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Ftí~ttetx.
ARO X

- - - - - - - - - -~

NÚM. 474

BARCELONA 26 DE ENERO DE 1891

Con el presente n úmero 474 se reparte el tomo II de la HISTORIA DE LOS GRIEGOS, que será el tercero
de la nueva serie de la Biblioteca Universal. El suscriptor á cuyas manos no llegase deberá reclamarlo al respectivo corresponsal ó r epartidor

SUMARIO

MURMURACIONES EUROPEAS

Texto. - Murmuraciones europeas, por Emilio Castel ar. SECCl&lt;Í:,, AMERICANA: Wáshi11gton en 111Mmt- Vernon des·
pués de la guerra, por Clarence Winthrop. Traducción de
M. A. -La ornamentación en las Artes clásicas. J. Artegn·ego. II. Arte etnuco. fil Arte greco-romano. IV. Arte roma·
no, por José Ramón Mélida. -Los Padamentos de Europa.
l'afm Bajos, por X. - Nuestros grabados. - ¡Imposible! No·
vela original de Florcl!cio Moreno Godino, ilustrada por
Cabrinety. - SECCIÓN CIENTÍFIC.\: La pesca batliypelágica,
ó sea con red fina en alta mar á todas las profundidades, pero
siempre á distancia del fondo y de la superficie. -La memoria, por el prestidigitador Alber. -Advertencias,

Grabados.-E/ descanso en la marcha, cuadro de D. José
Ber.lliure y Gil. - forge Wáshington, copia de un retrato hecho por Gilbert Stuart y conservado en el Ateneo. - Lámpa•
ra de Wáshington, existente en el Museo Nacional. - MountVernon, residencia de Wáshington, - Juego de te de Martha
Custin, esposa de Wáshington. - Flauta de Wáshington y
piano de su sobrina Nelly Custin en Mount-Vernon. - Tinte·
ro, candelero y despabiladeras de Wásbington.-Tipos de
Bakte, mar Caspio. Un carro persa de Baku Persa llevando
1m pellejo de vino. Un ag-r,ador de Bak:,, dibujos de F. Pe·
graru. - Los Parlamentos de E1,ropa. Patio del Binnenhof,
en La Haya, en donde celebran sus sesiones los Estados ge•
nerales de los Países Bajos. - Nuestra Sellora del Carmen,
cuadro de D. Manuel Domioguez, existente en la capilla de
Carlos III, en la iglesia de San Francisco el Grande de Ma·
drid. Grabado de Baude. - Figuras I y 2 . Aparato de pesca
bathypelágica. - Fig. 1. Las tres posiciones en las puertas de
~-- Hermann Foll, á vista de pájaro. - Fig. 2. Las tres po·
s1c1ones de la red bathypelágica á báscula del mismo autor.
-:-Fig. 3. La red de dos puntas en el momento del descenso,
vista de perfil. - Fig. 4. La red á báscula, vista de perfil,
desmontada. - Fig. 5. Modo de usar el aparato de pesca
bathypelágica de M. Hermann. - fosé Va/ero, eminente actcr
dramático, fallecido el 12 del actual (de fotografla de D. J.
M. Martl).

xperinuenosos

1

,rtin,

'-

--

POR DON EMILIO

CASTELAR

I
N os helamos. Al silencio que reina en los espacios
infinitos, precisa hoy añadir un frío que. mata. Cuéntannos c6mo, allá en puerto de Vascoma, se ha congelado una botella de líquido éter. Cualquiera creería en la congelaci6n del éter universal. El sol se
apaga como en los versículos de nuestro Apocalipsis.
La inmensa rotonda de hielos eternos que ciñe al
polo avanza, como sigilosísimo alud, á los climas
templados. ¡Cuánto amarillea en las riberas de mármoles que abrazan al mar celestial el olivo de Minerva! Nuestros torrentes van á perder las Dafnes
coronadas de rojas flores que Apolo besara con amor.
Donde antes llovían hojas de azahar, llueven ahora
copos de nieve. Las palmas un día resonantes con
jtí.bilo, hoy se duelen y se quejan, creyéndose trasplantadas por algún mago desde las orillas del Turia,
del Segura, del Guadalquivir, á las orillas del Sena,
del T ámesis, del Rhin. Hojas secas, arrastradas por
el frío cierzo, azotarán el rostro nuestro, como en
cualquier estepa moscovita. Enmudecimiento profundo reemplazará el arpa de nuestros pinos quitasoles,
el acorde unísono de nuestras abejas y nuestras cigarras músicas, el coro de nuestros ruiseñores enamorados, el himno helénico de las armonías meridionales que dictaron los versos anacre6nticos y los idilios
sicilianos y los sirventesios provenzales y las serenatas andaluzas. Tendrán las estatuas de mármol pentélico, doradas por luz ateniense, que irse á cualquier

oasis de Africa, donde no se hallen expuestas al resquebrajamiento infligido por la helada. El Cefiso
cambiará su corona de lentisco y de verbena por los
líquenes y los helechos boreales. La nieve de Londres envolverá en sudarios fúnebres al Partenón de
Fidias. Y un catarro perdurable y una tos crónica
mellarán las voces que nos han encantado cantando
ó las notas que nos han encantado componiendo la
Caneréntola y la Sonámbula. Vida el calor; la muerte frío. Así hemos perdido, á tales helores, un desmedido genio romántico en la escena y un mesurado
verbo clásico en la tribuna. Nuestra nación, después
de haber aquistado el derecho natural para cada uno
de sus hijos, iníciase ahora en el gobierno de sí misma con grande lentitud en el camino, pero con suma
seguridad en la llegada. Y conoce ya y aprecia cómo
contribuyen á su bien propio en zonas diversas desde
los industriales que liman un hierro hasta los es·critores que liman un pensamiento, desde quien ocupa
la tribuna en los Congresos hasta quien ocupa el escenario en los Teatros. ¿C6mo desconocer que la tradición oral nos conserva la gloria de Roscio, de Talma, de Romea, de cuantos han sabido conmover los
ánimos y despertar, bien el interés dramático, bien
el reir cómico, 'bien la tristeza trágica? Valero, con
pecho de fragua, con voz de trueno, con brazos de
Hércules, con ojos-de águila, con labios de torrente,
con gestos de poseído, con nariz de ídolo, con entrecejo de genio, con mirada de relampagueo, con fuerzas de atleta, pertenece á lo desmedido, á lo gigante,
á lo colosal del teatro romántico, tan enorme como
aquella revolución fragorosísima, sin la cual nunca

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EL DESCANSO EN LA MARCHA, cuadro de D. José Benlliure y Gil

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hubiera llegado nuestro siglo, ya casi terminado, á su
gloriosa é incontestada grandeza. Necesitábase de
todo ese vuelo por las cumbres del arte; necesitábase
de toda esa fuerza en el humano combate; necesitábase de todo ese ciclón en las pasiones desencade-·
nadas para hundir tantos ídolos seculares como representaban la superstición, para derribar tantas aras
ciclópeas como chorreaban sangre humana de viejos
sacrificios, para extinguir las hogueras del antiguo
fanatismo y quebrantar las cadenas del esclavo eterno. ¡Ah! Nunca se alcanzaran tales resultados sin
aquellos ímpetus de la falange romántica, tan admirablemente representados por el excelso actor que ha
nacido y ha muerto con el arte desmesurado que debía representar en las tablas. El forcejeo de Marsilla
en las ligaduras que lo atan al siniestro árbol de la
dolorosa vía suya; los soliloquios de D. Alvaro, tan
parecidos á los soliloquios del titán Prometeo; el
horóscopo de D. Pedro tan épico; el asalto de los
monasterios por Manrique; los diálogos de D. Juan
Tenorio con las tumbas y con las ánimas; las blasfemias del rey Monje dentro de su confesonario; todas
aquellas sublevaciones de la idea y de la pasión, todos aquellos remolinos del espíritu nuevo, todo aquel
fragor de las revoluciones contemporáneas necesitaron y tuvieron en Valero su inextinguible voz.

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

mucho del discurso por la corona, de la tercer arenga del gran Cicerón contra Antonio, del sermón de
Bossuet en loor á la reina Enriqueta, del trabajo colosa! empleado por Mirabeau en la revolución, del
apóstrofe á los americanos del elocuentísimo Chatam, de las fulguraciones y centelleos de su tonante
pasión en O'Connell, de las ideas dichas con tan extraordinaria felicidad por Donoso, de todos los monumentos colosales, sobre los que resplandecen las
irradiaciones del verbo. Y cuantos deseen hoy mismo
cerciorarse por sí de la cerrada lógica y de la dialéctica seria, así como de la clara lengua y del sobrio
estilo, que constituyen los méritos intrínsecos de la
oratoria, en Alonso Martínez personal y propia, no
tienen que hacer sino abrir el Diario de Sesiones y
por sí mismos enterarse, pues algo permanente y duradero habrán de hallar en lo circunstancial y accidentalísimo de nuestros debates parlamentarios. Hemos, pues, perdido un hombre de verdadero mérito,
y no abundan tanto que debamos dejarlo pasará la
eternidad ante nuestros ojos sin arrojar sobre su
ataúd la flor de una verdadera siempreviva, que seguramente confirmará la historia.

474

IV

Hablemos de otros menos tristes asuntos A la
verdad, tras prolongado injustificable olvido, las naciones comienzan á sentir y á comprender cómo viven por sus hijos ilustres, que les ciñen á las sienes
inmarcesible corona de gloria con sus almas de luz.
Bajo tal pensamiento, por todas partes se celebran
los aniversarios honrosos para el género humano, á
quien tantos trabajos le cuestan sus medidos progre·
sos, y se alzan los monumentos re.cordatorios de
aquellos seres privilegiados que han lucido en los
horizontes del tiempo como las luminarias celestes
en los horizontes del espacio. Dante, Rubens, Mi·
guel Angel, Calderón han debido al entusiasmo de las
generaciones modernas apoteosis tardas, pero justísimas. Dentro de dos años conmemorarán todas las
naciones el centenario de la invención del Nuevo
Mundo, como hace ahora dos años conmemoraron
el aniversario de la revolución universal. Así, en todas partes rebusca de nombres célebres para fijarlos
como vivas esplendentes ideas en la memoria popular por el plausible medio de simulacros y efigies.
Florencia, tan rica en grandes ilustraciones, piensa
III
elevará Savonarola un monumento, como el ofrecido
Dejemos en paz á los muertos y volvamos á los en sus bellas colinas al titán Miguel Angel. Con esvivos. Muchos de éstos hoy se nos presentan como te motivo se discuten mucho los méritos del ilustre
II
verdaderos aparecidos, ó como tristes ánimas en pena monje, quien removió los espíritus en el RenaciLa elocuencia parlamentaria llora hoy la muerte vueltas desde las profundidades del purgatorio á la miento con la tempestad fragorosa de su palabra. y
de un ilustre orador, Alonso Martínez. Pocos perso- tierra, ó como aquel perro de la germánica leyenda fundó con los esfuerzos gigantescos de su idea la Renajes habrá que puedan calificarse con un solo voca- trocado en demonio. Y digo todo esto por los nihilis- pública de Cristo. Y hay quien le niega todo título á
blo, cual este repúblico: mesura, mesura, siempre tas rusos, verdadera colección de sombras siniestras, la inmortalidad. ¡Cuánta injusticia! Pocos hombres,
mesura. Hijo de Burgos, el habla suya tuvo aquel conocidas tan sólo por el rastro humeante de las rui- quizás ninguno, aparecen á los ojos nuestros en las
dejo de terrón castellano, por el cual nos perdemos nas que á su paso amontonan. Los misterios, por ejem- largas y monótonas páginas de los humanos anales
cuantos cultivamos nuestra dificil sintaxis. Cada cas- plo, del palacio de María Teresa en el siglo anterior dirigiendo una sociedad entera y atravesándola por
tellano viejo trae consigo al nacer una gramática. han pasado desde las historias mayores á los más vul- el fuego de una revolución radical, sin más arma
Imposible á los nacidos en otras regiones poseer la gares coloquios. Aquellas barrenderas invisibles de las que el arma poderosa de su palabra y sin más fuerza
parte gramatical denominada universalmente analo- regias escalas, que tanto resollaban y sudaban en las que la fuerza moral de su virtud. Y este repúblico
gía como la poseen los nacidos en tierras de Casti- altas horas del nocturno sueño, y aquellas damas, apa- excepcional, que regía las muchedumbres, que trazalla. Desde la cuna gozó Gaspar N úñez de Arce pri- recidas con el blanco sudario por todo vestido y con la ba las constituciones, que disponía y organizaba los
vilegio de clásico y puro, atendiendo á las sílabas es- cabellera suelta por todo manto, semejándose á esta- grandes cuerpos del Estado, que sabía buscar en el
parcidas por sus paisanos en el ambiente. Yo sé de- tuas funerarias, que por doquier ambulasen, todavía fondo de las sociedades exhaustas los recursos y los
cir de mí mismo que, oyendo á Gamazo, tan maestro hoy nos devuelven á una con sus recuerdos los esca- tributos como un economista moderno, luego, como
en lengua nacional, se me olvida lo que dice por la lofríos que sentimos en la niñez al relato de sus arri- un asceta, como un místico, como un penitente solimanera como lo dice. Así debió hablar Fray Luis de bos por este nuestro mundo real. Pues brujos así pa- tario, en el éxtasis, en el arrobo, en la enajenación
León en Salamanca por el gran siglo de la palabra y recen los nihilistas eslavos. No ahora, en tiempo de de sí, veía visiones extrañas, esmaltadas por los celade la forma, por el siglo xv1. Alonso Martínez goza- mayor vigilancia, los diarios escritos por los conspira- jes infinitos de las divinas ideas. Después de haber
ba el privilegio de todos los suyos. Hablaba y escri- dores eternos penetraban en los palacios del czar, dirigido á la multitud elocuentes y sabias arengas,
bía con suma propiedad, sin la que es imposible como pudieran luz y aire al impulso de fuerzas na- después de haber puesto en tortura todas sus faculgranjearse aquella transparencia de estilo conocida turales. Paseaba Nicolás por sus jardines de invierno, tades para dar una ley al pueblo, encerrábase como
con el nombre de nitidez. Los estudios latinos habían y las palmeras, á tanta costa mantenidas en aquellos cenobita en lo más recatado de su pobre celda, cogía
chapado más á la usanza clásica los períodos tersfsi- climas glaciales, llovíanle proclamas revolucionarias los libros más profundos de Santo Tomás, con los
mos. Un poco de vieja escolástica y un mucho de ju- sobre la cabeza. Dentro de la servilleta puesta sobre versículos más sublimes del Apocalipsis, y devorándorisprudencia secular diéronle cierta natural agudeza su áureo plato imperial, por los cielos del solio, bajo los en la voracidad insaciable de su espíritu, al sepade vocero, muy propia para todas las controversias las almohadas del lecho, entre los pliegues de las sá- rar la iluminada retina de sus luminosas letras, veía
y especialmente para las controversias políticas. Nin- banas, discurrían los papeles aquellos como si fue- dibujarse, allá en los aires, el coro de los ángeles, el
guno de nuestros repúblicos veía con su vista certera ran miasmas de fatales epidemias. Nicolás perseguía trono de las potestades, el triángulo de la Divina Trila parte jurídica y legal de todos los problemas. Yo, estas apariciones; pero solían burlarse de su persecu- nidad, la esencia y la substancia misma eternal, comuen mi larga vida, he discutido con él, siendo mi pa- ción sistemática, cual desdentadas brujas de inútiles nicando á todas las criaturas en la inmensidad de
labra el verbo de los derechos humanos, la suya el exorcismos. El cual se acrecentó en los dos sucesi- los espacios el soplo vivificante de su Criador. ¡Cuánverbo de los derechos escritos. Así, á mis apotegmas vos reinados. Ni al segundo Alejandro le valió su tas veces el grande hombre se apartaba por complefrancos, á mis dogmas absolutos, á mis fórmulas cien- abierto espíritu, ni al tercero su espíritu cerrado. to del mundo; y sin beber, sin dormir, sin comer,
tíficas, oponía él, en serie lógica y con lucidez caste- Daba el primero una comida imperial, y veía saltar cual si tuviera sobrenatural virtud que lo sostuviese
llana, otra serie de argumentos, capaces por su agu- en fragmentos, como á una erupción volcánica, el y alimentase, dominándole todas las fatalidades múldeza y su corte de hacer desatinar á un muerto. comedor; volvía de paseo á su palacio por las amplias tiples del organismo, separaba su espíritu del cuerpo,
Cierto día entréme yo por su campo. Habían desglo- calles, y lo destrozaba, como no se destrozan entre sí como pueden separarse de los lagos el vapor, de las
sado y desasido por completo del debate sobre la las fieras por los bosques, la dinamita de sus vasallos. flores el aroma, de los astros el éter! Y exfáticos
Constitución vigente hoy títulos importantísimos; y Respecto del tercer Alejandro no hay sino recordar penetraban sus ojos interiores donde no pueden pepropúseme yo, contra mi costumbre antigua y contra el descarrilamiento último. Los horrores crecen, cuan- netrar nuestros ojos de carne, y veían en luminosos
mi complexión propia, demostrar por un modo es- do se piensa que llegan hasta inmolar, puñal en ma- relieves de plásticas formas los misterios del mundo
cueto lo absurdo é ilógico de tal resolución en régi- no, á ministros en su despacho y á jueces en su tri- absoluto y eterno. Macerándose á diario sin piedad,
men de libertad y democracia como el nuestro. bunal jovencillas, tiernas y hermosas, apenas capa- hablaba con las ideas sin voz; y tras este coloquio esAlonso Martínez no me aguardaba por tal costado, ces de manejar las agujas del costurero, y que, por la piritual, ascendía por las gradas de su púlpito, y una
en que se creía él invencible con su dialéctica un pasión arrastradas, arremeten y matan como furias. vez bajo las blancas alas del Espíritu Santo, lanzaba
tanto casuística, é hizo esfuerzos maravillosos de ta- Tales antecedentes inolvidables hay en el curioso de sus nervios torrentes eléctricos, de sus ojos radiolento para contrastarme allí donde yo le había sor- drama, que atrae la curiosidad general europea, cuyo slsimo calor, de su palabra poderosa elocuencia; conprendido. A pesar de que así la cátedra como el foro protagonista se llama Padlewsky. Con las relaciones moviendo á los oyentes hasta el extremo de conseguir
sugieren mucho palabreo inútil y los diputados con existentes hoy entre Francia y Rusia, por la grande enajenarlos y llevárselos consigo por lo visible y por
los catedráticos propenden á las amplificaciones ex- arteria de París, en los ventrículos casi del corazón lo invisible al reclamo y requerimiento de su voz. Así
cesivas, Alonso Martínez brillaba mucho por la so- de la capital, un pobre nihilista penetra, como fantas- los dos polos de la vida se juntaban en él, tanto lo
briedad y por la concisión. Bien es cierto que debe ma invisible, por posada donde reside alto jefe de la real como lo ideal, tanto lo abstracto como lo positiañadirse á lo ya dicho sobre su naturaleza castellana policía rusa, y lo mata de un tiro, como pudiera ex- vo, tanto las efusiones de -una inspiración continua
la devoción casi religiosa de suyo á los autores clási- tinguir tenue luz de un soplo; yéndose desde allí á como los cálculos de una concreta política. Muchos
cos y á las humanas letras. Uno de sus deudos, ape- los barrios más excéntricos; de los barrios más excén- italianos le desaman porque atacó las Bellas Artes
gadísimo al gran latín de los áureos siglos, tradujo tricos á los puertos europeos más apartados; de los en pleno Renacimiento. Mas eso mismo demuesen versos castellanos, de bastante frialdad, pero de puertos europeos más apartados, bien á una repúbli- tra sus previsiones muy certeras y sus presentimiensuma corrección, poetas cuya trascendencia natural ca del nuevo mundo, bien á un convento de la nue- tos muy geniales. El mundo germánico se apercibía
á nuestra lengua lo amaestraba en el buen decir, que va Bulgaria, sin que la policía universal haya dado entonces á un combate mortal con el mundo latino.
toda la vida ejercitó el orador eximio con maestría con su persona, como si este buen nihilista se aseme- Este invocaba la estética, y la moral aquél. Así la cainnegable. A un orador no puede sucederle nunca lo jase ahora, en este siglo prosaico, á los dioses homé- tegoría del Bien venció á la Hermosura. Y Savonaque suele á los actores, cuya fama se conserva por ricos, revistiendo las formas y apariencias que le pla- rola quiso despedir esta Helena, cuyos ojos abrasatradición oral, y pasa de oído en oído, sin que nadie cen. Así no debe maravillarnos haya salido por Ca- ron y consumieron á su patria. Respetemos los mislogre reanimar el intrínseco mérito con evocación de taluña ese mismo nihilista en busca de esbirros que terios de la conciencia universal. Pero digamos que
ningún género. Un di~curso en la corriente lectura, y lo aprisionen y verdugos que lo cuelguen. Dados bru- fueron el genio y el espíritu de Savonarola dos eslejos del auditorio, aparece tan desanimado como un jos así, todo es posible, hasta multiplicar los tipos, es- pléndidos luceros de la Historia.
EMILIO CASTELI\R
drama lejos del escenario. Pero siempre quedará tando á un tiempo mismo en Cataluña y en Bulgaria.

N úMERO

474

LA

I LUSTRACIÓN ARTISTICA

51

cual se ocupaba en los intere- llamado Vulcano, fué atrapado en el momento en que
ses locales de Virginia, proyec- robaba un jamón sacándolo del horno, su reinado
taba la gran navegación interior duró poco.
del Este al Oeste, fundaba esOtra de las causas de que fuera perdiéndose la
cuelas, trazaba planos y mapas, costumbre de cazar fué el reducido número de buemantenía asidua corresponden- nos jinetes que el tiempo y la guerra habían dejado.
cia con sus amigos, y se com- Ya no contaba el general con sus bravos compañeros
placía acogiendo en su casa y de otra época; ya no contaba con sus leales Jairfax,
sentando á su mesa á los más Bryan y Jorge, y esto le entristecía. Tales circunstanleales.
cias, unidas á las fatigas pasadas en la prolongada y
Su posición de Mount-Ver- ardua lucha que acababa de sostener, fueron causa
non, situada en una pequeña de que en lugar de los violentos y agitados ejercicios
eminencia á orillas del .Poto- corporales de otros tiempos, se consagrara en cuerpo
mac, era deliciosa. Su dueño te- y alma á los tranquilos goces del hogar doméstico y
nía la costumbre de dar todos al mejoramiento de su hacienda. Y así como en el
los días un paseo á caballo al- ejército fué el primero en dar ejemplo de pericia,
rededor de ella, y admiraba prudencia y entendida dirección, así también en sus
compladdo la escena que á sus nuevas y más pacíficas tareas lo dió también de ser
ojos se ofrecía. Teníale tanto un administrador inteljgente.
cariño, que aun en sus más arM. Brissot, el viajero y escritor que después figuró
duas empresas jamás olvidaba tanto en la revolución francesa afiliado al partido de
aquellos acres de terreno que la Gironda, visitó en el otoño de 1788 la residencia
para él eran un verdadero paraí- de Mount-Vernont y confiesa que le llamó la atención
so. Lo mismo cuando estaba el estado próspero de aquella hacienda, el excelente
..' acampado, que en los más temi- cultivo de sus tierras y los adelantos agrícolas que
·,
bles trances de la guerra, tenía había introducido en ellas la solícita vigilancia y el
su pensamiento fijo en Mount- asiduo cuidado de su propietario. Todo estaba regla..
Vernon, y ninguno de los más mentado con tal minuciosidad y orden, que el más
grandiosos puntos de vista de exigente no hubiera tenido nada que censurar.
las soledades del Occidente
Wáshington no sólo atendía á sus cosechas, sino
americano, nada de cuanto tuvo también á la cría del ganado. En sus establos, modeocasión de presenciar mientras lo de aseo, tenía unas magníficas mulas y asnos, reestuvo al frente del ejército, galo del rey de España, y aún existe una carta del
fueron bastante á distraer su general dando las gracias por este obsequio «al priimaginación, vuelta constante- mer ministro de S. M. Católica,» fechada en 1785.
mente hacia aquella finca, á la El gobernador Morris, conocedor de sus aficiones, le
que comparaba con una reina envió también una pareja de cerdos de la China y
JORGE WÁSHINGl'ON
sentada en un trono de espeso otros animay mullido césped bañando sus les exóticos
Copia de un retrato hecho por Gilbert Stuart y conservado en el Ateneo
pies en las aguas del hermoso que Jorge rePotomac.
cibió con parSECCIÓN AMERICANA
Cada roca, cada árbol le hablaba, cuando volvió ticular agrade la guerra, de sus pas2das cacerías con antiguos decimiento y
WÁSHINGTON EN MOUNT-VERNON
amigos, á los cuales no veía ya á su lado. Estos agra- de cuya mulDESPUliS DE LA GUERRA
dables ejercicios no se habían renovado en el conda- tiplicación
Terminada la guerra con la Gran Bretaña, y reco- do con el entusiasmo y animación con que se practi- cuidó con esnocida por la metrópoli la independencia absoluta caban antes de la guerra; ejercicios que el mismo mero.
La gloria
de los Estados Unidos, Jorge Wáshington presentó al Wáshington recordó en la sangrienta batalla de PrinCongreso americano su dimisión de general en jefe ceton, cuando al ver al enemigo huyendo en desor- alcanzada
del ejército vencedor, y cubierto de gloria se retiró den perseguido por sus soldados, espoleó su caballo por sus proezas y por la
del modo que más apetecía, esto es, igual en repre- exclamando: «¡Es toda una caza de zorras!»
Wáshington era un jinete consumado, y de él dijo libertad que
sentación al más humilde de sus conciudadanos.
Al día siguiente llegó á su modesto y ansiado reti- Lafayette algún tiempo después de su fallecimiento: en gran maro de Mount-Vernon, del cual había estado ausente «Nuestro querido jefe, montado en un magnífico nera había
corcel, recorrió las filas en Montmont entre las acla- contribuido á
nueve años.
~ocos días después decía á algunos de sus buenos maciones de los soldados, y puedo asegurar que ja- dar á su paLámpara de Wáshington,
más vi un jinete tan arrogante.)) Jefferson, refirién- tria y la preeamigos:
existente en el Museo Nacional
«La acción marcha.por último á su término ... La dose también á él en una carta dirigida al Dr. Wal- minente povíspera de Navidad traspuso los umbrales de esta ter Jones, dice que era «el mejor jinete de su edad, sición alcanzada no modificaron en nada su sencillez ni su mocas_a un hombre n_ueve años más viejo que cuando y la figura más airosa que pueda verse á caballo »
E11 el buen tiempo de las susodichas cacerías te- desto género de vida. Si amplió y renovó su finca de
sahó de ella. Empiezo á sentirme bien y libre de cuidados. Procuro perder la costumbre de meditar al nía Wáshington una hermosa jauría que le había en- Mount-Vernon y la alhajó con trofeos y recuerdos
despertarme cada día sobre las atenciones y cuidados viado Lafayette á Mont-Vernon en 1785. Compuesta de su hazañosa campaña; si en su casa se ostentltban
del siguiente, y después de pensar en muchas cosas de perros enormes, monstruosos y semisalvajes, la regalos de los admiradores del general, corno exquidescubro, no sin sorpresa agradable, que ya no pes~ esposa del general no estaba tranquila mientras los sitos mármoles de Italia, porcelanas de la Ii:idia y
sobre mí ningún espinoso cargo, que ya no tengo tenía cerca de la casa, y después que uno de ellos, otras preciosidades, el género de vida que se obsernada que ver con la cosa pública. Espero pasar el
resto de mis días cultivando la amistad y trato de los
hombres honrados y practicando las virtudes domésticas. La vida del labrador es la más grata de todas;
es ho~rosa, alegre y, portándose con prudencia, hasta
lucrativa. No sólo he dejado los cargos públicos, sino
que me reconcentro en mí mismo. Puedo en la soled~d mi:ar en torno mío, y cruzar los senderos de la
v1_da pnvada con la conciencia tranquila. No envidiando á nadie, estoy dispuesto á llevarme bien con
todos, y en tal disposición bajaré suavemente el río
d~ la existencia hasta que me duerma en el seno de
mis padres.»
En estas levantadas frases, que retratan al verdade~o y patriótico héroe, modesto y desinteresado,
Washmgton no expresaba sólo una impresión momentánea, la alegría del bien ganado reposo después
de largos años de cansancio y agitación, de la libertad_ después de una sujeción pesada. La existencia
activa y tranquila del rico propietario, los quehaceres
do~ésticos más productivos y exentos de cuidados,
la nmguna responsabilidad en la dirección de su casa
Y familia, la buena armonía entre el hombre inteligente la naturaleza fecunda, la hospitalidad hidalga
Y sencilla, las nobles satisfacciones de la beneficencia
sin vanidad ni ostentación prodigada; todo esto era
el anhelo constante de su alma.
,Siempre grave y siempre activo, dedicóse desde el
pn~er día de su regreso á mejorar el cultivo de su
hacienda, á hermose~r su casa, sin perjuicio de lo
Mount-Vernon, residencia de Wáshington

r

�52

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cuales sostenía constante
trato, no ya sobre asuntos
religiosos, sino más en especial sobre cuestiones
agrícolas, en las cuales
eran ambos muy competentes. Pero poco á poco
fueron acudiendo á aquella morada, atraídos por
el renombre de su dueño,
personajes de muy distinto carácter, hombres que
por sus aficiones y posición se apartaban sobre
manera de la la ruda sencillez de los primeros, estad is tas y diplomáticos
~-- ,:-;;:::._:....-:::::.-~_;-:_:_:~~..~ ..:..:.-~~-~~. . --que, si se reían del descuidado porte de los habitanTuego de te de Martha Custin, esposa de \\'á,hington
tes de Virginia, causaban
á su vez la risa de éstos
vaba en el interior de su hogar doméstico apenas va- al verlos tan elegantemente vestidos, perfumados y
rió, siendo las costumbres de Wáshington y de su afeminados.
familia el prototipo de la llaneza y de la sencillez.
Entre estas visitas fué muy de notar la de una ceLo propio que su ilustre esposo, Mistress Martha lebrada -escritora, Mrs. Catalina Macaulay Graham,
Wáshington atendía á los quehaceres domésticos con la cual cruzó el Atlántico con el único objeto de copla asiduidad de una excelente ama de casa. El tiem- nocer personalmente á Wáshington y admirar de visu
do que le dejaban libre lo consagraba á la práctica su carácter y condiciones.
de sus deberes religiosos con una devoción exenta
La pacífica y retirada residencia de Mount-Vernon
de gazmoñería. Sumamente aficionada á las flores, estaba por esta causa más animada de lo que tal vez
cultivaba el jardín de Mount-Vernon como pudiera desearan sus dueños y sobre todo Wáshington, áquien
hacerlo el mejor floricultor flamenco. Como su espo- se privaba del tiempo necesario para dedicarse con
so, tenía perfectamente distribuídas sus horas; ma- sosiego á sus asuntos domésticos y á Jo que de él redrugaba mucho, organizaba diariamente el trabajo de las criadas, de
las cuales una, Flavia, estaba encargada de cortar las telas de algodón para hacer la ropa de la familia y servidumbre, Silvia de coserla y Mirtilla de hilar dicho textil;
y cuando lo tenía todo en orden,
abría su casa para recibir las visitas de sus vecinos, con los cuales
sólo trataba de asuntos domésticos, huyendo de toda murmuración.
Wáshington tenía en su casa
dos sobrinos, Jorge, excelente muchacho, que asistía á la cercana
escuela de M. Hanson en Alejandría, y Nelly, de cuya educación
cuidaba Mrs. Martha, y por cierto
"' @.lt:y._• H_;.f;¡thord '
que no era cosa fácil y hacedera,
f'' f· V~t nol'\ ~
pues la traviesa niña prefería correr y juguetear por la campiña á
pasar cinco horas diarias sentada
al clavicordio que le había comprado su tío para que aprendiera
Flauta de Wáshington y piano de su sobrina Nelly Custin en Mount-Vernon
mtísica, á la que era muy aficionado. Con el tiempo el carácter de
.
Nelly cambió, como era de esperar, dados los eJem- quería aún la patria; pues no por su alejamiento de
plos que en aquella honrada casa recibía y por ·efe~- los negocios dejaba de seguir con interés la marcha
to también de los años, que fueron moderando la vi- de los sucesos políticos, como lo prueba la corresponvacidad natural de su niñez, y contrajo enlace con dencia que acerca de ellos sostenía con varios de sus
su primo Lorenzo, hijo de Mrs. Fielding Lewis Wásh- amigos, y en la cual daba consejos ó emitía opinioington, hermana del general, y tan parecida á él en nes que probaban su rectitud y su reflexiva cordura.
sus condiciones físicas y morales, que se le solía dar
No por ello descuidaba otros trabajos, entre ellos
los literarios, á los que también se entregaba de vez
también el calificativo de «general.»
En los primeros meses que siguieron al regreso en cuando, como lo atestigua Dickey Lee.
A las virtudes del héroe americano se unía otra
del general á Mount-Vernon frecuentaban su casa
principalmente sus vecinos, algunos habitantes de que jamás falta en las almas bien nacidas: la caridad.
Alejandría, y sobre todo el Rev. Lee Massey de la Si era metódico y económico en sus gastos personaiglesia de Pohick y el y Rev. Mason Weems, con los les, en cambio jamás cerraba su puerta á ningún pobre del condado, cuyo número no
era escaso por cierto. Para ellos
estableció en su casa un granero
que en verano llenaba de trigo y
un bote en una de sus mejores pesquerías. El gobernador J ohnson
cita un ejemplo de su bondad, diciendo que el panadero del pueblo
tenía orden de distribuir diariamente cierta cantidad de pan á
determinado número de montañe\
\,,
ses pobres de las cercanías, sin revelar el nombre del donante, añadiendo que por una casualidad se
averiguó que éste era Wáshington.
La fundación y sostenimiento
de una escuela de niños en Alejandría, ordenada en su testamento, fué otro de los rasgos de su
munificencia muy agradecido por
sus conciudadanos.
No terminaremos este ligero
Tintero, candelero y despabiladeras de Wáshington
bosquejo de la vida privada de

-~--~-

NúMERO

474

Wáshington sin hacer mención de sus criados. El
principal de ellos era Bishojo, soldado inglés que
servía de ordenanza á Braddock cuando la derrota
de Monongahela, y á quien éste, al morir, se lo recomendó al general. Bishojo había encanecido á su
servicio, casóse en Mount-Vernon, en donde continuó hasta su muerte, ocurrida á los ochenta y tantos años.
Billy ó Will Lee era un mulato consagrado en
cuerpo y alma al servicio de su amo. Con él había
hecho toda la campaña, y se batió gloriosamente en
Monmouth al frente de un escuadrón de voluntarios,
mereciendo por su valerosa conducta los elogios de
su general en el mismo campo de batalla. Sobrevivió
á su amo muchos años, y aunque éste le dejó una
manda en su testamento para que viviera con algún
desahogo, no quiso abandonar á Mount-Vernon y
allí murió.
Daddy Jack, el pescador, era un negro hijo de un
rey africano, como también Davis el cazador, cuya
respectiva misión consistía en suministrar caza y pesca para la mesa de su amo. Negro también era Black
Cary, á quien Wáshington concedió la libertad en su
testamento, y que, según se asegura, murió á la edad
de ciento catorce años en la capital de la República.
Estos y otros servidores consideraban á su amo,
no como un señor feudal, como á la sazón eran los
plantadores de Virginia, sino como un verdadero
padre, y á la familia como la suya propia. Las muchas pruebas de adhesión que en vida le dieron no
terminaron con la muerte del grande hombre, sino
que muchos de ellos continuaron sirviendo lealmente
á sus sucesores, pagando así el tributo de gratitud
que á su señor debían.
«En el mundo moral, dice Tuckerman refiriéndose
á Wáshington, las cualidades ocultas son las más vitales; si el general hubiera sido un hombre frío é impasible, como muchos aseguraban, no habría ejercido
seguramente esa influencia personal que ningún hombre ha llegado á obtener. No se respetaba en él al
hombre heroico, sólo apreciable por su rectitud y
leales intenciones, sino á uno cuya alma era tan noble y sensible como agudo su ingenio y enérgica su
voluntad; cuya reserva era una costumbre inspirada
por una prudencia sublime; á un hombre, en fin, que
escuchando sólo el grito de su conciencia, reconocíase responsable de sus actos ante Dios, ante los
hombres, ante su país y su raza, y por esto sin duda
más bien parecía su frente coronada con la aureola
del profeta que con los laureles de la victoria. El que
se arrodilló llorando junto al lecho de muerte de su
hijastra, el que se retorcía los brazos desesperado al
ver el inútil sacrificio de sus tropas, el que arrojaba
su sombrero al suelo en un momento de mal reprimida cólera al presenciar la cobarde retirada de sus
soldados, aquel cuyo rostro se cubrió de rubor cuando trató de contestar á un voto de gracias, aquel cuyos labios temblaban al despedirse de sus compañeros de armas, y que abrazaba en fin á un jefe ó á un
oficial después de obtenida la victoria, sólo podía haber conservado su serenidad en medio de los peligros, merced al inmenso dominio que tenía sobre sí
mismo.
,
«Después de retirarse Wáshington á la vida privada, su carácter no varió en nada, pues siempre predominaban en él los sentimientos humanitarios, la
modestia y el heroísmo. Los que iban á visitarle á
Mount-Vernon decían que su carácter tenía tantos
puntos de contacto con el del cortesano de Versalles
como con el del labrador de Nueva Inglaterra; pero
es de notar que todos estaban contestes en reconocerle las mismas excelentes cualidades, haciendo el
mismo retrato de su persona.»

Un carro persa de Baku

I

«:::..
-~
~
-.-; ::-:'?~ d &lt;::.

--.- .....==-~--.

Persa llevando
un pellejo de vino

M. A.
LA ORNAMENTACIÓN
E N LAS ARTES CLÁSICAS

La voz clásico no necesita definirse. Decir clásico,
tratándose de las Artes ó de l:'I, Literatura vale tanto
como decir correcto, y en su acepción más restringida, la frase arte clásico quiere decir arte griego. Este
prestó elementos al arte etrusco y al romano, y por
esto, bajo la denominación de Artes clásicas se designa á las de aquellos tres pueblos de la antigüedad,
cuya poderosa influencia, especialmente en materias
artísticas, se deja sentir todavía. Repasemos brevemente lo que fué el ornato en aquellas artes.

Un aguador de Baku

I
ARTE GRIEGO

Está hoy fuera de toda duda que el arte griego no
fué autóctono, sino que le prestaron sus elementos

TIPOS DE BAKU, mar Caspio, dibujos de F. Pegram

�54

LA lLUSTl&lt;.AClÓN ARTÍSTICA

NúMERO

474

deros caracteres del ornato, aunque pueden consideconstitutivos el Egipto y el Oriente por mediación conjuntos puede juzgarse de los detalles, y por ellos
rarse como semejantes á los del ornato fenicioj es dese
ve
que
los
motivos
del
ornato
mural
no
varían
en
de los fenicios. Ppr eso dice Owen J ones que el arte
cir, como una amalgama de elementos egipcios y asigriego fué el desenvolvimiento de una idea antigua nada de los ornatos cerámicos.
rios. Las obras de este período son de marcado carácLa
cerámica
griega,
aún
hoy
denominada
por
por una dirección nueva. Esto se explica consideter decorativo por lo que tienen de convencional y en
error
etrusca,
ofrece,
en
las
numerosísimas
colecciorando que en Grecia el arte no estaba restringido ni
cierto modo de hierático.
aprisionado dentro de fórmulas prefijadas por pre- nes que de ella se conservan, una serie completísiEl período griego, por el contrario, rico en producma
de
la
ornamentación
pintada.
Los
típicos
moticeptos religiosos, como aconteció en Egipto y en
tos industriales ofrece numerosos ejemplos del adorvos
de
ésta
son
esencialmente
dos:
la
palmeta
y
el
Asiria: el arte en Grecia era libre, y entregado á mano helénico en Italia. La pintura tiene mucha imnos de una raza dotada de las más altas cualidades meandro. La palmeta trae indudablemente su origen
portancia en las artes etruscas y co_nstante aplicación
de
la
planta,
y
en
la
interpretación
convencional
que
estéticas de que ha dado muestra la humanidad, proá la arquitectura. Conviene decir antes de pasar adede
ésta
se
hizo
en
el
ornato
aparecen
los
pétalos
radujo obras tan completas y acabadas, que por la purelante, que á pesar de la influencia griega, que se acenza de la forma y la perfección técnica dejaron estable- diados, y á partir de uno recto que forma el eje los
túa en el siglo vm antes de J. C., la influencia de
demás
se
inclinan
ó
encorvan
graciosamente
hacia
cidos para siempre unos principios de ornamentación
Oriente no se perdió, bien que en dicha época el
los
lados,
formando
un
todo
que
se
puede
inscribir
que han servido de elementos constitutivos á todos
mismo arte griego participaba también de ella. En
los estilos posteriores. El ornato griego no tiene el dentro de un semicírculo peraltado ó prolongado y
las pinturas que decoran los muros de las cámaque
termina
no
pocas
veces
en
dos
volutas
á
los
lados
carácter simbólico y casi jeroglífico con que le hemos
ras sepulcrales se observa alguna semejanza con
del
punto
de
irradiación.
También
hay
palmetas
cuvisto en Egipto; es menos espiritualista, pero sin ser
tampoco la copia servil de la naturaleza; es ingenioso, yas hojas no están encorvadas, sino que todas con- las pinturas egipcias, en cuanto á la disposición y
modo de ornamentar, al paso que los demás caracelevado, puro y noble en sus trazos, gracioso y at~e- servan su eje. Son frecuentes las palmetas contrateres demuestran el origen helénico. El carácter decovido en la composición y respira siempre un buen puestas y también unos capullos.con grandes hojas
gusto y una libertad verdaderamente admirables El contrapuestos á las palmetas. Sería prolijidad inne- rativo de los templos etruscos recuerda el de los temcitado Owen Jones parece como que echa de menos cesaria enumerar y describir la variedad de combi- plos de la Grecia, y sin embargo presentan detalles
el simbolismo en el ornato griego, del cual dice que naciones en que aparecen empleadas las palmetas. típicos dignos de estudio. El templo etrusco se construyó con madera revistiéndola de bajos relieves en
carece de significación,siendo puramente decorativo y La palmeta de los vasos corintios y de estilo oriental
barro, generalmente pintados, en los cuales las paldel
periodo
pre-arcaico
es
más
redonda
que
la
de
los
nunca representativo, sin que pueda llamársele adorno
de construcción; pues los diferentes miembros de un períodos posteriores, época en que aparece más alar- metas, los meandros, los roleos y figuras ornamentamonumento griego representan simplemente super- gada. El meandro ó greca es otro motivo predilecto, les ocupan los frisos y componen las acroteras, las
antefixas y otros elementos de la construcción. Como
ficies preparadas y aptas para recibir los adornos, formado, como es bien sabido, por las vueltas reguque se aplicaron primeramente por medio de la pin- lares y angulosas de una ó más líneas sobre una su- acontece en Grecia, donde hay que buscar los tipos
tura y más tarde del relieve. El ornato no formaba perficie longitudinal. La greca va formando sucesiva- más característicos del ornato etrusco es en la ceráparte de la construcción, como en Egipto. Por otra mente espacios cuadrados ó rectangulares, si la supo- mica, industria que tuvo extraordinaria importancia
en la Tarquinia y cuyos productos corresponden
parte, si se tiene en cuenta que el desenvolvimiento nemos formada por una serie de líneas paralelas que
esencialmente á la plástica. Los sarcófagos de barro
forman
ángulos
iguales
y
simétricos;
aunque
lo
más
del arte griego se manifiesta principalmente en la
Arquitectura y en la Escultura, siendo en ésta donde general es que los ingulos sean rectos, hay casos ex- cocido, pintados, con figuras yacentes ó recostadas
más brilló el genio helénico, se comprende que la cepcionales en que las líneas en vez de perpendicu- de hombre y de mujer llevan adornos de carácter
ornamentación griega, que por lo común es pictórica lares están oblicuas, formando por consiguiente con griego en los lechos, pudiendo servir de tipo en el
y polícroma, fuese un arte secundario. Los escultores las horizontales ángulos agudos y obtusos, que pro- género el famoso sarcófago procedente de Cere que
griegos buscaban y reproducían la naturaleza hermo- ducen variedad de combinaciones. Con los meandros se conserva en el Louvre. En cuanto á los vasos de
seándola, y el ornato, aunque traiga sus orígenes de hay que clasificar el motivo griego denominado on- búcaro negro, cuya semejanza con los vasos mexicala naturaleza, siempre que ésta no esté interpretada das, formado por una serie de volutas que se repiten nos y peruan·os es patente, están adornados con rede una manera convencional, geométrica y regular, regularmente y en la misma dirección enlazándose lieves formando zonas ornamentales sencillas y figuno tiene verdaderas condiciones decorativas. El or- sobre una base común. En cuanto á los colores de ras, cabezas y sencillos accesorios, de bulto entero,
nato griego es convencional, sin que por esto resulte estos ornatos, en los vasos de estilo corintio y orien- que sirven de remate á las tapaderas.
La ornamentación etrusca se manifestó también
antitético con la escultura; porque la ornamentación tal son rojo, negro y blanco sobre el fondo amarillo
en
los productos de orfebrería y joyería, entre los
del
vaso,
y
en
los
estilos
arcaico
y
bello
son
las
conoes un arte que por lo que tiene de geométrico y regucuales
sobresalen los collares formados por cuentas ó
lar tiene más de la Arquitectura que de la Escultura: cidas combinaciones de negro y rojo.
canutillos
de piedras finas ó de pasta vítrea que lleLa
ornamentación
arquitectónica
de
relieve,
que
á
Los ornatos griegos hay que buscarlos en dos clases
de monumentos: en los arquitectónicos, aunque res- diferencia de la ornamentación hasta ahora descrita van pendientes, á manera de bullas, unas cabezas
pecto de éstos apenas pueden apreciarse por otro puede denominarse escultórica, se manifestó en las repujadas, cuando son de mujer, con diademas y comedio que por las restauraciones de los mismos he- cornisas de los órdenes jónico y corintio por rosarios llares finamente labrados, y otras v_eces palmetas y
chas por los pensionados y por los arqueólogos, y en de perlas y astrágalos, huevos y otros adornos menu- conos en cuya base hay una cabecita. Las joyas
los vasos pintados, que son la fuente más positiva dos. En cuanto á las hojas de acanto características etruscas presentan una novedad respecto del trabajo
para conocerlos. En nada difieren los adornos arqui- del capitel corintio aparecen alternadas y en dos antiguo, que es el trabajo de filigrana formando metectónicos de los cerámicos á no ser en los colores, series superpuestas, graciosamente arqueadas, sir- nudas y primorosas labores de volutas y roleos. Además en todas estas joyas las cadenitas, á veces muy
que en los primeros son más variados y más vivos. viendo de coronación las volutas.
artísticas, las perillas á modo de campanillitas, las
La
indumentaria
griega
era
tan
sencilla
como
eleJuzgando los templos griegos desde el punto de vista
decorativo, hay que admitir que la escultura viene á gante, sin que en ella se observase la cargazón osten- piedras finas y grabadas, las medallas y los escarabaser un elemento ornamental. Lo mismo la composi- tosa de bordados y joyas usual en el Asia. Las túni- jos semejantes á los egipcios, son otros tantos eleción estatuaria del frontón que los relieves de las meto- cas y los mantos que visten las figuras representadas mentos decorativos que aparecen hábilmente combipas en los templos dóricos destacaban sobre fondo ro- en los vasos pintados, suelen llevar franjas ornamen- nados.
jo obscuro, color de que también estaban pintados los tadas, cuyos motivos son meandros, ondas, palmetas,
III
muros exteriores de la cella para dar valor á la colum- picos y fajas lisas; por excepción se ve algún paño
nata. En el arquitrave y las cornisas predominaba el salpicado de estrellitas ó de otro motivo semejante.
ARTE GRECO-ROMANO
ocre como fondo y había algunos adornos trazados con Los tocados y peinados femeniles también ofrecen
rojo, negro y blanco; amarillos eran también los fustes combinaciones artísticas de muy buen gusto.
El arte griego (ya lo hemos indicado) fué borrando
de las columnas, verde el equino del capitel, azules los
insensiblemente
en Italia las tradiciones orientales,
II
triglifos que alternaban en el friso con las metopas,
hasta formar un arte que puede considerarse como
amarillas las estrías de los mismos y verdes las gotas.
una nueva fórmula del griego. Los gérmenes de éste,
ARTE ETRUSCO
Tal era la policromía característica del orden dórico.
sembrados
en otro suelo y en otro medio, perdieron
En cuanto al jónico exigió por su mismo carácter
Los mismos orígenes y primitivas influencias que su elevación y su pureza, y sus frutos constituyeron un
esbelto y gracioso otra ornamentación más delicada,
en la que se empleó el oro para las volutas de los hemos señalado al arte griego hay que señalar al arte exuberante y pomposo, que parecía querer ganar
en apariencia y en gracia lo que perdía en solidez Y
capiteles y los florones de los casetones de la cornisa, etrusco.
Por los mismos tiempos en que los helenos ocu- en severidad.
predominando mucho en los fondos y en los detalles
Los romanos, al heredar de los etruscos las tradi•
del cimacio los colores azul y rojo. La policromía de paron la Grecia, poblaron la Italia unas gentes, cuyo
los templos griegos, que no ha sido admitida por los origen no hace al caso investigar, que bien pronto cienes artísticas griegas, aun las depuraron de todo
arqueólogos hasta tiempos recientes, da por resul- entablaron relaciones mercantiles con los fenicios, á orientalismo é hicieron un arte que unas veces cotado en el conjunto una decoración sencilla, que sólo la sazón dueños del Mediterráneo. A los fenicios de- piaba servilmente á la Grecia y otras muchas trat~ba
consiste en la acertada combinación de los colores, bieron las etruscos los elementos que informaron la de imitarla con escasa inspiración; y no se olvide
puesto que éstos aparecen en tintas uniformes revis- primera fase de s-q cultura. Más tarde los griegos, que muchas veces fueron artistas griegos los autores
tiendo cada uno de los miembros de la construcción. émulos de los fenicios, entablaron también un co- de muchas obras descubiertas en Italia. De aquí la
Los colores prestan realce á los miembros arquitec- mercio con los etruscos y llevaron á éstos su influen- necesidad de deno.minar greco-romano al período
tónicos y los armonizan. Solamente desde el punto cia. He aquí por qué se distinguen dos períodos en del arte de Italia á que nos referimos, y que alguien
de vista de las armonías puede hablarse de la poli- el arte etrusco, uno de carácter oriental y otro de ca- llama pompeyano. El estilo de la ornamentación
pompeyana es sumamente caprichoso, ora seve~o,
cromía de los templos griegos, respecto de la deco- rácter griego.
ora
banal; por esto Owen Jones, en su afán de suieLos
arqueólogos
italianos
han
descubierto
en
su
ración, porque los ornatos propiamente dichos, aplitar
á
leyes el proceso de la ornamentación, declara
país
curiosos
vestigios
de
civilizaciones
anteriores
á
cados á la arquitectura, ocupan un lugar secundario,
como puede apreciarse, por ejemplo, en el trozo de ci- la etrusca, entre los cuales son de citar los objetos de que es imposible someter el arte pompeyano á ~na
macio, con su gárgola, formado por una cabeza de león la civilización llamada de Villanova, que presentan crítica estrecha, y hasta dice que traspasa los lí1mtes
en relieve y con adornos pintados de varios colores, todos los caracteres típicos de los productos de las de un verdadero arte, aunque reconoce que no es un
procedente de Selinonte, que se conserva en el Gabi- artes rudimentarias. Sólo conviene citar entre ellos estilo vulgar. El arte pompeyano,como producto que
nete de Antigüedades y Medallas de la Biblioteca las urnas cinerarias de barro negro, adornadas con es de artistas que inventaban dibujando, lo cual
Nacional de París. Por lo demás, los restos de frisos meandros y ziszás, que guardan semejanza con los quiere decir que eran decoradores y lo hacían todo
ornamentales del interior de los templos griegos dan vasos ornamentados de la América precolombiana. de memoria y á capricho, es un arte simpático, que
escasa idea de lo que debió ser la decoración en sus Respecto del período etrusco oriental la escasez de cautiva los sentidos, de ejecución ligera, de aspecto
más importantes manifestaciones. Mejor que de los monumentos y objetos no permite apreciar los verda- fantástico y en el cual predomina una libertad extra·

NúMERO

474

SS

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

modillones de las corniEaS y los capiteles corintios. En
éstos, especialmente, las hojas aparecen en series superpuestas. También acomodaron dicho ornato á los
roleos, en solución de continuidad, que decoran los
frisos y hojas de encuadramiento, poniendo en el centro de estos roleos un florón.
Suele formar parte de estas composiciones decorativas la figura humana, de cuerpo entero ó de medio
cuerpo, llevando en vez de extremidades inferiores
una serie de hojas, de las cuales parten roleos y hojarascas. Toda esta ornamentación vegetal y naturalista
es robusta, accidentada de forma, y produce bastante
claro-obscuro, que es como los romanos acostumbraban á producir efecto plástico. H ay en este modo de
ornamentar, por lo mismo que la imitación de la naturaleza es menos convencional, más libertad que en
los estilos anteriores, pues el hieratismo geométrico
- valga la frase - de Egipto y del Oriente aparece
ahora sustituído por la tendencia contraria de representar !la naturaleza con todos sus caracteres, pero
embellecida, ó mejor dicho, en toda su belle.za.
JOSÉ RA MÓN M ÉLIDA

LOS PARLAMENTOS DE EUROPA

VII
PAÍSES BAJOS
LOS PARLAMENTOS DE EUROPA. -

Patio del Binnenhof, en La Haya, en donde celebran sus sesiones

Por la muerte de Guillermo III se ha vuelto á
fijar la tención en los Países Bajos. Habíase discutido largo tiempo, é imíltimente, sobre las consecuencias que podría tener la extinción de la descendenordinaria. Todo lo dicho se refiere á las pinturas para estas obras de decorado interior eran sobre fondo
cia masculina de Guillermo el Taciturno; y los homurales de las casas de Pompeya y de Herculano. negro, el verde, rojo y azul como principales, y el rojo
landeses, hombres de sentido muy práctico, habían
y
amarillo
como
secundarios;
sobre
fondo
azul
el
Las composiciones á manera de cuadros tienen un
adoptado ya de antemano sus precauciones, permicarácter esencialmente pictórico que las pone fuera blanco para las líneas finas y el amarillo para las matiendo todo creer que la menor edad de la reina
de los límites del presente escritoj pero las compo- sas; sobre fondo rojo, el verde, blanco y azul. En las
niña Guillermina terminará sin ningún incidente.
ornamentaciones
arquitectónicas
la
cornisa
suele
ser
siciones puramente decorativas y ornamentales, en
Los Países Bajos aman su libertad, y sabrán impedir
las que hay figuras y variados adornos, son dignas de negra, las pilastras y frisos rojos, y los recuadros del
seguramente
toda intervención extranjera en sus
fondo ocre, azul ó blanco. La gran novedad que ofremención y de examen detenido.
asuntos. No les importa menos su unidad, que data
cen
estos
adornos
es
la
de
estar
modelados,
en
vez
Es frecuente que para decorar un muro ó recuade la conquista francesa y de la proclamación de la
dro simulara el artista una arquitectura convencional de aparecer trazados con una tinta igual sobre el fonRepública bátava ( 16 mayo 1795).
do,
como
hemos
visto
en
Egipto,
en
Oriente
y
en
puramente decorativa. La invención de estas comDespués de dos ó tres ensayos desgraciados, la
Grecia.
posiciones se atribula tradicionalmente al pintor Liprimera
Constitución, redactada según el modelo de
El afán de modelar el adorno les llevó á reprodudius, del tiempo de Augusto. En ellas se mezclaban
la francesa del año m, fué adoptada en virtud del
cir
en
los
mosaicos
el
meandro
como
una
cinta
puesá veces escenas marítimas, paisajes ó figuras diversas.
voto popular en 23 de abril de 1798. Esta ConstituEsta arquitectura tiene generalmente por fundamento ta de canto, produciendo las proyecciones consición
establecía un directorio, compuesto de cinco
los pórticos griegos y las columnas á modo de so- guientes.
personas, y dos Consejos, uno de sesenta individuos
En
los
mosaicos
es
ornato
muy
común
la
trenza,
portes de candelabro que parecen balaustres y llevan
y el otro de treinta, y la República se dividía en
adornos diversos y caprichosos entrelazados ó adi- aparte de otros ornatos caprichosos y menudos. Alguocho
departamentos. El 18 brumario y la Constitucionados, presentando toda la construcción un as- na vez decoraron los romanos agrupando de un modo
ción del año vm tuvieron por consecuencia en los
artístico,
aunque
sin
sujeción
á
exigencias
geométripecto aéreo y ligero. Del mismo modo que las coPaíses Bajos que se adoptara una nueva Constitución
lumnas están fantaseados los entablamentos, fronto- cas, productos naturales. En Pompeya abundan estos
en 16 de octubre de 1801; y proclamado el imperio
motivos
en
sobrepuertas
y
recuadros
de
frisos,
siennes, áticos y frisos; y á todo esto cada I?ºldura
francés, se votó una tercera ( 15 marzo 1805). A consimulada cada hueco cada recuadro da mohvo para do frecuentes entre ellos las guirnaldas de frutos y flo'
'
,
secuencia del tratado de 24 de mayo de 1806, el rey
repetir menudos y graciosos adornos y para las mas res, como la que figura en el célebre mosaico de la
Luis otorgó en 7 de agosto del mismo año una nuevivas policromías. La perspectiva, aunque algo con- casa del edil Pansa, que á cada costado lleva una cava Constitución; y después de la pasajera anexión de
reta
trágica.
vencional, está bien trazada y dispuesta; el recuadro
H olanda al imperio francés (1810-1813), el regreso
central de cada pórtico suele ir adornado con una
del príncipe Guillermo Federico, como príncipe soIV
figura pintada sobre fondo obscuro ó negro; no hay
berano, &lt;lió origen á otra (28 marzo de 1814). El 2
proyecciones y sólo ligeras indicaciones de los co~de mayo siguiente se abrieron los Estados generales.
ARTE
ROMANO
trastes de luz resultando todo el efecto de la oposiEl tratado de París del 30 de mayo de 1814
ción de tono; diversos y de la combinación de cóloAparte de la ornamentación de carácter griego ó anexionó la Bélgica á la Holanda para formar el reires vivos y enteros, á veces un poco abigarrada.
no de los Países Bajos, y el 16 de marzo de 1815 el
Los ornatos propiamente dichos que aparecen en pompeyano, emplearon los romanos en su arquitectupríncipe Guillermo Federico tomó el título de rey.
ra
un
sistema
ornamental
que,
aunque
derivado
de
los frisos y fajas que recuadran los muros y separan
Entoncés fué necesario introducir modificaciones en
los compartimientos en las pinturas murales, en los Grecia, presenta en su disposición y en su aplicación
la Constitución de 1814, y el 24 de agosto de 1815
mosaicos parietales y de piso y en los techos_,son tan caracteres que dan á las construcciones romanas una
se promulgó otra nueva.
fisonomía
diferente
de
la
que
ofrecen
los
monumenvariados como graciosos U nas vece~ consisten en
Después de la separación de Belgica, nueva Cons· el meandro griego tratado con severidad y pureza, tos griegos. Así como éstos, es decir, los templos, obetitución (4 septiembre 1840), que se modificó amdecían
á
un
sistema
de
ornamentación
polícroma,
los
otras en la palmeta repetida y en algún otro adorno
pliamente por las leyes de 1848. Por esta última se
de origen helénico como las ondas. Pero el adorno monumentos romanos obedecían á una ornamentarige actualmente el pueblo holandés, y de ella vación
escultórica.
Pero
los
romanos,
gente
de
menos
puramente pompeyano consiste en roleo~ formados
mos á ocuparnos en el presente estudio sobre el parpor tallos vegetales y hojarascas complicadas, par- gusto artístico que los griegos, al perder las proportiendo unos roleos de otros, como sucede en los or- ciones generales de la estructura arquitectónica, per- lamento de Holanda.
La forma de gobierno es una monarquía con Esnatos corintios. Estos roleos suelen entrelazarse con dieron también aquella pureza y sencillez de contortados generales ( Staten-generaal), compuestos de
nos
de
las
molduras,
por
la
exuberancia
de
ornatos
una figura de animal, perro, toro, ~ quimera, como
dos cámaras, una elegida por los Estados ó Conseel caballo marino, el delfín, etc., ó bien alguna flor ó modelados de que las recargaron. Esto marca un nuejos provinciales y otra directamente por los electovo
camino
en
el
modo
de
ornamentar,
que
es
menesfruto y están pintados á claro-obscuro y de colores
res contribuyentes. El soberano tiene el derecho de
natu;ales ó fantaseados sobre un fondo liso, negro ó ter tener muy en cuenta, pues á partir de la época romana la ornamentación en todos los estilos se mani- veto absoluto.
rojo. Este motivo se e~pleaba pa_ra frisos, Y algu~a
La primera cámara se compone de cincuenta indifestó en la arquitectura como cosa aparte, y aplicada
vez para fajas verticales. Otro motivo muy c~racte~1sviduos, elegidos por nueve años, que se relevan en
como
independiente
del
efecto
general
del
conjunto
tico del ornato pompeyano es el candelabro, también
una tercera parte cada tres. Perciben una indemnizasobre fondo liso y compuesto de un balaustre con de la construcción.
ción de 75 céntimos (1,50 pesetas) por hora de distanBien
es
verdad
que
la
ornamentación
en
las
consdiversas arandelas, y á un lado y ?tro volutas y roleos
trucciones de casi todas las épocas es un detalle, he- cia, cuando no tienen su domicilio en La Haya, y 8
dorados, figuritas de bichos ó gnfos Y figuras ~umaflorines (16'75 pesetas) por día para gastos de residen·
nas. También en Pompeya aparece como simple cho como para satisfacer á la persona que después de
cia, mientras se celebran las sesiones.
haber
examinado
la
obra
arquitectónica
en
conjunto
adorno la fioura humana de medio cuerpo, que se reEl soberano nombra cada año un presidente de
se aproxima á verla de cerca; en este sentido puede
suelve en graciosas hojarascas, cuyos extremos fordecirse que la arquitectura, considerada en sus gran- entre los individuos de la cámara, y ésta se distribuman roleos y se unen á otros adornos. Todos estos
ye por suertes en cuatro secciones, las cuales nomdes masas, y el ornato, son antitéticos.
motivos pompeyanos son los que _después, en la époEl ornato por que mostraron preferencia los roma- bran á su vez presidente, vicepresidente y secretario;
ca del Renacimiento, imitó el mmortal Rafael en
Las Logias del Vaticano. Los colores empleados nos fué la hoja de acanto, con la cual decoraban los una sección central, compuesta del presidente de la
los Estados generales de los Países Bajos

�NUESTRA SE~ORA DEL CARMEN,

CUADRO DE DO.N MANUEL DOMÍNGUEZ

EXISTENTE EN LA CAPILLA DE CARLOS lll DE LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO EL GRANDE, DE ·MADRID. - GRABADO DE BAlJDE

�58

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

474
NúMERO

cámara y del secretario, debe señalar la orden del
día.
La segunda cámara se compone de cien indivi•
viduos, nombrados por cuatro años, y que se renuevan por mitad cada dos; reciben una indemnización
anual de 2 ooo florines (4,233 pesetas).
El rey nombra presidente, según una lista de tres
candidatos presentados por la segunda cámara, y
este presidente, ayudado de una comisión de dos individuos, ejerce la vigilancia. El secretario, elegido
fuera de la cámara, es nombrado por ella, y tiene á
su cargo la dirección de la biblioteca y de los serviadministrativos.
Cada dos meses, la segunda cámara se distribuye
por suertes en cinco secciones, que nombran su presidente, vicepresidente y secretario. Estos cinco presidentes, el de la cámara y el secretario constituyen
una seccion central que formula la orden del día.
Los proyectos de ley se examinan primero en las
secciones y después por una comisión de cinco individuos, elegidos en las secciones del presidente de
la Cámara y del secretario.
La segunda cámara tiene derecho de investigación
en todos los asuntos, y comparte el de ipiciativa con
el soberano, pudiendo enmendar los proyectos presentados por el Gobierno. Los de ley .relativos al presupuesto se deben presentar todos los años á la segunda cámara inmediatamente después de inaugurarse las sesiones ordinarias y antes de comenzar el
año á que el presupuesto se refiere. La segunda cámara presenta al soberano los candidatos para el Tribunal de Cuentas, y por último, tiene el derecho exclusivo de encausar á los ministros, citándolos ante
el Tribunal supremo.
La primera cámara no tiene la iniciativa de las
leyes, y solamente delibera sobre los proyectos votados ya por la segunda, no pudiendo hacer más que
aprobarlos ó rechazarlos en su totalidad: en caso de
ser adoptados, los proyectos se someten al soberano,
cuya sanción es necesaria.
Como atribución especial, tiene derecho á presentar una lista de cinco candidatos, cuando hay una
plaza vacante en el Tribunal supremo, y el soberano
debe nombrar uno de los presentados.
Los Estados generales se reunen por lo menos
una vez al año. !La legislatura ordinaria se abre el
tercer lunes del mes de septiembre, y dura por lo
menos veinte días; por lo regular no está cerrada
más que la víspera de la apertura; de modo que se
prolonga durante un año, poco más ó menos; pero
en este intervalo las cámaras tienen vacaciones con
frecuencia.
El soberano puede disolver simultánea ó separadamente las dos cámaras; en este caso, las Cortes se
cierran; y las nuevas se han de reunir en el término
de dos meses. El soberano tiene facultad para convocar las extraordinarias si fuese necesario
Las dos cámaras se juntan en una sola asamblea
para el acto de la apertura y cuando se trata de la
deliberación de algunos asuntos graves. Las sesiones
de aquéllas, reunidas ó no, son públicas, pero pueden ser secretas á petición del presidente ó de una
décima parte de los diputados que asisten.
Son electores á la segunda cámara los holandeses
de 23 años de edad que estén en el pleno goce de
sus derechos civiles y políticos y satisfagan por contribuciones directas una cuota que varía, según las
localidades, de 20 á 160 florines (42 á 338 pesetas).
El censo electoral se redacta por el burgomaestre y
los concejales; los recursos se forman ante el Consejo comunal, con apelación ante el Tribunal supremo.
Son elegibles para la segunda cámara los electores·
de 30 años de edad.
Las elecciones para la primera cámara se hacen
por los Estados (Consejos provinciales).
·
Son elegibles para la primera cámara los holandeses electores de 30 años de edad ó más, á razón
de uno por cada tres mil habitantes. Al efecto se forma un censo en cada provincia.
Las condiciones para el electorado á los Consejos
provinciales son las mismas que para la segunda cámara de los Estados generales, y además ,es necesario tener su residencia en la provincia.
Es elegible como consejero provinciom¡l todo holandés que haya habitado en la provincia durante un
año, que esté en posesión de sus derechos de elector
y haya cumplido veinticinco años.
Gracias al aumento del número de electores en
estos últimos años, la mayoría de la segunda cátnara
ha sufrido una alteración. Liberal durante treinta
años, ahora es clerical, y se compone de una coalición de católicos y protestantes ortodoxos ó antirrevolucionarios, que no cuenta menos de cincuenta y
cinco individuos. Los conservadores propiamente dichos no existen ya; el último murió el año pasado.

474

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

Los liberales que constituyen la minoría están natu- f se hace _cargo de sus n_iercancías el ferrocarril transcaspiano,
ralmente divididos entre sí.
que recientemente ha sido prolongado desde Meru á Bokhara
La gran cuestión por la cual se han hecho las úl· Y Samarconc:mda, distante unas goo millas de la costa oriental
timas elecciones fué la de las escuelas: tratábase de
la lucha entre la escuela libre ó religiosa y la escuela
neutral ó del Estado. Esta cuestión se ha resuelto
or un convenio, otorgando una ley que conserva la
P
escuela privada junto á la escuela pública, mediante
una subvención del Gobierno. La segunda cámara
es la que ha votado esta ley, gracias al apoyo que
diez y siete liberales moderados prestaron á la mayoría antiliberal. La primera cámara la ratificó y el difunto rey la sancionó.
Otras dos cuestiones graves se someterán muy
pronto á la segunda cámara; la defensa del país y la
cuestión social. Con motivo de esta última, M. Domela Nieuwenhuis, ex pastor protestante y en la actualidad jefe de los socialistas, dará probablemente mucho que hablar.
H asta ahora, M. Domela se ha visto bastante aislado, y el mismo M. H eldt, representante de los obreros, le vuelve la espalda.
El periodismo, que en muchos países, sobre todo
en Francia, puede ser un medio de encumbrarse, cierra por el contrario en Holanda muchas puertas á
los que á él se dedican. En las elecciones legislativas no se encuentra jamás la candidatura de un periodista de ningún partido, lo cual puede explicarse
por el carácter mismo del pueblo holandés. Los holandeses se distinguen por lo reservados; todo cuanto hacen lo ejecutan en su casa á puerta cerrada, con
las cortinas corridas, y aborrecen la publicidad. Por
eso no pueden querer al periodista, cuyo oficio es
sacarlo todo á luz. Además de esto, rara vez se ocu·
pan de política los holandeses, y cuéntanse miles de
hombres que ni siquiera saben cómo se llaman sus
ministros. Una prueba de la indiferencia política de
ese pueblo es el hecho de que las tribunas públicas
de la camara están casi siempre desiertas.

***

del Caspio.
La poblaci6n de Baku es una mezcla de distintos elementos,
entre los que predominan los circasianos, rusos, armenios y
turcomanos, que se ganan la vida trabajando en las obras y en
los muelles y ejerciendo distintas industrias en las calles de la
ciudad.
Nuestro grabado reproduce algunos tipos de esa poblaci6n y
los dibujos de Pegram están tomados de apuntes del natural
sacados por Mr. G. B. Froom.

Nuestra Señora del Carmen, cuadro de don
Manuel Domínguez, ex:stente en la capilla de Ca'rlos 111
de la iglesia de San Francisco el Grande, de Madrid. - Entre
las varias y preciosas pinturas con que Domínguez embelleci6
este magnifico templo cuando se procedi6 á su reciente restauraci6n, figura en primer término la que con el maravilloso
acierto á que nos tiene acostumbrados ha reproducido Baude,
y nosotros publicamos.
. Hablando de este cuadro, el Sr. Mesonero Romanos, hijo,
dice en s:i notable monografía de esa iglesia:
&lt;El reputado artista Sr. Domínguez ha pintado la última composici6n de esta capilla. Representa la ConcesiJn del escapulan·o
del Carmelo por la Virgen de di'cka advocación al general de la
Orden Simón Stok, acompaflado de otros santos de la Orden,
&gt;Al pie del trono de mármol, sobre el cual aparece sentada
la Virgen con el Niño Jesús en su regazo, se ve al Santo inglés,
primitivo reformador carD"elita en el siglo xm, cuya figura, de
rodillas, es admirable de verdad, sobre todo la mano, que parece salirse del muro Detrás de aquél, arrodillada también, está
la mística doctora Santa Catalina de Sena, 6 más bien Catalina
de Pazzi, puesto que aquélla fué dominica.
:&gt;Ocupa el primer término del lado opuesto el obispo San Andrés Corsino, revestido de riqu!simos ornamentos de admirable
factura, y detrás, revestido de coraza sobre la cual lleva blanco
sayal, otio santo, que ha de ser el carmelita Franco de Sena.
&gt;La figura de la Virgen, que es una verdadera creaci6n, se
destaca sobre rojizo tapiz 6 dosel, cuya saliente nota rompe una
nube, prodigio de luz y transparencia, envolviendo á dos ángeles que llevan el emblema del Carmelo Prueba esta composici6n las excepcionales condiciones del autor, que pinta como
pocos y dibuja como lo hacen menos Los tonos algo vivos, lo
mismo que la disposici6n de las figuras, casi en el mismo plano,
demuestran el estudio de la indole decorativa de la pintura, que
ofrece más todavía su verdadero aspecto mural por no tener
marco&gt;
Después de esta descripci6n tan exacta y de la justa critica
que encierra, nada podríamos añadir respecto de la obra.
En cuanto al concepto de que en el mundo artístico goza el
autor, hable por nosotros el reputado cuanto exigente critico y
distinguido colaborador de la I LUSTRACIÓN ARTISTICA, don
R Balsa de la Vega, quien en una de sus bellísimas Siluetas
de artistas dice, hablando del Sr. Domínguez:
&lt;Tan sólida como su figura, tan reposada como su carácter
es la pintura de Dominguez Pinta sin exaltaciones desorbitadas;
concibe con gran claridad; es noble su casta de color; y una vez
puesto delante del lienzo, no vacila; y si no es el cabalb árabe
que recorre el camino con rápida carrera, su labor, en cambio,
ejecutada con calma, tiene la misma solidez y perfecci6n al comienzo que al final: así, echando mano de un símil que un escritor español aplic6 á Zola para describir lo más gráficamente
posible el tesón y la laboriosidad del gran novelista francés,
diré también que la de Dominguez como la de aquél, resulta lo que la labor del buey, tranquila, y como tranquila, constante é
igual; de ahí que tengan siempre verdadero valor plástico las
pinturas de Manuel Domíng11ez, no viéndose en ellas desfallecimientos y deficiencias que tan á menudo dan al traste con las
reputaciones de la gente nueva. 1&gt;

Los dos palacios en que las dos cámaras se reunen
hállanse situados en el antiguo Binnenhof, barrio de
los Stadlhanders, y un espacio bastante.ancho separa los dos edificios. Exteriormente, la segunda cámara no presenta nada de particular, y hasta el aspecto
es por demás insignificante.
El aspecto de la primera cámara es más austero.
El salón de sesiones de la segunda cámara presenta una disposición muy sencilla; alrededor corren galerías para las señoras de los diputados, la prensa y
el público; y frente al trono, bajo un dosel de terciopelo rojo, se ve el asiento del presidente, á cuyo
lado se colocan los secretarios. Varios bancos, escalonados en anfiteatro, se destinan á los representantes del país; no hay tribuna, y cada orador toma la
palabra desde su asiento.
El salón de sesiones de la primera cámara orrece
José Valero, fallecido el 12 del actual (de fotografía de
más interés desde el punto de vista artístico, pues b. J. Martíl. - El teatro español está de luto. Paulatinatiene hermosas esculturas y cuadros notables.
mente van desapareciendo, sin dejar sucesores ni discípulos,

X
NUESTROS GRABADOS

El descanso en la marcha, cuadro de D. José

Benlliure y Gil. - Pocos artistas habrá en España y aun
en el extranjero con quienes la fortuna se haya mostrado tan
propicia como con el autor del cuadro que reproducimos; pero
bueno es consignar que toda la suerte que ha tenido, bien la ha
merecido nuestro joven é ilustre compatriota. A los doce años
de edad obtenía un premio en la Exposici6n pública de Valencia y era nombrado socio de mérito de la Protectora de Bellas
Artes de Sevilla. Cuatro años más tarde El descamo en la mar·
cha obtenía un tercer premio en la Exposici6n Nacional de
Madrid, y era adquirido por el Gobierno. A poco conseguía la
protecci6n de Don Amadeo I y encontraba un norte-americano, entusiasta por las Bellas Artes, que le encargaba cuadros
por valor de treinta mil duros Benlliure march6 á Roma y co·
rrespondi6 con creces á la confianza que en su genio habia depositado su Mecenas.
lloy la de Benlliure es una de las firmas más codiciadas entre los inteligentes y aficionados á la pintura: dotado de una
vasta y s6lida educaci6n artística y de condiciones que la naturaleza le concedi6 y él supo acrecentar con el nunca interrumpido estudio, puede sin miedo atreverse, y téngase en cuenta
que aún no ha cumplido treinta y dos años, con los más opuestos géneros y las más grandiosas concepciones, algunas de las
cuales han podido admirar los suscriptores de la I LUSTRACIÓN
ARTÍSTICA.
Tipos de Baku, en el mar Caspio, dibujos de
Federico Pegram. - El notable desarrollo que ha adquirido el comercio de petr6leo y el provecho qrte á Rusia proporciona la abundancia con que este líquido existe en Baku han
ª!raído, desde ~ac~ algunos años, la atenci6n pública sobre la
cmdad y el terntono de su nombre. La ciudad de Baku, está
emplazada en la península de Apcher6n, en la costa occidental
del mar Caspio, y está enlazada por vlas férreas con Tiflis, capital de la provincia rusa de Georgia, y con Poti y Batum, importantes puertos rusos del mar Negro Es plaza fuerte de primera clase, y en ella hay establecidas cinco 6 seis compañias
&lt;le vapores y otras de buques de vela, que generalmente hacen
el servicio entre Baku y el puerto de Oozodoon Ada, en donde

59

---· ---====-================

los eminentes actores que han sido gloria de la escena española. D. José Valero falleci6el 12 del actual, dejando en nuestro
teatro un vado dificil de llenar, puesto que este ilustre actor, aun
en la ruina de su grandeza y de su ancianidad conservaba fuerzas é inteligencia para interpretar con su proverbial maestrla
los personajes de las obras, arrancando del público muestras de
entusiasmo y respetuosa consideraci6n.
Dedicado al teatro desde temprana edad, logr6 en aquella
época de reservas y preocupaciones, gracias á su ingenio y vasta
ilustraci6n, reivindicar para los actores t:1 perdido concepto y que
se olvidase por la sociedad en que vivía hasta el despreciativo
epíteto de comediante. Observador y estudioso, procur6 seguir
la escuela de Latorre, aquel verdadero gigante de la escena,
y las finuras y delicadeza; de otros actores no menos eminentes,
como Arjona y Romea. Tan provechosas enseñanzas se amoldaron en el dúctil ingenio de Valero, transformando al discreto actor en distinguido maestro. Los personajes por él representados agrandábanse de tal manera que se convertían en ovaciones, puesto que los movimientos, las inflexiones de su voz, los
pormenores escénicos, todo, en fin, resultaba grande y adecuado,
fiel expresi6n de lo justo y verdadero. Bastaba ver en la escena
á Valero una sola vez para no olvidarle; tal era la influencia
que ejerda en el p(1blico, del que lograba entusiastas aplausos
s6lo con una frase 6 una palabra. Las querellas del rey sabio,
La aldea de San Loremo, El Patriarca del T11ria, Guzmdn el
Bueno, Et Alcalde de Zalamea, Luis XI, La Carca¡ada, Ea/tasar y otras obras más, cuyos nombres seria prqlijo enumerar, significan otros tantos titulos de gloria para D. José Valero,
quien no pudo sustraerse sin embargo ni evitar los amargos contrastes que ofrece la existencia, sufriendo dolorosas vicisitudes
y cruentos sinsabores. Como consecuencia de ellos vi6se obligado á abandonar el patrio suelo para buscar en nuestras hermanas de América, siempre generosas, consuelo y justa compensaci6n á sus afanes. Montevideo y Buenos Aires prestaron aliento al artista, al eximio actor, que pudo regresar á Espaí'ía con
nuevo~ laureles y con la tranquilidad de espíritu que podía darle
el haber logrado asegurar, si bien modestamente, los días de su
vejez.
Dotado de robusto organismo, resistíase á abandonar la escena,
luchando denodadamente con el peso de los años, de tal manera
que el público barcelonés pudo tributarle sus últimos aplausos
hace algunos meses en el teatro Principal.
A los ochenta y tres años ha dejado de existir, quedando grato
é indeleble recuerdo de su paso por la escena española. ¡Descanse
en paz el que fué uno de nuestros actores más ilustres!

II:MFOSIELEI
NOVELA ORIGINAL DE DON FLORENCIO MORENO GOD!NO, ILUSTRADA POR CABRINETY

PARTE PRIMERA

I
Una mañana el sol, penetrando por los entreabiertos balcones del gabinete, despertó á la princesa Elena Lodiski.
Abrió los ojos, se pasó la mano por la frente como
para disipar las últimas nubes del sueño, y comenzó
á cantar.
Todo el que canta inmediatamente después de
despertarse es joven y feliz.
Atraída sin duda ¡,or el ruido de aquella voz sonora, asomó por entre la blanca colgadura que separaba el dormitorio del gabinete una perrita microscópica, de raza inglesa, y saltó al lecho de la princesa.
Pero ésta le dejó en . aquel mismo instante, sin
duda por contrariar al animal, y metiendo sus diminutos pies en unas chinelas, salió medio desnuda á
la pieza inmediata, y juguetona como casi niña que
era, comenzó á dar vueltas huyendo de la perrita,
que la ¡.,erseguía ladrando.
·
No hay nada más atractivo que la mujer-capullo,
que así debe calificarse á la niña que se ha~ mujer

tior medio de una divina explosión de castos misterios.
Una joven en esta nueva y rápida faz de su existencia, se asemeja á un nuevo astro que aparece en el
cielo y atrae la mirada y el pensamiento del que le
contempla.
La princesa Elena se hallaba en los primeros momentos de esta adorable evolución de la naturaleza;
pues aunque tenía. cerca de diecisiete años, en el
país de su nacimiento el desarrollo no es tan precoz
como en los climas meridionales.
Así es que las facciones de la princesa conservaban todavía los rasgos de la infancia, el blanco seno
apenas se diseñaba bajo la cerrada batista de la bata,
y á no ser por su estatura, alta en comparación de la
de las jóvenes españolas, hubiérasela creído niña
aún. Tenía la encarnación fresca y sonrosa'da del
Norte, ojos azules y magníficos cabellos castaños.
Cansóse de jugar con la perrita, tomó un sombrero
que la tarde anterior habíala traído la. modista, y
medio desnuda como estaba, se le probó coqueteando delante de un espejo, y luego volviendo á dejarle
sobre un diván, sé aproximó á los cristales de un
balcón, envolviéndose pudorosamente en su blanca
bata.
Mediaba el mes de marzo; eran las ocho de la mañana, y el sol resplandecía en el magnífico cielo de
Madrid.
La princesa quedó deslumbrada.
Nacida en San Petersburgo, había dejado la corte
de Rusia para trasladarse á la de España. Durante
su rápido viaje, en el cual su padre no quiso detenerse ni aun en París, como deseaba la joven princesa, alegando la razón de que tan grande ciudad no
puede verse en poco tiempo, reinó un constante temporal de agua; de suerte que la viajera no pudo acost~mbrarse gradualmente á la claridad del cielo meridional, y quedóse, como hemos dicho, deslumbrada,
cuando al tercer día de su estancia en Madrid admiró por primera vez el brillante sol, la espléndida
atmósfera y la intensa primavera de la villa coronada.

II
¿Por qué causa se hallaba en Madrid la princesa
rusa Elena Lodiski?
Vamos á explicarla en breves palabras. Durante la
antepemíltima guerra civil la mayor parte de las po•

Eran dos mujeres: una de ellas joven, bonita y eletencias del Norte se declararon en favor de don
Carlos de Borbón, suspendiendo sus relaciones di- gantemente vestida; la otra, anciana, de cabellos blanplomáticas con la corte de España, hasta que pos- cos, de aspecto fino y bondadoso.
La primera era la doncella de la princesa· la seteriormente, reconociendo los hechos consumados, fuegunda su aya Eduvigis Kaula, que la habí¡ visto
ron saliendo de su retraimiento.
Rusia fué la más rehacía en reconocer al gobierno nacer.
- Eduvigis, dijo la princesa mientras se entreespañol, ya definitivamente constituído; pero por último siguió el ejemplo de todas las demás naciones. No gaba á los primeros cuidados de la doncella ¿has
'
obstante, antes de llegar á este resultado, mediaron visto qué mañana tan hermosa?
- Efectivamente, hija mía; por fin aparece este
trabajos diplomáticos. El gobierno de España envió
á San Petersburgo url agente encargado de una mi- famoso sol de España
sión secreta, y á consecuencia el czar de Rusia se
- Yo quiero pasear y correr para desquitarme de
valió con el mismo objeto y con igual carácter priva- estos días de reclusión.
- Si quieres, iremos al Retiro.
do del príncipe Lodiski, padre de la linda joven á
quien ya conoce el lector.
En su calidad de casi madre, el aya tuteaba á la
Pertenecía el príncipe á una gran famila, era in- princesa.
mensamente rico y gozaba de gran favor en la corte
- ¿Y qué es el Retiro?, preguntó ésta.
de Rusia. Viudo y sin más hijos que Elena, ado- Según Juan, el criado español que hemos reciraba en ella. Su misión diplomática podía ser breve bido, es una posesión real dentro de Madrid: esó no, y en esta duda determinó acceder á los deseos pecie de jardín público muy vasto y ameno.
de su hija y á los de su corazón, trayéndola consigo
- Iremos, pues, al Retiro, de lo que Bibí se aleá España, para después hacerla conocer las princi- grará no poco.
pales cortes de Europa.
Bibí era la perrita microscópica de la princesa.
A su llegada á Madrid los ilustres viajeros se insIII
talaron en una hermosa casa situada al fin de la·calle
de Hortaleza, de antemano preparada para recibirDesde aquel día, ésta no faltó ni una sola mañana
los, y sólo habían meal Retiro, que agradóla sobre manera.
diado tres días desde su
Ciertamente, el Retiro es un sitio enarribo á la capital de
cantador, quizá por causa de su desaliEspaña hasta el momenño y de sus contrastes. En su recinto
to en que hemos hecho
hay de todo: conatos de parque real y
conocimiento con la
de bosque, un parterre atildado como
princesa.
la prosa de un académico, trozos de
Ocupada ésta con los
huerto, terrenos plantados de olivos
cu~dados de la instalacomo en los alrededores de Jerusalén,
ción en su nueva morada y retraída en ella á
causa del temporal de
aguas, en aquella época
general en Europa, sus
primeras impresiones en
Madrid no fueron agradables. Viendo desde sus
balcones un cielo constantemente nublado, no
halló diferencia entre
éste y el de su ciudad
natal, y al dilatar sus
miradas por el árido
Campo de Guardias,
que desde su casa veía
en parte, recordó su
frondoso jardín de San
Petersburgo y los azules
lagos del regio palacio
de Anitchkoff.
Pero cuando la mañana á que nos referimos se encontró con tanta claridad en el cielo y con tan brillantes tonos en el ambiente, experimentó una doble sensación de sorpresa
y de alegría.
En Madrid la primavera suele aparecer repentinamente y se adorna con todas sus galas: soplan los
cálidos vientos del meridiano, desaparecen las nubes
intensas, la escarcha se seca en las calles, las hojas
brotan en las ramas casi de súbito, y por la eterna
ley de las compensaciones, á falta de los grandes
monumentos y de la rica vegetación de otras ciudades, la corte de España ostenta las magnificencias y sitios en donde la brisa es fresca y perfumada,
de su cielo y de su sol.
mientras que en otros sopla el viento harmatán de la
La princesa tocó un timbre, y momentos después, Cafrería.
con intervalo de algunos minutos, se presentaron dos
La princesa era extremadamente aficionada al
personas en el gabinete.
campo. Aún quedaban en.ella rernbios de niña, y gus-

�60

,.

N úMERO
LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

474

tábala aspirar el aire puro y dar expansión á su neva ahí delante?, preguntó la princesa al caballero
V
cesidad de movimiento:
que cabalgaba á su portezuela.
El Retiro, hoy ya Parque de Madrid, tenía además
Transcurrieron algunos días en que no sucedió naEl diplomático miró á la persona designada.
otro atractivo para ella: el de la soledad. Exceptuan- da de particular.
- No, contestó después de un ligero examen. No
do los días festivos, por la mañana pasean contadas
El joven, siempre en el mismo sitio, se entregaba creo haberle visto nunca.
personas por la vasta posesión, y la linda juguetona á la lectura; pero sus distracciones eran cada día más
- Monta bien.
podía corretear con su perrita sin exponerse á mira- frecuentes. Hubiera podido observarse que cuando
- Efectivamente no cae mal; pero el caballo pronto
das indiscretas.
leía tardaba mucho tiempo en volver las hojas del debe retirarse á los inválidos.
Por lo regular, primeramente daba grandes paseos libro, y cuando dejaba de leer miraba más largo rato
Durante el resto de la tarde, la princesa no volvió
por la parte alta, hacia el sitio llamado vulgarmente · hacia el lado en donde solía estar la princesa.
á ver al joven ...
Baño de la elefanta, hasta que el calor y el cansancio
Por parte de ésta también comenzaba á haber
A la mañana siguiente fué, como siempre, al Rela obligaban á buscar un lugar más sombrío.
blandura: no hay hielo que resista á la fuerza del sol tiro, y halló al desconocido ocupando el mismo banco
Descubrió uno muy á propósito. Es una larga ca- primaveral. El sitio influye mucho en las sensacio- que de costumbre.
lle de árboles paralela al Parterre, hacia el lado de nes: Laura, desdeñosa en Aviñón, se rindió en ValTranscurrieron dos días.
Atocha y casi siempre solitaria. Hay allí algunos clusa. La transmisión del efluvio simpático de las coAl tercero después del encuentro en la Fuente
asientos de piedra, situados en hilera y bastante dis- rrientes magnéticas es más rápida en unos lugares Castellana, la princesa y el joven lector ocupaban
tantes unos de otros La princesa se sentaba en uno que en otros, y en medio de la naturaleza la savia pe- en la calle de árboles sus posiciones respectivas.
de ellos y leía á Alfonso Kar, su autor predilecto, netra en el corazón tanto como en la tierra.
Pero aquella mañana Bibí, la perrita inglesa, esinterrumpiendo á veces su lectura para dar alguna
La princesa leía menos que antes; pero en cambio taba muy juguetona y obligaba á su ama á dar alguna
carrera á lo largo de la calle en compañía de Bibí. admiraba más la infinita variedad de la creación en que otra carrera. Había llovido al amanecer, el suelo
Entretanto la anciana aya, calados !.os anteojos, se mil pequeños incidentes. Seguía el vuelo de las go- estaba algo húmedo y la arena en algunos sitios reocupaba tranquilamente en alguna labor de mano. londrinas que casi rasaban la tierra, el culpable azo- movida.
ramiento de los gorriones picoteando en la corteza
En una ocasión, la perrita, perseguida por la prinIV
de los árboles, la abundancia de luz que se derra- cesa, quiso atravesar por un claro abierto de un va~
maba en reflejos, en rayos y en reverberaciones sor- liado de boj que crece entre la hilera de árboles más
Una mañana aquel sitio no estaba completamente prendentes, y veía pasar las mariposas blancas de la próximos al Parterre.
desierto: había en él un joven que, sentado en uno primavera que pronto debían ser reemplazadas por
Esta se inclinó para coger al animal antes de que
de los bancos, leía.
las mariposas de colores del verano.
pudiese conseguir su intento, y como en aquel sitio
Representaba de veinte á veinticinco años de
Porque, ¡cosa rara!, la princesa, aunque tan joven el terreno forma el declive de un arroyo, sin agua á
edad. Era esbelto, de mediana estatura, de rostro era contempladora como un poeta; y digo ¡cosa rara!, la sazón, pero resbaladizo, se la fué un pie y cayó al
trigueño, agraciado é inteligente. Sus grandes ojos pues la juventud, aunque la sienta sin darse cuenta suelo dando un grito de dolor.
negros, muy separados entre sí, le daban un aspecto de ello. se impresiona poco ante el espectáculo de la
Al oir este grito, al que siguieron ahogados lamennoble y bondadoso, y su negra y fina patilla, así naturaleza: hay en el corazón joven más savia, más tos, el joven desconocido corrió inmediatamente al
como también sus ricos cabellos, contrastaban con la resplandores, más maravillas que en el panorama lado de la princesa y momentos después el aya de
imberbe juventud de su bigote.
más esplendoroso, y la irradiación interior hace apa- ésta.
Tenía el empaque de una persona que ha vemao á recer pálidos todos los objetos exteriores.
Pusiéronla en pie, y viendo que no podía andar
menos. Su traje conservaba restos de elegancia, pero
La contemplación del co.l'mos es la triste compen- tomóla aquél en brazos y la trasladó al banco más
su sombrero comenzaba á arruinarse y sobre el cuello sación de la vida que va declinando; y el hombre se cercano.
de su cazadora hubiéranse podido hallar las huellas enamora de la tierra cuando sabe que pronto ha de
del álcali volátil. Llevaba una camisa de irreprocha- abandonarla: es como el viajero que se aleja de la
ble blancura y las manos esmeradamente cuidadas. patria adonde nunca ha de volver.
Como es natural, la princesa al llegar á su sitio
Alguna vez, no obstante sus contemplaciones, la
predilecto reparó en el joven, y éste no pudo menos princesa lanzaba miradas furtivas hacia el banco en
de mirar con alguna frecuencia á la princesa, aunque donde estaba sentado el joven desconocido.
con la discreción conveniente.
Este miraba más francamente á aquélla; sin emPasado este primero y rápido movimiento de cu- bargo, en ciertos momentos, se entregaba con encarriosidad, uno y otro se entregaron á la lectura.
nizamiento á la lectura.
En los días siguientes se repitió esta escena. CuanHabía en ambos jóvene's movimientos y acciodo la princesa llegaba á la calle de árboles, ya es- nes que parecían ser resultado de idénticos pensataba allí el joven, sentado siempre en el mismo ban- mientos.
co y al parecer siempre leyendo. Alguna vez, sin
Un día la princesa prolongó más tiempo que de
embargo, interrumpía su lectura y parecía distraerse ordinario su paseo hacia el Baño de la elefanta.
con las carreras de la perrita de la princesa. Esta
Otra mañana, cuando aquélla llegó á la calle de
también cerraba el libro de cuando en cuando y mi- árboles, el joven no estaba allí como de costumbre y
raba hacia todas partes como admirando la natura- tardó largo rato en presentarse.
leza.
Probablemente ambos pensaban estos ó parecidos
Y ciertamente en aquellos días el Retiro estaba monólogos.
admirable.
EL. - ¡Qué linda es! En mi vida he visto criatura
Reinaba el crepúsculo de la primavera y del verano: más preciosa; pero pensar en ella es una locura, la
era la época de la venida de las aves de paso más fortuna y la posición social nos separan. Además es
retrasadas, y presintiéndose ya los ardores del estío, extranjera, y el mejor día volverá á su país; debo,
aún se aspiraban los perfumes de la estación de las pues, desechar un sueño irrealizable.
flores. La savia había concluído su obra, de suerte
ELLA. - Ciertamente es guapo, simpático; pero desque la mayor parte de las plantas se hallaban en ple- graciadamente parece pobre y obscuro. ¿Qué adelanto
na virilidad.
con alentar su esperanza?
Las margaritas iban acabándose: la princesa, que
era muy aficionada á ellas, difícilmente encontraba
La princesa se quejaba cada vez más: el aya esVI
alguna entre las hierbas del inculto terreno próximo
taba azorada y el joven aturdido.
á la calle de árboles. El reinado de esta flor se limita
Llevóse aquélla la mano al pie izquierdo, que íbase
Una tarde, la princesa, acompañada de su padre,
á la primavera: debía ser la flor del poeta.
hinchando por momentos.
paseaba en carretela por la Fuente Castellana.
Un día, sin embargo, al sentarse en el banco de
El aya la descalzó, exclamando:
Al lado de su carruaje, un joven agregado á la
piedra se encontró en él unas cuantas, olvidadas sin Embajada de Francia cabalgaba en una magnífica
- ¡Pronto un médico, el coche! ¡Que venga el coduda por alguna persona aficionada también á estas yegua inglesa de i/ustrt genealogía.
che, ha quedado en la plaza!...
humildes hijas de los campos.
·
La pobre mujer no sabía darse cuenta de lo que
La princesa, que hablaba con el jinete y sonreía,
La princesa, como hemos dicho, miraba hacia to- enmudeció de repente, se puso seria y aun puede bacía ni decía.
das partes; pero (en honor de la verdad) las menos asegurarse que palideció un tanto.
Afortunadamente el aya hablaba en trancés y el
veces hacia el sitio en donde se hallaba el joven
No obstante, nada al parecer motivaba esta trans- joven pudo entenderla.
lector.
- ¡Un médico!, dijo éste. ¿Dónde encontrarle?
formación: los carruajes seguían marchando en hileNo obstante, un observador malicioso hubiera no- ra, y los jinetes se cruzaban en opuestas direcciones.
- Vaya usted por el coche, repuso el aya.
tado algunas ligeras variaciones en el carácter y cos- ¡Pero si no permiten entrar aquí carruajes! (1 ).
Uno de éstos alcanzó á la carretela de la princesa,
tumbres de la princesa.
la miró al pasar y siguió adelante al paso de su ca- Se perdería mucho tiempo en ... ¡.Ah! Lo mejor sería
A ésta, quizá por causa de su altivez aristocrática ballo.
esto.
y además con objeto de entregarse á sus correterías,
Y tomando en brazos á la princesa, casi desmaAl verá aquel caballero que la miraba, la princesa
gustábala la soledad, y sin embargo, no parecía con- quedóse sorprendida, porque en él reconoció al joven yada de dolor, comenzó á correr en dirección á la
trariada por la presencia del joven desconocido, y del Retiro, á quien no esperaba encontrar en aquel puerta que entonces había en el Retiro.
eso que por causa de éste tenía que limitar sus ca- sitio, y sobre todo á caballo.
El aya recogió maquinalmente la labor en que
rreras y cuidar de la falda de su vestido, arritada á
había estado ocupada, la sombrilla y un libro de la
Repuesta
ya
de
su
sorpresa,
escudrit1ó
al
jinete
.
"
veces por el viento.
con esa mirada rápidamente analítica peculiar á la princesa y otro que el joven había dejado caer en mePor otra parte, sus paseos hacia el Baño de la ele- mujer. El traje del lector del Retiro no había cam- dio de la calle de árboles, y les siguió con todo el
fanta eran cada mañana más breves aunque esto es- biado: el mismo sombrero en decadencia, la misma apresuramiento que su edad la permitía
taba justificado por el calor, que cad~ día comenzaba cazadora dudosa, el mismo aspecto de caballero pobre
Desde el sitio en que sucedió este incidente hasta
á molestar más temprano.
de siempre. En cuanto al caballo que montaba tenía la entrada del Retiro media un buen trecho; de suerLa princesa, que antes siempre hablaba en su idio- buena estampa; pero de tordo obscuro debía haber te que cuando el joven llegó con su para él preciosa
m~ patri~, dió e_n usar el francés, exponiéndose á que pasado á tordo claro, síntoma infalible de edad pro- carga á la plaza, hoy derruida, en donde estaba la
el Joven mcógmto se enterase de sus conversaciones vecta.
con el aya.
- ¿Conoce usted á ese joven del caballo tordo que
(1) Así era en la época á que se refiere este relato.

474

61

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

berlina de la princesa, apenas le quedaron fuerzas
para colocar á ésta en el carruaje, ayudado del cochero.
El aya llegó momentos después, el coche partió
con rapidez; y el joven, rendido de cansancio, se dejó
caer en la escalinata de la antigua parroquia del
Buen Retiro, hoy derribada también.
VII

La princesa tenía dislocado el tobillo. La cura fué
lenta y la linda paciente tuvo que permanecer muchos días en su aposento.
Durante este tiempo ella y el aya hablaron algunas
veces del joven del Retiro. La anciana le recordaba
con gratitud.
- ¡Pobre joven!, decía. ¡Qué bueno parece! A
no ser por él hubieras sufrido mucho más. ¡Cómo te
llevaba en brazos y qué cansado debía estar cuando
te dejó en el coche!
La princesa oía al aya y se quedaba pensativa.
Un día ésta recordó un incidente.
- Sabes, dijo, que creo que me he traído un
libro de ese joven, que recogí del suelo.
La princesa se hizo traer los pocos libros que últi•
mamente había leído.
Entre ellos encontró uno desconocido, pero que
creyó haber visto en manos del joven del Retiro.
- Efectivamente, dijo á su aya, este libro no es
mío: debe ser el que tú recogiste.
Y miró el título.
El título decía: I promessi sposz.
La princesa se turbó
VIII

Dos días después, á la caída de la tarde, el joven
del Retiro pasaba muy despacio por frente á la casa
del príncip~ofüski, que como ya sabemos estaba
situada al fin de la calle de Hortaleza.
Al verle aproxima¡S
a persona que detrás de
los cristales de
bale miraba hacia la calle, se
retiró al interior, y antes de que llegara aquél á pasar
por junto á la puerta de la verja que rodeaba al edificio, hallábase en el umbral una joven elegantemente vestida y con un libro en la mano.
Esta, al acercarse el joven, le salió al encuentro en
la acera y le dijo en francés:
- Caballero, la señorita princesa Lodiski da á usted
las más expresivas gracias por la amabilidad é interés
con que acudió en su auxilio, y le devuelve este libro
que se dejó olvidado en el Retiro.
Dichas estas palabras, la doncella de la princesa
esperó un instante; mas viendo que el joven se limitaba á tomar el libro en silencio, le saludó y volvió á
entrar lentamente en la casa. La verdad es que éste
no acertaba á darse cuenta de lo que le sucedía, primero por lo inesperado del suceso, y luego porque
detrás de los cristales de un balcón veía diseñarse,
entre las sombras del crepúsculo nocturno, un objeto que absorbía poderosamente su atención.
El joven se detuvo un momento, y después continuó andando calle arriba, hasta salir al campo.
A juzgar por la viva emoción que revelaba su
semblante, necesitaba aire que respirar. Oprimía casi
convulsivamente entre sus dedos el libro que llevaba
en la mano.
Llegó á uno de los bancos de la Ronda, y se
sentó.
Al abrir maquinalmente el libro sin saber para
qué, puesto que ya no se distinguía á leer, reparó en
un objeto que había entre dos páginas y que estuvo
á punto de caer al suelo.
Era una hoja de malva-rosa, fresca todavía.
Esto, que sencillamente podía ser una señal olvidada, aumentó la emoción del joven, pues por lo
menos, atendido al estado de frescura de la hoja,
indicaba que alguna persona había leído recientemente en el libro.
¿Quién? That is question.
Si un grande hombre político, ó eminente diplomático, ó famoso general, de esos que derriban dinastías y cambian la faz de las naciones, hubiese visto
á nuestro joven contemplando absorto la hoja que
tenía en la mano, sonreiría con desdén diciendo:
¡frivolidad!; ¡como si mediase una gran diferencia entre una flor que se besa apasionadamente y luego se
coloca en el ojal de la levita, y una placa brillante
q?e se ostenta en el pecho!; ¡como si las manifestaciones del orgullo fuesen más nobles que las del corazón!
La noche avanzaba y el joven del Retiro permanecía aún sentado en el banco, ajeno á todo cuanto
pasaba en derredor suyo.
¿En_qué pensaba? ¿De qué causa provenía la melancólica expresión de su semblante?

Cualquiera que hubiese acertado á verle meditabundo y cabizbajo, diría: ¡qué triste está ese /oven, debe ser muy desgraciado!
Y sin embargo, aquel joven iba á comenzará vivir
la única, la verdadera vida del alma, en ese paréntesis admirable que Dios ha puesto en el tráfago del
mundo. Para aquel joven acababa de abrirse la flor
de la creación, que es el amor; aquel joven sentía el
placer-presentimiento de las ilusiones no realizadas,
pero que se esperan con la fe del corazón, y esa melancolía que hace sufrir dulcemente, como sufre una
madre que por primera vez siente el fruto de su amor
agitarse en sus entrañas; tristezas suaves y embriagadoras, más dulces que la alegría, porque están sostenidas por la esperanza y no han pasado aún por las
terribles pruebas del .desengaño.
IX

¿Quién era el joven del Retiro?
En 1823 un capitán del ejército español emigró á
Francia, á consecuencia de los sucesos acaecidos en
España, y se estableció en la ciudad de Orleans, en
donde desde hacía años residía un primo suyo. Pertenecía el capitán expatriado á la nobilísima familia
madrileña de los Bernáldez de Toledo, famosa en el
siglo xv1 por su opulencia y emparentada posteriormente con los duques del Infantado. De modo que
en cuanto á nacimiento nada había que pedirle, mas
no así respecto á bienes de fortuna; pues por una
serie de vicisitudes, á que más que ningunas otras
están expuestas las familias noble~, el capitán don
Luis Bernáldez de Toledo, perdido el sueldo inherente á su grado en el ejército á consecuencia de la
emigración, no poseía más bienes que su espada,
condenada á inacción forzosa.
·
No obstante esta pobreza notoria, su nobleza,
agradable figura, distinguidos modales y su cualidad
de expatriado, le proporcionaron buena acogida en
la alta sociedad de Orleans. Enamoróse de buena fe
de la hija única de un anciano banquero de esta
ciudad, y digo de buena fe, porque seguramente el
joven capitán no se prendó del dote, sino de las
prendas de su amada. La hija del banquero era lo
que se llama una niña mimada; de suerte que fácilmente obtuvo el consentimiento de su padre para
efectuar su enlace con el noble emigrado español.
El banquero estaba muy achacoso y los jóvenes
esposos se establecieron en su compañía, cuidándole
en los últimos años de su vida, que duró hasta cinco
después de verificado este matrimonio, heredando á
su muerte un considerable caudal. Las cosas, pues,
habían seguido un orden natural, y en el transcurso
de tiempo que medió desde la boda de ambos jóvenes hasta el fallecimiento del banquero, nada acaeció
digno de mención y ninguna nube eclipsó la prolongada luna de miel de los cónyuges.
Desde el momento en que éstos se vieron dueños
de una respetable fortuna, su historia íntima es desconocida, y únicamente atendiendo á los hechos
puédense deducir conjeturas, que tal vez más adelante se aclaren hasta el punto de hacernos conocer
la verdadera causa de los sucesos que se siguieron.
Un año después de la muerte del banquero de
Orleans, D. Luis Bernáldez de Toledo y su linda y
todavía joven esposa hallábanse establecidos en París en un petit palais de la calle de Viviene, y veíaseles en todos :os sitios frecuentados por el gran mundo, alternando dignamente con la sociedad más escogida y aristocrática. Tenía lujosos trenes, notables caballos y frecuentemente su hotel, resplandeciente de
luz, se animaba con el ruido de las fiestas.
X
Desde esta época hasta quince años después, los
perdemos de vista para volverlos á hallar en España,
viviendo en una especie de alquería, situada á media
legua de Valladolid.
¿Qué causas habían motivado este cambio de localidad y de fortuna?
Y digo de fortuna, porque en su ménage se echaba
de ver una medianía rayando casi en la pobreza. Su
servidumbre se reducía á un criado viejo y á una
criada casi niña; D. Luis Bernáldez, de Toledo, gran
aficionado á caballos, sólo conservaba uno, en el que
daba largos paseos por el campo; y en cuanto á su
esposa, nadie recordaría en aquella señora, modestamente vestida, á la elegante dama de Long Champs
y de las carreras británicas del Derby.
Sin duda París, ese monstruo que se alimenta de
tantas fortunas, se había tragado la del banquero de
Orleans, puesta en manos de sus herederos. Jóvenes
éstos, y deslumbrados por los placeres de la gran capital, no habían podido resistir á la seducción y se
arruinaron. Esta versión es la más verosímil. Pero

¿por qué vivían en los alrededores de Valladolid y
de que vivían?
Esto sí se sabe.
Viéndolos reducidos á una pobreza que ya comenzaba á ser humillante en París, y negándose la hija
del banquero á establecerse en Orleans, en donde
había sido rica y feliz, un tío de ésta, bastante bien
acomodado, y el primo de D. Luis, de que ya hemos
hecho mención, les propusieron el único partido
aceptable y compatible con el orgulloso retraimiento
deseado por aquel matrimonio que había venido tan
ámenos. La amnistía de 1831 abría á D. Luis las
puertas.de España. Su primo puso á su disposición
una alquería que poseía cerca de Valladolid, y el tío
de su mujer señaló á ésta una pensión vitalicia de
mil quinientos francos anuales.
D. Luis aceptó esta proposición, que era una especie de limosna. Su espíritu estaba abatido; los disgustos, y tal vez los remordimientos, habían anticipado en él la vejez. Perdida la fuerza moral, le halagó la idea de la vida solitaria en que iba á aislarse
del mundo, y en la cual podría entregarse de lleno á
la única dicha que le quedaba.
Consistía éstá en vivir al lado de su hijo, habido
en el segundo año de su matrimonio, educado en un
colegio de París y que á la sazón contaba catorce
años de edad. Su pariente y el de su mujer propusieron á D. Luis costear la educación del adolescente; pero él, con irreflexivo y paternal egoísmo, no
consintió. Harto comprendía que obraba mal, mas
no tuvo la abnegación suficiente para privarse del
único consuelo y de la postrera felicidad de su existencia, en la monótona, triste y retraída que iba á
comenzar para él. Se asió á su hijo como el náufrago
á la tabla de salvación, y esta conducta merece tal
vez alguna disculpa, porque ... porque el pobre caballero, no sólo había perdido una fortuna, sino
también su felicidad conyugal.
Marcial, el hijo de D. Luis, era un niño hermoso,
inteligente, perfectamente educado y de carácter algo
melancólico; las desgracias de su familia pesaban sobre él, y el interior de su casa no era el más á propósito para inspirarle ideas halagüeñas. Entre su padre
y su madre mediaba cierta frialdad, cierto retraimiento notorio: en aquel hogar, silencioso como una
tumba, no se encendía jamás el fuego del cariño. Su
madre leía ó hacía labor, su padre paseaba por el
campo. El joven sorprendía á ambos cónyuges en
ese estado de agitación en que termina una reyerta,
y oía frases aisladas, cuyo sentido comprendía vagamente.
En estos hogares tristes nacen generalmente los
caracteres apasionados; Werter nunca vió sonreirá
su padre.
En el corazón de Marcial sucedió lo que en casi
todos los que viven en medio de otros corazones que
están íntimamente ligados al suyo. Puesto el peso de
su cariño entre su madre y su padre, se inclinó hacia
el lado de éste, y como siempre que se da igual e.aso,
con justicia. El adolescente comprendió que había á
su lado un corazón más noble, más expresivo, más
herido y más merecedor de consuelo.
XI

Nueve años después, á fin de octubre de 184·... ,
Marcial, que estaba ya en la fuerza de la juventud, y
que hacía dos años que había perdido á su madre,
acompañaba al humilde cortejo fúnebre que conducía
los restos mortales de su padre al cementerio del
pueblo de .Huertas, situado á corta distancia de su
alquería.
Acompañábale un viejo criado que le había visto
nacer, y ambos confundieron sus lágrimas junto á la
pobre huesa en que fué sepultado D. Luis Bernáldez
de Toledo.
Algunos días después de la muerte de su padre,
Marcial, montado en el caballo que había sido de
aquél, caminaba hacia Madrid en compañía de Bernardo, el viejo criado que cabalgada en una mula de
paso, llevando en la grupa una abultada makta, que
sin duda encerraba todo el equipaje de amo y servidor.
·
Marcial llegó á Madrid con algunos miles de reales, producto de la venta de los enseres de su casa.
Hallábase huérfano, ignorante del mundo, sin apoyo
de ninguna clase, pues el primo de su padre había
muerto dos meses antes, y aunque sabía que estaba
entroncado con varias familias ilustres su altivo carácter le retrajo de hacer g~stiones para ponerse en
contacto con ellas.
El ejemplo de su padre, la vida del campo y su
melancólica niñez hiciéronle adquirir hábitos de orgulloso retraimiento: Marcial tenía mucho de caballero y algo de poeta.
( Co11tim1ar:ii)

JIT

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

lo del extremo del cable sea bastante pesado Cuando
se considera suficiente la pesca se envía á lo largo
del cable un correo de unos 2 kilogramos, provisto
LA PESCA BATHYPELÁGICA
de un sistema de cerradura tan sencillo como los aniBajo esta denominación se entiende la pesc·a con llos, que al chocar contra la palanca L' (fig. 3) suelred fina en alta mar á todas las profundidades, pero ta el cerrojo v', cerrándose así la puerta p' y pudiendo remontarse la red con el cable.
siempre á distancia del fondo y de la superficie.
»Las dos puertas abiertas durante la pesca (fig. 1, b)
La idea de investigar cuáles son las formas de animales minúsculas y delicadas que en tales situacio- forman un embudo que ensancha la entrada: cerradas, entran en una trasmalla del cuadro que hace absoluto el cierre. El aparato no puede funcionar mal
sin que lo indique la posición de las puertas al recogerlo. La longitud de los triángulos de hierro mantiene la red de gasa de seda á bastante distancia del
(l.
cable metálico para evitar toda rotura por rozamiento
1
ll,
con éste.
» El aparato funciona con gran regularidad con tal
que los hierros y los pasadores sean bastante fuertes
para impedir las flexiones y torsiones En este punto
he luchado al principio con grandes dificultades y
he tenido que reforzar todos los ángulos por medio
de escuadras en cantoneras. Ha sido también preciso dar á los muelles que cierran las puertas una fuerza suficiente para vencer con facilidad la resistencia
del agua. Por último, la soltura de los cerrojos no
!
queda perfectamente asegurada más que si el apai
1
rato está vertical, y para asegurar esta verticalidad
l,
se ha tenido que añadir un brazo de palanca con un
plomo cp, que forma contrapeso al cuadro de hierro.
» Tómese una ú otra de estas redes, pues ambas son
recomendables por varios conceptos, siempre resul-&lt; - tará el inconveniente de no poder pescar más que á
una profundidad determinada en cada operación.
Figs. I y 2. Aparato de pesca bathypelágica. - Fig r. Las tres Ahora bien: las capas profundas son pobres; los aniposiciones de las puertas en la red de dos puertas de l\L IIer- males pueden encontrarse solamente á determinados
mann Foil, á vista de pájaro - Fig. 2. Las tres posiciones niveles, y hay gran interés en poder explorar primero
de la red bathypelágica á báscula del mismo autor.
por medio de un enlace de pequeñas redes una serie
de niveles diferentes para saber á qué profundidad
nes viven data de reciente fecha, y entre los varios se deberá enviar la red grande con más probabilidaaparatos que para llevarla á la práctica se han inven- des de éxito.
tado, merecen ocupar el primer lugar los de M. Her»Después de muchos ensayos he adoptado el dispomann Fo!, que su autor describe en la revista de sitivo que indica la fig. 4, que á primera vista pare·
ciencias La Nature en los siguientes términos:
cerá extraño; pero ruego al lector que no lo condene
«He aquí la descripción de mi red con postigos antes de haberlo probado, porque llena su objeto: en
(figs. 1 y 3): un cuadro rectangular de hierro de 80 esto estriba su mérito y en esto difiere de los mejopor 50 centímetros sirve de sustentáculo á una red C, res proyectos. Se compone de cuatro cuadros de made gasa de Zurich; la abertura del cuadro puede ce- der¡t: dos cuadrados, de 30 centímetros de lado, y
rrarse por una de las dos puertas p y p' fijadas por goz- otros dos largos, de 30 por 59 centímetros, y todos
nes á los lados largos del cuadro y que, como éste, están unidos entre sí por medio de charnelas, como
miden 80 por 50 centímetros. El cuadro va unido por se ve en la fig. 4. Los cuadros pequeños permanecen
triángulos de hierro á los anillos B por los que pa- abiertos; los grandes llevan una tela tendida y van
sa el cable de alambre de acero. Estos triángulos es- provistos de cuadrados suplementarios v y v', montán dispuestos de modo que no dificulten el juego de tados en marcos largos, en posición invariable y á
las puertas, y sirven de sostenes á las palancas de los un ángulo de 14°, y provistos también de tela: el pacerrojos, que retienen las puertas en su posición de pel que desempeñan es el de postigos para cerrar la
partida. Fuertes muelles tienden á abrir la puerta p red. Uno de los pequeños cuadros cuadrados se fija
(fig. 1, a, R), y á cerrar la p' (fig 1, a, R'); el cerro- en el cable y lleva á este efecto unas pinzas p p injo v (fig. 1, a) mantiene cerrada la puerta p, y el ce- ventadas ad lzoc: el otro lleva un cono truncado de
rrojo v' abierta la p'. Los anillos (fig. 1, B) están for- gasa E y unos anillos destinados á retener un tercer
mados por dos garfios, puestos en sentido inverso, cuadro del mismo tamaño que sostiene la red c. Se
que se deslizan con roce duro uno sobre otro y están envía un peso de 30 á 50 kilogramos al extremo de
mantenidos en su posición cerrada por una pequeña un pequeño cable de alambre de acero y mientras
muesca. El aparato desciende hasta encontrar el obs- éste desciende, y sin detenerlo se van fijando en él
las redes sucesivamente de distancia en distancia. La resistencia del agua obrando sobre
la tela tendida en los marcos largos obliga á
3
los aparatos á tomar en el descenso la disposición indicada en la figura 5, a, en la que
la entrada de la red se encuentra cerrada por
uno de los postigos v. Cuando se ha soltado
la cantidad de cable que se desea se hace máquina avante á razón de medio nudo y los
aparatos toman la posición indicada en la figura 5, b, no en virtud de mecanismos complicados y expuestos á estropearse, sino espontáneamente por el simple hecho de la
traslación horizontal.
»Terminada la pesca, se retira el cable,
4
siendo muy importante que el ascenso se haga regularmente y sin pararse; por esta razón
todo está dispuesto para desprender los aparatos del cable en un instante. Para mayor
seguridad, se procurará mantener el barco inmóvil y verticalmente sobre el cable, cosa á
menudo difícil de conseguir. Ocioso es decir
que la pesca pelágica debe hacerse con buen
Ejio;¡rr,:,
tiempo, pero un poco de marejada no le perjudica.
Figs. 3 y 4- Aparato ele pesca bathypelágica. - Fig. 3. La red de dos
puntas en el momento del descenso, vista de perfil. - Fig. 4. La
»En el momento de la inmersión debe cuired á báscula vista de perfil, desmontada.
darse de mantener el aparato por el fondo de
la red en la primera posición (fig. 5, a); pues
táculo del extremo del cable; el choque obra sobre la sin esto, un poco de agua de la superficie podría pepalanca L (figs. 1 y 3) y suelta el cerrojo v. La puer- netrar directamente en la red antes de que ésta se
ta p se abre, y andando la embarcación á razón de incline hacia arriba.
medio nudo el aparato pesca sin que el cable se apar»Asimismo á la salida puede el aparato entreabrirse
te sensiblemente de la vertical, con tal que el obstácu- , un instante si no se ha tenido la precaución de levanSECCIÓN CIENTÍFICA

NúMERO

474

tar la tela en el borde posterior de los marcos largos
(figs. 4 y 5), de manera que se produzca un escape
rápido del agua comprendida entre esta tela y la del
postigo. He aquí por qué la tela de los marcos grandes aparece levantada en un extremo por cantoneras
de madera (fig. 4, /).
»A los que quieran construir redes de báscula más
grandes que las mías, he de recomendarles que busquen, no sólo por medio de cálculos, sino principalmente por la experiencia directa, cuál sea el peso necesario para que, andando el buque á razón de medio
nudo, la línea no se aparte de la vertical en más
de 15°: en estas condiciones es como una gasa fina
tamiza mejor el agua, y el coseno de este ángulo es
tan pequeño que no produce error apreciable en
cuanto á la medida de la profundidad del aparato.
Por lo demás, nada más fácil que medir el ángulo,
pues un cable de acero con lastre suficiente permanece sensiblemente recto cuando el barco anda des-

~j

N ú MER0

474

L A I LUSTRACIÓN A RTISTICA

á Federico un inglés dotado de una memoria extraor- donde se encuentran principalmente ejemplos de que lo habían sido, y los nombres de todos los compradores, y que el embajador C ineas, recibido en el
dinaria, y habiendo aquel mismo día Voltaire llevado memorias asombrosas.
Senado.
saludó al día siguiente por sus nombres á
Recordemos, en prueba de ello, los de Adrian~,
al rey una composición en verso, el monarca hizo

' Lo s

QUE TENGAN

todos los senadores á quienes sólo una vez había
visto.
Todos estos ejemplos se explican fácilmente, sobre
todo por lo que á la antigüedad se refiere: en efecto,
antes de que la escritura se vulgarizara, el desarrollo
de la memoria era indispensable. En nuestros días
se cultiva menos esta facultad, á lo menos por lo que

sucesor de Trajano, Mitrídates, :remístocles, J:sc'.pión Ciro y de tantos otros á quienes se ha atnbmdo ei don de retener en su memoria los nombres de
todos sus soldados· recordemos también que del orador Hortensio se ha dicho que habiendo asistido á
una venta pública, que duró todo un día, record6
luego todos los objetos vendidos por el orden con

ocultar al inglés y ordenó al poeta que leyese su
obra. Terminada la lectura, Federico exclamó: «Pero
estos versos no son vuestros, puesto que ya me los
han recitado esta mañana,» y haciendo salir al inglés,
éste con gran sorpresa de Voltaire, los recitó sin
equivocarse una sola vez.
En los hechos legendarios de la antigüedad es en

Tos

TENER LA

ACREDITADOS

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a, ,

~a sea catarral 6 de constipado, seca , nerviosa, ronca, fatigosa, etc., etc.,
S a, Da,'
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DEPÓSITO EN LAS PRINCIPALES BOTICAS

(De La Nat11re)

LA MEMORIA
La historia nos ofrece gran número de ejemplos
de memorias prodigiosas.
El italiano Scaliger aprendi6 en veinte días la llíada, que contiene 15. 210 versos, y la Odisea, que cuenta también un número considerable de ellos; Lipse,
profesor de la universidad de Leyda, S':! comprometía á recitar toda la historia de Tácito delante de
una persona armada de un puñal, y con permiso
para herirle á la primera falta que cometiese; LuisXIII
podía, un año después de haber visto una comarca,
dibujar de memoria el plano de la misma con sus
menores detalles; el actor Lassaussiclere leía durante
una hora todos los carteles anunciadores que se le
presentaban y luego los repetía textualmente; lo que,
dicho sea de paso, debía ser enormemente fastidioso.
Cuéntase también que en Postdam le fué presentado

DETHAN

ªª'ª"º

e Una completa !nnocu!dad, una encacla perfectamente comprobada en el
eptatmtco, las Bronqu{fü. Catarros, .Reumas, Tos, asma é lrrltacton de la garganta, han
grangeado al J ARA'IIE y PASTA do AUBE RGIER una Inmensa fama. »

venta por mayor : COMAR Y e•, :!a, Calle de s t-Claude,

pacio, y las personas versadas en la pesc.1 con cables
de acero, convendrán conmigo en que esta causa de
errores es de todo punto insignificante.»

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Extin ciones de la Voz, Inllamaolonea de la
B oca, Efeotoe perniciosos del Mercurio, lrt•
taclon que produce el Tabaco, y apecialmente

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Oficial de F 6rm ulas Lega.les por decreto ministerial de 10 de Marzo d e 1854.

5. Modo de usar el aparato de pt:sca bathypelágica

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el Raqultúma, las ..tfecctoffU ucro{Ulol/U YUCQt'&amp;utfCIU, etc. El Wiae Ferral,lnHe dé
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�NúMERO

LA ILUSTRACION ARTÍSTICA

oca á las necesidades ordinarias, porque gracias á las apuntaciones puede prescindirse
casi de ella. Sin embargo, hay una memoria
que todo el mundo tiene y que muchas personas ignoran, y es la memoria de los ojos,
la memoria de las cosas vistas, la del artista,
la del dibujante: esta facultad les permite,
por ejemplo, reproducir un adorno que sólo
una vez hayan visto. Y esta memoria todos la
tenemos, más ó menos desarrollada, pues
todos vemos y todos clasificamos más 6 menos en nuestro cerebro las cosas vistas y lo
hacemos sin darnos de ello cuenta.
Pues bien: esta memoria de los ojos constituye un excelente medio mnemotécnico.
He aquí de ello algunos ejemplos.
Muchos soldados, para recordar algún artículo de las Ordenanzas procuran figurarse
la página y luego el lugar que en ésta ocupa
el articulo de que quieren hacer memoria.
Algunos prestidigitadores emplean el mismo medio para indicar en un libro la página
y la línea en donde está escrita la cita que se
les hace. Otros se hacen indicar cuarenta
nombres comunes cualesquiera seguidos, que
ellos repiten luego por el mismo orden en
que se han pronunciado, ó al revés ó al azar,
dando á cada uno el mímero de orden con
que ha sido enunciado.
Un autor del siglo xv1 llamado Muret cuenta que vió un día un corso á quien dictó dos
mil palabras latinas, griegas y bárbaras que
ninguna conexión guardaban entre sf, y que
el corso se las repitió por el mismo orden
J OSÉ VALERO, EMINENTE ACTOR ESPAÑOL
con que las había oído. Esto nos parece un
tanto dudoso, porque este mismo ejercicio
fallecido el 12 del actual (ce fotografia de D. J. Martí)
practicado con solas cuarenta palabras exige
ya una memoria muy bien adiestrada.
Sin embargo, gracias á la memoria de los ojos
Veamos cómo debe procederse.
puede llegarse bastante de prisa á este mismo resulSupongamos que el primer nombre enunciado sea
tado, no para cuarenta, pero sí para una veintena de ratón: no tratéis de recordar la palabra, sino procurad
nombres, porque la dificultad aumenta proporcional- que vuestra memoria sea una placa fotográfica impremente al número de palabras que á esa cifra se añaden. sionable, haced, en una palabra, el clisé del objeto,

474

contemplad delante de vuestros ojos el animal mismo y colgadle mentalmente del cuello un cartelón con un número 1. Tomemos un segundo nombre, por ejemplo, sombrero: representaos un objeto de éstos con el
número 2, fijado en la copa. Supongamos que
el número 3 sea silla: imaginaos una con el
número correspondiente clavado en ella, como si fuese el precio marcado por el vendedor, etc , etc. De este modo recordaréis con
facilidad la sucesión de los objeto5 y su número de orden y podréis nombrarlos de todas las maneras que se quiera. Repetid después este mismo ejercicio extendiéndolo á
d iez objetos, al día siguiente hasta doce y as!
sucesivamente aumentando poco á poco.
Después de algunos ensayos, el que los
haga quedará sorprendido de la facilidad con
que llegará á retener en su memoria veinte
nombres ó más, perfectamenté clasificados en
su mente y con su número de orden; de tal
modo, que al indicarle el número, el nombre
del objeto se le ocurrirá inmediatamente y
viceversa.
EL l'REST!DIGITADOR ALBER
(De La Nature)
ADVERTENCIAS
Siendo en gran número los trabajos literarios que
recibimos para LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA y en la
imposibilidad de contestar á todos los que con ellos
nos favorecen, debernos advertir que sólo contestaremos á los autores de los articulos que aceptemos para
insertarlos en este periódico.
No se devuelven los originales.
Suplicamos á nuestros correspon~ales y suscriptores especialmente á los de Aménca, nos remitan
cudntas fotografías de_ monumentos, ob!as art!sticas,
etc., consideren propias para ser publicadas en LA
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, acompañándolas de los datos explicativos necesarios. En caso rle que sean admitidas, tendremos el gusto de consignar, al publicarlas, el nombre de la persona que nos haya honrado con el envío de las
mi. ma.
Asimismo agradeceremos la remisión de todas las noticias
que tengan verdadero interés artfstico ó literario.

tas oasas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ART1STICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rus Caumartin,
núm. 61, Pa.rís.-Las casas españolas pueden hacerlo en la librería de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, núm. 5, Barcelona

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El Alimento mas reparador, unido al Tónico mas enet¡ico.

7.AoEl Cu

VINO ARDUO CON QUINA

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reparador de las fuerzas vitales, de este for&amp;illeaa&amp;e por eaee le a eia. De un gusto sumamente agradable, es tlOberano contra la ,tnemta y el Á1)-0Camtento, en las Calenturas
y Con11a1tcenctas1 contra las Diarreas y las ,tfeef:tQnu del Bstomaqo y los ,ntattno,.
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enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias proTocadas por los calores, no se conoce nada superior al Yiao de guia• de .t.roud.
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y hata uso de nuestros ORA NOS de SA LUO, puea elfos
le ourarán de su constrpaclon, le darán apetito y le
derofrerán el sueño y fa alegria. - Asr rrrirá · Vd.

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DE PARIS

"

no ti_tuhean en pur garse, cuando lo
n ecesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contr a lo que sucede con
l?s demas purgantes, este no obr a bien
smo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfor tificantes, cual el vino, el caté,
el té. Cada cual escoge, para purgar se, la
hora y la comida que mas le convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenleanuladopor el efecto del a
buena alimentacion empleada,uno
se decide fácil mente á volver
"á empezar cuantas veces
sea necesario. •

muohos años, drsfrutando srempre de una buena salud.

PAlEEPILITOIRE DUSSER

Tisis y la D ebilida d de t emperamento,
as! como en todos los casos(P áUdos c olores,
AJne norr ea, • •&gt;, en los cuales es necesario

obrar ·sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar ó regularizar su curso perlóc!lco.

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Quccl:in reservados los nerechos de propiedad arlfslica y literaria
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 474, Enero 26</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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