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EL INSTRUCTOR, O REPEilTOilIO

&lt;le la Cristiandad rescatar el sagrado depósito de
que la diferencia de rtligion, perecieron á millares
las manos profanas en las cuales babia caido. Los
ámanos de aquella turba desenfrenada. Llegaron
espectadores no pudiendo contener su entusiasmo
por fin los cruzados á Hungría, donde atacados
gritaron, "¡ Dios lo manda! Dios lo manda!"
por los naturales perecieron las dos terceras partes,
"Si," repuso Urbano, "Dios lo manda; y sea esta ' y los restantes habiendo penetrado en el Asia
voz memorable, inspiracion sin duda del Espíritu
menor, fueron pasados á cuchillo por las tropas
Santo, el grito de batalla en lo sucesivo que enardel sultan Soliman en los llanos de Nicea, sirviendo
dezca la devocion y valor de los campeones de
una pirámide erigida con sus huesos para indicar
Cristo. Su cruz es el símbolo de vuestra salvaá sus hermanos el parnje de la derrota. Asi perecion; llevadla tambien sobre vuestros pechos, una
cieron cerca de trescientos mil cruzndos sin haber
cruz encarnada y sangrienta como prenda de vuesrescatado una sola ciudad de manos de los infieles,
tro jurn.mento sagrado é irrevocable." Esta proy antes que sus mas graves y nobles compañeros
posicion fué aceptada con entusiasmo. Una multihubiesen completado los preparativos para su
tud innumerable de personas tanto del estado
grande empresa.
eclesiástico como el lego, estamparon sobre sus
Primera cruz-ada.-Ninguno de los grandes sotúnicas la cruz encarnada.
beranos de Europa asistieron personalmente á la
Ya hemos dicho que el din 15 de Agosto era el
primera cruzada. El emperador de Alemania Endia señalado para la salida del ejército, pero una
rique IV no se sentia dispuesto á obedecer las exturbamulta de gente baldía y turbulenta, cuyo
hortaciones del papa; Felipe I de Francia se ha-.
supersticioso entusiasmo era principalmente aliliaba entregado á sus placeres, la atencion de
mentado por el deseo de la rapiña y de la licencia,
Guillermo Rufo de Inglaterra se dirigía á asegurar
se agrupó alrededor del primer aposto! de la Crusu conquista reciente; los reyes de España se ocuzada Pedro el Hermitaño, suplicandole con imporpaban en guerras domésticas ó en la lucha contra
tunidad que los condujera desde luego á Palestina. ! los moros¡ y los monarcas setentrionnles de EsEsln desordenada multitud compuesta de indivicocia, Dinamarca, Suecia y Polonia no participaduos de ambos sexos y de todas edades, partió
ban aun en las pnsiones é intereses del Sur. Sin
pues bajo la direccion de Pedro y Walter Hnbeembargo se organizó un ejército brillante y numenichts, soldado valiente pero bajo y r.oclicioso, y
roso á cuya cabeza se hallaban los caballeros mas
costeando el Rin y el Danubio se encaminó hácia , nobles de aquellos tiempos. Godofredode Bouillon,
ol oriente, cometiendo en su tránsito los mayores
duque de la Baja Lorenn; Balduino BU hermano;
excesos y desórdenes: entre ellos puede contarse
Rugo el Grande, hermano del rey de Francia;
la destruccion de los judios establecidos en las
Roberto, duque de Normandia, hijo de Guillermo
ciudndes mercantes de la Moseln y el Rin, los
el Conquistador; Raimundo de San Gil, duque de
cuales sin provocacion por su parte, ni mns delito
Tolosa, y Bohemundo, príncipe de Tnrento. Le.

CABALLEROS CRGZADOS

indulgencia plenaria proclamada en Clermont en
fa ror de los que tomasen las armas contra los
infieles de Palestina, y el sistema feudal que obligaba á los vnsnllos á unirse á los sentimientos ele
sus soberanos; combinado con el fanatismo religioso de la mayoría, y las miras interesadas de
algunos, crearon esta formiclnble falange. El papa

tuvo la previsi-0n y el arte de inducirá los jefes de
la cruzada á reconocerle formalmente como soberano de todas las tierras que pensaban conquistar.
Los resultados de esta expedicion fueron de grande
importancia. Despues de pasar los cruzados ni
Asia por mnr tomaron posesion de Nicea en Asia
menor, y Lodicea y Antioquia en Siria. Bohe-

DE JIISTOillA, BELJ..\S LETHAS Y AR'rES.
n1umlo obtuvo el principado de Autior¡uia; y Balduino el de Edesa. .Formáronse tambien princiJ}fldos cristianos en Trípoli, Sidon, Tiro y otros
puntos. Entretanto Jerusalen no se hallaba ya eu
poder de los turcos: el co.lifa l\Iostaalé babia arrancado esta ciudad de manos de los sucesores de
Ortoc (1006) uniéndola de nuevo á Egipto y formando un califato rival.
Los cruzados sin embargo no detuvieron su marcha victoriosa por este cambio de circunstancias.
.Avanzaron con 60,000 hombres, reliquias de su
ejército, sobre Jerusalen, de cuya ciudad se apoderaron despues de 38 dins de riguroso sitio, el 15 de
Julio de 1099, manteniendola asi como sus demas
conquistas en la gran batalla de Ascnlon contra el
califa de Egipto y los jefes turcos de Seljú. Dícese que el número de muertos en la ciudad conquistada, ascendió á 70,000. Los judíos fueron
quemados dentro de sus sinagogas.
Siendo nuestro ánimo dar en los estrechos límites
de un artículo una idea general de las guerras de
Cruzada, y dividiendose estas en siete épocas, nos
fuera imposible entrar en pormenores relativos á
las operaciones de los ejércitos beligerantes du1'1\nte dicho período, ademas de qoe esto!t detalles
de batallas y hechos de armas serian menos interesantes y útiles que una vista sinóptica de la guerra
entera y sus resultados. Pasaremos pues á observar las
Consecuencias de la primera Cruzada. Reino de
Jerusalen.-Godofredo de Bouillon fué elegido
rey de J erusalen, estado nuevamente creado con
una extension de territorio muy considerable. La
constitucion de este nuevo reino fué ordenada
J&gt;Or un código llamado "Estatuto de J erusalen."
Godofredo murió un año despues de su accesion al
trono; sucedióle su hermano Balduino, al que se
siguió Balduino II (1118); Fulco (1131); Bal&lt;luino III (1148); Almérico (1162); Balduino IV
(1173); Balduino V (1186); á quien sucedió Guido
de Lusiñan que reinó hasta 1187 en que Snladino
puso fin al reino cristiano. Estos reyes de J erusalen tuvieron que pelear con un ejército compuesto
solo de unos 12,000 hombres de tropas regulares,
contra dos poderosos enemigos, los turcos y el
califa fatimida de Egipto.
Ordenes militares religiosas de los Cruzados.-La
primera cruzada produjo el establecimiento de dos
ordenes militares, los Caballeros de J eru~alen • instituidos por Balduino I, y los Templarios establecidos por los esfuerzos reunidos de Hugo de Payens,
Godofredo de San Ademar, y siete caballeros mas.
Los caballeros alemanes de la Cruz son de origen
posterior.
Segunda Oruzada.-Aunque los francos habian
extendido sus posesiones desde las montañas de
Armenia hasta los confines mismos del Egipto, se
aliaban demasiado debilitadas sus fuerzas durante
~einado de Balduino III (1144) para impedir que
el ·tabeque de Mosul se apoderase de Edesa.
Los\abeques eran gobernadores de la dinastía de

• \'tase U lnstruclor, uúm.87.

I9.j

los seljuques. Uno de ellos llamado Emad-Eddin
Zenghi, procedente de Mosul, habiendose hecho
independiente, transmitió el reino á su h•jo Neredin el Grande, que fijó su residencia en Alepo, y
llegó á ser objeto de terror tanto para los cristianos
como para los fatimidas. Entretanto el reino de
Eoipto babia pasado ámanos del célebre Selnheddi~ (Saladino el Gmnde) suceso r¡ue ocurrió bajo
las circunstancias siguientes. A fin de arreglar
uun cuestion que se babia suscitado sobre la sucesion al trono, Neredin envió á. Egipto á un curdio llamado Sirco. Este mediador se abrogó á sí
mismo el gobierno, y lo leg6 al hijo de su hermano
Ayub, quien despues de la muerte del último de
los fatimidns se sentó sobre el trono de estos califas
rivales, y conquistó el Egipto nominalmente pam
el califato de Bagdad. Este hijo de .A:yub era
Saladino; y la dinastia de que fué fundador es
conocida en la historia con el nombre de los Ayubi&lt;la~. Despues &lt;le la muerte de Neredin, Saladino conquistó casi toda el Asia menor ademas de
Trípoli y Tunez, y destruyó el reino cristiano de
Jerusalen.
Despues de In conqui$tn de E&lt;lesn por Neredin,
Bernardo de Clairveaux tornó sobre sí el oficio de
Pedro el Hermitaño y !'re&lt;licó una segunda cruzada á consecuencia de lo cual dos de los mayores
jefes cristianos, el emperador de Alemania Conrado III y Luis Vil rey de Francia adoptaron el
signo de la Cruz (1147 ). Para esta empresa armó
la Europa occidental 140,000 caballeros y cerca de
un millon de infantes, y sin embargo ele tan extraordinaria superioridad la expedicion tuvo un fin
desgraciado. Los sucesos y cambios ocurridos en
el Oriente habian suscitado un nuevo enemigo
contra los cruzados en los emperadores de Constantinopla, que teminn menos el gobierno pacífico
de los turcos en el Asia menor y el Egipto, que el
saqueo y asolamiento que el tránsito de un ejército
desordenado como el de los cruzados podia causar
en sus estados. Asi fué que la traicion y artificio
del emperador Manuel Comeno preparó la destruccion del ejército cruzado. El emperador de
Alemania, engañado por traidores guias, perdió en
los &lt;lesfiladeros del Taurus sus mejores soldados:
las reliquias de BU ejército fueron casi enteramente
destruidas en el sitio de la fortaleza ele Iconio.
Las tropas francesas fueron tambien batidas por el
sultan de Room y aniquiladas delante de Damasco,
ciudad que los cristianos intentaron en valde tomar
por asalto. Los restos de ambos ejércitos se reunieron en un solo cuerpo (1149). Esta expeJicion de
los cruzados contra el Oriente fué pues para ellos
un verdadero descalabro. La única ventaja que
resultó de ella fué In toma de Lisboa que poseinn
los moros efectuada por las naves cristianas.
Situacion del Orie11te despues de la segunda cruzada. -Balduino III sin embargo, no abandonó
sus planes: engruésaban de cuando en cuando su
ejército algunas bandas de cruzados que veninn de
Europa á. su auxilio. N eredin el Grande experimentó mas de una vez el valor de los guerreros
cristianos. Frustraban no obstante estas veRtajas
hs continuas discordias entre los cruzados fomen-

�HJG

DE 1JISTOHt\, BELLAS LETRAS Y ARTES.

EL lNS'l'HUCTOR, O REPERTORIO

tadas por la rivalidad de los templarios y los caballeros de San Juan de J erusalen. A Balduino sucedió Almérico llamado tambien Amauri, é. quien
siguió Balduino IV, que falleció poco despues de
la batalla de Ramia. Despues de su muerte Guido
de Lusiñan fué completamente batido en la batalla
&lt;le Tiberias ; cayó prisionero así como el gran
maestre de los Templarios y muchos nobles caballeros en 1187. Saladino tomó posesion de todas
las plazas importantes de la Palestina, y tambien
de J erusnlen y sus contornos, y puso fin é. este
reino que había durado un siglo. Pero mostró al
mismo tiempo ser un conquistador generoso: concedió á los cristianos la posesion del Sepulcro de
Cristo y permitió á los prisioneros que regresaran
á su país. El patriarca Heraclio, el clero, los
caballeros y muchos soldados, volvieron á sus casas
ó se retiraron é. las pocas ciudades que los cristianos poseian aun en la costa de Palestina.
Te1·cera Cruzada.-Guillermo, obispo de Tiro
trajo á Roma esta mala noticia, la cual dicen causó
la prematura muerte del papa Urbano IV. La
juventud de Europa fué llamada de nuevo á alistarse bajo las banderas de la Cruz, no para defender
el derecho de visitar el Santo Sepulcro, pues Saladino había ya concedido este privilegio á los cristianos, sino para que sacrificasen sus vidas los caballeros mas ilustres de la cristiandad nl insano proyecto
de reconquistar el reino de J erusalen. Europa res1,ondió sin embargo al llamamiento. El emperador
de Alemania, Federico Barbaroja, Felipe Augusto,
rey de Francia, y Ricardo, Corazon de Leon, rey
de Inglaterra, asi como varios príncipes alemanes,
se alistaron en las filas de los cruzados. Los italianos tomaron las armas al mando de los obispos de
Ravena y Pisa; los caballeros Templarios y los de
Jerusalen que se hallaban diseminados por la Europa, se reunieron de nuevo en numerosos cuerpos
y partieron para la Tierra Santa. Cincuenta bajeles dejaron las costas de Dinamarca y Friendlandia. con direccion á la Palestina, y treinta. mas
salieron de los puertos de Flandes. Suplieronse
las expensas de la guerra por medio de un im1mesto llamado "diezmo de Saladino," que el papa
mandó pagar á todos los cristianos sin exceptuar
ni aun al clero. El emperador Federico I, hombre
de habilidad y experiencia, consiguió comprometer
al emperador de Constantinopla á favorecer la
empresa: entabló tambien negociaciones con el
sultan de Iconio quien, sin embargo le hizo traicion. Por estos medios, y con una fuerza de
600,000 combatientes hubiera podido esta expedicion tener buen éxito ; pero los cruzados no ejecutaban sus operaciones militares en masa. Varios
cuerpos de aventureros italianos, griegos y alemanes que se adelantaron al grande ejército para
ponerse á las órdenes de Conrado de Monferate, el
Señor de Tiro y Guido de Lusiñan, hicieron una
tentativa infructuosa para apoderarse de Ptolemaida (San Juan de Acre).- Federico murió prematuramente por haberse bañado eu las aguas del
rio Cid no ( 1100). Su hijo, Federico de Suabia,
que murió tambien poco despues, se puso á la caLez I de las reliquias del ejército imperial, mas no

consiguió dar un aspecto favorable al sitio de
Acre. Por último Felipe Augusto y Ricardo, Corazon de Leon, se presentaron en el campo de batalla. Ricardo había tomado ya y vendido á Guido
de Lusiñan la isla de Chipre. Los dos reyes unieron sus ejércitos delante de Ptolemaida, y sus fuerzas combinadas consiguieron al fin tomar esta
fortaleza despues de tres años de sitio y nueve
batallas.
A consecuencia de esta larga y sangrienta lucha
se hallaba tan reducido el ejército cristiano que
los reyes desesperando del buen éxito pensaron en
regresar á Europa. Felipe Augusto dejó la Palestina poco des pues de la toma de ~nn Juan de Acre.
Ricardo de Inglaterra no tardó mucho en seguirle,
despues de una corta lucha con Saladino con quien
hizo treguas, dejándole en posesion de Jerusalen
(1192). Entretanto Felipe aprovechándose de la
ausencia de Ricardo, invadió sus estados en \a
Normandia. El benévolo y generoso Saladino el
Grande, murió en la ciudad de Damasco (1295) á
la. edad de cincuenta y siete años. Durante esta
cruzada fué instituida la orden alemana. de los caballeros de la Cruz.
Situacion del Oriente despues de la Tercera Cruzada. Conrado de Tiro habia casado con la hermana de Balduino II con lo cual adquirió cierto
derecho al trono de J erusalen. Guido de Lusiñan,
sin embargo, había ya tomado el título de rey, y
Conrado pereció á manos de asesinos. Su viuda
casó despues con el hermano de Guido, y ambos
hermanos se apellidaban reyes de Jerusalen. Uno
de ellos llamado Almérico murió tambien, y la
corona imaginaria de Jerusalen vino á recaer en
Juno de Briena marido de la hija. de Conrado de
Tiro (1210).
Cuarta Oruzada. Isaac Angelos, emperador de
Grecia, fué privado del trono y de la vista por su
propio hermano en 1194. Su hijo Alejo, huyó á
Venecia á solicitar auxilio en 1203. Entretanto
el entusiasta Fulco de NeuilÍy y el papa Inocencio III, habian hecho preparativos para una.
nuevo. cruzada á cuya cabeza se hallaban muchos
caballeros nombrados de Italia y Francia, tales
como Icobaldo de Champaña, el conde l3onifacio
de Montferate, el conde Balduino de Flandes y
Simon de Monforte. El dux de Venecia Arrigo
Dendolo indujo á los cruzados á que tomasen la
ciudad de Zara en Dalmacia para la república de
Venecia. Los cruzados probablemente á instigacion de Dandolo en vez de proceder desde luego
contra los infieles, tomaron una parte activa en los
asuntos de Grecia, conquistaron á Constantinopla
y despues de haber elevado al trono ó depuesto á
varios emperadores, colocaron últimamente la co.
rona imperial sobre las sienes de Balduino de
Flandes, dándole la cuarta parte del imperio y
repartiendose ellos el resto.
Este proceder les granjeó los anatemas del ptª
cuyo efecto no fué sin embargo de larga dute,Ón,
pues Inocencio los absolvió á poco tiempo De
este modo los jefes de los francos doqünron
durante cincuenta años el imperio ele &lt;jente á
cuyo rededor se formaron tres nuevos rcipedos

/

,

/

gl'iegoe; Nicea, Trebizondo y Etolia. La cuarta
cruzada fué pues tambien infructuosa.
Quinta Oruzada. Despues de la insignificante
cruzada de Andrés rey de Hungría en 1217, Juan
de Briena, rey nominal de J erusalen, condujo su
ejército contra el Egipto, suponiendo, y con razon,
que este era el medio mas seguro de conquistar
la Tierra Santa, y tomó á Damieta. El sultan
Malec-Camel temiendo las consecuencias de una
guerra, propuso la paz y el cambio de esta pin.z a
por Jerusalen. Pero el orgulloso conquistador
reusó la oferta y continuó su marcha sobre Cairo,
siguiendo incautamente las márgenes del Nilo. El
sultan mandó abrir los diques de este río. La
inundacion que se siguió destruyó una gran parte
del ejército cristiano, libertó á Do.mieta, aseguró
la cesacion de la guerra durante ocho años, y ocasionó la retirada de los pocos cruzados que ya
quedaban {1221).
Federico II de Hohenstauffen, el mayor de los
emperadores de Alemania, que excedía á sus contemporáneos en sabiduría, generosidad y modales,
había hecho voto el tiempo de su coronacion en
1215 de emprender una cruzada á la Tierra Santa.
Los negocios del estado retardaron sin embargo
durante doce años el cumplimiento de su promesa.
Cediendo por último á las repetidas exhortacioues
del papa Gregorio IX, dió á la vela desde Brindisi
para la Palestina; pero á los pocos dias tuvo que
regresar á Otrento á causa, dicen, de una fuerte
indisposiciou. Irritó con esto sobremanera al pontífice que fulminó contra él el anatema de la excomunion. Acaso fué este un pretexto para humillar
la aborrecida casa de Hohenstauffen. Porque el
año siguiente, antes de alzarle el papa el entredicho, se atrevió Federico á presentarse en Palestina á cumplir su voto, volvió á ser ~xcomulgado,
permitiendo y aun instigando el pontífice á sus enemigos á que invadiesen los dominios imperiales en
Italia. Aun el mismo Juan de J erusalen, con cuya
hija se hallaba casado el emperador, y cuyo restablecimiento dependia del buen éxito de la empresa,
tuvo la osadía y mala fé &lt;le ocupar por la fuerza
el reino de Nápoles.
El sultan Melec-Camel miraba con indiferencia
la posesion de J erusalen, y ~e hallaba dispuesto á
ceder esta ciudad á trueque de una alianza con
Federico contra su enemigo el sultan de Damasco.
Federico, á quien llamaban á Europa los negocios
de Italia, se aprovechó de las buenas disposiciones
del Sultan, y obtuvo de él la tan deseada posesion
de la capital de Palestina. Siendo digno de notarse que este monarca por sí solo, abrumado con
el peso de los anatemas de la iglesia, hostilizado
por los príncipes cristianos que debieran haber
cooperado con él, y abandonado por toda la cristiandad al puuto de tener que colocar con su propia
no.no la enrona de J erusalen sobre su cabeza por
"l haber un solo sacerdote que quisiese coronarle;
l'ierico, decimos, consiguió sin derramamiento
de\ngre el grande objeto por el cual hacia ya
01
ªS\e un siglo que se hallaba en conmocion la
Euro
.
~ entera, y srn embargo el templo de Jerusa l ei.
,
.
t
&lt;l'
-'\le m cr 1c ho por el patriarca, á couse-

197

cuencia de haberlo profanado con ·su presencia el
que acababa de restituirlo á la cristiandad! ... Pero
Federico, concluido el tratado con el sultan, se
restituyó á Europa; y su aproximacion al Vaticano,
bastó para determinar al papa á alzarle la excomunion.
Situacion del Oriente despues de la Qui11ta C1'Uzada. Los turcos acosados por los mongoles que
poco despues pusieron término al.._ califado, invadieron la Tierra Santa derrotando cerca de Gazl\
todas las fuerzas cristianas (1244). J erusalen y el
resto de la Palestina quedó en poder del sultan
de Egipto como miembro de la liga.
Sesta Cruzada. Luis IX rey de Francia, llamado San Luis, emprendió una nueva cruzada en
el año 1249. Siguió el plan adoptado por Juan de
Jerusalen y condujo su ejército á Egipto.
Este pais parece sin embargo haber ofrecido
pocas ventajas á los conquistadores cristianos.
Luis, despues de obtener con facilidad la posesion
de Damieta, marchó á orillas del Nilo sobre Ceiro,
pero la imprudencia de su hermano el conde de Artois fué causa de que se perdiese la batalla de Mansura y con ella el grueso del ejército cristiano. Artois, y un gran número de los caballeros de mas vaHa
perecieron en la arcion, y el resto de las tropas,
enfermas y famélicas tuvieron que emprender su
retirada ; pero antes de llegar á Damieta fueron
alcanzadas y rodeadas por el sultan que hizo prisionero al rey nsi como é. lo que ya quedaba de su
brillante ejército. Firmose un armisticio por el
cual los cruzados tuvieron que ceder á Dnmieta y
pagar por via de rescate una suma considerable.
Los mamelucos (una especie de guardia de honor compuesta de la juventud turcomana la cual
habia adquirido gradualmente mucho poderio é
influencia), descontentos con la generosidad del
sultan hácia. los cristianos, lo asesinaron y colocaron á lbee, su comandante, sobre el trono de los
califas de Egipto.
A no haber poseído Luis tantas cualidades eminentes y tanto valor personal, no hubiera conseguido nunca su libertad. Sin embargo aquellos
bárbaros le dejaron partir, y aun algunos historiadllres añaden que si hubiera obrado con un poco
mes de sutileza, hasta habría conseguido de los
mamelucos el objeto de su expedicion.
A pesar de que Luis á su regreso á Francia halló
el reino en el mayor desórden á consecuencia de
los disturbios y anarquía que ocasionaron los movimientos revolucionarios de ciertos bandos de
campesinos fanáticos llamados pastoreles, no pudo
resolverse á ~bandonar la idea de reconquistar á
J erusalen, as1 es que pocos años des pues de su
regreso, preparó una nueva cruzada, Esta no se
extendió sin embargo mas allá de Tunez donde
Lui.s pensaba poder convertir á los prínci~es berberiscos•. ~elieron fallidas sus esperanzas, agu6se
la exped1c1on y al rey mismo le sorprendió la
muer~e en las costas de Africa ( 1270).
Sétuna Cruzada. La Inglaterra efectuó la sétima
Y última cruzada. Hallándose aun San Luis en
Tunez, Eduardo, nieto de Ricardo, CorazOII de
Leon, preparó otra cruzada. Despues de In ruuerte

�JU8

1

11

EL INSTRUC'L'OR, O REPER'l'OlUO

del monarca francés, se presentó Eduardo delante
de 'l'unez; pero pronto dejó el Africa para ir á
Palestina á pelear contra los saracenos. No siendole posible realizar sus planes volvió á su reino y
fué el último entre los príncipes cristianos que soñó
en la conquista de la 'I'íerra Santa.
Algunas ciudades situadas sobre la costa ó á su
inmediacion, tales como Antioquia, Ptolemaida y
Trípoli, se hallaban aun en poder de los cristianos,
y eran principalmente defendidas por los templarios y otras órdenes militares. La disputa sobre
el trono de J erusalen continuaba aun despues de
la sétima cruzada entre los descendientes de los

Df: IT!STORI.\, DELLAS LETRAS Y ARTES.

Balduinos. Por último sucumbió Ptolemaida en
Las demas ciudades fueron ó abandonadas
ó tomadas : los caballeros huyeron á Europa, y la
Palestina entera asi como la Siria volvieron á reconocer la autoridad de los sultanes de Egipto y
obedecer las leyes de Mahoma. En una palabra,
de los trabajos y esfuerzos de dos siglos ; de los
millares de vidas sacrificadas; de los padecimientos,
miserias, dispendios y devastacion que ocasionara
la gigantesca empresa de las cruzadas solo quedaba
.•.... el recuerdo, y una página en la historia !

1291 •.

• Instructor, No. 87, pág. 66.

VISTA DEL SANTO SEPULCRO DE J'ERUSALEN.

LA VENGANZA.
UN proceso criminal de circunstancias muy extraordinarias ha causado recienteménte una sensacion profunda en In península española, presentando un nuevo ejemplo ele los horribles excesos
que suele ocasionar la funesta pasion de ln venganza.
Sobre las márgenes floridas del Ebro, no lejos de
la ciudad ele Zaragoza, vivía hace pocos meses

una mujer llamada Calaquena. Decía tener sesenta
años de edad, y parecia en efecto no ser jóven ~
pero á pesar de las señales exteriores de vejez que
presentaban sus facciones, era aun evidente r.que
había sido hermosa. Hacia ya muchos años qu
Cnlaquena residía en su choza cerca del río : vi~
sola, y a'si como la lechuza, rara vez dejaba u
albergue por el din, efectuando sus excursjlles
durante la oscuridad de la noche. Llevaba sif'lpre
en la mano una vara 6 báculo de palo neg1' Y su
trnjc consistia en una especie de túnica c111Puesta

/

I

de retazos de pafios de diferentes colores cosidos
unos con otros. Por toda la comarca, de Zaragoza
á Tarragona y Ruesca, desde las fértiles llanuras
de la Navarra hasta los confines meridionales de
Aragon, era conocida Calaquena y reputada entre
el pueblo bajo por una bruja ó encantadora temible, y muchas personas crédulas é ignorantes_ se
santiguaban devotamente al verla acercarse ó al
pasar cerca de su domicilio. Este temor mismo
indicaba hasta qué punto prestaba el pueblo fé en
su misterioso poder, y centenares de individuos
acudían á ella aun de parajes distantes para consultarla y aprovecharse de este poder, tanto para
descifrar los sucesos futuros, cuanto para adquirir
los medios de satisfacer sus deseos ; y tal es la
tendencia natural de la especie humana hácia lo
maravilloso, que aun personas ilustradas que ridiculizaban sus mentidas profesiones, acudían á consultarla bajo el pretexto de curiosidad, asi que no
era nada extraño el ver despues de anochecer
carruajes parados á la puerta de la choza.
Los que recordaban la llegada de Calaquena á
las inmediaciones de Zaragoza, relataban que entonces parecía jóven y muy bella, á pesar de que
se notaban en sus facciones y manera~, las señales
de una pesadumbre roedora. Ella misma babia
manifestado á la sazon que l'enia de Madrid, y
deseaba pasar el resto de sus días en paz y lejos
del bullicio de la sociedad. A excepcion de las
ocupaciones que su fama y oficio le imponían, y las
cuales no parecían disgustarle ó por lo meaos no
procuraba evitar, Calaquena hacia en general una
vida verdaderamente pacifica. Sin embargo, durante la guerra civil las consultas que le hacian se
multiplicaron considerablemente; mas &lt;le una vez
descifró su horóscopo tí los soldados de Cristina así
como á los secuaces de Cabrera. Unos y otros la
trataban con 1·especto á causa de su carácter místico, y podio. trasladarse de una parte á otra al
través de sus campamentos sin recibir el mas minimo daño ó insulto. Tal era la hechicera Calaquena.
Una noche en el mes de Diciembre último (1840)
un el~gante carruaje se paró delante de la choza,
y salió de él una señora ; era jóven y de exquisita
belleza, y la blancura de su tez y el delicado color
sonrosado de sus mejillas fflrmaba un contraste
admirable con las ricas trenzas y ondulantes rizos
de un cabello mas negro que el ébano.
" Madre,» dijo la recienllegada á la supuesta
encantadora poniendole al mismo ti!'mpo en la
mano un doblon ele oro, "voy á casarme y quiero
que me digais si la suerte que me espera ha de ser
feliz ó desgraciada."
"¿ De donde es natural el que vá á ser tu esposo ?" preguntó Calaquena.
" De Venecia, madre," fué la respuesta.
" ¡ Venecia ! " exclamó la bruja con rostro animado, "¡Venecia! y ¿cuales su nombre?"
"Jacobo Salvadi ;" respondió la dama.
La sibila, como si hubiera recibido un golpe
eléctrico, hizo un movimiento convulsivo, aparentemei'.te en un estado de extraordinaria agitacion
combrnado con una feroz alegria : recobrándose

1!)!)

luego nlgun tanto, añadió con calma ; y "úl te
ama ¿ no es asi ?"
"Si, madre," replicó la jóven.
"¿ 'l'e llama su ángel, su divinidad, el sol vi rn
de su vida?"
"¿ Sí hace, madre mia."
" Pasa los dias enteros á tus piés, contemplando
con arrebato amoroso tus bellos ojos, y las noches
las pasa debajo de tus ventanas?"
"Verdad es, madre, que lo hace asi con frecuencia: acertais en cuanto decís," respondió la consultora.
"Y luego canta," añadió Cnlaquena, "palabras
semejantes á estas Dulce hechizo de un alma
Que sin tí fallecía,
Hecíbela, no es mía,
Que solo tuya es.
Logró el constante pecho
La suspirada gloria :
'l'u amor es mi victoria
Y amarte mi interés."
"¡ Uh madre!" exclamó la sonrojada doncella,
"vuestro poder es maravilloso. Salvadi me canta,
en verdad, esos mismos versos."
"Ya vés, hija mía, que todo me es conocido,"
repuso Calaquena, "y nsi te hallarás mas dispuesta
á seguir mis consejos. Para que tu casamiento
sea feliz es preciso que hagas que tu futuro esposo
venga á visitarme : de su firmeza y valor durante
las pruebas á que voy á someterle depende tu dichoso porvenir."
La jóven Isabel oyó con placer esta respuesta de
la sibila. Viendo por una parte la penetracion y
11abiduria de esta hechicera, no dudó un instante
que residía en ella la facultad de asegurar su ventura matrimonial, ó cuando menos evitar la ocurrencia de cualquier presunta desgracia por medio
de una oportuna prevencion. "Si nuestra felicidad," dijo, "depende del valor y firmeza de J acobo,
no hay duda que seremos felices, pues es tan va.
liente como el Cid."
"Anda pues," replicó Calaquena, "y dile que
venga mañana por la noche, pero tu tambien has
de venir, y antes que él."
"¿ Porqué antes que él, madre? preguntó Isabel."
" Porque así es necesario para la prueba por la
C'ual ha de pasar;" dijo la hechicera, "pero sobre
todo es muy esencial que nada sepa de tu venida.
El encanto quedaría destruido si llegase él á sospechar tu presencia."
La jóven Isabel entró en su coche y volvió á su
casa con toda diligencia. Obedeció estrictamente
las instrucciones de Calaquena hablando IÍ Jacobo
de su entrevista con la hechicera, pero sin decirle
mas respecto á esta que lo que ella le habia mandado comunicarle. Por complacer á su amante
Salvadi consintió desde luego en visitar la choza
de Calaquena. A la hora señalada se presentó pues
en ella ......
En la maííana del siguiente dia Jacobo Salvadi
apareció aherrojado delante del primer magistrado
de Znragoza, en presencia de un concurso nume-

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�EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO
roso cuyns mirndas y murmulloR mnnifestnbnn el
profundo interés que tomaba en lo que estaba
pa~ando. Tenia las manos atadas á la espaldn.
Sobre unn me~a en frente del juez se veian algunas
11renda~ de traje femenil impregnadas de sangre.
Un vaso cerca de ellas contenia una porciou del
mismo fluido.
El alcalde mayor rompió el silencio dirigiendose al acusado: "Jacobo Salvadi," le dijo el magistrado, "se os acusa de hnber asesinado á Doña Isabel de R-- con quien estábais próximo á uniros
en matrimonio; ¿teneis algo que decir en descnrgo
vuestro, ó algunn explicacion que dar?"
"Si, señor," respondió Salvadi en voz bajn pero
firme.
"Hablad pues," dijo el nlcalde; "y quiera el
cielo que podais justificaros y arrojnr algunn luz
sobre este hecho horrible y misterioso."
El acusado empezó narrnndo lo que quedn relatado mas arriba, describiendo la visita de Dofía Isabel 6. la hechicera y la subsiguiente solicitud de su
amada de que él tambien acudiese á la choza de
Calaquena. "l&lt;'uí á ella," continuó el acusado,
"á media noche con arreglo á las instrucciones que
se me habían comunicado. La hechicera me recibió
á la entrada de la choza. 'Seais bien venido,' me
dijo: ' es preciso que vengais ahora conmigo á
un punto algo distante de este. Pero ante todas
cosas permitidme que os pregunte si teneis un corazon animoso y una mano firme.' 1 Creo que sf,'
repuse. ' En ese caso,' continuó Calaquena, 'seguidme.' La noche era oscura, arrojando la lunn
una luz débil é incierta: caminamos en silencio y
sin detenernos durante un cuarto de hora basta
llegar al patio de la iglesia de Nuestra Señora del
Pilar. Alli me hizo entrar Calaquena en una
¡&gt;ieza baja é imperfec!ftmente alumbrada. Todo lo
que pude distinguir en ella fué una mesa y sobre
ella un paño negro que parecía ocultar alguna cosn.
Un vaso vacío y un puñal yacían en un estante
inmediato.
'¡ J acobo ! ' dijo la hechicera en voz baja pero
enfática, 'si quieres ser feliz otra, iesa este pafio
de una puñalada.'
Vacilé un instante. •No sé,' dije, 'si deberé
hacer lo que me pides sin saber antes ......'
'¡Cobarde!' exclamó Calaquena, 'Quieres influenciar el destino y tu mano tiembla al acometer
tan ¡,equeña prueba!. .... .'
Imaginando que cuando mas esto no era otra
cosa que una farsa ridicula sin trascendencia, me
avérgonzé de mi pusilanimidad, y alzando el pufíal
dí con él un fuerte golpe en medio del paño negro;
pero cual fué mi horror al ver salir sangre á borbotones por la abertura que hizo el puiíal. Un instante despues, y antes de que tuviera yo tiempo de
recobrarme del choque violento que me causó tal
reijultado, Calaquena que tenia el vaso en la mano
se abalanzó, y recogiendo en él algunas gotas de la
sangre, 'A tu salud bebo, J ocobo,' exclamó con
la voz de un espíritu infernal triunfante al alzar el
vnso á sus labios; 'Mariana es quien ahora brinda
}JOr ti.' Reconocí entonces en la hechicera á una
mujer á quieu habin conocido algunos años antes,

y que cuando In dejé me juró una venganza terrible: mas no tuve tiempo de atender 6. ella pues
1apenas habia pronunciado estos frenéticas palabras cuando nrrojando á un lado el pafio negro
' sobre la mesa á una mujer en las agomas
.
descubrf
de la muerte. Conocí entonces el motivo de la
conducta de Calaquena1 pues la tfctima era mi
futura esposa, mi adorada Isabel 1.•• La sibila
supo por elle. mi nombre y nuestra próxima union,
y se había aprovechado de In creencia de Isabel en
su poder sobrenatural para conducirla á aquel
paraje solitario y entregarla al cuchillo con q11e me
había armado. Esta es la verdad del hecho. En
cuanto á intencion, soy tan inocente de este asesinato como pudiera serlo un niño recien-nacido."
Cuando Jacobo hubo concluido su relato, se
presentaron varios testigos cuyas declaraciones j us-tificaban algunos puntos de él. Mientras el desgraciado Salvadi lamentaba sn infortunio cerca de
su moribunda esposa, la hechicera huyó y algunos
de los testigos la vieron pasar npresurndamente y
con señales evidentes de mucha ogitacion. Isabel,
tambien, babia sobrevivido lo bastante para explicar lo que babia pasado hasta donde ella sabia.
Sus última, declaraciones confirmaron lo que babia
depuesto Salvadi, asi que este fué absuelto del
crimen con el consentimiento de todos los que conocían la verdad del hecho.
Se han practicado las mas activas diligencies para
averiguar el paradero de Calaquenn, pero hasta
ahora han sido infructuosas. .Por las declaraciones
de J acobo y otros se ha sabido que la edad de esta
mujer no pasa de unos treinta y cinco afio9, habiendo aparentado vejez á fin de engañar mejor al
público y ejercer con mas ventajas la profesion á
que se había dedicado. Al registrar su cabaña se
encontraron varias austanciaa colorantes, las cuales
empleaba sin duda para disfrazar su color natural,
aparentando la lividez y aspecto de una edad avanzada. El largo tiempo durante el cual alimentó
en su pecho el sentimiento de la venganzn, prueba
en ella una violencia de pasiones á que no podria
darse crédito sin la concurrencia de pruebas como
las que suministra este horroroso atentado. Hastll
parece probable que adoptase al principio el finjido carácter de hechicera con le. esperanza de obtener mas fácilmeate por este medio el objeto de
sus criminales deseos, y que su plan de venganu
babia sido contemplado por largo tiempo: por
otra porte algunas circunstancias del hecho parecen indicar que la oportunidad que tuvo de satisfacerla fué puramente efecto de la casualidad, y
que el proyecto que con tan funesto acierto puso
en ejecucion, fué concebido instantáneamente. Sin
embargo á no ser por la ignorancin, y credulidad
de su inocente víctima hubieran podido salir frustrados sus planes sanguinarios, pues que esta parece oyó cuanto posaba entre Calaquena y su
amante, pero engañada por la astuta sibila y llena
de confianza tanto en el poder sobrenatural de
esta cuanto en su buena intencion, no conoció su
error sino cunndo era ya tnrde. La mitad de las
calamidades de la especie lmmnna nacen de In igno,
rancia y la super,ticion.

DE Hl:3TOHL\ 1 BELLAS LETRAS Y AfiTES.
por lo mismo no se renunció en ella á 1~ sencillez
de Sófocles y de Eurípides. Esta sencillez es II\
causa de no introducir en la escena mas de tres
interlocutores :

DE LAS FORMAS DRAl\lATICAS.

EL drama de los griegos, que en sus principios fué
Nec quarta loqui persooa laborel,
un acto religioso, conservó cuando pasó á ser esp ectáculo su carácter primith·o; y este fué, por
como dice Horacio. Con tres personas y con el
.
decirlo de' paso, el motivo justo de las invechvM
coro estaba suficientemente lleno el teatro.
de los santos padres contra esta diversion. PresEn fin1 el coro llenaba loR intermedios. Por eso
cindiendo de la inmoralidad co11stante de la comeIloracio no permite á los dramáticos hltinos piezas
dia griega y romana; de la vergüenza y salacida_d
tan largas que pasen de cinco actos, ni tan cortas
de los sátiros, y de la inmundicia de los pantomique no lleguen á este número, sin que conozcamos
mos tan enérgicamente descrita por Juvenal; la la razon filosófica de haberse fijado en él el de las
asistencia á esta clase de espectáculos, que comenpausas de representacion.
zaba siempre por un sacrificio á Daeo como en los
Hemos examinado el orígen de las reglns de
tiempos primitivos, era una verdadera profeoion
composicion, dadas para el teatro antigu_o. Ninde idolatría, incompatible con la creencia y los 11 guna de ellas está to~ada ~e la nat~raleza de las
deberes del cristiano.
H cosa~, sino de las ex1genc1as materiales de la esEl drama comenzó pues por himnos y cantos cena y del espectáculo. Sin embargo, fuerza es
religiosos, interrumpido de,pues con rapsodias ó confesar que estas reglas bMtaban para la rerosirecitaciones sueltas de Homero ó de otros poetas, 1 militud, tal como la concibieron los griegos; pues
y últimamente con una accion masó menos regu- no los hemos de tener por tan necios que creyesen
lar, representada tambien en verso. Esta parte,
causar ilusion con su coro siempre en escena, y
que fué la accesoria, lleg6 ú. ser la principal: mas
testigo de cuanto se meditaba ó se hacia, ni con
no desterró á la otra enteramente, sino la sometió. 1 sus canciones y movimientos periódicos y regu.El coro siguió cantando en el teatro, y aun sus lares. En el teatro no hay ilusion: ningun especcantos eran religiosos ó morales; pero subordiuatador cree verdadero lo que pasa en la escena: sin
dos al argumento y á la accion principal del
embargo, despues que ha hecho concesiones al
drama.
autor y á los actores, no quiere que la licencia de
Como nunca faltaba del teatro, y su gefe, llaestos ni de aquel llegue á tal punto, que destruynn
mado tambien coro, ere. uno de loa interlocutores
el placer y el interes que fl siente, ya por los sucede la pieza, era necesario que la escena fuese fija.
sos, ya por los personajes representados. El 1&gt;lacer
El espectáculo teatral de los antiguos en su mayor
de la representacion es semejante al que nos properfeccion, esto es, en los tiempos de Sófocles y de
duce una novela leida. Nace de la simpatía que
Eurípides, era pues una ópera, mezclada de repreejercen en nosotros las ideas ó sentimientos agesentacion y de canto, en la cual todas las artes, la
noa. Cuando asistimos á la representacion de
poesía, la música, la danza, la arquitectura, la pinEdipo, no solo no creemos que el actor es el destura y la escultura desplegaban el tesoro de sus
graciado Rey de Tebas ; pero ni aun creemos que
riquezas.
haya existido esta víctima del fatalismo. Con
De esta situacion de cosas se deducen fácilmente
todo, nos ponemo~ en su lugar; para lo cual hacelas reglas de la dramática griega. La escena era
mos todas los suposiciones necesarias, por imnecesariamente fija; pues el coro no debia faltar
posibles que sean. ¿ No temblamos muchas veces
de elle.. De aquí la unidad de lugar. Es verdad
con solo imaginar que estamos al márgen de un
que este inconveniente estaba compensado con la
precipicio!
grande extension de terreno que ocupaba el teatro:
El interes pues que excita el drama nace de que
extension que permitía representar á la vi&amp;ta de
nos sustituimos al actor, nsi como el de una novela
loa espectadores muchos sitios diversos, aunque
tiene el mismo orígen. Cualquier cosa que descercanos entre sí, como se ve en la primera escena
truya este impulso simpático, nos di~gusta, nos inde la Electra de Sófocles.
comoda. La verosimilitud teatral no se dirige
No variando la escena; no faltando nunca de
pues á hacer creiblea las cosas que se repre~entan,
ella algunos actores, era necesario que los sucesos
sino á hacerlas i11teresantea. Por esa razon se dan
que se representasen fuesen seguidos: de aqui la
al autor dramático muchas concesiones contrarias
unidad de tiempo.
á la verosimilitud ; por ejemplo, que César ó AleSi los sucesos eran inmediatos en tiempo entre
jandro hablen en verso castellano ó francés, que
aí, era tambien necesario, so pena de destruir el
una perspectiva que se uoa presenta sea el foro de
interes, que estos sucesos compusiesen una cuestion
Roma, la plaza de Atenas ó los pensilea de Babi•
única: de aqui la unidad de accion.
lonia: que un actor, á quien conocemos de vista ó
No bastaba que la accion fuese una: fué necede trato, sea Sócrates ó N eron, &amp;c., &amp;c. En la
sario que fuese muy sencilla, para dejar al coro la
ópera se aumenta mas el número de concesiones.
parte que le correspondía tener en el espectáculo.
Interesadnos y luzced lo &lt;¡ue querais: es la divisa del
Y asi es, que cuando los romanos escribieron come- espectador.
dias de accion complicada, pues una de Terencio
¿ Destruyen este interes las concesiones que se
ae componia de dos de Menandro, suprimieron el
oponen á la verosimilitud material de la escenu?
coro. Pero en la trngedie. romnna se conservó; y
No. Cuando no eran conocidas las decorncfonea
To¡¡. VIU,

~D

•

�EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO
teatrales: cuando una miserable cortina era el
único medio de separacion entre el proscenio y el
vestuario, los pasages verdaderamente buenos interesaban á los espectadores. ¿ Y no nos arrancan
lágrimas las quejas de Andrómaca ó de Lear; no
nos estremecemos al verso de Don Mendo en

García del Ca,to.úar,
Aquel es el Rey, García:
solo á la simple lectura, y sin ninguno de los medios de ilusion ó verosimilitud dramática?
Pero lo que verdaderamente destruye el interés
~s la falta de verosimilitud moral, e~to es, que los
personajes hagan lo que no deban hacer, atendido
el carácter que se les ha atribuido, ó no bagan lo
que deben hacer bajo la misma hipótesis, ó en fin,
que el hombre se represente en la escena diverso
del que concebimos, del que somos, porque entonces se falsifica el principio de Terencio, en el
cual se funda todo el interes teatral:
Homo sum : humani nil a me alienum puto.
"Hombre soy: nada del hombre
Puede aerme indiferente."

griego, por mas estrechas que fuesen, eran sufi•
cientes para les exigencias del auditorio, y para
las necesidades del poeta. No olvidemos que la
mayor parte del tiempo del espectáculo se empleaba
en los movimientos y cantos del coro: pero aun le
quedaba hueco al autor para desplegar suficientemente cuatro ó cinco caractére~, entre los cueles
sobresalía uno ó dos, para formar el nudo de una
accion sencilla, y para conducirla con un corto
número de incidentes nl desenlace. Lo mas dificil
en toda composicion dramática, que es la descripcion y unidad de los caractéres, podía hacerse con
comodidad en aquel cuadro, por mas reducido que
fuese: pues bastaba presentarlos en dos ó tres
ocasiones para que fuesen conocidos. Todo lo que
había que pintar era el hombre exterior, ain luchas
que despedazasen su corazon, sin particularidades
ni circunstancias que caracterizasen el individuo:
en fin, sin esa infinidad de matices diversos que
han introducido en los vicios y virtudes de la so-·
ciedad humana el uso de la vida doméstica por una
parte, y por otra la creencia de una religion que
influye inmediatamente en laa costumbres.
El Edipo Rey de Sófocles es justamente tenido

Pero si el personaje que nos presentan no tiene por el drama mas complicado del teatro de Atenas;
punto alguno de contacto con la humanidad tal Y es admirable la sagacidad con que el autor desen~omo Ja concebimos, en vano cansará el actor: vuelve sucesivamente todas las partes del terrible
no nos interesará, porque nada de hombre (nil hu- misterio, encerrado en la existencia de aquel héroe,
mnni) leremos en él.
victima del fatalismo. Pero obsérvese que si la
Asentados estos principios, veamos si Sófocles y intriga de la fábula costó algun desvelo al trágico
Eurípides tuvieron ~astante con les formas del griego, no puede decirse otro tanto de la invencion
teatro griego y con las concesiones que les hacia el de los caractéres. Edipo es Rey, Y buen Rey ;
auditorio de Atenas para representar fielmente el pero no olvida el orgullo de su dignidad, ni la
hombre tal como era conocido en el siglo de Arís- irascibilidad de su condicion en sus contestaciones
tides y de Pericles.
con Tire~ins y Creonte; en esta parte es idéntico
El hombre que conocían los griegos era pura- su carácter al de Agamenon disputando con Pirro
mente fisiológico en cuanto á la moral. Como en las Troyana, de Séneca, y al del Rey de Corinto
aquella nacion ingeniosa babia convertido todas en la Medea del mismo, mandando salir de su
las pasiones en divinidades, mal podría exigir de
Estado á la esposa abandonada de Jason. 'Medea
los hombres que fuesen mejores que sus dioses: y Clitemnestra adoran un mismo dios, que es el de
mal podría condenar en la humauidad que cediese : la venganza; solo se diferencian en los medios de
al poder del destino, ni al fatalismo que la religion 11 conseguirla. Hércules atormentado por el veneno
pagana preconizaba. Así es que en el teatro griego del Centauro Neso; Ayax por el oprobio de su
las pasiones caminan siempre en linea ,·ecta, por , locura, y Filoctéte@, llagado y abandonado en
decirlo asi, sin que detengan ó tuerzan el paso por Lemnos, se quejan de la misma manera. En fin,
el remordimiento ni por la advertencia de ningun
Electra, vengativa como su madre, Y Orestes, in•
freno interior.
, citado por los mismos dioses al panicidio, tienen
Casi no babia en Grecia Tida doméstica que igual impetuosidad, no detenida por ningun freno, ·
tanto contribuye á imprimir caractéres individuales para lograr su infausto proyecto.
á las pasiones y á las costumbres. Los ciudadanos .
Había otro motivo mas p1tra que fuese menos
vivían en -el foro: las ideas y sentimientos, y basta \ dificil la descri pcion de los caractéres; y es que no
los sucesos y los afectos eran comunes.
era lícito á los poetas alterar en la escena la idea
El poeta dramático que debia describir una so- que los griegos tenían formada de sus antiguos
ciedad de esta especie, no podia quitarle á las pa- héroes y monarcas: idea conservada por la tra.disiones humanas el carácter de generalidad que cion ; alimentada por la creencia gentílica, que retenian. El ambicioso, el amante, el vengativo, el conocia como deidades á muchos de aquellos béiracundo, el virtuoso, el patriota, el héroe debian roes, y ligada con les pasiones políticas de las renecesariamente ser pintados con los colores propios públicas griegas, que se complacían en no ver mas
de su vicio ó de su virtud : mas no era posible que crímenes é infortunios en los palacios y en las
introducir en el cuadro circunstancias ó diferen- familias reales. Asi el único trabajo del poeta era
cias individuales: porque esas diferencias no exis- conducir la accion, escribir buenos versos Y comtian en la realidad viviendo todos los ciudadanos poner diálogos naturales é interesantes.
de una misma manera.
Vemos pues que el teatro de la antigüedad satisDe aqui se infiere que llls reglas ilel teatro facia completamente las e.xigencias del auditorio

se

I¡

l

•

DE lWiTOHIA, BELJ.AS LETHAS Y ARTES.
que asistia al espectáculo, pues Je presentaba personajes conocidos de su historia bajo el n~pecto que
mejor satisfacía sus pasiones; y en ellos veia y
. con placer al hombre, tal como era entonces
'
veia
tal como le importaba estudiarlo y conocerlo: est~
es, exterior y entregado al ímpetu de sus pasioneti
y al imperio ciego del destino.
Aai no debelBOtl extra6ar que Aristóteles, dic.
tando reglBS de poee!a d ramátiea á su nacion y á
1u siglo, insertase como cánones del buen gusto, al
lado de los principios que tienen su origen en la
naturaleza,• lu prácticu y cottumbres del teatro
de Atenu; ni que Horacio reprodujese una parle
~e ellas en su epietola á lot Pieones, pues nadie
ignora que la literatura romana fué imitacion ó
copia de la griega : y como por otra parte la religion y la vida ci,il eran las mismas en ambas
naciones, debian serlo tambien loa espectáculos
dramáticos.
Hemos dic'10 y probado que la escuela actual del
romanticismo dramático tiene por objeto describir
el_ lumwre fi,ioUgiro de Sófocles y de Eurlpides.
S1 su objeto es el mismo que el del teatro griego,
no u.hemos que pueda haber ruon para abjurar
las formas antiguas, sino la falta absoluta de genio
en los dramaturgos actuales.
En efecto, estos tienen sobre los poetas griegos
una ventaja preciosa, y es haberse desterrado el
coro de la tragedia moderna. Pueden pues desenvolver con _mas amplitud la accion, describir con
~as exactitud los caractérea. ¿ Qué necesidad
tienen de quebrantar las tres unidades? ¿ N0
~asta una sola fábula, un solo lugar, un tiempo no
mterrumpido para desenvolver un carácter de los
que ahora se presentan en escena? Para describir
un adúltero, una prostituida, un ministro infame
una princesa digna de la horca; para pintar eso;
monstruos, esas puiones desenfrenadas esa inmoralidad sin contrapeso alguno, ¿ se nece;itan tantas
li_ce_ncias? Cuanto mas pronto se llegue al suic1d10, catástrofe obligada de todos esos dramas
como en otro tiempo lo era el casamiento
.
p
,
meJor. ¿ or qué no hacen lo que hacian los
Sófocles
y Sénecas describiendo lo mismo? i•Será
.
por eJercer actos positivos de independencia y de
desprecio al código de Aristóteles ? No: ya die_ran ellos algo por ser capaces.de escribir la Jayra
ó la Alcira. No observan las reglas, porque carecen de talento dramUico. Si lo tuviesen no se
arredrarian de la estrechez de los prece;tos: al
contrario, los mismos preceptos, la misma dificultad de observarlos, les servirían de estímulo y de
alas para volar. Ninguno de los dramas de que
bablaruos encierra tantoR incidentes como una comedia de Calderon ; y vemos que este poeta
cuando quiso someterse á las reglas, compuso co~
la misma facilidad que en sus demaa comedias
Diganlo, si no, el mautro de danzar y mas au~
loa empetio, de •ei8 hora,, que aunque' colocada en
todas las ~is_tas entre las apócrifas suyas, es en
nuestra opm1on auténtica: á lo menos de Calderon
en;l estilo Y el juego dramático.
. osotroa estamos muy lejo~ de creer que las tres
celebres unidades sean reglas dictadas al drama

será

20!3

por la misma naturaleza. No tardaremos en manifestar los fundamentos en que nos apoyamos para
creerlas reglas de mera convencion. Mas no hay
duda que pertenecen á la verosimilitud material;
y por tanto son de tanto valor en In dramática por
lo meno1 como la propiedad de las deroraciones y
ele los trajes. Deben observarse huta donde sea
posible, ain minuciosa supersticion. Todo hombre
de bnen gusto tolerará pacientemente su quebrantamiento, siempre que sea necesario para producir
grandes efectos teatrales¡ pero no pennitirá esa
licencia al autor que abuse de ella para presentar
monstruosidades en moral y en literatura.
A. 1,.

RAZON PARA ACEPTAR LA PRIMERA
OFERTA.
Lu mujeres oprenden desde su ju,entud á considerar el matrimonio como el grande y principal·
objeto de su existencia. En el funda sus esperanzas de felicidad esperando asimismo rivalizar ó
mas bien eclipsará sus compañeras, y hasta quien
será la primera á cnsarse en una familia es tambien
asunto de particular eonsideracion. Estas circunstancias militan pues fuertemente en favor del
amante que hace la primera oferta de matrimonio.
El co~n femenino es generalmente bueno y generoso, siente au propia debilidad que le hace incapáz de arrostrar por si solo las pruebas y penalidades de la vida, necesitando el apoyo de otro á
fin de disfrutar las delicias mas congeniales á sus
sentimielltos, y la emanacion de aquellos tiernos
afectos, de cuyo ejercicio dependen principalmente
los goces mentales de la mujer. Hé aquí la razon
porque el amor de muchas jóvenes llega por grados
á fijarse irrevocablemente en aquellos á quienes al
principio solian mirar con la mayor indiferencia
si no con desprecio¡ y esto solo á impulsos de un
principio recóndito de generosidad inherente á su
naturaleza misma, principio absolutamente indispensable para mantener el debido equilibrio en
nuestros derechos y placeres respectivos asi como.
para regular la conducta de un sexo respecto del
otro.

CRISTAL.
es, dke Plinio, que los descnbrimientot
mas importantes han sido hijos de la casualidad.
Algunos mercaderes que llevaban nitro se pararon
cerca de un rio que nace en el monte Carmelo y
no hallando piedras con que sostener sus oÍlas
usaron ~gunos pedazos del nitro que traían, los
cuales disueltos gradualmente por el fuego se mez.
ciaron con la arena y produjeron una sustancia 11q uida transparente que en rcalída&lt;l no era ol?~
cosa e¡ ue cristal.
CIERTO

�EL INS'l'l"ll'CTOil, O REPERTORIO

EL BARCO DE VAPOR TITULADO EL "PRESIDENTE."

DE HI5TOHIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.
importantes de luz abundante, ventilacion y espacio con las decoraciones mas ricas.
El primer puente consiste en un espacioso salon
ó comedor de 34 piés de anchura y 28 de extension
(veáse el grabado que antecede), el cual comunica
por una doble entrada con un ancho y elevado
corredor que se extiende hasta la parte posterior
del 11avio. A cada lado de este corredor hay una
série de habitaciones suntuosas para pasajeros de
primera clase, las cuales se hallan perfectamente
alumbradas y ventiladas. La entrada á estas habi•
taciones 110 está en el corredor mismo, sino en
pasillos separado·s alumbrado cada uno de ello~ por
una espaciosa ventana. En la parte posterior de
este puente hay una cómoda habitacion para el
uso exclusivo de las señoras, y otra tambien de
sama elegancia para una familia particular.
Las decoraciones arquitectónicas y los muebles
pertenecen al estilo gótico de los siglos XIII y XIV.
El aspecto que presenta el comedor al entrar en él
desde la galería es de mucho gusto y sencillez.
Los entrepaños ó cuarterones que forman las paredes están cubiertos de labores góticas ricamente
talladas, pintadas en imitacion de madera de roble
y altamente pulimentadas. El centro de los cuarterones es de un color muy quieto y agradable.

Los muebles son de roble macizo de hechura
gótica exquisitamente tallados y pulimentados:_ y
los asientos de las sillas, sofas, &amp;c. son de terciopelo de Utrech bordado, de un rico color de café.
Hay cuatro mesas colocadas á lo largo del salon
las cuales pueden en caso necesario extenderse lo
suficiente para comer en ellas 120 personas á un
tiempo. Los sofás se hallan colocados al rededor
del salon y uno en cada ventana. Hay tambien
cuatro hermosos aparadores góticos bien provistos,
y adornado cada uno de ellos con el retrato de un
"presidente" americano, entre los cuales figura el
general Washington. Esto, con la adicion de una
multitud de espejos y arandelas produce un efecto
muy vistoso.
El @alon de las señoras es asimismo muy elegante: ios adornos, tambien por el estilo gótico,
son de color blanco recamados de oro; las paredes
están cubiertas de papel en el cual se vé sobre un
fondo color de ceniza la rosa inglesa enlazada con
la estrella americana.
Pero el corredor ó galería ( veáse la lámina sL
guiente) es la parte que en riqueza de efecto y
mérito de composicion excede á cuanto hemos
visto á bordo de buque alguno, y parece mas bien
la galería de un palacio: el techo, las claraboyas,

las paredes, y las puertas ostentan los tallados
góticos mas ricos ejecutados en madera de roble.
Ocupan el centro de los cuarterones por ambos
lados pinturas hechas en imitacion de los tapices
antiguos sobre un rico fondo carmesí, las cuales
representan la historia y hechos de Cristobal Colon,
comprendiendo todos los sucesos mas importantes
de so vida, entre los cuales figura en primer lugar
el descubrimiento de las Américas.
Estos cuadros, todos ellos originales, están muy
bien compuestos y pintados, particularmente considerando la cliticultad de imitar la labor de la ta-

piceria. Observaremos de paso que la adopcion
de la arquitectura gótica de su tiempo y la historia
de Colon, en un buque llamado el "Presidente" y
destinado al tráfico con América, es muy oportuna
y de excelente gusto.
Es tambien de notar el modo en que se ha hecho
que la introduccion de la luz y aire al puente inferior contribuya al adorno de la galería misma, colocando en su centro un receptáculo para flores y
una escalera de caracol excesivamente liger1 y
elegante que es el medio de comunicacion entre
ambos puentes.

Comedor en el barco de vapor el "Presidente."

EN el tomo v, de este periódico, pág. 254, se hizo
una descripcion del hermoso barco de vapor B1-itish
Queen. Este buque, el mayor que se había construido jamás, excitó la admiracion del público y
. ser el extremo á que podía llegarse en este
'
parec10
género de estructuras; mas como la marcha del
saber é industria humana es siempre progresiva,
110 tardó mucho en eclipsar las glorias del British
Queen y disputarle la supremacía otro barco de
vapor el" Presidente," mayor aun y mas maanífico
construido el año siguiente. El temor de ;arece;
prolijos y cansar tal vez á nuestros lectores con la
d_escripcion de este magnífico bajel, análoga hasta
cierto punto á la del British Queen, nos indujo á
no hacer mencion de él, pero la funesta notoriedad
que hoy le dá la incertidumbre de si habrá zozobrado en su último viaje de Nueva York á Londres
1&gt;arece despertar el interés hácia todo lo que tiene
relacion con este buque ¡ por cuya razon no será
acaso fuera de propósito que demos una idea á
nuestros lectores de la grandeza y suntuosidad de
su interior, refiriendonos respecto á su apariencia
exterior á la reprcsentacion pictórica del British
Queen que acompaña al artículo ya citado de El
Instructo:, pues la _diferencia _entre ambos es muy
poco constderable, siendo la prmcipal que el Presidente excede al British Queen en 350 toneladas de
porte y en fuerza de 100 caballos. El porte de
este último es de 2,016 toneladas con una fuerza de
500 caballos, y el del Presidente 2,366 y fuerza de
600 caballos.
Esre buque que sí no ha parecido (como nos
atrevemos á confiar aun) es sin duela el bajel
mayor y mas magnífico que existe en el mundo

'

salió de Nueva York para Londres el dia 11 de
Marzo debiendo haber arribado á esta capital hácia
el 26 del mismo mes: sin embargo ni ha llegado
aun ni se han recibido á esta hora noticias algunas
de él, sospechandose con sobrado fundamento que
ha perecido en el terrible huracan que ocurrió durante los dias 13 y 14. Ademas del considerable
valor del buque mismo cuya construccion sola
pasó de 400,000 pesos, y de su cargamento del cual
formaba parte una crecida suma en metálico, se
hallaban ó hallan á bordo muchas personas distinguidas por su rango y talentos: la supuesta pér•
dida de este buque ha causado pues una sensacion
profunda en esta capital. La primera pregunta en
boca de todos es ¿ Se ha sabido algo del Presidente? siendo la incertidumbre que existe sobre
este punto casi tan penosa como lo fuera la rea!izacion de los funestos preaentimientos que reinan.
Sin embargo no podemos menos de alimentar por
nuestra parte algunas esperanzas respecto á la salvacion de este hermoso vapor, si bien se fundan
estas en datos menos sólidos y fidedignos de lo que
desearíamos.
Las decoraciones interiores del Presidente son
de tal magnificencia que parecen j as tificar la apelacion que se le ha dado de vasto palacio flotante.
En lugar de las comodidades ordinarias que se encuentran á bordo de In generalidad de los buques,
contiene este vapor colosal una série de salones
que en la elegancia y gusto de su ornato pudieran
competir con las mansiones mas suntuosas de
tierra.
El acomodo para los pasageros en este magnífico
barco es de primer orden, y combina las ventajas

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N

�206

EL lNSTRUCTOH, O flEPERTOlUO

El puente inferior se halla simplemente dividido
en habitaciones espaciosas, claras y bien ventiladas, y de mayor ó menor elegancia, en las cuales
se hallan reunidas cuantas comodidades sugiere el
arte. En todo pueden acomodarse de 116 á 120
personas, y todas ellas tan bien, que nos veriamos
perplejos para preferir en el barco una habitacion
á otra.
Los asuntos de los cuadros que adornan el corredor son los siguientes: -

111

No. 1. A. D. 1470. Colon vendiendo mapas y cartas marítimas en Lisboa para mantener á su
familia y á su anciano padre en Génova.
No. 2. A. D. 1470. Colon en actitud contemplativa. Su espíritu emprendedor se enardece
hasta el entusiasmo por considerarse á sí
mismo como la persona que segun los sagrados
escritos debia llevar el evangelio á tierras desconocidas.
No 3. A. D. 1484. Colon se detiene á pedir limosna para sí y para su hijo á la puerta del
convento Franciscano de Santa Maria de La
Rabida situado á una media legua de Palos de
l\Ioguer en Andalucia. El prior Juan Perez
de Marcbena se interesa vivamente por él.
No. 4. A. D. 1492. Confereucia en el convento de
la llabida, en la cual Juan Perez Fernandez y
el médico García Fernandez se sorprenden de
la grandeza de las miras de Colon.
No. 5. A. D. 1492. El viernes 3 de Agosto de este
año dá á la vela Colon como almirante de los
mares y tierras que espera descubrir. El dia
11 de Octubre se hallaba Colon de pié en la
popa de su barco cuando divisó tierra á las
dos de la mañana. El buque delantero disparó entonces un cañonazo en señal.
No. 6. A. D. 149-2. Llega Colon y dá gracias al
cielo por el buen éxito de su empresa. Al
amauecer del 12 de Octubre desembarcó en el
Nuevo Mundo en la isla de San Salvador.
Los mas amotinados y rebeldes de la tripuladon le rodearon entonces abrazando sus rodillas. Los naturales desnudos y pintados miran á los blancos como huéspedes venidos del
cielo.
No. 7. A. D. 1498. Colon entra en Barcelona en
triunfo. Durante su viaje por España se le
tributaron honores reales hasta llegará Barcelona donde se hallaba la Corte. Trae consigo
á varios naturales de América,
No. 8. A. D. 1493. Es recibido en la Corte por
Fernando é Isabel que se pusieron en pié al
acercarse Colon, alzándole del suelo cuando
quiso arrodillarse ante los reyes.
No. 9. A. D. lóOO. Colon preso. A pesar del
éxito extraordinario de sus empresas, sus enemigos domésticos lograron persuadir al rey
que lo depusiera; y Francisco Bocadilla fué
enviado con orden de traerle aprisionado.
Llegó Colon á Cadiz aherrojado, lo cual causó
-1na indignacion tan universal por toda España que Fernando se vió en la precision de
negar haber tenido parte en esta injusticia,

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

Colon nació en 14.45 ó 1446 en Génova, y mnri6
á. la edad de 61 años pobre y olvidado. "Asi
acabó," dice el historiador, "una carrera noble y
gloriosa inseparablemente enlazada con el recuerdo
de la injusticia é ingratitud de los reyes."
'l'erminaremos esta descripcion del hermoso buque el Presidente reiterando nuestros sinceros
deseos de que no salgan fallidas las ténues esperanzas que aun nos complacemos en alimentar de
su salvacion.

RECUERDOS DE LA SUIZA.
CAPITUJ.0 IV.
GUESSLER.

En efecto, diez minutos despues, como lo hnbia
anunciado el piloto, y antes de que Guessler y los
guardias hubiesen vuelto de su sorpresa, estaba la
barca.junto á la ribera. Guillermo mandó que recogieran la vela, y, fingiendo que se bajaba para
amarrar una cuerda, agarró con la mano izquierda
s11 ballesta y apretó con la derecha el timon ; la
barca viró al momento, y presentando la popa
saltó Guillermo con la ligereza de un gamo á una
roca que estaba á flor de agua, mientras que el esquife, cediendo al impulso que babia recibido, se
alejaba extraordinariamente de la orilla: de otro
salto se puso Guillermo en tierra, y antes de que
Guessler y sus guardias pensasen en dar un grito,
habia ya desaparecido en el bosque.
Luego que se disipó la sorpresa causada por este
accidente, mandó Guessler que remasen hác!a la
ribera á. fin de perseguir al fugitivo. Un marrnero
saltó á tierra, alargó una cadena, y á pesar de las
olas se verificó el desembarco con toda felicidad.
.
Un 'arquero marchó á Alfort, á fin de que enviasen
escuderos y caballos á. Brusmen, á donde iba á. esperarlos el goberuador.
Luego que llegó á. la aldea mandó anunciar
Guessler por medio de pregon que el que entregase
á Guillermo reciliiría cincuenta marcos de plata y
estaría exento de pagar impuestos, cuya gracia se
hacia extensiva á sus descendientes hasta la tercera generacion; igual recompensa se ofreció por
Conrado de Baumgarten,
Muy cerca de medio dia era ya cuando llegaron
los escuderos y los caballos: Guessler marchó almomento á la aldea de Art, donde tenia tambien que
adoptar medidas _de rigor contra los asesinos del
gobernador de Schwanam, y á las tres salió de este
pueblo, y costeando el lago de Zoug llegó á lmmensea, y sin detenerse tomó el camino de Küssnaeh.
Los últimos acontecimientos que acabamos de
referir tuvieron lugar en un dia del mes de Noviembre; tocaba ya á su término, y Guessler,
deseoso de entrar en la fortaleza antes de que anocheciera, metia las espuelas al caballo. Mas al

llegar á la extremidad del camino de Küssnaeh,
acortó el paso haciendo seña á su escudero para
que se acercase,
- Me eres fiel, Niklans? le dijo.
El escudero se puso á temblar.
- Y bien? continuó Guessler.
-Perdonad, señor; yo no esperaba semejante
pregunta.
- Y no estás preparado para contestar á ella?
Prepárate, pues, para hacerlo.
- No se hará desear mucho tiempo mi contestacion: estoy á vuestras órdenes, siempre que no me
mandeis faltar á. mis deberes para con Dios y para
con el emperador.
- Y estás pronto á cumplirlas 1
-Sí, señor.
- Marcharás esta noche á Altorf, tomarás cuatro
hombres, irás con ellos á Burglen, donde les dirás
lo que tienen que hacer.
- Y qué tienen que hacer, señor?
-Apoderarse de la esposa de Guillermo y de sus
cuatro !:.ijos. Luego que asten en tu poder los
conducirás á la fortaleza de Küssnaeh; yo estaré
alli para recibirlos, y luego...
- Os comprendo, señor.
-No tendrá mas remedio que entregarse; porque cada semana que pase costará la vida á uno de
sus hijos y la última á su mujer.
No habia acabado Guessler de pronunciar estas
palabras, cuando dió un grito, soltó las riendas
alargó los brazos y cayó del caballo. El escuder~
se apeó al instante para socorrerle, pero ya era
tarde; una flecha le habia atravesado el corazon.
Era la que Guillermo se babia guardado cuando
Guessler le obligó á. quitar una manzana de encima
de la cabeza de su hijo en la plaza pública de
Altorf.
La noche del Domingo al Lunes siguientes se
reunieron los conjurados en Grutli; la muerte de
Guessler habia provocado esta reunion extraordinaria.
Muchos eran de parecer de lldelantar el dia de la
libertad, en cuyo número se contaban Conrado
de Baumgarten y Melchtal.
Pero W alter Furst y W erner StaufFacher se
opusieron, diciendo que ciertamente eilftJltrarian
apercibido al caballero de Andeuberg, lo que baria
mas dificil la expedicion; mientras que, si el pais
seguia tranquilo, á pesar de la muerte de Guessl~r, atribuirla esta catástrofe á una venganza particular, y tan solo se ocuparia de buscar al
asesino,
- ~ero, entretanto, exclamó Conrado, ¿ qué será
de Guillermo? ¿ qué será de su familia t Guillermo
me ha salvado la vida, y no se dirá que yo le haya
abandonado...
-Guillermo y su familia están en seguridad
dijo una voz.
.
'
-Ya nada tengo que añadir ... contestó Conrado.
-Tracemos ahora el plan de la insurreccion
dijo Walter Furst.
'
-Si los ancianos me permiten hablar dijo adelantán~ose un jóven del alto U nterwald:n, llamado
Zagheh, propondré una cosa.

207

-Cuál es? preguntaron los ancianos.
-Encargarme de la toma del castillo de Rossberg.
- ¿Y cuántos hombres pides para eso?
-Cuarenta.
-Advierte que el castillo de Rossberg es de los
mas fuertes de la jurisdiccion ...
-Cuento con medios para penetrar en él.
-¿Y qué medios son esos?
- No puedo revelarlos.
-¿ Estás seguro de encontrar los cuarenta I,ombres que necesitas?
-Sí.
-Queda aceptado tu ofrecimiento.
Zagheli se perdio en un grupo.
- Yo, dijo StaufFacker, me encargo del castillo
de Schwarau si quieren confiarme esa empresa.
- Y yo, añadió Walter Furst, me apoderaré de
la fortaleza de Uri.
Un asentimiento unánime acogió estas dos propos1c1ones. Cada conjurado se comprometió á
reclutar soldados entre sus amigos, durante las
cinco 8emanas que faltaban todavia para dar el
grito de libertad! y antes de separarse adoptaron
las tres banderas bajo las que debian combatir.
Uri eligió para la suya una cabeza ele toro con una
anilla rota, en memoria del yugo que iban á sacudir; Schwitz una cruz, en memoria de la pasion
de Nuestro Señor, y UnterwaldeR dos llaves en
honor del apóstol San Pedro, á. quien tenian en
gran veneracion en Sarnen.
La muerte de Guessler se atribuyó á una venganza particular como lo habian ¡,revisto los ancianos. Las persecuciones dirigidas contra Guillermo
se fueron enfriando, de resultas de su inutilidad, y
todo recobró la calma y la tranquilidad en las tres
jurisdicciones hasta el dia en que debia estallar la
conjuracion.
En la noche del 31 de Diciembre, el gobernador
del castillo de .Rossberg, como tenia de costumbre
recorrió los puestos, colocó las centinelas y dió el
santo, El castillo se quedó como dormido : las
luces desaparecieron una tras otra, el ruido fué
cesando por grados, y unicamente los centinelas
colocados en las torres interrumpieron este silencio
con el acompasado ruido de sus pasos y con los
gritos de alerta que repetian de cuarto en cuarto
de hora.
Sin embargo, á pesar de toda esta apariencia de
sueño abrieron con precaucion una ventanilla que
daba á ~os fosos del castillo: una jóven de diez y
o_cho á diez y nueve años asomó á ella la cabeza, y
sin reparar en la oscuridad de la noche dirigió sus
m!radaa al foso del castillo. Al cabo de algunos
tmnutos de una investigacion que las tinieblas
inutilizaban, pronunció el nombre de Zagheli.
Este nombre habia sido pronunciado tan bajo
que s~ hubiese podido confundir con un suspiro de
la brisa ó con un murmullo del riachuelo. Sin
embargo, fué oido, y una voz mas fuerte y mas
osada aunque prudente todavia, contestó con el
nombre de Anneli.
La j6ven permaneció inmóvil por un momento,
puesta la mano en el pecho como para ahognr loa

•

�2JS

EL INSTílUCTOH, O REPERTOTIIO

latidos de su corazon. El nombre de Anneli recorrió otra vez el espacio.
-Sí, sí, murmuró inclinándose hácia el sitio
desde donde parecía que le hablaba el espíritu de
la noche ; sí, querido mio ... pero perdóname; tengo
tanto miedo ...
-¡, Qué puedes temer? dijo In voz : solo velan
en el castillo loe centinelas que están en las torres
•.. no puedo verte y apenas te oigo: ¡, como quiere~,
pues, que ellos nos vean y nos oigan 1...
La jóven no contestó, pero dejó caer una cosa:
era una cuerda, á la que ató Zagheli la extremidad
de una escala: Anneli la recogió y sujetó en la
ventana. Pocos minutos de~pues entraba el jóven
en su habitacion, y queriendo Anneli retirar la

escala:

•

-Aguarda, querida mia, le dijo Zngheli, porque
necesito todnvia esa escala, y no te asuste sobre
todo de lo que va IÍ pasar; porque la menor palabra, el menor grito de tu parte, me costaría 1n
vida ...
-Pero ¿ qué sucede? ... En nombre del cielo! ...
dijo Anneli. Ah! 110mos perdidos! ... mira! ...
mira!... Y le enseñaba 11n hombre que acababa
de subir á la ventana.
- Nada temas, Anneli; son amigos!
- Pero yo, yo quedo deshonrada! exclamó la
jóven tnpamlo~e la cnra con las manos.
-K o lo crens: son los te,tigos que vienen á oir
el juramento que te hago de casarme contigo, tan
luego como la patria haya recobrado su libertad.
-La jóven se precipitó en loe brazos de su
amante.
Despues de haber subido los veinte conjurados,
retiró Zagheli la escala y cerró la ventana.
Los conjurados penetraron en el interior: sorprendieron á la guarnicion que estaba durmiendo;
encerraron á los alemanes en la caree! del castillo,
se pusieron sus uniformes, y la bandera de Alberto
siguió flotando en la fortaleza cuyas puertas se
abrieron el din siguiente á la hora acostum•
brada.
A medio dia, el centinela colocado en la torre de
vigía vió á varios ginetes que á todo escape se encaminaban á 1!1 fortaleza. Dos conjurados se colocaron en la puerta y los restantes formaron en
el patio. Diez minutos despues atravesó el caballero Andeuberg el puente levadizo. Quedó prisionero como la guarnicion.
El plan de Zagheli había sido completamente
llevado á rabo. Hemos visto que veinte de loe
cuarenta hombres necesarios para esta empresa
habian escalado el castillo y aprisionado á sus
dueños. Los otros veinte habían tomado el camino
de Sarnen.
En el momento en que Andeuberg salia del castillo real de Sarnen para ir á misa, se presentaron
á/1 los veinte jóvenes con corderos, cabritos, gallinas y otros regalos de costumbre: el gobernador
les dijo que entrasen en el castillo ; siguió su
camino. Luego que llegaron al patio sacaron unos
hierros puntiagudos que teuian escondidos: los
colocaron en los palos que llevaban y se apoderaron del castillo. Uno &lt;le ellos subió IÍ la plata-

DE HISTORIA, BELI..\S LE'l'HAS y ARTE::i.

forma y sonó tres veces la trompa. Era la 1cííal
convenida; y al momento resonaron de calle en
calle estrepitosos gritos: el motín babia empezado.
Corrieron á la iglesia para apoderarse de Andeuberg; pero avisado á tiempo, montó á caballo y
emprendió la fuga, dirigiéndose al castillo de Rossberg. Asi lo había previsto Zagheli.
Al bailio imperio! se le tuvo toda clase de consideraciones durante el dia; y por la noche pidió
que se le permitiese tomar el aire en la plataforma
de la fortaleza. Desde ella podía descubrir todo el
pnis que el dia anterior hnbia estado sometido ñ
su j urisdiccion ; y, apartando la vista de la bandera
en la que las llaves de Unterwalden habían reemplazado al águila de Austria, la fijó en direccion á
Sarnen y permaneció iomovil y pensativo.
En el ángulo opuesto del parapeto estaba Zagheli, tambien inmovil y pensativo, y con los ojos
clavados en otro punto. Los dos enemigos aguardaban, el uno un socorro para la tiranía, el otro un
refuerzo para la libertad.
A pocos momentos brilló una llama en la cima
de Axemberg; Zagheli dió un grito de alegria.
-¿ Qué llama es esa 1 dijo Andeuberg.
- Una aefial.
- ¡, Y qué significa esa señal?
-Que Walter Furst y Guillermo Tell han tomado el castillo de Urijoch.
l\lil gritos de alegria, que resonaron en In fortnlezn, confirmaron lo que Zaghelí acababa de decir.
-Segun veo todos los Alpes se han conHrtido
en un volean, exclamó Andeuberg: el Righi tambien se inflama.
-Sí, sí, tambien enarbola In bandera de la libertad, contestó Zagheli saltando de alegría.
-Cómo l es tambien una seííal?
-Sí, y anuncia que Werner Stnuffacher y Mechtal han tomado el castillo de Shwanau. Mirad á
ese lado, señor.
Andeuberg clió un grito de sorpresa al ver que el
monte Pilatos se cefiia tambien uno. diadema de
fuego.
-Esas llamas, continuó Zagheli, anuncian á los
de Uri y de Scbwitz que sus hermanos de Unterwnlden no se han quedado atrás, y que han torondo
el castillo de Rossberg y hecho prisionero al bailío
imperial.
Nuevos gritos resonaron en lo. fortaleza,
-¿ Y qué pensais hacer de mí? preguntó Andeuberg bajando la cabeza.
-Pensamos haceros jurar, señor, que no voh'ereis á entrar en las tres jurisdicciones de Schwitz,
Uri y Unterwalden; que no hostilizareis nunca á
los confederados; que no aconsejareis al emperador que nos declare la guerra, y cuando hayais
prestado este juramento quedareis en libertad para
retiraros á donde gusteis.
-¿ Y me será permitido dar cuenta á mi soberano de la mision que me habio. confiado?
-Sí, contestó Zaghelí.
-Bien. Deseo bajar á mi habitacion, porque
semejante juramento exige ser meditado, y mucho
mas cuando ~e trata de cumplirle.

( Se concluini.)

FÁBRICA DE SOMBREROS.

LA. costumbre de hallar desde la infancia satisfechas toduanuestras necesidades tanto las reales
como las ficticias creadas por un estado de
finada
con solo dar en camb'10 c1er
• rtaet · civilizacion,
.
ma eria
l' nomrnalmente equivalente, prod uce en 1a
genera idad de personas una indiferencia abaoluta
respecto. á los medios puestos en práctica para la
produce1on de_los diferentes oLjetos que en el ac!ual estado social oonsideramos como indispensables
a ~u~stro solaz y bienestar. Pocos hay entre el
casi ianumerable concurso de individuos q•~
f ·
d
= par1C1pan e _estos beneficios, á quienes haya ocurrido
cuan_ considerable es el número de operarios requendos para satisfacer las necesidades actuales
de _una persona sola: en el estado natural y selvático ~el_ hombre estas necesidades son ciertamente hm'.tadas, y tan sencillas que cada individuo
puede satisfacerlas por sí , pero en la é
d
'T .
'
poca e
Cl\'1 izac~on y refinamiento que hemos alcanz:ado,
~a _cuestion es ya muy diferente, y un número inmto de _goces Y conveniencias nuevas sugeridas 1
p~r s~ces1vos descubrimientos y adelantos en las
c1enc_1as y ar~es mecánicas, han creado un correspond1ente
numero de necesidades, fiet'1c1as
. s1. se j
•
quiere, pero que la costumbre hace tan imperiosas
como las que se califican de efectivas. Piense el
l ector por un 108
· ta ne
t en el numero
•
,
de obietos diversos que aphca á
d' .
•
de maravillarse d s; uso tano, y no podrá menos
ToM. VIII.
e a suma de trabajo colectivo
1
1

que representan, al considerar ,1ue en codo uno de
ello!, aun los de mas ínfimo valor, se han empleado
v_anos op~rarios ademas de los conocimientos cient1ficos pr~viamente puestos en requisicion paro la
construcc1on de máquinas instrumentos &amp;e H
d' h
'
' .
emos ic o que aun los de valor mas ínfimo y en
prueba de ello citaremos el alfiler, el cual a~tes de
llegar al estado en que se usa, paso por las manos
de c~torce operarios distintos, y sin embargo, ¿quien
considera
. t rumento
. á este pequeño y barato ms
c?mo d1g?o de fijar por un solo instante la atenc1on 7 ~Ulen se ocupa en pensar cómo se hace,
~l ~ábito, como ya digimos antes, embota la cu:
r10s1dad, y echando mano de los objetos de que
hacem?s uso constante, rara vez nos detenemos
á _~ons1~erar la cantidad de trabajo, industria
dihdgenc~a que ha sido necesario emplear para
pro ucc1oa de cada uno de ellos s·
b
t
d'
• m ero argo
es e estu io es
. t rucbvo
.
. á la par ameno e, ms
y
nuestro descuido en esta parte prop .
'
nueva
b d
orc1ona una
h II prue a e la frecuencia con que anclando
h:r:r :cupa~ion ó pasatiempo en que entretener las
,ª e oc10, pasamos por alto los medios ue
cont'.nuamente se nos vienen á las manos de c~nse,guir nuestro objeto con no menos utilidad que
pacer.
:,enetrados de esta verdad, nos proponemos dar
ca _ida en l~s columnas de nuestro periódico á una
sér1e de articulos descriptivos de los procedimientos

1!

2E

�210

ET, INSTRUCTOR, O REPERTORIO

f.ibriles mas usuales é importantes : nuestra residencia en este país que puede con razon llamarse
industrial por excelencia, nos facilita los medios
de desempeñar este objeto con garantías de buen
éxito, y esperamos que nuestras tareas no serán
inútiles en los países donde circula este periódico,
respecto á que procuraremos insertar siempre en
nuestras élescripciones In de los último~ adelantos
y descubrimientos hechos en el asunto de que se
trate. Empezaremos por la fábrica de sombreros,
suplicando al iector nos acompafie en la visita que
vamos á hacer á uno de los principales establecimientos de Londres en este género familiar de
industria.
La fábrica de sombreros de los Señores Christy
desde luego presenta á los ojos del espectador un
aspecto imponeote. Ocupa una série extensa de
edificios situados en la margen meridional del rio
Támesis, y á ambos lados de una calle bastante
ancha que divide 1a fábrica en lo que llamaremos
bandas oriental l' occidental. A cada una de estas
dá entrada desde la calle un ancho portal. Al
entrar por la puerta de la banda oriental, el primer
objeto que se divisa al extremo de una larga avenida es una altísima chimenea en conexion con
una máquina de vapor, y la cual se eleva á unos
ciento y sesenta piés de altura. Sobre el portal
Jiay una série de alma-cenes ó depósitos para lanas
y otros artículos, siguieodose é. estos almacenes al
ludo izquierdo de la avenida varios edificios ocupados por los operarios que hacen las gorras ele
pafio, los enfardeladores y otros varios dependientes
de la fábrica. Al lado derecho de ,la misma avenida hay otra série de edificios que consisten en
un al macen construirlo á prueba de fuego para bar¡¡ices; talleres para la fabricacion de sombreros de
.sed a, y otros en que se ejecutan las primeras operaciones de la de los de castor. A la izquierda de
Ja gran chimenea hay un edificio donde se hacen
los sombreros comunes de charol que usan los marineros, y cerca de-él hay otro portal que conduce
en direccion septentrional á una segunda avenida
rodeada tambien de edificios. Consisten estos en
un obrador de tornero donde se construyen los
moldes para los sombreros; un depósito de goma
laca ó resina, donde la quiebran, muelen y preparan para. uso ; un obrador de cerrajero para
reparar y componer el herraje .usado en diferentes
puntes de la fábrica: un molino -y, piezas para
aserrar madera donde sierras movidas por el vapor
cortan troncos de árboles en tablas con Jas cuales
hacen las cajas para la exportacion. Un depósito
de palo de campeche donde una máquina muy poclerosa corta el palo en hebras delgadas. Otro de
pieles en el cual el pelo de castor y otros, son se¡,arados del pellejo por medio de una máquina.
Obradores donde arrancan de las pieles los pelos
bastos; la máquina de vapor con su hoguera, caldera y demns dependencias; un obrador para cardar la lana; otro para separar las diverdas clases
de pelo; y ademas un gran número de almacene~,
,depósitos de madera de construccion y otros, un
obrador de carpintero, &amp;c. E~to nos conduce ni
ntremo septentrional de la avcni&lt;la, y volviendo

por el opuesto pasamos otra série de almacene! y
obradores de diferentes clases, un vasto lavadero
de lanas, escritorios, oficinas de despacho, &amp;c.
Atravesando la calle hácia la banda occidental,
nos hallamos de nuevo en medio de otra tanda de
obradores como los anteriores, donde se ejecutan
otra série de operaciones pertenecientes á la fábrica.
Aqui vemos la tintorería, las ofir.inas para la con•
clusion de los sombreros, los almacenes para el
depósito de estos despues de concluidos, &amp;c. Sin
embargo esta bando. no es tan extensa como la
oriental.
Este bosquejo topográfico de la apariencia que
presenta lo. fábrica en su exterior, parecerá acaso
inútil á aquellos que no teniendo proporcion de
visitarla pueden solo interesarse en lo.s operaciones
y mecanismo interior de ella; pero nuestro objeto
al hacerlo es &lt;lar al lector una idea de la inmensidad é importancia de esta fábrica la cual mas
que de establecimiento particular presenta el aspecto de una poblncion ó república de operarios
de varias clases. Con efecto parecerá extraño oir
hablar de molinos para aserrar maderas, cerrajerías
y carpinterias en una fábrica de sombreros ; pero
esto es solo una prueba, entre las muchas que pudieran citarse, de las ventajas que produce la centralizacion en la economia de una fábrica inglesa,
combinada con la division de trabajo dentro de fos
paredes de la fábrica misma.
El medio mas oportuno para dar una idea clara
y distinta de las operaciones que se efectuan en la
mayor parte de estas diversas oficinas, será acaso
trazar la historia de un sombrero de castor desde
el momento en que entran en la fábrica los materiales en bruto hasta aquel en que el sombrero, ya
concluido, es depositado en el al macen.
Si @e preguntase á una docena de individuos para
quienes es nuevo el procedimiento, "¿ de qué modo
se hace un sombrero de castor?" es probable que
cada uno diese una respuesta diferente. Este creeroa
que se vaciaba en un molde; aquel imagina·cia
acaso que la piel entera del castor endurecida por
medio de resinas ó gomas constituye el sombrero,
recibiendo la forma requerida: otro daría por supuesto que el pelo del animal tejido de un mode
particular forma Jo. cubierto. exterior de un molde
de carton apropiado; pero acaso ninguno de el1011
tendria una idea del bello procedimiento por el
cual se obtiene el fitltro que es la base de lo. fabricacion de sombreros. Un sombrero de castor consiste principalmente de dos partes, á saber el cuerp&lt;J
y la cubierta. El primero se compone de lana y
pelo basto mezclados, afieltrados, endurecidos y
amoldados ; y el segundo de pelo de castor unido
despues ni cuerpo por el procedimiento del fieltro.
La lana y el pelo son pues los ingredientes que
principalmente se emplean. Eu los sombreros de
calidad inferior, se hace uso de lana basta para el
cuerpo, y pelo mas basto1 y á veces lana tina, para
la cubierta.
La lana á su ingreso en la fábrica se halla aun
sucio. y crasa, y contiene una gran parte de la
humedad que Jeriva del animal. Llénnla al lavadero Je que hemos hecho mencion, el cual se lialla

DE lllSTOlUA, BELL\S LETRAS Y ARTE~.

211

es del tamnfio del conejo comun y tiene como el
en el piso bajo á nivel de la calle, y donde el vapor
castor y el coypo dos cla~es de pelo de diferente
que arrojan inmensas calderas y tinas indica la
grado
de finura. Ln. piel de este 11ni~al emite ~n
escala extensa del procedimiento. La lana despues
olor
muy
fuerte de almizcle de cuya circunstancia
de pasar por varias aguas que extraen de ella toda
deriva su nombre.
la crasitud é impurezas, es prensa1la en una prensa
La piel de la liebre y la del co11Pjo son tan
de tuerca donde suelta toda el agua que contiene,
conocidas
que no es necesario entrar en su desquedando ya entonces limpia. Desde el lavadero
cripcion.
pasa la lana á una ¡&gt;ieza muy ventilada donde la
Hemos hecho una pequeña digresion con el obdejan secar, y cuando ha de usarse la cardan por
jeto
de manifestar la naturaleza de las diferen!es
medio de una máquina apropósito donde quedan
pieles
empleadas por el sombrerero. Los pelleJOS
las quedejas desenredadas y prontas para pasar
cuando
entran en la fábrica- se hallan, corno litá manos del sombrerero. Esta máquina de cardar
lana sucios y grasientos, por Jo cual la primera
es movida por la máquina general de vapor que
ope~cion es lavarlos con agua y jabon. Efectúase
pone en movimiento todas las demas de la fábrica.
Pasemos ahora á explicar la preparacion de la esto en el mismo extenso lavadero donde se limpian las lanas: despues de enjutos y cuando sepiel ó pelo como lo hemos hecho de la lana.
requiere hacer usa de ellos, pasan á una sala donde
La voz piel en sentido general y éon-1eferencia á
la fabricacion de sombreros se refiere á la cubierta un crecido número de mujeres sentadas en banquillos se ocupan en arrancar á mano el pelo largo
vellosa de algunos animales como el castor, el oso,
y basto de las pieles: este pelo como ya digimos,
la marta, la liebre y el conejo. Estas pieles antes
es absolutamente inútil al fabricante de sombrero~,
de adobarlas y sin mas preparacion que dejarlas
y si lo preservan es tan solo con el objeto de vensecar despues de azrancadas del cuerpo del animal,
derlo para rellenar cojines ú otros usos semejantes.
se llaman propiamente pellejoa, y solo despues de
Cada una de estas mujeres coloca el pellejo sobre
adobada y curtida la parte interior obtienen el
su rodilla ó un banquillo bajo, y por medio de un
nombre de pieks en un sentido estricto, y este es
cuchillo que obra contra el dedo pulga!' arranea
mas limitado aun cuando se aplica al pelo mismo
el pelo largo, resguardando sus dedos con fuertes
~ortado de la piel y presentado en forma de filadedales de cuero.
mentos delicados.
Pasan luego los pellejos á uno.- pieza inmerliote.
En esta última condicion es la piel útil al fadonde
á uno poco acostumbrado al estrépito de la
bricante de sombreros, y las pieles á que dá la
maquinaria todo le pareceria ruiclo y confusion.
preferencia son las del castor,, la almizclera el
Esta es la pieza destinada á cortar ó separar el
coypo, la liebre y el conejo, de las cuales las pri•
pelo
de las pieles, y en ella hay seis ú ocho mámeras son con mucho las de mas valor. El castor
quinas
en activo movimiento servida cada una de
se cria principalmente en l'os distritos occidentales
de la América del Norte donde su modo peculiar ellas por una muger. Estas máquinas no dejan
de tener alguna semejanza con el instrumento de
de vivir ha dado origen á una multitud de relatos
suplicio
que se u.sa en Francia llamado guillotina.
maravillosos de cuya verdad se duda mucho en el
dia. Los pellejos tales como vienen de América son
bastante planos y duros, y miden sobre tres piés
de largo y dos de ancho. El pelo exterior, de color
parduzco es de poco valor para el sombrerero ;
. tiene el castor otra clase de pelo interior, finísimo,
corto y espeso ; este es el pelo usado en la fabricacion de sombreros. Mas adelante explicaremos
el modo de separar ambas clases de pelo.
El coypo, por cnyo nombre es conocido en Europa, es un animal pequeño ( Myopota111U1J Bonaric11sis) que se cria en varias partes de la América
del Sur. El pelo exterior es largo, basto, y de
color rojizo, y el interior muy fino y de un pardo
ceniciento. Hace poco mas de treinta años que
los sombrereros, inducidos por el alto precio que
habia alcanzado el pelo de castor, que durante un
tiglo babia subido de cinco hasta veinte pesos por
libra, empezaron á usar la piel del coypo; pero
desde entonces se ha hecho tan general su u.so que
solo en Inglaterra han solido importarse en un año
un millon de estas pieles. El coypo es aun poco
conocido de los naturalistas, pero algunas peculiaridades en la piel debajo del pelo han.ocasionado
muchas conjeturas entre los que tienen frecuentes
oportunidades de examinar estas pieles, respecto á
la estructura y hábitos del animal.
La almizclera es natural de la América del Norte

�EL INSTllUCTOR, O REPERTORIO
t' na cuchilla ancha y larga, con el corte hácia
abajo, juega rápidamente con un movimiento vertical: introducido el pellejo entre la cuchillo. y un
punto de apoyo en In parte inferior, es cortado el
1,elo con una precision extraordinaria. El grabado anterior representa una de estas máquinas.
El pellejo a, despues de separado el pelo de él,
pasa entre dos rodillos mientras que el pelo mismo
b queda depositado en un lecho ó capa muy ténue
sobre un paño sin fin. A primera vista parece que
el pellejo deberá inevitablemente quedar cortado
en menudas tiras, pero por medio de un ajuste
admirable del mecanismo es removido el pelo sin
cortar In piel en lo mas mínimo. La mujer que
atiende á la máquina, la pone en movimiento ó la
para cuando es necesario, guia el pellejo por ella,
recoge los filamentos de piel, &amp;c. Si quedan algunos pequeños fragmentos del pellejo con el pelo
sin cortar, los tienden sobre una mesa, y mujeres
provistas de una especie de cuchilla con el corte
semicircular convexo, acaban de despojarlos. Las
pieles desnudas son inútiles para el sombrerero que
las vende á los que fabrican la cola deretal.
Hemos visto en la primera sala que visitamos
·á un gran número de mujeres ocupadas en anancar á mano los pelos bastos y largos de las pieles
los cuales para nada sirven en la fabricacion de
sombreros: mas no es posible separar enteramente
por este medio el pelo basto del fino, asi que despues de cortado el pelo en las máquinas como acabamos de ver, lo trasladan á otra pieza donde hay
una máquina por cuyo medio se efectua la separacion absoluta, Esta sala es acaso la mayor en
toda la fábrica y presenta un aspecto singular.
No es muy elevada, pero mide cincuenta piés de
largo sobre cuarenta de ancho, y tiene ocho tubos
ó mangas huecas que ocupan casi la extension
total de ella. La accion de estas máquinas huecas
es muy bella, y podrá tal vez comprenderse sin
entrar en muchos pormenores respecto al mecanismo. Cierta cantidad de pelo de castor ú otra
clase es introducida. por un extremo, cerca de un
compartimiento ó tambor abierto por los costados
dentro del cual jira un volante de aspas con una
velocidad de cerca de dos mil revoluciones en un
minuto. Todos sabemos, aun por el sencillo ejemplo que proporciona un abanico de señora, que
un cuerpo puesto en movimiento, agitando la atmósfera produce una corriente de aire, y cuando
el movimiento es tan rápido como el que acabamos
de indicar, la corriente llega á ser muy poderosa.
Esta columna de aire empuja al pelo á lo largo de
la manga hueca hasta el extremo opuesto de la
máquina, produciendo al ejecutarlo un efecto tan
vistoso como útil. Todos los pelos bastos y proporcionalmente inútiles quedan adheridos á un
paño que se extiende en lo interior del tubo, al
paso que los filamentos mas delicados son impelidos por él hasta quedar depositados en un receptáculo al extremo opuesto : el grabado anexo representa este aparato : a es el punto por donde
se introduce el pelo: b la caja que contiene el
Yolante ó rueda de aspas: e el tubo ó manga
hueca por el cunl es impelido el pelo; y del re-

ceptáculo donde queda depositado. Solo un arreglo muy ingenioso del mecanismo puede producir una separacion tan completa como la que
aqui se efectua, pero el principio en que se funda
no es dificil de comprender. Si no hubiera atm!isfera ó si se extrajese el aire de un paraje cerrado,
un doblon de oro y una pluma, por mucha diferencia que hubiera entre el peso de uno y otra
caerían al suelo con igual velocidad, pero en circunstancias ordinarias el doblon caeria por supuesto mas de priesa que la pluma, por ofrecer el
aire mucho mayor resistencia á esta que á aquel.
Asi como la resistencia que ofrece la atmósfera
á un cuerpo en movimiento obra con mas fuerza
sobre una sustancia ligera que sobre una pesada,
lo mi~mo sucede con el aire cuando es este el que
se mueve obrando como fuerza motriz. Cuando
partículas de arena y cascajo son impelidas por el
viento, las mas Hjeras son empujadas á mayor distancia. Esto es precisamente lo que se efectua
con las dos especies de pelo en la máquina que
llamaremos "soplante ; " las fibras mas finas y
lijeras son impelidas al extremo mas remoto de
ella.
Hemos Tisitado ya aquellas partes de la fábrica
donde se preparan los materiales en bruto antes
de pasar á mano&amp; del sombrerero. Continuando
ahora nuestra visita, entregaremos estos materiales
á los operarios que hacen los cuerpos ósea armazones, y examinaremos el procedimiento por medio
del cual adquieren la forma requerida.
En un rincon de la fábrica hay un cuarto oscuro
y lóbrego donde vemos al rededor de una humeante
caldera seis ú ocho hombres activamente ocupado$
en una operacion cuya naturaleza puede apenas
adivinarse entre las nubes de vapor que los rodean.
Los pasaremos sin embargo, é iremos á visitar
otras oficinas mas arriba donde se tejen uno con
otro la lana y el pelo. El armazon de un buen
sombrero de castor se compone ahora generalmente
de ocho partes de pelo de conejo, tres de lana de
Sajonia, y una de vicuña. Una cantidad de estos
materiales suficiente para hacer un sombrero ( sobre
24 onzas) es puesta eu manos de un operario cuyo
trabajo pasaremos ahora á examinar siguiéndole á
la pieza inmediata. Al entrar en ella se percibe
un ruido estraño como de una cuerda tirante puesta
en rápida vibracion, y desde luego se echa de ver
que el manejo de esta cuerda por el obrero es una
de las muchas operaciones en la fabricacion de

I
DE IITSTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.
sombreros cuyo buen éxito depende exclusivamente
&lt;le la habilidad en la manipulacion. Delante de
una série de ventanas se extiende un espacioso
banco, y cada operario tiene un pequeño compartimiento apropiado para su uso. El instrumento de
que se vale es muy semejante á un arco de violín ó
violoncelo, pero de mucho mayor tama6o, y con
una fuerte cuerda de tripa en lugar de las cerdas:
el asta de este arco ti'ene de 5 á 7 piés de largo;
está suspendido del techo tocando casi al banco:
dispuesto asi el aparato, el operario procede del
modo siguiente. Extiende sobre el banco, primero
separadamente y despues reunidos, la lana y el
pelo basto; cogiendo luego el arco con la mano
izquierda y tirando la cuerda con la derecha por
medio de un pedazito de madera apropósito, hace
que esta vibre con rapidez contra la lana y pelo:
continuando esta operacion por algun tiempo quedan perfectamente abiertas y esponjadas todas las
pequeñas aglomeraciones de filamentos que pueda
haber, y la destreza del operario hace que las fibras
que se elevan al golpe de la cuerda formen al caer
de nuevo sobre el banco una capa ó lecho de igual
espesor y muy delicada. Aunque esta operacion
parece sencilla á primera vista, son sin embargo
precisos años de práctica para adquirir en ella la
habilidad requerida,

213

sombreros, pero existe una leyenda muy acreditada
entre los sombrereros que concede este honor á
San Clemente, cuarto obispo de Roma. Dicen que
este santo varon viendose precisado á huir de sus
perseguidores, lastimó de tal manera sus pies la
fatiga del camino, que le indujo á colocar un poco
de lana entre estos y las suelas de sus sandalias.
Continuando su viaje, el &lt;'alor, la humedad, y el
movimiento y presion de sus piés transformaron la
lana en una sustancia compacta y uniforme: finalmente viendo la utilidad y conveniencia de esta
especie de paño, lo introdujo en la manufactura de
varias prendas de vestir.
Pero dejando á un lado esta leyenda, es evidente
que el principio científico en que se funda la operacion del fieltro no fué conocido hasta que pudieron
examinarse en el microscopio las fibras a1Jimales. ·
Vióse entonces que estas fibras, bien sean de lana ó
pelo, se hallan rodeadas de un vasto número de
pequeñas puas ó dientes que proyectan del tronco
en direccion oulícua. Como estas puas son muy
agudas y en una misma direccion, presentan un
obstáculo al movimiento de la fibra en aquella direccion, pero por la inversa lo facilitttn en la
opuesta del mismo modo que una espiga de cebada
introducida por el puño dentro de la manga de la
casaca con el tallo hácia arriba, subirá pronto
hasta el hombro por el movimiento del brazo. En
ciertas fibras lanosas las irregularidades presE!ntan
el aspecto de cuencos concéntricos mas bien que
de dientes agudos. Hé aqui una fibra de pelo
rle castor tal como aparece en el microscopio.

e &amp;fiffÍ( É ( '

El punto á que hemos llegado en el examen de
los procedimientos de la fábrica, requiere que paremos un poco la atencion en el modo de hacer el
fieltro que forma la base de la manufactura de
sombreros. El objeto de esta operacion es hacer
que ciertas fibras animales adhieran y se enlacen
unas á otras formando una especie de paño, sin
hacer uso de tejido, costura ú otra trabazon artificial análoga: el calor, la humedad y la friccion,
son los únicos medios empleados para efectuarlo.
Hay razon para creer que el procedi~iento de
afieltrar era conocido en tiempos antiguos, y que
las tiendas de los tártaros asi como algunas prendas de vestir fueron producidae por este medio·
pero la evidencia en esta parte es algo incierta;
fuera ahora dificil fijar el tiempo en que empezó á
hacerse uso del fieltro de lana en la fabricacion de

Cuando una poreion de estas fibras eon restregadas
y prensadas unas con otras, sujetándolas al mismo
tiempo á la accion del calor y la humedad, se rizan
algun tanto y enlazan, trabándose ó entretegiendose las puas tan fuertemente que no es posible ya
volver á separarlas. Tan completa es en verdad
esta trabazon que una casaca hecha de paño manufa-:turado solamente por el procedimiento del fieltro, llegó á durar en uso constante diez años.
Cual sea el objeto de utilidad que para el animal
tengan estas puas del pelo 6 lana es materia de
conjetura. Con respecto á la doble cubierta ó sea
las dos clases de pelo que tienen algunos animales
como el castor, prevalece la opinion siguiente: que
como el castor pasa una gran parte de su tiempo
en el agua, las pequefias proyecciones de los filamentos del pelo interior pueden servir como receptáculos para impedir que el agua llegue á tocar la
piel, al paso que las fibras exteriores pueden acnso
obrar como Tálvulas, las cuales cuando cenadas
resguardan al animal del frio, y abiertas permiten
la evaporacion del agua que contiene la cubierta
interior, facilitanclo asimismo la. respiracion por
los poros de la piel.
Pero cualquiera que sea. la utilidad de este
arreglo en la economía animal, es evidente que las
pequeñas puntas ó proyecciones del pelo son la

�214

DE Jil8TORIA, BELLAS LETilAS Y ARTES.

EL IXSTilUC'fOR, O REPERTORIO

causa que produce el fieltro: esto supuesto nos será
fácil comprender de qué modo la lana y el pelo
combinados llegan á constituir el material y adquirir la forma del sombrero. Volveremos pues á
la sala que acabamos de dejar. Despues de trabajodo el material destinado para hacer un sombrero
por medio de la vibracion de la cuerda del arco, lo
divide el operario en dos partes las cuales prensa
separadamente, primero con un tablero delgado de
mimbres entretejidas, y despues con un pedazo de
ule ó piel, hasta que por la presion de los manos y
el frote de ellas por toda la piel, las fibras adhieren
unas á otras, las puas se trabon mas y mas entre
sí, y llega á formarse una sustancia ó paño dotado
ya de alguna consistencia: con estos dos mitades
se forma luego una especie de cono por medio de
un artificio ingenioso. Sobre una de estas mitades
de figura próximamente triangular, y de una media
vara de extension en cada lado, colocan un pedazo
de papel tambien triangular pero mas pequeño que
ella. La parte del fieltro que por ambos lados
sobresale del patron de papel es doblada sobre este
cubriéndolo completamente; las dos orillas ó bordes
se unen entonces por medio de una friccion y
presion suave ; hecho lo cual se repite la misma
operacion con la otra mitad, sobreponiendola á la
primera y formando de este modo una doble cubierta sobre el patron de papel, cuidando sin embargo de colocar la union de los bordes de la
segunda cubierta al lado opuesto de los de la anterior con el objeto de dar mas consistencia á la
fábrica. El operario entonces coloca el fieltro en
un pafio húmedo y lo trabaja y manosea, apretando,
restregando, arrollándolo y volviendolo á aplanar
hasta que las fibras de la cubierta interior se enlazan con las de la exterior. Es evidente que si no
hubiese un pedazo de papel interpuesto, las fibras
todas quedarían trabadas en una sola masa, uniendose los lados opuestos del fieltro, pero el papel
mantiene un vacío en el centro, y al extraerlo por
el lado que ha de formar la apertura del sombrero,
deja el fieltro en tal forma que al abrirlo presenta
la apariencia de un cono hueco.
Nuestra visita á esta parte de la fábrica ha sido
algo larga, pero la operacion de transformar los
materiales "arqueados" en un gorro cónico es tan
importante como ilustracion del procedimiento de
. "afieltrar," que una vez comprendida claramente
todo lo demas será bastante inteligible.
Pocas calderas hay que presentan á su derredor
una escena tan animada como la caldera del sombrerero, y pocas tambien hay mas repugnantes
para los que se precian de pulcros en extremo.
Imagine el lector una vasta caldera abierta en la
parte superior, con una hoguera debajo, y ocho
mesillas que ascienden oblicuamente desde el borde
formando una especie de banco octagonal de cinco
ó seis piés de diámetro sobre el cual pueden trabajar ocho hombres. Estas mesillas son de plomo á
la inmediacion de la caldera y de caoba á la parte
de afuera. En cada una de estas mesillas trabaja
un obrero, manipulando uno de los fieltros cónicos
basta quti queda completo el procedimiento. La
caldera contiene agua caliente ligeramente acidu-

lada con ácido sulfúrico, y el pormenor de esta
operacion, hasta donde puede llegar una descripcion escrita, es el Riguiente. El fieltro es sumergido en el agua caliente, tendido sobre una de las
mesillas, y sujeto á una larga manipulacion análoga á la que explicamos antes; es arrollado y
desarrollado, retorcido, prensado, y restregado con
un pedazo de madera ó baqueta sujeta á la mano
del operario, y tambien con un cilindro de madera
(veáse el grabado página 209). Examínase el fieltro de tiempo en tiempo para ver si el espesor y
cuerpo del material es igual por todas partes, y si
en algun punto resulta ser mas débil, se remoja
esta parte con un cepillo bañado en la caldera y se
añaden algunas fibras mas. Se requiere mucho
tacto á fin de preservar el espesor adicional de fieltro
necesario en aquella parte que ha de constituir
luego el ala del sombrero. Despues de traba.
jado asi el fieltro durante un par de horas, resulta que el calor, la humedad, la presion y la
friccion, lo han reducido á una mitad de sus dimensiones primitivas, aumentando proporcionalmente el espesor del material..
En varias partes de la fábrica hay pie218.s donde
por medio de un oportuno arreglo de estufas se
mantiene constantemente una temperatura muy
elevada. A estas piezas son traslados l&amp;S-ficltros
cuando dejan la caldera, y despues de secos pre•
sentan la apariencia de casimir fino, grueso y muy
fuerte, de un pardo ceniciento. No hay duda ninguna de que esta materia seria muy útil y duradera usándola en lugar de paño, si fuera posible
hallar medios de manufacturarla de las dimensiones requeridas; ni -tardará mucho probablemente en conseguirse este resultado, pues se nos
asegura que acaba de establecerse una compañia
con este objeto.
El lector estará ya acaso impaciente de saber
como y cuando se dejará ver el sombrero. Hemos
descrito varios materiales y visitado diversos puntos de la fábrica, pero hasta ahora hemos logrado
producir solo una especie de gorro cónico, flexible
y de color parduzco de quince pulgadas de ancho,
catorce de alto, y sin un ápice de pelo de castor
sobré su superficie. Pero la superlicie, el color
y la forma van ahora á sufrir un cambio por el
órden siguiente.

Í\
,

\

En primer lugar el fieltro pasa á un obrador
donde el olor de las gomas, resinas y barnices,
dan alguna idea de los materiales alli empleádos.
Goma laca, grasilla, almáciga, resina, incienso,
copa!, cautchouc ó goma elástica, espíritu de

vino y de trementina, son los ingredientes (todos
ellos de naturaleza muy inflamable) de que se
hace cierta composicion fluida la cual extendida
lueao con un pincel sobre ~l fieltro lo hace imº
.
permeable ó ú. prueba de agua. Esta operac1on
requiere bastante tacto en el operario á fin de
calcular la cantidad de líquido que ha de aplicar
en diferentes puntos, pues que de esto depende en
gran parte la fuerza del futuro sombrero.
Despues de otra exposicion al calor de las estufas por cuyo medio se evapora el espíritu, es
lavada la parte exterior del fieltro con una solucion no muy fuert~ de alkali, á fin de remover
parte de la. cubierta resinosa y que pueda. despues
el pelo de castor adherir á las fibras lanosas del
armazon.
Por la primera vez llamaremos ahora la atencion del lector hácia ~l finísimo pelo de castor
cuya compra y preparacion -son tan costosos. Hemos visitado ya las diferentes oficinas donde lo
lavan, donde arrancan de la piel. los pelos bastos,
donde cortan el pelo separándolo del pellejo, y doude
se efectua la saparacion total por medio del &amp;ire,
y hemos visto el pelo dividirlo en dos clases de las
cuales el fino es el único que usa el sombrerero.
Ahora bien esto vello delicado sufre asimismo
la accion vibratoria de un arco aunque mas pequeño que el que se emplea para la lana. Por un
procedimiento análogo á la primera operacion ejecutada con esta, queda el pelo de castor reducido
á un fieltro ténue y delicado sin mas fuerza. que la
necesaria•pa-ra mantener trabadas las fibras. Este
fieltro es algo mayor que el armazon que dejamos
ya concluido, y para unirlos ambos es preciso visitar de nuevo la caldera. Sumerjese en ~na el

armazon para ablandarlo, y ee coloca entonces
sobre él el fieltro de castor restregándolo y atusándolo con un cepillo mojado, y poniendo en la parte
interior del borde otra tira del mismo fieltro para
formar la guarnicion ó cubierta interior del ala.
El armazon ya cubierto de castor es entonces doblado en un pafio de lana sumergido frecuentemente en la caldera, y trabajado como antes sobre
la mesilla por espacio de dos horas. El efecto de
esta manipulaciones muy curioso y pueue probarse
por un medio muy sencillo. Colocando algunas

215

fibras de pelo de castor sobre un pedazo de paño
cubierto con un papel de seda, y restregándolas
suavemente con los dedos, penetrarán estas dicho
paño y se presentarán por la parte opuesta. Lo
mismo sucede al cubrir el armazon con el castor,
pues por medio de la friccion y manipu~a~ion,
las fibras, avanzande del mismo modo que d1g1mos
de la espiga de cebada, penetran en el fieltro, procediendo en línea casi recta, y quedan absolutamente incorporadas con él : pero si continuase por
mucho tiempo la friccion y el restriegue, llegarían
las fibras á atravesar el fieltro de parte á parte,
presentándose en la superficie interior en vez de la
exterior. Es pues necesario que el operario ejer•
cite su buen juicio á fin de.continuar solo la manipulacion lo necesario para asegurar el castor al
fieltro de modo que pueda resistir la accion del
repillo. Ochenta ó cien años há cuando el pelo
de castor era barato, solian hacerse por mandado
especial algunos sombreros tan cubiertos de pelo
por dentro como por fuera, asi que cuando la parte
exterior empezaba á presentar síntomas de decadencia, pasaba el sombrero á manos del fabricante
quien lo volvia de adentro afuera quedando asi
casi como nuevo.
Ya antes de dejar la caldera comienza el fieltro
cónico á presentar algun tanto la apariencia de un
sombrero. El operario empieza por volver los

bordes del gorro sobre pulgada y media: en seguida empuja el pico ó cúspide del cono hácia
adentro en direccion de su eje, contentándose al
principio con producir un pequeño círculo aplanado por medio de un procedimiento dé manipulacion análogo á los anteriores : esta superficie
plana va gradualmente creciendo hasta que habiendo adquirido ya el diámetro requerido, presenta la apariencia de una série de circulos concéntricos teniendo por centro comun el que fué
cúspide del cono. En este estado es colocado el
fieltro sobre un molde ó cilindro de madera cuya
forma determina la que tendrá despues el sombrero: por medio de la necesaria friccion y manoseo toma el fieltro la forma del molde y quecla
hecha la copa. La parte que ha de formar el ala
del sombrero no es aun otra cosa q,,e una especie
de borde ó excrecencia informe anexa i\. la copa,
pero bien pronto es convertida. en una superficie

�2i0

EL l~STIWCTOR, O HEPERTOHIO

plnnn y regulnr, grncins á ln flexibilidad que dnn
ol fieltro In humednd y el cnlor.
Ya tenemos nl "'Orro cónico trnnsformndo en un
Eombrero de aln ;planndn: nos despediremos pues
de la caldera con su licor ácido y caliente, sus
mesillas, sus nnbes de vapor y sus hábiles operarios. Supondremos que el sombrero ha tenido
tiempo de secarse en una de las estufas, y lo colocaremos en mnnos de otro obrero. Este que llamaremos "esquilador," se ocupa en levantar y
abrir las fibrns del pelo del sombrero por medio
de unn especie particulnr de peine, y luego lo corta
con unas tijeras dejándolo mas ó menos largo: los
inteligente&amp; conocen el mérito respectivo del pelo
lnrgo y el pelo corto en los sombreroe, dependiendo
este enternmente de la habilidad del opernrio á
cuyo cargo se hnlla esta operacion. El espe~tador
no reconoce en ella dificultnd alguna, y sm embnrgo se requieren años de práctica antes de conseguir la destreza necesaria; pues que el operario
determina la cantidad de pelo que ha de quedar
con solo la posicion ó modo peculinr de usar la
tijera. Por este medio puede obtenerse un pelo
tan fino y corto como el del terciopelo.
La rutina de los procedimientos sucesivos de la
fáliricn requiere que nos traslademos ahora á la
banda occidental de ella, al otro lado de la cnlle.
Al extremo mns remoto de un vasto pntio, vemos
un oscuro y poco atractivo edificio con muy poca
luz, y esa poca penetrando por ventanos empañndas.
Entrando en ella vemos una série de inmensas
calderas, que por cierto requieren en el ea~e.ctador
algun nervio para mirar dentro de ellas; d1v1&amp;amos
tambien una inmensa jaula ó npnrato de bronce ;
gruas·y cadenas para levantar pesos! y una porcion
de opernrios cuyas personas y \'est1dos denotan el
efecto del tinte á. que se hnllan expuestos. Estn
oficina es la tintoreria donde los sombreros caro-

bian su color gris por el negro. Los ingredientes
de que ae compone el tinte, son palo de campeche
y algunas sales metáliras herbidas en ciertas pro•
porciones en agua. El palo de campeche, cuyo

nombre deriva del paraje de donde procede, se
importa en troncos de cinco á seis ¡&gt;iés do lnrgo y
de cinco á diez pulgadas de grueso, y hay una
pieza en esta extensa fábrica destinada á reducir
estos troncos á menudas hebras. Efectúase esto
por medio de una fuertisima rueda de la cual proyectan radial mente cuatro cuchillas muy cortnntes:
aplicados los tronco~ á esta rueda, es cortuda la
madera en pequeñas tiras con una fuerza y velocidad extraordinarias.
Cuando se halla ya dispuesta In caldera que contiene el tinte se coloca cierto número de sombreros
sobre moldes 6 cilindros de madera; estos cilindros, por medio de un agujero en uno de sus extremos, van fijos á las espitas que proyectan de
una especie de jaula ó armazon de bronce, dejando
entre los sombreros suficiente distancia para que
no se toquen. Este armazon es sumergido en la
caldera por medio de una fuerte grua, dándole
vueltas á fin de que todos los sombreros pnrticipen
igualmente del tinte: despues de esto vuel\'e ó
izarse la jaula, dejando gotear los sombreros por
treinta ó cuarenta minutos: repltese doce ó quince
veces esta operacion hasta que todas las fibrns,
tanto del castor como del armazon 6 cuerpo interior, se hallnn perfectamente impregnadas del tinte.
Sig¡¡ense luego repetidas inmersiones en agua
clara para remover de la superficie de loa somlireros todas las impurezas que pueden halierse
depositado en ella, despues de lo cual vueh·en de
nuevo á la estufa pnra secarse. Algunas operaciones subsiguientes corrigen las imperfecciones
producidas en la forma del sombrero por lo. repetida inmersion en el tinte.
Pasaremos ahora á viijitar In parte del edificio
donde reciben los sombreros la última mano. Aquí
vemos un aparato que contiene agua hirviendo y
del cual sale un caño de vapor. Aplicase á la accion de este vapor el sombrero hasta ablandarlo
enteramente. Colócanlo en seguida sobre un molde
de madera que tiene exactamente la forma que ha.
de presentar despues el sombrero, y la cual adopta
este por medio de la ya bien conocida manipulacion. En seguida se estira el pelo dándole la
debida direccion y atu1ándolo con varias clases de
cepillos, almohadillas de terciopelo ó pana, y planchas calientes. Los grabados siguientes representan tres diferentes grados en el procedimiento
de amoldar un sombrero, empezando por _la forma
que tiene cuando sale por primera vez de la caldera hasta la produccion de un sombrero ya casi
concluido aunque toda,ia no fuera del molde. Presentamoa asimismo un sombrero de castor de señorn sobre su molde.
Preciso es que volvamos de nuevo á atravesar
la calle y entrar en la banda oriental de la fábrica,
dirigiendonos á la parte del edificio situada sobre
la mano izquierda. Subiendo al piso principal
entramos en un vasto salon cuadrado donde cincuenta 6 sesenta. mugeres se ocupan en poner los
forros de gasa y piel á los sombreros, ribetearlos,
&amp;.c. Algunas de ellas estan de pié; otras aentadas cerca de una mesa larga, otras al rededor del
fuego, con su labor sobre la falda; pero todas

DI:: IJISTOHIA, BELLAS LETHAS Y ARTES.

manejando la aguja con diligencia y ganando honradamente la vida.
Acaso no será aqui fuera de propósito el hacer
algunas observaciones relativas al empleo de mujeres en las fábricaii. La condicion de la sociedad
inglesa es tal que el número de ocupaciones honrosu para las mujeres en las clases media y baja
es muy limitado, y por mucho que estas deseen
contribuir á la adquisicion de los medios de subsistencia, se e:rperimentan grandes dificultades por
la escasez de ocupaciones 11 que pueden dedicarse.
La consecuencia de esto es lo que no puede menos
de resultar cuando la viña es demasiado pequefia
para el número de vendimiadorea ; siendo corto
el número de empleos, se dedican á ellos tantas
mujeres que hay muchas mu manos de las necesarias, ui es que el valor del trabajo disminuye
considerablemente. En circunstancias semejantes
es importante el averiguar hasta que punto puede
utilizarae la labor de las mujeres en aquellas fá.
bricu, donde ae halla bien establecida la snbdivision del trabajo, y la que ahora examinamos
puede suministrar algunas ideas luminosas sobre
este particular. El número de mujeres empleadas
en ella no baja de doscientas, cuyoa salarios variau
desde dos hasta tres y medio pesos por semana.
El grado de habilidad requerida varia tambien
considerablemente, dando asi campo para el ejercicio de mayores talentos. Cerca de una mitad
de la multitud de operaciones necesarias para la
produccion de un sombrero de castor se hallan en
esta fábrica á cargo de mujeres y nilías, y seria de
desear que imitando este ejemplo otros fabricante■
dieran liberal acogida en su■ talleres al sexo débil
• no aolo reportarian ellos miamos'
por cuyo med10
ventajas positiTu, lino que harian un ■ervicio
notable á la humanidad, Estas obsenaciones son
mu ó menos aplicables á todo, los paisea.
Pero aun no hem01 concluido nue■tru sombrero.
A pesar de la peñeccion meránica de la mllquina
"soplante" por medio de la cual, como hemos
visto, se separan una de otra las dos especies de
pelo basto y fino del castor, siempre quedan algunos de los primeros mezclados con los segundos,
los cuale1 por aupuesto permanecen entre ellos
duante todos los procedimientos siguientes. Emplease pues nn cierto número de mujeres en anancar de la ■uperlicie del sombrero con unas pinzas
delgadas lu fibras defectivas que se presentan
Ulti?1amente el sombrero pasa á manos d; un
operano cuya ocupacion requiere buen ojo y mucho
gusto en materias de forma y figura nues es el que
'l'OM.

VIII,

'l'

le dá fa forma definitiva: para ello tiene que
estudiar la moda del dia asi como los deseos
individunles de los compradores, dando á el ala
del sombrero las curvaturas que se desee. Aun1 que esto 1&gt;arece sencillo, cierto es que el operario que posee la habilidad requerida obtiene
un salario muy crecido. No es ¡&gt;oca fortuna
para él si durante una excursion á algun paraje
frecuentado por las personas elegantes y de buen
tono, puede espiar una nueva forma de ala, un
doblez aqui, una depresion alli; y puede imitarla en su taller, pues es seguro que logrará complacer á su amo y aumentar sus emolumentos.
Concluido ya nuestro sombrero de castor es depositado en la tienda donde espera nl comprador
que ha de utilizarle. Al dejarle alli con los mejores deseos por au pronto despacho, no podremos
menoa de observar la multitud de operaciones divenas que han sido necesarias para su produccion,
el número de operarios por cuyas manos ha pasado,
(de veinte á veinte y cinco) y la suma de conocimientos científicos y mecánicos empleados en el
establecimiento de la vasta y dispendiosa fábrica
que acabamos de visitar.
Para completar nuestro exámen de este nsunto
diremos dos palabras respecto á la fábrica de los
sombreros de seda. Habiendo disminuido c011siderablemente el número de castores que se cogen
anualmente en América, el precio de su piel ha
aumentado en proporcion: á esta circunstancia se
debe la adopcion de una clase de sombrero que
tiene alguna semejanza con el castor y que sin
emliargo puede obtenerse á bajo precio : tal es el
sombrero de seda en cuya manufactura se han
hecho últimamente considerables adelantos.
La seda es inadecuada para el procedimiento del
fieltro, y por consecuencia no puede usarse del
mismo modo que la lana y la piel. El cuerpo ó
armazon del sombrero de seda es de fieltro de lana
basta ó de algun material ligero tal como batista
engomada ó tejido de sauce. Cúbrese este arrnazon
c~n un tejido de seda muy delicado cortado y cosido á él: algunas veces antes de colocar la seda
sobrl! el armazon recibe este una mano de cierto
barniz que ablandado luego por el calor de Jo.
plancha hace que la seda adhiera á él sin necesidad de costura : este procedimiento ea el mas dificil en la manufactura de sombreros de sedo, pues
no solo ha de quedar esta perfectamente pegnda
al cuerpo del sombrero, sino que hay que procurar
que no se vea In union de loa bordes á lo lnrgo
de la copn. Lns armazones de los sombreros &lt;le

2 F

�218

EL INSTllUCTOll, O REPERTORIO

sedu $C hncen con mucho menos cuidado que los
destinados á los tle castor, componiendose de varias
piezas unidas por medio de ciei-ta composicion gomosa. Nos abstendremos de entrar en el pormenor
de la fabricacion de estos sombreros, pues ademas
de ofrecer muy poco interés despues de lo que
hemos visto en la do los primeros, seria preciso
extender aun mucho mas los limites de un artículo
ya demasiado largo.

CIENCIAS OCULTAS.
(Concluye el articulo inserto en el númc:o anterior.)

CoN tan brillantes promesas no es extraño que los
alquimistas encontrasen protectores y estimulo, y
nsi vemos que varios soberanos tomaron un grande
interés en sus procedimientos y aun se hicieron
ellos mi~mos operarios. Tal fué el papa Juan XXII,
á cuya muerte se encontraron diez y ocho millones
de florines en oro, y siete millones en piedras precio&amp;&amp;$, declarando él en la obra que escribió sobre
este asunto haber producido doscientos rieles ó
barros de oro, cada uno de los cuales pesaba
cien libras. En Inglaterra los reyes Eduardo I,
Eduardo III y Enrique VI, si bien no practicaron
por sí la alquimia, fueron sin embargo protectores
declarados de esta mentida ciencia, y expidieron
decretos en favor de los alquimistas para ponerlos
á cubierto contra el furor del pueblo que los creia
asociado$ y auxiliados por el espíritu maligno. En
España Alfonso X ele Castilla, aunque monarca
muy ilustrado para su tiempo, no pudo menos de
participar en la creencia general que prevalecia
entonce$, asi que tambien hubo de prestar fé en
los procedimientos misteriosos de los que con ahinco
buscaban la piedra 6lo$ofal.
Aunque algunos alquimistas obraban de buena
fé engaiíndos por su propia imnginacion, otros no
eran otra cosa que impostores y charlatnne$, y los
adelantos que se han hecho despues en In. qulmico.
ban puesto ele manifiesto varias de las tretas ( algunas verdaderamente ingeniosas) de que hacian
uso 11am engañar al público. Sin embargo eran á
veces tratados con mucha dureza, pues excitada la
codicio. ele algunos nobles y príncipes con sus
ofertas y representaciones, los aprisionaban y atormentaban para hacerles multiplicar el oro y procurar los poh-os inestimables por cuyo medio debia
obtenerse este fin. EAcusado fuero. añadir con
cuiin poco éxito se cometían estos violencias.
Al daño que ha ocasionado la práctica de las
&lt;'lcncias ocultas no han dejado de mezclarse algunas nntajas. Descubrimientos en astronom!n
han resulta&lt;lo ele las observaciones de los astrólogos : las investigaciones de los alquimistas en
bmca ele la piedra filosofal han producido el dcscu bri miento de varias composiciones químicas de
mutho valor y la im·encion de utilísimos aparatos;
al J'ªW que m•1ch:is medicinas ,·crdaderam&lt;&gt;ntc

útiles han sido introducidas por los que emplcahon
sus vigilias en buscar un elixir de vida imaginario.
Debe sin embargo tenerse presente que cualquiera
ventaja que pueda haber resultado de estas investiuaeiones
fué puramente accidental, y no podemos
t&gt;
•
menos de felicitarnos de que en nuestros tiemp0&amp;
ln. atencion, talentos y tiempo de los 61ósofos se
empleen en objetos menos alhagueños tal vez á la
imaginaeion pero infinitamente mas ciertos en sus
resultados. No debemos sin embargo lisonjearnos
de que In. creencia en estas ciencias misteriosas es
ya solo un asunto histórico. Mr. Denis, en un
excelente artículo inserto en la "Frnnce Literaire"
dice que aun en 1820 fué quemada uno. mujer anciana en Dax por bruja, y por el mismo tiempo
rehusaban dar sepultura en Spires Íl los restos de
un venerable prelado solo por que la opinion pública le acusaba de ejercer la mágia. Aun ahora
en el momento en que escribimos se venden aqui
miles de ejemplares de un almanaque cuyo objeto
es pronosticar el estado del tiempo durante todo el
año ; y al mismo tiempo uno. compañia de la
ciudad de Lóndres emplen. á un filósofo de o.Ita
reputacion en componer predicciones astrológicas ;
y esto sucede en la metrópolis de la culta y civilizada Inglaterra! ... Por lo demos ¿ no consultan
aun los aldeanos de torlos los pai$CS á los" sabios"
de aus distritos sobre In. probabilidad de los sucesos
venideros y la causa de efectos para ellos misteriosos 1 No $8 cla·rnn todavin. herraduras de caballo como 1uoteccion contra el poder de las brujas!
No llenn aun millares de personas talismanes de
divereas clases por via de preventivos contra enfermedades, accidentes fortuitos y otros? y cuántas
personas hoy aun hoy que no emprenderian cosa
alguna de importancia en un viernes ó martes?
"Todo esto prueba," dice )1r. Denis, "cuánto la
mente de los hombres necesita aun ilustrarse, y
cuán nocivo es el efecto que producen en las provincias y distritos rurales los libros de brujerio.s y
adivinanzas. De cuantos medios pueden adoptane
pam remediar este estado de cosas, lo. edueneion
de las clases bnjo.s es sin duda el mas eficáz. La
instruccion elemental en la física y la fisiológia
$Crin en realidad particularmente útil.''
La astrolo!!ia
jurlieiaria, ó sea el arte de pro0
nosticar loe sucesos futuros por la inspeccion de
las estrella~, parece haber sido practicada desde la
mns remota' antigüedad. Supónese generalmente
que tuvo origen entre los caldeos quienes la transmitieron á los E~ipcios, los griegos y los romanos.
Los judios despues de su cautiverio la cultivaron
con ardor, y los romanos cuando hubieron conquistado el Egipto concibieron tal aficion ú la
ciencia de la astrologia, que despreciaron todos loe
edictos fulminados por el senado contra sus profesores. No fueron conocidas la astronomia y la a;¡.
trologia por la~ naciones septentrionales de Europa
hasta que las introdujeron en ella los árabes espaiíoles y los cruzados. Los mahometanos han sido
siempre grandes astrólogos. Una vez introducida
en Europa se propagaron rápidamente el estadio
y la fé en esta ciencia, no solo entre las personas
i&lt;•norantcs
v vul"nre~, sino entre algunos ele loa
C,
V

"'

Dl~ llISTünlA, DELL,\S LETIUS \' ARTES.

21(.1

l1orubres mas distinguidos de sus respectivas époopesnr de que sus escritos esttín llenos de absurda
cas, quienes en realidad se dedicaban solo ol eseredufülod 6 manifiesto. impostura, no dejó de
tudio de la astronomía en cuanto podia auxiliarles
prestar algunos servicios á la ciencia, pues á su
paro. el de la astrología. No se proeedia nunca á
ntrc,·ido empirismo se debe el uso en la medicina
una empresa importante sin consultor antes á los
del mercurio dulce, el opio y otrns preparaciones
astrólogos, y se escuchaban sus predicciones con
muy útiles. En 1526 füó elegido para regentar In
esperanza ó con temor segun la naturaleza de ellas,
cátedra de medicina y fisica ,m la Universidad de
pero nunca con duda. Catalina de Medieis (de
Dasilea, perq de result1\s de una disputa, liizo dicuya crueldad hemos ofrecido ya un ejemplo no- mision de su destino y YOlvió á eomen.:ir su vida
table en las páginas de El Instructor) consultaba errante. Rara Tez pennnnecin. lnrgo ticu, :•o en un
siempre á los astrólogos antes de tomar una resolumismo sitio, y su residencia ordinnria eran las pociou de importancia, y hubo tiempo en que apenas
sadas y tabernas} y nunque basto entonces hnbi11
Lahia un príncipe y aun baron de alguna nota
mnnifestn&lt;lo 8ien1¡,re luiuii.» de tem¡,crancia ab,en Europa que no tuviese un astrólogo en su servi.
' solo
temendose
de toda cln~c de licores y bcuicr.do
dumbre. para descifrar el horósco¡10 de sus hijos y
agua
clara,
mudó
reperitinamcute
de
conducta
v
•
J J
pronosticar los sucesos futuros. Las predicciones
solm pasar 11oches t&gt;11teras bcuicndo en compañia
de los astrólogos asi como las de los oráculos antid_e las per.onns mas bajas y groseras. Mantenía
guos, eran siempre expresadas en términos ambism embargo aun su reputaeion, efectuando de
guos y generales, pues cuando algunas veces intentiempo en tiempo alguna cura extraordinaria por
taban ser muy precisos y e:rplieitos solinn granmedio de sus fuertes medicamentos; pero el fregcar descrédito á su arte. Aei en 1186 todos los
cuente l'C!ultado funesto de ellas no era menos
grandes astrólogos de la cristiandad conyinieconspicuo. Por último, de3pues de muchos vicisi:ron en que el 18 de Setiembre del mümo afio
tudes, el que se preciaba tle poseer In 11ie&lt;lra filosoocurriria una tempestad terrible que destruirla.
fal y el elixir de vida muriú en la mnyor indiciudades enteras y á la que deuin. seguirse una
gencia el año ele 1511 en Snlzhurgo en el Tiro) á la
peste asoladora. Los astrólogos moriscos de EsPdad de 46 afios.
paña, sin embargo, disputa.ron la e:rnetitud de esta
Por fortuna se abandonaron ya estas quimeras
prediecion. En varios puntos de In cristiandad •e
y está reconocido que la sobriedad es el únic:
hicieron ~gativas y observaron ayunos riguros~
medio de conservar una buena salud; y que el gran
de tres d1as á fin de preparane para la próxima
secreto de hacer el oro no ea otra cosa que un tracalamidad. Toda la Europa estaba consternada
bajo continuado, una economía constante y uua
pero cuando llegó el dia tan temido, resultó
conducta irrepren~ible.
notablemente ~ere110 y tranquilo, y la estaeion qne
á él se siguió fut'.• suave y saluduble, "y no hubo
mas tormen'tt:; en aquel año," dire un escritor contemporñneo, "que las que suscitaron algunos obispos en tus diócesis con su celo turbulento.'' Aun
AMOR A PRIMERA VISTA.
á ¡iri.ucipios y mediados del siglo xvn continuaron
publicándose numerosas obras sobre astrologia, alLo que comunmente se llama amor repentino ó
g_una~ en extremo laboriow, pero la influencia que
á primera VÍ$ta, no es á nuestro entender una cosa
e.,erc1an se hallaba ya reducida priucipalmente á
tan absurda como se cree algunas veces, Generallas clases ínfimas de la comunidad.
mente concebimos de antemano lo. idea de la clase
U no de los profesores mas afamados de la ciencia
de persona que podria agradarnos· grave ó ale"re
0
de la alquima fué el célebre Paracelso quien jaede pe1o rub"10 ó negro, de tez blanca.
' ó morena;
y'
1ándose de poseer la piedra filosofal, profesaba
cuando vemos una persona en quien se hallan
11sarla 110 para hacer oro sino para componer medi- reunidas las cualidades que admiramos, no es de
einas raras é infalibles. Este hombre era un comextraiiar que el efecto sea súbito. No hemos vibto
puesto singular de cualidades contradictorias. Viha~ta entonces cosa alguna que se aproxime al
-Yió á principios tlel siglo die:i: y seis, y pasó la
ObJeto de nuestra admiraeion, pero este combina
mayor p~rte de su vida recorriendo la Europa y
to~o eua~to hemos anelado encontrar. El ídolo á
ua porc1on del Asia y Africa. Durante sus viajes quien tnbutamos nuestra o.doracion es pues una
~uchaba con ansiedad toda clase de comunicaimágen fa~liar ya á nuestra mente : despiertos la
ciones y not~ciaa científicas cualquiera que fuese
hemos temdo delante; en sueños se ha presentado
au pr~edenc1a y garantías de veracidad, eon8111. á nuestros sentidos cual ,·ision encantadora.
tando igualmente á viejas y filósofos, médicos y
tu q.ue d~e el momento en que por primera vez
eharln~nes, encantadores é idiotas: pero si bien
te v1, supJSte atraer mi alma dentro del círculo de
aeumulo mucha eecoria y recibió como evangelios
tus miradas celestiales, y me rodeaste de encantos
las leyendas mas a~surdas, adquirió tambien algu- no c~eas que tu conquista fué menos completa po;
nos secretos qulm1eos por medio de los cuales
ser _mstantáoea, pues en tu bello. formo. ( cual si
pudo efectuar varias curas maravillosas que le
hub~era entrado otra Imógenes) vi todo cuanto
grangearon gran celebridad. Pretendia poseer el babia amado durante mi vida en gracia, modestia
mecre~ de la piedra filosofal, el del elixir de vida
y dulzura femenil ! ,.,,
y vanos otros. Pero aunque no hay &lt;luda que era '
un grnnde eharlatan y un prodigioso motasnno~, y

ee;

"o

• llu.litt .

�DE IJISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

EL INSTHUCTOTI, O REPEilTOIUO
RELIQUIAS.

.

11\\1111!!11 111

1

i 111\ 111\ii!W1'i' 11

l

..•
SE hace uso de la. voz reliquia para significar los
restos, huesos ó vestidurn11 de los santos canonizados por la Iglesia Apostólica Romana, y objetos
de veneracion para el mundo católico. Durante
los primeros años de la cristiandad eran ya venerados los mártires, atesorándose sus reliquias como
objetos sagrados. El aniversario de su martirio
era celebrado por los fieles que se reunian al rededor de su sepulcro ó en el paraje donde habían
perecido, erigiendo sobre ellos capillas y santuarios
en conmemoracion del suceso. Recogíase ansiosamente la sangre de los mártires con esponjas, manifestando ademas los fieles presentes otros síntomas
de entusiasmo religioso á pesar del inminente
peligro á que se exponían de parti~ipar en ~a
misma suerte. Sin embargo la Iglesia no hab1a
~ancionado aun la adoracion de estas reliquias
mortales. Durante los siglos cuarto y quinto la
que antes fué veneracion por los santos vino á ser
para muchos una especie de adoracion : siguióse
despues la fé en los milagros atribuidos á los fragmentos 6 restos de aquellos santos varones que
había atc~orado la piedad religiosa ele los fieles, y
ijC cmpremlirron prrrgrinacio11cs diijtantcs con rl

solo objeto de obtener algunas de estas reliquias.
Helena, madre de Constantino, fué á Palestina
donde dicen que encontró la idéntica cruz en la
cual fué clahdo el Salvador. El uso de las imágenes y el de las reliquias como objetos de veneracion en la iglesia, parece haberse heeho general
por aquel tiempo. Hácia fines del siglo sexto, el
papa Gregario I manifestó una particular vene_~cion por las reliquias. Existe una carta suya dmgida á la emperatriz Constantina que le había pedido parte del cuerpo de San Pablo, en 1a cual se
escusa diciendo que no era costumbre de los romanos, ni en general de los cristianos de Occidente,
el tocar y mucho menos remover los cuerpos de los
santos, pero que los envolvían en un pedazo de
lienzo llamado "brandeum," el cual despues de
haber permanecido en contacto con el cuerpo por
algun tiempo, era removido y atesorado con la
debida veneracion en alguna nueva iglesia, residiendo en esta reliquia el mismo poder de efectuar
milagros que en los cuerpos mismos. Añade que
los romanos extrañaban sobremanera ver que los
ariegos trasladaban y movian los cuerpos de los
:antos de una parte á otra, pero que á fin de satis-

facer la piedad de la emperatriz, le enviaría algunas limaduras de la cadena que llevó San Pablo al
cuello y en las manos. Citan esta carta Baronio,
Fleury, y otros historiadores de la Iglesia. Desde
aquel tiempo aumentó considerablemente la veneracion por las reliquias, hasta que durante la edad
media llegó á degenerar en una supersticion tanto
mas lamentable cuanto que iba acompañada de
abusos reprensibles han sido censurados por la
mayor p.arte de los católicos verdaderamente piadosos y sinceros. Estos abusos han producido,
como suele suceder, una reaccion en la fé de muchas personas que pasando al extremo opuesto
ridiculizan no solo la práctica sino el principio de
la veneracion concedida á las reliquias, pero estas
personas ascéticas no reflexionan que al hacer esto
condenan una de las emociones mas bellas é inherentes á nuestra naturaleza. Lejos de nosotros la
idea de preconizar la supersticion ni menos defender la práctica de abusos reprensibles donde
quiera que existan; pero tampoco quisienmos ver
menospreciados los sentimientos cuyo origen es de
suyo loable y generoso. El corazon humano tiene
una tendencia natural á atesorar reliquias, y esta
tendencia nace exclusivamente de un impulso afectuoso. El apasionado amante á quien una temprana muerte ha arrebatado el objeto de su cariño
antes que el matrimonio uniese á aquellas cuyos
corazones se hallaban ya íntimamente enlazados,
contempla con melancólico placer alguna prenda 6
recuerdo de su amada, La cariñosa madre cuyo
tierno infante pereció cuando la flor se hallaba
aun en su capullo, atesora con ansia un rizo de su
dorado cabello, un zapatillo, y hasta un juguete, y
con el auxilio de estos objetos reproduce en su
imaginacion la imágen del perdido tesoro: y la
jóven viuda que durante uno ó dos años disfrutó
de una felicidad pura con el objeto de su primero
y ardiente amor, contempla (¡ aun despues de casada otra vez !) el retrato del perdido bien, y derrama una lágrima al pensar que por muy feliz que
ahora sea el romanticismo de su vida quedó para
siempre sepultado debajo de la fria losa que cubre
los restos de su primer amante. Si estas reliquias
de las afecciones mundanas son tan preciosas para
el hombre ¿porqué no han de serlo igualmente las
que se enlazan en su mente con la mas exquisita y
trascendental de las afecciones humanas que es el
amor y veneracion hácia el Ser supremo? La adoracion del devoto no tie¡;e precisamente por objeto
á las reliquias mismas en un sentido abstracto y
exclusivo; adóralas como el memento de seres virtuosos y perfectos favorecidos por la Divinidad y
cuyo ejemplo deseara poder imitar; en una palabra
adora en ellas la divinidad misma. Considerando
la adoracion de las reliquias bajo este punto de
vista ¿ habrá quien se atreva á ridiculizar el principio en que se funda 7 l\Iirad el grupo arrodillado
delante del altar sobre el cual el monje enseña las
reliquias: nótese la mirada de profunda veneracion que manifiesta la mujer, la reverencia mas
grave del hombre, la curiosidad inquisidora del
rapáz; todos ellos contemplando con atencion la
rrli'}uia ó recuerdo ele algun santo, un apóstol ó

2-21

acaso del mismo Jesucristo. En sus miradas se vé
pintada una fé verdadera y profunda: ellos podrán
ser ignorantes y sencillos, mas no por esto menos
síncero y devotos. Todos los que se hallan dotados
en el mas mínimo grado del espíritu de caridad, no
pueden menos de respetar los sentimientos religiosos
de sus semejantes.

l\lORATIN.
LECCION POKTICA,

O sátira contra los vicio, de la poesía castellana.
(Conclusion.)
Mas Creta ofrece playas extendidas,
Prónuba al dulce amplexo apetecido,
Pudicicias inermes ya vencidas.
Huye gozoso amor, y agradecido
J ove, fecunda sóbole promete
Que imperio ha de regir muy extendido.
Apolo, antojadizo mozalbete,
Asunto digno de tu canto sea
Cuando tras Dafne intrépido arremete.
La locura tambien faetontéa
Celebrarás, y el piélago combusta,
Que en flagrantes incendios centellea.
Y muera de livor el Zoilo adusto,
Al notar de estas obras los primores,
La diccion bella, el &lt;lelicado gusto:
Al ver llamar estrellas á las flores,
Líquido plectro á la risueña fuente,
Y á los jilgueros prados voladores:
Vejeta} esmeralda floreciente
Al fresco valle, y al undoso rio
Sierpe sonora de cristal luciente.
Pero si has de llamarte alumno mio,
Despreciando de Laso la cultura,
Con ceño magistral y agrio desvío,
Habla erizada jerigonza oscura,
Y en gálica sintaxis mezcla voces
De añeja y desusada catadura,
Copiando de las obras que conoces,
Aquella molestísima reata
De frases y metáforas feroces.
Con ella se confunde y desbarata
La hispana lengua, rica y elegante,
Y á Benengéli el mas cerril maltrata,
Cualquiera escritorcillo petulante
Licencia tiene, sin saber el nuestro,
De inventar un idioma á su talante,
Que él solo entiende ; y ensartando diestro
Silabas, ya es autor y gran poeta,
Y de alumnos estúpidos maestro.
Mas ya te llama el son de la trompeta,
De nuestros Cides los heróicos hechos,
'l'anta nacion á su valor sujeta.
Rompe, amigo, los vínculos estrechos,
Las duras reglas atropella osado,
VE'ncidos sus estorbos y deshechos.
Y el numen lleno de furor sagrado :

•

•

�EL lNSTRUCTOH, O HEPERTOIUO
" Cnnto, dirás, el héroe furibundo,
" A dominar imperios enseñado;
"Que dando ley al báratro profundo
"Su fuerte brazo sujetó invenciule
"La dilatada redondez del mundo."
Principio tnn altísono y horriule,
Proposi&lt;'ion tan hueca y espantosa,
Que deje de agradar es imposiule.
No como aquel que dijo: canta, Diosa,

La c&amp;lera de Aquiles de Peléo,
A infinitos ar[Jivos dow,·osa;
Porque el estilo inflado y giganteo,
Dejando á los lectores atronados,
Causa mudo estupor, llena el deseo.
Dos caminos te ofrezco, practicados
Ya por algunos admirablemente:
Escoje, que los dos son extremados.
Sigue la historia religiosamente,
Y conociendo á la verdad por guia,
Cosa no has de decir que ella no cuentl'.
No finjas, no, que es grande picardía:
Refiere sin doulez lo que ha pasado,
Con nimiedad escrupulosa y pia;
Y en todo cuanto escribas ten cuidado
De no olvidar las fechas y las datas,
Que asi Jo debe hacer un hombre honrado.
Si el canto frigidísimo rematas,
Despediráste del lector prudente
Que te sufrió, con expresiones gratas:
Para que de tu libro se contente,
Y aguarde el fin del lánguido suceso,
De canto en canto el mísero paciente.
l\Ias no imagines, Fabio, c¡uc por eso
Te aplaudirán tus versos desdichados ;
Crítica sufrirán, zurra y proceso.
Dirán que los asuntos, adornados
Con episodios y ficcion divina,
Se ven de tu epopeya desterrados.
Que es una historia insípida y mezquina,
Sin interés, sin fábula, sín arte;
Que el menos entendido la abomina.
Pero yo sé un ardid para salvarte,
Dejándolos á todos aturdidos :
Oye, que el nuevo plan voy é. explicarte.
Despues que entre centellas y estampidos
Feroz descargues tempestad sonora,
Y anuncies hechos ciertos ó fingidos¡
Exagera el volean que te devora,

Quecefiirae del alma no comiente•,
E invoca é. una deidad tu protectora.
Luego amontonarás confusamente
Cuanto pueda hacinar tu fantasía,
En concebir delirios eminente.
Botánica, blason, cosmogonía,
Náutica, bellas artes, oratoria,
Y toda la gentil mitología,
Sacra, profana, universal historia¡
Y en esto, amigo, no andarás escaso,
Fatigando al lector vista y memoria.
Batallas pintarás á cada paso,
Entre despechadísimqs guerreros
Que jamás de la vida hicieron caso.

•Candamo.

2:3:}

DE IIISTORIA, BELLAS LETRAS Y AllTES.

Mandobles La de haber y golpes fieros,

Tripas colgando, sesos palpitantes,
Y muchos derrengados caballeros.
Desaforadas mazas de gigantes,
Deshechas ¡mentes, armas encanta&lt;lus,
Amazonas bellísimas errantes.
A espuertas verterás, á carretadas,
Descripciones de todo lo criado,
Inútiles, continuas y pesadas.
¡O! como espero que mi alumno amado
Ila de lucir el singular talento,
Feuo, que á tu pesar ha cultivado!
¡ Cuanta aventura, y cuanto encantamento!
¡ Cuantos enamorados campeones!
¡ Cuanto jardin y alcázar opulento !
Pondrás los episodios á millones;
Y el héroe miserable no parece
Que no le encontrarán ni con l1urones,
Pero i cómo ha de ser? si le acontece
Que un mago en una nube le arrebata,
Y con él por los aires desparece.
En un valle oscurísimo remata
El viejo endemoniado su carrel'B,
Y al huesped á cumplidos le maltrata.
Baja ú. una gruta inhabitable y fiera,

Sepulcro de los, tiempos que !tan pasado t
Y le entretiene alli, quiera ó no quiera.
¡ Cuanta vll!ija y unto ¡ueparado
Tiene! ¡ cuanto ingrediente venenoso!
Que al triste que lo vé deja admirado.
Allí le enseña en un artificioso
Cristal, la desccudencia dilatada,
Que el nombre suyo ha de ilustrar famoso,
Y mira una ficcion muy adecuada;
1&gt;ues aunque algun censor la culparía
De impertinente, absurda y dislocada,
Siempre logras con esta fecl1oria
El linage ensalzar de tu Mecenas:
Que no te faltará 1&gt;or vida mio.
Y si tales patrañas son agenas
De su alcurnia ¿ qué importa? Si conviener
Con Ilector el troyano la encadenas:
Porque un poeta facultades tiene
Sin límite ni cotos, escribiendo
Todo cuanto á la pluma se le viene.
Pero ya me parece que estoy viendo
Sobre un carro de fuego remontados
Los dos amigos que la van corriendo.
¡ Válame Dios! y qué regocijados,
Gentes, ciudades, reinos populosos
Examinan, y climas ignorados.
De Libia los desiertos arenosos,
El hondo mar que hinchado se aluorota,
Montes nevados, prados olorosos.
De la septentrional playa remota,
Al cabo que dobló Vasco de Gama,
El sabio Trasgamon registra y nota.
Vuelve despues donde la ardiente llama
Del sol se oculta al espirar el din,
Dándole Tetis bospedage y cama.
Y en su precipitada correría,

t Quevedo.

Al bueaped vola.dor hace patente
Cuanto de Europa el ancho mar desvía.
Muda el auriga ácia el rosado oriente
El rumbo, y á los reinos de la aurora
Loe lleva el carro de piropo ardiente ....
Pero de un criticon me acuerdo ahora
Grave, tenaz, ridículo, pedante,
Que vierte hiel su lengua detractora.
¡ Cómo salta de cólera al instante
Con estas invenciones ! ¡ eué.l blasfema !
Si se llega é. irritar no hay quien le aguante
. que baya encantos ¡ linda tema!'
No quiere
Ni vestiglos, ni estatuas habladoras
Y el libro en que lo halló desgarra ; quema.
Si al héroe por acaso le enamoras
De una beldad que yace encastillada,
Guardándola un dragon é. todas horas;
Y el caballero de una cuchillada
Al escamoso culebron degüella
Mi critico infernal luego se enfada.
Ni hay que decirle, que la tal doncella
Es hermana del sabio Malambrnno
El cual su doncellez asi atropella, '
Que é. d~ cárcel, soledad y ayuno
Por un chisme no mas la ha reducido
.
'
Sm
que sepa sus lé.stimas ninguno.
No sefior, nada basta, enfurecido
Contra el misero autor se despepita'
Y en nada el inocente le ha ofendid~.
! Abundancia infeliz 1¡ vena maldita!
Dice en horrenda voz, que impetuosa
Como turbio raudal se precipita.
~l gll8~ Y la razon, en veno, en ¡&gt;rosa,
La mvencion rectifiquen ; que sin esto,
Jamás se acertará ninguna cosa.
Mi patria llora el ejemplar funesto:
Su teatro en horrores sepultado,
A la verdad y á la belleza opuesto,
Muestra lo que produce el estragado
Talento, que sin luz se descamina
De la docta eleccion abandonado:
Nuevo rumbo siguió, nueva doctrina
La hisp~na mus9;, y desdelió arrogante
La ~~m1lde sencillez griega y latina.
Dio é. la comedia estilo retumbante
Figurado, sutil ó tenebroso•
'
De la debida propiedad distante.
_Halló en la escena el vulgo clamoroso
Pmtadas Y aplaudidas las acciones
A que le inclina su vivir vicioso,
Y en vez de dar un freno é. sus pasiones
En la ensefianza de verdades puras,
Mezcladas entre honestas invenciones,
Oye solo mentiras y locuras,
Celebra Y paga enormes desaciertos,
Y de j~icio y moral se queda é. oscuras.
1Que es ver saltar entre hacinados muertos
Hecha la escena campo de batalla,
'
A un paladin enderezando tuertos!
i Qu_é es ver cubierta de loriga y malla
Blandir el asta á una muger guerrera,
y hacer estragos en la infiel canalla'
A_cada i~stante hay duelos y qui~eras,
Suenos terribles que se ven cumplidos,

'

Fatídico puñal, fantasma fiera;
Desfloradas princesas, aturdidos
Ennmorados, ronda, galanteo,
J ardin, escala, y celos repetidos.
Esclava fiel, astuta en el empleo
De enredar una trama delincuente.
Y conducir amantes al careo.
.Allí se ven salir confusamente
Dama,, emperadores, cardenales,
Y algun bufon pesado é insolente.
Y aunque son é. su estado desiguales,
Con todos trata, le celebran todos
Y se mezcla en asuntos principales.
Allí se ven nuestros abuelos godos:
Sus costumbres, su heróica bizarría
.
Desfigundas de diversos
modos.
Todo arrogancia y falsa valentía:
Todos jaques, ninguno caballero,
Como mi patria los miró algun dia.
No es mas que un mentecato pendenciero
El gran Cortés, y el hijo de Jimena
Un baladron de charpas y gifero.
Cinco siglos y mas, y una doceno.
De acciones junta el numen ignorante
Que é. tanto delirar se desenfrena.
'
Ya veis los muros de Florencia ó Gante:
Ya el son del pito los trasforma al punto
En los desiertos que corona Atlante.
Luego aparece amontonado y junto
(A.si lo quiere mágico embolismo)
Dublin y Atenas, l\Ienfis y Sagunto.
Pero ¿ qué mucho, si en el drama mismo
Se ven patentes las eternas penas
Y el ignorado centro del abismo?'
L~s. ~lamas, pinchos, garfios y cadenas,
Rep1ttendose mísero lamento
·
Por las estancias de dolores llenas.
1O, q~~ abominacion ! dice el sangriento
Censor lDJusto i Y dando manotadas
Se levanta furioso del asiento.
'
Estas críticas, Fabio, son dictadas
Por envidia y no mas, si bien lo miras
Y no deben de tí ser escuchndas.
'
~as que repasas sin cesar y admiras
Insignes obras, é. pesar de ingratos
Te llevarán al término é. que aspin:s.
Mas te_ ~rometo. Los alegres ratos
Que te vmte el apolíneo coro
No los has de vender nada ba~tos.
Pues a~n~ue el tema popular no ignoro
De que Cmt10 corona los poetas
De verde lauro, y no de perlas y oro :
Las mas descabelladas é indiscretas
Farsas, te llenarán de patacones
Los.desollados cofres y gabetas.
S1, Fabio, las obrillfls que dispones
Las hemos de vender todas al peso
y algo me tocará por mis leccione;,
Tu veno, redundante hasta el exceso
Que no conoce reglas ni camino
'
Es lo que se requiere para eso. '
Suelta toda la presn del molino:
Haz comedias sin número te rue,,0
Y vnyti en cada frase un de~atino.
'
e'

'

'

.,

�224

EL INSTRUCTOR,
Escribe dos, y luego siete, y luego
Imprime quince, y trama diez y nueve,
Y á tu musa venal no des sosiego.
Harás que horrendos fabulones lleve
Cada comedia y casos prodigiosos ;
Que asi el humano corazon se mueve.
Salga el carro del sol, y los fogosos
Flegon y Etonte, salga Citerea
Mayando en estribillos enfadosos.
Diversa accion cada jornada sea,
Con su galan, su dama, y un criado
Que en dislates insípidos se emplea.
Echa vanos escrúpulos á un lado :
Llena de anacronismos y mentiras
El suceso que nadie habrá ignorado.
Y si á agradar al auditorio aspiras,
Y que sonando alegres risotadas,
El te celebre, cuando tú deliras,
Del muro arrojen á las estacadas
Moros de paja, si el asalto ordenas,
Y en ellos el gracioso dé lanzadas.
Si del todo la pluma desenfrenas,
Date á la magia, forja encantamentos
Y salgan los diablillos á docenas.
.Aquí un palacio vuele por los vientos,
.Allí un vejete se transforme en rana :
Todo asombro ha de ser, todo portentos.
De la historia oriental griega y romana
Copiarás los varones celebrados,
Que el pueblo admitirá de buena gana.
Rector, Ciro, Caton, y los soldados
Fuertes de .Anibal, con su gefe adusto,
Todos los pintarás enamorados.
Verás qué divereion, verás qué gusto,
Cuando lloren de Fátima el desvío
Tarif, 6 Muza, ó .Alcaman robusto:
Que ciegos de amoroso desvarío,
La llaman en octavas y tercetos :
Mi bien, mi vida, encanto dulce mio.
Tus galanes serán todos discretos;
Y la dama, no menos bachillera,
Metáforas derrame y epitetos.
¡ Qué gracia, verla hablar como si fuera
Un doctor in utroque ! Ciertamente
Que esto es un pasmo, es una borrachera.
Ni busques lo moral y lo decente
Para tus dramas, ni tras ello sudes;
Que alli todo se pasa y se consiente.
Todo se desfigura, no lo dudes:
.Alll es heroicidad la altanería,
Y las debilidades son virtudes.
Y lo que Poncio alguna vez decía,
De que el pudor se ofende y el recato ...
Pero ¡qué! si es aquella su manía.
Mil lances ha de haber por un retrato,
Una banda, una joya, un ramillete;
Con lo de infiel, traidor, aleve, ingrato.
La dama ha de esconder en su retrete
A dos 6 tres galanes rondadores :
Preciado cada cual de matasiete.
Riñen, y salta por los corredores

El uno de ellos al jardin vecino;
Y encuentra allí peligros no menores.
El padre oyendo cuchilladas vino,
Y aunque es un tanto cuanto malicioso,
Traga el enredo que Chichon previno.
Pero un primo frenético y celoso
Lo vuelve á trabucar, de tal manera,
Que el viejo está de cólera furioso.
Salen todos los yernos allí fuera:
La dama escoge el suyo, y la segunda.
Se casa de rondon con un cualquiera..
¡ O, vena sin igual, rara y fecunda,
La que tales primores recopila,
Y en lances tan recónditos abunda 1
Esto debes hacer, esto se estila;
Y váyase Terencio á los O ro.tes,
Con Baquis, Menedemo y .Antifila:
Que por él, y otros pocos botarates
Cobra la osada.juventud espanto,
Y se malogran furibundos vates.
Tú, dichoso mortal, prepara en tanto
Para ser celebérrimo poeta,
El númen y las sílabas al canto.
La cítara. sonllllte, la trompeta,
Y la cómica máscara bufona,
Llena de variedad y chanzoneta,
Te alzarán á la cumbre de Helicona,
Donde cercado de las nueve hermanas
Luces despide el hijo de Latonn.
Mas cuando con sus manos soberanas
De laurel te corone, ten sabido,
Fabio, á quien debes el honor que ganas,
Y agradécelo á mi, que te he instruido.

1

MOSAICO ■

Valor de un amante en Amt!rica.
EN Ohio, un jurado ha concedido hace poco á
una señorita .Anglo-Americana la enorme suma de
quince mil pesos como remuneracion por la pérdida
de un amante. En Masachusetts el precio no es
tan elevado probablemente porque el mercado
está mejor provisto. El tribunal ordinario de
Boston en un caso semejante determinó que el
infiel amante no valía mas que cincuenta pesos.
La desconsolada doncella no satisfecha con esto
apeló al tribunal supremo que fijó la remuneracion
en 250 pesos.

Eleccion de compañeros.
SED muy circunspectos en la eleccion de vuestros
compañeros. En la sociedad de vuestros iguales
disfrutareis mas placer, en la de vuestros superiores hallareis mas ventajas. Ser el mejor entre
los presentes es el modo de empeorar. Para·mejorar conviene siempre escoger aquella sociedad
en la cual somos los peores.
LONDRES :

EN LA IMPR ENTA DE CAR LOS \100D1 POl'l'I N', COURT 1 FLEET STR EET,

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