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                  <text>ISSN 2007-1205

ye

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REVISTA DE CTENCIAS SOCIALES
□ E LA UN l VERS I OAO AUTÓNO A DE . UEVO LEÓ

�3

EN TODA REVOLUCIÓN RUEDAN CABEZAS

En Toda Revolución Ruedan Cabezas:

Adultos Mayores, Coronavirus y la Cultura Precarizada
de lo Precario

Heads Roll in Every Revoluࢼon:

Elderly People, Coronavirus and the Precarized Culture of the Precarious
ALEJANDRO KLEIN*

► RESUMEN
En este trabajo se analiza cómo ha impactado la pandemia del coronavirus
en la situación de las personas mayores, quienes notoriamente han sido
obligadas a confinarse y aislarse, desde una versión renovada del discurso sanitario-higienista. Desde aquí se vislumbra que el coronavirus
es parte de un entramado político, social, cultural, que tiende al predominio de referencias duras y de la intolerancia, la cronificación de la
escasez, la anulación de la capacidad de pensar racionalmente y la renovación de actos expiatorios sacros en torno al sacrificio, como forma
mágica y paranoica de restaurar estados supuestamente homeostáticos
que no se pueden duelar.
Palabras clave: Personas mayores | Coronavirus | Expiación | Sacriicio.

► ABSTRACT
This work analyzes how the coronavirus pandemic has impacted the
situation of elderly people, who have been forced to confine and isolate
themselves from a renewed version of the sanitary-hygienist discourse.
From here, it is seen that the coronavirus is part of a political, social and
cultural situation, which tends to the prevalence of hard references and
intolerance, the chronification of scarcity, the cancellation of the ability
to think rationally, and the renewal of sacred acts of atonement, around
sacrifice acts, as a magical and paranoid way of restoring supposedly
homeostatic states that cannot be grief.
Keywords: Elderly people | Coronavirus | Expiation | Sacriice.

* Associate Research Fellow del Oxford Institute of Population Ageing; profesor de la Universidad de
Guanajuato. Correo electrónico: alejandroklein@hotmail.com
Recibido: 30 de julio de 2020 | Aceptado: 16 de marzo de 2021
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

ISSN 2007-1205 | pp. 3-22

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ALEJANDRO KLEIN

La corriente subterránea de la Historia occidental
ha llegado inalmente a la supericie
y ha usurpado la dignidad de nuestra tradición
Hanna Arendt

FUNDAMENTACIÓN INTRODUCTORIA
Durante la pandemia del coronavirus se ha confinado de forma imperativa a
las personas mayores, quienes han sido catalogadas como grupo de “riesgo”, a
pesar de que el paso del tiempo demostraba que todos los grupos etarios eran
en definitiva grupos de riesgo.
Por otro lado, de una forma subterránea e invisibilizada, se ha dejado
morir a ancianos alrededor del mundo por falta de atención médica. Probablemente nunca se sabrán las cifras definitivas. No se denunció, no se detuvo,
no hubo cambio de planes. Ante la necesidad de dar prioridad por la escasez
de recursos sanitarios, se priorizó la atención a jóvenes y adultos, insertos
en una lógica perversa desde la cual hay que elegir a dónde serán destinados los menguados recursos sanitarios. Se podría argüir, ciertamente, que
estos “menguados” recursos son en realidad el resultado de décadas de quita,
despojo y vaciamiento de políticas neoliberales que ven a la salud (como a
cualquier otro sistema que dignifique al ser humano) como pérdida de dinero
y recursos.
Es difícil entender cómo de repente las personas mayores han sido despojadas de sus derechos y garantías y cómo han sido llevadas a este lugar “sacrificial”. También es difícil entender el manto de silencio que se ha extendido
sobre una escandalosa situación, con ribetes de genocidio. ¿Dónde están los
intelectuales, activistas, pensadores, denunciando la barbarie de lo que ha sucedido? No están. El silencio y el prurito son la norma. Mientras se mantiene
una alta sensibilidad delante de otras minorías y movimientos sociales, de repente las personas mayores dejan de importar, a pesar de que paradojalmente
nos acercamos a una situación demográfica de sociedad de “envejecimiento”.
Este trabajo recoge algunas reflexiones sobre las implicaciones sociales,
culturales y paranoicas del coronavirus y de un mundo altamente precarizado,
intentando explicar cómo las personas mayores se transforman en “víctimas”
expiatorias de la precariedad social, en aras de restablecer (mágicamente) una
aparente “homeostasis” social, a pesar de haber estado viviendo una situación
de alta experimentación subjetiva. Se intenta, en definitiva, poner en palabras
algo que permanece “indecible”, escindido y negado.
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1. DESARROLLO
1.1. El discurso del coronavirus como renovación del discurso higienista
Desde hace ya por lo menos tres siglos, se ha ido constituyendo como parte del
llamado proceso “civilizatorio” la constitución de un ideal de adultez basado
en el logro de un cuerpo sano, entendiendo por “sano” un cuerpo controlado,
racionalizado, maduro y apto para la reproducción, sostenido igualmente por
una sociedad higiénica que preconiza la necesidad de limpieza, contención
y control, centrados en una práctica moral y médica que se considera fundamental en términos de posibilidad de sobrevivencia social (Barrán, 1995).
Se trata de una imagen del cuerpo social e individual como un organismo formado sucesiva y yuxtapuestamente por el Estado, las familias, los
sujetos. Su opuesto, temido y espeluznante, es el germen y lo invasor, capaz
de disolver a los organismos y al delicado equilibrio entre ellos (Ariès y Duby,
1990a).
La sociedad comienza a ser percibida desde un escenario paranoico ante
el pánico que despierta el sentirse “expuesta” y “vulnerable” ante los que empiezan a ser designados como los “enemigos” del “cuerpo” social, metaforizados exitosamente como versiones de lo virósico, en tanto se los expone
como intrusivos, descontroladores, conspiradores y presentes por doquier: el
movimiento obrero, las minorías, la masturbación (y en general la sexualidad
no reproductiva), la adolescencia y, como veremos más adelante, y en una
versión completamente renovada, las personas mayores (Donzelot, 1998).
Esta posible y siempre potencial “invasión” es expresión de un clima
cultural que hace del temor el catalizador de la producción de procesos sociales basados en la antinomia orden-desorden, acatamiento-protesta, cambios-continuidad. Antinomia que en términos identitarios se pasa a denominar: acatamiento de la ley versus transgresión de la ley. Ambos términos
atraen y repelen al mismo tiempo. El goce del acatamiento es inseparable del
goce de la confrontación (Lukes, 2001).
Todo lo que despierta miedos, pánicos y sensaciones ominosas, acarrea
también sensaciones de placer, disfrute y sadismo. Se teme tanto el estallido
del mundo, como se lo desea ardientemente. En términos subjetivos, se encuentra aquí toda la tortuosa dialéctica propia de la ambivalencia edípica que
se gesta desde la identidad moderna (Duschatzky et al., 2002).
Los ciudadanos de buen talante, los adolescentes que se han de convertir
en adultos, los padres de familia “pilares” de la sociedad, las mujeres custodias
del “hogar”, los obreros que se han de “convertir” en clase media, la policía y
militares encargados de custodiar “fronteras” y “amotinamientos”, el perioTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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dismo, las redes sociales, son una y otra vez convocados a una vigilancia que
no ha de decaer jamás. Si las pautas de disciplinamiento son dictadas republicana o dictatorialmente, es una cuestión aparte, pues lo realmente fundamental es el poder del discurso médico, en una exasperación de un discurso
experto privilegiado frente al cual hasta el dispositivo jurídico flaquea, ante
la necesidad severa de un orden sanitario que delimite zonas de seguridad,
limpieza, calma y control (Ariès y Duby, 1990b).
Como formas insoportables e intrusivas (y no sociales) se sitúan la molicie, el derroche, la haraganería, la traición a las costumbres, el apartamiento
de lo políticamente “correcto”, el virus que invade y ensucia o enloquece, las
que son condenadas u obligadas a ser transitorias, para mitigar paranoias de
desorden o descontrol social. Se destaca así la necesariedad imperativa de un
llamado cuerpo sano, entrelazado a una identidad adulta, a su vez entrelazada
a un conjunto social capaz de integración, cuidado y protección, aportando los tres un siempre delicado equilibrio homeostático psico-social (Ariès y
Duby, 1990a).
La Nación, el hogar y el sujeto han de ser resguardados y protegidos.
Todo lo invasivo e intrusivo viene siempre de afuera. El malestar no es intrínseco a lo social, sino que es un ataque sorpresivo o conspirativo ante el
cual se impone reaccionar, negándose la posibilidad de aceptar que sea probablemente el propio “orden” social el que genere, en definitiva, los “desórdenes” acosadores (Donzelot, 1998).
Por otra parte, la forma en como aparece esto amenazante, el grado en
que se le tolera y el pánico que puede ocasionar, permiten también diagnosticar la capacidad de cambio de un conjunto social y cómo el terror ante lo
imprevisto puede ser o no simbolizado (Arendt, 1998; Forrester, 2000).
Con la pandemia del coronavirus, la metáfora del descontrol social,
arrinconando a un mundo asustado y desconcertado por peligros y amenazas
inminentes, pareciera que volviera a su clave virósica primigenia. El siglo XXI
en términos discursivos es probablemente una versión del siglo XVIII, pero
desencantado ya —como enseguida veremos— de cualquier ideología reconfortante en torno a la civilización o el “progreso” o valores cívicos y virtud,
paradigmas que han caído en desgracia, deslegitimados por sus contradicciones y futilidades. Otros paradigmas vitalistas, sin embargo, se imponen, como
por ejemplo el mundo virtual, las redes, el “éxito” de la globalidad, pero inevitablemente ellos también están expuestos a fracasos, hackers, virus renovados
(Himanen, 2002; Castells, 1996).
Es también nuevo el chivo expiatorio propuesto. Si en algún momento
lo fueron los obreros, los adolescentes, los judíos, esta vez, de forma repentina e inesperada, lo han sido las personas mayores. Rápida y consensuadamenTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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te se estableció que los mismos debían ser confinados, en tanto representaban
el grupo de mayor riesgo. Las semanas y meses pasaron, revelando que en
realidad la Humanidad toda era grupo de riesgo, pero las personas mayores
siguieron confinadas. Nada cambió frente al imperativo de la opinión “científica” de médicos y epidemiólogos. La necesidad de un chivo expiatorio para
delegar temores y ofrecer expiaciones es más fuerte que cualquier argumento
estadístico (Pichon-Riviere, 1981).
A lo largo del trabajo se ahonda en estos conceptos, insistiendo en cómo
los mismos han terminado por redimensionar deficitariamente el lugar del
adulto mayor, en una sociedad que se acerca de forma inexorable, paradojal,
a ser una “sociedad de envejecimiento”.
1.2. La precarización de lo precario
Probablemente una forma de abordar el contexto social actual es señalando
cómo el estado de bienestar social se pauperiza cada vez más, frente a la reiterada aplicación de gestiones neoliberales, que consolidan la aparición de un
proletario terciario precario que reemplaza al proletariado industrial, y una
clase media empobrecida que sustituye a la clase media tradicional, mientras
que las clases holgadas pasan a ser una clase territorializada en términos de
fortificación amurallada (Pires do Rio Caldeira, 2000; Atkinson, 1998).
Las promesas en torno a una sociedad de consumo, capaz de garantizar
un consumo siempre continuo e ilimitado, son afectadas por esta “pauperización” extrema, con la que en realidad la figura del consumidor se revela como
la de un endeudado crónico, al que no le queda otra opción que renovar indeleblemente su endeudamiento crónico y mortificante (Sader, 2008).
Por otro lado, se pasa de un imaginario unificante en torno a un contrato social consensuado, a una situación de descontractualización generalizada,
donde predomina lo esquizoide y lo escindido, acorde con la imposibilidad
de tramitar en forma de solución de compromiso los conflictos sociales. De
esta manera, todo es ataque y fuga, victoria o derrota. Ya no es el intento de
unificación lo que importa, sino la diseminación fragmentada. De este modo,
el problema de la alteridad se resuelve a través de la lógica clánica de la yuxtaposición de las múltiples tribus urbanas en una guerra de todos contra todos
(Kaës, 1993).
Los adultos en especial han sufrido desmedidamente muchas de las condiciones impuestas por antiguas y nuevas gestiones neoliberales: desempleo
estructural, trabajo precario, salarios exiguos, condiciones de endeudamiento
y, en general, precariedad y empobrecimiento en las condiciones de vida. Así,
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el endeudamiento crónico económico ya señalado se puede resignificar también en términos de endeudamiento generacional: ya no es posible transmitir
a los hijos lo que se recibió de los padres, con la consiguiente carga de remordimiento, culpa y resentimiento social (Minujin, 1993).
Los padres, asimismo, pasan a estar todo el tiempo a prueba, todo el tiempo cuestionados, todo el tiempo celados. El circuito del control estatal paranoico se traslada de lo virósico a lo familiar, momento en que a este ámbito le
son recortados poderes y potestades por el dispositivo jurídico, pedagógico y
sanitario. Los hijos, de la edad que sean, pueden y (se dice) “deben” denunciar
a sus padres, dentro de una cultura de la denuncia que se cronifica cancerígenamente sin que se pueda ya detener. Lo paterno se tambalea, y junto a ello, la
legitimidad de lo jerárquico, lo que lleva a la acentuación de lo fraterno: todos
somos iguales, todos tenemos derechos (Bleichmar, 2010; Bauman, 2007).
De esta manera, la precariedad “precarizada” se articula desde el embate
de la descontractualización social, el desmantelamiento estructural de condiciones de estabilidad y una cultura de la denuncia potenciada impunemente
por las redes sociales, el Estado o la Media (Beck et al., 1997, 2000).
Simultáneamente, la gente comienza a tener cada vez menos hijos en
correlación con lo que se denomina la “transición demográfica avanzada”.
Esta situación apareja consecuencias que apenas se vislumbran. Una de ellas
es que cada vez más comienza a tambalearse la capacidad social de catectizar
anticipatoriamente a un “portavoz” que permita la continuidad humana y generacional. Es decir, un nuevo miembro del conjunto societario, con lo que se
entorpece el pasaje de una voz muerta a una voz viva. Por otro lado, tampoco
se verifica la voz “muerta”, en tanto que los que deberían morir tienen, por el
contrario, cada vez más altas tasas de sobrevida (Aulagnier, 1994).
A su vez se verifica el agotamiento y la imposibilidad de la figura del “ancestro”, del abuelo, del fundador familiar, en un momento en que la tradición
está dañada y desvalorizada. No hay pues dónde reencontrar un pasado, ni
tampoco hay cómo proyectar un futuro: precariedad de las generaciones y del
devenir generacional, inaugurando una experiencia histórica sin precedente
alguno (Lipovetsky, 2000; Castel, 1997).
Desde la anulación histórica del pasado y el futuro, el instante, y la yuxtaposición del mismo, pasa a ser la experiencia social e identitaria por excelencia, en tanto es el recurso de estabilidad que resta y en tanto es defensa hacia
un futuro hacia el cual ya no hay posibilidad de proyectarse, y defensa hacia un
pasado desde el cual no hay posibilidad de reconocerse (Lipovetsky, 1990).
Fallan los fundamentos, fallan los conjuntos englobantes y se agota la
capacidad de desplazamiento simbólico. La problemática de la herencia se
agota y ya no hay nada a transmitir, o mejor dicho: se transmite resentimienTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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to o deuda. Ya no se puede concebir tampoco la sociedad como una segunda
naturaleza que nos otorga vida, porque lo que se denuncia es que hemos “destruido” la naturaleza, facilitando que aparezcan sentimientos mortificantes
de asesinato y descuido. Es decir, sentimientos matricidas y fratricidas (Klein,
2013; Hornstein, 2000).
Lo imprevisible, lo frágil y lo endeble sustituyen los sistemas expertos, la
rutinización y la seguridad ontológica (Giddens, 1997, 1999). La inseguridad
ya no es un accidente, sino que es un efecto de estructura. Y junto a la inseguridad se perciben el reforzamiento de situaciones de obediencia extrema. Se
obedece más allá de lo necesario para el reconocimiento al mandato del Poder. Desde aquí se arma un funcionamiento institucional en el que pasa a predominar lo instituido-metonímico sobre lo instituyente-metafórico (Kaës,
1993). Es, parafraseando a Marcuse (1970, 1981), una obediencia “sobrante”.
Las cosas parecería imperativamente que son lo que son, desde un instituido que propone la impunidad, ya no como figura jurídica, sino como figura excitante que entretiene y des-responsabiliza crónicamente. De modo correlativo, la virtualidad glorificada (internet, redes, celulares, pantallas varias)
inaugura un control casi absoluto y sin precedentes, que no sólo sobrepasa las
reflexiones sobre el control, sino además cualquier ficción distópica al respecto (Deleuze, 1991; Orwell, 2003, 2013; Huxley, 2007; Bradbury, 1967).
Este intento del máximo control se acompaña de la aparición periódica
de una sensación de catástrofe inminente, que implica la sensación paranoica
—como ya se señaló— de que vivimos en un orden fragilizado y persecutorio,
asediado por virus malignos, sociales y/o sanitarios, como forma de pesadilla
descontrolada. Control que no pocas veces utiliza políticas micro-genocidas,
en caso de que se lo estime necesario (Laurell, 1992).
1.3. La impositiva tentación de las referencias duras
Esta “destitución del porvenir” implica como uno de sus elementos centrales
el paradojal contrato “descontractualizado” propio de la sociedad actual, una
de cuyas consecuencias es que no hay a quién acudir para quejarse, ni hay a
quién pedirle cuentas. Las cosas se transforman en exacerbadamente banales,
reemplazables y recurrentemente trágicas. Cuadro de sufrimiento inconfesable donde vivir en sociedad se hace semejante a precariedad y exclusión permanente. Se inaugura una experiencia social sin antecedentes: el lazo social
se angosta y excluye (Kymlicka y Norman, 1997; Lewkowicz, 2004). No todos
forman parte de él, o mejor dicho, sólo (quizás) una minoría tiene derecho a
él. No hay sujetos cómodos en nuestra contemporaneidad.
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Por otro lado, cada vez más se relegitima la religión en sus vertientes
neoevangélicas. El neoevangelismo suprime definitivamente las “escalinatas”
de la jerarquía eclesiástica y reasume imaginarios fraternales esenciales a la
humanidad. Enarbolando la presencia perniciosa del Diablo, facilita una actitud de paranoización suavizada por la permanente presencia acogedora del
Pastor. La lógica sacrificial, que se encuentra ya presente en el endeudamiento capitalista del consumidor, se expande aún más legitimando sacrificios varios. Del sacrificio al chivo expiatorio y del chivo expiatorio a las políticas
genocidas hay sólo algunos pasos que no necesariamente son difíciles de cruzar, como veremos enseguida en relación a la situación actual de las personas
mayores (Machado, 1996; Enríquez, 2001).
Si la resurrección religiosa evangélica puede ser preocupante, lo es aún
más un soterrado pero efectivo implantamiento de fanatismos, intolerancias,
ideologías apasionadas, armados desde consignas severas y dogmatismos, que
aparecen como la guía moral de nuestros tiempos. Esta expansión exponencial
de las referencias duras a nivel cultural, político, de movimientos sociales, de
interacciones sociales, es pocas veces advertido, y aún menos veces asumido
como tal. Por el contrario, el sujeto colectivo o el poder que los enarbola los
presentan como necesarios, irrenunciables, y hasta justos e imprescindibles
a efectos de hacer justicia, la que aparece ahora configurada en términos de
ajuste de cuentas, sin que esta distorsión del dispositivo jurídico sea percibida
ni aceptada en su carácter de tal. El dispositivo jurídico sigue vigente, pero
a condición de una fatiga que es cada vez más endeble1 (Lewkowicz, 2001).
Pasan a predominar cada vez más rasgos culturales y sociales totalitarios en su versión fundamentalista, lo que se torna cada vez más la forma
legitimada de interpretar y construir el sentido del mundo (Habermas, 1988,
1989).2
1 El agotamiento del dispositivo jurídico es un hecho clave en los intercambios personales, sociales y estatales actuales. No se advierte ni se enuncia en su carácter de tal. Probablemente su emergente fundamental
es que el viejo enunciado: “Una persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, se sustituye casi
naturalmente por el: “Una persona ya denunciada, por el hecho de ser denunciada, ya es culpable”. A tal
efecto, obsérvese la punición social implacable sobre una persona, a partir del equívoco de un gesto que
se denuncia en Twitter: https://es-us.deportes.yahoo.com/noticias/perd%C3%AD-empleo-vida-foto-redes-120910820.html La misma sanción social surge en relación al famoso cantor uruguayo Daniel Viglietti. Tres años después de su muerte es acusado “a posteriori” de una violación (o de varias violaciones que
no se especifican) supuestamente ocurrida cuando el cantautor tenía 27 años, o sea, más de medio siglo
atrás. Inmediatamente, una de las candidatas de izquierda a la comuna de Montevideo retira su saludo
en Twitter. No hay necesidad de intervención de la ley, la mera sospecha ya es sentencia. Y parece que
es menester tomar distancia de todo lo que es sospecha. Otro periodista dice: “Fin de la discusión. Daniel
Viglietti violó una menor. En mi ética, más allá de su obra, es un miserable. Un hijo de puta. Este pedófilo
podría haber violado a tu hija” (https://www.tvshow.com.uy/personajes/carolina-cosse-elimino-mensaje-tributo-daniel-viglietti-acusacion-musico.html).
2 Se verifica una vez más que los dueños del mundo no son necesariamente los que dominan los medios
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Podría pensarse que las condiciones de precariedad incentivan la búsqueda de una cultura de la seguridad, de la mano dura, de no tener piedad, de
los simpatizantes de la pena de muerte, penas de cárcel más duras, tolerancia
cero, quitar derechos adquiridos, insistiéndose en la necesidad de la dureza y
la severidad de la disciplina (Arendt, 2005; Baudrillard, 2008).
La gente, los grupos sociales, los movimientos sociales, se tornan cada
vez más intransigentes, cada vez menos empáticos, confundiendo la “justicia”
con la “revancha” y la “acusación” con la “ley”.3 A veces este fundamentalismo
establece una “edad de oro” donde todo estaba ordenado, jerarquizado y limpio. No hay sino que volver a esa época para que las cosas se “compongan” y
“ordenen”, reinstaurándose las buenas costumbres y las mejores opiniones.
Otras, insiste en que la política de denuncia y escarmiento reestablecerá una
sociedad sana, santa y armónica (Aubrée, 2005).
El desconcierto del lazo social y la resignificación de los conflictos sociales, individuales y vinculares en términos de fundamentalismo y paranoia
ideológica (Enríquez, 2001), sugieren el endurecimiento de formas totalitarias que evaden la lógica del pacto social y el mantenimiento de un colectivo e ideales comunitarios, los que se encuentran en etapa de fuerte revisión
(Lewkowicz, 2001, 2004).
La hipótesis que plantea Bauman (2007) de un mundo “líquido” de
permanente cambio, mutaciones e incertidumbres donde las certezas son
sustituidas por preguntas atormentadoras y de las que no se sabe bien las
respuestas, acerca de cómo vivir, cómo buscar la felicidad, cómo construir o
reconstruir los vínculos, debería ser profundamente revisada.
Lo que se observa más que lo “líquido”, es lo “precario”, en términos de
pérdida de certezas fundamentales como el estatus de la garantía y la continuidad laboral, eficacia de las promesas de porvenir e integración social y
escisión de las culturas y valores compartidos del lazo social en múltiples tribus urbanas que mantienen recelo y desconfianza entre sí. Por ende, parece
constatarse un estado de guerra civil y enfrentamiento “no declarado” que se
observa a diferentes niveles: competencia entre minorías por sus derechos,
guerra virósica, estrategias difamatorias y de denuncia desde y con las redes y
la Media (Freud, 1913; Oriol Costa et al., 1996; Dufour, 2005).

de producción, sino los que dominan los medios de armar el relato legitimado del mundo (Gramsci, 1981).
3 Hay aquí un punto de contradicción altamente preocupante. Los mismos movimientos sociales que para
alcanzar los estándares de ciudadanía, justicia y derechos humanos que reclaman, necesitan de un dispositivo jurídico fuerte, sólido, proactivo, son sin embargo los que lo “atacan” y debilitan al enunciar como
innecesaria la intervención de la justicia para establecer la culpabilidad del denunciado.
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No es que no haya moral en la modernidad líquida, como indica Bauman, sino que toda y cualquier guía moral de nuestros días, sean movimientos sociales, reivindicaciones de minorías u otros, parece que tuviera que
pasar inevitablemente por rasgos de intolerancia y pasión ideológica, donde
antes o después se advierte severidad, extremismo y la política del “todo o
nada” (Maffesoli, 1990; Bion, 1962).
El Otro ya no es “amigo” ni “enemigo, sino un “extraño” con el que la
convivencia se torna imposible o peligrosa. El mundo se tiñe de paranoias
varias que incluyen un mundo deshumanizado, por donde circulan los descartables, los expulsados, los perdedores, los inintegrables, a los cuales se aplican políticas de exterminio (físicas o simbólicas), las que no se cuestionan
en tanto no se cuestiona nada que venga desde la autoridad (Epele, 2010;
Baudrillard, 1984; Castel, 1997).
En cuanto el sujeto se aleja del proyecto disciplinante de la sumisión
y el acatamiento, el Poder parece que tiene derecho a masacrarlo (física o
simbólicamente), y eso porque se ha transformado en un ajeno, un extraño,
un irreconocible, desde el momento en que se sale, cuestiona o transgrede el
mandato social. La capacidad de contención, protección y amparo social se
reduce cada vez más (Bauman, 2007; O’Donnell, 1997).
Como versión de masacre simbólica, reaparece la temática del chivo expiatorio. Desde una sociedad escasa se entiende que no hay oportunidades ni
lugar social para todos, y donde además una parte sobra, molesta o incomoda.
A estos sobrantes se les pide que se sacriiquen por los demás, haciéndoselos
aparecer como el obstáculo para poder retornar a una sociedad que cuida y
protege. Este “sacriicio de sí” plantea entonces la utopía de que con la posible
desaparición de los sobrantes (migrantes, pobres, indígenas u otros) se podría
restablecer ilusoriamente una sociedad acogedora (Mandet, 2002). En lo que
sigue se planteará la hipótesis de que desde el coronavirus son las personas
mayores los llamados a ocupar ese lugar.
1.4. Consecuencias psicosociales de la alta experimentación subjetiva,
vincular y cultural de las personas mayores
En términos cuantitativos, la sociedad del envejecimiento es un hecho. Nadie
puede ya dudar al respecto. Se estima que para el año 2050, el 21.8% de la población mundial será de personas mayores (United Nations, 2019).
Existen asimismo transformaciones que van más allá de la transición
demográfica y resignifican la misma, en la medida en que el adulto mayor
está comprometido en un nuevo empoderamiento de oportunidades, de asTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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piraciones y anticipaciones jubilosas de vivir (Neugarten y Neugarten, 1986;
Wilcoxon, 1987; Lawhon, Ennis &amp; Lawhon, 1996; Cole, 1997; Barros y Castro, 2002; Harper, 2003, 2004; Bengtson, 2004; Klein, 2018).
Hay que señalar que esta nueva versión de adulto mayor no incorpora
ni transmite los modelos tradicionales heredados de lo que era ser abuelo. No
transmiten esos modelos porque, entre otros motivos, esta nueva versión de
personas mayores se rehúsa a ser abuelos como los de “antes”. Quieren ser
otra clase de abuelos, y que sus nietos y la sociedad los reconozcan en esta
versión renovada y diferente (Klein, 2015).
En ese punto, hacen una profunda y crítica confrontación transgeneracional con las generaciones que les preceden, sus formas de pensar y sus
estilos de conducta, con resultados inéditos que hacen que bien se podría hablar quizás de una “revolución gerontológica” (Leeson, 2013), y más aún: una
revolución confrontacional gerontológica.
Esta confrontación, como fuerte proceso crítico, profundiza los procesos asentados en el cuestionamiento a lo establecido y la tradición (Giddens,
1997), pero con enorme dificultad de preservar, rescatar o transformar la herencia generacional, desde nuevos modelos de experimentación social que se
legitiman en torno a una evaluación, por momentos muy severa, del pasado,
en el que se cree encontrar rasgos de autoritarismo y ceguera de conductas,
que llevaban (se dice) al predominio del sometimiento por el miedo (Klein,
2013).
De esta manera, el punto quizás más complejo de esta nueva versión de
los procesos confrontacionales es que los mismos ya no se refieren a la adquisición, renovación y uso de modelos previos, que marcarían la incidencia
y la persistencia transformadora del pasado social. Al estar deslegitimados
los modelos del pasado, los nuevos modelos identitarios, sociales y familiares
se deben construir y reconstruir permanentemente (Furstenberg y Hughes,
1995).
Por consiguiente, las personas mayores confirman una tendencia, que
si bien ya estaba presente, se profundiza aún más: la pérdida de una tradición
que indique “cómo hacer las cosas” aumenta la necesidad de experiencias vitales y sociales de “ensayo y error”, con mayor posibilidad de frustración y
confusión. Se “aprende” a ser padre y abuelo por tanteo y no por adquisición
y transformación de modelos previos. Pero una experimentación que quizás
agobia al padre, se favorece y es facilitada en el grupo de los abuelos que ya
están pasando en sí por una alta experimentación social e identitaria (Feres-Carneiro, 2004, 2005; Ganong y Coleman, 2004; Harper, 2003).
El universo de las configuraciones familiares y sociales es permeado por
un horizonte cultural, donde todo, o casi todo, se debe reconstruir y resigTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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nificar de forma permanente, de acuerdo a cada contexto, de acuerdo a cada
situación, lo que hace que en el ejercicio de los roles se pierda fiabilidad y se
gane en errores. Y donde además, probablemente, se redoblan las evaluaciones críticas, tamizadas por una exigencia y/o severidad frente a situaciones
que pueden terminar siendo deficitarias (Baldock, 2007; Wainerman, 1996).
Podría suponerse que existe una crítica, quizás velada, a los abuelos de
estos abuelos, abuelos recordados como obsesionados por lo educativo, utilizadores del miedo y del castigo físico. Desde este recuerdo desean contrastarse y diferenciarse (Wilcoxon, 1987).
La herencia social y generacional en los términos tradicional de “modelo” y “guía de conducta” se empobrece y se vuelve casi inviable. Prácticas que
se consideran denigratorias y violentas buscan excluirse de la herencia social.
La versión renovada de las personas mayores encarna la legitimidad de este
rechazo, tanto como son depositarios de nuevas prácticas sociales (Uhlenberg, 2005; Bengtson, 2001).
Esto permite indicar que en los nuevos territorios delimitados por las
novedades identitarias, generacionales y culturales sustentadas por las personas mayores se plantean resignificaciones que mal pueden ser toleradas desde
una cultura de las referencias duras y el totalitarismo (Czernikowski, 2003).
Entre estos factores podemos mencionar la negación a mantener la herencia generacional y por ende la memoria colectiva ancestral y un relato
“sagrado”, tal como se ha entendido tradicionalmente hasta ahora. Hay que
señalar que no se trata sólo de una “crítica” a la tradición de la forma en que se
ha abordado generalmente, sino más bien a la extinción de las posibilidades
que sostienen a la misma (Giddens, 1997, 1999). De modo concomitante, la
llamada “palabra sagrada” pierde capacidad de ser referente y organizadora
social (Kaës, 1993).
Aparece aquí otro factor relacionado: en tanto esta “palabra sagrada”
no se configura ya en términos de fuerza, autoridad, imposición y verticalismo, se refuerzan inevitablemente estructuras de fraternidad, horizontalidad e
incremento de diálogo. El par autoridad-fraternidad propio de la modernidad
se rompe inevitablemente, con predominio del segundo (Kelley, 1993).
Junto a este incremento de lo fraterno, donde todo debe ser dialogado y revisado, se acentúa una confrontación que sobrepasa los límites de lo
tolerado tradicionalmente como confrontacional. Ya no es una marcación de
diferencias, sino una radicalización de los procesos de confrontación, donde
el pasado se desecha al considerarse un lugar de transmisores de valores que
se consideran inapropiados, de acuerdo a nuevas formas y estilos de vida que
no sienten ya culpa ninguna por la falta de consideración al pasado, la herencia y lo heredable (Wilton y Davey, 2006).
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Aparece aquí otro factor: el grupo etario tradicionalmente más conservador y des-heredado socialmente pasa a ser innovador y rupturista, con
aprovechamiento audaz e imprevisible de las oportunidades, y con capacidad
para imponer nuevos horizontes sociales. Desde aquí hay una renovación
del lazo social, al asumirse como propios dos dispositivos tradicionalmente
asignados a la adolescencia: ser portadores de la promesa y el porvenir como
dispositivos de integración social (Klein, 2006).
Todos estos procesos indican, por un lado, que las nuevas denominaciones que se refieren a las personas mayores las presentan ya no como
viejos, sino como una subespecie de la adultez u otro tipo de adultez, dentro de
un ambicioso proyecto de renovación social, cultural y generacional, que los
mismos pasan a encarnar (Klein, 2015). Pero, por otro lado y sin quererlo, se
han vuelto el símbolo y los emergentes del agotamiento y anacronicidad del
lazo social tradicional concebido en términos de autoridad, respeto al pasado
y confrontación amortiguada (Lyotard, 1987). Difícil ambigüedad que antes
o después se haría imposible mantener.
1.5. Y de repente, el Covid-19
Es por eso que indicamos que desde el proceso del coronavirus algo ha sucedido.
De repente las personas mayores fueron sindicados como el grupo de riesgo por
excelencia, y obligados a ser confinados para proteger a la estructura social. No
existe evidencia científica que ampare tal decisión, por lo que su explicación ha
de residir en procesos sociales y culturales invisibilizados (Pichon-Riviere, 1981).
Más allá de que el coronavirus no es sólo un acontecimiento sanitario
o biológico, sino un indicador diagnóstico y pronóstico de nuestro tejido social y de configuraciones políticas, sociales y culturales, es dable indicar que
este lugar de “protagonismo” en que se coloca ahora al adulto mayor es, punto
por punto, un “negativo” y hasta una negación de su renovadora experimentación subjetiva, social y cultural (Bourdelais, 1993).
Confinar a las personas mayores es ambivalentemente tanto “cuidarlos” de la muerte como dejarlos a “merced” de la muerte, es decir, que sean
ellos los que se hagan cargo de la muerte desde una política expiatoria, que
por un lado augura procesos mágicos de ofrenda propios de una sociabilidad mecánica y religiosa, y por otro, vuelve a resituar el lugar de las personas mayores en los términos tradicionalmente estereotipados de decrepitud,
des-ciudadanización y desvalimiento. De campeones de la experimentación
subjetiva se los ha colocado nuevamente en roles conservadores más claros y
más fáciles de reconocer (Klein, 2020).
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Paradojalmente, se los sigue necesitando, pero ya no como aportadores de opciones frente a desconciertos sociales, precariedades vinculares y
padres agobiados, sino como chivos expiatorios. A esto se une la posible anulación mágica de lo que este grupo renovador y rupturista pasó a representar (voluntaria o involuntariamente) como estructurador de valores sociales
emergentes: fraternidad; exacerbamiento del diálogo; anulación del pasado,
la tradición y el ancestro; profundización de confrontación generacional. Elementos disruptivos e instituyentes, que difícilmente podrían ser integrados
a otra gran tendencia social y política también cada vez más emergente: la
imposición totalitaria de los referentes duros (Enríquez, 2001).
Con el confinamiento del adulto mayor se confirma una postura expiatoria para resguardar el orden social, se conjura mágicamente el virus
apocalíptico y se debilita un proyecto emancipador, que tal vez es difícil de
integrar desde la tentadora restauración de valores tradicionales, “límpidos” y
severos (Berenstein, 1987).
Las personas mayores parece que han de “desaparecer” con su confinamiento, con lo que su desaparición parece recrear un clima de genocidio,
sin que nunca este término se explicite o surja como tal en la Media, dentro
de una nueva versión de la banalidad del mal (Arendt, 2004). Como se indicó, el adulto mayor es de vuelta un anciano, que en vez de preocuparse por
proyectar nuevas oportunidades de vida, debe enfrentar tan sólo, “sabia” y
resignadamente, a la muerte (Erikson, 2000).
En la medida en que las personas mayores son transformadas de vuelta
en viejos decrépitos a merced de la muerte, se las coloca en una “situación de
sometimiento”, a manera de ofrenda. Ante un desamparo estructural en el
que se quiebran los sostenes imaginarios y simbólicos que aseguraban pertenencia y protección, y ante un incremento del horizonte de referencias duras,
donde la lógica de la escasez se impone y por ende no hay salud para todos,
camas para todos, respiradores para todos, se incrementa la necesidad de actos de expulsión que son presentados como protección (Durkheim, 1951).
Las personas mayores son “entregadas” a la muerte en un intento, tal
vez, de restaurar equilibrios sociales y emocionales desde una imposición que
no admite discusiones, alternativas ni opciones. En este punto, el adulto mayor ya no es el emergente del cambio social, sino el depositario de la locura
colectiva en un movimiento que sintetiza la búsqueda frenética y mágica de
la redención social frente al virus intrusivo y destructivo (Pichón-Riviere,
1981; Durkheim, 1968; Berenstein, 1981).

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REFLEXIONES CONCLUSIVAS
Podría indicarse que la precariedad del mundo actual no la inventa el coronavirus; sin duda ya estaba, y desde hace mucho. El coronavirus genera
pánico no sólo por sus efectos mortales, sino además porque hace imposible
continuar la farsa de un simulacro de mundo feliz, frente a realidades catastróficas y precariedades, en un mundo renovadamente escaso donde no hay
oportunidades de empleo, salario, seguridad ni dignidad.
El coronavirus marca quizás sí un punto de inflexión: o se duela por
estructuras económicas y sociales que habría indefectiblemente que cambiar
para en definitiva proteger al mundo, la sociedad y el sujeto, o se reafirman
estructuras maníacas de negación, desresponsabilización o prácticas expiatorias, como las aquí descritas.
La acentuación de lo precario precarizado implica un malestar tanático
y destructivo, violento y totalitario, un escenario de muerte simbólica y social
que implica chivos expiatorios, pero en definitiva a todos. Es una cultura de
la muerte y el despojo.
El coronavirus no inventa la recesión, el desempleo, el empobrecimiento crónico. Los profundiza y hace imposible negarlos. El pánico generalizado
quizás se refiere a que la práctica del simulacro se ha vuelto ya inviable. El desesperante intento del retorno a la “nueva normalidad” es un gesto de negación
condenado al fracaso. Lo que se está consolidando es demasiado brutal y terrorífico como para poder negarlo. El darwinismo social está instalado. No se
prevé un horizonte de cambio, pues parece entenderse que sólo sobrevivirán
los más fuertes, los más agresivos, los más anestesiados. Virósica y socialmente.
Los titubeos, dudas, vuelta atrás de los gobiernos liberales serán con
probabilidad castigados por un consumidor al que le quitan el simulacro del
consumo, por una clase media a la que le sacan el simulacro de clase media,
por una generación a la que le quitan el simulacro de protagonismo. El consumidor es en realidad un endeudado crónico, la clase media es en realidad un
disfraz del empobrecimiento, las generaciones son en realidad grupos etarios
que no tienen incidencia alguna en su realidad.
Parece pues que en este escenario las personas mayores son señaladas
desde una práctica impositiva de confinamiento expiatorio y sacrificial. Desarrollo la hipótesis de que para que este enunciado social sea afirmado y
legitimado con esta aprobación veloz y unánime, es porque algo ha pasado
previamente en el imaginario social y en la estructura social que atañe a las
personas mayores hoy. Un escenario que probablemente se relaciona con
tendencias de referencias duras “incómodas” con las novedades culturales que
propician o indican la nueva generación de personas mayores.
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Desde este clima de supervivencia, del sálvese quien pueda, donde parece improbable que los estados mantengan niveles de bienestar, habrá que
preguntarse además qué agendas se podrán sostener: ¿la agenda de los derechos humanos?, ¿la agenda de la pobreza y el indigenismo?, ¿la agenda de
la democracia?, ¿la agenda del cambio climático? ¿Habrá aún disponibilidad,
fondos, proactividad e interés por mantener estas agendas que se han vuelto incómodas o un estorbo, frente a un panorama sombrío y amenazador
de escasez financiera y subsidios, sin préstamos, sin empleos, con la permanente amenaza de recesión? Por otra parte, cuando la sociedad ya no puede
ni siquiera cumplir con el mínimo deber de proteger a sus integrantes más
débiles y vulnerables, probablemente cualquier otro debate queda suprimido
y acallado.
El mundo que se vislumbra está lleno de sombríos resentimientos, retorno de gobiernos de cuño duro y fascista y una fragmentación social aún
más marcada en términos de grupo contra grupo. Es imprescindible concedernos la posibilidad de hablar de los peligros para la libre convivencia, el
libre pensamiento, las opciones personales, la democracia y la capacidad de
delegar representación. Eso sin hablar de la capacidad racional de administrar
los problemas de convivencia y el proyecto emancipatorio de las diferencias
y la alteridad y la necesidad de enfrentar los retos y desafíos de la próxima sociedad de envejecimiento. A partir de aquí dependerá de cada uno enfrentar
o no este silencio amenazador.
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GÉNERO Y MASCULINIDADES

Género y Masculinidades.

Trayectorias Laborales de Varones en Empleos de Limpieza
No Doméstica en la Ciudad de Córdoba, Argentina

Gender and Masculiniࢼes.

Labor Trajectories of Male Workers in Non-Domesࢼc Cleaning Jobs
in the City of Cordoba, Argenࢼna
MARÍA JOSÉ MAGLIANO*

► RESUMEN
Con base en un trabajo cualitativo, este artículo reconstruye las trayectorias laborales de varones en el empleo de limpieza no doméstica en
Córdoba, Argentina. En un contexto de expansión de los procesos de
tercerización laboral y a partir de retomar los aportes de la perspectiva
de género, se analizan las condiciones en que se desarrolla cotidianamente ese trabajo, las visiones que los trabajadores construyen sobre su
actividad laboral diaria, y el modo en que el género, en tanto dimensión
que estructura el espacio laboral, organiza las tareas asignadas para mujeres y varones a partir de una división de roles “masculinos” y “femeninos”.
Palabras clave: Trabajo de limpieza no doméstica | Masculinidades | Género
| Precariedad | Tercerización laboral.

► ABSTRACT
Based on a qualitative fieldwork and considering the contributions of
gender perspective, this article aims to reconstruct male labor trajectories in non-domestic cleaning jobs in Cordoba, Argentina. Taking into
account the expansion of labor outsourcing processes, it analyzes the
conditions in which non-domestic cleaning jobs are daily carried out,
the visions that male workers build on their everyday labor activity, and
the way in which gender organizes the tasks assigned to both, women
and men, based on a division of “male” and “female” roles.
Keywords: Non-domestic cleaning job | Masculinities | Gender |
Precariousness | Labor outsourcing.

 Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y profesora
de la Universidad Nacional de Córdoba, Facultad de Filosofía y Humanidades. Correo electrónico:
majomagliano@unc.edu.ar
Recibido: 30 de julio de 2020 | Aceptado: 14 de marzo de 2021
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ISSN 2007-1205 | pp. 23-44

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MARÍA JOSÉ MAGLIANO

INTRODUCCIÓN
En este artículo buscamos contribuir a la discusión sobre género y trabajo
a partir del análisis de las trayectorias laborales de varones en el empleo de
limpieza no doméstica en la ciudad de Córdoba, Argentina, haciendo especial
hincapié en las condiciones en que se desarrolla cotidianamente ese trabajo
y el modo en que el género, en tanto dimensión que estructura el mundo
laboral, organiza las tareas asignadas tanto para mujeres como para varones
a partir de una división de roles “masculinos” y “femeninos”.1 Aun cuando los
trabajos de limpieza —doméstica y no doméstica, remunerados y no remunerados— se hayan configurado tradicionalmente como territorio femenino, durante las últimas décadas se han transformado en una de las opciones
requeridas por cada vez más varones (además de mujeres) que forman parte
de los sectores populares de Argentina.2 Al momento de la inserción en este
sector del mercado de trabajo, estos varones encontraban dificultades para la
obtención de otro empleo o habían sido despedidos de sus antiguas ocupaciones, en general vinculadas al ámbito fabril.
Si bien el ingreso a la limpieza no doméstica por parte de los varones
se debe a una combinación de varios elementos, predominan dos: lo relativamente “ágil” que resulta ese ingreso y las pocas exigencias que las empresas requieren para los puestos de operarios. Este trabajo es valorado en un
acotado abanico de opciones laborales principalmente por su “formalidad” y
su “estabilidad”. En este sentido, reconocemos la necesidad de poner en diálogo el estudio de caso con fenómenos sociales más amplios, vinculados a la
creciente precarización de las relaciones laborales, más allá de la dicotomía
formalidad/informalidad, y a la existencia consolidada de “empleos desprotegidos” (Sassen, 2003, p. 171), que empujan a los trabajadores, mujeres y
varones, a situaciones de vulnerabilidad y desamparo. Ya a comienzos de este
siglo, Sassen (2003) señalaba que “los principales cambios en la organización
de la actividad económica en los últimos 15 años emergieron como una fuente de inseguridad económica general y, particularmente, de nuevas formas de
pobreza centradas en el empleo” (p. 161). En Argentina, las políticas de ajuste
estructural de fines del siglo XX, sobre todo de los años noventa, generaron
la destrucción de la matriz productiva consolidada durante el proceso de in1 Las trayectorias laborales, recuperando el planteo de Muñiz Terra, Roberti, Deleo et al. (2013), indagan
en la vida laboral de los sujetos en un periodo determinado, manteniendo siempre una perspectiva de
largo plazo.
2 Es importante aclarar que el binomio “mujer/varón” no implica desconocer la existencia de múltiples
identificaciones de género. Retomamos ese binomio porque con base en él se organiza el trabajo de
limpieza no doméstica.
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dustrialización por sustitución de importaciones. Esa destrucción impactó
fuertemente en el empleo, transformándose la informalidad en una problemática en expansión dentro del mundo del trabajo. A la par de la progresiva
informalidad laboral, la calidad de muchos empleos se fue deteriorando. El
trabajo de limpieza no doméstica es una muestra de ello: hasta hace pocos
años, quienes se dedicaban a estas tareas en edificios, dependencias públicas
y empresas privadas, eran empleados de los consorcios, del Estado o de las
empresas para las que trabajaban, con posibilidad de acceso a determinados
convenios laborales. Una vez se fueron jubilando, estos trabajadores fueron
reemplazados por los servicios prestados por las empresas de limpieza no doméstica, tercerizando el trabajo para reducir los costos. Es decir, los nuevos
trabajadores en este sector laboral son empleados de las empresas que son
contratadas por los consorcios, las empresas o las dependencias estatales para
prestar el servicio.
El tema de los varones en la limpieza no doméstica se coló por primera vez durante una investigación que llevamos adelante sobre la vinculación
entre migraciones y trabajo de cuidados (Magliano, Perissinotti y Zenklusen, 2016). Como parte de esa investigación, realizamos allá por 2014 una
entrevista con Romina, una trabajadora de casas particulares que participaba activamente en el Sindicato del Personal de Casas de Familia de Córdoba
(Sinpecaf). En esa oportunidad, planteaba enfáticamente la necesidad de profesionalizar la actividad. En pos de ello, desde el sindicato se ofrecían distintos
cursos de capacitación orientados a enseñar diferentes técnicas de limpieza.
Romina, nuestra interlocutora, era la encargada de uno de esos cursos. Una
de las cuestiones que subrayó en esa entrevista era que, si bien la mayoría de
quienes asistían a su curso eran mujeres, había algunos varones que lo hacían
con el propósito de entrar a trabajar en alguna empresa de limpieza. “Aunque
les costaba ir, les daba como vergüenza, no se sentían cómodos rodeados de
mujeres hablando de cómo limpiar mejor un baño”, señaló Romina en aquella ocasión.3 Esa “incomodidad” se asentaba, principalmente, en que estaban
ingresando a un terreno no sólo “feminizado”, pues la mayoría de las asistentes al curso eran mujeres, sino también “femenino”, en tanto los trabajos de
limpieza han sido construidos socialmente como una competencia femenina
por naturaleza. Si aquella vez esa referencia pasó casi inadvertida, para 2018, y
como parte del desarrollo del proyecto colectivo Lo esencial es invisible a los
ojos. Género y trabajo de limpieza en Córdoba, adquirió relevancia.
Al contrario de lo que sucede con los trabajos de limpieza remunerados
que se desarrollan en el ámbito doméstico, los cuales recibieron una impor3 La entrevista tuvo lugar el 15 de octubre de 2014 en la casa de la representante legal del Sinpecaf.
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tante atención académica,4 el empleo de limpieza no doméstica es un campo
de estudios todavía poco explorado, pese a que fue creciendo el número de
trabajadores dedicados a esta actividad al compás de las transformaciones en
el mercado de trabajo. En el contexto local, se destacan las investigaciones
de Capogrossi (2020a, 2020b), Claussen, Delfino y Bayma (2020), Gorban y
Tizziani (2018), y Tizziani (2017). Por fuera del ámbito nacional, son escasos
los trabajos académicos que han abordado esta temática. Entre ellos, podemos
mencionar los estudios de Castro López (2020), Franco Quiñónez y Santacruz
Ortiz (2016), Entwistle (2015), y Dresch, Vieira Zanardine y Faux (2015), focalizados en la región sudamericana. En la literatura europea, por su parte, se
encuentra el texto de Catarino y Oso (2000), sobre mujeres migrantes en Madrid y Lisboa y los procesos de etnización en el sector de limpieza doméstica y
no doméstica, y la tesis de maestría de Krifors (2009), que analiza el concepto
de flexibilidad en relación con el sector de limpieza en Suecia.
En mayor medida, este conjunto de investigaciones se concentra en
el análisis de trayectorias laborales de mujeres en este sector del mercado
de trabajo, con excepción del estudio de Kruger, Pérez-Nebra y Antloga
(2016), que recupera las distinciones de género para el análisis del empleo
de limpieza no doméstica en Brasil. De todas maneras, las implicaciones en
los roles de género que suponen las inserciones laborales de varones en empleos remunerados no convencionales, en especial aquellos asignados tradicionalmente a las mujeres, siguen siendo un aspecto marginal dentro del
campo de los estudios de género. Precisamente, en este artículo pretendemos comenzar a saldar esa vacancia, a partir de reconstruir las experiencias
laborales de varones en el trabajo remunerado de limpieza no doméstica.
En particular, apuntamos a analizar sus formas de ingreso a este trabajo,
así como sus trayectorias laborales previas; las visiones que construyen sobre su actividad laboral diaria; y las diferencias de género que establecen
con las mujeres dentro del mismo espacio laboral. Partimos de la premisa
de que la incorporación de los varones en actividades configuradas socialmente como “femeninas” supone un desafío al sentido de la masculinidad
construida en el trabajo (De la O, 2013, p. 58), a la vez que habilita formas
de resistencia frente a la feminización de esas actividades. En el trabajo de
limpieza no doméstica, esas resistencias se expresan principalmente en una
división generizada de las tareas con base en la reproducción de una ima-

4 El campo de estudios sobre el trabajo doméstico ha sido muy prolífico en los últimos años. Los trabajos
de Borgeaud-Garciandía (2017, 2018), Canevaro (2014), Gorban (2015), Magliano et al. (2016), Mallimaci
y Magliano (2018), Rodríguez Enríquez (2012), y Tizziani (2011), sólo por citar algunos enmarcados en el
contexto nacional, dan cuenta de la renovada atención que recibió esta temática.
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gen de fortaleza del varón, en contraposición a la supuesta “debilidad” de
la mujer.
El artículo consta de tres apartados. En el primero, describiremos los
recorridos teóricos y metodológicos que orientan este estudio. En el segundo,
reconstruiremos las trayectorias laborales de los trabajadores de limpieza no
doméstica con el propósito de analizar sus formas de inserción en esta actividad, la circulación por el mercado de trabajo y las estrategias de subsistencia
que estos varones despliegan. En el tercero, indagaremos en las formas de organización del trabajo de limpieza no doméstica, contemplando las diferencias que se establecen entre varones y mujeres a partir de la idea que concibe
que, aun en trabajos concebidos a priori como “femeninos”, la presencia de
varones organiza las actividades en torno a una división sexual del trabajo.
TRABAJO DE LIMPIEZA NO DOMÉSTICA,
MASCULINIDADES, TERCERIZACIÓN LABORAL:
RECORRIDOS TEÓRICO-METODOLÓGICOS
En términos teóricos, el artículo se apoya en los estudios de género y sus
aportes para pensar el espacio laboral, teniendo en cuenta que esta dimensión condiciona las modalidades de trabajo, las valoraciones de las actividades
realizadas por varones y mujeres, y las experiencias diferenciadas en torno a
la cotidianeidad laboral. Como bien señala Palermo (2017, p. 20), el espacio
laboral no es solamente la estructura principal de las relaciones de clase, sino
también un ámbito privilegiado para analizar las relaciones de género en las
sociedades modernas. Asimismo, mirar el mundo del trabajo en perspectiva
de género permite dar cuenta de los complejos procesos de segregación laboral que se expresan en una presencia desigual de mujeres y varones en el
mercado de trabajo. Esta presencia desigual se asienta en la construcción de
ocupaciones “femeninas”, las cuales son comprendidas como una extensión
de las tareas “naturales” de la mujer asociadas al espacio doméstico (Magliano
y Mallimaci, 2018).
El trabajo de limpieza no doméstica presenta, por un lado, ciertas similitudes con el trabajo doméstico remunerado en casas particulares, sobre todo
por el hecho de que ambos están fuertemente afectados por la invisibilidad
y la falta de reconocimiento social (Gorban y Tizziani, 2018, p. 92); por el
otro, se distancia de él en tanto reproduce determinadas prácticas asociadas al
trabajo masculino —en relación con su forma impersonal, regulación y estandarización en los procesos de trabajo— a partir de su externalización (Gorban
y Tizziani, 2018, p. 93). En esa tensión se desarrollan trayectorias laborales de
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varones que pueden experimentar las mismas condiciones laborales que las
mujeres (con especial referencia a los bajos salarios, la alta rotación y la falta
de reconocimiento social); y, a la vez, desplegar un conjunto de estrategias
para fortalecer su identidad y minimizar las connotaciones femeninas del trabajo mediante la búsqueda de liderazgo (De la O, 2013, pp. 57-58). De hecho,
una de las cuestiones que nuestro trabajo de campo muestra es la recurrente
preocupación por parte de los varones de distinguir y diferenciar las tareas
que realizan respecto de aquellas que hacen las mujeres.
El foco puesto en los varones y sus trayectorias dentro de un sector laboral configurado socialmente como “femenino” hace posible, además, repensar el lugar de las masculinidades en el campo de los estudios de género,
teniendo en cuenta que, pese al énfasis de estos estudios en el carácter relacional de esa dimensión, la mayoría de ellos se ha centrado en las mujeres
(Rosas, 2013; Viveros Vigoya, 1997).5 Las masculinidades, al igual que las feminidades, deben comprenderse como resultado del vínculo de varones con
mujeres, pero también con otros varones y con todas las identidades sexuales
que se construyen socialmente (Gutmann, citado en Palermo, 2017, p. 26).
Ahora bien, es importante resaltar que la concepción de los trabajos de limpieza no doméstica como patrimonio laboral femenino —tal como sucede con
el empleo de limpieza que se desarrolla en ámbitos domésticos— se asienta
más en una construcción social que en la presencia real y cotidiana de mujeres
y varones que se desempeñan en este rubro. Cuando comenzamos con esta
investigación, suponíamos que se trataba de un trabajo donde la presencia de
mujeres era preponderante. Sin embargo, nuestros primeros contactos con
el campo cuestionaron aquella hipótesis. Los datos estadísticos también lo
hicieron: según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para el 2017, del
total de trabajadores de limpieza no doméstica a nivel nacional, el 44.2% son
varones, mientras que el 55.8% son mujeres. Cuando se focaliza en Córdoba,
esa relación se invierte. De acuerdo a esos mismos datos, y para el área de
Córdoba, Gran Córdoba y Río Cuarto (principales aglomerados urbanos de
la provincia), el 53.3% de los trabajadores que se desempeñan en esta actividad son varones y el 46.7% son mujeres.6
En líneas generales, el trabajo de limpieza no doméstica es una de las expresiones más palpables de la tercerización laboral en un contexto de creciente centralidad económica del sector servicios a nivel global. La tercerización
5 Para un análisis de la producción teórica sobre masculinidades en América Latina, véase Piscitelli y
Simoni (2015), y Viveros Vigoya (1997).
6 En 2017, y de acuerdo a los datos de la EPH, el 4.5% del total de personas ocupadas, mujeres y varones,
a nivel nacional se desempeñaba en los empleos de limpieza no doméstica; mientras que en el ámbito
provincial esa cifra ascendía, en ese mismo año, al 5.3%.
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funciona a partir de la externalización y subcontratación de actividades con
el objetivo de reducir costos. La expansión de ambos procesos (la externalización y la subcontratación), indica Battistini (2018), hizo proliferar empresas
que ofrecen un conjunto de servicios a partir de la generación de espacios de
producción diferenciados con grupos de trabajadores también diferenciados.
Sectores del mercado de trabajo como la limpieza no doméstica, que antes
eran áreas dentro de empresas privadas u organismos públicos, son transferidos a empresas tercerizadas que ofrecen distintos servicios. Esto implica
una disociación entre el lugar de trabajo cotidiano de los trabajadores y los
empleadores: en la gran mayoría de los casos, quienes se desempeñan en la
limpieza no doméstica no conocen a quienes los contratan.
Estos procesos, aun cuando no son enteramente novedosos, adquieren
mayor dinamismo en el marco del contexto neoliberal (De la Garza Toledo,
2012). Tal como señala Castles (2013), la informalidad, los contratos temporales, el trabajo a destajo, la subcontratación y la tercerización son rasgos
de las formas cruciales de diferenciación de la fuerza de trabajo en el actual
mercado global de trabajo.
Córdoba no es ajena a esta situación. Como muestran los trabajos de
Capogrossi (2020a, 2020b), existen en la ciudad y la provincia numerosas
empresas que ofrecen servicios de limpieza a terceros, las cuales se convirtieron en una de las principales generadoras de puestos de trabajo para los
sectores de más bajos recursos. Se trata de mujeres y varones que trabajan en
empresas privadas que ofrecen servicios de limpieza en organismos públicos
y privados, centros comerciales, edificios, de salud, etcétera, de la ciudad de
Córdoba. Son empleos remunerados con formas de contrato “atípicas”, salarios bajos, altísimos niveles de rotación, y donde el control y la disciplina
se ejercen de manera directa, sin recurrir a ningún tipo de dispositivo que
enmascare la relación de explotación (Capogrossi, 2020b).
Para ahondar en estas especificidades, la investigación se apoya en un
trabajo de campo cualitativo realizado en 2018 en la ciudad de Córdoba con
varones y mujeres que se dedican al trabajo de limpieza no doméstica. Ese
trabajo de campo se basó en entrevistas semi-estructuradas desarrolladas en
los lugares de trabajo, en general durante los tiempos libres y el inicio o finalización de la jornada laboral. Esas entrevistas apuntaron a reconstruir no
sólo las condiciones de trabajo, sino también las propias trayectorias laborales
y familiares de nuestros interlocutores. En concreto, este estudio se apoya
en el análisis de 10 entrevistas (cinco varones y cinco mujeres).7 De esas 10
7 Los nombres de todas las personas que aparecen en este artículo han sido modificados para preservar
su anonimato.
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personas entrevistadas, siete trabajan en dependencias públicas (de la nación
y la provincia de Córdoba), mientras que tres lo hacen en el ámbito privado
(edificios, principalmente). En su conjunto, se trata de una población joven
(el 90% de los y las entrevistadas tiene menos de 45 años), siendo el rango
etario principal entre los 20 y 40 años.8 En todos los casos, los empleadores
son empresas y/o cooperativas de limpieza que, a su vez, son contratadas
por dependencias estatales o privadas. El criterio de selección de la muestra
se asentó en el tipo de actividad que realizaban —limpieza no doméstica— y
en el hecho de trabajar para empresas de limpieza de la ciudad de Córdoba.
Para componer la muestra se estableció una red de contactos aleatoria que
nos permitió armar un listado de posibles informantes. Al momento de la
entrevista, se utilizó una guía de preguntas flexible aplicada tanto a mujeres
como a varones, al mismo tiempo que se dio lugar a la narración libre de las
experiencias y los hechos que reponían nuestros interlocutores.
Si bien nos focalizaremos en los varones y sus experiencias en este
sector del mercado laboral, mantendremos un diálogo fecundo con las experiencias de las mujeres que también se dedican a esta actividad, para así poder
tener una visión más acabada de las especificidades de género del trabajo de
limpieza no doméstica.
TRAYECTORIAS LABORALES DE VARONES
EN EL TRABAJO DE LIMPIEZA NO DOMÉSTICA
Hace 11 años que Esteban trabaja en empresas de limpieza. En la entrevista
que mantuvimos explicó que cuando entró en la primera empresa “no tenía
un trabajo fijo, yo siempre he hecho de todo, vendía cosas en la calle y eso,
pero un conocido me dijo que estaban buscando gente para una empresa de
limpieza, me presenté y me tomaron. Yo lo que más quería era tener algo estable” (Esteban, 45 años, 31 de octubre de 2018, limpia en una escuela pública). Fernando lleva casi 20 años en el rubro, luego de que quedara sin trabajo
en una metalúrgica donde previamente trabajaba, “y el abogado que era en ese
momento de la empresa metalúrgica era el patrón de mi vieja, que laburaba
en la casa de él como doméstica. Y él me hizo entrar en la empresa de limpieza” (Fernando, 40 años, 5 de octubre de 2018, limpia en una dependencia
provincial). Por un contacto y luego de perder el trabajo, también en el rubro
metalúrgico, Marcos comenzó a trabajar en una empresa de limpieza:
8 En líneas generales, las personas que se dedican a la limpieza no doméstica remunerada en Córdoba se
distinguen por su juventud. En 2017, el promedio de edad para mujeres y varones era de 34 años (EPH, 2017).
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Yo hace 15 años que trabajo en la empresa. Empecé en el año 2002.
El rubro mío era metalúrgico, pero en el 2000 me quedé sin trabajo, vendí en la calle, salí a vender en la calle para mantenerme y,
después, por medio de un cuñado mío me dice que en esta empresa
justo precisaban gente (Marcos, 53 años, 25 de octubre de 2018,
limpia en una escuela pública).

En todos los casos analizados, el trabajo de limpieza no doméstica no
surge como una primera opción laboral, sino que se llega allí a partir de las
dificultades para encontrar otros trabajos, sobre todo luego de ser despedidos
de sus ocupaciones previas. En sus inicios, el ingreso a las empresas tercerizadas emergía como una opción inmediata y temporaria que resolvía en parte,
como veremos más adelante, las necesidades de subsistencia. No obstante, la
dificultad para encontrar otros trabajos hace que la permanencia en el rubro
se mantenga en el tiempo. Asimismo, y como los fragmentos arriba recuperados indican, el ingreso a las empresas se debió a la recomendación de
algún conocido. De este modo, y operando de modo similar al descrito por
Vargas (2005) dentro de la industria de la construcción, la informalidad de
las relaciones laborales vuelve a la “confianza” interpersonal expresada en las
recomendaciones un bien extremadamente valorado. Las mujeres, a diferencia de los varones, no mencionaron las recomendaciones como un aspecto
relevante para la obtención del empleo. Esto puede deberse a que el varón
que realiza tareas de limpieza necesita demostrar una especie de “papeleta de
confiabilidad”, en tanto no deja de ser un “extraño” a las tareas de limpieza, a
diferencia de lo que sucede con las mujeres.9
Luego de la recomendación, se presentan en la empresa, más precisamente en la oficina de recursos humanos, y se les efectúa una entrevista
donde, como indica Capogrossi (2020b) en su análisis sobre las condiciones
laborales de trabajadoras de limpieza no doméstica, no se les pide ninguna
capacitación o conocimiento previo, sólo se les informa sobre la extensión de
la jornada de trabajo, el monto de los salarios y, generalmente, al día siguiente
comienzan a trabajar.10 Al no requerir ninguna capacitación o certificación, el
inicio de la actividad es casi inmediato. Esa “rapidez” en el ingreso es también
una de las cuestiones que más rescatan los trabajadores.
Nuestros interlocutores varones, al igual que las mujeres, se desempeñan en la limpieza desde hace tiempo, en muchos casos trabajando para la
9 Agradezco esta sugerencia, entre muchas otras que contiene este artículo, a Lorena Capogrossi.
10 Para un análisis en detalle de las especificidades generales del trabajo de limpieza no doméstica, véase
Capogrossi (2020a, 2020b).
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misma empresa, aunque no en el mismo lugar. Las rotaciones internas son
comunes en este trabajo.11 Tal como indicó en una oportunidad Mariana,
“te pueden cambiar porque hacés mal tu trabajo, pero en mi caso no era por
eso. Yo considero que soy buena trabajadora, responsable, pero te cambian
de acuerdo a las necesidades de la empresa” (Mariana, 24 años, 10 de octubre
de 2018, limpia en una escuela pública). En general, las rotaciones no son
consensuadas con las y los trabajadores, es una decisión que se toma desde
“arriba”:
Y me sacó después de 12 años de esa escuela y me trajeron acá. Y
me vino un bajón porque no lo podía creer. Yo estaba entusiasmado en el otro lugar, lo quería mucho al otro colegio, hice muchas
cosas: arreglaba enchufes, puertas, era Marcos para todo. Y no había personal de mantenimiento, en ningún colegio hay personal de
mantenimiento. Y después ya me adapté, me adapté con la gente.
Como le digo, hay cosas que no me gustan y tengo que callarme
para poder jubilarme algún día de mi vida (Marcos, 53 años, 25 de
octubre de 2018, limpia en una escuela pública).

A diferencia del estudio realizado en el contexto brasileño por Kruger et
al. (2016), cuyos resultados apuntan a una mayor rotación entre los varones,
relacionada con la poca identificación con el trabajo y la falta de reconocimiento, en nuestra investigación esa rotación afecta tanto a mujeres como
a varones. En la mayoría de las situaciones, es decidida de manera unilateral por las empresas, mientras que en otras, las menos, es solicitada por los
propios trabajadores, como fue el caso de Mariana, debido a conflictos que
surgen al interior de los espacios de trabajo.
Pese a cuestionar las rotaciones compulsivas, el empleo de limpieza no
doméstica es especialmente valorado por la estabilidad laboral que otorga en
comparación con las opciones laborales que tienen más a mano, como la venta ambulante y las “changas” de albañilería,12 caracterizadas ellas por la informalidad y la inestabilidad. De hecho, una y otra vez en el transcurso de las
entrevistas remarcaron que estaban “en blanco”,13 que les hacían “los aportes”
para luego poder jubilarse y que les contemplaban las vacaciones, aun cuando
no en las fechas que ellos preferían. Ahora bien, esa estabilidad no impli-

11 Vale aclarar que también se dan rotaciones externas, es decir, un trabajador o trabajadora de limpieza
que en su trayectoria haya trabajado para distintas empresas de limpieza.
12 Las changas son aquellos trabajos ocasionales que permiten la subsistencia.
13 Por “trabajo en blanco”, se hace referencia al hecho de encontrarse trabajando formalmente.
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ca que las condiciones de trabajo no sean precarias. Es, de algún modo, una
estabilidad que no modifica el marco de precariedad laboral que distingue a
este empleo. La combinación de estabilidad con precariedad —entendida ésta
como una relación de desigualdad (Lorey, 2016)— se plasma, más allá de la
rotación compulsiva por distintas dependencias que imponen las empresas,
en los mecanismos de contratación que permiten reclutar y deshacerse de la
fuerza de trabajo con mayor facilidad (Dávolos, Fajn y Spaltenberg, 2008). La
referencia reiterada por parte de nuestros interlocutores de la existencia de
“contratos abiertos”14 y/o en “blanco”, que supone para el/la trabajador/a desconocer lo que se firma al momento de ingresar a la empresa, es una muestra
de esa estabilidad precaria. Estos mecanismos benefician a las empresas, en
tanto permiten reducir los costos que implica un posible despido. También
se manifiesta en las condiciones laborales, en particular en la remuneración
percibida. Entre los trabajadores es recurrente la queja respecto a los bajos
salarios que obtienen. Ramiro, quien se desempeña como trabajador de limpieza en un edificio, nos comentaba al respecto:
Yo gano 15 mil pesos. El consorcio paga poco más de 20 mil por cuatro horas de lunes a viernes y los sábados dos horas. El otro edificio
en el que trabajo (siempre para la misma empresa) paga lo mismo,
por los mismos días y horas. Mi jefe se lleva 42 mil por los dos edificios y yo me quedo con 15 mil (Ramiro, 26 años, 9 de octubre de
2018, limpia en un edificio).

Ese mismo sueldo tenía Marcos, por una jornada de 40 horas semanales:
Ahora cobro 15 mil pesos. Y diga que estoy solo y me las rebusco
con las changas. Doy gracias a Dios que hasta diciembre voy a tener
trabajo los sábados con las changas. Pero no todo el mundo las tiene (Marcos, 53 años, 25 de octubre de 2018, limpia en una escuela
pública).15

Debido al bajo ingreso percibido, el total de varones que entrevistamos
realizaba alguna otra tarea remunerada luego de la jornada laboral como em14 Un contrato abierto es un contrato cuyos términos no describen la totalidad del acuerdo entre las dos
partes implicadas, con cláusulas o disposiciones que se pueden modificar sin el consentimiento mutuo.
15 Ese monto de dinero equivalía, en octubre de 2018, cuando realizamos la entrevista, a unos 400 dólares
mensuales por un trabajo de 40 horas semanales. El salario mínimo vital y móvil de aquel momento,
definido según el artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo como la menor remuneración que debe
percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, rondaba en ese momento los 275 dólares.
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pleados de limpieza no doméstica. Como ellos mismos subrayaron en sus relatos, se las “rebuscan” con la venta ambulante, con las changas, con el delivery
y, especialmente, con el trabajo de limpieza doméstica. “Yo soy suplente de
marido”, indicó Fernando al consultarle por las otras actividades remuneradas que desarrollaba por fuera del trabajo de limpieza no doméstica. “Mi
jornada laboral es mucho más larga de las horas que estoy trabajando acá”,
agrega:
Ayudo en el mantenimiento de la casa, en la limpieza de la casa.
Mantengo el parque, las luces. Todo lo que no hace el marido lo
hago yo, menos trabajo sexual [se ríe]. Hace años que hago esto
(Fernando, 40 años, 5 de octubre de 2018, limpia en una dependencia provincial).

Ser “suplente de marido”, como Fernando nombra al trabajo de limpieza
doméstica, es una forma de construcción de la masculinidad y una resistencia
a la feminización que supone ese trabajo. Así, Fernando enfatiza que no realiza cualquier actividad doméstica, sino aquellas que “no hace el marido”. En
esta afirmación deja entrever que no lava baños o plancha —de hecho, no son
éstas las actividades que enumera cuando describe su otro trabajo—, porque
los maridos no hacen usualmente esas tareas.
Al igual que Fernando, Ramiro también se dedica al empleo doméstico
por horas, siempre de manera informal, para poder acceder a un ingreso extra que pueda alivianar la subsistencia familiar:
Trabajo, por ejemplo, para una doctora que tiene un par de departamentos y casas, entonces yo voy a limpiarlos, corto el pasto, hago
un poco de pintura, mantenimiento general. Y otro de por acá que
también voy de vez en cuando. La señora del lavadero a veces me
lleva a su casa para que le haga limpieza. Y, bueno, así fueron saliendo las changas. Y yo las agarro porque todo suma (Ramiro, 26
años, 9 de octubre de 2018, limpia en un edificio).

En ambos casos, el trabajo de limpieza no doméstica les permitió obtener el otro trabajo de limpieza, pero esta vez en el ámbito doméstico. “Incluso
te digo las veces que me han tratado de gay por hacer tareas domésticas. Así
en tono de broma mucha gente piensa que soy gay”, relató Fernando con
una sonrisa. “A mí no me molesta”, agregó. “Tengo como 25 clientas durante
el año y cuatro clientes varones […] Y todos me tienen confianza y me van
recomendando. Pero éste es mi trabajo estable, el que me pagan mensualTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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mente”, concluyó Fernando, haciendo referencia al empleo de limpieza en
la dependencia provincial. La idea de subsistencia emerge también del relato
de Ramiro, quien está casado y tiene cuatro hijos, para explicar su trabajo
extra por horas en casas particulares. La baja remuneración que se obtiene
como trabajador de limpieza no doméstica es lo que justifica, recuperando los
propios relatos de quienes se dedican a esta actividad, la búsqueda de generar
otros ingresos.16 Sin embargo, se trata de una búsqueda restringida, habida
cuenta de cómo funciona el mercado de trabajo, atravesado por fuertes procesos de segregación laboral.
Esto mismo sucede con las mujeres que se desempeñan en el empleo de
limpieza no doméstica y, a la vez, trabajan por horas en casas particulares. Lo
que manifiestan las experiencias laborales de nuestros interlocutores son los
puentes que existen entre los ámbitos domésticos y no domésticos, aunque
en sentidos diferentes, dependiendo de si son varones o mujeres. En el caso
de las mujeres, la circulación es inversa a la de los varones, pues el trabajo
de limpieza doméstica funciona en muchos casos como primera inserción
laboral (Capogrossi, 2020a, 2020b). El salto al espacio “no doméstico” —buscado y anhelado por su mayor estabilidad— es posterior. Para los varones, en
cambio, el trabajo de limpieza en el ámbito doméstico surge como posibilidad
luego de que ingresan a las empresas de limpieza no doméstica. En general,
los vínculos que se establecen en el lugar de trabajo son los que permiten generar los contactos y recomendaciones necesarios para poder acceder a esos
otros trabajos de limpieza, esta vez en casas particulares.
Otro punto de contacto entre el empleo de limpieza doméstica y no
doméstica, que expresa otra de las dimensiones de la precariedad que los
distingue, es la invisibilidad y el escaso reconocimiento social que enfrentan quienes se dedican a estas actividades. “Es como si fuéramos invisibles”, se quejó Esteban en la entrevista. “Te ven que estás limpiando
y pasan por al lado tuyo y te vuelven a tirar un papel” (Esteban, 45 años,
31 de octubre de 2018, limpia en una escuela pública). En los relatos, la
invisibilidad aparece como queja y también como imposición, en el marco
de las estrategias desplegadas para preservar el trabajo. Así pues, Pablo
en su relato afirmó que “tenemos que ser silenciosos, casi no se tiene que
notar que estamos” (Pablo, 38 años, 16 de octubre de 2018, limpia en
un edificio). Al igual que sucede con los trabajos en casas particulares y
16 Un ejemplo de las restricciones económicas que enfrentan estos trabajadores es que, del total de
los entrevistados, sólo Fernando pudo acceder a tener casa propia a través de un plan de vivienda de
la Cooperativa Horizonte de Córdoba, el resto vivía en casa de familiares o alquilaba. La Cooperativa
Horizonte, fundada en 1982 y orientada a resolver los problemas habitacionales de los sectores populares,
se basa en un Sistema de Vivienda Registrado exclusivamente autofinanciado por sus asociados.
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de cuidados en general, el pasar desapercibido resulta una condición de
“buen/a trabajador/a”.
La visión de la limpieza, doméstica y no doméstica, como un trabajo que
nadie ve —invisible— está estrechamente ligada a la naturalización de estas
actividades como propias de las mujeres, aun cuando sean los varones quienes las realizan, y contribuye al desconocimiento y a la escasa valoración de
las competencias, saberes y habilidades incorporados por las personas encargadas de llevar adelante estas actividades (Arango Gaviria, 2011). Esta escasa
valoración refuerza la premisa de que quienes hacen el “trabajo sucio” en una
sociedad, retomando la categoría propuesta por Duffy (2007) para definir a
los trabajos de limpieza y cuidados, teniendo en cuenta aquello que socialmente representan, no eligen hacerlo, sino que no les queda otra alternativa.
Ahora bien, los vínculos con el empleo doméstico no se agotan allí. Las
entrevistas revelaron que este trabajo atraviesa también las propias trayectorias familiares de nuestros interlocutores. La reconstrucción de las ocupaciones de sus familiares cercanos pone de manifiesto que la gran mayoría
de sus madres se dedicaba al empleo doméstico remunerado. En el caso de
Fernando, incluso fue su madre, quien trabajaba como empleada doméstica,
la que le consiguió el trabajo en la empresa de limpieza. No sólo sus madres,
sus parejas actuales se encuentran también ocupadas en tareas domésticas y
de cuidado remuneradas y no remuneradas.
De este modo, las largas trayectorias dentro del trabajo doméstico permiten avanzar en la construcción de un perfil de trabajador de limpieza no
doméstica, nos referimos a varones pertenecientes a los sectores populares
cuyas opciones de inserción laboral son limitadas y cuyas trayectorias laborales cercanas se encuentran moldeadas por el trabajo doméstico.17 Si sus madres se dedicaron especialmente al trabajo doméstico por horas, mayormente
realizado de manera informal, las actividades de sus padres aparecen como
más heterogéneas, aunque siempre dentro del universo de trabajos de y para
los sectores populares. Así, albañilería, plomería, choferes emergen como sus
trabajos más comunes. Es en este contexto que la estabilidad, aunque sea en
un marco de precariedad, y la formalidad funcionan como atractivos principales en torno al trabajo de limpieza no doméstica. Pero ese perfil muestra
diferencias, ya sea que se trate de varones o de mujeres. Precisamente, en el
17 Vale aclarar que la construcción de ese perfil no busca obturar la heterogeneidad de experiencias y
trayectorias de quienes se dedican a este trabajo, sino poder avanzar en los aspectos comunes. En uno de
los puntos donde más diferencias hay es en el nivel educativo alcanzado: los más jóvenes tienen una mayor
calificación que los más grandes. Así, los niveles educativos van desde primario completo hasta terciario/
universitario incompleto. Es importante resaltar en este punto que quienes buscan continuar estudiando
manifiestan las dificultades que encuentran para poder conciliar la vida laboral con los estudios.
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próximo apartado nos focalizaremos en las aristas diferenciadas en relación
con la dimensión de género y en los sentidos de las masculinidades puestas en
juego alrededor de este trabajo.
LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO DE LIMPIEZA
NO DOMÉSTICA
Si bien las condiciones laborales son semejantes para mujeres y varones, dentro del universo de la limpieza no doméstica está presente una división sexual
del trabajo que organiza y ordena las actividades que ambos realizan. Por “división sexual del trabajo” estamos haciendo referencia al reparto social de tareas o actividades según sexo-género (Goren, 2017, p. 3). Cuando indagamos
en las entrevistas sobre el trabajo llevado a cabo durante la jornada laboral,
tanto mujeres como varones subrayaron que hacían las mismas tareas, en
especial en aquellos ámbitos donde comparten el trabajo, como sucede en
las escuelas, en los hospitales, en las dependencias públicas en general. No
obstante, al profundizar sobre las competencias de cada uno, comenzaron a
aparecer las diferencias. Mientras que las mujeres, como sugiere Capogrossi
(2020b), se encargan de actividades que son consideradas como una “externalización” de las tareas que realizan dentro de sus hogares (barrido, limpieza
de pisos, encerado, lustrado, etcétera), los varones se ocupan de tareas que
requieren fuerza, algún tipo de “profesionalización” (como el trabajo en altura) o la utilización de maquinaria. Esto no implica desconocer que tanto
varones como mujeres comparten ciertas tareas —en tanto ambos barren,
limpian baños y pisos—; sin embargo, la diferencia principal radica en que,
si para las mujeres estas tareas funcionan como una continuidad del trabajo
doméstico no remunerado, para los varones resultan más bien “novedosas”,
pues no forman parte del repertorio cotidiano de tareas que realizan en sus
hogares. Es en ese sentido que dicha “novedad” tiene que ser matizada en la
práctica a partir de reforzar los roles más tradicionales de género.
El hecho de que los varones sean constantemente exhortados a ser fuertes (Palermo, 2017, p. 77), como parte de un deber ser cultural arraigado,
incide directamente en la organización del trabajo de limpieza en ámbitos
no domésticos. Al contrario de las mujeres, que no manifiestan tareas diferenciadas, los varones las destacan como un modo de reafirmar su virilidad y
fortalecer su identidad:
Hacemos las mismas tareas, no hay diferencias. Eso sí, si por ejemplo hay que levantar algo pesado, que en realidad no lo tenemos que
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hacer, o subir a algunas alturas, eso lo hacen los hombres (Mariana,
24 años, 10 de octubre de 2018, limpia en un colegio público).
Hacemos lo mismo, no hacemos distinciones, a nosotros por ahí
nos tocan algunas cosas más pesadas, como si tenemos que limpiar
detrás de un mueble, lo corremos nosotros (Esteban, 45 años, 31 de
octubre de 2018, limpia en una escuela pública).
Porque normalmente se hacen las mismas tareas. ¿Cuál es la diferencia? Tenemos que limpiar desagües, tenemos que levantar rejas,
tenemos que limpiar vidrios en altura, todas estas cosas son tareas
exclusivas de los hombres.
E: Y acá en tu trabajo, ¿se mantiene esa división de tareas?
Sí, mi compañera hace unas tareas más livianas y yo las más pesadas. Acá, por ejemplo, limpiar los desagües, los vidrios, bajar y
subir cosas (Fernando, 40 años, 5 de octubre de 2018, limpia en una
dependencia provincial).

La “fortaleza” que tendrían los varones es reproducida por los supervisores, encargados y/o autoridades de los lugares donde limpian, quienes les
demandan realizar todas aquellas tareas que involucren fuerza física. A la división de tareas a partir de una concepción de varón “fuerte” y mujer “débil”,
se le suma otra relacionada con la construcción de tareas, dentro de la limpieza, como femeninas —no demandan ningún aval— y masculinas —requieren
de cierta capacitación—. Esto es reforzado por los varones como un modo de
legitimar una presencia “incómoda”, como señalaba Romina (la trabajadora
de casas particulares encargada de dar los cursos de capacitación en técnicas
de limpieza en el Sinpecaf en 2014) en el fragmento recuperado al inicio de
este artículo. En este derrotero, una de las principales tareas que recaen en
los varones es la limpieza de los vidrios. De hecho, algunos de nuestros entrevistados ingresaron a las empresas de limpieza como limpiavidrios para
luego, como enfatizó Fernando, “limpiar otras cosas”. En esta misma línea,
Juana señalaba que “nosotras por lo menos no subimos arriba de los techos.
Porque ya sería lo último que tendríamos que hacer, subir arriba del techo
[…] Pero por ahí si hacés cosas de hombre [en referencia a los trabajos más
“pesados” y riesgosos, como limpiar vidrios en altura o mover muebles] (Juana, 36 años, 1 de octubre de 2018, limpia en una escuela). En esa división de
tareas, los varones hacen entonces los trabajos “menos sucios”, apoyándonos
nuevamente en la categoría propuesta por Duffy (2007) para explicar la valoTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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ración y la jerarquización de los trabajos de limpieza, en relación con el nivel
de profesionalización de las actividades que les competen, en comparación
con las de las mujeres.
A las distinciones de tareas con base en la condición de género, la división sexual del trabajo de limpieza no doméstica se evidencia también en las
posibilidades de movilidad dentro del propio rubro laboral. Los datos de EPH
son elocuentes al respecto: el 74% de quienes llegan a ser supervisores y encargados son varones, contra un 26% de mujeres. Esto puede deberse, como
también muestran los resultados de la investigación de Kruger et al. (2016)
para el caso de Brasil, a que los trabajadores varones buscan un ascenso más
rápido que las mujeres, lo cual se explicaría por el escaso reconocimiento
y validación social de este trabajo. Algo similar sucede con la participación
política de las y los trabajadores en el sindicato que nuclea el sector, el Sindicato de Obreros y Empleados de Empresas de Limpieza, Servicios y Afines de
Córdoba (SOELSAC). Aun cuando la gran mayoría de nuestros interlocutores,
tanto varones como mujeres, se encontraba sindicalizado al momento de la
entrevista, los varones llegan a ser usualmente los delegados de sus lugares de
trabajo frente al sindicato.
A la par de buscar posicionarse lo mejor posible dentro del propio
sector laboral a través de ascensos, los varones anhelan encontrar otros
trabajos que les permitan salir de la limpieza, pese a las dificultades que
enfrentan por las propias restricciones que impone el mercado de trabajo.
Algo similar encontramos en una investigación que realizamos sobre trabajadores migrantes varones en la costura, ocupación históricamente asociada al mundo femenino (Magliano, 2016). En ese estudio indicamos que
las resistencias a la feminización se materializaban en la configuración de
determinados trabajos como transitorios para los varones, aunque en la
práctica no lo eran. En el caso puntual de los trabajadores de limpieza no
doméstica, la gran mayoría, en especial los más jóvenes, manifestó el deseo de “hacer otra cosa”. Así, Ramiro estaba por presentar los papeles para
intentar ingresar al sistema público docente como preceptor, Fernando
quería estudiar gastronomía y Esteban hacer un curso de paramédico o
estudiar enfermería. En algunas ocasiones, según señaló Ramiro, la transitoriedad es alentada desde las propias empresas. En su caso particular, la
empresa para la que trabaja suele contratar personas jóvenes, “sobre todo
por una cuestión de que el joven por ahí, al ser un estudiante, y esto nos
los planteó el jefe al comienzo, lo toma como un trabajo temporario” (Ramiro, 26 años, 9 de octubre de 2018, limpia en un edificio). Ahora bien, y
como se desprende de las propias trayectorias de nuestros interlocutores,
las visiones en torno a la provisionalidad del trabajo no necesariamente
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se traducen en sus experiencias concretas, en tanto todos ellos llevan muchos años en el sector.
Lo que las trayectorias de nuestros interlocutores muestran es que la
pertenencia de clase, que reúne a mujeres y varones en un mismo espacio
laboral —y en una misma actividad—, no clausura las desigualdades de género que moldean las condiciones de trabajo diarias y que se expresan en una
división sexual de tareas con base en una distinción “natural” entre mujeres
(débiles) y varones (fuertes). Esa distinción es la que dispondría mejor a los
varones para hacer una carrera laboral ascendente y, también, la que generaría los avales necesarios para tener una participación política más activa.
Dicho de otro modo, la masculinidad en el trabajo de limpieza no doméstica
se representa y ejercita desde las diferencias concebidas como “naturales” entre mujeres y varones. Además de las tareas compartidas, los varones “hacen
fuerza”, se “arriesgan” limpiando vidrios en altura o levantando cosas pesadas,
mientras que las mujeres, más “frágiles” ellas, están eximidas de hacerlas.
CONCLUSIONES
En este artículo mostramos la importancia de pensar a los varones como sujetos generizados, a partir de la reconstrucción de las experiencias laborales
de trabajadores en el empleo de limpieza no doméstica en la ciudad de Córdoba, en Argentina. Dentro del campo de estudios de género y trabajo, son
todavía escasas las investigaciones orientadas a indagar en las experiencias de
los varones en espacios de trabajos constituidos como femeninos. Y, tal como
indica Rosas (2013, p. 135), muchas veces esas experiencias suelen ser naturalizadas y/o reconstruidas desde voces que no son las suyas. Precisamente,
intentamos hacer visibles las especificidades del trabajo de limpieza no doméstica a partir de identificar los modos en que se representa la masculinidad.
En un trabajo configurado tradicionalmente como “de mujeres”, los varones
masculinizan la actividad que realizan desde la reafirmación de una división
de tareas como “femeninas” y “masculinas”.
Ahora bien, los modos en que se representa lo femenino y lo masculino
en los espacios de trabajo deben ser necesariamente puestos en diálogo con
las formas cada vez más extendidas de la precariedad laboral. Es justamente
esa precariedad la que explica la reorientación de las trayectorias laborales
de los varones hacia determinados sectores del mercado de trabajo, tal como
sucede con el empleo de limpieza no doméstica. La gran mayoría de nuestros
interlocutores ingresó a este trabajo luego de que fueran despedidos de sus
antiguos empleos o de que no consiguieran otro. Es un trabajo especialmente
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valorado por cierta “agilidad” en el acceso, en tanto no requiere de avales difíciles de obtener; por su formalidad (que lo distancia del empleo de limpieza
de casas particulares, que se distingue por su informalidad); y, como subrayan
los propios trabajadores, por su estabilidad. De todas formas, como expusimos en este artículo, es una estabilidad que no transforma las condiciones de
precariedad que caracterizan a ese trabajo y que se expresan en la rotación
compulsiva, en mecanismos de contratación que facilitan la circulación del
personal sin una carga demasiado onerosa para las propias empresas, y en la
baja remuneración salarial obtenida. El lente puesto en las especificidades del
empleo de limpieza no doméstica es también una invitación a reflexionar sobre las tramas comunes que existen entre la estabilidad laboral y la precariedad —o la imposibilidad de analizar estas dimensiones del mercado de trabajo
exclusivamente en términos antagónicos— en ciertos sectores del mercado
de trabajo.
En el marco de los procesos de ajuste estructural, que impactaron fuertemente en el mundo del trabajo, el campo de posibilidades laborales para los
varones (y también para las mujeres) que forman parte de los sectores populares se fue acotando, lo mismo sucedió con las opciones de movilidad social
ascendente. La distancia entre los “deseos” —todos nuestros interlocutores
expresaron querer hacer una cosa diferente a la que hacían— y las oportunidades concretas se vuelve cada vez más difícil de conectar. La permanencia
por muchos años en el mismo sector laboral, aun cuando haya sido pensado
y configurado en sus inicios como transitorio, da cuenta de las reducidas opciones de circulación laboral. Es esa permanencia la que también conlleva a
que los varones busquen opciones de movilidad ascendente dentro del propio
trabajo (la gran mayoría de los supervisores y encargados son varones), y
ejerciten y refuercen la masculinidad en el propio espacio de trabajo, distinguiendo los roles y funciones a partir de la condición de género.
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�LA SUSTENTABILIDAD SOCIAL EN LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR

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La Sustentabilidad Social en las Instituciones
de Educación Superior.

Una Revisión Conceptual y Propuestas para su Aplicación

Social Sustainability in Higher Educaࢼon Insࢼtuࢼons.
A Conceptual Review and Proposals for its Applicaࢼon

GABRIELA GALLEGOS MARTÍNEZ* | MARÍA LUISA MARTÍNEZ SÁNCHEZ**

► RESUMEN
El presente artículo tiene como objetivo investigar y conocer el rol que
desempeñan las instituciones de educación superior en la promoción de
la sustentabilidad social. Para ello, se realizó una revisión documental
de trabajos acerca de la dimensión social de la sustentabilidad y del involucramiento de las universidades en prácticas o acciones para su promoción. Se concluye que dicha dimensión es la menos abordada en las
universidades, debido en parte a la inexistencia de una definición única
o general sobre su significado. No obstante, se identificaron seis elementos convergentes que pueden ser traducidos en principios rectores
y utilizarse para planear y desarrollar estrategias dirigidas a impulsar la
sustentabilidad social en los espacios académicos.
Palabras clave: Sustentabilidad | Sustentabilidad social | Educación superior
| Política universitaria | Desarrollo sustentable.

► ABSTRACT
The objective of this article is to investigate about the role of higher
education institutions in promoting social sustainability. A documentary review of different work on the social dimension of sustainability was carried out to know how the universities are involved in social
sustainable practices. It is concluded that this dimension is the least addressed in universities and is partly due to the absence of a single or
general definition of its meaning. Nevertheless, there are six convergent
elements, which can be translated into guiding principles that can be
used to plan and develop strategies and promoting social sustainability
in academic spaces.
* Doctorante en la Universidad Autónoma de Nuevo León, Instituto de Investigaciones Sociales. Correo electrónico: gabriela.gallegosmtz@gmail.com
** Investigadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde dirige el Instituto de Investigaciones Sociales. Correo electrónico: mluisa_martinez_1999@yahoo.com
Recibido: 30 de junio de 2020 | Aceptado: 7 de abril de 2021
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ISSN 2007-1205 | pp. 45-67

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GABRIELA GALLEGOS MARTÍNEZ | MARÍA LUISA MARTÍNEZ SÁNCHEZ

Keywords: Sustainability | Social sustainability | Higher education |
University policy | Sustainable development.

INTRODUCCIÓN
Desde finales de los años cincuenta, diversos países alrededor del mundo comenzaron a mostrar su preocupación e interés por la degradación del medio
ambiente y sus consecuencias para la vida humana (Rasouli y Kumarasuriyar,
2016). La Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, fundada
en 1983 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA), redactó un documento conocido como el Informe Brundtland, en
el cual se manifestó la preocupación por el calentamiento global, por la degradación de la capa de ozono, así como por el agotamiento de los recursos
naturales (PNUMA, 2002).
En el informe Brundtland también se acuñó la definición de desarrollo
sustentable,1 que si bien no es la única, sí es una de las más difundidas. Se
conceptualizó el desarrollo sustentable como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades (Comisión Mundial sobre Medio
Ambiente y Desarrollo, 1987). A tal definición, Solow (2019) agrega que la
sustentabilidad no sólo implica dejar a las generaciones presentes los recursos necesarios para cubrir sus necesidades, sino que también se debe dejar la
capacidad de crear bienestar para las generaciones venideras.
En un primer momento, la definición de sustentabilidad estaba enmarcada solamente en una perspectiva ambiental y sus implicaciones económicas; sin embargo, en los últimos años se ha hecho relevante incluir elementos sociales. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), cualquier programa o iniciativa
en materia de sustentabilidad debe incorporar tres dimensiones o pilares:
ambiental, económica y social (Garza y Medina, 2010).
La sustentabilidad compuesta por estas tres dimensiones ha adquirido
mayor relevancia y se ha integrado en muchos ámbitos de la vida pública y
privada de los países. Desde las políticas nacionales e internacionales se exhorta a las diferentes organizaciones y a la misma sociedad civil a transitar
hacia hábitos y acciones sustentables. Las instituciones educativas, y concre1 Para evitar debates o confusiones, es pertinente aclarar que el concepto en inglés es sustainable development; para los países de habla hispana la traducción es desarrollo sostenible, excepto para México, en
donde se tradujo el concepto como desarrollo sustentable.
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�LA SUSTENTABILIDAD SOCIAL EN LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR

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tamente aquellas de educación superior, no han sido la excepción. Estos espacios se han sumado con diferentes prácticas para aportar a la sustentabilidad,
ya sea desde la generación de conocimiento e investigaciones, desde la formación del alumnado mediante cursos, o bien desde la integración y promoción
de prácticas sustentables al interior de los espacios universitarios (González,
Meira y Martínez, 2015; Mignaci y Lacabna, 2017).
1. SUSTENTABILIDAD EN INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN
SUPERIOR
Las instituciones de educación superior (IES) son agentes de cambio que tienen el compromiso de “contribuir a la solución de la problemática regional
por medio de la formación de recursos humanos” (Cervantes y Aldeanueva,
2016, p. 259). Además, las universidades tienen la responsabilidad de que las
y los profesionistas que egresan de sus diferentes carreras ayuden a formar y
mejorar la sociedad en la que se desea vivir (Mendoza-Cavazos, 2016). Desde
esta óptica, las IES se conciben como espacios educativos, promotores y gestores de la sustentabilidad en los países.
Alshuwaikhat y Abubakar (2008) señalan que las IES pueden ser consideradas como pequeñas ciudades dentro de las ciudades, ya que por su tamaño, cantidad y diversidad de población y actividades que se suscitan en su
interior, pueden llegar a tener un impacto significativo en el medio ambiente.
Por consiguiente, las IES tienen el reto y la obligación de contribuir a la sustentabilidad desde sus espacios académicos y administrativos, gestionando y
articulando la participación de toda la comunidad universitaria (docentes, estudiantes, personal administrativo) (Alonso, Marimón, Casani et al., 2014).
Entre los documentos institucionales y declaratorias que han abordado
y enfatizado la importancia de las IES en la sustentabilidad, se encuentran la
Carta de Bogotá sobre Universidad y Medio Ambiente en América Latina,
redactada en 1985 (De Vries y Rivera, 2018); la Carta Copérnico del Programa Europeo de Cooperación para la Investigación de la Naturaleza y la Industria a través de los Estudios Universitarios Coordinados (Conde, González y
Mendieta, 2003); la Declaratoria de Taillores (Martínez y González, 2015); la
Declaración de Swansea (Guerra, 2006); el Plan de la Agenda 21 propuesto
por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y la Declaratoria del Consorcio Mexicano de Programas Ambientales Universitarios para el Desarrollo Sustentable (Complexus, 2013).
En estos documentos se pone de relieve que las universidades educan a
una gran parte de las personas que gestionan y conforman las instituciones en
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la sociedad; por tanto, tienen como una de sus responsabilidades fundamentales incrementar la conciencia, el conocimiento, las tecnologías y las herramientas para tener un futuro sustentable, gestionar el campus universitario
desde la perspectiva de la sustentabilidad, fortalecer la investigación interdisciplinaria, transmitir resultados de las investigaciones a los gobiernos e
incrementar el trabajo conjunto y coordinado entre las IES y otros sectores de
la sociedad (Guerra, 2006; Martínez y González, 2015; Assadi, Vos y Morton,
2020).
La respuesta de México ante estas declaratorias se ha reflejado en el
aumento de programas educativos relacionados con la sustentabilidad, pues
mientras que en 1993 se tenían registrados 290 programas de educación superior2 relacionados con sustentabilidad, medio ambiente y recursos naturales, para 2001 tal cifra aumentó a 1,399 (Martínez y González, 2015).
Empero, una de las críticas principales hacia estas acciones y programas es que la sustentabilidad se asocia principal o únicamente a la dimensión
ambiental y, por ende, las acciones que se ponen en práctica giran en torno
a dichos temas, invisibilizando sobre todo la dimensión social (Martínez y
González, 2015).
Esta preferencia por la sustentabilidad ambiental en la educación superior es palpable también en los informes, documentos y planes que contienen
recomendaciones o líneas de acción para las IES. En ese sentido, Martínez y
González (2015) analizaron el contenido de los planes institucionales en materia de sustentabilidad que tienen las 35 IES afiliadas a la Asociación Nacional
de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), así como
los planes que forman parte del Complexus, encontrando que las acciones
realizadas en las universidades están relacionadas esencialmente con la parte
ambiental.
Por tanto, si la dimensión ambiental es abordada en las IES a través de
diferentes mecanismos como el ahorro de energía eléctrica y de agua, con
el reciclaje de residuos y el uso de energías limpias y la sustentabilidad en
general mediante la oferta educativa relacionada con dicho tema, es preciso
cuestionarse: ¿cómo las IES pueden contribuir a la sustentabilidad social?
Para responder dicha pregunta, se plantea como objetivo general conocer y analizar las diferentes aproximaciones y definiciones sobre el concepto de sustentabilidad social, y en función de dicho análisis, abstraer propuestas y acciones que pueden ser implementadas por las instituciones de
educación superior.
2 Por programas educativos se hace referencia a cursos y materias cuyo contenido aborda parcial o totalmente temas relacionados con la sustentabilidad.
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2. METODOLOGÍA
La investigación realizada fue de tipo cualitativo y documental. Se efectuó
una búsqueda en bases de datos, repositorios de tesis de grado y páginas de
organismos institucionales. La búsqueda de información se enfocó en dos
ejes temáticos: cualquier definición o aproximación al concepto de sustentabilidad social e indicadores o propuestas para su medición en las instituciones
de educación superior.
Los descriptores utilizados para la búsqueda fueron: sustentabilidad
social, sostenibilidad social, educación superior, universidad, indicadores,
instrumentos y la combinación de los anteriores, asimismo se ingresaron los
mismos descriptores en el idioma inglés.
Los hallazgos del presente documento incluyen la revisión de 38 artículos de revistas científicas, 6 capítulos de libro, 10 documentos institucionales
y 5 tesis de grado, en total 59 textos consultados.
Una vez recopilados los documentos se procesaron con el programa Atlas.ti siguiendo una codificación abierta y axial. De esta manera se identificaron las categorías, compuestas por las ideas y elementos coincidentes en la
aproximación a la sustentabilidad social de cada documento, así como en los
instrumentos de medición.
3. LA DIMENSIÓN SOCIAL DE LA SUSTENTABILIDAD
Al igual que en otras esferas e instituciones, la dimensión social de la sustentabilidad suele ser abordada sólo en la medida que tiene incidencia en la ambiental (Foladori 2016). Por tanto, las problemáticas sociales, las capacidades
humanas y las relaciones, no son vistas como el problema principal, sino que
sólo se exponen como causas de la contaminación y de los desastres en los
ecosistemas.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL,
2018) señala a este respecto que no se puede avanzar en materia ambiental
o económica si la dimensión social es relegada ya que “lo social no sólo tiene
implicaciones en la parte social de la vida, sino que el crecimiento económico
y la sostenibilidad ambiental también se juegan, en gran medida, en el ámbito
social” (CEPAL, 2018, p. 11). Es necesario entonces que la dimensión social
de la sustentabilidad adquiera la misma relevancia que las otras dos sin desestimar la interdependencia que tiene con ellas.
No obstante, la sustentabilidad social es uno de los conceptos que ha
presentado mayores conflictos y debates en su definición. Las primeras aproTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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ximaciones la consideraban sólo como una conexión o puente con la parte
ambiental y para medirla o abordarla los criterios principales eran los de pobreza y crecimiento poblacional. Se concebía la sustentabilidad social como
una forma de mejorar la calidad de vida y, por ende, como un camino para dejar a las futuras generaciones un medio ambiente saludable (Foladori 2016).
Sin embargo, en los últimos años ha adquirido mayor importancia al pasar
de medio a objetivo primordial, es decir, la mejora del medio ambiente se concibe
como una consecuencia directa de mejorar la calidad de vida y no al revés.
En ese sentido el trabajo analítico de Lee &amp; Jung (2019) identifica dos
grandes periodos en lo que respecta a las investigaciones y aproximaciones
que se han tenido respecto a la sustentabilidad social. Argumentan que de
1988 al año 2000, los trabajos, investigaciones, conferencias y demás actividades científicas relacionadas con la dimensión social estaban ancladas a su
importancia en el tema económico o ambiental. Sin embargo, durante las dos
siguientes décadas la sustentabilidad social ha sido abordada de manera independiente, incluyendo tópicos sociales en los diferentes trabajos realizados.
Rasouli y Kumarasuriyar (2016) señalan que, pese al interés y gran cantidad de trabajo realizado en torno al tema, aún no se ha llegado a un acuerdo sobre su significado. Asimismo, no ha sido posible determinar un origen
único de la dimensión social, dado que ha surgido de las críticas y cuestionamientos de diferentes disciplinas sobre el énfasis otorgado únicamente a los
aspectos económicos o ambientales (Purvis et al., 2019).
Dempsey et al. (2009) añaden que la sustentabilidad social no es absoluta ni constante, sino un concepto dinámico que cambia a través del tiempo
de acuerdo con el lugar donde quiera aplicarse y de ahí que existan múltiples
definiciones y aproximaciones para su comprensión y medición.
Por tanto, para identificar cómo las IES puede contribuir a la sustentabilidad social, más que proveer una definición única o universal de lo que
significa dicha dimensión, es necesario conocer los diferentes acercamientos
e interpretaciones del concepto y abstraer los elementos comunes que sirvan
como base para que las IES desarrollen y apliquen acciones, planes y políticas
socialmente sustentables.
3.1. Algunas aproximaciones al concepto de sustentabilidad social
Mediante la revisión documental realizada se identificó que una de las problemáticas para poner en práctica la sustentabilidad social es precisamente
la diversidad en posturas sobre la ontología y definición de esta. Purvis et al
(2019) argumentan que tal diversidad se debe en parte a que el discurso sobre
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sustentabilidad ha surgido de escuelas de pensamiento distintas. Sin embargo,
algunos autores como Eizenberg y Jabareen (2017) y Larsen y Jensen (2019)
insisten en la importancia de tener una definición única o universal basada
en un marco teórico común que sea aplicable a todos los paises y regiones.
A este respecto De Fine y Folland (2019) añaden que la falta de definición universal tiene como consecuencia que cada actor o institución trate
de utilizar el concepto como mejor le convenga a sus intereses personales
en lugar de velar por el beneficio de todas las personas. Señalan además que
cualquier definición además de ser coherente, precisa y simple debe tener
elementos que permitan su medición y validación.
No obstante, otros autores tienen una postura contraria al afirmar que
un concepto universal y generalizado atentaría contra la diversdidad y variedad de condiciones existentes en el mundo, por consiguiente, en lugar de
representar un avance para la aplicación de la sustentabilidad social sería un
retroceso (Rogers et al. 2012).
En un punto intermedio de las posturas anteriores se encuentran Missimer et al. (2017) y Shirazi y Keivani (2019) quienes argumentan que las
diferencias sociales, políticas, culturales, económicas e inclusive geográficas
demandan necesidades particulares en el tema de la sustentabilidad social y
por ende, un concepto universal presentaría dificultades para materializarse
en la praxis, sin embargo, tener definiciones distintas en cada país o región
puede obstaculizar la articulación de políticas para el trabajo conjunto.
Por tanto, lo pertinente es contar con principios o elementos clave que
sean consensados por todos los países y guíen sus acciones en materia de
sustentabilidad social, de esta manera cada nación puede adaptar las políticas
según sus contextos y posibilidades, pero bajo un marco común que sea entendido y aceptado por todas y todos.
Alexandris (2019) menciona a este respecto que la sustentabilidad social es un conjunto de políticas, normas y principios que deben asegurar su
permanencia a largo plazo independientemente de las fluctuaciones en los
mercados económicos.
Se encontró que si bien algunos autores proponen una definición de
la sustentabilidad social (Stren &amp; Polese, 2000; Littig &amp; Griessler, 2005; Colantonio, 2009) en la mayoría de los documentos, más que definiciones se
aportan elementos conceptuales o principios que se consideran constituyentes de la sustentabilidad social, volviéndose ésta un metaconcepto o como
Eizenberg y Jabareen (2017) señalan:
Un plano teórico de conceptos interrelacionados que en su conjunto proveen una comprensión integral. Este marco conceptual
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no es solamente una colección de conceptos aislados, sino que es
un constructo compuesto de conceptos consistentes entre sí, en
el cual cada uno tiene un papel integral y esta intrínsecamente
vinculado al otro (p. 5).

Cada autor aporta elementos distintos que considera como fundamentales para abordar la sustentabilidad social, sin embargo, se identificaron las
ideas convergentes encontrando que existen seis elementos que se repiten de
manera reiterativa en las diferentes propuestas.
El primer elemento es la equidad, entendida como la distribución equitativa en el acceso a cualquier recurso para la satisfacción de las necesidades básicas, incluyendo en éstas la alimentación, la salud, el agua limpia, el
empleo, la vivienda y la educación (Banes &amp; Morgan, 2004; Spangenberg &amp;
Omann, 2006; Dempsey et al., 2009; Vallance et al., 2011; Murphy, 2012; Partridge, 2014; Rasouli &amp; Kumarasuriyar, 2016; Zarta, 2018; Shirazi &amp; Keivani,
2019; De la Cruz, 2019; Valarezo, 2020).
Cuthill (2010), Partridge (2014) y Eizenberg y Jabareen (2017) añaden
que se debe poner especial atención en las necesidades de los grupos vulnerables, dado que la etnia, clase socioeconómica y género son características que
se interseccionan y pueden representar factores de riesgo para la distribución
equitativa de recursos. En ese sentido, Littig y Griessler (2005), Cantú- Martínez (2017) y Olmos (2019) apuntan concretamente a la importancia de la
equidad de género en el trabajo.
El segundo elemento que se repite de manera reiterativa es el de participación. Algunos autores le denominan inclusión, pero al revisar la aproximación expuesta se encontró que independientemente del concepto con el que
se nombre, se hace referencia a la integración de las personas en la vida social
de su comunidad y su involucramiento en acciones y toma de decisiones referentes a cualquier situación que incida en su bienestar (Stren &amp; Polese, 2000;
Félix, 2004; Dempsey et al., 2009; Woodcraft et al., 2012; Partridge, 2014;
González, 2016; Shirazi &amp; Keivani, 2019; Palafox-Muñoz &amp; Arroyo- Delgado, 2019; Larimian &amp; Sadeghi, 2019; Pieper et al., 2019; Valarezo, 2020) poniendo especial atención en incluir en estos procesos a los grupos vulnerables
(Cuthill, 2010; Murphy, 2012).
El tercer elemento en común se relaciona estrechamente con la participación y hace referencia a la socialización entre las personas pertenecientes a una
misma comunidad laboral, estudiantil o habitacional. Implica promover acciones
encaminadas a fomentar la interacción positiva entre dichas personas (Stren &amp;
Polese, 2000; Dempsey et al., 2009; Rasouli &amp; Kumarasuriyar, 2016; Ruiz, 2018;
Larimian &amp; Sadeghi, 2019; Pieper et al., 2019) para fortalecer los lazos intracoTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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munitarios que permitan el trabajo conjunto y la consecución de metas comunes
que beneficien a todas y todos (Baines &amp; Morgan, 2004; Littig &amp; Griessler, 2005;
Woodcraft et al., 2012; Murphy 2012; Shirazi &amp; Keivani, 2019).
Finalmente, el cuarto elemento común hace referencia a la diversidad
cultural. Esta se relaciona con la confluencia de personas que tienen un bagaje cultural distinto y, por tanto, pueden ocurrir conflictos derivados de su
convivencia en un espacio común, por lo que se debe propiciar un lugar de
convivencia e integración de grupos cultural y socialmente diversos (Stren &amp;
Polese, 2000; Spangenberg &amp; Omann, 2006; Jabareen, 2006, Vallance et al.,
2011). Los autores hacen referencia concretamente a personas culturalmente
distintas, no obstante, el trasfondo de este elemento es el respeto y valoración
de las diferencias, por tanto, es preciso hablar de diversidad en general para
incluir características como la etnia, la clase, el género, la preferencia/orientación sexual, entre otras.
Estos primeros cuatro elementos están estrechamente relacionados y
son interdependientes puesto que mediante los procesos de socialización se
puede promover el respeto a la diversidad, asi como la participación de las
personas para exigir equidad en la distribución de recursos que satisfagan sus
necesidades.
Por otro lado, Espínola (2011), Murphy (2012), Eizenberg y Jabareen
(2017) y Gutiérrez (2018) mencionan la educación o enseñanza sobre la sustentabilidad como principio que también forma parte de la dimensión social
y se considera importante añadirlo como un quinto elemento, en tanto que
tiene relación directa con los procesos educativos que tienen lugar en las IES.
Por consiguiente, la equidad, la socialización, la participación, la diversidad y la educación para la sustentabilidad son los cinco elementos que constituyen una primera base para abordar la sustentabilidad social.
Asimismo, se encontró que las y los autores enfatizan la importancia
de contar con espacios adecuados que contribuyan a promover y aplicar las
políticas y programas relacionados con la sustentabilidad social. Aunque las
características que mencionan están asociadas a cuestiones de diseño infraestructural y quizá tendrían mayor relación con la dimensión ambiental
o económica, se relacionan con la social en tanto que cualquier espacio físico
debe promover el bienestar de las personas, relaciones sociales positivas y
ser inclusivo, particularmente para quienes tienen algún impedimento físico
(Jabareen, 2006; Colantonio, 2007; Cuthill, 2010).
En ese sentido, Partridge (2014) y Hale et al. (2019) argumentan que no
puede pensarse en la sustentabilidad social sin tomar en cuenta la interrelación con las otras dos dimensiones. Por ejemplo, la participación y socialización de las personas en una comunidad se puede ver obstaculizada si no
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existen espacios físicos (parques, centros comunitarios) seguros en los que
puedan reunirse e interactuar. No obstante, crear espacios físicos adecuados
y que usen energías limpias no garantiza que determinada comunidad sea inclusiva o que tenga interacciones positivas, para ello, se tendrían que desplegar acciones que promovieran la socialización y el respeto a la diversidad.
Siguiendo esta línea, contar con lugares de recreación o reunión puede
ayudar a generar sentido de pertenencia y lazos sociales en una comunidad,
pero dichos espacios son insuficientes si no existe la participación de las personas. Como los anteriores, se puede pensar en otros ejemplos donde exista
una interdependencia entre las distintas dimensiones de la sustentabilidad.
Por tanto, incluir acciones relacionadas con la infraestructura y espacios físicos también tiene implicaciones para la sustentabilidad social.
Jabareen (2006) señala que como parte de la planificación y diseño de
infraestructuras es necesario tomar en cuenta cuatro características: a) el uso
del suelo, que apunta a la necesidad de crear espacios funcionales mixtos en
donde se puedan encontrar zonas residenciales, comerciales, industriales e
institucionales, b) el transporte, que refiere a la utilización de medios menos
contaminantes y/o que usen energías renovables, así como asegurar que su
estructura y ubicación sean accesibles para toda la población, c) los espacios
verdes, es decir, aumentar las zonas de la ciudad que contengan flora endémica y finalmente d) la densidad poblacional entendida como el número de
personas que habitan un espacio determinado.
Por su parte, Woodcraft et al. (2012) mencionan la importancia de la
infraestructura y amenidades, refiriéndose con ello a servicios básicos como
escuelas y lugares de recreación y a espacios para crecer que alude a la flexibilidad en la planeación de las viviendas e infraestructuras para adaptarse a las
necesidades que la comunidad vaya presentando.
Dempsey et al., (2009), Pérez (2016), Eizenberg y Jabareen (2017) y Hale
et al. (2019) abonan a lo anterior al señalar que los espacios e infraestructura
deben proveer de seguridad, haciendo referencia al derecho que tiene cualquier persona de ser protegida y asegurada en situaciones de vulnerabilidad.
Tomando en cuenta la relevancia de los espacios físicos, la adecuación de
infraestructuras se convierte en el sexto elemento que conforma la sustentabilidad social.
Al considerar las ideas convergentes expuestas y los seis elementos
identificados, se propone que la sustentabilidad social es un metaconcepto
enfocado en mejorar la calidad de vida de las personas mediante procesos que
aseguren:

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• La distribución equitativa de recursos y oportunidades que satisfagan
las necesidades básicas de educación, seguridad, vivienda, alimentación,
salud y empleo.
• La promoción y fortalecimiento de las relaciones sociales que generen
sentido de pertenencia hacia la comunidad, el intercambio de bienes y
servicios y el trabajo por objetivos comunes.
• La participación de las personas en la toma de decisiones que atañen a
su comunidad.
• La valoración y respeto por la diversidad (cultural, religiosa, étnica,
sexual).
• El impulso de actividades educativas formales y no formales para generar conciencia sobre las tres dimensiones de la sustentabilidad, enfatizando la social.
• La adecuación o creación de infraestructuras comerciales, residenciales, industriales, académicas y recreativas, así como servicios de transporte que cuiden los recursos naturales.
Cabe señalar que estos procesos son interdependientes y simultáneos.
Si bien algunos son generados desde los aparatos gubernamentales, es necesario que existan propuestas y acciones que se originen e impulsen desde los
niveles individuales y comunitarios. Además, debe asegurarse que cualquier
acción y política pueda permanecer a través del tiempo.
El contar con estos seis procesos clave sobre sustentabilidad social puede facilitar las acciones que emprenden las IES para promoverla en sus campus universitarios, sobre todo porque además de las diferencias que atañen a
los estados y regiones, cada IES tiene particularidades que deben ser tomadas
en cuenta para la gestión y aplicación de políticas y programas.
En ese sentido, según datos del Instituto Nacional para la Evaluación de
la Educación (INEE, 2019) en el ciclo escolar 2017-2018 se tenían registradas
4,848 planteles de educación superior. Sin embargo, dichas instituciones se
dividen por ciertas características entre las que se encuentran el tipo de sostenimiento (federal, estatal, estatal con apoyo solidario, privado) y el modelo
pedagógico (convencional, intercultural, bilingüe-intercultural, normal de
educación, tecnológicas, politécnicas). Estas características inciden en el tipo
de alumnado, de personal docente y en los programas o políticas que pueden
desarrollarse.
Por tanto, en función de las características y necesidades de cada IES y
comunidad universitaria se tendrán que adecuar las acciones que se emprenTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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dan para fortalecer los seis procesos señalados. De ahí que, tener principios
rectores más que una definición universal se considere pertinente.
No obstante, aunque se deba adecuar la implementación de acciones de
acuerdo con las características de cada IES, es importante también tener puntos de comparación que permitan monitorear el avance. Por ende, además de
este panorama sobre el concepto de sustentabilidad social es importante que
se conozcan los indicadores y mecanismos propuestos para su evaluación y en
función de ellos determinar los más adecuados para cada caso.
3.2. Indicadores y evaluación
Mendoza-Cavazos (2016) señala que los indicadores más utilizados en la actualidad para medir la sustentabilidad en las IES son el Sistema de Seguimiento y Evaluación de Sustentabilidad (STARS) de la Asociación para la
Promoción de la Sustentabilidad en las Instituciones de Educación (2019), el
Green Metric de la Universidad de Indonesia y los indicadores del COMPLEXUS. Además de estos instrumentos se tienen los propuestos por Gutiérrez y
Martínez (2009)3 y por Alshuwaikhat y Abubakar (2008).
Los cinco instrumentos tienen en común que incluyen categorías relacionadas con la dimensión ambiental de la sustentabilidad y que además le
dan un peso importante a la parte de educación e investigación sobre dicho
tema. En la tabla 1 se observan las categorías que propone cada instrumento
ubicando en la misma fila aquellas que están relacionadas entre sí.
Los indicadores para medir la parte ambiental en los cinco instrumentos
varían, pero en general tienen relación con: el ahorro de recursos renovables
y no renovables, el manejo de energías verdes y la disminución de residuos.
Por su parte los indicadores relacionados con la parte académica hacen referencia a la investigación y difusión de temas relacionados con el ambiente, con el cambio climático y con la sustentabilidad en general, así como
al número de cursos, materias optativas y actividades de enseñanza que se
impartan en el campus y tengan relación con los temas antes mencionados.
Sólo el instrumento propuesto por Gutiérrez y Martínez (2009) incluye una
categoría relacionada con la dimensión económica y hace referencia a la generación y aplicación de los recursos obtenidos por la institución.
En lo que refiere a la dimensión social, los indicadores propuestos por
cada instrumento hacen alusión a la participación de la IES en servicios so3 Las categorías propuestas por Gutiérrez y Martínez (2009) provienen de una revisión de 20 bases de
datos y alrededor de 50 artículos científicos sobre la aplicación de la sustentabilidad en las IES
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ciales relacionados con el medio ambiente, con otros programas y eventos
universitarios y con otras organizaciones de la sociedad civil.
TABLA 1
Instrumentos para medir la sustentabilidad en las IES
STARS

Gutiérrez y
Martínez

COMPLEXUS

Alshuwaikhat y

GREEN

Abubakar

METRIC
Entorno e
infraestructura

Operaciones

Ambiental

Identidad
Institucional

Energía y
Ambiental

cambio climático
Residuos
Agua
Transporte

Academia

Académica

Educación

Académica

Investigación

Investigación

Investigación

Planeación

Filosofía

Vinculación

y Administración

y política

Compromiso

Personal y social

Innovación

Económica

Extensión

Educación

Social

y difusión
Fuente: Elaboración propia.

Sólo las categorías propuestas por STARS, Gutiérrez y Martínez (2009)
y Alshuwaikhat y Abubakar (2008), incluyen además de indicadores relacionados con participación, otros como la equidad de género, la diversidad, la
promoción de la cultura y la justicia social. No obstante, la ponderación que
STARS le otorga a los indicadores relacionados con la parte social es de 36%
frente al 62% de los relacionados con la parte ambiental y académica.
Se observa que también en los instrumentos de evaluación se le sigue
dando mayor prioridad e importancia a la parte ambiental, mientras que la
parte social, si bien es abordada con diferentes categorías, queda subsumida a
la dimensión ambiental.
No se pretende demeritar el esfuerzo que estas instancias han hecho
para construir y difundir el sistema de indicadores sobre sustentabilidad, pues
sin duda alguna es valioso y permite concretar acciones ambientales. No obstante, se ratifica que la parte social se toma en cuenta de manera nominal y
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rara vez en la práctica, por lo que se hace evidente la necesidad de reforzar
esta dimensión en la evaluación de la sustentabilidad en las IES.
Al respecto Puente, et al. (2021) argumentan que en lugar de proponer
o desarrollar nuevos indicadores o instrumentos, sería pertinente revisar y
mejorar los existentes, puesto que inclusive las categorías relacionadas con
la parte social no siempre involucran per se a la sustentabilidad social. A fin
de ejemplificar dicho argumento, mencionan que la tasa de desempleo puede
arrojar cuántas personas se encuentran con o sin trabajo, pero no puede determinar si las condiciones laborales promueven la equidad.
Algo similar ocurre con la medición de la educación. Sin duda conocer
el rezago educativo de la población es esencial para tomar acciones encaminadas a reducirlo. Este indicador se construye tomando en cuenta la asistencia
escolar y la finalización de la educación primaria y secundaria, no obstante,
además debería incluirse como factor a medir la calidad de los conocimientos
adquiridos, por mencionar un ejemplo.
A fin de evaluar la dimensión social de la sustentabilidad es necesario
contar no solo con indicadores cuantitativos sino también cualitativos que
detecten la parte procesual o subjetiva de cada categoría medida. Por ello, más
que proponer nuevos indicadores o desechar los existentes, se pueden retomar los mencionados en la Tabla 1, además de otros ya existentes (Índice de
Desarrollo Humano, Indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible)
para reforzar la creación de índices compuestos que incorporen las variables
y categorías adecuadas.
Asimismo, es crucial reiterar la diversidad de contextos y condiciones,
por tanto, un conjunto de indicadores no siempre puede ser medidos de la
misma manera en todas las regiones o países, en este caso, en todas las IES.
De ahí que no sólo la conceptualización sino también la medición de la sustentabilidad social en las IES sea una tarea compleja.
4. ACCIONES PARA PROMOVER LA SUSTENTABILIDAD SOCIAL
EN LAS IES
A partir de los seis procesos que conforman la sustentabilidad social, así como
de la revisión de los instrumentos propuestos por STARS, COMPLEXUS,
GREEN METRIC, Gutiérrez y Martínez (2009) y Alshuwaikhat y Abubakar
(2008), se proponen en esta sección algunas acciones aplicables a las IES que
no pretenden ser exhaustivas sino pautas que pueden ser tomadas en cuenta
y adaptadas según las necesidades y contextos. Es necesario que estas acciones
involucren a toda la comunidad universitaria, desde el personal administratiTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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vo y docente, hasta las y los estudiantes, generando ambientes de aprendizaje
y laborales que incorporen los procesos a continuación descritos.
4.1. Procesos relacionados con la equidad
Las acciones en este rubro involucran cualquier actividad orientada a que
la comunidad universitaria tenga acceso equitativo a recursos en materia de
educación, seguridad, alimentación y salud, al menos lo correspondiente durante los horarios que se dediquen a las actividades académicas y laborales.
Entre los procesos que pueden gestionarse destacan aquellos destinados
a asegurar la igualdad de oportunidades para ingresar a la universidad, es decir, que los criterios de ingreso no discriminen por género, clase social, etnia,
preferencia sexual o religiosa. Estas acciones, así como la gestión y aumento
de número de becas tienen como finalidad incrementar la cantidad de jóvenes
y adultos que tengan competencias profesionales para acceder a un trabajo
decente.
Asimismo, los criterios de no discriminación también deben ser aplicables para la contratación y promoción de personal, asegurando la equidad de
género en el cuerpo docente y personal administrativo e incluyendo políticas
para proteger los derechos y seguridad laborales de toda persona que preste
su servicio en el campus universitario.
Las IES deben contar con servicios y planes de acción para atender a
la comunidad universitaria en las necesidades de alimentación, seguridad y
salud. Por ejemplo, fortalecer la prevención y tratamiento de sustancias adictivas incluido el tabaco, contar con servicios médicos que puedan atender
emergencias y promover programas de acondicionamiento físico y de atención a la salud mental.
4.2. Procesos relacionados con la socialización, participación
y diversidad
Estos tres elementos se abordan de manera conjunta dado que, a través de la
socialización se puede fomentar la participación y valoración de la diversidad.
Lo anterior genera a su vez un sentido de pertenencia hacia la IES que puede
incrementar la cooperación para mejorar la vida universitaria.
En este rubro se incluye cualquier acción destinada a asegurar que los
procesos de toma de decisiones que afectan a la comunidad universitaria sean
inclusivos y respeten la diversidad, es decir, que haya representatividad de
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los grupos minoritarios presentes en el campus y se tome en cuenta a toda
la población, independientemente de su edad, sexo, discapacidad, raza, etnia,
origen, religión o situación económica u otra condición.
Se incluye también la gestión y aplicación de reglamentos internos en
favor de la no discriminación y la inclusión de todas las personas. Así como
cualquier acción para fortalecer la interacción social, desde eventos deportivos y culturales que fomenten la convivencia, hasta la promoción y gestión de
grupos estudiantiles de diversa índole.
4.3. Procesos relacionados con la educación para la sustentabilidad
Como parte de estos procesos se involucra cualquier gestión orientada a incluir en los planes, diseños curriculares y cualquier actividad formativa-académica temas que aborden la sustentabilidad, con la finalidad de asegurar que
todas y todos los estudiantes adquieran los conocimientos teórico-prácticos
para promover el desarrollo sustentable en los diferentes ámbitos donde se
desenvuelvan personal, académica y profesionalmente.
Además de los cursos y materias impartidas, también se incluyen conferencias, seminarios, talleres, congresos o cualquier otra actividad que forme
parte de la educación continua que ofrece la IES. Asimismo, es fundamental
promover y apoyar al personal docente para que desarrolle y publique investigaciones en temas relacionados con la sustentabilidad.
Como parte de este rubro, es importante la interacción hacia el exterior
de la IES, por tanto, se propone la vinculación de las prácticas profesionales
y el servicio social a temas relacionados con la sustentabilidad y/o con otras
IES, organizaciones, empresas o instituciones interesadas en desarrollar proyectos en conjunto enfocados en dicha temática.
4.4. Procesos relacionados con la infraestructura
En estos procesos se incluyen las acciones destinadas a adecuar los diferentes
espacios del campus universitario para asegurar la inclusión de todas las personas, particularmente de quienes tienen capacidades diferentes.
Asimismo, que estos espacios cuenten con las características necesarias
para atender las necesidades de alimentación (cafeterías), salud (enfermería,
servicios médicos), recreación (áreas verdes, espacios deportivos y culturales)
y seguridad (iluminación, ventilación, señalización de rutas de evacuación,
extintores, barandales).
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Es importante clarificar que, si bien los seis procesos son gestionados
desde las propias IES, algunos tienen incidencia no solo en la comunidad universitaria sino también hacia el exterior de esta, por ello se considera pertinente precisar que estas acciones y procesos se dividen en sustentabilidad
social exterior e interior.
La sustentabilidad social exterior se relaciona con las prácticas que se
generan desde las IES pero que inciden en la sociedad de la que forman parte
y se relaciona con la formación y egreso de jóvenes profesionistas, la generación de conocimiento científico y el trabajo conjunto con la comunidad donde la IES está ubicada, es decir, particularmente con los procesos de educación
para la sustentabilidad.
Por otro lado, la sustentabilidad social interior incluye las prácticas que
se desarrollan dentro de la institución. Se relaciona con la gestión de la IES
y con la dinámica diaria que se vive en el campus universitario, la cual debe
promover la equidad, la participación, la socialización y la diversidad.
Por tanto, el impacto de las acciones que promuevan las IES para abonar a la sustentabilidad social no solo tiene injerencia dentro de sus espacios
universitarios, sino que sus beneficios impactan también a las comunidades y
actores con quienes se vinculan, razón extra para incrementar las políticas y
acciones que impulsen la sustentabilidad social en las universidades.
CONCLUSIONES
Las IES tienen un rol crucial para la sustentabilidad social, por tanto, es esencial que gestionen políticas, acciones y actividades para su promoción dentro
del campus universitario.
La relevancia de estas instituciones queda de manifiesto al tomar en
cuenta que las y los estudiantes egresados de sus espacios educativos se insertan en diversos sectores productivos de la sociedad civil, por tanto, la formación académica y personal recibida se permea en los diferentes ámbitos donde
se desenvuelven.
De esta manera, los aprendizajes relacionados con la sustentabilidad
social pueden ser replicados en distintas esferas de la vida social, por consiguiente, cualquier acción o política
destinada a promover la sustentabilidad social en las IES tienen efectos
exponenciales, dado que no solo involucra a la comunidad universitaria sino
a personas fuera de esta, de ahí que se hable de una sustentabilidad social
interior y exterior.
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Para proponer líneas de acción o programas que puedan ser gestionados
por las IES y abonen a la sustentabilidad social, en primer lugar, fue necesario
clarificar dicho concepto, encontrando que no existe un consenso sobre su
significado.
Mientras que para algunos autores esta falta de consenso representa un
obstáculo, otros argumentan que cada país y en este caso IES debe proponer
su propia definición de sustentabilidad social y adecuarla a sus contextos sociales, teniendo como resultado múltiples definiciones.
Sin embargo, dada la revisión hecha en el presente artículo, se concluye
que pese a la diversidad de posturas y aproximaciones es posible identificar
ideas comunes, a partir de las cuales se abstrajeron seis elementos que se repiten de manera reiterativa en las diferentes propuestas y sirven como base
para proponer acciones, políticas y procesos en las IES.
Estos elementos son la equidad para satisfacer necesidades básicas, la
participación, la socialización, la diversidad, la educación para la sustentabilidad y la adecuación de infraestructuras.
Asimismo, fue posible proponer algunas líneas de acción en cada rubro
mencionado, tomando en cuenta que, cada IES deberá evaluar las condiciones y posibilidades de aplicación de dichas acciones, además de generar otras
que considere pertinentes según su contexto y necesidades.
Es preciso señalar que los elementos aquí propuestos no son estáticos,
por tanto, pueden cambiar o integrarse otros en función de las transformaciones y requerimientos de los diferentes contextos de las IES, así como de
investigaciones futuras que abonen al tema.
Con estos elementos y procesos, es posible identificar que las IES ya
están realizando acciones para contribuir a la sustentabilidad social, dado
que generan investigaciones desde sus cuerpos docentes, incluyen materias
o proyectos en sus planes de estudios o vinculan el servicio social a temas
relacionas con la sustentabilidad. Por tanto, un primer paso es determinar
qué acciones están haciéndose ya en cada uno de los rubros identificados para
entonces planificar las siguientes actividades.
Finalmente, también se debe reconocer que las personas que laboran y
estudian en las IES no sólo son receptores pasivos de acciones que promuevan la sustentabilidad social, sino que son gestores e impulsores de dichas acciones, es decir, en el tránsito de las IES hacia la sustentabilidad social la colaboración de toda la comunidad universitaria se vuelve un factor fundamental.

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YAZMÍN CUEVAS-CAJIGA | SILVIA GUTIÉRREZ-VIDRIO

Emociones y Representaciones Sociales
de Maestros Debutantes de la Ciudad de México
Emoࢼons and Social Representaࢼons
of Beginner Teachers from Mexico City
YAZMÍN CUEVAS-CAJIGA* | SILVIA GUTIÉRREZ-VIDRIO**

► RESUMEN
El propósito de este artículo es mostrar cómo se entrelazan las representaciones sociales de la profesión docente y las emociones que éstas
activan en maestros debutantes sin formación previa en enseñanza de
educación primaria. Los hallazgos de este estudio cualitativo apuntan al
reconocimiento de que las emociones experimentadas por los debutantes están directamente relacionadas con la representación que han construido de la profesión docente y funcionan para orientar e incentivar sus
prácticas docentes. Esto revela la necesidad de considerar el papel que
desempeñan aspectos de la subjetividad (representaciones, motivaciones y afectos) en el ejercicio de la docencia.
Palabras clave: Docente | Educación primaria | Subjetividad | Emociones |
Representaciones sociales.

► ABSRACT
The purpose of this text is to show how the social representations of
the teaching profession intertwine with the emotions they activate in
beginner teachers without previous training in elementary education.
Findings of this qualitative study reveal that emotions experienced by
these teachers are directly related to the social representation they have
construed with regard to the teaching profession and perform different
functions such as guiding and incentivizing their activities. This brings
to light the need to consider the role that aspects of subjectivity (representations, motivations and affections) play in the teaching profession.
Keywords: School teacher | Elementary education | Subjectivity | Afectivity|
Social representations.
* Profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, Colegio
de Pedagogía. Correo electrónico: yazco24@gmail.com
** Profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, División
de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Educación y Comunicación. Correo electrónico: sgvidrio@hotmail.com
Recibido: 16 de noviembre de 2020 | Aceptado: 25 de junio de 2021
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ISSN 2007-1205 | pp. 68-89

�EMOCIONES Y REPRESENTACIONES SOCIALES DE MAESTROS DEBUTANTES

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INTRODUCCIÓN
Actualmente, el tema de las emociones y los afectos ha propiciado un campo
de investigación que abre posibilidades para reflexionar sobre una dimensión
poco conocida de la realidad social que, por un largo tiempo, fue soslayada en
el conjunto de las ciencias sociales y las humanidades. En el campo de la investigación educativa, la relación entre la profesión docente y las emociones
ha sido objeto de estudio para indagar el lugar que ocupan éstas, principalmente en la conformación de la identidad profesional del maestro (cf. Badia,
2014; Buitrago y Cárdenas, 2017; Chen, 2019). El estudio de los afectos en el
campo de la educación es de gran relevancia, ya que existe una fuerte relación entre los ámbitos emocional, cognitivo y motivacional del docente. El
ámbito emocional está vinculado con las concepciones de los maestros sobre
los roles docentes, así como las estrategias y procedimientos de enseñanza y
aprendizaje (Monereo y Badia, 2011). Sin embargo, se encuentran muy pocos
estudios en los cuales se atienda a la relación estrecha que hay entre las representaciones sociales que construyen los docentes respecto a su ejercicio de la
práctica docente con las emociones que éstas activan.
Estudiar la manera en que se entrelazan las emociones con las representaciones, imaginarios, fantasías e identidades de la profesión docente es imprescindible para comprender cómo pueden nutrir la práctica profesional y estimular
la actividad docente (Buitrago y Herrera, 2013). Las emociones juegan un papel
relevante en la construcción de las representaciones sociales y otros componentes
esenciales de la subjetividad, la cual puede ser considerada como el conjunto de
procesos que constituyen al sujeto. Como señalan Ramírez y Anzaldúa (2005):
Los procesos subjetivos son de muy diversa índole: las representaciones, las fantasías, el deseo inconsciente y sus vicisitudes, las
identificaciones, los vínculos intra e intersubjetivos […] que van
conformando la realidad psíquica (y constituyen al sujeto dentro de
un orden cultural-simbólico sumamente complejo) (p. 19).

En el espacio educativo se hace necesaria una visión amplia y compleja
del conocimiento que pueda dar cuenta de sus aspectos emocionales y afectivos de los actores involucrados. En este sentido, en los planes de estudio de
educación básica se recomienda que el maestro reconozca aquellas circunstancias en las que su actividad, como la de sus alumnos, se lleva a cabo, puesto
que es un elemento esencial del proceso de enseñanza-aprendizaje. Asimismo, como se ha señalado, las emociones de los docentes están concatenadas
con su práctica de enseñanza y su identidad profesional.
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En este sentido, el propósito de este artículo es analizar cómo se entrelazan las representaciones sociales de la profesión docente con las emociones
que éstas activan en maestros debutantes de educación primaria que provienen de carreras distintas a la enseñanza. Por esta razón, se emprendió un
estudio de corte cualitativo con el fin de explorar las emociones experimentadas por una muestra significativa de profesores debutantes e identificar cómo
éstas se relacionan con la representación que han construido de la profesión
docente, así como para ubicar las diferentes funciones que desempeñan.
1. PROBLEMÁTICA DEL ESTUDIO
Para entender la inserción a la enseñanza de los docentes debutantes entrevistados es necesario señalar los cambios que la reforma educativa mexicana
de 2013 introdujo en los procesos de ingreso a la docencia. En México, desde
1944, las escuelas normales se establecieron como las únicas responsables de
formar a los profesionales de enseñanza de nivel primaria (Arnaut, 1998). La
mayoría de sus egresados, debido a un acuerdo con el sindicato de maestros,
obtenía una plaza docente en la educación primaria pública de manera automática. Sin embargo, durante 2013 se presentó en México una reforma educativa que postuló modificaciones importantes para los procesos de ingreso,
promoción y permanencia en la carrera docente.1 De manera particular, esta
reforma planteó cambios en el reclutamiento de nuevos maestros, entre los
cuales se destacan: a) la implementación de concursos de oposición abiertos
para obtener un puesto temporal por dos años como maestro; b) la apertura a profesiones afines a la enseñanza (tales como ciencias de la educación,
pedagogía, psicología) en el concurso por plazas docentes; c) el seguimiento
durante dos años al profesor de reciente ingreso por un tutor y la aplicación
de una evaluación al finalizar ese periodo para ratificar su plaza docente permanente (DOF, 2013).
Cabe aclarar que en México las instituciones de educación superior carecen de la tradición de ofrecer formación docente, pues, aunque cuentan con
licenciaturas en disciplinas afines a la enseñanza —ciencias de la educación,
pedagogía y psicología educativa—, no forman profesionales especializados
en docencia (Cordero y Jiménez, 2018). Además, el seguimiento de un tutor
al trabajo de un docente debutante, sin formación, es insuficiente, dado que
una tutoría difícilmente puede subsanar la falta de conocimientos especiali1 La reforma educativa 2013 se dirigió a la modificación de la carrera docente de maestros de educación
básica y media superior. En esta investigación se atiende únicamente a la educación primaria.
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zados. Al respecto, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación
(INEE, 2017) reveló que en el ciclo escolar 2016-2017 solamente 57% de los
maestros debutantes recibió una sesión de tutoría, por lo que un número
importante de maestros careció de un acompañamiento puntual para la inserción en la docencia.
Algunos estudios que han explorado las reacciones de los docentes frente a la reforma educativa de 2013, destacan que esta medida legal detonó emociones con una valoración negativa: miedo, tristeza, incertidumbre, como
consecuencia de los procesos de evaluación y tutoría a los que fueron sometidos y la latente posibilidad de que pudieran ser despedidos de su función
(Mireles, 2018; Ramírez y Cuevas, 2018). De acuerdo con Arnaut (2014),
durante la implementación de esta reforma educativa, tanto el Estado como
la mayoría de los medios de comunicación masiva provocaron un deterioro
social de la profesión docente por difundir una imagen negativa de los maestros de educación primaria. Así, los docentes, y especialmente los debutantes,
durante la reforma educativa 2013 experimentaron condiciones delicadas que
probablemente desencadenaron diferentes emociones en el ejercicio de su
práctica profesional.
Un docente debutante sin formación en enseñanza es aquel profesional
que proviene de carreras distintas a la docencia, no cuenta con algún entrenamiento docente y se halla en los primeros cinco años de su práctica frente a
grupo. Périer (2014) afirma que estos maestros se distinguen por encontrarse
en un periodo de inserción profesional, tienen escasa experiencia frente a
grupo y desarrollan una serie de estrategias para lograr el aprendizaje de sus
alumnos y cumplir con sus compromisos institucionales. Por lo que estos
profesionales pasan por momentos de tensión, dado que no se sienten listos
para ejercer la profesión. De acuerdo con Guibert, La Zucah y Rimbert (2008),
los maestros debutantes experimentan una confrontación entre la imagen o
representación que tienen de la profesión docente y lo que sucede en la realidad escolar. En este sentido, como argumentan Monereo y Badia (2011), el
ámbito emocional de la profesión docente está estrechamente relacionado
con las concepciones de los maestros sobre los roles docentes, las estrategias y
los procedimientos de enseñanza y aprendizaje. Marcelo (2010) advierte que
“las emociones, los sentimientos, la imagen de sí mismos, la motivación y la
satisfacción con el trabajo realizado son elementos que determinan la actitud
de los profesores frente a su trabajo” (p. 17).

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2. PROFESIÓN DOCENTE, REPRESENTACIONES SOCIALES
Y EMOCIONES
La profesión docente ha sido estudiada sobre todo a partir de referentes de
orden histórico, sociológico, normativo y pedagógico que, si bien son necesarios y pertinentes, no incorporan la dimensión subjetiva de la docencia conformada por motivaciones, representaciones y emociones que desempeñan
un papel importante en el ejercicio de la profesión. Por eso, en este estudio
se articulan referentes teóricos que permiten dar cuenta del ámbito afectivo y
simbólico de la actividad docente: la profesión docente, su dimensión subjetiva, representaciones y emociones.
La profesión docente y su dimensión subjetiva. Se considera que la docencia de educación básica, y en particular de nivel primaria, es una profesión
que se compone principalmente por cuatro dimensiones: conocimiento especializado, social-institucional, contextual y subjetiva. Con respecto a la
dimensión de conocimiento especializado, comprende el dominio que tiene
el docente sobre las asignaturas elementales (lengua, matemáticas, ciencia y
geografía), la formación pedagógica que posibilita la enseñanza y el aprendizaje de los contenidos de planes y programas de estudio (Imbernón, 2010). La
dimensión social-institucional involucra el compromiso que asigna el Estado
al profesional como formador de los futuros ciudadanos en el marco de las
necesidades, leyes y normas de la nación. Además, esta dimensión considera
la regulación que tiene la docencia como profesión, es decir, las certificaciones, procesos y procedimientos para que el maestro se incorpore a la carrera
docente. La dimensión contextual se compone por las condiciones sociales y
culturales donde el profesional de la docencia desarrolla su práctica, las cuales
no pueden situarse únicamente en la escuela, sino en la comunidad e incluso
en el país. La dimensión subjetiva implica reconocer al docente como un sujeto que, de acuerdo con sus condiciones personales y sociales, establece una
relación con la profesión (Buitrago y Cárdenas, 2017).
Estas dimensiones permiten entender a la docencia como profesión; sin
embargo, en este estudio interesa resaltar la dimensión subjetiva, ya que las
representaciones sociales son “producciones simbólico-emocionales compartidas, que se expresan de forma diferenciada en cada individuo, y desde
ahí encarnan una importante fuente de sentido de toda producción humana”
(González, 2008, p. 236). La enseñanza es ejercida por sujetos que elaboran
representaciones, imaginarios, fantasías e identidades de la profesión docente, las cuales se crean y recrean, pero sobre todo nutren la práctica profesional, estimulan la actividad docente y en muchos casos son fuente de compromiso para generar el aprendizaje en los alumnos (Buitrago y Cárdenas, 2017).
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En la dimensión subjetiva se ponen en juego las representaciones sociales y las emociones. Las primeras son las construcciones sociales que desarrollan los maestros con respecto a la función que realiza este profesional.
Las representaciones sociales de esta profesión se entrelazan con lo que el
Estado, la sociedad y el conocimiento formal demandan o esperan que sea un
docente; con estos referentes y el contexto sociocultural, el maestro elabora
una imagen de lo que considera es la profesión docente. El encuentro entre
esta representación social y la realidad escolar desencadena un segundo componente que son las emociones. Al confrontarse este sujeto con determinadas
situaciones de enseñanza, se fortalece o reconfigura la representación social
de la profesión. Por ejemplo, Dubet (2002) advierte que socialmente se reconoce a la docencia como una profesión asistencialista que se distingue por
ideales como el amor por los niños, el deseo de compartir conocimientos y
la virtud del compromiso. Sin embargo, cuando un maestro se inserta en su
profesión, se puede encontrar con situaciones de poco reconocimiento social,
con cargas de trabajo administrativo que restan tiempo para la planeación de
la enseñanza, o para detectar las dificultades de aprendizaje en alumnos que
provienen de entornos socioeconómicos desfavorecidos, lo cual genera estrés
y lleva a que experimenten emociones como tristeza o frustración.
El ejercicio de la profesión docente tiene un componente afectivo importante (Marcelo, 2010). Para Chen (2019), existe una relación entre los
afectos que experimenta un docente y su práctica profesional. Se reconoce
de forma amplia que las emociones de los profesores se entrelazan con la
cognición y la motivación, por lo que sentimientos como la alegría inspiran el trabajo pedagógico de los maestros. Mientras que emociones como la
frustración desmoralizan su motivación ante el ejercicio profesional. Varias
contribuciones relacionadas con las emociones (Badia, Meneses y Monereo,
2014; Buitrago y Cárdenas, 2017) coinciden en que hay tres tipos de temas
que incomodan o perturban al maestro, los cuales desencadenan emociones
con respecto a la enseñanza. De acuerdo con Badia (2014), éstas tienen que
ver con:
a) los motivos y razones para ejercer la enseñanza, que dotan de
sentido la actividad docente; b) el conocimiento y valoración de sí
mismo como profesor, que incluye aspectos como el autoconcepto
y la autoestima; y c) la percepción y valoración del ejercicio de la
tarea de enseñar, que comprende cuestiones como la complejidad
y exigencia de la docencia, y la relación educativa y social con los
estudiantes (p. 3).

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Representaciones sociales y emociones. Es necesario plantear que las representaciones sociales tienen que ver con la manera en que los sujetos comprenden los acontecimientos de la vida cotidiana, en relación con su contexto
situacional, histórico y cultural. En palabras de Jodelet (1986), las representaciones sociales son “imágenes que concentran significados, sistemas de referencia que nos permiten interpretar lo que sucede e incluso dan un sentido
a lo inesperado, categorías que sirven para clasificar las circunstancias, los
fenómenos y a los individuos con quienes tenemos algo que ver” (p. 472).
Las representaciones sociales actúan como sistemas de interpretación
elaborados grupalmente con el propósito de asimilar la realidad y dar legitimación o invalidación al orden en el que está inserto el sujeto.
Diferentes autores exponen que las representaciones sociales se distinguen, además de su origen, contenido y funciones, por su carga afectiva:
“Una representación social es un conjunto de creencias, actitudes y un campo
estructurado de ellas, que une explicaciones, clasificaciones, intenciones de
conducta y emociones” (Valencia, Páez y Echebarría, 1989, p. 190).
Algunos investigadores han destacado la relevancia de la dimensión
emocional o afectiva de las representaciones sociales (Banchs, 1996; Bouriche
2014; De-Graft Aikins, 2012; González, 2008; Gutiérrez, 2013, 2019), por lo
que se han dedicado a indagar el papel que desempeñan aspectos de la subjetividad, tales como necesidades, motivaciones y afectos en su construcción.
Las emociones tienen un rol organizativo en la valoración de la realidad
social; en este sentido, las experiencias emotivas movilizan “el conocimiento
social que nos permite reinterpretar el mundo y optimizar nuestras relaciones con el entorno” (Jodelet, 2011, p. 241). La relación entre representaciones
sociales y emociones posibilita aproximarse al análisis de los aspectos valorativos sobre los cuales el sujeto asume una postura ante el objeto de representación, para así perfilar la actitud hacia el mismo y posicionarse ante una
realidad social.
De acuerdo con González (2008), una representación social está vinculada emocionalmente, lo que puede considerarse como un carácter generador
que tiene su origen en lo afectivo y lo simbólico, característica que distingue
a las distintas actividades humanas. Es más, se sostiene que las representaciones sociales se conforman por una dimensión emocional; así, es indispensable
reconocer a ésta para entender de mejor manera la organización y el funcionamiento interno de tales representaciones (Guimelli y Rimé, 2009).
Otra cuestión que es importante mencionar es que, durante un largo
tiempo, en el campo de las representaciones sociales el estudio de las emociones se confinó a la dimensión de la actitud. Al respecto cabe señalar que, si
bien existe una relación estrecha entre las emociones y la actitud, ésta no es de
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sinonimia, ya que la emoción es un constructo más complejo que tiene varias
facetas e implica diferentes componentes (fisiológico, cognitivo, conductual).
Por ello, se podría decir que las emociones contienen las actitudes y no a la
inversa (Gutiérrez, 2013).
De acuerdo con De-Graft Aikins (2012), las teorías socioculturales de
las emociones sugieren que existen al menos tres vías en que éstas pueden ser
incorporadas al estudio de las representaciones: 1) las emociones constituyen
una modalidad de conocimiento con todo el poder explicativo y funcional
del conocimiento y las creencias; 2) las emociones son parte integral del pensamiento y la reflexión, y 3) las emociones son centrales para la práctica o la
acción. A nuestro parecer, otro modo podría añadirse: las emociones constituyen una fuerza clave en la formación y el mantenimiento de los vínculos
sociales.
En el caso concreto del estudio de las emociones del maestro, es importante estudiarlas en relación con las influencias sociales y culturales a las
cuales está sometido. Así, el reconocimiento de las emociones experimentadas durante el ejercicio de su profesión por los maestros pueden mostrar “las
posibles tensiones entre las características individuales del profesor (valores,
conocimientos, creencias o actitudes, entre otros) y las influencias culturales
y sociales sobre la enseñanza en un momento histórico o un periodo temporal determinado” (Badia, 2014, p. 1).
En este estudio se pone atención tanto en los elementos culturales y
las condicionantes contextuales en las que el maestro desarrolla su práctica,
como en las representaciones sociales que elabora y las emociones que desencadena el ejercicio de la profesión docente.
3. ESTRATEGIA METODOLÓGICA
El enfoque de investigación que se asumió en el estudio fue de corte cualitativo, ya que se considera que el análisis de las representaciones sociales y las
emociones demanda reconocer los puntos de vista de los sujetos a la luz de
momentos contextuales e históricos (Flick, 2004; Jodelet, 2003). Este enfoque
atiende a lo oral, particular y local como fuentes de obtención de información
empírica, con el propósito de indagar las construcciones de sentido común
que los sujetos realizan en relación con los acontecimientos, las emociones
que experimentan al respecto, y perfilar de este modo las orientaciones de
acción ante tales eventos.
Para el acopio de la información se diseñó una entrevista semiestructurada con el fin de indagar las condiciones de formación profesional, laboTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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rales y personales de los participantes del estudio, así como para rastrear las
representaciones sociales de la profesión docente y las emociones que éstas
activaban en los maestros debutantes.
En la elección de los participantes del estudio se optó por el caso ideal-típico,
el cual comprende la elaboración de un perfil de caso más deseable de una población, para posteriormente ubicar en el plano real a los sujetos que reúnan
la mayor parte de las características trazadas (Goetz y LeCompte, 1988). Así,
con base en la problemática de investigación se establecieron cuatro criterios
para la elección de participantes: que fueran maestros de educación primaria
de la Ciudad de México; con hasta cinco años de antigüedad en la función
docente; profesionales provenientes de las licenciaturas en ciencias de la educación, pedagogía y psicología, y que carecieran de formación profesional especializada en enseñanza. Uno de los retos de la investigación fue contactar a
maestros con estas características, ya que las autoridades educativas mexicanas son herméticas a cualquier tipo de estudio externo. Sin embargo, después
de un par de meses de negociaciones se permitió la entrada a cinco escuelas
primarias de la alcaldía Álvaro Obregón, en el barrio de Tizapán, San Ángel.
Las escuelas se caracterizaban por atender a poblaciones de clase media baja.
El trabajo de campo se realizó entre los meses de febrero y marzo de 2019.
Con respecto a las características que distinguen a los participantes del estudio, se destaca que 10 eran mujeres y dos hombres. El rango de edad de los
entrevistados fue bastante amplio: tres tenían entre 25 y 29 años; seis, entre
31 y 39; una maestra 45 y otra 61. Cinco maestros eran licenciados en ciencias
de la educación, cuatro en psicología y tres en pedagogía. Diez de las personas entrevistadas señalaron que eligieron la docencia como profesión por su
gusto de trabajar con niños y la posibilidad de aportarles formación para la
vida. Dos maestras coincidieron en que optaron por ser docentes porque es
un empleo que ofrece estabilidad laboral (pagos puntuales, prestaciones de
servicio médico y vacaciones).
Sistematización y análisis de la información. Las entrevistas fueron transcritas en su totalidad. Para el análisis de las representaciones sociales se construyeron categorías temáticas derivadas de las entrevistas. En relación con el
reto analítico de identificar las emociones, se recuperó la propuesta de Plantin y Gutiérrez (2009), que tiene como propósito identificar y reconstruir
las emociones presentes en textos, conversaciones o videos. En el análisis se
combina la localización directa de las emociones (enunciados de emoción:
“esto me entristece”) y su ubicación indirecta, a partir de los indicios situacionales y de expresión (emoción implicada).

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TABLA 1
Participantes del estudio
Clave de

Edad

Dependientes
económicos

Formación

Antigüedad
como docente

participante

(años)
45

2

Ciencias
de la educación

6 meses

Maestra 02

27

Ninguno

Psicología educativa

1 año

Maestra 03

36

Ninguno

Psicología educativa

6 meses

Maestra 04

32

1

Psicología educativa

3 años

Maestra 05

29

Ninguno

Psicología educativa

3 años

Maestra 06

32

1

Pedagogía

4 años

Maestra 07

61

1

Pedagogía

5 años

Maestra 08

39

1

Pedagogía

4 años

Maestra 09

33

2

Ciencias
de la educación

4 años

Maestra 10

28

Ninguno

Ciencias
de la educación

4 años

Maestro 11

25

1

Ciencias
de la educación

3 años

Maestro 12

31

3

Ciencias
de la educación

4 años

Maestra 01

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del material empírico.

4. HALLAZGOS DEL ESTUDIO
Como se ha planteado en este artículo, la profesión docente se conforma por
propiedades o atributos de orden emocional y afectivo (Imbernón, 2010;
Marcelo, 2010). Esto se evidenció en el discurso de los maestros debutantes
entrevistados, ya que al hablar sobre la profesión docente hacían referencia a
ciertas emociones experimentadas, lo que permitió ubicar una relación indisociable entre la profesión docente, su representación social y las emociones.
La presentación de los hallazgos se planteó como un reto, dado que diseccionar y exponer por separado las representaciones sociales de la profesión
docente y las emociones que desencadenan no permitiría evidenciar dicha
relación.
A continuación, se presenta el análisis realizado con el fin de mostrar la
relación entre las emociones y la representación social de la profesión docente, que juega un doble papel, al ser un objeto de representación y elemento
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articulador con las emociones. Los hallazgos han sido organizados en tres
categorías analíticas que dan cuenta de las emociones experimentadas al hablar de lo que para los entrevistados representa la profesión docente y las
dificultades que enfrentan al entrar en contacto con la realidad que el trabajo
en aula implica: 1) el apego emocional, requisito para ser docente; 2) la carga
emocional ante la carencia de experiencia docente; 3) enfrentar los problemas
desde emociones y experiencias previas.
4.1. El apego emocional, requisito para ser docente
Como se ha señalado, las emociones juegan un papel importante en la construcción de la representación social sobre la profesión, la cual es asumida
como positiva, importante e implica compromiso, motivación y apego emocional, por lo que demanda en este profesional una cierta disposición afectiva. Si los maestros no logran experimentar esta motivación, pueden llegar a
fracasar y a dejar de ejercer su profesión. En este sentido, los maestros debutantes entrevistados afirmaron que la profesión docente requiere de ciertas
habilidades y, sobre todo, de disposiciones afectivas. Con respecto a las habilidades, los siguientes testimonios son ilustrativos:
La docencia es una profesión muy rica […] te lleva a leer, y a investigar y más y más, y a capacitarte (Maestra 02).
Fui trabajando con niños […] me fui interesando más en su desarrollo, en su aprendizaje, las estrategias para que ellos aprendieran […]
por eso me decidí a hacer mi examen para ser maestra (Maestra 05).

En los fragmentos citados, se evidencian las habilidades que los maestros debutantes consideran indispensables en la profesión docente. Por un
lado, es una actividad fructífera para los maestros, dado que necesitan tener una preparación permanente para estar actualizados; por otro, demanda
el conocimiento de diferentes técnicas y estrategias específicas para que los
alumnos aprendan.
En relación con las disposiciones afectivas, en las entrevistas se aprecia
que para el ejercicio de la labor docente una cuestión de gran importancia
es la vocación. Ésta puede ser considerada como un impulso o una llamada
especial para ejercer una actividad, una profesión, en este caso la docencia, la
cual está ligada a una decisión personal de “querer ser maestra(o)”. En algunos
casos, los profesores se refieren a una vocación “tardía”, por ejemplo, cuando
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las personas que en el transcurso o después de realizar una carrera profesional
se dan cuenta de su supuesta vocación por ser maestro. Con respecto a la
vocación, una maestra afirma: “Para ser docentes necesitas tener mucha vocación y creo que debes tener mucho corazón” (Maestra 05).
En el anterior testimonio, al expresar que se requiere de vocación, se
infiere que la profesión docente demanda, de quien la ejerce, inspiración, anhelos, intereses y aptitudes. Se afirma que para ser maestros se requiere “mucho corazón”, expresión que si bien no refiere directamente a una emoción,
remite a una disposición afectiva ligada al cariño, al ser sensible. Al respecto
una maestra señala:
Quedo muy contenta cuando mis niños pueden hacer algo que pensé
que jamás iban a hacer, porque he tenido niños que se les dificulta
mucho la lectoescritura, entonces les explicaba y les explicaba y les
explicaba de otra forma y de repente un día […] ya empiezan a leer,
o sea hay un cambio muy bonito y eso me llena mucho (Maestra 03).

En este fragmento se describe cómo la dedicación a la actividad profesional permite que un proceso tan complejo como la enseñanza de la lectoescritura se logre, lo que lleva a la maestra a experimentar la emoción de
alegría. En este sentido, los maestros que admiten sentir pasión por la enseñanza suelen tener sensibilidad social, así como una sólida identidad que se
refleja en el compromiso y entusiasmo con que asumen su labor (Badia, 2014;
Buitrago y Cárdenas, 2017).
La motivación docente está relacionada con las razones que incitan a los
futuros profesores a convertirse en enseñantes, a permanecer en la profesión,
o a abandonarla. La docencia es una profesión que se distingue por su alto
grado de motivación, compromiso y apego emocional. Si los maestros no
poseen estos atributos, son candidatos firmes para abandonar la profesión.
En las entrevistas se observó que la vocación está ligada directamente
con el gusto y pasión por el ejercicio de la profesión docente. En los siguientes
testimonios se expresa una valoración positiva de dicha actividad:
Creo que mi labor es algo bello, para mí entonces es algo que me
gusta, me encanta estar rodeada de pequeñitos que nos lo agradecen
con un sinfín de actitudes hacia con nosotros, ¿no? (Maestra 01).
Me gusta […] el moldear a los niños, por su inocencia y poderles
enseñar algo (Maestro 11).

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Al referirse a la labor docente como algo bello, se apela a la sensibilidad,
se concibe como una actividad placentera, como una suerte de deleite para el
ser o el espíritu. Tal parece que trabajar con alumnos de edades tempranas
constituye una motivación en el ejercicio de la profesión docente. En los anteriores fragmentos aparece el término gusto, que en sí no se puede catalogar
como una emoción, pero tiene una orientación emocional que se relaciona
con la simpatía, el amor, el cariño, la devoción. Así, se observa un vínculo
entre la profesión docente y la emoción que evoca, en este caso, la alegría. Al
respecto, Imbernón (2010) señala que este amor por los niños se ajusta a la
imagen de la profesión docente que impera, porque refiere a ideales como el
afecto por los alumnos, el deseo de compartir conocimientos y la virtud del
compromiso. Además, se advierte que la representación social de la profesión
docente involucra una relación afectiva con los alumnos para el logro del
aprendizaje.
La representación social de la docencia de los maestros debutantes como
una profesión llena de gratificaciones, ha llevado a que los docentes experimenten emociones con una valoración positiva:
Al principio fue como mucha emoción, es algo que ya quería hacer
desde hace mucho tiempo y me gustó mucho. [Mis compañeros]
han sido personas muy cordiales conmigo y pues con los alumnos
estoy como en esa etapa de experimentación porque como son alumnos que no conozco (Maestra 03).

En este testimonio, la docente, al calificar su inicio profesional como
algo que le causó emoción, es decir, como algo excitante, indica que estaba
motivada y tenía expectativas sobre su nueva actividad. Conocer las motivaciones de un maestro contribuirá a comprender las emociones y sentimientos
que este sujeto siente ante el esfuerzo que realiza para ajustar y conciliar sus
propios objetivos con las demandas que surgen en los encuentros cotidianos
con estudiantes y colegas (Badia, 2014). Una maestra afirma:
Para empezar, no me la creía que estuviera aquí, llegué muy feliz
y campante, y sí llegué con muchas ganas, pero tampoco sabía a lo
que me iba a enfrentar atravesando la puerta […] Yo ya tenía ese
contacto. Los niños, cuando yo me paré frente a ellos, tuve la oportunidad de desenvolverme bien con ellos (Maestra 05).

En el anterior fragmento, la entrevistada refiere que al presentarse por
primera vez en su salón de clase consiguió la realización de un anhelo profeTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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sional: convertirse en maestra, lo que desencadenó emociones con una valoración positiva que repercutieron en su práctica profesional, al desenvolverse
con confianza frente a sus alumnos.
Otra maestra también señaló el motivo por el que decidió presentar su
examen de ingreso a la profesión docente de educación primaria:
“¿Por qué no?”; si me gusta esto, y también es una satisfacción profesional […] Fue por eso que, ya después, me decidí a hacer mi examen a la SEP [Secretaría de Educación Pública]. En la licenciatura
nos avisaron que no era una carrera propiamente destinada a la
docencia y todo esto, pero siempre fue como mi atracción (Maestra
05).

En el fragmento anterior se observa, por un lado, que al enunciar el
gusto por la enseñanza afloran emociones como la alegría que provoca el
ejercicio de esta actividad; por otro, tal parece que para esta informante la
motivación es suficiente para ser docente, sin necesariamente contar con una
formación especializada en enseñanza. Así, la representación social de la docencia como una profesión que es gratificante emocionalmente es la que se
devela en los testimonios de los maestros debutantes, en los que el interés por
los niños, el gusto por compartir conocimientos y la vocación son pilares de
la profesión.
4.2. La carga emocional ante la carencia de experiencia docente
En el ejercicio de la docencia, sobre todo en el nivel primario, es fundamental
contar con una sólida preparación, tanto en conocimientos disciplinares y
pedagógicos, como en experiencia y seguimiento en el desarrollo de la práctica; preparación que, en el caso de los maestros debutantes, no les otorgó su
formación en la educación superior en carreras afines a la enseñanza.
Bedacarratx (2012) señala una extensa serie de emociones que los
maestros en formación experimentan, entre ellas:
incertidumbre e inseguridad por abandonar el lugar de alumno que
hasta entonces se ocupó (cambio de referente identitario); temor
e inseguridad porque se ejerce una función para la cual no se está
totalmente formado y para la cual aún no se está autorizado, al carecer todavía de la experiencia necesaria; desconcierto por la gran
cantidad de acciones que el maestro debe asumir; frustración deriTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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vada de la falta de reconocimiento de sus propios logros; confusión
por los vacíos formativos; hostigamiento por insertarse a un contexto socio-institucional que se presenta como adverso, e incluso
sufrimiento por no ser reconocido como aquello que se aspira a ser:
maestro (pp. 142-143).

Estas mismas emociones experimentadas por los maestros en formación también son compartidas por los profesionales que no cuentan con entrenamiento docente. Los siguientes testimonios son ilustrativos:
Preocupación, un poco de temor porque nunca había estado en
escuelas primarias y, sobre todo, porque yo no conocía bien los
planes y programas de estudio. Ahí fue donde empecé a tener problemas (Maestra 07).
Tuve mucho miedo, porque creí que no iba a dar el ancho en el grupo, dije ¿qué tal si no logro los aprendizajes?, ¿qué tal si no cumplo
las expectativas? (Maestra 05).

Estas entrevistadas reconocen que su entrada al ejercicio docente estuvo marcada por emociones con una valoración negativa: preocupación, temor,
miedo y angustia, como consecuencia de la falta de conocimientos y competencias profesionales de enseñanza. En la mayor parte de las entrevistas se encontró que los debutantes, cuando se presentaron frente a grupo, se percataron,
por primera vez, de su falta de conocimiento de los planes y programas de estudio, y por tanto del dominio de los contenidos de las diferentes asignaturas,
como el enfoque pedagógico que se sigue en educación primaria. Ello llevó a
algunas maestras debutantes a reconocer su carencia de experiencia docente
frente a grupo, algo que sus compañeros de escuelas normales sí tenían:
Al principio timidez, nervios, te sientes inexperta, pues no sabes,
no conoces. Es la complicación que siempre traíamos los egresados
de Ciencias de la Educación, porque decían: “los normalistas tienen
prácticas de clase” (Maestra 10).
Llegué a una escuela un poco marginada, […] los papás muy conflictivos, mucha delincuencia, […] entonces sí fue bien frustrante
llegar a un lugar donde no tenía tablas para ser docente frente a
grupo, porque manejar un grupo y personas es totalmente diferente a lo que vemos como pedagogos (Maestra 08).
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En el ejercicio de la profesión docente, los entrevistados emplean los
conocimientos de sus carreras, además de sus habilidades, motivación y sobre
todo el manejo de sus emociones. Cuando los maestros debutantes se hacen
cargo de una actuación profesional en un contexto real, con sujetos reales, con
consecuencias reales, y carecen de conocimientos especializados en enseñanza y estrategias para sortear las situaciones que se presentan en la comunidad,
desvalorizan su formación profesional (ciencias de la educación, pedagogía,
psicología), por lo que establecen una comparación con sus compañeros que
fueron formados en escuelas normales. Esto desencadena sensaciones como
frustración, angustia e incertidumbre, por no saber si están haciendo bien o
no su trabajo como docentes, aspecto que concuerda con lo que Bedacarratx
(2012) especifica respecto a los sentimientos experimentados por maestros
con poca experiencia. Al respecto, una maestra señala:
Lo que uno siente y lo que uno piensa es lo que lo hace a uno como
persona… si a uno no le gusta la carrera no la puede desarrollar, en
cambio, si realmente siente que le gusta, que le apasiona, entonces
uno se deja llevar por las emociones para hacer el trabajo bien (Maestra 05).

A los afectos y emociones no se les puede dejar de lado, ocultar o contener, ya que tarde o temprano se exteriorizan. Lo que se observa en los testimonios citados es que las emociones cumplen un papel relevante para generar acciones ante las situaciones que provocan estrés en los maestros.
A pesar de que los debutantes tienen una valoración positiva de la profesión docente, expresaron que al inicio de su ejercicio profesional vivieron
emociones negativas, tales como miedo, timidez, temor, preocupación. Esto
debido a que tenían una representación social de la profesión docente en la
que la vocación y el interés por los niños eran suficientes para el ejercicio de
la enseñanza, pero al entrar en contacto con la realidad escolar se percataron de la complejidad que conlleva generar aprendizajes en los alumnos, el
desconocimiento que tenían sobre el currículum de educación primaria y la
necesidad de prácticas profesionales frente a grupo.
4.3. Enfrentar los problemas desde emociones y experiencias previas
Las representaciones sociales pueden orientar las acciones de los sujetos ante
determinadas situaciones. Como se ha mostrado en el análisis para los maestros debutantes, al ser confrontada con la realidad escolar la representación
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social de la profesión docente que han construido, se desestabiliza esa imagen
idealizada de la docencia. La enseñanza está condicionada por la política educativa, los conocimientos disciplinares, las relaciones sociales, las prácticas
y los procesos educativos, por lo cual, en ciertos momentos, se presentan
situaciones inesperadas que obligan al docente a generar dispositivos de acción. Lantheaume y Hélou (2008) indican que ubicar las dificultades o situaciones que generan el malestar docente es insuficiente, se requiere identificar
las acciones que los docentes emprenden para comprender los recursos que
movilizan ante tales situaciones, dado que dichos dispositivos configuran la
práctica profesional y el oficio docente.
En el análisis de las entrevistas se ubicaron situaciones que provocaban malestar en los maestros debutantes. El malestar docente es un aspecto
natural del ejercicio de la profesión, porque la enseñanza como práctica social conduce a la aparición de situaciones inesperadas que demandan acciones para reducir la tensión (Esteve, 2011). Por lo que los maestros necesitan
adaptarse a diferentes planos de índole pedagógica, administrativa, social y
emocional. En la tabla 2 se presenta una serie de problemáticas que los informantes refieren haber enfrentado y la manera en que las solucionaron.
TABLA 2
Situaciones de malestar docente y acciones emprendidas
Lo que se experimenta

Las acciones

yo no tolero mucho esta parte de las injusticias con ellos mismos, ¿no?, que se burlen
de los demás, […] hubo un momento en
que ellos [los alumnos] molestaban mucho
a una compañera, le decían apodos (Maestra 04).

hablo mucho de mi experiencia o de lo que yo
viví antes y eso a ellos [los alumnos] les gusta mucho, como que yo les cuente, ¿no? Entonces, les contaba una situación similar que
yo pasé y cómo yo me sentí tratando de buscar
esa empatía, […] les contaba cómo yo me había
sentido (Maestra 04).

al principio me costaba mucho el control
de grupo, entonces era una situación que
tenía como muy latente. Siempre había
trabajado yo de manera individual con los
niños por el área en la que estudié, entonces, al principio me costaba como muchísimo trabajo contener al grupo (Maestra
03).

asignarles tareas a los niños me ayudó como en
esa parte de que ellos se pudieran contener y
también podían hacer algo importante que era
“el ayudante de la maestra”, y muy emocionado,
entonces, yo creo que esa parte me funcionó
muy bien (Maestra 03).

A veces la falta de apoyo de los padres es
lo que a mí me puede más que cualquier
otra cosa. Que por mucho que tú trates
de hacer por los niños, que por más que
te desvivas porque se lleven algo bueno,
no tengas esa parte de apoyo de quien va
a estar con ellos toda la vida (Maestra 06).

yo lo platico con los papás, yo los voy a tener
un año, y ese año les voy a dar lo mejor de mí,
pero el resto de la vida van a ser de ustedes, y
los responsables de los muchachos son ustedes
(Maestra 06).

Fuente: Elaboración propia a partir del análisis de entrevistas.
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En las anteriores narraciones, las maestras debutantes expresan las situaciones que les han generado malestar: control de grupo, burlas entre compañeros y desinterés de los padres de familia por la educación de sus hijos.
Destaca que son eventos que de forma directa no se vinculan con el aprendizaje, pero indirectamente abonan a las condiciones del proceso formativo.
Las acciones que emprenden los maestros debutantes para dar solución
a las problemáticas narradas se anclan en emociones y vivencias previas, o
en la improvisación de estrategias; esto se lleva a cabo a través del diálogo.
Los debutantes cuentan sus experiencias pasadas con el propósito de lograr
empatía de su grupo, por ejemplo, ante situaciones de burla a otros alumnos; también implementan estrategias para el manejo emocional del grupo, al
asignar tareas que los docentes infieren que pueden desencadenar emociones
con carga positiva en sus alumnos; y establecen comunicación directa con
los padres de familia, para lograr su compromiso con la educación de sus
hijos. Estos maestros están conscientes de que tienen que continuar con el
desarrollo de su ejercicio profesional, por lo que diseñan y ponen en marcha
diferentes estrategias para atender su principal preocupación, que es que los
alumnos aprendan.
CONCLUSIONES
El desarrollo de esta investigación permitió identificar que los maestros debutantes, sin formación docente previa, construyeron una representación
social cargada de elementos emocionales, donde destaca que para su ejercicio
es indispensable tener amor por los niños, compromiso por la formación de
sus alumnos y vocación como una cualidad del sujeto. Se observó que estos
maestros valoran la profesión docente a partir de ciertas emociones como la
alegría, y que, ante eventos que ponen en evidencia su falta de conocimientos
y práctica en la enseñanza, experimentan emociones que se ligan con la angustia de no poder cumplir con su labor. Los participantes del estudio, para
sortear situaciones inesperadas con sus alumnos, o que les provocan malestar,
emprenden estrategias basadas en vivencias emocionales, donde ese interés
por los niños y la pasión por su profesión los llevan a exteriorizar sus afectos,
o bien a intentar desencadenar emociones en sus alumnos y en los padres
de familia. Todo ello devela que la representación social, las emociones y la
profesión docente están concatenadas, como una suerte de tríada situada en
la dimensión subjetiva de la profesión, y que, con seguridad, repercute en el
ejercicio de ésta.
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En el desarrollo de la investigación se ubicó que los docentes debutantes
le atribuyen a la profesión docente únicamente características de una labor
asistencialista y técnica, cuyo propósito es ayudar a los alumnos en un sentido altruista (Imbernón, 2010). Este hallazgo aporta la evidencia de que los
egresados de profesiones afines a la enseñanza arriban a la docencia con una
visión idealizada de cuestiones complejas, como el aprendizaje, la enseñanza
y la escuela misma.
Se advierte que la representación social de la profesión docente que
construyeron los maestros debutantes, sumada a los problemas que enfrentan en el ejercicio profesional, los lleva a modificar sus estados emocionales.
Por lo que se considera que para el análisis de la dimensión subjetiva de la
profesión docente es necesario contemplar elementos contextuales, culturales y sociales, ya que la enseñanza no se puede desvincular de la afectividad
humana y el contexto en el que se desarrolla (Badia, 2014). Por esta razón,
se reconoce que no es suficiente quedarse en el ámbito subjetivo individual,
sino ir más allá y contemplar el subjetivo colectivo, es decir, reconstruir los
contextos socioculturales en los que se desenvuelve el maestro.
Dos constructos teóricos que podrían incorporarse en el estudio de la
relación entre la profesión docente y las emociones son el de anclaje emocional
y el de clima del aula. El primero da cuenta de un mecanismo de apego referido
a un proceso comunicativo por medio del cual un nuevo fenómeno se fija en
una emoción ya conocida (Höijer, 2010); el segundo refiere a que el maestro
es, al mismo tiempo, constructor activo y receptor emocional de un cierto
tipo de “clima del aula” (Badia, 2014). De acuerdo con Badia (2014), algunas
características afectivas importantes en la configuración del clima social del
grupo son el interés, el respeto o la preocupación que se da entre sus integrantes, el grado en que se establecen las relaciones de ayuda, conocimiento y
amistad como fruto de la interrelación continua.
Finalmente, a partir del estudio realizado, se reconoce que el análisis de
los afectos y emociones en la docencia, así como en la formación de maestros, tendría que ser considerado como un campo específico de estudio. La
variedad y la relevancia de los hallazgos obtenidos tanto en esta investigación
como en las que se han referido, ponen de manifiesto la gran influencia del
papel de las emociones en la motivación del docente, en su forma de pensar y
ejercer la enseñanza, y en los procesos de cambio de su propio conocimiento
y de sus prácticas de enseñanza.

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FLOR DE MARÍA MENDOZA MUÑIZ | ANA LUCÍA MALDONADO GONZÁLEZ

Internet y Redes Sociales para Educación
y Prevención de Riesgos Asociados
al Cambio Climático en Jóvenes
Internet and Social Media for Educaࢼon
and Prevenࢼon of Risks Associated
with Climate Change in Young People
FLOR DE MARÍA MENDOZA MUÑIZ* | ANA LUCÍA MALDONADO GONZÁLEZ**

► RESUMEN
La influencia de las tecnologías de la información y la comunicación
(TIC) representa retos y oportunidades en cambios sociales, científicos y
tecnológicos. Desde la educación ambiental, como facilitadoras de nuevas formas de aprendizaje, permiten la construcción social de un conocimiento ambiental. Una investigación realizada con jóvenes de nivel
medio superior, en contexto veracruzano, permite evidenciar que, para
informarse y comunicar prevención de riesgos ante eventos hidrometeorológicos extremos, los jóvenes privilegian más internet y las redes
sociales que los planes y programas de prevención de riesgo difundidos
en canales oficiales. Las distintas TIC pueden favorecer en los jóvenes
comunicaciones y aprendizajes ambientales.
Palabras clave: Educación ambiental | Comunicación ambiental |
Fenómenos hidrometeorológicos | Inundaciones |
Cambio climático.

► ABSTRACT
The influence of information and communication technologies (ICT)
represents challenges and opportunities in social, scientific and technological changes. From environmental education, as facilitators of new
forms of learning, they allow the social construction of environmental
knowledge. An investigation carried out with young people of upper
secondary level, in the context of Veracruz, shows that in order to in-

* Doctorante en la Universidad Veracruzana, Instituto de Investigaciones en Educación, Doctorado en
Investigación Educativa. Correo electrónico: flor.mendoza1386@gmail.com
** Profesora-investigadora de la Universidad Veracruzana, Instituto de Investigaciones en Educación.
Correo electrónico: anmaldonado@uv.mx
Recibido: 24 de septiembre de 2020 | Aceptado: 18 de abril de 2021
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ISSN 2007-1205 | pp. 90-113

�INTERNET Y REDES SOCIALES PARA EDUCACIÓN Y PREVENCIÓN

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form themselves and communicate risk prevention in extreme hydrometeorological events, young people favor internet and social networks
more than risk prevention plans and programs disseminated in official
channels. The different ICTs can favor environmental communication
and learning in young people.
Keywords: Environmental education | Environmental comunication |
Hydrometeorological events | Floods | Climate change.

INTRODUCCIÓN
Las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) han influido
en cambios sociales, científicos, tecnológicos y representan algunos de los
retos a los cuales nos enfrentamos en distintos ámbitos. Específicamente la
investigación que origina este artículo se realiza desde la educación y comunicación ambiental, evidenciando el uso de TIC en materia de comunicación y
prevención ante inundaciones derivadas de fenómenos hidrometeorológicos
extremos. Dichos fenómenos se han visto agravaos en magnitud y frecuencia
por el cambio climático (IPCC, 2014); entendido éste como “[...] un cambio en
el clima, atribuible directa o indirectamente a la actividad humana, que altera
la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad climática natural observada durante períodos de tiempo comparables” (Naciones
Unidas, 1992, p.6). Es innegable que el fenómeno del cambio climático, así
como las consecuencias derivadas del mismo afectan a nivel global, pero de
manera diferenciada, sin duda las poblaciones en condiciones de vulnerabilidad física y social resultan más afectadas.
Cabe destacar que el uso de internet y redes sociales1 como medios
de información, comunicación, educación y prevención ante estos fenómenos, es cada vez más recurrente en esta denominada era de la información
(Castells, 2005), tercera revolución industrial (Unesco, 2005) o revolución
digital (Banco Mundial, 2016). La influencia de estos avances tecnológicos es
evidente en las formas de consulta y recepción de contenidos informativos, en
la comunicación y educación de diversas audiencias, principalmente los jóvenes, lo que ha resultado en una transformación del sistema educomunicativo2.
1 Entendidas en el sentido tecnológico, son servicios -basados en la web- que permiten la relación de
sus usuarios, el intercambio de información, coordinación de acciones, de manera general, mantener el
contacto en el espacio digital. Además de ello, contribuyen al modo en que se construye nuestra identidad
on-line (Orihuela, 2008). En la actualidad, este término se sitúa generalmente en el imaginario colectivo
y se relaciona directamente con las estructuras compuestas por un conjunto de actores y las relaciones
definidas entre ellos.
2 Entendida como el campo de estudios inter y transdisciplinar que aborda dos dimensiones teórico-prácTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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FLOR DE MARÍA MENDOZA MUÑIZ | ANA LUCÍA MALDONADO GONZÁLEZ

El campo de la educación ambiental está inmerso en la incursión y
uso de las TIC como facilitadoras de nuevas formas de aprendizaje. Mediante
el uso didáctico de estas herramientas, los jóvenes tienen acceso a la construcción de un conocimiento ambiental, en un proceso educativo de carácter interdisciplinario, que permite la identificación de valores, la elaboración
de conceptos y el desarrollo de habilidades para promover una interacción
sustentable entre las sociedades y la naturaleza (Abraham y Vitarelli, 2014).
Los jóvenes juegan un papel trascendental al introducir estas tecnologías de
manera natural a su vida diaria, pueden incluso llegar a constituirse como
agentes de cambio por su activa participación y empoderamiento a través de
las redes sociales como Facebook, Twitter, YouTube e Instagram, algunas de
las más utilizadas entre este sector poblacional para informase, posicionarse
y también para movilizarse respecto de algún tema, contribuyendo así a la
construcción social de la realidad en la cual se encuentran inmersos (Ortega
y Gasset, 2015). Los jóvenes determinan su actuar a partir de las relaciones
que viven dentro del entorno en el cual se desenvuelven, influye en esto la
información que reciben en Internet y redes sociales, la música y símbolos,
encuentros y conflictos, así como la percepción que tienen y su situación dentro del espacio social.
El hecho educativo es, en esencia, un acto de comunicación en el cual
“[…] todo aprendizaje es un interaprendizaje, […] de lo individual a lo interpersonal y a lo grupal” (Prieto, 1999, pp.30-31). Para lograr transformaciones educativas significativas, así como una comunicación que además de
aprendida sea aprehendida por los jóvenes, es fundamental desarrollar una
comunicación con uno mismo, con educadores, entre estudiantes, con los
actores sociales que influyan en su contexto, así como también con los diferentes medios, canales, materiales y propuestas discursivas disponibles, reales
y virtuales, mediante mensajes significativos que tengan la finalidad de influir
-de alguna forma- en el comportamiento de estos jóvenes (Ferradas, 2008).
Todo esto asociado además a la educación ambiental, cuyo objeto no es solo
el medio ambiente, sino la relación individual y colectiva que tenemos con él
y que involucra las realidades socio-ecológicas de nuestro mundo, desde un
enfoque político, ético, crítico (Sauvé, 2017). De ahí la pertinencia con la investigación que aquí presentamos, relacionada con formas de comunicación
y educación ambiental para prevención de riesgos por inundaciones, derivadas de fenómenos hidrometeorológicos extremos, que se han visto agravados
por el cambio climático.

ticas: la educación y la comunicación (Barbas, 2012).
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�INTERNET Y REDES SOCIALES PARA EDUCACIÓN Y PREVENCIÓN

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La comunicación en el ámbito de la educación es mucho más profunda
y guarda una estrecha relación con interacciones del pasado, presente y futuro de cada integrante del sistema educativo, el cual se encuentra dentro de
los subsistemas identificados por Luhmann (2009) en su teoría de sistemas, la
cual guarda estrecha relación con la teoría de la comunicación. Desde la teoría de sistemas se describe la sociedad moderna como un sistema construido
por individuos y por la comunicación que guardan entre sí. Se trata de un
enfoque teórico que consideramos pertinente para nuestra investigación y lo
retomaremos más adelante.
En este contexto, resulta pertinente aprender y entender la cultura juvenil para que la mediación pedagógica adquiera sentido (Prieto, 2002). Lo
anterior es aplicable a fenómenos que competen a los jóvenes, como lo es el
cambio climático y problemas asociados al mismo, donde puede contemplarse la prevención de riesgos ante inundaciones. Aunado a esto, el impacto y
avance de las TIC representa entornos informativos, comunicativos, de aprendizaje y expresión para los jóvenes, quienes a partir de estas tecnologías han
hecho posible el desarrollo de nuevas experiencias formativas y educativas.
Otro ámbito que han revolucionado las TIC en materia de procesos de
formación es la eliminación de las barreras de tiempo y espacio, las cuales han
condicionado a la enseñanza presencial y a distancia (Cañellas, 2006), promoviendo una nueva visión del conocimiento y aprendizaje (Bartolomé, 1997)
que afecta los roles de las instituciones, de los participantes involucrados en
el proceso educativo, así como la creación y difusión del conocimiento.
Cabe subrayar que el aprendizaje comprende los diversos contextos
dentro de los cuales se desarrolla todo individuo y, específicamente los jóvenes, para el caso de esta investigación. Dichos contextos pueden ser reales
o virtuales y situar al aprendizaje en un nivel más allá de las instituciones y
espacios educativos. Esto queda asentado en corrientes como la del Aprendizaje a lo Largo de toda la Vida (ALV), la cual surge con las aportaciones del
reporte Aprender a ser (Faure, 1972) en donde se retoman las críticas hechas
a la educación formal, situándose en contra de ver a la educación como un
privilegio para unos cuantos. El ALV se establece como un “principio organizativo de todas las formas de educación” (Unesco, 2010, p.28) -formal, no
formal o informal- que busca propiciar una mejor integración e interrelación
del aprendizaje, partiendo de la premisa que éste puede darse tanto en distintas etapas de la vida, así como en los diversos contextos en los cuales convive
y se desarrolla un individuo (Unesco, 2014).
En este sentido, considerando que el aprendizaje puede ir más allá del
aula escolar (Illich, 1974) y estar presente a lo largo de la vida de todo individuo, es importante destacar lo que diversos estudios muestran para el caso
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FLOR DE MARÍA MENDOZA MUÑIZ | ANA LUCÍA MALDONADO GONZÁLEZ

de la prevención de riesgo por inundaciones. Particularmente en este tema,
se ha detectado que poblaciones expuestas a eventos de este tipo, han desarrollado comportamientos preventivos, en comparación con quienes no han
vivido estas experiencias. Lo que deriva en aprendizajes para estas poblaciones y tiene un efecto importante tanto en la prevención, como en la respuesta
comunitaria ante este tipo de riesgo y las alertas recibidas. (Tunstall, 1992;
Werrity et al., 2007; Parker et al., 2009; Montenegro y Peña, 2010; Toscana,
2014; González-Gaudiano y Maldonado, 2017). Lo anterior pese a que en
estas investigaciones también se ha evidenciado la falta de conocimiento por
parte de la población en general, sobre los planes y programas oficiales dirigidos a la prevención de riesgos por inundaciones. Esto evidencia informalidad por parte de autoridades locales en el proceso de informar, comunicar y
educar sobre la prevención de riesgos por inundaciones, propiciando desconfianza hacia los agentes de gobierno. Es así como el actuar de los individuos
-incluidos los jóvenes- ante situaciones de emergencia, se da a partir de la
experiencia que han adquirido en sus diferentes contextos, así como de las
alertas vecinales y sistemas de auto-advertencia que ellos mismos han creado,
muchas veces utilizando recursos de internet y redes sociales.
La investigación que origina este artículo se llevó a cabo con jóvenes
de dos escuelas de nivel medio superior en la localidad de José Cardel, en el
Estado de Veracruz. A partir de ella, fue posible identificar el conocimiento
que tienen los jóvenes sobre los planes y programas de prevención de riesgo
ante inundaciones derivadas de fenómenos hidrometeorológicos extremos.
Además, conocer si estos planes y programas influyen -o no- en sus prácticas
ante la presencia de tales eventos extremos que pueden derivar en inundaciones de distinto nivel en su localidad. De ahí también, interesó analizar los diferentes significados que los jóvenes asignan al término prevención, así como
identificar los principales medios y canales de comunicación por los cuáles se
informan y en los que más confían.
EDUCACIÓN Y COMUNICACIÓN AMBIENTAL
EN ESPACIOS PRESENCIALES Y VIRTUALES
La Educación Ambiental (EA) como concepto es muy amplio, representa y
expresa un “conjunto de distintas luchas en diferentes esferas tanto de lo
educativo como de lo ambiental, tanto en el terreno internacional como en
el regional y nacional” (González-Gaudiano, 2003). Se trata de un proceso
interdisciplinario que busca el desarrollo de ciudadanos conscientes e informados del ambiente en su totalidad, capaces de participar en la toma de
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decisiones y resolución de problemas. La EA tiene como propósito el contribuir a la formación consiente, crítica y participativa de los seres humanos
ante las problemáticas ambientales; intenta no sólo explicar las problemáticas
ambientales desde la dimensión física, sino también abordarlas desde lo social, considerando las distintas responsabilidades de sus actores, buscando no
sólo generar, sino también mantener comportamientos, actitudes, valores y
creencias que impulsen un desarrollo social y productivo, ambientalmente
consciente. La EA se sitúa en una constante búsqueda por generar cambios de
pensamientos y conductas en las personas, al promover una visión amplia,
crítica y comprensiva de las complejas problemáticas ambientales (Meira,
2002; Vázquez, 2012).
Los centros escolares sin duda pueden jugar el papel de aliados estratégicos en la difusión de información y en la promoción de actitudes orientadas a la prevención de riesgos derivados de fenómenos hidrometeorológicos extremos. Lo anterior debido al gran potencial de agentes de cambio que
pueden tener los niños y jóvenes, dentro de sus comunidades, al participar
conjuntamente con actores locales en la gestión de riesgos para la prevención
de desastres (Tanner et al., 2008). Además, a partir de las TIC como el Internet
y las redes sociales, se han conformado espacios donde los jóvenes participan, se relacionan, socializan con otros y adquieran conocimientos (Pisani y
Piotet, 2008), representando así espacios de oportunidad para la difusión de
información, comunicación y educación ambiental.
Hablar de comunicación, significa hablar de múltiples sentidos y conceptos; las teorías de la comunicación conforman una disciplina que se encuentra en constante evolución y discusión permanentes (Rodrigo, 2001).
Luhmann (2009) refiere la estrecha relación que guarda la teoría de sistemas
con la teoría de la comunicación. La primera determina que un sistema debe
reproducirse a través de un solo tipo de operación y, la segunda, aborda tanto
características como cualidades que debiese tener este tipo de operación. Desde la teoría de sistemas, se describe cómo la sociedad moderna es un sistema
construido por individuos y por la comunicación presente entre los mismos,
distinguiendo tres tipos de sistemas: el sistema vivo, el sistema psíquico y el
sistema social. Este último capta la atención de Luhmann debido a la peculiaridad de las sociedades modernas de poder diferenciarse en subsistemas, distinguiendo cinco: educativo, religioso, artístico, económico y político; todos
estos sistemas son cerrados, están determinados por sus propias operaciones
y se ven afectados por el entorno en la medida en que éste los haya influido
(Luhmann, 2009).

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Los sistemas que distingue Luhmann son sistemas autopoiéticos3 que
exigen se indique de manera exacta “[…] la operación que realiza la autopoiesis del sistema y que de este modo delimita al sistema con respecto a todo lo
demás […]” (Luhmann, 2009, p. 301), en los sistemas sociales esta operación
de autopoiesis ocurre a través de la comunicación. Entonces, aquí es donde la
comunicación es la encargada de producir y reproducir a la sociedad, constituyendo una operación sistemática de carácter social, en la cual deben existir al
menos dos individuos implicados, cuyas acciones se constituyen a través de la
comunicación verbal o no verbal (Bateson, 1998). La comunicación será más
efectiva, en tanto los individuos participantes miren, escuchen, lean, comprendan en niveles semejantes y tengan la capacidad de producir y reproducir dicha
comunicación, llegar a una retroalimentación con otro(s) individuo(s) y así poder lograr la reproducción de la sociedad; tomando en cuenta que la realidad es
subjetiva, socialmente construida y asumida por los individuos a través de la
socialización de los diversos procesos que surgen en la vida diaria y que se ven
mediados por la comunicación (Berger y Luckmann, 1968).
Dentro de esta construcción social de la realidad (Berger y Luckmann,
1968), se encuentran inmersos también los procesos educativos, ya que todos
los humanos somos seres que aprendemos mejor en ambientes bastos en comunicación (Prieto, 1999). La comunicación orientada a informar, formar y
educar a la población en materia de prevención de riesgos de desastres, implica
un proceso dinámico, interinstitucional e interdisciplinario, que requiere de
una estrecha interrelación y coordinación entre todos los involucrados, para
poder formular estrategias efectivas de prevención y reducción de riesgos de
desastres; situando a la comunicación como un elemento fundamental en la
medida que logre facilitar el diálogo entre los diversos actores sociales, manejo
y comprensión de conceptos, a través de estrategias comunicativas que busquen la concientización entre la población más vulnerable (Ibarra, 2009).
PREVENCIÓN DE RIESGOS POR INUNDACIONES
EN LOS JÓVENES
Abordar el tema de la juventud es hablar sobre millones de jóvenes que se
desenvuelven en diferentes condiciones económicas, culturales; tanto por su

3 Luhmann retoma de la biología el término autopoiesis para referirse a los sistemas capaces de reproducirse y mantenerse por sí mismos, con anterioridad este término fue propuesto para definir la química de
auto - mantenimiento de las células vivas; entendido de manera simple: es la condición de existencia de los
seres vivos en la continua producción de sí mismos (Varela y Maturana, 1995).
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ubicación en el ámbito social, como por la manera en que se desenvuelven
y relacionan entre ellos mismos (Prieto, 1995) y en su contexto, donde enfrentan también diversas situaciones de riesgo. Cuando se habla de desastres asociados a eventos hidrometeorológicos extremos que pueden derivar
en inundaciones, una representación recurrente que tienen los jóvenes de sí
mismos ante estos eventos, es como víctimas; de ahí la importancia de la capacitación y la protección de este sector poblacional antes, durante y después
de que ocurre un desastre (Tanner et al., 2008).
Hablar de desastres implica también hablar del riesgo, el cual puede
ser entendido como la probabilidad de que una situación indeseada ocurra y
derive en consecuencias negativas, lo que representa una coincidencia de posibilidades catastróficas, mismas que pueden ser el resultado del estilo de vida
moderno (Curbet, 2011). Este concepto de riesgo adquiere una importancia
notable dentro de la dimensión social en el libro Sociedad del riesgo global, de
Beck (1998), en donde el autor define riesgo como un modo sistemático en
el que se afrontan peligros e inseguridades, aspectos relacionados de manera
directa con la fuerza de la modernización y la globalización de la incertidumbre. Para esta investigación, dejamos de lado el término peligro, el cual se ha
presentado como concepto similar al riesgo, difiriendo en que el peligro es una
situación dañina de origen externo y el riesgo se entiende como los posibles
daños derivados de la toma de decisiones conscientes; podemos encontrarnos
expuestos a diversos peligros, pero los riesgos son asumidos (Luhmann, 2009).
Tanto el riesgo como el desastre son asociados frecuentemente con la
vulnerabilidad social (García, 2005), misma que se entiende como una configuración particular y negativa, resultante de la interacción entre la estructura
de oportunidades y los activos de los actores (Filgueira, 2001). En la tipología
de vulnerabilidad presentada por Anderson y Woodrow (1989), refieren a la
vulnerabilidad social como aquella que está en relación con la organización
de la sociedad, sus conflictos internos y la forma en que los resuelve conjuntamente a nivel político, social, económico. Estos autores abordan también en
su tipología a la vulnerabilidad física-material, la cual comprende suelo, clima
y ambiente, infraestructuras de salud y empleo, vivienda, tecnologías; además refieren la vulnerabilidad motivacional-actitudinal, misma que analiza la
forma en que la comunidad se percibe a sí misma, así como su habilidad para
el manejo de su ambiente físico, social, político y su motivación para actuar
como agentes de cambio.
Es importante destacar que la acción de niños y jóvenes dentro de la
gestión y prevención de riesgos ha sido conocida en años recientes sobre todo
por su participación en actividades escolares, mediante el uso de materiales
educativos, así como la protección de la infraestructura de las escuelas; sin
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embargo, los jóvenes que tienen acceso a una educación media superior son
ya una minoría en muchos de los países y “las críticas a una enseñanza descontextualizada, enciclopedista, fragmentada, no cesan y no dejan de tener
valor” (Prieto, 1995, p. 1).
Las posibilidades de desarrollar en los jóvenes competencias para enfrentarse a la vida muchas veces se ven reducidas debido al contexto social
y desigual en el cual se desenvuelven; aunado a lo anterior, en ocasiones las
instituciones educativas no aciertan a ofrecer propuestas pedagógicas contextualizadas acordes a las necesidades de los jóvenes; es por lo que las instituciones educativas que promueven el trabajo con jóvenes resultan de gran
importancia debido a que “en los establecimientos donde se logra una adecuada propuesta pedagógica, es manifiesto el valor de un espacio de contención
para quienes necesitan de ámbitos donde encontrarse, donde construir, donde sentirse alguien entre los demás” (Prieto, 1995, p. 2).
Muchos jóvenes están creciendo en contextos afectados directamente
por la distribución inequitativa de recursos; además de formar parte de un
grupo social que es más propenso a sufrir desigualdades en cuanto acceso
a recursos y oportunidades; por lo que se ven continuamente afectados por
las condiciones de su entorno. No sólo son vulnerables por el hecho de ser
jóvenes o por la etapa transitoria en la que se encuentran, sino porque son
personas que viven en un mundo desigual, en el cual los valores e instituciones sociales que favorecen oportunidades no están al alcance de todos (Hardgrove et al., 2014).
Dentro de la prevención y reducción de riesgos de desastres, es posible
identificar tres etapas en el proceso de gestión: correctiva, prospectiva y reactiva (Ulloa, 2011). Para los fines de la comunicación y la educación preventivas,
la fase más importante es la gestión prospectiva, debido a que en esta etapa se
pueden desarrollar medidas y acciones frente a posibles riesgos. De ahí que la
comunicación y la educación resulten fundamentales, al permitir que las personas accedan a la información, adquieran conocimientos y actúen en consecuencia sobre los diversos riesgos que podrían enfrentar en sus territorios.
De ahí que resulta prioritario fomentar una cultura de prevención y
gestión de riesgos ante desastres en toda la población y, de manera particular,
en los jóvenes. Todo esto fundamentado en valores como la participación
colectiva, la solidaridad y el respeto, para influir de manera positiva en la
población en general, no sólo en jóvenes (Ulloa, 2011). En este contexto, se
esperaría que cualquier proyecto educativo que fomente la cultura de prevención de riesgos podría construir y co-construir capacidades individuales, sociales, interactivas y de compromiso, que beneficien a todo el colectivo (Cruz,
Maldonado y Bello, 2020).
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EL CONTEXTO DE LOS JÓVENES PARTICIPANTES
EN LA INVESTIGACIÓN
El municipio de La Antigua, en el estado de Veracruz, tiene una población de
25,500 habitantes, la cual se encuentra distribuida en 34 localidades, donde
sólo una es urbana y corresponde a la localidad de José Cardel, cabecera municipal, con 19,092 habitantes (INEGI, 2010). Esta localidad se ubica a una altura de 20m sobre el nivel del mar, colinda con el río La Antigua y comprende
una superficie de 131.5 km2, lo que corresponde a 0.2% de la superficie total
de estado de Veracruz. Su clima es cálido subhúmedo con lluvias en verano y
su temperatura oscila entre los 24ºC a 26°C (Sefiplan, 2014).
Este municipio ha sido afectado por sequías, ciclones y tormentas tropicales, inundaciones, derrumbes y deslizamientos. Entre los meses de mayo
a noviembre es cuando se presentan con mayor frecuencia ciclones y ondas
tropicales, siendo las zonas bajas y al margen del río, las más afectadas por
inundaciones, como es el caso de la localidad de José Cardel (Ortiz, 2011). En
el historial que se tiene de ciclones tropicales para el Estado de Veracruz, en el
año 2010 el huracán Karl impactó en fase tres a esta localidad en tres ocasiones: con la entrada del fenómeno hidrometeorológico, con el golpe de agua
que desbordó el río La Antigua y con la inundación que colapsó a la población
dejando damnificados, decesos y pérdidas materiales (Ortiz, 2011).
El estudio que origina este artículo, fue realizado con jóvenes de dos
bachilleratos ubicados en esta localidad: 1) escuela pública estatal Agustín
Yáñez, de interés por su ubicación física (cerca del río La Antigua) y por la
realización del programa escolar “Brigadas” en el cual se brinda capacitación
básica a los alumnos sobre cómo actuar ante cualquier siniestro, además de
enseñarles primeros auxilios; y 2) escuela Álvaro Gálvez y Fuentes, de control
privado, bastante alejada de la ubicación del río.
METODOLOGÍA
La metodología es de corte cualitativo y permitió un acercamiento a las subjetividades de los jóvenes participantes (Calderero y Carrasco, 2000). Lo anterior para conocer su interpretación sobre diversas situaciones que enfrentan ante eventos extremos, las medidas preventivas que reciben de distintos
medios incluidos internet y redes sociales, el significado que otorgan a estas
vivencias, sus intenciones, creencias, expectativas, motivaciones, entre otras.
Se recurrió a un enfoque interpretativo, capaz de proporcionar elementos
congruentes con la manera en que se intentaron responder las interrogantes
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planteadas, con énfasis en lo simbólico de las acciones humanas a partir de
las cuales los individuos construyen el sentido de su experiencia y realidad
(Berger y Luckmann, 1968).
Para la construcción de datos, fueron empleadas las técnicas de entrevistas semiestructuradas con informantes clave y grupos focales con los jóvenes,
como informantes directos. La guía de la entrevista semiestructurada incluyó
preguntas relacionadas con la identificación de la problemática de estudio; la
información sobre inundaciones con la que contaban como comunidad; la colaboración y organización de los diversos actores de la comunidad dentro de
los procesos de prevención y reacción ante contingencias por inundaciones;
así como aspectos relacionados con la vulnerabilidad, prevención y resiliencia
que identifican en su comunidad. En el caso de los grupos focales realizados
con los jóvenes, se abordaron principalmente preguntas relacionadas con el
conocimiento e información disponible sobre la problemática de inundaciones,
resiliencia (en el sentido de la experiencia propia, así como la experiencia de su
comunidad) y prevención (incluyendo conocimiento sobre planes y programas
de prevención de riesgo por inundaciones). Además, se retoman aquí algunas
preguntas del cuestionario aplicado en la misma localidad para el macroproyecto4, al cual se adscriben aspectos del trabajo de campo para la investigación
aquí presentada. Respecto a las preguntas seleccionadas, éstas abordan en los
jóvenes el riesgo, sistemas de prevención y alerta temprana, plan comunitario
(y familiar) de emergencias, así como sensibilización ante inundaciones.
La muestra consistió en 140 cuestionarios aplicados y distribuidos de la
siguiente manera:
- 77 participantes del Bachillerato Agustín Yáñez (escuela pública estatal);
- 63 participantes del Bachillerato Álvaro Gálvez y Fuentes (escuela
privada).
Esto permitió triangular información, a partir de nueve preguntas seleccionadas con el propósito de identificar qué programas de prevención de
riesgos por inundación se difunden entre los jóvenes de los bachilleratos de
estudio, su nivel de conocimiento respecto a estos programas, así como los
medios de comunicación que más emplean para mantenerse informados.
Las categorías de análisis para esta investigación fueron:
4 Este macroproyecto fue realizado por miembros de la línea de Educación Ambiental para la Sustentabilidad del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana. La investigación que
origina este artículo forma parte del mismo macroproyecto y por lo tanto hay datos que se comparten.
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- Riesgo: retomando el concepto dentro de la dimensión social, entendido
como la posibilidad de que una situación indeseada ocurra, trayendo consecuencias negativas (Curbet, 2011).
- Vulnerabilidad: entendida como la capacidad disminuida de una persona – o
grupo de personas – para anticiparse, hacer frente y resistir a los efectos de
peligro (sea natural o generada por la misma actividad humana) y para recuperarse de los mismos (Gómez, 2001). De acuerdo con Anderson y Woodrow
(1989), puede ser física, social y motivacional-actitudinal.
- Prevención: en referencia a las medidas o disposiciones seguidas de manera anticipada, para evitar que un evento o situación negativa suceda (Ibarra,
2009).
- Comunicación y educación ambiental: asociadas a la prevención y gestión de
riesgo incluidas en los sistemas formales educativos, así como en redes informales comunitarias, (hogar, amistades y directamente con otros miembros de
la comunidad) (Tanner et al, 2008; González-Gaudiano y Maldonado, 2017).

Se aplicó un muestreo —no probabilístico— estratégico o de conveniencia, el cual permite la selección de las unidades muestrales bajo ciertos
criterios subjetivos definidos previamente por el investigador, acordes a los
objetivos de la investigación (Cea, 1998); determinando así que la población
de estudio estuviese compuesta por jóvenes de bachillerato, ubicados dentro
de la localidad de José Cardel. La selección de escuelas se realizó de manera
previa, empleando los criterios establecidos por el macroproyecto, siendo escuelas que forman parte de la Dirección General de Bachilleratos.
Fue posible trabajar con dos tipos de informantes: directos y claves. Los
informantes directos fueron el centro de la investigación, los que han sido afectados de manera directa por un problema o situación (Varas y Rubio, 2004) en
este caso jóvenes pertenecientes a tercer y quinto semestre del bachillerato. Los
informantes clave son aquellos que, sin verse necesariamente afectados por el
problema de estudio, cuentan con información clave para la realización de la
investigación (Varas y Rubio, 2004); se contó con la participación de ambos
directores de los bachilleratos, un profesor que fungió como enlace dentro de la
investigación y que imparte clases en ambos bachilleratos, el presidente municipal de José Cardel, el párroco de la localidad y el director de Protección Civil;
con quienes se llevó a cabo la entrevista semiestructurada.
En el presente artículo interesa destacar hallazgos tanto del cuestionario, como de los grupos focales aplicados a los actores directos -jóvenes de
bachillerato-. Se consideró pertinente trabajar con la técnica de grupos focales, por la posibilidad de que ésta proveyera las bases para la interpretación
de significados, permitiendo obtener una muestra representativa del maTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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cro-conjunto a través del discurso elaborado por los jóvenes participantes en
la discusión (Margel, 2004). Participaron jóvenes del tercer y quinto semestre del bachillerato, solicitando apoyo de profesores para localizar a jóvenes
dentro del salón de clases que preferentemente hubiesen presenciado alguna
inundación; procurando una distribución equitativa de hombres y mujeres.
Se realizaron tres grupos focales5 y su distribución quedó como se
muestra en la tabla 1.
TABLA 1
Distribución de grupos focales realizados
Escuela

GF realizados

Agustín Yáñez

Dos

Álvaro Gálvez y
Fuentes

Uno

Mujeres

Hombres

5

4

3

2

Semestre

Duración

Quinto

50 minutos

1

Tercero

60 minutos

4

Tercero/
quinto

57 minutos

Fuente: Elaboración propia.

La información obtenida mediante los grupos focales (así como por
medio de las entrevistas semiestructuradas aplicadas a informantes clave) fue
grabada y transcrita en su totalidad para ser procesada mediante la técnica de
análisis de contenido (Bardin, 1991), lo que permitió hacer una doble lectura
entre los discursos generados por informantes directos e informantes claves,
la finalidad de esta técnica es identificar y explicar las representaciones cognitivas que otorgan sentido a los relatos comunicativos.
COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN AMBIENTAL
EN LA PREVENCIÓN DE RIESGOS POR INUNDACIÓN
En este apartado presentamos los principales hallazgos de la investigación.
Para alcanzar el objetivo referido al conocimiento que tienen estos jóvenes
de bachillerato, sobre los planes y programas de prevención de riesgos ante
inundaciones, se mostró material impreso y audiovisual en los grupos focales
para indagar sobre su conocimiento en los jóvenes participantes. El material
mostrado consistió en ocho infografías (Tabla 2) y dos audiovisuales (Huracanes o tormentas tropicales y Protección Civil Veracruz, lluvias. sobre prevención
de riesgo de inundación, mismos que estaban disponibles en las páginas ofi5 La realización de los grupos focales se llevó a cabo en las instalaciones de ambas escuelas en aulas facilitadas por sus directores.
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ciales de Protección Civil (PC) del estado de Veracruz en internet, en sus sitios
oficiales de Facebook y Twitter. En lo referente a las infografías, ninguna
de ellas era conocida previamente para los jóvenes participantes; tampoco
conocen los sitios oficiales virtuales de la dependencia estatal donde están
disponibles estos materiales de prevención de riesgos. Con respecto a los audiovisuales, sí fueron identificados por la mayoría de los jóvenes en los tres
grupos, refiriendo haberlos visto en la televisión, específicamente en el canal
local de TeleVer6.
Dentro de los grupos focales, al preguntar si conocían o habían escuchado hablar sobre algún otro plan de prevención, se hizo mención del Plan
DN37. Sin embargo, al cuestionarles sobre más información de dicho plan,
sólo se hizo mención de que era ayuda que brindaban los soldados, desconociendo en qué consistía.
Fue posible identificar que tanto la estrategia, como los canales de
difusión empleados para dar a conocer estas infografías -y otros planes de
prevención de riesgos ante inundaciones- por parte de los encargados de comunicación de Protección Civil de Veracruz, no están llegando a los jóvenes.
Los participantes afirmaron conocer la existencia de una página de internet perteneciente a PC, sin embargo, comentaron nunca haberla visitado,
evidenciando así baja difusión de los medios electrónicos con los que cuenta
esta dependencia; además de la posible falta de comunicación por parte de las
autoridades para con los jóvenes de bachillerato.
En este contexto, resulta pertinente -además de necesario- conocer los
nuevos esquemas que han desarrollado los jóvenes para comunicarse, para
así poder “habilitar los canales de comunicación precisos para restaurar el
diálogo intergeneracional” (Alcoceba et al., 2014, p. 5), buscando de esta forma hacer a los jóvenes partícipes, capaces y empoderados, con información
pertinente, atractiva, sobre la problemática de estudio.

6 TeleVer, canal perteneciente a Televisa, encargado de la transmisión de noticias y sucesos locales dentro
del Estado de Veracruz.
7 Plan establecido por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) de México, el cual consiste en un
instrumento operativo militar en el que se establecen los lineamientos generales que deben seguir los
organismos del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana, para realizar actividades de auxilio a la población civil
afectada por cualquier tipo de desastre (recuperado de: https://www.gob.mx/sedena/acciones-y-programas/que-es-el-plan-dn-iii-e).
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TABLA 2
Resumen de materiales empleados
Elementos que muestra
¿Promociona
hashtag?, ¿cuál?

Medidas
preventivas

Institución

Sí

#CulturaDePrevención

No

Protección
Civil de Veracruz

Sí

Sí

#CulturaDePrevención

Sí

Protección
Civil de Veracruz

Sí

Sí

Sí

#CulturaDePrevención

Sí

Protección
Civil de Veracruz

¿Qué hacer en
caso de una
inundación?
(Después)

Sí

Sí

Sí

#CulturaDePrevención

Sí

Protección
Civil de Veracruz

En caso de lluvias
intensas atiende
las recomendaciones

Sí

Sí

Sí

#CulturaDePrevención

Sí

Protección
Civil de Veracruz

Plan familiar de
protección civil
ante riesgo de
desastres

No

Sí

No

No

Sí

Protección
Civil de Veracruz

#CulturaDePrevención

No

Sí

No

#CulturaDePrevención

Sí

Protección
Civil de Veracruz

Di no a las inundaciones y encharcamientos

No

No

Sí

#PrevenirEsVivir

No

Centro Nacional para la
Prevención de
Desastres

Infografía

Redes

Tel.

Lluvias y ciclones
tropicales

Sí

Sí

¿Qué hacer en
caso de una
inundación?
(Antes)

Sí

¿Qué hacer en
caso de una
inundación?
(Durante)

Pág.
PC

Fuente: Elaboración propia.

En estos grupos de jóvenes se pudo identificar que la red social que
más utilizan es Facebook, siendo su principal medio para enterarse de noticias y asuntos importantes, así como para convivir y socializar. Facebook,
además de ser la red más empleada entre los jóvenes mexicanos usuarios de
internet (INEGI, 2016; Asociación Internet.mx, 2018),8 es una red social en la
8 Los usuarios mexicanos poseen en promedio cinco redes sociales, siendo las principales Facebook con
98% (manteniéndose en primer lugar), seguido de Whatsapp con 91% y YouTube con 82%, creciendo un
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INTERNET Y REDES SOCIALES PARA EDUCACIÓN Y PREVENCIÓN

cual existen diversas iniciativas relacionadas con la temática del medio ambiente y de la educación ambiental como: plantar árboles, redes de intercambio de semillas, propuestas y retos para reducir la huella de carbón, conocer
más sobre el fenómeno del cambio climático así como medidas pertinentes
para la mitigación y adaptación del mismo, entre otras; estas estrategias tienen el común denominador de querer incidir de manera activa en la calidad
del ambiente mediante el apoyo a la sensibilización y a la educación ambiental
(Ojeda-Barceló et al., 2009).
TABLA 3
Conocimiento sobre planes comunitarios de emergencias
Pregunta

Sí

¿Existe un plan comunitario
de emergencias?

Fuente: Elaboración propia.

No

11%
1

No sé

39%
1

No contestó

47%
1

Total

3%
1

100%
1

1

En esta investigación fue posible detectar la falta de conocimiento,
por parte de los jóvenes, sobre planes y programas de prevención de riesgos por inundaciones; se preguntó sobre su conocimiento acerca de un plan
comunitario de emergencias (tabla 3), a lo que sólo 11% contestó de manera
afirmativa.
TABLA 4
Prácticas comunitarias en materia de prevención
Pregunta

Sí

¿Se encuentra implementado un
sistema de alerta temprana en tu
comunidad?

Fuente: Elaboración propia.

No

21%
1

No sé

39%
1

No contestó

38%
1

Total

2%
1

100%
1

1

De igual manera se cuestionó sobre los sistemas comunitarios de alertas tempranas como medios de prevención ante riesgo por inundaciones (tabla 4) a lo cual 39% negó que exista tal sistema y un porcentaje similar desconoce la respuesta. Sólo 21% afirmó que se cuenta con un sistema comunitario
de alerta temprana.
Es posible que este desconocimiento se deba en parte a que los jóvenes
expresaron que no se sienten tomados en cuenta tanto para la construcción
como para la participación y ejecución de los planes y programas de prevención que son emitidos desde las instituciones gubernamentales.
10% con respecto de 2017.
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TABLA 5
Interacción de los jóvenes con actores del sistema social
Pregunta
¿Cómo
consideras tu
interacción
con las
autoridades
del gobierno
local?

Muy
No
Muy
Total
Deficiente Regular Eficiente
eficiente contestó
deficiente

21%

41%

29%

7%

1%

1%

100%

Fuente: Elaboración propia.

Lo anterior quedó manifestado en la participación de los jóvenes en
los grupos focales y además se puede constatar dentro de una de las preguntas
incluidas en el cuestionario (Tabla 5), donde se cuestionó sobre su interacción con diferentes actores del sistema social y cómo la consideraban desde
su punto de vista juvenil, siendo las opciones de “deficiente” y “regular” las de
mayor elección en el caso de su interacción con las autoridades del gobierno
local, con 41% y 29% respectivamente. Fue posible triangular esta información en las entrevistas realizadas a informantes clave, donde participaron el
presidente municipal y el director de PC. Ambos informantes afirmaron en la
entrevista que no contaban con información sobre prevención de riesgos por
inundaciones dirigida al sector juvenil o a instituciones escolares.
Este desconocimiento no significa que los jóvenes participantes en este
estudio tengan desinterés por conocer más sobre estos programas preventivos; los jóvenes reconocen su exposición, condiciones de vulnerabilidad en
su localidad y por lo tanto el riesgo a inundaciones como algo latente en su
vida cotidiana. Incluso muestran interés en temas ambientales asociados a
causas o consecuencias del cambio climático.
Con esto se refuerza la importancia de trabajar con jóvenes, quienes
se muestran interesados en participar en la búsqueda de respuestas y posibles
soluciones a los diversos problemas o riesgos que enfrentan. Cabe destacar la
influencia de los medios de comunicación que este sector juvenil ha tenido
en sus procesos de socialización (Izco, 2007), lo que se ha potencializado con
la aparición de las TIC, especialmente el internet y las redes sociales, ahora
dominantemente virtuales.
Por otro lado, respecto a los significados que los jóvenes asignan al
término prevención, se encontró en los grupos focales que la mayoría de los
participantes cuenta con una idea clara del término, asociándolo con acciones
previas a que suceda algún evento negativo, a la precaución, toma de medidas
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INTERNET Y REDES SOCIALES PARA EDUCACIÓN Y PREVENCIÓN

anticipadas a algo, ya sea un problema o situación negativa. Además, los jóvenes mencionaron que el término prevención les remite a pensar en organizaciones que brindan ayuda y que proporcionan las herramientas necesarias
para evitar situaciones adversas, lo que deja entrever la conciencia que tienen
respecto a sus capacidades y limitaciones.
Relacionado con esto, fue posible identificar que los participantes están conscientes -y deseosos- de recibir información pertinente sobre diversos
temas, siendo de su interés también el de las problemáticas ambientales. Relacionan el incremento en intensidad y frecuencia de las inundaciones, como
uno de los efectos del cambio climático. Consideran necesario ampliar sus
conocimientos sobre estos temas– y que la información provenga de fuentes
confiables, para saber cómo enfrentar situaciones adversas o de riesgo.
TABLA 6
Prácticas comunitarias y mejoras preventivas
Pregunta

Sí

¿Han hecho arreglos a tu casa para
protegerse en caso de inundaciones?

Fuente: Elaboración propia.

No

49%
1

No sé

46%
1

No
contestó

4%
1

Total

1%
1

100%
1

1

En el cuestionario se preguntó también por arreglos realizados a sus
hogares para protegerse en caso de inundaciones (tabla 6), obteniendo resultados algo cerrados, ya que 49% contestó que “sí” y 46% que “no”. Sobre estos
arreglos, en los grupos focales mencionaron: construcción de segundos pisos
para resguardarse en caso de una inundación, así como la construcción de
“bordos” en las puertas de sus casas para impedir el paso del agua.
Sin embargo, dentro de los grupos focales fue posible identificar que
una de las prácticas más recurrentes entre estos jóvenes, sus familiares y comunidades, es la alerta vecinal; además de hacer sonar las campanas de las
iglesias cercanas o prender fuegos artificiales en señal de aviso o alerta de un
posible desbordamiento del río. En este sentido y como parte de la experiencia vivida por colonos afectados por inundaciones previas, se ha establecido
un ‘sistema de monitoreo y alerta entre vecinos’, el cual consiste en monitorear periódicamente los niveles de crecida del río en temporada de lluvias y
enviar mensajes preventivos vía medios digitales a sus vecinos, permitiéndoles evacuar a tiempo sus viviendas, coincidiendo estas prácticas con investigaciones como las de Tunstall (1992) y Werrity et al. (2007).

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TABLA 7
Síntesis de principales hallazgos

Riesgo

Vulnerabilidad

Prevención

Comunicación
y educación
ambiental

Hay reconocimiento por parte de los jóvenes sobre la exposición a
eventos hidrometeorológicos extremos y, dadas las condiciones de vulnerabilidad física y social presentes en su localidad, así como el aprendizaje de experiencias pasadas, identifican el riesgo de inundaciones.
Además de la vulnerabilidad física de la localidad, hay vulnerabilidad
social y, en relación con los jóvenes, ésta se asocia a la falta de conocimientos en materia de planes y programas de prevención de riesgos
por inundaciones que existen dentro del Estado de Veracruz.
A pesar de esta evidente falta de conocimientos, los jóvenes se interesan
por involucrarse en la solución de problemas que afectan a su comunidad, principalmente los relacionados con inundaciones y otros temas
ambientales asociados al fenómeno del cambio climático.
En materia de prevención reconocen la existencia de un sistema de
alerta temprana entre vecinos, que para todos los pobladores -jóvenes
incluidos- resulta más confiable y conocido que los avisos o alertas
emitidas por autoridades municipales o de Protección civil. Utilizan
internet y redes sociales en estas alertas, siendo los medios y canales
de comunicación e información que están ganando credibilidad en
diversos temas (Corporación Latinobarómetro, 2017)11, entre ellos el
fenómeno del cambio climático.
Se detecta la necesidad de una mayor interacción para con los jóvenes,
proveniente de los actores de los diversos sistemas sociales. Con esto
impulsar y aprovechar el carácter potencial de los jóvenes como agentes de cambio al formarlos y capacitarlos en materia de prevención y
gestión de riesgos por inundaciones. Con ello, involucrarlos más activa
y críticamente en estrategias de comunicación y educación ambiental,
así como hacerlos partícipes en la toma de decisiones comunitarias.

Fuente: Elaboración propia.

En la tabla 7 se muestra una síntesis de los aspectos más relevantes
que identificamos para cada una de las categorías analizadas en esta investigación. A partir de los hallazgos expuestos, resulta evidente el papel importante que juega la comunicación dentro de las estrategas de prevención de
riesgos; así como la educación ambiental orientada hacia la gestión del riesgo
y la reducción de vulnerabilidades de estas poblaciones expuestas a los efectos
del cambio climático.
11 Corporación Latinobarómetro es una ONG sin fines de lucro que realiza anualmente el estudio de
opinión pública Latinobarómetro, mediante 20 mil entrevistas en 18 países de América Latina, representando a más de 600 millones de habitantes, tiene como finalidad investigar el desarrollo de la democracia,
economía y la sociedad en su conjunto, basándose de indicadores de opinión pública que miden actitudes,
valores y comportamientos (recuperado de http://www.latinobarometro.org/lat.jsp).
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CONCLUSIONES
Identificamos que los jóvenes de nuestro estudio tienen interés y están motivados en participar activamente en la solución de problemas que les afectan,
como aquellos asociados al fenómeno del cambio climático y que han derivado en inundaciones en su localidad. Esto sin duda reduce la vulnerabilidad
motivacional-actitudinal propuesta en la tipología de Anderson y Woodrow
(1989) y pone a los jóvenes como potenciales agentes de cambio. Sin embargo, tal interés requiere de formación y capacitación en medidas preventivas y
reactivas frente a un evento de inundación, sin esto la vulnerabilidad social de
los jóvenes se ve agravada y el riesgo asociado puede ser mayor.
Si bien los jóvenes privilegian las TIC, particularmente internet y redes
sociales para informarse frente a una contingencia y socializar alertas vecinales, no identifican los planes y programas oficiales de prevención de riesgos, disponibles en sitios de internet. Los esfuerzos que pueden estar haciendo
desde las dependencias oficiales por elaborar tales planes y programas, quedan
diluidos al no existir vinculación con los centros educativos, faltan estas interconexiones y comunicaciones con el sistema educativo (Luhmann, 2009).
En este contexto, se sugiere una estrategia de vinculación entre
centros educativos y agentes de gobierno orientada a la educación y
comunicación ambiental para este segmento poblacional. De ahí que
retomamos la propuesta de González-Gaudiano y Meira (2020) sobre educar
para el cambio climático, para la cual se requeriría introducir en las aulas
de manera generalizada, herramientas, metodologías y enfoques orientados
a “prepararnos para el desastre”. Estos autores proponen como objetivos
del programa pedagógico-ambiental los siguientes: 1) enseñar y aprender a
transitar hacia la descarbonización y el decrecimiento; 2) aprender a formular
planes de contingencia, simulacros de evacuación, alertas tempranas,
ejercicios participativos, mapas de riesgo, investigación basada en evidencias;
3) impulsar buenas prácticas de responsabilidad socio-ambiental y sentido de
autoeficacia y de eficacia colectiva; 4) manejar la incertidumbre y aprender
a preguntar más que a responder, con formación docente, desarrollo de
currículos integrados, materiales didácticos persuasivos y tecnologías ad hoc,
entre otros (González-Gaudiano y Meira, 2020, p. 169).
Si consideramos, además, que los jóvenes privilegian diversas TIC en
sus entornos personales de aprendizaje, internet y redes sociales con mayor
énfasis, cabría incluir contenidos ambientales y estrategias educomunicativas
a partir de estos recursos tecnológicos en sus experiencias educativas. Establecer interconexiones que permitan a los jóvenes el intercambio, con pares
de otros contextos e instituciones educativas, sobre sus visiones, conocimienTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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tos, experiencias de prevención y gestión de riesgos similares, favoreciendo
así nuevos aprendizajes ambientales y sociales.
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MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

Pobreza por Ingreso en el Sureste de México
(2008-2018)
Income Poverty in Southeast Mexico (2008-2018)
MIGUEL ÁNGEL BARRERA ROJAS* | JOEL RUÍZ SÁNCHEZ** |
ALFREDO SÁNCHEZ-CARBALLO***

► RESUMEN
Se plantea un análisis regional con datos sobre pobreza de Coneval
(2008-2018), específicamente de los componentes y operacionalización
de la medición de la pobreza. En los resultados destaca que la región de
estudio, si bien ha tenido mejora en pobreza extrema esto está atribuido
a la disminución de carencias y no en una mejora del ingreso, además de
magros resultados en pobreza moderada, vulnerabilidad por ingreso y
población con ingresos inferiores a líneas de pobreza. Se concluye que
estos resultados son poco alentadores y apuntan a una causa principal: el
ingreso. De tal modo que es necesario que la política económica y social
se reoriente hacia una mejora de los ingresos por la vía de las trasferencias o del salario.
Palabras clave: Pobreza | Ingreso | Vulnerabilidad por carencias |
Vulnerabilidad por ingreso | Líneas de pobreza.
Clasificación JEL: D31 | I32 | I39.

► ABSTRACT
An analysis is presented for the Mexican Southeast with results that Coneval presented on poverty in Mexico (2008-2018), specifically in the
components, indicators and methodology of poverty measurement. The
results highlight that the study region, although it has had improvement
in extreme poverty, is attributed to the reduction of deficiencies and
not to improvement of income, in addition to poor results in moderate
poverty, vulnerability by income and population with incomes below
poverty lines. It is concluded that these little encouraging results point
to a person in charge: income. And that it is necessary that economic

* Profesor de la Universidad de Quintana Roo. Correo electrónico: miguel.barrera@uqroo.edu.mx
** Profesor de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Correo electrónico: jorsan30@hotmail.com
*** Profesor de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Correo electrónico: alscarballo@gmail.com
Recibido: 17 de septiembre de 2020 | Aceptado: 5 de julio de 2021
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ISSN 2007-1205 | pp. 114-136

�POBREZA POR INGRESO EN EL SURESTE DE MÉXICO

115

and social policy be reoriented in the sense of the findings presented in
this article.
Keywords: Poverty | Income | Vulnerability due to deiciencies |
Vulnerability by income | Poverty lines.

INTRODUCCIÓN
Este documento tiene como objetivo analizar el comportamiento de los componentes e indicadores sobre pobreza en un lapso de diez años (2008 al 2018).
Se eligió al sureste mexicano como región de estudio ya que según los reportes
del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (2019a,
2019b) y autores como Treviño (2015) señalan que esta es la región de la República Mexicana donde se concentran los más altos índices de pobreza.
En el mes de agosto del 2019 el Consejo Nacional de Evaluación de la
Política de Desarrollo Social (Coneval) y el Instituto Nacional de Estadística
y Geografía (INEGI) presentaron dos documentos claves para entender el comportamiento de la pobreza en México: los Informes de pobreza y evaluación de
las entidades federativas (Coneval, 2019a) y los Resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2018 (INEGI, 2019). En ambos documentos se presentaron resultados sobre la situación de pobreza y desigualdad en
México, y se concluye que, en términos porcentuales existe una leve mejoría
en cuanto a la medición de la pobreza extrema y la pobreza; sin embargo, en
datos absolutos la realidad es contraria, mientras que la desigualdad a nivel
nacional tuvo una leve tendencia a la baja.
Así, este artículo está diseñado de la siguiente manera: en su apartado
teórico se retoma la discusión de autores clásicos de la economía en torno a
los estudios de pobreza y se complementa con una revisión de la literatura
académica actual que versa sobre pobreza a nivel nacional y regional haciendo énfasis en el sureste mexicano. Posteriormente, se explica la metodología,
donde se expone, de manera desagregada, el cómo se mide la pobreza en México y cómo esta desagregación será de utilidad para analizar y discutir los
resultados. Finalmente se ofrece un apartado de resultados y conclusiones.
1. EL CONCEPTO DE POBREZA Y METODOLOGÍAS
PARA SU MEDICIÓN
Para poder abordar teóricamente a la pobreza es necesario entender que,
como plantea MacEwan (2010, p. 15) la pobreza es un concepto “usado para
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�116

MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

definir una gran parte de la política económica, y, en tanto política económica tiene o no impactos reales sobre la vida de las personas,” además de
que su origen conceptual está en función de la operacionalización con que
se haya esbozado, es decir, cuando este fenómeno despertó el interés de investigaciones académicas fue concebido bajo una metodología normativa y
unidimensional, basada totalmente en el ingreso-salario y con el pasar de los
años ha evolucionado hacia metodologías multidimensionales donde el foco
de atención recae no solo en la capacidad económica de los individuos u hogares, sino que considera también los satisfactores y condiciones de entorno
que se deben alcanzar (Sánchez, Ruíz y Barrera, 2020).
De lo anterior se puede destacar que en su génesis la teoría económica
con Adam Smith hacía referencia a la condición de pobreza totalmente asociada a la capacidad de ingreso y consumo que un individuo podía tener, pues
a final de cuentas el dinero determina la posibilidad de acceder a bienes tanto
públicos como privados. Una referencia sobresaliente de Smith (2007) en su
libro An inquiry into the nature and causes of the wealth of nations, ya indicaba
que, para la sociedad europea de aquel momento:
Un honrado jornalero se avergonzaría si tuviera que presentarse en
público sin una camisa de lino. Su falta denotaría ese deshonroso
grado de pobreza al que se presume que nadie podría caer sino a
causa de una conducta en extremo disipada. La costumbre ha convertido, del mismo modo, el uso de zapatos de cuero en Inglaterra
en algo necesario para la vida, hasta el extremo de que ninguna
persona de uno u otro sexo osaría aparecer en público sin ellos (p.
676).

Es decir, la concepción de riqueza-pobreza, según Smith tiene enfoque
histórico, pues dependía de las circunstancias del tiempo y el lugar, así como
de las forma y niveles de consumo entre la sociedad europea de ese entonces
y los antiguos griegos y romanos.
Por su parte, David Ricardo aborda el fenómeno de la pobreza de manera tácita. En su texto On the principles of Political Economy and Taxation es
evidente la preocupación que Ricardo tiene sobre los niveles salariales de las
clases trabajadoras y cómo esto merma el bienestar evidenciando un ciclo
donde la pobreza se puede atribuir a tres factores: la generación y la inequitativa distribución de la riqueza; la desigual acumulación de riqueza (Ricardo,
1986); y las leyes que regulan la actividad económica. De hecho Ricardo además de mostrar una postura orientada hacia la no intervención del Estado en
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�POBREZA POR INGRESO EN EL SURESTE DE MÉXICO

117

materia de bienestar, principalmente con las Leyes de Pobres1 (Spicker, 1993)
y los impuestos, se inclinaba a afirmar que el libre mercado ajustaría el nivel
salarial provocando así una mejora en la capacidad adquisitiva de las personas
Esta perspectiva ricardiana resulta interesante, pues vincula totalmente a la pobreza con el ingreso (salario) como producto del trabajo, es decir,
la capacidad de generar un salario es dual, pues por un lado, determinará la
posibilidad de que un individuo pueda, en primera instancia, acceder a determinados bienes y servicios, al tiempo de ser capaz de distribuir su ingreso
entre los miembros de su hogar. Y, por otro lado, dicha capacidad salarial
está también determinada por la calidad de bienes y servicios a los que pudo
acceder un individuo para transformarlos en fuerza de trabajo.
Otra postura teórica acerca de la pobreza es la de Marx (1970), quien
en Trabajo asalariado y capital expone que la pobreza es histórica y social, y
además está intrínsicamente relacionada con el salario, especialmente el relativo. Por ello, explica que cuando la brecha entre capital y trabajo se amplia
a medida que el burgués acumula y concentra máyor riqueza se produce una
caída del salario relativo. Esto deriva en que la explotación tienda al aumento
pese a que la canasta salarial sea constante o tenga incrementos, es decir, existen indicios de pobreza asociada a la incapacidad de consumo además de una
rampante desigualdad como la de aquel entonces (Marx, 1970) y la que existe
y persiste en la actualidad (Piketty, 2015, 2020; Casanova y Zuaznabar, 2019),
especialmente en la vinculación que hay entre “la desigualdad del ingreso con
la injusta distribución de la riqueza y la renta” (Harrison, 2016, p. 6). Esta idea
marxista de pobreza implica dos cuestiones teóricas elementales: la imposibilidad de desarrollar a plenitud el potencial humano; el vector de bienes materiales, es decir, la privación de condiciones materiales de reproducción social.
Es importante señalar que para autores como Sánchez, Ruiz &amp; Barrera
(2020, p. 45) la implantación del modelo capitalista conllevó a una concepción completamente distinta de los pobres a la que los clásicos de la economía
reflexionaron, en otros términos, la población con ingresos más bajos y que
vive en condiciones más precarias carecen de presencia en el sistema productivo, pues “producen pero no al mismo nivel de lo que pueden consumir,
carecen de oportunidades claras para hacerse visibles, o al menos, de ofrecer
una opinión sobre su condición de precariedad, sobre sus intereses, sus necesidades o algún aspecto personal”.

1 La Ley de Pobres de Inglaterra fue el primer sistema nacional de ayuda a los pobres, introducido en 1598
y consolidado en 1601. La vieja Ley de Pobres organizó un sistema nacional de ayuda, pero su práctica era
incompatible y dependiente de la administración local. La Ley de Pobres se ha tomado como modelo para
las formas de disuasión y residuales de ayuda a los pobres. Para mayor detalle consultar Spicker (1993)
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�118

MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

Dicha invisibilidad es discutida por (Mullainhathan &amp; Shafir, 2016)
(Zhu, Rishita, Liu, &amp; Zhu, 2021) y (Sciarra, 2021) quienes señalan que en
los hogares pobres el acceso a información para la toma de decisiones económicas y políticas, principalmente, es limitado, lo que deriva en elecciones
perjudiciales para ellos mismos. En ese sentido resulta fundamental el texto
de (Carvalho, Meier, &amp; Wang, 2016) quienes afirman que la circulación del
capital en hogares de bajos ingresos es tan rápida e intensa que el día de pago
es un corte temporal que permite entender la forma en cómo se asumen, toman y liberan riesgos y decisiones financieras en los hogares más pobres. Esto
es, que los pobres toman decisiones y riesgos desde la escasez.
Ahora bien, la escasez de recursos y de ingreso propiciaron a finales del
siglo pasado que los esfuerzos metodológicos para medir y operacionalizar la
pobreza se dieran principalmente en dos corrientes teóricas. La primera fue
la que perfiló el Banco Mundial con el uso de una herramienta normativa,
que data de 1880, denominada líneas de pobreza. En un artículo de 1992, el
Banco Mundial sugirió el uso de dicha herramienta para delimitar como pobres extremos a toda la población que vivía al día con menos de 1.25 dólares
americanos y como pobres a aquellos que vivían al día con menos de 2.50
dólares americanos (Banco Mundial, 1992). En lo concerniente a la segunda
corriente, la relacionada con necesidades básicas, destancan los trabajos de
la Cepal (2018), la cual señala que si bien el ingreso es determinante para el
acceso a canastas alimentarias, de bienes y servicios, la realidad es que deberían observarse y medirse condiciones de acceso a servicios y bienes básicos
como educación, salud, seguridad social, electricidad, vivienda con materiales
y espacios de calidad y acceso a agua potable y saneamiento
Este enfoque de necesidades surge en específico en la década de 1980
cuando los teóricos de la política económica apostaron por dos posturas, una
donde la reducción del tamaño de Estado y el libre mercado eran la base del
crecimiento económico, y la otra donde el Estado debería regular los mecanismos, capacidades y libertades que pudieran coadyubar a la significativa
reducción de las brechas de desigualdad y de menoscabo en calidad de vida
(Muñeton &amp; Gutierrez, 2017) (Bautista, Carvajal, &amp; Parra, 2020). De esta
perspectiva nace la operacionalización de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), mismas que se desprenden de la concepción del “otro desarrollo”
(Fundación Dag Hammarskjöld, 1975; Santos, 1990) y que se basan en “un
esquema valorativo igualitarista y participativo, que pone en el centro del
proceso de desarrollo la satisfacción de las necesidades humanas, tanto materiales como psicológicas y políticas, y plantea con particular urgencia la satisfacción de las necesidades básicas” (Altmir, 1981; Castañeda, 2017), por ende,
bajo esa óptica se toma a la pobreza como “la insatisfacción de un conjunto
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�POBREZA POR INGRESO EN EL SURESTE DE MÉXICO

119

interrelacionado de necesidades básicas, lo que impide a las personas ubicarse
en el camino del desarrollo pleno de su condición humana, y constituye una
de las dimensiones de la alienación que bloquea ese desarrollo pleno dentro
de la modalidad actual de la civilización industrial” (Altmir, 1981, p. 68).
Lo anterior provee la idea de que todos los individuos deben tener el
derecho preeminente, inalienable e innegable de acceder a un mínimo de bienes que, de no ser así, se considerarían como un individuo con necesidades
básicas insatisfechas. Bajo esa premisa es que la carencia o acceso restringido
a este piso mínimo de satisfactores se convirtió en parte de la metodología
dominante para medir la pobreza en toda latinoamérica y se define como un
método directo de:
Identificación de los pobres, tomando en cuenta aspectos que no se
ven necesariamente reflejados en el nivel de ingreso de un hogar
(…) las necesidades consideradas suelen limitarse a las siguientes
cuatro categorías:
i. Acceso a una vivienda que asegure un estándar mínimo de habitabilidad para el hogar
ii. Acceso a servicios básicos que aseguren un nivel sanitario adecuado
iii. Acceso a educación básica
iv. Capacidad económica para alcanzar niveles mínimos de consumo” (Feres y Mancero, 2001, p. 65-67; Castañeda, 2017).

En trabajos como los de Cepal (2018), Stezano (2020) y Boltvinik y
Damian (2020) se plantea la necesidad de repensar las metodologías para medir la pobreza en América Latina, dado que, los contextos y orientación de la
política económica es totalmente distinta a la de hace un par de décadas cuando se iniciaron formalmente estos esfuerzos. En este sentido será importante
recordar que en el caso de México, la década de 1980 y 1990 estuvo marcada
por la liberalización de mercados y una orientación total de la política fiscal,
económica y monetaria hacia el crecimiento económico, lo que provocó brechas de desigualdad que aún hoy en día no se han podido revertir.
Este método de medición de pobreza basado en el postulado teórico
y metodológico de las Necisades Básicas Insatisfechas es el que en México se
utiliza desde 2004 con el decreto de creación de la Ley General de Desarrollo
Social (LGDS), la cual indica que:
la política nacional de desarrollo social debe incluir entre sus líneas
de acción la superación de la pobreza a través de la educación, la
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�120

MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

salud, la alimentación, la generación de empleo e igreso, el autoempleo y la capacitación, la seguridad social y programas asistenciales,
el desarrollo regional, la ampliación de la infraestructura social básica y el fomento del sector social de la economía (Coneval, 2016,
p. 59).

La metodología para la medición de la pobrea en México se construyó
en tres etapas (Coneval, 2016), la primera consistió en una profunda revisión
sobre el estado del arte sobre metodologías para la medición multidimensional de la pobreza, la seguda etapa consistió en la presentación de propuestas
metodológicas por parte de expertos en la materia, y la tercer etapa consistió
en que Coneval, con los insumos de la etapa dos, desarrolló una propuesta
propia que fue revisada y dictaminada por expertos nacionales e internacionales en la temática, para finalmente publicarse en el Diario Oficial de la Federación el 16 de junio del 2010. Así, Coneval (2019b, p. 33) operacionalizó
el concepto de pobreza de la siguiente manera: “una persona se encuentra en
situación de pobreza multidimensional cuando no tiene garantizado el ejercicio de al menos uno de sus derechos para el desarrollo social, y sus ingresos
son insuficientes para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necsidades”.
2. POBREZA EN EL SUERESTE MEXICANO
Llama la atención que la mayoría de los estudios que analizan la pobreza en
el sureste mexicano concluyen que esta región2 es la que presenta mayores
índices de desigualdad, pobreza, precariedad y marginación en comparación
con otras regiones de México ¿a qué factores se atañen estas conclusiones? El
Coneval ha intentado ofrecer algunas claves para responder esta pregunta.
El Coneval (2019c) detalla que el avance en materia de combate a la pobreza en México se puede dividir en dos: el centro y norte del país que tienen
resultados positivos; y, el sureste que tiene resultados levemente negativos.
Aquí lo interesante es que en los desagregados de datos que ofrece el Coneval
y en la mayoría de los informes gubernamentales federales se hace referencia
a porcentajes de población y no a cifras absolutas. El detalle de lo anterior se
explica a continuación: según el propio Coneval (2019c) en 2008 el 44.4% de
la población presentaba situación de pobreza, mientas que en 2018 la cifra fue
2 Según diversas clasificaciones, la región sureste en México incluye los estados de Veracruz, Tabasco,
Campeche, Yucatán, Quintan Roo, Chiapas, Oaxaca y Guerrero.
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�POBREZA POR INGRESO EN EL SURESTE DE MÉXICO

121

de 41.9%, en términos simples esto representaría una disminución, sin embargo la población es dinámica, es decir, tiende a crecer, por lo que 44.4% de
la población de 2008 (111.8 millones según datos de Conapo en su reporte del
2019) es aproximadamente 49 millones de personas, mientras que el 41.9%
de la población de 2018 (130 millones (Conapo, 2019)) es aproximadamente
54.4 millones, por lo que los datos no necesariamente apuntan a una disminución y si a un posible sesgo (Barrera, 2020; Sáenz, Gutiérrez, &amp; Minor,
2015; Vega, Ramírez, Figueroa, &amp; Hernández, 2019), y en ese tenor es que
este artículo cobra relevancia.
Fuera del ámbito institucional que abarque el tema de la pobreza en el
sureste mexicano destacan trabajos como realizado por Treviño (2016) quien
propuso una metodología estadística con los sistemas de información geográfica para poder generar conglomerados de pobreza en términos de mangitud
y de intensidad. Lo anterior deriva en gráficos precisos que permiten localizar, con mayor precisión y con menor sesgo, las regiones con las condiciones
más adversas, y aunque el autor ejecuta su metodología para todo el país, en
los resultados se hace evidente que de los cuarenta y cuatro conglomerados
con intersección de magnitud e intensidad de pobreza, treinta y ocho están en
el sureste mexicano, y de éstos, veintiocho están en el estado de Chiapas, tres
en Tabasco, tres en Oaxaca, tres en Guerrero y uno en Veracruz.
Por su parte Barrera (2018) planteó un ejercicio de pobreza extrema,
bajo las metodologías del Banco Mundial y del Coneval, para una población
muy específica: mujeres indígenas mayas en Quintana Roo. Entre los resultados más importantes el autor reporta que existe más del 40% de mujeres
indígenas Mayas que están en situación de pobreza extrema de acuerdo a
los parámetros que se plantean en la metodología y que incluso hay casos de
ingreso igual a cero, lo que vuelve a este sector de la población sumamente
vulnerable desde el punto de vista económico.
En el trabajo de Pérez, Patrón y Llanes (2018) se plantea un análisis sobre pobreza utilizando el ínidce de rezago social a nivel municipal en Campeche, y entre los aportes más destacados del trabajo está la discusión sobre cuán
necesario es que la medición de la pobreza, así como su seguimiento se haga
de manera permanente y autónoma a nivel estatal. Por su parte, el trabajo de
Morales (2015) explica cómo la marginación en el estado de Guerrero se coloca como un problema que requiere toda la atención gubernamental a nivel
federal, estatal y municipal, pues se convirtió en solo diez años en la entidad
federativa con los índices más elevados de marginación del país, concentrando
las condiciones de vida más paupérrimas posibles en seis de sus siete regiones.
En Medel &amp; Medel (2019) se plantea el diseño y construcción de un
índice de pobreza que incluya a la exclusión social como una dimensión con
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�122

MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

peso relevante. El diseño metodológico de este esfuerzo académico es a partir
de Índice de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford y de la metodología
multidimensional de Alkire-Foster. Entre las principales aportaciones de este
documento es que una vez planteado el índice este se puede aplicar en todos
los años que se tenga información censal para comparar resultados contra los
oficiales.
Finalmente, Sorzano, Rocha &amp; Acosta (2021) señalan que, en un ejercicio para la frontera México-Belice, programas sociales como Progresa aun
cuando tuvieron su génesis para combatir la pobreza extrema, la realidad es
que este programa no mejoró la calidad de vida de todos los beneficiarios
y sus necesidades o no fueron consideradas o bien, terminaron por no ser
satisfechas.
Como se pudo apreciar en este apartado, existe una imperante necesidad de analizar a la pobreza de manera desagregada para poder entender este
fenómeno en toda su extensión. Diversos abordajes de medición de pobreza,
bienestar y calidad de vida hacían referencia a que el ingreso, concebido como
el salario, era una vía relevante para determinar condiciones de pobreza.
3. METODOLOGÍA
Para abordar este ejercicio fue necesario revisar dos tipos de datos, los criterios que delimitan el concepto de pobreza y aquellos datos numéricos provenientes de los Informes de pobreza y evaluación de las entidades federativas que
fueron publicados por el Coneval (2019a, 2019b) y de la Encuesta Nacional de
los Ingresos y Gastos de los Hogares 2018 (INEGI, 2019).
La revisión documental obedece a que es necesario saber cómo se operacionalizó el concepto de pobreza y así entender la forma en que se recogen
y analizan los datos de cada uno de sus componentes o dimensiones. Así, se
tiene que el Coneval (2019b, p. 33) precisa que “una persona se encuentra en
situación de pobreza multidimensional cuando no tiene garantizado el ejercicio de al menos uno de sus derechos para el desarrollo social, y sus ingresos
son insuficientes para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades”. Para poder operacionalizar esta definición el propio Coneval sugiere que se acote la medición de la pobreza a dos dimensiones:
Medición en el espacio del bienestar e Indicadores de carencia social (figura 1).

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�123

POBREZA POR INGRESO EN EL SURESTE DE MÉXICO

FIGURA 1
Dimensiones para la medición de la pobreza en México

Medición de la pobreza en México
Indicadores de carencia social

ünéa dé

Línea de
pobreza

pobrez,¡i por

e:d;rem,ijipor

ingreso {Line.¡1

ingreso ILine;¡¡

de Bienestar)

de 81el'K!star

Rézago
educ:::ativo

Attéso a los
"S,et'viciOS de
salud

la
S('surid~

C.hdad y
es~dosde la

social

vivienda

ActéSO á

Acceso a los
SéfVICiOS

bilsic:;:os de I;¡¡
viviend,¡i

ALC'é:SO.a la
;¡¡limen~dón

Mírtimo)

Fuente: Coneval (2019b, p. 44-60).

Ahora bien, para entender los resultados que se presentan y analizan es
necesario revisar el procedimiento de desagregación de cada una de las subdimensiones que el Coneval considera para la medición de la pobreza (figuras 2
y 3). Esto permitirá, como se observará más adelante, que los resultados sobre
el número de personas en situación de pobreza se deban principalmente a la
mejora de ciertos indicadores y no necesariamente de una mejora integral en
la capacidad económica, es decir, del ingreso.
Posterior a la revisión documental se revisaron las bases de datos del
Coneval para poder desagregar los componentes de la medición de pobreza
por estado durante el periodo de estudio. Esto permitió saber cuáles dimensiones presentaron tendencias positivas o negativas.
Una vez revisados los documentos base, se descargaron los Módulos
de Condiciones Sociales de la ENIGH 2018, en donde se desagregan los ingresos
trimestrales reportados por hogar. Se aislaron los datos de los estados de la
región sureste y se realizó un análisis de estadística básica para los componentes de la estructura del ingreso. Esto permitirá sostener el supuesto de que el
principal freno en el combate a la pobreza en la región de estudio no son los
indicadores de carencia social, sino la medición en el espacio de bienestar.

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�124

MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

FIGURA 2
Desagregación de los Indicadores de carencia social

Población dela
21.eño,sin
e-ducilClónWslca
yqu•nonist••
laescuela;o,

Pobl,ción q..- no
cucnt•con
i!tdsaiptióno

dere&lt;:hoareclbll'
Mrvicio,; módico,
deSl!gulO
f&gt;opular;o,

Poblaciónde22
affosom.lisque

Población qu•irn
medie.e,

laeduta.ción

mcd1cndc
subsistencia o

,......,

g•nnnl•d;,,por

elEs1ádo;o,

Pobl•ción~
tiene 16.eño,o

miisynocuenta
cOflb prlm;,,rl•

i!tdsaiptióno

PEA~
.esaluiada que-

derecho a recibir

carecede

Mrvk:icnmódk:01

prcst;,,ciOJ1cs~
seguridad social

dellMSS, ISS.ST[

fedefalo estatal
PemcR,fjj,"cltog
Má1intt;o,

oonclu/da; o,

voluntarlaocon
Siitcm• d•
Aho.ro pbr.fl el

R,.tlro;o,
Pobl;,,clón•no

Población con 16

PoblaclÓflqueno

gol;,, de

alkKo m.lisy no
c~t•con

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i!tdsaiptióno

jubil1t&lt;:i6n o
pensión a'euna, o

dere&lt;:ho a reclbll'

~rc,;.,.d4

secundtt1i11
cond'-"da

MNici,n médk:01
pri,od~

.erroyo, pipao

blen,elacua

PoblaclOO cuva

11:nrub;ad;¡i,;c

vtvlendaóene
t•cho de lámin;,,
decart6no

1dquier.e por
acarreo desde
otr.111ivtitnd;I,
lltivepllblice o

dese&lt;:hos; o,

PoblaclÓflqueno

cucnu,con

poio,riol,1.,,go,

protección de los

no h;,, wnduido
media superior;

su vivienda
obten~aeuade

f.USt4nCQ

hidrante.o,

PQbl•ciónquc
pr•~t•1,1n
tt•dode
,meeur1dad
;¡i,limc-nuri;¡i,

moderada o
pr.scntcn

limiUJci6nenel
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Pobl.itiQncuy;,,
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muros de

Pob&amp;acl,;in qu•11:n
suvi~no
eu@nt@con

cmb,rro,
bájii tequto.

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(lQnll:OÓntunt
tubería que va•

de.esbeslDO

dat il un lio, lae;o,
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desiiCU@ twnl!

grieta;

o.

f.emilia,esquéiepuedan pro'o'e'l!r

..

n:gurid•d 1ocwil;

Pgbl;,,ción~

•d.-ddc
jubilaciónque-r,o

es beneflci.ana de
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social de
pensiones para
;,,dult1»m•yoru
y cuyo monto ~

menoroleuaJal

Población que-

habita vt'llendas
hacinamiento
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I2.Spét'S.Onl!IS

Población Que en
iuvi~no
dispong.ede
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Poblecl6ft que en

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, .,,.

combustible par.e
(lOClnarlePlao

v;,,lordcl•

urbón5in
chirnt-neii

•lilTOlfllt.iru

Fuente: Coneval (2019b, pp. 51-60).

4. RESULTADOS
Primero se analiza la pobreza asociada al bienestar económico. Como se observa en la tabla 1, todos los estados presentan crecimiento en el número
de pobres moderados, vulnerables por ingresos y vulnerables por carencias
(excepto Oaxaca y Veracruz). Mientras que en pobreza extrema todos los
estados muestran disminución de indicadores excepto Veracruz. Lo anterior
sirve de precedente para aceptar la siguiente hipótesis: la causa principal que
no ha facilitado el combate a la pobreza en México, al menos en la región
sureste, es el ingreso y no las carencias. En este punto vale la pena discutir,
por ejemplo, el papel que los subsidios monetarios tienen en el ingreso de los
hogares más pobres, es decir, se puede asumir que estos subsidios junto con
la implementación de programas federales enfocados a vivienda o acceso a la
salud son las responsables de que un buen número de hogares hayan pasado
de ser pobres extremos a vulnerables por ingreso o pobres moderados.
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�125

POBREZA POR INGRESO EN EL SURESTE DE MÉXICO

TABLA 1
Número de pobres y vulnerables (miles) en el sureste mexicano,
2008-2018
2010

2008

2012

2014

2016

2018

Cam

275.9

309.2

297.2

291 .7

343.4

347 .4

Ch ia

2 , 551 .3

1 ,831 .5

1,980 .9

2 , 153. 1

2,306,6

2 ,615,3

] Gro

1, 221 .4

1,232.4

1,331 .4

1,447.3

1,489.5

1,440.8

j

1, 275.5

1,462.8

1 ,518.0

1,532.5

1,760.2

1 , 762.8

Oax

~ Q roo

329.9

3114.2

441.1

445.5

401 .9

415.1

j Tab

839.5

984.7

818.6

909.5

943.9

1 , 017.7

Ver

2 ,602.6

2,999.0

3 ,019.8

3,263.8

3 ,717.0

3 ,630.7

Yuc

753.4

"'~

7 38. 1

726.1

7 96.3

7 34.7

769.4

Cam

97.2

116.1

90.7

99.2

61 .6

93.0

Chia

1, 850.8

1,885.4

1 ,629.2

1,654.4

1.498.6

1 ,623.3

Gro

1,098.2

1,097.6

1, 111 .5

868.1

825.2

971 .4

ii Oax

1 ,079.0

1,1 33 .5

916 .6

1, 130.3

1,087 .2

951 .8

]"' Qroo

98.3

87.5

122.2

107.6

69.2

59.8

i? Tab

348.5

306 .9

330.8

260.3

284.2

302.5
1.457.9

V er

1,2711.4

1,449.0

1,122.0

1,370.5

1,332.5

Yuc

170.9

232 .5

200.6

223.2

132.4

147.1

Cam

239.7

209.9

2415.4

2117.5

290.0

303.2

7 60.5

641.4

869.7

793.3

736.4

822.0

Gro

773.1

791.7

760.4

928.6

858.1

843.3

~ Oax

1 ,0 20.3

859 .6

1 ,024.5

927.9

805.6

920.9

4157.11

491.5

441.7

5211.3

1127.2

710.0

-~ Ch i a
~

~

[l Qroo

~ Tab

j

745. 1

615 .9

785.4

883,8

855,8

821 .8

Ver

2 ,480.0

1,825.9

2 ,403.8

1,978.7

1,619.7

1 ,742.0

Yuc

569.7

515.9

551.4

578.3

699.4

734.7

Cam

37.7

311.4

415.4

35.9

44.4

43.11

136.8

O Chia

70.6

1 16.7

87.6

129.8

145.5

-~ Gro

67.5

68.2

78.9

94 .0

115.6

110.4

~ Oax

54.2

5 0 .2

65. 1

83.6

94 .2

107.8

]

---------··-----Tendencia

· ----------···
---------____________
----------

·----------------------···
-------------------------· ------------------··
..

----------------

···---------···
------------------ -----·------------·
_____
----------

Qroo

63.0

84 .6

89.9

96.3

70.4

70.5 ...

Tab

61.6

93 .5

69.5

55.4

62.6

62.1

~ Ve r

238.7

349.7

313.5

400.9

404.0

506.3

Yuc

91 .6

127 .7

127 .6

145 .3

123.7

120.9

1

Fuente: elaboración propia con datos de Coneval (2019a).

- --------

. __

--

En la tabla 2 se puede observar con claridad que si se hace un corte
bianual y del periodo 2008-2018 la tendencia en todas las formas de pobreza
y vulnerabilidad, salvo pobreza extrema, tuvieron tasas de crecimiento positivas, llamando la atención casos como Veracruz, Chiapas y Guerrero que
tuvieron tasas de 112.21%, 98.85% y 93.91% en el número de vulnerables por
ingreso. Ahora, el caso de pobreza extrema hay que revisarlo con sumo cuidado pues como se observa, si bien en el periodo 2008-2018 hay evidencia de
mejora en los indicadores, la realidad también es que en el periodo 2016-2018
las tasas tienden a presentar aumentos.

TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�126

MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

TABLA 2
Tasas de crecimiento de pobreza y vulnerabilidad
en el sureste mexicano (2008-2018)
2008-2010

.

!..,
o

E

.

-1.83%

17.72.%

Chia

8. 16%
0 .90%
14.68%

8.69%
8.03%
3.78%
14.82%
-16.87%

7.13%

13. 38%
2.92.%
14.86%

Gro
Oax

.a

Tab
Ver

Yuc

E

Cam

Chia

~

Gro

~

Qroo

o

Tab

Q.

Oax

Ver

Yuc

:ae

18.36%

Ver

-9.44%
-3.56%

Chia

65.39%
0.98%
-7.48%

i

Oax

!.

Tab

&gt;

0.79%
- 17.35%
-26.37%

Cam
Gro

e

39.55%
7.80%
-22.57%
-13. 71%
35.61%
-3.94%

.5

3

13.52.%
36.03%

1.27%
- 19.13%

- 12..43%

&gt;" Yuc

.

5.05%
- 10.93%
-11.95%

-21.83%
-13. 59%

-15.66%
2.40%
- 15.75%

l! Tab

¡¡,

19.41%
1.87%
-0.06%

0.70%
9.67%

Chia

:¡¡

§

16.47%
17.30%
15.23%
-1.36%

Cam

5o Gro
Oax
...;¡ Qroo

I

2014-2016

-3.90%

Qroo

.
..
.a

2012-2014

12..09%

~

&amp;.

2010- 2012

Cam

Qroo
Ver

Yuc

2.45%
51.74%
46.53%
39.43%

19.18%
-10.13%
27.52%
31.65%
6.87%
33.02%
-24.92%
15.63%
29.76%
39.2.2%
-25.60%
-10.35%
-0.12%

8.71%
0.95%
0.98%
11.11%
8.08%
-7.73%

-9.79%
3.78%
13.89%
4.73%

9.35%
1.54%
-2.1.90%

-37.91%
-9.41%
-4.94%

23.32.%
-11.95%
-2.1.32.%

-3.82.%
-35.68%
9.20%
-2.77%

2016- 2018
1.15%
- 2.45%
-3.27%
0.15%
3.28%
7.82%
- 2.32.%
- 2.09%

2008- 2018
2.5.92.%
39.30%
17.96%
38.21%
25.83%
21.22%
39.50%
2.35%

-428% •

51.03%
8.32%
17.TI%
- 12.45%
-13.59%
6.43%

-11.78%
-39.17%
-13.20%

9.41%
11.09%

14.22%
-13.92%

0.86%

4.56%

26.50%

22.11%
-9.42%

-7.17%
-7.81%
- 13.18%

11.61%
- 1.50%

8.09%
9.08%
-9.74%

19.16%
12..54%
- 17.68%

19.16%
-3. 17%
- 18.15%

4.88%

-25.90%

22.15%
11.27%
15.74%
-8.79%

48.10%
19.17%
28.42%
7.20%
-20.30%
27.87%
13.89%

-40.68%

- 12.29%
-11.55%

14.32%
13.21%
-3.98%
7.55%

10.28%
-29.76%

20.95%

5.05%

28.97%

23.78%
12.15%
23.00%
12..66%
-26.92.%

- 1.41%
- 5.98%
-4.51%
14.50%
0.07%
-0.79%

16.01%
93.9 1%
6342%
98.85%
11.81%
0.89%

25.33%
-2.2.8%

112.12%
31.94%

13.02%
0.77%
- 14.86%

------------ --------....----- - --

Tendencia

45.60%

■

•

■

••

---.-- --------

■-

-

■

.-.....-- . -

-

------------- ----------- ---.-- .

Fuente: Elaboración propia con datos de Coneval (2019a).

Ahora bien, una vez que en las tablas anteriores se observó que el problema principal con los indicadores de pobreza y vulnerabilidad está relacionado con el bienestar económico, convendría escrudiñar de manera aún más
minuciosa qué sucedió, primero, con el ingreso a nivel individuos y hogar
(tabla 3) y, segundo, cómo se estructuró de manera detallada el ingreso (tabla
4). Es de llamar la atención que existe una marcada desigualdad en los resultados sobre ingreso, por ejemplo, el ingreso per cápita y el ingreso mensual por
hogar registrados en Quintana Roo son de cerca del doble que los estimados
para Oaxaca y Chiapas, respectivamente. También es de llamar la atención
que en promedio todos los individuos registran ingresos por encima de las
LBM y LB, sin embargo, como se muestra en la tabla 5, esta situación es solamente producto de la estimación ponderada del promedio.
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�127

POBREZA POR INGRESO EN EL SURESTE DE MÉXICO

Ahora bien, otro dato importante sobre el ingreso y su estructura se
puede hallar en la tabla 4, dado que el ingreso por la vía de trabajo representa
cerca del 60% del ingreso, mientras que las transferencias, con excepción de
Guerrero, son cerca del 18% de los ingresos. El caso de Guerrero también es
llamativo al ser la única entidad donde los ingresos por renta son los más bajos, y es todavía más llamativo que en las subdimensiones de la renta, sea casi
nulo el peso de alquiler de activos fijos, situación que refleja la poca capacidad
de adquirir y acumular ese tipo de bienes.
TABLA 3
Ingreso3 en hogares y per cápita en el sureste de México (2018)
Total

-

hogares

Campeche
Chiapas
(iuenern
üaxaca
Quintana
Roo
Tabasco
Veracruz
Yucatán
Sureste

Total
indi\ iduos

1,984
2 279

7,207
7,263
8 139

1 757
1 783
2,339
2,463
16, 19 1

6 065
6 479
8,231
9, 164
59,347

Ingreso pcr
cápita

$14 971.99
$10 526.14
$8,291.35
$1 1,331.82
S9,932.36

Ingreso
mensual pcr Ingreso por
cápita
hogar

---

Ingreso
mensual por
hogar

$2,127.61
$2,520.24
$2 797.02

$27,678.16
$29 966.98

$9,226.05
$9 988.99

$4 990.66
$3 508.71
$2,763 ,78
$3,777.27
$3,310 79

$5 1 681.90
$38 249.48
$29,177.48
$42, 161.9 1
$36,406.39

$ 17 227.30
$ 12 749.83
$9,725 ,83
S 14,053 .97
S12, 13546

Fuente: Elaboración con datos de INEGI (2019).

Las tablas 5 y 6 muestran que, por un lado, la tendencia al número de
personas con ingreso inferior a la Línea de Bienestar Mínimo (iiLBM) tuvo
incrementos, salvo por Quintana Roo (-28.1%) y Tabasco (-6.7%), en el periodo 2008-2018, y es notorio que estados como Tabasco y Campeche habían
tenido buenos resultados (2012 y 2016, respectivamente) pero para 2018 sus
indicadores empeoraron, incluso por encima de la situación que tenían en
2008; por otro lado, la tendencia del número de personas con ingresos inferiores a la Línea de Bienestar (iiLB) en todos los casos aumentó para el mismo
periodo, incluso es notorio que estados como Yucatán y Guerrero, aun cuando han tenido mejora en los indicadores de personas con iiLB sus números
no son mejores que los que tenía en 2008. En ambos rubros es sumamente
notorio el comportamiento de estados como Veracruz, que es la entidad con
los peores resultados en ambos rubros.
3 Es importante señalar que de acuerdo con el INEGI (2019), los datos sobre ingresos de la ENIGH son trimestrales.
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�128

MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

TABLA 4
Estructura del ingreso en el sureste de México (2018)

68.12•1. 6L-16o/,

67.43%1

69Jl3°/.,

('6.10%1

boras extr

0.49%

0.58%

O.Jlo/•

O.Jlº/o

O.lSº/v

O.:S9%

0.47º/•

0.4""%

comisiones

J.06%

l .81%

1.34%

1.60%

1.85%

7.Sl%

2.06%

l.66%

J.50·/4

1i.naldo

3.52%

4.24%

3.35°/4

J.70°/v

2.97º/•

3.00%

4.47º/•

3.34%

3.24°/4

indc:nurab

0.38%

0.73%

0.05%

0,11"/o

0,49"/o

O.JI%

0,1611'/o

0.65%

0.34%

otra rem

1.76%

2.77%

1.38•/.

1.6611'/o

l.19o/.

1.88%

2.0lo/.,

1.46%

i..11•1.

J.12%

2.72%

0.98o/.

2.591&gt;/o

1.40¾

6.211/a

1,4311-;.

3.38%

3.59•1.

sueldos

66.13°/11-

o.1J•1.

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12. !~•·

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.

l . .O

IJ.2J ◄'

16.61 •

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11. 10•1.,

l8.2f1ú/•

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12. 19%

10.9'1)%

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industria

3.04%

2.32%

3.Jlo/o

4.2(í-/o

S.00%1o

2.05'%

2.74°/,,..

2.JJ%

3.38%

romc:-rcio

3.86%

2.12%

6.56·/•

7.46º/¡.

6.46°/4

1.8"'º/v

4.26º/•

4.23%

2.IJ•/•

5.12%

-1.20%

6.02°/4

5.43%,

6.80%

-1.26%

S.t8ct/,.

-1.-12%

5.59%

4.60%

. 1.12%

1 l.48o/e

6.471&gt;/o

7.97¾

1.071/a

J,2411-;.

6.48%

2.13%

2.S5%

1.57º/•

1.58%

J.69í-/o

5.13º/•

0.48%

1.27º/•

4.2S%

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23.5.

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2.J!V'lit

2.21,;,/o

0.51%

I.M,;,/o

1.87 1%

0.739/e

0.09%

0.05%

0.02%

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O.OS 1V.

0.01%

0.08%,

0.1-1%

0.24%

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0.41 %

0.59%

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0.2Slt/•

0.22%

0.33º/•

J.H~'\,

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11

'o

1

U.74°
ll,.4-&amp;'-

3.K. '

20 ..t2º

Fuente: Elaboración con datos de INEGI (2019).

En este punto es fundamental recordar que además del bienestar económico, la medición de la pobreza en México implica también el número de
carencias que un hogar puede tener (tabla 7): Rezago educativo, Servicios de
salud, Seguridad social, Calidad y espacios de la vivienda, Servicios básicos de
la vivienda, Acceso a alimentación.

TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�129

POBREZA POR INGRESO EN EL SURESTE DE MÉXICO

TABLA 5
Número de personas (miles) con ingreso inferior
a la Línea de Bienestar Mínimo (iiLBM) e ingreso inferior
a la Línea de Bienestar (iiLB) en el sureste mexicano, 2008-2018
2010

2008

2016

2014

2012

2018

iiLBM

150,6

182,0

178,6

172.2

145,9

176.2

Cam

IILB

410.8

461.7

436.J

426.8

449.4

484.2

ii LBM

2,306.0

2,518.6

3,752.9

3,869.9

4,090.8

2,862.4
4,259,5

2,770.1

iiLB

2.507.1
3.983 O

2,365.2

Chi

IILBM

1,318.4

1.336.5

1,581.8

1,263.1

1,264.8

1,402.3

ii LB

2,387.1

2,521 8

2,409.4

2,430.3

2,522.6

iiLBM

1,255.1

2.398 2
1.403,1

1,351 .7

1,679,7

1,626.0

1,532.1

Oax

IILB

2,408.7

2.646.4

2,499.7

2,746.J

2,941.5

2,822.5

Qroo

ii LBM
iiLB

186.4
491 , 1

164.2
536 3

240.5
653.2

220.4
649,4

151.2
541 ,4

119.7
545,3

IILBM

549.3

506.3

54S.5

421.7

472.6

512.3

Gro

Ta b
Ver

iiLB

1,249.6

1.385 1

1,2189

1,225.2

1,290.7

1,382.3

iiLBM

1,576.0

1,890.3

IILB

4,1 17.7

2.145,5
4,797.7

2,331.6
5,035.1

2,483.0
5,453.5

2,653.2
5,594.9

250,7
998,6

354,9

339.1

432,7

253.6

276.1

1.086 3

1,124 4

1, 103.2

1,025.5

1,021.3

iiLBM
Yuc

4,311.4

iiLB

4,455.3

Fuente: Coneval (2019a).

-----------------------------------------_,,,,-......,,,

____.,......_.,

_,,,,......__,,

_.,,---....._

~

....----.
----------

TABLA 6
Tasa de crecimiento de población con iiLBM e iiLB en el sureste mexicano,
2008-2018
2008 - 2010
Ca m
Chl
Gro

Oax

2014 - 2016

2016 - 2018

2008-2018

-1.9%

-3.6%

-15.3%

20.7%

17.0%

12.4%

-5.5%

-2.2%

5.3%

7.7%

17.9%

8.7%

-5,7%

6.5%

5.7%

4.0%

20.1%

6,1%

-2.8%

5.7%

4.1%

1.2%

14 .9%

iiLBM

1.4%

18.3%

·20.1%

0.1%

10.9%

6.4%

iiLB
iiLBM
iiLB

0.5%

5.2%

-4.5%

0.9%

3.8%

5.7%

11 .8%

-3.7%

24.3%

-3.2%

-5. 8%

22.1%

Tab
Ver

iiLBM
iiLB
iiLBM

Vut

2012- 2014

20.8%

iiLBM
II LB
II LB M
iiLB

Qroo

2010 - 2012

iiLBM
IILB
II LBM
II LB

9.9%

-5.5%

9.9%

7.1%

-4.0%

17.2%

-1.3%

46.4%

-8.3%

-31.4%

-20.8%

-28.1%

9.2%

21.8%

-0,6%

-16,6%

0.7%

11 .0%

-7.8%

7.9%

-22.8%

12.1%

8.4%

-6 .7%

10.8%

-12.0%

0.5%

5.3%

7.1 %

10.6%

36.1%

·11.9%

23.4%

6. 5%

6.9%

68.3%

16.5%

-7. 1%

13.0%

8.3%

2.6%

35.9%

415%

-4.4%

27.6%

-4 1.4%

8.9%

10.1%

8.8%

3.5%

-1. 9%

-7.0%

-0.4%

2.3%

iiLB

Fuente: Coneval (2019a).

---------------------------------------------------------------------------------

En lo que refiere a la Carencia por Rezago educativo, que también
presenta tasas negativas, se puede afirmar que los programas de alfabetización, especialmente en población adulta, que implementan tanto el Instituto
Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) como el Consejo Nacional
de Fomento Educativo (Conafe) han tenido un papel destacado. Esto no implica que la cobertura educativa que la Secretaría de Educación Pública ofrece
TRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

�130

MIGUEL ÁNGEL BARRERA | JOEL RUIZ | ALFREDO SÁNCHEZ

no sea relevante para esta carencia, sin embargo, de acuerdo al informe que
el Observatorio Ciudadano Estratégico de la Educación (2015) presentó, el
mayor grado de rezago educativo lo presentan los adultos. De igual manera, en este rubro se deben considerar como alicientes de la disminución de
carencia por rezago educativo a las transferencias monetarias condicionadas
para niños, niñas y jóvenes en materia escolar que tenía el programa Oportunidades-Prospera.
TABLA 7
Cambio porcentual en carencias para el sureste mexicano, 2008-2018

Gro
Oax
Oroo

Tab
Ver

Yuc

-21 .3%
-57.5%
-40.2%

-39,8%
-36.2%

7.1%
4.9%

Fuente: Coneval (2019a).

En el rubro de Carencia por servicios de salud es muy notorio que programas federales como el Seguro Popular de Salud han tenido un rol destacado en las altísimas tasas de decrecimiento que se presentaron especialmente
en entidades como Guerrero, Oaxaca y Chiapas donde la disminución fue de
más del 50 por ciento.
La carencia que registró menores tasas de crecimiento es la de Seguridad social, la cual se concentra en la capacidad que los hogares tienen para
subsistir ante circunstancias socialmente reconocidas, como la vejez y el embarazo (Coneval, 2019b), es decir, que los miembros de los hogares no tengan
ni acceso a seguridad social por la vía de la participación patronal como se
estalece en la Ley Federal del Trabajo, ni gocen de pensión o de los servicios
de una Administradora de Fondos para el Retiro (Afore) alguna. Esto puede
explicarse como consecuencia de las agresivas reformas laborales que se han
implementado en los últimos dos sexenios, donde la flexibilidad en los esquemas de contratación y prestaciones laborales así como la precariedad en el
empleo se volvieron una constante.
El indicador que tuvo los decrecimientos más notables después del de
salud es el de Calidad y espacios de la vivienda. Dichos resultados se pueden
atribuir a la creación, mejora y continuación de programas federales como
Vivienda Digna, Piso Firme y muy en especial, la creación de la Ley de ViTRAYECTORIAS | AÑO 23 | NÚM. 53 | JUL-DIC 2021

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vienda, publicada en 2006 durante el mandato del presidente Vicente Fox.
Esta ley, en su artículo 4, fracción IV delimitó la estrategia nacional que permitió abatir uno de los indicadores en materia de vivienda que por su definición era difícil de reducir: el hacinamiento. En esta ley se planteó que todos
los espacios habitables deben contar con al menos dos recámaras, así, todas
las viviendas que se construyeron bajo el cobijo de esta ley, fuesen de interés
social o a través de apoyos de programas concurrentes, tuvieron incidencia
en la disminución del índice de hacinamiento.
En lo que respecta a Carencia por servicios básicos en la vivienda llama
la atención el comportamiento de Quintana Roo que tuvo una tasa de crecimiento del 128%, particularmente para esa entidad el trabajo de Camacho
(2015) y Barrera (2020) quienes señalan que el auge turístico de la Riviera
Maya y Costa Maya, principalmente, ha derivado en la creación y surgimiento de colonias en las periferias de ciudades como Cancún, Playa del Carmen
y Tulum con infraestructura nula o precaria en el mejor de los casos. Esta
dinámica de generación de colonias irregulares o con condiciones precarias
de infraestructura según autores como Villalón (2019) es aplicable también
a ciudades altamente industrializadas (Veracruz, Coatzacoalcos, Minatitlán,
Orizaba, Mérida, Campeche, Ciudad del Carmen) o en vías de serlo (Oaxaca,
Chilpancingo, Iguala, Xalapa).
Finalmente, resulta llamativo que exista crecimiento elevado en las
tasas de carencia por acceso a alimentación, especialmente en Campeche,
Quintana Roo, Tabasco y Yucatán, pues todavía hasta inicios del nuevo sexenio se implementaban numerosos programas federales tales como la Cruzada
Nacional Contra el Hambre, el Programa de Precios de Garantía, el Programa
de Abasto Rural y el Programa de Comedores Comunitarios, cuyos objetivos
tienen relación con la provisión de alimentos a las familias más pobres, así
como la disminución o regulación de precios, mismos que en teoría contribuirán al abatimiento de la carencia por acceso a alimentos.
CONCLUSIONES
En México la región sureste es la que históricamente ha registrado los más
altos índices de pobreza y exclusión, y esto explica la creciente vulnerabilidad
en las entidades de dicha región. En este sentido, las políticas diseñadas para
combatir la pobreza se han estancado, es decir, el conjunto de programas
tanto federales como estatales que coadyuvan a mejorar los indicadores en
términos de educación para niños y adultos, de acceso a salud pública, de
calidad y condiciones de la vivienda, así como de acceso a alimentación han
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comenzado a llegar a su límite y, en consecuencia, no se han obtenido los
resultados esperados.
También se puede observar que en el periodo de tiempo elegido y analizado (2008-2018) las crisis económicas a nivel mundial han repercutido de
manera indirecta en los índices de pobreza de los países dependientes, tal es
el caso de México. Por ejemplo, a partir de la crisis económica inmobiliaria
que inició en el año 2007-2008 en Estados Unidos, México enfrentó las consecuencias de una recesión económica y, en efecto, el número de persona en
condiciones de pobreza y vulnerabilidad aumentó en las regiones dedicadas a
ofertar mano de obra no calificada y materias primas, tal es el caso del sureste
de México.
El gran problema que intensifica la obtención de resultados negativos
frente al combate de la pobreza sigue siendo el ingreso. Resulta imposible
pensar, no desde la teoría, sino desde la realidad que acontece en las entidades de la región sureste, que se haga alusión a la presunta disminución de
la pobreza cuando el ingreso es insuficiente y se suma a la pérdida de poder
adquisitivo. Eso demuestran las tasas de crecimiento positivas en la población
vulnerable por ingreso, o bien que su ingreso no supera la línea de bienestar
mínimo o la línea de bienestar, sin contar a aquellos que dado el sesgo de un
instrumento normativo como lo son las líneas de pobreza, las rebasan por
apenas unos cuantos pesos; por ello ya no son catalogados como pobres moderados o extremos.
La región sureste de México vive una realidad distinta de crecimiento
económico si se compara con las otras regiones del centro y norte del país.
De tal manera que, como se mostró en este análisis, no se han obtenido cifras
exactas de personas en condición de pobreza en los estados que fueron analizados, ya que dicha cifra es manipulable en función de los indicadores que se
eligen. En consecuencia, la política económica debe entenderse y orientarse
como un mecanismo de empoderamiento de la población en situación de pobreza y vulnerabilidad, especialmente en las zonas rurales e indígenas de México (población que mayoritariamente habita la región sureste de México), y
no como compensación de las inminentes pérdidas que se ocasionan debido a
las políticas laborales, fiscales y monetarias.
En este sentido, cualquier propuesta de medición y comprensión de la
pobreza en esta región del país debe incorporar una perspectiva multidisciplinar desde la sociología, antropología y ciencia política y no solo desde las
ciencias económicas como se ha intentado, es decir, que la pobreza debe ser
analizada como un fenómeno que se desarrolla en distintas etapas, en la que
se van dibujando trayectorias de vida que están determinadas por el contexto en el que se ubican ciertos sectores sociales, su acceso a la estructura de
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oportunidades, así como los vínculos sociales creados entre los individuos y
las instituciones. Así, una política de combate a la pobreza y, sobre todo, de
medición de ésta, no sólo debe considerar aspectos como el ingreso, línea de
bienestar e indicadores de rezago social; se debe ampliar las variables y poner
un especial énfasis en aquellos aspectos que tienen que ver con las circunstancias de vida de las personas y los elementos económicos, culturales y sociales
que la condicionan en el tiempo. Lo anterior tiene que ver con la idea de considerar los aspectos cualitativos que intervienen en los procesos de desarrollo
y de la calidad de vida.
Retomando la perspectiva de Amartya Sen, las políticas de combate a la
pobreza deberían considerar a su vez el desarrollo de capacidades y libertades
en aquellas personas que se encuentran por debajo de la línea de bienestar.
Siguiendo esta línea de pensamiento, los logros en las políticas sociales y de
desarrollo deben medirse y evaluarse en función de la participación de los
individuos en la toma de decisiones y la oportunidad de alcanzar la vida deseable. Lo anterior repercutirá en el incremento de los niveles de desarrollo
humano y por ende de la calidad de vida en las zonas marginadas del sureste
de México.
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                <text>Trayectorias es una publicación editada por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que tiene como fin desarrollar un espacio para la reflexión y el debate en torno a las preocupaciones contemporáneas en el campo cada vez más amplio y trascendente de los estudios de la realidad social. Su fecha de inicio fue en 1999, comenzó con una periodicidad tetramestral y en 2008 cambió a semestral. Revista arbitrada que se mantiene activa a la fecha y de emisión bilingüe es en físico y digital. Su ISSN es: 2007-1205.</text>
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              <text>Trayectorias es una publicación editada por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que tiene como fin desarrollar un espacio para la reflexión y el debate en torno a las preocupaciones contemporáneas en el campo cada vez más amplio y trascendente de los estudios de la realidad social. Su fecha de inicio fue en 1999, comenzó con una periodicidad tetramestral y en 2008 cambió a semestral. Revista arbitrada que se mantiene activa a la fecha y de emisión bilingüe es en físico y digital. Su ISSN es: 2007-1205.</text>
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              <text>Infante, José María, Editor Responsable</text>
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              <text>García González, Pablo, Editor asociado</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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