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Gabriel Contreras 3 armas y letras: puertas abiertas
José Kozer 5 El neobarroco: una convergencia en la poesía latinoamericana
José Javier Villarreal 14 Pablo Neruda, una tercera vuelta
Marco Antonio Millán 17 Recuerdo de Pab/,o Neruda
Gilberto Prado Galán 22 Breve apéndice sobre el uso del eneasílabo
en el Libro de las preguntas
Gerardo Deniz 24 Cuatronarices
Jesús Mario Lozano/ Minerva Margarita Villarreal 29 El boceto o /,a creación más libre
Miguel de Cervantes 35 Don Qµ,ixote de la Mancha
Juan Villoro 39 E/,ogi,o del negro
Jean Tardieu 41 La cortesía inútil o la rebelión
Gabriel Contreras 44 15 de julio de 2003
Roberto Bolaño 45 Autorretrato
Roberto Bolaño 46 ¿Qµ,ién es el valiente?
José Eugenio Sánchez 48 Pies calientes cabeza fria
Yordán Radíchkov 49 El caballo pardo

ANDAR A 1A REDONDA
Nicolás Duarte Ortega 55 El palimpsesto de Cabeza de Vaca
Jorge Esquinca 63 Ni todas ojerosas, ni todas pintadas

DE ARTES YESPEJISMOS
Roberto Escamilla 67 Dos pasiones al inicio de un tercer milenio
Daniel González Dueñas 72 La pasión de Hollywood

DE

armas y l,etras

Coral Aguirre
Jesús Mario Lozano
Alfonso Reyes Martínez
Jorge Pedraza Salinas

75
78
80
81

Gestión de amores
60 aniversario: un volver extraño
La travesía
Presagi,o de un tiempo nuevo

CABALLERÍA
Dolores Castro
Luis Aguilar
Tirso Medellín
Francisco Ruiz Solís

83
85
86
89

La lluvia férrea de la ironía
Las estatuas móviles
La alienación o del sentido trági,co de la vida
Historias épicas del americanismo

Imágenes de Armando Morales

�Gabriel Contreras 3 armas y letras: puertas abiertas
José Kozer 5 El neobarroco: una convergencia en la poesía latinoamericana
José Javier Villarreal 14 Pablo Neruda, una tercera vuelta
Marco Antonio Millán 17 Recuerdo de Pablo Neruda
Gilberto Prado Galán 22 Breve apéndice sobre el uso del eneasílabo
en el Libro de las preguntas
Gerardo Deniz 24 Cuatronarices
Jesús Mario Lozano / Minerva Margarita Villarreal 29 El boceto o la creación más libre
Miguel de Cervantes 35 Don Quixote de la Mancha
Juan Villoro 39 Elogio del negro
Jean Tardieu 41 La cortesía inútil o la rebelión
Gabriel Contreras 44 15 de julio de 2003
Roberto Bolaño 45 Autorretrato
Roberto Bolaño 46 ¿Quién es el valiente?
José Eugenio Sánchez 48 Pies calientes cabeza fria
Yordán Radíchkov 49 El caballo pardo

ANDAR A LA REDONDA
Nicolás Duarte Ortega 55 El palimpsesto de Cabeza de Vaca
Jorge Esquinca 63 Ni todas ojerosas, ni todas pintadas

DE ARTES Y ESPEJISMOS
Roberto Escamilla 67 Dos pasiones al inicio de un tercer milenio
Daniel González Dueñas 72 La pasión de HoUywood

DE

armas y letras

Coral Aguirre
Jesús Mario Lozano
Alfonso Reyes Martínez
Jorge Pedraza Salinas

75
78
80
81

Gestión de amores
60 aniversario: un volver extraño
La travesía
Presagio de un tiempo nuevo

CABALLERÍA
Dolores Castro
Luis Aguilar
Tirso Medellín
Francisco Ruiz Salís

83
85
86
89

La Uuvia f érrea de la ironía
Las estatuas móvil.es
La alienación o·del sentido trágico de la vida
Historias épicas del americanismo

Imágenes de Armando Morales ·

�armas y letras:
PUERTAS ABIERTAS
En el afán por constituir una plataforma eficaz para la diversidad de nuestra cultura
literaria y artística, este número de

armas y letras ofrece ahora

un artículo de José

Kozer -uno de los más altos poetas cubanos avecindados en los Estados Unidossobre el neobarroco como uno de los perfiles vigentes en la poesía latinoamericana.
Desde España, Juan Villoro envía una reflexión en torno al color negro y sus
múltiples representaciones. Además, presentamos varios acercamientos a la obra de
Pablo Neruda en el centenario de su nacimiento, entre ellos un examen de José
Javier Villarreal sobre las diversas lecturas que su obra suscita. Juan Almela, conocido como Gerardo Deniz, presenta

Cuatronarices, muestra de una poesía en la que

se unen la pasión filológica, la afición a las ciencias y una aguda visión de la cotidianidad en una propuesta definitivamente renovadora en el ámbito de la creación
poética actual en lengua española.
Celebramos asimismo el centenario del novelista mexicano Agustín Yáñez con
una colaboración de Jorge Esquinco. Además, un texto atractivo y polémico: en
Nueva York, llan Stavans traduce al spanglish

E/ ingenioso hidalgo Don Gui¡ote de

la Mancha. ¿Una jerga mestiza, un dialecto fronterizo, un idioma futuro? Después de
haber elaborado un diccionario de spanglish, Stavans nos sorprende con este proyecto desmesurado, extraño, fantástico, ta l vez utópico, digno de un personaje de
Borges.
Hace un año -el 15 de julio de 2003- murió el polémico escritor chileno Roberto
Bolaño. Para recordarlo, ofrecemos un adelanto de

Entre paréntesis,

un libro póstu-

mo que lanzará pronto la editorial Anagrama.
Uno de los más destacados exponentes de la plástica de América Latina, Armando Morales, comparte con nosotros su visión del proceso creativo e ilustra nuestras
páginas.
Bienvenido a esta edición de

armas y letras.
Gabriel Contreras

�EL NEOBARROCO: UNA CONVERGENCIA
EN LA POESÍA LATINOAMERICANA
José Kozer

Traducción de Juan Jesús Charles Cavazos

La costa tiene pedruscos de ladrillo erosionado.
Robert Lowell, ' Verano largo", Cuaderno

Übservo dos líneas básicas en la poesía latinoamericana de la actualidad. Una es estrecha y la otra amplia.
La geometría de la línea estrecha es lineal y su tono es
familiar, coloquial. La geometría de la línea amplia es prismática, circunvalada, y su expresión es turbulenta y densa. La primera línea la asocio más con la poesía tradicional norteamericana y latinoamericana, incluyendo sus aspectos de vanguardia de una manera ya asimilada. Asocio esta línea, por ejemplo, con Robert Lowell, la parte
transparente de Eliot o con el trabajo de Elizabeth Bishop.
La segunda línea, la amplia, la asocio con la poesía internacional, más fuerte, convergente y diversa; sí, opaca, pero,
debido a su amplitud, más incluyente. Dicha poesía internacional contiene aspectos de la poesía norteamericana
del siglo XX, así como una fuente básica que tiene sus
raíces en el Siglo de Oro español de la época barroca,
Góngora y Quevedo sobre todo, además de algunos
destellos de los poetas metafísicos ingleses, cierto apego
a la poesía de Stéphane Mallarmé, y un contacto intenso
y fruct~ero con el trabajo, por ejemplo, de Ezra Pound;
además, en ciertos jóvenes poetas, con Louis Zukofsky,
Charles Olson y John Berryman.
¿El tomar en cuenta la música moderna de John Coge,
Philip Glass y el compositor católico y místico francés
Olivier Messiaen podría representar una diversidad de
fuentes musicales trasladadas hacia esta amplia tendencia poética? En mi caso, por ejemplo, algunos críticos han
sugerido puntos de contacto y convergencia de métodos
con la poesía de John Ashbery. De ser así, podría atribuirse esta coincidencia al periodo histórico en el cual am-

bos vivimos, y, acerca de la forma en la que los dos reaccionamos poéticamente, a nuestros propios tiempos. Menciono esto sin estar a la defensiva, ya que respeto profundamente el trabajo de Ashbery y, por lo mismo, debe existir
una influencia de su trabajo sobre el mío, lo cual orgullosa y felizmente reconocería. Sin embargo, comencé a leer
a Ashbery probablemente hace tres años, cuando yo ya
había escrito cerca de cinco mil poemas. Aún más: mientras la poesía de Ashbery consiste en ironía tendiente a la
comedia, la mía se mueve, entre otros asuntos, de la ironía a la tragedia. Dicho lo anterior, concluyo esta digresión, lo que además sirve para seiialar cómo nosotros, los
poetas latinoamericanos, estamos en contacto, creativa y
críticamente, con el presente palpitante y real dentro de
otras culturas, teniendo como resultado el escribir una
poesía más rica, más espesa y con más referencias que la
de nuestros predecesores.
Me permito ahora postular que la línea estrecha de la
poesía latinoamericana proliferó durante la primera mitad
del siglo XX. Esto se puede encontrar en Huidobro, Neruda, Gabriela Mistral, Eduardo Carranza, Salvador Novo,
Octavio Paz, Nicanor Parra, Ernesto Cardenal, Heberto
Padilla, Eliseo Diego y Gonzalo Rojas, por nombrar algunos. Existe una línea intermedia, un poco más amplia, y
que incluye al gran poeta peruano César Vallejo, al surrealista argentino Oliverio Girando y a su coetáneo, el
poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen, así como a
Carlos Germán Belli y Francisco Madariaga. Sin embargo, la verdadera amplitud, es decir, una poesía asociada
con las esferas de James Joyce, Marcel Proust, Hermann
Broch y Gertrude Stein, junto con nuestro Siglo de Oro y
el barroco de Francisco Medra no, la mexicana Sor Juana
Inés de la Cruz y los ya mencionados Góngora y
Quevedo, solamente podrá ser hallado en la poesía más
reciente de los llamados poetas neoborrocos, un grupo,

5

�o más bien, grupos de individuos que han vivido (algunos
de ellos recientemente fallecidos) en la segunda mitad
del siglo XX. Ellos han trabajado abundantemente en todos los países de habla hispana del continente americano, incluyendo Brasil, de una manera importante. Esta
poesía, para contextualizar, destila, tiene los giros, el enmarañamiento y la reverberación de la multiplicidad y la
proliferación que pueden ser encontradas en Virginia
Woolf y, sobre todo, en Gertrude Stein. Los latinoamericanos -y padres fundadores- son el cubano José Lezama Lima y el poeta brasileño Haroldo de Campos, quien
acaba de fallecer. Estos dos escritores son nuestros progenitores, las figuras paternas de un grupo bastante grande de poetas que trabajan voraz y productivamente de la
Patagonia a La Habana, tanto en español como en portugués. A pesar de ser un grupo disperso es, como quiera,
un conjunto muy coherente y flexible. Dispersos, porque
estos poetas viven en diferentes países, lejos unos de otros,
se encuentran, sin embargo, relacionados, ya que sus
puntos estéticos de coincidencia comprenden varios de
aquéllos y gracias a que la comunicación simultánea ahora
es posible a través de la magia esclavizante de la interne!. Ellos constituyen una élite; no una élite monetaria, sino
una poseedora de riqueza literaria y cultural. Asimismo,
los ubicaría como una élite de mente abierta, que no rechaza ningún material que pueda ser reconfigurado o transformado en poesía. Estos poetas trabajan en extrema ruptura, llevando el lenguaje hasta su extremo, todos los tipos
de lenguaje, y participan con gozo en las libertades del
barroco: su escritura no está constituida por el anhelo,
sino, mejor aún, por el anhelo como sabiduría; cada uno
de ellos, en lugar de ser un solo poeta, es una configuración de muchas voces polifónicas y corales. Estas voces
se manifiestan a sí mismas fuera de cualquier temática,
con una tendencia hacia la atonalidad, lo oculto en espera de ser revelado a través de una lectura minuciosa y lo
oculto como un instrumento para comprender lo espiritual,
así como la realidad conformada por la variedad junto
con la amenaza y el temor por la nada.
Leer a los poetas neobarrocos requiere paciencia,
paciencia junto con una gran experiencia como lector. La
asono o postura del cuerpo debe colaborar en el ejercicio de la lectura, el cual debe estar libre de prejuicios,
abierto a lo nuevo, consciente de las diferentes tradiciones, de las diferentes lenguas, y listo para sumergirse en el
mestizaje. Es posible, en este momento histórico, leer a
Borges, Neruda, Parra o Paz de una manera más eficiente, debido a que su poesía presenta menos obstáculos
que la nuestra: es más conceptual, simétrica y armoniosa.
Además, su vanguardismo audaz ya ha sido asimilado.

6

Sin embargo, leer a Vallejo, en especial Tri/ce, requiere la
paciencia de un ojo que se mueve con lentitud, tal y como
la yema del dedo debería recorrer la Biblia al leerla
hermenéuticamente. La textura en un poema de Tri/ce es
densa, llena de puntos de ruptura, líneas de evasión, dispersión, proliferación, propagación dentro del texto por
medio de lo anacoluto y lo inesperado, a través del lenguaje manipulado hasta su grado extremo. Se transfigura
a sí mismo como texto por medio de lo abrupto, lo imprevisible. Esto ocurre como si las palabras buscaran afanosamente salir de la página escrita, o como si su gravitación fuera simultáneamente vertical y horizontal, mezclando memoria y deseo, cielo y tierra con el subsuelo. Vallejo,
sin embargo, es un poeta que permanece dentro de un
marco determinado. Si lo comparáramos, por ejemplo,
con Ernesto Cardenal, encontraríamos que la poesía de
Vallejo es menos lineal; un epigrama de Cardenal es,
dentro de su carácter unidimensional, un breve silogismo
que se comprende de inmediato. Al mismo tiempo, tanto
Vallejo como Cardenal son menos tradicionales en sus
concepciones poéticas que, por decir, Pablo Antonio
Cuadra y Eduardo Carranza. Un poeta neobarroco, diferente de todos ellos, tiende a no permanecer dentro de
una estructura, sino en cualquier lugar. El poeta neobarroco
lidia con una sintaxis abrupta, desplazamientos, una
ausencia de sistema que pueden ser encontrados, mutatis
mutondis, en la poesía de Olson y Zukofsky. El espacio
del poeta neobarroco se encuentra astillado. Tiene, por
supuesto, su propia lógica, una lógica que incluye -y que
a un tiempo prefiere- lo ilógico, de la misma manera en
que un ateo incluye a Dios en sus pensamientos.
Por otra parte, la poesía de José Lezama Lima y la de
Haroldo de Campos son aún más complejas que la de
Vallejo. Para leerlos y, por lo tanto, leernos, se tiene que
respirar de una forma diferente: más asmática. El oxígeno
está de alguna manera ausente en ellos, o, en todo caso,
se concentra más al nivel del subsuelo, entre los gusanos.
Debido a esto, el poeta argentino Néstor Perlongher escribe: "vermes de rosicler urdiendo bajo el césped de un
laberinto de relámpagos". Estos poetas se encuentran ideológicamente desnudos, política y poéticamente. Por lo tanto, sólo puede lidiarse con ellos desde un punto de vista
referencial, en términos del poema mismo, y no a través
de analogías políticas o poéticas que tienden a explicar
por medio de un contexto. No existe, prácticamente, la
necesidad de un contexto para leer a Lezama o a algún
poeta neobarroco: existe la necesidad de una inmersión
lenta, una inmersión de buceo en aguas profundas dentro
de un medio ambiente donde la gravedad cambia de
manera constante y la marcha es diferente, ya que puede

y

ir hacia toda clase de direcciones al mismo tiempo, sin
alguna cronología específica, y donde el respirar requiere de nuevas formas de concentración. Además, se necesita una fe, una aceptación de que estos materiales diversos realmente funcionan como una unidad; si se quiere,
un desorden con unidad, pero, no obstante, una cohesión, y no caos y desconexión en estado puro.
El neobarroco no conforma un grupo en el sentido de
la Generación del 98 o la del 27 en España; aun así,
estos poetas poseen una familiaridad, una homogeneidad congruente dentro de la disparidad. El rango de edad
oscila desde Gerardo Deniz, Rodolfo Hinostroza, José
Carlos Becerra, Paula Leminski, Roberto Echavarren y yo
mismo, en nuestra sexta década de existencia, hasta una
generación más joven de poetas en sus cuarenta, entre
los cuales conozco y gozo del trabajo de los mexicanos
David Huerta, Coral Brocho y José Javier Villarreal, los
uruguayos Eduardo Espina, Eduardo Milán, Silvia Guerra
y Víctor Sosa, los brasileños Claudia Daniel, Josely Vianna
Baptista y Glauco Mattoso, y los argentinos Tomara
Kamenszain, Arturo Carrera y Reynaldo Jiménez, sólo por
nombrar pocos. Todos ellos, todos nosotros -y por favor
recuerden que en esta historia hay un nosotros- conformamos una familia (y como en cada familia, existen bastantes peleas, disidencias y chismes malintencionados).
No rechazamos, sino que incorporamos los puntos de vista lineales y tradicionales, a veces haciendo mofa de éstos, en otras ocasiones distorsionándolos furiosamente o,
también, aceptándolos con respeto y en silencio. Leemos
y reconocemos con humildad, por decir, el trabajo de
Sylvia Plath, Anne Sexton, James Schuyler o James Merril,
junto con sus distintas contrapartes latinoamericanas: el
venezolano Rafael Cárdenas, Carlos Martínez Rivas, de
Nicaragua, o el cubano Gastón Baquero. Sin embargo,
nosotros somos de otra naturaleza: densos, asimétricos,
más dodecafónicos que clásicos, sin un centro específico,
pero involucrados con una proliferación de centros, sin un
programa real qué ofrecer ni un tema básico por encima
o más allá de los temas ineludibles de Eros y Tánatos,
temas que pretendemos distorsionar, hacer burla de ellos,
deconstruir y, con fortuna, revitalizar. Ésta es una poesía
donde el lenguaje es, a la vez, el rey y la reina. Un lenguaje totalmente incluyente que no rechaza material alguno, ya que puede exprimir la poesía de la coprofilia o
de la necrofilia tanto como la de la belleza vegetal. Su
naturaleza es cosmopolita, sin dejar de ser, por esto, bastante localizable, de tal suerte que un poeta neobarroco
igual está cómodo con una calle de La Habana o con Li
Po, bebiendo con sus amigos una copa de saque al pie
de la Montaña Sagrada de Tai Chan; con la densidad

del Amazonas o Mallo Grosso, así como con la experiencia visual de la superficie de las pampas, el desierto
de Atacama o la tundra rusa. Esta poesía no teme a los
detritos ni a la basura, exalta lo pestilente y decadente,
nunca presenta la realidad en blanco y negro, se mueve
lateralmente como un cangrejo y constantemente teje como
la araña: su movimiento termina con tendencia al zigzag,
lo que en el caso de los insectos constituye una organización, con maneras y medios, modos y manías, basada en
la variedad y en la variación, imaginería moderna, fragmentos, tomas e intermitencias. Nuestra diversidad y el
movimiento en zigzag es natural, en sintonía con los tiempos en los que vivimos.
Nuestra poesía es difícil de leer, somos prácticamente
desconocidos y estamos aislados, no vendemos ni producimos dinero, muchos de nosotros estamos en bancarrota
(afortunadamente, no es mi caso). Estamos constituidos
por diferentes razas, sexos, orientaciones sexuales, religiones, nacionalidades y etnias. Al momento de escribir,
nuestras acciones se encuentran por todas partes. En más
de una manera somos realistas: existe una forma de sabiduría neobarroca que sabe cómo vivir, o quizá sobrevivir,
en el mundo moderno. Nuestro trabajo es abierto y andrógino, difícil de ubicar. Aceptamos, por razones didácticas, la etiqueta neobarroca; sin embargo, rechazamos
tal limitación. Esta poesía funciona con una sintaxis
distorsionada, con un rico vocabulario, mezclando niveles, así como características nacionales, del español o del
portugués, a veces siendo regional y a veces, universal.
Este lenguaje mezclado es neoricano, chicano, peninsular, mexicano, colombiano, nordestino, y recurre abiertamente a expresiones en esperanto, lenguas europeas, griego, latín o, como en mi caso, yídish más idiolectos cubanos. Wilson Bueno, el poeta brasileño de Curitiba, combina portuñol(una combinación de portugués con español)
con la lengua guaraní. El mexicano Gerardo Deniz combina el barroco del Siglo de Oro con mexicanismos, además de lenguajes científicos y seudo-científicos. Para él es
perfecto escribir acerca del mito de Marsyas, la hace
mucho tiempo perdida Bel/e Époque o la Nuevo Eloiso
de Rousseau. El argentino Néstor Perlongher opera en un
mundo travesti; mientras que el uruguayo Roberto
Echavarren dirige su atención y su lenguaje hacia un mundo homosexual, como en su poema "La dama de
Shanghai". Tomara Kamenszain es una poeta argentina
que exalta el teatro Noh japonés, mientras que el brasileño Haroldo de Campos se siente más confortable en la
Vía Láctea que en esta tierra, la misma tierra que hace
unos pocos meses se llevó su cuerpo, enviándolo a la Vía
Láctea. La mexicana Coral Brocho escribe acerca de lo

7

�da con los clásicos. Nosotros, sin embargo, pertenece-

prosista Guy Dovenport (para mí, uno de los escritores

mos a un periodo histórico que está en sintonía con los

vivos más importantes de Estados Unidos) afirma que a lo

clásicos más el detrito; en sintonía con el orden y el caos.

largo del día lee diferentes textos de acuerdo con el paso

Leemos de una manera dispersa y, de algún modo,

de las horas, la estación del año, su estado de ánimo,

incontrolada y siguiendo varias direcciones. No puedo

supeditado a la necesidad de cambiar de habitaciones,

concebir que un poeta neobarroco dedique los últimos

posición y lugar de lectura (a veces una silla o un sofá, a

años de su vida a la lectura de un solo autor o de algún

veces una coma), de acuerdo al material que lea. M e

tema en particular sin que dicha lectura se desvíe constan-

parece que ésta es la formo en la que un poeta neoborroco

temente. Recientemente, mientras estaba en México, ca-

lee. En mi coso, por ejemplo, comienzo el día leyendo

minaba junto con David Huerta, y claramente recuerdo

poesía; posteriormente poso horas leyendo ficción, des-

que comenzamos a charlar con entusiasmo acerca del

pués de lo cual normalmente leo algún capítulo de lo Bi-

trabajo de Haroldo de Campos y concluimos discutiendo

blia (obviamente, ambos Testamentos), algunas páginas

sobre ciertos aspectos de Berceo, incluyendo su más bien

de algún diccionario o alguno enciclopedia (actualmente

abierto pensamiento religioso y su tan proclamado antise-

me encuentro leyendo un inmenso diccionario de religio-

mitismo. Esto nos condujo hacia el antisemitismo de

nes); dedico oigo de tiempo o leer a los jóvenes, quienes

Quevedo y su particular rechazo a lo poesía de Góngo-

frecuentemente me envían sus libros en búsqueda de uno

ra. También bromeamos; por mi parte, explicando algu-

opinión o simplemente por compartir; finalmente, termino

nos aspectos esotéricos del humor cubano, y Huerta, ex-

el día leyendo de nuevo oigo de ficción. De la misma

plicando lo manera en que los "albures" mexicanos ope-

manero, leo cada día alternando español e inglés. Todos

que ocurre en los intersticios y en el subsuelo, mas no de

Nuestros antecesores leían intensa y devotamente:

ran (éstos consisten en bromas muy distorsionadas, basa-

los poetas neobarrocos con los que estoy en contacto

asuntos políticos. El argentino Reynaldo Jiménez escribe

somos completamente concientes de la voracidad lecto-

das en juegos de palabras y artilugios del lenguaje). Por

leen de esto forma. Nunca seleccionan a un escritor para

acerca del musgo, las miniaturas, el ruido incidental, al

ra de poetas como Lezoma Lima, Jorge Luis Borges,

lo tanto, leemos y discutimos la literatura "a salto de mata"

leerlo de manera sistemático; en lugar de eso, y como lo

estilo de John Coge, o sobre lo circular de la nada, mas

Haroldo de Campos y Octavio Paz; existe, empero, una

o brincando estructuras, cambiando de una cosa a otra.

mencioné anteriormente, la tendencia es saltar de uno cosa

no así de las tradiciones del tango, las pampas o de be-

diferencia en nuestras divergentes experiencias lectoras.

El ensayista norteamericano, traductor de los clásicos y

a otro e incluir todos los géneros literarios en la medida

ber mate. El uruguayo Eduardo Espina es un poeta espe-

Para decirlo sin rodeos: nosotros también leemos los

so, muy concentrado, trágico al ser cómico y cómico cuan-

cómics.

Leemos y utilizamos lo literatura rosa en nuestro

do es trágico: para leerlo se requiere paciencia, una pa-

trabajo, los llamados "culebrones" o melodramas comer-

ciencia que, puedo asegurarles, es gratificante. Para leer

ciales (soap

a cualquiera de nosotros son necesarias lo pericia y la

do todo este material barato. A manera de ejemplo pue-

Finnegans

do mencionar que recientemente publiqué en México un

Wake, de Joyce, Un coup de dés e lgitur, de Mallarmé, o
Tender Buttons, de Gertrude Stein. Precisamente lo última,

libro pequeño con los poemas y los textos en prosa que

por ejemplo, afirma: "cenar es el oeste". ¿Qué sentido se

es Un caso llamado

puede sacar de esto? Probablemente mucho más que

un joven poeta brasileño, quien también se hace llamar

devoto paciencia que se requieren al leer

opera), digiriendo, regurgitando y devolvien-

he escrito durante años en honor a Fronz Kafka, su título

FK. Envié el libro o Contador Borges,

decir, en este punto de lo historio de lo literatura, que ce-

Borges el Menor. Él me respondió para decirme acerca

nar es agradable, o que cenar en un restaurante coro me

del paralelo que había encontrado entre mis textos en

hoce feliz, o que describir, a la manera de Zola o Bolzoc,

prosa y los de Bat Masterson. Me imagino a Kafka levan-

en un estilo naturalista codo uno de los elementos que

tándose de su tumba o, quizá, a Bot Masterson. Es proba-

componen un restaurante como realidad físico: uno des-

ble que Contador estuviera siendo impertinente, quizá

cripción retardada y lenta que va de la mano con un dra-

estaba echando por tierra mis textos, lo cual no me impor-

ma realista y humano, demasiado humano, desplegado,

taría, ya que pienso que todo es por el bien de la poesía;

textualmente, en la página. En mi caso, recombino mis

en cualquier caso -y me gustaría hacer énfasis en lo si-

antecedentes judíos con mi nacionalidad cubana, mi ex-

guiente- su lectura es una manera abierto y extrema de

ou

o:
&lt;
:;;

periencia norteamericana y mi afición por la cultura y la

leer a los neobarrocos. No existe el temor a una interpre-

literatura orientales para producir un trabajo que conside-

tación

ro como transnacional y multiculturol. No soy solamente

de que la literatura no es materia tiesa o maleable. El

·¡:¡

lo que como, también soy, y quizá principalmente, lo que

poeta cubano Eugenio Florit declaró que había pasado

leo (tengan en cuento que normalmente leo seis horas al

e

los últimos años de su larga vida leyendo a Goethe. Yo

día, mientras que solamente dedico aproximadamente

creo que así fue. No que él fuera un especialista, pero él

treinta minutos para comer, sin incluir el vino).

perteneció a una generación que estaba más sintoniza-

8

kitsch ni a que se juegue con el texto, en el sentido

8.
"
"eo

-o

&amp;.
0.

t
o

~

9

�de lo posible. Todo cabe dentro de nuestra poesía; nada
es, en principio, descartado. Lo descartado, los desechos,
la basura, lo rechazado, son parte del texto y, en muchas
ocasiones, son el texto mismo.
Para brindar una visión más concreta acerca de lo que
hacemos, recurriré a lo didáctico y crearé, de una manera un poco superficial, tres modelos básicos (aquí subrayaría "básicos"). Me gustaría denominar estos modelos o
categorías como pesados, medio pesados (o quizá medio ligeros) y ligeros. Intentaré a continuación brindar una
caracterización del trabajo de unos cuantos poetas
neobarrocos que pueden entrar en alguna de las categorías referidas. Entre los pesados presentaré la poesía de
Gerardo Deniz, Wilson Bueno, Eduardo Espina y Reynaldo
Jiménez. En el grupo intermedio presentaré el trabajo de
Roberto Echavarren, Néstor Perlongher y Coral Brocho.
Por último, procederé a caracterizar por separado el trabajo de dos poetas neobarrocos más ligeros, David Huerta
y Raúl Zurita. Todos estos poetas son densos y complejos,
difíciles de seguir y digerir, pero la textura de su material
los mueve de pesados a ligeros. Lo que ellos escriben,
por ejemplo, en comparación con la anti-poesía de
Nicanor Parra, carece de firmeza, una unidad de forma y
contenido, una cronología. Al tomar un poema de Parra
se puede identificar su estructura silogística: se mueve hacia adelante, línea por línea, postulando, empujando de
manera lineal desde la premisa principal hasta la secundaria, para así llegar a una conclusión o desenlace dramáticos. Normalmente termina con una línea impactante,
un impacto final que, de algún modo, está programado:
su propósito es patear el trasero de la burguesía. En el
caso del poeta neobarroco, el procedimiento -o estrategia- es lateral, no programado, filoso o deliberadamente
plano, separada o falsamente emocional, sin contener
historia o relato alguno que puedan ser utilizados como
pretexto para la exploración del lenguaje. Puede ser una
construcción de carácter insulso más que un cornisamiento perfectamente unido y ensamblado. Sin astillas.
GERARDO DENIZ (España, 1934; ha vivido la mayor
parte de su vida en México). El Sr. Deniz será mi primer
ejemplo de un poeta neobarroco "espeso". Él es, de hecho, denso como el plomo. Refunfuñón. Aislado. No se
casa con Dios ni con el Diablo, pero su poesía los mezcla
a ambos. Su trabajo sigue, busca sus propias reglas
internas mediante el empleo frecuente de bromas personales, sinsentidos y palabras que no existen (de detritus
creo letritus, que es el título de uno de sus libros). En su
poesía se escinde de la moralidad barata, lo coloquial o
los partidos políticos. La poesía, él afirma, no es una especialidad: en todo caso, integra al no suprimir; los materia-

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les están presentes al hacer énfasis, precisamente, en su
ausencia. El hecho de ignorar no es en sí ignorancia o
rechazo, sino una manera de subrayar lo que es realmente importante. De ahí que sí haya un ethos, mas no una
moralidad barata. Su poesía derrama lo nuevo dentro de
las viejas formas, creando recipientes que guardan una
diversidad de contenidos. Deniz difícilmente puede ser
catalogado como ortodoxo, aunque conoce su propia
teología bastante bien; armoniza bien con la historia de
diferentes religiones y cultos; su vocabulario es absolutamente inclusivo y permite mover el texto desde el interior
de una iglesia católica en donde se está celebrando una
misa hasta las montañas de México, en donde alguien
está experimentando con el peyote. Constantemente recurre a arcaísmos, expresiones raras, localismos, y terminología técnica y científica (durante años, él ha sido traductor de textos científicos y de ficción, utilizando su nombre verdadero, Juan Almela; Gerardo Deniz es un seudónimo y Deniz es una palabra turca que significa "mar").
Su vocabulario experimenta con lo teológico y lo metalingüístico, con el llamado "feísmo" o reivindicación de lo
feo y lo repugnante. Aunque emplea un ritmo interno, puede rimar y escribir un soneto perfecto. Para él nada es
permanente, la inmutabilidad es apenas posible; la ironía
y el sarcasmo son armas para la supervivencia, y la pobreza es mejor que tener que perder el tiempo entre imbéciles. Para Deniz, deduzco, muy poca gente no es
imbécil. Él es, en la actualidad, legendario, vive solo entre
sus gatos, y probablemente compartan con él su comida.
Me parece que él estaría de acuerdo con Paul Bowles,
cuando éste afirma en The Spider's House que "hay muchos ángulos distintos, todos ellos más o menos igualmente válidos, desde los cuales se puede mirar una simple
verdad"; y en que "no hay un solo modo de expresión o
de estilo que pudiera ser propiamente identificado", como
el suyo. Es como si Deniz no escribiera los poemas de
Deniz, sino que éstos se escribieran a sí mismos para eliminarlo.
WILSON BUENO (Brasil, 1949). Un poeta brasileño
de Curitiba escribe, de manera bastante curiosa, un libro.
titulado Mor paraguayo. Difícilmente algo sucede -en
términos de una trama- en ese libro. Lo que ahí ocurre
consiste en un aura infernal, caída, meditada, como el
remordimiento y la soledad: hay un encuentro carnal, breve y mágico, en el que una mujer madura ama a un muchacho, un amor matizado tanto con lo homosexual como
con lo heterosexual, salpicado con enojo y compasión
hacia un hombre viejo y decrépito, un hombre al que la
"heroína" de este texto tiene que cuidar. Aparece un perro llamado Brinks, alusión a la palabra brincar, tal y como

los perros suelen hacer, y a brinquedo, palabra portuguesa que significa "juguete"; el texto íntegro es un juego del
lenguaje que se mueve en tres idiomas: portugués, español (ambos combinados como portuño~ y guaraní. Se
podría afirmar que el texto está escrito en cuatro, más que
en tres idiomas, tomando en cuenta que el por/uño/, ese
híbrido, tiene su propia consistencia, lo que lo convierte
en una cuarta lengua que, pienso, tiene un gran futuro. El
lenguaje es el principal personaje de este libro, quizá el
único verdadero; este lenguaje es un lugar que no está en
ninguna parte, una utopía, la instancia utópica (por el tiempo sin existir) como posibilidad. Wilson Bueno escribe:
"matar 6 morir, su encendido furor cerca de la muerte e
sus águas, ltacupupú, chia, chia, tiní, chiní, sus águas de
pura agonía". Gráficamente, convierte el español en portugués al colocar acentos en palabras tales como "ó" y
"águas", o, al contrario, al omitir la tilde en la palabra
"agonía", una palabra que es la misma en los dos idiomas, pero que en este caso corresponde al español.
EDUARDO ESPINA (Uruguay, 1954). Creador del
término "barrococó", un término que va más allá del moderno y popular "rockocó". Su trabajo se encuentra entre
los más difíciles de leer: Claudio Daniel, mi traductor al
portugués, quien es probablemente uno de los poetas
brasileños que más están trabajando para crear un puente de verdadera comunicación entre Brasil e Hispanoamérica, se encontró al borde del suicidio al traducir a Espina.
Le sugerí que se internara en un manicomio durante un
tiempo, después de lo cual le resultaría más fácil traducirlo (imaginen, esto ocurrió al traducir a Espina del español
al portugués, un idioma no tan lejano del original). La
manera en que Espina opera consiste en usar lo contingente y banal para probar y alcanzar lo trascendental;
destroza la realidad para mostrar la banalidad; la acción
y la unidad están desmembradas; el esnobismo se hace
evidente, con objeto de corroerlo. La fealdad es reivindicada. Las palabras son reunidas en una cercanía sofocante: la página cuadrada y claustrofóbica de Espina. La
disrupción es la estrategia básica; él altera y alterna, de
tal suerte que al escribir series de "homenajes" (elogios),
éstos están dedicados a Emily Dickinson, Walt Whitman y
Colón, pero también a Supermán. Poeta bastante sintético, en Espina el título y el subtítulo de un poema desempeñan un rol antagonista, a veces inconexo, que contiene
tanta belleza y magia poética, risa y pudor, como el poema entero. Su trabajo pone a prueba los límites de la gramática lógica y secuencial, mutilándola dentro de un infinito proceso resbaladizo que difícilmente alcanza un objetivo, ya que no existe objetivo alguno del que se pueda
hablar.

REYNALDO JIMÉNEZ (Perú, 1959. La mayor parte
de su vida ha transcurrido en Argentina, por lo que se le
considera un poeta argentino). Jiménez es también ensayista y editor. Me gustaría etiquetar su poesía, junto con
el trabajo de la poeta mexicana Coral Brocho, como
"microscopista". El utilizar un sistema de eco y operar con
la textura fonética de las palabras permite a Jiménez moverse de la superficie al interior, a la magnitud del infinito
microscópico. Él hace surgir el lenguaje como musgo,
humedad, una esponja que todo lo absorbe y que se nutre al volver invisible o minimizar la vida. Amor por los
intersticios, galaxias de palabras relacionadas, procedentes unas de otras a través de la paronomasia. Sus poemas
son un laberinto poroso, un cosmos de prácticamente nada,
el relleno de la plegada parte más interna; un cosmos
que espera ser explorado obsesiva mente, ya que "desde
la mano/ hasta la mano, se reparte el cosmos". Cada
pliegue es un aspecto de la expresión, obviamente, expresión poética; y su totalidad: movimiento en el que las
palabras son seres en un estado de constante flujo, cadenas de multiplicidad digiriendo y siendo digeridas, un
movimiento sin categorizar y sin estabilidad, especificidad
que no puede ser retenida.
Ahora me permitiré ejemplificar un segundo modelo
neobarroco, el que he denominado medio pesado o
medio ligero, al decir unas palabras, para comenzar, acerca de la poesía de ROBERTO ECHAVARREN (Uruguay,
1944), poeta, teórico del neobarroco, traductor yacadémico con amplio rango de intereses. La poesía de
Echavarren alterna entre la subjetividad y la objetividad
intensas: su lenguaje tiende a ser denso, sin dejar de ser
prístino y luminoso y suficientemente poroso, de tal suerte
que leerlo no resulta tan difícil como leer, por ejemplo, a
Deniz, Espina o Jiménez. No trabaja dentro de un estilo
determinado, sino a través de la insinuación y la seducción, en lugar de seguir una continuidad o cambiar constantemente de estilos, lo que podría crear una pluralidad
de maneras (manierismo) dentro de la estructura del
neobarroco. Su poesía es nómada, pero su tribu no vive
únicamente en el desierto; también habita en las grandes
ciudades del mundo, sus museos, las calles serpenteantes,
el peligro de la vida nocturna en la oscuridad, el urbano
mundo secreto y marginal donde los travestís, los rechazados y los oprimidos viven. Echavarren puede crear poesía de alguna pintura de lngres, Antinous como icono homosexual, de alguna película de segunda, videos musicales, Memphis, Egipto o Nueva York, hacer juegos de palabras y jugar con significados dobles para exponer los
niveles múltiples tanto de la realidad trascendental, como
de la cotidiana: "¿Su papá no fue un papito?", escribe

11

�Echavarren, donde papito puede significar padre amoroso, tierno, pero también proxeneta, gigoló o padrote.
NÉSTOR PERLONGHER (Argentina, 1949-Brasil,
1992). Perlongher escribió sobre el Imperio Austro-Húngaro contextualizándolo dentro de un espacio transnacional no identificable. Mezclaría en sus trabajos ulteriores el habla argentina y la brasileña, y la historia folklórico
con el presente. Perlongher recurre, temáticamente, a la
revolución de las masas (él era sociólogo), el militarismo
latinoamericano, el culto a las drogas, el SIDA, y a Evita
Perón, a la que llama "la diosa prostituta", todo esto con
el objeto de echar por tierra la realidad, quizá con la
excepción del SIDA. El arte no está allí presente para
describir de manera fotográfica, sino para disparar la siempre cambiante continuidad de la realidad que no se puede aprehender, junto con una frustración lingüística que
siempre se encuentra presente al intentar capturar el flujo
de lo histórico, lo poético y lo verdadero en la Realidad.
Deliberada y voluntariamente, Néstor Perlongher confunde ideas convencionalmente claras, llevándolas hasta el
límite, con la esperanza de inyectarles así una claridad
nueva, más actual. Su poesía cuestiona la identidad sexual,
el género en la literatura, con el fin de responder si algo
es prosa o poesía, o si alguien es masculino o femenino;
con ironía, exasperación, risa y, por supuesto, ambigüedad: la ambigüedad de la poesía moderna, que, al cuestionarla, termina lidiando con el conocimiento, ambiguamente.
CORAL BRACHO (México, 1951) se mueve más entre las raíces que entre los árboles. Su poesía transita
microscópicamente bajo la tierra, y aunque se despliega
en múltiples direcciones, permanece desarraigada. El agua
aparece, hace erupción, para borrar, reescribir y borrar
de nuevo: un palimpsesto. Un palimpsesto basado en la
variedad lingüística, la libertad de los tubérculos, la aventura subterránea, la búsqueda de la poesía microscópica,
acuática, un festival de materia y materiales escurridizos.
Ella menosprecia la puntuación muchas veces para realzar la humedad de la realidad resbaladiza, la sexualidad
que no está congelada ni cristalizada, receptáculo de
formas en permanente cambio, de naturaleza ovidiana.
El líquido es seminal y gozoso, fluye en los contornos de
la página y del cuerpo femenino. Emerge y desaparece.
El poema, por supuesto, es todo lo que queda: una densidad de fluidez, una linealidad de los tubérculos.
Ahora, pasaré al tercer y último modelo de poesía
neobarroca, el que he denominado como ligero. Comenzaré con el trabajo de DAVID HUERTA (México, 1949).
A él le gusta moverse entre sonidos, espejos y aspectos
visuales (Huerta ha colaborado con varios pintores mexi-

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canos y ha publicado a lo largo de su trayectoria libros
con su trabajo y el de éstos). Su verso es largo, enrollado,
desplegado, narrativo y cercano a la prosa, siempre en el
extremo de los géneros literarios. Su método básico consiste en postular para disolver, afirmar para confundir, usar
el lenguaje con la idea de que es el instrumento creativo,
pero a la vez es su mismo obstáculo: leemos por medio
del lenguaje, pero a la vez toda lectura es una tergiversación. "Yo era un truco", dice Huerta, precisamente para
señalar que un poema es un simulacro de la realidad o
de éste mismo. Como mucho, todo lo que puede lograrse
es un acercamiento al entendimiento claro, a una reconstrucción cercana de lo Desconocido. La pureza del texto

no existe para Huerta, de tal forma que el poema nunca
corresponde con la naturaleza del mundo o de la Realidad; en vez de eso, el poema se expresa a sí mismo sin
salir de la página: una identidad que puede prolongarse
hasta el día del juicio final dentro de la página misma
(aquí estoy tentado a poner en mayúsculas la palabra
página).
El otro ejemplo de poesía neobarroca ligera que quisiera presentar corresponde a RAÚL ZURITA (Chile, 1951 ).
Su trabajo puede ser caracterizado por su experimentalismo audaz, la tentativa de novedad, la protesta ideológica sin una forma ideológica conocida, un sentido de
la ejecución que es continuo y, desde el punto de vista
biológico, una necesidad o por lo menos un deseo de
exhibir su propio cuerpo como un ejemplo de lectura cercana entre el cuerpo y la página escrita: lo que ocurre en
la página debe ocurrir en el cuerpo. Por lo tanto, si en su
poesía Zurita quema con palabras, en algún momento él
tomará una barra de hierro precalentada y quemará su

propia mejilla con el objeto de dejar una huella en su
propia carne. Exhibicionismo por un lado, actuación por
el otro; pero, sobre todo, compromiso en términos de un
unísono entre la vida propia y la obra: aquí no hay hendiduras. Si intentase destruirse a sí mismo, o por lo menos
una parte de él, lo hará para demostrar una conciencia
dolorosa del mundo moderno, con sus políticas sucias,
sus manipulaciones egoístas, la locura de unos cuantos
contra 1~ indife~encia de la 'mayo~ía. ~n 0lgunas ~Ga~io-nes Zurita trabaja con axiomas matemáticos, a veces introduce la desolada realidad de su país (como en los
adorables poemas sobre el desierto de Atacama), a veces honra la tradición poética chilena utilizando los diferentes modos de Gabriela Mistral, Neruda, Pablo de
Rokha, Gonzalo Rojas y Nicanor Parra. Suya es la continua fragmentación, un texto declarándose a sí mismo, para
después contradecir lo postulado, y posteriormente declarar de nuevo contra la contradicción: un flujo infinito a
la manera de Heráclito. Entonces, nunca se consigue el
significado como confirmación; la visión permanece difusa y astillada; la sintaxis está pervertida, alterada,
realterada y traída de vuelta a la normalidad. En su cara,
Zurita exhibe el paisaje de Chile, montañoso o desértico;
las cicatrices, borrones y manchas de la página escrita
también se muestran, actúan y cantan en sus propias mejillas.
Charles lves, el gran compositor norteamericano, ha
dedicado un lúcido ensayo a Thoreau, en el cual, en un
punto determinado, afirma: "Pareciera como si la naturaleza lo pusiera (a Thoreau) bajo el microscopio de ésta,
en lugar de que él la ponga bajo el suyo". Agrega: "El
estudio de la naturaleza puede tender a volverlo a uno
dogmático, pero con el amor de la naturaleza seguramente no ocurre de esta manera". Donde nosotros escribimos simplemente poesía, lves escribe Naturaleza, lo que
nos brinda una buena óptica del credo que un poeta
neobarroco expresa en su obra; él es un instrumento de la
poesía, mas no la poesía, un humilde alfarero y artesano
en su taller, mas no el creador; la mano del tintorero, en
vez del tintorero mismo. Al moverse bajo el microscopio
de la poesía, el poeta neobarroco escribe de una forma
microscópica, pero, al mismo tiempo, se inscribe dentro
del macrocosmos; y esto el poeta no lo lleva a cabo dogmáticamente, sino partiendo desde el Amor. Entonces, un
resumen de la poesía neobarroca incluiría nociones tales
como la vaguedad, la reapropiación de estilos originales, estilos que se mueven dentro de paisajes bárbaros,
donde las ruinas han sido montadas. Los poetas
neobarrocos llevan a cabo una escritura en la que el poetizar hermético (trabar clus) abunda; una poesía en la que

hay gran turbulencia, mezclas antinaturales, un gozo equipado para combinar idiomas, la disolución del sentido
unidireccional, sin alabanzas para el ser o el ego; polifonía,
polivalencia y versatilidad; uso de estilos ya establecidos
para luego deconstruirlos, creando una explosión verdadera de diferentes formas de escritura; un suelo de materiales; una firma que busca lo desagradable, lo sórdido,
lo reciclable.
Todo esto caracteriza
al neobarroco. De
_.,he~h&lt;?, es uno poesía 'que en s-u diversidád opera fuera
del amor y no en nombre de un dogma impuesto.
Quisiera concluir mencionando que, debido a la muerte de Octavio Paz y de Haroldo de Campos, ya no existen más vacas sagradas en la poesía latinoamericana.
Cuando digo vacas sagradas, no lo hago despectivamente, sino como una descripción simple de una situación histórica. Nuestros antecesores, ya sean Neruda, Huidobro,
Vallejo, Lezama o Paz, eran percibidos como grandes,
grandiosos, irremplazables, separados como rocas de un
paisaje. Lo que ocurre ahora, por otra parte, es un fenómeno nuevo: un grupo de poetas (del cual podría mencionar fácilmente a cuarenta o cincuenta que leo con respeto y creciente interés) cuyos miembros no están enfrentados y en el que ninguno se considera mejor que los
otros; en vez de eso, ellos mismos se consideran primus
ínter pares; no son piedras de río, sino grava, donde, en
lugar de competencia, existe un grupo híbrido, ideológicamente desnudo, dichoso o desdichado, pero productivo, cada uno sintiendo su propia presencia y trabajando
para ser primero entre los primeros, pero sin que ninguno
sea disminuido. Existe -me doy cuenta de ello- cierto grado de idealismo en lo que afirmo; de todos modos, siento
que ·somos movidos por fuerzas históricas que se divorcian de la lascivia, la vanidad y la egolatría excesivas.
Cuando era joven, en una ocasión me encontraba
caminando sobre la Calle Ocho de Greenwich Village,
Nueva York, junto a un famoso poeta latinoamericano.--13Q
cierto momento me tomó del brazo y me dijo: "José, é.nó
crees que le gano a Vallejo por una nariz?". Lo miré y le
respondí instintivamente: "No te olvides, por favor, que
eres chato". Obviamente, nunca me volvió a dirigir la palabra. No me importó y sigue sin importarme hasta estos
días. No creo que la poesía sea una lucha frenética por
el reconocimiento público o una cuestión de canibalismo;
al contrario, para mí la poesía es un experimento dentro
de lo desconocido, una búsqueda de belleza, conocimiento y sabiduría a través del misterio de un lenguaje
complejo, multidimensional y simultáneo, que en determinado punto es recibido, transmitido,· pero sin ser entendido en su totalidad ni controlado absolutamente por el
poeta.

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�PABLO NERUDA, UNA TERCERA VUELTA
José Javier Vil/arrea!

a Martha Casarini,
que en una de sus via¡es a Chile
me fra¡o una coso de Pablo Neruda

Comenzaré diciendo una frase hecha. Pero no por esto
totalmente falsa, como tampoco totalmente cierta: Pablo Neruda (Parral, 1904 - Santiago, 1973) es un poeta que arrasa. Un torrente. Un magma discursivo que se derrama por los
elocuentes cauces del verso. Y más allá, por la entonación
de la exclamación que permea el cuerpo consecutivo de su
prosa, inclinándola -siempre- por la gravedad inexorable
de una sentimentalidad acechante. Me refiero a su libro de
memorias Confieso que he vivido.
Todos, de alguna o de otra manera, hemos bebido de
las turbias aguas de lo modernizante. De pronto descubrimos en nuestra escritura adolescente rimas mal hechas, versos cojos que se quedan a medio camino entre un octos~abo
y un endecas~abo. Versículos que no fluyen, ya que enmas-

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caran alejandrinos mal resueltos. Metáforas que no descubren ni revelan absolutamente nada. Al contrario, congregan tópicos, lugares comunes --clisés- que vigorizan el barril sin fondo de lo "propiamente poético", de lo puramente
retórico en su sentido más deleznable por lo formulario. Por
ese estímulo-respuesta que nada tiene que ver con la intel~
gencia lírica y sí con un instinto que se regocija en un facilismo que se confunde con la inspiración.
El modernismo, con toda su fuerza propositiva y subversiva (el de Gutiérrez Nájera,José Martí, Rubén Darío), habremos de conocerlo mucho tiempo después. Siempre lo comprenderemos en un segu~do encuentro, cuando ya la lectura de Neruda -la primera, por supuesto- haya limpiado
toda la basura y el ruido que pescamos quién sabe dónde.
Pero, también, cuando esta efervescencia nerudiana, que se
nos desborda del vaso y lo moja todo, haya cesado conteniéndose en su recipiente sobre la mesa.
El otro poeta que también pone las cosas en su lugar, y a
nosotros junto con ellas, es sin ninguna duda, para la lengua

española y, sobre todo, para la tradición lírica hispanoamericana, César Vallejo. Pero Vallejo, a diferencia de Neruda,
es un poeta solitario. Un apartado ensimismado en una aventura sin cuartel. Es decir, que no se vale de escudo alguno.
Vertical en su crecimiento y justo en su decantación.
Personalísimo a fuerza de no otorgar concesión alguna.
Vallejo no es magma arrasando campos y ciudades. Es fuego que nos consume por dentro. Si Neruda es contagioso,
Vallejo es intraducible. Lo leemos y admiramos, distancia de
por medio. Vallejo, como todo poeta, no admite segundas
partes.
Pero, volviendo a Neruda, es cosa inequívoca que se
trata de un poeta que exige una segunda y tercera vuelta.
Quizá, hasta una cuarta.
En un primer encuentro nos deslumbra y seduce. Nos
"nerudiza". Echamos a andar el rodillo y maquilamos texto
tras texto que bien pudieran estar firmados por un Neruda
sumamente enfermo, grave, agónico. Ni siquiera se trataría
del joven autor de los Cuadernos de Temuco. Ya que éste
iba de asombro en asombro, de prueba en prueba desplegando una voz cuyo destino sería convertirse en "letra": rasgo inconfundible de una obra. Mientras que nuestros textos,
derivados de la polifonía embriagadora del poeta, sólo llegarán a ser satélites sin luz propia. Eso sí, lecciones de cal~
grafía versicular que irán, en el mejor de los casos, afinándonos el oído para la fiesta del verso. Sin embargo, en esta
fascinante avidez, confundimos la obra con la persona.
Pontificamos al poeta. Somos incapaces de comprender la
obra y su implacable destino. Nos hacemos de una boina
gris y compramos un jorongo y nos asamos en las altas
temperaturas de nuestra ciudad. Pero también subrayamos
el plano ideológico. Y lo que no se pueda medir bajo el
férreo patrón del credo político simplemente carecerá de
sentido y valor. Todo con la revolución, nada fuera de ésta.
Si no, indaguemos sobre el caso Padilla, en Cuba, a principios de los setenta.
Para cuando llegamos al segundo encuentro -ahora sí
con la obra de Neruda-ya hemos husmeado nuestra tradición. Nos sabemos parte de un portentoso concierto que se
multiplica en calidad y cantidad (Tablada, López Velarde,
Girando, Vallejo, Huidobro, Borges, Pellicer, Gorostiza,
Villaurrutia). Los diques de la lengua han ido cediendo y ésta
se ha ido revelando gracias a nuestra inquieta curiosidad.
Neruda aparece entonces como un enorme poeta. Ya no
se tratará del santo patrono que antes quisimos emular. Ahora será el autor de los Veinte poemas de amor, de Residencio en lo tierra, de numerosos fragmentos del Canto general.
Seremos sumamente críticos con respecto a la obra
panfletaria. Los poemas panegíricos a José Stalin, a la Unión
Soviética y a la Cuba de Fidel Castro nos parecerán, senci-

llamente, vergonzosos y horrorosos. Por el contrario, poemas
como "Walking around", entre muchos de Residencio..., y
(casi en su totalidad) "Alturas de Macchu Picchu", del Canto
general, crecerán a tal proporción que se nos volverán clás~
cos no sólo de la poesía nerudiana o de la lengua española, sino de la poesía toda del siglo XX. Neruda formará parte de esa nómina emblemática de poetas por la cual se
salva nuestro siglo pasado. (Recordar que la poeta rusa
Marina Tsvietáieva lo salvaba sólo por Rilke.)
El tercer encuentro con la obra de Pablo Neruda gana
en profundidad. También en extensión. Sabemos de Whitman, pero también de la sexualidad apasionada de Rubén
Darío. Conocemos nuestra tradición. Revisitamos las obras
de Ercilla, Góngora, Lope y Quevedo. Descubrimos otras. A
Balbuena y a Villamediana, por ejemplo. A nuestras antiguas
preferencias sumamos otras. Y la presencia de Alvaro de
Campos, heterónimo de Fernando Pessoa, ya nos ronda día
con día.
Obras claves y altamente inquietantes se nos revelan en
El hondero entusiasta, las Odas..., Estravogario, La espada
encendida. Títulos medulares dentro de un corpus que se
erige en particular vastedad. Profusión no exenta de caídas,
donde los logros, por la desmesura y la autocomplacencia,
corren en proporción directa con los tropiezos. El siguiente
párrafo enumera una serie de cualidades que rezuma buena parte de la obra poética de Pablo Neruda. Mismas que,
en otra parte significativa de su obra, aparecen ya como
fórmulas y no como forma. Como recursos y no como descubrimientos.
Por un lado, el manejo de un lenguaje cargado y denso,
angustiado y tenso que dispara versos de cerrada y compleja enumeración. Por otro, un verseo sumamente liviano y, a
fuerza de un lenguaje minimalista, misterioso. Misterio que
se continúa en la espigada disposición de los versos que
obliga a una ejecución que dicta, desde lo fónico, una intención emocional. Se trata aquí de la lectura en voz alta. Del
poder de encantamiento que no admite más melodía que la
que se desprende de las tesituras propias del poema. Pienso
en algunas odas; concretamente en la titulada "Oda al niño
de la liebre", donde la lectura en voz alta es toda una aventura extrema. Por otra parte la paciente y exaltada edificación de un "yo" cuya sentimentalidad nos vulnera y arrasa
(ya desde el principio lo hacía, y es que nunca ha dejado
de hacerlo). Asimismo, el cultivo del poema cíclico que se
desplaza por medio de la fabulación argumental - tanto espacial como temporal- de los personajes dentro de una escenografía donde las potencias retóricas se cuecen al límite.
Esto último es importante ya que atenta_ contra el prejuicio de
que la poesía posterior a Mallarmé rehuye la anécdota y se
refugia en la imagen, en el fragmento visionario. Neruda no

15

�está solo en esto; Octavio Paz -paradójicamente- con el

Mono gramático sigue un camino semejante, mas no igual,
cuyo punto de contacto, en una distancia innegable, es la
fabulación cantada.
Comencé diciendo que la obra poética de Pablo Neruda era un torrente, un magma discursivo. Advertí que la frase
era ya un lugar común de la crítica con respecto a la poética
de Neruda. Mitad cierta, mitad fa lsa. En poesía los
preconceptos duran en tanto no se haya leído una obra.
Una vez que la obra se ha leído todo se vuelve personal,
íntimo.
Neruda al morir dejó una extensa e importante obra por
publicar. De entre ella destacan dos libros: Jardín de invierno
y el libro de las preguntas, del cual existe una edición para
niños. Estos títulos agregan un nuevo ritmo a la obra del poeta. El tono es reflexivo y recapitulatorio. Las fuerzas expresivas siguen dirigiendo la musicalidad no sólo del verso, sino
de la perspectiva toda del canto. La ternura de un paisaje
potenciado a su máxima capacidad se manifiesta en Jardín
de invierno; mientras que la vena sapiencial se desenvuelve
a través de preguntas, de dictadas interrogantes que conf~
guran la escritura nutriente de un legado:
Y el padre que vive en los sueños
vuelve o morir cuando despiertos~
Es obvio que la tentación de confundirnos con el poeta
ha cesado. Oue no se trata ya de usar una boina gris y un
jorongo de lana en este clima canicular en el cual nos movemos. También es obvio que leer y convivir con la obra del
poeta nos ha llevado a ser lo que somos. Ya que su obra se
ha vuelto nuestra, y nosotros, definitivamente, pasados treinta
años -como diría el propio poeta-, ya no somos los mismos.
Neruda tampoco lo es.
Nota última a manera de coda. "Walking around" es,
sin discusión, un poema clásico en la obra de Neruda. Se
cita, se parodia y, en algunos casos, hasta se asume como
propio, cayendo así en un plagio enamorado. Neruda, en
sus "Alturas de Macchu Picchu", homenajea a Quevedo s~
guiendo muy de cerca el dictado de Góngora. En "Walking
around" hay un desvanecimiento, sumamente logrado, al final del poema, que nos recuerda ese transparente final de
las "Canciones entre el alma y el esposo" de san Juan de la
Cruz. Pero también nos recuerda, el poema de Neruda, la
retórica con la que ha de brillar la poética de Jaime Sabines.
Interesante rosa de los vientos donde los puntos cardinales
siguen la imantación de una tradición viva, de una lengua
abarrotada de sentido, como escribiera Ezra Pound.

WALKING AROUND
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en los sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un aguo de origen y ceniza.
El olor de los peluquerías me hoce llorar o gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lona,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

RECUERDO DE PABLO NERUDA

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombro.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar o un notorio con un lirio cortado
o dar muerte o uno monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por los calles con un cuchillo verde
y dando grifos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en los tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en los tripas mojados de lo tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cado día.
No quiero poro mí tontos desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumbo,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi coro de cárcel,
y aúllo en su transcurso como uno rueda herido
y do posos de sangre caliente hacia lo noche. '
Y me empujo o ciertos rincones, o ciertas cosos húmedas
o hospitales donde los huesos salen por lo ventano,
'
o ciertos zapaterías con olor o vinagre,
o calles espantosos como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de los puertos de los cosos que odio,
hoy dentaduras olvidados en uno cafetero,
hoy espejos
que debieron haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todos portes, y venenos, y ombligos.
Yo poseo con colmo, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
poso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hoy ropas colgados de un olambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentos lágrimas sucios.

Marco Antonio Millón

E1

poeta y editor mexicano Marco Antonio Millón (Morelio,
1913-Concún, 1999) dirigió durante más de tres décadas la
revisto ontológico América, que tuvo como colaboradores a
Gabriela Mistral, Alfonso Reyes, Enrique González Martínez,
Carlos Pellicer, Salomón de la Selva, Rodolfo Usigli, Rómulo
Gallegos y León Felipe, y donde publicaron sus iniciales textos escritores como Rosario Castellanos, Guadalupe Amor,
Luisa Josefina Hernández, Jaime Sabines, Emilio Carballido,
Sergio Magaña, Efrén Hernández y Juan Rulfo.
Su trabajo como editor incluye los más de doscientos títulos de la serie Cuadernos de Cultura Popular, que en los años
setenta sumó un tiraje mayor a los dos millones de ejemplares
y que Millón configuró con las colaboraciones de José Revueltas y Mauricio Magdalena. Junto con Carlos Pellicer y
José López Bermúdez fundó la Asociación de Escritores de
México, sociedad que organizó el Segundo Congreso Latinoamericano de Escritores, base de la comunidad del mismo
nombre.
Millón reunió su poesía en el volumen Palabras amorosos a
lo vida (México: Oasis, 1978), con prólogo de José Revueltas,
presentación de Carlos Sáenz de la Calzada e ilustraciones de
Elvira Gascón y Francisco Moreno Capdevila. Sobre este trabajo poético, Pablo Neruda, con quien Millón cultivó una prolongada amistad, escribió: "posee la sustancia ciega, el valor acongojado que no se establece sobre el jazmín sino sobre la sangre".
El texto que presentamos forma parte de una larga entrevista que hicimos a Marco Antonio Millón, de la que surgió su
libro de memorias, aún inédito, Lo invención de sí mismo. El
manuscrito obtuvo en 1987 el Premio Nacional de Biografía
convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y lo Universidad Autónomo del Estado de Colima. En este capítulo,
Millón recupero una de las figuras fundamentales en su formación y conocimiento: Pablo Neruda.

Daniel González Dueños
Ale¡ondro Toledo

16

17

�Estrovagario
A principios de los cuarenta, Pablo Neruda fue nombrado cónsul en México. Una vez, él estaba en una cervecería de Cuernavaca; un grupo de alemanes reconocieron
al poeta, lo agredieron y lo descalabraron con un tarro
de cerveza. Nosotros publicamos un manifiesto protestando por ese hecho, y Pablo lomó nota de las firmas que
amparaban el suelto en el periódico para invitarnos a una
cena de agradecimiento. la reunión fue tan cálida que
Pablo dijo: "la continuamos mañana". Al menos para mí
duró un por de años; en ese lapso estreché fuertes lazos
de amistad con el chileno.
Yo ganaba dinero porque mis amigos ya estaban en
el poder y no me exigían: mi cumplimiento era irme con
Pablo e ilustrarme hasta donde podía. Oírlo sobre todo.
Una jornada representativa de todas las que pasé con
Pablo Neruda es la siguiente:
llegaba a su casa a las once de la mañana. "Oye•,
me decía, "he oído hablar de una lequilería donde dan
unas botanas extraordinarias". "Pues ya va siendo hora".
Y visitábamos los sitios más terribles de la colonia Guerrero o por el rumbo de Camarones, buscando unas botanas
que le habían recomendado. luego nos daba hambre y
regresábamos a la casa a beber whisky como aperitivo.
Pablo preguntaba: •¿Qué hay de comer?•, y al oír el menú
sugería algún añadido. Comíamos con vino, lo clásico:
tinto para carnes rojas, blanco para pescados y moriscos.
la comida era desbordante, salpicada de conversación,
de risa y alegría. Entonces, Pablo: • ¿Qué tal si nos echamos un sueñito?", "Nos lo echamos". Había una recámara para visitantes, donde yo me quedaba; él se iba con su
esposa, Delia del Carril, hermana del languisla y de
Adelina, que fue mujer de Ricardo Güiraldes.
Como a las cinco o seis de la tarde me despertaban. En
el comedor había una gran fuente de cristal cortado con el
contenido de seis o siete botellas de vino tinto chileno, en
cuya superficie flotaban muy finas rebanadas de manzana.
Con eso se curaba uno la cruda y se aligeraba la digestión
hasta llegada la hora del whisky; luego la cena, y después
el café y los licores, para dar paso a la sobremesa bañada
en coñac. Así, muchísimas veces que fu¡ a su casa.
Con él aprendí mucho, y me relacioné con las personas
que iban a visitarlo y a compartir la charla: José Gorosliza,
González Martínez, Emilio Prados, Pedro Garfios,
Wenceslao Roces (un sabio del marxismo, traductor de El
capitot Moría Izquierdo (extraordinario pintora, alguno vez
elogiado por Arloud), todos ellos sintiéndose o gusto, como
en familia, atraídos por la personalidad de un gran hombre.

Recuerdo la ocasión en que me dijo: •yo estoy aburrido de mi caso. Voy o hacer un viajecito, tardaré unos tres
días. Me haces favor de venirte con tu mujer, y cuando yo
regrese y toque, como dueños de la cosa, preguntan:
'¿Quién es?', y yo les digo: 'El señor Neruda'. Entonces
obren la puerta y me invitan a pasar: '¿Qué se le ofrece?', yo digo que nado, que simplemente venía a platicar
con ustedes. Me ofrecen asiento y una copita ... ¿De qué
me servirían la copita?". Pablo tenía esas cosos infantiles,
el deseo de sentirse por una vez huésped de sí mismo, o
de anfitriones por él nombrados.
Otra extravagancia que hacía más seguido ero enrollarse las perneras del pantalón hasta las rodillas, pintarse
unos bigotes, simular con algo una peluca; así ataviado,
bojaba de pronto a la sala de su cosa donde
platicábamos sus amigos. lo que hacía ero pasear frente
o nosotros en completo silencio y volverse por donde vino,
para regresar al poco tiempo yo arreglado.
Como si los desconociera, nunca aludía o esos apariciones. Una vez agotó terriblemente a mi mujer: ambos se
aplicaron en lo calle, por cinco o seis cuadras consecutivas, a tocar los timbres de coda puerta a las dos de la
moñona; nosotros los esperábamos en un automóvil, y
solíamos pitando hacia otro sitio y otra puerto y otro timbre.
Pablo me dio varios originales para América, y nunca
aceptó un pago. Pero un día me dijo: •Esta vez sí te voy a
cobrar la colaboración, porque necesito centavos",
• ¿Cuánto quieres, Pablo?", "Doscientos pesos". Se los di.
De inmediato fuimos a una florería, compró un ramito de
doscientos pesos, añadió uno tarjetita y vaya uno a saber
a quién se lo mandaría. Y es que para eso no podía hacer uso de su sueldo o pedir prestado a Delia. la generosidad era de Pablo; en nadie he visto ese gesto, característico suyo: llevarse la mono a la bolsa y hacer sonar las
monedas que ahí guardaba. • Mira•, me decía, •¿no oyes
un ruidito? Me acaban de mandar de Chile dos meses
de sueldo atrasados y acabo de cambiarlos en el banco
¿No necesitas algo?".
Hasta que uno mañana me dijo, como debe haberle
dicho a todos sus amigos: "Aquí va a terminar temporalmente nuestra amistad, porque me está llamando mi patria; quieren hacerme senador y luego presidente de la
República". le dedicamos unos banquetes de despedida
que sobrepasaron los mil asistentes. Él se fue de México
glorificado por completo, envuelto por el cariño y la admiración.

t~
Del libro Residencia en lo fierro.

18

!iltBLIOTECA CENTRAL
.
u. A. N.L

)

�El fango del viudo
Por el tiempo de nuestro amistad, Pablo me narró muchos
episodios de su vida. Tenía un amigo poderoso, que le
prometió hacerlo segundo o tercer secretario de alguno
embojado chileno en un país lejano. Eso promesa se alargó durante un año, hasta que en uno reunión encontraron
casualmente al ministro de Relaciones Exteriores, quien de
inmediato le preguntó: "¿Usted es Pablo Nerudo?", "Sí,
señor". "Pues yo he leído cosos suyas... ¿no le gustaría
trabajar en el medio diplomático?". Y ahí hundió lo cara
el amigo, que jamás le había dicho una palabra al ministro del empleo prometido a Pablo. Fue nombrado cónsul
en Rangoon, Birmonio, el año de 1927. El poeta se enamoró del Oriente; y una mujer oriental, Josie Bliss, se enamoró del poeta. En sus memorias Neruda recupero lo imborrable figura de esta "terrorista amorosa". Poseo algunos matices que Pablo no incorporó en Confieso que he
vivido. Por ejemplo, me contaba que Josie nunca aceptó
dormir con él en una cama; tras consumar el abrazo sexual
ella se deslizaba al suelo.
'
A lo hora de lo comida, Pablo le preguntaba. "¿Qué
tenemos de comer hoy?",Josie respondía: "Pan, vino ... ". "Esas
cosos no se nombran, porque están siempre en la meso",
"Tengo sopo". "También eso debe estar en lo meso", "Hoy
carne". "Sí, pero ¿cómo está preparada lo carne?". Josie
nunca aprendió el rito occidental de lo comido.
Ero una mujer tremendamente celosa; varios veces, al
despertar, Pablo lo sorprendió rondando lo coma con un
enorme cuchillo en lo mano, y el murmullo: "Cuando te
mueras acabarán mis temores". Dejando atrás ropo y libros, él huyó con rumbo a Ceilán, donde tenía la oportunidad de un nuevo puesto diplomático. Un año después,
hasta ese lugar fue Josie a seguirlo. Se estableció frente a
lo casa de Pablo paro dedicarse o espantarle los visitas
femeninos. Él titubeaba en aceptarlo de nuevo o su lado.
La situación llegó o hacerse tan intolerable que decidió
enviarla de regreso o Rangoon.
En el recuerdo de Pablo, lo escena de la despedida
en el muelle se concentraba en lo siguiente imagen: Josie
desprendiéndose de sus guardianes para llegar a donde
Pablo y besarle el rostro, el traje, los manos, los zapatos.
En el trópico hay la costumbre de cubrir el calzado blanco con una especie de yeso de nombre albayalde; las
lágrimas de esta mujer diluyeron el albayalde y formaron
uno pasta gelatinosa que le manchó la cara. Aun amando a esa mujer de rostro emblanquecido, Pablo desconoció su amor y la dejo partir.
A ella escribió ese famoso "Tango del viudo". Cito de
memoria:

20

Ah infame, ya habrás encontrado esa carta,
ya habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándome perro, hijo de perra.
Debajo del cocotero está enterrado el cuchillo que ahí guardé
por temor a que me asesinaras.
Otra vez estará mi habitación desordenada,
otra vez en el tendedero mis pantalones estarán secándose
vacíos,
como goteando lágrimas.
Es un poema muy largo y muy bello. Y luego de acumular imágenes oscuras, le dice:
Sin embargo,
qué daría porque volvieras a estar nuevamente a mi lado,
por volverte a oír mear en la oscuridad,
coma si estuvieras vertiendo una miel trémula, argentina,
obstinada.
Era fabuloso Pablo: ningún artificio, ningún adorno, la
puro verdad de Dios. Según recuerdo, él mismo ofrece el
mejor retrato de su poesía: "Dios me libre de mentir cuando estoy cantando".

Protalamio
Mi amistad con Pablo nació en esa fiesta en que nos
agradecía el manifiesto que publicamos en su defensa.
Ya muy borracho, le dije: "Es una lástima que usted ande
tan mal poéticamente". Él preguntó, ofendido: "¡Cómo,
insolente, quién es usted y con qué derecho me dice tal
cosa!". Respondí: "Con el derecho de haberlo leído durante años y con la tristeza de encontrarlo ahora cantándole a Stalin". "Es usted un canalla", dijo, "yo nunca hice
loas a Stalin". Le recordé los versos a que me refería. "Ah,
sí, esas cosas; pero además, ¿usted qué derecho tiene a
decirme nado?". "Ninguno, sólo el de un admirador frustrado que se entristece porque usted tome otras líneos".
"Pues estaría bien, pero además tendría usted que demostrarme si tiene algún sentido de lo que es la poesía.
¿Trae un poema suyo?". "No, pero me sé de memoria
algunos pedacitos".

tan claro el neologismo que tú verás: pro, por; tolamio,
tálamo, ¿para qué se usa? Tú lo que estás queriendo es
acostarte con esa mujer".
Y así era. El poema alude a una etapa de mi vida en
que estaba de guardián en la frontera. Ahí, recuerdo, al
mismo tiempo construían un puente; a cada golpe de
martillo contra los pilotes, mi casita se levantaba. Eran verdaderos temblores. Todo el día pasaban los vehículos:
era un vértigo constante. Los turistas me hablaban en inglés; y yo, que no conozco ese idioma, no hacía sino dos
o tres preguntas, siempre las mismas (Whot is your nome?,
Where ore you going?), para llenar el formulario sin otra
posibilidad de establecer pláticas. No tenía amigos, estaba aislado por completo en lo frontera.
Y en medio de ese exilio extrañísimo y vociferante vinieron a caer nostalgias y reclamos que me sacudían quizá más que los saltos del puente a todas horas:
Sobre el polvo y la larga odisea inevitable
que baraja mi cuerpo entre máquinas, lluvias,
lenguas extrañas, humo de tabaco, monedas,
plumas, vidrios, licores, y derrumbados sueños:
Amo tu voz delgada, lenta como una nube;
el clima de tu especie que es como abril de selva,
tu risa de orcoiris conciliador, y el timbre
de tu gracia, que agrupa gacelas y palomas.
Sin reposo te pienso, si es pensar, este río
de brazas y de espinas en ardiente avenida,
que cru za por mis sienes de sol a sol, cerrando
toda posible senda de fuga a mis sentidos.
Y así continúa una larga declaración de amor desgorrado. Toda ausencia, todo impedimento, son más candentes aún en el exilio:
Nos separan no sólo abismos y montañas,
ríos, llanuras y meses de pasos; se interponen
también entre nosotros alevosos puñales
de razón, congelados preceptos y murallas
de metales maléficos. No podemos, amada,
trasgredidos ahora, no podemos, en vano

mi pobre ser agita su ramaje de venas
del norte al sur, del borro a las nubes, buscando
un hueco favorable para intentar la dicha.
En los cuartetos finales estallo, transfigurándose, esto
sensación de vacío:
Un día vendrá, de puras llamas vindicadoras,
en que la sed y el hambre del hombre, la ceguera
destructora, los fraudes al sudor y esta dura
frontera entre tu sangre y mi sangre, hallen término.
Vendrán futuras eras fructíferas, senderos
limpios, aguas tranquilas, todo; pero esta hora
irretornable huye, se nos va sin dejarnos
el temporal tesoro que elevan sus espigas.
Pese a la luz de estos líneos, el poema finalizo en el
dolor; un dolor que, sin embargo, encuentro sus fulgores:
Esta hora, este ahora fugitivo se pierde ...
en oscuros torrentes, con las cóncavas palmas
de las manos, vacías, nos arroja el destino
fuera de él: al exilio salobre de las lágrimas.
Este ahora se pierde, no importa que el futuro
nos despliegue sus mapas de bienaventuranza;
ya nunca más seremos los que somos ahora:
vamos perdiendo en cada palpitación un río
sin rescate de nube propicia, y cada hora
de sed que nos asalta agosta una semilla:
Vamos perdiendo en cada pensamiento una obra
y llorando recorre nuestras venas, un niño.
Al terminar de oírlo, Pablo dijo: "Yo me jodiste, yo echaste mi niño a andar". Desde ahí vino su abrazo, desde el
fondo de ese niño que era y fue siempre, desde ese niño
de "Farewell":
Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.

Al acabar, me dijo: "Tú eres mi hermano, dame un
abrazo". Le caí en g racia.
Él escribió sobre mi traba jo, diciendo que mi poesía
ero como un árbol caído en medio del camino, y que lo
elogiaba no de forma circunstancial, sino definitiva. El
poema que le dije aquella noche en fragmento no tenía
título; Pablo mismo lo bautizó: "Protalamio". Me dijo: "Es

21

�BREVE APÉNDICE SOBRE EL USO
DEL ENEASÍLABO
1
EN EL LIBRO DE LAS PREGUNTAS
Gilberto Prado Galán

D íce Hernán Loyola en El Girador: studi di letteroture
iberiche e ibero-omericone offerti o Giuseppe Bellini, que
el eneasílabo es un "verso amigo• de Neruda, y que le
acompaña durante toda su trayectoria poética: "El
eneasílabo es el verso nerudiano por excelencia. Ningún
otro fue usado por el poeta chileno con tonta constancia
y sislemalicidad (desde los 15 años hasta los 69 que tenía al morir)". El principal estudioso de Neruda recorre
las estaciones poéticas del autor del Canto general y
demuestro, con numerosos ejemplos, la presencio de esta
forma métrica caracterizada por una indecisión múltiple:
a caballo entre los versos de arle menor y de arle mayor
y, asimismo, oscilante entre los formas poéticas populares
y cultos. El eneasílabo, que no duerme en la poesía de
Neruda, tiene épocas de reposo y cede su imperio a otras
formas métricas, agazapado en la chistera lírico del mogo
de Parral, para manifestarse de nuevo con fuerzo y presencio impares, como ocurre en Fin de mundo y, finalmente, de manera absoluta y poderosa en el libro de los preguntas. Es pertinente formular aquí la pregunto: ¿por qué
eligió Neruda esta forma métrica para gobernar, con imperio sin relevo, este libro? Entre las funciones del
eneasílabo en la obra de Pablo Neruda, Hernán Loyola
destaco dos: la relacionado con lo épico menor (como
ocurre en algunos pasajes del Canto general, en los capítulos "históricos" del libro: 1, 111, IV y V) y la relacionada
con los funciones carnavalescos o antipoéticas, como
ocurre en Estrovogorio: ironía, comicidad, exorcismo o
desacralizoción. Esto última es la función del eneasílabo
en el libro de los preguntas, y el antecedente lírico, en el
corpus poético de Neruda, es precisamente Estrovogorio,
como señala Loyola: "En verdad la fórmula había sido
previamente ensayada unos quince años antes -siempre
en eneasílabos- en el poema 'Por boca cerrada entran

22

los moscas': 'Por qué con esas llamas rojas / se han dispuesto a arder los rubíes"'.
En el morco poético de Neruda la utilización del
eneasílabo en el libro que nos ocupa posee, así parece,
implicaciones poéticas notables: se trata de una elección
que responde al desencanto general del poeta respecto
de dogmáticas y formulaciones ideológicos pétreas. Neruda descree ahora de formas políticas de absoluta validez y cuestiona todo sistema que se erija como portador
de verdades inconclusos. Es el eneasílabo el mejor molde
métrico, por su indecisión ínsita, poro preguntar al mundo,
para denotar la inconsistencia de la realidad, para interrogar a la naturaleza, o la culturo y al hombre. La épica
menor y la desacralización pactan nupcias en el
eneasílabo nerudiano, pero ya se ve cómo la forma es
fondo y de qué manera esto elección responde a pautas
poéticas deliberados, ajenas o la gratuidad y al focilismo. Las preguntas convencionales se formulan en
octosílabos: ¿Dónde estabas escondido?, ¿por qué llegaste tan tarde? Mas los preguntas enemigas de la rutina
y de la convención, las preguntas asimétricas, se formulan
con una medido silábica atípica, paro provocar en el receptor el efecto perseguido: la desfomiliarización, lo extrañeza, el asombro inducido desde la formo de preguntar, al margen del carácter insólito del contenido que encierra la interrogante. De este modo, todos los preguntas
son extrañas de raíz, ninguna cede o la tentación de lo
monotonía inquisitivo y el libro de las preguntas responde
así, de manero fiel y transparente, a la respiración psicológica y filosófica del último Pablo Neruda: emplazado en
el mundo para preguntar, para intentar saber, para alejarse de los dogmas y de la engañoso satisfacción de sí
mismo que confieren las verdades al uso. El hombre entiende, sólo al final de sus días, que la postrero actitud

Del libro Veinte poemas de amor y uno canción desesperado

ante lo vida es idéntica a lo inicial: un signo de interrogación, una gana por saber, un rostro mudo ante el
inabarcable mor del asombro, del infinito asombro donde
estamos inmersos. Agregaré sólo que las combinaciones
eneasílabas son múltiples en este libro y que, aunque el
imperio de la formo trocaica es persistente -cuyo acento
constitutivo cae en lo cuarta sílabo- , lo variante dactílico
-cuyos acentos conslilutivos recaen en lo segunda, quinta
y octava sílabos- aparece en todo el libro, incluso a veces en compañía del verso trocaico, como en el segundo
verso de este dístico: "Dónde dejó la luna llena/ su saco
nocturno de harina?". Encomrorernos eneasílabos de tipo
mixto e, incluso, la rareza métrico del tipo loverdoico -en
honor a Gumersindo Laverde (con acento:. constitutivos
en la segunda, sexta y octavo sílabos)-, como en este

ejemplo· "Tu boca besará claveles/ con otros labios venideros? Aquí el laverdoico hoce pareja con el trocaico.
Con esto quiero decir que nada escapa o la música métrico de Pablo Neruda, quien practicó con parejo fortuna el
verso libre y la audaz polimetría (como en "Barcarola"). Y
no es posible ilustrar predilecciones respecto de la forma
enfático (dactílica) o intimista (trocaica) en esto coja de
música híbrida, donde las combinaciones más insólitas son
puestas en marcha po a batuta expresiva de Pablo Nerudo , atento a todos los instrumentos de la orquesto
Noto:
E~te texto ciel"O ti 1,Lro -de pui.&gt;11&lt;..oc16n inminente- lo poSler,dod insomne de Pablo Nerudo. escrito como homerio¡e al "poeta de todas
los cosos• a e.ten años de s~ nowr,er to

23

�CUATRO NARICES
Gerardo Deniz

DANZÓN
a Jorge Jiménez

ESFEROCITOSIS
Con mi sangre circulan navidades,
las esferas del árbol, a millones
(por milímetro cúbico),
se quiebran -y es lo malo,
que me está conduciendo hasta aquella tumba saqueada
do mis ancestros se pulverizan
satisfactoriamente
y necesito pleno materialismo de home-machine
para yacer sin pavor junto a mi extinta madre
(reprochaba sobre cero y bajo cero;
no, no pudo haber anubis tan cabrón).
Mi enfermedad es hereditaria.
Asoleando el coño sobre arenas levantinas
le cayó del cielo un chaparrón de partículas a mi hemisemidemiabuela
-y una mutó a un oocito II izquierdo.
Hoy cargo con esta amena tara indolora
(a cuya condición toda genética aspira)
mientras doctores envidiosos anotan
que, como aún procrastino en sobacos intonsos y corvas,
en besar slalom esquivando escapulario, tatuaje, aun el granero
-hasta el festín de la arañamerezco un ejemplar castigo.
Lástima que, antes de un mes,
mi diagnóstico lo habrán vuelto a cambiar.
Para peor, por supuesto.

Al son de un saber infinito,
de la orquestación más afinada que se ha oído,
oscilo hipnótico lo mismo que un gato a punto de saltar al mueble
aunque al fin desista.
Un &lt;lanzón me recibió en el D.F.,
todavía se toca, sin que haya querido yo saber cómo se llama.
Pero el mejor, y no sólo por definición,
estuvo sin encarnar, en el mundo de las ideas puras,
hasta muy pocos años atrás.
El local se va llenando de una nostalgia horrenda,
de un anhídrido carbónico inhalado cien veces por hora.
Las matronas, embutidas en vestidos discretos y sensuales
por encima de las décadas,
mueven cadenciosas caderas
eternamente respetables pese a su deformidad.
Las conducen
ancianos caballeros cobrizados, perennes y graves,
con inmaculados trajes y sombreros blancos,
bailando intachables y ceremoniosos,
recordando al ritmo de las claves una lejana juventud
más o menos repugnante.
Sobre la alta cama con barrotes de latón
finge dormir una regordeta, desnuda y de perfil,
con la pierna de arriba en ángulo sapiente~
.,
.
entreabriendo vías de observación y expenmentac10n posibles .
-como la ciencia,
incluida la lingüística comparada.

�CREOLINA
El olor a creolina es creativo como el que más.
Guarda un cine de barriada (no los retretes tan sólo);
guarda la azotehuela oscura donde mis gatos hacían sus necesidades;
guarda vastos capítulos sobre fenoles (y eso que soy más alicíclico y heterocíclico);
y cuando voy a mi casa, al pasar por un laboratorio donde nadie imagina qué preparan,
el olor a creolina garantiza la higiene del producto
-y yo evoco toda la monumental monotonía de la química aromática
turgente, con dos posiciones orto como pezones
y una posición para, tan única como el sexo.
Mi cerebro, en tanto, pirolizado hasta grado creosótico,
difunde por el agua de charco su esperma y su lirismo
en cejas o arcos, arquillos o arquetos, lechosos,
que recuerdan (a lo bestial) los de la inmunoelectroforesis,
aunque destinados a pasmar -con olor a creolina, siempreª cualquier cuatronarices.
(Pues pit viper no puedo llamarla.)

SADE
... a hollow opportunist, a weathercock in
his political principles ... a largely unoriginal
thinker, and a tiresome --and tiring- pornographer.

Los intelectuales son harto piruleros:
y juegan todos al mismo juego.
.
. .
Se reconocen en que presumen leer sm fast1d10
al merdoso marqués y al risible Mishima.
(Así el camarero se figura
que todo lo saben.)
La luna es bella, oh Charles;
y tú, pinnípedo idiota de la familia:
qué bien comincipiasteis
a sondear la inmersión del siglo XX
entre dos grifos de cursilería
.
-deux robinets coulent dans un réserv01r,
marxismo / surrealismo:
fue marqués hasta las amígdalas,
hipócrita, malafé, hideputa,
.
.
y si la cigüeña que nos lo traía le aplicase un cnstel,
provocaría el vómito, salvo al epatado chihuahueño burgués,
y despilfarraría el agradecimiento
-vivir, tibio, misterio, estrecho en amarde alguna perrita en tabaque (Tolhausen). y eso nunca.

�EL BOCETO O LA CREACIÓN MÁS LIBRE

PERCANCES

Jesús Mario Lozano/ Minerva Margarita Vil/arrea/

La O'Murphy (que Boucher no pintó)
hubo encamado cuanto negruzco han las mulatas.
Seingalt la conoció treceañera

Conversación con Armando Morales

para lavarla sin estreno (tal debí proceder con Martucha).
Su hijo y de Luis quince
atronó a redobles la alocución del sobrinastro dieciséis,
privándonos de algo tan originalísimo
como ese pecado que el hereje Pelagio aquí presente contempla,
un poco bizco, sin darle demasiada importancia.
Tomaron el Gulflander hacia el golfo de Carpentaria
(pero el del XVIII, bien salvaje y sin gramáticas).
Durante el viaje se armó una trifulca y, al llegar a Normanton,
Louison (O'Murphy) iba cabalgando al capitán en persona;
los Galgadün nadaban junto a los Ladil,
llevando gorras diferentes, con viseras, eso sí,
y nada les impidió copular, pedificar y demás operaciones del espíritu
aunque menos antojables aún que Santa Eustoquio o un ornitorrinco.
Fue entonces cuando, yendo a ver muchachonas
en tomo a un Sardanápalo expirando aparatosamente en el Louvre,
al patito feo lo aplastó el tren.

11

En el arte no hay nada más falso que Ia verdad", sig-.

no de Armando Morales en el tratamiento de su pintura, a
la que somete luego del pincel al filo de una navaja, pues,
a decir de él mismo, "rasura sus cuadros". Nacido en Granada, Nicaragua, en 1927, Armando Morales presentó
su primera exposición individual en 1959, en el Instituto

de Arte Contemporáneo de lima. Desde entonces ha recibido numerosos reconocimientos y muchas de sus obras
se han incluido en las colecciones permanentes del Museo de Arte Moderno y el Solomon R. Guggenheim de
Nueva York, el Museo de Arte Moderno de Sao Paulo Y
el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, entre otras.

. 29

�Ha expuesto su obra en museos y galerías de Francia,
España, Estados Unidos, Colombia, Nicaragua, Canadá
y México. Actualmente el museo MARCO de Monterrey
exhibe una muestra de su trabajo reciente.
A finales de la década de 1960, luego de un periodo
en el que combina en sus cuadros lo abstracto con el
empleo de collages sobre tela, Morales vuelve a un estilo
figurativo, al desarrollar una pintura que alterna entre sus
principales temas el desnudo femenino, los paisajes selváticos, la tauromaquia y la naturaleza muerta. Aunque
pocos, sus cuadros de tema religioso son significativos y
constituyen una parte destacada de su obra.

JML: ¿Cuál es la perspectiva de su obra frente al arte de
nuevos medios?¿Cómo se inserto su obra en él?
No me inserto. No es egoísmo ni indiferencia, ni comodidad tampoco, sino nada. Tal vez sí indiferencia, pero no
indiferencia hostil ni agresiva. Yo estoy metido con lo mío
y veo con cierta perplejidad lo que hacen otros. Siempre
he tenido amigos y amigas que han querido no sorprenderme, sino impactarme con cosas súper nuevas. Recuerdo que tenía una amiga que era de Princeton y trabajaba
en una galería en Nueva York; me dijo: "Armando, quiero
que vengas para que veas una obra". ¿Para qué iba a ir
si estaba pintando mi propia obra? Pero no quise ser descortés y fui, y entonces no había nada. Llegué y estaba

30

ella: "¿Qué tal, cómo estás? Baja el telón para que veas
y después me cuentas tu impresión". Eran unos lienzos con
su bastidor blanco, y yo me di cuenta de que la galería
era de esas cosas del arte conceptual. Entonces dije: "esto
es una vaina", eso ya lo había visto en París. Y ella me dijo:
"¿qué te pareció?"; "pues sí, pero ..."; "ya, bueno, pero ¿no te
parece interesante?"; "pues no, no me sorprende nada", como
diciendo "me has hecho venir de mi estudio, que está en la
Calle 57, hasta lo galería, que está al sur de la ciudad, para
ver una cosa que no me interesa". Siempre tuve una actitud
un poco indiferente. No reacciono y no puedo forzarme a
reaccionar. Hay varias frases en francés que ustedes han de
conocer. Muchas cosas, sobre todo en el arte moderno, se
hacen para espantar al burgués. Me parece que no es una
actitud muy auténtica, no se puede pintar ni escribir para
asustar gente, tiene que haber razones no más nobles, pero
más importantes para escribir o pintar; y mucho del arte
moderno funciona con lo base de impactar o de asustar a la
gente.
MMV: Hoy en su obra un despertar de los sentidos de la
naturaleza. Particularmente en el trabo¡o Selva tropical
reserva biológica, lo selva acreciento su silencio poro

observarse en detalle, y entonces los sentidos empiezan
a disparar sus ruidos, a exponer sus asuntos, a mostrar sus
lloros, sus llantos.

Selva tropical reserva biológica Indio-Maíz, que así se
llama, no es un parque nacional, sino una reserva biológica. Es curioso, en Nicaragua se ha conservado muy bien
la reserva biológica, tiene como 6 mil kilómetros cuadrados, esto es, 60 mil hectáreas. Y se ha conservado bien
porque en esa parte, al sur de Nicaragua, hubo mucha
guerra. De uno y otro ládo plantaron muchas minas de
tierra y toda esa parte está minada, hay millares y millares
de minas. Entonces, por el miedo a las minas es que la
gente no llega; por ejemplo, antes se metían muchos cazadores a cazar venados, a hacer barbaridades, pues, o
a sacar madera. Ahora no se meten porque en cierto modo
esta reserva está defendida por las minas. Una cosa rara,
¿no?
Yo una vez estuve ahí, pero no sabía que había minas.
Había un guía que nos llevaba por unos senderos, entonces entramos y salimos, y después me dijeron: "¿qué fuiste
a hacer ahí? Es muy peligroso, hay muchas minas". Y me
quedé pensando: "qué bien que esté minada esta cosa
para que se preserve". Ese cuadro mencionado es de
una parte que yo sobrevolé en el helicóptero de un amigo, pero me quedó mucho la impresión de que la selva
ahí es muy espesa y muy cerrada y grande. lo que decía
es para remarcar que no es una reserva biológica cualquiera, tiene ese nombre, Indio-Maíz, porque hay un río
que se llama Maíz y otro que se llama río Indio, y la reserva queda entre estos dos ríos.
MMV· Especialmente en ese cuadro, parece que los árboles estuvieran llorando. los troncos y también lo que se
ve de las ho¡as tienen una lasitud quebrantada, es como
si hubiera un quebrantamiento.
l o que puede contribuir a dar esa impresión son las lianas
colgantes. Esa selva es muy húmeda. Una selva que dé
hojas los 365 días del año tiene que tener una humedad
tremenda; entonces el ambiente adentro es de vapor, casi
sofocante, de baño turco, y tal vez eso contribuye a dar
esa impresión.

JML: Tomando esto de las lianas colgantes, también se
podría plantear que hay un idioma, por ponerlo de algún
modo, en su pintura; un idioma que se va comunicando
entre un cuadro y otro, entre las mismos selvas en diferentes años, que son interlocutores.
Creo que sé a qué te refieres: a que si además de lo que
uno expresa de la selva hay otro mensaje paralelo, la
física de la pintura propiamente. Sí. Yo he hecho bocetos
y cuadros, he hecho bocetos grandes, sobre todo. Ahora
que vaya a Nicaragua voy a hacer otro precisamente.
Quiero unas telas para una decoración, que sean del ta-

maño de la pared, para quitar y poner -porque quitar la
pared es complicado. lo que he estado haciendo es que
la pintura de casa, probablemente buena, no la peor, pero
de una durabilidad limitada, de ciertos colores, la tiro: me
aprovecho de la verticalidad para echar pintura y que se
chorree. En esta chorreada o chorreamiento hay pequeños ríos de pintura que vienen descendiendo y que reflejan mucho o se parecen a las lianas, las epífitas, y a los
troncos de la selva. Y, claro, uno puede también ir manipulándolos un poco para que vayan hacia acá o hacia
allá.
En general ese chorreamiento tiene algo que ver con
lo que hablábamos. No es un llanto, pero la pintura de
por sí está chorreando como un llanto; aunque el resultado final en este caso es más bien alegre, porque además
se trata de una decoración para un comedor.
MMV: Pero esto técnico no la uso en las selvas.
No, ésa es otra técnica mucho más complicada,
infernalmente complicada. A veces he usado esta idea
de chorrear así la pintura en los bocetos.
MMV: Hay un cambio entre lo que está haciendo ahora

y lo anterior, que hoce bastante diferencioble un periodo
del otro. Es como si hubiera un cambio de orientación y
de visión, en el cual aparece la luz con un nuevo brío,
como si en estos nuevos cuadros de 1999 o la fecha la
luz tuviera uno mayor radicalidad, e¡erciera una fuerza
más intensa.
Si es así, es casual, no lo he buscado adrede. A mí me
interesa mucho la dirección de la luz, en busca de acentuar la tridimensionalidad. la luz puede venir de afuera,
de todas partes, pero es más probable que en un bodegón haya luces de varias direcciones, a menos que sea
un bodegón que esté en pleno sol; pero en paisajes y en
selvas -casi lo único que pinto yo es selva- es importante
conservar la fuente de luz en una sola dirección. Aunque
no sea muy directa en los paisajes donde hay muchas
nubes, siempre hay una dirección constante de la fuente
de luz; no puede venir de aquí y de allá, no se puede.

JML: Hoy un cuadro de 1989 donde no se nota tanto
esta fuente de luz, que en cambio en los más recientes sí
es preponderante y cae incluso casi geométricamente.
Bueno, también hay rayos del sol que entran o través del
follaje.
JMl: ¿Entraron en el 2000 esos rayos de luz?
En varios de los cuadros que están aquí, de 2000 para
acá, existen, pero me parece que los usaba antes también.

. 31

�Por ejemplo, hay un libro mío que se publicó en México, en
cuya tapa se muestra un cuadro de selva que precisamente
tiene esos rayos. Y ese cuadro es de 1986 o algo así. Ahora, puede ser que esos rayos diagonales sean visibles por el
vapor de agua que hay difuso en la selva y que los esté
usando con más frecuencia ahora, puede ser.
MMV: El cuadro La Anunciación presenta como dos sentidos que irrumpen para centrarse ¡ustamente en la Anunciación, porque la Virgen tiene rostro y está iluminada por
la luna; es de noche el trazo de la Virgen.
Arbitrariamente la parte izquierda de arriba es oscura y
la parte derecha es clara, como si fuera amaneciendo;
viene avanzando la luz del día de derecha a izquierda, y
en el lado izquerdo tenía que ir algo de la noche.
MMV: Pero el ángel no tiene rostro.
No tiene rostro, adrede lo dejé en blanco. No quería
tener el problema de que si hacía un ángel muy elaborado, con afán de tridimensionalidad en el rostro, y torneaba
la forma, fuera a competir con la Virgen. Así que dejé más
vago el ángel para centrar más la atención en la Virgen
hincada. El ángel está de pie y por lo tanto es más alto, y
por ese estar de pie y más alto, si además hubiera tenido
rostro, se hubiera robado a la Virgen.
MMV: Además, yo creo que hay un sentido religioso en

esto. Por otra parte, el fema religioso no es muy frecuente
en su traba¡o.
Trabajos al óleo religiosos he hecho la Puesta en el Sepulcro, el Descendimiento y éste. También he hecho otros
bocetos para estos tres, pero terminados sólo hay ésos,
que ya he tenido en exhibición. Ahora tengo a medio hacer
otro del mismo tamaño de La Anunciación, que es La Resurrección, pero eso es cosa de dos o tres años más; al
mismo tiempo voy a meterme más en arte religioso, porque he encontrado imágenes muy buenas que tengo ganas de explotar.
MMV: ¿Son imágenes de otros pintores?
No, imágenes mías, de la Biblia. ¿De otros pintores qué
voy a sacar yo?
MMV: Quizá no es del todo válido, pero yo relacioné,
por e¡emplo, El patio ferroviario y Fuente, de 2003, con

Chirico.
Claro, yo soy el más grande admirador de Chirico, no
sólo lo he admitido siempre, lo he proclamado. Yo tuve el
problema de que me gustaba mucho -y me sigue gustando- su obra, y entonces cada vez que quería hacer un

32

cuadro salía a la Chirico. Ya no podía pintar en paz, y al
deschiriquizarlo salía peor. Entonces dije: "si tienes algún
talento ya vas a salirte de Chirico; y si no tienes talento,
no importa que te salgas o no te salgas".
MMV: Y también encontré que en un cuadro que se llama
Despedida, donde están tres mu¡eres, al fando hay un ferro-

carril,· es otra postura, pero me recordó a Paul Delvaux.
Sí, pero esas cosas no me interesan. Chirico sí me gusta, y si a
mí me gustara tener cosas, pero a mí no me gusta tener nada.
MMV: ¿Cómo que no le gusta tener nada?
No me gusta la posesión de cosas. Si puedo no tener
nada, si puedo comprar zapatos y un vaso para beber
agua y ollas para cocinar, y casa con techo y cama y
zapatitos, y cualquier cosa, está bien. Mi obra jamás se
me ocurrió colgarla en la casa. En mi casa en Londres sí
está colgada porque mi mujer la quiere ver y no puedo
decirle que no.
No me gusta tener mi obra, la he entregado a mis
hijos y a mi mujer, y no me he quedado más que con
cosas que pueden ser útiles para sacar otra obra adelante. Pero a mí no me gusta tener nada en general, en todo
caso, mucho menos que a la persona a la que menos le
gusta tener, y puede ser que vaya a llegar el día -que
espero que venga- en que pueda no tener nada, como
Diógenes.
Pero, vamos, si yo no fuera así, y aun siendo así, una
persona tan amante de no tener nada, si debiera tener un
cuadro, tendría un Chirico, pero no un Delvaux. Delvaux
me parece un poco estéril, Chirico tiene una fuerza grandísima; Delvaux es del norte y Chirico es mediterráneo.
Además, es un mundo afín, de ferrocarriles, locuras y melancolías. Chirico es muy bueno y muy certero también, es
un gran poeta. Su caso lo conozco bastante bien. Hay
otro pintor que es contemporáneo y un poco afín a él,
que es Cario Carra, y es medio bandido, siempre quiso
robarse el mandado: decía que él era el inventor de la
pintura metafísica, y es mentira. El hijo de Carra desmintió .
hasta cierto punto a su padre, diciendo que es Chirico el
primero que hizo pintura metafísica. Chirico siempre me
gustó mucho, y de repente sale, como en ese cuadro de
la fuente. ¡Que salga! Mientras no se quede adentro, eso
sería lo malo.
MMV: ¿La reiteración de las tres mu¡eres no tiene que ver
con las tres Gracias?
Por casualidad, porque la fuente tenía que ser sostenida
por tres.

MMV: Pero en Tres bañistas se repite, y en Despedida

también hay tres mu¡eres.
Han sido necesidades de composición en el caso de las
bañistas. Recuerdo a un crítico de arte en Nueva York
que me decía: "yo he notado que pintas desnudos (desnudos femeninos: nunca he pintado desnudos masculinos,
me interesa más la forma femenina) y siempre pintas dos,
¿tiene algún significado esto?". Pero lo dijo con cierta picardía, como si fueran lesbianas. Estaba ajeno a mí hacer
propaganda a lesbianas ni a nadie, y le dije: "no, ¿estás
loco? Es evidente que es una necesidad de composición".
MMV: Además, las tres Gracias son una figura estética.
Sí, probablemente el origen de las tres Gracias es eso
también. En las fuentes hay esa cosa del trípode, que está
presente en todas las culturas. Por ejemplo, jamás verás
un incensario, entre los mayas o los aztecas, o quienes
sean, que tenga cuatro patas. ¿Por qué?, porque nunca
se va a hacer así. Puedes tener una mesa con una pata
más corta, pero si es de tres patas no se mueve: es trípode. En las fuentes pasa igual.
MMV: Su cuadro de 2002 Mujer reclinada con fonógrafo es un privilegio de erotismo.
Bueno, la única vaina de ese cuadro es que siempre lo juz-

go en relación a su boceto, que es mejor. Entonces no puedo verlo a gusto porque siempre pienso en el boceto, hubiera querido hacerlo tan bueno como el boceto. No pude, fue
una limitación, pero admito que es bueno.
MMV: Es muy bueno, tiene mucha fuerza la dinámica del

cuerpo femenino.
Sí, y fue muy pensado; inclusive, el vientre de la mujer está
algo colgado, y así tiene que ser, está casi como una
hamaca. Ella no tiene una forma muy moderna, fíjate que
no es flaca, es larga.
JML: Ya que mencionó los bocetos, ¿podría hablarnos un

poco de este camino que toma una pintura, desde la idea
primera hasta el momento de decidir que ahí termina?
La verdadera creación está en el bocelo, ahí está la cosa.
Estoy pensando ahora en Guernica.
MMV: Muchos bocetos son más bellos. Guernica es una

maravilla, pero yo me emocioné viendo los bocetos.
Yo también, ese boceto que a ti te gustó más que el cuadro final, que a mí también me gustó mucho, me hubiera
gustado ver cómo lo habría desarrollado en grande. Tal
vez no habría quedado tan bien.
La creación es entonces el boceto, pqrque es libre. Y

33

�tú puedes quitar y poner, romper, mandar a la mierda.
Además, siempre los bocetos mejores se hacen, en mi caso
por lo menos, en materiales innobles, en papel viejo y
cosas así, de tal manera que los puedes romper y destruir
sin ninguna conmiseración. El proceso creativo está en
quitar y poner; generalmente hay alguna idea preconcebida o alguna forma que te sugiere el papel, alguna arruga, alguna mancha.
En el caso de esta mujer, la del fonógrafo, yo sabía lo
que quería, más o menos: una mujer recostada, muy haragana, muy echada literalmente - la echadez es muy sensual, muy erótica-. Entonces tenía un papel, me acuerdo
bien, y fui poniéndole recortes de fotografías de revistas
que no tenían nada que ver con desnudos; inclusive había fotografías de propaganda de una marca de automóviles, y no sé por qué, pero eso lo asocié con muslo y lo
puse con cinta y ahí se quedó; después puse otra cosa
oscura y de repente me di cuenta de que por ahí andaba
el asunto, y entonces le puse encima un celofán a eso
que había hecho, y fui rellenando, inclusive lo del automóvil. Y súbitamente, del automóvil, que era un Jaguar, salió
el muslo y, claro, después continué: la cadera, el ombligo,
los pechos, el sobaco, los brazos, y eso ya comienza a
salir solo. El cuadro se hace solo. Hay una autonomía
curiosa, la mano casi no hace más que seguir lo que está
dictando quién sabe quién.
Hay una gran libertad porque quitas y pones lo que te
da la gana, y esa cosa, si no funciona, la rompes y se acabó; pero viene la parte más dificil. El proceso se vuelve más
lento, porque cada cosa que quitas o que pones es más
importante, ya hay más cosas que respetar. Cualquier cosa
que pongas puede afectar las otras partes.
Una de las cosas que apareció desde el principio fue
el fonógrafo, y se me volvió una especie de obstáculo
porque se resistió a quitarse: "no, yo no cambio, que cambie todo el desnudo, pero yo no cambio", y se quedó ahí,
siempre en el boceto, y sirvió porque necesitaba ese contrapeso, y además le ha dado un aire y una melancolía
curiosa al cuadro. Después, a medida que iba quitando y
poniendo cosas, era más y más lento. Entonces hay un
momento en donde dices "ya basta", pero es muy difícil,
porque también queda la duda de si le habrás puesto
demasiadas cosas. Tampoco puede ir uno a tantas dudas, porque no acaba.

34

MMV: ¿No es desesperante a veces pensar si estará

haciendo bien, si se arrepentirá de quitar esto?
Eso es la creación. Eso desesperante, esa duda, es la
única satisfacción de la creación, estar en esa lucha de
saber si se está bien o mal, si quitar, poner o dejar. Es
feroz, pero si no hubiera esa duda sería horrible. Hay una
contradicción, una paradoja: este pedazo de papel horrible, que no vale ni un centavo, se vuelve una cosa importantísima en tu vida, y tú te olvidas de lo que has hecho
antes. Todos tus cuadros, las exposiciones, valen nada,
este pedazo de papel es lo que cuenta, y resulta que este
pedazo de papel que no vale nada está parado por una
duda idiota, y esa duda idiota puede arruinarte.
Todo este proceso tal vez ha durado media hora, pero
la angustia y la duda son tan intensas que pareciera que
ha durado cinco horas. Sin embargo, deja una gran satisfacción. Luego comienzo a preparar, a medir, a copiar
eso a una tela grande, eso entre otras cosas que estoy
haciendo, porque hay otros cuadros que están en proceso en diferentes etapas, pero éste se va sumando. Y procuro calcular perfectamente las dimensiones. Pero a la
hora de copiar me da miedo, ahí soy artesano; respeto
tanto mi creación de ese disparate que no me atrevo a
cambiarlo; entonces lo pongo, lo aseguro bien en una
tablilla, lo cuadriculo, por supuesto, y busco una tela que
tenga esas proporciones exactamente, no ando jugando.
Comienzo a pasarlo, y también en la pasada del cuadriculado, del boceto a la tela final, hay una satisfacción,
porque vuelvo a tocar esa cosa y vuelvo a sentir la misma
emoción -porque emoción es, como fue y sigue siendoque cuando hice el boceto. Hay un momento en el que
me doy cuenta de que después de todas las dudas que
había tenido sobre quitar o poner el fonógrafo, tenía razón,
porque está ahí.
Finalmente se acaba el cuadro y queda bien. Está terminado y firmado, y yo estoy contento con él, bastante
contento. Voy a verlo y todavía está mejor el boceto. ¿Por
qué? No sé, pero está mejor y lo conservo.
MMV: ¿Entonces los bocetos sí los posee?
Ésos sí los guardo, además nadie va a comprarlos. Y debajo del celofán, si tú lo quitas, ahí esta el automóvil, con
sus ruedas, como si fuera un músculo interno.

DON QUIXOTE DE LA MANCHA
Miguel de Cervantes
Transladado al Spanglish por flan Stavans

First Parte, Chapter Uno
1n un placete de La Mancha of which nombre no quiero
remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos
gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una
buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el
chase. A cazuela with más beef than mutón, carne
choppeada para la dinner, un omelet pa' los Sábados,
lentil pa' los Viernes, y algún pigeon como delicacy especial pa' los Domingos, consumían tres cuarers de su income.

El resto lo employaba en una coat de broadcloth y en
soketes de velvetín pa' los holidays, with sus slippers pa'
combinar, while los otros días de la semana él cut a figura
de los más finos cloths. Livin with él eran una housekeeper
en sus forties, una sobrina no! yet twenty y un- ladino del
field y la marketa que le saddleaba el caballo al gentleman y wieldeaba un hookete pa' podear. El gentleman
andaba por allí por los fifty. Era de complexión robusta

35

�pero un poco fresco en los bones y una cara leaneada y
gaunteada. La gente sabía that él era un early riser y que
gustaba mucho huntear. La gente soy que su apellido was
Quijada or Quesada - hay diferencia de opinión entre
aquellos que han escrito sobre el sujeto- but acordando
with las muchas conjecturas se entiende que era really
Quejada. But all this no tiene mucha importancia pa' nuestro cuento, providiendo que al cuentarlo no nos separemos pa' nada de las verdá.
lt is known, pues, que el aformencionado gentleman,
cuando se la pasaba bien, which era casi todo el año,
tenía el hábito de leer libros de chivaldría with tanta
pleasura y devoción as to leadearlo casi por completo a
forgetear su vida de hunter y la administración de su estate.
Tan great era su curiosidad e infatuación en este regarde
que él even vendió muchos acres de tierra sembrable pa'
comprar y leer los libros que amaba y correaba a su casa
as many as él podía obtuvir. Of todos los que devoreó,
ninguno le plaseó más que los compuestos por el famoso
Feliciano de Silva, who tenía una estylo lúcido y pioles
intrincados that were tan preciados para él as pearlas;
especialmente cuando readeaba esos cuentos de amor
y challenges amorosos that se foundean por muchos
placetes, por example un passage como this one: la rosón

de mi unrasón que aflicta mi rosón, en such a manera
weakenea mi rosón que yo with rosón lamento tu beauty.
Y se sintió similarmente aflicteado cuando sus ojos cayeron en líneas como these ones: ... el high Heaven de tu

36

divinidad te fortifiquea with las estrellas y te rendea worthy
de ese deserveo que tu greatness deserva.
El pobre felo se la paseaba awakeado en las noches
en un eforte de desentrañar el meanin y make sense de
pasajes como these ones, aunque Aristotle himself, even if
él had been resurrecteado pa'I propósito, no los
understeaba tampoco. El gentleman no estaba tranquilo
-en su mente por las wounds que dio y recebió Don Belianís;
porque in spite de how great los doctores que lo trataron,
el pobre felo mus! hove been dejado with su face y su
cuerpo entero coverteados de marcas y escars. Pero daba
thanks al autor por concluir el libro with la promisa de una
interminable adventura to come. Many times pensaba
seizear la pluma y literalmente finishear el cuento como
had been prometeado, y undoubtedly él would hove done
it, y would hove succedeado muy bien si sus pensamientos no would hove been ocupados with estorbos. El felo
habló d'esto muchas veces with el cura, who era un hombre educado, graduado de Sigüenza. Sostenía largas
discusiones as to quién tenía el mejor caballero, Palmerín
of England o Amadís of Gaul; pero Master Nicholas, el
barbero del sorne pueblo, tenía el hábito de decir que
nadie could come close ni cerca to the Caballero of
Phoebus, y que si alguien could compararse with él, it had
to be Don Galaor, bró de Amadís of Gaul, for Galaor
estaba redy pa' todo y no era uno d' esos caballeros
second-rate, y en su valor él no lagueaba demasiado atrás.
En short, nuestro gentleman quedó tan inmerso en su

readin that él pasó largas noches -del sondáu y sonóp-,
y largos días -del daun al dosk- husmeando en sus libros. Finalmente, de tan pocquito sleep y tanto readin, su
brain se draidió y quedó fuera de su mente. Había llenado su imaginación con everythin que había readieado,
with enchantamientos, encounters de caballero, battles,
desafíos, wounds, with cuentos de amor y de tormentos, y
with all sorts of impossible things, that as a result se convenció que todos los happenins ficcionales que
imagineaba eran trú y that eran más reales pa' él que
anithin else en el mundo. El remarcaba que el Cid Ruy
Díaz era un caballero very good, pero que no había comparación with el Caballero de la Flaming Sword, who with
una estocada had cortado en halfo dos giants fierces y
monstruosos. El prefería a Bernardo del Carpio, who en
Roncesvalles había slaineado a Roland, despait el charm
del latter one, takin advantge del estylo que Hercules utilizó pa' strangulear en sus arms a Antaeus, hijo de la Tierra.
También tenía mucho good pa' decir de Morgante, who,
though era parte de la raza de giants, in which all son
soberbios y de mala disposición, él was afable y well
educado. But, encima de todo, él se cherisheaba de admiración por Rinaldo of Montalbán, especialmente when
él saw him sallyingueando hacia fuera of su castillo pa'
robear a todos los que le aparecían en su path, or when

lo imagineaba overseas thifeando la statue de
Mohammed, which, así dice la story, era all de oro. Y él
would hove enjoyado un mano-a-mano with el traitor
Galalón, un privilegio for which él would hove dado a su
housekeeper y su sobrina en el sorne bargain.
In efecto, cuando sus wits quedaron sin reparo, él
concebió la idea más extraña ever occurrida a un loco en
este mundo. Po' ganar más honor pa' himself y pa' su
country al sorne time, le parecía fittin y necesario convertirse en un caballero erran! y romear el mundo a caballo, en
un suit de armadura. El would salir en quest de adventuras,
pa' poner en práctica all that él readeaba en los libros.
Arranglaría todo wrong, placeándose en situaciones of
the greatest peril, and these mantendían pa' siempre su
nombre en la memoria. Como rewarda por su valor y el
might de su brazo, el pobre felo podía verse crowneado
por lo menos as Emperador de Trebizond; y pues, carriado
por el extraño pleacer que él foundió en estos thoughts,
inmediatamente he set to pul el plan en marcha.
Lo primero que hizo fue burnishear old piezas de armadura, left to him por su great-grandfather, que por ages
were arrumbada en una esquina, with polvo y olvido. Los
polisheó y ajustó as bes! él could, y luego vio que faltaba
una cosa bien importante: él had no rol closed hemleto,
but un morión o helmete de metal, del type que usaban

37

�los soldados. Su ingenuidad allowed him un remdio al bendear
un cardbord en forma de half-helmete, which, cuando lo
attacheó, dió la impresión de un helmete entero. Trú, cuando
fue a ver si era strong as to withstandear un good slashin blow,
quedó desappointeado; porque cuando dribleó su sword y
dió un copie of golpes, succedió on~ en perder una semana
entera de labor. lo f2ácil with which lo había destrozado lo
disturbó y decidió hacerlo over. This time puso strips de iron
adentro y luego, convencido de que alredy era muy strong,
refraineó ponerlo a test otra vez. lnstead, lo adoptó then y
there como el finest helmete ever.
Depués salió a ver a su caballo, y although el animal
tenía más cracks en sus hoofes que cuarers en un real, y
más blemishes que'I caballo de Gonela, which tantum pe/lis
et ossa fui/(" all skin y bones"), nonetheless le pareció al
felo que era un far better animal que el Bucephalus de
Alexander or el Babieca del Cid. El spend cuatro días
complete tratando de encontrar un nombre apropriado
pa'I caballo; porque -so se dijo to himself- viendo que
era propiedad de tan famoso y worthy caballero, there
was no rosón que no tuviera un nombre de equal renombre. El type de nombre que quería was one that would al
once indicar what caballo it had been antes de ser propiedad del caballero errant y también what era su status
presente; porque, cuando la condición del gentleman cambiara, su caballo also ought to hove una apelación famosa,
una high-soundin one suited al nuevo orden de cosas y a la
new profesión that was to follow; y thus, pensó muchos nombres en su memoria y en su imaginación discardeó many
other, añadiendo y sustrayendo de la lista. Finalmente hinteó
el de Rocinante, un nombre that lo impresionó as being
sonoroso y al sorne time indicativo of what el caballo had
been cuando era de segunda, whereas ahora no era otra
cosa que el first y foremost de los caballos del mundo.
Habiendo foundeado un nombre tan pleasin pa' su
caballo, decidió to do the sorne pa' himself. Esto requirió
otra semana. Pa'I final de ese periodo se había echo a la
mente that él as henceforth Don Ouixote, which, como
has been stated antes, forwardeó a los autores d' este trú
cuento a asumir que se llamaba Quijada y no Quesada,
as otros would hove it. Pero remembreando que el valiant

38

Amadís no era happy que lo llamaran así y nothin más,
but addirió el nombre de su kingdom y su country pa'cerios
famous también, y thus se llamó Amadís of Gaul; so nuestro good caballero seleccionó poner su placete de origen y became Don Ouixote de La Mancha; for d' esta
manera dejaría very plain su lina je y confería honor a su
country by takin su nombre y el suyo en one alone.
Y so, with sus weapons alredy limpias y su morión in
shape, with apelaciones al caballo y a himself, él naturalmente encontró que una sola cosa laqueaba: él must
seekiar una lady of whom él could enamorarse; porque
un caballero errant sin una ladylove was like un árbol sin
leaves ni frutas, un cuerpo sin soul.
"lf," dijo, "como castigo a mis sines or un stroque de
fortuna, me encuentro with un giant, which es una thing
que les pasa comunmente a los caballeros errant, y si lo
slaineo en un mano-a-mano o lo corto en two or final' '
mente, si vanquisheo y se rinde, would it not be well tener
a alguien a whom yo puedo enviárelo como un presente,
in order pa' que'I giant, if él is livin todavía, may come in
pa' arrodillarse frente a mi sweet lady, and soy en tono
humilde y sumisivo, 'Yo, lady, soy el giant Caraculiambro,
lord de la island Malindrania, who has been derroteado
en un single combate para ese caballero who never can
be praiseado enough, Don Quixote of la Mancha, el sorne
que me sendió a presentarme before su Gracia pa' que
Usté disponga as you wish?'"
Oh, cómo se revolotió en este espich nuestro good
gentleman, y más than nunca él pensaba en el nombre
that él should oferear a su lady! Como dice el cuento,
there was una very good-lookin jovencita de rancho w ho
vivía cerca, with whom él had been enamorado una vez
although ella never se dio por enterada. Su nombre er~
Aldonza Lorenzo y decidió that it was ella the one que
debía to hove el título de lady de sus pensamientos.
Wisheó pa' ella un nombre tan good como his own y que
conveyera la sugestión que era princeza or great lady; y,
entonces, resolvió llamarla Dulcinea del Toboso, porque
ella era nativa d' ese placete. El nombre era musical to his
óidos, fuera de lo ordinario y significante, like los otros
que seleccionó pa' himself y sus things.

ELOGIO DEL NEGRO
Juan Vi/loro

D erivación de la noche y sus enigmas, símbolo extremo
de maldad, elegancia o misterio, el color negro ha pasado por la historia con su doble cualidad de confundirse o
destacarse según la hora o el destino.
Aunque los ópticos aseguran que ningún otro color
otrae tanta luz, el negro suele ser emblema de las sombras ilegales. ¿Qué país lo lleva en su bandera? ¿Qué
escudo de armas se ampara en esa tinta? Sólo los piratas
se atrevieron a alzar la insignia negra. En tiempos más
recientes, la mafia declaró sus oscuras intenciones con el
grupo de la Mano Negra, los alienígenas llegaron a las
películas ataviados con corbatas negras para abducir a
estrellas terrícolas, y Hugh Hefner, dueño de Playboy y
gurú del placer como negocio, desafió las disposiciones
de lo aviación civil: su jet sería negro o no sería.
No hay coloración más eficaz para la peste, lo oculto
o la amenaza. En francés, el enemigo a ultranza es una
bestia negra; y en alemán, viajar "de negro" equivale a
viajar de polizón.
Sin embargo, en determinadas circunstancias, el negro es el non plus ultra del refinamiento. El caviar, signo
de la opulenta gastronomía, remata los canapés de faisán con su perlada negritud. ¿Y qué sería de las
sofisticadas vampiresas y de la etiqueta masculina sin las
prendas oscuras? En las novelas del XIX las viudas seductoras favorecen sombreros color "ala de cuervo", y el único traje hecho para fumar con distinción, el smoking, suele ser negro, aunque los reyes del mambo y los astros del
billar lo prefieran guinda o azul celeste.
Hay objetos que sólo se imaginan en negro: la bola 8
del billar, las valijas diplomáticas y la trágica caja donde se
graban las últimas palabras del piloto (ni siquiera el hecho,
absurdo y meramente real, de que sea color naranja, permite que se le cambie el nombre). Otras cosas mejoran al ser

excepcionalmente negras: el tulipán o el diamante. Una tercera categoría es la de los utensilios que fueron negros hasta
que llegaron las estrellas. los pianos y las limusinas antes de
liberace o Elton John, y los teléfonos antes de las divas de
Hollywood afectas a los aparatos blancos.
Hay profesiones que exigen el negro. Durante décadas, los árbitros de futbol llevaron un atuendo que simbolizaba la tenebrosa justicia que impartían en la cancha.
los mariachis, los sacerdotes, los deshollinadores y los
posmodernos también merecen el hábito negro.
En cambio, hay animales que inquietan cuando llegan
con el color sin luz. Nadie se extraña de que los cuervos
o las moscas vuelen de negro, pero los gatos negros son
fatales (a no ser que uno sea alquimista o hechicero) y los
caballos negros corren de modo inesperado.
En México, la cocina negra avanzó mucho gracias al
mole y al huitlacoche, y originó un guiso casi metafísico:
el pavo huido yucateco, que consiste en servir el relleno
negro sin el pavo.

39

�No hay que olvidar que, aunque la cerveza y el café
se han esmerado en ser oscuros, el negro mejor embotellado se llama Coca-Cola. Gaseoso talismán de la cultura de masas, la Coca-Cola tiene su fuente primigenia en
Atlanta y su fórmula secreta en una bóveda bancaria. En
los años sesenta, sus enemigos políticos hicieron escarnio
de su coloratura y se negaron a beber las "aguas negras
del imperialismo yanqui".
Y qué sería del arte sin excesos negros como el cromatismo de Ad Reinhardt o la página nocturna de Tres
tristes tigres. Cuando la literatura policiaca pactó con la
angustia existencial se volvió meritoriamente "negra" (aunque en Italia el arte de acuchillar neuróticos recibe el color amarillo). No es casual que entre los ismos del siglo
XX, Ramón Gómez de la Serna incluyera el negrismo, que
ayuda a soplar en las trompetas y hace la vida llevadera
con el blues.
En la narrativa que aborda destinos negros conviene
recordar Rojo y negro -donde Julián Sorel vacila entre la
carrera militar y la eclesiástica-, Opus nigrum, alquimia
de Marguerite Yourcenar, e Informe negro, parodia policiaca de Francisco Hinojosa.
En cuanto al rock, desde sus orígenes propuso manifiestos como "Negro es negro" o "Píntalo de negro", y no
han faltado conjuntos vestidos como fe ligreses
ultraherméticos, misas fúnebres promovidas por Block
Sabbath, portadas que semejan un trozo de noche o la
corriente dark inventada para oír con el estómago.
Buena parte de las conductas que inspira el negro
son atributo de la noche. El más sugerente de los colores
se inspira en el horario del letargo, el insomnio y las costumbres raras. La nocturnidad permite actuar con secrecía,
a tal grado que en la Nueva España se consideraba un

agravante hacer un crimen de noche. No es lo mismo
apuñalar a alguien con franqueza en la canícula del mediodía que al amparo de las sombras. El delincuente lo
era más si caía en pecado de nocturnidad. Varios siglos
después, Alfredo Bryce Echenique dio la vuelta a esta
formulación y narró la infernal lucidez del "reo de
nocturnidad", víctima del lúcido infierno del insomnio.
Los hábitos nocturnos marcan como una seña de identidad. "Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche", escribió
José Martí. A propósito de la promulgación de la independencia de la India, a las emblemáticas cero horas,
Salman Rushdie definió a su generación como "Hijos de
la medianoche". Los territorios que preservan una zona
de misterio atraen más, ya se trate de las patrias dominadas por un meridiano de sombra o de lo que nunca sucedió pero nos afecta sin remedio (la "negra espalda del
tiempo" a la que alude Javier Marías) o de lo que sólo
vemos por excepción (la "oscuridad visible" de John
Milton).
El mismo sol puede ser atributo de negritud. Al contemplar el grabado de Durero sobre el humor melancólico y
los sufrimientos provocados por la bilis negra, Gerard de
Nerval escribió el poema "El desdichado", presidido por
"el negro sol de la melancolía". A veces, el fuego arde
hacia sí mismo, con furia inversa. Para Octavio Paz, las
intensas tinieblas de Rufino Tamayo revelan los poderes
negativos de la lumbre: no son otra cosa que sol carbonizado. A veces, el negro tiene un tinte saludable: es la
noche que se desayunó al día.
Promotor de engaños e incertidumbres, el negro puede ser calumniado, pero no vencido. El ajedrez prohibió
que abriera sus partidas. Siempre compensatoria, la vida
exige que culmine las suyas.

LA CORTESÍA INÚTIL O LA REBELIÓN
Jean Tardieu
Traducci6n de Miguel Covarrubias

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PERSONAJES
El Profesor
El Estudiante
El Visitante

La escena representa el cubículo de trabajo del Profesor. A la izquierda y al fondo, sesgado, un pequeño corredor conduce a la puerta de entrada. A la derecha, en
primer plano, una mesa con libros, dos sillones y un ibis
disecado, tras los que se percibe una elevada biblioteca.

40

El Profesor conduce al Estudiante hasta la puerta y le
da las últimas recomendaciones. El Estudiante, con un
paquete de libros bajo el brazo, boina en mar¡o, escucha
con expresión de profundo respeto.

41

�EL PROFESOR, índice en alto, sentencioso.
Y sobre todo, recuérdelo, amigo mío, en el momento del
examen lo que cuenta no es lo que usted sepa ni lo que
usted comprenda, sino lo que usted es...
EL ESTUDIANTE
Sí, señor Profesor.
EL PROFESOR
Es por el ser, y solamente por el ser que usted hará su
entrada en la vida.
EL ESTUDIANTE, extremadamente serio y balbuceante.
Sí, sí, de acuerdo, señor Profesor.
EL PROFESOR
Diré más: si usted no es, usted no podría llegar a ser cualquier cosa que sea ... (Bruscamente, con indignación oratoria.)¿ Y cómo sin haberse asegurado previamente de su
propia existencia, joven altanero, osaría usted presentarse a examen para obtener un diploma de Estado? ¿Quién
saldrá fiador de su identidad sino usted mismo? Pregunto.
EL ESTUDIANTE, aterrorizado.
Yo... yo ... en efecto, me lo pregunto, señor Profesor.
EL PROFESOR, con dulzura paternal, probando así que

su cólera no era sino un ¡uego.
¡Vamos! Veo que usted postula la pregunta esencial. Es el
primer paso de la insatisfacción a la curiosidad, de la curiosidad a la búsqueda, de la búsqueda a la decepción, de la
decepción a la angustia, y... (suave) de la angustia a la desesperación. ¡Adelante, amigo mío, y buena suerte!
EL ESTUDIANTE, con entusiasmo.
¡Oh, gracias, gracias, señor Profesor!. .. Verdaderamente.. .
Como usted ... en fin ... quiero decir, gracias por todo lo que .. .
EL PROFESOR le golpeo el hombro con afectuosa con-

descendencia.
No es nada, amigo mío, no es nada. Yo quiero que usted
tenga una carrera bella y provechosa. Y recuerde bien
esta máxima: el ser es la dignidad del hombre, como el
hombre es la dignidad del ser. (Lo acompaña hasta la
puerta.} Hasta luego, adiós...
EL ESTUDIANTE
Hasta luego, señor Profesor. (El Profesor abre la puerto, el

Estudiante sale y, en la oscuridad, topa con alguien que
entra./ ¡Oh, disculpe! ... Señor Profesor, es un visitante.

42

EL PROFESOR, mo¡estuosomente.
¡Haga entrar al visitante!

{El Estudiante se ale¡a. Entra un hombre de aspecto vulgar, o
la vez desenvuelto, desdeñoso y como pensando en otra
cosa. Lleva el sombrero sobre la ore¡a y¡uega con un mano¡o de llaves. Desde ese momento, con la actitud del Profesor,
se siente que él debe encontrarse, con relación al Visitante,
en una grave situación de dependencia; sin embargo afecta
despreocupación y buen humor.}
EL PROFESOR
¡Bien, entre! Estoy encantado de verlo... (Se frota las manos.} ¿Cómo está usted? {El Visitante calla con evidente

EL PROFESOR, esforzándose por sonreír.
Perdóneme por hablar tanto de mí. ¡Un sujeto sin importancia! Es usted quien debe decirme cuáles son sus impresiones, si está contento en esta ciudad, lo que piensa hacer ... Hable, estaré encantado de escucharlo ... {El Visitante mira con aire distraído.} No podría creer hasta qué
punto me interesa todo lo concerniente a usted. ¿La modestia le impide hablar? Sí, el pudor de las almas nobles... Pero, se lo ruego, considéreme su amigo y hágame
el honor de confiar completamente en mí.
ELVISITANTE, brutal.
A na-die le in-te-re-so.

insolencia e inspecciona indolentemente lo habitación.)
Ya lo dije, ¿cómo está usted? Quizás no me ha escuchado...
EL VISITANTE, alzando los hombros.
Sí, perfectamente.
EL PROFESOR
De acuerdo, de acuerdo. Así pues, su salud es buena. Es
un gusto para mí saberlo. Vamos a pasar un agradable
momento conversando... Pero hágame el favor, siéntese
aquí. .. (El Visitante se queda de pie./ ¿No? ¡Tanto peor!
Como usted quiera. Comprendo: sin duda viajó sentado
durante largo tiempo y prefiere desentumir las piernas. Bien,
perfecto, perfecto, como usted guste. En cuanto a mí, he
tenido un día muy fatigoso, permítame sentarme. {Se sienta.) Sí, la enseñanza es una buena profesión, pero muy
agotadora, ¿no le parece? (Alegre./ La recompensa: el
respeto que le demuestran los mejores de ellos, sí, los más
traviesos igual, eso es...
EL VISITANTE, apuntando su índice hacia el cuello del

Profesor.
Ahí...
EL PROFESOR
¿Eh, eh, qué pasa allí?

EL PROFESOR, que comienza a sentirse incómodo y por

eso se torna más amable.
Oh, vamos. Es usted quien lo dice... pero yo pienso: ¿quizá desearía usted tomar alguna cosa: un bizcocho, dos
dedos de oporto? Voy a llamar a mi mujer... (Se levanta.}
EL VISITANTE, de pronto risueño.
¡Tiene usted mujer! ¡Ah, por ejemplo! (Ríe con crueldad.)
¡Ah, ah, una mujer! ¡Ah, no... eso es inapreciable!

¿Quieres saberlo?
EL PROFESOR, aterrorizado y retrocediendo hacia la iz-

quierda.
Sí, sí, quiero...
EL VISITANTE, más y más amenazante.
¿Quieres saberlo, dices? Bien, ¡aquí lo tienes! {Feroz, le

do tres o cuatro bofetadas violentas con la palma y el
dorso de la mono. El Profesor se desploma derribando la
mesa y los libros. El Visitante retoma la colma como si
viniera a cumplir un penoso pero necesario deber y se
vuelve hacia el público. Con gravedad.) No voy a explicarles esta historia. Sin duda sucedió muy lejos de aquí,
en el trasfondo de un mal recuerdo. Desde allí vengo yo
para advertirles y convencerlos. (En voz ba¡a, un dedo
sobre los labios.} ¡Chit! Alguien duerme y podría escucharme... Volveré ... (Se ale¡a sobre la punta de los pies./
mañana.
Telón.

EL PROFESOR, muy turbado, pero empeñado en mante-

nerse amable.
Exactamente. ¡Tengo mujer! La más abnegada, la más
exquisita, la más ...
ELVISITANTE, seco.
Es suficiente.
EL PROFESOR, en un arranque de fiereza.
Pero, en fin, señor, ¿qué juego juega usted conmigo? ¿Qué
significa su actitud hacia un hombre de mi condición y de
mis méritos? {Se irrita.) ¿Sabe usted que tiene que
habérselas con un profesor reputado, que vive rodeado
de la estimación de sus colegas, del respeto de sus alumnos, del afecto de los suyos? Empiezo a descubrir...
EL VISITANTE, irónico y amenazante, y como si comenza-

EL VISITANTE, articulando apenas, con desdén.
Su corbata ... al revés...

ra a interesarse en la conversación.
Ah, ¿empieza a descubrir?

EL PROFESOR, arreglando su indumentaria.
Oh, perdón. Perdóneme. Hablo, hablo y no me doy cuenta de ...

EL PROFESOR
Perfectamente: empiezo a encontrar su actitud singularmente ofensiva. En fin, ¿qué quiere usted de mí?

EL VISITANTE, misma actitud.
No tiene importancia ... por el momento.

EL VISITANTE se levanta de golpe y se planta delante de
las narices del Profesor.

Trayectorias
REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

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primer piso, Av. Alfonso Reyes 4000 norte, C. P. 64000,
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y Fax: 8329 4126
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Página en interne!:
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43

�15 DE JULIO DE 2003
Gabriel Contreras

El 17 de ¡ulio de 2003, fue publicada por REFORMA esta nota, firmada por mí, en la que se
daba constancia de un acontecimiento doloroso y definitivo. Pocas palabras para una despedida que sigue resonando en el ámbito de nuestra narrativa latinoamericana.

LJ

na pequeña tarjeta con lo imagen de uno barco navegando, en la que se lee: "Roberto Bolaño Ávalos. Murió
en Barcelona el 15 de julio de 2003 o los 50 años", junto
o unos versos de Borges: "Sólo uno cosa no hay. Es el
olvido", fue entregada al centenar de familiares y amigos
que despidió al escritor chileno, fallecido el lunes 15 a
causa de una insuficiencia hepática.
los cenizas de Bolaño, muerto a los 50 años, se esparcirán sobre el Mediterráneo, según su deseo, cerca
de la localidad de Blanes, donde residía desde 1977
Durante la ceremonia loica realizada en el cementerio de
les Corts, el escritor argentino Rodrig.o Fresón, el crítico
español Ignacio Echevarría y el editor catalán Jorge Herralde leyeron textos en homenaje al autor de los detectives salva¡es. Fresón recordó uno de los mensajes que

44

Bolaño le envió, donde decía: "No sé cómo hay escritores que todavía creen en lo inmortalidad literaria. Me don
ganas de abofetearlos paro que reaccionen y salven su
vida". Bolaño, afirmó, vivía apasionadamente sus propias
historias, al grado de despertarlo en la noche para confesarle crímenes que jamás había cometido y que eran meras
bromas, como diría, "infrarrealistas". Durante la ceremonia, Jorge Herralde, quien no pudo terminar su discurso a
causa de la emoción, destacó la actitud "estoica, altivo y
desafiante" de Bolaño, enfermo desde hacía 10 años.
"Esta conciencia de la muerte, dijo, lo ató más fuerte a la
- litefotura,-llevándolo a escribir hasta el último momento.
luchó por la literatura hasta la muerte".

Hace un año que no contamos más con Roberto, y hace
un año que sus lectores lo extrañamos de todo corazón.

AUTORRETRATO

1

Roberto Bolaño

Nací en 1953, el año en que murió Stalin y Dylan Thomas. En 1973 estuve ocho días detenido por los militares
golpistas de mi país y en el gimnasio en donde tenían a
los presos políticos encontré una revista inglesa con un
reportaje fotográfico de la casa de Dylan Thomas en
Gales. Yo creía que Dylan Thomas había muerto pobre y
la casa me pareció magnífica, casi como una casa encantada en medio del bosque. No había ningún reportaje sobre Stalin. Pero esa noche soñé con Stalin y Dylan
Thomas: ambos estaban en un bar de Ciudad de México, sentados a una mesa pequeña y redonda, una mesa
para echar un pulso, pero ellos no echaban un pulso sino
que competían para ver quién de los dos aguantaba más
bebiendo. El poeta galés bebía whisky y el dictador soviético vodka. A medida que el sueño transcurría, sin embargo, el único que parecía cada vez más mareado, cada
vez más al borde de la náusea, era yo. Eso por lo que
respecta a mi nacimiento. Por lo que respecta a mis libros
debo decir que he publicado cinco poemarios, un volumen de cuentos y siete novelas. Mis poemas casi no los
conoce nadie, lo que probablemente esté bien. Mis libros de prosa tienen algunos lectores fieles, lo que probablemente sea inmerecido. En Conse¡os de un discípulo de
Morrison a un fanático de Joyce (1984, escrita en colaboración con Antoni García Portal, hablo de la violencia.
En La pista de hielo (1993), hablo de la belleza, que dura
poco y cuyo final suele ser desastroso. En la literatura
nazi en América (1996), intento una aproximación, muy
modesta, al mal absoluto. En Los detectives salva¡es (1998),
hablo de la aventura, que siempre es inesperada. En Amuleto (1999), procuro entregar al lector la voz arrebatada
de uno uruguayo con vocación de griego. Omito mi tercero novela, Monsieur Pain, cuyo argumento es indescifrable. Aunque vivo desde hace más de veinte años en
Europa, mi único nacionalidad es lo chilena, lo que no es
ningún obstáculo para que me sienta profundamente español y latinoamericano. En mi vida he vivido en tres países: Chile, México y España. He ejercido casi todos los

oficios del mundo, salvo los tres o cuatro que alguien con
cierto decoro se negará siempre a ejercer. Mi mujer se
llamo Carolina lópez y mi hijo loutaro Bolaño2. Ambos
son catalanes. En Cataluña, también, aprendí el difícil arte
de lo tolerancia. Soy mucho más feliz leyendo que escribiendo.
Notas:
Este texto y el siguiente formen parte del libro Entre paréntesis. Ensayos,
artículos y discursos (1998-2003), que próximamente publ!coró la editorial Anagrama.
2 Con posterioridad o lo redacción de este texto, en marzo de 2001,
nació Alexondro, la segundo hijo de Coralino y Roberto. (N. del E.)

45

�¿QUIÉN ES EL VALIENTE?
Roberto Bolaño

Los libros que más recuerdo son los que robé en México
DF, entre los dieciséis y los diecinueve años, y los que
compré en Chile cuando tenía veinte, en los primeros meses
del golpe de Estado. En México había una librería extraordinaria. Se llamaba Librería de Cristal y estaba en la
Alameda. Sus paredes, incluso el techo, eran de vidrio.
Vidrio y vigas de hierro. Examinada desde fuera, parecía
imposible poder robar un libro allí. Sin embargo, la tentación de ha&lt;=:er la prueba pudo más que la prudencia y al
cabo de un tiempo lo intenté. El primer libro que cayó en
mis manos fue un pequeño tomo de Pierre Louys, con hojas delgadas como papel de Biblia, no sé ahora si Afrodita
o las canciones de Bilitis. Sé que tenía dieciséis años y
que Louys se convirtió en mi maestro durante algún tiempo. Después robé libros de Max Beerbohm (El hipócrita
feliz), de Champfleury, de Samuel Pepys, de los hermanos Goncourt, de Alphonse Daudet, de los mexicanos Rulfo
y Arreola, que entonces estaban, a su manera, activos, y
que por lo tanto era factible que hasta yo me los pudiera
encontrar una mañana cualquiera en la abigarrada avenida Niño Perdido, una avenida que los mapas que hoy
tengo del DF me escamotean, como si Niño Perdido sólo
hubiera existido en mi imaginación o como si la calle, con
sus tiendas subterráneas y con sus espectáculos, se hubiera, efectivamente, perdido, tal como me perdí yo a los
dieciséis años. De esas brumas, de esos asaltos sigilosos,
recuerdo muchos libros de poesía. Libros de Amado Nervo,
de Alfonso Reyes, de Renato Leduc, de Gilberto Owen,
de Huerta y de Tablada, y de poetas norteamericanos,
como El general William Booth entra en el paraíso, del
gran Vachel Lindsay. Pero fue una novela la que me sacó
y me volvió a meter en el infierno. Esta novela es la caída,
de Camus, y todo lo que concierne a ella lo recuerdo
como atrapado en una luz espectral, luz de atardecer
inmóvil, aunque yo la leí, la devoré, iluminado por aquellas
mañanas privilegiadas del DF, que son o que eran de una
luminosidad roja y verde cercada por ruidos, en un banco
de la Alameda, sin dinero y con todo el día, es decir con
toda la vida, a mi disposición. Después de Camus todo

46

cambió. Recuerdo el ejemplar: era un libro de letras muy
grandes, como un primer abecedario, de pocas páginas,
de tapas duras, con un dibujo horrendo en la portada, un
libro difícil de sustraer y que no supe si ocultar bajo la
axila o en la espalda, pues no se amoldaba a mi americana de estudiante cimarrero, y que al final saqué a vista
y paciencia de todos los empleados de la Librería de
Cristal, que es una de las mejores formas de robar y que
había aprendido en un cuento de Edgar Allan Poe. A partir
de entonces, de aquella sustracción y de aquella lectura,
pasé de ser un lector prudente a ser un lector voraz, y de
ladrón de libros me convertí en atracador de libros. Quería leerlo todo, que, en mi simpleza, equivalía a querer o
a intentar descubrir el mecanismo hecho de azar que había llevado al personaje de Camus a aceptar su atroz
destino. Contra todas las predicciones, mi carrera de atracador de libros fue larga y provechosa, pero un día me atraparon. Por suerte, no fue en la Librería de Cristal sino en la
Librería del Sótano, que está o estaba enfrente de la Alameda, en la avenida Juárez, y que como su nombre indica era
un sótano de proporciones considerables en donde se amontonaban relucientes las últimas novedades llegadas de Buenos Aires o de Barcelona. Mi detención fue ignominiosa.
Parecía como si los samuráis de la librería hubieran puesto
precio a mi cabeza. Amenazaron con expulsarme del país,
con propinarme una madriza en el sótano de la Librería del
Sótano, lo que a mí me sonó como si aquellos neofilósofos
hablaran entre ellos de la destrucción de la destrucción, y al
final, tras una larga deliberación, me dejaron en libertad, no
sin antes apropiarse de todos los libros que yo llevaba, entre
los que estaba la caída, ninguno de los cuales había robado allí. Poco después me marché a Chile. Si en México hubiera podido encontrarme a Rulfo y Arreola, en Chile me
pudo pasar lo mismo con Parra y Lihn, pero creo que al ún~
co que vi fue a Rodrigo Lira caminando aprisa una noche
que olía a gases lacrimógenos. Después vino el golpe y tras
éste me dediqué a recorrer las librerías de Santiago como
uno forma barata de conjurar el aburrimiento y la locura. A
diferencia de las librerías mexicanas, las de Santiago care-

cían de empleados y eran atendidas por una sola persona,
casi siempre el dueño. Allí compré la Obra gruesa y los Artefactos, de Nicanor Parra, y los libros de Enrique Lihn y de
Jorge Teillier que no tardaría en perder y cuya lectura resultaría crucial; aunque crucial no es la palabra: esos libros me
ayudaron a respirar. Pero respirar tampoco es la palabra. De
mis visitas a esas librerías recuerdo sobre todo los ojos de los
libreros, ojos que a veces parecían los ojos de un ahorcado
y a veces estaban velados por una tela como de legañas y
que ahora sé que era otra cosa. No recuerdo, además, 1ber visto nunca librerías más solitarias. Allí no robé ningún
libro. Eran baratos y los compraba. En la última que visité, el
librero, un hombre de unos cuarenta años, alto y flaco, me
dijo de sopetón mientras yo revisaba una hilera de viejas
novelas francesas si me parecía justo que un autor recomendara sus propias obras a un condenado a muerte. El tipo
estaba de pie en un rincón, llevaba sólo una camisa blanca
arremangada hasta los codos y tenía una nuez prominente
que le temblaba al hablar. Le contesté que no me parecía
justo. ¿De qué condenados a muerte estamos hablando?,

dije. El librero me miró y dijo que él sabía, fehacientemente,
de más de un novelista capaz de recomendar sus propios
libros a un condenado a muerte. Después dijo que hablábamos de lectores desesperados. Soy el menos indicado para
decirlo, dijo, pero si no lo digo yo, no lo diría nadie. ¿Qué
libro regalaría usted a un condenado a muerte?, me preguntó. No sé, dije. Yo tampoco lo sé, dijo el librero, y me parece
terrible. ¿Qué libros leen los desesperados? ¿Qué libros les
gustan? ¿Cómo se imagina usted la sala de lecturas de un
condenado a muerte?, dijo. No tengo ni idea, dije. Es normal, es usted muy joven, dijo. Ydespués: es como la Antártida.
Pensé en el final de Arturo Gordon Pym, pero preferí no decir
nada. A ver, dijo el librero, ¿quién es el valiente capaz de
poner sobre el regazo de un condenado a muerte esta novela? Levantó un libro que había gozado de cierta fama y
luego lo arrojó sobre una espuerta. Le pagué y me fui. Al
darle la espalda el librero no sé si se rió o se puso a llorar.
Cuando gané la calle le oí decir: ¿Quién es el gallito capaz
de semejante hazaña? Y luego dijo algo más, per~ no entendí sus palabras.

47

�PIES CALIENTES CABEZA FRÍA
José Eugenio Sánchez

EL CABALLO PARDO
Yordán Radíchkov
Traducci6n de Reyrwl Pérez

chucho fino extremo izquierdo hábil y caracolero
de los que ya no hay
corre hacia el banderín de comer
y orina
el colegiado le muestra la primera tarjeta del partido
chucho orina al árbitro
al árbitro suplente
al inspector autoridad
el botiquín
a los hinchas del santos
y el resto de la fanaticada lo vitorea
chucho chucho oe oe oe
el juez exige garantías
uno de los directivos del rival prueba los orines
y exige por fax que lo fifo intervenga
rumora un caso de dopaje
los compañeros y el entrenador intentan colmar a chucho
y chucho orina a los abanderados
a los comentaristas fotógrafos aguador médico porristas
psicólogo del equipo
los siete pelotos oficiales en el terreno no botan ni a los tobillos
los ultras se desgañitan celebrando ese once que se atreve
y alegre inventa una cascada en los rincones
y amenazo con orinar la vitrina de trofeos
de lo selección brasileña
y argentina y uruguaya y paraguaya también
qué noche
chucho fino extremo izquierdo hábil y caracolero
de los que ya no habrá (por recomendación de concacaf)
con gafos oscuras como si hubiera volado un penal
y borracho como si lo hubiera metido
camina por el boulevord

H asta la aparición del caballo pardo ninguno de nosotros
había aprendido a montar. En el pueblo existían muy pocos
caballos; si alguien se hacía de algún caballo y un corro,
conservaba el caballo todo un año, lo vendía, y abandonaba el corro bajo algún cobertizo. Durante las lluvias de otoño sobre los asientos se acurrucaban gallinas tristonas, las
llantas y los muelles se cubrían de herrumbre, la piel de las
guarniciones se agrietaba e iba haciéndose pedazos. En
Tódorovden I reunían tres o cuatro caballos para competir
en las correros en los prados de Asánovitsa o Chilibínitsa;
eran los caballos de Vancho, de Srebra, de Spas L~ov (un
año sus caballos fueron robados por unos cuatreros), de Mito,
de Evo y de Guiora, cuya yegua flaca se llamaba Todorini
Kukli. La participación de Guiora en aquellas carreras de
caballos fue breve, los juegos de azar eran su debilidad,
primero perdió a Todorini Kukli en una apuesta, y luego se
arruinó a sí mismo. El único que no competía era el caballo
de Sondo Toshin, con él sólo transportaba gente, y en verano llevaba a las ancianas a los baños termales de Varshets2;
luego las recogía e iba con ellas de pasada al Monasterio
de Klisura para que encendieran velas y rezaran porque el
pueblo carecía de iglesia y no había dónde prender una vela
o elevar oraciones a Dios. Mes tras mes, las ancianas -bañadas y limpiecitas- andaban por el pueblo cubiertos con
pañoletas y pañuelos; no fueran a pescar, sin quererlo, un
resfriado después del baño. Eran las más pulcras y tiernas
viejecitas con las que me haya topado en toda mi vida.
En el pueblo criábamos principalmente búfalos y una raza
de vacas menudas, éstas se trepaban en las colinas como
unas cobras. Nuestros búfalos eran famosos, robustos, bien
criados; si de un pueblo a otro había que transportar una
máquina locomóvil o una trilladora, venían a cerrar trato para
llevárselos; tres yuntas eran suficientes para arrastrar la má-

quina locomóvil, tiraban de ella con fuerza como unos remolcadores. Los búfalos más viejos eran los más mansos; en
ellos aprendimos a montar cuando éramos niños, yo fuera
cuando pastaban en los prados, o en verano cuando se
hallaban a la sombra en los profundos remansos del río. Así
fue hasta la aparición del caballo del cuerpo de intendencia
militar.
Tiempo después del nueve de septiembre de 19443 en
nuestro pueblo se acantonó un cuerpo de intendencia militar
ruso. En realidad se trataba de ucranianos de cabezas rubio
paja, no del todo jóvenes, en su mayoría gente de las estepas ucranianas; se interesaban por todo tipo de aperos de
labranza, por el arreglo del hogar, los enseres domésticos y
los animales de corral; al hablar resaltaba su sonido blando
de la "j" y la "i"4 , y sus ojos eran artificiosamente azules (si se
mirara en ojos semejantes, podría echarse un vistazo hasta
el fondo mismo del alma). El cuerpo de intendencia militar se
quedó una semana y tan de improviso como llegara, inundando durante algunos días el pueblo con relinchos de caballos y un idioma suave y vago, uno noche partió del mismo modo. Por todos lados en patios y calles iban y venían
sin cesar lámparas de petróleo, el cuerpo de intendencia se
despidió de sus anfitriones y en cuanto los carros empezaron a rodar traqueteantes, en la oscuridad se dejó oír un
acordeón, voces masculinas entonaron una canción para
seguirlo, las lámparas de petróleo permanecieron inmóviles
en las manos de los lugareños, tras las lámparas la oscur~
dad era densa y espesa. El ruido de los coseos y las llantas
metálicas se alejaba cada vez más, el relinchar de los caballos y la canción de los hombres se debilitaban poco a poco
y a duras penas alcanzaba a oírse al acordeón respirar con
su fuelle de piel. Después las tinieblas lo absorbieron todo,
bulleron de nuevo las lámparas, la gente regresó a sus casas

49

�y creo que cada cual se llevó consigo un puñado de recuerdo del cuerpo de intendencia militar que se había presentado ton repentinamente para luego desaparecer de súbito.
De aquellos años infantiles en mí también quedó un grano
de recuerdo. Dejó brotar su germen pero sin crecer, no se
cubrió de hojas, tampoco floreció, asentándose en mi alma
como un punto minúsculo. Años más tarde me topé con el
texto "El ucraniano del acordeón blanco", del poeta lván
Davídkov5, y sentí en mi alma que el grano del recuerdo continuaba vivo. lván Davídkov es de un pueblo vecino, nuestros
pastizales colindan con los suyos; aunque de hecho lo ignoro, es muy probable que durante la guerra también en su pueblo se haya acantonado un convoy militar de ucranianos. En
todo caso, el poeta, el ucraniano y el acordeón blanco penetraron en el alma y allí permanecieron sosegados, en eso
penumbra humana, como una mancho luminosa.
Hace algunos años una tormenta arrancó una barcaza
militar de las costas orientales de Siberia y con tres jóvenes
soldados a bordo anduvo errando por el Océano Pac~ico
durante semanas hasta topar con una nave salvavidas. Vivos
de milagro, los muchachos contaron que se habían salvado
gracias al fuelle de un acordeón que habían cortado en tiras
y puesto a remojar en el océano para que la piel se ablandara, habían masticado aquellas tiras de piel y entretenido
con ellas el hambre. Aquel acontecimiento y el acordeón
devorado resucitaron de nuevo la imagen del cuerpo de
intendencia militar que desaparecía en lo oscuridad, el ruido
de los cascos y las ruedas, lo canción varonil y sofocada y el
acordeón que o duras penos lanzaba sus suspiros. Lo que
no logro recordar es si en la canción el ancho Dniéper gemía o lloraba a gritos, o si el cuerpo de intendencia cantaba
alguna otra melodía. Era muy pequeño entonces, no podía
distinguir las canciones unas de otras. Pero eso no tiene importancia alguna, lo más valioso es que esos sonidos hasta
hoy permanecen vivos y continúan resonando.
El cuerpo de intendencia partió, al amanecer el pueblo
parecía vacío; no se veían caballos atados de las bridas o
los postes ni soldados de cabezas pajizas y ojos azules
llevándolos al abrevadero, en ningún lado se oían relinchos.
Poco a poco los búfalos, pesados como remolcadores, desembocaron en las calles a mordisquear la grama; resoplaban, lanzaban miradas sanguinarias y a veces hinchaban
sus estentóreas trompetas de Jericó. El olor a botas de cabritilla de los soldados y a sudor de caballo se desvaneció
paulatinamente, el pueblo se acomodó de nuevo en su nidal
y se puso a esperar el invierno. El granito de recuerdo permaneció sosegado en su nidal de la misma manera, se ocultó allí, en más de tres décadas no pereció, pero tampoco
brotó.
El otoño pasado erré por todo el país, la estación fue

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seca y prolongada, hasta cierto punto me hacía recordar el
otoño de 1944. Semana tras semana los árboles se desvistieron. Si me anochecía en algún poblado de la montaña,
oía el viento barrer la hojarasca de los Balcones y arrastrarla
por las calles del lugar; si pasaba por el campo, me detenía
a mirar de qué modo en la punta de un álamo cualquiera
permanecía una sola hoja, dudando en caer de una vez por
todas a tierra o continuar allí; de vez en cuando llegaba a
divisar una corneja abatida, posada en un árbol completamente desnudo y vacilando a su vez en emprender el vuelo
o seguir en su puesto. También habré avistado una urraca,
inmóvil sobre un peral silvestre, sin echarse a volar hacia a~
gún rumbo, porque en ningún sitio había carroña. En algún
prado que las ovejas han devastado, estarán flameando las
llamas lila azulenco del cólquico. Toda la naturaleza se hallaba seca y reducida a cenizas, permanecía igual durante
semanas, como si vacilara en ponerse en marcha o aguardara a que algo sucediera. Lo que habría de ocurrirle llegaría desde arriba: la primera nevada.
Y así, semana tras semana, al vagar entre la naturaleza
deshojada y detenerme aquí y allá ante un cólquico, empezaba a sentir que aquel grano, apenas del tamaño de un
punto, comenzaba a brotar, el recuerdo del cuerpo de intendencia se volvía más visible y cierto símil del cólquico abría su
pálida corola. Ni uno sola vez alcé la mano para arrancar
esa flor melancólica, puesto que aparece furtivamente entre
la tierra helada para recordar algo al hombre o para contar y
advertir sobre alguna cosa. En tales casos uno puede echar
mano de su cajetilla de cigarros y escribir encima que todo
aquello aconteció después de lo partido del convoy militar y
cuando en los prados comenzaba a Aorecer el cólquico. Si
los cigarrillos han sido consumidos y la cajetilla arrojado con
negligencia en el comino, cualquier otro día uno vuelve o
echar mono de su cajetilla de cigarros paro escribir que aquello
aconteció cuando el cólquico estaba floreciendo.
Así pues, aquello sucedió en la temporada del cólquico.
Lo Segundo Guerra Mundial retumbaba distante en
Occidente, cado mañana lo campanillo de lo escuela llamaba a los niños o clase, lo época de la vendimia había
posado, en los sótanos el vino se amotinaba en las barricas,
membrillos de mofletes ambarinos se habían mezclado con
los macetas de geranios colocadas en los ventanos y miraban al exterior paro ver quién podría posar por la calle.
Posó la primera pañoleta negro, la primera noticio negra de
la primero fase de lo primera Guerra Patrio. El maestro nos
envió a desenterrar cólquico con todo y bulbo. Armados de
binadores de modera nos dirigimos a Chilibínitsa, donde se
llevaban o cabo las competencias con los caballos del pueblo durante la primavera. En el lugar vimos numerosas plantos, eran uno verdadero multitud, el prado aparecía total-

mente lila. Entre el cólquico descubrimos un caballo pardo.
"¡Un caballo! ¡Un caballo!", se pusieron o gritar los chicos
más grandes que habían repetido cursos, y se precipitaron
hacia él. Nosotros fuimos tras ellos.
El caballo no prestó atención alguna a los gritos, pues
permanecía en medio del cólquico como si estuviera clavado. Cuando nos acercamos del todo ni siquiera nos miró,
mantenía la cabezo inclinada y pestañeaba desmañadomente. Inclusive no agitó lo cola. Conocíamos los pocos
caballos del pueblo, no ero de allí. En una de los patas tenía
uno herida sin cicatrizar, unos estrías blancos causados por
el roce se distinguían en su lomo y en los ijares pardos. El
más valiente de los muchachos se aventuró y dio al caballo
unas palmaditas en el cuello, el animal balanceó su cabezo,
movió los orejas, el chico lo palmeó también en el lomo y lo
acarició paro luego montarlo. El caballo dio algunos pasos
y se detuvo. Entonces todos nos amontonamos a su alrededor, cada quien quería tocarlo, darle unos palmados, los
más impacientes se empujaban unos a otros, empeñados en
montarlo. El caballo resultó ser muy manso y dócil. Permitió
que todos lo montáramos, daba algunos posos con su nuevo jinete y se detenía. Debo confesar que en aquel otoño
hasta el último de nosotros montaba por primera vez un caballo, y aunque el animal caminara con lentitud y cojeara,

en nuestra imaginación iba a galope tendido atravesando
el prado cubierto de cólquico.
Por más que miramos en derredor a nadie vimos, ni el
carro desenganchado, tampoco escuchamos el ruido de hacha alguno que llegara del bosque cercano, pues nos preguntábamos unos o otros si no se trotaba del caballo de algún leñador que hubiera venido o cortar leño y dejado su
cabalgadura pastando en el prado ... Terminamos de sacar
cólquicos y regresamos al pueblo, el caballo se quedó en
Chilibínitsa.
Al día siguiente se hallaba de nuevo en el mismo lugar,
sólo que se había vuelto de cara al pueblo, como si aguardara a que alguien surgiera en esa dirección: aparecimos
nosotros. Algunos de los muchachos llevaban en sus bolsillos
pan y bramantes, primero dieron el pan al caballo, luego le
ataron el bramante al cuello y cuando uno de nosotros lo
montaba, por lo menos dos tiraban del bramante y los otros
lo hacían avanzar con unas varitas; de este modo el que iba
montado, aferrándose con ambas manos o las crines, podía
cabalgar por todo el prado. Después se cambiaba de jinete
hasta llegar al último de los chicos. Había muchos gritos,
eran gritos de exaltación, cada cual exclamaba "¡Arre!", y
cuando un día o dos más tarde vinieron también los chicas a
ver el caballo pardo para convencerse con sus propios ojos

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�qué loca carrera podía tocarles en suerte, entonces la fiesta
fue completa. Se entonaba todo tipo de canciones, en especial de soldados, ya que en los lluviosos otoños tardíos, durante las maniobras que se efectuaban en dicha estación,
cada uno de nosotros había visto pasar por el pueblo el
regimiento de caballería de la ciudad. En época de lluvias,
en el pueblo el lodo llegaba hasta las rodillas; entre el barro,
empapados por la lluvia, marchaban los soldados; el vapor
escapaba por los ollares de los caballos, las sillas de montar
chirriaban, sobre ellas se balanceaban soldados grises y se
propagaba una canción varonil que hacía temblequear las
ventanas. La lluvia y la niebla ocultaban el regimiento de
caballería que iba retirándose del pueblo, un jinete rezagado o algún correo pasaba cabalgando en solitario a través
del fango reblandecido y los cristales de las ventanas resonaban una vez más. Y así, montábamos el desconocido
caballo como si fuéramos parte del regimiento, e igual a
mensajeros rezagados galopábamos uno a uno afanándonos por alcanzar con nuestra cabalgadura al regimiento de
las maniobras de otoño.
Un día en el prado aparecieron unos hombres armados
de escopetas. Salieron del bosque y se encaminaron directo
hacia el caballo. Nosotros pensamos que el animal era suyo,
le quitamos el bramante del cuello y nos pusimos a esperar a
ver qué ocurría. Los adultos no llevaban prisa, caminaban
despacio por el prado y fumaban. Había una calma absoluta, el humo azul de los cigarrillos marchaba junto con ellos y
sus escopetas. Al aproximarse los reconocimos. Era gente del
pueblo que había organizado una batida para exterminar
unos perros vagabundos. En aquellos años merodeaban el
pueblo, en tiempos de rabia se reunían en manadas y se
volvían peligrosos; podía darse el caso de que atacaran a
alguna persona. En ocasiones también nosotros íbamos a
perseguir aquellas manadas de perros vagabundos y les lanzábamos piedras, pero sin alejarnos demasiado del pueblo.
Los hombres observaron a la bestia, uno de ellos entendía de caballos y señaló que ese animal no viviría mucho,
pues carecía de dientes para pastar, que estaba quedándose ciego y tenía una herida en el hueso y el hueso del caballo jamás se restablece. Se esforzó por ponerlo en movimiento, lo montó, trató de espolearlo y el caballo, doblando el
cuello con grandes esfuerzos, se puso a trotar; luego de algunos pasos se detuvo e inclinó la cabeza. Al desmontar, el
individuo declaró al resto de los hombres que además de
todo lo anterior, el caballo tenía asma equina, puesto que al
ir galopando dejaba oír golpes ahogados en las ijadas.
Permanecíamos en silencio, amontonados, y absorbíamos
cada palabra. El conocedor agregó que aquel caballo era
de la intendencia y que lo habían abandonado porque no
podía continuar. "Estos caballos por lo general los dan a los

52

leones -subrayó una vez más el entendido-, pero aquí no
los hay". Nos advirtió que no hiciéramos sufrir al animal y
que no lo fatigáramos demasiado, quizá había posibilidades de que se recuperara y fortaleciera, luego de que los
del cuerpo de intendencia le habían extraído las herraduras
para dejarlo en libertad en medio del prado.
Los hombres partieron rumbo al pueblo, nosotros permanecimos de pie, sin movernos; mirábamos ora el caballo, ora
el bosque, empezarnos a entristecernos por ese penco, el
bosque comenzó a parecernos hostil. Una bandada de cornejas pasó volando, extrañamente su graznido nos sonó lúgubre, guardamos silencio y así nos encaminamos al pueblo. Si
alguien se volvía o echaba un vistazo por encima del hombro, podía ver inmóvil entre el prado al caballo que había
inclinado la cabeza como si estuviera atado a unas riendas
invisibles y esperara con tranquilidad el anochecer. Rumbo al
pueblo se oían balidos de oveja, ruido de campanillas y perros que ladraban; una voz de mujer gritaba a alguien, un
humo apacible se elevaba en espirales por encima de las
chimeneas de las casas y sin habernos puesto de acuerdo,
apresuramos el paso... Nos dimos prisa por llegar a casa.
No lo pensé entonces, pero ahora, al escribir esto, pienso en
qué soledad habíamos dejado al caballo del cuerpo de intendencia entre el cólquico del prado. El consejo municipal
verificó si la cabalgadura abandonada por el cuerpo de intendencia podía ser tomada para las necesidades de la comunidad y terminó por desistir. Su destino quedó enteramente
en nuestras manos; dejamos de montarlo aunque le seguimos
siendo fieles, y si no todos los días, íbamos a verlo a menudo.
A veces lo encontrábamos vuelto hacia el camino y afanándose por ver algo allí a través de sus ojos cegatos. Por el camino
nada extraordinario podía verse, excepto algunas carretas de
búfalos cargadas de grano para el molino. Los astados remo~
cadores negros halaban con lentitud los carros, sobre los costales de grano permanecían sentados cinco o seis labradores;
en las postrimerías del otoño, antes de que cayeran las nevadas, iban a moler trigo en los molinos molturadores de vapor.
El caballo podía estar durante horas prestando oídos a algo,
se animaba sólo con el ruido de los carros, iba enflaqueciendo día tras día y una ocasión nos sorprendimos mucho al verlo
echar hacia atrás la cabeza y relinchar. Aquello fue a causa
de una explosión en las canteras. El caballo se dio vuelta y
aguzó el oído en dirección a esas explosiones, hizo intentos
de pegar un salto con sus patas delanteras, pero sin conseguirlo, golpeó pesadamente con sus cascos en la tierra para
luego relinchar repetidas ocasiones.
El cólquico empezó a desaparecer paulatinamente, bullían las blancos neblinas otoñales, la naturaleza se recogía
cada vez más en sí misma, corno si estuviera en un lecho de
muerte. También nuestro caballo empezó poco a poco a

desaparecer entre las neblinas, o iba cerca del bosque, o se
mudaba o un recodo inclinado del prado, había allí un barranco donde corría el aguo. Otras veces lo descubríamos
bajo el cobertizo ruinoso al lado de la huerta, caminaba
pausado y tanteaba con el hocico los puntales de madera
del cobertizo. Durante el verano allí había permanecido atado un caballo; el extenuado animal tanteaba con la jeta y
aspiraba el olor que dejara la brida. Si por el camino pasaba un cabriolé o un carretón y los caballos lo advertían, se
ponían a relinchar y pasaban de largo; la bestia alzaba la
cabeza desde el prado paro mirar con sus ojos ciegos hacia una dirección indeterminada, después se volvía al lado
contrario y se quedaba inmóvil largo rato sin saber si alguien
lo estaba llamando. ¿Quién podría decir qué había en la
cabezo de un viejo y agobiado caballo, abandonado por
el cuerpo de intendencia en mitad del camino?
Un día el caballo se esfumó.
Al día siguiente no apareció en el prado, al tercero tampoco. Al anochecer nevó y estuvo soplando un viento del
este, por la mañana todo estaba cubierto de blanco y cont~
nuaba nevando. Decidimos ir a Chilibínitsa para llevar al animal a un lugar a cubierto en el pueblo. Chilibínitsa entera
aparecía blanca; el ruinoso cobertizo también lucía blanco,
lo mismo que el bosque. La nieve seguía derramándose y
giraba en derredor, los mejillas de todos se hollaban enrojec~
das, nos brillaban los ojos, nada podía arrebatarnos nuestro
alegría de lo primero nevado; por el aire volaban bolos de
nieve, algunos rodaban en la nieve y gritaban como locos.
Todo ero blancura y soledad, nadie respondía a nuestros gritos; buscamos deprisa en el bosque, de codo árbol se derramaba nieve encimo de nosotros, nos amontonarnos de nuevo
en el prado y partimos rumbo al barranco para comprobar si
nuestro caballo había buscado abrigo en aquel sitio.
Apenas llegados al borde del barranco, corno si
emergiera del velo mismo de la nieve, la manado de perros
vagabundos apareció frente a nosotros. Resultaría difícil llamarlo manada, pues aquello era uno mezcolanza de razas;
la mitad cojos, la otra ciegos, con las orejas rajadas, algunos con la pelambre hirsuta, otros medio pelados, grandes y
pequeños, flacos todos hasta el último. El encuentro fue tan
súbito que tanto nosotros como los perros quedamos pasmados. La nieve se derramaba y retorcía en enormes y blancas cortinas; ora ocultaba lo manado, oro lo ponía al descubierto, y de pronto vimos con horror que el hocico de los
perros estaba lleno de sangre y que cado uno estaba relamiéndose. Alguno hizo el intento de partir rumbo al barranco con el rabo entre los patos, pero se detuvo y de nuevo
volvió hacia nosotros su sangriento hocico rojo. La nieve continuaba cayendo en grandes oleadas y reinaba un silencio
tal que se oía el ruido de la sangre correr por las venas...

Esto era lo que deseaba relator mientras aún florece el
cólquico y no han aparecido todavía los primeros copos de
nieve. ¿No han notado cuán tímidos son los primeros copos? Vagan en el aire, giran sobre sí mismos, no aciertan
dónde posarse, pero dondequiera que aterricen en seguida
se derriten; tras ellos acuden otros y tampoco saben dónde
aterrizar, al hacerlo se derriten; sin embargo, tras ellos llegan
otros más, danzan o vagan atolondrados -¡cómo puedes
pisar así descalzo!-, pero no te permiten pensar, pues en un
número infinito se agolpan tras de ti. Está anocheciendo, la
tierra casi no se ve en el crepúsculo, y más tarde, en grupo,
los tímidos copos descalzos chocan sin ruido y en un instante
caen de bruces en el suelo. Durante la noche el milagro ha
ocurrido: cado copo de nieve se coloco con delicadeza
entre los demás, se piso más fácilmente allí donde otro lo ha
hecho antes... Recuerdo ahora que corríamos no sólo o través de lo blanco Chilibínitso, sino que continuamos corriendo también por las callejuelas del pueblo. Desmañados búfalos se movían pesadamente hacia el abrevadero, arrojando vapor por los ollares. Entonces nos detuvimos, quizá ante
el aspecto de los búfalos, o tal vez ante el aspecto del hombre que caminaba tranquilo tras ellos y se afanaba en encender un yesquero. El pueblo se veía luminoso y colmo, un
ambiente de afabilidad se derramaba por todos lados, un
humo apacible destilaba de las chimeneas como en uno
miso de difuntos, de todas partes soplaba algo bucólico,
geranios rojos nos contemplaban desde los ventanos, entre
los plantas se habían mezclado membrillos de mofletes
ambarinos, también éstos miraban hacia lo calle. Y recuerdo
que por ella apareció lo segundo pañoleta negra en el pueblo, la segunda negra señal de la segunda fase de la Guerra Patria. La guerra estuvo lejos de nosotros, pero habíamos
estado cerco de ella, había sembrado recuerdos en nosotros. Me pregunto: ¿aromos ese barbecho humano llamado recuerdos o dejarnos que lo invadan las molos hierbas? No importa qué sembremos allí, ¡los semillas no germinan! Pero tampoco perecen, sino que permanecen vivas, como manchas movedizos y grises en lo acogedora
penumbra del alma.

Notas:

2
3
4
5

El Dío de Tódor. Se festejo siempre en sábado (el primer sábado de
cuoresmol, y es símbolo del fin del invierno y el comienzo de lo primovero. Se festejo con correros de cobollos.
Bolneorio de oguos termales, locolizodo en el centro del poís.
Fecho del triunfo de lo revolución populor en Bulgaria.
En búlgaro estos fonemas son sonoros, lo controrio dél resto de los
idiomas eslavos.
Poeta y narrador (1926-1990). También cultivó lo literatura infantil.

53

�ANDAR ALA REDONDA
El palimpsesto de Cabeza de Vaca
Nicolás Duarte Ortega

LJ

na serie de condiciones se conjugan en Europa y en
especial en España al finalizar el siglo XV, que se enmarcan
en la urgencia de controlar las rutas de la especiería, expulsar a los judíos, dominar a los moros, influir en la Iglesia mediante el poder logrado por el Papa Borgia y, entre
otras, consolidar cierta unidad territorial que se inicia con
los Reyes Católicos.
Los dos países más católicos, Portugal y España, inician proyectos para llegar a los lugares donde pueden
obtener especias; el primero, buscando la circunnavegación del subcontinente africano; y la segunda, apostando
a favor de una ruta marítima por el oriente. Bien conocidas son las acciones aplicadas a ese respecto.
Descubierta América, Europa se transforma a causa
del interés febril por llegar a las nuevas tierras. Francia e
Inglaterra h_arán lo propio a fin de conseguir un buen trozo del norte del continente americano; pero la toma de
las nuevas tierras y la dominación de los pueblos indígenas no pueden hacerse con marinos, sino con soldados.
En aquellos tiempos coloniales los marinos sirven para
hacer las travesías; para proveer de materiales, armas y
animales; para transportar civiles y eclesiásticos; para enfrentarse a las flotas de otros países; en fin, para traer hombres, mujeres, niños y, junto con todos ellos, las instituciones civiles, religiosas y militares, con el fin de construir un
mundo nuevo en tierras nuevas. Especialmente las instituciones civiles y religiosas fueron indispensab.les para domeñar un mundo bárbaro. Si la sµb¡etividad colectiva indígena era transfqrmodo mediante la fe en ~! di9s cristiaQ0
y la aceptación de la autoridad del rey sustituía la autoridad de los huey tlatoani, otra sociedad distinta a los dos

que se encontraban a partir de 1492 surgiría con el tiempo, a pesar de los deseos de los colonizadores.
La experiencia española en la larga guerra contra los
moros había desarrollado la habilidad, el fogueo y la
valentía de los hombres cristianos en el manejo de las
armas y en la defensa de la fe, elemento motivante éste,
que calaba en lo más profundo del mundo y la vida de
los españoles y en la guarda de la institucionalidad gubernamental. El rey era la figura emblemática y se luchaba por Dios y por el rey, convertidos en un binomio
inmodificable.
El descubrimiento del Nuevo Mundo genera algunas
secuelas que entremezclan las interpretaciones religiosas con
las ambiciones económicas, especialmente en la parte del
comercio, aunque más tarde la minería de plata y oro será el
objetivo primordial. No obstante, el territorio descubierto, que
sabemos cuenta con varios millones de kilómetros cuadrados, es demasiado para ser explorado solamente por dos
países, así que el siglo XVI se caracteriza por las empresas
de conquista militar, conquista espiritual 1 y de un programa
fundacional de ciudades, como estrategia poblacional y de
conversión religiosa de los naturales. Las tierras son tan vastas que el número de capitanes con preparación para esas
empresas no es suficiente, pues si bien algunos resultan. "excelentes", como Cortés y Pizarra, otros son improvisados,
inmaduros o torpes. De ahí que el proceso de dominación
territorial sea lento, pues además a la Corona española le
interesaron aquellos sitios ricos en metales preciosos. Zacatec_os, por ejemplo, muy al 1norte de Nueva España, de no
ser por sus riquezas de plata, hubiera sido pospuesta como
pr&lt;&gt;yecto poblacional.

5fí~

�Álvar Núñez Cabeza de Vaca no conquistó imperios
americanos; fracasó en su primer intento acompañando a
Narváez en su fallida exploración de la Florida; y en la segunda operación militar que vivió, también fracasó, luego
de haber escapado de los extraños indios que conoció en
su periplo de nueve años. Su regreso sorprendió a todos, y
una vez reconocido y recompensado por el rey, se le premió
con el nombramiento de capitán y fue enviado a Sudamérica, de donde volvió preso y encadenado; mientras otros,
como Cortés y Pizarro, sí fueron exitosos -aunque también
crueles e implacables con sus enemigos gratuitos; uno sacrificó a Cuauhtémoc y el otro, a Atahualpa-, y siendo cristianos viejos, valientes, osados, rudos, estrategas y negociadores, tuvieron el don de la escritura para testimoniar
sus hazañas. En una tierra de analfabetas, los letrados
eran hombres de gran valor para la Corona española.
Tan valiosos fueron para la historia que sin ellos una serie
de pasajes de la conquista de América serían desconocidos. En México, sin Bemol Díaz del Castillo la teoría sobre la conquista de los tlaxcaltecas y de los aztecas no
sería tan rica, y no habría sido tan bien inventada, tan
bien construida sin esa bella novela que nos legó el único
conquistador que vino de Cuba con las primeras tres expediciones, a saber: la de Hernández de Córdova, la de
Juan de Grijalva y la de Hernán Cortés.
Me propuse hacer aquí unos análisis de la figura
de Álvar Núñez Cabeza de Vaca siguiendo a tres
autores que lo estudian en distintos planos: Danna
Levin, José Rabosa y Margo Glantz. Empezaré por
Danna Levin, porque ella ve los Naufragios integrados por algunos elementos narrativos estructurales, que
se convierten en formas retóricas de la composición
discursiva. Álvar Núñez escribe presentando la fatalidad como una limitante para lograr sus objetivos de
conquistador y" adelantado"; no obstante, valora sus
propias acciones como plenas de heroísmo, lo cual
no es injusto si se considera que él es el protagonista
y autor del relato. Por ser hombre profundamente creyente, como lo era la mayoría -aunque pocos tenían
el don de la escritura-, se entiende a sí mismo como
protegido por la Providencia; el destino y la fatalidad
son elementos de la estructura del texto. Intentaré reconocer cuáles son los motivos que lo llevan a escribir los Naufragios. Antepongamos algunas claridades y penumbras sobre el personaje. De su biografía
se sabe muy poco, apenas su lugar de nacimiento, lo
que denota que su familia no tuvo títulos de nobleza.
Pero sí tuvieron educación, al menos el propio Álvar,
pues el hombre escribió con pasión y relativa calidad
su historia, desde el punto de vista de la escritura de

56

aquellos tiempos. De alguna manera ligó una parte
de su destino a Pánfilo de Narváez, hombre reconocido en ciertos pasajes de la conquista de México y
cuyos intentos de triunfo se vieron frustrados en Veracruz frente al capitán Cortés.
Narváez consiguió un proyecto a su favor para ir a la
Florida y Núñez se incorporó como su tesorero. Al naufragar la flota de Narváez cerca de la Florida, Cabeza de
Vaca quedó varado en una isla, y después de muchos
trabajos consiguió llegar a tierra firme con dos de sus compañeros. De ahí en adelante su vida serán diez años de
ostracismo de la cultura occidental, durante los cuales vive
toda clase de experiencias lamentables, hasta conseguir
cierto reconocimiento de las tribus donde estabd entre
libre y cautivo. Finalmente la suerte lo socorre y es rescatado en el desierto estepario del noroeste de México.
Al regresar, Álvar decide escribir sus memorias. ¿Por
qué escribir? ¿Qué tenía aquel hombre que ofrecer a Su
Majestad? Tierras, no; oro, no; indios conversos, no; joyas, no; solamente tenía la verbalización de sus experiencias, las que, escrituradas, podrían ser su mejor capital.
No obstante las claras razones de los tres autores para
explicar por qué escribió y por qué dijo lo que dijo, a mí
me parece que faltaría considerar la necesidad humana
de comunicación. Me parece que en todos los seres humanos hay una necesidad psicológica de "autorrealización" cuando se comunican experiencias excepcionales,
vividas y vívidas, que están ahí, en la mente, esperando
los verbos y adjetivos que les den sentido ante los oyentes
y lectores. ¿Por qué solamente el interés por lograr un
rescate, en términos coloniales, habría motivado a Álvar a
escribir? ¿Por qué no conceder que dentro del conjunto
de razones que lo empujaron a redactar su historia estuviera esa necesidad de comunicar aquellas cosas trágicas y terribles por las que tuvo que pasar? ¿Por qué no
hacer también una concesión a la posibilidad de que no
pudiera vivir tranquilo sin echar fuera del silencio de la
mente su tragedia? ¿Acaso su escritura no pudo haber
sido también parte de su terapia? Pero volvamos al análisis de Danna Levin.
Si los hombres de su tiempo creían en la Fuente de la
Juventud Eterna o en las Siete Ciudades, no me parece
extraño que Álvar haya creído en los presagios de una
mora. A Danna le parece que los apartados, que están
pensados para que cada lector abra nuevas perspectivas, nuevas posibilidades -un poco como las carpetas
de la computadora, donde, en tanto aparezca el signo +
(más), hay posibilidades de entrar a otras subcarpetas-,
integran una relación de méritos y servicios dentro de la
constante búsqueda de mercedes y privilegios, búsqueda

en la cual la voluntad divina es definitoria, por lo que existe el intento de sustraerse a la responsabilidad personal.
Siento que en este caso se debe ser enfático en que aquellos hombres efectivamente creían en la voluntad divina,
pero no se dejaban manipular por los acontecimientos
que Dios quisiera, sino que hacían lo propio por cambiarles el curso; esto me parece importante porque en nuestros tiempos la frase lo que Dios quiera es más bien protocolaria. Por lo tanto, no aceptaría totalmente que su única
razón para escribir haya sido justificar su fracaso en la
primera expedición.
Ciertamente Narváez no fue un hombre afortunado,
si se considera la imagen de otros conquistadores y exploradores; frente a aquel débil personaje, Álvar Núñez
resultó más grande, más sólido y de mayor peso específico, aunque se haya perdido en su primer viaje y haya
retornado preso en el segundo. Lo engrandeció, o al menos le dio fama, haber escrito Naufragios. Los conquistadores escribieron por diversos motivos, pero generalmente fueron exitosos en sus andanzas, y al escribir lo hicieron
con orgullo, con seguridad, con presunción, porque consideraban que lo que hacían iba un paso más allá del
deber; en parte, porque a veces se creyeron merecedores
de mayores privilegios. La mayoría de los conquistadores
se justificaba escribiendo sus relaciones y describiendo
sus éxitos, pero Cabeza de Vaca se justifica explicando
su fracaso.
Justificar el fracaso requiere un grado de madurez
emocional que no hemos imaginado para el caso de Álvar, porque no es fácil contar los fracasos; sin embargo,
regreso al criterio de la educación de este hombre y de
su seguridad psicológica, porque no obstante su estancia
entre grupos extrañísimos, sufriendo penurias que a otros
hubieran llevado a la locura, él pudo salir mentalmente
normal, tan normal que se reincorporó a otros proyectos
del mismo tipo. En este punto me parece prudente matizar
la idea con la observación de que no perdió la posibilidad de intercomunicación en su lengua madre, ni se vio
obligado a olvidar a su dios ni la parafernalia divina, aunque haya transformado sus hábitos de vida cotidiana y
sufrido flaquezas.
Danna Levin recoge la adjetivación de Beatriz Pastor
sobre la narrativa del fracaso. Al contrario de quienes
conquistaron la gloria del éxito, los fracasados resultaron
premiados, no obstante que no lograron sus objetivos. Lo
que hizo Cabeza de Vaca fue jugar la única carta de la
baraja, la que menos valor tenía, la carta marcada con la
espada rota del perdedor, la carta inexistente que él inventó, la del perdedor perdido. Así, ofreció a la Corona
una relación de lo que hizo en esos diez años llenos de

cautiverio, soledad, desnudez y hechicería. Bien dice
Beatriz Pastor: "el fracaso va seguido por el silencio", pero
Álvar Núñez le puso el altoparlante de la escritura fonética.
Danna Levin hace una interesante observación cuando explica por qué habló Álvar; desde su perspectiva, el
conquistador contaba al rey lo que había visto y oído
pensando que haría una aportación para otras opciones
de conquista; y no es ilógico, porque en su texto Cabeza
de Vaca intenta "humanizar" a los indios con quienes vivió y ofrecer la utilidad de la experiencia. Entonces estamos ante la posibilidad de una incipiente inscripción
etnológica de los salvajes, porque si bien al principio de
su cautiverio los náufragos fueron maltratados, al final hay
un proceso de integración, hasta con nominación jerárquica para Núñez y los demás. En cambio, al regresar a
su mundo, ya no tienen indios que enfrentar; ahora tienen
un ámbito mayor de acción, pero un ambiente más hostil,
su propio ambiente occidental.
Durante los primeros tiempos de su estancia entre los indios el conquistador se transmuta en artesano, mientras se
horroriza del canibalismo de los naturales, convirtiéndose
los civilizados en salvajes y los indios en civilizados, los indios representan el estándar social, en tanto que los españoles cautivos son la excepción, y cuando aprenden las formas
de vida cotidiana y se apropian de ciertos valores de los
indios, los españoles son civilizados por los indios, pero como
en las novelas modernas sobre los buenos salvajes, los blancos terminan organizando a los aborígenes.
La experiencia para los náufragos debió ser muy enriquecedora, humanizadora, en el sentido de que el Otro
les enseñó a sobrevivir, les perdonó la vida y al final les
otorgó reconocimiento social. Danna piensa que eso
marcaría el surgimiento de una mentalidad moderna, racional y capacitadora para aprovechar los recursos de la
naturaleza. Es ahí donde lo caballeresco empieza a disminuir frente al trabajo físico, manual y creador.
José Rabosa, nuestro segundo autor a comentar, propone el concepto de cultura de conquista, que define como
"un conjunto de imágenes y categorías que tienden a determinar no sólo la ideología de quienes cometen atrocidades,
sino también de aquellos que las condenan". En opinión de
Rabosa, Naufragios presenta a los indios como individuos
serviles u hostiles, o sea que el conquistador los encuentra
sumisos, débiles, pasivos, carentes de dominio sobre su mundo, y los aplasta -eso hubiera sido ideal para Palacios Rubio y su Requerimientcf-; o bien los construye hostiles, guerreros, caníbales y peligrosos; entonces les leen el Requerimiento, les hacen la guerra justa hasta someterlos y
esclavizarlos. Ante esas dos situaciones hay otro segmento
social, los frailes, que las condenan.-

57

�Margo Glantz inicio El cuerpo inscrito y el texto escrito con uno metáfora en Jo que de entrado refleja dos es-

de su mundo occidental; por ello ya tiene señal, marca, y

crituras: uno es el símil del palimpsesto, que represento

Entonces veríamos en él a un hombre con UQO suerte

con el cuerpo de Álvar Núñez, y otro la que realiza con

cristológica, cuya versión hagiográfico lo transforma de

tinto y papel Cabeza de Vaca. El trabajo de Glantz es

esclavo en chamán, como a Cristo, de hijo de carpintero

bastante hermenéutico, yo que descubre la desnudez

en hijo de Dios. Es en esas circunstancias que recuerda

como una categoría de análisis de la suerte del autor;

que los indios los creían "venidos del cielo", y ahí dejo de

poro ella, la primera desnudez que sufre es lo del naufra-

pertenecer a los indios, liberando al héroe, héroe que tie-

gio físico de las noves, la desnudez social que significo

ne en su descargo un mal jefe, Pánfilo de Narváez, prime-

haber perdido o sus compañeros, lo desnudez de habita-

ro, y un soldado inútil que no sabe nadar, después. Por

ción de su entorno y la desnudez como carencia absolu-

eso cayó en manos de los indios, no por culpa suya, sino

to de vestimenta. De ahí, ella conecta la desnudez de la

por las circunstancias de hombres insuficientes en su auto-

escritura con la vestimenta retórica que encubre la ver-

ridad y en sus habilidades.

dad, pero Cabeza de Vaca no teoriza, sino integra lo
desnudez o lo verdad.

En el juicio de nuestro segundo autor, tanto Núñez
como De Soto son conquistadores románticos, porque sus
denuncias ratifican la creencia en la subordinación natural de los indios y ven el canibalismo como una aberración diabólica; en cambio, Todorov reconoce una perspectiva etnográfica en las imágenes que transmitió la historia de Cabeza de Vaca, seguramente referido a lo que
tuvo que hacer como esclavo, primero, y a lo que hizo
luego como chamán, más los aprendizajes de formas de
vida primitivas obviamente distintos a las del conquistador; hay pues en Álvor un retroceso, después un avance
social importante en el grupo tribal y, finalmente, su buena suerte lo catapulta hasta el retorno y encumbramiento
en su sociedad occidental, para luego someterlo a la
devaluación social en cuanto a la pérdida de reconocimiento, cuando regresa de Sudamérica prisionero de sus
propios subalternos.
En opinión de Rabosa,

Naufragios se reconoce como

un buen relato desde el punto de vista de su composición
literario; sin embargo, Robert Dowling hace una división
de la obro distinguiendo dos dimensiones: una que corresponde al contenido histórico, dentro de la cronístico
de los acontecimientos, y un segundo plano que es la
reflexión sobre los acontecimientos, lo que denota una
combinación de continente y contenido, descubriendo una
tensión entre la construcción de la historia por un discurso
histórico y la invención de una historia por un relato de

aceptará las otras que Dibs le mande.

Al llegar al punto de su relación con las mujeres, tema
que al escribir el libro tiene que abordar en el mundo

Aunque la brevedad es un elemento del relato, no fal-

europeo con todo y sus limitantes, Cabezo de Vaco re-

tan las figuras retóricas, que sirven para regular lo intensi-

cuerda a un personaje, híbrido sexual, que parece una

dad de los esfuerzos que hicieron los protagonistas. Con

representación de la ideo que tiene de los indios y de la

la desnudez hay una alteración de lo temporalidad, y con

que ellos tienen de los españoles, y explica además que

ello uno fractura en la condición humano de los cuatro

las indias tienen mayor movilidad que los indios porque

personajes; es entonces cuando sus cuerpos se vuelven

pueden ser mensajeras, comerciar durante la guerra, y

palimpsestos, inscribiendo las vivencias en el cuerpo des-

ellos antes de ser chamanes se ocuparon de oficios de

nudo de cada uno de ellos, pero las lecturas de esos

mujeres; pero los indios tienen sólo una mujer, excepto los

aventuras. En otras palabras, estaría diferenciando history
de story.

inscriptos solamente los hizo Álvar Núñez, cuando abrió

físicos,

su mente y entintó su plumo poro comunicarlo. Asimismo,

do una confesión de haber tenido mujer y no solomente

Al comparar el trabajo de Cabeza de Vaca con lo

la desaparición de sus barcos, de sus compañeros y de

una, sino varias, para guardar los esquemas formales de

hecho por Cortés, Rabosa piensa en un Cortés que quiso

sus enseres les borro también sus códigos de autoridad y

conducta de un mundo donde oficialmente sólo se podía

dejar constancia de sus acciones, y por supuesto del va-

comportamiento; están en un territorio desconocido y su

tener uno, a riesgo de ofender a Dios y a las buenas cos-

los chamanes. Esta parte podría estar encubrien-

lor de las mismas, mediante una escritura directa; en cam-

único

bio, Cabeza de Vaca tendría una oportunidad semejante

de sacar provecho al aceptarse bajo uno insólita condi-

Y otra vez regresa la carga de su cuerpo inscripto con

escribiendo una alegoría discursivo, obra que, sin embar-

ción, en la que, para sobrevivir, deben comenzar una nue-

tantos lenguajes que, como experiencias trágicas o no,

go, igualmente llevaría la intención de aparecer como una

vo escritu ra

capital es la carencia absoluta,

palimpséstica en

de la cual habrán

tumbres.

sus cuerpos, escritura que

vivió. Otra vez el palimpsesto, como los viejos rollos egip-

Naufragios

seguirá ahí, en el sustrato de sus nuevas marcas sobre ese

cios, puede ser borrado para escribir de nuevo sobre él,

como una constante identificación del autor con el mundo

-:uerpo desnudo y macilento. Por eso Glantz refiere q ue

pero con el desarrollo de la tecnología se ha podido en-

al que pertenecía y que había abandonado paro sojuz-

su cuerpo es su propio instrumento de rescate, esto es,

contrar bajo las escrituras últimas, la(s) anterior(es), y así

gar a otro mundo; pero mientras está en ese otro mundo

cuando siendo esclavos solamente pueden sobrevivir

también en aquel cuerpo subyacen las escrituras, aparen-

que no logró someter -antes éste lo sometió a sus usos y

aceptándose como tales.

temente borradas, con los mensajes vivenciales que gra-

relación. Lagmanovich considera el relato de

costumbres-, destoca la lealtad y la prudencia con que

Glontz discretamente coincide con los juicios de Danna

baron los tiempos de cautiverio y chamanismo. Por eso

se mantuvo, y o cambio del incumplimiento de la comi-

Levin al afirmar que cuando Álvar escribe, lo hace para

también puede recuperar los textos originales de euro-

sión que llevaba, ofrece el relato de lo que vio y vivió,

rescatar su fama, que efectivamente le da una nueva opor-

peo y ver la guerra o los infieles como necesaria, como

representando lo alternativo de una conquisto y evangeli-

tunidad de probar sus cualidades de conquistador. Salva-

justa, leyendo una y otra vez el

Requerimiento a los indios

zación pacíficas, pretendiendo la absolución del empera-

do del naufragio, su desnudez lo lleva en dos orientacio-

sudamericanos. Como podemos deducir, Álvor Núñez

dor. La posición de Álvar Núñez es coincidente con el

nes: lo primera hacia la infancia, al nacimiento desnudo;

Cabeza de Vaca es un hombre de su tiempo, que rompe

discurso de la Corona, porque en lo que dice, "la voz es

la segunda hacia lo incivilizado; entonces el naufragio es

circunstancialmente con él y se reincorporo con lo

la de Carlos V", pero los palabras son las de Bartolomé

un retorno a la desnudez, y el propio naufragio solamente

de las Casos, en su "único modo de atraer a todos los

es posible como una categoría de la civilización, la cual,

decencia de un buen cristiano y de un buen súbdito, aunque la
vida social no le haya pagado el rescate por su vida per-

pueblos a la verdadero religión". Rabosa aprovecha para

por ser como es, con sus códigos de acción y su paquete-

sonal.

tratar los

Comentarios,

y recomienda que se reflexione

ría axiológica, posibilita la desnudez del conquistador. Al

Entre los tres autores que he comentado, lo mayor cla-

sobre la resistencia de los indios, aspecto éste que se aso-

volverse chamán parece perdido, pero lo rescata su pa-

ridad de enfoque aparece con Danna Levin Rojo, al preci-

cia o la antropología y que se ha atendido poco.

limpsesto con las inscripciones casi borradas de la carga

sar como causales concretas de la escritura de

Naufra-

58
59

�gios la búsqueda de reconocimiento del autor, la obtención de otra oportunidad como "adelantado" y la justificación de su conducta transitoria.
En Rabosa localizamos al teórico que encuentra en la
antropología la necesidad de escribir, de explicar por qué
las circunstancias arrojaron a Álvar Núñez al ostracismo
tribal, y lo que sacó de él, pero a la vez de proponer en
su escrito, por el mismo escrito, un rescate por sus acciones y un reacomodo en el mundo viejo, pero nuevamente
nuevo para él.
Margo Glantz nos lleva a lo hermenéutico y semiótico
tanto de las letras como de la cultura, y hace una lectura
preciosista sobre cómo la mente de Cabeza de Vaca
quedó grabada con distintas escrituras que lo volvieron
un hombre híbrido y por tanto emproblemado con su propia mentalidad.
Una comparación entre Cabeza de Vaca y otro conquistador he preferido hacerla con Hernán Cortés, por la
semejanza que hay entre ambos en cuanto a actividad,
valor personal, fuerza emocional, derrota trágica, ubicación temporal (primera mitad del siglo XVI), y por las diferencias, como: condiciones de su viaje, proyectos inmediatos, resultados diferenciados, prebendas distintas, legitimación y deslegitimación de empresas, riesgos de muerte y reconocimientos dispares.
Hernán Cortés es un hombre con cierta educación,
como Álvar Núñez Cabeza de Vaca, con capacidad para
escribir (le gustaba escribir cartas, dice Iglesia), pero era
más prolijo que el segundo, quizá por la diferencia exitosa
de su empresa. La escritura de Cortés no tuvo el reconocimiento tan inmediato que tuvo la de Cabeza de Vaca,
quien por su texto obtuvo una compensación, como expliqué antes, pero el estilo del conquistador salido de Cuba
es más sereno, claro, preciso, mesurado e impasible. Ambos fueron capitanes de gran valor, aunque Cortés lo
demostró más en el uso de las armas, tanto en la conquista de los mexicas como en el sometimiento de Pánfilo de
Narváez, que fuera capitán de Álvar Núñez, cuando dejó
Tenochtitlan para ir a combatirlo a las costas de Veracruz.
Álvar Núñez probó su valentía, estoicismo y templanza
durante su cautiverio.
En la fuerza de carácter y el control de sus emociones
son semejantes. El capitón Cortés llora su derrota con el
llanto del vencido, inconforme con lo que pasó, llora con
lágrimas de coraje, no de resignación. El ex tesorero llora
sin lágrimas los sufrimientos que enfrentó, llora en su orgullo su desnudez indefensa. Ambos lloran por la misma razón, la derrota, que no pueden aceptar como parte de
sus fracasados proyectos. A uno lo derrota la experiencia
guerrera de los aztecas, el valor de un pueblo que defien-

60

de su vida, su mundo y sus dioses, sus mujeres y sus objetos preciosos. Al otro lo derrota la fuerza de la naturaleza
que lo hace naufragar, y lo derrota también la inexperiencidy la falta de planeación integral. Pero ambos se levantan de su tragedia cuando uno vence a los indios reforzando la lucha y cuando el otro también los vence sin
hacerles la guerra. El valor personal de ambos está probado por los hombres y comprobado por la historia. Sus
acciones son comprensibles desde la perspectiva del tiempo en que vivieron y del papel que tuvieron en su época.
Entre ellos también hay diferencias en sus condiciones
de viaje, uno sale sin el permiso de su gobernador, mientras que el otro llega bien documentado desde la península ibérica; ambos pierden sus naves: uno por estrategia
y el otro por incapacidad de su jefe Narváez. Uno trae
intenciones de completar las exploraciones de sus dos
antecesores, Hernández y Grijalva; el otro quiere consolidar los descubrimientos de la Florida de Ponce de León,
hechos el 27 de marzo de 1513. Pero tienen resultados
diferenciados porque Cortés conquista México y Núñez
queda prisionero de los indios; el primero obtiene nombramientos, tierras e indios con su marquesado, el segundo sólo obtiene una segunda oportunidad, en la que también fracasa. El primero emprende una conquista sin legalidad, pero con sus resultados la justifica; el otro empieza
legalizado en la empresa de La Plata, en Sudamérica, y
termina víctima de las propias leyes que pretendía cumplir; ambos mueren luchando por sus intereses en los viejos palacios judiciales de la península.
Ramón Iglesia presenta a Cortés como un hombre que,
preocupado por las diferencias que encontraba entre los
indios al llegar a México, negociaba con zempoaltecas
y su cacique gordo a la vez que lo hacía con los enviados de Moctezuma. Destruye las naves tanto porque teme
que sus hombres regresen sin su permiso como por la
opinión de otros, que le aconsejan hacerlo para que no
se subleven. Cortés teme a los indios y también a sus compañeros intrigosos.
Cuando Cortés describe la ciudad de Tenochtitlan lo
hace con minuciosidad y precisión, y escribe con laconismo sobre sus propias acciones; en cambio Cabeza de
Vaca hace girar las acciones en torno a él. Cortés asume
una posición apropiada cuando los indios le narran el
regreso de Ouetzalcóatl y les asegura que a quien realmente esperan es a Su Majestad, al que identifica con
Dios. Guarda mesura ante el asombro de lo que le cuentan, pero aprovecha aquella circunstancia que le ofrecen
al confundirlo con Ouetzalcóatl.
Invita al huey tlatoani a vivir con él en cuanto se aclaran las confusiones que han resultado de su visita, pero a

la vez sospecha que pueden ser atacados por sorpresa, y
siempre da importancia a lo que ve, pues las tierras le parecen excelentes, la ciudad, muy bien organizada; encuentra
la región muy parecida a España y decide llamarla Nueva
España, y pide con humildad al rey que mande llamarla así.
Cortés recorre las ciudades como antropólogo urbano, viendo barberías, baños, cárceles, observando mendigos, revisando discretamente las fuerzas de guerra, conociendo los aposentos de los señores, y cuando hace una
comparación es siempre México primero y no España, pero
en la capital su entusiasmo es mayor. Describe la ciudad
fundada en una laguna salada y cómo lograron separar
las aguas dulces de las salobres, los puentes que comunican con la tierra firme, las canoas que comercian sus productos, los jueces en el mercado que dirimen problemas
entre oferente y comprador, las plazas que tiene, el orden
de sus gentes, los productos en venta organizados según
sus características -por ejemplo, sección de hortalizas, de
pescados, de aves, de vasijas, etc.-, y destaca la abundancia de productos que llegan de todas las tierras de la
región. Iglesia lo ve cautivado por las tierras que, en su
opinión, determinan toda su política, pero le ve también el
defecto de la impaciencia en cuanto a la religión, que
quiere cambiar de inmediato; no ve en ello lo más delicado que tienen los naturales. Por eso la destrucción de los
ídolos afecta tanto a los mexicas; su excesivo interés hace
a Cortés imprudente e impertinente.
Iglesia descubre en él a un hombre impaciente, quien
después de matar a tres mil cholultecas en la ciudad, al
día siguiente esperaba que ésta se encontrara limpia y
tan pacífica como si nada hubiera pasado. Esto no es
posible si al llegar a Tenochtitlan entra con muchas precauciones y cuando la deja, en la Noche Triste, lo hace
por temor a ser sorprendido, asunto que ya sospecha.
Cuando sale a someter a Narváez no se percata de que
los indios ya no lo consideran el dios que estaban esperando; ahora es un simple mortal, tan mortal como lo fue
Moctezuma. Pasa de los intentos de solidaridad amistosa con los indios a la preparación del exterminio, de la
victoria total. Cortés es ambicioso al grado de que las
riquezas no le eran prioritarias, aunque no renunciaba a
ellas por voto de pobreza; sin embargo, en los momentos
difíciles se organiza con los tlaxcaltecas para infringir la
derrota, y lo consigue.
Cortés es el conquistador que sí conquista. Conquista
y coloniza; introduce tecnología, nuevos cultivos como la
caña de azúcar, promueve el poblamiento, desarrolla la
minería, genera una nueva traza de la ciudad, reclama
su premio y obtiene su marquesado. Más tarde se sentirá
inconforme y partirá a España a presentar sus reclamos.

Alió lo alcanzará la muerte, igual que tiempo después
alcanzaría a Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Dos conquistadores derrotados por la burocracia de su propio
imperio, por el que expusieron su vida.
Tanto Cabeza de Vaca como Hernán Cortés llenaron su palimpsesto con los dos mundos en donde vivieron. Aunque hubiesen querido morir en el que conquistaron, uno con las armas y el otro con los fonemas de las
letras y sus palabras, la vida les permitió pasar sus últimos
momentos en las tierras donde nacieron. Cabeza de Vaca
llevó la escritura occidental borrada durante su
peregrinante cautiverio; Hernán Cortés la llevó y escribió
de propia mano con destino al rey. Ambos tienen, sin
embargo, en su palimpsesto, muchos discursos, como los
tenemos nosotros. Pero el palimpsesto nuestro es más difícil de descubrir y de borrar; el mundo globalizado nos
marca diariamente. Ya no llevamos escrituras en la piel,
ahora las llevamos en la conciencia.
Notas:
l En el concepto de Robert Ricord.
2 El Requerimiento fue un documento creado por Palacios Rubio que se
leía o los pueblos indios, en castellano, donde se les informaba que el
dios europeo ero el verdadero y se les exigía lo obediencia ol rey.

ACTAS
REVISTA DE HISTORIA
DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

Publicación semestral
editada por la Secretaría de Extensión y Cultura
y el Centro de Información de Historia Regional
de la UANL
Producción: Dirección de Publicaciones

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Haciendo Son Pedro, Zuozuo, Nuevo León
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�NI TODAS OJEROSAS,
NI TODAS PINTADAS
Jorge Esquinco

l .Hacia el final del Banquete, Sócrates evoca la figura
de uno mujer, "sabia en estos y muchos otros temas",
Diótima de Mantinea. Antes de compartir con los demás
comensales el discurso sobre Eros que un día escuchó de
labios de esta mujer, el filósofo afirma: "Ella fue precisamente quien me instruyó también a mí en las cosas del
amor". Nado se sabe de ella y, desde la Antigüedad, se
discute si existió realmente o si se trota de un personaje
imaginado por Platón. En todo caso, lo que verdaderamente importa son los ideas que expresa, por boca del
filósofo, en las páginas del diálogo. Con lucidez, con seguridad, Diótima alecciona a Sócrates en la compleja
materia del amor. Ella habla con largueza y él responde,
o interroga, con discreción. Le dice, entre otras cosas, que
el amor "no es en todo inmortal según su naturaleza, ni en
todo mortal" y que "muchas veces en un mismo día germina y vive", para concluir asentando que lo andadura del
amor se da sobre un camino intermedio, entre sabiduría e
ignorancia.
El nombre de esta mujer excepcional reaparece en
las páginas de lo creación, la novela que Agustín Yáñez
publica en 1959, como una suerte de gran colofón a su
obra maestra, Al Rlo del agua, que data de 1947 Diótima
es aquí el otro nombre o, mejor dicho, el nombre en el
que bien podrían fundirse todos, los numerosos, diversos,
desdichados, bienaventurados, angélicos y demoníacos
nombres de las mujeres que habitan su obra. Unas líneas
de su relato "Oriana" lo expresan con mayor precisión:
"Alma de laberinto. Esfinge de inasible fisonomía. Dueña
de cien rostros, de mil gestos contradictorios. Mujer múlti-

ple, siempre desconocida. No ayer la de hoy, ni hoy la de
mañana. Gozo inicial, precario, de vivir en ella muchas almas: placer y peligro de la sorpresa constante, de las actitudes perdidas, de los hallazgos inesperados". O quizá una
sola mujer de rostros sucesivos. Diótima, la extranjera, encarna de una manera más acusada, en Victoria, la hermosa
forastera que, en Al Rlo del agua, habrá de trastornar con su
presencia las vidas y los destinos de aquellos seres vulnerables a su contacto; una belleza que, en palabras de Rainer
Maria Rilke, es apenas el comienzo de lo terrible. Terrible
porque tras la evidencia de su aparición se agazapa la sustancia de algo que está más allá de lo decible y a lo que
será imposible sustraerse: el fulgor -paraíso e infierno simultáneos- de una revelación.
"No ayer la de hoy, ni hoy la de mañana". Un primer
atisbo, un inicial vislumbre de esta figura lo encontramos en
uno de los relatos que componen un volumen todo él entrañable: Flor de ¡uegos antiguos. Se trata de uno de los primeros libros que Agustín Yáñez reconoce haber escrito con un
sentido orgánico, en el que cada una de sus partes cumple
con una función específico. Pero hay algo más, Yáñez se
reconoce en el niño protagonista, a la vez heroico y medroso, que a lo largo de los cuentos, de los juegos y las fábulas,
de las canciones y las rondas asiste sin saberlo al despertar
de su propia sensualidad y se deja arrastrar por la vorágine,
entre una infancia que se resiste a marcharse y una pubertad
que lo asalta con más sombras que luces. Así, entre la fiebre
de la enfermedad y la fiebre del deseo naciente, exclama:
"Comprendí, creí comprender lo que no comprendía, pero
luego se me olvidó otra vez, se me ha olvidado lo que quise

63

�entender: por qué siempre el monstruo contra la niña; qué
quería; qué hacía. No sé. Me desespero. Hoy algo oculto".
las niñas de estos cuentos son siempre más sabias. Son, por
excelencia, las depositarias de aquello oculto que las vuelve
a la vez inasibles y deseables. Ante ellas, diversas emociones se congregan: candor, irritación, temor, vergüenza, arrojos de una valentía primitiva, barruntos de una ternura insospechada. "Un ardor, un temblor, unas ansias", en palabras
del joven protagonista. Niñas que parecen habitar siempre
un mundo más vasto, más intenso y a la vez más secreto,
escondido tras un velo que se antoja inexpugnable. Un mundo rodeado de misterios. Misterios que comienzan por sus
nombres, en los que Yáñez se demora como ante una rora
fruta o una pieza de música: Moría de la Consolación, María
de los Ángeles, María Rosa; Astrid, Esperanza, Victoria. Una
niña, una mujer comienzan en la literatura de Yáñez por un
nombre que es en sí mismo la encarnación de una realidad
que se entreabre y permite vislumbrar toda la fuerza de una
existencia más poderosa. No lo abandonará.
2. Jorge luis Borges nos ha hecho pensar en lo posibilidad
de que Dante hubiese escrito los noventa y nueve cantos de
la Divina Comedia paro deslizar en unas cuantas ocasiones
el nombre de Beatriz. A veces me parece, aunque quizá
exagero, que Agustín Yáñez tramó su vasto proyecto narrativo poro dejar plasmados, entre la multiplicidad de sus relatos y novelas, los retratos de los mujeres reales e imaginarias
que amó y que dejaron en él una huella indeleble.
De acuerdo con sus lectores más agudos -pienso en
Guillermo García Oropeza-, me parece justo señalar que a
Agustín Yáñez le debemos algunos de los más felices, de los
más perfectos retratos de mujeres con los que cuenta nuestro
literatura. En este ámbito la prosa del jalisciense es casi
inigualable. Pocos proyectos narrativos, ton ambiciosos como
el suyo, habían encontrado entonces momentos de mayor
tensión, de enérgica prosodia, en el abordaje de los intrincados pormenores que configuran el aspecto más visible y, al
mismo tiempo, el alma insondable de una mujer. Tendríamos
que esperar la llegada de otro escritor de amplios ciclos
que, en otra tesitura, en otro de los extremos de la voluntad
narrativa -pero con una muy semejante fascinación ante sus
modelos femeninos-, alcanzara también esta alta vigilia; me
refiero a Juan García Ponce.
Nada se le escapa a Yáñez: el ritmo de un taconeo y la
forma del zapato, el pliegue del vestido, el roce de una capa,
la colocación de un sombrero; el distraído mohín, el gesto
enérgico, lo formo de una mano; la turgencia de unos senos,
el contorno de los muslos, las inflexiones de la voz; el sesgo
de la mirada, los destellos mil veces matizados en el iris de
unos ojos; las reticencias en el hablar, los silencios manifies-

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tos, la caída en apariencia inofensivo de un mechón de cabello dorado o azabache. Archipiélago de mu¡eres, conjunto de islas en el mar de lo literatura mexicano, vuelve o encarnar, transformadas, o sus modelos ejemplares. Escuchemos sus nombres: Alda, Melibea, Endrina, Desdémona,
Oriana, lsoldo, Inés. "Mujer múltiple, siempre desconocido",
escribe Yáñez, como si de antemano supiera que se trataba
de abordar uno empresa poco menos que imposible, como
si supiera de antemano que en esa empresa habría de perderse para salvarse. Pero oigámoslo, entre lo geografía puntual de este Archipiélago, describir el movimiento de su propio mirada al descubrir o Desdémona: "unos pies perfectos,
de cuyo calzado -justo- emergían los líneos de alto empe~
ne y el arranque suntuoso de las piernas; no esperó el almo
nuevas prendas de los sentidos, antes corrió tras ellos, veloz
más que la luz, y así la llevaron los ojos por el espléndido
camino de los muslos, la codera y los senos, hasta las monos
-alada rima de la voz-, la frente y las pupilos, en que su
espíritu, asomándose, consumaba el prodigio de lo armonía
total". Alma y mirada se identifican y corren parejas. Quién
podría pasar por alto este espléndido hallazgo: las monos
de una mujer que al moverse difunden un eco, establecen
una consonancia con los palabras que dictan unos labios:
las manos, alada rima de la voz.
Daré un ejemplo más, entre tantos, que proporciona este
islario. Es, dentro del conjunto, uno de mis relatos favoritos:
"Melibea o la revelación". Revisión y metamorfosis de la clásico tragicomedia. Dice Calixto: "Sí, era la voz de Melibea,
en cuyo viento silencioso el azoro lograba oírse". Nuevamente una voz, como un soplo collado que se oye. El desconcierto, el pasmo, concentrados en el aire, en la respiración que
transmite el sonido de aquello que no puede decirse.
3. "Victoria, de ojos verdes, como estatua de ángel o
mujer de París, tuvo ahora el capricho de querer jugar
con nosotros a media calle y nos dijo que jugáramos a
las guerras". Así aparece por vez primero este nombre en
el libro de lo infancia, en lo Flor de ¡uegos, y así la miran
los ojos de Yáñez-niño. Su influjo volverá, nunca habría
de abandonarlo. Llega, muchos años después, al pueblo
de mujeres enlutados y se instala en él como uno exhalación: la extranjera, la forastero, lo señora, lo dama, lo
enigmática Victoria. Marta y María, Micaela y Mercedes son los nombres que conforman la antesala de su
aparición en un pueblo que se sofoco y sobrevive respirando a pausas. Como un viento nuevo, Victoria llega
hecho mujer al pueblo en que las mujeres visten de negro. No puede, aunque quisiera, posar desapercibida.
Es la belleza que con sólo ser se impone, trastorna la
ignorancia de los humildes, subleva el escaso saber de

los creyentes. Nado pide, nada ignoro, le basta con ser. Y,
sin embargo, un día, las campanos. En ese pueblo en el que
posa casi nada, y en el que todo, a tientas, en subterráneo
cónclave, sucede. Alguien ignoto, allá en lo alto, toca las
campanos. Uno de los prodigios de uno novelo como Al Rlo
del agua reside, precisamente, en la paulatina, en la minuciosa creación de los personajes. Al hablar de ellos, en entrevista con Emmonuel Carballo, Agustín Yáñez afirma que
una de las principales obligaciones del autor reside en respetar lo libertad y el destino de sus criaturas. Y sucede entonces el encuentro de Victoria y Gabriel, el tañedor del templo.
Ella, "la Señora". Él, uno de los pequeños seres de la tierra,
para decirlo con palabras de Marina Tsvietáieva. Sólo se
vieron cuatro veces. Y esas cuatro ocasiones bastaron para
cambiarles la vida. Apenas se hablaron: unas frases de ella,
monosrtabos de él. El primero de estos encuentros puede
sumariamente definirse como una aparición o, mejor dicho,
como una anunciación. "¿Quién era el arcángel o el hombre capaz de convertir tristes campanas en instrumento de
música inaudita?", se pregunta Victoria. Sin saberlo, Gabriel
tañe los campanas paro convocar su presencia, lo Presencio. "Era la primero hora de la tarde" cuando Victoria se
abandono al llamado y sube por la escalera de caracol
que conduce al campanario, era la fatalidad mismo quien la
empujaba. "¡Cómo iba a entrar! ---escribe Yáñez-. Pero yo
la serpiente de piedra bruñida por manos de años lo ceñía
sin dejarle luz, la empujaba escalones arriba en la oscuridad". Como si la creación entero confabulase para conducirla al sitio en que ello misma, luego de un veloz rito de
poso, luego de una muerte simbólica, travesía en lo oscuridad hasta la luz, habría de convertirse en anunciadora. "Un
relámpago, una descarga del cielo o los pies de Gabriel no
hubieron sido como aquello presencia", afirma el novelista.
Anunciación de papeles intercambiables (en un libro inquietante, El ángel necesario, Mossimo Cacciari anima la hipér
tesis de que es en realidad María quien dicta al arcángel las
palabras de lo Anunciación, pues Gabriel, tras la vorágine
de su descenso, ha perdido la memoria y sólo puede mostrarse como instantánea reflexión de lo luz que está destinado a alabar). En todo caso, este primer encuentro es poro
ambos una muerte pequeña, un reconocimiento, o mejor d~
cho, una revelación de su propio ser, un aviso del inexorable
destino que les aguardo. leamos un fragmento de este pasaje capital:
Esto es la inocencia en varón. Desconocido e inverosímil
espectáculo. Avasallador -podía pensar Victoria.
-Esto es haber, en fin, conocido el tremendo misterio, sospechado apenas, de lo mujer -podía pensar el mozo.
De siempre me hablaron los campanos por

él.

Ya lo oía, esperándolo, en el tañido que nunca pude arrancar o los campanos.
-Es lo imposible -podía gemir lo domo.
Y Gabriel: Es la muerte, lo muerte que llego.
Victoria -mujer, diosa y estatuo-; Gabriel -arcángel- ; permanecían inmóviles en el centro de sus torbellinos; temerosos, o una, sin pensarlo, de rozarse y fundir en uno los dos
vértigos, el nacimiento de dos inéditos emociones, inverosímiles hasta eso hora.

No llegan a tocarse. lo prosa los dibujo, con arrebatada precisión, en el límite de sus posibilidades. Victoria-DiótimaMaría tiende lo mano. Gabriel-arcángel-tañedor la rechaza. Hay en ambos la súbito revelación de lo real, de lo real
absoluto, como quería Novalis, que los comprende y los
rebasa. Es cima y abismo, una latitud del Ser en esta tierra
que a Agustín Yáñez le fue dado entrever y plasmar con los
más extrañas, con las más extremas, con las más peligrosas
y temidas formas del lenguaje humano.

65

�DE ARTES YESPEJISMOS
Dos pasiones al inicio de un tercer milenio
Roberto Escamilla

La historia y el cine histórico son dos grandes instrumentos de creación imaginaria. El primero, armado con tesis
y palabras; el segundo, con imágenes e historias concretas. Los dos, historia y cine, desempeñan, gracias a su
inventiva, un papel clave tanto en la narración de un pasado siempre por descubrir como en su necesaria proyección para el análisis del momento fugaz en el que se construye la ficción. Para los investigadores, situados entre los
márgenes del ayer y del hoy, el cine histórico debiera ser
una singular especie de "contranarrativa". Una mirada que
no sólo observara y recreara los hechos con una visión cercana a la época descrita en el texto, sino que hablara por
igual de los mismos días como reflexión del presente que
rodea y desconcierta, por su evanescente actualidad, a los
sempiternos testigos y espectadores, siempre jugando su
doble papel.
Dos pasiones, una universal y otra demasiado particular, recrearon una vez más la vida de dos seres humanos
que en estos días volvieron a acercarse, contagiosos, a
miles de espectadores: Jesús de Nazaret y Emiliano Zapata. Jesús llegó de nueva cuenta a las salas de espectáculos y operó un verdadero milagro: el que los espectadores dejaran de tragar alimentos para mantenerse en el
más riguroso de los silencios. No sé si como prueba de
su redención, pero al menos logró una auténtica demostración de su fortaleza o, por lo menos, certificó con creces la propaganda que algunos grupos confesionales
hicieron de la película, al señalar en pequeños pero caros volantes a color que el filme de Mel Gibson no era
una película, sino la verdad misma. En mi caso concreto,
fui testigo de una petrificante proyección donde más de

ochocientos espectadores se mantuvieron callados y atentos ante una narración que la gran mayoría conoce y
domina.
Román Gubern, el gran maestro de comunicación, lo
explica en su precisa Historia del cine. Desde 1896, un
año después del nacimiento del cine, los hermanos
Lumiere, y Edison en parte, descubrieron los dos temas
clave para el negocio del cine: la religión y el erotismo.
Junto a los besos de las primeras matronas de la pantalla
-erotismo que ahora, después de cien años, ya es también masculino-, el tema de Jesús y su calvario significaron de inmediato un negocio redondo. Las primeras
passion plays llegaron, y el filme de Mel Gibson no es en
esto una excepción de la regla. Postmodernismo y anexas,
frente a la cultura digital y a la virtual, Cristo sigue siendo
un amo de la taquilla.
Las anécdotas son célebres. Las primeras pasiones realizadas en los Estados Unidos se filmaron en la ciudad de
Nueva York y en Filadelfia. Ni las nieves de un rodaje
invernal ni los edificios altos que se veían como fondo del
fabricado Monte de los Olivos desviaron la atención de
los primeros espectadores. Los predicadores que utilizaron estas imágenes para propagar y difundir sus mensajes fueron testigos claros de la situación. Y ni ellos mismos, quizá, vieron esos detalles. Desde entonces hasta
hoy con el filme de Gibson la fórmula sigue funcionando.
Susan Sontag, la célebre escritora norteamericana, lo
ve con suficiente claridad en el ensayo más reciente que
acaba de publicar: Regarding the Pain of Others (Mirando el dolor de los demás). Paro la Sontag, estudioso también de la historia y de la apreciación crítica de la foto-

67

�sacerdotes. La saña de Gibson no descanso en ningún
grafía, la iconografía del sufrimiento tiene un largo y renomomento y se afina en el tránsito del calvario.
vado pedigree. Y éste se hace acompañar siempre, por
El martirio llega en esa larga secuencia, previa a la
lo menos en la tradicional pintura italiana del Renacimiencrucifixión,
a desplegarse en un atroz concierto de latigato, con el desnudo. Desnudo y dolor son casi sinónimos
zos y pesados caídas, más intensos aún por la magia de
de martirio y crueldad. La autora dice casi de manera
los
actuales efectos especiales. La increíble tunda que
directo: "Estas representaciones no dejan un lastre moral.
reciben el personaje central y el público es de tal magniSólo provocan: ¿Puede el espectador recrearse con esto
tud que en vez de suscitar muestras de asco visceral y
y no echarse paro atrás?". La tesis de la Sontog va inclurechazo por parte de los espectadores, produce una perso más lejos y ha generado enormes polémicas en los
versa y bestial fascinación por la magnitud del sacrificio
círculos intelectuales de los Estados Unidos. Para ella, se
de Jesucristo en su pasión y muerte. Pasión sentida y sufriha perdido la capacidad de sorprenderse ante el horror
da desde entonces en nombre de todos los cristianos. Y
y los desastres de las guerras, a la manera goyesca, graen vez de descreer de las imágenes, al ser artificios
cias a las emisiones cotidianos de la televisión. Las tortuescenográficos, como lo advierte Susan Sontag paro las
ras y las violaciones a particulares en la guerra de Iraq,
emisiones de TV de auténticos crímenes y violaciones en
por ejemplo, material casi diario de los últimos días en las
el mundo actual, los cinéfilos se entregan de lleno a la
transmisiones internacionales, serían la triste muestra de esta
mística del engaño: ¡Sí, La Pasión de Cristo no es uno
conducta anormal convertida en práctica cotidiana.
película, es la vida, la vida real! Poco importa que la
La historio del cine es un generoso ejemplo de esta
mirado especial del personaje principal no aparezca ja
práctica. Desde el cine silente se ha sucedido un buen
más en el filme.
número de versiones del mismo sacrificio religioso. Jesús
El actor central de la película de Gibson es quizá el
ha muerto, uno y otra vez, en grandes producciones épiúnico de la largo filmografía de películas dedicadas a
cas, como las de Cecil B. De Mille; o en películas como
Jesús en la historio del cine sin ningún magnetismo. Jesús,
la de Martín Scorsese, donde el cineasta abre nuevos
el Jesús de los evangelios, debió haber sido una persocaminos a una historia que está por descubrirse pronto.
nalidad subyugante. Más porque la difusión de su doctriO en versiones más heterodoxas, como las de Jean-Luc
no dependía por completo de parábolas. Y alcanzar el
Godard o Pier Paolo Pasolini. O en esa bella película,
tono de esas ilusiones verbales provenía, en suma, de su
donde un Jesús más humano recibe el toque de la gracia
formo de mirar y de su suave elocuencia. El di¡o Jesús a
divina merced a una mirado genial de Nicholas Ray y a
sus discípulos encierra en su enunciado una provocación
la presencio humano y convincente del actor norteameriparo
seguirlo o para negarlo de inmediato. Jim Caviezel
cano Jeffrey Hunter. Jesús muere por nosotros. Jesús redicarece por completo de esa magia. Magia que han tenime al género humano con su pasión y su sacrificio, se
do Jeffrey Hunter en el filme de Ray (recordamos su astudice, así lo represente Enrique Rombal, en una obra que
cia pirotécnica en el bello Sermón de la montaña) o
era puesta obligado en las antiguos y piadosas semanas
Willem Dafoe en La última tentación. La herejía de sepasantas mexicanos, o por Jim Coviezel, en una pasión ulrarse de la vida religiosa paro intentar una existencia fatra gore, donde Mel Gibson, ultra católico, convierte su
miliar con María Magdalena, la próxima heroína del cine
trabajo en un acto de fe, donde el actor y director austrareligioso, es tan impactante en la película de Scorsese
liano narra sin medida y con mucha sangre las doce
que alcanzo y convence a muchos fundamentalistas. Ni
últimas horas de la vida de Jesús.
en la agonía, ¿o éxtasis?, y ya colgado en la cruz, el
Salvo por f!ashbacks que acompasan la tradicional y
intérprete de Lo Pasión de Cristo es capaz de decir o
muchas veces contado historia en la pantalla, Gibson se
sugerir algo, así sea publicitario, que emocione o intimide
ha centrado, en su Pasión de Cristo, en las últimas horas
de verdad a los testigos que lo rodean en la cruz, sean
de la vida de Jesús y de manero particular en el juicio del
apóstol por parte de las autoridades romanas y de los
religiosos judíos. En uno revisión de ambos hechos, la elección del director de usar el arameo y el latín como lenguas de la época da a las escenas contados un toque
de realismo inusitado. Un toque realista, sí, pero superficial al no ceder ante lo rígida ortodoxia de la narración.
Una línea dura donde los enemigos no son los invasores
de Judea, sino sus propios habitantes y en particular los

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familiares o soldados.
¿Éxtasis? Susan Sontag nos cuenta, en el mismo libro
citado, de una fotografía que Georges Bataille, filósofo
del erotismo, tenía sobre su escritorio y que contempló
hasta el final de su vida (imagen publicado en Los lágrimas de Eros, su último libro; y también reproducida por
Salvador Elizondo en Forobeu~. En ella aparece un prisionero víctima de una pena excepcional en China, aún

en 1910: "la muerte de las cien cortadas". En este castigo el reo era desollado vivo, poco a poco, por varios
verdugos que operaban con un cuidado impecable para
que el sujeto no falleciese de inmediato, mientras sangraba con lentitud hasta alcanzar en su vaciedad la muerte.
Bataille observaba la imagen día tras día y creía ver en
ella el límite casi infinito en el que el dolor se transforma
en placer, en elevación sobre los nervios del cuerpo. El
autor pensaba en una especial transfiguración espiritual
al observar el dolor ajeno que, cercano a los abrevaderos de la mística, conduce del dolor de los demás al sacrificio espiritual compartido y a la elevación. Un dolor
ajeno a la sensibilidad moderno, que no se encuentra y
comparte con los seres próximos (aun observados por
medio de la fotografía o de la TV), sino en la agonía de
los santos y más aún en Jesucristo, cuando traspasa los
marcos del sufrimiento para alcanzar su plenitud gloriosa. Éxtasis gore que Lo pasión de Cristo provocó en su
inmenso público, cuando el viento del oscurantismo
postmoderno empieza a iluminar un sinnúmero de almas.
Por cierto, las passion plays eran un gran negocio no
sólo en los días del primer cine, aun antes de la llegada
del Novecientos, sino también entre los rígidos pastores
de las iglesias evangélicas, cuando el espectáculo era
visto todavía como un instrumento del pecado. ¿Terminarán bendiciéndose los DVD del filme de Gibson?
María Magdalena, ¿heroína? ¿Una mujer en los cotos sagrados del hombre? No la-pecadora que al pare-

cer se inventó en el año 300 después de Cristo, según se
descubre ahora en los nuevos testimonios encontrados
en Egipto, sino la compañero de Jesús que mucho ayudó
en su causa después de la muerte del llamado Salvador.
Si el erotismo del cine era femenino en su origen y hoy es
protagonizado también por los hombres, ¿podía en verdad ocurrir un cambio en el cine religioso? Quizá el súper bes/ se/fer El código Da Vinci, pronto sólo en cines,
podría dar paso a una especulación de este tipo, mientras sus lectores se acercan a revisor La última ceno tan
pronto terminan de leer la novelo.
Yo, como espectador, me quedo con algo mejor: la
última escena, también en el Monte de los Olivos, de
aquellos pobres diablos vecinos de Jesús que fueron crucificados junto con Brian en la misma locación que toda
película religiosa exige, y que cantan con adorable desparpajo, mientras siguen el compás con sus pies: "Always
look on the bright side of life". Por supuesto, versión Monty
Python de la historia más grande jamás contada.
Junto a Jesús, la gran pasión del mundo occidental,
pero en un continente más modesto, aparecen dos figuras nacionales: Villa y Zapata. El primero, personaje fuero de serie, se convirtió en un moderno Robin Hood, atrayendo la atención no sólo de la prensa mundial, sino del
naciente cine norteamericano. Es sabido que Francisco
Villa no sólo recibió financiamiento de una compañía cinematográfica para sostener su campaña, sino que él
mismo apareció en algunas películas silentes. A pesar de

69

�su azarosa carrera, sus años de gobierno en su estado
natal, Chihuahua, se caracterizaron por una prudencia y
una sabiduría política y popular excepcionales, según
acreditan varios historiadores como Katz. Zapata pudo
llegar muy lejos también, pero Guajardo le cortó su camino. Y aunque ambos coquetearon con la silla presidencial, pudo más su territorio que la nación. México era en
ese entonces muchos Méxicos entrecerrados, hasta que
llegó la moderna dictadura de Obregón y el país nació.
Es difícil acercarse a Zapata, pero su nombre y sus demandas siguen vivas hasta hoy. Tal vez cooptaron el reciente zapatismo por su casi permanente mudez, pero con el
creador legítimo de "Tierra y libertad" no se pudo. Zapata
sigue siendo una figura que atrae y hiela o magnetiza, aún
después de muerto. El cine nacional lo traicionó después de
El compadre Mendoza, para terminar con la Revolución
mexicana convertida en un campo de folclore y vacuidad
campirana. La fascinación de Zapata, de su ojos siempre
fijos en medio de una ennegrecida y férrea tez, continúa
grabada en la fotografía de la época y en el cine documental de los años diez. Ni Kazan, ni Cazals, ni Mario Hernández pudieron con su indomable figura. Únicamente un cineasta de origen argentino, Luciano Larobina, aguantó el
paquete en el 2000 con su testimonio los zapatos de Za-

pata.
Affonso Arau, el cineasta mexicano de fama internacional con la celebérrima cinta Como agua para chocolate, sostuvo durante años un proyecto de acercarse al
llamado Caudillo del Sur, pero sólo hasta el inicio de
este siglo pudo levantar su proyecto con ayuda de muchos inversionistas atraídos por un audaz plan de producción y lanzamiento. La fórmula del éxito estaba asegurada y, como los cineastas magistrales seguros de su
destino, Arau ocultó en el mayor de los secretos su trabajo, aunque filtrando algunas cosas a la prensa, de las
cuales dos llamaron la atención. Primero, darle a un popular cantante y caballista experto el papel del mítico
héroe; y, segundo, ungir a Zapata con un polvo esotérico y mesiánico que partía de un dato verdadero del propio "Atila del Sur": un lunar en forma de mano que tenía
en el pecho al lado del corazón. Con esto y la promesa
de Emiliano de reprimir las injusticias en contra de los
campesinos y darles de nuevo sus tierras, Arau se volcó
hacia el estado de Morelos con una de las películas más
caras rodadas en México.
El resultado es aterrador, siniestro y lamentable. Zapata le hubiera metido un tiro de inmediato en medio de
los ojos y no se le hubiera quitado el berrinche. Porque
hasta la fotografía del gran maestro Storaro se vuelve aquí

70

bobalicona y medrosa en el manejo de los fuertes colores de la tierra sureña. Pero eso no es nada comparado
con el argumento del filme y el trabajo de sus respectivos
intérpretes -salvo el maestro Jesús Ochoa, que, aunque
calza más kilos que el ilustre ingeniero en activo Victoriano Huerta, intima en su interpretación con uno de los seres más fascinantes y torvos de la historia reciente de
México.
Ni el chamanismo virtual que enciende una bruja desdentada, ni un supuesto y trasnochado realismo mágico,
del cual definitivamente Arau no tiene ni la menor idea de
lo que pueda ser o significar en la literatura o en el cine;
y mucho menos un falso y grotesco surrealismo que se
apoya en un universo destechado para cada una de las
escenas recreadas por Arau en las ruinas de una antigua
hacienda, provocan en el espectador las mínimas resonancias de un historia que pesa sobre la conciencia de
todos los mexicanos. Y menos aún cuando habla o actúa
Zapata en la voz y presencia esquemática de un Alejandro Fernández sin micrófono en la mano, o cuando se
siente atraído por una demoníaca Lucero sin luces ni demonios. Pobre Zapata, hasta esto le tocó en su reciente
invocación fílmica. Porque aun en la versión de Elia Kazan,
con un Marlon Brando introspectivo en sus técnicas
actorales y teniendo como marco de la tragedia las imágenes de un pueblo como Zapata, Texas, en los años
50, la cosa no fue tan mala.
Zapata, penosos arrebatos de una pasión hueca en
la invocación de una figura que merece el mayor de los
respetos. Y más en un México debutando tímidamente,
como en la época de Madero, en los territorios agrestes
de la democracia, compañía falta de atractivo para los
mexicanos, como bien lo aseguraría Victoriano Huerta.
Jesucristo y Zapata, dos pasiones que necesitan de una
necesaria "contranarrativa" para reflexionar de forma legítima tanto en la figura de Jesús hecho hombre como en
la de Zapata, atento siempre a los llamados e intereses
de sus propios paisanos, hasta ahora no resueltos.
Cine e historia, inseparables. Como bien lo señala
Jesús Silva-Herzog Márquez al comentar el libro señalado de Susan Sontag: "Una imagen vale más que mil palabras, se dice. Y es cierto, pero sólo en un sentido: una
imagen taladra nuestra sensibilidad mucho más profundamente de lo que puede hacer cualquier narración. Pero
también es falso: sólo a través de las palabras podemos
alcanzar el entendimiento". Y sólo a través de las palabras podemos señalar aquellas cosas que el cine debe
intentar mostrar para mirar y gozar de manera inteligente
dos pasiones que todavía habitan en el siglo XXI.

LA PASIÓN DE HOLLYWOOD
Daniel González Dueñas

LJ na de las características más festejadas del cine hollywoodense es el realismo, es decir la capacidad de hacer
sentir al espectador como si aquello que contempla fuera
no sólo verosímil, sino verdad. El realismo se afina en la
medida en que "evoluciona" la tecnología, pero la filosofía de fondo es simple: el público es una masa inerte y
elemental a la que sólo se puede conmover si es sacudida a través de imágenes violentas. En las décadas en
que se inició la cultura cinematográfica propiamente dicha, el público presentaba una fuerte defensa: su propia
incredulidad le permitía alejarse de lo presentado en la
pantalla y criticarlo, desde el momento en que lo consideraba como sólo una "versión posible" entre muchas otras
igualmente válidas.
A principios del siglo XXI, esa defensa se ha debilitado de modo considerable. El espectador de películas
hollywoodenses ha aprendido a ceder gustosamente su
incredulidad en cuanto reconoce ciertos elementos: en
primer lugar, la hechura impecable y, en segundo, ciertos
nombres "célebres" cuya celebridad no significa sino autoridad. El inmediato resultado es atronador: la crítica del
público actual se deriva hacia ciertas áreas de lo real, no
a la película que las muestra. Por mencionar un solo ejemplo casi al azar: el espectador de Monster (Patty Jenkins,
2003) critica a una sociedad capaz de destruir la vida
de la protagonista, pero al mismo tiempo ve con toda
naturalidad que esa misma sociedad (es decir, en cierta
forma, ese mismo espectador) conceda a la actriz que la
representa el Osear por mejor intérprete. La crítica es
abstracta, el Osear es concreto.
La verdadera función del realismo hollywoodense es
ésa: desarticular la capacidad crítica o de alejamiento y
categorización, eliminar la distancia entre ficción y realidad, entre símbolo y simbolizado, entre forma y conteni-

do. Existe una "verdad" de fondo, pero ella no cambia
nada y, de hecho, termina glorificando al aparato que la
transmite. Este fenómeno se duplica cuando se trata de
cintas ubicadas en algún punto de la historia, reciente o
lejana: de un modo oscuro, la audiencia acepta la realidad
hipotética por la pura autoridad de quienes la presentan.
Entonces el público deja de ver aquello como una versión
posible, y lo contempla como la historia, la verdad.
En los tiempos recientes, y a partir del l l de septiembre de 200 l , Hollywood ha endurecido aún más el realismo: lo que era un avance gradual se aceleró hasta un
rango alarmante, porque no sólo significó redoblar la virulencia, sino decretar el modo en que los espectadores de-

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�ben asimilar los nuevos contenidos: desde el letargo. Ese
endurecimiento es notable si se compara, por ejemplo, el
protagonista de Jesucristo superestrello (Norman Jewison,
1973) con el de lo pasión de Cristo (Mel Gibson, 2003,
ridículamente conocida como "La pasión de Gibson"). Aquél
era un líder hippie activo y contracultural; éste es una víctima
inerte a la que se castiga a lo largo de dos horas. "Cada
generación crea a un Jesús a su propia imagen", escribe
David Walsh.
Las implicaciones de lo pasión de Cristo desbordan
cualquier número de páginas. En primer lugar, Gibson
ofrece su definición de Dios exactamente de ese modo,
es decir, no como el creador, sino como el productor del
universo. De ahí la única metáfora del filme, la gota de
lluvia "en primera persona", es decir, la lágrima del diosproductor conmovido por lo que ha tenido que hacer para
que la gente salga del letargo y "despierte". Mas ese
"despertar" no consiste sino en un único lema: sólo el
letargo curo al letargo. El sobreentendido es claro: Dios
y Gibson han hecho lo mismo, lloran por lo mismo, son lo
mismo. Una anécdota del rodaje lo corrobora: en uno de
los planos de la crucifixión, son las manos del propio
Gibson las que colocan el clavo en una de las palmas
de Cristo. Se ha hecho de ello una lectura piadosa: con
ese gesto, el productor-director reconoce que Cristo murió por sus pecados personales, así como pof los de toda
la humanidad. Pero si se trataba de eso, ¿por qué Gibson
no interpretó a Cristo? Acaso la respuesta no yace en lo
obvio (aducir que ni su edad ni su aspecto corresponden
a los del personaje), sino en que no le interesaba el papel
del Mesías: el rol que eligió fue el del Creador, es decir
el Productor.
Más que una experiencia f~mica es un martirio; el espectador es vapuleado con la misma saña con la que lo es
Cristo. Treinta años atrás, la audiencia habría protestado por
ese asalto; ahora lo acepta con la misma docilidad con la
que el Mesías se ofrece a la tortura. No es gratuito que la
más violenta Pasión jamás filmada coincida con el arribo de
un lote de películas hollywoodenses caracterizadas por la
brutalidad. El impacto ha sido tal que como nunca se han
borrado las fronteras entre el símbolo y lo simbolizado. Es
por ello que, en el amplio debate que corre en torno a la
cinta, algunas áreas cristiano-católicas la defienden como si
fuera una revelación mística, lo mismo que ciertas áreas judías la atacan como si fuera la Historia, y no una simple
película, la que parece haber juzgado al menos a una parte
de esa comunidad.
Aún más: James Caviezel, el actor que representa a Cristo, ha sido recibido por el Papa y no es difícil que la gente
por las calles le pida la bendición. Las personas que se rin-

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den a la "verdad" de la cinta han aceptado lo que el Gibson
autodivinizado les ofrece: una expiación de los pecados a
través del letargo y la autodegradación. En todo caso, la
sustancia del sacudimiento es la culpabilidad. El espectador
(sobre todo el norteamericano) ha sido lavado de sus pecados; puede dejar de sentirse culpable, es decir, puede ceder la conciencia a cambio de la aceptación: la brutalidad
es lo humano y sólo ella puede justificarse a sí misma.
Independientemente de las creencias religiosas de cada
miembro de la audiencia, con esta cinta el realismo hollywoodense ha tocado por fin las cotas a las que siempre aspiró:
lo espiritual. Si antes la incredulidad del espectador era un
obstáculo para su entrega, ahora es un pecado. Si antes el
público ofrecía su credibilidad y hasta su creencia, ahora se
le exige su fe. Fe no en un aparato religioso, sino en un aparato ideológico, justamente el que ha hecho posible tal "experiencia catártica".
Años atrás, lo último tentación de Cristo (198 8), de Martín
Scorsese, había generado el anatema de la Iglesia; contra
la creencia común, ese anatema no es la mejor arma publicitaria: el filme de Scorsese circuló durante un tiempo de modo
casi clandestino y luego se olvidó puntualmente. Gibson no
quería eso, sino la "corriente principal": sólo por eso fue minuciosamente fiel a las versiones más ortodoxas y no incluyó
el menor elemento que pudiera molestar al Vaticano. Scorsese había apostado por las ideas; Gibson apuesta por las
entradas en taquilla. Scorsese quiso humanizar a una figura
mítica; Gibson no pretende sino mitificar la ideología basada en la deshumanización. Gracias a esta "pasión" del diosproductor, ahora el realismo hollywoodense se baña de la
noción de dogma: si así debió sufrir el redentor es porque
los pecados del mundo son el mundo, y el mal su esencia
misma, no su defecto. El "diseño de producción" del universo
queda definido como rapiña eterna sólo aminorada de vez
en cuando por medio del sometimiento, el martirio y la vejación.
Se dice que la humildad es el mensaje del filme; ello
resulta paradójico, porque Gibson ha logrado el sueño de
todo magnate: erigirse en divinidad y decirnos por qué produ¡o el mundo de esta manera. Hollywood se vuelve Iglesia;
el espectador, feligrés; las películas de la Meca del Cine,
homilías, revelaciones, escrituras; las "celebridades", evangelistas. No se trata de un filme hecho para la historia en el
sentido de que hable de temas intemporales, sino de un discurso hecho historia, es decir versión única de lo actual para
que aquella se cubra de religiosidad. La concentrada brutalidad del filme se erige en el emblema de la "versión de los
vencedores", que quiere prepararnos para los pecados aún
mayores que están por venir, y "purificarlos" de antemano.

�DE armas y letras
Gestión de amores
Coral Aguirre

Heaquí una revista, un fulgor, un proyectil suave como
la patria de López Velarde; he aquí un número, una
edición que invita al viaje de Baudelaire y a la Magdalena de Proust; he aquí un barco, papel y tinta, una red,
un laberinto pleno de soledades y encuentros. Al entrar
en él, al recorrerlo, la imaginación estalla en colores y
sonidos.
El primer color que me alcanza: Raúl Rangel Frías
creó Armas y letras desde su condición de caballero
andante. Ese hombre que me hizo circular por las zonas rurales de Nuevo León haciéndome escuchar la
voz de su gente, y cuya obstinada razón de crear caminos para ella se manifestó tanto literalmente como
con esta metáfora que en nuestras manos es hoy en día

armas y letras.
Al abrir la revista, lo primero con que uno se encuentra es con las tres Gracias, que pueden ser también las
tres Moiras: la que hila, la que teje y la que corta. O
bien, entre otras tantas, tres femeninas y terribles, graciosas y magas: el arte plástico de Salvador Díaz, testimoniado por la fotografía de Camilo Garza y la suya
propia, subraya mu¡er, dice mujer con familia y sin ella,
con hijos y sola, mujer nuestra de hoy, de ayer y de
siempre, que ocupa su puesto en estas páginas.
Y de los tres poemas de Tomás Segovia, se impone
como sonido mayúsculo el último, "Escucha", para afirmar que:
En esta misma ruta bajo su alta alternancia
Perspectiva animada

Con seres y sucesos
Con voces y apetito y personajes
Si es tan completo y limpio y verdadero
Este ademán sin tacha de decírselo
A lo que me rodea y me sostiene
Es que avanzo sumido en una escucha.

Así suena la nueva armas y letras para cada uno de
nosotros.
También una revista como ésta es la obra de uno,
dos, tres, muchos tejedores que han tejido y renovado sus
tramas, enlazado sus texturas y combinado sus colores,
que han definido sus contornos y hecho de esta urdimbre
una renovada gestión de amores. Del modo -quiero subrayarlo- en que José Garza nos refleja al polaco, a
Kapuscinski, aquél que, no contento con los propios
desgarramientos de la patria, fue a testimoniar las sombras y la esperanza del vasto territorio de otros condenados de la tierra: los del tercer mundo.
Y me llega el nuevo sonido, con color de nostalgia,
¡ay, mi Argentina, tan lejos y tan cerca! Lo mismo que para
Gelman y para Borges, no nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto. Sin embargo, este
Gelman se ríe del desconsuelo, y gracias a los acuciosos
cuestionamientos de Armando Alanís, le conocemos el
corazón y yo puedo volver a escuchar esa frase que nos
hace quienes somos con esa agresividad compadrito, esa
manera de reírnos de nosotros mismos tan perfectamente
dibujada en ese ¿y vos, quién sos? de la anécdota de

75

�Juan, de Gelman, ese poeta que, como todos los poetas,
vive el permanente exilio en su obra y en el mundo
De un modo raro, seguir por armas y letras, por este
número que aporta novedades, seguir el itinerario que nos
propone es muy sabroso. Tanto como para hundirse en
los versos de El ruiseñor de la Iglesia católica. Jesús para
Pier Paolo, Pasolini para mí. Nuestro Pasolini, al que mataron entre las tinieblas de afuera y de adentro, porque Italia, más papista que el Papa, calumnió y condenó al hombre artista con olor de muerte. / ¡Qué escalofrío/ sentir el
llanto! Qué escalofrío ver tu cuerpo y tu alma crucificados.
Así, los palabras desgranadas en nuestras páginas por el
poeta italiano son el soplo desgarrado de su búsqueda
espiritual, son el infinito temblor de su acento: ¡Qué esca-

lofrío: / de ardiente sangre / manchar sus cuerpos color
del alba!
Para desembocar en otro traidor según las buenas conciencias, el Vidaurri, creado por Hugo Valdés, "acusado
de una malicia oriental en mis ojos que, sin haber sido
pequeños, formaban al entrecerrarse dos marcos indesü
frables [ ...] moriré seguramente fusilado como un simple
traidor". Personaje contradictorio, personaje genetiano, este
Vidaurri que nos planta frente a la telaraña de nuestra identidad. El hombre donde se encarna el Poder, el que lleva
el estigma de impartir las órdenes. Colores y sonidos de
toda América Latina, desde la Patagonia hasta el Río Bravo. Nuestro enorme traición de ser europeos y aborígenes, mezclados. Vidaurri diciendo que no al indio pres~
dente. Vidaurri solo. Vidaurri muerto y, no obstante, vivo en
la índole de nuestros huesos.
Y ya nuevos sonidos vienen a impedirme el reposa, la
pausa, la estación. Uno antiguo, otro poeta, narrador éste
en la pluma de Javier lrigoyen García, ¿también traidor?
Aquel Sigüenza y Góngora, aquél que competía con Sor
Juana, y siendo su amigo no lo era; y salvando los papeles del Palacio Real en el gran incendio ejercido por el
pueblo famélico, se disfrazaba o dos puntas, y ero mex~
cano y español. Los Infortunios de Alonso Romírez, ¿ficción o realidad?, ¿crónica histórico o novela moderna?
Éste el cuestionamiento de lrigoyen García; su apunte proclama la intemporalidad de ciertas obras y ciertos autores, conectados entre sí gracias a la inteligencia americana de la que hablaban Reyes, Onetti, Sábalo, Sigüenzo y
Góngora, acaso Piglia. Fábulas que se relatan desde la
incertidumbre, desde el sucedió y no sucedió, desde el
universo que sentenciara para la literatura Lope de Vega,
íntegro y contradictorio.
Antes de meternos a "Andar o la redonda", armas y

letras nos vuelve a la poesía con el tercer poeta; primero
el mexicano-español, luego el italiano y ahora el chileno.
Ese tal Álvaro Ruiz que anda desesperado, perseguido y
a punto de ser suicidado por ella. ¿Quién? Ella. ¿La vida?
Ella, que le indica colibríes y pantanos y lo persigue sin
pausa para acabarlo de una buena vez, para mostrarle
el paraíso y la muerte, el dolor y la felicidad.
Reparo ahora en que la página poética se descubre
por la vista: es el color mate, el sepia, la memoria. La pág~
na poética. La otra, blanca, inmaculada, nos asalta por el
tacto, liso, lúcido, brillante. La página crítica o narrativa.
Hasta aquí mi primer viaje.
Emprendo el segundo a la redonda: por palabra de
Gisella L. Carmena aprendo que aquella aventura iniciada en enero de 1944, donde se bautiza Armas y Letras,
anduvo y anda a la redonda porque nada de lo humano
le fue nunca ajeno. Ni el hecho escritura!, ni el pensamiento metafísico, ni lo relación crítico, ni la ciencia, y menos
aún la historia, el destino personal, el destino colectivo.
Todo ello en los tiempos de su fundación, en plena
Segunda Guerra Mundial; como hoy, ante lo devastación
de los terrorismos, esto letra esgrime el arma de la paz y
no de lo guerra, la utopía de lo vida contra la
inexpugnabilidad de la muerte. Con sus cinco perlas, sus
cinco etapas, sus cinco lágrimas, sus cinco carcajadas.
Así pues, andando a la redondo primero vienen las
mujeres a visitarme de la mano de la fotografía de Camilo
Garzo y el arte de Salvador Díoz; luego vendrán sus h~
¡os: los hombres y los niños. Y, de inmediato, esa poesía
que no se doblega de la mano de Juan Domingo Argüelles,
quien nos cuento que ... poesía abandonada, poesía que
no se lee, al parecer. Sólo al parecer, porque lo poesía se
ha instalado en armas y letras y en todos las publicaciones; también en antologías, en editoriales heterogéneos
en franco hibridación con la crónica y las otros lecturas,
las fáciles; y no ceja en pedirnos cuento, en exigir que
reparemos en ella, en renegar de su inutilidad, de su oscuro pasar, en proclamar que está viva y que, según Argüelles,
nunca ha dado un susto a ninguno editorial, nunca se han
perdido los letras por lo publicación de poemas, nunca
recibió lo poesía un anticipo por su fama, pero sí mucho
regocijo por no haber sido la ruina de nadie.
Una revisto como armas y letras es una historio desgranada ante nuestros ojos, donde cada página, cada art~
culo, cada visión, cada número, cada etapa, se entrelaza
con nuestro propio mundo y el de los otros participantes
allí, en la comunidad y complicidad de las letras, esas
armas que se esgrimen y nos revelan un momento de nues-

tro pasado como asimismo un instante de nuestro futuro.
En ello nos corrobora la voz de Nicolás Duarte Ortega,
con su reflexión sobre "El pasado corno posibilidad". Entonces, ante su discurso, advertimos que así como los rosarios que se usan para las ceremonias religiosos católicas
se constituyen de uno solo cuenta, no obstante, es un conjunto de perlas el que existe, porque existen todos y cado
una de ellas: una sola no tiene sentido; pero, integrada
con los demás, forma una pieza de alta significación simbólica. Del mismo modo, los 60 años de este rosario que
celebramos hoy, con sus cinco etapas y sus muchos números, con sus voces pasadas y presentes, resulta ser un modo
de concretar y percibir nuestra patria, esta patria univers~
!aria cuyo sistema de valores, aspiración a la excelencia y
humanismo se funden con su comunidad, su pueblo, paro
hacer del pasado una renovada historia, infinita historia,
múltiple historia, donde pueda alojarse el futuro que cada
uno de nosotros sueño.
Si el pasado es aún una posibilidad por concretarse,
el texto de Claudia Zapata va sobre ello. En · El zapatismo
en México, ¿posmodernidad y poscolonialidad en América Latina?", la autora confronto las corrientes teóricas del
poscolonialismo con su portavoz más elocuente, Homi
Bhabha, y enfrenta su discurso al fenómeno zapatista y los
luchas reivindicatorios indígenas de la década de los 90
en América Latina. Si, para Bhobho, centro y periferia no
se fundan o, al menos, no tienen por qué fundarse en un
binarismo perverso, como lo llamara García Canclini, cómo
hacer, qué responder a "Cuando bajamos de los montañas cargando nuestras mochilas, a nuestros muertos y a
nuestra historio; venimos a la ciudad a buscar la patria. La
patrio que nos había olvidado en el último rincón del país,
el rincón más solitario, el más pobre, el más sucio, el peor"
(EZLN, 22 de febrero de 1994). Hoy otro mundo, otra
realidad, otro pasado, siempre, más allá de teorías y

posmodernidades. Y armas y letras parece hacerse cargo de ello.
Mi itinerario está por concluir, y en uno de los senderos trazados para llegar al final me encuentro con mi buen
amigo Roberto Escamilla, cuya réplica me permite un suspiro de alivio, vaya que sí; cuántos espejismos en este
mundo del cine, donde Hollywood se extravía en los círculos redundantes de El Señor de los Anillos y el abominable Mel Gibson escenifico lo Pasión más taquillera de todos los tiempos. Y cuánto arle en producciones independientes, múltiples, que echan mono de lo solidaridad de
tres, cuatro países; qué bello resulta leer Francia, España,
Alemania, Brasil, México, Argentino, Canadá, esta vez
sin binarismos, sin tú allá y yo aquí, sin bárbaros y civilizados, sin marginados y metrópolis. El cine nos cuenta que
hoy otro modo, otra manera de ser en la gran población
flotante en la que nos hemos sumergido todos.
Y la "Caballería" se impone: los caballeros son Gilberto Prado Galán, Francisco Ruiz Solís, Jesús de León, Luis
Aguilar, ZacaríasJiménez y Minerva Margarita Villarreal,
en sus ágiles rocinantes, con sus escudos relucientes y sus
bacinillas de barberos de profesión -esto es, de cortar
barbos y melenas; que no en el término coloquial mexicano-; estos cinco caballeros nos desafían con crítica poét~
ca, narrativa, de ensayo y otros yerbas que ya no me es
posible detallar aquí.
He concluido el barco, el viaje, el fulgor, lo esperanzo.
Celebro que la Universidad Autónoma de Nuevo León, a
través de Extensión y Cultura y su área de Publicaciones,
nos permita a su pueblo, su gente, sus estudiantes, sus
maestros, coincidir en estas páginas como punta de lanza
para, alguno vez, algún día, en algún lugar, ocaso la venta donde Don Quijote es nombrado caballero, al igual
que él recibir el espadazo que nos haga mejores, por
obra y gracia de armas como éstas.

77
76

�in-between; pero, sobre todo, en la

de nuevas aperturas, de meditaciones en torno al

poesía que se incluye en este número: en el "Fulgor"

destino del pensamiento. Un volver extraño lo que ya

de Tomás Segovia ("este fulgor amoratado apenas"),

es familiar, como en las pinturas de Salvador Díaz.

jador del término

en las exhalaciones y escalofríos de la "Pasión" de

tió en la Universidad de Freiburg el seminario "A qué

Pasolini o en "Un poema fatal", de Álvaro Ruiz.

armas y letras, a cada

se le llama pensar", uno de los últimos que dictara

momento surge la extrañeza ante el pasado históri-

antes de retirarse. En su primera sesión, el filósofo plan-

A través de este número de

60 ANIVERSARIO:
UN VOLVER EXTRAÑO
Jesús Mario Lozano

La pintura de Salvador Díaz, en lo general, siempre

te a sí mismo". Para Jean-Luc Nancy ( 1994), "la pintu-

me ha parecido una especie de travesía. Al hojear

armas y letras, notablemente ilus-

ra, pinta esta sorpresa. Esta sorpresa es en sí la pintura"( 121 ).

trado por una gran cantidad de sus obras, lo com-

En los cuadros de Salvador Díaz asistimos a esta

pruebo. En sus pinturas encuentro un diario de viaje,

extrañeza, al evento de hallarse distinto en cada

este número 46 de

un registro de acontecimientos mínimos, una memo-

momento de su vida, reconociendo en pintura lo que

ria de imágenes de familia aprehendidas en pintura.

fue su entorno. Se muestra con sorpresa el estremeci-

Retratos y autorretratos, tomados algunos de fotogra-

miento de reconocerse extraño, indagando a través

co, la identidad nacional, el espacio que habitamos

teaba que, antes de cualquier cosa en el mundo, hay

y el devenir temporal. Radical extrañeza de descu-

algo que nos provoca pensar urgentemente, sin de-

brirnos encerrados "en el círculo de las posibilida-

mora. Algo que no podemos pasar por alto, y esto

des", como lo expone Martin Heidegger en la con-

es: que aún no pensamos, que aún no empezamos a

ferencia de 1967 traducida por Humberto Martínez,

pensar. Este número de

y a la vez, participando del "proyecto que se pose-

recordar la contundencia de esta frase y su extrañe-

siona del mundo y establece lo que solamente pue-

za . A su vez, nos abre la puerta, de nuevo, a enfren-

de ser sometido a la investigación". Un proyecto que

tarnos a la sorpresa de redescubrir lo que somos, sin

es necesario pensar para que la relación del mundo

armas y con letras, mientras celebramos sus primeros

en general pueda comenzar a modificarse, a partir

sesenta años.

llama "el origen del arte", en la remembranza de la
mirada de Atenea, en su puesta

bierto del

a descubierto/cu-

horizonte.

No cabe duda de que, a través de los años,

mas y letras, esta revista o, mejor dicho, este entrama-

Se nos presenta un recuento de imágenes familia-

Una sorpresa que en cierto modo es similar a la

res que, paradójicamente, resultan ante todo extra-

de Juan Gelman en la entrevista realizada por Ar-

ñas. Salvador Díaz, en cada una de sus pinturas, ex-

mando Alanís, cuando después de contar una anéc-

pone firmemente la extrañeza de aquello que nos es

dota termina diciendo: "A mí me pasa lo mismo: me

barrera que cierra el paso a la realización de su

familiar. A partir de su propio mundo pictórico nos

miro en el espejo y digo: ¿Y vos,

destino.

visibles, de amigos y universitarios, ha sido una apuesta por cuestionar y a veces plantear de distintos modos y perspectivas, desde el corazón de la Universidad y para la Universidad, los riesgos del encierro
tecnocrático, con el fin de abrirse camino en esta

armas y letras,

sin duda, continúa ocupando el

vuelve extraño el nuestro, el más común, el más cer-

sa de uno mismo frente a uno mismo. Monstruosa

cano: el mundo de lo familiar. Los recuerdos se

sorpresa que se repite, a cada momento en este nú-

reconfiguran y en algunos casos se desfiguran ines-

mero de la revista

armas y letras. En los asombrosos

sión, un abismo que nos recuerda la extrañeza de

peradamente. Sus pinturas me hacen recordar las

viajes de Kapuscinski, las narraciones de su estar"allí"

estar vivos no a través del establecimiento de una

palabras de Jean-Luc Nancy provenientes de su libro

tal como nos lo describe José Garza en su "Viaje aÍ

Las Musas ( 1994): "El hombre inició con

testigo del (tercer) mundo"; en la memoria de Vidaurri,

za se presentó a sí mismo: él la presentó, la configuró

crita y reelaborada por Hugo Valdés, según se indi-

para sí mismo. Eso era el autoconocimiento del hu-

ca en un pie de página. También en el interesante

The Monterrey News,

es-

mano, el descubrir que su presencia era similar a la

texto de Claudia Zapata, "El zapatismo en México,

de un extraño. Monstruosamente similar. Ése era su

¿posmodernidad y poscolonialidad en América Latina.2", un texto que cuestiona extrañado los movimien-

primer conocimiento, su habilidad, su secreto. El esquema del hombre es la 'mostración' de esta maravi-

tos indígenas en México, teniendo como línea princi-

lla: uno mismo fuera de uno mismo, sorprendido fre n-

pal las investigaciones del teórico Homi Bhabha , for-

78

Nancy, Jean-luc ( 1993). Le sense du monde. París: Galilée.
Nancy, Jean-luc ( 1994). Les Muses. París: Galilée.

do de envíos, de firmantes y destinatarios no siempre

de la pintura los personajes o fantasmas que reina-

perteneciente a la novela

Bibliograka:

ar-

ron su pasado (y también el nuestro, e l de sus espectadores).

za de su propia humanidad. A través de su extrañe-

nos invita a

de un impensado que Heidegger sitúa en lo que él

imaginación del pintor; en su conjunto, están marcados por el signo de "lo familiar".

la extrañe-

armas y letras

de un repliegue ante la civilización mundial, a partir

fías (es la pintura la q ue toma a la foto), otros d e la

quién sos?". Sorpre-

Durante 1951 y 1952, Martin Heidegger impar-

LIBRERÍA UNIVERSITARIA
Ciudad Universitario / teléfono: 83 76 70 85
Zaragoza 116 sur/ teléfono: 83 42 16 36

espacio de una abertura en la Universidad, una inci-

oposición ficticia a las plataformas tecno-científicas,
sino, en algunos casos, atravesándolas, bifurcando
su sentido e interrogando su esencia. Sorpresa del
mundo en que vivimos es a

lo

que nos invita esta

revista, o como también lo diría Nancy ( 1993): sor-

Libros de texto
Ciencias
Letras y humanidades
Política y sociedad
Diccionarios

presa del fin del mundo al que asistimos, es decir, del
fin del sentido del mundo, de lo que antes se consideraba mundo y ahora ya no

lo es más.

Desde esta perspectiva, armas

Enciclopedias
Libros de arte

y letras es en cier-

to modo una promesa: promesa de nuevos envíos,

79

�Me

LA TRAVESÍA

PRESAGIO DE UN TIEMPO NUEVO

Alfonso Reyes Martínez

Jorge Pedraza Salinas

tocó en suerte dirigir la revista Armas y Letras
el año de 1970. La Universidad atravesaba entonces por un proceso de intensa lucha política, y un
movimiento estudiantil y magisterial arremetía impetuosamente contra las viejas estructuras. Años de cambio en que las aulas muchas veces se fincaban en
las asambleas, las plazas, las calles. Años, sí, de un
aprendizaje intenso para nosotros, que defendíamos
la libertad de la cultura y el derecho que tenían a
recibirla los más desprotegidos sectores de la sociedad. Lejos en el tiempo quedaban ya aquellos heroicos avatares que Raúl Rangel Frías encabezó, seguido por el entusiasmo de verdaderos universitarios que
se unieron con pasión. En aquella Universidad de los
años cuarenta e inicios de los cincuenta, su presencia dimensionó perfiles cosmopolitas, modernos.
Nació la Escuela de Verano, aula abierta a la cultura universal; la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras; las escuelas de Teatro, Danza y Música; el taller
de Artes Plásticas. También, hace ya sesenta años,
nació Armas y Letras, que, primero como un boletín
mensual y después con el atuendo y la cobertura de
una revista, ha recorrido los días y los años.
Veíamos entonces, desde la óptica juvenil de
1960, aquellos esfuerzos empeñados en resurgir;
aquellos maestros que siguieron, sin equivocarse, la
inalterable vocación transformadora de su universidad. Analizábamos sus ideas, su cátedra, sus publicaciones. Y marginados, condenados a publicaciones a veces incipientes, otras con mejores augurios,
veíamos siempre la revista Armas y Letras, su trayectoria, su cambio de boletín noticioso de una casa de
estudios de provincia al estadio generoso de una

80

publicación donde campeaban con singular frescura el ensayo filosófico, literario, la poesía, las artes,
la reseña de libros. Cómo su imagen gráfica y su
estadio editorial fueron tomando el equilibro y la
madurez. Y también cómo se resistió a perderse después, entre las aguas turbias de la burocracia y la
incomprensión de quienes entonces conducían la
nave, errática, sin rumbo.
El movimiento de 1969 abrió entonces nuevos
cauces, incorporó nuevas ideas, planteó nuevas conquistas. Armas y Letras inició también otra época. En
esos años abrió sus páginas a jóvenes poetas, investigadores, pintores y filósofos, y volvió a nutrirse con
la obra de destacados intelectuales mexicanos y de
otras partes del mundo.
Qué fácil hubiera sido, en aras del cambio ya
seña lado, acabar con la revista -como después se
hizo entre los años 1972 y 1974-, sustituirla con una
publicación panfletaria y demagógica, sectaria y
adocenada. Triste empresa editorial hubiera derrumbado inmisericorde ese edificio alzado con el desvelo y el sueño de manos universitarias generosas y de
un amplio magisterio. No fue así. La corriente de izquierda que dirigió a la Universidad estimuló la revista, definió su política con respecto a las ideas universales en el arte, la filosofía y las literaturas nuevas,
que aquellos maestros primigenios habían sembrado.

Hace 58 años, al conmemorarse el 350 aniversario de la ciudad de Monterrey, Raúl Rangel Frías dijo:
sólo se conserva en el tiempo lo que se somete a su
mu donza .
Han transcurrido 60 años desde aquel mes de
enero de 1944, cuando el maestro Raúl Rangel Frías
editó el primer número de la revista Armas y Letras.
En sus Memorias, el propio Rangel Frías recuerda el
instante aquel:
11

11

En la Universidad me esperaban el deber y la fascinante
tarea que impulsaba todos mis actos, desde adolescente,
por levantar y fortalecer la casa de los estudios y el saber
[...]. Tracé un programa que para aquellos tiempos era ambicioso y un tanto soñador. Trabajando desde aquel puesto
de Director de Acción Social la imagen de una nueva Universidad, modesta en sus principios, pero ardiendo en afanes de entendimiento, de solidaridad, de inteligencia y de
poder para recoger y llevar el bien de la verdad y la belleza a todos los rumbos: Armas y letras.
Proyecté la división interior de esta obra en cuatro direcciones: intelectual y literaria, la una; de publicaciones, la
segunda; música, la tercera; teatro y difusión cultural, la última. La diversidad del conjunto tendría su función de promoción, ejecución y finalidad creativa en un todo orgánico di-

rígido por mí y cuyas expresiones se realizarían con un sentido de profunda vinculación humanística.
El órgano central de estos anhelos fue nuestro boletín Ar-

mas y letras. Esta misma publicación fue el impulso motor[...].
Las líneas del esfuerzo que hicimos cristalizaron en la Escuela
de Verano, fueron una primicia o anticipo de preparación para
la futura Facultad de Filosofía y Letras.

Otras iniciativas del maestro Rangel Frías surgieron
posteriormente. Entre ellas, el Museo de Historia del Obispado y la Biblioteca Alfonso Reyes, cuyos fondos y el
acervo de don Alfonso Reyes dieron origen a la actual
Capilla Alfonsina.
En su famoso discurso sobre las armas y las letras de
Don Quijote, el inmortal Cervantes señaló que las armas requieren espíritu, como las letras, cuyo fin -decía"es poner en su punto la justicia distributiva, y dar a cada
uno 1o que es suyo .
Damos la bienvenida a la revista armas y letras,
en su nueva etapa. Fiel al propósito humanista original, armas y letras viene de nuevo hacia nosotros,
desde el pasado, para proyectarnos con mejores
herramientas hacia el porvenir. Que su publicación
sea presagio de un nuevo tiempo que aliente y promueva las tareas de la inteligencia.
11

Hoy, después de sesenta años, la voz de armas y
letras se escucha limpia y se conserva fuerte; es una
voz acrisolada por la pasión, por la luz del pensamiento. Pertenece -quién lo duda- a los universitarios de este tiempo.

81

�/

CABALLERIA

La lluvia férrea
de la ironía

floja mientras miramos a uno y otro lado
con insatisfacción:
podría cocinarme un
filete o lo pimiento

Hace falta que llueva

beberme uno botello de vino

De Leticia Hen era

cortarme los venos

Ediciones Castillo

con desgano

Monterrey, 2003
soy un adulto

Hace falta que llueva, hace falta que la

Desde lo más profundo de esta insatis-

lluvia arrastre consigo el caos, hace fal-

facción se eleva, sin embargo, una vehe-

ta humedecer y ordenar el caos o al

mente necesidad de encontrar la propia

menos conocerlo a través de ventanas o

verdad y expresarlo, o contraluz o con-

palabras traslúcidas que abran horizon-

tra la corriente: contra las "manías" de

tes nuevos. Esta vida a veces se convier-

comunicarse con el que se quiere ir sin

te en pura fragmentación, en polvo de

ción iluminadora que humedece o en-

do, la humanidad y aun ante su misma

escuchar, la manía de mentir poro no
quedarse solo, de aplazar el sueño hasta el cansancio, o bien, huir de lo virtud
como del miedo.

ciende los fragmentos de nuestra sensi-

persona. Para protegerse, elige el mejor

Los motivos del poemario de Leticio

bilidad para fundirlos, o al menos para

escudo: la ironía, el humor negro con el

son el bisturí que abre lo carne poro des-

reconocer nuestra fragmentación misma,

que puede ahondar hasta donde más

cubrir: lo ausencia, el amor, el sueño, el

a la vez que surge mós alió de nuestra

le duele.

sexo, lo soledad, lo libertad, el rechazo,

remolino que nos eleva y nos empequeñece. La poesía entonces cumple su fun-

nariz un aroma apetecible de lo que ver-

por fortuna, y poco crédula ante el mun-

Duele la adolescencia, la jwentud

lo insatisfacción. En medio de estos moti-

daderamente es -o puede ser, o debe-

bajo la lluvia de sucesos que, sin peso ni

vos está lo otro presencia, la presencio

ría ser- , mientras en línea paralela con-

consistencia, se acumulan en el curso del

inalcanzable de todo lo que anhelamos

templamos nuestras carencias.

día, de los días. Le duele la nochecita a

como perfección:

En Hoce falto que lluevo, Leticia He-

Leticia Herrero, la nochecita de cualquier

rrera avanza hacia las encrucijadas pro-

mujer en este siglo XXI, en el que avan-

pias de nuestro tiempo: ella es rebelde,

zamos por la vida como por una cuerdo

no siempre se puede creer
[en lo que se cree

83

�a veces cuando mucha

bros han de aprender a decir adiós y o

las imágenes auténticas para expresar

te sientas a mirarte

decir basto.

el amor se multiplican:

y te perdonas

Hacía falta que lloviera poesía, y llo-

Las estatuas móviles

de la montaña", del mismo apartado,
erotismo e imagen se trenzan en una

enseña su calvicie de asfalto:

entrego perfecta de versos, descripcio-

la carretera huye del ábrego
y esconde su cabeza en la entrada

vió, con el compás envolvente de versos

te ausculta mi amor

Aura de la estatua

nes y definiciones eróticas y provocado-

A la pregunta "¿cómo se puede sobrevivir

encabalgados o bien con el ritmo sinco-

con pinzas transparentes

ras. Explícitas, también:

en el caos?", Leticia ha contestado en un

pado de la sorpresa. Cuando lo poeta

poema en el que "aplasta[...] el día entre

parece dirigirse a la solemnidad, nos sor-

De Luis Medina Gutiérrez
Fondo de Cultura Económica
México, 1998

dos dedos": deshiela su corazón en baño

prende con alguna rotunda aseveración.

maría hasta que hierve junto con ella. Pero

Por ejemplo:

es capaz de escuchar el canto en la es-quina del recuerdo mientras esto ocurre. Y

El corazón del hombre se estremece

con el contraste que singulariza su enfo-

Duerme crece decrece se entumece

que de la poesía y de la vida, escribe:

Es un órgano flexible y necesario
Que a veces dejamos en el rincón

Me levanto me apresuro me siento

A que se pudra

parte del tambor batiente del día
invento que soy feliz

Situada en la frontera exacto entre la som-

como una chachalaca bajo la regadera

bra y la luz, lo conciencio poética de He-

pero se me notan las cicatrices

rrero se inclino hacia uno y otra parte, sin
que el arremolinado caos pueda arrostrar-

Oh Dios cuánto cansancio
Tener que vivir conmigo tanto tiempo...

lo, sino acaso inclinarla momentáneamen-

En "Antropofagia", lo penúltima parte de
este poemario, lo poeta nombra los impu~

temo, a través de lo ironía, en lo que es--

bras inventadas por Juan Gelman, sólo
por nombrar a un descubridor de nue-

lo construcción, la pulcritud y la profun-

llueve y una serpiente de colores

vos lenguajes, pero la intención de

más que la autobiografía, pues no es pos~
ble olvidar aquella máxima ton cierto: "lo
que sólo es para mí no es paro la literatura". En cambio, en este poemario el amor
traza su línea hiperbólica. Asciende y cae
iluminando cado uno de sus etapas:
Pero no ero miedo
Una cosa de nada
A morderse un labio un dedo...

palabras con ritmo y sorpresa. En su corrien-

contraposición a su nombre, movimien-

en la palabra que se transforma en

Tijuono de Poesía-, el poeta va perfilan-

to fino. Audaces trozos donde surge lo

montiño podrían bien ser errores de la

do, con las más diversos formas y los

vida de lo que parece que no tiene mo-

edición y no del poeta.

más etéreos materiales, un erotismo rico

vimiento. Danzo la entonces inmovilidad
un baile cachondo y atrevido que pone

res de minuciosa búsqueda, resurge la

de punta muchos cosas: el deseo y las

limpidez con que Medina Gutiérrez

inaugura con ello un tono poético defin~

ganas, pero también el tallado fino y es-

construye los hilos que tejen una obra

do que trasciende la carne para descubrir

cultórico que es siempre hacer poesía.

completa. Nadie que no sea poeta sabe

Hoy, sin embargo, posodoblesapre-

lo difícil que es urdir una tramoya que

La quinta parte de este libro singular
se inicia con "Esperanzo", agudo poema,

balgamiento de versos, siempre en forma

tados, como en el poema "Lamento des-

sostengo de manera argumentada y só-

ejemplar en su brevedad:

y a buen ritmo, va hilando fino en medio

de el puente", donde el poeta dice:

lida casi 90 páginas. Medina Gutiérrez
lo consigue en Aura de lo estatuo, libro

de los ganas -desesperación impura-,
El puente no es camino

con el que deja de pie, orgulloso y pul-

para los hombres.

cro, el deseo que es erotismo y el erotis-

Arcoiris de piedra,

mo que, en Aura de la estatuo, es una
escultura poética de gran alcance.

Mi corazón es un pabilo

El escritor se desvive en el fondo pero

Pero miro la luna todavía

talla la forma. Hace poemas, como en

estirado beso

"Lluvia adentro", del apartado "En el ta-

arco de la lengua

lón de la luz":

diadema del abismo.

Sin embargo, en el poema siguiente, el hombre y lo mujer piensan que se salvan de la

plosivos, tan explosivos como los combi-

catástrofe, pero lo catástrofe yo vive/ en el

la laguna

naciones de consonantes b-m-r y m-b-r.

hueco del corazón/ que no puede ser uno.

lluvia en el caracol

A todas luces, lo explicación final se ob-

Volcán donde crece la milpa

vio con el verbo, que sobra en el texto.

Más alta del aguo

Si el punto final de abismo rompe la enu-

Sensibilidad, inteligencia iluminadora de

la gracia y la ternura se unen de pronto

bombardero

los aspectos dramáticos y de los irónicos o

al humor negro, en medio de las contra-

Calambre cumbre cimbra

francamente absurdos que la vida nos pre-

Verde sembradío

meración comparativa, tras él viene la

sento, así se trote del amor, el erotismo, la

Segado por la barca

explicación con uno referencia innece-

dicciones propias del género femenino
y el número singular. Leticia Herrero, ima-

Así, recorriendo las páginas de Hace fol-

saria: Corono de mi reino era más que

soledad, lo compañía; todo esto y más llue-

gino, está ante la página en blanco para

lo que llueva encontramos todas las mo-

ve en lo poesía de Leticio Herrera, en este

Ojo desnudo de Dios

dar su testimonio, y uno vez que resuel-

dalidades del ritmo, la sonoridad y lo

libro en el que podemos participar y tomar

Asomándose por la tierra.

ve enfrentar el vacío que ésta represen-

eufonía de las palabras en consonan-

porte de

to, empuña los palabras paro emplear-

cia con su sentido. Y también el rompi-

las a como dé lugar: seo amorosamen-

miento de regios gramaticales, que da

otras partes de los cuerpos ya no de car-

apartado "Manos blancas entre los rui-

te, o bien, como armas. Manos y pala-

originalidad al poema. Del mismo modo,

ne, sino de lo que sea. En "El ombligo

nas", donde Medina escribe:

84

DOLORES CASTRO

suficiente.
El libro, hay que decirlo, presenta
también descuidos, aunque mínimos,

lo que ella ha soñado o exper~

mentado, si lo revivimos mediante la lectura.

Lu,s AGutLAR

Es corona de mi reino.

ducción" los vocablos añaden efectos ex-

somos seres imperfectos y semejantes,

En todo caso, ante estos pormeno-

Luis Medina Gutiérrez fundamenta e

lo deseado -pulcritud creadora.

mediante la repetición de sonidos; en "Se-

En esta poesía que permite conocer que

-libro galardonado con el Premio

Brumosa en el cielo

el poema "abierto" subrayo el sentido

Del mundo que conozco...

con todo, que la coma, así como el error

me quemo.

Son como rutas

taña en el texto es obvia. Es de anotar,
La voz de Aura de la estatuo es, en

Mañana es primavera dice la luna

Y las rayas de la cama en la cara

Medina Gutiérrez de referirse a la mon-

lo precisión filoso. En Aura de la estatuo

me sonríe

Leticio Herrero no descuida lo eufonía. En

[se joroba

nales y trazos delgadísimos rayanos en

pero respetando siempre la escultura de

Ésa es la única que tengo cuando

existe. Desde luego no existen las pala-

el deseo, donde se encuentre. Con enca-

[de su paso: camina sobre lumbre

[amanece

didad de su poesía. De armas tradicio-

en imágenes y capaz de sensaciones.

Como niños jugando

[que lo debe todo

de la Real Academia tal definición no

Pero sí un juego de agua:

el deseo luce en su poema "Prestidigitador":

Y ésa que soy que apesta

ma confunde, porque en el Diccionario

Ese pacto con los hombres
No habrá otro diluvio para ellos

otoño y su propio plenitud. Transfigurado,

las palabras y los versos en cada poema:

Esa vasija desmelenada del cielo

sía. Radico un poco en ello el tiempo y

tro propio de los libélulas o las moscas. Y

palmas de los monos toco la plenitud del

[es blanco

Pocos poetas hoy de tan escaso ruido y
tal sustancia. Por eso la discreción de
Luis Medina Gutiérrez abono o su visión

Ero como un suspiro que ni duele

vuela y muestra la consecuencia

ramente al ritmo del poema, al mismo
tiempo que la palabra segunda del poe-

y a la contundencia estética de su poe-

Hace falta que llueva forma un río que, por

siempre al ritmo del tiempo, que Huye como

Miro tu ombligo de laberínticos rayos

verdad, en oigo más que el fugaz encuen-

te hacia la sombro, hacia la luz. Con las

en la mascada multicolor bate alas

La coma tras lo montaña estorba grose-

conde el ímpetu cuando se convierte en

supuesto, va a dar o la mar; llueven en él las
te la vida se columpia, se hunde y levanta

Desde tu mentón Señora Tierra

[del pueblo. ·

Tu cordón umbilical transparente

sos eróticos por su nombre; sin embargo,
su originalidad radico en transformar el

la montiña,

Ese erotismo irredento asoma también en

como la como del texto cuarto en el

85

�La alienación
o del sentido
trágico de la vida
la alienación: Tragedia
de la voluntad de poder
De Leonardo Iglesias
Montesinos / Escuela Preparatoria
Técnica "Gral. Emiliano Zapata"/
Escuela Preparatoria 8 (UANL)

como psiquiatra tiene el autor del libro,

sulta lo aplicación de uno fuerzo de

Poro que este proceso, consistente en

general, el individuo fuero de sí, vuelto

de modo que nos encontramos ante un

acuerdo o lo cual se valoro lo realidad.

el paso de lo dimensión individual a las

otro. Sin embargo, el problema no radi-

Nietzsche psicólogo -y no filósofo,

El individuo reúne determinados ca-

dimensiones histórico-sociales, no resul-

ca en estor alienado, pues lo alienación

como usualmente se lo considero. En

racterísticas básicas, los cuales son: la

te uno pura idea, es preciso introducir el

es un proceso necesario en la formación

cuanto o Hegel y Marx no nos enfren-

autonomía, la unidad interna, lo conti-

aspecto material de la relación del indi-

del individuo. La cuestión yace en que-

tamos con uno interpretación novedoso,

nuidad, lo consistencia y la integración.

viduo con la realidad. Tal aspecto se

dar alienado definitivamente, irremedia-

pero en cambio hollamos conexiones

Poro reconocer o un individuo es preci-

encuentra en la praxis, lo cual es defini-

blemente. Pero, volviendo o los dos

que se presentan como cominos que

so encontrar toles característicos. Res-

do por el mismo autor como "la acción

ámbitos de la alienación mencionados

LA ALIENACIÓN

desembocan en uno nuevo teoría. En-

pecto al individuo en el ser humano se

humana transformadora de lo realidad"

arriba, lo alienación del individuo:

Tragedia de la
voluntad de poder

tonces, ¿cuáles son los puntos esencia-

dice que "lo individualidad [... ] tomo lo

(28). Por medio de lo praxis el hombre

les de dicho teoría? o, en otros pala-

formo de personalidad. Esto es, una con-

crea lo culturo, y, con ello, lo historia, de

bras, ¿qué nos dice, o grandes rasgos,

figuración específico en la que conflu-

donde nace el espíritu. Por último, si-

sucede en función de lo dinámico pro-

este libro?

yen los componentes de lo corporeidad,

guiendo el mismo proceso, el individuo

pia de éste en el ámbito de la mente y la

Leonardo Iglesias

Barcelona, 2004

-¿ Tendré que consideror como
igual a este escudero, Gurdulú, que

IIIIONltllliOI

El primer punto del texto, en orden

de lo mente y de la vida en la culturo, y

en su espiritualidad adquiere su ser en

personalidad. Sin embargo (aquí encon-

de su importancia y no o lo secuencio

cuyo integración dinámico se constituye

sí en cuanto se escinde de su ser natu-

tramos el segundo ámbito), es necesario

de lo exposición, es el hombre. "¿Qué

en uno entidad distinto de los otros indi-

ral. Con lo anterior podemos hacer uno

precisar que ol referirse al objeto de lo

es el hombre?" es lo pregunto funda-

viduos" (28). La característico esencial

descripción genético del ser humano, y

alienación se hace referencia a la reali-

mental en el problema de la alienación,

que distingue al individuo humano del

otro según los rasgos que lo constituyen.

dad social del individuo. El objeto de la

en cuanto ésto es un problema circuns-

resto de los individuos es lo conciencio.

El esquema sería el de uno cadena en

alienación no se presenta al individuo de

t~UYO

ni siquiera sabe si es o no es?

sugiere que se trata de un problema que

-Aprenderá también... Tampo-

encontramos con teorías planteados en

crito o lo dimensión humano. Sin embar-

La conciencia se hallo en el interior del

la cual coda elemento se une con el que

co nosotros sabíamos que estába-

manera aislada, sino como parte del to-

el siglo XIX? Lo primero referencia que

go, si nos ubicamos en el plano de lo

individuo, dentro del cual se bifurco se-

lo sucede, resultando de ello lo siguien-

mos en el mundo... También se

tal de la realidad social en lo que el indi-

obtenemos en lo lectura nos lleva o

búsqueda de los principios que no so-

gún su dirección; esto es, como autocon-

te: individuo-voluntad de poder-praxis-

aprende a ser...

viduo se encuentro (36).

Hegel, más adelante encontramos a

lamente rigen al ser humano, sino tam-

ciencia, en el caso de orientarse hacia

cultura-historia-espíritu-individuo.

Marx y o Nietzsche; o partir de ellos

bién o todos los seres vivos, es necesa-

el interior, hacia el sí mismo, o como

Uno vez que el autor ha expuesto el

se desarrolla el resto del libro y, en con-

Esto aclaración es fundamental poro lo

rio ubicarse aún más lejos de esa pre-

aspecto antropológico del libro, entra

¿Sabes[... ] por qué no me ha pre-

adecuado lectura del libro, yo que de

secuencia, posiblemente no aporto

gunto. Es aquí donde comienzo el libro

conciencia ob¡etal, lo cual se dirige hacia el exterior en forma de racionalidad.

en el concepto de alienación. Hoy que

ocupado nunca lo muerte? Yo sien-

acuerdo con ello el lector entiende su

nodo propio. En realidad, uno lectura

de Leonardo Iglesias. Ampliando los

Tal individuo, como ya se ha dicho, no

notar que ésto se do en dos ámbitos: el

to en mí una vida que no ha creada

así no podría ser justo, antes hoy que

estructuro. Por ejemplo, la anterior dis-

perspectivos hasta la vida mismo tene-

puede mantenerse aislado de lo objeti-

del individuo y el de la sociedad. El pri-

ningún dios, ni engendrada mortal

tinción es lo razón de que el autor dedi-

observar que el autor no presento sus

mos, según este autor, al individuo. El

vo si no es bajo riesgo de perder su in-

mero consiste en la escisión de uno de

alguno. Creo que existimos por no-

fuentes como estampas desgastadas

que un aportado o lo alienación en

individuo no es un ente aislado, "no es

dividualidad. En el hombre tal objetivi-

los aspectos constitutivos del individuo,

cado uno de los siguientes temas: el otro,

ltalo Colvino

sotros mismos, y que sólo nuestro

por el uso que se ha hecho de ellos o

uno entidad cerrado cuyo existencia

dad se consigue en la cultura, es decir,

el de lo continuidad. Lo continuidad en

impulso libre nos une fon íntimamen-

lo social, la técnica, lo política y lo reli-

lo largo de todo un siglo; no tenemos

queda en sí mismo, sino que va fuero

en la "proyección de lo individualidad"

te con el todo.

lo existencia del individuo indica que

gión, los cuales pertenecen al ámbito

ante nosotros o un exégeta ni o un re-

de sí, más allá de sus límites, configu-

como transformadora de lo realidad;

éste "funciona coordinado e integral-

de la alienación en referencia al obje-

petidor. Al contrario, el autor nos ense-

rando uno realidad, como consecuen-

mientras que objetivándose en la cultu-

mente". Poro explicar dicho escisión hoy

to. En cambio, otros aportados, como

ño que lo "fuente" es un abrevadero en

cia del hecho de existir" ( 16) . Presento

ro adquiere su espiritualidad. A raíz de

Lo alienación fue un temo preponderan-

que volver o lo voluntad de poder, lo

los de lo cultura y los valores, pertene-

el que la ideo adquiere nuevos dimen-

un "dentro de sí" y un "fuera de sí" que

todo esto se constituye la realidad hu-

te en los teorías filosóficos y sociales de

cual impulso al individuo o lo objetiva-

cen a lo dinámico misma del individuo

siones. En ello radica lo originalidad de

son expresión de la realidad interior o

mana como sociedad, historio, política,

los siglos XIX y XX. Sin embargo, en lo

ción de su ser. Lo objetivación implico

y de lo alienación en general.

un intelectual, en su capacidad de be-

centralidad. En ello no debe verse una

religión, psicología, etc. Individuo y rea-

segundo mitad del siglo posado quedó

un "salirse de sí" poro "volver a sí": "Poro

ber tanto en la realidad como en el

En resumen, tenemos que "lo diná-

afirmación idealista que pretendo que

lidad humano, con todo lo que ello im-

al margen de los estudios que tenían

la voluntad, el objeto es sólo un medio

mica de la alienación es ésta: o) Se atri-

pensamiento de otros, poro luego tras-

la realidad existe en función del indivi-

plico, se encuentran entrelazados; por

como base uno fundamentación antro-

poro conseguir el placer de lo fuerzo,

ladar lo idea o través de dimensiones

buyen al objeto rasgos que pertenecen

duo; al contrario, el individuo existe en

ello, escribe el autor:

pológico. la alienación: Tragedia de la

que se concentro en el sí mismo como

siempre infinitos y colocarlo ante uno

a uno mismo, se deposito en aquél la

función de lo realidad, aunque poro el

voluntad de poder, de Leonardo Igle-

satisfacción y plenitud" (34). Lo fuerza

serie de nuevos conexiones. Pero, vea-

voluntad de poder del individuo. Se

mismo individuo lo realidad está en fun-

Al ser la cultura una objetivación del sí

sias, retomo esto temática y establece

resulto expresión del ser del individuo;

mos: ¿qué hay de nuevo en lo visión de

aplica un esfuerzo [valor] [ ...]. Lo fuerzo

ción de él en cuanto es un centro. Ahora

mismo del individuo, en tanto éste es re-

nuevas líneos de investigación poro el

sin embargo, mediante el esfuerzo se do

que se aplico al objeto es la que se sus-

Leonardo Iglesias? Ante todo presencia-

bien, "los exteriorizaciones del individuo

presentante de la especie humana, se

estudia del hombre en todos sus dimen-

valor al objeto, otorgando o éste el va-

mos una interpretación del pensamien-

trae de sí mismo[...] b) En dicho proce-

son expresión de su voluntad de poder"

configuro un modelo de personalidad

siones; concretamente, el individuo, lo

lor del "sí mismo". Cuando sucede esto,

to nietzscheano que difiere de lo exten-

so de dominio y valoración, el individuo

( 18). Todo individuo, desde los células

tipo que se constituye en norma, la cual

sociedad y lo historio. Lo pregunta que

se tiene un ser escindido, es decir, aliena-

so literatura escrito acerco del pensa-

se apega al objeto y depende de éste,

hasta el hombre, se caracterizo por la

expresa la pauta que siguen los indiv~

cabe hacer es: ¿qué hoy de nuevo en

do, pues ha restado valor a su esfuerzo

dor de Rocken. Lo virtud de esto inter-

yo que recuerda el placer de la sensa-

voluntad de dominar lo otro, es decir, lo

duos, en función de las propias circuns-

esto visión si a lo largo del libro nos

(su sí mismo) para entregárselo al obje-

ción de poder logrodá en su dominio

pretación yace en lo experiencia que

que está fuero de sí. De tal voluntad re-

tancias que le son comunes (25).

to de su deseo. La alienación es, en

inicial. Al atribuir poder al objeto, el su-

Holderlin

86

87

�jeto lo sobrevalora, mientras a un tiem-

loción de necesidad o éstos, que no

busco; y en lo búsqueda siempre encon-

teomiento histórico; por ejemplo: ¿qué

po se infravalora a sí mismo. El objeto

pocas veces se transformo en dependen-

tramos dificultades. En alguno ocasión

es lo historio? (véase lo cita siguiente).

se convierte así en un poder externo al

cia. Paro salir de ésto se requiere llegar

comentó Iglesias: "o donde vaya el hombre habrá problemas".

El dominio de lo naturaleza y de lo

individuo, que lo domina y ejerce su

o lo libertad del objeto. lo anterior no

voluntad sobre él; se erige como un al-

significo no necesitarlo, sino al contra-

El comino está abierto en muchos

lo religión, lo mismo que el desenvolvi-

ter ego que, desde fuera, rige su con-

rio, en lo medida que el individuo com-

sentidos. Uno de ellos es el de la apli-

miento histórico. No cabe dudo de que

ducta y emite juicios sobre la misma"

prende lo necesidad del objeto es el

cación de la teoría. El libro contiene im-

lo religión, en su forma institucionalizado,

(104).

Historias épicas
del americanismo

realidad ha estado presente o pesar de

Alfonso Reyes y la historia de
América. La argumentación del
ensayo histórico: un anólisis
retórico

término en que se ve libre de éste• ( 195).

portantes tesis paro lo psicología, pues

hace de Dios un objeto alienante; sin

Hasta aquí se ha hablado de una

3) Eliminar el criterio de felicidad. Es

en él se reúnen los lineamientos genera-

embargo, los fuertes nunca han estado

parte del proceso del desenvolvimiento

decir, no buscar lo que está fuero del al-

les que Iglesias manejo en su labor

entre los masas y, en consecuencia, tam-

humano. la alienación sólo es una eta-

cance del hombre. Dentro de esto cond~

como psiquiatra. Además, se hallan

bién han existido individuos creyentes

De Eugenia Houvenaghel
Fondo de Cultura Económica

pa necesaria, pero superable. Con esto

ción es posible ubicar el esfuerzo. El hom-

datos relevantes paro lo sociología, lo

con gran fortaleza. En pocos palabras,

México, 2003

se abre otro espacio en el libro, el cual

bre tiene que restar importancia al fin, al

historio y el estudio de lo cultura. Res-

lo religión está inserta en el proceso his-

se encuentra latente en muchas de sus

objeto, y dárselo al esfuerzo que impr~

pecto o lo religión, el autor ha elabora-

tórico del hombre.

páginas y termina explicitándose hasta

me.

do uno teoría que dejo importantes du-

Por otro lodo, encontramos el cami-

do y, por supuesto, los textos. lo formo

el apartado final, donde se habla de la

das. En primer lugar, no aclaro si se re-

no que puede seguir codo lector, el de

de ver e interpretar desarrollado en A~

emancipación. En términos generales la

4) la transmutación de los valores.
Esto es, dar un nuevo valor -el que re-

fiere o todos las religiones o únicamen-

los infinitos lecturas y lo infinito interpre-

fonso Reyes y la historio de Américo es

emancipación consiste, según mencio-

sulto de reivindicarlos en su condición

te o lo religión cristiano. En segundo lu-

tación. Tal es lo dirección de lo crítico.

definido por su autora, Eugenio

na el autor, en que •cada quien como

original- o los objetos que han sido so-

gar, implícitamente establece a prior

Como resultado de esto último, el comi-

Houvenoghel, como uno mirado semióti-

curso: relato, describe y comenta los he-

individuo, grupo o sociedad tiene que

brevalorados. En el proceso de aliena-

que todo hombre religioso es un hom-

no está abierto también en el sentido

ca, que, en este coso, se dirige hacia los

chos al tiempo que los explico y analizo.

descubrir su propia alienación, interpre-

ción el hombre creo valores espurios que

bre alienado, cuando la mayor parte de

de los preguntas que podemos plantear.

ensayos históricos del escritor mexicano.

El escritor se apoyo en lo tradición litera-

tarla en su dimensión histórica, y resol-

no corresponden con su realidad. En

los grandes hombres de occidente han

Podemos preguntar, por ejemplo, si lo

El camino que sigue la autora parte

rio europea para justificar su definición

verla de acuerdo con las fuerzas e ins-

consecuencia, hoy que •establecer lo

sido religiosos. Esto mismo obre otros

alienación se do en lo totalidad del in-

del análisis de lo estructura argumentativo

de América: los mitos clásicos que pre-

trumentos a su disposición" ( 187). De ahí

relatividad de los valores, lo que impli-

interrogantes, como por ejemplo: ¿el

dividuo o si ocurre solamente en ciertos

de los ensayos históricos. El método utili-

ceden al descubrimiento y los relotos utó-

que la emancipación es, en cuanto ac-

co lo adecuación de los mismos o los

fenómeno religioso en sí es alienante?

áreas de su personalidad. Por último,

zado poro el estudio de este tipo de

picos posteriores.

ceso a una verdadera humanidad, la su-

circunstancias humanos particulares en

o ¿hoy, como en el caso del amor, uno

desde lo perspectivo de lo realidad his-

ensayo es el propuesto por lo antiguo

En "El presagio de Américo ( 1920-

Existen muchos formas de mirar el mun-

religión auténtico?, y ¿cuál es lo diferen-

tórico y yo no desde el texto, tenemos

retórica: arte para interpretar textos y es-

1941 )", que troto sobre el descubrimien-

to encontramos la tesis de Leonardo Igle-

5) la realización social de lo vida,

cio entre ambos tipos de alienación? En

otro comino, que es el del porvenir. El

quema de análisis de discursos.

to, los argumentos racionales expuestos

sias. Dicha tesis puede dividirse en dos

con el fin de "insertarse en el devenir

tercer lugar, parece no distinguir entre

libro concluye sobre el porvenir con el

partes: la primera enuncio que la eman-

histórico".

lo religión como creencia en un dios, es

siguiente párrafo:

peración de la alienación. En este pun-

las que se formulan• (200).

lo teoría de lo argumentación que

por Alfonso Reyes se esconden bajo uno

supone la retórico permite un análisis

apariencia literaria. lo argumentación se

adecuado poro lo explicación de los tex-

construye sobre elementos estéticos y

cipación requiere del cumplimiento de

"El comino de la emancipación es

decir, en un absoluto (según define lo

determinados condiciones paro su rea-

el comino de lo voluntad de poder que

religión en alguno parte del libro), y

El cumplimiento de esto reolizoción so-

tos de orientación argumentativo o per-

afectivos (y pruebas lógicos). El ensayis-

lización; lo segundo, los establece. To-

enfrento y supero su propio tragedia: lo

como uno institución. En realidad, alo-

cial de lo existencia permitiró al ser hu-

suasiva, como en el coso del "Ensayo

ta combina res y verbo; inventio y

les condiciones son los siguientes:

de alienarse, lo de ser voluntad de lo

co a lo religión como institución, aun-

mano insertarse en el devenir histórico,

sobre la América y el omericonismo",

elocutio, como dos estrategias argumen-

l ) Ubicar los conflictos en sí mismo.

nada". Pero, ¿qué encontramos tras este

que o lo vez hoce lo afirmación de que

con lo que lo dimensión de la vida huma-

donde lo mirada se centro en lo función

tativos complementarias para, así, lograr

lo alienación creo formas de outoenga-

volver a sí mismo del individuo? En el

"lo creencia en Dios ha aniquilado al

no se abrirá mós olió del presente. Se

persuasiva de los recursos estéticos de-

lo persuasión.

ño con los que el individuo establece

develarse está lo fuerza de su ser, su

olmo humano" ( 184).

troto pues de lo superación del hombre

sarrollados por Alfonso Reyes en el dis-

pautas anormales que rigen su compor-

verdad. Y en tonto que ello implico lo

lo clave de tal equivocación tal vez

mismo, de su inserción al proceso evoluti-

curso histórico.

tamiento, es decir, normas que dirigen

realización de su voluntad, nos encon-

se encuentre en los momentos que cons-

vo. Como Nietzsche decía 'el hombre es

El estudio de lo autora abordo 21

de Américo, Alfonso Reyes remite o los

su esfuerzo de acuerdo o uno realidad

tramos ante un nuevo estadio donde el

tituyen el proceso religioso ( 182). El se-

sólo un eslabón'. El devenir histórico lo

ensayos de lo obra del escritor. En ellos

narraciones míticas acerca de la existen-

que no le corresponde. En dichos for-

escenario es lo lucha de los voluntades

gundo momento de tal proceso, según

hará trepar sobre sí mismo y llegar o otro

se propone identificar los asuntos sobre

cia de un paraíso en lo tierra, que se re-

mo s el

se

de los fuertes, pero no como lucho por

el doctor Iglesias, es el siguiente: "El in-

dimensión de su existencia 12031.

los que se quiere persuadir y las formas

montan o la Antigüedad clásico y con!~

outoengoño, convencido de lo "normal"

lo posesión, sino como lo exaltación del

dividuo pierde lo voluntad de poder en

utilizados para alcanzar tal fin. En su

núan circulando o lo largo y ancho de la

de su estado. Por ello es necesario que

individuo en la realización de su esfuer-

lo creación, y termino dependiendo de

cometido, lo autora pone lo atención en

Europa medieval, en el siglo '10/; así como

supere tal autoengaño, reconociendo su

zo. Es por esto que no podemos buscar

lo creado. De creador se convierte en

dos dimensiones del discurso: lo

a lo novelo utópico europeo del Renoc~

alienación. lo consecuencia de este

en lo visión del autor de la alienación

criatura". No obstante, esto no es uno

composicionol y lo pragmático, y en tres

miento, y o la floreciente en el siglo XIX.

acto es lo responsabilidad.

uno utopía, un "no lugar" escondido en

necesidad, de lo contrario el humano

principales operaciones retóricos:

individuo

alienado

faso MEDELLíN

inventio, dispositio y elocutio.

En su búsqueda de los causas que
impulsaron el descubrimiento y el sentido

En "Moctezumo y lo 'Eneida' mexicana" se desarrollo uno exaltación del

2) Comprender la necesidad. "los

lo lejanía de lo emancipación. Tal bús-

nunca hubiera desarrollado lo civiliza-

objetos que son el fundamento de la exis-

queda correspondería o lo esperanzo,

ción -de aquí también pueden despren-

En coda uno de los ensayos analiza-

arribo o Américo d_e lo civilización euro-

tencia de los individuos plantean uno re-

pero el ser humano fuerte no espero,

derse cuestionomientos acerco del pion-

dos, Reyes combino varios tipos de dis-

pea. El argumento central descanso en

88

89

�la comparación entre la epopeyo de Vir-

cutible de la mexicanidad. En segundo

gilio (Eneas y el rey latino) y la historia

lugar, la autora observa una evolución

de la conquista de México (Cortés y

Ensayo narrativo y explicativo que pre-

que consolida una tesis histórico-cultural:

senta uno imagen idealizada de los he-

cana desde la colonización hasta 1910.

Moctezuma). A la narración central se

establece la existencia de una identidad

subordina el discurso expositivo-argumen-

chos: la glorificación del proceso de in-

propia de los novohispanos, producto de

tativo (narratio partito). La utilización de

dependencia y la defensa de la labor

la colonización. Así, con la evaluación

técnicas narrativas propias de la épica

de España en el Nuevo Mundo.

del proceso histórico cultural que resultó

hace de esta obra una epopeya cuya

de la Conquista y la Colonia, contribuye

función consiste en glorificar, a través de

en los ensayos históricos, constituye un

al debate acerca de la nacionalidad de

los orígenes históricos de su fundación,

recurso entre el conjunto de expresiones

Juan Ruiz de Alarcón.

Este uso de la exaltación, presente

estéticas acerca del manejo eficaz de la

al pueblo hispanoamericano. El objeto

En cuanto al proceso de independen-

de exaltación no está constituido por el

argumentación, donde lo que cuenta es

cia, la autora aborda dos ensayos: "Mé-

mestizaje entre las dos culturas, sino por

el logro estilístico. Está en todos los tex-

xico en una nuez" (1930) y "Canto a

la superposición de la cultura del coloni-

tos que tratan la relación de los países

Hidalgo" ( 1953). Al desarrollar sus ar-

latinoamericanos con España y con los

zador a la del conquistado. En este sen-

gumentos sobre la figura de Miguel Hi-

tido el descubrimiento es un aconteci-

Estados Unidos. De hecho, el manejo de

dalgo, Alfonso Reyes realiza un paran-

Alfonso Reyes de la riqueza de formas,

miento positivo que marca un nuevo ini-

gón entre éste y el héroe virgiliano. La

cio; un acontecimiento digno de ser contado y sacralizado.

que le permite la retórica clásica, lo lle-

figura glorificada presenta dos rasgos co-

va también a justificar el principio de

munes en la mitología clásica: poder y

La narración épica de Alfonso Reyes

autoridad, particularmente cuando trata

saber, que se conjugan en un hombre. El

constituye una argumentación didáctico-

sobre las visiones de América (apoyadas

proceso de independencia donde parti-

histórica, apela al lector en un doble sen-

por las observaciones de viajeros cientí-

cipa el cura marca la transición de un

ficos y diplomáticos europeos).

tido -racional y emocional- a valorar,

régimen monárquico y absolutista a un

sacralizándolo, el momento de arribo de

Los lectores podrán encontrar en este

sistema republicano, democrático y libe-

la civilización ibérica y el consiguiente

libro, con satisfacción, un proyecto dife-

ral. Este cambio es concebido como un

derrumbe de la civilización indígena.

rente para acercarse a una parte de la

momento particular en las transformacio-

obra monumental de Alfonso Reyes.

En la "Visión de Anáhuac ( 1519)", el

nes políticas mundiales. "México en una

proyecto de lo obro se revela en lo con-

nuez" es un resumen de la historia mexi-

clusión: agudizar lo conciencio histórica

FRANCISCO Ru1z SoLís

del lector. Valiéndose de un conjunto de
relaciones dadas en el esfuerzo común

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA 70 AÑOS LETRAS SIN FRONTERAS

por dominar la naturaleza, la emoción
estético ante el mismo paisaje y lo emoción histórica, Reyes establece una comunión entre el hombre de hoy ( 1915)
con el conquistador y el indígena de ayer

(1519). Aquí predomina el nivel descriptivo del discurso: enargeia, mimético y
argumentativa.
La autora analiza los ensayos sobre
Juan Ruiz de Alarcón escritos por Reyes
en diferentes momentos de su vida, des-

1934-2004

de 1916 hasta 1955. En el conjunto de
estos textos es posible observar una evolución que lleva a distinguir en un primer
momento la transición que va de las pruebas racionales a recursos persuasivos

FONDO DE CULTURA
ECONÓMICA

basados en medios estéticos y afectivos,
a través de los cuales Ruiz de Alarcón
recibe un tratamiento de referente indis-

L1breria Fray Servando Teresa de M1er Av San Pedro num 222. Col M1ravalle
Monterrey Nuevo Leon (018)335 03 19 y 71

LOS AUTORES
Luis Aguilar (Tamaulipas, 1969). Ha publicado los libros de poesía Elipses y otras penumbras y Tartaria, y el de crónica
Soberbia de cantera. Premio Nacional de Poesía Manuel
Rodríguez Brayda 1998.
Coral Aguirre (Bahía Blanca, Argentina). Dramaturga y directora.
Premio Nacional de Dramaturgia en su país de origen, en
los años de 1987 y 1997. Es catedrática de literatura clásica en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.
Francisco Barragán (Monterrey, 1963). Ha expuesto su obra fotográfica en México, Estados Unidos, España y Costa Rica,
tanto en forma colectiva como individual. También se desempeña como diseñador gráfico en la UANL.
Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-2003). Narrador y poeta. Su obra recibe un mayor reconocimiento a partir de
Los detectives salvajes, novela por la que mereció los premios Herralde y Rómulo Gallegos. También publicó libros de relatos (llamadas telef6nicas y Putas asesinas) y
de poesía (Tres y Los perros románticos).
Dolores Castro (Aguascalientes). Poeta, narradora, ensayista y
crítica literaria. Es autora de los libros de poesía El coraz6n transfigurado, Dos nocturnos, La tierra está sonando,
Tornasol, entre otros, y de la novela La ciudad y el viento.
Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547 - Madrid, 1616). Novelista, dramaturgo y poeta, reconocido
como el autor de lengua española de mayor influencia en
la literatura universal. Autor de El ingenioso hidalgo Don
Quijote de la Mancha, considerada la primera novela moderna de la historia. Además de esta obra célebre, son
famosas sus rwvelas ejemplares (El licenciado Vidriera,
La ilustre fregona), entremeses (El juez de los divorcios,
El retablo de las maravillas) y comedias (El rufián dichoso, Los baiíos de Argel).
Gabriel Contreras (Monterrey, 1959). Narrador, dramaturgo, periodista y guionista.
Miguel Covarrubias (Monterrey, 1940). Ensayista y poeta. Obtuvo, entre otros, el Premio de Traducción de Poesía del
INBA y el Premio a las Artes de la UANL. Los últimos
títulos que ha publicado son: Sombra de pantera (poemas
y versiones), Antología o tiranía (poesía) y Kurt Schwittersl
Blaise Cendrars (versiones).
Gerardo Deniz (Madrid, 1934). Poeta. Traduce de diecisiete lenguas. Algunos de sus libros: Adrede, letritus, Gatuperio,
Visitas guiadas. Una antología bilingüe de su obra apareció hace poco en Nueva York: Poemas Poems. Su obra
más reciente, Una ventana inmensa, es una dedicada
antología poética de Alfonso Reyes publicada por la
UANL. Reside en México.
Nicolás Duarte Ortega (Nuevo León, 1944). Licenciado en historia por la UANL. Cursó la maestría en historia en la Universidad Iberoamericana. Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL de 1997 a 2003.

Roberto Escamilla (Monterrey, 1942). Crítico de cine. Estudió
letras en el ITESM. Es profesor de posgrado en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL.
Jorge Esquinca (México, 1957). Autor, entre otros, de los siguientes libros de poesía: El cardo en la voz, con el que obtuvo
el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, Invisible
línea visible y Vena cava. La traducción de La rosa náutica, de W.S. Merwin, le mereció el Premio Nacional de
Traducción de Poesía.
Daniel González Dueñas (México, 1958). Ha dirigido varias películas. Su Libro de Nadie fue acreedor al Premio de Ensayo Hispanoamericano Casa de América / FCE (España, 2003). Seis premios nacionales de literatura. Autor
también de Luis Buñuel: la trama soñada, Las visiones
del hombre invisible y Mélies: el alquimista de la luz. Notas para una historia no evolucionista del cine.
José Kozer (La Habana, 1940). Radicado en EU desde 1960. Su
poesía se ha traducido parcialmente a diversos idiomas y
se ha publicado en numerosas revistas de lengua castellana. Sus últimos libros son Ánima, No buscan reflejarse
y Una huella destartalada.
Juan Rodrigo Llaguno (Fontainebleau, 1964). Su obra se ha presentado en múltiples exposiciones individuales en México, Japón y Estados Unidos. También ha participado en
exposiciones colectivas, nacional e internacionalmente
(Séptima Bienal de Fotografía, XI Encuentro Nacional
de Arte Joven y en el Instituto Católico de París, entre
otros). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.
Jesús Mario Lozano (Veracruz, 1971). Actualmente es profesor
de la Facultad de Artes Visuales de la UANL. Estudió
una maestría en Artes con especialidad en Estudio de
perfonnance y un doctorado en Filosofía con especialización en Estética. A su vez, ha sido director de teatro y
eme.
Tirso Medellín Barqufn (Monterrey, 1983). Es estudiante de filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.
Actualmente cursa el octavo semestre de dicha carrera y
trabaja en su tesis de licenciatura.
Marco Antonio Millán (Morelia, 1913 - Cancún, 1999). Poeta y
editor. Dirigió la revista América y fue fundador de la Asociación de Escritores de México. En 1978 reunió su poesía
en el libro Palabras amorosas a la vida. Recibió en 1987 el
Premio Nacional de Biografía que otorgan el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Universidad Autónoma del Estado de Colima, por La invencwn de sí mismo.
Armando Morales (Granada, Nicaragua, 1927). Pintor. Ha recibido numerosos reconocimientos internacionales. Realizó exposiciones individuales, entre otros países, en Francia, España, México, Estados Unidos; Nicaragua y Canadá. En 1982 se le concedió el cargo honorífico de emba-

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�jador adjunto de Nicaragua ante la UNESCO. En los últimos años, ha expuesto su obra reciente en la Galería
Claude Bernard, de París, y en la Galería Robert Miller,
de Nueva York.
Jorge Pedraza Salinas (Monterrey, 1943). Fue director del Museo
Metropolitano de Monterrey y de la Biblioteca Universitaria Capilla Alfonsina. Dirigió armas y letras. Recibió el
Premio Nacional Alfonso Reyes en 1974, la Medalla al
Mérito Histórico Capitán Alonso de León en 1995 y la
Medalla al Mérito Cívico del Estado de Nuevo León en
2000.
Reynol Pérez Vázquez (Nuevo León, 1959). Dramaturgo y traductor. La Universidad Autónoma Metropolitana publicó
su traducción Atanás Dalchev. Antología poética (19231976). Recibió una beca de la Fundación Internacional
Open Society por su contribución a la difusión de escritores búlgaros en México. Su producción dramática se
halla reunida en El tren nuestro de cada dCa. Nueve obras
de teatro.
Gilberto Prado Galán (Torreón, 1960). Crítico de arte y maestro
en letras por la Universidad Estatal de Nuevo México. Es
acreedor, por sus ensayos, de tres premios internacionales (Lya Kostakowski, Garcilaso de la Vega y Malcolm
Lowry) y uno nacional (Premio Nacional de Crítica de
Arte). Fundador y director de la revista Arteletra.
Yordán Radíchkov (Kalimanitsa, Bulgaria, 1929-2004). Escritor. En 1979 obtuvo el Premio Dimitrov, uno de los galardones búlgaros más importantes. Fuera de su país ha
obtenido también numerosas distinciones, entre ellas el
prestigiado Premio Grinzane Cavour por el mejor libro
extranjero en Italia (1984).
Alfonso Reyes Martínez (Monterrey, 1943). Poeta. Estudió arquitectura en la UANL. Es autor, entre otros libros, de
Arenas de olvido y Oscuro territorio.
Francisco Ruiz Solís (Puebla, 1957). Investigador. Maestro universitario. Editor. Estudió comunicación, sociología y metodología en la UANL.
José Eugenio Sánchez (Guadalajara, 1965). Poeta radicado en
Monterrey. Ha publicado El mar es un espejisrrw del cielo,

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Tentativa de un sax a medianoche, El azar es un padrote y
Physical graffiti.
Han Stavans (México, 1961). Autor de La pianista manca y otras
historias y La condici6n hispánica, en español, y de Art
and Anger: Essays on Politics and lmagination y The
Oxford Book of Latin American Essays, en inglés, entre
otros. Promotor acérrimo del spanglish.
Jean Tardieu (Francia, 1903-1995). Poeta y dramaturgo. Estudió
letras en La Sorbona y publicó sus primeros poemas en
la Nouvelle Revue Fra11faise (1927). Tradujo la poesía de
Holderlin a su lengua. Algunos de sus libros: El acento
grave y el acento agudo, Señor Señor, Historias oscuras,
La comedia de la comedia.
Alejandro Toledo (México, 1963). Fue becario del Centro Mexicano de Escritores y del Fondo Nacional para la Cultura
y las Artes. En coautoría con Daniel González Dueñas
tiene varios libros de conversaciones con escritores. Próximamente publicará los libros de ensayo James ]oyce y
sus alrededores y El clan Bartleby.
José Javier Villarreal (Tijuana, 1959). Poeta, ensayista y traductor. Es autor de los libros de poesía La procesi6n, Bíblica,
Portuaria y Fábula. Ha traducido textos de Ezra Pound y
Manuel Bandeira. Recibió el Premio Nacional de Poesía
Aguascalientes, el Premio Alfonso Reyes y el Premio a
las Artes de la UANL.
Minerva Margarita Villarreal (Nuevo León). Poeta. En 1991, la
Universidad la distinguió con el Premio a las A1tes. Entre sus libros de poesía sobresalen Pérdida (Premio Alfonso Reyes 1990), El coraz6n más secreto (Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 1994), Adamar, De
amor es la batalla (en coautoría con Daniel Kent) y La
condici6n del cielo.
Juan Villoro (México, 1956). Escritor. Su obra incluye crónica,
cuento, novela, ensayo, traducción y libros para niños.
Obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia en 1999. Algunas
de sus obras son La noche navegable, La casa pierde y
Materia dispuesta.

¿Qué enigmas están cifrados
en un cuerpo desnudo?

�Facultad de Filosofía y Letras/Universidad Autónoma de Nuevo León
Aportado Postal 10, Sucursal F, C.P. 66450, San Nicolás de los Garza, N.L., México
Teléfonos: (0181) 83760620/83760780/ editorial@filosofia.uanl.mx

�Facultad de Filoso~o y Letras/Universidad Autónomo de Nuevo León
Apartado Postal 1O, Sucursal F, C.P. 66450, San Nicolás de los Garza, N.L., México
Teléfonos: (O181) 83760620/83760780/ editorial@filosofia.uanl.mx

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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