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                  <text>N~ 92.

AGOSTO.

1841.

DON ALVARO DE LUNA.

Ez. espectáculo que presentan los sucesos públicos
de Castilla en el reinado de Juan II, aunque aflige
el ánimo por el desorden tumultuoso de las pasiones, llama poderosamente la atencion con el
movimiento y con la variedad. Peleóse encarni.
zadamente treinta años seguidos entre los pr6ceres
del reino, sobre quién se babia de enseñorear del
rey, incapaz de gobernar, y falto de fuerza y de
carácter para mandar y hacerse obedecer. Todo
aquel largo periodo no fué mas que un flujo y re.
flujo continuo de facciones y de intrigas, de confederaciones y guerras, de convenios mal guardados
y de rompimientos sin fin; y en medio de esta
agitacion luce á las veces una audacia y una energia, una generosidad y magnificencia que honran
sobremanera á la nobleza castellana; al paso que
en otras ocasiones se descubren unas miras tan
interesadas, una ambicion y codicia tan sin freno,
y una falta de fé tan sin pudor, que desdicen sin
duda alguna de tan altos príncipes y señores. El
personaje que al fin sobreJ&gt;uja á todos en fortuna y
en poder, y sabe á pesar de sus embates sostenerse
en la exclusiva privanza á que su diligencia y
esfuerzo le subieron, ese cierra aquel dilatado
drama con una catástrofe sangrienta, tan inespe..
rada como inconcebible: fácil ocasion á moralistas
é historiadores para declamaciones vagas y triviales sobre el frágil favor de los reyes, y sobre la
inconstancia y caprichos de la fortuna, Pero otras
lecciones harto mas graves é importantes resultan
de loa acontecimientos en que nos vamos á ocupar:
Ycomo el reinado de Juan II no es propiamente
hablando, mas que el reinado de Don Alvaro de
Luna, las vicisitudes de su vida dan mejor razon
de aquellos contínuos movimientos, que otra cualquiera desoripcion, porque él es el origen de donde
To.u. VIII.

nacen, el pretexto que los mantiene, el blanco
adonde constantemente se encaminan•.
La muerte de Don Enrique III, llamado el E,ifermo, acaecida en 1406 dejó por heredero del trono
de Castilla á su hijo Don Juan II que aun no tenia
veinte y dos meses de edad. La autoridad real y
la tutela quedaron depositadas en la reina viuda
su madre y en su tio el iufnnte Don Fernando,
11rincipe de raro talento, íntegro, amable, valiente,
y el único siu duda á quien podia confiarse con se.
gurídad un cargo tan espinoso en aquellas circunstancias. La generosidad con que renunció la corona de Castilla que inmediatamente le ofrecieron
algunos espíritus revoltosos; y su celo, actividad y
noble desinterés en conservar ileso á su inocente
pupilo un patrimonio que intentaban hacer jiras
los mismos que debieran ser sus defensores, acreditan el acierto que tuvo Enrique en la eleccion.
Pero llamado al trono de Aragon, que muerto el
rey Don Martin le correspondia por derecho de
sangre y legitima eleccion de aquellos reinos, hubo
de abandonar á Castilla, aunque sin descuidar los
intereses de su menor, en cuya proteccion continuó
con la mayor legalidad; pero su muerte acaecida
demasiado ¡,ronto, dejó á Don Juan II expuesto á
las borrascas que se levantaron casi inmediatamente.
La tutela y gobierno recayeron en la reina
madre, quien apenas los desempeñó dos años con
bastante acierto cuando murió tamuien; y el rey
que contaba trece años hubo de ponerse á la frente
del gobierno, bajo la direccion ya entonces del
diestro y afortunado Don Alvaro de Luna que
• Yidas de españoles célebres por Don Manuel Joscf
Quintana,

2G

•

�226

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

contaba á la sazon veinte y ocho. "Este célebre
privado," dice Quintana, "semejante á tantos hombres ilustres de Castilla y del mundo no fué hijo
del himeneo sino del libertinaje ó del amor." Su
padre, que tenia el mismo nombre, fué ~opero
mayor del rey Enrique, señor de pingües estados,
tenido por uno de los buenos caballeros de su
tiempo, y estimado no solo por su nobleza, una de
las primeras de Aragon, sino tambien por los importantes servicios que su casa babia hecho á la
familia reinante en Castilla. Fué presentado en la
corte por el arzobispo de Toledo en 1408 y nombrado doncel del jóven príncipe sohre el cual adquirie un ascendiente prodigioso á pesar de la
diferencia &lt;le edad. La gracia sin igual de sus
modales, el atractivo &lt;le su11 palabras, la prudencia
de su conducta en una edad tan temprana, le hacian querer y estimar de todos. Festivo y bullicioso con los niños, gentil y bizarro con los mancebos, galan y discreto con las damas sabia prestarse
á todo y en todo sobresalía; no es pues extraño
que desde luego ejerciese Don Alvaro una extraordinaria influencia en la corte que debia despues
gobernará su antojo. Quisieramos poder seguirá
Don Alvaro en los primeros pasos de su privanza
durante la menor edad de Don Juan, pero no permitiendonos hacerlo asi los estrechos límites de un
periódico, vol veremos á tomar la narracion de los
sucesos de su vida desde el momento en que el
j6ven monarca empuñó las riendas del estado en
1418.
A la verdad necesitaba el rey de un ministro de
su confianza, que con sus talentos y firmeza supliese su indolencia y resolucion, y supiese poner
la autoridad real á cubierto de los ataques de la
ambicien y del poder. Don Alvaro poseia todos
estos dotes; y el cariño que el rey le profesaba,
nacido entre los juegos de la infancia y creciendo
con los años, le elevó á una intimidad y privanza
de que ofrece muy pocos ejemplos la historia.
Esto excitó la envidia y el encono de las personas
que se habían lisonjeado de sacar el mayor partido
de la debilidad del rey ; y formaron una se&lt;'reta
conjuracion para perder nl favorito, cuya perspicacia desconcertaba siempre sus proyectos ambiciosos. El primero que empezó á quitarse la máscara fué el infante Don Enrique, maestre de Santiago é hijo del generoso Don Fernando difunto
rey de Aragon; pero demasiado astuto para descubrir todo su plan fuera de tiempo, emprendió una
guerra obHcua contra Don Alvaro alejando diestramente de la corte á todas sus hechuras, sustitu·yendo per$onas de su confianza, y confinando al
rey en Tordecillas á pretexto de mantenerle en
seguridad. Inmediatamente penetraron todos las
miras del maestre, y no faltó quien intentase romper las cadenas que oprimían al infeliz Don Juan;
pero como esto no podia realizarse sin grandes conmociones funestas siempre á los pueblos, el pru•
dente Don Alvaro prefirió por entonces el partido
de la paz y de In tolerancia, contemporizando en lo
posible con su mayor enemigo. Sin embargo, á
pretexto de una partida de caza, logró trasladar al
r&lt;'y al castillo ele l\Iontalvan, confiandole ú la cus-

•

todia de algunos caballeros amigos. El maestre,
Juego que lo supo, se presentó delante del castillo
con un crecido número de tropas, pero noticioso
de las grandes fuerzas que venian en socorro de
ella, hubo de retirarse apresuradamente á Ocaña.
Durante la detencion del rey en Tordesillas en
que Don Enrique le imponía la ley, babia obtenido
este ambicioso prócer, no solo la mano de la infanta
Doña Catalina hermana de Don Juan, y con ella
el marquesado de Villena, sino la gracia de que
pasasen á los descendientes del infante las rentas
del maestrazgo de Santiago. Libre ya el monarca ele la opresion que le babia tiranizado, juzgó
Don Alvaro oportuno anular aquella exhorbitante
gracia debilitando al mismo tiempo el poder del
maestre. .Fácil es colegir el enojo y odio llácia el
valido que debió producir esta resolucion en el
ánimo del arrebatado y violento Don Enril{ue:
sin embargo logró aplacarle su madre la reina
viuda de Aragon y aun logró inducirle á -que se
presente en la corte y procurase sincerar su conducta pasada. Mas bien pronto se vió cunn falsas
eran sus protestas, ¡mes habiendo por entonces
interceptado unas cartas del condestable de Castilla Ruy Lope Dávalos, parcial de Don Enrique,
se descubrió la horrible trama que forjaban ambos,
excitando al rey moro de GrQnada para que rompiese poderosamente por Castilla, donde seria sostenido por ellos y todos sus amigos. En vano
protestó el maestre su inocencia y la falsedad de
semejantes cartas: cometióse el exámen del negocio al consejo del rey; pero entretanto fué conducido preso al castillo de Mora; y el condestable,
aunque debió su libertad á la precipitada fuga con
que logró salvarse en el reino de Valencia, perdió
todos sus cuantiosos bienes, los cuales fueron adjudicados por el rey á varios caballeros, cabiendole
á Don Alvaro la dignidad de condestable.
Mas no fué de larga duracion la prision de
Don Enrique. El rey de Aragon solicitaba con
repetidas instancias que se pusiese en libertad á su
hermano, autorizando sus pretensiones con un poderoso ejército que desde las fronteras de Aragon
amanezaba los llanos de Castilla. Fué pues preciso ceder á la necesidad, aunque bien conocía
Don Alvaro las fatales resultas que tendría esta
condescendencia. Con efecto, apenas se vió libre
el maestre, cuando se lig6 con su hermano D ..Juan
que acababa de subir al trono de Navarra, y que si
al principio babia reprobado su conducta, entró
ahora gustosamente en el proyecto de sojuzgar
al rey de Castilla con la esperanza de mayores
ventajas. El condestable Don Alvaro oponía sin
embargo un insuperable obstáculo mientras subsistiese á su lado : les era preciso removerle por
cualquier medio, y no babia otro mas seguro que
desconceptuarle con el rey y con el reino. Al
momento empezaron á esparcirse las calumnias
mas atroces, se le atribuyeron los delitos mas execrables, se le señalaba como la causa principal de
las desgracias que afligian á Castillo., y se pedia
con ansia su castigo. Estrechado el rey por todas
' partes, tuvo la debilidad de someter lo. decision de
este negocio á cuatro pnrciales del infante Don En-

DE lllSTOlllA, 13El.LA8 LE1'HAS Y ARTES.

rlque; y Don Alvaro fué sentenciado á destierro
de la corte con todas sus hechuras; pero indignado el rey de la ambicien con que sus enemigos
se disputaban sus empleos y el gobierno del reino,
revocó la sentencia de los compromisarios, llamó
inmediatamente al condestable, y para precaver
ulteriores disturbios, prohibió las asociaciones clandestinas y mandó que se retirasen de la corte todos
los caballeros que Je eran sospechosos.
Sobremanera irritados el maestre y el navarro,
lograron inducir á su hermano Don Alonso V rey
de Aragon á hacer con ellos causa comun y vengar
esta afrenta con las armas : penetraron pues por
Castilla al frente de un numeroso ejército esperando coger desprevenido al castellano, y así hubiera su~edido á no hallarse las riendas del gobierno en manos tan hábiles como las del condestable. Previendo este los resultados del encono
de sus implacables enemigos, se babia preparado
con tiempo, y Don Juan se halló al momento en
disposicion de hacer una vigorosa resistencia si no
de imponerles temor. La mediacion del cardenal
de For, legado pontificio en Aragon, y las persuasiones de la reina. Doña. Leonor, viuda del
generoso Don Femando, lograron impedir una
sangrienta batalla que estaban para darse ambos
ejércitos en las llanuras de Ariza, pero si bien
pudieron conjurar por algun tiempo la tormenta,
fué por último preciso recurrir á las armas. Entró
el rey de Castilla por los dominios de Aragon,
precedido del terror y la muerte, mientras sus adelantad9s de la frontera de Navarra entregaban al
pillaje, incendio y devastacion las ciudades, aldeas
y campiñas de aquel miserable reino. Penetró
despues por Extrema.dura donde se habian hecho
fuertes el maestre y su hermano Don Pedro, y si
bien no consiguió arrojarlos de Alburquerque donde
los babia obligado á encerrarse Don Alvaro de
Luna, congregó sus cortes en Medina del Campo,
y acusados los infantes de todas sus traiciones y
delitos, fueron condenados á perder los estados
que poseian en Castilla, adjudicando estos á varios
grandes y caballeros leales, y dando en administracion al condestable el maestrazgo de Santiago.
Reducidos los rebeldes.á la mayor extremidad
con estas medidas, tuvieron que solicitar la paz.
Pidiéronla tambien los reyes coligados aunque con
mucho orgullo y se firmó una tregua de cinco
años que rompieron inmediatamente los infantes
Don Enrique y Don Pedro, auxiliados por el maestre de Alcántara Don Juan de Sotomayor, y que
solo pudo restablecerse con la prision de Don Pedro
la ocupacion de la fortaleza de Alcántara y I~
deposicion del maestre Sotomayor.
Humillado Don Enrique con tan repetidos golpes
destituido de recursos para continuar sus ambi~
ciosas pretensiones, y temiendo la ruina que le
amenazaba, imploró la mcdiacion del rey de Portugal para obtener su perdon y la libertad de su
her'.11ano. Fácilmente obtuvo lo uno y lo otro del
p~c1fico Don Juan, aunque bajo la precisa condicton de restituir las plazas que hubiese ocupado
en. ~xtremadurn, y de dejar en paz á Castillo,
retlrandose á Aragon con el infante Don Pedro,

segun estaba acordado en las capitulaciones anteriores,
Pasaremos en silencio las dos campañas que en
el año 1431 y el siguiente hizo Don Juan contra
los mahometanos castigando severamente la osadia
con que á favor de los disturbios intestinos que dividian á Castilla intentaron estos quebrantar los tratados existentes. La guerra contra los moros siendo
el único suceso en que se aunaba el espíritu de
todos los príncipes cristianos de la época, forma
por decirlo asi un episodio ó digresion en la historia doméstica de sus reinados.
Muy poco tiempo disfrut6 Castilla del sosiego
interior que le proporcionaron la retirada de los infantes y su ocupacion en la guerra que sostenía en
Italia su hermano el rey de Arogon. Eran muchos
los envidiosos de la privanza de Don Alvoro, y
aunque disimulaban mientras se conocían débiles,
maquinaban en secreto su ruina con la mayor constancia. En medio de esta aparente calma descubrió el condestable una conspiracion próxima á
estallar sobre su cabeza que teniendo á su frente al
adelantado Pedro Manrique, uno de sus mas irreconciliables enemigos, ó babia de conseguir su
ruina ó anegar á Castilla en la sangre de sus infelices habitantes. Don Alvaro creyendo eu circunstancias tan apuradas deber recurrir á medidas
enérgicas y expeditas, mandó prender á aquel jefe
y sin forma de proceso le confinó en el castillo de
Fueotidueña. Esta resolucion que se creyó tan
saludable, produjo sin embargo efectos absolutamente contrarios: pues el adelantado halló medio
de evadirse de su prision y al momento se pusieron
sobre las armas todos sus parientes y amigos clamando contra la arbitrariedad del condestable, y
exhortando al rey á sacudir el yugo que le esclavizaba, haciendole al mismo tiempo responsable de los
males que amenazaban al reino si no alejaba de sí tan
pernicioso favorito. La capciosidad de estas reclamaciones sedujo bien pronto á la multitud, y patrocinados los rebeldes por el príncipe heredero
Don Enrique, que aborrecía á Don Alvaro, y auxiliados por el incansable maestre Don Enrique y su
hermano Don Juan rey de Navarra, que habían ya
vuelto de su expedicion, se hallaron muy pronto
en disposicion de dar la ley. En vano ap,uó el
condestable todos los recursos de su ingenio para
contener los progresos ele la insurreccion : en vano
recurrió á la fuerza para quebrantar el formidable
poder de los rebeldes, y proteger sus estados invadidos con el mayor furor. Dueños sus enemirros
de la~ prin~ipales ciudades y fortalezas del rein;, y
supenores a cuantos obstáculos pudieran oponerseles, tr!~nfaron de la debilidad del rey, consiguiendo
que h1c1ese salir desterrado al condestable por seis
años, ~ued~ndo interceptada con el mayor rigor su
comumcac1on con el monarca.
A la separacion del privado se siguieron las intrigas y maquinaciones de los ambiciosos que deseaban reemplazarle. La rivalidad, los celos y la
desconfianza, que eran consiguientes, no pudieron
menos de producir la desunion ; y el condestable se
hubiera visto vengado con las armas de ~us mismos
enemigos, si previendo ellos las consecuencias ele lo.

�228

DE HISTORIA, BELLAS LETHAS Y AH'l'ES.

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

discordia, no se hnbiesen convenido en renunciar
el supremo favor con tal que nadie lo lograse.
Para esto se creyó indispensable no perder al rey
de vista, confinarle en ciertos y determinados lugares, separarle de toda comunieacion, y no permitir á nadie, sin mucha precaucion, la entrada en
palacio. Se espiaban recíprocamente los pasos y
las acciones: procuraban adivinarse los pensamientos; las expresiones mas indifereutes proferidas al descuido se examinaban por todos sus aspectos, y bastaba para alarmar á todos hablar al rey en
secreto dos palabras. A tal extremo redujeron al
monarca de Castilla los mismos que calumniuban á
Don Alvaro con acusaciones injustas, y que se supouian animados únicamente por el deseo de salnr
la mnjestfld de una vergonzosa esclavitud ; pero aun
llegó á ser su prision mas rigurosa luego que sospecharon en el condestable algunos manejos ocultos
para arrancarle de su poder, Con efecto, este
hombre gravemente ofendido, pero superior á los
reveses de su fortuna, y ú los resentimientos que en
otro hubiera excitado la instable conducta de
Don Juan, hacia ya mucho tiempo que meditaba
desde su retiro el modo de romper sus cadenas, y
solo esperaba un momento favorable cuando la desunion de sus mismos opresores se anticipó á sus
deseos y le facilitó la ejecucion.
El príucipe heredero Don Enrique si bien se
babia aunado con los enemigos de Don Alvaro á
causo de los celos que le causaba la preponderancia

de este privado en el ánimo de su padre, no podía
en manera alguna aprobar la indigna y humillante
njecion en que ahora le tenían los que decían
haberse armado para su defensa, particularmente
Don Juan Pacheco que con el mayor descaro abusaba la confianza depositada en él por el príncipe,
Ocupábase pues este en discurrir los medios de
poner en libertad á su oprimido padre cuando recibió con el mayor secreto un aviso del condestable
ofreciendole auxilios para tau digna empresa. Pusiéronse ambos de acuerdo, unieron sus fuerzas, y
sostenidos por un crecido número de vasallos leales
se hallaron bien pronto en estado de poder medir
las armas con sus enemigos. En varios encuentros
parciales que tuvieron lugar entre las tropas de los
rebeldes y las del príncipe, lograron estas grandes
ventajas: por último los dos partidos beligerantes
reunieron sus huestes cerca de Olmedo donde habia
determinado la fortuna que tuviese término la obstinada con tienda, y se decidiese quien había de
ruallllar en Castilla, si los infantes de Aragon ó
Don Alvaro de Luna. No entraremos en los pormenores de la batalla que se dió el 19 de Mayo de
14-15. Baste decir que los tercios castellanos mandados por el rey en persona pelearon con el mayor
teson, derrot~ndo completamente á sus enemigos.
El maestre Don Enrique terminó alli su turbulenta
carrera, quedando ademas prisionero el almirante
de Castilla, uno de los principales corifcos de la
rebelion.

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Se creyó que con esta victoria iba á renacer en
Castilla la serenidad; y con efecto muerto el inquieto maestre, presos ó fugitivos los mas temibles
cabezas de aquellos movimientos, y aplicados al
fisco sus estados, era de esperar que los demas rebeldes por miedo, impotencia ó falta de apoyo, dejarian por algun tiempo descansar al reino de
tantas inquietudes; pero inmediatamente aparecieron otras mas escanrlnl&lt;'s:is y de mayor trascen-

dencia, cuya causa no es muy dificil señalar.
Había recobrado el condestable todo su ascendiente
sobre el corazon del rey, ~uya mediacion le proporcionó el maestrazgo de Santiago, y cuyo afecto,
declarado en repetidas honras y mercedes, hizo
bien pronto conocer á Pacheco la inutilidad de
sus esfuerzos para conservar en la corte, mientras
aquel subsistiese en ella el absoluto influjo que por
medio del príncipe se babia lisonjeado ejercer.

Resolvió pues poner en práctica cuantos medios le
sugiriese su encono para derribarle, y recordando
el buen éxito que años atrás tuvieran para este fin
las calumnias y la maledicencia contra el favorito,
tuvo recurso al mismo sistema de detraccion, emponzoñando el ánimo del príncipe que enteramente
sometido á la influencia de Pacheco, no solo pintó
á su ¡&gt;adre con los mas negros colores las supuestas
arbitrariedades y demasías de Don Alvaro, sino
que alegando temor por su seguridad personal en
una corte donde segun él reinaba la tiranía y opre.
eion de un hombre vengativo, huyó de ella precipitadamente.
A todos sorprendió su inesperada fuga; pero el
condestable conoció bien pronto el principal resorte
de este movimiento, comprendió toda la extension
de la intriga, y previendo sus consecuencias, temió
por la tranquilidad de Castilla y la seguridad de su
persona, El rey acongojado con la idea de nuevas
inquietudes, y entonces demasiado débil para hacerse respetar, creyó deber precaverlas por cualquiera medio; pero el príncipe su hijo se negó á
toda composicion mientras no se sobreseyese en el
castigo de los descontentos que decía sin rebozo
haber tomado bajo su proteccion, y se remunerase á
Pacheco largamente el buen servicio de haber contribuido á la libertad del rey. El débil monarca
hubo de suscribir á cuanto quisieron exigir de él:
los rebeldes aseguraron su impunidad ; Don Juan
Pacheco obtuvo el marquesado de Villena; y aun
paro. tenerle mas grato, hizo el rey que los comendadores de Calatrava eligiesen maestre de la orden
á su hermano Don Pedro Giron.
Si hubiera podido contar el condestable con un
carácter mas firme y mas enérgico que el de
Don Juan II, no le habría sido acaso dificil en su
profunda política hallar algun arbitrio para enfrenar á sus implacables enemigos; pero ya que no
les pudo arrebatar este triunfo, por lo menos se
confirmó en la idea que ya tenia concebida anteriormente de buscar un apoyo que le preservase
de la ruina que le amenazaba. No se le ocultó
que este acontecimiento no babia sido mas que uu
ensayo, cuyo éxito feliz aseguraba á los rebeldes el
buen suceso de ulteriores tentativas; que todo lo
debía temer de la ojeriza de tan enconados rivales,
y que tenia sobradas pruebas para desconfiar del
favor de un monarca débil y pusilánime, El
casamiento de Don Juan, viudo entonces de
Doña Maria de Aragon, con Doña Isabel de Portugal, le pareció que al paso que conciliaba á Castilla
una alianza poderosa, que no osarian menospreciar
los insurgentes, le proporcionaba igualmente al
lado del rey un influjo constante, que manejándole
á su arbitrio como se lisonjeaba, desconcertaría las
intrigas de los envidiosos y le sostendría contra la
inconstancia del monarca.
Don Alvaro confiando en su extraordinario valimiento y no sin temer oposicion á este matrimonio
por parte del rey, le ocultó el proyecto hasta que
ya se hallaba concluida la negociacion, seauro de
que no le dejaria desairado cuando recibiese la
noticia. Con efecto asi sucedió el rey si bien
mani_festó al principio ulgun disg~sto, admitió por
fin sm repugnancia Y aun con amor la esposa que

229

le presentó su favorito, pero jamás pudo perdonarle
un abuso tan intolerable del poder que habia adquirido á la sombra de su debilidad. La nueva
reina fué el primer testigo de su resentimiento, é
interesada ella misma en no sufrir competidor sobre
el corazon de su esposo, se anticipó á sus deseos
ofreciendo proporcionarle los medios de sacudir el
yugo que vergonzosamente le tenia oprimido. El
disimulo se creyó sin embargo muy necesario hasta
la ocasion oportuna; y esta no tardó en presentarse
cuando menos se esperaba, y por un medio que no
era de imaginar.
La osadía con que el príncipe Don Enrique se
declaró en favor de la nobleza descontenta, y el
temor de exasperarle cuando no podia refrenarle
su padre, proporcionaron como ya digimos la impunidad á los caballeros rebeldes. Obtuvieron con
efecto su libertad los que se hallaban presos; y solo
el conde de Alba, confundido á pesar de su lealtad
entre los desleales, quedó por mucho tieinpo todavía sepultado en una dura prision. Queriendo
vengar este agravio su hijo Don García de Toledo,
tomó las armas, y desde su castillo de Piedrahita,
en que se hizo fuerte, empezó á saquear los pueblos
del distrito. Por consejo de Don Alvaro determinó
pasar el rey á sujetarle con algunas tropas; pero el
conde de Plasencia, Don Pedro de Zuñiga, que se
hallaba retirado en Béjar, creyó que esta expedicion era una estratagema del condestable, enemigo
de los Zuñigas, para sorprenderle indefenso; y
uniéndose con sus amigos y deudos, formó el arrojado proyecto de acometerle en su misma casa, y
prenderle ó matarle si hiciese resistencia. En
aquellos tiempos en que D. Alvaro se hallaba sostenido por el cariño del monarca, hubiera sido imposible llevar á efecto esta resolucion; pero entonces habian mudado las cosas de semblante, y la
reina sobrado empeñada en la ruina del favorito
que la babia puesto en el trono, aprovechó la ocasion. Inmediatamente que se presentaron en lo.
corte aquellos caballeros, hallaron autorizado su
designio con un despacho del rey, escrito de su
puño, en que se decretaba la prision de Don Alvaro
de Luna. Nada mas fué necesario. Don Alvaro
fué preso, entregado de órden del rey al juicio de
un consejo formado precipitadamente de personas
que quizá no le serian muy afectas, y condenado á
perder la cabeza en un cadalso por tirano y usurpador de la autoridad real,
El dia 1° de Junio de 1453 sacaron á Don Alvaro
del castillo del Portillo en el cual se hallaba preso
para trasladarle á Valladolid donde debía ejecutarse la_ ~nte~cia: " Al dia siguiente luego que
amanec10, oyo misa, comulgó devotamente y se
preparó para ir al suplicio, Pidió que le diesen
al~o con que bebiese, y le trajeron un plato de
gumdas de que comió unas pocas, y despues bebió
una taza de vino puro. Cabalgó luego en uno.
mula, y le sacaron por las calles á la plaza mayor,
donde estaba levantado el cadalso, voceando el
pregonero la sentencia que llevaba delante de él
en una caña hendida.-Esta es lajusticia que manda
hacer -el rey nuestro se,íor á este cruel tirano, usurpador de la corona real, y en pena de sus maldades
múndunle degollar por ello. -Luego que llegó aÍ

�EL INSTRUCTOR, O REPEltTOUlO

230

1 1

cadalso le hicieron desmontar, y subió las escaleras
con resolucion y presteza: adoró una cruz que
estaba alli delante con unas hachas encendidas, se
levantó en pié y paseó dos veces el tablado como si
quisiese hablar al concurso qn~ estaba prese~te.
Acaso vió alli á uno de los pnJes que le habian
acompañado en la prision, llamado Morales, al qne
babia dejado la mula al apearse ; y dándole una
sortija de sellar que tenia en el dedo y e~ sombrero:
toma, le dijo, este post1imero don que_ de mi puedes
1·ecibi1•, Alzó entonces el mozo el grito con doloroso llanto, que fué correspondido por los espectadores hasta entonces embargados en un. profundo
silencio. Dijéronle al instante los rehg1osos que
no se acordase de las grandezas pasadas, y que
pensase solo en morir como buen cristiano. Asi l.o
hago, respondió él, y sed ciertos que muero con m
mismafé que los mártires. Alzó despues los ojos y
vió á Barrasa, caballerizo del príncipe; llamóle y
díjole: Di1.e al pr(ncipe mi seiwr, que mejor galardone
á los que lealmente le sirvan, que el rey mi sei'IOT me
ha gal.a1'&lt;limado ,J m!-Ya el verdugo sacaba el
cordel para atarle las manos: ¿ Qué quieres ltacer?
le preguntó :-Ataros, se1i01·, las manos.-No hagas
asi, le replicó, y sacando una cintilla de los pechos,
se la &lt;lió diciendole, átame con esta, y yo te 1wgo

,

.

que mires si tienes el pui'ial bien ajil.a.do para que
71restamente me despaches. D{, añadió,J¿para que
es ese garabato que est4 en ese madero? El verdugo

dijo que para poner su cabeza despues que fuese
degollado, -Hdgan de eUa lo que quieran: despucs

de yo muerto, el cuerpo y l.acabeza nada son.-Eslas
fueron sus últimas razones : tendióse en el estl'ado
que estaba hecho con un tapete negro, el verdugo
llegó á él, dióle paz, y pasándole prestamente el
cuchillo por la garganta para degollarle de pronto,
le cortó despues la cabeza que colocó en aquel clavo.
Alli estuvo nueve dias, el cuerpo tres : y para que
nada faltase de lo que se hace con los ajusticiados,
en una palancana de plata puesta á la cabezera se
echaba limosna para enterrarle, y el entierro se
hizo en la iglesia de San Andrés, donde se enterraban los malhechores que eran muertos por la justicia. A poco tiempo fué trasladado con grande
acompañamiento á San Francisco, donde él habia
mandado se le enterrase en el testamento que ordenó
la noche antes de lllOrir; y bastantes años después
fué llevado á Toledo y sepultado en la suntuosa
capilla de Santiago, que el condestable en los
tiempos de su gloria babia erigido para su enterramiento en la catedral.
'J'endria el condestable cuando sus enemigos le
acabaron, sobre sesenta y tres años, y todavia en
aquella edad conservaba íntegros el esfuerzo, la
agilidad, la viveza y aplicacion, por donde se babia
sefíalado desde el tiempo de su juventud primera.
Parciales y enemigos, todos convienen en los
grandes dones de cuerpo y alma ele que estaba

DE HISTORIA, DELLAS LETHAS Y ARTES,
a1lornodo, y en que pocos ó ninguno de los señores
contemporáneos suyos le llevaba ventaja, ni aun le
igualaban. Mediano de estatura, gracioso y derecho de talle, alcanzaba grandes fuerzas, y en
todas sus acciones y movimientos mostraba una
flexibilidad y soltura que jamás perdió, porque
siempre se mantuvo en unas carnes. Vestiase
bien, armábase mejor, y sea que persiguiese las
fieras en la selva, ó que se ejercitase en los torneos,
ó que arrostrase los peligros en las batallas, siempre
se mostraba gran ginete, gran montero, diestro
justador y valentísimo soldado. Sus ojos eran vivos
y penetrantes, su habla algun tanto balbuciente:
holgaba mucho con las cosas de risa, y apreciaba
sobremanera las agudezas y artes del bien decir,
especialmente la poesía en la que alguna vez se
ejercitaba. Su larga y constante conexion con
Juan de Mena, príncipe de los ingenios de su
tiempo, y hombre tan respetable 1ior su carácter
como por su talento, hace honor al privado y al
poeta. Era muy galán y atento con las damas y
fué. muy discreto y reservado en sus amores. En
hechos de guerra pocos de su tiempo se le pudieron
comparar; en sagacidad y penetrncion política, en
teson y atrevimiento ninguno le compitió. Pero
estas dotes eminentes fueron lastimosamente deslucidas con la ambicion de adquirir estados, que no
tenia límite alguno, con la codicia de allegar tesoros todavía mas vergonzosa, en fin con el orgullo
indómito, la soberbia, y acaso la crueldad inhumana de que se revistió en sus últimos tiempos y le
enagen6 las voluntades: como si fuera achaque
necesario d~ la privanza excesiva no ejercerse
nunca sin arrogancia y sin insolencia.
Cuatro siglos que han pasado desde entonces nos
dán el derecho de juzgarle sin aficion y sin envidia.
Comparado con los émulos que tuvo, no hay duda
que Don Alvaro de Luna se presenta mas grande
que todos ellos: su privanza está bien motivada en
sus servicios; su ambicion y su poder disculpados
con su capacidad y sus talentos. Pero si esta
ambicion y este poder, tan largo tiempo eombatidos de una parte, y tan bien defendidos de la otra,
se miden con el objeto y uso á que los dirigió el
condestable; si se pregunta qué engrandecimiento
le debió el reino, qué mejoras las leyes, que adelantamientos la civilizacion y las costumbres, en qué
disposicion y estatutos procuró afianzar para lo
futuro la quietud y prosperidad del Estado, ya la
respuesta seria mas dificil y el fallo harto mas
severo. Porque no de otro modo juzga la posteridad á los hombres públicos; y el bien ó el mal que
hicieron á las naciones que mandaron, son la única
regla por donde los aplaude ó los condena*.''

¿QUEREIS QUE OS AFEITE?
~A anécdota siguiente no es de fecha muy reciente; mas como no deja de tener su mérito y
ademas es poco conocida, la transmitimos aqui á
nuestros lectores para su edificacion.

• Don llfanuel JoscfQuintana,
DON ,~Li Al:0 DE L UNA,

231

Un caballero que viajaba hace algunos años por
uno de los estados de la confederacion Anglo-americano, eutró en una posada y pidió un cuarto en
que pasar la noche. El posadero le manifestó su
sentimiento de no poder complacerle por la circunstancio. de estar ya llena la poso.da. Persistió
sin embargo el viajero en quedarse, porque tanto
él como su caballo se hallaban casi exhaustos
de cansancio y necesidad. Despues de muchos
ruegos consintió por fin el posadero en darle albergue si consentia en dormir en una habitacion
que hacia ya tiempo se hallaba desocupada á
consecuencia de creerla visitada por el espíritu de
cierto barbero que decian babia sido asesinado en
ella algunos año.s antes. "Está bien," dijo el
viajero, "no tengo miedo de fantasmas." Despues
de haber tomado algun refrigero pr&lt;&gt;guntó al posadero cuando y de qué modo solio. ,1parecer el
susodicho espiritu, inquilino de la habitacion. El
amo respondió que poco despues de haberse acostado todos en la casa, se oía una voz desconocida
que en trémulos y prolongados acentos exclamaba
" ¿ Que-re-is-s-s que os af-f-f-ei-te 1" " Bueno,"
repuso el caballero, "si viene le doi licencia para
afeitarme.''·
Pidió entonces que le condujesen á la misteriosa
habitacion ; al ir á ella tuvo que pasar por una
sala grande donde babia un gran número de
personas sentadas al rededor de una mesa de
juego. Con una curiosidad natural al que oye
hablar de apariciones, de duendes y trasgos, registró cuidadoso.mente todos los rincones de la pieza
donde iba á pasar In noche pero no descubrió
cosa alguna que pudiera excitar la mas mínima
sospecha. Acostóse, y como no se durmiese al
pronto, creyó percibir una voz que decía Quere-is-s-s que os af-f-f-ei-te? Saltó de la cama,
volvió á registrar su cuarto pero tampoco vió nada
particular. Se acostó de nuevo y apenas empezaba
ya á sobrecogerle el sueño, cuando se oyó otra vez
la misma pregunta: por segunda vez se levantó,
y acercándose á la ventana de donde parecía
proceder la voz, se mantuvo quieto escuchando.
Despues de algunos minutos de ansiosa expectacion oyó distintamente el mismo sonido, y conv~ncido de que procedía de la parte exterior abrió
la ventana: apenas lo hubo ejecutado cuando fué
repetida la pregunta en su oido mismo, cosa que le
sorprendió y aun alarmó al pronto. Parándose
sin embargo á examinar la causa, observó que una
de las ramas de un grueso roble debajo de su
ventana se acercaba tanto á la pared de la casa
que rozando con ella á impulsos del viento prod~cia un ~onido ext~ño, el cual una imaginacion
VJva pod1a constrmr en la interrogacion ¿ Quere-is-s-s que os af-f-f-ei-te?
Satisfecho ya entonces de que la fantasma no
era otra cosa que la rama de un árbol rozando
contra la pared de la casa, volvió á acostarse
! procuró. conciliar el sueño ; pero esta vez fué
rnterrump1do por fuertes risotadas mezcladas con
votos y maldiciones procedentes de la pieza donde
se hallaban reunidos los jugadores. Creyendo que
le seria posible aprovecharse del descubrimiento
r¡ue acababa de hacer, cogió una sábana de l:i

�EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

232

cnmn y se envolvió en elln; tomando entonces In
palangana en una mano y la toalla en la otra, se
presentó de repente á la puerta del cuarto y con voz
trémula exclamó ¿Que-re-is-s-s que os af-f.f-ei-te?
Los jugadores aterrados al ver aparecer tan inesperadamente la temida fantasma, se huyeron en
la. mayor confusion descolgandose algunos por la
ventana y cayendo los demás unos sobre otros en
su precipitada fuga. Nuestro fantMma aprovechándose de su ausencia, recogió deliberadamente
una suma bastante crecida de dinero que encontró
sobre la mesa y se retiró sin ser visto á su cuarto.
A la mafíana siguiente halló toda la casa en
la mayor consternacion. Preguntáronle inmediatamente si babia dormido bien, á lo que contestó
en la afirmativa. "No es extrafío," repuso el mesonero, "pues el muerto en lugar de irse á su
cuarto, se equivocó y vino al nuéstro1 nos llenó de
eRpanto y confusion, y se apoderó de todo nuestro
dinero." El viajero1 sin que hubiese recaido en él
la menor sospecha, almorzó tranquilamente, y partió con algunos centenares de pesos mas de los que
habin traido.

'

ATAVIO DE UNA DAMA ROMANA.

Onros todos los dins á los maridos quejarse del
tiempo y dinero qne gastan sus m11jeres en los
deberes del tocador. Como la felicidad no consiste en otra cosa que en la comparacion de un
estado ó condicion mediana con otra peor, procuraremos probarles, introduciendolos en el gabinete
de una dama romana en los dias de Popen y
Agripina, que pueden tenerse por felices de no
haber nacido en aquel tiempo, y que las artes del
tocador en lugar de haber aumentado parecen por
compnracion haber quedado en el dia reducidos á
una loable simplicidad tanto en número como en

grado.
Una señora de rango, al dejar la cama, lo cual
ejecutaba generalmente entre diez y once, se dirigía inmediatamente al baño. Despues de permanecer alli por algun tiempo donde se hacia
restregar cuidadosamente con piedra pomez, se
entregaba en manos de los cosmetre. Estos eran
esclavos que poseian varios secretos para preservar
la belleza del cutis y de la tez, y que derivaban
su nombre de la voz griega co81Tlos que significa
belleza : sus servicios eran considerados como de
suma importancia por poseer ventajas higiénicas.
Tan luego como salia del baño le aplicaban al
rostro una cataplasma que se quitaba solo al salir
á la calle ó cuando llegaba alguna visita; de modo
que el pobre marido pocas veces lograba ver á su
mujer sin esta mascarilla que frecuentemente volvía
á ponerse al anochecer para preservar el ro~tro del
contacto con el aire frio de la noche.
Cuando empezaban las operaciones del tocador,
una esclava removía la cataplasma medicinal y
lavaba el rostro con una esponja mojada en leche
de burra: otra, segun Plinio, procuraba dnr al
cutis la mayor delicadeza y frescura posibles, restregándolo con cenizas de hormigones ó caracoles

quemac.los y molidos en sal; con miel en In cual
habian sido ahogadas las abejas; con el sebo ó
gordura de 11n pollo mezclada con cebollas, y últimamente con la gordura de un cisne á la cual
atribuian la propiedad de remover las arrugas.
Procedia despues á hacer desaparecer todos los
granillos ó manchas encarnadas con un pedazo de
pafio de lana bafíndo en acéite de rosas, y borrar
las pecas con un raspador de pergamino y aceite
de Córcega, al que afíadia algunas veces polvos de
mc1enso. Concluidas estas operaciones se presentaba otra esclava armada de unas tenacillas
con las cuales arrancaba despiadadamente cualquier vello supérfluo que llegaba á descubrir en el
rostro de su señora. A esta parte del atavio sucedía el de los dientes. Cuando no bastaba el
agua fresca á limpiarlos, los restregaban con polvos
de piedra pomez ó de mármol, práctica que se
conserva aun. U na de las esclavas hacia entonces
uso de un mondadientes de oro ó plata, pero loe
formados de pues de puerco-espin eran los · mas
estimados por la. circunstancia de no lastimar las
encías.
Limpios ya los dientes se presentaba otra tanda
de esclavos para teñir las pestañas, las cejas y el
pelo, segun la edad ó el gusto de la dama. En las
familias de distincion era costumbre emplear esclavas griegas para esta operacion; cuando 110
podian obtenerlas, se contentaban con naturales de
otros países á quienes daban nombres griegos.
Concluido este procedimiento untaba una esclava
los labios de su ama con cierta pomada ú opiato.
encarnada para darles mayor frescura y color mas
delicado. Si se percibían grietas en los labios, los
restregaba primero con una piel suave impregnada
de aceite de agallas, y mejor aun con las cenizas de
un raton quemado, mezcladas con raiz de hinojo, y
por último la esclava favorita tenia el privilegio
de presentarle el costoso espejo redondo guarnecido
de piedras preciosas y sostenido por un mango de
nácar, en el cual pudiese inspeccionar el resultado
de estas varias operaciones. Este espejo, á falta de
cristal, consistía en una composicion de diferentes
metales la cual recibía despues un grado exquisito
de pulimento en nada inferior al del cristal mismo.
Algunos de estos espejos hechos de bronce se conservan aun, pero hay razon para presumir que algunos eran de oro, pues segun dice Plinio, los de
plata eran tan comunes, que apenas se veían jamás
sino en los tocadores de las esclavas." Eran algunas
veces bastante grandes para reflejar el cuerpo entero,
pero los de este tamaño eran tan costosos, dice
Séneca, que su precio excedía á la suma concedida
por el senado para dotar á la hija de Escipion. La
enumeracion de las operaciones diversas, el tiempo
y el coste empleado en completar el atavío diario
de una dama romana, á la cual pudieran añadirse
varios artículos sin contar las cuentas de la modista
bordadora y otras artífices, debería acallar paro.
siempre las quejas de los maridos modernos; y si
fuesen aun tan inconsiderados que se creyesen con
derecho á murmurar, pregúntense á sí mismos
¿ qué derecho tienen ellos para ser mas severos con
sus compañeras que lo fueron Bruto, César, y Caton
de Utica?

DE lllSTOHIA, BELLAS LE'l'RAS Y AH'rES,

,
EL onG,\NO.
(Concluye el a1tículo inserto en el número 87.)

AnoRA bien; todas estas particularidades se observan cuidadosamente en la construccion de los
tubos de órgano. El aire es admitido en ellos por
un extremo, y el cuidado y habilidad del organista
se dirigen á dar á los tubos la forma necesaria no
solo á producir la requerida diversidad de tonos,
sino la imitacion de varios instrumentos. El sonido peculiar de algunos de estos es producido por
medio de tubos cuadrados de madera abiertos en
la parte superior. Otros por tubos de la misma
forma pero con la abertura en la parte de abajo,
sobre la cual juega una especie .de llave ó válvula;
otros con tubos de metal cilíndricos, y otros por fi~
con tubos dentro de los cuales hay una lengueta de
metal situada de tal modo que el aire introducido
en el tubo la pone en rápida vibracion, produciendo entonces una diferencia notable en el sonido
que en ciertos casos imita al oboe1 en otros la voz
humana, &amp;c.
Empezamos pues ya á conocer la razon porque
es tan considerable en un órgano el número de
cañones ó tubos. Debiendo abrazar el teclado una
extension por lo menos de cinco octavas, est¿ nos
dá con los semitonos sesenta y un tonos ó notas
diferentes para cuya produccion se requieren igual
número de tubos distintos. Pero entonces estos
sonidos tendrían todos el mi8mo timbre, es decir,
serian todos ellos semejantes al de la flauta, el
clarinete ó cualquier otro instrumento dado. Luego
si el tocador desea variar el carácter de su música
y producir un efecto semejante al de varios instrumentos tocando á la vez, es preciso que tenga
tantas séries de tubos cuanto sea el número de
ellos, y cada una de estas séries se ha de componer
de la misma cantidad de octavas ó notas distintas
que de~ee producir. El número de tubos crece asi
prodigiosamente en proporcion al tamafío y grandeza del órgano. El grande órgano de Haarlem
contiene sesenta hileras de cañones colocados unos
detrás de otros: el de W eingarten, sesenta y seis,
y hay uno en la ciudad de Pisa en Italia que dicen
tiene hasta ciento. Estas hileras ó s~ries de tubos
no se componen todas del mismo número de ellos
por ser algunos sonidos mas útiles en las notas
altas ó tiples, otras eu los bajos, &amp;c.
Cada una de estas séries de cañones constituye
un registro, aplicándole el nombre del instrumento
6 sonido peculiar que imita, tal como flauteado
dulzaina, oboé y otros que fuera inútil nombrar'.
Se ha dado á uno de estos registros la apelacion de
v~z Ttumana por ser su objeto imitarla, pero es preciso confesar que la tal imitacion es muy imperfecta. Sin embargo no nos atravemos á impugnarla tan severamente como lo hace un escritor
r~ciente que dice, "De cuantos registros hemos
01do hasta ahora honrado~ con la apelacion de voz
Ttumana ninguno de ellos, en la parte del ti ple, nos
recu~rda cosa alguna humana á no ser la quebrada
Y clnllona voz de una vieja de noventa años y los
TOM, VIII.
,

bajos ei sonido que produce el soplo al través de las
puas de un peine."
.
Conduccion del ail-e á !,os cañones. Los diferentes
sonidos del órgano proceden pues de tubos de
varias formas y tamaños; el objeto es ahora introducir en ellos el aire necesario para producir
el sonido.
En la parte baja del instrumento se hallan situados uno ó mas pares de fuelles. Antiguamente
eran estos muy semejantes en forma á los fuelles
de frágua, pero despues se ha mejorado considerablemente la construccion de ellos. El objeto es
mantener una corriente constante de aire en un
cañon vertical llamado portavento. Puede ser este
considerado como un tubo de grandes dimensiones
que sirve para conducir el aire 1lesde los fuelles al
arca de viento.
Esta arca es un cajon hueco y plano que ocupa
toda la parte inferior del órgano, extendiendose
por debajo de los tubos: está herméticamente cerrada excepto en algunos puntos determinados : por
un lado comunica, como ya hemos dicho, con el
portavento; y en la parte superior del arca hay
tambien cierto número de aberturas que comunican con la tabla sonora en la que va inserta la base
de los tubos. Si estas aberturas quedaran siempre
abiertas, el aire subiría constantemente á los· cañones y produciría en todos ellos un sonido continuo y estrepitoso; mas como esto ha de quedar á
la opcion del tocador, e~tán estas aberturas cubiertas con unas paletas ó válvulas que el orgauista
puede remover cuando quiere por medio de ,¡¡n
mecanismo de que hablaremos mas adelante.
Cuando las válvulas están abiertas el aire sube
pues por ellas al arca sonora.
Compone¡e esta de un cajon semejante al arca
de viento sobre la cual se halla colocado, comunicando con ella en su fondo por medio de las válvulas ya citadas, y recibiendo en su parte superior
la base de los tubos. El arca sonora está dividida
en particiones longitudinales que la atraviesan
desde el frente á la espalda. El número de divisiones es igual al de notas en el teclado, esto es,
cada semitono tiene su division particular asi que
en un órgano de cinco octavas habrá sobre sesenta
y una divisiones. Ahora bien, las distintas séries
de tubos destinados á la imitacion de diferentes
instrumentos, hallandose, como hemos indicado,
unas detrás de otras, resulta que los tubos destinados á una misma nota en las diferentes séries ó
instrumentos van todos á desembocar en la misma
division del arca sonora : la nota sol tenor, por
ejemplo, puede darse en los diferentes registros de
flauta, clarinete, trompa, voz humana, &amp;c., y sus
respectivos tubos pertenecientes á dicha nota desembocarán todos en la misma division del arca
sonora unos detrás de otros; y asi de las demas.
Despues que el aire procedente del arca de viento
ha entrado en una de las divisiones por su correspondiente válvula (habiendo una válvula para cada
particion) subiría por todos los tubos pertenecientes á dicha division á no haber algun mecanismo que lo impidiese. Esto destruiria el objeto
e.le! tocador, pues todos los diferentes instrumentos

2 II

�EL lXSTnCCTOR, O REPERTORIO
de que ~e compone el órgano tocnrian al mismo
11 extremos de una pnlnnca que juega sobre un puuto
tiempo, la flnutn, el fagot, 1n dulzaina, &amp;c. El
céntrico ó alzaprima. Al hacer esto, el otro exorg1mistn por supuesto desea arreglar esto segun el
tremo de la palanca debe necesarinmente alzarse.
carácter de In mú~ica que toca, á fin de producir
Ahora bien; cada uno de los extremos mns dissolo el sonido de una parte del instrumento á la vez,
tantes de las teclas se halla en conexion por medio
manteniendose los demas en ~ilencio. Consigue
de olambres y otros mecanismos con la ,·úlYull\
esto por medio de un mecani,mo al cual pertenece
que cierra una de las divisiones longitudinales dél
en realidad el nombre de 1·egi11tro que suele apli- 1
arca sonora de que hablamos antes¡ de tal modo
carse al sonido producido por su agencia. Por
11 que cuando el dedo oprime la tecla, el meennismo
medio de este mecanismo, queda á la opcion del
anexo al extremo opuesto de ella abre una válvula
organistn, despues que el aire ha entrado en cual11 y permite la entrada del aire en una de las partiquiera de las divisiones, el determinar en cual de
ciones con la cu,il comunican varios tubos. No
los tubos que comunican con aquella dil"ision desiendo necesario otra cosa que la ndmision del aire
berá entrar, y consiguientemente qué ~onido insdentro de los tul,os para producir el sonido, el
trumental habrá de producirse.
organista consigue este fin con solo oprimir IR
Hay pues seis departamentos distintos en In contecla con el dedo (suponiendo que al mismo tiempo
0
duccion del aire á los cañones. l • Pónense e1i
se provea de aire al porta vento por medio de los
1110Yimiento los fuelles por medio de la labor mafuciles). El objeto pues del organista es tocar
nual. 2". Ei impelido el aire oblig1índole á entrar
aquellas teclas c¡uc han de abrir las particiones con
en el gran tubo vertical ó portavcnto. 3°. De nqui
las cuales comunican los tubos que emiten las notas
pasa al arca sonora horizontal. 4°. Abrense alguque requiere. Si necesita In nota Lá, apoyará
nas de las válvulas del portavento por cuyo medio
sobre la tecla llamada Lá, por cuyo medio admitientra el aire en parte de las divisiones. 5°. Permirá el aire en la clivision que contiene los tubos que
tesele entrar en algunos de los tubos que comuniemiten este sonido. Lo mismo efectuará con las
cnn con ella~, y por último la construccion de estos
demas notas segun ~,•a la tocata. Obserrnremos
tubos es tal que el aire admitido produce un sonido
aquí
una notllble diferencia entre la nccion de un
musical.
órgano y la de un piano. En este instrumento
El rnceani,mo del teclado sirve para determinar
aunque el dedo coutinue oprimiendo la terla por
cual ele las vúlvulns del portavento ha de nbrir~c,
largo tiempo, el sonido Ee ap11ga ú los pocos insc,to es cual de las notas suce,ivns del dinpnson Do,
tantes, pero en el órgano la nota sigue sonnnuo todo
He, Mi, &amp;c. ha de sonar, mientras que por medio
el tiempo que el dedo continua oprimiendo la
de los registros se fija en qué clase de instrumento
tecla: de esta circunstancia depende en gran parte
han de producirse estas notas.
la grandeza y poder de los tonos del órgano.
Pa~emos ahora á considerar de qué modo pone
El organista tiene que luchar con dificultades
en juego el organista los recursos del instrumento.
desconocidas al tocador del piano. No solo ha de
El teclado.-Podrá causar alguna sorpresa que
tocar con los dedos sobre las tecla~, sino que llRy
el aC'to de comprimir una tecla ~emejante á la del
una hilera de pcdale~, que tiene que mover al
pianoforte ocasione la entrada de cierta cantidad
mismo tiempo con los piés. E~tos pedales sirven
de aire en un tubo, y produzca un sonido musical:
para admitir aire en algunos de los tubos mayorcF,
efectún~e e~to por medio de un mecanismo muy
y ~e usan de cuando en cuando durante la tocata
ingenioso. El teclado ó série de ter.las tiene en un
para producir un lleno de tono y armonil\ adi~
órgano grande sobre tres piés de largo al frente
cionnl.
del instrumento, y se compone como en el piano
Re9Mro1. - ?tlas ya 1,cmos llegado al propio lude dos clases de tecla~, unas de marfil y otrns de
gar.para tratnr del mecanismo ingenioso ni cual se
ébano; las primeras para las uotns naturnlc,, y las
debe en gran parte la belleza y grandiosidad del
segundas para los sostenidos y bemole~. Hay una,
órgano. Hemos dicho que al oprimir una tecla es
dos, tres, ó cuatro hileras de teclas SE'gun el tamaño
admitido el aire en una de las divisiones del arca
del in~trumento. Lo general en los órganos de
sonora, y desde alli á cierto número de tubos que
iglesia son dos ó trE's hileras de estas teclas colocacomunican con esta divi~ion. E,tos tubos produdas unas encima de otras á manera de escalones.
cen sonidos de diferentes instrnmentos: si la nota
Algunas veces suele hnbcr una ó ma, hileras de
es La, como supmimos antes, uno de los tubos protedas separadas del frente del instrumento, y ,obre
ducirá La, en un ~011ido imitnndo la YOZ humana¡
!ns cuales toca el organista vuelta In espal,la h:íein
otro, In misma nota flautcnda, otro un L4 en el clarifl. Donde hay mas de una hilera, &lt;'ada una de
nete, &amp;c., y ,i no hubie,e mas mecanismo que el
t!&amp;tns comuuicn con diferentes tubos, y el organista
que hemos descrito, todos los tubos de Lá sonarian
toen sobre In una ú In otra segun el carácter de la
al mismo tiempo, y oirinmos todos los instrumentos
música que quiere producir. Algunas teclas coen cada una de las notas de lo tocata.
1nunicon con los cnfionc, de tono mas poderoso;
Mas este no es el objeto del orga11i,ta: requiere
otras con los mas sun\'es. E11tcndido e,to hnblnrelos medios de separar ó acallar ciertos instrumentos
1110, de las teclas como ~¡ no hubiese mas que una
á fin de producir Tllriados efectos segun el earácter
l1ilera de ellas con el ohjeto de facilitar la desde la música, y en otros casos ponerlo en nccion
cripcion,
in,tnntánenmente. Esto se cfectua por medio de
Cua1,tlo oprimimos una tecla con el dedo, no
los regi.ltro.,. Compóneme estos de uun~ plnnc·lrnehucemos otra co~a r¡ue apoyar sobre uno de los
la~ ó listones lar!!uo de mn,lera con tantos ugu-

l!

DE JIISTOHIA, llEI.Li\::, LE'l'll.\S \' Alll'I:5,
geros como tubos hay en In série perteneciente Íl
cada instrumento. Estos listones ó registros, que
atraviesan las dh·isiones de la cámara sonora en
1ingulo recto, se hallan situados debajo de los tubos
de tal modo, que por medio de un pequeño moYimiento trans,·ersal, Yicnen á coincidir los agugeros
perforados en ellos con los orificios de lo, eofiones,
por cuyo medio es admitido en ellos el aire y producido el sonido, al paso que el mismo moYimiento
en sentido opuesto coloca la parte no perforada
del liston debajo de los citados orificios, impidiendo la entrada del aire: no hay tautos registros
como séries de tubos pues frecuentemente uno
mfamo regula dos 6 tres de estas séries.
Siendo pues estos los agentes que facilitan ~ impiden la ndmision del aire en los tubO!!, resta solo
manifestar de qué modo puede el organista tenerlos siempre á su di~posicion. A derecha é izquierda
lle! tocador hay dos hileras verticales de asas ó
botones: estas 11s11s forman la parte proyectante
de unos listones cuadrados de madera insertos en
el cuerpo del órgano y en conexion por su extremo
interior por medios mecil.nicos con loe registros ó
planchuelas de que hablamos antes; cuando el organista desea producir el sonido de tal ó cual instrumento, tira hácia el el boton ó asa correspondie~te
al mismo¡ cuyo movimiento, anil.logo al de un caJon
ordinario de mesa ó cómoda, hace que el registro
descubra los orificios de los tubos admitiendo en
ellos el aire; el efecto contrario resulta con solo empujar de nue,o Mcia adentro el liston: cada uno de
estos registros ó botones tiene señalado el nombre
del instrumento á que pertenece.
Los pedales, como hemos dicho, sirven generalmente para usar los tubos mayores 6 notas bajas
del órgano, pero hay tambien otra clase de pedales
&lt;'uyo uso es el siguiente. Empujando hil.cia adentro cualquiera de los registros, queda obstruida la
comunicocion con la série de tubos á que corresponde, siendo necesario para voh·er á ponerla en
juego que el organista saque de nuevo el registro;
mas por medio de un pedal y un mecanismo ingenioso, puede interrumpir momentil.neamente el organista la comunicacion con una série de tubos
(generalmente los mas 1,oderosos) volviendo 11. restaurarla con solo levantar el pié: esto contribuye
eficazmente al efecto de una tocata.
Elfuerte.-Este es un mecanismo para aumen.
taró disminuir el volumen del sonido de un órgano,
ó producir los efectos que en lenguaje musical se
llaman crecendo y diminuendo. Una parte de los
tubos del órgano están contenidos en una caja de
madera muy gruesa y bien cerrada la cual apaga
considerablemente el sonido, mas por medio de
cierto mecanismo, esta caja se abre mas 6 menos.
En los órganos antiguos su cubierta ó tapa se alza
gradualmente resbalando por muescas ó canalejas á
los costados, de modo que la abertura puede hacerse mayor ó menor aumentando asi ó disminuyendo el \'Oluruen del sonido; pero recientemente
se han introducido algunas mejoras en este mecanismo, formando la tapa de In caja de \'Brins piezas
pequeiias, cada uno de IM cuales jira sobre un eje;
11ur e.te medio el sonido procede de la extension ,

..

' total de la tapa ni mismo tiempo en lugar de salir
solo por un extremo. Cualquiera que sea la cln:"
de fuerte que se use, es siempre puesto en movimiento por medio de un pedal.
Habiendo expuesto brevemente los principios en
que ~e funda la construccion del órgano de iglesi1i
diremos algo respecto al mecanismo de los órganos
de mano. El lector recuerda sin duda haber notado en lo interior de una caj:l de música de bolsillo, un cilindro del cual proyectan unas puntitn:i
de metal muy diminutas, ni parecer en la mayor
confusion, 1iero que en realidad se hallan colocadas
con la mns exr1ufaita precision. Cada una de estu~
puntas, al jirar el cilindro, pone en movimiento
una palanca anexa al mecanismo sonoro, produciendo un sonido determinado, luego es evidente
que las tales puntas son en realidad un sustituto
de los dedos del tocador, hnllúndOHe insertas en el
cilindro de un modo peculiar y á diversas distancias unas de otras segun la sucesion de notas de
que se compone In tocutn, y el intérrnlo que haya
de haber entre ellas.
Ahora bien la construccion general de los órganos de mano es análoga á la de los de iglesia, pero
en lugar del tecludo tiene un cilindro igual ni de
las cajas de rnúsicn, con puntas de liierro colocadas
con arreglo ú determinadus tocatas que al llegar á
cierto puuto, abren las válvulas y admiten el aire
en los tubos. Este cilindro es puesto en rotncion
por medio de una manija que proyecta de la caja
del órgano, y la cual al dar vueltas mue,·e tnmbien
el fuelle ó mecanismo que proporciona el aire. Se
ha aplicado tambieu este artificio del cilindro á lo:i
órganos grandes con muy buen rxito. Los bellos
relojes de música alemanes son todos construidos
sobre este principio.

MARAVILLAS DE LA QUÍMICA.
EL agua fuerte 6 ácido sulfúrico que nbrn~a cuanto
toca y disuelve los metales, se compone de los
mismos materiulei que constituyen el aire que respiramos. La tela de ilo, el azucnr, y el espíritu
de vino son tan semejante en su composicion c1uímicn que una comisa Yiejn puede convertirse en su
propio peso de azucnr y el azucnr E:n espíritu de
vino. El agua se compone de dos sustancias una
de las cuales es la causa de toda combustion y la
otra arde con mas rapidez y fuerza que ningunn
otra en la naturaleza. La famosa quina de que se
hace tanto uso como tónico para fortificar el estómago, y el principio venenoso del opio se componen de los mismos materiales.

ECONO:\UA.
:\T:P.RA parsimonia no es economía. A Yeccs el
dispendio considerable es una pnrte e~encial de la
C'couomia. Esta es una \'irtucl tlistril,utim y no
ronsi~te en ahorrar sino en elegir bicu.

�E.f. lNSTHt;C'l'OR, O HEPEllTORIO

236

EXÁMEN ANAL!TICO DE LAS OBRAS DE MIGUEL DE CERVAN'rES SAAVEDRA.
( Articulo 111.)

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Oyendo lo cual la dolorida Dueiia hizo señal de querer arrojarse :í los piés de Don QuuoTE, y aun se arrojó, y pugnando
por abrazarselos decia: ante estos piés y piernas me arrojo, 6 caballero invicto, por ser los que son basas y columnas
de la andante caballeria: estos piés quiero besar, de cuyos pasos pende y cuelga todo el remedio de mi des•
D oN Qu1JOTE, parte ii, cap. XXXVIII,

EL QUIJOTE; Y TRABAJOS DE PERSILES.

TÓCANOS en este articulo analizar la obra maestra
de Cervantes, aquella sobre la cual mns que en
ninguna otra de las que compuso estriba la fama
europea de que disfruta este esclarecido ingenio,
honra y prez de la literatura española, terminando
1uego el exámen de sus escritos con una rápida
ojeada á su novela póstuma de Persiles y Sigismunda última de sus producciones.
En 26 de Setiembre de 1604 obtuvo Cervantes
privilegio del rey Felipe III para imprimir la
primera parte del QuuoTB, y teniéndola concluida
para mediados de Diciembre, logró verificar su
publicacion á principios del año siguiente. Al
principio fué recibida e~ta obra por el público con
la mayor indiferencia siendo hasta su titulo objeto
de la burla y desprecio de los semidoctos; Cervantes conociendo que su obra era leida de los que
no la entendian, y que no se dedicaban á su lectura
los que podian entenderla, procuró excitar la atencion de todos publicando un opúsculo titulado el
Buscapié; obra anónima, pero ingeniosa y discreta, en la cual haciendo una aparente crítica del
QuuoTE, se indicaba que era una sátira llena de
instruccion y de gracias con el objeto de desterrar
la perniciosa leccion de los libros de cnballeria;
y que los interlocutores, aunque de mera invencion, no eran con todo tan imaginarios que no
tuvieseu cierta relacion con el carácter y algunas
acciones caballerescas de C1trlos V y de los pala-

dines que procuraron imitarlo, como tambien de
otras personas que tenian á su cargo el gobierno
politico y económico de la monarquia, Los que
excitados de esta curiosidad leyeron el Qu110TE
no pudieron dejar de conocer su mérito, y de percibir el encanto de su artificio y composicion ; y
por este medio tuvo la idea de Cervantes todo el
efecto que babia prevenido y meditado.
Convencido Cervantes de la justicia y severidad
con que habían declamado contra la lectura de
los disparatados libros de Caballerías los sabios
y eruditos españoles Luis Vivea, Melchor Cano,
Alejo Venegas, Pedro Mejía, Alonso de Ulloa,
Luis de Granada, Benito Arias Montano, Pedro
Malon de Chaide, el autor del Didlogo de las lenguas, y otros muchoi, quiso publicar en su obra
una invectiva contra aquellos libros con la. mira de
desltacer la. autoridad y cabida que todavia tenian
en el mundo y en el vu."lgo; cuya indicacion hecha
asi en el prólogo, parece excusaba la necesidad de
dar á conocer el objeto de la obra con el buscapié,
segun opina el Señor Pellicer, pero es de suponer
que Cervantes no intentó manifestar con este opúsculo el fin principal de su novela, sino levantar el
velo de algunas alusiones y parodias á sucesos recientes ó personas conocidas, cuanto bastase á
estimular la curiosidad de los lectores para vislumbrarlas ó percibirlas y admirar su ingenio delicadeza
y artificio sin comprometer la suerte de su autor.

DE HISTOnlA, llEJ.LAS LE'l'UAS Y ARTES.
De sus resultas prevaleció por mucho tiempo
la extravar1ante opinion muy divulgada entre nacionales y :xtranjeros de que Cervantes quiso rel)resentar en Don QUIJOTE al emperador Carlos V
y al ministro duque de Lerma, y que su novela era
una sátira de su propia nacion, ridiculizando la
nobleza española que se suponía dominada mas
1&gt;articularmente del espíritu é ideas de los libros
de caballerias. De esta imputacion, por muchos
respetos injuriosa á Cervantes, le defendió Don Vicente de los Rios, demostrando con suma erudi-cion y admirable acierto que el espíritu caballeresco era comun á toda Europa, y no peculiar y
propio de la España, y por tanto que Cervantes
se ¡iropuPo hacer una correccion general, siendo él
demasiado sabio para ignorarlo, y muy honrado
para ser ingenioso en desdoro de su nacion : por
mas que sea cierto lo que aseguraba Lope de Vega
de que para esta clase de libros fueron los españoles ingenioslsimos, porque en la inve11cion ni11guna
,iacion del mundo les ha luJclw ventaja. Mas por lo
respectivo á los personajes que se supone quiso
ridiculizar Cervantes, bastará la sencilla lectura
del QuuoTE para conocer que el carácter y las
costumbres del héroe, y la naturaleta y calidad
de sus aventuras y acontecimientos son todos tomados é imitados de los libros de caballerías que
se proponia ridiculizar.
Consecuencia del aprecio universal con que se
recibió el QuIJOTB fué la persecucion que empezó á padecer su autor por la malicia y ernulacion de algunos escritores que se creyeron comprendidos en las censuras y reprensiones de aquella
obra. Viéronse ridiculizados en ella con graciosa
ironía los autores de los libros caballerescos, y el
enjambre necio de lectores que los apreciaban :
censurados varios poetas en el ingenioso escrutinio
de la librería de Don QUIJOTE ; y reprendidos y
abochornados los escritores dramáticos en el juicioso
coloquio del canónigo de Toledo.
Entre estos últimos hubo cierto compositor de
comedias, que picado y quejoso de haberse visto
comprendido en la censura general que hizo Cervantes del teatro, lleno de pesar y enojo por el
buen nombre y crédito que á. este le babian grangeado sus obras, y usando del ardid de mancomunar
su causa con la de Lope de Vega, se presentó en
la palestra, aunque ocultando su verdadero nombre, patria y condicion, y se atrevió á continuar
el Qu110TE, cuando no solo vivía su primero y
legítimo autor, que babia ofrecido la segunda
parte, sino que acababa de repetir el anuncio de
su próxima publicacion en el prólogo de las novelas. Tal fué la audacia de aquel escritor, que
bajo el nombre del licenciado Alonso Fernandez
de Avellaneda, suponiendose natural de Tordesillas,
imprimió en Tarragoua á mediados de 1614 una
continuacion ó segunda parte del QuuoTB, en
cuyo prólogo empieza á. propasar los limites de la
¡,rudencia y de la urbanidad, derramando la ponzoña que abrigaba su corazon, injuriando las venera~les canas y celebrado mérito de Cervantes,
á. qwen apellida JUanco, viejo, envidioso mnl contentadizo, murmurador, y delincuente encarce-

6

237

lado, y procurando tambien desacreditar su ingenio, ya introducien~o su hoz en ruiés ag~na, ya
amenazándole con pnvarle de la ganancia que
esperaba de la segunda parte, que sabia iba á publicar inmediatamente. Este prólogo, por cualquiera parte que se mire, no puede menos de calificarse como un libelo infamatorio, digno de toda
In severidad de las leyes.
Cuando llegó á manos de Cervantes tal conjunto
de improperios ni frente de una obra in~ípida,
vulgar y obscena, tenia muy adelantada la segunda
parte de su QuuoTE; y asi es que comenzó á
hablar de ella desde el capítulo LIX; pero con admirable delicadeza en lo relativo á sus injurias
personales, y con suma gracia y donaire en lo tocante á los defectos literarios de su rival; despreciando con generosidad las inicuas imputaciones
que le hacia, ó demostrando su perversidad, ó
ridiculizando su ignorancia é ineptitud. Pudo
Cenantes arrancarle la máscara, y sacarlo á la
verguenza con su cara descubierta; pero su moderacion ú otras consideruciones no se lo permitieron,
al mismo tiempo que le daba el ejemplo de presentarse en la lid sin embozo ni arterías, con franqueza y generosidad. El paralelo de semejantt:ls
procedimientos entre Cervantes y Avellaneda descubre palpablemente la nobleza y decoro del uno,
y la mezquindad y groseria del otro, asi como la
comparacion de ambas obras manifiesta el ingenio,
la erudil'ion y gracia del primero, en contraste con
la pedantería, insipidez y torpeza del segundo,
La publicacion de esta menguada obra de Avellaneda que sorprendió é incomodó con extremo á.
Cervantes fué un poderoso estímulo para que concluyese la suya c1Jn tal celeridad, que á princi 1,ios
de 1615 la presentó, solicitando el permiso para
su impresion, aunque esta se dilató á pesar de
su diligencia y conato, hasta fines de Octubre.
Al dirigir las comedias ni conde de Lemos en el
mes a~terior le dijo : Don QuuoT.&amp; queda calzada,
las espuelas en BU segunda parte para ir d besar "los
piés á V. E. 01·eo que llegará quejoso, porque en
Tarragona le !tan asendereado y mal parado, aunque
por B! 6 por ,LO lleva illfurmacwn luJcha de q~ no
es él el contenido en aquella ltistoria, sino otro supuesto
que quiso ser él y no acert6 á serlo, Palabras que
denotan no solo el justo resentimiento de Cervantes, sino el bajo concepto que desde luego formó
de la obra de su impertinente continuador.
En el artículo biográfico de Cervantes referimos
una anécdota• que prueba tanto la relevante opinion que del mérito del QuuoTE tenia el rey
Felipe III cuanto la culpable indiferencia con que
miraban la triste suerte y miseria de su autor asi
este monarca como los graD&lt;les y poderosos de su
corte, si se exceptua al conde de Lemos quien solo
por su noble carácter y aficion á las letras se dedicó
á promoverlas con empeño, y á honrar y socorrer con generosidad á cuantos las cultivaban con
utilidad y adelantamiento, distinguiendo entre
ellos con particular aprecio al ilustre autor del
QuIJ'OTE,
• Tomo v11, pag. 363,

�EL l~S'l'llt.:CTOH, O ltEPEHTOltlO
En tanto que de sus compatriotas recibia Cerrnntes tales desnires y desengaños, y r¡ue sus émulos
le menosprecio.han y perseguian con tanto encono, la fama de su nombre cundia rápidamente por
los pnises extranjeros multiplicnndose por todas
purte3 las ediciones y traducciones del QurrnTE,
"Treinta mil volúmenes se han impreso de mi
historia (decia Don QuIJOTE), y lleva camino de
imprimirse treinta mil veces de millares si el cielo
no lo remedia." "Tengo para mi (habia dicho
anteriormente) que el dia de hoy están impresos
mas de doce mil libros de la tal historia; sino
dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se
Lan impreso, y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes; y á mi se me trasluce que
no hn de haber nacion ni lengua donde no se
trnduzcn." Cumplióse este vaticinio de Cerrnntes
de un modo tal ,,ez muy supt!rior á sus esperanza~,
porque pocos aiíos despues se habinn hecho yn dos
ediciones en Venecia de la traduccion italiana de
Lorenzo Frnnciosiui, natural de Florencia. Los
franceses, que tambien se apresuraron á traducirla,
cuentan ya el dia de hoy biete traducciones diferentes. Los ingleses, constantemente npa~ionndos
á Cervantes, y dignos apreciadores de su obra, no
solo tienen desde el nño de 1620 diez traductores
de ella, como lo son Shelton, Gay ton, Ward, J an·is,
Smollett, Ozell, l\lotteux, Wilmot, Durfey y
J. Phillips, sino un comentador tan diligente y
erudito como el doctnr Juan Bowle. En Alemania
se hnn hecho y publicado modernamente dos traducciones, In una por el Sefior Tick, y la otra por
el Señor Soltan, que parece es la mas apreciable
por su exactitud. Disfrútnnle en sus respectivas
lenguas Portugal, Ilolaocla y otras naciones; y es
de notar que en muchas de ella~, conociendo cuanta
fuerza y vigor pierden semejantes obras al trasladarlas del original, se han multiplicado las ediciones
castellanas ilustrándolas con notas, comentarios y
discursos, y adornándolRs con excelentes estampas.
Merecen contarse con especialidad en este número
la edicion hecha eu Londres en 1738 con tanto
esmero y magnificencia por J. y U. 'fonson en
cuatro tomos en cuarto mayor, en la cual se incluyó la primera vida de Cerl'antes que se babia
escrito á instancias de lord Cnrteret por Don Gregorio l\laynns y Sisear: la que publicó el mencionado Bowle en Londre~ y en Safübury año de
1781 en seis volúmenes en cuarto mayor; conteniendo los dos últimos las anotaciones á. la obra y
varios índices, entre los cuales hay uno copiosbimo
de las pnlabrns usadas en ella, nl modo del que
suelen tener las exquisitas ediciones de los autores
clásicos latinos : la que en el año de 1804 hizo en
Berlin el seiíor Luis Ideler, astrónomo de aquella
real academia de las ciencias, en seis volúmenes
en octavo mayor, dedicándola al señor Federico
Augusto W olf, profesor de poesia y elocuencia en
la Universidad de Halle; en la cual con la mira
de dar un texto correcto del QUIJOTE, y facilitar
su inteligencia á. los extranjeros, eligió por modelo
lo. edicion de Pellicer, insertando su discurso preliminar, su nueva vida de Cervantes, y las notas á
la obra, aunque omitiendo algunas digresiones ó

r

particularidades que solo pueden interesar á los
cs¡,niioles, y sustituyendo otras del doctor Bowle,
y muchas expltcaciones de las voces, frases y refranes dificile51 con sus correspondencias á. vece~
en los idiomas aleman y francés. Otra edicion
del QurJ'OTE en cuatro volúmenes en octavo se
publicó en Burdeos el mismo año, arreglado enteramente á lo. que con tanto. belleza y correccion
tipográfica habin hecho en l\ladrid la imprenta
real pocos años antes; asi como en la publicnda
en París el año de 1814: en siete volúmenes se ha
seguido el texto de la edicion de la Academia,
reuniendo á la vida de Cervautes con sus pruebas,
y al unálisis y plan cronológico del QuuoT&amp; escritos por Rios, las notas y comentarios de Pellicer.
Y finalmente los papeles públicos anunciaron la
nueva edicion que de la traduccion inglesa de
J arvis habia ofrecido Mr. Belfour, adornada con
magníficas e~tampas, ilustrada con notas históricas, críticas y literaria~, asi sobre el texto como
sobre In vida de Cerrnntes, y sobre el estado de
las costumbres y de la literatura en el siglo en qut!
floreció.
Esta nceptacion tan unánime, tan general y tan
sostenida, ha sido constantemente autorizada por
el juicio y dictamen de los mas sabios y respetables literatos. El doctisimo Pedro Dauiel Iluet
juzgaba á Cervantes digno de ser colocado entre
los mayores ingenios de España. El P. Rapin
calificaba al QoIJOT&amp; por una sátira muy fiua,
superior á cuanto de este género se hnbia escrito
en los últimos siglos. 1\-Ir, Gnyat de Pitnvel en
su obra de las Causas célebres, presentando 6 los
jueces como modelo en casos extraordinarios los
juicios ó sentenciA.S de Sancho en su gobierno, llama
nl QuuoTE la fábula 111as i11gc11iosa del mu11do. El
culto Saint Evremout dccia r¡ue de cuantos liliros
babia leido, de ninguno opreciariu. roas ser autor
que del Don QouoT.E1 y que no acababa de admirarse como supo Cervantes hacerse inmortal Jiablnndo por boca de un loco ó de un ri'1stico. El
juicioso abate Du Bos, observando que todos los
pueblos tienen sus fábulas 1mrticulnres y sus héroes,
imaginarios, y que los del Taso y del Ariosto no
son tan conocidos en Francia como en Italia, asi
como los de la Astrea son mas desconocidos de los
italianos que de los franceses, asegura que solo la
fábula del QuuoTE ha logrado la gloria ele ser
tan conocida de los extranjeros como de los compatriotas del ingenioso español que supo crearla y
darla á luz. Por eso Je llamaba inimitable el autor
de la Eloisa, y le preferia á todos los escritores de
imnginaciou. El traductor l\Ir. Florian afirma que
Cervantes es aC'aso el único hombre q11.e por medio
de una invencion tan original como ingeniosa haya
obligado á los lectores á seguirlo en su historia no
solo sin fastidio ni cansancio, sino con admiracion
y contentamiento. El autor del E,plritu de las
kyu, el célebre 1\-Iontesquieu, aun cuando injuria
á nuestra nacion con notorio. falsedad y malevolencia, no puede disimular el mérito del QuuoTE,
diciendo que es el único libro bueno que tenemos:
proposicion tan inexacta, como honorífica á Cervantes. El fecundo poeta inglés Samuel Dutler

DE HISTOílJ.\, DELL.\S LETRAS Y ,\ílTES.
en su poema satirico y lrnrlesco intitulado Iludibra..~,
contra los presbiterianos del tiempo de Oliverio
Cromwell ; los insignes sabios de esta culta nacion,
Pope, Arbutbnot y Swift en las .Jlo11orias que
escribieron mancomunados de Jllartin Scriblcro
para satirizar el abuso de la literatura y pedanteria
en las ciencias: los escritores franceses Pedro Carlet
de Marivaux en su obra Les foües 1·omanesques,
6 el Don Qu110TE moderno: el autor de Oufte y el
del Don QoIJOTE en Parú: Mr. D'Ussieux en el
nuei·o Don QUIJOTE; y aun en Espaiín el festivo
autor del Gerundio, el del Qu110TE de la l'antab1·ia,
y otros mucltos de estas y diferentes naciones, torios
se propuaieron por modelo al i11geniow hidalgo de
la A/ancha, y todos aspiraron con empefio, aunque
no con igual acierto, á imitar su plan, sus aventuras y sus gracias. El juicioso diarista ltolandés
Justo Van- Efen queria que esta obra se pusiese en
me.nos de la juventud para amenizar su ingenio y
cultivar su juicio, por la elegancia de su estilo, por
la agradable variedad de sucesos que enlaza, por
su moral admirable, y atinadas reflexiones sobre
las costumbres de los hombres, por el tesoro que
contiene de juiciosas censuras y excelentes discursos, y con especialidad por la sal con que Jo
sazona todo. Finalmente algunos cuerpos sabios
han honrado á el QuIJOTE1 meditando ilustrarle,
ya por lo respectivo á la cronologia y geografia,
ya por lo tocante á. las alusiones de personas y
sucesos verdaderos.
Merece nuestra memoria la resolucion que la
academia de ciencias, inscripciones, literatura y
bellas artes establecida en Troyes en Champaña,
tomó á. mediatlos del siglo pasado de comisionar
un aradémico para viajar por E~paña con el objeto
de averiguar las circunstancias de la muerte del
pastor Grisóstomo, y el lugar ó paraje de su sepulcro y enterramiento, procurando al mismo
tiempo recoger otra~ noticias para ilustrar el
QuIJOTE1 arreglar un itinerario de sus viajes, y
formar una tabla cronológica de sus sucesos y
aventuras, á fin de hacer una traduccion francesa
mas exacta y fiel que las que se conocian, y una
edicion superior por su correccion y magnificencia
á todas las anteriores. Tan laudable y honorífico
era el acuerdo y empeño de aquellos literatos,
como excesiva su sencillez y credulidad en persuadirse de la existencia de los personajes que
solo cupieron en la fecunda fantasía de Cer\'llntes,
y de la realidad de unos hechos pura.mente ideales
ó alegóricos.
Pero en medio de tantos y tan recomendables
elogios como ha merecido el Qurrnn, y de la
unánime aceptaeiou de mas de dos siglo~, uo han
faltado críticos nimiamente severos que abultando
ó engrandeciendo sus lunares, han pretendido mitigar sus alabanza~, ó contener la corriente de sus
aplausos; pero quisiel'a yo (les di ria el mismo Cervantes) que los tales cc11surado1·cs fueran mas misc-

1

rh-ordiows y menos escr1puloso,q, sin atenerse á los
átomos del sol clarlsimo de la obra de que 111un1mra11
.. •Y q~zá podría ser que lo que d ellos les pai·cce
mal, fuesen lunares que á las reces arrcrientan la
lurmosura del rostro r¡111• /o$ fien,·.
JI

La segunda parte del QouoTE fué la {1ltimn
produccion que dió á luz Cervantes, asi como la
mas perfecta de todas, y In que por esto. ro.zon debe
servir de regla pnra medir la elevacion de su ingenio. La variedad y discrecion de los episodios,
su proporcionada extension, su enlace con la accion
principal, su oportunidad y gracia, lineen muy superior esta obra á todas las modernos de su clase.
Basturá para convencerse de ello reflexionar sobre
el nuevo interlocutor que presenta en el bachiller
Sanson Carrasco, cuyo carácter socarron, malicioso
y amigo de donaires y burla~, dá tal amenidad y
coopera de tal modo á la continuacion y término de
la fábula, que no puede dejar de causar interés, y
de excitar la curiosidad, El artificio con que apnrece Gines de Pasamonte, disfrazado de titeretero,
bajo el nombre ele :Maese Pedro, prueba tambien
el cuidado con que Cervantes procuró enlazar las
aventuras de la primera parte con la segunda;
pero sobre todo el soliloquio de Sancho en sus
apuros cuando vá. á buscar á Dulcinea en el Toboso,
es tan original que puede competir con los mejores
monólogos que se conservan en los poetas y novelistas antiguos. Discretísimo ea el episodio de
las bodas de Camacho, propia y sencilla la descripcion del sitio y de sus campestres adornos, ele la
abundancia y limpieza de la comida, y de las danzas y cuadrillas para completar el festejo; excelente el nudo de la accion al aparecerse Basilio,
natural el desenlace, y proporcionada la duracion
de esta aventura. A otra clase superior pertenece
la de la cueva de Moute~inos, á la cual bnjn
Don QuIJOTE1 y vé en ella encantado á aquel
caballero y á su e~cudero Guadiana, y á los dos
sobrinas y siete hijas de la dueña Ruidera, dando
asi un orígen fabuloso á los antigüedades de la.
Mancha, y apropiando tan oportunamente los nombres de sus rios y lagunas á los personajes caballerescos que celebraban nuestros antiguos romances y consejas. Este episodio poético, sublime
y perfectamente enlazado con la fábula principal,
es comparable á la bojada al infierno ele Ulises, de
Eneas y de Telémaco, aunque aplicado con ingeniosa destreza á la manin del hidalgo manchego.
Las a\'enturas del caballero del Verde Gabnn, la
de los títeres de Maese Pedro y la del rebuzno son
muy cómicas, verosímiles y adecuadas al carácter
del héroe principal, y á las costumbres y usos de
sus compatriotas. En contraposicion á estos episodios sencillos y vulgares presenta en el de la
casa de los duques toda la pompa y elevacion propia
de los asuntos épicos : la entrada de Don QuIJOTE
en la de aquellos señores, la monteria tan bien
descifrada y descrita, la aparicion del Clavileño y
el inesperado termino de su viaje, el aparato fú_
nebre de Alfüidora, las formalidades de la batalla
con el lace.yo Tosilos, todo lo hace noble y varonil,
en lo cual levantó el estilo, y Jo llenó de máquinas
y de ideas grandes, correspondientes á unos personajes poderoso~, que tienen gusto en ofrecer á su
hues¡ied las mnrnYillosas aventuras que refieren los
libros de caballerins, y que él cree ciertas, mientras
,¡ue los demas i11terlocutores comprenden Jo ridi··ulo de tal far,-a, y ~u ostentacion vana é ilusoria;

�210

EL

rnsrni;rron, o RP.PERTORIO

por cuyo medio admira el lector el ingenio de Certeatro francés hay por lo menos siete clrnmM cuyo
vantes, y baila duplicado pla&lt;'er en la mania de
argumento
es sacarlo de la misma historia. Es sin
Don Quuon: y en la simplicidad de Sancho.
Bien conoció Cervantes esta oportunidad, esta embargo digna de notarse á este propósito In juil'iosa observacion de Mr. Trublet ele que el mismo
armonía y perfecta disposicion de los incidentes
Don QuuoTF:, que tanto nos entretiene en su hisde su fabula en la segunda parte del QuuoT:s; y
toria
escrita por Cervantes, desmaya, y no agrada
por eso censuró en ella la multitud é impertinencia
igualmente cuando separado de su lugar nativo se
de lo; episodios de la primera, dando asi un nuevo
le traslada á las representaciones del teatro. Esta
testimonio de que pudo acomodarlos con mayor
dificultad en conservar el chiste é interes del origitino, naturalidad y analogia á In accion principal.
nal es todavía mayor entre los autores espuñole~,
Su crítica fué mas general, y de objetos mas nobles
é importantes; pues aun en el gobierno de Sancho, porque por una parte la misma popularidad de
esta novela, y el conocimiento que todos tienen
que entonces ~e tachó de inverosimil, no solo quiso
manifestar, como asegura su coetáneo Fárin, la del car,ícter y costumbres de sus interlocutores,
prin á los poetas de muchos rasgos y recursos qua
errnda y ridícula eleccion de sujetos, que generalpodría suministrarles su imaginacion, y por otra
mente se notaba para los minii;terios superiores,
los espectadores echan de menos la série de la
sino la que en particular hacían los vireyes y coaccion,
y las incidencias que tanto la realzan en el
mandantes de Italia, proveyendo los gobiernos y
original,
y no encuentran aquella ~rpresa y no~eotros destinos de consicleracion en gente sin calidad, que es tan necesaria para entretener y susdad, sin instruccion, si.:i buenas costumbres, con
pender el ánimo de los oyentes, y conducirlos
gran mengua ele nuestra nacion, y desconsuelo de
aquellos habitantes : observacion práctica hecha agradablemente al término y desenlace de la
accion.
por el mismo Cervantes en aquel pais, y acomoDirigió Cervantes la segunda parte del QuuoTE
dada en esta invencion; la cual es por esto (añade
Fári n) tan verosimil como cierto liaher muclios Sanelws á su insigne protector el conde de Lemos, con una
Panzas en tales (lobiernos; y dota manera escriben dedicatoria escrita en 31 de Octubre de 1615, en
!J pien&lt;ian !J 1·eprenden los gra11des hombres. Otras que manifestando ya la suma decadencia de su
salud, le ofrecía sin embargo los TRABAJOS DE
impugnaciones hay mas detenidas, aunque disfrnPERSILES Y SIGISl\IUNDA: libro que, segun
zadas con un velo muy delicado, por ser de tnl
naturaleza que podian acarrearle persecuciones en dice, tendría concluido dentro de cuatro mese•.
de~crédito de su religio~idad y patriofümo. Quien / IIabiale anunciado al público desde el año de 1613,
lea cou atencion las arenturas de la cabeza encan- poniendole en competencia con el de Heliodoro, á
ta~~, del mono aJi_~ino, la inopinada y silenciosa quien se propuso imitar, haciendo émulos de los
costos amores de Teógenes y Cariclea los de Pepr1s1on de Don Qu1;ote y Sancho por los criados
riandro
y Auri~tela. No fué poca gloria suya el
del duque, el fingido funeral de Altisidora, aventura que califica del mas raro y mas nuet·o ca.,o ele conseguirlo, pues siendo tantos los sucesos de esta
novela, es de admirar su variedad y di~posicion.
cuantos se contienen en su historia, comprender¡\
Si en unos se descubre mas la imitacion, se advierte
fácilmente que encierran alusiones misteriosas, que
no le era Hcito desenvolver, y que pudiendo ser en otros mucha superioridad y maestria, y en todos
campea la novedad y la amena y graciosa imagientendidas de los mas discretos y ¡,erspicace~, estanacion. Las descripciones del novelista griego s011
bon solo fuera de la comprension ele los necios y
frecuentes con exceso, y acaso muy pomposas; las
preocupados, que ó por partidarios de A,·ellnnnda
del escritor castellano, dispuestas con mas pruó por otras causas podían contribuir á manchar su
buen nombre y reputncion.
dencia y economía, tienen el carácter ele la conveniencia y naturalidad. El estilo de aquel, aunque
De nqui nació la curiosidad y el interés con que
elegantísimo,
ha padecido la nota de afectacion,
se leia el QuuoTE; de aquí su popularidad y pro~ muy figurado, y de mas poético ele lo que perpagacion por medio de las repetidas ediciones y
mite la prosa: el de este es siempre propio con
traducciones que se hicieron, y de aquí en fin el
igualdad, y sublime con templanza y proporcion.
empeño de los escritores dramáticos en lisonjear el
En ambos son los amores castisimos, los acaecigusto popular, sacando á la escena algunas a,·entumientos verosímiles, el desenlace natural, y el inras ó episodios de fábula tan ingeniosa y celebrada.
teres crece á medida que se aproxima la terminaYa en 1617 puhlicó Francisco de Al'ila, natural de
:Madrid, el entremés famoso de ws invencible, lieclw, cion de la fábula. De aquí resulta que esta obro.
de Don QuuoTE de la A/ancha, tomando por accion ele Cervantes sea de mayor invencion y artificio, y
de estilo mas igual y elevado que el QuuoTE,
la llegada á la venta en su primera salida, la vela
pues corrigió en ella las faltas de lenguage y consde las armas, y las ceremonias de ser ármado cabatruccion, y evitó los descuidos de plan que alli se
llero. Delante de Felipe IV y de su corte se renotan; y asi no es de extrañar que su autor la.
presentó el martes de Carnestolendas, 24 de Febrero
prefiriese á todas las demas suyas, cuando decia
de 1037, una comedia iutitulada Don QuuoTE de
la l\Jnncha. Hemos ,isto en nuestros tiem¡,cs 1 que l1a de ser (el libro de Pér,;iles) 6 el mas maw 6
premiado y rcpre~entado el drama pastoral de las el mejor que en nuestra lengua se ltaya compuesto,
Bodas de Camaclw, con mas dulzura en sus Yersos quiero decir de los de entretenimiento; y digo que me
arrepiento de haber dicho el mas malo, porque segun
y propiedad en su lenguaje que interés en su inla opinioii de mis amigos Ita de llegm· al exh-emo de
lCr:cion, trama y de~enlace; y :sobemos que en el
(
bondad posible: opinion que apoyó tnmbien el

¡

¡

11

DE IllSTORL\, DELLAS LETRAS Y AllTJ,;8.
ni aes t ro

en su nprobacion ciada
J ose. ele ''aldhieso
•

á O de Setiembre de 1616, asegurand~ que de cuanioJ libros def6 escritos Cert·antu, _mnguno es maa

in(lmioso mas Clllto ni mas entretemdo.

2.J.1

debe preferirse y adoptarse para arreglar á ella las
ediciones sucesivas.
La obra completa.-Eclicion grande por la Real
.Academia española, Madrid-imprenta de !barra
ño de l780. 4 tomos en cuarto mayor.
~sta magnífica eclicion fué dirigida por la Acade. corrigienclo y purificnndo con esmero
elbtexto,
m1a,
.
y es muy apreciable por su correcc10n y e11eza
tipográfica.
El Ingenio~o Hidalgo Don QurJOTE de la
Mancha compuesto por Miguel ele Cervantes Saavedra. 'cuarta edicion, corregida por la ~Real
.Academia esp_añola. En la Imprenta Real, ano de
1810. 5 ternos en 8º.
.
Siendo la grande edicion de 1780 _de1~ns111~0 .~0 stosa para la generalidad del publico 11n¡mm10 la
Academia otras dos en menor 'l'Olumen y con ~cnos lujo si bien idénticas en el texto ú. la anterior,
la primera en 1782· en 4 tom~,. y la segunda en
1787 en 6 tomos en 8º. La ed1c1on de 1810 sem?jante á esta es la última publicada por la Acad_em1a.
la mas apreciable ele todas por hallarse ennque!ida con muchas notas y la vida del autor por
Don l\Iartin Ferna11dez de Navarrete que compone
n tomo separado lleno de noticias literarias relau
. te •
tivas á la. época de Cervantes de mucho 111 res Y
profunda erudicion. De él hemos extractado el artícnlo que antecede.

S. i:ibargo del aprecio que puedan, merecer
e
. del
estosm dictámenes,
es cierto que Ia acep t_ac1on
público los ha desmentido por el esp~c10 de dos
'crlo•. , dando la priruacia y preferencia áal Qu1s1.,
l
~OTE; y nsi debía suceder si atendemos_ que a
.
. de este es mas popular,, sus rnterlocumvenc1on
tores mas graciosos y en menor numero;_ de manera que se comprenden mejor, y se fiJan mas
fácilmente en la memoria las costumbr~s, h~chos y
oaracteres de cada uno; la Rátira ~ la uoma com¡,lucen y no lastiman, por la delicadeza y oportunidad con que se manejan; la mora! se escucha
sin fastidio, porque se percibe al ~raves de un velo
encantador y halagüeño, y el estilo e~ fin .e~ mas
natural y variado, y por lo mismo mas mtehg1ble y
deleitable para toda clase &lt;le pers?naR. N se
ultaron ú. Cervantes estas refle:uones cuando
docec111
• que la historia del Increnioso
Hidalgo
.,
wes ,_ta11
clara que no liay cosa que difi&lt;:J4ltar en ella: s n~tws
la manosean, ws mozos la leen, w, hombre, ~ entieny los t·iefoa la celebran. Pero prefi.rie_ndo
Pérsües no consultó tanto al gusto del pubhco, DI
á las recrias de la buena crítica, como al natural
r Po; el último fruto de Sil entendimiento, y al
amo y esfuerzo de su ingenio en teJer
· fi'b
trabajo
a u1a t an
complicada y amena, y en llevarla al en~ con tan
maravillosa felicidad, y con tal ~uego, vigor
UTILIDAD DE LAS DIFICULTADES.
zania de imnginacion como pudiera. en los auos
Si un hombre cualquiera se hallase dotado de todos
mas floridos de su juventud.
las cualidades necesarias para asegurar su buen
Entre las numerosas ediciones antiguas Y moéxito y adelantos en la vida, es muy probable_ que
dernas del QUIJOTE son preferidas por l?s lite.ratos
permaneciese estacionario. La confianza misma
eomo mas correctas las que se expresan a contrnuacion.
en su capacidad le baria descuidar u~a despucs de
Primera pn.l'te. El ingenioso hidalgo D. QuuoTB otra todas las oportunidades que pudieran presentarsele hasta el fin de sus días. Los que prosperan
d la Mancha compuesto por Miguel de Cervantes
e
'
.
Saavedra.
Dirigido
al duque de B e;ar,
m_arqués deben ~neralmente este buen rcsul_tado á alguna
de Gibraleon &amp;c., año de 1608, en l\Iadr1cl por 1 desventaja ú obstáculo con el cual tienen_ que lu'
char, poniendo en juego esta lucha misma sus
Juan de la Cuesta,
un tomo en 4o ,
La primera edicion se publicó en Madrid en l~o, facultades y energia,
n un tomo en 4º. Imprimióla el librero Francisco
ede Robles en ausencia del autor, y ea1··
10 por consiguiente con muchas y muy notables enatas aun en
PLACERES.
la portada. La sesta edicion impresa en 1608 fué
Cu.urno nos preparamos para In recepcion del
dirigida por el mismo Cervantes que como ya entonplacer, el placer no llega nunca. Recorda~ cu~lces vivia de asiento en Madrid, pudo corregir por si
quier momento de exquisito goce que haya1~ dismismo muchos yerros de la anterior y mejorarla
frutado, y hallareis que tiene tan poca semeJauza
conocidamente suprimiendo unas cosas y añadiendo
con los momentos que le precedieron como el meotras. Por esta rnzon se ha preferido Sil tei:to
teoro con la nube que momentáneamente iluruina.
para las últimas ediciones y por lo mismo es ent~e
Una harmoniosa é inesperada melodía en medio de
todas las antiguas la que mas se busca y aprecia
una pausa repentina; nn apasionado sentimiento
aun en los países extranjeros.
sugerido por una flor al marchitarse ó por las doParte segunda, l• edicion.-Segunda parte del
radas nubes del ocaso; una pintura sin concluir
ingenioso caballero D. QUIJOTE de la .Mancha~ por
con algunos toques brillantes que os hacen im~giMicruel de Cervantes Saavedra, autor de m primera
nar que será mas que perfecta despues de concluida&gt;
Año de 1615--con privileto en :M~d.rid ! ocultnndoos que su principal encanto consiste prepor Juan de Cuesta-un tomo en 8 • Esta ed1c1on
~isamente en no estar acabada; tales son los verapareció muy afines del año 1615 y como el autor
daderos manantiales del placer. En todo cuanto
falleció en Abril del siguiente, se conoce con eviagrada y complace al hombre ha de ~aber algo
dencia que esta es la única edicion de la parte u, 1
análogo á su naturaleza misma, algo imperfecto.
de que él pudo cuidar, y ¡,or consiguiente la que
c¡uc reclama un de&amp;arrollo mns completo.
'l'oll. YIU.
2 l

°

den,

e!

y!º·

pa;,e.

�•
EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO
DE HISTOilIA, DELLAS LETRAS Y ARTES.
ALEJANDRO.

..

RETRATO DE ALE1ANDRO COPIADO DE UNA MEDALLA ANTIGUA AUTENTICA.

despotismo, y la cuestion se reducía á si habia de
EL tomo 6 de El Instructor contiene una biografia
pasar este despotismo á manos de Pompeyo ó á
tlel conquistador macedonio con la descripcion delas suyas, al representante de la aristocracia ó al
tallada de sus campañas y hechos de armas; por
favorito del partido democrático, cuestion que
consiguiente al tomar hoy la pluma para ponerlo
como puede conjeturarse por los sucesos, no era de
de nuevo bajo la consideracion de nuestros lecimportancia vital á los millones de súbditos que
tores, nos limitaremos á hacer algunas breves
obedecían el poder de Roma. La vida de Alereflexiones relativas á este ilustre guerrero, siendo
jandro por el contrario, fué una de aquellas épocas
nuestro principal objeto presentar el retrato que
críticas que han efectuado un cambio en la historia
antecede, el cual, hasta donde alcanza la prodel mundo civilizado. Fué pronosticado en las
babilidad arqueológica, ofrece garantias de auprofecías como uno de los medios señalados para
tenticidad.
cumplir los decretos del Altisimo; abolió los poEntre los guerreros y soberanos que han figurado
derosos imperios de la tierra : sustituyó nuevas
en el teatro del mundo desde su principio hasta
dinastías, nuevas costumbres, y una nueva lengua
fines del siglo pasado, en que otro soldado ilustre
en la parte mas rica del mundo conocido : y puede
rivalizó con él en proezas y en gloria, ninguno ha
ser considerada como el eslabon que une la historia
hecho un papel tan importante como Alejandro,
sagrada con la profana, y como tal posee un interés
llamado el grande, tercer rey de Macedonia del
grande y duradero, independiente de la gloria seducmismo nombre. César, el otro gran conquistador
tora anexa siempre á las cualidades brillantes yacde la antiguedad, igual á Alejandro en periria y
ciones sorprendentes sancionadas por el buen éxito.
no menos afamado, ejerció una influencia mucho
Los macedonios de quienes Alejandro era rey
menos considero.ble que este en los destinos de la
hereditario, habian sido considerados durante la
especie humana, pues la república de Roma, severa
época brillante de Grecia como semibárbaros, inhasta entonces, caminaba ya rápidamente hácia el

tlignos de ser puestos en parangon con los corteses
ciudadanos de las rcplll.1Iicas grirgas, í1 pesar de
que los reyes de .Macedonia procedian de la honrosa línea de Hércules. Felipe, padre de Alejandro, fué el primero entre ellos que hizo formidable su poder á sus vecinos meridionales. Era
príncipe valiente, hábil y ambicioso, afortunado
igualmente en negociaciones y en la guerra. Su
proyecto favorito era llegar á ser el jefe reconocido
de la nacion griega; y esto lo consiguió finalmente
despues de una brillante suoesion de triunfos en la
batalla de Chreroneya, ganada contra los tebanos,
los atenienses, y otros estados coligados ( antes de
J. C. 338}. Esta victoria decisiva aniquiló toda
oposicion, y poco despues en un congre~o celebrado en Corinto fué nombrado capitan general de
Grecia, con la mira de efectuar una invasioo e·n la
Persia, reuniendo el poder de todos los estados
griegos. Pero antes de que pudiese llevarse á cabo
este proyecto, fué asesinado el año 336 antes de J. C.
Resentimientos privados, discordias domésticas, y
la celosa aprension de la Persia, son las diferentes
&lt;musas á que los historiadores han atribuido esta
tragedia.
Alejandro que por ¡,arte de su padre creia proceder "de Hércules, se consideraba por la de su
madre Olimpia, princesa de la casa ·real de Epiro,
como descendiente de Aquiles. Por espléndida
que fuese esta genealogia, su nacimiento era dudoso, pues Felipe dudaba de la fidelidad de Olimpia,
y existen autores tan poco caritativos como él en
esta part.e. La diosa de la Lisonja, despues que
Alejandro adquirió su renombre, aseguraba que
Jupiter, rey de los dioses, babia dado vida al fu.
turo emperador del mundo, y la vanidad ó la política admitio y circuló esta creencia. En tiempos
posteriores se recordó como_ una coincidencia muy
notable que el magnífico templo de Diana en Efeso
fué destruido por el fuego la noche misma en que
nació Alejandro. Su educacion fué esmerada y
juiciosa, y creció robusto y activo, hábil eu ejercicios militares y en el uso de las armas. Era
preeminente en la carrera y la equitacion, y una
de las acciones mas célebres de su juventud fué
domar un magnifico caballo de Tesália que ofrecieron err venta á su padre, y este había reusado
por ser tan fiero que nadie podia montarlo. Este
fué el célebre Bucéfalo que despues de servir á
Alejandro en su campaña de Persia, murió en la
bataIIa contra el rey Poro á orillas del Hidaspe,
dejando su nombre y su fama (asi como el no
menos célebre Rocinante) como un legado á los
demas de su especie. Ni fué el espíritu del jóven
guerrero cultivado con menos esmero que su cuerpo.
A la edad de quince años fué colocado bajo la tutela de Aristóteles que continuó cerca de él hasta
que partió para invadir la Persia. Supónese que
este filósofo compuso para su uso sus inestimables
tratados conocidos hoy sobre lógica, poesía &amp;c.
.
, '
Y existe una carta del pr[ncipe en que reprueba á
su tutor por haber publicado estos ramos del saber
h_umano que hasta entonces no podian adquirirse
smo por medio de la instruccion verbal. " · En
•
d •
L
que. exce
. ere yo á los demás" decia, "si los conoc1nnentos mas profundos que adquiero de vos

'

han de comunicarse á todos?" Este pasaje puede
servir de índice de Jo bueno y de lo malo en el
carácter de Alejandro. Ardiente en la adqubicion
de cierto grado de excelencia, su principal motivo
y objeto parece haber sido el deseo de supeditar
á otros mas bien que la posesion abstracta de la
excelencia misma, como se vé en la ocasion presente en que anelaba el saber con un fin evidentemente egoístico. Carecemos de los medios de a pre•
ciar sus conocimientos en las ciencias abstractas,
pero no hay duda que sus talentos fueron cultivados con particular esmero. Su estilo en el hablar y el escribir era claro y puro, y su capacidad.
adecuada á los negocios civiles asi como á los
militares; S()bre todo tenia. aquel talento para
mandar, aquel ascendiente sobre el espíritu de
otros que parece formar parte de la constitucion
Je los que lo poseen, y que no se adquiere, aunque
puede mejorarse, con el e@tudio. Si juzgamos por
los re~ultados, su educacion moral debe haber sido
inferior á la intelectual : era arrebatado, violento
y obstinado; y egoista como necesariamente han
de serlo todos los que no pueden sufrir ni un igual,
y para quienes el engrandecimiento propio debe
ser el principal objeto de su vida. Que Aristóteles
aunque maestro de filosofia moral no habin enseñado á su discípulo el arte de gobernarse á sí
mismo, lo prueban las anécdotas de la juventud
de Alejandro asi como los excesos de su edad
madura. Pero no debemos olvidar que los dones
de la naturaleza y los de la fortuna combinados,
hacían en este caso mas dificil el inculcar la práctica del dominio propio.
El amor á las conquistas inherente á su carfoter
y robustecido por los hábitos y preocupaciones
nacionales asi como por su propia posicion social,
recibió aun mayor estímulo por la entusiástica
admiracion que manifestó Alejandro hácia Homero
tanto en la juventud como despues. Teniéndose
por descendiente de Aquiles, el héroe de la !liada,
vino á ser en él una pasion el deseo de rivalizar
con su grande antecesor en hechos y en renombre;
y su primer cuidado al desembarcar en Asia sobre
la costa de Troya, fué tributar honores fúnebres
magníficos á los manes de aquel héroe ; durante
los cuales él mismo, en imitacion de los ritos antiguos, corrió desnudo y á pié al rededor del
montecillo que contenía sus cenizas. La Iliatla y
la Odisea de Homero acompañaban constantemente á Alejandro: eran colocados por la noche
debajo de su almohada asi como su espada; y la
veneracion que tributaba á estos poemas era tal
que cuando le preguntaron á qué uso deberla aplicarse un cofre de exquisita belleza y magnificencia
que se halló entre los tesoros de Persia, lo destinó desde luego á contener sus ejemplares de
estas obras como el objeto mas digno á que podía
aplicarse una muestra tan excelente de la ingenuidad humana. Considerando el asunto y espíritu de estos admirables poemas, especialmente
la lliada, es fácil concebir el efecto que debieron
producir en un jóven del carácter y circunstancias
de Alejandro.
Tal era el guerrero de Macedonia á la edad de
veinte años en que subió al trono.

�•
244

.EL INSTRUCTOR, O REPERTORlO

DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES .

'EL .HUEVO.-HISTORIETA PARA LOS NIÑOS.
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CAPITULO I.
HACE algunos siglos que en un valle rodeado de
bosques vivía una comunidad de carboneros cuyas
cl1ozas se hallaban diseminadas aqui y alli sobre la
falda de las colinas. Cada choza tenia su huertecito, con árboles frutales y hortalizas, y este, con
un corto terreno sembrado de cáñamo y lino, y una
vaca y algunas cabras era todo cuanto poseían en
el mundo estos humildes aldeanos. Los niños solían de cuando en cuando ganar una friolera trabajando en una frágua inmediata, pero sin embargo
éran muy t&gt;óbre~, aunque no se consideraban }&gt;or
eso menos felices. La sobriedad y el trabajo les
proporcionaban una sálud robusta, así es que entre
los habitantes de aquellas chozas habia muchos
que habian alcanzado la edad de noventa afios, y
sin emoargo podian disfrutar y apreciar aun ·1as
conveniencias de la vida.
En un dia caloroso cuando el trigo empezaba ya
á madurar, una niña que guardaba las cabras, corrió
toda azorada á la choza de sus padres y les dijo que
unas personas 'de singular apariencia y que 11ablaban una lengua extraña habían llegado al nlle.
Una señora con sus dos niños, y un anciano que
parecía ser su criado, componhm esta comitiva.
Parecian evidentemente hallarse en una situacion muy deplorable y padecer de cansancio y necesidad, y la bondadosa niña suplicó que se les
llevara algun alimento y se les prQ'porcionara una
habitacion en la aldea. 'Los buenos aldeanos siguieron inmediatamente á la niña en busca de1os
forasteros, llevando consigo algunas provisiones
.sencillas, La seúQra se hallaba sentada en un

asiento natural de césped al pié de una alta roca:
su traje era magnífico; un velo de rica blonda cubría su rostro y tenia sobre la falda una hermosisima niña; el criado se ocupaba en descargar la
mula que llevaba el equipRje, y á la cual un bello y
robusto niño daba de comer puñado!!" de yerba.
El carbonero y su mujer se acercaron á la señora
con respecto, percibiendo desde luego por la elegancia de su vestido y la dignidad de sus modales
que era persona de distincion.
"Mira," dijo en voz baja la mujer á su marido,
"mira ese- cuello alto tan ricamente bordado: los
manguitos de blonda · que rodean sus delicadlli!
manos; y los zapatos! ... vaya si son tan blancos
como la flor de la cereza y cubiertos de estrellitas
de plata ! ..."
Incomodado el marido al oir estas observaciones
repuso, "Acaba con tu ridícula vanidad : los v815tidos ricos son propios y adecuados á gente &lt;le rango,
pero no 1os hacen ni mejores ni mas felices; y
estos zapatos, ~tan bonitos y tan vistosos, no han
impedido que la señora se lastimase "los delicados
piés con estos caminos escabrosos."
'Los buenos ·aldeanos ofrecieron á la noble forastera e1 alimento que habían traído, y cuando esta
alzó el velo que cubría su rostro no pudieron menos
de admirar la dulzura de su rostro y la expresiva
belleza de sus facciones. Despues de haberles dado
gracias por su bondad, tomó un cuenco de leche y
se lo dió á la nifia que tenia sobre las rodillas. Sus
ojos se llenaron de lágrimas cuando la vió cogerlo
con sus dos manitas y beberlo con ansiedad. Dió
luego pan y leche al niño mayor, y solo despues de
haber satisfecho á sus hijos consintió la cariñosa y

245

tierna madre en atenderá sus propias necesidades; ,
Mientras que los nuevos amigos conversaban
ni se olvidó del anciano criado, La señora enagradablemente, los niños de la señora se entretetonces manifestó su gratitud por el socorro que
nian en observar una variedad de objetos nuevos
acababa de recibir.
para ellos. Admirábanse dd movimiento de la
E!:itretanto los habitantes del valle habían ido
grande rueda que contínuamente giraba en el
gradualmente agrupándose á su rededor, y ella
mismo sitio: escuchaban con sorpresa el ruido atrohabiendoles manifestado cómo, impelida por una
nador del molino y el del agua espumosa que escasuerte cruel, se babia visto precisada á abandonar
paba con violencia por debajo del rodezno. La
su patria y sus amigos, les suplicó que le proporniña sobre todo admiraba las infinitas gotas de
cionasen una choza en la aldea, la cual se hallaba
agua que colgaban de la rueda y caian despues
pronta á pagar con liberalidad.
una por una en el arroyo.
Desde lo alto del valle corria con rapidez un arPasóse In mayor parte del dia en arreglos
royuelo cristalino, y en su curso ponia en movidomésticos, y los buenos aldeanos se apresumiento un molino que parecía hallarse suspendido
raban á proporcionar comestibles, leña y todo
entre las rocas. En la orilla opuesta babia conscuanto podía necesitarse. Marta, la niña á quien
truido el molinero una choza rústica pero cómoda,
primero vieron los forasteros en el valle, se quedó
la cual aunque hecha solo de madera ocupaba una
con ellos para servirlos.
situacion deliciosa sobre la falda de una florida
Se trató entonces de hacer los preparativos para
colina, y hallándose rodeada por una hermosa y
la comida. "Pero ante todo," dijo la señora á
bien cultivada huerta, disfrutaba de una perspecMarta, "necesito algunos huevos: toma dinero y
tiva muy bella á través del valle. Ofreció pues á
cómprame algunos."
la señora esta habitacion,
"¡ Huevos!" exclam6 Marta con sorpresa," ¿para
"Aquella pequeña choza que veis," dijo señaqué quereis los huevos?"
lando con el dedo, "os la cederé de muy buena
"Para her\'irlos," repuso la señora, "vé presto,
gana: todavia no ha sido habitada pues era mi
y vuelve sin detenerte."
ánimo ocuparla yo mismo despues que deje el mo"¡ Para hervirlos!" repuso de nuevo Marta mas
lino á mi hijo."
sorprendida que antes: "los pájaros no tienen
La señora aceptó con agrodecimiento esta oferta,
huevos ahora: ademas de que fuera tanta lásy halló la choza en todos respectos apropiada á sus
tima. Serian necesarios tantos huevos de gildeseos; y como el molinero la babia provisto ya
guero, de calándria, ó de alondra para satisfacer á
de los muebles necesarios pudo desde luego entrar
cuatro personas!"
á ocupar su nueva residencia. Antes de acostarse
"¡ Huevos de gilgero !" dijo la señora at6nita á
dió gracias á Dios que despues de tantos peligros
su vez. "No necesito huevos de pájaro sino de
y amarguras le babia proporcionado un cómodo
gallina."
asilo. "¿ Quien hubiera creído," dijo suspirando,
Al oír estas palabras la niña bajó la cabeza y
"que habiendome criado en un palacio babia de
empezó á meditar: por último dijo, "No sé que
llegar el dia en que me considerase feliz en hallar
cosa sean estos; no los he visto jamás.''
refugio en una humilde choza? Ah! cuan impor"¡Cómo!" exclamó la señora, "¿ no sabes lo que
tante es para los grandes y poderosos el tratar á
es una gallina 1"
sus inferiores con bondad y consideracion; y qué
Mis jovenes lectores se sorprenderán acaso de la
mal les está el obrar hácia ellos con orgullo y arroignorancia de esta muchacha. Sin embargo dejagancia I No solo nos dán esta leccion los sentirán de admirarse cuando sepan que las gallinas
mientos de humanidad sino los dictados de la prunos vinieron del Oriente, y que en la época á que
dencia, ¿pues quien puede preveer la suerte que le
se refiere este suceso eran tan escasas el algunos
está reservada?"
paises como lo es en el dia el pabo real entre
Algo recobrada de su fatiga, salió la mañana
nosotros.
siguiente con sus hijos á examinar el pais en que
Viendo pues que las aves domésticas eran descoacababan de hallar asilo. Una perspectiva encannocidas en el valle, y que tampoco podian obtener
tadora se presentó á su vista. Las chozas de los
carne, la buena señora se vió algo apurada en
carboneros se hallaban esparcidas por el valle á
sus arreglos de cocina. "Nunca hubiera creído,"
corta distaneia unas de otras: el arroyuelo corria
dijo, "que un huevo fuese don tan precioso de la
serpenteando en medio de ellas con aguas tan puras
Providencia; mas ay I esta no es la primera Iecy transparentes como el cristal ; las cabras pacían
cion que me han dado mis desgracias. La escasez
sobre las roc11s cubiertas de verde musgo, y todo el
y la adversidad tienen por lo menos la ventaja de
paisaje iluminado por los rayos del sol naciente
hacernos sentir la gratitud que debemos al Omnipresentaba á la vista una pintura que no podría
potente, y mostrar el valor de muchos de sus dones
imitar el pincel del artista mas hábil. Al verlos
los cuales no apreciamos dignamente en tiempo de
venir el honrado molinero hecbó una tabla al
prosperidad."
través del arroyo y se adelantó á recibir á sus
En la situacion á que se hallaba reducida la
lméspedes.
señora tenia que vivir muy frugalmente é impo"Y bien," dijo alegremente, "¿hay acaso en el
nerse muchas privaciones. Verdad es que sus vevalle un sitio como este! Aqui disfrutamos los
cinos en el valle estaban siempre prontos á suplir
rayos del sol naciente. Las chozas allá abajo se
todRs sus necesidades hasta donde alcanzaban sus
l~allan_ aun envueltas en la temprana niebla. Esta
medios, y suavizar en cuanto estaba de su parte el
s1tuac1on es á la par saludable y hermosa."
rigor de su destino. Si el molinero cogía por

�246

EL INSTRUCTOR, O REPERTORIO

casualidad una hermosa trucha 6 algunas alondras,
se complacia en ofrecerlas á su nolile inquilina.
Pero el dinero que babia traido esta consigo estalia
ya expenrlido, asi que tuvo que disponer de tiempo
en tiempo de las joyas y dijes que aun poseia en
aliundancia. Su fiel criado iba de cuando en
cuando á venderlos á la ciudad mas inmediata, y
volvia provisto de aquellos artículos necesarios á la
manutencion de la familia. Los habitantes del
valle observaron que cada vez que el anciano
Beltran (que asi se llamaba el criado) volvia de
estas excursiones, su ama se manifestaba aun mas
triste y pensativa que de costumbre. Mucho deseaban saber quien era, pero no tenían rcsolucion
bastante para preguntárselo, y cuando acudian á
Beltran, les apuraba la paciencia con nombres tan
difíciles de repetir y recordar, que muy pronto
conocieron que estaba divirtiendose á su costa sin
satisfacer su curiosidad.
Un din que Federico, el niño mayor, triscaba
entre las flores de la pradera, varios de los niños
de la aldea le rodearon y empezaron á suplicarle
con caricias y zalamerias á que les dijése el nombre
de eu m!1dre. "Dínoslo en voz baja," dijeron,
"que nosotros guardaremos el secreto." El niño
contestó sútilmente "su nombre es 1lfamd."
Las respuestas de su hermanita llamada Blanca,
no eran mas satisfactoria$, y los buenos aldeanos
tuvieron que confiar al tiempo el descubrimiento
de este misterio.
Un die. volvió Beltran trayendo sobre los hombros una jaula de mimbres ó caponera llena de
gallinas. Como ero. costumbre suya cuando venia
de lo. ciudad el traer alguo pequeño regalo para los
niños del valle, su llegada llam6 luego la ateocion
de estos, excitando sobre manera su curiosidad lo.
jaula grande que traia cuyo contenido no podian
atisbar por estar toda ella cubierta con un paño
grande. Siguiéronle pues hasta la puerta de la
choza donde su ama le esperaba para felicitarle

tando In tapa salió de ella un mogestuoso gallo,
Los niños sorprendidos dieron algunos pasos atrú,.
"¡ Que hermosa o.ve!" exclamaron; "C'iertamente
que no puede darse un animal mas elegante. Miro.
mira la sierra colorada que tiene sobre la cabeza
¡ y que cola tan larga!"
Las gallinas no les causaron menos placer.
Rabia dos negras, con crestas encarno.das; dos
blancas con moños; y dos pardas sin cola. La
señora les echó un puiiado de cebada é inmediatamente corrieron á picar los granos. Los niños se
deleitaban en observar á las codiciosas aves, y ver
como dos 6 tres de ellas se abalanzaban á un
mismo grano, y perseguían y acosaban á la que
tenia la fortuna de apoderarse de él. Cuando
hubieron comido la cebada, el gallo batió las álas
y cantó en triunfo. Prorumpió la tropa juvenil
en una alegre risotada, y al regresará su casa niños
y niñas, no cesaron de imitar el extrafio canto del
ave desconocida.
Durante varios dios no hicieron otra cosa que
hablar de las maravillas que habian visto. " Son
mayores que palomas;" decia uno; "en verdad que
sí," replicaba otro, "y aun mayores que cuervos y
~in dudo. mas hermosas que ninguna otra ave del
l,osque."
"Si viera vd.," decia la hermanita de Marta,
.Maria, á su madre, "Si viera vd. el peine encarnado que tenia una de ellas sobre la cabeza! No
he visto en mi vida uno. cosa semejante." Los
aldeanos con estas relaciones de sus hijos entraron
en tanta curiosidad como ellos de ver estas aves
maravillosas, y manifestaron tambien al conseguirlo, su sorpresa y admiracion.
Poco tiempo despues una de las gallinas empezó
á empollar, y la seiiora la puso al cuidado de Martn.
Un dia enseiíó esta el nido á algunos de los niños
de la aldea, "Quince huevos!" exclamaron; "la
paloma no pone mas que dos y apeuas hay pájaro
que ponga mas de cinco; ¿ como podrá proveer la
ga11ina para tan numerosa cría?"
..Cuando se acercaba el tiempo de la incubacion,
--•-=/'-✓:-:r-~-"&gt; -r~la seiíora pensó en preparar una nueva sorpresa
--..,-~
, .. -·'
para sus jóvenes amigos. Envió á buscarlo~, y
como era dia de fiesta los padres de varios de
ellos vinieron tambieo. ¡ Con qué alborozo vieron
abrirse gradualmente los huevos y los po!Jitos procurando romper su transparente prision ! Pero aun
fué mayor su sorpresa cuando vieron á estos salir
por si solos del huevo, cubiertos de un vellon suave,
y mirando ú. uno y otro lado con sus ojillos negros
llenos de vida y actividad, mientras que otras aves
nacen ciegas, desnudas é incapaces de moverse.
"Por cierto que esto es extraño," gritaron á uno.
todos los niños. "Quien vió jamás aves como
ellas?" Pero su gozo no tuvo límites cuando al dia
siguiente la gallina salió al campo por la primera
vez rodeada de su numerosa familia.
"Pocas veces se vé una cosa tao interesante,"
dijo uno de los carboneros.
"Escucha," repuso su mujer, "como llama la
madre á sus hijuelos, los cuales conocen su voz y la
por su regreso. "Ola! ola!" ,lijo Dlanca, "¿ ror,
siguen por todas partes. Ojalá que todos los niños
que ya por fin tenemos pollos?"
/ fueran igualmente atentos y obedientes á In yoz
Beltran colocó la banasta en el suelo y levan- 1 de sus pndrc,."
:(.;,

•

DE IIISTOHIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.
Prevalecía un de5eo general de examinar los
polluelos mas de cerca, y un~ de los niños c?~ió un
pollo con este fin. La galhna se abalanzo rnme,

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e'= ✓r

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....~ _-

rliatamente al niño y le habría hecho arrepentirse
de su atrevimiento si no hubiera inmediatamente
puesto en libertad al cautivo. Su padre no se enfadó, porque el niño no tenia inteocion de hacer
daíio ; pero se aprovechó de aquel suceso para
llamar la atencion de los niños Mcia la fidelidad y
afeccion con que la gallina cuidaba de su cria.
Poco despues bullando esta una miga de pan dió
un cloqueo maternal y todos los pollitos se reunieron inmediatamente á su rededor; empezó por
dividir la miga con el pico, y en seguida la abandonó á sus hijuelos los cuales, aunque débiles, empezaron , picarla con ansia y voracidad. Causaba
admiracion el verlos comer y pelear aunque no
hacia mas que un dia que habian salido del huevo.
Asi que se puso el sol reunió la gallina toda la
cria debajo de sus alas para darles calor. "Esto
es lo mejor cie todo," dijeron loa carboneros, "nada
hay mas delicioso que ver aqui y alli una cabecilla
salir de debajo del ala protectora de la madre y
volverse á retirar inmediatamente á causa del frío."
El molinero cuyo vestido culiierto de hariua le
daba una apariencia singular entre los negros carboneros, se distinguía tambien de ellos por su buen
juicio y sagacidad. "Estas aves," dijo, "son real.
mente animales muy notables. Verdad es que
vemos la mano de Dios en todas las obras de la
naturaleza, pero su bondad, sabiduría y poder no
hacen nunca una impresion tan profunda en nuestra
imaginacion como cuando vemos alguna cosa extraordinaria. Considerad cuan esencial y útil es
que estos animalitos puedan desde el momento
mismo de su nacimiento correr y alimentarse por
sí. Si, como la golondrina tuviera la madre que
poner el alimento en su pico, su tarea seria interminable. ¡ Qué fortuna es tambien que su instinto
les ensefie á seguirla y obedecerla ! Si llegasen á
separarse y tirar cada uno 1ior su lado, la gallina
no podría nunca reunirlos y perdería la mitad de
ellos. Tambien quisiera yo saber de donde le viene
el ,·alor con que defiende á sus hijos. Parecen ser

247

naturalmente aves muy tlmidas las gallinas pues
siempre lrnyen al acercarnos á ellas; mos apenas
llegan á ser madres, cuando parece mudarse su
naturaleza misma; adquieren nuevos instintos y
nuevos hé.bitos, y atacan con intrepidez á los que
intentan hacer daño á sus pollos. Desde que los
hemos tenido en el valle me he divertido muchas
veces en verlas pelear por un grano de cebada;
pero su voracidad ordinaria desaparece en favor
de sus hijuelos, ni consiente la gallina tocar CO$O.
alauoa hasta haber satisfecho las necesidades de su
.,
. l
cria. Creo de buena fé que este afectuoso nmma
moriría de hambre antes que privará sus pollos de
su alimento. La tierna solicitud con que los vigila, los mantiene, acaricia, y proteje es producido
en ella por la mano de Dios; y si Dios es tan bondadoso con estas avecillas, ¿ dejará de tener mucho
mayor cuidado con la especie humana? Buen
ánimo, pues, hijos mios, todo cuanto Dios hace es
bueno. En su bondadosa vigilancia participan
todos los seres creados, pero especialmente el hombre que es mas grato á sus ojos que todas las aves
que puelilan el aire y todos los animales de la tierra."

Obru •oeucu de Morattn. •o. u.

LOS DIAS •
ODA,

¡ No es completa desgracia,
Que por ser hoy mis dias
He de nrme sitiado
De incómodas visitas!

Cierra la puerta, mozo,
Que sube la vecina
Su cuiíada y sus yernos
Por la escalera arriba.
Pero, ¡que! ... No la cierres,
Que es menester abrirla :
Si ya vienen chillando
Doña Tecla y sus hijas.
El col!he que ha parado,
Segun lo que rechina,
Es el de Don Venancio,
Famoso petardista !
¡Oh! ya está aqui Don Lucas
Haciendo cortesías,
Y Don Mauro el abate,
Opositor á mitras.
Don Genaro, Don Zoylo,
Y Doíia Basilisa :
Con una lechigada
De niños y de niiías.

Ya todos se preparan
(Y no bastan las sillas)
A engullirme vizcochos,
Y dulces y bebidas.
Llénanse de mujeres
Comedor y cocina,
Y de los molinillos
No cesa la armonio.

�248

EL INSTRUC'fOR, O REPERTORIO
Ellas haciendo dengues,.
Aq ui y alli pelliscan ¡·
Todo lo gulusmean,
Y todo las fastidia.
Ellos, los hom bronazos¡
Piden á toda prisa
Del rancio de Canarias,.
De Jerez y Montilla.
U na, dos, tres botellas,
Cinco, nueve se chiflan
¿ Pues, señor, hay paciencia
Para tal picardia?
¡, Es esto ser amigos?
¡, Asi el amor se explica?.
Dejando mi despensa.
Asolada y vacia.

Y en tanto los chiquillosr
Canalla descreida,
Me aturden con sus golpes,
Llantos y chilladiza.
El uno acosa al gato
. Debajo de laa sillas:
El otro se echa á cuestas
Un cnngilon de almíbar.

r al otro, que jugaba
Detras de las cortinas,
Un ojo y las narices
Le aplastó la varilla.
Ya mi baston les sirve
De caballito, y brincan :
Mi peluca y mis guantes
Al pozo me los tiran.
Mis libros no parecen :
Que todos me los pillan,
Y al patio se los llevan
Para hacer torrecitas.
¡ Demonios ! Yo que paso
La solitaria vida,
En virginal ayuno
Abstinente heremita.
Yo, que del matrimonio
Renuncié las delicias,
Por no verme comido
De tales sabandijas :
¿ He de sufrir ahora
Esta algazara y trisca ?
Vamos que mi paciencia
No ha de ser infinita.
Váyanse euhoramala:
Salgan todos aprisa :
Recojan abanicos,
Sombreros y basquiñas.
Gracias por el obsequio
Y la cordial visita,
Gracias, pero no vuelvan
Jamás á repetirla.
Y pues ya merendaron,
Que es á lo que venian,
Si quieren baile, vayan
Al soto de la villa.

EFECTO CURIOSO DE LA ESCRITURA
EN LOS SALV AJ ES.
EN la ereccion de una capilla en el norte de América ocurrió un incidente que manifiesta la impresion causada en la mente de los salvajes al ver
por primera vez el efecto de las comunicaciones
escritas. El arquitecto, un inglés, al llegar una
mañana á la obra observó que babia olvidado traer
consigo su escuadra. A. falta de papel tomó una
viruta de madera y con un pedazo de carbon escribió á su mujer que se lo enviase. Llamó á un
cacique que dirigía una parte de la obra y le dijo,
"Amigo, toma esto, vé á mi casa y entrégaselo·
á la Señora Williams." Era el indio un hombre
de aspecto muy singular, muy vivo en sus movip
mientos y babia sido gran guerrer-0, pero en una
de sus numerosas batallas babia perdido un ojo :
dando con el otro una mirada muy expresiva al
arquitecto le contestó, "¿ Que lleve est.o ?. me llamará necio y me reñirá sin duda si le llevo una.
viruta." "No hará tal," replicó el inglés, "vé
inmediatamente pues estoy de priesa." Viendo.
que no era chanza lo tomó preguntando. "Y
¿que la he de d'e cir?" "Nada;. la viruta dirá todo
lo que necesito.'' Con una mirada de sorpresa y:
desprecío se puso el salvaje á mirar la viruta y
exclamó "¿ cómo pued'e esto hablar? acaso tiene
boca ?" Partió sin emliargo y al llegar á la casa
la puso en manos de la esposa del arquitecto quien
la leyó, la arrojó al suelo y se dirigió en seguida
á la caja que conteniu. los instrumentos adonde la
siguió cuidadosamente el guerrero, resuelto á ver
el resultado de este procedimiento misterioso. Al
recibir de su mano la escuadra le dijo el indio,
" Dime, hija, cómo sabes que esto es lo que necesita
tu marido?" "Pues qué ¿ no me acaba de traer
una viruta?" replicó ella. "Si," dijo el atónito.
cacique, "pero no la he oído decir nada?" "Pues
yo si," fué la respuesta, "pues ella me hizo saber
lo que necesitaba, y lo único que tienes que hacer
es volver con esta escuadra cuanto antes pues tambien me ha dicho la viruta que el Señor Williams.
está depriesa.'' Con esto el indio salió precipitadamente de la casa, y cogiendo el misterioso.
pedazo de madera corrió por toda la colonia con
la viruta en una mano y la escuadra en la otra.
gritando, "ved cuán grande es la sabiduria de
estos ingleses; hacen hablar á las virutas ! " Ar
entregar la escuadra al arquitecto le preguntó
cómo era posible conversar asi con personas distantes : esplicóle este lo mejor que pudo de que
modo se efectuaba, pero sin embargo aun despues
de esta explicacion Je pareció al indio tan misterioso el procedimiento, que ató una cinta á la viruta
se la colgó del cuello y la llevó asi por algun
tiempo. Durante varios dias despues de este suceso solía vérsele rodeado de una multitud de
indios que escuchaban con profundo interés la
relacion de los milagros ejecutados por esta viruta.

DE IIISTORIA, BELLAS LETl{AS Y AllTES.

240

CUADROS DE LA EDAD MEDIA.

EL ESTUDIANTE.

EL hábito de leer y escribir es sin duda alguna
adquisicion mas artificial que la de beber vino ó
ponche. El uso de licores espirituosos puede contarse en el número de las fechorías mas antiguas y
universales que ha cometido el hombre; pero la
lectura y la escritura han necesitado miles de años
para alcanzar un estado decente de perfeccion, y
aun en este momento, considerando el mundo en
masa, la práctica está muy lejos de ser universal.
Sea dicho esto con debido respeto hácia los
graves anticuarios que hablan de librerías públicas
antes del diluvio¡ y mas aun del autor que, segun
To.M. VIII,

se r.os asegura, publicó con profunda erudicion un
catálogo de la librería de Adan. Afirman tambien
algunos con no menos gravedad que Noé tenia una
librería astronómica á bordo del arca; pero dado
que esto sea cierto dudamos se hallase entre sus
libros el "almanaque náutico," inclinándonos mas
bien á creer que Noé adquirió un conocimiento del
jugo de la uva antes de haber gustado mucho del
espíritu de los libros.
La historia misma de la escritura y la lectura
son una prueba de su naturaleza artificial. El
habla parece indudablemente ser una parte tan
2K

�EL INSTHUCTOH, O fiEPERTOltlO
nat11r,1l Je la constilul·ion t.lcl hombre como la
le ugua, las manos, la cabeza ó los piés: por consecuencia la oratoria, por mucho que pueda mejorarse con el arte, no es en si una atlquisicion
artificial ; mus el poder de reducir el habla á una
forma pictórica ú escrita lo es positivamente, y
cual otras artes mecánicas ha experimentado un
progreso gradual desde los primeros rudos ensayos
hasta la práctica elegante á que ha llegado en
nuestros dins. Es generalmente admitido que las
primeros teutativ11s de In escritura no fueron otra
cosa que esfuerzos para producir pinturas mientras
que el moelo asi como los materiales usados fueron
muy bastos é imperfectos. Empleáronse hojas y
cortezas de árboles, cañas y pieles de anímale~,
antes de que fuese conocido el modo de fabricar el
papel; al paso que la historia del arte &lt;le e~cribir
nos munificsta al artista caminando por decirlo asi
(i ciegas, y empezando por grabar rudos caracteres
sobre las sustancias mas duros, tales como los
metales y aun la roca misma, basta que gradualmente fué a&lt;lquirieuelo métodos mas fáciles, y
empleando materinfos mas pcrecederes pero ni
mismo tiempo mucho mas fáciles de pr~ervar.
Si el hombre naciera (como la fabulos11 :Minerva)
dotado de facultades capaces de aprccinr instintivamente todo lo que sienten 6 perciben los sentit.lo~, y tle una memoria de la cual no se horrase
ni un solo átomo de In. experiencia y saber aclquiritlos, la lectura y la escritura le serian unteramcnte inútiles. Con solo mirar ó. las estrellas
n prenderia toelo cuanto han ido ncUD1ulando miles
de siglo~, y le bastaria respirar la atmósfera no solo
para sentir su influencia, sino ¡mra conocer su
composicion.
Pero el hombre per se, ó entregaelo á si mismo, es
una criatura muy desvalido. Desde la infancia á
la edad madura tiene que aprentlerlo y adquirirlo
toelo. Entramos en el mundo con un grito de
impaciencia, y como el gallo parece queremos pelear
con todo cuanto nos rodea; sin embargo necesi.
tamos que nos fajen, mezan, laven, cuiden, alimenten, y lleven en brazos. Tenemos que apren.
der que el fuego quema y el aguá moja; que la
leche y el caldo tienen sabor diferente, y hasta es
necesario que aprendamos á llevar la mano á la
boca. La naturaleza, evita solo que el niño muera
de hambre ensefíándole intuitivamente á adherir
nl pecho de la madre; pero casi todo lo demas
tenemos que aprendel'lc. El hombre es un animal
formado precisamente para ser eelucado, y solo
por medio de la educacion llega á adquirir la
,·erdadera elignitlad de hombre y á hacerse superior
á los brutos sujetos á su dominio.
Debiendo pues cada hombre ser educado por sí,
el objeto de la educacion es atesorar en su mente
In mayor cantidad posible ele la experiencia acumulada por otros durante los tiempos pas.1dos.
Esto podria conseguirse sin el auxilio de la lectura
y 1:,. escritura si, como digimos antes, pudiesemos
pasarnos sin ellas; ~i nuestro entendimiento retuviese desde luego todas las impresiones y hechos:
si todo lo que aelquirieron nuestros padres pudiera
sernos transmitido Yerbalmente sin riesgo de pér-

1

dida, diminucion ó tlestruccion. Si los bellos JH'll•
samientos una vez pronunciados quedasen para
siempre grabados en la memoria; en este caso podriamos pasarnos sin la escritura y In. lectura.
Esto se verificó en gran parte durante las primeras
edades del mundo. Asi corno los ciegos por haber
perdido el uso de un sentido disfrutan por Jo eomun
de mnyor pcrfeccion en los demás, del mismo modo
la memoria del hombre cuando se vé obligada á
esforznrsc es infinitamente mas perfecta que cuando
confin en un auxilio artificial, De esta manera se
han prescrrndo los poemas de Homero y una gran
parte de In. literatura y tradiciones de los pueblos
antiguos. Pero sin el auxilio de la podero5a escritura, el mundo hubiera sido un caos intelectual
por lo que respecta á los objetos mas nobles y elevados de la mente humano.
La cscri tura fué en su principio dedicada IÍ objetos sagrados ; esto es, se hizo uso ele ella para
la prescrvacion de las ideas y verdades religiosas
antes de emplearla á otros usos. Los vedas ó libros
sagrados ele los Ilindos, aspiran á una remota antigucdael; la ,·oz compuesta Gerogli.ficos (grabados
sagrados) se esplica por sí misma, ó mas bien nos
dií 11 entender el uso que hacian los sacerdotes
egipcios J'c la escritura pictórica; y las tablas de
la ley, cuyos mandamientos estaban grabados en
pi&lt;'dra, prueban que en los tiempos primitivoi
coufiubau los hombres aquello que consideraban
como mas precioso al cuit.lado de las sustancias
que tenían por mas duraderas. De este modo In
facultad de cscrihir y la capacidad de leer Jo escrito
se nsocinron muy temprano con la idea de un
pot.lcr sobrenatural, pues que empleándose principalmente la escritura para preservar las leyes de
Dios y las dccluraciones de su voluntad, el que
podia leer lo que se hallaba escrito disfrutaba del
carácter de intérprete ele la divinit.lad. No es pues
de extrañar que tanto el que usaba el azaelon como
el que esgrimía la espada se inclinasen con veueracion ante el hombre que sabia leer y escribir,
pues en este hombre vcia á uno que parecía tener
en su mano las llaves del reino invisible.
Cuando la literatura de Grecia y !loma fué sepultada entre las ruinas ocasionadas por las irrupciones de los bárbaros del Norte que finalmente
destruyeron el imperio romano, la lectura y la
escritura hallaron un refugio en la Iglesia. Los
frailes no conocían la importancia del servicio que
bncian á la posteridad, ni tampoco el-daño que IÍ
veces causaban. Con harta frecuencia han borrado
el escrito consignado en un pergamino, sin considerar que haciendo esto des-trufan tal vez para
siempre las palabras de Eurípides 6 Ciceron, para.
sustituir en su lugar alguna leyenda absurda é
insípida. Sin embargo preservaron la facultad y
mantuvieron el uso de la lectura y In escritura, en
una época en que la guerra, la violencio, el
desorden y todos los males del barbarismo ameuazaban destruir hasta el recuerdo mismo del arte . .
l\Ias este quedó asociado á la religion casi cxclush·amente y á esto debió el salvarse de la ruina.
De entre el clero salieron doctores, literatos, maestros, legistas y mngistrndos : todos los que tenían

DE I!I;:il'Olll.\, BELL.\::- J.ETlL\S Y .\HTES.
fnn&lt;lados en palubrns y rncios tlc senti,lo, pero
:ilg1111a concxiou tlirect,1 ó in,lircctn ron las fnn- 11
aunque estas adqui~iciones frecuentemente uo srrdones mas elcrnda, del espíritu, pertenecían {i una
vian á su poseedor mas que parn. hacerle vano,
cla~c sagrada ó pri vileginda.
pedante é impertinente, ein ensanchar su espíritu
Durante los siglos once y doce rompió la mente
ni
inspirarle una solo idea profunda, el npnrato tle
lrnmann las &lt;'adcnas que la sujetaban. El saber y
su
pomposa erudicion imponía respeto y cstimu,
la ermlicion empezaron á ser unfrersalmente hon- 1
Juba ¡í, los hombres rudos de aquellos tiempos 1pe
rado~, y se manifestó en las clases elevadas de la
sociedad un deseo ardiente de saber algo mas que 1 hasta entonces habían despreciado el estudio ) d
saber.
el simple manejo de la lanza y el escudo, ó el motlo
El número de estudiantes que acudían á las réde poner con mas grncia la Jauza en ristre. La
lebres universidades de Europa desde el principio
riencia moderna había empezado apenas IÍ desde su existencia se contaba por millares. Dí&lt;"r,o
¡11mtor, y por consecuencia la inteligencia Europea
que en Paris durante el reinado de Carlos VI asno tnvo al dispertar otro asunto IÍ que dedicarse
cendieron á treinta mil ; no siendo menor el de los
tligno de ocupar su energin que la literatura ció.sien.
que concurrían á las de Oxford y Cambridge. Sin
Resucitaron, por decirlo así, los poetas y oradores
embargo este número de alumnos no debe contle Grecia y Roma, y sus escritos y producciones
siderarse
como positivo, sino como la cxpresion
constituyeron el estudio exclusivo ele la generacion
de
una
concurrencia
muy considerable, sirviendo
naciente. Esta fué la época para In fundacion de
solo para manifestar cuan de moda habin llegado
universidades. Ciertas ciudades aelquirieron gran
á ser "la educacioR" en aquel tiempo. En París,
fama de poseer sabios y celebratlos maestros, y á
bajo la égida de sus privilegio~, turbaban contiellas acudió de todas partes In juventuel europea.
nuamente la paz de la ciudad, cometiendo inYa digimos en otro número ouan famosas eran las
finitos de~lrtlenes. Pero los anales de todo pueblo
Univer;idades de Córdoba; tlespues de ellas la de
donde J,nn existido uniYersidndes abundan en
París, y la. de Oxford disfrutab11n tambien de gran
iguales
relatos. Es casi imposible reunir un núrenombre. Lo mucho que empezaba ya á honmero consitlerahle de jóvenes fogosos en la cdu&lt;l
rorsc el saber granjeó IÍ estas a!IOciaciones la conturbulenta lle la vida, sin que cometan algunas
ecsion de privilegios considerables; empero á meveces excesos mayores ó menores sugeridos por la
dida que crecía el número de estudiuntes fueron
exuberante alegrin, la locura ó la extrn,·ngn.ncia.
abusados estos privilegios y se pervirtió el objeto
La naturaleza del hombre es siempre la misma
de estas sociedodes, equivocando el fin con los
aunque vario el modo de expresar sus emociones;
medios. Con mucha frecuencia. corria la sangre
y aquel que durante la e&lt;lad media nrrojaha de
por las calles IÍ ca,1sa de los feudos y querellas morsí el libro, desenvainaba la espada y arremetía
tales que se originaban entre los estudiantes y los
á cuchilladas con los paclficos ciu&lt;ladnnos, tiene
ciudadanos. Aquella era tambien la edad de In
ahora que contentarse con armar una pendencia IÍ
11cdnnteria; el siglo de la retórica necia y la
cacl1ctes con el alumno de otra cscuelu, descolgar
falsa lógica: sustituianse voces en lugar de ideas;
la vacía de un barbero y arrojarla elentro de la
el conocimiento de las palabras de la lengua griega
tienda, ó derribar la mesilla de una pobre buñueocupaba el lugar del conocimiento de la mente,
lera.
el sentido, y gloriosos pensamientos de los auEs circunstancia notable y digna de llÍstima lo
tores griegos, y el pedante se hallaba en su gloria
mucho que ha declinado en Europa el estudio de los
cuando llegaba (i descubrir en su opositor alguna
autores clásicos durante el último siglo. El espífalta gramatical ó impureza é incorrcccion de lenritu ele Salmacio y de Escaligero que nunca oyeron
gunje en el latin del argumento. Esta perversion
hablar de un suceso cualquiera que no sugiriese
ha alcanzado aun IÍ nuestra época; y la educncion
no se hulla aun emancipada de la sugecion ó. las
alguna comparacion con otro ocurrido en Roma
ó Grecia, que nunca discutieron una itlea sin tomar
palabras é ignorancia de realidades.
Nuestro grabado representa un "estudiante de
los argumentos de analogía de los autores antila edad media:" uno de aquellos. alegres galanguos; este espíritu, decimos, ha desaparecido para
teadores que aunque aprendian poco ellos mismos,
siempre; ni es de extrañar. Pura ellos el conocontribuían sin embargo IÍ hacer el estudio una
cimiento de la especie humana se encerraba en los
ocupacion de moda. Pertenece á la raza de aquelímites de su libreria clásica: alli estaba comprenllos cuya opinion era que el capitan Pluma, y el
dida toda la historia que se curaban ele a prender,
capitan Espada debían cl,nrse la mano y jurarse
pues ningun hombre erudito quería ocuparse de
amistad perpétua, en lugar de mantenerse dislos barbarismos de la edatl media: y en cuanto á
tantes y despreciarse mútuamente. Debemos sin
ciencias, metafísica, y política no existía vestigio
embargo bastante á estos inquietos y turbulentos
alguno de ellas en otra ¡,arte. La lengua nativa
,·ates, pues que contribuyeron eficazmente IÍ comofrecía algunas muestra:1 tle poc,ía y ensayos filobatir la opinion que en general prevalecía de que 1 sóficos, pero los escritores eran pocos en número
la escritura, la lectura y la erudicion eran adqui- 1 y comparativamente despreciados. l'etrarca no
siciones exclusivamente montbticas, propias solo 11 queria creer (tal era entonces In preocupacion dode la lobreguez y retiro del claustro y enteramente
minante) que ninguna obra moderna que no estuincompatibles con una vida alegre y activa. Todo
viese escrita en latín podia ser npreciaela ele la
su saber se reducin, es verdad, á tocar la viola,
posteridad, y esta idea, mas que su propio juicio,
lml,)ar tres ó cuatro idiomas como un papagayo, y
le hizo preferir sus poemas latinos ya ca!i ulvimantener argumentos sobre materias abblrnctaF ,lallos IÍ sus inmortales sonetos.

�EL 1NSTRUCTOR, O REPERTORIO
DE HISTORIA, BELLAS LETRAS Y ARTES.

RECUERDOS DE LA SUIZA.

-Si me l1abré engañado! murmuró• y sin coi¡•
testarle echó á andar; Juan le siguió. , .
CAPITULO V.
10
EL EMPERADOR ALBERTO,
, El ~e Marzo de 1308, el ejército imperial llegó
a las margenes del Reuss. Habíause }&gt;reparado
Parecia que la casualidad se habia propuesto
dos
~ontone~ para que pasara el ejército; el emperafavorecer en todos conceptos á los confederados.
d.or iba á baJar á uno de ellos, y Juan se opuso diEl nuevo afio de la libertad había sonado ¡,ara la
c.1endo que.estaban demasiado cargados para permiRel vecia, el 1º de Enero de 1308; y el 15 del mismo
tir que su t10 se expusiera al peligro que corrían los
mes, antes de que la insurreccion de los confederados
soldados ; ofreciéndole al mismo tiempo un asiento
llegase á oidos del emperador, recibió la noticia de
en un esquife, en el que se encontraban tan solo su
~a derrota de su ejército en Thuringe. .l\fandó al
ay~ Walter de Eschembach, y sus mas íntimos
instante que se reclutasen nuevas tropas declaró
amigos Rodolfo de Wart, Roberto de Balm y Conque marcharia á su frente, é hizo, con su ~costumrado de Tegelfed. El emperador se sent6 al lado
brada actividad, todos los preparativos de esta
de ellos; los caballeros llevaban sus respectivos
nueva campaña; tocaban ya á su término cuando
caballos de la brida á fin de qqe pudiesen seguirlos
el caballero Berniguer de Andemberg llegó á
na~ando, y el barquichuelo, atravesando el rio con
Unterwalden, y le contó lo que acababa de pasar.
rapidez, ?~Jocó en la orilla opuesta al emperador y
Alberto oyó á Andemberg con impaciencia y
á su conntiva.
hasta, c?n incredulidad; pero cuando ya no le
A ~lgunos pasos de la orilla y en una pequeña emi•
quedo ~rngu~a duda, juró por su esp11da y por su
nenc1a, hab1a una encina corpulenta: Alberto fué
corona imperial exterminar á todos los que hubieá sentarse á su sombra á fin de observar el paso del
s~n tomado parte en la insurreccion. Andemberg
ejército, y quitandose el casco, le colocó á sus pies.
1JJZo cuanto pudo para disuadirle de sus proyectos
En aquel momento, miró Juan á su alrededor y
de ven,ganza; pero todo fué inútil, y el emperador
v_iendo que el ejército entero estaba parado en' 1~
declaro qu.e marcharía en persona contra los conribera opuesta, tomó su lanza, montó á caballo y
f~~e~aclos, y s.eiíaló el 24 de Febrero para que el
marchó á galope hacia donde estaba el emperador
eJerCJto se pusiese en movimiento.
Y le atravesó la garganta con la lanza. Robert~
El 23, Juan de Suavia, su sobrino, hijo de Rode Balm le embainó su espada en el pecho, y
dolfo, su hermano menor, se presentó á él: el emWalter de Eschembach le aplastó la cabeza con su
perador babia sido nombrado tutor de est .,
d
. .
e Joven
hacha. A Rodolfo de Wart y Conrado de TegeJ.
uraute su mrnoria; pero hacia ya dos años que su
feld les faltó el valor y se quedaron con la espada
edad le ponia fuera de la tutela imperial y sin
en la mano sin hacer uso de ella.
embargo Alberto se babia negado siempre devolLos conjurados se miraron cuando vieron caer al
verle su herencia: iba á hacer otra tentativa antes
emperador,
y sin decir una palabra em1,rendieron
que mar?hára su tío á campaña. Se arrodilló dela fuga asustados unos de otros. Una mujer que
lante de el y le pidió la corona ducal de sus padres.
pasaba casualmente acudió á socorrer al emperaEl ~mperador se sonri6, dijo algunas palabras á un
dor, Y el gefe del imperio o-ermánico exaló el
oficml de su guardia, el que sali6 y volvi6 á entrar
último, suspiro entre los brazo; de una pobre que
á poco rato con una corona de flores. El emperaestanco su sangre con andrajos.
dor la colocó en la rubia cabeza de su sobrino.
como este le miraba sorprendido:
' y
Los asesinos vivieron errantes; Zurich les cerró
su~ puertas, y los tres cantones no quisieron darles
-~sta es, le dijo el emperador, Ja corona que
a~~lo. E.l pa?"icida Juan marchó á Italia: se le
conv1e~e á tu edad ; diviértete en deshojarla sobre
vio en P1~a disfrazado de fraile, despues se perdió
las. rodillas de las damas de la corte, y dé"Jame e
1 en Venecia y no se oyó hablar mas de él. De
cm?ado de gobernar tus estados. Juan se puso
Eschembach vivió treinta y cinco años vestido de
p~hdo! se levantó temblando, se quit6 la corona la
pisoteo y salió.
'
pa~tor en un rincon de Wurtemberg, y no reveló
qmen era hasta unos momentos antes de espirar;
El dia siguiente, cuando el emperador mo~taba
Conrado de Tegelfeld desapareció como si la tierra
á caballo, se colocó á su lado un hom bre armado
ele p~n~ en ?lanco y con la visera calada. Alberto se le_ ~ubiese tragado, y no se sabe dónde, ni cómo
le miro,, y v~endo que no se movia de su lado, le mur10, . Rodolfo de W art fué delatado por uno de
sus p~rientes, enrodado y expuesto vivo aun á la
pregunto qmen era, y con qué derecho se babia incorporado á su escolta.
voracidad de las aves de rapiña. Su esposa que
no había querido separarse de él, permaneció arro-Soy Juan de Suavia, hijo de vuestro hermano
dillada_ al lado de la rueda, desde la que Je hablaba
contestó el guerrero levantando la visera de s~
casco; ayer he reclamado mi soberania, os habeis su mando durante el suplicio, exortándola y consolándola
negado á dármela, y con justicia: es preciso que el
. hasta el momento en que exaló el últi mo
suspiro.
case~ haya cubierto antes la cabeza que debe
De los hijos de Alberto•, dos se encargaron de
cubrir~ la corona, es preciso que la mano que ha de
vengar su muerte, y fueron Leopoldo de Austria é
empu~~ el cetro haya empuñado antes la espada
P erm1tidme que os ·
~
·
Ines de Hungría: Leopoldo poniéndose al frente
d.
d .
siga, senor, y cuando regrese
1~pon re1s acerca de mi persona lo que
_ de las tropas, é Ines presidiendo los suplicios.
ra1s.
que

á

Alberto dirigió ii su sobrino u11a . el
mira a ¡&gt;rof un d a y rá1iid/J':

: El emperador Alberto tuvo '21 hijos, y nin~uno Jo suce•
dio como emperador,

Sesenta y tres caballeros inocente3, pero parientes
y amigos de los culpables fueron decapitados en
Farnenghen. Ines cuando asistió á la ejecucion
se colocó tan cerca de las víctimas que la sangre
saltó á sus pies y las cabezas rodaron á su alrededor. Advirtiéronle que se le iban á manchar los
vestidos; y contestó: -No importa; me baño con
mas gusto en esa sangre que si fuese el rocío del
mes de Mayo. Con los despojos de los muertos
fundó el rico convento de Konigsfelden •, en el
mismo sitio en que su padre babia sido asesinado,
y se retiró á él para acabar sus días en la penitencia, soledad y oracion.
El duque Leopoldo se preparó mientras tanto
para la guerra;_ mandó á Othon de Straicberg que
pasase el Bruning con cuatro mil combatientes.
Mas de mil hombres fueron armados por los gobernadores de Wellisan, de Walchausen, de Rolembourg y de Lucerna, para sorprender á Unterwalden por el lado del lago. El duque marchó
contra Schwitz con lo mas florido de las tropas,
llevando una infinidad de carros cargados de cuerdas para ahorcar á los rebeldes.
LoR confederados reunieron mil trescientos hombres; y se díó el mando de este cuerpo á un antiguo gefe llamado Rodolfo Reding de Biberck, en
cuya experiencia tenian gran confianza los tres
cantones. El 14 de Noviembre tomaron posicion
los confederados en la pendiente de la montaña de
SaUel: y al anochecer se les presentaron unos cincuenta hombres. Eran los desterrados de Schwitz,
que 1&gt;edian á sus hermanos ser admitidos á la defensa comun, á pesar de los crímenes que habían
cometido. Reding consultó ¡i los mas ancianos y
á los mas sabios, y la contestacion unánime fué que
no convenía comprometer la santa causa de la
libertad, admitiell(}o hombres tachados entre sus
defensores. Prohibióse por consiguiente á los desterrados el combatir en el territorio de Schwitz.
Se retiraron, anduvieron parte de la noche y fueron á tomar posícion en un bosque situado en la
cima de una montaña en el territorio de Zug.
Al despuntar el día siguiente vieron los confederados brillar las lanzas de los austriacos ; y al percibir los ginetes el corto número de los que los
aguardaban para disputarles el paso, echaron pie á
tierra, y no queriendo dejarles la gloria de empezar
el ataque, marcharon á su encuentro. Los confederados les dejaron trepar por la montaña, y
cuando conocieron que estaban abrumados de cansancio debajo de sus pesadas armaduras, los cargaron con heróico valor. Todos los que habían intentado subir á esta especie de asalto fueron derribados en el primer choque, y aquel torrente de
hombres fué á abrirse un camino en las filas de la
caballería, á la que rechazó sobre la infantería.
Al mismo tiempo se oyeron estrepitosos gritos
en la retaguardia. Una infinidad de rocas bajaban
de la montaiía y surcaban las filas aplastando
hombres y caballos. Parecia que la montaiía se
animaba, y que tomando partido por sus hijos sacudía su crin como un leon. Los soldados se miraron asustados y retrocedieron. La vanguardia
• Campo del Rey.

fué arrollada por los montañeses. El duque Lcopoldo se creyó envuelto por numerosas tropas; dió
la órden, ó por mejor decir el ejemplo de emprender la retirada; fué uno de los primeros que abandonaron el campo de batalla; y por la noche (dice
un autor contemporáneo) se le vió en Vintherthur
pálido y consternado. El conde de Strasberg se
apresuró á repasar el Brunig luego que tuvo noticia de la derrota de los austriacos.
Esta fué la primer victoria que alcanzaron los confederados, la cual tomó el nombre expresivo de JJforgenstern, porque había empezado al romper el día.
Por este medio se hizo célebre en el mundo el
nombre de los hijos de Schwitz, y desde el dia de la
victoria de Morgenstern los confederados se llamaron suizos de la palabra Sclmnzer, que significa
hombre de Schwitz. Uri, Schwitz y Unterwalden
fueron el centro á cuyo alrededor se agruparon
sucesivamente los demas cantones, que segun el
tratado de 1815 ascienden á 22.
En cuanto á Guillermo 'rell que hnbia tomado
una parte tan activa, aunque ton involuntaria en
esta revolucion, despues de haber encontrado su
huella en el campo de batalla de Laupen donde
combatió como simple ballestero con 700 hombres
de los cantones pequeiíos, se le pierde otra vez de
vista para no encontrarle hasta el momento de su
muerte que tuvo lugar, segun se cree, en la prim:ivera de 1454. El rio Schachen babia crecido
extraordinariamente con las muchas nieves, y acababa de llevarse una casa. En medio de las ruinas
vió Tell una cuna y oyó los gritos de un niño:
precipitóse al momento al agua, alcanzó la cuna y
la puso en la orilla; pero en el momento en que
iba á saltará tierra se dió tan fuerte golpe en una
viga, que perdió el conocimiento y desapareció.
Hay ciertos hombres privilegiados cuya muerte
corona la vida.
El hijo mayor del sabio Mateo publicó, en 1760,
un extracto de un escritor danés, llamado Saxo
Grammaticus, que refiere el hecho de la manzana
y le atribuye á un rey de Dinamarca. La escuela
positiva, e@a venda negra de la poesía declaró al
instante que Guillermo Tell no habia existido, y
alegre con su descubrimiento trató de arrebatar al
dia solemne de la libertad suiza los rayos mas brillantes de su aurora; pero el virtuoso pueblo de
los W alstetten guardó un santo respeto á la religion tradicioual de sus padres y permaneció devoto
á sus antiguos recuerdos. Entre ellos ha quedado
vivo y sagrado el poema como si acabase de suceder• y por mas escéptico que uno sea no puede
dudar de la verdad de esta tradicion cuando al recorrer la elocuente Suiza se ha visto á los descendientes de W alter Furst, de Stauffacher y de
Mechtal suplicar á Dios que les conserve su libertad delante de la capilla consagrada al nacimiento
de Guillermo y á la muerte de Guessler.
• Los archivos de Altorf conservan el nombre de 114 personas que asistieron en 1380 á la ereccion de la capilla de
Tellen Plate (piedra de Tell) y que habían conocido personalmente á Guillermo Tell, Su familia ha subsistido en la
línea masculina hasta 1684; y en la femenina hasta 1720.
Juan l\1arlin y V crena Tell son los nombres de los último;;
miembros de su familia,

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�EL Hi:STHL'CTOR, O R LPERTUI:IO

DE IrISTOIUA, BELLAS LETilAS Y ARTES.

HISTORIA NATURAL.
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EL

nono ó

LA ½istoria natural del Dodo ofrece hoy un interés
particular po~ ser el único animal vertebrado que
~~be~os de cierto haber desaparecido en nuestros
ias e la ~az de la tierra, El grabado que antecede es copia de una bella pintura sacada á
¡·
d d l ·
mee 1a. os e s1g1o pasado de un dodo vivo traido d I
islo. de San Mauricio en las Indias orientales,
el_ ~abo de Buena Esperanza: esta circunstancia
~1s1p~ enteramente las duelas sngeridas por alaunos
mclmduos respecto á la existencia del animal,
aunque sobre este punto tenemos otros test·
.
d. . l .
lIDODIOS
a ic10na es mcontestables entre los cuales ·t
m
l
· •
,
ci areos os siguientes- Vasco de Gama d
d
doblar ¡
espues e
e. cabo de Buena Esperanza en 1497 h ll'
una bah1a á
, a o
. unas 60 1eguas de él cerca de una i-Sla
en la cual vieron un gran número de aves ue los
portugueses llaman Solitarios, semejantes eJ forma
á_ ~os gansos, pero con alas parecidas á las del murc1elago. A su regreso en 1499 t · d .
ocaron en la menciona a isla llamada Angra de San Blas t
áb d
·
, Y ornaron
or o varios de estos solitarios.
Cnstleton
en
el
·
·
,.
,
.
VJaJe que e,ectuo en 1614 t ,
la isla de B b
oco en
or on llamada Mascarenhas or los
o;tugueses, y que entonces se hallaba aun inhabia a, aunque la visitaban de tiempo en tiempo los
n_avegdantes. Entre las aves hace particular mencion e una del tamaño ele un
ganso, muy gorda
con a 1as cortas que no le
·1
,
bl·
,, .
perm1 en volar. "Es
,inca, dice "y naturnlm t t
'
'
en e an mansa que re

~o:

f

SOLITARIO,

deja coger con In mano, á lo menos parecia 11sus~arse tan poco á vista de los marineros que les era
a esto_s muy fácil el matar un gran número de ella~
con piedras y palos."
Per~ la descripcion mas completa y fi&lt;ledigna
que existe del Dodo, la debemos á Leguat
· t · d• •
que con
~1e e .10 mduoR mas fué dejado en la isla rle
~fodr1guez ó J?iego Ruiz en Mayo de 1691. Esta.
is)~ ~~nque vista por varios ele los navegantes
pru~ntivos despue@ de &lt;lescubierto el derrotero á las
I_ndrns por el cabo de Buena Esperanza, no parece
sm embargo haber sido visitada antes del viaje de
Leguat á causa de su aspecto inaccesible y la
aparente continua&lt;'ion de los escollos que por todas
pai:tes la.rodean y sobre los cuales rompen las olas
á d1sta~crn considerable de la orilla. Es pues de
presumir que Leguat y sus compañeros la viesen
en su ~stado original, cuya circunstancia hace su
interesante "Ent t d
¡narrnc1on doblemente
.
•
reoas
as a ves de la isla," dice "1a mas notabl
'd
'
e es 1a co~oc1 a con el nombre de solitario, que recibió
sm duda porque muy rara vez se le vé en compañia
con otras ~e su espeC'ie aunque hay de ellas grande
abu_n?ancia. Las plumas del macho son de color
cemc1ento algo pardoso. Las garras y el pico son
c_omo los del pavo, pero mucho mayores, y, particularmente el último, mas corvo. No tienen cola
como las demas aves sino en su lugar un grupo de
plumas~blancas rizadas y erectas á modo de peua-

2(i,j

cho. El solitario es de mayor tamaño que el pavo.
doscientas vuro.s del nido; pero lo mas singular es
Sus ojos son negros y vivos, y la cabeza lisa y sin ' que el macho no ahuyenta jamas á las hembras;
cresta. Nunca vuela por ser sus alas demasiado
cuando percibe una de ellas, hace ruido batiendo
pequeñas 1iara sustentar el peso de su cuerpo, sirlus alas para llamar á la suya la cual persigue á la
vienrlole ímicamente de remos .¡Jara correr con
intrusa sin dejarla sosegar hasta hacerla repasar
mayor velocidad. Algunas veces se pone á dar
los límites prescritos. La hembra hace lo mismo
vueltas, jirando treinta ó cuarenta veces hácia el
con los machos que deja ni cuidado de su mo.rido.
mismo lado en el espacio de cuatro ó cinco minutos:
Hemo~ obserrndo esto mismo varias veces y yo
el movimiento de las alas hace entonces un ruido
afirmo ser cierto."
muy semejante al de la carraca, y se oye á mas de
En este relato de Leguat que residió en medio
doscientos pasos de distancia. El hueso del ala va
de estos animales por mucho tiempo, tenemos una
siendo mayor hácia su extremo, y forma una maso.
descripcion detallada aunque ruda, y una historia
redonda debajo de las plumas del tamaño de una
natural del dodo probablemente la única que se ho.
bala de fusil : este hueso y el pico son las únicas
escrito bajo circunstancias tan favorables. De la
armas defensivo.s de este animal. Es dificil de
naturaleza y hábitos de esta a ve naturalmente se
coger en los bosques, pero muy facil en campo raso
colige que su existencia era incompatible con el
porque no corre tanto como el hombre y por consedominio del hombre. Si hubiera siclo capaz de
cuencia se le alcanza pronto. Desde Marzo hasta
domesticarse, ó hubiera poseido la velocidad en lo.
Setiembre está muy gordo, y su carne tiene encarrera de la avestruz ó el penguin para compensar
tonces un sabor en extremo delicado, particularsu incapacidad de volar, podria subsistir aun en
mente cuando jóven. Algunos machos pesan de
algunas de las posesiones originalmente asignadas
cuarento. y cinco á cincuenta libras."
á su raza, ó bien como el pavo ó el ganso satisfaría
"Las hembras son muy hermosas; algunas hay
las necesidades del género humano en todas las
rubias, otras pardas; llámolas rubias porque su
regiones templadas del globo. Pero el doclo pacolor es parecido al del pelo rubio. 'ficncn una
rece haber sido una ave llamada con harta razon
especie de pico sobre el pecho de color mas oscuro.
solitaria y destinada á desaparecer á su debido
Su plumaje está muy atusado y lustroso manifestiempo.
tando ellns })articular esmero en mantenerlo en
buen orden con sus picos. Las plumas que cubren
los muslos son redondas en forma de escamas, y
L.A.S CIEN CIUDADES MAYORES DEL
como son alli muy gruesas presentan una bella apaMUNDO.
riencia. 'fienen el hucha dividido en dos partes
las cuales se elevan visiblemente, y siendo las
UN A reciente obra estadística alemana dá el siplumas que lo cubren mas blancas que las demas
guiente cálculo curioso respecto á las cien ciucln&lt;lcs
representa con bastante propiedad el pecho de la
mas populosas del mundo. Estas son Jedo en el
mujer.''
J apon, 1,680,000 habitantes; Pekin, 1,500,000;
"Aunque estas aves se acercan algunas veces
Londres, 1,400,000; Hans Ischem, 1,100,000; Calbastante al hombre cuando no se las persiaue no
cuta, 900,000; Madrás, 817,000; Nankin, 800,000;
.
o '
llegnn srn
embargo nunca á domesticarse eitteraCongo Ischem, 800,000; Paris, 717,000; Werst
mente: asi que se les coge derraman lágrimas sin
Chans, 600,000; Constantinopla, 697,000; Benagrito perceptible, reusan toda clase de alimento, y
res, 530,000; Kio, ó20,000; Su Ischem, 500,000;
mueren. Se encuentra en la molleja del solitario
Iloungh Ischcn, 500,000; &amp;c. La 40m•• ciudad
tanto el macho como la hembra, una piedra paren la lista es Berlin que tiene 193,000 habitantes y
&lt;lusca del tamaño de un huevo de gallina. Es algo
la última Bristol, 87,000. Entre las cien ciudades,
tosca, plana por un lado, redonda por el otro, dura
dos, contienen un millon y medio de habitantes;
Y pc_sada. Creemos que esta piedra debe hallarse
dos, mas de un millon; nueve, de medio millon á
alli desde su nacimiento pues por muy jóvenes que
un millon. Veinte y tres, de doscientos á quiniensrnn cuando se les mata no deja nunca de encontos mil; cincuenta y seis, de ciento á doscientos
trarse la tal piedra; ademas de que el paso desde
mil, y seis de ochenta y siete á cien mil. De estas
el buche. á la molleja es tan estrecho que ninauna
cien ciudades cincuenta y ocho se hallan en Asia y
o
sustancia aun de tamaño mucho menor podria
treinta y dos en Europa, de las cuales hay cuatro
pasar por él. Servianos para afilar nuestras navaen Alemania, cuatro en Francia, cinco en Italia,
jas mejor que otra piedra alguna. Cuando estas ocho en Inglaterra, y tres en España; las otras diez
aves construyen su nido escojen un paraje limpio,
se hallan divididos entre Africa y América.
Y despues de recoger algunas hojas de palmera,
forman con ellas un monton de pié y medio de
altura sobre el cual crian. No ponen nunca mas
BELLEZA DE LA VIRTUD.
&lt;le un huevo el cual es mucho mayor que el del
ganso. El macho y la hembra 1-0 cubren alternaL,1, bella reflexion siguiente se halla en las obras de
tivamente, tardando siete !emanas en fertilizarlo.
un filósofo moderno: "Todos aman la virtud nl
Durante este periodo y aun todo el tiempo que
paso que los viciosos rara vez se aman unos á otros.''
tardan despues en criar su polluelo (el cual no
Sobre el mismo asunto dijo oportunamente un
puede mantenerse por si en muchos meses) no
árabe que él aprendia la virtud de los malos, pues
iufren que se acerque otro animal de su especie á
' us excesos le inspiraban horror hácia el vicio.

'

�EL INSTRUC'rOit
poco hnn sido en gcncrnl ni pcqueíios ni grnndes
aunque ha habido muchos de una y otra clnse. La
1
11 estatura ó la corpulencia nada tienen qne ver en
M OSAICO ■
, ello, y la clase media ha producido el mayor nú' mero de grandes genios simplemente porque es la
mas numerosa, del mismo modo que los que comSe111imicnlo de jmticia.
pran diez billetes en una loteria tienen mas prolll\•
Es absurdo culpar á un historiador por sus opibilidad de sacar un premio que los que tienen uno
niones pues esto equh·ale á censurarle por su honsolo.
radez, pero cuando des6gura los hechos (como sucede
algunas veces) con el fin de sostener opiniones 6
Cobardia.
sentimientos propios en lugar de fundarlas sobre los
PooAs personas hay que sufran tanto como los
hechos tales como son, cuidando de que las unas
cobardes. Si tienen que entrar en una accion y
sean una deducrion legítima de los otros, entonces,
desean pasar por hombres de nlor es indecible lo
si, merece reprobacion y censura.
, que padecen. Los primeros en la retirada, y los
últimos en el combate se hallan siempre acosados
por el temor y la vergüenza, y aunque habhm como
hombres de valor conocen sin embargo que nadie
los cree y están siempre en peligro de ser insultados
y maltratados aun por los cobardes.

Goma euútica.
RsTA sustancia que hace muy pocos aíios se vendía
solo en las tiendas de los libreros cortada en pedazos pequeños para borrar líneas de lápiz, es de
dill eu día aplicada á nuevos é importantes usos.
A causa de su ligereza é impenetrabilidad se ha
hecho aplicable á la ml\yor parte de las prendas
exteriores del vestir; mientras que en América se
ha construido recientemente un bote con ella que
pesa solo veinte libras, puede llevar una tonelada
de peso equivalente á unas 13 personas, y se dobla
en un atado portátil.

Avi.•o d laa esposa,.

I
I

Dia de mal aglicro.

punto.

1

Narizes la,·gas.

" SE!lOR J uxz," dijo uno condenado á la pena de
horca por ladron, "todo lo que pido á V, S. es que
no me ahorquen en viernes." "l Por qué razon ?"
if't'JIUSO el juez con sorpresa, "Señor," respondió el
suplicante, "porque es dia de mal agüero.''

Caballo, de carrera.
es la importancia que se dá en Inglaterra
á las corridas de caballos : los propietarios de estos
animales destinados á la carrera ]os transportan
de una parte á otra en cuadras portátiles sobre
ruedas y tiradas por caballos de posta. Cada caballo tiene en ellas sn pesebre y su division bien
provista de mullida paja y un mozo que lo cuida.
Cuando Jlegan al paraje donde debe verificarse la
corrida, salen los caballos de su carruage al mismo
tiempo que el amo se apea del suyo.

SABIDA.

Errores populares.
Es una paradoja Cavorita para algunos, que los petimetres mas ridículos suelen ser los mejores soldados; del mismo modo que otros se complacen
en repetir que los grandes hombres han sido la
mayor parte pequeños de cuerpo. Estas opiniones
nacen de la propenaion á lo maravilloso 6 extraordinario que es uno de los principios mai tenaces
de la humana naturaleza, y causa de una gran
parte del error que existe en el mundo. El hecho
parece ser que los hombres valientes no han sido
en general ni petimetres ni descuidados sino simplemente aseados y cuidadosos, aunque hay excepciones de ambas c1ascs. Los grandes hombres tam-

"Sx á las diez esta noche no hubiese yo vuelto aun
de la tertulia," dijo un marido íi su costilla, "no
me esperes.'' "Eso no haré yo, á fé mio," repuso
ella ml\liciosamcnte: "no te esperaré, sino que
iré á buscarte." Volvió el marido á las diez en

1

NAPOLE0N solía decir, "por extraiío que parezca,
cuando necesito quien desempeñe una obra que
requiere discernimiento y tino siempre escojo entre
los que han recibido una educacion apropiada á
uno que tenga las narices lllrgas. Su respiracion
es atrevida y libre, y su cerebro asi como sus pulmones y corazon fresco y claro. En mis observaciones sobre los hombres he haJlado que una nariz
larga vá siempre acompañada de una peneti:acion
larga tambien."

Modo de preservar el peregü en el invierno.
EsTA. excelente yerba puede conservarse por un
tiempo ilimitado y en cualquiera clima por este
sencillo procedimiento. Arránquese 6 córtese el
peregil cuando se halla en completa sazon y desarrollo; cuélguese y déjesele secar; cuando haya
de usarse restriéguese la necesaria cantidad entre
las palmas de las manos, échese en la olla, y volverá inmediatamente á adquirir su primitivo olor,
color· y sabor aun cuando haya sido guardado
muchos.años.

C/iino1.
Los chinos consideran el mes de Febrero como el
mas afortunado para contraer matrimonio. Ea la
primera luna del año y el primer mes de la primavera, Entre ellos hay cuatro causas para autorizar el divorcio: la cuarta es habladuria en la
mujer.

LO~DRFS:
EX LA rnrRE);T.\ DE CARI.05 \VOOP, rorrJ)l'a covnr, FLEET STRF.ET,

•

�</text>
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                <text>Periódico enciclopédico de divulgación de historia antigua y moderna, noticias, literatura, artes, geografía, agricultura, comercio, finanzas, y tecnología. Editada por José María Jiménez de Alcalá. Primera revista ilustrada publicada en castellano en Londres por Carlos Wood.</text>
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              <text>Periódico enciclopédico de divulgación de historia antigua y moderna, noticias, literatura, artes, geografía, agricultura, comercio, finanzas, y tecnología. Editada por José María Jiménez de Alcalá. Primera revista ilustrada publicada en castellano en Londres por Carlos Wood.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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