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'fª-UTI§§yletras

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Minerva Margarita Villarreal 3 armas y letras: 60 aniversario
Tomás Segovia 5 Tres poemas
Martín Heidegger 9 El origen del arte y el destino del pensamiento
J osé Garza 17 Viaje al testigo del (tercer) mundo: Ryszard Kapuscinski
Armand o Alanís Pulido 28 El único tema verdadero de la poesía.

Conversación con j uan Gelman

Rector

José Antonio González Treviño

Pier Paolo Pasolini 33 La pasión
Hugo Valdés 37 Yo, Vidaurri (1855-1867)
J avier Irigoyen García 49 Ambigüedad narrativa
en los Infortunios d e Alonso Ramírez
Álvaro Ruiz 56 Dos poemas

Secretario General

Jesús Ancer Rodríguez
Secretario de F.xtensi6n y Cultura

Rogelio Villarreal Elizondo
Direetoro de Publicaciones

Minerva Margarita Vdlarreal
Mesa de Redacci6n
Zacarfas Jim6nez y Héctor M. Hemández
Consejo Editorial
Carmen Alardm, Jos6 Emilio Amores,
Miaue1 Covarmbias, Margarito Cuéllar,
Roberto Escamilla, Genaro Huacal,
José María Infante, Humberto Martínez,
Alfonso Rangel Guerra, Francisco Ruiz Solís
y Humberto Salazar

Diseño de portada
Francisco Barragán Codina
Diseño de interiores y formaci6n
Francisco Javier Galván

ANDAR A LA REDONDA
Gisella L. Carmona
J uan Domingo Argüelles
Nicolás Duar te Ortega
Claudia Zapata

61
63
67
72

armas y letras: los ciclos y las dimensiones

La aventura de editar libros de poesía
El pasado como posibilidad
El zapatismo en México, ¿posmodernidad
y poscolonialidad en América Latina?

DE ARTES Y ESPEJISMOS
Roberto Escamilla 83 XLII Muestra Internacional de Cine

CABALLERÍA
Gilberto Prado Galán 89 El universo poético de Jaime Sabines: elogio
Francisco Ruiz Salís
J esús de León
Lu is Aguilar
Zacarías Jiménez
Minerva Margarita Villa rreal

90
91
94

95
96

de la transparencia crítica
Saber mirar y otras ciencias
Los relatos de Cordero
Nuevas respuestas
Honor a quien honor merece
La palabra en la trampa

Ilustraciones de Salvador Díaz

�Minerva Margarita Villarreal 3 armas y letras: 60 aniversario
Tomás Segovia 5 Tres poemas
Martín Heidegger 9 El origen del arte y el destino del pensamiento
José Garza 17 Viaje al testigo del (tercer) mundo: Ryszard Kapuscinski
Armando Alanís Pulido 28 El único tema verdadero de la poesía.
Conversación con Juan Gelman
Pier Paolo Pasolini 33 La pasión
Hugo Valdés 37 Yo, Vidaurri (1855-1867)
Javier Irigoyen García 49 Ambigüedad narrativa
en los Infortunios de Alonso Ramírez
Álvaro Ruiz 56 Dos poemas

ANDAR A 1A REDONDA
Gisella L. Carmona
Juan Domingo Argüelles
Nicolás Duarte Ortega
Claudia Zapata

61
63
67
72

armas y letras: los ciclos y las dimensiones
La aventura de editar libros de poesía
El pasado como posibilidad
El zapatismo en México, ¿posmodernidad
y poscolonialidad en América Latina?

DE ARTES Y ESPEJISMOS
Roberto Escamilla 83 XLII Muestra Internacional de Cine

CABALLERÍA
Gilberto Prado Galán 89 El universo poético de Jaime Sabines: elogio
de la transparencia crítica
Francisco Ruiz Solís 90 Saber mirar y otras ciencias
Jesús de León 91 Los relatos de Cordero
Luis Aguilar 94 Nuevas respuestas
Zacarías Jiménez 95 Honor a quien honor merece
Minerva Margarita Villarreal 96 La palabra en la trampa

Ilustraciones de Salvador Díaz

�armas y letras:
60 ANIVERSARIO
LJ

na universidad no es sólo casa del conocimiento de una sociedad, sitio donde

se amasan las ideas que le dan sentido, que le dan forma y fuerza a su identidad.
Como casa del pensamiento, la universidad debe tener la puerta abierta hacia nuevos horizontes de la ciencia, el arte y la cultura. Mas estos nuevos horizontes no
siempre son futuros ni necesariamente están en otra parte, estos nuevos horizontes
pueden resultar de la raigambre de búsquedas precisas de investigación, del placer
por el hallazgo en los mismos espacios de nuestras bibliotecas. armas y letras nació
hace ya 60 años y fue bautizada, gracias a la curiosidad de un lector acucioso, de
un pilar de la edificación universitaria, Raúl Rangel Frías, en la pila de las mismas
aguas que reverberan en un lugar de La Mancha de cuyo nombre sí queremos
acordarnos. armas y letras es una revista que surge de la deuda que jamás terminaremos de saldar con Miguel de Cervantes. Desde el nombre, esta revista fraguó su
filiación. Literaria, de los confines de los Siglos de Oro, hace honor a un regionalismo
que es universal. Así, la Universidad Autónoma de Nuevo León, después de once
años de fundada, inició su andar por el mundo con este sello. Si la Universidad se
entiende como ese espacio físico cuya raíz es el mismo suelo que la vio nacer, la
revista armas y letras debe representarla por el mundo como una fuerza en movimiento, como el heraldo que da noticia del conocimiento que la misma Universidad
produce, pero también como el puente por donde atraviesan y dan fe otros
peregrinajes del hacer cultural. Hoy, que la revista llega a su 60 aniversario, celebramos esta fecha con colaboraciones de autores que representan la más alta contribución del quehacer filosófico: Heidegger, con una conferencia hasta ahora inédita en
español; del quehacer poético: con una muestra de la más reciente creación de
Tomás Segovia, o la voz de Juan Gelman a manera de charla; así como la visión de
uno de los artistas más grandes del siglo XX: Pier Paolo Pasolini, sobre la pasión de
Cristo, una de sus obsesiones más pronunciadas. Teniendo a la expresión estética y
al arte como valores fundamentales, a donde vaya armas y letras la Universidad
Autónoma de Nuevo León mantendrá viva la flama de su verdad.

Minerva Margarita Vil/arreo/

�TRES POEMAS
Tomás Segovia

FULGOR
Este fulgor amoratado apenas
Donde se pierde el horizonte
Contra el cual se recorta
La seriedad de luto de los austeros pinos
¿Es que de veras nos está llamando?
Qué punzante deseo de volar allá
Sorbidos por su imán remoto
Y palpar esa bruma ensimismada
Tras de la cual vertiginosamente
Se abre lo inhabitable
Pero que con su hipnótico claror
Que se apoderará de nuestros ojos
Y los mantendrá en vilo
Alucinados y expectantes
No nos ha de entregar a la negrura
Ni dejar que el abismo
Nos hiele la mirada.

�BRILLO Y VIENTO

ESCUCHA

Un sol de límpida cristalería

Y sigo despertándome y durmiéndome

Entreverado con el ciego viento

Un día y otro día

Pone mil dardos encendidos en las hojas

En esta misma ruta bajo su alta alternancia

Que doblegadas por las ráfagas

Perspectiva animada

Sacuden sus puñados de pavesas

Con seres y sucesos
Con voces y apetito y personajes

Cuando este loco vendaval amaine
El paisaje posado por fin en su reposo

Si es tan completo y limpio y verdadero

No sabrá cuánto habrá disminuido

Este ademán sin tacha de decírselo
A lo que me rodea y me sostiene

Tampoco yo hubiera querido
Una vida sin ciegos vapuleos
Desde aquí estoy mirando aquellos vendavales
Que hubo en los bosques de mi historia
Que arrasaron mis días
Y que arremolinaron mis palabras
Y pusieron mis años en desorden
Pero siguen lanzando desde el fondo del fondo
Sus puñados de granos luminosos
Aventados en torno con un gesto sereno
De sembrador de fuegos.

Es que avanzo sumido en una escucha.

�EL ORIGEN DEL ARTE
Y EL DESTINO DEL PENSAMIENTO

1

(Conferencia)

Martín Heidegger
Traducción de Humberto Mart(nez

S eñor presidente, mis queridos colegas, señoras y señores:

ción que proporcionará al arte aquello que lo constituirá
como tal. No buscaremos una definición formal, ni disertaremos o la manera del historiador sobre la historia del

Que la primera y única palabra de un miembro de la

origen del arle en Grecia.

Academia de las Artes de Berlín sea una palabra de

Para evitar lo arbitrario que, por otra parte, pudiese

reconocimiento por la acogida del señor profesor

provocar la inspiración, solicitamos aquí en Atenas, el

Theodorakopoulos, por la invitación del gobierno griego

consejo y la asistencia de lo antigua protectora de la ciu-

y por la hospitalidad de la Academia de las Ciencias y
de las Artes.

dad y de la tierra ática, la diosa Atenea. No podemos,

Pero, ¿cómo testimoniarles a ustedes, quienes son nuestros anfitriones aquí en Atenas, el reconocimiento de los
invitados?

remos será sólo reconocer lo que ella nos dice sobre el
origen del arte.
Tal es la primera cuestió n que nos conduce.

Nuestro reconocimien to será el intentar pensar con
ustedes. Pensar -pero,

en verdad, agotar la plenitud de su divinidad. Lo que ha-

een qué? Nosotros, los miembros

La segunda se impone ella misma. Hela aquí: ¿qué es
hoy el arte a la mirada de su antiguo origen?

de la Academia de las Artes, quienes nos encontramos

En tercer lugar, finalmente, meditaremos esta cuestión:

aquí, en Atenas, en presencia de la Academia de las Cien-

¿de dónde recibe su motivación el pensamiento que

cias, en la época de la técnica científica, ¿en qué otra

reconsidera hoy el origen del arte?

cosa podríamos meditar que no fuese en ese mundo que
antaño colocó los fundamentos, para que dieran comienzo las artes y las ciencias de la Europa occidental?
Para los historiadores ese mundo es ciertamente cosa

1tOAúµ11·w; [polímetis], la con-

del pasado. Pero para la historia, si la consideramos como

Homero llama o Atenea

lo que nos es destinado, permanece y permanecerá siem-

sejera en los múltiples recursos [habilidades, artes]. ¿Qué

pre como algo nuevo en el presente: un mundo que espe-

significa dar consejo? Quiere decir: premeditar alguna

ra de nosotros que vayamos pensando a su encuentro y

cosa y proveer de antemano para hacer que ella logre

que pongamos por ello a prueba nuestro propio pensa-

un buen resultado. Por esto Atenea reino en todo lugar en

miento y nuestra propia creación artística. Ya que el co-

el que los hombres producen alguna cosa, ponen al día

mienzo de un destino es lo que hay de más grande, y

alguna cosa, la conducen a buen fin, ponen en obra, en

tiene, bajo su poder, todo lo que viene después de él.

suma, actúan y hacen. Así es como Atenea es la amiga

Meditemos sobre el origen del arte en Grecia. Intente-

que aconsejo y ayuda a Hércules en sus hazañas. Vemos

mos arrojar una mirada sobre ese momento en que, antes

a la diosa sobre lo metopa del· Atlas del templo de Zeus

de todo orle, ejerce ya su poder, se manifiesta una silua-

en Olimpia: invisible aún en su muy cercana labor de asís-

9

�tencia y, al mismo tiempo, alejada por la alta distancia de
su divinidad. Atenea dispensa sus consejos muy particulares a los hombres que producen las herramientas, los vasos y las joyas. Todo hombre que es hábil en producir,
que conoce su trabajo, que domina su materia, es un
'tEXVÍ'tl1; [tecnítes]. Nosotros comprendemos este término en un sentido demasiado estrecho cuando lo traducimos por artesano. Incluso aquellos que erigen monumentos y hacen esculturas se llaman tecnitai [técnicos]. Sellaman así porque su acción que da la medida está dirigida
por una comprensión que lleva el nombre de 'tÉXVl1
[técne]. Esta palabra nombra una forma de saber. No
significa el trabajo y la fabricación. Más bien saber quiere decir: tener en vista desde el principio lo que está en
juego en la producción de una imagen y de una obra. La
obra puede ser también una obra de ciencia o de filosofía, de poesía o de elocuencia. El arte es 'tÉXVTJ, pero no
técnica. El artista es 'tEXVÍ'tll;, pero no más técnico que
artesano.
Porque el arte, como 'tf.XVTJ, reposa en un saber, porque un tal saber es una mirada previa en aquello que
muestra la forma y da la medida, pero que es todavía lo
invisible, y que debe en principio ser llevado a la visibilidad y perceptibilidad de la obra, razones por las cuales
una tal mirada previa en lo que hasta el momento no ha
sido dado a ver requiere singularmente la visión y la claridad.
Esta mirada previa del arte tiene necesidad de iluminación. Y de dónde podría serle ella dispensada al arte,
sino de la parte de la diosa que, como 7tOAÚµT]'tl~ como
la consejera en los múltiples recursos, es al mismo tiempo
yAaUKwm; [glaucopis]. El adjetivo yAauKó; [glaucós]
designa el brillo resplandeciente del mar, de los astros,
de la luna, pero también el tornasolado del olivo. El ojo
de Atenea es el ojo que esclarece y resplandece. Esto es
por lo que le pertenece, como un signo de lo que ella es,
la lechuza, 'tj yAaÚ~. Su ojo no sólo tiene el ardor de la
brasa, atraviesa también la noche y vuelve visible lo que
sería, de otra manera, invisible.
Es por ello que Píndaro, en la Séptima Olfmpica, (VII,
versos 50 ss.) que celebra la isla de Rodas y a sus habitantes, dice:

[ ... ] y la propia Glaucopis [la misma diosa

de los o¡os claros} les otorgó el don
de superar en cualquier arte a los demás mortales
con sus inigualables y laboriosas manos.
(versión de Emilio Suárez de la Torre)

10

[... ] y les dio que en todo arte vencieran

a los terrestres, por sus manos optimadoras,
la misma o¡iglauca.
(versión de Rubén Bonilaz Nuñol 2

Sin embargo, debemos plantear una cuestión más precisa aún: esa mirada de la diosa Atenea, esa mirada que
conlleva consejo e ilumina, ¿hacia qué está dirigida?
Para encontrar la respuesta, tengamos presente el relieve sagrado del museo de la Acrópolis. Sobre él, Atenea
aparece como la O-KE7t'tOµÉVTJ [skeptoméne], la que medita. ¿Hacia qué la mirada meditativa de la diosa está
vuelta? Hacia lo circunscrito, hacia el límite. El límite no es
solamente el contorno y el marco, no es solamente un
lugar donde alguna cosa se detiene. El límite significa
aquello por lo que una cosa es reunida en lo que tiene de
propio, para aparecer por ello en toda su plenitud, para
venir a la presencia. Meditando sobre el límite, Atenea ya
ha visto hacia qué debe en principio mirar la acción humana para poder llevar lo que ella ya ha visto en la visibilidad de una obra. Más aún: la mirada meditativa de la
diosa no penetra solamente la forma invisible de las obras
que son posibles para los hombres. La mirada de Atenea
se posa ante todo sobre lo que de sí mismo dejan aparecer en el sello de su presencia las cosas que aún no han
sido producidas por el hombre. Esto, los griegos lo llamaban de antiguo la $úcrt~ [físis]. La traducción romana de
la palabra $úcrt; por natura y, en fin, a partir de ella, el
concepto de naturaleza que ha llegado a ser dominante
en el pensamiento de la Europa occidental disimulan completamente el sentido de lo que la $úm; designa: lo que
aparece por sí mismo en el límite que es cada vez el suyo,
y que tiene en este límite su morada.
Lo que la $úcrt; tiene de misterioso, lo podemos aún
hoy probar en Grecia -y solamente aquí, en este instante
donde de una manera a la vez perturbadora y calmada
aparece una montaña, una isla, una playa, un olivar. Se
escucha decir que ello tiene el carácter único de la luz. Lo
que no es falso, pero esto es sólo superficial. Se olvida
considerar de dónde procede esta luz excepcional, a qué
pertenece en su ser. No es más que aquí, en Grecia, donde el mundo en su totalidad está dirigido al hombre en
tanto que $ú01;, y le infunde esa mirada a la que pueden y deben corresponder la percepción y la acción humanas. El hombre está aquí forzado de entrada a llevar
por su propio poder dicha presencia, y a dejar aparecer,
por medio de sus obras, un mundo que aún no ha surgido.
El arte responde a la $ú01;, y no es, sin embargo, una

copia ni una imitación de lo que está ya presente. La $úcrt;
y la 'tÉXVTJ se pertenecen la una a la otra de manera
misteriosa. Pero el elemento en el cual $úcrt; y 'téXVT\ se
pertenecen la una a la otra, y el dominio en el cual el arte
debe introducirse para poder, en tanto que arte, llegar a
ser lo que es, este elemento y este dominio permanecen
ocultos.
Desde el amanecer de Grecia, poetas y pensadores
han tocado este misterio. Es en el relámpago, en el que la
claridad, que es un don para todo lo presente, muestra su
señorío y concentración al hacerse conocer súbitamente.
Heráclito dice: -rá 8É náv-ra oiari~Et Krnauvó;
(B 64), "es el relámpago que lo gobierna todo" 3. Esto
significa: el aparecer de lo que de sí mismo está presente
en su sello, es el relámpago que de un solo golpe lo conduce y lo gobierna. El rayo, es Zeus, el más alto dios,
quien lo lanza. ¿Y Atenea? Ella es la hija de Zeus.
Casi por la misma época que aquélla de donde proviene la palabra del pensador Heráclito, el poeta Esquilo, en la escena final de la Ores/iodo, que se desarrolla
sobre el Areópago, hace hablar así a Atenea:

Soy también lo único entre los dioses que conoce las llaves
De lo habitación donde bajo sello se guarda el rayo.
Gracias a este saber, Atenea, la hija de Zeus, es la
diosa 7tOAÚµT\'tl;, la consejera de las múltiples habilidades, aquella cuya mirada es clara, yAauKwnt;, y que
medita sobre el límite, O-Kt1t'tOµÉVT\ .
Debemos avanzar pensando hacia la proximidad lejana del reino de la diosa Atenea, para presentir, aunque
fuese un poco, el secreto del origen del arte en Grecia.

11

¿Y hoy? Los dioses antiguos han huido. Holderlin, quien
ha constatado esta desaparición como ningún otro poeta
antes o después de él, y que la ha llevado de manera
fundadora a la palabra, pregunta, en su elegía Pan y vino,
consagrada al dios del vino, Dionisos:

¿Dónde brillan los oráculos que conducen lejos?
Delfos dormido - ¿dónde retienes el gran destino?
¿Hay hoy, después de dos milenios y medio, un arte
que se atenga a la misma exigencia como lo hizo en otro
tiempo el arte de Grecia? Y si no, ¿de qué región proviene la exigencia a la cual el arte moderno, en todos sus
dominios, responde? Sus obras no brotan más de los lími-

tes fecundos de un mundo de lo popular y lo nacional.
Pertenecen a la universalidad de la civilización mundial.
Su composición y su organización forman parte de lo que
la técnica científica proyecta y produce. Ésta ha decidido
el modo y las posibilidades de la morada del hombre en
el mundo. La constatación de que nosotros vivimos en un
mundo científico, y que por la denominación de "ciencia", es la ciencia de la naturaleza, la física matemática,
lo que se entiende, pone el acento sobre una cosa que
no se conoce suficientemente.
En función de ella es que puede fácilmente explicarse
que el ámbito de donde proviene la exigencia a la cual el
arte de hoy ha respondido, no es otro que el mundo científico.
Vacilamos en dar nuestro asentimiento. Permanecemos
en la turbación. Esto es por lo que preguntamos: ¿qué es
lo que significa "el mundo de la ciencia"? Nietzsche, a
finales de los ochenta del siglo XIX, pronunció una palabra que puede ayudar a resolver esta cuestión. Hela aquí:
No es la victoria de la ciencia lo que caracterizo nuestro
siglo diecinueve, sino la victoria del método científico sobre
lo ciencia (Voluntad de poder, n. 466).
La frase de Nietzsche reclama esclarecimiento. ¿Qué
significa aquí "método"? ¿Qué significa "la victoria del
método"? "Método" no significa aquí el instrumento gracias al cual la investigación científica elabora el dominio,
temáticamente establecido, de sus objetos. Método significa, más bien, el modo y la manera en el que, desde el
principio, se delimita en su objetividad lo que en cada
ocasión constituye el dominio de los objetos sometidos a
investigación. El método es el proyecto que de entrada se
posesiona del mundo y establece lo que solamente puede ser sometido a la investigación. ¿Y cuál es este proyecto? Respuesta: que todo sea en general sometido al cálculo, todo lo que es accesible a la experimentación y
controlable por ella. A este proyecto de un mundo permanecen sujetas las ciencias particulares en su desarrollo.
Esto es por lo cual el método así comprendido es la "victoria sobre la ciencia". La victoria comporta en sí misma
una decisión. Ella afirma: no vale como verdaderamente
real más que lo que es científicamente demostrable, es
decir, calculable. Gracias al cálculo, el mundo llega a
ser, siempre y en todas partes, sometido al señorío del
hombre. El método es la provocación victoriosa lanzada
al mundo para que él esté en general a la plena disposición del hombre. La victoria del método sobre la ciencia
se inició en el siglo XVI 1, gracias ó Galileo y a Newton, en
Europa, y en ninguna otra parte sobre esta tierra.

11

�Lo victoria del método se desarrollo hoy en sus posibilidades más extremos como cibernético. Lo palabro griego
1Cl)~épvrrní~ [kibernétes] es el nombre para aquel que tiene las riendas, esto es, el mando4 . El mundo científico se
convierte en mundo cibernético. El proyecto cibernético del
mundo supone, en su captor previo, que la característica fundamental de todos los procesos calculables del mundo sea
la de mondo. El dominio de un proceso por otro se hace
posible por lo transmisión de uno información. En la medida
en que el proceso bajo dominio reenvía mensajes a aquel
que lo manda y le informa, el mando tiene el carácter de la
retroacción de las informaciones.
La regulación en los dos sentidos de los procesos en
relación mutua se cumple entonces en un movimiento circular. Esto es por lo que el circuito de la regulación es el
carácter fundamental del mundo que proyecta la cibernética. Sobre ella reposa la posibilidad de la autorregulación,
lo automatización de un sistema motor. En lo representación del mundo por la cibernética, la diferencia entre las
máquinas automáticas y los seres vivos es abolida. Es neutralizada por el proceso de lo información que no establece diferencio. El proyecto cibernético del mundo, la
"victoria del método sobre la ciencia", hace posible que

12

el mundo de lo inanimado y de lo animado sea sometido
a un cálculo generalmente equivalente, y en este sentido,
universal, en un cálculo, es decir, en un control. El hombre
también tiene su lugar asignado en esto uniformidad del
mundo cibernético. A tal punto de que este lugar del hombre es por completo particular. En efecto, en el horizonte
de la representación cibernética, el hombre tiene su lugar
en el circuito de la regulación más largo. Conforme a la
representación moderna del hombre, éste es en efecto el
sujeto, quien se relaciona con el mundo como con el dominio de los objetos en los que trabaja. Lo transformación
del mundo que coda vez se produce se da así, o su vez,
a conocer al hombre. Lo relación sujeto-objeto es, paro la
representación cibernético, el intercambio recíproco de
las informaciones, la retroacción en el sentido del circuito
de regulación superior, que puede ser descrito por el título "hombre y mundo". La ciencia cibernético del hombre
busca en el presente los fundamentos de una antropología científica allí donde el requisito principal del método,
el proyecto de someter todo al cálculo, puede ser satisfecho de la manera más segura en lo experimentación, a
saber, en la bioquímica y la biofísica. Aquello que en lo
vida del hombre es, según las normas del método, lo vivo

normativo, lo constituye los gametos. Ellos no son más como
antes las miniaturas del ser vivo plenamente desarrollado.
Lo bioquímica ha descubierto el plan de lo vida en los
genes de los gametos. Este plan es lo programación inscrito y almacenado en los genes, el programa de la evolución. Lo ciencia conoce ya el alfabeto de este programo. Se hablo de "archivos de la información genético".
Sobre su conocimiento se funda la perspectiva asegurado de obtener un día un ascendente sobre la producción
y lo selección del hombre por la técnica científico. Lo penetración de la estructura genético de los gametos humanos por lo bioquímico y la fisión del átomo por la físico
nuclear se obtienen el uno y el otro por la misma vía, la de
lo victoria del método sobre la ciencia.
En una nota del año 1884, Nietzsche señalo: "El hombre es el animal que no ha sido aún establecido". Esta
frase contiene dos pensamientos. De uno porte, la esencia del hombre no ha sido aún bien establecida, aún no
reconocido. Por otro parte, la existencia del hombre no
está aún firmemente establecido, esto es, asegurado. Por
cierto, un investigador americano explico hoy: "El hombre
será el único animal que puedo dirigir su propia evolución". Pero la cibernética se ve por otro lado, forzado a
reconocer que uno regulación general de la existencia
humano no se cumple todavía en la hora actual. Esto es
por lo que el hombre funciona todavía provisoriamente,
en el dominio universal de lo ciencia cibernético, como un
"factor de perturbación". Los piones y las acciones del
hombre, aparentemente libres, actúan de manera
perturbonte.
Pero sólo recientemente lo ciencia ha tomado posesión de este campo de la existencia humano. Emprende
lo exploración y lo planificación, rigurosamente metódica, del porvenir posible del hombre activo. Toma en cuenta
los informaciones sobre lo planificable del hombre. Esto
suerte de porvenir es el futuro paro el Logos que, en tanto
que futurología, se subordina o la victoria del método sobre lo ciencia. El parentesco de esto reciente disciplina
científico con la cibernética es evidente.
Sin embargo, no mediremos todo el alcance de lo ciencia cibernética y futurológica del hombre más que si nos
ponemos en guardia ante la presuposición sobre lo cual
ello se fundo. Esta presuposición consiste en que el hombre está determinado como ser social. Pero la sociedad
quiere decir: sociedad industrial. Es el sujeto al cual el
mundo de los objetos permanece relacionado. Se piensa
que el egoísmo del hombre podría ser sobrepasado por
su ser social. Pero este ser social no hoce de ninguna
manera que el hombre moderno sacrifique su subjetividad.
Más bien, la sociedad industrial es el egoísmo, es decir,

la subjetividad llevado o su elevación más extremo. En
ella, el hombre no se remite más que a sí mismo y o los
dominios por él erigidos en instituciones de su mundo vivido. Desde luego, lo sociedad industrial no puede ser lo
que ello es más que si se somete a los reglas de la ciencia
dominada por la cibernético y la técnico científica. Pero
lo autoridad de la ciencia se apoyo sobre lo victoria del
método, que por su porte produce como su justificación el
efecto de lo investigación que ella dirige. Este título de
justificación es tenido por suficiente. La autoridad anónima de lo ciencia es considerada como intocable.
Sin embargo, ustedes no habrán dejado de preguntarse: ¿por qué estos consideraciones sobre la cibernética, la futurología y la sociedad industrial? ¿No nos estamos alejando demasiado de nuestro cuestión del origen
del arte? Esto parece ser el coso y, no obstante, no lo es.
Los consideraciones sobre la existencia del hombre
actual nos han preparado más bien paro colocar de manera más reflexivo nuestro cuestión sobre el origen del
arte y el destino del pensamiento.

111

¿Hacia qué está dirigido en el presente nuestro pregunta? ¿Es hacia el ámbito de donde proviene para el arte
de hoy la exigencia? ¿Es este ámbito el mundo cibernético de la sociedad industrial que se planifica por la
futurología? Si este mundo de la civilización mundial debe
ser el ámbito que someto el arte o su exigencia, tenemos
entonces que tomar, por las indicaciones anteriores, conciencia de este ámbito. Solamente que esto formo de conciencia no es aún una comprensión por el conocimiento
de lo que domina de parte o parte este mundo como tal.
Debemos repensar lo que domina al mundo moderno para
poder arrojar una mirado a esta región de donde el arte
proviene y que nosotros tratamos de indagar. El carácter
fundamental del proyecto cibernético del mundo es la circuloridod5 de la regulación, en lo cual la retroalimentación de las informaciones tiene curso. El circuito más largo
de regulación incluye la relación mutua del hombre y del
mundo. ¿Qué es lo que gobierna en uno tal inclusión? Los
relaciones del hombre con el mundo y, con ellas, la totalidad de la existencia social del hombre están encerrados
en el dominio en el que lo ciencia cibernética ejerce su
control.
Esta misma inclusión, es decir, esta mismo cautividad,
se muestra en lo futurología. De cualquier suerte, ¿es en
efecto el porvenir el que debe ser explorado, de una
manero rigurosamente metódico, por lo futurología? El

13

�porvenir es representado como lo que va a llegar al hombre. Pero poseer lo que va a llegar al hombre no agota lo
que es tomado en cuenta del presente y para el presente.
El porvenir explorado por la futurología no es sino un presente prolongado. El hombre permanece encerrado en el
círculo de las posibilidades calculadas por él y para él.
¿Y la sociedad industrial? Es lo subjetividad que se
establece sobre ella misma. Todos los objetos se ordenan
y subordinan a este sujeto. La sociedad industrial se ha
inflado hasta hacer de sí la norma incondicionada de toda
objetividad. Se descubre entonces que la sociedad industrial existe sobre el fundamento de la inclusión en el conjunto de sus propios poderes.

'

1

¿Qué es el arte en el seno de lo sociedad industrial
en el mundo que viene a ser cibernético? ¿Devienen lo~
enunciados del arte en uno suerte de información en este
mundo? ¿Serán sus producciones, por ello, destinados a
satisfacer el carácter de proceso del circuito de regulación industrial, y su posibilidad permanente de realización?
¿Puede la obra, si eso es así, seguir siendo una obra?
¿No es su sentido moderno el que desde su inicio sea ya
sobrepasado en provecho del cumplimiento progresivo
del proceso de creación, que no se regula más que a
partir de sí mismo y así permanece encerrado en sí mismo? ¿No aparece el arte moderno como una retroactividad de informaciones en el circuito de regulación de la
sociedad industrial y del mundo técnico-científico? ¿N o
reciben, a partir de allí, los "cuestiones culturales", de las
que se habla tanto, su legítima fundación?
Estos cuestiones, en tanto que cuestiones, nos asedian.
En el fondo, todas se reducen a una cuestión único: ¿en qué
consiste la inclusión del hombre en su mundo técnico-cienhlico? En este estar encerrado, ¿no sería una reclusión la que
reina, un cierre del hombre que en principio lo dirige al destino que le es propio, paro que se introduzca en esa dirección, en lugar de disponer por sus cálculos, técnica y científicamente, de él mismo y de su mundo, de él mismo y de su
auto-producción técnica? [¿No es lo esperanzo, si es que
ella puede ser en general un principio, el egoísmo incondicionado de la subjetividad humana?]
¿Pero puede el hombre de la civilización mundial,
desde sí mismo, abrirse camino en esta barrero que le
cierro el paso a lo realización de su destino? Ciertamente
no con las vías y con los medios de su planificación y de
su producción científica y técnica. ¿Puede el hombre en
efecto hacerse fuerte, en general, como poro querer romper esta barrera frente a su destino? Eso sería una desmesura. Esta barrero no puede ser nunca destruido por el
hombre. Pero ella no puede tampoco abrirse sin la participación del hombre. ¿De qué clase es esto abertura? ¿Qué

puede hacer el hombre poro prepararla? Lo primero, pensamos, es no esquivar las cuestiones enunciadas. Es necesario reconsiderarlos por el pensamiento. Es necesario en
principio pensar esto clausuro como tal, es decir, repensar lo que domino en ello . Sin duda no se trota, en esta
acción, de destruir lo barrero. Es necesario conservar la
intuición de que un pensamiento tal no es un simple preludio o lo acción, sino que constituye la acción decisiva
misma por la cual la relación del hombre con el mundo en
general puede comenzar o modificarse. Es necesario que
nos liberemos de uno distinción entre teoría y práctico que
es desde hace mucho insuficiente. Es necesario conservar
la intuición de que un pensamiento tal no es un acto que
nosotros hacemos desde nuestro propio decisión; lejos de
ello, él no puede ser realizado más que de este modo:
que el pensamiento se comprometa en el ámbito en el
que lo civilización mundial ha llegado o ser hoy planetario
o emprender su comienzo.
Es necesario retroceder. ¿Retroceder? ¿Hacia dónde?
Retroceder hacia el comienzo que se anunciaba a nosotros cuando nos referíamos o lo dioso Ateneo. Pero este
poso atrás no quiere decir que se trate de uno manero u
otro de hacer revivir el mundo de lo Grecia antiguo y que
el pensamiento debería buscar su refugio junto o los filósofos presocráticos.
Paso atrás quiere decir que el pensamiento se repliega ante la civilización mundial y, tomando sus distancias,
frente a frente, sin dejar de ninguna manera de considerarlo, se introduce en lo que debía permanecer aún impensado en el comienzo del pensamiento occidental, pero
que es igualmente yo nombrado, y así dicho de antemano a nuestro pensamiento.
Más aún, la meditación que venimos intentando tenía
yo en visto esto impensado, sin explicarlo en sentido propio. Pero el reenvío a Ateneo, la consejera de los múltiples recursos, y quien desde su claro mirado medita el
límite, nos ha vuelto atentos o los montañas, a los islas, o
las formas y a los figuras que aparecen a partir de su
delimitación, o lo pertenencia mutua de la ~úmc; y lo
'tÉXVTI, o la presencia único de las cosas en esta luz famoso y estupendo.
Meditemos todavía esto de manera más reflexivo: la
luz no puede esclarecer lo que está presente más que si
lo que está presente está yo esclarecido en una obertura
y un desbloqueo en el que desde este punto pueda extenderse. Esta abertura es ciertamente esclarecido por la
luz, pero de ninguna manera es producida y formada por
ello. Ya que igual lo oscuro tiene necesidad de esto abertura, sin lo que no podríamos avanzar a través de la oscuridad y abrirnos un camino a través suyo.

Ningún espacio podría dar a los cosos el espacio de
su lugar y de su ordenamiento, ningún tiempo podría dar
el tiempo de la hora y del año en que se nace y se muere,
es decir, darle su extensión y su duración, si no hubiese ya
el acuerdo del espacio y del tiempo, en su mutua pertenencia, con la abertura que los atraviesa desde su poder.
Lo lengua de los griegos llamo a este don de libertad
que sólo otorga lo que es abierto, A -Atj0wx [Aletheia],
el ser o descubierto. Pero no descarta el ser a cubierto.
Esto se produce ton poco que lo puesta o descubierto
tiene sin cesar necesidad de la puesta a cubierto.
Heráclito yo se dirige hacia esta relación en su palabra:

&lt;l&gt;úmc; KpÚ7t'tEa0a ~tAEÍ (B, 123)
"A lo que de sí mismo aparece, pertenece lo propio
de ponerse a cubierto".
El secreto de lo famosa luz griega reside en el ser a
descubierto, en el des-cubrir qué reina en ella. Pertenece
o lo cubierto y se pone ella mismo a cubierto, pero de tal
manero que, gracias o esta contracción de sí, dejo o los

cosos su morada, la cual aparece a partir de lo delimitación. Y si reina un lazo apenas presentido entre el cierre
frente o frente del destino y el ser o descubierto, ¿qué es
lo aún impensado que todavía se aparta? ¿Es el cierre
ante el destino lo reserva, que dura desde hace tiempo,
del ser a descubierto? ¿Y si el signo que nos introduce en
el secreto de lo Aletheio aún impensado nos introduce al
mismo tiempo en el ámbito de donde proviene el arte?
¿Es de este ámbito que viene lo exigencia de la producción de las obras? La obra en tanto que obro, ¿no debe
hacerse signo hacia lo que no está disponible para el
hombre, hacia lo que se pone a cubierto, paro que la
obra no diga solamente lo que se sobe ya, se conoce ya,
se practico ya? ¿Es necesario que lo obra de arte guarde
silencio sobre lo que se pone o cubierto, sobre lo que, en
tanto que se cubre, rebelo en el hombre el pudor ante lo
que no se deja ni planificar ni dirigir, ni calcular ni hacer?
¿Tocaría aún en suerte al hombre de esto tierra encontrar, permaneciendo en ésta, uno morado en el mundo, es
decir, un habitar que esté determinado por la voz del ser
o descubierto cubriéndose?
No lo sabemos. Pero sobem·os que la Aletheio que se
pone o cubierto en lo luz griega y que revela de golpe la

14

15

�luz es más antigua, más original y, por ello, más durable
que toda obra o figura imaginada por el hombre y realizada por mano del hombre.
Pero sabemos también que el ser a descubierto se
cubre permaneciendo lo inaparente y lo casi nada para
un mundo donde la astronáutica y la física nuclear establecen las normas corrientes.

Aletheia-el ser a descubierto en el cubrirse- , una simple palabra, impensada en lo que ella dice de antemano
a la historia de la Europa occidental y a la civilización
mundial que ha surgido de ella.
¿Una simple palabra? ¿Impotencia frente a la acción

y a los actos en el gigantesco laboratorio de la técnica
científica? ¿O bien le va mucho mejor una palabra de
esta suerte y de este origen? Escuchemos para concluir
una palabra griega que el poeta Píndaro dice al comienzo de su cuarta Némeénne (v. 6 ss.):

la palabra pervive más tiempo que las obras
cuando, con la ayuda de las Gracias,
la lengua la extrae de las profundidades del espíritu.
(versión de Emilio Suárez de lo Torre!

rresponde al sentido del texto. De hecho, con los interpretaciones-traducciones de Heidegger de lo lengua griega se ha cambiado mucho
también lo interpretación muy decimonónico que teníamos de los griegos. Piénsese tan sólo en lo palabro poro verdad, la Aletheia, aquello
que trae a lo presencia, que descubre, deja ver, pero al mismo tiempo
oculta su ser.
4. El que dirige, conduce, administro. En Grecia se señalaba con esto
palabra principalmente al piloto de lo nave, al timonel, pero por extensión, al que llevo los riendas de lo nove del Estado.
5. Por supuesto, el español todavía no acepta esto palabro, pero el texto
francés lo uso, aunque tampoco existe en francés. lo dejamos (aunque en un caso lo tradujimos por •circuito", que es el equivalente aceptado por el diccionario) por ser un ejemplo de lo cantidad de neologismos que Heidegger usó en la lengua alemana poro dar cabido o
significados nuevos. Muchos de esos palabras, al traducirlos o cualquier otro idioma, tienen que alterar el uso normal. Pero ello es necesario en lo especial lógica semántica filosófica. De hecho, por poner un
ejemplo, lo palabro clave de Heidegger, Dasein, no tiene un equivalente en nuestro lengua y es discutido su traducción tal como lo hizo
José Goos, •ser-ahí, en lo primero versión al español de Ser y tiempo.
Pueden verse poro ello los comentarios de Jorge Eduardo Rivera en su
versión de Sein und leit, de lo .Universidad de Chile, y cuya reproducción de lo tercera edición ha editado recientemente lo editorial Trotto
de España. Uno crítico excesivo y exagerado, porque si o uno traducción lo acompaño uno noto explicativo o todo un contexto, como es el
coso, es la afirmación de Jaime Aspiunzo en Er, Revista de Filosofía,
29, 111/2000, donde afirma: 'no se puede decir que Gaos entendiera, ni por asomo, lo que Dasein significaba' (p. 72).

VIAJE AL TESTIGO DEL (TERCER) MUNDO:
RYSZARD KAPUSCINSKI
José Garza

R

yszard Kapuscinski es un profesional de la información

idiomas y culturas. En nuestra tradición literaria no tenemos

que sugiere rutas y destinos para el periodismo y para el
periodista. Sus libros son memoria, testimonio. Son una

el reportaje. Entonces nunca pensé en si quería ser escritor

ingeniosa y genuina reconstrucción de su trabajo periodístico desarrollado durante más de cuarenta años (y que
coronó en

11

2003 con la aceptación del premio Príncipe

esta distinción que hay en América Latina entre la crónica y
o si quería ser periodista. Cuando me sentaba no pensaba
en que iba a escribir una novela o un reportaje o un ensayo. Yo sólo quería escribir bien2.

Notas del traductor:

de Asturias de Comunicación y Humanidades, laurel que
fortalece la relación del autor con el mundo de habla

Repor tero del mundo, testigo de la humanidad,

l. Esta conferencio lo pronunció Heidegger el 4 de abril de 1967 en lo

hispana). Kapuscinski hace creación misma con esa

Kapuscinski va más allá de una narración periodística. Sí

Academia de Ciencias y Artes de Atenas, en Atenas, Grecia. El texto
del cual hemos hecho esto versión apareció en francés en el tomo
dedicado o Heidegger, Cohier de l'Herne, dirigé por Michel Hoor,
Éditions de l'Herne, Poris, 1983. Traduit de l'allemond por Jeon-louis
Chrétien y Michele Reifenrath. 0uisiéromos ofrecer esto versión como
un primer intento y que pudiera entusiasmar o alguien a hacer uno
traducción más elaborada y directo algún día. No conocemos ninguno traducción de esta conferencio al español y, por desgracia, no
contamos con lo edición alemana para revisarla. Yaunque no creemos
que lo versión francesa seo infiel, Heidegger nunca ha sido un filósofo
fácil de traducir.
2. Hemos usado lo versión de Emilio Suórez de lo Torre poro Píndoro,
según lo edición de Cátedra !Madrid, 1988), y hemos en un coso
repetido con la de Bonifaz Nuño (México, UNAM, 1990) como comparación; la de Esquilo y los demós, de Heráclito y Holderlin, las hemos traducido de lo versión francesa.
3. Por lo general lo palabro griega Ktpauvóc; [queroinós] se traduce
por ' royo•, que es sinónimo de 'relámpago•. Sin embargo, sería importante señalar uno distinción de tipo semántico, puesto que, mientras el rayo es activo y destruye, el relámpago sólo significo brillo,
luminosidad, claridad, resplandor. Zeus tiene de epíteto el royo, •el
que lanza el rayo', lo cual do idea de poder, de hacedor de justicio,
el que golpea. Pero también podría interpretarse coma el que ilumino
o 'descubre• el mundo por el fulgor del relámpago. Aunque todos los
versiones también de Heráclito traducen esa palabro por rayo, pero
que él lo asimilo al fuego (que también da la luz), pensamos que la
interpretación que Heidegger le do a lo palabro corresponde más
bien o la ideo de "relámpago• que o la del roya. En francés los traductores han usado lo palabro 'éclair, y no "royan• o 'rois', lo que co-

16

Trayectorias
REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

INFORMES Y SUSCRIPCIONES:

Biblioteca Universitaria Raúl Rongel Fríos,

reelaboración de sus viajes, de su labor reporteril, de su pen-

describe lo que observa, lo que siente y hasta lo que pien-

samiento y hasta de su vida misma. Los libros de Kapuscinski

so. Plasma su individualidad y sus ambiciones. Tiene los

están más allá de una antología de reportajes o de una

pies en la tierra y en ese sentido se alínea a criterios perio-

selección de notas de prensa, tal y como las difundió la agen-

dísticos, pero no es el periodista que acepta indiferente y

cia polaca a la que sirvió entre

1958 y 1981

como corres-

sin compromiso lo que observa (las revoluciones, los gol-

ponsal en el extranjero. Él, originario de un país sometido al

pes de Estado, los conflictos) como un escenario natural y

autoritarismo, viajó como corresponsal a sitios en condiciones similares de represión: el tercer mundo. Kapuscinski cu-

normal de las tensiones de un mundo bipolarizado hasta

brió revoluciones, golpes de Estado, movilizaciones y conflictos en países de América Latina, África, Oriente Medio,

autoritarismo (nació en Pinsk, actualmente Bielorrusia, en

los años noventa. Su pertenencia a una nación objeto de

1932) le dota de una intuición fundamental y de una mira-

Asia y el extinto imperio soviético. Dedicado desde 1981 a

da penetrante, periférica y marginal. Su propia autobio-

primer piso, Av. Alfonso Reyes 4000 norte, C. P. 64000,

la producción de libros, que publicaba desde sus tiempos

grafía le sirve de referencia junto a una profunda docu-

Monterrey, México. Teléfono: 8324 4112

como reportero, Kapuscinski demuestra con sus obras que

mentación y reflexión sobre los hechos y los lugares regis-

es un tejedor de relaciones entre el periodismo, la literatura,

trados. Declaro sus propios afectos e ideas apenas ro-

la historia, la política y la filosofía. El creador de lo que en
una ocasión él llamó "literatura de collage" 1 y los críticos

zando los linderos del lirismo y consigue hacer historia y

creative non fiction.

de la literatura, vinculado a la implicación del reportero

Kapuscinski denomina también con modestia lo que escribe
como "textos".

en los hechos y al valor de lo experiencia propia como

y Fax: 8329 4126

E-mail:
troyectorias@ccr.dsi.uanl.mx.

Página en interne!:

desconcertados bautizaron como

http://www.mx/publicaciones/trayectorias/

filosofía. Y literatura. Su periodismo está entre las patas

una de las principales fuentes de información y eje vivo
de sus relatos. Cito las palabras del escritor inglés John

Cuando me pregunlan qué es lo que escribo, yo les digo

Berger en el diálogo con el periodista incluido en el libro

que escribo textos (... ). El problema de los géneros y las
terminologías es que tienen diferentes sentidos en diferentes

Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo (Anagrama, 2002), en edición de María Nadotti:

17

�Ryszard Kopuscinski es un corresponsal en el extranjero, un
periodista, un viajero. No formo porte de los autores de
ficción, pero es uno de los grandes narradores de nuestro
tiempo. Aporte de su culturo y de su corazón, es un gran
narrador porque se encuentro en el lugar de los hechos con
su cuerpo, y muestro lo que le sucede o otros cuerpos. En
sus relatos se encuentran los sabores, el aliento que respiro
Iros los palabras, el miedo, el cansancio, lo vejez, el recuerdo de uno madre. De todo este material físico nace uno
esencia: el sentido del destino. A menudo lo expreso con
uno pregunto que exige ser formulado, o pesar de que no
puedo encontrar respuesto.
En una de las escenas iniciales de El imperio, en el
que se explaya autobiográfica y filosóficamente en torno
al nacimiento y caída de la URSS, Kapuscinski hace memoria de un segundo encuentro con el mundo soviético:
un viaje de nueve días a bordo del ferrocarril transiberiano.
Escribe: "Cada vez que nos aproximamos a una frontera,
a un límite, nuestra tensión aumenta y afloran las emociones". Kapuscinski tenía 25 años de edad al realizar ese
viaje de Pekín a Moscú, en 1958, justo en el inicio de su
actividad profesional. Lo monótono y lo insoportable que
le resultaba la infinita blancura del espacio glacial, con la
sensación de ir desapareciendo del resto del mundo sin
noción del tiempo, no impidieron que el joven polaco
observara con agudeza esos paisajes inhóspitos. Paisajes marcados con barreras de púas que significaban la
prohibición de la libertad.
En un viaje por las obras de Kapuscinski podrá encontrarse que este autor polaco es una frontera sin aduana, un
límite sin prejuicios que provoca el aumento de la tensión
cuando se le aproxima. Su obra es un territorio sin alambradas porque registra la búsqueda, la suya, de hombres y sociedades que intentan romper las barreras y las púas del
sometimiento (antes, del colonialismo y las dictaduras; hoy,
de la globalizaciónl, que luchan por cambiar el rumbo de la
Historia y aspiran a la libertad, la justicia y la dignidad.
Frente a aquellos que piensan que el periodismo es
sólo un determinador de contenidos y datos, Kapuscinski
actúa de manera distinta y dota a la profesión de una
misión moral: dar testimonio del mundo y mostrar los muchos peligros y esperanzas que encierra 3.
Claro, el mundo es inmenso e infinito, y describirlo en
su totalidad sólo era posible cuando la gente vivía en un
planeta tan pequeño como el de los tiempos de Marco
Polo. Kopuscinski siempre ha tenido esto certeza. Cuando publicó originalmente, en 1988, su libro lo guerra del
futbol, antología de reportajes sobre África y América Latino, dejó por escrito la siguiente idea: "Antes pasará un

camello por el ojo de una aguja que nosotros podamos
conocer, sentir y comprender todo aquello que configura
nuestra existencia, la existencia de varios miles de millones de personas". Al editar diez años después su libro
Ébano, reafirma su conclusión al explicar que su nueva
entrega no es un volumen sobre África porque ese continente, afirma, es todo un cosmos heterogéneo que en la
realidad, y salvo por una concepción geográfica cómoda y reduccionista, no existe.
El territorio de Kapuscinski tiene acceso libre. Sin púas
ni barreras. El tránsito de un lado a otro de la frontera está
permitido. En sus obras conviven, como en uno sociedad
multicultural, diversos recursos literariÓs y de pensamiento.
No se trata de uno arbitrariedad. Las circunstancias y el
bagaje de Kapuscinski así lo exigen. Su porto de escritor
fue cuando tenía 16 años de edad. Entonces publicó su
primer poema en uno revisto cultural de Varsovia. Así se lo
contó al periodista peruano Julio Villonueva Chong:
Escribí el poema, lo puse en el correo y uno semana después lo vi publicado en eso revisto (... ) y como me volví un
poeta conocido en Varsovia, me llamaron poro escribir en
un periódico cuando estaba en secundario (...) Mi sueño
fue siempre ser filósofo. Pero cuando entré en lo universidad, eran los tiempos del stalinismo y lo facultad de filosofía
fue cerrado por considerarse muy burguesa. Tuve que estudiar historio4 •
Cuando Kopuscinski trabajó paro lo agencio de noticias de su país advirtió que los palabras que le pedían no
alcanzaban o describir la realidad tal y como la observo.
Pero Kopuscinski no hace ficción. La novela nunca le ha
interesado. Así se lo confirmó al periodista español Arcadi
Espada: "La novelo es una huida. Lo que me ha interesado siempre es buscar una escrituro que me sirviera paro
describir lo realidad"5.
Kopuscinski domino lo técnica. Sus obras corresponden a uno dimensión de escultura narrativa. Su escrituro
se desenvuelve en primera persono, con diferentes registros y profundidad. Si Truman Capote recurrió a técnicos
periodísticas para construir sus novelas de no-ficción,
Kapuscinski echo mono de lo novelístico paro elaborar lo
memoria y el testimonio de sus viajes como reportero. Sin
embargo, Capote difícilmente soportaría como novelista
los mosquitos que picaban implacables y el bochorno que
experimentó Kopuscinski como reportero, cuando habitó
en uno bolso conocida como Hotel Metropol en un callejón de Acra, respirando aire pegajoso y sofocante como
si fueran bolos de algodón empapado en agua caliente.
Los periodistas como Kopuscinski son los más capaci-

19

�todos para enfrentar los vertiginosos acontecimientos y
registrarlos con el sentido que tienen sus reportajes y crónicas. Para él, el periodismo es una misión en la que se
viaja solo, en condiciones duras, tratando de llegar hasta
los olvidados, para lo cual debe contarse con resistencia
física y psíquica, salud, voluntad y curiosidad. Pero
Kapuscinski no es un reportero aventurero, acaso intrépido en el mejor de los términos, en cuanto a que está convencido de que no puede ser corresponsal el que tiene
miedo a la mosca tse-tse ni el que desprecia a la gente
sobre la cual escribe 6 . Los riesgos y las audacias
reporteriles y estilísticas valen la pena. Los reproches quedan pequeños cuando Kapuscinski se defiende: "Yo he
estado allí y vosotros no" 7.
Al respecto, la periodista italiana María Nadotti ha
escrito en la introducción del libro los cínicos no sirven
para este oficio, que reúne conversacion es con
Kapuscinski:
Formado, como él mismo declara, en la escuela de los
Annales franceses, lo de Kapuscinski, par tonto es una historia construida desde oba¡a. Una historia atenta o las pequeñas cosas, a las detalles, a las humores. Nunca burocrática, unilateral, embalsamada, nunca tesis. Fruto, al mismo tiempo, de la observación y de la intuición. Historia/
relato centrada en los con(enidos, pero tombién en la técnica narrativa, en el acto de escritura en sí mismoª.
1

1

Kapuscinski convence. Su obra se lee porque es el
tipo de periodismo que se quiere hacer. Pero en cualquier
caso conocer su territorio se vuelve experiencia. El tiempo
que se le dedica es tiempo exaltado porque se está tocado por una lectura que transforma.
Con periodistas como Kapuscinski, la identidad del
reportero se reivindica. Según las convenciones, el profesional de la información debe permanecer anónimo en la
narración de los hechos. En los despachos de una agencia, como en la que trabajó, la firma no existe. Kapuscinski
se ganó el derecho a existir, a ser él mismo. Su voluntad
de estilo es imponente, igual sus ambiciones de libertad
profesional. Para él, la estancia en el extranjero y el compromiso mismo con el oficio no son un mero cumplimiento
de un contrato de trabajo. Su corresponsalía en los países del llamado tercer mundo no correspondió a la de un
visitante ocasional. Kapuscinski viajó tanto (y sigue haciéndolo), y profundizó hasta las últimas consecuencias sobre
la vida, la historia y la cultura de donde se encontraba,
que llegó a sentirse hasta extranjero y, peor aún, excluido
en su propia tierro9 .
En El imperio cuenta que a cada paso, allende las

20

fronteras, está ese recordarte que eres diferente, incluso
un intruso y un problema. Kapuscinski superó todos esos
escollos. Paro María Nadatti 10, la primera reglo de
Kapuscinski cuando viajo parece ser la de saber
mimetizarse, renunciar a los discutibles y narcisistas beneficios de la hipervisibilidad a favor de las bastante más
útiles ventajas del anonimato.
La presencia de Kapuscinski en el lugar de los hechos
garantizó a Polonia una información proporcionada por
alguien de cosa. Pero esa información, la de Kapuscinski,
evitaba tintes nacionalistas o propagandísticos. Es polaco, pero su patria es el periodismo y el humanismo su
ideología. Su nación es él mismo: su individualidad, su
actitud, su procedimiento, su estilo. Su literatura de collage.
En cualquier caso habrá que reconocer que también
practica el camuflaje, aceptable para ese cruce de fronteras que le es propio. El sha, sobre la caída de Reza
Pahlevi en Irán, y El emperador, sobre el derrocamiento
de Haile Selossie en Etiopía, se promueven como textos
que se han leído en Polonia a modo de parábolas sobre
el totalitarismo. Al respecto, Kapuscinski ha confesado que
escribe "claramente del lado de los oprimidos", y que
habla de éstos como una metáfora de la propia lucha
polaca por lo democracia. Y así lo apunto sin tapujos en

El sha:
Y de la misma manera que nuestra historia militar está morcada por grandes batallas -Grunwald, Cecora, Raclawice
y Olszynka Grochowsko-, la historia del ejército de
Mohammed Reza lo está por grandes masacres de su propio pueblo (Azerbaiyán 1946; Teherán 1963, Kurdistán
1967 e Irán entero 1978).
La diferencia entre objetividad y subjetividad resulta
muy estrecha para Kapuscinski. El periodista siente, piensa y cree ciertas ideas y actúa en función de valores y
principios. El periodismo está al servicio del bien y la verdad. Así lo confirmo su obra. No se puede ser objetivo
frente a la injusticia porque de lo contrario ocurriría un
coso de falso imparcialidad, una objetividad disfrazado
de cobardía.
El ejercicio periodístico en Kapuscinski tiene aires de
libertad y de creatividad. El periodismo deja de ser institucional y mercantil por su actitud como reportero y escritor.
Una actitud plasmada por el cineasta polaco Andrzej
Wajda en una película filmada en 1978, Sin anestesia,
sobre un periodista que volvía a casa y no hallaba su
lugar. Wajda no hizo una película sobre Kapuscinski, pero
sí le rindió un homenaje, como él mismo explica:

Poro mí, Kapuscinski es la encarnación de una persona libre
porque su casa es el mundo entero. Se marcha y regresa,
cuenta algunas historias fascinantes y desaparece de nuevo. El hecho de entender perfectamente el mundo le da un
sentido de lo que éste vale, algo que no es accesible a los
demás 11 •
Kapuscinski demuestra que el mismo reportero puede
ser su propia empresa, y que el trabajo puede dejar de
ser mercancía sujeta al prejuicio de los periódicos que le
han puesto fecha de caducidad al reporta¡e. Con
Kapuscinski, el reportaje recupera su categoría superior
de posibilidad de reconstruir la realidad, enseñando los
hechos en su globalidad, desde el origen mismo hasta
sus últimas consecuencias.
Para esta labor, el libro es un aliado: confirma que es
otra forma de publicar periodismo cuando los medios reducen espacios y procuran la información "on line". El ejercicio periodístico diario recuerda el trabajo del panadero, dice Kapuscinski en la guerra del futbol: "Sus bollos
conservan el sabor mientras están calientes y recién hechos; a los dos días, se vuelven duros como una piedra, y
a la semana, cuando se cubren de moho, ya no sirven
sino para ser arrojados o lo basura". Con sus libros,
Kapuscinski recupera esos bollos: los reconstruye y los
vuelve inmunes a lo efímero. Por las venas de sus libros
circula, impulsada por el corazón del periodismo, la sangre de lo memoria, la literatura y la filosofía que lo hace
valioso como un clásico 12.
Desde México y Chile Kapuscinski se movió por toda
América Latina durante cinco años en sus faenas de corresponsal. Habla un castellano fluido y cálido, además
de otros siete idiomas. Pero a pesar de la soltura con que
usa el español, se empeña en escribir en su lengua materna, por lo que en lugar de apuntar originalmente "Negros cristales de la noche", como titula el capítulo 17 de
Ébano, estampa "Czarne krysztaly nocy" y continúa escribiendo: "Na koncu drogi, ktoro jedziemy, widac
staczojaca sie za horyzont kule slonca". El texto así de
verdad que no se entiende, pero una profesora de lengua
y literatura rusas de la Universidad Autónoma de Barcelona, Ágata Orzeszek, se ha encargado de convertirlo al
castellano. Orzeszek es su traductora habitual. Las traducciones de los siete libros de Kapuscinski en la editorial
española Anagrama son de su autoría. Orzeszek es además traductora de otros autores polacos, como
Andrzejewski, célebre por Cenizas y diamantes, llevada
al cine por Wojda.
El proceso de traducción de lo obra de Kapuscinski es
largo y trabajoso para Orzeszek, porque la prosa del

autor polaco es exacta y rigurosa, al tiempo que extremadamente trabajada desde el punto de vista literario. Dice
Orzeszek: "A él no le basta el dato; la reelaboración literaria es tan o más importante que los hechos descritos".
Dar con el registro de lengua exacto es una de las
principales dificultades a las que se enfrenta la traductora. La documentación hasta la saciedad es una de las
salidas, igual la búsqueda de equivalencias españolas
hasta por debajo de las piedras, cuando existen, o inventarlas cuando el autor las inventa.
Aunque en español solamente están traducidos ocho
de sus libros, los siete publicados por Anagrama y otro
más del que Orzeszek informa sin conocer la editorial 13 ,
la ficha bibliográfica 14 de este autor registra alrededor
de la veintena de títulos publicados, traducidos algunos
hasta en 36 idiomas. En 2003 Anagrama publicó
lapidarium IV, con traducción de Orzeszek. Un libro a
medio camino entre el diario y la autobiografía, estructurado a través de fragmentos de meditaciones, reflexiones
y apuntes breves y profundos. Para Orzeszek resulta comprometido indicar en qué lengua está mejor traducido,
pero lo que sí revelo es que los versiones en inglés, particularmente los ediciones norteamericanos, omiten algunos fragmentos, curiosamente aquellos en los que el autor
se refiere o la intervención e indigno participación estadounidense en los hechos descritos.
El reconocimiento en el mundo editorial español le ha
llegado de manera paulatina a Kapuscinski.
La traducción de El emperador tardó once años en
salir al mercado, en tanto que El sha y la guerra del futbol
esperaron hasta un lustro paro entenderse en la lengua
de Cervantes. Las versiones de El imperio y Ébano aparecieron casi simultáneamente a la edición original (uno y
dos años de diferencia, respectivamente).
Kapuscinski considero que no era de los mejores corresponsales que a principios de los años sesenta gastaban suelas por territorio africano, por lo que "se me utilizaba como ejemplo de cómo no se debía trabojar" 15 .
Sin embargo, lo obro que ha escrito en forma de libro le
ha merecido elogios como uno de los mejores reporteros
del siglo veinte. El halo legendario del autor es solicitado
en Estocolmo para dictar uno conferencia en el acto de
entrego de los premios nocionales de periodismo. O en
la Ciudad de México, para impartir un taller de crónica 16
dentro de la programación de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, que preside Gabriel García Márquez. Revistas y periódicos internacionales lo solicitan como articulista y ensayista de fondo sobre temas
de globolización 17 .
·
Sin embargo, las críticas extraordinarios, unánimes,

21

�están ajenas a las leyes del mercado en español. Las ventas de sus libros fueron discretas hasta la publicación de
Ébano, con el que se ha producido un giro significativo.
De esta obra se han vendido durante cuatro meses en
España (de noviembre de 2000 a febrero de 2001) más
de nueve mil ejemplares, y se siguen vendiendo con celeridad. Por Ébano, Kapuscinski ha recibido el Premio
Viareggio en Italia y el reconocimiento al mejor escritor
del año en Francia por parte de la revista lire. Sus edito18
res consideran que entre sus lectores figuran en primer
lugar los profesionales de los medios de comunicación y
también eso que se llama "los lectores cultos". No obstante, menos de l por ciento de los aspirantes a entrar en
2001 a la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid/ El País sabía quién es Ryszard
Kapuscinski. Pero el director de ese master, Joaquín
Estefanía, es optimista y al respecto ha escrito: "Es de esperar que a partir de ahora el resto lo conozca, lea su
obra y lo tenga por un modelo" 19.

,,

Nutrida y fundamentada de este col!age, la escritura
y la estructura de sus libros se levanta a partir de tres niveles:

11
1

Kapuscinski escribe desde la memoria de su experiencia. En sus libros se explaya autobiográficamente en torno al acontecimiento del que es testigo. Por sus procedimientos y actitudes hace periodismo. Por su documentación, historia. Por su reflexión, filosofía. Por su escritura, literatura.

1.- La autobiografía.

1

2.- El viaje y el trabajo reporteril, y sus reconstrucciones.

3.- La reflexión.
Dentro de estos tres niveles echa mano de diversos
registros de escritura, confirmando que la forma es fondo:
barroco y rebuscado cuando describe el interior de un
piso burgués sudamericano; escueto y hasta telegráfico
cuando los acontecimientos descritos se precipitan y quiere
dar la impresión de una crónica; natural y visible al describir el horror de la guerra o la belleza de un paisaje, y
coloquial en los escasos diálogos.
Estos registros son otro collage dentro de su literatura
de col!age. Las fronteras se cruzan unas con otras sin prejuicio. Se desbordan los límites y complican su clasificación hasta a los bibliotecarios de la Universidad Complutense de Madrid, que ubican El imperio como una autobiografía en las escuelas de Geografía e Historia, El emperador como una novela en los fondos de filología, y el
resto como reportajes en la Facultad de Ciencias de la
Información.
Nutrido de su biografía (la escena inaugural de

22

El im-

perio está ubicada en su ciudad natal de Pinsk, en 1939,
cuando tenía seis años de edad), de un abundante bagaje, de estudios de la historia y la cultura del país que aborda, Kapuscinski viaja y hace de sus habitaciones de hotel
sus centros de operación. Recorre las calles y convive con
la gente demostrando que el periodista es un ser privilegiado: vive constantemente las relaciones humanas. Lo
mismo conversa con un político que con un camarero. Toma
notas, revisa los diarios. Todo se vuelve referencia para
las crónicas que envió a la agencia en su momento y para
la reelaboración que después ha hecho para sus libros.
Continúa viajando y publicando, pero la materia de sus
libros fue trabajada como corresponsal en tiempos de ~
guerra fría. Las relaciones internacionales estaban conge- ·¡;
ladas. Kapuscinski vio caer, y reflexionar sobre ello, las ~
-o
dictaduras de Uganda, Filipinas y Chile. Fue testigo de
cómo los regímenes militares fueron perdiendo poder en
América Latina y cómo en África se desmoronaban los
sistemas de partido único. Por eso asistió con mucho entuporte de El sha está en la imagen del narrador solo en
siasmo, mejor aún, sorprendido por lo que sus ojos veían
una desordenada habitación de hotel, "echando un vistadespués de experimentar en carne propia el estalinismo,
zo" a los materiales con los que reconstruye el proceso
a la entrada al mundo a una época de grandes cambios,
de derrocamiento del dictador iraní.
presumiblemente favorables para la libertad, la democraEn esta misma dimensión ubica a sus entrevistados, fuencia y la globalización: la caída del imperio soviético entre
tes informativas y contactos. La columna vertebral de El
1989y 1991 .
emperador son 47 monólogos de quienes habían sido
El interés de Kapuscinski en sociedades que claman I~
hombres del palacio del monarca etíope. Por otra parte,
bertad y que buscan virar el rumbo de sus destinos está dola guía, el artista, el artesano, el músico y la curandera de
tado de un olfato periodístico. Un olfato para detectar la
la primera parte de El imperio vuelven a aparecer en el
parte del mundo donde se escribirá una nueva página en la
segundo capítulo del libro, veinte años después, como si
Historia. Como en la primavera de 1989, cuando, movido
estuvieran dotados de la ubicuidad que el mismo periopor la avalancha de informaciones que llegaban de Moscú,
dista parece desarrollar para recorrer buena parte del
pensó: "Merecería la pena darse una vuelta por allí".
planeta. Kapuscinski explica que El imperio está escrito
En otra ocasión, 1969, apoyado por un colega, des"en forma polifónica", es decir que los personajes, lugapués de doblar un periódico en el que acababan de leer
res e historias reaparecen varias veces en la reconstrucuna crónica de un partido entre las selecciones de Honción de sus viajes por el mundo soviético, en diferentes
duras y El Salvador, veía venir otro acontecimiento.
épocas y contextos.
"¿Crees que merece la pena ir a Honduras?", le preEsta polifonía tiene mayores alcances en Kapuscinski:
guntó a Luis Suárez, periodista del semanario mexicano
de libro en libro. Las experiencias en territorio africano
Siempre!
rebotan entre La guerra del futbol y Ébano. El reportaje
"Creo que sí -le contestó-. Seguro que pasará algo".
del Hotel Metropol de Acra fue realizado durante su priA la mañana siguiente Kapuscinski aterrizó en Tegucimer viaje e! continente negro en 1958, fecha con la que
galpa para cubrir la llamada "guerra del futbol" entre
arranca Ébano. El ambiente sofocante, el aire pesado y
aquellos países centroamericanos.
los olores nauseabundos que sintió en aquella miserable
Mostrar el proceso de trabajo es una seña de identibalsa son retomados al inicio de la monumental reconsdad de su obra. Los métodos para conseguir información
trucción que de su experiencia africana hace el autor en
y el análisis de la documentación aparecen en sus reconslas 340 páginas de Ébano. Si los reportajes que sobre
África están incluidos en La guerra del futbol, publicado
trucciones como una categoría. Su voz narrativa es eficaz
en 1988, son la semilla referencial para la publicación de
porque genera una tensión dramática y, sobre todo, expliÉbano diez años después, la sospecha de un próximo
ca la historia de un modo que es casi imposible contar
libro en el que profundice su experiencia en América Latícon una simple enumeración directa de los hechos. El so-

e

na o Asia, representada en algunos materiales que al respecto están en La guerra del futbol, puede resultar válida
a la luz de estas coincidencias 20 .
Aquí valdría la pena aclarar un aspecto de La guerra
del futbol. Es el libro con un menor grado de reconstrucción literaria de Kapuscinski. El más periodístico en cuanto a que recoge reportajes independientes unos de otros,
con la fecha de su realización. Aunque los textos registran
como eje la propia experiencia del periodista, enriquecidos con el uso de diversos registros (el trabajo que da
título al libro incluye fragmentos de los telegramas y notas
que el polaco envió a su agencia), el libro no se escapa
de las referencias autobiográficas del periodista, elaboradas a la distancia de los acontecimientos reporteados.
Estas referencias, distinguibles por una tipografía distinta
(cursivas) y el uso de tiempos verbales en presente y pasado, permiten al autor explicar y enriquecer el contexto
en el que realizó tal o cual reportaje, así como las historias por escribir; de igual modo cuenta, con una profunda
carga didáctica, a manera de manual, las exigencias del
ejercicio reporteril: cómo debe desarrollar su trabajo un
corresponsal de agencia de prensa, por ejemplo.
En la carrera atlética por el desarrollo, África está rezagada. Al fondo. Abajo. En el abismo. África es hambre,
niños-esqueletos, tierra seca que se resquebraja, chabolas
llenando ciudades, matanzas, sida, muchedumbres de refugiados sin techo, sin ropa, sin medicinas, sin pan ni agua.
Desde el Mediterráneo, desde el otro lado del Atlántico, desde cualquier posición cómoda, África es contemplada como un territorio de acción de colonizadores,
mercaderes, misioneros, etnógrafos y organizaciones no
gubernamentales.

23

�Bien, muy bien.

extraña, diferente, que conquistó y explotó a los hutus. Se

con una revolución, y lo concluyó ahí mismo con el des-

Cerco del pequeño ataúd, recubierto con los colores

Para Ryszard Kapuscinski estas imágenes de África,

buscaba entonces eliminar al enemigo de uno vez para

moronamiento de la Unión Soviética en que se había con-

rojo, amorillo y verde, los de lo bandero nocional, un gru-

Éba-

siempre, pero no se utilizaría ninguna artillería ni carros

vertido.

po de viejos guerreros coronados con melenos de león

esta forma de contemplarla, son injustas. Lo dice en

no.

Publicada originalmente en 1998, esta obra es una

blindados, sino machetes, martillos, lanzas y palos. Dice:

Autobiográficamente,

El imperio es

una pieza en lo

formó una guardia de honor. Cerco del féretro con los

suma de gran aliento de sus estímulos y experiencias vin-

que el autor hace un derroche de memoria prodigiosa. La

restos de quien fuera "rey de reyes" también estaban co-

culados a la labor que desarrolló como corresponsal en

En Ruando lo importante era que todo el mundo cometiese

dimensión narrativa aparece natural y potente. Kapuscinski

locados los símbolos del poder: en un extremo, uno ima-

el continente negro durante cuarenta años.

asesinatos, que el crimen fuese producto de una acción de

describe con palabras efectivos y muestro los hechos, sus

gen de son Jorge, patrono de Etiopía; en el otro, uno foto-

masas, en cierto modo popular y hasta espontánea, en lo

recuerdos, por medio de lo acción. Consigue uno visibili-

grafío del "León de Judá", como también se le conocía al
exemperodor.

En

Ébano aborda la vida cotidiana africana descono-

cida. Cuenta cómo el africano es un hombre de familia

cual participarían todos; que no existiesen monos que no se

dad profundamente literario, tonto que conviene aquí ci-

de grupo, que se estructura a través de clanes que rom'.

hubieron manchado con lo sangre de aquellos que el régi-

tar o García Márquez cuando ha explicado lo forma en

pen los esquemas individualistas occidentales. Cuenta tam-

men consideraba enemigos, surgiendo así un sentimiento

que escribe sus memorias,

de culpa unificador.

es lo que sucedió, sino lo que uno recuerdo y cómo lo

bién lo fantástico y exótico que resulta el universo de la
brujería, que hace desaparecer en medio de la noche al

Vivir para contarla: "Lo vida no

El espectáculo funerario parecía arrancado de otra
époco22 o del libro

El emperador de

Kopuscinski, en el

que narra con detalle las interioridades de aquella corte
medieval y el trabajo de alguno de sus servidores: el en-

recuerdo".

El imperio desde su in-

cargado de cambiar el cojín debajo de los pies de

novelo con escenas que se suscitan cronológicamente,

fancia de niño pionero con camisa blanca y pañuelo rojo

Selassie o el maestro de ceremonias que le advertía, con

en su pueblo natal, ocupado por las fuerzas rusos que o

un leve movimiento, el final de la audiencia de nombra-

mos todo. El genocidio perpetuado en Ruando es anali-

aunque cado una los escenas es en sí misma uno sola
pieza.

aquel pequeño le parecían ton furiosas porque no enten-

mientos y destituciones.

zado por el autor de manera aguda, lejos de la

La distancio con respecto o los acontecimientos y la

día cómo "nodo más entrar en la ciudad, antes de tomar-

banalización que tiende a afirmar que las matanzas de

madurez que con el tiempo ha adquirido como escritor le

se un respiro, antes de pasearse por los calles paro orien-

contando cómo realizaba los entrevistas en forma clan-

los años noventa obedecieron a una antigua lucha entre

han permitido uno reelaboración de su experiencia y de

tarse, antes de comer algo y de echar unas bocanadas

destino, por los noches, en medio de la guerra civil que

El sha y El emperador son leídos en Polonia como

su escritura plenamente literario. Por este nivel alcanzado,

de humo, habían colocado un coñón en lo plazo y se

terminó por derrocar al monarca en 1974. Sus informan-

una parábola al totalitarismo, el capítulo sobre Ruando

por lo fuerzo de su experiencia personal como eje de

chofer ~ue en una ocasión lo llevaba hacia el Congo.

Ebano registra los hitos y las grandes historias con-

temporáneas de África que creemos conocer. Lo ignora-

En

etnias. Si

El tono y lo estructura de

Ébano son

propios de una

El periodista inicia el viaje de

Kapuscinski inauguro lo narración de

El emperador

habían puesto o disparar contra lo iglesia". Y continúo el

tes le solicitan el anonimato, aunque sus propios palabras

afir-

viaje hasta su juventud, en lo que comienzo su aventuro

revelan sus labores y hasta sus identidades. Entre entrevis-

más allá de los estímulos e informacio-

de reportero trotamundos precisamente en aquel trayecto

ta y entrevista, escritas como monólogos o lecciones de

Con un registro de escritura a manera de gran discur-

nes que registra vinculados a la labor del autor como

de nueve días entre Pekín y Moscú, montado en el ferro-

historio oral, inserta acotaciones, diferenciadas

so, como una conferencia, opina profundamente sobre

corresponsal de prensa, está colocado en la estela de un

carril transiberiano.

tipográficamente, en las que explico el contexto en que

de

Ébano debe leerse como una parábola a los sistemas

hitleriano y estaliniano de tortura y muerte.

este gran relato en torno o África, algunos
man que

Ébano,

críticos21

llevó al cabo su labor, apoyado por un guía que había

esa extraña nación montañosa en la llanura africana, so-

género que se cultivaría hasta bien entrado el siglo dieci-

Kapuscinski realizaría otros viajes por el interior del

bre su historia y sobre el drama entre los desgraciados

nueve, y en el que destacarían autores como León el Afri-

imperio en 1967 Y no regresaría a éste hasta ver su de-

sido uno de los jefes del Ministerio de Información. Asi-

cano, Ali Bey o Richard Burlan.

rrumbe veinte años después. En ese lapso, incluso desde

mismo introduce datos históricos, informaciones y reflexio-

Con propósitos distintos, intenciones diferentes y en

diez años antes, Kopuscinski vivió inmerso en los proble-

nes sobre la autoritaria y cruel monarquía y las causas de

El saldo de los enfrentamientos, entre 500 mil y un mi-

otros contextos, Áfrico es también motivo fundamental en

mas del tercer mundo, dedicado de manero casi exclusi-

su derrocamiento, y opino del personaje, de Selassie, que

llón de muertos, es trágico para él. Lo aterrador es el he-

escritores como Ernest Hemingway, el lado opuesto de

tutsis que crían ganado y los autoritarios hutus que cultivan la tierra.

cho de que unos hombres inocentes han dado muerte a

Kapuscinski. El escritor norteamericano es como el héroe

otros hombres inocentes, haciéndolo además sin motivo

que viaja al territorio africano para cazar leones.

alguno, sin ninguna necesidad aparente. Sin embargo,

Kapuscinski es como el misionero que viajo tierra adentro,

tiene argumentos para pensar que los enfrentamientos en

sin nevera ni aire acondicionado, para descubrir que Áfri-

Ruando están más allá de sus raíces puramente étnicas.
Como en Alemania y el imperio soviético, la explosión

ca es extremadamente diverso y cambiante.

El imperio es el libro más oportuno desde el punto de

del odio estuvo preparada por un movimiento intelectual.

vista periodístico. Es igualmente inmune a lo efímero, como

La ofensiva de 1990 y la masacre de abril de 1994 tuvie-

el resto, pero se publica dos años después del fin de des-

ron sus ideólogos, afirmo:
Intelectuales y científicos, profesores de los departamentos
de historia y de filosofía de lo Universidad de Butare:

moronamiento del mundo soviético, en 1993, en el arranque de un proceso de transición que se extiende hasta
hoy.

El imperio presento

uno organización a partir de los

Ferdinand Nihimana, Casimir Bizimungu, León Mugesira y

tres niveles característicos de Kapuscinski. Una primera

varios más. Son ellos quienes formulan los principios de una

parte autobiográfica. Un segundo capítulo registra el tes-

ideología que justificará el genocidio como la única salida,

timonio personal del viaje que hizo a aquel proceso de

como el único medio de su propia supervivencia.

glásnost y perestroika. Y una reflexión final sobre lo que
represento, en la historio contemporáneo, eso zona del

Para estos ideólogos, los tutsi pertenecen a una rozo

24

planeta. Una zona que empezó el siglo veinte en Rusia,

vo o Asia, Áfrico y Américo Latino. De modo que su cono-

en una ocasión lo invitó a desayunar junto a un grupo de

cimiento real de lo URSS, así lo consigno en el libro, lo

corresponsales extranjeros que recibieron de él, como re-

consideraba escoso, fragmentario y superficial.

galo, un medallón de plata con el escudo imperial.

Pero la a utobiografía y el bagaje cultural colocaban

Por su estructura,

El emperador recuerda

a

la noche

nuevamente a Kapuscinski en una posición privilegiado

de Tlatelolco, el libro emblemático de Elena Poniatowska,

para observar y entender los avatares de lo perestroika

periodista y escritora mexicana de origen polaco, en el

de Gorbachov y el proceso de la caída de un imperio

que recoge el testimonio de decenos de voces anónimas

que en su interior presentaba signos propios del llamado

e identificadas en torno a la matanza de estudiantes en la

tercer mundo: subdesarrollo, pobreza extremo y una po-

plaza de los Tres Culturas de lo Ciudad de México, el 2

blación (más de la mitad) no ruso agotado del poder

de octubre de 1968.

Etiopía, Hoile Selassie, muerto hoce 25 años, recorrieron

El emperador Kapuscinski reconstruye a partir
collage de entrevistas, en El sho reelaboro desde la
descripción del collage de la documentación sobre lo mo-

el domingo 5 de noviembre de 2000 las calles de Addis-

narquía en Irán y su clausura en 1978.

colonial que se ejercía desde el centro de lo Unión.
Un pequeño féretro con los restos del emperador de

Abebo. Lo llevaban en procesión, seguido por unos miles
de personas, del templo de Ba'oto Mariom Gedo, don-

Si en

del

El sha

está construido en los tres niveles propios: lo

memoria personal, la reconstrucción del trabajo reporteril

de se hollaba el cuerpo de quien los gobernó con mono

(la documentación) y uno profunda meditación final. La

de hierro durante 45 años, hasta lo Catedral de lo Trini-

voz en primero persona y el tiempo verbal, en presente,

dad, en la céntrica plaza de Meskal.

otorgan una sensación de proximidad e inmediatez con

25

�la nación de la miseria y de las persecuciones. Esta posibilidad resulta bastante paradójica para Kapuscinski:
No tengo ninguno fotografía de Jomeini de años anteriores.
En mi colección Jomeini aparece ya como un anciano, como
si fuese un hombre que no hubiera vivido ni la juventud ni la
madurez. El hecho de que Jomeini aparezco en los fotografías casi siempre como un anciano podría confirmar eso
creencia ilusoria.

los acontecimientos.
En 1978 registra la caída de Mohammed Reza Pahlevi.
Una caída que conjuntó durante quince años los errores y
excesos del monarca, en un reinado déspota y sin el reconocimiento popular. La intervención nunca aceptada de
los Estados Unidos a través de la CIA, interesados en el
control del petróleo, fue otro factor. Y una revolución iniciada por un ministro, Mossadegh, impulsada por el
ayatollah Jomeini y llevada al cabo sobre todo, como dice
el autor, por los que estaban al lado de la sabiduría, la
conciencia, el honor, la honestidad y el patriotismo: los
obreros, los escritores, los estudiantes y los científicos que,
antes que nadie, morían en las cárceles del nefasto cuerpo policial imperial, la Savak.
En un ambiente devastador, lejos de los aires de la
gran civilización que el sha proyectaba construir sobre la
miseria de la sociedad iraní, Kapuscinski se mantiene en
pie de guerra desde un hotel abandonado. Es el único
huésped. En el vestíbulo convive con cuatro personas del
servicio de recepción con las que advierte las dificultades
de comunicación. Esa zona del planeta se resiste a entenderse con el mundo en inglés, francés o en cualquier otra
lengua europea. Dice Kapuscinski:
La gente teme ser absorbida, despojada, que se le
homogeneice el paso, la cara, la mirada y el habla; que se
le enseñe a pensar y reaccionar de una mismo manera, que
se le obligue a derramar lo sangre por causas ajenas y,
finalmente, que se le destruyo. De ahí su inconformismo y
rebeldía, su lucho por la propia existencia y, en consecuencia, por lo lengua (en Irán, el farsí).
Kapuscinski toma té con el personal del hotel y mira el
televisor. En la pantalla aparece Jomeini convocando a la
unidad. Es el duodécimo imán para los fanáticos. El Esperado que había desaparecido en el siglo IX y que, entonces, pasados más de mil años, había vuelto para salvar a

26

Las fotografías, libretas de notas, grabaciones, periódicos y libros son el hilo conductor de la historia sobre el
fin del dictador de la antigua Persia. La descripción, la
documentación y la reflexión en torno a estas fuentes de
información permiten a Kapuscinski reconstruir la historia y
el contexto de la monarquía en Irán y la biografía de Reza
Pahlevi, consecuente con los emperadores que acaban
de manera lamentable e ignominiosa, simple y sencillamente porque consiguen el trono por la fuerza.
La experiencia en Irán arroja conclusiones en su persona. Se explaya con tintes ensayísticos sobre las causas
de una revolución. Causas que pueden encontrarse en lo
miseria generalizada, la opresión y los abusos escandalosos. Escribe al final de El sha:
Todo revolución viene precedido por un estado de agotamiento general y se desarrolla en un marco de agresividad
exasperada. El poder no soporta al pueblo que lo irrita y el
pueblo no aguanta al poder al que detesto. El poder ha
perdido ya todo la confianza y tiene los monos vacíos; el
pueblo ha perdido los restos de su paciencia y aprieta los
puños. Reino un clima de tensión y agobio, cada vez más
insoportables. Empezamos o dejarnos dominar por una psicosis del terror. Lo descarga se acerca. La notamos.
Kapuscinski hace del periodismo un instrumento de solidaridad con los hombres. Él así lo reconoce en la conversación que sostuvo con Joaquín Estefanía:

fascinación por la historia que está en marcha. Le sorprende cómo los pueblos considerados débiles logran despojarse del miedo que les provoca la tiranía para salir del
abismo. Para revolucionar el rumbo de sus vidas hacia
destinos benignos. Destinos que no siempre superan la
miseria en la que los dejó la dictadura y el dictador. Dictador tan cínico que, una vez destronado, continuará creyéndose soberano, como ocurrió con Selassie.
El mundo continúa en movimiento. Los tiempos de guerra fría, de bipolaridad del planeta, habrán terminado con
la globalización. Surgen viejas y nuevas circunstancias,
como los nacionalismos exacerbados, los fundamentalismos religiosos, las migraciones masivas y la pobreza extrema. Kapuscinski demuestra inteligencia para atrapar y
entender la realidad. Realidad pasada por los filtros del
periodismo, la literatura, la historia y la filosofía.
La mirado del escritor también busca lo luz al final del
túnel. Observa la riqueza y lo fantasía de la vida ahí donde los otros apenas si ven pasar las cosas. Entendió que
la humanidad, representada en cada pedazo del planeta por el que ha viajado, busca la libertad para expresarse a sí misma, desatando una alfombra persa, o simple y
sencillamente contemplando, sumida en el silencio, la
aproximación del momento más maravilloso de África: el
amanecer.
Notos:

2

3

4

5

Soy un idealista que trota de hacer las cosos de la mejor
manera posible; creo en un futuro multicultural, aunque conlleva peligros como los nacionalismos. Entramos en el nuevo siglo con medios de comunicación globales, todos se
podrán vincular con todos, por tanto, la ideología del siglo
veintiuno debería ser la del humanismo global.
Su atención está en las rebeliones contra las injusticias. Las sociedades que buscan formas de gobierno consecuentes con los tiempos modernos, despojadas de anacronismos coloniales, también están en su mira. Tiene una

6
7
8

9

Sorelo, Pedro. Un periodista de fondo. Entrevisto con Kopuscinski. El
País, Madrid, 14 de diciembre de 1990.
Villonuevo Chong, Julio. El abe del señor K. Entrevisto con Kopuscinski.
letra Internacional. No. 73. Modrid. pp. 33-36.
Kopuscinski dictó uno conferencio el 19 de noviembre de 1998 en
Estocolmo, en lo entrego de los premios nocionales de periodismo en
Suecia. En su discurso habló de lo acusación o los medios como letargo y pasividad de lo conciencio humano. ' En los medios, -dijo-, hoy
gente sensible y de gran talento que siente que el planeta es un lugar
apasionante, merecedor de ser conocido, comprendido y salvado'.
lo revisto Claves publicó en su número 92 lo conferencio con traducción de Jorge Ruiz lordizábol.
Villonuevo Chong, Julio. Op.cil. p. 35.
El País, 4 de agosto de 2000.
En lo guerra del futbol, Kopuscinski explico en lo págino 172 cómo se
desarrollo el trabajo del corresponsal de uno agencio de prenso.
Espado, Arcodi. Entrevisto con Kopuscinski. El Pofs, Madrid, 14 de
agosto de 2000.
Kopuscinski, Ryszord. los cínicos no sirven poro es/e oficio. Sobre el
buen periodismo. Edición de Moría Nodotti. Anagrama, 2002. Barcelona. p. 11.
Kopuscinski cuento en lo guerra del futbal, pp. 175-177, que cuando
regresaba o Polonio de sus viajes le preguntaban qué hacía allí. ' lo
vida local seguía su curso habitual sin que yo supiera qué perseguían'.
Por otro porte, Kopuscinski reconoció en uno entrevisto o lo Vonguordio, en 1987, que si bien publicó en 1962 su primer libro sobre Polonio, su país como temo nunca más lo volvió o trotar porque no es su

especiolidod; "mi temo predilecto es el Tercer Mundo como historiador y periodista•.

1O los cínicos no sirven poro este of;cio. p. 1O.
11 El periodista Jordi Saladrigas realizó un reportaje sobre Kopuscinski,
publicado el 5 de enero de 2001 en la Vanguardia, de Barcelona,
en donde recoge las palabras del realizador polaco.

12 En su libro Por qué leer los clásicos, ltolo Colvino define: •Se llaman
clásicos o los libros que constituyen uno riqueza poro quien los ha
leído y amado, pero que constituyen uno riqueza no menor para quien
se reserva lo suerte de leerlo por primera vez en las mejores condiciones poro saborearlos; un libro clásico te sirve para definirte o ti mismo
en relación y en contraste con él'.
13 Se troto de la guerra de Angola. Sin embargo, la primera traducción
al español que se hizo sobre su obra, en particular de su libro la
guerra del futbol, es uno edición publicado en 1980 por lo Universidad Verocruzono de México con el título los botos.
14 El periodista Joaquín Estefonío publicó en El País (domingo 31 de diciembre de 2000), como noto de apoyo o uno entrevisto que sostuvo
con Kapuscinski, que durante el año 2000, en Polonio, aparecieron
dos libros de este autor: un cuarto volumen de lapidorium (aforismos y
reflexiones), y otro de fotoperiodismo en África que complemento o
Ébano. Anagrama publicó el año posado lo edición en español de
lopidorium en el otoño de 2003 lanzó Un día más con vida, sobre lo
experiencia del autor en Angola, y que sería el séptimo libro del polaco traducido por Orseszek al español.
15 En la guerra del futbol, Kopuscinski escribe sobre los exigencias de un
corresponsal que él llevó hasta los extremos, tonto en riesgos reporteriles
(en 1961, en el Congo, fue tomado como espío belga y estuvo o
punto de ser fusilado! como en su crónico falto de disciplino ortodoxo.
•y mi mayor grado de irresponsabilidad lo mostraba cuando de repente cortaba todo comunicación con Varsovia y me adentraba en lo
selva' . Por sus procedimientos, Kopuscinski solía recibir telegramas del
jefe de lo agencio que le pedía 'que de uno vez poro siempre deje
de meterse en expediciones que puedan terminar en tragedia'.
16 Del 6 ol 9 de marzo de 2001, lo Fundación de Periodismo de García
Márquez programó un toller con Kopuscinski en el que participan 15
periodistas de Américo latino. El toller tiene como objetivo trabajar
sobre lo crónico de los cambios sociales: migraciones campo-ciudad,
desplazamientos causados por lo guerra, conflictos étnicos, religiosos
y sociales. El toller se desarrollo en sesiones de discusión abierto y
prácticos; Kopuscinski reviso el material elaborado por los participantes y comporte su propia experiencia.
17 El País publicó en sus páginas de opinión, el domingo 28 de enero de
2001, un amplio artículo de Kopuscinski, ' El mundo global en codo
aldea•. El autor hablo del fin de lo guerra frío y de lo revolución electrónico como condiciones poro uno globolizoción que se ha intensificado o tal grado que si Mcluhon dijo que el mundo se convertiría en
uno aldea global, ' nosotros podemos decir que en codo aldea hoy
un poco del mundo global' .
18 Poro lo realización de este trabajo solicité o lo editorial Anagrama
información sobre los niveles de vento de los libros de Kopuscinski. De
lo oficina de Jorge Herrolde, director de lo firmo, me enviaron un correo electrónico con esto información.
19 El País, 31 de diciembre de 2000.
20 Joaquín Estefonío, en el material que sobre Kopuscinski publicó en El
País, 31 de diciembre de 2000, informo que el escritor polaco preparo dos libros que conformorón con Ébano uno trilogía titulado Mapamundi. Esos dos libros foltontes se referirán o Américo latino y Asia.
21 José Moría Ridoo publicó en el suplemento 'Bobelio' de El País, (sábado 11 de noviembre de 20001 uno amplio reseño sobre Ébano,
titulado 'El itinerario de lo devastación según Ryszord Kopuscinski' .
22 Consignado por un despacho de Reuters, publicado en El País el 6 de
noviembre de 2000.

27

�LOSPOEMAS
DE SIDNEY WEST

EL ÚNICO TEMA VERDADERO
DE LA POESÍA ES LA POESÍA.
CONVERSACIÓN CON JUAN GELMAN
Armando A/anís Pulido

Juan Gelmao

PESAR TODO
ANTOLOGÍA
JUAN GELMAN
SELECCIÓN, COMPILACIÓN Y PRÓLOGO
DE EDUARDO MllÁN

1nsistencia y memoria

definen la obra de Gelman, una de las
más profundas en el contexto de la poesía latinoamericana;
pero más allá de asumirle méritos como conciencia social o
compromiso político, algo que el mismo autor niega, en su
poesía perdura y permanece la conciencia estética y creativa
del lenguaje. Eduardo Milán en el prólogo de Pesar todo
señala que el acto de Gelman siempre creó las circunstancias desde el lenguaje, para que el poema pudiera hablar
de lo político. Lo político, entonces, no como ingrediente te-

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mático, sino como acontecimiento dentro del poema.
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) ha publicado cerca de veinte títulos; en 1998 recibió el Premio Nacional
de Literatura de Argentina y en 2000, el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. En 2001 el
Fondo de Cultura Económica le publicó en la colección
Tierra firme Pesar todo, una antología que contiene poemas desde su primera publicación Violín y otros cuestiones (1956) hasta Tantear la noche (2000).

¿Cuál es su dehnición de la poesía?
Nadie sabe lo que es poesía, es como dice don Víctor
Sandoval: "La poesía es lo que escriben los poetas", ésa
es la definición más concreta que he conocido en mi vida;
y luego cada poeta tiene su definición: José Emilio Pacheco dice que es la sombra de la memoria, Oiga Orozco
citaba a un poeta norteamericano que decía: "es el intento de hacer hablar a Dios". Yo podría decir que la poesía
es un árbol sin hojas que da sombra, pero son todas definiciones que no definen y que tienen que ver con el carácter mismo de la poesía, que es algo indefinible y, por
otro lado, inapresable. lo que se puede hacer es escribir
poemas, es decir, hacer lo que hacen los poetas; pero
aferrar la poesía es imposible, el lenguaje tiene límites muy
extraordinarios y creo que la virtud de la poesía sería superar en alguna medida esos límites. Ahora curiosamente
lo hace con muchos silencios.

Usted habla de silencios, pero en alguna ocasión ha mencionado la no palabra. ¿Cómo
existiría la no palabra en alguien que hace lo
que hacen los poetas?
Existe en la elección de las palabras. Cuando se elige
una palabra, usted no sabe y dejo miles y miles de palabras. Los silencios que son posteriores a las palabras, son
el arte entre las palabras. A mí me parece que la poesía
de San Juan es la más alta de la lengua castellana y que

es así porque dice lo que dice, pero además dice lo que
calla y, a mi juicio, también calla lo que dice.

¿Escribir poesía
es un antídoto contra el desconsuelo?
No, atribuirle a la poesía virtudes curativas o virtudes políticas o sociales es un gran error, no porque la poesía
no pueda enfrentar esos temas: el desconsuelo, la desdicha, el dolor, la situación política, la revolución o lo que
fuere. El único tema verdadero de la poesía es la poesía
y por eso mismo puede hablar de todo; porque con un
mismo tema pueden hacerse grandes poemas y pequeños poemas, y se pueden hacer porquerías, para no hablar del tema político. En el tema del amor, por ejemplo,
cuántos poemas, miles, millones de poemas, son malos, y
en cambio hay otros que son extraordinarios; es decir, el
tema no es lo que define o la poesía. La poesía es algo
que, desde luego, puede hablar de todo, pero lo hace
de un modo decididamente particular.
Hay recurrencias en un poeta. Las obsesiones son las
que nos llevan a escribir, pueden no ser muchas en cada
caso, pero el deseo de escribir un único poema siempre
está, éso es la verdad. Yo he tratado el tema político, he
hablado del desconsuelo del dolor, hablo de todas esos
cosas, pero le repito, no es el tema el que hace valer un
poema.
Vallejo ha escrito una poesía política extraordinaria.
Muchos otros lo han hecho antes y después; y cuando digo

29

�Lo decía antes: para mí, la poesía es algo inaferrable y supongo que lo que mueve a todos los poetas a seguir buscándola es la insatisfacción que les produce lo que han conseguido, o el conocimiento, aunque sea instintivo, de lo que
no consiguen. Cuando un poeta está contento en el lugar
que ocupa con su poesía, está muerto.

¿En esa insistencia, qué lo ha llevado y qué
lo sigue llevando a escribir poesía?

antes, me refiero a Shakespeare, que es autor a mi juicio de
la mejor poesía con el tema del poder. Dante es otro que
toca el tema político, pero repito que la aparente dignidad o
nobleza de un tema, como puede ser el amor o la aparente
mezquindad no hace la poesía, perdone que insista; según
la época o el contexto se puede hablar de un tema político
o socio!, mas esto en sí no es poesía.

:1

La escritura de mi poesía -digo por mi experiencia- es
una obsesión, son las obsesiones las que me llevan a escribir poesía y cuando me siento a escribirla no sé qué
voy a escribir ni de qué voy a hablar; no es un problema
de enojo o de descontento, es un problema de insatisfacción porque solamente uno conoce la distancia entre lo
que quiso decir y lo que pudo decir. Esto nos pasa a
todos y supongo que ése es el motor de la insistencia en
la búsqueda. Ahora lo que ocurre, y uno ve es que algunos se cansan porque a esta putilla, como diría quién sabe,
(risas) jamás la vamos a encontrar, entonces que se vaya
al diablo, yo no la busco más; eso le ha ocurrido a alguna gente, a otros les ha ocurrido que sienten que han
dicho todo lo que podían decir o que no van a lograr
nunca decir más de lo que han dicho hasta ese momento,
de manera que la aventura de cada quien con la poesía
es siempre particular, siempre es individual y como dice el
tango: "no hay que hacer comparaciones".

1

¿Entonces podemos decir que siempre se ha
escrito la misma poesía?

¿El poeta es un exiliado?

Ezra Pound decía que el arte de la poesía y el arte en
general consiste en volver nuevo lo viejo. Usted encuentra
poemas de amor en Safo, pero también encuentra poemas de amor escritos hace tres mil años en la poesía anónima china, ésa es una condición de nuestra -perdón por
la repetición- condición humana. Me parece natural que
el tema se repita, pero yo creo que no se repite del mismo
modo, esto es lo que hace la riqueza y variedad de la
poesía; y esos poemas siguen vigentes no por el tema,
sino por el modo de abordarlos.

Hay millones de exiliados, hay un cabalista del siglo XVII
que se llamó Isaac Luría y que tuvo una idea extraordinaria: él dijo que el primer exiliado fue Dios, que se contrajo
-como él ocupaba todo el espacio- para dar lugar a la
creación del mundo y así se exilió de su propia creación.
Yo creo que al poeta, sin por eso definirlo como Huidobro, como un pequeño Dios, le pasa más o menos lo mismo; es decir, crea y esa creación lo exilia, permanentemente es un exiliado. En ese sentido, todo artista es un
exiliado de su obra.

¿A dónde lo ha llevado la poesía o a dónde
quisiera que lo llevara? ¿O Juan Ge/man está
donde quiere estar con la poesía?

Juan Ge/man, ¿cómo define a Juan Ge/man?

De ninguna manera, yo creo que si a mi edad, que es 72
años, sigo escribiendo poesía es porque sigo buscándola.

30

fer) venía muy enojado; lo tomé frente a una clínica, el hombre venía muy preocupado y yo le dije: "¿pero qué le pasa?".
"Nooo, usted sabe, ahí atrás venía una señora que
estaba por dar a luz, por parir, y estaba el marido y estaba la hermana, y menos mal que llegué a tiempo, fíjese
usted si me hace eso en el taxi" ...
Yo que le digo: "Bueno, menos mal que no pasó" ..
"Sí, pero una vez sí que me pasa".
Entonces el hombre manejaba un camión que hacía
una vuelta por un lugar cercano a Buenos Aires, en un
barrio de las afueras hasta el centro de la ciudad; y un
día a las cuatro de la mañana dio la vuelta a la plaza del
barrio. Vio, a una mujer que estaba pateando un árbol y
pensó: ¡Ton temprano y ya borracha! -me contó él-, pero
resultó que no. El marido, que estaba ahí, paró el camión
y le dijo: "Miró mi mujer, está por tener un hijo y yo no
consigo taxi, no tengo auto, no sé cómo llegar al hospital,
¿por qué no nos lleva?". Entonces él permitió que se subieran los dos y los llevó al hospital y siguió su recorrido y
cuatro horas después un señor subió al camión y él le
dijo: "boleto", porque vos sabés, el mismo que manejaba
sacaba el boleto, cobraba ... -un trabajo infernal- Y le
dijo el marido:" ¿no me reconoce?". Y él respondió: "acá
estamos llenos de vivos, o paga el boleto o se baja". Y le
dijo: "¿pero usted no se acuerda? Hace cuatro horas nos
llevaba a mi mujer y a mí al hospital, llegamos a tiempo y
tuve un varoncito, todo bien". Entonces el chofer lo miró y
le dijo: "¿La patrona está bien?". "Sí, sí está todo bien.
¿Usted cómo se llama?". "A usted qué le importa". "No,
dígame, ¿cómo se llama?". "Me llamo José". "Bueno, porque eso es lo que vamos a hacer, vamos a ponerle su
nombre al nene". Y se bajó.
El hombre me contó: "Pero yo tenía un miedo, mientras
estaba manejando, la señora de los nervios mordía al

marido, le pegaba, y yo le gritaba: 'señora no me haga
la porquería aquí, espérese hasta llegar al hospital'; y yo
aceleraba, aceleraba, al final no pasó nada".
"¿Eso cuándo ocurrió?", le pregunté.
"Hace catorce años".
"Y digamos una cosa, si ahora usted sube a un muchacho de catorce años y usted le cuenta la misma historia y
él le dice: '¿pero cómo?, ¿no me reconoce? Yo soy el
chico que nació gracias a usted', etc, etc.".
El chofer se rió y me dijo: "miró, aunque me pregunte
eso, cómo lo voy a reconocer si yo cada mañana me
levanto, me miro en el espejo y digo: ¿Y vos, quién sos?"
A mí me pasa lo mismo: me miro en el espejo y digo:
¿y vos, quién sos?

Me gustaría saberlo (risas), esa pregunta me recuerda
una anécdota que es un poco larga pero se la voy a
contar:
Un día en Buenos Aires tomé un taxi y el hombre (el cho-

31

�LA PASIÓN
(de El ruiseñor de la Iglesia católica)
Pier Paolo Pasolini
Versión de Miguel Ángel Cuevas

I
Cristo en Su cuerpo
siente que exhala
olor de muerte.
¡Qué escalofrío
sentir el llanto!
Marías, Marías,
albas perennes,
cuánto dolor ...
He sido niño
y ahora muero.

II
Cristo, Tu cuerpo,
el de una joven,
crucificado
por extranjeros.
Son dos vivaces
muchachos, rojos
tienen los hombros,
ojo celeste.
Hunden los clavos
y el lienzo tiembla
sobre Tu vientre ...
¡Qué escalofrío:
de ardiente sangre
manchar sus cuerpos
color del alba!
Y fuisteis niños:
para matarme,
ah, cuántos días
de alegres juegos
y de inocencias.

�111
Cristo, en la paz
de Tu suplicio
rocío desnudo
era Tu sangre.
Poeta sereno,
hermano herido,
Tú nos veías:
nuestros espléndidos
cuerpos en nidos
de eternidad.
Pero hemos muerto.
¿Cuáles los frutos
fueran de golpes
y negros clavos,
si el perdón Tuyo
no nos m1rara
en un día eterno
de compasión?

11

IV

!1

¡Cristo, herido,
sangre de violas,
piedad en los ojos
claros del cristiano!
Flor florecida,
lejano en el monte,
¿cómo podemos,
Cristo, llorarte?
El cielo es lago
que brama en torno
al mudo Calvario.
¡Crucificado!:
deja que inmóviles
te contemplemos.

V
Cristo, a Tus pobres
hijos dispersos
en el vivir,
cielo infinito,
cabe tu muerte
déjasnos esta
finita Imagen.
Dulce muchacho
de cuerpo leve,
rizos de luz ..
San Juan.
Perdidos
en una nube
de indiferencia,
a Sí nos llama,
a Sí nos conforma,
este Tu Cuerpo.

VI
Cristo postrado
sobre Su cuerpo.
¿Cuáles ardientes
campos, remotos
de sí, la vista
de Su pupila?
Cegado ha sido,
osambre inerte:
un pajarillo
ensangrentado
junto al ribazo.
Detrás, la luz
corrompe el cielo.
Y por los valles
y por las cumbres
voz no se oye:
último, dulce,
rumor la sierpe
que torna al nido.
¡Oh Dios, qué sombras
en el fulgor
de las centellas!
La Samaria
se hunde en lo oscuro,
truena la muerte:
un cementerio
de arriates frescos.
Frondas y polvo,
eco de voces
vertido al viento
en la tiniebla
acerba. Somos
hombres, olvido.
Detrás de Cristo,
por montes muertos,
el cielo huye:
un río ciego.

�YO, VIDAURRI (1855 - 1867)*
Hugo Valdés

Fui

acusado de una malicia oriental en mis ojos que, sin haber
sido pequeños, formaban al entrecerrarse dos marcos indescifrables, la incompleta mirada de quien no quiso, como yo y
pocos otros, ser visto a través de aquellos oscuros corredores
que avisaban de las finanzas regionales y del uso militar de mis
aliados. Cómo se hubieran asombrado al oír, aunque fuera sólo
un instante, todo lo que se agitaba en mi interior, el monólogo
de una sombra en la que ahora me reconozco.
Mi ascenso fue tan discreto como constante. Por cercenar
la mano izquierda de un soldado caí en la cárcel municipal.
Quizás ese encierro cambió la violencia de mi mano adicta al
puñal por la mano quieta que sujeta el lápiz del escribiente,
como el que acabé siendo en el presidio. Ya libre, ordenada mi
inteligencia poro labores más ambiciosas, fui mucho después
un empleado burocrático que escaló los puestos necesarios
poro llegar a la Secretaría General de Gobierno. Pero mi carrero no podía parar ahí. Santa Anna me dejaba libre el campo
para consolidar mi proyecto de poder en el norte.
Juan Zuazua se hallaba en su terruño cuando nos invadieron los norteamericanos; galopó velozmente poro defender los
fortines, y vio que las mujeres rezaban en la catedral. Hizo y
deshizo, pero Monterrey capitulaba por el país y Zuozua se
fue a Tomoulipos, desterrado por voluntad propia. Inquieto,
inconforme, me esperaría tiempo después en su natal Lampazos,
preparado con armas como si fuera o batir comanches. Desaparecí de Monterrey una noche de moyo, seguido de hombres de
mi entera confianza, para iniciar un pion de insurección que muchos otros más secundaron. Nuevo León usaba su derecho después de ver que la dureza del propio gobierno conspiraba contra
los ciudadanos, y yo, o nombre de ellos, me declaré por mí y ante
mí, gobernador y comandante militar del estado.
• Este texto es un copílulo de The Monterrey News, novelo publicado en 1990, de
lo cual el autor ha hecho uno reeloboroción, ofreciendo ahora esto primicia.

Luego de muchos escaramuzas y de ganar poblaciones
interiores tanto como algunas de afuera, anexé Coahuilo a
Nuevo León. Ese poso yo estaba dado desde un año atrás,
cuando, de un modo muy sutil, sugerí en mi Plan Restaurador de
lo Libertad a los estados colindantes que concurrieran o formar
un solo gobierno, un todo, un estado triple, compacto y respetable frente al extranjero y o los bárbaros que nos esquilmaban
de mil maneros distintas.
Tamoulipos no aceptó el convenio, pero sólo con el estado
de Coohuila tuve lo que mi ambición había deseado siempre:
el manejo de las aduanas. Sostuve que mediante su regulación
se tornaría impensable, y además estúpido, el contrabando, y
me quejé, como habría de hacerlo siempre, denotando el abandono en que nos tenían. Borré el nombre anterior del arancel
que ahora llevaría el mío. Pero Guillermo Prieto, argumentando
el origen de un gobierno alzado con el Plan de Ayutla, quería
que dejara en paz los reformas arancelarias, aunque lo que yo
vi más bien fue inquina en el deseo de cancelar mi nombre de
ese arancel Vidourri que se consolidaba, que subía con canonjías mayores para los comerciantes y mercaderes de quienes
yo recibía los préstamos a cambio de otorgarles derechos.
El miedo también y lo envidia de los tamaulipecos se consolidaba y subía porque sus ingresos se iban reduciendo. De ese
modo empezaba a notar que mis decisiones tenían un gran
peso, porque no había hora en que no se le diera seguimiento
a lo que yo iniciaba. Como Juan José de la Garza, que se
quedó con Tampico y Matamoros mientras yo tenía que conformarme con Piedras Negras. Manuel Payno, a la sazón administador general de ese rubro, me negó otros aduanas, por lo
que tuve que recordarle, en los oficios enviados a México, que
la revolución contra el conservadurismo había empezado desde la frontera, desde el nombre de Santiago Vidaurri; y no tuve
ningún tapujo al expresar abiertamente un odio contra lo capital del país, y no hubo vendas en mi boca que me impidieran

37

�1

1

decir lo que significaba un hombre y su inteligencia en uno tierra poco generoso, ton diferente o lo que se extendía desde el
centro hasta el sur, donde lo abundancia de los dones parecía
el pago por los hombres inútiles y flojos que allí se parían.
Mi estado doble ero como el hijo castigado por lo autoridad de un podre muy ocupado en sus asuntos. Manuel Poyno
acentuó esto odioso impresión - porque yo ero el niño malcriado de lo nuevo república- cuando enumeró los otros entidades
que deseaban también el control y el erario oduonol en uno
situación de derecho en lo que nadie, ni aun el niño precoz,
debía adelantarse poro tomar mós parle del pastel republicano que el podre se encargaba de cuidar. Ellos jamás vieron
que ese niño castigado al fondo del salón, arrinconado hacia
lo frontero con los Estados Unidos, si no tenía exactamente dos
cabezos, como el estado dúplice que representaba, tenía en
cambio la alianza de dos poderes: el militar y el político. Y
Poyno, quien como yo pensaba que lo vida en Monterrey sería
quieto y tranquilo sin los indios bárbaros, ero quien designaba
al cerro de Lo Silla como el protector de lo ciudad, el confidente de los ostros. Pero, ¿no ero yo quien en verdad protegía o
Monterrey y quien oía o los mercaderes y o mis propios capitones, esos satélites que giraban en torno o un sol, es decir, en
torno o mí? Además, el nuestro ero un país desuniforme apenas
asentado en sus suelos olorosos o pólvora, y lo lógico del podre de familia se volvía patriotero y muy torpe.
Me seguí quejando. Levanté un consejo que comparaba el
nuevo orden con aquél del Sonia Anno gallero que mis esfuerzos
contribuyeron o derrocar. Ero lo hora -y siempre sonaba lo horaen que había que cobrar lo ayudo militar que el norte le dio al
centro. Me atendieron, aunque realmente con uno solución transitorio, dejándome otro problema: lo anexión con Coohuilo que el
presidente Ignacio Comonfort había desaprobado. Argüía que
ése ero ya un estado reconocido como tal por el Pion de Ayutlo y
que yo no debía alterar su carácter uniéndolo o Nuevo León.
Comonfort arengó contra mí al gobernador tomoulipeco Juan José
de lo Garzo poro descoyuntar mi autonomía. De lo Garzo ganó
y perdió: derrotó uno pequeño fuerzo que comandaba Mariano
Escobedo y luego acorraló o Juan Zuozuo cuando llegó o Monterrey, pero al cabo se fue corriendo o Saltillo con lo último imagen del combate: los avanzados de aquellos rifleros que se anudaban poliocotes rojos al cuello mientras gritaban como los mismos indios, los Blusas de Zuazuo que daban siempre lo sorpresa
cuando se veían perdidos.
En lo cuesto de Los Muertos hubo un acuerdo poro que
cesaron los hostilidades, y esto se hizo no sólo ante mí y el
tomoulipeco, sino que lo presenció un enviado oficial de
Comonfort. El Congreso aceptó el matrimonio ejecutivo de
Coohuilo y Nuevo León. A Juan José de lo Garzo y o don
Santiago Vidourri se les dio el mote de excelentísimos, y fueron
llamados los legítimos representantes de lo revolución del norte. Yo, en verdad, lo ero bastante.

robueno por haber merecido lo confianza del presidente en
turno y me prometí de sus luces bien conocidos en el país. Algún tiempo después, Juárez se instalaba en Guonojuoto en
calidad de presidente. Fuero del juego, Ignacio Comonfort había proclamado poco antes su Pion de Tocuboyo; cuando me
sublevé contra Santo Anno, condicioné que mi estado reasumiera
su soberanía hasta que lo república sonoro. Sin embargo, ante
ese pion sublevodor y extinguido, vi o lo república sin pies ni
cabezo; y pude ver o mi estado en lo posición adecuado poro
hacer con él lo que yo quisiera. Empezaba o saber filtrarme en
los momentos indicados poro asir prerrogativas que muy difícilmente soltaría después.
Comonfort se fue al extranjero. Los conservadores murmuraban yo sobre uno Contrarreforma. En lo frontera desaprobábamos esos intentos, y en ese año de lo Constitución empezó o
movilizarse el Ejército del Norte. Juan Zuozuo, cuyos tácticas
llenas de ferocidad ignoraban los reaccionarios, comenzó llevándose a la bolso a la población de San Luis Potosí; tomó
Zacotecas luego, donde extendió uno proclamo de muchas
vivas a lo libertad; desterró al obispo que yo expulsé antes de
Monterrey; y mondó juzgar y fusilar o uno mesnada de hombres que quisieron motor al presidente Juárez. Fue tonto el prestigio y el apogeo de lo glorio de Juan Zuazuo, que fue nombrado jefe de los fuerzas unidos o los del norte: Coohuila y Tamoulipos. Él logró militarmente uno anexión total que yo no pude
conseguir bojo el amparo ejecutivo.
Nombré entonces generales o Zuozuo, Zaragoza y
Aromberri. Ero lo menos que podía hacer; con eso satisfacción
de rangos los tendría contentos y ajenos o lo sospecho de mi
egoísmo: Juan Zuozuo me estaba quitando cartel. Aunque me
llegasen todavía los noticias de mis hombres, y yo fuero como
un mandarín en el interior de uno fortaleza inofectodo por los
estallidos y los bolos; por los gritos de coda soldado muerto en
esos batallas que más defendían lo estatura de mi nombre que
el propio interés de lo noción; poro estor ahí, adelante, marché
al frente de los tropas trotando de mostrar éxitos propios ante
Juárez, pero aquello no paró sino en un desliz del que se aprovecharon los reaccionarios. La cuestión ero, hay que confesarlo, relegar un poco a mi segundo, Juan Zuozuo.
Junto o ese rejuego de lo guerra, yo seguía el de lo edificación de mi doble estado. Juan José de lo Garzo deseaba uno
Zona Libre, y yo lo apoyé con mi voz enunciado en los oficios y
en el Boletín Oficial. Mientras lo de arribo valiera menos que lo
de acá abajo, o lo de aquí menos que lo de allá, el mol del
contrabando seguiría siendo una molestia. Hubo uno respuesta
afirmativa y supe que con ello vendrían nuevos problemas, pero
todo lo dejé a lo obstinación de los otros, que no sería mayor
que lo que yo podía encabezar. Terminaba de negociar y volvía o lo guerra. Le rogaba o Juárez que no me abandonara en
el interior, cuando el Ejército del Norte caminaba en busco del
enemigo, llegando o confesarle que me afligía ver mol sostenidos a los fuerzas durante sus campañas.

Benito Juárez había sido encargado poro el Ministerio de
Justicio, y en ese cargo se ofrecía o mis órdenes. Le di lo enho-

Ganábamos y perdíamos los ciudades. Un día Zocalecas
ero de los norteños, pero al otro éstos regresaban por los anti-

38

guos cominos de plato. Hasta allá mondé o Ignacio Zaragoza
que derrotó o los hermanos de Miguel Miromón. Zuozua, con
sus soldados hechos para el combate contra los indios
comanches, saldría o ponerse o lo cabezo de las fuerzas de
Guanajuato. Pero él realmente no iba al mondo de los tropos.
Acaso se lo comenté a Juárez por el gran orgullo que sentía
hacia ese hombre más alto que yo y de un implacable aspecto
marcial. Por preservar mi figura, preferí que los demás jefes se
encargaron de los contiendas, y que Zuozuo tomara uno licencia que yo le daba poro el bienestar de su salud.
Mariano Escobedo había abandonado los fuerzas paro
tratar conmigo algunos asuntos de administración militar. Pensé
que podía tener problemas con Santos Degollado, un hombre
hecho poro los derrotas y que además se remendaba él mismo
las comisas. Antes de saludarlo, le hice una pregunto, y como
Escobedo me respondió que su fuerzo estaba allá en Guonojuato por una decisión que él había tomado junto con Zaragoza y Aramberri, y como había venido él solo hasta mí, no me
cupo en lo cabezo el entendimiento de tal medido, y el enojo y
la soberbio de mis palabras se agriaron hasta el insulto. Me
dolió hacerlo, pero el pretexto de sus duras palabras de respuesta y el movimiento rebelde de lo mono hacia su cintura
empistolada me facilitaron la detención de Mariano Escobedo.
Zuazua vino desde Lampazos poro verme. Por su amistad y
el señalamiento de mi inconsecuencia, le dí a Escobedo una
satisfacción que parecía amistoso. Pero yo sabía, sin embargo,
que desde ese momento él, Aromberri y Zaragoza, no serían
yo mis incondicionales guerreros.
Con el suceso de Escobedo comenzaría la división. Pedí o
Degollado, quien tenía el mando militar gracias al gobierno del
centro, que me enviara a Julián Quirogo poro juzgarlo por su
desobediencia en lo contramarcho que yo ordené -tengo que
confesor que fue muy estúpido desear en Monterrey los tropos
que eran necesarios en Guonojuoto-, y expedí un decreto donde autorizaba la deserción de los soldados. Sin mucha dilación, Degollado me calificó de subversivo. Como lo hizo con
Mariano Escobedo, mandó o Zaragoza sin tropo alguno poro
contrariarme. Expedí entonces un decreto más: uno que servía
poro advertirle al pobre vencido de Santos Degollado que lo
mejor poro él ero no pisar mis dominios. Su respuesto fue devolver al estado o Silvestre Aromberri, un ingeniero de alguno ilustración, con los títulos de gobernador. Al principio tomé aquello
como una bromo temerario porque no preví que Aromberri fuera capaz de hacerme marchar, aun con la ayuda de Ignacio
Zaragoza.
Durante el poco tiempo que Aramberri suplantó mi poder,
mandó abrir el Colegio Civil que años antes yo había pedido
que se edificara. Decisiones como ésto, secundaria, segundona,
seguidora de una ideo primaria mía, ponía a Silvestre Aramberri
en la mira de mis ojos como se había puesto ante mí Juan José
de la Garza, que imitaba lo que yo pedía en principio. Cuondo volví al mondo, lo gente del Colegio Civil creaba fiestas y
celebraciones bojo mi vigilancia, donde había solemnes distri-

buciones de premios o los alumnos que hubieron terminado sus
cursos con magníficos notos. En lo segundo distribución de premios, el médico Gonzolitos leyó un discurso luego de que algunas personas de lo sociedad rico que nacía bojo mi sombro
habían tocado uno serie de instrumentos musicales.
Lo recuerdo bien: oí resonar los posos del médico hasta
detenerse en uno palestra que dominaba o lo concurrencia. En
ese lapso me incorporé de lo silla entre un murmullo de inconformidad: ero cierto que yo ero el señor gobernador, pero ero
cierto también que no me aguantaba en el cuerpo. Para entonces mi imagen no ero lo de quien llegaba con lo expresión
amistoso o los celebraciones, sino lo del hombre del poder que
irrumpía en un lugar de súbito, como por invocación de los dioses, paro enseñarle al mundo el rostro de quien cumple esa
curioso condena que era impartir los órdenes. Al fin me dejaron
desperezarme, y caminé por entre la sillería hasta un punto
donde mi atención fuera visible y lleno del respeto que se merecían los palabras de Gonzalitos. Veía a quienes apenas hacía
poco terminaban sus años de bártulos y de primeras regios de
lo aritmético en lo Compañía Loncasteriona, y de pronto mi visto se paralizó en un muchacho Treviño, al que había saludado
antes con cierta reserva por el recuerdo ton fresco de su primo
Gerónimo, un capitán demasiado joven que yo no estaba conmigo. Pero volví pronto a las frases de Gonzolitos pensando en
lo que decían sobre el futuro de aquellos muchachos.
Las elecciones por las que volví al mondo y o uno cierto

39

�colmo como poro poder amparar entregos de premios y escuchar músico refinado, fueron conseguidos por un convenio al
que llegó Zuozuo, quien me ero leal hasta el sacrificio. Él no se
cegó del todo como yo; prefirió evitar uno efusión de sangre
entre los soldados amigos que caminaron juntos hacia los victorias recientes. Gané, gané entonces los elecciones, y el resultado de mi éxito obligó o que solieran del estado Zaragoza y
Mariano Escobedo. Algo antes de mi regreso, lo diputación
local había corrido ya a Silvestre Aramberri. En ese tiempo en
que gobernó, redujo considerablemente el arancel que llevaba
mi nombre, como si además de usurpar mi poder me humillara
aún más con el mismo porcentaje al que de torpe manero se
había visto disminuido el arancel Vidaurri. Otro circular que
decreté luego, donde expulsaba o todos los revoltosos, fue un
mero preámbulo poro la lucho contra mis nuevos enemigos: los
congresistas, adheridos al orden federal.
Zuazuo y yo solimos o atacarlos. Tendría que pelear con
los que fueron mis aliados, con casi todos, porque Julián Quiroga, ocaso más por apego al valeroso Zuazuo que o mí mismo,
estaba con nosotros. Una noche de julio, por instancias míos,
nos instalamos en lo Haciendo de San Gregario.
El teniente coronel Eugenio García atacó el campamento
donde paramos. Juan Zuazuo y yo apenas nos acomodábamos en una chozo. Cuando él dictaba los órdenes, tomaba el
lugar mós débil o el de mayor peligro. Su guerrear contra los
comanches lo acostumbró o meterse en lo más recio de la pelea. La muerte siempre respetó a los audaces como Zuazuo,
pero al incorporarse del camastro, cuando él y yo escuchábamos el tiroteo sorpresivo de Eugenio García, no hubo más que
un inocente acto de respuesto, un acto inicial de alerto que no
ero el de la audacia decidido que tenía Juan Zuozuo en la
lucho. Acababa de despertarse como yo, como un hombre
sorprendido por los inesperadas bolos de uno emboscado, y le
llegó lo muerte porque la audacia que lo acorazaba contra
ella acababa también de despertar con él de sus sueños elementales y apacibles.
A Zuazuo lo motaron cobardemente, y si yo llegué a aceptar que lo bolo que le traspasó el sueño fue un proyectil errado,
fue su muerte de todos modos la sumo del más planeado asesinato, porque el azor que accionó el gatillo del armo enemigo y
que guió lo ruto del plomo hasta lo frente amplia de mi aliado
sabía de eso inmortalidad guerrero de Zuozuo, el intrépido de
mirado brillante, que no podía sucumbir en lucho alguno por
eso audacia que siempre lo había protegido. Sostuve poro mí
que la serie de causas y efectos que produjo lo muerte de
Zuazuo se debió o lo desobediencia de uno de mis hombres;
pero, si me iba un poco más oirás, me recordaba o mí mismo
cometiendo el desliz militar y regresando o Monterrey, pidiendo a mis soldados que regresaran, en ésa que había sido poro
ellos uno decisión estúpido y débil. Entonces yo me tenía como
la causo primero de la serie de efectos que motaron a mi buen
Zuozua, y me dolía pensar que en el fondo era yo quien había
propiciado eso muerte.

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Mi suerte electoral reciente no convenció a los diputados.
Como los que fueron antes mis aliados, lo fuerzo legislativo
huyó, temerosa de mí, hacia un pueblo de extramuros. El único
asalto en el que participé fue en el de Son Gregario. Le pedí o
Juárez que opresora o mis enemigos locales, pero como luchaban o su favor, a él no le importaba siquiera separarlos del
ejército. Sin embargo, el indio me nombraba comandante militar de Tomoulipos cuando Doblado, en calidad de ministro,
arreglaba positivamente los proyectos españoles e ingleses de
intervención.
A pesar de su matiz liberal, Francia se perfilaba como el
mejor asidero de los reaccionarios. Llegaba lo hora de probarle al mundo que los mexicanos éramos dignos de la libertad y
de lo herencia que nos había dejado un simple cura de pueblo.
Pero yo yo no mondaba tropos poro el centro. Simplemente no
los mondaba. Y apuntaba que ero notorio lo carencia de recursos. Notorio lo desnudez y el hombre de todos los tropos. Notorio uno seco que realmente no había, o cuyo supuesto rigor
habían sucumbido los caballos de más uso. Notorio mi terquedad por acabar la rebeldía de Tomoulipas, uno rebeldía que
acaparó las atenciones y los intenciones y que no siempre dispuso de tropos poro Juárez.
Acusé el egoísmo y lo falto de desprendimiento de las clases acomodadas, y por ello en nodo me dolió incautarles el
metálico o esos hábiles tenderos, ni el obligarlos a que hicieran
más préstamos al estado, ni pelearme hasta con los gachupines
empecinados en sus viejos ideos, ni cerrarle los negocios o todo
esa gente que yo ayudé. Les di la oportunidad de tener un
poder económico, pero el mío ero el militar. Y llegué o enojarme con esos agiotistos que me querían picor los ojos. Pero yo
mismo no soltaba el cobre: quería la permanencia de los rentos
federales para organizar y alimentar las tropas, las que muy
regularmente salían hacia el centro o los que combatían a los
indios. Cuando al fin yo mondaba esos milicias, ero que éstas
habían sido formadas por soldados desertores o de reputación
dudosa cuya penitencia era seguir luchando. Mis tropos fuertes
estaban aquí.
El indio me concedió uno entrado poro la artillería por lo
aduana de Matamoros, y me dio su visto bueno porque ese
arsenal lo quería para el centro. Demoré en entregárselo y seguí argumentando el hambre y lo falto de recursos. Mi retórico
epistolar mantenía feliz o Juárez, aunque yo ocupase poro mí
los furgones que traerían las armas en transportar el algodón
comprado al sur de los Estados Unidos. Ese algodón debía
salir poro Francia e Inglaterra, pero el conflicto entre confederados y unionistas hizo que los cargos blancos tuvieron que ser
vendidos o mis hombres de negocios, mis otros capitanes, los
que, en lugar de ser Rifleros o Blusas, eran los capitanes del
Comercio, del Negocio, del Agio, de los primeros empresas.
Bloqueados los puertos de Brownsville y de lo Nuevo Orleáns,
yo seguía deseando poro mi uso los otros dos puertos que se
abrían al mar en Tomoulipos. Pero nunca tuve el de Matamoros
sino tan sólo como una vía de solido poro lo que entraba por

Piedras Negros con el fin de venderse en Europa.
Lo mismo sucedía con Tompico, ese puerto tan parecido al
de lo Nuevo Orleáns -esa ciudad de negros donde los negros
acostumbraban abrirse unos a otros la garganta de un solo tojo
con la misma navajo que usaban poro rasurarse-, dondeJuárez
esperaba mientras yo me alzaba desde Lampazos: semejantes
los dichos puertos desde los brisas salados que los pintaban
con una estelo de trópico hasta los portales variopintos de sus
cosos principales. En Tompico fue donde vivió sus buenos años
Evoristo Modero, quien ¡unto con mi yerno Patricio Milmo, negociaba durante eso coyuntura bélico con un terrateniente sureño. Un primo de sangre, según creo, del mismísimo coronel John
Sortoris.
Juárez creyó establecerse definitivamente en lo capital de
lo república. Ero una especie de arquitecto en medio de un
gran edificio desplomado, según uno bueno imagen para describirlo, pero yo tenía mis propios problemas. Nuevo león y
Coohuila habían sido siempre uno preso fácil poro los salvajes.
Agachados todavía poro arrancar raíces y cuanto vegetal hubiera por los suelos, dispersos, errantes, nómadas, esos indios
brutales mantenían sus rutinas de lo caza sin el menor interés
por adentrarse, cuando menos un poco, en la nueva ero que
empezaba o vivir mi estado. Con indios así no habría minas,
tierras labrantías, movimientos de cosos o simples travesías de
un pueblo a otro. Evorisfo Modero, que aún no se avecindaba

en Monterrey, pero con quien yo mantenía la más viva de los
correspondencias, me decía que los bárbaros yo se los comían
o todos, matando y robándose las pocos caballadas que tenían. En la opinión de Evoristo, el único remedio para quitarnos
y quitarse él o los indios de encima era uniendo tropas a las de
Texas para emprender, en ambos lodos del Bravo, una persecución implacable que asegurara su fin.
Mi amigo me aseguraba con su vida que si yo usaba el
más alto de los empeños en perseguir a los indios, sin parar en
medios de ninguno naturaleza, yo, Santiago Vidaurri, un hombre de mi siglo, me vería colmado de uno glorio inmediato, y mi
estampo diario daría su mejor uso en los copias que se hicieron
de las estatuas que conmemorarían mis méritos. Modero me
removía el gusano por lo inmortal, me halagaba, me acariciaba el ego con ese pion que tenía además un beneficio inmediato: acabar con esos gandules de orco y flecho de los que
todos debíamos de desconfiar y mantener bojo vigilancia. Pensé en lo destrucción completo de aquellos tigres humanos aun
con el recurso de los venenos en los tinajas del desierto o mezclados en el alcohol de los licores que, con oigo de moño y
mucho temeridad, les llevaban a vender algunos de nuestros
hombres. Dispuse entonces de todos los rentos públicos, porque ni con las del estado ni con los del gobierno general podía
abastecerme.
Quise suprimir todos los aduanas que había poro establecer en Monterrey uno solo. Con ese dinero, lo ciudad capital

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�sería otro centro, un satélite fugitivo que poseería su propio corte. Mas no sólo tuve problemas con los aduanas y el arancel
vidourriono; había otro dominio en mis monos: lo monedo. Y
por ello, por no dejar que desde lo Presidencia se asignaron
los empleados de lo Haciendo y los que laboraban en los oficinas del papel sellado, empezaron los diferencias en mis relaciones epistolares con Benito Juárez. Yo había hecho que se
respetara lo frontero, y dominé el orgullo altanero de nuestros
vecinos del norte, rozones más que suficientes poro no aceptar
del centro lo imposición de aquellos empleados hocendorios.
Había sido franco con Juárez, no lo había desobedecido ni lo
desobedecería aún, pero mi amenazo se cernía sobre el retiro
de esos empleados advenedizos que le causaban tontos tropiezos, como los propios indios, o mi gran amigo Evoristo Modero cuando intentaba sacar plato del país.
Acosado por diversos moles, Ignacio Comonfort volvió o
México. Y sin alguno doble intención lo autoricé poro que se
radicara en Monterrey con todo su familia. En los años en que
tomé el poder, cuando el Nigromante brindó poro que todos
se vidourrizoron, Comonfort había mondado cesar mi gobierno
por medio de los armas del tomoulipeco De lo Garzo. Pero ero
yo un hecho olvidado aquel desliz suyo, y si yo antes sentía
hacia él un sentimiento mezclado de atracción y repudio, incapaz de llevarme con los términos medios lo acepté entonces
totalmente, aun cuando Juárez quería o Ignacio Comonfort poro
juzgarlo por su impericia político.
Yo desoí al indio. Comonfort, en su vida privado y lejos del
teatro de los sucesos, en nodo perjudicaba o lo causo público.
Protegí de ese modo o mi asilado, porque no quería ser como
aquel Picolugo que entregó o Vicente Guerrero durante lo época de lo Independencia. Yo moriría antes que mancharme con
uno iniquidad así. Si Juárez aspiraba o lo consolidación de lo
paz, no podía sino apoyarse en el olvido del posado poro
atender el presente. Yo sabía que lo Presidencia ero un puesto
en que se gastaba y perdía lo salud, lo reputación y hasta lo
vida mismo. Juárez lo sabía mejor que yo, y su responsabilidad
radicaba en pedirme lo aprehensión de ese hombre amparado
por mí. No había, comprendí, lo miro innoble de uno venganza: ero sólo el deseo de ver o Comonfort sufriendo lo ley que
había dictado él mismo, donde se penaban los delitos contra lo
seguridad nocional.

Me afligió disentir en un asunto de tamaño importancia. Ero
el derecho de asilo o el castigo contra lo atentatorio institucional. Si Juárez quería mi mono, debía olvidar su saña oficial contra Comonfort. Bastante sufría yo mi estado con los moles que
diariamente causaban los indios bárbaros. Bastante necesitaba, en ese momento, o mi estimado Zuozuo.
Y bastante debía preocuparse Juárez por los pagos suspendidos de lo deudo extranjero. Europa miraba hacia México, y tenía el mejor pretexto: quería su dinero. Juan Nepomuceno
Almonte, el hijo del caudillo Morelos, había interferido en ese
asunto internacional que acabaría en sangre. Lo inminencia de
lo próximo guerra me dio un extraño gusto por lo concordancia

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nocional que se reforzaría contra el extranjero. Sin embargo, mi
Boletín Oficial, ese texto mediante el que pedía caballos y alimentos poro los tropos, coqueteaba con posturas no del todo
liberales. Aun así, vi lo coyuntura poro que Comonfort buscara
por sí mismo su reinvindicoción: ofreció sus servicios o Juárez, y
uno amnistío relativo facilitó su puesto en el Ministerio de lo
Guerra.
A través de ese ministerio, informaba o mi vez de lo mentiroso imposibilidad del transporte de los armas. Juárez me seguía
escribiendo, y en uno corto suyo hasta me desglosó un desesperado procedimiento poro darle curso o lo armería, coso que
me hizo alguno gracia por lo credulidad del indio hacia mis
inventivos. Pero fue oigo que también me dejó lo sospecho en
el aire de estor en un mol juego ayudado por el lento tránsito
de los cortos en su ir y venir de aquí poro allá, que me permitía
seguir haciendo lo mío -cuestionar, poner o eterno discusión
los contraórdenes-, cuando acoso Juárez estaba enterado de
todo lo que se refería o mis movimientos.
Propuse lo compro de un considerable número de armas y
de pertrechos poro lo guerra. Como Juárez me había pedido
lo fortificación del estado, autorizó ese proyecto oneroso. Me
pidió tropos y yo se los negué, hablando de sequías y granizados, de lo Guerra de Secesión y del mantenimiento o royo poro
los rebeldes. Y el muy señor presidente no protestó.
Mis pretextos poro demorar los armas nuevos que debía
enviar o Juárez eran los del colibroje de lo armería en lo líneo
de Tomoulipos. Julián Guirogo estaba afuero. Yo lo quería aquí
poro tener su ayudo y, debo admitirlo, poro recordar los antiguos glorias de aquéllos que se iniciaron como mis capitones.
Quería recordarlos o todos, pese o mi encono, o mi envidio,
con lo presencio de Guirogo o mi lodo.
Juárez me había pedido apoyo poro Tomoulipos y acepté
dárselo. Algo se avecinaba, y con eso guerra venidero yo volvía o ser el comandante militar de Tomoulipos. Lo que Juárez
también me pedía -dejar de disponer de los rentos federales,
dejar de alterar los cuotas, dejar de variar los términos- quedaba temporalmente en el olvido. Mis fuerzas servían siempre
donde lo ocasión se presentase. Mas mi iniciativo de ayudo o
Tomoulipos cesó porque lo rebeldía de ese estado levantaba
de nuevo los armas y lo voz.
Aquello ero Tomoulipos, ese estado que parecía él mismo
oigo vivo que me guardaba uno aversión permanente, ese lugar de sierros y llanuras donde se juntaban los indios ahora
sublevados; ese lugar que había sido sinónimo del nombre de
Juan José de lo Garzo, con el que había peleado o al que
ayudé alguno vez - y tonto en verdad que me costaba ayudarlo-; ese sitio, eso porte del águila de tres cabezos que yo quise
formar pero que nunca se alineó o mis órdenes y que nunca me
permitió el control de sus puertos. Porque todo se abría al poso
de mi voz, duro o lisonjero según el asunto, menos el mor, menos Matamoros y Tompico.
Lo familia de Benito Juárez se acercaba o Monterrey. Su

mujer y sus hijos estaban en Soltillo, hasta donde les mondé mis
respetos con un poeta sin oficio ni beneficio. Debía tener cuidado. Aunque yo consolidara mi poder y mi ambición por los
fronteros y Juárez estuviera en el centro, sería él innegablemente la autoridad máximo del país. Pero tenerlo en Monterrey negaba mi propio brillo. Acoso esto sonase o uno niñería, pero lo
sentía así porque me habían hartado yo los comentarios que
Lerdo de Tejado fabricaba sobre mi persono, acusando o Santiago Vidourri de indiferente, y me habían cansado los cortos
casi oficiales cuando hablaban, como antes los de Prieto, sobre la obligación de todos los estados de coger únicamente
porte proporcional de los rentos republicanos.
Al fin llegó o Monterrey el hijo político de Juárez con los
hijas señoritos del indio que venían o ver o los hijos huérfanos
de Comonfort. Poro entonces el expresidente yo había muerto
por uno descargo cerrado que le hicieron muy cerco de Molino de Sorio. Existían sentimientos que no se podían explicar
con los palabras, y o este género pertenecía lo que sintió alguna vez mi amigo cuando supo que yo dispensaría mi atención
a sus hijos cuando él muriera. Yo, Santiago Vidourri; Guadalupe de los Ríos, esposo; y Cloro y Adela, los hijos del yo finado
Ignacio Comonfort; suplicamos al estado que asistiera o los
honras fúnebres celebrados en lo catedral por el olmo del difunto ministro de lo Guerra y lo Marino y jefe del Ejército de
Operación.
En el centro, los conservadores exigían uno monarquía de
príncipe extranjero, y el archiduque Fernando Moximiliono eslobo yo dispuesto poro tomar el trono mexicano. Lo Constitución de Juárez, argumentaban, había negado todo origen divino del poder, y ahora parecía que el poder y lo fe, que el
mando y lo Iglesia, se estrechaban lo mono. Alguno de los obispos del país aseguraba que ese deseo del cambio se debía o
lo serie continuo de atentados cometidos durante los gobiernos
de Comonfort y de Juárez, y que esos leyes, que olimentoron el
hombre de uno y varios revoluciones, habían dado el apoyo y
la causa poro el mol ton necesario de uno intervención extranjera.
Los jefes reaccionarios habían opinado que se marchara
directamente sobre lo capital sin ocuparse de los fuerzas de
Ignacio Zaragoza que ocupaban Pueblo de los Ángeles.
lorencez no quiso atender esto opinión, y pagó su arrogancia
gálico al ver humillados sus armas. Yo evité cualquier brote de
entusiasmo, pero su nombre, aún ignorado por lo correspondencia de mis letras oficiales, quedó inseparablemente unido o
mi memoria y al día 5 de moyo, o los franceses asustados y
vencidos en Pueblo, o sus gafos pequeños como lo fueron siempre en aquel rostro esmerado que luvo Zaragoza
He ahí el Cordero de Dios que quitaba los pecados del
mundo. En su nombre, cuando relucían los blasones sacados
del polvo de los armarios conservadores, se había recomendado la dicho de nuestro pueblo católico confiado o los que muy
pronto serían sus monarcas. A Moximiliono, con su corte o lo
francesa y su mujer Carlota, lo acompañaba lo bendición mo-

terno! de un corazón profundamente entristecido. Y esto empezaba o ser el Imperio, del que Prieto escribió sobre uno de sus
ministros que si hubiese sido encargado poro ello, habría probado, con mucho erudición y paciencia, que el cetro indígena
de Moctezumo les venía o los de Hobsburgo por líneo recto.
En ese mismo año de lo Intervención, en uno hora morcado,
Juárez entraría o Monterrey. No había hecho su arribo un día
antes porque, oficionodísimo o dejarme llevar por los chismes,
pensaba el indio, yo hubiera creído que esperaba un ataque suyo.
Me fui o lo Ciudadela poro tener o mono lo artillería. Los monos
se alzaban contra mí: antes Comonfort me arengaba o sus aliados y yo, en generoso respuesto, le daba lo mono; mi destino se
definió por lo mono que corté del brozo de un soldado, lo que me
hizo conocer el encierro carcelario pero también el cultivo de mi
ambición; alcé las manos en contra de Juárez con mis cortos y mi
desobediencia; dejaría que cayera, además de su mirada clara,
la mano de Maximiliano sobre la mía, y habría de ser un consejero real; moriré con una bala en coda una de mis manos sin contar
las otras que disolverán mi vida: lo presiento.
Contra su costumbre, Juárez quiso hacer una entrada solemne. Lo gente se preparaba con cortinas poro el recibimiento
mientras yo permanecía en la Ciudadela. Me negaba a dar la
cara frente o la de Manuel Doblado, el héroe, el pacificador,
pero él se retiró poro que con alguna paz yo pudiera hablar
con el presidente. Las cosas pintaron distintas, y no sabía realmente si los títulos de general de los Estados Libres y Soberanos
de Nuevo León y Coohuila, estaban cortados todavía poro mi
medido de poder. Empezaba a enterarme de que me decían
yo el Cacique del Norte.
Juárez contestó. El encuentro entre el Hombre de la Montaña y el Hombre del Valle daría, o lo venidero, el lapso de unos
minutos históricos, secretos, que sólo pertenecieron o la voz de
Juárez y a la mía.
Nadie, absolutamente nadie, pidió mi destitución ejecutiva.
Me fui porque me fueron exigidos los productos de las aduanas para el erario federal. El dinero era la vértebra metálica de
mis ejércitos - las armas, los alimentos, los tropos poro la guerra:
el dinero-y, careciendo de él, se resquebrajaba mi poder. Juárez
ero tajante. Y yo también lo era, pero intenté jerazquizor mis
peticiones a través de Pedro Hinojosa. Mis propuestas fueron
denegados, y desde ese momento, rebelado contra el gobierno nacional, yo era un lraidor a la patria.
Juárez se fue. Alguno vez le había recomendado que muy
particularmente cuidara de su persona, que representaba aquella legalidad que defendíamos, y había sentido en él o un hombre de carácter firme y resuelto. También participé en el entusiasmo bélico de Zuazuo cuando mandó fusilar o sus detractores en Zacatecas. Pero ahora estaban en asedio las aduanas, y
los imbéciles del centro, cegados por ese sol federal al que nos
subordinábamos los estados, eran incapaces de ver que, si yo
ganaba y tenía los aduanas, ese Gobierno Supremo se vería
fortalecido por mi ayudo militar. Esa visión del centro solar no

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�nía 17 años. Ero ella, y corría, jugueteaba con sus primos también
hermosas, eso Dolores de 17 años. Hablaba y hablaba debido a
su nerviosismo por bailar con él. Y yo miraba como un polizonte,
desde atrás de un cortinaje extenso y espeso... Y sabía entonces
que el Teatro del Progreso quitaba su lunefario, nivelaba el piso y
que lo solo se convertía en un salón de baile. Oue en los plateas
había damas con tocados muy visibles, niños de las más guapas
y mancebos de los méts galanes. Que el pórtico era iluminado
por cazuelejos que alimentobán sus brillantes mechas con grasas
animales. Que de etiqueta y terciado en su pecho la bando nacional, Juárez iniciaba la danza con esa joven Dolores que era
sumamente hermosa. Y que las cuadrillas para el baile existieron
entonces por la sucesión de las amplias faldas con crinolinas y
por la brevedad de los brillos en las telas de seda.
Juárez, sin denotar la emoción más simple en su rostro de piedra oscura, escuchó y contestó los brindis de encomio. El gobernante que me suplía estaba a su lado y muy buena parte de los
nombres que yo impulsé alguna vez -Zambranos, Muguerzos,
Grimas, Milmos, Treviños, Riveras, Calderones-- y hasta aquellos
que no guardaban simpatías juaristos...

me hizo reparar en que yo también había sido un sol, un núcleo
de intereses regionales y de capitones guerreros que, como los
hombres cercanos o Juárez, se habían hartado de tonto luz.
Si ellos daban un paso, yo daría dos. Y, pensando en mi
amigo Evorisfo que al fin venía o establecerse en lo ciudad, eso
cabezo de los Modero que apuntaba ya para un gran comerciante; y en Juan Zuazua, ese gran satélite apagado por las
balas de uno emboscada; no me quedó otro camino que revocar mi adhesión al indio presidente, y manipulé una dialéctico
que creí sin escapatoria: la paz era el Imperio y lo guerra era
Juárez. En mi lenguaje hubo siempre uno cierta rudeza que los
exaltados interpretaban venido de una sencillez muy republicano, y si alguno jactancia había en él era por los triunfos obtenidos. Desafortunadamente, no conté con la arrogancia que había en mi voz ni tampoco en mi desatino. La guerra era Juárez,
y o Juárez querían.
El condenado indio, al regresar después con su disgusto y
su mando federal y saltimbanqui, había declarado traidor a todo
aquél que hubiese votado, incluso a favor suyo, en mi elección
maniquea. Pero cuando supo que la mayoría fue abrumadora y
con ello lo mucho que lo querían, canceló la orden tan fácilmente como yo había cambiado mis preferencias hacia su persona. Mi ambición perdía su antiguo orden. Yo quería, yo deseaba: yo ambicionaba. Juárez confió antes en mí sin imaginar
el alcance de mis intenciones. El rigor federal no permitía que
yo impusiera la más mínima condición. Ya no podía hacer nada.
Me fui o Texas. Lejos parecía estar Dios de mí y de todos
nosotros, pero él mismo, parecía, era quien había puesto o los

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estados yo unidos de Norteamérica muy cerca del Monterrey
de mi tiempo. Luego, tentado por conseguir lo unión de los estados fronterizos, sentí una mano de esperanza al unirme al Imperio. Tomé eso decisión también por oigo que nunca temieron:
prever el ataque de Bazaine a mi ciudad capital. Conservaba
un poder, ahora con una distinta cara y motejado como traidor,
pero lejos de mis tierras y evitado yo el peligro de ver correr
· sangre regia, sangre mía, por aquellos suelos calientes.
Quise comparar mi salida de Monterrey con la que hizo
Juárez de lo capital del país, antes de que arribaran o ello
Forey y Saligny, el risible Monsieur Botella que caminaba junto
a Juan Nepomuceno Almonte. Pero lo salido de Juárez, más
que el simple hecho de retirarse para no convertir a la ciudad
en un blanco de los conservadores, ero el juego del gato y el
ratón por los pasillos de la república; un juego demasiado inteligente en el que Juárez era el ratón, el perseguido, pero un
ratón más astuto que el felino confiado que era Maximiliano de
Habsburgo.
A veces no dormía, o dormía y se me llenaba la cabeza de
pesadillas. Subía lo cobija hasta los ojos y pensaba que por su
espesor podía hacer las veces de un extenso cortinaje. Monterrey, ese imperio que quedó truncado. Mi insomnio de esos
días atado a la corte imperial. Allá hubiera tirado la cob¡¡a al
suelo y tendría, simplemente, una buena sábana. Allá el cober·
tor parecería un cortinaje -y yo sería allá otra vez el goberna·
dor-. Qué calor habría por allá. Y ahí, donde navegaba en el
insomnio, qué dolor el mío: dolor. Dolores. Se llamaba así. Te-

Yo no era un consejero más. Con Juárez había tenido problemas por los empleados hacendarios que me enviaba. Con este
monarca, en cambio, yo era el ministro de Hacienda. Pero aún así
me sentía triste, lejos del sol de Monterrey, ridículo entre tanto finura y protocolo. Me sentía como Luis de Carvajal debió sentirse
cuando le pusieron toda la Ciudad de México como cárcel mientras respondía a su proceso inquisitorial. Yo no entendía de valses
ni de caravanas. En las comidos, cuando uno de los emperadores
traducía del español de la charla general al idioma concreto de
un visitante, la cosa tomaba visos de una franco agresión.
Mol éramos vistos los mexicanos apegados al Imperio. Y muy
mol eran vistas también los estirpes europeas cuyos apellidos poco
se avenían o lo tradición castiza, como poco tenía que ver mi uvé
de Vidourri con las emes iniciales de Miramón, Márquez, Mejía y
de Moximiliano de Habsburgo. Mi inteligencia, sin embargo, estaba conmigo.
Recordaba de pronto cuando Juárez, luego de discutir conmigo en el Palacio de Gobierno, se había ido a Saltillo para decretar allí la muerte de mi estado dúplice: cuando ya no hubo más
nuevocoahuilenses. Pensé que de haber estado cerca, el médico
Gonzolitos me hubiera dicho, a fin de consolarme, que había sido
mejor así, porque aquel mote complicado de nuevocoahuilenses
parecía más bien un juego de trabalenguas. Esa noche en que
Juárez arribara a Monterrey, la alta silueta del mirador que pres~
día la linea donde el oaxaqueño pernoctó con Miguel Lerdo de
Tejada y Guillermo Prieto, se volvió para mí una especie de símbolo insoportable, el recordatorio personal de mi salida y mi adhesión al Imperio. Si, años atrás, cuando se marchaban derrotados
por los americanos invasores, nuestros soldados tuvieron en el
Obispado el centinela de su fracaso, el mío era sin duda esa torre.
Volvía a pensar en Gonzalitos: ese hombre demasiado bueno que soportó la mayor amargura de su vida cuando la mujer lo
abandonó por el presidente Mariano Arista; lo evocaba hurgan-

do en los viejos folios de la catedral o bien en los del Palacio de
Gobierno para editar sus libros de anatomía; los discursos que
leyó frente a mí en el Colegio Civil; sus textos de historia; sus lecciones orales y morales; sus catálogos de plantas que tonto lo
hacían parecer el europeo ése del que el mismo médico me habló tanto, el barón alemán que vino a América en los días de la
Independencia y que se perdía con harto placer en las callejuelas estrechas de Guanajuoto.
Recordaba que Gonzalitos me comentó alguno vez que, en
el siglo pasado, el gobernante de entonces visitó Lampazos de
Naranjo, y que había encontrado allí un buen número de indios
con sus familias a los que no supo reconocer; le dije al rnédico
que aquellos indios eran los últimos de la tribu de los Tobosos,
venidos desde Coahuila, y dentro de ese recuerdo recordaba a
Lampazos. Mi pueblo natal, lleno de puertos por donde entraban
esos indios ladinos que conocían tan bien como conoció Zuazua
la Mesa de los Cartujanos, donde si bien era cierto que habían
germinado muchos ataques de los bárbaros, en lo personal, me
procuraba siempre una poca de paz interior merced al recogimiento.
No sabía la causa de mis entristecimientos en la corte. Maximiliano, cuando eran cerca de las ocho, mandaba que colocaran
su camastro de viaje, un catre plegadizo, por algún corredor cercano a la recámara real. El mol francés que se rumoraba tenía lo
apartaba de los caricias de Carlota. Para mí, él era la figura inseparable de su catre, como Juárez lo era de su carruaje negro. Y
no sabía si mi tristeza era causado más por un temor: el de pensar
en ese carruaje que, más que estar impulsado por un tronco de
caballos, corría por lo tenacidad del derecho.
O ía campanadas catedralicias cuyos sonidos se perdían tras
de los cerros más próximos. Maximiliano dormía ya profundamente.
Desde una planicie sólido, donde algunos lustros atrás se habían desplomado hacia el suicidio los héroes jóvenes del Colegio
Militar, mi mirada se extendía bojo la lluvia sobre la calzada imaginaria que Maximiliano planeaba construir en honor de la emperatriz. Lluvias como ésa eran de todos los días, como cosa común
eran los crepúsculos de Monterrey, a diferencia de los que se
daban en aquella Ciudad de México durante los meses de aguas,
agazapados en lo sombra, a la espera de un día hirviente de sol
para poder reventar de luz. Me preguntaba entonces si debía
permanecer en una de las altos terrazas del Palacio de Chapultepec para abandonarme o la nostalgia que me nacía al recordar
los días luminosos y largos de Monterrey.
Aceptaba entonces cada una de mis nostalgias: el calor que
ya no tenía, el paisaje avasallado por la dura luz de la estepa y,
naturalmente, mi poder, el mando que ejercía sobre Nuevo León
entero y las regiones de Coahuila hasta lo punta fronteriza de
Piedras Negros: el águila bicéfala donde no era uno más, como
ahora, que solamente seguía las órdenes de Maximiliano. Nuevo
León, Coahuila, Monterrey. Pero, ¿qué era Monterrey para Santiago Vidourri? Un lugar árido con la dignidad de lo franqueza,
donde sudaba o mares cuando los meses de color se quemaban

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�de¡ó al pie de su castillo de Miromor. Él debió adivinar lo que yo
veía, mientras su mirada, al principio colérica, entró hacia mis o¡os
oscuros y orientales para sorprender una llanura interminable de
tierras marrones y ásperas, de odios y rencores vivos, de adioses sin
regresos, de todo aquello que era yo mismo.
Creo que él advirtió una nostalgia común entre ambos. Me
miró ya serenamente paro sentarse por segunda vez y me dijo
que su decisión permanecía firme. Le dije que sí con la voz apagada, le confirmé sus órdenes con mis o¡os también apagados y
salí de sus dominios con un paso solemne y más bien apagado.

en el espinazo del año. Por esa rozón, los vientos fríos de la meseta no me parecían sino una de los tantas presunciones con las que
se armoba la capital para enfermarnos de resentimiento a los que
nacimos sobre el comal del norte.
Pero yo tenía que continuar con mi papel. En lo más temprano
del día, cuando el de Habsburgo saltaba de su catre para echarse al lomo la cargo de su gobierno, él y yo teníamos reuniones de
acuerdo en los que a menudo aparecía la inconformidad en mis
o¡os. Uno de esas veces todo empezó como de costumbre: primero él me recibió sencillamente y se incorporó de su silla para decirme un torpe buenos días, en lo que ero un sobrio ceremonial de
monos y de sonrisas oficiales. Luego lo vi desvanecer su mucho
altura y lo precisé otra vez en la silla, como sucedía siempre. La
cuestión ero bien clara: discutir una líneo mía en las direcciones
del Ministerio de la Hacienda que él juzgaba poco hecha para
los tiempos que corrían.
Me sostuve en todas mis razones: se las recité con un tono
templado porque pensé que los ofendería; él soltó un no repetido
de péndulo con su cabeza rubio; le expliqué uno vez más la última, lo más importante de mis razones, y me di¡o que no de nuevo;
yo sonreí discretamente antes de decirle que la experiencia ero
una de las cualidades que me¡or me habían definido, y él se incorporó para casi gritarme que mi rompimiento con Juárez no ilustraba mucho esa cualidad. Entonces lo vi, erguido detrás del escritorio en su estatura que entonces me pareció monumental, enorme
deveras, y él debió percibir en mis o¡os la sombro de la irritación
por los recuerdos que había desencadenado en mí, cuando Juárez
decía esto y yo hacía lo otro, cuando me señalaba que por aquí
y cuando yo le salía al indio presidente con los pitos de hacer los
cosos por allá.
Vi en los o¡os de Moximiliono lo indignación por mi sonriso,
que si no ero agradable se volvía cruel, y por haberle hablado del
colmillo de la experiencia que o él le habían reprochado no tener
poro asumir el gobierno de un país. Pero luego vi en las aguas
azules de su mirada, detrás de la capa más superficial de su disgusto, entre el desamparo y lo angustia, la nostalgia que Moximilianus
el lmperator traía guardado muy dentro de sí: en lo más profundo
de sus o¡os, que tendrían el mismo color de las aguas marinos que

46

Al segundo gobernante que me sucedió, escudado como el
cura de un periódico dominguero, Guillermo Prieto le recomendaba una política franca, una justicia con las manos completas y sin
los desequilibrios de las balanzas cuando les entraba la herrumbre de la corrupción. En aquellos números dominicales que apenas sobrepasaron la docena -panfletos subversivos que ridicul~
zaban a toda la corte imperial de Maximiliano-, Guillermo Prieto,
sin embargo, no ofendió nunca a la persona de Santiago Vidaurri.
Permaneció en Monterrey porque Juárez afirmó ahí su gobierno
temporalmente. Siempre me intrigó que hubiese mostrado respeto
por alguien como yo, quien muchas veces había desobedecido
al presidente de la república. Prieto y el indio mandatario estaban
unidos, además, por un viejo compromiso de vida y lealtad; como
los valientes no asesinaban, Benito Juárez vivía, gracias a las palabras de su primer ministro.
En sus ripiosas advertencias, Prieto le pedía al gobernante
que los faroles se llenaran de luz durante la noche, y yo volvía o
ver a los serenos caminando por la Calle Real con las lanzas
sujetas fuertemente para atravesar el aire, y los oía nombrar o lo
Virgen cuando eran dadas las horas nocturnas en un tiempo sereno y de paz allá en Monterrey, como si dieran inicio a una oración: como si quisieran incomodar a los aparecidos diciendo aquello del Ave María Purísima y sin pecado alguno concebida. Pero
de la imaginación pasaba enseguida o la realidad, y me entera•
ba de que Juárez había dejado mi ciudad perseguido por el empeño de Julián Ouiroga, quien recibió en la cara una ráfaga de
polvo del emblemático carruaje negro.
Empezaba o no entender a Maximiliano. Sus desplantes me
asustaban tanto o más que a los propios conservadores. Si a ellos
no les causaba la misma risa que a él cuando les decía mochos
con su acento europeo, y si al Clero lo encolerizaba que el propio emperador diese marcha adelante a las Leyes de Reformo
donde más dolía, es decir, en los bienes de que gozobci la Iglesia, a mí me puso de un humor de todos los diablos una de sus
gracias al parecer más inofensivas: que fuera él quien les solicitara
a los músicos de la charanga aquella pieza con la que se ridicul~
zaba a los seguidores de la monarquía: los que caminaban 200
pasos hacia atrás cuando apenas habían dado uno solo hacia
adelante, los que se dejaban aplacar todos sus males con la Espada y el Cirial, los que avanzaban en esa forma única como
sólo les ero dada a los cangrejos: hacia atrás.

el Petit Napoleón; el famoso Tratado de Miramar no se cumplía
corno ero debido. La agitación regia, esa mañana, era muy intensa. Ella había salido temprano, y su intención era harto distinta de
cuando lo hizo, temprano pero un poco más tarde que su marido,
paro salir hacia el centro el día del aniversario de Maximiliano,
hacia la catedral, hacia las calles colmadas de arcos conmemorativos. Carlota había dejado Chapultepec, y Maximiliano se quedaba. Yo lo vi pensativo. Y no supe -ni llegué a saber si él lo
supiera- si sería por el doble propósito que su mu¡er llevaba a
Europa: arreglar con el ingenio de su cabeza lo aventura
napoleónica, y desechar de su vientre la notoriedad de un embarazo en el cual él, el emperador de la Intervención, no había intervenido en lo más mínimo.
Maximiliano empezaba a tener serios problemas con los conservadores. Y yo, por el contrario, esas últimas noches las había
pasado sin lo menor amenaza del insomnio de siempre, y era una
buena rozón para mi asombro, porque si antes no entraba en el
sueño aun con el buen clima que envolvía a la Ciudad de México, ahora, cuando más pesadas eran las cargos y las responsabilidades de ese gobierno de románticos, yo caía como un tronco
en la cama.
Las campanas sonaban y sus repiques se perdían en los faldas de los cerros más próximos.
Un hacendado henequenero, que había pensado que México sólo iba a salvarse cuando viniera o gobernarnos un príncipe
real, saltó contra el emperador rubio. Había creído que la monarquía era lo mejor paro lo religión, pero no había sucedido osí y
optaría mil veces por esa república que viajaba en el carruaje
negro de Benito Juárez. La mujer del hacendado decía que ese
trono era de puro sainete y que en la comparsa monárquica había canallas que ameritaban del escarmiento público. Fue de las
que prefirieron ser reinas en casa y no criados en palacio.
Y, sin embargo, Maximiliono había tenido muchos deseos de
tratar con el indio ooxaqueño, aunque las cosas tomaran otro
rumbo. Él había permanecido firme en el puesto al que se le había
llamado, sin vacilar en el cumplimiento de sus deberes, porque un
verdadero Habsburgo no abandonaría su lugar en el momento
de peligro.
Como de costumbre, Maximiliono se había levantado o las
cuatro de la mañana, con los primeros gallos. Saldríamos con él.
En Guerétoro, lo presentía, mis manos sudaban abundantemente,
oigo se cocinaba. Oía campanas.
El emperador ha sido fusilado. De nada ha valido el tropel de
los plenipotenciarios que vino a negociar legalmente la vida de
Maximiliano. De nado valieron las peticiones de indulto ni que la
princesa Anges Salm Salm se inclinara ante Juárez y él viera entonces, muy discretamente, el nacimiento de sus bellos senos. La
mayor de mis sorpresas la he tenido al enterarme del nombre del
jefe de las Operaciones del Ejército Republicano: Mariano
Escobedo, victorioso en el Cerro de los Campanos -ahora entiendo los anuncios-, ese hombre que se atrevió o agitar su mano

velozmente para unirla al armo que pudo haberme motado.
He regresado junto con Leonardo Márquez desde Ouerétoro
poro dar o conocer una abdicación que Maximiliano había previsto en el caso de que terminara preso. Pero ya es demosidado
tarde. Me inquietan las órdenes de un tal Porfirio Díoz que nos
exige o los seguidores del Imperio presentarnos paro escuchar un
juicio que de seguro nos enviará a la cárcel. De no hacerlo así,
estará del otro lodo lo muerte.
No, yo no puedo asistir o uno muerte entre paredes. Mi esperanzo está con este gringo que me esconde por uno cantidad de
dinero que aún no tengo. En mi cerebro, girando locamente se
suceden los nombres de Miromón y Mejía, y el de Moximiliano
en un aporte, con su eme o todas luces mayúsculo y real, con su
M imperial como Felipe Sojo lo habría de esculpir, con lo barbo
rubio cayéndole en dos puntas cual uno M de patas arribo, en lo
dureza del mármol. Y yo solo aquí, oculto, junto a ellos, con la uvé
de mi apellido o cuestas, acoso la mitad inversa de eso eme fatal
que unió o los primeros tres en ser fusilados.
Lo ansiedad me peso, y también la volubilidad de la Historia.
Recuerdo ahora o ese otro tal, paisano mío, que fue fusilado por
el doble trato que hacía con los republicanos y los franceses. Compraba a los galos y vendía las armas poro la causa nocional. En
mi opinión, no fue más que un mercader que aprovechó ese sentido de lo venta, comprar al francés y vender al mexicano, como
igual habría hecho si las condiciones hubieron sido inversas. Murió el posado año en Monterrey. Y la Historia lo ha magnificado
como un héroe.
De no salvarme, moriré seguramente fusilado como un simple
traidor. Ese dinero que no llega, que no consigo, que no sé cómo
tener o mono paro taparle la boca a mi encubridor. Me he quedado poco a poco sin nadie. He querido creer que ellos: Zaragoza y su 5 de mayo, Mariano Escobedo, Naranjo, Lázaro Garza
Ayala... desprendidos, centrifugados del sol que yo ero frente o
todos, se perderían sin rumbo. Pero ellos, cada cual en su propia
órbita, han seguido por sí solos, sin mí, sin la tutela de mi mando.
Hace roto saludé o dos grandes amigos míos con mi habitual
sonrisa, que dicen es agradable, y los abracé. Le dije a uno de
ellos que no llorara: era Pedro Hinojosa, quien medió entre Juárez
y mi voz cuando empezó la caída. Les confesé que el gringo me
había vendido. Me pidió un dinero del que sólo pude darle una
porte. Estuve completamente tranquilo, sin temor a lo que seguía.
Por eso me despedí de ellos sonriendo.
Y ahora que nadie puede hacer por mí nada - cangrejos al
combate, cangrejos al compás-, ahora que no puedo pagar el
precio de mi encubrimiento porque es tarde-un poso po' delante,
200 poro oirás-, deshonrado por la venda que cubre mis ojos y por esa cancioncita de charanga que me denigro como reaccionario-, más aún que por la muerte ritual que espero y que
tontas veces como la recuerde habrá de repetirse, monólogo de
una sombra en la que ahora me reconozco, deseo finalmente, en
esta tarde que significa la disolución de lo que _soy entre las balas,
que mi sangre seo la último derramada y que México sea feliz.

Carlota había ya salido de México. Ella intentaría hablar con

47

�AMBIGÜEDAD NARRATIVA
EN LOS INFORTUNIOS DE ALONSO RAMÍREZ
Javier lrigoyen García

!. Historicidad vs. ficcionalización
~ s Infortunios de Alonso Ramírez, obra del erudito mexicano Carlos de Sigüenza y Góngora, han provocado en el
discurso crítico un gran número de encendidas controversias
en cuanto a su carácter histórico o ficcional, con afirmaciones ton extremas como lo de José Rojos Gorcidueñas (145),
cuando dice: "En esta obra, autores poco avisados y nada
críticos, han querido ver una novela [...], pero tal pretensión
lo único que acusa es pleno ignorancia". Posicionándome
precisamente en el otro espectro interpretativo, trataré en este
trabajo de poner de relieve todos aquellos recursos textuales
que otorgan o la obra su carácter literario, a expensas de las
referencias históricas contenidas en ella, cuya veracidad,
aunque no la refuto, la consideraré subordinada a la construcción de un armazón literario destinado a dinamitar la
cuestionable verosimilitud y motivación de los relatos "históricos" tanto coloniales como españoles del Siglo de Oro.
Dentro de lo que se ha dado en denominar "monarquía
burocrática", la creación de un estado fuerte y centralizado
que pretende controlar un imperio cada vez más extenso
provoca la proliferación de textos consagrados a justificar,
reclamar, implorar; en cualquier caso, a modificar las imposiciones de un estado progresivamente más anónimo sobre
sus particulares. Aunque difieran de los elementos y temas
tratados, las "relaciones" de viajes y expediciones en el Nuevo
Mundo comparten idéntica motivación con narraciones tan
dispares como las cortas de moriscos solicitando la revisión
de su orden de expulsión o las declaraciones exculpatorias
de los implicados en procesos inquisitoriales. Como señala
Raquel Chang-Rodríguez (89) "La carla de relación fue entonces una modalidad de escritura usada profusamente por
cronistas, soldados, oficiales y cualquier ciudadano que deseaba dejar constancia de sus servicios y reclamar recompensa y justicia".
Época de contrastes, el Siglo de Oro contiene en su seno

tanto la proliferación y perfeccionamiento de los discursos
disuasorios o persuasivos como su misma deconstrucción. El
Oui¡ote es ampliamente reconocido como una alquitara donde una por una se pasa revista a casi todas las prácticas
textuales contemporáneas a Cervantes y se evidencian toda
clase de manipulaciones retóricas. Y lo mismo podría decirse del lazarillo y de otras tantas obras. No en vano conviven
al mismo tiempo la obsesión por la "verdad" y el refinamiento y la fascinación por el disimulo.
Mi objetivo, pues, será intentar demostrar la condición
en cierto modo paródica de los Infortunios con respecto a
las "relaciones" y "naufragios" que toma como precedentes.
Pero centrándome en cada momento exclusivamente en sus
características textuales y prescindiendo, por tanto, de su
posible referencialidad extratexlual y de si efectivamente pudo
existir o no Alonso Ramírez como figura histórica 1. Gimbernat
de González (391) ha señalado cómo el móvil de la conmi-

�seración se anula a sí mismo, puesto que "tal solicitud elaborada por escrito por Sigüenza para ser sometida a la generosidad del Conde Galve [...] es satisfecha antes de ser escrito el pedido". Por lo que de las dos declaraciones del
texto para justificar su propia enunciación: a) "Quiero que se
entretenga el curioso que esto leyere" (7), y b) "no será esto
lo que aquí yo intente, sino solicitar lástimas" (7), sólo la primera se mantiene en pie, con lo cual se desbaratan lecturas
como la de Félix Bolaños ( 133), para el que "el relato oral
de Ramírez fue compuesto atendiendo más a un apremiante
afán persuasivo que lo salvara del inminente peligro de ser
condenado por traidor a la Corona española en Yucatán".

//. La fusión genérica: picaresca y "relación"
Son varios los críticos que han señalado la inusitada contaminación de elementos de la literatura picaresca en esta "relación difusa", como el propio narrador la denomina, sobre
todo en el primer capítulo de la obra. Sin embargo, este
vínculo se interpreta bien como una simple exposición de
motivos comunes a la sociedad española y colonial (hambre,
inmovilismo social, denuncia de la corrupción política y decadencia del imperio, etc.), o bien con una intencionalidad
teleológico (Chang-Rodríguez, 101-102), queriendo ver una
evolución moral desde el pícaro que en un principio busca
tan sólo el lucro personal hasta el héroe que tras la liberación
de los ingleses arrostra todo tipo de penalidades y esfuerzos
para conducir a buen puerto a sus compañeros (sin caer en
la cuenta de que ésta es precisamente la interpretación que el
narrador quiere imponer a su relato, pero no necesariamente
la que dejan traslucir sus actos más allá de sus palabras).
Raquel-Chang Rodríguez (95) reconoce las afinidades
con el Guzmán de Alfarache, pero rechaza su filiación genérica, argumentando que "El linaje de Alonso no es el del
pícaro", sino el del "proletario", estableciendo una distinción
no sólo anacrónica, sino fundamentada en las declaraciones del narrador, las cuales no parecen demasiado fiables
tras un minucioso análisis. De su padre sólo conoce su origen "de oídas" ("cónstame, porque varias veces se le oía
decir, que era andaluz", 8), y lo que es más, como bien
señala Raúl H. Castagnino (31) "no se dice por qué se usa
sólo el apellido materno", detalle que dentro de la obsesión
hispánico por lo sangre y por el linaje no podía posar ni
mucho menos desapercibido. No pretendo con esto refutar
un posible origen "proletario" del personaje. Tampoco lo
contrario, sino señalar cómo el punto de partida de toda la
obro es ya una ambigüedad. Ambigüedad que, a mi modo
de ver, será lo característico de todo la narración, latente en
prácticamente cada párrafo y episodio.

Admitiendo la duda de Arrom ( 181 ) de que "el género
de padecimientos que sufre y los sucesos de su insólita peregrinación sean elementos que lo conviertan en personaje
picaresco", mantengo, sin embargo, su estrecho vínculo con
la picaresca, no ya en cuanto al contenido (tomado en su
mayor parte de las "relaciones" al uso); sí en cuanto a lo
focalización narrativa2 . Tomar como punto de referencia
obras como el Guzmán de Alfarache o el Buscón evoco
problemas inherentes a la propia evolución del género picaresco, consistente en que la progenie literaria del Lazarillo se
distancia precisamente de su carácter más innovador: el de
la ambigüedad de un narrador que a codo momento dice o
calla lo que más le conviene, al mismo tiempo que se dejan
residuos textuales, tales como incongruencias o ausencias
significativas que revelan su condición de palimpsesto, de
escritura como discurso sobreimpuesto a una vida ignominiosaque es preferible ocultar3. Los nombres no son casuales, y
menos que nunca en el Siglo de Oro. Sigüenzo y Góngoro
denomina o su relato "relación", es cierto, pero "relación confusa", especificación inquietante que echa por tierra lecturas
como las de Johnson (65), para quien "its content, therefore,
by its very nature, requires the clear, concise exposition thot
Sigüenza has accorded it to maintain the accuracy of his
report".
No se trata ya de que en la obra se superponga un
discurso escrito -€1 atribuible a Sigüenza y Góngora- a otro
oral -€1 atribuible a Alonso Ramírez como supuesta entidad
real-, como propone Sacido Romero ( 1992), quien trata así
de impugnar la genealogía con la picaresca. En primer lugar, en el Lazarillo el discurso del protagonista está continuamente preñado de citas eruditas, sin que eso suponga uno
lacra para la verosimilitud, o al menos para la verosimilitud
literaria de la época en que fue escrito; pero, además, lo
diferente atribución de voces, bien al "autor", bien al "protogonista"4, conlleva un argumento circular y una paradojo
hermenéutica. Por un lado, se afirma que todos los datos
cosmográficos y eruditos pertenecen a la elaboración posterior a los "hechos" de Sigüenza y Góngora; por otro, esos
mismos datos son los empleados para demostrar la existencia extratextual de Alonso Ramírez, la veracidad de su per~
plo marítimo.
En última instancia, más que un juego de narradores en
los Infortunios, mejor convendría considerar un único narrador cuyo discurso oscila de registro continuamente con motivaciones muy claras. A este respecto, se suele traer a colación el Quijote, donde sí es obvia la proliferación de voces
narrativos. Sin negar la analogía, la mantendré, sin embargo, por motivos muy distintos. La mención de un tal Sigüenzo
y Góngora como transcriptor de los "hechos" no se produce
hasta el final de la obra, aparición que subraya de manero

marcadamente unamuniana la condición de artificio de los
Infortunios. Y, sin embargo, la crítica suele invertir sospechosamente el orden de lectura para poder justificar la idea de
un "yo falso". Pero si en efecto la intención de Sigüenza y
Góngora hubiera sido la de ofrecer la relación fidedigno de
unos hechos reales, ¿por qué postergar entonces la revelación de su labor de escrituro hasta la última página? Esta
alteración es ya en sí misma novelesca, en el mejor sentido
de la palabra.
Lo que sí existe, en cambio, en mi manera de plantear la
cuestión, es un claro conflicto entre el narrador y el autor
implícito. Que un narrador resulte fidedigno o no, es labor
de esa instancia que en narratología se denomina "autor
implícito", que es quien organiza el relato, bien borrando,
bien realzando las fallas discursivos, minando la intención
enmascaradora del narrador, como es el caso. Es la única
forma de explicar por qué Alonso Ramírez miente tan mal,
que es obvio que miente. Si en efecto Sigüenza y Góngora
se limitase a transcribir un relato oral, en verdad no le hubiera
hecho sino un flaco favor a ese supuesto desgraciado que
hubiera acudido en busca de su ayuda5 .

///. La mentira en el texto.
El linaje y "la menudencia"
Ya he mencionado cómo Raúl H. Castagnino pone de manifiesto la inconsistencia del linaje de Alonso Ramírez, pero me
parece útil continuar ahondando en la cuestión, pues a partir
de ésta intentaré extraer las trazas textuales que fomentan mi
lectura. Así, se dice a propósito de su ascendencia:
Llamóse mi padre Lucas de Villanueva, y aunque ignoro el
lugar de su nacimiento, cónstame, porque varias veces se le
oía decir, que era andaluz; y sé muy bien haber nacido mi
madre en la misma ciudad de Puerto Rico, y es su nombre Ana
Ramírez 18)

Si ya es sospechoso el detalle de no conocer el lugar de
nacimiento de su padre, aún más resulta lo que no se dice:
¿por qué lleva Alonso el apellido de su madre y no el de su
padre? Podría parecer una suspicacia extrema, de no ser
porque en el siglo XVII los lectores concedían una gran atención a toda cuestión relacionada con el linaje: su reacción
ante semejante lapsus hubiera sido mucho más inmediata
de lo que podría resultarle a un lector moderno. La incoherencia se deja sin explicar por parte del narrador, y al mismo
tiempo continúa ahí presente, entorpeciendo una lectura lineal. Estas incoherencias son constantes a lo largo del texto;
si me detengo en ésta es porque, a mi entender, colocada

estratégicamente al comienzo, es la que pone sobre aviso al
lector acerca de cómo debe continuar leyendo entre líneas.
El narrador se convierte automáticamente en un bastardo,
de padre más supuesto que conocido y, por lo tanto, un
pícaro cuyo único objetivo en la vida es medrar. Un pícaro,
insisto, pero no como el Buscón ni como el Guzmán de
Alfarache, cuyos narradores se delatan a sí mismos explícitamente, sino como el Lazarillo; eso sí, en condiciones sociales
muy diferentes, que propician peripecias vitales ciertamente
distintas; pero, en cualquier caso, un personaje en cuyas
palabras a ningún lector de la época se le ocurriría depositar ni la más mínima credibilidad, por razones de decoro
literario.
El narrador ya ha advertido al principio de su discurso
que "omitiendo menudencias [... ], diré lo primero que me
ocurriere por ser en la serie de mis sucesos el más notable"
(7). Su declaración emplea el recurso de mezclar una verdad con una mentira: una verdad de perogrullo, la referencia al omitir, puesto que contar la propia vida implica por
definición un proceso de selección, de cosas que se cuentan y cosas que se callan; y una mentira flagrante, la de que
las elipsis lo son de "menudencias", por otra parte, uno de
los eufemismos preferidos en la época para aludir a hechos
que no se pueden nombrar, como las "otras cosillas" a las
que siempre estará haciendo referencia Lázaro de Tormes. Y
más adelante, describiendo los tormentos sufridos a manos
de los ingleses, ya se sugiere que lo dicho es, ante todo,
indicio de lo no narrado: "Si quisiera especificar particulares
sucesos, me dilatara mucho, y con individuar uno y otro, se

discurrirán los que callo" (23).
Continuando con la incertidumbre sobre el linaje de
Alonso Ramírez, poco después, ya en México, el protagonista se dirige al corregidor de Oaxaca, Luis Ramírez, buscando amparo en virtud de un supuesto parentesco por vía
materna. No obstante, el tal Luis Ramírez le niega "con muy
malas palabras el parentesco". De nuevo no se dan más
explicaciones, dejando abierta la interpretación del rechazo: a) Alonso Ramírez intenta sacar partido de la coincidencia de los apellidos, por lo demás bastante comunes, pero
Luis Ramírez desbarata la artimaña y lo despide con cajas
destempladas. b) Luis Ramírez reconoce el parentesco, pero
se resiste a relacionarse con una rama bastarda, y venida a
menos, de su sangre, con el mismo resultado. No son más
que meras conjeturas sobre lo que el texto no dice, es cierto,
pero son las lagunas del texto las que propician estas suposiciones.
Y, por último, el episodio de su matrimonio, en el que el
amor, como en el resto de la obra, está significativamente
ausente. Se concibe como una transacción en la que no se
explicitan los términos del contrato: el lector sabe que Alonso

�Ramírez abrigaba la intención de regresar a México y encontrar un trabajo; y el narrador aclara "conseguí/o mediante el matrimonio que contraje con Francisca Xabier" ( 10),
pero oculta los derechos y obligaciones concernientes al
trato, por lo que de nuevo se debe suponer que no son demasiado honrosos. Pero, sin duda, el dato más enigmático
de todos es el de la repentina muerte de su mujer, a la cual
"en el primer parlo le faltó la vida" ( l O). Si se ha hablado de
un parlo, ¿por qué no se habla del hijo? No es una pregunta ociosa, aunque sí lo sean las respuestas que uno quiera
elucubrar. En cualquier caso, ni la ascendencia ni la descendencia pertenecen al ámbito de las "menudencias" que pueden omitirse sin afectar la construcción del personaje y de su
identidad en el mundo.

IV La dilación retórica
A partir del momento en que Alonso Ramírez se embarca en la
rula de Filipinas, va a ser otro el recurso textual mediante el cual
se contraponen el sentido que su narrador quiere imponerle y
la desorganización denunciadora con la que los acontecimientos se suceden. Se trata de un desorden sumamente calculado
que, al separar espacialmente hechos cuya consecución podría traicionar el encubrimiento del narrador, dificulta en el lector el establecimiento normal de relaciones causales.
Desde su partida de México hasta su liberación por parte
de los ingleses, el relato prosigue una sucesión cronológica.
Pero es justo en este momento cuando se produce una
disrupción discursiva, que encaja dentro de lo que ya se
había anunciado como "relación confusa". Se dice que, no
contentos con liberarlos, los piratas ingleses les conceden en
su partida:
un astrolabio y agujón, un derrotero holandés, uno sola tinaja
de agua y dos tercios de arroz [...], alguno sal y tasajos, cuatro barriles de pólvora, muchas balas de artillería, una cojo de
medicinas y otros diversas cosas (21)
La cursiva de "otras diversas cosas" es mía, como preludio de lo que más tarde se irá desgranando Iras esta "menudencia". En realidad basta con lo ya enumerado para desasosegar al lector: ¿para qué la pólvora y las balas, si hasta
entonces se les había tratado como esclavos?, ¿dónde se
mencionan las armas de fuego, sin las cuales tal obsequio
carecería por completo de sentido?
Sin embargo, antes de que el lector pueda comenzar a
alar cabos y reinterpretar lo ya leído, la narración se retuerce
sobre sí misma en una especie de desglose anafórico de
sufrimientos y miserias a manos de los piratas, con una clara

52

intención de reforzar la conmiseración por un protagonista
cuya integridad ha sufrido una severa quiebra.
Mucho más adelante en la lectura se irá dosificando
la revelación de esas "otras diversas cosas", a través de
incongruencias como el comentario a vuelapluma de que
"la provisión de agua era tan poca que se reducía a un
barril pequeño y a dos tinajas" (27), o referencias esparcidas a objetos inexplicablemente ausentes en la primera
enumeración: "lo ayudé con una pieza de artillería
entalingada con un cable de guamutil" (28), "Sacamos
también escopetas, pólvora y municiones" (29). Hasta que
finalmente sobreviene la descripción más fidedigna, provocada por la añoranza del narrador:
Guedóse [... ] la fragata que en pago de lo mucho que yo
y los míos servimos o los ingleses nos dieron graciosamente.
Era[ ... ] de treinta y tres codos de quilla con tres alorros, los
polos y vergas de excelentísimo pino, la fábrica todo de
lindo galibo, y tanto que corría ochenta leguas por singladura con viento fresco; quedáronse en ello y en las playos

nueve piezas de artillería de hierro con más de dos mil
bolas [... ]; cien quintales, por lo menos, de este metal, cincuenta barras de estaño, sesenta arrobos de hierro, ochenta barros de cobre del Japón, muchas tinajas de la China,
siete colmillos de elefante, tres barriles de pólvora, cuaren•
to cañones de escopeta, diez llaves, una caja de medicinas y muchas herramientas de cirujano (30).
He transcrito este párrafo casi en su integridad por ser
especialmente significativo. En primer lugar, esta último
enumeración revela no sólo que la primera, mucho más
parca, ocultaba "otras diversas cosas", sino que era sustancialmente falsa. Es la añoranza del narrador la que le
traiciona al confesar que la misma fragata no se trataba
de una embarcación cualquiera, sino de tal calidad, que
"corría ochenta leguas por singladura con viento fresco".
No es sólo que los "regalos" empiecen a tomar la forma
de los pertrechos de una banda de piratas por antonomasia; es que se debilita el control narrativo al deslizársele
a Alonso Ramírez que el "regalo" es en realidad un "pago'
por un "servicio", que deja entrever fugazmente y por un
solo instante más una condición de asalariados que de
esclavos, con lo cual toda la construcción de sus penalidades en un barco pirata se derrumba como un castillo
de naipes.
La narración se reintegra así en el marco genérico esbozado en un principio, en el de la picaresca, de la que
el propio Ramírez será víctima en su regreso a México
con la confiscación de sus bienes en nombre de la "santa
cruzada". En realidad, con este giro de los aconlecimien-

tos Sigüenza y Góngora ha conseguido resemanlizar contenidos propios de las cartas de relación con la picaresca. Dentro del debate sobre la peculiaridad americana
de los autores coloniales, es curioso señalar cómo el erudito mexicano, a través de una afortunada lectura del Lazarillo (repito, no de sus sucesores), de las complicaciones que implica siempre un relato en primera persona (sea
una "relación" o el relato de una vida infame), pone el
dedo en la llaga al imaginar el recorrido vital de un pícaro, no ya en España, sino en las Américas, donde las
circunstancias socioeconómicas propician muy distintas
maneras de medrar.
Y puesto que los hechos se presentan de manera dislocada, solapándose unos a otros y alternando diversos
argumentos fragmentados, la narración discurre mediante motivos paralelos y recurrentes; así ocurre con las esporádicas liberaciones que los piratas llevan a cabo a lo
largo de su viaje, o bien con las fugas que se producen a
la menor oportunidad y cuyo desaprovechamiento Ramírez debe razonar.
Así, "En esta ocasión se desaparecieron cinco de los
míos, y presumo que, valiéndose de la cercanía a la tierra, lograron la libertad con echarse a nado" ( 19). La
fuga no sólo carece de posterior comentario por parle
del narrador, sino que, muy significativamente, esto indiferencia precede inmediatamente o un sustancial cambio
deíctico que revela hacia qué bando se inclinan sus simpatías. Si hasta entonces la persona gramatical predomi-

nante había sido el "yo" o un "nosotros" que incluía únicamente a Ramírez y a los hombres capturados con él, a
partir de este momento ese "nosotros" va a incorporar
activamente a los piratas, sumándose a su destino de propia voluntad:

A los veinte y cinco días de navegación, avistamos una isla
[.. .], deque[ ...] nos apartamos, y desde allí se tiró la vuelta de
la Nueva Holanda [...], y al fin de más de tres meses dimos
con ella (19).
Poco después, cuando los piratas tratan de desembarazarse de ellos, Ramírez logra no ser incluido en el grupo de
los liberados (Félix Bolaños: 148). Obsérvese cómo, de manera retórica, es abrumadoromente más extensa la descripción de la súplica que la exposición de la causa por la que
pretende sentir pavor, la sucinta "barbaridad de los negros
moros que allí vivían":
Trataron de dejarme o mí y a los pocos compañeros que habían quedado en aquella isla, pero considerando la barbaridad de los negros moros que allí vivían, hincado de rodillas y
besándoles los pies con gran rendimiento, después de
reconvenirles con lo mucho que les había servido y ofreciéndome a asistirles en su viaje como si fuese su esclavo, conseguí el que me llevasen consigo (20).
Como decía, no sólo se incluye a los piratas en ese "no-

53

�sotros", sino que la exclusión de sus anteriores compañeros
de fatigas culmina con ese complemento directo escindido6 :
"Trataron de dejarme a mi', al que inmediatamente hay que
rectificar, añadir el molesto fardo de "y a los pocos compañeros que habían quedado", de los cuales les importa
bien poco la suerte que puedan correr. La referencia a
"la barbaridad de los negros moros" es tan terrible en el
horizonte ideológico de su época que bastaría por sí sola
para justificar la preferencia por los piratas, aunque criminales y caníbales, blancos al fin y al cabo. Bastaría por sí
sola, digo, de no ser porque no se siente, sin embargo,
ningún temor por los que sí quedan en la isla a su hipotética merced, y porque en el siguiente párrafo se producen más liberaciones en territorios habitados por portugueses y Ramírez no abandona el barco a pesar de que
ya no se trate, en efecto, de esos fantasmagóricos "negros moros".
La siguiente disrupción de las relaciones de causa y
efecto se inserta ya plenamente dentro de los avatares
del pícaro. En la villa de Tixcacal un individuo aborda a
Alonso Ramírez, presentándose como un antiguo amigo
de su tierra, con la intención de chantajearlo. Ramírez
declara abjurar de ambas proposiciones, pero apenas
un par de párrafos más adelante afirma, pretendiendo
disociar ambos hechos:

cualidad, menos por la "precision and clarity" que propugnan autores como Johnson (66) o Sibirsky ("El estilo
de las crónicas de Sigüenza y Góngora [...] revelan un
lenguaje directo, que se atiene al asunto sin entorpecerlo
o embellecerlo", 198). Como he intentado demostrar, se
trata de una confusión que le acerca tanto a la novela
moderna, a esas narraciones de Juan Carlos Onetti o de
Ernesto Sábato, carentes de fiabilidad, a esas obras repletas de lagunas que el lector debe suplir con su propio
ingenio e imaginación. Y si no es una novela moderna
(aunque no encuentro el verdadero motivo para no llamarla así), sí al menos es uno de sus antecedentes directos. Sólo se me ocurre la objeción de González ( 191) de
que "sería atribuirle una sutileza cervantina a una obrita
cuyas sutilezas son de otro tipo".
Gran parte de mi labor se ha limitado a recoger y
desarrollar las descreencias parciales de la crítica anterior sobre diversos fragmentos del texto. Lo más sorprendente ha sido observar cómo cada crítico literario desconfía de la fiabilidad de uno y otro pasaje, sin que ninguno ponga en duda su credibilidad global.

~

/

1

I

valiéndome del alférez Pedro Flores de Ureña, paisano mío,
a quien si, a correspondencia de su pundonor y su honra,
le hubiera acudido la fortuna, fuera sin dudo alguna muy
poderoso; precediendo información que di con los míos
de pertenecerme y con declaración que hizo el negro Pedro de ser mi esclavo, lo vendí en trescientos pesos con
que vestí a aquellos y, dándoles alguno ayuda de costa
para que buscasen su vida, permití (porque se habían juramentado de asistirme siempre) pusiesen lo proa de su elección donde los llamase el genio (37).

De nuevo reproduzco un fragmento algo extenso por
ser un auténtico cúmulo de incongruencias o, al menos,
de coincidencias difícilmente reconciliables. En primer lugar, la venia del esclavo negro se produce por el mismo
precio que él había marcado como de pasada ante el
previo intento de chantaje. Pero, ocio seguido, tal dinero
desaparece inmediatamente de sus manos en un extraño
ocio de liberalidad extrema (que encuadra perfectamente dentro del empeño del narrador por mostrarse a sí mismo como un individuo preñado de virtudes). Por todo lo
ya visto por el lector, no es gratuita la sospecha de que,
en efecto, el chantaje ha sido consumado, al coincidir

54

con la exculpación de los cargos que pesaban contra él
y a manos de un "paisano" suyo, al que elogios tan
encomiásticos como contradictorios (percíbase la referencia irónica a "su poca fortuna") hacen sospechar que se
trata del mismo "paisano" anterior.
Abundan, asimismo, los datos completamente aislados,
absurdamente mencionados fuera de contexto y que neces~
Ion aflorar antes de alcanzar el presente de la escritura, justificados mediante débiles explicaciones que ensombrecen
más que aclaran. Uno de ellos es el de las heridas de armas
de fuego que Ramírez presenta en el cuerpo. Heridas que,
en el caso de un proceso por piratería, inevitablemente deben salir a la luz y el acusado debe responder por ellas.
Ramírez, obligado a hablar de ellas, las achaca a disparos
accidentales de su escopeta. Y no en una, sino en dos ocasiones. El narrador da por sentada la interpretación que deben tener, no demasiado consistente, y los signos por dese~
frar de su cuerpo marcado crecen en el lector como la alusión a fragores que no son quizá los de la esclavitud ni los
del accidente; sino, tal vez, los de una participación en actos
de piratería mucho más activa de lo que le sería conveniente
reconocer.

dad de su pellejo", como si esto "persuasión' hubiese sido desarrollado con éxito, lo que evidentemente no es el coso.
6.

Félix Bolaños ( 145) explora cómo "Los voces de los demás compañeros de infortunio no solamente no se tienen en cuento poro
la construcción del relato, sino que son repetidamente silenciados y desautorizados por el narrador".

Bibliografía
Arrom, José Juan. "Carlos de Sigüenzo y Góngoro: relectura criolla
de los Infortunios

de Alonso Ramírez." Imaginación del Nuevo Mundo. Diez estudios sobre los inicios de lo narrativa
hispanoamericana México: Siglo XXI, 1991.
Cosos de Founce, Moría. la novela picaresco latinoamericano. Madrid: Planeta/ Universidad de Puerto Rico, 1977.
Castognino, Raúl H. 'Carlos de Sigüenzo y Góngoro o la picaresco

Sigüenzo odded detoils ond interjeclions of his own"), aportan-

Gimbernat de Gonzólez, Ester. • Mapas y texto: para uno estrategia

do dolos muy valiosos, pero desgraciadamente subyugo elucu-

del poder". Modern language Notes 95 ( 1980): 388-399.
González, Aníbol. 'Los Infortunios de Alonso Ramírez. picaresco e

braciones sin mayor fundamento sobre lo vida y obras de un
personaje acerco del cual no se encuentro, sin embargo, ninguna referencia fuero de la obra de Sigüenza y Góngoro, como
por otro parle él mismo reconoce.
2. Paro Socido Romero ( 138), sin embargo, "Esto ambigüedad genérico tiene uno de sus causas originales [... ] en el proceso de
adaptación de un relato oral original al más poderoso y perdurable medio de la escritura•. En mi opinión, "esto ambigüedad genérico' es mós bien característico de lo parodio, de los textos
que en su escritura trotan de deconstruir los elementos funcionales de un género transponiéndolo en otro.

o la inverso".

Chang-Rodríguez, Raquel. "Lo transgresión de

Hisponic Review 51 11983): 189-204.
Textos y contextos en torno al tema de
lo espado y lo cruz en tres crónicas novelescos. New York:
Peter Long, 1996.

historio'.

Hernóndez de Ross, Norma.

Johnson, Julie Greer. 'Picoresque Elements in Carlos de Sigüenzo y
Góngoro's Infortunios de Alonso Romírez". Hispania 64.l

11981 ): 60-67
Logmonovich, David. "Paro una caracterización de

Infortunios de

Alonso Romírez". Sin Nombre 5 \ 1974): 7-14.
Maraño, Mobel. "Máscara autobiográfico y conciencio criolla en

(201 ), llevado aún por un positivis-

Infortunios de Alonso Ramírez". Dispositio 40 \1990): 107-117
la novelo picaresco y el punto de vista. Barcelona:
Seix Barral, 1973.
Rojos Garcidueños, José. Don Carlos de Sigüenzo y Góngoro. Erudito barroco. México: Xóchitl, 1945.
Socido Romero, Sacido. "Lo ambigüedad genérico de los Infortunios
de Alonso Ramírez como producto de lo dialéctica entre discurso oral y discurso escrito'. Bulle/in Hisponique94.l \ 1992):
119-139.
Sibirsky, Soúl. "Carlos de Sigüenzo y Góngora \ 1645-1700). Lo tran-

mo todavía mós extremo, se lamento de lo dificultad de discernir

sición hacia el iluminismo criollo en una figuro excepcional".

Ganzólez ( 197) se a línea con los que sostienen que • el modelo
para el discurso picaresca debe buscarse, no en lo autobiografía [...], sino en el género legal de lo relación"; y añade que con
esto asimilación, 'el discurso picaresco[ ...] adapto al relator[...]

y o la vez hoce suyo lo problemático verdad / mentira que el
relator encarno' . También Chong-Rodríguez se adhiere o esta
hipótesis.
4. Como opina Gimbernat de Gonzólez \390), poro quien 'El 'yo'
de lo acción corresponde a Alfonso Romírez y el 'yo' que describe es el de Sigüenza'. Soons

"How much of the distinctively religious outlook disployed in the
work is that of the unfortunole troveller and how much is thot of the
editor•.

"Relación confusa", por tanto, caracterizada por cualquier

bargo, mantiene que 'No debemos olvidar, al fin y al cabo, que
de la persuasión del auditorio de Ramírez dependía la integri-

is cleor is thot the fromework of the norrotive is factual, but thot

Notos:

3.

las varios brechas en lo argumentación del narrador; y, sin em-

Rozón y Fábula 25 (1971 ): 27-34.
lo picaresco en los
Infortunios de Alonso Romírez'. Violencia y subversión en lo
prosa colonial hispanoamericano, siglos XVI y XVII. Madrid:
José Porrúo Turanzas, 1982.
Cummins, J. S." Infortunios de Alonso Ramírez. AJust History of Focts?"
Bulle/in of Hisponic Studies 61.311984): 295-303.
Félix Bolaños, Álvaro. "Sobre relaciones e identidades en crisis: el
otro lodo del ex-cautivo Alonso Ramírez". Revista de Crítico
literaria Hispanoamericana 42 11995): 131-160.

l. J. S. Cummings ( 1984, 295) defiende su realidad o ultranza ("whot
tenía ya libertad para poder irme donde gustase,

nos, lo de Félix Bolaños ( 152), quien muy acertadamente señalo

5. Conclusión que parece ser, aunque no lo explicite en estos térmi-

Rico, Francisco.

Revista Iberoamericano 31 \ 1965): 195-207
Seis obras. México: Porrúo, 1995.

Sigüenzo y Góngora, Carlos.

Soons, Alon. "Alonso Romírez in an enchonted ond disenchanted
world".

Bulle/in of Hispanic Studies 53 \ 1976): 201-205.

55

�DOS POEMAS
Álvaro Ruiz

UN POEMA FATAL
1

2
Me quería matar con una escopeta,
hacerme un forado en el centro del equilibrio,
agujeros distintos desde donde yo vería
la flor roja del fuego
que arde rodeada de almas en pena.
Eso quería.

Me quería matar con un cuchillo,
encerrarme en un círculo,

Yo le blasfemé.

en una circunferencia llena de dientes, sangre
y ojos de miradas fulminantes.

Oré a algunos dioses que se mantuvieron al margen.
Las confusiones se extinguieron
y el dolor quedó a solas

Quería que el viento negro me despeinara.
Quería verme suicidado. Eso quería.
Regalarme manojos de flores marchitas.
clavarme agujas infectadas de malos agüeros.

como el fragmento de un cuerpo celeste
que desintegrado cae a la tierra.
Y ella, la tierra, tembló.
Y la culpa no era mía

Sin embargo, desde lo alto de un árbol

ni tampoco de ella.
Era la venganza de nosotros mismos.

uno de sus demonios se compadeció
de ver a alguien demoníacamente inútil.

Qué haré, qué haré, me dije

Ahorcarme, cortarme las venas,

Sus ojos llamearon y vi la luz,
que es luz y es salvación.
Entonces grité y las estrellas más distantes
parpadearon en el cielo infame de la desesperanza.

y el éter que es propiedad de los sueños

me llevó a un mundo lleno de niebla
donde los árboles crecían invertidos
y las raíces en lo alto se extendían
y señalaban la semicurva línea de un horizonte vertical.

Qué haré,
qué haré con esta vida y el sentido contrario,
contrariedad plena y satisfactoria,
que aloja sus substancias inmensas

Me quería matar con una escopeta,
arrancarme los ojos,

en el hemisferio oculto de la creación.

avasallar, avasallar.

cercenarme el miembro,

�3
Me quería matar con una piedra
angular y cuyo significado ella no comprendía,
llevarme a nadar a los pantanos,
a las arenas movedizas,

LA VISITACIÓN

caminar a los desiertos del Sabara y de Atacama.
Eso quería.
Como yo ya tenía mi vida deshecha,
no le hice caso.
1~

1

1

Entonces me habló de un colibrí
que bebía de sus labios,
de un pajarillo que batía sus alas
en el encierro que ella quería.
Que ella quería.

Yo soy el monje de las guadalupes
Tengo un hábito hecho por las siervas del encierro
Un paño violáceo bellamente bordado
Nunca he sentido pasión por ellas
Sino el ancho río de sus renuncias
Al amanecer camino por los prados
Cuando en el cielo aún brilla la estrella del alba
Y las campanas tañen la hora
Que despierta a las cautivas.

Entonces fue cuando quiso con un palo
golpearme la cabeza,
el cerebro.

Letanías por el dolor y por el miedo
Que insufla la naturaleza

Sustraerme,
volverme loco,

Por el paisaje y los sentidos
Por la gruta de la pálida virgen

llevarme de la mano a un precipio feroz,
a un acantilado, a un acantilado.

A la cual he amado
Con el corazón de los hombres
Por eso a los bosques voy y recojo la leña

Me quería matar con una piedra, un cuchillo y una escopeta,
arrojarme al vacío,
hacerme feliz.

Al atardecer nos encerraremos en nuestras celdas
A esperar la Visitación.

�ANDAR ALA REDONDA
armas y letras: los cíe/os y las dimensiones
Gisella L. Carmona

1~

Enenero de 1944, en el entonces Departamento de

cial Universitario (DASU) se creó en 1943 con el objetivo de

Acción Social Universitario de lo Universidad de Nuevo

llevar la cultura universitaria extramuros, ya fuera a través de

león, veía lo luz primero un modesto tobloide de cuatro

conferencias, cursillos, talleres, exposiciones o de simples char-

páginas, impreso en blanco y negro, ostentando el nom-

las con lo participación de prestigiados humanistas y hom-

bre de armas y letras, en alusión al discurso sobre "Los

bres de ciencia de la época. Su director, Raúl Rongel Fríos,

letras y las Armas" que hiciera Cervantes o través de Don

humanista en esencia, impulsó lo tradición cultural universita-

Quijote, del cual, por cierto, se reproduce un fragmento

rio de manera férreo. armas y letras posó o ser un proyecto

en el número inaugural del que sería por mucho tiempo

fundamental, el pilar de nuestro tradición.

Boletín Mensual de lo Universidad de Nuevo León.

Como órgano de difusión universitario, armas y letras

En el editorial del primer número Raúl Rongel Fríos daba

dedicó, durante su primero época, un espacio importante

razón y fundamento o lo creación del boletín que "por

o lo difusión de los actividades culturales de lo Univer-

imperioso e ineludible necesidad" tuvo un carácter "casi

sidad, identificando de esto formo lo presencio universita-

exclusivamente informativo paro trasmitir lo noticio del na-

rio con lo comunidad nuevoleoneso, haciendo desfilar por

cimiento de lo Universidad de Nuevo león"; sin embargo,

sus páginas a autores locales, nocionales e internaciona-

perfilaba los primeros posos de lo publicación de crítico

les, a través de una selección de textos o con lo reproduc-

literario, de crítico de arte, de poesía, de ensayo filosófi-

ción de aquéllos que dieron origen a conferencias, cursos

co e histórico, lo biografía y la bibliografía, en un entorno

e investigaciones. También se publicaron ensayos hechos

que pretendía impulsor la paz sobre la guerra. Este primer

ex profeso para el boletín, donde lo literatura, el derecho,

órgano editorial constituía uno de los elementos genera-

la

dos en el proceso de expansión de la cultura nuevoleone-

hasta entonces no revelados o de difícil acceso.

sa, que buscaba consolidarse y afirmar su identidad, arraigándose, al mismo tiempo, en la literatura clásico.

filosofía y el arte desplegaban ante el lector mundos
Durante sus cinco épocas, armas y letras ha sido una

herramienta de valiosos referencias en el quehacer inte-

armas y letras aparece en un momento crucial de lo

lectual de la Universidad de 1944 a 2003, al publicar en

historio del mundo, cuando al otro lodo del Atlántico se

su primera época (1944-1957) 168 números mensuales,

peleaba uno guerra donde privaba el racismo y la intole-

agrupados en 14 volúmenes; en la segundo ( 1958-1962),

rancia en medio del caos mundial.

18 números trimestrales en 5 volúmenes; en lo tercera

armas y letras representó un canal de expresión de lo

(1963-1971), 31 números trimestrales ~n 9 volúmenes; en

experiencia vital que perfiló al humanismo en lo Universidad

la cuarta ( 1974-1977), 8 números trimestrales y 4 semes-

como la posibilidad más alta de reflexión y consolidación

trales en 4 volúmenes y en lo quinta ( 1996 o 2003), 45

de un pensamiento crítico. El Departamento de Acción So-

números bimestrales en 7 volúmenes. En estos ciclos, las

61

�dimensiones de las ciencias y las artes se manifiestan en
todo asunto referente a la exigencia del ser para entender la cultura como necesidad objetiva del desarrollo del
hombre, y como un valor fundamental de su realidad.
En su publicación armas y letras ha tenido etapas de
receso, la primera entre 1972-1974, en una década de
grandes movimientos y cambios sociales, y de 1978 o
1996, años de consolidación y expansión de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en los que se ponderó
el aspecto pedagógico, y la producción editorial se hizo
profuso y más especializada. Con el fortalecimiento de

LA AVENTURA DE EDITAR
LIBROS DE POESÍA
Juan Domingo Argüe/les

su estructuro orgánico, más adoptada a las exigencias de
lo modernidad, el antiguo Departamento de Acción Social Universitaria fue ampliando sus funciones y lo posibilidad de retomar la creación editorial. Así resurge o fines
del siglo XX y a 52 años de su aparición. armas y letras
1

1

volvió o lo circulación con un moderno formato y sin per1

der lo esencia que le dio origen.
Sus directores han sido destacados humanistas, investigadores e intelectuales ligados a lo vida de la Universidad. Desde su primer director, Raúl Rangel Frías, quien
fijó el rumbo del boletín de 1944 a 1950. De este año a
1957 se editó bajo la dirección de Fidencio de la Fuente.
Posteriormente, participan Alfonso Rangel Guerra ( 195859); Juan Antonio Ayala ( 1959-62); José Ángel Rendón
(1963-66); Héctor Javier Mora Solazar (1967 a 1969);
Alfonso Reyes Martínez ( 1970); Salvador Pérez Chóvez
( 1971 ); Héctor González y González ( 1974-75); Jorge
Pedraza Salinas ( 1975-77); CarmenAlardín ( 1996-2000) y
nuevamente, Alfonso Rangel Guerra (2001-2003).
El esfuerzo que se ha desarrollado desde 1944 ha
consolidado uno actividad editorial y una publicación que
revela, recuerdo y consolida la memoria cultural de nuestras instituciones sociales y académicas, contando hasta
hoy con lo colaboración de más de seiscientos autores,
entre los cuales vale la pena destacar a José Ortega y
Gasset, José Gaos, Juan David García Boceo, Raymundo
Lida, Daniel Cossío Villegas, José Gorostizo, Octavio Paz,
Antonio Alatorre, Luis Astey, Eugenio Montejo, Tomás Segovia y Gabriel Zaid. En los albores del nuevo milenio
nos honra la existencia de publicaciones como armas y

letras, que dignifican el pensamiento en nuestro sociedad
y forjan, con su permanencia, toda una tradición dentro
de las letras, para convertirse en un arma hacia la comprensión de lo humano.

62

C uando se habla del hábito o de la afición por la lectura de libros es obvio que nos estamos refiriendo a un
convencionalismo donde caben todos los libros y todos
los géneros posibles; pero también es verdad, aunque esto
sea menos obvio decirlo, que por lo menos desde el siglo
XIX vivimos bajo la dictadura de la novela. Ni siquiera
podemos decir que vivimos bajo el reino más amplio de
lo narrativo, porque mis colegas no me dejarán mentir y
soben también perfectamente que los editores y los libreros quieren, sobre todo, novelas y no tanto colecciones

de cuentos. Marguerite Yourcenar ya lo advertía: "la novela devora hoy todas las formas: estamos casi obligados
a pasar por ella".
Ciertamente, hay un mercado para el ensayo y un supermercado para los libros denominados de autoayuda,
pero ningún género consigue competir con la novela;
menos aún, por supuesto, el de la poesía, que muchos
lectores que leen bastantes novelas, prácticamente eliminan de su ingesta. Son devoradores de novelas y escasos
o nulos comedores de poesía. Por eso los editores -me

. 63

�1

1

consta, y a algunos de ustedes tal vez también- prefieren
mil veces publicar una mediano o malo novela de un buen
poeta que su mejor libro de poemas. Hay poetas que
han incursionado en lo novela, ya sea con mayor o menor éxito, y han visto publicada su obro de ese género
narrativo que reina hoy en las librerías sin tener que esperar los años incluso que han tenido que aguardar con
paciencia para que algún editor ajeno al circuito eminentemente comercial (universidades, institutos y secretarías
de cultura, etcétera) les publique su libro de poemas.
Ni siquiera creo que México sea una excepción. En
cualquier parte del mundo los libros de poesía sólo tienen
buenas y abundantes ediciones si se trata de los clásicos,
y aun así representan una insignificancia frente a la novela. En las librerías, incluidas las de Francia, los mesas de
novedades y los anaqueles rebosan novelas, mientras que
el apartado de poesía es el más pequeño de todos y con
mucha frecuencia ahí se hermanan o se revuelven con los
libros de teatro. "Teatro y poesía", ésta es la seccioncita
en casi todos las librerías; y dicha seccioncita tiene un
noventa por ciento de clásicos y el restante diez por ciento de modernos y contemporáneos. Y dentro de este diez
por ciento siempre será muy extraño encontrar el libro de
poemas de un autor joven o desconocido.
Es que lo poesía no vende casi nada, arguyen los
editores y los libreros. Pero convengamos en que tampoco se esfuerzan demasiado en publicarla y trotar de venderlo. Todos sobemos que es necesario crear públicos
paro la ópera, la danza, lo música sinfónico, los museos,
etcétera, pero muy poco gente habla de la necesidad de
ocuparse en lo creación de públicos lectores de poesía.
En México los Ediciones El Milagro han hecho el milagro
de editor y vender teatro moderno y contemporáneo, y un
milagro parecido es el que están logrando que ocurra la
Editorial Colibrí y lo Secretaría de Cultura del Gobierno
de Pueblo con esta colección que hoy nos reúne: As de
Oros, colección de poesía que no oculta su homenaje
implícito y explícito a Rubén Bonifaz Nuño, autor de un
libro de poemas que lleva ese título.
As de Oros ha rebosado yo la deceno, y va por magnífico camino con autores modernos y contemporáneos y no
sólo exclusivamente nocionales sino también algún extranjero: Francisco Hernández, Francisco Cervantes, Juan Bañuelos, Vicente Ouirarte,Jorge Valdés Díaz-Vélez, Alí Chumacero,
Minerva Margarita Villarreal, Blanca Luz Pulido, Gilberto
Castellanos, Eloy Urroz y Theodor Kramer. Y ya se anuncian,
como próximas publicaciones, libros de Adriana Díaz Enciso,
Gaspor Aguilera, Lucía Rivodeneyra y Eduardo Langagne.
Los publicados y los que próximamente se publicarán hacen
ya un catálogo, un muy buen catálogo.

64

En México resultan demasiados los dedos de una
mano paro contar a las editoriales importantes del circuito comercial que publican poesía de manera sistemático,
aunque por lo general no publiquen muchos libros al año.
Están el Fondo de Cultura Económico y Era. Está también
Joaquín Mortiz, del Grupo Planeta, que, salvo excepciones, sólo publica el libro ganador del Premio de Poesía
Aguascalientes, y reedita, esto sí constantemente, los poemas de Sabines. Los demás editores prácticamente no tienen colecciones de poesía o no incluyen poesía en sus
colecciones, y cuando excepcionalmente publican algún
título es porque se trata de un compromiso personal o
institucional o porque creyeron que iban o hacer un gran
negocio con un cantante, un torero, un comediante o cualquier personaje conocido de lo política o la farándula
que les entregó sus "versitos".
Está bien, lo comprendemos, publicar es un negocio.
Por eso, bajo esta óptico, la colección de poesía que
sería rentable estaría constituida primero por el Recuento
de poemas de Sabines, después por el Recuento de poemas de Sabines, después por el Recuento de poemas de
Sabines, y así sucesivamente. En consecuencia, los grandes editores han dejado la edición de los libros de poesía al CONACULTA, la UNAM, la UAM, los universidades del interior del país, las secretarías y los institutos de
cultura de los estados y los municipios, y o los editores
medianos y pequeños como Aldus, El Tucán de Virginia,
Ediciones sin Nombre, Verdehalago, Trilce, Arlequín,
Dosfilos, Filodecaballo, Ediciones de la Noche, Del Ermitaño, Alforja y muchísimos, muchísimos más que, en varios
casos, han optado por los tirajes cortos.
Tiene razón Gabriel Zaid: el mundo no está esperando ansioso qué libro acaba de publicar uno paro ir corriendo a lo librería a comprarlo. Y tiene razón también
cuando afirma que no a toda la gente puede interesarle
el mismo tipo de libros y, en el caso que nos ocupa, el
mismo género literario. Pero hay editores que han conseguido vender libros sobre jardinería, cultivos hidropónicos
o bonsáis o los mil o dos mil interesados que hay sobre
dichos temas en una ciudad o en un país. De tol formo
que la cuestión no es únicamente publicarlos y lanzarlos
al mercado, sino aprender también a venderlos.
Si cualquiera de nosotros fuese a una de las grandes
librerías de esta ciudad con una lista de veinte libros de poesía, que no incluyera a los clásicos, es casi seguro que tendría un noventa por ciento de probabilidades de no encontrarlos. Es decir, si tiene suerte, encontraría dos de esos veinte. Me consta porque he hecho este experimento descorazonador que alguna vez recomendó el propio Zoid.
Ahora bien, los lectores están en su derecho de leer lo

que les plazca y de no leer poesía si así les place; los editores
están en su derecho de cuidar su negocio y de no publicar
poesía si creen que publicar poesía no es un buen negocio.
lo consecuencia es que estos dos factores acaban determinando el hecho de que en las librerías casi no haya libros de
poesía. La tautología se cierra con este argumento que sirve a
manera de explicación al librero: los lectores casi no demandan libros de poesía; los eaitores casi no los publican porque
casi no hoy demando. Por eso yo casi no los tengo.
Sin embargo, como toda tautología, ésta es aparentemente lógico, pero parte de un principio falso y llega a una
conclusión igualmente falsa. Hay tantos lectores de poesía y
tontos potenciales compradores de libros de poesía como
los hoy de novelas para públicos minoritarios, sean éstas,
novelas buenas, medianas o pésimos, amenas o aburridas;
pero que por lo general no venden más de mil ejemplares y
jamás se vuelven a reeditar. Es decir, les sucede lo mismo
que o los libros de poesía. Pero ocurre, también, que a los
editores les da flojera buscar a esos mil o dos mil lectores y
potenciales compradores de libros de poesía, cuando los
mil o dos mil lectores y potenciales compradores de novelas
paro públicos minoritarios llegan ellos solitos, sin que nadie
los conduzca, o las librerías a buscar la novela buena, mediano o pésima, amena o aburrida, pero a fin de cuentos
novela que sólo le interesará a mil o dos mil lectores.
Hoy que ser sinceros. Las novelas son apasionantes. Pero
tampoco hay que hacer menos a la poesía, que puede ser
apasionante para ésos cuya pasión es lo poesía. Los editores también deberían saber que, aunque la poesía por lo
general no llene por completo las páginas y se escriba en
líneos cortadas o irregulares, también es literatura. Y los editores, además de dar al público mayoritario lo que espera,
también podrían invitarlo a lo inesperado. De hecho, en esto
consiste el trabajo del buen editor: no tonto en publicar lo
previsible como en dar o conocer lo que formará una nueva
visión del público y que, o la larga, enriquecerá lo experiencia y la diversidad de los lectores; de eso que ellos, más
simplificadamente, denominan "mercado".
El editor italiano Giulio Einaudi sabía del asunto y, alanalizarlo, dividió este negocio en dos: la "edición sí" y la "edición no". Cuando le preguntaron qué quería decir con esto,
lo resumió del siguiente modo: 'lo 'edición sí es la que, en
vez de 'salir al encuentro del gusto del público', gusto que se
aseguro conocer y que a menudo se confunde con el propio, introduce en lo cultura los nuevos tendencias de lo investigación en todos los campos, literario, artístico, cient~ico, histórico o social, y trabajo para que emerjan los intereses profundos, aunque vayan a contracorriente. En vez de suscitar
el interés epidérmico, de secundar las expresiones más superficiales y efímeras del gusto, favorece lo formación dura-

dera. De un gusto, justamente; y también, si se quiere, de un
público y de un mercado. El 'no' de la edición caracteriza
en cambio a los editores que no comparten este enfoque,
sino que tratan de satisfacer los deseos más obvios del público. Y en eso basan su empresa... Cimentado sobre lo nodo,
sobre el vacío. Que no deja huellas".
Nosotros podríamos añadir que hoy o los editores del
"no" ni siquiera les interesa tener catálogo. Lo que quieren es
vender mucho y rápido un libro que a los seis meses yo no le
importará o nadie, y pasar a otra cosa, es decir, o otro libro
que venda mucho y rápido y que a nadie le importe en
medio año. Es lo mejor solución para no manejar inventarios.
El único catálogo que tienen y en el que creen es el de los
novedades. Y es o esto o lo que André Schiffrin ha denominado, muy acertadamente, la edición sin editores, en un espléndido librito publicado en México por Era acerca de las
grandes corporaciones editoriales y su enorme desprecio
por la culturo duradero.
Por todo lo anterior, yo no puedo sino celebrar que hoya
editores y coeditores, como Colibrí y la Secretaría de Cultura de Pueblo, que se atrevan a publicar poesía y que estén
seguros de que podrán venderlo porque también es necesario atender a ese público minoritario lector de poesía que es
también minoritario como consecuencia de que la mayoría
de los editores jamás se haya preocupado por ampliar el
mercado y formar públicos.
Oue la poesía no se vende parece, en lo actualidad,
una certeza absoluta en todo lugar. Sin embargo, ¿cómo
explicar las colecciones de poesía de Hiperión, Lumen, Plaza y Janés e Icaria, todas ellas de España, los cuales al
menos en el caso de las dos primeras tienen cientos de títulos y han conseguido no sólo mantenerse, sino consolidarse? la explicación es muy sencilla: existen porque se venden, y se venden también en México porque son extraordinarios y porque no existen colecciones similores en México.
He tenido el gusto de leer varios títulos de lo colección
As de Oros que hoy nos reúne. Y los he visto bien distribuidos. Y sé que hoy lectores que los han comprado y los seguirán comprando. Editar y distribuir libros de poesía es, ciertamente, una aventuro osada en medio de un mercado editorial que apuesta generalmente por lo fácil. Pero quien quiera
que lo haya dicho primero, tiene razón: jamás una editorial
ha quebrado por publicar poesía. Han quebrado por otras
cosos: entre ellas, por dar grandes anticipos a autores de
novelos, memorias, libros coyunturales y potenciales best
sellers que nunca lo fueron y que arrastraron a lo ruino al
editor que creyó todo el tiempo que publicar y vender poesía podía ser su ruina.
México, Po/ocio de Minería, 22 de febrera de 2004

65

�EL PASADO COMO POSIBILIDAD
Nicolás Duarte Ortega

l a historio académica, por serlo, está comprometida o
construirse con la mayor racionalidad posible, con los fundamentos más consistentes y con la tramo más adecuado, conforme a la temática que aborde; en cambio, lo
historio no académica, no por ello menos trascendente,
se escribe con cierta cuota de espontaneidad del investigador, quien puede no tener intención de situarlo en determinada teoría, sino que, valiéndose de los datos que
rescato de las fuentes que a su alcance tiene, inventa uno
escenografía del posado; y cuando el asunto tratado no
tiene antecedentes, siembra en una parcela sin cultivo previo. En historia la primero cosecha pocos veces se pierde
porque quienes la siguen, aunque seo para negarlo, rechazarla o matizarla, provocan que sea recordada por
mucho tiempo. ¿Cómo olvidar los primeros relatos de los
conquistadores de América? Bernol, que escribió varias
décadas después de terminado la guerra su famoso libro,
que más que una historia es una novela, construyó con él
uno serie de verdades que sigue siendo fuente para explicar costumbres, actitudes, ceremoniales, técnicas y tecnologías, lenguajes y valores de los mexicas y tlaxcoltecas.
Otras historias académicas se han creado sobre el
asunto, con más cientincidad, pero el trabajo de Bernal,
escrito y descrito como verdadero paro contraponerse o
lo publicado en España por López de Gómaro, quien
jamás pisó tierras americanas, daba a Díaz del Castillo lo
autoridad del testimonio, del yo estuve ahí, y quien vio y
escuchó fui yo; cree tener más autoridad y veracidad para
afirmar que lo que dice es cierto, verdadero.
Los Cartas de relación del célebre conquistador de
México crearon en el Rey de España una visión mágica
de los nuevas tierras conquistadas, que comparadas con

los Antillas resultaban increíblemente mayores. El oro y la
plata que pronto llegaron a las arcas de la Corona hicieron o Europa estremecerse frente a las importantes pero
austeras especias y sedas del lejano oriente. Sin embargo, las Cartas de relación y lo Historia verdadera de la
conquista de la Nueva España, se quedaron como referentes lejanos y limitados frente o todo el trabajo de investigación hecho por la historia, lo arqueología, la antropología, la lingüístico, lo glotocronología, la semiótica y otros
muchos ciencias que don cuenta de una visión más compleja del antiguo México.
Lo historia de la historia académica ha hecho poco,
pero la historia académica ha hecho mucho, tonto porque ha construido un posado que aceptamos, con más o
menos maquillajes discretos, como porque ha reflexionado sobre su propia manera de escribirse. Esas reflexiones
sobre la teoría de la escrituro de la historia no han sido en
la mayoría de los casos de autoría nacional, sino más
bien han provenido de paradigmas ultramarinos, que no
son necesariamente históricos porque atienden más a lo
sociología, lo política, lo culturo, lo economía, la lingüístico e incluso la religión. La historia por sí mismo no alcanza la profundidad deseable cuando quiere ser autónomo, pues termina reducida a crónica. Sin un constructo
teórico la historia carece de los alcances que puede lograr cuando lo porto.
Promovida oficialmente durante el siglo XIX como el
resultado de un colectivo nocional coordinado por Vicente Riva Palacio, México a través de los siglos ha sido uno
historia oficial que se convirtió, y creo que lo sigue siendo,
en una especie de Biblia para construir la hagiografía de
los santos laicos del México decimonónico y colonial. Era

67

�en mi opinión, una necesidad sociopolítica y sociocultural
que satisfacía de alguna forma a todos; las cruentas luchas nacionales a lo largo de tres cuartas parles del siglo
antepasado requerían suturar las heridas de las
amputaciones de la patria, paro proponer un México
moderno que se inicia con el porfirialo. Diría en términos
eufemísticos que era una necesidad de estado.
la historia que se centra en la iñtegración de hechos
singulares, sin hacer valoraciones profrmda:.sobre el sentido que un discurso puede tener para una comunidad,
carece de posibilidad de contribución a la invención del
pasado de esa comunidad; el investigador de hechos y
de datos no puede ser aséptico filosófica e ideológicamente, pues aunque crea y afirme que es capaz de escribir una historia neutral, éste, el historiador, lleva en sí mismo toda la carga que su mundo, en el sentido de mundo

1 1

de la vida, le ha dado.
Koselleck examina cómo el mundo de la vida cambia al reflexionar en lo que la escuela de Annales llamó
períodos de corla, mediana y larga duración. Su ejemplo
sobre las dos Alemanias reunificadas le permitía explicar
que eran dos mundos semejantes, pero diferentes porque
en ciertos aspectos los dos países tenían, a pesar de los
años que han transcurrido con un sistema político unificado, diferencias radicales. la historia que se escribió en
Alemania Democrática no pudo ser la misma que la de
Alemania Federal; las nuevas tradiciones socialistas, los
condicionamientos en aspectos específicos del ejercicio
de la libertad individual, los procesos de recepción de la
religión, la conservación de actitudes políticas divergentes y muchas otras formas de hacer la vida cotidiana tuvieron y tienen aún estilos y formas distintas de adaptarse
y digerirse. Koselleck clarifica cómo paro una generación
ciertos hábitos, estilos o costumbres se manifiestan como
naturales y permanentes, pero que al poso de varias generaciones éstos se han modificado. Otros en cambio permanecen por siglos, matizados solamente por las nuevas
formas de influencia, pero sin perder su esencia.
los rosarios que se usan para los ceremonias religiosas católicas no se constituyen de una sola cuenta, como
dijo el poeta "cincuenta veces es igual el Ave, taladrada
en las cuentas del rosario, y es igual que tú, patria suave" ; el rosario es un conjunto de perlas que existe porque
existen todas y cada una de ellas, una sola no hace una
misa, no tiene sentido, pero integrada con los demás y en
el orden correcto forma una pieza de alta significación
simbólica en el mundo ceremonial religioso; así es para el
poeta la patria: una suave colección de perlas que han
sido taladradas para constituir un conjunto unificado, donde todas son iguales, pero diferentes. En la historia los

68

sucesos de corla o larga duración son descubribles en lo
medida en que se clavan en lo superficial o lo profundo
de la vida social y cultural de un grupo. El cristianismo
tiene más años de historia que el propio Cristo porque su
ideología nació primero y pervive haciendo cambios periódicos en la medida en que los requiere la propia sociedad; el cristianismo como fenómeno cultural homogeneizó
Occtelenle al dotarlo en principio de un sistema de valores-que se fundieron con los diversos sistemas locales, lon'toJen Europa como en Américo. la historia de Occidente
no estaría completo si no incluyera la trascendencia de
este proceso religioso, ideológico y hasta militar que el
cristianismo propició.
El mundo occidental tiene un sentido que se inició con
los antiguos pueblos del Asia Menor y se consolidó con
Grecia y Romo. los padres fundadores de Occidente,
como Tales de Mileto, Homero, Platón, Aristóteles y el
propio Heródoto, crearon un discurso filosófico e histórico original que explicaba los asuntos más importantes de
la vida: el origen, la moral, la ética, la belleza, la sabiduría, la historia, el amor y otros más; crearon los fundamentos de la ciencia astronómica, las matemáticas y la físico;
Ptolomeo puso a la tierra en el centro del universo, que
estuvo ahí hasta que Copérnico la cambió por el sol. los
griegos tuvieron una lengua que ofreció posibilidades especulativas y filosóficas, creando el neutra2, la cópula3 y
la asimilación que hicieron del alfabeto que perfeccionaron. Con esas herramientas de comunicación los griegos
entraron culturalmente a Roma y con el Imperio alcanzaron Europa Occidental; así las grafías se fueron unificando y permitiendo una escritura con signos que se dibujan
igual en Italia que en Perú.
Con el lenguaje y el discurso que lo contiene los valores se asemejan, se encuentran los tradiciones; los conocimientos científicos y filosóficos se comparten y se fundo
uno tierra común: el mundo occidental. He ahí, dicho en
forma sucinta, el sentido original de Occidente. Hoy en
Occidente un pasado histórico común, uno temporalidad
compartido y uno reflexión de un principio y un final, y
con ello un horizonte de sentido compartido entre Europa
y América.
Hago un alto poro explicar que al escribir lo historio
no puede prescindirsese de ese complejo sistema del mundo de la vida que se origino en Occidente y se comporte
geográfico e históricamente. lo nada no vale paro escribir la historia y el inconsciente social opero como uno de
nuestros catalizadores teóricos por lo comprensión y aprehensión que hacemos de lo realidad.
Escribir la historio tiene otras veredas por donde también pueden hacerse cominos; pongamos como ejemplo

lo invención de la historio universal, salida de Occidente
después de que Europa domino las tierras americanas y
penetro en ciertos áreas de Oriente. Hasta que se consolidaron los efectos de lo revolución industrial, es decir, hasta
el siglo XIX, se fue argumentando un proceso unificador
del mundo, sin llamarse aún occidental, que pretendió
convertirse en historio universal; es sabido que la
periodización de la historia en antiguo, medio y moderno, proviene de lo propio modernidad, que se adjudicó o
sí mismo esa condición y volviendo lo vista al pasado
definió la antigua y lo medio. Algo semejante, pero que
está documentado es la clasificación de los edades de
piedra, bronce y hierro, que provienen de lo guía del
Museo de Copenhague ( 1830-1833), al organizar los
diversos materiales. De la museografía pasó o la historio
y lo historia naturalizó esas edades. Occidente extendió
un monto conceptual que pretendía cubrir todo el planeta, y estableció lo evolución prehistórico para el resto del
mundo en base a cada metal.
Sujetos al principio de lo periodización de las tres
épocas, (antigua, media y moderno) y al carácter universal de lo historia, los historiadores asumieron esos categorías distributivas como verdaderas e indispensables; así,
entre otros, lbn Jalduin escribió su Introducción a lo Historio universo/,· leopoldo Von Ranke, su Pueblos y estados
en lo historio moderno; Roberl Fossier, la Edad Medio y

Jacques Pirenne, su Historio universo/. En los currículos de
primarias, secundarias, preparatorias y normales se enseñó historia universal sin cuestionar su pertinencia epistemológica y teórica. Sería hasta que otra lógica de lo historia fundara la periodización de los cinco estadios cuando se hablaría de otra alternativa, nacida en lo guardería
de las cunas teóricas del materialismo, histórico, conocido como la teoría de los cinco estadios, que por obvios
no cito aquí, cuando comenzaron o usarse otros nombres
para denominar las etapas antiguo y media. Como esta
división se potenciaba en el materialismo fueron precisamente historiadores académicos los primeros que se matricularon en ella, ocupando algunos asientos de primero
fila en la sala de las novedades. Esta historia ofrecía un
contenido que se acercaba al pueblo trabajador y le esclarecía su condición de explotado desde la época antigua en que sufrió la esclavitud; luego el grupo de siervos
y finalmente el de obreros libres explotados en su fuerzo
de troba¡o. Pero esta historio le dejaba uno etapa original
casi ideal, la comunidad primitivo, etapa que ero posible
recuperar ahora bajo el rubro de un comunismo idealizado, el último posporoíso terrenal humano.
la escrituro de la historia amparada en la concepción
del materialismo histórico pone el énfasis en la propiedad
de los medios de producción y lo reláción que las fuerzas
productivas guardan respecto a ellos. En lo clasificación

69

�de White esta historia tiene una implicación ideológica
radical, un modo de tramar trágico y una argumentación
mecanicista. En relación con los hechos de 1989-1991
en Europa del Este, Agnes Heller y Ferenc Fehér ofrecieron un análisis comparativo entre la revolución de 1789,
que consolida la modernidad política, y 1989, que en su
opinión ofrecen una recomposición de la modernidad, que
como un péndulo ha oscilado entre lo libertad político y
social en lo primero y uno nueva liberación en lo segundo; en sentido figurativo lo modernidad en doscientos años
habría oscilado como un péndulo de un extremo al otro,
pero estos autores o los últimas revoluciones las denominan mediáticos por el papel que desempeñaron en ellos
los medios televisivos y el fax; en cuanto o lo denominación concreto, los adjetivaron como posmodernas.
Quedo entonces claro que con el materialismo histórico la escritura de lo historia se ideologizo y politizo al
punto de que en el socialismo real, el Partido y lo Academia de Ciencias de lo URSS se reservaban el derecho
de calificar los historias como revolucionarios o reaccionarios según el grado de su ortodoxia. Por eso se entiende la poca fortuno de Adom Schoff al otro lado de lo
cortina de hierro, cuando explica que los hechos son uno
construcción del historiador. "Lo llamado objetividad pura
es uno ficción; el factor subjetivo está introducido en el
conocimiento histórico por el mismo hecho del sujeto
cognoscente: Como contrapartida hay dos subjetividades:
lo bueno lo subjetivo objetivo ... y lo molo... o seo lo subjetividad que deformo el conocimiento debido al interés o
la parcialidad, etc."4 ; "la identificación de lo objetividad
del conocimiento con lo imparcialidad total, con lo homogeneidad absoluto de los juicios de valor emitidos sobre
el proceso histórico, es un molentendido"5 . Lo misma suerte corrió el modo asiático de producción (MAP) que Marx
trabajó, al establecerse durante el estalinismo el paquete
de los cinco estadios.
Con Michel de Certeau la escrituro de la historio tiene
otra óptica que abre un abanico de posibilidades previas
al acto de escribir; en él, el lugar social del historiador es
un aspecto que habría de considerarse, porque la condición social del historiador no se refiere a su estado económico-social, sino o su posibilidad de entender de uno
manera u otro lo sociedad. En el escritor francés la institución social es el espacio oculto que en la escritura de la
historio no refiere al sujeto individual, sino o lo institución

del saber.
Los centros de investigación se circunscriben o uno
doctrino mediante uno base institucional. Las instituciones
sociales y académicos refugian uno doctrina, lo vuelven
posible y la determinan; también lo identifican ante los

otros comunidades académicas con los que alternan en
bueno o molo vecindad. En uno comunidad académica
se organizan las ideas que la caracterizan y circulan en
ella, crean su discurso ideológico que es coherente con
un orden social interno en que cada individuo se organiza como parte de todo el cuerpo; en esos grupos toda
idea que en historio no es coherente con los principios de
la institución queda en el marco de lo incomprensible y
abstracto.
El saber está en concordancia con el lugar. En las
ideos de De Certeou, en una interpretación semiótico, el
nosotros sustituye al yo porque realmente el individuo
hablo por el grupo. El público no es el destinatario real e
importante de un libro ni el que lo valida y lo divulgo, sino
sólo el que lo compro porque la validación, el reconocimiento que cuento es realmente el de los pares del autor.
Paro que los pares validen un trabajo es indispensable
tener los carios credenciales del grupo.
Sólo con este aspecto comprendemos que la academia sigue teniendo sus logias, sus abadías, sus conservatorios, sus cenáculos, que se identifican con sus signos, se
reconocen, se protegen y se fortalecen; para el ingreso a
eso especie de caballería del saber, para esos templarios del conocimiento que buscan su Santo Grial para
tener más poder, lo historio en este coso es su maná, su
alimento divino.
Paro escribir la historio hoce falta tomar otros cosos
más allá de los elementos teóricos y de las ideologías;
hace falto comprender que como instrumento de poder el
conocimiento historiográfico es una credencial vigente ante
algunos grupos y un pasaporte vencido ante otros, amén
de que lo narrativo seo técnico o ideológicamente acertado; hoce falto también entender que lo historia como
invención es un cuerpo moldeable, dinámico, modernizable.
Tomaré como último aspecto dentro de los nuevos problemas que llegarán a lo historio en un tiempo menor al
que supongo lo referente o lo que llamaré los posrelotos.
Llamo posfrelotos o los nuevas formas de presentación de
hipertextos alcanzadas con el veloz desarrollo de los computadoras; cado vez son de más uso, tienen mayores usuarios y combinan trozos de textos con imágenes. En el mundo empresarial y académico los conocemos por el nombre del programa computacional: presentaciones en Power
Point, que consisten en organizar retozos de textos enmarcados y coloreados, con vínculos dinámicos hacia varias
direcciones donde codo nuevo espacio puede ser una
opción de interpretación o de acción. Estos recursos técnicos e intelectuales no son nuevos, yo que se usan de hecho en los libros impresos desde hace mucho tiempo y se

llaman citos de pie de página. Generalmente los usan todos
los académicos y constituyen referentes de validación y verificación consensual al citar a otros. Algunos creemos que
leyendo todas los citas de un libro se puede tener uno lectura diferente a lo del propio texto; o veces sucede que algunas citos muy largos son más interesantes o importantes que
el propio discurso contenido en el libro.
Este nuevo formato yo está en discos compactos paro
la enseñanza de idiomas; es interactivo y puede repetirse
cuantas veces se quiero; se sobe que ya hoy ensayos en
literatura donde uno novelo, por ejemplo, puede tener diversos desenlaces. Los enciclopedias Encarto permiten
obtener información al instonte,medianfe las ligas que nos
llevan o múltiples femas; considero que no posará mucho
tiempo sin que empiecen a aparecer historias con relatos
dinámicos e interactivos. Después de todo, el cine fue
considerado como uno opción para lo enseñanza de la
historia y aún se exhiben películas didácticas sobre la historia de México y la independencia de Américo Latino.
De pasado no olvidemos a un historiador famoso que
arma videorrelatos que complementa con letras en libertad, aunque sus temas preferidos hasta ahora tienen más
que ver con acontecimientos periféricos de interés para el
público en general.
La escritura de lo historia tiene mucho que hacer aún,
yo sea reconociendo primero las reglas, los grandes teorías, los métodos de investigación, los ideologías, los infe-

reses de grupos, los repositorios, y todos aquellos expresiones humanos, físicos, lingüísticos, científicos, técnicas,
discursivas, literarias, etc., que tengan que ver con el pasado mediato o inmediato de lo sociedad humano. No
obstante, lo historio siempre será uno posibilidad posible.

Notos:
l
2
3

Ramón López Velorde. Poeta mexicano autor de Suave Patria.
Gadamer, Hans George. El inicio de lo Filosofía occidental. Paidós.
Barcelona. 1995.
Gadamer, Hans George. Op. cit. p. 18

4, 5 Schaff Adam. Historio y verdad Gr¡¡albo. México, 1974. p.338
Bibliogrofío
Certeou, Michel de. Historio y psicoanálisis. Universidad Iberoamericano. México, 1995.
Certeou, Michel de. lo escrituro de la historio. Universidad lberoamericono. México, 1993.
Gadamer, Hans-George. El inicio de la filosofía occidental. Península.
Barcelona, 1995.
Heller, Agnes. Ferenc Fehér. El péndulo de la modernidad. Península.
Barcelona, 2000.
Huizinga, Johan. El concepto de lo historia. FCE. México, 1994.
Koselleck, Reinhart. los estratos del tiempo: estudios sobre la historia.
Paidós ICE/UAB. Barcelona, 200 l.
Landow, George P. El hipertexto. Paidós. Barcelona, 1995.
Schaff, Adam. Historio y verdad. Grijalbo. México, 1974.
White, Hayden. Metahisloria. FCE. México, 1992.

ACTAS
REVISTA DE HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

Publicación semestral
editada por la Secretaría de Extensión y Cultura
y el Centro de Información de Historia Regional
de la UANL
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70

�EL ZAPATISMO EN MÉXICO
¿POSMODERNIDAD Y POSCOLONIALIDAD
EN AMÉRICA LATINA?
Claudia Zapata

A

1

1

partir de los años noventa, América latino vive la irrupción de los indígenas como actores políticos. Se trata del
presenciamiento de un sector de la población latinoamericana "hablado por otros" a todo lo largo del siglo XX,
por movimientos intelectuales, políticos y artísticos de distinto tipo. Esta irrupción de los indígenas en lo escena
latinoamericana se produce en un momento histórico complejo, morcado por el fin de lo guerra fría y la caída del
bloque socialista. A ello se sumó el estreno de un comportamiento político heterodoxo, producto de procesos de
etnificación recientes, y con el cual los indígenas se dirigen a sus respectivas naciones reclamando una integración que respete su condición de indios. No es raro que
este fenómeno haya encontrado una recepción favorable
en un mundo cada vez más sensible al discurso de la
diversidad cultural, desde los años ochenta en adelante,
como señalo Bernardo Subercaseaux en un trabajo publicado recientemente (Subercoseoux, 2002: 14).
Dos hitos de sumo importancia se destacan en este
fenómeno continental: el primero es el alzamiento indígena de Ecuador, que se produjo en 1990 y con el cual se
anunciaba el protagonismo que tendría este sector durante esa década; el segundo es el levantamiento de Chiapas
el 1 de enero de 1994, cuando hacen su aparición pública miembros de seis etnias de ese estado mexicano, embarcados en una estrategia más radical para exponer al
país su inconformidad: la vía armada.
Se trata de hechos que instalaron el problema indígena con fuerza en los agendas políticas de sus respectivos
países, pero que también impactaron fuertemente en los
círculos académicos de la región. En este artículo me ocu-

72

paré de parte del debate que se ha desarrollado en la
academia sobre el tema de Chiapas, pues él importó un
desafío o la teorización regional, ya que el protagonismo
indígena y el escenario mundial nuevo en que estaba teniendo lugar, no podían ser abordados satisfactoriamente desde campos como el de las humanidades y las ciencias sociales, que desde fines de los ochenta vivían una
profunda crisis. Entre los recursos teóricos de los cuales se
echó mano, se encontraban la teoría posmoderna y, desprendidos de ella, los enfoques poscoloniales, matriz desde lo cual se sostuvo que se trataba de un movimiento no
ideológico, que respondía casi exclusivamente o las nuevas dinámicas mundiales. Mi intención es someter a uno
crítica más profunda estas aseveraciones, la mayoría de
ellas vertidos en los meses posteriores o ese l de enero
de 1994, momento en el que tanto el contexto mundial,
como el mexicano e incluso algunos rasgos del propio
movimiento indígena, dieron pie para ello. Con este fin
me centraré en el pensamiento de críticos poscoloniales
que se han nutrido de la teoría posmoderna y cuyos Ira·
bajos han inspirado a sus colegas locales paro sostener
la condición "posmoderna" de los indios chiapanecos.

El proyecto poscolonial
"las perspectivas poscoloniales emergen del testimonio
colonial de países del tercer mundo y de los discursos de
las 'minorías' dentro de las divisiones geopolíticas de Este
y Oeste, Norte y Sur [...] Formulan sus revisiones críticas
alrededor de temas de diferencia cultural, autoridad so-

cial y discriminación política para poder revelar los mome ntos antagónicos y ambivalentes dentro de las
'racionalizaciones' de la modernidad" (Bhabha, 2002
[1994]:211 ).
El proyecto poscolonial consiste fundamentalmente en
una crítica a la modernidad -sus fundamentos filosóficos
y epistemológicos- desde lo que se ha conocido como
su "periferia" tanto geográfica como cultural; es decir, aquellos países subdesarrollados que poseen fuertes herencias
coloniales, pues en su momento estuvieron bajo el dominio de imperios encabezados por naciones europeas. los
críticos poscoloniales cuestionan sobre todo las relaciones de poder que se han derivado de esta historio, especialmente en el plano del conocimiento. Por ello, y siguiendo a Walter Mignolo ( 1997), uno de los objetivos principales de su quehacer teórico es subvertir esta relación de
poder que ha mantenido al tercer mundo en posición de
desventaja, con la instalación de un lugar de enunciación
diferente, que recoja la experiencia colonial y de la diáspora, lo que se materializaría en el tránsito de estos mismos teóricos hacia las metrópolis. Mignolo es optimista
en este sentido: "[ ... ] las prácticas teóricas poscoloniales
no sólo están cambiando nuestra visión de los procesos
coloniales, sino que también están desafiando la mismo
base del concepto occidental del conocimiento y del entendimiento al establecer conexiones epistemológicas entre
el lugar geocultural y la producción teórica" ( 1997: 61 ).
Pero tampoco es la totalidad del tercer mundo lo que
se busca posicionar (son críticos de las relaciones de poder
que se producen al interior de estos países como parte
de eso herencia colonial) y con esto adelanto otro núcleo
del proyecto: la reivindicación de los marginales y subalternos, desde cuya posición se articula la crítica poscoloniol de la modernidad. En este punto insiste Homi K.
Bhabha, uno de los representantes más connotados y
publicitados de esta corriente. "[... ] un rango de teorías
críticas contemporáneas sugiere que aprendemos nuestras más duraderos lecciones de vida y pensamiento de
quienes han sufrido la condeno de lo historio: subyugación, dominación, diáspora, desplazamiento. Hay incluso
uno creciente convicción de que lo experiencia afectiva
de la marginalidad social (tal como emerge en formas
culturales no canónicas) transforma nuestras estrategias
críticas" (H. Bhabha, 2002 [1994]: 212).
los críticos poscoloniales actuales han elaborado sus
propuestas a partir del análisis de la historia reciente lo
cual significa que, inevitablemente en algunos casos; resueltamente en otros, este abordaje se torna uno discusión política. Aparte de Homi Bhabhá, en quien me apoyaré principalmente a lo largo de este trabajo, destaco

73

�también Gayatri Spivak e incluso Michael Hardt y Antonio Negri con su libro Imperio (2000), quienes toman distancia de los estudios poscoloniales, pero con los cuales
comparten varios premisas. En los trabajos de estos autores se abordan temas como el de los proyectos emancipadores y las posibilidades de acción política, lo cual
incluye no sólo el complicado tema de las estrategias,
sino, además, las motivaciones y objetivos mismos de esos
esfuerzos.
Este momento de la crítica poscolonia11 tiene una estrecha relación con la posmodernidad, con la cual comparte un sustrato teórico que puede advertirse en la presencia central que tienen temas como la crítica a la Ilustración, a la nación, a la noción de identidad, etc., frente a
lo cual oponen los criterios de pluralidad, diferencia, diseminación y nomadismo, entre otros (De Toro, 1997: 24).
Para ellos, la dislocación de las estructuras tiene su
correlato en el sujeto, situación que da origen al sujeto
posmoderno, entendido como aquél que huye de los
compartimentos fijados por la modernidad y que por lo
tanto no posee una identidad estable, esencial o permanente, la cual existiría sólo como "celebración móvil"; es
decir, como la respuesta momentánea a las interpelaciones del sistema (Hall, 1997: 10-14).
Me detengo en esta concepción del sujeto y en la
crisis de las identidades, pues son los temas que los críticos poscoloniales toman con mayor fuerza y en torno a
los cuales giro la mayor parte de sus análisis. Aunque me
detendré en el trabajo de Bhabha, esta continuidad se
puede constatar en el libro más reciente de Hardt y Negri,
citado anteriormente, autores para los cuales cualquier
sentido de pertenencia estable en las condiciones mundiales actuales significa una sospechosa cercanía a una
modernidad descrita siempre en términos absolutos y negativos2.

Homi Bhabha y el espacio in-between: ¿una
posibilidad de emancipación humana?
Al igual que sus colegas, el punto de partida de Bhabha
es la crítica a la modernidad, sobre todo a los binarismos
sobre los cuales ésta se sostiene y a las posiciones en las
cuales ubica a los sujetos. Su análisis va más allá de revisar críticamente las relaciones de poder que entrañan estos
binarismos (el de centro/periferia ocupa un lugar preponderante) porque además se propone rescatar aquellas
prácticas sociales que para él constituyen un espacio conceptual en el que los sujetos (ya no modernos, sino
posmodernos) pueden huir de ella. Es en esta búsqueda

74

de la crítica radical a la modernidad donde Bhabha fija
su atención en aquellos marginados y subalternos que le
permiten este ejercicio teórico, recurriendo a quienes han
experimentado el tránsito cultural y protagonizan fenómenos de hibridez cultural. Esta celebración de los desplazamientos culturales y geográficos hace de los migrontes
-sean éstos pobres o ilustrados- su objeto privilegiado
de análisis: "Pues la demografía del nuevo internacionalismo es la historio de la migración poscolonial, las narrativas de la diáspora cultural y política, los grandes desplazamientos sociales de campesinos y aborígenes, las poéticas del exilio, la sombría prosa de los refugiados políticos
y económicos. Es en este sentido que el límite se vuelve el
sitio desde el cual algo comienza a presentarse en un mov~
miento no distinto a la articulación ambulante y ambivalente
del más allá que he trazado" (Bhabha, 2002 [1994]: 21 ).
Esto es lo que el bengalí ha denominado como el momento
"entre-medio" (in-between), que propone como posibilidad
de emancipación de aquella modernidad que le parece
autoritaria y asfixiante. En él los sujetos no se encuentran reducidos a los binarismos ni absorbidos por totalizaciones de
ningún tipo; por el contrario, estarían más allá de la nación,
del fervor patriótico, de la política convencional, de las identidades fijas, etc.
Dando una vuelta crítica a estos argumentos, la primera pregunta que surge es si la experiencia de los migrantes resulta suficiente para elaborar una propuesta al conjunto del ecúmene; la segunda tiene que ver con esos
mismos migrantes, pues se trota de un conglomerado humano al interior del cual existen diferencias que no son
menores paro efectos del mismo modelo que trata de sostener Bhabha; por ejemplo, ¿qué ocurre cuando esos migrantes mantienen sentimientos de pertenencia a una comunidad local y nacional? Debo reconocer que me provoca dudas sobre todo este concepto de emancipación
que, siguiendo sus argumentos, pareciera anhelar la parte más pobre y mayoritaria de esta masa migrante, aquellos que transitan de las periferias a las metrópolis paro
ocupar los empleos peor pagados y socialmente menos
valorados. Esto porque se trata de una emancipación de
la modernidad en tanto pensamiento dominante, pero no
de las condiciones materiales y espirituales deplorables
que esta marginalidad significa 3.
Dudas de este tipo me parecen válidas y relevantes
cuando lo que se propone el proyecto poscolonial es justamente la reivindicación de los marginados, pero sin referencias a la posibilidad de poner fin a la marginalidad.
Incluso da la impresión de que se promueve la existencia
de esta condición en la medida que es terreno fértil para
prácticas culturales que se alejan de las premisas moder-

nas. Para el caso que me propongo analizar, esta discusión es central, pues se trata de enfoques que suponen
objetivos y anhelos en este tipo de sectores o que acusan
su equívoco cuando éstos actúan y hablan en una dirección distinta.

América Latina
y los indígenas en los estudios poscoloniales
América Latina se ubica problemáticamente en el campo
de los estudios poscoloniales, pues éste tiene como punto
de partida aquellas regiones de la periferia que han vivido una descolonización más reciente que la nuestra. De
hecho, cuando los críticos poscoloniales actuales hablan
de herencias coloniales se están refiriendo, en primer término, a los países que alcanzaron su independencia política durante la oleada de descolonización que desató el
fin de la 11 Guerra Mundial, la cual se inició con la independencia de la India en 1947
El desfase con América Latina es histórico, pero esta
ubicación problemática también alcanza otros aspectos
que tienen que ver con la condición económica de los
países que integran la región, lugar donde se ha introducido el concepto de economías en vías de desarrollo para
distanciarlos de la extrema pobreza en que se encuentran sumidos algunos países asiáticos y la gran mayoría
de los africanos. A esto apunta Mignolo para explicar la
discusión poco extendida de las teorías poscoloniales en
el continente: "[...] notemos que si el primer paso de descolonización después de 1945 ha de ser tomado en cuento (lo cual ubica, principalmente, la descolonización en
relación al Imperio Británico y las colonias alemanas y
francesas), entonces la latinoamericana (p. ej., hispana y
lusoamericano) no es considerada como un proceso prematuro de descolonización y su posición como un grupo
de países del tercer mundo no es siempre aceptada. Esta
es otra de las razones por las cuales el concepto de
poscolonialidad sólo comenzó recientemente a ser discutido en los círculos académicos latinoamericanos de los
Estados Unidos, y se mantiene mayormente ignorado en
los países de Latinoamérica [ .. .]" (Mignolo, 1997: 54).
Sin embargo, América Latina entraría en estas posiciones teóricas por su condición de región subordinada, problema que no resolvió el logro de la independencia política en las primeras décadas del siglo XIX, algo que constató lúcidamente José Martí cuando afirmó, a fines de esa
centuria, que era necesaria una segunda independencia.
Desde mediados del siglo XX esta situación no escapó a
los ojos de teóricos y activistas políticos como Frantz Fo non

(1961 ), cuya reflexión sobre la independencia de una
nación colonizada y la construcción nacional tenía como
telón de fondo el contraejemplo de América Latina, cuyo
neocolonialismo afectaba directamente sus posibilidades
de soberanía.
A este argumento deben agregarse los bolsones de
pobreza (que, lejos de desaparecer, crecen alarmantemente al ritmo de los vaivenes económicos) y la permanencia de regiones históricamente deprimidas (el sertao
brasileño, la selva guatemalteca y mexicana, los pequeños países centroamericanos, entre otros). Sin tener los
indicadores de pobreza atroces de las naciones africanas, existen sectores importantes de la población latinoamericana que viven en condiciones paupérrimas.
Uno de los sectores en los que abunda la pobreza es
el de los indígenas, tendencia que se mantiene a pesar
de la diversificación que han experimentado (urbanización, escolarización y profesionalización. Bengoa, 2000),
pero que no ha logrado alterar la relación histórica que
se ha establecido entre indio y pobreza4. Este tipo de
factores hace incorporar -en una primera aproximaciónª los indígenas en el proyecto poscolonial, pues en América Latina han sufrido -sin ser los únicos, hay que aclararlo- lo que Bhabha denomina "la condena de la historia",
pues a su situación de pobreza se debe sumar la discriminación derivada de su condición de indios [la cual también es vivido por quienes yo no habitan los espacios
rurales, o que han abandonado las condiciones de extrema pobreza) y la exclusión de los proyectos nacionales
que se han sucedido durante la era republicana.
En los críticos poscoloniales que he mencionado ni
América Latina ni los indígenas aparecen trabajados en
profundidad. Bhabha enfatiza más la categoría de "raza",
pero en relación con la población negra y sólo de vez en
cuando menciona la "nueva etnicidad", sin entrar en mayores detalles. Sin embargo, puede desprenderse de su
propuesta que los indios, autorreconocidos como tales,
es decir, portadores de una identidad étnica, no resultan
cómodos a estos postulados; esto porque su trabajo puede resumirse también como una embestida contra la noción de identidad. En este caso, la identidad étnica también remite a conflictos y dinámicas de acción propios de
la modernidad5. Por lo tanto, reclamos como los que se
articulan en los discursos de los movimientos indígenas
que se desarrollan en la actualidad en América Latina no
constituyen una crítica radical como la que el proyecto
poscolonial busca, en el que la identidad étnica aparece
como una posición demasiado clara. que se ubica muy
lejos del espacio "entre-medio".
Estrategias como las del reconocimiento constitucional

75

�cosa los cuales apelan con fuerza (me refiero a la Revolución mexicana y a la figura de Emiliano Zapata). Otros
rasgos singulares son la poca capacidad militar, los escasos enfrentamientos con el Ejército mexicano y un manejo
eficiente de los medios de comunicación, especialmente
escritos.
Pero no sólo eso. Andrés Valdez Zepeda, de la Universidad de Guadalajara, reparó en aspectos relevantes
que situaban a los nuevos zapatistas en el contexto específico de los años noventa: la ausencia de compromiso
ideológico con el socialismo (casi de mal gusto tras la
caída del muro de Berlín), la cuestión étnica como eje de
los reivindicaciones por sobre las de clase, aunque estas
últimas tampoco han estado ausentes, como se ha querido ver. Con estos antecedentes, Valdez Zepeda y otros
concluyeron que esta ausencia de metarrelatos y un comportamiento político alejado de la ortodoxia marxista eran
suficientes para calificar este movimiento como posmoderno y, más todavía, como la "primera guerrilla posmoder,,
no :

de la diversidad cultural (de "pueblos" o de "naciones", según el caso -en este tema, Bolivia y México son extremos
interesantes-), las alianzas con movimientos políticos o la
negociación de un régimen de autonomía corresponden, efectivamente, a un juego político que se libra al interior del sistema moderno, lo que equivale a la opción actual de los indígenas organizados en amplios movimientos6 . Para ellas y
ellos la identidad étnica así planteada constituye un recurso
y una forma de emancipación que les permite discutir la connotación negativa que arrastra la palabra "indio". Son temas
que pretendo analizar en las siguientes líneas a partir del
caso mexicano, con el fin de discutir la pertinencia de este
enfoque en América Latina.

El movimiento indígena mexicano
a partir de Chiapas
"Cuando bajamos de las montañas cargando nuestras
mochilas, a nuestros muertos y a nuestra historia, venimos
a la ciudad a buscar la patria. La patria que nos había
olvidado en el último rincón del país; el rincón más solitario, el más pobre, el más sucio, el peor" (EZLN, 22 de
febrero de 1994).
Como se desprende de la discusión hecha en el apar-

76

todo anterior, la demanda de integración por parte de
estos movimientos a la comunidad nacional nos lleva al
otro extremo del problema: el de la relación de los indígenas con la modernidad, pues con todo lo conflictiva que
esta relación ha sido y continúa siendo, me parece más
pertinente a la luz de sus discursos y demandas. En esto
incluyo el movimiento de Chiapas, particular sin duda, pero
cuyo trasfondo lo acerca más bien al eje de discusión
que estoy proponiendo.
Los enfoques que revisé en las páginas anteriores fueron usados para tratar de conceptualizar y explicar el surgimiento de un ejército compuesto en su mayoría por indígenas de ese estado mexicano, quienes además conforman un movimiento campesino de profundos raíces locales (Benjamín, 1995). Lo primero que llamó la atención de
este movimiento fue su opción por la vía armada en un
momento en que estos experiencias no eran vistas con
mucho entusiasmo, especialmente en América Latina, donde la mayoría de los movimientos de liberación nacional
habían concluido en rotundos fracasos (la derrota en los
urnas en Nicaragua y la capitulación en El Salvador).
Como el nombre de este ejército lo indica -Ejército Zapalista de Liberación N acional (EZLN)-, se trota de una extraña mezcla entre movimiento étnico y de liberación nocional, a la que deben sumarse otros antecedentes históri-

Como el modelo de sociedad comunista y socialista alternativo ol capitalismo ha fracasado y todavía no se visualiza
un claro y nuevo paradigma o modelo político alternativo
que puedo ser el catalizador ideológico de los movimientos rebeldes, los planteamientos de los guerrilleros están
centrados básicamente en resolver problemas concretos de
los comunidades donde se desarrollo. En pocas palabras,
podemos decir que este ciclo presenta rasgos menos ideológicos y más pragmáticos que los anteriores (Valdez Zepeda, 1995: 8).
Aunque Valdez Zepeda reduce la rebelión a cuestiones locales y necesidades puntuales, la verdad es que
también el abordaje zapatista de las cuestiones nacionales es muy poco ortodoxo. En este tema destaca sobre
todo la cuestión del poder, pues el EZLN ha declarado
sistemáticamente que entre sus objetivos como movimiento no se encuentra la toma del poder político; es decir,
que se niega la posibilidad de actuar desde el Estado7.
Sobre este punto hace referencia a las lecciones que han
dejado los movimientos armados centroamericanos, cuyos dirigencias se elitizaron, ya sea en los procesos de
negociación o desde la posición estatal misma (el FSLN y
el FMLN). Esto ha merecido la crítica no sólo de intelectuales afines a los enfoques posmodernos y poscoloniales, sino también de sus detractores. Es el caso de Atilio
Barón, quien valora altamente este movimiento, pero advierte la necesidad de hacerles una crítica constructiva a
los planteamientos políticos de la dirigencia. Son intere-

sanies sus observaciones sobre el manejo un tanto vago
de conceptos como el de sociedad civil (2001: 179), pero
el autor se nos vuelve un tanto rígido cuando sostiene el
imperativo de la lucha de clases y la toma del poder.
Frente al desdén con que los zapatistas miran este tema y
a la clase política mexicana en general, Barón desliza un
juicio peligroso: «Pero el camino de salida no habremos
de encontrarlo en la 'antipolítica ' o en románticas
invocaciones a la sociedad civil, la humanidad y la democracia; tampoco en el vacío discurso posmoderno sobre
'las nuevas formas de hacer política' que, como lo demuestra hasta el cansancio la experiencia de la Alianza
en la Argentina, no es sino un taparrabos para disimular
la dictadura de los mercados» (Barón, 2001: 185).
El caso de Barón corresponde a otra vertiente, desde
la cual se ha señalado a los zapatistas como
posmodernos, a quienes se les critica precisamente por
no ser tan modernos, por lo menos en los términos que
ellos lo estiman conveniente. En mi opinión, la valoración
zapatista de la democracia y el llamado a la innovación
en las prácticas políticas tiene su antecedente más cercano en la situación mexicana, cuya escena política había
estado dominada por el PRI desde la Revolución Mexicana, y también regional, pues las dictaduras latinoamericanas de los años setenta tienen un impacto directo en la
apreciación de los valores democráticos. Por lo tanto, creo
que estos postulados (muy generales todavía, concuerdo) responden a necesidades planteadas por la historia
nacional y latinoamericana, más que a un giro posmoderno.
En un análisis también reciente, Michael Hardt y Antonio Negri (Imperio, 2000) ubican el movimiento de
Chiapas en conjunto con otros como el de los estudiantes
en Tiananmen en 1989, las huelgas que paralizaron o
Francia en 1995 y las que se desarrollaron en Coreo del
Sur un año después, en lo época posmoderna, pues sería
ése el tiempo que estaríamos viviendo y que ellos grafican
en el tránsito del «Imperialismo• al «lmperio»8. Paro los
autores, estos movimientos forman parte de un nuevo proletariado que se está manifestando contra la explotación
(2002:60), y aunque reconocen cierto peso de los factores locales, lo que se impone en su análisis es la dinámica
del Imperio. «Tendríamos que poder reconocer que, aunque estas luchas se concentraron en sus propias circunstancias inmediatas locales, todas ellas plantearon problemas de importancia supranacional, problemas que son
característicos de la nueva figura de regulación capitalista imperial» (Hardt y Negri, 2002:61 ).
Sin embargo, Hardt y Negri reconocen rasgos «anómalos» en estos movimientos. El principal sería que recu-

77

�rren con demasiada frecuencia a un lenguaje que califican de anacrónico, centrado en ideas como las de democracia, libertad, nación y ciudadanía9. De la constatación de esta anomalía podría desprenderse que, aunque
se trata de movimientos posmodernos, surgidos en un mundo posmoderno, quienes los integran parecen no saberlo.
Efectivamente, en el caso de Chiapas, situaciones como
la ambivalencia ideológica, un comportamiento político
poco ortodoxo y el fenómeno mediático que ha representado y del cual han sabido sacar provecho para difundir
sus demandas y atraer simpatías al movimiento, 10 se subordinan a ejes discursivos modernos, lo cual implica objetivos concretos de mediano y largo plazo. Ahora bien,
aunque sostengo que el sustrato filosófico de sus demandas no los transforma en un movimiento posmoderno (y,
en rigor, tampoco en un movimiento revolucionario), sí representan la crisis de un tipo de modernidad y de un proyecto nacional específico.
Para confirmar estas impresiones resulta productivo el
ejercicio de recurrir al lenguaje con el cual irrumpieron los
zapatistas en un momento que no era precisamente de
crisis para México, pues 1993 había sido el apogeo de
Carlos Salinas de Gortari y sus reformas neoliberales, que
habían tenido como corolario la firma del Tratado de Libre Comercio (NAFTA) con Estados Unidos y Canadá.

El peso de la historia mexicana
la gran mayoría de los referentes históricos y simbólicos
invocados por los zapatistas forman parte de la particular
historia mexicana, específicamente la de los siglos XIX y
XX. Ésta aparece como un puente de diálogo efectivo con
la sociedad nacional y como un recurso de legitimación
importante, a los cuales adhieren fervientemente. la articulación de sus discursos con la historia nacional los instala fuertemente en este espacio, a pesar del aislamiento
geográfico e histórico, pues no se debe olvidar que el
estado de Chiapas se incorporó tardíamente a México,
recién en 1824, por medio de un plebiscito en el que
votaron los miembros de la élite terrateniente (González,
1996:2). Sin embargo, esta instalación no es armónica,
pues acusa los conflictos que la han marcado. En su propia versión de la historia mexicana, los indios forman parte de una larga historia de luchas populares, identificándose con el lugar de los vencidos. Así lo señalaron en la
«Primera Declaración de la Selva lacandona&gt;. «Hoy decimos ¡Ya basta!», el primer documento que dirigieron a
México y que fue dado a conocer el l de enero de 1994.

78

"Somos producto de 500 años de luchas: primero
contra la esclavitud, en la guerra de Independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por
evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar
al Imperio francés de nuestro suelo, después la dictadura
porfirista nos negó la aplicación justa de las leyes de
Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata, hombres pobres como nosotros, a los que se nos ha negado la preparación más elemental para así poder utilizarnos como carne de cañón y
saquear las riquezas de nuestra patria ... » (EZlN, diciembre de 1993).
Aparte de lo conflictivo que se revela el campo de lo
historia en esta cita, resalta, como dije, el hecho de incluirse en la nación mexicana, siguiendo el camino trazado
por sus mejores hombres y mujeres, en palabras de los
propios zapatistas. Esto se resume en su principal símbolo: Emiliano Zapata, el general suriano de la Revolución
Mexicana, que no transó en sus ideales agrarios y que
tampoco se dejó seducir por la posibilidad de ocupar el
sillón presidencial. Es la recuperación de un héroe que
venía siendo fuertemente utilizado por el presidente de
entonces, Carlos Salinas de Gortari 11 .
Este rescate es un recurso constante de los discursos
zapatistas, una verdadera «actualización de imágenes,
nombres y hechos a punto de pasar a la antesala del
olvido histórico» (Rajchenberg, 1996:7). Esto ha tenido
impacto en varias de las prácticas políticas del movimiento; por ejemplo, el símbolo de «Aguascalientes» como un
intento de diálogo democrático entre ciudadanos, el que,
entre otros, actúa como referente político más inmediato
que el mundo globalizado.

La cuestión nacional
El problema de la nación es demasiado central en los
discursos zapatistas como para subestimarlo, pues es el
que se manifiesta más claramente en su reclamo principal: la integración a la nación y el derecho que señalan
tener sobre ella como sus habitantes originarios.
Aunque no desprecian al Estado como un espacio de
negociación importante, la crítica zapatista se dirige al
conjunto de un proyecto nacional que surgió de la Revolución Mexicana, el cual era portador de promesas que
quedaron en el camino. Esto fue más patente con el sector de los indios y los campesinos, los pretendidos «hijos
predilectos del régimen», como los llamó Warman, 1976.
Concuerdo en este punto con John Holloway acerca de

que los zapatistas no reproducen el «estadocentrismo»
característico de otras épocas (Holloway, 2001), pues la
reflexión que ha tenido lugar en el seno del movimiento
no se agota en esta instancia, ya que muchos de los temas incluidos en la negociación (estancada) con el Gobierno federal tienen como trasfondo el problema de la
nación.
Esto representa uno de los aspectos más «arcaicos•
del zapatismo, según las teorías poscoloniales. la presencia del concepto de nación en los movimientos actuales
significa para Hardt y Negri la insistencia de éstos en lo
que califican como uno de los principales yugos modernos, compartiendo con críticos como Bhabha los principios de circulación, nomadismo e hibridez: «Hoy, la glorificación de lo local puede ser regresiva y hasta fascista
cuando se opone a las circulaciones y a las mezclas, pues
de este modo refuerza los muros de la nación, la etnia, la
raza, el pueblo, etcétera» (Hardt y Negri, 2002:316).
Por su parte, la embestida que hace Bhabha contra la
nación tiene un asidero histórico que en principio no es
reprochable, pues efectivamente los proyectos nacionales se han sostenido sobre el pilar de la homogeneidad,
silenciando -a veces con la violencia- las diferencias culturales sobre las cuales se impusieron. Sin embargo, creo
que no se puede pasar por alto que en el caso de Chiapas
y en el de varios movimientos sociales, incluidos los indígenas, el tema de la nación aparece planteado por quienes han sido los «otros» de aquellos proyectos; lo cual
amplía la gama de posiciones políticas y culturales desde
los cuales la nación puede ser nombrada y pensada.
En el zapatismo hay un fuerte discurso nacional, qué
duda cabe, pero no en la forma de una regresión fascista,
pues no reproduce los principios de un proyecto elitista.
Tampoco se trata de un nacionalismo primordialista de
corte étnico, el temor de Bhabha y también de autores
que defienden el proyecto moderno como Touraine (por
el momento no tengo antecedentes que indiquen un desarrollo en esa dirección). Al contrario, es un concepto de
nación que recoge la experiencia de los sujetos que mayoritariamente integran el movimiento, quienes piensan en
una nación capaz de articular democráticamente la diversidad cultural que ha permanecido al interior de las
fronteras geográficas de México.
Esta es la visión que el zapatismo recoge en su proyecto de autonomía indígena, el cual tiene como premisa
fundamental el reconocimiento constitucional de esa diversidad étnica, como elemento constitutivo de la nación
mexicana, solicitud que, desde luego, no ha tenido éxito.
Con el fin de argumentar esta demanda, los zapatistas y
el movimiento indígena general en el cual se insertan han

recurrido al multiculturalismo, discurso surgido en los años
sesenta a partir de la experiencia canadiense. Se trata de
un lenguaje esencialmente moderno, que sostiene el derecho de las culturas a desarrollarse en el mundo contemporáneo, por lo que su propuesta está centrada en la
posibilidad de una convivencia normada al interior de los
estados nacionales, donde esa diversidad tenga representación política (Colom, 1998). Nuevamente estamos
frente a un tema que los aleja de las teorías poscoloniales
y respecto del cual Bhabha se pronuncia con ironía (2002
[ 1994]:55), pues lo que sostiene el multiculturalismo y, por
extensión, los movimientos que adhieren a sus postulados,
es a la coexistencia de culturas, no a la hibridez como
destino forzado.
Por otra parte, desde la nación, como eje discursivo,
se enfrentan a una serie de conflictos que se desprenden
de las dinámicas mundiales del capital y que a ellos les
ha tocado vivir en el ámbito local, los que a la postre
fueron gravitantes en el estallido del conflicto. Me refiero
a la firma del Tratado de Libre Comercio con Canadá y
los Estados Unidos, que introdujo el criterio de competitividad como regulador de las relaciones productivas en el
campo, una embestida violenta para los pequeños campesinos, los ejidos y las comunidades indígenas, en un
Estado mexicano donde este tipo de economía da sustento a gran parte de la población indígena. No es casualidad, entonces, que los primeros objetivos de la crítica
zapatista fueran el
y las reformas salinistas (que se
encargaron de eliminar todas las trabas •políticas»). Para
ellos, no sólo se habían disimulado las diferencias
abismales entre los campesinos canadienses y estadounidenses, de un lado, y mexicanos, de otro (que dicho sea
de paso fueron calificadas de «ventajas comparativas»
por miembros de la comisión mexicana que negoció el
tratado), sino que ponía en peligro la capacidad misma
de la nación para actuar con soberanía. Para los
zapatistas, el fortalecimiento de la nación es la única forma de establecer una resistencia medianamente viable a
la violencia neoliberal; de ahí la crítica a una élite política
que hizo justamente lo contrario.
El tema del
fue el primero que dio pie a este movimiento para pronunciarse sobre el mundo contemporáneo en el cual irrumpieron, para lo cual recurrieron a otro
«arcaísmo»: la constatación de las disparidades, lo que
los acercaba más a los teóricos de la dependencia que a
los postulados poscoloniales.
"El tratado de libre comercio, así textualmente dice
nuestro pliego de demandas, es una sentencia de muerte
para las comunidades indígenas, porque el criterio central de ese tratado es el de la competitividad de la fuerza

ne

ne

79

�de trabajo o del capital en este caso, pero qué calificación puede tener la fuerza de trabajo de un campesino
indígena que no sabe ni leer ni escribir, que siembra con
coa, para el que la introducción de la yunta sería un salto
tecnológico de un siglo, de la yunta .., olvídate del tractor
y de todas esas cosas. Entonces cómo vamos a competir
nosotros con los farmers gringos o con los peasants de
Canadá, ninguna, ninguna posibilidad" 12.
Al parecer, frente a conflictos de este tipo, no parece
muy funcional el argumento que tiende a relativizar la distinción entre centro y periferia con el objetivo de entablar
un diálogo más equitativo entre primer y tercer mundo
(Bhabha, 2002 (1994):213); lo que es loable, sin duda,
pero con el cual se corre el riesgo de derivar en planteamientos ahistóricos que nieguen, implícitamente, tales

que tanto se ha reprochado a la modernidad. De esto se
derivan los desajustes que traté de exponer a lo largo de
este artículo, los que se profundizan todavía más con el
traslado que hacen algunos intelectuales latinoamericanos de las teorías vigentes en los centros metropolitanos.
Este uso en regiones que no fueron consideradas en su
diseño puede tener resultados contradictorios. El caso de
los indígenas es apenas un ejemplo, pues se trata de un
sector que en pocas décadas ha pasado de ser lo premoderno por excelencia a representar nada menos que
la posmodernidad en el continente.

Observaciones finales

80

6

Noto

disparidades.

Este ejercicio de contraste entre una corriente que ha venido ganando terreno en la última década y un movimiento
social latinoamericano que ha sido indicado como representativo de sus lineamientos, tiene por objetivo discutir la
pertinencia y las formas de su uso en el análisis de nuestra
historia más reciente. Sin embargo, no quiero concluir este
trabajo sin señalar que no cuestiono el conjunto de los
estudios poscoloniales, pues se trata de un campo que ha
hecho aportes significativos en el replanteamiento de las
relaciones entre los centros de poder metropolitanos y lo
que se ha entendido como su periferia, entendiéndolas
como procesos multidireccionales; de lo cual se concluye
que esos centros no pueden entenderse, tanto ideológica
como económicamente, sin esa periferia, pero que, además, ésta tampoco ha sido una receptora pasiva (los trabajos de Edward Said y el bello libro de Mary Louis Pratt,
Ojos imperiales, constituyen buenos ejemplos).
Mi crítica se ha focalizado en aquellos críticos poscoloniales que han radicalizado sus posiciones posmodernas, creando argumentos que me han merecido sospechas por sus consecuencias en el ámbito político. También cuestiono la forma en que se han planteado modelos teóricos que, como el que nos ofrece Homi Bhabha,
se erigen sobre la generalización de experiencias históricas particulares, además de dolorosas, como es el caso
de los migrantes pobres en el primer mundo. La celebración de esa marginalidad en aras de una posición teórica
conduce, inevitablemente, a un cuestionamiento ético.
Con este tipo de prácticas, una parte de la crítica poscolonial parece incurrir en las totalizaciones discursivas

estructurales, como los de género, de etnias, etc. En el caso de
este crítico poscoloniol, estos identificaciones también son
reductibles o los binorismos modernos, o los cuales opone el espacio "entre-medio" "Hoy un intento por construir una teoría del
imaginario social que no requiere ningún sujeto expresando uno
angustia originario (West), ninguna autoimagen singular (Gotes),
ninguno pertenencia necesario o eterna (Hall). lo contingente y lo
liminar se vuelven los tiempos y los espacios poro lo representación histórico de los sujetos de lo diferencio cultural en uno crítico
poscoloniol' Homi Bhabho, El lugar de la cultura, Manantial, Buenos Aires, 2002 [ 19941, p. 219).

2

Conservo lo distinción de dos momentos en lo teorío poscolonial,
con el objetivo de distoncior a estos críticos de aquellos que han
sido señalados como sus precursores - Aimé Cesoire, Frontz Fonon
y Albert Memmi, principalmente. Esto separación y sus fundamentos pueden encontrarse con mós detalle en un libro que seró próximamente publicado y que se titulo Poscolonialidad y nación, de
Grínor Rojo, Alicia Solomone y Claudia Zapato.
En este campo teórico -amplio y variado en posiciones como se
puede constatar de lo crítico que hocen Hordt y Negri a Bhobha
en lmperi&lt;r lo modernidad aparece siempre como un constructo
ideológico perfectamente articulado y autoritario, siempre sinónimo de dominio y sujeción. Un ejemplo, entre tontos, es el que
entrego Alfonso de Toro en su defensa apasionado de la posmodernidad, que él entiende como lo posibilidad de liberación de la
pesada cargo moderno: "lo posmodernidad está muy lejos de ser
un fenómeno del 'desencanto', 'nostálgico', 'historizonte', 'reaccionario', 'globolizonte-igualizonte', más bien es lo contrario: es la
posibilidad de uno nuevo organización del pensamiento y del
conocimiento en uno formo realmente 'abierto' o causo de la relotivizoción de los paradigmas totalitarios, de lo descentroción del
gran discurso, de lo gran historio y de lo verdad. Así entendido, se
ofrece la postmodernidod como una nueva utopía que al parecer
todavía no se ha descubierto a raíz del monto de lo modernidad
que cubre y acompaño aún nuestro pensamiento' . De Toro, Alfonso. "Fundamentos epistemológicos de lo condición contemporánea: posmodernidad, poscoloniolidod en diálogo con lotinoomérico", en De Toro, Alfonso (ed.), Posmodernidad y Poscolonialidad.
Breves reflexiones sobre Latinoamérica, Iberoamericano, Madrid,

3

4

5

1997, p. 12).
Mignolo lo deja claro cuando dice '[. ..] la emancipación que las
teorías poscolonioles promueven, es lo emancipación de lo categorías de conocimiento fabricados y establecidos en Europa, los
cuales forman porte de la modernidad y fueron construidos, parcialmente, en complicidad con la expansión colonial'. Mignolo,
Walter, 'lo rozón poscolonial: herencias coloniales, teorías poscoloniales", en De Toro, Alfonso, Op. Cit, p. 68).
los estudios sobre la nutrición entre los Mapuche de lo Arauconío,
realizados por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de lo Universidad de Chile (INTA), son elocuentes: menor cantidad de calorías, de diversidad de alimentos; lo que tiene efectos
directos en lo vulnerabilidad físico.
Esto distingue o Bhabha de posiciones más "moderadas" de la
posmodernidad, que celebran lo proliferación de identidades no

Antes de proseguir con este tema es imprescindible reconocer lo
enorme heterogeneidad de esto discursividad indígena. Un ejemplo es el relativo o la cuestión nocional, pues aunque la mayoría
de estos movimientos discuten sobre un nuevo tipo de relación
entre las etnias y los estados nacionales, también se han planteado otras opciones, como el reclamo de algunas organizaciones
mapuche que promueven la constitución de uno noción político y
territorialmente distinto o la chilena, lo que Rolf Foerster y Jorge
lvón Vergoro han denominado "etnonocionolismo" (Foerster, Rolfy
Jorge Vergaro. "Etnia y nación en la lucho por el reconocimiento.
los mapuches en lo sociedad chileno", en Gundermonn, Hans.

Mapuches y Aymaras. El debate en torno al reconocimiento y los
derechos ciudadanos, Facultad de Ciencias Sociales de lo Un~
7

8

9

versidod de Chile, Rll Editores, Santiago de Chile, 2003).
Aporte de su convicción sobre este punto, parecen estar conscientes de que se encuentran moteriolmente incapacitados poro realizar uno torea de este tipo, lo que han resumido en frases como
«no queremos, pero tampoco podemos•.
En esto tesis radico su polémico con los críticos poscoloniales,
quienes estarían haciendo una lectura errado de los procesos
mundiales y pecarían de ingenuidad al oponerse o uno modernidad que yo no existe.
El comentario de Hordt y Negri es el siguiente: "En realidad, debemos admitir que hasta cuando trotamos de identificar la auténtico novedad de estas situaciones, nos perturbo lo persistente sensación de que estos luchas yo son viejas, pretéritos, anacrónicas'
(Imperio, Poidós, Buenos Aires, 2002 [2000], p. 62).

10 Esto ha tenido también su lodo peligroso, pues el excesivo poseo
de los zapotistos por los medios de comunicación entraña el riesgo de ' rutinizar" el movimiento y de reducirlo a icono de lo culturo
de masas, lo cual sería una lamentable cooptación, sin duda.
11 "Durante su sexenio no hubo acto agrario en el que Carlos Salinos no aludiera al caudillo del sur como su prócer preferido [... ]
Emiliano Zapata fue el nombre que llevó el avión -el TP-03, un
boeing 737- en el que viajaba por el país. El mismo nombre llevaron su helicóptero oficial -un Super Puma, TPH-01- y el autobús
acondicionado que utilizaba poro giros cortos' (Reportaje• Tierra
Y propiedad pareció ser lo consigna de lo familia Salinas Occelli
en lo cuna de Zapato", en Semanario Proceso, núm. 961, México, 3 de abril de 1995).
12 Entrevisto al Subcomondante Marcos; documental Chiapas, la otra

guerra, Conol 6 de Julio, A.C, México, 1994.

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de verdad y fuego (Documentos del EZLN), Ediciones SurDo,
Santiago, 1995.

81

�DE ARTES YESPEJISMOS
&lt;

XLII Muestra Internacional de Cine
Roberto Escamilla

C omo todos los años el mes de enero se inició de manera fílmica con la llegada de la Muestra Internacional
de Cinematografía de la Cineteca Nacional. Ofrecido
en la Ciudad de México en noviembre, el festival en Monterrey presentó sólo trece de las 16 películas proyectadas
en el Distrito Federal. Alguna de las faltantes, como Tierra
de sueños, se estrenó ya de manera comercial en estos
mismos días; y pronto veremos, esperamos, Carandiru, de
Héctor Babenco, o la ansiada Dogville, nueva producción del fundador del movimiento Dogma: Lars von Trier.
La muestra fue recibida con enorme entusiasmo por
esa "inmensa minoría", como denomina Roman Gubern a
los aficionados al cine de arte en el mundo, que volvió a
ocupar las butacas de la Cineteca regional, algo vacías
durante los últimos meses. Este fervor ha propiciado también la posterior distribución de estos raros o desconcertantes productos en los grandes complejos de cines de
estreno. Y no sólo eso, por fortuna. Muchos fi lmes de este
singular tipo están llegando con cierta frecuencia, tras una
semana o dos semanas de corrida en estos espacios, a
los videoclubes, tanto en VHS como en el impecable DVD.
De lo visto en Monterrey en esta gran muestra (grande
porque la calidad de los materiales fue en definitiva espléndida) sobresalen, junto a figuras claves como Francois Ozon,
Sijie Dai y David Cronenberg, siete opera prima, algunas de
ellas producidas en territorios casi desconocidos de la ex
Unión Soviética, ahora debutando en el cine como repúblicas independientes; entre estos filmes está el de Djamshed
Usmonov, El ángel de mi derecha, o la primera película producida en Afganistán, la lacerante y reveladora Osama, filmada tras la caída del régimen Talibán.

Un cine distinto de enorme resonancia humana, que
ilumina áreas poco cruzadas por el gigantesco cine global contemporáneo del ya mítico Hollywood, enredado
en una nueva celebración de los Óscares que dudando
entre premiar un filme encantador como Perdidos en Tokio, de Sofia Coppola, se extravía en los círculos
redundantes de El Señor de los anillos, o glorificar eficaces productos artesanales (pero nada más), como Río
místico o Capitón de mar y guerra. Mientras las cerradas
murallas de la industria, judía por excelencia después de
la llegada del sonido, se estremecen ante las trompetas
de un desorbitado y demoledor macroblockbuster, dedicado a escenificar uno de los dos temas que desde el
inicio del cine han sido super-taquilleros: La pasión de Cristo, vista por el ahora abominable Mel G ibson. El otro super-tema es el del erotismo femenino.
Pero antes de esta crucificada pasión recorramos el
buen cine de la muestra.

Unos dulces mentiros (Francia-Bélgica, 2003). Dirigida por Julie Bertuccelli. Tres mujeres tratando de sobrevivir en un país en quiebra, la antigua Georgia, comparten
una ilusión en común: Otar, médico de profesión y ahora
albañil e inmigrante ilegal en París. Sus cartas y el poco
dinero que envía entre las hojas escritas son la única esperanza solidaria de amor y vida entre las tres. Eka, la
madre y abuela; Marina, la hija y madre madura y Ada,
la hija de Marina y nieta de Eka. Otar es el hijo, el hermano y el tío exiliado. Su muerte accidental, al caer de un
andamio, obliga a no interrumpir la serie de misivas que
dejaron de llegar, mientras Ada, mediando siempre entre

83

�el odio y el rencor de la madre y de la abuela, trola de
sostener la ilusión hasta donde se pueda. Un drama espléndido de la debutante corlomelrajisla Julie Berluccelli,
cuya afinada sensibilidad, junio con la estupenda actuación de las tres mujeres, (en especial la de Esther Gorinlin,
ya de noventa años, en el papel de la abuela) hace de
Unas dulces mentiras un filme único.

La pequeña costurera (Francia-China,

2002). Dirigida por Sijie Dai. Basada en su primera novela, traducida
a más de veinticinco idiomas, el cineasta Sijie Dai, realizador de China mi dolor, recrea la historia de dos jovencitos enviados a un campo de reeducación en una remola región del Tíbet y el encuentro personal y emotivo que
sostienen con una bella joven. Estamos a principios de la
década de los setenta en China, en plena revolución cultural. Dai, reeducado también por esos años y de la misma forma, narra una historia de afinidades y descubrimientos entre los tres, cuando saben de una maleta que contiene un listado de novelas extranjeras, entre ellas varias de
Balzac. la pequeña costurera describe con impecable
sencillez y encanto cómo los "enemigos del pueblo" van

84

encontrando, entre la amistad y el amor, los lazos de lo
solidaridad aun entre los encargados de vigilarlos. Solidaridad que recordarán después, preguntándose, ya en
épocas mejores, por el destino de aquella encantadora
niela del sastre.

Vladimir en Buenos Aires (Argentina, 2002). Dirigida
por Diego Gachassin. Con implacable precisión, casi quirúrgica, Gachassin persigue, siguiendo la línea sin salido
del descenso a los infiernos de la mejor novela argentino
bonaerense, el derrumbe, moral y personal, de un emigrado ruso anclado en Buenos Aires. Con visión patafísica y
sin perder la línea dostoyevskiana de Vladimir como individuo, Gachassin encuentra en su primer filme, sin extraviarse, el camino sin salida a la liberación de estos eternos condenados: el crimen, en una obra serena y sin simpatía hacia los proscritos.
Salomé (España, 2002). Dirigida por Carlos Saura. Tras
una larga y espléndida filmografía, donde se ofrecen obras
del cine tan importantes como la caza o Cría cuervos, o
tan entrañables como ¡Ay, Carmela!, Saura regresa de

nueva cuenta a uno de sus últimos territorios: el del cine
coreográfico, en el cual, tras la precisa Carmen o El amor
brujo, no ha vuelto yo a encender la energía de su excepcional talento después del frustrado intento dramático de
Goya en Burdeos. Salomé es otra vez la puesta fílmica
de un baile, y de uno inspirado en un fascinante milo: el
de la bella Salomé, hijastra de Herodes, que desea a
toda costa la cabeza del predicador Juan el Bautista. A
pesar del toque de Aída Gómez y de su grupo de danza, Salomé queda sólo en el esbozado diseño de un
posible encuentro con el arle flamenco.

Soldados de So/amina (España, 2003). Dirigida por
David Trueba. Lola Cercas es una atractiva novelista y
profesora universitaria en medio de un fuerte impasse creativo. Una llamada de atención para investigar el frustrado
fusilamiento del fundador de la Falange, Rafael Sánchez
Mazas, durante el inicio de la Guerra Civil española, le
sirve como un profundo viaje tanto al interior de ella misma como hacia la historia de esos dramáticos días en la
España contemporánea. Al parecer, Sánchez Mazas
pudo escapar primero a un fusilamiento masivo y después
a su posible muerte gracias a la disposición de un soldado anarquista que, al encontrarlo huyendo en los bosques
de Gerona, no lo ultimó en definitiva. En el encuentro con
un anciano veterano de la guerra, Miralles, quizás el mismo personaje que le perdonó la muerte a Sánchez Mazos, Lola vuelve a entender el sentido de la existencia.
David Trueba, director de la buena vida, guionista y también novelista como Javier Cercas, autor de la novela original en donde se inspira la película, ha llevado a cabo
un trabajo espléndido, donde las dos acciones en el tiempo: (el tiempo actual de la investigación y el tiempo de la
guerra), con acciones vueltas a montar y por medio de
imágenes reales de una impecable búsqueda archivíslica,

enmarcar en profundidad una mirada histórica y humana
excepcional.

Recuerdos (México,

2003). Documental dirigido por
Marcela Arteaga, quien en éste su primer largo, ha tomado la vida de un emigrante lituano, el cineasta Luis Frank,
para recorrer el azaroso destino de los que perdieron todo
en la Segunda Guerra Mundial y volvieron a encontrar y
recuperar el lugar perdido en el exilio generoso de una
tierra lejana, muy lejana de sus horizontes y expectativas:
México.

La hora de la religión (Italia-Francia, 2002). Dirigida
por Marco Bellocchio. Un asunto poco tratado en el cine
actual, con excepción de algunos filmes para la TV en los
Estados Unidos, son las relaciones entre la sociedad de
hoy y la Iglesia católica como poder económico, político
y social en el mundo contemporáneo. Marco Bellocchio,
el autor en los sesenta de Con los puños en los bolsillos y
la China se avecina, vuelve a este asunto muchos años
después en la hora de la religión. La historia es, en principio, privada. Ernesto, un pintor afamado y miembro de
una familia aristócrata, debe testificar ante la Iglesia en el
proceso de santificación de su difunta madre. Ernesto, separado de su actual mujer, se enfrenta en Roma al proceso de beatificación; y se niega, incluso ante su hijo, a ofrecer su testimonio y su voluntad. Ninguna presión lo convence, menos la financiera, para continuar su comino como
una persona libre de ataduras espirituales. Su pequeño
hijo mantendrá su ejemplo y continuará con el padre a
pesar de la negativa de la madre y de los familiares cercanos. Nado se sabrá del pasado de la desaparecida ni
de las dolorosas relaciones manten.idas por ella con el
hermano mayor de Ernesto. Un filme que apuesta, sin reservas, en la Italia postmoderna, por un auténtico ser hu85

�do universo de esas mujeres y de todas las mujeres y hombres libres de ese pequeño país se torna dramático e incluso mortal, mientras las gavillas de vigilancia andan por
las calles en camionetas con las metralletas listas para ser
disparadas. Siddiq Barmak, sin traspasar las barreras de
un elemental minimalismo en la puesta en escena, cuenta
el terrible tránsito de Osama en las escuelas masculinas
mientras se encamina en el aprendizaje de los ritos religiosos, esta historia con una objetividad deslumbrante, y
deja que los dolorosos y reales hechos hablen por ellos
mismos.

mano laico. Sergio Castellitto, en una brillante interpretación, ha dado con la medida exacta de ese valiente rechazo al sostenerlo con una actuación sobria y eficaz,
pero llena de furia interior.

es que Cronenberg no recurre en esta ocasión a efectos
especiales. la esquizofrenia de Spider está viva y respiro
gracias a Ralph Fiennes, Miranda Richardson, Gabriel
Byrne y Spider niño.

Spider (Francia-Canadá-Gran Bretaña,

Madame Sofá (Brasil-Francia,

2002). Dirigida
por David Cronenberg. Artífice de un extraño y fascinante
universo, a la vez creativo y visual, disparatado en la imaginación, pero real ante el encuadre, ofrecido sin reservas y sin medida, excepto por la mágica singularidad de
su talento en filmes ya de culto, como Videodrome, Crash
y eXistenZ, David Cronenberg ofrece ahora una nueva
versión de sus peculiares fantasmas en Spider. la historia
de un enfermo que ha pasado más de veinte años internado en instituciones psiquiátricas. Su madre le apodaba
con cariño Spider y en el recuerdo de ese pasado íntimo
anidan los problemas del interno. los encuentros en su
infancia entre la madre y el pequeño hijo se precipitan en
la mente del personaje central, que apunta sin cesar con
extraños ideogramas, en una agenda, notas ilegibles que
sólo él puede descifrar. Encerrado en instituciones desoladas y miserables, caminando en sus pocas salidas por
calles vacías ajenas a la misericordia, Spider ata sus sueños y su acotada realidad. lo más impresionante del filme

El ángel de mi derecha (Francia-ltalia-Suiza-Tadjikistán,
2002). Dirigida Karim
Ainouz. Tras un postgrado en cine en Estados Unidos, el
brasileño Karim Ainouz se integra al equipo de producción de Walter Salles, el famoso cineasta, y prepara su
primer largometraje acercándose a una figura legendaria
de Río de Janeiro: Joao Francisco dos Santos, un travestí
criminal, homosexual y hábil pelador callejero. Una vez
vestido como drag queen en su miserable barrio de lapo,
Dos Santos se convertirá, después de una larga estancia
en la cárcel, en la mítica Madame Saló, al debutar con
tal nombre en el miserable cabaret Danubio azul. Desde
la década de los treinta hasta su muerte, ya anciano, en
1976, donde aparecía como reina en los carnavales de
Río, Madame Saló fue uno de los personajes más populares de todo el Brasil. Filmada en las calles reales donde
sobrevivió el singular travestí, con la dirección fotográfico
del mejor director de imágenes del Brasil, y director también, Walter Carvalho, en una atmósfera de claroscuros
con tintes de color, Madame Sofá se interna al sórdido y
bestial universo de Dos Santos, para, en medio de la violencia, recalcar y trascender su generosa postura vital que
le llevó incluso a adoptar siete hijos pequeños. Una excelente película que atrapa al espectador en el interior humano y afectivo de este singular ser. El ambiente de un
homosexual violento y generoso que hizo de su existencia en la miseria una profunda lección moral.

Nada (Cuba-España-Francia-Italia, 2001 ). Dirigida por
Juan Carlos Cremata. A pesar de su animado continente,
donde el tono festivo y los carteles enriquecen el tráfico
diario y toma de decisiones Carla, una empleada de
Correos, abre y contesta cartas mientras espera la visa

86

para salir de Cuba. El filme deja traslucir el enorme escepticismo de un transcurrir colectivo sin esperanza, cada
vez más gris e inútil.

2002). Dirigida por Djamshed Usmonov Khamro, un
gángster de poca monta, pero bastante rudo, regresa a
su pueblo al saber de la pronta muerte de su madre. Volver lo enfrentará con muchas deudas pendientes, en un
lugar donde la corrupción ejercida en todos los niveles es
la forma real de subsistencia. Khamro trata de enfrentar
sus problemas mientras se entera de que tiene un hijo de
más de diez años que lo seguirá desde su llegada. Tan
pronto su madre deja de fingir y se prepara, ahora sí, a
morir, Khamro tendrá que luchar contra todo, incluyendo
una nueva y bella amante. Un filme seco y eficaz de una
cinematografía casi inexistente, donde el realizador revela una particular visión mientras recorre un territorio suyo.
Cine personal sin concesiones.

Swimming pool (Francia-Gran Bretaña, 2003). Dirigida por Franc;:ois Ozon. Una elegante e inteligente escritora inglesa de novelas de misterio decide tomar unas pequeñas vacaciones en la residencia de verano de su editor, situada en Francia. Ya instalada, aparece por sorpresa la joven y alocada hija del empresario. las relaciones
son tensas desde el principio. Después cambiarán un poco,
mientras la historia se encamina sin prisas hacia un crimen. Ozon, con una maestría perfecta que habla de su
dominio de la forma y del contenido, nos lleva, después
de una larga carrera de obras transgresoras (como Sitcom
o Gotas de agua sobre piedras ardientes) a un hermoso
filme en el que la aparente y sencilla linealidad descriptiva recuerda mucho la escritura metafísica del cine de
Hitchcock. Y no sólo eso, Ozon da una vuelta de tuerca
a la historia y convierte a Swimming pool en un misterio
fascinante al concluir la proyección. ¿Qué fue lo que vimos en la pantalla? ¿Un hecho real o una invención literaria? ¿Y quién era entonces la chica que acompañó a la
escritora en el tedio de aquel verano? En este filme Ozon
alcanza una pureza estilística excepcional.

Osama (Afganistán-Japón-Irlanda, 2003). Dirigida por
Siddiq Barmak. Durante el régimen talibán una mujer y su
hijo de doce años pierden sus empleos cuando el hospital donde trabajan cierra sus puertas. El problema se complica aún más por una situación especial: han muerto el
esposo y el hermano que ayudaban a mantener la familia. Es decir, ya no existe en la familia un "acompañante
legal" y ellas no pueden salir solas a la calle. Si lo hacen,
pueden ser arrestadas o muertas. Pero hay que comer.
Estamos en Osoma, primera película que se realiza en
Afganistán, después de la caída del régimen Talibán, ubicada en los primeros meses de la dictadura musulmana.
Sólo le queda una solución a la madre para poder conseguir alimentos: disfrazar a la hija de doce años de muchacho. Y darle un nombre masculino: Osama. lo que
sigue en el filme podría haberse convertido en Occidente
en una divertida comedia de costumbres; aquí, el reduci-

87

�..,,

CABALLERIA

El universo poético
de Jaime Sabines:
Elogio
de la transparencia
crítica

rrir, de irregular hondura. las opiniones y

movido por la mano del autor Sabines:

las ideas respecto a la poesía de Sabines

con audacia y rigor, con experiencia y

en el mundo literario mexicano oscilaban

lozanía, aunque las expresiones bordeen
el territorio del oxímoron.

-y oscilan- entre el rendido elogio y la
descalificación inmediata. El poeta astu-

Gloria Vergara emprende un triple

riano José Méndez me contó, en un bar

acercamiento al orbe lírico del autor de

de Madrid, que había conseguido reu-

Tarumba. lo sagrado, la muerte y lo coti-

nir en una misma mesa a los grandes poe-

diano. Redes temáticas que tienen una

tas de América, Blanca Varela y Jaime

introducción imprescindible donde se de-

Sabines, y sólo logró que intercambiaran

muestra la armazón, el anudamiento fe-

El universo poético

un par de palabras. El pleito entre escri-

de Jaime Sabines

cundo, de la vida y la literatura. en un

tores que practican concepciones poéti-

preómbulo que valora el derramamiento

De Gloria Vergara
Universidad Iberoamericana,
Departamento de Letras
México, 2003

cas disímbolas es un viejo cuento que,

de la poesía en el estrecho vaso de la

por desgracia resuena aún en nuestros

vida: •Poro Sabines -escribe Vergaro-,

pasillos, en los corros improvisados y en

la poesía se encuentra en cualquier lu-

las charlas de café o en el espacio iman-

gar: la calle, los hospitales, los establos,

tado de las cantinas.

los burdeles, las escuelas, los parques;

Sin embargo, Sabines, terco en su

la poesía es un acontecimiento humano

En 1991, en Lima, Perú, escuché la reci-

lecho agónico, se ha negado a morir del

tación emocionada de una tirada de

y se le 'puede encontrar en cualquier

todo. Asomo su rostro ahora desde la

versos que pertenecían al poema •los

parte, a cualquier hora, sorpresivomente"

ventana de sus comentaristas, desde esa

amorosos•, de Jaime Sabines. Sabía yo

(28). En ese mismo tramo preparatorio

otra forma de presentarse en la fiesta li-

que el poeta de Chiapas ero uno de los

se nos habla del poeta como un ser

teraria: más discreto, menos desmelena-

carencial, como el más indefenso de los

mós leídos y, quizó y sin quizó, el mós

do, con esa doble importancia que le

recitado entre los poetas mexicanos de

mortales. El comentario de la ensayista

confiere el discurso poético y crítico de

finales del siglo XX; y que, por desgra-

se pliega a los textos con sinceridad, sin

quien se asoma a sus versos asumiendo

cia, eran escasos los acercamientos cr•ti-

demorarse en interpretaciones prolijas y

una actitud reñida con el servilismo ad-

sin recurrir a la jer·gonzo de una

cos a su obra: coma si la fidelidad a lo

mirativo y con el ninguneo apriorístico.

parafernalia crítica más orientada a bo-

expresión directa de sus poemas basta-

Tal es la forma como Gloria Vergara ha

rrar lo poesía que a ponderar sus hallaz-

ra para respetar ese río, áspero y violen-

elegido caminar por las póginos de

gos y tender puentes entre el lector y la

to, vuelto a veces contra su propio discu-

Sabines o, me corrijo, del hablante lírico

otra orillo. lo diré de otro modo: de ma-

89

�nera simétrica y paralela al quehacer

posee un tono poético sostenido, percep-

autor de "Con los ojos abiertos de los

poético de $abines, en el que la técnica

tible incluso en aquellos pasajes en los que

muertos". Y, es cierto, hay lugar para el

-asumida y dominada- pasa inadverti-

se alude de manera explícita al galope

comentario técnico (Gloria habla a ve-

da, así las palabras de quien se acerca

en el comentario de "Tarumba":" 'Acaba-

ces de la anáfora, de la metonimia, de

a los poemas de Sabines no obstaculi-

llo, Tarumba', dice el poeta, como si el

la gradación y de la metáfora), pero sin

zan el disfrute de los versos, sino que,

galope fuera la única posibilidad de

olvidar el propósito cardinal de su em-

movidas por el mismo afán de entraña-

anular las huellas. Para recorrer el país,

peño: proporcionarnos ojos nuevos poro

ble transparencia, invitan a la relectura

lo mujer, el deseo, 'a caballo' hay que ir,

leer la poesía de Jaime Sobines, cuyo

desde ángulos disímiles. Así ocurre, por

a trote, deprisa, como si todo fuera un

estilo, como bien muestra la investigado-

ejemplo, en este delantal del poema "La

sueño, un agua escurridiza, un río enfer-

ra con mirada atenta y minuciosa, po-

Tovarich": En el poema 'La Tovorich', Dios

mo, como si el ojo se fuera haciendo

see la fortaleza que anunciaron aque-

es la medida del tiempo y del lenguaje,

cada vez más vidrio y debiéramos apre-

llos versos del poeta clásico: "Éste que

de la expresión: estar desamparado de

surarnos a montar, recorrer, conocer,

llama el vulgo estilo llano/ encubre tan-

él equivale a estar desnudo para habi-

desear, abrir y levantar" (98).

tas fuerzas, que quien osa/ tal vez aco-

de una producción realizada en el ex-

meterle, suda en vano"

tranjero. Este síndrome calificado por el

autor, se recrea una fenomenología de

cada vez más como una posibilidad

la exhibición (el Big Brother), del aisla-

dentro de un mar de imposibilidades.

miento de la realidad y del pensamien-

La verdad, dice el autor, se encuen-

to, del reino de la banalidad y el tedio.

tra hoy en un estado de ficción, donde

Se naturaliza la estupidez y se reduce

reino la confusión y la sospecha, y don-

el conocimiento a su grado cero. El pro-

de las pocas certezas son el turismo es-

ceso de globalización ha hecho que los

pacial y la exploración de nuevos recur-

productores de las cadenas de televisión

sos en los planetas del sistema solar. En

de América Latina abandonen todo prin-

el mundo cotidiano, la rutina y la banali-

cipio de ingenio y originalidad. Por lo

dad; y, en el campo del conocimiento,

general cada nuevo programa es una

ante todo las respuestas, mucho antes de

clonación de alguno anterior, o de al-

que empecemos a plantearnos un problema.

guno de la otra televisara en el país, o

la condición Milli Vanilli. Reflexiones
de dos siglos es una obra que hace una

tar la muerte, para vivir la orfandad de

Destacan, además, algunas intuiciones

la luz que representa el proceso

que vale la pena comentar aquí, como la

metonímico en donde el hombre es el que

que se refiere al silencio en la sección "La

labra con su soledad todo intento de

muerte como conocimiento". Dice la ensa-

res, es también una práctica común en-

y los primeros del XXI. Su contenido pue-

existencia: "Sombras en llamas bajo mis

yista: "el silencio que es tiempo represen-

tre escritores y pensadores, y se ha difun-

de despertar el interés sobre asuntos en

párpados. / Penetro en la oquedad sin

tado, el más importante en el conocimien-

dido a todos los niveles de la cultura por

los que, por lo general, no se reflexiona,

palabra posible./ En esa inimaginable or-

to de la muerte y en la estructuración del

difunde la industria de la producción cul-

medio de la utilización de los nuevos

al mismo tiempo que constituye una ex-

fandad de la luz/ Donde todo es intento,

poema". Esto significa que la ambición de

tural en todas partes.

medios de acceso a la información.

aproximado afán y cercanía".

elidir la muerte a través de la edificación
de objetos verbales es, también, un dolo-

GllBERTO PRADO GALÁN

Saber mirar
. .
y otras ciencias

Sobre el mundo de la cultura y sus

autor como "Xerox", que ya ha marca-

lectura de la situación humana en los úl-

do a varias generaciones de consumido-

timos 30 años, de los últimos del siglo XX

La impostura, el plagio y la

celente crítica sobre algunos símbolos y
representaciones de la cultura contempo-

expresiones construido en ese siglo han

estandarización caracterizan la industria

reflexionado filósofos, escritores y pensa-

cultural. Muy lejos de éstas ocurre lo in-

gues, de los pasadizos, los atajos y los

dores críticos. Dominio de los signos y

vención como un fenómeno propio de

poesía de Sabines. Así, por ejemplo, en

sobresaltos del camino de todos, esto es,

significaciones, del que escribieron

los laboratorios y los institutos de investi-

el capítulo dedicado a desvelar los múl-

de la muerte. Y la conciencia de la muerte

tiples rostros de la muerte hay una sec-

del otro logra en el comentario acerco de

ción - "El inminente triunfo de Thánatos" -

"Algo sobre la muerte del mayor Sabines"

en la que se aborda el poema "Los amo-

el tono más alto del libro. Y es que el poe-

rosos". La escritora sabe que el mejor

ma alcanza, en palabras de su

escaparate del amor humano es la muer-

escudriñadora, "el tono más alto del dolor

Las reflexiones desarrolladas por el

Pero los avances y descubrimientos

te y dolorosa viceversa. A la relación

humano" (79): "Morir es retirarse, hacerse

autor, en esta tradición de lo crítica cultu-

en estos espacios del conocimiento no

apretada y recíproca entre los vectores

a un lado,/ ocultarse un momento, estarse

El siglo XX representó para lo sociedad

ral, parten de la tesis de que nos encon-

siempre son exitosos; también traen con-

Los o¡os de Anya

mortal y amoroso en la poesía de Jaime

quieto,/ pasar el aire de una orilla a nodo/

un periodo de transformación profunda,

tramos en una era que presenta el rasgo

sigo caídas: el Concorde, que encuen-

De Sergio Cordero

$abines corresponde la relación, no

y estar en todas partes en secreto".

sobre todo en el campo de la ciencia y

distintivo de la impostura en el compor-

tra su fin como el símbolo de la confiabi-

No quisiera abandonar esta reseña

la tecnología, desarrollados para los pro-

tamiento y la condición humana. Este

lidad áerea. El Kursk, que termina en el

del poeta y los comentarios de su lecto-

sin decir que no son pocas las veces en

cesos industriales, las comunicaciones, el

gesto y recurso validado por la cultura,

fondo marino, y la Mir, chatarra orbital

ra. Y concluye este apartado: "La muerte

que Gloria Vergara recurre a filósofos,

procesamiento de información y la lectu-

ha venido consolidándose a partir del

Fondo Estatal para la Cultura y las
Artes de Nuevo León
Monterrey, 2002 (Árido Reino)

que, también, regresa al agua. Símbolos

es, entonces, inmanente en la trascenden-

poetas, críticos y una larga fila de acom-

ra de la genética humana. Estos cambios,

desmoronamiento de las significaciones

te vida, y el amor la único prórroga que

pañantes en el viaje para concelebrar

junto a los experimentados en la econo-

que constituían los referentes de orienta-

tecnológicos que, como otros, marcan el
fin de una era.

nos permite levantarnos de nuestra som-

la poesía de $abines. Ella sabe que lo

mía, la política y la cultura, están cado

ción en el mundo moderno.

bra. Entonces, ser en el mundo se con-

mirada de los otros debe ser una vía de

vez más lejos de la comprensión del ciu-

vierte en morir en el mundo, para ser amo-

acceso, acoso pasajera e incidental, no

Existe una compenetración espejean-

roso aprendizaje de los pliegues y replie-

te en este múltiple acercamiento a la

menos estrecha y viva, entre los versos

La condición Milli Vanilli.
Reflexiones de dos siglos
De Eduardo Espina
Ed. Planeta
Argentina, 2003

Umberto Eco y Roland Barthes. Espacio

gación. La meta es alcanzar el futuro y

sin fronteras que vieron venir, con incerti-

vencer la incertidumbre a través de líneas

dumbre y a su manera, Marshall

definidas: el perfeccionamiento de la ma-

Macluhan, Henri Lefebvre, Daniel! Bell y

china sapiens, la lectura genética, la ae-

Jeremy Rifkin.

ronáutica y la astrofísica.

ránea.

FRANc1sco Ru1z S01rs

Los relatos
de Cordero

¿Qué es lo que me hace seguir leyendo

La única certidumbre es que el futuro

un libro de narraciones o qué es lo que

El título que anima esta obra está ins-

llega y que la sociedad no sabe hacia

me hace abandonar la lectura para siem-

dadano común que, enredado en uno

pirado en el dúo Milli Vanilli, de origen

donde se dirige. Saber mirar bien es la

pre en determinado momento? Primera-

un calzador ni una llave maestra para

vida cotidiana afectada por este conjun-

alemán, que en 1990 exhibió su condi-

única oportunidad que tiene la sociedad,

mente me gusta que las historias sean com-

Se ha dicho, y ocaso no sin razón,

acercarse a la poesía incorrecto y enér-

to de mudas, consume, aprende, interpre-

ción real: se comprobó y se hizo público

a cuyos miembros les resulta difícil expe-

pletas, redondas, con personajes verosím~

que la mejor prolongación de la felici-

gica -en Sabines, como en Baraja, la

to y reproduce significaciones y referen-

que otra persona era la que había inter-

rimentar la felicidad y la humanidad, y

les y recreaciones convincentes de tiempo

dad por la poesía leída es lo creación

incorrección tiene una fuerza que no tie-

tes que constituyen patrones y modali-

pretado los temas en sus grabaciones.

sin embargo, les atrae la duplicación y

y lugar. Además: está la cuestión de lo

nen los poetas pulidos y acicalados- del

dades de comportamiento que ofrece y

el sueño de la eternidad, que aparecen

manera como el autor me presenta su mo-

roso en el otro".

de un poema. El libro de Gloria Vergora

90

En la vida cotidiano, argumenta el

91

�ll!N l!ll!U 1111 ll tnl!ll ! ll! A111! N lllll Uh

Los OJOS DE ANYA

visté, Sergio me dijo que él no era un

Giorgio asesina a su padre de un dispa-

hospeda, descargando en ellos lo frustra-

César se encuentra acorralado en su

ro en lo sien.

ción por su divorcio, haciendo que su hija

do entre los hechos que cuento y el esta-

narrador en sentido puro, sino un hom-

departamento. Intenta escapar, pero lo

do de ánimo con que los refiere. En su

vigilancia de sus perseguidores no se lo
permite.

estado de ánimo hay uno especie de in-

bre de ideas que se expresaba a través

Anya regresa a casa y observa a los

gane peso otro vez. El protagonista encuen-

de la literatura. Cuando me hizo llegar

hermanos fornicar en un cuarto vacío. Son-

tra a media noche a su mujer comiendo

lo versión definitiva de sus relatos temí

ríe mostrando los colmillos, porque su fide-

hasta hartarse y le reprocha su co-bardía, su

encontrarme con eso que uno halla en

lidad va más allá de la muerte.

falta de carácter y el fingir ser como las per-

Confrontando estas síntesis con el

impacten con mayor fuerza. Sergio no

sonas que podían aceptarla y protegerla.

desarrollo que tienen los relatos de

condesciende ni ol reproche ni a la que-

La madre ordena a Berta divorciarse de su

Sergio entendí a qué se refería Cordero

ja ni a la denuncia, como si supiera de

esposo, pero él se niega. Al separarse am-

cuando hablaba de ideos, sus ideas,

antemano que todo eso es inútil.

bos, el protagonista se hunde en una crisis.

quiero decir. Éstas no están dentro del

los ensayistas que de pronto quieren escribir cuentos: una mala mezcla de en-

Los GATOS LO SABÍAN

sayo y narración o de textos seudo-

!erial. Que no empiece por cualquier lado,

doctrinarios o de fábulas con intención

Cuando Efraín era niño visitaba a sus tíos

pedagógica. Por el contrario, me llevé

Celina y Augusto, que vivían en una casa

la grata sorpresa de cuatro narraciones

grande de una zona residencial y tenían

fluidas, limpias y muy interesantes.

una fábrica. A la tía Celina la encontra-

EN ESTADO DE COMA

diferencia ante lo terrible y lo trágico que,
por contraste, hace que los hechos

Esta actitud latente en el discurso deja

texto como juicios de valor que amorti-

de parecernos contradictoria cuando

güen o distorsionen el efecto de los he-

descubrimos la idea general que

chos en la conciencia del lector. Corde-

subyace en estas narraciones. Se plan-

Pero entonces me llegó otra inquie-

ron un día muerta en el patio. A partir de

César conoce a Paulo cuando ambos

ro elimina cualquier juicio de valor que

tea la lucha de una conciencia individual

tud: ¿dónde están aquí las ideas? ¿Po-

entonces, el tío Augusto se encierro en

son universitarios. Al iniciar su vida sexual,

puedo emitir el narrador o contrapone

con sus propias ideas, con su particular

demos encontrar ideas en este libro de

la casa y descuida la fábrica, hasta que

ella se lo comunica a su familia, pensan-

las opiniones que el personaje principal

modo de ver la vida, frente a la incons-

relatos? Me propuse un experimento.

muere, dejando o Efraín como herencia.

do contar con su comprensión, pero ellos

expone con las de los demás persona-

ciencia de uno colectividad que sólo

Decidí proceder por orden y hacer una

Efroín decide restaurar el caserón y

reaccionan echándola de la casa. Des-

jes. Es decir, subordina las ideas a la

sabe dejarse llevar por lo corriente de

sinopsis lo más ceñida posible de cada

poner en marcha la fábrica por su cuen-

de entonces la pareja vive en un depar-

narración y no al revés. Todos pueden

sus propios impulsos.

hablar, pero nadie tiene lo razón.

sino de lo manera más interesante. No

una de las anécdotas y comparar el re-

ta, y se traslado a vivir a lo caso que

tamento que Paula consiguió con su tra-

necesariamente en orden cronológico, sino

sultado con los relatos originales. Mis sín-

había sido de sus tíos. Al llegar, descu-

bajo de enfermera, mientras él se dedi-

¿Y las propias ideas de Sergio Cor-

especial, en una sociedad como ésta,

dosificando los estímulos. En Los o¡os de

tesis fueron las siguientes:

bre a sus vecinos, un matrimonio de an-

ca a actividades que le reportan dinero

dero como autor? No se las diré, sólo

donde las personas están tan habituados

cianos que gusta de alimentar a las pa-

muy de vez en cuando.

estoy comentando sus relatos, no voy a

a decir una cosa y a hacer otro comple-

quemarle el truco.

tamente diferente, el mero hecho de que

Anyo, Sergio Cordero lleva al lector de lo
complejo a lo sencillo, como si descendie-

Los 010s DE ANYA

ra en un tobogán.

En un mundo como el nuestro y, en

lomas con migajas de tortilla dura, lo cual

La madre le prohíbe visitarla mientras

molesta al protagonista. Efroín visita a los

no se case o tenga un hijo y la hace res-

Tuve que releer el libro para repasar

alguien quiero vivir siendo coherente con
su modo de pensar provoca que los de-

Eso en cuanto o lo estructura gene-

En un viaje por Italia, el protagonista co-

ancianos, pero sólo encuentra en la casa

ponsable de las desgracias de sus her-

mis síntesis y, cuando las reescribí, la cer-

ral del libro. Si hablamos de la estructuro

noce a Katherino, quien estudia en Ale-

un par de gatos, hembra y macho.

manos. Paula no se aleja de su familia y

teza cayó como la manzana de Newton.

más lo vean como una aberración, como

particular de cada cuento ocurre algo

mania. Se casan y Katherina muere, de-

Por la noche, los gatos se aparean

Aunque mis resúmenes contenían los mis-

una anormalidad.

parecido. No solamente se presentan los

jándolo viudo. Habían procreado dos

furiosamente en la habitación de Efraín,

ellos terminan por envenenar su relación
con César.

mos hechos no se parecían para nada o

hechos, sino que el orden en el que los

hijos: Gina y Giorgio.

quien los descubre. los gatos escapan

Paula presiono a su pareja para que

los relatos originales. ¿Por qué? Encon-

Y la pregunta se impone: ¿y ellos qué
tan normales son?

le dé un hijo, a lo que César se rehúsa.

por la ventana y él sale a perseguirlos.

expone el narrador, lejos de estorbar,

Cuando Gina tenía diez años y

tré la clave tonto en el discurso como en

Tal vez a eso se deba la extrañeza

vuelve más transparente el desarrollo de

Giorgio doce, el padre advierte en ellos

A la mañana siguiente, los ancianos

Para él, los hijos sólo significan aniquilar

la estructura; en lo parte más superficial

con la que leí los dos últimos relatos. El

la narración.

tendencias incestuosas, que llegan a su

informan a la policía de la trágica muer-

la tranquilidad necesaria para dedicar-

y en lo más profundo.

comportamiento de los protagonistas

Ahora hablemos del estilo. Es limpio,

punto álgido cuando ambos niños se me-

te del vecino.

se a uno rica vida intelectual. Todos sus

Para mí, es en el discurso donde ra-

presenta a los demás personajes como

ligero, no hay una solo palabra de más.

ten desnudos a la cama e intentan hacer

ancestros habían cometido el mismo

dica la personalidad del autor. No en

seres monstruosos. Por contraste, en los

la enunciación es exacta y se apoya

un juego sexual con su padre, a lo que él

error: tener muchos hijos, lo que los llevó

las historias que, como ya vimos, pueden

dos primeros relatos, el comportamiento

a renunciar a su vocación y hundirse en

ser contadas de un modo diferente. No

de los animales los vuelve más humanos

trabajos mediocres y agotadores.

en los motivos concretos (meros puntos

que las personas. Además, pienso que

César llega a un acuerdo con Paula.

de partido) ni en las ideas que, si hemos

cada tema exigió al autor un género es-

una deseable y sonriente mujer. Se casa

Ella mantendrá al hijo y se ocupará de

de ser honestos, son de todos y de na-

pecífico y por eso los dos primeros tex-

con el protagonista.

su educación. Tienen a Frido.

die. En cambio, en el discurso, es decir

MÁS AMARGA QUE LA MUERTE

mucho en imágenes de gran plasticidad.

se rehúsa. Tomo la decisión de separar-

En una primera lectura se diría que el

los. los envía a internados, a ella en Ingla-

Berta había sido una adolescente gor-

artificio es mínimo y hay que releer el texto

terra y a él en una escuela militar.

da y tímida. Adelgazo y se convierte en

para poder notar el sutil juego de fuer-

El padre, al quedar solo, conoce a

zas, la trama que está zurcida casi con

Anya y al hacer su testamento toma lo

hilos invisibles y un ritmo que en ningún

determinación de dejarle o ella sus bie-

La madre de Berta la consentía cuan-

Paula sufre un accidente en el

en esa particular tensión verbal que re-

tos son cuentos y los dos últimos se resolvieron como relatos.

nes y desheredar a sus hijos, despoján-

do era niña. Temerosa de que sus hijos

quirófano y queda en coma. Berenice,

sulta del juego de fuerzas que se da en-

¿Y qué podemos concluir de este

dolos de la fortuna de la madre.

lo abandonaran, al igual que lo había

hermana de Paula, abogada experta en

tre la conciencia del narrador, los hechos

análisis? Que nos encontramos de nue-

Transcurren diez años. Gina y

hecho su esposo, la mamá hacía que sus

divorcios, se enfrenta con César. Le re-

que enfrenta y la manera como los ex-

vo con una característica fundamental del

expresión, ese despojamiento que, sin

Giorgio, cuyos cuerpos ya son maduros

hijos dependieran de ella sobreprotegién-

procha haber explotado a su pobre her-

pone a la conciencia del lector, está lo

embargo, también es un recurso, como

y voluptuosos, vuelven con su podre.

dolos y destruyéndoles la autoestima.

mana. Se inicia una ofensiva no sólo de

autor: su elegante, aunque abrasiva, ironía.

si el escritor narrara lo mismo con pala-

Cuando éste entro a la casa, Gino le

Cuando Berta y su marido vivían solos,

que podríamos juzgar característico e inconfundible.

bras que con silencios.

avisa que Giorgio le ha disparado a

ella estuvo contenta y relajada. Pero al cam-

sar, quien además tiene que vérselas con

biarse de ciudad, la madre de Berta los

la hostilidad de sus vecinos.

momento sentimos que se apresure o se
retarde. Quizá el único rasgo que denuncia el artificio sea esa austeridad en la

Hace muchos años, cuando lo entre-

92

Anya y que ésta huyó sangrando.

ello, sino de toda la familia contra Cé-

En el caso particular de los relatos

JESÚS DE lEóN

de Sergio, hay un contraste muy marca-

93

�Nuevas respuestas
Maitines

ma asombrosa y relampagueante verda-

entero frente a un espejo de palabras del

des completas que no son sino cuestio-

que, se sabe ya, nadie puede salir ileso.

namientos en ciernes.

A final de cuentas, el hombre como lo

En Atrio, por ejemplo, el poeta des-

palabra, ha nacido paro que "todo pol-

De Francisco Magaña
Mantis Editores

hace la divinidad de los unos sobre los

vo seo de nuevo el petardo que anuncia
los misterios de lo resurrección".

Guadalajara, 2000

equívoco y la imposibilidad de corregir

otros, sopesando dulcemente la luz del

Aman/ des oiseoux (1136), del monje

del día, el acercamiento final. Contunden-

Claraval, se sabe que el monasterio fue

te y cegador, el rayo que parte en dos

construido por un emperador ciego en

la tormenta se hace presente en cada

obediencia a su consejero espiritual.

una de las páginas de este libro de Fran-

Cuando el espíritu del mandatario olvi-

cisco Magaña, que se interna en los re-

daba la nostalgia de sus ojos, veía con

covecos del hombre y la mujer como

claridad en el corazón de los hombres.

quien parte a explorar el trópico

Entonces volvía a llorar.

tabasqueño, naciendo y muriendo a un
mismo tiempo.

Como el mandatario vuelve al llandespués de una respuesta, aun cuando

la oración como posibilidad que expía, se

ésto sea evidentemente cierto. Así vuel-

destejen como lo sombro y el silencio de

ven los poetas, como Magaña, a

las primeras horas, dejando entreabiertos

replantearse desde lo más profundo del

los ojos de lo mañana con toda lo oscuri-

corazón, con los ojos limpios de nostal-

dad que o lo luz provee el hombre.

Abogánster.- Abogado.
Alacrán.- Máquina de escribir.
Boto Furriel.- Ingenuo, tonto.
Camote.- Órgano sexual masculino.
Coyetono lo botella.- Cállate, cálle-

Dos grandes maestros de lo palabro,

Chántola.- Deja de hablar o molestar.

Chicles.- En el caló del hampa, son

2(XX) y pico mexicanismos muy
chidos
De Héctor F. Rodríguez
JPT Graphics

como Octavio Paz y Carlos Fuentes, han
hecho reflexiones acerca del hablo del
mexicano con sus expresiones más candentes e impactantes. Paz escribe acerco de la chingada en su libro El laberin-

to de la soledad, y Carlos Fuentes escribe acerca de la mentado de madre en

llantas de camión o de automóvil.

to, así vuelve el hombre o lo pregunta

Existencia y memoria, en el centro de

ha sido más generosa con los escritores.

se, cállense.

Honor a quien honor
merece, a pesar
de las tautologías

loquial de los mexicanos y la situación

Abadesa.- Encargado de un prostíbulo.

Luis AGUllAR

lo que es yo incorregible: por el libro

Maitines es, más que la oración primera

dríguez. Ejemplos:

su novela La muerte de Artemio Cruz.
Enumerar los obras actuales que abor-

Estos dichos son sólo algunos de los

dan el lenguaje coloquial y el albur se-

muchos que aparecen en los libros de
un autor y otro.

ría conveniente, aunque no posible, pues
ya perdimos lo cuento; lo importante es

Motivo poderoso para aludir o lo

asentar la importancia de la obra de

obra de Jiménez es que ésta contribuyó

Armando Jiménez en la literatura mexi-

a que los escritores ejercieran su dere-

cana y darle el reconocimiento como el

cho a utilizar palabras fuertes en sus tex-

primer investigador serio del habla po-

tos, pues antes de Picardía mexicana uti-

pular mexicana.

referencia a Picardía m1xicano es obli-

lizar lenguaje coloquial en una obra li-

No puede negarse el valor del libro

gada, y no hacerlo es u10 irresponsabi-

teraria era tener enfrentamientos con la

gia, las posibilidades del hombre y de la

lidad mayúscula, porqL.e significa olvi-

2000 y pico mexicanismos muy chidos,

Liga de la Decencia y hasta con las au-

que habrá de constituirse en un texto de

Lo estructuro del libro reboso en to-

poesía Y Magaña llora porque la re-

dar la importancia funcamental de la

toridades. Un ejemplo: Jiménez recordó

dos los sentidos la idea de lo convencio-

flexión no escapa. Pensar es pensarse a

E1libro 2000 y pico mexicanismos muy

consulta. Pero no ha partido de cero. Si

obra de Jiménez en la c1ltura y la litera-

en uno de sus visitas a Monterrey el caso

el autor se considera punta de lanza en

nal. Desde los poemas brevísimos, de dos

sí mismo y dar vuelta sobre el cuerpo que

chidos (2003), afortunado recopilación

tura mexicanas.

de Rubén Solazar Mallén, autor de la

o tres versos, hasta la forma en que grá-

acabamos de asesinar de una palabro:

del profesor Héctor F. Rodríguez, es un

novelo Cariátide, quien se vio envuelto

res mexicanos, sería prudente que mos-

ficamente son plonteados, los textos que

Cuentan que en un principio ero imposible dar con lo ubicación del monasterio.
Su seña particular ero el constante cambio de coordenados. Ahora se sobe por
uno bandada de palomos que amanece bailando sobre lo conciencio.

vehículo idóneo para valorar el lengua-

Rodríguez olvido qui Picardía mexicano es el primer testirnnio de la len-

el menester de recopilar dichos y albu-

en líos judiciales junto con el poeta Jor-

trara sus investigaciones de campo de

je coloquial de los mexicanos. Si la Real

gua coloquial mexicanoy un campo de

ge Cuesto en 1932, cuando este último

una manero ordenada, y que a través

Academia de la Lengua se preocupa por

batalla verbal plagado fo connotacio-

se atrevió a publicar, en su revisto Exa-

de una metodología se abocara a uno

preservar un lenguaje de nivel científico

nes y de uno riqueza p)ético que ani-

men, dos capítulos de la novela de So-

edición crítico y clasificara sus investiga-

y estándar, es pertinente destacar el ni-

mó o nuestro poeta no:ionol Octavio

lazar Mallén. Las consecuencias no se

ciones por temas y por fechas. Pues si

vel coloquial también, pues llegará el

Paz a realizar un estudioinspirado en la

dejaron esperar: los escritores fueron en-

hemos de hacer caso o los pláticas de

De esa reflexión íntegra que el poe-

momento en que la Academia dé fe de

obro de Armando Jimémz.

carcelados y lo revisto Examen cerró sus

Jiménez, investigar el habla popular mexi-

El libro de Magaña, se divide en diez

ta propone hay reminiscencias claras del

su existencia y de su aplicabilidad. De

La referencia a Jimmez es ineludi-

puertos. Respecto al caso, el dramatur-

partes tan breves como precisas. En "Me-

búlgaro Rumen Stoyanov cuando Maga-

ahí la importancia del texto en cuestión.

ble porque él se abocó• uno investiga-

go Rodolfo Usigli escribió que el gene-

cano "no es nada más de enchílome
otra".

moria del retablo", Magaña escribe: Ha

ña invita - incita - a buscar el alivio con

En el prólogo, el autor manifiesta que

ción que le llevó diez cños. Antes de

ral Plutarco Elías Calles "los criticó con

llegado el beso que en lo me¡;llo enciende/ veladoras. / El adversario con su palabro de granito. / Lo hiel con sus olas
desplegados/ y el sabor de lo almendro
ante el sepulcro. / Ha llegado lo criatura
/ que vuelo confundido frente o los fiamos. / Y el vocablo que nos acerco o los
demás. / Y el tiempo de los preguntas.

la duda: Acoso el eco seo lo comunión

los mexicanismos nacen de una cultura

Jiménez nadie había obcrdodo uno em-

dureza opinando que lo situación de

Sin embargo, 2000 y pico mexicanismos muy chidos es un esfuerzo por

con lo areno que encuentro su verdor en
lo sed del aguo bo¡o lo pregunto.
Circular por las páginas de Maitines

predominantemente conformada por ha-

presa semejante. Picordí1 mexicano fue

México exige que se conserven los po-

mantener vivo el lenguaje coloquial y

bitantes de lo Ciudad de México, quie-

el primer libro de Jiméne'.; después han

cos valores que tenemos, aun mintiendo,

venido otros, y en uno d, éstos, Tumbo-

popular de los mexicanos, un esfuerzo

nes no lograron superar un nivel educa-

y que es un crimen destruirlos".

por enriquecer el acervo de quienes via-

es adentrarse a los terrenos de lo sexua-

tivo que les permitiera utilizar palabras

burros de lo picardía me&lt;icono (1977),

Sin embargo, a partir de lo publica-

jan al dolor y al buen sabor de las pala-

lidad -caro básico del amor carnal-

más o menos correctas poro expresar sus

aparecen muchos de bdichos y albu-

ción de Picardía mexicana se han escri-

completa y complementario, sin preser-

pensamientos (sic). Sin embargo, el au-

res que también integranel libro de Ro-

to muchos libros acerca del lenguaje co-

bras, para que chillen las palabras, como
diría Octavio Paz.

vativos de por medio; es el filo del ries-

tor olvida signar que después de la pu-

Y surgen, sí, las preguntas en las si-

go ante lo inexorable de la respuesta a

blicación del libro Picardía mexicano, de

guientes páginas, donde hasta la más

lo que se llegará siempre para plantear

Armando Jiménez, hace 42 años, el al-

mínima afirmación trae consigo una nue-

un nuevo cúmulo de dudas. Hoy que te-

bur y cualquier concepto chido ya es pro-

va interrogante. Maitines teje de una for-

ner la capacidad de pararse de cuerpo

piedad de la población mexicana. Lo

componen esta entrega ofrecen visiones
autosuficientes y concretas: hay un punto final donde debe haberlo, no donde
la gramática supone. Como ese punto,
aparecen, mágica la palabra, principio
y final como una misma cosa.

94

EEUU, 2003

ZACARIAS JIMtNEZ

95

�La palabra
en la trampa

último se constata, sin que el poema lo

ya en sí palabras con una carga de inten-

diga, en el último verso: "mientras que otras

sidad. En el caso de

se esconden presurosas de la vista de los

adjetivado, como los otros calificativos,

hombres".

minimiza el asunto (en este caso, la figura

El erotismo de lo trompo se anuncia con

La trampa

elegancia a través de fragmentos del cuer-

De Arcadio Leos
Instituto Cultural de Aguascalientes,
Aguascalientes, 2003

po femenino que son trabajados particularmos en el texto anterior que las axilas son

Recibiendo el polen volviéndolo a soplar

ese fragmento que se perfila y se anuncia,

Recurro o lo violencia de tiempo en tiempo

en cierto modo, para diagnosticar la épo-

O o la hoja en pulcro blanco centelleando

la elegancia

ca. En el poema que le sigue,

es consumada a través del canto a unos

paga, Azotes, Día de campo, Resaca y La

pequeños pies, con lo cual se adelanta otro

trampa. Con reminiscencias de la escritura

elemento que caracteriza el contenido de

de vanguardia, la aventura del autor se

este libro: el influjo de la poesía oriental:

nados estados de ánimo, sin que por esto

Ante mis ojos
Como lágrimas de verso libre
Estrepitándose emocionados
Sobre el tojo untado de tu espalda
Para finalizar con palabras extras, que no

centra básicamente en la volatilidad del
dan a momentos específicos o a determi-

igual con la sobrecarga de gerundios:
Sosegando los campos de amapolo

Lo trompo, de Arcadio Leos, es un libro di-

lenguaje; es decir, en que las palabras alu-

del poeta), caricaturizándolo. Sucede

mente como asuntos de cada poema. V~

vidido en cinco secciones: El crimen no

añaden ni fuerza ni sentido al texto, más

Unos pies pequeñitos

bien terminan distrayéndolo hasta volverlo

blancos

frágil. ¿Cuáles serían las lágrimas de ver-

que quepan en mi mano

los consoliden en el paisaje del texto. Así,

tengan alto y aristocrático

so libre? Si Eliot señaló que el verso libre

es la alusión, más que la introspección y

el arco

no existe, que es una de las mentiras de lo
aparente modernidad, cómo hacerlo llo-

posteriormente la fabricación, lo que constituye el imaginario de esta obra.
Del primer apartado, El crimen no

Es en textos como éste en los que parece
fraguar el sentido poético de

la trampa.

rar hasta el estrépito.
Es impreciso el lenguaje de los textos
que integran

la trompo. Y en este sentido

paga, es interesante el momento rítmico

Tiene economía de lenguaje, depuración

que logra hacia el final de "Por la calle":

y, lo más importante, la posibilidad de es-

es fácil, porque es fácil llenar hojas con

bozar una imagen.

una emoción que, sin duda, puede ser in-

Lo trampa son

tensa y masiva, pero la poesía no es un

ese espacio lácteo que aroma bajo el brozo

los títulos de las secciones y del mismo li-

vertedero de emociones. La poesía es un

un cúmulo de recato poro unos y en otros

bro. En este punto, mantiene una estrecha

cúmulo de ellas, sólo posible, sólo asible,

relación con el acto de comunicar, es de-

si existe un trabajo esmerado, una búsque-

Me gustan las axilas de las mujeres

[lo bandero
pues las hoy de delicado brillo como copo
[ de oloroso aceite
otros granulados o cenizos o bosque lleno
[de deportes
secas sofisticados se sostienen los axilas
[más cuidadas
mientras que otros se esconden presurosas
[de lo visto de los hombres

Uno de los aciertos de

cir con esa función elemental, mas no fun- '

da de perfección. ¿Qué es lo que hace

damental de la poesía. El libro así se acer-

memorable un poema? Oue está escrito

ca a los recursos publicitarios, con títulos

tal y como fue escrito, que no tiene versas

concisos y precisos que mucho se

intercambiables ni sustituibles. Un poema

emparentan con nombres de películas. No

es memorable cuando es un poema, es

sucede lo mismo con los textos. El conteni-

decir, una luz de la perfección. En este pun-

do de "El crimen no paga" exagera en

to, la trampa, de Arcadio Leos, es una tram-

adjetivos que, como diría Borges, debili-

pa que no con besar las sienes de los dio-

tan y, más que dar vida al poema, lo ani-

ses hace posible el don. Habría que, no

Con una música que potencia la sonori-

quilan. Quizás es en ese aspecto en don-

sólo acercarnos al sentido de lo sagrado,

dad de las últimas s~abas, el sexto verso

de el título se ajusta al contenido:

sean vanguardias, poesía oriental o el mis-

favorece la presencia de la sensualidad

mo Holderlin, sino también habría que pi-

del humor femenino, del sudor cautivo que

sar con los pies desnudos las piedras ardientes que hacen posible su saber. No

evidencia los tiempos actuales, a través del

Soy el poeta del poema que surge

uso continuo de las eses, de un hemistiquio

[y se discute

sólo acercarnos a los dioses, sino ser dig-

producido al principio del verso, después

La maravillo desnudada

nos de ellos.

del heptas~abo "secas sofisticadas", que

Sorpresa capataz con látigo chasqueando

de alguna manera muestra la contradicción

Barracuda extraordinario

entre un pudor que inhibe las secreciones
del cuerpo para, a la vez, exhibirlo. Esto

96

LOS AUTORES

capataz, sustantivo

M INERVA MARGARITA VILlARREAL

Luis Aguilar (Tamaulipas, 1969). Escritor y periodista cultural. Ha
publicado los libros de poesía Eclipses y otras penumbras y
Tartana, y el de crónica Soberbia de cantera. Premio Nacional de Poesía Manuel Rodríguez Brayda 1998. Actualmente
es becario del Centro de Escritores de Nuevo León.
Armando Alanfs (Monterrey 1969). Fue becario del Centro de Escritores de Nuevo León y del Fondo Estatal para la Cultura y las
Artes. Fundador del proyecto literario w·bano Acción Poética. Entre otros libros ha publicado Saltos en la luna y Los

delicados escomhros.
Juan Domingo Argüelles (Chetumal, 1958). Es autor de libros de poesía y ensayo, entre ellos Como el rrw.r que regresa, Canciones
de la luz y l,a tiniebla y ¿Qué leen los que no leen? Premio
Nacional de Poesía Efraín Huerta, de ensayo Ramón López
Velarde, el Premio Nacional de Literatura Gilbe1to Owen y
Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes.
Miguel Ángel Cuevas (Alicante, 1958). Profesor de Literatw·a Italiana
en la Universidad de Sevilla. Poeta y traductor. Ha publicado
los libros de poemas Celebracwn de la memoria, Manto, Incendio y término y Silbo. Estudioso de la obra de Pasolini, de
quien ha traducido Ragazzi di vita y Orgia, ha publicado además numerosos ensayos y traducciones sobre autores y obras
de literatura renacentista y contemporánea.
Salvador Díaz (Méx.ico, D. F., 1977). Pintor. Ha expuesto su obra en
México, Estados Unidos, Francia y España. Obtuvo la Beca
Nacional de Jóvenes Creadores CONACULTA-FONCA y la
Beca Estatal de Jóvenes Creadores CONARTE-FONECA.
Participó en la V Bienal Monten-ey-FEMSA.
Nicolás Duarte Ortega. Profesor de tiempo completo y ex.director de la
Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.
Roberto Escamilla (Monterrey, 1942). Crítico de cine. Es profesor de
posgrado en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de
la UANL.
José Garza (Monterrey, 1971). Periodista. Autor de los libros Tierra de
cabritos y Cuaderno de reportero. Dirige el periódico Vuia Universitaria de la UANL y colabora en el periódico Lo, Jornada.
Martín Heidegger (Messkirch, Baden, 1889-1976). Cursó estudios de
teología católica y después filosofía occidental en la Universidad de Friburgo. Obras más destacadas, Ser y tiempo, e ln-

troduccwn a la metafisica.
Javier lrigoyen García (España). Trabaja en el Depaitement d'espagnol
FLLASH, de la Université de Valenciennes en Le Mont-Houy,
Francia.
Zacarías Jiménez (San Luis Potosí, 1958). Estudió letras en la UANL.
Ha incursionado en la docencia y el periodismo. Fue becario
del Centro de Esc1itores de Nuevo León.
Jesús de León (Saltillo, 1953). Narrador, dramaturgo y editor. Es licenciado en letras por la Universidad Autónoma de Coahuila
y Maestro en Lengua y Literatura Españolas por la Normal
Superior del Estado de Nuevo León. Entre sus libros se cuentan A.fu.era hay un mun.d-0 de gatos y Pame/,a del Río por noso-

tros rmsmos o bajo el rencor.

Desnudada, capataz y extraordinario son

Gisella López Cannona (Apizaco, 1948). Investigadora, catedrática,
periodista y antropóloga. Estudió en el Colegio de Historia

de la UANL. Ha publicado diversos trabajos sobre historia,
arqueología y antropología en revistas especializadas y suplementos culturales.
Humberto Martfnez (Monterrey, 1942). Estudió filosofía en la UNAM,
es crítico literario. Fue profesor investigador del Departamento
de Humanidades de la UAM-Azcapotzalco.
Gilberto Prado Galán (Torreón, 1960). Crítico de arte y maestro en
letras por la Universidad Estatal de Nuevo México. Actualmente cursa su doctorado en la Universidad Complutense de
Madrid, sus ensayos lo han hecho acreedor de tres premios
internacionales (Lya Kostakowsky, Garcilaso de la Vega y
Malcolm Lowry) y uno nacional (Premio Nacional de Crítica
de Arte). Fundador y director de la revista iberoainericana de
literatura Arteletra.
Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-1975). Escritor y director de cine.
Escribió algunas novelas, como Los golfos y Una vida violenta. Cultivó también el ensayo y la poesía, género en el que
destacan Poesía a Casarsa, Las cenizas de Gramsci y Lo, religi.ón de mi tiempo. Filmó El Evangelio según San Mateo, Edipo

rey, El Decamer6n y Sal6 o los 120 días de Sodmna.
Alvaro Ruiz. Poeta chileno nacido en Otawa. Ha publicado los libros

Dieciocho poemas, A orillas del canal, Es tu cielo azulado,
Casa de barro y Lo, virgen de los Tajos.
Francisco Ruiz Solfs (Puebla, 1957). Investigador, maestro universitario y editor. Estudió comunicación, sociología y metodología en la UANL.
Tomás Segovia (Valencia, 1927). Ha publicado más de veinte títulos en
México y España, recogidos en Poesía 1943-1976 por el Fondo de Cultura Económica, y una segunda edición aumentada,
con el título de Poesía 1943-1999. Además del Fondo de Cultura Económica, su actividad se ha desarrollado en la Revista
Mexicana de literatura, Nuevo Mundo (París), Plural y Vuelta.
Ha traducido obras de Breton, Víctor Serge, Lacan, Mircea
Eliade, Jakobson, Derrida, Foucault, Pavese y Harold Bloom.
Premio Villawrutia de Poesía 1973, Premio Magda Donato
1983, dos veces Premio Nacional de Traducción Alfonso X, y
Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Creador Emérito del
Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de Méx.ico.
Rugo Valdés (Monterrey, 1963). Autor de las novelas The Monterrey

News, Dúis de nadie, El crimen de la calle de Aramberri y Lo,
vocacwn insular. Ganador del Quinto Certamen Nacional de
Literatura Alfonso Reyes por su ensayo El laberinto
Cuent(stico de Sergio Pito!, en 1998. Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y del Fondo Estatal
para la Cultura y las Artes de Nuevo León.
Minerva Margarita Villarreal. Catedrática de la Facultad de Filosofía
y Letras de la UANL, institución que la distinguió con el Premio a las Artes. Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines
1Q94. Ha recibido también los premios de poesía de la revista Plural, 1986 y el Premio Nacional Alfonso Reyes, 1990.
Claudia Zapata Silva. Licenciada en historia y maestra en estudios
latinoamericanos por la Universid¡¡.d de Chile. Actualmente
realiza estudios doctorales en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

97

�Direa:i6n de P.Jblicacmes de la UANL,

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Nuevo León, C.P. 64440 / tflMleaot: 8Sl9fl 11J
83 29 40 95. J\Hicaci(m llÍididllal . . . . .
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad Autónoma de Nuevo León, 2004, No 46, Enero-Marzo </text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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