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ARO X

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BARCELONA

2

DE MARZO DE 1891

NÚM. 479

Con el presente mimero repartimos como obse.q uio á nuestros suscript~res una reproducción en colores del cuadro al óleo
de D. José M. Marqués UNA CALLE DE 'GRANADA

LA RECOMPENSA DEL TRABAJO, escultura de D. Antonio Farera

�LA ÍLusTRACióN ARTísttcA
SUMARIO

Texto. - llf11rmuracio11es europeas, por Emilio Castelar. Estulios de alg1111os cllebres pintores. Artículo ilustrado con la
publicación de los grabados correspondientes á dichos estudios, dando principio en ~l presente número y continuando
en los sucesivos. - SECCIÓN AMERICANA: Sa11tiago de Chile,
por Eva Canel. - Noticias van'as: Los ferrocarriles del globo.
- Tabaco de papel. -Nuestros grabados. - ¡ Imposible! (conclusión). Novela original de Florencia Moreno Godino, ilustr:ida por Cabrinety. - SECCIÓN CIENTÍFICA:Qulmica recreativa. El oxigeno, por F. Faideau. - Adivinación 11 tra11Smisió11 del pensamiento.

Grabados. - La recompensa del trabajo, escultura de don
Antonio P:irera. - U11 111mdigo, cuadro del Sr. Dlaz Molina,
de Almcrfa. - Can'cias maternales, cuadro de Krng, grabado
por Baude. - Labra11do el campo, dibujo de D. Laureano Barrau. - El cerro de Sa11la Lucia, m Sa11tiago de Chile. - La
muerte del primer Orange, cuadro de W. Lindenschmidt. La muerte de Cleopatra, cuadro de Juan Collier, expuesto en
la Royal Academy de Londres. - El oxigeno: Fig. 1. Procedimientos para agujerear el tapón y encorvar el tubo de cristal. - Fig. 2. Combustión en el oxigeno de una aguja de coser. - Fig. 3. Recipiente de oxigeno para la industria. - Figura 4 Recipiente para las farmacias y los laboratorios. l''ig. 5. Agua oxigenada de mesa. - Fig. 6. Agua saturada de
ox(g~no á presión. - Fig. 1. La señorita Luda de Gentry
adivmando el pensamiento. - Fig. 2. Adivinación de una
carta. - ~ig. 3. El péndulo misterioso. - Fig. 4. Telepatía
de una niña. - Estudio del pinJor Fra11cisco de Lenbac/1.

va al teatro de la Opera y puede decirse que ha emigrado; nadie le conoce, y si le conocen personalmente, hadie conoce su vida. Sin embargo, el baile de la
Opera constituye todo el Carnaval de París. Lo más
notable del baile es lo que llaman el Foyer. Si yo
quisiese definir con una sola palabra este salón le
llamaría el Bazar. Dicen que allá en las ciudades de
Oriente, donde el islamismo impera, existe un mercado de mujeres para llenar los harenes. Allí las negras abisinias de blancos dientes, diestras en apercibir los pebeteros, preparar el café y man~jar el abanico de cisne; allí las árabes de tez morena, ojos profundos como abismos de amor, trenzas negras cual
una corona de azabache, con la cabeza caída sobre
el pecho como la rosa que se marchita sobre su tallo
á los besos del sol; a!U la joven georgiana, tipo de
una hermosura tan perfecta como la hermosura de
las estatuas antiguas y más apasionada; allí todas las
mujeres recogidas por los piratas á orillas de los mares ó por los bandidos en el seno del desierto, y que,
en telas vistosas envueltas, con sus áureas argollas
en brazos y pies, aguardan resignadas, como si todo
sentimiento hubiera de ellas huído en la tristeza de
su desgracia, á que el comprador las ajuste y las
lleve á ornar los palacios y divertir los ocios de algún gran señor, al cual darán placeres que no podrán compartir, ¡pobres avecillas!, en sus doradas
jaulas.
II

MURMURACIONES EUROPEAS
POR

DON

EmLIO CASTELAR

El Carnaval, - Los fr:inceses y I:,. música :ilemana: la dramática
de Wagner. - Bismarck y Guillermo II.-Una boda notable.

I
Hemos pasado las Carnestolendas. Y después de
h~berlas pasado, _hase convenido en que, aeo por
ano, decaen semeJantes fiestas, En Madrid no hay
quien olvide las de ayer, y al compararlas con las de
hoy no se duela del triste decaimiento á que llegamos e~ ca~et~s, máscaras y bromas. Pues aún peor
~n Pans. Dia_n? hay allí que imputa con toda formalidad á los mm1stros el propósito de impedir las masc~radas con 71 objeto de que no los zahieran en caricaturas vociferadoras y ambulantes. Cierto: el Carnaval ha decaído mucho en Madrid y mucho más en
París todavía. ¿Qué remedio tiene todo esto? El Carnaval de ~a~ís no es el Carnaval de Roma que Dumas descnb1ó en el Monte-Cristo ni el Carnaval de
Vmecia que Paganini ha llevado ~n las cuerdas de su
violín por el mundo. Hay ciertas fiestas incompatibles con las ~iudades populosas, donde todo se obsc~rec_e; ~ay ciertos goces incomprensibles donde la
vida md1vidual se pierde por completo en la colectiva, ~orno los ríos en el mar. El Carnaval era una especie de _excep~ión puesta por la ley de la costumbre á la vida ordmaria en las ciudades antiguas. Cada
máscara parecía un Pasquino· cada broma una sátira, ó si se quiere, un libelo. El objeto de tal fiesta
era, no sólo divertir la vista con el color del traje y
ena~decer la sangre con el movimiento del baile, sino
castigar los pecadillos de la vida con la libertad de
crítica_ y examen. El amante ingrato, el marido infiel,
1~ i:nu1er burlo~a, la amiga chismosa, el jugador, el
v1c1oso, ya sabian que el Carnaval todos los años les
guardaba su correspondiente castigo en palabras duras Y en bromas pasadas. Pero en estas inmensas
ciudades donde todo el mundo se pierde en las muchedumbres anónimas, en las tumultuosas olas de
gentes que aparecen un minuto sobre la superficie
y desaparecen con igual rapidez por los abismos·
aquí, donde nadie se conoce, donde al volver la es~
quina comienza una vida nueva, ¡oh! es imposible
que ~l Carnaval tenga el hechizo de las cultas, de las
ar~í~ticas. de las pequeñas ciudades antiguas. ¿Cómo
criticar al que no conocéis? ¿Para qué empeñaros en
d_escubrir tras la máscara un rostro que después de
visto os ha de ser desconocido, apareciendo siempre á vuestros ojos como una careta? El Carnaval me
recuerda aquellas fiestas de los pueblos asiáticos
d?nde los criados se asentaban á la mes~ y eran ser~
v1dos por sus dueños; me las recuerda en el sentido
de que las costumbres se cambian, y la conversación
toma, al pasar por la boca de la careta, una libertad
infinita. Imposible realizar nada de esto en París. La
gracia parisién, universalmente celebrada, no chispea
en el Carnaval. Todo lo que recogiera yo de particular
en un salón donde pasara una noche entera atento á
las chispas del ingenio francés, todo fué oir llamar á
un pálido, tísico, y á un moreno, mulato. El parisién
que ha pasado cincuenta :i.ñ0s de su vida en P:i.rís

Ya que hablamos del Teatro de la Opera en París,
mentemos que no ha podido su empresa, por patrióticas resistencias de los parisienses, cantar allí Lo/1engrin. En efecto, antes, mucho antes de que los odios
contemporáneos entre Alemania y Francia hubieran
estallado, París no comprendió el Tan/1ausser. Y no
lo comprendió, porque un género nuevo de música,
por bello y perfecto, jamás cautiva el oído, y menos
el corazón de los oyentes, en las audiciones primeras. Tanhausser fué silbado. El innovador herido no
perdonó tal agravio y llegó á holgarse con las desgracias nacionales de aquellos que le agraviaran. Por
esta razón las óperas suyas no han podido cantarse
de modo alguno en París, no obstante los esfuerzos
empleados por sumos artistas para que se cantllsen.
Mas un empresario se ha liado á su cabeza la manta
y ha puesto en Rouen la ópera defendiendo á los franceses por su propia dignidad. Aquella población del
Norte, muy sesuda, la escuchó con respeto, y muchos
entre los escritores de los que gritan contra la representación en París acudieron solícitos á la representación provincial. En esto ven algunos un buen paso
dado hacia la reconciliación artística entre alemanes
y franceses. Con tal motivo se han recomenzado los
juicios acerca de Wagner y se han dicho mil extrañas especies. Yo no creo repelan los meridionales, y
menos entre los meridionales el pueblo francés, la
música de los germanos con repulsión instintiva é
irremediable. No hay sino recordar cómo aplauden
el Don Juan, de Mozart, los Freichustz, de. Weber,
el Fidelio mismo de Bethoven, para penetrarse de tal
verdad. Pero el gran maestro último de Alemania,
no sólo intentó una revolución en la ópera, intentó
una revolución en el drama. Recordando cómo las
flautas y las cítaras y los coros auxiliaban al teatro
griego, ha querido que la complicada y maravillosa
orquestación de nuestros días auxiliase al teatro suyo.
Así, acercó todo cuanto pudo á la ópera el drama, y
todo cuanto pudo el drama también á la ópera. Por
vez primera el autor lírico aparecía también como
autor dramático y componía solo una obra que pide
generalmente la cooperación de dos autores. Mas no
para en esto la dificultad grandísima de comprender
al poeta músico: su inspiración se nutre de Alemania y sólo de Alemania. Como la cantera del Pentélico dió mármoles á Fidias y Praxiteles, dió tragedias al teatro heleno la epopeya homérica; y como la
epopeya homérica dió tragedias al teatro helénico,
el poema caballeresco y católico de la Edad Media
germana, conocido con el nombre genérico de Niebelunghen, ha dado todos sus argumentos al eximio
compositor y dramaturgo. Imposible comprender
Agamenó11, ljigenia, Oresfes, Ayax, ignorando la epopeya homérica; imposible comprender Lolungrín,
Tanhausser, Parsifal y tantos otros, ignorando la
epopeya germánica. En el prototipo, en el arquetipo
de Padedur están vaciados todos á una los tipos de
sus óperas. Contemplad al caballero y veréis en él
toda la poesía caballeresca de los siglos medios alemanes. Padedur corre de región en región y llama
de puerta en puerta, no para ejercer los afectos repulsivos ó combatientes de su naturaleza moral, sino
para ejercer los afectos atractivos ó amorosos. Mas,
de paso, encuentra por su buena estrella un rey pagano, y lo desarma y desarzona sin exigirle más que

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479

los acatamientos y homenajes al soberano Arthur, en
cuyos ejércitos se había por propia voluntad alistado.
Y andando, andando, sorpréndele un enorme nevasco, el cual cubre la tierra toda con su blanco sudario.
Y sobre aquel nevasco vuela una paloma tan blanca
de suyo como los ampos ext'endidos por la inmensidad,
y tras de la paloma un gavilán obscurísimo y siniestro,
representación éste del odio, y aquélla del amor universal. Y en efecto, las garras del ave carnicera se clavaron
á una en el pecho y en el vientre de la inocente avecilla triste y amorosa. Una mancha de sangre roja se
tendió y difundió sobre la nieve alba, reluciendo con
gran relucimiento. Padedur hubiera dad~ la existencia por aquella pobre victima y combatido á muerte
con aquel horrible vencedor. Así penetraron las revelaciones tiernas del amor en el alma embravecida
del guerrero. Y llevóle tal amor en sus alas al cielo,
y del cielo descendió un milagro verdadero, merced
á cuya virtud el amoroso encontró nada menos que
un trono altísimo, y en el trono altísimo nada menos
que una esposa ceñida con manto de armiño y coronada con diadema imperial. Pero esta aventura no
impide ni obsta de ningún modo á sus aventuras. El
destino lo llamaba con repetidos llamamientos á la
conquista del gran palacio de las Maravillas, y tenía
que obedecer al destino. Dirigióse, pues, enteramente solo á este lugar de misterios, donde había de tener los más terribles encuentros, como si bajara en
aquel instante al pudridero de los muertos y al infierno de las sombras. Ningún mortal se atrevía de
suyo á penetrar allí, porque todos quedaban como
petrificados de terror dentro de la triste caverna de
horrores. Padedur se atrevió. A la llegada vió un lago, y en el borde un ciervo que bebía las aguas, y al
beber, de tal suerte las envenenaba que morían á
una todos los peces. Padedur mató al ciervo. Entró
luego dentro del castillo y encontró un ajedrez, cuyas
piezas combatían las unas con las otras por sí solas.
Padedur se sentó al juego y movió las piezas en competencia con aquel jugador fantástico, pero tan desgraciadamente, que sin remedio ni apelación perdió.
Irritado en su amor propio por haber perdido, como
suelen todos los jugadores de ajedrez, Padedur dió
un puntapié al tablero. Y rodaron las piezas por el
pavimento, cuya superficie se abrió en mil grietas, á
guisa de volcán, cediendo paso á un gigante horrible y extremado, quien con voz estentórea le dijo
cómo tenía que proceder para cumplir su destino y
desencantar á tantos deudos allí encantados. Y después del gigante penetraron cuatro fantasmas en la
estancia donde Padedur estaba, con cuatro lanzas,
de cuyas flechas caían cuatro gotas de sangre, que
al caer ¡oh! resonaban todas con horrible resonancia.
Y en efecto, desencantaba de terribles encantamientos, por cuya magia estaban convertidas en piedras
frías muchas doncellas de la familia de Padedur y
en árboles carbonizados muchos hombres, quien tuviese valor para vencer á las brujas de los alrededores; brujas vencibles, no ciertamente por el filo de
las armas, por el poder de los conjuros, cuyas fór •
mulas no podían hallarse de ningún modo sino dentro de la terrible caverna de horror, á la cual había
que ir venciendo y dominando á todo un ejército de
sobrenaturales sombras. Padedur cogió su gran espada, y comenzó á blandirla con furor. Tod9s los
demonios del infierno se conjuraron en su contra.
Murciélagos, cuyas alas parecían paños fúnebres; lechuzas, cuyas retinas petrificaban de horror; animales fantásticos, cuyas garras se clavaban á una en todos los poros de vuestro cuerpo; endriagos de colosales dimensiones, vestiglos de bocas tan grandes
como abismos, duendes chillones y estridentes, genios con espadas de fuego, ejércitos de sombras quisieron cerrarle con furor el paso, de igual suerte que
se lo habían cerrado á tantos caballeros heroicos.
Pero Padedur comprendió en seguida que todos aquellos fantasmas no podían destruir á quien no podían
amedrentar, y que su fuerza mayor consistía, no tanto en el propio empuje, como en el terror de sus perseguidos. Y siguió adelante, aunque los aullidos le
tronaban las orejas y los rechinamientos de dientes
le hacían estremecerse en su interior, y las espadas
de fuego le quemaban las carnes ó le cegaban los
ojos, y los ejércitos sobrenaturales caían con horro•
roso estruendo sobre sus espaldas, y la tierra se abría
bajo sus pies mostrándole un infierno inacabable de
tormentos y de dolores. Pero había con suma facilidad averiguado cómo el secreto de llegar hasta la
cueva se hallaba en la resolución de ir, é iba sin detenerse un paso ni vacilar un minuto, creciendo en
voluntad á medida que crecía en terror. Y así llegó
á la caverna medio muerto; pero llegó cuando ningún mortal había llegado, y leyó la fórmula sacramental cuando ningún otro mortal la había leído.
Con sólo verla y decirla en voz alta estaba conseguido el efecto mágico. Y así es que apenas la dijera,

NúMERO

LA

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cuando volaran las brujas en todas direcciones. Y apenas habían volado las
brujas en todas direcciones, cuando se
suspendieron los encantamientos en todos sentidos. Y apenas habían suspendido los encantamientos en todos sentidos,
cuando sonó una música deliciosa por
todas partes. Y apenas sonó la música deliciosa por todas partes, cuando
los árboles carbonizados dieron paso
á gar~ones apuestos, vestidos de ricas
preseas y perfumados con aromosas esencias, así como las piedras frías á doncellas de arrebatadora hermosura y de melodiosa voz. Aquellos coros de fantasmas
desencantados y devueltos á su ser humano rodearon á Padedur y le dijeron
que por obra y gracia de su valor había
conseguido el premio de los premios, el
honor de los honores, la ventura de las
venturas; es á saber: la custodia del santísimo Graal. Era ésta la copa que llevaron los ángeles encargados de verter la
vida en lo vacío el primer día de la creación, al sonar la palabra divina y creadora sobre los espacios desiertos. Guardada
en los cielos, después de la creación de
las cosas, iban allí á beber la vida las
ideas, que en cuanto libaban tal increíble
licor parecían eternas ó increadas. Esta
copa, retenida y guardada en el cielo,
bajó al mundo en la noche del Sacramento Eucarístico. En ella, más reluciente
que todos los astros del cielo infinito, bebieron los apóstoles reunidos con Cristo
en la cena el vino nuevo del Evangelio
y sus verdades. En ella recogió Josef de
Arimatea sobre el Calvario y al pie de la
Cruz toda la sangre que caía del divino
costado, y por lo cual copa de tanto ptecio tenla la virtud religiosa de inmortalizar á cuantos la poseyesen. Josef de Ari- 1
matea la llevó á los dominios del rey
Arthur, quien la depuso en una montaña
misteriosa, por la cual no hay caminos, pues solamente se tocan sus cimas inaccesibles con prodigios,
como los p~odigios hechos por Padedur, y rec0nocidos del Umverso mundo, y anotados en el cielo inmenso. Padedur llegó y encontró una milicia de
guerreros inmortales, todo. vestidos de blanco y cruzados de rojo y ceñidos de luz esplendente y armados con lanzas de oro. Al verlos, tras tantos siglos
transcurridos de la muerte de Cristo, jóvenes como

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lado le tendrá en la tierra todo el tiempo
que la tierra dure, vivo, pues sin _e_l custodio no podría la copa estar en sitio tan
bajo como en nuestro suelo, y sin la copa no podría vivir planeta de suyo tan
quebradizo y enfermo como nuestro ~rágil planeta. He ahí el argumento capital
de toda la dramática wagneriana.
III

UN

MENDIGO, cuadro del Sr. Díaz Molina, de Alruería

en los días mejores de su vida, Padedur ¡oh! reconoció en ellos á los misJDOS ángeles que habían llevado por los espacios la vida escanciada en los manantiales eternos y la habían vertido en los abismos
insondables. Padedur tomó, pues, por virtud maravillosa de sus hazañas y en premio á ellas, el regio
cargo de custodio del santo Graal, depositado en los
dominios del rey Arthur; lo que de un lado le dará
dominio perdurable sobre muchas almas, y de otro

CARICIAS MATERNALES, cuadro de Krug, grabado por Ilaude

Ya que hablamos del drama sublime,
hablemos también de la comedia chocarrera. Un acontecimiento literario de mucha gracia hoy hace reir á Europa entera y hará también reir á todos los continentes del mundo si llegan á saberlo.
El maestro expertisimo, el canciller Bismarck, y su inexperto discípulo, el emperador Guillermo, andan á la greña. El
primero lanza con premeditación la prensa germánica sobre aquel á quien debe
llamar de hinojos por obligación soberano señor; y el segundo suelta los cómicos y las teatrales sátiras con crueldad
sobre la persona del estadista eminente,
á quien llamaba guía y ministro por excelencia en tiempos no lejanos. Ya que, á
sus años y á sus desengaños, el canciller
ha decidido echarlas de periodista y reporter sin escrúpulo, el emperador ha
decidido sin reserva ni continencia ninguna echarlas de autor y de actor cómico. ¿Le critica Bismarck en la prensa?
Pues toma su correspondiente desquite
y critica en el teatro á Bismarck. Así, ha
muy pocos días representaba un autor
palatino cierta comedia cuyo argumento
estaba sacado de los tiempos y de las historias del Gran Elector. Sin embargo, estos tiempos y estas historias parecíanse
á la manta puesta sobre un cuerpo cualquiera cuando se le apalea, con el fin
de decir que los palo3 van á la urdimbre
de lana y no á los hu.esos vivos. Los tie?3pos qel
Gran Elector son los tiempos ~hora comentes: un
primer ministro que se ~ete por do~de no le_ llaman en la Comedia palatma es el mismo canciller
en persona y su ambicios~ política; el rey, so~etido
un tiempo á ese primer m1mstro, y luego ~mancipado
hasta despedirlo, primero fuera del gobierno Y. luego fuera del reino mismo, no es otro que Guillermo II; y todos los diálogos, coloquios y escenas resul-

�LA

ILUSTRACIÓN ARTlStICA

NúMERO

479

tan fotografías de los hechos contemporáneos y CO· una corona de remordimientos; los ayes de los pue- dor de su talento. Algún capricho ó tendencia pecurrientes sin disfraz ni disimulo: Para que nada falta· blos sacrificados, de las naciones heridas y enterra• liar de espíritu le inducirán tal vez á rodearse de obse á la fiesta, señalóse la primera representaeión una das; la esterilidad horrible de la guerra, la impoten- jetos enteramente extraños al ramo del arte que crea,
tarde cercana en que había por deberes del cargo de cia absoluta de la conquista¡ y de esta suerte, hubie- como en el caso de un conocido pintor de marinas
ir Guillermo á Potsdam; y se puso en los carteles ra dejado, con el arrepentimiento, el seguro antídoto que tiene la manía de coleccionar armaduras; pero
cómo se retrasaba la hora del festejo para que pudie- á los errores, que como deletéreos miasmas se le- esto es una excepción.
se la Imperial Majestad presenciarlo desde su co- vantaban de los campos desolados de sus batallas.
El adorno de un estudio es casi un deber del
mienzo y presidirlo. Fué Guillermo y aplaudió mu- Ved cuanto hace ahora Bismarck en su destierro, y pintor para con el público, y los de todo el mundo
cho. Pero el público no estuvo de igual humor y no veréis que también á él, como á Napoleón, lo ha em- deben servir de criterio acerca del gusto personal é
quiso reir cuando el emperador se reía, bien al revés pequeñecido la desgracia; pero Guillermo no tiene individual, antítesis del decorado de los edificios y
de los chinos) quienes, así que su dueño y señor es- derecho á poner esta desgracia en solfa sobre un tea- monumentos, que corre á cargo de las corporaciones.
tornuda, ellos estornudan también. Bismarck no ha tro de Berlín.
El gusto individual de un ministro de Bellas Artes
sabido llevar su desgracia con calma y dignidad. Se
se refleja en las construcciones que se hacen bajo su
IV
parece mucho en el destierro de su quinta hoy á lo
dirección en el mismo grado que la individualidad
que fuera Napoleón en su destierro de Santa Elena.
Dejemos esa tragedia y vamos al idilio. Los ester- de un pintor se refleja en su estudio.
La posición del césar en la isla fué verdaderamente coleros donde Job se plañe, y el Cáucaso en que forPocas aficiones hay más agradables que la de cosolemne, trágica. Después de haber recorrido victo- cejea Prometeo, y el Yuste de Carlos I enterrado leccionar, por ejemplo, libros, pinturas, impresos,
rioso toda Europa; después de haber improvisado un vivo; y la isla de Santa Elena, potro para Bonaparte; artículos ú otros trabajos. Las horas del día parecen
trono entre el choque de dos siglos semejantes á dos y la prisión de Estado, tormento para Bismarck, se más cortas y tienen mayor interés; lll. afición se aligrandes olas de ideas henchidas por los huracanes juntan en la vida y en la historia de continuo á flori- menta por lo que se adquiere, y por la adquisión
de la revolución; después de haber borrado bajo las das, esperanzadas, tiernas bodas, muy semejantes al viene el conocimiento. Las primeras compras de un
herraduras de su caballo los límites de las naciones; nido que aguarda sus polluelos y al botón que pro- pintor suelen ser de los objetos que por lo pronto
después de haber llevado tras su carro, cuyas ruedas mete sus rosas y al preludio que prepara su cántico necesita; después busca lo que puede hacerle falta en
se hundían materialmente en montones inmensos de y al crepúsculo que anuncia su día. La nietecilla de un día lejano; y así, adquiere objetos preciosos simcadáveres, los reyes jadeantes; árbitro de los destinos Víctor Hugo y el hijo de Daudet se han casado por plemente porque le agradan.
del mundo muchos años; capaz de destruir las obras amor. Benditos una y otro sean, para que perpetuaEn este artículo y en los que seguirán nos propode la naturaleza y de los tiempos, iba el desgraciado mente se amen y conserven recuerdos sacratísimos nemos visitar primeramente los estudios de algunos
á encerrarse, custodiado por su implacable enemigo, en el hogar, ara y altar y templo de los amados abue- pintores notables de la escuela alemana de Munich,
el pueblo inglés, en árida tropical isla, bajo cielo de los. ¡Parece imposible!; pero el poet1 que cruzaba de y compararlos después con varios de los ingleses,
fuego, rodeado por la inmensidad de los mares que un vuelo el espacio infinito, y con dos aleteos conse- comenzando por el de
lo celaban, COl!lO si fuera un dios destronado, tenien- guía ponerse allá en las cumbres de lo ideal, converdo por espectador de su desgracia al mundo entero tíase luego hacia las cunas y las arrullaba con terFRANCISCO DE LENBACH
y por confidente de sus últimas ideas, de sus últimos nezas de madre. Tras una epopeya que tenía por
actos, de sus últimos dolores, á la posteridad y á la protagonista el Dios creador y por escenario la eterEste artista se parece por muchos conceptos á su
historia. Un hombre mayor que Napoleón, uno de nidad insondable, reducíase Víctor Hugo á contem- colega inglés Sir John Millais. Lenbach es el retraesos mortales cuyo genio ni se ensorberbece en la plar la infancia y metía sus alas de águila dentro de tista de Alemania por excelencia, y sus pinturas, repróspera ni se abate en la adversa suerte, hubiera las jaulas del canario y del jilguero. Aquel Titán ca- presentando á hombres eminentes contemporáneos,
comprendido pronto la majestad que tenía toda paz de apurar el éter á tragos, después de haber visto son tan bien conocidas, que nos bastará referirnos á
aquella desgracia, el terror sublime que podía inspi- cómo brotaba el primer sol en la primera mañana de ellas ligeramente. Dos de sus últimas creaciones fuerar toda aquella tragedia aceptada coa resignación, nuestro Universo) entrábase por el jardincillo de los ron Mr. Gladstone y el Papa León XIII. Lenbach
sufrida con la primer virtud de los grandes caracte- rosados y rientes chicuelos, á pedirles agua del arro- retrató al príncipe de Bismarck muchas veces, y una
res y representada con la primera dote de los gran- yuelo en los huequecillos de sus blancas manecitas. de las últimas en la forma que nuestro grabado redes artistas, con sencilla naturalidad. Quizá se hubie- No hay epitalamio alguno en las letras antiguas y presenta en el estudio del artista, sala espaciosa en
ra condenado á silencio, como estaba á inacción modernas comparable al trazado en la iglesia el día que parece haberse buscado la comodidad más bien
condenado, dejando la palabra á la historia y some- que se casó allá por el año cuarenta y tres la hija que la ostentación. El estudio de Lenbach está lleno
tiéndose á su sentencia. Quizá hubiera escrito un tes- mayor. Nada tan humano y tan verdadero como de objetos curiosos; pesadas cortinas ocultan en partamento político, lleno de ideas y de enseñanzas para aquellos votos del padre por la felicidad eterna de su te las puertas, formando graciosas ondulaciones, y
todos los pueblos y todos los tiempos, demostrando hija en el hogar de su esposo y los celos misteriosí- allí se ven numerosos bosquejos; pero la habitación
en su propia experiencia que nada duradero puede simos y los dolores agudos porque tal hogar es aje- es esencialmente un taller. Las paredes se hallan reser fundado por la dictadura, y destruyendo con su no. Aquel tesoro de otro, después de haber sido su• vestidas de ricos tapices de los Gobelinos, que conspropia autoridad los falsos espejismos de la conquis- yo; aquel paso de la vieja á la nueva familia; el tras- tituyen un magnífico fondo, aunque de carácter seta, de la guerra y de sus sangrientas glorias. De to- lado de la ventura, que la seguía por doquier, al vero. A la izquierda del retrato del' canciller alemán
dos modos, se conciliaba la benevolencia de amigos hogar donde la querrán de otro modo¡ la contraposi- hay un sustentáculo muy adecuado para exponer allí
y enemigos, la absolución de la historia, el respeto ción del padre reteniéndola, con el novio deseándola; los tesoros del artista; en la parte más alta se ve el
profundísimo de sus propias víctimas con una resig- el dolor dejado atrás y la esperanza conducida delan- busto de Voltaire, hecho por Houdón, y debajo, á la
nación sublime á su destino y con algún remordi- te; los amargos lloros del adiós triste mezclados con derecha, osténtase un cuadro holandés, que sin duda
miento escapado de las entrañas de su conciencia. la sonrisa que suguiere el techo nupcial, constituyen sugirió á Lenbach su estilo peculiar. El estudio, en
Pero Napoleón malogró la desgracia providencial in- una serie tan hermosa de contrastes, colocados por el cual podría decirse que Clio preside, revélase en
fligida por la justicia de la historia con su mal humor el genio con un arte tan supremo y de una belleza todos sus detalles el reposo clásico, y la sala reprede decrépito, sus niñerías, sus invocaciones al géne- tan alta, que pocos poetas y pocas literaturas en el senta con grande fidelidad el carácter del gran pintor
ro humano, porque tenía calor; su imprecación á la mundo guardan tan perfectos y acabados ejemplares !alemán.
posteridad, por'lue le negaban los centinelas el título de viva inspiración. Así, todos volvían sus miradas
de emperador y el tratamiento de majestad; sus in- en el mundo literario estos días hacia la niña J eanGEZA PESKE
trigüelas para mover con el espectáculo de falsos do- nette, como la llamábamos en tiempos más felices,
lores á la epinión británica; sus mentiras con ese cuando la poníamos sobre nuestras rodillas para finPara comprender bien el verdadero carácter húndesdichado Memorial de Santa Elena, en que creyó gir la carrera vertiginosa de un caballo y le robába- garo es necesario haber vivido algún tiempo en Hunburlar la conciencia humana y engañar á la Historia. mos un beso, mientras ella se tiraba con regocijo y gría, no en las grandes ciudades, donde los habitanSe quejaba, ¡parece imposible!, se quejaba de cruel- riendo atrás como para desplomarse á nuestros pies tes representan más ó menos los tipos ordinarios y
dad. ¿Quién? El mismo que había dejado morir ó y divertirse con las pesadumbres que podrían traer donde la verdadera vida húngara aparece solamente,
había matado á los enfermos de peste en sus locas sus saltos á nuestros cuidados. En la célebre alcal- como si dijéramos, bajo un color pálido, sino entre los
expediciones á Oriente. El mismo que se gloriaba día de Passy; por todos los primeros poetas circuída; campesinos y pastores y el primitivo pueblo magyarJ
de haber dado sesenta batallas, diez más que César. entre acordes muy suaves de música inspirada por la esos hijos de las estepas y de las pusstas. El pueEl mismo genio protervo, que después de una de poesía tradicional de su familia y flores olientes pa- blo de que hablamos difiere en un todo de los gitaestas batallas, cuando no se habían apagado aún sus recidas á imágenes poéticas; tras una oración casi re- nos errantes, cuyo hogar se halla, según se supone,
ecos, ni habían muert!) los heridos, segados por la ligiosa de Julio Simón y un himno epitalámico lleno en ese vasto país de Hungría. Los verdaderos maguerra, se paseaba sereno sobre la desolación, como de pureza, la nieta del mayor poeta que ha tenido gyares habitan cada cual en su reducida tierra, cuisi fuera su conciencia comparable en lo cruel y des- Francia en este siglo ha entrado bajo el techo de dando de sus ganados, y ocupándose en el cultivo de
.pi~da á las aves de rapiña, que se cebaban en los Daudet. Volvamos á bendecirla, y á desearle una su pequeño campo, cuando no se someten casi á la
cadáveres. El mismo que deportaba los jacobinos felicidad tan grande como el recuerdo que represen- esclavitud) sirviendo á un rico propietario, que le resin formación de causa y que aconsejaba á su her- ta y vincula.
compensa pobremente sus servicios. El magyar r~mano José diera por toda respuesta al heroísmo inparte sus horas entre el trabajo y la cervecería, y
quebrantable de España el despojo, las confiscaciocuando enjuga el sudor de su frente por la noche, su
nes, el incendio de las ciudades y la inmolación de
ESTUDIOS
único recreo está en el vaso. Este género de vida se
sus infelices habitantes. El mismo que dejaba morir
reP,resenta en centenares de pinturas y refiérese en
DE
ALGUNOS
CÉLEBRES
PINTORES
(
I)
de frío en las estepas de Rusia, sobre el helado Bemiles de historias.
recina, su innumerable y fidelísimo ejército, buscan«Enseñadme el conjunto de los objetos que ro•
Las mujeres y los niños arreglan las cabañas y cuido en vertiginosa carrera el trono y la corona, que pa. &lt;lean á un artista y os diré lo que crea.» He aquí un dan de los ganados, los cuales quedan abandonados
redan eclipsados tras la sombra de su reciente ad- dicho tan proporcionalmente exacto como este otro: á sí mismos. Los muchachos viven sin disciplina, y
versidad, sin acordarse de las víétimas de la ambi- «Mostradme los amigos de un hombre y os diré cuál si los padres les pegan, poco les importa; hasta las
ción, hundidas en los abismos de sus vértigos. La es su carácter.» En ambos casos se han de tener en niñas lo toman como cosa corriente. Su única educaverdad es que aquel hombre, en su isla, hubiera res- cuenta las excepciones; mas, por regla general, lo que ción es el ejemplo; ven á sus mayores trabajar y baicatado la propia culpa, rejuvenecido el propio nom- contiene el estudio de un artista podría ser el indicalar, y el trabajo y el baile serán después las ocupabre, si á solas con su conciencia siente la erupción
ciones
de su vida; pero los escasos goces y deseos
(1) No pudiendo publicar en un solo número los grabados
de los incendios, el lamento de las matanzas, los
con que el niño magyar sueña son también patrimo•
que
representan
los
estudios
de
todos
los
pintores
á
que
se
hace
quejidos de los millones de almas arrancadas á la referencia en el presente articulo, los iremos publicando en los nio del hijo de Pussta. Entregado á la observación,
tierra, que debían volar en torno de sus sienes como números sucesivos.
siempre está haciendo suposiciones y nunca es tan

LABRANDO EL OAMPO, dibujo de D. Laureano Barrau

�1 34

feliz como cuando se figura desempeñar el papel de
héroe en algún castillo que él imagina.
¡Y qué diremos de su amor á la música! El niño
mejor enseñado no se entusiasmaría más que el hijo
de Pussta al oír los sonidos de una flauta; los comprende bien, y su afición se revela más tarde en los
himnos nacionales y en la!P danzas. Las notas del violín subyugan su alma, haciéndole bailar maquinalmente; y esto es tan verdad para las niñas como para
los muchachos. Los más íntimos sentimientos de los
hijos de Pussta desarróllanse más pronto que en los
hijos de cualquier otro país. La soledad de la región
en que habitan, aquellas vastas estepas donde rara
vez se v¡¡ un árbol, el silencio que allí reina; todo
contribuye á desarrollar la inteligencia de esos niños
muy pronto y despierta en ellos la melancolía, que
busca alivio en una desmedida afición al baile. Esta
misma existencia es la causa principal de sus violentas pasiones, y contribuye á que ese pueblo sea un
enigma fisiológico. Es preciso ser húngaro ó haber
vivido en el país para comprender á ese pueblo; y he
aquí por qué Peske puede expresar tan bien los sentimientos del solitario niño húngaro. ¡Qué dulcemente y con qué conocimiento del asunto nos le representa! A primera vista diríase que .sus pinturas tienden á recordarnos nuestra infancia; pero si se mira
más detenidamente, vemos en todo la diferencia, aun
teniendo en cuenta los extraños paisajes, los alrededores particularmente húngaros y el traje de los niños. Las pinturas de Peske están impregnadas del
verdadero espíritu de aquel país, tanto en el pensamiento como en la ejecución, y siempre se observa
en ellas algún toque característico particular. En sus
lienzos se nota una inalterable sencillez, y adivínase
así el quietismo como la soledad de las estepas. La
pobreza del estudio de Peske es más elocuente que
ningún decorado para revelar su amor á la patria madre y á sus compatriotas.
Y ahora abandonemos las estepas, y revistiendo
el mágico manto del doctor Fausto, trasladémonos á
Munich. Una vez aquí, vamos sin detenernos á Findlingstrasse, subamos al segundo piso de la casa número 44, y estaremos en el estudio de la señora

LA ILUSTRACIÓN

ARTISTICA

berá dejar la vía libre; pero de improviso aparece en
el umbral de la puerta un extraño personaje; es un
hombre que lleva la cabeza descubierta; su cabello,
ondulado y amarillento, pende en guedejas sobre los
hombros; las facciones, pálidas y de expresión severa, tienen por marco una espesa barba, y la frente,
alta y espaciosa, revela el talento. Este personaje
fija en la multitud una mirada de compasión; su semblante no expresa la cólera ni el enojo; pero hay algo
en su boca que parece decir: «Perdonadlos, Señor,
que no saben lo que se hacen » En la expresión de
aquel hombre ob~érvase como un espiritualismo que
casi fascina. ¿De qué se ríe la multitud? ¿Del traje?
A decir verdad, es muy excéntrico y nada de moda,
pues se compone de una larga túnica que le llega casi
hasta los tobillos, cuyas anchas mangas dejan ver un
musculoso brazo desnudo, y de una ropilla interior
de lana de color amarillo; una faja del fnismo material que rodea la cintura y una larga capa echada
hacia atrás completan el traje. Llevando de la mano
á un hermoso niño de seis años y en la diestra un
reloj de arena, adelántase sin hacer aprecio de las
burlas de la curiosa multitud, encamina sus pasos
hacia la estación del camino de hierro y sube á un
coche del tren de Grosshesselohe. U na vez llegado á
este punto, pasa por las calles que conducen á \Volfratshausen, y al cabo de media hora detiénese ante
una casita aislada que se halla á espaldas del camino, medio oculta entre árboles y matorrales. Sigámosle y estaremos en la morada de
CARLOS GUILLERMO DIEFENBACH

NúMERO

479

N úMERO

479

LA

ILUSTRACIÓN ART ÍSTICA

135

talla de Weissenburgo? En ese estudio la guerra tiene su más notable exposición. La sangre y los cadáveres se ven diseminados en el camino que conduce
á Niederwalddenkmal. ¡Cómo se batieron, triunfaron.
y conquistaron los hijos del héroe alemán bajo su
ilustre bandera! ¡Cómo supieron dominar en la lucha
contra su antiguo enemigo! En el estudio de Braun
se respira el espíritu de aquella época, y para glorificarle, el artista no necesita más que sus bosquejos y
su clara memoria. Su imaginación lo abarca todo,
su mirada atraviesa los muros y observa una vez
más el horrendo espectáculo de los campos de batalla: sigue al príncipe heredero Federico Guillermo
en su victoriosa campaña; el entusiasmo del ejército
se apodera de él, las hazañas de los guerreros alemanes le deleitan y delira de entusiasmo.
¿No apreciáis la sencillez de ese estudio? ¿Quisierais mejor verle lleno de fruslerías, con asientos cómodos y ornamentos simétricamente arreglados?Comprended también que el modelo de una fortaleza, á
la izquierda, no es un adorno, sino un estudio.
Y ahora pasemos á la grandiosa sencillez del estudio de
EmlUNDO HARBURGER

Figurémonos un rostro de expresión vulgar, aunque alegre, con unos ojillos muy próximos entre sí,
mejillas sonrosadas y mofletudas, nariz en forma de
pera, boca entreabierta por una franca sonrisa; y después de esto un gorro de terciopelo, una levita raída,
con rasgones acá y allá, y trendréis el retrato del humorista Harburger. Estamos en el reino de lo cómico. La cesta rota, el caldero de cobre, el armario;
todo excita á risa, porque estos objetos pertenecen al
artista Harburger. El estudio contiene también el
modelo de una verdadera habitación de campesino;
por regla general, ninguna de estas habitaciones es
cómica; pero la que vemos aquí ha sido poblada de
la alegre gente que el pincel de Harburger creó. Diríase que alguno de esos campesinos ha de entrar de
un momento á otro, pues su sombrero está sobre la
mesa, juntamente con la pipa y el vaso de cerveza
no vaciado aún. «La vida es real y el arte brillante,»
y este último, mucho más para Harburger que para
la mayoría de las personas. El tiempo vuela agrada·
blemente con las chistosas historias que el dueño de
la habitación campesina puede referir. Harburger es
muy original; ni una sola de sus líneas recuerda á
otro pintor. Municb aventaja á otros centros artísticos por el hecho de que los más notables y originales humoristas habitan allí. Walter Busch ha muerto,
pero aún le quedan Meggendorfer, Oberlandery Harburger.

El ermitaño del «Taller del Arte, de la Religión y de la Sabiduría,» como él mismo llama á
su casa. ¡Hombre maravilloso, gran artista!, aunque
el pueblo le designa con el calificativo de «Apóstol
de la Berza.) A pesar de todo, persiste en predicar
la humanidad y la templanza. Diefenbach considera
que la causa de los vicios de la naturaleza humana
se ha de buscar en el exceso en la comida y en las
bebidas fuertes, y ve en la moderna costumbre de
cuidar con demasía el cuerpo la decadencia del bienestar espiritual. ¡Le llaman excéntrico! Cada cual poHERMIONE DE PREUSCHEN
drá tener la opinión que guste sobre su aspecto y sus
teorías respecto á la forma en el dominio de la EduNuestra vista se alegra, porque al fin estamos en cación, del Traje y de la Religión; pero se ha de adun verdadero estudio. En casa de esta pintora y poe- mirar la fuerza de voluntad de ese artista y su valor.
tisa encontramos la disposición artística que tanto Diefenbach sufre bastante, porque es un verdadero
anhelábamos. La señora Hermione de Preuschen ha mártir de sus opiniones. No se retiró á su bermita
hecho todo lo posible para que su sala sea todo lo por timidez, sino para entregarse á la meditación somás cómoda y magnífica, aunque para algunos gus- bre los medios más eficaces para regenerar la humatos tal vez pareciera demasiado atestada. Revélase nidad, y algunas veces cambia el pincel por la pluaquí la mano de una mujer, pero no de aquellas cu- ma. En otro tiempo predicá públicamente en Muyas ideas no alcanzan más allá del pequeño mundo nich; pero un año de enfermedad le ha retenido en
(Continuará)
en que viven y de la vida cotidiana, y que ven sola- su lecho. En nuestro grabado se le representa en su
mente en el costoso y rico decorado de una habita- estudio, dirigiendo el pincel de un discípulo que visción la medida de la riqueza de su propietario. En te el mismo traje de su maestro.
SECCIÓN AMERICANA
el estudio de esa artista, todos los objetos tienen
Y con esto basta. Si se quisiera visitar al artista
gran valor y son notables; mas á pesar de esto, no Diefenbach en su estudio, sería necesario, en mi
SANTIAGO DE CHILE
hay ostentación. Las flores y frutos representados en concepto, conocer primeramente al hombre. En la
Á MI QUERIDO AMIGO EDUARDO RRUGADA
las pinturas de las paredes atraen desde luego ape- pintura que representa su estudio se ve un lecho priPuro, Chile, es tu cielo azulado,
nas se traspasa el umbral de la puerta; pero semejan- mitivo cubierto con una manta de lana: es el lecho
Puras brisas te cruzan también
tes adornos son naturales, pues la dueña es pintora del dolor donde la fuerza de espíritu de este artista
Y tu campo de flores sembrado
Es la copia feliz del Edén.
de flores y frutos y nos representa la vida tranquila. cedió al dolor físico, y desde ali{ dirige atín la obra
Majestuosa es la blanca montaña
Creer que en ese estudio nuestros pensamientos no de sus alumnos. Por lo demás, la habitación está poQue te di6 por baluarte el Señor,
puedan volar sino de flor en flor como la mariposa, bremente amueblada, y en vano se buscaría algún
Y ese mar que tranquilo te 'baña
sería rebajar el genio de la señora Hermione de rincón que ofrezca comodidad y holgura; pero las
Te promete tranquilo esplendor.
Preuschen. Para no incurrir en semejante error, bás- pinturas que llenan la estancia en considerable nú( Estrofa de la ca11ción naciDltal)
tanos recordar una de sus obras, la titulada Mors Im- mero atraen la atención. Las obras de Diefenbach
Yo
no
digo
que
los
versos copiados sean modelo
peralor, que hizo mucho ruido en el mundo artístico revelan inteligencia, sentimiento profundo y amor á
de correcta poesía; allá un señor D. Bernardo Vera
hace algunos años.
la naturaleza y á la húmanidad.
y Pintado que los escribió se las componga con las
Toda la sociedad culta se interesó en aquella pinPasemos ahora al estudio del pintor de batallas
Musas; pero lo que sí aseguro es que son muy verdad,
tura, que después de ser rechazada por el Jurado de
y que cantados con entusiasmo, siguiendo las dulces
la Exposición de Berlín tuvo muchos admiradores
LUIS BRAUN
cadencias del himno chileno, se olvida uno fácilmenen las que se efectuaron después en las principales
te de sus defectos de estructura. Luego, que bien miciudades de Alemania y Austria. J,,fors lmperator era
¡No os atemoricéis! Nada temáis del cañón amenala expresión de un gran pensamiento y de una hábil zador ni de los escuadrones de caballería; no pres- rado no se necesita más para enardecer la sangre de
ejecutante, y apenas hubiera podido esperarse tanto téis atento oído á los miles de voces de los valerosos un pueblo fanático por sus libertades, fanatismo que
en la obra de una artista consagrada hasta entonces soldados, al toque de las cornetas, á las órdenes de si alguien ha echado á los chilenos en rostro no soy
á representarnos la vida tranquila. Y sin embargo, los oficiales, al crujido de las armas ni al estampido yo seguramente, que he dicho y repito ser Chile la
¿qué otra cosa sino esto era Mors Imperator1 ¿No es- de las bocas de fuego; suponed solamente que oís tierra que más puede vanagloriarse por la calidad y
tá la muerte también en las flores y en los frutos los lamentos de los heridos y veis los sangrientos ca- cantidad de hombres que la emanciparon.
Como dice, pues, la estrofa, tiene Chile cielo puque llenan los preciosos búcaros, los dorados canas- dáveres de hombres y cuadrúpedos. Lo que vuestra
tillos y la bandejas de plata? Hermione de Preuschen imaginación os pinta no es sino lo que ha creado la rísimo, brisas saludables, campo de flores, mar tranha retratado la naturaleza trausitoria de las cosas en mano maestra de Braun: es la guerra, Ahora sabéis quila y montaña majestuosa, cuya alba diadema pone
una poderosa alegoría, y así lo ha reconocido el pú- ya qué espíritu predomina en este estudio; aquí están digno remate á bellezas tan esplendentes.
blico en general.
Mas como no puedo extenderme por hoy más allá
los instrumentos de muerte confusamente disemina- de las riberas del Mapocbo, hablemos un poco, si•
• I •
•
•
dos como en el campo de batalla; no hay orden sino
Estamos en el Marien Platz, en Munich. Frente á en las compactas columnas de los soldados alema- quiera no sea tanto como Santiago merece, de la
una tienda acaba de reunirse considerable multitud; nes que van al asalto; en todo lo demás obsérvase la hermosa capital recostada muellemente á los pies del
algunos preguntan si ha ocurrido algún accidente, y horrible confusión de la lucha; aquí revive de nuevo famosísimo cerro de Santa Lucía.
Por los años 1541 llegó Pedro de Valdivia á las
los transeuntes se detienen para averiguar qué pasa. la guerra franco-alemana. Los sangrientos combates
Cuando se les dice lo que ocurre, no pueden repri- de la Alsacia-Lorena reprodúcense en las escenas orillas del Mapuche, que quiere decir Pais de la genmir la risa, quédanse donde están y forman parte del que el profesor Braun transmite al lienzo. ¿Quién no te, de mapu comarca, y puche gente, convertido hoy
grupo. La gente interrumpe el tránsito, y pronto de- se impresionará ante el grandioso panorama de la ba- en Mapocho por evoluciones prosódicas, más comunes en Chile que en parte alguna, á causa del pinto-

SANTIAGO DE Cl!ILE -CERRO DE SANTA LUcfA

resco lenguaje de la plebe, que suele hacer saladísimos lapsus lingua:.
Llevaba el gran capitán, como la mayoría de los
conquistadores llevaban, el rosario en la man? Y el
diablo en el cuerpo, que decir sole~os los espanol~s.
Era el rosario en esta ocasión una imagen de la Virgencita del Socorro, que pendía deJ arzón de su
montura, y el diablo tentador una dona Iné_s de Suárez, hermosa jinete que á la grupa del esp~nol cabalgaba, como si el señor D. Pedro no ~epse _por el
mundo á su legítima esposa gimoteando mfidehdades
conyugales.
.
Fueron, pues, doña Inés de S~á:ez y la Virgen del
Socorro las primeras imágenes, di~ma y humana, q~e
sus reales sentaron en aquel para1e, y com? á la V~rgen se la consagró incontinenti ~na ermita y dona
Inés entró al poco tiempo en legíhma vereda casando con hombre no muy aprensivo, acaso Pº!que á
las alturas en que estaban no _se podí~n permitir los
españoles lujos de reparos m selecciones, tanto 1~
Socorrito como la de Suárez fueron los troncos religiosos y sociales de lo que andando el tiempo llegó
á ser frondoso bosque de religión y cortesaní~s.
Nada más dió que hablar doña I nés, á Dios gracias; no así la Virgen, á la cual trajeron y llevaron
curas y frailes franciscanos, hasta el punto de sa~udirse los mayores garrotazos y las más sen~as punadas que cristianos presenciaron entre hábitos y sotanas.
Quedó el campo por los sayales, gracias á 1~ robustez de muñecas de tan bélicos varones, y edificaron los buenos frailes un convento en donde la ermita estaba enclavada convento que al decir del sabio jesuita santiaguin~ Ovalle, parece una ciudad por
lo grande y cómodo.
.
.
.
No fué esta la escandalera úmca que monJas, frailes, curas y obispos del coloniaje dieron en la ciudad
del apóstol patrón de España; tienen algunos u_n sabor de época y regodean por_modo tal ~as aficiones
á lo añejo, que solamente de10 de _menc10na_rlas por
no venir á cuento en un sencillísimo trabaJo como
este.
Alguien quiso trasladar la ciudad á Sa~ ~rancisco
del Monte, por ser clima más suave y de)ic1oso; pero
agarráronse los cogolludos con uñas y dientes, pues
no era cosa de perder terrenos conquistados ~ puñetazo limpio y agrandados después por donación de
un D. J uan Fernández de Alderete, santurrón y soldado, todo en una pieza.
.
Este mismo prójimo mandó edificar en el grandioso cerro Huelen una ermita á Santa Lucía, nombre
con que quedó bautizado el santiaguin? pr?m~nt~rio, haciéndole perder hasta la denomma~ión md1gena y gentílica, puP.s sonábase que había sido lugar
de sacrificios paganos.
·
El dios de la sonoridad y del buen gusto no le
haya tomado en cuenta la herejía bautismal al :;;eñor
de Alderete, pues en mi ánima juro que nombre por
riombre prefiero el de Huelen al de la santa abogada

de la vista dicho sea con el respeto que me merecen rosadas carnes, sajonas por su c?~tinente grave, casus virtud~s y el dogma que ha canonizado á la már- talanas por su misticismo y pansienses por su elegancia irreprochable.
.
tir de Siracusa.
La mirada, alejándose de aquellas morad~s _que tieCarlos V dió á Santiago el título de muy noble Y
muy leal concediéndole como armas las veneras del nen alg:&gt; de Florencia y mucho de los Méd1cis, recoApóstol 'en una orla que circunda á un fiero león rre la antigua Cañada, la moderna Alameda, y se
pierde serpenteando con el Mapocho por vegas feracon espada desnuda.
.
.
Años andando había de ser Santiago cuna glonosa ces y bien cultivadas; pues _que, la verdad a~te tod~,
de guerreros y estadistas ilustres, que había_n de cam- es el bracero chileno el meJor y más entendido agn.
biar estas armas por el Cóndor y el Huenml, símbolo cultor del Mundo Nuevo.
Tiene Santiago, como. grandiosa. met_rópoh_ de. un
augusto de la patria nueva.
.
Carlos V debió revolverse airado en su tumba_ Y Estado floreciente, arzobispado, umvers1da~, mstJ~sacudir furioso la mano con que firmó en Valladolid to museo lujo desmedido en templos católicos, y biblioteca, que debe ser asom?rosa,_ pues sobre ser
la real cédula el I o de mayo de I 554·
.
Pasó la capital de Chile po~ mil fases _mientras buena la que había y estar ennquecida co~ las magperteneció á la corona de Castilla, dependiendo del níficas de Egaña y del inmortal Bello! h~ sido agran.
virreinato del Pertí; por un lado los horrorosos trau- dada y engrandecida con la famosa bibb?teca peruamatismos terrestres que la derrumbaron algunas ve- na que el inexorable derecho de conquista trasladó
ces, y por otro los dimes y diretes de ma~os y garro- de la tierra de Atahualpa á la de Lantaro.
Las calles de la sultana de los Ande~ son a~cha~,
tes que se traían clérigos y re~erendos, disputándose
limpias y bien empedradas, su ~omercio es. nq~ís1las riberas del entonces anémico Mapuche.
Era teatro de sus hazañas la Cañada, lecho roba- mo y por las principales arterias pululan mfimtos
do al río para cimiento de conventos,_ iglesias y luga- ca~ajes particulares,. tantos, que puedo asegu_rar no
res de penitencia; hoy es aquel paraJe, con el nom- hay en el mundo capital (haciendo comparatlv? esbre de Alameda, uno de los más hermosos del mun- tudio del número de habitantes) que cuente igual
.
do adornado con multitud de estatuas que recorda- cantidad de vehículos de lujo.
Lástima que ciudad tan rica_ sea con frecuencia
rá~ á los hombres de mañana hechos y nombres que
debieran grabarse con áureos caracteres en el código castigada por los temblores de tierra.
Ingratitud y descortesía grandísima fuese hablar
de la humanidad redimida por la ley.
Yo no sé basta qué grado quiero á los hombres de las bellezas de Santiago y de su incomparable ce.
eminentes que hoy cuenta Chile, pero tengo la segu- rro sin decir algo de Vicuña Mackenna..
Siendo Vicuña intendente de la capital de_ C?ile
ridad de adorar á los chilenos que representan las
marmóreas figuras de la Alameda.
llevó á cabo los ímprobos trabajos d~ e~bellec1m1enHemos revoloteado apenas sobre el Santiago que to: del Huelen hizo un paraíso con 1ardme~, hoteles,
fué; posémonos unos minutos so~&gt;re la capital de la iglesia, museo de curiosidades arqueológicas, tales
República chilena, con su fastuosidad moderna y su como puertas de afiligranada la~or, canterías labr~hermosísimo Huelen convertido en vergel encantador das, una carroza que puede dar idea de la_ f~stuosipor la imaginación chispeante del más _genial ~e l?s dad desplegada por los OUlgnates del. col~maJe, pero
escritores americanos: del célebre Ben1amín Vicuna que hará reir seguramente á las_ santiagui_nas que se
Mackenna.
pasean en doble suspensión, obJetos, tra1es._ armas,
El grabado que los lectores pueden ver en este todo, en fin, cuanto D. Benjamín creyó digno de
número les dará idea aproximada de lo que es el conservarse. En la cúspide dél Santa Lucía se leva~Santa Lucía de hoy y de lo que pudo ser la fantasía ta airoso un bien montado observatorio, cuyo meridel galano innovador.
diano anuncia por medio de un cañonazo la hora á
El Huelen de ancha base y bella forma, ha sido que los santiaguinos deben ajustar sus relojes.
transformad~ en paseo ancho y cómodo que lo cirVicuña fué á Santiago lo que Haussmann á París,
cunvala ascendiendo suavemente, sombreado por ár- lo que Ríus y Taulet á Barcelol)a, lo que á la Hababoles llenos de savia y lozanía, plantas olorosas y flo- na Tacón, lo que Guzmán Blanco á Caracas, y fué al
res de colores vivísimos. La verja que de festoneada propio tiempo el Mesonero Romanos d~l Mapocho.
muralla sirve al paseo en toda su extensión, es el
Cuando su espíritu innovador se arnes~ó. á rombalcón inmenso adonde el visitante se asoma atraído per con incomprensibles escriípulos tradicionales,
por la grandiosidad de la cordillera cercana, cuyo luchó como luchan las almas grandes, y júzguese de
blanco lomo semeja un manto, digno solamente del la oposición, sabiendo que los carmelitas d~ Santiaque CDn su fiat lux creó grandeza tanta.
go cuyo convento recibe las puras emanaciones del
De!lde et antepecho circunvalador contemplase la Huelw 1 han asegurado algunos años después que no
moderna Santiago, con sus casas que par7cen pala- habían vuelto á levantar los ojos hacia el Santa ~ucios, en donde el pórfido y el mármol se disputan _el cía desde que había sido transformado en ver1el
derecho de la fastuosidad, nidos suntuosos d€! muie- mundano.
.
res, vascongadas por sus abundantes cabelleras y sus
Era Vicuña un escritor cáustico y retozón, sui ge•

�LA l\lIUERTE DEL PRIMER ORANGE, cuadro de

w. Liuqem~chmidt
~A MUERTE DE CLEOPATRA, cuadro de Juan Collier, expuesto en la .RQ)'al Academy de Londres

�138

L A I LUST RACI ÓN A KTIST ICA

11eris en la 1iteratura americana, dada de suyo á !a
poesía y al gongorismo; no tan correcto como otros
escritores chilenos, que hay muchos y buenos, á Dios
gracias; pero como periodista, historiador y viajero,
el más leído seguramente.
Anduvo á la greña en sus mocedades con beatos
y pecho11as; pero el año 1876, que fué candidato á la
presidencia de la República, apoyaba el clero su candidatura. Cómo se hizo el amasijo, no lo sé; pero testigo presencial de aquellas elecciones, recuerdo de
ellas accidentes graciosísimos: fué derrotado, pues,
Aníbal Pinto.
Era popular Vicuña como ninguno, y la primera
figura literaria del Chile contemporáneo, por su temperamento inquieto y su volcánica imaginación. Fustigó como nadie los vicios de su patria, en lo cual,
á pesar de su segundo apellido, no podía negar que
tenía sangre española.
Los Vicuñas y los Mackennas son en Chile dos
dinastías gloriosas; la primera de poetas y mujeres
hermosas, la segunda de guerreros insignes.
Murió el eminente chileno hace tiempo, joven á
pesar del cabello blanco como las eternas nieves de
los Andes, que coronaba una frente espaciosa y resultaba comr,lemento bellísimo de su testa bien modelada y de sus facciones tan correctas como expresivas.
Un escritor español le llamó el Víctor Hugo de la
América latina, y una escritora española también (y
ambos le trataron) el Alejandro Dumas del Nuevo
Mundo.
Yo creo que algo tenía de los dos, pero Je concedo personalidad propia.
Para terminar esto, que apenas si me atrevo á calificar de algo por lo sucinto y revuelto, haré constar
que en Santiago de Chile afiló sus armas editoriales
el inquieto y célebre editor Rivadeneira, el que con
su componedor recorrió medio mundo y con sus cajas
fué á parar al pueblo de Argamasilla para componer
el Q1tijole donde se había escrito.
Rivadeneira era muy querido en Santiago; bullan•
guero, gracioso, entretenido y franco, solía convidar
á sus amigos á comer un guiso que con sus manos
aderezaba. Cuando se trataba del guiso upecial, invitaba á comer un individuo sin decir á qué casta pertenecía: los comensales se chupaban las yemas de
los dedos.
Algún tiempo después de abandonar Santiago el
que más tarde llegó á ser editor famoso, supieron sus
amigos que los tales individuos eran producto de batidas por los tejados.
Así lo cuenta Vicuña Mackenna.
EVA CANEL
NOTICI AS VARI AS
Los FERROCARRILES DEL GLOBO. - He aquí algunos datos interesantes acerca de esta materia que
consigna una revista técnica alemana.
A fines del año 1888 la longitud total de los ferrocarriles de todo el mundo era de 571.771 kilómetros,
es decir, catorce veces la de la circunferencia ecuatorial. En el período de 1884 á 1888 la longitud de
la red de ferrocarriles ha aumentado por término medio en 25.729 kilómetros. América ha contribuídoen
más de la mitad á este aumento, siguiendo después
Francia, Alemania, Austria-Hu!1gría, Rusia, Italia,
etcétera. Inglaterra sólo contribuyó en un 5 por
ciento, y en cuantoáNoruegahacemuchos años que
no se ha construído allí una vía férrea, debido esto
sin duda á la configuración superficial de aquel país.
En Asia, las Indias inglesas marchan al frente de
los progresos ferroviarios, ocupando el segundo lugar
el transcaspiano, construido desde 1885 á 1888: el
Japón demuestra gran actividad en esta clase de
construcciones; en cambio China y los demás territorios asiáticos avanzan muy poco en este sentido.
En Africa, Argel y Túnez figuran en el primer
puesto en el desarrollo de la red de ferrocarriles;
Egipto permanece estacionario.
Australia es, proporcionalmente, la que acusa mayor progreso en punto á vías férreas.
Desde el punto de vista de la proporción entre la
longitud de las líneas y la superficie territorial, resulta en Europa el orden siguiente: Bélgica (16'4 kilómetros por cada 100 millas cuadradas), Sajonia, Inglaterra, Alsacia-Lorena, etc. El imperio alemán, en
conjunto, sólo tiene 7'6 kilómetros por 100 millas
cuadradas y Francia 7'2.
"Relacionando la longitud con el púmero de habitantes, el primer lugar corresponde á Suecia, en pos
de la. cual van Suiza, Dinamarca, Alsacia-torena,
Francia, etc.
El coste de cada kilómetro de vía férrea se calcula ser por términq medio en Europa de 370.260

N úMERO

pesetas, y fuera de Europa de 202. 706, ó sea poco
más de la mitad.
El coste total de los ferrocarriles existentes en
Eur~pa á fines de 1888 ascendía á la importante cifra de 79.328.750.000 pesetas; el de los existentes en las demás partes del globo se elevaba á
72.471.250.000.
De suerte que los capitales empleados en los
ferrocarriles en explotación en todo el mundo á
fines de 1888 representaban la enorme cantidad de
151.800.000.000 de pesetas.
TABACO DE PAPEL. - La inventiva de los falsifica·
dores nos proporciona cada día nuevas sorpresas. A
las falsificaciones de ostras y huevos desde hace tiempo conocidas, ha venido á añadirse la del tabaco obtenido por medio del papel, que alcanza ya gran desarrollo en los Estados Unidos.
En el estado de Nueva York funciona una fábrica
que produce grandes cantidades de papel destinado,
según confesión de los propios fabricantes, á ser transfom_iado en tabaco. Segón parece, los industriales que
reahzan esa transformación sumergen repetidas veces
el papel en una fuerte decocción de tabaco y luego lo
co~tan y lo prensan en moldes que imprimen en cada
hoJa de aquél unos nervios muy parecidos á los de
las hojas de la referida planta.
La imitación es tan perfecta, que al fumar algunos inteligentes un cigarro de tabaco de papel, se han
engañado hasta el punto de creer y sostener que Jo
que fumaban era tabaco excelente de las más acreditadas marcas.

479

NúMERO

:i:,a muerte_del p r imer Orange, cuadro de W.
L1ndensc~ m.idt.- Era el año 1584: gobernaba á la sazón
los ~afses BaJos, 7n nombre de Felipe II, el sobrino de éste,
AleJ~ndro Farnes10, duque de Parma, cuyos incesantes triunfos, JUDtao:iente con la retirada del duque de Alenz6n, herman_o de En~1que III de Francia, que por algím tiempo había ejerodo nommalmente de soberano entre los sublevados Hamencos
h~b[~n puesto e~ situación comprometida al estatúder de la Re'.
pubhca de las siete Provincias U ni das Guillermo de Orange
apellidado el Taciturno. ,
'
'
El. m?narca español, ansioso de poner pronto término á aquella d11lol cuanto costosa lucha, habla hecho pregonar un edicto
declarando traidor al de O range y ofreciendo 25.000 escudos
al que se lo presentara muerto ó vivo, no faltando aventureros
U ANDO un producto posee umt gran notoriedad, suce- que se brindaran á realizar tan coborde hazaña, aunque después
de á menudo que mercaderes al por menor pocoescn1p11/osos de hacerse_anticipar algún dinero se negaron á acometerla.
No movido por el afán de obtener el prometido premio, sino
proponen ó hasta sustituyen á lo que se les pide una imitación
que deja más beneficio. Esto es lo que ocurre diariamente con impulsado por el fanatismo religioso, un joven francés, Baltala CREMA SmóN, conocida desde hace 30 años para los cuida- sar Gerard, acechaba desde hacía tiempo en Delft, en donde
dos de la piel. Es necesario, pues, que las personas que desean por aquel entonces el de Orange residla, una ocasión propicia
con empeño esta marca. exijan la verdadera CREMA SIMÓN de para acabar con la vida del prfncipe protestante. Para realizar
la rue de Pr01Jence, 36, París. Venta: farmacias, perfumerías, su propósito ~rale preci~ captarse la confianza de Guillermo, y
J&gt;:lra conseguirla no vaciló en presentarse como ferviente calvibaza.res, mercerías, etc.
msta y en hacerse pasar por hijo de un mártir del protestantisn:1º• lo cual ~nido á su situación miserable atrájole la compa•
s1ón del Taciturno, quien le tomó á su servicio y le envió á
NUESTROS GRABADOS
Francia portador de un mensaje para el de Alenz6n. A su re·
gres?, co~ la fatal nueva de la muerte de éste, propúsose poner
L a recompensa d e l trabajo, escultura de d on en eJecu~1ón el plan que de tanto tiempo venía acariciando y
Antonio Parara. - Si uno de los fmes del arte, indudable- que reahzó el día 10 de julio de 1584. Guillermo se dirigía con
mente el más noble, consiste, como creemos, en hacer amable su familia al comedor cuando se presentó delante de él Gerard:
lo bueno por medio de formas bellas, la escultura de nuestro su _palide~, su mir~da inquie~a y su aire agitado causaron penopaisano puede calificarse de eminentemente artística. En sus sa 1mp~es1ón en Luisa de Coligny, sobrina del almirante y esposa
dos figuras se compendian tres amores á cual más levantados: de ~mllermo, el cual se esforzó por tranquilizarla. Terminada la
el amor paternal, el amor filial y el amor al trabajo, realzados co~1da, 1de Orange ~mpezó á subir la escalera que conducía al
7 del palacio, y apenas habla puesto el pie en los pripor \a pureza é inocencia de una niña, por la honradez que se pnmer piso
reAeJa e~ el sem~lante del J&gt;:ld~e, y por el sentimiento puro meros escalones, Gerard, que se ocultaba en un ángulo obscuro
del premio concedido al cumphm1ento ~e un deber social que de, la _pared, saliól_e al paso y disparó sobre él á quemarropa. El
envuelve aq11el grupo encantador enlazando dos cuerpos y jun- prmc1~ cayó hendo mortalmente en el pecho y falleció á los
tando dos rostros por entre cuyos labios se desbordan en apa- pocos mstantes.
sionado beso los más dulces afectos del alma.
Tal es á gran?es rasgos narrado el episodio luctuoso que sirTal es la impresión que nos causa La recompensa del trabajo, ve de asunto al interesante cuadro de Lindenschmidt. Conociy ella nos demuestra palpablemente que Parera siente el arte do el hecho histórico, se comprende la valla de este lienzo en
como deben sentirlo los grandes maestros cuyo genio imprime el q~e ~ue están con no ~o acierto expresados los gr;u;des
calor y vida á la fría é inanimada materia que su cincel mode- s ntim1entos de los personaJes que en él intervienen y se apre•
7 cual se 1J1erecen la fuerza dramática de la situación y el vila. Cualidad es ésta inapreciable en un artista, sobre todo si c1a
como con Parera acontece, el sentimiento aunque domina
gor con que están tratadas todas las figuras. En las actitudes y
excluye la belleza plástica, conseguida gracias al perfecto cono- en los semblantes de éstas se revelan los distintos afectos que
cimiento de la técnica y de los recursos que con el talento y el la sangrienta escena despierta en cada una de ellas: el terror y
estudio de los buenos modelos se aprenden.
.
e\ asoo:ibro en \os niños, la desesperación en la esposa y la inAntonio Parera es muy joven: hijo de un artista bien cono- d1gnac1ón y la ira en el fiel amigo que en sus brazos sostiene el
cido en Barcelona, demostró desde muy niño sus aficiones ar- inanimado cuerpo del prfncipe, á cuyo alrededor forman todos
Hsticas y ganó en honrosa lid una plaza de pensionado por el u~_grupo tan.hermoso por su naturalidad como bello por la ha,
Estado en Roma, donde en la actualidad se encuentra. De él b1lidad artísllca con que está dispuesto.
no puede decirse que promete mueho, pues la obra que hoy
reproducimos basta por sí sola á probar que ha entrado con
L a muerte de Cleopatra, c u a dro de J uan C obuen pie en el camino de las realidades.
llier, expuesto en la «Royal Academy» de L ondres. -Al pintar este cuadro, Juan Collier ha cedido al deseo
Un mendigo, cuadro del Sr. Díaz M o lina.que parece haber dominado á los pintores de todos los tiempos:
Cuando se expuso este cuadro en Almeria, en donde reside el el de producir una obra de las comúnmente llamadas de emSr. Díaz, un importante diar(o de aquella ciudad dijo, entre puje. Estas obras de empuje, sin embargo, así las artfsticas cootras cosas, hablando de la pintura: e Representa el cuadro del mo las dramáticas, tienen hoy entre el vulgo menos aceptación
Sr. Dlaz Malina á un pobre en actitud de pedir limosna y su que en otro tiempo tuvieron, con lo cual dicho se está que el
posición es tan espontánea, tan natural, que al verlo llévase que las produce, más que para el común de las gentes, las ejeuno involuntariamente la mano al bolsillo para sacar una mo• cuta para los. que prescindiendo de los gustos dominantes se
neda y depositarla en la mano del infeliz pordiosero.&gt;
co}~n. para J~zgarlas en las elevadas y serenas regiones de la
En estas pocas lineas se condensa el mejor y más imparcial cnhca 1mparc1al y razonada.
juicio que pueda hacerse de la obra que nos complacemos en
Esto sentado, justo es decir que el inmenso lienzo de Collier
reproducir. ¿Qué más podríamos añadir por nuestra parte? puede considerar_se desde ese i:iu~to de vista poco menos que
Cuando un lienzo llega á producir la impresión de la realidad perfecto: concebida con grand1os1dad y profundamente medi·
ni el critico puede aducir más exigencias ni en el autor cab; t~da! La muerte de C/eopatra. nada deja que desear en punto al
ambicionar mayores alabanzas.
d1buJo y al color, que se manifiestan en lineas y matices de una
. El Sr. J?íaz Molina, ex pensionado de la Diputación provin- armonía y verdad admirables.
cial almeriense, desempeña, á pesar de sus pocos años, el im•
El_ artista nos presenta á la infortunada reina en su palacio
portante cargo de Director interino de la Academia de dibujo tendida sobre su lecho de muerte: á sus pies yace muerta tam•
del Instituto de segunda enseñanza de aquella provincia.
bién su esclava Nacra, y recostada en la cabecera de aquél yérEl mendigo fué adquirido por el Ayuntamiento de Almería guese Carmi6n, otra de las esclavas favoritas de la amada de
con gran aplauso de cuantos en aquella importante ciudad se Marco Antonio, fija la vista en la puerta cual si esperara la en·
interesan por el fomento de las bellas artes y solicitan justos trada del conquistador romano para mostrarle el cadáver de
estímulos para los artistas que tienen acreditados sus merecí• la que no quiso con su presencia contribuir á los esplendores
mientas.
del triunfo.
El cuadro todo respira grandeza, y en las figuras en la deco·
Caricias maternales, c u adro d e E . Krug, gra- ración y en los más nimios detalles descúbrese c~án á fondo
bado por Baude.-He aquí uno de los temas que con ha- conoce Collier la historia, la civilización, la indumentaria y
berle cantado los poetas de todas las edades, no ha podido la arqueología del antiguo imperio de los Faraones.
ser agotado todavía ni es fácil lo sea mientras subsista en el
mundo ese purisimo afecto que con el nombre de amor maternal es conocido. Y se comprende: este sentimiento, inmenso
en su intensidad é infinito en sus, manifestaciones desde el apa·
JABON REAL.. VJ:OLETrJABON
cible cariño hasta el sacrificio heroico, se presh cual pocos á lasJ
concepciones de la poesía y del arte.
DE T H
NE
1
No ~a sido de los menos afortunados en expresarlo el repu• lu.om111d&amp;dc1 DOr &amp;utoriddes m!dicr- par&amp; I&amp; H1¡iel&gt;' de 11 Pl1l 7 Beilu&amp; h l Color
lado pmtor Krug, cuya es la obra que reproducimos. Su cuadro

e

n¿

RIDAC E 29_;.~:1~;;;:~Paris VELOU TI

ILUSTRACIÓ N A RTIST ICA

1 39

=

~s un hermoso i~ilio que nos ofrece en gracioso grupo á esa
Joven madre tendida sobre la verde hierba jugando con su pe·
qur.ñuelo, mientras el perrito que les acompaña parece reclamar,su parte en aquel ag~adable entretenimiento y mezclar sus
ladridos con las alegres nsas de la una y los alborozados gritos del otro.
. El autor d_e (!aricias 111alemal,s ha sabido al propio tiempo
pmtar un pa1saJe sobre cuyas bellezas resaltan de una manera
enca~tadora las fi~ras, y envolver el conjunto en un ambiente
poét1c_o q~e tan bien cu~dra en el asunto tratado, y que lejos de
estar 1~sp1rado en puentes idealismos, es reproducción fiel de
la realidad de muchas escenas de la vida campestre.
L abrando e l campo, dibujo de D. L a ureano B a rrau. - Este estudio, que de tal lo califica su autor nos ofrece
en medio de la sencillez del asunto y de la sobried~d con que
está _tratado bellezas suficientes para confirmar lo que en otras
ocas1o_nes_ hemos di~ho de nuestro joven compatriota. !lay en
este d1buJo toques vigorosos que revelan á un verdadero artista
ena!norado de la naturaleza y de los procedimientos que para
copiarla emplea~ los grandes paisajistas modernos y dotado
de talento y de alientos bastantes para alcanzar un primer pues•
to entre.nuestros realistas. Las tendencias hoy dominantes en
el arte llenen en Barrau un afortunado adepto· la tierra catalana posee en él un inspirado intérprete de sus hermosos lugares y de sus interesantes tipos.

479

LA

II:MFOSIBLEI
NOVELA ORIGINAL DE DON FLORENCIO MORENO GODINO, ILUSTRADA POR CABRINETY

( CONCL US!ÓN )

.....,\

Toda grandeza impone; y aunque noblemente orbien por su propio instinto ó bien por descuido é inganizado, nuestro joven no pudo menos de experidiscreción de las personas que le rodean, q~e est~
desahuciado, primeramente padece una yena mdec~- mentar una especie-de vértigo fascinador en medio
ble y luego se resigna. Quizá es la estación ~e la pri- de aquellas soberanas magnificencias, así es que
mavera, y el herido de muerte ha sorpr~nd1do esta cuando un ugier, abriendo una puerta y alzando una
frase significativa: Para la caída de la ho;a ... , y como gruesa cortina de seda, pronunció: «Mr. Bern:íldez
la adivina en toda su desconsoladora verdad, se fa- de Toledo,» el pobre joven sintió pasar ante sus
miliariza con la idea de aquel límite marcado á su ojos una cosa deslumbrante.
Marcial se hallaba en presencia de uno de los priexistencia, y acariciado por el sol de mayo, se dice
que el otoño está aún distante y que todavía puede meros soberanos del mundo.
gozar de muchos días serenos.
IX
El enfermo, en este caso, merced á la universal
ley de la compensación, multiplica sus sensaciones
El czar recibió á Marcial en pie, apoyada la may en breve espacio de tiempo vive los años que la
no izquierda en un gran velador de malaquita, en
muerte debe robarle.
Sucede también á veces. que alguna de las perso- una actitud noblemente graciosa, que permitía adnas que aman al enfermo, usando de un piadoso en- mirar su elevada estatura y· las perfectas proporciogaño, le da~ esperanzas de pronta cura7ión, halagán- nes de su cuerpo. Vestía un traje militar y tenía
dole con mil proyectos para el porvemr; y entonces la cabeza descubierta, cabeza soberana, llena de ex·
el enfermo, bien sea por compasión hacia el dolor presión y energía, no obstante sus rubios cabellos y
ajeno ó tal vez porque acoge la esperanza que desean el claro azul de sus ojos.
Al fijar éstos para examinar al joven extranjero,
transmitirle, no se atreve á decir: ¿Por qué os engadespidieron
una mirada profunda é inteligente á
ñáis al engañarme, cuando sabéis, como yo, que mis
modo de un relámpago, y luego volvieron á adquirir
días están contados?
Marcial, después de su conversación con el prín- su habitual dulzura.
El emperador, con un ademán cortés, indicó á
cipe, se hallaba como un enfermo en este estado que
como de pasada he descrito; había llegado ya á la Marcial uno de los dos sillones que había al lado del
resignación, y como el enfermo, se dijo: «Gocemos velador, y sentándose en el otro, dijo en su idioma
de esta primavera de amor, puesto que debo morir nativo:
- Sentaos, caballero, tenemos que hablar un rato.
en breve.»
He
deseado veros, porque espero de vos un gran
Presentóse, pues, en casa de la princesa tranquilo,
servicio.
pero
con
aspecto
más
animado.
Elena
lo
notó
con
- Sí, señor. Creyendo que fuese una nube pasaje- ¿Señor?, dijo el joven inclinándose.
satisfacción; pero ésta duró poco, porque al observar
ra, no he creído oportuno hablar de ello á V. M.
- ¿Os llamáis Mr, Marcial Bernáldez de Toledo y
- Habéis hecho mal y faltado á nuestra antigua al pobre joven vió en los ojos de éste una como nube
sois español?
sombría
y
dolorosa.
•
amistad. Espero que ahora repararéis vuestra falta.
- Así es, señor.
- Mira, Marcial mío, le dijo cuando estuvieron
El príncipe entonces refirió al emperador los amo- Pues bien, caballero, tened la bondad de escusentados
á
la
mesa
en
que
daban
la
lección
de
inres de su hija con Marcial, así como también la excharme y comprenderéis la causa de haberos moglés,
no
quiero
que
estés
triste,
¿lo
oyes?,
no
quiero,
plicación que con éste había tenido el día anterior.
lestado. Hay en la literatura española un autor queEl emperador reflexionó durante algunos minutos. porque no tienes motivos; nadie se opone á nuestro
por su profundidad, estilo, gracejo y erudición, desamor
y
vamos
á
ser
muy
felices.
- ¿Estáis resignado, dijo, á conceder á ese joven
pués de Cervantes le creo el primero; y desearía que
Marcial
hizo
entonces
lo
que
el
enfermo
de
que
he
la mano de vuestra hija?
vos indicaseis á cuál de vuestros escritores pueden
- Qué he de hacer, señor. Elena está locamente hablado, fingió creer, ó tal vez creyó en aquella feliatriauirse tales cualidades, á fin de corroborar mi
enamorada y temo las consecuencias de ese amor cidad, y su pasión hízole prorrumpir en mil amorosas
apreciación.
palabras,
en
las
que
se
desbordó
su
corazón.
contrariado.
- Señor, dijo Marcial. vacilo al contestar, pero
La
princesa
le
oía
embebecida,
y
tomando
aquel
- ¿Decís que ese joven es noble?
supongo
que V. M. se refiere á Quevedo.
ímpetu
febril
por
alegre
animación,
le
dijo
mirándole
- Según parece, más que noble: de ilustre cuna.
- Justamente, caballero. Por casualidad he hojeado
tiernamente:
- ¿Y orgulloso?
- Muy bien, señor profesor: así me gusta veros;y una versión francesa de una obra que tenemos en la
- Hasta un extremo increíble.
para
recompensaros, tal vez os otorgue un don como biblioteca imperial, y aunguP poco inteligente, he al·
- Hasta el extremo de rehusar vuestros dones, y
canzado á comprender la inmensa valla de tan pere•
las
antiguas
damas á sus paladines.
por consiguiente la mano de vuestra hija.
grino ingenio.
¿Cuál?,
preguQtÓ
Marcial
con
amoroso
interés.
- Así es, señor.
- Esa es mi opinión, señor.
Mira,
repuso
Elena
abriendo
la
cartera
donde
- Pues bien: lo que no cree digno admitir de vues- Ya sé que las grandes obras del entendimiento
guardaba
sus
escritos
en
inglés.
tra mano lo aceptará de la mía.
son en general intraducibles y que hasta la idea se
El
joven
miró.
Había
allí
un
retrato
al
daguerro- No comprendo, señor.
tergiversa al ser emitida en distinto idioma; pero·
- Quiero decir que puedo enriquecer á ese joven tipo, y este retrato era el de la princesa.
existen en las lenguas, aun entre las más opuestas,
Marcial
le
tomó
con
ávida
y
temblorosa
mano.
hasta igualarle con vuestra hija.
extrañas afinidades, y esto tengo entendido que su- Señor, temo que la bondad de V. M. sea inútil.
VIII
cede entre la española y la rusa.
.
-¿Por qué?
- Así es, señor, según lo poco que he podido deCuando Marcial volvió á su casa, gozoso de po- Porque acaso no aceptaría.
·seer el retrato de la princesa y diciendo para sí: «Al ducir de mis escasos conocimientos en la última.
El emperador volvió á pensar, y luego repuso:
- Sois muy modesto, caballero. A propósito os esmenos veré su imagen hasta el último momento de
- ¿Ese joven es profesor de idiomas?
mi vida,» se halló con una novedad que le llenó de toy hablando en mi idioma y ciertamente me admi- Sí, señor.
ra la rara perfección con que en él os expresáis.
asombro.
- ¿Conoce el nuestro?
- ¡Señor!
Un ugier de la casa imperial había traído un plie- Perfectamente; hasta un punto inverosímil en
- He sabido además que os ocupáis en trabajos
go en que decía:
un extranjero.
literarios,
y aprovechando la rara ocasión que se me
«Mr.
Marcial
Bernáldez
de
Toledo
se
servirá
pre- Entonces, querido príncipe, tal vez hallaremos
presenta
de
hallar una persona inteligente que po·
sentarse
mañana
jueves,
á
las
dos
de
la
tarde,
en
el
medio de salvar la situación.
sea
ambos
idiomas,
deseo me hagáis una versión rupalacio
imperial,
en
donde
será
recibido
por
S.
M.
- Si me fuera permitido preguntará V. M.. .
sa
de
los
admirables
escritos de Quevedo. Deseo poel
emperador.})
- Ya lo sabréi,5, amigo mío; vuestra tranquilidad
Pasado el primer momento de sorpresa, Marcial pularizar la lectura de ese inimitable autor. En mi
me es tan interesante, que no omitiré esfuerzo algudióse á pensar en la causa que podía motivar aque- biblioteca tengo dos ejemplares españoles.
no á fin de devolvérosla.
- Pero, señor, observó Marcial, en el colmo de la
- Lo sé, señor. Conozco las bondades de V. M. lla misiva, y n9 hallaba explicación ni aun probable.
Recordando su conversación con el Príncipe Lo- sorpresa, no me creo con los conocimientos suficien•
para conmigo.
- Está bien. Vais á dejar á mi primer ugier el diski, pensó en que éste tal vez podría haber inter- tes á lograr tamaña empresa.
- Intentadlo, caballero, y estoy seguro del éxito.
nombre y las señas de la morada de ese joven extran- venido en aquella cita imperial; pero ¿por qué para
qué y en qué podía influir el Emperador en su des- No os pido que traduzcáis todas las obras del insigjero. Lo demás corre de mi cuenta.
ne escritor español, aunque tendría suma satisfacción
tino?
- ¡Ah, señor!
Al día siguiente anticipó su diaria visita al palacio en ello, porque sería tarea difícil y sobre todo ardua,
- Y tranquilizaos, príncipe. H acia el Oriente hay
nubes, y quizá pronto habré de necesitaros, no tur- Lodiski, á fin de·poder presentarse en el imperial á pero sí las más intencionadas y _profundas. Haceos
l:ado por preocupación alguna.
. la hora indicada, interrogó también á la princesa ayudar, si es necesario, de algunos de nuestros escriEl príncipe dejó el palacio imperial algo más am- respecto á la misiva del emperador;. pero aunque no tores, no perdonéis médio ni escatiméis gastos.
Marcial titubeó, por una parte le arredraban las
se mostró muy sorprendida, no pudo darle respuesta
mad0 con las palabras del emperador.
dificultades de aquel encargo, y mucho más en el
alguna satisfactoria.
VII
Marcial salió del palacio Lodiski, y media hora estado de inquietud de su espíritu; mas por otra, la
después
subía por la escalera de mármol ural de la cortés insistencia del emperador, la idea de que éste,
La mayor parte de las veces si un enfermo que
recompensando su trabajo le proporcionaría el memorada
de
invierno del emperador.
sufre una dolencia mortal, pero lenta, comprende,

�LA
dio de solventar la supuesta deuda contraída con el
prestamista relacionado con Mlle. Brian y de asegurar el regreso á España de su viejo criado Bernardo, cuyo porvenir le tenía intranquilo, obligáronle á
decidirse á cumplir el deseo del czar.
- Señor, dijo, no puedo negarme á una proposición que tanto me honra; pero conste que, aun cuando yo agotaré toda mi fuerza de voluntad, tanto por

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Tal era el plan de Marcial, y lo cierto es que su
lucubración sirvióle de mucho, estimulándole al trabajo.
La contemplación del retrato de la princesa y su
diaria visita al palacio Lodiski eran además como
oasis en que reponía las fuerzas de su espíritu.
La estrella de esperanza que lucía en los antes
obscuros limbos de su imaginación, hacíanle estar
menos preocupado que anteriormente, poniendo más
en relieve sus dotes de talento y amabilidad, con lo
cual acabó de captarse las simpatías del príncipe.
En cuanto á la princesa, estaba encantada.
Marcial trabajó con encarnizamiento, y sólo de
este modo se concibe que en el corto espacio de tres
meses terminase su obra hecha y corregida á toda
conciencia. El emperador, sin leerla, mandó imprimirla é ilustrarla con un lujo verdaderamente regio,
bajo la dirección de aquél, que no descansó hasta
\lejar en la biblioteca imperial los numerosos ejemplares de aquella magnífica edición.
Cuando se presentó al soberano para llevarle algunos, pedidos por él, el czar le dió las más expresivas gracias al joven traductor y le dijo: cDesde hoy
mi biblioteca tendrá una joya más y yo ratos de agradable entretenimiento.»

NúMERO

479

- Pero prescindiendo de esta consideración dejo
aparte vuestra personalidad y os pregunto: ¿Qué debe hacer uno de los monarcas más espléndidos de
Europa, como vos decís, para honrar la memoria
de uno de los más eximios autores del mundo y
honrarse á sí propio?
- ¡Señor!, exclamó Marcial conmovido ante aquella grandeza soberana, sólo puedo contestaros cayendo á los pies de V. M.

XII
Mlle. Brian estuvo admirable en la confección del
traje de boda de la princesa Elena Loaiski.

&lt;.:ochc de .:tlquiler.

LA

479

SECCIÓN CIENTÍFICA
Qt:ÍhtICA RECREATIVA. - EL OXIGENO

Mezclado con el ázoe, el oxíge~o forma el aire;
combínado con el hidrógeno, da ongen al agua; las
!antas y los animales están en parte por él forma~os, y en el peso total de la corteza terrestre entra
or un tercio aproximadamente.
p Se prepara calentando una mezcla ~e clorato de
potasa y bióxido de manganeso en pesos iguales en un
pequeño matraz de cristal que se cierra. con un b~en
tapón de corcho: por medio de una hma especial,

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ma el estado de incandescencia y pronto arde á su
vez produciendo una llama blanca, deslumbradora,
que sólo dura un momento. El producto de la combustión es un cuerpo blanco que reducido en filamentos cae en el fondo del vaso: estos filamentos
son la lana filosófica de ¡05 alquimista~, el blanco d~
cinc de los pintores, el óxido de eme de los qmmicos.
á
Combustión de una agu1a de coser. - Anunciad

especial y evitando al propio tiempo _cal_entar á u~a
temperatura demasiado elevada el b1óx1do de bano
que se forma haciendo un vacío parcial. El ázoe se
recoge en un gasómetro y el oxígeno en otro.
Priestley entusiasmado con las propiedades del
oxígeno qu~ acababa de descubrir, escribía e~ 1774:
«¿Quién puede asegurar que, andando el hempo,
ese aire puro no se convertirá en objeto de lu¡o muy
en moda?» Aunque no ha llegado á ser articulo de
lujo, su elevado precio hace que no lo empleen muchas industrias.
Sin embargo, la industria lo usa, después de una
electrización que lo transforma en ozono, para el
blanqueo de las telas y de la pasta de papel y para
la rectificación del alcohol: este ozono.se vende en
tubos metálicos muy gruesos que contienen el
fuertemente comprimido. En algunos tubos de z 5º
metros de longitud por 0'15 de diámetr_o y con una
cabida de 30 litros, el gas está comprimido á 120 at·
mósferas de modo que cada uno de aquéllos puede
proporci~nar 3. 500 litros de gas. Estos tubos llevan
un regulador de presión que, dando vuelta á una espita, permite una salida constante basta cuando _ape·
nas hay presión en el recipiente (fig. 3). Esta dISpo-

\lª'

EPÍLOGO

Estaban sentados en un sitio extremo del Paseo
de las islas.
Eran los últimos días de Junio, reinaba por fin la
tardía primavera del Norte y la atmósfera iba adquiriendo una pureza sobrenatural.
Desde aquel sitio los felices esposos abarcaban
con sus miradas un espacio inmenso, absorbiendo
al mismo tiempo los efluvios de la brisa marina, que
llegaban hasta ellos, resbalando sobre el río.
XI
Oíanse á lo lejos ecos plañideros, repercusiones
extrañas,
producidos por las nieves árticas que se
Seis días después el príncipe Lodiski recibió un
ejemplar de la nueva traducción, en cuya portada desprendían en aludes colosales; y el astro del día,
se leía la siguiente dedicatoria autógrafa del empe- declinando lentamente, iluminaba aquel panorama
asombroso con efectos de luz inauditos.
rador:
Marcial, no acostumbrado á aquel magnífico es«A la princesa Elena Lodiski, á la cual intensará pectáculo,
estaba absorto.
este libro.&gt;
Miró
su
reloj: eran las diez de lo que debía ser
El secretario particular del czar presentóse también en casa d_¡, Marcial y le entregó un pliego cerra- noche, y aún el sol no había acabado de descender.
Por fin llegó al extremo del horizonte, y pareció
do y sellado con las armas imperiales.
sumergirse en las aguas del mar.
Rompió nuestro héroe la cubierta, enteróse de su
Quedó una luz más tenue, pero clara y sin el mecontenido y cayó en un sillón, trémulo de emoción
nor amago de sombra.
y asombro.
complacer á V. M. cuanto por honrar la memoria
Entonces ambos esposos, enlazadas las manos, caEn primer lugar halló un título de Conde, expedel autor de quien se trata, temo profanar su obra .
dido á su nombre con la denominación de Peterhof, yeron en ese éxtasis del amor feliz, en esa contem- Eso ya lo veremos, cabaUero. Ahora trabajad una de las residencias imperiales.
plación mutua, en que las palabras son monosílabas
y las miradas poemas.
con fe y, me atrevo á rogároslo, con prontitud. El día
Luego los títulos de propiedad de una vasta poseen que pongáis fin á vuestro trabajo, s~rá para mí de
Poco á poco cesó el silencio y comenzó el cusión situada en Moineaux, cerca de Moscou y que chicheo.
suma satisfacción.
rentaba seis mil rublos anuales, y por último, dos ta- Señor, procuraré complacerá V. M.
Recordaron sus amores. Marcial habló de aquel
lones del Banco de San Petersburgo, por valor de
- Mañana recibiréis un recado mío por medio de cincuenta mil rublos cada uno.
lerrible instante en que en el Retiro de Madrid tomó
mi secretario particular, con quien os entenderéis
Era todo esto tan inconcebible, tan inaudito, que á Elena en sus brazos, trató de expresar el estremesiempre que deseéis verme.
el pobre joven, aunque familiarizado con las sorpre- cimiento contagioso que entonces serpenteó por todo
sas,
lo creyó un sueño, una nueva faz de los castillos su ser, haciéndole adivinar que se había fijado para
X
en el aire que había edificado en Baden ó en Ham- siempre su amoroso destino. Elena, bajando los ojos
A la mañana siguiente presentóse el secretario del burgo.
dijo que ella también sintió aquella predestinación,
czar en casa de Marcial .y le entregó un ejemplar
En los primeros instantes la emoción paralizó sus el día en que leyó el título de la obra olvidada por
español de las obras de Quevedo, una autorización acciones y casi sus pensamientos.
~larcial y recogida por su aya. Convinieron ambos
para valerse de cuantas obras y manuscritos le fueen que habían estado algo tímidos y algo locos, y en
Vuelto en sí exclamó:
ren necesarios y además un talón del Banco de San
«Esto, sin duda, es una equivocación, y aunque que no querían curarse de aquella demencia.
Petersburgo por valor de mil quinientos rublos.
U na exclamación de Marcial interrumpió su amono la haya no debo aceptar.)
roso coloquio.
El príncipe y Elena no se mostraron tan sorprenY como si temiese desistir de su propósito, salió
didos como el preocupado joven esperaba al partiAl ver aparecer un vivo resplandor en la zona
apresuradamente
de su casa, llevándose el pliego que
ciparles el encargo del emperador.
oriental, dijo admirado:
acababa de recibir; tomó un droschy ( 1), hízose con- Si vais á estar tan ocupado, dijo la princesa con
- ¿Qué es eso, una aurora boreal?
ducir al palacio imperial, y por medio del· secretario
acento indefinible, no me atrevo á insistir en mis lec- solicitó
- No, contestó Elena, es la luz que precede á la
ver al emperador.
dones de inglés.
aparición del sol :
Un rato después hal!ábase en presencia de este
- Marcial, coartado por la presencia del príncipe,
- ¡Imposible! ¡Pues si acaba de ponerse!
soberano,
que le dijo con su habitual benevolencia:
limitóse á contestar:
- ¡Mira!, repuso aquélla señalando el horizonte.
No
esperaba
veros
tan
pronto,
caballero.
Sin
duda
- Hay tiempo para todo, princesa.
En efecto, el magnífico astro apareció rodeado de
habéis adivinado que he leído ya vuestra admirable
- En ese caso, repuso Elena acariciándole con una traducción y venís á que os repita mis felicitaciones. un halo esplendoroso, lleno de prismáticos colores
mirada, no qui,iera olvidar lo que he aprendido.
- Señor, no vengo á eso, contestó Marcial, tréMarcial se puso á trabajar sin pérdida de tiempo,
mulo de emoción, por más que la benevolencia de
preparándose primero con la detenida lectura del V. M. colme mis mayores deseos.
autor que debía traducir y proporcionándose cuan- ¿Entonces? ...
tas obras y diccionarios en ambos idiomas juzgó ne- Vengo, aunque no ignoro que no se debe incesarios. No obstante la advertencia del emperador,
terrogar á los príncipes, á saber de V. M. si este
no quiso valerse más que de algunos escribientes que pliego está efectivamente dedicado á mí.
le facilitasen el trabajo material, ayudándole á com- Sin duda, caballero.
prender el significado de las pocas palabras rusas
- Pero Señor, yo no puedo aceptar.
que ignoraba.
- ¿Por qué causal
Una idea loca é infundada, pero natural hasta
- Voy á hablar con el corazón en la mano, señor.
cierto punto en quien está poseído de una gran paSabiendo que V. M. es el príncipe más espléndido
sión y abocado á un gran peligro, se posesionó del
de Europa, esperaba un gran regalo de su parte; pepensamiento del enamorado joven. Durante las pocas
ro el que acabo de recibir es tan superior á mis eshoras en que se entregaba al descanso, al ir y venir
peranzas y á mi escaso merecimiento, que mi condesde su casa al palacio Lodiski, antes de conciliar ciencia no me permite ...
el sueño, ó en el rato que pasaba sentado á la chime- Decid vuestro orgullo, interrumpió el czar con y trazando espirales prolongadas. Las aves acuáticas,
nea después de comer, formaba un plan para lo su- acento severo.
cesivo, plan descabellado, propio de un amante ó de
invisibles durante un rato, volvieron á levantarse de
- ¡Señor! ...
un poeta.
entre la espumosa cinta del Neva, y el ruido lejano
- Fijaos en mis palabras, caballero. Tengo enten- de las nieves derretidas por la acción del sol adquiMarcial pensaba:
dido que sois noble.
rió más intensidad.
«El czar recompensará espléndidamente mi tra- Sí, señor.
bajo, no cabe duda. La mayor parte del regalo im- ¡Ah!, exclamó Marcial en el colmo del asombro,
- Pues bien: debéis saber que un noble jamás se ¡Esto es un día eterno!
perial le destinaré al pobre Bernardo, y con el resto
desdeña de aceptar los dones de un soberano por
me iré á Baden ó á Hamburgo á probar fortuna en grandes que sean.
- Sí, Marcial mío, dijo la enamorada esposa, miel juego: se han dado casos de suerte, y ¡quién sabe
rándole
con ternura: ¡Eterno como nuestro amor!
- ¡Ah, señor!
si en un día, en una hora, realizaré los sueños de mi
ambición!
FIN
(lJ

NúMERO

EL OXIGENO. - Fig

1.

Procedimientos para agujerear el tapón y encorvar el tubo de cristal

llamada de cola de ratón, se practica en éste un
agujero (fig. 1) por el cualseintroduc~ de modo que
ajuste perfectamente un tubo de cnstal encorvado
en ángulo recto, lo que se obtiene fácilmente colocándolo sobre una lamparilla de alcohol, como lo
indica la citada fig. r. El gas se recoge en un frasco
lleno de agua con ayuda de un pequeño tubo de caucho que arranca del tubo de cristal.
La combusli6n dtl cinc. - En el oxígeno todos los
cuerpos arden con mucha mayor intensidad que en
el aire. Las combustiones del carbón, del azufre, del

una persona que vais á quemar una aguja de coser
con sólo calentarla en la lla¡na de un fósforo, y de fi¡o
quedará en extremo sorprendida. _
. .
Y sin embargo, nada más fácil s1 podéIS dISponer de
un frasco lleno de oxígeno. En efecto; tomemos una
aguja larga y gruesa para que la combustión dure más
tiempo y clavemos la punta en un pedazo de fósforo
de madera y la cabeza en un taponcito de corcho
sostenido por un alambre clavado á su _vez en un
tapón ancho y plano como el del expemnento anterior (fig. 2). Encendamos el fósforo é mt~oduzcamos todo ese aparato en el frasco de oxigeno: el
pedacito de madera del fósforo arde vivamente_y
Juego se vuelve incandescente la punta de la agu¡a
que arde con ruido proyectando chIS~as en todas
direcciones basta que le falta oxlgen?- Esta comb_ustión es un verdadero fuego de artific10 muy parecido
á los pequeños cohetes de salón que los niños encienden sin soltarlos de la mano y de los cuales su'.gen innumerables chispas que forman elegantes dibujos.
.
En este experimento hay que tener cmdado en
proteger el fondo del frnsco con u~a grues~ capa de
agua sin lo cual las gotitas de ÓXIdo de hierro fundido' que caerían en él romperían infaliblemente el
cristal. Terminada la combustión, se observa en_ el
extremo de la aguja que no ha ardido una bohta
esférica: es el óxido de hierro fundido procedente
de la combustión.
'
También puede hacerse arder una aguja de hacer
calceta, pero hay que esco~erla delgada si se quiere
que el experimento ~lga bien ..
Exlraccilm del oxigeno del azre.-¿Por qué se prepara el oxígeno calentando clorato de potasa, que
cuesta relativamente caro, cuando
parece tan fácil extraer aquel gas
del aire? Este problema de la extracción del oxígeno del aire ha
preocupado durante largo tiempo á
un gran número de químicos eminentes, y aunque no puede decirse
que está completamente resuelto,
cabe afirmar que se ha dado un
gran paso en este sentido. En Passy, calle Gabarni, existe una fábriEL OXfGENO. -Fig. 2. Combusti6n en el oxigeno de una aguja de coser
ca en alto grado interesante, en
donde se aislan los elementos del
fósforo son hermosas; pero por lo mismo que esta- aire, el oxígeno y el ázoe, que se venden separadamos tan acostumbrados á verlas en todas las clases, mente.
nos llaman poco la atención.
El procedimiento para ello empleado es una mo·
Con un trozo de cinc y un vaso llen9 de oxigeno dificación del marcado en otro tiempo por Boussmpodremos verificar una combustión muy bonita. To- gault. Consiste en calentar barita en una corriente
memos un tapón de corcho plano bastante ancho de aire: la barita absorbe el oxígeno transformándopar~ cerrar .'!l vaso que nos sirva para el experimento, se en bióxido de bario. Si entonces se hace cesar la
Y fi¡emos en él un alambre suficientemente largo pa- corriente de aire y se eleva la tem¡,eratura, el b1óx1ra que llegue hasta la mitad de la altura de aquél, do cede su oxígeno y produce banta que puede abclavando en el extremo libre del mismo una bola del sorber nuevamente este gas.
tamaño de una nuez hecha con virutas muy delgadas
Teóricamente, con una pequeña cantidad de bade cinc, en cuyo int~rior pondremos un pedacito de rita y de calor podría obtenerse oxlge_no en canlldad
carbón que asome su afilada punta por el extremo indefinida; pero en la práctica, Boussmgau_lt no pudo
de la bola. Cogiendo el tapón con la mano drecha, servirse de la misma barita más de diez y siete veces,
aproximemos la punta de carbón á la llama de una después de las cuales dejaba de absorber_oxígeno.
bujía, y cuando aquélla presente un punto rojointroLos hermanos Brin, cuyo p:oced1m1ento es .el
duzcámosla rápidamente en el frasco de oxigeno. El que se emplea en la fábrica de Passy, han ~rfecc10carbón arde intensamente, el cinc que le rodea to· nado esta fabricación preparando una banta pura

íl

Fig. 3, Recipiente de oxígeno ~ra la industria .

Fig. 4. Recipiente para las farmacias y los laboratorios

sición es muy cómoda, sobre todo para las proyecciones con luz oxhídrica, que ofrece de este modo una
intensidad siempre igual .
. .
De algunos años á esta parte, !~ medicina emplea
mucho el oxígeno puro, ora extenormente para n:10dificar úlceras atónicas en las cuales produce VIva
excitación, con lo que el enfermo toma_ verda1eros
baños de oxígeno, ora interiorrne_nte en mhalac10n~s
para reanimará los que se asfixian ó para com~atir
la tisis. La fábrica citada vende á los farmacéu11cos
y á los laboratorios recipientes especiales que con·
tienen unos 200 litros de gas á la preSión de 8 atmós-

Fig. 5. Agua oxigenada de mesa
Fig. 6. Agua saturada de oxigeno á presi6n

feras (fig. 4). A menudo el oxígeno debe ser inhalado solo, pero algunas veces si~e de vehículo
á otros medicamentos, como eucalipto!, creosota,

�LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

N úMERO

479

yodoformo, fenol, ácido fluorhídrico para las enfermedades de pecho, 6 cloroformo, éter, cloral para
las afeciones espasmódicas de las vías respiratorias.
En estos casos el gas pasa por una bola hueca de
metal que se ve en la (fig. 4) y llega al pecho del
enfermo saturado de vapores medicamentosos.
Y no es esto todo: el oxígeno disuelto á presión

Fig. l. La señorita Lucía de Gentry adivinando el pensamiento

produce un agua con frecuencia impropiamente llamada agua oxigenada, que es un ligero estimulante
para la digestión y se emplea como agua de mesa
(fig. 5). A mafor presión y adicionada con un poco
de gas carbónico, que le da cierto sabor picante se
vende ~n sifones (fig. 6).
'
Vertiendo de esta agua en un vaso, puede avivarse la _llama
un fósforo que sólo presente un punto roJo, poniéndolo sobre la s_uperficie de aquélla;
pero hay que operar muy de prisa, porque el oxígeno
se escapa con gran rapidez.

?e

F.

(De La Science Illtutree)

malo introdujo la señorita Lucía de Gentry, con la
demuestra que el anillo ha alcanzado toda su fuerza
que hemos hecho varias pruebas de adivinación que de
percusión.
han dado resultados excelentes.
Uno,
... dos, .. . cinco, ... diez, .. . veinte, ... treinEsta señorita se ata en la mano el extremo · de un
ta,
..
.
treinta
y tres golpes ha dejado oir la mágica
pañuelo de bolsillo y hace que su medium aguante
campana:
la
señora
se aparta involuntariamente del
con la suya el otro, como lo indica la fig. 1, en la
que se presenta el experimento de tomar de una ces- adivinador, á quien antes había confesado como edad
ta con varias flores la mentalmente escogida por su verdadera veintiocho años, segura de que nadie había de echarle más á juzgar por su semblante fresco
auxiliar.
Uno de los nuevos ejercicios, de gran efecto, con- y bello. ¿Cómo, pues, el misterioso péndulo ha desiste en adivinar y coger un naipe previamente de- mostrado el engaño? Muy sencillamente: la amable
terminado por el medium, y se ejecuta del siguiente señora ha pensado involuntariamente en su verdamodo: sentados en sendas sillas frente á frente el dera edad, vacilando en la duda de si el péndulo
medium y el adivino, toma aquél con una mano un descubrida su mentira, y los impulsos en su cerebro
juego de naipes que extiende en abanico de modo surgidos se han traducido en vibraciones musculares
que la cara de las cartas mire á él y con la otra coge que el adivinador ha percibido inconscientemente y
la muñeca de su frontero, como lo indica la fig. 2 . transmitido al péndulo. Y decimos inconscienteEl adivinador tiene, como es natural, en todos estos mente porque así es en efecto, pues el adivinador
casos los ojos vendados, no tanto para probar á los no tiene conciencia de lo que hace, sino que obra
espectadores que en el juego no hay engaño, como en cierto modo como instrumento puesto en manos
del medium que piensa por él.
para hacerse pasivo, valga la frase, es decir, para susDejando ya este tema de la adivinación muscular,
traerse más fácilmente á las influencias externas que
podrían distraer su atención. El medium indica una
carta de antemano convenida con los espectadores
y sin previo conocimiento del adivinador, y concentra su voluntad en el propósito de que éste acierte
la carta pensada. A la voz de ¡ahora! el adivinador
coge rápidamente el primer naipe que tocan sus
declos v que casi siempre es el mismo que había de
acertar.
Otro juego entretenido es el llamado la sortija
adivinadora del pensamiento (fig. 3), y que consiste
en que el adivinador mantiene suspendida de un
hilo una sortija que da en un vaso tantos golpecitos
como unidades tiene un número previamente pensado.
Este experimento se verifica del modo siguiente:
el adivinador pide un hilo de seda, un vaso de cristal y una sortija, si es posible de las llamadas alianzas, y suplica á una señora que se sirva de él como
medium. Después de haberse puesto en contacto
con ella del modo indicado, ata la sortija á un extremo del hilo y se arrolla el otro extremo en el dedo
índice extendido, hecho lo cual se sitúa delante de
la mesita con el brazo tendido de modo que el improvisado péndulo venga á caer en el centro del vaso

FAIDEAU

Fig. 3. El péndulo misterioso

***
ADIVINACIÓN Y TRANSMISIÓN DEL PENSAMIENTO

diremos algo de la adivinación sobrenaturai del pensamiento, de la llamada telepatía.
La principal diferencia entre estos dos medios de
transmitir el pensamiento estriba en que en -la adivinación muscular hay un contacto directo sensible
entre el adivinador y su medium, al paso que en la
telepatía las dos personas puestas en comunicación
mental pueden estar muy lejos una de otra sin que
por ello se dificulte la transmisión.
Otra diferencia consiste en que en la telepatía
ambas personas no tienen á menudo conciencia de
su acto: el actor no sabe que quiere transmitir un

Cuando hac~ unos diez años el inglés Mr. Stuart
Cum~erland eJecutó en Alemania y en Austria los
experimentos de ad_ivinación del pensamiento las
gentes, aun las más ilustradas no sabían halla; explicación satisfactoria á este fe'nómeno. Cumberland
se_ pr~sentaba como hombre dotado de un poder
m1ster~oso, y por tal le tenían la generalidad de los
que asistían á su~ representaciones, al paso que los
me~os, los escépticos, atribuyeron la habilidad á simple Juego de prestidigitador.
Desde entonces han surgido infinidad de adivinos
de ambos sexos que han hecho lo mismo y quizás
más que Cumberland, y la controversia científica
á que dió origen este espectáculo ha terminado de~ostrándo ~l conocido fisiólogo doctor Preyer, teórica .Y práct1cam~nte, que en la adivinación del pensarmen~o no _habta de verse un don especial á pocos
con~e~1_do, smo una aptitud basada en la exquisita
sens!b1_hdad d~I tacto, capaz de apreciar los menores
Y f!1~S mconsc1entes movimientos musculares. Esta
Fig. 2 . Adivinaci6n de una carta
opm1ón que desgarraba el místico velo tras del cual
se o~ultaban Cumberland y sus compañeros de arte,
se v1ó co?fi~mada por el hecho de aparecer en cien encima de aquélla colocado, sin tocar el fondo. Terluga~es distintos otros tantos adivinaqores del pen- minados estos preparativos, ruega á la señora que le
sa~1ento, hasta el punto de no haber quizás una fa- diga, dispensándole la indiscreción, cuántos años
m1 ha que no contara alguno de ellos La adivinación tiene. sin ocultar uno, porque para el buen éxito del
del pensamiento ha llegado á ser desde entonces en experimento es przciso que la edad sea exacta: aquéAlemania un verdadero sport predilecto de los que lla dice una cifra, casi nunca la verdadera, el adivie~ !_as largas_ veladas de invierno se congregan en fa- nador encarece una vez más la necesidad de que sea
~1har tertulia. P~ro como todo progreso, la adivina- sincera en su afirmación y la dama insiste naturalción del pensamiento no se ha circunscrito á los mente en que lo ha sido en absoluto.
«Perfectamente, dice el poco galante medium. En
experimentos de encontrar un alfiler, escribir cifras
mi
calidad de adivinador del pensamiento, nada se
por otro ~ensadas, etc., que constituían la especialidad
?e los primeros adivinos de profesión, sino 'que se me oculta, y además puedo transmitir á la sortija el
mventaron nuevos y entretenidos números no todos poder de descubrir las cosas más recónditas. Vatan conocidos que no tenga cierto interés dar de mos á ver, pues, qué dice el anillo. Lo único que
suplico á V. es que piense con toda la fuerza de su
ellos una breve descripción.
voluntad
Fig. 4. Telepatía de una niña
Por de pronto no se persistió en el contacto directo dadera.» en el número que expresa su edad verentre_ e_l experimentador y su medium como primera
Gran ansiedad y completo silencio de los circunscond1c1ón para el buen éxito del experimento, sino.
pensamiento y el paciente ignora que se le quiere
tantes,
que fijan atentamente sus ojos en los experi· transmitir.
que se buscaron para esa comunicación indispensable
otros medios, como coger las dos personas un mis- mentadores y en la sortija. De pronto el péndulo
Son, pues, posibles en la telepatía tres cosas:
mo palo, ó un pañuelo, ó un cordón, etc. Este siste· 'empieza á oscilar, los movimientos se van haciendo
1.°
Actor y paciente tienen conciencia de la trans·
cada vez más intensos y por fin un sonido vibrante
misión; tal suele suceder con lo~ experimentos que

N úMERO

479

LA ILUSTRACIÓN

se verifican propiamente para transmitir un pensamiento.
.
. .
El actor ó el paciente no tienen conc1enc1a
d/ 1~ transmisión; por ejemplo! cuando un_o_~e ellos
se encuentra en un estado distmto_ de la VIgtha normal, es decir, cuando duerme, tiene calentura, es
sonámbulo, etc.
.
. .
3 • Cuando ninguno de los dos tiene conc1enc1a
de ~sa transmisión, caso que en la vida sucede con
más frecuencia de lo que generalmente se cree.
0

Como ejemplo de la forma más sencilla de la tr~nsmisión sobrenatural del pensa~iento, podemos citar
el juego de sociedad que hace tiempo ~a tomado carta de naturaleza en Inglaterra y América con el no1;11bre de Willing-game (juego de voluntad_), que se eJecuta del modo siguiente: en una tert~ha _se escog~
como paciente una persona joven, me1or si es un ~1ño de seis á diez años, y se le encarga que salga e
la habitación y que al ser á ella de nuevo llama~o se
fije bien en la idea que se agite en su mente y e1ecu-

te sin vacilar lo que esta idea le dicte. Fuera el medium de la estancia, los que en ésta permanecen _convienen en un acto sencillo que aqu~l habrá de _eJe~utar como ·por ejemplo, tocar un ob3eto determma o.
Al 'entrar'otra vez el medium todos los concurrentes
concentran su pensamiento en el acto _que ha de realizar cuidando empero de no descubrirlo por un ~esto ni por una mirada, y si proceden como es deb~do,
qué! acierta y ejecuta fácilmente la cosa_ convemda.
~ste experimento puede facilitarse más s1 uno de los

!GABGAKT.
°'

Jarabe Laroze

VOZ y BOCA

PASTILLAS DE DETHAN

DE CORTEZAS DE NARANJAS A~ARGAS

f8i«ltralj::a ,:~fil'.:

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todos los médicos para la cJracion de 1ª:Jll!tritia,
~
er:cio~:s
1 de
loa intestinos.

r:i~:1J~:e; ::r:•::=i~are~:\as

1 43

A RTISTICA

Ext.lnoton• de la vos lnflamaoton• de la
Booa, Efeotoe pemtotoaoa del llero~o, Irl•
Uolon gue procluoe el Tabaoo, y 1pee1alm1111t
' lol Sara PREDI~ORES, ilOG~oa,
PROn:&amp;ORES y CANTOREII para faclli\u la
emloion de la TOL-PUGI0: 12 lb.u.a,.
l(llgW 111 ,i rot11lo O /INIICI '

J.A.R.A.BE

a1Bro·m.uro de Potasio

.&amp;ADI. DE'ñliK, l'arma-uoo en Pilll

DE CORTEZAS DE IARlNJlS lllRClS

PATERSON

ca BJSMUTBO J IIAGN&amp;SU
llecomeadadoa conlra !u Afeooton• del Eatb•
mago Falta de Apetito, Dlgeation• labo:
rt
' Aoediaa VOmito1, Eruotoa, Y COU-,
re~lzu
FtmolonN del Ea\Omago -,
de loa IMeetinoa,

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Eilllrtulrotvlo I lmtl de I , FAYA/10.

.l.dh. DETIUN, Fannaoeu\loo en PAJUa

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ESTREÑXJ.\,2:XENTO
11 A f4'('cio11e•
que ,on , u consecuencia
~~t

edio mas eficaz para combatir las enfermedades del ooruon,
11 e rem
6ri mi
iia baile de 8•·Vito, Insomnio■, ooa~ª~e 1:;
la denUcioD • OD una palabra, kdu

E 1

-

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

llecomendadal contra lot llal• de la Guguia,

edef~síómago

:J~~!?~;•
niliFsduranto
lu afecoionea nervioaas,

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.

,I

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; cion de las .Afecciones del pecho,
' Catarro1,llal degarganta,Bron•
quiti1, Reafriado1, Roma~o,,
de los Reumati1mo1, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivatlv? recomenda_do por
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D1p6slto ,n todas

CURA.CION .

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con el uso del

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ot:El truco contiene unu 20 D61l1
PA.lllS, 8, A ........ V1cloria, r F&lt;ll'mlJc141,

LA SAGRADA BIBLIA
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JARABE

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La ceja: l fr.

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de H. AUBERGIER

2000
PJ1E1110
de

con LAO'l'VOAI.It1K (Jugo lechoso de Lechuga¡

r,.
.
ria é inaertadoa en la Co.lecci6n
Aprobados por la Academ1a de Mde:'~!':!!~!';terial de 1 o de Mar.so de 1854,
0.ficial de Fórmula■ Lega1ea por

0

,. ti .rep arador de la sang
·crol:&gt;icida por excelen cia.
coi prolo-loduro fe llerro de F • Gi_lle

....,fl,--c..,.ta-p-er
~rec=-=-tamente
comprobada
el Catarro
Una completa innocutdad, una eR
ca
Tos
a.,ma é ,mtacwn
de la en
garganta,
han
eplaémtco, las Bronquitis, Catarro3, euma.,, IER una tnmensi. rama »
l!'rangeado al
ü la Facultad .i; Medici11&amp; (16- •dicl6!1J,
(lb:tracto del Formu1an o
ico I COIIIAR y e- S8 calle de Sl-Claude, PARIS
venLa por m~~~~~ITO EN LAS PlliNcÍPALES BOTICAS
. .. . .. . . . ..
.
«

JARA~EJl'A~11,~io!~:r~:,~alldr41ico

da.d.M ffl raa6n ti, ,u pvrua ¡ ulm1ca,

comi'~:!:t. lo,

d•
"º' J)ltaltl\,
llers. PARIS. Dnnsil~ ,n l&lt;&gt;lu tu hnn&amp;ela

-CARNE- HIERRO y QUINA

11 .Alimento 1IW

En el tratamiento de fas Enfermedades del Pecho, recomiendan los
Médicos especialmente el empleo del

T CO!f TODOS LOS

ofo,' .Rue Vauvilliers,

PA..RIS

los 'rÓDlCOI D1U reparadore,.

aneemos ICtlTUTIVOS DI u CARHE

.,..~ mEIIII• '1_ .lllllp~C:Olles~

PIERRE lAMOUROUX
PIERRE LAMOUROUX, Farmc0

&amp;

VINO FERRUGINOSO ARDUO

JARABE yde fa PASTA de
Para evitar fa s falsificaciones,
debera exigir el Publico fa
Firma y Señas del Inventor:

f.16 IIDÍdO

9:emeo

.

'

==~~l~e~-=.e1.,,:
•e..,.._...

todu las emtnen0111 mt!dlcaa
que ae conooe pan. curu : la Clordlv, I&amp;
•111- OOlllUtuye1~ ~
lmJIQ~IIUMto-, I&amp; Alteradaft di lo SMtlr,.
J.fldfll'4, las """ "- 'ICCfOlla e,cro,WÓ,O, 1 e,cor&amp;lltleell, ele. SI Tia•
dé
el Raqvm,mo, ~•-'' el único que reune lodo lo que entona J rona1ece loi 0l'PDOI,
&amp;n1111 81, en "'""""• aumenta conaiderlblemente JU fllel'III 6 ID!wlc1e a la llllll'O
= = ~ = l ~ r i d a : el Ylqor, I&amp; Color~ 11&amp; 6ftlf'~

ou.i.

wa de l.JIMFBW,
Farmat.e11tieo, 10!, rae Riebellea. 8acetor te llOW.
.Por.. .,or,tA Plrilpeu VDI&gt;a
TOD4B U.S Plll(QIPAlJIS IIOTlQ.UJ
11
1

EXIJASE

:=

ARDUO

EnfermedadeSde1Pecho

Jarabe Pectoral
DE

·P. LAMOUROUX
Antes, Farmacéutico
t:S, Calle Vauvtlllers, Parta.

El Jarabe de Pierre Lamo11roux .es
el Pectoral por exc~lenc1~
como edulcorante de las tisanas, a
la, cuales comunica su gusto agradable y sus propiedades calmm1tes.
(Gaceta de los Hospltatn)

Dep6aito General : 45, Cilio Tamlliers, 45, PWS
Se rende en todas /u buena, farmao/a,,

�LA

144

l LUSTRACIÓN

NúMERO

ARTÍSTICA

479

saber por qué,
presentes al enen un mismo
trar el medium
momento pienen la habitación
san el uno en el
se sitúa d etrás
otro y al enconde é~ y colocantrarse frente á
do encima de sus
frente en la esh ombr os, aunquina exclaman:
que sin tocarlos,
- En este inslas manos extentante estaba pendidas, le va sisando en usted.
guiendo paso á
- Y yo en uspaso sin por esto
ted. ¡Qué casuadejar de concenlidad!
tra r s u pensa¡Casualidad!
miento en el acto
Nada de esto:
concertado.
los dos sujetos
La fig. 4 da
han sentido su
una idea de este
recíproca proxiexperimento inmidad, han penteresante ejecusado inconscientado en esta últitemente el uno
ma forma.
en el otro y muOtra variante
tuamente se han
nos muestra el
transmitido ese
siguiente ejempensamiento.
plo:
Ejemplos anáUn individuo
logos
al que citaes hipnotizado y
mos ocurren coel hipno ti zador
mo hemos dicho,
procura sugerirle
con frecuencia
dete rmin a d os
suma en la vida
mandatos. E l
ordinaria: alguhipnotizador se
nos llaman precoloca á alguna
sen tim ie nt os á
distancia y detrás
esas transmisiode la butaca en
nes, otros califique se sienta el
can de superstisujeto hipnotizacioso y punto
do, y sin decir
ESTUDIO DEL PINTOR FRANCISCO DE LENBACII. (Véase el articulo,)
menos que de
una palabra hace
necio al que en
los gest os que
los circunstantes le indican. La orden mental enérEl tercer modo de transmisión telepática del pen- · ellas cree; pero el hecho es_qu~ el fenómeno exist;~:
gica para que imite esos movimientos es transmitida samiento ocurre muy á ' menudo. Una persona va por que á no buscarle una explicación sobre~atural, fa
telepáticamente al paciente, que se encuentra en es- una calle, y por otra que desemboca en ésta viene un zoso es admitir la que nos ofrece con mas gar~nt s
tado de sonambulismo y que ejecuta sin vacilar lo amigo suyo: ninguno de los dos ve al otro, ,del cctal de acierto la transmisión telepática del pensaIDiento.
que se le manda.
le separa á veces buena distancia, y sin embargo, sin
(Del Sc!torerfamilienblatt)

0

Las casas extranjera.a que deseen anuuoia.rse en LA. ILUSTRAOIÓN ART1BTIOA. dlríjá.~se pe.ra !nformes á los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin,
ntím. 61, Paris.-La,s casa.e espa.ñolttS pue don ha oarlo en la. librería. de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, núm. 6, Barcelona

CARNE y QUINA

11 Alimento mu reparador, llllido al Tónico mas ener¡ico.

-

VINO AROUD CON QUINA

lADEL C(J ·

1' CON TODOS LOS PJUNCIPIOS NUTllmvos SOLUBLES DB u CARNE
Cl.ta!IE y 011111.11 son los elementos que entran en la oompos!cton c1e este potente
~parador de las tuerzas vitales, de este fonilte11a&amp;e poi' e•cefe aeia. De un gusto su-

mamente a¡radable, es soberano oontra la Anemta y el J.pocamtento, en las Calentura,
y Conr,a~enctas1 contra las Dtarreass las Á(ecctones del Bstomauo y los ,ntelltno,.
cuando se ima de despertar el apetito, asegurar las digestiones reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y 'fas epldem1aa provocaw por los calores, no se oonoce nada superior al l'la• de gaiaa de Aroac.
,P()r ma11or. en Paria, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu, &amp;ceaor daABOUD
SB VBNDB BN TODAS LAS P RINQIPALBS BoTiCA&amp;
•

LECHE ANTEFÉLI
• UR~

OMEZCLADA CON AGUA,

~~~
O~

9

EFFLORESCSN'C:U.8
.), 0
011

as.
Rue
Vivlenne

da

Aprobada por la .lC!DEII! DE I EDICIIU

U 111:PLIA, COM I L ■ATOi. h .lTO l lt LA&amp;

DISPEPSIAS
04STRITIS - QASTRAL01"8
DIQESTION LENTAS Y PE NOSAS
FALTA DE APETITO
Y OTI.Ol DUOlDIIIII DI LA. DI0IITIOS

BUO LA F ORIIA. DE

PABIS, Pharmacie COLL4s, 8, rus Dauphina
y ,,. laa prlnc(pal,1 farmacfa,.

"l&gt;"

tu
conocen l11

q111

DE PAFIIS

1878

ELIXl;t. · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · . de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT

,

~

96

.PILDORASt~DEHAUT

h!t dallu •• laa Expoalclonu lot•l'Daclonaloa do
1876

._e

UiSOMNIES,
Crlsu llemaJ11

Perimlu

PARIS • LYO!I • VIENA • PHILJ.D!LPHU • P.lRIS
l s:3

~o1

SIROPDoctrfORGEJRBMs. rcux,

PREMIO DELIHSTITUTO AL D' CORVISART, EH 1856
187i

ROJECES

•erva e l c\\tls \ \t11t&gt;

Pepsina Boudault
1887

Oll i,A

PECAS, LENT&amp;JAS 1 TU A SOLEADA
SARPOLLIDúS, TEZ BARROSA
ARRUGAS PRECOCES
~.,o

, ~~-- - - - - - - -... 'P.

EXIJASE el~o6r~ 7 ARO UD
ilf.f.O~DES del E8To41.
,,-te~ - u - '4qo

LAIT ANTÉPHÉLIQUE

Querido enfermo. - Fiase Vd. 4 mi larga experiencia,

y haga uao de nue1tros &lt;JRANOS de SALUD, púe, ellos

Je curarán de su const,paclon, le darán apetito y le
derolrerf¡n el , ueño y la alegria. - As, r,virá Vd.

"

no titubeán en purgarse, cuando lo
nec~sitan. No temen el asco ni el cauyancio, porque, contra lo que sucede con
~s demas purgantes, este no obra bien
smocuandosetomaconbuenosalimentos
Ybebidas lortilican~s, cual el vi.no, el calá,
ehl té. Cada cual escoge, para purgarae, la
ora y la comida iue mas le convienen,
sef!Un sus ocupaciones. Como el caus/UI
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena alimentacion empleada,uno
se decide l~cilmente 4 volver
'"4 empezar cuantas veces
sea necesario. ,

muchos año,, d11fr utando uempre de una buena aalud.

PITE EPILITOIRE DUSSER

· Participando de las propiedades del I odo
y del Hierro, estas Pildoras se emplean
especialmente contra las E scrofuJa•, la
Ti•h y la D ebllldad de tempe ramento,
asi como en todos los casos(PáUdOB colorea,
A.JD,enorr e a , ••) , en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 regularizar su curso perlóc!lco.

~ f ' A,,?f)s Farmaceuuco, en Parls,
~ Rue

Bonaparte, 40

El !oduro de hierro Impuro 6 alterado
• es un medicamento Infiel é Irritan te.

N, B

Como prueba de pureza y de autenticidad de
las ver daderas P lldoras de IJlancard,
e:dglr nuestro sello de plata re activa,
nuestra fir ma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Uni ón de
loa Fallricantes para la represión de Jafa1S1·
ficaclón.
SB RALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

~ lruye basta las RAl~E$ el YELLO del rostro de las damu (Barba, Bigote, etc.), 111
gun peligro~ el culíJ. 50 Aii.01 do Íl:rttto,ymillares de tesUmoniugmntlzu la eftu cll
de esta preparaaon. (Se nade en 01]11, pm la barba, y en 1/2 oaJaa para el birota lireroJ~n
los br.uos, emplme el P lLJ t'flBB. DUIH!IJiJR, t , rue J .. J ,•Rouaseau, Parla-

Quedan reservados 101 derechos de propiedad artislica y htcrana
UJP, DI MON'T4l'III Y S1"Ólf

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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