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BARCELONA 30 DE MARZO DE 1891

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ADVERTENOIA.-Oon el próximo número repartiremos á nuestros suscript ores el correspondiente t omo de la Bibliot eca Universal,
Será éste cLOS MISTERIOS DEL MAR,» iluatrado con protusión de grabados.

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ESTATUA DE JUAN SEBASTIÁN ELOANO, obra de Ricardo Bellver
Existente en el Ministerio de Ultramar, en Madrid

�LA I LUSTRACION ARTÍSTICA

1 94

NúMERO

'

483
NúMERO

eje de la composición se le encuentra siempre su genioso, formado por una serie de cupulitas unas junraíz. Para llenar un espac,io c~alquiera, au~que s~a to á otras y escalonadas de un modo regular, produ.
Texto. - La ornammtación y las artes maho;mt41ias, por J· 'irregular, emplea:J). siempre-los. adornos más Apropia- ciendo unas puntas que se denominan estalactitas, de
R. Mélida. - Ricardo Bel/ver y Ramón, por M. M. A. - dos al mismo, cuidando qe dividirlo en comparti- 'donde ha tomado el-nombre de estalactito este sisteSECCIÓN AMERICANA: E/isa Bravo. Leymda cM/ena, por nlientos iguales y distribuyendo los detalles sin dejar ·ma de decoración. Como todas las celdillas 6 cupuliEva Canel. - Los Parlamentos de E11ropa. Sui:za, por X. tas están diversamente coloreadas, el efecto es de lo
Gregoria (Episodio ejemplar), por M. M. Vellido. -Nues- nunca de volver al tallo madre. Era un procedimienmás fantástico y ·áereo La cúpula del Salón de las
to
análogo
al
que
sigue
la
Naturaleza
con
la
hoja
vetros grabados. -El Anillo de Amasis (continuación). Novela
original de lord Lytton, ilustrada por A. Besnard. - SECCIÓN gétal, pues siendo menester distribuir la savia que dos hermanas en la Alhambra es un buen modelo del
CIENTIFICA: Qulmica recreativa, El ácido carbónico. por F. parte del tronco á las extremidades, el tronco debe género. Por la analogía que guarda con este sistema
Faideau.
Grabados. - Estatua de f11a1i Seóastián E/cano, existente evidentemente dividir el follaje en partes sobre poco ornamental deben citarse los perfiles de los arcos
en el ministerio de Ultramar, en Madrid.-Ricardo Bellver, más 6 menos iguales. Observaban los árabes en sus lobulados; lóbulos determinados por las tracerías que
celebrado escultor español. - Momimento sepulcral del car- composiciones ornamentales el principio de la irra- llenan las enjutas. Los ajimeces 6 ventanas divididas
denal la Lastra y Cuesta, existente en la catedral de Sevilla. diación, partiendo'del tallo madre, principio seguido por un parteluz y los frisos altos con ventanas cala-Angel de la capilla sep~lcral que en el cementerio de San
en la Naturaleza, como lo demuestra la mano huma- das, son otros tantos motivos ornamentales del meIsidro de Madrid poiiee la Excma. Sra. marquesa de la Gándara. - David teniendo en la mano la cabeza del gigante Go- na. Por último, otro principio característico es la con- jor efecto. En castellano hay términos especiales
para &lt;;lesignar las combinaciones decorativas del arliat. - San Andrls, estatua colosal. - Et ángel caldo, estatua tinuidad de las líneas y de las curvas tangentes.
existente en el Parque ele Madrid. -Dos estudios, dibujos al .
Al hablar del arte árabe hay que diferenciar dos te árabe: los trazados geométricos arriba descrilápiz. Los grabados dichos, excepto el segundo, representan clases de monumentos: los que existen en Africa, es- tos llevan el nombre de lacerías, conjunto de !a.
otras tantas obras de Ricardo Bellver. - El palacio federal
de Bema. - San Bartoloml, estatua colosal, obra de R. Bell• pecialmente en el Cairo, y los monumentos árabes zos; la labor de hojas se llama a/aunque, y el adorno
ver - Asunción y coronación de la Virgen, alto relieve, obra españoles. Entre los de una y otra nacionalidad hay de hojas y lacerías se denomina ajaraca; recibe el
de R. Bellver. - Recuerdo del baile artístico celebrado en el diferencias de estilo, aunque no de tal importancia nombre de alicatado la combinación de mosaico forSalón de la Lonja en. la noche del 8 de febrero último, dibu- que sea mepester tratar de \mos y otros separada- mada con los azulejos de piezas; y por último, la lajo de D. Nicanor Vázquez. - Fig. 1. Petrificación obtenida
en la fuente de Saint-Allyre. El huevo giratorio. - Fig. 2 . mente. Sin disputa los monumentos españoles son bor de mosaico de vidrio sobre fondo dorado, propia
El humo de un cigarro sobre una capa de ácido carbónico. más delicados y ofrecen una ornamentación más fina del estilo árabe-bizantino, se denominó fosaifesa.
El mtierro de Sa11ta Inls, bajo relieve cie Ricardo Bellver. que los monumentos del Cairo, de los cuales el más
Azulejos los hay de dos clases, unos cuadrados
importante es la mezquita de Tooloon, construída conteniendo un trozo de laceria 6 ajaracados, cuya
en el año 87 5, es decir, 2 50 años después del esta- unión forma una composición ornamental, y otros
blecimiento del mahometismo. Los ornatos de esta en que cada miembro ornamental es una pieza
LA ORNAMENTACIÓN
aparte, de modo que al colocarlos se construye el
mezquita corresponden á un estilo primitivo.
EN LAS AR'rES MAHOMETANAS
Los tipos de combinaciones y de formas apare- trazado por el mismo procedimiento que se hace el
cen en su total desenvolvimiento en la Alhambra de mosaico.
A semejanza del adorno egipcio, en el árabe hay un
Es creencia muy general que del arte bizantino Granada. Lo mismo que á la mezquita del Cairo
se derivaron dos corrientes, una hacia el Occidente, ocurre á la de Córdoba con respecto á la Alhambra. elemento que no se halla en ningún otro. Nos referique originó el arte ruso é influyó en el arte del Norte Owen Jones resume las diferencias de los estilos ára· mos al empleo de la escritura como motivo ornameny en el latino, que imperaba en el Mediodía, y otra bes de Africa y de España, diciendo que las cons- tal. Los árabes hicieron una interpretación de los cahacia el Oriente mismo, que formó el arte árabe, del trucciones africanas tienen por carácter distintivo la racteres de su escritura que se combina admirablemencual se derivaron más tarde el persa y el turco Los grandeza, y los españoles el refinamiento y la ele- te con la composición decorativa; hay dos clases de
caracteres: ºcúficos, que son los más antiguos y más
orígenes orientales del arte árabe no están compro· gancia.
bados del todo; pero no pretendemos esclarecerlo,
La decoración árabe es igual al interior que al exte- ornamentales por ser muy geométricos, y africanos,
rior; está repartida y dispuesta del mismo modo; sólo que decoran menos por ser más cursivos.
pues no importa para el caso presente.
Los árabes mudéjares, 6 sea los que después de
que al exterior es más escasa, pues no cubre por enI
tero los lienzos de muro. Toda la ornamentación las conquistas vivían bajo el amparo de los reyes
árabe es de relieve y está hecha con yeso 6 estuco cristianos españoles, produjeron un arte especia~ que
ARTE ÁRABE
cuando no tallada en piedra, y por punto general aunque conserva todos los elementos de su origen
aparece pintada de varios y vivos colores combina- arábigo, se ve influído por los estilos cristianos. El
Es un hecho que los árabes aprovecharon elemen- dos con oro; entre estos colores predominan el rojo sistema decorativo mudéjar nada nuevo ofrece en
tos de las construcciones bizantinas en las suyas du- y el azul, sirviendo de fondos, pues el oro, al contra- cuanto á la estructura de las las lacerías, ajaracas, etrante los primeros tiempos de su cultura y que tam- rio que en el arte bizantino, donde se empleaba para céter,1.; es un árabe menos puro y en el cual la flora
bién copiaron algunos detalles de aquéllas. Por ra- los fondos, se emplea generalmente para los ador- tiene á veces más importancia que la lacería. Aquezón de su origen, por su condición de innovadores nos. También hay ejemplares de decoración árabe llos principios armónicos de la construcción ornaen la civilización y de enemigos del cristianismo, puramente pintada, pues así puede considerarse la mental de lo árabe están un tanto destruídos por la
aquella gente de viva y fantaseadora imaginación de azulejos, de los cuales se conservan en Espafia invasión de elementos extraños. A veces la combinacreó un arte completamente nuevo, con que embelle- tan preciosas muestras. El motivo más importante y ción de estilos es talque campean en unas partes el áracer brillante y fastuosamente el interior de sus mez- general de la ornamentación árabe es la llamada Es- be y en otras el cristiano, como sucede en monumenquitas y de sus palacios, sin olvidar la prescripción trella de Salomón, que aparece variada hasta lo in- tos del siglo xv: por ejemplo, el palacio de los Mendodel Alcorán, que les prohibía la representación de finito y enriquecida con motivos secundarios. Se zas en Guadalajara y la Aljafería de Zaragoza. El gusto
toda suerte de imágenes de seres animados. Seduci- manifiesta desde la combinación más sencilla for- ojival se acomodó muy bien al gusto árabe en la ordos por la riqueza decorativa de los monumentos mada por dos triángulos equiláteros 6 dos cuadrados, namentación de techumbres artesonadas y en los
bizantinos, que encontraron en su carrera conquis- hasta la de diez, doce y dieciséis radios; de manera frisos decorados con arquerías; obras que revelan la
tadora, hubieron, sin embargo, de tomar de éstos la que el polígono generador de cualquier trazado or- habilidad y buen gusto de los artistas mudéjares que
pompa y la riqueza ornamental, el procedimiento y namental puede ser el triángulo 6 el pentágono, el en aquel tiempo estaban de moda, por decirlo así;
el sistema decorativo; tan en armonía con su sentir cuadrilátero, el exágono 6 el octágono: Las líneas 6 pues los preferían y buscaban los reyes cristianos,
estético hallaban aquel arte; dándose de esta suerte fajas que constituyen estos polígonos 6 estrellas re- sobre todo para los trabajos de carpintería, como las
en el árabe un caso análogo al que se dió en el arte gulares forman, en solución de continuidad, otros po- puertas cubiertas de preciosas lacerías que se conlatino, del cual se sirvieron los primeros cristianos, lígonos, que.resultan simétricos y equidistantes de la servan en numerosos monumentos españoles, singuque á pesar del horror que á éstos causaba el paga- estrella, con cuya repetición se llenaba fácilmente y larmente en las catedrales. Pero las obras mudéjares
nismo, tomaron del arte romano los primeros é indis- de un modo armónico y regular una superficie cual- más características son las de ladrillo, entre las cuapensables elementos.
quiera. A veces estas combinaciones están hechas les sobresalen las torres, tales como la Nueva de ZaLa citada prohibición del Alcorán explica por qué por medio de líneas curvas en vez de rectas, y enton- ragoza, que es un precioso modelo del género, cuyo
el arte árabe es exclusivamente ornamental y por ces el círculo lobulado hace veces de polígono. Ade- adorno está construído por medio de alicatados de
consecuencia esencialmente decorativo. El ornato más no hay que perder de vista que el Alcorán al ladrillo formando combinaciones geométricas muy
campea y domina en absoluto; cual si se hubiera prohibir la representación de los seres animados, se sencillas de rombos, cuadrados, triángulos, arquerías
vuelto á los orígenes del Arte se volvió al trazado refiere al hombre y á los animales, pero no al reino lobuladas 6 de herradura, etc. Los azulejos mudéjageométrico. Sin duda el mismo propósito innovador vegetal, y por eso la ornamentación árabe tiene su res, algunos con figuras de animales y otros con
llevó á los primeros artistas mahometanos á formar flora especial, aunque esta suerte de ornamentación adornos de lacerías y ajaracas, abundan mucho en
con los elementos primarios de la ornamentación es secundaria respecto de los trazados geométricos España, habiendo en Toledo curiosísimos ejem- las simples líneas - un sistema nuevo. Este sistema que forman el motivo principal; sólo en los trazados plares.
constituye un verdadero canon artístico cual no ha de curvas tiene la flora mayor importancia, deterLos productos de las industrias árabes y mudéjaexistido en ningún pueblo: es un completo sistema minando las hojas curvas, que relacionadas con las res que se conservan acreditan, no sólo la perfección
filosófico, caracterizado por la combinación matemá- fajas puramente decorativas completan el motivo. técnica de aquellos artífices, sino también el buen
tica; parte de un tipo 6 fórmula dado y de él lógica- Tanto en las hojas como en los tallos decorativos se gusto y primor decorativo. En la cerámica, en las
mente se deriva un trazado regular y armónico, de tal encuentra con mucha frecuencia la voluta; pero tra- telas, en las adargas, en las filigranas de la joyería Y
modo, que existe relación perfecta entre todas las for- tada de un modo sencillo y severo diverso de la vo- en las armas, hay preciosos motivos, apareciendo en
mas secundarias y la forma principal La ornamen- luta griega. La piña aparece con suma frecuencia los platos de loza leones y escudos heráldicos in~ertación árabe, á diferencia de las de los demás pue- mezclada con el adorno en los trazados curvilíneos pretados con mucho carácter oriental.
blos, es hija del cálculo y excluye toda inspiración en que determinan un espacio cerrado por un arco caQueda indicada la presencia de las imágenes de
la Naturaleza, si bien ésta le suministró elementos nopial y luego descienden. tendiendo á concluir en animales en la ornamentación mudéjar, en la cual
vegetales. Dice Owen Jones con referencia á los punta por la parte inferiorj también suele aparecer nada tiene de extraño después de lo indicado acerca
árabes españoles que se sujetaban á la ley de decorar una espede de palmeta rehundida como en forma del modo cómo se formó ese estilo; pero es de adverla constn,cción sin destruir nunca la decoración, y aña- de concha.
tir que aunque, por excepción en varios monumen~os
de que no solamente la ornamentación de la arquitecPiñas se denominan igualmente por su forma ge- y productos industriales árabes, aparecen también
tura árabe española nació naturalmente de la construc- neral las almenas escalonadas cuyo perfil presenta figuras de animales, como en la fuente de los leones
ción, sino que la idea de ésta está sostenida en cada una serie de ángulos agudos y cuyo paramento está de la Alhambra y en algunas cajas de marfil y otros
detalle por la ornamentación de la superficie. Añade decorado con preciosas combinaciones geométricas. objetos, en cuya ornamentación aparecen antílopes,
más adelante que todas las líneas parten de un tallo En las pechinas de las cúpulas y en los arcos mismos perros, etc., tales monumentos no son mudéjares,
madre, y á cualquier adorno por alejado que esté del emplearon un modo de ornamentación sumámente in- sino productos de la influencia persa en el arte árabe.

LA

483

SUMARIO

II
ARTE PERSA

Un sistema de ornamentación fundamentado en
base tan sólida y positiva, tan perf~cto y severo co~o
es el árabe, no pudó menos de eJercer poderosa mfluencia en las artes de otros pueblos, no sólo en Occidente, donde queda indicada respecto de España,

D. RICARDO BELLVER, celebrado escultor español

195

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

como una tentativa de modelar acentuando las par·
tes correspondientes á las sombras y á lo_s claros_. ~n
algunos productos industriales, .cuyo estilo participa
más de la influencia india, los efectos de &lt;:Idro-obscuro en las flores están francamente producidos Yacentuados como imitación de la Naturaleza. Aque: modo
árabe de ornamentar dibujando el arco canop1al ap~rece también aquí, produciendo variedad de combi·
naciones, como la cartela dibujada por un óva~? 6
por dos arcos de óvalo que se cr~zan forma~do OJiva,
ó bien por líneas onduladas, 6 bien produciendo un
círculo que por un lado se resuelve en una p~nta
aguda. Por lo demás, las combinaciones_ geométricas
de frisos y mosaicos de piso son sencillas, afectan
forma de ajedrezados, estando el efecto, más que ~n
los dibujos, que nada ofrecen de nuevo, en lo vanado y bien combinado de los colores. En las ce~efas
suele verse cierta reminiscencia del meandro gnego.
El arte persa es más decorativo que_ mon~mental
y más pictórico que plástico. Los me1ores eJempl~res que de él se conocen no son monumento~ arqmtectónicos, sino productos industriales, espec1:11men·
te tapices, miniaturas de manuscritos y trabaJOS damasquinados correspondientes á los siglos xv1 y xvu,
época en que Europa hacía mucho consumo de tan
artísticas obras.
Las iluminaciones de manuscritos ofrecen primorosas orlas con adornos de muy buen gusto.
Los tapices tienen el poderoso encanto de la bella combinación de colores.
Así como el arte árabe contribuyó en España á la
formación del estilo mudéjar, el persa produjo en Lindos (isla de Rodas), por el siglo x1v, un estilo que se
manifiesta en productos cerámicos decorados con
figuras y ornamentación vegetal de bellos colores, de
los cuales posee una preciosa colección el Museo de
Cluny en París.

simplemente relevados, e~ el estil? turco están esculpidos. Otra particularidad consiste en el abuso
excesivo de la curva.
, .
Es el turco, además, un arte más vulgar, mas industrial, y por consiguiente de mal gusto; abusa del
oro y por esto en los trazados de cuerpos lobulados
y fl~renzados se produce confusión en los ~domos.
Los mejores modelos de la ornamentación turca
deben buscarse en Constantinopla, especialmente en
la mezquita de Solimán l.
J OSÉ RAIIIÓN M ÉLIDA

RICARDO BELLVER Y RAMÓN

Hay familias privilegiadas en las cuales la ley de
herencia produce los más fecundos resultados, permitiendo aplicar á cada nuevo retoño del lo~no
tronco y en el sentido más favorable tan conocido
refrán castellano: De tal palo tal ashlla. Así acontece con la fami!ia de Bellver; la tradición artística
perpetúase en ella de generación en generación, y si
lauros alcanzaron el abuelo, allá por los últimos años
del pasado siglo, y el padre á principios y m~diados
del presente, no menos glona _ha conseguido en
nuestros días el continuador de dinastía tan preclara.
Nació D. Ricardo Bellver y Ramón en Madrid
en 23 de febrero de 1845, y no fué para él poca suerte tener en su padre, el famoso escultor é ilustre académico, cariñoso y experto director que fome~tand?
sus aficiones y encaminando hábilmen~e sus disposiciones para el arte, le allanara el cammo que á éste
conduce en la edad aquella que para la generalidad
de los artistas significa inclinaciones combatidas, deseos contrariados, ilusiones agostadas en flor; en una
palabra, lucha .éntre la vocación irreflexiva del niño
y la voluntad maduramente formada de los padres,
entre el corazón que siente y el cerebro que calcula,
III
entre la poesía que eleva y el sentido práctico que á
la tierra encadena.
ARTE TURCO
Adquiridos así los primeros conocimientos y conOtra derivación del arte árabe, de peor gusto y tando con base tan sólida para ulteriores estudios,
menor importancia que la anterior, es el arte turco. ingresó el Sr. Bellver en la Academia de San FerSus monumentos, que se conservan en Constantino- nando de la que fué alumno distinguidisimo, sobrepla, están construídos á la manera bizantina_ y deco- saliendo entre otras en las asignaturas de anatomía
rados conforme el gusto árabe, aunque modificado y pictórica, dibujo del antiguo, copia del natural y p~desvirtuado. Owen Jones cree que los turcos no cul- ños, y obteniendo casi todos los pre~ios y ~l apre:io
tivaban las artes, sino que se valían de artistas de y consideración de sus profesores. Diez y siete anos
otras naciones; explicándose así el estilo mixto de contaba apenas cuando presentó en la Exposición de
algunas mezquitas y edificios públicos. &lt;En un mis- Bellas Artes una estatua de Tucapel, inspirada en la
mo edificio, añade, se encuentran adornos derivados descripción que de este caudillo araucano hace Erde los adornos árabes y de los adornos floronados cilla en su inmortal poema; en esta obra reveláronse
persas, junto á detalles bastardeados del estilo roma- las excepcionales dotes del joven escultor, y por la
no y del estilo del Renacimiento.» Esta mezda indu- corrección de su dibujo, por el carácter clásico en
ce á creer que esos edificios hayan sido construidos ella impreso y por el sentimiento que la animaba meen su mayor parte por artistas de religión diferente. reció laudatorios conceptos de la crítica y calurosos

:1

sino con más facilidad en Oriente, toda vez que allí
había nacido y tomado la fisonomía especialísima que
hemos procurado delinear.
Efectuada en el siglo vn de nuestra era la conquista de Persia por los árabes, se adoptó en este país el
arte de los conquistadores; mas como allí existía la
tradición del arte indio, efectuóse una mezcla de los
dos estilos, mezcla que constituyó el arte persa. Hay
que tener en cuenta por otra parte que el genio de
los persas se acomodaba menos que el de los árabes
á un gusto artístico tan austero y grave como el que
aquéllos cultivaban; gente más incliriada á lo muelle
y gracioso, y más libre, hubo de producir un arte menos grandioso, aunque de elementos más variados.
Los monumentos persas que se conocen son menos
perfectos que los árabes del Cairo y de España, y
tanto en las líneas generales de la construcción como
en el sistema de ornamentación son menos severos.
Pero la diferencia capital entre las artes árabe y persa consiste en el constante prurito de imitar la Naturaleza en la reproducción de las figuras humanas y
de animales, y en la interpretación ornamental de
motivos tomados del reino vegetal.
Esta particularidad del arte persa, contraria á las
prescripciones del Alcorán ya indicadas, se explica teniendo en cuenta que los persas eran cismáticos. De
aquí también el que atribuyeran á las flores un lenguaje simbólico, y por consiguiente que concediesen
mucha importancia á su representación.
Dados todos estos antecedentes, se comprenderá
que en el arte persa no aparezca como fundamental el
sistema decorativo de los árabes, el sistema geométrico, trazado por cálculo, conforme á un tipo fijo y desarrollado matemáticamente; los persas sólo tomaron
de la ornamentación árabe la parte exterior y aparente. Con tendencia marcada á la curva, después de
dividir el espacio que iban á decorar en fajas y rectángulos llenaban todos estos campos con roleos y
combinaciones de hojarascas, poniendo flores interpretadas de un modo decorativo, pero conservando
mucho del natural 6, por excepción, copiándolas. El
color tiene extraordinaria importancia en la ornamenMONUMENTO SEPULCRAL DEL CARDENAL LA LASTRA y CUESTA, existente en la catedral de Sevilla,
tación persa. Emplearon con preferencia los colores
obra de Ricardo Bellver
vivos y claros, siendo frecuentísimo en fondos y otras
veces en ornatos el oro, que presta mucho realce á
los colores. Como pasa en todos los estilos orientales,
La manera de tratar el follaje en la ornamenta- · elogios de los inteligentes. A los tres años unos y
todo el ornato carece de sombras j pero en las flores ción turca es más convencional que en la árabe; '¡ otros se reproducían con creces en presencia de un
hay cierta oposición de tonos en los pétalos, cierta además es menos pictórica que la árabe y que la per- bajo relieve que figuraba en la Exposición de 1865 y
combinación de colores degradados, que viene á ser sa, por cuanto los ornatos que en estos estilos están , en el que se advertía marcado sabor helénico, así

�LA
por el asunto como por la manera de estar ejecutado.
Alentado por tales éxitos y buscando terreno más
abonado á su inspiración y á sus tendencias, hizo su
primer ensayo en la escultura religiosa, y modeló el
grupo de la Piedad, representada por la Santísima
Virgen teniendo el cadáver de su hijo en su regazo,
que obtuvo mención honorífica en la Exposición de
18671 y en el que se manifestó ser el artista de genio

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

encomiásticos conceptos por todo el orbe. El gobierno español, previo·informe de la Academia de Bellas
Artes de San Fern:\ndo, concedió al Sr. Bellver recursos extraordinarios para reproducir en mármol la
admirada estatua, la Exposición Nacional de Madrid
la premió con medalla de oro, y en la Universal de
París de 1878 alcanzó asimismo honrosa recompensa. En suma, El ángel caído ha sido una de esas
obras que hacen sensación y que bastan por sí solas
para consolidar la gloria de un artista.
Con esto terminó el plazo de su pensión, pero no
el de su permanencia en Roma, en donde continuó
viviendo hasta el año 1882. Durante este intervalo
ejecutó el magnífico sepulcro de mármol dedicado al
Excmo. Sr. cardenal de la Lastra y Cuesta, que
existe en la Catedral de Sevilla, la estatua también
en mármol del célebre navegante Juan Sebastián E/cano con destino al Ministerio de Ultramar, y un ángel colosal de bronce para la capilla sepulcral que en
el cementerio de San Isidro de Madrid posee la
Excma. Sra. Marquesa de la Gándara, obras todas á
cual más bella y dignas de la fama de Bellver.
A poco de regresar á España, en la fecha indicada, el deán de la catedral de Sevilla D. Francisco
Bermúdez de Cañas, cumpliendo los deseos de su antecesor D. Cristóbal Ruiz Canelas, y disponiendo
del legado que expresamente hiciera para ello un
sevillano ilustre, D. Mariano Desmaisieres, encargóle del adorno de la puerta principal de la Basílica,
cuya terminación habían hasta entonces impedido
vicisitudes sin cuento. En el año 1885 quedaba colocado en el frontón de la puerta el hermoso alto relieve representando la Asunción y Coronación de la

Virgen.

Angel de la capilla sepulcral que en el cementerio de San Isidro de Madrid posee la Excma. Sra. marquesa de la Gándara, obra de Ricardo Bellver.

á quien tantos y tan grandes triunfos tenía el porvenir reservados.
El concurso abierto en 1874 para las plazas de pensionados en Roma proporcionóle ocasión de lucimiento, y el jurado por unanimidad le concedió una
de aquéllas, poseído de admiración por la estatua
de David teniendo en la mano la cabeza del gigante
Goliat, que fué la obra por él presentada y ql!e es
tenida por una de las mejores de su cincel salidas,
con ser muchas y muy buenas las que el Sr. Bellver lleva modeladas.
Ya en Roma, pudo el genio de nuestro biografiado
tender las alas por más vastos espacios y abarcar
con su mirada más anchos horizontes: la ciudad
eterna con los monumentos ·que en ella han ido dejando todas las edades, con las obras de arte ali{
acumuladas por los maestros de todas las escuelas,
con los recuerdos glorjosos que en su recinto depositara la historia de tantos reyes, pueblos y religiones, hubo de ejercer benéfica influencia en el alma
del artista, prestando mayores alientos á su inspiración aquella variedad infinita de valiosísimas joyas,
y comunicando mayor seguridad á su mano el concienzudo y constante estuclio de los acabados modelos que por doquier á sti vista se ofrecían.
Frutos de su residencia en la capital de Italia fueron, entre otros, los trabajos que desde allí envió
para cumplir con las prescripciones reglamentarias
del pe~siona_do; á _saber: un busto del Gran Capitán,
un baJO relieve titulado El entierro de Santa Inés y
la estatua conocida con el nombre de E/ángel caído.
El primero mereció ser colocado ei;i el Ministerio de
Estado, y el segundo, obra inspirada en el más puro
sentimiento cristiano, obtuvo un premio extraordinario, amén del aplauso unánime de los inteligentes.
El tercero exige párrafo aparte.
La exposición en Roma de El angel caído fué un
verdadero acontecimiento; el nombre de su autor
figuró desde aquel instante en el libro de oro de los
escultores modernos y la fama lo repitió en los más

Las obras que desde entonces ha producido el señor Bellver son tantas y de tal valía,que sólo teniendo en cuenta la facilidad con que áste concibe y la
laboriosidad que es proverbial en él, puede concebirse tan rara fecundidad en un artista. Citaremos
entre las principales tres efigies en madera de San
Pedro, Santo Tomás de Aquino y San Alfonso María de Ligorio, ejecutadas por encargo del Ilmo.
Sr. Opispo de Cádiz Don Vicente Calvo; las estatuas
colosales de San Andrés y de San Bartolomé, que
son la admiración de cuantos visitan el magnífico
templo de San Francisco el Grande de Madrid; un
monumento sepulcral dedicado á Moratín, Donoso
Cortés y Goya para el cementerio de San Isidro de
Madrid; un crucifijo en madera; un monumento sepulcral en mármol para contener los restos del cardenal Siliceo, colocado en el Colegio de Doncellas
de Toledo; una imagen en madera de tamaño natural de Santa Teresa de J esús para la iglesia parroquial de Chamberí, y veinte estatuas destinadas á la
portada de la catedral de Sevilla, entre las cuales
figuran los Apóstoles y los Evangelistas.
El Sr. Bellver es académico de número de la Real
de San Fernando y profesor auxiliar de la' Escuela
de Artes y Oficios de Madrid; ha obtenido innumerables recompensas en muchas Exposiciones y ha
sido jurado en varias celebradas en Madrid, no siendo el menos glorioso de sus títulos el de director interino de pensionados en Roma, que desempeñó por
algún tiempo apenas terminado el plazo de su pensión.
Tal es á grandes rasgos trazada la biografía de- don
Ricardo Bellver.
Pocas palábras más hemos de añadir para comple·
~ar este trabajo, del cual se desprende ya lo que el
ilustre escultor español significa en la historia del
arte plástico contemporáneo.
Modernista en sus procedimientos, en ninguna de
sus obras deja de atender con especial interés á los
elementos indispensables en la escultura: la belleza
material y el sentimiento. Como los antiguos clásic?s, cuida con exquisita minuciosidad de la perfección de las formas; como los incomparables artistas
del Renacimiento, imprime en sus creaciones aquella
grandiosidad que caracteriza á las maravillas que nos
legara la Edad media, y como los más eximi&lt;!ls maestros modernos infunde en sus estatuas la expresión
y el movimiento que informan las nuevas tendencias
del arte escultórico, y que acercando cuanto cabe la
materia inanimada á la realidad viviente han permitido á la escultura abordar temas que sólo á la pintura parecían reservados.
Cultiva con igual fortuna todos los géneros, y las
obras que de él reproducimos en el presente número
son la mejor prueba de nuestro aserto. En el desnudo las estatuas de David y del Angel caído, en la escultura histórica la de Alonso E/cano, en la monumental el Sepulcro del cardenal Lastra y el Angel de
la capilla sepulcral de la marquesa de la Gándara, y
en la religiosa las estatuas de San Andrés y San Bartolom¿ y los relieves de la Asunción y Coronación de
la Virgen y del Entierro de Santa Inés ofrecen be-

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llezas sin cuento que justifican la fama por su autor
alcanzada.
El Sr. Bellver pertenece á la llamada escuela ecléctica: conocedor profundo de las teorías artístiéas nacidas del clasicismo, del misticismo, del romanticismo y del realismo, y dominando todos los recursos
que para darles forma emplearon las distintas escuelas, toma de unos y otros lo que para cada obra especial necesita y haciendo abstracción de los demás
impulsos que pudieran solicitarle, endereza su inspiración y mueve su mano sólo á la consecución del
fin que en aquel momento dado se propone. Así tienen sus trabajos el carácter, la unidad y la ai:monía
que tanto se admiran en ellos.
Amante de la verdad, dentro de las necesidades
especiales del arte, no subordina la idea á la forma,
sino que sujeta la materia á su propio pensamiento;
la naturalidad es para él un verdadero culto; á ella
lo sacrifica todo, y nunca _la codicia de un aplauso le
ha hecho caer en la tentación de procurárselo apelando á convencionalismos ó á falsos efectos.
Pero de todas las cualidatles que en él se juntan,
la que constituye el carácter de su modo de ser artístico es el sentimiento: Bellver no sólo se impone
del asunto y de los personajes que en él intervienen,
sino que se idenfica, por decirlo así, con ellos, con
ellos siente, y antes de buscarlos en el mundo exterior, destácanse por este esfuerzo psicológico en su
mente los rostros, las actitudes, la disposición de sus
figuras; así es que cuando acude al modelo para la
parte puramente material, tiene ya acumulados en
su imaginación todos los elementos que han de dar
á la escultura expresión y vida.
Bellver consigue con esto impresionar como pocos
á cuantos contemplan sus obras: siguiendo el precepto de Horacio, hace sentir á los demás sintiendo él
primero. Así proceden los verdaderos artistas; así alcanzan imperecedera gloria.
,
La conseguida por D. Ricardo Bellver es de las
más legítimas, y LA ILUSTRACIÓN ARTJSTICA, al de-

David teniendo en la mano la cabeza del gigante Goliat,
estatua de Ricardo Bellver

dicar en sus páginas un título de admiración al escultor ilustre, cumple gustosa con los deberes que
su historia le impone contribuyendo en la medida de
sus fuerzas á la exaltación del arte patrio contemporáneo, del que nuestro biogTlfiado es uno de los
más insignes representantes.

M. M. A.

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LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

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plándola con ansiedad y ternura infinita: era Luca- venciendo las dificultades del idioma. A los seis meyán que la idolatraba, Lucayán que había creído per- ses de vivir en tal situación entendía Julea el castederla y que la. había hecho transportar al interior de llano y Elisa podía suplicar la libertad á Lucayár.
ELISA BRAVO
Araucania, algunas leguas de las fronteras chilenas, en su salvaje, pero dulcísima lengua.
creyendo que la proximidad del mar y el paraje de
LEYENDA CHILENA
Las mujeres completamente relegadas al olvido
tan tristes recuerdos pudieran serle fatales al volver del cacique repartieron su odio entre Elisa y Julca.
Refiere la tradición esta leyenda con detalles de á la vida.
Lucayán tuvo que salir precipitadamente para soverosimilitud espeluznante: yo no haré sino dar forAsí lo habían aconsejado á Lucayán los doclores focar una insurrección que amenazaba destrozarlo, y
ma á lo que impresionadísima escuché á persona que que fueran consultados, y dicho se está que se ha- dispuso que la corte se trasladase al interior de un
se decía muy enterada.
bían buscado cuantos eran estimados por su ciencia bosque, llevando á Elisa con los cuidados y mimos
Cualquiera á quien preguntéis en Chile quién y sabiduría.
que debía tener la idolatrada favorita de señor tan
fué Elisa Bravo, os responderá que una mujer tan
Cuando la fiebre cedió en la infeliz prisionera y poderoso.
pudo su razón volver á atrás para reconsti- ¡Adiós!, la dijo al partir, si muero en la batalla,
tuir los angustiosos momentos del pasado, dejo dispuesto que te lleven á la frontera y que te
no tuvo límites la desesperación de Elisa; dejen entre los tuyos; no quiero que mis vasallos te
ora lloraba implorando de Lucayán su liber- torturen y tomen por fuerza lo que yo estimo en más
tad, ora se tornaba furiosa y pedía una muer- que la vida: tu amor. Si muero, ¿te acordarás de m~ inte súbita que de tales tormentos la librase.
grata de los ojos azules? Y si no muero, ¿pagarás con
El cacique lloraba con ella, imploraba una sonrisa el valor con que pensando en ti me haya
también algo que á Elisa repugnaba, pues batido?
harto comprendía la poética y amorosa míElisa no contestó, pero dirigió á Lucayán una mimica del indio, y los dos pasaban horas en- rada de agradecimiento. De la muerte de aquel homteras, amando el uno, odiando el otro, pero bre dependía su libertad y su dicha; casi encontraba
suplicando ambos.
criminal la hermosa chilena desear que los enemiHacía Lucayán que los mejores poetas gos venciesen á Lucayán.
araucanos cantasen alabanzas rimadas á la
Sin el temor que las mujeres tenían al cacique,
joven, y que los más diestros músicos la ento- Elisa no hubiera vivido muchos días después de la
nasen cánticos, arrancando lágrimas á los marcha de éste; pero sabían que la venganza del
instrumentos para ablandar
el corazón de la virgen, sorda á sus lamentos.
Lucayán amaba de tal
suerte á la mujer hermosa,
que por crimen hubiera tenido forzar aquella voluntad,
que era sagrada para el valiente araucano, fiero en la
guerra, dulce en la paz, cruel
con los enemigos, enamorado con sus mujeres y fanático con los dioses de sus
mayores.
,Pasaban los días y los meses; Elisa, que había sentido
la imperiosa necesidad de
alimentarse, accedió á vivir,
después de grandes luchas,
para morir sin atentar á su
vida, pues que la era imposible moverse sin que las esclavas puestas á su servicio
avisasen de sus movuruentos al señor y dueño de
todos.
Con una saña horrible,
con odio profundísimo miraban las mujeres de Lucayán á la rival extranjera que
de modo tal había absorbido
el corazón y la mente del
cacique; ¡y cuánto no goi.aban aquellas naturalezas sals.1:-; ANDRÉS, estatua colosal existente en la iglesia de San Francisco
vajes contemplando la desel Grande (Madrid), obra de Ricardo Bellver
esperación del se,1or y los
desprecios de la blanca!
Entre las esclavas de Elihermosa como desgraciada, tan in{eliz como mártir sa había una, Julca, india que podía
del destino.
contar diez y seis años, de peregrina
.~ra E lisa una joven perteneciente á linajuda fa. hermosura y que había sido antes de
miha. Casó de veinte años con hombre que la edad aparecer la diosa blanca manjar el
le doblaba, y salió inmediatamente para Europa en más codiciado de Lucayán y su bouno de aquellos buques de vela que tardaban cinco cado más exquisito.
.
meses en llegar á España cuando por suerte no peLas mujeres del cacique procuraredan al doblar el Cabo de Hornos.
ban exasperar el amor ptopio de JulEl barco que á Elisa Bravo y á su marido trans- ca, inculcando en su alma infernales
portaba á la península, fué juguete de un temporal venganzas, pero Julca mostrábase exque lo hizo pedazos en las costas araucanas.
tremadamente cariñosa con Elisa, y
Los ~alvajes recogieron á los náufragos que la pla- ella era la que con más esmero y soya pudieron ganar después de mil fatigas, y los pre- licitud la servía. ¡Con cuánto placer
sen~aron al cacique Lucayán, para que en su alta lavaba Julca las turgentes carnes de
sabiduría dispusiese lo que se le antojase conve- la hermosa, con qué suavidad la peiniente.
naba, cómo envolvía su cuerpo con
Elisa Bravo era de los milagrosamente salvados; las más ricas telas y con qué afanosa
verla Lucayán y prendarse de ella, cosa fué de un ins- soli~itud atendía á todo aquello que
tante. La declaró su amor sin más preámbulos, y al pudiera serle grato!
ver que la hermosa blanca daba señales de aberreY era que J ulca resultaba otra víccerlo, ordenó que todos los extranjeros fuesen sacri- tima de la barbarie. Julca era india:
ficados á los dioses, im~lora~~o su protección para sangre· real corría por sus venas y
EL ÁNGEL CAÍDO, estatua existente en el Parque de Madrid,
logr~r el amor de la muJer d1vma.
fuera necesario entregarla á la brutaob· a dl' R:car&lt;lo Belll·cr
EJecutada que fué la sentencia, llevaron á Elisa lidad de un hombre de su clase
~donde yacían ,to~ cadáveres de_sus comp~ñeros;_ su , arrancá~dola del amor de un guerre:
olor no tuvo hmites;creyó mom y cayó sm sentido ro, á qmen con pasión ardiente recordaba
•e
d · d' h b'
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presa de un sí
' ·
N
d El'
b
El' f
·
namora o m 10 u 1era si o terrible, y por otra
á
.
ncope grav1S1mo. o pu o isa sa er . isa ué poco á poco sobrellevando aquella situa- parte Julca velaba, velaba siempre por el bienestar
c~ nto tiemp~ durara el estado ?normal de su orga- ción desesperada, gracias á los consuelos de Julca; y la tranquilidad de la diosa rubia.
n~smo; sólo v1ó al volver á la VIda que sentado al ambas jóvenes llegaron á quererse fraternalmente y
Habían transcurrido dos años: Elisa vivía en la
pie de su lecho de pieles había un hombre contero- con grandes esfuerzos de Ja voluntad iban asimism'0
molicie de favorita mimada. Lucayán la contemplaSECCIÓN AMERICANA

l

�LA
ba.arrobado, Lucayán moría de amores sin atreverse á tocar el ídolo para no mancharlo.
Si pretendía embriagarse con distracciones
que antes le habían parecido sublimes, volvía
loco y desesperado, implorando el perdón de la
mujer que con su recuerdo se interponía entre
el cacique y los placeres.
Elisa hablaba bastante bien el ara1,1cano: lo
encontraba poético, dulcísimo, cadencioso y
arr?~ador; Lucayán en cambio sabía prodigarle
canc1as en castellano, gracias á la previsión de
J ulca que á toda costa pretendía unir aquellos
corazones.
Un día en que la ex favorita hablaba á su
señor de las bellezas de la blanca, y le decantaba sus formas celestiales, sus hechizos á ella
sola revelados, sintió Lucayáp una especie de
fiebre, de arrebato que le obligó á postrarse delante de J ulca.
- ¡Oh, tú, criatura celestial!, le ?ijo.. Tú la
que yo he olvidado por una muJer mgrata
que no me quiere y me hace sufrir mil torturas
tú eres la buena, tú eres la diosa, tú eres la qu;
yo debo amar eternamente.
- No, Lucayán. Elisa te amará; ya no le eres
repulsivo, ya no te odia; desea volver entre los
suyos, y sin embargo, no pedía tu muerte cuando fuiste á la goerra.
·
·
- No; no te sacrifiques Julca: tú que me
amas, pretendes darme la dicha con esperanzas:
vano empeño; ya no la quiero; á ti, mujer adorable, á ti ama mi corazón, á ti desean estrechar mis brazos.
Y Lucayán corrió á buscará Julca, que temblando se había replegado hacia la pared.
- ¡Qué! ¿Aca90 me rechazas? ¿Tienes celos?
No los tengas, paloma: aquello ha pasado; sólo
tú vives aquí, tú ...
Julea sintió sobre sí la mano de Lucayán y
lanzó un grito.
- ¡Cómo! ¿Te asusto? Te causo también horror como á la blanca, que gime y suspira
acaso por otro hombre que la espera ... ¡Ah,
Julca! ¿Amarías tú á otro? ¿Tiemblas? ¡Desgraciada de ti si me has mentido un amor que no
sentías!
- Lucayán, tu pasión por Elisa te trastorna.
- No, ahora no es ella, es á ti á quien amo.
- ¡Te equivocas; es á ella!
-Te digo que es á ti. ¡Infame! Vas á morir
porque quieres á otro y me has engañado.
- ¡Elisa! ¡Elisa!, gritó Julca pudiendo desasirse de las férreas manos del indio y corriendo
á refugiarse en la estancia de la bella chilena.
¡Sálvame! ¡Quiere matarme!, dijo arrojándose á
los pies de Elisa, que tendida en magníficas pieles se incorporó para proteger á Ju lea.
- ¡Matarte! ¿Por qué?
- Porque quiere que le ame y no puedo: ya sabes
qu: adoro á otro; le he visto ayer, ha corrido mil
peligros para llegar aquí, y le he prometido morir antes que volver á ser de Lucayán.
No había terminado Julea, cuando el cacique entró un tanto repuesto, pero dando señales de la terrible lucha que agitaba su organismo.
Elisa le dirigió indefinible mirada. ¡Oh humano
corazón! ¡Cuántos repliegues ocultas que no penetra
el fisiólogo más entendido!
Lucayán aparecía á los ojos de Elisa Bravo no
como e) indio inculto y salvaje que todo lo atropella
por saciar sus deseos bestiales, sino como el hombre
civilizado, esclavo de una pasión avasalladora luchando con sentimientos elevados, adorando si~ esperanzas y respetando al ídolo como á los dioses sagrados de su culto.
Pero en aquellos momentos críticos· y especialísimos, oyendo á Julea decir que el amo y señor reclamaba las caricias que le debía su esclava favorita sintió Elisa un dolor agudo en el corazón, y jamás hombre alguno le pareciera tan bello como Lucayán,
exaltado y luchando con los impulsos de su fiereza.
, - Lucayán, dijo Elisa con acento que jamás hab1a encontrado en su voz al hablar con el indio perdónala, ¿qué te ha hecho?
'
- ¡Que ama á otro!
- Y á ti que te importa: no dices que me amas á
mí sola.
- i_A _ti! ¡O?! ¡Sí, á ti!; pero tú eres el espíritu malo
de m1 vida; tu no me querrás nunca.
- Te engañas; te querré con una condición.
- ¿Cuál? ¡Habla! ¡Pero habla pronto, pronto; no
ves que me muero, mujer hechicera, habla!
- Qu_e seas mi esposo, pero sólo mío, ¿entiendes?
Que deJes á tus mujeres en libertad y consientas á
Julea casarse con el que ama.
- ¿Y nada más? ¿Con tan poco te conformas? ,¡Sí,

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dos de la civilización, les acanc1an, les miman, y luego los envían de nuevo entre los suyos para que puedan hablarles de lo que han
visto: todo esto se pierde en aquel mundo, ignoto para el hombre civilizado.
El araucano no quiere ni admite ninguna
clase de cultura; es enemigo del blanco, y se
acabó; batallarán siempre y batallarán unas y
otras generaciones.
Si los blancos tratan bien á los prisioneros indios y los restituyen á sus dominios, no hacen
otro tanto los indios con los blancos; prisionero
que cae en sus garras ya puede contarse con los
muertos, á no ser que necesiten intérprete y sostengan uno para dedicarlo á los trabajos de protocolos diplomáticos, cosa curiosísima en alto
grado.
Recuerdo un mensaje escrito por un lenguaraz ó intérprete de los indios patagones al presidente de la República Argentina don Nicolás
Avellaneda, en el cual después de hacer mil
mentidas protl!Stas de cariño, amistad y obediencia, le pedían una porción de zurrones de
hierba mate, muchísimas botellas de ron y coñac, telas, aguardiente, tabaco y un sin fin de
baratijas.
Igualmente hacen de vez en cuando los araucanos con los gobiernos de Chile, aunque á
decir verdad, ni son los araucanos tan falsos ni
tan pedigüeños como los patagones.
He dicho que habían transcurrido veinte
años y que ya Chile era país independiente. En
uno de los frecuentes encuentros de tropas chilenas con salvajes araucanos, tomaron éstos algunos prisioneros que fueron llevados á presencia del cacique.
Era éste el esposo de Elisa Bravo, y júzguese
de la sorpresa agradable que los prisioneros recibirían oyendo al cacique chapurrar no muy
mal el castellano.
Los prisioneros, que ya se contaban fuera del
mundo de los vivos, vieron un rayQ de sol iluminando su existencia; pero su sorpresa llegó
al colmo cuando el cacique les presentó á su
esposa, mujer de belleza bastante ajada, pero
revelando todavía las hermosuras de su ju-

Estudio para la p0rtada de la catedral de Sevilla,
dibujo al lápiz de Ricardo Bellver

mujer adorada! ¡Eso, más, mucho más: conquistará
los blancos para que tú seas su reina!... ¡Oh!¡No, no
me pidas eso; tendría miedo de perderte; los mataría
á todos por celos!
Pasaron veinte años, nadie recordaba ya en Chile
el desgraciado fin que podía haber cabido al buque
que con rumbo á España zarpara sin que fuese posible adquirir sobre su suerte la menor noticia.
Los padres de Elisa habían muerto creyendo firmemente que perecieran sus hijos en un naufragio;
pero ¿dónde?, ¿cómo? Esto fllé lo que no pudieron
averiguar jamás.
Chile era ya independiente y vióse obligado, como

ventud.
, Ella fué la que contó á los prisioneros su
desgracia y los detalles de su triste destino.
Les dijo quién era, les refirió cuanto le había
ocurrido, y preguntó con vivo interés por su
querida patria. ¡Cuál no sería su sorpresa aJ saber que Caile era una nación independiente!
- Vendremos á rescatará V., dijeron los prisioneros. V. nos salva la vida, por V. obtenemos la libertad, pues todo Chile se levantará en
armas para sacarla á V. de su cautiverio.
- ¡Oh, no, por Dios! Suplico á Vds. que no intenten nada; sería inútil; tengo ~inco hijos de Lucayán y . .. ya amo á mi marido.
- ¿Pero esos niños?
- Son indios; son araucanos como su padre y como él serán salvajes; poco he podido hacer para evitarlo y menos podré en adelante; como no h~n de
salir jamás de la Araucania, estoy bien segura, les
dejo seguir sus impulsos.
- ¡Pero señora!
- Es inútil: cuenten Vds. mi desgracia, pero digan
que la maternidad me ha dado resignación.
Lucayán es también el mejor de los maridos.

,Estudio para el b~jo relieve «El entierro de Santa Inés,)) dibujo al lápiz de Ricardo Bellver

el coloniaje se había visto, á mantener u~ ejército en
Los prisioneros fueron restituidos y todo Chile se
pie de guerra en la provincia de Araucó.
impresionó con la historia de Elisa Bravo.
Las fronteras araucanas han costado á Chile muEl tiempo hará legendario este nombre, pero ha
chos hombres, y no pocos veteranos tienen el cuerpo pocos años se contaba la historia con peios y señales.
cosido de cicatrices que recuerdan otras tantas heríSi yo he, á pesar mío, equivocado algún detalle, en
das de lanza ó flecha; lanza sobre todo.
el hecho estoy bien segura de haber conservado la
Algunos prisioneros suelen hacer los chilenos á verdad tal y conforme allá me la contaron.
los araucanos: cuando esto sucede, condúeenlos á [
Santiago, los obsequian, les hacen tocar los resultaEvA CANEL

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LA

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199

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LOS PARLAMENTOS DE E UROPA. - EL PALACIO FEDERAL DE BERNA

LOS PARLAMENTOS DE EUROPA

IX
SUIZA

La confederación suiza está formada por los pueblos unidos de los veintidós cantones de Suiza; á saber: Appenzell (las dos Rodas), Argovia, Basilea
(ciudad y campiña), Berna, Friburgo, Saint-Gal!, Ginebra, Glaris, Grisones, Lucerna, Neuchatel, Schaffhause, Schwyz, Solcura, Tessino, Turgovia, Unterwalden (alto y bajo), Urí, Valais, Vaud, Zug y Zurich.
En 1291 solamente tres cantones formaban parte
de la liga federal; después se constituyó, en r 353, la
confederación de los ocho cantones; más tarde, en
1513, agregáronse otros cinco, y por último, después
del acta de mediación impuesta á Suiza por Bonaparte el 19 de febrero de 1803, seis nuevos cantones
ingres~ron en la liga. Cuando Napoleón hubo caído,
sustituyóse dicha acta con el pacto federal, extendiéndose á otros tres cantones, cuyo número ascendió entonces á un total de veintidós.
Al pacto federal siguióse la Constitución del 12 de
septiembre de 1848, cuyas bases se tomaron del sistema federativo de los Estados de la Unión de la
América del Norte, y que rigió durante unos quince
años sin que se pensase en revisarla. En 1869 la
a5amblea federativa comenzó á discutir un proyecto
concebido bajo un espíritu muy centralizador; los
debates continuaron durante el curso de las sesiones
de 1871 y 1872, y concluyeron el 5 de mayo de este
último año, votándose una nueva Constitución que
:.ometida á los ciudadanos suizos y de los cantones
para que la aprobasen, fué rechazada el 29 de mayo
por la mayoría de unos y otros.
Las cámaras, juzgando absolutamente necesaria
una revisión, entablaron otra vez los debates en 1873
Y 187 4; el 31 de marzo de este año se votó una. nueva Constitución por la asamblea general, y sometióse
el 29 de mayo siguiente á la aprobación popular. Se
aceptó por 340.199 votos contra 198.013.
Esta Constitución no ha tenido desde entonces
otra modificación que la relativa al artículo 65: abolía éste la pena de muerte; mas á consecuencia de
los numerosos crímenes cometidos en el Oeste de
Suiza, la opinión pública se declaró contra aquella
disposición constitucional, que fué derogada por el
voto popular en 18 de mayo de 1879.

dos cámaras: el consejo nacional, cuyos individuos
se eligen por sufragio en toda la confederación, y el
consejo de los Estados, compuesto de representantes de los cantones, ya,sea por mediación del parlamento cantonal 6 bien directamente por los electores cant~males.
El pueblo suizo tiene también derecho de iniciativa, directamente y bajo ciertas condiciones, en materia constitucional, y por vía de correspondencia
con la asamblea federal, interviniendo las autoridades cantonales cm todos los asuntos. Necesariamente
debe aprobar cualquier cambio que se haga en. la
Constitución. Por último, tiene derecho, pero sólo
con determinadas condiciones, para exigir el re¡erendum sobre las leyes y decretos que tengan carácter de
interés general y se voten por la asamblea, en cual
caso se deben someter á su aprobación.
El poder ejecutivo pertenece al consejo federal
elegido por la asamblea federal; uno de los individuos de aquél, especialmente elegido por esta última, tiene el título de presidente de la confederación.
Un tribunal federal, cuyos individuos se eligen
por la asamblea, esta encargado de resolver los asuntos en ciertos casos particulares previstos por la
Constitución.

El consejo de los Estados se compone de 44 representantes de los cantones; cada uno de éstos
nombra do; sea cual fuere el número de habitantes, y
en los que están divididos cada semicantón elige un
diputado.
Los que componen el consejo de los Estados reciben indemnización de los cantones que representan.
El consejo comprueba los derechos de sus individuos
y nombra en su seno, por mayoría absoluta, presidente, vicepresidente y dos escrutadores.
El consejo nacional es elegido por el pueblo, bajo
la base de un diputado por cada 20.000 habitantes.
Las circunscripciones electorales se fijan por la ley
federal; cada cantón se dmde en uno ó varios colegios, pero cada cantón ó semicantón nombra un diputado por lo menos, sea cual fuere el número de
sus habitantes, El consejo nacional c4enta hoy día
147 diputados, que se eligen por tres años. La renovación íntegra verificase el primer domingo de octubre del pel:íodo trienal. El presidente del consejo nacional debe cambiarse después de cada legislatura
ordinaria.
Los diputados por el consejo nacional reciben una
indemnización «de presencia,» de 20 pesetas diarias,
y además se les abonan los gastos de viaje(20 cén1
El poder legislativo lo comparten la asafI!blea fe- timos de peseta por kilómetro).
Las dos cámaras )egislan sobre ·1as leyes·de toda
deral y el pueblo; la primera, que tiene el derecho
de iniciativa en todos los asuntos, se compone de especie que emanan de la soberanía ,federal, sin to-

car en el dominio reservado á los cantones. Cada uno
de éstos tiene sus leyes particulares, su Constitución, etc.
A ellas corresponde elegir el poder ejecutivo y el
poder judieial para los tribunales de la confederación,
mas no para los cantonales. También ratifican las
alianzas y los tratados que se hacen con el extranjero; resuelven sobre el derecho de guerra, y determinan sobre las consecuencias que de ésta resultan.
Están encargadas de velar por la garantía de las
constituciones cantonales, y ejercen la más celosa
vigilancia sobre los cantones para que se respeten las
leyes federales.
Votan el presupuesto federal.
Resuelven sobre las apelaciones de los ciudadanos contra las sentencias cantonales, los conflictos
de competencia y el derecho de gracia y de amnistía.
Las dos cámaras ejercen, no sólo el poder legislativo, sino también el constituyente, puesto que pueden proceder á revisar la Constitución federal bajo
reserva del voto popular.
Cada cámara delibera por separado, excepto cuando se trata de las elecciones del consejo y del tribunal federales, de las apelaciones de gracia y de los
conflictos de competencia. Entonces constituyen la
Asamblea federal. Hasta 1874 las dos eámaras ejercían el poder legislativo en absoluto; pero la . nueva
Constitución introdujo el referendum.
Treinta mil ciudadanos pueden exigir que una ley
sea sometida á la votación popular. La Constitución
fija en noventa días, á contar desde aquel en que se
publica la ley ó el decreto, el plazo durante el cual
se puede pedir el referendum. Si son los eiudadanos
los que le reclaman, deben firmar las listas de su
puño y letra, y el derecho de votación de los fir.
mantes debe ser atestiguado por la autoridad comunal del punto donde ejercen sus derechos políticos.
Si se alcanza el número de treinta mil firmantes, ó si
ocho cantones lo reclaman, la votación popular se verifica por lo menos cuatro semanas después de la
publicación de la ley.

El consejo federal, compuesto de siete individuos,
se nombra para tres años después de cada renovación del consejo nacional, no pudiéndose elegir más
de un individuo en el mismo cantón. Sus miembros
son reelegibles, y se les prohibe desempeñar otras
funciones ó ejerce¡; una profesión cualquiera.
El presidente de la confederación es elegido en el
seno del consejo federal; la asamblea le nombra por
un año, y no es inmediatamente reelegible. I gual en
categoría á sus colegas, no tiene más que el encargo
de presidirlos y repartir el trabajo entre los diferen
tes departamentos.

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SAN BARTOLOMÉ, estatua colosal existente en la iglesia de San Francisco el Grande (Madrid),
obra de Ricardo Bellver

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203

LA lLusTRACIÓN

202

ARTISTICA

NúMERO

483

El presidente percibe un sueldo de 13 500 pesetas y los demás individuos 12.000.
Hay siete departamentos: el de Política, cuyo jefe
era en 1890 M. Numa Droz, de Neuchatel; Interior,
cuyo jefe es M. Schenk; Justicia y Policía, con M. Ruchonnet; Guerra, con M. Hammeer, de Solcura; Industria y Agricultura, M. Deucher; Correos y Caminos de hierro, .M. Welti, presidente de la confederación. Los consejeros se distribuyen los departamentos ministeriales.
En cuanto al tribunal federal, se compone de nueve individuos nombrados para seis años por la asamblea, que también designa presidente y vicepresidente. Es una especie de tribunal de casación. Cada individuo disfruta de un sueldo de 10.000 pesetas; el
presidente percibe 11.000.
La asamblea general elige también, pero sólo por
tres años, un canciller federal, que desempeña el
cargo de secretario de la asamblea y del consejo federales.
Como en Suiza se admiten tres lenguas oficiales,
el francés, el alemán y el italiano, los informes leídos
en las cámaras van escritos en los dos primeros idiomas por dos ponentes pertenecientes á la suiza francesa y alemana. No hay ninguno italiano, pues los
ocho diputados del Tessino hablan todos alemán ó
francés.

da. Supe entonces una cosa que me llenó de espanEn la larga noche que siguió á aquel día, el más
to. La anciana Francisca no parecía; nadie había triste de mi vida, no quisimos descansar en las salas
pensado en ella entre tanto cuidado, y era evidente que habían improvisado para dormitorio. Ni una sola
que á estas horas habría perecido envuelta en llamas. abandonó el templo. Algunas, vencidas por la fatiga,
La noticia cundió con la rapidez del rayo, y todas las dormían con la cabeza apoyada en los grandes canmiradas se clavaron con ansiedad tremenda en la delabros que sostenían las luces; otras rezaban precidirección que señalaba la mano crispada de la di- pitadamente y poseídas de cierto estado febril. La
rectora. El terror estaba pintado en los semblantes, y verdad es que todas recordábamos en aquellos mola funesta nueva que en brevísimo espacio nadie igno- mentos con horror nuestro acerado desdén con aque ·
raba, fué motivo de todas las conversaciones. Se die- lla desgraciada, y un secreto sentimiento muy semeron órdenes para lograr salvar á aquella infeliz; algu- jante á la pena que proporciona un mal irreparable
no intentó pasará la nave incendiada, aprovechando del cual nos consideramos causa, nos argiiía s~creta·
el claro abierto en el tejado para aislar el fuego; otros mente la conciencia. ¡Qué diferencia entre Gregaria
apoyaron una escala en la pared, y trataron de su- y las demás! T odas, una vez en salvo, en nada pen·
bir á dos de las ventanas que no estaban invadidas samos, y en tanto Gregaria, á quien también habíapor las llamas y tras las cuales se veía parte de la mos visto cerca de nosotras, ilesa y segura, pensó en
sala iluminada con vivlsima luz. Nada consiguieron; la pobre anciana, ciega y desfallecida, y sin comuni·
al llegar á cierta altura se vieron obligados á cejar en car á nadie sus designios, corrió presurosa á salvarla
su noble empeño, abrasados por aquel inmenso foco, pasando entre torbellinos de fuego, que ni aun los
cuyo calor asfixiante llegaba hasta nosotras.
hombres se atrevieron á arrostrar. ¡Qué egoístas y
, Perdida toda esperanza, viendo avanzar rápida· desnaturalizadas vi entonces á todas mis amigas!
&lt;lamente las llamas ql.le casi tocaban ya la ventana ¡Qué miserabl~ me juzgué yo misma comparada en
de la habitación en que dormía Francisca, la desola- aquel momento con aquella cuyo último sueño nos
ción llegó á su colmo, y no hubo una entre todas tocaba velar!
nosotras que dejase de llorai á la pobre ciega, á quien
La incierta luz de la aurora empezó á hacer palinos figurábamos envuelta en aquella horrible vorági- decer más y más las luces de la iglesia, sacándome
ne. Por un movimiento instintivo, y siguiendo el de las tristes consideraciones que aquel terrible lance
ejemplo de la madre directora, caímos todas de ro- me .sugiriera.
dillas, y con las manos elevadas al cielo entonamos
A las pocas horas las bóvedas de la iglesia eran inEl consejo nacional se nombra por sufragio, sien- el hermoso himno ¡ Perdón, oh .Dios mio/ Empezaba suficientes á contener la inmensa muchedumbre que
do elector todo ciudadano suizo que.haya cumplido á amanecer, y nuestro! ojos vislumbraban en las li- entraba precipitadamente con el pesar y el interés
veinte años.
geras tintas de la alborada el término de aquella si- pintado en el semblante.
Las elecciones son directas, y verifícanse en los niestra noche de perdurable memoria. Las campanas
Los bancos centrales, colocados en triple y unifor49 colegios ó distritos federales por escrutinio de lis- tocaban las Ave-Marias, y nuestro cántico más fer- me hilera, se vieron ocupados por personas de aspecta ó individual, según el número de los diputados voroso, más creyente, resonaba imponente y grandio- to respetable, entre las cuales estaban los padres y
que se hayan de etegir. La votación es secreta y se so entre los medrosos ruidos del incendio. Hubo un encargados de todas las niñas, mis compañer:is. El
efectúa por escrito. Se necesita la mayoría absoluta momento que detenida la faena, acaso por el ince· mismo señor de barba blanca á quien la noche antes
de los electores votantes para ser elegido; las pape- sante trabajo de muchas horas, permitió que movi- vi dar órdenes y atender á todas partes en los mo·
letas en blanco no se cuentan.
dos aquellos hombres de idéntico pensamiento des- mentos de mayor peligro, ocupaba la presidencia,
Son elegibles todos los ciudadanos suizos laicos cubrieran respetuosamente sus cabezas, adoptando teniendo al lado al señor capellán y á otros sacerque tengan derecho de sufragio.
la imponente actitud del hombre cuando reza.
dotes. En cuanto á nosotras, rodeábamos el cadá·
En cuanto al consejo de los Estados, los 44 dipuEn aquel instante un grito de angustia se escapó ver de Gregoria, siguiendo en nuestros libros á los
tados que le componen son nombrados por los can- de todos los labios. Dos figuras humanas aparecieron oficiantes.
tones, siendo del todo independiente para cada uno en una de las ventanas respetadas por el fuego; lleNunca conmovieron tanto mi alma como en aquede ellos el sistema de elección, la duración del cargo vaban el cuerpo cubierto con largos sudarios rojizos, llos momentos los solemnes acordes del órgano que
y el sueldo. Los unos eligen sus representantes por y una de ellas con acento sobrehumano pidió socorro acompañaba la voz sonora de los que cantaban las
medio de su parlamento cantonal; en otros, los dipu- con voz aguda y penetrante. Extendía los brazos bajo lecciones; aquellas notas parecían seguir en _ín~mo
~dos los elige directamente el pueblo, bien por ma- aquel fantástico manto, y con ademán expresivo nos consorcio los salmos que iba leyendo en m1 libro;
nos levantadas (en los landsgemeindens 6 asambleas mostraba á su compañera, á quien sujetaba y opri- suplicaban con plañideros lamentos al Dios de las
populares), 6 ya por escrutinio. La duración del car- mía contra su pecho. «Caridad para la pobre ciega, Misericordias, y se ensanchaban atronando el espago varía de uno á tres años.
añadía con ternura infinita. Un momento más y será cio, al pintar las grandezas del Dios Omnipotente y
En el consejo nacional los radicales están en ma- tarde.» Entonces las escalas todavía colocadas con- Justo, reparando en aquel gran día las injusticias de.
yoría; hay algunos _conservadores, protestantes y cató- tra el muro, se vieron invadidas de hombres aguerri- esta vida.
licos y dos 6 tres socialistas. En suma, todos los dipu- dos, que á vuelta de dolorosas contracciones por el
MATIAS M ÉNDEZ VELLIDO
tados son republicanos; pero mientras que en el con- insoportable calor que abrasaba sus cuerpos, llega·
sejo de los Estados la mayoría conservadora es de 4 ron hasta la ventana donde aún permanecían aque·
NUESTROS GRABADOS
á 5 votos, la de los radicales asciende en el consejo llas infelices envueltas en aquel nimbo encendido,
nacional á unos 50.
que ya hacía humear sus vestiduras. La que había
Recuerdo del baile artístico celebrado en el
pedido socorro empujaba violentamente á su compa- Salón de la Lonja. en la noche del 8 de febrero
dibujo de D. Nicanor Vázquez, según foto~rafias de
ñera, ayudándola á caer en los brazos que se exten- último,
D. Emilio Fernández, Napoleón. - La extensa resena que de
Las dos cámaras suizas reúnense en Berna en dían para salvarla. Ya era tiempo; apenas comenzó esta por todos conceptos notable fiesta publicamos en el núgrandes edificios sin carácter. Parecería que los ar- el trabajoso descenso por la escala, se oyó un grito mero 186 de El Salón de la Afoda, nos releva de entrar en dequitectos se han dicho que ante la incomparable na- en que parecían condensarse todos los dolores cau- talles, asi acerca del local en que se celebró, como de los ricos
turaleza que rodea la capital de la Confederación sados por aquel espantoso martirio, y la figura miste- y apropiados trajes de las personas que en ella tomaron parte.
Algunos de éstos, tomados de fotograflas hechas por D. Em\·
era inútil adornar vestíbulos y pintar hemiciclos. E~ riosa, que cual fatídico espectro de aquella escena de lío Fernández, Napoleón, pueden apreciarse perf~ctamente en
rigor tienen razón: no hay estatuas ni frescos cuya espanto aún permanecía de pie en aquel candente el dibujo que reproducimos y justifican los elogios que á ralz
vista pueda competir con aquella.fungfrau, y los di- fondo, se vió envuelta en las llamas, que hicieron por del baile se tributaron á los que los vestían.
El aspecto del magnifico ::ialón de la Lonja, ad~rna~o con
putados suizos no tienen más que asomarse á la ven- fin presa en sus vestiduras. Solo un momento pudietanta propiedad como riqueza, bajo la dirección del_ rnteh~ente
tana para contemplar inmortales bellezas y compren- ron contemplar este horripilante cuadro los que tuvie- artista Sr. Pasc6, aparece también en toda su mag~nficenc1a en
der fácilmente cuán insanas son las luchas políticas ron ánimo en aquellos instantes, ó esa curiosidad fe- la composición del Sr. Vázqucz, que además permite formarse
y vacíos todos los discursos.
bril que con poderosa atracción nos mantuvo á algu- exacto concepto del conjunto animado y vistoso de aquel baile
nas en letal paroxismo, hasta que desapareció en aquel que tan gratos recuerdos dejó en cuantos á él asistieron.
X
Si el aplauso unáDime de los inteligentes es suficiente recominmenso torbellino la pobre Gregoria, cuyo nombre, pensa
á los esfuerzos hechos en pro de una idea levantada, por
aún no pronunciado, estaba en nuestros labios.
bien premiados puede considerar los suyos el Círculo Artístico,
GREGORIA
organizador de la fiesta de que nos ocupamos, pues unánimes
fueron los que mereció el baile del 8 de febrero.
IV
(EPISODIO EJEMPLAR)
· ( Co11c/11sión)

El incendio seguía su marcha invasora. La parte
de edificio incendiada estaba aislada por uno de los
ángulos, merced á un ancho corte que habían abier·
to á nuestra vista en la armadura; en cuanto al otro,
todos los esfuerzos eran inútiles, y la misma fuerza
de las llamas dificultaba en gran manera los trabajos
de zapa. La capilla del colegio ocupaba el centro del
ala del edificio que empezaba á arder con gran viole?cia; era d~ piedra, y constituía cuerpo aparte en la
rmsma línea que los dos que cerraban el patio, formando un perfecto cuadrado. Los dos claros que aislaban la iglesia del colegio eran pequeñas labores de
jardín cerradas por labrada verja de hierro, concluída en punta, semejante á afiladas lar¡zas.
En una de las vueltas que dió la directora cerca
del lugar que yo ocupaba, fué interrogada por un
caballero que no pudo menos de extrañar el temblor
y atonía de que en aquella ocasión se hallaba poseí-

El cadáver de Gregoria quedó horriblemente carbonizado. Una masa informe indicaba confusamente
que aquello, pocas horas antes, había servido de envoltura carnal al alma grande de la pobre niña.
Pocas horas después de terminado el siniestro se
hallaba fa capilla del colegio convertida en cámara
ardiente. Ninguna de nosotras quiso abandonar el
colegio sin presenciar los funerales de la heroica mártir, que habrían de celebrarse al día siguiente.
Bajo la nave central del templo y en el punto me·
dio del crucero, se alzaba modesto túmulo cubierto
de blancos cendales, que caían en abundantes pliegues hasta el suelo. Colocado sobre aquél se hallaba
Gregaria, cuyo cuerpo apenas se adivinaba bajo la
tupida gasa que lo envolvía. Grandes cirios iluminaban el féretro, quedando el resto de la iglesia en
medrosa y vacilante media luz. Las madres rezaban
de rodillas, así corno mis compañeras, que de tiempo
entraban y saJían llorosas y congojadas.

GRANDES ALMACENES DEL PRINTEMPS,
DE PARÍS
Véase el anuncio en la sección correspondiente

DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino ~e Chassaing
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sente causa verdaderos desastres en las epidermis sensibles: la piel se
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manos la CRF..MA SIMÓN, cold•cream tónico y calmante, cuyos
efectos son maravillosos. Ensayarla una vez, es adoptarla. Se
halla este producto me de Provena, 36, París, y en todas
partes; pero es preciso guardarse de las falsificaciones bajo 110111•
óres extranjeros.

JABON REAL

IV J: OLETf

JABON

DETH RI DAC E 2s,i•n~1~'::)m1IVELOUTI NE
llcWl4uq Jtr autori•atea ■üir par&amp; la BJ¡llll" •• la Piel J l1llua CII Cellr

NúMERO

LA

483

I LUSTRACIÓN ARTISTICA

EL ANILLO DE AMASIS
ON, ILUSTRAD A POR A, BESN ARD
NOVELA ORIGINAL DE LORB LYTT

(CONTINUACIÓN )

brillaban aun en el aire obscurecido.. Es~s. letras cotábase por la constante compañía y eficaz ayuda de menzaron á hablar ~e una manera mtehgible, y sus
Desde entonces habríale sido fácil dirigir los senalabras eran las mismas que las del árabe.
1 ~ h
timientos de la joven por una vía en que estaban J ulieta.
U na tarde (era el 2 I de marzo, y doy a e~ a p «i Hijo del hombre, abstente de los deseos de ~u
dispuestos á entrar á la primera indicación que le reexacta por razones que después se comprend~ran) corazón y no luches con la mano de Seb Kronos.~
velase claramente la diferencia entre el amor y la
Aqu;lla prolongada serie de imágenes y _de som:
amistad. Sin embargo, los dos dejaron escapar el los dos jovenes se hallaban muy ocupados:_ él,;i~sar
do los pliegues de un papiro en la extremida. e a dos debió ser el sueño y el despertar de un mstante.
minuto psicológico: Julieta por ignoran~ia,_ Conraaletía egipcia, y ella, al lado opuesto, exam~nando J ulieta le interrumpió, diciendo con un tono en que
do porque no se daba cuenta de sus sent~mientos y
~arias pequeñas alhajas antiguas que era prectSo cla- la ale ria se mezclaba con un poco de mal hum_or.
también porque su carácter no era exp~nsivo.
.
- ¡iues bien!; tú, el más solemne de los sabi?s y
La pasión engendra pasión, ~ su acción_ es rá~ida, sificar.
.
d
to ·qué
_ ¡Oh, Conrado!, exclamó Ju1ieta e pron , t
el
más
sabio de los mágicos, cuando hayas ter~m\
directa, precisamente porque es mvolunta~1a; va si~mI
anillo tan singular, y que precios~ es....
.
do el examen de mi talismán, tendrás la bonda ta
pre derecha al objeto, con brutalidad y sm ~ons~de. ¿Cómo?, replicó Conrado, sm levantar la vista vez de darme una interpretación ant~s de que te hayas
raciones en las naturalezas incultas, mas por mstmto
del manuscrito. ¿Has encontrado al fin al~u~a cosa convertido en estatua, como tus am1g~s Harus Yn!;~
y sin vacilar en los caracteres enérgicos. En cierto
que pueda agradarte entre esas raras cunosidades? nubis y sus parientes de pa~as de aranas y de
sentido, Conrado carecía de pasión, no P?rque tume alegro!
.
bres imposibles de pronunciar.
viese un carácter frío, pues muy al contrario, en ex- ¡Cuánto
- Gracias, repuso Julia; acepto este amllo de t_u
A enas dichas estas palabras, resonaron_ en el patremo sensible á las impresiones exteriores, produparte corno un precioso regal? para ~ecordar tu fehz
cíanle éstas las mayores alegrías 6 los ~ás profundos llegada· mas sospecho, añadió (sus ideas respecto á tio del castillo con toda claridad los somdos ~e 1~
bocina de un postillón: sin duda las notas, al pnni1pesares, sino porque todas sus sensac_10nes eran palas antigüedades egipcias no pasaban de una confusa pio lejanas y después más próximas, de aqu;ll~r
sivas, y no se desbordaban en expresio_nes espontáreminiscencia sobre la flauta encantada), ~ue lo h~s cina eran las que habían prestado sus ecos an l·
neas ni se aliviaban tampoco por la acción. Conrado
mandado hacer expresamente para mí a un ,diª: cos á las letras de fuego de la visión de ~onrado.
absdrbía en sí el mundo exterior, transformándole
mantista de Serastro. ¡Mira qué bien se ajusta a mi Un alegre postillón alemán, tocando la bocma en el
después en visiones ideales, y hasta para ob,tener U?
,
· camino de Larnstein, cuando galopaba alegremente,
objeto ardientemente deseado no se le ~abna ocurn- dedo!
- Confiesa, dijo, que parece hecha para mi, y mi
do jamás franquear la frontera que exista· ~ntre ~l mano para ella, de tal modo que no cederé la pose- había desempeñado sin saberlo en el cerebro de o~~
hombre, como en un escenario, el papel solemne e
sueño y la realidad. Había pensado que su eX1Stenc1a
sión de esta joya sino con la vida.
terrible y divino Seb Kronos.
•
se deslizaría tranquilamente con Julieta, y ~esde :5te
Así diciendo, extendió su delicada m~no con la
Una silla de posta acababa de e~trar en el patio,
momento no podía ya imaginar que su sueno. deJara
coquetería de una joven.
donde se detuvo precisamente debaJO de la vent~na
de cumplirse. Desde el momento e? que la idea se alegre
_ Entonces, dijo Conrado, deberás ~ederl~ algún junto á la cual se hallaban J ulieta y Conrado; Y!111enproducía en su espíritu, quedaba fiJa en él, y ya no día al feliz mortal á quien confí~s tu ~~1stencia, quese preocupaba de la realización, porque creía en ella rida Julieta. ¡Ojalá ~ea un guardián vigilante de esos tras hadan conjeturas, pregustándose qué VlSl~nte
inesperado llegaba al castillo, oyeron pasos con usos
implícitamente.
.
donativos!
y murmullo de voces en el- corredo~. ~a puerta se
En tales condiciones de carácter, la vida de Con- dos- preciosos
¡Así sea!, contestó Julieta riendo. Entonces ser·
rado se deslizaba en Larnsteirt tranquila como arr~- virá de anillo nupcial, y estoy segura de que me da· abrió con violencia, y en la galería egipcia entró un
yuelo de mansa corriente, sin que ningún aconteci- rá buena suerte. Debe ser ~n talis1:1án ó un amu~et~, oficial precipitadamente, vestido de uniforme, con el
miento notable viniera á turbar la monotonía de su y esos extraños caracteres tienen ,srn du?a una ~igni- rostro enrojecido y haciendo resonar sus ~spuelas y
su sable: era Félix, á quien se&amp;uían el anciano conexistencia.
.
. .
ficación importante. ¿Qué podran decir? ... ~u que de la condesa y toda la serVtdumbre de la casa.
Hacia la misma época ocurnó un incidente ~?e comprendes todas las cosas, tal vez puedas satisfacer
Pr~firió un grito de alegría y lanzóse en los brazos
produjo mucha agitación en el círculo de la fa~tlta,
curiosidad...
1 í
y que después tuvo para Conrado consecuencias de miAsí
Conrado.
d
hablando, Julieta había cruzado la ga er a, y de Era
el primer encuentro de los dos hermanos estrágica importancia: me refi~ro á la ~l~~ada, largo hallábase de pie junto á Con~ado, de manera que
tiempo diferida, de su colección de anttguedades del sus cabezas casi se tocaban, mientras á t_ravés. de 1~ de el regreso de aquél á Larnstein. Después de las
primeras efusiones, Conrado, separándos~ un poco
Egipto.
.b. ventana, los últimos fulgores del sol poniente ilum1·
Habíanse hecho grandes preparativos para reci ~ naban el rostro de la joven. El perfume de su ~~&lt;lo- de los demás, preguntó á Félix en voz .baJa:
- ¿Y tu examen?
de una manera conveniente aquellas venerables reh- so cabello había reemplazado al olor ácre del paJaro,
Félix dejó escapar una carcajada.
quias, y para esto se trastornó la mitad d_e 1~ casa. encerrado ya en su caja de cristal, Y. á Conrad? le
- ¡Mi exam~n!, exclamó, vol~énd~se á los prese_n•
Un ala del castillo se arregló para que ~ime~a ~e pareció que de cada pliegue del vestido de Juheta
museo adornándola trabajosamente al estilo egipcto emanaban efluvios eléctricos. Entonces, á pesar _de tes; á fe mía, creo haberle sufndo_ bten, ~ es~oy dispara q~e su aspecto correspondie~a con ~l de l_as ma• su reserva acostumbrada, experimentó el más vivo puesto á jurar que si los siete sabios de Grecia, y tú
ravillas que debía contener. BaJO la drrecció~ de deseo de estrecharla contra su corazó~, sella_ndo los además de ellos hubierais estado presentes en aqueConrado, el albañil del pue_blo se ocup? largo ti~m- labios de la joven con los _suyos; y ~uizá~ el impulso lla ocasión fav~rable, os habríais muerto de n~;
po en la construcción de ptlones ~ capiteles destma• hubiera sido irresistible si en el mismo ~nstante no ero es preciso que lo sepas todo. J~más la entra a
dos á comunicar un as¡,ecto particularmente sepul- hubiese herido su vista el anillo ~ue bnllaba e~ el ~n el puente de los asnos fué tan fácil para_ los cascral á las antiguas chimeneas ~óticas, bas~a que pre- dedo de J ulieta. Esto ba~tó ~ara que toda sensación cos de uno de esos cuadrúpedos. Ya lo ves,_era cosa
sentasen al fin un conjunto funebre t~n 1rnp?nente de calor y de vida se extinguiese al punto_e~ Conra- resuelta de antemano en el consejo ~e los d10s~s qu~
como si las cenizas que contuvieran hubieran sid_o las do, convirtiéndose en un indefinible sentimiento de yo seria con la mayor diligen~ia pos1bl_e, a~end1do
del mismo Osiris. Varios obreros de toda especie ha- horror: el anillo era el de Seb Kronos! que _había temperamento prusiano, oficial d7l ~J~rcito de
bían permanecido en el castillo durante meses ~ote- visto por primera vez en el dedo de AmastS, el difunto Majestad. El gran Napoleón ha insistido para que
ros, y cuando se anunció la llegada de l?s. ~10ses
así fuese.
·
d
príncipe de Tebas.
- ¡Napoleón!, exclamó Conrado. ¿Qué quieres etodo estaba preparado para hacer á. sus dtvtnzdades
Entonces no se dió ya cuenta de lo que pasa~a á
una recepción digna de su_ impo~tan~_ia.
esto?
'bl
su alrededor; parecíale que se ahogaba, como si _se cir -con
¡Qué quiero decir, ignorantón! ¿Es posi e que
Sin embargo transcurrió algun tiempo antes de le hubiese aparecido un espectro, y todos los obJe•
· que no .habían
ninguno de vosotros, aunque QS halléis en este ret~o
que aquellos habitantes
de Larnstem
tos que había alll fueron par_a él otros t~ntos recuerviajado pudieran familiarizarse con las momias¡ las dos. Velase otra vez en medio de las rm?as del t~m- de la superficie terrestre, no haya oído hablar e
magníficas esfinges, de facciones graves Y de miem- lo de Ammón; pero antes de que pudi~se realizar aquel de quien todo el mundo se ocup~? N ~estro re~
bros lisos inspiraban tímido respeto; pero e_stas plá- ~sta aparición repentina, había desaparec~do, y hallá- ha llamado á su pueblo: ya no hay u~1versidades. m
cidas divinidades adquirieron muy pronto cierta po- base de nuevo solo en las orillas del Nilo; oía las liceos ni colegios militares, ni funciones guberna·
pularidad entre la gente del señorío, por más que ~o aguas agitarse á sus pies, y parecíale ver extenderse ment~les. Estudiantes, colegiales, clérigos, cadete\y
tuviera los conocimientos necesarios para apreciar hacia él con desesperado ademán el brazo y la ma~o todo hombre, en fin, capaz de lleva~ las armas, de e
su categoría ·Y dignidad. Considerábanlas como ex- de Amasis. Al mismo tiempo divisaba á Sethos, in- ser ahora soldado. y debo advertirte _que tú serás
travagantes muñecos y sus sencillas tocas sacer&lt;lota- móvil en la proa de su barco; pero su figura era._ la mi compañero, pues traigo tu nombramient? fir?1a~o
'
les sus rostros tranquilos,
con su expresi'6n de asorn· del jefe árabe, y las mirada~ de éste hallába~s~ fiJas y sellado en mi maleta. En su consecuencia, anad1ó
br~ casi infantil así como su costumbre poco razo- en él, mientras que sus labios murmuraban. «1Y tú dirigiéndose á la condesa, aprovéc~ate de nosot:~!
'
cuanto puedas hoy y mañana, quenda mamá, p
nable de sostenerse
con una sola P1·erna, hallándose
b
también, hermano!»
la otra levantada á un ángulo de 3° grados so re e1
En el dedo que tenía la amatista c~eyó .ve! el he prometido á Lutzow que d_e ~quí á tres días n~s
incorporaremos á nuestro regimiento Conrado y y .
suelo, contribuyeron á modificar en ~u f~vo\la
de Amasis, y los rayos de luz de la piedra, ~iolá·
pugnancia instintiva con que el espíritu mcu to e ceos y amenazadores, fijábanse en él con tena.ciclad,
los teutones estuvo primeramente dispuesto á con- retorciéndose y enlazándose entre _sí como serp1ent~s. · Perdid~ e~ 1~ c~rri~nt~ d~ l~s ¡co~te~imi:nto~ P~
siderar aquellas castas, pe~soni'fic~c1'6n del pensa- Al fin tomaron la forma de letras mme~sas, y al_ rms- blicos que siguieron á la escena á que Féhx asistt
miento especulativo del antiguo Egipto.
C
d rno tiempo oyéronse en lontananza sonidos débiles y el 17 de marzo de i8r3, la existencia de los dos herA principios del año 1813 fué cuando onra 0 plañideros, que corno almas perversas penetraron en manos pasó inadvertida, hasta que se fir°:-6 el tratacomenzó á organizar su museo. E sta tarea era muy el cuerpo inflamado de las letras lúgubres, las cuales do de París. Después volvieron á Larnstem sanos Y
·
taba acrecende su gusto, y el placer que expenmen
·

s:

t

....

6

�LA
salvos, y más estrechamente unidos que antes, pues
la experiencia común de la vida de los campamentos
había aumentado y fortificado su amistad fraternal.
Los fragmentos de cartas y de diarios íntimos que
transcribo en el capítulo siguiente fueron elegidos
con muchísimo cuidado en el fajo de papeles secretos que entre mis manos dejó el desgraciado héroe
de este relato, y constituyen la crónica contemporánea de su triste historia.

VI

..

DRAMATIS

PERSONIE

JULIETA Á TER'ESA

«.Larnstein, 14j1mio, 1814.

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

de C estaba en parte marchita? Yo he visto que las
miraba con mucha atención.
»En cuanto á Félix, tunante mal criado, ni siquiera se dignó darme simplemente las giacias por mis
atenciones, y esto me parece muy mal hecho. Me
trata como á un compañero; pero no importa, yo le
pagaré en la misma moneda uno de estos días. Estoy
resuelta á amar á Conrado más que á él¡ pero lo peor
es que le creo muy capaz de no fijarse en ello. Por
otra parte, no estoy muy segura de poder hacerlo si
lo intentase, pues á los dos amo de todo corazón, y
en tal amor no puede haber más ni menos. Tan querido es para mí el uno como el otro, y á Dios gracias, ambos están á mi lado. Si uno de estos seres
queridos hubiese'desaparecido para siempre, yo habría preferido morir.»
EXTRACTO DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK

483

»Es imposible profesarle rencor formalmente por
sus fechorías. Con razón considera á Conrado como
un segundo padre, porque éste, sin tener estudios
especiales, inició durante la campaña á su hermano
en todos los detalles de la ciencia y de la práctica
militares, y mientras hubo guerra fué á la vez su guía,
su maestro y su camarada. ¡Qué talento tan superior!
Seguramente es el hombre más perfecto y cumplido
que jamás conocí ni conoceré. Su fuerza de aplicación, su dominio sobre sí mismo y la firmeza de su
carácter son únicos.
»A pesar de cuanto dejo expuesto, no parece feliz. Sus altas cualidades no impiden que esté atormentado al parecer por el vago 6 impaciente deseo
de alguna cosa que no tiene. Cuando se trata de disfrutar de la vida, es más pobre que Félix, que con
poca cosa ó nada cree ser rico como Creso y disemina en todas partes su felicidad con el aire de un joven millonario. Lo cierto es que Conrado se concentra cada día más en sí mismo y parece no interesarse en nada fuera de sus estudios. Apenas me habla,
y comenzaría á creer que le soy indiferente si mil ligeras atenciones no me probaran su constante solicitud.
»Sin embargo, demuestra tal tranquilidad en todo
cuanto hace en mi obsequio!. ..
»Félix, por el contrario, no se ocupa casi nunca
de mí, pero en cambio reclama siempre mi auxilio para una cosa ú otra; ayer me tuvo toda la mañana ocupada en arreglar su cinto de caza, y fuí tan
torpe, que me clavé las tijeras en una mano, hiriéndome horriblemente. Antes de que Félix lo notara,
Conrado estaba junto á mí; palideció al ver la sangre, y dirigiendo una mirada de reprensión á Félix,
salió de la sala para buscar tafetán de Inglaterra. ·
No obstante, cuando Félix vió lo que ocurría, levantóse 'con ligereza diciendo: «¡No es nada, no es
nada!» Después cogióme el dedo, le oprimió entre
sus labios para chupar la sangie, de tal modo que
me hizo gritar, y antes de que yo pudiera contenerle, se apoderó de las tijeras, cortó un gran pedazo
de mi pañuelo de batista, cual si hubiese sido un
simple trapo, y vendó la herida con tal fuerza, que
la sangie dejó de correr al punto. Me causó verdadero pesar ver á Conrado cuando, al volver á los pocos
momentos, comprendió que ya no le quedaba nada
que hacer.
»Félix, con su proceder rápido aun cuando algo
rudo, habla atendido á todo, como suele suceder
siempre.
»En tal ocasión, veo á mamá mover la cabeza y
mirar furtivamente á Conrado, que se sienta con la
mayor tranquilidad junto á nosotros, concentrado
sí mismo.»

»¡Ah! ¡Qué día, querida Teresa! Conrado y Félix
«.¡Qué pocos son los que osan abordar de frente
han regresado, ambos con buena salud, y siempre los problemas de verdadera importancia relativos á
los mismos que en aquel tiempo feliz, que parece la vida humana! Yo mismo, que he franqueado ya
haber vuelto con ellos; mas ... Permíteme ante todo los límites de la edad madura, tropiezo ante el más
sencillo, y los libros que leí, los pensamientos absorentrar en detalles.
»Me hallaba yo en el sitio mismo en que ahora te bentes que fatigan sin tregua mi espíritu no me sirescribo, en nuestra antigua sala de estudio; tú la co- ven de nada. Perdido en el intrincado laberinto de
noces bien, y ya te acordarás de la ventana que da inexplicables emociones, cada una de las cuales llega
vista al jardín y de las espalderas que hay debajo. á ser para mí sucesivamente una duda desgarradora,
Me había sentado junto á esa ventana en compañía vacilo, espantado y sin resolución, dispuesto á préde nuestra querida mamá, que se entretenía en su guntar á un niño el camino que debo seguir ... »
costurero. Sus últimas cartas llegadas de Estrasburgo nos hacían esperar el regreso de Félix y Conrado,
J ULIETA Á TERESA
pero no inmediatamente, pues aún no habían reciI
bido su licencia. Pues bien: de repente oigo un rui&lt;Larnstein, 20 de junio 1814.
doso crujido en las espalderas, y antes que tuviera
&gt;Ya se han desvanecido las primeras emociones¡
tiempo de volver la cabeza para ver qué ocurría, un
impertinente joven, apoyándose en la saliente de la de nuevo nos hemos acostumbrado unos á otros, y
ventana, saltó á la habitación, arrancóme de la silla nuestra existencia sigue su curso ordinario.
y con su brazo derecho me levantó tan ligeramente
»Los sentimientos á que aludías en tu última carcomo si hubiese sido una pluma. Después me con- ta son iguales á los descritos por ti al hablarme de
dujo á través de la sala, y sin más ni más, lo mismo tu esposo y de tu hijo; tú me decías cómo los amahizo con nuestra madre, abrazándonos á las dos has- bas, á cada cual de una manera diferente. Jamás he
ta que nos faltó el aliento. Mi querida mamá, real- participado de la opinión, muy acreditada en ciertas
mente muda de alegría, limitábase á estrechar con- personas, de que es imposible encender una llama
tra su seno el rostro radiante y curtido de su hijo, sin apagar otra, ó que es peligroso encender dos á la
pasando una mano cariñosa sobre su ensortijado ca- vez. ¿Por qué un afecto ha de excluir otro, si cada
uno es natural y está puesto en quien es digno de
bello.
»Apenas repuestas del delicioso aturdimiento oca- él? Sería en verdad horrible tener envidia de su prosionado por la inesperada presencia y la loca impe- pia sangre, y nunca me persuadirás, querida Teresa,
tuosidad de Félix (inútil parece decir que era él, de que haya circunstancias en que esta pasión ó la
pues ningún otro se habría atrevido á saltar así por de los celos sean naturales ó hasta posibles entre
la ventana), Conrado entró por la puerta, dando la un padre y un hijo ó entre hermanos.
mano á nuestro padre. Parecía dominado, como lo
» He prometido referirte cómo se pasan mis días,
estaba yo también, por la emoción producida en y ahora cumpliré mi palabra. Después de almorzar,
aquel feliz momento; apenas le era posible hablar, papá suele salir en compañia de Conrado para visisu mano estaba fría, observé que temblaba mucho tar los molinos, la granja y el ganado y formar juicio
cuando le abracé. Félix saltaba por todas partes sobre el estado de las cosechas. A veces recorren el
como un loco, y cuando nos hubo abrazado á todos bosque á caballo á fin de inspeccionar los oquedapor la vigésima vez, cogió del brazo á su hermano y les, para que Conrado vea de qué modo se han cumobligóle á bailar con él, profiriendo gritos de alegría, plido sus instrucciones y ejecutado sus proyectos.
estrechándole y cantando como si se encontrasen Es curioso observar á nuestro padre en tales ocasiopor primera vez después de una larga ausencia.
nes, porque se ·muestra tan vivaz y ejecutivo como
»El loco quedó rendido al fin, y ahora duerme un colegial, preguntándose si lo ha hecho todo bien
profundamente en el sillón de mamá; creo que los é impaciente por obtener la aprobación de Conrado.
cañones franceses no serían bastante á despertarle, lo Cuando vuelven, puedo conocer al primer golpe de
que me hace presumir que nos dejará á todos en paz vista si está satisfecho, aunque no sea más que por
por algún tiempo.
su manera de frotarse las manos y de sonreír..
»Conrado permaneció largo rato con nosotros, y
»En cuanto á Félix, no oímos nada de él hasta
fué preciso obligarle á que se retirara á descansar un muy entrada la noche, pues ha hecho voto de no
poco. Los pobres muchachos habían estado en ca- volver á casa nunca sin traer un ciervo 6 algún enormino nueve días, sin detenerse ni siquiera por la no- me trofeo de caza, y generalmente se pone en camiche. Han llegado en una mísera carreta de campesi- no al rayar el día, antes que nos hayamos levantado.
nos, porque aún no se han restablecido las comuni- Nuestro padre no está nada contento de las depreda:caciones postales.
ciones cinegéticas de Félix, sobre todo en la presen»¡Pobre hermano querido!
te estación del año.
»Mientras te escribo, Félix ronca junto_á mí, de
»El otro día Félix cumplió su promesa como siemtal modo, que me destroza el tímpano, y veo á Con- pre, pero pasando fuera toda la noche. ¡Qué inquierado vagar por el jardín, cuando yo creía que estaba tud nos causó su ausencia! Al día siguiente vímosle
dormido hacía largo tiempo; le columbro desde la llegar en un carro, durmiendo á pierna suelta entre
ventana; está cerca de mi plantío, y mira las dos pla- un jabalí y un ciervo. Antes de que la madre tuvietabandas arregladas por mí antes de que él partiese. se tiempo de reñirle por la inquietud que habla ocaCreo haberte dicho ya que he levantado dos cercas sionado á todos, precipitóse en sus brazos y refirióde boj, una de ellas en figura de C y la otra de F; nos seguidamente sus aventuras; de modo que á ninesta última, más fresca y vigorosa, más espesa y ver- guno le fué posible decir una palabra; y al mostrar
de que la otra, ha seguido creciendo así. Lo siento su botín obtuvo por completo el perdón. No teníamucho, pero esto no implica ninguna falta de cuida- mos nada de caza, y esperábamos muy pronto varios
do por mi parte. Yo no puedo remediarlo, pues hay visitantes.
una parte de la tierra en que el boj se marchitó ape»Por lo que llevo dicho, querida Teresa, no debes
nas lo planté.
imaginar que Félix carece de educación, ni que es
»¡Qué extraño carácter el de Conrado! ¡Siempre egoístá ó bien que solamente le agradan los perros, los
meditabundo y tranquilo, y sin embargo, nada se le caballos, el tiro al blanco ó la caza. Basta que Conraescapa. También observo que á menudo atribuye do le diga una palabra para que deje tranquilamente
más valor á las menores bagatelas que á las cosas su carabina en un rincón, sentándose luego con la
de verdadera importancia, y me he persuadido de gravedad de un juez; entonces conviértese al punto
ello más de una vez. ¿Creerás que apenas entrado en en el hombre más sociable y sobre todo más risuemi habitación notó ya que la cerca de boj en figura ño y cortés que puede haber en el mundo.

-- ;. -- -. . ~ ---··::Jj~:
-

1

. :. . . .

en

EXTRACTOS DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK
((20

de julio 1814.

»La idea que el hombre llama Dios no existe sino
en su pensamiento. Aunque el hombre vuele á las
extremidades más remotas de la tierra en alas de la
aurora, no encontrará en ella cosa alguna que á ella
no haya traído consigo. No somos la obra maestra
de un ser supremo que nos formó á su imagen, sino
que nosotros le hemos concebido y formado á la
nuestra; no nos asemejamos á él-, sino que él se asemeja á nosotros ...

.

'

...

»La atracción y la repulsión son los do~ polos de
todo movimiento, siempre los mismos, inmutables
siempre, sea cual fuere el nombre que se les dé. No
nos corresponde á nosotros unir ó desunir; existen
fuerzas formidables que agregan y separan, y estas
fuerzas obedecen á las inexorables leyes de la creación.
»En la materia inorgánica, su acción es física;
espiritual en la naturaleza humana, y de aquí el conflicto que desgarra nuestros corazones. Somos los
campos de batalla de fuerzas que no dominamos:
ejércitos cuyos jefes nos son desconocidos; tropas
que no podemos impulsar hacia adelante, ni contener tampoco, acampan en nuestro cerebro y en nuestra carne¡ la guerra se hace entre ellos, no con nosotros; somos espectadores de nosotros mismos, no
dueños. Y cualquiera que fuere el resultado del conflicto, hemos de sufrir las consecuencias, porque somos el campo de la acción. Ese conflicto llega hasta
las avanzadas más remotas del pensamiento, y alcanza al punto más céntrico de nuestras sensaciones.
Pasa sobre nosotros sin habernos pertenecido, y nos
deja solamente los estragos del pasado y la angustia
del presente.»
TRADUCIDO POR

( Continuard)

E. L.

VERNEU ILL

Recuerdo del baile artístico celebrado en el Salón de la Lonja en la noche del 8 de febrero último
Dibujo de D. Nicanor Vázquez, según fotografias de D. Emilio fern~ndez Napoleón

�•
LA

206
SECCIÓN CIENTÍFICA
QUIMICA RECREATIVA. - EL ÁCIDO CARBÓNICO

El carbón mal encendido produce el óxido de carbono, veneno muy violento y peligroso porque no
despide olor alguno que lo denuncie. Si la combustión es completa prodúcese el ácido carbónico, menos
tóxico que aquél, que causa cierta picazón en la na-

EL ÁCIDO CARBÓNICO

Fig. 1. -

r. Petrificación obtenida en la fuente de Saint-Allyre.
2.

El huevo giratorio

riz y en la boca y que si de cuando en cuando ocasiona algún accidente, en cambio á él debemos el
agradable sabor del agua de Seltz y la espuma del
champagne y de la cerveza.

Nuestro aparato. - La preparación de este gas es
muy sencilla. Pónganse en un frasco unos pedazos
de greda y un ácido, el vinagre por ejemplo, y tápese con un corcho atravesado por un tubo que llevará el gas desprendido á la vasija de agua. También
se prepara . mojando una mezcla de bicarbonato sódico y ácido tartárico en polvo y en cantidades
iguales: así se prepara el agua de Seltz artificial,
E, agua de ,al. - El ácido carbónico tiene dos
reactivos: da un color rojo vinoso á la tintura de tornasol y rosa á las tinturas de malva y de lombarda,
y enturbia el agua de cal. Si se pone en un vaso un
poco de ésta, que se obtiene filtrando blanco de cal
hecho con agua de lluvia ó destilada, y se le echa
agua de Seltz ó de Vichy ó se hace pasar por ella por
medio de uh tubo aire espirado por los pulmones ó
ácido carbónico del obtenido con nuestro aparato, el
líquido se enturbia: el ácido carbónico al unirse con
la cal da un precipitado de carbonato de cal insoluble. Aumentando la cantidad de agua de Seltz ó prolongando el paso de la corriente de ácido carbónico,
el agua recobra su limpidez, pues la nueva cantidad
de ácido se ha combinado con el carbonato de cal,
produciendo el bicarbonato de cal soluble. Si entonces se calienta el agua, el bicarbonato se descompone, el exceso de gas carbónieo desaparece y con la
reaparición del carbonato insoluble el agua se enturbia de nuevo. Si en vez de hacer hervir el agua se
echa gota á gota desde una gran altura en otro vaso,
pierde en este trayer.:to una parte de su ácido carbónico que mantenía en disolución al bicarbonato y
llega turbia al término de so descenso.
Las fuentes petrijicantes. - Estas reacciones explican lo que ocurre con las fuentes petrificantes. De
éstas la más famosa es la de Saint-Allyre, situada en
uno de los arrabales de Clermont-Ferrand. E l agua
que de ella mana cae en capas muy delgadas por una
serie de cascadas en donde hay colocados objetos de
alambre, de paja, de tierra, etc., en los que se deposita el carbonato de cal que se desprende del agua
al perder ésta, al contacto del aire, una parte de su
ácido carbónico. La fig. 1 representa uno de estos
objetos, fabricado con tierra ordinaria y cubierto de
una hermosa capa de carbonato de cal. Por este procedimiento se petrifican pipas, jarros, flores, nidos
de pájaros, etc.
La gruta del perro. - Cerca de Pouzzoles ábrese en
el flanco de una montaña un estrecho corredor que
se hunde en la tierra á medida que se aleja de su
abertura. El suelo volcánico deja escapar constantemente ácido carbónico que por su densidad se acumula en el fondo de la gruta: un hombre ó un animal alto no sienten en ésta molestia alguna, pero un
perro no puede respirar allí y cae en seguida desvanecido, muriendo á poco si no se le saca pronto. Los
guías hacen siempre este experimento cuando acompañan á algún viajero á este sitio.
En Royat, cerca de Clermont, existe una gruta semejante á la de Pouzzoles.

I LUST RACIÓN ARTISTICA

N úMERO

483

N úMERO

E t huevo giratorio. - Vacíese un huevo practicando en él dos agujeritos y aspirando_por uno de ~llos,
é introdúzcase por el que ha servido para vaciarlo
una mezcla de ácido tartárico y bicarbonato sódico,
en pesos iguales hasta llenar la mitad del huevo: tápense con cera los agujeros,póngase el huevo en una
vasija con agua, señálese la línea de flotación y practíquense, debajo de ésta y simétricamente á ambos
lados del eje, dos agujeritos. Si se coloca el huevo
así preparado en la vasija, penetra en él un poco de
agua, se desprende el ácido carbónico, y en virtud
de un conocido principio físico, quedando suprimida
la presión en µn punto de la pared, la reacción se
efectúa y el huevo se mueve en el líquido (fig. 2): si
se tapa uno de los agujeros, el huevo gira sobre sí
mismo, primero lenta y después rápidamente, durando la rotación unos diez minutos.

grande; pero en cuanto el líquido es escanciado, las
burbujas gaseosas se desprenden de él en abundancia, puesto que ya no sufren otra presión que la atmosférica.
Esto nos recuerda el famoso experimento del grano de uva en el champagne. En una copa llena de
este vino ó de gaseosa ó de agua de Seltz se echa
una pasa ó un grano de uva seco ó simplemente miga de pan, que cae al fondo y se convierte pronto en
centro de un desprendimiento de burbujas gaseosas
que se adhieren á él, forman con él cuerpo y oisminuyen su densidad: cuando estos flotadores son en
número bastante levantan el grano de uva, que sube
á la superficie; pero al contacto del aire, las burbujas
que lo levantaron revientan y el grano vuelve al fondo del vaso, en donde se reproduce el fenómeno, que
puede durar hasta diez minutos, aunqu~ cada: vez las
ascensiones son menos frecuentes porque á medida
Los lagares. - A poco de caído en el lagar el zumo que éstas se van sucediendo se hace más lento el
de la uva, prodúcese la fermentación que ha de con- desprendimiento gaseoso.
vertirlo en vino. El mecanismo de esta transformación de jugo sacarino en jugo alcohólico es conociLas enseñanzas del sifón. - En la industria, el agua
do: bajo la acción de un fermento especial idéntico de Seltz fabricada en grande escala por medio de
á la levadura de cerveza, que se desarrolla espontá- carbonato de cal y de ácido sulfúrico, pasa al consuneamente en la tina al contacto del aire, la glucosa mo en sifones.
ó azúcar de uva se descompone en alcohol, que perUna válvula sujeta por un resorte en espiral impimanece en el líquido, y en ácido carbónico, que se de que el líquido salga, ámenos que se levante aquéacumula en el lagar desalojando de él el aire res- lla apretando con la mano una palanca, en cual caso
el líquido mana con fuerza, merced á la diferencia
pirable.
Varios son los procedimientos que se han imagi- de presión ·entre la superficie del líquido interior y
nado para hacer desaparecer este gas que tantas víc- el aire ambiente.
timas ha producido. · De todos ellos el mejor, por
Las paredes de estos sifones son de cristal muy
desgracia poco generalizado, es el del sifón que se grueso, pues han de sufrir una presión considerable:
hace funcionar como para los líquidos. Suele para en invierno es preciso no tenerlos cerca del fuego, porello emplearse un sifón de aire cuyo brazo corto va que la presión aumentaría con el calor y sería fácil
articulado de manera que su abertura se mantenga que el sifón estallara.
un poco más arriba de la superficie del líquido: el
El sifón puede, pues, servir para la demostración
brazo largo lleva en su parte superior una tapadera de ciertas leyes físicas: así. cuando hace algún tiempo
por la que se introduce un pistón provisto de una que se ha abierto un sifón de agua de Seltz, y está á
cadena que cuelga por la extremidad inferior y tiran- punto de establecer~e el equilibrio de tensión entre
do de la cual el pistón sigue, el vacío queda hecho, el gas desprendido y el gas disuelto, se ve cómo del
el sifón funciona y el ácido carbónico fluye por la fondo del aparato se elevan uno, dos ó tres regueros
abertura inferior del tubo. Esta operación se prolon- verticales de burbujas que presentan un ejemplo muy
ga mientras dura la fermentación del mosto.
claro de la ley de ascensión de estas burbujas;es decir, una representación inversa de la ley de los espaEl humo flota sobre el gas carbónico. - Con ayuda cios en las caídas de los cuerpos. Las burbujas se
del aparato productor antes descrito, introduzcamos desprenden de su punto de elección con verdadero
gas carbónico en un gran bocal, aunque sin llenarlo isocronismo, y como los intervalos varían de una á
por completo; si sobre la superficie ~e este gas espi- otra línea, ofrécese con este experimento á nuestros
ramos el humo de un cigarro, éste formará ondula- ojos una representación verdadera de la máquina de
ciones y flotará, por decirlo así, sobre aquélla, osci- Attwood.
Jando su nivel como el de un líquido si se agita el
Además, el aumento aparente de tamaño del tubo
bocal que lo contiene. Al cabo de un momento se inmergido en el sifón da lugar á la observación.de
presencia un fenómeno curioso; el humo se difunde otro fenómeno óptico, puesto que presenta un ejemen el gas formando líneas ondulada~
muy visibles sobre un fondo negro y
terminadas en una especie de seta, que
lentamente descienden al fondo del
bocal.

El ga.s carbónico en una balanza. - La
mucha densidad de este gas puede probarse por varios experimentos, entre
ellos vaciando sobre una bujía, que se
apaga como si se le echara agua, un
vaso lleno de ácido carbónico.
También se prueba por medio de
la balanza de precisión: colocando en
un platillo un cucurucho de papel muy
abierto y equilibrándolo en el otro
con arena, perdigones, etc., si se echa
en aquél el ácido carbónico contenido
en un frasco, la balanza cae de su lado
y el contrapeso no basta á mantener el equilibrio
(figura 2 ).

Agua de Seltz, gaseosa, ckampagne. - El ácido carbónico es soluble en el agua á la temperatura ordinaria y al aire libre: el agua lo disuelve en cantidad
igual á su volumen, pero á fuertes presiones la cantidad que entra en disolución es mucho mayor. Esta
solubilidad puede demostrarse por medio de un experimento infantil: llénese de ácido carbónico un
vaso ligero, échese en éste un poco de agua y tápese
la abertura con la palma de la mano; si entonces s·e
agita fuertemente el vaso, el gas se disuelve en el
agua, se hace el vacío en el vaso y la mano es atraída con fuerza hacia el interior. De este modo puede
EL ÁCIDO CARBÓNICO
aguantarse el vaso durante largo rato, y si manteFig. 2 . El humo de un cigarro sobre una capa
niéndolo en esta posición boca abajo se le introduce
de ácido carbónico
en un plato sopero y se separa la mano, el agua del
plato sube rápidamente por el vaso y lo llena en
parte. Cuando la presión es considerable, como su- plo patente de refrac~ión por las superficies encorvacede en los sifones de agua de Seltz, en las botellas das, como lo son las paredes del frasco.
de cerveza, de gaseosa 6 de champagne, la cantidad
F. FAIDEAU
de ácido carbónico en tales líquidos disuelta es muy
(De La Science Illustree)

483

LA

ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

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207

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.Aprobado• por la Academia de .Kedteú2a de Paz-is é inaerfadoa en Ja Colección

0/1cial de .Fó.rmulaa Legales por decreto miniaferial de 1 O de Ma.rr:o de 1854,

e Una completa 1nnocu1dad, una•-iincac1a perfectamente comprobada en el catarro
epl/Jémlco, las Bronquttts, Cat/JN'os, .Reuma,, Tos, asma é 1mtac1on de la garganta, han
grangeado al JARABE y PASTA. de .l.'OBERGIER una Inmensa fama »
(E:i:tracto dtl Formulario MUico del 8! Bo~Aardat calttSrdllco de la Facultad 1k Medicina (16- edici6n),
1

v enta por mayor : co11u.1t Y

e•, ss. Calle de St-Ulaude, PARIS

DEPÓSITO EN LAS PIIINCIPALES BOTICAS

PATE E,I_LATOIRE DUSSER

• destruye basta las RAICltS el VRLLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, etc.). sin
nillgun peligro para el cutil. 50 Años de :Íllllto,ymillms de tesllmoniosgmn1i,.1n la efimia
de est.1 preparacioo. (Se vende en oaJae, ~ara la barba, y en 1/2 oaJu para el bigote ligero). Para
lea bruos, empléese el l!JLl JlflB.1/J, DUSISER, 1, r u«, J .•J.-Rousseau, Parit1-

�LA

208

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL ENTIERRO DE SANTA INÉS,

bajo relieve de Ricardo Bellver

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRA&lt;JIÓN ARTfSTICA &lt;liríja.nse para infol'mes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.uma.rtin,
núm. Gl, París.-Las casas espaiiolai, pueden hacerlo en la librería de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, núm. 5, Barcelona.

Jarabe Laroze

Lu

Peraow qu conocen Ju

PILDORASt1DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

.

Desde hace mas de ,o años, el larabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolor11■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la tµges~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestmos.

DE PARIB

no ti_tubean en purgarse, cuando Jo
nec~sitan. No temen el asco ni el cau;aac,o, porque, contra lo que sucede con
!)S demas purgBJltes, este no obra bien
SUJO c_uaado se toma con buenos alimentos
Y beb1daslort.ilicantes, cual el vino, el cal6,
~ t6. Cada cual_ escoge, para purgarse, la
ora Y la comida gue mas le convienen
segun sus ocupaciones. Como el causan'
c10 que la purga ocasiona queda complctamenteanuladopor el efecto deIJ
buena alimentacion empleada uno
se decide lllcilmenta a volvér
4 empellar cuantas veces
sea necesario,

JA.R.A.BE

a1Bron1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es P.1 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,

la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los niños durante la dent.icion; en una palabra, todas

las afecciones nerviosas,

!, ruedes Lions-S1-Paol, aParis.

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

Deposito en todas l&amp;s principales Boticas y Drogueriaa

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento mas Co~te Wlido a los 'l'ónicoa maa reparadores.
Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las Jl•oroto.Iu, la
TÍ•is y la Debilidad de temperamento,
as! como en todos los casos(Páltdoa colorea,
Amenorrea, • • &gt;
, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla '
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar o regularizar su curso periódico.

4"m/n,,?JJ5

rarmar.euuco, en Par!S,

~Rue Bonaparte, 40

El 1oduro de hierro impuro 6 alterado
N
• B• es un medicamento Infiel é 1i'rltan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de

las verdaderas Ptldoras de lllanea,•,t,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nu.:slra firma puesta al pié de una e tiqueta
~erde y el Sello de garantla de la Unión de
los Fabrlcantea para la represión delafalsltlcaclón....

VINO FERRUGINOSO AROUD
T COK TODOS LOS PBIMCJPIOS KUTalTIVOS DB U

ClARNE

.JI~ ..... 1 •IJDAI Diez añoe de e:rtto continuado y las atlrmac!onee de

..,...., las eminenclU medfcas preub&amp;D que esta asoclaclon de la Clarae, el Biern y la
--•- conaUluye el reparador mu enenrtoo que ae conoce para curar : la Clordní ¡1
.lfltmfll, las Jlen,t~ dolorolal, el lmJ)Obf'ectmtento J lá .Alttr/ZCWII de 14 sangre
el Raqultumo, las J . f ~ ucroruw,a., Y e,cor~t~, etc. &amp; Wlae Pel'l'llst■•.. cié
Anu41 ea, en erec&amp;o, el único que reuDe loc1o lo que entona y fortalece loa orpnos
regulariza coordenl y aumenta coo.slderal&gt;lemen&amp;e l as tuerzaa ó lníu.nde a la Slll.it'O
empobrecfoa y descolorida : el Y(Qor, la Color~ y la 8'lltrfJÍ4 tn"1l,
Por ,navor,.-a Paria, en cua de 1. FEW,Farm&amp;Uutico, tllt, rue Richelien, Sucesor de AROUD
SS VDDB Bl'I TODAS L4S PllINQIP4LBS DOT!Q.U

EXIJASE

:=

11

1

Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,
Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriado•, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso del'ivativo recomendado por
los primeros médicos de París.

'

ARDUO

, SE HALLAN BN TODAS LAS FARMACIAS

Quedan reservados los derechos de propiedad artisti~ y literaria
'

l MP, DE MONTANER Y SIMÓN

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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