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ARO X

BARCELONA

20

DE ABRIL DE 1891

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REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

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DON JAIME EL CONQUISTADOR, busto en barro cocido de Rafael Atché
(Exposición de Bellas Artes de Barcelona)

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LA

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11

NúMERO

486

del adorno árabe. Lo mismo en las obras de decora- mas y de colores se refiere quizá á reglas misterioción arquitectónica que en los productos industriales sas, á una especie de ritual perpetuado á través de
Texto. -La ornamentacióti m las artes del extremo Oriente y sean de la índole que quieran la forma general está las edades.
de la América precolombia11a. l . Arte indio. II. Arte c/iino. tratada cuidadosamente. La ausencia de todo adorno
III. Arte japonls. IV. Las artes en la América ptecolombia, superfluo, la división y subdivisión de las líneas geIII
na, por José Ramón Mélida. - El 1111dico m los desafíos, por
nerales,
se
encuentra
en
lo
indio
como
en
lo
árabe,
Federico Montaldo. -Los pantalones, por F. Moreno Go&lt;liARTE JAPONÉS
no. - SECCIÓN AMERICANA: Leoncio Prado ( Perfiles perua· sin más diferencia que la expresión individual de los
nos), por Eva Canel. - N11estros grabados. - El a,iil/o de estilos. El estilo árabe-persa se manifiesta más gracioAmasis (conclusión). Novela original de lord Lytton, ilus- so y menos convencional que el árabe español, sin
El arte japonés tiene su origen en el chino, con el
trada por A. Besnard, traducción de Enrique de Verneuill.
que guarda semejanza. Sin embargo, le caracteriza
-SECCIÓN CIENTÍFICA: Buque divisible en los partes. - [j,, duda porque la influencia persa fué más direcfa que
n11evo ó11q11e eléctrico. - Una observación sobre un cuadro de la árabe. Entre los caracteres de la ornamentación un individualismo, una originalidad, un buen gusto,
Rafael.-Un hallazgo curioso.
índica señala Racinet la continuidad y la plenitud que que le hace infinitamente superior al arte chino. El
campean en la superficie decorada y se manifiestan chino es un artífice que ejecuta el arte como un ofiGr!!-bados.-Don faime el Conq1,istador, busto en barrocoen
una profusión de motivos semejantes, ligados por cio y por rutina; el japonés es un genio que produce
odo de Rafael Atché (Exposición de Bellas Artes de Barcel~na). -tl:liilrfana!, cuadro de Ricardo Brugada (Exposi- el tono del fondo, algunas veces claro, pero vivo; pues el arte con la originalidad y el esfuerzo propios del
ción Parés.)-Futuros lobos 111an·11os, cuadro de D. José Fe· el fondo es el principal agente que contribuye al efecto que ante todo huye de la imitación. Además, el gran
rrer y Pallejá. - /oven argelina, cuadro de D. Ramón Tus- del conjunto. Todo el atractivo de los motivos orna- secreto en que estriba el mérito principal del arte jaquets (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). mentales indo-persas consiste en la viveza y acertada ponés es que, á pesar de haberle informado las traf:a estatua de Marat, del escultor Baffier, recientemente retirada del parque de Montsouris, París. - Plática de coma- combinación de los col01es, sin producir efectos chi- diciones chinas, supo desde luego estudiar directadre~, _cuadro de F. du Puigaudeau, grabado por Baude (Ex- llones ni conjuntos abigarrados; lo cual unido á la mente la Natura:leza é interpretarla de un modo oripos1c1ón del Campo de Marte, París). -Entre flores, cuadro manera ya indicada de distribuir y ligar los motivos ginal, elegante, grandioso y decorativo. Ninguno de
de E. Tondouze, grabado por Baude (Salón de París). - Fi·
los convencionalismos que se observan en el arte
g~ra I. Lanzamiento del buque americano divisible en dos ornamentales, da á la decoración una riqueza y un rejaponés
contradice á la Naturaleza Pero conviene
poso
que
producen
en
el
ánimo
del
espectador
una
mitades en los astilleros de Buffalo. - Fig. 2. Travesía del
decir, antes de pasar adelante, que en los productos
buque, después de desmontado, por el lago O'ntario. - Estu- sensación agradable.
d~o del pintor Edmtmdo Harburger. (Véase el artículo EstuLos motivos usuales consisten en trazados curvi- japoneses el simple ornato tiene escasa importancia,
dios de algunos clleóres pintores, publicado en el núm 479.1
líneos semejantes á los del arte persa y en flores que al paso que la tienen muy grande las figuras. Las
aunque tratadas de una manera convencional se acer- porcelanas, los bronces, las telas y demás productos
can bastante á la imitación de la Naturaleza. Además, japoneses son muy decorativos por el efecto de conLA ORN AMENTAClON
la tentativa de copiar el claro-obscuro se manifiesta junto, pero hay en ello~ pocos ornatos propiamente
por medio de la degradación de tonos en telas y pin- dichos. Ningún motivo nuevo fuera de los indicados
EN LAS ARTES DEL EXTREMO-ORIENTE Y DE LA
turas y también en los damasquinados. Uno de los en el arte chino se encuentra en el japonés; pero
AMÉRICA PRECOLOMBIANA
motivos ornamentales más característico y más fre- en éste están ejecutados con mejor gusto, y los colocuente en las telas labradas es la palma interpretada res, siendo vivísimos y ofreciéndose en las combinaLa India, la China y el Jap6n forman una serie á modo de hoja puntiaguda, que cuando aparece sin ciones más originales, nunca resultan abigarrados ni
aparte en el proceso histórico de las artes. Las analo- tallo tiene forma de piña.
chillones. La fantasía japonesa es infinitamente sugías de los monumentos y de los productos indusperior á la china; lo cual unido á la superioridad del
triales de esos tres pueblos lo declaran con harta
dibujo y al buen gusto y habilidad para componer,
II
claridad al propio tiempo que las tradiciones históda felicísimos resultados. Los seres quiméricos, antes
ricas.
indicados como elementos de exornación, son en lo
ARTE CHINO
Recientes descubrimientos parecen indicar, por
japonés mucho más bellos, originales y decorativos
oka parte, que en la América precolombiana se dejó
Los monumentos más antiguos del arte chino con- que en lo chino.
~~ntir una influencia búdica y los monumentos me- sisten en unos vasos de bronce que se conservan en
Una particularidad singularísima se observa en el
Jicanos y del Yucatán ofrecen semejanzas decorativas el Museo imperial de Pekín y que corresponden á arte japonés: el decorador huye de la simetría; de
y ornamentales con los de la India y la China.
las dinastías segunda y tercera, cuya antigüedad se tal manera, que para decorar un plato ó una superfieleva á los siglos xvm á xm antes de J.C. Los ador- cie cualquiera reparte caprichosamente, y como al
I
nos de estos vasos de tan remota antigüedad, reve- azar, motivos desemejantes, tales como una cartela
lan un arte que ha pasado del período rudimentario y un círculo superpuesto y en otro lado un abanico
ARTE INDIO
ó de infancia, pues presenta ya los caracteres que se y un dragón. A veces emplean la escritura mezclada
han perpetuado en el arte. Durante el período de si- con los ornatos, aunque no como lo hicieron los egipE~ e~ ~rte indio hay que distinguir dos períodos: glos en que se ha desarrollado el proceso de aquella cios y los árabes, es decir, que no la emplean como
el pnm~ttvo, que parece acut6ctono, y otro en que civilización se observan algunas influencias de la In- elemento decorativo. En lo japonés resulta casual el
se mamfiesta una influencia árabe persa. Indicos dia y del Japón.
efecto decorativo, por razón de la forma misma de los
pueden ll~marse, con toda propiedad, los monumenEl arte chino es sumamente fantástico y variado, caracteres. La interpretación de las flores, del m·ar y
tos del pnmer período; indo-persas deben llamarse y no parece que haya habido en él otra tendencia de las nubes suele ser fantástica y originalísima, pues
los del segundo.
que la reproducción incesante de los mismos tipos estos elementos suelen estar tratados á modo de orLos monumentos de estilo índico fueron construí- tradicionales. El sistema decorativo chino adolece natos ondulados que recuerdan las ondas griegas.
dos en los primeros siglos de la Era cristiana. Mu- de falta de orden y de plan; pero está tratado con
En suma, el adorno japonés no obedece á reglas
chos de ellos están cavados y tallados en las rocas· fantasía; la variedad de colores es muy rica y la vive- fijas, sino al instinto decorador y á la fecunda origiotros están construídos; y todos ellos revelan que su~ za de tonos presta poderoso encanto á las composi- nalidad de aquellos singulares artistas.
autores poseían grande instinto decorativo. Su orna- ciones decorativas. Carece de grandiosidad á pesar
mentacién se manifiesta en fajas de menuda labor ó del modo fantástico como están tratados los motivos
IV
~e figuras decorativas, de hombres y de animales que ornamentales. Es menester no olvidar que los chinos
s1r~en de telamones, produciendo un conjunto rico ignoran las leyes de la perspectiva y que desconoLAS ARTES EN LA AMÉRICA PRECOLOMBIANA
afiligranado y profuso de detalles, que da idea de cen el modo de emplear las sombras y el claro-obsla afición de los indios á la exornación.
Dejando á un lado la trascedental cuestión del
curo.
Los rasgos característicos de las construcciones InLa índole especial de la arquitectura china, poco origen de los antiguos pueblos, cuya civilización se
dicas pueden apreciarse, no sólo en los monumentos monumental, ha sido causa de que la ornamentación reconoce en las ruinas de palacios, templos y sepulsino en la importante obra del arquitecto indio Ra~ se manifieste con mayor importancia en los produc- turas de Méjico, Yucatán, Perú, etc., creemos oporRaz, obra técnica que contiene las reglas para la tos industriales, debiendo estudiarse por consiguien- tuno decir que la ornamentación americana no debe
construcción de edificios. El sistema decorativo con- te en las porcelanas, lacas, telas y pinturas.
incluirse, como quiere Racinet, entre las artes primisiste, para las fachadas, portadas de templos cavados
Desde luego, él chino decorador tiene más ins- tivas ó rudimentarias, pues los constructores de los
en roca,. cúpulas, etc., en frisos historiados y moldu- tinto de la combinación de colores que de la distri- monumentos á que acabamos de referirnos no estaras corridas superpuestas. Ram Raz indica en su bución de intervalos y ponderación de masas.
ban en el estado de atraso en que hoy se hallan los
obra las diferentes proporciones (\Ue debían darse á
Los ornatos chinos consisten en sencillas combi- indios en Nueva Guinea, Nueva Zelanda, etc. No
cada moldura, porque según él el mérito de un mo- naciones geométricas formando cuadrados, exágonos, sólo los monumentos, sino los productos industriales,
numento dependía de la perfección con que se efec- ajedrezados, circunvoluciones, etc. Entre esta serie especialmente cerámicos, muchos de ellos recogidos
tuasen las transiciones de unas molduras á otras. de ornatos llama desde luego la atención la presen- en las lzuacas ó sepulturas peruanas, demuestran que
También eKpone las reglas que debían observarse cia del meandro ó greca, tal como la vemos empleada los ornatos americanos responden á un sistema deco·
para la construcción y para conseguir la diminución en la ornamentación clásica. Otro elemento impor- rativo de que sólo podía ser dueño un pueblo tan adede las columnas en el sentido de su altura.
tante son las flores, interpretadas de un modo con- lantado en la cultura y en las artes como lo estuvo
~l. adorno debió tener cierto carácter tradicional y vencional aunque participan algo de la tendencia na- la Asiria en la antigüedad y hoy lo está la China.
rehg1oso, pues Ram Raz cita libros sagrados en que turalista indicada á propósito de los estilos índico é
La decoración arquitectónica consiste principalse encontraban muchos preceptos referentes al modo indo-persa. También emplean como elemento deco- mente en trazados geométricos esculpidos en relieve
de adornar los diversos miembros arquitectónicos con rativo cierto número de figuras consagradas, que tie- ó en hueco, repartidos en frisos ·y recuadros que culo~os ypedrerías, elementos que parecen ser los tipos nen por lo común una expresión simbólica. La imagi- bren por completo los grandes entablamentos de
pnnc1pales de la decoración de molduras.
nación china se acomodó muy bien á representar estos aquellas construcciones, acusando el recuerdo de la
En algún monumento, como la estatua represen- dragones, monstruos, etc., como el perro de Fó ó construcción de madera ó ensamblado. Los dinteles
tando á Surga ó el Sol que conserva la Asiatic Soéie- Buda, que es una especie de león con agudos dien- de las puertas afectan forma de trapecio, cuyo lado
ty y que corresponde á una época comprendida entre tes y afiladas uñas, el caballo sagrado, el Ji'ong-Hoang, mayor está arriba; pero este trapecio está formado
los siglos
v y IX de la Era Cristiana. , se ven adornos pájaro singular y quimérico, y el ciervo blanco, la por una serie de frisos superpuestos sobre los cuales
.
preciosamente ejecutados que revelan una influen- grulla, el pato mandarín y otras figuras. Racinet en- campea a:gún mascarón.
cia griega.
tiende que la inmutabilidad de procedimiento y fideLa ornamentación americana, como la china y la
El segundo estilo indio, ó sea el que tiene por ca- lidad de copia en las figuras puede ser efecto de japonesa, es geométrica, El meandro ó greca y la cerácter distintivo la influencia á.rabe-oersa, ofrece un un instinto esencialmente imitativo y· tradicional del losía ó enrejado en diagonal son los elementos prinsistema ornamental en el que se observan todas las pueblo chino, y que la fidelidad en la observación cipales. Tanto en !ns entablamentos y aun zócalos
leyes de la distribución de la forma, expuestas al hablar de los mismos procedimientos y el empleo de for- exteriores como en los paramentos interiores de los
SUMARIO

1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N úMERO

486

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

que la componen, está sujeta á las leyes
edificios, campean los meandros, desarrode la herencia, y no hay que llegar con
llándose en fajas ó series horizontales, por
Ibsen al infierno de Los aparecidos, ni con
lo común superpuestos, con ligeras varianDaudet al purgatorio de El obstáculo, pates de unas series á otras. Cual si fueran
ra tropezar con manifestaciones de ella á
una amalgama de los dos ornatos griegos
cada paso que damos en el camino de la
el meandro y la onda, los meandros amevida. El duelo aparece como enfermedad
ricanos forman la solución de continuidad
social, epidémica y contagiosa en la Edad
por medio de una linea escalonada. Esta
media; período de transición en las creenforma de meandro no se encuentra exaccias religiosas, en la organización de la fa.
ta en la China ni en el Japón, pero sí muy
milia, en el reparto de la propiedad, eran
aproximada. Los bronces chinos llamaestos tres problemas otros tantos fecundos bronces rituales de remota antigüedad
dos semilleros de conflictos, que estallallevan el meandro entre sus adornos espeban sin que pudiera refrenarlos la interciales y caracteríscos. En el gran palacio
vención de una autoridad, que brillaba
de Mitla, el meandro se presenta como
por su ausencia, ni el imperio de una opielemento dominante y casi único, en frinión pública, que tampoco existía; el valor
sos superpuestos al exterior y al interior
personal, la fuerza, eran los árbitros únidel monumento, dando á los lienzos de
cos,
cuyas decisiones se imponían y eran
muro el aspecto de grandes tapicerías
acatadas
con profundo respeto por las
extendidas. Razón tiene el historiador del
masas.
arte Lubke, cuando al hablar de la ornaEl duelo servía entonces, no ya sólo
mentación de los monumentos americapara
dirimir diferencias personales y parnos dice que los adornos derivados de
ticulares,
sino que un caballero andante
los tejidos son siempre los más ricos, los
cita y emplaza á todos los nacidos para
mejor encontrados y mejor interpretados,
hacerles confesar á puros botes de lanza
como los meandros, los ziszás, las postas
cualquier
tontería, que si Fulanita era más
y aun las líneas onduladas; y añade que
guapa ó Menganito más valiente; y ante
tan diversos motivos de ornamentación,
ese reto, en lugar de presentarse un corre•
especialmente los meandros, son comugidor con dos cuadrilleros que metieran
nes á toda la humanidad, se aliaron desde
en la cárcel por embriaguez al andante almuy temprano á las obras de arquitectura
borotador, siempre salía otro tal sostey no tardaron en plegarse á las necesidaniendo, desde detrás de una visera enordes de la gran construcción; pero que en
me y también á lanzada limpia, que Zuun principio no fué así, pues la decoratanita era más guapa y Perengano más vación no acompaña á la construcción, sino
liente.
que la cubre como en los monumentos
Claro está que, para salir de dudas, mede la civilización mejicana, cuyos mujor
que todas las lizas y arremetidas y tesros están tratados como cuadros de tapi ·
tarazos, hubiera sido mostrar un retrato
cería.
de la interesada, tamaño como un grano
Los ornatos policromos de los vasos
de trigo, cual el que de Dulcinea pedían á
mejicanos y peruanos ofrecen también el
don Quijote los mercaderes toledanos;
meandro y algunas combinaciones geomépero esta misma claridad perjudica mutricas trazados, bien con colores rojo y
chas veces al éxito de las cosas, y la ver·
pardo sobre el color amarillo del barro,
dad del caso es que sólo á un comerbien con punzón sobre el barro negro.
¡HUÉRFANA!, cuadro de D. Ricardo Brugada (Exposición Parés)
ciante, gente pr4ctica, como se ve, y algo
Estos vasos recuerdan, los polícromos á
socarrona, que dice Cervantes, se le oculos vasos fenicios y griegos del período
rría eso, que parece tan natural, de pedir
oriental y los negros á los etruscos.
un retrato para certificar del fzsico de un ausente; los
La ornamentación americana unas veces es muy
EL MÉDICO EN LOS DESAFÍOS
demás humanos se iban al campo acto seguido, y en
sencilla y severa y otras es fantástica, exuberante y caprichosa; tal se ve, por ejemplo, en algunos ídolos de
Empiezo declarando que no soy partidario del due- un periquete quedaba demostrado quién tenía raz6n:
carácter monumental y decorativo, cargados de ador- lo, como medio de poner la razón en su punto y de el que pegaba más y más fuerte.
Batíanse los señores unos con otros y los escudenos, que por su aglomeración guardan semejanza con dar á cada uno en este mundo lo que le corresponda
los adornos chinos. Las cabezas de grifo, los masca- en justicia; si yo no viviera entre hombres, y si yo ros que llevaba cada u~o; batíanse entre sí los testirones coronados de plumas y los rostros interpreta- mismo no lo fuera, sujeto como el primero á todo li- gos ó padrinos respectivos, y de cada du~lo surgían
os de un modo hierático abundan bastante en las naje de incongruencia&amp; y extravagancias, iría más le- mil que ayudaban á las gentes á pasar la vida alegreobras de la plástica américana.
jos aún y me declararía decidido enemigo del duelo. mente gozando del honesto espectáculo, contemplando los' resplandores de verdades sostenidas siempre
Pero no puede ser.
La humanidad, como cada uno de los individuos á punta de lanza, en el puro sentido de la frase. Pasó
J OSÉ RAMÓN M ÉLIDA

FUTUROS LOBOS MARINOS,

cuadro de D . José Ferrer y Pallejá

�,,
LA lLUSfRActó!; ÁRTÍstlCA

NúMERO

el período álgido de la fiebre, modificáronse los usos
Es necesario, inexcusable, que el médico desiny costumbres y con ellos las leyes; pero la suerte ya fecte las hojas de las armas blancas que vayan á esestaba echada, y el duelo, aclimatado en la sociedad, grimir los adversarios; esta precaución no da ni quihfzose endémico por la ley de herencia que evoca- ta nada al curso y duración del combate ni á sus remos antes, á la que nadie, desgraciadamente, se sus- sultados inmediatos, que son los que se cuentan y los
trae: podrá la nación civilizada castigar el duelo en que valen; el médico, que no consentirla que se movarios artlculos de sus códigos escritos, y considerar
jaran las puntas de las armas en una disolución de
como cómplices de un delito á los testigos; pero la curare, ú otra como esa venenosa, sabe que natural•
opinión pública no indulta de la nota infamante de
mente llevan gérmenes que envenenan las heridas
cobardla á quien rechaza un duelo, ni regatea el des- que hacen, las complican y de un simple rasguño
precio á quien niega su concurso para ordenar y pre- pueden originar un foco infeccioso peligrosísimo: el
senciar el acto; ni la razón ha logrado imponerse, con médico es el llamado á evitar eso, y debe evitarlo, ó
beneplácito de todos, á la suerte y la destreza en estos

no autorizarlo con su presencia y retirarse, si los pa·
juicios en que se ventilan cuestiones de honor; ni los drinos pusieran algún obstáculo al cumplimiento de
legisladores se han atrevido á suprimir en sus mamo-

ese deber suyo de conciencia. El general Boulanger

tretos esos artículos, que han de permanecer incum- no existiría probablemente á estas horas si en su
plidos, sustituyéndolos por otros que establezcan y

486

cuando, y nunca antes, puede hacer entrega de él á

otro compañero; y
6.• El médico, en esta como en todas las manifestaciones públicas de su ministerio, que no llamaré
sagrado, pero si muy respetable, y _más, si cabe, en
esta, debe mostrarse reservado y discreto, huyendo
de cuanto pueda ponerle en ridículo, porque esto
suele ser la primera consecuencia de los alardes y
exhibiciones que algunos prodigan, ó pueda perjudicar al cliente, ó alarmar á su familia más de lo que
ya suele estarlo.
Con esto termino, creyendo haber cump!ido con la
obligación que todos tenemos de auxiliarnos los unos
á los otros y de facilitarnos la tarea, ya que por circunstancias especiales de mi vida he buscado sin encontrar y sé lo fastidioso que es eso: aquí ya hay al-

EXPOSICION GENERAL DE BELLAS, ARTES DE BARCELONA

duelo con el señor Floquet hubieran olvidado los
regulen los tribunales de hollor, t1nicos que, tal vez, médicos tan sencilla precaución, ó los padrinos se go; ahora, qai aures habet, audiat, como dicen las Sagradas Escrituras.
evitarían el duelo. Hoy por hoy, y por mañana, éste
hubieran opuesto á que la tomaran. Por ahí hemos
se impone, y es preciso conformarse con su perma- visto en pocos meses á dos caballeros, uno de los
FEDER ICO M ONTALDO

,1

1

,/

1
1

nencia en las costumbres sin decir de esta agua no
beberé, por mucho que el beberla nos repugne.
Habiendo aceptado quien esto escribe el compromiso de redactar el articulo Esgrfma para un Dimo11ario enticlopédico hispano-americano, en el que colaboran escritores distinguidísimos, - el ya popular de
los Sres. Montaner y Simón, de Barcelona, - hubo de
consultar una extensa bibliografía referente al asunto,
pues no quiso fiar á su memoria infiel ni á su experiencia escasa un trabajo que habla de andar en tantas manos figurando entre otros muy notables; ese
trabajo, ah( está publicado y no he de hablar más de
él; pero tenla que citarle para dar mayor fundamento y más fuerza á la expresión, que he de apuntar
aquí, de la sorpresa que me produjo no hallar en
ninguno de los libros que hojeé ú ojeé entonces,
consagrados todos al duelo, á los desafíos, al honor,
á la espada, el sable, el florete y la pistola; no hallar,
repito, en ninguno un artículo dedicado al papel
que el médico ha de desempeñar y cómo en los
duelos, si es que alguno se verifica actualmente, que
yo no lo sé, burlando los paternales y previsores astículos que á prohibirlo encamina nuestro completísimo código penal.
En todos aquellos se habla de los adversarios y de
los testigos, dándoles sanos consejos y dictándoles sá,
bias reglas de conducta; pero no comprenden entre
los testigos más que á los padrinos, olvidando, ó
poco menos, á otro que es importantísimo, indispensable, si el duelo concertado va á ser algo más que
una jira campestre; que está en el campo del honor
impuesto por un mandato de la moral universal, de
la filantropla, de. la caridad cristiana, de algo as(
muy grande; que de espectador se convierte en actor
cua ndo llega el caso, no para dar palmadas precursoras del fuego ó voces que hagan cruzarse los ace-

ros, sino para aminorar las tristes consecuencias de
la lucha, para detener la asfixia en el que es víctima

de una hemorragia incoercible, para evitar la muerte
en quien sufrió una lesión inevitable, para practicar
primeras curas racionales y enérgicas y tomar precauciones que evitén en lo posible las cicatrices viciosas
y en general todas las complicaciones de las heridas.
Este testigo es el médico.
No es, pues, su papel en el duelo tan insignificante que pueda pasar inadvertido ó prescindirse de él;
el duelo, en sus efectos sociales, termina tan pronto
como uno de los adversarios se inutiliza para continuar defendiéndose ó queda en situación de fuerza ó
agilidad muy desventajosa respecto al otro, y esta inferioridad sólo el médico puede calificarla, pues sabido es que los duelos á muerte, aquellos en los cuales
uno de los adversarios ha de quedar muerto en el te-

rreno, no se pactall ya; ocurren, por desgracia, algu·
nas veces, pero de manera imprevista: los adversa•
rios van al campo á vindicar sus agravios como caballeros y ante caballeros, no á matarse como gladiadores ante la plebe romana. Todo aquel que haya
presenciado duelos, aun -en el caso de que ambos adversarios le fueran indiferentes, habrá notado cuán
desagradable es la impresión que causa en todos los
presentes ver herido á uno de aquéllos; el agresor
baja el arma y rompe hacia atrás, si el combate es á
sable ó espada; el herido vacila, y hay un momento
en el que todos los circunstantes, amigos y no ami-

gos, se precipitan en su auxilio sin poderse contener
hasta que el doctor se hace cargo de él, y entonces
todos se retiran y se lo dejan á él solo. Si el combate es á pistola, estas emociones se multiplican, porque el duelo á pistola es siempre más imponente que
cualquier otro.
Pero no se limita con lo dicho la intervención del
médico en el acto del duelo. Antes de verificarse ha
de tomar ciertas precauciones con las armas blancas
y después tiene especiallsimos deberes que cumplir,
Vamos por partes,

cuales cuenta con la confianza, ó con los votos por

Méd ico de In Armada

lo menos, de 16 413 madrileños y el otro con la confianza y el aprecio justlsimos de muchos portorrique-

ños, que si las tremendas cicatrices que enseñaban
les hubieran sido causadas en duelo, circunstancia
que ignoramos, constituirían un mérito para los respectivos adversarios, dos buenos golpes de cabeza;
pero hablarían muy bajito en favor de los médicos
que curaron las heridas sobre el terreno.
Otro de los deberes que ha de cumplir el médico
que asiste llamado á un duelo, consiste en no separarse ni un momento de su cliente herido, hasta dejar·
lo convenientemente instalado en sitio á propósito,
tanto porque esa es su obligación siempre, cuanto
para poder certificar ante la autoridad, si esta interviniera, como sea justo y le dicte su conciencia de
perito y caballero; un particular sólo puede decirle á
un ju~z, por ejemplo, que ali( hay un herido; un médico puede añadir que la herida se produjo casualment,, con lo cual no faltará á la verdad en la mayo•
ria de los casos, se le cree y se simplifica el procedimiento incoado sin molestará nadie más con decla-

Taciones y otros excesos.

De todo lo expuesto se desprenden las siguientes
reglas, que formulamos con la mayor sencillez posible, sin tener la pretensión de acertar, pero con el
deseo de iniciar algo práctico en asunto que nos parece muy importante y muy descuidado, á pesar de
que en él' va envuelta muchas veces la vida de un
hombre. Nadie nace enseñado, y esto es lo que yo he
aprendido:
1.ª
El médico que tenga que asistir como tal á
un duelo, y creemos que ninguno puede excusarse
si se le solicita, debe enterarse bien de las condiciones en que se haya concertado éste (armas, sitio,
hora, etc.), conferenciando con los padrinos y lo
menos que pueda con el ó los adversarios; éstos no
le dirán nada interesante ni recibirán una gran ,atisfacción hablando con quien les recuerda un peligro
próximo.
,
2.• Debe llevar consigo, si no ha podido llevarlo
de antemano al teatro del encuentro, lo cual siempre
es mejor: un frasco con una disolución fenicada ó de
sublimado, un paquete de algodón en rama desinfectado, tres ó cuatro agujas enhebradas con hilo de
plata ó cerdas, metidas en el frasquito del catgut, dos
carteras de t:ura antiséptica, suizas ó alemanas, que
abultan poco, son muy prácticas y se venden en
todas partes, y tres ó cuatro instrumentos, pocos:
pinzas de ligar y de anillos, estilete, tijeras y un bisturí. Un par de vendas fuertes, varias tiras de agluti·nante y unos cuantos papeles de ergotina no estarán
de sobra algunas veces.
3.• Elegidas y medidas las armas, procederáádesinfectar cuidadosamente el tercio inferior de sus hojas con la disolución y el algodón citados ante,, manifestando á los padrinos lo que hace y entregándoselas en seguida, retirándose inmediatamente á la mayor distancia compatible con una pronta intervención en caso de necesidad.
4.ª Tan pronto como esto ocurra y se lo adviertan los padrinos, pues él por si no debe intervenir,
el herido le pertenece, y el dictamen que él dé acerca de la continuación, suspensión ó terminación del
duelo, es el que prevalece y debe seguirse; debiendo
recordarse aquí que, cualesquiera que sean las condiciones pactadas al concertar el duelo los padrinos,
el honor de los adversarios queda á salvo y satisfe.

cho, aunque no su coraje mucha~ veces, siempre que
el duelo termina por dictamen facultativo dado en
forma, ó sea delante de los te,tigos de ambas partes

y terminantemente.

5.• El médico que asistió al duelo es responsable de su cliente, ante los padrinos que pregunten y
ante las autoridades que investiguen, hasta que se
firma n y entregan las actas correspondientes, que es

LOS PANTALONES

I
¡Pobre vizconde de la Sorpresa: su título era una
predestinación! En su ciudad natal se cree que ha
muerto de la vida de Madrid. ¡Tan guapo, tan joven,
tan elegante! ¿Qué habla de suceder? Que todo el
mundo se le disputaba en la corte, que le han abrumado y desvencijado á fuerza de obsequios, banquetes y cacerlas. ¡Pues y en el ramo de mujeres! Las
madrileñas, que son tan sensibles á todas las distinciones, no le dejaban vivir. Dos señoritas de alta alcurnia, victimas de las infidelidades del vizconde, se
han perdido por él para el mundo, puesto que una
se ha encerrado en un convento y la otra ha tomado
el contenido de una caja de fósforos de Cascante, olvidada años ha en la papelera de su tío. De las clases de casadas y viudas no digo ;,ada, sino que son
respetables, pero irresistibles, pues á los atractivos
naturales del sexo reunen la fuerza de la experiencia,
cYa se ve, dicen los paisanos del vizconde, ¿cómo
resistirá tantas causas maléficas, con el aditamento
de las cuestas, del polvo y de los bruscos cambios de
temperatura de Madrid? ¿A qué diablos fué allá nuestro malogrado vizconde? ¿No era aquí querido y admirado?&gt;
¡Oh! ¡Vaya si lo era! Llevaba el cetro de la moda
en su ciudad natal, todos los elegantes le imitaban.
Su sombrerero, su sastre, su zapatero: todos los proveedores le solicitaban porque sablan que el vizconde no seguía las modas, sino que las inventaba: le
hubieran provisto de balde, y á ser tramposo (que
no lo era) aquel supremo dandy, habrla conseguido
resolver, no el primer problema que es el de
Vestir sin pagar al sastre,
y que el sastre no lo sepa;

porque éste no le resolverá nadie, pero sí el segundo,
que consiste en que el sastre se olvide de pa~ar la
cuenta al parroquiano.
Pues como iba diciendo, y por ejemplo, el vizconde usaba somqreros altos y de alas extensas, y no
hay para qué decir que sus imitadores se cubrían la
cabeza del mismo modo, tranquilos y contentos de no
faltar á las prescripciones de la moda. Pero sucedla
que el vizconde de la Sorpresa era aficionado á justificar su titulo, y habiendo andado todo el dla con
sombrero grande, por la noche se presentaba en las
butacas del teatro con un sombrero semejante á un
chito. ¡Adiós mi dinero!, es decir, el de los elegantes
que habían estrenado hada poco aquella prenda capital: quedábanse confusos y avergonzados: ¿cómo
era posible vivir con aquellos sombrerotes, faltando
á la última palabra de la moda personificada en el
vizconde? Durante la representación y entreactos permanecían descubiertos, y algunos volvían descubiertos á su casa, aun cuando hiciese un frío de cuatro
grados bajo cero; y á la mañana siguiente no se daban

mano los sombrereros para confeccionar sombreros
de chito.
Tal era la influencia del vizconde.
Verdad es que éste, que no era enteramente tonto,
habla tomado su papel por lo serio, estudiando profundamente los trajes de todos los países desde la
antigüedad más remota. A fuerza de investigaciones
había conseguido comprender la causa de que los
griegos y los romanos fuesen casi desnudos, siendo
así que los asirios, por ejemplo, en un clima achicharrador, iban envueltos en luengas ropas talares. De
los españoles no digo nada: el vizconde sabía el origen de las bragas, zaragüelles, barretinas, bombachos,

JOVEN ARGELINA, cuadro de D. Ramón Tuequete

�LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

486

boinas, etc., etc.: cosas que algunas se despegan del
daban ali( las personas provectas, y especialmente
clima, trabajos y costumbres de los países en que se
der por frases y dicharachos sueltos que en aquel coindividuos de varias academias, de esos que de cada
usan. ¡Lástima que el vizconde no haya divulgado
tarro había varios adversarios de Lagartijo. ¡Cómo!
guardacantón reconstruyen un monumento celta ó
sus estudios en materia tan importante!
¿Lagartijo era discutible? Pero en fin, esto no preromano, ó encuentran un códice precioso hasta en
ocupó al vizconde: él no alardeaba de ser inteligente
los archivos de Paracuellos de Xiloca; y una noche,
en tauromaquia. El primer toro fué pareado y muerII
con motivo de una cogida de un diestro, uno de dito á la cordobesa, y comenzó el arrastre, que duró
chos individuos pronunció un fogoso discurso antiAcaso el lector habráse sorprendido de este título
mucho, puesto que habla en el redondel seis caballos
taurino, al que, después de hablar de tradición estúde vizconde de la Sorpresa, que es ni más ni menos
muertos. Hubo en las barreras y tendido el movipida, barbarie, decadencia de agricultura, exaltación
que otros muchos, como verbigracia: duque de la
miento consiguiente. Los espectadores aprovecharon
de pasiones feroces y otros consabidos temas, puso
Conquista, marqués de la Fidelidad ó conde. del fin con el siguiente párrafo:
aquel
largo intermedio para hacer comentarios y fi·
Asalto. Un tatarabuelo del elegante vizconde había
lará las sensibles damas y damiselas de las gradas y
&lt;Pero ya se ve. ¿Qué ha de suceder al pueblo,
sido comerciante en pieles y vendía desde la de zopalcos. Porque la fiesta nacional proporciona variarra azul hasta la de conejo casero, pasando, por SU· cuando las clases cultas y elevadas le dan el ejem- das emociones. La primera es antes de la corrida,
plo, inclusos los monarcas y miembros de la familia
puesto, por la de marta cebellina. Sólo pensaba en
cuando las futuras espectadoras suben las escaleras
real? Sólo la actual regente es una excepción. En
su tráfico, que le iba enriqueciendo cada dfa más; pevol~das del primer piso, y eso que las picaruelas esvida del difunto rey, que era espa,iol 11eto, le acom- tán escamadas ...
ro estalló la guerra de sucesión, y como es sabido que
pañaba á los toros contra su voluntad; pero ahora
Pero vuelvo al vizconde.
los españoles tenemos que declararnos partidarios de
rehusa cuanto puede su asistencia á la dichosa fiesta
alguien, bien sea Felipe de Borbón ó el Archiduque,
Todo lo observaba, pero mucho más á sus congénacional. Salva esta excepción, observen ustedes la
ó Cánovas ó Sagasta, ó Lagartijo ó Frascuelo, el paneres los elegantes de la barrera. Casi todos estaban
plaza en una tarde de corrida, y la encontrarán llecífico peletero susodicho se declaró por Felipe V en
en pie, de espaldas al redondel, incluso el duque
una comarca en que casi todo el mundo era adverso na de lo más selecto de la sociedad. Ali(, hasta las de A ... , que era el más próximo al vizconde, De re:i la dinastla francesa. En una ocasión supo por ca- mujeres delicadas y nerviosas que se asustan de un pente aquél puso un pie en el asiento que tenía desualidad que los imperiales habían inventado una in- moscardón y se desmayan al ver correr cuatro gotas lante, que estaba desocupado; el vizconde miró y
de sangre de un alfilerazo, se hacen feroces y pregeniosa combinación para sorprender y aniquilar al
quedóse patidifuso; si, patidifuso, esté ó no esté esta
sencian imperturbables la derramada por hombres y
cuerpo de ejército que mandaba el general francés
palabra en el Diccionario; y fué tal su asombro, que
animales en el redondel. La flor de la juventud arisduque de Vendome, y el decidido comerciante, atraal hacer un movimiento se dió un golpe en uno de
tocrática, que debiera ocuparse en cosas más elevavesando con mil riesgos el campo enemigo, pudo
los hierros que sostienen la maroma de la contrabadas, acude presurosa á sancionar la hecatombe, y rrera.
llegar al del duque y advertirle del peligro. ¿Qué
para saborearía más de cerca se abona á barrera
meno, podía hacer el rey de. España, ya consolidado
del ,, quizá dese.ando que salte un estoque para conen su trono, sino ennoblecer á aquel leal partidario?
V
vertirse en parte actora del sangriento drama. ¿Qué
No sólo le ennobleció con el título de vizconde de ha de suceder?, etc., etc.&gt;
¿Pero qué vió?
la Sorpresa, que á mi juicio debió ser de contraEl vizconde de la Sorpresa oyó este discurso corno
sorpresa, puesto que la sorpresa no llegó á efectuarUna cosa inesperada: para él más que si hubiera
se, sino que también le endonó cien mil ducados quien oye llover estando en la cama, pero se fijó en visto á la esfinge de Tebas hablándole en vascuence;
el último período. ¿Conque era chic abonarse á bapara que llevara dignamente su título, y además le
una cosa que como quien dice llovía sobre mojado.
rrera del 1? Pues él se abonaría. ¡Mejor que mejor!
otorgó campo de sinoples para su flamante escudo
Fig,írense ustedes un naturalista que descubre un
As( vería más de cerca los telones de Lagartijo.
de nobleza, en alusión á la verde campiña teatro de
segundo ejemplar del Tara11ta11/aleo antediluviano, y
Y salvando infinitas dificultades á fuerza de dinela guerra.
,
podrán formarse idea de la estupefacción del vizro, se abonó.
conde...
Ocioso será decir que los sucesores del primer
¡Pero dale! ¿Qué vió?
vizconde de la Sorpresa, y aun este mismo, no pensarory ya en zorras azules ni encarnadas, y sí sólo en
IV
Pues vió que el duque de A... tenía el pantalón
remangado.
darse el tono que su nuevo rango requerfa. Afortunadam~nte todos fueron juiciosos de generación en ge¿Qué pensar de aquello? ¿Qué deducir? ¿Qué suUna tarde florida de mayo (como reza la canción) posición
formar?
neración y conservaron su fortuna, y sólo al vizconde
el vizconde pase.aba por Recoletos, haciendo obserque traemos entre manos cupo la mala sombra de
El
vizconde
alzó los ojos al cielo, no para pedirle
vaciones elegantes. Aspiraba á la perfección absoluta,
descarrilarse del buen camino. Y no se descarriló
una inspiración, sino para ver si llovía ó amenazaba
y no se escapaba á su mirada sagaz é inteligente ni
por falta sino por sobra de juicio y sensibilidad. El
lluvia; pero ¡ca!, el cielo seguía azul y despejado, y el
el más mínimo detalle. Sabía que un jinete que pavizconde había estado tres ó cuatro veces en Madrid,
sol achicharraba á los de los tendidos fronteros.
saba abrigaba al caballo para hacer más airosa la
pero por poco tiempo, Por más que digan sus paisaEl atortolado vizconde se separó un poco de su
postura d,e las piernas. Comprendía que uno que
nos, en la corte bacía menos papel que yo, que no
barrera
y pasó revista de inspección de pantalones á
guiaba llevaba ladeada la cabeza como si le tirase la pléyade
de jóvenes elegantes:
hago ninguno {aunque si le emborrono); as( es que
un flemón, obedeciendo al non plus ultra inglés; todo
el elegante joven volvióse pronto á sus lares á ser el
¡Todos
remangados,
todos, absolutamente todos!
se lo explicaba, y decfase satisfecho que pocas, muy
gallito y niño mimado de todos. Si la primavera pa- pocas cosas faltábanle que comprender.
¡Cielo santo! ¿Qué era aquello? No podfa admitirsada fué á Madrid, tuvo motivos razonables para este
El vizconde, que paseaba á pie, vió venir á un jo- se la suposición, como en el joven de Recoletos; de
viaje fatal. No se dejó embaucar por el pomposo
que viniesen de una cuadra y se hubieran descuidaven que llamó poderosamente su atención. ¡Gran
programa de las fiestas de mayo, sino que obedeció á
do.
No, aquel remangamiento general parecía una
Dios! Era un figurfn, pero un figurín sin el empaque
m_ás serias razones. Su padre había sido amigo de un
idea madurada y preconcebida. Pero ¿á qué obetieso de los figurines: por el contrario, ¡qué soltura, decfa?
actual ministro de la corona, y contando con el apoqué elegancia, qué porte tan distinguido; una marayo de éste y con el entusiasmo que el corte de sus
El vizconde torturaba su imaginación, ni el toreo
leví'sds produoía en sus paisanos, el vizconde conci- villa! El vizconde, que era un lince en estas cosas, de cordebés de Lagartijo consegufa distraerle. Regislejos no pudo fijarse en un detalle; mas cuando vió
bió la ambición de ser diputado á cortes; pues si
traba los desvanes de su erudición indumentaria, por
más de cerca al admirable dandy, este detalle .le sorcomo vizconde á secas no figuraba, vizconde y dipuver si hallaba analogía entre los pueblos antiguos y
prendió mucho: no habla polvo, porque el paseo estado ya sería otra cosa.
modernos que han usado ó usan pantalones. Los
taba regado, ni humedad porque el riego se había
«Si sale diputado, decían sus paisanos, y como es
kalmucos suelen remangarse el pantalón, pero es
secado, y sin embargo aquel elegante modelo llevaba
natural apoya al gobierno, ya hay gobierno para
para andar por un terreno espinoso, húmedo y queel pantalón, un pantalón obscuro, extraordinariamenrato.&gt;
te remangado, «¿Porqué serla aquello?,» pensó el viz- brado. Los mejicanos y paraguayos también se le le·
El vizconde tuvo además otra razón poderosa para
vantan, y mucho, pero es porque á veces les sirve
ir á Madrid. Era aficionado á toros y estaba desean- conde, investigador de suyo; (¿á qué causa obedece de bolsa para guardar las bolas de las cuerdas de enaquel remangamiento que destruía la pureza de la lí- lazar animales salvajes.
do ver el paso atrás de Lagartijo.
nea elegante?» ·
Los... Nada, nada, no hay explicación posible.
Después de revolver su imaginación, el vizconde
III
Terminada la corrida, el vizconde, apoyado de esse lo explicó de la siguiente manera: aquel joven tan
comme i'/ faut no podía menos de sei: un sportment paldas en su barrera, vió desfilar todos los pantaloYa en Madrid y mientras esperaba las elecciones,
nes del tendido. Todo el mundo los llevaba en su
se resignó á ser espectador y no primer actor en la de primera; venia de alguna cuadra de examinar qui- estado natural, sólo el grupo elegante y aristocrático
comedia de la elegancia cortesana. El incienso de sus zá algún caballo: para entrar hablase remangado el continuó con ellos levantados, El vizconde siguió al
pantalón, y al salir había olvidado el bajársele; sí, no
paisanos no se le habla subido á la cabeza, y com- podía
duque de A .. esperando que se los bajara al salir de
ser otra cosa .. ,
prendía que en Madrid estaba el sfnodo del buen
la plaza; pero nada, vióle subir á su tílburi sin noDesde que el vizconde se abonó á los toros no se vedad.
tono. ¡Cómo llevaba el frac el conde de La C.! ¡Con
había verificado ninguna corrida por causa de temAquello era inaudito.
qué difícil facilidad cala á caballo el marqués de B.!
poral,
y los aficionados maldecfan los dos chaparro¡Qué modo de guiar el del duque de A., que metla
Durante
la fiesla, y más especialmente á la salida,
un tiro de cuatro caballos por el ojo de una aguja! nes inoportunos, motivos de dos suspensiones de su el vizconde estuvo tentado de preguntar á alguno de
Y ¡cómo vestfan todos sin al parecer ocuparse de anhelada fiesta. Por fin amaneció un domingo como aquellos jóvenes la causa del remangamiento; pero
sólo los hay en Madricd, de cielo azul intenso, de sol
ello!
resplandeciente,
de airecito fresco sin humedad. Yo no trataba á ninguno, y hubiera sido una impertinenApenas llegado á la corte trató el vizconde de abocia. Contúvose, pues, y esperó á tomar informes en
narse á los toros. No quiso hacerlo á palco, en pri- creo que aquella tarde todo el mundo fué á los toros, la tertulia de la duquesa de Vientoverde. Mas ¿qué
incluso el académico que tanto tronaba contra ellog
mer lugar porque todos los de sombra estaban aboinformes habían de darle respecto á elegancias aqueen casa de la duquesa de Vientoverde.
nados y porque además para un joven soltero era deEl vizconde llegó á la plaza empezada ya la corri- llos sabios apolillados, que alguno de ellos llevaba
masiado pretencioso: una delantera de grada conveda. Lo primero que hizo después de ver un quite de levita con faldón de cañones como en los tiempos
nía más á su clase y posición.
Lagartijo
fué fijarse en sus cómplices de barrera. Sí, de Calomarde? A las tímidas preguntas del vizconde
Pero un coloquio que oyó en casa de la duquesa
unos se encogían de hombros, no sabiendo qué conde Vientoverde, á la que le presentó su amigo el mi- era cierto, allf estaba lo más relumbrante de la ju- testar; otros le preguntaban á su vez: «¡Remangados
nistro, hizo que modificara sus intenciones en lo re- ventud dorada. Tenla por vecino al duque de A .. , los pantalones en tiempo seco! ¿Está usted seguro de
ferente á abono. La reunión de la susodicha duque- supuesto que sólo le separaba de él un señor colora- haberlo visto?» Y los más le miraban con curiosidad,
do y rechoncho. Al otm lado del duque se prolonga- quizá diciéndose para si:
sa era algo chapada á la antigua, y en general se
componfa de gente tan cotorrona como ella. Abun- ba la fila de jóvenes elegantes y blasonados. La pri«¡A que este provinciano se ha chiflado en Mamera sorpresa del vizconde de la ídem, fué compren- drid!»

NúMERO

LA

486

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

2

47

La estatua de Marat, obra del escultor Baffier, recientemente retirada del parque de Montsouris (París)

VI
Aquel mes de mayo, con motivo de las fiestas de
San Isidro y del Ayuntamiento, h_ubo un_ aluvión de

corridas de toros, y el vizconde, viendo siempre pantalones remangados, se cebaba más y más en su obsesión. Una tarde, un periodista á quien habla tratado en su ciudad natal y que ocupaba un asiento de
primera fila de tendido, hablaba, durante un arrastre,
con el duque de A.. , El vizconde sintió un rayo de
esperanza que iluminaba los obs~u'.os hmbos de su
imaginación, y al otro arrastre p1d1ó al hombre de
letras que le presentara al duque.
«El seilor duque de A... »
cEI señor vizconde de la Sórpresa.»
La presentación estaba hecha: .
.
. .
Sin embargo, el vizconde repnm1ó s~ 1mpac1en_cia:
varias veces asomó á sus labios una mterrogac1ón;
pero el aspecto frío, aunque. cortés, del duque, le
contenía. Por último, á la comda s1gu1ente no pudo
más, buscó ocasión oportuna y preguntó al duque:
- Señor duque, ¿por qué se remanga usted los pantalones?
El duque le miró atentamente. Lu_ego volviéndose hacia sus cómplices de remangam1ento1 contestó
con acento indefinible y misterioso:
- No puedo responder á su pregunta: es un secreto.
¡Un secreto! Sí, un secreto debía ser aquel crimen
de lesa elegancia. Porque el vizconde no podla persuadirse de que un pantalón remangado fuese más
elegante que cayendo naturalmente sobre el pie. ¡Un
secreto! Acaso aquellos jóvenes pertenecían á alg~ na
sociedad secreta; pero bien podía~ haber elegi~o
otro signo pira reconocerse: no, al vizconde le dec1a
el corazón que el misterio consistía en otra cosa. A
la corrida siguiente, notó que la pléyade de los pantalones le miraba sonriendo y cuchicheando. Estuvo
á punto de desafiarles á todos, mas se contuvo.
Pero á la loca de la casa no la contiene nadie. El
vizconde se sumergió en una caviladón perpetua. El,
el sagaz investigador de la elegancia, t'.opezaba con
una abstracción indefinible. Nunca babia sacrificado
á ciegas en el altar de la moda, y por tanto J!más
quiso remangarse el pantalón. «No, se decfa á SI propio, mientras desconozca la causa rechazo el efecto;
¡no, y mil veces no!»

Una mañana, estando todavía acostado, p~so en luminosos entrando en el templo de la inmortalidad.
Leonci~ Prado fué hijo natural de_ D. Mariano _Ignacio, general que subió por vez pnm~ra á la silla
presidencial por medio de una revolución hecha al
ge'neral Pezet, á la sazón de la~ diferencias surgidas
entre España y el Pacífico el ano 1866..
El pueblo peruano creyó ver_ tolerancia en el gobierno Pezet, y levantó al caudillo popul~r elevándolo á la presidencia con todos los entusiasmos que
inspira un general joven y apuesto que encarna los
ideales de las masas.
Le conocí algunos años más tarde; era por segunda vez presidente, y lo era constitucional, corno Dios
manda. Le he juzgado siempre bueno y honrado, porque los errores ó las desgracias no pueden jamás tenerse por deshonra. En su patria nadie le ~uiere
mal: no ha hecho daños, y cuando más, dicen sm encono que ha tenido poca fortuna en los comi_enzos de
quienes menos debe importar el conservarlos; pe!o la guerra con Chile.
mi sorpresa no ha sido tan funesta como la del vizNapoleón llegó á Santa Elena por el camino que
conde de la ídem.
conduce á la gloria.
Ya se ve; ¡como no soy vizconde!
¡Qué gran ejemplo! Y sin embargo, era Napoleón.
Educado Leoncio lejos de la fastuosa morada de
F. MORENO GODINO
su padre morada embellecida por la presencia de una
esposa j~ven, hermosa y elegantfsima, creóse una naturaleza indómita, más dada á la guerra que á la paz,
SECCIÓN AMERICANA
impetuosa para precipitarse en la defensa de lo que
él llamaba derechos de la humanidad y del hombre
libre.
LEONCIO PRADO
El general cuando oía contar una proeza de su hi(PERFILES l'ERUANOS)
jo, «es un loco» decfa.
Nadie que le.a el apellido de este valiente, dejará.
Vino á Europa; regresó al Nuevo Mundo y en tode recordar cómo alguien, con más ligereza que bue- das partes dejó memoria de su paso; per~ no una
na intención, pretendió echar sob:e la frente del no- memoria triste y deshonrosa; por el contrario, era el
ble americano la mancha de un cnmen horrendo.
Tenorio enamorado de lo que, bien ó mal tenido, teRecuérdese el proceso de aquel famoso Prado, nla por grande y por sagrado.
asesino de Maria Aeguetan, y á la mente del lector
Su fama de valiente extendfase ya del uno al otro
vendrá sin gran esfuerzo aquella noticia que veloz- mundo.
mente rodó por los periódicos de Europa afirman~o
El primer grito de insurrección cubana soliviantó
que el anónimo criminal era nada menos q~e un htJO su espíritu guerrero. Conocidos son sus actos de tedel general Mariano Ignacio Prado, ex presidente de meridad, que yo no debo juzgar en uno ni en otro
la República Peruana.
sentido: estáme vedado ese terreno, y por nada del
Cúpome entonces la suerte de desmentirlo con la mundo consentiré en meter ,mis yuntas en heredad
energfa con que las calumnias deben ser atajadas, y ajena.
hoy después de dos años, torno de nuevo la pluma
Dejemos, pues, á Leoncio Prado en sus correrlas de
pan: presentará la faz de aquellos que tal dijeron_ la muchacho; dejémosle también persiguiendo los ideafigura gloriosa del calumniado, envuelta entre cela¡es les de un mozo aguerrido, cuyas viriles energías fueconmoción al hotel en que se hospedaba, gritando:
«¡Pantalones, pantalones!&gt; Acudió el camarero de
su cuarto, y luego otros y después el dueño del hotel
y varios huéspedes, por~ue el vizconde se revolvía
en la cama delirando. Vmo un médico y declaró que
aquél tenía ataque cerebral á consecuencia de insolación.
SI insolación de pantalones.
v'yo que he tratado al vizconde en Madrid, y que
hace poco he estado en su ciudad natal, me be convencido de la falibilidad de los juicios humanos. Sus
paisanos siguen creyendo que ha muerto de la vida
de la corte: abrumado de obsequios, orgías y aventuras
amorosas. No be querido tratar de desengañarles. ¿Para qué? Lo único positivo en la vida son las il~siones.
Confieso que también á mí me ha sorprendido mucho el remangamiento de pantalones en personas á

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ENTRE FLORES, cuadro de E. Tondouze, grabado por Baude. (Salón de París.)

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NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

486
NúMERO

ron creadas para la lucha del hombre con el hombre,
- Voy á pedirle á usted una gracia: que me per- nota del sentimiento aparece más débil por la fnclole misma
del asunto; pero en cambio destácase con más fuerza el artista,
y no para las degradantes batallas que libra la huma- mita mandar la fuerza.
hábil imitador de la naturaleza, que ha sabido tratar con aciernidad con las pasiones.
- Concedido.
to el mar con su dilatado horizonte y su lisa superficie cortada
Tomémosle en los instantes que lleno de vida, de
Había pedido una taza de café, que encontraba por pequeñas barcas, y la arenosa playa cuya monotonfa rompen con sus graciosas figuras los dos pilluelos de playa que
entusiasmo patriótico, de sed de gloria, se refugia en exquisito.
la sierra del Perú, desconociendo al gobierno que
- Hacía mucho tiempo, dijo, que no tomaba café andando el tiempo llegarán á ser dos lobos de mar, si la afición no se tuerce y el hilo de la vida no se quiebra.
había pactado treguas con los enemigos y protestan- tan rico.
do de los tratados de paz.
Los chilenos le miraban asombrados de valor tan
•••
Levantáronse por entonces montoneras, lo que aquí sereno. ¿Quién no tiembla en los últimos instantes
Joven argelina, cuadro de D. Ramón Tusllamaríamos guerrillas á lo Mina, y después de hos- de su vida?
quets. (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
tilizar á los chilenos, haciéndoles proseguir una cam- Al concluir de saborear esta taza de café, aña- 1891). - Por los cuadros que del Sr. Tusquets hemos reprodupaña penosísima, hízose necesario el último de los dió, que midan los puntos, y al dar yo un golpe con cido en distintos números de esta ILUSTRACIÓN puede juzgarse
de cuán merecido es el universal renombre que ha sabido consangrientos encuentros que en aquella funesta guerra la cucharilla en el pocillo (tacita) que disparen.
quistarse el afa.mado pintor catalán. Cultivador con éxito siemhubo.
- Así se hará, contestó el oficial.
pre igual de todos los géneros, domina por completo los recurLos vencedores cantaron himnos de gloria á los
Con la tranquilidad del justo y del héroe sorbió el sos y procedimientos artísticos á cada uno de ellos propio; y
,vencidos; es cuanto decirse puede en honor de los líquido sin que el pulso le temblase, sin que ni la asf, sus paisajes respiran poesía; sus Rores ostentan en toda
que perecieron.
mirada ni el semblante revelasen emoción alguna. su brillaetez la vida y los colores; sus cuadros de historia y de
tienen aquéllos toda la amplitud y grandiosidad que en
Leoncio Prado era coronel.
Apuró hasta el residuo de aquel cáliz que para otro género
obras de tal fndole se exige y revelan éstos tesoros de sentimien•
Para el que no sepa lo que es una guerra de 111011- hombre que Prado no fuese hubiera tenido el amar- to, y en todas sus figuras resplandecen esos deste11os de vida que
toneros diré dos palabras que aclaren algo el sentido guísimo dejo del dolor y las repulsivas hieles del es- s6lo el genio sabe infundir en la materia inanin,ada.
La /oven argelina que hoy publicamos es prueba elocuente
del adjetivo.
panto; y con entereza, con la mirada setena, el pulso
La 111011/onera se compone de un pelotón de tropas fü:me y la fisonomía iluminada por gloriosos reflejos, de que no pecan de exagerados nuestros elogios. Mfrese ese rostro hermoso de marcadas facciones, ese busto de combas perirregulares, sin uniforme, sin dinero, con armas de dió el golpe con la cucharilla en la taza; golpe que fectas
sobre el cual cae en sedosos rizos una espesa y negra ca•
todos los sistemas y de todos los calibres, que vive debió sonar !tígubre en los oídos de los cuatro solda- be11era, ese cuerpo esbelto envuelto en ricas telas de brillantes
como puede, pasando privaciones, hambre, sed, y ex- dos, que instantáneamente y con aterradora precisión colores y adornado con ricas joyas, el conjunto, en fin, de esa
puesta á los rigores de la intemperie. Los 111011to11eros abrieron á Leoncio Prado las puertas de la inmorta- figura interesante, y dfgase si quien tal ha hecho no tiene muy
merecido el eminente puesto que en el mundo del arte ocupa.
son nuestros patriotas de la Independencia; mezcla lidad.
de militares y agricultores, de indios y mulatos, de
Aquí tenéis, lectores, el hombre al cual impruden•••
cholos y blancos, de aristócratas y descamisados, pe- temente acusó Europa de haber asesinado á una des•
La estatua de Marat, obra de Baffier, recienro siempre un grupo de valientes, exaltados por el graciada para robarla el fruto de su d6shonra.
temente retirada del parque de Montsouris, Papatriotismo ó por una idea que suponen redentora
Cuando esto se dijo en París, el alma de Leoncio rís. - En el Salón de Parfs del año 18831 el escultor Baffier
para el pueblo. El 111011/onero trepa los Andes, se gua- Prado debió rugir como fiera enjaulada en el etéreo expuso el modelo en yeso de esta escultura, obteniendo por
e11a una medalla de tercera clase; en el de 1885 reapareció esrece tras los grandes picachos, y cuando no tiene ar- recinto que le sir"e de cárcel eterna.
ta obra, fundida ya en bronce, adquiriéndola entonces por
mas ó de ellas no puede hacer uso, espía el paso del
¡Que Dios perdone á los calumniadores!
5.000 pesetas el Ayuntamiento de aquella capital, que la hizo
enemigo para despeñar las enormes galgas que bajan
colocar en el parque de Montsouris.
imponentes sembrando el espanto entre los perseEvA CANEL
En el mes de febrero último, el senador M. Fresneau, á
p_rop6sito de una interpelación sobre la administración muniguidores y haciéndoles las más veces infinitos desc1pal, llamó la atención del gobierno sobre la existencia de un
trozos.
monumento que consagraba la memoria del terrible revoluEl montonero, que saquea pueblos y roba caballos
cionario, poniendo al antiguo proveedor de la guillotina al ni•
NUESTROS GRABADOS
y echa mano de cuanto encuentra para continuar la
ve! de los hombres que se han distinguido por sus virtudes ó
por sus hechos gloriosos. A consecuencia de esta observación,
campaña y atraer proselitos á la causa que defiende,
Don Jaime el Conquistador, busto en barroco- y teniendo además en cuenta que ningún decreto había aprova dejando tras de· sí recibo de cuanto indebidamen- cido de D. Rafael Atché. De fotografía directa de los
bado la erección del monumento, la estatua ha sido retirada y
te toma para que en su día sean satisfechas á los per- Sres. J oaristj y Mariezcurrena. ( Exposición general de Be11as trasladada á los almacenes de la Villa.
Artes de Barcelona ae 1891.) - Rafael Atché es uno de los arjudicados las cantidades y las bestias robadas.
La obra de Baffier produce cierta impresión de tristeza; en
que descue11an entre la ya numerosa pléyade de esculto- ella Marat está representado escribiendo, sentado en su bañe•
Las tropas que Prado y otros jefes del ejército acau- tistas
to~es. Joven. y en un breve período de tiempo ha logrado tan ra, apenas indicada por el artista; desnudos el busto y los pies,
dillaban estaban calificadas de montoneras.
sena lados triunfos y dado tan gallardas muestras de sus aptitu•
el resto del cuerpo en miserable manta y atado á la
Los enemigos no daban, pues, cuartel á los prisio- des y geRialiclad, que su nombre figura dignamente confundi• cubierto
cabeza el célebre pañuelo que nunca abandonaba, ni siquiera
do
con
el
de
los
artistas
que
honran
á
España
y
á
Cataluña.
neros; los peruanos jugaban la vida sin remisión:
para asistir á las sesiones de la Convención. Su rostro pensati•
De herruosa fantasía, sorprenden sus obras por el se11o espe• vo lleva impresa la huella de grandes tormentos; las arrugas
vencer ó morir; he allí el dilema.
cial que en e11as im~rime, po~ un ~lgo. de be11o y grande que
Por algo dijo un distinguido periodista chileno, mi acusa su alma de artista y su 1magmación de poeta. Cultiva el que lo surcan acusan las vigilias, las privaciones, un cerebro
~n continua y vertiginosa actividad y el carácter envidioso é
antiguo amigo Raimundo Valenzuela, que el Perú arte con entusiasmo, y como siente y se identifica con sus crea- irascible
que la historia atribuye al amigo del pueblo.
había tenido en la batalla de Huamachuco «heroís- ciones, modela con soltura, con valentía, con la grandiosidad
del verdadero arte, del que lo es por excelencia y á todos su•
mos probados y glorias que deben esculpirse en el pera, produciendo obras tan admirables y tan geniales como
••
bronce)&gt;
El mal ladrón, que tanto sorprendió en una de las últimas ExPlática. de comadres, cuadro de F. du PuiL'l suerte de las armas peruanas no había dejado posiciones de Bellas Artes, por más t¡ue el elemento académi- gaudeau,
grabado por Baude (Salón de Paris). de ser fatal, y la célebre batalla fué un nuevo desastre co, sujeto á los antiguos moldes, no se detuviera á analizar Este cuadro, de asunto ser.ci11o, pero no por esto menos intere•
material para el Perú ya exánime. Cien nombres que cual merecía la significación de aquel profundo estudio del sante desde el punto de vista artístico, llamó con justicia la
dolor fisico y moral, de las tortaras de la materia y de la ira.
aquella jornada hizo gloriosos pasaron del campo de El mal ladrón es la genuina representación del arte moderno atención de los visitantes de la última Exposición del Campo
de Marte celebrada en París. En este lienzo, lleno de carácter
batalla al campo de la historia escritos con sangre en y la obra de Atché en que mejor representarlo se ha11a su in'. el pintor ha sabido sacar gran partido de una escena por de'.
genio
y
varonil
esfuerzo.
las páginas épicas de este siglo.
más vulgar realzándola con una ejecución original en extremo.
El precioso busto de D. Jaime I de Arag6n, el monarca le• La acertada colocación de ese grupo de comadres escuchando
Entre los hijos de los incas batidos y destrozados
gendario, representado en el ocaso de su villa, agobiado por el
había sonado el «sálvese quien pueda» de la derrota. peso de los años y de sus glorias, pero no abatido su batallador la narración de los sucesos del din, que la más ágil ó más entrometida ha ido recogiendo por la aldea en su cotidiana excur•
El jefe chileno coronel Gorostiaga prometió á sus esp!ritu, es otra obra notable de este distinguido artista en la sión, para luego vaciar en agradable tertulia el saco de noti•
soldados abonarles cincuenta centavos por cada rifle que se admira su franco y clásico modelado, y una de la; obras cias aqul y allt sorprendidas; las fisonomías y las actitudes dt
y dos pesos por cada cañón encontrado en el campo que más han de 11amar la atención de los inteligentes en el la reporter y de sus oyentes; el conjunto de detalles tan felizCertamen. La estatua de Cristóbal Colón, que corona el mo- mente combinados y el mismo color de la pintura toda, somenemigo.
numen~o que Barcelona levantó al il~stre navegan(e, pregona brío en el fondo y con algunos bien entendidos toques ~e luz
«En esta rebusca de hormiga, dice Valenzuela, se otro tnunfo de Atché, puesto que fut: ganado en publico con- viva,
producen la impresión de los mejores cuadros de los ancurso.
encontró á Prado.»
tiguos maestros holandeses ó Aamencos, cuyas ~ualida&lt;les más
Había recibido Leoncio una bala en una pierna y
salientes ha sabido, no s6io estudiar concienzudamente, sino en
•
cierto modo apropiarse el joven y ya célebre pintor francés
la tenía destrozada.
••
M. Puigaudeau.
Le condujeron al cuartel general de Huamachuco
¡Huérfana!, cu~dro de D. Ricardo Brugada.y fueron dadas inmediatamente las órdenes para fu- Ricardo Brugada es Joven, y está, por ende, en los comienzos
•••
de la carrera del arte. Pero no por ser corta deja de ser brillansilarlo.
te su historia art!stica, y algunos de sus cuadros adornan más
Entre :flores, cuadro de E. Tondouze, grabaDía y medio estuvo en capilla.
de un aristocrático salón de esta capital y de la corte.
do p~r Baude (Salón de Parls). - A pesar de ser tantas y
Ni por un instante decayó su buen humor; y conHa sido djsclpulo de nuestra Academia de Bellas Artes y tan. variadas las f?rmas con que los poetas han descrito y los
versaba con los oficiales que le custodiaban como si ha recibido además, con gran aprovechamiento, lecciones del artistas reprodue1do las bellezas de la primavera T ondouze ha
de compatriotas suyos se tratase. ¡Oh! Yo estoy segu- celebrado pintor y consumado maestro D. Antonio Caba. En sabido. dar novedad á tan explotado asunto ofreciendo á nuesAcademia ha obtenido todas las distinciones honoríficas en tras mirad:15 una original pintura tan sentida y tan simpática,
ra: entre aquellos militares había muchos que en otro la
las clases de dibujo, pintura, composición, anatomía, estética que á la VISta de Entre flores se confirma la creencia de que
tiempo sintieran admiración por el hijo del general é historia de las Bellas Artes.
para el verdadero artista no hay temas gastados y de que lo
Prado y que hubieran querido conservar su generosa
¡Huérfana! es un resultado halagüeño y satisfactorio de realmente bello admite variedad infinita de manifestaciones
"estos estudios tan á conciencia hechos. Adviértese en el cuadro ~~as igualmente propias para impresionar gratamente nuestr¿
existtncia.
el talento del artista que compone con sobriedad, pinta con ammo.
Pero las órdenes militares son inexorables.
soltura y corrección y siente profundamente el asunto que al
El coronel Prado pidió con energía que se le fusi- lienzo traslada,
lase en la plaza de Huamachuco con los honores de
Cualidad~s son éstas que permiten esperar para nuestro dis- ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy
su grado; pero el jefe chileno negó esta petición que tinguido paisano un porvenir hermoso, tanto más, cuanto que
J::tOTEGER la epidermis contr~ las influencias pernihubiera sido tanto como reconocer beligerancia en Brugada, convencido de que sólo merced al constante estudio y á la aplicación asidua acaban bien los que bien empieciosas ~e la atmósfera, devolver ó conservar juventud, fres•
los que se tenían por 111011/oneros.
zan, ajusta estrictamente su conducta á esta regla, que es la cura y aterciopelado, tales son las ventajas de la CREMA SIMÓN
Entonces se conformó con que lo fusilasen en la más segura para alcanzar honra y provecho.
eo/d-eream. espe~l, tónieo, calmante y deliciosamente perfuma'.
do; _su acción sena y be~éfica es tan rápida y tan evidente que
cama para evitarse las molestias que le producían
•
nadi_e la ha ensayado sm reconocer su superioridad. En casa
sus heridas: le fué concedido.
••
del mv~ntor, rue de Provence, 36, Parls, y en casa de los far•
Llegados los últimos momentos de su azarosa exisFuturos lobos marinos, cuadro de D. José macéuticos y perfumistas. Evitar las sustituciones.
tencia y elevado su espíritu á las más serenas regio- Ferrar y Pallejá. - En el número 477 de LA I LUSTRA·
nes del patriotismo exaltado, preguntó sonriendo al C!ÓN ~~TÍSTICA, y co~ motiv_o de su cuadro El toque de oraJABON REAL
JABON
oficial que mandaba los tiradores á qué hora pensaba c1611, ch¡1mos algo del Joven pmtor catalán cuyo es el lienzo·
que hoy reproduci_mos. Aungue de un género distinto de aquél,
oE
E
despacharlo para el otro mundo.
denota éste las mismas cuahdades que entonces elogiamos e11
- Dentro de pocos minutos, le contestó.
el señor Ferrer y Pallejá y aun quizás en algo le aventaja: la !CGOmend&amp;dos por autoridldes médicas para la Higiene de la Piel y Belle11 del Color

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LA

486

I LUST RACI ÓN ARTÍSTICA

EL ANILLO DE AMASIS
NOVELA ORIGINAL DE LORD LYTTON, ILUSTRADA POR A. BESNARD

(CONCLUSIÓN)

En medio de los más sangrientos combates había
melancólico el silencio de aquel día de otoño. La escena que acabábamos de admirar hízome fijar la aten- visto aquella mano de espectro desviar la carabina
ción en Conrado, porque era el autor de todo aque- levantada al nivel de su cabeza; y en los bosques de
llo. Avanzaba lentamente al paso de su montura, un Larnstein, cuando ninguna cosa indicaba la muerte
poco delante de nosotros, y yo miraba su silueta aris- infalible de que no habría podido escapar sin aquella
tocrática. En la confluencia del antiguo camino de he- misteriosa intervención, habíale ésta advertido, desde
rradura con el nuevo hay un poste indicador; desde un simple poste, que debía retroceder. En la partida
lejos veíamos su largo brazo tendido hacia nosotros, de ajedrez, en fin, á la que su extraña superstición
cual si nos intimase á retroceder, ó por lo menos así había dado una significación simbólica, en el instanlo imaginé más tarde. Conrado se hallaba frente á te mismo en que se jactaba de que J ulieta no podría
dicho poste, é iba á franquear el recodo del camino, escapársele, el espectro contrarrestó su juego, indicuando de pronto profirió un agudo grito y le vi al- cándole así que podía burlar sus planes.
¿Llevaría á cabo su amenaza la horrible visión?
zar los brazos, poniéndose una mano sobre los ojos.
»Vaciló en su silla y echóse hacia atrás, como si una ¿No se presentaría á nadie más que á él, ó se manibala le hubiera atravesado el corazón; un momento festaría igualmente á otros en una época más lejadespués hallábase tendido en tierra, insensible al pa- na? .. . Tales eran las dudas que de continuo le asalrecer. Saltamos del coche para correr en su auxilio, y taban, y vivía ansioso, febril, fluctuando entre las más
en el mismo instante el lacayo que nos seguía nos al- locas esperanzas y los más exagerados terrorer. Había hecho laboriosamente para sí mismo toda una
canzó y apeóse del caballo.
»Nos inclinábamos sobre Conrado para examinar- serie de leyes interiores, y en este sistema, las relaciole, cuando un ruido espantoso, resonando cerca de nes entre la causa y el efecto eran tan íntimas, que
nosotras, nos estremeció: á unos cien metros del si- no dejaban lugar alguno para la inacción en la cade·
.... '
Antes de dar por terminada esta parte de mi re- tio en que nos hallábamos, un enorme fragmento de na de las consecuencias. Según este sistema, solalato, reproduciré un último extracto de la correspon- roca, rodeado de una nube de blanco polvo, se había mente la acción tenía eficacia, y sin ella, la causaiiderrumbado rodando hasta el camino y cerraba el pa- dad no podía producirse. La cosa no ejecutada no
dencia de J ulieta.
so á que debíamos llegar muy pronto. Las yeguas se existía, y ningún efecto se podía atribuir á lo que no
asustaron y huyeron precipitadamente hacia el casti- tenía de por sí existencia alguna.
JULIETA Á TERESA
He aquí por qué la inscripción del anillo egipcio
llo; pero como el coche volcara, los cuadrúpedos no
«Conrado ha sido causa de que recibiéramos un pudieron correr y el cochero los detuvo sin dificultad. había fascinado tan poderosamente su imaginación:
»Durante todo este tiempo, solamente nos ocupá- parecíale que la tesis inventada por él había surgido
gran susto; esta vez mi madre estaba con no~otros,
aunque por fortuna no vió sino un accidente en lo bamos de Conrado; pronto volvió en sí, y excepto de la tumba fortalecida por la autoridad de veinte
que ha ocurrido; pero mis pensamientos iban más yo nadie pudo sospechar la verdadera causa de su siglos; y según este mismo principio había examinalejos y me espanté mucho. Este suceso, no obstante, caída; habiendo presenciado ya más de una de aque- do tan prudentemente toda manifestación interior de
nos ha preservado de una muerte espantosa y veo en llas crisis, no podía dudar sobre la naturaleza de la su voluntad, pesando con tanto cuidado cada una de
sus acciones.
él la mano de la Providencia, que á menudo se sirve que entonces observaba.
Resumía toda su responsabilidad moral en esta
&gt;&gt;Conrado, á Dios gracias, no estaba herido, y todo
del mal para el triunfo del bien.
ecuación: la suma de responsabilidad es igual á la
»Como la tarde era hermosa y templada, Conrado se redujo al susto.
»Antes que el lacayo volviera con otro coche, pu- suma de acción. En todo tiempo y en todas las cosas
nos invitó á ir en el coche pequeño al molino antiguo, situado cerca del sitio que llaman Roca del Gi- dimos explicarnos las causas de aquel desprendi- había mostrado una constancia inflexible en la esmiento de la roca: el muro que hay á la derecha, á tricta observancia de su propia ley, sin hacer á ella
gante.
»Nos acompañaba á caballo, manteniéndose tan lo largo del camino nuevo, es de reciente construc- la menor oposición ni eludir sus preceptos y sin repronto junto á nosotras como adelantándose en di- ción; los trabajadores no le habían dado el punto de troceder nunca ante el deber que le dictaba. Largo
rección al lugar donde nos había prometido una apoyo suficiente y habíase hundido, arrastrando en tiempo había buscado la paz bajo la égida de esta ley
su caída una porción de la misma roca, precisamente protectora, y ahora se aferraba con toda la energía de
agradable sorpresa.
»Debo advertirte que Conrado, con una habilidad en el momento en que, á no ser por el accidente de la desesperación á la seguridad que de ella obtenía.
y un gusto extraordinarios, ha sabido hallar medio de Conrado, íbamos á pasar todos por allí. Para nos- Gracias á este sistema, observado con una convicción
incluir los sitios más hermosos de Larnstein en el otros era una muerte segura, y acabábamos de evitar- inquebrantable y la más continua tenacidad, no se
había debilitado nunca ni reconocido la necesidad de
recinto mismo del parque. Los antiguos caminos de la casi milagrosamente.»
un auxilio extraño. Nada pudo conducirle jamás á
herradura, tan secos y áridos, se han suprimido ó
Inútil es añadir nada á los anteriores extractos, humillarse á sus propios ojos; no le era posible hacertransformado completamente y ahora serpentean á
través de los tallares, prolongándose á veces entre pues bastan para demostrar hasta qué punto el esta- lo, ni lo osaba tampoco; su sistema no le dejaba medio
alguno para levantarse después de una caída; no adespesas masas de follaje, ó formando en las pendien- do de aquel infeliz había llegado á ser doloroso.
Por más que luchase con toda la energía posible, mitía la debilidad, y de consiguiente no dejaba lugar
tes largas avenidas cubiertas de verdor, al cabo de
las cuales se ven de improviso deliciosas perspec- hallábase bajo el dominio de una fuerza cuya accián alguno de perdón.
inexorable era invisible para todos aquellos que le
A cada lado de la línea trazada tan claramente por
tivas.
»Después de seguir todas estas vueltas y revueltas rodeaban, y en la cual rehusaba creer. En vano se su estrecha ley todo era caos; un poco más allá
en el espacio de cerca de una legua, llegamos inopi- esforzaba para convencerse él mismo de que aquellas de su pulgada de tierra firme hallábase el abismo;
nadamente á un punto desde donde se veía el moli- apariciones no eran reales: ¡la mano estaba siempre toda mediación se hacía imposible allí donde no
existía intermediario. El Cristo misericordioso estaba
no antiguo, completamente nuevo para mi, sin obser- allí!
La amatista espectral, en aquella mano que no reemplazado en la cima de esta severa religión por
var que los árboles, á cada lado del camino, habían
sido reemplazados por una alta terraza cubierta de pertenecía ya al mundo de los vivos, seguía apare- una necesidad execrable, y no era aquella mano la de
césped y como suspendida sobre el barranco. Era un ciéndosele y lanzando sobre él sus corrosivos rayos; un Dios compasivo, sino la mano implacable de Seb
espectáculo tan imprevisto como encantador: ála de- mas esto no era continuo; muy por el contrario, cuan- Kronos.
recha elevábase bruscamente la Roca del Gigante, do se había preparado para ver el anillo fatal, cuando
árida y desnuda; una inmensa nube parecía haber deseaba que apareciese, toda la fuerza de su imaginaX
fijado en la cima su blanca masa, y la gran mole que ción no bastaba para atraerlo. Con frecuencia lo hase destacaba en plena luz parecía comunicar, por un bía intentado, porque se figuraba que si le era posiSILBERBLICK
efecto de óptica, más altura al cielo mismo, que te· ble conseguir su objeto, el encanto quedaría roto, y
nía entonces un color azul íntimo. Una sombra vio- así estaba seguro de que el espectro evocado por la
lácea parecía cubrir como con un velo transparente fuerza de su voluntad se alejaría en virtud del mismo . El día fija~o ~ara el casamiento de Conrado y Jula mitad del barranco que se veía á nuestros pies, poder.
heta amaneció sm nubes: la ceremonia debía celeFrustrada su tentativa, esperó durante algún tiem- brarse en la capilla del castillo, sin más testigos que
mientras el sol doraba las pendientes opuestas.
Muy abajo, en las profundidades del valle, veía- po que al menos podría acostumbrarse al fantasma que algunos amigos de la familia.
mos el molino antiguo, que parecía sepultado entre no podía evocar ni rechazar, y que así le sería dado . Hacía largo tiempo que Conrado esperaba este
las rocas húmedas del río; el rumor del agua que triunfar de sus terrores ... Trabajó mucho para fami- instante, presintiendo que sería decisivo en su vida,
caía y el ligero rechinar de la rueda del molino era liarizarse con esta idea, pero todo fué tiempo perdi- y muc~a~ señales precursoras ~abíanle anunciado ya
lo tínico que interrumpía el silencio en aquellos lu- do. A pesar de hallarse en el pleno goce de una sa- la aranc1ón del espectro. Arraigada en s.u ánimo la
lud robusta y orgulloso de su fuerza intelectual, cuan- certidumbre de que se presentaría, habíase esforzado
gares.
Y sobre este cuadro un pequeño arco iris aparecía do imaginaba que la última aparición no era sino el para. prepararse á este choque terrible, que no era imvago recuerdo de un sueño en parte olvidado, de previsto, aunque no podía cal.cular el momento exacá intervalos.
Yo me había recostado en el coche, distraída en improviso, por las vías más desconocidas y con una to en que se proauciría.
vagos pensamientos, y para mí tenía algo de dulce y significación creciente, presentábase á sus ojos.
Pero no pidió al cielo ni al infierno el valor nece-

»No me permito juzgarle en este punto, y no por
ello le reverencio ni le aprecio menos. A decir verdad no es irreligioso, pues no solamente se distin·
gue' por su rectitud, sino también por su generosidad exenta de egoísmo, hasta un punto que me
arr;nca lágrimas cuando pienso en sus bondades
para mí y para aquel que hemos perdido. Mi padre,
cuya fe era tan firme y tan pura.como el cristal ~e
roca decía siempre: «No hay motivo alguno para inquietarse sobre la indiferencia de Conrado respecto
á los dogmas de la Iglesia; en vez de censurar su falta
de convicciones religiosas, deberíamos agradecerle
que haya sustituído las creencias q~e su concie~cia
no le permite profesar con una fidelidad tan estncta
á todos los deberes que su noble y severo carácter le
imponen. Dejadle en paz, pues nada temo del porvenir. Día llegará seguramente en que el amor, ese soberano que á todos domina, penetrará en el corazón
de mi hijo; entonces la venda caerá de sus ojos y sus
manos se unirán involuntariamente para elevar una
oración, sin necesidad de ningún impulso exterior.»

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

sario para aquella lucha suprema, y cuando al fin se
creyó dueño de sí mismo, fué á buscará su prometida.
T odos cuantos han visitado las minas de plata de
Freiburgo ó del Hartz han podido observar el admirable y fugitivo fenómeno que sobreviene cuando se
practica la operación de fundir el material y que los
mineros llaman Sifberb/ick.
Cuando el metal recalentado llega al estado líquido
y se pone en contacto con el aire, emite una iridescencia momentánea de vivos colores que brillan en
rápido movimiento, debiéndose el fenómeno á la al eación impura que bajo una nube blanquizca combínase de repente con una porción del oxígeno de la atmósfera. Mientras esto dura, la masa fundida es arrastrada en un movimiento de rotación y produce los
tintes más brillantes; pero aqu él cesa de repente, y la
superficie metálica, perdiendo su lustre, queda del todo opaca. Entonces sobreviene otro cambio, y es que
la opacidad de esta superficie queda límpida y tersa
como la plata; bajo la influencia de un calor interno,
todas las partículas de materia extraña se han disipado, pero dejando en el fondo del crisol la huella de su
paso, es decir, una manchita negra á la cual se da el
nombre de Sifberb/ick.
La sonrisa que animaba el rostro de Conrado cuando estuvo con su prometida cerca del altar recordaba
también al S1Jberblük.

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rosos y corpulentos, te doy nueve minutos para encontrarlos, y adviérteles que han de venir provistos
de muchas cuerdas, las más fuertes que encuentren,
¡Despacha!
El ayuda de cámara estaba acostumbrado á obedecer prontamente y sin réplica las órdenes de su señor;
y si Conrado le hubiera dicho que fuese á buscar cuatro verdugos y cuatro cuerdas para ahorcarse, habría
procurado complacerle de la mejor manera posible.
En menos de diez minutos estuvo de vuelta con lo
que se le pedía,
El conde, de pie junto al lecho, mandó á su criado cerrar la puerta con llave, como así se hizo. El
lecho de aquél era un mueble antiguo, adornado de

ricas esculturas y espeso cortinaje; Conrado oprimía
con su brazo derecho uno de los macizos pilares que
sostenían el pabellón, y su rostro estaba lívido.
- ¡Atadme pronto, exclamó, aquí... las manos y los
pies! ¡Daos prisa!

NúMERO

486
NúMERC

LA

486

JLUSTRACION ARTISTICA

de mi esposo, y parecióme la de un serafín, tan se-

rena, y sin embargo tan expresiva, de un sentimiento profundo que revelaba las luchas y padecimientos
del pasado y una calma triunfante en el presente. En
aquel momento pensé, pero con una fuerza de convicción tal, que me sería imposible darte idea de ella,
que Conrado no formaba más que uno con Félix, y
que los tres, poseedores de aquel mismo anillo ex-

traviado, estábamos reunidos en cierto modo.
Teresa sonrió al oir á J ulieta hablar de sus alucinaciones, y dijo que no necesitaba un anillo fantástico para estar segura de que J ulieta había obrado dignamente y de que aquel matrimonio sería un triple
lazo entre e1 muerto y los vivos.
•
Apenas acababa de hablar, cuando el ayuda de
cámara del conde entró en la habitación: no había
hecho desaparecer del todo de sus ropas y de su aspecto las señales de la reciente lucha, y así es que,
alarmadas las dos amigas al verle, exclamaron á la

Estas palabras fueron pronunciadas con voz ronca, vez:

pues tenía los labios casi cerrados y parecía respirar
- ¡En nombre del cielo! ¿Qué ha ocurrido?
con dificultad.
Está tranquilo 1 contestó el criado, y ahora
Los criados le miraban mudos de asombro; ya no duerme.
abría los labios, respiraba por la nariz; pero sus ojos,
El hombre añadió, suprimiendo con prudencia
de mirada feroz en aquel momento, hablaban con
todo
detalle, que su señor acababa de sufrir un viouna expresión mezclada de súplicas y amenazas.
lento
ataque de fiebre; que había enviado á buscar
Los hombres vacilaron aún; entonces el lecho cruSus pensamientos no estaban en el santuario.; esjió
de
una
manera
extraña,
y de repente una de las al médico más cercano, y que suplicaba á la condesa
peraba al espectro, y armábase para un combate
grandes columnas, arrancada con violencia de su -zó- que no se acercara sin permiso del doctor, porque
sobrenatural; adivinaba que iba á presentarse; por
experimentaría una emoción que en tal momento
calo, cayó contra un espejo grande, haciéndole añi- podía
serla fatal.
primera vez sentíase capaz de empeñar la lucha, y
un momento después, el pabellón caía también
desafiaba silenciosamente al mundo entero de los es- cos;
Mucho
le costó á Teresa persuadir á J ulieta de
con espantoso estrépito.
píritus á desvanecer la sonrisa de sus labios. Sus senque
debía
acceder á esta súplica, y al fin cedió por
Ya se había roto d dique.
tidos, siempre alerta, exploraban en todas direcciones
dicha suya, porque detrás de aquellas puertas que se
Solamente después de una prolongada y furiosa lupara observar los movimientos del fantasma enemigo,
le prohibía franquear reinaba el horror. Allí estaban
pues tenía confianza en su fuerza para resistir al ata- cha consiguieron al 6n los cuatro atletas sujetar al los vestigios de la última lucha de Conrado y de su
loco; entonces les fué posible atarlo con las cuerdas
que, con tal de que estuviese advertido á tiempo de
irremediable derrota; la batalla había sido prolongaque llevaban, y echáronle en el lecho en desorden,
su aproximación; en tal caso el espectro sería batido sin aliento y desfallecido.
da y heroicamente sostenida, pero por lo mismo la
antes de que pudiese entrar en liza. Entretanto la
derrota fué más tremenda. El hombre que estaba
Las habitaciones del conde ocupaban el ala menos
ceremonia nupcial se efectuaba con solemne pompa;
allí
inerte, completamente quebrantado, había domafrecuentada del cuadrilátero. El criado sabía que á
era llegado el momento de la bendición, y el sacerdodo
por
la fuerza todas sus lil&gt;ertades, había aniquitravés de las dobles puertas que acababa de cerrar
te intimaba á los futuros esposos á unir las manos.
lado los antagonismos, dominando los impulsos de
con llave no podía llegar ningún sonido á las otras
Reuniendo todas sus fuerzas y alineándolas en orpartes de la casa. Su infeliz señor debía haber conta- su naturaleza. Había vencido, porque había reinado,
den de batalla, Conrado sondeó una vez más con sus
imponiendo su voluntad á todas las partes de su ser;
do con ello en sus últimos momentos de lucidez; pero
ojos todos los ángulos y rincones de la capilla; esta
pero su triunfo mismo fué la causa de su caíd,. De
inspección, aunque rápida, fué minuciosa y completa, antes de que se retiraran sus cuatro subordinados, repente, todas las fuerzas tan largo tiempo dominaexigióles el secreto más absoluto sobre los hechos
y el resultado tranquilizador. Sin embargo, allí donde
das habfanse rebelado de una vez, anonadando al
que acababan de presenciar. Después fué á buscar á
se podía ocultar una sombra ó deslizarse furtivamen- la condesa.
usurpador; el campo de batalla estaba cubierto de
te el más débil rayo de luz, detrás de cada columna
ruinas; muebles destrozados, porcelanas rotas, espeJulieta se había· retirado también de la sala del
y á lo largo de cada pared, su vista espiaba de conjos
hechos pedazos, fragmentos de cristal y restos
tinuo; su mirada quería penetar en cada grieta, son- banquete con su amiga Teresa, y el ayuda de cámara de tapices arrancados estaban esparcidos en la estanencontró á las dos damas sentadas en el canapé, en
dear en la más pequeña abertura, explorar el más leve
cia en revuelta confusión, y las ricas y blandas alel gabinete de su señora, hablando en voz baja.
resplandor, siguiendo los átomos de polvo que se mofombras presentaban aún vestigios del choque de dos
-A la verdad, querida amiga. decía Julieta, largo
vían en un rayo de sol .. , ¡El campo estaba libre!...
tiempo me he preguntado si era justo y conveniente fuerzas brutales. En medio de aquel desorden, con
Conrado alargó atrevidamente la mano para enlaobrar como lo he hecho, y me consuela pensar que los ojos secos y brillantes como los del hombre atazarla con la de J ulieta en una eterna unión ... ¡ El escado de locura, con los labios sanguinolentos y'sólipectro estaba allí!. .. ¡El espectro había cumplido su á Félix debo no haber rechazado la demanda de un damente atado, hallábase tendido de es~aldas el capalabra!. .. ¡Sí, crispándose sobre la mano de Julieta, hermano que tanto le quería y que con tanta since- balleresco jefe, el último vástago viviente de la antiridad llora su muerte. Yo acostumbraba á decirte
vió la de su hermano, la de Félix! ...
gua casa de Roseneck; y alrededor de él, pálidos y
&lt;que los tres no eramos más que uno,&gt; y ahora lo reEl desgraciado trató de desprender los dedos del
sudorosos, con las mejillas magulladas y sus robusmuerto de los de la desposada; mas no pudo ... ¡La pito y lo creo así Cuando Conrado se presentó á mí tas articulaciones enrojecidas de sangre, veíase á los
amatista se lo impedía!. .. Y en el profundo silencio esta mañana, con las facciones animadas de una san- cuatro vencedores, á los rudos lacayos á quienes se
ta serenidad, dí gracias á Dios porque me permitía
de su alma angustiada, á través de todos los recuerhabía ido á buscar á la cuadra y á la granja.
consagrar
al consuelo de su existencia el tiempo que
dos de su a: ribulada existencia, pareció le oir muy
Teresa había interpretado rápidamente la mirada
aún me resta vivir; mas en el momento de hallarnos
pronto voces que se elevaban, resonando con el esoblicua del ayuda de cámara, y apenas pudo sepatrépito del trueno; voces fatal es y amenazadoras que en el altar, he comprendido que me separaba de todo rarse sin temor de J ulieta, halló un pretexto para
repetían: (No luches, no, contra la mano de Seb Kro- cuanto me había rodeado hasta entonces, y debo con- reunirse con él en la antecámara, desde donde' debía
fesar que en ese instante mis pensamientos se fijaban
nos.!)
conducirla á la habitación de Conrado. Convencida
todos en Félix. De nuevo parecíame oir las inolvidaSu voluntad se rebeló contra la decisión del orácude
que era responsable de todo cuanto entonces se
bles palabras que me dijo el día en que reconocimos
lo, y haciendo el último desesperado esfuerzo, quiso
hiciera, dió orden de retirar los muebles rotos y rereunir sus fuerzas físicas é intelectuales, pero estaban por primera vez que habíamos nacido el uno para el parar el desorden de la habitación; después dispuso
otro; de nuevo me figuré que su brazo me enlazaba,
paralizadas y no respondieron á su llamamiento.
que se pusieran espesos cortinajes en Jas ventanas,
y escuché atenta, como el día en que apoyaba la caEl sacerdote levantó la mano para dar la bendique se arreglase el lecho y se cubriera con una colción nupcial, y los labios de Conrado pronunciaron beza sobre su hombro, su voz simpática que me de- cha al infeliz conde, atado, mudo y casi privado de
m11uinalmente el juramento exigido; pero hablaban cía: «¡No, Julieta, nada puede separarnos ahora, ni conocimiento.
aun la muerte!» Dime, tú que conoces tan bien mi
por otro, y este otro era un muerto.
Mientras se hacían estos preparativos, bajó á la
corazón y mi vida, si crees que he procedido mal.
La ceremonia había terminado, y á los ojos de
sala del banquete y excusó la ausencia del conde,
todo el mundo, que no puede ver más allá de las De todos modos. yo no me arrepiento de nada; por- pretextando una ligera indisposición de su esposa.
apariencias, Conrado y Julieta eran esposos. Había que me parece, Teresa, que en este instante el cielo Esto produjo el efecto apetecido, pues cada cual
cumplido valerosamente la palabra que á sí _mismo me ha concedido una revelación que me llena de se apresuró á despedirse, y cuando el último coche
se dió, no retrocediendo un paso; pero sabía muy agradecimiento y me tranquiliza. Cuando el buen sa- desapareció fuera de la verja, Teresa fué á reunirse
bien que no estaba concluído todo. La sangre hervía cerdote bendijo nuestra unión, mis sentimientos eran con su amiga.
en su cráneo, y aunque era dueño de sí mismo, pre- singularmente distintos, pero todos felices. Al to-Tus penas, querida Julieta, dijo, comienzan muy
veía Ja inminente aproximación de alguna espantosa car Conrado mi mano, la suya estaba tan fría como pronto; el pesar llega más ó menos pronto, pero llecatástrofe. Gracias á una triste experiencia, hasta po- la de un cadáver, y á pesar de ello, su contacto me ga, y debemos soportarle con resignación.
día calcular el número exacto de los momentos lúci- hizo experjmentar una sensación que no había sentiY sin dejar tiempo para que su amiga contestase,
do hace años, desde la época en que Félix y yo acosdos de que aún le era dado disponer.
comenzó
á prepararla para lo que debía hacer.
Acompañó á su joven esposa á la sala del ban- tumbrábamos á pasear por los bosques cogidos de la
Entretanto
llegó el doctor, ¡¡ después de interroquete, y recibió tranquilo y sereno las felicitaciones mano. Agobiada por el peso de estos recuerdos, in- gar á los testigos sobre el acceso de Conrado, conde los convidados reunidos allí. Después de cumplir cliné la cabeza, y mi vista se fijó en la fría mano que versó largo tiempo con Teresa, examinó después con
estaba en la mía. No te rías ahora de mí, Teresa, al
este deber de urbanidad, retiróse tranquilamente.
la mayor atención al paciente, declaró al fin que las
Entonces, haciendo una señal á su ayuda de cá- decirte que creí ver ... , me es imposible expresarte la fuerzas del conde estaban tan agotadas, que por lo
mara p1ra que le siguiera, Conrado volvió á sus ha- viveza y la verdad de esta impresión ... , que creí ver pronto no debían temerse ninguna nueva crisis. Tambitaciones, que estaban en la extremidad de la casa, en esa mano mi anillo perdido, aquel que dí á Félix bién quiso pasar la primera noche á la cabecera del
- Vete al instante, dijo á su criado, y trae de las y que Conrado me regaló antes. Cerré los ojos, y en- lecho, y no permitió á nadie acercarse al conde, que
cuadras y del jardín cuatro hombres de los más vigo- tonces me pareció aún que el difunto estaba junto á seguía siempre en un estado de completa insensibimí y tenía mi mano en la suya, Después miré la cara
lidad. Desató las ligaduras, cortó los espesos bucles

á los o'os de personas recelosas ó desconfiadas. Deseade su cabello negro y aplicó compresas de hielo
ba c~n toda sinceridad ocultarlos; mas aquellos para
la frente. á qu1'en durante semanas enteras se proh't· quienes quería guardar el secreto,
esforzándose
por
- t nqu1los
de la meJull.eta,
conseguirlo dejábanse enganar ra
'
bió acercarse á su esposo, t~asladóse á una de _las . r buena f~· consideraban como una cosa muy ~a-

Félix apoyándose desigualmente con un pie, h~ébía
'
• ¡
de la barca pom nhecho girar con violencia a proa
e a uélla inclidola contra la corriente, de -~ºt~rqu rJió el 'equilinándose de lado, se sumergió,
IX pe
brio, vaciló, resbalóse un pie, cayó al agua Y desapa-

habitaciones inmediatas, .Y dispuso que se sushtu- {~ral su fingÍda calma, y le creían tan pronta, tan irnfi ·
caída
lf 'tamente que Conrado se exasperaba por su pro- reció.
Muy pronto volvió á la supencte, pero su
p. c1 .
'

yesen las puertas con tapices.
.
.
Lo días y las noches transcurrieron sm que se
rod~jese ninguna mejora en el estado de_! ~?nde y
fin descanso para J ulieta en sus largas v1g1has, durante las cuales permanecí"¡ atenta d~~áJe1:~~e~:~:
sa cortina, única cosa que a separa
fi ti
.
Siempre junto á ella, dirigía á veces hunad ur val mirada á la habitación_del con_de, es_cuc an o cºn admayor atención. MeJOr h~b~e_ra sido p:rb' onra ~ ~
ara ella que en estas vtgthas no se u tese mos ra
~o tan celosa y atenta, ni escuchado tampoco los sonidos que salían de aquella estancia fonde ¡~

et~~

rohibido entrar; pues entre. ellos, a gunos . e~

la sangre en las venas de Juheta, matando ~ara s1et•
pre la piedad en su corazón. No eran m s que í as
palabras entrecortadas d~ un loco, p~ro_ócoten :~
una confesión mvoluntana, y esta con es1. n e re e
16 una verdad tan aterradora como la apanc1ón de la
cabeza de Medusa, que convertía lo~ hombres en estatuas. También J~li~ta se conv1rt1ó e~ t\";;~:•r1;
aunque yo no la v1 smo una vez, no po r o
jamás.
No obstante, cierta mañana Conrado, algo repues:
to por la primera noche_ de reposo de que hast~:c~tonces había podido disfrutar, recobró el col
miento, pudo darse cuenta de los _objetos que e ro:
deaban, y juzgánd?se fehz al verse hbre de todo pa~e
cimiento físico, fiJÓ en su espos~, c¡ue le observa a,
una mirada de profun~o agradec1m1ento.
u'er· era
Pero la figura _q~e- v1ó no era la de una m J '
la del ángel del JUICIO.
á F é- ¿Por qué no alargaste la mano para sa1var
lix?, preguntó la condesa.
.
1
Estas palabras fueron pron_u?ct~das entamen!¿
como un murmullo casi mmtehg1ble; mas á _Co~rat
le parecieron terriblemente claras y p~ec1sas. ~
lo sabía todoL . Cuando oyó estas pala ra~! Co~aspecto de Juheta, tampoco él ignoró ya na .
de
prendió que el secreto se había -escapado al fin
unos labios que ya no eran duenos de sí m1s_mos, y
que la voz que le acusaba era la de su propia conciencia. ¡Su crimen se alzaba delante de él!...

'6

había comunicado impulso á la barca, qu_e se h;lla~~
p1;tn~nf~día escapar ni un instante por la palabra, entonces algunos metros más allá; Féhx_ se mgt
1 .ª / 6 la acción del fuego devorador de aque- hacia ella con todas sus fuerzas, pero la bnsa comen1fa:~;u:tia oculta; d~bía repnmirse corno en el pé~: zaba á soplar, y la embarcación, cuyas ~elas estaban
sado pero esta reserva era entonces natural para ' desplegadas aún, avanzaba con tanta rap1de~ como el
.e~tras que ahora esforzábase en la imitación de nadador y con más velocidad que la comente. De
:lmismo como un actor imita un modelo, y de este aquel barco no se alargó una mano protectora m un remodo todo su ser se transformó en una máscara, mo para ayudarle; el peso de su vestido e~papado en
odia arrancar aunque le sofocaba. Todas las agua yde sus macizas botas aumentaba mas ác~da emq_ue no p c·as
condiciones de su vida habíanse puje que daba, y sus fuerzas disminuían. Deb1htado,
~t~fJ;~:~a ~iriiir su carácter por vías de que la ju- sofocado ya, gritaba: «¡Basta, C~nrado, por Dios, ya
n d uiere eneralmente apartarse. Aun siendo basta! ¡Ya es suficiente el casbgo; las fuerzas me
ve_ tu su; afecci;nes tenían un carácter paternal; la abandonan· me hundo '&gt; En aquel momento, Conran~~~~mbre de juzgarse superior y con más autoridad do no oía ' apenas á Félix, ni le veí~ tampoco; una
~abíale sido casi impuesta por la sumisión espontá- imagen que hacía largo tiempo dorm1t~ba en el ~ta'.
de a uellos ue le rodeaban, y as( adqumó _u~a do de recuerdo, aparecióse de improviso á sus OJOS,
nea fi ; fatal e~ la infalibilidad de su propio JUICIO, formas vagas que durante más de una hora y ~á~ de
coi:s"zués ocurrió la aventura del anillo de Amasis, un día de desgracia habían cruzado su mente, s1gmenque le~ondujo gradualmente á ser sup~rsticioso, úl- do el curso de sus pensamientos, llega~an ahora de
tima áncora de salvación del hombre sm fe. Rodea- pronto desde el mundo interior al extenor, y no ~ran
d de peligros de los cuales le advertía á cada mo· tan sólo visibles, sino muy marcada_s. Con_oc1alas
o t u pasión creciente y persuadido de que de- bien; no eran pensamientos nue~os, smo ~migas de
: ~ :r: dar una prueba de su debilidad, trató_ en antigua fecha, viajeros que volv1_a~ . de leJoS Y qu~
t d s las circunstancias de aniquilar la tentación, hacía largo tiempo se habían dom1C1hado en un espta~u~ando la iniciativa de la voluntad, lo cual equiva- ritu, animando su soledad. Eran contemporáneo~ de
lía á renunciar al privilegio más elevado de un ~erra- los crímenes de aquellos siglos pasados, cuya concien·cional al ejercicio de esa facultad en que reside el cia no podía hallar reposo en. la tumba; habíalos exhulibre ¡lbedrío, y convertía en confusa amalgama pro- mado de las negras profundidades de épocas olvidahabilidades aventuradas y locas, mundo natural de das, cubiertos del polvo de los reyes _de Tebas, y los
temores y esperanzas en el que las almas se pierden incrustó después en los repliegues s1lenc10sos d~ su
ó se salvan por sus propios actos.
.
alma para convertirlos en ídolos de su tnste rehg1ó?·
Estaba resuelto á soportar sin murmuración todo
Esas visiones estaban ahora ante él, y su presencia
cuanto udiera imponerle la fatalidad que goberna- se interponía con tal fuerza entre su vista y todos los
b
cgnfuso porvenir pero también había decidido objetos que se hallaban realmente á su alrededor,
n~ ~~chazar un don pr~cioso si el capricho de aqué- que no veía ninguna otra cosa, m aun al mismo ~é·
lla ponía casualmente en su mano abierta el ser cuya Iix. Para él todo eran fantasmas: Sethos, el príncipe
osesión codiciaba ardientemente.
;.
sin reino, y Amasis, el usurpador, que se h~ndfa en
p En tal estado de ánimo, dominábale un espmtu las olas. Frío como el espectro de su prop10 pensa
mali no cuando su hermano le propuso ir á cazar miento permanecía de pie, con los brazos cruzados,
to~ al río el día fatal del 14 de septiembre: fué con en la ~opa de la embarcación que corría á merced
;:pugnancia, acosado por trist~s presentimientos; y del viento, contemplando, sin verle, al hermano que

XI
DEMONOCRACIA

¿Qué crimen era este?
.
No era el acto irreflexivo de un hombre dommado

por la pasión . ni siquiera se podía considerar como
un acto, pue; el conde no había sido nunca e~clavo
de la pasión, pero llegó á serlo d_e su pensamiento,
y éste fué para él un soberano pehgroso.
En la tarde del día en que Julia contrajo esponsales con Félix, cuando los dos volvían _al caS t tllo por
el lindero del bosque, aquélla perc1b1ó como un_ lamento en el tallar y Félix había oído también ruido
entre la espesur;, era Conrado, que poseído de una
inexplicable inquietud, había dejado escapar un suspiro y trataba de volver al castillo sin que se le
viera.
. ..
ó
¡s
Manteniéndose mv1S1ble, pudo observar c. mo 0
dos enamorados paseaban juntos; oyó á Juhet~
nifestar á Félix el temor que Conrado le msptra a
respecto á sus desposorios, Ycomprendió muy pronto
que estaba irremediablemente perdida para él. Acostumbrado desde hada mucho tiempo á preparar_ su
e9píritu para el combate mortal con el enemigo impetuoso que entonces le acometía, apeló á su orgullo
y á su fuerza de voluntad para ocultar á todos los
ojos las amargas angustias de aquell~ lu_cha; y des.
¡o con s1gmó demas1agraciadamente para él mismo,
do bien. A este fin anunció su proyecto de enlace
con la heredera de Weisemberg, Y durante un momento tomó la idea por lo serio.
.
«Un año más de lucha, se decía, y habré domm;do esta loca pasión que tiene su origen en el error e
toda mi vidá » Pero los felices poseedores del paraíso de que había sido desterrado jugaron imp rud eón. · d e q ue su .corazd n
temente con la violenta co d1cm
era presa· burláronse de ella como de un_ amma_1 o-

mt

mado ó ~e mostraron indiíerentes, pa:ec1endo t~n¡o.
. E n su morta¡ angustia , veíase alS arar su' ex1stenc1a.
do en medio de los que no la sospechaban, y entre
los que le eran más queridos, ninguno observaba I_o
que padecía. No había agradecimiento para el Te~!~

que sufría por causa de ellos, m ternura m p
para su dolor ignorado.
.
El conde hubiera arrostrado valerosamente .. ~ sm
duda vencido mayores dificultades aún pa'.a d1s1muá'
· d e cada instante
lar sus padecimientos
Ysacn'ficios

como si todas las cosas se conJurasen contra él, Fé- iba á perecer.
.
Entonces 1 en los ojos y en el rostro de Féhx malix estaba aquella mañana de un _hu_mor muy provocativo. Animado de una petulancia rn_solente y agre- nifestóse un a especie de terror indecible, mas no era
siva el hermano menor hacía prec1samen~e todo el temor á la muerte; era que leía en los ojos y en el
cua~to la premeditación más maliciosa hubiese po- semblante de su hermano; y con una voz que ~odia
dido concebir para exasperar el humor somb~ío del considerarse como el último suspiro de su amistad
fraternal, exclamó: «¡Conrado, Conrado 1&gt;
primogénito.
.
.
.
A cada instante 1mpac1eotado por la expresión
No obtuvo contestación: el barco avanza_ba co_n
taciturna de su her:nano, preguntábale si pen_saba en rapidez, conservándose siempre 1~ mism~ distancia
Ja heredera de Weisemberg, su noVIa elegida con entre los dos hermanos, que se m1raban fiJamente; Y
tanta prudencia; y después, montando como á pba- al fin escapáronse estas palabras de los labios del
llo en el pasamano de I_a emb~rc~c1ón y bal~nceán- nadador sumergido:
. .
.
«·En el nombre de Dios muy m1sencord10so, salva
dola con absurda teliiendad, anad1ó: «¡Qué divertido
1
· ID:t.)
'I
será observar la cólera de los representantes de la ley tu alma
inmortal, y tiende la mano hac1a
cuando compres á la futura condesa una diadema de
Estas fueron las últimas palabras de Féhx de Robrillantes con el dinero salvado de sus garras! A_pe- seneck, que se hundió al pronunciarlas. La mano~ el
sar de todo, amigo mío, no será nunca tan preciosa brazo suplicantes con que había reclamado el aux1ho
que se le rehusó quedaron un instante v1s1bles en la
como esto.»
.
.
Al pronunciar estas palabras, hizo bnllar la ama- superficie del agua, cuando todo lo demás había destista á los rayos del pálido sol de la mañana.
.
aparecido.
.
.
. .

-¡No, continuó, aunque acumula~as todos los d1~-

Involuntariamente, Conrado hizo un mov1m1ento

mantes de la tierra, no llegarías á igualar el precio para coger aquella mano; mas en el instante en que
alargaba el brazo, la amatista que ostentaba e~ el
de esta piedrecita!
.
. ,
En el corazón de Conrado, una voz rntenor mur• dedo brilló á los rayos del sol. Repentina y rápida
muraba: c¡Guárdate, guárdate!» Pero Félix _se mos- fué, como el rayo que consume, hier~ y desvanécese
traba á cada momento más alegre y agresivo, y su en el espacio de un segundo, la sene de ideas que
hermano más lúgubre y grave.
.
despertó en su cerebro aquella chispa fatal; una voz
En presencia del hijo del guarda_ había a_dvertido interior le gritó: c¡ No luches contra la mano de Seb
á Félix que cometía ~na im~rudenc1a, y vanas veces Kronos!&gt; Entonces retrocedió, y pudo ver que la
Je rogó que permaneciese qmeto; pero después el mu- mano de Félix había desaparecido.
chacho saltó á tierra, y los dos hermanos quedaron
Apareció una vez más y después otra y otra, no
solos : Félix, indiferente y agitando alegre las alas de como antes, sino rígida ya por la agonía de 1~ muerte,
su felicidad; y el primogénito, concentrado en sus y con un ademán inconsciente que no suphcaba ya,
amargas reflexiones y haciendo esfuerzos para sofocar pero que parecía amenazar. Al fin se sumergió del
en su pecho los gemidos de un corazón lacerado.
todo, y ya no volvió más á la superficie. .
,.
- Decididamente, dijo Félix, estás de un humor
Conrado contemplaba con ojos atónitos ~¡ s1t10
insoportable esta mañana; mas si no puedo alegrarte, donde había desaparecido, sin saber cuánto ttempo
por lo menos haré que tengas miedo. iAllá vaL. , . hacía· mas al fin el ladrido leJ'ano de un perro en la
'
y comenzó á balancear el barco con más v10lenc1a orilla ' le distrajo 'de su contemplación.
Entonces esaún. Conrado permanecía sentado tranguila~ente_ sin tremecióse, poseído de horror, cual si despertara de
contestar; pero hallábase poseído de una mdec1ble un sueño espantoso, y mirando en torno suyo, v16
agitación· los murmullos que habían llegado á ser que estaba solo, solo con la implacable re~lidad; y
familiare; para él parecían le un horrible estribillo del dominado por todas las angusbas del remord1m1ento,
agua, sacudida por el movimiento del buque; y las precipitóse de cabeza en el río.
.
voces cantaban:
J ulieta sabía ahora todo esto, lo sabía por pnmera
vez después de haberse unido para siempre con el
asesino de su antiguo prometido, pues como tal conc¡Va volvemos, la sortija es nuestra!
Dinos, hermo.no, ¿quién será el esposo?&gt;
sideraba á su esposo. Esta revelación no la mató,

�2

54

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

p~r~ fué un golpe mortal para su corazón y su juicio.
V1nó, mas ~o para consolar á Conrado, sino para
vengar á Félix; el amor puede sobrevivir al aprecio
pero Julieta no había amado nunca á Conrado:
profesaba un verdadero culto, y él acababa de cometer un sa~rilegio contra sí mismo. No hay merced
para los impostores que han sido adorados como
ideales, ni perdón para los falsos dioses que profanan
sus tabernáculos.

1:

POST SCRIPTUM

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1
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1

NúMERO

de Buffalo para completar su armamento, terminado
el cual se cortó una de las líneas de remaches á lo
largo de la cuaderna maestra, siguiendo la línea quebrada formada por las junturas de las planchas de
carena (fig. 1 ), y cerrando luego cada una de las dos
mitades del barco por un tabique vertical estanco,
fueron éstas lanzadas al agua por un plano inclinado
perfectamente engrasado.
En la travesía del lago Ontario (fig. 2) y del canal
Welland la mitad de popa, que es la que contiene las
máquinas, navegó al impulso de éstas, y la de proa,

486

NúMERO

LA

486

2

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

55

UN NUEVO BUQUE ELÉCTRICO

De los astilleros que en Chiswick, en el Támesis,
posee la casa Woodhouse y Rawsou, acaba de salir
un nuevo buque eléctrico, construído por encargo del
gobierno inglés, que se propone utilizarle para el
transporte de tropas entre los puertos de Chatham y
Sheerness. El Electric, que así se llama el barco, tiene 48 pies de eslora y 9 de manga; los acumuladores
colocados debajo de las banquetas de la cubierta
sirven de lastre, y su carga proporciona fuerza sufi-

Había pasado una parte de la noche leyendo los
papeles del conde de Roseneck, y fluctuaba entre el
horror y la compasión.
¿Podía yo decir al miserable que la expiación superaba al crimen?
«¡No, pensé, no baya piedad para el hombre desapiad~do, ni merced para aquel que no ha sido misencord10so! ¡El ángel del juicio no es un escribano;
n~ es más que guardián de los registros que nosotros
IIllSmos le llenamos, y la mano que firma las sentencias en ese libro eterno es la del hombre!»
,Meditan~o.así, dirigíme hacia la .ventana y descor~1 las cor~m1llas; el astro del día iluminaba ya el
cielo, y de improviso recordé este versículo de la Bi?l!a: « Hizo salir el sol, así para el justo como para el
~nJusto.» - «La noche, me dije, inspira sentimientos
mhumanos; voy á ver á ese hombre, de quien el reposo_ ha huido hace largo tiempo, y tal vez podré proporc1onársele.»
Dí orden de enganchar el coche y me puse en
marcha.
Cuando llegué á casa del conde de Roseneck, la
d~bilidad de éste era tan extremada, que juzgué inútil toda intervención médica; y sólo llegué á tiempo
para ofrecer el auxilio doloroso y compasivo que durante tanto tiempo había sido necesario para el espíritu fatigado de aquel hombre.
Fig. 1, Lanzamiento del buque americano divisible en dos mitades, en los astilleros de Buffalo
Me senté á la cabecera de su lecho, buscando en
mi corazón palabras de consuelo; su mano izquierda
r7posa_ba ~n la mía, y noté que las pulsaciones de la previamente lastrada; mé remolcada como lo indica
~d~ dISmm~ían progresivamente. Al fin dejé de per- el grabado, llegando ambas, después de un viaje de ciente para una travesía de 10 horas á razón de 8 nu~1b1r los latidos, y le creí difunto; pero de repente once días, felizmente á Montreal, en donde se prac- dos por hora, llevando el buque 48 soldados con tomc?rporóse por un supremo esfuerzo; sus ojos se ticó una operación inversa á la que se había ejecuta- do su equipo. El electro-motor no produce el menor
ruido y el barco se desliza por el agua sin sacudidas.
abrieron desmesuradamente y miraron al cielo con
do en Buffalo: unidos nuevamente los dos trozos del
una expresión de fervorosa súplica; al mismo tiempo buque, y remachadas unas sobre otras las planchas Los acumuladores se cargan poniéndose en comunicación con una dinamo emplazada en Chatham.
levantó el brazo derecho en el aire; su mano, agitáncorrespondientes, el barco fué lanzado por el , proceEn Inglaterra se cree con fundamento que en bredose en el vacío, pugnaba aparentemente por coger dimiento ordinario y descendió el San Lorenzo para
ve los vapores que hacen el servicio del interior de
alguna cosa, y con voz sonora, profunda, casi sobre- dirigirse á Nueva York.
natural, el paciente exclamó:
los puertos, especialmente los que se dedican al transAunque el resultado de esta prueba parezca favo«¡En nombre del Señor misericordioso, herma- rable, puede temerse que las operaciones de desmon- porte de pasajeros y mercancías desde tierra á los
grandes vapores transatlánticos, serán reemplazados
no, salva mi alma inmortal! ¡Tiende tu mano hacia
tar y montar el buque no siempre se verifiquen con por buques eléctric'os.
la mía!»
la precisión necesaria, sobre todo si las embarcacioLa casa Woodhouse y Rawsou ha recibido tantos
Y entonces observé que aquel rostro, invadido ya nes han sufrido alguna~ averías en la travesía de las
encargos, que se ha visto obligada á construir un sepor _las sombras de la muerte, se dilataba por una
s?nnsa; sus facciones se iluminaron con una expresión de agradecimiento y de inefable alegría; y después el paciente apoyó de nuevo la cabeza sobre la
almohada, dejando escapar un suspiro muy prolongado .. ,
¡Era el último aliento del conde de Roseneckl

EnfermedadeSdetPecho

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX
Antes, Farmacdutico

9:5, calle Vauvmters, Parls,

E! lal'abe de Pierre Lamouroux _es
el Pectoral por exc~lenc1~
como edulcorante de .las tisanas, a
las cuales comunica su gusto agradable y s-us propiedades calmantes.

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GOTA
Y REUMATISMOS
• por el LICOR
PILDORAS del~• :i::...,a,vll.1
y las

TRADUCCIÓN DE ENRIQUE DE VERNEUILL
-o!+lo-

SECCIÓN CIENTÍFICA

Querido enfermo. -Fiase Vd.• mi lart• experiencia,
hafa uao de nuestro, 6RANOSde SALUO,pu~ e//ot

J•
As/ ,mrA V •

/t ourarAn de ,u con1t1p1olon, le dar4n apet~o Y

Por layor: F. COMAR, 28, ru Salnt-Claude, PARIS

r

11 todu las far1ad111 Drognrl11,-lmilest gratll u folltlo expiiu ·

devolrerAn el eueño 1 la alefrla. 1muohot años, disfrutando 11empre de una buena salud.

tAIT AnÉPRÉLIQUB -

LECHE ANTEFÉL
pan 6 meiellll eoa apa, 4lsipa

BUQUE DIVISIBLE EN DOS PARTES

En octubre de 1890 se lanzó al agua en los astilleros de Saginaw (lago Micbigán) un ingenioso buque
que á la vez responde á las necesidades de la navegación en alta mar y á.las de la navegación por los
c~nales que ponen en comunicación los lagos interiores de los Estados Unidos con el río San Lorenzo.
El fin que persiguen los armadores MM. Wheeler y
Compañía, de West Bay City (Michigán), es evitar
l~s trasbordos de las mercancías que transitan en las
pma_zas que frecuentan los canales citados: éstos,
destmados á salvar la difereneia de nivel de 180
metros que existe entre la región de los lagos y
MontreaJ, comprenden 43 esclusas que sólo se pres. tan á la navegación de buques de poca eslora. En su
consecue~cia se han propuesto aquéllos construir
embarcaciones de mucho tonelaje susceptibles de ser
divididas en dos partes para atravesar las esclusas y
ser luego nuevamente jumadas á su llegada á Montreal.
. ~l Mackinnaw, que ha realizado con éxito este
VIaJe, es un buque todo de acero, de 3.578 toneladas
en bruto, con 87 metros de eslora, 12'25 de manga
Y 8'80 de puntal. Sus máquinas de triple expansión
Y sus calderas de aeero ondulado están timbradas á
I I kilogramos. Después de lanzado sm desmontar en
las caletas de Sa~inaw fué conducido á los astilleros

1y

'

oracJOD D:LICO&amp;ae emplea en el eatado agudo¡ 111 PILDO&amp;AS,en el utado orón/

CAS,LENTEJAS,TEZASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

lCCC&amp;&lt;•
CLORÓSIS. -

Fig,

2.

Travesfa del buque, después de desmontado, por el lago Ontario

esclusas y del San Lorenzo, 6 se han resentido á consecuencia de algunos golpes de mar. De todos modos, muy crecidos han de ser los gastos de trasbordo
y muy grandes las pérdidas de tiempo experimentadas por los pequeños barcos de transporte para que
sean superiores á los que requieren las operaciones
descritas.
Esto no obstante, la tentativa de MM. Wbeeler y
Compañía no deja de ser interesante y creemos que
merece ser conocida.
(De La Nature)

LINFATISMO

padrian ,er demasiado recomendados en ra:On. de su pure:a quinuca. de
:: inalterabilidad V de su solubilidad co,u/i~~=:á de los llolpitale&amp;}.

'
gundo astillero y está en vías de montar otro: además de los pedidos del gobierno inglés, tiene varios
del de México y acaudalados particulares como
Rotscbild y otros se preparan á sustituir por buques
eléctricos sus actuales vapores de recreo.
Los industriales ingleses por su parte, conociendo
las ventajas de estos nuevos barcos se han apresurado á utilizarlos, y la conocida fábrica de jabones
de Pears posee ya dos de ellos y tiene encargado
otro que será el mayor de cuantos lleva construfdos
la casa citada, puesto que medirá 50 pies de eslora.

ANÉMIA. -

El Proto-Ioduro de Hierro es el reparador de la s~ngre,
el Lortfflcante y el microbicida por excelenc1~.
11Jarabey las Grajeas con proto-ioduro de kierro deF• f?dle,
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VINO FERRUGINOSO AROUD
T COK TODOS

tos PB.INCfflOS NUTJllTJVOS DB u

CARNE

«J&amp;an, auzaao y_ f11111'A.I Diez años de ento continuado y las aflrma,C1oncs de

P'

JARABE ANJJf!q§ífIJz~9e!tal81lN.Ia• ~

Er;~~É ~~~~Trecomendaú~
desde ;u principio, por 1OS profesores
d G
etc • na reclllido la consagracton del tiempo: en el

L ..
Th ·
aennec,
e nar ,

nt
,

ó
ADERO CONFITE PE&amp;THAL con base
año 1829 obtuvo·e1prlv1leglo de tnvencl n. ~E~~
á. las personas dellcact'as cemo
O
de goma y cte abab01es, conviene sobre
e
modo alguno á su eficacia
mUjeres
y
niños.
su
gusto
excelente
nJ11oFPLfJJA.i&amp;~E~
1 PECIIO y de 1Os IIITIISTIIIOS. _..,j
1... contra los RESFRIADOS y todas tas
....
uersa

·•

J~

todas las em1nencu1s médícas preuban QUe esta asocJaclon de la CJarne, el u,erro y la
Oaiaa constituye el reparador mas entlrgico que se conoce para curar : la Cloró&amp;ú, la
ltlém'4 las Jlemt~ dolorosa,, el Jlm1&gt;01&gt;i'e~mlfflto y la .4.lt~acton de la S&lt;more,
el JlaQ.Úttúmc ldS .4.feccwnu e.cro{Ulosa.s Y e&amp;corbutlcas, etc. El Wioo Ferrut;ioo■o &lt;le
A.roud es en' erecto el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos,
regulariza' coor&lt;lena•y aumenta considerablemente las fuerzas

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•

8B VKIIDB .BN TOD.&amp;.S IaS PalN&lt;llPA.LBS BOTl&lt;WI

EXIJASE •40:: 1 ARDUO

�L A I LUSTRACIÓN A RTÍSTICA

NúMERO

la Academia de
ciencias de Parls,
ha examinado en la
Escuela de Bellas
Artes de la ca pital
francesa una copia
del referido cuadro
de Rafael y opina
comoMM. Rolden
y Newton.
Es de notar que
cuando el lienzo fué
pintado hacia poco
que habla caldo una
lluvia de meteoritos
• en Crema, á corta
distancia de Milán,
y que Rafael, aun
sin haber presenciado el fenómeno, pudo conocerlo
en s~s menores detalles, por descripciones como la de
Amoretti que ha
llegado hasta nosotros, siendo por esta razón muy natural que en el momento en que terminaba la terrible
guerra con los franceses el fenómeno
meteórico fuese inclu!docon el arco iris
entre los testimonios de la intercesión divina.

UNA OBSER.VACION
sobre un
CUADRO DE RAFAEL

1,

486

En una noticia
publicada recientemente en el A111erican / oiernal o;
sciences, Mr. II. A.
Newton da cuenta
ele la opinión de
Mr. IIolden, director del observatorio
de Lick,ápropósito
de una pintura de
Rafaelconocida con
el nombredeAfadona di Foligno y
conservada en Roma en la Pinacoteca
&lt;lel Vaticano. El
lienzo representa á
la Virgen de pie en
el cielo, y tÍ sus plantas se extiende un
paisaje que comprende la villa de
Foligno y sus alrededores. Entre el
cielo y la tierra se
ven algunas nubes,
un arco iris y una
gran lágrima de fuego animada evidentemente de un movimiento de precipitación hacia el
suelo.
¿Qué significaUN HALLAZGO
ción t:ene esta láCURIOSO
grima de fuego?Muchos eruditos han
Lo es en efecto
pretendido que era
el que acaba de haun rayo; pero lo
cerse en los sótanos
cierto es que no tiedel edificio del T rine en manera algubunal civilde Francna el aspectoji1/g11fort e n el Mein:
ra11te con que los
consiste en un saco
ESTUl))O DEL PINTJR EDMUI\D0 IIARBURGER. (Véase el articulo e11 el núm . 479.)
pintores han reprede correo ó mala
sentado en todos
postal que data del
tiempos y de un
.
año 1584yqueconMr. llolden y, tomfodola de él, Mr. Newton emiten una t1ene 475 cartas, convenientemente selladas,intactas todas, de
modo siempre uniforme la imagen del rayo ó del relámpago.
Otros han creido que la tal lágrima era una bomba con su opinión muy diferente de las anteriores: según ellos lo que procedencia italiana y con destino á los Palses Bajos.
trayectoria ó fuego griego y que con ella se quiso aludir á las Rafael quiso representar fué un bólido con varios meteoros deTodos estos documentos han sido depositados en el Museo
sangrientas guerras de aquella época, pero la completa ausen- jando tras de si un rastro.
de Berlln y algunos historiadores han obtenido autorización
M. Daubrée, qu&lt;" ha dado cuenta de la noticia americana á para examinarlos.
cia de humo hace inverosímil tal suposición.

Las casas extranjeras qu e deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Ca lvet y O.•, Diputación, 358, Barcelona.

1

!

1

1

¡

I

GRANO DE LINO TARIN
Farmacéutico, place des Petits-Péres, 9, PARIS
P REPARACION
ESPECIAL

para combatir

•

con trilo
E$TRENIIIENTOS

Er/jar,e 1a.t

caja, de hoja de lata

•

Una cucharada
por la manana

,

y otra por la tarde

COL ICOS
'
'r# en la cuarta parte
IRR ITACIONES
~ .. •
de un vaso
EN FERMEDADES En toda, deagua 6 de leche
DEL HIGADO
/as
Y DE LA VEJ IGA /armadas
U CAJA : 1 30

n.

f¡f'º

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Jarabe Laroze

Pepsina Boudault

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

DIE ~ARia

no tltllbe1.n en pul'(larre, cua.ndo lo
necesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, contra lo que ,ucede con
l'?s demas purgazJtes, este no obra bien
smo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortilica.ntes, cual el vino, el cafá,
el té. Cada cual escoge, para purgarte, la
hora y l a comida gue mas le convienen,
sevun sus ocupac1one1. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado porel efecto de la

Desde hace mas de 40 años, el larahe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolorea
J retortljone■ de estómago, estreñimientos rebelde■, para facilitar
la ~ges~on J para regularizar todas las funciones del estómago y de
los mt.estwos.

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bue.a, alimentacion empleada,uno
,e decide !licilmente 4 volver
li empe.ar cuantas veces
, ea .aecesario.

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la epilepsia, histér ia, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, coa-.ulsiones y tos de los niilos durante la dent.icion; en una palabra, todaa
las afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

Clltlellu

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PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
Mtd&amp;llu en lat E1po1lcione11, Internacionales de

P!BIS • LYOH - VIENA - PHJUDtLPBIJ. - PARIS
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18;~

llr.3

11 I IIPUi. CON ,.,.

U!i6

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i:IITO I .N' LAa

DISPEPSIAS
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BASO LA F,ORIIA DE

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Soberano remedio para rápida cura-

VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOS LOS PRINCIPIOS NtmllTIVOS SOLUBLBS DB U CARNE
CJ.la.'HJ y 011111.11 son los elementos que entran en la composlcton de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este for&amp;iacan&amp;e por eaeele neia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la J.mmfa y el .Apocamtento, en las Calentura,
.,- ConoalecencúU contra las Diarreas y las J.feccwne, del B1tomago y los tnte&amp;ttfl()I.

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO , , de PEPSINA BOUDAULT
POLY03- de PEPSINA BOUDAULT

cuando se traía de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo Y precaver la anemia y las epidemias provocadu por los calores, no se conoce nada supeflor al l'iae de Qui■• de Aroutl.
R()'J' ma,110,. en París, en casa de J. FERRt:, Farmaccutico, 1~ , rua Richelieu, SucesordeAROUD.

PJ.!13, Pbarmacie COLLAS, 8, rae Daupbiue

SS VBNDK KN TODAS LAS PIIINCIPALES BoTl&lt;WI.

Wffl la, prlnclna~, fa,.,,..cla1,

cion de las Afecciones del p e cho,
Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolor es,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

:EXIJASE-'1~ºt1: 1- ARDUO

PITE EPILATOIRE DUSSER

destruye hutl lu RAICES el VELLO del N&gt;Slro de lu damu (Barba, Blro~. ele.), 111
nlngun peligro para el colla. 50 AiiH de É1:lto, ymiilart1 de te1Umoniotgaraoliwl la efteacla
de esta preparacion, (Se ,ende en oaJae, i,w:a la barba, J en 1/2 oaJu para el bigote llgero). Para
loa bram, empléese el l'JLI. f' f&gt;llJJ;, DVS8ER, t , rue J .•J .-Rouaaeau, Parta.

Quedan re~~os derechos Je rropie1la&lt;l artf,1ira y
b1r. 011 MoNrANU Y SI\IÓN

li1c1ar1a

e

�</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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