debe
aceptarse que sus desplantes en escena eran auténticos: era y es- auténtica, locochona, desaforada, desmadrosa, y mucho más ...
Reitero la necesidad de un análisis muy frío. Creo que una vez superado el escándalo de su vida personal, podrá evaluarse, en sentido es-

trictamente musical, la aportación de
esta sirena atípica, que hoy languidece en una pileta de agua pútrida.
Ojalá la revisión objetiva no tarde mucho, pues podría cumplirse
el deseo sarcástico que un editor, a
propósito de su manuscrito, le formuló a Tere Estrada: «¿Por qué no
se muere alguna rockera, así como
el cantante de Nirvana, para lograr
ventas insospechadas?».
Esas son harinas de otros costales. Por lo pronto reiteramos que
Tere Estrada cumplió su tarea y se
ganó con creces varias estrellitas en
la frente. Su libro enriquece en particular la bibliografía del rock mexicano, en su faceta femenil; y, en general, amplía la visión de la urbe capital a fines del siglo XX. Festejamos
que esta sirena haya llegado al puerto, no como punto final, sino para
emprender nuevas empresas. Con la
experiencia obtenida en este libro,
a Tere se le figurará la mar un simple buche de agua.

Trayectorias
REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
INFORMES Y SUSCRIPCIONES:

Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
primer piso, Av. Alfonso Reyes 4000 norte, C. P. 64000,
Monterrey, México. Teléfonos: 8324 4112
y Fax 8329 4126.
E-mail:
trayectorias@ccr.dsi.uanl.mx.
Página en intemet:
http://www.mx/ publicaciones/ trayectorias/

[ 79]

�Colaboradores
ALFONSO AVALA DUARTE. (Monterrey,
1952). Estudió antropología en la UANL
y la maestria, en la misma disciplina, en
el Colegio de Michoacán. Autor de Músicos y música P&lt;&gt;frular en Monterrey (19001940).
PABLO CARRIEoo CAsTRo. (León, España,
1978). Estudió la licenciatura en la Universidad de León y se doctoró con la tesis
«La obra poética de Pedro Garfias». Actualmente es profesor colaborador en el
Departamento de Filología Hispánica de
la Universidad de León. Ha publicado los
siguientes trabajos: «Consideraciones en
tomo al aspecto creador del uso del lenguaje... • y «Comunidad humana ylenguaje: relación social y planificaión lingüística».
Gull..1-ERMO CEN1CEROS. (El Salto, Durango,
1939). Pintor. Su obra es ampliamente cer
nocida. Colaboró en la realización de
murales de Federico Cantú y David Alfaro
Siqueiros. Es autor de los murales de la
Biblioteca Felipe Guerra Castro y del Teatro Universitario. Trabajó en el mural de
la Facultad de Ciencias Químicas de la
UANL.
ARMANoo J oEL DÁVILA. (La Ascención,
Arramberri, N. L., 1952). Poeta. Editor.
Maestro universitario. Fue director de Publicaciones de la UANL. Autor, entre
otros libros, del poemario La huella del
relámpago.
ROBERTO EscAMIUA. (Monterrey, 1942).
Crítico de cine. Estudió letras en el
ITESM. Es profesor de posgrado en la
Facultad de Ciencias de la Comunicación
dela UANL.
ALrnREoo GRACIA VICENTE. (Castel de Cabra, España, 1910). Estudió el magisterio en la Escuela Normal de Barcelona.
Tuvo participación en la Guerra Civil
Española a favor de la república. A
México llegó el año 1939. Fundó el Instituto Escuela Cervantes, en Tampico.
Librero en Monterrey a partir de 1948.
Ha sido profesor en Arte, A.C., ITESM
y en la Facultad de Ciencias de la Cer
municación (UANL). Medalla al Mérito Cívico por el Gobierno de Nuevo

León, en 1986. Entre sus obras figuran
Tres poetas y De arte y letras.
JFSSICA VANESSA HERRERA HERNÁNDEZ. (Monterrey, 1978). Estudió en la Facultad de
Ciencias de la Comunicación (UANL) y
se especializó en periodismo. Ha colaber
rado en Vida Universitaria, Ciencia UANL,
entre otras. Próximamente asistirá a un
curso de periodismo en La Habana, Cuba.
HUMBERTO MAR1iNEZ. (Monterrey, 1942).
Filósofo y crítico literario. Fue profesorinvestigador del Departamento de Humanidades de la UAM-Azcapotzalco.
LEONARDO MARTINEz CARRrzAu.s. (Ciudad
de México, 1966). Ganó el XII Certamen
Nacional Alfonso Reyes 2000 con su ensayo La sal de l,os enfermos. Caída y convaf.e.
cencia de Alfonso Reses. París 1913-1914.
Egresado de la UNAM, donde obtuvo una
maestría en Letras Mexicanas. Es autor
de dos libros más: Juan Rulfo, l,os caminos
de la Jama pública (FCE, 1988), y La Orar
cia Pública de las Letras. Tradicián y reforma
en la institucián literaria de México (Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado
de Puebla-Editorial Colibrí, 1999).
J UAN MATAS CAfw.u:Ro. (lznájar, Córder
ba, España, 1960). Estudió la licenciatura en la Universidad de Córdoba y se
doctoró en la misma en el año 1988. Actualmente es profesor titular en el Departamento de Filología Hispánica de
la Universidad de León. Ha publicado
los siguientes libros:Juan dejáuregui: leoria poética y obra lírica y juan de jáuregui:
poesía y poética, entre otros.
JosÉ CAfu.os MÉNDEZ. (Zamora, Mich.,
1943). Periodista y editor. Estudió letras
e historia en la UNAM. Es becario del
Centro de Escritores de Nuevo León.
HuGo PADrLLA. (Monterrey, 1935). Fue
jefe de Extensión Universitaria de la
UNL ydirector de Armasy Letras. Es maestro de tiempo completo en la Facultad
de Filosofía y Letras de la UNAM.
SERGIO PrroL. (Puebla, 1933). Escritor.
Autor de relatos breves en los que se presenta una lucha entre los elementos bá-

[ 80]

sicos de la existencia humana. Ha escrito los siguientes: Victoria Ferri cuenta un
cuento (1957), Los climas (1966), No hay
tal lugar (1967), El tañido de una flauta
(1972), El desfile del amor (1985) y Vida
conyugal (1991). Sus relatos se caracterizan porque los personajes se presentan
como seres desarraigados y torturados
por la soledad y el miedo.
RAúL RANGEL FRiAS. (Monterrey, 1913).
Cursó el bachillerato en el Colegio Civil.
Presidió la Sociedad de Alumnos. Miembro del grupo Alfonso Reyes. Estudió la
carrera de Derecho. Dirigió la revista Armas y Letras y Universidad, Fundador de la
Escuela de Verano. Director de la Facultad de Filosofía y Letras y rector de la Universidad, de 1942 a 1952. Filósofo, hister
riador, orador y humanista. Escribió, entre otras obras: Apuntes históricos del Colegia
CiviL 1859-1920 y Discursos universitarios.
ALFONSO RANGEL GUERRA. (Monterrey,
1928). Escritor, promotor cultural. Fue
rector de la UNL y, en dos ocasiones,
Secretario de Educación en Nuevo
León. Estudioso de la literatura nuever
leonesa y autor de Las ideas literarias de
Alfonso &amp;;·es y Monólogo de la ciudad, entre otras.
ANroNIO Aoouo REGUERA GARciA. (Gijón,
España, 1956). Diplomado en Ciencias
Humanas. Licenciado en Ciencias de la
Educación. Secretario de un Centro de
Educación para Personas Adultas del
Principado de Asturias. Fundador de la
revista &amp;quisa. Colaborador en las obras
colectivas Materiales para una educación
antirracista, La humanidad y su tiempo y
Libros de text-0 y diversidad culturaL Actualmente trabaja en la preparación de un
libro que reunirá diversos escritos sobre
Pedro Garfias.
DIEGO RoJANO. Qaén, España). Abogado
y escritor. Ha publicado varios libros, entre los que se encuentran: La &amp;paña del
98, Galería de políticos y abogados de la &amp;paña contemporánea y luces y sombras del
toreo. Publicó el artículo «Pedro Garfias,
aficionado flamenco y poeta maldito» en
la revista mensual de flamenco El olivo,
año IX, número 80,Jaén,junio 2000.

�Colaboradores
ALFONSO AVALA DuARTE. (Monterrey,
1952). Estudió antropología en la UANL
y la maestría, en la misma disciplina, en
el Colegio de Michoacán. Autor de Músicos y música popular en Monterrey (19001940).

PABLO CA!uu.Eoo CAsrRo. (León, España,
1978). Estudió la licenciatura en la Universidad de León y se doctoró con la tesis
«La obra poética de Pedro Garfias». Actualmente es profesor colaborador en el
Departamento de Filología Hispánica de
la Universidad de León. Ha publicado los
siguientes trabajos: «Consideraciones en
tomo al aspecto creador del uso del lenguaje...» y «Comunidad humana y lenguaje: relación social y planificaión lingüística».
GUILLERMO CENICEROS. (El Salto, Durango,
1939). Pintor. Su obra es ampliamente conocida. Colaboró en la realización de
murales de Federico Cantú y DavidAlfaro
Siqueiros. Es autor de los murales de la
Biblioteca Felipe Guerra Castro y del Teatro Universitario. Trabajó en el mural de
la Facultad de Ciencias Químicas de la
UANL.
ARMANDO JoEL DÁVILA. (La Ascención,
Arramberri, N. L., 1952). Poeta. Editor.
Maestro universitario. Fue director de Publicaciones de la UANL. Autor, entre
otros libros, del poemario La huella del
relámpago.
ROBERTO ESCAMILLA. (Monterrey, 1942).
Crítico de cine. Estudió letras en el
ITESM. Es profesor de posgrado en la
Facultad de Ciencias de la Comunicación
dela UANL.
ALrnREDO GRAClA VICENTE. (Castel de Cabra, España, 1910). Estudió el magisterio en la Escuela Normal de Barcelona.
Tuvo participación en la Guerra Civil
Española a favor de la república. A
México llegó el año 1939. Fundó el Instituto Escuela Cervantes, en Tampico.
Librero en Monterrey a partir de 1948.
Ha sido profesor en Arte, A.C., ITESM
y en la Facultad de Ciencias de la Comunicación (UANL). Medalla al Mérito Cívico por el Gobierno de Nuevo

León, en 1986. Entre sus obras figuran
Tres poetas y De arte y ktras.
J ES51CA VANFSSA HERRERA HERNÁNDEZ. (Monterrey, 1978). Estudió en la Facultad de
Ciencias de la Comunicación (UANL) y
se especializó en periodismo. Ha colaborado en Vida Universitaria, Ciencia UANL,
entre ou-as. Próximamente asistirá a un
curso de periodismo en La Habana, Cuba.
HUMBERTO MARTiNEz. (Monterrey, 1942).
Filósofo y crítico literario. Fue profesorinvestigador del Departamento de Humanidades de la UAM-Azcapotzalco.
LEONARDO MARTiNEz CARRIZALES. (Ciudad
de México, 1966). Ganó el XII Certamen
Nacional Alfonso Reyes 2000 con su ensayo La sal de los enfen,ws. Caída y conva/,ecencia de Alfonso Reyes. París 1913-1914.
Egresado de la UNAM, donde obtuvo una
maestría en Letras Mexicanas. Es autor
de dos libros más: juan Rulfo, los caminos
de la fama pública (FCE, 1988), y La Gracia Pública de las Letras. Tradicwn y refcmna
en la institución literaria de México (Secretaria de Cultura del Gobierno del Estado
de Puebla-Editorial Colibrí, 1999).
JUAN MATAS CABALLERO. (lznájar, Córdoba, España, 1960). Estudió la licenciatura en la Universidad de Córdoba y se
doctoró en la misma en el año 1988. Actualmente es profesor titular en el Departamento de Filología Hispánica de
la Universidad de León. Ha publicado
los siguientes libros: Juan de jáuregui: teoría poética y obra lírica y juan de ]áuregui:
poesía y poética, entre otros.
JosÉ CARLos MÉNDEZ. (Zamora, Mich.,
1943). Periodista y editor. Estudió letras
e historia en la UNAM. Es becario del
Centro de Escritores de Nuevo León.
Huco PADILLA. (Monterrey, 1935). Fue
jefe de Extensión Universitaria de la
UNL y director de Armasy Letras. Es mae~
tro de tiempo completo en la Facultad
de Filosofía y Letras de la UNAM.
SERGIO PrroL. (Puebla, 1933). Escritor.
Autor de relatos breves en los que se presenta una lucha entre los elementos bá-

[ 80]

sicos de la existencia humana. Ha escrito los siguientes: Victari-0 Ferri cuenta un
cuento (1957), Los cli1nas (1966), No hay
tal lugar (1967), El tañido de una flauta
(1972), El desfik del amor (1985) y Vida
conyugal (1991). Sus relatos se caracterizan porque los personajes se presentan
como seres desarraigados y torturados
por la soledad y el miedo.
RAúL RANGEL FRÍAS. (Monterrey, 1913).
Cursó el bachillerato en el Colegio Civil.
Presidió la Sociedad de Alumnos. Miembro del grupo Alfonso Reyes. Estudió la
carrera de Derecho. Di.J.igió la revista Armas y Letras y Universidad. Fundador de la
Escuela de Verano. Director de la Facultad de Filosofía y Letras y rector de la Universidad, de 1942 a 1952. Filósofo, historiad01; orador y humanista. Escribió, entre otras obras: Apuntes históricos del Col.egic
Civil. 1859-1920 y Discursos universitarios.
ALFONSO RANGEL GUERRA. (Monterrey,
1928). Escritor, promotor cultural. Fue
rector de la UNL y, en dos ocasiones,
Secretario de Educación en Nuevo
León. Estudioso de la literatura nuevoleonesa y autor de Las ideas literarias de
Alfonso Reyes y Monólogo de la ciudad, entre otras.
ANTONIO ADOLFO REGUERA GARCÍA. (Gijón,
España, 1956). Diplomado en Ciencias
Humanas. Licenciado en Ciencias de la
Educación. Secretario de un Cenlro de
Educación para Personas Adultas del
Principado de Asturias. Fundador de la
revista Esquisa. Colaborador en las obras
colectivas Materiaks para una educación
antirracista, La humanidad y su tiempo y
Libros de texto y diversidad cultural. Actualmente trabaja en la preparación de un
libro que reunirá diversos escritos sobre
Pedro Garfias.
DIEGO ROJANO. Qaén, España). Abogado
y escritor. Ha publicado varios libros, entre los que se encuentran: La España del
98, Ga/,eria de políticos y abogados de la España contemporánea y Luces y sombras del
toreo. Publicó el artículo «Pedro Garfias,
aficionado flamenco y poeta maldito» en
la revista mensual de flamenco El olivo,
año IX, número 80,Jaén,junio 2000.

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad Autónoma de Nuevo León, 2001, No 30, Mayo-Junio</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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