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BARCELONA 9 DE MARZO DE 1891· ~ - - - - - - -

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GUERRERO MORIBUNDO, obra del escultor Jorge Zala

n

11,

Grupo alegórico del monumento erigido en Arad á la memoria de los trece mártires de la Libertad

NúM. 480

�LA

146
SUMARIO

Text o. -

s..

forge Zafa v el 1110111,mento de Arad, por T.
- El
/i/,ro de Mr. Guya11, por José Echegaray. - SECCIÓN AME·
RICANA: La tamalera. Tipo li111e11o, por Eva Canel, - Gre·
goria ( Episodio ejemplar), por Matías Méndez Vellido. El arle espa11ol, por A. García Llans6. - Nuestros grabados.
-El anillo de Amasis. Novela original ele lord Lytton, ilustrada por A. Besnard. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Química recreativa. El l1idrógeno, por F. Fai&lt;lcau. - Libros enviados á

esta Redacci6n por autores 6 editores.
Grabados. - Guerrero moribundo, obra del escultor Jorge

Zala. Grupo aleg6rico del monumento erigido en Arad á la
memoria de los trece mártires de la Libertad. - Retrato del
escultor Jorge Zala, autor del monumento de Arad. - Vista
gmeral del monummto de Arad. - La estat1ta de Hungría;
El despertar de la Libertad; La Luclta; La Abnegación, cua-

tro grabados que representan tres estatuas y un grupo aleg6rico del monumento &lt;le Arad. - Ma,-/a y Magdalena, grupo
escult6rico de Jorge Zala, autor del monumento de Arad. El banquete, cuadro de James Linton. -La co11ftsió11, dibujo
de Huberto Herkomer. - La lanclta perdida, cuadro de Souza-Pinto (Sal6n del Campo de Marte, París, 1890). - Figura I . Aparato para obtener hidr6geno por medio de la des·
composici6n del agua durante la operati6n. - Fig. 2 , El mismo al terminar la operaci6n. - Fig. 3. Conductibilidad del
hidr6geno. - Fig. 4. Fabricaci6n de los balones de colodión.
-Est1tdio del pintor Geza Peske. (Las referencias á este grabado pueden consultarse en el artículo que lleva por título
Estudios de algunos célebres pintores, inserto en el número
anterior.)
JORGE ZALA Y EL MONUMENTO DE ARAD
Hungría es pobre en monumentos notables, y los
pocos que allí existen álzanse, no en la capital, sino
en las apartadas ciudades de las proviucias: tal sucede con el del general Bem, uno de los héroes del
grandioso período de 18481 que se levanta en Maros·
Vasarhely; tal con el erigido y ha poco inaugurado
e'l Arad en honor de los trece mártires de la independencia.
Este último, que es sin duda la mejor obta de la
escultura mom~mental húngara, fué modelado en un
principio por Adolfo Huszar, á cuya muerte confióse
la dirección y ejecución del monumento á Jorge Zala, con amplias facultades para, sin salirse de las líneas principales del primitivo proyecto, realizar á su
gusto el trabajo que se le encomendaba. Zala, con su
privilegiado talento, supo fundir en su propio pensamiento el pensamiento de su antecesor, transformándolo, embelleciéndolo, dándole más grandiosidad é
imprimiéndole carácter más adecuado á la idea que
conmemoraba; de modo que el monumento, tal co-

Retrato del escultor Jorge Zala, autor del monumento de Arad
mo hoy se admira, puede con razón ser considerado
como creación genuinamente suya.
He aquí ahora la descripción del monumento.
Sobre un amplio zócalo, en cuyos lados y en sendos medallones se ven los bustos en relieve de los
trece generales á quienes está dedicado el monumento, descansa una escalinata de la que surge un
elevado pedestal coronado por la estatua colosal de
Hungría.
Cuatro grupos alegóricos rodean la escalin~ta; el

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

480

primero representa el despertar de la libertad; el se- la Sociedad húngara de artes plásticas, y otros cautigundo la luc/¡a; el tercero .la abnegación, y el cuarto van todavía á los que concurren á su magnífico esun guerrero morzbzmdo; y en todos ellos se adivina tudio.
Al propio tiempo que el monumento dedicado á
el genio del autor y el sello de su marcada persolos
mártires de Arad, terminaba en su taller el ilustre
nalidad.
Lo propio acontece con la estatua de Hungría, artista otro, si no tan grandioso, no menos bello: el
Huszar la había ya m~delado en yeso; pero Zala, com- que ha dé erigirse en una de las principales plazas
prendiendo que la obra de su antecesor no guardaba de Buda en honor de Honved. Esta obra, como tola conveniente armonía con los grupos pur él cince- das las de Zala, interesa por su noble sencillez: en
lados y que presentaba demasiados puntos de seme- un zócalo que representa una brecha en un baluarte
janza con todas las obras análogas, como la Bavaria, de la fortaleza, álzase la figura de Honved apoyando
el Austria, etc., por medio de las cuales suele con- un pie en el cañón y tremolando en su mano izquiervencionalmente representarse á las naciones, la mo- da la bandera de la guerra: el joven héroe, como lo
deló de nuevo y consiguió realizar una obra por to- indica el pañuelo que lleva atado en la frente, está
dos conceptos notable, La Hungría de Zala expre- herido; pero en sus ojos brilla, á pesar del dolor, un
sa por modo admirable el carácter húngaro, que es rayo de alegría porque puede clavar en los muros de
lo que principalmente quiso el escultor imprimirle, la conquistada fortaleza el signo de la victoria, la
reflejado en la expresión resignada de su rostro, en la nobleza
de su actitud y en el sello nacional que llevan todos los objetos ó joyas que constituyen los
accesorios de la figura: así la espada en que se ·apoya, el casco
que ciñe su cabeza y la corona
que en él ostenta son reproducción respectivamente de la espada que en Hungría es considerada como la del primer rey,
del casco que usaban los guerreros de la famosa hueste negra
del rey Matías y de la corona
que llevó en sus sienes santa
Margarita, hermana del rey Bela IV.
Como obra plástica, el monumento reune todas las condiciones que en una obra de tal
naturaleza se exigen: expresa
con perfecta claridad el pensamiento en que está inspirado;
los hermosos contornos atestiguan el respeto del autor hacia
las eternas leyes del arte, y las
grandes dimensiones en nada
debilitan el sentimiento que la
nación quiso manifestar al erigirlo. Y no sólo como composición; sino que también desde el
punto de vista de la ejecución
artística, el monumento que
nos ocupa merece ser considerado como obra maestra; pudiendo sin vacilar afirmarse que
es el primer monumento húngaro en que el artista ha logrado por completo armonizar la
realidad viva con lo colosal de
las proporciones.
Digamos algo acerca de su
VISTA GEXERAL DEL M0~UMENT0 0E ARAD, obra de Jorge Zala
autor.
Jorge Zala pertenece á la nueva generación de artistas húngaros. Comenzó sus es- bandera nacional. Encima del joven Honved vuela
tudios en Buda-Pest, en medio de las mayores priva- un genio que ostenta una corona en su mano.
ciones; y gracias al apoyo de algunos parientes suyos
Esta es la última obra de Zala, á la que es de esricos, consiguió una pensión del Estado, marchando perar seguirá una larga serie de brillantes creaciones.
entonces á Viena y más tarde, en 1880, á Munich, en
En el joven artista húngaro se aunan todas las
donde dirigido por el ilustre profesor Syrius Eberle condiciones necesarias para que sus trabajos se peralcanzó completo desarrollo su preclaro talento. Su petúen al través de los tiempos. Una fantasía ardienprimera obra, titulada Fél a baba (La niña se espan- te, un sentimiento profundo, una claridad excepciota), que mereció los más entusiastas elogios de la pren- na! en la concepción, un exquisito sentido de las
sa de la capital bávara, fué considerada corno un por- formas, una sencillez extraordinaria en la ejecución,
tento de originalidad y de precisión en el modelado. son las cualidades más salientes de su envidiable geDe sus manos salió luego el grupo María y Mag- nio artístico.
dalena (que uno de nuestros grabados reproduce),
Y por encima de todas éstas tiene una ambición
que representa á la Madre de Dios en actitud de le- noble que le guía en todos sus trabajos yque sirvienvantar y consolar á Magdalena postrada de hinojos do de poderoso acicate ' á sus talentos le conduce á
á sus pies. Ambas figuras son un prodigio de sentí- pasos agigantados al templo de la gloria, término de
miento: el semblante de la Virgen refleja una admi- las más levantadas aspiraciones y merecido premio
rabie mezcla de bondad y de compasión, y en el de de los que á la admiración y difusión de la belleza
la pecadora se lee la expresión del dolor infinito y se consagran.
del sacrificio de todos los goces humanos. En las líComo hemos dicho al principio, en Hungría esca•
neas de la composición hay gracia y esbeltez que en sean los monumentos· que perpetúen el recuerdo de
nada perjudican al carácter monumental de la obra ilustres hombres ó la memoria de grandes hechos.
plástica.
·
El héroe de la guerra de la Independencia Francisco
Después de María y Magdatena, su primer traba- Rakoczy II se ha visto hasta ahora privado, quizás
jo grandioso fué la estatua arrodillada del palatino por causas políticas, del homenaje que ansía tributar]osé, que ejecutó por encargo del archiduque José le el pueblo húngaro. Lo propio acontece con, Mapara la capilla de Alcsuth. El propio archiduque le tías Corvinus, el que fué de hecho rey de Hungría;
encargó el busto de la archiduquesa María Dorotea, pero respecto de éste la pobreza de los proyectos
que Zala modeló imprimiendo en el retrato el sello hasta ahora presentados disculpan la falta.
de nobleza que tanto realzaba las hermosas facciones
Quizás el monumento de Zala, revelando un genio
de la hija del duque de Wurternberg.
.
digno de tamañas empresas, abra el camino de la
Posteriormente ha modelado una porción de re- reparación de tales omisiones ó injusticias.
tratos á cual más interesantes, de los que unos fueron 1
la admiración de los que visitaron la Exposición de ·
T, S.

N úMERO 4 80

LA I LUSTRACIÓN

A RTISTICA

EL LIBRO DE MR. GUYAU
Entre los libros que recientemente
se han publicado sobre cuestiones de
Estética, es uno de los más notables
el que ha visto la luz pública en la
Bibliofheque de Philosophie, con el título de Les problemes de l' Esthétique
contemporaine, debido al insigne escritor y pensador originalísimo Mr. Guyau, autor de otras obras notables, como La moral de Epicuro y La morat
inglesa.
Ya en el prefacio indica el objeto
de su notable estudio. La ciencia, dice, tiende en nuestros días á invadir
todo el dominio intelectual. El ser
humano .había vivido hasta aquí de
tres grandes elementos: la religión, la
moral, el arte. Pero el espíritu científico, ensoberbecido con sus triunfos,
no se contenta con imperar en su terreno propio, sino que cediendo á la
ley fatal de la conquista aspira á dominar territorios ajenos y á todas partes llega y en todas partes impone vasallaje ó reclama tributo. Destruyó las
bases de diversas religiones, agrega
Mr. Guyau; ataca hoy los principios
más generalmente admitidos de la
Moral, y no muestra señales de respetar la esfera celeste del arte, último
refugio del sentimentalismo.
Y sin embargo, estas invasiones de
la ciencia son inevitables, y si la Moral ha de fundarse sobre bases científicas y si el arte ha de tener una Estética, ¿qué otro remedio hay sino que
la ciencia llegue al arte y á la Moral?
La cuestión está en ver de qué manera llega.
Mr. Guyau divide su obra en tres
libros, qu~ tratan sucesivamente del
princip~o del arte y de la poesía, de s,u
porvenir y del porvenir del verso, abordando en estas tres secciones multitud de problemas, como, por ejemplo,
la teoría general de la belleza la emoción estética, el arte y la bell~za ante
la estadística y la fisiología, el arte y
de~oc~acia, el arte y la industria, la
1rnagmac1ón 1 el espíritu científico la
evolución de los sentimientos el rit:no
' romántica del verso,' los me-'
la teona
tros nuevos y el pensamiento y la versificación.
Basta recorrer esta lista incompleta
de las materias contenidas en la obra
del insigne escritor francés para que
por decirlo así, se abra el 'apetito d~
los aficionados á esta clase de estudios. En unos el simple enunciado de
los problemas será motivo de grandes
esperanzas; en otros sólo los títulos
que hemos copiado á capricho omitiendo otros muchos, serán ca~sa de
escándalo; pero á unos y á otros daría
que pensar el libro de Mr. Guyau si
lo leyesen.
Se trata de un escritor independiente, de un espíritu elevado, de un observador profundo: podrá á veces equivocarse, P1;I? no se equivocará como
~l vulgo. dictendo vulgaridades, ni se contentará con
ir por el surco que abrieran en este campo sin límites
de 1?~ proble°:1as estéticos los que le precedieron en
la d1f1cil y peligrosa labor.
. A ~esar del carácter positivista que ·como ahora se
dice• informa
tod
'
.
.
. o e1 1·1bro, Mr. Guyau
manifiesta
te ndencias poéticas, sentimentales y hasta metafísicas' y ~u esf1l0 es elegante Y coloreado aunque firme
y conciso.
· con tristeza, en que los grand Pasó. e1 fiempo, dice
es artist~s creían, como en artículo de fe en el carácterá seno y pro"'
.1 d ¡
' ellos va!'
!lunao
e arte; en que para
1ª
s¡ e~a más verdadero y más importante que la
rea 1 ª¡ _misma; en que para los místicos de la belleza
. de culto· en que
B art stica, el ar te era una especie
•e~th ~wen al escuchar interiormente sus ad:riirables
s1111omas creía según él mismo
•
.
confiesa, que D10s
1 stab '
~~
hablando al oído; y sin duda, á los ojos de
1~uel ªAngel,
los frescos, de que iba cubriendo su
gemo portentoso la Capilla Sixtina eran una nueva
consagración á su modo tan august; como la del sacerdote.

!ª

f1

1

MóNuMEÑT0 bE ARAD. -í.A

itsfATUA DF.

HUXGRfA

y 1?~s adelante, al empezar el libro que trata del
/&gt;mwpzo det arte Y de la poesia, deja Mr. Guyau hablar á su corazó_n de este modo: ·- .
!
~bse_rvaba, ~ice, días ha á un mno Jugando en una
habitac1ó_n, casi cerrada: un r_ay~ de sol pasaba por
un re~quicio de la venta?a, d1bu1an.do á t_r_'.1vés d~l
espacw una banda lu~mosa. Cornó el mno hacia
el blanco fantasma, qmso _cogerlo entre sus m~nos, y
entr~ s~s man.os se deshizo una y otra vez, sm ·que
coriguiera asirlo.
,
·
ª.columna de lu~, segun parece, sólo estaba en
sut~Jos, no ~n la reah?ad.
humanidad, p~os1gue Mr. Guyau, ha hecho en
el tra?scurso del _tiempo muchos descubriqiientos
análogos, Y ha. sufndo muchos desengaños parecidos.
y aquí empiez~ nuestro autor á e~po~er la teoría
de la belleza, segun ~a ~scuela ~oluczonzsta. Para tal
escuela, la belleza obult~a n.o existe. Lo bello se re~~ce á una clase especi_alísi.ma de placer; Y el placer
es más que la conc:iencia que en determinados
~asos tenemos del desarrol)o de nues~ra vida. Un obJeto provoca en nosotros cierta especie de expansión

1 47

vital; nuestra fuerza ne~viosa recibe un
incremento, como diría un matemático;
sentimos esta mayor vida, y al sentirla
gozamos; y á este gozo ó placer le llamamos emoci6n estética, y al objeto
que la produjo le aplicamos el nombre de ob_jeto bello. Suprimid, continúa
diciendo el estético-evolucionista, los
seres vivos del universo y suprimís la
belleza, ni más ni menos que arrancando los ojos desaparecen la luz y los
colores. Y concluyen los adeptos de la
escuela, de este modo: Toda la poesía
de la naturaleza está en el cerebro humano.
La crítica de Kant, el empirismo
inglés, el sensualismo francés, Schiller
con su teoría del juego, Hebert Spencer y la mayor parte de los estéticos
contemporáneos, la escuela de Schopenhauer, Grant Allen en su estética
fisiológica y otros muchos que fuera
largo citar, forman una falange cerrada y poderosa, que avanza sin escn'ípulos ni respetos contra toda estéticarnetafisica; y de este modo pretenden
barrer, como el huracán barre las nubes, todos los celajes y todos los resplandores que en el cielo del arte dejó
Platón con sus divinos arquetipos de
belleza.
La escuela evolucionista necesita
buscar abuelos y antepasados para el
arte; pero sabido es que no alardea
nunca de la gloriosa tradición de la
familia: no es como el viejo aristócrata que ansía encontrar timbres para
sus blasones en la complicadísima Heráldica de las cruzadas: con mucho
menos se contenta el positivista. Hebert Spencer, por ejemplo, busca los
oríge,~es del arfe en los juegos y retozos
de los animales. Los animales inferiores, dice él, no juegan: ¡desdichados,
no tienen arte! Pero aquellos que están algo más arriba en la escala zoológica, aquellos cuyo organismo es más
perfecto, y que gracias á una abundante nutrici611 tienen un exceso de
actividad nerviosa, experimentan la
necesidad instintiva de descargar sus
nervios, y juegan,- 6 de otro modo, son
artistas en embrión. Todo órgano,
prosigue Spencer, que ha estado mucho tiempo en reposo, es como una
pila cargada de electricidad á muy alta
tensión: pide en cada momento su
descarga eléctrica. Así -y aquí empieza el célebre positivista una larga serie
de creaciones estéticas elementales y
de artistas incipientes, - así, dice él,
las ratas roen aun aquellos objetos de
que no han de alimentarse, para ocupar la actividad de su sistema dentario: siempre habíamos creído, en efecto, al observar ciertas aficiones, que
por ahí, debieron empezar muchos de
los que al arte se dedican. Así, continúa, los gatos, en la vida tranquila á
que ~es hemos reducido, experimentan
el deseo, como reminiscencia de su
pasado, de ejercitar las uñas y los
dientes, ya que·no en una ·p,esa viva,
en sillas, colgaduras y alfombras: juegan á la caza y al desgarramiento, fingen un drama
de aquellos á que sus antepasados tenían tanta afición; es, por decirlo asf, el drama hú(frico de la raza
felina. Así, las jirafas, acostumbradijs •en los altos
bosques á coger hojas y ramas, se ~n.tJ;~tienen, aun
sin s~nti¡ hambre, en pasar la lengu¡i por el techo y
mordisquear la parte superior de las puertas: verdadera comedia de costumbres. Todo órgano, en suma,
encuentra placer en ejercitarse aun sin provecho mat~rial: es el juego, es la acción inútil, es la manifestac1ón de un sobrante de vida, es para los defensores
de est_a tesis el arte ~dimen/ario de los seres vivos.
El Juego en los ammales consiste en simular actos, que ordinariamente son útiles para su existencia
ó para el desarrollo de la especie, y que por esto misroo, es decir, porque son habituales, ofrecen. un vertedero fácil y canales abiertos y expeditos al exceso
de fuerza nerviossa.
~ingir la lucha por la vida, cuando ya no es necesana para la vida es eljueuo en los animales se ún
Spencer, como el 'drama fi~ge las luchas mor~lesgde
la existencia y de la sociedad. En resumen, termina

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

cuelas, el sentimiento de lo bello es más desinteresado que el sentimiento de lo bueno y de lo justo. Así,
Spencer, Darwin y todos los evolucionistas dan como
base y origen primero de los sentimientos morales
la necesidad y el interés; y en cambio despojan al sentimiento estético de toda idea utilitaria. Lo bello,
dicen, tiene esta inferioridad y esta superioridad sobre el bien; es de todó punto inútz'l, y por consiguien·
te de todo punto desinteresado: no es el grito del deseo, había dicho Schiller, el que se hace oir en el
canto melodioso del pájaro. - De que esto lo dijo Schille, no tengo duda: de que esto sea lo que quisieran
decir los pájaros, no tengo seguridad absoluta. Observación exclusivamente mía.
Aquellos alardes metafísicos
de Kant, metafísicos á pesar suyo; aquel placer sin concepto en
que fundarse; aquella armonía
entre la variedad de la sensación,
por la imaginación recogida, y
la facultad de pensar, por las categorías unificada, ha venido á
parar andando el tiempo á la
fórmula seca y brutal, pero clara
y precisa, de la escuela positivista: el juego, el remedo inútil de
algo que fué útil, el derroche de
energías sobrantes.
Mr. Guyau, aun reconociendo que en esta teoría hay algo
de verdad, y aun completándola
y dándole sentido más amplio,
porque, según dice, si el arte no
sirve para la vida de una manera
directa é inmediata, contribuye
á su pleno desarrollo, como si
fuese una gimnasia del sistema
nervioso y del espíritu; aun así
y todo, la combate presentando
contra ella poderosos argumentos. Realmente la teoría de Guyau es ·más amplia que la del
filósofo inglés.
Bien quisiéramos, pero no tenemos espacio suficiente para
analizar esta parte del libro que
nos ocupa, y nos limitaremos,
pues, á copiar los siguientes párrafos en que se resume su pensamiento.
«La belleza, lejos de excluir
la utilidad, presupone la idea de
una voluntad, acomodando espontáneamente los medios á los
fines y tratando de gastar el
mínimo de fuerza para conseguirlos.
»La belleza, lejos de excluir el
deseo, se idehtifica en el fondo
con esta misma idea.
»Por último, la belleza y el bien
forman una sola unidad, visible
en nuestros sentimientos y que
se deja presentir aun en los movimientos y en las sensaciones,
es decir, en su grado inferior.
»En suma, la belleza en vez
de presentarse como algo exterior al ser, á modo de planta paMONV~IF.NTO DE ARAD. -EL DESPERTAR DE 1.A LIBERTAD
rásita, es como la expansión del
ser mismo y como la verdadera
flor de la vida.»
ventaja positiva y precisa, y por tanto ha de ser inTales son, condensadas en pocas palabras, las opidependiente de todas aquellas necesidades que ex· niones de Mr. Guyau.
perimentan para su desarrollo 6 conservación las funJosÉ ECHEGARAY
ciones vitales.
El placer estético no nos suministra nuevas fuerzas: ni depende del bien, ni depende de lo útil, ni se
SECCIÓN AMERICANA
relaciona con la verdad, según esto. Así, el placer que
nos proporcionan los sonidos y los colores, una sinfoLA TAMALERA
nía musical, una de esas orquestas del espacio que
'l'IPO LDfEÑO
todas las tardes despiden al sol poniente, y aun el placer de los aromas sutiles, nacen, según el ilustre jefe
A horcajadas en su manso caballo, sobre unas aguade los positivistas, de un simple ejercicio, ó dicho de deras grandísimas, con las greñas caídas, el sombreotra manera, de un simple juego del órgano de la rillo redondo, de castor ó de paja, adornando su cavista, del órgano del oído ó del órgano del olfato, beza, el mantón cruzado sobre el hombro izquierdo,
sin ningún provecho visible: hay en este placer algo los brazos desnudos, el cutis amulatado que pregona
de contemplativo y ocioso, sin ventaja material: es su raza africana, ó trigueño muy tostado que denota
un goce de puro lujo. Todas las armonías del iris ó su ascendencia incásica, esta es la vendedora de tatodas las melodías de Mozart no pueden ni saciar males, siempre sonriente, pregonando á chillidos su
nuestra hambre, ni abrigarnos del frío, ni prestarnos mercancía y alborotando las calles que recorre al pamullida almohada. Lo cual no es otra cosa que la so filosófico de su cabalgadura.
interpretación del pensamiento de Kant en su CrítiPero antes de hablar de la vendedora, digamos alca del juicio, hecha con arreglo á su especial criterio go de lo que vende. El tamal es una especie de empor las modernas escuelas positivistas. Según el gran panada. Hácese machacando el maíz cuando está
filósofo y según los anti-filósofos de estas últimas es- lechoso hasta que se convierte en pasta suave y agra-

Mr. Guyau, el arte, según Spencer, es un juego refinado que tiene su origen en el instinto de la lucha
contra la naturaleza ó contra los hombres, y viene á
ser en nuestra moderna sociedad una especie de
derivativo de todas las energías sobrantes; un empleo,
que á nadie causa daño, de las fuerzas inútiles; en
una palabra, una especie de válvula de seguridad.
Terminada esta exegesis evolucionista del arte,
Mr. Guyau expone el análisis del placer estético según la misma escuela.
Lo que caracteriza el placer estético, en la opinión
de Spencer, es su inutilidad; es decir, que para ser
placer estético no ha de proporcionarnos ninguna

NúMERO

480

dable, de la cual forman unas empanaditas largas que
rellenan con cabeza de cerdo bien sazonada y cocida
y pedacitos de aji (guindillas) para que el tamal sea
picantito, como conviene á este bocado esencialmente criollo. Una vez hecha la empanada se envuelve
cuidadosamente en hojas secas de plátano, se ata con
los filamentos secos también de la misma planta y
se ponen á cocer al vapor. Cuando están en punto,
cárgalos la vendedora en sus aguaderas, tapando éstas con infinidad de mantones viejos, trapos, franelas y cuanto pueda contribuir á conservar calientes
los tamales, y comienza su matutina peregrinación,
siguiendo cada tamalera el propio intinerario todas
las mañanas.
Da principio la venta á las ocho y acaba á las diez
ó diez y media; pues siendo el tamal exclusivamente
para el almuerzo y la hora de éste de diez á once, ya
se sabe que ha de llegar para entregarlos calentitos
en las casas de los señores parroquianos. La gente
del pueblo los consume en cualquier momento, y todas las horas son buenas; pero las familias distinguidas que son aficionadas á los plátanos del país, se los
hacen servir en el almuerzo solamente.
Acabada su venta retírase la mulata ó chinita tamalera á su casa, que suelé estar al otro lado del Rimac, en un barrio llamado Debajo del puente por ser
preciso cruzar uno de piedra antiquísimo que une la
bella población con su importante suburbio.
En Malambo, calle ancha y hermosa, famosísima
por la clase de gentes que habitan en ella, es donde
generalmente vive la tamalera; en aquella calle que
pocas damas limeñas conocen, pero que seguramente
no hay aristócrata 111ataperro (calavera) que no visite
para correr unajuerguecita.
La tamalera Manonga (Manuela) era la más hermosa zambita del gremio y la envidia de zambos y
mulatos; aunque, la verdad sea dicha, difiere en tan
poco el color del uno y del otro, que apenas los encuentra distintos el que no tiene mucha costumbre
de diferenciarlos.
Decíase que gustaba Manonga de que la testejasen 11i11os (caballeros), cosa que á los hombres de su
color sabía á clticharrón de sebo, por aquello de que
era mucho cuento que siempre los señores habían de
babosear primero las tajadas de carne que luego les
arrojaban exprimidas, sin jugo y hechas pura piltrafa.
Vivía sola Manonga en una casita baja, de apariencia pobre, aunque no sucia, como son por regla general las de otras mujeres de su raza y clase. Contábansele por docenas los enamorados, y no faltaba quien
dijese que guardaba en un cofre buenos soles (duros)
de plata y hasta algún sol de oro (moneda 9el valor
de 20 duros), por más que éstos iban desapareciendo
en el Perú, sin que se supiera en qué faltriqueras estaban escondidos.
Jaleos y jaranas había todas las noches en casa de
Ma11onga, adonde acudían las za111bitas y chinas
de la vecindad para bailar y cajear con alma y cuerpo. Pocas veces solían estar semejantes reuniones
huérfanas de muchachos alegres y ricos que gustaban de revolver con sus blancas manos el pelo (pasa)
de las negras malambinas.
Dejaba cada cual en casa de Manonga cuanto en
los bolsillos llevaba, con el rumbo y desprendimiento
peculiar al peruano, y rabiaban todos contrá la tamalera que de modo tal sabía esquilmarlos sin comprometer en lo más mínimo la doncellez que decía guardaba bien guardada.
No eran tan escrupulosas sus compañeras, y ya
sabía ella enjaretar parejas con maña, gracias á las
botijas de púco (aguardiente de uva) que se despachaban por cuenta de los jaraneros y en las cuales
quedaba á Manonga muchísima ganancia. También
se solían improvisar cenas de platos picantes, y cuando esto sucedía había niilos que no desdeñaban descansar en la revuelta cama de la za111ba.
No dejaba Manonga su comercio por nada del
mundo: así que los tamales se hacían siempre, y á
venderlos salía como de costumbre, aunque dejase
encomendada su casa á una vecina por quedar en.
ella algún jaranero rezagado durmiendo los efectos
del pisco, del baile y de los picantes.
El niilo Carlos, un limeño buen mow , más aficionado á Manonga que á una mujercita se:icilla y candorosa que le había cabido en suerte, era el más
furiosamente enamorado de la tamalera: también es
verdad que si alguno hubiera de vencer los escrúpulos que ella demostraba, nadie lo lograse con más
ventajas que Carlos, porque de tal manera sabía jaranear y asimilarse á la sociedad de Malambo, que
era el ojo derecho de las mujeres de color y el diablo encarnado de padres, maridos y amantes.
Mucho tiempo llevaba rondando á Manonga Y
contentándose con las amigas de ésta; pero una noche que el baile y la zambra estaban en su apogeo,
entró el ni1io Carlos entre cejijunto y mal humorado,

NúMERO

480

LA

1 49

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Ya te comprendo; ¿es capataz de ladrones?
- Sí, ni1io.
- Y ¿cómo es que no ha intentado nunca robarnos, sabiendo que traemos plata los
que venimos á ver á Ma. nonga?
- ¡Ay, niño! ¡Pues no ve que
para sacarles la plata basta ella!
El no quiere meterse con los
marchantes (parroquianos) de
una mujer; pero es tan celoso,
que si supiera que miraba ella
con interés á un blanco, la mataba, y Manonga le obedece
porque le tiene miedo. No se
meta en nada, 11i11ito Carlos;
deje de perseguir á esa, porque
puede el diablo hacer de las
suyas. Mire por ay, que no le
faltarán doncellitas sin compromiso tan saladas como Manonga y con menos años, porque ya tiene veinticinco aunque no lo parezca, y mis hijas
tier¡en quince una y dieciséis
otra; ¿ve qué cosa?, pues guardan su honestidad, niiio, porquepa tener á su vera
gentes como el zambo
Casimiro, vale más estar sola.
La tamalerd cortó
MON UMENTO DE ARAD. - LA LUCHA
la conversación, sentándose junto al nifio
sentándose sin saludar á nadie ni mirar apenas á la Carlos y orreciéndole una copa de pisco.
concurrencia.
- Venga, dijo el buen mozo: bebamos por
- ¿Qué le ha pasao, mi amito?, dijo una negra vie- el amor qui:! te tengo y por el balazo que
ja, especie de Celestina de dos pimpollos de azaba- pienso pegar esta noche á tu zambo.
che que bailaban en aquel momento una chilena (cue- ¡Ay, Jesús! Niño, ¿quién le ha dicho?...
ca), provocando entusiasmos en la concurrencia.
Soy hrmraa.
-¿Quién había de decirme? ¿No sabes
- Nada; que vengo dispuesto á que Manonga no
se burle más de mí.
que estoy loco por ti hace mucho tiempo?
- No sea tonto, nifio. Cuando Manonga no se co- Esta noche me quedo aquí; aguardo á Casime al ni,10 de amores, es porque no puede; pero ha miro, y ó se marcha prometiendo no ~erte
de saber el nú1o que yo me tengo sabí() que tiene más ó le meto una bala en la cabeza; s1 no,
muchísimas penas por no poder corresponder á sus mañana mismo haré que lo prendan, porque
finezas.
ya sé el oficio que tiene.
- 1Ay ni1io de mi alma, no haga tal cosa!
- ¿Pues quién se lo prrva?
Casimiro es muy malo, y pues que lo sabe
- ¡Gua! ¿Qué, no lo sabe el niño?
- ¿Quién me lo ha dicho?
todo, le diré que yo le tengo mu~hísimo
- ¿No sabe que el zambo Casimiro es su hombre miedo: sería capaz de matar al mño, que
dende hace mucho tiempo y que la tiene asustaa?
bien lo conozco.
- Yo no sabía nada de eso. ¿Y dónde está ese
- ¿Pero tú lo quieres?
zambo?
- A quien yo quiero más que á mi vida
. - Pues, ... ahora, ... por ay, ... recogiendo lo que se es al niiio, que parece que me ha dao clzamico, porque tengo mala voluntad á ese
pierda, con otros amigos ... El es el jefe.
maldito zambo después de haberlo querido; y muchas noches
me pega cuando viene, porque presume
que me muero por
otro, y esto es muy
verdad, como lo es
que no puedo_ni mirarlo, porque cuanto
más lo miro más veo
al ni11o aquí dentrito
de mi pecho.
- Pues no lo mirarás más:
tomemos una copa por nuestro
querer clw/ita, y anda, baila
una chilena, que te la voy á
cantar ahora mismo,
Y Carlos se puso de pie, arrogante y hermoso, con el semblante iluminado por el amor
y los deseos. •
- ¿Y no quiere el niño bailarla conmigo?
- No, salada, que quiero ver
cómo requiebras tu cuerpo de
azúcar: baila con otro, pero
baila para mí, ¿sabes?
- ¡Qué hermoso -eres, niño!
Manonga, escogió pareja y
salió en medio de la sala cimbreando las incitantes caderas,
dislocando el pecho y retorciendo los brazos largos, desmadejados, llenos de promesas
MARÍA Y MAGDALE::-IA, grupo escultórico de Jorge Zala,
incitantes, y dirigió una miraautor del monumento de Arad, erigido á la memoria de los trece mártires
da, en la cual fulgureaba la pade la Libertad
sión más ardiente, al niño Car-

los, que lleno de satisfacción se disponía á cantar la
cueca.
- ¡Alza, chinita, que ya te has perdio!, dijo el compañero que había elegido Manonga.
- Alguien me habrá de encontrar; no te apures,
c/1pfo.
- ¡Ya lo creo; el ni?io Carlos!; pero cuida no encontréis los dos con Casimiro .
- ¡Valiente bozal!
Comenzó el músico á rascar una cueca en un violín roto cuyos sonidos hubieran puesto carne de gallina á un aficionado, y se dispuso el aristócrata á cajear palmoteando y á cantar á media voz.
Salió ésta dulce y apasionada de su garganta en
tesitura de barítono; pero voz seductora, como emitida por un órgano puro, sano y potentísimo:
Tengo yo una ta111a!era
que por Malambo va;
los tamales que vende,
¿quién se los comprará?
¡,/yayay!, que mi tamalerila
que por Malambo va.
;..Jyayay!, que tan dulce y bonita,
¿quién no la comprará?

La voz del ni11o Carlos con sus candencias criollas
y seductoras arrastraba á la zamba Manonga, que si
bailaba con otro se requebraba para él, mirándole con
¡.,asión y arrullándolo con el vuelo de su pollera (falda) llevada y traída con limeño donaire.

MONUME:-iTO DE ARA D. - LA ABNEGACIÓN

No duró mucho el baile aquella noche: la tamatera quería gozar de los amores del ni11o, que habiendo
descubierto su secreto la quería lo bastante para cuadrarse delante del capitán de ladrones disputándole
la mujer amada.
Una vez solos, asaltóle á la zamba la idea de que
su terrible amante pudiese llegar aquella noche temprano, aunque no era de las dedicadas á visitarla, porque previamente no le había enviado recado alguno
como tenía por costumbre Entregóse, pues, con alma
y vida á los amores del ni?io, cerrando la puerta con
grandes refuerzos, aunque olvidándose que dejando
abierta la que daba á un patinillo era facilísimo entrar bajando de la azotea, á la cual se podía muy bien
subir por una casa vecina.
A las dos de la madrugada oyéronse en Malambo
tres tiros de revólver, de los cuales el vecindario no
hizo caso por estar acostumbrados á percibir semejantes ruidos á horas intempestivas.
Quién supuso que la policía perseguía ladrones,
quién que los cacos hacían de las suyas.
Amaneció el siguiente día y volvieron con el alba
la animación y el bullicio á Malambo.
La puerta de Manonga estaba cerrada y no se veía
en ella como de costumbre el caballejo paciente aguardando la carga para emprender su cotidiana tarea.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

48o

Después nos besó á todas en la frente y salió apomera que lo observaba, de cogerlo todo ello y arroyándose en su muleta.
jarlo descuidadamente en un rincón.
Mucho nos complacían estas pláticas llenas de unUn día que el huerto del colegio estaba nevado y
de los desnudos árboles pendían largos estambres de ción y dulzura del señor capellán, y sin darme cuenta
hielo, semejantes á los.adornos de cristal de la lám- de ello sentía acudir á mis ojos las lágrimas y opripara de la Virgen, entró Gregaria en la clase, airada y mírseme el corazón. Es más, estoy por decir que despresurosa, todo lo que permitían sus piernas imposi- de aquel día todas procurábamos ser más buenas, y
bles. Venía con el cabello descompuesto y pegado á así en la clase co.mo en nuestro particular comportala cara; al atravesar la clase dejó tras de sí un largo miento dentro y fuera del colegio, se notó que las
reguero de agua, que no parecía otra cosa sino que palabras del señor cura no habían caído en saco
se había caído en la tinaja. No pudimos contener la roto.
Con esto y otras ocupaciones avanzaron los días,
risa y armóse entre todas gran alboroto, que no costó poco trabajo á la profesora apaciguar, tratando y llegó el momento con tanta ansia esperado de la
juntamente de inquirir lo que había sucedido. En- primera Comunión. Desde una semana antes no se
tonces Gregoria, al ser interrogada seriamente por hablaba de otra cosa entre las compañeras. Todo esaquélla, se echó á llorar con tan gran congoja que no taba preparado y aguardábamos con impaciencia el
momento de lucir los preciosos trajes construidos
podía articular palabra.
En resolución, que al fin pudo averiguarse que para la augusta ceremonia.
De poco ó nada habían servido las indicaciones
tratando Gregoria de beber agua se encontró con
Mercedes, la morenita y cejijunta hija de un señor de la profesora, que nos recomendara eficazmente la
magistrado, y pidiéndole á ésta el jarro grande de mayor sencillez en nuestros respectivos atavíos; antes
azofar que habíamos de coger con las dos manos, al contrario, los trajes de las más ricas y elegantes
Mercedes no quiso dárselo, y sin recordar acaso el habían circulado de casa en casa, sirviendo de momucho frío que hacía, se lo vertió á Gregoria sobre delo á las demás. Mis padres se habían ocupado seriamente del mío, y especialmente mi mamá estuvo
la cabeza.
Todo esto lo encontramos nosotras muy natural; presente cuidando de todo mientras la modista que
no así la maestra, que castigó á Mercedes, é hizo su- iba á casa lo cortaba y cosía. Por último, ¿á qué debir á -la cocina á Gregoria para secarle la ropa. Des- cir más?, el día de la última prueba dejé de ir al copués nos reprendió á todas nuestta falta de caridad legio para poder estar presente á la conclusión del
con una compañera, y concluyó diciendo: «Si en un vestido. ¡Qué bien estaba con él! Más que de coledía como el de hoy hubieran hecho con vosotras Jo giala le hallaba parecido con el que había visto en los
que ha hecho Mercedes con Gregoria) ¿qué pensa- figurines de las jovenes que van á casarse.
ríais de la joven que os exponía á -una grave enferEl día antes arreglamos las parejas y nos pusimos
medad, faltando por añadidura á todas las leyes di- de acuerdo las que íbamos á ir reunidas. Tuvimos
para esto presente la estatura de unas y otras para
vinas y humanas?»
No dejaron de causarnos impresión las palabras que hiciese más bonito, formando delante las más
severas de la madre, dichas con ademán solemne y chiquitas, que iban sólo á confesar, y detrás las maEVA CANEL
con los ojos arrasados de lágrimas, que hubieran teni- yores, que habían de recibir además al Divino Jesús
do verdadera razón con otra que no fuera Gregoria, la Sacramentado. Yo formaba también con éstas, porcual, en nuestro sentir, merecía lo sucedido y mu- que aun cuando no tenía más que once años, ya haGREGORIA
bía comulgado otras dos veces acompañada de mi
cho más.
A
poco
llegó
el
profesor
de
matemáticas
y
no
se
mamá.
( EPISODIO EJEMPLAR)
habló palabra del asunto.
A las seis era la cita en el colegio; casi todas fuimos puntuales, y er~ de ver las minvias que nos diriA mi buena sobrina GcÍdor GomtÍle: lliénde:;
II
gíamos unas á otras conforme íbamos ocupando nuesEra Gregoria baja de estatura, de pobre comtros respectivos puestos.
plexión, pálida, ojerosa, escasa de cabello y la frente
Pasaron los días cortos que apenas permitían haNunca había visto espectáculo más rico que el que
abultada é irregular. Su.andar era torpe y lento, efec- cer nada, y una mañana, estando todas en las venta- presentaba aquel vistoso grupo de niñas, que cierta·
to de sus piernecitas tan finas y dificultosas que, á nas ·aprovechando la ausencia momentánea de la di- tamente no bajarían de cuarenta, tan lujosamente
pesar de sus pocos años, procuraba ocultarlas, usan- rectora, vimos con alegría que de unos almendros ataviadas. ¡Qué blancura la de aquellos trajes, que
do la falda del traje larga y enjuta.
que cercaban el huerto próximos á la tapia erizada bajaban en caprichosos pliegues hasta más de media
La presencia de esta desgraciada criatura produjo de vidrios, se destacaban unas cuantas flores blancas pierna en las mayores y algo menos en las :nás peen todas nosotras un movimiento instintivo de re- como la nieve. Llamamos la atención de las más dis- queñitas; en cuanto al calzado nada quiero 'decir, sino
pulsión, que después fué en aumento al escuchar su traídas sobre aquel risueño augurio de mejores días, que todas aquellas botitas de raso ó tafilete blanco
voz . desafinada y áspera. Tampoco en la profesora cuando dos golondrinas, casi al alcance de nuestras se ponían por primera vez: en fin, ¿qué más?, las de mi
debió ser aquella primera vista muy lisonjera, cuan- manos, comenzaron á picar desaforadas. «No hay compañera, que era hija de una marquesa y no hado la mandó sentar inmediatamente, dirigiendo su duda, dijo una de las mayores, pronto hará calor. Y bía conocido á su padre, que murió en la guerra, temira~a á los sitios que ocupaban Angela y María, vosotras, añadió dirigiéndose á las pequeñas, decid nían los tacones dorados.
las mñas más hermosas entre todas, con expresión en vuestra casa que os vayan preparando los trajes,
Yanos disponíamos á marchar; todo estaba preparasevera y triste á la vez. Después continuó explicando que la primera Comunión está cerca.»
do; y formadas las parejas aguardábamos de pie, colosu lección de Historia, hablando como de pasada de
Tiempo hacía, en efecto, que el señor capellán que cadas en larga fila, la orden de ponernos en marcha.
una cierta reina, buena y compasiva con los niños en- nos decía la misa y nos hablaba de Dios venía ins- La superiora cogió su libro y su rosario, y después de
fermos y desvalidos.
truyéndonos en los fundamentos de la religión, di- hacernos algunas prevenciones sobre la devoción y
No borró este mal efecto el trato diario con Gre- ciéndonos cosas muy bonitas y tan tristes, á veces, compostura que debíamos emplear aquella mañana,
goria; antes al contrario, en sus relaciones con todas que nos hacían llorar.
mandó abrir las dos hojas de la puerta y'nos pasó la
las compañeras parecía hacer gala de una reserva
Dedicaba más rato que de ordinario á las explica- última revista, mirándonos una á una. De repente y
impropia de sus años y de una gra_vedad extemporá- ciones y hacía dar lección doble á las mayores. Cier- como salida de debajo de tierra apareció Gregoria,
nea, que acabó por mantenerla sola y olvidada entre to día, terminada la lección, nos dijo:
azorada y confusa, en el dintel:
todas las demás.
«Queridas hijas: ya conocéis los misterios inefables
- Dispense V., dijo á la maestra, poniéndose coGregoria trabajaba ~odo el día con la cabeza baja; de que en breve habéis de participar; grabad en vues- lorada como un tomate. La casa está lejos y no he
al preguntarle su lección, como la profesora la colo- tros corazones los santos gérmenes de caridad y amor podido llegar antes.
có desde el primer día cerca de la mesa, dábala en de Dios que he procurado inculcaros; y sobre todo te- Dios te guarde, contestó la profesora con dulzuvoz tan ~aja que apenas entendíamos Jo que decía. ned siempre en cuenta, cuando alguna tribulación os ra. ¿Has estado enferma? He notado tu falta duranEn los ratos de asueto seguía análoga conducta: sola amenace, que el J?ivino Jesús murió por nosotros, te la última semana.
en un rincón dormitaba ó fingía descansar con la vis- dando hasta la última gota de su sangre por redimir
Gregoria nada contestó; bajó los brazos y miró huta en el suelo, parando poco ó nada su atención en nuestras almas del pecado y guiar nuestros pasos con mildemente el traje de comunión que llevaba puesto.
nuestros bulliciosos juegos.
su ejemplo en esta vida entre los innumerables peliLa verdad es que nadie había contado con aqueUn día, en uno muy bonito en que tomábamos gros que nos cercan, al término de la cual nos espe- llo; Gregoria era la más feílla de todas y juntamente
parte_todas las niñas, grandes y pequeñas, cayó al ra con los brazos abiertos, para aplacar la sed inex- la más pobre; su ausencia de la pasada semana no
suelo una de las más chiquitas, dándose un fuerte tinguible de amor que de continuo nos devora y que había sido notada por ninguna; así es que formadas
golpe en la frente, que la hizo arrojar mucha sangre. sólo entonces sobre su divino costado se saciará has- las parejas y no faltando ni sobrando ninguna, era
Todas acudimos presurosas en su auxilio, y cogién- ta la hartura.
un verdadero conflicto lo que habíamos de hacer con
dola en brazos procuramos ocultarla de la vista de la
»Cuando el fantasma de la culpa os acose y amena- Gregorita. Esto debió ocurrirse á todas, porque ins·
profesora, entonces ausente; y ¡cuál no sería nuestro ce envolveros, traed á la memoria el recuerdo de tintivamente cogimos la mano de nuestra compañera
disgusto al observar que, atravesando el cenador y aquel semblante tan hermoso que habéis visto cada y comparamos su traje con el de Gregoria, que no
pasando cerca de Gregoria, ésta disimulaba la risa día, ya triste y congojoso en el Huerto de las Olivas podía ser más pobre: luego no llevaba botitas, sino
con un libro, con que procuraba ocultar su cara en- ya iluminado y radiante al romper los lazos de J~ unos zapatos blancos, bastos y de muy fea hechura;
diablada! Desde aquel momento, una vez conocida muerte y elevarse á los cielos, y figuráoslo momentos las medias de hilo grueso y hechas á aguja, y en
tanta perfidia, aumentó cada vez más, no la indiferen- antes de su crucifixión, marchito, sudoroso ensan- cuanto á la toca era verdaderamente un pingo según
cia ó el desprecio que antes nos inspirara, sino el grentado, dirigiendo hacia vosotras, con expr~sión de lo antigua y usada; el ramo de azahar lo había sustiodio más encarnizado, que no perdonaba ocasión de ~ngu_stia y pesar infinitos, su mirada tristísima que tuído con un manojo de rosas, que con gran frecuen·
manifestarse, ya escupiendo todas al pasar cerca de ilumma los mundos. De vosotras, queridas hijas, de- cia llevaba á la cara para ocultar su azoramiento.
aquella malvada niña, ya separándonos de ella al en- pende calmar s_us acerbos . dol?res; no seáis ingraLa situación, en efecto, había llegado á ser violencontrarla al paso, hasta el punto que al dejar su som- tas, y la compasión que os msp1ran la desgracia la ta; Gregoria enfrente de la gran fila que formábamos
brerillo y su remendado abrigo en las perchas colo- injusticia y el sufrimiento ejercitadla en favor de v~es- todas dirigía miradas tímidas y suplicantes de uno á
cadas para ese objeto, tenía gran cuidado, la pri- tro Padre.})
otro extremo. La superiora también parecía confusa,

NúMERO

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LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

No tardó en tormarse un corrillo de comadres negras, zambas y mulatas, que comentaban el caso.
_ - Habrá salido 1~1u trempanito, decía la negra vieja
que la noche anterior descubriera al nz'ño Carlos el
compromiso de Manonga.
Pero esto era desusado en la tamalera.
Pasó la mañana, y como no volviese á la hora que
tenía por costumbre, más y más creyeron las curiosas
vecinas que á la tamalera le pasaba algo.
- Ya caigo yo en lo que puede ser: se quedó
anoche con el ni11o Carlos, y por miedo á Casimiro
ha escapado con él. ¡Buena suerte de zamba/
- ¡Vaya, que es buena! ¿Quién se lo había de contará ella? ¡Un ní17o tan rico!
- ¡Y tan buen mozo!, suspiró una vestal renegrida
á quien su madre no dejaba perderse así 110 más.
Tan grande ansiedad no podía contenerse en límites de prudencia: alguien soltó la idea de que los tiros pudieran tener relación con la casa cerrada, y se
llamó á la policía, que echó abajo la puerta, precipitándose dentro la multitud sin que la fuerza armada
pudiera contenerla.
La oleada que izándose y estrujándose tomó la
casa de Manonga por asalto, retrocedió chillando espantada: en el dormitorio de la tamalera yacían el
cadáver de ésta y el del niño Carlos, muy cerca uno
del otro y envueltos en sudario de sangre.
Aquella mañana los. parroquianos de Manonga
echaron muy de menos sus sabrosos tamales, y una
esposa amante y resignada lloraba en silencio sobre
la cuna de un ángel la des.aparición del hombre
amado.
Todavía hay quien recuerda en Lima los tamales
de Mano11ga, y á un veterano criollo he oído decir
que con la zamba de Malambo se había perdido la
cría de las buenas tamaleras.-

EL BANQUETE, cuadro de

James D. Linton

~~~

de buen grado á entrar en el colegio, y así se acordó guerrero, que aliándose á la te religiosa, logró crear
en definitiva, cuando llegase el momento de su monarquías, vigorizadas por la fe y el patriotismo,
que al recoger las tradiciones del reino godo, modiviaje.
ficaron y transformaron paulatinamente todas las
manifestaciones polítieas, sociales y artísticas.
MATIAS M ÉNDEZ VELLIDO
Los árabes por su parte, al venir á España, traje( Co11ti11t1ará)
ron consigo la tradición de la filosofía griega y de las
ideas platónicas y aristotélicas, sobre las cuales se
desarrolló su cultura filosófica, y el ideal artístico de
EL ARTE ESPA:&amp;OL
Oriente, traducido en sus afiligranadas construccioSi violento contraste ofrece la variedad de nuestras nes, sencillas en sus muros, pero cuajadas de riqueprovincias, todo inspira en ellas arte, grandeza y poe- zas; sus armas ostentosas, su~ telas y tapices inestisía. El espíritu más prosaico elévase en alas del eh- mables, exornados con complicadas labores y dibutusiasmo al ver armónicamente enlazadas las diversas jos, sacando de la geometría inmenso caudal de comcuanto maravillosas galas de la naturaleza, con la va- binaciones. La misteriosa quietud de sus estancias,
riedad de la producción, los recuerdos gloriosos uni- los estrechos aljamíes, su inclinación á los perfumes,
dos á los monumentos augustos de pasados tiempos, sus cantos populares, expresión gráfica de sentimienlas sencillas costumbres de los habitantes de deter- tos guerreros 6 eróticos, trasunto fiel de la vida real,
minadas comarcas con su indomable arrojo en la revela todo la índole epicúrea y artística de aquel
guerra, los melancólicos zortzicos del país vasco con pueblo, que durante el período de su dominación
los plañideros ó voluptuosos ritmos de la región me- buscó su · engrandecimiento, á la par que la forma
ridional, los restos venerandos de la antigua pujanza más práctica y bella de satisfacer sus necesidades y
artística é industrial con las gallardas manifestacio- caprichos.
Unida la creencia al concepto patrio, la religión á
nes de las creaciones modernas. Artistas y artífices,
romanceros y trovadores, poetas y filósofos, ascetas y la nacionalidad, formóse de nuevo el pueblo cristianoveladores, moralistas y satíricos, son, hoy como no, y la heterogénea población de España recogió
ayer, la genuina expresión de nuestro modo de ser, de la dominación goda los últimos fulgores de su
de pensar y de sentir, asumiendo todos la represen- cultura, y obligado á combatir por su patria y por su
tación de la sociedad española en los diversos perío- fe, aportó al templo, síntesis de sus ideales, sus esdos de nuestra historia, como los monumentos reve- fuerzos creadores y las muestras de su progreso, ma·
lan las creencias y costumbres nácionales, las artes nifestando en la fábrica cristiana la fecundi.dad del
nuestra cultura y la industria nuestra grandeza y po- simbolismo que brota de su pasmosa idealidad. En
sus muros y portadas esculpió las páginas de histoderío.
Formada España por la reunión de diversos Esta- ria ó de moral; en los capiteles de las columnas que
III
dos, en los que dejaron impresas indelebles huellas las sustentan las majestuosas arcadas, sátiras mordaces
. Así las cosas, sobrevino una gran novedad en mi razas que por su fuerza expansiva cumplieron su des- de flaquezas ó vicios, sus esperanzas ó sus aspiraciovida, hasta entonces tan apacible y feliz. Mi padre, tino colonizador ó de conquista, ofrece un laborioso nes, y en las vidrieras, frisos, sillas de coro y claves
que ejercía la abogacía con mucho éxito, fué encar- proceso histórico para llegar á la constitución de l;i. de bóveda dejó impreso todo cuanto habla al sentigado de un negocio de gran interés por un antiguo unidad nacional. Pueblos hermanos, fecundados por miento y á la imaginación, conduciendo al espíritu
amigo suyo. L1 importancia del encargo y el tenerse la misma savia, aparecei;i separados, cual si el conjun- cuanto signifique bondad y grandeza.
Los hechos demuestran incontestablemente cuán
que seguir el pleito fuera de la ciudad en que vivía- to de la península no obligara ya á la conjunción;
, mos y en provincia muy distante de la nuestra, le persiguiendo, al procurar cada uno de ellos su inde- provechosa fué para el arte patrio la recíproca inpreocupó algunos días, decidiendo, por último, acom- pendencia, en el glorioso período de la Reconquista, fluencia que ejercieron entre sí los árabes y cristiapañarse de mi ma~á, y en cuanto á mí, colocarme el ideal de la unificación. Compréndese, pues, que nos, á pesar de sus continuos combates y algaradas
de interna en el colegio el tiempo que durara su au- este conjunto de nacionalidades segregadas de la y de su respectiva y antitética situación. Ya al cosencia, que serían tres ó cuatro meses á lo sumo, madre común, significa una disgregación de fuerzas, mienzo de la invasión muslímica continuaron los
según sus cálculos. Mucho sentía aquel contratiempo una variedad de creaciones, una diversidad de pro- mozarabes, á juzgar por la descripción de varios hisque me separaba de mis padres, aunque toda nove- ducción, propias y significativas de las aspiraciones toriadores, las tradiciones artísticas del reino visigodad en aquella época de mi vida me atraía y agrada- de cada región, precisas, porque sin la reunión de do, y sus arguitectos y artífices prosiguieron traba,ba en el fondo. Luego que muchas de mis mejores actividades no hubiera sido posible la existencia de jando con sujeción á los antiguos moldes y concepamigas se hallaban de internas en el colegio, y así aquellos Estados que debían funcionar normalmente tos, conforme lo atestiguan las obras que han llegado
podría acompañarme de ellas más tiempo. Estas re- i impulsos de su producción regulada por el poder hasta nosotros, salvadas milagrosamente, á través de
las conmociones de los siglos. Artífices cristianos
flexi?nes que me hacía mi papá y la protesta de que gubernamental.
Purificadas las ideas y las costumbres por la des- contribuyeron por su parte á levantar mezquitas y pa~e tiempo en tiempo había de venir á verme, para
inspeccionar juntamente los demás negocios de que gracia, renació, al iniciarse la Reconquista en las as- lacios, cuyos restos aun hoy sorprenden y maravillan,
también estaba encargado, me acabaron de decidir perezas de Asturias, Navarra y Cataluña, el espíritu debiéndose la construcción de algunas basílicas, cas-

«Vamos á ver, dijo pasado un momento que á todas
nos pareció un siglo, ¿quién de ustedes, señoritas,
acompaña á Gregoria? La que quede suelta vendrá
conmigo y luego pasará el rosario en el rezo de la
tarde.» Ninguna contestó, y yo que tenía enfrente á
Gregoria tuve miedo de la palidez que cubrió su semblante; dejó caer las rosas que tenía en la mano, y
su barba temblaba como si estuviese tiritando de
frío. Todas las niñas renegaban en su interior de
aquella desagradable escena, pero ninguna daba un
paso adelante; yo también me hacía la distraída mirando mi libro de oraciones, pasando y repasando
las estampas como si nunca las hubiese visto; tenía
oprimido el corazón, sentía afluir mi sangre á la cabeza y un buen pensamiento me aguijaba hacia adelante: miraba con los ojos arrasados en lágrimas un
retrato del Salvador que tenía como registro en mi
libro; aquella hermosura sobrehumana atraía mis miradas; el corazón encendido en vivas llamas que mostraba el Divino Jesús parecía mover é impulsar el
mío hacia Gregoria; la dulce é inefable armonía de
aquel semblante, pobre trasunto de la belleza de
&lt;:. Dios, pareció engrandecer y acentuar sus líneas mirándome airado: recordé las palabras del capellán,
sufrí en un momento todas las amarguras que había
devorado Gregoria desde que entró de compañera
en el colegio, y avergonzándome de mí misma, las
lágrimas nublaron mi semblante, y rápida como el
pensamiento retiré bruscamente á mi pareja y me
lancé en los brazos de Gregoria, á quien estreché
fuertemente contra mi pecho, obligándola á levantarse del suelo, sobre el cual había caído de rodillas.

�LA CONFESIÓN, dibujo de Huberto Herkomer

�1 54

LA l LUSTRACIÓN

NúMERO 480

AKTISTICA

tillos y señoriales moradas á la habilidad é inteligen- vir de preciado adorno, bajo diversas formas, en los los tiempos medios; tapicería, bronces de arte, funditemplos, en las cámaras de los reyes y en los pala- ción artística, cincelado, batido y repujado, y por últicia de alarifes andaluces.
mo la pintura y la escultura, puesto que á la ya nuA medida que los nacientes Estados fueron ensan- cios de los magnate~.
merosa pléyade de pintores y escultores catalanes, se
Cuanto
á
la
talla
de
madera
y
marfil
basta
examichando sus límites, obligando á replegarse á los invasores, creció.la influencia de la cultura árabe sobre nar los muebles y las sillerías de coro para compren- agrega la de los artistas de las demás provincias que
los cristianos; de manera que así como en el período der su desarrollo y perfección. La cerámica, que em- acuden al calor de este que pudiéramos llamar cende tiempo que media del sigio vm al x1 se desenvol- pezó por ser una imitación de la arábiga, logró igua- tro del arte.
Con tan valiosos elementos mucho puede lograrse.
vió y acrecentó la influencia de los árabes, empezó á larse con aquélla, siguiéndose sus tradiciones, tanto
De
ahí que abriguemos la esperanza de que en día
crecer del x1 al xm la importancia de la sociedad en los dorados y metálicos reflejos como en los esno
lejano
podamos ver enlazado el glorioso pasado
maltes
sobre
el
barro,
en
las
fábricas
de
Granada,
cristiana, que recogió la tradición artística de sus
enemigos para amoldarla á su esencia y constitución. Calatayud, Valencia, Mallorca, Málaga y Manises, de nuestras artes é industrias con los nuevos concepAsí vemos que llega un período en que se acuñan ~sí como las de Talavera y Sevilla sucumbieron des- tos de las creaciones modernas.
monedas con leyendas arábigas y latinas y se redac- pués á la influencia italiana y las de Aliara y el Buen
A. GARCÍA LLANSÓ
tan instrumentos públicos en ambos idiomas; que Retiro ajustáronse en la forma y ornamentación á
muchos vocablos árabes forman parte del romance los modelos franceses.
NUESTROS GRABADOS
Almería, Barcelona, Valencia, Toledo, Cebreros,
vulgar, y que las joyas, armas y tejidos de carácter
oriental sirven de atavío á los castellanos y aragone- Cadalso, San Martín de Valdeiglesias y La Granja
El banquete, cuadro de Jaime D. Linton. - De
ses, cual si fuese el gusto dominante, á cuya influen- distinguiéronse desde el siglo xm al xvm por sus no- Linton
puede decirse que nació para ser pintor; en lo que de
tables
vidrios,
algunos
de
cuyos
ejemplares
pasan
cia debieran doblegarse.
su vida elcanza su memoria, recuerda que las primeras aficioLos extranjeros, especialmente franceses, que vi- por productos venecianos en 'los museos y coleccio· nes que sintió en su niñez fueron para la pintura. Linton ~ los
veintitrés años expuso su primera obra, 4ue fué para él el primenieron á la conquista de la imperial Toledo, fueron nes particulares.
ro de una serie no interrumpida de éxitos,
En
tejidos
y
sedas,
de
los
que
se
conservan
tan
las primeras influencias extrañas á los dos elementos
Cuenta en la actualidad cuarenta y un años y en Inglaterra
peninsulares que cedieron ante la ~nérgica protesta raras como valiosas obras en brocados, ricomases, sir- se le reputa como uno de los primeros pintores de acuarelas,
del ascetismo, que por medio de uno de su's más gos, glizos, etc., basta recordar las fábricas que exis- debiéndose á él la existencia y el florecimiento del Real Instigrandes apóstoles predicó el amor y el dominio del tieron en Toledo, Sevilla, Valencia, Murcia, Grana- tuto de acuarelistas. Como pintor al óleo no es menos celebrado, y el Instituto de pintores al óleo le elevó en 1884 al honroespíritu sobre la materia y la fuerza. Pasó también la da y Talavera, y respecto de los bordados de seda y so
cargo de su presidente.
autoridad moral de la Religión y de la Iglesia, como oro atestiguan su mérito los ornamentos y vestiduras
De lo que vale en este último concepto puede juzgarse por
gigantesca ola, dejando huellas indelebles, y genera- antiguas de nuestros templos. Los encajes y blondas El ba11quete, que reproducimos, y en el cual no hay ur. deta!le
lizáronse las artes, que no fueron ya patrimonio ex- atín hoy gozan.de gran fama en el extranjero y se ce- de composición ni de ejecución que no acuse el alma y el pmcel de un verdadero artista; por él se ve cuán cuidadosamente
clusivo de árabes y judíos; formáronse gremios, co- lebran las admirables labores de las enca¡eras catala- estudia
Linton el efecto del conjunto, dando vida y realidad á
fradías y ferias en las ciudades principales, iniciándo- nas, y las fábricas de tapices de Madrid, el Pardo, Es- cada una de las figuras y distribuyéndolas y agrupándolas con
se el movimiento industrial y comercial para aumen- corial y Barcelona procuran todavía sostener el buen exquisito gusto, y con cuánto cariño lr~ta las minuciosidades_al
parecer más insignificantes, comprendiendo q_ue en el arte ~1cto de bienestar y riqueza. Llega por fin la época en nombre de esta industria.
A fines del siglo xv y comienzos del xv1 figuraba tórico, como en todas las bellas artes, cualqm~r elemento bien
que los caballeros hacen alarde de su valor y gentileentendido es factor más ó menos importante de la armonia, tan
za en justas y torneos; el canto de los trovadores España á la cabeza del movimiento artístico é indus- necesaria en las obras estéticas,
resuena en los castillos, convertidos en lugares de trial de Europa. Toledo, Sevilla, Segovia, Medina
placer; márcase una división entre la poesía popular del Campo, Valencia, Barcelona y otras populosas La confesión dibujo de Huberto Herkomer.
- El autor de este d'ibujo, el ilustre profesor de Oxford, dice á
y la erudita, y sustituye á la pobreza y austeridad de ciudades eran los Manchester, los Sedán y los Lieja propósito
del mismo que ~opió la escena en él_ repres~~tada en
los primitivos tiempos la ostentación en las ropas, de aquella época. Segovia, que producía los mejores una ele las Cartujas que vmtó durante su reciente v1aJe á Itapaños del mundo, empleaba en su fabricación más lia. Casi resulta innecesaria esta mar.ifestación; con sólo con•
armas, arneses y preseas.
Tras el siglo xv, en el que á modo de crisol se de 40.000 obreros: Sevilla, tenía en actividad 16.000 templar su obra comprende aun el menos ~visado en ~at~rias
que tanta verdad como la conseg111?a en tal_ d1buJ? no
refunden todas las manifestaciones peninsulares, vie- telares de seda; Toledo ocupaba en sus industrias artísticas
se obtiene apelando á recuerdos que nunca llenen la 10tens1dad
de
armas,
tejidos
de
seda
y
lana,
curtidos,
joyería,
ne la reforma política y social realizada por los Reyes
de lo presente, ni á modelos de oficio, que si ele un modo más
Católicos, que concentra todas las ideas de ciencia, platería y guantes cerca de 50.000 operarios, y tanto ó menos convencional llegan á adaptarse á la postura y al tra•
arte y progreso; de manera que cuando aparece el Medina del Campo en la fabricación de medias como je de los personajes que se les quiere hacer representar, s_on. inRenacimiento, tiene ya el arte español historia y per- Valencia con sus famosas sederías y Córdoba con capaces de identificarse con su modo de ser y con lossentnmenque pueden anin,arles en un momento dado.
sonalidad. vida y pujanza. Las raíces del árbol patrio, sus no menos celebrados curtidos sostenían algunos tosExamínense
como se quiera los dos monjes que en La ronrepletas de savia, envían al trono torrentes de vitali- millares de obreros y constituían otros tantos centros fesión figuran, anaHcense los más insignificantes detalles de
sus expresivos rostros, estíadien_se e~~upulosamente sus acdad; prodúcense hermosos frutos, y comienzan para de la producción nacional.
Cual si al eclipsarse para España el sol de su an- titudes, siéntase hondamente la 1mpres1ón que de la esce~a se
algunas artes, como la pintura, sus gloriosos anales
y &lt;ligase luego si hay manera de lograr un con1unto
tigua grandeza trocáranse en noches los claros días desprende
modernos.
tan acabado como el que el dibujo nos ofrece, sin tener á la
Ya hemos dicho que durante la Edad media con- del espíritu nacional, paralizándose el movimiento vista lo que el lápiz va produciendo en el papel._ . . .
Cierto que para llegar al re~ul~ado á que _el d1buJ~nte mglés
céntranse en el templo las manifestaciones más im- creador que tantas bellezas produjo, as{ desaparecieportantes del arte. Allí, en aqúellas construcciones ron con el poderío las manifectaciones industriales y ha llegado, se requiere un sent1m1ento ~rtísuco de _primera fuerza y son precisos conocimientos técmcos excepcionales; pero
levantadas por la fe y el patriotismo, deben buscarse artísticas, conservándose de ellas, durank' un largo uno y otro se aunan de tal suc:rte en Iluberto Herkomer, que
esas riquezas artísticas, cuya maravillosa ejecución es período de tiempo, el gratísimo recuerdo de su pasa- de larga fecha su nombre,_ c0~? pocos. popular en Inglaterra,
aun hoy causa de asombro. No sin respeto pueden do esplendor. Apagóse en los talleres el ruido pro- es universalmente y con JUSt1c1a admuado en el mundo del
admirarse los trabajos en hierro, bronce y metales ducido por los escoplos y martillos, telares y batanes; arle.
preciosos, los esmaltes, las tallas en marfil, madera y extinguióse el fuego de las fraguas; quedaron desierLa lancha perdida, cuadro de Sbuza Pinto,
piedras preciosas, los bordados y encajes, los mosai- tas las lonjas ó centros de contratació!1, y sólo el p:rabado por Baude ,Salón del Campo de Marte, de
cos, los vidrios, las pinturas y miniaturas y cuantos fragor de las armas y el tañido de las campanas Paris 1890). - Los dramas del mar han servido de asunto á
n úmero de cuadros, y á la verdad que pocos temas se prestesoros fueron acumulados por aquellos hábiles é in- anunciando las fúnebres ceremonias del Santo Ofi- gran
tan mejor que éste á los pintores para hacer gala de su tateligentes artistas.
cio percibíanse en las silenciosas ciudades españo- lento, ora traducido en escenas grandiosas en que el hombre
En las construcciones civiles, en las moradas seño- las, antes alegres y bulliciosas. Las sucesivas expul- lucha en vano desde fráJ?il nave contra los elementos embraveriales, hacen gala también los artistas y artífices de siones de judíos y moriscos, las conmociones políti- cidos, ora manifestado en notas de sentimiento coando suposu ingenio y fantasía, utilizando la variedad de .ele- cas, las guerras y las contiendas civiles ahogaron en niendo acaecida la catástrofe se complace el artista en presen•
las amarguras que de ella son consecuen_cia.
.
mentos de que disponen. Cúbrense los muros de re- distintas ocasiones los laudables intentos de los que tarnos
De este último modo lo ha tratarlo Souza Pmto; nadie que
lieves, y los azulejos sirven de motivo de decoración, trataron de reivindicar para el arte patrio su antiguo viera la tranquila superficie del mar que en el fondo de su obra
en_tanto que los anchos sillones de vaqueta, hs ar- renombre y continuar la senda tan brillantemente se distingue, adivinara que sus rizadas olas ha poco se encrespa•
qu1llas, cuadros, tapices, armas y otros artísticos ob- trazada por aquellos con cuyas obras nos envanece- ban y sepultaban en sus abismos al infeliz marino que las sur•
buscando el sustento. para su familia; pero nadie que se
jetos, constituyen el mueblaje y decoración de espa- mos. Estos que pudiéramos llamar débiles ensayos, caba
fije en las dos interesantes figuras que en pr(mer !érmino apa·
ciosos salones, presididos por la monumental y es- aislados y sin norte fijo, mas siempre con el lauda- recen, vacilará un momento en afirmar la ex1stenc1a del dran,a
culturada chimenea de mármol.
ble empeño de reconquistar la perdida independen- que arrebató la vida de un ser qu~rido. Aquel llanto de la
Los _esmaltes, joyería y platería alcanzaron gran cia. iniciaron, á pesar:de su incierta] marcha, la evo- hija en que se desbordan los más 11ernos ~fecl?S; aquella acpa~iva, aquel rostro poco menos _que. ma_mmado, aquella
perfección. De ello son testimonio las cruces custo- lución cuyas brillantes manifestaciones podemos hoy titud
m:rada fija en el horizonte con que la_ mfehz vrncla parece sondi~s, r~licarios,, cálices, platos, jarrones, arma; y otros apreciar, que han de conducirnos á la postre á alcan- dear la inmensidad del Océano cual s1 esperara todavía Yer lle·
mil ~bJetos, as1 como las admirables obras de filigra- zar para España el lugar que le corresponde entre las !!ªr, como en días venturosos, al esposo amado,_no dej~n eluda
na e¡ecutadas en botones, herretes y joyas por los naciones cultas. Cierto es que es joven, - pues apenas alguna en el ánimo del espectador; la desgracia es c1ert~, la
se ha perdido, d mar ha inmolado una nueva vkt_1ma.
célebres plateros de plata y los que acreditaron su cuenta veinte años; - pero aun así, muéstrase ya po- lancha
El cuadro ele Souza Pinto, sublime por su misma sencil)e~,
maestría en los Libros de Pasantía de los plateros de tente y vigoroso, dando muestras de esa virilidad rebosa sentimiento; pero ésta, con ser tan valiosa, no es la um·
ca cualidad que en el lienzo se admira; la pintura e~tá tan maBarcelona, ~onse~vados en la Diputación provincial. iniciadora de las grandes creacior¡es.
El foco revolucionario, si tal puede llamarse, resi- gistralmente ejecutada, que desde _este punto ele v1st~ la. obra
Dan testtmomo de las obras de hierro las rejas,
chatones, llamadores, candelabros, verjas, etc, cons- de en Barcelona. Aquí se ha iniciado el renacimien- cautiva tanto á los ojos, como baJO el otro concepto mcl1cado
habla con elocuencia al corazón,·
truidas por los maestros de Toledo Salamanca Al- to industrial y artístico de España, y aquí, gracias á
calá de Henares, Barcelona, Sevilla' Gerona G;ana- la iniciativa particular, se ha constituído un centro
A. CREMA SIMON, co!d-crcam especial de un
da, Tarragona, Segovia, etc., que 'dejaron ~n ellas productor que nos exime del vasallaje que durante
;;ecto seguro contra los barros y l:J.s irrilario11es de la P!ei,
pruebas de su buen gusto en el diseño y de maestría largo tiempo hemos rendido á otros países más afor- es indispensable
á todas las señoras celosas de conscrrnr el bnllo
en la ejecución.
tunados. Comenzóse por reemplazar la clásica sime- de su belleza y la frescura de la juventud. Se halla este producto
No menos importancia reviste la ·fabricación de tría por la ponderación, la aplicación de la variedad sin rival en casa de todos los perfumistas~ en casa del inv~n·
armas y el repujado, nielado y grabado, ya siguiendo en vez de la uniformidad, estudiándose los tonos y tor /. S l !,ION, rue de Proveuce, 36, Pans; pero es preciso
el estilo oriental, ya ajústándose á las tradiciones pa- los matices para producir de sus gradaciones, los desconfiar, de las falsificaciones y exigir la firma.
trias ó imitando las obras de los célebres artífices cuadros corpóreos, las creaciones industriales que
milaneses.
determinan la aplicación del sello artístico á todo,
JABON REAL
JABON
Los guadamaciles de Córdoba, Málaga, Ciudad desde lo más nimio á lo más importante. De ahí que DE T HRIDA CE 29,;:d;;1:~¡;;;~Pms VELO UTI NE
Real, Valladolid, Lérida y Barcelona lograron gran exista platería y mueblaje artístico en todas sus for- 1"omond1doa »or 1utoriddoa mlill, pua J&amp; Ri¡iov 41 ll Piel 1 8111111 (el Collf
estima y merecido renombre hasta el extremo de ser- mas y aplicaciones; vidriería de color á la usanza de

L

11111

¡v:roLET¡·

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1 55

EL ANILLO DE AMASIS
NOVELA ORIGINAL DE LORD LYTTON, ILUSTRADA POR A BESNARD

milia legitimista, siempre había conservad_~ con sus cañones con que habíamos saludado al R!zeinstein
padres relaciones que aseguraban á su h1¡0 buena después de salir de Maguncia,, y n~s acercába~os al
acogida en el arrabal San Germán, y esta circuns- sitio donde nuestro vapor deb1a tributar seme¡antes
tancia, unida á las ventajas que yo esperaba obtener honores á su madrina mística. Mis compañeros de
del progreso de la ciencia ,médica, me decidió á co- viaje discutían sobre las numerosas leyendas que cirmenzar mis estudios en Francia. Al llegar á este país, culan respecto á esa hechicera.
Una joven alemana, muy sentimental, y que haen 1834 fuí testigo de los acontecimientos que aquí
blaba
con 1m marcado acento berlinés, parecía emvoy á referir. Todos los detalles de aquella escena se
peñada
en defender á la bella mágica, á la cual se
conservaron siempre grabados en mi memoria.
Había tomado yo pasaje á bordo del vapor La Lo- tildaba de antropófaga; el entusiasmo de aquella
relei, que prestaba servicio desde Maguncia á Colo- exaltada señorita parecía únicamente inspirado por
nia; era una hermosa mañana de primavera, y ap~nas la presencia de un joven subteniente que se había
hube perdido de vista las tres torres de la antigua sentado junto á ella en el mismo banco.
El oficial, no obstante, dijo con frialdad que no
catedral, encendí un cigarro y sentéme en un banco,
no lejos de un hombre que ocupaba la misma posi- veía nada extraño en la detestable costumbre que tenía La Lorelei de terminar sus conciertos ahogando
ción enfrente junto á una mesita.
á
En el momento de salir de Maguncia había oído su auditorio,
- Todo aquel, añadió, que sea capaz de coqtemlas notas de un piano, tocado sin duda por alguno
que debía hallarse junto á las ventanas abiertas de plar sin emoción y sin compadecerse la agonía de
una casa situada cerca de la orilla; el instrumento una persona que, se ahoga, es en el fondo de su alma
estaba desafinado, y el ejecutante (tal vez un niño) mil veces más criminal que el asesino impulsado al
hacía inútiles esfuerzos para producir las notas exac- crimen por un acceso de pasión.
Un ruido estrepitoso interrumpió aquí las convertas de un antiguo aire alemán que yo sabía de mesaciones;
la mesita que estaba frente á mí había ~ido
moria.
Cuando
el
alma
se
inclina
á
la
meditación,
I
sin que nuestro espíritu tenga un asunto especial derribada y acababa de caer á los pies del subtemenpara reflexionar, la más insignificante impresión ex- te; todos volvimos la cabeza. El hombre solitario haLOS PRIMEROS ACORDES
terior basta á menudo para que se determine la di- bía abandonado sin duda su sitio antes de suceder
El desgraciado cuya extraña historia voy á referir rección que ha de seguir una larga serie de pensa- esto, sin que yo notara hasta entonces su ausencia;
aquí, me exigió en su última hora la promesa de no mientos y de ideas. Yo estaba precisamente en esa pero al mirar á mi alrededor para ver cuál era la cat~revelar hasta después de su muerte el terrible secre- disposición vaga y meditabunda; en aquel instante sa del ruido, observé que aquél se paseaba con lentime acordaba de mi pequeña ciudad natal, que sin tud en la extremidad del puente.
to de su vida.
Aquel hombre vestía de negro, pero su ropa se
Llegado es el momento en que, sin temor de he- duda no volvería á ver en mucho tiempo, y evocaba
rir ninguna susceptibilidad de familia, puedo al fin la visión de uno de sus raros edificios públicos, don- ajustaba tan bien á su persona, que se hubiera creído
dar -cumplimiento á mi promesa; pero hay en esa de había pasado algunas de las horas- más felices de obra de la naturaleza; todo su conjunto era tan senhistoria ciertos incidentes con que estoy relacionado mi vida. Este edificio servía, según las circunstan- cillo, y por decirlo así, tan discreto, que á pesar de
haberlo visto ya todos, ninguno de nosotros lo había
de una manera tan íntima y :por una serie de acon- cias, para dar conciertos ó cantar óperas.
Yo soy músico, aunque muy mediano; pero no hay notado.
tecimientos tan extraordinarios, que no podría dar
Mas entonces, al observarle por primera vez con
principio al relato sin hacer mención de algunas par- arte que me impresione y entusiasme tanto como la
música, y por eso no había faltado nunca voluntaria- atención, me aqmiró la gracia y dignidad de sus moticularidades de mi vida.
Comencé muy joven á ejercer la profesión de mé- mente á las funciones que allí se daban, teniendo dales, y no podría decir si me pareció grande ó pedico, á pesar de las objeciones de mis padres, cuya siempre buen cuidado de ocupar mi sitio antes de queño, rubio ó moreno, feo ó hermoso; pues hay
personas cuya apariencia no deja en nuestro espíritu
familia pertenecía á esa clase de la sociedad que des- que comenzara la orquesta.
Aquel aire de Alemania, que una mano torpe mu- más que una impresión indefinida de armonía y de
precia toda carrera, excepto la del servicio del Estado. Mi pad(e era francés, mi madre alemana, y yo tilaba en un piano desafinado, evocó en mi mente calma, que la percepción de un solo rasgo particular
hijo único. Apenas cumplía tres años cuando el autor recuerdos y toda clase de ideas fantásticas, que muy bastaría á desvanecer. Esas personas nos recuerdan
de mis días murió, y solamente pude conocerle por á menudo habían cruzado antes por mi espíritu al oir paisajes en los que la suave uniformidad del crepúsculo ha borrado todos los detalles positivos y vul-,
una pequeña miniatura que le representaba como á los músicos templar sus instrumentos.
La corriente de estas ideas me condujo muy pron- gares. El hombre que yo observaba de lejos era una
oficial de caballería, muy joven aún.
. En 1806 hallábase con su regimiento de guarni- to al reino de los sueños; parecíame no estar ya en de esas personas. Tenía el aspecto, difícil de descrición en Turingia; allí trabó conocimiento con la fa. el puente del vapor, sino en la antigua sala de con- bir, de un ser de raza pura; la expresión de su rostro
no atraía ni desagradaba; pero revelábase en ella que
milia de mi madre, enamoróse de ésta y pidió su ciertos, y me figuré que contemplaba la orquesta
Vacía al principio la sala, obscura y muda, ilumi- aquel individuo no era susceptible de una intimidad
mano. Ya se comprenderá que semejante proposición por parte de un extranjero y de un enemigo, fué nábase poco á poco, se llenaba de músicos que con cualquiera.
Necesité un esfuerzo de memoria para convencerrehusada políticamente; pero mi padre no podía re- extraños ademanes ocupaban su asiento, cogían sus
me
de que le había visto sentado largo tiempo en
instrumentos
y
los
templaban,'
y
entonces
prodújose
signarse á esta negativa, y después de haber acompañado al emperador á Erfurt, en 1808, presentóse un caos de sonidos discordantes, los cuales, sin em- medio de aquel pequeño grupo de habladores, ninde nuevo á la familia de mi madre para renovar su bargo, no carecían de dulzura. Úe repente, entre guno de los cuales le había dirigido una sola palabra.
Parecíame, no obstante, que había una relación
demanda, Esta vez, la constancia de su afecto allanó aquel ruido vago y confuso, resonó una nota de oboe,
todos los escrúpulos, y el matrimonio se celebró de tan enérgica y profunda expreapresuradamente. Mi madre fué á establecerse en sión, que perturbó mi alma de un
Francia con su esposo, y yo nací en Saint Cloud en modo extraño, pareciéndome que
1809. Tres años después, mi padre fué llamado de anunciaba la aproximación de al1;uevo á las armas; al separarse de mi madre prome- gún acontecimiento sobrenatural.
De aquella crisis nerviosa ocasiohóle que aquella campaña sería la última, y su promesa se cumplió cruelmente, pues pereció en las mi- nada por los lejanos sonidos de un
mal piano, distrajéronme las voces
nas de la Beresina.
Mi madre volvió á reunirse con su familia, lleván- de algunos viajeros que, sin echardome consigo, y una vez en Alemania ya no saUó lo de ver yo, habíanse colocado
del país, donde la única ocupación de su vida se re- entre mí y e\ hombre solitario, sendujo á educarme. Entregada á su dolor, no quiso ja- tado siempre junto á su mesita. La
más volver á casarse, y su hondo ·pesar y su semblan- charla de aquella gente me llamó
te_. velado siempre por una expresión de profunda al fin la atención, porque se repetristeza, hicieron que cada día fuese más querida tía de continuo una misma palapara mí la memoria de mi padre, á quien jamás de- bra, y sin saber yo por qué ni cóbía conocer. Los crueles relatos que inspiraba á mi mo, en aquel momento el estado
madre el horror de aquella desastrosa retirada, en la normal de mi espíritu prestaba á
qu~ su esposo perdió la vida, amargaron mi infancia, esa palabra un alcance misterioso.
Y ~m duda á todas estas dolorosas impresiones debí Resonaba en· mi oído precisamente como la nota íntima entre las impresiones de éstos y las mías resla mclinación que me impulsó más tarde á elegir una aguda del oboe en mi orquesta imaginaria, y parecía pecto de aquel desconocido, 'pues apenas se hubo
c~rrera, cuyo objeto era aliviar y socorrer á la huma- renovar en mí el presentimiento de. un suceso lúgu- separado de nosotros, todos comenzamos· á hablar de
bre. No podría, sin embargo, explicar esa sensación, él cual si hubiera sido desde el principio de la connidad doliente.
Aunque mi padre hubiera servido á las órdenes de pues la palabra que la produjo no era sipo el nom- versación 'el único objeto en que pensábamos. Instintivamente dímosle el sobrenombre de Caballero
la República, no por' eso dejaba d,e tener relaciones bre muy conocido y hasta trivial de Lorelet.
·
De nuevo habían sido cargados los dos pequeños enlutado.
con los monárquicos. Segundón de una antigua fa1

\

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¡Está perdido!, exclamamos nosotros.
No; la cabecita de la criatura reapareció segunda
vez, destacándose como un punto negro sobre el agua
espumosa; mas apenas acabamos de verla, un grito
que partió de la obra muerta atrajo mis miradas en
otra dirección, y distinguí en el agua la silueta de
un vigoroso nadador que se dirigía hacia el punto
negro.
Lenta y metódicamente el hombre avanzaba, maniob~ando como si nadase por recreo; sus movimientos no indicaban ni afán ni esfuerzo alguno, ni tampoco temor ante el peligro inminente que amenazaba
al niño. Había algo exasperante en aquella extremada indiferencia, y el instinto, que hace comprender
á cada individuo de una multitud lo que los otros
piensan, hízome comprender que en aquel momento
el nadador era para todos los espectadores objeto de
una impaciencia indignada más bien que de admiración. Comprendíamos que el nadador no hacía uso
de la mitad de sus fuerzas.
El hombre llegó por último á pocas brazadas del
niño, y hubiera bastado un enérgico esfuerzo para
salvarle ... Pero el nadador no le hizo, y perdióse la
última esperanza. Con sólo alargar sus brazos robustos hubiera podido aquél coger el faldón de la pequeña blusa, que había desaparecido otra ve¡, La
criatura no remontaba á la superficie, y la multitud
profirió un grito de angustia y de reproche.
Mas el nadador no pudo oirlo porque también
acababa de desaparecer debajo del agua; mis miradas se fijaron en el punto donde le habíamos visto
sumergirse, y tan impresionados estábamos que pude
oir la respiración oprimida de todos los presentes.
Un momento después, al doloroso silencio siguiéronse aplausos y gritos de alegría. Lejos del sitio
donde le perdimos de vista, el nadador reapareció de
repente; pero esta vez con el niño en sus brazos.
«¡Salvado al fin! ¡Loado sea Dios!»
bra Manu1
Tal fué el grito que todos profirieron.
¿Se arrojaría él mismo al agua en detrimento de
El hombre volvió hacia el vapor más perezosala dignidad de su actitud para salvar á su prójimo?
mente aún que cuando se alejaba; seguía la corrienNo pude contestará ninguna de estas preguntas te, dejándose llevar por el movimiento del agua, é
porque me parecía imposible que el Caballero enlu- impeliendo ante sí, como cosa inerte, á la criatura
tado eligiese una sola de estas alternativas sin'perder que acababa de salvar, en la que sólo una ligera consu calma imperturbable. ¿No sería esta cal¡na apa- vulsión revelaba un resto de vida. El nadador, sin
rente una máscara que caería cuando la ocasión lo embargo, no parecía hacer el menor aprecio del niño
exigiera? El alma no necesita disfraz, pero si alguna que acababa de salvar de la muerte ni del in terés de
vez le reviste, debe adaptarse con tal perfección que que era objeto, y con imperturbable calma llegó al
no se vea nunca en la necesidad de abandonarle.
vapor.
Una sola fisonomía de entre todas no revelaba
«Np, me dije; á menos que su apariencia no sea
engañosa, ese hombre debe mantenerse frío á la vis- ninguna de las agitaciones que acabábamos de expeta de una catástrofe que produciría en cualquier otro rimentar; sola una mirada escapaba á mi penetración,
mirada fría y enigmática que nada me permitía adiespectador las más profundas sensaciones »
Pero aunque esta deducción de mi espíritu me pa- vinar. Y cuando quise sondearla me estremecí, pues
reciese lógica, no podía ni quería, por no sé qué sen- figuróseme oír de nuevo la nota aguda del oboe, que
timiento inexplicable, fijarme en ella, y experimenté parecía venir de un mundo interior aunque lejano.
como un alivio cuando la descarga de los dos pequePor eso experimenté casi un sentimiento de terror
cuando al levantar la cabeza vi una mujer joven, sola
ños cañones distrajo mi atención.
y sentada sobre la escotilla, dominando la multitud,
La Lorelei no tardó en contestar al saludo.
Un momento después resonó la campana de Saint- como la hechicera en su roca fatal. Su belleza era
Goar.
extraña; era la hermosura fría, y sin embargo conmoNuestro vapor moderó su marcha, y muy pronto vedora, que las leyendas han atribuído á la terrible
acercóse un bote.
L orelei. La mujer oprimía alrededor de su pecho un
Los únicos pasajeros eran una mujer y un niño: chal de seda que marcaba el gracioso contorno de
la primera parecía pertenecer á la clase media; el se- sus hombros.
gundo, echado sobre las rodillas de su madre, dorAl observarla, imaginé vagamente que debía haber
mido sin duda, podía tener de cinco á seis años.
estado en aquel sitio hacía largo tiempo, y que sin
Oí al capitán gritar, y en el momento en que el duda no la habría visto á no mediar un incidente
maquinista daba contravapor, observé que el bote se (como ya había sucedido con el Caballero enlutado)
agitaba sobre las olas artificiales producidas por aque- que llevó mi curiosidad 'más allá de. la trivial esfera
lla maniobra.
en que no debían producirse dos apariciones de
En el mismo instante resonó en mis oídos un agudo aquella naturaleza.
grito.
Se acababa de botar una barca para recoger al naEra la voz de la mujer que acababa de ver en el dador, cuyos movimientos habíamos seguido con inbote.
terés tan palpitante; cuando estuvo cerca colocó en
- ¡Jesús, María!, exclamó. ¡Mi hijo, mi hijo!
ella al niño, negándose á saltar á su vez, y mientras
Todos los pasajeros se precipitaron hacia la parte que en el puente la multitud se agolpaba alrededor
del puente donde yo estaba cerca de la escalerilla.
de la pobre madre para felicitarla cordialmente, el
Entonces vi que la pequeña embarcación zozobra- salvador de su hijo subió al vapor sin que nadie le
ba, y que dos marineros trataban de salvar al bar- viera. Nadie se ocupó ya de él, y ni siquiera me fijé
quero, el cual había perdido el equilibrio al tratar de yo tampoco en su regreso, pues hallábame fascinado
coger la cuerda.
at1n por los ojos de La Lorelei.
Otro había saltado desde la escalerilla y conseguiDe repente observé que el Caballero enlutado esdo salvar á la mujer en el momento en que iba á ser taba delante de ella; pero ¡qué cambio en el aspecto
arrastrada bajo la rueda del vapor. Un instante des- d e aquel hombre! Por primera vez me fijé en la bepués hallábase ya s.egura á bordo.
lleza de sus facciones y en el noble aspecto de su
Pero ¿y el niño?. .. ¿Dónde estaba?
persona. Parecía poseído de profunda emoción; huEl último movimiento de las ruedas había dado biérase dicho que todo su ser estaba sometido á la
impulso á nuestro vapor, y á larga distancia de éste influencia de una agonía moral, en la que se adivinaveíase flotar sobre las olas un sombrerito de paja, ba una pasión inmensa, una súplica angustiosa.
cuyas cintas azules ondulaban á merced del viento.
Fría y muda como la muerte, la hermosa Lorelei
Hubo urt instante de silencio profundo, efecto de contemplaba al Caballero enlutado.
un espanto angustioso, y después oyóse un sordo ruEl hombre se inclinó hacia ella, y con voz cortada
mor. El niño acababa de aparecer en la superficie por la emoción, murmuró estas palabras:
del agua, y después de agitar sus manecitas hundióse
- ¿Aún me dirás que nunca?
&amp;oo~
J - Sí. ¡Jamás!. ..
- ¿Qué diablos tiene esta mesa?, dijo uno de mis
compañeros de viaje al camarero que se acercaba
para levantarla. Nadie la ha tocado.
- No hablemos del diablo, repuso otro, pues le
haríamos volver.
Y nos señaló con el dedo el hombre solitario.
- ¡Cómo!, exclamaron los del grupo á la vez. ¿El
Caballero enlutado sería? ... ¡Es imposible!
- ¿Imposible? ¡Oh, no! Ahora mismo, cuando el
señor teniente nos hablaba de La Lorelei os juro que
le he visto levantarse de su asiento como un autómata movido por un resorte y derribar la mesa.
Nada podía ser más sencillo y natural que esta explicación, y por lo tanto yo fuí el único á quien no
convenció del todo. Un movimiento tan brusco y
torpe como el que se atribuía al misterioso viajero no
cuadraba con la idea que me había formado del Caballero enlutado, sin contar que esto reducía á la nada
toda mi teoría intuitiva. Sin embargo, nadie escuchó
mis argumentos, y como la opinión general se declaraba contra la mía, renuncié á una discusión que comenzaba á parecerme odiosa é irritante.
Entretanto, nos acercábamos á la roca de La Lorelet~ y yo me dirigí hacia la parte avanzada del puente para disfrutar mejor de la vista de aquel lugar fa.
moso. Al pasar por delante de la chimenea del vapor
vi otra vez al misterioso extranje(o; estaba con los
brazos cruzados mirando el ~gua, que parecía hervir
alrededor de la rueda, y cuya violencia ofrecía singular contraste con la impasibilidad del hombre que
la contemplaba.
Entonces recordé las palabras del subteniente, y
preguntéme cómo se conduciría aquel hombre si alguno se ahogara á su presencia.
'
¿Pediría socorro?
¿Excitaría á los demás á salvar á la víctima, haciende sonar en los oídos de ellos una bolsa llena de oro,
como el conde en la balada de Burger, Vom vem-

480

Era 1a nota aguda del oboe.
El Caballero enlutado no replicó, pero noté en su
rostro una palidez lívida. Muy pronto, sin embargo,
sus facciones recobraron su expresión habitual, ó
más bien dicho, su falta de expresión, y desapareció
por la escalera en dirección á la cámara, silencioso
é inadvertido.
Poco después me llamaron para prestar mi auxilio
al pequeño náufrago y fuí á verle al punto.
Era la primera vez que ejercía como doctor en
medicina; pero bastóme un buen examen para asegurarme de que un simple cordial le volvería todas
sus fuerzas, y disponíame á extender la rec¡;ta cuando un anciano ayuda de cámara se presentó ante la
madre, y saludándola con profundo respeto, suplicóla de parte del señor conde de Roseneck y de su señora que tuviera á bien trasladarse con su hijo á la
cámara que ocupaban, donde se habían preparado
todas las comodidades necesarias para el niño.
Los viajeros en camino de hierro no son más que
nómadas aislados, pero los que van á bordo de un
vapor constituyen una comunidad, en la cual se forma una especie de opinión pública por medio de la
libre discusión. Nuestra comunidad del Lorelei se
había impresionado mucho por el acontecimiento
del día, y todos se preguntaban:
«¿Quién puede ser el Caballero enlutado1»
Interrogado el mayordomo sobre este punto, nos
contestó que aquel misterioso extranjero era el conde de Roseneck, poseedor de un inmenso mayorazgo
en la Silesia prusiana; pero no sabía más.
La dama que tanto nos había llamado la atención
era, por lo tanto, esposa del conde.
¡Una simple condesa silesiana! ¡He aquí el hecho
trivial que mi imaginación sobrexcitada había rodeado de tantos misterios! Otros, no obstante, habían
observado la indiferencia de la condesa ante la noble
conducta de su esposo, «un hombre, decíamos nosotros, del cual se hubiera enorgullecido cualquiera
mujer.»
La joven berlinesa que tan calurosamente había
defendido la causa de La Lorelei legendaria, fué la
que más se indignó por la falta de corazón que nos
extrañaba en la imagen viviente de la cruel hechicera.
Sin embargo, el subteniente opinó que la acción
del conde no merecía los elogios tributados, y esforzóse mucho para probarlo así.
- Cualquiera que haya estudiado, como yo, dijo,
en la Schwimschule de Potsdam los verdaderos principios de la natación, os dirá que solamente la casualidad ha salvado esa criatura, á pesar de los esfuerzos torpes del conde.
- ¡Cómo!, exclamó la berlinesa, ¿le parece á usted
que el conde ha sido torpe?
- Mucho.
- ¿Pues qué debía hacer para salvar mejor á la
criatura?
- Es difícil de explicar, repuso el subteniente;
pero lo hubiera demostrado salvando yo mismo á la
criatura si no me lo hubiese prohibido el uniforme.
Un comerciante de Hamburgo que escuchaba con
impaciencia aquella conversación, no pudo menos
de observar que la pobre madre debía tal vez la vida
de su hijo á los apreciables sentimientos qut¡ tan
bien habían preservado de una mojadura al uniforme
del subteniente.
- Bien sabido es, añadió, que el peligro más de
temer en toda tentativa para salvar á los náufragos
proviene de los esfuerzos que éstos hacen para escapar de la muerte por sí mismos. El conde hubiera
podido fácilmente alcanzará la criatura antes de hundirse; pero comprendió que sería mejor esperará que
sus fuerzas se agotasen del todo, y la cogió bajo la
superficie en el momento preciso en que su pasividad facilitaba su salvación.
El subteniente no se dignó continuar la discusión
y alejóse de aquel sitio, haciendo resonar sus espuelas y su sable y murmurando desdeñosamente: ¡Bz:r-

ger PhiHsterl
Entonces otro pasajero que no había tomado parte
aún en la conversación, nos dijo que en H eligoland
el conde de Roseneck era conocido en todas partes
como hábil é ,intrépido nadador. •
- Hace algunos años, continuó este pasajero, durante mi permanencia en aquella isla por cuestión de
salud, oí los más maravillosos relatos sobre sus hazañas. Entre otras cosas de que aún me acuerdo, refiriéronme que cierta noche de tempestad una barca
pescadora con cinco marineros naufragaba á la vista
del puerto. El mar estaba tan alborotado, que ninguno entre los más intrépidos (y había varios que
eran parientes próximos de aquellos infelices) osaba
aventurarse para prestarles auxilio. La multitud contemplaba en la playa, poseída de angustia y desesperación, aquella espantosa desgracia, cuando de pron-

NúMERO

480

to un hombre, un extranjero, penetrando
entre los espectadores, cogió un cable
que no se había podido utilizar, y ató en
la punta una cuerda
muy corta que llevaba en el bolsillo. Después sin pronunciar
palabra, sumergióse
en las rompientes.
Que pudiera lleg~r
al sitio del naufrag10
sin perecer, consideróse como milagro,
mayor aún de lo que
pudiera serlo salvar
la tripulación poco
después. Y ahora, caballeros y señoras,
añadió el narrador,
debo advertir que la
persona á quien ustedes dan el siniestro
nombre de Caballero
enlutado es familiarmente conocida de
los pobres pescadores de Heligoland bajo el calificativo más
simpático de Terra-

nova.
- ¡Ah!, exclamó la
rubia berlinesa, ¡qué
n ovelesco es eso,
Dios mío! Rogaré á
la señora condesa de
Terranova que me
dispense por la opinión que de ella formé.. Puesto que su
esposo es tan buen
nadador, sin duda no
tenía motivo para inquietarse, ni por ella
ni por su marido.
- Muy bien puede
ser eso verdad, dijo
un hombre de majestuoso porte que nos
pareció un consejero
privado, pues he visto que llevaba en el
ojal del pardesús una
punta de cinta amarilla; pero yo sé por
buen conducto que
la condesa tiene la
cabeza ...
Y sin t~rminar la
frase aplicóse un dedo á la frente con expresivo ademán.
- ¡Loca! ¿Está usted seguro? ¿Cómo
ha podido saberlo?,
preguntaron todos á
la vez.
- Por una pura casualidad, contestó el
consejero. El hecho
es bien conocido en
Silesia, y me lo refirieron el año pasado en Breslau. ¡Pobre 1tH1jet! A fu{
me parece que el conde ha hecho mal en no sotrteterla á un tratamiento médico, enviándola á Dobling,
por ejemplo, pues allí se hacen curas maravillosas.
De todos modos, dicen que el conde es el mejor de
los maridos, y tan celoso en los cuidados que exige
la s_alud de su infeliz esposa, que no puede soportar
la idea de una separación, aunque sólo fuese por
un día.
Este último detalle hizo cambiar de nuevo mis
ideas.
-:- C:aballero, dije al que hablaba, dispense V. la
curiosidad de un estudiante en medicina; pero he
tenido ocasión hai::e poco de ver á esa señora, y
aunq~e observé en su fisonomía y sobre todo en
sus ?JOS una expresión singular, confieso que no la
hubiera atribuído á locura.
- ¡Oh!, repuso el consejero, yo no creo tampoco
que sea locura tal como V. puede entenderla, caballero, Y por lo mismo me he guardado b ien de pro·
nunciar esa palabra hace un momento. Yo supongo
que es una especie de melancolía inofensiva, sin

L A ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1 57

La marcha del
consejero puso término á esta discusión, é imitando su
ejemplo la mayor
parte de los viajeros
comenzaron á ocuparse de sus equipajes. El incidente ocurrido en Saint-Goar
había retardado de
tal modo la marcha
de nuestro va por,
que el sol se había
puesto casi cuando
pasamos lentamente
bajo las sombrías
murallas de la vieja
ciudad de Colonia.
El pequeño grupo
se dispersó, pues, y
yo me dirigí hacia la
proa, entregado á
una profunda meditación.
La noche estaba
tranquila, y todo parecía dormir; las ruedas del vapor giraban lentamente, y
nos deslizábamos sin
ruido por la sombra
de la antigua ciudad.
En el horizonte, por
la parte de Occidente, divisábanse todavía fulgores de un
tinte anaranjado; y
sobre ellos se elevaba la torre maciza de
la catedral, destacándose sombría en el
creptísculo del cielo.
E n la cúspide de
aquella torre, semejante á un hechicero
.que mira desde la altura de su torreón, vi
la enorme grúa, primer. objeto entonces
que se ofrecía á la
vista de cuantos viajeros entraban en Colonia Su brazo gigantesco se extendía
hacia el Drachenfels,
cuyas canteras habían servido para levantar, piedra por
piedra, la sombría
construcción en que
reposaba; y allí en
un aislamiento entre
el cielo y la tierra, semejante á una enorme ave de rapiña, la
inmensa máquina
parecía contemplar
con tristeza la roca
devastada.
Y al fijar mi vista
en aquella solitaria
El «Caballero enlutado»
imagen, parecíame
que decía tal vez á la
alticlriadones nl. arrebatos; pero el ahlquilamiento antiguA tbCA: «¡Irreparable es el pasado, que te ha
es totál; según se me ha dicho. A ello se debe que reducido á una ruina, convirtiéndome á mí en una
esa infeliz sea iticá¡:laí de ítltefesatse pot la menor soledad; reconciliémonos!»
cosa, ni de perlsaf erl nada, y hasta ni siquiera se da
cuenta de lo que ve. Es una especie de estupidez.
II
- Pero, repuse yo, en el esposo de esa señora,
APARICIONES
según hemos observado todos, no se manifiesta ninDurante el resto de mi viaje á París no me ocuguno de tales síntomas, y sin embargo, he creído
notar en sus ojos también una expresión especial- rrió ningún incidente, ni tampoco durante los tres
mente extraña, aunque algo diferente. Tal vez de- primeros años de mi permanencia en la gran capital.
bería yo decir que hay falta de expresión.
Consagré este tiempo completamente á los estudios
- Es posible, contestó el consejero. Yo creo que de mi profesión, y pasaba los días en los hospitales,
son primos.
examinando lo que el lenguaje poco sentimental de
- ¿No ha oído V. hablar nunca de alguna causa la medicina llamaba «casos interesantes.» Durante
que pudiera determinar esa afección mental?
la noche estudiaba y tomaba notas sobre ellos en mi
- Jamás; tal vez sea hereditaria. El conde tiene tranquilo alojamiento del muelle de San Miguel.
fama de hombre muy instruído, gran sabio, casi mé- A los tres años me consideré apto para practicar la
dico y de profundos conocimientos en la fisiología medicina en mi país; pero no podía resolverme á mary la química. Tal vez haya hecho del caso de su es- char sin trabar conocimiento con esa exquisita socieposa un estudio especial y esté convencido de que dad parisiense que desde el tiempo del gran rey pasa
es incurable. Pero dispénsenme Vds., necesito mi en Europa por árbitra del buen gusto.
saco de viaje y es tiempo de ir á buscarlo.
( Co11ti1111ará)

�15

LA

ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

N úMERO 480

pa_ra dar salida al agua acidulada si el desprendi- buen conductor, pues aumenta la sección del alam?11ento fuese demasiado rápido, y otro por el cual se bre _de _platino, del que, por decirlo asf, forma parte,
QUIMICA RECREATIVA. - EL HIDRÓGENO
introduce un pequeño tubo de cristal encorvado en Y d1smmuye la resistencia al paso de la corriente
Una tempestad en un vaso. - Tomemos un vaso or- ángulo rect~, en cuyo ~extremo se fija un tubito de ~léctrica. Retirado el vaso, el platino vuelve á enrodinario y echemos en él algunas recortaduras de cinc caucho destinado á conducir el gas á la cubeta de Jecerse.
y ácido clorhídrico, de modo que unas y otro apenas agua en donde éste es recogido.
Con una lámina de cinc de 4 centímetros de an- . Las mezclas explosivas y los balones de colodifm . cubran el fondo de aquél: inmediatamente se producho por 10 ?~ largo que arrollamos en espiral forma- S1 se ponen e~ presencia el hidrógeno y el oxigeno
ce un desprendimiento tumultuoso de garemos un c1lmdro, cuyo diámetro sea menor que la en las proporc10nes que forman el agua (2 volúmeses. Aproximemos, s_in pérdida de momenabert~ra del frasco para que pueda penetrar en éste, nes del pnmero y I del segundo) y se aproxima á esta
to, un fósforo encendido á la boca del vaso,
y lo _fiJaremos en ~I tubo de embudo, bien sea por ro- mezcla una llama, se produce una fuerte detonación
y el gas arderá con una serie de explosiones
zamiento duro, bien ,a tándolo con un fuerte alambre y el v~so se rompe, á menudo no sin riesgo para el
exentas de peligro. Si tratamos de extinguir
de cobre, de manera que el extremo de aq.uél no que- expenmentador.
este incendio arrojando agua, no lo lograrede obstruído.
Para precaver todo peligro en el e~perimento
Hecho esto, se llena con agua el frasco hasta la mi- puede encerrarse la mezcla en un balón de colodión
tad ,d~ su alt~r~, y se le añaden algunos centímetros que se atravesará con un hierro candente, á cuy~
de acido sulfunco, tapando en seguida el frasco con contacto aquélla estallará con estrépito parecido al
el tapón de corcho. El agua aci- de un cañonazo, pero los fragmentos no serán pelidulada ataca el cinc (fig. 1) y el grosos porque consistirán en pedazos de algodón
desprendimiento se efectúa.
que se dispersarán por el aire.
Cuando ya no se necesita el
El colodión es una disolución de algodón nítrico
gas, se levanta el tubo de embu- en una mezcl_a de alcoh~I y de éter: el usado para
do de manera que el cilindro de nue_st.ro expenmento contiene un 4 por 100 de aceicinc quede fuera del agua (figu- te _ncmo para que se seque más pronto, debiendo
ra 2) y el desprendimiento ga- a~1tarse much? la mixtura á fin de que se mezcle
seoso cesa en el acto.
bien: este Hrimdo, ya preparado así, se vende con el
De esta suerte puede dispo- nombre de colodión ricinado.
nerse de un aparato de confecTómese un pequeño balón de cristal viértase en
ción fácil y siempre dispuesto él un poco de colodión, hágasele dar vueltas entre los
á funcionar. Cuando no se haga dedos de modo que el lfquido se distribuya uniforservir durante un rato de una ó memente por su superficie, incluso el cuello, y déjedos horas, es preciso tirar el sele secar durante tres ó cuatro horas boca abajo en
agua acidulada y lavar muy bien un sustentáculo, como lo indica la fig. 4, con lo que
el cinc para quitar el sulfato de el balón queda interiormente cubierto de una delgacinc que sobre su superficie se da capa de colodión que es preciso extraer sin romha formado.
perla. Para ello se coge esta capa por los hilos de ceFig. l. Aparato para obtener hidrógeno por medio de la descomposición del agua
Por
este
procedimiento
podelulosa
que penden alrededor del cuello, y separando
durante la operación. -Fig. 2. El mismo al terminar la operación
~os verificar los muchos expenmentos á que el hidrógeno se
presta, tales como la lámpara
mos, sobre todo en los primeros momentos· antes al
contr~rio, la llama se avivará; sin embargo, diuy pron- filosófi?1, la armóni_ca química, la difusión, etc.
La hgereza del hidrógeno ha sido utilizada para la
to remará de nuevo la calma. El gas que ha ardido
construcción
de los aerostatos, aunque en muchos
es el hidrógeno, uno de los elementos del agua.
casos_ e~ para éstos preferido el gas del alumbrado,
Nuestro aparato. - El hidrógeno se prepara siem- que s1 bien e_s más denso y tiene por ende menos
asce~s10nal, posee en cambio la ventaja de no
pre descomponiendo el agua por medio de un metal: fuerZll;
n_eces1tar ningún aparato espeen la industria se emplea el hierro; en los laborato- cial, pues con sólo dar vuelta á
rios el cinc.
una llave está hecho todo el traPara la preparación de los gases es muy cómodo bajo. Esto no obstante, en i8¡8
poner un aparato que permita obtenerlos á voluntad: el gran globo cautivo Giffard se
esos aparatos, _mal llamados continuos, más merecen
hinchaba con hidrógeno prepael nombre de intermitentes. Los dispositivos al efecrado, en el mismo recinto reserto empleados son en gran número, en su mayoría vado á los visitantes con hierro
'
muy prácticos, y exigen un material considerable y . .
v1eJo y ácido sulfúrico diluido.
un montaje muy esmerado.
En la actualidad el hidrógeno
He aquí una disposición sencilla que puede apli- desempeña un gran papel en la

NúMERO

LA

480

SECCIÓN CIENTÍFICA

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
E SPAJl!OLES

Fig. 3. Conductibilidad d~l hidrógeno

carse también á la preparación de otros gases. Tómese un frasco de medio litro de cabida y de ancho
cuello, que se cerrará con un buen tapón de corcho
provisto de dos agujeros, uno para dar paso á un tub~
de embudo que hace las veces de tubo de seguridad

INSURRECTOS, RECUERDOS DE LA GUERRA

.~.LOS

QUE TENGAN

Camps, con aquella imparcialidad que prestan al juicio el perfecto conocimiento de los hechos y el amor á la verdad y con
aquel estilo sobrio y lleno de vida que tan bien sienta á_ lo~ que
á las armas se han dedicado, y que empleado en descn pc1ones
exactas y animadas reproduce en rasgos vigorosos los recuerdos
indelebles é interesa á los lectores como la presencia de la realidad misma.
L a obra del Sr. Camps, desde el punto de vista histórico, es
cual pocas completa: en ella está narrada la guerra de Cuba en
sus menores detalles, desde los hechos de armas más sangrien·
tos hasta las más ligeras escaramuzas, y en medio de la descripción de los sucesos desfilan ante los oios del lector las per·

TOS

Dr. ANDREU de Barcelona.
Son tan rápidos Y seguros los erectos de estas pastillas, que casi
siempre desaparece la tos por completo al terminar la primera caja.

sonalidades más importantes que por ambas partes se distin•
guieron en aquella lucha.
En cuanto al criterio en que está inspirada, habla por no~otros el mismo autor, quien en el prólogo del libro dice: , ... y si
aplaudo á los que defendieron mi causa, también es cierro que
mi lenguaje no ofenderá á los hombres que expusieron noble·
mente sus vidas y sus fortunas por una aspiración que la historia oportunamente juzgará. , Y como lo ofrece lo cumple en
todas las páginas del libro, no perdonando los defectos en el
hermano ni escatimando al adversario los legítimos méritos.
L6s deseos que al autor animan están condensados en estas
líneas que encabezan el libro: &lt;Si mis recuerdos contienen

PARA TENERLA'BOGA

ACREDITADOS

ya sea catarral 6 de constipado, seca, nerviosa, ronca, fatigosa, etc., etc.,
bronquial 6 pulmonar, por fuerte y crónica que sea, bailarán el alivio
inmediato tomando la PASTA PECTORAL IIFALIBLE del

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1u afecciones nerviosas.

Jibriea, lspediciones: J.-P. LAROZE

!, ,ne des Lions-St-Paal, 1 Pull. ·•

- Deposito en todu laa prtnclp&amp;Jea Boticas y Drogueriu

•

aerostación militar, puesto que
los globos á este servicio destinado deben ser hinchados casi
siempre en el campo, lejos de
·
toda fábrica de gas. Un carro transporta todo lo necesario para la preparación del hidrógeno.
Durante 1~ campaña del Sudán, los ingleses se
servían también de los globos que hinchaban con hidrógeno fuertemente comprimido en tubos de hierro
muy resistentes expedidos desde Londres.
~l hidrógeno_es buen conductordet calor yde la electruúiad. - El aue y el gas, cuando son muy secos
son malos conductores del calor y de la electricidad.
De esta regla se exceptúa el hidrógeno, y ésta es una
de las muchas razones que le aproximan á los metal~s, á_pesar de su estado gaseoso á la temperatura ordmana.
·
Dos elem_entos Bunsen_y un pequeño aparato que
nosotros mismos constrmremos nos permitirán demostrar esta propiedad de una manera fácil y
clara.
Fíjense verticalmente en una tabla de madera dos
alambres de latón de 3 milímetros de diámetro por
10 centímetros de altura, colocados á una distancia
de IS mil_ímetros uno de otro y unidos en su extremo superior por un alam~re finísimo de platino (figura 3), Y únans~ los_ dos hilos procedentes de la pila á
los extremos mfenores de los alambres, debidament~ des?x~dados por me~io de ?n lavado de ácido azótl~o d1lmdo ó de una ligera limadura. Abierta la co•
mente, el alambre de platino se pone incandescente
pu~s á c~usa de su pequeña sección ofrece much~
res1stenc1a al paso de la electricidad· si entonces se
cubre todo el aparato con un vai¡o ó bocal lleno de hidrógen?, este gas se inflama_en la aber'tura de aquél,
p~oduc1end~ una pequeña explosión, y aunque la comente con~1núa, el alambre de platino pierde su incandescencia; lo cual prueba que el hidrógeno es

¡¡

por el coron~l retirado D. Francisco de Camps y
Fe//,,. -Testigo presencial de la mayor parte de los sucesos
ocurridos durante esta guerra, y conocedor de los que no presenciara personalmente por datos auténticos y noticias lide•
dignas de sus compañeros de carrera, que como él derramaron
su sangre por la patria en aquella campaña, relátanos el señor
nE C UBA,

1 59

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pé.ginas

Se ea..-ltn prospectos A~uien 101 aoliare
cllrigibdose Alos Sres. Montaner y Sún6o, editor&lt;1

GRANO DE LINO TARINF~iffIM~s

JARABE Y PASTA

ESTREAIMIENTOS, CÓLICOS.

-La caja: lfr. 30.

de H. AUBERGIER

con %..6.0':Vo.u.IVK (Jugo leoboeo de Lechuga)
fig. 4. Fabricación de los balones de colodión

c?n el dedo

la parte superior de aquélla é introduciendo el dedo entre el cuello y la laminilla separada
se vierte agua gota á gota entre uno y otra. Estas gotas hacen pronto presión sobre la pared del balón
se introducen entre ella y la capa de celulosa y cae~
al fondo levantando la capa. Cuando el balón está
lleno de agua, fácilmente se quita el balón de colodió~, en el cual se insufla aire para ver si tiene algtín
aguJero.
_Para hincharlo con la mezcla explosiva se llena
pnmero_ con ésta una vejiga de cerdo, montada en
una espita, que luego se pone en comunicación con
el balón y se oprime á fin de que se vacíe en éste por
completo.
Cuando el balón está lleno colócasele en una mesa
ó en el suelo y se le atraviesa con un hierro canden·
te, produciéndose en el acto una detonación formi·
dable que no deja en e_l lugar del siniestro más que
algunos filamentos, úmcos restos del experimento
verificado.
(De La Scie11cc ll/11stn•1)

***

F.

FAIDEAU

Aprobados por la Academia de Medfoi.lJ• de Parl• é 1Daer1ada.en la Colecc.t6n
O~Jofal de F6rmala• Legal•• por d1oreto mln.iaterial de 1 O de Mar•o de 1854,

,

e Una completa tnnoculdad, una ertcacla perfectamente comprobada en el Catarro
ep,atmico, las BronquU.1. Catarro,, Reuma,, To1, a,ma é ,mtacúm de la garganta, han
grangeado al JARA.BE y PASTA do AUBERGIEB una Inmensa rama. »
(B:i:lra,10 út Formulario MUieo ul S-• Bovdar'41 oaudr41iu ü l• Ji'aevllall u Me4idu ~ •ilM),
VenLa por mayor: COIIIIA.R T e-, ta, Calle de St-clauue, PARlS
_

DEPÓSITO EN LAS PIIINCIPALES BOTICAS

En el tratamfento de fas Enfermedades del Pecho, recomiendan to,
Médicos especialmente el empleo del

JARABE yde la PASTA d&amp;
PIERRE LAMOUROUX
Para evitar las falsificaciones,
debera exigir el Publico la
Firma y Señas del Inventor:

PIERRE LAMOUROUX, Farmc0
415, .Rue Vauvilliera, PARIS

o II el reparador de la 11an11r
crobioida por excelencia.
• ioa proto-lodaro fe llm4eF.

""°"" u"'"""'"'

Gill

"4dol..,
dod
(ONl411IU,

ll"lmtaa,
(04"14 ,u IOI H o,pilaltt),

_ __'-. -:"_~,.,_..._,J\:II..A,-----------~-------ac;Illers, PARIS. Depclslto e~ todas las Jarmaela

CARNE HIERRO
y QUINAV
llllido a los 'r6Dioo■ maa repandorw:

ll Alimento maa_~

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS tol, nnccmos KtJTUTIVOI D8 U CLU\RB
11111:1111• 1. •11111&amp;1 Dtel afloll de a11o conUnllldo , 111 drmaclonee 4e
toéiu III em1DeDolU Di64Ir.u preablD que ea&amp;a uoctldon de la CJuae. el au.... 1,
..,._ oonaUtuye ll repan4or mu enemco que 18 CODOCe 1111'&amp; cmv: 11 Clordlfi1 la
:.ifN'lll'4, 111 J l , u t ~ dolof'OIIII, el l-,obrceMIMl11 1 la ÁUfflltfOtt 41 ,- SMÍr,,
el illn(tfnlf, 111 .4.fl«WMI lffl"O(WMIII 1 ~ f e / 1 1 , etc. 11 ................ dé
.&amp;Nlli -. en erec&amp;o, el mdco 11!1!.~..':':'.!:-que ~ ~ . , b1&amp;leco loi ofllllo■,
~ ooordma 1 &amp;umem&amp; .........,_.,.,.....,.._ 111 •..._ 6 IDtwlde a la 1111119
eáipollredda J del0olor141 : el f"10r, la Coloradott J 11 ...,,_. .U.,.

eaan.

,1or.-,1r,alw, euua de 1, l'Dll,Fll'lllltAltico, tOl,rae Riclle1iel. a.c..artdBOCD
a VDD• a TODAS w PIJ1'QIPü.118 IIOTla.t.8
•

EXIJASE "i:T; 1 IROUD

.

Enfermedad8Sdel PBcllo

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUK
Antes, Farmacéutico

tas, Calle Vauvtllten, Parle.

El Jarabe de Pierre Lamouroux es
el Pectoral por excelenciá
como edulcorante de las tisanas, á
las cuales comunica su gtuto agradable y sus propiedades calmantes.
(Gaceta de los Hospitalet)

Dep6alto General: 45, talle Tmilllen, 45,PWS
Se rende en todas /a, buena, farmao/11,

�LA

160

N úMERO

ILUSTRACI ÓN ARTISTICA

480

/ag'ller, cuarta edición, aumentad a
con todos los últimos procedimientos. La mejor recomendaci6n que po·
demos hacer de esta
utilisima obra es el
hecho de haberse
agotado en pocos
años tres numerosas
ediciones. La que
aho ra anunciamos
está ilustrada con 35
grabados, y en ella
se .trata con toda extensión de la composici6n y fabrica•
ci6n t.le los jabones
blandos, en frio, de
tocador, de huesos,
veteados, b 1a n c os,
de aceite de orujo,
de color, diáfanos,
t.le glicerina, de coco, caseros y otras
muchas clases que la
falta de espacio nos
impide citar, y que
hacen sea esta obra
la más completa en
su clase. Su precio
es 4 pesetas en Madrid y 5 en provincias, remitida franca de porte y certificad a , haciendo el
pedido á la libreria
de Hijos de D. J.
Cuesta, Carretas, 9,
Madrid.

algo que pueda con•
tribuir á la un i6n
de todos los cuba•
nos y de éstos con
los peninsulares, se
verán colmadas mis
aspiraciones.&gt;
La obra está edi•
tada por la casa A.
Alvarez y Compañia
(Muralla, núm. 401,
de la Habana.

•

**
TABLA S GRÁFI·
C AS TAQUIMÉTRI·
CAS, por .D. Ricardo

Codomfo y Stán'co,
ingeniero de 111011/es.
- Consta este libro
de siete tablas, litografiadas á dos tintas, para reducir al
horizonte distancias
medidas con estadía
y calcular las coor•
denadas rectangula·
res de puntos deter·
minados con instru·
mentos de gradua·
ci6n centesimal 6
sexagesimal: en la
r. • figuran los loga•
ritmos de los núme·
ros; en la 2 ª los ele
1as !!neas trigonométricas; la 3.• da
la lon~tud de las lineas trigonométricas
naturales, y por la
4.• se deduce directamente el valor de
•••
las coordenadas recZARAGOZA AR·
tan gu 1ar es de un
TÍSTI C A, MONU ·
punto; las 5.•, 6.• y
MENTAL ¡:; l!ISTÓ·
7.• son análogas resRICA, por A. y P.
pectivamente á las
ESTl'OIO DEL PINTOR C:F.ZA PESKF.. (Véase el artículo inserto en el nt'1m. 4¡9.)
Gascón de Color. 2. • , 3.• y 4.•, sin más
Notable es bajo to•
diferencia que estar
dos conceptos el
construidas aqué11as para la graduaci6n sexagesimal y éstas para la cemesimal. en provincias. Los pedidos deben dirigirse á 1¡¡ librer!a Guten• cuaderno 9 de esta importante obra, que hemos recibido. Con
él, además de ocho páginas de interesante texto profusamenAcompañan á estas tablas, indispensables para la mayor berg, ca11e del Principe, 141 Madrid.
te. ilustrado con bonitos grabados intercalados, se reparte á los
rapidez de la deducción de los datos, 32 págin:is de kxto
señores suscriptores seis magnificas fototipins.
que explican el modo de utilizarlas y contienen numerosas fór·
•••
Suscribcse en la librería de D. Arturo Sim6n, Rambla de
mulas.
FARRICACIÓS nE JARO~ES. mi TOO AS CLA~ES, por D . .F. Ba, Canaletas, 51 y en las principales de las rlemás provincias.
Véndese esta obra al precio de 6150 pesetas· en Madrid y 7

Lns OB.S3.8 extranjeras que desean anun oia.rse en LÁ ILUSTRACIÓN ART1STIOA dlrfja.nse pa.re. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.uma.rtin,
núm. 61, Paría.- Las c~as espo.ñol"-5 pueden hs.oerlo en la. librería. de D. Arturo Simón, Rambla. de Cana.latas, núm. 5 , Barcelona.

•

CARNE y QUINA

·v1Nb1WROü·o·~;~iU1NA
T

CON TODOS LOS l'Jl!Nctl'IOS

Cl.Ul!IE y 01111u I

IAoEL CiJ

--

LAIT ANTÉPHÉLIQUi:

mmunvos SOLUBLES DB LA CARNE

son los elementos que entran en la comooslcton de este potente

l'epe.r~dor de las tuerzas vitales, de este for1ifle1111&amp;e ,.., eaeefe 11ela. De un gusto suma.mente a¡radable, es soberano contra la Áfltmta. y el ÁPOl:amtento, en las Calentura,
y conualecenCtaS1 contra las Dtarreas y las A(tCCÚYIIU del Hstomaoo y los tntutlno,.
c ua.ndo se tm a de despenar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,oc,das por los calores, no se conoce nada superior al l'i11• de Quilla de Arouca.
,Pqr ma.vor. en Paris, en casa de J. FERRt, Fanniceolico, 10!, rue Ricbelieu, &amp;t.esor daARoUD
S&amp; V&amp;NOB BN TODAS LAS PlUNCll'ALBS J30TIC.U.

'

EXIJASE elJ!ºt~ ARDUO
1

LECHE ANTEFÉLI
~URA

OMEZCLADA CON

AGUA, Dll"A

P ECAS,'LENTEJAS 1 TEZ ASOLEADA
SillPOLLIDCIS, TEZ BARROSA
~
A RRUGAS PRECOCES
~;,,, Oq
E FFLORESCE11ClAS
._e"- ~
"'&lt;, e~ e
R O.JECES
\O 'f ~ e
011
't4&gt;
•erva el cntls \\tll\) ~ ·

.&lt;,;¡~~------..

y,•

if.\llDES del E8To41.
t-+-'~ --r- r,iqo

Pepsina Boudault

.

! probada por la füDEII! DE IEDICIU

DE PARIS

ua

DISPEPSIAS
0.&amp;.STRlTIS - OASTRALOIAS
DIOEl¡TION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
Y OTl.ot 0&amp;101.Dll'III OS 1.4 OIOIIT101t

DAIO LA FORIIA. DE

ELIXIR• · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · dePEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
'

PillS, Pharmacie COLLAS, 8, 1'119 Dauphioe
f

t'tl

la, prl•c{P4I,,

(OF'fMCÍ&lt;ll,

Querido enfermo. -Fiase Vd. 4 mi /arfa experiencia,

y haga u&amp;o de nuestro&amp; ORANOS de SALUD, puea ellos
le curarán de su const,paclon, le darán apetito y le

-

no ti_tubean en porgarse, cuando l o
nec~sitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
J(!S demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
Ybebidas fortificantes, cual el vino, el calé,
ehl té. Cada cual escoge, para porgarse, la
ora y la comida iue mas le convienen,
se17un sus ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamente anuladopor el efecto dela
buena alimentacion empleada,uno
se decide lllcilmente II volver
•·11 empezar cuantas veces
sea necesario.

derolrerán el sueño y la alegria. - As, rirlrá Vd.
muoho1 años, d1Sfrut1ndo siempre de una buena salud.

PATE EPILATOIRE DUSSER

Participando de las propiedades del Iodo
del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las Eacrofulas, la
Tiah y la De bilidad de t empe rame nto,
as! como en todos los casos(Pálldoa colorea,
Amenorre a, • •&gt;, en los cuales e,s necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
Pl'OVOCdr 6 regulurlzar su CUfSQ perlóc!iCO,

t

PILDORASt~DEHAUT

Mtdallu en laa E1rio1lclone1 lnternactooalt1 de

mts
- LYOR
- VIENA - PHIUDELPBU - PARIS
l8C7
llm
1&amp;;3
1876
lli8
11 · ••Ltl CO?'t IL ■ , TO&amp; t .11TO &amp;!f

Lu

Perí66u qu couteea tu

PREMIODEL INSTITUTO AL O' CORVlSART, EH 18&amp;6

~m,.?Jh

Farmacenuco, en ParlS,

~ R u e Bonaparte, 40
El loduro de hierro Impuro 6 alterado
• • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas Píldoras d e Dlancard ,
exigir nuestro sello de plata r eactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantt a de la Uni ón de
los Fí llrlcantes para la represión de la fals!•
ficac!ón.

N8

SK HA. LLA.N EN TODAS LAS FARMACfAS

destruye b:l!ta lu RAICE9 el YELL9 del rostro de las damu (Barba, Btrote, etc.), 111
Dlagun pehgro para el culll. SO Años de B:a:tto, ymlllares de te1tfmoni01,ar1nt11an ta efteada
de esta preparadon. (Se vende en o•J••• para la barba, J en 1/2 oaJu para el blcota licero),1'1ta
101 bruos, empl~eae el PlLJ f'OBlil. DU&amp;BEK, l , rue J .. J •. J\ouaeeau, Paria-

Qucd&amp;11 reservados los derechos de propiedad a ~ y l1tc1 ª' 'ª

hir.

DI

Mmrn,,.,.,,

Y S11111/I•

�</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 480, Marzo 9</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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