<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="1768" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/1768?output=omeka-xml" accessDate="2026-06-10T18:57:20-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="646">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1768/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._487._Abril._0002011662.ocr.pdf</src>
      <authentication>9c3fa1d9a17d07e7bdf0094afaff37f1</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="73939">
                  <text>=
de

r!s,

1 la

las
tal
pía
lro
ina

!

len

¡ue
fué
,co
1na

tos
rta
in,

~Í-11élC10f)
-Ftí~ttett

.un

~n1e-

rlo

leip-

A&amp;o X

BARCELONA 27 DE ABRIL DE 1891

..--- - - - - ~

de

ha

)S·

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRIT ORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

estu-

10·

!r-

&gt;le
.n-

no

nris
O·

:e•

o

¡VALIENTE BREVAJE!; cuadro de D. Antonio Fabrés (Sal6n Parés)

�LA
SUMARIO

•

11
1·
1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

lienzos inmortales todo cuanto de perdurable y por
ende característico habla en los personajes ó en los
modelos de sus cuadros. No conozco sitio ninguno
donde las gentes más se oculten que en las fiestas y
en las reuniones del gran mundo, Lugar pésimo éste
para conocerlas y observarlas. No puede, no, en tal
espacio y en tal sazón mostrarse la virtud, mucho
menos divertida y sobria que los vicios. El claustro
propende á la hipocresía; el placer y la diversión al
escándalo, En ciertos ambientes aparece la virtud
ridícula. El gomoso tiene á gala mentir que le ha fa.
vorecido una perfecta casada que ni siquiera lo ha

de Bonaparte y de los Barbones y de Luis Felipe, su
historia personal está en las encrucijadas de todos
Texto, -Afur11111racio11es mropeas, por Emilio Castelar. los caminos, y en el fondo de todas las inundaciones,
Narraciones. Virtudes, por Juan B. Enseñat. -Estudios de
y en los estragos de todos los terrenos, y en las paalgunos cl/ebrcs pintores (conclusi6n), por X. -Nuestros gra•
vesas de todos los incendios, y en el cruor de todas
hados, - El man'do de Jacobita. Novela original de Andrés
las cicatrices, y en el alma de todas \as creaciones, y
Theuriet, ilustrada pdr L. Marold, traducci6n de Enrique
en el abismo de todos los sepulcros, y en el fondo
L. de Verneuill. - SECCIÓN CJENTIFICA: Conciertos lt/efó.
de todo cuanto sucediera poco después de la gran
nitos á gran dista,uia. -El at1111m!ador elle/rico Alfas. revolución francesa y poco antes de la revolución
Libros enviados á esta•Redacción por autores 6 editores. del 48; es decir, en el Sinaf de nuestra religión políTorre colosal en el monte Pila/os (Sm'za).
tica, en el Génesis de nuestra edad contemporánea,
en el seno de todas nuestras creadoras y múltiples
mirado. Una gran señora, incapaz de mostrar en el
Grabados.- ¡ Valitttte brevajel, cuadro de D. Antonio Fa- hogar la castfsima garganta, se desnuda sin escrúpu- metamorfosis. El ha personificado, como ningún otro
repdblico, el maquiavelismo, expirante ya en este
brés (Salón Parés). -En la pradera, cuadro de A. Monte·
lo de medio cuerpo arriba en el baile. Se come, se nuestro tiempo de franqueza y de verdad liberal; él
meuo. - Gran Canaria . Valle de San Roque m el ca111i110 de
bebe, se murmura, se disparata mucho allí, para que ba sido como la última reproducción de Enrique VIII,
Tafira. - Ca/Jeza de estudio, cu4dro de A. Seifert. - Ca111i110
aparezca la naturaleza humana en toda su verdad, Y de Luis XI, de Fernando V, de Alejandro VI, de
de lafumte, cuadro al pastel de I-Iéctor De Marfa, grabado
no pintemos el cuervo más negro que las alas. Una César Borgia, de los estadistas que creían la Razón
por Mancastroppa. -A~llatió,i, cuadro de Tihamer "fargi•
ligereza, un coqueteo, una grande algazara no se de Estado una diosa, digna de recibir en sus aras,
tay. -El ensayo de"" minul, cuadro de G. Pagliei. -Figucompadecen mucho, á pesar de su escándalo y de su
ra I. Concierto telefónico en Nueva York. -Fig, 2. Audi· estruendo, con la perversidad, quizás callada é hipó- como en sublime holocausto, la virtud y el honor,
ción del concierto en Newton. - El acumulador eléctrico crita, que piden los crímenes y necesitan los crimi- Cuando Felipe I el Hermoso volvía de un viaje desAtlas. - Estudio del pintor Jorge Pappenlz (Véase el artícu- nales, Observad cómo siendo la gran sociedad esco- de los estados hereditarios suyos á los estados hereditarios de su mujer, como dirigiéndose á su suegro,
lo que se inserta en la pág. 262).
gida, se compone de pocos hasta en Madrid mismo, Fernando V, le contase que Luis X II en París misen que hay grande anchura de manga para recibir y mo se le quejara de haberle tres veces consecutivas
tratar; y componiéndose de pocos, aquellos que se re- engañado el rey Católico, replicó éste: &lt;Miente coMURMURACIONES EUROPEAS
pelen, suelen topar unos con otros muchos; y al repe- mo un bellaco; lo menos lo be engañado treinta.»
lerse
de veras y encontrarse con frecuencia, sienten te- Pues asf era Talleyrand, el representante dentro del
POR DON "Ei\llLIO CASTELAR
rribles afectos conocidos con el nombre de odio á bor- periodo revolucionario de la vieja teoría maquiavéliPequeñeces del mundo y de las letras. - Escándalos sociales. do, muy experimentado entre los pasajerGs de largas ca, verbo de la centuria décimaquinta, hecha hom- Las Memorias de Talleyrand, - Sus metamorfosis inexpli · travesías, quienes concluyen por querer echarse mucables. -Desencaolo que Ja.s Memorias han traido á los cu• tuamente al agua, Así debe decirse de cuanto refie- bre á un tiempo en varios reyes, grandes y consumariosos. - Imposibilidad absoluta de que pudieran interesar ren unos y otros de sus enemigos mutuos, lo mismo dos, pero dobles y embusteros, Talleyrand asistió á
los Estados Generales y oyó la voz de Mirabeau, á
teniendo su autor motivos tantos para callarse, - La memo•
ria de Talleyrand no se ha restaurado, pero sí el salón de en la sociedad política que en la sociedad aristocrá- cuyos estampidos bambolearon los tronos y surgieArtaxerxes. - Milagros arqueológicos. - Ruinas caldeas, asi- tica, lo que decía Montesquieu de un abate francés, ron los pueblos; ascendió revestido con sus opalanrias, persas. - La pantomima de Nerón en el hipódromo de en otro tiempo muy su amigo, con el cual se habla
Parls, - Recuerdos históricos, - Muerte de Barnum. -Con- enojado: &lt;Lo que diga el abate de mí, asf como lo das episcopales á la tribuna de aquella grande asamclusión.
blea del 89, donde, mientras los nobles inmolaban
que yo diga del abate, no lo creáis, pues hemos reñi- los feudos de sus progenitores, él inmolaba los biedo.&gt; En política el fanatismo llega por desvarío y nes del clero; dijo misa en el Campo de Marte por
I
desatino basta creer una virtud la calumnia, lanzada clérigo juramentado, para unir en matrimonio, más
Por espacio de un mes el público madrileño, muy sobre vuestro enemigo, que se os aparece á través de ó menos sacrílego, el nuevo derecho popular con la
propenso á perder su tiempo en rumores chismosos las arraigadas convicciones como un enemigo de la vieja Iglesia Católica; dirigió y aconsejó al Directoy consejas vulgares, ha corrido tras las P,qu,11,ces del patria. Por tal razón hay que tener grande altura de rio, después de haber escapado con certero instinto
padre Coloma, como tras un fenómeno jamás visto, ánimo y de juicio para juzgar, tanto en vida como en al terror, asiéndose á una especie de simulada plenicon curiosidad rayana en triste universal neurosis, en muerte, á vuestros émulos de profesión ó de clase. Y potencia en Londres; fué de los primeros en dobleesa exaltación insanfsima de los colectivos nervios no hay que recoger esas pequeñeces, engrandeciéndo- garse ante Napoleón el Grande y de los primeros en
sociales. Extraordinarias coincidencias han contribui- las con los reflejos del arte. Odia el delito y compade- abandonarlo también, así que vió eclipsada su estredo á este interés público mucho más que la bondad ce al delincuente. Como confesor puede un sacerdote lla en el año 14 y en el año 15; lo mismo aconsejó á
intrínseca del artefacto y del artífice. Tras una polé- castigar al vicioso; como predicador sólo puede cas- un Barras que á un Sieyes, lo mismo á un Sieyes que
mica, muy semejante á disputa, empeñada entre dos tigar el vicio, Y digo igual de los escritores. No todo á un Barbón, lo mismo á un Barbón que á un Orescritores, cual mi amiga eximia Emilia Pardo Ba- cuanto hacen los personajes históricos es propio de leans; chambelán, privado, favorito, ministro, plenitán y el aplaudido Pereda, respecto del acierto y com- la historia, Y lo mismo pasa con los personajes dra- potenciario, embajador, alma de todos sucesivamenpetencia respectivos en describir la entidad más ó matizados ó novelados, En el arte no debe haber, no, te, que no podían prescindir de sus servicios ni cuanmenos real que llamamos gran mundo, apareció esta personas individuales; en el arte debe haber siempre do más recientes y más vivas estaban sus traiciones,
novela, y al aparecer se la presenta por mero espíritu personificaciones eternas. Obras como Pequuleces, Cierto que las prodigó á todo el mundo, á la Iglesia
polémico cual perfecta fotografía del disputado y cé- deprimen y no exaltan, Obras que deprimen, marran y á la revolución y al imperio y á la legitimidad y al
lebre objetivo, Añadid á esto un pique de malicia, en su ministerio y en su finalidad, El árbol sirve orleanismo1 servidos y deservidos alternativamente,
que columbra con más ó menos razón personajes vi- para transformar en la bomba de sus rafees el mine- según que les sonreía ó no la fortuna, en quien siemvos en los personajes presentados por el escritor mo- ral en vegeta}, en algo más vívido y orgánico, Pues pre hallaba derecho y razón.
nástico, y explicaréis por qué se armó una de cuen- el arte debe servir para transformar la realidad en
tos, que acabaron suministrando su comidilla natu- ideal. Un arte que sólo sirviera para deprimirnos
III
ral á las murmuraciones y á los murmuradores des- equivaldría en el fondo á una religión que sólo sirocupados, los cuales ya pudieron hablar de otra cosa viera para desmoralizarnos, La religión es moral y
Con una historia d11 tamaños contrastes, nada tan
belleza el arte. Pasemos á otro asunto,
que del clima y del tiempo en Madrid. Pero no hay
lógico y natural como una espera impaciente de las
tamaño conocimiento de la sociedad aristocrática, ni
confidencias, arregladas á su gusto por el llÍISmo TaII
tales carneros, en la obra devorada por los que aquf
lleyrand en los ratos de ocio, y publicables tan sólo
aprenden á leer para no coger nunca un libro, como
medio siglo tras su muerte por expresas disposicioOtro escándalo se apercibía en Europa con las nes testamentarias suyas, Así nunca de libro alguno
si aprendiesen á montar sin caballo y á nadar sin
agua. Lo que hay es un intento monástico y frailuno, Memorias de Talleyrand; pero ha marrado, E ste hom- se habló más antes de su publicación y menos desque trasciende á cien leguas, de pintar el mundo bre, que parece haber vivido, no en dos siglos, dos pués de publicado. Los que aguardaban escandalopeor de lo que siempre ha sido en sí mismo á fin de siglos, tenía cien caras y conciencias diversas que mi- sas revelaciones debían olvidarse de que Talleyrand
que aparezca mejor el claustro, Y á este objeto se raban á todos los horizontes. Republicano, imperia- hubiera desmentido su complexión y carácter, propohan coleccionado en apelmazadas é incorrectas pági- lista, borbónico, en estas metamorfosis apenas con- niéndose indisponerse con todos en su muerte tras
nas todas cuantas calumnias aquí suelen soltar todos, cebibles habla presenciado tantas escenas históricas, haber vivido de todos en su larga y tormentosa exisunor contra otros, en las horas Oe..ma1 humor, sin de- y conocido tantos personajes diversos, y atravesado tencia. Un literato como Bulwer y un juzgador cocir aquello mismo que piensan en sus antojos de ra- por catástrofes sociales tan parecidas á las catástro- mo St. Beuve destinaron li bros enteros á presagiar
bia ó envidia, ni pensar aquello mismo que dicen. fes geológicas, y salido del incendio de tantas gue- de qué suerte se presentarla el ministro de todos á
Estos libros de social escándalo embargan el ánimo rras, y andado por las grietas volcánicas de tales re- contar la relación de sus variaciones ante todos. Pero
un minuto, como el proceso de la Higinia ó de la voluciones, y erguídose sobre los amontonamientos quien habla mudado tal número de relucientes casaClaudia, para desaparecer bien pronto en olvidos tan de tal número de ruinas, y salvádose con tal fortuna cas, y recibido por estos cambios tanto número de
hondos y tapados como las cloacas. Ha dado en lla- en los naufragios, y recibido tantas veces los fusti- relucientes millones, obispo apóstata, clérigo casado,
marse moderno al arte que pinta los individuos y no gueos del rayo, que todos aguardaban unas revela- político sorprendido en burdeles, cortesano de todos,
los tipos. Con su pan se lo coman aquellos que tal ciones en las cuales quedaran como al desnudo sus multiforme, amigo de todos los vencedores y enemihacen ó creen, Como la ciencia es lo universal pen- contemporáneos, los principales fundadores de la go de todos los derrotados en la hora misma del
sado, es el arte lo universal sentido. Si la ciencia os moderna sociedad, expuestos á innumerables yerros cambio de sus posiciones y fortun·a s, debla tirar, más
da un montón de particulares hechos, y no las leyes y aun crímenes, en las trombas vertiginosas de unas que á traer las culpas de los demás en mientes, á
generales, y no el sistema, ¿para qué la ciencia? Y si tempestades casi cósmicas, cuyas ráfagas arrastran la cohonestar y cubrir las propias con el atenuante de
el arte os da lo particular, lo individual, el acciden- voluntad individual y cuyos centelleos eclipsan la la mala ocasión y de las difíciles circunstancias, El
te, la circunstancia, lo pasajero, y no lo típico, ¿para humana conciencia. Obispo, revolucionario, danto- sobrio y penetrante St. Beuve lo supo, cuando hace
qué las artes? Por tal nueva estética, el pintor indus- nista, termidoriano, napoleónico, chambelán de los muchos años dijo cuál difícil cosa escribir· historia
trial que lleva una máquina de fotografiar al minuto tribunos y de los reyes, copartícipe capital en todas como la historia de Talleyrand, y cuán imposible su
y os sorprende y sobrecoge cuando las muelas ó las las obras dirlomáticas realizadas durante su larga esclarecimiento por las memorias y autonografía del
existencia, obras en cuyos fundamentos se alzara. to- héroe, quien, actor consumadísimo, se afanaría por
tripas os duelen, debe aparecer más retratista que
Velázquez ó Moro, quienes, en la intuición soberana do el derecho internacional europeo; confidente de re- colorar su vida más que por referirla. Sin embargo,
yes tan originales como Luis XVIII y de césares tan
propia de sus inspiradfsimas almas, han trasladado á
decidle tal verdad á un público ansioso de profundas
il6minados como Alejandro I; consejero de Barras y
emociones y empeñado en que los escritos póstumos

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

2

59

del romancesco

con sus tigres pa-

ministro había de
granjeárselas. Y

recidos á canes

]a creencia de que

falderos bajo el
brazo, las legiones
de graníticos gigantes por tal modo allí gallardean
que parecen reunidos para irse á

se hablan las Me-

sostener de nuevo

morias cambiado,

en sus espaldas el

como esto no podía ser, pensando

racionalmente, vino el desengaño Y
con el desengaño

sustituyéndolas
por otras muy recompuestas y recalentadas. El Fígaro, diario á ve-

imperio inmenso
cuyos jefes animaron las arenas del
desierto y contaron los ástros del
cielo. Mas entre

ces donosísimo,
echólo á broma Y

tantos curiosos

supuso haber extraído de aquellas
páginas enorme

ejemplares, lo que

suma de sentencias, á cual más
extravagante, provocando con tal

ce con verdad, es

más aviva el interés y más lo mereaquella r.olección
de arqueros del
rey Nabucodonosor, hechos de tie-

publicación cala-

veresca una répli-

rra cocida y vivos

ca del grave duque de Broglie,
depositario de las

en su coloración
de hoy, realzada
por los siglos, cual

Memorias, muy

no lo estuvieron

ocasionada por el

al salir de los mol-

senil candor en
ella patente á burlas y chacotas. Así,

repitámoslo, escri-

EN LA

des enormísimos
donde
los vaciaran tantos
y tan

PRADERA, cuadro de A. M:ontemezzo

.

tas las Memorias con mesura y refinendo hechos No creo haya en parte alguna los fragmentos y ejemmuy sabidos, que todos leyéramos cien veces, aun- piares de las artes asirias coleccionados en las mar~que aguardadas cincuenta ó más años, no sustenta- villosas galerías del riquísimo Louvre. Aquellos tirán el interés general cmcuenta días,
gres tallados en rojo pórfido, aquellas esfinges avizoras que representan el género humano desciñéndose
IV
de las especies inferiores, los bueyes coronados de
Más fácil ha sido restablecer en París el salón de tiaras persas que sustentan sobre sus ciclópeas freoArtaxerxes que restablecer la historia de Talleyrand. tes de mármol aras enormes cual montes, los colosos

hábiles alfareros
caldeos, Yo recuerdo que, hallándome un día en casa
de mi eminente amigo Charcot, me convidó el ilustre director de las galerías á ver los arqueólogos an:
tes de que los viera el público. ¡Cuál no sería mi
asombro cuando me hallé con que los inventores de
tantas maravillas, ·los que hablan excavado el desierto y extraído los relucientes ejemplares, eran un matrimonio compuesto de dos seres por todo extremo

.

G MO N

GRAN CANARIA. -

VALU:

DE

SAN

ROQUE

E.N f.L CAM INO

DE TAl'IRA

A

l&gt;.

�1

260

t

,141 1
1 ..

sabios, pero también por todo extremo débiles! ¡Oh!
La mujer, sobre todo,'bajita, menuda, tierna, delicada, se había ido por los desiertos caldeados como el
hierro cereza, por las marismas traidoras que guar.dan tras cada junco una serpiente ponzoñosa, entre
moles de ladrillos en que abren sus madrigueras el
'tigre y el león, ' bajo un cielo espléndido que llueve
.gotas á gotas venenosIde fiebre, sobre una tierra que
parece vasto cementerio de pueblos petrificados en
'enormes osarios que ,parecen geológicos, los cuales
por doquier diluyen la tristeza y la muerte. Verda. deramente la diferencia viva entre la debilidad manifiesta de aquellos inventores y lo enorme y lo colosal de su invención, me dejó tan maravillado como
la vista de los sátrapas y de los cortesanos con sus
sandalias rojas, sus t9gas amarillas, _sus armaduras
verdes, sus petos relucientes, sus barbas rizadísimas,
, ~µ~ cabellefag_'en'. bucles, sus cascos persas en la frente, sus collares de pedrería en el cuello, sus escudos
áureos al brazo,. sus ~razaletes al puño, los carcaxes
llenos dé fl.échas' agudísimas á la espalda y en las
manos el dertero'. arccj, cual -nos los describen á una
en sus Apocalipsis y'en sus Lamentaciones los viejos
profetas bíblicos~ que han dado su más alta y más
bella religión, la religíón de Moisés, completada por
Cristo, á la doliente humanidad. Pues bien: estos incansables arqueólogos empeñados en resucitar el imperio caldeo, el imperio asirio, el imperio persa, nos
acaban otra vez de deslumbrar con reciente maravilla, la reconstrucción del salón de Artaxerxes. Aquellos palacios de los déspl'.&gt;tas persas parecían, como
las habitaciones de los déspotas egipcios y asirios,
ciudades completísimas. Las ruinas de Persépolis, habitadas hoy por el kurdo y por el turcomán, quienes
abren cavernas en sus dispersados fragmentos, componen cordilleras de grises mármoles, cortadas en espacioso anfiteatro á guisa de cuenca ú hoya natural.
Sobrepuestas las moles unas á otras creeríais que las
habían subido á lo alto ciegas fuerzas de la naturaleza y no el trabajo y la industria, pues semejan verdaderos montes caídos en masas enormísimas unos sobre otros. Po, sus rampas hay espacio para que suban en filas extensas legiones de jinetes. Sus intercolumnios, algunos erguidos todavía, parecen pertenecientes, por su grosor y por su enormidad, á otro
planeta, y os impresionan como· los montes de la
blanca luna vistos por los lentes del escudriñador telescopio. Alternan las columnas cilíndricas en las pilastras cuadradas como en los edificios asirios, y sobre sus estrías, en el superior friso, álzanse cabezas
dobles dé animales fantásticos, muy contrapuestas y
11nicamente pegadas ó reunidas por las sendas nucas,
Aquellos peristilos inacabables, aquellas terrazas apercibidas á recibir jardines aéreos y colgantes, aquellos
coros de gigantescas esfinges puestas en procesión á
uno y otro lado, aquellos frescos representativos de
combates con alimañas simbólicas, aquellas amplias
cámaras dispuestas para las asambleas y para los festines, el secular litúrgico loto que sella todas las partes del edificio, los sacerdotes alados llevando candeleros de fuego sacro en sus ungidas cabezas, las miniaturas, las incrustaciones, los engarces de ágatas
en pedrerías, los pebeteros y sillas de oro, las riquezas múltiples y varias daban á tales palacios asiáticos
todo ese lujo del Oriente que ha pasado á proverbio
en las lenguas y que representa hoy, en el concepto
nuestro, uno de los caracteres más sobresalientes y
más propios del Asia. Pues una sala de los palacios
habitados por Artaxerxes en Susa y Persépolis muy
pronto habrá, de ver.se reproducida con todas sus
particularidades históricas por mano del matrimonio
arqueólogo en las estancias de museo tan enorme
como el museo reunido por Francia en su Louvre.
V

Conforme la cultura general va creciendo, la historia va más y más interesando. Así, no solamente resucita en los institutos artísticos, resucita en los espectáculos populares. Mientras dos arqueólogos. de
París evocan Artaxerxes en el museo, evoca un empresario Nerón en el circo. Idea feliz la de presentarlo en vísperas del trance último suyo, cuando aletea la muerte, como un murciélago en los crepúsculos vespertinos, sobre su triste coronada frente. Suetonio, que suele adolecer de ordinario y vulgarísimo
en sus relaciones, narra con viveza y sentimiento el
paso al sepulcro de tan desatinado joven, que acertó
en desear inmortalidad y gloria, mas erró en creer
que la voluntad consigue todo cuanto desea y en
imaginarse dueño de la divina omnipotencia porque
fuera misero emperador. Siempre que leo tales páginas me figuro estar viendo á Nerón romper la mesa
de su triclinio y estrellar las más bellas copas de su
aparador al noticiarle un esclavo la insurrección de
Galba¡ incierto entre arrastrarse de rodillas á los pies

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de sus enemigos ó mover con su elocuencia contra
tales rebeldes á todo el pueblo; suspirando por convertirse de súbito en mero artista, sin más patrimonio que su cítara de oro ni más ornamento que su
corona de laurel; abandonado á media noche de sus
huestes, de su guardia pretoriana, de sus confidentes, de sus cortesanos, sin encontrar ni aun el veneno de Locusta para morir muerte pronta y tranquila;
perdido por las calles de Roma en requerimiento y
busca de las casas de sus amigos que le cierran las
puertas, pues quienes acompañan en las orgías no
suelen acompañar en las desgracias; fugitivo en la
obscuridad, con túnica corta, manto rasgado, pañizuelo al rostro, el estómago vacío, las fauces muy secas, los oídos abiertos á las maldiciones que le traen
los soplos de la noche; deteniéndose primero en laguillo infecto para beber, ¡él que había bebido el
zumo de Falerno y Chío en copas de riquísimas esmeraldas!, hasta llegar á casa de un esclavo y tenderse como un perro sarnoso en maltrecho jergón de
sucia paja, sin osar al indispensable suicidio; cuando
le anuncian, entre los espasmos y estremecimientos
de una cuasi epilepsia como entre los gritos de una
cuasi locura, la muerte que le decretaba el infame
Senado así que lo· veía vencido, muerte consistente
en serrarle con pausa el cuello y abrirle á varazos las
carnes; lo cual decídele á probar con sobrehumano
esfuerzo el puñal suspenso á su cinto, que aproxima
trémulo á su piel para retirarlo con precipitación,
pues nunca se diera el cuitadísimo muerte, de no
penetrar en sus oídos el estruendo armado por los
verdugos, que corrían á cumplir la venganza del Senado, burlada por un vértigo, en que al fin pudo con
violencia traspasarse con su propia mano y arma la
garganta, pronunciando en la expiración última palabras griegas y lamentaciones elegíacas por privar al
mundo de tal artista que ve, á la última luz de sus
ojos, los esbirros apareciéndose siniestros á la puerta
y lanzándose hambrientos sobre su cuerpo inerte
para cogerlo y arrojarlo, como presa husmeada por
el odio, á los implacables patricios, quienes, vivo y
omi;iipotente, le adoraron de hinojos como' á un Dios,
y ahora lo insultaban como á una ramera, vencido y
muerto. La pantomima de París no ha podido presentar esta parte del asunto con sumo espacio por
parecerle más propio de la tragedia y del teatro. Pero
ha presentado la ciudad Eterna tal como la vió en
aquella sazón el romano que la tenía por palacio propio, cuando pórticos amplios, adornados con estatuas
de mármoles y bronces, eran sus paseos; bosques
donde crecían las plantas de todos los climas y volaban las más vistosas aves, eran sus jardines¡ baños
cubiertos de mosaicos, ricos en toda clase de jaspes,
encerrando grandísimas bibliotecas, eran sus salones;
anfiteatros inmensos abiertos en las rocas, más duraderos que los tiempos, con capacidad para contener
todo un pueblo¡ circos llenos de monolitos del Oriente, de obeliscos, de colosos; naumaquias, alimentadas
por las aguas de copiosos ríos, pudiendo recibir escuadras, y artificialmente ahondadas en la cima de
un monte cualquiera; templos en que se reunían las
más hermosas jóvenes á ofrecer sacrificios; danzas y
conciertos eran sus fiestas, en que combatían sobre
arenas de oro y minio los brutos y los gladiadores,
mientras caían cascadas de aguas olorosas y sonaban
conciertos de sensuales músicas, difundiendo hasta
en los seres inanimados la fiehre del placer. Dicen
que los espectáculos del incendio de Roma y de la
entrada de Galba victorioso tras la muerte de Nerón
jamás han tenido igual en escenario ninguno. En
cambio no ha podido representarse una fiesta circense de mentirijillas porque los tigres y los leones se
comían á los pantomimos de veras. Lástima grande
que haya coincidido con tal espectáculo maravilloso
la muerte del famosísimo inventor de los reclamos y
de las contratas para tal clase de industrias, la muerte ·de Barnum, fenecido en estos días, después de
haber llevado por el mundo jirafas, cebras, leopardos, tigres, serpientes boas y de cascabel, monstruos
marinos, la nodriza de Wáshington y la garganta de
Jenny Lind. Todos morimos.

NúMERO

487

- Luego, abuelita, contestó Virtudes, disimulando
un ligero movimiento de impaciencia.
La voz de la abuelita adquirió un tono regañón.
- ¡Hija mía, eso es empeñarse en enfermar! Santo
y bueno que trabajes, pero las cosas requieren su
punto y medida. Lo que tú haces es matarte.
- No pases cuidado, abuelita.
Siguió la discusión, pero no fué larga, pues pronto
la anciana salió victoriosa de su nieta, con ayuda de
la noche, que se les vino encima.
A pesar de su anhelosa actividad la joven tuvo
que deja, los pinceles y cerrar su caja de pinturas.
Encendió un quinqué é hizo correr h·asta la mesa el
sillón de la abuelita, para quien siguió reinando la
obscuridad.
Hacía ya algunos años que la pobre señora estaba
ciega.

***
Abuela y nieta vivían en una pequeña habitación
de la calle del Conde-Duque, en Madrid. Su mayor
lujo consistía en el aseo que reinaba en sus personas
y en su modesto ajuar. Su presupuesto de gastos no
podía exceder al de los ingresos, por demás exiguos,
que les proporcionaba el trabajo de Virtudes.
Esta había recibido una brillante educación, cual
convenía á una señorita llama'da á ser única heredera
de un millonario. Pero los millones de su pafüe desaparecieron en desgraciadas operaciones de bolsa,
que tuvieron por saldo la muerte prematura del bolsista y la miseria y el dolor por toda herencia.
Virtudes, á quien nunca se le había .ocurrido que
su talento y habilidad pudieran algún día servirle
para vivir, soportó con animosa resignación sus reveses de fortuna, y echó manos á la obra con sorprendente energía.
Mucha necesitó, en efecto, para soportar las humillaciones y disgustos de toda clase con que tropezó al principio.
¡Cuántas veces, después de infructuosas diligencias
para.encontrar trabajo, regresaba á su . casa con los
ojos lloroi;os y el corazón oprimido! ¡Qué de noches
de instlmnio pasadas en espantosas angustias, de
esas que desconocen los ricos y atormentan á los pobres que buscan en vano los medies de subvenir á
crecientes necesidades de cada día!
La ceguera de la anciana no le permitía ver el desencajado rostro de su nieta, la cual, á fin de tranquilizarla, adoptaba un tono jovial para asegurarle que
le iba todo á las mil maravillas.
Para ir á buscar y devolver su labor, Vi_rtudes tenía que cruzar todo Madrid. Los industriales que le
encargaban trabajo vivían en la carrera de San Jerónimo y en las calles de Carretas, de la Montera y del
Príncipe.
Virtudes andaba aprisa, vestida siempre de negro,
sin levantar los ojos, que velaba el tul de la mantilla,
puesta1 sin querer con la gracia ingénita de las hijas
de Madrid. Pero su lindo rostro, moreno pálido, y su
aire distinguido, llamaban la atención de los transeuntes,,muchos de los cuales la requebraban al encontrarse 'con ella. Algunos se volvían para seguirla
ó mirarla pasar.:A menudo ella se desviaba de la acera y tomaba el arroyo•por evitar encuentros enojosos
con paseantes y horteras, apostados delante de las
tiendas. Más de una expresión indecorosa hería sus
castos oídos. Entonces apretaba el paso, sentía llamaradas en el rostro, se le oprimía el corazón y se
agolpaban á sus ojos furtivas lágrimas de indignación
y de angustia. La pobre pensaba que en aquella ciudad tan populosa, no tenía á nadie para protegerla y
hacer respetar la candorosa virtud que conservaba
incólume á los veinte años.

..,

***
Virtudes-no reparó en que durante algunos días la
fué siguiendo ·un joven alto y rubio, que la acompañaba hasta la puerta de su casa, pero sin hacerse notar y manteniéndose á una distancia respetuosa.

***
NARRACIONES
VJRTUDES

Pegada á los cristales de la ventana, .cuyas corti•
nillas, recogidas á un lado, dejaban pasar los rojizos
reflejos del sol poniente, Virtudes reproducía en el
raso crema de un abanico de lujo un ramo de soberbias rosas, puestas en remojo en un jarrita de cristal.
Dábase prisa con febril temor de que la noche alcanzase á interrumpir su trabajo.
- ¿Todavía no acabas?, preguntó una voz temblorosa y débil.
'

El conde de Albor era un tipo original. Poseedor
de una gran fortuna, de un nombre ilustre, de una
gran figura simpática y de una salud -perfecta, se tenía por desgraciado. Escéptico, sin ilusiones, no creía
en nada, ni siquiera en el amor ni en la virtud. Para
él, toda buena acción tenía por móvil el egoísmo.
Sin embargo, empezaba á hacérsele pesada la vic:Ja
de soltero, y deseaba casarse, pero con la condici~n
expresa de encontrar una mujer que le amase por
sus cualidades-personales y no por su título y su fortuna. Hacía ya algunos años que buscaba inútilmen'te y desconfiaba de encontrar el ideal deseado.

OABEZA DE ESTUDIO, cuadro de A. Seifert

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
LA !LUSTRACIÓN ARTISTICA

Una mañana, al salir de su casa, Virtudes se encontró en la escalera con un joven que cerraba la
puerta de la habitación inmediata, El desconocido
bajó detrás de la joven, se le adelantó en el último
tramo, quitóse respetuosamente el sombrero y se
alejó.
Aquel mismo día, la portera de la casa; que había
subido á entregar una .carta á una vecina del último
piso, entró á ver á doña Juana, la abuela de Virtudes, y empezó á hablarle con grandes elogios de su
nuevo inquilino, D. José Alvarez, joven muy simpá•
tico y distinguido, empleado en una gran casa de

comercio.
Aunque abuela y nieta viviesen muy retiradas, entabláronse ciertas relaciones de cortesía entre los vecinos.
Un domingo por la noche el empleado, que había
estado ausente todo el día, trajo del campo un magnífico ramo de flores que ofreció á Virtudes.
A veces, cuando las ausencias de la muchacha debían prolongarse mucho, Alvarez pasaba á hacer
compañía á la anciana, y la distraía con su amena
conversación é interesantes lecturas.
Poco á poco el complaciente joven se conquistó
un puesto en la intimidad de las vecinas. Doña J uana se deshacía en elogios de él, y Virtudes no acer·
taba á explicarse el vivfsimo interés que á sf propia
le inspiraba.
.
De pronto, en un momento de expansión, Alvarez dijo á Virtudes con voz alterada por emoción in-

tensa:
- Hace tiempo que mis ojos han debido expresarle que la amo. Sf; la amo con toda mi alma. Virtudes, ¿quiere usted ser mi esposa?
Y como ella ruborizada se callase, él añadió:
- No puedo ofrecerle un porvenir brillante. Todo
cuanto poseo se reduce á unos diez mil reales de
economías para instalarnos y mi sueldo de cuarenta
duros mensuales para vivir. Soy huérfano y, por tanto, no tengo herencia alguna en perspectiva. Será
preciso que llevemos una existencia de trabajo y de
ahorro, cuando no de privaciones. ¿Acepta usted?
- Acepto, contestó Virtudes con sencillez, tendiéndole la mano.
Fijóse el matrimonio para dentro de tres meses,
de concierto con la abuela, cuyos apagados ojos vertieron lágrimas de alegría.
- Mi idolatrada nieta no se queda ya sola en el
mundo, decía con profunda satisfacción; ya tiene
quien la ame y la proteja, quien la consuele cuando
no me tenga á mf.
La joven se sentía también satisfecha y animada.
El porvenir, al fin, se le presentaba risueño.
Pero una gran decepción vino á turbar tanta alegría. Un fabricante de abanicos para quien Virtudes
trabajaba hacía cuatro años, el que más la ocupaba
y mejor la retribuía, le declaró de pronto que cesaba
de emplearla. Lo~ negocios estaban paralizados y se
veía en la necesidad de suprimir el personal exterior.
Virtudes regresó á su casa con el abatimiento y la
desesperación en el alma. Su novio procuró tranquilizarla, diciéndole que no faltarían fabricantes
dispuestos á encargarle trabajo,
- ¡Ah!, repuso ella sacudiendo tristemente la cabeza. Tú no sabes cuán amargo es llamar de puerta
en puerta para sufrir impertinencias y humillaciones.
Y aún el dinero que una gana tan penosamente se
lo echan á la cara como una limosna. Y hay que soportarlo todo sin una observación ni una queja.
- Vamos, añadió Alvarez con inusitada desenvoltura; no hay para desesperarse.
Pero ella se preguntaba amargamente cómo iba á
poder vestirse y alhajarse para la boda, fallándole
sus principales recursos.
Alvarez siguió manifestando que aquel contratiempo carecía de importancia, hasta. que Virtudes, mortificada por su indiferencia, exclamó con cierto
enojo:
- ¡No parece sino que mi bienestar te importa
poco!
- Más que el mío.
- Pues cualquiera diría que tienes diez mil duros
de renta.
El empleado palideció; dirigió luego una larga mirada á Virtudes y se retiró sin proferir una palabra.
Al día siguiente, la joven supo con asombro que
Alvarez había cambiado de domicilio sin dejar las
señas de su nueva casa y sin la menor explicación
con su novia.

- Si no ha muerto ó no está loco volverá, pensaba ella.
Pero en vano trataba de explicarse aquella hufda
inesperada, y se devanaba los sesos para adivinar en
qué había podido ofenderle ó disgustarle.
Pasaron meses y Alvarez no volvió.
Virtudes continuó su vida laboriosa. Nada cambió
en su modesto hogar, sino que la abuela fué debilitandosc y la nieta se puso de día en día más pálida
y triste. La infeliz muchacha adoraba al fugitivo y
no podía consolarse de su abandono.
Un día encontró en la calle á una amiga de la infancia, que había vuelto hacía poco tiempo de un
largo viaje á la América del Norte.
Ernestina, que as( se llamaba su antigua compa•
ñera de colegio, iba ricamente vestida y acompañada de una aya inglesa.
- ¡Virtudes!, exclamó echando una mirada de conmiseración á su modesto traje. ¿Qué es de ti? ¿Y tu
padre?
- Le he perdido y con él mi fortuna. Mi disposición para la pintura que tanto admirabas, es ahora
mi único medio de subsistencia.
Y explicó en pocas palabras las vicisitudes de su
penosa vida.
-¡Cuánto te compadezco!, dijo Ernestina. Ven á
verme y hablaremos.
Y añadió bajando la voz.
- Me caso pronto ... Me pintarás el abanico de
novia.

•••
Tres días después, Virtudes se presentó en casa
de su amiga, que vivía con sus padres en un hoteli·
to de la Castellana.
Fué muy bien recibida.
Las dos jóvenes se sentaron en un confidente de
una salita de confianza, contigua á un invernadero
cuyas plantas y flores recreaban la vista y perfumaban el ambiente.
Ernestina era una rubia graciosa, aturdida y vo•
luble, que formaba un vivo contraste con el tipo moreno de la formal Virtudes.
- Sí, amiga mía, decía con su habitual locualidad;
pienso ser pronto condesa, porque mi novio es conde. Aún no ha pedido oficialmente mi mano á papá,
pero no tardará en hacerlo, porque está loco por mí.
Eso sí, es un tipo original. Se ha propuesto casarse
con una mujer absolutamente desinteresada, que no
dé ningún valor ni tenga apego alguno al dinero.
Como si esto fuera fácil hoy día, en que el vestir
cuesta un sentido y no se puede vivir en sociedad
sin gastar un dineral.
,
Ernestina hizo una pausa para respirar. Luego
continuó, mientras se arreglaba los volantes de encaje que adornaban su peinador de raso azul:
- Afortunadamente, papá conoce á un amigo del
conde, que nos quiere mucho, y ha jurado arreglar
la boda. Carlos de Albor se ha hecho presentar como
pobre, á pesar de sus quince mil d~ros de renta.
Papá me puso en el secreto y yo obro en consecuencia. Si nos oyeses, te asombrarías de verme transformada en la antítesis de lo que soy. Tú que conoces
mi aturdimiento y mis gustos, te reirías de la sencillez de mi porte y la modestia de mis proyectos.
- ¿Amas á tu futuro?
- ¡Claro que sí; es un buen mozo! Pero aunque
así no fuese, ¿te parece moco de pavo el título de
condesa y la vida que podré llevar? Tendremos coche, caballos, hotel en Recoletos, chalet en San Sebastián, palco en el Real... Daremos fiestas deslumbradoras, que reseñarán los periódicos, y la joven
condesa de Albor será uno de los principales oráculos de la moda.
Aquellos devaneos recordaban á Virtudes sus en •
sueños de ventura, sus recientes proyectos, que con
ser tan sencillos y naturales se habían desvanecido
como humo.
- Y tú ¿cuándo te casas?, preguntó Ernestina.
Virtudes contestó gravemente:
- ¡Yo no me casaré nunca!
- ¡Ah! Apuesto á que has tenido algún amor desgraciado.
- En efecto. Amé, sigo amando y ama ré hasta el
último instante de mi vida á un hombre que he perdido sin duda para siempre.
- ¡Hola! El caso es interesante. ¿Y se puede saber
quién es el protagonista? ...
- Un simple empleado sin nombre, sin fortuna y

- Lo ignoro. Desapareció de pronto sin que jamás haya vuelto á dar señales de vida.
- Habrá muerto quizá.
- ¡Quién sabe! Y aunque viva, ya no se acordará
de mf.
- Pues no comprendo que sigas amándole.
- ¡Le seré fiel hasta la muerte!
Sin darse cuenta Virtudes había ido alzando la
voz, y lanzó estas últimas palabras como una invocación á la felicidad perdida.
- Señorita, vino á decir una doncella, el señor
conde de Albor ha estado aquí.
-¿Cµándo?
- Hace un instante.
-¿Y se ha vuelto sin verme?
- Permaneció un cuarto de hora en el invernadero, y al verla á usté con la señora, se retiró.
-¿Me habrá oído?, murmuró Emestina.

•
••
Aquella misma noche llamaron á la puerta de doña Juana.
Virtudes fué á abrir y dió un grito:
- ¡ Alvarez!
·
-Sí, soy yo, tu futuro esposo, que te sigueamando y viene á recordarte tu promesa ...
- Pero, ¿y tu desaparición y tu largo silencio? ...
- Perdóname. Dudé de ti; te creí codiciosa y disimulada. Pensé que sabías la verdad ...
- No entiendo ...
· - Una palabra y lo comprenderás todo. Aceptaste por esposo al empleado José Alvarez. ¿Quieres ser
condesa de Albor?
La muchacha quedó muda de sorpresa.
Una mano trémula buscó las manos de ambos jóvenes y las juntó en un mismo apretón, mientras
que la voz temblorosa y débil que conocemos desde
el principio de esta historia murmuraba entre so·
llozos:
- Mi Virtudes no está sola ... ¡Ya puedo morir!
J UAN

B.

ENSEÑAT

ESTUDIOS
DE ALGUNOS CÉLEBRES PINTORES (1)

(Conclusión)
JORGE PAPPERITZ

Aquí tenemos verdaderamente el centro _d e la belleza y del buen gusto; todo aquí respira magnificencia.
Tres grandes arcos sostenidos á cada lado por
pilares planos, dividen el estudio en dos compartimientos, uno con aspecto de palacio y el otro pequeño y gracioso. A la izquierda de este último hay
una especie de pabelloncito, al que se llega por una
elegante escalerilla: en el estudio del pintor inglés
Watts se ve otro semejante.
Podríamos decir que el pincel de Papperitz toca
todos los asuntos, desde el interior de la casa hasta
el paisaje, desde los retratos modernos hasta los antiguos, desde las pinturas de género has,ta las histó-

ricas.
Para abarcar semejante diversidad de asuntos se
necesita gran aliento y mucha libertad de imagina•
ción.
Los que visitan el estudio de Papperitz no experimentan ninguna influencia determinada; las nuevas
ideas se despiertan sea cual fuere el cuadro en que
se fije la mirada; lo vulgar y lo trivial quedan siem·
pre detrás de la puerta. Pocos bosquejos se encuen·
tran allí; todo revela el arte perfeccionado, y fuera
inútil buscar monadas en el magnífico estudio de
Papperitz. Por poco que los adornos no fueran de
colosales proeorciones, correrían el riesgo de pasar
inadvertidos en la inmensidad de aquella sala.
Como pintor de retratos, Papperitz alcanza un alto grado de perfección; y por la fiel semejanza que
obtiene en los de mujeres, debe ser superior á Lenbach. Tiene estudiados los caracteres del rostro femenino, y como aquél, sabe hacer hablar á los ojos, reproduciendo los tintes delicados de las mejillas y el
carm ín de los labios.
Las pinturas de Papperitz que representan mujeres
y niños nos revelan el más cariñoso estudio, y }'ª estén las figuras desnudas, 6 bien ostenten los ricos y
sedosos pliegues del Renacimiento, siempre se obsersin porvenir.
va la misma perfecta producción de sus caracteres
- ¿Entonces? ...
•
peculiares.
- Pero era el dueño de mi corazón, y para mí
Rara vez intenta ese artista hacer retratos de hom•
Durante algunas semanas Virtudes abrigó la espevalía más que todos los nobles y millonarios del bres; la humanidad femenina es su dominio, y en ella
ranza de ver llegar de un momento á otro á su fu. mundo.
turo.
- ¿Qué ha sido de él?
(I) Véase el número 479,

••

un eco responde á su propio refinamiento artístico.
Como hués ped agasajado en Villa Wahnfried, en
Bayreuth, residencia de
Ricardo Wagner, Papperitz inmortalizó en un
gran lienzo la pléyade de
músicos que habitaba al!f,
y esta obra ha contribuído más que ninguna otra
de sus pinturas á popularizar su nombre.
La escena representa la
sala de música de Villa
Wahnfried, en el momento en que Liszt tocó por
primera vez la nueva ópede Wagner, Parsifat. El
compositor era la figura
del centro, y alrededor de
él agrupábase su familia y
el ilustre círculo de los
amigos del gran maestro,
constituyendo así una pintura histórica del mayor
interés.
El hecho de ser Wag•
ner tan conocedor de la
naturaleza y del arte, influyó sin duda en el talento del joven pintor, madurando sus facultades.
ROOOI.FO WIMMER

Wimmer es un artista
distinguido en la moderna
escuela de los retratistas,
cuyos adeptos parecen in·
sistir en la importancia de
los detalles realistas y de
.,1
1
los fondos. La antigua escuela, á la cual pertenece
Lenbach, corrsagra su
energía más bien á expresar en el lienzo los sentimientos del alma de aquel
á quien se ha de representar, evitando los detalles
que no son de absoluta
necesidad para el retrato.
Ambas escuelas, sin embargo, tienden á mantenerse fieles á la naturaleza; y corno consecuencia
natural, la moderna exige
un considerable trabajo
fatigoso de los que la
adoptan, pero al mismo
tiempo el resultado de sus
trabajos es más popular
entre el público. La época que atravesamos ¡ay!
exige que fijemos la aten•
ción en las apariencias, y
así en la pintura como en
otras profesiones se hace
preciso marchar con el
tiempo. El arte no sufre
degradación alguna por
ello; conviértese solamente en un medio adicional
por el que los futuros historiadores verán el espíritu del día desde su verdadero punto de vista.
Hemos hablado ya del
&lt;reposo clásico&gt; que respira el estudio del Lenbach, y
de la elegancia y del buen
CAMINO DE LA
guito que caracterizan al
de Papperitz. Este último
y Wimmer son los hermanos gemelos del arte, y la
descripción del estudio de uno de ellos es aplicable
al otro; en sus obras también se asemeJan mucho,
tanto que no causaría ninguna extrañeza enco~tra_r
en un ángulo del gran retrato del Emperador Gmller•
me en traje de almirante, obra de W1mmer, la firma
de Papperitz. Este artista habría retratado segura·
mente al joven emperador de una manera análoga.
La escuela moderna de los retratistas ha temdo
sus maestros en \Vimmer y en Papperit~: _sus pinturas nos recuerdan los tiempos en q.!,le v1v1mos, cuya
constante exigencia es: «Enseñadnos algo nuevo Y
explotadlo con originalidad.&gt;

embarcación no está en
su lugar en el estud10,
porque es muy to~c~ Y_ no
armoniza con el pav1m1ento lustroso de la sa_la;
mas no perdamos las •~u·
sienes, porque su dueno
es Raupp, y sabemos muy
bien que se cuida poco
de los objetos que le rodean. Este artista se asemeja al hombre tan profundamente absor_to en
sus propios pensamientos,
que no oye nada _de la
historia que su amigo le
refiere. En él se produce
e¡ hecho fisiológico de
que es posible comp:en•
der sin bac~r cas~, mu~r
sin recibir impresión, oir
sin recoger palabra al·
gu na.
La imaginación de Carlos Raupp y su admirable
memoria se concentran
de tal modo en su lago
y en las escenas de la
montaña, que apen~s se
da cuenta de los ob¡etos
que tiene alrede~or y
que tan mal se avienen
con sus pinturas: toda_s
éstas son puramente onginales del artista. En me•
dio del lujoso estudio, con
sus tapices y estatuas y
plantas tropicales, Ra~pp
oye el grito del montanés;
las voces infantiles de los
niños que juegan á las
barcas; el lejano fragor de
la tempestad que se aproxima, y que pronto es~allará con sordo estrépito
en las cimas de las montañas; el sordo mugido del
mat borrascoso, 6 la campana que anuncia al moribundo la llegada de los
auxilios de la religión;
pero cuando despierta de
su meditación, agrádale á
Carlos Raupp verse en su
cómoda vivienda.
Muy diferente impresión nos produce el esto•
dio de
WALTER FlRLE

Aquí podemos re~ordar
al punto la vida cotidiana
de esa inmensa mayoría
de nuestros semejantes
que cohstituye la clase
obrera: aquí respiramos la
atmósfera del trab~jo dia•
rio y las alegrías se mezcla~ con las tristezas. El
esofritu del pueblo parece
reinar en esta habitación,
que es un taller primero y
un estudio después.
Uno de los compatriotas de Firle ha referido
un ligero incidente q~e. le
ocurrió durante la vlSlta
que hi zo á la Exposición
del jubileo del Arte en
Munich y que muestra el
FUENTE, cuadro al pastel de lléctor De Maria1 grabado por Mancastroppa
efecto que produjo la
notable obra de este pinPero ¿qué rumor es ese? ¿Qué notas esas que se tor en las diferentes clases de Alemania.
.
- En una de las galerías, dice, vi una mulhtud d_e
oyen? ¡Bah! Es el ruido que producen los remos, ~
el cántico de un marinero. ¿Dónde estamos? ¡Ah. visitantes detenidos ante un lienzo de gr~ndes di·
mensiones y pronto me absorbí en el estud10 de los
En el estudio de
efectos qu~ producía en los que miraban . Como yo
CARLOS RAUPP
no había examinado la pintura, comencé á pen_sar
en la opinión qu~ yo formada. acerca de su mé1:to,
Esos sonidos, sin embargo, no llegan hasta el es- según las indicaciones que hicieran aquellos críticos
tudio del pintor del lago y de las montañas bávaras, de afición. El grupo más considerable_ componfase
aunque se encuentre alguna cosa que se relac1~na de varias muchachas, y de una pare¡a mayor de
con eso, como lo indica el bote, tantas veces agita- edad guiada al parecer, por un joven .
do por la tormenta, que ahora reposa en u_na elegan- El pint~r ha demostrado energía en_ el modo ·
te banqueta de pies torneados y sedoso asiento, Esta de tratar este asunto, decía uno de los críticos; pero

��266

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
NúMERO

la escena habría ganado mucho en efecto dramático
si la habitación hubiera sido más pobre y el sentimiento de la madre más violento.
A esto contestaron los demás sucesivamente:
- ¡Ah! Sí, es cierto.
- Mas á pesar de todo, es magnífico.
- Y muy conmovedor.
- Casi me hace llorar.
- ¡Qué absurdo! ¡Llorar por una pintura!
Por regla general, las personas bien vestidas solam~nte fijaban en el cuadro· una impasible y rápida
mirada, 6 no se detenían más que para leer el título
en ~¡ catálogo; pero un grupo de trabajadores mal
vestidos detúvose silencioso y absorto ante la pintura. Al fin uno murmuró algunas palabras al oído de
su compañero, con lágrimas en los ojos.
-:- Comprendo muy bien, dijo, lo que esa pobre
mu3er que está junto al ataúd siente. Esa pintura es
la mejor de la Exposición. ,
Después hojearon el catálogo para ver cuál era el
título y el nombre del artista, y vieron que decía: En
la casa del duelo,por Waller Fir,e.
:E:ste artista estudia la vida diaria de hombres y
muJeres, y nos la.representa naturalmente y sin afectación. En sus pmtur.as no hay nada 'de la violencia
del sentimiento, y solamente las fisonomías nos revelan lo que hay en el interior. La humanidad, en
su mayor parte, rara vez hace ademanes extremados
p~ra expresar un gran dolor ó alegría, y este conocim~en~o es la clave de las pinturas de Firle, tomadas
pnncipal!11ente de escenas de la vida del campesino
6. del artista. En. su estudio no hay nada complexo
n~ ab_sorb~nte, ~i tampoco hay grandeza. Ninguna
fnvohdad mgemosa en la disposición artística le distraerá la atención de su trabajo.
La cigüeña que vuela hacia el techo puede· considerarse c?mo el símbolo de las elevadas aspiracion_es del pmtor. A no ser por un altar primitivo, que
sirve de modelo para el gran lienzo que está en el
c~ballet~, sólo encontraríamos allí bosquejos, c~tud1os y pmturas.

J,

1 .'

1
1

1

i

,,_¡
l~

de ejecutar en una habitación atestada de adornos y
objetos raros; pero á Eduardo Unger le agradan estas cosas, y por eso ha formado dos estudios uno
de lujo, y el otro destinado á taller, donde el ácido
que algunas veces se derrama no ocasione mucho
deterioro. Por el aspecto de la pequeña habitación
donde el grabador trabaja, diríase que está provista
de una manera bien calculada para contentar á las
~ás de las personas que quieran ver un buen estudio. La botella del ácido y otros objetos análogos
es~n sin duda ocultos á la derecha, y en la mesa reflé¡ase la Ju~, que ilumina al artista. El estudio y el
taller constituyen una habitación magnífica y muy
agradable, para que Unger pueda ejecutar más á
gusto esos grabados que todo el mundo admira.
X

NUESTROS GRABADOS

¡Valiente brevajel, cuadro de Don Antonio
Fabré~ (Salón ~arés): -Aun á riesgo de que se nos moteje

de sempiternos tunferanos, no podemos menos de afirmar una
vez más en presencia de este cuadro que Fabrés es uno de
nuestros pri_mer~s pintores contemporáneos y de los pocos, muy
poc?s,. que 1mpnmen el sello del genio alli donde tantos otros
se hm1tan á dar muestras más ó menos notables de talento.
Cada ?bra nueva suya es una prueba más de Jo bien que concibe Y e;ecuta: el asunto más sencillo, más trivial, adquiere al
pasar por ~u fantasfa v3:lor é ~nterés inestimables, y los colores
que sus pmceles combman tienen tal riqueza de luz y se nos
ofre_cen tan abundantes y variados, que en ellos encuentran su
e9u1vale~te exacto todos los tintes, todos los matices por difíciles, dehcados é imperceptibles que sean.
,
_La figura de i Valiente brevajel está arrancada de la realidad
misma; nada hay en ella que no sea digno de la justa fama de
nuestro _pai_sa~o; la actitud, la expresión, las telas del vestido,
las más 1nsigmficantes pequeñeces del traje, los más nimios detalles. del rostro, todo acusa la experta mano que tantas joyas
artfshcas y en tan diversos géneros ha sabido producir.
Y no somos nosotros solos los que ta· decimos: antes que
nosotros lo dijeron unánimes cuantos vieron el lienzo en el Sal~n Parés, y sin duda confirmarán plenamente estas apreciac1on:s todos nuestros lectores á poco que se fijen en la reproducción que del mismo publicamos. Aquel bebedor dice de
FERNANDO WAGNER
un modo ~dmirable lo que el pintor se propuso; en su rostro s: advierten las huellas de la mala impresión que la cata
Hace unos veinte años, cuando Wagner · estaba d~l. vmo le ha causado, y la mirada que entre colérico y burlón
todavía en el torbellino de la vida estudiantil con dmg~ á la botell~ es la condenación más dura del brevaje que
su imaginación llena de mil proyectos, habitab~ en por v1~0 se le qmso hacer tragar, y que si como tal pudo pasar
á sus o;_os, halló fiscal severo y enlendido en su paladar delicael magnífico castillo de Tutzing, en el Starberger do y eXJgente.

See, un hombre de notable cultura, llamado Eduardo Hallberger, quien empleaba á varios artistas para
ª?ornar ~u ~agnífica residencia. De lejos y de cerca
h1zo vemr pintores, arquitectos y jardineros, y entre
ellos llegó Fernando Wagner, que prometía mucho,
aunque ~asta entonces no había hecho gran cosa.
Nmgun encargo particular en el adorno de aquella reside~cia se confió á Wagner, y por lo tanto no
tuvo ocas_ión de distinguirse; mas no le faltaba voluntad 111 tampoco talento. Mientras estaba en el
castillo conoció á un joven literato, y entre los dos
concertaron los más atrevidos planes, siendo uno de
ello~ emprender un viaje á Italia con objeto de confecc10nar una descripción ilustrada del país y del
pueblo; pero el espíritu inquieto de Wagner carecía
de. perseverancia para realizar el plan, y al fin se red uJo to_do á palabras. Los presuntos colaboradotes
renunciaron á la empresa, y cuando volvieron á encontrarse al cabo de algunos años el literato supo
que el pintor había llegado á ser fa~oso: el talento
Y. el trabajo hab~anle per~itido alcanzar una posic~ón entre ~os primeros artistas. El amigo que había
si_do d_e su JU'ventud se encontró con un pintor de
histor!a en vez del artista cómico que se revelara en
otro tiempo en figuras extrañas y chistosas escenas
tomadas de la vida de los bohemios en Munich.
¡Q~é paso había dado desde la comedia hasta lahistona formal! Pero á Wagner le han complacido siempre tales contra~tes, sin duda á causa de su tempe. ra~en~o. Conocido como pintor de historia, esto no
le impide darnos ~e vez en cuando una pintura de
género 6 un estud10 de la vida. Sus lienzos se distinguen por la minuciosidad de los detalles los colores
armoni~sos y la bien ideada composición. Wagner
no es, s1~ em?argo, un pin'tor de grandes y notables
h~chos históricos; µrefiere las procesiones, las parodias Y agradables escenas de la mitología.
. Al contemplarle en su estudio se comprenden las
dificu_ltades con que tropiezan los pintores de grandes lienzos. El artista no está muy seguro en la escalera por donde sube y baja cuando quiere juzgar
de su compQsición.
Pasemos, por último, al estudio del distinguido
grabador
EDUARDO UNGER

Esta profesión lleva necesariamente consigo un trabajo considerable de tal naturaleza, que apenas se pue-

.

"•

En la pradera, cuadro de A. Montemezzo.Que el _paisaje está bien sentido compréndelo cualquiera con
sólo mirar el cuadro; que la ejecución nada deja que desear
salta á la vista cuando se advierte la naturalidad que en todo él
campe~ Y, las condiciones de aireyde Juz que tanto relieve dan
á los d1stmtos elementos que lo constituyen. La misma sencille~ del asunto nos releva de extendernos en mayores consideraciones: la obra de Montemezzo produce en el ánimo una impresión grat!sima y despierta el deseo de disfrutar los encantos
de aquella pradera, y esta es la demostración más clara de Jo
que la pintura vale, así en el fondo como en la forma.

.•

"

~ran Canaria. Valle de San Roque en el camino de Taftra. - Cuanto se diga acerca de las naturales
bell~zas de las islas Canarias es poco al lado de lo que alH la
reahda~ ofrece. I:a ~egetación. variada y exuberante que en
ellas existe, la be~1gmdad del clima, los accidentes que por su
e~tructu_ra _geológica presenta el terreno, la abundancia de poéllcos pa1sa;es, ~o~ otros tantos atractivos de esas islas que el
tale~to, b bonos1dad y los sentimientos hospi,1alarios de sus
ha b1tantes han convertido en deliciosa estación~e invierno cada día más frecuentada, especialmente por los ingleses.
, La vista que reproducimos representa uno de los puntos más
pmtorescos de la Gran Canaria, el valle de San Roque, por
donde pasa entre palmeras, naranjos, guayabos, cafetales y otros
árboles de la hermosa flora tropical el camino que conduce al
lin~o p~eblo de Tafira y á La Caldera ele Vandama, volcán
extmgmdo que se alza al Sudoeste y á seis millas de la ciudad
de Las Palmas.

•
••

LA

487

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

~a Cabeza de estudio del reputado pintor alemán Alfredo
Se1fert reune todas estas cualidades tan dificiles de juntar y
merece, por esta razón, ser calificada de obra maestra en ~se
género que muchos cultivan, pero en el que pocos lllcanzan la
perfección deseada.

* **
Camino de la fuente, cuadro al pastel de Héctor D~ María. - En las principales Exposiciones celebradas
en Itaha, tales como las de Venecia, Bolonia y Palermo han
llamado poderosamente la atención las obras de Hécto~ De
Maria, que en poco tiempo ha logrado colocarse á envidiable
a_ltura entre los artistas italianos. Este joven pintor siciliano
siente com? pocos el color y la armonía de las tintas más vagas;
en, sus mar mas admirase esa profusión de luz y de brillantes refle;os que el sol meridional presta al firmamentó y arranca á
las azulada~ aguas del mar, y sus paisajes, cuadros de género y
figuras ca~llvan por el gusto en la elección de los asuntos y por
la corrección y verdad con_que en ellos están trazados los lugare~ más bellos, las escenas más sentidas y los tipos femeninos
mas hermosos.
Entre estos. últimos podemos colocar el de la joven palermitana_ de Ca1mno de la fuente, figura perfectamente concebida y
con _irreprochable corrección trazada, que por la belleza de sus
facciones Y lo noble de su continente nos da una idea exacta de
la mujer italiana tan justamente enaltecida por cuantos ban
visitado la poética isla.

*
" *
A~usación, cuadro. de Tiha~~r Margitay. -

Marg1tay, que tanta popularidad ba adqumdo con sus preciosos
cuadros de género, algunos de los cuales conocen nuestros lecto~es_por haber sido publ:cados en esta ILUSTRACIÓN, pinta en su
ulllma obra una e~cena emi~e.ntemente dramática, cuyo argumento creemos ocioso descnb1T, porque al menos lince se le
a_lcanza cuál puede ser la historia que á la situación por el arhst3: re_prese.ntada conduce y sin el menor esfuerzo se explica
la s1~m6cac1ón que en tal episodio tiene cada uno de los persona¡es.
Mayor espacio del que disponemos necesitaríamos si hubiésemos ~e _analizar una po~ una las figuras que entran en la
comPos1c1ón_; pero con dec1T que todas aparecen magistralmente
s1;nt1das Y e¡ecutadas, que cada una expresa por modo maravilloso el afecto que en tan critico momento Je domina, que
todas están en carácter y que su distribución y colocación es
~n natural como artlstica, creemos haber consignado lo que á
nmguno de nuestros lectores se les ocultará en presencia de
este cuadro.
Todas nos parecen igualmente bellas é interesantes, pero indudablemente ba de atraer con preferencia la atención de cuan!~~ el cuadro contemplen el gr~po forma?º por la madre y la
h!Jª que tan bruscamente han mterrump1do la ceremonia religiosa. Hay en la joven seducida y abandonada una expresión
de dolor_y de vergüenza. que á las claras indica que no ba ido
alll movida por su propia voluntad, sino arrastrada por sumadre: En ésta se revel~ todo el _apasionamiento, toda la indignac1~n de la que se siente henda en sus más caras afecciones;
su h1;a pod~á perdonar al desleal, que á tanto llega el amor en
algunas mu;e~es; pero ella _no fe perdona, y sin reparar en que
cou su acusación mata las il~s1ones de una joven inocente, gó~se en su venganza y en la idea de obscurecer para siempre el
cielo que tan sereno soñara el infame seductor que ha llevado
á su antes. tranquilo hogar el deshonor y el desconsuelo.
A_c1!saczon ha al~anzado un primer premio en la últim'a Expos1c1ón de la Umón Artística húngara y hasta hace poco ha
estado expuesto en la Continental Gallery de Londres desde
donde ba sido enviado á Nueva York.
'
No ca_be duda alguna de que Margitay conquistará también
e~ ~l nuevo mun~o los laureles que en tan gran número en el
v1e;o ha conseguido con sus pinturas de costumbres modernas
e~ las cual~s _el ~~alismo más acabado lleva un sello de elegan'.
c1a y de d1stmc1ón que las coloca muy por encima de la inmensa mayoria de los lienzos en la escuela naturalista inspirados.

•
••
El ensayo d~ un minué, cuadro de G. Paglieri.
- La época 1e Luis XIV y de ~uis XV _de Francia sé presta
como pocas a ese género de pmtura aristocrático y elegante
9ue á tanta altura supo elevar á principios del pasado siglo el
ilustre Watteau y que aun hoy cultivan de cuando en cuando
algunos de los más notables artistas modernos. Las costumbre~ ga(antes, los vistosos trajes, el lujo en el decorado de las
bab1t~c1ones son otros tantos elementos que acertadamente
c?mbi_nados. pueden dar como resultante cuadros de composición simpática y de colores brillantes en que la fantasfa y la
habilidad de los pintores se m11estren en todo su esplendor.
En este concepto, El ensayo de un minul es un dechado de
bell~zas: graciosamente concebido y con sus puntas y ribetes
de picaresco, como lo grueba el grupo de los tres caballercs
del centrn, ofrécenos desde el punto de vista de la ejecución
asi en el conjunh;&gt; como en sus detalles, tanto en las figura~
como en
veshdos y adornos, una labor primorosa, y acma
un conoc1!111e~to exacto y profundo de aquella sociedad que
con sus fnvohdades, más que con sus delitos atrajo sobre si la
catástrofe que tantas lágrimas habla de cost;r á los que antes
de ella s6lo en divertirse se hablan ocupado.

Jo~

Cabeza de estudio, cuadro de A. Seifert. - Cuantos menos elementos entran en la composición de una obra de
arte, cuanto menos argumento, por decirlo asi tiene un cuadro, tanto m~yor cuidado ha de poner en él el ~rtista á fin de
que 1~ falta de interés - no nos referimos al interés ~rtistico, DOLOR DE ESTÓMAGO. V.ino de Chassaing
q_ue bie~ sabemos puede~ tenerlo los trabajos más sencillos,
smo al mterés en el senlldo de atención curiosa, - quede compensada por los primares de ejecución. En obras de la índole
EVIDENCIA. - Cuando se ha visto una sola vez
la acción maravillosa de la CREMA SIMÓN en l:isgn'elas,
ele la de Seifert requiérese ante todo un gusto especial en la
elección de modelo, ya real, ya imaginado; ,m busto femenino ti/ceras, barros y saba11011es, se comprende que no hay co!dque figura como elemento único en una pintura, no puede ser cream más eficaz para la conservación de la piel. Los POL vos
el de una mujer vulgar, sino el de una mujer eminentemente DE_ ARROZ y ~l JA~ÓN SIMÓN completan estos felices efectos.
bella; necesitase además que con esta belleza excepcional corra Evitar las fals1ficac1onesextra1y·eras, exigiendo la firmaSJJ,fON,
p:uejas ~a ~xpresión, 9ue la m_ejo_ra e~ tercio y q~into, y preci- me de Provmce, 36, Parls. Depósito, en todas partes.
sa, por ultimo, que m en el chbu.10 m en la d1stnbución de luz
haya el n;enor tilde; pues los _defectos que en obra de otro géJABON REAL
JABON
nero purheran pasar madvertHlo,, resaltan con vigor extrema•
.¡ttico /nvtt1to,do alli donde nada hay que distrayendo la atención del que
DE T HA I DAC E 29,14deslta!in1,p1111 VELO UTI NE
los contempla ayude á disimularlos ó á compensarlos cuando
WatlUW Jtr llltoriiatoa a6tir p&amp;rl la Bifi•fl' b I&amp; Pltl 1 ltllu, hl Colar
menos.

LA

IV:IOLETI

Rogerio Noirel, á la par que examinaba sus legajos, dirigía :í. veces una penetrante mirada á Jacobita...

EL MARIDO DE JACOBITA
NOVELA ORIGINAL DE ANDRÉS THEURIET, ILUSTRADA POR L. MAROLD

I
«No me inspira Rogerio cuidado alguno, repetía
con frecuencia el viejo Filiberto de Noirel, pues ya
sabrá salirse de todas las dificultades de la vida; pero
creo difícil casará nuestra Jacobita ... Sin embargo,
quisiera verla unida con el hombre de su elección
antes de irme al otro mundo.»
No se cumplió este deseo, porque la muerte sorprendió al señor de Noirel á los sesenta y cinco años
en su castillo de Val-Dormant, donde quedó Rosa
Jacobita de Noirel, su hija menor, en vías de vestir
imágenes.
Cuando ocurrió este suceso, la joven contaba
veinticuatro primaveras: el anciano Naire! la había tenido siendo ya casi viejo y cuando el primogénito Rogerio llegaba ya á su mayor edad. La señora
de Noirel había fallecido á consecuencia del parto,
muy laborioso por lo tardío, decían unos, y avergonzada, añadían malas lenguas, por haber esperado
tanto tiempo para dar el ser á una criatura tan feílla.
El nacimiento de Jacobita, pues, no fué acogido
precisamente con sonrisas; pero como la criatura se
parecía al viejo Filiberto, éste acabó por c0brarle cariño, y á pesar del desagrado con que fué recibida,
creció como un espárrago silvestre, aumentando su
· robustez, ya que no su belleza. Era una moza rolliza:
extremidades sólidas, color moreno, huesos muy desarrollados, voz áspera y nada femenina. Dotada de
una vitalidad exuberante, gastábala en correrías por
el bosque, en trepar á,los árboles ó en ruidosos juegos con los chicos de la aldea. Estas viriles aficiones extrañaban un poco al señor de N oirel, quien no
juzgándose capaz de dirigir la educación de aquella
rústica niña, apresuróse á enviarla á un convento _de
Dijón apenas tuvo doce años, esperando que, gracias

á la influencia del medio en que iba á encontrarse,
llegaría á tener un poco de esa reserva y encanto que
constituye los caracteres distintivos del bello sexo.
Jacobita, en efecto, volvió más juiciosa, pero no conocedora de los usos y costumbres del mundo, ni
tampoco embellecida. No era coqueta; vestía de cualquier modo, y por bien cortados que estuviesen los
trajes, apenas se los ponía la pobre muchacha parecía un fardo. Cuando su padre, deseoso de establecerla, se apresuraba á presentarla en cualquiera fiesta
de vecinos, la vanidad de la joven había de sufrir mucho al comprender que hacía generalmente un papel
ridí~ulo y sabiendo que se la invitaba tan sólo por
consideración. Por más que tuviera cien mil pesetas
de dote, los pretendientes formales no parecían muy
ansiosos de llamar á la puerta de Val-Dormant, y Filiberto de N oirel comenzaba á perder toda esperanza,
cuando un ataque de gota puso fin á sus días.
Terminados los funerales, y después de retirarse los parientes y amigos, Jacobita se quedó sola
en el .castillo con su hermano mayor, Rogerio ·de
Noir~l, que había pedido licencia por algunos días
para poner en orden los asuntos de la s:icesión.
Esto equivalía casi á un aislamiento, pues Rogerio,
hombre muy práctico y meticuloso como un viejo
procurador, pasaba la mayor parte del día haciendo
cuentas y comprobando papelotes en compañía del
notario de la localidad; de modo que Jacobita se veía
abandonada á sí misma y á sus pensamientos, sumamente tristes.
El castillo de Val-Dormant no tenía nada que fuese á propósito para desvanecer las ideas melancólicas: era un gran edificio -cuadrado, con tejados cubiertos de musgo, muros de co!or gris y flanqueado
en la fachada principal por dos torrecillas en forma
de apagaluces. Situado en medio de un parque, don-

de las encinas se mezclaban con los árboles verdes,
dominaba el valle, estrecho y cubierto de bosques,
desde cuya extremidad divisábanse las primeras casas de Champlain. Más arriba de este pueblo continuaba el bosque y enfrente de Val-Dormant veíanse apuntar entre las hayas los agudos piñones de la
Roserelle, habitada por la señora de Chatelliers, respetable viuda á quien una parálisis tenía enclavada en
su sillón y con la que los Noirel mantenían de tarde
en tarde relaciones de vecindad. Por todas partes se
veían verdes horizontes, y abajo, á través de una línea
de pradera, un arroyuelo que se deslizaba entre una
doble fila de alisos iba á desaguar en el Aubette. Un
camino vecinal, flanqueado de verdura, atravesaba el
arroyo, sobre el cual había un puente; ascendía hacia
el castillo por suaves rampas, prolongábase por el
muro del parque y se perdía de vista en desnudas
mesetas. Este camino era muy solitario, y apenas
circulaban por él más que los peatones, portadores
de partes ó mensajes; ningún rumor interrumpía allí
el silencio, como no fuese por la mañana el canto de
los gallos, el tic-tac del molino durante el día, y á la
caída de la tarde lejanos ladridos de los perros de
las granjas diseminadas en la meseta.
Jacobita, apoyados los brazos en el antepecho de
una ventana, pensaba en el difunto, que la había
dejado sola en el mundo y que dormía el sueño eterno bajo los pinabetes del cementerio. También reflexionaba sobre su juventud, ya madura, condenada
prbblablemente á marchitarse en aquel castillo desierto. Sabía muy bien que no debía contar mucho
con su hermano, pues éste habitaba en París, compartiendo el tiempo entre sus funciones de director
en el ministerio de Estado y los placeres que ofrece
la capital á un célibe bien recibido en la alta sociedad. Por su parte, Rogerio de Noirel, á la par que

�LA

j

examinaba sus legajos, dirigía á veces una penetrante
mirada de' observador hacia Jacobita, y preguntábase, no sin enojo, qué haría de aquella hermana menor. Era tan egoísta y apreciaba tanto su libertad,
que de ningún modo hubiera consentido en llamarla
á su casa de la calle de Varennes, y por otra parte
le parecía poco propia para acomodarse á las exigen·
cías de la vida parisiense. Sin embargo, causábale es·
crúpulos dejar en el aislamiento y expuesta á los aza•
res de la vida campestre á una joven de veinticuatro años, en la cual adivinaba mucha vitalidad
turbulenta, sangre ardiente y viva imaginaci6n. «La
soledad, se decía, es mala consejera; el aburrimiento
podría impulsará Jacobita á enamoricarse del primer tunante que se presentara, y no me agradaría
ser cuñado de un palurdo. No; lo mejor sería buscarle en nuestra sociedad un marido presentable ...
S6lo que ... con su figura y aspecto, la pobre muchacha no es nada seductora .. » Y así pensando, dirigía
nuevamente hacia su hermana una furtiva mirada de
hombre ducho en la materia.
A la verdad, Jacobita no tenía buen gusto ni gra•
cía: su vestido de lana negra, cortado por una modis-

Jacobita en el valle de Champlain

ta del pueblo, formaba arrugas en la espalda y cubría
el busto como un saco; el corsé, que debía ser seme•
jante al de las campesinas, ensanchábale el talle y
le aplanaba el seno, y el color negro del traje sombreaba más aún aquel curtido rostro de espesas cejas,
mandíbulas en extremo prominentes y boca demasiado grande. Sin embargo, á pesar de tales defectos,
la robusta muchacha, criada al aire libre, distinguíase por una frescura que alegraba los ojos, y no sé
qué _de simpático que corregía la irregularidad de sus
facciones. La piel, aunque curtida por el aire y el sol,
era fina y suave como la seda· si tenía la boca demasiado rasgada, en cambio sus labios rojos y carnosos
expresaban la franqueza y la bondad, y cuando
se entreabrían para sonreír. dejaban ver una dentadura muy blanc~. En cuanto á los ojos, grandes y
castaños. tenían la limpidez del agua de un manantial transparente y profundo, y revelaban un alma
tierna, inteligente, deseosa de amar y de ser amada.
La perspicacia de Rogerio de Noirel ley6 sin duda
todo esto en las mudas y elocuentes miradas que su
hermana fijaba en él á veces, y que parecían un llamamiento y una stl.plica, pues al fin se conmovi6, y
cediendo á uno de e~os impul~o~ de sensibilidad que

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

en ciertas ocasiones experimentan los corazones
egoístas como un remordimiento, resolvi6 hacer un
generoso esfuerzo para arrancar á la huérfana de las
tristezas de la soledad. He aquí por qué, después de
haber procedido ante notario á la repartici6n de la
herencia, despidi6se de su hermana, y díjole al abrazarla:
«¡Buen ánimo, Jacobita; no te aburras en ValDormant, pues voy á ponerme en campaña para. buscarte marido, y muy pronto recibirás noticias mías!... »
La señorita de Noirel esperó un año antera estas
preciosas noticias: en su rústica candidez, crey6 por
lo pronto que apenas llegase Rogerio á París, lo más
urgente para él sería cumplir su promesa, y que antes
de pasar un mes aparecería en el horizonte el apetecido esposo. Todas las mañanas, al despertar, abría
la ventana para fijar la vista más allá de las espesuras del parque, en el camino blanco que cortaba la
colina é iba á perderse en lontananza en medio de
los álamos de Champlain. Espiaba la llegada del peat6n con ansiedad; pero el hombre de la blusa azul y
cuello rojo pasaba generalmente con indiferencia por
delante de Val-Dormant, y Jacobita, de nuevo engañada, veíale alejarse en dirección á la cumbre del
cerro. Algunas veces franqueaba la verja penetrando
en la avenida de pinabetes; entonces la joven sentía
latir su corazón, bajaba palpitante á la cocina á fin
de que se sirviera al mensajero una botella de vino,
y después, cuando más esperaba recibir noticias ~e
París y alargaba hacia el saco de la correspondencia
sus manos impacientes, veía que la esperada carta
no era más que un prospecto 6 un billete insigni~cante. Entonces la señorita de Noirel volvía á subir
confusa á su aposento, reprendiéndose por su excesiva precipitación. No se desanimaba, sin embargo,
y seguía vigilando el camino, pero entregada á continuas reflexiones. Imaginábase que el marido soñado
se le aparecería tal vez de improviso, como un héroe
de novela, y que el mejor día, una mañana 6 una
tarde, oiría resonar los cascabeles de los caballos de
un coche que conduciría al castillo á su hermano
acompañado de un pretendiente, con el cual se proponía darle una sorpresa; pero las mañanas y las tardes pasaban sin que por el camino se viera otra cosa
que e;trros y carretones y nunca el vehículo deseado.
Al fin, cansada de esperar y perdida la paciencia,
adopt6 su género de vida ordinario, recorría los bosques, ocupábase en los trabajos de la siega y de la
recolecci6n, cogía fruta. trataba con sus colonos y
no se cuidaba ya de su tocador. Generalmente, cuando ya no se espera nada, el destino se complace
en realizar los sueños relegados al olvido. El otoño
había inundado de brumas el estrecho valle de Cham•
plain; después . lleg6 diciembre con sus nieves, que
cubrieron de una espesa capa caminos, eriales y bosques, y Jacobita estaba ya segura de que su hermano
la había olvidado por completo, cuando recibi6 un
parte urgente, concebido en estos términos:
«Querida hermana: Si la memoria no me es infiel,
tú mantienes relaciones amistosas con una señora
llamada Santenoge, de Dij6n, que se cas6 con un tal
Longeaux. De aquí á un mes habrá un baile-en casa
del prefecto de Costa de Oro, y me propongo ir con
uno de mis amigos, que desea conocerte. Tu luto
ha terminado, y nada se opone á que te distraigas un
poco. Escribe en el acto, pues, á tu amiga, y ruégale
que tenga á bien patrocinarte en el baile del prefec.
to, para el cual recibirás oportunamente una invitaci6n., Allí te presentaré á mi amigo, que piensa en
casarse, pero que, naturalmente, quiere verte antes
en un terreno neutral Ponte en camino lo más pronto posible, engalánate, y consulta á tu amiga, que
debe tener en esto más experiencia que tú. En fin, hermoséate, porque de ello depende tu futura felicidad.
Apenas estés en Dij6n, escribe dos líneas Recibe un
abrazo, y hasta muy pronto. - R ogerio.»
Jacobita, roja como una amapola, guardó bruscamente en su bolsillo el parte fraternal, y sin perder
un instante escribi6 á la señora de Longeaux: era una
amiga de convento, con la cual se había relacionado
íntimamente y que acababa de contraer matrimonio
con un consejero de la corte. La contestaci6n no se
hi1.0 esperar; la joven señora de Longeaux manifestaba á su querida Jacobita que con el mayor gusto le
dispensaría hospitalidad para conducirla al baile del
prefecto.
Después de amontonar rápidamente sus vestidos
en el fondo del cofre, la señorita de Noirel march6 á
Dij6n, poseída de una fiebre fácil de comprender.
He aquí ahora lo que había ocurrido en París: Rogerio de Noirel tenía muy presente su promesa, pero
no se le ocultaban las dificultades que ofrecía el cumplimiento de la misma. Su hermano no era ni muy
rico ni joven de gran atractivo, y no había que pen-

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sar en proponerla á un homb.re de cuantiosa renta y
de buena posici6n en el mundo sin exponerse á sufrir un descalabro sensible. Rogerio, como persona
experta, quería para su hermana un partido conveniente y honroso, un hombre que no fuera muy joven
ni tampoco de edad demasiado avanzada; en fin, uno
de esos que son galantes y poco afortunados, que
tienen ya nombre conocido, aspecto agrad¡tble, y que
verían en aquella unión una ventaja positiva. Después
de haber buscado largo tiempo este mirlo blanco,
Rogerio tuvo la satisfacci6n de encontrarle.
En su ministerio había un agregado, el señor de
Gurgis, con quien Rogerio mantenía relaciones de
compañerismo mundano; era un célibe ae cuarenta
á cuarenta y cinco años, alto, elegante y de buen aspecto. Aunque calvo en la parte superior de la cabeza, conservaba detrás y en los lados bastante cabello
castaño naturalmente rizado; el bigote bien poblado
y la perilla comunicábanle cierto aspecto militar; los
ojos, de color azul gris, algo salientes, eran de mirada fría; y la tez, algo marchita, presentaba ya ligeras
arrugas, que se marcaban sobre todo en el ángulo
de los párpados. Era hombre muy callejero y muy
conocido en la sociedad, donde había tenido más de
una aventura galante; pero decíase que le agradaban
más los naipes que las mujeres, y su patrimonio estaba ya bastante mermado. En el tiempo en que comienza esta historia, Gurgis, cansado de placeres pa•
risienses y acosado por sus acreedores, proponíase
poner fin á esta situaci6n é intrigaba para obtener un
consulado.
Rogerio de Noirel, conocedor del caso, pens6 que
tal vez habría medio de explotar en beneficio de su
hermana este deseo de hacer carrera. Gurgis, según
le pareci6, estaba en la situaci6n del hombre bastante ambicioso para aceptar un matrimonio de conveniencia si éste podía asegurarle el destino que codiciaba; y por otra parte, con sus restos de belleza, su
nombre y sus modales, el futuro c6nsul sería un partido muy aceptable para Jacobita, que no tenía derecho á mostrarse escrupulosa y e&gt;..-igente en la elección.
Una noche que salieron juntos del Ministerio, Noirel enlaz6 su brazo con el de Gurgis y pregunt6le sin
ambages ni rodeos.
- ¿Quiere usted casarse, amigo mío?
- ¿Eh?, repuso Gurgis confuso. ¿A qué viene la pregunta? Ya sabe usted que soy un célibe endurecido ... ¿Por qué me suelta usted ese petardo á quemarropa?
- Porque conozco sus intenciones, replic6 Roge.
río, mirando á su amigo de reojo. Usted desea un
consulado, y tengo motivos para creer que un 1t1atrimonio allanaría todas las dificultades del nombramiento.
- ¡Noirel!, exclam6 su compañero, deteniéndose
de pronto y mirándole con cierta ansiedad. ¿De qué
se trata?... Explíquese más claramente.
- Amigo mío, voy á jugará cartas vistas ... Antes
de transcurrir un mes habrá un consulado disponible
en uno de los principales puertos del Levante ... Es
buen destino, y yo tengo medios para conseguir que
se le nombre á usted, si quiere casarse con una señorita que yo conozco.
- ¡Hum!, murmur6 Gurgis con recelo. La pjldora
debe ser amarga, cuando la cubre usted de azúcar.. .
Apuesto á que esa señorita es vieja, fea, 6... tal vez
algo peor.
- ¿Por quién me toma usted?, replic6 Rogerio resentido. No, la joven á que me refiero tiene veinticuatro años, es de excelente familia, ni fea ni hermosa, y llevará de dote cien mil pesetas en metálico
sin contar un castillo situado en Borgoña.
- ¡Bueno, una provinciana!... Amigo mío, ya conoce usted mis aficiones... Me causa horror el campo
y jamás pude vivir veinticuatro horas fuera de París.
- ¿C6mo se arreglará usted, pues, cuando se baile
en su consulado?... ¡Vamos, Gurgis, nada de niñerías!... La señorita en cuesti6n, por otra parte, no
desea más que salir de su provincia, y le seguirá
adonde quiera ... ¿Quiere usted ser c6nsul? De esto
depende todo.
- ¡Claro es que quiero! ... Yo no soy bastante rico
para vivir en París.
.
- Pues bien: consienta usted en casarse, y antes
de un mes recibirá el nombramiento firmado por el
ministro.
Gurgis comenzaba á reflexionar; la ocasi6n era ten·
tadora.
- ¡Diantre, exclam6, yo me había prometido permanecer soltero!... ¿Y me jura usted, Noirel, que no
se oculta alguna serpiente bajo las rosas del contrato
de casamiento?... ¿Es esa persona de todo punto aceptable?
- Esa persona es mi hermana.
- ¡Ah! ... Eso es distinto, balbuce6 Gurgis algo

rara escondida en su concha, una violeta oculta bajo
tales condiciones, no podría menos de martirio; su sangre hervía, resentíanse_ sus nervios, la hierbal ¡Hum!... Mucho lo dudo »
En
.
O
f
con us ...
T
· d sentía escozor en los brazos Yen las piernaS, Yape•
Rogerio había terminado la lectura de su último
enorgullecerme entrar en . ~u. far_m 1d~;... ~ero sien ?
1 sm 1scut1r 1as ~ua11• nas osaba respirar, por temor de que se malograse la
t ·monio un paso d1flc1,
diario.
.
.
D'
e1 man
..
h
d á
dades de la señorita no qu1S1era acer na a ciegas, operaci6n. Por último, después de las pruebas Y de
- Noirel, pregunt61e Gurg1s, ¿reside, pues, en 1innumerables
fatigas
lleg6
el
gran
día.
Todo
había
tanto en su interés como en el_ mío ... No tengo emj6n su señora hermana?
.
.
eño en casarme con una muier hermosa, pero de- ido bien· los industriales fueron exactos, y á eso de
_ No· ha ido á visitará una amiga... Mi hermana
las
cinc¿
la
señorita
de
Noirel
fué
á
sentarse
al
tocapseana
, que su aspecto fuese agradable, puesto que
'
tiene costumbres
muy sencillas, y
deberé tenerla á
desde su salida
la vista sin ce•
del colegio ha
sar... En su con·
estado siempre
secuencia, antes
en nuestras tiede comprometerrras del Val-Dor•
me quisiera Pº:
mant.
der juzgar de vi«¡Una campe·
su si nos convesina,
estaba segunimos.
ro de ello! ... dijo
- Perfecta·
para sí el agremente ... y ya hagado.&gt;
bía pensado en
La conversaello... El prefecto
ci6n no pas6 de
de Costa de Oro,
aquí: Gurgis no
amigo mío, debe
tuvo ya curiosidar de aquí á un
dad por saber si
mes un baile,
la señorita era ru·
al que asistirá
bia 6 morena, alta
mi hermana ...
6 baja. PersuaAcompáñeme us·
dido de que la
ted á Dij6n, Y le
aventura iba á
presentaré; allí
terminar ridícula
hablará con Jaco·
mente, poco le
bita y sabremos
importaba el code una vez á qué
lor del cabello ó
atenernos,
- ¡Diantre!...
de los ojos de la
señorita de Noi¡Ciento sesenta
=
rel. En su conseleguas de ida. Y
vuelta para asiscuencia, encen•
esa
tir al baile de un
di6 un segundo
==1
~
prefecto es cosa
cigarro, mientras
muy 'dura!, objeRogerio sacaba
/
un libro de su
t6 Gurgis, para
quien la provin•
maletín, recogi6
cia era siempre
uno de los diaun país salvaje é
rios que su amiinaccesible.
go había dejado
-Me parece
caer y ley61e dis·
que la mano de
traidamente, aco•
mi hermana y un
modándose en
buen consulado
un ángulo delcovalen la pena de
che. Poco á poco
hacer un viaje,
la lectura y el mo·-=-=,;--e,,- -""'-=-'~e?--~
replicó oirel
vimiento del tren
--=
~
--==con sequedad.
produjéronle una
Bien mirado no
semi-somnolenes más que un
cia de la que no
paseo... El pri•
despert6 hasta
mer tren de la
que oy6 á su
¿Quiere usted casarse, amigo mio?. ,.
mañana nos decompañero exjará en Dij6n á
clamar:
las seis; comere•
.
¡Ya
estamos
cerca
de
Dij6n,
amigo
Gurgis!
mos en la Campana; á las diez estaremos en casa del dor; el peluquero arreg16 su cabellera rebelde, y la
En efecto; el tren, después de haber franqueado
doncella
oprimi6
su
corsé.
Todos
esto_s
preparativos
prefecto, y á las once volveremos á ~mar el expreso,
ya el túnel de Blaisy se deslizaba entre dos alto_;
que llegará á París antes de rayar el día... Ya ve us· la privaron del apetito y apenas com16, pero desde muros pedregosos, perforados acá y allá, que permi.
ted que el sacrificio no es grande, y á fe mía no me las ocho estuvo ya preparada para el ataq~e.
Entretanto el señor de Noirel y su amigo Gurg1s tían ver bajo el cielo crepuscular extensas praderas
explico sus vacilaciones.
y árboles. Muy pronto divisáronse líneas de casas
- Amigo mío, ya no vacilo, y me fío de usted .. corrían en el expreso que los !_levaba á Dij?n. Apenas que flaqueaban el camino real, y sobre una ag~upa•
Ya puede preparar el terreno, y llegado el día, estaré instalados en el vag6n, Rogeno se absorb16 en la lec- ci6n de tejados, la esbelta flecha de San Ben_1gn~,
tura de sus diarios y Gurgis comenz6 á _fumar. El
á sus 6rdenes...
'b'
que se destacaba orgullosa á gran altu~a cual si qm•
Después de esta conversaci6n, Jacobita reci I6 1a tiempo era desapacible, una menuda lluvia azotaba siera confundirse con las nubes. El rmdo del tren se
carta de su hermano; lleg6 á Dijón diez días antes los vidrios de las portezuelas, y vista á través de aque• hizo más sonoro, y un prolongado silbido atraves?
del baile, y no perdi6 el tiempo, porque de?ía aten- lla humedad la campiña pareció más desagrad~ble el aire brumoso. El expreso acababa de llegar á D1der á todo. La inminencia de aquella entrevista, que y absurda á los ojos de aquel ~ijo de la gran capital, j6n. Después de habérseles servido en el hotel de la
tal vez iba á cambiar su existencia, trastornábala por á quien se privaba de su~ que:1das ~ostumbres para Campana una abundar.te comida que consol6 al~o
completo; pasaba una parte de la noche pensando hacerle contraer un matnmomo hacia el cual no sen- á Gurgis, haciéndole recobrar su aplomo, los _dos viaen ella, y los días recorriendo los almacenes de mo- tía mucha inclinaci6n. Lanzando ligeras bocanadas jeros se vistieron de etiqueta, y al. dar las diez, uno
das, sin omitir nada para «embellecerse,» segú? la de azulado humo hacia el techo del coche, y con la de los ujieres del prefecto pronunc16 en voz alta sus
recomendaci6n de su hermano. Después de la pnme· cabeza inclinada hacia atrás, Gurgis se había entre- dos nombres á la puerta del gran sa16n.
ra inspecci6n y de comparar los trajes á la moda con gado á sus reflexiones.
Jacobita, sentada en un ángulo junto á la señora
«¿Qué va á ser de mf? Ese diablo _de Noirel me ha
su modesto guardarropa, nada de lo que había !_leva•
de Longeaux, espiaba hada ya media hora, esperan•
seducido
con
la
promesa
de
proporcionarme
un
con•
do hasta entonces Je pareci6 digno del pretendiente
sulado en Esmirna 6 en Siria ... y yo he aceptado do á cada momento ver entrar á su hermano. Las
que esperaba.
dos amigas se habían puesto de acuerdo ~ara llevar
SonroJ'ábase al pensar que se había contentado sin reflexionar que tal vez hubiera podido obtener trajes semejantes; m~s la esposa del co~seiero, roza•
mi
nombramiento
conservándome
célibe
...
Para
que
durante tanto tiempo con sus tosc?s vestiºdos Y sus
gante, esbelta y graciosa, parecía una_ Joven con su
corsés de cutí· y los pedidos que hizo á los almace- Rogerio se dé tanta prisa y para que _esa señorita vestido de muselina blanca guarnecido de r?sas Y
haya
llegado
á
los
veinticuatro
añ?~
_
sm
encon~rar
· eron mucho
nes, al zapatero, y á la modista d'1~mmuy_
preciso es que sea de d1f1~1l _colocac1?n· su guirnalda de agavanzos ligeramente ~end1da en
su bolsa, pero no le dolían tales dispend10s.. Aconse· esposo,
Sin
duda
me emeñará alguna provinciana vestida su cabello rubio. Jacobita, por el contrano, con sus
jada por la señora de Longeaux gaSt6 un dineral en como un mono sabio, rígida y con muchas preten- facciones muy pronunciadas y su tez curtida, estaba
ropas guantes1 blondas y perfumería. La C?sturera siones· y cuando la haya visto, no me molestará poco mal en medio de tan vaporosas blancuras; en ~ten•
le pr~meti6 un vestido que produjera sensaci6n, ~ 1ª busca; un pretexto cortés para salir del compromiso, ci6n á su reciente luto, había creído convemente
salva1·e Jacobita que hasta entonces no había podido ariesgándome además á indisponerme con el her- adornarse la cabeza con una corona de violetas, Y
soportar ningún' traje que la mo1esta ra, resignóse
· bcon mano... Mucho temo haberme dejado engañar como este detalle endurecía aún más la expresi6n de su
una paciencia de ángel al suplicio de las prue as. un chiquillo. En fin, me he dejado coger en el lazo, rostro, haciéndola aparecer de más edad.
·
· 6vil delante
Durante aquellas largas sesiones,
mm
d bde y ahora se trata de salir de este atolladero con la
t
un armario de espejo mientras dos coS Ureras ª an mayor habilidad posible ... Después de todo, tal vez
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
vueltas á su alrededo~, poniendo alfileres Y to;a¡do la casualidad me reserva una sorpresa... ¡Una perla
( Co11tinuará)
medidasl la señorita de Noirel sufría un ver ª ero

~,t~

0

�LA

lLUSTRACIÓN ARTIStlCA

LA

SECCIÓN CIENTÍFICA

rrete de inducción especial. Los circuitos secundarios
de estos carretes de inducción están aparejados en
CONCIERTOS TELEFÓNICOS Á GRAN DISTANCIA
tensión entre sí y con la línea.
En tales condiciones, las fuerzas electromotrices
Al decir de The Electrical Engineer, la transmisión
de inducción desarrolladas en cada carrete de inducde conciertos telefónicos á gran distancia constituye
ción se unen algebraicamente á cada instante y proen América una industria explotada por una compaducen en el circuito general una corriente resultante,

en toda su longitud; estos dos últimos sirven para
establecer las comuncaciones con las hojas de plomo intercaladas entre los ladrillos, por mediación de
orejas practicadas en un lado solo de las planchas
de plomo. Estas planchas están sóli?a°:ente aseguradas por medio de tuercas, como _l~ md1ca el gr~bado. El conjunto de las placas positivas y negativas
forma un bloque muy manuable, en el cual aquéllas,
que constituyen la materia activa, pueden obedecer
al aumento de volumen, al foisonnement, seg_ún feliz
expresión del malogrado Emilio Reynier, sin que á
su movimiento se oponga la presencia de paredes
incomprimibles. La composición homog-énea de las
placas asegura un foisomzement reg~lar, co°:pensado
en el sentido vertical por una presión elástica obtenida por la interposición de rodajas de caucho flexible. Los muchos agujeros aseguran, por otra parte,
el fácil atceso del ácido á las placas.
La fabricación de los ladrillos activos y el sistema de montaje son invención de M. Carlos Hering:
el empleo de la presión elástica se debe á MM. Abdank-Abakanowicz y d'Arsonval.
La capacidad específica de los acumuladores A~las es relativamente muy elevada, pues con un régimen de descarga moderado alcanza 20 amperes hora por kilogramo, lo cual se explica teniendo en
cuenta que el conductor ocupa un volumen _muy _pe•
queño con relación al ocupado por la materia activa.
El régimen de descarga varía, según la aplicación que
se proponga y el espesor de los ladrillos, entre 1, :2
y 3 amperes por kilogramo.
.
Por lo que hace al régimen de carga, M. Picón
preconiza, con razón, la carga de potencialc'onstante
Fig. 1. Concierto telefónico en Nueva York
y propone sustituirla á la de intensidad constante
indicada por los fabricantes y empleada por los conñía de telegrafía y telefonía llamada L(lng dzstance
sumidores.
de
intensidad
variable
y
que
representa
fielmente
la
Compa11y.
De los experimentos en apoyo de esta opini_ón
Dos dificultades ofrece el problema de la transmi- onda compuesta producida por las acciones indivi- h!lchos por M. Hospitalier en la Escuela de físrca
duales,
en
el
transmisor
correspondiente,
de
cada
uno
sión á distancia de la piezas musicales: una relativa
y química industriales de París, resulta que con este
á la transmisión y otra á la recepción. En cuanto á de los instrumentos, conservando cada uno de éstos sistema de carga, si bien no se gana nada en punto
en
la
onda
resultante
su
verdadero
valor
relativo.
la primera, para lograr un éxito satisfactorio es inLa fig. 2 representa la audición en Newton, á á producción, cantidad y energía, en cambio se gana
dispensable un transmisor especial para cada instrumás
de :200 kilómetros del punto de partida; allí, á mucho en la rapidez de la carga y se evita la carga
mento ó voz, so pena de obtener á la llegada sonila
llegada
se emplean, no teléfonos magnéticos, sino excesiva y el desarrollo exagerado de gases, tan perdos resultantes cuyas proporciones de intensidad
judicial para la conservación de los acumuladores.
con los sonidos emitidos en el punto de partida apa- el Jamado loud-spea/dng telephone de Edisson, apara- Adoptando el potencial de :2 13 volts por acumulador,
to
que
se
funda
en
las
variaciones
de
roce
producirecerán destruidas. La segunda dificultad, mayor tola experiencia demuestra que en la primera hora de
davía y que seguramente será el principal obstáculo das entre dos cuerpos por el paso de una corriente carga se pone en el acumulador el 50 por 100 de
á la propagación del teatrófono, nace de la necesi- eléctrica y que toma de una fuerza motriz extraña el la carga total, y al cabo de tres horas el 83 por 100.
trabajo mecánico necesario para la vibración de la
dad casi absoluta en todas las transmisiones telefóniAdemás, desde el punto de vista práctico la carcas hasta ahora usadas, de obligar al oyente á apli- membrana, pues la corriente emitida por el punto ga ó potencial constante e~ige una diferencia de pode partida sólo sirve de regulador ó carrete para esa
carse al oído los receptores: esto resulta incómodo, acción
tencial total menor que la carga de potencial consmecánica.
y más tratándose de una diversión, amén de poco
El número de receptores varía según las dimen- tante; así, por ejemplo, para cargar una batería qe 52
siones del local en donde la audición se verifica: em- acumuladores en tensión, número de elementos gepleando seis loud-speaking en tensión provistos de neralmente empleados para alimentar lámparas de
bocinas proporcionadas, se ha conseguido hacer oir el incandescencia de roo volts, bastará una dinamo que
concierto transmitido desde una distancia de :2 50 mi- produzca 120 volts, al paso que ésta debiera -ser de
llas, á más de mil personas á la vez, y aun se han he- 135 al fin de la carga para mantener la intensidad de
cho experimentos á una distancia de 460 millas (7 36 carga constante. La carga ó potencial constante se
kilómetros).
completa en cuatro ó cinco horas, cuando con el ré(De La Nature)
· gimen de carga ó intensidad constante se necesitarían ocho ó doce.

POR AUTORES Ó EDITORES

11, 1'ÓN Á PITÓN, por Sobaquillo. - El ingenioso ar_ticulisDE .
.
to critico perspicaz y escritor ultra-castizo ~on
ta, e~udit~ h2e::ia' ha publicado con e_ste _titulo una cole~c1ón
Man ano e
'mo todos los suyos JUSl!fican la fama hterade trabajoS, que utor de los suculentos Platos del d{a y de las
ria de quegoza eta originales revistas de toros de El Liberal.
Chispeantes cuan
ó
11 c n
ue el libro se titula De pitón a p 1t n, no por ~ o o
Aunq_ó
¡
·
los
enemi.,.os
del
espectáculo
11ac1onal;
la
prevenci n o muen
b

fº

· , ·

Lo s

OUE TENGAN

Audición del concierto en N_e wton

•

higiénico por las enfermedades que pueden contagiarse con tales aparatos puestos á disposición de
cualquiera por una módica retribución. Para que las
audiciones telefónicas produzcan cierto efecto es,
pues, preciso suprimir esa obligación molesta.
Los grabados que publicamos indican la fotma en
que actualmente se efectúan las audiciones musicales á gran distancia. La fig. 1 representa el lugar de
transmisión de un quinteto ejecutado en Nueva York:
cuatro distintos transmisores reciben el sonido de
los cinco instrumentos, pues el cornetín de pistón y
el contrabajo utilizan un mismo transmisor.
Esos transmisores microfónicos están provistos de
grandes pabellones proporcionados á la intensidad
de los sonidos emitidos por cada instrumento, y están
dispuestos en derivación sobre una batería de acumuladores: cada uno de los circuitos constituídos por
el transmisor encierra el circuito primario de un ca-

ZARAGOZA ARTÍSTICA, MONUMENTAL É ll(STÓR!CA,.fOr A .
P. Gascón de Gotor. - Como tocios los antenores, son i~tere{antisimos los cuadernos 15 y 16 de esta obra, que contienen

además del texto cuatro fototipias representando una ca~za
romana el pie del órgano de la catedral de La Seo, un Apo o,
y un fr;gmento de la torre de Santa María Magdalena.

TENER LA
h 8 r m O8 a,' fa
8 rt8
R G UTLE

ACREDITADOS

f~

-S~n

po~~r~~o~

p DAN$ E

Los que tengan también ASMA ó SOFOCACIÓN
usen los cigarrillos balsámicos y lo~ papeles azoados
del mis_mo autor, qu~ la calm_an mstantáneamente

IN

us

LA MENTH0"7INA en polvo aumenta la blancura
.
.

y belleza de los dientes.

•

CLORÓSIS. - ANÉML\, - LINFATISMO
BI Proto-Iod'lll'o u merro e, ,1 repazador 4• lo ea11gre,

el /ortiJJcan.te y ,1 microf&gt;icjda 7,r ezcele11cia.
11 Jarabe ylu GraJea• coa pro!o-lodll!Oie llem teF • Gille,
no J)Odria,. ,,,. "-íado l'fCOfllffldado1 .,. nudn do "' """'"' gu(mlal, do
"' iMllffllbil(dad II do"' •ol" &amp;ilídad COlll(~~14 ,1 lo, Ho1pllol.,),
1

DIPóSITO Gl!IIIIAL: 45, Rue Vauvflllers, PARIS. Depbsit(I en lodu lu J&amp;rmadas.

-&lt;f+lo-

~~!N!i].l!J!~~ l6!!1!!~paradmw.

,on •

(De La ¡.-uture)

■mida

ita aiu, fül,a

S , LENTEJAS, TEZ ASOL
ARPULLmos, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECE S

VINO FERRUGINOSO ARDUO
tJ..~==~~~~~-1:=t~~l~-S,~
=--~~,~,¡,,:,
!r~''
T 00K TOJ&gt;OI LOS PinccmO.. IClJTUTIVOI D■ U ClAUB

=eta

~ e ~ l o 'T ~,rllCloti 41141 84n#r;.1z

- ••
el ~ .

,__,, llt:t'O/W#lll 'T'at:orOtltfcill, etc. 11 't'lae •en.ataeN ....
61 úD1co' que reune lodo lo que entona 'T tortalece loe orpn01,
_ .. . •• ~ • ' T aumeri&amp;&amp; CODISdt!rlblememe lu tuenu 6 ln!wu1e a la 111111'9
'T deloolorld&amp; : el Yt,or, la e ~ 'T la 6 ~ "'"'·
.._
• llril ea cua de J. l'BJlllt,farmacealico, tOI, rae Rit.heliea. Sausara. AROUD,

~-•"•

•

a VDDS
EXIJASE e1::_; 1 lROUD

C URA.CION
4 81

~,o

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las llacroflllu, la
Ti•ts y la Debllldad de temP.erameato,
as! como en todos los casos(PiUdoa colorea,
Amenorrea, ••), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 y¡¡ para
provocar 6 regularizar su curso periódico.

\\

~M,?J)s

Farmacennco, en Parl!,

~Rue

Bonaparte, 40

NB es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
■

El IOduro de hierro 1m1mro 6 alterado

•

las verdaderas P tldoraa de .niancArd,
Bxlgtr nuestro aello de pi at a reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Un i ón de
loa Flllrlcantea para larepresión de lafalsillcactón,
C
.) SK lU\LLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

0
• :.

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856

·•1,•~~~-

-« Aprollada por la !UDEIU DE IEDICIBA

ldedallu en lu Expo■lclonu lnlernaclonalu de

p.ms - LYOII - YIENA - PIIIUDELPBU - PARJS
1867

1872

1873

1876

lli8

11 &amp;KPLS&amp;. COff l t . ,TO&amp; t.UTO &amp;lt L .

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;OI 1)11011&gt;11'11 DI U DIGIITIOW

PilfS, Plmm~cie COLLAS, 8, rae Daapb!Dt
11 m la, princlpok, farmacia,,

T

f!~~:f

0

1

lll2~

fr.

1,,•

A,.,.,..

'

.JARA
. BE

Y
0

P AsTA 9!1~=..
UPOSICIONU .

·

de H. AUBERQIER

OH ~ (J111 ,....... UUIIIJ

~.

8u1to
,tradabls 1 que

,a admln/1tra f101/msnts
O El lruoo coaUeae ,mu 20 D611a
PARI8, 6,
ViolOMO, !1 T41'1ft4clol,

30.

"'i=u:8
,, .,.,,,

r la Aoade.m1a de .KecUoúla de Parta 4 .fuenacfN •• la Col-16•
~mal•• Legal•po:r deorefo w,_t-tu.tal de 10 de Mar•o d• 1854,

~~~3:9

ta 111.poculdld, una(liticac1a perfectamen&amp;e comprobada en el CatM"l'O
~to~~1;,.Of!qU,H,,
cat/Jl"f'OI, BevlNI, ~o,, CUt11G 6 WNlaclofa de la rarranta, han

ci' al JüU.BE y PASTA de AlJIIEI\CHEll
Inmensa fama.. . .
..
00 Z
'i~i,
1Fol'llltufflf
JIUlu U S" B01"lar4cl ,.,.tlr4tiu ü 111 Factll1114 ü Medu ,na (S6o 1d1ci611),
(lSa
venta por mayor: COIIUR re-, ts, Calle de St-Claude, PARIS
UD&amp;

DEPÓSIT~ ~ L~S P lll~CIPALE~ ~O~ICU

.

BAIO LA FORllA DE

ELIXIR, , de PEPSINA BOUDAULT
VINO . . de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA IOUDAULT

1

GRA·Nó'IJE-LINO JARIN F~i°Jté~~s ¡

ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS. - La caja: l

Pepsina Boudault

u:,ru,
\\I~

mnfine \-.t"t\\\
\\1c,oU~
\~poU\..1 o.
l¡~~,1. O S

IX TODAS US PlISQIP.U.SS IOTl(WI

. it1lDADE8de1Esro4i
\t\~
--n--

EBTREÑJ:1\4:J:ENTO
11 A.fuctonu
~

.... IOD ID OODHODIDcl&amp;

1-.-_-___. .:_.,__-;.-;.-;.-;.-;.-;.-;.-;.;.;.;.;._----¡- - - - --~===-----

Este acumulador, recientemente presentado por
M. R. V. Picón á la Soci'eté internationale des Electriciens, pertenece á la clase de los pares secundarios
plomo-plomo, pero se diferencia de sus congéneres
por algunos detalles de construcción y sobre todo por
su gran capacidad específica.
Constituyen la materia activa del acumulador Atlas ladrillos rectangulares achaflanados de peróxido
de plomo y de plomo reducido, que ofrecen una solidez análoga á la de la tierra cocida y una densidad
muy pequeña, próxima á cuatro, lo que es un indicio
de su gran porosidad. T odos esos ladrillos están
atravesados por numerosos agujeros perpendiculares
á sus caras mayores, lo cual les da, especialmente á
los positivos, mucha semejanza con los panes de carbón aglomerado.
Estos ladrillos están superpuestos dos á dos, intercalándose entre dos de ellos de la misma naturaleza una delgada plancha de plomo que sirve de
conductor y.de toma de contacto: los de distinta naturaleza están separados por medio de láminas de
celuloide que los aislan entre sí. Aquellas planchas y
estas hojas tienen los mismos agujeros que los ladrillos y con eJlos corresponden; de suerte que hecho el
amontonamiento, los orificios forman otras tantas
largas chimeneas verticales que facilitan la circulaEl acumulador eléctrico Atlas
ción del líquido y de los gases. Dos gruesas planchas
de cristal ó de ebonita terminan la pila fuertemente
He aquí, pues, una porción de indicaciones prácasegurada por medio de cuatro tornillos, de los cuaticas que podrán utilizar las personas que emplean
les dos son de ebonita y sólo sirven para consolidar el acu mu !adores.
sistema, y l~s otros dos de plomo duro y en espiral

LAIT !KTtPRÉLIQtll -

LECHE ANTEFÉL

m

EL ACUMULADOR ELÉCTRICO ATLAS.

2,

Tos

Véndese el tomo, elegant~mente_ editado por D. Fernando
Fe de Madrid, en las principales librerías, y en Barcelo~a ~n
la de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5, al prec10 e
3 pesetas 50 céntimos.

Catarral ó de constipado, seca, nerviosa, ronca, fatigosaán,etcl., el_t~.. ,
8 a, Da,'
6 ·
a sea
f
t
ue sea hallar e a 1v10
ronquial ó pulmodnari po~A~~A yPcÉc~O-AL INFALIBLE del
y no padecer dolores de muelas, ulseDn elAEN~\t1..e Barcelona.
nmediato toman o a
MENTHOLINA que prepara e r.
d
6
ANDREU de Barcelona.
- ,
b
t exquisitos y agradables, que además e u
1.
tan rápidos y seguros los efectos
es~as P1!spt ~1~~r~~~j~~si I
~e:e~fo~º:s !~tículo de recreo é ~igiene, porque deja 1
iempre desaparece la tos por completo a errnmar
r---~-:''":-:-::::--=-i. boca fresca y perfumada por mucho tiempo.

......

Fig.

• no es ma·~que
~
escribir mucholli
Y
tauromaquia
e 1pretexto para
.
bueno sobre diversos asuntos de fina critica; los toros son a
los caracoles, y el autor ya sienta en el prólogo Y c?nfirmt: ::
el articulo Mis memorias Intimas que ~o es prop!amen , •
critor taurino, sino guisandero que más, importancia que a 1os
1 d á la salsa 1. Así le resulta ésta! Pruébenla los que
caraco es a
·
ue deseen aprender algo
quieran pasar un buen rato y aun 1os q_
h
, 1 d do
de lo mutho que el autor sabe, y ~e fiJO se c uparan os e s
saboreando los primores del condimento.
Las ilustraciones profusamente intercaladas en el texto son
como de Angel Pons.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

°

271

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ENFERMEDADES

GARGANTA
ESTOMAGO
VOZ y BOCA
P.UTILW J POLVOS
PATERSON
• IIIIIUTBO IUllflSIA
J

1111
f::IIN ...,,_ lu ~ - - 411 llat6•
. . .o. ra1111 •• ApeUIO, Dlg..Uoa• lüor t -, .AoelUu,"t'6m1toe, IEnaolOe, yC6U-:
~ 1u l'uoloaN 4el lla'6aago ~
4•1oalMNUaoa.
\ E1filr • ti rot,lt • ,,.. d• , .
&amp;A. lm'l'IIAK, FU'IU.onUoo • P.&amp;1119

,nu,. , .

PASTILLAS DE DETHAN

llteo-.ladu OtDlra 111 llalN Ct Jaa.r,ruta,
...,,_oiollNU la VOS, lllnam.aotODNÜ la
. _ , llfeotoa pll'lllo!NN dll K ~, lri&amp;aoioll f11W procl-el Tüaoo, J IDloial-11
i III Sin PllEDlCA.DOIID ilbCiADOI,

PBOFEaOJma y ClüCTOU8 para faeüiler 11
emloioD do la 'fN,-PUGlt: ta a.u.u.
6/'llqfr "' ,i rot111t • ftf'fflll
Adh, Dll'l'IIAK, FUIUNQUOO n P.11111"

�LA

NúMERO

1LUSTRACIÓN ARTisttcA

487

• lf • •

torre se ten ta metros
,más abajo de la cima de la montaña,
en el 111011/e J'ilatos
de modo que agué·
( Sui:a)
!la comenzará pro·
píamente en el Ho·
Los peri6d icos
te/ Bellevue. La susuizos se ocupan en
perficie, as! exterior
el proyecto de una
como interior, esta·
torre colosal que se
rá formada de lámitrata de construir en
nas de acero remala cumbre del monte
chadas entre si, que
Pilatos, uno de los
se extenderán á depuntos más frecuenrecha é izquierda en
tados por los que
lineas espirales havisitan Suiza, sobre
cia-arriba; de suerte
todo desde que se
que el aspecto geinaugur6 el ferroca·
neral de la torre
rril de cremallera.
será el de un entreSabido es que la
lazado gigantesco.
cima de aquella
Entre la pared
ruonlaña está á me•
ext~rior y la interior
nudo envuelta, aun
habrá un espacio
en los dias más desde 5 metros, que se
pejados, por una es·
aprovechará para el
pesa niebla que si
emplazamiento de
bie n es señal de
un ferrocarril de
buen tiempo en la
cremallera construi·
comarca, priva á los
do por el mismo sisturistas de una de ·
tema del que está
las más hermosas
ya en explotaci6n y
perspectivas que en
conduce é los turistanta abundancia
tas á la cumbre del
ofrece la naturaleza
Pilatos. Al lado de
helvética.
la vfa habrá un caMinuciosasinves·
mino de dos metros
tigaciones ban dede anchura para los
mostrado, sin em•
que deseen verificar
bargo, que aquella
la ascensi6n á pie.
niebla apenas se ex•
Este ferrocarril
tiende 30 metros
tendrá una longitud
por encima del pico ,
de 933'3 metros y
del Ese! (2. 193 m.),
llegará al extremo
lo cual h a hecho
superior de la torre
concebir el plan de
después de haber
atravesar aquella
dado siete vueltas y
brumosa capa por
media en e 1 intemedio de una torre.
rior de la misma.
Esta será de doble~
La ejecuci6n de
paredes, construí•
este proyecto colo·
das con planchas de
ESTUDIO DEL PINTOR JORGE PAPPERITZ (Véase el artículo eu la p:l.g. 262)
sal parece que será
acero, y tendrá la
pronto un hecho,
forma de un cono
pues una sociedad
truncado con un
diámetro en la base de 100 metros y de 40 en la cGspide :l. una ella se alto.r:I. una cópula de 20 metr.:is de alto. La altura total de capitalistas ingleses ha tomado por su cuenta la empresa y
se propone realizar todas las obras sin levantar mano hasta tede la torre será de 300 metros,
altura de 28o metros,
Como la meseta que corona el Ese! present:l una superficie ner completamente terminada la torre y todos sus anexos pa·
En la plataforma superior, en donde se establecerá un restnb•
rant, podrá haber c6moclamente cuatrocientas personas y sobre demasi:tdo peque~a, habrá necesidad de ertlplatar la base d~Ja ra fines del año 1895.

TORRt COLOSAL

Las casa.a extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN .A.ttTfST!CA diríjanse pa.ra. informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61. París.-La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y C.•, Diputación, 358, Barcelona

CARNE y QUINA

VINO--íliotlir~;ou1NA

T CON TODOS LOS PJlfflCJPlOS fflJTlUTIVOS SOLUBLBS DB L4 CARNE
elementos que entran en la com"DOslclon de este l)()tente
fel)lJ'ador de las fuerzas vitales, de este for&amp;lfteaae&amp; por ueeleaeia. De un gusto su4'Aa.'WE 1 oml'f&amp;I eon los

mamente agradable, es 110berano contra la J.Mmla y el J.JX&gt;Camtento, en las Calffltura,
y C011oalecencta11 contra las Dtarrea, y las J.fte®MI del B1tomaqo y los 1ntemnos
Cuando se tma de despertar el apeUto, asegurar las digestiones, reparar las ruérzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,ocadla por los calores, no se c;onoce nada superior al l'iae de Qaiaa de .t.road.
.Ptn mavor. en Paria, en r.asa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieo, &amp;ce$or ddROUD
SB VRNDB BN TODAS LA.S PIUNCIPA.LBS BoTICA&amp;

1

Querido enfermo. -Ft,se 'Id. • mi l•rt• up11iencl1,
1 hll• u10 duu11tro1 9RANOSde 8ALUD,pu11 ello•
lt euruin de ,u con,tlp1clon, le d1rb •~tito 1 le
derolrertn ,t ,ueño 1 11 1/etr/1. - As/ rrfirA 'Id.
mucho, año,, dl1frutando 11empre de una buena 1aJuL

EnfermedadeSdstPecho

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX
Antes, Farmao6utico

•s, Calle Vauvtuter■, :Parla,
E! Jarabe de Pierre Lamouroux e,
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de la, túanas, á
la, cuala comunica su gusto agradable y M propiedades calmante,.
(Gaceta de los Hospitales)

Dep611to Cenera!: A5, Calle Tmilllen, 45, PWS
Se rende en toda, 111 buena, farmaol11.

•

.EXIJASf• ~ºt~ ARDUO
1

Jarabe :Laroze DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito pol'
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljlas, dolorea
y retortijones de estómago, estreñlmlentos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.
_____• _______
JARAB~

a1BroD1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es l!l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S••Vito, insomnios, coa•
vulsiones y tos de los ni.lios durante la denticion; en una palabra, toda.a
las afecciones nerviosas.
Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE
!, rne des Lions-St-Paul, l Paris.

Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,
Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros méd_icos de París.

Depósito en todas tas Farmacias

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriu

PATE EPILATOIRE DUSSER

destruye basta lu RAICIS el Vl!LLO del iutni de lu damu (Barba, Blrote, ett.), sin
llingun pehrn, pm el cutll. SO .&amp;ñoa de É:dto, ymillana de te,tlmonloararuliwl la ekacla
de esta preparacion. (Se nnde en 11)11, para la barba, J en 1/2 01)11 para el bl¡ote llgero), Para
loa bru01, emplwe el l!lll t'UMJs:. D'USBER, l, rue J .•J,.J\ouueau, Pana.

Quedan reservados los derechos de propie,lacl artl~tica y literaria
blP, Di ?tlONTANK.l y SLWÓN

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="137">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3066">
                <text>La Ilustración Artística</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479260">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46592">
            <text>La Ilustración Artística</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46594">
            <text>1891</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46595">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46596">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46597">
            <text>487</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46598">
            <text> Abril</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46599">
            <text>27</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="46615">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46593">
              <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 487, Abril 27</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46600">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46601">
              <text>Literatura</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46602">
              <text>Arte</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46603">
              <text>Ciencias</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46604">
              <text>Barcelona (España)</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46605">
              <text>España</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="46606">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46607">
              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46608">
              <text>Montaner y Simon, Editores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46609">
              <text>1891-04-27</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46610">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46611">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46612">
              <text>2011662</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46613">
              <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46614">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46616">
              <text>Barcelona, España</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46617">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46618">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="7374">
      <name>Acumulador eléctrico atlas</name>
    </tag>
    <tag tagId="7372">
      <name>Andrés Theuriet</name>
    </tag>
    <tag tagId="7371">
      <name>Célebres pintores</name>
    </tag>
    <tag tagId="7373">
      <name>Conciertos telefónicos</name>
    </tag>
    <tag tagId="7306">
      <name>Emilio Castelar</name>
    </tag>
    <tag tagId="199">
      <name>Grabados</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
