<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="1756" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/1756?output=omeka-xml" accessDate="2026-07-01T23:01:54-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="634">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1756/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._475._Febrero._0002011632.ocr.pdf</src>
      <authentication>48359d9ee6d738e7d37a63ea6287a7bd</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="73927">
                  <text>. i t 11él e1oo
11tí~t1ea
A~o X

BARCELONA

2

DE FEBRERO DE 1891

~.- - - - - - -

OBRAS DEL CELEBRADO PINTOR FRANCES FRANCISCO FLAMENG

.e

o

,,r,

a

o

in

ia

ra

t,

EN EL PIANO, cuadro de Francisco Flameng

NúM 475

�66

LA

ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

N úMERO

475

vetusto liceo Luis el Grande, el antiguo colegio
Texto. - Fta11cisco J.'lammg, por Georges Ca.in. - SECCIÓN Luis XIV, con sus muros ennegrecidos, fríos y trisAMERICANA: La Virgen de Copacaóana ( Viajes por Amlri- tes, sus patios ,lóbregos, su vida monástica y militar
ca), por Eva Canel. -El arte y el r~1;io11alis1110, por R. Bal• á la vez, tristemente monótona; ... y después, en me·
sa de la Vega.-Noticias varias. -Nrmtros grabados. - ¡/111· dio de aquell'l profunda calma, la guerra que nos sorposible! Novela original de Florencio Moreno Godino, ilus•
trada por Cabrinety. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Las tro111bas. prende de improviso, seguida muy pronto de nuestros
SUMARIO

Experi111entos y o/Jservaciones, por el Dr. Marlinez Ancira.
- Ptoyecto extraordi1lario. Aparato para las caldas de 300
metros, por Aristides Bergés. - Libros enviados :í esta Redac·

ción por autores ó editores.

Grabados.- En el piano, cuadro de Francisco Flameng.E11 la playa, estudio de Francisco Flameng. - Estudio para

el decorado de la Sorbona, por Francisco Flameng, dos gra•
hados. -Agradable descanso, cuadro de Francisco Flameng.
-: En Venecia, cuadro de Francisco Flameng - Crollier visitando la impreuta de A/de Jlfan11ce, en Venecia1 pintura de•
corativa para una chimenea del Grollier-Club de Nueva Y Ork,
por Francisco Flameng. -En la corte de Enn·que II, cuadro
de Francisco Flameng. - Delante del facistol, cuadro de
Francisco Flameng. -Pala/Jras de amor, cuadro de Francisco
Flameng - La carta, cuadro de G. la Monica.-En las pla•
vas del Havre, cuadro de A. Stevens, grabado por Baudc
(Exposición del Campo de Marte. París, 18901.-Salve Re,1;i11a, cuadro de Luque Roselló, grabado por Sadurni I Expo·
sición Nacional de Bellas Artes. Madrid, 1890),-l&lt;'ig. r.
Aparato pasa el estudio de las trombas terrestres. - Fig. 2.
Aparato para el estudio de las trombas marinas.-Fig. 3.
Trombas marinas observadas en el Océano Atlántico.Fig 4. Tromba terrestre observada en la Alameda de Mon•
terrey (Méxicol. - Un proyecto extraordinario: Fig. I. El va•
gón para las altas caídas en el espacio sobre el estanque de
recepción. Detalle de los conos encajados.-Fig. 2. Visita
del interior vagón proyectil para las caldas de 300 metros,
con sus quince viajeros.

~wvv-,;-,.,-.,wvv'~~w~~~w~~-~

FRANCISCO FLAMENG
Al revisar ayer un informe sobre los trabajos de
la Sorbona, el nombre de Francisco Flameng, con
frecuencia repetido, evocó en mí todo un mundo de
recuerdos.
El autor del artículo nos mostraba al joven y ya
célebre artista trabajando en sus grandes pinturas
decorativas, en medio de albañiles y cerrajeros, y rodeado de una nube de polvo, teniendo ante si, plantado en un tonel, su modelo con traje del tiempo
de Luis XIV, que representaba á algún Larochefoucauld 6 Saint-Simón.
Seguía después una descripción de aquellas magníficas obras, universalmente admiradas en nuestras
últimas exposiciones. Abelardo con su original paisaje, Richelieu como nueva creación, Rollin con su
dulce poesía, San Luis y Sorbón; la imprenta, el Renacimiento, etc., etc. El crítico nos hacía ver el notable orden de tantos grandes cuadros y su magnífico aspecto en aquel centro de erudición, verdadero
sar.tuario, joya cincelada en honor de las letras y de
las ciencias. En una palabra, dispensábase á F. Flameng la justicia que merecía, colocándole en primera línea entre los mejores; y á mí me ocurrió también
la idea de hablar de este artista original, resucitando
los recuerdos ya lejanos de un antiguo compañerismo.
¡Veinte años han pasado! Vuelvo á ver nuestro

:

1; '11!

¡;'/ 1
~

.

1 }! ! IJ

~,

·/2
fiv

·x

~· ¡ ,

¡ .~ fil

¡·'{¡
·l

\
1~

l

f

Estudio pnrn el &lt;lccora&lt;lo &lt;le la Sorbona, por Francisco Flamcng

reflexivo, siempre en busca de los procedimientos
que nos asombraban entonces, y revelando una escuela muy personal, cuya influencia se marca profundamente en la evolución del arte francés. ¡Pobre
Bastien! Buen muchacho, sinceramente bondadoso,
á pesar de su aspecto algo rudo de campesino ... Y
después Gervex, Rafael Collin, Buland, Carriere,
Dawant, Moreau de Tours y otros cincuenta. Armando Bach era entonces macero, y Flameng el no·
vicio, por cierto muy irregular. Algunas partes de la
enseñanza oficial se le escapaban, comó á otros muchos, y necesitaba independencia: junto á dibujos
encantadores, muy artísticos, otros muy flojos demostraban cuánto era el enojo del joven pintor al ejecutar su tarea cotidiana'. Cabanel, que le apreciaba
muy particularmente, había comprendido que original é interesante artista sería en lo futuro aquel «bus-cador,» de imaginación inquieta, aquel extractor de
la quinta esencia; y llegado el miércoles, día de co·
rrección, menudeaban los sermones, y el maestro reñía á su joven discípulo. Aquel excelente hombre, á
quien tan pocos han conocido bien y que otros muchos echaron á perder, era y se considerará siempre
como el modelo de los profesores. Llevando el amor
del eclecticismo hasta el extremo, Cabanel nos estimulaba á todos á seguir una vía personal y procuraraba obtener en el discípulo una originalidad cualquiera.
Por eso se veía prosperar en aquel gran taller á
los coloristas más turbulentos junto á los tímidos y
delicados dibujantes.
Apenas nuestro majestuoso maestro se presentaba en el umbral de la puerta, el estrépito cesaba
E:'\ LA PLAY A, estudio ele Francisco Flameng
como por encanto,
siguiéndose religioso
desastres; el sitio y el estruendo del cañón turban silencio. La revista
nuestro silencio.
de los discípulos comenzaba, y pasando
Los cursos habían continuado durante el sitio.
Asistíamos entonces á las clases de MM. Perrot, del uno al otro, coAubert y de aquel excelente M. Merlet, letrado que giendo tan pronto la
se distinguía por su finura y delicadeza, apasionado paleta como el carpor el arte y la poesía. No puedo pensar aún sin pro- bón, Cabanel, con la
funda emoción en aquel fin de clase, en diciembre mano izquierda apode 1870, durante el cual, sufriendo un frío terrible y yada en su paraguas,
mientras resonaba el siniestro y continuo rumor del el sombrero ligeracañoneo, sin que dejáramos de traducir melancólica- mente echado atrás
mente un texto griego, M. Mirlet se levantó, y en y guiñando los ojos,
términos enérgicos del más puro patriotismo, poseí- trazaba algún rasgo
do de angustia, conjurónos á no olvidar nunca aque- ligero, fino é intachallas horas y á amar apasionadamente nuestra patria, ble, que corregía la
figura mal hecha, copreparando el porvenir.
Durante las horas de recreo hacíamos hilas, mien- municándole el motras que nuestros profesores, mitad universitarios, vimiento y el carácmitad guardias nacionales, discurrían tristemente so- ter, á la vez que habre la nieve, cuya blancura hacía parecer más sucias cía en voz baja la críque de ordinario las paredes del colegio. Hasta hu- tica. Todos temblabiérase dicho que el cielo, con su color plomizo, que- ban ante aquel juez
severo, aunque era la
ría aplastarnos.
Cierto día, al ver llegar á J. Simón, entonces mi- benevolencia misma;
nistro, la clase entera se alarmó. ¿Vendría para anun- todos se mostraban
ciarnos nuestra libertad? Todo aquel enjambre de contentos con el mejóvenes, precipitándose hacia las ventanas, miraba nor cumplido; mienansiosamente á través de los vidrios amarillentos el tras que Cabanel,
negro grupo de nuestros profesores. El ministro ha- ocultando bajo su
blaba; pero ¡ay!, lo que decía era que debíamos aban- aspecto olímpico su
donar la calle Saint-Jacques; los obuses enviaban una singular timidez y su
lluvia de proyectiles contra la Sorbona y el barrio de carácter bonachón,
San Miguel, y era urgente retirarse. Muchos de los pasaba majestuosanuestros se _consolaban, pues al fin aquello suponía mente entre nosotros
la libertad, vacaciones imprevistas; y por otra parte como un maestro aníbamos á ver de cerca esa cosa hedionda, pero de te- tiguo entre sus discíEstudio para el decorado
de la Sorbonn
rrible grandiosidad, que se llama la guerra; íbamos á pulos.
por Francisco Flameng
Una vez fuera el
mirar aquellos cañones cuyo estampido resonaba demaestro y cerrada la
trás de nuestras parede~.
Poco tiempo después, la Com111une diseminaba puerta, el estrépito se reproducía, los gritos comenaquella juventud en los cuatro ángulos de Europa, y zaban de nuevo, encendíanse las pipas, y el modelo,
Flameng iba á Bruselas á comenzar sus estudios de saltando alegremente de la mesa, iba á tostarse un
artista, trabajando en el museo ante las obras de los poco las tibias ante la vieja estufa.
¡Pobre querido y gran artista, á quien se dispensa
Rubens, los Hals, los Rembrandt, los primitivos holandeses y flamencos, y copiando á todos aquellos justicia tan tardíamente! Nosotros le amábamos con
ternura, y su pérdida se d~ja sentir cruelmente.
maestros admirables con indecible alegría.
A pesar de sus triunfos en la-escuela, Flameng no
Cuatro años después debíamos encontrarnos uuu
junto á otro con la paleta en la mano, jtdultos ya, estaba contento allí; cierta timidez, disimulada bajo
sentados en los taburetes del taller Cabanel, en la una expresión algo sombría, hacíale poco agradable
Escuela de Bellas Artes.
la permanencia en el taller.
¡El taller Cabanel! ¡Qué horas tan alegres! ¡CuánAún me acuerdo de las estúpidas jugarretas de que
ta exuberancia! En mi memoria reaparecen todos los nuestro amigo era objeto.
compañeros de entonces y en primer término el más
En su casa, en la calma del taller, era donde tra·
antiguo, Bastien-Lepage, con su mirada inquieta y ob- bajaba formalmente, bajo la dirección de un artista
servadora, su nariz como tallada en facetas, su cabeza de primer orden, su padre, Leopoldo Flameng, emi·
cuadrada, su cabello cortado á la moda del siglo xu nente grabador. En aquel centro elegido, consagra·
y su escasa barba. Ya no era el Bastien que yo había do enteramente al culto de las bellas obras, al arte )'
visto pasar cort arrogancia sobre las murallas de Pa- al trabajo, aprendía el duro oficio de pintor, no dan·
rís durante el sitio, soplando en una trompeta y pre- do paz á la mano, acumulando lienzos sobre lienzos
cediendo al batallón 83 1 en el que servía como corne- y siendo alternativamente pintor y grabador. Todos
ta. Era completamente otro hombre, muy juicioso, los años, el padre y el hijo, aquellos dos buenos

NúMERO

475

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

grandiosidad, qué ciencia!. .. Cuando se penetra en el
coro de Santa María la Nueva, en Florencia, y se ven
frescos de Ghirlandajo, experiméntase una emoción
respetuosa, y es preciso inclinarse ante aquella manifestación sublime de un arte probo. Allí no hay ejecución; una sencillez de medios asombrosa es la causa
evidente de esa belleza soberana.
»A mi modo de ver, la pintura ideal es aquella en que la ejecución desaparece, en que la belleza
de las formas y de los colores es lo único que nos
encanta: aligerados de las preocupaciones de oficio,
procuremos llegar más allá, pasando á las regiones
s~ren~s de la Poesía, donde Ingres y Corot campean
v1ctonosamente.»
. ¿No son estas líneas la mejor explicación de las
pinturas de la Sorbona? Con un valor de ejecución,
despréndese de esas vastas composiciones un perfume
de arcaísmo y de filosofía. Es algo más y mejor que
el decorado ordinario, por mucha belleza que éste
tenga.
Por ot:a parte, facultad bien rara en nuestra época
de espec1ahstas, en la que muchos pintores se contentan con rehacer toda su vida el mismo cuadro el
talento flexible de F. Flameng sabe amoldarse á todas
l~s for~~s del arte. Las cualidades naturales para la
dispos1c16n, la composición y la vida, que hacen del
decorado de la Sorbona un conjunto tan notable hállanse en sus ih.:straciones para las obras de Ví~tor
Hugo 6 en muchos cuadritos microscópicos.
~~ce poco tiempo F. Flameng exponía en los
M1rl1to11es un pequeño lienzo que llevaba por título
Bonaparle, oficial de arti//eria, en su buhardtlla de Valence, ~ que era una verdadera joya por el color y la
expresión,
~ n el Salón último El ejército francés en Holanda
es mdudablemente uno de los mejores lienzos que ha
expuesto.

I •

AGRADABLE DESCA:-.so, cuadro de Francisco Flameng

amig~s, marchaban alegremente como compañeros á
estudiar los museos de Europa. ¡Cuántas deliciosas
horas pasaron así! En una de sus excursiones por
Holanda encontraron á Fromentin, y fué una fortuna rara poder hablar de estética con el admirable
autor de ~o~ .Afaestros de otro tiempo, de .Dominio,
obra exqu1S1ta harto poco conocida Un verano en el
Sahara, y el Viaje en el Sahel.
'
Fromentin, con sus grandes ojos ocultos tras unas
gafas á la Chardin, examinaba, escudriñaba y disecaba los cuadros como un anatómico1 volviéndolos en
todo~ sentidos, estudiando hasta el barniz, el grano
del henzo Y el tono de los preparados, á
la vez q~e procuraba analizar los menores medios de ejecución; era un verdadero curso de química pictórica. Se censuraba á varios maestros y exaltábase á
otros; pero siempre para volver al gran
Holbem, como el más intachable y sincero Y el de más expresión.
En 1875 Flameng exponía su primer
cuadr~ El f~cistol; en 18761 un retrato
de m~Jer vest1 ~ de negro, y en este mismo a~o el servicio militar interrumpió sus
estudios. ~ás tarde, en 1879, nos daba
El llamamiento de los girondinos.
1:'0 0 el mundo recuerda aún la compos1c16n verdaderamente conmovedora
de aquel cuadro: en una sala baja, ilumina~a por escasa luz, los girondinos1 reumdos ~n su último banquete, brindan
por la libertad. Con este cuadro F. Fla:eng . comenzaba una serie de pinturas
stóncas: La toma de la Bastilla y después la me1or
· de todas, L os Chuanes
'
en
Machecut, que valieron al joven pintor
~~a avalancha de diatribas más 6 menos
~nJu st~s. La crítica había descubierto una
1~ten~lón política allí donde el artista no
~ó s~no un hermoso asunto. Siguió un
amzlo .Desmoulins, así como cierto núm,ebf de otras obras, desconocidas del
pu ico y dispersas en América.
_EnLo1 879,· Y habiendo
obtenido el premio
,J•
á It r s gzronamos, F. Flameng marchó
d dª ia, donde su talento y su personalia debfao realzarse completamente al
cont~cto de los grandes maestros de Florencia: Boti·cell'1, Mazacc10
. Gh1rlandaJO
.
.
Benozzo G
h'
· ozzo11·1, etc. «La' composición'
,en crud ª Ymuy acanall&lt;!da, escribió un

?ía, ~e aquí lo que ahora nos ofrecen. ¡Este es el
ideal_. Al ver :ómo desfila en nuestros salones esa
multitu~ de p~ntores, contrista la vulgaridad de la
concepción pnmera; los campesinos enlodados más
de lo natural y los obreros borrachones han invadido el arte fra~cés. Esto no alegra, y sin embargo,
nada hay más interesante que lo moderno; lo moderno por el carácter, la presencia y ... vacilo en escribir
esta pa)abra tan gastada... por el estilo. Los grandes ~rtlstas bonachones de Florencia, furiosos modernistas, han pasado el tiempo reproduciendo Jo
que tenían á la vista; pero ¡con qué emoción, qué

En la ca!le de Armaillé, en medio de un vasto jardín, J:ranc1sco Flameng habita una casa muy grande
y cunosa, llena de obras de los maestros antiguos y
modernos_. _En aquel retiro, donde reinan la calma y
la tranqmhdad, el artista trabaja desde la mañana
hasta por la noche sin tregua ni reposo, feliz y satisfecho con su suerte.
Su método es de los ~ás sencillos, esto no obstante no me atreveré á decir que se halla al alcance de todo el mundo. Cuando le preocupa la idea
sobre el as~nto de ~lgún cuadro, enciende cuidadosamente SU_P1pa, se tiende en un diván, y reflexiona en
todo sentido sobre la composición proyectada, sin detenerse hasta el momento preciso en que se desprende_de su cerebro la fórmula grave y sencilla del cuadro
sonado.
i Qué deliciosas y cuán torturantes á la vez son
esas horas de trabajo intelectual para aquellos que
aún profesan el culto de la composición! y sin em-

?

EN VENECIA, cuadro de Francisco Flameng

�68

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

475

Dícenos la novebargo, esas cosas
la de los siglos que
se tienen poco en
la isla llamada Titícuenta por mucaca ó Chucuito
chos artistas y crífué la primera resiticos.
dencia de MancoYa no se hacen
Capac, fundador de
cuadros, sino fragla gloriosa dinastía
mentos ~cuando
incásica y conquismás; pero todo es
tador á la vez que
cuestión de moda:
civiliza'dor del Perú
la evolución de
primitivo.
la estética es eterEl Hijo del Sol
na, y muy pronto
recibía del astro rey
se hará justicia ressus órdenes en
pecto á esos desaquella isla, y allí
denes artísticos que
mandó levantar un
ocultan el vacío del
famoso templo, cucerebro bajo una
yas ruinas son hoy
afectación d e plan
el asombro de cuanpreconcebido. Sería
tos geólogos ó viajepor demás sencillo
ros curiosos las vino pensar nunca.
sitan.
Flameng lo ha
El templo erigicomprendido bien;
do por el astrólatra
pues nunca contenencerraba entre sus
to, comenzando de
moles de granito á
nuevo sin cesar, bolas vírgenes llamarrando y demoliendas del Sol, porque
do, busca siempre
al sol dedicaban su
lo mejor y tiende
virginidad y su vida,
al objeto más elesiendo tenidas covado.
mo tesoro inmacuLa simpatía de
lado de aquella gemuchos, la amistad
neración que regía
de algunos y la masus destinos por las
la voluntad de un
revelaciones y mangran número sostiédatos de la astronenle en la vida. Y
mancia.
me complazco en
Dos leguas y medecir aquí lo que es
dia de largo por una
ese buen compañeescasa de ancho y
ro, ese notable arcinco próximamenGROLLIER
VISITANDO
LA
DIPRENTA
DE
ALOE
MANUCE,
EN
VENECIA
tista, de talento y de
te de costa forman
corazón: uno de los
Pintura decorativa para una chimenea del Grollier-Club de Nueva York, por Francisco Flameng
el terruño fértil,
mejores de la joven
montuoso y mal
escuela, uno de
cultivado, á pesar de su agradable temperatura.
para
quienes
ha
sido
imposible
penetrar
el
misterio
aquellos. con quien se puede contar y que se llama
Cuando la civilización cristiana llevó la cruz al
insondable con que natura ha rodeado aquella sorFrancisco Flameng.
mundo
que en el espacio contrabalanceaba el nuesprendente humorada de sus ratos de ocio.
GEORGES CAIN
El lago de Titicaca es un inmenso receptáculo al tro, sin que sospechásemos deber el equilibrio á un
cual afluyen por estrechos cauces veintitrés ríos y balancín oculto, llegaron los españoles á lás orillas
algunos arroyos de escasa importancia.
SECCIÓN AMERICANA
Rodean la gran cuenca hidrográfica altas ram!ficaciones
de la cordillera andina, que con el lagrimeo
LA VIRGEN DE COPACABANA
constante de sus afiligranadas crestas, coronadas de
(VIAJES POR AMÉRICA)
nieve, fertilizan las llanuras que circundan al monsEn la altiplanicie perú-boliviana asentada entre las truo.
Vese orgullosamente situado el Titicae;a en la medos repúblicas que fueron un día Imperio de los Incas, encuéntrase el famoso lago Titicaca, océano abre- seta del Collado entre los 15° 30 y los 17° 20 de laviado, desesperación de sabios y tortura de geólogos, titud meridional y entre los 65° 14 y los 67° 11 de
longitud occidental. Sus costas del N. y
del O. pertenecen á la república del Perú,
y las meridionales y orientales á la de Bolivia.
Tiene tan famoso lago cincuenta y cinco
leguas de !ario de N. á S., veintiuna de anchura media,'tiento cincuenta y seis de circuito y mil doscientas leguas cuadradas de
superficie.
Este mar de agua dulce, sujeto á las periódicas oscilaciones del flujo y reflujo, en
cuyo seno guarda tormentosos empujes y
tempestades imponentes, elévase sobre el
Pacífico á tres mil novecientos quince metros.
EN LA CORTE DE ENRIQUE 11, cuadro de Francisco Flameng
Tiene ensenadas ó bahías para arribadas
forzosas, cómodas y resguardadas, y pequeñas bocas que dan acceso á otros lagos tri- del Titicaca; y ¡por Dios que debieron asombrarse de
butarios ó hijos menores del padre común, que atajase el ímpetu de su carrera aquel brazo de
entre los cuales pueden citarse por su ex- mar, que tan pronto amedrenta con sus furiosas olas,
tensión el Azángaro, el Chucuito y el Vina- como descansa tranquilo para servir de movible esmarca. Este último, con veintiuna leguas de pejo al firmameuto azul que en él se mira!
largo por ocho de anchura media, comuniLa dinastía de los Incas, tronchada y dispersa por
ca con el jefe de la familia por el estrecho luchas fratricidas, como cualquier dinastía europea
de Tiquina.
de aquellos tiempos, vió derrumbado su poderío y su
El sondeo practicado en el gran lago esclavitud triunfante, bajo las armas de los hombres
arroja desde diez hasta treinta brazas de ca- blancos, que no eran hijos del sol, porque ni le ado·
lado en el interior y de cuatro á seis en las raban, ni respetaban sus templos ni sus imágenes.
inmediaciones de la costa, ofreciendo la
¡Para vírgenes de carne y hueso estaban los conparticularidad de carecer de bajos y de ban- quistadores!
cos que pudieran dificultar la navegación.
La isla del Sol fué destinada á colonia penitenciaDe su anchuroso seno álzanse multitud ria durante la época del coloniaje; y desde que la inde islitas, una de las cuales es digna de ser dependencia americana formó en el continente namencionada por el papel que la tradición ciones libres, ha quedado triste, solitaria y muda,
romancesca y la historia le hacen represen- alumbrada por el astro cuyo nombre lleva hoy, engatar de consuno.
lanándose únicamente cuando á sus playas atracan

NúMERO

475

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

las embarcaciones que conducen algún sabio investigador, algún fotógrafo curioso ó algtí.n viajero instruído.
·
No es esta la sola isla que brota de las profundidades titicaqueñas; hay otras muchas, entre las cuales
merecen recuerdo por su extensión las Carlonge,
Coata Taquite y Airnantaro.
y ;a que me he propuesto dar una i_dea geográfica
del lago Titicaca, diré que no ha podido encontrársele comunicación indirecta ni directa con el mar, ni
menos al lago de Ullagas, situado en territorio boliviano y con el cual comunica el padre eterno de los
de su' clase por medio de un canal llamado desaguadero, cuya anchura varía entre ciento v~inte metros
y legua y media, en sesenta leguas prÓXImamente de
curso.
Pues si el Titicaca no tiene comunicación con el
mar, ni la tiene el Ullagas, ni menos el larguísimo
cordón umbilical que los une, ¿dónde se ocultan las
aguas que refluyen después de las salidas naturales y
periódicas, sujetas como las del mar á la marea viva
de novilunios y plenilunios?
Yo no he de contestarme; bien segura estoy de
ello; y como no me ha convencido aquello de la evaporación por un lado y las vertientes andinas por
otro, porque ni estas señoras gastan reloj ni son lunáticas, sigo esperando á que un genio superior á
Humboldt y á Falb y á tantos otros que se han vuelto tarumbas por descubrir el misterio, vengan á sacarnos de una duda geológica, tan bella como intrincada.
·
¡Si tendré yo razón al decir que el lago de Titicaca con sus islas, sus golfos, sus ensenadas, sus ancones, sus pescados sabrosísimos, sus calmas, sus tempestades y sus mareas, ha sido una humorada de la
naturaleza para abatir el orgullo del hombre, que se
precia de averiguarlo todo!
Para que resulte más incomprensible y más grandiosa la majestad del piélago anchuroso, las consejas indígenas hanle prestado su concurso fantástico,
y como artículo de fe juran los indios que cuando
sus antepasados vieron sus tesoros expuestos á la rapacidad de los conquistadores, arrojaron al lago riquezas fabulosas, entre ellas la famosa cadena del
Inca Huascar, construída en el reinado de HuainaCapac, la cual cadena tenía doscientas treinta y tres
varas de largo con un grueso enorme correspondiente á la dimensión, y con la que pudieran cercarse
muy holgadamente seis mil personas.
Si habrán salido argonautas tras semejante vellocino, excusa preguntarse; pero lo cierto y verdad es
que ni un eslabón pudieron hasta el día pescar los
muchos mareantes que han echado las redes de la
codicia para buscar los tesoros de Huascar.
Sobre las aguas del Titicaca, en las orillas, vense
grandes manchas de totora (enea), con la cual construyen los indios las canoas de que se sirven para el
transporte de sus frutos y ganados.

uno, y están cantándose sus quejas, sus amores, sus
celos y sus esperanzas.
- ¿Y por qué lloran?
- Porque en el indio las consecuencias del alcohol
y de la chicha son las lágrimas y el amor.
Había entre ellos una pareja interesante: ella era
casi una niña, tendría quince años á lo sumo y parecía una manzana del paraíso, de piel achocolatada con
chapas de encarnado lacre después de haberlo sometido á las llamas.
Miraba á su compañero de soslayo y apenas contestaba á los gritos de doloroso entusiasmo que bro-

- ¡Pero si esto es muy curioso!
- Ya se cansará V. de presenciar escenas semejantes.
Saltamos en el bote que nos aguardaba y nos dirigimos al vapor que no veíamos porque nos lo impedían las totoras. Como la cantidad de éstas fuese
tanta que nos obstruyese el paso, pregunté por dónde
romperíamos.
- Ahora lo verá V.
Y con efecto, lo vi: ya lo creo que lo vi.
La proa del bote acababa de entrar en un túnel de
enea admirablemente perforado, aunque tan angosto
que apenas podía el botero manejar los remos.
Tardamos unos veinte minutos en recorrer la obscuridad del canal, iluminado á ratos por las raluras
de la totora, y llegamos al costado del Yapurd, un
vaporcito pequeño que no carecía de comodidades
ni de esbeltez.
Subimos la escala y saltamos sobre cubíerta sin
que nadie se acercase á recibirnos. Hombres que debían ser de la tripulación izaban la carga y trabajaban como negros, sudando el quilo. Entre ellos dis. tinguíase uno por sus voces de mando y sus grandes

***
Eran las once de la mañana de un día de enero,
época de torrenciales lluvias en aquellas regiones.
El vaporcito Yapurá, que había de conducirnos á
Bolivia, quedábase fondeado bastante lejos del muelle
de Puno; pues debiendo salir con la luna, no podía
zarpar hasta las dos de la madrugada.
La mañana estaba deliciosa, y á no ser porque los
rayos del sol cayendo perpendiculares nos producían
ese vivo escozor que precede á los grandes jaleos atmosféricos, hubiéramos asegurado que nos engañaban
.embarcándonos al mediodía para librarnos del horroroso chaparrón que indudablemente se estaba formando en las alturas, con las absorciones del Titicaca.
Atracadita al muelle descansaba una balandra sobre cuya cubierta veía yo moverse algo que de lejos
no podía distinguir.
Pronto l!egaron á mis oídos lamentos y gritos pe·
netrantes, impregnados de melancolía, de sentimiento, de penas hondas, al parecer, y profundísimas.
Acerquéme imoresionada al costado de la embarcación, y se pres~ntó á mis ojos un cuadro tan original como curioso.
Algunos indios de ambos sexos cantaban y se
abrazaban llorando á lágrima viva, como si se tratase
del funeral de un emperador incásico. Las mujeres
se mesaban los ~abellos desesperadamente, sin dejar
por _esto de articular frases en un idioma gutural, ni
de r~mar tonadas con ml'ísica monótona, aunque impres10nable por lo cadenciosa y extraña.
- ¿Pero qué tienen estos infelices?, pregunté.
_Las personas que nos acompañaban se echaron á
reir.
~ Nada, me dijeron: tienen la borrachera número

l' ALABRAS

m: AMOR, cuadro de Francisco Flameng

taban del pecho enamorado del indio. Lloraba éste,
se desgañitaba, limpiábase á veces con el dorso de la
mano y echaba otras la cabeza sobre la falda de la
india.
Tocóle cantar al galán, y lo hizo con voz tan conmovedora, con inflexiones tan tiernas, que rogué me
tradujesen lo que había cantado.
«Dime si me amas: no me dejes morir: dímelo en
esta hermosa noche de luna. ¡Ay, cundn tutita /lay/
(¡Ay, qué hermosa noche de luna!). No seas ingrata,
palomita, y acaríciame con tus alas.»
Así decía el indio soltando lagrimones como nueces.
La dama de sus pensamientos rompió también á
llorará gritos, demostrando el mayor desconsuelo
. - ¡Se ablandó, se ablandó! ¡Le corresponde!, diJeron nuestros acompañantes, al propio tiempo que
la indiecilla cogía la botella de manos del amante, la
llevaba á los labios y bebía como si no fuera alcohol
su contenido.
- ¡Vamos, vamos!, dejemos á esos borrachines: la
tempesta é vicina, me dijeron.

botas de montar. - ¡Será un contramaestre!, dije para
mis adentros.
Mi sorpresa llegó al colmo cuando supe que era el
capitán. ¡El capitán! ¡Qué desencanto! ¡Yo que estaba acostumbrada á los capitanes gentlemans, encontrarme con aquel patrón de gabarra!
Me consolé pronto y me puse á nivel de las circunstancias.
- ¡Capitán!, le dije.
- Mande V., contestó sin dignarse mirarme.
- Yo quiero un camarote.
- ¡Camarotes! ¡Dios diera!
- Usted es gallego.
- Para servir á Dios.
- Y á. mí, home, y á mí, porque somos paisanos.
- ¿Es V. gallega?, preguntó con gran interés dejando el trabajo, cosa inusitada en el capitán del Ya-

purd.
- Soilo cuasimente; de la raya de Galicia, home, por
la parte de Asturias .. .
El capitán López, que así se llamaba, clavó en mí

�70
sus ojos, y me pareció verlos empañados por un velo
de humedad. Dejó el trabajo y bajó con nosotros á
la cámara: aquel no era López para los que no le conocían, no era el hombre terco, inflexible y dueño de
su voluntad, que surcaba el Titicaca hacía veinte
años, que había sido el primero en recorrerlo con
lancha y con vapor, que lo conocía más que de muchacho había conocido los caminos de su aldea y que
jamás lo abandonaba ni para dar un paseo en tierra.
- ¡Vaya, vaya, gallega! Pues es V. la primera que
cruza el lago; no ha pas·ado por él ninguna desde que
yo estoy aquí. Espafiola ... alguna ... sí, ... no me
acuerdo bien; ... pero gallega, ninguna; estoy seguro.
Vamos, siéntense, siéntense.
-¿Me dijo V. que no había camarote, paisano?
Esto de paisano le supo á gloria.
- No había, pero hay el mío para V. Es decir, camarotes ~ay, lo que faltan son literas.
- ¿Pues qué se han hecho?
- Las he quemado.
-¿Cómo?
- Por salvar la vida de un hombre.
- Cuénteme V, eso.
- ¡Qué curiosa la paisanita! ¡Vaya, vaya!
A López se le caía la baba.
Los presentes me llamaban domadora de lobos
marinos.
- Vamos, paisano, que me muero de curiosidad.
. Ja.
.t
- ·J
, a, Ja,
Aquello era demasiado; el capitán López se reía.
¡Oh recuerdos de la patria en tierra extraña! ¡Qué
milagros operáis aun sobre la más ruda corteza!
- ¿Me lo cuenta V.?
- Pues el doctor Corral, dijo López, hizo en Bolivia la revolución al general Daza; salió derrotado,
huyó y se me presentó á bordo. Lo perseguían, y yo
dije: lo que es á López no se lo sacáis de entre las
manos, y salí escapado; pero tanto forcé la máquina,
que me quedé sin combustible.
- ¿Sin carbón?
- ¡Sí, carbón! Sin taquia.
- ¿Y qué es taquia7
- El combustible que aquí se usa; la bosta de las
llamas.
- ¿Y eso arde?
- ¿Que si arde? Ya verá V. cómo corremos. Pues
nada, que nos cogían en aguas bolivianas, y D. Casimiro Corral tenía asegurados cuatro tiros. Pero dije
yo: lo que es á mí no me pesca ningún general Daza,
y hachazo por aquí, patada por allá, fuí desmantelando el vapor para alimentar la máquina.
- ¡Bravo, paisano, es V. digno de ser gallego!
·J . . 1
- t a, Jª, Jª•
Con verdadero cariño nos instaló López lo mejor
&lt;p~ pudo; también dió al chino cocinero órdenes especiales, y á la hora de la comida se nos presentó
limpio y vestido con relativa elegancia. Aquello pasaba de la raya para todo el mundo.
Yo no le dejaba un pie; le seguía por la cubierta
cuando daba órdenes, y me lo explicaba todo como
el padre que desea instruir á una hija.
Me dijo que la brújula era cosa de brujerías que
él cruzaba y circunnavegaba el lago todos los' días
sin e( menor tropiezo, sin más que su práctica, y que
lo mismo le daban á él mareas altas que mareas
bajas.
Salimos, c?n efecto, á la una de la madrugada,
cuando se deJÓ ver el astro de la noche, y al día siguiente encontramos
más de cien canoas de indios,
, .
que con mus1cas, santos y pendones cruzaban de una
á otra orilla para celebrar no sé qué fiesta.
El capitán detuvo el vapor para que yo viese desfilar las canoas; suponía que los espectáculos deseo .
nacidos habían de agradarme.
A las cinco de la tarde desembarcamos en Chililaya (Bolivia), y López me dijo: «Hasta la vuelta.»
A los siete meses volví á embarcarme en Chililaya
y también me tocó el vapor Yapurá, cosa que y~
agradecí á la Providencia.
Mis amigas de la Paz me habían recomendado
muchísimo que visitase la Virgen de Copacabana si
me era posible. Es esta imagen para las bolivianas
como la del Pilar para las aragonesas, la de Begoñ;
p_a11a las bilbaínas y la de Covadonga para las astunanas.
- Paisano, dije cuando eché la vista encima al capitán López, tengo que pedirle un favor.
- Vamos á ver, contestó riendo.
- Que toquemos en Copacabana.
- No puede ser, replicó, poniéndose serio y volviéndome la espalda.
Cualqui;r día me achicaba yo por este exabrupto;
1~ persegm toda la tarde, le perseguí toda la noche;
m por esas; á las diez me dijo con enojo:
- Acuéstese usted.
- Hasta que no me diga que sí, no me acuesto.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Pues buenas. noches, y se metió en su camarote,
dejándome á la luna de Valencia.
Perdí la esperanza y me acosté resignada.
Apenas rayaba el día Ct!ando golpearon con furia
á la puerta de mi cuarto.
-¿Quién?
- ¡Arriba! Estamos en Copacabana, y si á las ocho
no regresamos á bordo me marcho.
Me vestí por el aire; nos vestimos todos; entretanto ya López había anunciado nuestra visita para que
nos recibiesen en el santuario con los honores debidos.
Cuando arreglada ya subí á cubierta, '1Uedé sorprendida y admirada. ¿Dónde estábamos? A bordo
indudablemente, pero no se veía el lago, habíamos
fondeado en un bosque de totoras y teníamos delante el magnífico santuario con sus infinitos picachos
de un orden raro, con mucho de mezquita y no poco
de catedral, pero extraño, especialísimo y en consonancia con las montañas que le circundan.
Copacabana quiere decir en aymará piedra de donde se ve, y nada más cierto; la vista se extiende
allí por el famoso lago, dominando un bellísimo panorama.
Entrando en el pueblo por las vías terrestres se
bajan desfiladeros tortuosos, continuamente atestados de romeros, que así del Perú como de Bolivia
acuden á la milagrosa imagen, depositaria de todos
los secretos y consejera de todas las acciones.
Donde hoy se alza gallardo el edificio, cuya iglesia
en forma de cruz mide setenta y cinco varas de largo, hubo en tiempo de los Incas un templo de ,·írgenes del Sol, y allí se recluía forzosamente á muchas jóvenes pertenecientes á la nobleza y á las altas
dignidades del imperio.
La imagen de la Candelaria, que es la de Copacabana, fué tallada en Maguey por un indio, Francisco
Titu-Yupanqui. y gracias á una pasta con que el escultor la cubriera, aparenta ser de caoba ó de otra
madera fina.
Subimos al camarín, recinto no muy grande que
comunica con una sacristía, lleno de joyas, lámparas
y exvotos.
Al entrar en la sagrada estancia rompieron á chillar una docena de voces agudas y estridentes que
rajaban los tímpanos, acompañadas por un indio que
á fuerza de dar patadas á un armóniwn, hacíale sonar cuando el aire no escapaba resoplando por las
mil aberturas que debían tener los fuelles.
- ¡Misericordia!, dije. ¿Qué es esto?
- La bienvenida, contestó el capitán, que había
llevado su bondad hasta servirnos de guía.
Fue~on poco á poco acostumbrándose mis oídos y
la música no me pareció tan ingrata. Llenaba de inefable~ dulzuras todo mi ser, y escuché, escuché con
atención hasta embeberme circundada por una aureola de misticismo que me transportaba al empíreo.
¿Qué dirían aquellas voces? Vocalizaban, y vocalizaban perfectamente, pero yo no las entendía; 'cantaban
en aymará ... 1Cuánto hubiera dado por ser india de
esta raza en aquellos momentos!
De exaltación en exaltación, llegué á creer que la
Virgen me miraba, que me sonreía, 1divinando lo que
mi alma estaba sintiendo. Pero yo no acertaba á contemplarla, no podía. ¡Qué cosa tan rara!
Levanté los ?jos decidida á estudiar su rostro, y lo
encontré bellís1mo, correcto, de facciones incásicas,
de color tostado, y tan expresivos y tan parleros sus
oj?s, que cerré los míos, reconcentrando el pensamiento para no volverme loca. A mi alrededor había
unas indias que lloraban, lloraban á moco tendido
elevando suplicantes sus manos hacia la Virgen y pro~
&lt;ligándola frases ternísimas: también rompí á llorar;
me ahogaban los gemidos, y sufrí una congoja cayendo desvanecida.
'
Recobré pronto las fuerzas y no quise salirme; deseaba oir la misa que á devoción nuestra iba á celebrar un canónigo amigo que allí encontráramos.
Pero apenas apareció el sacerdote revestido comen·
zaron las indias cantoras á entonar la misa, acompañadas á trompetazo limpio por el músico, que abandonó el armónium para coger un fagot abollado y
lleno de cardenillo,
El susto que llevé fué mayúsculo al sonar el primer fagotazo: ni pude prestar atención al celebrante
ni me fué posible levantar de nuevo los ojos hacia la
imagen; aquello era terrible: los tenía á mi derecha
pegaditos al oído, y tan pronto me exaltaban los nervios como me daban unas tentaciones furiosas de reir
á carcajadas.
El canónigo, que era hombre ilustrado y amante
de la música, debió tener compasión de nosotros,
porque despachó la misa en un periquete; mas apenas desapareció por la puerta de la sacristía, comenzaron de nuevo el llanto y las súplicas de las indias
contando sus cuitas á la reina del cielo, y comenzaron

NúMERO

475

también las·cantoras á despedirnos con música triste
y cadenciosa como la primera.
Otra vez se me oprimió el corazón y clavé los ojos
en la Candelaria. Como antes, me miraba tierna y dulcemente, sonriéndome con promesas halagadoras.
Surcaron mis mejillas las lágrimas y no pude dejar
de suspirar hasta no encontrarme en la calle.
Mis amigas de la Paz me habían dicho que á la
Virgen de Copacabana no se la podía mirar con los
párpados enjutos, y ya iba yo creyendo que tenían
razón.
Vi las joyas que constituyen el tesoro de la indiecila, y quedé 'asombrada; pero subió de punto mi
asombro cuando me dijeron que habían sido sus riquezas tan fabulosas, que el general Sucre había mandado fundir y acuñar la plata y el oro el año de 1826,
vendiendo al propio tiempo las joyas, que sirvieron
para sacar á la patria de grar.des apuros.
Cuentan á propósito de esto que un general inglés,
al servicio de Bolivia á la sazón, compró en ocho mil
pesos un collar de perlas para regalarlo á su prome·
tida, y que sólo una vez pudo ésta lucirlo por habér·
sele inflamado la garganta, de cuyas resultas bajó al
sepulcro.
A las cuatro de la tarde de aquel mismo día llegábamos á Puno. Era la época de los hielos.
El sol se ocultaba tras los elevadísimos cerros que
cercan la población: ninguno de nosotros respirábamos; la marea estaba baja, y á pesar de esto quería el
capitán atracar al muelle.
¿Cómo?
Entrábamos por un canal estrechísimo, cuyo fondo era suficiente para la quilla del Yapurá, pero apenas en sus angosturas cabía ésta.
El más pequeño desvío nos hubiera hecho embarrancar en el fango negro y espeso que divisábamos
bajo un palmo de agua.
El capitán manejaba el timón con la vista clavada
en los cerros; eran su brújula para entrar en Pun&lt;J
por aquel canalillo, y desafío al mejor marino del
mundo á manejar una lancha en tales circunstancias.
Los pasajeros nos agolpábamos á las bordas. La
proa estaba descubierta: el capitán miraba al bauprés
y miraba los cerros, no veía nada más.
Nos acercábamos al muelle: unas brazas antes de
llegar soltó el timón; habíamos atracado sin el menor
tropiezo.
¡Y no fueron aplausos los que se ganó el gallego!
- ¿No le dije á V. que llegaríamos de día y que
con marea ó sin marea saltaría V. desde el vapor al
muelle?, me preguntó lleno de orgullo.
- Sí, señor; y ahora me explico que para V, sean
las brújulas cosa de brujería.
Nos despedimos.
- ¿Ha prometido V. á la Virgen volverá Copacaba·
na?, me preguntó con interés.
- No, paisano.
- ¡Viaje perdido! ... ¡Y yo que la llevé á V. confiando en que se lo prometiese!
- Vaya, continuó sonriendo después de una pequeña pausa, hasta la eternidad ¿eh?; porque ni V.
volverá por aquí, ni yo saldré jamás del la'go Titicaca.
Le dije adiós con lágrimas en los ojos. Y la verdad
es que le estaba engañando, porque yo había ofrecí,
do volver á visitar á la indiecita de la Candelaria,
EVA CANEL

EL ARTE Y EL REGIONALISMO
No hace un año todavía, trataba yo este tan interesante como latente problema, dando principio á
mi trabajo con estas frases de Bluntschli: La desaparición de las provincias no deja, sin embargo, de destruir
los caracteres originales y los gtiStos naturales: una
gran uniformidad ahoga muchas veces la parte sana
y fecunda de la vida de un pueblo. Parecióme que no
sería sospechoso de regionalismo el eminente pensador, y aun cuando refractario á toda cita en apoyo
ó en contra de las ideas que sustento, por creer que,
buenas ó malas, hoy se necesitan más ideas originales
que textos, sin embargo, no dudé un instante en lo
de transcribir esa gran verdad del autor de la Théorie générale de l' Etat, para no pasar ante los adversarios de la región como uno de tantos fanáticos que
la defienden porque sí; y aún hube de agregar á lo
dicho por Bluntschli lo que Dumas (hijo) dice en
su prólogo de la Femme de Claude: Vivimos en una
época en que cada raza ha resuelto reivindicar y poseer, como quiera que sea, su suelo, su hogar, su lengua
y su templo, por parecerme que podría hacerles daño
la célebre frase de Sieyes.
Prescindo al presente de lo que en mi citado tra·

NúMERO

475

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA CARTA,

7I

cuadro de G. la Monica

bajo decía respecto de la esterilidad á que en artes tenía Sismondi c_uand? escribió su obra citada, ?igan aceite creyendo que era agua, el inflexible San Ber-

y literatura se ven condenadas, desde hace unos I que la larga res1denc1a de los árabes en Espana, el nardo, oponía casi una excomunión á la decorativa
veinte años, las gr~n~es unidades centraliz~doras 1 sol ardentísimo casi africano que derrama su lm?br~
recientemente const1tmdas, como son Alemama, Ita- 1 sobre gran parte de Andalucía, las dos Castillas,
lia y Austria, -y digo recientemente porque en la vida León y Valencia,. si1! que templen sus rayos las mon_de los pueblos ni treinta ni cincuenta años son largas ta1ias de las Provme1as Vascongadas, Navarra, (!alzfechas, - para entrar de lleno en la defensa del regio- cia, Asturias y Cataluña, formasen nuestra nac1onanalismo, hoy combatido con desesperado ardimiento lidad intelectual ( 1 ). Es en vano qu~ se esfuercen en
por quienes debieran meditar con más calma los ar- demostrar que nuestros grandes pmtores del áureo
gumentos que esgrimen; los cuales argumentos, vol- siglo, son ante to_do florescencias b~otadas al ca~or
viéndose contra ellos, les dejan bastante mal para- de la un~dad patn~, y sus obras con1unto armóm_co
dos ante la verdad histórica, la científica y la filosó- de un mismo sentimiento, porque todas esas astucias
fica. Y puesto que desde el punto de vista del arte tan sólo á miopes . pueden convencer, como á provoy á examinar esta cuestión, principiaré diciendo bario voy ahora mismo.
como hace un año: .«Las grandes unidades, obliganDoy de lado á lo de u_n tanto oriental de nuestros
do á pensar, á sentir, á obrar, á desarrollarse con escritores, porque no qmero remover los huesos del
arreglo á un patrón y á un criterio á distintas razas Rey Sabio, de Macías, de Juan Rodríguez, de los
y pueblos, llegan á determinar en éstos, bien la anu- troveros lemosines y provenzales, de gran n~mer~
!ación intelectual, bien la forzosa reivindicación, se- de poetas de la corte de Juan XI de Castilla, m
ñalada por sus naturalezas y por su historia. Así lo hablar del autor de la Allántida, ni de Aribau, ni de
demuestran Irlanda, el Piamonte, la Toscana, el Curros, ni de Rosalía Castro; asimismo doy de lado
Languedoc, la Bretaña, los antiguos Estados de la á lo de sin que templen sus rayos las 1110nta1ias de las
Confederación germana Cataluña y Galicia; regio- Vascongadas, Navarra, etc., regiones que ocupan basnes ó naciones son éstas'que, unas tratando de rom- tante más de la mitad del territorio ibero; ni tamper la amarra centralizadora, otras disponiéndose á poco quiero hacer constar que el movimiento regiouna campaña redentora que les devuelva la libertad nalista no se circunscribe, como dice el señor Sánnecesaria para que sus organismos funcionen sin que chez Moguel, á Galicia y Cataluña solamente, porextrañas ingerencias y distintos criterios puedan tor- que Valencia, las provincias vascas, las Baleares y
cer, adulterar ó anular en nada el modo de ser pe- Asturias, un día y otro prueban lo contrario con sus
culiar á ellas, nos prueban que, así como la ciencia trabajos literarios y artísticos; quiero tan sólo demoderna considera imposible la autoridad absoluta mostrar con la historia de la pintura en la mano lo
de la monarquía, así también el desenvolvimiento inexacto de las afirmaciones de los centralistas.
cada vez más amplio de la inteligencia y la compliVeamos nuestro arte de los tiempos medioevales.
cación cada vez mayor de las necesidades sociales Aun dentro de la idea cristiana, las diferencias de
recha1.an el absolutismo centralizador, que aplica una expresión, de sentimiento, de forma, son tan notamisma medida al terreno llano que al montuoso.» bles como notables también las diferencias de las
Y de todas las manifestaciones intelectuales, la ideas políticas y filosóficas de cada región. El senque más sufrió y sufre con las inflexibles leyes cen- tido estético y religioso de la arquitectura y de la
tralizadoras es la artística. En vano los centralistas iconología é icnografía de las provincias del Norte
sacan á relucir entre nosotros el cristo del siglo de y del Noroeste y la de las de Castilla, Aragón y Caoro de nuestro arte. Es en vano que apoyándose en taluña es tan distinto como su suelo y sus abolenel libro de Sismondi De la littérature du midi de gos étnico é histórico. Dentro del arte mismo de
l' Europe digan que tieµe razón al declarar que el ca- Vezelay y de la isla de Francia, aportado á Cataluña
rácter un tanto oriental de nuestros escritores, se le y Norte de España por los cistercienses, las diferenpresente como grave dificultad para juzgarles con cias se acentúan de visible modo, pues mientras el
acierto, porque este carácter les aparta de los de reformador del Císter, el singular hombre que bebía
todo el resto de Europa; y que, haciendo hincapié
en tal declaración, la cual no favorece gran cosa los
(1) La historia de Es¡,a,1a y los separatismos ¡,,ovinriales.
pretendidos conocimientos que de nuestra literatura Luis Vidart. Ateneo, Tomo III, cuaderno 4. 0

de los monumentos de su orden, por entender pagana la figura é indigna de la severidad de la iglesia
de Cristo, y con arreglo á tal criterio se levantaban
monumentos verdaderamente desnudos de toda otra
belleza que la que pudiera prestarles la línea pesada
de aquella arquitectura; por otro lado, los alientos
revolucionarios de los benedictinos de Cluny venían
en ayuda de los que las escuelas libres de Ripoll y
Celanova daban á los mazoneros, implantando la libérrima escuela artístico-religiosa, que trazó con caracteres de un naturalismo casi heterodoxo la sátira,
el epigrama, el simbolismo teológico. Ahí están Leyre, Ripoll, el Pórtico de la Compostelana, y tantos
otros monumentos que atestiguan lo afirmado.
Pero las distintas regiones de la península, á su
vez diéronle á este arte un carácter perfectamente
ajustado á las tendencias y orígenes de raza. Mientras en las regiones de Galicia y Asturias el sentimiento generador de la obra es sombrío y terrible, y
algunas veces de alto valor histórico por representar
escenas como la muerte de D. Favila, y acusan un
espíritu trabajado por carácter hondamente melancólico, que más entiende el concepto de Dios desde el
punto de vista con que el Dies in.e nos le muestra,
confirmando lo que he sostenido en otra ocasión
aceréa del carácter de la imaginería de estas regiones,
en el que la variedad de mitos, no por cierto antropomórficos, acusan una mezcla de telurismo y lirismo que podría llamarse osiánico, en Navarra y Castilla, si también inspirado en sentimiento bastante
análogo, tuvo sin embargo doble fisonomía, más poética dentro del concepto cristiano y dentro del concepto filosófico; como que recibieron directamente
las ideas cosmopolitas del arte francón.
Pero donde el arte medioeval revistió variedad infinita - para aquellos tiempos - de manifestacione.c;,fué
cuando el gótico dominó el centro de España, pues
son muy pocos los monumentos de tal estilo que se
alzaron en las regiones del Noroeste. Sería tarea larguísima reseñar cómo el epigrama, la sátira, la historia, así profana como religiosa, tuvieron cabida en
las fábricas del ojivo. Sería interminable reseñar
cómo las tendencias regionalistas imprimieron sello
indeleble á la parte decorativa de esos monumentos, dándoles unas carácter naturalista, otras eminentemente teológico, otras tinte pagano. Quienes
pretendan ver un mismo espíritu creador en esa ima-

'"•

�,...r
~~

EN, LAS PLAYAS DEL HAV·RE, cuadro de A . Stevens, grabado por Baude
{Exposición del Campo de Marte, París. 1890)
,:,

SALVE REGINA, cuadro de Luque Rosell6, grabado por Sadurní
(Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, 1890)

~-

~.;,

f 1:~
~.¡:;¡t

.

Jí,

J.,

�74
ginerfa por muchos conceptos admirable, desistan
de estudiar las manifestaciones del arte entre nosotros, porque esos son ciegos.
Las diferencias regionales desaparecen en ese mismo arte al terminar la reconquista. Desde el siglo XVI el arte es uno, obedece ya á la idea de la
uniformidad, á la idea de la unidad impuesta por la
política teocrática. Cesara el mazonismo con el arte
ojival, y la pintura de la escuela Castellana, alentada
por Dello y Massacio, después por Sturmio y VanEyk, en vez de seguir los distintos géneros que los
mazoneros cultivaran, no pudo seguir más que el
religioso. Y aun en este género se advierte un atavismo de muchas centurias. El concepto, la inspiración, más parecen de aquel siglo en que el Abad de
Clara val clamaba: «Por qué, ¡oh Señor!, no has perdonado á tu pueblo!,» que no del siglo en el cual los
Papas, los Médicis y tantos otros príncipes y magnates sostenían el fuego sagrado de la inspiración, perfectamente pagana, de los Migut'!l Angel, Rafael,
Veronés, Tiziano, Vinci, etc. Desde Céspedes, Herrera el Viejo y tantos otros pintores que á Roma
fueran en busca del arte renaciente eón sus nuevas
y distintas fases y caracteres, hasta Coello, viéronse
precisados á renunciar á todo género pictórico que
no fuese aquel que el espíritu intransigente del fanatismo religioso impusiera á título de reconquistador de la nacionalidad española. ¡Ay! El gran arte
español, que aparece genuino bien pasado el primer
tercio del siglo xvI, muere en el segundo del xv11.
Y vivió esos ciento cincuenta años por la poderosa
fuerza genial de los artistas que le sostuvieron, no
ciertamente por la idea dominadora de la unidad,
especie de mansión encantada que se fabricara á la
sombra de la fe católica, la poderosa falange teocrática. El examen concienzudo de nuestra rica pinacoteca de Madrid no da otro resultado que el de admirar la potencia creadora, la virilidad, la nobleza y
el realismo de nuestros pintores, desde el nombrado
Céspedes hasta Coello, y deplorar el estrecho círculo
en que hubieron de moverse aquellos colosos.
Y sin embargo, aún puede observarse en esos pintores del poderoso Estado español la tendencia regionalista, si obscurecida para el desenvolvimiento
de los asuntos, muy clara en el procedimiento. Nadie
que se precie de conocer un poco la historia de nuestra pintura ignora en qué regiones asentaron más la
escuela del Norte y las italianas. Distínguese la escuela llamada Castellana de la de las provincias de
Levante y ésta de la del Mediodía, con tanta claridad
como la Parmesana de la Florentina, la de Brujas de
la de Rotterdam.
Pero no fué esta diferencia regional bastante para
detener el derrumbamiento de nuestra pintura. La
uniformidad centralizadora redujo al género religioso de adoración todo el arte pictórico; y cuando
la fe concluyó de enfriarse y tan sólo la hipocresía
dominó en la sociedad española, ese nervio del alma
dejando de vibrar, no fué ya fuente de inspiración
para el pintor, aun cuando éste respirase un ambiente saturado de incienso y mirra.
Y mientras nuestra funesta centralización uniformista así ahogaba la compleja variedad del arte, la
subdivida Italia, contando artistas de menor mérito,
en ocasiones dadas, que nuestros Zurbaranes y Canos, nos arrollaba por la magnitud de la órbita dentro de la cual se desenvolvía el espíritu creador, y
las minúsculas patrias de los Dureros, Snyders, VanDyk, Teniers y Rembrandt, cultivando la pintura religiosa, sabían sin embargo medir toda la importancia que, para la vida del arte, residía en el mundo
humano y en la naturaleza, y mientras aquí agonizaba nuestra pintura, allí se conquistaba la luz y el
género, las costumbres, la historia y el paisaje adquirían valor propio, suficiente á preparar una evolución total y á determinarle tan interesante como
en realidad le vemos en el siglo xvu1.
Solamente un genio se atrevió á protestar contra
la tiranía dominadora, y á esa protesta, tanto como
á su talento, déb.ele Velázquez ser hoy la admiración
de propios y extraños. Si Velázquez hubiese inclinado la cerviz al yugo de la idea religiosa, su gloria
no sería tan grande, porque no hubiera tenido motivos donde lucir desembarazadamente su privilegiada
paleta. Los holandeses, los venecianos, son más brillantes que nuestros grandes maestros, siendo éstos
superiores coloristas. ¿Por qué? Porque las paletas
de éstos, forzadas únicamente á pintar los dolores
del arrepentimiento que llevó á los ascetas, santos
y frailes á las más extravagantes alucinaciones, no
podían ir en busca de las tintas alegres que en otras
ideas y en otras fases de la vida y del éspíritu humano encontrarían.
Déjense de fantasmagorías los imitaristas. No vengan con la cantilena de que el dePecho público desea constituir una confederación universal; de que la

LA ILUSTRAClON ARTÍSTICA

ciencia en sus más altos ideales tiende al cosmopolitismo; de que en Italia y Alemania, la idea de la
unidad hace acallar antagonismos y preocupaciones
locales, porque esto último es falso, lo segundo no es
nada y lo primero no es cierto.
No parece sino que las luchas de redentistas é
irredentistas, los odios de toscanos, napolitanos y piamonteses, son invenciones de desocupados; no parece sino que los Estados de Nassau, de Wurtemberg
con los demás que componían la antigua Germanía
no protestan un día y otro contra la· absorbente política imperial y muestran su descontento oponiéndose á las exigencias indispensables de un Estado
hecho con astucias y sostenido con bayonetas; no parece sino que Irlanda no tendrá en breve su autonomía y su parlamento y sus leyes, y que Escocia no
será autónoma también. ¿Qué tiene que ver el derecho público en su abstracto idealismo, con las leyes
formadas al influjo del territorio del medio natura! y
de la raza, de que nos vienen hablando desde Hipócrates hasta Montesquieu, el que agrega á estas influencias la del clima 1 Y no hablen del arte ... El arte
no puede existir en Estados donde las grandes fuerzas intelectuales tienen que estar á merced de las
contingencias de una política centralizadora. Hoy,
convirtiendo la mirada á Italia, podemos convencernos de la esterilidad artística en que yace, juntamente con su aliada Alemania. ¿Dónde están los herederos de Donizetti, de Rosini y de Bellini, de
Vagner, de Mozart, de Bethoveen, de Lessing, de
Reine y Ghoete, de los Thorwalssen y Ca nova? ¿Qué
artistas cuentan esos colosos para poner frente á los
ingleses á los suecos y á los franceses?
Nuestro movimiento regional se acentúa cada vez
más, y mientras el imitarismo nacional nos da dos
poetas y medio, - según Clarín, - de las regiones surgen un Verdaguer y un Curros Enríquez; la pintura se
repliega hacia las provincias olvidando la insípida
vida cosmopolita, tan falta de colorido como de arte;
la escultura hace lo mismo que su otra hermana, y
la música emprende redentora peregrinación por las
regiones de la península en busca de originalismos
que no puede ofrecerle la epilepsia y la neurosis de
los organismos cuyas fuerzas se agotan en combatir
las diferencias provinciales, que son las que en algo
sostienen nuestra energía contra la más horrible de
las decadencias que hace muchos años viene enervándonos.
R. BALSA DE LA VEGA
A CREMA SIMON, cold-cream especial de un
L ~recto
seguro contra los barros y las i·rn·tacio11es de la piel,
es in:lispensaole á todas las señoras celosas de conservar el brillo
de su belleza y la frescura de la juventud. Se halla este produrlo
sin rival en cnsa de todos los perfumistas y en casa del inventor/. S/1l!ON, rue de Provence, 36, Pai-ls; pero es preciso
desconfiar_de las falsificaciones y exigir la firma.

NOTICIAS VARIAS
UN EDIFICIO DE 26 PISOS - En la ciudad de Nueva York se inauguró el día 10 de diciembre último
un edificio colosal, destinado á los servicios de publicación é impresión de uno de los principales diarios
americanos, el New- York- World. Este edificio, el
más alto é importante que posee una sociedad particular, consta de 26 pisos y remata en una cúpula
con una linterna cuya plataforma está situada á 93
metros sobre el nivel del suelo. La impresión se efectúa en los sótanos destinados exclusivamente á las
máquinas, y la composición en el piso duodécimo, lo
propio que la fabricación de las materias de impresión; de suerte que los caracteres no salen nunca del
lugar en donde se emplean. La superficie total de
los pisos es de unos 13.000 metros cuadrados; las
columnas de hierro forjado representan una longitud
de 3 kilómetros y de 26 las viguetas; el peso del hierro y del acero que han entrado en la construcción
se eleva á 2.300 toneladas. El edificio es todo de
ladrillo, calculándose que el cubo de los ladrillos
utilizados equivale al de los que entran en la construcción de 250 casas ordinarias.

NúMERO

475

NúMERO

475

75

LA lLUST~ACIÓN ARTÍSTICA

molde, se las somete á una alta presión hidráulica, y
una vez seca la herradura se pule ésta con lima. También puede utilizarse una pasta de papel mezclada
con arena, trementina, laca y aceite de lino litargirio, que se comprime en moldes, de modo que se obtenga, después de la conveniente desecación, una
masa perfectamente homogénea é impermeable; pero
la experiencia ha demostrado que las herraduras así
preparadas son menos fuertes y menos elásticas que
las fabricadas con hojas de papel sobrepuestas. U nas
y otras pueden aplicarse con clavos ó con. una cola
compues'ta de brea mineral y caucho.

NUESTROS GRABADOS
La carta cuadro de G. la Monica.- Conestecuadro ha dado á' conocerse, por decirlo asf, un nuevo pintor italiano, salido de la escuela napolitana, que hace su presentación
en el mundo del arte, no como inexperto bisoño, sino como aguerrido veterano.
El asunto de la pintura por sf solo se explica: la carta, á juzgar por la impresión que en la lectora produce, debe ser epístola amorosa, y las dos jóvenes son á no dudarlo hermanas entre
las cuales no existen secretos y si aquella confianza, aquella
intimidad que tan bien sientan en corazones despertados al sentimiento por una misma madre.
La composición sin ser de alto vuelo acusa verdaderas dotes
artfsticas en ,u autor: un tema agradable, disposición graciosa
de los elementos que integra, corrección en. ~l dibujo, ~xpresión y naturalidad en las figuras, son cond1c1ones suficientes
para justificar nuestro aserto.
.
El sello de elegancia y distinción que en su cuadro ha 5:1b1do
imprimir demuestran que las tendencias del Sr. la Momea se
ajustan á la escuela naturalista que podriarnos llamar del buen
tono y que tantas obras maestras ha inspirado á los pintores de
todo el mundo, pero sobre todo á los franceses, quien~ en la
atmósfera de los salones de la alta sociedad han respirado el
buen gusto que tan de alabar es en todas las manifestaciones
artísticas.

MAÑANA OS ESPERO EN CASA.

II~FOSIBLEI

"
""
Salve Regina, cuadro del Sr. L:uque Roselló.
(Exposición Nacional de Bellas Artes, Madnd, 1890). - Desd_e
Roma envió nuestro distinguido compatriota á la última Exposición que se celebró en Madri~ el cuadro que ~eproducimos, ~
bien se echa de ver que el tal henzo en la campiña romana esta
inspirado, y que quien lo pintara n~ ha d~saprovechado las ~uenas lecciones que en aquella artistJca capital ~e aprenden, 01 ha
desperdiciado las ocasiones que.Para el estu~10 ofrecen en aquel
emporio de las artes bellas la nqueza y vanedad de excelentes
modelos.
Sin negar que algún detalle acuse cierta inexperiencia en su
autor. el Salve Regina ofrece en su conjunto y en las más de
sus partes brillantes toques y notas exquisit~s que patentizan la
existencia de una cabeza que sabe pensar bien y de un corazón
lleno de sentimiento. El espfritu religioso que alienta en lá. población campesina de los alrededores de la capit~l de Italia
está impreso en todas las figuras, cuyos rostros y actitudes guardan perfecta armonia con el estado de sus ánimo? al invocar _á
la amorosa Madre de Dios con la hermosa salutación cuyas pnmeras palabras constituyen el titulo del cuadro.
El paisaje está bien entendido y d_ispuesto d_e modo _que refuerza el interés que el grupo del pnmer término despierta en
el espectador.
En suma, el cuadro del Sr. Luque Roselló demuestra en éste
conocimientos no comunes de los-recursos del arte y da á comprender que el pintor es, como vu)garmente se dice, de la pasta de que se hacen los grandes artistas.

.

"•

En las playas del Havre, cuadro de Alfredo
Stevens1 grabado por Baude. (Exposición del Campo
de Marte. Parfs, 1890). -Nació este pintor en Bruselas en II
de Mayo de 1828 é hizo sus primeros estudios en esa capital, en
el taller de Navez, pasando algún tiempo después á París, en
donde recibió lecciones de Roquelin. Comenzó pintando cuadros
de historia, pero muy pronto abandonó este género para dedicarse á la pintura de las escenas de la vida elegante de la aciu~l
sociedad parisiense, y en esta nue~a fase de su car~era art1st1ca ha producido verdaderas maravillas, que ~on pre~1oso adorno
de algunos museos y sobre todo de las galenas parllculares. De
los primeros, el de Bruselas posee la Alegorla de la pri11!avera
y La visita y el de Marsella el Grupo de mdscaras enMier~o/es
de Ceniza. Entre sus muchos y notables cuadros merecen citarse en primer término: Inocencia, E~ ngalo de A11o 1'.mvo, 1!falla11a en et campo1 Pn'mavera de la vida, etc. Ademas ha pmtado
para el rey de Bruselas cuatro frescos (más tarde reproducidos
al óleo) representando las cuatro estaciones del año, figuradas
por medio de muchachas vestidas á la moderna.
En los Salones de Paris ha obtenido no pocos triunfos. Ausente de ellos durante buen número de años, presentó en el que
en el Campo de Marte organizaron el año pasado los disidentes
capitaneados por Meisonnier, cuya reciente muerte nunca será
bastante llorada, once obras, entre ellas En las playas del Havre, composición hermosa, llena de luz y de vida y con ag_radable perspectiva, cerrada á un !ado P?r unas cuantas ca~1tas y
perdiéndose por el otro en la mmens1dad de la superficie del
mar.
Las bellezas de este cuadro patentizan que los años no han
hecho mella en la privilegiada imaginación y en los vigorosos
alientos de este ilustre pintor, que vive actualmente en París
consagrado por entero al arte que tanta fama y provecho le ha
valido.

LAS HERRADURAS DE PAPEL. - En las esferas militares de Alemania se estudia la sustitución de las
herraduras comunes por herraduras de un papel
comprimido, que á una elasticidad muy favorable
para la marcha une la ventaja de ser insensible á la
acción del agua y de los líquidos de las cuadras.
Esta nueva herradura se compone de hojas de papel
apergaminado y convertido en impermeable por la
acción del aceite de trementina, fuertemente encoladas con una mezcla de trementina de Venecia, blanJABON REAL
JABON
co de España, Jaca y aceite de lino litargirio. Reuni- DE T H R IDA CE 29,t~;;1~;1¡:;:~Paris VELO UTI NE
das varias hojas de papel previamente cortadas ó en- Recomendados »or autoridades mifüas pm la lligieno de la Piel 1 Bello11 del Colo,
coladas desde luego y modeladas por medio de un

IV:IOLETI

(Pág. 77)

NOVELA ORIGINAL DE DON FLORENCIO MORENO GODINO, ILUSTRADA POR CABRINETY

(CONTINUACIÓN)
Desde los primeros días de su estancia en la corte
de España quiso pensar en el porvenir, pero le faltaba ese empuje provinciano, ese deslumbramiento
de los esplendores sociales, esa jltxibz1idad necesaria
al que pretende adquirir fortuna ó posición. Marcial
tenía la levadura madrileña: desdeñaba las grandezas
como si hubiera nacido entre ellas. Sin embargo, su
espíritu no era bajo. La sangre de los Bernáldez de
Toledo fermentaba en él exigencias aristocráticas,
pero delicadas: vida lujosamente retraída, exquisitas
filigranas íntimas y el noble abandono hacia las cosas
vulgares de la existencia.
La altivez de carácter unida á la rectitud engendran la indolencia moral, á veces completamente independiente de la física. En Marcial había algo de
la una y de la otra.
Agotados sus últimos recursos, comenzó á vislumbrar la miseria, !a miseria de levita, la más terrible
de todas. Afortunadamente se relacionó en un café
con un joven, especie de urraca literaria, que se ocupaba en traducir obras francesas, el cual le proporcionó trabajo, aunque mezquinamente retribuído.
Marcial, educado en París y luego por su padre, que
era un cumplido caballero, poseía perfectamente los
idiomas europeos más usuales, y merced á esta circunstancia pudo, aunque parcamente, atender á sus
necesidades, á las de su fiel criado y permitirse además el lujo de conservar el caballo que había sido
de su padre.

XII
Marcial estaba perdidamente enamorado d~ la
princesa Elena, pero se limitaba á verla de lejos en
su carruaje, porque ésta, convaleciente aún de su
caída en el Retiro, no salía nunca á pie.
A conse~uencia de sus cavilaciones amorosas y de
sus prolongadas tareas, nuestro joven sufrió un ataque cerebral que le postró en cama durante algunos
días. La juventud triunfó de la enfermedad, y la convalecencia fué rápida. Apenas vuelto á su estado normal y no bien se halló con fuerzas suficientes, Marcial, ansioso de ver á la que no se apartaba de su
pensamiento, se dirigió hacia la morada dP. la princesa.
¡Con cuánta agitación y temor mezclado de esperanza se aproximó á la casa de la calle de Hortaleza,
Y cuál fué su angustia al notar en ella todo el aspecto de un edificio deshabitado! Las persianas de todos
los balcones estabarr cerradas; por las rejas de las

cuadras, situadas al nivel del suelo y abiertas de par
en par, no salía ya el ruido del relincho y pisadas de
los caballos, ni las voces de los mozos que los cuidaban; ningún criado atravesaba el patio, y finalmente,
todo anunciaba allí la ausencia de sus dueños.
Imposible sería expresar la inquietud de Marcial,
que no obstante conservó alguna esperanza, no resignándose á perder de un golpe todas sus ilusiones.
Resuelto á salir de dudas á toda costa, se aproximó
á la puerta de la verja del patio, que estaba solamente entornada; pero al ir á entrar se detuvo dominado por su timidez.
Por fin se decidió á atravesar el patio, verificándolo precipitadamente para no tener tiempo de reflexion:u, y golpeó en la puerta con un pesado llamador,
de bronce.
Escuchó atentamente, pero nadie respondió.
Una vez decidido, alzando de nuevo el llamador,
dejóle caer repetidas veces .
- ¿Quién es?, gritó una voz desde dentro; y luego,
abriéndose una ventana situada al lado de la puerta,
asomóse á ella una mujer, ya de edad, que dijo:
- ¿Qué se le ofrece á V.?
- Saber si el señor príncipe de Lodiski vive aquí
todavía.
- El señor príncipe marchó á San Petersburgo
hace tres días.
- ¡Gracias!, repuso Marcial haciendo un esfuerzo
para aparentar serenidad, y alejándose con apresuramiento sin oir á la portera que gritaba:
- ¡Eh, caballero! ¿Traía V. algún recado para el
señor príncipe?
Luego que salió del patio, Marcial tomó calle arriba y salió al campo como en la tarde en que Elena
le devolvió el libro olvidado en el Retiro. Metióse
por una senda abierta en un campo sembrado, comenzó casi á correr, bien así como el corzo herido
que con sus veloces carreras pretende aliviar su violento dolor, y rendido de cansancio tuvo que detenerse y sentarse en el suelo ... Allí permaneció mucho tiempo con los ojos fijos y al parecer sereno ...
¡Pero ¡ah! qué serenidad!
¿Qué pasaría en aquel corazón despedazado?
Hubo un momento en que llevó las manos á la
cabeza como si quisiera retener su pensamiento,
pronto á abandonarle. Luego prorrumpió en sollozos
sofocados, que después dieron curso á torrentes de
lágrimas y desahogaron su pecho oprimido.
¡Oh! ¡Benditas sean las lágrimas; ellas son la alegría del dolor!

XIII
Tres horas después, Marcial entraba en su casa.
Estaba situada ésta en la calle del Sombrerete, en
el piso bajo de un mezquino edificio, y se componía
de tres piezas muy reducidas y un patio pequeño,
donde había una cuadra, en la que apenas podía revolverse el caballo del joven.
Al verle entrar Bernardo, su viejo y fiel criado,
quedóse sorprendido observando la dolorosa agitación que revelaba su semblante.
- Bernardo, dijo el joven dejándose caer sobre
una silla, ¿mañana es jueves?
- Sí, señorito.
- ¿Día de mercado?
-Creo que sí.
- Pues bien: mañana irás al mercado y venderás
el caballo.
- ¿Qué caballo?, preguntó el criado, no seguro de
haber oído bien.
- ¿Cuál ha de ser? Orión. ¿Tenemos otro acaso?
- ¡Vender Orión!, exclamó Bernardo en el colmo
del asombro. ¿El caballo de su padre de V.?
- Sí, el caballo de mi padre, interrumpió el joven.
La placa, la caja de oro de mi padre, el bastón de
concha de mi padre; todos los objetos de algún
valor.
Bernardo estaba mudo de sorpresa, y miraba á su
joven amo creyendo descubrir en su semblante síntomas de locura. Aun en días de las mayores privaciones, Marcial no había querido desprenderse de
aquellas prendas amadas.
- Tengo que emprender un largo viaje, repuso el
joven.
- ¿Usted solo, señorito?
- Ni me atrevo á proponerte que me acompañes,
porque el país adonqe voy es muy lejano y poco
conveniente á tu edad, sobre todo no contando con
más recursos que la Providencia, ni me decido á separarme de ti dejándote abandonado.
- Señorito, dijo el fiel criado, ¿hay posibilidad de
que yo acompañe á V. como siempre?
- Creo que sí.
- Este pobre viejo ¿no servirá á V. de estorbo?
- ¿Qué dices, Bernardo? ¿Por ventura puede estorbar un padre? Y tú hace muchos años que lo eres
para mí.
- Pues entonces, si V. me lo permite, le serviré y
le seguiré hasta el fin del mundo.

�76

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

PARTE SEGUNDA

I
Una noche, terminada la representación de la ópera, el vestíbulo del Teatro Imperial de San Petersburgo estaba lleno de gente que esperaba sus carruajes.
Algunos rezagados iban saliendo del interior, y se
confundían con los que ya estaban aguardando.
Estos últimos momentos de despedida no son los
menos agradables. El vestíbulo de un teatro es una
especie de sucursal, donde en los primeros instantes
se cotizan valores y se realizan operaciones hasta entonces indecisas.
Las últimas miradas dicen quizá la última palabra
y expresan el último pensamiento.
Los aficionados observan á las mujeres nuevas ó
desconocidas, porque notoria es la diferencia que
media entre la mujer sentada en su palco, en la lejanía, y la mujer cuyos ojos se ven de cerca, cuya mano ó pie pueden estudiarse; haciendo por estos y otros
signos la deducción de su carácter.
El vestíbulo íbase desocupando poco á poco; no
obstante, aún quedaban algunos corros, especialmente de hombres, porque todavía no habían acabado de
salir los más cómodos ó menos presurosos.
Casi al mismo tiempo cesaron durante un instante
todas las conversaciones, y todas las miradas se fijaron en la puerta interior del teatro.
Acababa de presentarse una linda joven envuelta
en un abrigo de cachimir y en medio de dos caballeros, en el brazo de uno de los cuales se apoyaba. Era
éste casi anciano, mientras que al otro difícilmente
podría calificársele de joven, pues se hallaba en esa
edad crepuscular conocida con el nombre de pollería.
- ¿Qué trío es ese?, preguntó un caballero bajo,
moreno, rechoncho, y que no obstante estas cualidades físicas era inglés, calándose los lentes para mirar
al grupo que acababa de presentarse.
- Vuestra calidad de extranjero, milor, disculpa
la pregunta; porque ¿quién en San Petersburgo no
conoce al príncipe Lodiski, factotum y consejero íntimo del Emperador, á su preciosa hija Elena, que
tiene tantas gracias como miles de rublos de dote, y
al baroncito de Ignatief, sobrino del primero, y por
consiguiente primo de la segunda, por lo cual parece
renunciar á sus pollescos triunfos amorosos?
El que de este modo contestó á la pregunta del
hijo de Albión era un joven diplomático, convaleciente, según se decía, de los desdenes de la princesa
Lodiski.
Esta, durante el diálogo anterior, fuése aproximando lentamente, acompañada de sus dos caballeros,
hasta llegar al comedio del vestíbulo.
La princesa estaba tan linda como la hemos conocido en Madrid: pero un airecillo de gravedad había
sustituído á la infantil expresión de su semblante;
cuatro meses son un siglo en la vida de la mujer, sobre todo en los primeros albores de la adolescencia.
En torno de la linda joven se formó un grupo de
hombres de distintas edades, que se acercaron á saludar á ella y á su padre. Elena hablaba con todos,
mirando con cierta impaciencia hacia la puerta exterior, como deseando que el ujier anunciara la aproximación de su carruaje..
De repente, y durante un momento en que sus
miradas vagaban distraídas, fijáronse con insistencia
en un rincón del vestíbulo. Había allí un grupo de
cinco ó seis caballeros, y detrás de éstos, á alguna
distancia, un joven envuelto en un paletó y casi incrustado en una columna. El grupo se deshizo precisamente en el instante en que Elena miraba hacia
aquel lado, y ésta pudo ver al joven y quizá sorprender la dirección de sus miradas.
Se puso muy pálida; se apoyó más en el brazo de
su padre, y luego quedóse pensativa. contestando
maquinalmente á las palabras que la dirigían.
He aquí la síntexis de sus pensamientos:
«Es él; ha venido á San Petersburgo, sin duda por
causa mía, para verme. ¡Pobre joven! ¡Hacer un viaje tan largo, quizá con escasos recursos! Tal vez me
sigue á todas partes en los pocos días que hace que
he venido. No sé qué hacer, ni cómo agradecerle su
sacrificio! ¡Dejar su patria por mí! Porque indudablemente es por mí. ¿Dónde vivirá? ¿Cómo vivirá? ¡Parecía tan pobre! ¿Quién será? Tiene un aspecto muy
distinguido, Me ama, no cabe duda; pero él mismo
conoce los obstáculos que nos separan. Debe ser discreto. ¿Cuál será su pensamiento? ¿Qué puedo y debo
hacer yo? ... »
Durante este rápido monólogo mental, la princesa
no pudo menos de mirar al joven, á quien el lector
habrá ya conocido; pero al mismo tiempo que ella le

miraba, había una persona que observaba á los dos.
- Prima, dijo el baroncito de Ignatief, ¿conoces á
aquel joven que está allí enfrente, inmóvil como la
sombra de Bancuo en el festín de Macbeth?
- No, contestó la princesa afectando indiferencia.

II
Tres días después en la revista semanal de un diario político de San Petersburgo se leían las siguientes líneas:
«Háblase también de un duelo misterioso entre
dos jóvenes, uno de ellos extranjero, el otro muy conocido en el mundo aristocrático. Parece ser que el
lance se verificó en Caterinenhof, de noche, siendo
uno de los testigos un célebre cantante que con este
motivo tuvo que revelar el nombre ilustre que oculta
bajo el de artista. Ambos contendientes quedaron
heridos, uno de ellos de alguna gravedad. ¿Quién
será ella?»
La princesa Elena leyó estas líneas momentos
después de haberla entregado su padre una carta del
barón de Ignatief, en la que éste se despedía para
sus posesiones de Wolhinia.
Este inesperado viaje, sin despedida personal, unido á la noticia del duelo que acababa de leer, sobresaltó á la hermosa joven, pues recordando la pregunta que su primo la hizo en el vestíbulo del teatro,
referente á su incógnito adorador, receló que ambos
jóvenes fuesen los protagonistas del lance de que
hablaba el periódico. La ausencia de su primo, que
pudiera ser un pretexto para no presentarse en público, daba visos de certeza á esta sospecha. No obstante, la princesa trató de desechar sus tristes presentimientos, fundándose en lo absurdo y novelesco
de aquel duelo; mas por otra parte, conociendo el carácter loco y arrebatado de su primo, juzgábale capaz
de una provocación infundada. Había en todo aquello una circunstancia que aumentaba su inquietud;
según el periódico, ambos contendientes estaban heridos, uno de ellos de gravedad. ¿Quién de los dos
sería éste? El barón escribía de su puño y letra, luego no era él y sí su adversario.
Elena conservó alguna esperanza aguardaron ver
al joven extranjero en el teatro. En dos días no había habido función, al tercero, instalada en su palco
comenzó á mirar hacia todas partes. En vano: acabóse la representación, y la princesa, que á la salida
se detuvo en el vestíbulo del teatro cuanto la fué posible, volvió á su casa tristemente preocupada.
Tres ó cuatro días pasados sin ver en parte alguna
al objeto de sus inquietudes y algunas palabras vagas y afectadamente indiferentes, arrancadas á amigos íntimos del barón de Ignatief, que frecuentaban
su círculo, contribuyeron á aumentar la inquietud de
Elena. Indudablemente alguna causa extraordinaria
motivaba el retraimiento del joven extranjero. Su
instinto de mujer la probaba claramente que era
amada y que no era vista por su amante, y no ·bien
adquirió esta última convicción, supuso como casi
indudable la idea del duelo.
Este pensamiento la atormentaba Pensaba en
aquel pobre extranjero, abandonado quizá, herido,
muerto tal vez, y todo por ella, por seguirla lejos de
su país, por amarla ...
¿Dónde estaría, cómo podría saber de él? ¿Qué la
era dado hacer para aliviar su desgraciada suerte?
El amor verdadero es una chispa que acaba en un
incendio; mas para producir este incendio es necesario quemar mucho combustible. Las grandes pasiones nacen casi siempre de los grandes obstáculos
y de las grandes contrariedades. El amor fácil en su
base se derrumba prontamente; para sentir la pasión
es preciso padecer.
La princesa Elena comenzaba á padecer.

III
Mlle. Brian era la modista de moda en San Petersburgo.
Tenía un magnífico almacén de novedades que
ocupaba tres pisos en Perspectiv de Nersecy, y aun
cuando empleaba numerosas oficialas, no se daba
mano para atender á su innumerable parroquia de la
corte de Rusia y de las principales ciudades del imperio.
Verdad es que la habilidad de Mlle. Brian rayaba en lo maravilloso; había sabido adunar la fantasía vaporosa de las modas francesas al severo gusto
de los pueblos del Norte; había inventado ese cómodo y elegante abrigo llamado Waterproff; dió la norma para emplear convenientemente los rulós; supo
antes que ninguna casar los colores tórtola, rayo de
sol, agua marina é iris con el amaranto bronceado de
,Florencia, y finalmente adquirió la imperecedera glo-

NúMERO

47 5

ria de bautizar el tafetán gris con el nombre de color
crepúsculo.
Mlle Brian justificaba su peregrino buen gusto
de un modo muy ingenioso y muy lisonjero para ella;
afirmaba que la verdadera elegancia es exclusiva
cualidad de las razas aristocráticas, y ella pretendía
descender de la noble familia francesa de Briancourt.
Un casamiento desigual de uno de los miembros de
tan ilustre estirpe hizo que ésta le obligase á suprimir la última sílaba de su apellido.
Mlle. hacía doce años que estaba establec;ida en
San Petersburgo, y nunca había querido casarse. Tenía treinta de edad y un palmito muy agradable; lo
cual, unido á su habilidad, que le proporcionó una
buena fortuna, atraíanla algunos pretendientes á su
blanca mano, á los que ella desahuciaba después de
haber mediado algunas coqueterías.
Porque Mlle. Brian era algo coqueta.
U na tarde se paró una berlina delante de la puerta
del almacén de novedades de Mlle. Brian: dos señoras se apearon y entraron en la tienda.
Eran la princesa Elena y su aya. La oficiala mayor
del establecimiento se adelantó á recibirlas, y dijo:
- Aunque Mlle. Brian no puede hoy recibir á
nadie, creo que debo hacer una excepción por deferencia hacia la señora princesa. Voy á avisarla.
La célebre modista se daba, por lo visto, todo el
tono propio de su alta importancia social.
Las dos señoras esperaron en una sala de recibo
que había en la trastienda.
Momentos después presentóse la dueña de la casa.

NúMERO

475

- ¡Ah, señora princesa! Ignoro la causa de esta
desgracia; bien es verdad que respecto á él apenas
sé nada.
- Decís que es extranjero: ¿de qué país?
- Español.
- La princesa hizo un brusco movimiento, reprimiendo una exclamación El recuerdo de su incógnito amante y del duelo surgió impetuoso en su imaginación.
- Mi querida Mlle., dijo procurando ocultar su
emoción, hace tiempo que nos conocemos; vuestros
pesares no pueden serme indiferentes y desearía que
fueseis más explícita.
- ¡Ah, señora princesa! Lo que á mí me pasa es
toda una novela; temería molestaros ...
- De ningún modo, y á no ser que dudéis de mi
discreción ...
- ¡Qué decís, señora princesa! Agradezco en el
alma vuestro interés; pero ...
- Vamos Mlle., tendré una satisfacción en procurar consolaros. Estáis muy pálida y conmovida, lo
cual demuestra que os suceden cosas graves. Yo soy
una niña, pero Eduvigis tiene mundo y experiencia,
y quizá podrá serviros de algo.
Mlle. Brian halagada por aquel aristocrático inter¿s y experimentando los impulsos de su locuacidad habitual, estaba deseando hablar.
- Si la señora princesa, dijo, tiene la bondad de
permitirme dar una vuelta por el cuarto del enfermo ... , porque temo que mi relato sea un poco largo.
- Id, Mlle., os esperamos.
IV

La princesa al verla experimentó alguna sorpresa.
Mlle. Briand, que de ordinario mostraba un aspecto alegre y satisfecho y un semblante rebosando
frescura y salud, estaba pálida, ojerosa y triste; el
primoroso esmero de su traje había desaparecido y
todo indicaba en ella una mudanza extraña en su
modo de ser habitual.
- ¿Os ocurre alguna novedad, Mlle. Briand?, preguntó la princesa.
- Sí y no, señora princesa; contestó la modista.
Hay un en(ermo en casa, aunque no de mi familia.
- Vuestro aspecto indica que pasáis malos ratos.
- Cierto, señora princesa, tengo un corazón demasiado sensible. ¡Cómo ha de ser!, repuso suspirar1do. Dios sin duda me castiga por mi pasada alegría
é indiferencia.
- No os comprendo.
- Ni yo me comprendo á mí misma, señora princesa; pero la verdad es que desde-que conocí á ese
joven ...
- ¡Ah! ¿Un joven?
- Sí, señora princesa ... Pero soy impertinente.
Supongo que desearéis ver los nuevos encajes de
Nancy y ...
- Poco á poco, Mlle. Brian, interrumpió la princesa; no me tengáis por tan frívola y por tan indiferente á vuestros disgustos. Habéis dicho que tenéis
un enfermo. ¿Quién es?
- Sois muy bondadosa, señora princesa; el enfermo, ó mejor dicho, el herido, es un joven extranjero.
- ¡Un joven extranjero herido 1, volvió á interrumpir la princesa, cuyo corazón latía de emoción. ¿Y
cómo se halla herido? ¿Quién es?

77

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La princesa aguardó la vuelta de la modista con
la mayor impaciencia. Como ella no le sabía, creyó
excusado preguntarle el nombre del herido; pero esta
circunstancia y la de ser español, apenas la dejó dudar respecto al recelo que abrigaba. Ciertamente,
aquel joven herido espa1iol no podía menos de ser el
incógnito de Madrid y del vestíbulo del teatro de la
Opera. En esta creencia, sólo la conveniencia social
hízola reprimir su deseo de acompañar á la modista
en su visita al enfermo, y mientras la esperaba pensó en la extraña casualidad de haber quizá encontrado á la persona origen de su inquietud durante tantos días. ¿Qué tendría que ver el joven español con
Mlle. Brian? ¿Por qué ésta demostraba tan grande
interés por él? ¿Se amarían quizá? Esta suposición,
aunque contrariaba un tanto á la princesa, la satisfacía en cierto modo. Se conocía á sí propia; comprendía que su altivo y delicado corazón, débil contra
una pasión profundamente sentida, rechazaría orgullosamente el vulgar amor de un hombre indigno de
ella,
La presencia de la modista interrumpió sus cavilaciones.
Mlle. Brian dejó sobre un velador una caja de
encajes que traía, é iba á abrirla, pero se detuvo al
oir á la princesa, que dijo:
- Dejemos eso, luego lo veremos. Sepamos vuestros disgustos, Mlle. ¿Cómo está el herido?
- Le he encontrado durmiendo, lo cual me parece buen síntoma. ¡Pobre joven! ¡Si supierais cuánto
ha sufrido,,cuánto ha delirado!
- ¿Pero es grave su estado?, preguntó la princesa.
·
- Lo ha sido. Desde ayer el médico dice que responde de su curación.
·
- ¿Decís que no es de vuestra familia?
- Apenas le conozco, porque él y su criado son
tan reservados ... En fin, ya que os dignáis interesaros, os referiré en las menos palabras posibles la
causa de hallarse en mi casa ese joven, que en mal
hora vino á ella.
- Os escuchamos con la mayor atención, Mlle.,
dijo la princesa, cada vez más·curiosa é inquieta.
La modista cerró la puerta que comunicaba con
la tienda, y sentándose al lado de ambas señoras,
dijo:
- Aunque mi almacén no ocupa más que los primeros pisos de la casa, tengo tomada en alquiler toda
ella, accediendo á las condiciones de su dueño. El
último piso me es enteramente inútil, y como está
dividido en varias habitaciones, suelo subarrendarle
á personas generalmente de escasos recursos, pero de
estado decoroso y de buenas costumbres. Hace cerca de tres meses, á fines de agosto, admití á un joven extranjero, profesor de lenguas, y á su criado, en
clase de pupilos, pero según mi costumbre, sin asistencia, y sí sólo para ocupar una de las habitacio~es. Desde el momento en que le vi me interesó este
Joven, que se llama Mr. Marcial Bernáldez de Toledo, ilustre apellido, según su criado, y que sin duda
da origen al orgulloso, aunque benévolo carácter de
aquél.. .
_

La princesa experimentó un movimiento de satisfacción al oir estas palabras; su adorador, por lo menos, no llevaba un nombre obscuro.
La modista prosiguió:
- Digo que me interesó, señora princesa, porque
no os podéis figurar lo simpático y lo naturalmente
elegante que es. Además, tiene un gran talento, mucha instrucción, un trato sumamente fino, y para mí,
que tengo buen corazón, otra cualidad: la de la pobreza, noblemente soportada; porque Mr. Marcial,
es tan pobre, ó mejor dicho, se destaca tanto su estado de sus merecimientos, que inspira respetuoso y
compasivo cariño. Yo no sé si fué la compasión, ó
que había llegado mi hora, pero lo cierto es que comencé á interesarme más de lo regular por aquel
pobre extranjero que tan lejos de su patria tenía que
ganarse la vida á fuerza de trabajo. Hasta que él
vino á mi casa, rara vez subía yo al último piso, pero
desde entonces dí en hacerlo con frecuencia, y tuve
ocasión de observar la parquedad de alimentos de
mis nuevos pupilos y las asiduas ocupaciones á que
se entregaba Mr. Marcial, pues además de dar lecciones de varios idiomas, se ocupa en hacer traducciones para yo no sé qué editor. Quise entablar relaciones algo más frecuentes y de alguna más intimidad
con mi huésped, á fin de aliviar en algo su precaria
situación; pero él se mantuvo siempre reservado. Intenté valerme de su criado para conocer algo de su
vida pasada y el motivo de haber venido á Rusia;
pero su criado es casi tan inabordable como él. Esta
conducta y mi creciente interés por Mr. Marcial me
tenían desasosegada, hasta que hallé un medio muy
sencillo de verle y tratarle con más frecuencia.
V

- Mr. Marcial, como ya os he dicho, es maestro de
lenguas. Posee perfectamente varios idiomas, incluso
el ruso, que ha aprendido en el poco tiempo que lleva en este país. Le rogué que me diese lecciones de
italiano, pues ciertamente es fastidioso ir á la Opera
y entender á medias. El accedió, como era natural,
y todos los días me dedicaba una hora, que á mí me
parecía un minuto. Con este motivo fué creciendo
mi simpatía y pude apreciar la exquisita urbanidad
de su trato, lo cual no excluye en él cierta orgullosa
reserva. Como mis fines eran buenos, así como también el móvil que me guiaba, no os ocultaré que puse
en juego cuantos honestos medios me sugería mi imaginación para demostrar á mi joven maestro el interés
que me inspiraba, y hasta me valí de su criado á fin
de hacerle comprender mis intenciones, encaminadas
á darle mi mano y una mediana fortuna honradamente ganada. Mas ¡ay!, todo fué en vano; Mr. Marcial continuó en su fría reserva, incomprensible entonces para mí, porque al cabo algunos me hallan
linda, y no siempre un pobre extranjero encuentra
proporciones por el estilo. Yo sabía por su criado
que Marcial es soltero, huérfano y enteramente dueño
de sus acciones; pero dicho criado no pudo ó no quiso
nunca decirme lo que desgraciadamente he sabido
después.
- ¿Habéis sabido, pues, algo referente á ese joven?,
preguntó la princesa.
- ¡Ah! Sí, señora princesa. Ya veréis, prosiguió la
modista. U na fatal casualidad me ha hecho comprender su indiferencia hacia mí. Mr. Marcial se retiraba
tarde algunas noches. Según me dijo iba á la Opera
con alguna frecuencia, y he hecho la observación que
al día siguiente al que asistía al teatro estaba aún más
preocupado que de costumbre; porque se me ha olvidado deciros que siempre está triste.
El corazón de la princesa latía violentamente.
- Una noche, continuó Mlle. Brian, cuando iba
á acostarme, sentí el ruido de un carruaje. Llamaron
á la puerta, y juzgad de mi doloroso asombro, cuando, atraída por un ruido de voces inusitado, vi á mi
huésped sostenido en brazos de dos caballeros, pálido como un muerto y al parecer exánime. Dí un grito y·me desmayé, porque en la camisa de Mr. Marcial vi manchas de sangre ...
- ¿Estaba herido?; interrumpió la princesa.
- Sí, señora princesa, herido según parece en un
duelo, cuya causa aún no he podido saber. Cuando
volví en mí corrí al cuarto de mi huésped, y le hallé
en la cama y á su lado un cirujano, que concluía de
vendarle una herida que tenía en el costado derecho.
- De la cual está ya en vías de curación, segün
parece.
- Eso dice el médico, y en verdad que no he tenido yo la menor parte en este feliz resultado; pues
desde el primer momento me constituí en enfermera.
¡Ah, señora princesa! ¡Qué días y qué noches ha pasado ese pobre joven y qué malos ratos me ha hecho
sufrir! Mr. Marcial deliraba de tal modo que partía
el corazón el oirle. Afortunadamente la violencia de

la calentura ha cedido y la herida va bien. La noche
en que le trajeron herido creyeron peligroso subirle
á su cuarto, por cuya razón se halla en el mismo piso
en que yo habito, lo cual me ha facilitado los medios
de cuidarle, como, me atrevo á decirlo, no ha sido
cuidado enfermo alguno, aunque pronto adquirí el
convencimiento de que Mr. Marcial nunca dará á
mis cuidados la debida recompensa.
- ¿Por qué razón?, preguntó la princesa.
- Por una muy sencilla, porque Mr. Marcial está
enamorado.
- ¿Enamorado?
- Como un loco, á juzgar por una carta suya que
he leído.
-¡Ah!
- La noche en que le trajeron herido, su criado y
yo abrimos una cómoda que tiene en su cuarto, con
objeto de buscar trapos y vendas, y yo ... sé que hice
mal, pero excitada por el interés, cometí la indiscreción de leer una carta de mi huésped, dirigida á un
amigo suyo. ¡Ah, señora princesa! Dios me ha castigado por mi mala acción, porque su lectura ha desvanecido mis ilusiones.
- Ese joven ¿habla en ella de sus amores?
- ¡Pero en qué términos, con qué fuego, con qué
exaltación! Según parece está enamorado de una gran
señora y se desespera por los obstáculos que se oponen al logro de su amor.
- Debe ser curiosa esa carta.
- Si queréis os la enseñaré; es decir, una copia
que he sacado ...
- Me parece, Mlle. Brian, dijo el aya de la princesa, que habéis hecho mal, y que la princesa no
debe conocer secretos de nadie.
La princesa comprendió la advertencia de su aya.
Se puso en pie, hizo una seña á la modista y se
dirigió al velador en donde ésta había dejado la caja
de los encajes.
Mientras ambas jóvenes los examinaban, la princesa dijo en voz baja:
- Mañana os espero en casa. Creo conocer algunos antecedentes respecto á ese joven, y tal vez el
objeto de su amor. ¿Iréis?
- No faltaré, señora princesa.
- Llevad la copia de esa carta.
- Está bien, dijo la modista. ¡Ah!, repuso exaltada
por una idea. Vuestro nombre, señora princesa, ¿es
Elena?
-Sí.
- ¡Oh! ¿Seríais vos?
-¿El qué?
- El nombre de la amada de Mr. Marcial es
Elena ...
- Id mañana á casa, Mlle. A las diez si os es
posible.
Momentos después la princesa y su aya salían del
almacén de modas.
VI
Aquella noche muchos de los habitantes concurrentes al teatro de la Opera notaron el aire distraído
y preocupado á la vez de la princesa Elena Lodiski.
En efecto, la hermosa joven prestaba escasa atención al espectácufo y respondía por monosílabos á
las preguntas que la hacían, y antes de acabarse la
representación abandonó el teatro, pretextando una
gran jaqueca.
Ya en su casa, despidió á su doncella y se encerró en su cuarto.
No se acostó, sino que acercando una silla al lado
de la ventana, que daba al jardín, comenzó á mirar
hacia fuera por entre los cristales.
Así permaneció algún tiempo sin sentir el frío de
la noche, abrasada por sus pensamientos.
De repente rompió á llorar. El recuerdo de Marcial, pobre, expatriado, herido por ella, conmovióla
en lo más íntimo de su alma.
Luego buscó en su pensamiento una idea de solución para aquellos amores casi imposibles; idea que
se la ocultaba con insistencia. Había en su mente un
caos que no podía aclarar.
Como la loca de la casa es ilógicamente incomprensible, enhiló en el pensamiento de Elena todos los
recuerdos más recientes, y súbito transportó á la joven
al Retiro de Madrid, en una de aquellas ardientes
mañanas de primavera en que jugueteaba con su perrita delante de Marcial.
En medio de la noche hallóse inundada de sol, su
corazón palpitó de alegría, y olvidó los obstáculos
que la separaban del joven extranjero.
Así es la jventud: rechaza el dolor como ilógico.
El reloj de la iglesia de San Isaac, que di6 pausadamente las tres, hízola salir de su éxtasis. Tuvo frío
y pensó en acostarse.
( Co11tin11ará)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

za hasta la parte superior del aparato, en A' (n.° 2 de
la fig. 1 ). Pues bien: si en el instante en que empieza
la ascensión de la caja, después de parado el manuLAS TROMBAS
brio, movemos éste muy de prisa de izquierda á de·
EXPERIMF.NTOS Y ORSERVACIONES
recha, la velocidad de ascensión de la caja y la fuerza del choque aumentan. Suprímase la fuerza espiral
El día 6 de mayo de 1884 pude observar en la
de las trayectorias y la caja cilíndrica no subirá por
Alameda de la ciudad de Monterrey (México) una
grande que sea el movimiento de rotación; suprímanse, pues, las trayectorias espirales de un torbellino y
éste carecerá de fuerza para levantar objetos más pesados que el aire.
Como en este aparato eminentemente sencillo los
hechos del experimento concuerdan con la observación de los fenómenos naturales, paréceme interesante dar á conocer la idea que en su construcción me
ha guiado.
Si se pudiese determinar cómo se elevan en la at·
mósfera dentro del radio de acción de un torbellino
cuerpos más pesados que el aire, se conocería el secreto
mecánico de ese torbellino, sobre todo si el tal secreto consiste, como creo, en la forma espiral de sus
movimientos. Esto me ha inducido á dar á mi aparato (fig. 1) el nombre de tromba mecánica.
Después de haber estudiado el mecanismo de las
trombas terrestres y queriendo ensayar la aplicación
de los mismos principios al agua, decidíme á abordar
el examen de las trombas marinas.
El aparato representado en la fig. 2 sirvióme para
SECCIÓN CIENTiFICA

NúMERO

475

aparato, un movimiento de relojería hace mover el
cono abierto que está sumergido en el agua contenida en la caja: la transmisión se obtiene por medio de
una correa sin fin que mueve una polea relacionada
con un mecanismo sencillo que produce la rotación
del cono vertical alrededor de su eje.
Para hacer er experimento se coloca en su puesto
el cono (fig. 2, n.° 2) que, al funcionar el mecanismo,
adquiere una gran velocidad de rotación, por cuya
virtud el agua sube deslizándose sobre la pared inferior de aquél y se escapa por la superior en forma de
lluvia parabólica (fig. 2, n.° r). A nuestro modo de
ver, este experimento produce una verdadera tromba
de agua en miniatura con todos sus caracteres distintivos.
En nuestra opinión, el fenómeno se produce en la
naturaleza de la manera siguiente. E l sol calienta el
aire en un punto cualquiera de la atmósfera, lo enrarece y lo hace subir: el aire que rodea ese punto se
precipita centrípetamente, y entonces, por virtud del
choque de las corrientes aéreas, surge el movimiento
de torbellino precisamente en el punto por donde
la absorción se verifica. El remolino queda formado,
siendo invisible si sólo de aire se compone, y visible
si en su masa entran el polvo terrestre ó los vapores
ó polvillos de agua del mar.
La fuerza centrífuga, generatriz de las espirales ascendentes que á medida que se eleva encuentra me-

NúMERO

LA

475

nes más rápidos apenas corren á razón de 30 metros
por segundo, y que la velocidad en los descensos en
los pozos de las minas nunca excede de r 5.
Para hacer práctica esta maniobra, basta recoger
sanos y salvos á los viajeros al término de su caída,
y poder remontar rápidamente la caja_. .
Por lo que hace á la primera cond1c1ón puede satisfacerse dando á la caja la forma de bala de cañón
con la punta muy larga y pronunciada y recibiéndola
en un pozo lleno de agua de suficiente profundidad.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

M. Ch. Carron, ingeniero de Grenoble, ha estudiado analíticamente las condiciones en que se efectuaría la penetración de ese proyectil en el. a.gua y las
reacciones que habrían de soportar los v1aJeros: las
conclusiones de este estudio demuestran que nada
se opone, ni teórica ni práctica1!1ente,_ á la construcción de este aparato y á su func10nam1ento para las
caídas hasta de 300 metros.
Los grabados q1,1e reproducimos permiten conocer
el aspecto general de este proyectil que puede con-

•

-~¡ GARGANTA

Jarabe Laroze
Fig.

1.

tromba terrestre notable, cuyo aspecto reproduce la
figura 4.
Tres cosas me llamaron la atención en ella: r.º, el
eje vertical de rotación del torbellino; 2.°, las espira·
les ascendentes; y 3. º, el polvo, las hojas secas y los
cuerpos más pesados que el aire elevados en la atmós·
fera. Estos factores de la observación los he reproducido en el aparato representado en la fig. r, en el que
se ve un tornillo central, cuyo eje es vertical, y las
espirales ascendentes. La caja cilíndrica A, provista
de una tuerca, imita los cuerpos más pesados que el
aire que han de subir por las espirales.
Cqmo la tromba terrestre se forma repentinamente, yo á mi vez imprimo súbitamente por medio de
un manubrio colocado en la parte superior del aparato un movimiento de rotación de derecha á izquierda al tornillo vertical y á la pieza metálica A que, al
principio, se apoya en el sustentáculo inferior. Si se
detiene el manubrio en el momento en que ha adquirido su mayor velocidad, la caja metálica A sube rápidamente siguiendo las espirales y se eleva con fuer-

VOZ y BOCA

"'

. PASTILLAS DE DETHAN

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Aparato para el estudio de las tromhas terrestres

tener quince personas para la ~aída in_dicada. La:s dimensiones principales de la instalación habrían de
ser: cámara, diámetro interior 3 metros, altura 4; colchón, altura 0'5 0 metros; ~eso total, II tonelada~;
desplazamiento del proyectil enteramente sumergido, 31 toneladas, Pozo en forma de copa par~ champagne con pie hueco (forma cuyo per~l ha sido ~eterminado de modo que la ola producida por la inmersión del proyectil no rebase los límites del pozo),
profundidad 55 metros; diámetro en la parte supe-

Recomendadu contra 101 Kalea de la Garganta,
Extlnclonea de la V011, Inflamaolonea de la

Desde hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dol~~ea
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.

Booe., Efeotoe pel'Jliol~ del Jleroarlo, Irltaclon que produoe el Tabaoo, y specialmenle
á los Sñrs PREDICADORES, ABOGADOS,

PROFESOllES y &lt;aNTOI\EB para facilitar la
emio1on de la v011.-Pncio : 12 Ruu1.

Bonqtr en ü rotulo a ttrma

JARA.BE

a1Bro1nuro de Potasio

Aclb. DETBAN, Farm111011uttco en P.llUS

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
ca BISMUTBO y MAGNESIA

Rl!comendado, contra lu Afeoolonet1 del Estó•
mago, Fe.lta de Apetito, Dlgeatlones labo•
rl011U, A,oedlaa, V6mltoa, Eructoe, y CO!looa;
regularizan las Funolonea del Eat6mago y
de loa 1-Unoa,
,
Erltlr III ti rotulo • Irme de J. FAYARO.
.l.dh. DETIUN, F - U o o • PABJ8

DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Fig.

2,

Aparato para el estudio de las tromhas marinas

mis experimentos. Pero antes de entrar en explicaciones acerca de su modo de funcionar, es necesario
recordar los caracteres de una tromba marina ascendente. Caracterizan á ésta por regla general una columna cónica que se eleva de la superficie del mar
y la forma parabólica de la lluvia que produce. La
figura 4 representa ese grandioso fenómeno de la naturaleza, cuyo equivalente es mi aparato reproducido
en la fig. 2. La disposición de éste es en alto gcado
sencilla: á la izquierda, sobre la caja que sostiene el

nos resistencia en las capas de la atmósfera, se ensancha en la parte superior del remolino, dando á
éste su forma cónica.
El tubo cónico del aparato que denomino tromba
hidráulica tiene en realidad su parte inferior formada
por el agua en que está sumergido, siendo en cierto
modo un tubo cerrado. La c;olumna de aire, gracias
al movimiento de rotación del tubo, asciende y produce el enrarecimiento, factor esencial de todo torbellino y de toda tromba de mar.

Es P.1 remedio mas efica~ par~ comb!ltir las enfermed~des del ~orazon,
la epilepsia, histéria, m1grana, halle de .s .•-Vito, 1nsomn1os, convulsiones y tos -&lt;le los -niños durante la denUc1on; en una palabra, todas
las.alecciones nerviosas,

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

!, roe des Lions-St-Paul, l Paris.

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriaa

VINO
~ Soberano remedio para rápida cÚra•
cion de las Afecciones del pecho,
1 Catarros,Mal de garganta,Bron.,1,

APARATO PARA LAS CAfnAS DE JOO METROS

Fig, 4. Tromba terrestre observada
en la Alameda de Monterrey (México )

P rescrito d esde 25 años
Contri las AFFECCIONES de las Ylas Digestivas
PAIIIS, 61 Avenus V/otorla, 8, PA RIS
y D 'tODU Lil PBlllOIPJ.t.WI ua:iuou.,

LA SAGRADA BIBLlA
EDICIÓN ILUSTRADA

á iO céntimos de peseta la

entrbga de i6 pá.ginas

en,lan

Se
~ 1 1 1 0 ; solicite
dirigiéndose l los Sres. Monu.ner y Simón, editores

SOClEOAO
de Fomento
f&gt;l!!tdalla
dt §ro.
, PREMIO

de 2000 fr.

He aquí una idea acerca de la cual nos parece in ·
teresante conocer el sentimiento público y que recomendamos á los ingenieros americanos, ahora que
van á empezar los trabajos de la Exposición de Chicago. Trátase de un artificio que las grandes torres,
actualmente en moda, permitirían realizar.
Conocida de todos es la sensación particular que
se experimenta cayendo verticalmente desde cierta
altura, descendiendo en trineo una pendiente muy
rápida, y sobre todo bajando en un ascensor á gran
velocidad. Una caída vertical rápida es causa de emociones fisiológicas que determinadas personas sienten
con gran intensidad.
Pues bien: si esta caída toma caráater de excepcional grandiosidad, hará nacer en el ánimo del público una mezcla de deseo y de temor de exponerse á
ella, que constituirá una nueva fuente de emociones
análogas á las que producen los columpios, las montañas rusas, la vista de los abismos, etc.
Tal es el campo cuya explotación indicamos.
Una torre de varios centenares de metros de altura y una caja cerrada constituyen los elementos de
este' espectáculo. La maniobra es sencilla; los aficionados son introducidos en la caja que luego se deja
cner libremente desde lo alto de la torre. A los cien
metros de caída la velocidad adquirida es de 45 me-·
tros por segundo; á los doscientos, de 65, y á los
trescientos, de 77. Téngase en cuenta que los tre-

CHASSAING

quitis, Resfriado1, Romadizos,

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -- - ¡ delos Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 año~ del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de París.

GRANO-bl! LINOTARIN F~i~f~~~s

~

PROVECTO EXTRAORDINARIO

0E

Dl·DIGESTIYO

DR. MARTÍNEZ ANCIRA (México)

Fig. 3, Trombas marinas observadas en el
Océano Atlántico

tNFERIY!JDA DES

JARABE

Y

PASTA ~![~?'.~ 7}t;:d:: .

de H. AUBERGIER

con tAO'rC'~ (Jugo lechoso de Lechuga)

-La caja: lfr. 30.

d, Honor. .

, .Ap rtJbados ~orla Academia de Medicma de. l".aris .é in11ertado11 en Ia CoJecc!_ón
Oficial de Formulas Legalee por decreto m1mater1al de 1 O de .Marzo de 1804,
« Una completa !nnoculdad, una eílcacla perfectamente comprobada en el Catarro '
' eptatmtco, las Bronquttts. Catarros, Reumas, Tos, asma é trrítaeion de la garganta, han

. ' grangeado al JARA'8E y PASTA de AUBERGlER ur;ia Inmensa fama. » . .
..
'
, (E:,;1racto del Formulario MUico del S" Boucbrtlat ca1eardl1co 1k la Facultatl lk Med,c,na (!6• ed,c16n).
Venta por mayor : COIIAR Y e•, 211, Calle de St-Claude, PARlS
•

ESTRER IMIENTOS, CÓLICOS.

DEPÓSITO EN LAS PRINCIPALES BOTICAS

'

CLORÓSIS. -

ANÉMIA., -

LlijFATISMO

El Proto-Ioduro de Hierro es el reparador dt'ia sangre,
el f ortiflcante y el microbicida. por excelencia.
g1Jarabey las Grajeas con prdto-iodurodehierrode 'F. Gille,
no poiirian ser demasiado rtcome-ndarlot en ri!:Ón de su pu1·na guimica. &lt;(t
su tnatterabilida" JI de su solubilidalt coti.stantes.
•

• ¡r:nctta de lQs,110,¡¡ilafe,).
DErósaro GENERAL: 45. Rue Vauvillklrs: PARIS. O,pnsitn~R todfts las ,armieias.

CARNE, HIERRO y QUINA

En el tratamiento de las Enfermedades del Pecho, recomiendan los
Médicos especialmente el empleo del

JARABE yde la PASTA de
PIERRE lAMOUROUX
Para evitar las falsificaciones,
debera exigir el Publico la
Firma y Señas del Inventor:

PIERRE LAMOUROUX, Farmc0
45, Rue Vauvilliera, PARIS

11 Alimento mas fortillcante unido a los 'l'ón.icoa mu reparadores.

VINO FERRUGINOSO AROUD

EnfermédddeSdel

Pe ello

Jarabe Pectorál
r

T COM TODOS LOS PIINCIPIOS NlJTIUTIVOS DB U CARNE

Cl&amp;an, au:aao y_ •11111&amp;1 Diez años de exitq continuado y las afirmac!one11 de

todas las emtnenClu médfcas preuban que esta 1SOC1aclon de la Carae, el Hierro y la
••iaa
conatJtuye el reparador mas eneratco que se CODOce para curar : la Clcrdsts, la
.lfll!mfa, las .llemtruacw,,u cSQIM'ola,, el Jlmpo/Jrectflliento 1 la .tlteracton ae la sa11qre,
el Raqumsmo, las ,tf«d(ma ucro{Ulola, Y ttcorlnltical, eté. El l'iao Perraclaoeo de
.l.rou.a es, en erecto, el único que reune todo lo que entona y tol1a!ece loa organoa

regulariza cool'ttena y aumenta considerablemente las tuerzas 6 tntunde a la san¡re

empobrecida y desoolorlda : el Vigor, la ColcrliCWff y la 6nerqta ottal.
Por.1,agor,e11 Paril, en casa de J. FERRÉ,Farmaceutico, tO!, rue Richelieu, Sucesor c1e AROUD,
SB VBNDB BN TOD.LS LAS PIUNCIP.A.LES BOTICAS

EXIJASE e1~°C: 1 AROUD
a . ,,
RESCRITOS POR LDS Mto,cos CELEBRE

EJ.PAPEJ. 01.0S CIGARROS DE S(!i SA/fRA

_ ISI.Qan casi INSTANTÁNEAMENTE los Accesos.

DEASMA.YTODAS LAS SUFOCACIONES.

Antes, Farmacéutico•

t:5, Calle Vauvillle~s, :Parls•

El Jarabe de Piene La1no11rou;1res
el Pectoral por . excelencia
como edulcorante de las tisanas, á
las cuales comunica su gusto agradable y sus propiedades calinantes,
(Gacela de los Hospitales)

, Fauh, Balnt•D
PARié
fil fotta, la, Fo

P. LA·M°liUROUI

,

Dep6sito General: 45, talle Vmilliers, 45, PARIS
Se rende en todas las buena, farmaoias.

�80

LA ILUSTRACIÓN A RTISTICA

N ú MERO

rior, 50; diámetro desde
la profundidad de 28 metros hasta el fondo, 5. Los
viajeros deberían acomodarse en sillones perfectamente ajustados á las formas de sus cuerpos.
Este sistema de transporte á gran velocidad,
para volver á una ascensión de 300 metros de
altura no dejarla de gustar por su originalidad á
una porción de aficionados á emociones nuevas.

475

dudda por D. Vice11le Pese/ y
Cervera. - IIen,os recibido el

cuaderno 2 . 0 ele esta obra indispensable para cuantos se dedican á la especialidad que en
ella se estudia. La obra del
ilustre profesor de las facultades de Medicina y Ciencias de
Parfs M. \\'urtz, se recomienda por el solo nombre de éste,
y la traducción del Dr. D. Vicente Pesct es tan fiel como
esmerada.
El precio de cada cuaderno
es de una peseta, y la obra
constará de 14 ó 16.
Suscríbese en las principales
librerías 6 enviando el importe
de 5 cuadernos al editor don
Pascual Aguilar, calle de Caballeros, 1, Valencia.

A RÍSTIDES B ERGÉS

(oe La N at11re.)

LA IXMUNIDAD Y LAS IS·
OCULACIONES PREVENTIVAS
EN LA S ENFER\IEDADES IN•
LIBROS
FECCIOSAS, por el Dr. S. Ve•
F.S\'IADOS Á ESTA REDACCIÓS
l,b¡ue: de Ca.siro. - El Sr. Velázquez de Castro, médico de
POR AUTORES Ó EDITORES
Granada, alumno premiado por
ZARAGOZA ARTÍSTICA, MO·
oposición repetidas veces, gra.SU\fESTAL t; HISTÓRICA, por
duado de Bachiller por opoA. y P. Gascón de Color. ci6n, Licenciado en Medicina
Hemos recibido el cuaderno 7.0
y Cirugía por oposición, ex In·
de esta notable é importante
terno por oposición, laureado
publicación, que además de la
en concurso de méritos lileracontinuación de la Introducrios por la Real Sociedad de
ción histórica contiene dos preAmigos del Pals, vocal de la
ciosas fototipins reproduciendo
Junta de Sanidad de la provinuna espuela del siglo x,•, procia de Granada, ha aum~ tado
piedad de la Baronfa de l len·é,
el número de honrosos tftulos
y el escudo bordado del Arzoque en su carrera ostenta con
bispo D. Fernando &lt;le Aragón.
el discurso notable desde el
t:N PRO\'ECTO EXTRAORDINARIO
Se su~eribc, al precio de una
punto de vista cientlfico, con
peseta el cuaderno, en Zaragoclaro método ex puesto y con
Fig. t. El vagón para las altas cafdas en el espacio sobre el
Fig.
2.
Vista
del
interior
,·ngón
proyectil
para
las
caldas
za, dirigiéndose á D. llfanuel
elegante estilo escrito que leyó
estanque ele recepción. - Detalle de los conos encajados
Tejero, calle de Palomeque, 28,
ele 300 metr&lt;&gt;:; con ~u~ quince \'iajeros
como tesis en el ejercicio del
principal; en Barcelona, libredoctorado y que mereció del
tribunal calificador la nota de
ria de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5, y en las car esta bellfsima novela del ilustre Lamartine, que constituye
Sobresaliente. En el se estudia con elevado criterio y vasta
principales librerías de las demás pro\'incias.
1el tomo 46 de esa colección tan selecta comoecon6mica.
erudición ese trascendental sistema de las inoculaciones preEl tomo en que nos ocupamos, como todos los de la Brn1.ioGRAZIELLA. RECUERDOS OE I.A JlTENTUO, por Alfomo TECA, se vende en las principales librerías al precio de dos reales. ventivas que ha producido una verdadera revolución en las ciencias médicas, llena de realidades en el presente y de esperanza•
de Lamarti,u. - LA BIBLIOTECA SELECTA que con tanto éxito
para el porvenir, gracias á los estudios y descubrimientos realiviene editando en Valencia.O. Pascual Aguilar acaba de publiTRATADO OE Qt:hllCA TIIOl,ÓGICA, por Ad. Wurl;, Ira- zados en esto · tiempos por insignes bacteriólogos.

Las casas extra.njeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ART!STICA diríjanse pe.re. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin,
lllÍID. 61, París.-La.s casa.e espa.ñolu pueden hacerlo en la. librería. de D. Art uro Simón, Rambla de Cana.Jetas, núm. 5, Barcelona.

-------- - ----- ---------- ----- - -------------------- -~-CARNE y OUINA
11 Alimento mu reparador, unido al T6Dioo mas ener¡ica.

VINO ARDUO CON OUINA

T CON TODOS LOS PBINCil'IOS fflJTlUTrVOS SOLUBLBS DB U CARNE
CJAan y 01111'1,u son los elementos que entran en la comooslelon de este ootente
le]llrador de las fuerzas lflales, de este fortiflea■&amp;e por eseeleaeia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la Ánemta y el Á1)0Camtfflto, en las Calentura,
7 CM1r1allcenctas1 contra las .Diarreas y las Á ( ~ s del B&amp;tomaqo y los tnte8"no,,
Cuando se traia de despertar el apetito, asegurar las dlgesUones, reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias provocadai par los calores, no se conoce nada superior al t'lao de fuiaa de AroutL
Por mavor. en Paria, en cw. de J. FERRt, FarmaceutiCll, 10!, rue Richelieo, Sucesor dtAllOUD.
8B VBMD.&amp; BN TODAS LAS PRINCJPALBS llOTtCU.

EXIJASE eli:ºt~ 7 ARDUO

as.

Rue

IA DEL C(J ·

-

LAlT ANTÉPB:tLIQUE

LECHE ANTEFÉL I
8 MEZCLADA CON

PU RA

AGU A, DISIPA

PECAS, I.ENT&amp;1AS1 TEZ A SOLEADA
SARPULLIDOS, TEZ B ARROSA
,/;;
A RRUGAS PRECOCES
O~
EFFI.ORESCENCIAS

~_,o ,

~

~

,~6~------.. .~·
e J&gt; e

~~

ROJECES

\O 1

011se rva el cO.tls 1\~1&gt;

,.e

'P"

~

~e

SIROPDoctrda fORGEJRBUMis
,,oux,
crf!!º:'e~!~

Vivlenne

11

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Píldoras se emplean
e~pcclalmenle contra las E■crofulu, la
Ti■ls y la D ebilidad de temp eramento,
as! como en lodos los casos(Páudo■ colore■,
Amenorrea, 4•), en los cuales P.s necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, oya para
provocar ó regularizar su curso periódico.

~f"A-?J}s rarmaceuuco, en Parls,
~Rue Bonaparte, 40

El loduro de hierro Impuro Oalterado
N
• B• es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de

HBIS, Pharmaoio COLLAS, 8, rae Daaphioe
r ,., la, s&gt;ri•dpalt, fa,..,,.,na,.

PATE EPILATOIRE DUSSER

las verda der a s Plldora11 d e lJtancat•d ,
e1lglr nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de uoa etiqueta
ver de y el Sello de garantla de la Un ión de
los Fabricantes para larepreslón de la falsificación.
•5g HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS
destruye hasta las RAl~ES ti YELLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, etc.), 110
mn¡¡vn pehgro para el cutis. SO Ano■ de í::a:tto,ymillam de tesUmonioagaranUz.10 la eftucla
de esta preparacion. (Se "ende eo 01J11, para la barba, J en lfl oaJu para el bigote ligero). Para
los brazos, empl~se el P lLI JI fJ ll.b:, D 'USSER, l , rue J ,.J ,•llo111aeau, Paria.

Quedan reservados los derechos de propiedad artfstica y literaria
l MP, DS MONTANll.ll Y

SIMÓN

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="137">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3066">
                <text>La Ilustración Artística</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479260">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46268">
            <text>La Ilustración Artística</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46270">
            <text>1891</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46271">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46272">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46273">
            <text>475</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46274">
            <text> Febrero</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46275">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46291">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46269">
              <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 475, Febrero 2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46276">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46277">
              <text>Literatura</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46278">
              <text>Arte</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46279">
              <text>Ciencias</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46280">
              <text>Barcelona (España)</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46281">
              <text>España</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46282">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46283">
              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46284">
              <text>Montaner y Simon, Editores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46285">
              <text>1891-02-02</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46286">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46287">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46288">
              <text>2011632</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46289">
              <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46290">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46292">
              <text>Barcelona, España</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46293">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46294">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="7322">
      <name>El arte y el regionalismo</name>
    </tag>
    <tag tagId="7318">
      <name>Florencio Moreno Godino</name>
    </tag>
    <tag tagId="7320">
      <name>Francisco Flameng</name>
    </tag>
    <tag tagId="199">
      <name>Grabados</name>
    </tag>
    <tag tagId="7323">
      <name>Trombas</name>
    </tag>
    <tag tagId="7321">
      <name>Virgen de Copacabana</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
