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B ARCELONA 16 DE FEBRERO DE 1891

NúM. 477

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

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98

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

477

palacios guardados por colosos de pórfido; aquella tinua se blanquean, y las frescas barracas de ValenMemphis de cien puertas donde Isis tendría quizá cia, que respiran alegría y limpieza. Los grandes leTexto. - ¡)furmuracio11,es wropeas. por Emilio Cartelar. - El templos de mil columnas; aquella incomparable Ale- gisladores orientales, con especialidad los dos de
calla/ de Kioto-Fu en el /apó11. -El rey Luis I de Baviera, jandría de Cleopatra, que iba despidiendo, como en- origen semítico, Moisés y Mahoma, prescriben hasta
estatua i11au"'11rada m la i1íal/1alla, por Juan Fastenrath. - jambres de zumbadoras abejas, ideas divinas, jamás en sus menores minuciosidades, no solamente una
SECCIÓN A \~ER ICANA: Or(1;w del 1ieg-ro, el rojo y e/ blall(O produjeron ser alguno, para el bien de la humanidad exquisita limpieza, indispensable á la salud, sino
( Leyenda seminole), por \Váshington Irving, traducido_por
tan indispensable, como esta Virgen Madre María, también los medios y procedimientos para conseguirla
J11derías Bénder. -Zamacziecay votos ( Rewerdos de Clule) ,
por Eva Canel. - Exposición geiieral de Bellas Artes de Bar· tierna-, modesta, humilde, sencilla, destinada en los y conservarla. Necesitaban así las mujeres, después
e/olla. - Nuestros grabados. - ¡Imposible! Novela original de designios providenciales á renovar la vida moral, y del parto, purificarse para ir á los templos. Y purifiFlorencia Moreno Godíno, ilustrada por Cabrinety. - SEC· renovando la vida moral, á rehacer el género huma- cada con todos los ritos designados por las leyes
CIÓN CIENTÍFICA: Qulmica recreativa. Los matro elementos,
no y redimir de la esclavitud al mundo. Los viajeros Ana, presentó al templo la Virgen María. Esta prepor E. Faideau. -La red melropolita11a de París.
como Stapfer, que han recorrido Palestina con es- sentación ha inspirado á muchos artistas; pero los
Grabados. -A Idea/la eslovaca, cuadro de Stuhlik. - El to· pacio y con verdadera ciencia, refiérennos cómo Na- dos, en mi sentir, más felices, son dos veneciano¡¡: el
que de oración, cuadro del Sr. Ferrer Pallejá. - Fig. l. Ex- zareth se conserva hoy tal cual estaba en tiempo de Carpacio y el Ticiano. Todo el mun'd o conoce las
tremo del lago Biwa, en el Japón, y origen del canal de K!o• J esús. Las ciudades, objeto de codicia para el con- condiciones que tiene la pintura veneciana. El esto-Fu, - Fig. 2. Entrada del túnel principal en el canal de K10•
to-Fu, en el Japón. - Fig. 3. Puente-canal sobre el valle de quistador, sufren enormes invasiones y se alteran plendente mar Adriático, la hermosísima laguna de
las Tumbas de los Emperadores, en el Japón. - Vistas del bajo la inundación terrible de los tiempos en cam- San Marcos, las múltiples cintas de sus canales verCairo: Tumba y mezquita 6lel Kaid-Bey. Antiguo obelisco bios incesantes y continuos. Pero estas aldehuelas, des ó azules; aquellos arenales materialmente cubierfuera de la ciudad. Casa árabe. Una calle en el Cairo (de perdidas corno humildes nidos en los abandonados tos de nácares, de conchas, de coral, con los que
fotograffas de F. Bonola-Bey). -La ::iamarneca (de una fotografia remitida por D. Benito García Valdivicso, de Valpa· recodos de un valle, al pie de colinas nunca bolladas compone la naturaleza. mosaicos antes de componerraíso). - l'equel1os pescadores, dibujo de A. M. RoS&amp;i. - El por guerreras plantas, entre ignorados espacios, aca- los artificiosos sus artífices; el áureo color de los banbautizo, cuadro de O. Salvador Viniegra. Exposición de Mu• ban por salvarse y por conservar su fisonomía, pre- cos y de los escollos cubiertos con violáceas algas;
nich, 1890. -los cuatro elmie11tos. Análisis del aire. -La servadas, merced á la virtud misma de su modestia, los jardines que parecen surgir de las aguas y flotar
nd metropolitalla de París: Fig. r. Construcción en excavación blindada de uno ele los pies derechos.-Fig. 2 . Cons- cual Pompeya y Herculano bajo las lavas del Ve- á las brisas; aquellas iglesias de mármoles y jaspes
trucción del segundo pie derecho. - Fig. 3. Construcción de subio, merced á su preservación del aire y del sol. que bogan y navegan tornándose á una etéreas, entre
la bóveda. -Fig. 4. Extracción de tierras y construcción del Nada encontraréis ya en J erusalén de lo que había, los resplandores descendidos de un cielo claro y rezampeado. Las figs. 1 á 4 representan uno de los procedi- ni en tiempo de los profetas, ni en tiempo de J esús. botados por el Mediterráneo más claro todavía; los
mientos proyectados para la ejecución del Metropolitano ele
·Alejandro, las ufanadas dinastías seleucidas, Pom- palacios circuídos por las góndolas que parecen neP:uís. -La estatua de Luis I m la Wal/1alla .
peyo, Vespasiano, Tito, el árabe unas veces, el mo- gros y airosísimos cisnes; tantas columnas de pórfi~ - - ~ gol otras veces, el mismo cruzado, hanle traído más do, tantos bajo-relieves de mármol; aquellas ágatas
catástrofes que los terremotos removedores del suelo. relumbrantes como pedrería; los frontones asiáticos,
MURMURACIONES EUROPEAS
Pero Nazareth, apenas poblada por cuatro mil habi- las rotondas esclavonas, las torres de rosáceos matiPOR DON EMILIO CASTELAR
tantes en el siglo primero¡desconocida por completo ces, las velas pintadas de azafrán, por tal modo se
de Josepho, que no la menciona en sus historias; ol- imponen á sus hijos, los soberanos artistas, que los
La fiesta de In Candelaria. - La /'a/estilla, por el Dr. Stapfer. vidada por el Talmud mismo, tan prolijo y minucio- diríais pintando, no con la espontaneidad propia tlel
- La Presentación y la escuela pictórica veneciana. - T/ier·
midor; la revolución francesa. erróneamente juzgada; fin del so; á veinticinco leguas de J erusalén, á nueve horas arte, con sujeción á una liturgia tan rigurosa como lo
Terror; el drama de Sardou. - Meissonier.
de Capharnaum, yacía feliz en su ignorancia y su fueron en su tiempo las liturgias del Asia. Por tanto,
obscuridad. Por eso puede verse todavía el camino en aquellos cuadros Nazareth se parece á Venecia
I
que las plantas de Jesús hollaran, el sitio donde por el esplendor de los monumentos; y en el sitio
,. tuvo su taller de carpintero, la colina desde cuya donde pasan estas pobres y modestas escenas judías
Cada mes registra una festividad religiosa en el cumbre oró mil veces, y la fuente en que María to- óyense crujir los b rocados, chocarse las copas de
calendario nuestro, á la cual van unidas muchas fes- maba el agua para su hogar á diario en el ánfora, oro y cristal, sonar los conciertos de clásica moderna
tividades profanas. Y las primeras, las capitalísima.s, volviéndola llena y erguida sobre su armoniosa ca- música y las estancias y los versos de nuestras reprelas fundamentales fiestas aparecen siempre aquellas beza. También Renán visitó hace años, en compañía sentaciones dramáticas en aquella especie de nave,
que se consagran á la Virgen María. Desde su Con- de su hermana, este privilegiado sitio, y lo describe donde se habían aglomerado los despojos de todos
cepción en diciembre hasta su muerte ó Asunción como Stapfer. El aire le pareció vivísimo, el clima los mares conocidos á la sazón en toda la redondez
en agosto, ¡cuántos festejos, á cuyo esplendor litúr- salubre. La población ofrece de suyo, con sus casas del planeta. Tales artistas no pintaban las escenas
gico en la Iglesia se juntan tradicionales costumbres semejantes á viejos aljibes, un aspecto modestísi- históricas, pintaban las escenas religiosas. Mas ves·
en el hogar, llenas de poesía y encanto! Mi abuela mo, cual suelen todas las pequeñas poblaciones de tían á las mujeres del Evangelio como pudiera vesdesignaba con antelación grande cómo se había de Oriente. La desolación de Palestina no alcanza, no, tirse la Lucrecia Borgia de Ferrara ó las Fóscaris y
comer y de vestir en cada fiesta, según ritual fami- á este sitio de habitantes felicísimos y de huertos ver- los Capelos de Venecia. En todos sus cuadros hay
liar de sus antepasados recibido, y puesto en obser- des. La fuente aquella reunió en tiempo de María algo del cristal esmaltado, del mosaico multicolor, de
vancia, como el eclesiástico bajo la liturgia secular, todas las muchachas de la población, que iban allí la flora isleña.,,del Lido y del mar Adriático. La pre·
bajo el poder de su matriarcado incontestable. Car- á escanciar el agua. Antonino Mártir, citado por el sentación al templo de María tiene todos estos caracnestolendas pedían el arroz en costra muy suculento, mismo Renán, refiérenos que los tipos de sus muje- teres; en los lejos el cielo espléndido, en los térmicomo apercibido á preparar con sus grasos ingre- res, todas ellas medio sirias, tenían una belleza tal, nos de tercer orden los monumentos venecianos con
dientes vigilias y ayunos y penitencias. A la Semana que de común acuerdo las gentes piadosas en el si- sus intercolumnios de mármoles maravillosos; en los
Santa se comían los potajes de hierbas con las em- glo v1 la imputaban al nacimiento y presencia en términos segundos aquellos senadores, con sus túnipa~adas de pescado. Celebrábase la vespertina pro- aquel sitio de María, quien legó como vínculo here- cas de púrpura, y aquellos gentileshombres con sus
ces1ón de Corpus con una horchata de almendras ditario gracia y belleza de consuno á sus amadas gorros cubiertos de plumajes, y aquellas damas enfría, que aún saboreo tras diez lustros de no haberla convecinas hasta la consumación de los siglos. Dice rubiadas artificialmente, pero vestidas y ornadas con
bebido como aquélla. La fiesta mayor traía siempre también el gran escritor francés que desde la hoya todas las joyas y todas las preseas del Renacimiento; •
~parejados muchos bollos, muchísimas confituras, donde Nazareth está, el cielo es muy estrecho; mas y en primer término una escalinata que conduce al
mnumerables golosinas, amén del arroz y gallo muer- así que subís á cualquiera de las vecinas alturas y templo, en el promedio de sus escalones la niña Mato. Pues el mes de febrero tiene su f'!stividad corres- miráis por todas partes, entrevéis los valles del J or- ría resplandeciente con su nimbo de luz y vestida
pondiente, la Presentación al templo de María. Llá- dán, las altas llanuras de la Perea esmaltadas por las con su túnica de color del cielo, y en lo alto los sumase por su nombre vulgar Candelaria, porque se reverberaciones de un cielo candente, las tierras de mos sacerdotes con sus vestes y sobrevestes, con sus
reparten candelas. También suelen repartirlas allá Siquem realzadas por las sacras figuras patriarcales; coronas y sus mantos, sus luengas barbas y sus luenen mi tierra por Semana Santa. Pero gran diferencia á un lado aquel Thabor, comparable á blando her- gas rozagas, los cuales parecen, despué5 de haber en·
entre las candelas verdes del Tenebrario y las can- mosísirno seno y que parece rotonda esférica de la- vejecido en las piraterías de lejanos mares, colocadelas blancas de la Candelaria. Mi abuela usaba las pislázuli; á otro lado el Carmelo, despidiendo incien- dos, como los ídolos sobre las aras, ellos, legión de
verdes en cuanto cualquier eléctrica nube tronaba so de poesía y reverberando el sol en su cono abrup- reyes, sobre los tronos de la incomparable Venecia.
fuerte, y las blancas en cuanto iban de parto sus hi- to que toma tintes de ópalo, esmeralda, zafiro, y Recordamos todos estos monumentos del arte mojas. El mes de febrero se halla unido á la Candelaria rubí, según las refracciones de los rayos solares en derno para corroborar nuestra tesis de que la Virgen
como el mes de diciembre á la Concepción, como el sus aristas; y allá, tras las cordiller_as de Saf~d, el es numen primero y casi único de toda la pintura
mes de marzo á la Encarnación, como el mes de golfo d e Raifa, cuyas aguas, confundidas á la simple cristiana.
septiembre á la Natividad, como el mes de agosto al vista con el aire, presentan una línea ~m~erceptible
IV
Tránsito y á la muerte de María. ¡Cuál hermoso libro azu l, tan celeste como todas las que d1buJa y colora
pudiera escribirse historiando la relación de todas el Mediterráneo en sus espléndidos horizontes, digBajemos de cielos tan altos á otras esferas, quepo·
estas festividades religiosas con el desarrollo histó- nos por cierto de aquellas almas que volaban al imrico de las bellas artes cristianas! Cada escena des- pulso de sus brisas y se sumergían en los resplando- dríamos llamar los infiernos del arte y de la historia.
Victoriano Sardou acaba de dar al Teatro francés un
crita por el Evangelio respecto de María, cada relato res de su éter.
drama histórico, rayano en melodrama fantástico,
de a ntiguas tradiciones referentes al ser é historia de
Lo denomina Thermidor, fecha célebre, primero por
III
la Virgen Madre hanse cuajado en obras de arte bien
señalar la interrupción del terror revolucionario, tan
hermosas, que abrillantan la corona de nuestra HuPero vamos á los festejos de la Presentación, que dañoso á la República y á la libertad francesas; des·
manidad. Así el doctor Stapfer ha publicado nueva
edición de su libro La Palestina, en que busca y litúrgicamente caracterizan este mes de febrero, y es- pués por señalar la reacción, forzosa consecuencia
describe las huellas en el suelo de nuestra madre ce- tudiemos las obras artístiéas sugeridas por su glorio- de tanto y tanto crimen como trajeron consigo por
so recuerdo. Ana y Joaquín, muy cQmplidores delas necesidad las catástrofes anejas á toda profunda re·
lestial.
antiguas leyes, presentaron al templo su hija María; novación social y á toda guerra, tanto civil como expero antes de la presentación debió proceder Ana, traña. Entra tan diestro dramaturgo en el número de
II
en observancia y cumplimiento de los ritos sacros, personas vulgares muy creídas de que, no la revoluDetengámonos ante los valles y pueblecillos don- también á la purificación. Los pueblos meridionales ción solamente, la política está cultivada en el mun·
de nació María, y detengámonos con recogimiento y han menester mucho de cuidadosa limpieza. Y la do por verdaderos pillos de oficio. No hace mucho
religiosidad. Nazareth lo merece todo. Aquella Babi- observan con escrupulosidad. No hay sino ver los en- que puso en escena Rabagás, una especie de Talslonia de Semíramis con sus jardines colgantes y sus calados pueblos de Andalucía, cuyas casas á la con- talf/ político, en quien quiso pintar á Gambetta, en·
SUMARIO

N úMERO

477

negrecido adrede por el influjo alcanzado sobre nuestra edad, cual
si no fuese tal influjo, á costa de
sacrificios y martirios en una vida
completamente devorada por el trabajo- y el combate. Así le daba como un tufo de reacción el nuevo
drama dichoso en las narices al público. Sardou ha sobrepuesto á su
criterio propio, nada certero en ~aterías históricas por su escasíslilla
competencia, el criterio de Tain~,
harto competente, pero muy eqmvocado. ¡Fenómeno singularlsimo!
Este gran escritor, Taine, q~e ~a
y estudia con empeño los mfluJos
del medio ambiente, cual ahora decimos, en obras tan perso~ales como las obras de arte y poes1a, todas
intuitivas é inspiradas por una Musa interior á quien llamamos genio,
no reconoce lo mismo allí donde
las circunstancias imperan soberanamente con verdadero despotismo,
en política. Mucho han extraído
Víctor Rugo y Zorrilla del tiempo
en que nacieron, del espacio donde
se criaran, de las personas y sociedades circunstantes alrededor del
genio suyo; pero dejadlos en la Isla
de Robinsón enteramente solos, y
cantarán, porque despiden odas, :\1
beso de la inspiración propia, ni
más ni menos que despiden oxígeno las plantas al beso de la luz. Por
lo contrario, todo consumado estadista, el que huellas más indelebles
de sí haya dejado en el tiempo y
en el espacio, poco, muy poco, modifica una sociedad, hecha, de igual
guisa que nuestro planeta, por los
siglos de los siglos, por generaciones de generaciones, por sucesivas
creencias cuajadas en costumbres
y tradiciones, á · despecho é independientemente de su voluntad. Nccesítase no haber saludado la historia para ignorar que así como hubo
un cristianismo natural antes y alrededor de Cristo, hubo un cesarismo social antes y alrededor de
~ésar. Los organismos y las especies proceden allá de fuerzas etéreas en las cuales entran hasta las ,
~ebulosas; los estadistas y su política proceden de apartadísimas edades confinantes con ese protoplasma ó germen de la sociedad que se denomina prehistoria. Y ver en Calderón, por ejemplo, tan genial,
todo cuanto le rodea, y no verlo en Robespierre, tan
sometido á la necesidad, paréceme absurdo. El uno
crea, el otro encuentra la sociedad creada, y nunca la
obedece más que cuando se alza orgulloso á su cabeza y toma en apariencia la dirección suprema.
C~sa difícil un Papa hereje, y cosa imposible un político superior á su sociedad y á su tiempo. Luego
¡~uánto en su política influyen las más accidentales
circun~tancias! Si en una encrucijada os encontráis
c~alqu1er asesino, ¿qué remedio sino matar ó morir?
Si en un gobierno y á la cabeza de un Estado, con
una guerra os encontráis, ¿qué remedio sino batallar
Y sucumbir ó vencer? Podrían imputar exclusivamen~e á la revolución el terror, si no hubiese acompanado este mal enorme á todas las crisis humanas.
Fundaci?n de las religiones, paso de unos tiempos á
· otros, victoria de la monarquía sobre los señores
f~udales, predominio del pontificado, libertad necesaria de la humana conciencia descubrimiento de América, régimen parlamentario 'en Inglaterra, régimen republicano en H olanda, ¿cuál de tales obras puede llamarse pura é incruenta? Toda idea se condensa entre
lágrima: y sangre, como nace para la muerte y el dolor
toda criatura. Querer, cual quieren Taine y Sardou,
condenar la revolución mirando sólo á sus crímenes,
o~ haría condenar las instituciones todas sin excepción, pues ni una sola conozco yo que no esté manchada, y muy manchada, de sangre.
·

LA

99

I LUSTRACIÓN ARTISTICA

en su Convención. Una frase fulminada sobre su frente, como las frases
que fulminó él un día sobre la frente de los girondinos y de los dantonianos, podría sin remedio perderlo.
Así, en cuanto uno le dice tirano,
y no lo mata, el muert~ es Robe~pierre. Y en efecto, le dicen el calificativo y le obligan á defenderse.
Quien se defiende así, después de
haber ofendido tanto tiempo á los
otros, está perdido. La Convención,
los clubs, las sociedades revolucionarias, que le habían obedecido tan
servilmente, lo persiguen, lo hieren,
lo atormentan, y por último lo llevan á la guillotina, para que remate
su cadáver, como t:n símbolo siniestro, el terror revolucionario.
VI

El protagonista de la obra dramática es un actor, Labussiere, que
ha pasado á la Historia por su piedad inolvidable durante los últimos
días del horrible terror. Empleado
modesto en las oficinas inquisitoriales del comité de Salvación pl1blica, dedicábase, con riesgo de sí
mismo, á traspapelar expedientes,
para defender y salvar en aquel naufragio social á sus conciudadanos la
vida. Muy pagado el buen hombre
de su oficio, prefería, entre las víctimas, á sus cofrades y compañeros,
los cómicos. Todas las mañanas pasábase por el río, y so pretexto de
pescar á caña, sumergía, no lejos
de un puente y de un lavadero
mayores, los procesos homicidas
en el agua fluvial. Embargado por
tal caritativo esfuerzo, la mañana de
Thermidor dase repentinamente de
manos á boca el piadoso artista con
antiguo amigo, el soldado Marcial.
Constreilido éste por la conscripción militar al ejército, y del ejército al combate, ha vuelto con licencia temporal á París desde las fronteras, y se ha encontrado con la
muerte de una vieja pariente, á
quien había confiado la custodia de
su joven prometida Fabiana, que
con toda su alma quería y la llevaEL TOQUE DE ORACIÓN, cuadro d~l Sr. Ferrer Pnllejá
ba sobre su corazón como elegida Y
ya inseparable compañera. Buscándola día y noche no pudo con ella
locos, aquellos que se van á. silbar cotno Llsagaray tropezar, aunque creyó entreverla junta con las _l~en el teatro porque Sardou anatematiza los jacobinos, vanderas en aquel sitio, por lo q_u e de n_uevo lo. ~1s1ó aquellos que hacen de la revolución un gran todo, taba en tal sazón y hora. El cómico le dice ~l m1l_it~r
como Constant en la tribuna, y le ponen por símbo- 1 que perteneciendo, com~ per_tenece, al_ part~do v1eJO
lo esencialísimo la torpe y sangrienta guillotina. Así, de la monarquía y de la 1gles1a su novia, bien pueno puedo alcanzar yo cómo y por qué han prohibido de mirarse mucho con lo que hace y mucho .~reel drama. Ya los tiempos del terror están muy leja- caverse contra los que le rodean, _pues la ley Pr~mal,
nos, para que nacido ninguno pueda padecer en su promulgada por el tirano Robesp1erre con meditado
honra por aquello que hicieron en el furor de los maquiavelismo en propia seguridad, aterra los humacombates y bajo la invasión extranjera sus agredidos nos como un fuerte ciclón los árboles. Y en_ estas óyese
bisabuelos. P ues qué, ¿nosotros, al ver nuestra patria un tumulto de lavanderas, muy subvertidas con~ra
invadida, no apelamos á todos los medios de defensa una de las que allí lavan, por verle manos demasiay especialmente al hierro y al fuego? Ved que míen- &lt;lamente delicadas para el oficio y una crucecilla de
tras el invasor venía sobre la patria de los fran- Cristo á la garganta. Es Fabiana. Las !~~anderas
ceses, muchos entre los presos, guillotinados luego, quieren perderla; pero el cómico la salva d1ciénd~les
cooperaban al mayor y más espantoso de todos los como es la novia de Marcial, allí presente, qmen
crímenes imaginables, á la terrible invasión. El dra- acaba de verter la sangre propia en el combat~ de
ma de Sardou comienza cuando la invasión cede allá Fleurus por Francia y la República. Vanse los felices
en las fronteras y el terror en la capital. Pero la ma- á casa de una honradlsima familia, encargad~ del
no fuerte de Robespierre todavía lleva la dictadura vestuario de los teatros, donde guarda y deposita el
en el puño y sostiene como un verdadero instrumen- novio á la novia para casarse con ella honradament_e.
mento de dominación y tiranía la guillotina en París. Pero en la primera entrevista la novia declar~ sm
Mas va repugnando tanta horrible carnicería, por rebozo á su amante que ha entrado en comumdad
aquella sazón, á la capital, enferma del horror causa- religiosa, tanto más amada cuanto menos segura, Y
do por las matanzas. Así, las furias, que pedían cabe- r.o puede unirse á ningún mortal por haber contraído
zas, van desapareciendo. Las ventanas, que se abrían matrimonio indisoluble con Cristo. Una e,cena muy
al paso de las fúnébres carretas, van cerrándose co- conmovedora sigue á esta declaración tan triste para
mo por mano misteriosa. Los verdugos, tras la horri- Marcial, en que representa la revo:ución, éste dando
ble matanza, van detestando la sangre, como suele sus derechos á la naturaleza ingenua, mientras Fabiadetestar el vino quien cae por su desgracia en borra- na al régimen antiguo moná,quico y eclesiástico
.chera fugaz. H asta los calores, muy fuertes por aque- contrariando á la naturaleza con artificiales votos y
V
lla sazón, al horror general contribuyen, pues teme engañosas palabras. Por fin el amor lo vence todo, y
todo el mundo que la matanza envenene los aires y Fabiana promete cambiar la celda monástica por
Pero el empeño de algunos en decir que para ser los aires envenenados difundan horrible peste. Por el hogar nupcial. Pero el terror, más intenso cuanto
demócrata precisa cargar en la conciencia con los una conjuración de circunstancias, toda la sangre pa- menos próximo de su cenit, bate los últimos oleacrimen~s de la revolución, paréceme un desvarío, rece condensada en los ojos de Robespierre, á quien jes, y vuelca la revolución de nuevo por París. Al
como s1 para ser católico se necesitase cargar en la podríamos llamar el Terror hecho carne y hueso. Por momento mismo de partirse Fabiana y Marcial para
conciencia con los braseros del Santo Oficio y con consiguiente, alguien cree que, hiriéndole á él, se aca- contraer mahimonio en Bruselas, ebria turba los delos horrores de las guerras religiosas. Desvariados, ba la matanza. Y hay que buscarlo en su madriguera, tiene y conduce á la infeliz á los calabozos de la Con-

�IOO

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

477

No es el único objeto del canal de Kioto-Fu crear
yo veo las napoleonidas figuras de la carga de caballería, me dan tentaciones de ponerlas en un abanico una vía navegable que ponga en comunicación con
de Wateau; como cuando escucho las poesías bona- el mar el interior del país; sino que, además, proporpartistas de Beranger, me dan tentaciones de acom- ciona saltos de agua para alimentar las fábricas de
pañarlas con una guitarra de Andalucía. Y en el aba- Kioto, las aguas necesarias para el riego de los arronico de las damas preciosas no caben las conquistas, zales y las empleadas para la distribución de la ciucomo la guitarra sublime de las serenatas melancóli- dad. Arranca ese canal del extremo sudoeste del lago
cas no se compadece con los combates y con los Biwa, el más importante del Japón, cuya superficie
asedios y con los sacos y con los exterminios, que es de 800 kilómetros cuadrados y cuyo emplazamienpiden la trompeta del Juicio. Víctor to está á 84 metros sobre el nivel del mar y dista 56
Rugo fuera el poeta de la conquista kilómetros de la bahía de Osaka. Como ésta se copor su genio apocalíptico; pero Dios lo munica ya con Kioto por medio de un canal, el de
entregó á la libertad. Napoleón pedía Kioto-Fu viene á unirse á este último después de reuna Capilla Sixtina, donde lo hubiera correr 11 kilómetros y de salvar una diferencia de nipintado el siniestro Miguel Angel, se- vel de 43 metros entre sus extremos.
El lago termina en una llanura pantanosa (fig. 1 ),
guido del hambre, del saqueo, del incendio, del exterminio, entre ruinas y en la que se ha abierto la trinchera de origen, protemuertos. Un cuadro de Meissonier es gida por diques longitudinales que reconducen á ella
demasiado bonito para empresas tan las aguas en casos de avenidas. Después de esa trindesmedidamente horribles. Pero no chera, cuya longitud es de unos 100 metros, empieza
puede negarse la brillantez de aquella el canal propiamente dicho, de 5'70 metros de anmulticolor paleta, la realidad viva de chura en su fondo por 1'50 de profundidad en una
los animados grupos que dibujaba, las longitud de 540; entonces llega el primer túnel, praccaricias que hacían á los ojos sus ma- ticado para franquear la cordillera de N11garayama,
tices, la corrección del dibujo, y los cuyas longitud, anchura y elevación son de 2 500,
profundos estudios del modelo, por lo 4'80 y 4'20 metros respectivamente. El agua alcanza
que permanecerá toda la vida entre una altura de 1'80 metros en el zampeado. Ese túnel
los verdaderos maestros. Alma con ale- ha sido perforado en muy variados terrenos, tales
teos de mariposa, bien puede asegu• como arcilla, esquistos, asperones y pórfido, y está
Fig. 1. Extremo del lago Biwa, en el Japón, y origen del canal
rarse que siempre se posó en los ar- enteramente revestido de muro y bóveda de ladrillo;
de Kioto•Fu
bustos y vió siempre todo lo pequeño su construcción se ha llevado á cabo por medio de
con exactitud. Así, debrn ser llamados un pozo de trabajo de 45 metros de profundidad,
ción: la de que todos tenemos la obligación de sal- perlas sus cuadros por lo chicos, por lo brillantes, abierto en el eje de la obra en el tercio de su longi\'ar la vida de un ser amado, arriesgando la propia por lo prec'o;os, por lo caros. El comenzó á conver- tud por el lado Oeste. En el extremo de aguas arriba
vida, pero no la vida de los demás. Sin embargo, tir en riqueza contante y sonante la pintura con sus hay varias compuertas que permiten asegurar al catrátase de una pobre obscura muchacha perdida, y precios extraordinarios y sus ganancias locas. De nal un caudal de 8' 5 metros cúbicos por segundo, La
Labussiere la sustituye, creyendo hacerla pasar por aquí una escuela sobrado llamativa para encantar los figura 2 representa la boca de esta obra.
la religiosa. Pero llega en estas la noticia de que la
A la salida del túnel el canal se exConvención se ha subvertido contra Robespierre; y
tiende á cielo abierto en una longitud
caído éste, ha cesado el terror. Mas el taimadísimo
de 4.500 metros, ya en desmonte, ya en
jefe de la República todavía se defiende, y en el esterraplén, ya al flanco de los ribazos, y
pacio entre la defensa y la derrota, lugar hay para
para llegará la concha de Kioto atravieque las víctimas designadas al verdugo caigan en sus
sa la cadena de las colinas de Hino-okamanos. Aquí al terror trágico se une la horrible: anyama por medio de dos túneles de secsiedad que lo recrudece y lo agrava todo. La monja
ciones y construcción iguales á las del
es á muerte condenada. Y mientras ella está condeprimero, cuyas respectivas longitudes
nada, Robespierre casi está, por su lado, agonizante.
son 123 y 841 metros. La tracción en
Un retardo cortísimo puede salvarla. 'Para conselos túneles debe efectuarse con ayuda
guirlo del tribunal revolucionario, Labussiere aconde una cadena sumergida.
seja con sumo celo á Marcial que aduzca la virgen
En la boca de salida del túnel n. º 3,
pudorosa una excepción, la de hallarse encinta.
á unos 8.400 metros de su origen, el
Fabiana se niega por completo á este recurso,. que
canal se divide en dos ramas: la primemancha su honra, y sube con valor á la carreta, enra, destinada á servir de vía navegable,
carándose con su novio y diciéndole cómo el honor
tiene una pendiente de 0'066 por metro
femenil obedece á un código más estrecho todavía
en una longitud de 540 metros, formanque el honor militar. El novio se lanza sobre la cado un verdadero plano inclinado que
Fig 2. Entrada del túnel principal en el canal de Kioto• FÍI,
rreta con ánimo de retenerla, y un guardia lo mata
los barcos recorren tirados por un cable
en el Japón
de rápido pistoletazo. Tal es el drama. Yo no he
puesto en movimiento por el salto que
visto su representación; pero conozco al autor, y en
proporciona la otra rama. Al pie del plaverdad os digo que habrá muchas situaciones dra- ojos vulgares y atraer á los comerciantes potentados. no inclinado, el canal se ensancha hasta 18 metros
máticas de primer orden; pero alma y poesía del El arte adscrito á la Iglesia y á la monarquía de otros en el fondo con una profundidad de 1 '50, y enlaza
alma, poquísima; é ideas propias, casi ninguna. Sar- tiempos aún trazaba personajes eternos, como el Car- por medio de una esclusa con el canal de la bahía de
dou es una máquina de forjar complicadísimos arte- los V de Ticiano, y aún tenía por espacio el cielo in- Osaka, después de recorrer una distancia de 2 kilófactos á que denomina él dramas.
finito de una tradición espiritual, como las Vírgenes metros.
de Murillo y los penitentes de Zurbarán.
VII
Pero este arte industrioso de los pintores
sobrado negociantes, con mucho mérito,
Ha muerto Meissonier. Y digámoslo con verdad: con acabada ejecución merced á suma
ha muerto un pintor. Muy circuído por teatrales ar- destreza, con colorido brillante, siempre
tistas el maestro, se refugió en una tan ingenua na- nace algo enteco, por engendro del egoísturalidad, que parecía verdadero pintor flamenco. mo, propendiendo á no cansar con lo
Yo no digo que tal naturalidad resulte siempre, como grande y lo ideal y lo hermoso las almas
resulta en Velázquez, la verdad misma; pero sí digo de gentes agobiadas por las combinacioque resultan las realidades externas musas de los nes del cálculo y metidas en el potro de
pintores, cual Meissonier, verdaderamente realistas, los bufetes. Muchísimas figuras ha trazacomo resultan las realidades internas musas de los do Meissonier para el exclusivo recreo de
pintores idealistas, cual Angélico. Así como David sus adinerados compradores, pero con eso
crece aentro de la República y del primer Imperio, y con todo, preciosas y duraderas figuras.
dejándonos sendos cuadros, que conmemoran dos
hechos tan dispares como el juramento de los dipuEL OANAL DE KIOTO•FU
tados en su Trinquete de Versalles y la consagración
de Bonaparte por el Pontífice al pie del ara en la caEN EL JAPÓN,
tedral de París, Meissonier nos ha transmitido la impresión dejada por soldados y tipos imperiales en los
El suelo del Japón aparece ya surcado
ojos de las generaciones nacidas durante los triunfos por caminos de hierro y su población en•
Fig. 3, Puente-canal sobre el \'alle de las Túmbas de los Emperadores
en el Tapón
y las glorias del Imperio. Generales, tambores, ran- tra cada vez más en las vías de la civili•
cheros, guardas, todo ha pasado desde las historias á zación europea. Este movimiento, con•
sus lienzos. Y cosa tan enorme como los fragmentos secuencia de la revolución de 1868, se extiende á
La segunda rama atraviesa un pequeñ~ túnel, cru•
de la epopeya napoleónica, quedó encerrada en cua- las obras públicas de toda clase; pues al par que se za el valle de las Tumbas de los Emperadores sobre
dritos donde parecen sus héroes tan pequeños como continuaban las primeras líneas férreas abríase, en- un puente de 14 arcos (fig. 3) y llega á Kogawa,
los actores en el teatro, mirándolos con anteojos ó tre otros, un canal de navegación destinado á poner arrabal septentrional de Kioto, después de un tragemelos invertidos. Hay una coincidencia extrañísi- en comunicación el lago de Biwa y la bahía de Osa- yecto de 8 kilómetros: su pendiente es más considema entre los cuadros de Meissonier y las cancionci- ka, en donde está emplazada la antigua capital del rable que la del canal principal, de cuyo caudal sólo
tas de Beranger, preciosidades, preciosidades, pre- Japón, la ciudad de Kioto. Los trabajos, comenza- deriva 1'400 metros cúbicos por segundo. Los 7 meciosidades; pero no los cíclicos monumentos, necesi- dos en 1885, terminaron á fines del año pasado, ha- tros cúbicos restantes pueden ser empleados para la
tados para expresión de la epopeya imperial. Cuando biendo sido dirigidos por el ingeniero M. S. Tanabe. producción de fuerza motriz bajo un salto de agua
serjería, donde le aguardan la carreta, el suplicio, la
guillotina. Son las últimas horas del tirano, y con
sólo detener un día el brazo de la fatalidad, todo
está salvado. Labussiere le promete á Marcial con
seguridad la vida de Fabiana. Mas para esto necesita
sustituir la causa de Fabiana con otra causa y enviar
nueva víctima en lugar de la designada por los furores populares al verdugo. El procedimiento sugiere
horror verdadero, á causa de una sencilla observa-

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Antiguo obelisco fuera de la ciudad

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U na calle en el Cairo

Casa á rabe

Vistas del Oa.iro. (De fotografías de F. Bonola-Bey. l

�103
102

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

477

doce años, con una actividad que excede á toda ponSECCIÓN AMERICANA
deración.
'
Más que la columna de Arminio, erigida en la
ORIGEN
DEL
NEGRO,
EL ROJO Y EL BLANCO
selva teutoburguesa, es la Walhalla un bosque entero
POR
WÁSIIINGTON
lRVI NG
de columnas de héroes, la encarnación del pensamiento más patriótico y más alemán que podría ba( Leyenda se1ni11ole)
jar de las gradas del trono, la eternización monuCuando erigieron los Estados-U nidos en territorio
mental de la suma de perenne valor interno que tiene el pueblo teutónico desde Arminio hasta nuestros suyo la Florida, uno de los primeros cuidados de su
días; encerrando aquel templo, único en su género, Gobernador, M. Duval, fué atender con singular em101 bustos de mármol y 64 tablas conmemorativas, peño á la civilización de los indígenas. Y para conse80 príncipes y héroes, 11 estadistas, 8 prohombres guir mejor sus benéficos propósitos, convocó una
EL REY LUIS I DE BAVIERA
de la fe, 29 sabios, 20 artistas, 9 poetas y 9 mujeres. junta de jefes y les participó que su Abuelo (1) de
Ya se han realizado también estas palabras que un Wáshington deseaba, con anhelo verdaderamente paESTATUA INAUGURADA EN LA WALHALLA
viajero escribió en el álbum de los extranjeros: «¡Oh ternal, establecer en el país escuelas dotadas de bueEn la rica corona de creaciones de Luis I, que Walhalla, ahora creo la gloria de Luis; día vendrá en nos maestros para que difundieran entre los indígeacredita su grande amor á las artes, la Walhalla es que él también tendrá aquí su morada, y entonces nas las luces de que gozaban los blancos.
sin disputa uno de los florones más brillantes, ·y sin él será tu mayor gloria!»
Escucharon en silencio los congregados, y con la
En 1886 las cámaras bávaras acordaron la canti- compostura y recogimiento que suelen, las razones
contradicción obra de las más exquisitas del señor
Klenze.
dad de 30.000 marcos para que se erigiese la estatua expuestas por M. Duval en un persuasivo discurso, y
¡Honor al rey que fundó aquel grandioso monu- del gran rey de Baviera en la Walhalla, saliendo ven- después de oírle alabar y encarecer las ventajas que
mento de la unidad alemana! ¡Honor al arquitecto cedor del concurso el eminente estatuario de Munich reportaría una medida tan filantrópica y meritoria,
que lo ideó y tuvo la dicha de terminarlo!
Fernando de Miller, que en mármol de Italia, aquel nada más dijeron sino es pedir veinticuatro horas paLa Walhalla es el altar de la patria alemana, la país en que maduraban la mayor parte las creaciones ra deliberar madurarnente acerca del negocio antes
morada de los dioses germánicos, la mansión de ideales de Luis de Wittelsbach, representara al gran de darle respuesta.
Vino en ello muy de su grado el Gobernador, y al
nuestros héroes y de nuestros patronos. Al nombre Mecenas del arte cual señor de la Walhalla, cual
de Walhalla se enlaza en nuestra imaginación la idea presidente de la asamblea más ilustre, de un Senado otro día, reunidos de nuevo los de la víspera, se lede todo lo grande en nuestra historia, inclínase de de héroes, sentado en un trono, vistiendo una toga vantó uno de los jefes indios, y después de pedir la
pronto la frente ante ese templo nacional que exhala antigua, apoyado en dos leones poderosos, é incli- venia á M. Duval, le dijo de esta suerte, hablando en
el perfume de la p0esía; los héroes de lo pasado des- nándose un poco adelante como si quisiera saludar nombre y como procurador de todos los suyos:
«Hermano: Hemos discutido entre nosotros acerfilan ante la fantasía, y cada cual se forma aquí una á sus consocios inmortales.
epopeya magnífica; que este es el sitio para inspirar
El 25 de agosto de 1890, el 105 cumpleaños del ca de la oferta generosa que ayer nos hiciste de parte
grandes contemplaciones.
ilustre finado, celebróse la entrada triunfal de Luis de nuestro Abuelo de Wáshington, prometiéndonos
A principio del año 1807, cuando Alemania gemía en su Walhalla, que con magníficos versos neo-latinos establecer en el país maestros de primeras letras que
sola y vencida, doblando el cuello al capitán del siglo, cantó mi amigo el inspirado poeta Adolfo Pernwerth nos enseñen lo propio que á los blancos; y no sin
que entró en Berlín triunfante y altanero, un joven, de Barnstein.
agradecer cuanto merece tan buen deseo y la volunajeno de vil abatimiento, el príncipe real de Baviera,
Salió de todas las gargantas un grito inmenso cuan- tad que muestra por nosotros, hemos convenido y reen cuyas venas hervía sangre de alta virtud engendra- do se abrieron con estrépito atronador las puertas de suelto, por acuerdo unánime, no aceptar el favor con
dora, resolvió, para consuelo de la patria, en tan gra- bronce, entrando en el templo consagrado á las glo- que nos brinda, pues no basta que una cosa parezca
ve afán, en tan amarga pena, reunir en el cielo de rias germanas el único príncipe que había sobrevivi- y sea buena entre los hombres blancos para que
un templo, en una Walhalla, los astros de esfuerzo y do á la inauguración de la Walhalla, el príncipe re- siente y se acomode lo mismo á los hombres rojos.
de fortuna. Augusta idea en cualquier época; más gente de Baviera Luitpoldo, hijo de Luis I, acompa- Porque aun cuando se nos dice y repite á cada moaugusta aún en aquellos tiempos: éste hace el mismo ñado de los príncipes y de los duques de Baviera, mento que así los unos como los otros descendemos
efecto, según dice el célebre Dollinger en su discurso entre los cuales mencionaré al primogénito del re- igualmente del mismo tronco, por ser hijos de los misnecrológico referente al rey Luis I de Baviera, corno gente, al príncipe Luis, al príncipe Luis Fernando mos padres, replicaremos que, á nuestro parecer, no
los senadores romanos que después del desastre de que se dedicó al arte de Hipócrates, teniendo por están en lo cierto los que así hablan, y para que meCannas daban las gracias al cónsul Varro por no esposa la hija de la reina doña Isabel II de Borbón, jor te persuadas de la verdad de nuestra creencia, oye
haber desesperado de la patria.
doña Paz, la celebrada poetisa española, y al duque las razones en que se funda, basadas en una tradición
La memoria de la grandeza es un fuego vital, es un Carlos Teodoro, el famoso oculista que tiene una de mucha cuenta para nosotros.
fuego que el alma encuentra en su naufragio, y en- ayudanta en su consorte angelical.
»Es el caso que, cuando el Gran Espíritu comenzó
tonces más que nunca necesitaba Germanía no olviYo que me he propuesto grabar una Walhalla ger- la obra de formar el género humano, hizo primero al
darse de sí misma, de su nombre, de su dignidad, de mánica en los corazones españoles y que aprendí á negro, el cual fué por esta causa su ensayo, vamos al
su honra, de su genio, de las sombras sublimes de pronunciar el glorioso nombre de Walhalla cuando decir; y aunque resultó imperfecto, no será bien culpar
sus héroes, de su libertador, de su numen tutelar, de apenas sabía hablar las palabras balbucientes del ca- á su autor de negligencia ó de torpeza, antes debemos_
su Arminio, que fué á la par el Pelayo y el Cid ale- riño, no podía menos de asociarme con toda mi alma alabarlo, pues con salir como salió, ya da idea del
mán peleando por la libertad y la independencia de entusiasta á los homenajes tributados al fundador hombre tal cual lo concebía en el fondo de su pensu pueblo.
inmortal de la Walhalla de piedra, ese paladión de samiento. Poco tardó el Creador en descubrir los
La Walhalla se levanta á orillas del Danubio, Alemania. Como representante, aunque humilde, de defectos de su obra, y no nada gustoso con ella, se
aquel río divino que, como dice Garcilaso, el célebre la prensa, ocupaba yo un puesto en una de las logias propuso poner en ejecución otro ensayo. Así lo hizo,
proscrito, por fieras naciones va con sus claras on- del sagrario germano. Al entrar en éste, presentábase en efecto, y resultó el hombre rojo. Pero aun cuando
das discurriendo, en la cima del monte gemelo de á mis absortos ojos un espectáculo encantador: vi se- éste le plugo más que no el negro, como todavía no
Donausrauf, en la hermosa naturaleza de Ratisbona ductoras griegas formando grupos pintorescos, pare- le satisfizo, he aquí que volvió el Gran Espíritu á traque, según las palabras de Goethe, debía ser alicien- ciendo aquellas hermosísimas mujeres hijas de Pín- bajar en la manufactura de la humanidad, resultando
te y reclamo para fundar una ciudad. Verdadera- daro. Eran, oí, hijas del dios del canto, pero su cuna de sus esfuerzos el hombre blanco al tercer ensayo,
mente que aquí está el corazón de Alemania; aquí, había mecido el Danubio alemán. En unión de die- y quedando entonces contento. Por esta causa fuisteis
en las inmediaciones de aquella Ratisbona que tiene ciséis cantantes vistiendo asimismo el clásico traje vosotros lo último que hizo el Creador, y con esto quela gloria de haber dado cuna en una soberbia fonda helénico entonaban aquellas lindísimas muchachas da explicado asimismo por qué te llamo mi hermano
de emperadores y caballeros, llamada «La Cruz de griego-alemanas un himno al entrar el regente, acom- menor.
Oro,» al héroe de Lepanto, D. Juan de Austria, á pañado de su séquito brillante, concluyendo aquel
»Cuando hubo hecho el Gran Espíritu los tres
quien Lope de Vega escribió este epitafio:
cortejo de príncipes y de ministros unos sesenta al- hombres, los llamó á su presencia y les mostró tres
caldes campesinos que recordarán siempre la amabi- cajas.
Illzome eterno Lepanto:
»La primera estaba llena de libros, mapas y pape•
lidad con que les hablaba el príncipe regente en
Mozo he muerto, viejo fu!,
Que al mundo en un tiempo dí
les manuscritos; la segunda de arcos, flechas y cuchiaquel recinto sagrado.
Lástima, envidia y espanto.
Pero nada me ha conmovido tanto como esta es- llos de m011te, y la tercera de instrumentos de laLa Walhalla, competidora de las maravillas de Gre- cena producida por la explosión del entusiasmo ar- branza.
»Estos objetos, les dijo, son los medios por los
cia, erigida á semejanza del Parthenón, logró feliz tístico y del amor filial. El regente, después de haremate en 1842, celebrándo!e su conclusión el día 18 ber visto con embeleso profundo la bellísima estatua cuales habréis de ganar vuestro sustento. Escoja,
de octubre con una solemnidad que presenció, ade- de su padre, se acercaba al estatuario el señor de pues, cada cual según su gusto.
»El blanco eligió primero, por ser el predilecto.
más del noble fundador el rey de Baviera Luis I, el Miller, estrechaba sus manos y le besaba una, dos,
príncipe Guillermo de Prusia y el príncipe Luitpoldo tres veces,corno si fuese su amigo, su hermano. Amo Miró con sonrisa desdeñosa la caja de los instrude Baviera. ¿Quién no llamaría á aquella fiesta, pre- á aquel emperador que honraba al Ticiano alzando mentos de labranza, y se detuvo á contemplar la que
sidida por el más puro entusiasmo, la aurora de una sus pinceles, pero amo aún más al generoso regente contenía las armas de caza y guerra, examinándolas
que, inspirándose en los sentimientos de su padre, atentamente. El hombre de la piel roja tembló entonera de gloria y de felicidad?
Hay quien supone que el arte gótico fué llamado tan apasionado de las artes, dió un beso fraternal al ces, porque había puesto su corazón en aquella caja;
mas quiso su estrella que, después de considerarla,
á labrar el monumento consagrado á las glorias ale- artista, el rey en el hermoso reino del arte.
Ya está en su casa el noble rey Luis I. Y cuando siguiera el blanco adelante y tomara para sí la de los
manas. Pero aquí no cincela sus primores la arquitectura gótica con todo su adusto refinamiento, en la en el silencio de la noche, plateada la luna, y sus libros y papeles. Hecho esto, el hombre rojo asió sin
elegancia de sus molduras y arabescos, sino el arte compañeras las estrellas, brillando cual regados dia- más tardanza de la caja de las armas y corrió al bosde los griegos; éste es el que se encarga de hacer los mantes, derramen sus rayos sobre la Walhalla, des- que vecino con ella. Dicho se está que, no quedánhonores á los héroes de Germania, pues el estilo de pertarán los inmortales, los socios todos, para rendir dole al negro qué escoger, hubo de conformarse con
nuestras góticas catedrales no parecía corresponder homenaje á su protector, mientras las victorias bajan las herramientas.
»De lo cual se infiere claramente que ya estaba
á bustos esculpidos á ejemplo de los griegos y roma- de sus zócalos y depositan guirnaldas á los pies del rey
nos, y además el señor Klenze, arquitecto de la Wal- cuyo nombre, envuelto en glorioso nimbo, transmitirá previsto en los designios del Gran Espíritu que aprenhalla, exclusivo admirador de griegos y romanos, des- á las generaciones venideras el monumento imperecedero de su fama, la Walhalla.
deñaba las construcciones de la Edad media.
(1) Asl llaman los indios al presidente de la república de
JUAN FASTENRATH
El artista llevó adelante la obra por espacio de
los Estados Unidos.

NúMERO

477

L A ILUSTRACIÓN ARTISTICA

de 36 metros, existiendo el proyecto de utilizar una
parte de la misma en el punto de bifurcación y en la
cumbre del plano inclinado por medio de una instalación hidráulica que hará funcionar algunas máquinas eléctricas.
El coste total de esa obra ha sido de cinco millones
de pesetas: de esta cantidad, una tercera parte ha
sido facilitada por el Tesoro imperial, una cuarta
parte por el gobierno central y el resto por varios
impuestos.

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afia remit:da por D. Benito Garcia Valdivieso, de Valparaiso.)
.

LA ZAMACUECA, (De una ,o ogr

•Cualquiera supondrá que el hombre quedó anonadado
ante el descubrimiento de la farsa!
.
diese á leer y escribir el horn~re blanco J?ara saber .Y
( RECUERDOS DE CIIILE)
Pues no, señor: deglutió saliva,·cerró y ab_i:ió los
entender de todo incluso fabricar aguardiente Ywhtsojos arqueando las :ejas, engalló el busto Y d1¡0 con
key; que fuese c~zador de oficio el r~jo y guerrero
Nada más gracioso y entretenido qu: u~as el:c·
. .
temible, pero que no aprendiese cosa m~guna ~n_los ciones en Ja República Chilena. Un penod1sta cno- admirable desparpa¡o:
- Es que, e,íor, soy Fernández por tm patre y Preslibros, puesto que tampoco se los dejó, m qu~ hiciera llo basta Ja medula, y salao, valgan verdad_es., tanto
.
wlziskey, para que no se matara con la bebid~; y_en como el que más, José Ro1:1án Vial, escnb1ó una bítero por mi maire.
¡Y no fué jolgorio el que se armó en el colegio
cuanto al negro, que pues no había en su ca¡a ~1~0 piececilla titulada «Una votación popular,)) y ~ra cosa
.
.
herramientas de trabajo, debía e1:1plearl_as en se:vicio de perecer de risa contemplando aquellos hpos ad- electoral!
De mí sé decir que hasta le hubiera hecho dipudel blanco y del rojo cosa que hizo y sigue haciendo mirablemente descritos y aquellas :~cen~s ~ornadas
por la gracia.
.
á la hora esta.
del natural, con toda la clziclza y el ª!' (gu10d1~la) que tado
Faltaban tres ó ~uatro días para unas elecciones'. Y
»Por Jo que á nosotros respecta, entendemos que destilaban las producciones del escritor cáusnco.
un amigo que tenía muchísimo gancho para conquisasí hemos de sujetarnos, como el negro, _á nuestro
Los rotos (plebe) chilenos s~n lo rná~ socarrón Y
destino, por ser esto lo más prudent~ Y. discreto, en taimado que Dios crió, y nadie llega ¡amás á com- tar rotos y muchas clzanclzas (pesetas) para pagar los
razón á que sometiéndonos á los ~es1gmos del Gran prenderlos, por lo cual vuelven tarumba.Y acaban por votos me invitó á un paseo campestre. Se trataba de
suma~ papeletas en favor de un amigo .Y se las proEspíritu, no le contrariamos, y ale¡amos d~ nuestr~s marear de veras al que pretende conqmstarlos..
metía felices del paseo. Iríamos á un baile de Enra:
cabezas por tal modo el castigo que nos impondna
Es perfectamente exp~cable que e~ Aménca se mado, en donde se reunía la gente del. carnp~, Y alh
desobedeciéndole.
haga política de personahdad y no de 1d~as.. Las le»De mí sé decirte que si el saber de letras es bue- yes del Estado escritas están en la Constitución, Y á verían los contrincantes cómo se cautivaban volunno para los blancos, es perjud~cial en sumo grado no ser que un golpe de sable paralice los efectos del tades.
'fi
b
Era domingo, y al trote duro de magm cosca apara los rojos, pues Jabra en dano de éstos cuanto á código político, corno ~ste no puede alterars~, quéllos del país, hermosos y de. gran estampa, _pero más
los otros aprovecha.
.
dase Ja designación de Jefe para los hombr~s ilustra»Bien claramente lo publica el suceso digno de dos que llevan y traen á_las masas según tienen ma- propios para tiro que para silla, nos enc~mmarnos. al
memoria de aquellos creekes y cheroque~es _que se ña ó dinero para conqmstarlas_. A fuer de ~arradora merendero de Silva, «el amigo de los arn1gos,)) como
tornaron en los peores enemigos de los i_n~10s, sus veraz, diré que el pueblo en Chile n? ha te?i~o gran- rezaba el rótulo con que el clziclzero famoso daba el
hermanos, cuando aprendieron á l:e~ y escnb1r;_ como des motivos de hacer alardes políticos. V1v1ó largos alto á sus parroquianos.
.
.
Cuando llegarnos había una remo/zenda de mil
que se partieron á Wáshington, diciendo que 1b~n á años en 'paz, con mandatarios probos, ~ue procur~visitar al Abuelo y á tratar con él de asuntos relativo~ ron el adelanto de la nación, y no ha sido su erano diablos y una de gofetás que ~ c~alquiera le po~ía
á la prosperidad de los suyos, y ~uando ~legar~n alh expoliado por vividores de oficio. A un pueblo que arder el pelo: el motivo era el s1gmente, y lo consigtrazaron en un pedazo de papel ciertos signos, mdes- logra tal dicha, puede dársele un bledo de que man- no porque ciertos episodios dan á conocer _el ~arácter de los pueblos más que tod~s las descripciones.
cifrables para nosotros hasta que se presentó en nuesJuan ó de que mande Pedro.
tro campo un agente, y mostrándonos el papel nos deEs
Un roto se hjbía llegado humildemente al 1:1ostraindudablemente por esto por lo que el roto se
dijo ser aquello un tratado que nuestros hermanos erige en soberano cuando las elecciones se aproxi- dor pidiendo medio de pan y dos onzas de quieso.
Una vez que le fué servido lo que pedía, quedóse
habían hecho en Wáshington con el Abu~lo. en nom- man, y procura maliciosamente sacar el ~ayor provebre de la tribu. Y como aún no entend1ér~rnos qué
mirando el queso y el pan, y despu~s de d~rle algucosa eran tratados, para explicárnoslo. me¡or, lo le- cho de su calificaci1n,ó papeleta,que declil!os en Es- nas vueltas dijo, reflexionando con aire fingidamente
vantó con ambas manos, y entonc:s v~mos qu~ cu- paña.
.
.
Cuéntanse casos curiosos de rotos sabios qu~ en~~- estúpido:
bría una grande extensión de terntono, Y supimos ñan á las mesas votando varias veces con calificacton
- Me quisiera hacer el favor,am1go, de cambiarme
luego con sorpresa y dolor que, por. ser letrados, ce- y hasta con traje distinto; algunos salen apaleados Y por clzicha el pan y el quieso1 .
.
.
dieron los nuestros los. hogares. las tierras Y hasta los maltrechos de los colegios, porque los e,iores, como
- Vaya el cambio, respondió el ((amigo _de los amisepulcros de sus padres á los blancos, los cuales sólo ellos dicen, los tienen tan conocidos que andan con gos,)) poniéndole delante los va~os de clz1d1a correspor ser letrados lo adquiriero1~ todo, ganando _éstos
pondientes al importe de lo pedido, y no pagando anojos y no son bastantes.
cuanto perdimos nosotros á vutud de las mismas cien
Cuéntase de un roto que se presentó á votar con teriormente.
Bebióla el roto saboreándola, y limpiándose los laartes...
.
.
falsa: le habían dicho que se llamaba Juan
»Di, pues, á nuestro Abue(o de Wáshmgt~~ que papeleta
Fernández, pongo por caso; pero se había_n olvidado bios con la punta del po11cl10 dijo, disponiéndose á
no debemos, ni queremos, m podemos_ad~1tlr su
salir:
advertirle que era presbítero de profesión.
oferta de darnos maestros que nos ensenen a le~r Y deTomaron
- Vaya, pues, amigo, quede con Dios.
.
los de la mesa la calificación y le pregunescribir, pues harto sabemos por dolorosa experien- Atienda, compairito, ¿y no me paga la cluclza?
cia que tanto aprovechan las let~as al hombre blanco taron:
- ¡Amigo, bueno hombre! ¿Y ya no le he pagao con
- ¿Cómo te llamas?
cuanto perjudican al hombre ro¡o.»
el
quieso
y el pan?
.
.
- Juan Fernández, e1íor.
Ni las protestas ni las razones del chtcliero pud1e•
¡Pero
roto
sin
vergüenza,
si
aquí
dice
presbítero!
TRADUCIDO POR J UDER IAS B ÉNDER
ZAMACUECA Y VOTOS

�PEQUEÑOS PES0ADORES, dibujo d e A.M. R ossi

EL BAUTIZO, cuadro de D. Salvador Vinie,zra. - Exposición de Municb, 1890

-·-- ------=

~

-----------

�106

•

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

477

ron convencer al roto ladino, que seguía haciéndose puedo menos de copiarla; es digna de reproducción
La situación de los dos únicos personajes, el padre descubriénel leso (cándido), hasta que se armó la de apaga y por lo disparatada:
dose reverentemente al oír el tañido de la campana de la próx.ima
vámonos de cachetes y pescozones.
aldea, é inclinando la cabeza al dedicar, agobiado por el pesar,
De las aves que vuelan
Llegamos nosotros en tan críticos instantes, y se
triste recuerdo á la que fué su compañera, y la niña fijando en
me
gusta
el
,ha11,ho
(cerdo);
apaciguó la refriega, gracias á la generosidad de mi
el cielo su purísima mirada, cual si en él debiera dc,,cubrir á su
de la fruta del campo
amantlsima madre, acusan un sentimiento delicado y especiaamigo, que abrió la bolsa para convidar á todos los
las empanadas.
les aptitudes en el autor, que se avaloran al observar los porpresentes.
l'orque las esperanzas
menores que completan esta bella y simpática composición.
nunca
se
pierden.
El lugar de la fiesta era u11a especie de plazoleta
delante de una casa de adobes, cubierta con tejas y
del Cairo. (De fotograflas de F. Bonola-Bey.)Todo esto con ¡ayes! quejumbrosos, intercalados E/Vistas
paja.
!(ahira/i (In Victoriosa), como se denomina en el lenguaje
según las exigencias de la música, y con gritos y ja- oficial; llfasr, la JI/adre del llf1111do, según la de¡igna generalDebajo de una enramada artificial, sujeta con posleaduras equivalentes á nuestros olé y tu 111are de la mente el pueblo; el Cairo, como decimos nosotros, es sin eluda
tes, de los cuales también pendían cortinas para res- flamenquería.
alguna la ciudad más importante de Africa, no sólo por la nuguardar del sol el salón de baile, alzábafe como una
merosa poblaci6n que encierra (374.838 habitantes, según el
A la mitad de la letrilla aparecieron dos apuestos censo ele 1882), sino también por ser capital de un vasto Estatercia del suelo un tablado sólido, en donde los baijinetes, caballeros también de la ciudad, que acercán- do en donde se han desarrollado en todos tiempos, y especialladores pudieran libremente requebrar sus cuerpos,
dose á la valla que cercaba el sitio de la re111olie11da mente en los modernos, sucesos de sun,a trascendencia histórial compás de arpas y vihuelas, emparejadas con el gritaron:
ca. Interesante cual pocas se presenta esa capital á los ojos del
tablón del mjeo, acompañamiento indispensable en
viajero, que no se cansa de admirar en ella los incesantes con«¡Aro!
¡aro!
Tomen
un
trago
y
empiecen
de
el baile nacional chileno.
t(a~t~s q_ue al lacio de la actual ofrecen los restos de antiguas
nue,·o.»
c1v1luac1ones y aun las huellas de remota barbarie. Al lado de
Sentábanse á un lado del tablado músicos y canLos bailarines hicieron alto, como es de rigor, para los barrios modernos espléndidos, con hermosas calles bordeataoras, y hacia ese lado apiñábase la jieTlte mirona,
tomar dos vasos de chicha que les presentó un julre das de árboles, con magnlficos jardines y elegantes puentes,
acaso porque allí había algunas /masitas (aldeanitas)
con plazas tan notables como el parque de Esbekié, ábrense
de nuestra comitiva, en nombre de los recién llega- callejuelas
estrtchas, lóbregas y sucias que se cruzan en vuelpicarescas y diablas que trastornaban á los huasos
dos, que continuaban á caballo.
tas y revueltas, formando, como todas las antiguas ciudades ára(campesinos) con sus miradas incendiarias.
Terminado que hubo la cueca, acercóse mi amigo bes, intrincado laberinto; y junto á In cómoda y rica vivienda
No todos eran rotos los parroquianos de Silva,
á los caballeros, y saludándolos alegremente les dijo: con sus enrejados, miradores salientes y delicados arabescos, ó á
pues que entre éstos se veía algún_ /maso de categola grandiosa mezquita de atrevida fábrica y esbeltas líneas, cu- Llegaron tarde, amigos; todos son míos.
yos bruñidos azulejos de colores y labor primorc,sos reflejan en
ría, con su gran sombrero, su poncho de vicuña, sus
Los caballeros volvieron grupas; pero no aseguro mil cambiante, los dorados rayos de un sol ardiente, el angosto
polainas de cuero y sus grandes espuelas de rodaja de
yo que no se quedasen á medio camino, aguardando y obscuro zaquizamí, en donde el mercader, sentado con las pierplata.
que nos marchásemos, con la sana y electoral inten- nas cruzadas, tiene al alcance de su mano y sin mo1•erse de su
Unos euantos perros y algunas aves de corral hatodas las mercanclas á cuya venta se dedica.
ción de jugar una mala pasada al que les había to- sitio
Entre los monumentos más notables del Cairo puede citarse
cían consorcio amigable con un roto borracho que mado la delantera.
la mezquita y tumba de Kaid-bey, que fué construida en el sitendido en el suelo se resistía á levantarse: otro roto
Si los rotos fueron fieles ó no á los veinte pesos y glo XV y ha sido recientemente restaurada. Su cúpula elíptica,
viejo, encargado de recoger cáscaras de sandía y
á la chicha de mi amigo, no puedo asegurarlo; pero sus paredes cubiertas de bellas mayólicas y ricos mármoles y
otras inmundicias, porque el «amigo de los amigos»
alto alminar que puede competir con los famosos de las
éste ganó la votación, y la ganó bailando, como él su
mezquitas de El-)fayed y de Ashar, hacen de ese templo uno
era hombre muy limpio, pretendía convencer al bodecía,
y
echando
guaras
á
la
mocita
remoledora
Uarade los ejemplares más perfectos de la arquitectura árabe egipcia.
rracho encaminándolo á su casa; pues el ver así una
nera) del Enramado de Silva.
Fuera de la ciudad álzase un interesante obelisco faraónico,
jmsona lomada (borracha), decía no había de ser
junto al cual suele reposar algún grupo de fella,hs ó de sudaEVA CANEL
muy del gusto de las e,ioritas y de los caballeros que
neses y detrás del que se distinguen á lo lejos sobre la az.ilada
habían yegao.
linea del horizonte los picos de las famosas pirámides.
En desierto predicaba el barrendero, porque el EXPOSICION GENERAL DE BELLAS ARTES
. fequeños pescadores, dibujo de Rosal. - El ejer•
roto, harto de bebía, continuaba mascullando disculDE B,\RCELONA
c1c10 de la pesca, ó sea la esperanza de coger peces, si es que
pas llenas de salero y de lógica beoda, que no deja
El Excmo. Ayuntamiento constitucional de Bar- éstos ;&gt;&lt;&gt;n tan cándidos que se dejen atrapar, tiene poderosos
de sef á veces incontrovertible.
celona, teniendo en cuenta las reiteradas peticiones atractivos pai:1 lo~ que á ~l se.dedican; casi diremos que ejerce
Respaldado en la pared, arrimado á un palo y ara- que á la comisión organizadora de la Exposición ge- sobre ellos !ll~ten~sa fascinación. La pesca halaga el sentimienñándose á las pencas de una tusia (higuera chumba) neral de Bellas Artes han dirigido gran número de to de supenondad mtelectual que el género humano se atribuye al compararse con las especies inferiores, y este convencicontemplaba otro viejo la escena, sonriendo y apu- artistas españoles y algunos del extranjero solicitando miento, arraigado en la mente, así de los niños como de los honirando el pucho de un puro (colilla) que acababa de una prórroga de admisión de obras que les permita bres, unido al esplritu de destrucción que en tantos individuos
tirar un huaso rumboso que sentado en un banco concurrir á ouestra Exposición y á las que simultá- la civ!liza~ión n:i ha podido aún e~tirpar, _son causa de esa perrudeaba con su brazo el cuerpo de una /masita tri- neamente se celebrarán en París, Berlín y Munich, secución mcesante que sufren animales inofensivos como los
pájaros y los peces. Menos mal cuando ese instinto destructor
gueña de apretadas y largas trenzas; y para que nada ha acordado accederá lo solicitado, fijando irremisi- se
compensa con el otro instinto de consen·ación; es decir cuanfaltase al cuadro, sobraban unos cuantos chiquillos blemente para la admisión de obras desde el día r.º do la caza y la pesca tienen por objeto proveer á la ali:nentasentados unos y danzando otros entre perros y ga- al 10 de abril próximo, y para la fecha de la solemne ción del hombre; pero cuando tales ejercicios se toman por mera distracción ó divertimiento, los reputamos indef~ndibles y los
llinas.
apertura y cierre de la Exposición el 23 de abril y 24 estimamos dignos de censura.
Echamos pie á tierra invitados por mi amigo el de junio respectivamente.
''. esta censura sube d~ punto ~uando los que destruyen por
muñidor de votos, que deseaba darse el gustazo de
Al propio tiempo, la comisión organizadora ha so- el simple afán de destruir son mños como los que tar, hábilque le viésemos desplegar sus habilidades catequiza- metido á la aprobación del Excmo. Ayuntamiento mente ha dibujado Rossi, que no es d~ suponer se dediquen á
pescar con fines interesados. Afortunadamente para los peces
doras,
diversos acuerdos referentes á la concesión de garannadan en aquellas tranquilas aguas, los pescadores no son
Después de hablar con unos y con otros brindán- tías á los artistas y facilidades para la expedición de que
muy terribles, pues á su edad no es posible guardar la quietud
doles amistad además de veinte pesos por cabeza sus obras.
y el silencio, que son los mejores cebos para atraerá los tlmidos habitantes de los mares.
el día de la elección, todo esto remojado con sendos
vasos de chicha que la concurrencia trasegaba en un
A EVIDENCIA. - Cuando se ha visto una sola ,·ez
El bautizo, cuadro de Salvador Viniegra.abrir y cerrar de ojos. sacóse entusiasmado el fino
la acción maravillo,a de la CREMA SIMÓN en lasgni:tas, Contaba apenas veinticuatro años de edad el pintor gaditano,
poncho, quedándose arrogante y gracioso con su cha- 1ílaras, /&gt;arros y sa/,af/01us, se comprende que nQ hay rold- cuyo nomhre conquistó notoriedad extraordinaria desde su priquetilla blanca, su sombrero de anchas alas arreman- rream mas eficaz para la conservación de la piel. Los 1'01 ,·os mera aparición pública en el mundo del arte, cuando en la ExDE ARROZ y el JABÓN SIMÓN completan estos felices efectos.
posición ele Bellas Artes celebrada en Madrid en 1887 obtuvo
gado de atrás y un poco caído sobre la nuca.
Evitar las fabificacionesextra,yi:ras,exigicndo la firmaS/,1/0N, la más alta recompensa por su hermoso cuadro La k ndi&lt;iJ11 de
El elegante habíase convertido aquel día en huaso rue de Provence, 36, París. Depósito, en to&lt;las partes.
los rampor, del que á su tiempo se ocupó detenidamente LA
rico, para mejor impresionar á la gente de campo,
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.
vistiendo como ella se visee.
No se durmió sobre sus laureles el joven artista, sino que
prosiguiendo con afán siempre creciente y con éxito cada vez
- ¡Buenos pinganillas estos!, dijo el viejo que chuNUES1 ROS C: RABADOS
más lisonjero sus estudios, sigui6 pintando mucho y pintando
paba el pucho de puro: cuando quieren algo, toos se
bien, y de su estudio salieron cuadros para distintas Exposiciovuélven rotos.
Aldeana eslovaca, cuadro d e Stuhlik. - Este jo- nes, en donde llamaron la atención de los inteligentes, conquisLlama la plebe en Chilejutm (de futre) á los ele- ven pintor bohemio, alumno de la Academia de Munich, ha tando para su autor honra y provecho.
buenos cuadros de género, dedicándose especialmente
El !lauti:o que hoy reproducimos fué exp11esto el año pasado
gantes; pero el año cuarenta y uno llegó á Chile un ápintado
reproducir los hermosos tipos de las muchachas eslavas.
en la Exposición de Munich, palenque adonde acuden anualhombre que exhibía varios animales, entre ellos una
Uno de los más interesantes es indudablemente la Aldeana mente l_os artistas de todas las naciones, para quienes es timbre
mona, Dulcinea, y un mono,Pinganilla; ¡y vayan us- tslom&lt;a que hoy publicamos: en él no se sabe qué admirar más, de gloria todo fallo favorable, no sólo del jurado, sino también
tedes á saber qué relación encontrarían los rotos en- si la beileza de las facciones con elegante pincel trasladadas al ele la opinión pública de aquella ciudad, emporio de las belienzo, ó la naturalidad de la actitud sorprendida y copiada con llas artes, que ha merecido el dictado de moderna Atenas.
tre el mono y los lechuguinos! Lo cierto es que desde acierto
irreprochable, 6 el pintoresco traje con suma habilidad
Pues bien: el cuadro de Viniegra cautivó la atención de in•
entonces son los elegantes 1utres y pi11ga11illas indis- dispuesto.
teligentes y profanos: los primeros admiraban en él la prodigiotintamente.
En ésta, como en todas sus composiciones, demuestra Stuh- sa técnica que acusa en el artista, la riqueza de detalles primo•
Mi amigo, metido ya en harina, no se paró en ba- lik ser un pintor concienzudo y poseer aquellas altas dotes rosamente ejecutados y la viveza del color á manos llenas prorras, y una vez libre del poncho para mejor echar que han dado renombre á la joven generación de artistas bohe- digado por quien siente el colorido con toda la fuerza de los
en la que con él figuran en primera llnea los Marold, mejores pintores del Mediodía; los sei,indos, sin profundizar en
guaras (hacer requiebros) á la pareja, fuese á buscar mios,
II yaais, Dvorak y otros no menos justamente reputados.
la c~itica artísti';'l,. deleitában~e con la grata impresión que el
una mocita que con el rabillo del ojo miraba aljucOnJunto en su amn,o produc1a, y formaban de continuo comEl toque de oración, cuadro del Sr. Ferrer Pa- pacto grupo ante la obra de nuestro compatriota, recreándose
lrt, quién sabe si muerta porque la eligiese por comllejá.-El cuadro que reproducimos es, quizás, una de las pri- en la contemplación de tantas bellezas por Viniegra acumulapañera.
meras obras que expone el Sr. Ferrer Pallejá. Joven, muy joComenzaron los compases de introducción de la ven, no tiene otros méritos que alegar que los premios y recom- das en la típica escena de costumbres españolas, pintoresca
zamacueca, alegres y retozones de suyo, capaces de pensas alcanzados en las Academias, y la revelación de lo 9ue como todas las que tienen por actores chulos y majas y exactamente reproducida como concebida y ejecutada por quien, á
poner en ebullición la sangre más pastosa, y secua- puede esperarse ele sus cond iciones y aptitudes, ya que quien fuer de andaluz neto, ha tenido cien veces ocasión de verla y
como
él,
en
los
albores
de
la
vida,
en
sus
primeros
empeños
draron los jóvenes uno frente á otro, seriecita ella y
observarla y lleva en su alma todos los elementos necesarios
artlsticos, sabe interpretar tan acertadamente las delicadas compara desde Roma, en donde reside, recordarla y sentirla con
animado él, como á las circunstancias convenía.
binaciones de la luz, dar relieve y sentimiento, debe concedér- la
misma intensidad con que la viera.
En la concurrencia notóse un movimiento de al- sele la confianza de que con el tiempo ha de producir su pincel
El
juicio que El hauti:o mereció del pí,blico y de la prensa
gazara, y cada cual soltó su dicho picante y preparó obras de máS:importancia y mayor aliento.
enaltece al pintor y llena de jt'1bilo á los que amantes de las
Sencillo,
pero
senti1lo,
es
el
asunto
que
ha
inspirado
al
señor
palmas, para jalear con entusiasmo á los bailadores
l(lorias patrias nos complacemos en reconocer como una de
rerrer Pallejá la bellfsima composición clcl lienzo que reprosi se portaban como quienes parecían, es decir, como ducimos. El to,¡ue de la oradJn demuestra que el joven artista éstas á Salvador Viniegra.
jie11te de grasra.
no se limita á ser fiel copiador de la naturaleza, puesto que al
JABON REAL
JABON
Comenzó la copla chillada por dos ca11/aoras, ron- reproducir sus bellezas, conviértese en poeta, componiendo una
DE
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cas ya de tanto jipear y cantar, y por cierto que no sencilla :í la ,·ez que sentida estrofa, reflejo de sus sentimientos, l"°m,nJ1J•s oor 1u1011JaJ,s meJ1i;.is pm la H111,u, de la riel 1 Belleu
Cal Color

L

IVZOLE~¡
-

recuerdo, tal ver, de impresiones de su niñez.

NúMERO

LA

477

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

107

Rodean á una persona, observó la modista... (pág. 1o8J

IIJM:POSIELEI
NOVELA ORIGINAL DE DON FLORENCIO MORENO GODINO , ILUSTRADA POR CABRINETY

(CONTINUACIÓN)

Anduvo vagando sin objeto por las calles ~ por los
muelles del río. Sintiendo necesidad de aire Y de
movimiento, había salido de su casa tres h?ra~ antes
de la en que debía presentarse en la del pnnctpe Lodiski.
.
El cielo estaba plomizo, el frío era intenso Y comenzaban á caer los primeros copos de una nevada.
Marcial no sentía la influencia de la atmósfera. A
veces se paraba en medio de un puente, c~mo para
ver los patinadores del Neva; pero :n realidad maquinalmente, absorto en sus pensam1en!?S·
.
«('l si la princesa me amase?, se d110 de sú?ito,
deteniéndose bruscamente. ¡Bah, esto no es posib.le!
¿Y por qué no? Y si no me arna aún, ¿no podrá quizá
amarme en lo sucesivo?&gt;&gt;
Y Marcial al contrario de todos los amantes, se
.
estremeció al' fijarse en esta idea.
¿Por qué causa? Más adelante la conocerá el
lector.
M .
«.De todos modos, continuaba pensando arc1~1,
yo tengo fuerza de voluntad; no trasp_ondré el lími_te
que me he fijado, y si llegan á la princesa las chispas del fuego de mi corazón, en_tonces... ¡oh!, entonces huiré y con mi muerte terminar~ todo.»
Una idea prosaicamente vulgar h1zole ~olver á las
realid'ades de la vida. Sintiendo que la meve humedecía su rostro miró al piso y pensó en que su calzado podía en;uciarse antes de llegar á la morada
del príncipe.
Se dirigió, pues, á ésta apresu~adamente; pero
como aún faltase una hora para la senalada por aquél,
detúvose, y entrando en un café. que allí había, se
sentó á una mesa frente á un reloJ.
Allí oyó dar las doce y media.
Pidió un periódico, mas no pudo leer.
Miraba al reloj, oía el ruido acompasado de la
péndola y también los latidos de su corazón.
.
¡Cosá rara! Hubiera querido detener la ~anecilla
que variaba lentamente de sitio en el horario, Y con
ella la marcha del tiempo.
.
.
Porque Marcial no sólo estaba impaciente_ c~mo
un amante, sino también agitado como el cnmmal
que va á perpetrar un delito.
Por fin sonó la hora.
A la primera campanada del rel~j! el joven se estremeció, poniéndose en pie como a impulsos de una
chispa eléctrica.
.
.
Luego salió del café, y trasponiendo en poc~s instantes la distancia que mediaba hasta el palacio del
príncipe Lodisk~ presentó su tarjeta al portero de la
verja del parque.

Este la transmitió al del palacio, y ~oment~s ~espués Marcial se hallaba en pres.enc1a del pnnc1pe,
que le examinó un ta~to sorprendido de su Juventud
y de la extraña expresión de su semblante.
.
El príncipe estaba sentado cuando entró Marcial,
y continuó del mismo modo. Luego, contestando
con una ligera inclinación de cabeza al saludo de
éste dijo sin ofrecerle asiento:
~¿Ya' sabéis el objeto con que os /1e mandado
venir.
,
d
- Sin duda, contestó Marcial, y he cre1do un eber de cortesía deciros yo mismo que _abrumado de
ocupaciones como estoy no me es posible encargarme de una nueva lección.
y dichas estas palabras, saludó y salió de la estancia, dejando al príncipe estupefacto.

que el corazón que se resigna al dolor y por consiguiente á la muerte.
·
Las cosas que pasaban á su vista se la figuraban
lejanas, y aunque comprendía el cortjunto, no se
daba cuenta de los pormenores: era como un sonambulismo triste.
Había en ella, en todas sus acciones y en todas
sus palabras, algo de la vaguedad de los cuerpos
próximos á disolverse.
- ¿Qué tienes, Elena?, decíanla su padre y su aya,
que la observaban con inquieta solicitud.
- Nada, contestaba ella; estos días no me siento
bien, pero ya pasará.
La princesa era altiva y recta: en su corazón no
hubiera hallado cabida el amor desdeñado; pero era
el caso que siempre que se asomaba á los cristales de
las ventanas de su cuarto (y se asomaba todas las
tardes) veía á Marcial pasar ó sentado siempre en el
IV
mismo sitio.
Un poco más allá del palacio Lodiski, y lindando
¿Qué causas habían motivado esta súbita resolu- ya con el campo, había una tapia que cercaba el pación de Marcial? Y digo súbita, porque desde e~ df:l tio de una fábrica de fundiciones de hierro, y en esta
anterior hasta el momento de presentarse al princi- tapia una puerta, siempre cerrada, con dos asientos
pe, el enamorado jo.ven, si bien después de muchas de piedra á uno y otro lado. Marcial solía sentarse
vacilaciones determinó acceder al deseo de Elena, en uno de dichos asientos, porque desde allí veía una
lo cual le pr~porcionaba una dic~a que _él ni siquiera ventana de la habitación de la princesa que daba al
podía imaginar. Con tal propós1t~ sahó de su. casa, campo.
con el mismo entró en la del principe, y atendiendo
Elena asomábase á los cristales de esta ventana,
á estas razones parece inexplicable su conducta.
desde donde veía y era vista por el infeliz joven.
Tal vez los modales poco corteses del príncipe y
Marcial estaba desconocido: su semblante tenía
su tono un tanto altivo hirieron la orgullosa fibra de una palidez espectral, y sus grandes ojos negros hanuestro héroe; acaso á estos motivos se unió algún bían perdido su inteligente expresión. Andaba con
penoso recuerdo.
lentitud y como vacilando, y los rosetones produci¿Quién puede sondear el corazón huma~o? . . . dos por la fiebre coloraban marcadamente sus enflaLo cierto es que Marcial salió del palac10 Lodisk1 quecidas mejillas.
en un estado que renuncio á explicar.
.
Merced á los cuidados de su viejo criado, su traje
El príncipe, sin darse cuenta de la brusca re~rada estaba aún limpio y aseado; pero sus cabellos caían
de aquél, transmitió á su hija las palabras_del Joven en desorden y su sombrero y calzado hallábanse en
profesor de idiomas y la propuso hacer aVIsar á otro. completa ruina. El pobre joven había perdido el sen- No, por ahora no, dijo Elena; estos días no ten- tido moral del amor, y no se cuidaba de presentarse
go gusto para nada.
ante la vista del objeto amado en aquel aspecto laY cuando se halló sola inclinó la cabeza, como la mentable.
flor dobla su tallo al sentir la influencia del ocaso
No trabajaba, no daba lecciones: había abdicado
del sol.
la vida.
Desde aquel día la princesa vivió ca~i ~utomáticaLa miseria comenzaba á devorarle, y á no haber
mente. Dejábase vestir, paseaba y as1st~a ~l teat~o sido por la caritativa solicitud de Mlle. Brian, que
por no contrariar á su padre y con una md1ferenc1a en connivencia con Bernardo le engañaban, hubiera
casi estúpida. Experimentaba los s!nto~as de esa muerto de hambre y de frío.
absorción febril, clasificada por la ciencia, que es la
La princesa le observaba desde su ventana y prevoluptuosidad del padecimiento. La desesperación sentía sus padecimientos. A veces, cuando ella se
tiene también su éxtasis, y nada hay más peligroso asomaba al cristal, él cruzaba las manos y la miraba

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LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

477

en éxtasis. Entonces Elena se retiraba al fondo de su
- La princesa está algo indispuesta.
habitación, y sollozando murmuraba:
Y al pronunciar estas palabras, Marcial sonreía,
- ¿Qué tiene?, preguntó Marcial con vehemencia,
«Pero ¡Dios mío! ¿Por qué no querrá venir?»
pero
con una sonrisa tan extraña, que hizo estremesin poder contenerse.
cerse á Mlle. Brian, que se dejó caer en una silla.
- Poca cosa, un resfriado: lo cual no obsta para
V
- Mira, continuó aquél, hablando casi al oído á
que se halle en situación grave.
su viejo criado, que le oía con doloroso estupor. No
- ¡Oh! ¿Qué decís?, exclamó el joven olvidando el
Una tarde la princesa hallábase en cama, ligera- disimulo.
digas á nadie lo que ahora vas á saber. Vinimos á
mente indispuesta. El príncipe había hecho avisar á
Rusia pobres, muy pobres: ya te acuerdas; tuvimos
La
princesa
tiene
una
de
las
peores
enfermedaMlle. Brian, y estaba con ésta en la habitación de su des: la del amor contrariado.
que vender al pobre Orión en el mercado, como si
hija.
hubiese sido el caballo de un chalán, y vendimos
- ¿La princesa ama? ...
Se aproximaba la semana de Carnaval, llamada en
también la sortija de mi madre y el bastón de mi pa- Sí, os ama á vos,
San Petersburgo la semana loca: reinaba gran animadre: todo, todo. ¿Qué habíamos de hacer? Era preciEl joven dió un salto en su asiento.
ción en la corte de Rusia, y el príncipe había recibiso seguirla, verla, adorarla ... ¡Ah! ¿Qué te decía yo?...
- Os ama, prosiguió la modista, y vos la amáis;
do invitaciones para varios bailes, entre ellos el que
¡Ah!, sí, te decía que soy rico, muy rico ... Ven condebía dar el gran duque heredero en su palacio de
migo, prosiguió tomando de la mano á BerAnitchkoff.
nardo y llevándole á su dormitorio. QuieElena, no obstante, no había hecho ningún preparo enseñarte mi tesoro para que te adrativo, y con este motivo, el príncipe, cada vez más
mires.
preocupado de la tristeza de su hija, hizo llamar á la
La modista siguió á ambos, llena de
modista.
dolorosa curiosidad.
Hacía un frío intenso. Mlle. Brian estaba sentada
al lado de una chimenea, en donde ardía un gran
VIII
fuego, y desde allí hablaba con la princesa, que como
sabemos hallábase en su cama.
Marcial abrió el cajón de una mesa que
El príncipe paseaba por la estancia, deteniéndose
había al lado de su cama, sacó un rollo
algunas veces para mirar por la ventana.
de papeles manuscritos, se detuvo á conUna de estas exclamó:
templarle con la alegría de avaro, y con
- ¿Qué sucederá? Se ha formado un grupo de genel rostro radiante de felicidad dijo:
te junto á la puerta de la fábrica.
- ¿Ves, Bernardo? Pues todos estos son
- Rodean á una persona, observó la modista, que
billetes del Banco de San Petersburgo.
se había acercado á la ventana; y luego, lanzando
¡Mira cuántos hay! Representan valores
una exclamación, añadió: ¡Gran Dios! ¡Es Mr. Marincalculables, más de cuatro millones de
cial!
rublos, y sin embargo, continuó Marcial,
- Mr. Marcial, dijo el príncipe al oir la exclama¿crees que soy un ambicioso vulgar que
ción de la modista. ¿Y quién es Mr. Marcial?
aprecio estos valores por egoísmo ú orgu- Mi pupilo; un joven español. .. Le entran en la
llo? No, mil veces no. He deseado ser rico
fábrica. ¡Dios mío! ¿Qué será? ¿Se habrá helado? ¡Oh,
para acercarme á ella, para rodearla de
señor príncipe!, permitidme; voy á ver qué le ha sutodos los goces, de todos los prestigios del
cedido. Volveré luego.
mundo, para elevarla un altar en donde
- Os aguardo, Mlle., dijo el príncipe; no dejéis
seré al mismo tiempo el sacrificador y la
de venir. Tenemos que hablar. Si necesitáis algo
víctima feliz; pero no creas que ella me
avisad inmediatamente.
ama por mis riquezas, sino porque ha comNo bien hubo salido la modista, el príncipe se
prendido el culto ardiente y sin igual que
acercó á la cama de su hija y hallóla privada de senla he consagrado; porque ha querido hatido.
cerme dichoso, porque ha hallado en mi
Cuando ésta volvió en sí, merced á los cuidados
¿La princesa ama?...
corazón tesoros más valiosos. Atiende
que se la prodigaron, medió entre padre é hija una
bien, Bernardo: voy á contarte mi última
larga conversación, interrumpida por la presencia de
entrevista
con ella. Tú juzgarás si aquella
mas yo no sé por qué capricho del uno ó del otro os
la modista una hora después.
alma puede descender á tan mezquinos deseos. Ayer
empeñáis en haceros desgraciados.
Al verla el príncipe, por medio de un ademán la
- ¡Ah, Mlle! ... , exclamó Marcial, y la emoción le por la noche la vi en este mismo sitio. Hacía mucho
indicó que no pasara adelante, y dejando á su hija impidió
tiempo que la esperaba, para enseñarla como á ti escontinuar.
ya más tranquila, condujo á Mlle. Brian á un apoEntonces la modista le hizo una relación de los tas riquezas. Ella las miró con desdén, y con su voz
sento cercano.
tan dulce y tan firme al mismo tiempo, dijo, mirándo- Lo sé todo, dijo el príncipe ofreciendo un asien- sucesos en que ella había intervenido. Esperaba una me con altivez: «¿Y es eso todo? ¿No comprendes la
explosión de alegría por parte de su huésped al saber
to á la modista. Acabo de hablar con mi hija.
felicidad sino en la opulencia?» Yo la interrumpí
- Supongo, señor príncipe, que al hablar de ese que los obstáculos entre él y el objeto de su amor temeroso, porque hay en ella algo que me impone:
iban
desapareciendo
poco
á
poco:
mas
cuál
(ué
su
modo os refiriréis á Mr. Marcial.
sorpresa al oirle suspirar, limitándose á decit con ¡Alma de mi alma! ¿Por qué me entristeces con esos
- Sin duda. ¿Qué le ha sucedido?
reproches? En cualquier estado á que me reduzca la
triste y desalentado acento:
- ¡Oh! Que empezaba á helarse.
fortuna,
siempre seré dichoso á tu lado; pero ya que
- ¡Imposible! ¡Oh! ¡Imposible!
- ¿A helarse?
el
cielo
me
ha hecho rico, ¿por qué despreciar sus
La modista le miró estupefacto, creyendo que se
- ¡Ah! Sí, señor, y á no haber sido por un trabaja- había
dones, que podemos emplear tan dignamente? Amavuelto idiota.
dor de la fábrica, que conoció los síntomas, á estas
da mía, esta noche pasada he tenido un sueño muy
Pretendió dar el golpe de gracia, diciendo:
horas estaría muerto.
agradable
que quiero contarte, pues quizá es un pre- A consecuencia de lo que os he contado, maña- Pero ¿cómo le habéis dejado?
sentimiento de los goces que nos esperan. Escucha
na recibiréis una visita.
- Ya enteramente bien. Apenas le hicimos entrar
la relación detallada de tan feliz sueño.
-¿De quién?
en calor, desde la fábrica, en donde le proporciona«Era una hermosa mañana de primavera, y, al sa- Del señor príncipe Lodiski.
ron los primeros auxilios, me le llevé á casa en mi
lir el sol bajábamos nosotros por la escalera de nues¿Del
príncipe?
coche, y allí le he &lt;;lejado al lado de un buen fuego,
- Sí; vendrá en persona á rogaros que deis á su tra quinta. En el patio nos esperaban muchos desporque no ha consentido meterse en cama.
graciados que te deben su subsistencia; uno te pide
- M:lle., es preciso que busquemos un medio de hija lecciones de inglés.
que
socorras á su madre que está postrada en cama;
- ¡Oh! ¡Dios mío, Dios mío!, exclamó el joven con
animar á mi hija: su estado me inquieta.
otro te ruega que nuestro intendente le baje el prela
mayor
exaltación.
¡Esto
es
más
de
lo
que
puedo
- Yo, señor, tendré una satisfacción en contribuir soportar!
cio de su arrendamiento en atención á lo escaso de
á ello, tanto por la señora princesa, cuanto por ese
la
cosecha; un padre te suplica le adelantes una peLa modista comenzó á temer seriamente por la rajoven digno de mejor suerte.
queña cantidad para eximir á su hijo de la suerte de
zón de su huésped.
- Pensemos, pues, Mlle. Según parece, hemos
soldado, y todos te rodean confiados; ninguno se didado con dos caracteres á cual más vidriosos y exrige
á mf, porqu~ saben que yo sólo soy el primero
VII
céntricos...
·
de tus siervos.
La conversación del príncipe y de la ·modista duró
»Tú los consuelas y accedes á sus ruegos, y en
A la mañana siguiente Marcial se hallaba efectimucho tiempo, y el lector comprenderá el resultado
medio
de sus bendiciones llegamos al sitio en donde
vamente en un estado de delirante exaltación.
de ella por los sucesos subsiguientes.
Mlle. Brian, avisada por Bernardo, subió á la ha- nos espera la alegre cuadrilla de nuestros monteros
bitación de su huésped, á quien halló con el sem- y ojeadores. La jauría, al verte, corretea y se acerca
VI
á ti saltando; tu yegua favorita piafa de alegría al reblante descompuesto.
cibirte en su gallardo lomo, y todos nos pon~os en
Apenas
reparó
en
ella,
ni
la
contestó
cuando
le
Aquella misma noche Mtle. Brian subió á la habimovimiento.»
tación de Marcial, al cual halló junto á la chimenea, dirigió la palabra, sino que viendo que Bernardo iba
á salir para avisar al médico, le detuvo cogiéndole
en el mismo sitio en donde le había dejado.
IX
Bernardo, el viejo criado, asustado aún á conse- suavemente por un brazo y diciendo:
- ¿TL1 también te vas, Bernardo? ¿También me
c~encia del accidente acaecido á su amo, cuidaba de
Marcial enmudeció un instante, como gozándose
dejas? ¿Quºé te he hecho yo para que huyas de mí?
alimentar el fuego.
en sus recuerdos, y luego prosiguió:
¿En
qué
he
podido
disgustarte?
¿Por
qué
me
abanA una seña de la modista salió de la estancia.
«Momentos después comienza la caza. El monte
donas, precisamente hoy, en que he de revelarte un
Mlle. Brian se sentó frente á Marcial.
resuena
con el galope de veinte caballos; el placer
gran secreto? Pero no, prosiguió el desdichado con
- ¿Os sentís bien?, le preguntó.
se retrata en todos los semblantes; se disponen las
voz
cada
vez
más
animada.
Tú
eres
bueno,
me
quie- Muy bien, Mlle.; gracias.
paradas, resuenan las trompas, se azuza á los perros,
res mucho, me has seguido á Rusia para morirte que
Hubo un momento de silencio.
parten olfateando el suelo.
quizá de frío, y vas á alegrarte de mi felicidad, pues
- Vengo del palacio Lodiski, dijo la modista.
»La
caza es una fiesta real, y cuando se hace conaunque hoy estoy triste, no sé por qué, soy feliz, mi
- ¡Ah!, exclamó Marcial.
tra
un
lobo
que ha diezmado los rebaños de las cerbuen Bernardo, muy feliz.
canías, es casi un deber; por eso tú, descendiente de

N ú?vlERO

LA

477

.
czares amas sus variados lances, sus pelos
antiguos .
!ón· por eso sueltas la rienda á• tu
l. os y su ammaci ,
igr a y acompana
• da por mí traspones 1as lzan¡as,
·a
yegu '
or las colinas, enaj~nada de gozo, o v1 angalopas
do en tup arreba tado entusiasmo. que eres la más
.
ás delicada de las mu¡eres ...
tierna, ladm ' me interrumpió ella, mirándome con
»Ama o mio,
h
. s
.
ue es un sueño muy ermoso, ma ...
ternura, cierto q
amos quintas ¡·aurías y caballos
ciso que pose
' . .
h
¿es pre l'
los sueños de tu imagmación? ¿No as
para rea izar
ez como yo con una casita blanca,
·ado alguna v ,
'
.
1
son bl
á la orilla del mar, no leJOS de a monm~y ª1~:•como un nido entre los á~bo~es? ¿No has
tana,
ocu I goces de una vida solttana consagrapensado
en os
I
t
·
l
en los largos paseos por e mon ei asp1da a amor,erfume de la clemátida y de la violeta,
r~nd~ e\ p 1de la tarde teñir de púrpura las crestas
v1en o e _so cos o endo el ruido de las esquilas le~e losl:t:nto' d:l leñador? ¿No te has sentado á
tnasill del río á la hora de la siesta, á la sombra
a
a sauces que se bañan en la linfa? ¿No has
de ods
migo las rizadas olas del mar en las ~osurca o cor.
, ·a
a gavio
h del estío en una barca rapi a como un
.
catNo has c~ntemplado desde allí la inmensidad d~
~os ¿cielos, el brillo de los astros, elevando tu ~lma a
randeza del que los creó tan hermosos? ¿No has
la g d moras de dulce sabor de entre las zarzas
arranca o
é? N
e
de los vallados ofreciéndomelas despu s ¿ o m
has leído en las'noches del invierno l_~s versos de los
poetas, hablándome luego de tu canno en un lenuaje aún más tierno que el s_uyo?.. .
.
g »·Oh luz de mis ojos!, la mterrumpí yo, ena¡enado de a'legría, besando sus manos, a~uellas manos
ue enloquecerían de amor á un artista tan luego
¿orno las contemplase. ¿Qué ~e hecho para merecer
tanta dicha, para oir de tus labios esas p~lab:as? ¿Qué
voz qué lenguaje podría expresar el mfimto amor
u; llena mi alma? ¡Ah! Me p~rece que todas las ca(icias de la tierra no son suficientes á hac~rtelo C?m•
prender ... Yo no me .creo digno
. de ser feliz contigo:
quisiera padecer, monr por tl .. .»
El ruido de una persona que se present? en la
puerta del dormitorio hizo enmudecer á Marcial, que
volviendo la cabeza, guardó precipitadamente el rollo
de -papeles en el cajón de la mesa.
,
.
Era un criado de Mlle. Brian que vema ~ dec1:la
que el príncipe Lodiski la esperaba en el piso ba¡o.
La modista entonces dirigiéndose á Bernardo, le
dijo en voz baja:
, .
á
- No os separéis de él. Voy á ver al pnnc1pe y
mandar que avisen al médico.

ºr

X

El príncipe Lodiski sufrió un rudo, golpe a~_saber
la causa del triste estado en que ve1a á su hiJa. Su
orgullo se resistía á transigir con aquellos obscuros
amores, y vaciló mucho antes de adoptar, una_ resolución. Pero adoraba en Elena, la cual hab1ale impue~to su omn(moda voluntad de niña mimada; conoc.1a
el tenaz carácter de ésta y se asustó ante las consecuencias de una pasión contrariada.
.
Así, pues, se explica pe~fectament_e su presenc1a en
casa de la modista. Quena gana~ tie1!1Pº( acceder al
deseo de su hija respecto á Marcial. hsonJeándose de
que el tiempo y sus reflexiones haríanla comprender
la inconveniencia de sus amores.
Mlle. Brian bajó á la sala de recib~, en d~nde esperaba el príncipe resignado ~ ver ~ Marcial, co~
pretexto efe que éste diera lec~i?n de mglés á Elena,
y cuando la modista le participó el __estado de su
huésped, se alarmó por causa de su h13a. .
Momentos después presentóse el médic? de mademosille Brian. iiabía éste curado á .!14arcial en su
pasada dolencia, y experimentaba hacia él la más
viva simpatía.
- Delira con riquezas, dijo el méd~co ~nterado ~or
la modista. Cree poseer tesoros: la ciencia ha clasificado esta faz de la demencia con el nombre de monomanía del or&lt;Tttllo· pero aunque los síntomas pareº de 'ver al paciente conve~ dn'a saber. '.
cen claros, antes
6 por lo menos deducir, las causas pred1sp?nen~es,
esto es, el origen más probable de su ena¡enación
mental.
Mlle. Brian entonces, con asentimi_ento del príncipe, le hizo una relación ci:rcunstanc1ada del amor
de Marcial hacia la princesa.
El médico reflexionó' algunos mómentos Yluego
dijo:
. - He hecho la obse~va~i?n de que en.la d::~b:
c1;i especialmente al prmc1p10 de la afección,
tie~en resultados maravillosos por medio de las gra~des emociones, y si por mí fuera pondría en práctica uno.
.
- ¿Cuál?, preguntaron á la vez el príncipe Y mademoiselle Brian.

109

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- La vista del objeto amado.
_¿Verá mi hija?
no
- Sí señor. Yo creo que en la loc~ra, aunq~e.
aparentemente, muchas veces hay les10nes organ_1~aJ
á las que conviene acudir con la mayor pronn u
'ble sobre todo si la locura es momentánea y papo_si ' ues por este medio se evita tal vez que se
sa¡era, P
• 'd t
labra
haga crónica si me es perm1t1 a es a pa
..
- Por m¡'parte, dijo el príncip~, ~-º hallo rnconveniente en que ese joven vea_ á mi h11a: ella le espera y yo he venido con ese obJet?.
h
mismo si
- Siendo así, repuso el médico, a ora
es posible: yo le acompañaré. .
Marcial
- Me temo, observó la mod1st~, que Mr.
no consienta.
.
- Trataremos de conseguirlo: ese ¡oven me aprecia Ahora veámosle.
h b' 'ó
Mlle Brian y el médico subieron á la ~ itac1 n
de Ma;cial, á quien hallaron sentado tranqu1larenJ!
junto á la chimenea, absorto, al parecer, en on
meditación.
d
·
Conoció á ambos, hizo _que Bernar o acercase sillas y dió la mano al médico.
. D
- He vem'do, diJ' o éste• á ver cómo estabais.
h
·d esel
de que entrasteis en convalecencia no e tem o
gusto de veros.
.
tó M
- Me hallo muy bien; mil gracias, contes
ar-

t ba alfombrado de petapices moscovitas y que es.a
ludo cuero dte Caefxfatr.emo en el mismo lado en que
A uno y o ro
,
h·
se hallaba la puerta, había dos grandes _c imeneas
tamencen d'd
i as, so bre cuyos mármoles, dcubiertos
Ib
d'
bién de cuero, y en dos colosales canll e a ros ar ian
varias bujías, velada su luz por pantadals. 16
' e
Entre las dos cerradas ventanas e sa n ve1as
un relo' de malaquita con esfera dorada._
.
Al 1lao de una de las chimeneas, casi tendida en
una butaca y puestos los pies en una banqueta, hallábase Elena con la cabeza apoyada en la palma de

cia~ Yo no sé qué he oído decir_ respecto á vos, repuso el médico. Creo que tratáis de volver á España.
- Por ahora no.
d
h
- Es que no sé de dónde he saca o yo que abíais heredado.
. .
¡
Marcial hizo un brusco m~vim1ento, y uego con
acento de infantil disimulo, diJo:
. - No, nada, amigo doctor; estoy tan pobre como
siempre, y no sé por qué he
de haber variado. No teng~
á mtdie á quien heredar, Y s1
entrasen aquí ladrones con
objeto de robarme, buen
chasco se llevarían.
y al decir estas palabras
miraba con inquietud hacia
la puerta de su alcoba.
_ Allí pretende tener los
billetes de banco, dijo la modista en voz baja.
_ Ya comprendo, conte~tó el doctor; y después, dirigiéndose á Marcial, repuso:
_ Mr. Marcial, venía á pediros un favor.
_ Cuantos queráis, amigo
mío. No olvido que tal vez
os debo la vida.
_ ¿Tenéis la bondad de
servir de intérprete entre una
enferma y yo? Ella no sabe
ni una palabra rusa, Y como
es una afección grave, necesito conocer los antecedentes.
.
. .
- Repito que estoy á vuestra d1sposici6n.
- ¿Tenéis alguna o~upación por el momento?
_ Absolutamente ninguna.
- En ese caso la casa de mi enferma está cerca,
tengo mi coche á '1a puerta, y si fuesels t~n amable .. :
-Ahora mismo, doctor. ¡Bernardo!, mi paletó y m1

1

:t~~~cipe

ª
Lodiski, en pie, vuel~? de ,espaldas á ~a
.
. aba á veces á su h13a y a veces hacia
ch1menea,
nur
la puerta del salón.
éd'
¡
Cuando se presentaron Marcial y ~l m ico, e
ríncipe se adelantó á recibirlos. Iba a ~abl_ar¡ P;ro
pá una sena
• del segundo' el cual ya hab1a
visto
·
h' a la
.
se
apartó
dirigiéndose
hacia
la
c
prmcesa,
,
.
· 1 imenea.
·meros
Marcial no conoció al príncipe, m en os pn
momentos reparó en Elena.
.
'
.
. m1'0, le di1·0 el médico,
- Amigo
. alh está mi enferma. Tened la bondad de aprox_1maros.
y se adelantó seguido de Marcial. .
Éste entonces vió á Elena, pero sm conocerla, á
causa de la tenue luz que se escapaba á través de las
pantallas.
¡
·d d M
La princesa, aunque esperaba a ve~i ~ e ar. 1 al verle no pudo reprimir un movimiento ner~~;o que la hizo ponerse en pie y luego volver á caer
en la butaca.
.
Marcial acercóse á ella y la conoció.. .
.
Hay una balada alemana en la que un saboxamto
errante se encuentra con el ángel de la montana por
donde atraviesa, y cruzando las man?s se queda en
éxtasis. Esto mismo sucedió al pobre ¡oven, que ante

Marcial Bernáldez de T oledo

aquella inesperada aparición reconcentró las confusas ideas que bullían en su ~ente en una sola: en la
contemplación de aquella criatura tan amada.
Lo olvidó todo, hasta el sitio en que se hallaba; é
inmóvil, aturdido, con el pecho levantado P?r la
emoción, con los labios entrea1?iertos, permaneció en
este estado durante algunos mmutos.
.
sombrero.
b · l éd' á
La princesa, no menos conmovida, tenía los OJOS
_ Avisad al príncipe, dijo por lo a¡o e ~ ico
Mlle. Brian. Decidle que prevenga á su h1Ja y que fijos en el suelo.
nos espere.

XII

XI

Un cuarto de hora después Marcial y el médico se
apeaban de su carruaje al pie de la escalera del palacio Lodiski.
El joven no conoció el sitio:_ha~ía estado allí una
sola vez, y en tal estado de agitación, que no le permitió fijarse en nada.
Eran las siete de la noche. Grandes cand:la~ros
de cuatro bujías cada uno alumbraban el penstilo Y
la escalera.
.
Un portero de librea hallábase al pi: de ésta, así
como también el mayordomo del príncipe, que precedió á los recién llegados.
.
Marcial, no obstante su abstr~cción, ~o pu_do menos de sorprenderse de aquel anst?crát1co luJo,
Atravesaron varias salas, todas bnllantemente alumbradas.
.
b,
Alzó el mayordomo el d?ble tapiz que cu na una
puerta y Marcial y el médico penetraron en un saloncit~, de cuyos lienzos de pared colgaban grandes

De pronto los alzó para mirar á M~rcial, el cua~,
moviéndose como un cadáver galvanizado al sentir
el dulce relámpago de aquella mirada, fijó los su~os
en todas partes como el que despierta de un_ sueno;
llevóse ambas manos á la frente con un rápido movimiento1 y dirigiéndose al médico, que estaba á su
lado y le observaba, dijo:
..
- ¿Qué es esto? ¿Cómo me hallo en este s1t10?
Porque el pobre joven en aquel momento ha?ía
recobrado la razón. El efluvio amoroso desprendido
de los ojos de Elena desvane~ió las sombras ?e su
mente, que salió como de un hl!1bo obsc~ro.
.
La princesa lloraba. El médico sonre1a con satisfacción observando con la perspicaz mirada de la
ciencia'el semblante de Marchtl.
.
..
- Amigo mío, dijo á éste, ?S ~aliáis_ en este sibo
porque el señor príncipe Lodisk1, ~ qmen os pr~_sento, desea que deis lecciones de mglés á su h1Ja la
princesa Elena.
( Co11/i1111arlÍ)

�IIO

L A ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

477
NúMERO

SECCIÓN CIENTÍFICA

LA

477

II 1

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lentamente por el vaso que ya no es preciso apretar,
y al cabo de un cuarto de hor~ veremos que el agua
ocupa aproximadamente la qumta parte del volumen
del vaso: el gas que queda es ázoe, y de ello podemos asegurarnos fácilmente; en cuanto al oxígeno, se
ha unido al fósforo, al azufre y á la madera de los fósforos para producir gases que en gran parte se han
disuelto en el agua.

QUÍMICA RECREATIVA, - LOS CUATRO ELEMENTOS
En sentir.de los antiguos, sólo existían cuatro elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Menos
afirmativos los modernos, confiesan francamente que
ignoran el número fijo de aquéllos: por de pronto
conocen unos setenta y esperan descubrir algunos
más, aunque bien pudiera suceder que el porvenir
les reservara una nueva sorpresa demostrando que
sólo existe uno.
En vano buscaríamos entre los elementos de los
modernos los cuatro por los antiguos indicados, amén
de que la palabra tiene hoy día muy distinto significado: en la actualidad damos el nombre de elemento
ó cuerpo simple á toda materia que no pueda ser
descompuesta, es decir, simplificada; al paso que en
la antigüedad los elementos eran más bien el símbolo
de los diferentes estados en que se nos presenta la
materia. La tierra era el tipo de los cuerpos duros,
resistentes, de potente cohesión, de los sólidos, en
una palabra; el agua representaba los cuerpos líquidos; el aire los cuerpos gaseosos, acerca de cuya constitución apenas hace dos siglos que se tienen nociones claras; y finalmente, el fuego sintetizaba el calor y
la llama, siendo para los sabios de aquellos tiempos
una especie de cuarto estado de la materia, más sutil, más fluido que el aire, pero á pesar de ello materia.
EL FUEGO. - Para dar una idea de las teorías que
acerca del fuego predominaban hace apenas un siglo, permítaseme citar un pasaje de un librito que
con el título de Erasto ó el amigo de la juventud se
imprimió en 1785. En él y bajo la forma de sencillas
conversaciones, un profesor enseña á dos niños los
elementos de las ciencias y, entre otras cosas, les dice:
«El fuego es un cuerpo, puesto que ocupa un espacio, que se dirige en todos sentidos y que al desarrollarse se mueve. La reflexión de este fluido producida
por lo~ espejos ustorios es una prueba de su solidez.
Por último, es pesado, ya que cuando se une en gran
cantidad á los cuerpos y con ellos se alfa aumenta el
peso de los mismos, aunque, á decir verdad, este aumento de peso puede proceder también de las partículas elementales del fuego que con él penetran en
los poros del cuerpo.» Después de haber emitido algunas ideas exactas acerca de la fusión de los cuerpos bajo la acción del fuego, añade: «Cuando los
cuerpos se han fundido, sus partes más sutiles, tales
como las acuosas y oleaginosas, se volatilizan, y al
disiparse en la atmósfera producen esos vapores que
se llaman exhalaciones. Esas pérdidas al evaporarse
llévanse consigo un poco de materia ígnea y forman
otra especie de fluido sensible y elástico que conocemos con el nombre de /zumo. Una vez reunidas las
moléculas de este último fluido constituyen una masa
ligera y rara que se denomina hollín. Pero cuando
estas partes se vuelven más volátiles y se elevan con
mayor abundancia llevándose mayor cantidad de partículas ígneas, forman lo que se designa con el nombre de llama, la cual tiene una atmósfera compuesta
especialmente de las partes acuosas que arroja de su
seno y que se elevan en humo, etc.»
Lavoisier, á pesar de su gran genio no pudo sustraerse á la idea de que el fuego era material, así es
que en el primer lugar de los cuerpos simples coloca
el calórico; y sin embargo él, que de modo tan ma-

LOS CUATRO ELEMENTOS.

-Análisi. del aire

gistral había determinado la composición del aire y
que había destruido la teoría flogfstica, sabía perfectamente que cuando se calienta en el aire durante
largo tiempo estaño ó mercurio, el aumento de peso
que se observa no proviene «de las partículas ele-

EL AGUA. - El agua tampoco es cuerpo simple,

ENFERMEDADES

GARGANTA

Jarabe Laroze

PASTILLAS DE DETHAN

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Desde hace mas de ,oaños el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la cJra.cion de las gastritis, gastraljlas, dol!)r••
retortijones de estómago, estreñimiento~ rebeldes, para facilitar
cligestion y para regularizar todas las funciones · del estómago Y de
los in~esLinos.

'4

J AR.A.BE

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

~

VOZ y BOCA.

PATERSON
ca BISIIUTBO MAGNESIA

Reoomendadu eonlra 101 Males de la Garganta,

htJ.Iulionea de la V 011, Inflamaolonea de la
Booa, Efeotoe pernioioaoa del Kero~o, Irt•
taolon que prodnoe el Tahaoo, J 1pec:11lmenle
i los Sñn PREDICADORES, ABOG.&amp;.DOS,
PROFESORES y CANTORES para facililar la
IDliolon de la v011.- P11CIIO : 12 R&amp;illl,

J

Reeomeodados contra lu .&amp;Jeootone■ del Elt6·
mago Falta de ApeUto, Dlgeetlonea labo•
rlo,au, Aoedlaa, Vómitos, Eructos, y C611ooa;
regularizan la■ Funciones del Eetómago '1
de 101 X-tinos.
Ex/tiren elrvtulo I llrm1 dt l . FAYAID•
A4h. DETIIAN, Farmaoentloo llll PUIB

.Ba:tgfr m d rottUo a trrma

a1Brom.uro de Potasio

.Adh. DE'I'H.t.N, Farmaoeutloo en P.t.llIS

DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es ~1 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coru:on,

VINO

la e Úe sia, histéria, migraña, baile de -~•-Vito, insomnios, conTU1.fion~s y tos de los uillos durante la dentíc1on; en una palabra, todaa
laa afecciones nerviosas.

LA RED METROPOLITANA DE PARÍS

Fábrica, Espediciones: .T.-P. LAROZE

Figs. I á 4. Uno de los procedimientos proyectados para la ejecución del Metropolitano de París. - Fig. l. Construcción
en excavación blindada de uno de los pies derechos. - Fig. 2. Construcción del segundo pie derecho. - Fig. 3. Construcción de la bóveda. - Fig. 4. Extracción de tierras y construcción del zampeado.

mentales del fuego que con él penetran en los poros
de esos cuerpos,» sino de uno de los elementos del
aire que vienen á fijarse sobre el metal.
Hoy día, gracias á los trabajos acumulados por
nuestros antecesores, vemos las cosas desde más alto
y no confundimos en una misma definición, como el
bueno de Erasto antes citado, el fuego y la llama, que
conocemos suficientemente y cuya esencia no tiene
para nosotros nada de misterioso. En cuanto al calor,
causa de la llama, sabemos que, pudiendo ser producido por frotamiento, por acciones químicas, por
la electricidad, es _una forma particular de movimiento.
LA TIERRA. - Sabido ya qué ha venido á ser el
fuego en las modernas teorías, veamos cuál ha sido
la suerte de los otros tres elementos de los antiguos.
La corteza terrestre está formada por los innumerables compuestos producidos por la unión de los setenta cuerpos simples actualmente conocidos. Por lo
que hace al aire y al agua, su estudio nos detendrá
más tiempo y nos permitirá adquirir nuestros primeros conocimientos de química.

EL AIRE. - Comencemos por un experimento, pues
nada hay como la experiencia para equilibrar las
ideas. Si desde la antigüedad ó durante la Edad media se hubiese puesto en práctica este precepto, no
hubiera sido necesario el transcurso de tantos siglos
para llegar al conocimiento de una porción de verdades que hoy nos parecen más claras que la luz.
Tómese una salvilla algo honda y llénesela de
agua: colóquese en el centro de la misma una botellita con agua también para que aumentando así su
peso toque el fondo de aquélla, y sobre esa botella
póngase la mitad de una cáscara de nuez llena de
una mezcla de limaduras de hierro y de flor de azufre en pesos iguales. El armatoste así formado (véase
el grabado) no debe ser muy alto, porque hay que
cubrirlo con un vaso, puesto boca abajo, que aprisiona cierto volumen de aire bastante para el buen
resultado del experimento. Si al día siguiente se mira
el vaso, se verá que el agua habrá subido en él len-

tamente, pudiendo seguirse con tirillas de papel de
goma los progresos de la ascensión: á los cuatro días,
poco más ó menos, el nivel de aquélla se habrá estacionado, y entonces con otra tirilla se marcará la
lfnea alcanzada, pudiéndose apreciar, por medio de
un aforo poco complicado, que el agua ocupa la quinta parte del volumen que antes llenaba el aire.
El experimento resulta un poco largo, pero no podemos quejarnos de esta lentitud, puesto que así obtenemos la composición del aire cuyo análisis habre·
mos hecho. Lavoisier para llegar al mismo resultado
hubo de calentar mercurio durante doce días.
Interpretemos ahora los hechos á nuestra vista
ocurridos. El aire que permanece en el vaso ¿ha con·
servado todas sus propiedades? ¿es aire todavía? ¿viviría en él un animal? ¿hallaría en él una llama alimento necesario para su combustión?
Para asegurarnos de ello pongamos agua en un
lebrillo, coloquemos en éste la salvilla con todo el
armatoste que sostiene y quitemos luego la salvilla,
con lo que la botella y la cáscara de nuez caerán en
el agua, quedando en nuestras manos el vaso cuya
abertura no deberá haber salido un solo instante del
nivel del líquido. Transvasemos el gas en él cante·
nido á otro vaso más pequeño, para lo cual sumergiremos éste lleno de agua y por la parte del orificio en
el agua del lebrillo, y hundiremos el grande inclinándolo debajo del otro de modo que sus aberturas es·
tén frente á frente: si entonces inclinamos el vaso
que contiene el residuo del aire sometido al experimento, se desprenderán _de él burbujas que pronto
llenarán el vaso pequeño. Y si introducimos en ese
gas una bujía encendida ó un insecto, aquélla se apa·
gará inmediatamente y éste no tardará en morir.
De modo que el aire, no sólo ha disminuido devo·
lumen, sino que, además, se ha modificado perdiendo
uno de sus principios, el mejor de todos, el que mantiene la combustión; este principio, eminentemer¡te
activo, ha sido absorbido por la mezcla de limaduras
de hierro y de flor de azufre, y también lo hubiera
sido por aquéllas solas, pero se hubiera necesitado el
transcurso de algunas semanas.
A este principio activo, que constituye la quinta

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�II2

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

pudiendo ser aislados con facilidad los cuerpos que la componen. Sumerjamos en un
vaso con agua los dos hilos conductores
fijados en los polos de una pila en actividad;
añadamos á esta agua la décima parte de
su volumen de ácido sulfúrico, y arrollemos
al extremo de los hilos de cobre dos pequeños hilos de platino, de dos ó tres centímetros de largo, que se alcen verticalmente en
el fondo del vaso y que cubri~emos con dos
tubitos de ensayos, llenos también de agua
acidulada. El aparato así formado es un voltámetro que, aunque un tanto primitivo,
puede servirnos para nuestro objeto.
De los hilos de platino se desprenden
burbujitas gaseosas que suben al extremo
superior de cada tubo, uno de los cuales (el
que cubre el hilo que comunica con el metal
de la pila) contiene muy pronto un volumen
gaseoso doble que el otro: si tomamos aquél
y volviéndolo con el pulgar lo acercamos á
una luz, arde con llama poco brillante y li,
geramente amarilla en los bordes; este gas
es el hidrógeno. En cuanto al contenido en
el otro tubo, no arde; pero si se introduce
en él un fósforo casi apagado, con un solo
punto incandescente, éste se aviva y adquiere gran intensidad. Este gas, que mantiene
tan vivamente la combustión, es el que ha
desaparecido en los dos experimentos sobre
la composición del aire: el oxígeno.
Esta descomposición del agua por la electricidad nos demuestra que aquélla está formada por una combinación de dos volúmenes de hidrógeno por uno de oxígeno, resultado que en otra ocasión podremos comprobar. Por ahora nos basta con haber probado
que de los cuatro elementos de los antiguos
ninguno responde á nuestra definición de
los cuerpos simples Este primer estudio nos
ha permitido, además, trabar conocimiento
con tres cuerpos gaseosos: el oxígeno, el hidrógeno y el ázoe, que son de capital importancia
en química y de los cuales nos ocuparemos en otros
artículos.
F. FAIDEAU

(De La Srie,ue 1/lmtrle)

NúMERO

477

dones primordiales que una red de ferrocarriles de esta índole ha de reunir en la
capital francesa: 1.0 , transportar los viajeros
según las direcciones generales de la circulación (una paralela y otra perpendicular al
Sena); 2.°, poner en comunicación la periferia
con el centro de la ciudad; 3.°, poner en comunicación entre sí á las estaciones de término; y 4.°, hacer el servicio de los mercados centrales.
La configuración del suelo de París obliga
á utilizar alternativamente el subterráneo y
el viaducto para las vías que constituyen la
red metropolitana, debiendo procurarse prodigar lo menos posible el viaducto á fin de
no destruir las perspectivas más pintorescas
y de no afear las hermosas plazas y calles de
la capital.
La tracción por estas vías se hará por medio de trenes ligeros arrastrados por dos máquinas potentes con gran provisión de agua
y condensadores para evitar el humo, con
una velocidad de 14 á 15 kilómetros por
hora; la ventilación se obtendrá por medio
de aberturas cerradas con válvulas equilibradas que abrirá el vapor expulsado por la chimenea.
Entre los procedimientos que se adoptarán en la construcción, figura el que reproduce nuestro grabado, y que consiste en
construir sucesivamente los pies derechos
en excavación blindada y luego la bóveda
en toda su longitud, quitando después la cimbra (fig. 3) y procediendo por fin á quitar
las tierras que quedaron entre los muros,
como lo indica la figura 4. Este procedimiento permite conservar la circulación de
los dos tercios de la calle.
En este proyecto todo está calculado para
que
tanto la rectificación del alcantarillado
LA ESTATUA DE I UIS I Dlt BAVIERA &amp;S LA \\'ALHALLA
como las demás canalizaciones subterráneas
que habrá que modificar se verifiquen en
perfectas condiciones.
LA RED METROPOLITANA DE PARÍ!i
Todo ello hace esperar que el gobierno francés
Este import:i.nte proyecto, sometido actuatmente á otorgará la concesión solicitada y que pronto tendrá
la aprobación de los poderes públicos de Francia, París un medio de transporte de que tan necesitada
responde perfectamente á las cuatro siguientes condi- se halla.

Las oa~ extranjeras que desean anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ART!STIOA diríjanse para. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.umartln,

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El Alimento mu reparador, unido al Tónico mu enu¡ico.

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reparador de las tuerzas vllales, de este fon,acaate por eaeeleaeia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la ..tnemta y el A.pocamtmto, en las Calentura,
'1 Con11a/.ecencta11 contra las Dtaf'f'eaa y las .A./eut&lt;&gt;Ma del Bstomago y los tntesttno,

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cuando se trata de desperiar el apetito, asegurar las &lt;llgest!ones, reparar las
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro"ñ,'.:
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y haga u,o de nuestro, (JRANOS de SALUD, pue, ello,

le curar.In de au con1t1paclon, le dar.In apetito y le
derolrer4n el sueño y la alegria. - As, mir.! Vd,
mucho, año,, disfrutando siempre de una buena salud.

PATE EPILATOIRE USIER
1

DE PARIS

no ti_tubean en purgarse, cuando Jo
nec~sItan. No temen el asco ni el cau8anc10, porque, contra lo que sucede coa
l~s demas purgantes, este no obra bien
smo cuando se toma con buenos alimentos
Ybebidas fortificantes, cual el vino, el calé,
el té. Cada cual escoge, para purgal'tle la
hora y la comida 111e mas le convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anuladoporel elect.o de la
buena alimentacion empleada uno
se decide fácilmente á volvér
'á empezar cuantas veces
sea necesario.

Participando de las propiedades del Iodo
Y del Hierro, estas Plldoras se emplean
e~peclalmente conira las E 11crofu1as, la
Ti1la y la D ebilidad de temperamento,
as! como en todos los casos(Pálldo11 coloret,
Amenorrea,&amp;.•), en los cuales es necesario

obraf sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó yaP.ara
provocar ó l'egu!arlzar su curso perlóclco.

~ ,/7.-?M

Farmareuuco, en Para,

~ R u e Bonaparte, 40
El todurode hierro 1mpuro óaltcrado
, , es un medicamento lnllel é Irritan Le.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas Pil,toras de :.Jl.a11ca,·,t,
exigir nuestro sello d e plata reactiva,
nuestra flrma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garanlla de la Un ión de
los Fa brica ntes para la ;eprcslón de la ralsiflcaclón.

NB

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~Joguo pehgro ~ara el cull1. 50 Añoa de :Éx.lto,ymlllms de 1e1Umonio1garanlizan la e"oiarla
e ~11:paraaoo. (Se vende en e1J11, wa la barba, J en t/2 01J11 para el bigoll! lig,ro¡, Para
101
, empléese el PlLl Y01t~•DUSSER, 1, rueJ,.J,•Rousseau, Parla.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria

I1a. D•

MONTüln v

Sn,ólf

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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