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11tí~t1ea
ARO X

BARCELONA 23 DE MARZO DE 1891

~ , - -- - - --

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA
SUMARIO
Texto. - festis en ferusalln, por Emilio Castelar. -Semana
Santa, por F. Moreno Godino. ,. Cregoria ( Episodio ejemplar) (continuación), po,r Matías Méndez Vellido. (En el número próximo se insertará la conclusión de este art!culo.)Ntmtros grabados. -El anillo de Amasis (continuación). Novela original de lord Lytton, ilustrada por A. Bernard, traducción de E. L. Verneuill. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Qu{mica
recreativa. El carbono. Fabricación doméstica del carbón. El
gas de agua. Filtración de las ag-tias, por F. 'Faideau. -Aplicación de la fuerza centrifuga á los análisis qu{micos industriales. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó
editores: Seis tipos aéreos. Brroe ensayo de onzitologla Jasional ameno y !mmoristico, por D. Juan Rivas Ortiz. - Za,-a·
goza arl{stica 111onu111e11tal é histórica, por A. y P. Gascón
de Gotor.

Graba.dos. - Las Santas Mujeres itmto al sepulcro cuadro
de Arpad Feszty (Exposición Artlstica Internacional de Mu-

nicb, r890Í.-Elol, Elof... , escultura de D. T omás Cardona. ( El grabado que representa esta excelente obra de arte
es el primer trabajo del joven y aventajado escultor tortosino que publica LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA,)- (¡Crttcif/·
cale!,&gt; cuadro de Carlos Verla!. -Santa :Maria Magdale·
na, cuadro de Guido Reoi, existente en la galería del principe de Licht!\llstein, en Viena. - En el templo, cuadro de Ernesto Zimmermann (ExJ?OSición Internacional de Munich,
1890). - cCkristus consolator,&gt; cuadro de E. Zimmermann. Hteyendo de la invasión de los hunos, cuadro de A. Delug. Tres grabados correspondientes á la Sección científica y que
representan los aparatos siguientes: Fig. r. Filtración del
agua - Fig. 2, Filtro-fuente para comedor. - Fig. 3. Filtroembudo para mesa. -Estwiio del pintor Carlos Guillenno
Diejenbach. (Para las referencias pertenecientes á este grabado, consúltese el articulo que con el ti!'Jlo de Estudios de
algunos célebres pintores se publicó en el núm. 479, correspondiente al día 2 del presente mes.)

•••

JESÚS EN JERUSALÉN
POR DON EMILIO CASTELAR

Lo querréis 6 no; pero el hijo del Hombre jamás
dejará de ser nuestro ejemplo sobre la tierra y nuestro ideal en la vida. Los tiempos que pasan, lejos de
disminuir, como preten'den algunos incrédulos, esa
indecible figura, la enaltecen y agrandan, acrecentán·
&lt;lose con los desarrollos de nuestro espíritu el fervor
que sugiere. Hanla formado las evaporaciones de
nuestras lágrimas, los latidos de nuestros dolores, los
relampagueos de nuestras tempestades, los misterios
de nuestra muerte, al mismo tiempo que las esperanzas en otro mundo superior á este valle de lágrimas;
con lo que, divina y al mismo tiempo humana, en sí
resume y compendia el universo material y moral,
el cielo y la tierra. Un escritor ilustre, perteneciente
á semítica raza, y por lo mismo incapacitado radical-

LAS SANTAS ~UJERES JUNTO AL SEPULCRO, cuadro de Arpad Feszty
(Exposición Internacional de Munich, 1890)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA .

NúMERO

482

mente de comprender la Trinidad, el Verbo, el Hijo civil. Los muros que la rodean, los varios y diversos tido por David á su pueblo. En las aras,··en los altade Dios, las ideas heleno-cristianas que componen circuitos que la componen, los pórticos innumerables res aquellos, amenazados por la palabra de Cristo,
como el fondo mismo de nuestra religión, se revuel- del extremo Norte, prestan á la ciudad un aspecto veía el sacerdote judío sobrepuestos y consagrados
ve contra la divinid_ad tradicional de Cristo y la pone hierático aumentado por ,el santuario, cuyas agujas por una tradición oral incesante, no sólo el sacro alal nivel de las apoteosis y divinizaciones decretadas de oro semejan corona 6 diadema·pérsica, como'las tar de Salomón y de David, relativamente modernos,
por los antiguos senadores á los romanos césares. que llevaban los colosos babilonios y egipcios, pues- aquellos otros en que Abraham quiso inmolar á su
¡Insensato! El patriciado siervo adoraba en los césa- ta sobre la frente de Jerusalén. Cerca del santuario, hijo Isaac, en que Noé ofreció su primer holocausto
res poder, fuerza, riqueza, fortuna, triunfos, glorias, más aparte del templo, domina todos aquellos patios al retirarse las aguas del diluvio, en que Abe! presenmientra¡; adoram◊-s en Cristo los cristianos el dolor, como una especie de gigante que los vigilara y cela- tó sus cándidas ofrendas, en que Adán inició tras el
el sacrificio, el martirio, el hol0causto, su pasión y se, un cubo enorme, colosal, compuesto de ciclópeos pecado su reconciliación religiosa con el mismo Dios
su muerte. Por eso, mientras los sensuales dioses de pedruscos, el G.ual cubo se llama la torre Antonia. que acababa justamente de castigarlo y herirlo. El
la Naturaleza desaparecen sumergidos en los' oleajes Murallas tras de murallas, fosos tras de fosos, alme- templo representaba para el judío su historia entera,
que traen las renovaciones del ser y de la vida; mien- nas por todas partes y sesenta torres parecen como sus héroes y sus mártires, sus patriarcas 'Y sus profetras los césares huyen á la irrupción bárbara que una guarnición distribuída para celar aquel templo, tas, el Dios revelado á Moisés en las zarzas del Oreb
subvierte, como un terremoto profundísimo, el suelo sospechoso, no solamente de suscitar sublevaciones y el Mesías prometido por Esdras y por Daniel en
europeo; mientras allá, en el Oriente, se petrifican políticas continuas, de suscitar también intensas tem- los cautiverios y en los destierros. A todo había oculos pontificados de la cas,ta y las liturgias del pan- pestades religiosas. Las puertas.áseméjanse mucho á 'rrido la previsión de los constructores, despertada
teísmo, á pesar de los timbres varios con que brilla- las puertas de nuestras ciudades feudales, por lo pro- por las tradiciones litúrgicas. No se podían contar
ban y de las fuerzas materiales que tenían, el Dios de fundas y por lo rematadas en fortines, desde los que sus atrios, no se podían abrazar sus columnas; de celos débiles, de los desheredados, de los tristes, de los pueden sus defensores en lo alto aplastar á cualquie- dro incrustados y esculpidos sus techos, de mármol
humildes, puesto en la Cruz, coronado de abrojos, ra que las golpee ó asedie. El Calvario, si hemos de blanco sus pilares, de piedras multicolores y clarísicon sus labios cárdenos, con sus miembros rígidos, creer á los eruditos en geografía palestina, encontrá- mas ágatas sus pavimentos, de bronce sus puertas,
en el estertor postrero de una horrible agonía, incli- base por aquel entonces en.t re la primera y la segun- de riquezas indecibles sus tesoros; una legión sus sanada su cabeza divina sobre aquel pécho herido, abre da muralla circunvaladoras de Jerusalén, espacio ris- crificadores, su altar una fortaleza; innumerables las
los brazos en las cumbres del universo, para que allí coso, donde ahora se veía un huerto de frutales en fuentes y.más innumerables todavía las víctimas; en
busquen su ideal todos los que creen, su consuelo que hallaban los habitantes recreo, ahora una caver- lo alto·el santuario dorado por dentro y fuera; una
todos los que lloran, su remedio todos los que pa'de- na de tierra gredosa en que hallaban sepultura los parra de oro en los alféizares, un velo babilónico en
cen y su esperanza todos los que mueren. No pue- muertos. Muchos arqueólogos eminentes concuerdan los. enverjados; la mesa de las proposiciones á un exde medirse cuánto fortalece, ¡cuánto!, el dolor, y cómo en señalar la entrada, conocida con el nombre de tremo, á otro el candelabro de los siete brazos, entre
vivifica la muerte. No puede compararse, no, el saber puerta de los Rebaños, como el sitio por donde pasó ambos el ara de los inciensos; por doquier los vacientífico de Aristóteles y la elocuencia sublime del Jesús para ir al jardín del Olivete, sabido escenario rios sacerdotes con sus túnicas de largas mangas, con
di vino Platón en mérito con la . sencilla y á veces de su prendimiento: Un valle profundo separaba la sus cinturones bordados, con sus turbantes multico·
tosca palabra de Sócrates. Y éste supera en la tradi- ciudad en que se veía el templo, de la ciudad que lores, algunos con sus tiaras semipersas, ofreciendo
ción á los otros dos. ¿Por qué tal superioridad? Por- se denominó inferior ó baja. La gran plaza de Xis- aquí las abluciones, allá los perfumes, más lejos las
que Aristóteles ha sabido escribir, Platón ha sabido tos, la mayor de Jerusalén, se dilataba en ese valle. lecturas; en otro sitio los holocaustos y en todas parhablar la ciencia; pero Sócrates, más humilde por su No hay en.la Jerusalén de aquel entonces dentro del tes el rito legado por cien generaciones y trascenpensamiento, menos industriado en los problemas muro jardines porque temen sus habitantes el hedor dente á tqdos los tiempos. Así el pueblo creía su
altísimos, ha sabido por la ciencia morir. Así Cristo, del estiércol, y no hay hornos porque temen sus ha- templo tan perdurable como su Dios. En vano le
porque ha sido el Hombre de la pasión y de la muer- bitantes á la sofocáción del humo. Las calles eran contaban las leyendas y tradiciones antiguas que un
te habrá de ser toda la vida el Dios de la esperanza estrechísimas y no se veían en ellas más medios de día el · construído por Salomón y preparado por Day de la inmortalidad. Por eso domina más .'desde. transportes que asnos y camellos, por desconocidos vid se derrumbó en aquel mismo sitio. No quería
Si6n donde muere, que desde Belén donde nace y los carruajes y raras las literas. Los templos eran in- pensarlo; antes bien aguardaba con viva fe y con seque desde Tiberiades donde predica. Y tened en numerables. Como el judaísmo á la sazón se dilatara gura esperanza el Mesías y el mesianismo. Aquel sa·
cuenta lo sublime de todo cuanto Jesús hace y dice mucho y hubiera en el mundo innumerables asocia- cerdocio, nacido con la tierra misma, preservado por
allá sobre la tierra de sus padres. En Galilea el mar ciones judías, cada escuela, 6 alejandrina, 6 sirenaica, Dios de las aguas del diluvio, en su ministerio de
de Tiberiades, donde verifica la pesca milagrosa; en 6 cilicia, se disputaba la satisfacQ.6n de tener allí una conservar la vieja idea tradicional no debía tener inGalilea el Tabor, que le sirve de peana para subir al representación. Lo más admirable y lo más rico de terrupción alguna. Los siglos se mellaban contra las
cielo; entre Galilea y Samaria el encuentro con la J erusa!én, por aquel entonces, era la mansión de su piedras del templo, mas no se resentía, no, sobre
samaritana, junto al brocal del pozo, en que apagaran rey Herodes. Graderías enormes la sustentaban como sus cimientos, tan sólidos como la columna sustenta·
eternamente las ideas su sed anhelosa de lo infinito; al rey el trono, jardines floridísimos la ceñían de dora de la tierra. Y sin embargo, Cristo dijo que se
bajo los techos de Galilea las bodas de Canaán, y bien olientes guirnaldas, estanques muy claros ali- desplomaría todo él, arruinándose y desapareciendo
sobre una montaña de Galilea el sermón sublime mentaban en sus patios y en sus florestas numerosas hasta sus fragmentos y sus rafees. No hacía un siglo
que ha promulgado en palabras divinas la eterna re- cisnes, ·et marfil y el oro y la púrpura se prodigaban que Pompeyo lo profanara y no debía transcurrir un
ligión del espíritu para toda la humanidad. Y sin allí como en los alcázares de Tiro; la pared que lo siglo antes de que la profecía del Salvador se cum·
embargo, Cristo no ha triunfado en Gaiilea; Cristo cercaba tenía trece metros de altura, la materia que pliera.
Mas para el materialismo judío, amenazar al Temha triunfado en Jerusalén. Fuera del portal donde lo componia era de mármoles y jaspes y ágatas, alnaciera, que obtiene del agradecimiento humaao un fombras asiáticas tapizaban el suelo y piedras precio- plo era tanto como amenar á Dios. Hoy mismo los
culto parecido á las escenas del Cedronials, el Cristo sas resplandecían en las incrustaciones del techo. israelitas, que han pasado en sus padres por veinte
de nuestras adoraciones será el Cristo de la cena Tal y tan extraordinario lujo Herodes ostentaba en siglos de humillaciones y acerbidades, empapan
pascual, el Cristo de la oración en el Huerto, el Cris· aquella sociedad generalmente considerada como todos ellos con sus lágrimas los pedruscos enormes
to de la calle de Amargura, el Cristo á quien olvida- centro de la maceración y de la penitencia. Dadas y las ciclópeas moles restantes del templo de Salora Pedro y vendiera Judas, el Cristo acusado por los las prescripeiones bíblicas respecto del agua y su em- món. Así es que los acusadores, concitados contra
reyes y maldecido por los sacerdotes, el Cristo de las pleo, el judío necesitaba mucha para sus abluciones, el Salvador, echábanle tres cosas en cara y le hadan
reo de tres capitalísimos crímenes: primero, anunciar
tres caídas, el Cristo de la crucifixión en lo alto de y así había innumerables albercas.
la
ruina del templo; segundo, presentarse cromo hijo
En
esta
ciudad
sólo
hacia
su
parte
oriental
hallasu Calvario, el Cristo de las siete palabras, el Cristo
de la sed horrible, de las llagas en manos y costado, ba el ánimo de sus habitantes algún recreo. El mon- del Señor y Mesías; tercero, creerse por descendiende la hiel en los labios y los abrojos en las sienes, el te de las Olivas, riscoso como todos aquellos alrede- te de Salomón y David rey del pueblo judío. El
Cristo de las agonías, el Cristo de la pasión y de la dores, ofrecía con sus ramajes alguna sombra y algún Sanedrín se unió á este movimiento de indignación
muerte. Como el poema de nuestra redención pasó solaz entre tantas breñas. El sitio de Getsemaní, popular. Los escribas, los fariseos, los ancianos conpor Judea, la tierra del Templo, y por Jerusalén, la como su nombre indica, era lo que nosotros llama- gregáronse para entender en el caso y condenar al
ciudad Santa, evoquemos en esta semana de reco- mos en lengua meridional una grande almazara, 6 sea culpado. Hacía de fiscal toda la población judaica y
gimiento la imagen de todos estos lugares, tal como un molino de aceite al aire libre. Allí sucedió el pren- hacía de juez todo el judaico sacerdocio. Las condise hallaban entonces, y evoquemos al par las cau- dimiento de Jesús, motivado por sus predicaciones. ciones del Sanedrín en la edad aquella de Cristo
sas ocasionales y determinantes de la muerte del Y entre tales predicaciones, la que más indignaba resultan especialísimas y muy dignas de maduro esSalvador, ignoradísimas de los má~, puesto que las contra Jesús á los judíos eran sus amenazas al tem- tudio. Como el Senado en Roma, este cuerpo sacerprimeras causas todos las sabemos: su intercesión plo. La tienda, el arca, el tabernáculo, el querub, el dotal, jurídico y legislador, tenía muchas facultades
por nosotros, y su sacrificio en aras de la redend6n sacrificio, la sangre de los cabritos y de los toros, en confusión é indeterminaciones increíbles. Acor·
universal. Veamos, pues, la Judea, la Jerusalén del aquello que formaba la vieja liturgia israelita, se con- des con la tradicional política de su eterna ciudad,
Cristo y las pasiones que se arremolinaron en torno tenía y encerraba en el templo levantado siglos atrás los romanos dejaban en una especie de federación
por Salomón y reconstruido en la edad misma del gigantesca gobernarse los pueblos á su guisa, con tal
de su figura santísima.
Las cordilleras dentadas, que llts albas del día y Evangelio por Herodes. Las colecciones del Talmud que les reconociesen suprema soberanía eminente y
los albores d~ la tarde coloraban allá en Tiberiades y las historias de J osefo nos hablan á una con admi- les pagasen el debido tributo. Así el Sanedt.ín judío
y Nazareth, hánse desvanecido aquí, sustituídas por ración idéntica de aquel extraordinario lugar. El his- gozaba de sus facultades políticas, de sus facaltades
torreones que lame un torrente cuasi de cenizas lla- toriador, que había viajado mucho, decláralo el más religiosas, de todo su poder, 'incluso el jurídico, en
mado el Cedrón, y que coronan las lanzas extranje- bello sitio esclarecido jamás por los resplandores del aquello que no se opusiese á la dominación romana
ras. Apriétanse los hogares unos á otros, levanta.dos día. Desde lo alto del jardín de las Olivas descubría- y al romano imperio. Esta grande asamblea litúrgica
en grande número sobre las colinas y parecidos en selo en su conjunto. Y aquel sitio escogió Jesús para podía, pues, perseguir y castigar á los criminales.
su forma de cubos blancos á cisternas desta&lt;4das en profetizar su ruina. Celebrando mucho el templo los Mas como en aquellos días, sobrexcitada la ira jucielo azul obscuro. Dos edificios gigantescos domi- discípulos, como solían todos los judíos, Jesús dijo: daica por la dominación extranjera, hubiese á cada
nan la ciudad; uno, que representa su ·fariseísmo es- «No quedará de tanta mole piedra sobre piedra.» paso revueltas no castigadas por el poder oficial, in·
trecho y riguroso, el templo de su dios Jehovah; Todo lo construído por Herodes cayó en cumpli- capacitado completamente de indisponerse con sus
otro, que representa la monarquía pagapa, el palacio miento de la divina palabra, y si quedan algunas correligionarios y compatriotas, el pretor ocurría d~
de su monarca Herodes. La suma de numerosos y cortinas ruinosas donde se hallan empotradas piedras suyo á las necesidades públicas, persiguiendo y castigrandes edificios que forma la Sinagoga, palacio, qne pareeen moles, ante las que todavía lloran los gando los desórdenes, aunque resultaran sus promo·
fortaleza, tabernáculo, santuario, compone como una hijos de Israel, estas ¡&gt;iedras enormes cual monta- vedores fieles al dogma bíblico y pertenecientes al
ciudad litúrgica junto á la cual desaparece la ciudad ñas pertenecían al viejo templo de Salomón, prome- pueblo judío. He aquí explicado el proceso de Jesús.

NúMERO

482

Los jueces y ancianos reuniéronse por
la noche, tras la sacra cena, y decretaron el apresamiento. Jesús, profundamente humano en toda su vida, lloró,
vaciló antes de resolverse al supremo
sacrificio; pero una vez resuelto, lo
abrazó y lo consumó sin vacilaciones
hasta el fin. Inútilmente los discípulos
y apóstoles dormían mientras los concitaba él á que vigilasen; inútilmente
Judas lo vendió por un puñado de
monedas; inútilmente lo negó Pedro;
inútilmente los fariseos rasgaron sus
vestiduras al oirle y le insultaron y escupieron tantos sayones como desataran para perseguirlo y prenderlo; penetrado Jesús de que su obra redentora se completaba y s~ perfecionaba
con aquel sacrificio suyo, lo aceptó
en conformidad con su divino ministerio, muriendo sereno y tranquilo
por todos nosotros. Está, pues, funda·
da la eterna religión del espíritu.
Notad todo lo que pasa cuando el
Redentor aparece. Los profetas callan,
los oráculos se pierden, los dioses huyen, la filosofía reemplaza á la religión; ábrense las puertas de Oriente;
los romanos con el instrumento de la
guerra universal pacifican el mundo·
la idea de Dios sale de Jerusalén com~
abandonando su patrio nido; la idea
humana se transforma en Alejandro y
se compenetra y confunde con la idea
divi~a en el sincretismo neoplatónico;
las cIUdades magas, hechiceras, como
Babilonia y Persípolis, arrojan de sí
los dioses, los disipan como una nube
de incienso en sus orgías; Grecia esculpe el cuerpo del hombre como preparando la naturaleza humana á una
apoteosis; Virgilio llama á las palorrlas
del Valle, á los arroyos, á las fuentes
á los floridos arbustos, á las colina~
cubiertas de lirios para que presencien
la renovación de la naturaleza, la primavera del espíritu; y allá, en un rincón de la Judea, misterioso niño sin
más escudo que el blanco cend~l de
su cuna, sin más arma que la invisible palabra escapada de sus labios,
congrega en torno de sí á los pastores,
á_ los esclavos, á la plebe tenida por
VII, á todo lo que era mofa, escarnio
del mundo; exalta su conciencia les
revela su_ ~spíritu, les declara ig~ales
á los patricios por su origen, superiores por su dolor y sus desgracias, y
muere en la cruz, en el igneminioso
patíbulo por donde había corrido eternamente la sangre maldecida de los es·
clavos; y al venir los que van verdaderame te á b . 1
paso en el mundo, los que con su martill n 1 a ~1r e
estad0 ,, il"
•
o pu venzan
, ,am ia, propiedad leyes todo 1
••
~uere~iba la levadura de ~odo 1~ nuevo o VIew para
ignominiosa es la salvación de Roro ' aque a cruz
aquella cruz ha muerto la esclavitud a,á porque ben
~a sentdido el ho11:bre. despertarse en 's~ se~~ sl~~a~~
a voz e su conciencia que le ha
y .desconocida libertad. He ahí poreve!ado su eter~a
diendo de considerar el cn·sti·a ~ qu ' aun prescm'd
·
nismo como yo lo
ins1 erf ~empre, ~orno una religión venida del cieytordeve la a por Dios, el Cristianismo es la armonía
de
as as grandes
· ·
fundamento I
oposi~10nes históricas y el eterno
moderna. ¿N/e:~;~~~~s~ de toda la civiliz~ci6n
1 encono de los partidos,
el em eñ0 d •
con laptea dee 1~1;rta ~s~~ela en presentar á Cristo
daza en la otra· á nq~1S1ción en una mano y la morpara bend . , Cnsto, que sólo abrió sus labios
"6
ecrr, que sólo tuvo corazón para amar que
mun para vencer 1
'
hacernos libres·
a muerte, que fué esclavo para
concie .
, los gérmenes arrojados en algunas
_ocias por esa filosofía mezquina que dominó á
F rancia en el s· 1
hijos del si lo ig o x~m, filosofía de que nosotros,
distante g xrxb, siglo d~ armonía, nos hallamos
.d s, pero so re todo, los grandes crímenes cometi os en nomb re de 1a re1·1g1ón
.
para envilecer á
1
osépdueblos, han borrado en muchas almas infelices
na I as'. no para ser pie
· d ras de los abismos·
.
ser soles,
d e 1os cielos· han b
d0 d , 1
. ' .
la fe
'. .
orra , ec1a, a noción cnstiana,
te so~~e esa div.ma creen_c½t; pero meditad un instandel
tan_sagrada rehgi6n y veréis cómo es el sol
ped -~~nsariento y de la historia; y si sois poetas
te i e ª ectos Y os dará una lira como la del Dan'.
~ un_ amor: tan puro, tan casto, tan divino como el
q e simboliza Beatrice cuando sentada en una estre-

f

LA

1 79

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

iLOf1 ELof.,, 1 escultura

de D. Tomás Cardona

lla á ~a puert~ d:1 Paraíso, abre al poeta la mansión
del cielo; Y s1 _sois filósofos, abismaos en sus profundos dogm~s, que han abierto al pensamiento humano los honzont~s de lo infinito; y si sois, como yo,
amantes de la libertad y del progreso, si deseáis que
todas
t dicc10nes
· ·
·
. . las con/ª
sociales
se resuelvan en
ivmas armoniaJ, que el ?erecho se encarne en todos
os hombres, que el último eslabón de la cadena
arrastrada tantos siglos por la humanidad se rompa,
que cese la guerra del hombre contra el hombre, y
se acaben todas 1as mJus
· · fici.as,
· Y empiece
·
·
el remado
d
santo
e
1
a
le
d
·
·
1
d
b
·
áC.
Y mna en e mun o, a razaos también
. n~to, que_ su divina palabra derramó en las conciencias
• . la idea de libertad Y en 1os corazones el
sentimiento de la fratern"dad
humana, Y·sus d"lVlnas
·
i
man.~s, tr~spasadas un píamente por el clavo de la
serVI um re, han roto la coyunda que pesaba sobre
nuestros padres·
"-- P1e beyos d e
.
, pues si nosot ros, ,us
ayer, los c~udadanos de hoy; nosotros que tenemos
po~ progenitores á los antiguos parias, á los esclavos
Y siervos_de la gleba, vivimos socialmente y respiramos en libertad y somos hombres, lo debemos á la
doble redención religiosa y social del Cristianismo.

f

SEM~NA SANT-A

I
.

.

.

El Niño_ anuncia?º por los profetas y por las sibilas, P?r 9men los cielos se harían resplandecientes y
ca~bi.ana )a. haz de la tierra. y los vallados se matizan~n de lmos y se teñiría de colores el vellón de las
oveJas Y se aplacaría el veneno de la serpiente y la

esperanza penetraría en el corazón del
mundo, nació en Belén entre la persecución del procónsul de Judea y la
adoración de reyes y pastores.
El Niño maravilloso, después de
confundir á los doctores y arrojar á los
mercaderes del templo, enunciando su
misión, que era fijar la ciencia y anatematizar el egoísmo, se ocultó como
una estrella tras una nube preñada de
fecundante riego. Nadie vi6 sus juegos
infantiles ni los albores de su juventud, nadie le encontró tejiendo danzas, ni formando ramos en la Pascua
de los ázimos, ni acechando á las doncellas que iban á llenar sus ánforas á
la fuente. Vivió esperando el instante
de su misión, como el río en su naci. miento espera el crecimiento de sus
aguas. Debió ser viril para imponerse
y para sufrir de lleno los dolores del
espíritu y de la carne, que completáran su sacrificio y que hubieran labrado menos en la inconsciencia de niño.
Vino de su Reino eterno abdicando
su soberanía, y al encarnarse se sometió á todos los sufrimientos, pruebas, tentaciones y desalientos de la
carne. Por eso, cuando arrastrado por
Luzbel á la cima del monte de Armenia, desde donde se descubría el universo, se le mostró el ángel malo todo
entero, sufrió la mayor tentación de
la humanidad: el orgullo. Vi6 los mares y los continentes: aquéllos brillantes_ y tendidos, y éstos pululando en
obJetos asombrosos. Vi6 á los monarcas de la tierra cubiertos unos con la
púrpura de Tiro y otros con las nevadas pieles de Moscovia, recibiendo las
adoraciones de millares de pueblos ó
elevados sobre el pavés al son de bélicas trompas. El deslumbrante panorama de los mundos con su variedad
infinita cruzó an~e los ojos del Cristo,
que pudo sondar iµejor que nadie sus
ocultas é inefables bellezas, puesto
que habíalas creado.
·
«Si me adoras, todo .eso será tuyo,»
le dijo el ángel rebelde.
Y viendo que el Cristo continuaba
silencioso, prosiguió diciendo:
' «En medio de esos inmensos países
elevaré el trono de tu gloria. Los reyes
vendrán desde las regiones en donde
sopla cada viento para rendirte homenaje; sus caballos y sus camellos cargados de riquezas para ti, estre~ecerán la tierra. Si quieres exterminarlos
yo te daré el broquel de fuego y la
espada victoriosa. Habla. ¿Quieres
adorarme?» Así concluía Luzbel.
El Cristo pálido con la nube del pecado quería
alzar los oj~s al cielo y no podía separarl~s de la
tierra. Fascinado como el ave por la mirada magnética de la serpiente hinchado de emoción su pecho1
' por todo su ser como un raudal
el orgullo serpenteaba
entre peñascos movidos de un terremoto. Hubiera
podido desvanecer aquella visión tentadora y decir
al eterno réprobo: «¿A qué me ofreces lo que es
mío? 1·Vuelve maldito al fuego inextinguible'» Pero
' Dios ' hubiera deJ·ado de ser hombre
·
entonces, siendo
'
y el misterio de la Pasión no habría llegado á su'
complemento No· quería luchar como hombre y
· · '
· del orgullo' y
luchó sobreponiéndose
á la tentación
·
'
cerrando los OJOS despeñ6se de la montaña para como el alud hacerse más grande en la caída ¡Oh! Esta
prueba fué más terrible que la del Monte de las Olivas; pues el temor á la muerte no es tan doloroso como
el temor al pecado.
·

I

II
Vedle: recorre los campos, no como las mentidas
deidades, para lúbricas empresas; no como Brahma
en_ ost~nt~sas encarnaciones, sino humilde, casto, sobno, medio desnudo. Predica la Buena-Nueva, no
como Buda y Confucio en aparatosos estrados, 6
como Sócrates perfumado por sus discípulos, sino
expuesto á los huracanes de Judea y al ardiente sol
d~ Palestina. Se hiere los pies en los abrojos del camm_o para aeercars_e al esclavo que rompe la gleba y
decirle: «Tú eres igual á tu señor. Sufre y trabaja,
para ser consolado.» Traspone los umbrales del poderoso yara advertirle: «Obra bien con los pobres y
ten cmdado, porque es más difícil que un rico se

�180

salve, que el que penetre un camello por el ojo de
una aguja.)) Acoge en su seno á la adúltera que van á
lapidar, diciendo: «El que se sienta sin culpa, que
arroje la primera piedra.» Se deja enjugar los pies

•

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

482

por Magdalena arrepentida, para probar que la hu- ignorantes, que en la sucesión del tiempo asombramildad es la piscina que lava todos los pecados. Por rán á los Efesios, á los Corintios y á todos los pueeso entre las gentes que le siguen en tropel pendien- blos de la tierra.
«Maestro, le dicen sus discípulos, ¿dónde nos retes de su labio, él escoge doce de los más humildes é

velarás el verbo de tu doctrina?» Y el Cristo contesIII
muertos; y en resolución, hace tales cosas, que pareta señalando á la eminencia del Gólgota, que se
ce superior á los hijos de los hombres.»
descubre entre las neblinas de la tarde: «Allí.»
«¿Quién es ese hombre que se titula Rey de los
Y el Senado, admirado, está á punto de darle caPorque no ha querido perder la presciencia de judíos?,» pregunta el Senado romano al procónsul bida entre los dioses del Panteón.
Dios, para sufrir más como hombre. Los que con- de Judea.
Pero entonces no se colmarían las Escrituras. No,
mueven el mundo con su doctrina 6 con sus armas,
Y el procónsul responde:
Jesús debe morir para ser Cristo y crucificado. Debe
no saben el porvenir que les aguarda; si triunfantes,
«Es un hombre de maravillosa virtud y hermosura padecer en espíritu y carne como padece la humani•
creen que su triunfo durará siempre; si vencidos, es- llamado Jesús Nazareno.
dad; debe vencerse á sí mismo, que es la mayor vic·
peran levantarse otra vez; pero el Cristo, el Hombre•¡ »Es grave, de vida ejemplar y de aspecto majes- toria; debe pedir á su padre, que es como pedirse á
Dios, lee en lo futuro para que sea su Pasión antes tuoso. Predica una doctrina purísima que embelesa sí propio, que aparte de él el cáliz de amargura.
que su sacrificio.
á las gentes. Cura á los enfermos y resucita á los . Por eso Prudhome, el libre pensador, dice: «Que

SANTA MARÍA ~AGDALENA, cuadro de Guido Reni existente en la galería del príncipe de Lichtenstein, en Viena

��«CHRISTUS CONSOLATOR,, cuadro de E. Zimmermann
HUYENDO DE LA INVASIÓN DE LOS HUNOS, cuadro de A. Delug

�186

L A I LUSTRACIÓN ARTISTICA

de cuyas ventanas salían grandes llamas ó volcanes
de tupido humo. Llamaba poderosamente mi atención ver á ratos los hombres del casco pasar encorbados sobre el tejado, teniendo á sus pies aquella inmensa hoguera. En otras ventanas hombres de aspecto denodado descolgaban con gruesas cuerdas
muebles y enseres del colegio. Se percibía á ratos la
corneta entre aquel bullicio; las campanas de la ciudad sonaban á lo lejos. Una bomba colocada en el
centro del patio df'spedía á gran altura agua cogida de la fuente: yo pensaba en los hermosos peces á
quien la tarde antes habíamos estado echando migas
de pan. De tiempo en tiempo se oía galopar de caballos y ruidos ensordecedores de carruajes, llegando
al poco rato, donde estábamos recogidas las niñas,
las familias de algunas que habitaban en la ciudad.
Las madres les salían al encuentro anticipándose á
sus preguntas y señalando al lugar que ocupábamos;
después lágrimas, caricias, inmensas efusiones del
filial afecto hallando el tesoro que se juzgó perdido.
En medio de todo esto, no pude menos de notar
entre aquella escena de desolación el aspecto de la
directora trémula y desencajada cuando á breves intervalos se acercaba al grupo numeroso &lt;¡ue formábamos las niñas y las personas que· iban llegando.
Nos miraba una á una, tocaba nuestras cabezas, nos
miraca á la cara, y luego volvía á sus continuas idas
y venidas. El fuego seguía amenazador; cada una de
las ventanas de la nave alta que nos servía de dormitorio vomitaba revueltas llamas. La armadura del
tejado comenzaba á hundirse á trechos, sucediendo
al ruido de las maderas y las tejas, cuya fila uniforme veíamos disminuir, por el pronto humo denso y
trechos de obscuridad, que á los pocos instantes
convertíanse en inmensa hoguera de rojizos y entrelazados fuegos.
Había en ~l colegio desde hacía mucho tiempo,
según afirmaban las colegialas de más edad, una pobre anciana decrépita y casi ciega. Sus antiguos servicios cerca de las madres habían amparado su vejez.
Veíamosla de tarde en tarde aprovechar los tibios ~ayos del sol de invierno, sentada en una silla baja de
enea, reforzada en el asiento por un remiendo de
paño cosido con hilo de cáñamo. Nunca la dejaba
de la mano al buscar con tardos pasos los rincones
más apartados del jardín ó del patio, aprovechando
la luz solar. Noté alguna vez que distraída ó dormitando quedaba envuelta en la penumbra de los árboles; entonces alzaba la cabeza mirando al cielo, y
con los ojos dulcemente cerrados cogía su silla y
avanzaba pausadamente, hasta estar bañada por el
sol; así lo andaba todo. Siempre traía entre manos
labor de medias, y de continuo movía los labios besando la señal de la cruz en sus dedos huesosos y
arrugados. Casi nunca llegábamos á ella porque nada teníamos que decirla; si alguna vez al pasar á su
lado la preguntábamos cómo estaba, no solía contestar ni interrumpir el movimiento de sus labios; extendía sus manos hacia la que la interrogaba y cogiéndola de las manos se las besaba respetuosamente. Todas la queríamos, en suma, y nada más. ¡Era
tan anciana y estaba siempre tan triste y recogida!
Gregoria era la encargada de la asistencia de esta
buena mujer, que se llamaba Francisca, cuando efec•
to de sus penosas dolencias se veía obligada á guardar cama. Algunas noches en horas avanzadas recordaba entre sueños haber visto subir á Gregoria
por una estrecha escalera de madera, que desde uno
de los ángulos de la sala dormitorio daba entrada á
los desvanes de la casa, en los cuales en dos pequeñas habitaciones con vista al patio, por ventanas de
medio punto, dormían Francisca la ciega y Gregoria.
MATIAS MÉNDEZ VELLIDO

( Co11cluirá)

NUESTROS GRABADOS
Las santas mu.ieres junto al sepulcro, cuadro de Arpad Feszty. (Exposición Internacional de
Munich. 1890. )-Las que pose!das de inextinguible fe habían
seguido al Señor á Galilea y presenciado, llenas de dolor acer·
bo, su ascensión al Calvario, no quisieron dejar de venerarle
después de muerto, y fueron á depositar ungüentos y aromas
sobre el sepulcro en que José de Arimatea había encerrado el
cadáver de Jesús.
Este episodio de la Pasi6n ha servido de tema á Arpad
Feszty para un cuadro que, si bien no se ajusta á la narración
blblica, según la cual las Santas Mujeres hallaron re,ruelta la
losa que cubrla la tumba y no encontraron en ésta el cuerpo
del Salvador, impresiona por el sentimiento á impulsos del
cual el artista trazó cuatro figuras interesantísimas y un paisa•
je triste, apenas alegrado por unas blancas florecillas é ilumina•
do por los primeros resplandores de la mañana, tristaza en perfecta armonía con la escena representada.
Todo nos parece hermoso en este lienzo, pero indudable·
mente quiso el pintor, y lo consiguió, que la atención se fijara
en la Magdalena que, apoyada la frente en la losa sepulctal Y'

LA I L UST RACI ÓN A RT ÍSTICA

medio oculto el rostro entre la ondulaba cabellera, deja adivinar por lo poco que de éste se ve y por la actitud de la figura
la desesperación de que su alma es presa, los sollozos que su
corazón exhala y las lágrimas en que se arrasan sus ojos.

que no permite confundirlos con los de otros pietores: son tipos
de mujerei hermosas de lánguida expresión y extática mirada
llenas de sentimiento y encarnadas en formas cuya purez~
y amplitud de líneas recuerdan las que produjo la escultura
clásica.
•
La Sattta lffarla Magdalena que reproducimos es una de las
más bellas y celebradas creaciones del afamado pintor, y aun•
Eloí, Eloí..., escultura de D. Tomás Cardona. que el grabado no puede dar idea de la finura del colorido que
- La ciudad de Tortosa puede con razón envanecerse de ser á los lienzos de Guido Reni caracteriza, es suficiente para propatria de numerosos cuanto célebres artistas: Casanovas, Que- bar la incomparable gracia con que éste concebía y la corree•
rol, Marqués, Alcoverro, Ferrer y algunos más, hijos son de la ci6n irreprochable con que dibujaba.
antigua Dertosa y en aquella espléndida campiña que el Ebro
baña sintieron todos ellos las primeras inspiraciones artislicas
••
que aada come la oontemplación de una natu,aleza hermosa
logra despertar.
En el templo, cuadro de E. Zimmermann.
A la lista que dejamos apuntada podemos añadir el nombre (Exposición InteFnacional de Munich 1890 ) - Privilegio de los
de Cardona, que hoy por vez primera honra las columnas de LA buenos artistas es, no sólo hallar hermosos temas en los gran•
I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA. La obra que de él reproducimos y des hechos, sino también C&lt;lmunicar interés á sucesos pocon1e•
en la que se advierte tanta valentía en la composición como nos que insignificantes en los que no paramos mientes á pesar
vigor en el modelado, es una combinación felicísi111a del realis• de presenciarlos á diario, ó quizás por la misma frecuencia con
moque tan bien se aviene con la escultura y del idealismo que quelos vemos Tal ha hecho Zimmermann con la escena que
nunca sienta mal en las bellas artes y que cabe calificar de con- reproduce. ¿Quién no habrá visto cien veces en el templo un
dición primordial en asuntos como el que ha tratado nuestro grupo análogo al que en su lienzo nos presenta? Y sin empaisano; estas dos tendencias á primera vista antitéticas, apa• bargo, ¡cuán pocos habrán sentido solicitada por él, no ya su
recen en aquélla en tan justas proporciones reunidas y en tan atención, sino ni siquiera su curiosidad! Pero el pintor ha desarmónico conjunto enlazadas, que ni la sublime expresión del cubierto en él bellezas por la generalidad inadvertidas, y con la
rostro borra de la mente la idea del Hombre, ni la admirable fuerza de su genio y los recursos que su arte le presta ha sanaturalidad del cuerpo es bastante para debilitar en el corazón bido hacer admirar la copia de aquello mismo que visto del
la creencia en el Dios. Lo divino y lo humano, la doble natu• natural era mirado con indiferencia.
raleza de Cristo, sin la cual no se comprendería la magnitud . Cuando un artista consigue este resultado, cuando para caude la obra de la redención, revélanse clara y elocuentemente llvar y hacer se'nlir no necesita apelar á efecto.; de éxito seguen la escultura de Cardona que, además, refleja los sentimien· ro, ya por la importancia del asunto, ya por lo atrevido de la
tos del Crucificado al exclamar puesto en el divino leño y á composición, bien puede decirse que ha alcanzado un verdadepunto de dar el postrer suspiro: Elol, Elol, lamma saóactkani, ro triunfo, y as! lo estimaron el público y la critica respecto
¡Dies mio, Dios mio! ¿por qué me has abandonado?
del autor de En d templo durante la última Exposición Artls·
Tomás Cardona es muy joven; ha recibido en Madrid lec• tica Internacional de Munich .
ciones de Suñol, obtuvo un premio en Valencia por un busto
del marqués ele Campo y reside actualmente en su ciudad na•
••
tal. Dotado de poderosos alientos, desea acometer grandes cm•
Christus consolator, cuadro de E . Zimmerpresas y llegar á ser algo.
No pretendemos actuar de profetas, pero nos parece que m~n11:, - La pintura religiosa, que en tiempos fué el manantial
por el camino que sigue ha de ver colmados sus deseos, que casi úmco en donde bebieron sus inspiraciones los más eximios
por donde él, y aun con menos fortuna algunos, empezaron artistas, ha ido poco á poco perdiendo la hegemonía que, por
los que en el mundo del arte han dado cima á empresas mag· decirlo así, ejercía en el mundo del arte, hasta el punto de que
hoy, sea por sobra de materialismo en los tiempos que corremos,
nas y llegado á ser mucho.
sea por falta en los pintores del sentimiento de la fe que tan
prodigiosas creaciones hiciera brotar de los pinceles de Dona•
•
••
tel10, Fra Angelico, Reni, Rafael, Murillo y tantos otros, se
¡Cruciifoalel, cuadro de Carlos Verlat.-No hay halla, por punto general, reducida á la condkión de una de las
para qué narrar la escena representada en el cuadro que repro• ramas menos atendidas del arte pictórico.
&lt;lucimos. ¿Quién no la conoce?
Hay, sin embargo, todavía grandes artistas que en ella soLos presuntuosos escribas, los hipócritas fariseos, los prín- bresalen: díganlo si no los Muncakzy, Kaulbach, Defregger,
cipes de los sacerdotes, todos cuantos en las puras doctri• Max, Bouguereau, Delug, Keller, Liska, Verlat, y en España
nas de Cristo velan la inminente ruina de su poderlo, el terri- los que cubrieron de inestimables joyas los muros de San Franble anatema de sus vicios, el dique infranqueable á sus concu• cisco el Grande.
El pintor alemán Zimmermann ~rtenece á esta clase y no
piscencias, la destrucción lógica de las antiguas leyes en que
sus egolsmos y sus hipocreslas se amparaban, no podlan mos· es de los que menos se han distinguido en el género religioso.
trarse clementes con el que tal revolución en los órdenes SO· Su Ckn'stus co1tS{)/alor que figu ró en la Exposición Internaciocial y religioso propagaba, predicando unas idea¡ de amor y nal de Munich de 1888 y en la de Berlln de 1889, merecióuná•
de igualdad que al asentar los cimientos del reino de la jus· nimes elogios. Su composición es en extremo simpática: sin re•
ticia daba en tierra con el frágil edificio de su autoridad y de producir ningún episodio determinado de la vida de Jesús, nos
sus privilegios
muestra como fuente de todo consuelo al Salvador, cuya sola
Y el pueblo ignorante, ¡pobre pueblo!, ¿qué habla de ha· presencia mitiga el dolor de los afligidos y convierte su abati·
cer cuando aquellos á quienes estaba acostumbrado á conside• miento en res~nación y esperanza, mágicos amuletos que con·
rar y á obedecer como á los más sabios, á los más ilustres y á los fortan al débil y desamparado y le ayudan á llevar la pesada
más poderosos, pedían á voces la muerte del que vino al mundo cruz en el calvario de la vida, al término del cual halla el po·
para redimirle de la servidumbre en ~ue vivía y á quien con bre la recompensa de la eterna bienaventuranza.
·
palmas y aclamaciones recibiera unos d1as antes, ¿qué habla de
•
hacer - decimos - más que gritar como los otros y por ellos ins•
tigado: ¡ Cruciffcale, aruciflcale!, mientras exigia á Pilato la li•
bertad de Barrabás?
Huyendo de la. invasión de los hunos, cuaEn el número 412 de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, al ha• dro de Alois Delug. - Quizás peca este cuadro de cierta
blar del pintor Verlat, dijimos algo acerca del viaje que hizo á vaguedad que impide á primera vista determinar concretamen•
Palestina y á Egipto para poder pintar con más exactitud y tamente el asunto que quiso tratar el pintor, y quizás también
mejor conocimiento de causa los pasajes más salientes de la aparecen en él reminiscencias demasiado claras de otras obras
vida de J esÚi; á la colecci6n fruto de aquella excursión artls- del mismo artista; pero á pesar de estos que nos parece excesi•
tica pertenece el cuadro que nos ocupa. Cuanto én alabanza vo rigorismo llamar defectos, la obra de Delug es digna del
de éste dijéramos serla poco: la idea en que está inspirado no afamado pincel que tantas maravillas ha preducido en la pin•
puede ser más grande, como ejemplo que es de los crlmenes y tura religiosa y en la histórica. Admirablemente concebidas y
de las injusticias á que puede conducir el fanatismo guiado por ejecutadas las figuras, hábil y artlsticamente dispuestos los
las pasiones egoístas; el contraste entre el ladrón y asesino lle- grupos, con maestría tratado el lugar de la e,cena, llena de in•
vado en triunfo y el Justo, el Dios, escarnecido, insultado y terés dramático la situación, reune el cuadro todas IM condi•
condenado á muerte por la iracunda multitud, es tan vigoroso ciones que en punto á expresión, naturalidad y corrección puecomo elocuente; y en punto á ejecución, dificil habría de ser de apetecer el más exigente, y de fijo no habrá quien al con•
hallar expresión más adecuada á las malas pasiones y perver• templarlo no experimente la emoción profunda que el autor
sos instintos que de tan diversos modos se reflejan en los sem· se propuso hacer sentir en presencia de este episodio de la te•
hiantes, ni mayor energía en la presentación de actitudes, cuya rrible invasión de los bárbaros acaudillados por aquel que se
ferocidad no son bastantes á desarmar la resignación y la bon- denominaba á si mismo azote de Dios y que se vana~loriaba de
dad divinas que tan magistralmente imprimió el artista en el que donde pisaba su caballo no volvía á crecer la hierba.
El miedo, el cansancio, el desfallecimiento, el terror, la in·
dulce semblante en la actitud tranquila y en la persona toda
diipiación que se pintan en los rostros de los distintos perso·
del Salvador.
La figura de Pilato revela el verdadero carácter del pretor naJeS del cuadro de Delug no surgen por medios convencionaromano, que convencido de la inocencia de Cristo, no tuvo les, sino que so» humanos, verdaderos, arrancados'de la realidad
energía para evitar el deicidio, y contribuye al mejor efecto del misma, y acusan el genio de un artista potente, sentimiento
cuadro, que es sin disputa uno de los mejores producidos por el de un alma apasionada y el pincel de un maestro en el arte de
pincel del ilustre director de la Academia de Bellas Artes de las formas y de los colores.
Amberes.

EL ANILLO DE AMASIS

••

NOVELA ORIGINAL DE LO RD LYTTON, IL USTRAD A POR A. BESNARD

•

•

••

;¡

.

.

••

Santa María Magdalena, cuadro de Guido
Reni, existente en la Galerfa de Lichtenstein, de Viena. - La
escuela pictórica boloñesa de los siglos XVI y XVI! cuenta con
una serie de nombres por la fama justamente celebrados, entre
los cuales puede citarse los Carracci, Domenichino, Albani,
Guerrini y Guido Reni. Este último fué, sin duda alguna, el
más sobresaliente &lt;le todos ellos, y esta superioridad atrájole
envidias y persecuciones, á las que alcanzó á sustraerse, ora
merced á la protección del papa Paulo V, de quien era pintor
favorito, ora apelando á la fuga y l;&gt;uscando ~efugio en Bolonia
y en Nápoles, en donde sus excepcionales méritos no tardaron
en crearle nuevos enemigos.
Sus obras, inspiradas casi todas en asuntos religiosos, Clcupan
los primeros puestos en los más importantes museos, y asl las
vemos figurar como valiosísimas joyas en los de Madrid, del
Louvre, la Haya, Londre~, Florencia, Vaticano, Venecia, Nápoles y otros muchos, amén de los varios templos que tienen
en ellas sus más preciados adornos.
~ Sus bustos-femeniles--llevan impreso un sello característico

GRANDES ALMACENES DEL PRINTEMPS,
DE PARÍS
Véase el anuncio en la sección correspondiente
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy

LA EVIDENCIA, -

Cuando se ha visto una sola vez
la acción maravillosa de la CREMA SIMÓN en las grietas,
úlceras, barros y saóaflones, se comprende que no hay cold·
cream más eficaz para la conservación de la piel. Los POLVOS
DE ARROZ y el JABÓN SIMÓN completan estos felices efectos.
Evitar las falsificaciones extrattjeras, exigiendo la firmaSllffON,
nu de Provence, 36, Pprls. Depósito, en todas partes.

IVJ:OLETI
T H R IDAC E 29_;,d';;1w¡:~,w VELO UTI NE

JABON REAL

JABON

DE
~11du11 " ~&amp;Utorid&amp;46S m!dJ.- p&amp;r&amp; I&amp; lli¡itJ." 41 l&amp; Plll 1 lellU&amp; tal Colar

(CONTINUACIÓN)

El conde parecía leer en mi alma, porque después las más de mano de mujer, cuadernos de notas to- tein bajo la vigilancia de su padre, resultando que
de vacilar un poco continuó, cual si no hubiera espe- madas por el mismo conde y algunas p~gi_na~ e!egi- los principales compañeros de su infancia fueron
das al parecer cuidadosamente en un d1ano mt1mo, personas de edad mucho más avanzada. Su carácter
rado de mí contestación alguna:
_ Innumerables circunstancias, nada importantes y con ayuda de estos diversos documentos compuse era naturalmente reflexivo, y la educación que recien sí se han combinado sin cesar para conducirme la segunda parte de mi relato. ~orno algunos _n? ne- bía en la familia desarrollaba más esta disposición,
á est~ sitio insensiblemente. Rara vez ha transcurrido cesitan comentarios me he limitado á transcnbirlos, nada común á tan tierna edad. Pocos años después
un año sin que por alguna casualidad cualquiera no y sin duda es ocios~ añadir que los suceso~ referidos de la llegada de Julieta nació otro hermano, y esto
se haya citado su nombre en mi presencia, allí don- en los capítulos siguientes son muy antenores á !os produjo más animación en el antiguo castillo; pero
de no podía esperarlo, y siempre de modo que esa hechos de que acabo de dar cuenta como testigo desde un • principio las relaciones de Conrado con
los dos pequeños tomaron un carácter casi paternal,
casualidad fuera muy significativa. La circunstancia ocular.
tanto que Félix y Julieta consideraron al muchacho
que me ha decidido al fin seria siempre inexplicable
como un ser superior, pues además de estar dotado
IV
si no la considerásemos como una intervención de
de mu~ha penetración, distingulase por su excesiva
ese misterioso director de escena que nos obliga á
sensibilidad.
Muy poco expresivo, al parecer, desperSETHOS
Y
AMASIS
todos, actores inconscientes, á desempeñar el papel
tábase
su
entusiasmo
siempre que oía hablar de alseñalado á cada cual en la gran tragedia de la vida
Los siglos, con sus series de acontecimientos, ha- gún deber cumplido con nobleza, y siempre cariñoso
humana.
Su voz tembló al decir esto, pero repuso al mo- bían pasado sobre el castillo de Larnstein sin dete- con los dos niños, que veían en él un guía, un conriorarle apenas. Situado en medio de una curva cu- sejero y un amigo, Conrado no podía soportar la
mento:
- Mi librero me envía periódicamente todas las bierta de bosque que el río Weidnitz trazaba, consti- idea de que su educación se confiase á personas exobras nuevas que se publican. Cierto día el paquete tuía un cuadrilátero, en cuyo centro veíase un patio trañas. Al fin se creyó formalmente capaz de ser su
que recibí de él estaba envuelto en una prueba de donde el musgo crecía libremente, y sus altas torre- profesor, y esta confianza en sí mismo halagó tan
imprenta, la cual contenía una frase que al punto lla- cillas dominaban una sólida construcción de piedra dulcemente las fibras del orgullo paterno, que no le
mó mi atención; esta frase, permítame repetirlo, la de color gris. Delante de la fachada Sud del castillo costó mucho obtener del anciano conde de Roseneck
~é de memoria, y V. no la desconoce, puesto que es extendíase un espacioso terrado, y una escalera del el consentimiento tan deseado. En cualquiera otra
quien la escribió. «La visión, dice V., no es sino el mismo material conducía á un jardín á la italiana circunstancia, semejante posición ocupada en la faresultado de la acción; toda visión permanente ó pe- con avenidas muy largas y rectas, flanqueadas de li- milia por un individuo tan joven hubiera parecido
riódica supone una acción anterior; una serie de pen- moneros. En el centro de este jardín hallábase un peligrosa y singular; pero en este caso considerábase
samientos criminales sin resultado de ninguna espe- estanque lleno de agua negruzca, en la cual dormían como consecuencia natural de la precocidad de inte•
cie en la acción, no puede producir ningún espectro viejos peces rojos, y más allá se veía una senda cu- ligencia y del carácter grave de Conrado, de modo
permanente ó periódico, ó por lo menos yo no co- bierta de césped y bosques llenos de gamos y de que á nadie le habría ocurrido acusar al padre de
débil ni al hijo de presuntuoso. Sin embargo, en
nozco ningún caso semejante »Tal vez, añadió el corzos.
Desde una fecha que al decir del cronista de la aquella existencia en que todo parecía tan bien re•
conde, habrá V. penetrado lo bastante en mi existencia para adivinar la impresión que esas palabras familia no debía ser posterior al reinado de Enrique guiado, tan tranquilo y tan armonioso, no turbada
debieron producir en mi ánimo Si hubiese aparecido el Pajarero, el castillo de Larnstein y sus dependen- por ninguna lucha, inquietud ni pasión, la voluntad
en la pared un oráculo, escrito con caracteres de cias se habían transmitido en línea recta á Alberto, no tenía un campo de acción en que pudiera desfuego, no me habría afectado tan profundamente. conde Roseneck, hombre excelente, pero de carácter arrollarse, y no teniendo nada que combatir ni que
vencer, tampoco necesitaba hacer uso de sus armas.
Envié á buscar al punto la obra á que correspondía muy débil.
El conde contrajo matrimonio por inclinación, y
Así transcurrió el tiempo hasta el día en que la
aquella prueba de imprenta; abríla impacientemente
para ver el título y el nombre del autor, y hallé que aunque tardó en hacerlo, su vida conyugal fué. feliz. carrera militar, escogida por Félix, obligóle á ir á
era el de V. Desde entonces no he dejado ni un ins- Su hijo mayor, Conrado, tenía ya ocho años cuando una escuela especial. La marcha de su hermano dejó
nació su hermano Félix, y dos años más tarde sobre- un gran vacío en la existencia de Conrado, quien á
tante su folleto.
El conde se detuvo, mas yo no sabía qué contes- vino una hija, á la cual se &lt;lió el nombre de María; su vez experimentó el deseo de completar su propia
tar; miróme un instante en silencio, y después, ha- mas era de constitución débil, y murió á los tres educación, viajando para estudiar las costumbres y
la vida de las otras naciones. Al efecto comenzó por
ciendo un visible esfuerzo, cruzó la habitación: al años.
El pesar que los padres experimentaron no había Inglaterra.
entrar había dejado su capote de viaje en un sillón
Familiarizado desde muy joven con la gestión de
junto á la puerta, cogióle y sacó un voluminoso ma- disminuído en nada, cuando la joven esposa de un
personaje conocido por sus prodigalidades, el prín- los grandes dominios territoriales, este país despertó
nuscrito.
- Usted escribió, díjome con lentitud, solamente cipe C., murió al dar nacimiento á una niña. La fa- en el conde una curiosidad particular; pero no era
por lo que ha visto; pero puedo asegurarle que hay milia de la princesa habitaba en Bohemia un castillo Inglaterra el sitio más á propósito para que en Concrímenes en que la acción no interviene para nada pr6ximo al del conde de Rosenech, y aunque la con- rado se produjeran las emociones que engendran las
y que existen espectros cuya realidad daría al traste desa contaba algunos años más, entre las dos muje- pasiones del alma; la sociedad inglesa es poco expancon toda la filosofía de V ... Sírvase tomar estos pa- res mediaba, hacía largo tiempo, la amistad más ín- siva, y el carácter tranquilo de Conrado cuadraba
quetes ... Se ha dicho que el conocimiento del mal tima y cariñosa. La princesa, ya moribunda, solicitó bien con las costumbres de un mundo en que toda
podría servir á la causa del bien: este manuscrito de su esposo el último favor, suplicándole que con- manifestación exterior parece una infracción del buen
será tal vez útil en sus manos ... Solamente le pido fiara su hija á su amiga Clara de Roseneck. A pesar gusto. En aquella primera experiencia, nada reveló,
un favor, y es que no busque guía á través de este de su afición á los placeres, el príncipe había amado pues, al joven viajero que existían pasiones por él
laberinto. Peregrino desesperado, en todas partes apasio!)adamente á su esposa, y al verla morir, su no conocidas todavía. Aunque hábil jinete y cazador
dejé la huella de mis pasos, y ésta le indicará el ca- dolor fué sincero y profundo. Por otra parte, estaba de mérito, no fueron las grandes batidas contra el
tanto más dispuesto á respetar sus últimas volunta- ciervo y el jabalí las que le retuvieron en Inglaterra;
mino que debe seguir.
Al pronunciar estas palabras, dirigióse rápidamen- des, cuanto que se juzgaba incapaz de educar por sí Londres le agradó más á causa de las colecciones
te ~acia la puerta como para evitar una contestación; mismo á su hija. La pequeña Julieta, pues, se halla- únicas en que se puede leer la historia del mundo, y
mas en el momento de salir detúvose, y volviéndose ba en la cuna todavía cuando se la condujo al casti- que se hallan dentro de las paredes del Museo britállo de Larnstein, donde fué confiada á los solícitos nico. La sección egipcia le fascinaba particularmenbruscamente, añadió:
- Quisiera que me escribiese después de haber cuidados de aquella que en lo sucesivo debía hacer- te, y extasiábase ante los monumentos gigantescos
le las veces de madre. En c.uanto al príncipe, olvidó de aquel pasado enigmático que legó sus misterios á
leído con atención lo que acabo de confiarle ...
muy pronto la doble pérdida que acababa de sufrir, los libros de Moisés, á las leyendas de Herodoto y á
Mi curiosidad fué más fuerte.
entregándose
en Viena á una vida de libertinaje, de la filosofía de Pitágoras. Muy pronto experimentó el
·- ¡Una pregunta, exclamé, una sola! ¿Y la conmodo que á los pocos años sus enormes ;rentas no más ardiente deseo de ver el Egipto por sus propios
desa?
El f:Onde de Roseneck se irguió con majestuoso bastaron para cubrir el interés de las hipotecas que ojos, y después de una breve permanencia en París,
gravaban todos sus bienes. Después de un arreglo embarcóse en Marsella y llegó al Cairo, perezoso
ademán y señaló el cielo.
ruinoso, pero necesario, con todos sus acreedores, centinela que guarda los palacios encantados del
- ¡Allá arriba, dijo, á la derecha de su esposo!
Antes de que me repusiera de mi impresión había alistóse en el ejército imperial, y se hizo matar en la Oriente. Una vez allí, obtuvo un firmán de Constandesaparecido, ... pero dejándome en las manos el se- batallá de Aspen á la cabeza de su regimiento. El tinopla, contrató un guía experto, alquiló y equipó
conde de Roseneck, como tutor de Julieta, salvó una de esas embarcaciones destinadas á la navegacreto de su vida .. .
todo cuanto pudo de los restos de aquella fortuna ción por el Nilo, y tomando su Herodoto y su Es.
. . .. .
Aq11í termina la parte de mi relato, en la que la de príncipe, y la huérfana, no conociendo otro ho- trabón, remontó el río hasta Tebas, donde al fin
naturaleza misma de los incidentes me han obligado gar, creció en Larnstein entre los dos hijos del con- echó pie á tierra. En este punto comenzó á recorrer
á ocupar al lector de mi personalidad En adelante, de. El carácter de la niña era singularmente amable aquel país de monstruosas ruinas, plantando su
no hablaré de mí sino en raras ocasiones, y m·e feli- y cariñoso, y la confianza, que constituía su rasgo tienda tan pronto en medio de los restos gigantescos
principal, acrecía diariamente en sus afectuosas rela- de Luksor como á la vista del pueblo de Karnac; y
cito de ello.
El paquete que el conde de Roseneck me confió ciones con la familia adoptiva.
prosiguió sus investigaciones y su exploración á lo
La educación de Conrado se completó en Larns- largo del gran desierto que se prolonga desde ambos
contenía muchas cartas de diversas escrituras, pero

. .

. . .

�188
lados del Nilo entre los montes de Arabia y la cordillera Líbica.
Hacía ya algunos días que el.conde diera principio á sus excavaciones en la inmediación de un templo de Ammón: una tarde, alejándose de su escolta
y deseoso de soledad, fué á sentarse en la gigantesca meseta, de cerca de dos mil pies de longitud,
que se eleva sobre el desierto á la altura de más de
cuatrocientas varas. Sobre aquel inmenso pedestal
habíase erigido el templo de Ammón-Chnufis, el divino príncipe primitivo.
Una avenida formada por seiscientas esfinges de
talla colosal, y de una legua de extensión poco más
ó menos, conduce á las puertas del sagrado recinto,
cuyas salas interiores son tan vastas, que en cada
una cabría muy bien una catedral; treinta columnas,
de las que sólo se conservan las ruinas, sostenían en
otro tiempo los techos artísticamente pintados y esculpidos. No lejos de allí extiéndese el famoso lago
artificial que tanto admiró á Herodoto. A la vista de
este lago, cuyas aguas silenciosas vieron deslizarse
hace siglos las barcas fúnebres que llevaban los despojos humanos desde la morada de los vivos á la de
los muertos, Conrado se ocupaba en examinar con
profunda atención una momia á la que había poco
antes arrancado su envoltura de viso.
La momia se hallaba en un estado de perfecta
conservación, y las inscripciones del sarcófago de
donde la retirara por la mañana revelaban que el
cuerpo era el de un príncipe egipcio muerto en la
flor de su edad. Las facciones del difunto, aunque
resecas ya y arrugadas, conservaban todavía vestigios de la delicada belleza del adoles.cente. El cuerpo de aquel joven príncipe á decir verdad, había
precedido en tres mil años al del hombre que le examinaba en aquel momento; pero si hubiesen sido
contemporáneos, seguramente el egipcio habría resultado ser el más joven de los dos.
El papiro que acompañaba á la momia difería por
ciertos detalles del tipo acostumbrado de esos pasaportes para la eternidad que la casta sacerdotal del
antiguo Egipto expedía para los muertos. Los jeroglíficos inscritos en todos los monumentos análogos
representan, con alguna variedad, la historia de las
emigraciones del alma después de la muerte, desde
el momento que abandona el cuerpo hasta aquel en
que, acompañada de sus genios protectores, se presenta ante la temida balanza del juicio supremo. Un
platillo de esta balanza mística contiene el vaso de
iniquidad, que se supone lleno de las faltas de la
vida, á punto de ser juzgadas; mientras que en el
otro hay una pluma. que representa las buenas acciones. Colocados entre dos esfinges, símbolos de la sabiduría, Ea y Annubis presiden el juicio del alma
que se encarga de anotar Thoth, fácil de reconocer
por su cabeza de Ibis y su cuerpo con la forma humana del dios. Colocado en la RUnta de una varilla
divinatoria, Harpócrates, no el dios del silencio como lo suponían los griegos, sino Harpachruti, el divino misterio de la luz original, presente á toda revelación y á toda resurrección, aplica un dedo á sus
labios; y colocado en el umbral del mundo inferior,
Osiris espera el momento de pronunciar la sentencia
irrevocable que determinará el período de purificación del alma y la naturaleza de sus nuevas pruebas.
Sin embargo. en el papiro que Conrado se esforzaba en descifrar, esta representación convencional del
juicio del alma estaba precedida de largas series de
de imágenes cuyo objeto era al parecer indicar los
incidentes importantes de la vida terrestre del muerto.
En la primera serie un hombre de elevada estatura, ya entrado en años, estaba tepresentado de pie entre las figuras de dos adolescentes; la del centro tenía las insignias reales, y en la mano derecha una
varilla con la cual señalaba el trono. En ciertos jeroglíficos que se veían sobre las tres figuras, Conrado
reconoció nombres propios que había visto grabados
en caracteres cursivos en monumentos examinados
antes, y evidentemente eran los de personas representadas en los grupos inferiores La figura central
era el Thuoris de Monethón, designado en otras partes bajo el nombre de Ramesces, último soberano
de la décimanovena dinastía. Los nombres inscritos
sobre las dos figuras más pequeñas, á cada lado de
Thuoris, eran Sethos y Amasis, nombres que Conrado no consiguió identificar con ningún personaje conocido de la historia de Egipto.
Debajo veíase una segunda serie de imágenes representando á Amasis ocupado en inscribir diversos
caracteres en un papiro, y levantando en la mano izquierda la misma sortija que en el compartimiento
anterior el rey tenía en la mano derecha; Sethos volvía aquí la espalda al trono y parecía alejarse.
El tercer cuadro representaba un río, sin duda el
Nilo, y en sus aguas dos embarcaciones, en una de
las cuales iba Sethos y en 1&lt;1, otra Aq¡asis. l;q ~l iilti-

LA

NúMERO 482

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

mo compartimiento Sethos aparecía solo, de pie en
la proa de su embarcación y con los brazos cruzados;
la otra, que había zozobrado, estaba con la quilla al
sol, medio sumergida en las líneas onduladas que
figuraban el río, viéndose á poca distancia un brazo
y una mano que surgían de las ondas y que sin
duda eran de Amasis. En el índice de su diestra brillaba la sortija que se hacía figurar con tanta persistencia en los tres cuadros anteriores.
Seguía después la serie habitual q.e imágenes que
representaban las emigraciones del alma de Amasis,
que partía del corazón del muerto bajo la forma de
un ave que llevaba en el pico la llave sagrada de los
misterios religiosos. Al llegar así ante el trono de los
juicios supremos, Annubis, el dios de la cabeza de
chacal, colocaba junto á la pluma simbólica, en el
platillo de las buenas acciones, el anillo que tanta
importancia tenía en toda esta historia pintada, y el
platillo parecía descender entonces, como para indicar que se había pronunciado una decisión favorable.
·
La momia en que se descubrió este papiro tenía
en el índice de la mano derecha un anillo de oro con
una piedra engarzada, del color de la amatista, pero
de un brillo extraordinario, y veíanse en ella caracteres grabados, que el joven no pudo descifrar, pero
idénticos á los que se hallaban en las diferentes pinturas de que hablamos antes. Así se hacía evidente
que el anillo de la momia era el mismo que en esas
representaciones de un drama sepultado bajo el peso
de tantos siglos, parecía representar tan fatídico
papel.
Conrado se absorbió de tal modo en el examen
de su misterioso hallazgo, que no pudo observar la
presencia silenciosa de un extranjero. testigo, desde
hacía algunos instantes, de su expoliación. El sol estaba ya muy bajo en el horizonte, y á sus fulgores la
sombra del extranjero se proyectó al fin en el papiro
que el conde tenía en la mano. Sorprendido dejó de
mirar la página obscurecida de repente, y su sorpresa se convirtió en inquietud al fijar su mirada en la
figura que producía aquella sombra.
De pie, detrás de él, con los brazos cruzados, hallábase un hombre de elevada estatura, de aspecto
majestuoso, con ese ropaje blanco y flotante usado
por los hijos del desierto.
El rostro de aquel individuo y lo que se veía de
su cuerpo bajo la ropa tenían el color de una estatua
de bron_ce, y su aventajada talla destacábase con
toda claridad sobre el siniestro fulgor del sol ponien
te, pareciendo la personificación animada de todo
cuanto es solemne y estable en el gran silencio del
desierto.
Reconociendo en aquel visitante inesperado á uno
de esos nómadas peligrosos cuya repentina presen•
cia no presagia nada bueno al viajero europeo, Conrado cogió instintivamente la carabina de dos cañones que tenía junto á sí; mas el árabe contestó á este
ademán con una mirada de silencioso desprecio, recordando así al señor silesiano que hubiera podido
atentar premeditadamente contra su vida ~on toda
seguridad de darle muerte antes que le fuera posible
ni siquiera sospechar su intención.
Humillado al reflexionar esto, el joven dejó la carabina sin pronunciar palabra, y entonces el hombre
cuya mirada le había desarmado, fué el primero en
romper el silencio.
- ¡Extranjero!, le dijo en esa ,engua franca que es
el idioma corriente en el Sur, guárdate bien de penetrar en los secretos de la tumba, pues no es bueno
para los vivos hablar con los muertos.
- Podría ser así, replicó el conde, si la tumba fuese menos discreta de lo que es, pues rehusa contestar á mi pregunta, aunque.'Jo no le pido revelaciones
del otro mundo. Lo que yo busco es la explicación
de las cosas cuyo carácter humano atestiguan sus
propios archivos.
- ¡Insensato!, exclamó el árabe. ¿En qué te puede
aprovechar el conocimi~nto de esas cosas? ¿Puedes
tú saber si la naturaleza de una fuerza cualquiera es
buena ó mala cuando no obra y está sometida á la
inercia?
Conrado señal6 el papiro.
- Lo que yo busco, dijo, es la historia de la vida
humana, y la actividad de ésta no puede sobrevivir
á un sueño de tres mil años.
- Tú dices eso, repuso el árabe; pero ¡mira!
Al pronunciar estas palabras inclinóse y recogi6
sobre el viso una espiga que Conrado, en su afán
por examinar la momia, no había visto aún, y de la
cual hizo caer un grano en la palma de su mano
bronceada.
- Este grano de trigo, continuó, recogido hoy en
la tumba y arrojado mañana en el surco del arado,
dará el fruto de una brizna de hierba cortada por la
hoz que segó la cosecha de los Faraones, antes que

ellos y su gloria fuesen recogidos en los graneros del
tiempo. ¿Quién te asegura, pues, qué los siglos á que
este grano de trigo sobrevivió pueden aniquilar la
simiente del alma?
- ¡Extraña pregunta!, murmuró Conrado hablando consigo mismo más bien que con su interlocutor.
Yo entiendo, añadió, que solamente en los organismos inferiores puede la vitalidad sobrevivir largo
tiempo á la inacción. ¿El grano de trigo? ... Tal vez
sí..., y acaso también algunos de esos seres microscópicos y rudimentarios apenas salidos de la materia inorgánica; ... pero ¿el hombre? ... ¡No!
El conde se acercó á la momia y examinó sus facciones silenciosamente; después, cogiendo la mano
del muerto, retiró el anillo de su dedo rígido y examinó los caracteres en él grabados.
- ¡Sí!, murmuró, inflexible es la inevitable mano
y jamás reposa. ¡Contempla la escritura de Seb
Kronos!
- ¡Ah!, exclamó Conrado, me es imposible leerla.
- No lo sientas, repuso el árabe, pues más valdría
para ti conservarte siempre en esa ignorancia. Sin
embargo, puesto que has preguntado al oráculo, añadió en voz baja y con expresión de terror mientras
tenía. la vista fija en el anillo, escucha las palabras
de aquel que aniquila y no puede ser aniquilado:
«Yo soy lo que será y lo que es; yo soy aquel á
quien se espera siempre, y que sin embargo está
siempre allí. Yo soy el único que hace lo que quiere
y quiere lo que hace, y el único también que conoce
el porqué. De mi mano brotan el bien y el mal, la
vida y la muerte; yo soy la luz y las tinieblas. ¡Hijo
del hombre, abstente de los deseos del corazón y no
luches con la mano de Seb Kronos!»
- ¿Es ese verdaderamente el sentido del amuleto?,
preguntó Conrado.
- Son las palabras del amuleto, contestó el árabe,
poniendo el anillo en el dedo del conde. En cuanto
á su sentido, añadió, fijando en la momia una mirada persistente, más valdría para ti no haberla descubierto nunca. Aquel que fué el primero en penetrar
el secreto yace ahora á tus pies. ¡Esa es la primera
víctima del oráculo!
Y cogiendo el papiro de manos del conde, señaló
la primera serie de imágenes
- Aquí ves, continuó, á Thuoris y sus dos hijos,
Sethos, el primogénito, y Amasis. el más joven. Desconociendo la prerrogativa del derecho de nacimiento, el soberano transferirá el reino al que pruebe su
sabiduría explicando el enigma del anillo, y á decir
verdad, el monarca cometió una imprudencia al trastornar asf el orden de la naturaleza. Amasis comprendía muy bien la escritura de los dioses, y como
sabía explicar sus obscuras sentencias, leyó er enigma del anillo y dió la interpretación al rey. Las palabras grabadas á la piedra eran las de Seb Kronos,
cuya mano es inevitable, puesto que es la de aquel
que será y que es. De este modo Sethos perdió el
cetro y obtúvolo su hermano Amasis, quien ocupó
el trono paterno á la muerte de Thuoris. Sethos no
trató de luchar contra la mano de Seb Kronos; inclinóse ante el poder de su hermano, mostrándose
muy reverente ante las palabras del oráculo, y no las
olvidó más tarde, cuando Amasis hallándose en medio de las aguas tendió hacia él una mano suplicante, en la cual pudo ver la sortija en que estab'an grabadas. Esta vez Sethos no trató tampoco de luchar
contra la mano de Seb Kronos, y el rey Amasis pe·
reció á la vista de su hermano, desapareciendo bajo
las olas.
- ¿Y qué fué de Sethos?, preguntó Conrado.
- ¿No has dicho antes, repuso el árabe, que no
pedías á la tumba los secretos del otro mundo?
Conrado, algo confuso por el tono de esta contesción, apartó su vista de la figura del árabe, y fijóla
en el anillo que le había puesto en el dedo. El sol
acababa de ponerse detrás de las lejanas cumbres de
las montañas de Libia, y en el cielo sereno y velado
de aquellas soledades la luna llena parecía tener suspendido su gran disco de plata. El pálido fulgor hirió la amatista mística, que semejante á un ojo infernal lanzó en todos sentidos brillantes rayos ... Y.
cuando Conrado levantó al fin la cabeza, el árabe había desaparecido. La marcha d_e aquel extraño visitante había sido tan silenciosa como su llegada, y ·
Conrado no vió ya de él más que su elevada silueta,
deslizándose en la obscuridad como un fantasma á
través de las ruinas colosales del templo de Ammón.

v
LA LLEGADA DE LOS DIOSES

Inútilmente se buscó al árabe; ningún individuo
de la comitiva del conde le había visto llegar ni
marcharse, y de las pesquisas practicadas en los pueblos inmediatos resultó que desde hacía algunas se-

NúMERO 482

LA ILUSTRACIÓN ARTÍST~CA

rado disfrutar de la
manas no se había
presencia
de J ulieta,
visto ninguna tri bu
sin
que
nada
fuese á
de nómadas. La nuturbar una felicidad
merosa y bien arma·
que se acentuaba toda escolta de Conrados los días.
do tenía ya cierta reCuando al cabo de
putación que mantuuna
larga ausencia
vo á respetuosa disnos
vemos
de nuevo
tancia á todos los mereunidos
con
aquerodeadores del dellos
á
quienes
se
ama,
sierto.
experimentamos un
Aquella inesperasentimiento extraño,
da entrevista había
pero que no carece
impresionado mucho
de encanto. A causa
al conde, quien, busdel alejamiento, de
caba en sus recuerla duración de la
dos las menores cirausencia y de habercunstancias de ella, y
se borrado los recuando más la estucuerdos,
las cosas
diaba en sus detalles,
más familiares del
más misteriosa y perhogar doméstico son
turbadora le parecía
ya para nosotros en
toda la escena. Los
parte extrañas; al vermonumentos y los dilas
nos causan una
funtos eran testigos
dulce sorpresa; pero
que no podían conesta sensación protestarle, y la naturaduce
delicias ineomleza misma parecía
parables cuando nace
aliarse con las cirde la presencia de un
cunstancias para reser de quien nos sehusarle la prueba que
paramos cuando era
deseaba. Cuando volniña
y á la cual envió á la mañana sicontramos ya converguiente al sitio dontida en hermosa donde el extranjero le
cella.
El fantasma de
había interpelado, la
la niña que acariciáfina arena que cubría
bamos en otro tiemlas ruinas del templo
po reaparece aún en
no conservaba ningula mujer desconocida
na huella de pie huque se presenta ante
mano, y no obstante,
nuestros ojos.
los recuerdos del conConrado de Rosede de Roseneck soneck debía pasar por
bre los sucesos de la
todas estas sensaciotarde anterior estanes al llegar á Larnsban vivos en su metein. Al marchar, Jumoria. Hubiera polieta era una niña endido describir el mecantadora, y á su renor rasgo de las facgreso veía una joven
ciones del árabe y
en la flor de su gratodas las particularicia y de su hermosudades de su traje; pero ningún hecho exra y tan afectuosa y
terior venía á corroconfiada como lo fué
borar impresiones
, antes. Para ella Contan vívidas; en una
rado era siempre el
palabra, no tenía ninser más perfecto, el
guna prueba material
tipo más acabado que
de la realidad de los.
se pudiera soñar, y
hechos, como no fuepor esta constancia
ra su conocimiento
de sentimientos mede la historia del parecía más el cariño
piro y la explicación
·de
Conrado. A pesar
¡ Extranjero!, guárdate bien de penetrar en los secretos de la tumba.
de los caracteres grade esto, existía una
bados en el anillo.
diferencia entre sus
También conservaba éste, mas no podía recordar el caso de que no pudiera obtener licencia. Félix relaciones actuales y las de otro tiempo1 y para el
por nada que le hubiese retirado del dedo_ de la mo- contestó por una carta, cuyas primeras líneas trans- joven viajero la diferencia era inmensa tanto que
mia. Sin embargo, por otra parte, las p1~turas de cribo aquí:
produjo en él un cambio de que no s~ daba, bien
aquel papiro eran tan inusitadas y por lo °'.1sm? tan
cuenta y cuya naturaleza exacta no trató de com•
&lt;(Privada y confidencial.)
notables y escribían tan claramente la h1stona de
prender. Este cambio se manifestaba bajo la forma
»¡No vengas, hermano; guárdame el secreto, pero de una timidez casi religiosa; al acercarse Julieta palos dos ,hermanos, que al fin se preguntó si toda
aquella aventura no sería, después de todo, el resul- no vengas! Preparo una sorpresa á nuestros queridos recíale que todo su ser se tranquilizaba y santificaba
padres, y con este objeto me examinaré seis meses en ciert? modo; era un sentimiento análogo al que
tado de una sugestión inconsciente.
De este modo, andando el tiempo, los recuerdos antes del término fijado. Mi impaciente deseo de se expenmenta al entrar e!l'una iglesia, y comprende Conrado sobre aquel incidente rodearon toda_ la volver á estar contigo parece activar la lentitud de día que no le era posible dar á la joven el nombre
escena de una especie de claro-obscuro; el espf~tu mi espíritu; pero ya comprenderás que si vinieses de hermana. Si hablaba con ella su voz era más dulnebuloso del joven alemán rechazaba tal ó cual m- ahora concluiría de una vez con las raíces cúbicas y ce y más grave; en presencia de tercero rara vez le
verosimilitud para adoptar otra cualquiera, y al fi_n, cuadradas que deben constituir mi alimento cotidia- dirigía la palabra, pero todo cuanto decía era para
dudando de la realidad del jefe árabe, hallábase dis- no, y en historia militar tal vez escandalizara á mis ella. En cuanto á Julieta, no manifestaba del mismo
puesto á sostener que por medio de un talismán su profesores afirmándoles que la batalla de Preston- modo los sentimientos que pudiese experimentar
alma se había puesto en comunicación durante un Pans fué perdida por Federico el Grande. De esto respecto á su a~igo de la infancia; pero no se daba
tendrías tú la culpa, porque la visita me trastornaría cuenta de cambio alguno en la naturaleza de estos
momento con la del príncipe egipcio Sethos.
Hallándose próxima la inundación del Nilo, que el cerebro. En su consecuencia, no vengas, y sé dis- sentimientos. Conrado personificaba á sus ojos todo
para los indígenas es la estación más importante del creto y silencioso como las sepulturas de Tebas. Y cuafito es bueno y noble, y admiraba en él cualidaaño, el conde de Roseneck se vió obligado á dirigir- á propósito, ¿dónde está Tebas? ¿No es una ciudad des que rara vez descubría en los demás hombres.
se rápidamente al punto de partida de la expedición. de Pomerania, de quinientas almas, mil quinientas Todas las condiciones en la vida de aquellos dos seEn el Cairo confió el resultado de sus excavaciones casas, una capilla protestante, ocho sinagogas y dos res tendían, pues, á producir una completa unión·
á_ varios agentes dignos de confianza, y sin perder el fábricas de porcelanas?... ¿No? Pues entonces, el ésta hubiera podido ser resultado de la simpatía qu~
tiempo en observar cómo se efectuaba el embarque diablo se lleve á los geógrafos, que me han enseñado á Julieta inspiraba el joven; mas para que aquél se
para Europa, emprendió la marcha hacia Alemania. esas falsas nociones ... »
produjese habría sido preciso que Conrado pudiera
. Cuando entró en Larnstein, al cabo de una ausensorprender y utilizar ese instante misterioso en que
Conrado guardó el secreto, pero escribía continua- la mujer se da cuenta, por decirlo así, del sexo á que
cia de cinco años, el único individuo que faltaba en
el círculo de la familia era Félix, quien no había mente á Félix, estimulándole en su resolución de pertenece,
. completado aún el curso de sus estudios en la es- examinarse antes de Pascua y dando á su hermano
TRADUCIDO POR E. L. V ERNEUILL
cuela militar, Conrado le escribió para anunciarle su los consejos que le parecieron útiles.
Entretanto la ausencia de Félix permitía á Conregreso, manifestando su intención de ir á verle, en
( Continuard)

��"

NúMERO 482

LA I LUSTRACIÓN ARTISttCA

do con seis ;dibujos
del autor fotograbados por Thomas,
ha sido editado en
Albuñol, en cuya
librerla de D. Juan
L6pez Garcla y en
las principales de
Esp añ a se vende al precio de 3
pesetas.

LIBROS ENVIADOS ,
Á ESTA REDACCIÓN

por autoru 6editores
SETS TIPOS AÉ·
REOS. BREVE ENSAYO DE ORNITO·
LO GÍA PASIONAL,
AMENO Y HUMO·
RÍ STJ CO, por don
/uan Rivas Ortiz.
- El estudio que
en este libro se hace
de las pasiones, costumbres, tendencias y carácter de
algunas a ve s presen tan do al gorri6n
como granuja del
mundo a éreo, al
águila comoslmbolo de la tiranla, al
ruiseñor como r epresentant e del
amor más apasionado, á la golondrina con,o emblema de la constancia y de la modestia, al cuervo como
compendio de todos I os perversos
in s tintos, y á la
perdiz como ejemplo de amor á la
familia y al hogar;
las comparaciones,
de tal estudio derivadas, entre el
mundo de las aves
y el de los hombres,
y las consideraciones oportunas que
todo ello sugiere al
autor, prestan á esta obra interés, originalidad y amenidad grandes.
El liLro, ilustra-

..

•*
ZARAGOZA AR·
TÍ-6T ICA, MONUMENTAL É HJSTÓ•
RICA, por A . y P.
Gascón de Gotor, Interesantes como
todos 1os de esta
notable publicaci6n
son los cuadernos
10. 0 y 11.°, últimamente r ecibidos.
Contienen, además
de 8 páginas cada
uno de excelente
texto, cuatro fototipias representando
el Sepulcro de don
J uan de Arag6n,
varias armas ibéricas de hierro y bronce de la colecci6n
de D. Pablo Gil,
un tibor de búcaro
(trafdo á España
después de la conquista del Perú)
propiedad de la baconfa de Hervés y
las ruinas de I ex
convento d e San
Lázaro.
Suscríbese en las
principales librerlas y en Barcelona
en la &lt;le D. Arturo
Sim6n, Rambla de
Canaletas, 5.

EStUDIO DEL PINTOR CARLOS GU ILLERMO DIEFENBACH. (Véase el articulo del núm . 479.)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA: dirÍjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Chaumartín,
núm. 16, París. - Las casas española.a pueden h_a cerlo en la. librería de D. Arturo Simón, Rambla. de C~naletas, núm. 5, Barcelona

_
I USIER
P.ATE EPILATOIR E

deslro,e hasta lu RAICES,tl YELL9 del ':stro da fu damas (Barba, Bl,ote, elt.), cll
lllnguo pell¡ro para el culiJ. SO 4.ños de E:dto,ymillaru de te11lmOll!otprutlwl la eflu
' de esta p~pmck&gt;li. (Se .ende en oaJat, pan. la barba, J eo 1/2 taJat pan. el hlrota lirero). ~ •
l01 bruos, empl~ el ,11,1 J'UHH. DUSSER, t, rueJ..J.-Rou111eau, Parl8,

e

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P,nna..,conoce1lu

PILDORAS~~DEHlUT

DE CORTEZAS ~E NARANJAS AMARGAS

DIE l'ARIB

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan, No temen el asco ni el cau1a11cto, porque, contra lo que ,ucede con
los demu purgS1Jus, este no obra bien
sillo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el catl,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida 9'U8 mas le convienen,
seg-un IDB ocupac1011e1, Como el causa.a
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Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 regularizar su curso perlóc!lco.

. ~l"A/?J}s

VINO ARDUO CON QUINA-·

y CON TODOS tos PJlfflCIPIOS NtJTlllTtVOS SOLUBLES DB u CARNE
4'.la.'ll!l y Ollllt&amp;I son los elementos que entran en la com'l)()slc!on de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este for&amp;illcaa&amp;e por e■celeaeia, De un gusto .su-

mamente agradable, es soberano contra la .Anemta y el A11ocamtento, en las Calentura,
Cuando ae traia de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el orgánismo y precaver la anemia y las epidemias proToOld&amp;i por los calores, no se conoce nada superior al l'tno de guia• de Aroud,
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