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BARCELONA 4 DE MAYO DE 1891

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REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

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UN RABINO, dibujo á la pluma de D. José M. Marqués

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L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

74
SUMARIO

Texto. - La Exposició11 ge1¡¿ral de Bellas Arles. Una exposiciJn retrospectiva. Exposiciones celebradas en Barcelona diiranle el movimiento artístico contemporáneo, por J. Yxart. La Algarada de &lt;Pequeíkces,&gt; por Doña Emilia Pardo Bazán. -Rosa/inda. C11enlo fantástico del siglo xvu, por José
Torres Reina. - SECCIÓN AMERICANA: La vida es mello, por
N. Hawthorne, traducido por Judería¡ Bénder. - Nuestros
grabados. -El maddo de facoóila (continuaci6n) Nevela original de Andrés Thuriet, ilustrada bor L. Marold y traducida por E. L. Verneuill. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Purificación de las ag,ias para la alime11/ación de las poblaciones. La
filtración. Necesidad de la fmrijicación artificial de las aguas.
Deca11/ación. Filtración natural. Filtración artificial. - Libros enviados á esta Redacci6n por autores 6 editores: Corazón y trazo, por D. Pascual Millán. - En las Rióe,as del
Plata, por T. ReS11sco, versi6n española de D. Antonio Sanchez Pérez. - /oven/111, primeras poeslas, per Bonaventura
Bassegoda.

Grabados. - Un rabiM, dibujo á la pluma de D. José M.
Marqués. - Almas. Nuevo Palacio para Exposiciones ( Zappeio11) (De una fotografia). -Almas. La Universidad,obra
del arquitecto dinamarqués Hausen. (De una ·fotografia). La Liselle de &lt;El legatario 1mivtrsal&gt; (comedia de Regnard,
1655-1709), pintura destinada al vestlbulo del teatro del
Ode6n (París), por Gustavo Curtois, grabada por Baude. Puente sobre el BioMo (Chile), el más largo de Amlrica, terminado en 1890. Acto de la pr1¡¿ba oficial. - Puente del Bioólo, visto por debajo. (De fotografías remitidas por_D. I loracio
Parada, de Concepción). - fes,Js y los niflos, cuadro de don
Enrique Serra (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - Fig. 1. Sistema de filtros establecidos en Varsovia,
por M. Lindley. - Fig. 2. Filtraci6n por la arena. - Fig. 3.
Regulador automático de Varsovia. -Estudio del pintor Rodolfo IVim111er. (Para las referencias correspondientes á este
grabado consúltese el artículo publicado en el núm. 487 con
el epígrafe Est11dios de algmzos célebres pintores.)

LA EXPOSICION GENERAL
DE BELLAS ARTES

I
Una exposici6n retrospectiva. - Exposiciones celebradas en
Barcelona durante el movimiento artistico contemporáneo

Los sucesos públicos presentan á veces singulares
coincidencias. Por los mismos días en que se iba disponiendo la primera Exposición de Bellas Artes
celebró la Academia una sesión necrológica en ho~
nor de los profesores D. Claudio Lorenzale y don
Pablo Milá y otra exposición retrospectiva de las
obras de aquél. ¡El alfa y la omega! Lorenzale y Milá
fueron iniciadores de nuestro movimiento artístico·
el actual concurso es su última y más brillante fecha~
Haber asistido en la casa Lonja á la académica sesión, solemne, glacial, acompasada, y pasar de allí á
los febriles preparativos del Palacio del Parque, era
como saltar de uno á otro extremo de todo un período
histórico. Convertir los ojos, de las anémicas pinturas
de Lorenzale á los cuadros que apresuradamente se
colocaban en la cimaise en los vastos salones de la
actual Exposición, era salir de una evocación de lo
pasado, pálida y triste, á las esplendideces de lo presente. Y sin embargo, el excepcional contraste tiene su
punto de unión sin solución alguna de continuidad.
Entre aquellos iniciadores, á quienes se debe hoy el
respeto de tales, y los modernos artistas, se extiende
todo el camino transcurrido, toda la historia de nuestras artes en el espacio de cuarenta años. Hubo que
empezar por aquellas místicas imágenes descoloridas ó
las composiciones históricas de novela escotiana, para
llegar por finá las cálidas impresiones y vibrantes notas
del arte contemporáneo; han sido necesarias para ello
las transformaciones radicales de toda una sociedad,
de la ciudad misma, viviente y entera. Como nada se
produce ni espontánea ni aisladamente en la vida,
fuera imprescindible una evocación total de ella, no ya
sólo del progreso artístico, sino de todo en suma:
gustos literarios y cambios políticos, preocupaciones
sociales, mudanzas económicas, influjo decisivo de las
mismas en las costumbres domésticas, si debíamos
comprender y penetrar viva y exactamente cómo y por
dónde lo que parece hoy pobre manifestación, encogida, tímida, de un comienzo vacilante, fué en su
tiempo revolución entusiasta y arrolladora, recibida
con aplauso. No pueden mirarse tales obras sin que
se agolpen á la memoria innumerables recuerdos. Al
volver hacia ellas el rostro, hoy que coincide su exhibición con la Exposición general, asalta el deseo de
apuntar, siquiera como preliminares y en cifra, las
que se celebraron aquí entre uno y otro período.
Aquellos cuadros, expuestos en las salas de la
Lonja nos traen desde luego á la memoria los con·
cursos celebrados por la Asociación de amigos de las
BBllas Artes en las desnudas galerías del convento de

San Juan, de 1847 á 1858. Aquellas fueron las que pueden considerarse las primeras exposiciones del moderno renacimiento artístico en Barcelona. Antes de
esa fecha, apenas hallaríamos sin0 las obras póstumas
de una escuela ya fenecida (pero que conservaba las
tradiciones de un dibujo sólido y paciente, y condiciones propias y geniales en algún maestro, sobre todo en
los retratos)ó los conatos y tentativas juveniles,los atisbos y presentimientos aislados de la misma generación
que alcanzaba ya su puesto en la citada década. Con
respetar y aceptar el relativo valor de tal iniciación, es
triste, sin embargo, ver que tan tarde llegáramos á ella
en España, y que tales fueran los obstáculos, el atraso
é ignorancia que hubieron de combatir aquellos nobles y laboriosos precursores. Cuando en 1850 Francia había recorrido ya totalmente los dos primeros
ciclos artísticos de nuestro siglo, el pseudo-clásico de
David y el romántico de Delacroix; cuando se disponía á la fatal evolución de éste, que llevaba en sus
entrañas y desde un principio el realismo contemporáneo; cuando empezaba á medrar en la mismísima forma de hoy su espléndida pintura de paisaje,
los citados iniciadores nos traían aquí de Italia la
buena nueva del romanticismo restaurador é histórico y de la pintura purista y arcaísta, é intentaban
sacudir el sueño de la bonachona sociedad de nuestros burgueses y de su existencia cominera y prosaica, con las voces de belleza y arte, infundiendo á estas palabras su más alto sentido ideal, como esotérico y misterioso, y señalando á su enseñanza un fin
religioso, social, educador, muy superior desde luego
á la frívola delectación de lo simplemente agradable
á que había descendido el arte aristocrático del siglo
pasado. Hartos antecedentes se conservan del influjo
que tuvieron y de la sorpresa que causaron aquellas
enseñanzas en los alumnos de la Lonja, que iban á
aprender para artesanos y salieron artistas. Hartas notas sueltas y privadas de los contemporáneos, denuncian cuán miserable era la escasísima atención concedida por el público al arte. Acontecimientos coetáneos, como la inauguración de la primera vía férrea, la
invención del daguerrotipo y la primera Exposición
U ni versal de Londres, debieron de infundir á todos
nuevos entusiasmos y transformar la vida anterior de
la ciudad. Pero aun así, nos es casi imposible concebir que deba otorgarse mérito relativo, no á las
tendencias de aquel arte que cabalmente hoy por hoy
y en otra forma vuelven á preocupará algunos, sino á
sus incompletas manifestaciones entre nosotros y al
evidente predominio del elemento intelectual y teórico sobre la ejecución artística.
He dicho que las exposiciones anuales de los Amigos de las artes se inauguraron en 1847. Unos artículos de erítica escribió el Sr. Mañé y Flaquer acerca
de las celebradas en 185 2 y 1853. La franca y enérgica
pintura que traza del estado de las artes en Barcelona,
por aquellas fechas, no puede ser más desconsoladora.
&lt;!Doloroso es confesarlo, pero fuerza es decirlo: el estado de las bellas artes en nuestra capital ei muy triste,
y nos coloca en muy bajo nivel comparativamente á los
pueblos de igual importancia de otras naciones y de
España misma. Los monumentos públicos arquitectónicos y los edificios particulares construidos en
nuestros tiempos, con raras excepciones, son modelos de mal gusto, de extravagancia algunos. La escultura, si existe, anda escondida sin que se le conceda el lugar que le corresponde en los edificios, ni
en los paseos, ni en los jardines, ni en los monumentos conmemorativos... : ha muerto ahogada en los aljibes de los alfareros. Los pintores hacen retratos de
familia en competencia con el daguerrotipo... Sólo
á la idea de la exposición anual debe la pintura el
haber cobrado algún aliento casi momentáneo. La
poesía existe..., pero también está condenada al silencio, y sólo de tarde en tarde da señales de vida
con la timidez del que desconfía de sus propias fuerzas ... El espíritu comercial traspasando sus límites
naturales y la falta de gusto ó educación estética son
las causas locales de nuestra decadencia artística.»
Y en la introducción de su segundo artículo, un año
después, lamenta de nuevo la glacial indiferencia
con que se acoge toda manifestación artística, y particularmente el desamparo en que dejan las corporaciones científicas y literarias aquellas exposiciones
anuales «¿Qué han hecho á favor de las que tienen
lugar todos los años en Barcelona? Y nuestro cuerpo
municipal, que es la corporación más obligada á hacerlo, ¿de qué manera las ha fomentado ó estimulado? Permaneciendo pasiva, indiferente, dejándolas
del todo abandonadas á la protección de los esfuerzos particulares, que por cierto no son muy eficaces
en la segunda capital de España»
Las exposiciones anuales celebradas de 1847 á
1858 parecerán hoy, en realidad, á quien las recuerde, bien modestas, No llegaron nunca á doscientas
las obras presentadas. Figuraron en ellas los pin-

NóMERO

48,

tores de mayor reputación entonces: Arrau, Batlle,
Dalmases, De Bergue, Ferrán, Fluixench, Inglada, Lorenzale, Martí y Alsina, Mirabent, Planella,
Rigalt, Serra, y en los últimos años los escultores
Vallmitjana, con que empezó el renacimiento escultórico, y algunos alumnos de los primeros expositores con que se inauguraba una nueva generación. La
pintura colocada en primera línea, y como en lugar
más visible, era la religiosa, que tomaba por modelo
á los pre-rafaelistas, al Perugino, al beato Angélico,
á Overbeck, y la histórica, que seguía tratando con
predilección los asuntos de la historia catalana en la
Edad media ó escenas de dramas románticos. Alternaba con ambas, sin embargo, el paisaje, al que reprocha ya la crítica ser pintado con harta frecuencia
de memoria quizás por lo compuesto y lindo con sus
misteriosas ruinas de castillos y sus efectos de luz
melancólica y del Norte. A su lado figuraba, con flores, frutas y retratos, la llamada pintura de género, que
trae alguna vez á los artículos la palabra realista, y al
arte á la contemplación de la realidad viviente ó á fogosas composiciones que rompen con su osadía los
primeros cánones y sorprenden por su colorido. Esta
misma aspiración nueva, traída aquí por uno de los
maestros, revolucionaba á la Academia, empezaba á
compartir la atención con el primer movimiento arqueológico y frío; dividía á los alumnos, les a¡.,artaba
lentamente de aquella primera imitación de imitaciones, para atraerles hacia la naturaleza, y les llevaba á
preferir las concreciones artísticas vigorosas y pujantes á las teorías estéticas y los sensatos preceptos, en
los cuales fué más fecunda la enseñanza que en verdaderos modelos.
Esta generación naciente debía ocupar bien pronto el lugar de la anterior en las sucesivas exposiciones, A su vez vió transformarse con nuevos sucesos
la capital, y levantarse precipitadamente para ella un
nuevo escenario con el derribo de las murallas y el
proyecto de ensanche, con la mayor rapidez en las
comunicaciones, con la fundación de los Juegos Florales y del Ateneo Catalán, y con la misma Exposición industrial y artística de 1860, improvisada en

Barcelona para obsequiar á S. M. la Reina dotia Isabel II, manifestación de la fiebre y entusiasmo que
despertaron por la misma fecha los triunfos de
Africa.
En esta Exposición sólo figuró, muy pobremente
representada, la escultura; pero ya en 1866 vemos
celebrarse otra en la Academia de Bellas Artes, donde se reflejan de un modo viviente y explícito todos
los cambios y progresos sobrevenidos en aquellos
años, desde la última del período anterior. Las esculturas y cuadros llegan al número de 350. Al lado
de los nombres de los profesores ya reputados, figuran los de Agrassot, Amell, Armet, Fortuny, Galofre,
Gomez (Simón), Serra y Porson, Tapiró, Urgell,
Vayreda y otros. Junto á los hermanos Vallmitjana,
los primeros escultores, Samsó, Pagés, etc. A los cuadros devotos 6 escenas históricas catalanas, suceden,
al lado de vastas y tempestuosas composiciones, los
paisajes y marinas, apuntes del natural de nuestras
costas y de nuestra tierra, á las que alguno llama
inspiraciones, antes que impresiones. Algunos cuadros arguyen ya la mayor frecuencia de viajes y el
mayor número de pensiones á Roma, de cuya fampiña, de cuyas costumbres modernas y populares tomaron el tema, ó la comunicación con París, de
donde traen alguna vez los asuntos ó la factura de
algún pintor en boga, En otros, la influencia de la
literatura catalana y del mismo teatro recién-fundado, coincidiendo con la moda de la música popular,
se transmite á las composiciones, costumbres de labradores, escenas de la vida rústica y doméstica de
nuestras montañas. Entre ellas van ya los estudios é
imitaciones de la vieja pintura realista española, y
entre las estatuas, las de San I sidoro de Sevilla, Alfonso el Sabio, Averroes, Ramón Lull y Luis Vives
al vestíbulo de la nueva Universidad. Un periódico
( El Telégrafo), resume la crítica de aquella exposición con palabras que harto se han repetido después.
«Obsérvase en los más destreza en el manejo del
pincel, acierto en muchos en copiar la naturaleza,
cualidades de coloristas en otro.s, pero también en
muchas obras se nota algún descuido en el dibujo,
excesiva importancia á los efectos de luz y en la elección de temas escasa afición á los grandes asuntos.»
Un edificio, construido ya en el Ensanche, para
Exposiciones, atestigua el cambio traído por la Revolución de Septiembre, que prepararon largas y fatigosas agitaciones anteriores. En aquel edificio celebra la sociedad de Bellas Artes sus concursos de
1868, 70, 71, 72, 73 y 74. A las secciones comunes de pintura, escultura, planos arquitectónicos se
añade la de copias de los mejores cuadros de escuelas españolas, que prueban cuánto se ha generalizado ya su conocimiento y su estudio. Junto á

ATENAS. - NUEVO PALACIO P~RA EXPOSICIONES (ZAPPEION). - De una fotografía

ATENAS, -

LA

UNIVERSIDAD, obra del arquitecto dinamarqués Ilausen. - De una fotografla

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

488
NúMERO

ellas figuran acuarelas, dibujos á pluma y á lápiz,
grabados, diseños para decoración, litografías, fo.
tografías y vidrieras pintadas, con que se muestra
de un modo más completo la extensión que han tornado las diversas aplicaciones del arte. De la propia manera se nota el desarrollo y progresos de la
escultura con nuevos nombres y más modernas
obras, y aunque sean en su mayoría los mismos los
de los pintores más conocidos, van apareciendo unos
tras otros, con impresiones de Roma ó de París,
muchos de los más jóvenes que hoy vemos figurar
en primera línea y cuyo número hace ya difícil la
cita. Se acentúa, sobre todo, año tras año la irresistible afición á la nota real y al estudio de la verdad,
no ya por encima de las viejas concepciones, que
empiezan á causar la extrañeza de lo anticuado ó
inferior, sino prescindiendo del mismo ingenio ó de
la concepción sentimental que como último rescoldo
del fuego del romanticismo animó á la literatura, incluso la dramática, antes de la Revolución. Podría
decirse, en suma, que los progresos que manifestaron aquellos concursos anuales del 68 al 74 están
en el número siempre creciente de artistas y de obras,
y en los adelantos en el color y en la factura, hacia
la mayor verdad artística, por cuyo camino, particularmente en sorprender los secretos y la vivacidad de
la luz (siguiendo á Fortuny, que por entonces preocupó á todos), cada paso que se da parece infinitamente superior al que le precedió.
Pero por aquellas mismas fechas, reciente el recuerdo de la Exposición Universal de París de 1867, y
establecidas las de Bellas Artes en Madrid, se repiten con extraordinaria frecuencia las de todos géneros en Barcelona y casi se improvisan de año en año.
La década del 70 al 80 podría llamarse de las Exposiciones. Con ellas se celebran y se estimulan las
fiestas públicas y los más notables acontecimientos.
Una breve Memoria, donde constan hasta 1872 los
resultados obtenidos por la Sociedad de Bellas Artes, apunta cómo ha cundido la afición á los objetos de arte entre el público y los I1_1ayores precios
alcanzados en la venta. En 1871 se celebra un concurso agrícola, industrial, artístico, con motivo de la
visita de D. Amadeo; en 1872, otro también agrícola, marítimo y artístico. A las Exposiciones generales
suceden las particulares, como si el número de obras
y artistas y los mismos géneros de caballete trajeran
consigo la multiplicación y disgregación de la colectividad en diversos grupos, y sea ya necesario establecer de un modo cotidiano y permanente la exhibición para los aficionados. Así se repiten ya en establecimientos como el de Monter en 1873 y en
1876; en el de Bassols, por el mismo año; en el de
Parés, en 1874; en la Sociedad económica de Amigos del país y en el Centro de maestros de obras
(1876); en la Universidad, en 1877, uniéndose á las
artísticas modernas las de artes suntuarias antiguas;
en el Ateneo Barcelonés, en 1881 y 1883; en el Museo Martorell, por el Centro de acuarelistas, en 1885,
y en el citado Salón Parés, por fin, ya con exposiciones generales y anuales, ya con la que acaba por
tomar carácter permanente, donde se exhiben las
obras apenas salidas del estudio.
La Exposición Universal de 1888 comunica repentina é inesperadamente mayor impulso á tales
esfuerzos parciales y repetidos. Como á las exhibiciones de obras de artistas barceloneses se asociaron los demás españoles, concurren á la universal los
extranjeros. El escenario, á partir de aquí, adquiere
proporciones mucho más vastas. Los mismos edificio~ improvisados en un momento de fiebre, revelan
el incremento y extensión de la capital y los progresos realizados en el espíritu público, y con su misma
capacidad, no sólo permiten, sino que estimulan los
grandes concursos, que no se limita,n al arte catalán
ni al nacional, sino que nos ponen directamente en
contacto con el de todas las demás naciones.
De aquel esfuerzo de un día, quedaron como despedazados restos de un coloso, con la nave central
del Palacio de la Industria y el de Ciencias, el de
Bellas Artes. De aquella repentina llamarada de iniciativas y proyectos, el calor y la confianza imprescindibles para nuevas empresas. La Exposición actual es la primera que vernos ya realizarse, corno preliminar de un nuevo período de transformaciones
mucho más vastas y radicales que las historiadas hasta aquí. Es una fecha, un punto de arranque. La
inauguración, que acaba de celebrarse, trajo á la imaginación, con la misma perspectiva del local, el recuerdo del concurso del 88. Pero cuando apenas van
transcurridos tres años desde aquella fecha, resalta
á primera vista que los adelantos realizados son notables y no guardan ya proporción alguna con el
tiempo. La progresión - si cabe el símil matemático - no es aritmética, sino geométrica. El aspecto
del gran salón central, destinado á la escultura, con

sus inmensas dimensiones, y ocupado por tal número de obras; el de sus vastas galerías que llenan los
dibujos; la extraordinaria cantidad de cuadros españoles; las primeras noticias acerca de las secciones
extranjeras (Francia, Italia, Austria, Hungría, Ho landa, Bélgica, Alemania, Rusia y Estados Unidos)
- que en este instante no es posible apreciar todavía en su conjunto; - todo permite asegurar desde
ahora que la primera Exposición general ha de superar las pocas esperanzas concebidas y vencer
como tantas veces el inveterado pesimismo de muchos.
Por mi parte, procuraré en los siguientes artículos
señalar en las distintas secciones, con lo más notable y de permanente valor, cuanto sea anuncio y
promesa para el porvenir.

J. YXART
LA ALGARADA DE «PEQUE&amp;ECES»
POR DOÑA EMILIA PARDO BAZÁN

Por caso prodigioso, acaso por primera vez, una
novela española acaba de lograr, no sólo inusitada
venta, sino el privilegio de dar pasto á las lenguas,
asunto á las conversaciones y contingente á la prensa
diaria durante muchos días, y lleva trazas de seguir
dándolo basta que la cuestión del socialismo, el calor y la dispersión veraniega calmen ó apaguen del
todo la hoguera de rencillas y disputas encendida
por un hijo de Loyola.
Desde que Peque,ieces se puso á la venta han granizado y siguen granizando artículos, sueltos, diatribas, agudezas, exclamaciones y dicharachos; los menos hemos sido los que, prescindiendo de indiscreciones y polémicas y renunciando á averiguar si Pequeñeces es, ~n efecto, un nuevo Tizón de la nobleza
española, nos concretamos al punto de vista esencialcialmente literario, aunque por necesidad nos hiciésemos cargo de las tendencias sociales del libro. En
mi Nuevo teatro crítico consideré al padre lo mismo
que consideraría á otro escritor que, reuniendo iguales méritos, no vistiese sotana; y por esta imparcialidad me acusaron algunos críticos - especialmente mi
joven amigo el Sr. Navarro Ledesrna, en tres artículos que vieron la luz en El Correo - de ayudar al padre en su maquiavélico propósito de ir escurriéndose
pian pianino, con las manos metidas en las mangas,
hasta coger butaca de primera fila al lado de nuestros grandes escritores. El Sr. Ledesma sospechaba
que al proceder así, al otorgar al padre lugar eminente entre los noyeJistas contemporáneos, me encontraba yo sugestionada, alucinada, sin advertirlo, «por
el ruido, por el triste prestigio del escándalo, que
aun á los espíritus más severos é imparciales se impone, inspirándoles herejías y desbai:ros.»
Si hubo en mí tal sugestión, debió de ser por modo
profético ó revelación divina, pues mi juic~o literario
respecto á Peque,ieces estaba formado desde la segunda quincena de febrero, época en que no se encontraba en las librerías un ejemplar, y sólo conocíamos la obra las contadas personas á quienes el
autor tuvo la bondad de adelantarla, y los lectores
del Mensajero del corazón de f esz'ts, que se contentaban con susurrar bajito, algo alarmados, que era «cosa
muy notable.» Antes de que empezase la gresca tenía yo corregidas las pruebas de mi estudio sobre
Pequeñeces, y á última hora, por darle más actualidad,
ingerí dos ó tres alusiones al estado de los ánimos y
á la parte extraliteraria de la cuestión, sin modificar
mis apreciaciones literarias en lo más mínimo.
Cumple decir toda la verdad. Lejos de sugestionarme el ruido y el escándalo, si algo pudiese prevenirme en contra del libro sería ese bastardo elemento de éxito, ese ataque fulminante de hiperestesia crítica que le ha entrado á Madrid, ese sacrificio
de los novelistas ya acreditados y veteranos en aras
del nuevo. Nuestra novela merece el favor del público, no ahora, por Peque1ieces, sino antes, por mucho
hermoso ejemplar novelesco que señala en este género un período de esplendor. En las novelas que aquí
se publican suele haber, aparte de las bellezas literarias, contenido, miga, trastienda, y no obstante, ni su
despacho en librería ni muchísimo menos su ruido
en P,eriódicos y conversaciones guarda remota proporción con la importancia de las ideas que pueden
sugerir al lector .inteligente y reflexivo. La del padre
también sugiere, ¡vaya si sugiere!; mas no por eso,
sino merced á su aleación de cbismografía, es el
acontecimiento de la temporada. Pecaríamos de injustos si echásemos toda la culpa al autor y no á la
corte hispana, de la cual puede decirse, como dijo
Tácito de Roma, que es urbs sermonum avida, niltil
reticente y fecundagignendi inimicitias; ó en romance,

incapaz de callarse la boca, amiga de murmuraciones,
enredadora, lenguaraz y refitolera.
A mi parecer, quienes están alucinados por el escándalo son los críticos que miran en el padre al
autor tizonesco y no ven el arnenísimo y delicioso novelista, y le cuentan defectillos y negligencias de sintaxis de que no suele estar libre ningún autor un poco
espontáneo. Bueno y santo (ó malo y pecador, pero
potestativo en el crítico) que se rechacen el criterio
y la moral del padre Coloma; lo vedado es partir de
la apreciación personal de ese criterio para negar al
padre sus méritos literarios. Puede no edificar Peque1ieces; á mí no me edifican poco ni mucho infinidad
de novelas modernas (porque esto de la edificación
sí que es predominantemente subjetivo), y sin ern bargo, me gustan que me chupo los dedos tras ellas.
Para juzgar una obra desde el punto de vista estético, conviene hacer abstracción de si el a!-}tor siente
y piensa como nosotros en materias de religión, moral, política, etc.; porque juzgar es comprender. Así
dice terminantemente Kant en su Crítica del juicio:
que si en un juicio sobre la belleza se mezcla el más
ligero interés, ya es parcial, ya no depende del gusto. Esta mezcla de interés y parcialidad fué el cáncer
de la literatura oficialmente católica, desde que empezó en España la lucha entre el liberalismo y la tradición; todos hemos padecido acusaciones de herejía y latitudinarismo, cuando hacíamos justicia á escritores heterodoxos. No se vuelva ahora del revés
semejante intolerancia, despreciando la novela de un
jesuita por sus tendencias ó propósitos morales, distintos ó contrarios de los del crítico; recuérdese aquel
gracioso dicho de Beranger:
Qu'on puisse aller ... meme a la messe:
ainsi le veut la liberté!

U na prueba de que el elemento extraliterario de Peque,ieces ha perjudicado á su estimación como obra literaria, es la aseveración que estos días rueda mucho,
de que Pequeñeces es una novela mediocre y una sátira admirable. I gnoro en qué límites encerrarán á la
novela los que así opinan, género tan comprensivo
y dúctil, que todo lo abarca y á todo se presta. La
novela puede ser sociológica ( Germinal), eróticopsicológica ( Fanny, Adolfo, Mensonges), penitenciaria ( La casa muerta), antropológico-jurídica ( Crimen
y castigo), ascético-filosófica ( Tltais ), reformista conyugal ( La sonata de Kreutzer), idílico-rural ( La 1m¡re
au diable), y con todas estas direcciones y tendencias, y otras muchas que omito por no cansar, novela interesante y hermosa. Califiquen, pues, la del padre Coloma de buena novela satírica, asimilándola á
varias muy famosas que tienen el mismo carácter,
como, v. gr., La ralea, Gerónimo Paturot y Bouvard
y Pecuclzet, de Gustavo Flaubert.
No podemos negar á la sátira de los vicios sociales derecho de ciudadanía literaria. Es su abolengo
tan rancio como el de cualquiera otro género, ó más,
si Homero compuso un poema satírico; y antiguo
como las letras es el concepto de que la sátira, moralmente lícita cuando generaliza, merece reprobación al particularizar, nombrando personas ó indicándolas con tales pelos y señales que otros puedan
nombrarlas. En Roma los decenviros legislaron castigando con pena de muerte al poeta que en sus versos infamase públicamente á alguno, y Cicerón manifestó iguales sentimientos diciendo que ((nuestra
conducta debe estar sujeta únicamente al dictamen
de los magistrados, ó sea la ley, y en ningún modo
al ingenio de los poetas.&gt; A Nevio, difamador del
patriciado, le hicieron los Metelos pudrirse en un
destierro; en cambio, la sátira general de Quinto
Ennio, Terencio y Plauto no suscitó protesta alguna, ni nadie puso en duda su legitimidad. Tomaba
entonces la sátira forma de poesía ó de farsa escénica, como más tarde la de diálogo lucianesco, y en la
Edad media la de fabliau. El Quijote, la novela más
grande que produjeron los siglos, pasa por satírica; y
sátira profunda, sátira social, es el libro más inspirado en el Quijote que conozco: Las almas muertas,
del ruso Gogol. Hecha la restricción de que no aprobamos nada que tire á zaherir ó poner en la picota
al individuo, reconozcamos que la novela satírica
puede ser excelente, como es la del padre Colorna en
mi concepto.
Volviendo á la sugestión del escándalo, yo veo en
este mismo alboroto que ha movido Peque11eces una
demostración de su valer literario. No alborota quien
quiere, sino quien puede. Menudo día de fiesta para
los inútiles y los necios malévolos, si con recoger
aquí y allí chismografías de salón y anécdotas de la
vida privada y darles forma novelesca consiguiesen,
no sólo vender miles de ejemplares, sino dar que
platicar y escribir á toda España. Claro está que un
escrito denigrativo siempre despierta curiosidades;
pero si le falta literatura, y buena, se podrá cuclzi-

488

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

clzear de él; hablarse, nunca. Pululan vanidosos que
no retroceden ante la calumnia, el insulto y el libelo,
con la esperanza de escandalizar y el desengaño de
que no se escandalice nadie: pásanse el santo día
preguntando dónde prenden, y no hay polizonte que
les baga el favor de atarles codo con codo. Lo repito:
la clave de Pequeñeces, si existe semejante clave, no
lograría lo que logra el arte del novelista, en los capítulos menos tachados de indiscreción ó alusión personal. Quisiera que los negadores literarios del padre
Coloma se fijasen en un dato de suma importancia,
que á lo que voy viendo nadie toma en cuenta, y que
yo tuve muy presente al escribir el estudio sobre Peq1te1ieces. Este dato... ¡friolera!, consiste en que Peque1ieces, la obra debatida, comentada, admirada por infinidad de lectores, no indiferente á nadie, avasalladora, en fin, es... la primer novela, ó como él diría,
el coup d'essai de su autor.
Antes no había escrito el padre sino historietas,
novelitas cortas, sucedidos, cuadros de costumbres,
bagatelillas primorosas ... Estrénase hoy con Peq11e1ieces, y á fe que del estreno ha de que~ar '?emoria
para rato. Vayan los que se revisten de musitada severidad literaria con el padre comparando en su interior este estreno (yo no lo hago expresamente, por
aquello de que las comparaciones son odiosas) con
los estrenos de otros novelistas insignes. Me dirán que el padre no es ningúR niño, y á su edad po. dría haber publicado una docena de novelas largas.
No quita para que ésta sea la primera.
Las deficiencias literarias que algunos censores señalan en el padre no las niego en absoluto, hasta
las concedo; y después de concederlas, repito que su
obra merece los honores de maestra, que corresponden, según el Diccionario, á «las obras hechas con
cierta perfección y artificio y notables en su línea.»
Cierta perfección, no la perfección total, que tengo por
inasequible, pues no la consiguió Cervantes mismo.
Si el padre flojea en las descripciones, en cambio sobresale en el diálogo y la narración; si es seco y descolorido, es rápido y agudo, enfoca y condensa divinamente; si no tiene caudal de palabras, Jo tiene de
sales y de felices ocurrencias, entretejidas hábilmente en la ficción. Quiero resumir, y para ello necesito
formular una pregunta y una respuesta: - Pregunta.
¿Cómo sabremos si una obra de arte es ó no de primer orden entre las de su misma época y género? Respuesta. Cuando las cualidades características del
artista se afirman en ella con tal energía y esplendor
que no dan lugar á que echemos de menos otras cualidades que necesariamente excluyen las primeras,
podernos decir que ese artista ha producido una obra
de primer orden.
Nuestra crítica adolece de olvidar tan sencilla regla, exigiendo de los autores precisamente lo que les
falta y tiene que faltarles si no han de dejar de ser lo
que son. A Ecbegaray, por ejemplo, se le pide que sea
un Bretón de los Herreros, y á Campoamor un fray
Luis. ¿Cuándo aceptaremos de una vez los temperamentos ó complexiones literarias, y seremos, por
egoísmo, eclécticos y omnívoros siempre que nos
presenten manjar fino, alimenticio y sabroso?
En cuanto á la intención moral de Pequeñeces, con
igual lisura digo que encuentro recargado el cuadro,
y que si fuese pintura de mano seglar, yo también
dudaría de la buena fe del autor, ó le supondría gravemente enfermo del hígado. La sociedad está hoy
menos corrompida que nunca, si bien hay en ella el
eterno fermento del mal, que jamás desterrará libro,
sermón ni sátira alguna, así resuciten, para predicar
' y escribir, San Pablo y Aristófanes, fundidos en un
solo novelista misionero. El satírico novelista, que
tal vez no cree en el fondo de su alma que el mundo
sea un presidio suelto, pero lo presenta así con ánimo de fustigar, ya que no de corregir los vicios, está
expuesto á esa nota de pesimismo, nota común, por
curiosa analogía, á Zola, al padre Coloma y á otros
varios novelistas que en nada se parecen, como no
sea en apiñar maldades, dando á entender que _el estado social huele á podrido. Acertadamente oprna el
insigne Rubió en su Historia de la sátira: «¿Te~dré
necesidad de recordaros que cuando Juvenal escribía
sus sátiras contra. las mujeres, las bajezas de los. parásitos, las liviandades de los protegidos de los neos
y el lujo de los b:mquetes, habían perecido ya en_ la
misma Roma mi1Iares de esposas honestas y de viudas y vírgenes recatadas, mártires de la ~astid~d; de
mancebos que preferían la muerte á la mfam1a; de
ricos varones que habían hecho almoneda de sus
bienes para dar su producto á los pobres; de_ personas en fin de todas clases. edades, sexo y cond1c10ne~,
que proclamaban en medio de los más atroces suplicios una religión basada en el amor? ... ¿Por qué no
decirlo? Los escritores satíricos, dotados de OJOS de
lince para descubrir el mal, parece que para ver el
bien los tienen de topo.»

LA LISETTE DE «EL LEGATARIO UNIVERSAL&gt;

(comedia de Regnard, 1655-1709)

Pintura destinada al vestíbulo del teatro &lt;lel Ode6n (París), por Gustavo Courtois, grabada por Baude

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

488

ui, príncipe, aun cuando fuese de los más modestos. tán. En cuanto á los marinos, fueron encerrados en
El Gran Turco prometió riquezas fabulosas y honores lóbregos calabozos de diinde no debían volver á salir
sin cuento á los jefes de la expedición si conseguían en todos los días de su vida. Así halló medio aquella
echar el guante á un príncipe; mas al mismo tiemp~ conciencia acrisolada de conciliar los deberes del
CUENTO FANTÁSTICO DEL SIGLO XVII ( 1)
les juró por todos los versículos del Alcorán que si honor con los preceptos de la más estricta justicia.
se volvían con las manos en los bolsillos los mandaría Como se ve, aquel Gran Turco era un hombre que
I
decapitará tod©s.
estaba en todo.
Borrascas huracanes, naufragios, todo lo arrostró
Erase que se era un Gran Sultán de Turquía que
También estaban en todo los doctores. Habían
estaba enfermo de un mal desconocido. Recetas van la flota otoU:ana durante muchos meses, cometiendo éstos conseguido matar dos pájaros de una pedrada.
y vienen, emplastos aquí y emplastos allá; pero ¡nada!, de paso la mar de atrocidades; pero todo inútilmen- Obtenían, en primer lugar, un aplazamiento preciosíel Gran Turco peor cada día. Apurados andaban los te: no se encontraba un príncipe ni por un ojo de la simo por aquello de: «¿En diez años de plazo que
sabios doctores otomanos ante aquel tenaz y endia- cara. Una tarde en que navegaba la escuadra turca tenernos, el asno, el rey ó yo no moriremps?;» y por
blado padecimiento, sin conseguir, á pesar de su muy próxima á las costas del :eino de Meloria,. el otra parte, habían contribuído á la salud del Estado
trompeteada ciencia, ver más allá de sus narices. serviola de una de las naves gntó desde el casnllo denunciando al soberano un crimen de lesa majes¿Pero cuán á su colmo no llegaría el apuro de los de proa: «¡Barco por la mura de babor!» Se trataba tad. ¡Mire V, que haber realizado aquellos pícaros
doctores cuando aquel paciente sultán les gritó un de una lanchita insignificante, tripulada por dos hom- pilotos el inverosímil hallazgo del príncipe Pipolín!
bres, un joven y un viejo. Los de la escuadra, más ¡Y si al menos lo hubiesen tratado bien!. .. ¡Cómo
día echando espumarajos por la boca:
- ¡Ignorantes! ¡engañabobos! ¡atunes! ( segura- por pasatiempo que por otra cosa, se apoderaron de habían de haber creído los doctores en semejante enmente este pez gozaba ya por aquel tiempo entre los la lancha; y ya se hallaban dispuestos á dejarla en cuentro al recetar su famoso baño!
turcos de la gran celebridad qua hoy disfruta entre libertad, cuando el viejo, por darse pisto sin duda, se
nosotros). ¿Qué ciencia ni qué ocho cuartos es la arrodilló, cruzó las manos en actitud trágica, y con
11
vuestra, que no conseguís ponerme bueno? ... ¡Char- acento declamatorio dijo:
- ¡Ah, caballeros marinos! Haced de mí lo que guslatanes! ¡mamarrachos! ¡cernícalos! ·( según se ve,
Pipolín fué instalado en un delicioso pabellón
ftste pájaro se había hecho ya notable por aquella fe- téis incluso albondiguillas si se os antoja:; pero no oculto en un bosquecillo de los extensos jardines de
cha). ¿A quién curaréis cuando no me curáis á mí? toq~éis á un solo pelo de mi augusto discípulo el palacio, por los que le estaba permitido paseará todas
¿Pero creéis que vais á asistirá mis funerales? ¿Vos- príncipe Pipolín, á quien el rey su padre me ha con- horas y con entera libertad. Nada tan encantado
otros firmar mi papeleta de defunción? ¡Yo os juro fiado para que dé este paseíto y vaya aprendiendo á como aquellos lugares: las brisas del Bósforo, saturaque iréis todos delante de mí á continuar vuestra ta- bogar.
das de sales marinas, se embalsamaban al llegar allí
¿Príncipe dijiste? En menos que se cuenta, estuvo con los aromas de las acacias, los jazmines y el azarea en los infiernos!
.
Temblaban aquellos pobres sabios como las hojas el príncipe PipoHn á bordo de la capitana y fuerte- har; el ruido del agua de las fuentes y el canto de los
de los alcornoques, cuando el soberano puso fin á su mente atado con cadenas, por temor de que en su pájaros formaban armonías incomprensibles y emdesesperación intentase suicidarse arrojándose al mar. briagadoras; reinaba en aquellos verjeles una primaimperial discurso en la siguiente forma:
- Si antes de que limpien mañana mis caballerizas Con objeto de que no pudiesen llegar á tierra noti- vera sin fin, y los ojos podían extasiarse en las más
(así computaba el tiempo aquel Gran Turco), no ha· cias de lo ocurrido y de qpe la desaparición del prín- espléndidas lejanías... ; en fin, que ni un cuento de
béis hallado un remedio seguro contra mi enfermedad, cipe fuese'atribuída á un siniestro marítimo, dieron un hadas. Hay que añadir á todo esto que Pipolín veía
os verá toda Constantinopla pendientes de esas venta- barreno á' la lancha, que se fué á pique, y en ella el satisfechos como por encanto sus menores caprichos:
nas, corno los racimos de uvas de mis despensas. viejo preceptor, que pagó así bien caro el haberse pajaritos volando que se le antojasen, al punto los
¡Conque largo de aquí y mucho ojo!
dado importancia. ¡Digno castigo á su perversidad! tenía.
Salieron los pobres doctores de la cámara imperial Lleno este requisito, que prueba la previsión de aquePero el Gran Turco, á quien todo parecía poco
más muertos que vivos, y fueron á encerrarse pálidos llos honrados marinos, las naves turcas hicieron rum- para renovar la sangre del príncipe, ordenó á su hija
y trémulos en la gran biblioteca de palacio. La~gas bo á Constantinopla.
Rosalinda, hermosísima princesa de diecisiete años,
horas consagraron á consultar textos y pergammos
Ocioso es ponderar la alegría del Gran Turco, así que se consagrase á acompañar á Pipolín. Para dar
orientales; pero ¡ni por esas!: no daban pie con bola. como la perplejidad de sus médicos al regresar la es- una idea, aunque muy imperfecta, de la excepcional
Convencidos al cabo de que la fe puede en muchas cuadra y conocerse el humanitario resultado de la ex- hermosura de Rosalinda, baste decir que todas esas
ocasiones más que toda la ciencia del mundo, toma- pedición. Pero los doctores debieron recibir al mis- grandes bellezas sancionadas por la historia, Elena,
ron el partido de dirigir sus preces al Profeta para mo tiempo (aun cuando se ignora por qué medios de Raquel, Judit, Semíramis, Eloísa... , etc., etc., haque los iluminase en aquel atolladero. Largo rat~ es- transporte) algún otro rayo de luz del Profeta; pues brían parecido caricaturas de almanaques burlescos
tuvieron con la cara vuelta y los brazos extendidos se personaron sin pérdida de momento ante el sobe- al lado de la hija del Gran Turco. La mente del más
hacia la Meca, hasta que allá muy entrada la noche, rano y le dijeron:
fervoroso poeta musulmán no soñó nunca á las hucuando Constantinopla se hallaba envuelta en tinie- Gran Señor, guardaos bien de bañaros por aho- ríes de Mahoma tan hermosas como Rosalinda.
blas, el Profeta se decidió por fin á enviarles su luz. ra en la sangre de ese príncipe. Las tristezas del cau¡Hay príncipes que logran unas gangas! ...
Para decir verdad, fué uno solo el que recibió la ema- tiverio, la nostalgia de la patria y de la familia, ,y
¿Quién coloca juntos impunemente el fuego y
aación luminosa. El elegido rompió bruscamente la sobre todo los malos tratamientos de que ha sido la estopa?... Sucedió lo que no tenía más remedio
monotonía de aquella situación, exclamando con ins- objeto á bordo, han emponzoñado su sangre con el que suceder: aquellos dos seres de temperamento
humor melancólico. El baño en tales circunstancias, apasionado, rebosando de juventud y de . vida, se
pirado acento:
- ¡Nos hemos salvado!
lejos de seros provechoso, podría seros nocivo, hasta enamoraron perdidamente uno de otro. Mucho conSalieron todos como por encanto de su éxtasis mís- el punto de que peligrase la preciosa vida de Vuestra tribuyeron sin duda á fomentar esta pasión la intitico, y clamaron á una voz:
Majestad.
midad del trato, la absoluta libertad de que disfru- ¡Habla..., habla!...
- ¿Luego todo ha sido inútil?, preguntó entre des- taban, lo poético del sitio, y sobre todo, aquellos ceEl iluminado contestó lacónicamente echándose á fallecido y amenazador el Gran Turco, ouyos bríos nadores ocultos á todas las miradas y protegidos por
andar.
iban decayendo visiblemente con la enfermedad.
las sombras de los árboles ... (¡En qué estaría pen-Seguidme.
- De ninguna manera, se apresuraron á contestar sando el Gran Turco!)
- Pero explícate... Dinos cuál es tu plan.
los doctores. Se trata sólo de un aplazamiento, á fin
Pipolín, en un transporte de pasión, se quitó un
- Seguidme y callad. Vuestro papel se reduce á de asegurar la infalibilidad del remedio. Haced que se día un anillo con un diamante como un garbanzo, y
dejarme hablar y prestar asentimiento á cuanto yo empleen con ese joven príncipe los mejores tratamien- lo puso en el dedo de Rosalinda en prueba de su
tos, que se le alimente con los manjares más exqui- amor eterno y con juramento de hacerla su esposa.
diga.
Momentos después se hallaban los doctores en sitos, que se vea solicitado á todas horas por las disA nadie extrañará que Pipolín llegase muy en brepresencia del Gran Turco, que pa~eab~ por su habita- tracciones y halagado por los placeres. Cuando la ve á no acordarse de su libertad, ni de su patria, ni
. ción bramando como un toro. El 1lurrunado tomó la alegría haya vuelto á su corazón y por sus venas cir- aun de la madre que lo parió. Patria ubi bene.
palabra.
cule una sangre nueva, saludable y vigorosa, entonEl Gran Turco, que vigilaba con el interés que es
- Gran Señor, existe un remedio contra vuestro ces, Gran Señor, habrá llegado el momento del baño. consiguiente el estado de ánimo del príncipe, estremal.
¿No se engordan los cerdos para la matanza? Pues lo chaba de tal modo á los médicos, que éstos se vie- ¿Cuál es? ¡Pronto!, rugió el bondadoso sultán.
mismo.
ron al fin precisados á declarar que había sonado el
- Ese remedio es muy difícil, Gran Señor.
El Gran Turco hubo de rendirse ante la fuerza de momento de darse el baño de sangre.
- ¡Para mí no hay nada difícil! .
tan sólidos argumentos. Y he aquí que había sonado
Rosalinda, modelo de ternura filial y que había
- Pues bien: Vuestra Majestad sanará infalible- la hora de entregar á los jefes de la expedición las aprendido de su madre el arte de la magia, descumente, si se baña en la sangre recién vertida de un riquezas que les tenía prometidas bajo su imperial brió tan espantoso secreto.
palabra. Al pensar en esto, una duda terrible surgió
príncipe.
. . . .
- ¡Que degüellen en el acto á cualquier md1V1duo en la conciencia de aquel justo emperador. Verdad
J OSÉ TORRES R E INA
de mi familia!
que los marinos habían cumplido fielmente el man(Continuar/.)
- Sería inútil, Gran Señor.
dato de traer un príncipe fuera como fuera. ¿Pero no
- ¿Cómo inútil?
era también verdad que sus malos tratamientos ha- El príncipe sacrificado ha de ser necesariamente bían contribuido á emponzoñar la sanire del prínciSECCIÓN AMERICANA
extranjero.
pe con el humor melancólico, haciéndose por ello
Al siguiente día una gruesa escuadra con numero- acreedores al más ejemplar de los castigos? ¿Cómo
LA VIDA ES SUEÑO
sas tropas de desembarco zarpaba de las aguas de resolver conflicto tan arduo? ¿Podía el soberano faltar
Constantinopla, con orden de surcar los mares, as~l- á su palabra? Admitir semejante hipótesis, sería no
POR N. HAWTHORNE
tar puertos, incendiar ciudades, abordar embarcacio- tener siquiera dos dedos de sentido común ni entenSólo de un modo parcial é incompleto es como
nes .•. ; en una palabra, de llevará cabo t~do género der una patata de lo que son emperadores. Turquía
de barbaridades y tropelías hasta conseguir atrapar á entera fué testigo de la donación de casi todo el pa- llegarnos á conocer los acontecimientos que tal vez
trimonio imperial, hecha públicamente por el propio más influencia ejercen sobre nuestra vida presente y
( 1) El fondo de este cuento, aunque con impottantes varia- emperador á los jefes de su escuadra. ¡Cuántas lágri- porvenir; y hay una infinidad de cosas, con perdón
ciones, está tomado de la misma fuente que Perrault puso á mas vertieron los corazones sensibles ante aquel acto sea dicho, que pasan casi rozando con nosotros sin
conlribuci6n para sus famosos Cumtos de Ha:fas, esto es, .del de inusitada generosidad! Pero tal como hoy quedó dar resultados inmediatos y palpables que nos perPentamerone 6 Cimlo de li czmte, escrito en d1ale~lo napolitano por Giovan Battista Basilio, quien á su vez se inspir6 para hecha la donación, y al otro día se llevó á cabo la mitan sospechar siquiera su proximidad con el más
su obra en el Cumlo de cuentos de nuestro inmortal Quevedo. confiscación de los mismos bienes por el propio sul- leve rumor, ni la más vaga y tenue sombra, ni el más

NúMERO

488

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

2

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ROSALINDA

PUENTE SOBRE EL BIOBfO (CHILE), EL MÁS LARGO DE AMÉRICA, TERMINADO EN

1890

ACTO DE LA PRUEBA OFICIAL

De fotografía remitida por D . Horacio Parada, de Concepción

P UENTE SO.BR.E El. BIQBÍü, VlSTO l'OJLDEHAJO

.

De fotografia remitida por D. Iloracio Parada de Concepc16n

fugaz destello. Pero si pudiéramos conocer t0das las vicisitudes de nuestra veleidosa
fornma, pasaríamos la vida
oscilando continuamente en
un mar agitado de zozobras
y esperanzas, de alegrías y
tristezas, sin gozar siquiera
de un día de paz y tranquilidad. Algunas páginas de la
historia de un chico llamado
Juan me servirán para desarrollar esta idea, facilitando
su inteligencia á quien leyere.
No hace al caso que diga cuyos y quienes eran
los padres de nuestro Juán; baste saber que tenía
por entonces veinte años, que había nacido en
New-Hampshire, que sabía lo que se aprende por
lo general en la es~uela, que, además, tenía una
barnizada de estudios mayores, que á la sazón,
esto es, al empezar nuestro relato, iba pedestremente camino de Boston, donde su señor tío, mercader muy acomodado, se proponía iniciarlo en
los arcanos de }a ciencia de hacer dinero, empezando por instalarlo detrás del mostrador á vender libras de arroz. cuartos de especias, queso, velas cerillas y demás artículos indispensables para
la ~da, y que en una tienda de com~tibles tienen su natural asiento.
Cansado y quemado del sol, porque andaba
desde el despuntar del alba, y era el mediodía de
uno de los más calurosos del estío, y excitado además por la frescura y apacible sombra de un cercano bosquecillo, por entre cuyas -verdes enramadas corría un manso y claro arroyo, entróse en él,
por el bosque digo, á tomar algún reposo. Puso en
tierra el morral, dejó caer el bastón, y se tendió
cuan largo era bajo de una copuda encina, no sin
haber antes apagado la sed en el arroyo, que parecía expresamente formado para aquella necesidad.
Poco tardó en quedar profundamente dormido.
¿Soñó algo? Lo ignoro; y aun cuando lo supiera
no lo diría, pues nada tiene que ver con nuestra
historia en la cual sólo he de ocuparme de las co. ser notadas ni sossas que' pasaron á su lado sm
pechadas siquiera por él.
Ahora bie'n: mientras ·arrutla·do por los abejo-

rros y ~l murmullo de la fuente y de las hojas dor- •
mía nuestro héroe' á pierna suelta, otros estaban defpiertos y se consagraban á sus ocupaciones ordinarias, é iban y venían por el camino cercano, á pie, á
caballo, en eoche, cada cual como podía ó más gana
le daba. Unos pasaban por las puertas de su alcoba
sin reparar en él ni en ella; otros la miraban con aire
indiferente y no veían á Juan; otros, al hacer alto en
él, se sonreían, y no pocos, cuyo corazón rebosaba
mala voluntad, hubieran querido hacerle mal de ojo.
Llegó su vez á una viuda vaporosa, joven y romántica, la cual, no viendo pasar nadie en aquel momento
por el camino real, y sí al mozo que dormía, se detuvo unos instantes á contemplarlo, y lo halló muy
de su gusto. Luego vino el presidente de una Sociedad de temperancia, y... ¡cosa más natural!, Juan le
dió terna para un disc.urso que pronunció aquella
misma noche contra la embriagu,ez y sus consecuencias, el eual discurso arrancó estrepitosos; aplausos á
su auditorio. Pero censuras, elogios, desprecios, simpatías, indiferencia, todo era igual para nuestro héroe. es decir, era nada.
Al cabo de media hora de dormir y roncar de la
manera profunda y sonora que dejamos referida en
los párrafos anteriores, un carruaje que pasaba por
la carretera se detuvo casi enfrente del sitio donde
se hallaba Juan. Habíasele roto un muelle al vehículo, y era indispensable y forzoso ponerlo en estado
de proseguir el viaje. La cosa, corno se ve, era de
poco momento, y así no tardaron mucho en tran quilizarse los que dentro venían, y que eran un comerciante ya entrado en años, cuya firma gozaba en la
plaz:&gt;. de Boston de la mayor respetabilidad, y su mujer. Mientras entre un criado y el cochero, provistos
de tenazas y destornilladores, hacían la necesaria
compostura, la señora y su marido buscaron abrigo
contra los rayos del sol á la sombra de los árboles
que cobijaban á Juan. Contenidos ambos por el res•
peto que infunde siempre hasta el más humilde durmiente, procuraron no hacer ruido que lo despertase:
ella, Fecogiendo con cuidado los anchos pliegues de
su falda de seda, y él pisando con la mayor ligereza
posible de sus piernas, entorpecidas por la edad y el
reumatismo.
- ¡Qué bien duerme!, dijo el anciano con envidia.
Un sueño corno ese, sin necesidad de recurrir al opio,
· -vale un imperio, porque supone salud y tranquilidad.

�JESÚS

y

LOS NIROS, CUADRO DE

D.

ENRIQUE SERRA, (EXPOSICIÓN GENERAL DE BELLAS ARTES DE BARCELONA.)

�LA ILUSTRAClON ARTÍSTICA
- Y pocos años, continuó su mujer, dando un suspiro, porque en la vejez aun saludable y tranquila,
no se duerme así.
Cuanto más miraban á Juan, más atraídos se sentían hacia él, que, mientras, dormía profundamente,
cual si estuviera sobre un coich6n de plumas entre
sabanas de holanda, en una alcoba cerrada y confortable. Y como viese la señora que un rayo de sol hería el rostro de Juan, le cerró el paso, cruzando algunas ramillas, cosa que hizo con solicitud verdaderamente maternal.
- No parece sino que la Providencia nos ha traído
aquí para ofrecernos una compensación del cruel desengaño de nuestro sobrino. ¿No le hallas mucho pa•
recido con el pobre Carlos? ¿Quieres que lo despierte?
- ¿Para qué, mujer?, le contestó el ,interpelado. Ni
conocemos su carácter ni sabemos quién es. ni...
- Pero ¿no te dice nada esa fisonomía franca, ese
sueño inocente?
Entretanto, ni el corazón de ·Juan di6 un latido
más, ni de sus labios salió un aliento de menos, ni
en su rostro se reflejó la menor alteración, y sirr embargo, la fortuna estaba á dos pasos de él con todas
las trazas de querer colmarlo de sus dones.
El comerciante acababa de perder á su hijo único,
y no t@nía otro heredero de su inmenso caudal sino
un sobrino segundo, joven de mala conducta, que lo
traía siempre desazonado. No hubiera, pues, sido
nuevo ni extraño que á nuestro Juan le cayese la lotería, porque en casos tales, cosas mayores se han
visto y más extraordinarias que la de despertarse rico
quien se acostó pobre.
- ¿Lo llamo?, repitió la buena señora con voz persuasiva mirando á su marido.
- ¡Ya está listo el carruaje!, gritó el criado desde
el camino.
Y ar:nbos se volvieron de repente medio corridos
de haber pensado una cosa tan ridícula.
Instaláronse, pues, en el vehículo, y ya no se acordaron más del asunto: la única idea que preocupaba
en aquellos "momentos al comerciante era la de privar de su herencia á su extraviado sobrino, y fundar
con ella un magnífico asilo, adonde se recogiesen todos los mercaderes arruinados de la comarca.
Y Juan mientras ni se movió siquiera.
No había transcurrido un cuarto de hora cuando
acertó á pasar por allí cerca una muchacha de hasta
diez y seis años, rubia como un sol, esbelta y ligera,
y risueña como una mañana de abril; la cual muchacha, sintiendo que se le aflojaba una liga, entró por
el bosquecillo, y... cuando ya no tenía remedio el
mal, vi6 á Juan tendido cuan largo era y á dos pasos
de distancia. ¡Qué vergüenza! Demás me parece decir, supuesto el pudor de las mujeres en casos tales,
cómo se pondría de colorada al verse en actitud tan
familiar á presencia de un desconocido. Por fortuna
Juan dormía y nada vi6; pero con todo, la doncella
quiso huir de lugar tan peligroso, é iba á hacerlo cuando advirtió ~ue el joven corría grave riesgo. Es el
caso que un abejorro enorme, de esos que· á veces
suelen causar con sus picaduras grandes males, giraba sobre su cabeza, estrechando el círculo de sus espirales, y con todas las trazas de lanzarse sobre él.
Tan buena como sencilla, Margarita, que ya es fuerza darle nombre, se quitó el pañuelo de los hombros
y atacó al enemigo, desalojándolo del bosque. ¡Qué
cuadro tan encantador! ¡Qué acción tan meritoria!
Hecho esto, Margarita volvió á ponerse colorada, y
no sin cierta emoción miró de nuevo á Juan, por
quien se había batido con un dragón de los aires.
- ¡Qué guapo es!, dijo para sí, dando un suspiro.
Y la joven se alejó con paso tardo.
Ahora bien: el padre de Margarita era una persona muy acomodada, y precisamente por entonces an•
daba buscando un joven de las cualidades de Juan,
para confiarle la administración de una de sus haciendas; y si Juan hubiera trabado conocimiento con
Margarita en aquella ocasión, quién sabe si no habría sido él el administrador de la finca, y luego el
marido de la niña, única y universal heredera de su
su padre. Por segunda vez, como se ha visto, la fortuna, pero una fortuna loca, porque la chica era gua·
písima y muy rica, se había puesto á dos dedos de
Juan, el cual seguía durmiendo como si tal cosa.
Al cabo de un corto espacio 'entraron por el bosque dos hombres de mala catadura, con más traza de
ladrones que de otra cosa. Su objeto era pasar la siesta jugando á las cartas; pero apenas repararon en
Juan fueron de otro parecer, y muy quedito se le
acercaron para examinarlo mejor.
- ¡Mira!, dijo entonces en voz baja el uno al otro,
señalando al morral que le servía de almohada.
El otro hizo un signo de inteligencia, se acercó á
su compañero y le contestó: .
- Apuesto una botella de aguardiente á que ese

chico trae dentro del saeo un calcetín con diez ó
doce duros á lo menos. ¿Vamos por ellos?
- ¿Y si se despierta?
El interpelado, por toda respuesta, entreabrió la
pechera de la camisa y dejó ver el mango de su cuchillo.
Este argumento tranquilizó al escrupuloso, que sin
decir palabra se acercó á Juan, y mientras le registraba la almohada, el del cuchillo lo tenía levantado
sobre su pecho.
Sus caras, contraídas y pálidas de terror, estaban
horribles de ver, y si Juan hubiese abierto en aquel
punto los ojos habría creído sin duda alguna que
eran dos diablos: ni ellos mismos se hubieran reconocido á verse en un espejo. Felizmente Juan siguió
durmiendo, tan reposado y tranquilo como cuando
lo hacía en el regazo de su madre.
- Es menester sacar fuera el morral, dijo por lo
bajo el que registraba.
- Pues sácalo, que si chista yo le haré callar.
No era posible hacer aquella operación sin desper·
tarlo: la vida de Juan estaba pendiente de un cabello.
En aquel momento entró por el bosque un perro,
y al ver á los ladrones lanzó un sordo gruñido.
- Ya no se puede hacer nada, exclamaron, porque
el amo del perro no andará muy lejos.
, - Echemos, pues, un trago y vámonos.
Y el del cuchillo lo escondió en la pechera, sacó
un frasco, bebió y lo pasó á su compañero: hecho
esto se ~lejaron del sitio, riéndose del crimen frustrado. De allí á poco ya no se acordaban de ello; pero
el ángel
de la Memoria los tenía presentes para dar
.
testimonio contra sus almas en la eternidad.
Por su parte, nuestro héroe seguía durmiendo
como antes, sin saber por supuesto que las alas de la
muerte le habían dado sombra durante algunos momentos.
Hemos dicho que dormía corno antes, pero no es
e,xacta la frase; dormía, es cierto, mas no tan tranquilamente; que ya llevaba una hora bien cumplida de
sueño, y ·esto había reparado el cansancio de las de
su viaje á pie y al sol por la carretera: dormía, pero
cambiando á cada rato de postura, murmurando palabras incoherentes, hablando tal vez con las figuras
que veía en su imaginación. El ruido de una diligencia que se acercaba lo despertó por completo, y entonces, enteramente dueño de sus ideas, gritó al maoral si tenía lugar para un viaJ·ero.
Y
- En la rotonda, le contestó, y detuvo el carruaje.
Juan tom6 posesión de su asiento, y sin decir
adiós á la fuente, testigo de tantas y tan diversas vi.. d
. '6 1
.r h l
. d
c1s1tu es, sigui a egre y sat1s1ec o e cammo e
Boston, Ignoraba que un fantasma de fortuna había
reflejado en ella su dorada faz, que un fantasma de
amor había confundido sus suspiros con su murmullo, y que un fantasma de muerte amenazó enrojecerla con su sangre; todo .esto en el corto espacio de
una hora... d e sueño.
La verdad es que ni dormidos ni despiertos nos
es dado advertir la proximidad de esas cosas que pa.
d
. d
1 d .
san casi rozan o con nosotros, sm ar resu ta os m.
t
I
bl
l
med1a os y papa es; pero no o es menos, y esta es
una de las mejores muestras de la Providencia, que
.
. . 'bl é .
d
.
mientras. tantas. cosas mvisi 1 es mespera
. d 1 as'dvienen
1
contmuamente
e a. .Vl a, e la
á obstrmr
.
b
t ed cammo
f d
sea, sm ero argo, capaz o av a e permitirnos prever otras muchas para nuestro bien.
TRADUCIDO POR J UDERIAS BÉNDER

NUESTROS GRABADOS
Un rabino, dibujo á la pluma por D. José M.
Marqués. -Aunque el género que con predilección cultiva
nuestro distinguido colaborador es el paisaje, cuando se decide á dejar el estudio de la naturaleza por el de la figura huma•
na sabe obtener con el lápiz, la pluma 6 el pincel efectos tan
hermosos, como los que han podido admirar nuestros lectores
en el San Francisco, en el retrato del Sr. R!us y Taulet y en
otr@s trabajos de esta indole que en LA ILUSTRACIÓN ARTÍS·
TICA hemos publicado. Un rabino es una nueva demostración
de ello¡ en este dibujo se ve cuán naturalmente ha corrido la
pluma sobre el papel, fija!ldo en ras~os, ora vigorosos y acentuados como los del ropaJe, ora sullles y apenas perceptibles
como los del rostro, un tipo bien concebido, en el cual la vida
y la expresión corresponden á lo correcto de la factura.
Este dibujo es un estudio que hizo Marqués para el cuadro
que figura en nuestra actual Exposición general de Bellas Artes, y en el que los acertados toques de color añaden nuevos
atractivos á las cualidades apuntadas.

NúMERO

488

decer el brillo de las grandezas de ayer: el Acr6polis y el Par•
ten6n, á pesar de los estragos en ellos causados por el tiempo
Y. por la mano del hombre, son aún el asombro de la generación presente, como lo fueron de las pasadas, y los arquitectos
mo~ernos se afanan, cual los de otras edades se afanaron, por
copi_ar. aquellas lineas, tan hermosas en su clásica sencillez, y
por imitar las proporcioues y la armonía que en los monumen·
tos de la Hélade nos encantan.
. As! vemos en _la ciudad ar.t!stica por excelencia de nuestros
llempos, en Mumch, reprod:ic1das unas y otras en las Pinacotecas
Yen la Glyptoteca, que tantos tesoros encierran, y así en la actual Atenas, en _el Pal~cio para Exposiciones que los atenienses
deben á la mumficenc1a de un conciudadano, y en la Universi•
dad, que ha construido un arquite~to dinamarqués, M. Hausen, _resultan en. su conjunto yensus detalles las magnificencia6
del s1gl? d~ Pe_ncles. Uno y otro acusan en su plano general,
en su cl1s~n~uc16n, en la pureza ~e líneas y en suornamentación
un conoc1!1uento. tan prof~ndo y tan concienzudo del antiguo
arte arqu1tect601co helénico, que más que construcciones de
planta parece_n rec_onstrucciones de viejas fábricas llevadas á
cabo por pac1entis1mo arqueólogo á fuerza de investigaciones y
e~tud1os Yde desenterrar fragmento por fragmento y piedra por
p~edra, column~s,. capiteles, frisos, estatuas y pedestales, elevo!•
viéndoles s? pnstma for~a y distribuyénclolos y agrupándolos
conforme a planos ongmales milagrosamente conservados al
través de tantos siglos.
***
La Lisette de «El legatario universal &gt; lienzo
(~st}nado. al vestíbulo del teatro dei Odeón
ans) - P!,ntura !1e G. Courtois, grabado por
B~ude.-Fmura, delicadeza, elegancia, dominio del natural
~~tado
de los
menores
detalles,
tales son
cuali'.
. es deexquisito
~ste cuadro
y las
que más
caracterizan
á su las
autor.
El
tipo de Lisette d~ El legatario imiversal, comedia de Regnarcl
eStrenada er. Pans en 1708, está tan bien concebido que á buen
seguro ~o soñó el ilustre escritor intérprete más perfecto del
person_aJe
de por
su o~ra.
¡Cuántas.cosas
dice aquel rostro
expresivo,
animado
picaresca
sonrisa y embellecido
por unos
ojos
capaces de volv:r el juicio al hombre más sesudo! ¡Cuán nanatural es la acl!tud d~ aquella figura negligentemente recost.~da en la puerta! Y si de la composición pasamos á la ejecución.,
habremos
d: confesar
q~e en de
tangracia
sencillo
asunto
el lápiz
el
pincel
han reahzado
maravillas
y de
colorido
tra-y
zando Hn~s ~e correcci6~ intachable y derramando mati~es y
sombras d1stnbu!das con irreprochable acierto.
"
• •
d El nuevo puente.sobre el Biobío (Chile). Acto
8 • 1a prueba oflcial.-El puente visto por deba¡o. De _fotografías remitidas •por D. Horacio Parada
~ee. lConcepción,-;Sobre
~iob!o,
queciudad
es el de
másConcepción,
important;
os ríos de ChilP., ~ noel leJos
de. la
~istia un puente destmado al servicio de los ferrocarriles del
st~do, que quedó destruido á consecuencia de un descarri•
lamiento_de un tren de mercancías, ocurrido en la noche del
1889· En suStituci6n del puente antiguo, el go~?iemo
de Anl
de construir
mandó
el que se inauguró el año pasado yque
duestros~abados reproducen. Es ir.dudablemente el más largo
e A,mé.nca, pues mide una longitud dei.890 metros, ylas obras
de fabrica en él practicadas son importantísimas.
De los grabados que publicamos, el primero representa el
acto _de la prueba oficial, practicada por el intendente de Concepc16n J:?· José A. Vargas Novoa; el segundo es la vista del
puente mirado por debajo.
*
• •
J esús
los niños
(Ex
· '6yO genera
¡ d ' cuadro de D· Enn·que 8 erra
C
posici
e Bellas Artes de Barcelona i8gi)al=dó el éu~fr 10.~xpuso 1_en su ta!ler de Roma, e:te cuadro
. nos, ; d~~d/;i°P:upai oys~, hRz? fanhahsm1°, como clic:n los italiadI
a ema asta as más humildes gentes
e pueblo, t:&gt;das las clases sociales de la ca ·1 1d I 1. d
filaro
t
él
á
·
pi ªnuestro
e tapaisano
ia esO
h bl ªº e Yun mmes convinieron en que
t ªd atal;3nzado1 un nuevo útulo á la fama que tan bien cimena a enia en e mundo del arte
Vino
.
. el cuadro á Barce1ona, y·1os' compatriotas
de Serra
ansiosos
esperaban
confirmar
con
el
s
• - . que a: que
1
t . h bi 1 .
uyo e JUICIO
los
ex ranJeros ª a e henzo merecido, vieron defraudadas s .
~era!ll.~~• ~u~s el_ c~adro fué inmediatamente instalado e!1
?m1c1 10 e a dJStmguida familia por cuyo encargo habla sido
Aforllmadamente,. con motivo de Ja Exposición de Be~s. rt~s hin qu«;dado satisfechos los legítimos cleseos de los
:;iJ·~ºy: alat pmtu~a, que hoy pueden contemplar á su sabor
1 r e espano1contemporáneo
el ~~~fote~:idq~eeS obraden que una ;e_z _más se ha revelado
d
á
.
erra, e esa compos1c16n tomada de una

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~~~~~

:{;~:~~e{i~~f
; i~~e~n ~~:: Z1~t:;~:~ts~
de la fantasía a ar a_nc. o campo para las manifestaciones
d
Ydel senttm1ento? /mis y los niilos no es un cua
. ro qu~ se preste al análisis: en su presencia el ánimo se sient~
i?1pres1onado ante _el _conjunto, yla fuerza misma de esta im res16n ~ace que lasd1stmtas partes componentes del todo colser
muy importantes, aparezcan como elemento secundari~
e ~err~ pued~ es~ar satisfecho: á los entusiastas apla~sos del
x raniero se an Juntado ahora los aplausos d
.
menos entusiastas é indudablemente mucho máse carmosos.
su .eatna, no
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante &lt;:).e Vichy

u

N CONSEJO POR DIA. - La estación resent~ causa v~rdaderos desastres en las epidermis sfosibles: la _piel se ~ta, se en,ojece y se arruga continuamente
Para eVJtm- estos disgustos hay que emplear para el rostro y Ja~
manos la CREMA SrnóN, cold-cream tónico y calmante cu os
efectos son maravillosos. Ensayarla una vez es adopta,;l YS
•**
halla este product? rue de Provence, 36, Parls, y en ~~d~
Atenas. Nuevo palacio para Exposiciones 6partes; pero_ es preciso guardarse de las falsificaciones bajo 110111•
(Zappeion). La Universidad, obra del arquitec- res extran;eros.
to dinamarqués Hausen. De fotografías. - El sentimiento artístico que tantas maravillas creara en la antigua GreJABON REAL
JABON
cia no.ha sido todavía vencido, ni es fácil que lo sea, en esa
lucha mcesante que hasta en las esferas del arte empuja hacia DETHAIDACE
VELOUTIN E
la evolución y hacia el progreso. Y es que lo verdaderamente ....uua JII &amp;11áriut11 ■141..-...pm 1&amp; 11(11r (e.)&amp; Plll J IIIJIA--4,I.Cfllr
grande se perpetúa, sin que las grandezas de hoy hagan pali-

¡v.i:.oLETJ.
2,,;;:,=Íuu

NúMERO

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

488

EL MARIDO DE JACOBITA
NOVELA ORIGINAL DE ANDRÉS THURIET, ILUSTRADA POR L. MAROLD

(CONTINUACIÓN)

-----------~-----·'---,------------ --------- -----~

que muy vivaracha, contestábale á todo
alegr~mente. El señor de Noirel puso
térmmo á la conversación, advirtiendo que iban á dar las once· el agregado expresó el sentimiento que esta noti~ia le causaba, y _d~spués de despedirse, los dos pans1enses bajaron al
g~ardarropa á buscar sus pardesús y subieron en un coche que los condujo directamente á la estación del ferrocarril.
E~ señor de Noirel permanecía silencioso, porque no estaba nada contento d~l éxito de su qermana y temía
á cad~ mstante que su compañero le
anunciara que prefería decididamente
permanecer soltero. Por Jo mismo fué
~ás agr_~dable su sorpresa cuando Gurgis le d!Jº, estrechándole la mano:
- Mi querido Noirel, estoy muy contento del buen rato que acabo de pasar, y le agradezco sinceramente que haya pensado en mí respecto á su señora
hermana ... Es sencilla, natural y amable... Si yo no la desagrado mucho me
~onrará aceptándome por esposo..: Ya
t1e~e usted mi palabra, y el enlace se
verificará cuando usted guste.
Aunque esta declaración complacía muc?o á. Rogerio, en su interior
_ sentía_ cierta inquietud, y preguntóse
de nuevo ~1 Gurgis habría tomado una persona
por otra Y, s1. s~ honradez no le obligaba á evitar to~o error, m~1st1endo con más precisión sobre la identidad de la Joven, q~e ~abía seducido· al agregado;
mas el _temo~ de perJudicar á su hermana triunfó de
este ~nmer impulso generoso, inspirando á Noirel
reflexione~ más eg?ístas. «Después de todo, pensó,
yo le hab1a advertido lo bastante; si hay quidpro quo,
n? será por culpa mía; y por otra parte, aun supon~endo que se haya engañado, el error le saldrá á la
vista cuando vaya á visitará mi hermana á Val-Dor~a~t. Entonces, si se arrepiente, le será posible de~1dir?e.&gt;&gt; Este ar~umento, más especioso que leal, le
mduJO _á no pr~c1s~r nada más; y con una reserva del
todo diplo.mát1ca limitóse á decir que se daría por
conte~to si todo se ar!eg~aba ~ gusto de ambas partes.
- Sm embar~o,. anad16, siendo el matrimonio un
asunto muy seno, importa que reflexionemos detenidamente cada cual por nuestra parte antes de comprornetern~s· f~rmalmente. No he tenido tiempo de
mterroga_r ~ mi hermana esta noche, y no conozco
sus sentl~mentos; pero mañana le escribiré, y si su
contestación es favorable, entonces, amigo mío arreglaremos el ª?unto, y nadie se alegrará más q~e yo .
de que tan fe]lzmente termine.
i

·-

..:

.

Y vieron junto á la barrera el coche que la señorita de Noirel había enviado ...

Al ver al amigo de Rogerio, Jacobita sinti6 latir escrúpulo, añadió: sobre todo, que no haya error;
su corazón; y pareci6le imponente el aspecto de mi hermana es la que está sentada más cerca de la
aquel caballero cuyo frac negro realzaba sus formas palmera.
Gurgis apeló nuevamente á su monóculo para mielegantes y cuyo blanco chaleco sentaba muy bien
rar
á las dos damas, á fin de asegurarse de la identien su ancho pecho. Hasta pareci6le que su calvicie
le comunicaba cierta seriedad y distinción, y sola- dad de su futura novia; mas en aquel momento, un
mente la idea de que se lo presentaran la impresionó grupo de convidados le impidió ver la fila de asientos en donde aquélla estaba; íbase á bailar un rigo'profundamente.
- Mire usted, dijo Rogerio á Gurgis, de aquellas dón, y fué preciso esperar á que terminase para atrados señoras que visten de blanco y están sentadas vesar la sala de baile. Cuando pudieron abrirse paso
en un ángulo junto á la palmera, la más joven es mi entre la multitud, resultó que la señorita de Noirel
y su amiga, que acababan de bailar, habían cambiahermana.
do
de sitio; de modo que la de Longeaux hallábase
Gurgis colocóse el monóculo y miró en la dirección
ahora
sentada junto á la palmera.
indicada; á primera vista, la señora de Longeaux,
- Señoras, comenzó á decir Noirel, permítanme
con su vivacidad, su gracioso tocado y su esbeltez,
parecióle la más joven; así es que dignándo~e ape- presentarles á uno de mis buenos amigos, el señor
nas mirar á la dama morena, coronada de violetas, Antonio de Gurgis, agregado del Ministerio de Esfijó toda su atención en la rubia, que le produjo un tado ... Amigo mío, añadió, la señorita de Noirel, mi
hermana, y la señora de Longeaux, su amiga.
.efecto agradable.
.
.
.
Gurgis se inclinó ante las dos jóvenes, pero reser- ¿Qué le parece?, preguntó Rogeno con cierta mvando sus saludos más amables para la de Longeaux,
quietud.
en la que veía decididamente la mujer con quien
- Muy bien; á decir verdad, no deja de tener en- querían casarle. Era tan vivaracha y parecía tan jocanto.
ven, que no le ocurrió ni un momento que pudiera
- Me alegro mucho de que le agra~e, repuso. el estar ya casada; la otra, por el contrario, con sus esseñor de Noirel, aunque algo sorprendido de la in- pesas cejas, su color moreno y su pesada corona, resdulgencia de su compañero ... Voy á saludar~ esas pondía demasiado bien á la idea que se había forseñoras para advertirles nuestra llegada ... Espereme mado de un rodrigón para que no persistiese en su
usted en esta puerta; volveré á buscarle de aquí á error. Por otra parte, la señora de Longeaux, aficiopocos minutos.
nada á coquetear y que se proponía halagar al preAsí diciendo, atravesó entre la multitud de fracs tendiente, habló la primera, preguntando al señor de
negros y fué á saludar á las dos amigas. Despué~ d~l Gurgis qué impresiones podía producir en un paricambio de cumplidos y de apretones de mano, mch- siense un baile de provincia. Entablada la conversan6se hacia su hermana y murmuró:
.
ción, la señorita de Noirel, sumamente impresionada
- El amigo de que te hablé, el señor q-urgis, ~stá no hacía má¡; que abanicarse y sonreir torpemente'
aquí ... Ya te ha visto, y la primera impresión ha sido y aunque Rogerio se esforzaba para hacerla toma;
buena ... ¡Sé amable!
. parte en aquélla, solamente respondía con raros moY se aleJ· 6 de su hermana observando con enoJ0 nosílabos, bajan~o la vista. El señor de Gurgis, por
' esto obscurec1a.
' rnás
que se sonrojaba mucho y que
lo demás, no hacia de ella el menor caso; sus mirasu tez. A los pocos minutos reuni6se co_n G~rgis.
das y cumplidos eran para la señora de Longeaux,
- ¡Venga usted!, le dijo, y como s1 tuviera un

II
No _se hizo esperar largo tiempo la contestación de
Jaco~1ta, l~ c~al .no ocultó á su hermano que el señor
Gurg1s la mhm1daba y le parecía algo I\laduro· pero
que en suma, atendidos sus buenos modales 'su talento y distinción, se ?º~raba mucho con ~l paso
que había dado y le mvitaba á ir á Val-Dormant
donde se complacería en recibirle con Rogerio
'
Al señ?r Gu~gis le agradaba redondear pronto los
asunt?s; 1mpac1ente por recibir cuanto antes su nombramien~o, y enemigo además del campo, agradábale poco ir dos veces á Val-Dormant, una para hacer
la ~orte Y ?tra para casarse. Apenas el señor de
Noirel l~ dió conocimiento de la misiva de su hermana, d1Jo 9-ue co~sideraba aquella respuesta como
una aceptac16n tácita, y suplicó á su futuro cuñado
q~e apresurase las cosas de la manera más convemente para abreviar el tiempo de prueba á que se le
q~ería someter., En cuanto á él, añadió, habíase anticipado ya, tema s_us papeles corrientes y deseaba
que. las amonestaciones se publicaran lo más pronto
posible.
Para desc~rg~r su conciencia, Rogerio hizo alguna
p~udente obJec16n; mas ante las instancias de Gurgis, pensó haber cumplido estrictamente con su de-

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

ber, y escribió á su hermana para manifestarle los
justos deseos de su futuro. Jacobita, puesta así S!ntre
la espada y la pared, pasó por todo, y en su consecuencia se publicaron las primeras amonestaciones,
El novio había remitido ya á la joven un enorme
ramo de rosas y lilas, con una galante epístola, por
haber comprendido su impaciencia, anunciando al
mismo tiempo su próxima llegada. Los envíos de
flores se siguieron de dos en dos días, y después,
una mañana antes de la fecha señalada, Rogerio y
Gurgis emprendieron la marcha hacia Val-Dormant.
Durante el trayecto, los papeles cambiaron aparentemente: Gurgis se mostró muy expansivo; su
suerte se había decidido, el matrimonio le atemorizaba menos, y pensaba con cierto placer que iba á
ser comprendido en la primera promoción. Noirel,
por el contrario, parecía preocupado, y preguntábase
con cierta confusa sensación de malestar qué resultaría de la primera entrevista de los dos novios. Si
Gurgis era víctima de un quid pro quo, como lo temía, y si realmente tomó á la señora de Longeaux
por Jacobita en el baile de Dijón, ¿qué cara pondría al
reconocer su error? El agregado, á decir :verdad, era
bastante filósofo y además ambicioso; mas por filósofo que sea un hombre y por mucho que le hala:
gue la expectativa de un consulado, estas sorpresas
son de aquellas que no se resigna uno fácilmente,
y que nunca se perdon¡m. Gur~s podía enfadarse,

a

¿Pero si no me C!!So... , seré c6nsul?

recriminar", dar escándalo; y en tal hipótesis, ¿cuál sería la situación de la pobre señorita de Noirel? ...
Además del digusto producido por haber fracasado
el matrimonio, la joven tendría la mortificación de
ser objeto de las hablillas del país. Rogerio comenzaba á experimentar un remordimiento, diciéndose
que para ser diplomático había obrado con deplorable ligereza ... «Felizmente, decíase para consolarse,
tengo á Gurgis sujeto por su consulado, y esto me
permitirá humillarle si es demasiado díscolo.»
A la caída de la tarde, apeáronse los dos amigos
en la estación más próxima á Val-Dormant, y vieron
junto á la barrera el coche que la señorita de Noirel
había enviado parn Jo$ viajeros: era una v~n~rnble

NúMERO

488

berlina pintada de verde aceituna y forrada en el do una alegría nerviosa, Santiaguillo es prudente y,
interior de terciopelo amaranto; dos caballos de la- como los gatos, ve de noche.
Al fin el coche salió de las tinieblas; los caballos,
bor constituían el tiro, y en el pescante estaba un
cochero de blusa, cubierta la cabeza con un som- husmeando la cuadra, comenzaron á trotar, y muy
brero viejo. Al ver aquel antiguo vehículo, que data- pronto los viajeros se detuvieron ante una fachada
ba por lo menos del reinado de Luis XVIII y cuyo con gradería desnuda, á cuyo pie veíase una sirvienta
estribo de varios peldaños facilitaban mal la subida, con un farol en la mano.
- ¿Es usted el señor Rogerio?, preguntó la aldeana
Gurgis frunció ligeramente el entrecejo, dejando vagar en sus labios una sonrisa irónica, que Rogerio con el acento lánguido propio del país.
- Sí, Catalinilla, somos nosotros, contestó Noirel,
sorprendió al vuelo.
- No es muy cómodo que digamos, dijo en tono abriendo la portezuela y ayudando á su compañero
de broma; pero amigo mío, estamos en un país de á bajar.
- ¡Gracias á Dios!... Os habéis retardado ufi poco,
costumbres sencillas, donde se rinde culto á las antigüedades y se persiste en conservar las costum- y la señorita comenzaba á inquietarse... Ahora está
bres, aunque sean molestas ... Por otra parte, mi her- en el salón esperando á ustedes.
Gurgis, siguiendo á Rogerio, penetró en un espamana sale tan poco, que nunca ha pensado en renovar sus trenes.
cioso vestíbulo, con pavimento de baldosas blancas
Con ayuda del mozo de la estación, el cochero y negras, iluminado por la débil claridad de una lampudo cargar los cofres y las maletas de los dos amigos parilla colocada sobre una consola. En aquella semien la trasera de la berlina, sujetándolos por medio obscuridad distinguíase á la derecha una escalera de
de cuerdas laboriosamente anudadas; después dió un piedra que conducía al primer piso; las paredes estaban empapadas de humedad, y al entrar allí sentíase
latigazo á lps caballos y el coche partió.
Tocaba á su fin el mes de marzo, estación detes- un vaho glacial que se metía hasta los huesos. La
table en aquel país montañoso y cubierto de bosque; criada abrió la puerta y gritó con su voz más chidurante parte del día, una lluvia glacial había llena- llona:
- ¡Señorita, aquí están los señores!
do de agua los barrancos, inundando el camino, y
El salón, sombrío y de techo alto, no estaba ilulas ruedas del carruaje se hundían pesadamente. Bajo
un cielo nebuloso, de color plomizo, la luz del día minado aún más que por la reverberación de la chique declinaba reflejábase en las menea, donde chisporroteaban algunos leños. Bien
charcas formadas en los surcos de fuera por timidez ó por coquetería, la joven había
las ruedas, y veíase un largo cami- escogido para la primera entrevista aquella luz dudono semejante á una inmensa faja, sa en la que la escasa claridad del crepúsculo y el
extendiéndose entre campos pe- resplandor del fuego comunicaban un carácter de
dregosos que encuadraban á lo misteriosa vaguedad á las cosas y las personas.
- Buenas tardes, señores, dijo la señorita de Noilejos obscuros linderos de bosque.
El vehículo crujía, las ruedas re- rel con mucha cordialidad, vengan ustedes á sentarse.
chinaban y un viento huracanado Sin duda estarán rendidos.
Al oir aquella voz, muy dulce, aunque algo temsilbaba contra las portezuelas, introduciéndose por los intersticios blorosa, el señor de Gurgis se estremeció, y luego,
escudriñando con la mirada la penumbra del salón,
de los vidrios mal unidos.
- ¡Brr!, murmuró Gurgis, ta- vió en un ángulo la confusa silueta de una mujer
pándose con un capote; hace fres- joven que en nada se parecía á su interlocutora del
quito en este país, amigo N oirel. baile de la prefectura.
En el mismo instante Catalinilla entró con la luz;
- Sí, contestó Rogerio á manera de excusa, el clima es un el señor de Noirel se había acercado á su hermana
para abrazarla y atraíala hacia su compañero de
poco áspero.
- El clima ... y el paisaje tam· viaje.
- Mi querido Gurgis, comenzó á decir, no necesito
bién... En fin, ya nos calentarepresentar
á usted á mi hermana .. . Y hasta creo que
mos en el castillo.
En la imaginación de aquel al punto á que han llegado las cosas no hay inconveparisiense, que no había ido nun- niente en dar un abrazo á su futura .. .
Gurgis pudo reconocer perfectamente que aque_lla
ca más allá de Versalles y Fontai·
nebleau, el término &lt;&lt;castillo» su- futura no era en modo alguno la vivaracha rubia del
ponía todo un conjunto lujoso y baile, sino la robusta morena coronada de violetas, á
mundano: verja monumental de la que apenas había mirado. Entonces torció el gesto
hierro, flanqueada por los cómo· y en sus ojos se reveló un repentino asombro; pero
dos pabellones del jardinero y como tenía demasiada educación para manifestar su
del conserje; avenida graciosa- contrariedad, inclinóse, tomó la mano de Jacobita,
mente enarenada, con mecheros depositó en ella un frío beso, é irguióse murmurande gas de trecho en trecho~ pra· do algunas palabras corteses, después de lo cual reidos, estanques en que se reflejaba nó profundo silencio en la sala.
Rogerio había observado la alteración de la fisouna fachada de estilo Luis XIV,
cuyas líneas de ventanas iluminá- nomía del novio;comprendió que era inminente una
banse al cerrar la noche, y laca- explicación, y para evitar que se diera delante de su
'
yos de calzón corto en el peristilo hermana, apresuróse á cortar por lo sano.
- Amiga mía, dijo, Gurgis y yo necesitamos sacuque conducía al gran salón con
sus brillantes chimeneas. Gurgis dir el polvo del viaje y arreglarnos un poco ... Permíhubo de rebajar mucho de todo tenos que te dejemos sola un momento, y di á Cataeste conjunto cuando, al salir de linilla que nos conduzca á nuestras habitaciones.
- Ciertamente, contestó la señorita de Noirel, tiChamplain, Rogerio abriendo una
de las ventanillas del coche mos- rando del cordón de la campanilla; no comeremos
tróle la vaga silueta del castillo antes de las siete, y les quedará bastante tiempo para
destacándose bajo un cielo más cambiar de traje... Catalinilla, añadió, dirigiéndose á
la criada que acababa de entrar, conduce al señor
claro.
Gurgis y á mi hermano á sus aposentos, y cuídate de
- Eso es Val-Dormant, dijo.
- ¿Dónde está?, preguntó Gur- que el fuego de las chimeneas arda bien... ¡Hasta
gis, abriendo los ojos cuanto le luego, señores!
Gurgis se inclinó de nuevo, y al volverse para sefué posible.
- A la derecha, en el bosque... guir á Noirel pasó junto á un velador en el cual pudo
allí donde apuntan aquellas dos ver su último ramo, que se ostentaba en un jarrón
torrecillas en forma de apaga- de cristal azul.
Aquel ramo acrecentó más su irritación latente, y
luces.
- ¡Ah! ... Muy hien ... ya lo veo, balbuceó Gurgis, reprimiendo la cólera franqueó la «¡!Scalera del primer
piso, acompañando á Rogerio hasta su hal)itación.
completamente dPsilusionado:
Peor fué cuando el coche, después de franquear Después, cuando Catalinilla hubo desaparecido, planpenosamente las rampas de la cuesta, pasó entre dos tóse delante de su compañero con los brazos cruzapilares de piedra gris, y se internó, tambaleándose, en dos, los labios oprimidos y la mirada furibunda.
- Oiga, señor Noirel, dijo, dando al fin libre curso
la obscura avenida de los pinabetes. Unas veces las
ruedas pasaban sobre grandes piedras, y otras se hun- á su enojo, ¿se burla usted de mí? ¿Se trata de una
dían en barrizales, de los que saltaban las gotas de broma ó de una apuesta? ¿Es realmente hermana de
cieno, aplastándose contra los vidrios de la ber- usted la persona que acabo de ver?
- ¿Por qué me pregunta usted eso?, replicó Rogelina.
- ¡Diablo, exclamó Gurgis con cierta inquietud, rio sin desconcertarse. ¿No se la presenté la otra nono se ve nada y no extrañaría que el coche volcara che en el baile?
- Usted me presentó dos damas, repuso Gurgis
en algún barranco!
- No tenga usted cuidado, replicó N oirel afectan- descomponiéndose; una bastante bella, y otra de la

NúMERO

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

pusieran á su disposición, era muy tarde,
y l&lt;!ls caballos estarían demasiado rendi·
dos para que le fuese dado marchar inmediatamente. En su consecuencia, no
había más remedio que diferir la partida
hasta la mañana siguiente, y por lo tanto
aceptar aquella noche la mesa y la hospitalidad de la señorita de Noirel. En tales condiciones, la necesidad le obligaba
á disimular su mal humor y á bajar á comer en compañía de aquel Rogerio traidor, conduciéndose de manera que no
ofendiese el amor propio de la señora de
la casa.
Mientras se entregaba á estas penosas
reflexiones, Rogerio abría su maleta con
aire indiferente, sacaba ropa blanca y
otro traje, y comenzaba á vestirse. Al desempaquetar sus peines y cepiJ!os volvió la
cabeza para mirar al meditabundo Gurgis.
- Vamos, le dijo, ¿qué decide usted?
- Nada, contestó el agregado, dejando
escapar un suspiro, esperaré el día de
mañana y me aguantaré hasta entonces.
- ¡Corriente!... En tal caso, apresúrese usted á cambiar de traje, porque ya
son las seis y media.
A las siete bajaron al salón, donde ya
esperaba la señorita de Noirel en compañía de un recién venido, el cura de Champlain, eclesiástico de media edad, redon·
do como una manzana y de semblante
rollizo. Al ver aquel cuarto convidado,
Gurgis sintió cierto alivio, pues la pre·
senda del sacerdote impedía que la comida tuviese un carácter demasiado ínti
mo, debiendo mantenerse la conversación en un tono trivialmente ceremonioso, lo cual tranquilizaba más á Gurgis.
Apenas fueron presentados al cura los dos
parisienses, pasaron todos al comedor.
Esta habitación, como el vestíbulo,
tenía el pavimento de baldosas negras y
blancas, con una estera debajo de la me·
sa. En un nicho de estuco, una estufa de
loza azul, encendida á última hora, caldeaba muy rpedianamente la atmósfera
helada; las paredes estaban revestidas
de un papel verde con adornos que
pedirle satisfacción de ese rompimien- figuraban canastillas de flores pintadas en cada
uno de los tableros divididos por columnas igualto injurioso.
- ¡AltQ aquí, caballero!, exclamó mente floridas; un barómetro de madera dorada,
Gurgis exasperado. Como u·s ted gus- puesto sobre una consola entre las dos ventanas
te ... ¡Desde ahora estoy á sus ór- con cortinillas de cretona; un aparador cargado de
vajilla, y en el centro de cada división de la pared
denes!
- Amigo mío, replicó Noirel, usted astas de ciervo alternadas con cabezas de corzo,
se arrebata, y la cólera es mala con- constituían el único y frío decorado de aquella estansejera ... Cuando uno de nosotros ha- cia que produjo en Gurgis el más desagradable efecya recibido una estocada, ¿habrá usted to.' El mantel adamascado deslumbraba por la briganado algo? Reflexione que su nom- llantez que en él sacara la plancha; el servicio de
bramiento no está firmado aún, y que porcelana blanca era sencillo· como el de una mesa
de mí depende que lo firmen. Pre- redonda, y los platos estaban coloea~os sobre calengúntese si no será mejor, en su in- tadores de plaqué, cuyo plateado de1aba ya ver, por
terés propio, no promover un escán- efecto del uso, el color rojizo del cobre. Dos lámpaMi querido Gurgis, no necesito presentar d. V. á mi hermana...
dalo, aceptar una posición muy honro- ras en forma de urna iluminaban lúgubremente aquesa, y casarse con mi hermana, que es lla estancia demasiado grande, y todo este conjunto
una
excelente
joven.
La belleza corporal es poca cosa; tenía un aspecto rústico deplorable que repugnaba al
cual no diré nada por política .. No _se me ocurrió_ ni
al
eabo
de
ocho
días
de matrimonio olvidará usted parisiense. Sentado á la izquierda de la señorita de
un momento dudar de que la más lmda era la senolas facciones irregulares de su ·mujer para no ver más Noirel, que tenía al cura á su derecha, examinábala
rita de Noirel.
á hurtadillas mientras servía á los convidados. Lleva- Permítame usted, no exageremos ... Si uste~ se que sus buenas cualidades .. . Yo le aseguro á usted
ba un vestido de casimir gris con nudos y cintas de
que
las
tiene,
y
verdaderas,
sin
contar
que
es
joven,
ha equivocado, no ha sido por falta de adv~rtenc1a...
color pensamiento, y este traje de medio luto no fa.
fresca
y
sana
como
la
fruta
más
hermosa
...
Vamos,
y hasta recuerdo que para evitar todo qut'd ~ro quo
vorecía seguramente el físico de la joven, cuyos cale precisé el sitio que mi hermana ocupaba Junto á Gurgis, veo que está usted en malas disposiciones
para tomar una determinación tan grave ... Tómese bellos rebeldes al peine que quiso alisarlos se escapauna palmera.
.
- ¡Diantre de palmera!. .. No ha servido más que usted tiempo para reflexionar, y hasta que lo haya ban en rústicos y nada graciosos mechones. A Gurgis
le pareció la dama demasiado corpulenta y con expara embrollarme, y la pru~ba _es que ~urante todo hecho mantengámonos en el statu quo ante bellum ...
ceso varonil, y al ver sus manos coloradas, decíase
Mañana
á
primera
hora,
si
lo
tiene
á
hien,
trataremos
el tiempo hablé con la rubia, sm ca~biar tres palapara sus adentros que jamás podría acostumbrarse á
bras siquiera con la persona que abaJO nos espera.. • el asunto con calma ... Solamente le ruego que por
semejante figura. La señorita de Noirel, adivinando
esta
noche
disimule
su
mal
humor,
á
fin
de
que
mi
Esto solo debiera baber hecho comprender á usted
que la observaban, sentíase turbada y cometía más
hermana
no
se
percate
de
cosa
alguna
durante
la
mi equivocación, y habría sido leal advertirme cuantorpezas que nunca. La comida era abundante; pescomida ...
do vió que yo me engañaba....
cado,
caza, pastel con gelatina, conservas de legumEn
toda
discusión,
como
es
sabido,
el
que
con· - ¿Cómo podía yo suponer semejante cosa?... ¿~o
bres, todo en excesiva abundancia. Los vinos de Borserva
la
calma
tiene
una
ventaja
decidida
sobre
el
le dije á usted que mi hermana era morena?, replicó
otro; y á pesar de su irritación, Gurgis sintió que los goña eran rancios y de primera clase, pero precisaNoirel con aplomo.
.
argumentos
de Noirel penetraban como una ducha mente Gurgis no bebía más que Burdeos, á causa
- ¿Morena?... ¡El diablo me lleve si recuerdo que
fría en su cerebro enardecido: poco á poco recobró de aquejarle un principio de gota; de modo que se
me haya usted dado tal detalle!
la reflexión: habíanle hecho caer en un lazo; esto era mostró insensible al aroma del Chambertin. A pesar
- •Lo siento mucho!... Mas en el punto en qu e
1
positivo, pero debía escapar de él, y en esto comen- de la ruda alegría del cura y de los chistes de Roge.
ta
ma
a
1
d
están las cosas, no veo medio de reme 1ar es
zaban las dificultades prácticas. En su indignación, rio de Noirel, que hacía todos los esfuerzos imaginainteligencia.
bles para animar la conversación, ni una sola sonrisa
- ¿Se chancea usted?... Hay error sobre la perso- Gurgis juraba no permanecer un cuarto de hora más
en Val-Dormant, pero al pensar en los medios de entreabrió los labios del parisiense, y la comida le
na y por lo tanto retiro mi palabra.
d d
'_ No me chanceo, repuso Noirel con seqne ª ; ejecución, érale forzoso reconocer que el castillo es- pareció interminable.
taba á tres leguas de la estación más próxima, y que
usted solicitó la mano de mi hermana; á pesar_d~
á menos de caminar á pie, lo cual le hacía muy poca
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
·
't
·
ó
poco
JUl·
mis consejos, obró con una prec1pi aci n .
gracia, no podía obtener más coche que aquel en que
s
st
1
ciosa; ahora están publicadas las amone ªc o!1e , Y
había venido. Ahora bien: aun suponiendo que lo
(Continuará)
si usted se desdice, no me quedaría más remedw que

�LA
SECCIÓN CIENTÍFICA
PURIFICACIÓN DE LAS AGUAS
PARA LA ALIMENTACIÓN DE LAS POBLACIONES
LA FILTRACIÓN

Necesidad de la purificación artificial de las aguas.
- Las exigencias cada vez mayores de los habitantes de las poblaciones en lo que á las aguas potables
se refier~ y los trabajos de los higienistas demostrando la importancia de la pureza de las mismas y los

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

488

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LA

Además las -materias muy tenues se depositan muy
lentamente, y con frecuencia la clarificación completa exigiría tanto tiempo y depósitos tales, que el gasto sería inmenso. Este procedimiento es, sin embargo, un poderoso auxiliar de los demás cuyo trabajo
facilita mucho.
Filtración natural. - Cuando un río pasa por un
terreno arenoso, se abren galerías paralelas á la orilla
y á cierta distancia de ésta. Aunque á veces las aguas
llegan á aquéllas bastante puras, este sistema es sólo
practicable en determinadas circunstancias locales y

Fig. t. Sistema de filtros establecidos en Varsovia, por M. Lindley

peligros que ofrecen ciertas aguas contaminadas, aun- ¡ ofrece poca seguridad. Por efecto de la filtración
que en apariencia puras, han despertado gran inte- misma el filtro se obstruye, el caudal disminuye y la
rés hacia el problema de la alimentación de las ciu- limpieza se hace imposible y hay que prolongar indades. Para satisfacer las necesidades de éstas se cesantemente las galerías. Sólo en muy pocos casos
echa mano en primer lugar de los recursos naturales, la corriente del río renueva naturalmente las capas
como manantiales, capas subterráneas; pero tales me- superficiales del filtro. Este sistema es, pues, por lo
dios no bastar! en las poblaciones grandes ó en las general poco recomendable.
que están mal situadas.
Filtración. artificial. - Para el empleo de este proLas costumbres de la población pueden facilitar cedimiento es muy útil la decantación previa, cuyos
en alto grado la solución del problema: Amsterdam, gastos se compensan con la obstrucción menos rápida
por ejemplo, se contenta con
de los filtros y las economías en la limpieza. El agua
47 litros por día y habitante,
~_,..,,,..,.,.,...,
permanece en los depósitos de mampostería (de 2 á
mientras que Marsella nece5 metros de profundidad y de volumen calculado para
sita 450 y Lyón no se consique el agua se estanque en ellos de doce horas áquindera suficientemente atendido
ce días, según los casos) entrando por un extremo y
con 140. En París el volumen
saliendo por otro, y merced á los orificios convenientotal de agua distribuída es de
temente dispuestos circula recta y regularmente por
220. Para las poblaciones de
toda la extensión deaquéllos. Para la filtración propia30.000 habitantes se estima
mente dicha se coloca en los depósitos una capa de
útil un volumen de 1oo á 200 Fig. 2 • Filtraci6n por guijarros gruesos, sobre ésta otra de guijarros má9 pelitros por día y habitante; para
la arena
queños, luego casquijo cada vez más fino y por fin areotras de más importancia se
na gruesa, procurando que el espesor total sea de 0'70
creen necesarios 300, pudiendo naturalmente estos metros á I metro: encima de todo ello se dispone
volúmenes variar con las circunstancias que en cada una capa de arena fina de 0·60 á 1'20 metros de espoblación concurran.
pesor (fig. 2). Cuando el filtro se obstruye se raspa
Algunas ciudades, como París y Francfort en el la capa superior en un espesor de 3 á 5 centímetros
Mein, han apelado á lá doble canalización: una red cada vez hasta que la capa de arena fina queda repara los habitantes alimentada con agua lo más pura &lt;lucida á 0'30 metros: entonces se devuelve á ésta su
posible y otra con agua de río, más ó menos impura, espesor primitivo añadiendo nueva arena y volviendo
para regar las calles y limpiar las cloacas y para di- á colocar la que se había sacado, después de haberla
versos usos ind1,1striales, con lo que el cubo de agua lavado.
pura queda notablemente reducido. Y no falta quien
El espesor de la capa contaminada no pasa de
ha propuesto extender al interior de las casas esa doble canalización reservando el agua potable para la
alimentación y la menos pura para la limpieza, mas
este. sistema presenta graves inconvenientes.
Pero sean cuales fueren los medios empleados para restringí~ el consumo del agua potable, siempre
se presentarán casos en que habrá escasez de agua
naturalmente potable: tal sucede en París y poblaciones vecinas y en Amberes, donde los manantiales
están á enorme distancia y las capas de agua subterránea resultan á menudo contaminadas. La purificación de las aguas de río se impone, pues, en un gran
número de municipalidades.
De los procedimientos hasta ahora empleados nos
ocuparemos en los que han dado lugar á aplicacioFig. 3. Regulador automático de Varsovia
nes importantes y grandiosas, examinando especialmente el inventado hace algunos años por Mr: Anderson, que se utiliza en Amberes desde 1885 y que 0'5 metros,de modo que si se da mayor espesorála
ha sido recientemente ensayado en Boulogne-sur-Mer. capa de arena fina es para que puedan practicarse
Decantación. - La decantación, sistema seguido en más raspaduras sin necesidad de añadir nueva arena.
Marsella, permite eliminar las materias minerales y Las capas inferiores sólo sirven de sustentáculo y
orgánicas en suspensión, pero por sí sola no elimina para facilitar la salida del agua filtrada.
las materias disueltas, que son las más peligrosas.
Los estanques de filtración pueden ser abovedados,

mereciendo citarse en esta clase los filtros de Varso·
via (fig. 1) construídos por M. Lindley, ingeniero
jefe de las obras municipales de Francfort en el
Mein. Los b6vedas suponen gran aumento de gasto,
pero en cambio evitan las interrupciones del servicio
en las heladas de invierno y protegen las aguas contra la elevación excesiva de la temperatura en verano
y contra el desarrollo de organismos animales ó vegetales, que exige limpias más frecuentes.
La experiencia ha demostrado que para obtener
resultados satisfactorios los filtros no han de dar más
de 1 '8 á 3 metros cúbicos, ó sea un término medio
de 2'5, por meti;.o cuadrado y veinticuatro lroras, lo
cual puede lograrse por medio de compuertas que
regulen el paso del agua á' la entrada y á la salida de
los filtros. La presión ejercida por el paso del agua
al través del filtro debe ser tanto mayor cuanto más
tiempo haga que no se ha limpiado aquél. Puede lograrse tambi~n este resultado por medio del regulador automático establecido por M. Lindley en Varsovia (fig. 3). En él a es el conducto que comunica
con la parte inferior de los filtros, b un tubo que va
al depósito del agua filtrada y c otro tubo que puede
deslizarse á lo larg0 del anterior, en el que se ajusta
perfectamente; dd son los flotadores que sostienen
el tubo c, el cual tiene varios agujeros ee. Calculando
las dimensiones de éstos y su posición con relación
al flotador, se logrará que suministren un volumen
dado, cualquiera que sea el nivel del agua en la cá
mara del regulador. Si la cantidad suministrada por
el filtro es menor que la proporcionada por el regulador, el nivel del agua descenderá en la cámara de
éste, aumentando así la presión bajo la cual el filtro
fu_nciona y por consíguiente el volumen por el mismo
suministrado, y viceversa.
. Es bueno, además, en el momento de las l:mpias
dejar que el filtro se enjugue bien, de modo 1;11e el
aire penetre en la copa filtradora, pues el oxlgc::no
ejerce, al parecer, saludable influencia en la purificación destruyendo las materias orgánicas y organizadas. El experimento llevado á cabo por el servicio
municipal de París y descrito por el ingeniero jefe
Mr. Bechmann en el Congreso para la utilización de
las aguas pluviales celebrado en dicha capital en
1889, demostró los buenos efectos de la aereación. En
una caja ·de 2 metros de alto, cuya sección es un cuadrado de 0'20 metros por lado, llena de arena de la
llanura de Gennevilliers, se echa todos los días un litro de agua de cloaca, y en diez años que sin interrupción viene verificándose este experimento la fil.
tración se efectúa sin que haya sido necesario proceder una sola vez á la limpia. La cantidad suministrada corresponde á un volumen de 0'025 metros cúbicos por metro cuadrado y día, en vez de los 2'500
que es la cifra media adoptada en las instalaciones
inglesas y alemanas; pero hay que tener en cuenta
que en éstas la limpia se impone en intervalos de cinco á treinta días, ó sea setecientas veinte á ciento
veinte en diez años para una producción cien veces
mayor que en el experimento citado y con aguas incomparablemente menos impuras. Han pasado, pues,
por el filtro del experimento y en igualdad de superficie de 1'2 vez á 7'2 veces el volumen que pueden
suministrar los otros filtros entre dos limpias, á pesar
del mayor grado de impureza de las aguas.
Véase, por consiguiente, hasta qué punto la aereación facilita la purificación de las aguas. Este sistema
se practica imperfectamente en Londres.
Cuando un filtro ha quedado en seco, es muy conveniente llenarlo por debajo con agua ya filtrada: una
vez cubierta enteramente de agua la arena, se echa
por encima agua no filtrada y se deja que se forme
un primer depósito en la superficie de la arena antes
de hacer funcionar el filtro, sin lo cual la primer agua
que pasa es ligeramente turbia y los depósitos penetran en la arena á mayor profundidad.
Mediante las precauciones que acabamos de indicar, puede llegarse en la mayoría de los casos á desembarazar el agua de río de las materias en suspensión, así como de las materias orgánicas y de los microorganismos en una proporción tal, que resulta
comparable con las mejores aguas de manantiales. •
Las impurezas que más re~isten á la filtración son
las impurezas de origen vegetal; por ejemplo, las materias que comunican un color amarillento al agua
que ha pasado por un terreno turboso. Estas materias son generalmente poco nocivas, pero el color
que dan al agua produce mala impresión.
En resumen; la filtración por la arena convenientemente practicada, es un recurso allí donde hay escasez de aguas naturales puras. Cuando éstas existen,
pero no pueden ser utilizadas sin grandes gastos,
podrá ser preferible la filtración del agua de río.

P.
(Continuará)

LAURIOL

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

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venta por mayor: co11.1.R y e-, n. Galle de St.-Claude, PARIS
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una' encacia ~rtoélamente compraba en e a - , ..
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BI•DIGISTIVO

Preaorito desde 21S años

~BPÓSITO E1C ~S P~INCIPALES BOTICA.S _

Contra las AFFECCI0NES de las Vlas Digestivas
PARIS, 8, Arenue Victoria, 8, PA R/S
TU TODAS Lü PJUlfOJP.lLSI •~alü.OUI

Las

Pe1101111 qae conocen las

PILDORASi~DEHAUT

illi.9ADESdeIE87o"
tt.\i
-.'4qo

OE: PARIS

ParUclpando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra lns z aorofulu, la
Tiats y la DebUldad de tem'-eramento,
as! como en todos los casos(Pál.tdoa colorea,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 Y!I para
provocar 6 regularizar su curso periódico.

. ~/"./1/?J}s Farmar.enttco, en Para,
~ R u e Bonaparte, 40

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, con•ira lo que sucede con
los demas purgan&amp;es, este no obra bien
sino cuando se foma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el café,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
seuun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anuladoporel efecto de la
buena alimentacion ell}pleada, un
se decide fál:il.mente á ,volver
á'empezar cuantas veces
sea necesario.

Pepsina Bondault
! probada por la !C&amp;DEIU DE IEDrnt!U

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
ldtdt.Jlu on 1&amp;1 Bspoalelonu lntern1clon&amp;lt1 de

PillS - LYOR • TIEII! • PBIUDELPBU • P.lRIS
186'7

187i

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1876

U SDLI&amp; CO!'f IL •1T0t hlTO U LA.e

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;Ot DIIOUIJtll DI U DIGIITIOJl

El loduro de hierro 1m1,uro 6 alterado
, , es un medicamento Infiel é irritan te. _ __ _ _ _ _ _ _ _ _ __
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas Pildoru de Blaiiea.rd,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra ftrm a puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unl6n de
1oa .Fabric1ntea para la represión de lafalslftcaclón.
CLORÓSIS. )SB RALLAN BN TODAS LAS l'illlUCllAS

NB

IIAIO LA PORllA DK

ELIXIR, · de PEPSINA BOIJDAULT
VINO . . de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
ANÉMIA. -

LINFATISMO

PillS, Plwmaoie COLLAS, 1, ne Daapllllt
0

r "' lila prlnt(pal,, fca,.,,..na,,

BI Profo-lodtuo ú Hiuro 11 ,1 re_parador ú 1• a&amp;Dgr■,
ti lonUJcant. , fl mlorobtc1da ,er ezcel,.ncta.
11Jarabe11uGra.jea■ eoa,roto-lo4mtellem ..F.Gllle,
IIO podrlaA "-'°4io f'f-4ado, M f'Ul,i llf tll ,..,... . g,Hm""', IÚ

116 ,,,011,ni&amp;ilUH f

flf III fOlv&amp;il'4tl4 _,~::.:. ti, lol .llo.opllalu},

Dll'ótlT0 Gmmw.: 45, Ru• Vauwtlllers, PA~IS. Depblilo en to4u !U rar■acfu.

AP:IOL
de los o•e• JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/ore,, retraso,, 1upre•
Pero con frecuencia es falsl.flcado.EJ APIOL
verdadero, único eficaz, es el de los Inventores, los Dlt• JORET y HOMOLLE.

,Iones lfe /u Zpooa1, as! como las_p_érd/d11.

CARNE HIERRO y QUINA

ll .A.Um.uto mu f ~ uido a los

'fónico■ mu npandor-.

MEDALLAS Exp., Unir1" LONDRES1862-PA R/81889

Far•• BRU.NT, 150, rae deRlvolf, PARIS

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T OOK TODOS toS nnccma. nnmvoe n u CAIUIB
e••- mme 1- •1JD4.! Dlel afloa de mio COIIUDUldo 1 Ju a1lrmaclonea de
&amp;oau-;;~DenolM 1JM!dicu ~ que ea&amp;&amp; UOCIICIOn de la e..... el BJerN y la
..._ lllt1tuye el repara4ór mu
que ee conoce para curar : la Cklrdlú, la
AINllffjS0fa, JlMltt'IUldOlfG ..,..,, el.OM'ffllfMto 11&amp; J.lt,roelff 41 14 SM11r1,
el -'1"1#0 laa J.flf:t1lJMI IICf'fJ/WOIIII 1 "°"°"tfedl, etc, &amp;l Wlae •ell'l'llst-N de
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81 en' efec&amp;o el Wúco que muie todo lo que en&amp;ona 1 fortalece loa orpnoe,
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desde su principio, por 10s pror~sores

Laenneo Thénard, Guersant, etc.; ha recibido la consagraclon del tiempo• en el

año t829 Óbtuvo el privilegio ae Invención. VERDADERO CONFITE ~E&amp;IPi~~~~onJ~~
de goma 'I d~ allaboles, conviene sobre~toao a las persona
•
,
mUJeree 'I runos. su gusto excelente no perjudica en modo alguno .. su encac1ª,
._ contra 108 RESFRIADOS j todas las IIFLAIUCIONES del PECHO '/ ae los lllTESTIIOS. __.

LOS QUE TEHGAH TOS

LOS RESFRIADOS

y de la cabeza desaparecen
tomeRALES de lá nariz
en mny pocas horas con el
PASTILLAS -~ EC!! por fuerte que RAPÉ NASALINA
del Dr. Andreu Y se ah~iarán ~ uros que casi siemya sea reciente ó crónica,

sea. Sus efectos son tan rápidos { ~ fa primera caja.
pre desaparece la TOS al conc uir
.
utor los Cigarrillos
Para el ASMA prepara el mi~mo ~man al instante.
y Papelee azoados que 0 ca

que prepara el mismo Dr. Andreu.
Su uso es facilisimo y sus efeotos
seguros y rápidos.

PARAtel~erBQQA
SANA, HERMOSA, FUERTE y no padecer dolores
de muelas usen el ELIXIR y los POLVOS de

MENTHOLINA DENTÍFRICA
que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblanquece la
dentadura, fortifica notablemente las encías, evitando
las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agradable perfuma el aliento.

�NúMERO

LA 1LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LIBROS ENVIADOS
Á

Traducida la obra
por el ilustre Jifera·
to D. Antonio Sán·
chez Pérez, nada
hemos de decir de
c6mo resulta la versión castellana.
Los dos tomos de
que se compone este libro, elegantemente editado por
D. Fernando Fe,
de Madrid, se ven·
den al precio de 7
pesetas en las principales librerfas, y
en Barcelona en la
de D. Arturo Sim6n,
Rambla de Canaletas, 5.

ESTA REDACCIÓN
por autores 6tdilores
CORAZÓN

Y

488

BRA·

zo, por D, Pas-

cual Mil/án. - En
esta novela no se ha
• propuesto su autor,
el reputado literato
D. Pascual Millán,
resolver ningún problema, ni sentar ni
defender tesis alguna; ha querido ímicamente, y lo ha lo•
grado por completo,
deleitar al lector con
unaacci6ninteresante y admirablemente
desarrollada y con
personajes huma·
***
nos, naturales en
su modo de ser y 16·
JOVENTUT , PRI·
gicos en sus actos,
MERAS POESfAS, per
todo ello presentado
Bo11avent11ra Bassecon extraordinario
goda. - El conocido
vigor y escrito en el
poeta catalán,
lenguaje castizo que
tantas veces laues proverbial en el
reado en públicos
autor de la tan jus•
certámenes y aplaulamente celebra•
dido en el teatro, ha
da lconografla calpublicado con eso
deroniana,
titulo una colección
La obra es!á pro·
de poesías ca ta lanas
fusamente ilustrada
llenas de inspiración
por artistas de tanrey sentimiento y ar·
conocido mérito comoniosamente versi·
mo Ferrant, Benlliuficadas,
re (D. Marianoydon
Las ha y de todos
José), Unceta, Talos géneros: en e 1
berner, Maura,
amatorio abundan
Marúnez Abades,
los pensamientos
Menéndez Pida!,
tiernos y delicados;
Espina, Campuzaen el religioso resno, Lhardy Cabreplandece la fe más
ra y otros no menos
acendrada, y en el
distinguidos, Ha si•
patriótico, el amor
ESTUDIO DEL PINTOR RODOLFO WIMMER (Véase el articulo en el número 487)
do editada por don
á Cataluña arranca
Fernando Fe, de
á la lira del poeta
Madrid, y se vende
.
. .
,
brillantes imágenes
al precio de 3 pesetas 5océnhmos en las prmc1pales librerías, y en resante, desarrollado en forma de memorias de un emigrante, y enérgicas notas, expresadas con el vigor á que tan bien se
Barcelona en la de D. Arturo Sim6n, Rambla de Canaletas, 5. es una animad!sima y amena narración de viaje, escrita con presta la lengua catalana.
una viveza de estilo que descubre á la legua el origen de su
En suma, el libro del Sr. Bassegoda proporciona al que lo lee
***
autor. El pafs americano con sus riquezas y con sus miserias un rato de grato deleite, y las poesías que contiene son dignas
EN LAS RIBERAS DEL PLATA, por T. Resasco, versión espa• aparece observado con gran profundidad de juicio, y las cos- del nombre de que goza su autor en nuestra literatura regional.
flola de D. Antonio Sánckee Plrez. - Este libro, de asunto inte• tumbres, tipos y lugares están descritos de mano maestra.
Véndese el libro al precio de una peseta.

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA diríjanse pe.re. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Oa.uma.rtin.
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~ ar1&amp;
~=- Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
,

ÜIP, DI MONTANBll. Y SIMÓN

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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