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                  <text>~Í11élC10t)

11tí~t1e21
AROX

- - - - - - -~

BARCELONA 13 DE ABRIL DE 1891

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

BESO MATERNAL, cuadro de V. Gamba, grabado por Mancastroppa

�LA
SUMARIO

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

485

No participa Mr. Guyau de estas desconsoladoras y la caricatura en Alemania, en Austria y en Suiza,» ·

Texto. -El arte y la indwtriamodema, por José Echegaray. opiniones, ni hace coro en verdad á estos augurios y «Las costumbres y la caricatura en Francia,» son

- Bismarck en caricatura, por Claudio Phillips. - La idea tristísimos.
muestras recomendables, dignas de su autor. Si monde la muerte, por Rafael M. • Liern. - El palacio de los reyes
Dice
él
y
repito
yo,
que
el
arte
no
muere,
aunque
sieur
Carteret realiza su programa estenografiando
de Aragón m Vi/afranca del Panadés, por C. V. de V. - Un
intérprete alemán de los dramas de E cliegaray, por Juan F as· como todas las cosas de este mundo obedezca á la con el pincel las costumbres y acontecimientos, protenrath. - El reino de Saba y el oro de SalomJn. - Nuestros ley de la evolución y constantemente se transforme.
grabados. -El anillo de Amasis (continuación) . Novela orí•
El tiempo todo lo poetiza, todo lo poetiza el esginal de lord Lytton, ilustrada por A. Besnard. - SECCIÓN

Transporte por mar de reses vacunas. La 111edi·
ción eléctrica industrial. - Libros enviados á esta Redacción.
Grabados. - Beso maternal, cuadro de V. Gamba, grabado
CIENT!l"JCA:

por Mancastroppa. -Nueve grabados que representan otras
tantas caricaturas de .Bismarck, con los epigrafes siguientes:

Estudiando los candidatos; En et Parlamemo ae la A /tmania
del Norte; Los tres cabellos det canciller; A pesar del frio, soy
siempre el pastorde estos reba1ios. Muerte, prosigue tu camino;
El aya midadosa; El piloto despe,iido; ¡Bum hombre, e,ta
vez encomrarás las espinas!; En Friedr1sc!m,/1e; ¡Adiós, liijos
mios/ - Una calle dé Ginebra, dibujo de D. José t\1, Marqués. - Vi/afranca del Pa11adés. Antigua casa palacio de los
reyes de Aragó11. Torre de Id estación meteorologica e,¡ dicl,a
casa palacio. - ¡ A la salud del ú11/ó11!, cuadro de Eduardo Gelli, grabado por Mancastroppa. - Llegada á Dunkerque, el
18 de enero de 1891, del buque ingles l:Jellendm. - Figs. 1
y 2. Indicadores de corriente de "1. Elihu Thomson y
M, Bergmann. -Estudio del pintor L1,is Bratm.

EL ARTE Y LA INDUSTRIA MODERNA

.,
1

El arte y la industria moderna presentan, según
dice Mr. Guyau en su o~ra, al entender de algunos
escritores, una antinomia profunda é insoluble.
A medida que la industria crece, se desarrolla y
se perfecciona, llegando á las regiones de lo prodigioso, el arte mengua, se atrofia y se anula, desvaneciéndose lentamente en las regiones de la nada después de pasar por lo insubstancial, lo mezquino, lo
grotesco, lo absurdo y lo ridículo. Ascensión gigantesca: caída lastimosa é irremediable.
Esto matará á aquello, que dijo Víctor Hugo: el
arte que muere ámanos de la industria, que dicen
los J eremias de la Estética.
Las estatuas de mármol, las filigranas de oro y
plata del Renacimiento, los cuadros de los grandes
maestros, las agujas góticas, los arabescos orientales,
la piedra, el metal noble, el lienzo, el mosaico, todo
lo que es arte, inspiración y genio, cede á la pesadumbre brutal de las masas férreas y queda convertido en añicos, polvo y an~rajos. La Metalurgia
arroja por las negras bocas de sus pozos montañas
de carbón y montañas de metal, que las fábricas convierten en invencible ejército de modernísimos monstruos, y al empuje de la invasión el espíritu poético
y artístico huye espantado, llevándose en la ignominiosa fuga el torso de una Venus, la cabeza de un
Apolo, una copa de Benvenuto Cellini, un cuadro de
Rafael, ·1as dovelas de una ojiva y trozos de mosaico
bizantino, para guarecerse con los restos de la vencida civilización en algún museo arqueológico, como
se guarecen los esqueletos en las tumbas.
¡Qué más, hasta las máquinas antiguas, que aún
conservaban cierta poesía, caen deshechas como viejos armatostes inútiles, ante la maquinaria moderna
robusta y sabia, pero antiartística y fea! Así lo dice
ó en términos parecidos Sully Prudhomme.
Un molino de viento en lo alto de una colina tiene algo de bello: sus blancas aspas giran al soplo del
viento; en cierto modo lo simbolizan; puede decirse
que son la móvil cristalización de sus ráfagas: ver á
lo lejos cómo da vueltas la cruzada línea de sus cuatro alas, destacándose sobre el azulado horizonte, es
como ver un ave cruzando por la atmósfera, es ver
al viento mismo enojado sobre el agudo cono del
molino. Lo sencillo, lo expresivo, lo directo pudiéramos decir del símbolo, despierta en el espí_ritu la
idea de la cosa simbolizada: el aire vagaroso por el
inmenso espacio.
El barco que con todas sus velas hinchadas va
cortando las olas semeja un ave marina volando á
ras de la azul y rizada superficie; y el movimiento,
el blanco velamen, los altos masteleros tienen, según
los clásicos del arte, una elegancia y una poesía á que
no llega el negro vapor sin cordelaje ni velas casi,
con su casco enorme y su negra columna de humo.
Un arco que brazo poderoso de membrudo flechero tiende para lanzar la flecha, es un arma artística: los mismos dioses la usaban; y no se sabe ~n
cambio que ninguna deidad del Olimpo pagano se
echase á la cara el fusil aguja, el chassepot 6 el rifle
americano de 40 disparos. ¡Bien andarían con el revólver al cinto Júpiter en sus aventuras, Mercurio
en sus excursiones ó Marte en sus camorras!
No hay más: si á ciertos autores se les cree, á medida que el mundo avanza, que la industria progresa,
que la metalurgia se afana, que la maquinaria de
paz y de guerra se perfecciona, que la ciencia triunfa
y que la industria crece, el arte huye espantado ó se
metamorfosea en prosa maciza y pesada sin conservar ni un soplo de la vieja y tradicional inspiración.

pacio: tiempo y espacio son los dos grandes artistas.
La distancia por sí sola envuelve en neblinas de sublime tristeza ó de grandeza sublime todas las cosas:
lo que es bello, como lo que es vulgar, mezquino y
aun ridículo.
Apenas hay vega ni campo que, mirado á lo largo
y en escorzo conveniente, no adquiera belleza: apenas
hay época histórica que no tenga sus encantos. El
caso es mirar de lejos ó mirar de alto á una buena
luz. Hasta una venta de la Mancha puede ser poética, y no hay zafia pastora ó sucio pastor que, al venir por la senda de la montaña, no merezca una égloga de Virgilio.
¡Ay, si muchas de las cosas pasadas fueran presentes, y qué irresistibles y qué grotescas nos parecerían!
La belleza unas veces transparenta la unidad; otras
veces rompe en armonías, que son esfuerzos para conseguir la unidad suprema; también, y no en pocas ocasiones, hace ostensible lafuerza. Sí, la fuerza es el
gran elemento estético; quizá porque la fuerza todo
lo domina, todo lo absorbe, doma la variedad, signo
de anulación y muerte, y recoge en sí con energía
poderosa cuanto le rodea.
A la unidad se llega por la astucia, que es la gracia; y se llega por una especie de pacto y de alianza,
que es la armonía; y se llega aun por la violencia, que
es la fuerza . .
La lucha, cuando la lucha es vigorosa, triunfe ó
no triunfe el luchador, es elemento estético y elemento dra mático; y la lucha supone la fuerza. ~astores con caramillos no batallan, descansan soñolientos entre borregos que la imaginación supone blancos:
el clásico, buscando la perfección, forma armonías
que mide á hexámetros, ó cuaja en mármol, ó desgrana en capiteles; el romántico comienza el combate á
veces con disparatados esfuerzos, pero con esfuerzos
al fin.
Y en el arte todo cabe: la perfección graciosa, la
perfección severa, la perfección ansiada.
Espontánea la primera. Conseguida pacíficamente
la seguuda. Conquistada en el c~mbate. la otra:
Y así, para venir á nuestro obJeto, lamdustna moderna tiene su característica y nuestras modernas máquinas su manera de ser; manera de ser que les e_s
propia y exclusiva. El siglo del vapor, de la electricidad, del hierro y del acero, es el siglo d~ la fuerza.
Si por acaso se llega á conseguir algo grac10so ó perfecto, tanto mejor; pero lo que importa_ es que cada
uno exprese lo que es: lo mismo los siglos que _los
individuos. La locomotora es la juerza; la máquina
de vapor es la fuerza; el transatlántico. es l~faerza
también: no busquéis en el león la gracia, m en el
águila el volar de la golondrina, ni en lo~ cuerpos
musculosos de Miguel Angel las frescas, rosadas y
espléndidas carnes de Rubens. Tendría que ve~ que
en la lección de anatomía de Rambrandt tendiesen
sobre la mesa, en vez del cadáver lívido, un angelote
con guirnaldas de flores.
Hay una estética para la energía y ,a fuerza, como
para la belleza tranquila.
.
La industria moderna representa las fuerzas inteligentes y las fuerzas naturales; en estos dos elementos fundará su belleza, y el siglo x1x tendrá su arte,
como lo han tenido otros siglos que valían muchísimo menos.
Jost EcHEGARAV

ESTUDIANDO LOS CANDIDATOS. -

Kladderadatsck, 1881

BISMARCK EN CARICATURA
La última obra de M. Grand Carteret ofrece una
nueva prueba de que prosigue, ayudado de su industria, bien secundada por su entusiasmo, la importante tarea que se ha propuesto llevar á cabo,
cual es, según vemos, producir una «Historia por la
imagen.» Dos importantes ·obras, «Las costumbres

En el Parlamento de la Alemania del .Norte. - 1'iga1·0,
5 de marzo de 1876

&lt;lucirá al fin una especie de codificación de la caricatura, á la cual podrá dar muy bien el título de «Comedia humana por la imagen.)) M. Grand Carteret
ha tomado su empresa muy por lo serio, y su última
producción, así como las anteriores, tendrá gran
valor para el estudio de los futuros artistas de nuestro siglo. Sin embargo, ese modo de tratar el asunto,
el tono desapasionado y el estilo que se adopta para
expresar por imágenes la opinión de la Europa moderna y de América, no tiene, como puede comprenderse, nada de extremadamente formal. Nuestro autor ha dividido su colección de pinturas referentes á
Bismarck en secciones separadas, haciendo ver el
tratamiento que da primero al prusiano J unker, después al gran Canciller, y por último al coloso postrado ante Alemania, Austria, Francia, Italia, Inglaterra y basta Suiza, Bélgica, Holanda, América, Rusia,
Polonia y España. Semejante obra, á pesar de su imparcialidad y del cuidado con que se procura no referirse á las enemistades nacionales, y sin tener en

Buen tiempo

Variable

T empestad

LOS TRES CABELLOS DEL CANCILLER

cuenta otras circunstancias secundarias de sin igual
dificultad, no habría podido publicarse, por supuesto
durante el reinado del Canciller de Hierro, y aun
ahora nos parece demasiado pronto para da!ila á luz.
Tal vez sea lo más cómico en esa curiosa y satírica
representación de la comedia humana la dedicatoria
del autor, verdadero sarcasmo que no podemos menos de dar á conocer, aunque sin asegurar si ha de
tomarse también como una caricatura de las dedicatorias ó si es en realidad formal. Hela aquí:
«A mi madre, cuyo corazón es de oro, dedico
este libro sobre el Canciller de. Hierro.»
Y ahora, permítasenos censurar al autor por no
habernos presentado uno solo de los muchos retratos de su héroe. Su imagen se ha figurado innumerables veces en esa «inversión ediat» que, según se
ha dicho con mucha verdad, es la esencia de la caricatura; pero ninguna de las grandes series en qu_e,
bajo un tosco exterior se ha representado tan hábilmente por el maestro bávaro la verdadera personalidad, ha llegado aún á nuestras manos.
Es imposible no convenir con el autor en que el
Canciller ha sido bien tratado en el conjunto, como
hombre que desempeñó hasta el fin el papel de constructor de mapas y desorganizador d e la moderna
Europa, sin exceptuar al mismo Napoleón l. Exc_epto
tal vez en su primer tiempo, cuando sus compatriotas
no formaban muy elevada opinión de su carácter político, siempre se apareció al enemigo caricaturista
en el mismo instante de la derrota como una figura
gigantesca, ora fuese para el bien, ora para el mal.
Tal vez se le presente como un ogro, un monstruo,
una figura satánica que cubre el mundo de sombras
con su maléfica influencia; pero ni aun el más mordaz verá en su persona un hombre pequeño, des-

N úMERO

.

485

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

227

preciable ó ridículo. Y debe advertirse que siempre
se verá en Bismarck la figura política, y rara vez el
individuo particular atacado por sus compatriotas ó
por los extranjeros. Más feliz en esto, como en todas
las cosas, que Napoleón I y que el infeliz Napoleón III,
ha podido escapar en parte del Aretino y del Pasquino de su tiempo, y se ha librado de la calumnia
por la pluma, la lengua ó el pincel.
Y ahora pasemos á considerar las caricaturas para
las cuales ha servido de asunto la prominente personalidad del primer ministro prusiano en estos últimos treinta años, poco más ó menos. Si las de origen
alemán, y las que no lo son, parecen, tomadas en su
conjunto, menos virulentamente personales, más bien
tratadas y más literarias que las conocidas en las
anteriores generaciones, ¡cuánto les falta en cambio
el carácter incisivo y la verdadera expresión! Esto
sucede principalmente con las caricaturas francesas,
aunque están firmadas por tan reputados artistas
como Gill, Cbam, Draner, Alberto Millet, Villette
Pelotell, Félix Regamey y otros muchos, aventaján'.
dolas merecidamente las que se produjeron durante
el período clásico del arte, desde 1830 á r850. ¿Dónde encontramos el terrorífico vigor dramático, la
fuerza de generalización que un Daumier infunde en
su famoso «Lafayette derrotado,» cuando satiriza las
«lágrimas de cocodrilo» del Ciudadano Rey á la
muer~e de héroe revolucionario veterano?
Después del primer período de la extremada im-

y lo penetrante; pero debemos hacer mención
de una caricatura muy genuina y cómica que
representa la E ntrevista entre Bismarck y el
Czar con el título En Friederischrulze (véase
el grabado); y de una escena de marcado carácter, publicada por el .Kz'kert"ki, en la que el
Canciller mide un corpulento Angel de Paz
para el servicio militar, inscribiéndole como
«bueno para la caballería. » El Kladderadatsclt
publicó una sátira muy buena sobre el oficialismo, titulada: Una velada en casa de Bismartk, y también una caricatura sumamente
cómica, refiriéndose al escaso cabello de Bismarck, que lleva por título L os tres cabellos det
Canciller (véase el grabado).
Ya hemos indicado cuánta es la moderación de los modernos caricaturistas franceses
cuando se ocupan del archienemigo, y no sabemos por qué el poco sensible conquistador
merece ser tratado más respetuosamente por
el pincel de los vencidos que por el de sus
adversarios políticos. El tipo del ogro se publicó en dos importantes dibujos debidos á
Charo; uno de ellos lleva por título: Una treta
graciosa, y el otro / Buen hombre, esta vez encontrarás las espinas/ (véase el grabado). Este
trabajo se dió á luz en el Charivari de julio
de 1870.
Entre 187 2 y r 88 5 los caricaturistas franceses se ocuparon poco de Bismarck; pero en cambio los de
Italia no han sido nada respetuosos en estos últimos años
al tratar del canciller imperial.
EL AYA CUIDADOSA: Señoritas-, cuiden de su decoro;
Esto se debe sin duda al hecho
de que los tres principales penada de distraerse ni de mirar á los lados, si es que puede ser
riódicos satíricos, El Papagallo, El Ttschieto y El Pasquino
se publican en Turín, donde las simLA IDEA DE LA MUERTE
patías se inclinaron siempre más en
favor de los franceses que del condes({Seiior D .. E nrique Marsino.
cendiente protector prusiano.
»Hace diecisiete años me comprometí con tupaYa que hablamos de los caricaturistas de Italia, haremos también dre á algo que estoy dispuesto á cumplir si á ello no
mención de los de Suiza, cuyos tra- se opone tu voluntad.
» Ha llegado el momento de que cumpla lo ofrecibajos ven la luz pública principalmente en El Nebelspalter y El Postheiri. do; estoy pronto á ello; mas para hacerlo, necesito
En sus sátiras son más exagerados tener contigo una larga conferencia.
»Usan do ó tal vez abusando de las prerrogativas
que sus vecinos, y tocan los asuntos
desde un punto de vista más perso- que da la edad é invocando los derechos que sobre
nal, según puede verse por la mues- ti cree tener quien se llama hermano mayor de ti;
tra, que se publicó en octubre de 1889 padre, te ruego vengas á verme.
» En esta casa serás recibido como lo hubieras
(véase el grabado que lleva por titulo
sido en la tuya.
El aya cuidadosa).
M. Grand Carteret es poco justo
» Seguro estoy de que pronto tendrá el gusto de
con los caricaturistas ingleses al cen- verte
surarles por su mesura cuando satiri))ANSELMO l ZTURRI})
zan al príncipe, que según él parece
debida á un excesivo respeto; pero
nuestro artista tributa, sin embargo,
varios elogios á la dignidad y fuerza
de penetración del estilo inglés, refiA pesar del frío, soy siempre el pastor de estos rebaños. Muerte, prosigue tu
riéndose en particular al veterano
camino. - Dibujo de A. Villette
Juan Tenniel, que se distingue por la
sátira política de su pincel. Dos car-·
popularidad de Bismarck, más natural es encontrar tones de este úJtimo, pues apenas se pueden llamar
en el Fígaro Ilustrado, el .Kikeriki, el Hum&lt;&gt;ristische caricaturas, Bismarck y Francia ante la fusticia
Blaetter de Viena y el Pzmsch de Munich, que no en (Punsch 18 febrero 1871) y E l piloto despedülo, 20
el .Kladderadatsch de Berlín, la franqueza de la plu- marzo 1890 (véase el grabado), merecen especial
ma ó del pincel cuando tratan del gran Canciller. En mención y se recomiendan desde el punto de vista
las páginas de El Fígaro austriaco, particularmente, artístico y político. Otras caricaturas, como la que re~állase toda una galería de escenas humorísticas que presenta á Bismarck junto á los cañones, debida á
Ilustran la carrera política de nuestro héroe, todas M. A. Willette, Adiós, hijos míos, publicada en el
ellas ejecutadas con tal minuciosidad en los detalles y S trekoza de marzo de 1890, y Estudiando los canditan perfecta ejecución, que nos recuerdan la antigua datos, se distinguen también por su vis cómica.
escuela de gra bado de Alberto Durero. Vemos al
No seguiremos al artista que nos ocupa en su rápríncipe en 1863, como Bismarck-Schonhausen, sos- pido, pero suficiente sumario de lo que ha hecho la
teniendo contra el Parlamento prusiano el absolutis- caricatura rusa, polaca, española, holandesa y portumo del rey; y más tarde, agitando el sombrero, como guesa al tratar el asunto de su obra, pues deberíaGesler, para que le adorasen como á un ídolo los te- mos extendernos en demasía. Solamente añadiré que
merosos diputados. Después en marzo de 1870 re- también los americanos han querido satirizar con el
preséntasele descargando latigazos en las espaldas pincel, pero no se distinguen en este trabajo por su
de los representantes de Prusia (véase el grabado); chispa ni por la intención, y seguramente no sobreY luego tomando parte en las difíciles marchas y con- saldrán nunca en la caricatura. El siguiente volumen
tra~archas de su famoso K ulturkampfe contra el im- cuya publicación anuncia M. Grand Carteret llevará
perium in imperio que se trataba de mantener en Ro- el título algo doctrinario de «Lección de historia: las
ma. Entre los mejores de esos asuntos figura en pri- caricaturas de los Napoleones.» Este es un asunto
mer término el que tiene por título A la se,ial de las que promete mucho más; pero al mismo tiempo tro11,'es ~ictorias, aunque no puede negarse que es poco
pezará el autor con mayores dificultades para tratarhsonJ_ero para Inglaterra, y el que lleva por epígrafe le, y mucho temo que se vea obligado á suprimir lo
Volviendo á szt casa en abril de 1890, en el que se ha más vital para la obra, despojándola así de una parte
repres~ntado al Canciller como un primitivo gigante de su interés, pero de todos modos veremos con gusteutónico, que se dirige á su vivienda muy cansado, to el nuevo trabajo.
aunque bastante vigoroso aún.
C LAUDIO P HILLIPS
La sátira figurada de los otros periódicos citados,
no nos llama la atención en su conjunto po_r lo vivaz
EL PILOTO DESPEDIDO. -

DibujodeTenniel. Ptmsclt, marzo,1890

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

•

NúMERO

485

pagne, burdeos y cognac le obligaron á_ desis- Aquel fértil suelo de la hermosa Valencia le había
tir de su deseo de averiguar la solución de permitido, con la ayuda del arte de la jardinería,
aquel enigma, y como no tenía quien le saca- cultivar en el jardín que rodeaba la casa las más
ra de la duda, el mismo interés que Edipo exóticas plantas. Abunda por aquellos sitios el agua,
tuvo en descifrar el enigma que le propusier.a y con ella había construído un magnífico estanque,
la esfinge de Tebas, arrojó la carta rsobre su saltos de agua, cascadas y arroyuelos, que en verano
mesa de despacho y precipitadamente se des- mantenían fresca la atmósfera y que con su dulce
nudó y se metió entre las sabanas de su lecho, murmullo halagaban el oído. Millares de pájaros ha1
y sobre la mesa quedó la esfinge de papel sin bían anidado en los árboles. En inmensas pajareras
criábanse
un
gran
'número
de
pájaros
americanos y
que la pregunta que suscitara recibiera más
lindos
ruiseñores
y
elegantísimos
canarios.
respuesta que los ronquidos sonoros que lanSi el exterior de la casa hacía pensar en el paraíso,
zaba el entonces feliz Edipo de guardarropía.
Aprovechando el sueño de Enrique, y pues- el interior recordaba las descripciones d é' los palacios
to que el lector ha de trabar conocimiento con orientales; todo allí era artístico y suntuoso con un
él, recordando el refrán que dice que la oca- marcadísimo sello de arte griego, ese arte que respisión la pintan calva, bueno será agarrarse al ra vida. Nada había sombrío ni pesado. Luz, mucha
último pelo que en su calvicie nos presenta y luz, cflores claros, estatuas sonrientes, y el rumor de
retratar de cuerpo entero al que .tranquila y las aguas, los cantos de los pájaros y aquel cielo
siempre azul hacían que allí se pensara en vivir y
descuidadamente duerme.
Enrique poseía una buena 10rtuna; era abo- nada más que en vivir.
Cuando Enrique llegó á divisar desde el camino
gado; no ejercía, pero sabía gastarse su dinero
mejor que si lo hubiera ganado; era en lo mo- la casa de D. Anselmo, que le señaló el conductor
ral un espíritu fuerte, como dicen los france- de su coche, se quedó asombrado al no ver más que
ses, y como me permito yo decir aun cuando unas altas tapias, y pensó que aquello parecía una
alguien me acuse de emplear galicismos; reía- cárcel ó un cementerio; pero aún fué mayor su asomse de todo, la risa en sus labios asomaba á to- bro cuando puso el pie en el jardín y admiró tanta
das horas, para él no había en el mundo más hermosura.
Un criado le condujo á una biblioteca como para
que el lado cómico; reíase de las grandezas de
los unos, de las debilidades de
los otros y de las mezquindades
¡ Buen hombre, esta vez encontrarás las espinas! - Dibujo de Cham,
de los más.
Ckarivari, julio de 1870
Huérfano de madre cuando
aún era muy niño, había recibido
Llegó esta extraña carta á manos de Enrique Mar- una educación exclusivamente masculisino cierta noche en que volvía á su casa después d~ na, por decirlo así. Educado por su pahaber pasado algunas horas muy alegremente al lado dre, había adquirido gran desarrollo la
de unos cuantos amigos de buen humor, de unas inteligencia á expensas del sentimiento.
muchachas que le regocijaron más que los amigos Como él decía, por haberlo oído á un
y después de beber un buen número de copas de amigo suyo: en su corazón se habían
chateau, laffitte, champagne, moet, chandon y joé- desarrollado mucho los aurículos, que
key brandy, que conv~ieron el buen humor que son masculinos, á costa de las ventrícule transmitieran la alegría de los amigos y regocijo las, que son femeninos. Había tenido
de las amigas en un cosquilleo de felicidad embria- muchos amoríos, pero todos ellos los hagadora que encendía sus ojos, hacía temblar su cuer- bía tomado como cosa de risa, pues para
po, trababa su lengua y le convertía en el ser más él, el amor no era un sentimiento, sino
feliz de los mortales que nacimos en este valle de un motivo de chacota. Como no amaba
lágrimas perpetuas para unos y de perpetuas carcaja- á mujer ninguna, no creía que ninguna
le amara y nunca pensó en el daño que
das para otros.
Enrique Marsino tenía noticia de las estrec;has re- pudiera hacer.
En el fondo era Enrique bueno, abierlaciones de amistad que entre Anselmo Izturri y su
ta
su alma á todas las generosidades, de
padre existieron, pero no podía adivinar qué clase
par en par su bolsillo para socorrer nede compromiso hubiera mediado entre ellos.
Durante un momento estuvo mirando la carta por cesidades y aun para alimentar vicios de
todos sus lados, como si en las hojas en blanco hu- amigos pobres, pero derrochadores, y bebiera de aparecer escrito lo que él deseaba saber; névolo para perdonar pecadillos ajenos.
pero por más vueltas que dió al papel, quedó su cu- Era, en fin, un hombre que había sido
riosidad sin satisfacer, pues en blanco continuaron feliz toda su vida, y en el egoísmo que
las hojas que lo estaban y en blanco quedóse él, causa la felicidad no comprendía ciertos
porque el silencio del papel no fué sustituido por dolores.
En su parte física era más completo
ninguna idea propia que hiciera oficio de adivina, que
de todo tenía su imaginación menos de maga ó zahorí. que en la moral. No diré si sus ojos eran
Su voluntad por un lado y los efectos del cham- negros 6 azules, alta ó baja su estatura,
rubia ó negra su barba, porque
esto no hace al caso; bastará
con decir que ninguna mujer
casadera le miraba con desagra¡ADIÓS, HIJOS MÍOSI -Strekoza, marzo de 1890
do, ni con agrado le miraba
ningún hombre casado cuando
Enrique fijaba sus ojos en la mujer de aquél. sí la ha deseado el autor de este cuento. Era aqueAl siguiente día de recibir la carta antes lla habitación completamente circular, con una rotranscrita se levantó nuestro hombre, la leyó tonda de cristales por donde se filtraba una luz que
una y otra vez y tomó la resolución de partir se graduaba con unos transparentes pintados con
aquella misma tarde, acudiendo al llama- suaves colores y representando escenas de la mitología. Allf se veía á la ninfa Egeria en su bosquecillo
miento del antiguo amigo de su padre.
Dispuso y mandó disponer á su criado de Ancona dictando á Numalas leyes que éste diera
todo lo necesario para el viaj€., y á las ocho después á los romanos, á Icaro remontándose por
de la noche salió con dirección á Játiva, los cielos con sus alas sujetas con cera, á Venus nadonde debía parar y tomar un coche que le ciendo de entre las espumas del mar, una copia de
condujera al Salido, nombre de la finca de la Dánae del Ticiano y otras muchas que no semenD . Anselmo Izturri, finca situada á una le- cionan en gracia á la brevedad.
En el centro de la biblioteca y sobre un alto pe•
gua y media del pueblo de la Ollería.
En un vallecillo entre unas altas monta- destal veíase una estatua de Minerva; dando la vuelñas había mandado construir D. Anselmo ta á la habitación, una estaqtería de ébano admira'Una hermosa casa con honores de palacio, blemente tallada, y entre los diversos cuerpos de
rodeada de un jardín y de una tapia muy ella airosas columnas de plata sosteniendo bustos de
alta que ocultaba la vista del edificio á los hombres célebres. Atriles para leer en todas las posescasos transeuntes. Grandes y copudos ár- turas, mullidos sillones, anchos divanes con almoboles circundaban la casa que parecía y es- hadones de diversas formas y tamaños, cuadros firtaba alejada de todo comercio con el resto mados por insignes pintores antiguos y modernos,
búcaros, ánforas y tíbores con flores y plantas que
&lt;lel mundo.
La habitación más próxima distaba de alegraban la vista.
Esperó breves momentos Enrique, y salió D. AnSalido más de media legua; D. Anselmo se
:tiabía creado en aquellos desiertos un ver- selmo, quien le abrazó cariñosamente y le dijo:
- Estaba seguro de que vendrías; gracias sin emdadero paraíso. Reunió allí todas las maravillas del arte, las comodidades de la indus- bargo. Estarás cansado del viaje, daré orden de que
tria moderna y las bellezas de la naturaleza. te sirvan lo que quieras y de que te conduzcan á tus
En Friedrischruhe

UNA OALLE DE GINEBRA, dibujo de D. José M. Marqués

�230

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

485
NúMERO

Una tarde llamó Elena á Enrique á la biblioteca
habitaciones. Nos veremos mañana á la hora de al- y horrible desgracia. Mi mujer, mi Elena, había muery le dijo:
to al dar á luz á mi segunda hija Amalia.
morzar. Hasta mañana.
»Mi pobre hermano Miguel me dijo poco antes de
- Conozco que muy pronto voy á separarme de
Dijo esto D. Anselmo y salió de la bibloteca sin
dar tiempo á que Enrique le dirigiera pregunta algu- morir: «Sabes por qué no somos felices, por qué es nuestra Amalia, y vengo á pedir tu ayuda para enga.
na, con lo cual aún se excitó más su curiosidad, cosa tan temprana nuestra muerte? Porque sabemos que ñarla. Le diré que otro Enrique me espera ~uy lejos,
hemos de morir. Aquel á quien la ley condena á que voy á buscarle y que tardaré mucho tiempo en
natural, pues todo aquello era bastante extraño.
Entró un criado, que se puso á su disposición; con- muerte y sabe el día fijo en que ha de abandonar el volver. Amalia no ha conocido en el mundo más per.
dujéronle al comedor, donde el mismo criado le sir- mundo, va muerto al cadalso. Por algo inexplicable, sonas que á mi padre, á ti y á mí. Quizá la duela muvió la cena. Después le condujo á sus habitaciones, por algo extraño los individuos de nuestra familia, cho separarse de mí. Consuélala tú.
Amalia escuchó la noticia de la separación con
que eran tan suntuosas como todo lo que había vis- excepto tú, tenemos horror á la muerte, y el horror
que por ella sentimos nos mata. Si hubiéramos vivi- muy relativa tranquilidad.
to en aquella casa que le pareció encantada.
- ¡Qué importa una separación por larga que sea,
Al siguiente día se levantó Enrique muy tempra- do engañados, si hubiésemos creído en la inmortalino, dió un largo paseo por el vastísimo jardín, subió dad, felices hubiéramos sido, y felices nos hubiera si hemos de volverá vernos! Vé, hermana mía, vé
en busca de tu Enrique: si no'fueras te dormirías codespués á la biblioteca, y para entretener el tiempo sorprendido la muerte.»
»Estas palabras de mi hermano me preocuparon mo aquellos pájaros, y yo no quiero que sufras como
que faltaba hasta la ·hora del almuerzo y distraer_ así
debieron sufrir aquellos pobrecitos.
su curiosidad, que iba en aumento, se puso á hoJear durante algunos días.
» El sentimiento extraño que él dijo existía en nuesElena se separó de su hermana y algunos días deslibros, revistas é Ilustraciones.
Grande fué su extrañeza al ver que casi ninguna tra familia, vi que también á mí me dominaba; yo no pués se durmió con aquel temido sueño.
A las dos de la tarde de un caluroso día de Agosde las obras que hojeó estaba completa; en unas fal· era feliz, porque sabía que tarde 6 temprano vendría
taban páginas y capítulos enteros, en otras estaban por mí la muerte. Entonces decidí que mis hijas fue- to murió Elena,
Amalia se hallaba en el jardín con Enrique.
borradas algunas líneas; algunos grabados de otras ran felices; mas para una de ellas era ya tarde. Mi
El cielo, hasta entonces claro, comenzó á cubrirse
habían desaparecido, si estaban intercalados en el hija Elena tenía ya idea de lo que es la muerte. Tetexto, por medio de una mano de pintura azul, y si nía ya trece años. Su hermana Amaliaaún no conta- de negras nubes; á lo lejos se oyó el tableteo de un
ocupaban toda una hoja, había sido ésta arran- ba más que unos cuantos meses. Elena comprendió trueno; los cielos se abrían y se cubrían de cintas de
mi idea y se ha sacrificado por la felicidad de su fuego.
cada.
Amalia sintió miedo á la tempestad, un miedo
¿Qué bibliófilo era aquel que así se entretenía en hermana, que ha sido educada por ella y por mí y
mutilar los libros y á qué obedecía aquella mutila· que no tiene idea alguna de la muerte, y es tan feliz incomprensible en ella, que no podía temerá la muerte; más que miedo era una melancolía, una tristeza
ción? Por más que pensó y buscó Enrique, no pudo como ningún mortal lo ha sido sobre la tierra.»
»Esta es la historia de mi familia, dijo D. Anselmo; indefinible, que no lograban disipar las tiernas y amohallar la explicación de aquel singular capricho.
Creyó si obedecería á razones de una exagerada oye ahora lo que de ti pedimos Elena y yo. Tengo ya rosas frases de Enrique.
La lluvia les hizo huir del jardín. Enrique dejó á
moralidad, pero no tardó en convencerse de que no setenta y cinco años y muy pocos más puedo vivir...
- Yo, interrumpió Elena con gran tristeza, adivino Amalia en sus habitaciones y fué á enterarse del esera aquella la causa de las bárbaras mutilaciones; en
algunas obras clásicas vió que habían sido respetadas que no sobreviviré á mi padre. ¿Quién cuidará de tado de Elena, que ya había muerto.
Pasó al pabellón de D. Anselmo; y allí, ante el te·
frases y conceptos que hoy se consideran atrevidos nuestra pobre Amalia? ¿Quién la mantendrá en el
error que tan f..:liz la hace? Si de pronto llegara á rrible dolor del hombre viejo, se olvidó por un insy malsonantes.
Pensó en si un espíritu religioso habría borrado tener idea de la muerte, á la muerte iría como herida tante de Amalia.
La tempestad seguía creciendo. Amalia sola en
ideas heterodoxas; pero también encontró que en al· por el rayo. ¡Y yo no quiero que muera mi Amalia,
sus habitaciones llegó á sentir un verdadero terror.
gunas obras, entre ellas las de Voltaire, habían sido mi Amalia del alma!
Dijo esto Elena con gran vehemencia y escapán- Huyó de su cuarto y comenzó á recorrer la casa gri•
respetadas ideas muy poco ortodoxas. Enrique llegó
tando:
á sentirse molesto ante tantas charadas cuya solu- dose de sus ojos lágrimas en abundancia.
- Yo ofrecí á tu padre, continuó D. Anselmo, dar- ¡Enrique! ¡Enrique!
ción no encontraba.
te á mi hija Amalia en matrimonio, y te la ofrezco; es
El cuarto en que había muerto Elena estaba abier·
Por fin llegó la hora del almuerzo.
Entró en el comedor y ya estaban en él D. Ansel- más: te ruego que la ames como la amamos nosotros; tOj á él llegó Amalia y vió el cadáver de su herma·
mo y una mujer hermosísima, que le saludó muy ca· mas ya sabes en qué estriba su felicidad y la nuestra. na. Quedóse muda y helada de espanto; la llamó una
¿La harás feliz? ¿Nos harás felices á nosotros? Amala, y otra vez; la besó; quiso abrir sus ojos, que quedariñosamente.
- Enrique,dijo D. Anselmo levantándose del asien- y no la saques de su errorj deja que llegue la hora de ron entreabiertos y dejando ver las muertas pupilas.
- ¡Mi hermana ya no me mira, no me quiere!, ex·
to que junto á la mesa ocupaba; esta es mi hija Elena; su muerte sin que la sienta venir.
Enrique, aturdido y sin saber á lo que se compro- clamó llorando la pobre niña. No la han dejado ir en 1
considérala y quiérela como á una hermana, y ten
busca de su Enrique y se ha dormido para siempre.
por cierto que ese cariño será pagado con creces. La metía, ofreció cuanto le pidieron.
Elena entonces cogió sus manos y se las besó mienfelicidad de mi Elena y la mía está en tus manos.
Entraron en aquel momento D. Anselmo y Enri•
El sacrificio que ella y yo esperamos de ti no re- tras que D. Anselmo le estrechaba entre sus brazos. que; separaron á Amalia de aquel lugar, y sólo Enri- ,
Aquella misma tarde conoció Enrique á Amalia. que pudo consolarla.
dundará directamente en beneficio nuestro, y sin em·
Si le sorprendió su belleza, le maravilló su edubargo, si nos lo negases ...
Algunos meses después se cas~ron Amalia y En- 1
- Me atrevo á profetizar, interrumpió Elena, que cación.
rique.
no nos lo negará: es tan grande la recompensa, que
La primera parte de su promesa no le fué difícil
Amalia era feliz, pero con mucha frecuencia quecumplirla; amó á Amalia con el alma entera, con to- dábase triste y pensativa.
el sacrificio ha de parecerle insignificante.
Enrique se encontró en una situación dificilísima: dos sus sentidos, y le pareció que eran poco dos ojos
- ¡Pobre Elena mía! Ya no volverá nunca, nunca¡
no se le ocurría contestación ninguna, ni era fácil en para admirarla y dos oídos para escuchar su voz dul- no despertará de aquel sueño: también yo como ella
verdad que se le ocuriera; para salir del apuro acudió císima y acariciadora.
me dormiría para siempre si me separaran de mi En•
Amalia también le amó, pero con un amor loco y rique.
á una de esas frases hechas por la cortesía social.
Durante un momento imaginó si todos aquellos mis- ciego, con un amor que para. ella ~abía de ser inUn día despertóse en ella clara la idea de la muerte.
terios serían un prólogo inútil para venir á parar en mortal.
Tubo Enrique precisión de alejarse de ella por
un proyecto de matrimonio entre Elena y él, matriMuy difícil fué para Enrique sostener á Amalia unos días, y Amalia sintió celos.
monio que su padre concertara con D. Anselmo; en su error. Tan arraigada está en el hombre la idea
- En el mundo hay otras mujeres, dijo á su padre;
mas al oir las frases que Elena pronunciaba se con- de la muerte, que con dificultad reprimía juramentos si mi Enrique ama á otra, yo haría lo que mi hermana
venció de que no podía ser aquella la solución de de amor en que esta idea figuraba.
Elena.
'
Amalia, que había recibido cierta educación li·
tan complicado logogrifo.
-Tú, hija mía. ¡Morirte tú también!
- Estará excitada tu curiosidad, dijo D. Anselmo teraria, creía que aún vivía Cervantes y Colón y
- ¡A eso se llama morirse! Pues bien: sí, me mo·
al terminar el almuerzo, y hora es ya de que se satis- Rómuloj pero no conocía ni aun el nombre de los riría.
faga. Escúchame con atención y no te extrañe si to- grandes capitanes que dieron por la guerra celebriVolvió Enrique y calmó los celos de Amalia.
mo la historia desde muy lejos y si en ella intercalo dad á sus nombres, pues á la idea de la guerra había
- ¿Sabes, le dijo ésta, que ya sé que dormirse para
consideraciones que tal vez te parezcan enojosas:
de acompañar la idea de la muerte.
siempre es morirse?
«Al año de casarse mis padres vine yo al mundo;
Un día Enrique habló de Napoleón delante de
- ¡Morirse!, dijo Enrique. ¿Y no tienes miedo á
ocho años pasaron sin que mis padres tuvieran más Amalia.
morirte?
hijos, y después, cosa rara, en el término de diez años
- ¡Napoleón! ¿Quién, fué Napoleón?, le preguntó
- No; si á veces lo deseo, cuando estoy en tus
tuve once hermanos. El cariño fraternal que Piladei. Amalia.
brazos y conozco que me amas. ¡Qué placer dormir·
sintió por Orestes y éste por aquél no fué mayor que
- Un grande hombre, contestó Enrique.
se y tener mis labios sobre los tuyos y estarse siem·
el que yo sentí por mis hermanos.
- ¿Qué hizo? ¿Escribió algLín Quijote?, ¿alguna pre, siempre así! Lo que no comprendo es vivir siem·
» Llegó á los quince años el que me seguía en edad obra maestra? ¿Pintó cuadros como :Murillo?
pre, si no tuviera tu amor.
y se murió. U nos á los siete, otros á los nueve y el
- No, dijo Enrique.
RAFAEL M.a LIERN
que más á los dieciocho años, todos siguieron el
- ¡Ah! Entonces ya comprendo. Fué bueno, muy
camino de la muerte, En todos ellos tuve ocasión de bueno, como los santos, ¿no es eso?
observar que durante los pocos años que vivían no
- Sí, sí; eso fué.
fueron felices, y no lo fueron porque sabían que
Otro día hallábase Amalia en el jardín, adonde iba EL PALACIO DE LOS REYES DE ARAGÓN
habían de morirse. El frío espectáculo de la muerte Enrique á buscarla todas las tardes. Aquella tarde la
EN VILAFRANCA DEL PANADÉS
le tenían siempre presente, y no g~zaron de la vida encontró pensativa.
por el temor á perderla. Para ahuyentar de su imagi- Dime, Enrique mío; preguntó la niña. ¿Quieres
Destruída hace pocos años la magnífica casa q~e
nación aquel temor, inspiré á mis últimos hermanos explicarme por qué un canario que estaba en la paja- en la Vall del Castell había poseído la ilustre fam1ha
la idea de otra vida más allá de la tumba; les hize rera de mi cuarto ha aparecido esta mañana inmóvil de Rocafort, sólo quedan como edificios importantes
creer ciegamente en la inmortalidad del alma; pero y frío? Le dí de comer y no comió, le puse en pie y de la época de esplendor de Vilafranca la bellísima
¡ay!, no por eso maté en ellos el deseo 6, por mejor no se sostuvo, y ya no canta ni salta Mi hermana capilla que perteneció un día á los caballeros de la
decir, el instante de vivir ni el temor á la muerte que me dijo esta mañana, como otras veces que ocurrió orden de San Juan, peregrino monumento del perío·
presentían; ansiaban la vida del cuerpo y no les con- lo mismo con otros pájaros, que duermen, y que para do de transición del románico al ojival, y el antiguo
solaba la vida eterna del espíritu. El tíltimo de mis despertar de ese sueño es preciso carp.biar de lugar, palacio de los Reyes de Aragón, propiedad ho~ del
hermanos murió cuando yo ya me había casado, ha- y yo he observado que el que así se lo llevan ya no Sr. D. José Baltá y Rodríguez de Cela, nieto y d1rec·
bían nacido mis dos hijas y había sufrido una nueva vuelve.
to sucesor de D. José Baltá y Ferrer, que hace pocos

485

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VI LAFRANCA DEL PANADÍ!S, - ANTIGUA CASA PALACIO DE LOS REYES DE ARAGÓN

231

que lo son de las glorias de
Vilafranca, su ilustrado poseedor resolvió restaurarlo sin pararse en dificultades, y lo ha
llevado á cabo con un desprendimiento y entusiasmo que le
honran. Dirigióse para ello al
reputado arquitecto de Barcelona D. Augusto Font y Carreras, conocedor como pocos de
la historia del arte ojival, lo
mismo en sus aplicaciones á la
vida religiosa que á la civil, el
cual, después de haber estudiado detenidamente lo que del
primitivo edificio quedaba en
pie, pudo comprender cuanto
del mismo había desaparecido.
Lo presentía, lo adivinaba, y
los hechos se iban encargando
de demostrar todo lo que tenían de fundados sus presentimientos y cuán acertado anduvo al trazar los planos para
la restauración, por cuyo medio, respetándose escrupulosamente lo esencial, en lo accidental haya resultado mejorada y acomodada á las necesidades de los tiempos modernos la obra debida á los primeros soberanos de la casa de
Aragón.
Mejor que cuanto pudiéramos decir para dar una idea
del edificio es la fotografía, reprodución del mismo, que insertamos en este número, que
representa la fachada principal
después de la restauración.
Contemplándola puede comprenderse que se ha procedido
concienzudamente por parte
del artista; mas no es posibie
apreciar como no sea viéndolo
el c?njunto de bellezas que se
encierran en el elegante vestí.
~~lo, en sus ajimeces y esbeltas puertecillas de ~erv1c10, en la amplia y espaciosa
esc~lera cuyo pret1l adornan calados rosetones del
meJor gus.to, en la bella galería que se cobija en toda
su extensión y desarrollo y ~n el lindísimo patio central, q~e al par que c?mumca grandeza y majestad
al ~OnJun_to y proporciona abundante luz á las habit~c10nes mt~nores, revela la disposición é importan.
cm de las mismas por medio de las aberturas de &lt;lis-

años la adquirió de los condes de Solterra, á uno de vas n~cesidades que traen consigo los cambios que se
cuyos predecesores, Francisco cie Palacio, la donó el expenmentan en el modo de ser de la sociedad.
rey Jaime I, con otras casas que en la misma villa
Ocupado en otros siglos por familias de la primera
poseía, el día 9 de agosto de 1236.
nobleza catalana, cuando éstas, siguiendo las vicisiNo hay para qué decir que semejante donación, tud~s de los tiempos, abandonaron los lugares donde
con los honores, exenciones, franquicias y prerrogati- radicaban sus fincas para trasladarse á las ciudades
vas que la acompañaron, y se contienen en el docu- más importantes, vióse abandonado al cuidado de
mento de que se ha hecho mérito, fueron recompen- manos mercenarias al principio, para ~er convertido
sa á los servicios prestados al soberano por el ilustre más tarde en viviendas de
prócer, y tanto es así, que el rey no le puso otra con- alquiler, que solicitadas pridición y servidm:nbre que la de tener á su disposi- mero por familias de la clase
ción, para cuando pasaran por dicha villa él ó sus media, sólo lo fué al cabo por
sucesores y quisieran alojar y hospedarse en dicho pa- otras de procedencia más hulacio, doscientos cubiertos y catorce vasos (anáps), milde. Fonda 6 parador de setodo de madera, y además cuatro camas provistas de gundo 6 tercer orden era al
todos sus menesteres.
adquirirla el abuelo del dueño
La donación otorgada por Jaime, por la gracia de actual, Júzguese, pues, de las
Dios rey de Aragón, conde de Barcelona, etc , fué profanaciones de que en el
confirmada en 24 de mayo dé 1503 por el rey don transcurso de seis siglos y meFernando (el Católico), en virtud de petición que le dio habrá sido objeto la regia
hiciera D. Francisco de Babau, sucesor de la casa de morada que tuvieron en ViPalacio, una de las familias más distinguidas y de lafranca los soberanos I de la
mayor representación entre las que en aquellos siglos, casa de Aragón. De su noble
y aun en tiempos á los nuestros más cercanos, han empleo apenas si quedaban
ejercido verdadera influencia en Vilafranca y en el más señales que las almenadas
Panadés. Compruébanlo los términos contenidos en torres que flanquean su frenlas letras reales expedidas en la fecha mencionada, te, y el escudo de las .barras
que juzgamos oportuno transcribir, fielmente tradu- que campeaba en las dovelas
cidas del catalán: «Y vos, querido y estimado nuestro, de su amplia portada, cuyo
»Francisco de Babau , caballero de Vilafranca, por arco en plena cimbra había
»cuanto nos habéis manifestado y acreditado ser el le- sido destruído para dar ingre»gítimo sucesor de Fracisco de Palacio, y que como tal so á uno de los coches, que,
))teníais en pacífica posesión todo aquel pa!acio y sus antes de existir la vía férrea,
»casas cor.tiguasque, como privilegio e~pec1al, nuest~o prestaba servicio para los via»antecesor el rey Jaime donó á Francis~o de Palac1~ jero~ entre dicha villa y la ca»y sus antecesores, ... aprobamos y ratificamos, y si pital del principado. Sin exa»menester fuera de nuevo concedemos á vos Y á gerar puede decirse que era
»vuestros sucesores con los mismos privilegios Ycon- sólo sombra de lo que fué,
»diciones, la expre~ada donación, imponiendo pena amenazando convertirse pró»de tres mil florines de oro á cualquiera que á ella se ximamente en informe montón
»oponga, aun cuando fuera nuestra hija_ muy amada de ruinas el día en que mal
tratado por los siglos y por
»la ilustrísima Juana, princesa de Astur_ias.». .
Fácilmente puede comprenderse que ed1fic10 de los hombres se rindiera á su
tanta antigüedad como revelan los documentos feha- propia pesadumbre.
Afortunadamente para los
cientes que dejamos apuntados, había de haber . pa•
decido modificaciones de no poca monta, debidas amantes de las artes en gen~VILAFRA:-ICA DEL PANADÉS, - '~'ORRE DE LA ESTACIÓN METEOROLÓGICA
unas á las injurias del tiempo, hijas otras de las nue- ral, y particularmente para los
EN LA CASA DE LOS REYES DE ARAGÓN

�¡A LA SALUD DEL BUFÓN!,

CUADRO DE E DUARDO GELLI, GRABADO POR MANCASTROPPA

�LA

234
tintas dimensiones y riqueza en los detalles, practicadas en las paredes que apean sobre los atrevidos arcos de dicho patio.
¡Qué armónico conjunto el resultante de to?ª~ y
cada una de las diferentes partes y de los más ms1gnificantes accidentes de las mismas, para el espectador que colocado en la parte superior de la escalera
contempla el patio, teniendo á su frente las robustas
paredes de la iglesia' parroquial ~e Sant~ María, que
la mano del tiempo ha ennegrecido y sirven .de fondo al restaurado palacio, cuyas líneas supenores se
dibujan sobre el intense azul del firmamento!
Sobre él y contemplando el edificio d:sde la plaza
del Olí1 destácase sirviendo de remate a la torre de
'
la izquierda, un kiosco
ó templete ~uyas I'meas, á pesar del servicio á que se halla desmnado, ha hecho el
arquitecto cuanto en su mano ha estado para que no
chocaran con el estilo del palacio. Los aparatos que
funcionan en los ángulos del mismo adverti~ían al
menos entendido que se trata de un observatono meteorológico. Y es que el Sr. Baltá y Rodríguez de Cela, que no porque sienta con entusiasmo las cosas de
otros siglos deja de vivir en el presente, llevado de
su afición á los estudios astronómicos y meteorológicos, ha querido que Vilafranca tuviera al par J en
una sola pieza un edificio monumental ~e lo~ ~1glos
medios y un observatorio que por s_u d1spos1c~ón Y
por los magníficos aparatos de que dispone es digno,
no de una población subalterna, sino de una capital
de primer orden.

C. V.

DE

V.

UN INTÉRPRETE ALEMÁN
DE LOS DRAMAS DE ECHEGARA V

Mientras la España de d os hemisferios continúa
llorando la pérdida del gran Rafael Calvo, el actor
soñado por Echegaray para prestar vida á sus creaciones románticas y atrevidas, y mientras la musa catalana viste luto por el insigne León Fontova, cuyo
acento parece que vibra aún en el Teatro Romea de
Barcelona, como se desprenden los últimos aromas
de una flor que yace marchita, en Alemania y en Austria despierta los ecos de la gloria una pléya?e de eminentes trágicos y cómicos. Viena tiene ovaciones atronadoras para la ilustre coloñesa la actriz Carlota Wolter, condesa de Sulivan, la incomparable Safo y Medea de Grillparzer, así como antes aplaudía con frenesí á una sabia hija de Munich, la cómica Federica
Gossmann condesa de Prokesch-Osten, de que hubiera dicho Cervantes que de la discreción lleva el
trofeo, y anyorando á su Mitterwurzer, el desertor del
Burgtl1eater, se precia la Ciudad imp~rial ~e los
Lewinsky Sonnenthal, Hartmann, Baume1ster, Krastl
y Robert 'que demuestran que el Burgtheater de Viena es el mejor teatro del mundo germano.
Luis Barnay, que dirige en Berlín el teatro de su
apellido, brilla entre los trágicos, mientras que el anciano Federico Haase debe sus laureles á su fuerza
cómica, y las numerosas condecoraciones con que le
han agraciado los príncipes de Alemania le habrán
consolado de la desilusión que le proporcionaba el
emperador Guillermo I diciéndole en audiencia particular: «Yo no doy ninguna cruz á un actor.» Pero
el verdadero comediante, aunque el francés Coquelin,
el que fué íntimo amigo de Gambetta, diga lo contrario, no cambiaría sus laureles por todas las condecoraciones del mundo.
El afamado Ernesto Possart, cuya voz es un fenómeno como la del famoso recitante Alejandro Strakosch, es ora un excelente Federico el Grande, ora
un inmejorable Ricardo III, ora un perfecto Manfredo (no el de E chegaray en El seno de la muerte, sino en el drama de lord Byron ).
El arrebol de la gloria ha halagado también á un
joven vienés que soñaba mirar su nombre tan alto
como el mismo sol, ó lo que equivale á esto, tan alto
como Luis Dawison, el que fué el gozo de las gentes
y á quien la fama esculpió en su templo. Este vienés,
que sabe herir las fibras del sentimiento, se llama

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tará entre los más brillantes que ha obtenido, y ha
obtenido muchos.
El campeón del arte de Echegaray está en la flor
de su edad, habiendo nacido en la ciudad más alegre y más encantadora del Danubio, en el mes de
mayo de 1852. Se parece, pues, al Ricardo joven del
acto I, que n~ mira la vida sino por el prisma de la
alegría. Pero el artista lo puede todo: sabe también
convertirse en el mártir de su vida licenciosa, en el
Ricardo viejo, imprimiendo á ese tipo un sello artístico de maravillosa verdad. Cada vez que veo á Wiene desempeñando el papel de Ricardo ó el del protagonista del drama Ó locura ó santidad, que el trágico austriaco ha arreglado para la escena alemana,
exclamo con el poeta valenciano José F. Sanmartín
y Aguirre:
Aún el talento profundo
en la patria de Romea,
hace que el teatro sea
el más glorioso del mundo.

Los padres de Wiene quisieron hacer de él un ingeniero; pero en vez de Sagasta habían de ver en él
Echegaray y Talía un aventajado discípulo. La musa
de Schiller habló al niño con encanto singular en el
drama Maria Stuart, siendo para él la voz de sirena
que le impulsaba á consagrarse a\ teatro.
La historia de los que se meten á faranduleros es
una Odisea, y asimismo la del joven Carlos, demostrándole que en la senda de la gloria suelen brotar
espinas: había días en que gemía sin un pedazo de
pan para llevar á la boca, y encontrándose cerca del
puente de Fernando en Viena, pensaba si debiese
buscar el fin de su miseria en las ondas. El bueno
de Antonio Ascher, que fué á la sazón director del
Teatro de Carlos en Viena, vió lleno de compasión
á su compañero de pmfesión, y descubrió en el novel actor condiciones tan raras, que le contrató para
su teatro.
Breslau, Viena, Stutgart y Dresde son las escaleras en que subió Carlos á una altura envidiable. En
Dresde está enterrado Dawison, pero allí vive Carlos Wiene dando gallarda muestra de su talento artístico y vertiendo bellas flores en la tumba del inolvidable trágico. Ya ha juntado dineros el pobre mu·
chacho de antes, aunque no descubría el secreto del
doctor Enrique Schliemann de hacerse de un pobrecito un Creso. Vive rodeado de su familia y rico
en laureles, siendo un Rícardo joven y honrado. Le
quieren y admiran los habitantes de la hermosa ciudad del Elba, como los de las famosas ciudades del
Danubio, del Peynitz y del Inn. ¡Ojalá que le quisiesen también los españoles!
JUAN FASTENRATH

EL REINO DE SABA Y EL ORO DE SALOMON

NUESTROS GRABADOS

En los asuntos modernos á la maternidad referentes, reúnense los más simpáticos elementos del sentimiento humano. Una
madre joven, elegante, cuyas líneas se animan por la inflnendel afecto más universal más dulce hacia su hija, y una niña
en la edad en que la humana criatura más puntos de semejanza ofrece con los ángeles, de rizada cabellera y sonrosadas mejillas y en cuya frente brillan los destellos de la inocencia: he
aquí los personajes de la belllsima composición de Gamba.
Para condensar en un acto el amor maternal, el celebrado pintor italiano ha escogido el momento en que la madre y la hija,
juntando los labios y entornando los ojos para gozar más intensamente de tan pura voluptuosidad, confunden en uno solo los
dos besos salidos del fondo de sus almas y por la misma pasión
creados.
Gamba, que en todas sus obras h&amp; demostrado excepcionales aptitudes para los temas elegantes y graciosos, y cuyo pincel sabe siempre encontrar los tonos más delicados para sus
finas composiciones, ha pintado en su Beso maternal un grupo
sentidísimo y lleno de encantos, que revela un corazón abierto
á todas las nobles afecciones que brotan al calor del cariño de
la familia y que fecundan las lágrirnas, ora de alegría, ora de
tristeza, en que este santo amor se manifiesta.

Suiza: su proximidad á Francia y las muchas relaciones que con
esta nación mantiene dan le más bien un aspecto francés, por lo
que al idioma y á buena parte de las costumbres se refiere. Esto
no obstante, la incomparable naturaleza helvética manifiéstase en
ella con todos sus encantos imposibles de imaginar para quien no
los ha contemplado; el lago Lemán es buena prueba de lo que
decimos, y él solo bastaría para incluir á la ciudad en donde
ejerció Calvino su dominio espiritual entre las más pintorescas
poblaciones europeas.
Mas no es únicamente en las afueras donde tales bellezas se
ostentan; también las tiene Ginebra en su interior, y si algunas pueden escapar á la curiosidad del turista, no faltan :mistas que _¡¡epan apreciarlas y admirarlas cual se merecen
Una de las calles de la ciudad que atraviesa en tocia su longitud el Ródano hubo de llamar con justicia la atención de
Marqués, quien empuñando el lápiz y abriendo el álbum, que
no abandona nunca en sus viajes y que trae siempre lleno de
preciosos apuntes, trazó el dibujo que hoy reproducimos, y en
alabanza del cual nada hemos de dec;ir nosotros que tantas veces hemos hablado con merecido elogio de su autor, sobre todo
de sus estudios suizos, demostración elocuente todos ellos de
cuán bien siente y ejecuta nuestro distinguido colaborador y
del buen gusto que le caracteriza en punto á elección de temas
para sus obras.

•••
¡A la salud del bufón!, cuadro de Eduardo Ge-

LA

CREMA SI:MON, cold-cream especial de un

de su belleza y la frescura de la juventud. Se halla este producto
sin rival en casa de todos los perfumistas y en casa del inven•
tor /. SIMON, ruede Provence, 36, París; pero es preciso
desconfiar, de las falsificaciones y exigir la firma.

JABON REAL
DE T H R 10 ACE

IVIOLETI
29i•d::1::1i:~·;~;aris

JABON

V EL OUT IN E

Recomendados por autoridades medicas para la Hlgi,ue de la Pi,1 ¡ Balleia del Colnr

2

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(CONTINUACIÓN)

Una calle de Ginebra.dibujo de José M. Marqués. Ginebra es, sin duda alguna, la ciudad menos suiza de

DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino de Chassaing

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NOVELA ORIGINAL DE LORD LYTTON, IL US TRADA POR A, BESNARD

*

lli, grabado por Mancastroppa. - Esos infelices seres
deformes y raquíticos que hoy inspiran lástima y para los cuales la caridad y la filantropla han creado en algunas partes benéficas instituciones sirvieron en otros tiempos de entretenimiento á los señores, que no perdonaban medio alguno, por
contrario que fuese á la ley moral, para proporcionarse alegres
distracciones en sus tristes y aisladas mansiones señoriales.
Y no fueron solamente los nobles los que tal aberración fo.
mentaban, también los reyes tenían á gala poder ostentar en sus
espléndidas cortes bufones contrahechos cuyas gracias rayanas
casi siempre en desvergiienzas más de una vez hicieron desarrugar
el ceño al monarca y provocaron las carcajadas de los cortesanos
á costa de la dignidad y aun de la honra de alguno de sus compañeros.
Su vena satirica tenía ancho y libre campo en los palacios
de los magnates: todo les estaba permitido á los bufones; podían ser insolentes, agresivos, desvergonzados, con una sola
condición, la de hacer reir. La desfachatez, la irreverencia misma hacia aquellos que de otros labios sólo adulaciones admitían,
se perdonaban en gracia al ingenio,
Los que de tan triste privilegio disfrutaban, triste sí, porque
únicamente á sus deformidades lo debían, vestían ricamente,
eran con magnificencia alojados y comían los manjares más suculentos que alternaban con los vinos más exquisitos. Fuera de
la corte no les faltaban tampoco amigos y admiradores, con los
cuales corrían aventuras y francachelas, en las que los chistes
del bufón eran celebrados con risotadas ruidosas, á las que no
ponían freno la formalidad y los respetos propios de la etiqueta
cortesana.
El cuadro de Gelli representa á uno de estos desdichados
bufones contrahechos en el momento en que llega á la taberna,
en donde le esperan capitanes aventureros, que le acogen con
entusiasmo y uno de los cuales copa en mano se adelanta á recibirle brindando á su salud.
En aquella figura rica y grotes_camente v~stida! ~ª. sabido
concentrar el artista todas las cualidades del tipo h1stonco que
ha tomado como protagonista de su lienzo, condición que también se advierte en los militares, personajes bien estudiados y
con destreza reproducidos. El fraile mendicante que SE; ha re•
cogido en la taberna, donde le regalan con aquella candad que
en aquellos tiempos se acostumbraba, forma un contraste perfectamente entendido, que hace resaltar más el lado brillante
del festejado y majestuoso bufón.

485

EL ANILLO DE AMASIS

."

Beso maternal, cuadro de V. Gamba, grabadecto seguro contra los barros y las irritaciones de la piel,
do por Mancastroppa. - La expresión del amor mater- es indispensable á todas las señoras celosas de conservar el brillo
nal es uno de los temas favoritos de los artistas modernos;
puede decirse que no hay pintor ni escultor contemporán;o que,
siquiera una vez, no le haya tomado por asunto de algun cuadro ó de alguna escultura. Se comprende: pocos afectos existen que, en sus diversas manifestaciones, mejor se preste~ á la
i11spiración artística; hay en él tantas bellezas, tan variados
matices, hermosos todos, que no es extraño que en nuestra
época, poco entusiasta de otros ideales que un día estuvieron
en gran predicamento, el arte se haya apoderado de éste, revistiéndole de formas seductoras.

NúMERO

485

Los recientes conflictos entre ingleses y portugueses en Africa, dan un interés de actualidad á la hipótesis de que el Lin·
terland de Mashonaland no es sino el famoso reino de Ofir,
cuyos barcos, al decir de las narraciones blblicas, envió la reina de Saba á Salomón con el suntuoso presente de 420 talen•
tos de oro, unos 8o millones de pesetas. El nombre de Sofala,
puerto colocado al fondo de la bahía enfrente de Madagascar,
puede ser una desnaturalización del de Ofir por la adición del
prefijo S; además, la abundancia de oro en manos de los indígenas es cosa probada. Pero lo que más ha llamado la atención
de los viajeros ha sido la existencia, en muchos puntos del interior, de ruinas como no las hay en ningún otro punto del continente ne¡:ro, y que no es, al parecer, posible procedan de
construcciones levantadas por la raza autóctona,
Los exploradores Carlos Mauch, G. A. Farini, G. C. Dawnay se han asombrado ante esas inesperadas apariciones ~e
vestigios de vastos recintos construidos con bloques de gramto
con reg11laridad tallados y cimentados á veces, que, como cier•
tas arruinadas torres ó como algunos restos de diques, no pueden ser atribuidos á los primeros explotadores de oro portugueses de hace cuatro siglos. Parece evidente, sin embargo, á
juzgar por el aspecto de obras defensivas que ofrecen y que
Mr. J. M. Stuart compara con las ruinas aztecas de México,
que sus constructores debieron pertenecer á una raza conquistadora extranjera, obligada á mantener su dominación por la
fuerza. ¿Se trata de alguna de las grandes potencias comerciales del antiguo mundo, como los babilonios, heb_reos, fenicios y
egipcios? No se puede contestar á esto categ6ncamente; pero
al decir de Mr. O. Neil, ex cónsul de Inglaterra en Mozambi- Grandes almacenes del Printemps, de París
que, todo parece justificar la hipótesis de que allí estuvo el anVéase el anuncio en la sección correspondiente
tiguo reino de Ofir.

Carlos Wiene.
España ha de quererle corno al que lucha en los
teatros de Alemania por el honor de D. José Echegaray y que supo alcanzar aplausos sin cuento honrando al actor alemán y al genio español. Tengo el
gusto de presentar á los lectores _á Carlos Wiene ~n
el papel de Ricardo, el protagomsta del drama Vida
aleo-re y muerte triste, que en Nuremberg y en Innsº gracias al arte con que una senora
- austnaca,
.
bruck,
residente en Colonia, vertió al alemán aquella concepción del dramaturgo castellano, y °:1erced al genio del que como actor vela en Alemama por el lustre del teatro' español, ha merecido un éxito que con-

NúMERO

I

»¿Qué haces aquí? ¿Qué haces?... ¿Por qué te reJ ULIETA Á TERESA
prisión aborrecida y sofocante, que cada día es más
tardas en los senderos de la vida humana? ¿Por qué
estrecha é intolerable y está más cerrada!
andar así disfrazado entre la gente honrada?... El
«Me considero feliz al decirte que nuestra ansie»¿Y si yo pudiese?... ¿Qué sucedería? ... En el momal está en ti, porque encierras algo de sacrílego en dad respecto á Conrado se ha desvanecido ya. Su mento mismo de mi primera evasión y de hallarme
tu pecho. ¡Huye! Llevas un disfraz y te han marcado vigorosa constitución ha resistido victoriosamente á en una atmósfera ~;rdadera y real,_ la confianza y el
con un sello. Mientras sea tiempo aún, apártate de la fiebre que nos alarmó en un principio.
afecto se, convert1~1an. en desprecio y execración y
todo lugar habitado, lejos de los hombres y más
»El necio temor que me infundía tener que anun- exclamanan: «¡Atras, impostor desenmascarado hilejos aún. ¡Huye de ti mismo, condenado, huye!. ..
ciarle mi matrimonio era de todo punto injustifica- pócrita y embustero!))
'
Segunda página. - »¡Mujer! ¡Cisma eterno en el do; y cuando después de restablecido, nuestro padre
»Ciertamente no existe bajo el sol despotismo más
alma del hombre! ¿Por qué le despojas de su fuerza, le dió cuenta en mi presencia y la de Félix de las cruel que el del aprecio falto de simpatía.»
pue'Sto que este robo te debilita? ¿Por qué le privas promesas que nos habíamos hecho, mi corazón latió
de su voluntad, puesto que tú pierdes tu energía? con tal fuerza y me asusté tanto, que no osé arrosJULIETA Á TERESA
¿Quién te dió y con qué fin, sino para tu propia pér- trar su mirada, aunque comprendía que la suya esdida, la fuerza irresponsable y sin límites que ejerces taba fija en mí. Pero Conrado se contentó con
«No se ha fijado aún día para nuestro matrimonio
sobre nosotros?
decir: «¿Cómo habéis podido suponer, hijos míos, y los amores de Conrado parecen progresar con mu)) Un año tras otro, día por día, hora por hora, me que esto pudiera ser cosa nueva para mí? Yo sabía cha lentitud. Habla vagamente de ir á Breslau á fin
he absorbido en el estudio de esa alma deliciosa. He hace largo tiempo, y mucho antes de que pudierais de mes y supongo que mi enlace se verificará á su
vivido en el silencio y la calma, reteniendo el aliento pensarlo, que os pertenecíais uno á otro. Mi más regreso. Seré muy feliz si antes de salir de Larnstein
para seguir en sus menores fases el desarrollo de esa caro deseo se ha realizado ya, y tan sólo esperaba veo á nuestro querido Conrado contraer la unión
rica naturaleza. ¡Con qué ternura he vigilado el cre- este instante para deciros que yo también tengo he- apeteeida por él hace tanto tiempo. Mi vida es aquí
cimiento de tantos gérmenes deliciosos! Yo conocía cha mi elección; de modo que en Larnstein habrá tan completamente feliz, que la idea de un cambio,
los cuidados que cada uno de ellos reclamaba; hu- dos bodas en lugar de una.»
por dulce que pueda ser, me hace temblar. No creo
biera podido decir qué flor prometían ... ¿Y ahora? ...
»No puedo expresarte, querida Teresa, el asombro que mi amor ó el de Félix disminuyan, pues parece
»¡Una brisa de estío. un soplo pasajero, un tibio que nos produjo esta noticia, y te aseguro que me que hemos nacido el uno para el otro; pero cuando
efluvio, tal vez una vuelta de vals, una canción, ó so- alivió del gran peso que tenía en el corazón ... ¿Lo miro á mi alrededor y considero cuán grande es la
lamente la ligera influencia de un roce accidental confesaré? No estoy tan satisfecha como debería, y parte de dolor que á cada cual se nos ha señalado
han decidido de su suerte y de la mía, dando la llave la elección de Conrado me disgustó, pues destruye en la vida, pregúntome con una especie de terror
de ese paraíso á un húsar! ... ¡Ah! La desgracia no el ideal que de él había concebido. ¡Me parecía santo ante esa felicidad sin nubes, si es posible que
viene por los caminos bien guardados; pero ¿qué im- siempre tan desinteresado! ... ¿Con&lt;les el intermina- una dicha tan grande como la mía dure siempre ...
porta? ¡Viene! ...
ble pleito sostenido por causa de la propiedad de
»Pero he aquí á Félix; le he prometido dar con él
Tercera página. - »¡La muerte, el fin, la nada! ... Weisemberg en Als? El dueño actual no tiene hijos, un paseo por el molino á eso de las cuatro, y aunque
Esto es cuanto veo al término de toda carrerra. Tú y su sobrina es heredera de sus bienes: esta circuns- ha venido media hora antes, no puedo hacerle espehas sufrido ayer para sufrir también hoy. ¿Y de qué tancia dificultaba todo arreglo; pero se hicieron en rar, porque soy una esclava á ·todas horas del día.
vienes á quejarte ahora? ¡Querías vivir; pues ya has secreto proposiciones para terminar la diferencia por Adiós, pues, por el pronto, mi querida Teresa,
vivido! ¿Quién te prometió más? ... No, no es verdad, una alianza entre las dos familias. Parece que el ob»Tu tierna y.querida amiga
yo no he querido vivir nunca y jamás dije á nadie: jeto de la última excursión de Conrado á Breslau fué
))JULIETA i&gt;
«Abrerne las puertas de la vida.» Y si yo no he pe- visitar á la heredera, y dijo que su presencia confirdido esta existencia, ¿quién puede obligarme á con- mó la impresión favorable producida en él por todo EXTRACTO DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK
servarla? ... Sea. ¡Pero si la muerte no fuera nada!. .. cuanto había oído decir antes sobre su carácter y
¡Y si la vida y de consiguiente el dolor no tuvieran educación, por lo cual acababa de tomar su partido.
«¿Quién es ese verdugo tenaz é insaciable? ...
fin!
Sin embargo, nada se ha fijado aún y de consiguiente
»¿Un deseo? .. .
Cuarta pág-ina. - » ..... ¡Ah! ¡Cuán profundamente te ruego que por de pronto consideres esta carta co»No, no es un deseo. Al fin he reconocido su verpenetran en mi corazón las raíces del pasado! ... Es mo confidencial. ¿No es casi increible? No puedo dadera naturaleza; es menos y más que un deseo. ¡Es
inútil que yo, extraño sepulturero, intente desente- acostumbrarme á esta idea. Según el conocimiento una envida ardiente!
rrar todos esos muertos queridos que florecen en el que tengo del carácter de Conrado, comprendo que
»Aún tiene la fascinaci6n de la mentira y el terror
jardín del recuerdo; á _c ada golpe de azadón la sangre el matrimonio sea para él asunto de la más detenida de la verdad; no promete ni afirma, pero reclámalo
brota y siento que todo ese pasado vive y palpita .. . deliberación, pues obra muy poco por impulso.
todo con insistencia, con la avidez feroz y salvaje de
Mi infancia me sonríe á través de SU$ lágrimas y su» Pero cuando le oigo hablar de la joven heredera una fiera. En vez de dominarse, excitase por la vista
plícarne exclamando: «¿Qué mal te hemos hecho, de Weisernberg, cuyo corazón, segura estoy de ello, de lo que es inaccesible. Lo que está prohibido le
amigo?»
late más apresuradamente tan sólo al oir el rumor aguijonea hasta el frenesí y lo busca con avidez. Va»¡No, no puedo! Sonreídme como en otro tiempo, de sus pasos, me aflige pensar que para el hombre cía por sí misma, precipítase en el vacío; lo que arna
dulces estrellas inocentes de mis jóvenes años; yo con quien se une la pobre niña no vale apenas más es la investigación por la investigación, la persecuno sé si me habéis hecho mal, dulces ojos brillantes, que un antiguo pleito.»
ción sin objeto, la carrera sin meta determinada.
pero sí que no os apagaré nunca!
»¡Demonio roedor, sal de estas venas que has enQuinta página. - »En la vida todo se comienza de
venenado
y en las cuales te ocultas como en una
nuevo; vuelve tú, pues, pobre alma mía, á comenzar EXTRACTO DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK emboscada! Harto conozco tu nombre infernal. No
tu tarea, puesto que has despertado ya; mas no te
eres el amor, sino la lujuria. ¿Debo ceder á tan vil
detengas para contemplar las ruinas del pasado, por«¡Desgraciado el ser humano, hombreó mujer, á tentador, yo, mártir de una fe tan pura? ... ¡Jamás! ...
que se ha perdido y no puedes reconstruirle. Y sobre quien se considere corno un ser superior! Los talen»Bajo un disfraz podrías engañar un instante la
todo, no edifiques más. La felicidad es un ave del tos ordinarios son tan incapaces de experimentar una credulidad de un espíritu enfermo; pero no á mí. ¡Te
cielo; sale del seno de Dios, y no gusta de la mora- simpatía inteligente por los que les aventajan, que desafío! .. . ¡Por más que hagas penetrar en mis carda de los hombres. Va y viene, remonta el vuelo y su admiraci6n, aunque no sea envidiosa ni recalci- nes vivas tu virus de perro hidrófobo, no arrancarás
detiénese mientras·que tú apuras la vida en buscarla. trante, con.viértese en terrible tiranía.
una concesión á la pureza inflexible de mi alma; pero
Duerme más bien, sí, duerme descuidada, incons)) En cada carácter formado por la mano de la natu- osa usurpar aun la figura de la esperanza, ó profanar,
ciente, inerte; tal vez entonces el ave celestial des- raleza hay cosas anómalas, defectos de simetría, des- al pronunciarle, el nombre de prometida, y te daré
plegará sus brillantes alas sobre tu frente llena de igualdades en número incalculable; pero en los carac- muerte, aunque debiera sucumbir del mismo golpe!»
sueños. Retén el aliento, no hables, no le des la bien- teres que nos atribuimos mutuamente se exige una
venida, porque apenas hayas dicho «¡ya la teng0!» conformidad invariable en los tipos según los cuales
JOAQUÍN F URCHTEGOIT SCU UMANN,
habrá huido para no volver jamás.
los concibió nuestro espíritu; cada uno de ellos debe
Á LA BARONESA TERESA LUTZOW DE MEYENDORFF
Sexta página ... - »¡Al fin! Un resplandor divino ser una máscara rígida, sin elasticidad, que una vez
que baja de las celestes cumbres, se difunde en mi puesta no se debe quitar jamás. Supongamos que uri
«Ilustre señora:
alma, la fortifica y la invade, y á su luz fulgurante hombre tiene cierta reputación de fuerza 6 de sabidu»Tomo la pluma humildemente como mi deber
veo la imagen más sublime que el hombra pueda ría superior: sus más caros amigos, sus parientes más y mi profundo respeto lo exigen, para dar cuenta á
contemplar en esta tierra.
próximos no le perdonarán nunca un momento de su señ~ría de la irreparable desgracia que á Dios
»¡El Deber!
debilidad ó desfallecimiento moral; le han impuesto p~ugo imponer á la noble familia del conde mi alto
- y muy querido
. amo,
'
&gt;&gt;¡Yo te saludo, brillante arcángel, que aplastas arbitrariamente un carácter de su propia creación y senor
baju tu pie victorioso la hedionda serpiente! Tu voz llámanle su ideal de aquel hombre mismo, insistien»Por eso, ilustre señora y en cumplimiento de las
nos llega del otro mundo: los que la escuchan ha- do para que adopte esa forma ideal, se mueva y res- órdenes expresas que he recibido, me atrevo á diripire como ella.
llan en ella el consuelo y el reposo.
girle estas trist~s líneas, porque el señor conde espe»¿Cuál es mi deber.:?
»Pero ¿y si no puede hacerlo? .. . ¡Pues entonces, ra que la apreciada presencia de vuestra señoría ali»¡Comenzar de nuevo el sacrificio, el sufrimiento que deje de vivir, de respirar y de ser! ... ¡Oh! ¡Si se viará la inmensa aflicci6n de la señorita J ulieta.
silencioso.»
pudiera escapar por una vez, ó para siempre, de esa
»Confío que dispensará á su humilde servidor si

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

con este triste relato, que el deber me impone, ocasiono un pesar profundo á vuestra señoría.
»Ayer, 14 hujus, scilicet, día de la Elevación del
Santo Sacramento, á las ocho de la mañana, que era
muy nebulosa, los dos señores jóvenes, mis nobles
amos, quisieron ir al río para cazar patos. Cuando
saltaron á la barca, soplaba un ligero viento del Sur
en dirección de la corriente, y por lo tanto pusieron
una vela pequeña, lo necesario para gobernar la lancha. Su intención era atravesar el río Weidnitz en el
punto en que comienza la gran curva, más allá del
molino antiguo, que está á tres cuartos de legua
(salvo rectificación, pero lo más aproximadamente
posible), frente al gran pantano bien conocido de
vuestra señoría.
»Con los señores iba el hijo del guarda, joven de
buen carácter y muy honrado, como vuestra señoría
no lo ignora, y dejaron á la perra córrer tras ellos por
la orilla. Mi joven señor Félix estaba muy alegre en
la mañana en que ocurrió el triste acontecimiento,
mucho más que de costumbre, según lo observó el
hijo del guarda, quien ha declarado también que,
mientras el señor Conrado estaba en el timón, el
conde Félix se había colocado de pie en cada lado
de la barca, haciéndola balancear, con gran contento
suyo, tan pronto á un lado como á otro, cual si fuese
una cuna.
»El señor Conrado le suplicaba: muy formalmente
que permaneciera quieto, diciéndole que el agua era
muy profunda en aquella parte del río, y que si por
desgracia llegaba á caer no podría nadar, á causa de
sus pesadas botas de caza. A pesar de todo, el joven
señor estaba tan extraordinariamente alegre, que no
hacía caso de cuanto se le decía, limitándose á contestar «que sus pesadas botas impermeables le parecían tan ligeras como un par de escarpines.»
»En aquel momento, ilustre señora, un corzo, según me han informado con toda exactitud, salió de
la espesura inmediata al río, y la perra, que es animal
de buena casta, aunque un poco salvaje, pero que se
conducirá mejor cuando esté amaestrada, comenzó á
correr en seguimiento del corzo y no quiso volver
cuando se la llamó.
»Entonces mis jóvenes señores, dejando saltará
tierra al hijo del guarda, diéronle orden de buscar
la perra é irá reunirse con ellos otra vez un poco
más allá, frente al pantano.
» El muchacho me refirió que, mientras corría
tras la perra, pudo oir algún tiempo aún las carcajadas de mi ilustre amo el joven conde; pero transcurrió una hora antes de que pudiese volver, después
de haber castigado al animal como merecía. Entonces se dirigió al sitio indicado; mas al llegar, vió con
gran sorpresa que la barca estaba mucho más allá
del punto que se le señaló y que flotaba vacía, sin
que se hallase, ni cerca ni lejos, ninguno de los dos
jóvenes señores. El muchacho pensó al pronto que
sus señorías habrían ganado el pantano y que la
barca, mal amarrada, se había desatado. En su consecuencia esperó bastante tiempo inmóvil, para no espantar á los patos; pero al fin, como no oyese nada
y temiera algún accidente enojoso, disparó algunos
tiros. Ni esta señal ni sus llamamientos y voces obtuvieron contestación alguna. Entonces, al mirar á
su alrededor, muy perplejo, llamóle la atención algo
suspendido en la rama de un sauce, por la parte del
pantano grande; y cuando el muchacho llegó cerca
del árbol para averiguar lo que era, reconoció el sombrero de su señor, el conde Félix. En el mismo instante. la perra aulló tristemente.
»Ilustre señora, entre la gente de nuestro país y
sobre todo tratándose de cazadores, esto se considera
como un mal presagio, y en la presente y dolorosa
ocasión era verdaderamente malo.
»Entonces, sin poder contener sus lágrimas, el muchacho corrió al castillo, donde su presencia 'produjo
gran trastorno.
»Añadiré que el que escribe estas líneas, su muy
humilde servidor, se hallaba casualmente en el castillo, y que seguido de algunos compañeros, corrió al
sitio en que había ocurrido la escena fatal. Allí pusimos á flote una barquilla para explorar el fondo con
largas pértigas, pero la corriente era rápida y siento
decir que nuestros esfuerzos fueron infructuosos. En
aquel momento, las orillas estaban ya llenas de gente
y hubo varios hombres que se arrojaron al agua, sin
que ninguno pensara en su propia vida: tanto es el
amor que todos profesan á la noble familia del señor
conde.
»Al fin, algunos de los que estaban en el agua comenzaron á proferir gritos y á llamar á los que íbamos en la barquilla, y al llegar al sitio fatal, presenciamos un triste espectáculo: el cuerpo de mi señor
el conde Conrado llevado en brazos de aquéllos,
porque había perdido el conocimiento; tenía la ropa
empapada y el rostro tan cubierto de cieno y de

agua, que daba lástima verle. Observé que las manos
estaban estrechamente unidas detrás de la cabeza.
»En tal estado condujímosle al castillo, donde,
por la gracia de Dios, el doctor se encontraba allí,
porque mi ilustre señora, la noble madre del señor
conde, padecía de un lumbago agudo. Por medio de
algunas fricciones, el calor y otros remedios, se le
pudo volverá la vida, pues ya estaba moribundo;
pero no se ha descubierto rastro ni vestigio del joven
conde Félix, á quien siempre lloraremos.
» El infeliz hermano del difunto, el señor conde
Conrado, tiene el ánimo tan perturbado y afligido,
que aún no se han podido precisar los detalles exactos de ese triste acontecimiento. Vuestra señoría sabe
muy bien ya que el señor conde amaba tiernamente
á su hermano, y ahora hállase agobiado por el profundo pesar que le causa tan dolorosa pérdida, tanto
que parece estar fuera de sí: digo esto con el debido
respeto que vuestra señoría merece.
»Parece, sin embargo, demasiado cierto que nuestro joven señor Félix cayó al agua mientras que hacía oscilar la barca, según ya he dicho, y su infeliz
hermano debió hacer desesperados esfuerzos para
salvarle, pues no sólo tenía las ropas cubiertas de hierbas y arena, que se adhirieron sin duda mientras se
hallaba en el fondo del río buscando al difunto. Las
botas se habían estrechado de tal modo, que fué preciso cortarlas para quitár\elas.
»Al terminar estas tristes líneas, permítame su señoría añadir que, á no ser por las órdenes expresas
del señor conde, no me habría atrevido á tomar la
pluma.
» También tengo el honor de manifestar á su señoría que he dado orden de preparar varios tiros de
caballos en todo el camino, á fin de que su señoría
pueda llegar al castillo con toda la celeridad posible.
»Con el más profundo respeto y como es de mi
deber, en cuanto estas tristes circunstancias me autorizan, tengo el honor, ilustre señora, de ofrecerme
como su más humilde y obediente servidor,

»Joaquín Furchlegott Schumann
&gt;Intendente del señor conde de Roseneck&gt;

IX
LA MANO DE SEi! KRONOS

Los papeles que me había confiado el conde de
Roseneck arrojan poca luz sobre los años que transcurrieron entre los acontecimientos referidos en el
capítulo anterior y los que aún debo relatar.
T0das las cartas escritas por Julieta á su 'amiga,
la señora de Meyendorff, durante el primer período
de su viudez virginal, fueron retiradas de la correspondencia antes de entregármela, y no he tenido ninguna indicación sobre lo que pasó en Larnstein seguidamente después de la muerte del conde Félix,
como no sea un extraño librito de memorias, lleno
en gran parte de reflexiones religiosas, pero que también contiene algunas ra.ras notas trazadas con mano
débil, sin duda por la madre, y casi de todo punto
ilegibles.
El pesar que el conde y la condesa experimentaron por la muerte de Félix debió aumentar su ansiedad respecto al estado de salud del primogénito, único que sobrevivía de todos sus hijos.
Insensible á la presencia de los que le rodeaban,
Conrado vagaba por todas partes como un espectro
que no puede hallar reposo en ninguna. Pasaba días
enteros en el lugar mismo donde se le encontró después de la desesperación de Félix, observando el río
con extraviado mirar; y llegada la noche, el rumor de
sus pesados pasos no se detenía nunca ante aquellas
puertas que ninguna mano abría ya. A las altas
horas de la noche oíasele pasear en su habitación,
siempre cerrada con llave; y sus padres, poseídos del
dolor más profundo, no trataban de perturbar aquella soledad. Al pasar por delante de su estancia percibían algunas palabras y á veces gemidos.
De repente, no obstante, notóse en él un gran
cambio: por más que siguiera mostrándose taciturno, entregóse de nuevo con toda regularidad á sus
quehaceres anteriores. Al rayar el día, montaba á
caballo y ocupábase activamente hasta la noche en
sus propiedades. Acompañado del inspector, visitábalo todo, ponía orden donde era necesario y adoptaba para el porvenir medidas que parecían indicar
la intención de ausentarse por largo tiempo. En el
transcurso de una sola semana fué tres veces á Breslau; á la siguiente visitó también esta ciudad, pero
esta vez no volvió. Tres días después, el cochero que
le había conducido regresó con una carta para el anciano conde, carta en la cual Conrado se despedía
de su familia en términos que indicaban la vehemen-

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cia de su pesar y en la que menudeaban las rPconvenciones incoherentes contra sí mismo por la muerte de su hermano. Decía que desde entonces la existencia era para él una carga apenas tolerable; que no
podía esperar tranquilidad ni alivio mientras permaneciese en los lugares que á cada momento le recordaban la causa de su aflicción, y que por lo tanto
había resuelto marchar á San Petersburgo á fin de
alistarse en el ejército ruso, que se hallaba entonces
en el Cáucaso. Suplicaba á su padre, á su madre y
á J ulieta que perdonasen su memoria en el caso de
que no volvieran á verle.
A la familia no le sorprendió mucho esta resolución ni los términos en que se anunciaba. Comprendía que Conrado no tenía motivo alguno para dirigirse reprensiones; pero la desgracia que acababan
de sufrir era tan imprevista y tan estrechos los lazos
de unión de los dos hermanos, que se podía admitir
que solamente el hecho de haber sido único é impotente espectador de aquella catástrofe acrecentaba
más aún la angustia producida por el recuerdo.
Conrado estuvo cerca de tres años ausente de
Larnstein; sus cartas eran raras y cortas; pero en la
primavera de 18171 su padre recició al fin una muy
larga en que anunciaba su regreso. Cuando la familia penetró en la habitación del anciano conde, halláronle muerto en su sillón con la carta en la mano:
había fallecido sin sufrimiento á consecuencia de un
ataque de apoplejía, y sus ojos estaban suavemente
cerrados, cual si se recreara en la esperanza de la
la vuelta de su hijo.
Conrado, pues, entró como dueño y señor en
Larnstein, donde aún reina.b a el duelo. El paso firme que entonces reson6 en el antiguo salón del castillo era el de un hombre acostumbrado, por la fatigosa vida de los campamentos bárbaros, á sufrir y á
mandar; su elevada estatura comunicábale un aspecto
más digno, que parecía realzar su persona, y por su
vigorosa contextura asemejábase á una estatua de
bronce en que un escultor hubiese encarnado la figura de un semidiós soñado por él. Además observóse
en Conrado como carácter distintivo esa bondad
propia de los hombres que supieron dominar violentas pasiones; que han adquirido por lo mismo confianza en su fuerza, la cual llega á ser su prerrogativa,
y que imponen su autoridad á los demás. Es el atributo de aquellos á quienes toca en suerte una precedencia indiscutible en la gran ceremonia de la vida.
No obstante, el cambio más imprevisto en Conrado era su afán de hablar á menudo y con franqueza
de todo cuanto era más doloroso en los recuerdos de
Julieta y de su madre. Lejos de eludir este asunto,
procuraba que se fijase en él la atención, y hacíale ·
de una manera tan delicada y discreta, que las dos
damas se acostumbraron irresistiblemente á conversar sin reparo de todo cuanto se refería á la muerte
de Félix. Así, poco á poco, bajo la influencia eficaz
de Conrado, estos recuerdos dolorosos se confundieron armoniosamente en el gran cuadro de las cosas
pasadas; conservaban el sello de la melancolía, pero
dejaron de ser tan tristes. Conrado desplegó la más
consumada habilidad en la composición sugestiva de
esta pintura mental, suavizando poco á poco todos
los rasgos algo duros del fondo, dando á veces un
retoque méis vivo en los primeros planos y esforzán✓
dese para disimular cuidadosamente la parte de iniciativa que en esto había tomado.
Los pensamientos de Julieta se habían fijado durante dos años en estos tristes recuerdos, en el continuado silencio de un aislamiento riguroso; pero
comenzaba á comprender el encanto de que se privara tan largo tiempo, es decir, la comunidad de
ideas y el consuelo que proporcionaba interesarse en
las mismas cosas. Conrado se valió de todo su arte
para que considerase el cambio que en ella se operaba como resultado espontáneo de su propia voluntad, y en esta obra de consuelo apelaba á los esfuerzos más infatigables y á la más continua paciencia.
Poco más de un año después de su regreso á
Larnstein, la anciana condesa fué á reunirse con
su esposo y se la enterró junto á éste en el panteón
de la familia. Como J ulieta y Conrado se hallasen
junto á la tumba de su madre común, la muerte, que
reunía de nuevo á los ancianos padres, parecía indicar á los dos jóvenes que solamente su unión les
prese~varía de una soledad insoportable, y J ulieta no
encontró nada que oponer cuando Conrado abogó en
favor de este enlace, no con la pasión de un enamorado, sino con el sentimiento patético de un amigo
fiel á toda prueba. Hizo esta súplica con la abnegación completa del que sacrifica todo deseo personal,
como hombre que renunciaba á toda dicha, cualquiera que fuese, desde el momento en que él no
tenía derecho para esperarla, ni ella podía concederla. Por otra parte, hubiérase dicho que, demostrando la mayor delicadeza, miraba como suyas to-

LA
das las consideraciones de interés exclusivamente
personal que hubieran podido impulsará Julieta á
no rehusar la proposición. Así llegó aquélla inocentemente á considerar como noble deber y santo sacrificio una medida ante la cual hubiera retrocedido
con invencible repugnancia en el caso de basarse en
razones de un orden diferente. En vez de decir:
«Eres huérfana,&gt;&gt;
decía: «Soy huérfano.» Hubiera podido evocar las relaciones que entre
ellos crearon recuerdos comunes del pasado y un mismo
sentimiento por la
pérdida de los que
ya no existían, como
si estas relaciones
hubiesen llegado á
ser por costumbre
necesarias para su
vida; pero no hacía
alusión sino considerándolas cual origen de fuerza vivificante para él mismo.
No obstante, en
el alma de Conrado
no había tanta tranquilidad como pudiera creerse, á j uzgar por el aspecto
exter ior. Hallaremos una indicación
de su estado en el
fragmento siguiente
de una carta de Julieta, escrita unos
meses antes de la
muerte de la anciana condesa y antes
ta m bién de sus
desposorios con el
conde.

este juego; mas por vez primera, parecióme haber
adivinado desde un principio el plan de bataila de
mi adversario y había arreglado mi juego de tal manera que, cuando comprendió el ataque contesté con
una contra jugada que le sorprendió. Durante un momento, hubiérase dicho que había perdido completamente la paciencia y al verle tan excitado, agucé el

ULIETA Á TERESA

(Extracto)

237

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

rado levantó la mano del tablero, y entonces creí por
un instante que la manga de aquél la habría desviado de su sitio; mas como había otras piezas que en
tal caso habrían caído, aún me es imposible explicarme cómo atravesó la mitad del tablero sin que yo lo
notara. De todos modos, no tuve tiempo para profundizar el misterio, pues al volverme hacia Conrado
observé que su rostro estaba lívido, sus
labios cárdenos, y
que su mirada, espantosamente fija,
tenía una expresión
de terror indecible.
Como para aumentar el horror de esta
repentina metamorfosis, mamá., que soñaba durmiendo,
murmuró: «¡Sí, Félix, ya lo sé, ya lo
sé!»
»Quise ayudar á
Conrado, que se levantaba de la silla,
pero rechazóme con
la mano y salió vacilante de la habitación, tocando las
paredes cual si estuviera ciego.
»Por fortuna, mi
madre dormía cuando ocurrió todo esto
y yo no le dije ni
una palabra. Más
tarde preguntéle en
qué soñaba al repetir las palabras que
murmuró; pero me
dijo que lo había
olvidado todo y que
ni siquiera se acordaba de haber soñado.
»No hemos vuelto
á jugar al ajedrez
desde aquella noche, yme parece que
habrá sido la última
partida, pues no me
siento con valor para otra, por lo menos siendo mi competidor Conrado.»

«Comienzo á temer que las fatigas
de su última campaña han producido
.
. .
una gran alteración
En otra carta, esen la salud de Concrita poco más ó
rado, hasta un punmenos hacia la misto que su aspecto
ma época, J ulieta se
habitual y su gran ·
expresa así:
fuerza muscular no
«Temo, querida
permiten reconocer.
Teresa, que ConraH ay momentos en
do trate de ocultarque su rostro parece
me la causa verdaper der completadera de sus mistemente toda la sanriosos acces_os y que
gre; sus ojos están
éstos tengan alguna
á veces fijos y virelación con los tedriosos y sus facciorribles recuerdos
nes se contraen codel 14 de septiemmo por un espasmo
bre.
terrible. Semejantes
»Lo comprendo
ataques, según dice,
muy bien y mi anson efectos ulteriosiedad no es menos
res de una fiebre
angustiosa.
violenta ocasionada
»Por primera vez
por una herida que
en su vida, Conrado
estuvo á punto de
El señor Conrado le suplicaba muy formalmente que se estuviera quieto... {Pág. 236)
parece luchar con
serle fatal. Cree tamla Providencia y se
bién que los remedios vulgares usados por !os cirujanos militares rusos ingettlo ~liante me Íué ~0~1.ble pára_ ~ó~harrestar sus ve obligado á someterse al efecto de una voluntad
han atacado su constitución de una manera más gra- jugadas tal1 audaz y hab1lmente dmg1das. Empeñá- impenetrable que ninguno de los métodos intelectuave que la fiebre misma.
base de tal modo en perseguir mi reina, que le faltó les con que está familiarizado puede permitirle pene» Estos accesos, a un que penosos, no parecen of:ecer sti pt~dertoia habitual1 dejando así en descubierto su trar. ¡Ah, querida amiga! ¡Sin la fe en el amor de Dios,
peligro; pero jamás olvidaré la noche en que v1 por r~y. Sm erribatgo, al fin le oí excl_amat: «¡Ahora, Ju- qué espantosas serían las pruebas de su poder! Sé
primera vez una de esas crisis.
lleta, ya no te escapas!» Al decrr esto, hizo con su que está en la naturaleza del carácter de Conrado
»Conrado y yo jugábamos al ajedrez, y mamá dor- caballo una sabia jugada, precisamente cuando yo considerarse como responsable del mal éxito de sus
mitaba en su sillón cerca del fuego; era noche de pensaba darle jaque mate. Me enojó esto de tal ma- esfuerzos para salvar al hombre amado que he perdimucho viento, por lo cual oíamos de continuo rechi- nera, que estuve á punto de hacer rodar las piezas; do, pues su conciencia es de las más susceptibles y
nar las puertas en las habitaciones vacías del piso pero de improviso y como por encanto, el aspecto de él mismo se juzga muy severamente; pero no es relisuperior, y en toda la casa resonaban extraños rumo- 1~ partida pareció cambiar c?mpletamente: una sola gioso, ó por lo menos, no en el sentido que nosotros
res y como gemidos, mientras las hojas secas, arre- pieza había efectuado este milagro. Un~ torre que yo damos á esta palabra. Su carácter elevado en todas
molinadas por el cierzo de otoño, chocaban contra creía haber guardado como r_eserva, bien protegida las cosas, no tiene la sencillez confiada y la sumisión
los cristales, produciendo incesante mur~ullo. Con- en un ~n~ulo del campo ener~ugo, hallábase entonces de un niño.
rado inútil me parece decirlo es gran Jugador de en pos1c1ón más avanzada, Jaqueando el rey de mi
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
ajed;ez y en cambio yo no entiendo gran cosa en competidor. Yo no observé esta torre hasta que Con•
(Continuará)

.

l

. .

.

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

SECCIÓN CIENTÍFICA

LA MEDICIÓN ELÉCTRICA INDUSTRIAL
11' D!l:ADO RES DE CORRl~:NTF.

Mientras en el viejo continente y á consecuencia de
la escasez de ganado la carne es un artículo de lujo
Fuera de la telegrafía, y eR particular de la subque no está, como debiera, al alcance de todas las marina, que no existiría sin la medida y el cálculo,
bocas, en los países del nuevo mundo poco pobla- apenas hace una docena de años que la medición
dos, como la República Argentina, los vastos espa- eléctrica ha sido introducida en la industria eléctrica,

Llegada á Dunkerque, el 18 de enero de 189r, del buque inglés B ellendm conduciendo 90 bueyes procedentes
de la República Argentina

cios ocupados ofrecen inmenso campo á la ganadería,
excediendo allí en mucho la producción al consumo.
Por esta razón, desde hace mucho tiempo se trata de
abrir en Europa un mercado á los ganaderos de estos países y de otros que en análogas circunstancias
se encuentran.
¿Pero cómo salvar los inconvenientes de una larga
travesía por mar? Prescindiendo de los sistemas ensayados para el transporte de la carne en conserva,
que no siempre llega fresca y nunca con todos sus
principios nutritivos, y del extracto de carne, de empleo muy limitado, hay otro que consiste en importar las carnes despedazadas y conservadas en hielo,
y que hoy constituye una industria muy próspera hasta el punto de que en 1888 sólo en el puerto de Dunkerque entraron 36.014 kilogramos de carneros helados; en 1889, 120. 130, y en 1890, 332.500. Pero las
carnes así conservadas no gustan á todos, por lo que
se pensó en traer vivas las reses.
A este fin, en 1889 un catalán, D. Antonio Voltor
y Climent, hizo una prueba bajo los auspicios de la
Sociedad rural argentina, enviando desde Buenos
Aires á Barcelona diez novillos que fueron alimentados durante el viaje con una pasta de harina y un
poco de forraje adicionados con una preparación
contra el mareo, y de los cuales llegaron felizmente
ocho, cinco de ellos con aumento de peso.
En vista de este éxito, Inglaterra comenzó á utilizar este sistema de transporte, y el cónsul de la República Argentina en Dunkerque ha inducido á la
Sociedad argentina exportadora de ganados á seguir
este ejemplo, de modo que desde septiembre de
1890 á enero de 1891 llegaron á dicho puerto 397
bueyes y 3. 118 carneros vivos.
.
La instalación á bordo está claramente indicada
en nuestro grabado; hay que consignar, empero, que
sólo el vapor inglés Bellenden se ha aventurado á hacerla sobre el puente, y á pesar del frío excepcional
que hacía cuando los bueyes llegaron á Francia, las
pérdidas fueron muy pocas.
El éxito es, pues, completo: en los tres últimos vapores llegados á Dunkerque, de 19'7 bueyes importados, sólo murieron 17, es decir, menos del 9 por
100. Los ingleses hacen ya este comercio en grande escala, importando bueyes de Nueva York. La República Argentina habrá por fin encontrado un medio de utilizar sus inmensos rebaños, y las clases pobres de Europa podrán proporcionarse carne fresca
y buena á poco precio, que bien lo necesitan en estos tiempos en que la crisis económica coincide con
el alza de los artículos de mayor ó más necesario
consumo.

contribuyendo en gran parte al desarrollo de ésta. A
los delicados y cortos aparatos del principio han sucedido instrumentos sencillos, fuertes, de lectura directa y baratos, cuyo empleo se impone aun en las
instalaciones más pequeñas.
En las obras de electricidad publicadas hace sólo
quince años, casi invariablemente se encuentran
en ellas medidas las intensidades de corriente por.
grados de desviación del galvanómetro usado por
el . experimentador, sin otra indicación que permita
tener una idea, siquiera aproximada, de lo que podía
ser esta intensidad relacionada con unidades cuyo
conocimiento estaba entonces reservado á unos pocos
privilegiados.
Un primer progreso, debido á sir Guillermo Thomson, consistió en sustituir el campo magnético variable con el incomparablemente más constante y más
intenso producido por un imán permanente. Por d,esgracia, hasta el presente los imanes permanentes se
debilitan más 6 menos con el tiempo y los aparatos
en que se emplean necesitan rectificaciones periódicas para compensar su tendencia á avanzar, nacida de
la debilitación del imán.
Este inconveniente se ha salvado equilibrando la
acción electromagnética variable con la intensidad

NúMERO

485

NúMERO

permanente, reemplazado por la gravedad como acción antagónica.
Dos de los principales instrumentos basados en
este principio son el de Mr. Elihu Thomson y el de
M. Bergmann. El primero (fig. 1), empleado principalmente en América, se funda en el sencillo principio de que un pedazo de hierro dulce colocado en
un campo magnétic0 no homogéneo tiende por sí
mismo á situarse en la parte donde el campo es más
intenso, si no está sometido á una fuerza antagónica
que á este cambio de lugar se oponga. Sabido es,
además, que el &lt;;ampo magnético producido por un
carrete anular atravesado por una corriente coristante
es más intenso en los bordes que en el centro del
carrete, en donde está su valor mínimo.
Esto sentado, imaginemos dos carretes de eje horizontal atravesados por la corriente que haya de medirse y montados como indica la fig. r. El borde de
cada uno está ceñido por una tira de hierro dulce en
forma de U: estas dos tiras de hierro diametralmente
opuestas están montadas en un eje común excéntrico
con relación al de los carretes. Cuando no circula la
corriente, las dos piezas en U están bastante apartadas del borde de los carretes, manteniéndose en equilibrio por la acción de un contrapeso: si la corriente
circula por los carretes, aquéllas son atraídas á la periferia interior de éstos, á los que ciñen y tienden á
hacer girar alrededor del eje común, y toman una
posición de equilibrio dado por una corriente dada,
cuando el par electromagnético ejercido por los carretes sobre las armaduras de hierro dulce equilibra
el par ejercido por la gravedad sobre el contrapeso
fijado en el eje de los carretes. Un aparato así construido tomará siempre la misma posición y dará siempre la misma indicación cuando lo atraviese una corriente de igual intensidad. En el círculo dividido se
ve que los cambios de sitio para una variación de
corriente dada varían mucho con la potencia de la
corriente que haya de medirse, lo que permite dar el
máximo de sensibilidad en las proximidades de las
intensidades que interesa conocer con exactitud.
El indicador Bergmann (fig. 2) es un aparato análogo en principio al anterior y se emplea en las distribuciones del sistema Edisson en América: la armadura está sustituída en él por una delgada barrita de
hierro dulce en forma de arco de círculo, que tiene
por centro un punto de un eje horizontal, ácuyo alrededor gira. La corriente que ha de medirse atraviesa
un solenoide, cuya directriz es también un arco de
círculo con el mismo centro que la barrita: en su posición normal ésta está fuera del solenoide y la aguja
indicadora marca cero. Cuando una corriente cruza
por el aparato, el núcleo tiende á penetrar en el sole-·
noide, región en donde el campo magnético es más
intenso, correspondiendo cada posición de equilibrio
á una intensidad dada que indica la aguja en una división graduada colocada en la parte inferior.
El inconveniente más grave de estos aparatos es
que no siguen las variaciones de corriente en el momento mismo en que se producen y que oscilan algún
tiempo alrededor de su posición de equilibrio antes

485

2 39

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LOS

QUE TENGAN

TOS

sana, hermosa, fuerte

ya sea catarral ó de constipado, seca, nerviosa, ronca, fatigosa, etc., etc.,
bronquial ó pulmonar, por fuerte y crónica que sea, hallarán el alivio
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dable y n•s ptopiedadea calmantes.

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• IIIIIUTBO 1 M.llllflSl.l

1111

_,ra lu

.IJMoioDN 411

l/ilt6,

~ .A.oedlaa, T6mltoe, Sru&amp;oa, 'T ~
ng,a1arlaD 1u hzaoloua ul El\6mago.,
Joe IMwll.Doe.

«,

(Gaceta de los Hospllalea)

f:1oe

maeo, l"alw •• ApeUw, Dla..UODW lüoln,tr • ti rtt•lt • ,,.. d• , .

~uerldo enfermo. -Flese Vd. Ami /arfa uper/enc/a,
'1 hata u10 de nuutro1 GRANOS de SALUD, pu81 e//OI
/e curarfn de 1u con1t1p1c/on, le darfn apetito 1 lt
dtro/rerAn e/ 1ueño 1 la alegria. - At1 ,irirA Vd.
muoho1 año1, d11frutando 11empre de una buena 1alud.

,Aroo.

&amp;C. DZ'l'IUM, Fanuoeutloo 1111 PAJlD

Dep61ilo Ctaeral: .45, talle Tmilllera, 45, PWS
Se rende en toda, /u buena, farmao/a,,

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soU'-'ª o,
l~ 1 , \-•
~

~ \ \\\

CLORÓSIS. -

&amp;u,to

oE.\. O

,tradab/e 1 que

ANÉMIA. -

LINFATISMO

El Profo-Iodu.i-o da Hierro u ti repaz,ador de la •aD1Jre,
el torfillcanfe y el microbicida por excelencia.
11Jarabe1 lu Grajea■ coa proto-!odll!O fe Mrm teF. Gllle,

,udmlnlatra fao/lmente

El traaco conUtne w,u 20 D611a
PAlUS, 6, A.,.,.,uViclOri4,y F""""""-

no po&lt;lna" 11r &lt;Um&lt;Jn4do "'OOfflffldodol ffl ,...,6,, d4 "' ,l'WrtJG q,,lmlca, d4
inall,,...btlido" 11 cú ,u , olul&gt;illdad con,ta,ilc1,
(Oac,ta d1 1o1 Bo,JJitale,).

11,

DBPdelTO GENII\AL: 46, Rue Vauvtlllers, PARIS. Dtpósito en todu lu J&amp;IC&amp;l!U.

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GOTA
Y REUMATISMOS
' por el LICOR
y
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::c...av:llle:

Pepsina Boudault

,,,. 1 mnd•la ... •P•, flllpa
AS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
ARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

Aprobada por la füD&amp;IIA DE IEDICl!IA

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EH 1856
Medallu en Ju Expotlclont1 lolernaelonalo■ de

eOfaC(0D

1&amp;s

X&gt;•

DWCOJhe emplea en e/ e,tado afudo¡ laa PILDOJL&amp;S,en e/ eatado ordn/oo.

Por layar: F, COMAR, 28, ne Saint-Claade, PA.RIS ,.-;.

~

,

Tpl.&amp; u t.4u lu hmdu J l!tperi11.-lllllelt cnlil a ltl.kla a,iicalltt.~ ~ ~ - : : ,
~~ICESTESTAfllMA1

½¾,~-~

P.lBJS • LYOH • VIENA • PHILADELPHU - PARIS
1867

~

18i3

1876

1&amp; UPLl.l CON IL MATO&amp; tllTO

1178

n U.

SOCIEDAD

DISPEPSIAS
CASTRITIS - OASTRALOtAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
y OTaOt DBIOIUIINII Da Li l&gt;IOIITIOW

DUO LA FORMA DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · , de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PWS, Pharmacie COLLAS, 8, rue Daapblne
Fig. 1. Indicador de corriente de M. Elihu Thomson

Fig. 2 . Indicador de corriente de M. Bergmann

de la corriente por una fuerza constante: la gravedad. de detenerse en ella, pero este inconveniente está
En la mayoría de los galvanómetros industriales, compensado en la práctica por la permanencia de sus
6, hablando con más exactitud, en la mayoría de los indicaciones.
indicadores de corriente hoy usados, desaparece el imán
(De La Nature)

r ,.,, la, J&gt;f'Í"clrta~I fal'ffl•c'41,

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e

una completa lnllocllldad, una' -elicael&amp; perfectamente comprobada en el Catarro

ª"""

eJ1(6mifco, las BrOftqum,. catarro,, Rnma,, ro,,
é ,mtadOft de la rarganta, han
(!&amp;ngeado al JAIU.'BE y PASTA de AUBERGIEI\ tlJla Inmensa fama, •
(Bstraclo ,1,1 Fo11111ulario MUico dtl S" Bouolar,ar Hlltlrcllico ü la Faoul14d u Jledicin1 (fft 1dici6n),
Venta por mayor : COJIIAR T e-, ts, ca.ue de St:-Claude, PARIS
DEPÓSITO EN LAS PIUNCIP.lLE9 BOTICAS

• destruye huta lu IIAIOIES el VaLLO del rostro de las damu (Barba, Bt«ote, ete.l. slo
lllll(IID pd!rro p&amp;ra el cotil. SO Año■ do :á:itlto,ymlllrm de le1Umonlo11garantiia_n la eficacia
de e.sta prepamion, (Se ,ende en oaju, gm la barba, y en 1/2 oa)u para el blgole hcero). Para
101 bra111, emplwe el ¡&gt;lLJ t' o 11.E, DV&amp;SJ!JR, i , rue J ,.J ,-Rou■eeau, Paria-

PITE EPIUTOIRE DUSSER
,

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

485

nndisimas consideraciones sobre la producción agrícola, el
trabajo industrial,
las obras públicas y
en suma sobre cuanto constituye la riqueza de los estados,
señalando las de fi •
ciencias en unos puntos, l os errores en
otros y los remedios
que , para suplir
aquéllas y enmendar
éstos, le sugiere un
espíritu que bien po·
demos calificar de
genial y de eminentemente práctico.
Y no es solamente
lo que toca á los intereres materiales lo
que atrae la atención y motiva el estudio del Sr. Camacho: los intereses
morales hanle inspirado también belHsimos párrafos como
el último de su libro
consagradoal pueblo
de los Estados Unidos,quediceasi: «El
carácter americano
necesita equilibrio
entre las ideas individualista y na ci onal, fuertemente
desarrolladas, y la
idea de colectividad
de la especie que á
las veces a parece
obscurecida antre las
nieblas. El egoísmo
es pequeño; sólo es
grande y durable lo
que abarca la humanidad entera. De las
479)
riquezas materiales
sólo suele quedar el
testimonio de las
ruinas; de la grandeta moral de un pueblo sobreviene una fulguración luminosa á través de los siglos, que sirve &lt;le fanal á
las generaciones sin cuento. El pueblo americano tiene que
fundar sus títulos al respeto de la historia, no sólo en la acumulación de los millones, sino en la acumulación de los actos de desprendimiento, abnegación y justicia en favor de la humanidad.

L!Bl\OS l NVIADOS
Á E STA REDACCIÓN

por utores 6 tdit1res
NOTAS DE VIAJE
(COLOMBIA Y ESTA·
DO S UNIDO S DE
AMÉRICA), por don

Salvador Camacho
Rotdiin, de Bogotá,
- Tras algunas consideraciones acerca
del motivo que le impulsa á escribir sus
Notas de viaje y de
la insuficiencia de las
fuentes de información á que acudió
para realizar tal propósito, dice el Sr. Camacho en el prólogo
de su libro: cCon tan
escasos elementos, ¿á
qué fin escribir estos
recuerdos? se preguntará, y la respuesta, á la verdad, no
deja de ser embarazosa. Mi objeto es,
sin embargo, abrir el
camino á otros que
con mejores medios
de instrucción quieran atreverse á seguir mi ejemplo presentando á nuestros
conciudadanos, desde el punto de vista
de nuestras ideas na•
cionales, en trabajos
mejor elaborados, el
espectáculo de pueblos d istintos del
nuestro.&gt;
Después de leida
la obra, fácil es com•
ESTU DIO DEL PINTOR LUIS BRAUN (Véase el artículo_en el número
prender que sólo un
exces:&gt; de modestia
pudo dictar tales palabras. Si el espacio de que disponemos lo consintiera, con s6lo describe lugares y hechos dándoles todo el relieve que la plumn
reproducir el indice de las materias en ella tratadas, se de- consiente, no se limita 6. ser narrador fiel y naturalista de lo
mostrarfa que las Notas de viaje son algo más que meras im- que en sus viajes pudo herir su vista ó su imaginación, sino que,
presiones de un turista consignadas á la buena de Dios y amon- observador profundo, estudia concieniudamente los pueblos y
tonadas sin plan meditado y sin deducción de enseñanza alguna. los palses recorridos, y al interés puramente pintoresco del re•
En efecto; el Sr. Camacho, que en llano y castizo lenguaje lato préstale importancia no pequeña, menudeando en éste ati-

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61. París.-La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y C.•, Diputación, 358, Barcelona

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no ti_tubean en purgarse, cuando lo
nec~51tan. No temen el asco ni el cauJªn~io, porque, contra lo que sucede con
~s emas purgantes, este no obra bien
BlDO c_
uando se toma con buenos alimentos
Ybebidastort.ificantes, cual el vino, el cafiJ,
el té. Cada cual escoge para purgarse la
hora Y la comida iue 'mas Je convienén
seuun sus ocupaciones. Como el causSD'
cio que la purga ocasiona queda completamente anuladopor el efecto de la
buena alimentacion empleada uno
se decide lllcilmente á voivér
11 empeurcuantas veces
sea Decesario.

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los primeros médicoS' de París.

Quedan reservados los derechos de propie&lt;lad artistica y literaria
lMl', DB MONTANKR Y SIMÓN

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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