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                  <text>REVISTA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

��El relevo en una empresa pendiente: La independencia
cultural en los Seis ensayos en busca
de nuestra expresión, de Pedro Henríquez. Ureña
Realidad fugi,tiva. De las prácticas sociales
o sobre la vida de las reflexiones universales
El tiempo y el tren
Para fundar la escuela de la imagen
Conversación Wisser-Heidegger
Los sonetos del vado
El cuerpo: espacio de violencia en la narrativa de mujeres
El novelista reportero [Entrevista con Arturo Pérez.-Reverte]
La única mentira (fragmento]
De lo íntimo a lo público
El retorno de los iconos

•

Víctor Barrera Enderle, 3

•
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•

Ricardo Sandoval Salazar, 11
Fernando Velázquez Medina, 14
Ramón Cabrera Salort, 16
[Versión del francés por Humberto Martínez], 25
Ricardo Yáñez, 29
Cristina Elenes, 33
José Garza, 37
Felipe Guerra Castro, 41
Leticia Algaba Martínez, 48
Jorge González Femat, 52

SECCIONES

Rosenblueth y Wiener • Hugo Padilla, 55
SocIOLÓGICA: Nuevos roles para la mujer •
José María Infante, 59
ARQUICULTURA: Letras y arquitectura •
Armando V. Flores, 61
Tra,nsformación de la arquitectura noresteña • Antonio Tamez Tejeda, 63
LmRos: Tecnología de la ilustración y arte de la lectura, 66. ElJuego nuevo: entre el gozo y el dolor, 67 / Francisco
Ruiz Salís • Quién no guarda una pequeña mentira, 67. La sombra del caudillo y el movimiento chicano, 68
Premio Tito Monterroso 1965, 69 / Zacarías Jiménez • Una novela enferma de belleza, 69 / Gabriel
Contreras • Venustiano Carranza, 70 / José Roberto Mendirichaga
MACHINA SPECUIATRIX:

Portada y viñetas •

R.ectar
doctor Luis]. Galán Wong

Secretario general
ingeniero José Antonio González Treviño
Secretario de Extensióny Cultura
licenciado Ricardo C. Villarreal Arrambide
Director de Publicacwnes
licenciado Jaime Rodriguez Gutiérrez

Esculturas en metal de Hugo Schiaffino

�El relevo en una empresa pendiente: La independencia
cultural en los Seis ensayos en busca
de nuestra expresión, de Pedro Henríquez Ureña
R.ealidad fugüiva. De las prácticas socia/,es
o sobre la vida de las reflexiones universa/,es
El tiempo y el tren
Para fundar la escuela de la imagen
Conversación Wisser-Heidegger
Los sonetos del vado
El cuerpo: espacio de vio/,encia en la narrativa de mujeres
El novelista reportero [Entrevista con Arturo Pérez-R.everte]
La única mentira [fragmento]
De lo íntimo a lo público
El retorno de los iconos

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Víctor Barrera Enderle, 3

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Ricardo Sandoval Salazar, 11
Fernando Velázquez Medina, 14
Ramón Cabrera Salort, 16
[Versión del francés por Humberto Martínez], 25
Ricardo Yáñez, 29
Cristina Elenes, 33
José Garza, 37
Felipe Guerra Castro, 41
Leticia Algaba Martínez, 48
Jorge González Femat, 52

SECCIONES
Rosenblueth y Wiener • Hugo Padilla, 55
Soc10LóG1CA: Nuevos roles para la mujer •
José María Infante, 59
ARQUICULTURA: Letras y arquitectura •
Armando V. Flores, 61
Transformación de la arquitectura noresteña • Antonio Tamez Tejeda, 63
LIBROS: Tecnología de la ilustración y arte de la /,ectura, 66. El fuego nuevo: entre el gozo y el dolor, 67 / Francisco
Ruiz Solís • Quién no guarda una pequeña mentira, 67. La sombra del caudillo y el movimiento chicano, 68
Premio Tito Monterroso 1965, 69 / Zacarías Jiménez • Una novela enferma de belleza, 69 / Gabriel
Contreras • Venustiano Carranza, 70 / José Roberto Mendirichaga
MACHINA SPECULATRIX:

Portada y viñetas •

Esculturas en metal de Hugo Schiaffino

�EL RELEVO EN UNA EMPRESA PENDIENTE:

LA INDEPENDENCIA CULTURAL
EN LOS SEIS ENSAYOS ,,.EN BUSCA
DE NUESTRA EXPRESION,
DE
PEDRO
~
HENRIQUEZ URENA
~

■ Víctor Barrera Enderle
1. El descontento y la promesa

En

1909, en una respuesta epistolar a
su compatriota Federico García Godoy, Pedro
Henriquez Ureña manifestaba, con poco agrado
por cierto, que: Nuestra literatura hispanoamericana

no es sino una derivación de la española, aunque en los
últimos tiempos haya logrado refluir, influir sobre aquélla con e/,ementos nuevos, pero no precisamente americanos.1 Dieciséis años después su visión ha cambiado drásticamente: Nuestra literatura se disting;ue de
la literatura de España, porque no puede menos de
distinguirse, y eso lo sabe todo observador.2 ¿Cuál es
el proceso que ha llevado a esta mudanza en la
reflexión crítica de Henríquez Ureña? ¿Por qué,
en un periodo tan corto, ha cambiado la definición de nuestra literatura, de una neocolonial a
una autónoma?
En este trabajo me propongo explicar la necesidad de Henríquez Ureña de entender.:. la América Hispánica como un corpus cultural heterogéneo, pero, al mismo tiempo, vinculado a Occidente
a través de un canon todavía en vías de concretarse, y de demostrar -con su propio ejemplo- la capacidad hispanoamericana para el ejercicio del
criterio al determinar sus propios problemas y
preocupaciones básicas. En cierta medida, el críPonencia presentada en el V Seminario Iberoamericano:
"Pensamiento, Cultura e Identidades en América Latina", organizado por la Universidad de Talca, Chile, en noviembre
de 2002

•••

�maestra del ensayista uruguayo4, la cual llevaría
tico dominicano retoma dos asignaturas pendienuna nota introductoria de Henríquez Ureña y setes: demostrar la existencia de una tradición culría a la postre el tácito prolegómeno de este nuetural (para lo cual requería de un modelo histovo proyecto estético-ideológico:
riográfico y de periodización) y, al hacerlo, demostrar también la existencia de una tradición crítica
Al dará conocerAriel en México, donde hasta alwra sólo
hispanoamericana. Su esfuerzo, así, se constituye
habían ll.egado ecos de su influencia, creemos hacer un
en el primero en el ámbito continental y en la base
servicio a la juventud mexicana. No pretendemos afirmar
para futuras reflexiones sobre nuestra cultura
que Rodó ofrezca la única ni la más perfecta enseñanza
(como las de Ángel Rama, Antonio Cándido y
que á la juventud conviene. En el terreno filosófico, poNelson Osorio). ¿Cómo y por qué surge en Pedro
drán muchos discutirle; en el campo de la psicología soHenríquez Ureña esta necesidad de tomar el relecial, podrán pedirle una concepción más profunda de la
vo en esta empresa que parecía olvidada y empolvida griega y una visión más amplia del espíritu nortevada en el siglo XIX? En mi opinión, el propósito
americano, pero nadi.e podrá negar ni la virtud esencial
de crear una reflexión continental responde a la
de sus doctrinas, que en lo fundamental se ciñen á las
propia construcción discursiva del sujeto crítico
más excelsas de los espíritus superiores de la humanidad,
en Henríquez Ureña, quien, tras su paso por
ni la enérgica virtud de estímulo y persuasión de su prédiEE.UU., Cuba, México, España y Argentina, y lueca, ni, en suma, que Ariel sea la más poderosa inspirago de rescatar a pensadores como José Martí y
ción de ideal y de esfuerzo dirigida á la juventud de nuesJosé Enrique Rodó, entendió que la lectura sobre
tra América en los tiempos que corren.5
Latinoamérica hecha desde Europa y los Estados
3
Unidos era incompleta, reductiva y colonizante •
Cualquier intento por superar el estado primiLos Seis ensayos en busca de nuestra expresión
genio de desaliento debería, a partir de ahora,
(1928) se recopilan a cien años de distancia de la
cimentarse en esas dos nociones tan caras a la proconsumación de la emancipación política; el moducción del dominicano: el ideal y el esfuerzo. Para
mento parece adecuado para realizar un balance
tal efecto, la visón debería ser inclusiva y el aliende logros y fracasos. En contra de la corriente
to vasto, ya que el material era tan amplio como
rupturista de las vanguardias en boga, aunque con
las dimensiones geográficas. Casi un continente
su mismo ímpetu desafiante, Pedro Henríquez
por aprehender.
Ureña retoma un problema básico para la constitución de las nuevas repúblicas hispanoamericanas: la independencia cultural. A través de la bús2. Un corpus de suyo heterogéneo
queda de una liberación literaria iniciada con
Andrés Bello, el autor de Horas de estudio rastrea el
Los ensayos reunidos en el texto presentan una
esfuerzo de la intelectualidad hispanoamericana
falsa sensación de miscelánea; datados en diferenpor crear su propia tradición crítica. Los Seis ensates periodos, cada uno de ellos se ocupa de un
yos... no sólo pretenden dar cuenta de una voz
problema medular en la vida literaria hispanoameartística original y representativa, sino que son uno
ricana. La primera parte del texto, titulada "Oriende los pilares de la reflexión crítica hispanoametaciones", presenta la cartografia de la problemáricana del siglo XX, pues dan cuenta también de
tica por tratar. Es el rescate de la promesa por nuesuna expresión epistémica que busca igualmente
tra expresión. No hace falta aclarar que el impulla originalidad y la representación. El empeño del
so
de enunciación es una decepción y un desafio:
dominicano responde, entonces, a una nueva lecLa literatura de la América española tiene cuatro siglos
tura de la cultura en nuestra América, surgida del
de existencia, y hasta ahora los dos únicos intentos de
impulso arielista de Rodó y de la formación_ huescribir su historia compl,eta se han realizado en idiomas
manística del Ateneo de la Juventud y que nene
extranjeros...6 La decepción no está en la produccomo fin iluminar la situación concreta de la forción, sino en la reflexión. Henríquez Ureña cae
mación cultural y literaria hispanoamericana. De
en la cuenta de que más que las obras, faltan las
hecho, fue de la juvenil relación pre-ateneísta endiscusiones. El desafio, por tanto, consiste en potre el crítico dominicano y Alfonso Reyes de donner en práctica una insospechada forma de lectude surgiría la primera edición en México de la obra

[ 4]

raque dé cuenta cabal de nuestra esencia, aun en
textos y autores que pensábamos dependientes de
las grandes escuelas y movimientos literarios metropolitanos. Su primer paso es retomar la preocupación inicial en nuestra literatura y su enorme potencial: la independencia literaria. Parte, y
no podía hacerlo de otra forma, con las revolucionarias y a la vez clásicas Silvas de Andrés Bello. En
ellas, encuentra una clave sustancial: la certeza de
nuestra pertenencia a la Romanía. Esto es una
vuelta de tuerca a la lectura negativa de la imitación, pues si pertenecemos o nos obligaron a pertenecer a la visión etnocéntrica de Occidente,
entonces tomar lo mejor que ella ha producido y
utilizarlo en nuestro beneficio no es delito, sino
un derecho. Henríquez Ureña ve en Bello a un
nuevo Virgilio que pretende crear con sus Silvas
una nueva Eneida que cimiente la nueva América
Poética, como de hecho lo fue al principiar la antología inicial de Juan María Gutiérrez (América
poética, Valparaíso, 1846). Pero también ve en el
sabio venezolano a un crítico fundacional que sabe
leer nuestra producción literaria dentro del marco de la cultura universal.
El proyecto cultural insurgente era y es vital,
porque contribuía y contribuye al engrandecimiento material y espiritual con la cultura como
"ejercicio y corona". Esta premisa es rescatada por
el impulso modernizador que hace de las últimas
décadas del siglo XIX y las primeras del XX un
momento de transición en las políticas culturales
hispanoamericanas. En su lectura, lo que ha faltado en el proceso decimonónico es la dedicación
profesional y la disciplina, y por ello el romanticismo es visto (a pesar de que él mismo padece
síntomas románticos) como un movimiento dañino, y no es que Henríquez Ureña lo desdeñe,
pues está consciente de su energía liberadora; para
él, lo nocivo es la falta de disciplina que trae consigo. Para un crítico, cuya concepción de las bellas letras se sustentaba en la profesionalización
de los escritores, el impetuoso estilo de vida romántico no era el más indicado, a pesar de que
muchos miembros de la generación romántica
se hicieron cargo del problema de la independencia cultural y literaria. La relación entre el creador y su medio, será uno de los principios básicos
para su futuro proyecto de periodización, el cual
no sólo proporcionará una lista de nombres y
obras básicas, sino que dará las pautas para com-

prender el desarrollo y la constitución de nuestra
institución literaria.
El impulso renovador de la modernización en
Hispanoamérica, que trajo consigo, entre otras
cosas, una división del trabajo, también promovió
una nueva insurrección que vendrá a abrirle una
nueva ruta para su propio proyecto: el modernismo, movimiento disciplinado y comparativo y cuya
búsqueda de una poética autonómica otorga los
patrones para un modelo de valorización hasta
entonces inexistente en nuestra crítica. Del modernismo, Henríquez Ureña dice: toma ejemplos en
Europa, pero piensa en América. 7 En su interpretación
él está realizando una maniobra igual de original:
tomando sus ejemplos en América y pensando en
América. En este punto, comienza a perfilar su modelo de análisis; para ello se basará en Rodó y en
Montalvo y sus nociones de genio: Sólo han sido grandes en América aquellos que han devuelto por la palabra o
por la acción un sentimiento americano.8
La rebelión modernista representa y cimienta
la concreción de una tradición crítica, pues establece los principios de valor modernos para entender a la literatura y a la cultura como elementos autónomos, aunque no aislados de los proyectos nacionales hispanoamericanos. Ahora, treinta años
después, hay de nuevo en la América española juventudes
inquietas, que se irritan contra sus mayores y ofrecen trabajar seriamente en busca denmstra expresión genuiruP. Más
que referirse a las vanguardias imperantes o a las
grandes expresiones del criollismo, el intelectual
dominicano está pensando en el esfuerzo crítico de
la generación del Ateneo de laJuventud, la Revolución Mexicana, la reforma universitaria argentina,
la renovación educacional de Vasconcelos, las políticas nacionalistas de varios gobiernos de corte popular, y todo el proceso transformador de las culturas nacionales que había comenzado en la segunda
década del siglo XX, y que habían dejado en claro y
exhibido las estrategias homogeneizadoras que cimentaron la elaboración discursiva de los estadosnacionales durante la formación de las nuevas repúblicas. Ante la reducción metropolitana y la discriminación de las élites oligárquicas era menester ensayar otra lectura.

3. Rebelarse para ser tradicionales
Los festejos continentales del centenario de las

[5]

�•••
independencias, dejaron, además de la pompa Y
la presunción, serios intentos por ordenar y ~ntender el desarrollo cultural de las noveles naciones, así como un serio cuestionamiento sobre el
problema de la "identidad naci~~al". Ese mo!°ento es fundacional en la reflexion de Hennquez
Ureña, quien por entonces se encon~ba en México1º. El autor de los Seis ensayos... habia llegad~ a
la nación mexicana en 1906, tras sendas estancias
en los Estados U nidos y en Cuba. En junio de ese
año aparece ya como redactor de la re~sta Sav1:1
Moderna, haciéndose cargo de las resenas y notIcias del teatro y la ópera. Esa "savia nueva" congregaba a una serie de jóven:s pensadores qu~
habría de sublevarse al poco uempo de la doctnna oficial positivista que todavía impera_ba en las
aulas de la Escuela Nacional Preparatona. La necesidad de una instrucción rigurosa y disciplinada, pero a la vez heterodoxa, llevó ~ es!os j?ven~~
a organizar "instituciones alternativas : asi nac10
el Ateneo de la Juventud; y de ello da cuenta la
nota de su Diario, fechada el 28 de octubre de 1909:
Se instali&gt; anoche, en el incómodo Salón de Actos de _la
Escuela dejurisprudencia, el Ateneo de lajuventud, mventado por easo... 11
De nuevo son el desencanto y la promesa el
motor que impulsa estas nuevas acciones reformadoras. El Ateneo opuso a los canónicos textos de
Comte y Milis la estética de Croce, la filosofía de

[ 6]

Bergson, los Estudios griegos de Walter Pater (traducidos por Henríquez Ureña en 1908_ para la
Revista Moderna) y el irracionalismo de N1etz.sche.
Su propuesta se "unió" a la re-fundación de _la
Universidad de México (1910), cuyo fin, segun
explicaba el ministro de Ins.~cción Públ~ca YBellas Artes,Justo Sierra, consisua en adver~r q~e la
Universidad mexicana que nace hoy no tiene arbol
geneali&gt;gico; tiene raíces, sí; las tiene en una im~a ~dencia a organiulrse, que revela en todas sus manifes~
nes la mentalidad naciunaL ..12 El terreno para la especialización académica, donde el estudio de las letras
nacionales podría sistematizarse, estab_a ~to. ,
El plan de festejos del,Centen~no mclma l~
realización de una antologia de la literatura mexicana;Justo Sierra aprobó la i~i~iativa y ~esignó al
poeta Luis G. Urbina para dingirla. Urbma se apoyó en el historiador Nicolás Rangel y e~- Pedr?
Henríquez Ureña. De esta emp:~sa surgi~ ~l pnmer intento sistemático del cntlco dommicano
por ordenar y explicar una literat~ra nacional. El
objetivo era la selección extensa y cuid~dosa ~ la pr&lt;&gt;ducción literaria de México durante el siglo de independencia política; [y] la historia sintética _de es_a producción durante el siglo mismo. 15 La expenencia de trabajar con archivos y la disposición completa de la
Biblioteca Nacional resultaron muy provechosas
para Henríquez Ureña, y fruto de ellas !ue s~ trabajo sobre Juan Ruiz de Alarcón (el mas anuguo

de los ensayos recopilados:1913) y su lectura sobre la mexicanidad en la obra del dramaturgo novohispano, piedra de toque para la puesta en práctica de su innovadora lectura. La antología presupuso la búsqueda de los elementos representativos y auténticos de las letras mexicanas y su necesaria periodización; lo que significó a la larga un
ensayo de su futura metodología y de su proyecto
de clasificación cultural; que culminaría con Las
corrientes literarias en la América Hispánica y la Historia de la Cultura en la América Hispánica.
El otro elemento constitutivo fue su breve participación en la creación de la Universidad Popular,
más específicamente en la Escuela de Altos Estudios,
que luego se convertiría en la Facultad de Filosofía y
Letras. La posibilidad de una especialización y una
institucionalización en los estudios literarios era
importante, porque permitiría la concreción del
anhelo por la profesionalización de los estudiosos
de las letras de nuestra América, acabando así con
la pereza y la ignorancia, dos constantes negativas
en nuestra formación discursiva.
Esta revisión sistemática de las literaturas independientes, lo llevó a distinguir y clasificar las
causas del desencanto. Antes que nada se ocupa
de los lugares comunes. Lo que él llama "el afán
europeizante", el anhelo de no romper con las
metrópolis: es la oscura tradición de la imitación
y de la colocación de los valores estéticos en el
otro lado del Atlántico; sin embargo, él mismo se
sabe cómplice de este afán, pues, aunque no quiere ser europeo, no reconoce más nociones de belleza literaria que las occidentales. Y aquí se da un
vuelco en su estrategia crítica. Pero atrevámonos a
dudar de todol4, nos dice y al hacerlo nos recuerda
que nuestra preocupación es de "especie nueva".
Su reflexión sobre la imitación y la originalidad
lo hace exponernos los ejemplos de los grandes
periodos literarios, donde la norma no fue la creación de una literatura autóctona, sino la "expresión del arquetipo"; es decir, la norma "universal
y perfecta". Toda la modernidad literaria, o buena parte de ella, se había fundado en la preceptiva y en la obediencia de la norma (hasta la comedia española del Siglo de Oro y el teatro isabelino
terminaron por ceder), pero en esta obediencia
está invariablemente el germen insurgente que
trae consigo la búsqueda de una expresión genuina. El balance y el equilibrio son importantes en
este punto; Henríquez Ureña ya ha defendido la

utilización de los valores estéticos de carácter universal; ahora tiene que explicar la necesidad de
romperlos. Él está perfectamente consciente que,
en el caso hispanoamericano, la irrupción de las
literaturas es inherente a la creación de los nuevos estados nacionales. Literatura y nación deberían surgir como la expresión auténtica del pueblo. La "urgencia romántica de expresión" la llama
y la recupera para su trabajo.
La expresión se convierte en el problema medular del trabajo y de su reflexión sobre nuestras
creaciones. ¿Cómo superar la avería del idioma?
O mejor, ¿cómo crear una literatura descolonizada
sin otra lengua que la del colonizador? ¿Sería posible producir una literatura que nos representase sin que reprodujera los patrones negativos de
la Colonia? Descartando de antemano la creación
de diversos idiomas criollos, la encrucijada presen taba dos salidas extremas: la vuelta a un mundo indígena desconocido y menospreciado por la
élite criolla ilustrada, que se recreaba en las loas a
las antiguas civilizaciones precolombinas sin reparar en el indígena presente, o la entrega total a
cuanta escuela o movimiento viniese de la Europa
occidental o de los EE. UU. Henríquez Ureña
busca de nuevo el equilibrio y repara ahora en los
distintos tipos de nacionalismo; su distinción será
vital para su propuesta final. Sabe que la originalidad de la expresión está en un habla auténtica;
esto, claro, por sobre todos los regionalismos que
surgen del nacionalismo espontáneo.
El americanismo sería la otra constante en nuestra búsqueda. El énfasis constante en lo disímil,
aquello que parece contenernos: la naturaleza, o
sus habitantes primigenios: lo indígena, o el resultado del conflicto de la conquista: el criollismo
y el mestizaje. Pero, ¿cómo crear sin aislarnos, sin
hacer de nuestra voz un idiolecto sólo reconocible por unos pocos?

4. Ni los milagros vienen de la nada
Sabiendo, pues, que el aislamiento es ilusorio, regresa al equilibrio: ni aislados ni subordinados. Es
necesario cierto tipo de europeización para apropiar lo que mejor nos sirva... tenemos derecho a t&lt;&gt;mar de Eurapa todo lo que nos plazca: tenemos derechos
a lodos los beneficios de la cultura occidental. 15 Esta certeza es, como ya se ha dicho, adquirida por Henrí-

[ 7]

�una crítica capaz de ver los árboles y el bosque en
conjunto. Es un acto valiente y va muchas veces
contra el chovinismo barato y los lugares comunes repetidos hasta el cansancio. La transformación necesaria: una tabla de valores. Trabajar con
el canon (crearlo, configurarlo de una vez) y dejar el corpus para otras ramas de la cultura. Hace
falta, dice, poner en circulación tablas de valores: nom-

teoría de la exuberancia y la deconstruye denunciando su limitación al vincular el clima con el
carácter de nuestra letra. La exuberancia ni es fecundidad ni énfasis, nos advierte. Ni el tropicalismo es aplicable a toda la producción, ni el denso
aire de la zona montañosa afecta la inspiración de
los autores.

bres central,es y libros de l,ectura indispensabks. 17

•••

quez Ureña a través de las lecciones del Próspero
hispanoamericano, José Enrique Rodó, y de su
Ariel, que por algo estaba dedicado a las juventudes de América; así lo entendieron cabalmente el
crítico dominicano y los demás miembros del Ateneo de laJuventud. El derecho a Grecia fue la práctica común de los ateneístas contra el cientificismo
antihumanista del positivismo, avivada por las crónicas del viaje a la Hélade, del guatemalteco Gómez
Carrillo (1908), primer hispanoamericano en hacer
la descripción y la recuperación de un mundo en
aparentes ruinas, pero cuyos vestigios significaban
el comienzo de la consolidación expresiva de la novel América Latina. La consistencia grecolatina daba
unidad a nuestra expresión sin que la homogeneizara, pues, a pesar del rechazo de Henríquez Ureña
al abuso de los regionalismos, estaba totalmente consciente de la diversidad del carpus literario hispanoamericano.
Sin abusar de la pureza ni de los localismos, en
una especie de mestizaje escritura!, la preponderancia debería recaer en la energía nativa, base

[ 8]

para encontrar la nota expresiva, ese "acento inconfundible", como lo llama. La manera para llegar a ella, a nuestra expresión, no podía ser sino
la dedicación: el ansia de perfección, corona del
ideal y del esfuerzo. Mi hilo conductor ha sido el pen-

sar que no hay secreto de la expresión sino uno: traba1arla
hondamente, esforzarse en hacerla pura bajando hasta
la raíz de las cosas que queremos decir; afinar, definir,
con ansia de perfección.16 Pero no es de ninguna manera un rechazo a los equívocos del pasado; al contrario, es una nueva forma de leerlos, una lectura
inclusiva que se ensayaba por primera vez en Hispanoamérica. Rescatar todas las búsquedas, los
intentos fallidos, los logros, pero desde una nueva
perspectiva, que mira a nuestra literatura_?esde
sus particularidades concretas de producc10n.
Lo que sigue es la pa~te programática d~. text~,
el proyecto de ordenamiento del caos. Los Cam1:
nos de nuestra historia literaria" aparecen aqu1
como una respuesta tanto a nuestra tradicional
desidia ante la literatura como ante la mirada
reductiva de la crítica metropolitana. Nos exige

Esta perspectiva obliga a una revisión del nacionalismo; cuáles elementos y cuáles no son dignos de exponer lo mejor de nuestra expresión.
Nos explica que existen dos tipos de nacionalismos en la literatura. Uno, espontáneo, que viene
a representar el acento de la tierra nativa; a pesar
de su autenticidad, este nacionalismo no le sirve,
pues él apela a uno "perfecto": la expresión superior,
esa voz sublime de los pueblos capaz de perdurar
y de expandirse. Obviamente, a este nacionalismo perfecto hemos aspirado desde la emancipación; es el objetivo de la promesa insurgente y la
búsqueda constante de nuestra cultura. Esta búsqueda, cabe aclarar, no es solamente hacia adelante, sino en la revisión de las expresiones realizadas, y esto es clave en el texto, pues más que ser
una promesa es un cumplimiento. Henríquez
Ureña está aplicando el aprendizaje obtenido tras
un siglo de vida cultural independiente. Digno
discípulo de Bello, ha entendido que la renuncia
a ciertos valores occidentales no sólo es inútil, sino
absurda; que una expresión auténtica no tiene por
qué ser enteramente nueva, y que lo novedoso
consiste casi siempre en el tratamiento de lo ya
existente. Por ello, no pretende buscarla en el futuro a través de la arenga o la imposición vertical
de métodos, sino saber leerla en el pasado. Ésta ya
es una teoría crítica propia, resultado de las propias demandas de nuestra tradición literaria.
Otro elemento fundamental es el respeto por
las diferencias entre las distintas literaturas hispanoamericanas; sabe perfectamente que agruparlas en un solo apartado, como lo han hecho las
historias literarias hechas desde afuera (en este
punto, pienso sobre todo en Marcelino Menéndez y Pelayo y en los textos de Richard Wagner y
de Alfred Coester), no es más que una estrategia
taxonómica hecha por el "científico metropolitano" que esconde una reducción, sea a través de la
exuberancia, sea a través del barroquismo o de lo
folclórico. Henríquez Ureña va más lejos: niega la

5. Contra el desdén metropolitano
Esta necesidad de corregir lecturas impuestas, lo
hace reparar en algunas "figuras". La nueva lectura de Henríquez Ureña no rompe: revela y releva,
tanto en el sentido esclarecedor de la primera
palabra, como en el de continuidad de la otra. Esa
es la clave: no tener por qué empezar de cero. No
es casualidad, por ello, que su estudio se centre
en Juan Ruiz de Alarcón, en Alfonso Reyes y en
Enrique González Martínez. Los tres han sido reveladores y relevos. El primero supo imponer su
tono en la abigarrada literatura del Siglo de Oro;
el hecho de hacerlo y su capacidad para notarlo
son de por sí actos desafiantes. En la primera versión de su ensayo sobre Alarcón, aparecida en el
número 9 de la revista mexicana Nosotros, en marzo de 1914, el crítico dominicano inicia su trabajo
de esta intempestiva manera, que a la postre vendría a ser el tácito punto de hablada de los Seis

ensayos... : Aquí vengo, señores, en apariencia -muchos
lo habréis oído decir ya- a sostener una tesis dificil, arriesgada e imprevista, que no faltará quien declare carente
de todo fundamento. Vengo a sostener -nada menosque Don juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, el singular y
exquisito dramaturgo, pertenece de pkno derecho a la
literatura de México y representa de modo cabal el espíritu del pueblo mexicano. 18 En cuanto a Reyes, sucede
cosa similar; su opera prima, Cuestiones estéticas
( 1911), vino a renovar la añeja tradición filológica
hispánica al incluir las primeras nociones de literatura comparada. González Martínez, por su parte, devuelve la reflexión intelectualista a los devaneos esteticistas del modernismo tardío, preparando el terreno para la aparición del modernismo
crepuscular (por utilizar el término de su hermano, Max), que alcanzaría sus notas más altas con
Ramón López Velarde y César Vallejo.
El cuadro de las figuras se completa con Ripa
Alberdi y se cierra con el proyecto antologador de
Julio Noé. El primero como excelso y efímero re-

[ 9]

�presentante de la renovación estudiantil hispanoamericana, y el segundo, en su esfuerzo por consolidar esa faena pública y riesgosa, pero necesaria en el imperioso afán canonizador, como lo es
elaborar una antología.
La obra de estas figuras y la lectura que de ella
hace Henríquez Ureña dejaban algo en claro: la
mejor respuesta contra el desdén y la reducción
metropolitanas es el esfuerzo crítico propio, y éste
se vuelve una invitación.

6. En busca de los espíritus fervorosos

2
3

4

Los seis ensayos en busca de nuestra expresión se convierten así en la primera visión que capta con igual
nitidez al bosque y a los árboles, en un nuevo y
desbrozado rumbo que no avanza en línea recta,
sino en círculos hacia atrás y por ello hacia adelante. Henríquez Ureña experimenta en sí mismo su anhelado sueño de ser un crítico profesional sin dejar de ser un hombre de letras, como
solían serlo los próceres de la independencia cultural: figuras públicas; en pocas palabras, educadores. Con este texto, se habrían de iniciar una
serie de reflexiones sobre la cultura y el ser latinoamericanos que van desde Los siete ensayos de
interpretación de l,a realidad peruana, hasta Radiografia de l,a pampa y El perfil del hombre y l,a cultura en
México, comenzando un importante periodo de
cuestionamiento profundo que haría de la primera mitad del siglo XX la confirmación de nuestra
independencia cultural y que nos daría una certeza: el relevo había sido tomado.
NOTAS
1

"Literatura histórica" (texto recogido en Horas de estudio,
1910), en Pedro Henríquez Ureña: Obra crítica, edición de
Emma Susana Speratti y prólogo de Jorge Luis Borges, México-Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1960, p. 135.
El énfasis es suyo. Todas las citas de Henríquez Ureña provendrán de esta edición, salvo cuando se indique lo contrario.

5

Seis ensayos en busca de nuestra expresión, en obra citada, p. 257.
El énfasis es mío.
El mayor esfuerzo en esta corriente era, hasta antes de 1915,
la obra de Marcelino Menéndez y Pelayo: Historia de la poesía
en Hispano-América (II tomos, Madrid, Librería de Victoriano
Suárez, 1911 y 1913), pero desde su publicación (incluso
antes, pues varios trabajos allí reunidos forman parte de la
investigación que el filólogo e historiador español realizó
para los festejos del cuarto centenario del "descubrimiento"
de América, en 1892) fue objeto de crítica y correcciones
por parte de la intelectualidad periférica: "Esta obra es, de
todas las mías, la menos conocida en España, donde el estudio formal de las cosas de América interesa á muy poca gente, á pesar de las vanas apariciones de discursos teatrales y
banquetes de confraternidad. En América ha sido más leída,
y no siempre rectamente juzgada" ( tomo I, p. x).
En una carta enviada a Monterrey desde la ciudad de México y fechada el 16 de enero de 1908, Henríquez Ureña le
pide a Alfonso Reyes informes sobre el proyecto conjunto
de editar en Monterrey (con la ayuda del padre de Alfonso,
el general Bernardo Reyes, a la sazón gobernador de Nuevo
León) el Ariel de Rodó: "¿Qué hay del Ariel? No olvides enviamos un ejemplar especial con tu firma para firmarlo todos nosotros y enviárselo a Rodó." En Alfonso Reyes y Pedro
Henríquez Ureña: Correspondencia, I, 1907-1914, edición de
José Luis Marúnez, México, Fondo de Cultura Económica,
1986, p. 50.
En José Enrique Rodó: Ariel, Monterrey, Talleres Modernos
de Lozano, 1908, p.6.
Obra citada, p. 254.
/bid., p. 242.

6
7
8 Ibídem.
9 /bid., pp. 242-243.
10 De hecho, participa en el ciclo de conferencias del Ateneo
con un trabajo sobre Rodó ("La obra de José Enrique Rodó"),
donde no duda ya en incluirlo en su proyecto de concretar
un canon crítico hispanoamericano: "No vacilamos ya en
nombrar a José Enrique Rodó entre los maestros de América. Rodó es el maestro que educa con sus libros, el primero,
quizá, que entre nosotros influye con la sola palabra escrita." En Conferencias del Ateneo de la Juventud, edición de Juan
Hemández de Luna, México, UNAM, 1984, p. 58.
11 Pedro Henríquez Ureña: Memorias, Diario y Notas de viaje,
México, Fondo de Cultura Económica, 2000, p. 156.
12 En México en testimonios, México, Secretaría de la Presidencia, 1976, p. 304.
13 Antología del Centenario, edición de Luis G. Urbina, Pedro
Henríquez U reña y Nicolás Rangel, México, Editorial Ponúa,
1985, p. lx.
14 Obra citada, p. 243.
15 /bid., p. 250.
16 /bid., p. 251.
17 /bid., p. 255.
18 En Revistas literarias mexicanas modernas, México, Fondo de
Cultura Económica, 1980, p. 589.

•••
[ 10]

REALIDAD FUGITIVA
.,

DE LAS PRACTICAS SOCIALES
O SOBRE LA VIDA
DE LAS REFLEXIONES UNIVERSALES
■ Ricardo Sandoval Solazar

¿Qué significado puede tener el hecho, cotidianamente registrado, de que autores de
artículos, ensayos, publicaciones en general y aun
dentro del discurso hablado acudan, dentro de
sus reflexiones, a citas o proverbios filosóficos con
una antigüedad variable y los incluyan como soporte legítimo de sus argumentos para explicar el
presente? Hoy en día, es un ejercicio cotidiano
citar, ya sea dentro del texto, mediante el uso del
epígrafe, o durante el discurso hablado, las reflexiones que han tenido lugar en sociedades muy
lejanas y diferentes a las actuales. Columnas editoriales en los periódicos, artículos y ensayos de
revistas políticas, académicas y literarias, así como
conferencias sobre temas actuales, apoyan sus exposiciones, en algún momento, sobre citas de filósofos, poetas o escritores clásicos para reafirmar
sus argumentos actuales. A este respecto, sería preciso recordar que la modernidad está conformada por el surgimiento de una serie de elementos y
características aparecidas en las sociedades y que
están relacionados con la constitución de nuevos
modos de organización social, política, económica, etc., que las hace ser diferentes de las sociedades premodernas. Y es dentro de la misma modernidad donde se han llevado a cabo las más grandes y rápidas transformaciones sociales, a causa
del avance de la ciencia y sus posteriores aplicaciones tecnológicas. Elementos como los valores,
las identidades e ideologías han presentado una
serie de alteraciones constantes, en relación a la
estabilidad que las creencias mítico-religiosas presentaban dentro de las sociedades tradicionales,

[ 11]

�J

hasta antes de ser desenmascaradas por el pensamiento ilustrado. En pocas palabras: el mundo ha
cambiado y sigue su fase evolutiva a través de las
nuevas realidades a las que nos transportan los
constantes descubrimientos científicos y el avance tecnológico. Entonces, si las condiciones sobre
las que se desarrollan nuestras sociedades actuales son tan diferentes, digamos, a las que se enfrentaban filósofos, artistas o poetas que desarrollaron sus ideas dentro de la realidad social de su
tiempo, ¿por qué resulta tan frecuente recurrir a
estas ideas antiguas como soporte argumentativo
para explicar el presente? Esta cuestión presenta
dificultades filosóficas de difícil respuesta; sin embargo, una aproximación al centro de las teorías
sociales puede aportar una clave muy importante
para comprender este fenómeno.
Es común, dentro de la teoría social, encontrar aspectos que se refieren al individuo, relacionándolo de alguna manera con su entorno. Ya que
la vida social se constituye a partir de individuos
que la conforman activamente, la posición que
éstos ocupan dentro de la sociedad no puede quedar fuera del análisis de ninguna teoría social. El
papel atribuido al ser humano como miembro de
la sociedad ha sido desarrollado desde perspectivas muy variadas. Mientras que en algunas escuelas de pensamiento clásico, como el funcionalismo y el estructuralismo, el objeto de análisis se
concentra sobre las fuerzas sociales, quienes gobiernan sobre el individuo (como ejemplo, en el
caso del funcionalismo, podríamos citar la influencia "externa" ejercida por los hechos sociales sobre el actor, dentro de la concepción del análisis
durkheimiano), en diversas escuelas de pensamiento teórico, como la fenomenología o la hermenéutica, es la vivencia del actor individual el
principal motivo de análisis (las investigaciones de
Husserl y Gadamer, respectivamente, son el ejemplo más representativo de la importancia atribuida al individuo dentro de estas escuelas de pensamiento). Todas ellas, sin embargo, contienen, de
una u otra forma, los elementos indispensables
para llevar alcabo un análisis con base en la producción y reproducción de las prácticas sociales.
(Y por "prácticas sociales" pueden entenderse todas aquellas actividades de interacción que se encuentran presentes dentro de todos los sistemas
sociales, que presentan características variables, de
acuerdo a la cultura donde se desarrollan.) Éste

[ 12]

es, precisamente, el punto medular, el núcleo que
contiene, en sí, la inseparable relación dialéctica
entre la estructura (en este caso las prácticas sociales) y el agente (ser humano). A partir de ahí
le es posible al científico social aproximarse a los
subniveles que se crean y se transforman, evolucionan, constantemente a través de la historia. Los
acontecimientos que la historia nos cuenta no son
más que el reflejo de las prácticas sociales, creadoras y reproductoras, a la vez, de los hechos del
pasado. Hechos que transcurren a través del tiempo y a lo largo de diversos niveles estructurales
que se van adecuando de acuerdo a las condiciones espaciotemporales. Por poner un ejemplo: la
estructura de dominación y las instituciones como
la familia son fenómenos sociales que se encuentran presentes dentro de todos los sistemas sociales y subsisten a través del espacio y tiempo. Estas
estructuras de dominación, pueden variar de
acuerdo a los sistemas sociales donde se presentan, y, al igual que la institución de la familia, pueden encontrarse con ligeras o muy marcadas variaciones en cuanto a su composición; pero siempre estarán presentes invariablemente dentro de
todo sistema social a lo largo del tiempo. Ésta es la
cualidad más importante de las estructuras y las
instituciones sociales: su permanencia a través del
espacio y tiempo. Y las prácticas sociales, entendidas como estructura que se produce y reproduce
en una relación íntima entre el agente y su entorno, encuentran asilo temporal dentro de las distintas épocas, hasta que son borradas por nuevas
formas de prácticas sociales adecuadas a los nuevos requerimientos históricos. Sin embargo, la
esencia misma de las prácticas sociales permanece y se reproduce en nuevas formas distintas a las
anteriores; es decir, sigue conservándose la estructura, de una forma nueva; pero, en esencia, es la
misma estructura a la que pertenecen las prácticas sociales. De la misma manera, la escritura,
como una forma de práctica social que contiene
el elemento indispensable capaz de "capturar" la
esencia de otras prácticas sociales, tiene la posibilidad de permanencia, no sólo por su cualidad de
ftjeza en relación a la volatilidad de la palabra
hablada, sino por la trascendencia de sentido que
pueden tener las descripciones más íntimas de las
prácticas sociales. (Es en este nivel donde trabajan disciplinas como la filología, por ejemplo.) Así,
las prácticas sociales, que contienen en su núcleo

la relación agente/entorno, forman parte elemental de las reflexiones filosóficas, políticas, sociológicas, literarias, etc. Y esto, dentro del lenguaje
escrito, alcanza la universalidad necesaria para trascender más allá del tiempo y las condiciones sociales, políticas y culturales donde se desarrolla.
La impresionante cantidad de epígrafes que Amado Nervo -por poner sólo un ejemplo- introduce
en lo que llama "Pensamientos afines", dentro de
La Amada Inmóvi~ son sólo una pequeña muestra
de la trascendencia de sentido que contiene la escritura en su cualidad de absorber los rasgos más
íntimos y esenciales de las prácticas sociales; es
decir, de la relación agente/ entorno, y la capacidad de ser utilizadas como herramientas para expresar, a través de un lenguaje preciso, todo aquello que se piense puede ser capaz de describir situaciones presentes. Esto sin importar la fecha en
que se haya elaborado la reflexión citada. En otro
breve ejemplo, podríamos acudir a una de las anécdotas de Alfonso Reyes, donde comenta acerca de
un epígrafe inventado por él mismo y adjudicado
a un ficticio "Fray Jimeno", extraído de su igualmente ficticio Manual de torreros, que Vasconcelos
se "tomó en serio y cita la frase por ahí, por cierto
sin referirse a mí" ( Obras Compktas, F.C.E. Tomo
XXIII, p. 413). Una vez más, la cualidad que contiene la escritura de absorber el alma de las prácticas sociales permite la trascendencia de sentido
que ha de quedar incluido como soporte argumentativo a la hora de efectuar la cita. Hay, por lo tanto, en este ejercicio cotidiano de traer al recuerdo
frases y reflexiones del pasado para comprender y
criticar el presente, un esfuerzo argumentativo con
pretensiones de validez, que refleja la esencia misma de las prácticas sociales del pasado en relación
a las del presente.
De igual forma, en las antiguas disciplinas del
espíritu que aparentementeno tendrían ninguna relación con la política o con acontecimientos actuales, como las tragedias griegas, el drama o la
literatura, es posible localizar los elementos mítico-religiosos (legítimos) , ontológicos y políticos,
~ue se encuentran presentes hoy en día. Las prácticas sociales y, más concretamente, la relación
bidireccional del agente con la estructura, son elementos cuyas propiedades de expansión, a lo lar-

go del espacio y tiempo, permanecen sólidas. El
que la literatura y su función política, así como
las reflexiones filosóficas clásicas, sigan conservando una vigencia de sentido hoy en día, no estriba,
como algunos quisieran, basándose en impulsos
emocionales y de afinidad intelectual, en que los
autores hayan sido poseedores de una visión
profética o muy adelantada para su tiempo. La
conciencia del ser humano pertenece al tiempo
en que se construye, y la producción y reproducción de las prácticas sociales a través del espacio y
tiempo permiten que dicho proceso de construcción cognoscitiva sea coherente, de acuerdo a la
estructura a la que pertenece. El hecho de que,
en el caso de la literatura, por ejemplo, las situaciones y sentimientos que el autor imprime en sus
personajes trasciendan hacia el lector y perduren
a través del tiempo se debe a que se trata de situaciones universales. Cuando el autor posee la manera de transportarlas a la escritura, se puede hablar de un gran escritor o poeta. El hecho de que
el autor pueda transmitir el sentimiento de lo sublime a través de la situación en que coloca al personaje de su obra tiene que ver con que el autor
ha sabido distinguir y transportar a la escritura la
esencia de los vínculos sociales y sus consecuencias psicológicas en la vida del ser humano. Es a
partir de esta condición ontológico-trascendental, como la escritura puede poseer, en la pluma
del escritor atento, la capacidad para que las reflexiones viajen a través del espacio y tiempo. Las
condiciones ontológicas a partir de las cuales se
formulan las reflexiones en cada etapa de la historia, son, así, un indicador del profundo grado
de autoconciencia trascendental que el ser humano, a lo largo de su vida cotidiana, produce y reproduce. Y esto, en la pluma de los escritores del
pasado, refleja la claridad y alcance en la visión
que, sobre el desarrollo de las prácticas sociales,
han logrado alcanzar algunos a través de la reflexión. De la misma forma, sólo aquellos que
poseen la agudeza visual y logran percibir los fenómenos sociales de raíz, consiguen que sus ideas
se universalicen y trasciendan, asegurando su entrada y permanencia al gran grupo de escritores
que han tenido mucho que decir, lo mismo ayer,
lo mismo hoy, como mañana.

•••
[ 13]

�EL TIEMPO Y EL TREN
■ Fernando Velázquez Medina

1

·~

j

~ordó el tren por un impulso instantáneo. Al acomodarse en uno de los pocos asientos que aún estaban libres se dio cuenta, con desconcierto, que no conocía con certeza a dónde
iba el vetusto convoy. En realidad, le daba lo mismo; no obstante, los rostros de los pasajeros, adustos y con el sello del intenso sol tropical, le dieron
a entender que eran gentes del sur que salían, con
alivio y distensión, de la capital hacia sus poblados. Cuando el chirriante grupo de vagones tirados por una locomotora historiada se puso en
marcha, sintió que comenzaba una aventura incitante que nada tenía que ver con su aburrida vida
cotidiana. El tren marchaba hacia el sur e iba dejando atrás las últimas casas de la gran ciudad -los autos recorriendo las callejas-- que se alejaba, mientras se hacía de noche, diciendo adiós con su brillante esplendor proyectado hacia un cielo que se
llenaba de estrellas tropicales. Los poblados cercanos, sumidos en su propia vida, pero pendientes de la capital, pasaban sin diferenciarse uno de
otro, hasta que comenzaron a espaciarse y un destello, de cuando en vez, dejaba intuir brotes de
existencias humanas entre el follaje o los sembradíos. Llevaba tiempo planeando un viaje sin destino, hastiado de la vida de pobreza que le había
tocado y de la que no se sentía satisfecho en lo
absoluto. Un sentimiento insospechado había dirigido sus pasos a la centenaria estación ferroviaria, situada en uno de los barrios más populosos y
célebres de la capital, con sus dos torres señoreando sobre las casas antiguas del barrio colonial que
circundaba al puerto. El sonido de las ruedas lo
fue adormeciendo hasta que el sopor lo venció,
dejando, no obstante, un resquicio de lucidez que
le permitía ver a algunos viajeros bajar en oscuros
y desiertos apeadores pueblerinos, con nombres
indios u oriundos del castellano castizo. El lento
arrastrarse se hacia más despacioso en esos andurriales donde cada tres o cuatro kilómetros existía

[ 14]

•
r

un caserío, cuya única comunicación física con el
mundo era la línea férrea. Los insectos chocaban
contra las ventanillas, atraídos por la mortecina
luz de los desvencijados vagones, cuyas penumbras
invitaban a la meditación o al amor fugaz. En algún momento de la noche intuyó que cada vez
que el tren comenzaba a detenerse para abordar
una nueva y solitaria parada campestre, él senúa
reconocer los nombres que, estaba seguro,jamás
había visto. Era muy malo en geografía de la isla y
sólo despertaban su imaginación los países lejanos, de paisajes exóticos o con el aura de la cultura y el poder. No obstante, cada vez le resultaban
más familiares los sitios a los que nunca había llegado antes y que, como una memoria perdida, iba
recuperando como si ayer los hubiese abandonado. Asaltado por un doloroso sentimiento de dualidad, recordaba cosas que nada tenían que ver
con su pasado urbano. Ora una canción guajira,
la forma de una herramienta agrícola entrevista
en un rincón o el lamento de un animal en los
corrales, le resultaban turbadoramente familiares,
como esas mujeres que soñamos sin que ellas ni
nosotros lo sepamos y de pronto aparecen al volver la esquina, saliendo de un mundo ignoto y

desolador y llevándose con ellas nuestra alma. Así,
la marcha hacia el sur le iba aterrando cada vez
más, porque cada vez era más real y conocido el
paisaje que nunca holló. Cuando uno de los pasajeros, menos ensimismado que al inicio del viaje,
le preguntó por una hermana que nunca tuvo,
respondió sin pensar, dando cuenta de los partos
y enfermedades de sus sobrinos. Lo cual lo asustó
como si hubiera visto un ghoul, esos monstruos
de la mitología hindú, comedores de almas y cuerpos, que solían poblar algunos libros. Mientras se
distanciaba de la urbe la caravana de vagones, y se
adentraba en los campos de la isla, recordó con
sobresalto alguna conversación, retazos de ellas,
en las que alguien se asombraba de que los habitantes de la otra cara de la isla, larga y estrecha,
fueran levemente distintos a los que vivían al norte. Era una constante, precisaban muchos viajeros
sin intentar explicarse el fenómeno, aunque éste
se hacía patente en las zonas del extremo oriental, donde personas que vivían a sólo un centenar
de kilómetros de distancia unas de otras tenían
una forma distinta de pronunciar las palabras y
de ver la vida. En las cercanías de la capital, aunque no fuera tan acusado, esta distinción se mantenía y los residentes en el área metropolitana, extrovertidos emprendedores, eran chocantemente
distintos a quienes poblaban las tierras australes,
que en llegando a la costa, eran puro mangle y
p_antanos que unían de esa manera varias provincias en un abrazo peligroso, poblado de sierpes
emparentadas con las anacondas, cocodrilos y caimanes. Nada de esto, relegado en el subconsciente al comienzo del viaje, contribuía a su tranquilidad de espíritu. Por ello el pánico, incontrolable
como el viento, se insinuaba en sus adentros, mientras veía la placidez de los viajeros, quienes iban
vaciando lentamente el tren en tanto se acercaban al final de la travesía, en un pueblo algo mayor, casi una ciudad entre valles, situada a unos
catorce kilómetros de la playa pantanosa del sur,
~ue enfrentaba a otra isla que el mito y la leyenda
Situaban como refugio de piratas y escenario de
una novela famosa. Pero las precisiones geográficas no lo aliviaban de la premonición. Algo pasaba en su mente, pues nunca había sido bueno para
esos triviales detalles que a otros gustan escarbar.
El que ahora supiera tanto sobre las costas e islas
del_ sur del país era sorprendente para él. A ello se
urna la familiaridad cada vez más patente de los

viajeros, que de reconocerlo vagamente o ignorarlo, habían pasado a adoptarlo como uno de los
suyos: alguna mujer sonreía al mirarlo, un hombre se despedía al bajar, otro lo palmoteó como si
lo conociera de siempre; él mismo sentía que lo
unían lazos invisibles con esos seres a los que nunca antes había visto. Y lo más impactante era que
ahora, después de pasar por sobre un viaducto y
un endeble río que corría hacia el este para luego
volcarse en el golfo austral, un relajamiento repentino le hizo sonreír y desechar los extraños
temores que le agobiaron durante parte del viaje
en el tren, como si estas tierras le hubiesen adoptado, o mejor, como si fuese un descendiente de
aquellos primigenios que desandaban por ellas
antes de la llegada del hombre blanco, hacía varios siglos. Indios desaparecidos hace tiempo, que
sólo dejaron algunos rasgos en ciertos habitantes
de la isla y arcanas pinturas en cuevas engañosas
donde muchos incautos se habían perdido sólo
para aparecer, días o años más tarde, momificados
junto a una estalactita. Pero ahora nada de esto le
interesaba, se sentía a sus anchas y veía el interior
del tren con asombro. ¿Cómo podía haber catalogado de mísero su interior? Las suntuosas cortinas que decoraban las ventanas, lamparillas de alta
luz, y gente correctamente vestida, además del
empleado uniformado, daban fe de que aquella
línea sería la preferida por los ricos hacendados
del sur, casi todos residentes en la capital, cuyo
puerto hervía de barcos veleros. Se estiró discretamente y trató de recordar el sueño que había
tenido. Algo sobre una vida desolada y una fuga
de una ciudad parecida, pero distinta a la capitanía general, con edificios de arquitectura desconocida, y extraños carruajes que se movían sin
caballos. Repasó con los dedos la tela de la levita,
algo arrugada por las horas pasadas en el interior
del coche. En realidad este viaje, que asustara a su
familia cuando lo anunció, había sido breve. Y pensar que luego de tanto entusiasmo por participar
en aquel primer viaje del primer ferrocarril construido en América, él se había dormido en cuanto salieron de la capital. Y todo para soñar memeces, cosas nunca vistas ni oídas. Sonrió con encanto a una dama que se aprestaba a bajar en la última parada. Entonces se alistó para descender, ufano, y recibir los parabienes de quienes no habían
tenido el valor de afrontar las altas velocidades de
este viaje inaugural de la línea Habana-Guines.

[ 15]

�PARA FUNDAR
LA ESCUELA DE LA IMAGEN
■ Ramón Cabrera Salort
Lo cierto es que yo siempre parto de una imagen
y no de un concepto para crear la obra de arte.

Luigi Pirandello

La riqueza interior de un hombre depende a la
postre de lo que vio cuando era niño.

José Ortega y Gasset
"i

La escuela no puede postergar más su
compromiso con la educación audiovisual -y con la
imagen toda-y este compromiso no puede ser satisfecho pensando sólo en la inclusión de una nueva
materia en un curriculum. Quizá ése pudiera ser uno
de sus comienzos, mas ni con mucho el obligado a
ser el más eficaz. O la escuela se construye como
una escuela de la imagen, o el ansia de la educación
audiovisual queda como un hilo más de las utopías.
Cierto que no hay que reducir este propósito a los
marcos de la educación formal, pero ella no puede
sustraerse al compromiso.
De otra parte, la educación audiovisual debe partir de una formación de los educandos en la imagen
total, dentro de un medio total. Pretender tal educación a través de una suerte de decodificación de
ciertos seriales televisivos o similares intenciones, no
asegura tan vasto empeño. Habría que plantearse,
entonces, la escuela como un espacio crítico y las
estrechas y confluentes relaciones que ella debía tener con las imágenes; para así construir, primero, la
escuela como imagen y, posteriormente, la escuela
de la imagen. Sólo teniéndola a ella como percepto
centrado, podremos acceder a la educación audiovisual. De cabezas pobladas de imágenes con lucidez crítica y afectiva, es que se construye el espectador / actor de nuestros días.

[ 16]

PRIMERA PARTE
Prol,egómenos de escuela e imagen
Cada escalón de la vida tiene sus constelaciones
e imágenes, y con el comienzo de la senectud
vuelven aquellas imágenes y figuras que en la
primera juventud fueron importantes para n~
sotros; vuelven infaliblemente, aunque parecían enteramente olvidados.
Hermann Hesse

El hombre no se puede desprender de las imágenes. Es más, cada uno tiene su personal universo
imagina!: mayor o menormente poblado. Tiene
sus imágenes centradas, aquellas que pudieran
denominarse como las llaves de su vida, sus enigmas y sus respuestas. Como la imagen de un trineo de juguete y una cierta e ignota palabra, revela el simple ser humano que fue el personaje central de Welles en su Ciudadano Kane. En ese trenzado de imágenes que es la vida, la escuela debe
ocupar una importante función . Ha de ser una de
las dispensadoras y configuradoras, por excelencia, de imágenes; aunque, en verdad, diste mucho

de cumplir satisfactoriamente tal misión. Esta responsabilidad, a su vez, se ha hecho cada vez más
obligada, en la misma medida que los medios técnicos productores de imágenes se han diversificado y amplificado hasta lo increíble en menos de
medio siglo. ¿Qué es lo que ha ocurrido y ocurre
en realidad entre escuela e imagen?
Responder esa pregunta supone en cierta medida tener que hacer un poco de historia. Si los
factores de la educación los encontraba un joven
común de hace dos siglos atrás, fundamentalmente, en la familia, el entrenamiento laboral y el vecindario, en las urbes industrializadas va cobrando importancia, para la nueva vida social y el desempeño adulto, el conocimiento regularizado y
ordenado que aporta una institución llamada escuela. La aparición de la industria, su desarrollo
vertiginoso con el maquinismo, las implicaciones
que esto tuvo en la implantación de nuevas estructuras económicas y, por lo tanto, en el surgimiento de formas políticas novedosas, constituyeron el
caldo de cultivo para la creación de la escuela
como sistema básico de instrucción y educación.
Al aparecer como elemento clave en la formación del sentimiento nacional y como premisa
necesaria del desarrollo industrial y económico, a
lo largo del pasado siglo van surgiendo las primeras constituciones y leyes que refrendan la urgencia de una escolaridad obligatoria para todos los
ciudadanos, a la par que proliferan las escuelas,
en especial las públicas dispensadoras de una educación popular. 1
La instrucción escolar que supone un avance
en el reconocimiento, por parte de la sociedad,
de la igualdad de derechos y oportunidades del
hombre para el acceso a los saberes, no tarda en
quedar replegada en sí misma, convertida prontamente en un lugar aislado del mundo real, despersonalizada, burocrática, memorística y
uniformizante. Así finaliza el pasado siglo y se inicia el presente. La contradicción que aflora llega
a nuestros días. De una parte, tendremos, desde
finales del XIX, la sucesión de estudios acerca del
niño, su evolución intelectual, gráfica, anatómica, fisiológica y demás; la extensión de la escuela
a todos, y la confianza optimista en el poder regenerativo y restaurador de la educación. De otra, la
educación escolar se hará cada vez más uniforme
Yenciclopédica; una realidad pobre y mediocre
que mira más el rendimiento escolar para satisfa-

cer determinadas necesidades sociales y culturales, que al propio desarrollo y personalización del
mno.
Esta contradicción, esta ambivalencia, a pesar
de los progresos y avances experimentados, perviven en nuestros días. La realidad educativa demuestra que las experiencias de avanzada y la vida
escolar diaria y común no coinciden. La escuela,
como regularidad, sigue una tendencia cuartelaria.
Se muestra bancaria, según el decir de Freire, disciplinar, olvidada y gobernada por las asignaciones escolares. Esta escuela, en tanto representante sociólogo de la educación formalizada e
institucionalizada, devela sus fracturas; y ya en un
penetrante sociólogo de la educación como Fernando de Acevedo, se revelaba la urgencia de que
ella, en primera instancia, cambiase y luego se sometiese al saludable intercambio y complementación con lo que denominaba "educación difusa y
espontánea". Aún hoy día, es frente a esta escuela
que se alzan teorías como las de lván Illich y otros,
que propugnan y vaticinan su desaparición y
obsolecencia. 2
A esta escuela tradicional dominante le corresponderá una particular actitud de inconsciencia y
realización depredadora del valor de la imagen

•••

[ 17]

�.l

como fuente de educación y, a la par, un olvido imperdonable: negarse a considerar como espacio
obligado de reflexión la pregunta relativa a qué es
la escuela en tanto imagen. Responder tal intem:r
gante significará tener que referimos a imágenes
mentales o proyectivas y cristalizadas o materializadas, pues en esas dos vertientes se manifestará la escuela. En el primero de los casos, vinculada a las
imágenes que suscita a partir de un complejo intercambio con el medio escolar -aquí habría que preguntarse qué grado de conciencia se tiene de que el
medio escolar ha de construirse y no viene de modo
natural, ni espontáneo-; y, en el segundo, con el
convencimiento de que toda imagen cristalizada tiene, a su vez, correlatos con imágenes mentales y/o
proyectivas, al tiempo que considerar que la escuela
debe ser catalizador y desencadenante de imágenes;
o, mejor decir, de lo imaginal.3
Por supuesto, para muchos enjuiciar la escuela
desde tales perspectivas es complicar lo que de
común queda claro para todos: la escuela es aquel
espacio parcelado institucionalmente donde transcurre el proceso de enseñanza-aprendizaje. Definida de tal modo, vuelve a quedar al margen la
significación y dimensión que posee la escuela
como generadora de imágenes y las infinitas y problematizadoras relaciones que tiende con respecto a éstas. Lo expresado conduce a estudiar la escuela como contexto, ecológicamente; reconocer
cómo se ha de comportar ella con respecto a su
entorno y cómo se ha de dimensionar visual y simbólicamente. A su vez, ello implica indagar la naturaleza de tales comportamientos con respecto
al medio, tanto en una dimensión proyectiva como
cristalizada, a nivel personal como grupal.

Un enfoque ecológi,co
Antes de que conocieran la luz pública las primeras investigaciones sobre los contextos escolares,
o coincidentes con ellas,4 menudeaban en monografías pedagógicas de avanzada abordajes, muchas veces empíricos, pero no por ello menos certeros, relativos a los espacios escolares, el aula o
los establecimientos docentes.
En éstos se destacaba, entre otros señalamientos críticos, cómo las aulas eran, por lo general,
de tres tipos: la "vieja aula", sombría, con las ventanas enrejadas o protegidas por una tela metáli-

[ 18]

ca; el "prefabricado", aglomeración, a menudo vacilante, de paneles combados, donde la pintura
no se ftja; la hermosa "aula nueva", por fin, clara,
más alegre que sus hermanas, pero cuyas paredes
soportan mal los documentos y los dibujos de los
escolares. El mobiliario, en consonancia, dispuesto de manera tradicional e inamovible, se compone de mesa de trabajo y butaca del maestro sobre
fondo negro o verde -al igual-y frente por frente
los bancos o pupitres de los escolares, alineados
en impersonal y monótona sucesión. Ambos, mobiliario y aulas, integran los establecimientos docentes dominantes, esas edificaciones provisionales o reconvertidas para destinos imprevistos, demasiado viejas o demasiado pequeñas y poco funcionales, con escasa cohesión entre sí.5
Este panorama, escuetamente bocetado, sigue
teniendo hoy día vigencia y posee la mayor importancia para entender de qué tipo de imágenes
es dispensadora la escuela. Es decir, cuáles son las
imágenes que cristalizan en ella y qué contradicciones se alzan entre éstas y las mentales y/o
proyectivas de docentes y escolares -¿coinciden las
de ambos; no es lo tópico, por el contrario, que
marchen por vías distintas y aun opuestas?
Una psicología ecológica que estudia la conducta humana tal como se manifiesta en sus contextos "naturales", al igual que las relaciones entre cultura y entorno, pudiera auxiliamos para
entender mejor los múltiples y variados vínculos
existentes entre escuela e imagen y cómo actuar
en consecuencia maestros y alumnos.
Según tal enfoque, al entorno se le considera un
nivel objetivo y uno subjetivo. Cuando se trata del
primero, se habla más propiamente de "entorno ecológico" o condiciones fisicas del entorno -lo que
hasta ahora descubrimos como imagen dominante
de las aulas y los establecimientos docentes-. El nivel su~etivo se refiere al entorno tal como lo vive el
sujeto, lo que se denomina "hábitat psicológico".6
Hábitat, que en el caso de la escuela tradicional,
viva y prevaleciente aún hoy, hizo decir a Jesualdo:
" [ ... ] esa casa y los atributos con que cumplía su
faena -empezando por el maestro- no tenían nada
que ver con mi sueño". Por eso se planteó "cambiar qué? ¡Todo! Si pudiera, desde el comienzo,
hasta el nombre de 'escuela', el de 'maestro' y el
de 'aprender' [ ... ] ".
La unión de lo sujetivo y lo objetivo se manifiesta en el "escenario de conducta" (Behavior

setting), concepto clave que abarca tanto la conducta molar (subjetiva) del individuo o individuos
como las particularidades físicas del medio. De la
interrelación entre estos elementos surge otro
concepto básico: el requerimiento del hábitat definido por aquellos componentes necesarios
para que se dé ese escenario de conducta y no
otro-. No es el caso aquí desenvolver con lujo de
detalles todo el aparato conceptual que se deduce de este enfoque.
Baste añadir,junto a Urie Bronfenbrenner, que
el estudio científico de los escenarios del desarrollo humano comprende el análisis de aquellos aspectos del ambiente que modelan con más fuerza
el curso del desarrollo psicológico y que poseen
un significado para una persona en una situación
determinada. 7 La consideración de cuáles son éstos
en el escenario escolar reviste la mayor importania,
a pesar de lo poco que se ha indagado sobre ellos.
¿Cuál será el requerimiento del hábitat para
construir una imagen otra de la escuela, para que
escuela e imagen edifiquen un espacio desarrollador y rico? Responder a esta pregunta implica conocer cuál es el percepto centrado de esa escuela,
qué es figura y qué es fondo.

El percepto centrado
La escuela le reservará un vasto campo a la imagen - a la educación visual- sólo cuando comprenda que ésta se realiza en un medio total. Pensemos, si no, en el cuadro que tan certeramente nos
traza Román Gubem8 sobre la cultura visual. Esta
totalidad abarcará tanto lo configurado como lo
configurable.
. De este modo, si la escuela quiere educar
visualmente, tiene que aceptar el replantearse el
medio escolar y para ello:
• Reconocer y actuar, educandos y educadores,
teniendo en consideración el valor de impregnación de los espacios;
• ampliar el marco de referencias del proceso de
adquisiciones a todo el medio escolar·
'
• romper, por tanto, con los marcos escolares clásicos (el aula como percepto centrado; lo demás es telón de fondo);
• refuncionalizar, entonces, ese telón de fondo,
de manera que gane protagonismo y deje de

serlo; en fin, encarar con movilidad y dialéctica los perceptos centrados.
El aula como escenario dominante y el maestro como su principal protagonista, han de ser
puestos en tela de juicio. Tales han sido hasta el
momento los pilares de la escuela logocéntrica,
centrada en la palabra y concebida discontinua
con respecto al medio. La escuela de la imagen
ha de ser continua con respecto a su medio, propender al medio total. En esa misma medida, dejará de existir la contradicción entre las aulas y el
mundo.

Las aulas y el mundo
Más de un especialista ha revelado reflexivamente cuán enorme es la diferencia existente entre el
medio de información electrónica que rodea al
niño por doquier y las aulas. Como afirma Me
Luhan, en un texto clásico: "Hoy en día el niño
de la televisión está al tanto de las últimas actualidades para adultos -inflación, desórdenes, guerra,
impuestos, crímenes, bellezas bañándose- y queda perplejo cuando entra en donde la información es escasa pero ordenada y estructurada: según formas, asignaturas y categorías separadas y
clasificadas".9 La paradoja es evidente; en plena
revolución de las comunicaciones, la escuela sigue siendo algo separado, rígido e inmóvil.
Tal situación paradójica es vivida dramáticamente por la población escolar, que ha de someterse al
sistema tradicional de educación. A pesar de que la
escuela debe enfrentarse a un nuevo tipo de estudiante, moldeado por "los medios electrónicos de
comunicación, la predilección por las imágenes visuales, lo inmediato, lo no lineal y lo fragmentario",
como nos señala Nell Postman, ésta, sin embargo,
no cambia. Los escolares actuales no encajan en el
aula tradicional, que insiste en la presentación sucesiva, el orden esquematizador, lajerarquía y la continuidad casual. Esta ritualización conlleva a la separación de las aulas con respecto al mundo; o, como
dice Donald P. Ely, a la existencia de dos mundos en
los alumnos de hoy: uno, el del artificio escolar, y
otro, el de la vida diaria, escuela afuera.
Para aquellos que aún defienden esa escuela
tradicional, bajo el supuesto de que todo lo que
se difunde por los medios envenena y avasalla, es

[ 19]

�uno de sus ámbitos naturales. En el escenario ideal
donde éstos y sus mensajes son decantados, en
unión de todos los demás lenguajes que han conformado al hombre. Así, el entorno escolar ha de
ser el medio total.

•••

SEGUNDA PARTE
Escollos y soluciones
(Apunte de experiencias)

cuela seguiría dominada por la jerarquía y el orden que imponía la palabra del maestro, sólo que
acompañada ahora con la novedad que implicaba
el empleo del cinematógrafo.
La presencia de los medios audiovisuales en la
escuela no implicará una sustancial variación de la
escuela hasta que no sea evidente cómo ella obliga
al cambio, de la pedagogía del monólogo a la del
diálogo y la colaboración. Corno dice T. Decaigny:
"Con el método audiovisual, que no es más que una
aplicación noble de los medios de comunicación
masiva en la educación, la verdad debe construirse,
el saber ha de aquirirse mediante la utilización y el
examen crítico de diversas fuentes de información
de las que no hay que excluir, naturalmente, ni los
libros, ni la experiencia directa, ni incluso la famosa
exposición ex&lt;athedra".11
Pero todo eso, aún hoy, no es más todavía que
palabra. En 1961, la UNESCO publicó un libro de
inestimable valor, pionero en el loable propósito
de educar visualmente. La educación cinematográfiLa escuela de la imagen
ca, de J. M. L. Peters. Sus asertos siguen siendo un
reto.
Una escuela de la imagen tiene que consEn la década de los 20, comenzó a experimentar
truirse, sabiendo no sólo qrn1 las tres cuartas parun creciente interés el empleo del cine en la entes de la información que recibimos entra por
señanza. Esto se evidencia en las innumerables tesis
nuestros analizados visuales, sino que nosotros
acerca del terna, para doctorarse en pedagogía en
somos también imagen, y ella se compone tanto
las diversas universidades del orbe -la de La Hade lo visual corno del infinito campo de los lenbana no fue la excepción-. Pero en la inmensa
guajes extraverbales, a los cuales se integra.
mayoría de ellas, el asunto no rebasa el marco de
La escuela no puede seguir más en medio de
medio auxiliar de la docencia y no el ser esencia
los medios, sino convertirse, por el contrario, en
misma del proceso docente. En tales tesis, la es-

que se concibe ésta como un espacio resguardado
de la contaminante y cruel realidad del mundo.
Mas la instrucción y educación que dispensa es
bien endeble si no sirve para operar en la realidad, si no prepara convenientemente al niño y
joven de hoy para su adultez futura. El concepto
de instrucción, de alfabetización, ha variado. Como
señala Donald P. Ely, una persona alfabetizada hoy
día es alguien capaz de comprender, interpretar y
utilizar innumerables estímulos que se le presentan
en un medio ambiente determinado. El lenguaje escrito y hablado, la música, los sonidos, las imágenes
fijas y animadas, los objetos y fenómenos naturales,
son algunos de los estímulos que influyen en el individuo y, por lo tanto, requieren ser comprendidos,
interpretados y actualizados.10 Evidentemente, la escuela no puede postergar más su encuentro con los
medios, y ello la obliga a un cambio radical.

[ 20]

Gabriel García Maroto fundó su Escuela Imagen,
en Madrid, en 1937. De ella decía: "Imagen se
apoya fundamentalmente en la imagen, pero la
vida entera es el principio y es el fin a que la imagen sirve, y ésta tiene tan sólo valor pleno cuando
refleja el vivir rnismo". 12 Sirva la anotación como
recuerdo de su figura y como rememoración de
la factibilidad de un proyecto de tal naturaleza.
La escuela de la imagen se asienta en la visión,
que es, ante todo, un acto cognoscitivo. Corno dice
G. Kepes: "La puesta en foco del tumulto de señales ópticas provenientes del exterior, hasta conformar las imágenes perceptuales, constituye una
forma básica de comprensión. Emplearnos la visión tanto para explorar el mundo, corno para
construirnos en él un hogar y para cambiarlo
13
[ ... ]".
Será, por tanto, uno de sus fines el acrecentar dos visiones: una exterior para explorar el
mundo y otra interior para indagamos. Del constante trasiego de una a otra se construye lo que
somos, en un proceso infinito.
Muchos son, sin embargo, los escollos que se
alzan contra tal utopía educativa. Resultado de
nuestra larga experiencia en el diseño curricular
de los educadores del arte, hemos alcanzado a
caracterizar un conjunto de problemas profesionales que entorpecen la cristalización de la escuela de la imagen. A continuación los iremos enumerando, a la par que brindarnos algunos comentarios críticos. El primero de éstos se refiere a los
problemas culturales del campo de la visualidad,
formativos e informativos. Éste, corno todos los que
abordaremos, se refiere tanto a docentes como a
discentes. Tradicionalmente -y aquí se alza una
falacia- se ha deparado lo informativo para preparar al docente. Esta polarización ha de ser superada y comprender que formación e información se implican mutuamente y se exige en la pre-

paración de ambos. No olvidemos que el educador necesita también ser educado. Los problemas
culturales de la visualidad se han intentado solventar en la formación de los maestros a través de
lo práctico (los talleres), lo teórico (lo apreciativohistórico) y lo teórico-práctico (lo pedagógico);
pero compartimentadamente todo esto. Para los
escolares, tradicionalmente lo que se ha brindado es lo práctico (el taller, los haceres). Contrario
a ello, lo que hay que hacer es buscar integración
entre los haceres y los pensares.
Los problemas culturales han de nacer, por otra
parte, desde los intereses, desde las necesidades
personales de cada cual; sin embargo, ésta es una
realidad que o se olvida o se niega. Lo que domina es la pedagogía de la respuesta, y debiera ser la
dominante la pedagogía de la pregunta. Así nos
lo aclara Freire. En más de 20 años de práctica
curricular, reconozco la nociva dominancia de la
respuesta. Reconocemos de antemano cuántas y
de qué calidad son las carencias de nuestros alumnos. Dejamos, de este modo, precisado lo que suponemos necesitan para salvar su ignorancia; lo
que resta es alfabetizarlos. Pero todo eso así organizado falla.
Por eso, desde hace unos cursos a esta parte,
en los diseños curriculares de los educadores de
las ciencias sociales, hemos comenzado a experimentar con un Taller de experiencias cultural,es, desde la necesidad primaria e ingenua, hasta elevarnos a necesidades cada vez más complejas y amplias. Este programa es como un primer escalón
curricular para posteriores crecimientos.
El tránsito esperado es de perceptores ingenuos
a perceptores cuasi artísticos o artísticos, teniendo en cuenta, además, que el campo de la visualidad sobre el que se trabaja entraña todo lo que
veo, como lo que sé de lo que veo, que enriquece
o entorpece la visión. Es visión de lo configurado y
de lo conjigurabl,e.
Otro problema crucial es el relativo a la educación de la imagen en un medio total. Surge de
inmediato la pregunta: ¿cómo ha de ser la escuela
con respecto al medio: continua, o discontinua?
La integración es la respuesta, y ésta exige continuidad. Es posible reconocer tres grados de integración: entre lo curricular y lo extracurricular;
entre la escuela y otras instituciones culturales; y,
por último, entre la escuela y la comunidad. En
tal integración se revela el sentido del concepto

[ 21]

�"medio total". Acá hay que vencer dos falacias muy
fuertemente instituidas: la que reduce lo curricular
a lo académico regularizado, a lo sujeto a horario,
y la que constriñe lo extracurricular a lo recreativo terciario, aquello que es adorno, de lo que se
puede prescindir.
Vinculado a lo anterior se encuentra el problema relativo a la búsqueda de nuevos espacios de
trabajo, procedimientos y vías de activación de la
creación y del disfrute estético. Esta búsqueda se
relaciona con la ampliación de los marcos físicos
y espirituales desde donde se educa. Si una educación visual ha de unir lo cognitivo, lo afectivo y
las manualizaciones, esta búsqueda es una obligación. Ésta ha de ser, además, una resultante desencadenada del sentido de integración anteriormente mencionado. Este problema se vincula, a
su vez, con el enriquecimiento de las fuentes técnico-materiales desde lo cotidiano y circundante. Lo que significa erradicar todo formalismo de
los contenidos escolares, con la entrada de la vida
real, la que Jesualdo denominaba "la verdadera
vida del niño". De ahí esa pregunta suya: "¿Por
qué esa preocupación por separar al niño del
ambiente complicado de nuestra sociedad?"
El enriquecimiento aludido desde lo cotidiano y circundante ha de recordarnos los objetos
encontrados y trocados de los dadaistas. Marcel
Duchamp reencontrándose con el urinario y vuelve a finnarlo. Dicho así, éste es un reto que tiene
ante sí la escuela de la imagen. Esto supondrá ver
lo cotidiano descontextualizado/ recontextualizado; de modo que lo usual se haga disonante, disparatado y nuevo al reconocerse como lo que es.
De tal manera se hace evidente otro problema:
la observación y lo onírico como fundamento. La
escuela de la imagen ha de centrarse en la observación, mas una observación que de tan aguda y penetrante facilite el paso a la ensoñación, de un pensamiento lógico a un pensamiento analógico, que cristalice a saltos, los saltos de la metáfora. Desgraciadamente, no es de la unión de ambos términos de lo
que se nutre la escuela. Romper la frontera entre la
observación de lo real y los sueños es fundar una
realidad, más entera. El mundo de los sueños es,
por lo general, no pertinente. Resulta perturbador,
abre caminos a lo oculto. ¿Acaso debe la escuela acercarse a los misterios? Pero los misterios también
pueden ser develados, en la misma medida en que
extemalizados cristalicen en imágenes.

[ 22]

Un puente para tal develación es el enfrentar
el problema referido a la integración de lo productivo y lo apreciativo crítico. Estos dos grandes
componentes difícilmente se combinan en la práctica educativa y en los diseños curriculares, pues
los educadores, sean especializados, o no, carecen
de una formación integrada de entrambos. En caso
de que se les dé, al concebirse compartimentados,
no se alcanza nunca una verdadera integración.
Sin embargo, los haceres no debieran estar separados de los pensares y los juicios. La mejor tradición educativa latinoamericana defiende tal unidad, así en las experiencias de un Jesualdo, en
Uruguay; de Iglesias, en la Argentina. Así, lapodemos ver expresada, a inicios de los 40, por el
artista y educador cubano Domingo Ravenet. Desde los 70, el educador norteamericano Elliot
Eisner lo propugna en su modelo de la educación
artística como disciplina.
No obstante todo esto, la realidad escolar aún
se muestra alejada de haber logrado la integración
de lo productivo y lo apreciativo-crítico. A su vez,
esto se halla ligado al predominio de un concepto
de cultura artística como cultura de la mano; del
arte más como artesanía que como inteligencia,
algo que tiene que ver más con los artificios sensoriales que con los artificios mentales. Lejana,
también, estará de tales conceptualizaciones la
audiovisualidad.
Otro problema relevante es el de la relación
entre la educación visual y los paradigmas estéticos. La educación visual se halla retrasada, las más
de las veces, con respecto a los paradigmas; o éstos se encuentran en crisis y la educación marcha
por otros derroteros. La educación visual ha de
corresponderse con su época. Sólo a partir de la
contemporaneidad es posible comprender el pasado. Cabría preguntarse si nuestros paradigmas
o la ausencia de ellos podrían ser los mismos que
los de los centros. ¿Cuáles serían los paradigmas
de la periferia? Esto tiene capital importancia, pues
según sea la respuesta serán nuestros modelos de
educación visual. ¿Idénticos a los de los centros?
De otra parte, habría que acotar de nuestra opción,
cualquiera que sea, que no puede agotarse únicamente en nuestra condición de periferia -¿siempre
lo somos?-. Que la educación visual esté a la altura
de los problemas de su época, de sus paradigmas,
significa, entre otras cosas, que curricularmente
los contenidos no deben ser fijados con una di-

••

reccionalidad histórica que, desde el pasado hasta el presente, impida llegar a nuestra actualidad
dominada por los no objetualismos, los procesos
efimeros y los video-clips. ¿No sería hora, entonces, de buscar relaciones más estrechas entre los
procesos de configuración de nuestros escolares y
los procesos de configuración de su mundo de
hoy? ¿No sería ése el mejor modo de acceder al
universo de la informática, los nintendos y los videos?
Este problema, de crucial valor para construir
la escuela de la imagen, evidencia sus vínculos con
los restantes asuntos enunciados y se relaciona muy
particularmente con el problema relativo al balance entre proceso y resultados. Este problema
trae aparejada la asunción de un nuevo paradigma educativo que centra el aprendizaje en la búsqueda individual o grupal, en la dignificación del
rol de aprender, en un maestro más orientador
que omnisciente, en un contenido de naturaleza
cambiante, en el predominio de la diversidad por
~obre la homogeneidad, que es lo tópico en el vie14
JO modelo. Es importante destacar, además, que
en el campo de la visualidad el hincapié en lo procesal se correlaciona con el predominio que ha
alcanzado en el arte actual. ¿En al arte efimero, el
resultado no es el proceso? Si la escuela tradicio-

na! es la de los resultados, la escuela de la imagen
es la de los procesos, considerando que éstos son
también resultados, muy especialmente a la luz
de muchas de las corrientes visuales de nuestra
contemporaneidad. Esto último ha sido muy poco
explotado en el plano de la educación y en su relación con modalidades populares que se manifiestan en tradiciones y costumbres que aún se
practican en nuestras tierras y que se trabajan muy
débilmente desde el flanco visual en la escuela.
Lo enunciado se correlaciona muy estrechamente con el problema apuntado de la búsqueda de
nuevos espacios, procedimientos y vías de activación de la creación; pues los marcos de cristalización escolar de lo visual siguen siendo los de la
plástica, en su contexto tradicional de la témpera,
la crayola y la plastilina. Y debiera hacerse jugar,
junto a éstos, a las sombras, al agua, a las rocas, al
cuerpo humano; y que lo natural penetre desde
otro plano que revele las dimensiones infinitas de
la imagen. Un enriquecimiento de las fuentes técnico materiales, desde lo cotidiano y circundante, empezando por reconocer que la primera imagen es nuestro cuerpo y que posee como caleidoscopio de resonancia la audiovisualidad que le
circunda y penetra.
Los aprendizajes continúan siendo muy exter-

[ 23]

�.•.
,,,'

nalistas. Se trabaja mucho el plano externo del
conocimiento del mundo, pero aún es muy débil
el aprendizaje en el plano del conocimiento de sí
mismo. El aprendizaje y la escuela se dirigen, por
lo general, hacia el mundo externo y no hacia el
sí mismo. Contrariamente a esto, la escuela de la
imagen debe acrecentar dos visiones: exterior e
interior, mutuamente enriquecidas en su dialéctica. La imagen debe ser el vehículo más totalizador para conocemos a nosotros mismos, para hacemos más humanos; y ello será así en la misma
medida en que se haga espacio a esa otra realidad, ya aludida, que es lo onírico, el ensueño, sujeta a la ley en trópica de la imaginación y la metáfora, donde domina el pensamiento divergente,
lateral, analógico.
Esta vastedad que se va alcanzado en el despliegue de los problemas, conduce al desarrollo de lo
imagina! en la totalidad. Lo imagina! se refiere al
vasto campo de las imágenes latentes, lo sensorial,
y que trata no únicamente de las imágenes visuales. Es lo verbal, lo sonoro, lo olfativo, lo gustativo.
Lo corporal/gestual, lo visual estrictamente hablando, lo audiovisual, en sus relaciones múltiples,
en sus límites borrosos y todos ellos cristalizados,
manifiestos en la totalidad, concebida la totalidad
como extensiva (todo nuestro mundo cotidiano),
y como totalidad intensiva (la parcelada por la
imaginación artística que es intensiva en la misma
medida en que se ahonda, particularizada, y concibe un mundo macro, micro o fractal; pero en
las fronteras por ella contenidas).
En este problema aflora el sentido de totalidad
a que debe estar volcada la escuela, los educadores y los educandos, y la relación de totalidad que
los implica. En esa relación de totalidad es donde
se manifiesta el problema del discente como constructor de su medio. De común, la escuela viene
dada como un resultado ya hecho; el aprendizaje
externalista, al que ya se había hecho referencia,
se adscribe a ese modelo de escuela. El problema,
por tanto, es que al hacerse una escuela de la imagen procesal y continua con respecto a su medio,
obliga al entendimiento y comprometimiento con
un proceso de construcción. Es en él, con el discente como constructor de su medio, que éste se
autoeduca, se configura. El proceso de educación
como un proceso de configuración en cuya acción,
también, se configura en su protagonismo el discente. Recordemos lo que dice Jesús Galindo: "La

[ 24]

configuración está en lo percibido, en lo percibible
y en el acto de percepción",1 5 o sea, en la totalidad; y en esa totalidad que nos involucra como
seres que dejan huellas visuales, que piensan, que
juegan y construyen, que se conviereten en hombres de la alegría, hombres armónicos y enteros.
Ésa es la meta: cristalizar una utopía por y en la
imagen.

CONVERSACIÓN WISSER-HEIDEGGER
[Versión del francés por Humberto Martínez]
rar a esta transformación como el único punto de
partida válido para el porvenir.
¿Cuál es vuestra posición, a la mirada de una
orientación tal de eso que se llama "el espíritu del
tiempo", con relación, por ejemplo, a la reforma
universitaria?

REFERENCIAS
1 Aida Vázquez y Fernand Oury nos dicen que "El movimiento
de las ideas del siglo XVIII conduce, en 1791, a la proclamación del principio de la educación pública, gratuita y obligatoria"; mas no es sino hasta fines del XIX cuando alcanza a
organizarse y establecerse la escuela bajo las formas que serían imitadas por diversos países, con Francia como modelo.
2 Un texto clásico en tal sentido es el de Iván Illich: Un mundo
sin escuelas. Editorial Nueva Imagen, México, 1977.
3 Existe un conjunto de ponencias del autor vinculadas estrictamente a tales preocupaciones y presentadas en diversos
eventos internacionales de educación. Por ejemplo: "Escuela, imagen y medio total"; "Espacio y cultura"; "Didáctica de
la visualidad (Introducción a un curso)"; "La escuela como
proyecto". Todas ellas se hallan incorporadas a la selección
Indagaciones de arte y educación. Impresión Ligera, Monterrey,
1988.
4 El enfoque ecológico fue desarrollado por Roger G. Baker,
en la Universidad de Kansas. Ver, de este autor, Ecological
Psychol.ogy: Concepts and methods for Studyng the Environment of
Human Behavior. California, Stanford University Press, 1968.
5 Bernard Eliade: La escuela abierta. Editorial Fontanella, Barcelona, 1975, p. 15 y ss.
6 De estos conceptos habían hablado ya Roger Baker y H. F.
Wright, en su Midwest and His Children. N. Y., Harper and
Row, 1955.
7 Dice Bronfenbrenner. "La ecología del desarrollo humano
comprende el estudio científico de la progresiva acomodación mutua entre un ser humano activo, en desarrollo, y las
propiedades cambiantes de los entornos inmediatos en los
que vive la persona en desarrollo" (La ecol.ogía del desamJ/JIJ
humano. Paidós, Barcelona, 1987, pp. 40-41).
8 Ver Román Gubern: La mirada opulenta. Gustavo Gili, Editores, Barcelona, 1978.
9 Marshall Me Luhan: The Medium is the Message. N. Y., Bentam
Books, 1967, p. 78.
10 Donald P. Ely: "Los dos mundos de los alumnos de hoy", en
Perspectiva de la UNESCO. Núm. 1, 1980, p. 55.
11 T. Decaigny: La tecnol.ogía aplicada a la educación. El Ateneo,
Buenos Aires, 1974, pp. 7fr77.
12 Gabriel García Maroto: Accwn plástica popular. Editorial Plástica Pamericana, México, 1945, p. 60.
13 Georgy Kepes: Síntesis actual de las artes visuales. Ediciones
Nueva Visión, Buenos Aires, 1959, p. 7.
14 Andy Reinhardt: "New Ways to Learn", en Cover Story, March,
1995, p. 52.
15 Jesús Galindo Cáceres: Configuración. Impresión Ligera, Monterrey, 1992, p. 8.

Heidegger: Responderé sólo a la última cuestión, ya
que lo que usted pregunta es, en principio, demasiado amplio. Yla respuesta que yo daría es aquella
que di, hace cuarenta años, en mi l.ección inaugural
en la Universidad de Friburgo en 1929. Le citaré
un pasaje de la conferencia¿ Qué es metafísica?: "Los
dominios de las ciencias están muy alejados unos
de otros. La manera de tratar sus objetos es radicalmente diferente. Estas múltiples y dispersas disciplinas no deben su cohesión hoy más que a la
organización técnica de las universidades y faculta~es, y sólo guardan su significado gracias a la finalidad práctica de las disciplinas mismas. En cambio, el arraigo de las ciencias en su fundamento
esencial está por completo muerto."
Pienso que esta respuesta debería bastar.

••

~isser: S~ñor profesor Heidegger, hay en nuestra
epoca mas y más voces que se elevan -y se hacen
cada vez ~ás insistentes- para proclamar que la
tarea decisiva del presente reside en una transformación de las relaciones sociales, y para conside-

E~tre~sta del profesor Richard Wisser a Martin Heidegger
difundida el 24 de septiembre de 1969 por la segunda cadena de televisión alemana, Z. D. F., en ocasión de las celebraciones del octogésimo aniversario de Heidegger.

Esta conversación apareció publicada en alemán en Martín Heúk1!1!!' im ~iich, Herausgegeben von Richard W1SSer, Verlag Karl
Albe_r, Fn~u3/'.Munich, 1970, y fue traducida~ francés por el
Sernce Lingwsnque du Ministere des Affaires Etrangeres de la
RF.':", revue et corrige par Michel Haar, y apareció publicada en
Cahier de L'Herne: Heidegger, Paris, 1983.

Wisser: Son motivos muy diferentes los que han llevado a las tentativas modernas que pretenden conducir, sobre el plano social o sobre el de las relaciones entre los individuos, a una reorientación de las
finalidades y a una "reestructuración" de las circunstancias actuales. Evidentemente, mucha filosofía
está en juego aquí, para bien o para mal.
¿Ve usted una misión social en la filosofía?
Heidegger: ¡No, en este sentido no se puede hablar
de una "misión social"!
Si se quiere responder a esta cuestión, se debe
en p~ncipio preguntar: "¿qué es la sociedad?", y
considerar el hecho de que la sociedad de hoy no
es más que la absolutización de la subjetividad moderna. A partir de esto, una filosofía que haya sobrepasado el punto de vista de la subjetividad no

[ 25]

�tiene en absoluto el derecho de expresarse en el
mismo tono.
En cuanto a saber hasta qué punto se puede hablar verdaderamente de transformación de la sociedad, esa es otra cuestión. La cuestión de la exigencia de la transformación del mundo nos trae a la
mente una frase de las más citadas en las Tesis sobre
Feuerbach de Karl Marx. Quisiera leerla citándola
con exactitud: "Los filósofos solamente han interpretado el mundo de diferentes maneras; se trata
de transformarlo."
Al citar esta frase y al aplicarla, se pierde de vista que una transformación del mundo presupone
un cambio de la representación del mundo, y que una
representación del mundo no se puede obtener
más que en medio de una presunta interpretación
del mundo. Ello significa que Marx se funda sobre
una interpretación bien determinada del mundo
para exigir su "transformación", lo que demuestra
que esa frase es una frase sin fundamento. Da la
impresión de ser pronunciada de manera
conclusiva, determinante, contra la filosofía, cuando en la segunda parte de la frase la exigencia de
una filosofía está, tácitamente, presupuesta.

Wisser: ¿De qué manera vuestra filosofía puede actuar hoy a la vista de una sociedad concreta con
sus múltiples tareas y preocupaciones, sus angustias y sus esperanzas? O bien: ¿tienen razón aquellos de sus críticos que suponen que Martín Heidegger se ocupa del "Ser" con tanta concentración
que sacrifica la condición humana, el ser del hombre en sociedad y en tanto que persona?

Heuiegger: ¡Esa crítica es un gran malentendido! Ya que
la cuestión del Ser y su desarrollo presupone igualmente una interpretación del ser-ahí (Dasei,n), es decir, una
determinación de la esencia del hombre. Y la idea que
está en la base de mi pensamiento es precisamente que
el Ser o el poder de manifestación del Ser tiene necesidad del hombre y que, viceversa, el hombre es hombre
únicamente en la medida en que él es la manifestación
(Offenharhei.t) del Ser.
Por ahí debería ser abordada la cuestión de saber en qué medida no me ocupo más que del Ser
olvidando al hombre. No se puede plantear la cuestión del Ser sin plantear al mismo tiempo la de la
esencia del hombre.

Wisser: Nietzsche dijo un día que el filósofo era la
mala conciencia de su tiempo. Poco importa lo que
Nietzsche haya entendido por ello.

[ 26]

Pero si se considera vuestra tentativa de ver la
historia filosófica del pasado como una historia del
decaimiento en relación al Ser, y en consecuencia
de "destruirla", más de uno podría estar tentado
de llamar a Heidegger la mala conciencia de la filosofía occidental. ¿En qué consiste, a vuestros ojos,
el signo más característico, por no decir el momento más característico, de lo que llamáis el "olvido
del Ser" y el "abandono del Ser"?

Heidegger: Para empezar debo corregir un aspecto
de vuestra pregunta, cuando usted habla de la "historia de la decadencia". Esta expresión no es empleada en un sentido negativo. Yo no hablo de una
historia de la decadencia, sino sólo del destino
( Geschick) del Ser en la medida en que se retira más
y más con relación a lo manifestado del Ser en los
griegos -hasta que el Ser llega a ser una simple objetividad para la ciencia y hoy un simple fondo de
reserva (Bestand) para la dominación técnica del
mundo. En consecuencia: nosotros no nos encontrarnos en una historia de la decadencia, sino de
retiro del Ser.
El signo más característico del olvido del Ser -y el
olvido debe ser pensado siempre a partir del griego,
de la /.éthe, es decir, del hecho de que el Ser se esconde, se sustrae-, esto es, el signo más característico del
destino, que es el nuestro, es -en tanto que yo solamente puedo darme cuenta- el hecho de que la cuestión del Ser que yo planteo no ha sido aún comprendida.

Wisser: Hay dos cosas que usted siempre pone en
debate y de las cuales señala su carácter problemático: la pretensión de la ciencia a la dominación, y su
manera de concebir la técnica, que no ve en ella
más que un medio útil de llegar más rápidamente
al fin respectivamente deseado. Precisamente en
nuestra época, donde la mayor parte de los hombres atienden todo de la ciencia y donde se les
muestra, por emisiones televisivas mundiales, incluso extraterrestres, que el hombre puede alcanzar por medio de la técnica lo que se propone, vuestras ideas sobre la ciencia y la esencia de la técnica
causan quebraderos de cabeza a muchas personas.
¿Qué entiende usted en primer lugar cuando afirma que la ciencia no piensa?

Heidegger: Comencemos en principio por los
quebraderos de cabeza: yo encuentro que ellos son
por completo saludables. Hay incluso demasiados
pocos quebraderos de cabeza hoy en el mundo Y

una gran ausencia de ideas, que están precisamente en relación con el olvido del Ser. En esta frase:
"la ciencia no piensa", la cual hizo tanto ruido cuando la pronuncié en el marco de una conferencia
en Friburgo, significa: la ciencia no se mueve en la
dimensión de la filosofía. Pero sin saberlo, ella se relaciona con esta dimensión.
Por ejemplo: la física se mueve en el espacio, en
el tiempo y el movimiento. La ciencia en tanto que
ciencia no puede decidir lo que es el movimiento,
el espacio y el tiempo. La ciencia no piensa, por lo
tanto, eso, no puede igualmente pensar en ese sentido con sus métodos. Yo no puedo decir, por ejemplo, con los métodos de la física, lo que es la física.
Lo que es la física no puedo más que pensarlo a la
manera de una interrogación filosófica. La frase:
la ciencia no piensa, no es un reproche, sino una simple constatación de la estructura interna de la ciencia: es lo propio de su esencia que, por una parte,
ella misma olvide y descuide lo que exige ahíde ser
pensado.

Wisser: ¿Y qué entiende usted, en segundo lugar,
cuando dice que un peligro más grande que el de
la bomba atómica es para la humanidad hoy el conjunto de las leyes ( Ge-setz) que pone la técnica, su
"Dispositivo" ( Ge-stel[), como ha llamado usted a la
característica fundamental de la técnica, que es
desvelar lo real en tanto que fondo de reserva, como
se hace a la espera de que se ejecute una orden; en
otros términos: hacer de suerte que todo y cada
uno pueda ser llamado con el apoyo de apretar un
botón?
Heidegger: Por lo que respecta a la técnica, mi definición de su esencia, que no ha sido aceptada
h_asta el momento en ninguna parte, es -para decirlo en términos concretos- que las ciencias modernas de la naturaleza se fundan en el marco de
desarrollo de la esencia de la técnica moderna y
no a la inversa. Debo decir que en principio no estoy contra la técnica, como tampoco contra lo que
se ha llamado el carácter "demoníaco" de la técnic~. Yo, lo que he intentado, es comprender la esencia de la técnica. Cuando usted evoca esa idea de
~eligro que representa la bomba atómica y del peh?ro aún más grande que representa la técnica, yo
pienso en lo que se desarrolla hoy bajo el nombre
de biofísica, a lo que, en un tiempo previsible, estaremos en condición de hacer el hombre es decir
de construirlo en su esencia orgánica misma tal ;
como se lo quiera: bien hechos y mal hechos, inte-

ligentes y tontos. ¡Se va a llegar a eso! Existen ya las
posibilidades técnicas y han sido objeto de comunicación de parte de algunos Premios Nobel durante una reunión en Lindau -yo he hablado también
sobre la cuestión en una conferencia dada en
Messkirch hace algunos años [ titulada:
Gelanssenheit= Serenidad].
Entonces: es necesario ante todo rechazar el malentendido según el cual yo estaría contra la técnica.
En la técnica, a saber, en su esencia, veo que el
hombre está colocado bajo la amenaza de una potencia que lo empuja a sacar a flote sus retos y desafíos y frente a la cual él no es más libre -veo que
una cosa se anuncia aquí, esto es, una relación especial entre el Ser y el hombre- y que esta relación, que se disimula en la esencia de la técnica,
podría un día revelarse con toda su claridad.
¡Yo no sé si esto llegará! Veo sin embargo en la
esencia de la técnica la primera aparición de un
secreto mucho más profundo que he llamado
Ereignis [traducción posible: "acontecimiento de
apropiación"] -podéis deducir que él no deberá
ser en absoluto cuestión de una resistencia a la técnica o de su condenación. Pero se trata de comprender la esencia de la técnica y del mundo técnico. A mi manera de ver esto no puede hacerse en
tanto que se mueva, sobre el plano filosófico, en la
relación sujeto-objeto. Esto significa: la esencia de
la técnica no puede comprenderse a partir del

marxismo.
Wisser: Todas vuestras reflexiones se fundan y desembocan sobre la cuestión, que es la cuestión fundamental de vuestra filosofía, la cuestión del Ser.
Habéis siempre dicho que no querías agregar una
nueva tesis a las numerosas tesis existentes sobre el
Ser. Precisamente porque el Ser ha sido definido
de maneras tan diferentes, por ejemplo como cualidad, como posibilidad y realidad, como verdad, o
como Dios, es que usted presenta la cuestión de
una armonía (Einklang) susceptible de ser comprendida: no en el sentido de una super síntesis,
sino como un cuestionamiento sobre el sentido del
Ser.
¿En qué dirección se orienta, a través de su pensamiento, la respuesta a la pregunta: por qué hay
entes y no más bien nada?

Heidegger: A eso debo responder con dos cuestiones: en primer lugar, debo esclarecer la cuestión
del Ser. Creo entrever una cierta falta de claridad
en la manera en que usted plantea la pregunta. La

[ 27]

�1 ,.

expresión "cuestión del Ser" es ambigua. La cuestión, o sea la pregunta por el Ser, significa en principio la pregunta por el ente en tanto que ente. Y
en esta pregunta se define lo que es el ente. Pero la
respuesta a esta cuestión da la definición del Ser.
La pregunta por el Ser puede sin embargo comprenderse también en el sentido siguiente: ¿sobre
qué se funda toda respuesta a la pregunta sobre el
ente, es decir, sobre qué se funda en general el descubrimiento ( Unverborgenheit) del Ser? Para tomar
un ejemplo: los griegos definen el Ser como la
presencialidad (Anwesenheit) de lo que está presente. La noción de presencialidad recuerda a la de
actualidad ( Gegenwort), la actualidad es un momento del tiempo, y por ello la definición del Ser en
tanto que presencialidad se refiere en consecuencia al tiempo.
Si intento ahora determinar la presencialidad a
partir del tiempo, y si investigo, en la historia del
pensamiento, lo que se ha dicho sobre el tiempo,
encuentro que a partir de Aristóteles la esencia del
tiempo está determinada a partir de un Ser ya determinado. Así: el concepto tradicional del tiempo
es inutilizable. Y es por este motivo que yo ensayé desarrollar, en Ser y tiempo, un nuevo concepto del
tiempo y de la temporalidad en el sentido de la
abertura ek-stática ( ektatische Offenheit).
La otra pregunta es una cuestión que ya fue planteada por Leibniz y fue retomada por Schelling y
que yo repito textualmente al final de mi conferencia "¿Qué es la metafísica?", ya mencionada.
Pero esta pregunta tiene en mí un sentido totalmente diferente. La idea metafísica que se hace habitualmente de lo que se pregunta en esta cuestión significa: ¿por qué, después de todo, el ente es
y no más bien la nada? Es decir: ¿dónde está la causa ( Ursache) o el fundamento ( Grund) para que el
ente exista y no la nada?
Yo, por el contrario, pregunto: ¿por qué el ente
existe y no más bien nada? ¿Por qué el ente tiene la
prioridad, por qué la nada no es pensada como
idéntica al Ser? Es decir: ¿por qué el olvido del Ser
reina y de dónde viene? Esta es, entonces, una cuestión muy diferente de la cuestión metafisica. Es decir, yo pregunto: ¿qué es la metafisica? Yo no planteo una cuestión metafísica, sino que planteo la
cuestión de la esencia de la metafísica.
Como usted se dará cuenta, estas cuestiones son
extremadamente difíciles y son, en el fondo, inaccesibles a la comprensión humana. Exigen un largo "quebradero de cabeza", una larga experiencia
y una verdadera confrontación con la gran tradi-

[ 28]

ción. Uno de los grandes peligros hoy para nuestro
pensamiento es precisamente que el pensamiento
-lo entiendo en el sentido del pensamiento filosófico- no tiene ya más una verdadera relación originaria con la tradición.
Wisser. Desde toda evidencia, lo que a usted importa es ante todo la desconstrucción de la subjetividad, y no lo que se escribe hoy en letras mayúsculas, la Antropología y el Antropocentrismo, no la
idea que el hombre tenga ya, en la conciencia que
tiene de sí mismo, y en la acción que cumple, sometido a su propia esencia. Antes bien, usted invita al hombre a prestar primero atención a la experiencia de su ser-ahí [Da-sein=estar(sein) en el
Ahí(Da) del Ser], donde el hombre puede reconocerse como una esencia abierta al Ser y el Ser se
ofrece a él como re-velación ( Un-verborgenheit).
Toda vuestra obra está consagrada a probar la necesidad de una tal transformación del ser del hombre a partir de la experiencia del ser "ahí".
¿Ve usted indicios que permitan creer que este
pensamiento considerado como necesario se convertirá en realidad?
Heidegger: Nadie sabe cuál será el destino del pensamiento. En 1964, en una conferencia que no pronuncié yo, pero cuyo texto fue leído en traducción
francesa en París, hablé de "el fin de la filosofía y la
tarea del pensar". Hice entonces una distinción entre la filosofía, es decir, la metafísica, y el pensamiento tal cual yo lo entiendo.
El pensamiento que en esa conferencia yo distingo de la filosofia-lo que se hizo sobre todo cuando yo intenté esclarecer la esencia de la &lt;Xt..110Eta
griega-, este pensamiento es, fundamentalmente,
en su relación con la metafísica mucho más simple
que la filosofía, pero, precisamente en razón de su
simplicidad, mucho más difícil de alcanzar.
Y él exige un nuevo y cuidadoso trabajo con el
lenguaje, y no una invención de términos nuevos,
como había pensado antes; más bien un retorno
al contenido originario del lenguaje que nos es propio, pero que es presa de una decadencia continua.
Un pensador futuro que se coloque ante la tarea
de asumir efectivamente este pensamiento que yo
intenté preparar, deberá acoplarse a una palabras que
Henrich von Kleist escribió un día y que dicen:
"Me enfrento ante alguien que todavía no está
ahí, y me inclino, a una milenaria distancia, ante
su espíritu".

LOS SONETOS DEL VADO
■ Ricardo Yáñez
Yo SUPE del amor, si se /,e siente
latir en el vacío su aquí estuve,
fui la estrella radiante de tu nube,
fui tu guía mejor y la corriente
de Castalia en tu alma dolorosa,
fui de ti lo mejor, y fui la rosa
del corazón abierta y cardinal
yfui también entero ese rosal

•••

que canta aunque parece que solloza
y que en lirismo abisma toda prosa.
Yo supe del amor y su abismal
padecimiento vivo, que se goza
alianza de los reinos divinal.
Yo supe del amor. Ya no es igual.

LA FUENTE de la voz no es una voz,
es menos que una voz y muchas voces.
La fuente de la voz.. . Si la conoces.
No quieras eludirla con tu tos.

SI LA MÚSICA ciega, deja ver
que hay que poner a tiempo el corazón
para hacer de soneto la canción
y el modo en que se pueda comprender,

Cof, cof, qué carraspera. No anda en pos
esa fuente de ti, se ve, se siente
-en la foto, en el flash, entre la gente
Yeste instante del clic que hola y adiós

si no entender, que la palabra ser
es sílaba más digna de atención
de lo que hasta ahora, y que su son
bien pulsado se debe merecer.

Pasa a saberse tiempo ya decrépito.
La fuente de la voz no es este estrépito
de exitosos señores y señoras

Al nombrar lo que nombra se desnuda
de sí lo que materia un algo ruda
retórica llamamos y sutil

hablando en knguas a cual más canoras.
1-:1' fuente de la voz, la que procuras
sin casi darte cuenta, sólo a oscuras.

destila su licor delicias mil
- llora la voz amarga, sangra y suday el alma al fin retorna a su cubil.

[ 29]

�AMoR soy no obligado, cuál edicto

desandado e indeciso
Uega a l,o oracular que dukifica,
oro líquido fiel presto /,e indica
el final del que fuera cruel hechizo.
OLVIDO

/,e dará realidad, no ocupo cargo
alguno en este amor de tiempo largo,
historial sonreidor y nada estricto.

••

Le dice: -Aquí tu vida cristalizo

en luz que delicada intensifica
algo dentro de ti y la purifica
en como un sacudión pero preciso,
concierta tanta parte no acordada
y partiendo de ell,o tu mirada
regresa suavemente al paraíso.

Duy el amor que soy, dulce o amargo,
colmado de manías, pero invicto,
dejado de la mano, ay, derelicto,
de Dios algunas veces sin embargo.
Siendo el amor que soy el hoy atiendo
como tendero fiel a su clientela.
No mucha por cortar me queda tela

Esro de la poesía, mal negocio
y peor si reuniditos en simposio,
ingeniosos, brillantes, todo un ocio
bien trabajado l,os poetas, socio...

Vas del nada sentir al compromiso
con el amor, las úryes que l,o rigen,
y uyes hablar tu voz desde el origen.

mas desenvuelvo el género sabiendo
que sin de amor saber y sin escuela
/,o que de amor gocé estuvo estupendo.

Yo, que serví a las Musas fiel esclavo
y después padrotill,o de a centavo
me propuse, martill,os para un clavo
mil y uno vi, y no atinar al cabo
ni uno. No lucieron, qué mal fario,
esos poetas, pero yo becario
me esmeraba en cumplir, aunque algo otario,

S1 VUELVO en mí desde ninguna parte
y hacia ninguna parte vuelvo herido
si soy felicidad como sin ruido
y me dona un lucero este estandarte

y bien que mal, más mal que bien, la lucha,
serrín serrán, serrucha que serrucha,
Juera abajo el soneto cae, escucha:

oscuro y abisal que ondea sin arte
disperso y concentrado su sentido
si en esta oscuridad soy el olvido
jamás antes sabido en un aparte
que es un apartamiento y mis trabajos
rústicos disparejos altibajos
intentando nombrar del todo al todo
sin rodeos nomás y sin atajos
al fin a cada cosa su acomodo
/,e dan pues a olvidarse de destajos

[ 30]

Lo ETERNO es raudo, se sabe,
dura la vida un segundo,
llegas y te vas del mundo
y a quién heredas la llave

LA voz de la mujer, la voz que canta,
la voz que no sabe decir sino que sabe
todo l,o que no sabe, sabiamente,
la voz que se descifra en su ignorancia,

del vivir, que en ti no cabe,
que como trino en la rama
en un dulzor se derrama
de azahares que quien /,o alabe

pasmada, en abismal bril/,o de estrella,
a l,o l,ejos, oscuramente ardiendo,
esa mujer que digo, que nos dice,
que digo que nos dice maravilladamente.

diciendo nada dirá
el todo de /,o que da
cuando el amor es de veras.

Se deja desasir, esa voz, de sí misma,
se deja averiguar en claridades
que la ponen contenta, aunque algo exhausta.

Verás, si no desesperas,
que ese amor se te dará.
La llave y lo que abrirá.

Esa mujer es una rosa eterna
siempre que canta, fresca, frescamente.
Y esa voz es la voz de /,o que pasa.

[ 31]

�EL CUERPO: ESPACIO DE VIOLENCIA
EN LA NARRATIVA DE MUJERES

BTE AQUÍ caball,ero

que la panza
impertinente enseña y el ombligo
olvida mientras posa -la luz mansa,
un remanso de paz- y que descansa

■ Cristina Elenes

a la ve;. que pretende lo que digo
como entreoír, lo que quizá no aú:anza;
este calvo seña,; este que lanza
la mirada al vacío a que me obligo
para fotografiarlo cual se debe
junto a la a/ha pared, casi de nieve,
de nieve un algo sucia, compañía

UNA LA wz y una la esperanza
que sostiene la vida, y uno el fuego
que en la herida al costado quema luego
de que lo tan deseado al fin se aú:anza.

cálida sin embargo, muy derecho,
desabrochada la camisa, el pecho
no en presunción, ya entonces se moría.

•••

Una la sangre en aro ya la lanza
convirtiendo su hierro, y uno el ruego
parque no se haya errado en el trasiego
de la sangre al grial. Ya la alabanza
del ángel que carona las espinas
de perlas, trae su suma de armonía
y crecen cinco rosas matutinas

UNA CRUDA maral y otros poemas
debiérase llamar, ¿no crees?, tu obra,
parque a ver, vamos viendo, ¿no /,e sobra
todo y anexas a la pobre pobra?

en pies y manos y costado, vía
para entender la luz y la esperanza
en la unicidad que al fin se aú:anza.

Te agarras del prestigw de los temas
-inestabilidad, ansia, zozobra,
entre otros- y así ya los prob/,emas
imaginas resuelves. Ni la cobra
con la flauta encantada se distrae
tanto como tu voz, mal fario trae
y tú tan johnny Walker, contentísimo.
Ya te aguanté bastante, bastantísimo.
¿Vergüenza no te da tanto cinismo?
¿Y cómo, verdad, si es di/,etantismo?

[ 32]

A

revisar la narrativa de las escritoras
mexicanas del último siglo encontramos una notable ausencia de pasajes violentos en su literatura. Pensemos en una novela como Arráncame la vida, de
Ángeles Mastretta, donde, aun cuando la protagonista está casada con un asesino, la violencia le pasa
de largo, ni siquiera la despeina. Y los ejemplos parecen repetirse. ¿Dónde encontramos en esta literatura la ira de una escritora como Tony Morrison,
con protagonistas que son capaces de enterrar el
cuchillo en el cadáver de una mujer durante su velorio o la madre que hunde los dedos en el cuello
de su bebé y siente la sangre fluir, como quien desolla
una oveja, para evitar entregarla a la esclavitud?
Porque la violencia en la literatura tiene esta
función: la de escandalizarnos. Y nos escandaliza
porque transgrede, sobrepasa los límites y, por lo
tanto, nos muestra la debilidad del sistema. Todo
crimen señala la fragilidad de la ley.
Pensemos que transgresión y literatura van de

la mano. La literatura busca cruzar las barreras de
lo prohibido y a través de la violencia se convierte
en un grito que nos despierta del letargo.
¿Significa entonces que las escritoras mexicanas no tienen nada que señalar? ¿Vive la mujer en
nuestro país una existencia ideal, donde los conflictos se resuelven pacíficamente frente a una taza
de café? Es difícil creer que sea así.
Por lo tanto, sería lógico pensar que existen escritoras mexicanas que recurren a la violencia en su
literatura. Y no sólo esto, sino que así como la literatura de mujeres presenta panoramas diferentes en
cuanto a temas o espacios, dando, por ejemplo, una
mayor relevancia al espacio privado frente al público, así también podemos presuponer que la violencia adquirirá características particulares.
En nuestra búsqueda de la violencia en la narrativa de mujeres, y pensando que tendría que
haber escritoras mexicanas con el valor de apropiarse de ésta para transgredir los límites impues-

[ 33]

�En "Los dos abriles", de Martha Cerda, la casa
tos, nos cruzamos en el camino de cuatro excese
va
muriendo al mismo tiempo que sus habitanlentes escritoras: Inés Arredondo, Rosario Castetes. En la cocina, los peroles esparcen fetidez, al
llanos, Martha Cerda y Patricia Laurent, las dos
igual
que los moradores que se pudren en vida. ¿Y
últimas publicadas en esta ciudad de Monterrey.
1
qué decir de "Sombra entre sombras", donde la
En los cuentos "Sombra entre sombras", de
decrepitud y saqueo del cuerpo de la protagonisInés Arredondo; "Lección de cocina'',2 de Rosata va a la par con el saqueo de una mansión antes
rio Castellanos; "Los dos abriles'',3 de Martha Cer4
lujosa?
da, y la novela El camino de Santiago, de Patricia
Es interesante que la violencia en esta literatuLaurent, violencia, cuerpo y sexualidad se funden,
ra de mujeres se manifieste en el cuerpo, el lugar
ofreciéndonos una narrativa inquietante y cruenfavorito
de las prohibiciones. El poder demarca
ta. Y es que en la escritura de estas autoras la viozonas en el cuerpo; así ejerce dominio sobre el
lencia no se manifiesta en batallas épicas o luchas
Otro. Pero la perversión -ese lugar oscuro localipúblicas con navajas; sino que se repliega hacia el
zado entre lo prohibido y lo abyecto- representa
interior, hacia el propio cuerpo.
en
sí una toma de poder.
La fuerza del cuerpo como espacio de agresión
La autoridad define lo que está permitido. Más
no escapa a nadie. Es el lugar de la primer violenallá,
lo que se encuentra fuera de la ley, se concia, el nacimiento, la expulsión del cuerpo matervierte en suciedad y repulsión. En el cuerpo, es la
no. Es el cuerpo también el primer límite, con la
materia proveniente de su interior lo que desborpiel que define la frontera del individuo, tanto en
da los límites. La violencia nos humedece con los
lo biológico como en lo psíquico.
flujos que emanan del mismo: semen, sangre, saEs aquí donde la mujer lucha, en un viaje haliva y vómito. Sobre todo, la sangre que adquiere
cia el interior, que no será una búsqueda romántiuna variedad de matices: sangre que fluye libre,
ca o bucólica de identidad, sino una confrontasangre
espesa que corre lenta, sangre de heridas,
ción erótica y violenta, más allá de los límites imsangre coagulada, sangre seca, sangre engusanada,
puestos por el orden y la ley, trastocando el orsangre que mancha las sábanas limpias, sangre
den, cuestionando la ley.
convertida en ceniza, sangre menstrual que repreEl tema de estas cuatro narraciones es variado:
senta
la esterilidad y sangre que se licua simbolila peste que azota Guadalajara en 1786, en "Los
zando la fertilidad. Sangre que continúa manandos abriles", de Martha Cerda, y su reflejo en la
do aun después de la muerte.
decadencia de una sociedad colonialista; la lucha
Fluidos que aluden a la estrecha relación viointerna contra el intruso Santiago, que se ha apolencia-sexualidad. Porque en estas narraciones la
derado del cuerpo de la protagonista, en El cami,
sexualidad es perversa y mordaz, manifestada en
no de Santiago, de Patricia Laurent; una mujer reel incesto y la violación, en una agresión sexual
cién casada que se prepara a cocinar su primer
que se da de hombre a mujer, de mujer a hombre,
cena, en "Lección de cocina", de Rosario Castellaincluso de hijo a madre. Sin embargo, violencia y
nos; y la búsqueda del amor-pasión en una mujer
sexualidad no están exentas de gozo, como en "Los
casada con un sátiro, en "Sombra entre sombras",
dos abriles", donde la madre moribunda se monde Inés Arredondo.
ta sobre el hijo que tiene un cuchillo entre las pierPodemos notar que aun cuando los argumennas. "Ella expiró de gozo", dice.
tos son diversos, en estas cuatro narraciones una
Vida y muerte están presentes simultáneamenconstante es que el cuerpo es el espacio donde
te en el cuerpo, ya que vida y muerte no son contiene lugar la violencia. Sin embargo, el cuerpo
diciones
excluyentes. Así, el cuerpo se convierte
como ente simbólico no se limita a la piel, sino
en cadáver viviente y los muertos copulan engenque se expande para incluir el espacio principal
drando muertos.
de la mujer: su casa. Cuerpo y casa se convierten
Ante la campana que anuncia la peste, una de
en uno. Así, en El camino de Santiago, al irse enlolas hermanas, en "Los dos abriles", dejará lo que
queciendo la protagonista el jardín se seca, el peestá haciendo para buscar a su hermano. "La pesrro huye, el gato muere, el hogar se infesta de
te nos espoleaba las intimidades y nos urgía a eshormigas y la protagonista se pregunta: "Esto se
capar
de la muerte juntando una vida a otra." La
está volviendo un ataúd, ¿o no?"

[ 34]

misma hermana que continuará retozando hasta
el instante de su muerte.
Entrar en contacto con lo repulsivo tiene la
capacidad de convertirse en una experiencia gozosa, desbordante, incluso mística. Tal es el ejemplo de los santos que frecuentan leprosarios y lavan las heridas. El cuerpo pestilente que supura
se convierte en espacio de espiritualidad y pureza. El protagonista de "Los dos abriles" busca esta
espiritualidad en los enfermos de la peste, encontrando el deseo exacerbado que de nuevo nos remite a la relación violencia-sexualidad-muerte:
Había dos mil indigentes vestidos con harapos que
como perros hambrientos esperaban su ración. Me
vi dos mil veces repetido en cada uno de esos miserables, indignos de llevar un alma adentro. Con todos los instintos de fuera devoraban potajes con tanta fruición que me excité y me uní a ellos con un
apetito voraz que se transmitió a cada uno de mis
sentidos. Y regresé.
Nada había cambiado. Yo también era el mismo.
Quemé el sayal y gocé a las tres hembras de mi sangre, juntas por primera vez. Luego nos sentamos a
esperar la muerte ... 5
En las narraciones se repiten dos figuras violentas: la madre y el hombre-amante. En "Sombra entre sombras", es la madre quien despeja el
camino a Ermilo, el hombre sátiro y perverso que
desposa a la hija. En El camino de Santiago, la madre ausente va dejando a sus hijos por la calle; y
más adelante en la historia, ante el intento de suicidio de la hija, exclama: "¿Por trapear el piso?"
Pero son las mujeres de "Los dos abriles" quienes muestran la violencia más cruenta hacia sus
hijos. La madre que mata a la hija enloquecida
cortándole la lengua, aventando enseguida el
apéndice a los perros; así como el personaje que
muere de parto, pero antes mata a su hijo, al que
no deja salir del vientre.
La segunda figura violenta, el hombre-amante, se encuentra presente en las cuatro narraciones,- _Es el hombre que se convierte en una respi~ac1on con flemas y el bufido que sale de las entranas de una bestia. El animal que olfatea, la bestia
qu~ agarra al vuelo; su pelo son espinas que rasgunan el cuello.
~s el esposo sátiro que grita "Esto sí me lo pagaras con sangre". La narradora en primera per-

sona del cuento "Sombra entre sombras" describe la violencia de la escena:
Yo me quedé petrificada. Me alcanzó con una mano,
pero razgando el vestido pude zafarme, y así seguimos, él tratando de asirme con sus manos, con sus
uñas y yo huyendo, siempre huyendo. Hasta que me
atrapó frente a la chimenea. Ambos estábamos jadeantes y nos quedamos mirando con odio. Luego
me cogió fuertemente por el cuello y me obligó a
ponerme de rodillas. -Aquí morirás- y para hacer
mayor mi miedo, con el filo del verduguillo cortó
todas las ropas por mi espalda y lo hundió en mi
came.6
A través de la violencia, y despojado de todo
adorno, el cuerpo queda en lo esencial: un trozo
de carne. Carne "asquerosamente viva", en El camino de Santiago; o un bistec, en "Lección de cocina". El símil entre el cuerpo de la mujer quemada
por el sol de la playa durante su luna de miel y la
cena que intenta cocinar como recién casada se
encuentra en el bistec que pasará por varias metamorfosis: de la pieza congelada y amorfa a la carne cruda y roja "como si estuviera a punto de echarse a sangrar", a la carne dorada y olorosa, hasta
terminar en carne carbonizada. Expuesta al fuego, se consume y la carne "que daba la impresión
de ser algo tan sólido, tan real, ya no existe", referencia a su renuencia a aceptar a un esposo-padre que se erige ante ella como la ley que habrá
de acatar por el resto de su vida.
La literatura contemporánea, en su función
transgresora, busca comprobar la imposibilidad de
la religión, de la moral, del derecho; su abuso de
autoridad, su semblante absurdo. Surge, así, la
perversión como un recurso para deformar y burlarse del poder.
Las narradoras reseñadas escriben en busca de
sus propios fantasmas y perversiones, y los encuentran en el cuerpo. Es aquí donde asimilan las fuerzas oscuras, las partes negativas de sí mismas y de
la sociedad-sistema que determina al cuerpo como
símbolo de lo posible y lo prohibido.
Lo repulsivo nos remite a la impureza, y ésta es
una de las transgresiones más fuertes de la mujer:
asumirse como cuerpo impuro que, en el caso de
Inés Arredondo, equivale a una purificación a través del amor/ pasión:

[ 35]

�Ahora tengo setenta y dos años. Él apenas cincuenta y nueve. No tengo dientes, sólo puedo chupar y
ya no hago nada para disimular mi edad, pero
Samuel me ama, no hay duda de eso. Después de
una bacanal en la que me descuartizan, me hieren,
cumplen conmigo sus más abyectas y feroces fantasías, Samuel me mete a la cama y me mima con una
ternura sin límites, me baña y me cuida como una
cosa preciosa. En cuanto mejoro, disfrutando mi
convalecencia, hacemos el amor a solas, él besa mi
boca desdentada, sin labios, con la misma pasión
de la primera vez, y yo vuelvo a ser feliz. Mi alma
florece como debió de haber florecido cuando era
joven. Todo lo doy por estas primaveras cálidas, colmadas de amor, y creo que Dios me entiende, por
eso no tengo ningún miedo a la muerte. 7
La violencia nos permite sabernos vivos, porque el ser ha sentido su propia muerte y busca
afirmar su existencia.
La mujer que escribe con la fuerza de la violen-

cia -¿y qué mayor violencia que la que se da en el
espacio del cuerpo?- se mira y busca, enturbia las
aguas, porque desea mover lo que está asentado
al fondo, traerlo a la superficie y exponerlo. Lo
importante es hacer sentir, cuestionar lo que se
da por hecho y obtener una reacción.
Como estas cuatro narradoras nos muestran,
para vivir en completud hay que hundirse primero en las grietas ...

EL NOVELISTA REPORTERO
[Entrevista con Arturo Pérez-Reverte]
■

José Garza

NOTAS
Inés Arredondo, Los espejos, Ed. Joaquín Mortiz, México, 1990.
Rosario Castellanos, Album de familia, Ed. Joaquín Morúz, México, 1994.
3 Martha Cerda, Las mamás, ws pastores y ws hermeneutas, Ediciones Casúllo, Monterrey, 1995.
4 Patricia Laurent Kullick, El camino de Santiago, Fondo Estatal
para la Cultura y las Artes de Nuevo León, Monterrey, 2000.
5 Martha Cerda, op. cit., p. 79.
6 Inés Arredondo, op. cit., pp. 131 y 132.
7 Inés Arredondo, op. cit., p. 152.

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Surgió la idea y supo que iba a escribir

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[ 36]

una novela. Un día, ante su botella de cerveza en
"La Ballena", en Culiacán, escuchando canciones fascinantes, como Contrabando y traición, de la rockola,
Arturo Pérez-Reverte lamentó carecer de talento
para resumir la historia que tenía en la cabeza en
tres minutos de música y palabras. El suyo iba a ser,
qué remedio, un corrido de papel impreso y de más
de quinientas páginas, con el título La &amp;na del Sur.
Cada uno hace lo que puede. Pérez-Reverte tiene
la certeza de que de cualquier manera, en cualquier
lugar, alguien compondrá el tema que algún grupo
de leyenda mexicano cantará sobre el personaje
principal de la obra: Teresa Mendoza, una
narcotraficante que surgió en Sinaloa, que cruzó el
Atlántico para abrir brecha al negocio en Gibraltar
Yla zona del mediterráneo español y de la que al
final nunca más se supo nada.
Los españoles están seducidos por el cuento de
gran aliento de Pérez-Reverte. La R.eina del Sures
la sensación editorial del momento. La prensa en

Madrid ha desplegado páginas completas con entrevistas al escritor y reseñas y comentarios críticos sobre la novela. La presentación del libro, a
mediados de junio, en el Círculo de Bellas Artes
de Madrid, en el centro de la capital española, estuvo hasta el colmo de gente que formó una larga
fila para conseguir el saludo y el autógrafo del
autor, además de disfrutar de la actuación de los
hermanos Jaramillo, un duo de guitarras que interpretó los corridos mexicanos más populares.
Alfaguara, la casa que ha impreso la novela, ha
hecho un primer tiraje de 250 mil ejemplares. Y
todo ello ocurre cuando también Gran Vía, la
empresa discográfica de Prisa, el grupo al cual
pertenece Alfaguara, acaba de publicar un disco
doble de Los Tigres del Norte (que en septiembre harán gira por acá), con más de treinta éxitos.
Con La &amp;na del Sur, y la publicación del primer disco en España de Los Tigres del Norte, los
españoles se están rindiendo a los pies de la música mexicana, de los corridos.

[ 37]

�Yo me alegro de ayudar en cierta forma a abrir
la puerta a Los Tigres -dice Pérez-Reverte-. Los
Tigres se han amariconado un poco: ya son más
románticos; pero en su primera etapa, aquellos
de Contrabando y traición, fueron los mejores.
Pérez-Reverte se afirma conocedor del corrido mexicano. Su padre le cantaba corridos de la
Revolución Mexicana y esa herencia la ha cargado consigo, literalmente, a través de un casete con
la voz de Ignacio López Tarso, que a veces forma
parte de su equipaje de viaje.
A mí lo que me sorprende -confiensa Pérez-Reverte- es el hecho de que en México se han escrito
novelas que son boleros, cuando hay tanto corrido
por novelarse. El corrido corresponde a un esquema narrativo tan potente y tan popular, que tengo la
sospecha que los mexicanos no sois conscientes de
esa riqueza.
A mí me parece que Pérez-Reverte se equivoca. Y se lo manifesté en su momento. Los corridos
mexicanos conforman un elemento de la cultura
mexicana de más de siglo y medio de existencia,
arraigado en la sociedad, sin imposiciones y efectivamente tan popular que ha sido precisamente
la industria cultural la que se ha encargado de asimilarlo. El departamento de estudios chicanos de
la Universidad de Californa, en Los Ángeles, fundó un foro de estudios sobre el corrido, un género explotado hasta sus máximas consecuencias comerciales por gente como Ramón Ayala, Luis y
Julián y Los Tigres del Norte.
Las novelas y los cuentos de Daniel Sada y
Eduardo Antonio Parra no son propiamente corridos, pero retratan la frontera mexicana, el territorio por excelencia de la épica corridista que
también ha pasado por el celuliode a través de las
cintas protagonizadas por los hermanos Almada y
el bigotón de Álvaro Sermeño, eso sin considerar
que Hollywood ha hecho un acercamiento exitoso al tema a través de Traffic, con la que Benificio
del Toro consiguó un Óscar por su interpretación
de un policía corrupto de Tijuana.
El corrido en México en torno al narcotráfico
es signo de identidad y garantía de éxito comercial, tanto así que Pérez-Reverte ya recibió ofertas para llevar a la pantalla grande la historia de
La Reina del Sur, pero él prefiere que ese proyecto
lo realice algún cineasta mexicano, a fin de garantizar la psicología de la novela.

[ 38]

Alabanza al carácter épico
Hotel Palace. Hotel histórico de Madrid, ubicado
en Carrera de San Gerónirno, cerca de la Embajada
de México. Suite de lujo. Pérez-Reverte recibe a los
representantes de los medios de comunicación mexicanos. Él mismo abre la puerte y ofrece algo de
beber. Viste pantalón de mezclilla y camisa azul. Se
muestra amable, abierto; habla con fluidez y con
mucho entusiasmo; de vez en cuando suelta palabrotas mexicanas - "chingaderas"- , pero pide que
se omitan al momento de transcribir lo que dice.
Mi novela no tiene ninguna intención moral-explica el escritor-. Yo no pretendía denunciar ni explicar
ni documentar. Yo cuento la historia de una mujer.
Una mujer que, por sus características, por su historia, por sus aventuras, me interesaba poner en
una zona de frontera, una zona dura con reglamentos de hombres; una zona masculina donde
ella tuviera que defender su condición de mujer.
Para mi novela necesitaba un ambiente duro y ese
ambiente duro es el mundo de la droga. ¿Por qué
no Colombia? El narco colombiano es otra cosa.
El mundo colombiano del narcotráfico es un
mundo muy sombrío y muy degradado, mientras
que en México el narco todavía es un mundo que
está mezclado con la sociedad; en algunos lugares
de México, como Sinaloa, Baja California, el mundo del narco es menos opresivo de lo que es en
Colombia.
Pérez-Reverte se protege. No hace una apología
del narcotráfico con La Reina del Sur. Tampoco
mitifica. Su interés, y en todo caso la alabanza, está
en el carácter de la gente y de esos personajes, como
Teresa Mendoza, que existen en los ambientes de
hostilidad; carácter que dota a la existencia de un
sentido épico, digno de ser recogido casi por antonomasia en en una canción, en un corrido.

"Yo me comprometo hasta las trancas"
La Reina del Sur comienza con un recurso cuasi
periodístico: el de un personaje narrador que corresponde a la figura de un escritor, que asiste al
encuentro con la narcotraficante para sostener
una entrevista. Ese encuentro le permitiría poner
punto final a la historia que ha escrito sobre ella.
Teresa Mendoza surge en Sinaloa, pero se ve obligada a marcharse a la tierra de su padre, España.

•••
Se instala en Gibraltar; sufre prisión y un cambio
cultural tremendo -en la cárcel deja atrás su condición de analfabeta y conoce los privilegios de la
lectura- y desde ahí levanta la industria que le
daría fama como "La mexicana" que aparece incluso en revistas como Hola!
La historia de la nueva novela de Pérez-Reverte ocurre en doce años y su escritura es ordinaria,
ortodoxa. No hay audacias literarias, pero pueden
encontrarse cosas extraordinarias en la manera
cómo el autor adopta un punto de vista narrativo
femenino y en el uso del lenguaje, en donde se
echa mano de mexicanismos, anglicismos y
españolismos; el autor escribe como se habla; y
eso, eso dota de credibilidad a la historia.
La novela está dividida en 17 capítulos, cada
uno encabezado por el título de una canción
ranchera o corrido mexicano. La obra advierte
trabajo de documentación y está dotada de refer~ncias reales. Pérez-Reverte pide prestado a la
vida real los nombres con los que identifica a sus
personajes ficticios; por ejemplo: uno de los narcotraficantes aparece con el nombre de César
"Batmán" Güemes, en alusión a un distinguido
rep~rtero de cultruales de La Jornada, amigo del
escntor.
-Tan ceñido a la realidad al escribir esta novela, ¿estuvo tentado a contar la historia en clave de

reportaje? Lo digo por el inicio de la obra, con la
presencia de un escritor que busca al personaje
para entrevistarla. ¿O elaborar un reportaje sobre
los corridos mexicanos, ya no digo sobre el narcotráfico, resultaría muy arriesgado?
-Yo me comprometo hasta las trancas, pero lo
que pasa es que yo soy un novelista y no he pretendido, con La Reina del Sur, hacer un reportaje.
Yo no he pretendido mostrar una realidad: para
eso están los reporteros, y yo fui reportero mucho
tiempo. Yo, en mis novelas, siempre utilizo documentación y cosas que hacen que las novelas tengan mucha más fuerza y estén más sostenidas. Pero
para hacer La Reina del Sur no he contado con un
museo del narco o de una biblioteca del narco:
he tenido que irme a los sitios donde el narco existe en México y en España, y para eso he tenido
que ir como reportero, sí; recuperé mis viejas actitudes, mis viejas mañas, mis viejos trucos profesionales de reportero para conseguir la información.
Pero la elaboración de toda esa información es
absolutamente literaria. Nada de lo que he visto,
oído y anotado lo he metido como realidad; todo
es ficción. He sido reportero para el trabajo, pero
no lo h e sido para escribir.
-¿Observar estas escenas mexicanas, escuchar
la música mexicana, como español, le coloca en
una posición privilegiada?

[ 39]

�-Soy un privilegiado. ¡México es un país al que
amo, macho!
-¿Cabe aquí su opinión sobre la legalización
de la droga?
-No tengo una opinión para nada. Mientras los
gringos quieran seguir metiéndose cocaína y marihuana, habrá gente que vaya a comprarse el Ford
Grand Marquis a Culiacán.

"Yo no me caigo de la nube en que ando"
Arturo Pérez-Reverte nació en Cartagena, España, en 1951. Durante 21 años, a partir de 1973,
fue reportero de prensa, radio y televisión. Su especialidad: la cobertura de conflictos internacionales, como los acontecidos en el Líbano, El Salvador, las Malvinas, Nicaragua y Angola; sus últimas labores informativas las llevó a cabo en la guerra del Golfo y en Bosnia, hasta 1994.
Antes de abandonar el periodismo, Pérez-Reverte cruzó la frontera hacia la literatura, para publicar
sus primeras novelas también conocidas en México:
El ma,estro de esgrima, La tabla deF7andesy El cluh Dumas,
llevada al cine por Roman Polanski. La fortuna llegó a este autor con Las aventuras del capitán A/atriste,
una saga literaria de seis títulos sobre un personaje
de los tercios de Flandes en el siglo XVII. PérezReverte ya ha publicado cuatro títulos al respecto, y
ya están anunciados otros dos más, los últimos. Pero
mientras escribe las páginas para esa colección, Pérez-Reverte ha publicado una serie de libros
recopilatorios (Patente de corso, uno de éstos), de sus
artículos en la revista El Semana~ que se distribuye
simultáneamente en 25 diarios españoles, así como
la novela La carta esferica, que musicalmente suena a

jazz. A mí me inquietaba preguntarle cómo le ha
hecho para escribir La Reina del Sur, sobre una mujer en el ambiente del narco y del corrido mexicano, en medio de las aventuras de Alatriste y del mundo marítimo y jazzístico de La carta esferica. Esto fue
lo que me contestó Pérez-Reverte:
"Para mí, la saga de Alatriste es una forma de
descansar. Mis novelas, las importantes, son éstas.
Lo que ocurre es que Alatriste ha cobrado una
importancia que yo no le daba y que ahora está en
los colegios. Alatriste es una forma de reposar: no
implica un esfuerzo."
-¿El éxito de Alatriste, como piezas fáciles y
"best sellers", ofuscan la calidad de sus trabajos
importantes como La Rei,na del Sur?
-No. El éxito te obliga. Yo fui mucho tiempo
reportero y he visto morir a la gente. Sé lo frágil
que somos todos. Yo vivo con la certeza de que
todo puede cambiar. Entonces, el éxito a lo que te
obliga es a no dormirte. Si no quieres caerte de la
nube en que andabas, como canta Cornelio Reyna,
la cuestión es estar siempre despierto y no descuidarte. Yo intento no dormirme justamente en el
éxito. Si me dicen que mi novela es buenísima, la
siguiente tiene que ser mejor.
La Reina del Sur ha sido puesta en circulación por
Alfaguara en la República Méxicana. Pérez-Reverte
ha viajado a nuestro país para presentar la novela.Ya
se está conociendo, entonces, de qué pasta está hecho el libro de este escritor español y si su Teresa
Mendoza, y hasta él mismo, están a la altura de corridos que merecen ser cantados por ustedes -ya no
digo por Los Tigres del Norte o Los Tucanes de
Tijuana-, cuando escuchen canciones de la rockola de "El Ruso", cada uno con su bote de Tecate
o su cubeta de cuartitos Coronita a la mano.

•••
[ 40]

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LA UNICA MENTIRA [fragmento]
■ Felipe Guerra Castro
[Estudio preliminar de César Gándara]

La

única mentira es una novela histórica local que recrea el periodo de Santa Anna. Publicada por capítulos en el diario El Siglo Nuevo,
de Monterrey, en 1901. El manuscrito del autor
pertenece a Alfonso Reyes Martínez y comprende
hasta la página 269; en las restantes, figuran recortes, plegados, hasta el capítulo LII, con un recorte adicional del mismo periódico, en el cual se
anuncia la reanudación de la publicación de la
obra, suspendida por enfermedad del autor. Es
una obra inconclusa. Está escrita en un cuaderno
de tipo francés, sobre hojas a rayas, en tinta color
sepia. Es interesante conocer una obra original;
ver cómo escribía el autor y, de esta forma, acercarnos más a su legado. Sobre esto, podemos comentar que las formas de las letras son de trazos
curvos en su mayoría, ya que todas las letras están
unidas, a manera de cursivas. Encontramos muchos lazos en el texto. La letra se ve escrita con
ligereza; lo cual nos hace pensar en una pluma
estilográfica de poco peso. Algunas de las letras
las repasa, con efectos estéticos. Como rasgos peculiares suyos, encontramos que conserva algo de
preciosismo en esos adornos de las letras, sobre
todo iniciales de cada párrafo. La inclinación de
las letras carga ligeramente hacia la derecha.
. El interés por esta obra se justifica por la necesidad de rescatar una obra literaria de relevancia
regional. Si no es la primera que se escribió en
este género, por lo menos es representativa de
los primeros trabajos narrativos escritos en Nuevo
León a principios del novecientos. José Javier Villarreal menciona, en el prólogo a su antología de
cuento "Entre la tradición y el olvido", a Alfonso
Reyes como uno de los autores medulares en la
narrativa nuevoleonesa, como un parteaguas literario; sin embargo, reconoce que hay "pálidas
muestras anteriores a él".

Felipe Guerra Castro/ dibujo de Armando lópez

Sobre el autor y su obra

•••

Felipe Guerra Castro nació en Monterrey el 22 de
febrero de 1881, y murió en la ciudad de Chihuahua el 19 de febrero de 1922. Dejó sus estudios de
jurisprudencia obligado a salir de Nuevo León por
su participación en el movimiento antirreyista de
1903; residió temporalmente en México. Pasó después a Chihuahua, donde permaneció por casi
quince años, hasta su muerte. Hizo vida bohemia.
Cultivó amistad con los más importantes poetas y
escritores de su tiempo. En 1901, había escrito su
poema "Delirio", que le dio popularidad. Colaboró en Redención, La Constitución y Siglo Nuevo. Publicó también sus versos en El Mundo Ilustrado. En
Chihuahua, escribió en Idea~ revista estudiantil del

[ 41]

�Instituto Científico Literario. También escribió
para La Voz de Chihuahua. Sus restos fueron trasladados a Monterrey en 1935.

La novela por entregas
Esta forma literaria fue de mucho éxito en nuestro
país (El periquiUo sarniento, Los bandidos de Río Frio,
etc.), pero proviene de Europa, Inglaterra y Francia, principalmente. Sus máximos exponentes fueron Alejandro Dumas y Charles Dickens. Esta clase
de novelas aparecieron en México originalmente
como novelas de folletín, en los periódicos diarios,
durante la primera mitad del siglo XIX. Cuando salió La única mentira (principios del siglo XX) , esta
forma ya había sido muy trabajada.
Su recurso principal o columna vertebral es el
suspenso, con el cual se busca desatar una creciente curiosidad en el lector con respecto a los acontecimientos que se van narrando, hasta crear un
tejido que se establece entre un texto y otro para
provocar un efecto de unidad. En este tipo de
obras, suele suceder que el autor en un principio
no tiene más que una idea general del asunto y
una concepción muy vaga de su plan y desarrollo.
Como novela de folletín, La única mentira padece los defectos y virtudes del género. Cada capítulo tiene que ser por sí mismo interesante y, mediante un final dramático, dejar al lector en suspenso y ansioso de conocer la continuación. Tales
requisitos obligan al autor a insistir en los encuentros misteriosos, las sorpresas y los enredos, las
apariciones y desapariciones de los personajes; su
cambio repentino de condición, de naturaleza, y
otras fórmulas semejantes bien conocidas de los lectores de este tipo de novelas. Esta novela no carece
de digresiones -largos pasajes donde se pone a reflexionar sobre la soledad, la verdad, etc.-; lo cual es
típico dentro del género.

Normas que se siguieron
para la transcripción
Las normas para la transcripción utilizadas son las
del Archivo General de la Nación. En cuanto a
ortografía, podemos decir que las letras conservan su valor fonético y literal. No hubo necesidad
de desglosar contracciones, ya que no es tan anti-

[ 42]

guo el texto (se publicó entre 1901 y 1911, por
entregas).
Siempre se respetó la intención del autor; los
cambios fueron mínimos, y con el propósito de
facilitar la lectura.
La acentuación se respeta en lo posible, sólo que
se actualiza en algunas partes, tales como el acento
en la "a" francesa, así como en la "o" disyuntiva.
En el manuscrito se encuentran algunos signos
tipográficos para denotar algunas palabras (subrayado, signos no convencionales de puntuación),
los cuales se omitieron.

LA ÚNICA MENTIRA
[Novela histórica local]

I
-Con que ya estamos casados, dijo Serafina, entrando en el cuarto con la hoja de lata llena de
brasas que, para encender el cigarro, había pedido pocos momentos antes don Apolonio.
Éste no contestó una palabra, ni siquiera miró
a su mujer y, luego que lo hubo encendido, siguió
con la mirada como perdida en el cuadro de luz
que por la ventana se veía, cuadro en que se mezclaban el color plateado de los álamos y el
verdinegro de los aguacates, el azul deslumbrador
del cielo y el verde tierno de los maizales, todo
envuelto en algo así como ráfagas de luz y fuego
por el sol de mediodía.
¿En qué pensaba el pobre viejo? ¿Qué sensaciones se agitaban en su cerebro después de aquel
tremendo desengaño, de aquella verdad tan amarga que, sin pensarlo, había llegado a saber, el mi~mo día en que, casado con su Serafina, veía reahzada toda su felicidad?
Y para esto había trabajado tanto aquellos campos antes secos y sin cultivo y ahora tan hermos~s
a fuerza de sudores y fatigas. Y para esto hab1a
dominado, él que se juzgaba digno de más alto
empleo, los deseos de salir de aquel pedazo de
tierra olvidado entre las asperezas de la Sierra
Madre. Y para esto ella, su Serafina, usando todo
el poder que tenía sobre él, había deshecho con
palabras amorosas todos los escrúpulos que sen-

úa el pobre sesentón al considerar que su vida ya
estéril y sin vigor, no debía pedir el apoyo de un
tronco vigoroso que apenas comenzaba a vivir.
-Pero, Señor, -decía para sí don Apolonio-,
¿qué has hecho de tu verdad? ¿Por qué la ocultan
)os hombres? ... y cuando llega su hora, ¿por qué
llega tarde, Señor?
Y estos pensamientos, repetidos continuamente y en la misma forma, y como si alguien los pronunciase dentro de su cabeza venerable y cubierta de canas, llegaban a producirle la misma sensación que le produciría una barrena que le fuese
agujereando el cráneo, lenta y acompasadamente.
Después de larguísimo rato, durante el cual
tuvo tiempo de fumarse medio cigarro, don
Apolonio oyó la pregunta de Serafina.
Parecía que la impresión producida por tal pregunta en los oídos de don Apolonio había tenido
muchos tropiezos al transmitirse al cerebro; pero
el encanto de aquella voz dulce y casi llorosa disipó entonces, aunque sólo por un momento, el
sonido áspero de la otra voz, de la voz interior que,
repitiendo siempre la misma invocación a Dios,
sonaba en la imaginación o en la conciencia del
pobre viejo como si un muerto hablara bajo la
bóveda de su tumba.
-¿Todavía lo dudas? -contestó don Apolonio sonriendo, sonriendo con aquella sonrisita que todo el
mundo le conocía y por la cual todas las arrugas de
la frente, que en estado normal tenían la figura de
una F de brazos muy largos, se le doblaban hasta
figurar algo semejante a una Y griega.
De improviso, dejó de sonreír. La voz interior
volvía a resonar, y con más fuerza que antes.
-Sí -pensaba don Apolonio mientras aquella
voz terrible seguía repitiendo sus ansiosas preguntas, sí... Soy un enterrado vivo, un muerto que habla. Mi honor, lo que tanto guardaba de contacto
impuro, habla y grita dentro de mí... ¡y mi honor
está muerto! Mi vida no acaba todavía y me han
sepultado, me han enterrado bajo el cieno y han
echado sobre mí la losa de la mentira. Y ¡cómo
pesa, Señor, cómo pesa la losa maldita! Pero, ¿para
qué llamar a las puertas de la vida si no han de
abrirse para mí? ¿Para qué pedir auxilio a los vivos si nadie me ha de oír, si nadie, nadie ha de
venir a socorrerme?
Yla pregunta íntima, la interrogación interminable que a Dios levantaban las fibras todas de su
corazón, herido por la falsedad y la traición de

aquella mujer a quien tanto había amado, a quien
tanto amaba todavía, no cesaba en la tarea de barrenarle de las sienes con sus vibraciones chillonas y destempladas.
Llegó a considerar tal pregunta como una voz
del mal, de ese mal cuyos gérmenes más o menos
desarrollados llevamos todos, de ese mal que está
siempre acechando delante de todas las conciencias
honradas para precipitarlas en la desesperación.
Era, en fin, para él, como una blasfemia que
arrojaba el espíritu maligno contra el rostro de
Dios.
Al llegar a esta consideración, por uno de esos
caprichos propios de los grandes dolores que en
una menudencia suelen hallar, sin buscarlo, el
consuelo que ningún pésame vulgar puede darles, advirtió que su pensamiento había pronunciado las palabras "espíritu maligno", cuando para
él siempre había sido el espíritu maligno nada más
que un símbolo sin representación individual, sin
existencia real y verdadera, en lo cual había tenido muy serias discusiones con cierto personaje
imaginario que, para su uso particular, había creado, según verá el lector a su tiempo.
-Sí, estoy convencido -dijo en voz alta, y volviendo a sonreír como si todo su dolor se hubiese
desvanecido para siempre-. Quien cree en Dios,
tiene que creer en el diablo.
Al oír esto, Serafina, que cuando advirtió la
preocupación y la sequedad de don Apolonio había llegado a sospechar si éste lo sabría, serenóse
de repente y, sin hacer ruido, con su andadura de
gato, salió de la habitación, pensando en que muy
bien podría ser verdad lo que se aseguraba en
Peñasbravas con respecto al equilibrio y la salud
intelectual de don Apolonio, que en cuanto a lo
físico había quien apostaba el pescuezo a que don
Apolonio llegaba al centenario sin dificultad.
-Ciertamente -pensó Serafina allá a su modoponerse a pensar en Dios y en el diablo el día de
las bodas y desatender por esto a la esposa ¿no es
un signo evidente de locura?

II
La mejor casa de Peñasbravas, más bien dicho, la
única digna de llamarse casa era la de don Apolonio Cumplido, único heredero de don Santiago
Cumplido de la Roca y Verdad, alcalde que fue de

[ 43]

�un pueblo inmediato, allá por los últimos años del
siglo decimoctavo, y descendiente de ilustres, aunque ya muy pobre, casa solariega.
Todos los papeles que atestiguaban esta elevada
procedencia fueron quemados por don Apolonio,
cumpliendo así éste (al fin Cumplido) la última voluntad de don Santiago; y el único vástago del alcalde quedó en plena posesión de la casa más bonita
de Peñasbravas y de las tierras más bien cultivadas
que había por aquella región, las cuales, con ser las
mejores, apenas daban para el sustento de los p~ones y medieros cuando las recibió don Apolomo,
poco después de haber llegado de España, llamado
por su padre en peligro de muerte.
•. La casa que don Santiago poseía, en donde
había sido alcalde, la cedió don Apolonio para la
nación y retiróse a Peñasbravas a dirigir él mismo
y mejorar el cultivo de sus tierras, sofocando cuanto pudo la noble ambición de servir más directa y
eficazmente a la patria con los frutos de su inteligencia elevada y de su vigorosa voluntad que tantos le envidiaban y que él no tenía en menos, pero
tampoco en más de lo que en realidad valían.
Andaba entonces muy cerca de los cuarenta.
Serafina no llegaba a los veinte; pero tan bien
los había aprovechado que, por las suaves curvas
del talle y por la serenidad austera de su rostro
ovalado y de facciones finas y casi perfectas, parecían veinticinco.
Don Apolonio la había visto ya varias veces antes de la muerte de don Santiago, cuando apenas,
tras la belleza juguetona de los diez años, podía
vislumbrarse algo de lo que sería la hermosura de
la mujer; y, aunque por aquel tiempo, andaba don
Apolonio muy ocupado en el árido estudio de la
filosofía germánica, aquella chiquilla siempre ~egre en medio de sus hermanos mayores, senos
continuamente y sombríos como el caserón en que
vivían, le produjo primero cierto disgusto, luego
un sentimiento de tolerancia para sus ruidosos
juegos que algunos venían a interrumpirle en _s~s
meditaciones y lecturas y, por fin, una sensac1on
de frescura en el alma, cansada ya de tanta aridez
metafísica, y un loco deseo de tener aquella misma edad, y juntarse con la muchacha, y jugar con
ella sintiendo entre sus juegos bullir la felicidad
'
.
y aspirándola por todos los poros del ~uerpo, ~m
saber siquiera que hay en el mundo qmen escnbe
libros y más libros para explicarla, ¡como si se tratara de explicar las propiedades de los triángulos!

[ 44]

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Propiamente, como luego lo analizó don Apolonio, aquello no era amor, lo que, por lo común
se llama amor, porque en aquello no había más
deseo que el de volver a la edad de la alegría i?ocen te, de quitarse algo más de diez años de VI~a
ya pasados, para sentir de nuevo la dicha de la_1gnorancia, las vaguísimas inquietudes de una vida
que va pronto a transformarse. Aquello, en fi~,
no era amor, aunque mucho se le acercaba: mas
bien podía ser envidia, si ese nombre no estuvi~ra
prostituído por la bajísima pasión a que se aplica
generalmente.
Una tarde, como al oscurecer y después de haberle dado vueltas y más vueltas a varias enrevesadas proposiciones de Kant, salióse a la calle y, sentado frente a la puerta de su casa, púsose a pensar
en la brevedad de la vida y en el poco fruto de
todos los esfuerzos que hace nuestra flaqueza para
reducir a sistema la verdad, la belleza y la bondad.
Pasó en eso la muchacha de los Matamuertos
por delante de don Apolonio, y volvió a pas~, ~en·
do siempre a éste con la desenvuelta cunos1dad

de los niños y comiéndose con deleite una torcida
charamusca que acababa de comprar.
-A ver, chiquilla-dijo don Apolonio-, ¿quieres
darme un pedazo de charamusca?
-No -contestó Serafina, moviendo al mismo
tiempo la cabeza.
-¿Por qué? Vamos a ver...
-Porque no.
-Pero ¿por qué no?
-Porque no, porque no y porque no. Dice mi
hermano que á los aristórcatos (y acentuó la palabra con un ademán enérgico) ni agua.
-¿Y crees que yo soy aristócrata?
-No, aristórcato. Bueno -añadió acercándose
como atraída por la bondad de don Apolonio y
perdiendo de pronto su recelo-, bueno, y ¿qué es
eso de aristórcato?
-Será aristócrata ...
-No, señor, aristórcato.
-Pues aristórcato es un hombre muy malo que
no puede ver ni pintados a los niños, aunque sean
buenos y que se come vivos, a todos los pobres. Ya
ves que yo no soy aristócrata.
-Aristórcato -corrigió con terquedad la muchacha-. Los hombres son aristórcatos y las mujeres
son aristócratas.
-Bueno, y ¿cómo te llamas?
-Finita Matamoros y Canales, una humilde servidora ... Pero ¿de veras no es usté aristórcato?
-No, chiquilla, no.
-¿Por vida ... ?
-Sí, hombre, sí; por vida...
Y siguió la conversación de aquellos dos muchachos (la una por la edad; el otro por la sencillez de espíritu, no corrompida por sus frecuentes
lecturas filosóficas) y siguió la conversación hasta
que la chicuela se acabó la charamusca.
-Bah-dijo entonces-, se acabó y siempre no le
di nada. Mañana será otro día.
-¿Y no te despides?
-¡Ah, sí! Adiós, don Polonio.
-Hasta luego, Finita.
Fuese corriendo Serafina y entró en su casa,
especie de cementerio con las paredes de adobe
desnudas y que sólo se alegraba de vez en cuando
con el alboroto de Serafina, la cual venía siendo
como un pájaro alegre que cantase entre las ramas de un sauce llorón.
Desarrollaba don Apolonio, allá en su imaginación, esta semejanza, cuando se acordó de la

definición de aristócrata ó aristórcato que había
inventado para uso de la muchacha.
-Una mentira, y una mentira inútil! ¡Pero
qué!. .. ¿No será posible vivir y morir en la verdad
sin serle infiel nunca? ¿No será posible .. .? Afortunadamente puede arreglarse todavía, y lo que pasó,
voló. Pero desde mañana, vida nueva, y la verdad
sobre todo, cueste lo que costare, la verdad nunca
es mala y por la mentira se ha perdido el mundo.

III
No tenía Peñasbravas más que dos grandes vías, la
calle Vieja y la Nueva y varios estrechos callejones
entre estas dos, muchos de ellos sin salida.
En una de las esquinas que formaba la calle
Vieja con el callejón del Martirio, era donde estaba situada la casa de don Apolonio, toda de sillares dobles, como construida para siglos, y con sus
troneras para defenderse de las invasiones de los
indios, muy frecuentes en los tiempos en que la
casa fue construida y de las cuales para el tiempo
en que don Apolonio, de veinte cumplidos, había
ido a meterse allí con sus cavilaciones filosóficas y
su Kant y su Schopenhauer bajo el brazo, sólo
quedaban como recuerdos algunas cicatrices en
el cuerpo del Matamuertos grande y algunas historias que ya comenzaban a entrar en los dominios de la leyenda.
De las otras tres esquinas, dos estaban ocupadas
por otras tantas quintas de don Santiago, abiertas
generosamente por su dueño para todo el mundo y
en las cuales, bajo la sombra de los aguacates, álamos y fresnos, los trabajadores vecinos de
Peñasbravas y sus hermosas paisanitas se citaban todos los días de la temporada de calor para verse unos
a otras y probablemente para decirse palabritas dulces de vez en cuando y trocarse a escondidas papeles hábilmente doblados, los que, a fuerza de miradas tímidas y de rondas y rodeos, habían llegado a
ser novios o intentaban, por lo menos, llegar a tan
feliz estado de sabrosa insipidez.
¡De cuántos idilios de esta especie había sido
testigo don Apolonio al abrir de improviso la ventana del mirador para que el aire fresco del oscurecer viniese a refrescarle la frente calenturienta
y contraída por alguna meditación abrumadora,
por alguna irresistible sugestión de la filosofía pesimista!

[ 45]

�Disgustábase primero y hasta se enfurecía al ver
con cuán poco se contentaban todos aquellos
muchachos frívolos y necios y aún algunos viejos
chochos: con una mirada, con una carta, con un
apretón de manos, con cualquier otra tontería
semejante.
Pero luego el aire fresco se llevaba todos esos
pensamientos y pronto se apoderaba de don
Apolonio la convicción de que no está la dicha en
la pasividad, sino en la actividad, de que más vale
una hora de placer, de felicidad positiva, que mil
años de felicidad negativa, de inactivo reposo, de
Nirvana completo.
Ocurría no pocas veces que, pensando en esto
el joven filósofo, volvía distraídamente la cabeza
hacia la casa de enfrente, la escuela, situada en la
otra esquina de las cuatro que la calle Vieja formaba con el Callejón del Martirio, y entonces, el
corral de gallinas y guajolotes (o pavos, como propiamente los llamaba don Apolonio) y el techo
poblado de innumerables castas de palomas, y el
jardín cubierto de rosales, amapolas y violetas, y
las jaulas llenas de canarios, clarines y zenzontles,
y todas las manifestaciones de vida que se desbordaban por todas partes de aquella casa, le llamaban tan extrañamente la atención que no parecía
sino que, absorto en su contemplación, el engranaje complicado de sus pensamientos se iba deteniendo poco a poco hasta quedar en el reposo;
pero, de repente, con cacareo agudo de alguna
gallina, el vuelo de una paloma, una ráfaga de viento más perfumada que las demás o el chillido de
algún clarín que alzaba un poco su canto sobre el
de sus compañeros, volvían aquel cerebro a su estado normal de análisis continuo y de continua
excitación.
En este despertar del pensamiento después de
algunos instantes de reposo (tal vez, de trabajo
inconsciente) era cuando solía descubrir entre las
ideas o las cosas relaciones que inútilmente había
buscado antes y que, de improviso, sin esfuerzo
alguno y como por inspiración, aparecían claros
en su inteligencia.
Tenía otra costumbre también, y era la de salir
al balcón que daba al Sur, después de haber visto
por el del Norte la casa ya mencionada. Poníase
desde allí a ver la casa de los Mata.muertos, con la
cual iba a topar el Callejón del Martirio y que permanecía siempre igual, con las puertas y ventanas
cerradas y sus dos palmas meciéndose en medio

[ 46]

del patio en que crecían, raquíticas y como fuera
de su lugar, algunas maravillas y madreselvas y en
que jugueteaba de vez en cuando Serafina, ya trazando con una ramita cuadros de un jardín que
siempre se quedaba en los primeros trazos, yabañando sus muñecas de trapo en un balde que junto al pozo estaba lleno, casi siempre, de agua, y
colgándolas luego a secar en una soga tendida del
tronco de una de las palmas al de la otra.
En esto último andaba muy ocupada Serafina,
al día siguiente de haber hablado con don
Apolonio, cuando éste salió al balcón del mirador.
Algunas nubes rojizas, alargadas como husos,
tendíanse sobre los picos de Peñasbravas, que habían dado nombre al pueblo y tras de los cuales el
sol acababa de ocultarse, quedando aún, como
señal de que todavía no terminaba su imperio, dos
haces de luz dorada semejante a las ráfagas que
los artistas ponen a Moisés y que salían por entre
dos de aquellas nubes para desvanecerse en lo alto
del cielo, en que se movían pesadamente algunos
nubarrones.
Mil veces había observado don Apolonio aquel
fenómeno; pero nunca le había parecido tan extraño. Y era, en verdad, fantástico el aspecto de
los objetos alumbrados por aquella intensa luz
rojiza de las nubes. Algunas de las casas del Callejón del Martirio, recientemente blanqueadas, parecían de metal incandescente; otras, y entre ellas
la de los Matamuertos, asemejábanse a grandes trozos de carbón, enrojecidos en algunos puntos, y
todo parecía como que estaba en un horno en que
ardían, sin consumirse, los troncos de las palmeras y los álamos.
Serafina, que como siempre, andaba vestida de
blanco, parecíale a don Apolonio como un diablito
muy gracioso que anduviese colgando a los condenados, después de haberlos bañado en plomo
derretido.
Algunas veces, una de aquellas almas condena·
das, al verse colgada, comenzaba a manotear y a
mover la cabeza, con el movimiento de la soga, de
uno a otro lado, como si no estuviese muy conforme con el castigo, y era de ver entonces la risa que
al diablito le daba y la burla que le hacía al descontento, meneando más la soga, para agravar el
castigo, acaso injusto.
En esto, salió de una de las habitaciones un
hombre muy grave, rasurado de la barba, de higo-

te rojizo que más lo parecía con esa endemoniada
luz, en mangas de camisa y con pantalón de dril.
Era don Julián Matamoros, hermano mayor de
Serafina y a quien don Apolonio, entretenido
como estaba en su fantasía infernal, llamó el diablo mayor.
Púsose el diablo mayor a ayudarle al diablito
en su tarea. Terminada ésta, cuando todos los condenados estuvieron en la horca, sentóse el diablo
mayor en un cajón que junto a una de las palmas
estaba tirado y, sentándose luego el diablo chiquillo en las rodillas del grande, comenzaron a conversar muy animadamente, según los ademanes
que hacían. De vez en cuando el diablo grande
inclinábase para besar al chiquito, y la conversación seguía tan animada como antes.
Al fin, el diablo mayor sacó algo del bolsillo
del pantalón y lo puso en las manos del diablito,
que ya iba a echar a correr, después de besar al
grande, cuando otro diablo, Lucas Matamoros,
salió de otra puerta y lo detuvo.
Siguióse luego una discusión en que el diablo
mayor parecía aprobar lo que decía el menor y el
de en medio, vestido como el grande, lo reprobaba enérgicamente, cerrando los puños, pero besando, como el otro, al chiquitín.
Adivinó don Apolonio que se trataba de él y
entró en el mirador, poniéndose a observar desde
el interior al través de la vidriera.
Algunos ademanes del diablo de en medio que
se volvía de vez en cuando hacia la casa de don
Apolonio y apretaba las manos como para estrangular a alguien, vinieron a confirmar su sospecha.
Los dos diablos grandes siguieron discutiendo
largo rato y como desafiándose uno al otro, hasta
que el menor de los dos dio media vuelta rápidamente y entró, anudándose con furia la corbata,
en el cuarto de donde había salido.
El diablo mayor besó de nuevo al chiquillo,
despidiéndolo con un ademán bondadoso.
Pocos momentos después, el infierno aquel
desapareció con las nubes que lo habían formado, y en lugar de la luz rojiza del crepúsculo apareció la luz amarillenta primero, luego blanca, de
la luna llena.

BIBLIOGRAFÍA
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documentos y corrección de originales para su edición. México, 1979.
Bribiesca Sumano, Ma. Eugenia. Antowgía de pa'-eografta y dipwmática.
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de la Nación. México, 1978.
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Cavazos Garza, Israel. Escritores de Nuevo León. Diccionario
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Diez Borque, José Ma. Métodos de estudio de la obra literaria.
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Villarreal, José Javier. NueuoLeón. Entre la tradición y el olvido.
CONACULTA. México, 1993.

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•••
[ 47]

�DE LO ÍNTIMO A LO PÚBLICO
■ Leticia Algaba Martínez

Cuando Leonardo Martínez Carrizales
puso en mis manos el libro Alfons~ Reyes I ~nriq~
González Martínez. El twnpo de l,os patnarcas. Ejnstolarw
1909-1952, de inmediato me asaltó la curiosidad por
entrar en el espacio íntimo del epistolario, de fisgonear las cartas de dos escritores muy presentes en
los inicios de mis estudios en Letras en la Facultad
de Filosofia y Letras de la Universidad Autónoma
de Nuevo León. Reaparecieron ante mí los poemas
de El hom/Jre del búlw, de González Martínez, y la ardua tarea para penetrar en El desli~de: de Rey~s._Con
tales reminiscencias y enorme cunos1dad decidí leer
el prólogo de Martínez Carrizales y l~ego c~n~nuar
con las cartas; dejé para el final el Estudio mtroductorio no obstante el sugerente título "Invención
'
.
.
e Intervención"; efectivamente, me urgía mtervemr
en las misivas.

[ 48]

Leí las 90 cartas que constituyen el corpus. La
primera está fechada el 13 de abril de 1909, hace
91 años, y la última el 19 de mayo de 1951, ocho
meses del deceso de González Martínez. Don En·
rique tenía 41 años cuando recibió la primera carta de Alfonso Reyes, entonces de 20 años, en la
que le agradecía el envío del libro Silenter; el segundo del poeta, y en 1909 se estrenaba el At~neo
de la Juventud como asociación de carácter mtelectual y artístico. En la segunda carta, fechada en
julio de 1911, González Martínez, recién lle~do
a la ciudad de México, da cuenta de haber le~do
Cuestiones estéticas, el primer libro de Reyes. Asi se
inaugura una veta del intercambio epistolar que
· de
discurre en paralelo con el quehacer literano
, nde
los corresponsales, quienes muy poco h ab na
compartir también misiones diplomáticas duran·

te los momentos más delicados del dilatado periodo posrevolucionario. En 1920, desde Santiago de Chile, su primera misión diplomática, don
Enrique seguía conversando con su amigo Alfonso, radicado en Madrid, sobre el esmero en resguardar la imagen de un México desavenido, pleno de turbulencias. Y desde Buenos Aires, en 1922,
comenzaba ya a hurgar en el talento poético de
su amigo que se discernía entre la timidez, a pesar
de que los ensayos y las narraciones le parecían
haberse guido por "la mano del poeta" ( 161), apreciación que se torna en franca provocación, al decir: "Lo que pasa es que usted nació con la grave
misión de destruir la leyenda de que el poeta ha
de ser forzosamente instintivo y tonto" (161). Tras
el planteamiento de una manera de escribir poesía, González Martínez, el "hermano mayor", como
lo consideró siempre Reyes, deja al descubierto el
punto clave de una amistad que soportó momentos
dificiles, gracias de la comunión estética y moral que
ahora nos ayuda a descifrar un territorio vivo de las
letras y la cultura mexicana del siglo XX.
A fines de 1924, González Martínez llega por
acuerdo presidencial a la Legación de Madrid, hecho que al fin -decía- materializaba "un viejo y lejano sueño"; el hermano mayor ocupaba ahora el lugar que el hermano menor había dejado. Don Enrique comenzaba a paladear el sabor de la anhelada
hispanidad cuando recibe la grata noticia de que
Reyes sería enviado a la Embajada de París: "Ahora
sí tengo casa en París, casa que me llamará de cuando en cuando y a cuyo llamado acudiré con prontitud y alegrías" (178), visitas que sí se hicieron para
estrechar lazos familiares. Muchos más cercanos que
nunca, González Martínez y Reyes no cesarán de
intrercambiar noticias sobre los propios trabajos literarios, las publicaciones, las rencillas interminables de México que por momentos amenazaban la
estancia de ambos en Europa, finamente cuidada
por Genaro Estrada, el fiel amigo, el gran operador
del Servicio Exterior en México.
No obstante la fisura que se produjo en la amistad entre González Martínez y Reyes a propósito
del retiro del primero en la Legación de Madrid,
los años en Europa fortalecieron los lazos que se
habían construido en la comunión de intereses
estéticos enraizados en la cultura clásica. La poesía seguía siendo la clave del entendimiento común, lo mismo en el terreno público corno en el
privado, en la zona de los más caros afectos. Una

de las mayores pruebas es el envío de un poema
que inscribió el negro sobre el espacio blanco de
una carta de Reyes por la muerte de Enrique González Rojo, en mayo de 1939:
Amanezco a cantar, y la suspensa
Canción se ahoga como sin salida.
Yo no sabía que la ley es ésta:
Callar, callar, callar. Yo no sabía
Ayer me hacían las palabras fiesta
Y el ruido de la gente, compañía ...
Dame, Enrique, la mano y que te sienta
Junto a mí; que hoy tu pena es cosa mía,
Y ya mis ojos a llorar no aciertan
Todo el dolor. .. ¡Cuánta razón tenías! (247-248)
Y la brevísima respuesta de don Enrique torna
el silencio -el callar del poema de Reyes- en un
grito que de nuevo encierra un silencio digno del
temple moral de un hombre formado en la discreción y la fortaleza espiritual y que años más tarde en su "Autobiografía" externaba con lealtad y
ternura un reconocimiento a la voz poética de su
hijo.
Aun en la zona íntima del epistolario se nos
revela una línea constante de preocupación manifiesta en las reflexiones sobre el espesor de la
propia escritura -la de Reyes y la de González
Martínez- en el espectro de la producción literaria mexicana, al grado de que por momentos uno
llega a sentir que los dos escritores están sentados
en la mesa de sesiones del Ateneo de laJuventud:
así de vivos son los mensajes aparentemente cifrados. Uno de estos momenos ocurre cuando Reyes
le transmite a su amigo su molestia por las críticas
que Xavier Villaurrutia hace de su poesía el año
de 1923: "Villaurrutia dice que no soy poeta, porque soy hombre culto" (162); el escozor recibe una
sabia respuesta: "Hay que aguantarse, mi querido
Alfonso, y abrir el paraguas porque ahora empieza
a llover" (165). La voz del hermano mayor solicitaba al hermano menor percibir el paso del tiempo ciertamente vertiginoso, pues Reyes tenía 34
años y apenas seis años había publicado en Madrid Visión de Anáhuac, ésa su primera, honda y
acaso dolorosa mirada hacia el origen, cuando el
centro político de México lo había obligado a
exiliarse. González Martínez lo ayudaba a ponerse en el mismo lugar en que Reyes estuvo cuando

[ 49]

�•••

Dibujo de Elviro Goscón

criticó duramente a algunos escritores de la generación que le precedió. Otro momento importante ocurre cuando don Alfonso es colocado en el
banquillo de los acusados por haberse apartado
de México y lo mexicano. Con delicada firmeza y
suficiente dosis de ironía, don Enrique responde:
"su defensa del cargo de antimexicanismo, se la
hemos agradecido todos los que no estamos especializados en nopales y guacamole" (242). Colocado en la polémica sobre la expresión nacionalista en 1932, don Alfonso escribe su defensa en A
vuelta de correo, desde Río deJaneiro, donde se desempeñaba como embajador, para precisar su territorio: la obra literaria no tiene por qué ceñirse
a un nacionalismo que se ahoga y se agota en sí
mismo. Ylas parcas señales que se cruzan en estas
dos cartas no hacen más quie trazar la defensa del
proyecto cultural iniciado en los primeros años
del siglo XX, cuando Reyes había comenzado a
escribir textos cuya sazón provenía de su formación en la cultura clásica y que fueron rápidamente compartidos en virtud de semejante filiación
por don Enrique, recién llegado de Guadalajara a
la Ciudad de México.
Ya en México, don Enrique y don Alfonso espaciaron las misivas. A fines de los años 40 será
don Alfonso el que comparta con el amigo "el aviso de su corazón", del centro vital del cuerpo, no
sólo por la convicción de que su amigo médico
entendería los achaques, sino como una prueba
más de la intensa cordialidad que ambos se prodi-

[ 50]

gaban. El "aviso" tomó más urgente el trabajo de
organizar la extensa obra y de renovar la señal del
deber cívico del escritor. En este momento y en
otros se vuelve tangible el hecho de que nuestros
corresponsales cruzan mensajes a sabiendas de que
el contenido íntimo iría a desembocar al ámbito
público. No hay duda de la certeza que ellos tenían: las cartas darían claves para entender la obra
e incluso el desenvolvimiento de un tramo de la
historia literaria de México. Uno y otro no parecen temer el fisgoneo de otros-muchos- ojos más.
Otra cosa será la edición que don Alfonso haría
del epistolario para la revista Abside, cuando omite palabras, frases, párrafos, comprometedores en
las misiones diplomáticas fuera de México. Gracias a la investigación y la edición que hoy presentamos, podemos leer tales omisiones, que Leonardo Martínez carrizales interpreta desde la dimensión de la coherencia y la unidad textual de un
epistolario, en virtud de ese compromiso de Reyes por organizar su obra bajo la conciencia de un
deber público.
La lectura de las cartas cruzada entre González
Martínez y Alfonso Reyes satisfizo con creces mi
curiosidad por hurgar en la amistad de los dos
escritores. Mi comprensión sobre los puntos que
la construyeron fue afinándose con la lectura de
las notas, siempre oportunas, siempre discretas,
respetuosas del juicio del lector, de modo tal que
constituyen un texto de alto rigor, acucioso en la
precisión de datos contextualizadores, escrito con
fineza y cortesía, con lo cual logran no desviar la
coherencia y sí iluminar el Epistolario. En esta excelente labor de edición intervino Esther Martínez Luna.
Como dije al principio, la última parte de la
lectura del volumen que hoy presentamos, la reservé para el estudio introductorio de Leonardo
Martínez Carrizales. Los propósitos que animaron
la investigación sobre el Epistolario tuvieron como
punto de partida la primera edición que Reyes
preparó para la revista Abside, dirigida por Alfon·
so Méndez Plancarte, quien convocó inmediata·
mente después de la muerte de González Martí·
nez -ocurrida el 19 de febrero de 1952- a los corresponsales del poeta para que cedieran los documentos y con ellos rendir un homenaje. El repertorio epistolar más cuantioso era el de Reyes.
El punto de partida aportó una línea de investiga·
ción: la búsqueda de los documentos originales

en los archivos personales de los dos escritores para
ftjar una edición con la correspondencia completa que se entrega con indicaciones de las enmiendas que Reyes había hecho para Abside. Esta primera etapa perfiló el objeto de estudio: la lectura
crítica de las cartas bajo la premisa de su carácter
textual y con esto el desentrañamiento de cuestiones tales como el examen del lugar histórico en el
que ocurre la amistad entre González Martínez y
Reyes y su incidencia en el proceso de la cultura
mexicana del siglo XX. El punto clave reside en la
revista Abside, que no sólo se sumó a la recordación de González Martínez, sino que puso en evidencia la perdurabilidad de una rama de la tradición literaria. La convocatoria de Méndez Planearle, el director de Abside, logró reconstruir un
círculo de escritores que, como en una Arcadia,
conversaban, discutían, amparándose en la solidaridad; y, como decía González Martínez a
Celedonio Junco de la Vega en 1902, cuando recuerda las reuniones en Guadalajara donde discutía "en tomo a los bienes de la poesía y al margen de los asuntos enojosos del mundo de todos
los días" (96). A este sentido de alta significación
dedica Martínez Carrizales el centro de su estudio. Con pertinencia deriva la tesis de que esta
~ca?ia abrió el circuito amparado por la imagen
pubhca de González Martínez: "[ ... ] los privile-

gios sentimentales de esta 'arcadia' -apunta Martínez Carrizales- cuyo 'mayoral' era González
Martínez cobraban una dimensión política: de los
afectos de la persona a los intereses de la ciudad".
(73) Es así como se comprende que la publicación de los epistolarios en Abside revela una actitud militante. Y no sólo esto, agregaría yo, sino
que en el ambiente social de los años 50, cuando
las palabras de mayor uso eran "renovación", "modernidad", los árcades reunidos en Absidemostraban que la savia del humanismo seguía alimentando una rama del tronco de la tradición literaria mexicana. Es por eso que el estudio de Martínez Carrizales cobra particular relieve para la comprensión de nuestra historia literaria, a menudo
concebida como una trama dividida en corrientes
que se agotan para dar paso a otras nuevas o renovadoras. Parece que siempre tendremos la ilusión
de dividir el tiempo para dejar atrás lo que creemos
desgastado. Sin duda, estudios como el que provocó el epistolario González Martínez-Reyes formarán parte de la historia de la cultura mexicana
del siglo XX. El Fondo de Cultura Económica
pone a nuestra disposición un volumen que invita
a intervenir en una amistad signada por el afecto
personal y el intenso amor por la expresión literaria y en cuyas páginas podemos leer el tránsito de
lo íntimo a lo público.

t.

[ 51]

�EL RETORNO DE LOS ICONOS
■ Jorge González Femat
... vanaglariándote en tus dioses de piedra
y l.eño, cincelados y fundidos, esculpidos
y pintados, dioses que ni ven ni &lt;ryen, pues
son meros ídolos, dioses de manos de los
hombres...
Teófilo Antioqueno, siglo II

Los santos se han de pintar de manera
qW! no quiten la gana de rezar ante eUos.
Navarrete el Mudo, siglo XV

En todas las épocas las instituciones y
los poderes constituidos de la sociedad (Estado,
familia, Iglesia, escuela, empresa privada) han utilizado a la imagen como un agente indispensable
para transmitir vivencias, ideas y conceptos al resto de la población. Estas imágenes juegan o han
jugado un doble papel: por una parte, se preocupan por inculcar en el público ciertas formas del
ser e instauran modos de ver, de sentir y de actuar,
al mismo tiempo que educan un gusto necesitado
de representaciones que faciliten una visión sintética de la sociedad y del mundo. Por la otra, esas
mismas imágenes han sido el vehículo de un combate sordo, demasiado silencioso para evidenciar
lo que ellas mismas prohiben o desplazan. Es por
este desplazamiento de lo otro, de lo que queda
allende las fronteras de su propio significado, por
lo que estos modos de representación (me refiero
concretamente a representaciones plásticas) hace
mucho perdieron su candidez y su inocencia. En
este orden de cosas, el pasado y el presente se tocan de un modo tan estrecho que bien vale la pena
una comparación, así sea superficial, de dos proyectos visuales diferentes en su contenido, pero
simétricos en su función.
Ni la imaginación cristiana expresada por los
iconos del arte europeo y bizantino de la baja Edad
Media, ni lo que conocemos como realidad virtual

[ 52]

-un efecto de nuestra época-, han sido creados
como simples medios para la comunicación de
experiencias vitales, no son signos ni instrumentos de un mensaje cualquiera, entre otros, que
pudieran guardar una relación puramente exterior con el "lenguaje" que los presenta. Por el contrario, son el lenguaje mismo; es decir, que el significante es ni más ni menos que el significado. Se
trata, en efecto, de imágenes que abren una realidad, del nacimiento y apertura de un modo de
existencia en el ser de la imegen, de productos
simbólicos de acuerdo a los aspectos o cualidades
físicas y abstractas que los caracterizan. Pero pre-

cisarnente por esta su condición de artefactos simbólicos es por lo que su forma de actuar aparece
con una eficacia tanto mayor cuando más sutiles
son sus medios de expresión.
Las similitudes entre el arte cristiano medieval
y1~ realidad virtual son tal vez más interesantes y
mas sorprendentes que las facetas que los distinguen. De entrada podemos decir que el arte cristi~no es eminentemente simbólico-pedagógico,
mientras que la realidad virtual es básicamente
simbólico-descriptiva. Se trata de dos códigos visuales creados en periodos distintos con propósito~ apare~tem~n_te divergentes; separados por algo
mas de mil qmmentos años que, lejos de apuntar
a objetivos estratégicos opuestos, concentran su
energía en tareas similares: el arte cirstiano medieval mantiene vigente lo que Érnile Durkheirn
llama la división entre un mundo sagrado y un
mundo profano; la realidad virtual, en cambio
divide al mundo de las cosas en un zócalo posibl~
yfinito, pero tangible, y otro potencial e infinito,
pero probable.
Cabe, además, la posibilidad de comparar las
f?rmas del ~iseño entre ambos tipos de expresión
\1Sual. Por eJemplo, en casi todos los casos del arte
sacro medieval las líneas del dibujo se sobreponen a los elementos plásticos de composición, volu~en, color, etc. Esto, desde luego, vale mucho
~as para_los iconos primitivos del arte paleocrisnano occidental que encontramos entre los siglos
11 YV, cuya presencia se extiende hasta los siglos X
~ XI de nuestra era, aunque bajo una identidad
ligeramente modificada. Esta característica, entre
tanto, ~e conserva hasta en las más complejas piezas de Juegos electrónicos y simuladores de vuelo
de segunda generación que incorporan en sus
programas visión con relieve y perspectiva realista. Otro punto de contacto entre ambas derivac!ones culturales es el hecho de que el arte religioso medieval quedó asociado desde el principio
a una su~rte de escritura. A un alfabeto visual que
no reqmere de un entrenamiento riguroso para
comprenderse, pues las figuras guardan casi siempre el ~ismo patrón temático y de composición
(frontal~dad estricta y serialidad de las imágenes,
desprecio por el espacio, paleta reducida a unos
cuantos colores, gesto y actitud estereotipados de
los personajes, etc.) comprensible para todos. La
realidad virtual, por su parte, está ligada a un sistema numérico binario, de ceros y unos, conocí-

do corno álgebra booleana que no hace falta entender en sus fundamentos para descifrar las imágenes que con esta herramienta matemática se
producen. Pero esto no es todo.
. El arte religioso del medioevo y las imágenes
~rtuales -ta~ prolíficas en velocidad y en violencia- s_on fen?menos culturales que surgen casi en
las mismas circunstancias de crisis en que termina
un ciclo histórico y comienza otro, donde se transforman hábitos productivos, sensibilidades ordinarias y valores éticos, a la vez que se disuelven
lealtades y fidelidades sociales largamente cultivadas. Es así que las formas del arte sacro medieval
irrumpen en el centro de un cambio histórico (la
~°;'ª aetas de lo~ Padres de la Iglesia). La desaparicion_ de_l Impeno romano, hacia el siglo V, supuso
1~ perdida de un mundo que había organizado la
vida de los pueblos mediterráneos durante casi un
milenio. Este acontecimiento trastornó a la larga
l~s costumbres más sencillas de las personas. El
sistema de valores sociales (la religión, la producción intelectual, el derecho, etc.) se transformó
dramáticamente. La feudalización del territorio
la co~ver~~ón de las mentes al cristianismo y l~
~rgamzacio~ de la hegemonía espiritual de la Iglesia fueron, sm duda, los acontecimientos más releva~tes de aquellos tiempos. Un periodo de epidemias y hambrunas, de territorios desolados, de
~nd~s migraciones y guerras dinásticas. Lo que
cnstahza finalmente bajo estas circunstancias es
una sociedad de siervos, de monjes y de soldados,
para decirlo con las palabras del fraile benedictino del siglo X, Abbon de Fleury.
La Iglesia de San Pedro no fue la única, pero sí
una de las pocas instituciones que afloraron con
el hundimiento del mundo antiguo. A los monjes
Y a los príncipes tocó modelar una nueva sociedad, una nueva civilización y un nuevo mundo de
lo cotidia~~- En ese trance el arte sacro jugó un
papel decisivo -aun bajo el desacato contra la Sagrada Escritura que mandaba rechazar toda forma ~e sumisión estética (Mandamientos y Deuter&lt;r
~o"}w, por ejemplo), sin importar que aquellas
1rnagenes representaran figuras bíblicas-, al dedicar un gran esfuerzo a la educación visual de una
masa analfabeta, al mismo tiempo que servía a la
comprensión e interpretación de las nuevas con~iciones históricas a las cuales la religión daba senudo. La Iglesia combatió sin poder eliminar del
todo a la cultura grecolatina, a sus rituales paga-

[ 53]

�nos, a sus dioses de bronce y mármol, a sus personajes de mitología en explícita actividad sexual,
pintados en ánforas y cráteras, y atrajo con vanas
promesas la atención de un público fascinado por
el mensaje de salvación religiosa y las "cualidades"
mágicas atribuidas a sus pinturas de apóstoles y
de vírgenes con el niño en brazos.
Frente a todo esto, la realidad virtual surge
como una posibilidad cuasi-natural del desarrollo
de la tecnología electrónica, pero en un marco de
economía global y cambio sociocultural de retraimiento del Estado, de ocurrencia de un proceso
de secularización normativa (en el sentido de
Habermas), de desarticulación y pérdida de la
centralidad de los discursos narrativos que coincide con el agotamiento del arte moderno y la ruptura más o menos profunda con formas de vida
tradicionales, todo lo cual sucede a su vez en medio del estrepitoso derrumbe del orden que se
había formado entre los países tras la Segunda
Guerra Mundial. Así las cosas, la tecnología virtual comienza a sustituir la intervención directa
del individuo en los procesos de trabajo y en cuestiones bélicas. Satisface con déficit las necesidades de entretenimiento y placer de la sociedad,
juega un creciente papel educativo en las universidades y se ha convertido en lo que parece un
sucedáneo para los peligros y dificultades que comporta la manipulación del mundo real. El éxito
instrumental y estratégico que ha tenido es indiscutible. Además se ha integrado de modo tan natural a nuestra vida diaria (gracias a los medios de
comunicación), y penetra de tal forma la fantasía
política de grandes sectores de las élites gubernamentales, que entre ellas se ha ido formando, ya
desde hace tiempo, una especie de marco de referencia intelectual bastante útil para engañar al ciudadano común con soluciones tecnológicas de los
problemas sociales.
Estos dos productos de la cultura de su tiempo, el arte cristiano y la realidad virtual, no aparecen, obviamente, como una alternativa más dentro del circuito de la producción estética visual.
Por el contrario, representan un intento por fundir algunos de los rasgos más relevantes de la vida
cotidiana, de hábitos y aptitudes, con los requeri-

mientos funcionales de cada sistema visual (obediencia ética y eficacia técnica, respectivamente)
mediante una perspectiva holística, totalizante, a
la cual agrega el poder que la religión y la tecnología han acumulado en sus respectivas épocas.
Ambas pueden conformar una visión del mundo
completa, con lo cual muy bien podría arrogárseles
el monopolio de la interpretación correcta
(Bordieu) de la realidad y la cultura, de cara a
otras formas de expresión plástica y de conocimiento común y corriente. Aunque poseen sus
propios símbolos, estas manifestaciones de "gramática" visual no compiten por la posesión de espacios convencionales (galerías, museos) contra
posibles "vanguardias" estetizantes, pues no fueron, no han sido pensadas como arte, al menos
en sus inicios. El campo de operaciones de la tecnología virtual, por ejemplo, es mucho más amplio. Bastaría echar una mirada a la programación
televisiva y a los anuncios publicitarios para darse
una idea de la contundente presencia del mundillo virtual en el medio de la sociedad moderna.
El arte cristiano europeo se desarrolló hasta alcanzar formas elegantes y sofisticadas hacia finales del siglo XIV. La realidad virtual apenas comienza lo que tal vez sea un largo camino en la búsqueda de formas propias de expresión visual -si lo
obervamos estéticamente-, aunque sus resultados
hasta ahora no sean del todo desalentadores. No
podemos decir por lo pronto que en el futuro inmediato no habrá de convertirse en alguna tendencia importante del arte contemporáneo, e incluirse así en la cultura y el arte de la era posindustrial. Al fin y al cabo, la velocidad de recambio
e innovación lo convierte todo, tempranamente,
en pieza de museo.
Por el momento, la realidad virtual recubre una
buena parte del atractivo psicológico que rodea la
imagen tecnológica de nuestra era, y aunque hemos
vivido con una incapacidad casi congénita para anticipar un futuro que se nos ha echado encima, es
posible que una nueva hornada de imágenes del
sentido último de la reaijdad y de la cultura formadas en el ámbito de la tecnología moderna, que no
admiten competencia, nos sitúe ante el singular espectáculo de un retorno de los iconos.

•••
[ 54]

Rosenblueth y Wiener

•••
En

alguna parte, hace mucho tiempo,
leí que los Rosenblueth fueron dueños de una tienda de ropa por el rumbo de Padre Mier y Zuazua,
en Monterrey. No sé si sea cierto. Pero sí oí decir a
José Alvarado que Arturo Rosenblueth estudió la
preparatoria en el Colegio Civil de Nuevo León;
este aserto también se encuentra documentado
porJuan Manuel Elizondo en 'José Alvarado y los
orígenes de la Universidad" (Deslinde, vol. XVI,
Núms. 63-66, 1999). Al escarbar en los archivos
de la Universidad, sin duda se encontrarán más
datos sobre la vida estudiantil de Arturo
Rosenblueth en Monterrey.
Cómo, cuándo y por qué la familia Rosenblueth
llegó a la ciudad de Monterrey es cosa que desconozco. Quizá-advierto: es sólo conjetura- algo de

esto se encuentra narrado en un libro que no me
ha sido posible conseguir: García Ramos,]., Alfon-

so Caso, Arturo Rosenblueth, Ignacio González G.: mexicanos ilustres. Tal vez en este libro se narre cómo
fue que Arturo Rosenblueth pasó de ser alumno
del Colegio Civil a estudiar medicina en Francia y
luego a ser profesor en la Universidad de Harvard.
Fue en Harvard donde Arturo Rosenblueth y
Norbert Wiener se conocieron e iniciaron una colaboración que fue fructífera durante largos años.
Norbert Wiener es el padre de la cibernética,
ciencia del "control y la comunicación en el animal y la máquina", según el subtítulo del libro capital en esta área, Cybernetics, publicado originalmente por el Massachusetts Institute of
Technology (MIT) en 1948. Este libro de Wiener

[ 55]

�está dedicado a Arturo Rosenblueth; dice: "To
Arturo Roseblueth for many years my companion
in science". La "Introducción" que aparece en el
libro fue escrita por Wiener en el Instituto Nacional de Cardiología, en la ciudad de México, y tiene fecha de noviembre de 1947. Otros mexicanos,
como Manuel Sandoval Vallarta, Ignacio Chávez y
F. García Ramos (este último, quizá pariente del
García Ramos citado antes) y algunos más, son
mencionados también en la "Introducción". El nacimiento de la cibernética estuvo muy ligado a México. Fue algo que no se aprovechó en su momento. Pero aun sigue siendo satisfactorio ver mencionados a Arturo Rosenblueth o al Instituto Nacional de Cardiología en algunas historias sobre
el surgimiento y desarrollo de la cibernética.
Rosenblueth y Wiener habían organizado un
programa de acuerdo con el cual Wiener pasaba
6 meses en México y al año siguiente Rosenblueth
pasaba otros 6 meses en los Estados Unidos. Este
programa fue planeado para tener una duración
de 5 años y estuvo respaldado por el MIT y el Instituto Nacional de Cardiología. Hay testimonio,
al menos, de las estancias de Weiner en México.
En Sel,ectedPapers ofNorbert Wiener (MIT Press, 1964)
el doctor Yuk Wing Lee, experto en el diseño de
circuitos electrónicos, dice lo siguiente: "en diciembre de 1949, cuando (Wiener) estaba en México con el Instituto Nacional de Cardiología, le
envió una carta al Dr. J. B. Wiesner, quien entonces era director asociado del Laboratorio de Investigación en Electrónica". Esta carta revela una
de las estadías de Wiener en México. Por algo más
es importante: es testimonio de que Wiener no
dejaba de trabajar sobre la teoría de los circuitos
electrónicos, aunque estuviera ocupado en otras
investigaciones junto con Roseblueth. La gran capacidad físico-matemática de Wiener no podía
ser seguida con rapidez ni siquiera por sus colaboradores más cercanos. A la carta antes mencionada, Wiener adjuntó un memorandum de más
de 20 páginas, exhuberante en fórmulas, para
guiar la construcción de un circuito electrónico
nuevo. Wing Lee, encargado de construirlo, se
queja: "la última mitad del memorandum no me
fue entendible". El circuito no se pudo construir
hasta que Wiener regresó a los Estados Unidos y
explicó sus fórmulas. Quien pretenda leer los
SekctedPapers ofNorbert Wienerdebe ser un experto
en los conceptos y en la matemática pertinentes a

[ 56]

los circuitos lineales y no-lineales. De otra manera
sólo verá danzar fórmulas ante sus ojos, sin entender, como a veces se dice, ni jota.
Wiener siempre atacó en dos frentes: uno, sumamente técnico, riguroso, altamente matematizado, al cual no es fácil acceder. A este frente pertenece la mayor parte de los trabajos incluidos en
Sekcted Papers, algunos de los incluidos en Cybernetics, y todos los contenidos en Time Series (MIT,
1949). El otro frente está representado por sus
agradabilísimos trabajos de divulgación: The
Human use ofHuman Beings (1950) y God and Gol.em,
lnc (1964). En estos últimos trabajos, Wiener roza
la filosofía; principalmente aquellos modos de
reflexión en donde los enfoques filosóficos se anudan a la temática de la tecnología. Es preocupante que la filosofía de la tecnología esté tan desatendida, en general, dentro del quehacer filosófico. Más
bien, es lamentable. El mundo actual es básicamente tecnológico. Doloroso sería que esta desatención
tuviera sus raíces en una apreciación no confesada:
la incapacidad de una buen parte de la filosofia para
producir conocimientos confiables.
Rosenblueth, profesor de medicina en Harvard,
fue el organizador de unas reuniones mensuales
en donde los participantes, después de comer, se
ponían a charlar en tomo de una mesa redonda
en el Vanderbilt Hall de esa universidad. Un tema
recurrente era el relativo al método científico.
Manuel Sandoval Vallarta, que también asistía a
esas reuniones, era entonces profesor de física en
el MIT y había sido uno de los primeros alumnos
de Wiener, poco después de la Guerra Mundial l.
El autor de Machina Speculatrix alguna vez platicó
con Sandoval Vallarta y le recordó los tiempos y
los asistentes a las reuniones en el VanderbiltHall.
"¿Usted cómo sabe eso?", preguntó Sandoval. "Leí
Cybernetics", le dije. "Qué bien", comentó, y se pasó
más de una hora hablándome de aquel grupo Y
sus reuniones. Fue un placer oir de viva voz de
uno de los participantes muchas de las cosas que
están relatadas en el libro de Wiener.
Las reuniones del grupo tuvieron lugar duran·
te la Segunda Guerra Mundial. No es de extrañar
que en algunas ocasiones la plática girara en torno a temas bélicos. Uno de los problemas que ocu·
pó su atención fue el de la eficacia del tiro
antiaéreo. Las incursiones de la aviación alemana
sobre Inglaterra estaban siendo devastadoras.
Wiener alude a este problema y ubica su núcleo

en el asunto de la extrapolación del curso de un
avión en un momento dado para determinar su
p0sición futura y en el de la dificultad de derribarlo "except in the case of a very wasteful barrage
fire". Dice algunas cosas más, pero no muchas. En
cambio, otros autores llegan a exageraciones aparentes; dicen que el grupo desarrolló métodos para
detectar la posición actual de un avión, calcular
los conos de sus posibles posiciones posteriores y
orientar automáticamente gruesas baterías de cañones que saturaban con fuego antiaéreo esos
conos de probabilidades. Se llega a decir que la
eficacia del fuego antiaéreo de los aliados subió
un 85%. El texto de Wiener no es tan prolijo en
detalles; sin embargo, las ideas no son descabelladas dados los desarrollos del radar y las computadoras en esos días.
Uno de los primeros dispositivos de cómputo
automático fue el analizador diferencial del doctor Vannevar Bush. Se llama "diferencial" por dos
razones: una, porque resolvía problemas del cálculo diferencial dos, porque estaba basado en el
mismo principio que los diferenciales en los automóviles. Un poco después, se desarrollaron
dispositovos para otros tipos de cálculo. Estos dispositivos eran de dos clases: analógicos y digitales.
Los analógicos sumaban, restaban, y hacían otras
maromas, con cargas y voltajes eléctricos; con ello
imitaban, por analogía, las sumas, restas, y otras
maromas de las operaciones matemáticas. Los
digitales trabajaban con unidades biestables -que
sólo pueden estar en uno o en otro de dos estados
posibles- y sus resultados se expresan de una manera discreta, con dígitos: de ahí su nombre. Había una especie de competencia entre las dos clases de dispositivos o, más bien, entre sus constructores. Wiener envió al gobierno de los Estados
Unidos una puntual recomendación favorable a
los dispositivos digitales, según decía, "for their
possible use in a war", misma que fue enviada al
Dr. Bush para su evaluación. Actualmente, casi
toda la computación se realiza de manera digital,
como recomendó Wiener en su momento. Todavía se construyen algunas máquinas analógicas
para objetivos especiales, pero no representan
nada en el mundo de la computación.
La cibernética creció en una especie de tierra de
nadie (no-man '.s laná) entre varias ciencias establecidas. Esta idea, según Wiener, es de Rosenblueth. La
cibernética comprende un área temática mucho

mayor que la de la mera computación. Prueba de
ello es el trabajo conjunto entre Wiener y Rosenblueth en el campo de la fisiología. Para trabajar
conjuntamente, cada especialista debe saber un
poco del campo del otro. Quizá Wiener pensaba
en sí mismo y en Rosenblueth cuando escribió:
"el matemático no necesita tener la habilidad para
realizar un experimento de fisiología, pero debe
tener la habilidad para entender un experimento
así, para criticarlo y para sugerir uno semejante".
De manera parecida, el fisiólogo debería ser sensible a las apreciaciones matemáticas que haga su colega. Como utopistas, Wienery Rosenblueth alguna
vez soñaron en una institución de investigación, sin
amarras tradicionales ni burocracias lastrantes, en
donde los científicos pudieran actuar e interactuar
bajo el solo propósito de entender los fenómenos
de acuerdo con múltiples y coordinables perspectivas. El grupo que se reunía en el Vanderbilt Hall
hizo consciente la importancia de la interdisciplina
verdadera. A veces los intentos de actuar
interdisciplinariamente degeneran en mera presencia de varias disciplinas, sin conexión entre ellas:
semejan una reunión de loros en donde cada quien
habla de lo suyo, sin entender y sin importarle lo
que dicen los demás.
Rosenblueth y Wiener publicaban trabajos conjuntos -a veces con la colaboración de otros investigadores- en el área de la fisiología. Estos trabajos aparecían publicados en revistas científicas especializadas en asuntos biomédicos. Cuando el
asunto no permitía una colaboración interdisciplinaria, cada uno de ellos publicaba por separado. En la revista Philosophy of Science aparecieron
varios trabajos conjuntos sobre filosofía de la ciencia. También colaboraron al abordar temas psicológicos en los cuales era posible aplicar algunos
de los enfoques cibernéticos. Rosenblueth tiene
un trabajo, La psicología y la cibernética, publicado
en México (1954), en el que puede encontrarse
un adelanto de lo que, luego, desarrolló más ampliamente en su libro Mente y cerebro (Siglo XXI,
1970). En estos dos últimos trabajos, Rosenblueth
camina sobre el delgado límite que en ocasiones
hay entre ciencia y filosofía. En ocasiones, sólo en
ocasiones, y cuando el filósofo tiene afición por la
ciencia o el científico tiene inquietud por la filosofía.
Rosenblueth, en la Psicología y la cibernética, establece principios que luego le servirán para deri-

[ 57]

�var conclusiones pertinentes. A estos principios los
llama "Aforismos". En Mente y cerebro utiliza el mismo recurso, pero a los principios los denomina
"Postulados". Como buen científico empírico, pretende eliminar el dualismo que generalmente ha
aquejado al asunto de la relación de la mente con
el cerebro. Pero al final del trabajo hace una extraña mezcla, titubea y lo reafirma de una manera
singular: "Aun cuando dualista, esta filosofía tiene dos aspectos monistas", dice en las últimas líneas de su libro.
En 1943 ó 1944, Rosenblueth ya no participaba en las reuniones del Vanderbilt Hall. Se encontraba en México a la cabeza del Laboratorio de

Fisiología, en el Instituto Nacional de Cardiología.
Él y Wiener seguían interaccionando durante las
estadías alternadas de 6 meses que habían programado. Desde los principios de los años 60, Rosenblueth ya se encontraba a la cabeza del Centro de
Investigaciones y Estudios Avanzados, dependiente del Instituto Politécnico Nacional. Para estas
fechas, su relación con Wiener ya no parece ser
frecuente. En 1962, se realizó en Holanda un simposio sobre la cibernética y el sistema nervioso.
Era un tema muy apropiado para Rosenblueth,
pero éste ya no participó. Wiener sí estuvo en esas
reuniones. ¿Habrá pasado algo entre ellos dos?
Dejo esto como pregunta abierta.

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Nuevos roles para la mujer

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•••
[ 58]

Entre las cosas buenas y malas que ha
dejado la invasión estadounidense a lrak, la confirmación de que la mujer ha asumido nuevas actividades en el mundo contemporáneo es una de ellas.
Reporteras en zonas de fuego de artillería, soldados u oficiales combatientes, mujeres portando
bombas o exponiendo su vida, son actividades que
estaban vedadas a las mujeres desde tiempos prehistóricos y ahora aparecen como un elemento
más de la condición femenina. Los Estados Unidos han mostrado gran cantidad de mujeres combatientes entre sus efectivos militares desplazados
al Oriente y tanto en Irak como en Palestina se
han dado varios casos de mujeres kamikaze. Uno
de ellos impacta por su presentación: una mujer
joven y bonita, estudiante avanzada y sobresaliente de filología inglesa, se introdujo en un centro
comercial de la ciudad de Afula, matando a tres
ciudadanos israelíes e hiriendo a más de setenta.
No se pretende que una mujer joven, inteligente
y bonita sea un ser humano de naturaleza diferente a un hombre viejo, tonto y feo, pero sí se
puede esperar para ella un futuro mejor que,
quien no tiene muchas aptitudes y está más cercano a la muerte por naturaleza. Porque en el caso
del género, como en muchas otras cuestiones sociales, la cuestión central pasa por el progreso
humano y sus posibilidades reales.
La protección a las mujeres en los conflictos y
guerras no es simplemente un acto de machismo:
en épocas donde la reproducción humana estaba

sometida a múltiples dificultades, asegurar la gestación de nuevos seres en una sociedad no era una
preocupación menor. Que las mujeres se quedaran en las cavernas mientras los hombres eran
enviados a enfrentar peligros mostraba una lógica social muy importante: los hombres pueden
morir en mayor cantidad sin afectar la reproducción social, mientras que la muerte de una mujer
(especialmente en edad fértil) afecta la tasa de
reproducción de cualquier sociedad. Ésa y no otra
es la razón por la que se debía proteger a la mujer
de muertes provocadas; si la evolución cultural y
social se orientó a hacer de esto una condición de
valor y fortaleza, su posición contraria, de inferioridad y sometimiento, es algo que todavía no tiene explicación. Para el progreso humano en general, la preservación de la mujer era una necesidad de la propia historia.
La condición de la mujer en la sociedad suele
seguir las curvas 'J" de la sociología: de una posición de escaso desarrollo material y gran igualdad
se llega después de un largo tiempo a una de gran
desarrollo material y considerable igualdad, pasando por etapas de desigualdad y sometimiento
en los estadios intermedios. Para esto tampoco
tenemos explicación, porque las etapas iniciales
de igualdad poseen una construcción ideológica
de equiparación de esfuerzos, mientras que en las
etapas intermedias la mujer se transforma en objeto reducido a la producción doméstica, que es
valiosa, pero no valorada socialmente.

[ 59]

�ARQUICULTURA •

Armando v.Ef&amp;es

••
Letras y arquitectura
Para Alfonso Rangel Guerra y Victoria Moreno

U no de los rasgos fundamentales de

La igualdad actual, llevada al extremo en algunas sociedades, no tiene límites: no hay tareas propias de mujeres, así como tampoco hay tareas propias de hombres. Pero esto, tomado como principio moral, no se corresponde con cambios reales
en las actitudes y comportamientos. La igualdad
entre hombres y mujeres supone el respeto mutuo como seres humanos: el Otro, en cierto sentido, no tiene sexo; es alguien que tiene su propia
dignidad y soberanía como ser humano, y por eso
debe ser respetado.
En los Estados Unidos, las leyes sobre rapto,
violación y acoso sexual han venido cambiando
desde los años setenta del siglo pasado, calificando penalmente muchos comportamientos y castigando su actuación. En concordancia, jueces y
otras autoridades encargadas de hacer cumplir la
ley han tenido en cuenta las quejas o denuncias
de las mujeres y han respondido con mayor severidad a ellas. Pero esto no ha funcionado de manera similar en los diferentes sectores de las fuerzas armadas estadounidenses: un reporte de 1998

[ 60]

mostraba que 52 de 160 mujeres que prestaron
servicio en la guerra del Golfo Pérsico de 1991
habían denunciado acoso sexual, incluyendo trece violaciones. La proporción es mayor que en la
sociedad, pero los castigos y correcciones son
menores. En las fuerzas armadas, son los superiores los que determinan en primera instancia la
calidad delictuosa de los actos, actuando en la
mayoría de los casos de manera protectora con
sus similares de género. No hay cambios significativos ni en la cultura ni en la ideología del aparato
militar, con lo que la pretendida igualdad de la
mujer como soldado entre otros seres humanos
se convierte en una mayor desigualdad.
De manera similar, es sorprendente el caso de
los países árabes musulmanes: en medio de una
cultura que coloca a la mujer en un plano menor,
la mujer adquiere una supuesta igualdad al ponerse codo a codo en la lucha armada.
Quizás se me califique de machista, pero semejante igualdad no me parece un logro destacable
en el progreso humano.

nuestro perfil cultural es la alta valoración que se
le da a la palabra escrita. De hecho, en la ciudad
de Monterrey y en la mayoría de las demás en la
región, se celebra y festeja el aniversario de su fundación que está respaldada por un acta escrita, situación que se desconoce en las dos fundaciones
precedentes.
Desde entonces y hasta nuestros días la palabra escrita no sólo es ley sino promesa a cumplir y
el ser reconocido como hombre o mujer de letras
es el mayor prestigio personal que a alguien se le
pueda otorgar.
Las letras y los textos alfanuméricos han tenido por sostén un amplio repertorio de superficies
como las paredes rupestres, los megalitos, los
pilonos, estelas y muros de las pirámides, los cilindros y las tablillas de arcilla o cera, los metales, el
papiro, el pergamino, la cantera y los paramentos
arquitectónicos de columnas y arcos conmemorativos, de templos, edificios públicos y privados y
en el equipamiento urbano.
Existen en diversos tiempos y lugares ejemplos
sobresalientes de la asociación de las letras con la
arquitectura: la pequeña estela votiva con la familia real de Akhenatón en la intimidad y el obelisco de Ramsés en Luxor, coajuntan en armonía
imágenes, forma y texto; en la cultura romana tanto el arco de Tito, vecino del Coliseo, como el arco

de Trajano, en Benevento, son obras donde el texto se integra con el mismo acierto que los relieves
conmemorativos; la escritura carolingia en la catedral de san Marcos de Venecia da lecciones magistrales en el lenguaje del mosaico y el "calendario azteca" del templo mayor de Tenochtitlan o
los relieves del templo norte del gran Juego de
Pelota en Chichén Itzá, son obras magistrales de
ornato y composición.
Las letras se han asociado acertadamente a la
arquitectura regiomontana para nombrar y distinguir edificios de diversos usos como la Escuela
Fernández de Lizardi, el edificio de comercio La
Reynera, la Maderería La Victoria, el cine Reforma, el Banco Mercantil y el templo de Nuestra
Señora de los Dolores; así también para conmemorar la conclusión de las obras de suma importancia como el Palacio Municipal de Monterrey
por el H. Ayuntamiento de 1885-1887, que se testimonia en el remate central de la fachada poniente; para colocar en cartelas monogramas con iniciales del propietario o fechas de conclusión del
edificio como el 1912 del Gran Hotel Ancira; para
anunciar el número oficial del inmueble, como
el número 88 en la Calle del Padre Mier que ahoraes el 316 oriente; para dar crédito de diseño y
construcción a los autores como en el Casino
Monterrey para Alfred Giles y José María Siller, o
para Lorenzo Ginesi en la casa de la calle Hidalgo

[ 61]

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TRANSFORMACIÓN
DE LA ARQUITECTURA NORESTEÑA
■ Antonio Tamez Tejeda

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648 poniente; para recordar a personajes que han
habitado el inmueble como la placa en la calle de
Abasolo 924 oriente que reza "... el notable militar, abogado y escritor Lázaro Garza Ayala, quien
residió en esta casa"; para recordar lemas como el
de "Mi raza como norma, la humanidad como
horizonte", en el dintel del acceso al Aula Magna
o para recordar las letanías lauretanas como en la
iglesia de La Purísima; para nombrar las calles
como la del Hospital, luego del Colegio de Niñas
y hoy de Abasolo, en el Barrio Antiguo, y para
dedicar la casa a los dulces nombres deJesús, María
y José, en una de las vigas del techo de la casa,
entre tantas otras.
Hay otro tipo de asociaciones como las carteleras teatrales y cinematográficas, los epitafios en la
arquitectura funeraria, la numeración de aulas,
ventanillas bancarias y oficinas, la nominación de
usos específicos en habitaciones como servicios
sanitarios, laboratorios y jefaturas; las imágenes
corporativas y logotipos, anuncios y publicidad, e
inclusive edificaciones letramórficas como en las
facultades de Ingeniería Civil o la de Ciencias
Químicas en la Ciudad Universitaria.
Sin embargo a nuestros días y por influencia
de la publicidad comercial, las letras han invadido con infortunio a ciertas obras de arquitectura
hasta el nivel de convertir sus fachadas e interiores en un confuso pizarrón.
Mucha de la actividad comercial, educativa,
artesanal y de servicios se han instalado en casas
habitación que por cambios en el uso del suelo

[ 62]

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Para

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••

han devenido en comercial, y dado que no es arquitectura hecha específicamente para la nueva
función, dos cosas parecen irremediables: deteriorar la armonía de su lenguaje instalando aparadores donde antes había muros o vanos enrejados
en ventanas y, maquillarlas grotescamente con
abundantes y desordenados textos hasta descomponer su orden original.
Lo que en un tiempo fue una fachada armónica
por el tratamiento adecuado de sus componentes,
testimonio de un tiempo específico que revela un
estilo de vida, materiales y técnicas constructivas disponibles en la ciudad, gustos y preferencias estilísticas
y ornamentales, y tantos datos más, se convierte en
ruido visual, se instala el desorden y poco a poco,
pero siempre creciente, nos vamos aletargando en
el adictivo campo de la contaminación visual.
Aún en las construcciones públicas más recientes, como por ejemplo los museos y galerías, es
común ver sus fachadas modificadas al colgar en
sus frentes enormes lienzos anunciando y veladamente invitando al público a participar de sus actividades, aunque denunciando a la vez una necesidad del edificio inadecuadamente resuelta. ...Lo que le sucede a la arquitectura también le
sucede al hombre, y ya es un tanto común ver
hombres y mujeres que en su atavío ostentan textos, monogramas, logotipos, marcas registradas,
anuncios y maledicencias dándoles también la
apariencia de pizarrón. Ello nos obliga a plantear
la inevitable pregunta: ¿Es una consecuencia de
la simbiosis hombre-arquitectura?

tener una idea de lo que ocurrió
en ese tránsito de la arquitectura noresteña hacia
las manifestaciones académicas de estilo, conviene recordar el estado general de las cosas que de
una u otra forma influyeron en el proceso de la
transformación arquitectónica del noreste. Por
principio de cuentas, el cotidiano sobresalto ocasionado por el asedio de bandoleros y merodeadores, fueran indios hostiles o mestizos, había ya
disminuido; si bien la región continuaba en el aislamiento, ante la falta de medios de comunicación
desde el centro con la vastedad territorial norteña, con su impacto en la preservación de modos y
costumbres fincados en una economía a ultranza
para todos los efectos. De ahí que antes fuéramos
hasta tacaños en el norte. Nada que no fuera indispensable resultaba superfluo, hasta el ornamento en la arquitectura, pero las cosas cambiaron.
Por fin llegaron la calma y la seguridad a México,
agarradas de la mano del régimen porfirista, respaldado por un ejército de primera línea y la
reactivación de la economía. Los trenes llegaron
en 1881 y acortaron las distancias. El norte se incorporó a la dinámica nacional. Estamos en las
postrimerías del siglo XIX y principios del XX.
En el contexto internacional, las cosas marchaban a todo vapor. La pauta de la mejor tradición
cultural en general y del arte en particular provino de Francia, en tanto que Inglaterra dominó el
progreso industrial apoyada en su imperio colonial, mientras que los Estados Unidos dieron cuenta de lo que quedaba del imperio español en 1898.
Es la época de las grandes exposiciones. En la de
1851,Jhon Paxton construyó el pabellón conocido como el Palacio de Cristal, en Londres, innovando en la prefabricación de las estructuras, en
tanto que la apoteosis se alcanzó en 1889 con el

alarde de ingenio y técnica, así como vanguardia
cultural, con la torre que Gustave Eiffel construyó
para la Exposición Universal, en el Campo de
Marte, próxima al Sena, en la época del mejor
momento de la gran vida parisina, como nos muestra Renoir en ese expresivo lienzo de Le Moulin
de la Galette y de cuando todo París se rendía al
torbellínico ritmo de Orfeo en los Infiernos, impuesto en Le Moulin Rouge, mientras que la arquitectura del eclecticismo historicista y con ello
el neoclacisismo de la academia, se veía confrontada por las nuevas corrientes modernizantes, cuyas propuestas incluyeron al Art Nouveau, "...que
por otra parte no fue sólo un estilo arquitectónico, sino que impregnó todas las costumbres de una

[ 63]

i.

f,
3

r,
o
IS

r.

�época...",1 cuando Héctor Guimard construyó uno
de los más célebres accesos al metro parisino y
Víctor Horta se expresó insuperablemente con su
diseño de la casa Tessel en Bruselas, a la par que,
hacia el sur, en Barcelona, en otra vertiente del
vanguardismo modernista, Antonio Gaudí diseñó
la Casa Mila y el Parque Güel, dentro de un paradigmático esquema formal, casi mágico y fantasmagórico, utilizando racional y óptimamente las
cualidades estructurales y expresivas de los materiales de construcción, mientras que en Viena tuvo
lugar el movimiento de la Secesión; y el
pragmatismo alemán, por vía de la Deutscher
Werkbund, propuso una especie de maridaje entre la producción artesanal y la normatividad de
la producción industrial, asunto que encontró
fuerte oposición en la teoría "Voluntad de Forma",
de Alois Riegel y secundada por Peter Bhernes y
Henry Van de Velde. A lo anterior sumamos la llamada Escuela de Chicago, con la obra de William
le Baron J enney y Louis Sullivan, cuya aportación
arquitectónica se apuntaló en la nueva tecnología
de la construcción: "Los esqueletos metálicos fueron el gran aporte de esta escuela; la arquitectura
está al servicio de la industria y es al mismo tiempo fruto de la revolución industrial".2 En sí, una
conjunción del progreso tecnológico y del replanteo estilístico de la arquitectura frente a los cánones academicistas, que se reflejaron por momentos en una cierta mezcla de los conceptos, generando edificios a todas luces progresistas, pero
imbuídos a la vez de la fisonomía académica, como
Les Grandes Halles, de París, de Víctor Baltrand,
todo dentro de un contexto motivador del arte
impresionista con sus pasajes de la vida urbana de
la bella época, como ese estupendo lienzo de
Camile Pissarro que nos muestra el bullicio del
Boulevard de Les Italiens, por el rumbo de la Opera y de la Madeleine.
Conteporáneamente, en México las cosas marchaban al ritmo del régimen porfirista y su cauda
de desigualdad social. Es la época de los buenos
tiempos. La sociedad mexicana, dueña de abundantes recursos, se manifestó abiertamente y tuvo
entonces un pliego de requisitos indispensables
para su buen vivir, incluída la arquitectura para
todos los propósitos, incluídos los grandes centros
de intercambio social y cultural y almacenes para
el consumo de todo tipo de bienes: ".. .lo que se
necesita es mucha luz, grandes claros, grandes

[ 64]

••

aparadores ...";3 y se desarrollaron las colonias Condesa,Juárez y Roma4 en la ciudad de México, amén
de las grandes obras públicas y privadas: La Mutua, de Lemo; y Cordes; la Cámara de Diputados,
de Mauricio Campos; el Centro Mercantil, de Paul
Dubois; y desde luego, el destinado a ser el Teatro
Nacional, ahora conocido como Palacio de Bellas
Artes, de Adamo Boari. Y el gusto por lo refinado
se permeó a otros estratos de la pirámide social,
con limitados recursos o limitado entender del refinamiento de las costumbres y los estilos. En provincia, la arquitectura del régimen se manifestó
en edificios monumentales de excelente estilo y
factura: los teatros de la Paz, en San Luis Potosí;
Degollado, en Guadalajara, y Juárez, en Guanajuato, amén de otros géneros de edificio, entre
los que destacan ya en territorio noresteño la Escuela Normal de Profesores, en Saltillo, y el Palacio, de Gobierno de Nuevo León, en Monterrey,
o el edificio de la Aduana Marítima, en Tampico,
así como aquellos recintos para la crema y nata de
la sociedad, como el Casino de Laguna, en Torreón, y el Casino de la ciudad de Sal tillo; y, desde
luego, una de nuestras obras cumbres del género
conmemorativo en el país: el Arco de la Independencia, en Monterrey.
Y con ello llegó la transformación de la arquitectura tradicional noresteña. "Durante todo el
gobierno del Presidente Porfirio Díaz, la Ciudad
de México se convierte en el centro vital del país y
las costumbres y las modas que traen los capitalinos del extranjero son copiadas en provincia".5 El
asunto surtió efecto en el noreste, mayormente
bajo la modalidad neoclasicista que seguía los patrones porfiristas, porque si bien el antagonismo

hacia el eclecticismo historicista estaba ya en marcha, México optó por el glamour de la arquitectura academicista con extensión a provincia, en donde se reprodujeron, si bien en su gran mayoría
con aires pueblerinos, los modelos llegados del
extrartjero, como dice Toussaint. La modalidad
noresteña, de ascendencia colonial, con sus largos paramentos alineados y paralelos a las aceras,
se mantuvo, sobreviviendo la transformación más
bien en la fisonomía arquitectónica de fachada,
de modo que la otrora sencillez y sobriedad de los
edificios norestenses, rústicos, se revistió ahora con
el vocabulario arquitectónico de corte neoclasicista, generando desde casos medianamente logrados, burdos, hasta excelentes ejemplos de refinada factura, como los edificios correspondientes a
las casas Milmo-Villarreal y Bortoni, en Lampazos. La transformación mantuvo su paso, modificando ahora el esquema general de los edificios,
cediendo la alineación de los paramentos a los
nuevos esquemas de residencias vestibuladas de
remetidas y poliédricas fachadas, dotadas de
verandas y jardín mediador entre el edificio y el
lindero de la propiedad, como el caso de las residencias de don Guido Moebius y el Gral. Jerónimo Treviño, en Monterrey. Decimos transformación para los primeros momentos del cambio
cuando los edificios de claro corte norestense se
arroparon con el ajuar del lenguaje academicista;
sin embargo, pervivió el esquema de la casa desarrollada bajo la alineada sucesión de piezas partícipes del patio y la noria, para finalmente sucumbir a los nuevos esquemas generadores de la planta
aislada y criterio vestibular, fisonómicamente ataviados con la característica mansarda francesa
entreverada con las notas del Art Nouveau vanguardista del momento. Y así hasta después del
torbellino reivindicador que la Revolución Mexicana representó, cuando el nuevo momento político implicó a su vez el requisito de un vocabulario arquitectónico expresivo del nuevo régimen y
que erradicara de una vez por todas al del pasado,
retomando paradójicamente las ideas de aquel
"Ateneo de la Juventud" que, entre otras cosas,
proponía la exaltación de la identidad nacional
.
'
mcluída la arquitectura. Para entonces, el mundo
andaba ya por la casa Citrhoan, de Le Corbusier, y
la casa Schroeder, de Rietveld, mientras que, en la
Ciudad de México, el nuevo régimen posrevolucionario ponía en práctica las tendencias nacio-

•••

nalistas del neoindigenismo y del neocolonialismo. Mientras tanto, la arquitectura del noreste
continuó en su proceso de transformación, que le
puso punto final a la arquitectura tradicional noresteña. Con los ruidosos años veinte llegaría, para
variar, del exterior, el embate del Art Deco y con
ello la incorporación a lo nuevo del momento y a
la virtual desaparición de lo noresteño, a excepción de su pervivencia en villas y poblados, en
donde, ahora, la tradición ha podido contener,
hasta cierto punto, a la nueva transformación de
este nuestro siglo XXI.

NOTAS
1
2
3
4
5

De Fusco, Renato. Historia de la arquitectura contemporánea, p.
136, Celeste Ediciones, Madrid, 1994.
Gesualdo, Vicente. El arte en los Estados Unidos, p. 30, Ed. Bibliográficas Omeba, Buenos Aires, 1967.
Álvarez, Manuel Franco. La cultura plástica en México, p. 78,
INBA/ SEP, México, 1982.
Bonet Correa, Antonio. La arquitectura de la época porfiriana
en México, p. 15, INBA/ SEP, México, 1980.
Toussaint A. Resumen gráfico de la historia del arte en México, p.
202, Ed. Gustavo Gilí, México, 1985.

[ 65]

�El fuego nuevo: entre

vidas bojo la idea de la libertad, la cien-

el gozo y el dolor

Ben jamín Franklin, Somuel Houston,

cia y lo literatura : George Washington,
Edgar Allan Poe y Abraham lincoln.

Francisco Ruiz Solís

En lo raíz de Américo, se encuentran
los registros fundacionales del norte del

EN LA 1/A{Z DE AMtRICA: ILUMINACIONES

continente americano, y algunas de los

SOBRE LA HISTORIA DE UN CONTINENTE

figuras más importantes en lo construc-

Williom Carlos Willioms
Ed. Turner y F.C.E.
España, 2002

ción de un país y su cultura. A pesar de
contar con 78 años desde su primero
aparición, es uno visión histórica plástico y un intento intelectual sorprendente

P rimero edición en castellano de una

sobre la complejidad de los eventos

de las grandes obras de la literatura ame-

multiculturales desde el descubrimiento

ricana, publicada originalmente en inglés

hasta lo formación de los estados nacioHay pocas obras en español que

nales. lo que usted podrá encontrar en

W illiam Carlos Williams conjunta en

reúnen una variedad multicultural de tes-

el libro es un mundo que ya no existe y

sus iluminaciones una serie de testimonios

timonios, situación y circunstancia del pri-

que, sin embargo, permanece en la me-

ilustración y arte

y documentos, algunas veces novelados,

mer encuentro, en tiempo y espacio, de

moria cultural con sus momentos de gozo

sobre el camino que siguió la cultura eu-

lo europeo con lo americano. En la raíz

y triunfo supremos y, al mismo tiempo,

de la lectura

ropea y la indoamericana en sus encuen-

de América, el autor da vida a los des-

como una experiencia de destrucción y

tros, en diferentes momentos y lugares,

cubridores, aventureros, ilustrados y reli-

profundo dolor.

en 1925.

Tecnología de la

vierte en dominante, para la cultura eu-

desde el siglo XV hasta el siglo XVIII.

giosos que tuvieron la oportunidad de

EN El VIÑEDO DEL TEXTO. ETIOLOGÍA

ropea medieval, cuyo saber y memoria

Aborda, también, eventos significativos y

ser los primeros en adentrarse en los

DE LA LECTURA: UN COMENTARIO

colectiva se concentró en abadías, uni-

la vida de actores políticos y científicos

parajes naturales; en intercambiar soni-

versidades e iglesias, donde el nuevo

de los Estados Unidos en el transcurso

dos, señas y objetos con los nativos y en

DE HUGO DE SAN VíCTOR

clérigo leyó, meditó, perdonó y conde-

de los siglos XVIII al XIX.

reflexionar y actuar en lo nueva realidad

lvan lllich
Edición F.C.E., México, 2002

nó con la ejecución de sus frases en la-

la presentación que realiza el autor

tín, a una población ajena a esos dom~

11

Al DIDASCAl/ON

11

Übra que incursiona en el inicio de la

que experimentaron.

sobre las visiones sorprendentes del des-

Personajes como Eric el Rojo, Cristó-

nios. lectura, lengua y divinidad orienta-

cubrimiento del otro, recrea, con sentido

bal Colón, Hernán Cortés, Moctezuma,

ron la conciencia colectiva.

estético, el momento primigenio del en-

Hernando de Soto y Sir Walter Raleigh

cuentro, los rituales de apareamiento y

son recreados en los momentos más im-

la procreación de una nueva cultura.

portantes de sus vidas. Eventos históricos

Quién no guarda
una pequeña mentira
Zacarías Jiménez
Ecos y OTRAS VOCES

cultura "libresca", cuando el texto traza-

lectura, son el punto de partida de una

El lector está en la posibilidad de te-

do a mano, y después impreso, inicia la

reflexión sobre la evolución del arte de

ner acceso a esta obra, en español, que

legitimación de las instituciones escolás-

la invención del alfabeto y la lectura, su

le podrá responder algunas interrogan-

En el trazo y la descripción, casi plás-

como el viaje del Mayflower, la funda-

ticas occidentales.
lvan lllich reúne en esta obra siete

uso y su posesión por determinados gru-

tes sobre el surgimiento, consolidación y

tica, de decenas de paisajes, esfuerzos,

ción de Guebec; el incidente de Moyo

declive de la lectura escolástica, y su

propósitos y animaciones religiosas que

de Merry Mount y Thomas Morton; las

ensayos escritos que responden a tres

pos humanos.
la lectura aparece aquí como un úni-

transformación en un tipo de lectura or-

hoy sólo existen en documentos y esce-

maravillas del mundo invisible de Cotton

E

invitaciones para programas de cursos

co camino a la sabiduría (studium y

ganizada de manera óptica para pen-

nografías cinematográficos, aparecen

Mother: Eduard Simons y los juicios por

gar el consuelo en la sabiduría de los

anuales en universidades. El conjunto de

sapientia); como memoria e historia, con-

sadores lógicos y desarrollo de abstrac-

como actores vikingos, españoles, ingle-

brujería ocurridos en Nuevo Inglaterra,

seres pequeños caracteriza el libro Ecos

apartados desarrollados recorre el pe-

diciones necesarias para el desarrollo

ciones. Se dará cuenta, también, que la

ses y franceses, que encabezan el pro-

en los primeras décadas del siglo XVII;

y otros voces, de Isabel Sú.

riodo del reinado indiscutible del libro

del saber. El autor explica los fundamen-

lectura clásica que practica, en la cultu-

ceso de apropiación histórica de espa-

el podre Sebostion Rosler y el papel que

como unidad y fuente de conocimiento

tos de la lectura monástica, fundada en

ra en que vive, es sólo una entre varios

cios, recursos, culturo y espíritus nativos

desarrolló en lo primero guerra franco-

no piensan en lo gravedad tiene su refe-

y de memoria en la economía y culturas

la meditación y la guía de conciencias.

formas de utilizar las técnicas del alfabe-

en el nuevo continente.

inglesa en Américo, que enfrentó o cato-

rencia inmediata en Proverbios 30.24,

la lectio, en su forma latina, fue una for-

to para representar algún aspecto de lo

la historia desarrollado sobre los perso-

licismo y puritanismo y generó uno de los

donde Salomón afirma: Cuatro cosos son

ma de vida, articulada a las dimensio-

realidad, y , finalmente, que el libro ha

nalidades del mundo político y cienhko apa-

primeros alianzas históricos entre indíge-

en diferente ángulo y perspectiva, la cues-

nes económica, social y política, de lo

dejado de ser el eje dominante de la cu~

recen en viñetas que destacan sus atributos

nas y europeos en el norte del continen-

tión del impacto del alfabeto en el curso

tura de una época, lo que no impide que

en el contexto de uno noción que se consol~

te; el descubrimiento de Kentucky; la ex-

de la historia. El siglo XII y el Didascalion,

cultura occidental.
la cultura "libresca• está representa-

siga siendo una de las fuentes fundamen-

dó sobre lo base del desplazamiento, la OCl&gt;-

ploración, vida y experiencias de Daniel

las más pequeños de la Tierra, y los
mismas son más sabias que los sabios:
las hormigos, pueblo no fuerte, y en el
verano preparan su comido...

de Hugo de San Víctor, que constituye

da por la lectura y el latín: lectio y /ingua,

tales en lo producción del conocimiento Y

poción y el exterminio, bojo los banderas de

Boone con el mundo tribal y; finalmente,

Isabel se escuda en el encanto de

aspectos de una ejecución que se con-

la difusión del arte y la cultura.

la libertad y el puritanismo.

un grupo de hombres que hicieron sus

las palabras e invita a hurgar en la sabi-

medievales y su función, posterior, en el
desarrollo del capitalismo. Todos tratan,

el primer libro escrito sobre el arte de la

[ 66]

[ 67]

Isabel Sú
Harakiri Ploquettes
Monterrey, Nuevo León, 2003

I dolor de reconocer los límites y se-

El primer verso del libro Los hormigos

n
r,

o
&gt;S

r.

�ISAllll.90

muerte pequeña asoma en sus ojos, y

fronteras,, lo transformación de «lo mexi-

cuestiona:

cano, al contexto norteamericano de lo

- Dime quién no 9uarda una pequeña mentira.

modernidad, convierte la obra de estos

mostrar hasta el final la actitud hedonista
de los personajes, para quienes lo penitencia es historia del posado: «Toño son-

autores -concluye Velasco- en uno de

ríe al escuchar o su madre. voltea para

los movimientos estéticos más revolucio-

EcosYOTRAS
VOCF.S

ver a Chencho. Tomados de la mono se

narios del mundo hispánico.

disponen a iniciar la procesión,.

La sombra del caudillo

Los tres cuentos que integran el libro

Sacramento Vallenato son anticlimáticos;

y el movimiento

Premio

chicano

Tito Monterroso 1965

Zacarías Jiménez

duría, a veces trágica, de esos pequeños seres:

Vamos o hacernos un collar de hormi9as
a buscar en el hormi9uero
un corazón sobreviviente.

f.As FRONTERAS MÓVILES
(Tradición, modernidad y lo búsqueda
de •10 mexicano' en lo literatura chicano
contemporáneo)
Juan Velosco
Universidad Autónomo de Nuevo León
Monterrey, México, 2003

E1escritor Juan Velosco menciono en

lo intensidad predomina al principio y a
la mitad de los textos; el nudo no se da,
pero el desenlace es ameno en "Confesión" y en "Penitencia' , y el final del texto

Zacarías Jiménez

"Absolución" es contundente.
Éste es el primer libro de una serie

SACRAMENTO VALlENATO

población fue catapultado a los Estados
Unidos, y se llevó consigo elementos culturales en los corridos, el folklore, canciones,

Andrés Sónchez
Coso OuDi
Harakiri Ploquettes
Monterrey, 2003

cuentos populares y novelas que, desde
el otro lodo de la frontera, la conectaba
con el país de origen. la sombro del cau-

que un grupo de jóvenes escritores ediEl Satán, acuden a un curso acerco de

tará en Monterrey, bajo el sello de Ha-

los valores, impartido por el licenciado

rakiri Plaquettes. (Andrés Sánchez presu-

Gonzalo. Gonzalo es casado y cortejo

me de ser el ganador indiscutible del Premio Tito Moterroso 1965)

o Blanquito, lo muchacho que fue el amor

"Y

platónico de todo lo bando, al grado que
sobes qué yo no creo en el Dia-

sus integrantes hubieron de meterse a tra-

dillo misma se publicó, simultáneamente,

blo, pero si de pura chingadera fuera

bajar o lo mismo fábrica donde Blanqui-

neto, se me hoce que sí me pone uno

to se desempeñaba como secretario. El

Una novela

A lo largo del libro, resonará el eco

su libro los fronteros móviles que la tradi-

por entregas, en Los Ángeles, Californio,

de su especial microcosmos. Entre el sa-

ción literaria chicano ha sido capaz de

San Antonio, Texas y en la Ciudad de

chingo el güey", dice El Chori, persona-

Satán ha quedado ton imbuido con el

México, entre 1928 y 1929.

temo de los valores, que no le importo

Asimismo, el escritor afirma que 'Po-

je del cuento 'Confesión", de Andrés
Sánchez.

cho', de José Antonio Villarreal, es pro-

El Chori ha puesto en entredicho su

cerveza y va y mata a Gonzalo, a quien

bablemente lo primero narración chico-

autoridad ante sus amigos al rechazar

el narrador describe como: «[ ... ] bato

f¡ HOMBRE DUPIICADO

siempre [...] bien arreglado, con buena

José Soromago
Alfaguara, Madrid, 2003

bor a luna y el olor a canela, el síndrome

recrear los signos de lo mexicano en el

entomológico sellará el sino de la poeta:

contexto de lo modernidad norteamericana.

Soy una mosca, a quién le importo
con la sonrisa que tiene el aire
Sobre mis cejas que apenas existen.
Me siento mujer, me imagino.

Vela seo escribe que la novela la som-

que haya en casa veinte cortones de

na que plantea en términos modernos el

lo invitación de Lucifer para que conver-

Luis Guzmán, es ton fundamental poro la

problema de lo ambiguo redefinición de

sen en los baños de lo fábrica donde

ropa, buen carro y su cara de mamón,,

literatura chicana como las obras Pedro

las entidades fronterizas.

que sólo le habla a la roza para regañar-

Resalta la importancia de lo drama-

En Ecos y otras voces, hay textos más

Páramo, de Juan Rulfo, El laberinto de la
soledad, de Octavio Paz, y algunos es-

trabaja la banda: El Tono, El Chalillo y el
mismo Chori.

turgia de Luis Valdez, quien es uno de

El acierto del cuento radica en la in-

la banda, por lo que cuando El Satán lo

emparentados con la narración que con

critos de Alfonso Reyes y de José Vos-

los primeros escritores conscientemente

tensidad, que desciende al final paro dar

mato a balazos, •por cuestión de valores,,

la poesía, por ejemplo, •organismo" y
•Murmullos•.

concelos.

chicanos. Valdez -dice el autor- es ca-

uno solida que nos recuerda el •volver o

«la sombra del caudillo y la literatu-

paz de utilizar su conocimiento del tea-

lo realidad" de los series televisivos.

ra mexicana en el exilio[...] -menciona

tro del Siglo de Oro y la Comedio del

El lector conoce lo presencio-ausencia

'Penitencia" es un texto irónico. Jua-

de Diablo a partir de los diálogos de los

nita, una madre de familia, es abando-

Hay desaciertos en algunos poemas,

bra del caudillo, del mexicano Martín

la. El licenciado es un tipo antipático poro

y para que no perjudique a Blanquita, la
banda lo absuelve en pleno.

por cuanto poseen estructuro de silogis-

el autor - aportan una serie de caracte-

Arte, y la tradición teatral del siglo XIX en

mo; sin embargo, los textos poseen un

rísticos formales y temáticas que con limi-

Californio, para readaptarlos a los ne-

personajes, lo cual intensifico el dramatis-

nada por su esposo, quien además se

mo del relato. El elemento fundamental en

lleva a todos sus hijos a Estados Unidos,

enferma de belleza
Gabriel Contreras

LJ

n hombre acude al videoclub. Se lle-

va una película a su casa, con el único
afán de pasar el rato y divertirse un poco.
Ese hombre es profesor de historia en una
escuelo secundaria y la película se la recomendó un profesor de matemáticas,
que es amigo suyo.
De pronto, la película le muestra que

raro encanto que quizá suple el ideal

taciones se adelantan en casi treinta años

cesidades del movimiento de insurrección

desequilibrio entre el significante y el sig-

al Movimiento Chicano; no dejará, sin

campesino del líder social chicano Cé-

el texto es el manejo del lenguaje colo-

menos a Toño, el más pequeño. Juanita

mo. Pero no lo es. Ese "otro" es un actor

sar Chávez.

quial, arrancado de un contexto de can-

tiene esperanza de que Taño le haga

secundario, que aparece en ésta y en

caso y vaya a consultor con Chencho,

otras películas. Pronto, el protagonista

nificado. Por ejemplo, el texto "Este rin-

embargo de marcar influencio sobre la

cón" es uno historia ingenuo muy apete-

producción literario posterior.,

Los propuestas de redefinición del

ciones vollenotos, donde los lugares comunes podría localizarlos alguien que se

hay otro hombre que parece ser él mis-

111,
ías.

cible que invito a leerla dos o tres veces,

Agrego Velasco que lo exploración

concepto del ser chicano desde uno

poro descubrirnos ahítos en la imagen

del tema de la mexiconidod o partir de

perspectiva feminista corresponde prin-

desenvuelvo en ese medio. Sin embargo,

año hace fiesta ante la tumbo del curan-

cando a ese •otro• que, sin embargo, es

lo experiencia chicano surgirá, en este

cipalmente a las escritoras Ano Castillo

Andrés Sánchez le do su propio toque al

Isabel Sú muestra su corazón, que

siglo, de la recuperación del contingen-

mr,

parece uno nuez quebrándose; y, antes

te cultural y literario surgido de lo Revolu-

bre duplicado (Alfaguara), la nueva no-

Sandro Cisneros es vital en la literatura

lenguaje y nos remite o uno dimensión sensible muy propio.

él mismo. Ése es el argumento de El hom-

y Gloria Anzaldúa; asimismo, la obro de

dero milagroso de Espinazo. Finalmente, Toño va con Chencho.

ite.
so

de percatarse de qué piedra le lanzará

ción Mexicano.

chicana octual.

atónito del «yo digo•.

el destino, busca redimirse cuando una

Producto del exilio, gran porte de lo

[ 68]

La creación de una estética de «los

En el texto 'Absolución' , reaparecen
El Cholillo y El Tono, quienes, al igual que

un seguidor del Niño Fidencio, que cado

Andrés Sánchez narra la curación

perderá el control de su propia vida bus-

vela del portugués José Saromago.

que Chencho le aplico a Toño con uno

Saramago está convencido de que

economía narrativa prodigiosa, para

"él yo no existe". Y no sólo al momento

[ 69]

IT:en
Llos

:or.

�de sentarse o escribir con miras o lo fic-

licíoca esquizofrénica (el yo como un

do físico "lo hace asumir el papel de ob-

Hizo Carranza adiciones sociales al Plan

pesar de haber sido eliminados Ángeles

ción, sino también cuando hablo ante lo

ser que se escinde y se convierte en su

servador y observado". ¿Es ésta una in-

de Guadalupe; logró el apoyo obrero;

y Zapata. Carranza pretendió imponer

prenso en Barcelona.

propio enemigo).

clusión luhmanniana? También destaca

modificó las leyes agraria y del munici-

como candidato presidencial al emba-

Si quisiéramos acercar sus palabras

Por lo pronto, nos queda el placer de

Moguel su hermetismo en la vida priva-

pio libre. Finalmente, Carranza fue reco-

jador Ignacio Bonillas, lo que provocó

o algún horizonte teórico contemporá-

una narración clara, directa y, como siem-

da (tuvo dos matrimonios), su dificultad

nocido por el gobierno de Washington.

el levantamiento armado de Obregón y

neo, podríamos decir que Soro mogo co-

pre y cada vez en el caso de las obras de

poro olvidar los agravios, cierto aversión

7 Los símbolos nacionales. Asimis-

incide con los teorías de lo norrotividod

Soramago, enferma de belleza.

a los espectáculos de sangre (como la

mo, Carranza estaba obsesionado por

de Poul Ricoeur, según los cuales ante lo

1O. Se impone la candidatura. A

fiesta bravo y las peleas de gallos), su

representar la imagen viva de la patria.

Obregón se sumaron Calles y De la

pregunto: ¿quién? sólo se puede respon-

orden administrativo y su visión poro no

De acuerdo a su biógrafa, Carranza era

Huerta, los que proclamaron el Plan de

der con uno narración. Uno narración por

licenciar las tropas irregulares de Coa-

un apasionado conocedor de la historia

Agua Prieta, en tanto que González se

huila en previsión a un vuelco inespera-

de México. Carranza decidió pensionar

rebeló por su cuenta. En medio de este

do.

a las ilustres viudas del maderismo, si bien

ambiente de tensión y envuelto en un velo

4. Desconocimiento de Huerta. Ca-

"mantenía el propósito firme de expro-

de misterio, se dio la muerte de Carran-

rranza va a ser el primer gobernador en

piar e intervenir los bienes de la familia

za. Josefina Moguel aporta un dato

desconocer a Victoriano Huerta y en ini-

Madero". Para allegarse recursos a fa-

te de su trabajo profesional a la clasifi-

poco conocido: "[ ...) Tlaxcalaltongo. El

ciar la lucha armada para derrocar al

vor del movimiento armado, tuvo que re-

cación y estudio de los propios archivos

presidente Venusliano Carranza fue ase-

presidente ilegítimo. A través del Plan de

currir a la confiscación de propiedades,

que resguarda el Centro de Estudios His-

sinado en este lugar a las 3:30 de la

Guadalupe, los constitucionalistas plan-

préstamos forzosos y emisión de papel

mañana (... ) a manos de las fuerzas de

cierto variable, yo que lo identidad-per-

Venustiano Carranza

manencia y lo identidad-sustancio pertenecen al campo de lo nulidad. Uno na-

José Roberto Mendirichaga

rración plagado de uno mezclo de ficción e historio, en lo que el protagonista
es solamente un testigo de eso historio
que el sí mismo le cuento al yo "como o
un otro".

VENUSTIANO CARRANZA
Josefina Moguel Flores
Col. Grandes Protagonistas de la Historia
Mexicano
Editorial Planeta de Agastini,
México, 2002, 150 pp.

González.

tóricos Condumex, del que formo parte

teaban una serie de reformas políticas

moneda. En cuanto a la presencia feme-

Herrero, quien recibió órdenes del enton-

con eso voz suave y acompasado que

desde hace muchos años- se divide en

que aseguraban el derrotero morcado.

nina en el movimiento, Moguel Flores in-

lo caracterizo; lo dice como quien dice

diez breves capítulos y tiene un ep~ogo.

Josefina Moguel destaca la importancia

cluye los nombres de Eloísa Espinosa,

ces coronel de caballería Lázaro Cárdenas".

del apoyo de Álvaro Obregón y los

Guadalupe Narváez, Hermila Galindo

Epílogo. Cierro este libro Josefina

sonorenses a Carranza.

y Virginia Fábregas, por mencionar algu-

Moguel con el siguiente párrafo: "Venus-

nas.

tiano Carranza, el varón de Cuotrocié-

"El yo no existe", lo dice Soromogo

"voy al quiosco o comprar el periódico".

S obre Venustiano Carranza, hombre

1. Estadista y político. Deja muy cla-

Y el autor de La caverna complemento

clave en la Revolución Mexicana, se han

ro la autora, la estatura del revoluciona-

lo ideo asegurando que "el yo, o lo que

publicado infinidad de libros, de autores

rio coahuilense de Cuatro Ciénegas; su

llamamos el yo, es un estado pasajero,

como Alfredo Breceda, Enrique Krauze,

abolengo patriótico juaristo y liberal; su

historiadora Moguel Flores aporta una

8. La Constitución de 1917 La auto-

Douglas Richmound, Martín Luis Guz-

factor de equilibrio político del país, a la

negas, ejerció su principio de autoridad

ton pasajero que se nos escapo o codo

serie de elementos para determinar la cla-

ra de esta biografía indica que Pablo

momento. Por ejemplo, yo, José Soro ma-

mán, Alfonso Toracena o Francisco L.

muerte de Madero; los alcances del Plan

y cumplió su destino histórico como pre-

ra intervención del embajador Woodrow

González y Francisco Murguía,

Urquizo.

de Guadalupe; y su desconocimiento a

sidente de México, dejando su legado

go, ahora, o mis ochenta años, no tengo

Wilson en los asuntos de México. Intere-

corrancistas, se singularizaron por sus

o los gobiernos posteriores o 1920".

5. Carranza enfrenta a Wilson. La

ni uno solo célula, ni uno solo partícula

Pero como se trata de un personaje

la Doctrina Monroe, al igual que su pos-

santes son los datos acerca de que

acciones anticlericales; que la Constitu-

sumamente rico y como en torno al mis-

tura nacionalista frente a las ambiciones

Se troto, pues, de un libro fundamen-

de los que tenía cuando nací. Esto signi-

Wilson apoyó el Plan de San Diego; que

ción de Ouerétoro ratificaba las Leyes

mo existen aún una serie de interrogan-

intervencionistas de Estados Unidos e In-

tal para los estudiosos de este azaroso y

fico que soy otro, siempre he sido otro•.

había rivalidades entre Obregón, Gon-

de Reforma y la Constitución del 57; y

tes, particularmente lo relativo a su muer-

glaterra.

medular periodo de nuestro vida políti-

Estos ideas se reflejan transformados

zález y Villa; y que Obregón tuvo enfren-

que lo que pretendía el constitucionalis-

El hom-

te, las nuevas biografías y estudios críti-

ca, escrito con profundidad y, o lo vez,

tamientos verbales con Villa y Zapata.

mo era la construcción de un estado lai-

bre duplicado (Alfaguara, 2003), que

cos que surgen son siempre bienvenidos.

Explica Moguel Flores que Coahuila es

redactado con sencillez poro todo lec-

6. Estados Unidos reconoce a Ca-

co moderno.

Tal es el caso del libro Venustiano

tor que busque comprender mejor nues-

podemos leer desde hoce unos días.

tierra de multiformes culturas; que

rranza. Al retirarle Villa el apoyo a Ca-

9. Presidencia de Carranza. Venus-

Soromago se aproxima a lo idea de lo

Carranza, de Josefina Moguel Flores, el

Cuatrociénegas, lo tierra natal de Carran-

rranza en la Convención de Aguasca-

tiono Carranza asumió el cargo de pre-

que forma porte de la colección Gran-

za, formaba parte del Marquesado de

Lo obro incluye uno cronología; foto-

multiplicidad humana (duplicidad en este

lientes, éste decidió trasladarse a Veracuz

sidente constitucional el I de mayo de

caso) y añade un episodio más o la his-

des Protagonistas de lo Historia Mexica-

Aguayo; cuándo se separo Texas de

grafías, ilustraciones y caricaturas; y uno

y convertirla en capital de la República.

1917, pero persistían las rebeliones, a

na, de la Editorial Planeta de Agostini,

Coahuila y cuándo ésta es intervenida

selecta bibliografía.

torio de los dobles en lo literatura.
• - No estoy siendo original, cloro que

colección que dirige José Manuel

por los franceses; de qué manera el go-

no. La idea del doble es oigo que nos

Villalpando y en la que están publica-

bierno de Díaz contrarresta el poder de

llego desde la mitología griego y que

dos o anunciados trabajos sobre

los coahuilenses y se da inicio a la Revo-

siempre está presente en nuestro imagi-

Nezohualcóyotl, Doña Marina, Vasco

lución, en la que Madero y Carranza

nación, desde los sueños del olimpo has-

de Ouiroga, Juan de Palafox y Mendo-

jugarán papeles fundamentales.

ta Stevenson y Calvino."

za, Agustín de lturbide, el Padre Mier,

3. El varón de Cuatrociénegas. Dos

Esta vez, Soramago nos regala uno

Lucas Alamán, Felipe Ángeles, Plutarco

figuras protagónicas -de acuerdo a la

novela o la que podríamos pensar como

Elías Calles, Rosario Castellanos, Euge-

biógrafa de Carranza- influyeron en éste:

nio Garzo Soda y otros.

la de Benito Juórez y la de su padre, don

en acción narrativo en lo novelo

una especie de "thriller metafísico•, ya
que el perseguidor y el perseguido son

El libro de la historiadora Moguel

la misma persona; o bien, una novela po-

Flores -quien ha dedicado la mayor por-

[ 70 ]

2. Coahuila, comarca de contiendas.

•••

tro posado nacional.

-lL,
ías.

IT:en
,ur,

lte.
o

¡

Jesús.
Dice Josefina Moguel que su cuida-

los
ar.

[ 71]

�A RMAS
LETRYAS
U\'IS1'A DE 1A UNlVEIISIIW) AU'l'ÓNOIIA DE NlJEVO LIÓN

Direcwr
Alfonso Rangel Guerra

Coordinador editorialy diseño
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Secretario de redacción
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Consejo ediwriaL·
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Monterrey, Nuevo León. Registros·en trámite.
Armas y Letras no responde por originales o
colaboraciones no solicitados. Todos los artículos
firmados son responsabilidad d~ su autor.

MAYO / JUNIO DE 2003 $40.00 NÚM. 42

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