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Ftí~t1ea
ARO X

- - - - -- ~

BARCELONA u DE MAYO DE 1891

EL TOCADO DE LA FAVORITA, cuadro de José Tapiró

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

489

y yertas, para quienes la tierra es como vasto sepulcro, y la vida, sin libertad, sin pensamiento, sin conciencia, como perdurable asfixia. Esta persuasión de
Texto. - Mur;,mraciones europeas, por Emilio Castelar. - La
que eran todas sus facultades inútiles llegó á infunExposición gmeral de Bellas Arles (continuación), por J .
dir en el poeta una glacial indiferencia entre la liberYxart. -Rosa/inda, cuento fantástico del siglo XVII (contitad y la servidumbre, entre el error y la verdad,
nuación), por José Torres Reina. -Nuestros grabados. -Et
entre la reacción y el progreso. ¿Para qué aspiraría
marido de facobita (continuación), novela original de Andrés
la piedra á la inteligencia? ¿Para qué aspiraría al
Theuriet, ilustrada por L. Marold y traducida por E. L.
Verneuill. - SECCIÓN CIENTÍFICA : Purificación de las agttas
calor de la vida? Poco á poco toda noble aspiración
para la alimentación de las poblaciones (conclusión), El purifué ahogada en aquel corazón, toda idea fué muerficador A11derson, por L. Llauriol. - Un baile cimtlfico.
ta en aquella inteligencia, y el poeta quedó como
la
Naturaleza, que produce la hermosur~ sin tener
Grabados. -El tocado de la favorita, cuadro de José Tapiconciencia de producirla. Cantó, cantó; pero canr6 . - Esludios para el diploma de la sección a11stro-h1fogara
tó en la olímpica indiferencia del arte por el arte.
de la Exposición Universal de Parfs de 1889, por A. Hynais,
Cantó, cantó; pero cantó repitiendo las pasivas
que figura en la actual Exposici6n de Bell:is Artes de Barceimpresiones fugaces de todos los días, como repite
lona, - Luneta del teatro de la Cittdad, de Viena, pintada por
A. Hynais. - Miisicas japonesas, cuadro de Homphrey-Mooun lago los objetos de sus orillas. No fué una idea
II
re, grabado por Baq.de. - ¡Fuera penas!, cuadro de J oaquln
reanimando la naturaleza y la vida, como debe ser
Agrassot. -Segadora aslttriana, pintura al pastel de Cecilio
Pouchkine fué romántico y brilló hace cincuenta la virtud poética; fué una máquina fotográfica repiPlá. - ¿Será mal de amor?, cuadro de Juan Looschen. - Las ó más años, so el imperio de Nicolás I. En los albo- tiendo los hechos que pasaban por los cristales de su
dos hermanas, cuadro de Luis Jiménez, grabado por Baude.
res de su romanticismo no cantó, pues, la naturaleza mente. Nicolás llegó al total cumplimiento de sus
-Fig. I, El purificador Anderson. -Fig. 2, Obras hidráttcomo
la cantabi).n los poetas clásicos: Delille en deseos: el poeta se había suicidado moralmente. En
licas m Amberes. -Fig. 3. Aparato para la inyección de aire.
Fig. 4. a. Depósito de decantación dttra11te m fimcio11a111im- Francia, Meléndez en España; no cantó, como que- su triste suicidio moral maldijo el único elemento
to normal. b. Membrana formada por las impurezas de la: rían sus tiranos, los bosques de abedules y alerces; que le sostuviera contra la tiranía y que le auxilió á
aguas. -Estudio del pi'ntor Carlos Raupp (véase el artícuk, las estepas inmensas como el mar; la nieve virgen, soportar la soledad de su claustro: maldijo la opiplateada por los rayos de la luna llena; las ondas del nión pública. Triste reo resultó así de crimen horrien el número 487).
Báltico, ya celestes en los eternos días del verano, ble contra el género humano, de ingratitud empederya bajo el marmóreo hielo aprisionadas en las eternas nida, maldiciendo á su protector en la desgracia,
noches del invierno; los horizontes del Polo, con sus convertido en su juez tras el perjurio. Para el sentir
MURMURACIONES EUROPEAS
rosadas auroras boreales, de un esplendor indecible de aquella alma desolada, cuando sacudía y atormencuando las repiten y las descomponen los desiertos taba las cuerdas del arpa puesta por Dios en sus maPOR DON EMILIO CASTELAR
y las cordilleras de cristal; no cantó, no, esta natu- nos, el pueblo estúpido, indiferente, capaz de apreUn suicidio imperial. - Una hija del poeta Pouchkine. - Papel raleza que continúa en sus movimientos, en su es- ciar el Apolo del Belvedere al peso del mármol y no
representado por éste en las letras moscovitas. - Sus desgra- plendor, en su hermosura, cuando presencia el cri- por la hermosura de las líneas; el pueblo dormido
cias y suicidio. - La ópera El Mago en Paris. - Una crisis
ministerial por el teatro de la Grande Opera en Francia. - men, y que recoge y guarda en completa indiferen- en el barro de sus campos, con su aliento de muerte
El bautizo por inmersión en Grecia. -; Sus dificultades. - cia la sangre de los mártires y sostiene con su vivi- como la cavidad de los sepulcros, le decía que su
Conclusión.
ficador aire el pecho de los tiranos; cantó el espíritu cántico era sonoro y ruidoso, pero vano y estéril
con sus ideas, el espíritu con sus agitaciones, el es· como el viento; y á un pueblo así debía bastarle por
I
píritu que se hincha de tempestades interiores, y todo regalo, no la poesía, don celeste, sino el calasale airado hasta escalar el cielo en pos de la justi· bozo de los déspotas, el látigo de los pretorianos y
Un drama horrible con desenlace de trágica muer- cia y de la libertad, y que cuando cae, rugiente de el hacha de los verdugos. En efecto, el látigo de los
te ha corrido por todo el mundo y embargado la ge- dolor y desesperación, sobre sí mismo, no reconoce pretorianos había mordido hasta el alma de Pouchneral atención. Cierto Gran Duque moscovita, militar ni en Dios autoridad y poder para robarle su dere- kine. Cuando suscita Naturaleza un poeta, y pone en
de alta graduación en los ejércitos del Czar, su primo, cho. ¡Cantar el espíritu en Rusia! Caro debía pagar- su inteligencia ideas universales, en su corazón huacaba de ser echado por un ukase del seno de las lo. Así lo desterraron. Según unos historiadores, manos sentimientos, alzándole á la esfera luminosa,
compañías imperiales y del seno de la familia Roma- Pouchkine fué azotado antes de ser conducido al donde todos los objetos se esclarecen y se vivifican
• noff. ¿Qué erimen ha perpetrado para un castigo tan destierro. Según otros, fué meramente proscrito al en la luz de la hermosura, y todas las ideas se expreenorme? Pues ha perpetrado el terrible crimen de amar interior y puesto con solicitud en silencioso claustro. san y se encarnan en suaves armonías; lo suscita, le
con verdadera pasión á una joven hermosísima y casar- Allí devoraba su propio ser. El martirio del Titán, da la inspiración, le conffa el arte mágico de las forse con ella, como las leyes divinas y humanas prescri- solitario en la cima del Cáucaso, era su martirio. A mas, le pone en la voz melodiosísimas notas y en la
ben. Mas parece haber otras leyes por los palacios mos- los ímpetus de la escuela romántica, sucedieron los mente la virtud del trabajo creador; le hace sensible
covitas, prohibiendo á sus Infantes, llamémoslos así dolores de Byron. Aquellos dolores punzantes, aque- y á veces hasta desgraciado, para que embell.ezca las
para mejor inteligencia, enamorarse de parejas desti- llas penas desgarradoras; la duda de lo divino y hu- noches de la vida como el satélite embellece las notuídas por su nacimiento del sublime licor conocido mano, derramada sobre las heridas interiores del ches del planeta, y despierte nuevas almas como la
con el nombre de sangre regia. Hijo de Gran Duque y corazón y de la conciencia; la hiel, saliendo á borbo- primavera despierta nuevos·seres, y difunda ideas en
de princesa germánica, el enamorado no atendió á otra tones del hígado, como de ánfora rota; la ironía fina, los senos de la conciencia como difunden aromas,
cosa que á los latidos avasalladores de su corazón el sarcasmo amarguísimo; los tránsitos bruscos desde miel, la luz y el calor en las entrañas de la Naturaleamanteyá los preceptos divinos de su ley religiosa para los éxtasis del ángel en mística oración á los jura- za. Renegar hasta de su inspiración, nada podía serconstituir una familia feliz y tener un hogar honrado, inentos del campesino en brutal embriaguez; todas le tan beneficioso en la corte. Mandóle el déspota,
pues no prohibe Naturaleza ,en sus designios lo que estas indignaciones fustigaban la conciencia muerta no soldados que lo azotaran, cortesanos que le coprohibe la soberbia en sus antojos: el cariño de los no- de un pueblo tristemente esclavo. Su dolor, su incer- rrompieran. Acordóse de que todos los déspotas hables_á las plebeyas y de los plebeyos á las nobles mu- tidumbre, su amargura, eran el dolor y la incerti- bían tenido junto á sí un genio: Filipo, Aristóteles;
tuamente. Así debió entenderlo el padre suyo cuando dumbre y la amargura de su generación, que había Augusto, Virgilio; Carlos V, Garcilaso; Luis XIV,
autorizó el casamiento y bendijo la boda. Pero seco- entrevisto la libertad en el cielo del porvenir, para Moliere, y quiso Nicolás tener su poeta, escogiendo
noce que por los palacios de Alemania se toman to- caer herida bajo el látigo, bajo el knout del preto- á Pouchkine, que había dado flexibilidad maravillodas estas revelaciones de la igualdad humana, con- riano cosaco. Rusia gimió por el poeta; Rusia se sa á la lengua rusa, y que había recibido los caudatradictorias con los privilegios dinásticos, mucho más avergonzó de sí misma en la vergüenza del poeta. les de las ideas del siglo, evaporándolos en holocausá pechos, cuando la madre del novio, una Infanta, Este llegó á crear una personificación de sus propios to al despotismo. Así le nombró su chambelán. Tocomo decimos nosotros, de Baden, ha llevado su in- males, creando un tipo inmortal de su espíritu y del davía quedaba un resto de pudor en el corazón del
dignación hasta la demencia. Muy pagada de su es- espíritu ruso, llegó á crear el tipo de Oneguine. Es poeta, y se resistió á semejante gracia. Pero Nicolás,
tirpe y de su nombre, debía mirar la boda inferior del admirable la fortuna de los poetas para poner en resuelto á deshonrarlo, después de oprimirlo, imptiPríncipe como un descenso en las escalas del orga- personas individuales el carácter de todo un siglo. sole que optara entre el cargo de chambelán ó el
nismo y eomo un ayuntamiento con seres inferiores Nuestro teatro español tiene de tal aptitud poética destierro al Cáucaso. El déspota asiático arrojó Day como una infusión venenosa en las venas de sus maravillosos ejemplos. El Segismundo sublime de niel á los leones, el czar ruso arrojó Pouchkine á los
descendientes; vamos, como una bestialidad. Lo cier- Calderón, nacido para rey y encerrado entre las bes- cortesanos. En semejante situación no le quedaba
to es que, para no sancionar de modo alguno la unión tias; puesto en las entrañas de áspera gruta, sin co- otro recurso al cuitado que morir ó deshonrarse, y
de una familia regia con otra burguesa, y no encon- municación alguna con el género humano; condena- escogió deshonrarse. Fué chambelán. La librea le
trarse con descendientes sin cuatro coronas en sus do á envidiar la libertad del ave que cruza sobre su pesaba como una cadena. Dios lo había hecho uno
cuarteles, se ha suicidado tranquilamente la buena cabeza y del pez que coletea entre sus pies, y del de sus ángeles de elección y el despotismo lo había
señora, como Parcia, hija de Catón y esposa de Bru- b(llto de las selvas, y del arroyo sin espíritu; con convertido en una de sus bestias de carga. Allá, en
to, cuando se perdió ,la República romana. Se nece- menos albedrío que los seres materiales; personifica la soledad de su alma, en el diálogo con su conciensita estar en la mollera y en el corazón de los privile- en verdad aquel pueblo español que, desde la cima cia, cuando recordara que hay un Dios en el cielo y
giados si hay que septir como ellos el orgullo de sus del mundo, caído en miserable servidumbre, perdió una justicia implacable en la tierra; delante de la
privilegios y el desdén á cuantos no pueden osten- bajo sus cadenas hasta el alma. Oneguine también historia, cuyos premios y castigos son eternos como
tarlos y ejercerlos. Nosotros, los que pertenecemos era el tipo, también la personificación, de Rusia y la sucesión y la corriente de los tiempos, el poeta
á las generaciones contemporáneas, por el paren- del espíritu ruso. Agil, y no puede moverse; inteligen- debía retorcerse de dolor, de ira contra sí mismo, de
tesco estrecho con todos los seres, aprendido en te, y no puede pensar; con palabra, y no puede hablar; triste desesperación por no haber preferido á los fanuestros estudios, estimamos mucho más á un caba- sediento, y no puede beber; hambriento, y no puede vores de los tiranos que matan, la transfiguración y la
llo y á un perro que los príncipes á los plebeyos. comer: las facultades intelectuales y las facultades físi- apoteosis del martirio, que deja inextinguible luz en
Heridas en su honor, desacatos á su fe, profanacio- cas son en él completamente inútiles;hasta el amor pa- la memoria humana. Bajo tal pensamiento buscó la
nes del sepulcro de sus mayores, infamias para su rece vedado á quien sólo generará siervos. Oneguine muerte, y la encontró en un duelo.
generación, un atentado á la dinastía imperial, debió es la imagen de las generaciones que nacen y mueren
considerar la cuitadísima Gran Duquesa el matrimo- bajo el despotismo, ociosas para los más altos minisIII
nio de su hijo, cuando sorbió veneno, que llevaba en terios de la vida; inútiles en las esferas de la activiuna sortija, y cayó extinta como al contacto de una dad universal; anhelantes por salir de su esclavitud
Desde un poeta casi antiguo, como todos los poecentella. Imaginaos la impresión del drama en Euro- pero sin acertar con la salida; generaciones abortivas tas románticos, pasemos á un compositor casi de lo

SUMAttIO

NúMERO

LA

489

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

pa. Mas lo que interesa en esto álas gentes literarias,
sobre todo, es la casual circunstancia de que fuese la
novia hija del gran poeta ruso Pouchkine. Con este
motivo todo el mundo habla de literatura moscovita
y de su primer excelso poeta. Y hablando á una de
tales materias, todo el mundo reconoce que un hado
enemigo, como el hado de Antígona, pesa con abrumadora pesadumbre sobre la hija del poeta, cuando
la madre de su marido se suicida por culto á su familia imperial y el padre suyo propio se hace matar en
un duelo por celos de su madre. ¡Dramas de la vida y
de la realidad! Así nosotros también alimentaremos
con algunas noticias la general murmuración europea
y diremos quién era el poeta resucitado en la memoria contemporánea por un escándalo enorme.

,

••

t

J

Estudios para el diploma de la sección austro-húngara de la Exposición Universal de Parls de 1889, que figura en la actual.
Exposición general de Bellas Artes de Barcelona, obra de A. Ilynais

porvenir, como debe llamarse á los músicos wagne- como Fausto y Mejistójeles, ganan con el tiempo co- I tu, por el autor y por el sentido. Este autor es un
ristas. Este compositor se apellida Massenet y ha rriente y con las audiciones repetidas; pero la mayor poeta llamado Richepin, que se ha entretenido en
puesto en música una ópera titulada El Mago. Según parte de las muy alabadas mueren á una en el silen- poner una trampa ó red al pie del Universo y ha
este novísimo gusto que va reinando en las bellas cio y en el olvido. Recuerdo ahora mismo cierto es- cazado así mundos, ideas, esperanzas, teogonías,
artes, concluiremos por pedirles óperas á los ~ate- treno en París de una ópera, compuesta por músico dioses, lanzándolos después en las negaciones etermáticos. En nuestras mocedades íbamos á 01r So- muy famoso, que no quiero nombrar, pues como nas. Y tras tanto y tanto demoler, hase hallado con
námbula ó Luda, y salíamos extáticos, arrobados, y conoce uno á todo el mundo se guarda muy bien de que jamás podría idear un drama ó un poema cantahasta remozadísimos. Hoy cuando escucho el Rey de ofender ni maltratar á nadie. Hallábame yo nada bles, como ahora solemos decir, sin beber las ideas
Lahor ó el Asedio de Zamora, ya de antemano sé que menos que en el palco de la presidencia, destinado generadoras de su obra en altas creencias religiosas.
voy á escuchar algo así como el Binomio de New- en su gobierno por Napoleón á la propia imperial Y para granjeárselas ha vuelto los ojos al dogma del
ton. Una legión de pedantes, que aspiran al fruto persona. Y lo recuerdo, no ufanado por tales obse- alma luz, al dogma de Zoroastro. Cinco mil años andel saber sin la pena del estudio, aplauden tales quios, dirigidos á mi significación, recordando que tes que Cristo apareció este revelador. De raza regia,
oriundo indudablemilagros de contramente del territorio
punto, porque dizque
TEATRO DE LA CIUDAD, DE VIENA
conocido bajo el nomson muy científicos.
bre de Bactriana; la
Mas, en tal ciencia
capital, Bactrias, cuyo
buscáis una melodía
circuito de ruinas ocudel cielo que os conpa hoy el espacio de
mueva, y recogéis una
seis leguas, fué como
lección de piano y vioel centro escogido
lín que os aturden y
para campo de sus emajaquecan. Mientras
presas, teatro de sus
pasa un acto muy bien
hazañas, tornavoz de
puesto en escena; desus predicaciones, fo.
corado y vestido con
mes y semillero de
todos los arreos de la
sus doctrinas. Los deescenografía en uso;
monios 1e acecharon
al resplandor de la
desde los infiernos, y
electricidad; entre gaaun revistieron todas
sas y oropeles, yo talas formas imaginarareo las notas de los
bles al fin de tentarlo
Puritan os en mis
y de perderlo. Pero,
adentros y recuerdo
embebido él en su
mis viejos amores en
idea, como todos los
música: la Penco de
ascetas y solitarios de
rodillas ante Jenaro
Oriente, les opuso la
en el final de Lucrezia
meditación, la peniy la Frezzolini, Desdémona, llorando la
.
d ¡ d' t
d ¡
'6
h'
d I E
. .
tencia, la soledad, el
Lu neta pintada por A. H yna1s, autor e 1p orna e a secc1 n austro- ungara e a xpos1c16n Universal de Paris de 1889
ayuno; y logrÓ, d e rocanción del sauce,
dillas sobre aquellas
acompañada por su
.
arpa celestial, poco antes de que rep_itan las lagunas desde allí se veía, como de ninguna otra parte, la es- montañas, donde resplandecían y fulguraban sublide Venecia los tercetos del Dante, dichos por la voz pléndida sala. Pues bien, aquello no parecía un tea- mes revelaciones, la visita de un espíritu misterioso,
de Tamberlik y acompañados por los crescendos de tro, parecía un dormitorio, pues resonaban más ron- quien le sugirió al oído, amén de nuevos dogmas, la
Rossini. Lo que pasa en mí pasa en muchas gentes. quidos que notas. De igual fuste, poco más ó menos, manera de formularlos y difundirlos. Zoroastro adoLas óperas buenas del repertorio contemporáneo, El Mago. Pero lo notabilísimo en tal ópera es la le- ró el fuego creador, completando así la etérea luz

�LA
de los Vedas, creencias de nuestros padres los arios,
que duran hasta en los blandones encendidos sobre
nuestros altares y en el Verbo de San Juan invocado á diario en los últimos rezos de todas nuestras
Misas. Bien puede asegurarse que los albores de las
primeras ideas relativas al Dios Espíritu, elevado sobre aquel otro Dios Naturaleza propio del panteísmo materialista, están en Zoroastro. Ormuz, el dios
suyo, aparece luz de la luz, espíritu del espíritu. Lumen de lttmt"ne, Deus verus de Deo vero. Podrá tener
este Ormuz por cabello el sol, por ojos las estrellas,
por túnica el cielo, por collar la cadena de todos los
organismos, por sangre la savia universal, que todo
lo vivifiea en su misteriosa circulación: allá, en lo
íntimo de la esencia y ser suyo, aparece como un
verdadero espíritu y anuncia en el tiempo la primera
espiritualidad religiosa en que luego comulgarán por
siglos de siglos tantas generaciones. El poema compuesto por los Vedas y los libros compuestos por
Zoroastro forman las bases del credo verdaderamente ario, como la Biblia de Moisés y el Alcorán de
Mahoma las bases del credo verdaderamente semita. Pero entre semitas y arios está la. raza llamada
turania, de la cual dimanan turcos y húngaros, ~así
todos provenientes de Mongolia. Y esta raza, no pudie¡¡do hacer otra cosa en contra de nuestros padres,
enredó por sus luminosos candelabros telarañas de
magia. Sus sortilegios, y la diosa de estos sortilegios,
una especie de alma del placer universal, han inspirado el poético libreto de Richepin. Como veis, lectores míos, como veis: para oír una ópera del repertorio moderno se necesita un curso.de matemáticas
sublimes y para entender los argumentos otro curso
de filosofía de la Historia. ¿Dónde se halla, pues, el
arte ingenuo, sencillo, encantador, fácil, suave, melodioso, que privaba en mi juventud? Háselo llevado
el cierzo mismo que se llevará de nuestras frentes el
cabello y de nuestros corazones la esperanza.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

salvado más en el dogma nuevo que la comunión.
Desde la transubstanciación, en que nosotros creemos, hasta la simple conmemoración suya, media larga
distancia. El bautismo se impone con el mismo rigor
en la Iglesia griega que en la Iglesia romana. Pero
hay una diferencia: l0s griegos bautizan por inmersión. En sentir suyo, así bautizaba el Bautista, sumergiendo los neófitos desnudos en las aguas del Jordán. Por consecuencia, la heredera del trono griego
no tiene otro remedio que desnudarse como los neófitos del Bautista, en plena iglesia de Atenas, y zambullirse así dentro del agua litúrgica. ¡Cuán egregio
modelo su casta figura podría ofrecer á un artista
deseoso de reproducir Susana en el baño y Eva en el
Paraíso! Pero la costumbre reclama sus derechos. El
pudQlr natural en su sexo, aumentado por una educación austerísima, se ha sublevado en la Princesa y ha
di~ho que prefería cien veces morir vestida en la religión de Lutero á nacer desnuda en la religión de Focio, Con tal motivo, larga disputa entre Corte y Sínodo. En las incidencias de tal disputa, muchos mutuos
rozamientos, generad(i)res de futuros despegos. Mas al
fin se ha roto la soga por la Iglesia, y se ha convenido en que reine por excepción muy singular, en este
caso único, una liturgia católica. La Princesa debe
rechazar otro nuevo solio; ¡no tuviese que bautizarse
por tercera vez, en la cual diera con sinodales más
rigorosos! De todo esto han murmurado las tertulias
europeas en la última quincena; y si lector dijeres ser
comento, como me lo contaron te lo cuento.

LA EXPOSICION GENERAL
DE BELLAS ARTES

11
EL SALÓN DE ESCULTURAS

IV
Muy felices deben ser los franceses y muy bien
gobernados estar. Y vengo á decirlo, porque allí nQl
riñen los ministros por las mohinas reinantes en pueblos más pobres, como Italia y España: riñen por el
teatro de la Grande Opera. Los catalanes, que conocen tanto á M. Constans, ya saben como nació en
Tolosa; y además, que han oído á M. Gailhard en
su magnífico teatro, ya saben como es el cantante
paisano del ministro. Pues bien, así como éste ascendió de gobernador á Gobernación, ascendió aquél
de artista contratado á empresario contratante. Por
tolosano le dieron la dirección del Gran Teatro, cargo tan oficial en Francia como aquí la Dirección de
Aduanas. Mas hoy corta y saja en estos asuntos el
ministro de Instrucción y Bellas Artes, M. Bourgeois. Este ya nada tiene que ver con Tolosa; y, por
consecuencia, nada tampoco tiene que ver con el ministro y el cantante tolosanos. Así ha depuesto al último de su dirección, como, si pudiera, depondría
del ministerio al otro, y lo ha reemplazado con personaje tan por todo extremo subalterno como el director de Variedades. Al saber tal cosa Constans,
hase indignado en términos que ha querido presentar
su dimisión, y lmbiérala presentado, vive Dios, de no
mediar M. de Freycinet, cosiendo la herida con el
sedosísimo hilacho rojo de sus hábiles arreglos. Así,
en los paseos asfixiantes á que nos hallamos, por necesidad, sujetos los diputados dentro de nuestro palacio del Congreso, mucho más triste que la cárcel
del Abanico por mucho menos aireado, como yo
celebrara el estado idílico de Francia, donde los
ministros riñen por tan poco, cual un teatro, cierto
compañero de parlamento, muy observador, me respondió lo que sigue: «Aquí riñen por mucho menos
que un teatro, aquí riñen por un Cost'.&gt;&gt; También ha
estado á punto de reñir en Grecia el heredero de la
corona con el Sínodo eclesiástico por un bautizo.
Como se llama en España el inmediato sucesor al
trono príncipe de Asturias, y en Inglaterra príncipe
de Gales, llámase duque de Esparta en Grecia. Pues
bien; este duque se halla casado con una princesa
germánica, y esta princesa germánica, para mejor
adaptarse al pueblo que habrá de regir en una soberanía puramente nominal y honoraria, se ha resuelto
á cambiar de religión y á pasar desde su Iglesia luterana unida, como se llama hoy la Iglesia del reino
prusiano, á la Iglesia ortodoxa griega. Mas para entrar en cualquiera de las Iglesias cristianas, hay precisión de bautizarse. Quedan pocos anabaptistas,
como poquísimos unitarios, que nieguen la virtud
del bautismo y la divinidad de Jesucristo, en las
mismas Iglesias protestantes. Acerca de tal tema, del
bautizo, disputaron mucho Zuinglio y Lutero, aquél
con ideas más apartadas del catolicismo, éste con
ideas al catolicismo próximas. Tal sacramento se ha

Distinta en esto de la Exposición Universal, la presente ha concedido á la escultura, no sólo más espacioso y conveniente sitio, sino el mejor de todo el
palacio. Estatuas monumentales, modelos de las del
paseo de San Juan, adornan el vestíbulo y le prestan
grandiosidad. Ocupan las restantes el salón central,
que, por sus dimensiones y sus vastas galerías, es el
que ofrece también más grandioso aspecto, el propio
de un gran concurso y el más pintoresco y animado,
convertido en salón de conciertos y en lugar de reunión. Tiene, no obstante, como todos los locales de
mucho ámbito, el inconveniente de empequeñecer
las obras y dejar reducidas la may~rfa de las estatuas
en hilera á la dimensión de juguetes ó pisa-papeles,
si se abarca el conjunto desde las altas galerías. Exceptuand(i) el modelo de la Virgen, de Sala, que, á
pesar de su colosal tamaño, resulta, como al aire
libre, proporcionada y regular, las demás estatuas
aparecen á primera vista diminutas y pobremente
adornadas en medio de sus canastillas de flores y en
sus pedestales rodeados de raquíticas plantas. De
modo que la primera impresión es la de que la estatuaria que alli se exhibe no pertenece por cierto á la
monumental y decorativa, sino á la más modesta por
su tamaño, aunque tenga á veces mayor valor artístico que ésta y sea más adecuada al gusto moderno.
Pero si después de esta impresión primera se recorre la sala con más detención, se advierte que no
faltan en ella obras de todos géneros. No son muchas
las monumentales, pero las hay; no sorprende la mayoría por su novedad ni por su mérito extraordinario,
pero algunas son verdaderamente notables, y aisladas
y de modo que pudieran recabar para sí toda su atención, alcanzarían mayor aplauso. Aunque abundan
los bustos insignificantes y se encuentran ocupando
el lugar de objetos artísticos las estatuíllas de industria, lo bonito y lo amanerado, se halla también entre
ello la nota sincera y sentida, que acusa la preocupación de una expresión enérgica y fuerte, y de un sentimiento que mueva directamente al espectador. La
escultura moderna, de la cual se ha dicho que no
puede limitarse ya á la corrección formal ni á la elegancia decorativa, se esfuerza en buscar nuevo y más
vasto campo de observación en las manifestaciones
de lo íntimo, de lo patético ó de lo característico; y
de estas manifestaciones, particularmente de las más
nuevas, hay ejemplares en la actual exposición. Bien
es verdad que, en muchas ocasiones, es de lamentar
que junto á tales obras figuren todavía algunas eon
incorrecciones y deficiencias tan elementales, de tan
rudimentaria ejecuci6n, que son para señaladas por
un profesor técnico y no en una revista. La ejecuci6n
correcta, segura de sí misma, perfectamente encajada
dentro de los rudimentarios principios del arte, es
imprescindible; es condición ya supuesta en el artista, su gramática común. Cuando el artista la posee

en alto grado, claro que es de admirar como una de
sus primeras cualidades; ¡tan difícil parece conseguirla rayana de la perfección! Cuando su deficiencia
en este punto es parcial, transitoria, y á veces relegada á segundo término por mayores aciertos, claro
también que es posible la crítica. Pero cuando no se
posee ni poco ni mucho; cuando se halla sólo en embrión y se lucha todavía con ella, en realidad huelga
toda advertencia: en realidad el autor no se halla en
el caso de exponer. En todas las exposiciones celebradas aquí hubo siempre obras de esta última é ínfima "categoría, y en la general las hay como en todas. Me parece que sería hora de rehusarlas y ser
mucho más parco en las admisiones, hasta alcanzar
una depuración que fuese por sí sola distinción anticipada y justa para los verdaderos artistas. Levantando el nivel éstos saldrían ganando, y con ellos, el
público...
He dicho que ocupaban el vestíbulo los modelos
de las estatuas del paseo de San Juan. Con las de
Berenguer 111, de Llimona, la Virgen, de Sala, y la
de J ovellanos, de Fuxá, son las que atestiguan el renacimiento de la escultura monumental entre nosotros. No fué únicamente el cementerio el que se convirti6, por singular contraste, como se ha dicho y
repetido, en cuna y plantel de la escultura catalana.
La construcci6n de algunos nuevos monumentos
(como la Universidad y el de Colón), el ornato de
algunos paseos, la glorificación de personajes históricos sobre sus pedestales, y aun de algunos particulares... (que no pasarán seguramente á la historia), han
producido últimamente algunas obras del género que
podríamos llamar «heroico 6 de apoteosis.» En todas
ellas, nuestros artistas han tenido que luchar con graves inconvenientes: en las de personajes contemporáneos, con el traje moderno, que no resulta escultórico por más que se haga; en las de personajes históricos, con la falta, á veces absoluta, de noticias, no
para alcanzar el parecido en el retrato, que esto sería
quizás lo de menos, sino para imprimirá la fisonomía
su propio y verdadero carácter. Faltando el retrato
auténtico, lograr este carácter no es posible en absoluto; no cabe estudiarle en los rasgos fisonómicos,
única manera de verlo claro para un escultor; no cabe exteriorizarlo y ponerlo de relieve acentuándolos,
sujetándolos á una línea enérgica y dominante, aunque por aquí se perdiera la semejanza. Los artistas
han debido ayudarse de noticias literarias las más
veces, crearse un tipo de convención y substituir con
él el preciso, expresivo y viviente de la individualidad enérgica del héroe, tanto más enérgica, tanto
más viviente en sus trazos, cuanto que fué superior y
de excepcionales condiciones. De aquí que apenas
veamos en la mayoría de aquellas obras, dejando
aparte otros defectos más salientes de algunas, sino
una serie de figuras agigantadas sin valor y sin expresión, á las cuales se ha aplicado un nombre histórico. Hay, sin embargo, á mi ver, un medio de remediar este inconveniente, y es el de prestar mucha mayor atención de la que se presta á esas mismas noticias de la historia y la literatura, no limitándose á
las que concretamente se refieren al personaje, sino
á todo su tiempo, á todas las condiciones de su vida
y á la misma índole de su celebridad. Claro está que
todos estos estudios y datos no engendran inmediatamente la concepción plástica del escultor; pero la
preparan, la fecundan, disponen á concebirla, por lo
menos, animándola con un sentimiento determinado.
Sobre todo, si á tales estudios acompañan el de la
forma plástica más común en la época del personaje,
el de la indumentaria, el de los diseños, el de la estatuaria y arquitectura, todos los cuales no son sino
distintas formas manifestativas y lógicas del mismo
carácter coetáneo, es posible llegar en una figura á
una concreción final, emblemática é individual á un
tiempo; viva, como debe de ser toda obra artística, y
expresiva del carácter del personaje, sin nimios atributos que casi siempre se despegan. El Berenguer,
de Llimona, me sugiere particularmente esta observación. Para mí es una bellísima estatua ecuestre,
modelada con extraordinario vigor, simple y bien
compuesta: viviente el caballo, enérgico, de silueta
animada y correcta; noble y de bella actitud el jinete. Pero cuando al contemplarle se recuerda que
aquel Berenguer es el primer fundador de la nacionalidad, ó el que esbozó sus primeros contornos; el
primero que unió Provenza al condado; el contemporáneo de los trovadores y de las cortes de amor del
siglo xn; el caballeresco paladín que libertó en campo cerrado á la emperatriz de Alemania, según la
leyenda; el que inició con sus viajes á Pisa y Génova las relaciones marítimas de Cataluña con aquellas
repúblicas; cuando tantos recuerdos nos asaltan, ocurre preguntarnos si el estudio y la lectura de tales
hechos, acompañados de sus elementos pintorescos
y escultóricos, no serían parte á inflamar la imagina-

�2 94

LA

ción del artista hasta concebir una figura más gran- nidad su recuerdo en ocasión en que es más de la- ¡Ah, infame, tunanta, mala bija!... Se escapa
diosa, más noble y enérgica en su actitud, de lo mentar su irreparable ausencia. De Novas se ha traíque es hoy, animada de mayor sentimiento, y ador- do al Salón, con el busto de Cervantes y algunas con Pipolín... Pero yo lo evitaré. At1n es tiempo.
Y dejando con un palmo de narices á sus damas
nada de ricos ó pintorescos accesorios. Et escultor figuras de escaso mérito, el celebrado Torero 111oride
honor, que la creían loca, salió por una puerta de
atiende exclusivamente á las formas, á las lfneas, al b1mdo. De Gamot se sostiene sin haber desmerecido
modelado; la intención ó el sentimiento literario son en lo más mínimo, pudiendo colocarse por el con- escape, y corrió desalada hasta la orilla del mar. Sootra cosa; no caben tantos recuerdos é intenciones trario al lado de las mejores por su elegante silueta, naba en aquel momento la media noche, y no se dien una figura: todo esto es muy cierto; pero esto no el Arabe en oraci6n. Muy cerca de él, El primer paso visaba la embarcación más pequeña en toda la exquiere decir que no puedan inspirar aquellas mismas consagra plenamente con su primorosa ejecución la tensión de la playa. Furiosa la emperatriz, arrancó
formas, aquellas mismas líneas, apartándolas de la justa celebridad de Oms, de los pocos á quienes cabe una boja de una palmera que crecía allí cerca, sopló
tres veces sobre ella, y la arrojó al mar. En el acto,
trivialidad y vivificándolas con la pasión, el entu- llamar artista, sin distingos ni restricciones.
la hoja de palmera se convirtió en una esbelta canoa.
siasmo ó la exaltación poética que suscitan. La falta
Finalmente, de las esculturas extranjeras poco
de esta sugestión proviniendo de un estudio profun- hay que decir. Sólo dos naciones se hallan represen- Saltó dentro la sultana, é inmediatamente la canoa,
do, de abundante lectura, de consultas repetidas, de tadas en esta sección: Italia y Francia; Italia con sin velas ni remos ni remeros, cortó las- olas con la
cuanto pudieran procurarse los artistas respecto de' bastantes obras: algunas copias antiguas, algunas rapidez de una flecha.
Rosalinda huía con su amante, cuando de pronto
la época del personaje, es la que suele echarse de figuras, algunos bustos; pero no sólo no hay entre ellas
exclamó
mirando hacia atrás:
menos en esos retratos históricos. Hay algo más en nada de excepcional y aun de regular mérito, sino
- ¡Somos perseguidos! ¡Mi mamá! ¡Ahí viene mala historia que las fechas de nacimiento y muerte que la mayoría de ellas, perteneciendo á ese género
de un personaje, algo más que algunos pormenores intermedio entre el arte y la industria, ó mejor, más má!... ¡Virad, virad aprisa! Ella corre con más rapide indumentaria con que evitar anacronismos, que á industriales que artísticas, obligan á repetir lo que dez que nosotros... Va acortando la distancia... Se
aproxima ...
lo mejor no se evitan tampoco.
pasa ya por estereotipado en las revistas cuando se
- ¿Pero dónde está?, decía Pipolín, con los ojos
Fuera de las estatuas citadas hasta aquí, ocupan trata del arte escultórico italiano en el extranjero: es
abiertos
hasta salírsele casi de las órbitas. ¿Te has
ambos lados del salón, en triple hilera, obras de tan arte de exportación, amanerado y bonito unas veces,
variados géneros y tamaño y nacionalidades, que nos como en los grupos en bronce, sentimentales y para vuelto loca, mi adorada Rosalinda?
- No, no; ella es invisible á tus ojos, pero no á
sería difícil agruparlas y clasificarlas. Desde la escul- chimeneas, y guasas ó charges de taller, en el género
los
míos, porque sé de magia tanto como ella . .
tura religiosa á los bustos, bajo relieves y simples es- picaresco. Una sola excepción hay que hacer, y ésta
¡Pronto, pronto, ó estamos perdidos! Príncipe mío,
tudios, hay de todo en la actual Exposición.
notable: una figurilla de pilluelo, su autor Tabera,
Nótase, sin embargo, á simple vista que es escaso que lleva por título: C' es/ 111i, un juguete en tamaño, saca el alfanje encantado, tira un tajo hacia aquí...
el número de obras religiosas que merezcan mención. que vale por su calidad artística más que muchos ¡hacia aquí!
El príncipe, más por complacer á su amada que
Algunas son ya conocidas y elogiadas con justicia, colosos. La escultura de Francia está representada
como el Cristo yacen/e de Vallmitjana. Fuera de ésta, por Dionisio Puech con una obra notable: un bajo por otra cosa, largó al buen tuntt1n un chafarotazo
apenas podemos citar otras que la .Afadona de Ripoll, relieve religioso, La Virgen y San Antonio de Padua, con todas sus ganas en el sentido indicado por Rode estilo bizantino, de Pagés, y la Virgen con Jest1s de una corrección de dibujo y de un sentimiento salinda En el mismo instante resonó allí próximo un
en brazos, de Serra, de un sentimiento penetrante, verdaderamente exquisitos. El mismo autor exhibe grito de dolor. Los remeros, que nada veían, estaban
delicado y vivo, aunque la figura del Niño parece además una cabecita admirable Poco es en número, pálidos de terror.
- ¿Qué he hecho?, exclamó Pipolin. A juzgar por
algo descuidada y no se halla á la altura del resto. pero excelente en calidad.
la resistencia que ha encontrado mi alfanje, debo haEn cambio, son más comunes las obras en que este
berla partido por la mitad del cuerpo.
J. YxART
mismo sentimiento toma una forma familiar ó dra- No, replicó más tranquila Rosalinda, le has cormática, harto dramática á veces. La .Afedta de Atché
tado t1nicamente las dos manos, que alargaba ya pase halla en este caso: concebida con valentía y ejera asir nuestra barca. Pero ha sido suficiente, añadió
cutada vigorosamente, grita y declama, se descompoRO SALINDA
exhalando un profundo suspiro, como desahogo á la
ne. De un sentimiento plácido, ó sereno en su exCUESTO FANTÁSTICO DEL SIGLO XVII
ternura filial que la embarg1ba.
presión, compatible con una ejecución segura, hay
( Co11tinuación)
- Siento mucho, dijo Pipolín, haberle cortado las
los Desamparados, de Montserrat: tierna niña de pomanos á tu mamá.
cos años abrazada á un rapazuelo llorando, que tieCorrió en el acto á buscar á Pipolín, y colocando
- ¡Bah!, contestó Rosalinda, ya le volverán á
ne muy delicados fragmentos; la Formiga, de Cam- entre las manos de éste un alfanje con vistosa emcrecer.
peny: una labradora en actitud de recoger unas espi- puñadura de oro, le dijo:
- ¿Las manos de las hechiceras son, pues, como
gas, inspiración ó imitación en la escultura del géne- Adorado Pipolín, si en algo tienes la vida, obero rt1stico de Millet, y un estudio de Blay titulado déceme ciegamente. He ganado á un esclavo, que las bocas ó patas de los cangrejos?, preguntó él.
- Exactamente, contestó ella.
El hijo pródito, uno de los mejores de la Exposición dejará abierta esta noche la puerta del jardín que da
- En ese caso, doblemos la hoja y no pensemos
por su factura jugosa, espontánea y al propio tiempo á la playa. Cuando tus guardias se hayan retirado,
correcta, y por el abandono y tristeza que el autor ha como de costumbre, deslízate sigilosamente y corre más en ello, repuso Pipolín.
La sultana, al entrar de nuevo en su palacio, cosabido comunicar á la figura.
á la orilla del mar. Allí encontrarás una barca tripuSe hallan al lado de éstas, otras obras en que á la lada por seis marineros: enséñales el alfanje encan- rrió al encuentro de su esposo, y le dijo, mostrándoexpresión y la vida, sinceras y gratas, se une cierta tado; en el acto serás admitido á bordo y te obedece- le sus dos brazos mutilados:
- ¡Cría cuervos y te sacarán los ojos! (debió deintención picaresca, ó que sorprenden simplemente rán como si fueses el emperador en persona. Yo no
una actitud, un gesto, un movimiento de ánimo, ale- tardaré. Ahora me precisa entrar en palacio para cir, te cortarán las manos). Tu hija ha huído con ese
maldito príncipe Pipolín, á quien el infierno confungre ó risible. Pertenecen á este nt1mero, entre algu- asegurar el éxito de nuestra fuga.
da. Ya no te darás el baño de sangre. Tu salud está
nas de menos valor, el grupo de los Monaguillos de
Pipol(n se quedó como quien ve visiones, con
Arnau, tan expresivo y vivaz, y modelado con mucha aquel chafarote entre las manos, mientras Rosalinda perdida para siempre. Y todo por una hija ingrata y
soltura; un Niilo, de Tasso, llorando y con una jaula se internó presurosa en el palacio. Una vez'en la ha- desnaturalizada. ¡Muchas veces he llegado á dudar
en la mano, intencionado y gracioso; el Bonjour, de bitación contigua á la que ocupaba la autora de sus que Rosalinda sea hija tuya! Yo voy á morirme del
Carbonen, estudio de desnudo animado de una deli- días (entretenida á la sazón en hacer solitarios), es- sofocón.
Y como estaba acostumbrada á salirse siempre con
cadeza serena y sonriente que atrae; y una figurilla cribió un conjuro misterioso en un pedacito de papel,
retrato de Fontova en uno de sus papeles de sainete, y pasando á la habitación inmediata, deslizó hábil- la suya, lo hizo como lo dijo, se murió.
En cuanto al Gran Turco, acostumbrado á no tepor Chiloni, perfectamente caracterizada. Estos sim- mente el conjuro en un bolsillo de su madre. Inmeples juguetes, propios para adornos de habitaciones, diatamente, la buena señora se quedó dormida lo ner otra voluntad que la de su esposa, inclinó la cason los que comparten la atención con los bustos, mismo que un marmolillo. Rosalinda, con esa timi- beza &lt;como una res destinada por su dueño al matadonde la expresión y el carácter recorren toda la dez propia de la inocencia, cogió sin pérdida de tiem- dero,» y se murió también.
Pero la sultana, antes de morir, tuvo tiempo de
escala, de los cuales hay que citar, entre los me- po cinco ó seis puñados de diamantes y piedras prejores, uno de Llimona: cabeza preciosa de mujer, de ciosas (algunos dicen que siete) y corrió á la barca, cumplir con el t1ltimo deber maternal: maldijo á su
una simplicidad encantadora; dos de Reynés, ya co- donde ya le aguardaba Pipolín. No bien Rosalinda hija.
- Ojalá, dijo, que al primer beso que reciba tu
nocidos, palpitantes, vivos, modelados con la elegan- hubo puesto el pie á bordo, la barca voló sobre el
amante de otra mujer, te borres de su corazón y de
cia y por decirlo así voluptuosidad y fruición con mar con la rapidez de una gaviota.
su memoria.
que trata este artista las formas femeninas; otro de
Mientras tanto, el Gran Turco se dirigía á las haBlay, testa de viejo rugosa y expresiva, modelado bitaciones de su augusta esposa para comunicarle la
III
con pastosidad y garbo; otra de Clarassó, de una ex- fausta nueva de que al día siguiente por la mañana
presión seductora de candorosa inocencia, sobre la iba á darse por fin su ansiado baño de sangre. Llamó
Llegado que hubieron los dos amantes al puerto
cual resbala suavemente la luz como una caricia, y á su esposa repetidas veces; mas como no consiguieuna testa de guerrero de Atché.
de Clarafuente, capital del reino de Meloria, Pipolín
ra despertarla ni gritándole al oído, ni tirándole de
Entre las pocas obras en relieve que figuran en la las orejas, creyó que era víctima de un accidente, y dijo á Rosalinda:
- Adorada mía, aguárdame unos momentos en esExposición, es notable el de la Traslaci/m de los res- comenzó á dar grandes voces de alarma.
ta
barca;
el tiempo indispensable para ir á buscar
tos de Santa Eulalia (1339), por Arnau, composición
- ¡Pronto! ¡Aquí todo el mundo! ¡Volando!
séquito digno de tu posición y de la mía, á fin de conmuy bien entendida, parbicularmente en sus t1ltiAcudieron las damas de honor, acudió la servi·
·
mos fragmentos, y con algunas figuras de excelente dumbre, acudieron los médicos, todo el mundo acu- ducirte á mi palacio.
dibujo y realmente bellas, como la de uno de los
¿Cómo describir los transportes de jt1bilo ·con que
dió. Y en medio de aquel estrépito infernal, la emfué acogido el príncipe? Lo habían llorado por muerconcelleres y las de los obispos, aunque en éstas el peratriz no daba acuerdo de su persona.
autor hubiera podido atender más á introducir ma- Es un ataque, dijeron los médicos. Hay quepo- to, y su vuelta á Meloria era una verdadera resurrecyor variedad en las fisonomías. En bajo relieve hay ner á Su Majestad en el lecho y sangrarla de los ción. Reconocido en la calle por el pueblo, fué llevatambién un medallón-retrato, de Tasso, fundido en cuatro remos.
do en triunfo basta palacio. Los reyes, padres de
bronce y ejecutado con la gracia, el desenfado y la
Retiráronse todos, excepción hecha de las damas Pipolín, tuvieron noticia de lo ocurrido por los atrodelicadeza suave y ligera de un pastel, que parece de honor, que se quedaron desnudando á la empera- nadores gritos de la multitud. ¡Qué vivas! ¡Qué entusiasmo!
ha de desvanecerse en un soplo.
triz. No bien le hubieron retirado las faldas, y por
En el momento mismo de pisar el príncipe las esComo en la sección de pinturas, figuran también consiguiente el bolsillo en que estaba el conjuro, la
en ésta algunas obras de escultores difuntos, agrupa- emperatriz abrió los ojos lo mismo que tazas, y co- caleras del regio alcázar, su madre, vestida aún de
luto y loca de alegría, se precipitó sobre él, lo estredas convenientemente y renovando as{ con oportu- menzó á gritar desa1oradamente:
chó entre sus brazos y lo colmó de besos. Inmediata-

2

LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

95

- Bien se conoce, exclamó Rosalinda,
que el pretendiente no es un joven.
En punto de la media noche,. según !º
convenido, el viejo adorador se introd~JO
furtivamente por la puerta fa!sa del Jar·
din, y se deslizó sin hacer ruido basta. la
habitación en que lo aguardaba Rosah~da. Hallábase ésta reclinada sobre_un d1·
ván en actitud por todo extremo interesante. Se adelantaba el vejete contemplándola con la baba caída, cuando ella
le dijo:
_ Comenzad al menos por cerrar esa
puerta.
.
La orden había sido cumpl_1da, pero
ella lo contuvo nuevamente diciendo:
_ La puerta no está cerrada, vedlo.
_ Perdón, señorita; es efecto de la ansiedad misma que experimento por complaceros.
d
Volvió á cerrar nuevamente, y cuan
se hallaba á un paso del diván, Rosalinda
le gritó con tono áspero:
.
-¡Pero esto es insoportable! S1 no
queréis cerrar la puerta, decidlo al menos.
El pobre hombre volvió atrás por tercera vez. La puerta se cerraba; pe~o en
cuanto él se volvía de cara á Rosal~nda,
¡tras!, saltaba el pestillo, la puerta giraba
sobre sus goznes produciendo un largo
chirrido que parecía burlarse de él, Y le
pegaba un fuerte porr~zo en las esp~ldas.
Volvía él á su faena, Jurando y perJurando que había de salirse con. la suya,
mientras Rosalinda decía lángmdamente:
_ Esto me crispa los nervios. ¿De qué
habéis de ser capaz si no servís para ce·
rrar una puerta?
.
Al amanecer, duraba at1n aquel eJer·
cicio. Rosalinda dijo entonces al consejero:
. d
- Nuestra entrevista ha termina o.
Retiraos pronto, á fin de no comprometerme.
No deseaba cosa mejor el buen hombre segt1n estaba de molido. Salió de a!H
baiiado en sudor, echando pestes contra
el carpintero que había hecho aquella maldita puerta.
dor! Véase la clase.
¡ rn uA PE:SAS!, cuadro de Joaquln Agrassol
¡Y la virtud de Rosalinda, firme como
A fin de obtener dinero, Rosalinda finuna muralla!
gió acceder á los ruegos de un viejo rita• ·1 d d
cibía Rosal inda los mil ducados en una bolsa de
Pocos días después tocó el turno á un a~udala~o
chón consejero del rey, que le_ oírec .ª mi
h°:, seda carmesí, juntamente con un rico vestido de israelita, cuyas insinuaciones aceptó Rosalmda_ ba~o
por el solo favor de ~na en~r~v1sta pr!vada. U b'llete
brocado de oro con elegantes mangas de punta de la forma y las especies de dos mil d~cados. El Judío
ra después de recibir el v1eJO conseJero un 1
•
cerró en seguida la puerta; y ya se disponía á sentarmuy lacónico dándole cita para aquella noche, re· Venecia.

mente se cumplió la maldición de la sultana. Rosalinda se borró del corazón y
de la memoria de Pipolín, como si jamás
Ja hubiese visto. Y con ella se borró también el recuerdo de todo lo ocurrido desde su apresamiento por los turcos. No
hubo forma humana de arrancarle explicación ninguna.
Durante tres días hubo fiestas públicas en todo el reino. Rosalinda, llena de
amarga tristeza, oyó aquella noche desde
la barca tos acordes de las músicas y vió
tas chispas de los fuegos artifi_ciales. Convencida al fin de que había sido abandonada saltó en tierra al día siguiente. Entone~ recordó que sus piedras preciosas
estaban en los bolsillos de Pipolín, á
quien ella las había confiado. Se hallaba
en un país desconocido y falta de recursos. Pero Rosalinda era mujer de ánimo,
y no se achicó. Tomó en alquiler una soberbia casa frente por frente al palacio
real, la mandó amueblar con extraordin~rio boato se rodeó de numerosa servtdumbre .j hasta compró un carruaje con
su magnífico tronco de caballos. El rico
traje de Rosalinda y aquel diamante colosal que llevaba en uno de sus dedos _le
facilitaron crédito para todo. En Melona,
como en otras muchas partes, la gente se
paga del exterior.
No tardaron los cortesanos y la gente
acomodada de Meloria en atisbar á la
hermosa extranjera y en disputarse sus
favores. Rosalinda, por su parte, lejos de
ocultarse á las miradas, hacía pt1blica ostentación de su lujo y de su hermosura.
Se proponía de este modo llamar la atención de Pipolín y atraerlo nuevamente
por los celos. El plan podía no ser malo;
pero el crédito se agota, y Rosalinda no
tenía dinero para hacer frente al tren de
vida que llevaba. Y aquí entra la parte
más curiosa de este cuento, donde no se
sabe qué admirar más, si el gran talento
de Rosalinda ó las raras virtudes de que
se hallaba adornada aquella princesa turca; sobre todo, ¡qué honestidad!, ¡qué pu-

°

~C: I

. t a al pastel de Cecilio Plá. (Exposición de pasteles celebrada en el Círculo de Dellas Artes de Madrid,
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LAS DOS HERMANAS, cuadro de Luis Jiménez, grabado por Baude

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se con toda confianza al lado de Rosalinda cuando
ésta, cubri~ndose el rostro con una mano, 1~ dijo:
- Esa lampara que está sobre el velador me lastima horriblemente la vista. ¿Seríais tan amable que la
apagaseis?
Apresuróse galantemente el he0reo á obedecer la
orden de la hermosa; pero la llama y la mecha de
a~uella lámpara se habían encariñado tanto, por lo
~1sto, )a una con la otra, que parecía de todo punto
1mpos1b)e ~epararlas. Soplando con toda su fuerza,
no consiguió otra cosa el judío sino producir una
l~n~a de fuego que llegaba hasta el centro de la hab1tac1ón. El hom_bre era testarudo, y se sintió picado
en su amor propio.
· ¡Pues qué!, dijo, ¿no he de conseguir yo apagar
esta lámpara? ¡Ahora lo veremos!
Hizo una tremenda aspiración, infló sus carrillos
hasta el punto de que pa~ecían ir á estallar, y levantándose sobre las punt~s de los pies, dió sobre la
mecha un soplo formidable. La llama descendió,
tomando la ~orma_ de un paraguas de fuego, pero no
se apag~. El 1sraehta recurrió entonces á otro medio:
se ~rrod1lló en el suelo y comenzó á soplar de abajo
arnba. Un dardo luminoso subió fomediatamente
hasta el techo.
.- ¡Cuidado!, ¡cuidado!, gritó la bella Rosalinda,
vais á quemar las colgaduras de mi lecho. ¿Sois tan
tor~e que ~o podéis apagar una lámpara sin producir
un mcend10?
El hebreo, ~esesperado ya, intentó apagar la lámpara de ~n funoso puñetazo, sin conseguir otra cosa
que lastimarse no poco la mano y abrasarse dos ó
:res dedos. Lleno ~e ra_bia y de despecho, comenzó
a soplar en todas d1recc10nes: daba cada resoplido
como _los fuelles de una fragua; pero la luz cada vez
más viva.
Al ~ntrar en la estancia el primer rayo de sol sorprendió al hebreo con los ojos desencajados, rojo
como u~ salmonete, sopla que te sopla, y sin haber
conseguido aún apagar aquella endiablada lámpara.
- Basta de soplidos, dijo por fin el israelita. Creo
q~e he soplado más de lo que corresponde á mi dignidad y á mis creencias.
Y salió_ de allí para ir á la sinagoga.
¡Y la v1rtud de Rosalinda, firme que firme!
Presentóse e? tercer lugar como pretendiente un
resp~table médico de cámara. Rosalinda puso como
prec10 de_ est~ entrevista tres mil ducados, que aquél
entregó sm titubear. Entró como los anteriores por
la pu~rta falsa del jardín al sonar la media noche.
Rosahnda lo aguardaba vestida de blanco y prendido
el cabello con frescas rosas de Alejandría. El viejo
Galeno, al inclinarse para saludar, poseído de verdad~ro éxtasis ante tan sorprendente hermosura, oyó
gntar á la bella:
. - ¡No os aproximéis tanto, doctor! me habéis deJado caer en este ojo un cabello de vuestra peluca.
- ~erdon~dme... Eso no vale la pena ... Voy á quitarlo mmed1atamente... Permitidme... ¿Dónde está?
Ah, sí, sí, ya Jo veo.
. Y asi~ndo el cabello con la punta de los dedos,
tiró hacia afuera. El cabello salía y salía siempre y
no acababa de salir.
-_¿Pero qué cabello es éste? decía el doctor. No
he visto nunca nada semejante.
Cuando hubo retrocedido hasta la pared de enfrente, comenzó á liar el cabello á sus dedos con lo
cual consiguió volver á aproxi:narse á Rosali~da que
clamaba con acento dolorid_o:
'
- Acabad pronto, doctor· me estáis haciendo sufrir cruelmente.
'
- Señorita ... voy todo lo de prisa que puedo· pero
la verdad es que no hay ejemplo de un cabeIÍo de
esta longitud.
•
Y, ya aproximándose, ya retrocediendo, cuando hubo cargado sus manos y sus brazos hasta los hombros
se vió precisado á girar sobre sí mismo, haciendo d~
su cuertio un devanadera de aquel interminable cabe)lo. El doctor estaba literalmente convertido en un
0~1110, cuando los primeros reflejos de la aurora ilummaron la habitación. Entonces recordó que á las
ocho ~e la m~ñana habí~ de estar en palacio para recetar ~ un lonto de la rema que el día anterior había
pa~ec1do una indigestión de garbanzos. Y como el
quitarse la carga que tenía encima no era cuestión
de un momento, salió apresuradamente con dirección
á su casa. Por fortuna, el carruaje le aguardaba á la
puerta, y pudo atravesar la población sin ser visto de
los barrenderos, que hacían en aquella hora la limpieza pública. En un extenso tratado de patología
ext_erna que c?nsulta aún el proto-medicato de Melona, se consigna por el sabio doctor la posibilidad
de_que el ojo humano produzca un cabello capaz de
u_mr los ~ás apartados 'continentes; teoría que ha
sido considerada por muchos como la idea madre
para la invención del telégrafo eléctrico.

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

LA

l LUSTRACIÓN

2

ARTÍSTICA

99

¡Y á todo esto la virtud de Rosalinda más firme Cid Y por AEcante, su ciudad natal. Su nombre evoca el reun roble! ¿Que podía dar que decir con aquellas cuerdo de a)guno de sus lienzos notables, que como el titulado
Las dos_ amzgas, figura entre los que encierra el museo del Prav1s1tas ~ hor~s tan desusadas? ¿Y qué? ¿No tenía ella do.
Al igual de otros pintores que tanto han enaltecido el arte
la conc1enc1a tranquila? ¿no estaba limpia de toda español, gauó fama y crédito durante el periodo de su pensiom~n_cha? ¡Pues entonces!... ¿Consentía ella la más n_ado en Roma, y sus cuadros proporcionáronle la consideram1mma ~1~ertad á sus adoradores? ¿Se llevaba otro c!Ón que merecía por su relevante mérito. A su regreso de la
ciuda~ eterna dedicóse á la pintura mural, trocando por último
fin al rec1b1rlos que el de sacarles los cuartos con sus
bnllant.:s en~ayos en este gén7ro por sus preciosos cuadros
mucho salero? ¿Habrá_ qu_ien se atreva á sostener que de _costumbr~~• ¡ustamente apreciados
por su buen colorido,
aqu~llo era un despoJo mmoral? ¿Quiénes eran las estilo Y prcc1S1Ón, ~rasu?to fiel de ese co_njunto de luz y de tovíctimas ~e aquellos depojos? ¡Tunantes!!! ¿No ha- nos, de asuntos y situaciones que caracterizan los lienzos genuiespañoles.
bían quendo ellos nada menos que ... ? ¡Pues hom- namente
Ant~s de la corrida, Recuerdos de Mtircia y La feria son tres
bre!. .. En fin, más vale callar. Si se fuera á hacer ca- notas m)portantes entre las que pudiéramos llamar armónicas
so en este mundo de l~s malas lenguas ... Lo cierto produ~c1ones de este distinguido pintor, que, cpal si su paleta
Y la verdad es que la virtud de Rosalinda era cada fuera magotabl~ fuente de vida, reproduce con primor y lozanía _la fresca y ¡u~o.sa vegetación de los verjeles que baña el
vez más firme y más acrisolada.
q~~

( Continuaril)

JosÉ TORRES R EINA

NUESTROS GRABADOS
_El toca~o d~ la favorita, cuadro de José TaPl!Ó- -Anugo íntimo, compañero inseparable de Fortuny &lt;le
q~ien, ade°:1ás, era paisano, Tapiró deja ver claramente en'sus
~iaras los_ mis~io~ gustos y la resultante de las mismas influend s que imprimieron un sello característico en las producciones
e1 autor de La Vicaria. Como los de éste, distlnguense los
fu~dro~de aquél por_ la exquisita gracia de la composición por
~ m_ta a ble corrección del dibujo, por la delicadeza y n;inu•
ciosidad ?e la factura y sobre todo por la verdad y brillantez
d e1co1ondo.
En los cuadros de Tapiró hay verdadero derroche de luz al
qu~ se pre~tan admirablemente los temas que con predilección,
casi exclusivamente, escoge para sus trabajos. La encantadora
poesía que el mo~o de ser de las sociedades orientales presta á
~us {?stumbres, (tene_ en nuestro compatriota intérprete habilios simo cuanto 1ntehgente, y las hermosas notas de color que
la aturaleza d_erra';'la sobre los paisajes y las ciudades de Orioo te
~ os artífices 1mpnmen en las telas, muebles, joyas y adornos
e ~quellas regiones, nada pierden de su riqueza ni de su inte7s1dad cuando las traslada al lienzo este artista para quien la
pa et~ es mágico laboratorio donde evocados p~r su genio se
co~~man los tonos más enérgicos y los matices menos definidos
Jocado de la favorita permite formarse concepto dela ma:
nera e componer y dibujar de Tapiró, y aunque por el graba•
d~en~ pueda ap~eciarse la maestría con que trata el color, los
q , emos admirado algunos de sus cuadros comprendemos
cfrntasábellezas habrá sembrado en éste, que tan ancho campo
0 ece. la fantas!a de un colorista.
. Ta piró resfde desde_ hace algunos años en Tánger; en aquella
pintoresca ciudad recibe directamente las brillantes impresionei5 ~~ ~uz que tanto nos cautivan en sus pinturas, y admira y
es u 1_a e c~rca aquella naturaleza, usos y tipos, que en toda su
magnificencia y con sorprendente fidelidad reproduce en sus
encantadoras composiciones.

f

Estudios para el diploma de la sección austro-J&gt;-úngara de la Exposición Universal de Pa~'i' e _1889.-Luneta del teatro de la Ciudad de
iena, obr~. de Alberto Hynais.-Cuantos visitan
la ;atual Expcs1c1ón general de Bellas Artes, detiéoensc admira is! al lleg~r á la sección extranjera, ante unos preciosos
tra a¡~s del pmtor_austriaco Alberto Hynais.
. Nac!ó_ éste en Viena, en 1854, y en sus mocedades ninguna
d_1s.fsic1ó~ ~emostró á las bellas artes; la visita de una Expo·
sici n dec1d1ó de su porvenir, y á pesar de la oposición de su
P:dre entró e_n la Academia de Viena, ganando á la edad de 17
anos el premio de composición. A poco entró en el taller de
Feu~rbacb, que fué decidido protector suyo. DesP,ués ganó una
~en_sión en Ro_ma, y alli, encantado ante las prec'iosidades ar•
t stJcas de la ciudad eterna, se despojó del último resto de su
e_nvoltura aca~émica, haciéndose verdadero a.rtista. Al poco
tiempo, Y en vista de lo poco que oficialmente había hecho fué
n~e~amente llamado á Viena, y después de un periodo d; sufrimiento~ Y_ casi de miseria se trasladó á Paris, en donde trabó conoc1m1ento con el célebre Baudry y entró en la Academia
de Bellas Artes.
.
Desde entonces la carrera de Hynais ha sido como pocas brillante Y en la Exposición Universal de Paris de 1889 ganó
u?~ medalla de oro y la cruz de la Legión de Honor
reci?1ó el encargo de dibujar el diploma para la sección ;u~trohungara, del cual reproducen algunos estudios nuestros grabados.
Entre sus _Princ\pales trabajos decorativos figuran el dt'l te1?!1 Y palco 1mpe!tal del teatro Nacional de Praga, que Je vaho _la condecoración de la orden de Francisco José, y Ja deco•
ra;ión del techo y de las lunetas del teatro de Ja c· dád d
Viena; una de estas últimas es la que el otro grab~~o rep' re~
senta.
H~nais figura actualmente entre los primeros pintores decorativos y pocos c~m~ él han dominado el género alegórico,
que es de los más difíciles cuando en él se obtienen resultados
como los que alcanza el famoso artista austriaco.

1:"una Y la ~ult1plic1d~d de tonos que ofrecen en sus trajes los
tipos valencianos, abrillantados por el sol del Mediodía.
A otro _g~nero pertenecen los tres lienzos que ha remitido á
la Expos1c1ón general de Bellas Artes de Barcelona, que acusa~ desde luego una evolución artistica en Agrassot; y como
quiera que nos proponemos dar á conocer alguno de ellos á
nuestros lectores, aplazamos para entonces consignar el juicio
que nos merece este arústa dentro del modernismo.

. Segadora ª!'l~uriana, pintura al pastel de Ceciho Plá. (Expos1c1ón de pasteles celebrada en él Circulo de Bellas Artes d7Ma?rid, 1890. l- La circunstancia de haberse ocupa·
do á_su debido tiempo de esta discreta producción del pintor valenciano nuestro buen amigo y colaborador D. Rafael Balsa de
la ~e~a_, nos releva é impide, hasta cierto punto, emitir nuestro JUIC~o acerca d_e la ?bra y de aquel concursó, que revistió verdad~ra importancia, s1 se tiene en cuenta Jo poco cultivada que
ha s1doen, n~estra patria la pintura al pastel, á pesar de contar
con tan hab1les maestros como lo fueron los Vicente Rodes y
Rafael Tejeo.
~oslimitar_emos, pues, á consignar que Cecilio Plá es uno de
los ¡óvenes pmtores valencianos que más honran á su patria y á
su maestro Sr. Sala. Que nuestros elogios no son exagerados
demuéstranlo las recompensas que merecieron sus cuadros ti•
tulad?s: Dante e~ el Infierno y El entierro de Santa L eocadia,
premiados respectivamente en las Exposiciones Nacionales de
los años 1884 y 1887.
Actu~lmente b~Jlase ocupado en pintar varios techos que han
de servu de preciado adorno de los salones del palacio de los
seilores condes de Valdelagrana.
Dadas las aptitudes d7este joven artista, esperamos confiadamente que en lo porvemr ha de ofrecernos ocasión para ocuparnos de_ º?ras en que, por su mayor importancia, se manifiesten
su gemahdad y sus relevantes cualidades artísticas.
¿Será mal de amor?, cuadro de Juan Looschen .
-Nos parece que el doctor ha puesto el dedo en la llaga: como
él, creemos que la enfermedad dela bella joven no esde lasque
se curan eR la botica sino en la vicaria. Los síntomas del amor
no pueden, á (os ~jos del médico, confundirse con otro alguno,
Y p~r las exphcaciones que de la dolencia le dan, bien habrá
P?d1_do convencerse el facultativo de que no entra en su jurisdicción la enfermedad objeto de la consulta, y quizás sus palabras harán comprender á la inocente madre dónde debe bus•
car la medicina que devuelva la alegria y la salud á su hija.
El cuadro de Looschen es un fragmento de la vida social
arrancado de la realidad misma: la situación los personajes
las a~titudes, las expresiones son otros tantos portentos de na'.
turahdad, y el artificio artístico se desvanece de tal modo que
nos parece estar adivinando lo que piensa y lo que siente cada
uno de los actores de esta 5encilla al par que interesantisima
escena.
Las dos hermanas, cuadro de Luis Jiménez
,n-ab9:d~ por Baude. (Salón de París de 1891.) - E~
don LuisJ1ménez uno de los artistas españoles contemporáneos
que más universa) y legitima fama han alcanzado, y esto es
tanto_ más de a&lt;lnurar cu~nto que su actividad artística se dedica
con 1g~al fortuna á vanos géneros completamente distintos,
produciendo en todos ellos obras que no vacilamos en calificar
de maestras.
Sin salirnos de los cua&lt;lros,que ha reproducido LA ILUSTRACIÓN ARTÍST(CA, rec?rd~mos en este momento tresique con el
que hoy publicamos Justifican nuestro aserto: El 11tin11é La
visit~ en una sala del hospital y la Confesión amorosa. La'ele~nc1a y_ finura del primero truécanse en el segundo en concepC(Ón valiente para representar con trazos vigorosos y enérgicas
pmceladas una_ hermosa página de la escuela realista, y en el
terc~ro_ se con!1ert_en en encantador idilio campestre, lleno de
sentmuento é msprrado en el más puro naturalismo.
Las dos hermanas es una nueva maravilla salida del pincel
que tantas lleva creadas; aquel claro sembrado de plantas silvestres, por entre las cuales asoman las pintadas florecillas y
limitado en el fond? por espeso bosque, cuya sombra contra~ta
con la luz de los primeros términos, respira esa poesía especial
que aun en los más ocultos rincones ofrece la naturaleza· y
aquellas dos figuras, que acaso encierran un drama de orf~ndad que ha trocado en deberes maternales los cuidados de her•
mana mayor, están bien trazadas y mejor sentidas. Este cuadro, en suma, es una nota de inspiración que puede figurar al
lado de las mejores del Sr. Jiménez y llama poderosamente la
atención de los que visitan el actual Salón de París.

Músicas japonesas, cuadro de M. Homphre
Moore, grabado por Baude. (Salón del Cam ode Ma;.
te, Pa~ls.) -Este hermoso cuadro, de un exotismo ta~ ele ante DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino de Cbassaing
y g~a~1oso, llamó poderosamente la atención en la últimf Exposición
.
U ANDO un producto pos~e UM gran notoriedad sucet celebrada en el Campo de Marte de p aris. y c1ertamen e no er~n exagerada_s las alabanzas que se le prodigaron
de á menudo que _mercaderes al por menor poco escrupulosos
pues _en medio de la sencillez del asunto, supo el pintor traza; propon_en ó hasta su~tituyen á lo que se les pide una imitación
~os tipos perfeotam~nte estudiados y presentados con naturali- que de;a más benejiczo. Esto es lo que ocurre diariamente con
ad suma, embelleciendo la composición con las galas de col
la CREMA SIMÓN, conocida desde hace 30 aí'íl:&gt;s para los cuidaen que tan pródigos s1&gt;n los japoneses. Es éste un cuadro sobri~ dos de la piel. Es necesario, pues, que las personas que desean
Y lleno de carácter, en cuya contemplación se recrea la vista con empeño esta marca exijan la verdadera CREMA SIMÓN de
atraída por la corrección con que aparecen sentidas y dibuja'. la rue de Provence, 36, Parls. Venta: farmacias, perfumerfas,
das las dos figuras y por la acertada distribución de los e!emen• bazares, mercerias, etc. ·
tos secundarios que en la composición entran.

e

¡Fuera penas!; cua~o de Joaquín Agrassot.
- Es Agrassot uno de los pintores que honran á España y á
\~alencia, en donde reside desde hace algunos años, confundiendo en una sola las simpatfas que siente por la ciudad del

JABON REAL

IVJ:OLETI

JABON

oE r H RI oAeE 29i"::1wi;;;~;w vELO ur IN E
4

&amp;ecom!lld&amp;do1 por aulorid&amp;4es m!diu.a par~ l1 Bi1ieno do la Piel 1 Bellw del Colar

EL MARIDO DE

JACOBITA

NOVELA ORIGINAL DE ANDRÍS THEURIE~ ILUSTRADA POR L

MAROLD

( CONTIN UACIÓ N)

- ¡Perfectamente!, contestó Rogerio de Noirel. Me
tiempo deshabitada. Gurgis amontonó varios leños,
se puso un chaquetón, y comenzó á pasearse de un alegro mucho que al ,fin sea usted razonable ... En
cuanto al consulado, lo prometido es deuda, y puede
lado á otro.
Aunque estaba rendido de cansancio, la agitación usted contar conmigo.
Desde aquel momento, Gurgis hizo la corte á la
le mantenía despierto. Dando vueltas como tigre en
jaula, examinaba maquinalmente la cama de caoba, hermana de Rogerio; mas á pesar suyo, el papel de
demasiado alta, con sus cortinajes de paño rojo guar- novio no dejaba de parecerle pesado, y en el fondo
necidos de greca amarilla, el reloj con los vasos de profesaba á su futura un amargo rencor que á duras
alabastro en la chimenea, el papel de las paredes, de penas podía disimular. Por diplomático que fuera,
color salmón, imitando muaré, y los diversos cuadros juzgaba humillante fingir ternura á una joven que le
que las adornaban. Dos de ellos eran litografías en inspiraba más aversión cada día. La señorita de Noicolor, de Boilly, titulados El primer diente y El úl- rel era torpe, tímida y nada elegante; no sabía vestimo diente; los otros dos se reducían á paisajes ilu- tirse ni hablar ni presentarse; y á los ojos de Gurgis,
minados, representando una erupción del Vesubio y estos eran otros tantos defectos imperdonables. Sus
bruscos modales y sus aficiones rústicas irritaban al
la puesta del sol en el Bósforo.
«Todo está en armonía, murmuraba Gurgis con parisiense; su indiferencia por el qué dirán y por las
sorda cólera; el mobiliario y la dueña de la casa ... conveniencias sociales espantaban al formalista Gurgis, acostumbrado á observar sobre todo la correc¡No, jamás podría yo vivir aquí!»
La vista de la «Puesta del sol en el Bósforo» le ción y la etiqueta. He aquí por qué á veces sus repugnancias se traslucían á través de su máscara de corhizo pensar en el consulado que codiciaba.
«Pero si no me casi), continuó, ¿seré cónsul?... tesía y amabilidad, escapándosele en momentos daVoy á indisponerme con Noirel, y le conozco; es ven- dos palabras cruelmente irónicas, recalcadas por magativo, y se manejará de tal modo que me dejarán lignas sonrisas que desconcertaban á la pobre Jacopudrirme en las oficinas ... Veamos; lo esencial es bita. La joven reconocía que en su prometido faltaba
obtener el nombramiento... Cuando esté en posesión expansión y ternura; preguntábase con secreta inquiede mi consulado, nada me obligará á vivir en esta tud si hallaría más tarde en su esposo la simpatía é
huronera, y hasta podré, con un poco de habilidad, indulgencia que tanto necesitaba; y es probable que
persuadir á mi futura de que la residencia en el Asia si las cosas no hubieran estado tan adelantadas, haMenor sería perjudicial para ella, por lo cual obraría bría renunciado á unir su suerte con la de aquel
hombre, cuya frialdad y lenguaje cáustico acentuáAl fin se levantaron todos para tomar el café en sabiamente no saliendo de su provincia hasta que yo banse cada vez más á medida que se aproximaba el
obtenga
otro
destino
más
cerca.
Esa
señorita
tiene
el salón, y después de esto la señorita de Noirel,
día fijado para el matrimonio.
que no sabía cómo distraer á sus huéspedes, pro- aficiones caseras, y sin duda mucho apego á su géLa víspera de la ceremonia un coche condujo á
nero
de
vida
campestre;
de
modo
que
tal
vez
sería
puso tímidamente un boston, juego favorito del seVal-Dormant á un amigo del señor Gurgis que debía
bastante
fácil
hacerle
aceptar
una
separación
moñor cura y de procedencia americana. La fisonomía
ser testigo, y á la mañana siguiente, cuando el futuro
de Gurgis expresó tal angustia, que Rogerio, com- me?tánea. Después, una vez conseguido esto, nos se disponía á vestir su traje negro, Rogerio de Noivenamos
solamente
de
tarde
en
tarde.
En
tales
conpadecido de su amigo, hizo presente á su hermana
rel entró en la habitación y entrególe un número del
que el viaje desde París era largo y fatigoso, y que diciones, mi ridículo matrimonio sería tolerable; daré Moniteur.
mi
nombre
á
la
señorita
de
Noirel,
y
conservando
su compañero y él necesitaban descansar; en una
- Aquí tiene usted, le dijo, mi regalo de boda.
palabra, suplicóle que les permitiese r~tir~rse tem- mi independencia, dejaré á mi mujer una libertad
Gurgis
desplegó el diario, buscó la sección oficial
prano. Jacobita, muy impresionada, y smtiendo _en honrosa, de la que estoy seguro que no abusará y leyó lo siguiente:
siendo
su
fealdad
para
mí
una
excelente
garantía
..
'
.
el fondo cierto malestar, no deseaba otra cosa smo
«Por decreto del 20 del actual, y á propuesta del
abreviar la reunión, y dijo á sus huéspedes que po- Pensándolo bien, este sería un medio de arreglar las Excmo. señor Ministro ·de Estado, el señor Gurgis
cosas
y
salir
airosamente
del
apuro
...
¡Diantre,
Noidrían obrar como si estuviesen en su casa. Al cabo
(Evaristo Antonio) ha sido nombrado cónsul en Esde un cuarto de hora de conversación trivial junto rel tenía razón; la noche es buena consejera!»
mirna.»
Y
el
señor
Gurgis,
arrojando
su
cigarro,
desnudóá la estufa el cura fué á buscar su sombrero y su
Gurgis estrechó silenciosamente la mano de Noise
ligeramente,
corrió
el
cortinaje,
y
murmurando
bastón y l~s dos parisienses se dirigieron á sus hacontra los incómodos lechos de provincia acabó por rel, guardando después el diario en su bolsillo, y los
bitaciones.
dos bajaron al salón, donde no se esperaba más que
'
Cuando se hallaron con la pa,lmatoria en la mano dormirse,
Al día siguiente, antes de almorzar, salió en busca á ellos. Poco después la señorita de Noirel, escoltadelante de su puerta respectiva, Rogerio tocó ligeradel señor de Noirel y excusóse de su arrebato de la da por dos de sus piaientes, se presentó oon su traje
mente en el hombro á su compañero.
de novia. Su vestido de cola y su velo á la judía dis- Vamos, amigo mío, murmuró, dejo á usted en- víspera.
- He reflexionado, según me aconsejó usted dí- taban mucho de favorecerla; sus facciones irregulatregado á sus reflexiones ... La noche es buena conjole, y reconozco que no me conduje bien ni d~bía res, su boca grande y su maciza barba se pronunciasejera.
.
enfadarme ... Cuando un caballero se coloca en una ban más por las blancuras de la seda y el tul.
- ¡Vaya usted al diablo!, contestó Gurg1s, que ya situación difícil, no le queda más que un remedio, y
«¡Aún está más fea con su traje de ceremonia!
no podía contenerse.
es salir de ella del modo más conveniente ... Yo soy pensó Gurgis, mientras se inclinaba para besar á la
Y entró bruscamente en su aposento, encerróse
hombre cortés y me casaré con su seiiora hermana, joven la punta de los dedos. ¡No, decididamente no
en él y se consoló encendiendo un cigarro.
.
pero deseo tener mi nombramiento en el bolsillo el podré acostumbrarme á ella!»
A pesar del fuego que chisporroteaba en 1~ chime- día mismo en que deba efectuarse la ceremonia ...
Varios coches alquilados en la ciudad vecina connea, la atmósfera era fría en aquella estancia, largo

�300

dujeron á los futuros, á sus testigos y amigos á Champlain, donde se debía celebrar la doble ceremonia
civil y religiosa. Terminada ésta, la comitiva remont6 en el mismo orden la rampa de Val-Dormant,
mientras las campanas tocaban á vuelo y los campesinos de las granjas hacían en honor de los recién
casados varias salvas de escopeta que espantaban á
los caballos de alquiler.
Habíase preparado uno de esos abundantes almuerzos-comidas que solamente vemos en el fondo
de las provincias. Un poco antes de pasar al comedor, Noirel dijo á su hermana delante de los convidados:
- Jacobita, puedes felicitará tu esposo, pues acaba
de ser nombrado c6nsul en Esmirna, lo cual os proporcionará el placer de hacer juntos un delicioso viaje de boda.
- Señora, repuso el recién casado con expresi_6n
hip6critamente confusa, debo excusarme á los OJOS
de usted de este nombramiento, que no esperaba tan
pronto ... Se me ordena marchar cuanto antes, y crea

LA

fruncía el ceño, y ambos comenzaban á creer inexcusable la indiferencia de Gurgis. Los convidados pensaban lo mismo, aunque sin atreverse á manifestar
claramente su sorpresa; pero de vez en cuando la
conversaci6n languidecía; seguíase un silencio lúgubre, un silencio de espera; y en aquel vasto salón no
se oía más que el chisporroteo de la leña y el tic-tac
del reloj. El señor de Noirel, visiblemente irritado,
tiró de la campanilla, y un momento después present6se Catalinita.
- Vé al aposento del señor Gurgis, dijo, y si está,
adviértele que le esperamos para tomar el te.
La conversaci6n se reanud6 fríamente; transcurrieron cinco minutos, y después Catalinita reapareci6
con aire confuso.
- El señor no está en su habitaci6n, murmur6 con
dificultad, como si le faltara el aliento; pero he visto
sobre su mesa una carta dirigida á la señora ... y he
creído de mi deber traerla.
La señorita de Noirel, muy inquieta, habíase puesto ya en pie; cogi6 la carta sellada que le presentaba
la doncella, rasg6 con mano nerviosa el sobre, acerc6se á la luz para leer el contenido, palideci6 mucho,
y sin articular una sílaba dej6se caer sofocada en su
sill6n.
Rogerio, muy sorprendido, cogi6 la carta de sus
manos y ley61a á su vez. Estaba concebida en estos
términos:
«SEÑORA: Ya estamos casados, y usted se llama
señora de Gurgis; me parece que este era su deseo y
también el de su señor hermano. He cumplido mi
palabra; pero habiéndome convencido por la experiencia de estos diez últimos días de la completa
incompatibilidad de nuestros caracteres, creo obrar
en interés de usted, así como en el mío propio, al
poner entre nosotros la distancia que separa á Esmima de Val-Dormant, suficiente en mi concepto
para permitirnos á los dos movernos en nuestra esfera sin molestia ni enojos recíprocos. Creo conocer
á usted lo bastante para estar persuadido de que á
sus ojos, como á los míos, la libertad es el más precioso tesoro. Tengo la seguridad de que sabrá usted
usar de ella, al igual que yo, con toda la conveniencia debida al nombre que lleva. Dispense, pues, mi
brusca marcha, y acepte, señora, los afectos y la despedida de su muy respetuoso servidor. - Antonio
Gur~is.
»P. S. Tenga usted la extremada bondad de enviar
á Parísj dirigiéndole á la administraci6n de correos,
el equipaje que he dejado en mi habitaci6n.))

III

usted que lo siento en el alma ... Esmirna se halla
tan lejos, que me remordería la conciencia obligar á
usted á expatriarse.
- Tranquillcese usted, caballero, contest6 la nueva señora de Gurgis, muy conmovida por aquellos
delicados escrúpulos, pues aunque estoy poco acostumbrada á los viajes largos, recuerdo lo que el alcalde me dijo esta mañana: «La mujer debe acompañar á su marido;» y yo estoy dispuesta á seguirle
adonde quiera que vaya.
Estas palabras no produjeron al parecer en Gurgis
la agradable impresi6n que la señorita de Noirel esperaba; inclin6se silenciosamente, y durante todo el
almuerzo su expresi6n de mal humor asombr6 á los
convidados. Apenas se levantaron de la mesa, Gurgis se esquiv6 como pudo, subi6 precipitadamente á
su habitaci6n, y alguno que le encontró en la escalera oy6le murmurar entre dientes: «¡Ah! ... ¡Eso
no! .. . ¡De ningún modo!»
El amigo que sirvi6 de testigo se proponía volver
aquella misma noche á París, y en el momento de
marchar, Gurgis le acompañ6, naturalmente, hasta el
coche que debía conducirle á la estaci6n; pero mientras el viajero se arrellanaba en los almohadones, después de haberse despedido, la portezuela se abri6
de. nuevo bruscamente, y el nuevo c6nsul, precipitándose en el interior, orden6 al cochero acelerar la
carrera, levant6 los cristales y dijo á su amigo estupefacto:
- ¡Huyo contigo! ... ¡Silencio!... Ya te lo explicaré
todo en el camino .. .
El coche franque6 á escape la rampa de Val-Dormant, cruzó el puente y desapareci6 detrás de las
casas de Champlain. Entretanto, la señorita de Noirel, su hermano y dos 6 tres convidados que no debían marchar hasta el día siguiente, esperaban la
vuelta del esposo, conversando alrededor de la estufa del sal6n. Una hora transcurrió sin que se presentase nadie; el rostro de Jacobita se alteraba; Rogerio

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Así fué como en la misma noche de su boda la
señorita de Noirel pas6 del estado de novia á la melanc6lica situaci6n de esposa abandonada. Al día
siguiente, Rogerio sali6 de Val-Dormant en seguimiento de Gurgis para demostrarle la incongruencia
de su conducta; pero el nuevo c6nsul no se habla
detenido más que para tomar dinero, y estaba ya en
camino de Marsella Ni amenazas ni ruegos bastaron
para convencerle; la única cosa que de él se pudo
obtener antes de embarcarse para Levante redújose
á que firmara ante notario un acta por la cual autorizaba á su esposa para administrar libremente su
fortuna personal.
Cuando Jacobita se hubo recobrado de su primer
estupor y analiz6 sus sentimientos, admir6se de estar
menos afligida de lo que había creído; y basta expe·
rimentaba una especie de alivio al pensar que se libraba de la tiranía de un esposo cuyo carácter desagradable y sarcástico habíala inspirado durante diez
días más temor que afecto. A decir verdad, el abandono del señor Gurgis resentíala en lo vivo, pero su
amor propio era el que sufría, no su ternura; experimentaba amargo sentimiento por la injuria que la
infería aquel singular esposo, abandonándola en el
umbral mismo de la cámara nupcial, pero en nada
echaba de menos al fugitivo. Su percance tuvo por
resultado hacerla mirar con aversi6n el mundo, induciéndola á entregarse con más persistencia á sus costumbres rústicas; s6lo de tarde en tarde iba á la ciudad, y volvi6 á su entretenimiento favorito de recorrer los bosques; pero ya no ha116 dentro de sí esa
tumultuosa actividad, ese ímpetu juvenil, esa savia
de esperanza que la sostenía antes en la soledad.
Sin darse apenas cuenta de ello, durante algunas
semanas habíase entregado á sueños de amor y de
vida familiar, que dejaban en el fondo de su coraz6n
una especie de germen perturbador; y en su alma de
joven no reinaba ya la calma virginal de antes. Ahora, cuando durante las noches de invierno removía
meditabunda los leños de la chimenea, quiméricas
visiones conyugales cruzaban por su mente; compla~}ala hacer castillos en el aire, y figurarse lo que ha-

489

N úMERO

=

bría pasado si el señor Gurgis hubiese sido otro hombre. Pensaba en la ternura que habría podido profesarle, en los deliciosos coloquios que hubieran tenido,
en los hijos que más tarde podían venir, y todo esto
la conducía á un penoso estado de agitaci6n. Apenas
quedaba dormida, asaltábanla amorosos ensueños; y
por la mañana, bajo la imprcsi6n que en ella producían, despertábase con cierto confuso alborozo que
se desvanecía gradualmente por la sensaci6n de la
realidad, y que la dejaba triste el resto del día por
haber perdido aquella ilusi6n.
Cuando volvi6 la primavera, el padecimiento fué
más acerbo aún.
En aquel país Jangrés, donde el invierno comienza
pronto y acaba larde, la primavera surge casi inopinadamente; de improviso prodúcese un derrame de
savia, una superabundancia de vegetaci6n y una florescencia que ablandan el coraz6n y conturban la
cabeza: en el prado y en el bosque se oye el canto
de las avecillas, y esta sensualidad difundida parece
filtrarse en el alma de todos. El robusto cuerpo de
Jacobita se estremeció bajo la impresi6n de aquella
fiebre de la naturaleza; sus ojos estaban deslumbrados; percibía sonidos agradables; una dulce languidez penetrando en sus venas la enervaba, y á veces
dejábase caer como rendida sobre la hierba del bosque. El aroma de las plantas parecía embriagarla, y
al pensar en su aislamiento las lágrimas asomaban á
sus ojos. Ni soltera ni casada ni viuda, veíase condenada á pasar el resto de su vida en aquella falsa
situaci6n. Y no tenía más que veintiséis años, y en su
interior sentía agitarse su turbulenta juventud como
el agua viva en un dep6sito cerrado ...
Sus tribulaciones y sus pesares se acrecentaron
durante el verano; después volvi6 el invierno con su
silencio y su monotonía, y luego otra vez la primavera.

Una mañana del mes de junio la joven sali6 muy
temprano sin más compañía que un perrito faldero
que rara vez abandonaba; habíase propuesto inspeccionar una corta de árboles últimamente explotada,
é intern6se muy pronto en el bosque con su perrito,
que ladrando entre las espesuras alejábase y volvía
en busca de su ama, muy satisfecho de andar entre
la hierba y sobrexcitado sin duda por las emanaciones primaverales. Era llegado ya ese período de las
estaciones en que el bosque reverdecido se ostenta
en todo su esplendor; los lirios del valle habíanse ya
marchitado, pero las orquídeas alzaban aquí y allí
sus panículos de singulares corolas, las madreselvas
derramaban por todas partes sus perfumes y las ancolias lucían á la orilla de loi senderos sus espuelas
azules, mientras en los tallares jóvenes comenzaban
á enrojecer las fresas. El sitio que la señora de Gurgis debía visitar era una superficie despojada de bosque que se extendía entre una línea de bayas y
otra de grandes árboles; el sol caía á plomo sobre
aquel gran cuadrado ya desnudo, donde solamente
los vástagos de reserva que la poda había respetado
sombreaban algunos espacios, y entre los cepejones,
los troncos amontonados y las zarzas espinosas oíase
el vuelo de los insectos que zumbaban en medio de
una luz deslumbradora.
Mientras Jacobita se inclinaba para coger algunas
fresas ya maduras, el perrito, que corría por todas
partes, lanz6 de repente un ladrido plañidero, y la
señora de Gurgis, que se había precipitado en busca
del animal, lleg6 precisamente á tiempo para ver
huir una víbora que acababa de morderle. El perrillo
se revolcaba gimiendo, y Jacobita desesperada dej6
escapar también una exclamaci6n de dolor, y cogiendo el faldero y examinándole en sus brazos, veíase
impotente para administrarle la medicaci6n necesaria
á fin de contener los efectos del veneno. Iba á correr
á través de los bosques en direcci6n á Val-Dormant,
cuando un joven, apareciendo de pronto, dirigi6se
hacia ella presuroso. Acababa de oir los lamentos del
perrillo y la exclamaci6n de su ama, y acudi6 á informarse de lo ocurrido.
- Una víbora ha mordido á mi perro, dijo la
señora de Gurgis ... Estoy á una legua de mi casa, y
antes de llegar á ella la herida podrá ser mortal...
¿Qué hacer, Dios mío?
- Tranquilícese usted, repuso su interlocutor, pues
voy á propinar al perrillo el primer remedio ... En
este país, donde abundan tanto las víboras, jamás
voy al bosque sin llevar un frasco de ácido fénico ...
Veamos primeramente en qué parte está la mordedura ...
Así diciendo, cogi6 al faldero, que ies miraba con
esa expresi6n angustiosa y suplicante de los animales
heridos, y arrodillándose examin6le con la mayor
atenci6n. Pronto vi6 que los colmillos de la víbora
se habían clavado en una de las patas anteriores, y
acto continuo practic6 una ligadura sobre la parte
lisiada.

LA I LUSTRACIÓN

489

301

una especie de tierna compasi6n, en aquella señorita de Noirel, abandonada en la
-A pocos pasos de aquí hay agua, dijo.
noche misma de su boda, y cuya juventud
Venga usted, señora, y lavaremos por lo
se pasaba solitaria en el antiguo castillo
pronto la herida.
.
.
sepultado en los bosques. El misterio de
Jacobita se fapresur6 á segmr al ¡oven,
aquella existencia novelesca le preocupay á poco llegaron á un repliegue del ierreba y entregábase á varias reflexiones al
no, donde se oían murmurar las a~uas de
pe~sar que la casualidad le hada enconun manantial entre las zarzas y los ¡uncos.
trar tal vez algún día á la señora de Gurgis.
En un abrir y cerrar de ojos la herida queAhora que este encuentro se había read6 lavada, y después, á pesar de_ los aullilizado Chatelliers analizaba lentamente
dos del perro, el joven la cautenz6 extensus irn'presiones, preguntándose si la realisamente con ácido fénico.
dad correspondería á la imagen que él se
- ¡Ya está!, dijo; y ahora, si usted lo
había formado. Ciertamente, la señora de
permite, llevaré el perrillo basta su casa...
Gurgis no era linda; sabíalo ya de antema¿Dónde vive usted?
.1
no por Jo que de ella le dijeron, y sobre
- En Val-Dormant... Soy la señora de
este punto no había sufrido por lo mismo
Gurgis, contest6 Jacobita, sonrojándose á
ningún desencanto; esa fealdad, que no le
pesar suyo.
sorprendió, no le parecí~ desagradable. Ja- ¡Ah! Pues somos vecinos ... Yo habito
cobita tenía hermosos OJOS, puros como el
en la Roserolle.
agua de un manantial, dentadura muy
Hasta entonces, la joven, dominada por
blanca y robustas formas,_ cualidade~ que
su emoci6n, apenas había tenido tie~po
no podían disgustar á un Joven salva¡e CO·
de examinar al salvador de su pernllo;
mo Huberto de Chatelliers. Lo que le había
pero una vez repuesta, mir61e más deteniagradado sobre todo era la naturalidad y
damente: era un joven de veinticinco años,
la franca cordialidad de la señora de Gurque vestía el traje de cazador campesino;
gis; había experimentado_ ciert~ satisfacsu chaquet6n de terciopelo le sentaba muy
ci6n á su lado, sin que le impac1~ntase un
bien, y debajo de su sombrero d~ anchas
momento su compañía, y marav1ll6se soalas dejaba ver un rostro de cxpres16n franbre todo al ver que era tan viva, tan ingeca, aunque algo tímida. Tenía gran?es
nua y tan poco amiga de cumplidos. Hasta
ojos castaños, color moreno Y. barba nza•
pareci61e que todo cuanto emanaba de
da. Jacobita record6 haberle VISto cuando
ella era freseo y lozano como el verde follase efectu6 el entierro de la anciana viuda
je lleno de flores y de canoras aveeillas.
de la Roserolle, muerta el otoño anterior.
Algunos días después encamin6se hacia
- ¿Seda usted, caballero, sobrino d~ la
Val-Dormant, entr6 en el castillo con el
señora de Chatelliers?, pregunt6 Jacobita.
pretexto de preguntar por el faldero, fué
- Sí señora Huberto de Cbatelliers.
recibido en el gran sal6n 16brego, donde
- C~ballero: murmur6 la joven, permíJacobita acostumbraba á t~abajar, y ball6
tame usted felicitarme por este imprevisto
á la joven ocupada en leer Junto á un gr~n
encuentro y darle á la vez las m~ expresi•
ramo de rosas que perfumaba la estanc1~.
vas gracias ... Si mi pobre Amigo llega á
El faldero estaba casi del todo restablecicurar de la mordedura de ese espantoso
do, gracias á la intervenci?n ~e Huberto y
reptil, á usted se lo deberé.
á los cuidados del vetennano de Cham- ¡Oh! Amigo curará, repuso Huberto
plain, y ya no había que temer. La señ?ra
de Chatelliers, mirando al faldero que llede Gurgis expres6 de nuevo á su vecmo
vaba en sus brazos; tengo dos perros que
todo su agradec~iento, y la acogid~ que
fueron mordidos también, y los he salvado
se le hizo demostró claramente al ¡oven
por el mismo procedimie_nto...
.
que se le recibía con gusto en Val-Dormant.
Los dos jóvenes recomeron lar&amp;ª distanAsí como él estaba á sus anchas junto á la
cia por el bosque, y fuéles preciso franseñora de Gurgis, así también ésta perdía
quear una senda cuya estrechez les oblig6
poco á poco esa cortedad que la paraliza.
á acercarse más uno á otro.
ba delante de los extraños, y mostrábase
- ¿Hace mucho tiempo que está usted
tal como era, expansiva y entusiasta, dulce
en la Roserolle?, preguntó la señora de
é ingeniosa. Aquella primer~. visita dur6
Gurgis.
largo tiempo; Huberto la rep1t16 la seI?a•
- No volví allí hasta que mi tía estuvo
na siguiente, y muy pronto se consolidó
aquejada de su última enfermedad; pero
entre los dos vecinos, que se veían con
cuando era niño, iba muy á menudo á pafrecuencia un compañerismo familiar.
sar las vacaciones. Ahora be establecido
A parti; de aquel tiempo, Catalinita, la
definitivamente mi residencia en la finca,
doncella de la señora Gurgis, observ6 un
porque la buena señora me ha instituido
cambio notable en las costumbres de su
heredero.
ama: Jacobita comenzaba á ser casi coque- Me extraña no haberle encontrado
ta·, se aficionaba al tocador, engalanábase
.
antes.
Asl diciendo, cogi6 al faldero ...
con
más cuidado, y sabía sacar meJor par- Nada tiene de particular, pues como
tido de su abundante cabello negro. Preestoy de luto no hago v!sita al~una, Yadeocupábale
el corte de sus vestidos, cuidáb~se ~ás
más señora yo soy casi salvaJe. Antes de
.
Huberto de Chatelliers llegó á la Roserolle p~sanminuciosamente
de la blancura de su ropa mtenor,
ven~ aquí, habitaba en pleno bosque, en una red~~1- do por Cbamplain, y una vez en su casa, reflex10n~,
da posesi6n que tengo cerca de Wassy ... No soy Y mientras almorzaba, sobre su encuentro con Jacobi- se ponía flores en el corsé, y no descuidaba nunca el
aficionado á la sociedad, porque en ella me encuen- ta. Aunque fuera recién veni?o al país, hal~áb~se al aseo de sus manos. Por instinto lleg6 á encontrar un
adorno que le sentaba bien; pero lo que la tra_nstro desorientado.
corriente del singular casamiento de la sen~nt~ de
_ ¡Como yo! exclam6 Jacobita.
t Noirel· más de una vez habían picado su curiosidad figuraba y embellecía sobre todo era una_ exp!es!6n
Así conversando llegaron por fin á Val-D~rma~' los detalles de aquella aventura, y dese6 conocer á de felicidad en su semblante, como una madiaci6n
y la señora Gurgis insisti6 en que su companero_ e la heroína; pero era más salvaje aún de lo que ~l ha- interna que se reflejase en su exterior y que realzaba
camino entrase á tomar algún refresco. Una ve~ts• bía dicho, y como la idea de ponerse en r_elac1o~e.s cuanto había de agradable en ella:. el brillo d~ sus
talado el faldero en su perrera, el joven CbJate ;~rs con su vecina le hizo entrever toda una sene de VIS!· ojos castaños, la bondad de su sonnsa y la suavidad
estuvo conversando un cuarto de hora con aco i a, tas y la molestia de vestirse de etiqueta, rechaz61a satinada de su cutis.
y después despidi6se de ella.
.
.
IV
presuroso. Huérf~no á muy _corta ed~d, educado_en
- Pasaré por Champlain, dijo al retirarse, y enVIa• un colegio y obhgado á viVIr á los diez y ocho anos
También Huberto notaba de día en día aquella
ré á usted al veterinario.
.
er en la soledad de una morada perdida en el fondo de
_ Hasta la vista, caballero, contest6 la ¡oven;~ • los bosques, Huberto buscaba distracci6n entre los transformaci6n, y por esto sin duda co~~n~ron á
mítame repetir las gracias ... Y aunque no le agíraas ~~ guardas de la finca y los cazadores; agradába~le la ser sus visitas más asiduas. A fuerza de v1v1r ¡unto á
la señora de Gurgis, no le chocaban ya la irregulari..
las visitas,
cuando pase usted por las cercan
b c6mo vida libre y carácter franco de éstos y se cmdaba dad de sus facciones ni la excesiva robustez de sus
Val-Dormant espero que vendrá para sa er
poco de llegar á ser_ «hombre de mundo,» tan~o qu~
brazos y manos; solamente veía sus ojos h~med~s Y
sigue mi faldero...
.d
la extremi- esta sola palabra le mfundía secreta re~ugnanc1~. Ex- de dulce mirada, su talle flexible y sus labios r~¡o~,
Cuando el joven hubo desaparec1 o_ en de Gurgis ceptuando la anciana viuda de Chatelhe~s, hab1a fredad de la avenida de pinabetes,_ la senoraesta vez su cuentado muy poco la sociedad femenina; nada le entreabiertos por la sonrisa. Cuando á los ve1~t1atemorizaba tanto como la necesidad de conversar cinco años se encuentra un hombre todos los d1as
permaneci6 largo tiempo pensati!a;
1 fondo de un rato con una hermosa dama; y en cuanto á sus junto á una joven amable y fresca, y la trata_ con fa.
st
meditaci6n no tenía na?ª d~ tn e.ue ~a~nfundía el
miliaridad, acaba por descubrir en ella atractivos que
su alma, y á pesar de la mqmetud q
a satisfac- aventuras galantes, solamente se le co~odan dos 6 no sospechó en un principio; y he aquí por qué poco
percance del perro, experimentaba una vag m
· o de la tres amoríos que, nacidos á consecuencia ~e una ca. pareeíale que el encuentro conásu legre
vec la sole• cería, terminaban al día siguiente. Chatellters no s~- á poco fué surgiendo el amor, sin que apenas lo noc16n;
taran los dos vecinos.
Roserolle iluminaba con una luz mr~n~o menos ais- bía en realidad nada de la mujer, pero lo desconocidad de Val-Dormant, Ycrey6se de P. .dad del joven do femenino preocupábale algunas veces. Con freTRADUCCIÓN DE E NRIQUE DE VERNEUILL
lada. Los modales torpes Y la rus~~ mbre á quien cuencia, cuando desde las ventanas de la Roserolle
( Co11ti1111a1-d)
éranle simpáticos y agradábale aqbuíe. ?midado
á ella, veía las torrecillas de Val-Dormant, pensaba, con
el mundo intimidaba como la ha ª 10 1

P;º

..

ARTÍSTICA

\

.

�LA

302

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la esponja de hierro, nombre que se da á un producto resultante de la reducción imperfecta del mineral
de hierro llamado hematita, que se presenta en estaPURIFICA CIÓN DE LAS AG U AS
do esponjoso y que está formado por una mezcla va·
PARA LA ALIMENTACIÓN DE LAS PO BLACIONES
riable de hierro y de óxidos de hierro compuesta,
( Co11clw ió11)
por término medio, de 80 por 100 de hierro y de 20
E L r URI FI CADOR ANDERSON
por 100 de oxígeno. Una mezcla de este producto
Purificación por el hierro. - Desde el punto de vista con tres veces su volumen de arena dispuesta en
de la purificación de las aguas, la ciudad de Ambe- capa de 0'90 metros de grueso, reemplazaba la capa
res se encuentra en condiciones especialmente des- filtrante superior de los filtros de arena antes des•
critos. Esta operación dió en un
principio resultados satisfactorios;
pero á medida que aumentaba el
consumo, el caudal de agua era
insuficiente, los filtros se obstruían
en casi toda _la profundidad de la
capa superior y la limpia resultaba
á unos precios prácticamente inadmisibles. Fracasada esta tentativa,
se inventó el procedimiento Anderson, que es el que actualmente
funciona.
El agua es dirigida á los purificadores, llamados revólveres, en
donde se pone en contacto con el
hierro, y después de muy aireada
se la desembaraza por medio de la
decantación de la mayor parte de
sus impurezas y finalmente se
filtra.
• El revólver {fig. 1) se compone
de un cilindro horizontal de palasFig. r.- El purificador Anderson
tro de4'50 metros de largo por1'50
de diámetro, que puede girar sobre
favorables, puesto que está situada en un pa{s llano, dos gorrones huecos colocados en los extremos de su
apartado de manantiales y sin ninguna capa subte- eje y provistos de prensa-estopas, que forman juntura
rránea de buena calidad. Antiguamente alimentába- estanca entre el cilindro giratorio y los conductos fijos:
se la ciudad con agua de pozo, que las más de las estos dos gorrones sirven el uno para la entrada y el
veces es impura; á consecuencia de un estudio hecho otro para la salida del agua. Una plancha circular G,
para el establecimiento de una distribución de agua, situada enfrente del orificio de entrada, sólo deja enreconocióse que la solución mejor ó menos mala tre ella y la pared del cilindro un espacio anular de
consistía en tomar el agua en Waelhem del Nethe, un milímetro é impide que la corriente se establezca
punto distante 18 kilómetros de Amberes. Esta agua directamente de un gorrón á otro, repartiéndola en
está contaminada por los terrenos turbosos que atra- toda la sección del cilindro.
viesa; además, la ~area creciente invierte el sentido
Por medio de una corona dentada J que engrana
natural de la comente y hace refluir las aguas del con un piñón, un motor hace girar el cilindro con
Sena, cargadas con todas las impurezas de Bruselas. j una velocidad de dos metros por minuto medida á la
Todos los ríos cuyas aguas empujan las mareas hacia circunferencia; el cilindro contiene una décima par.
SECCIÓN CIENTÍFICA

I

G_

Fig. 3

J,~~~6t
Fig.

2

Fig. 4

Figuras 2, 3 y 4. - Fig. 2. Obras hidráulicas en Amberes. Batería de purificadores rotativos de Waelhem. I y 2, secciones.
3, plano.-Fig. 3. Aparato para la inyección de aire. FF, tubos de llegada del aire. GG, falso fondo perfo rado y canal
abierto. I y 2, secciones. 3, plano. - Fig. 4. a. Depósito de decantación durante su funcionamiento normal. b. Membrana formada por la impureza de las aguas.

la presa tienen una débil velocidad media y atravie- 1 te de su volumen de fragmentos de hierro ó de carsan poblaciones importantes. No faltan, pues, causas buro de hierro de medio á un centímetro de grueso y
de contaminación. El agua que se ha de purificar es de cualquier forma. Unas aletas .D remachadas en el
amarillenta y de olor nauseabundo y está cargada de cilindro levantan los fragmentos de hierro durante
toda suerte de impurezas en estado filamentoso, la rotación y los vuelven á dejar caer al través de la
hasta el punto de que en un espesor de sesenta centí- masa de agua. Gracias al tamaño adoptado para es•
metros intercepta casi por completo la luz.
tos fragmentos, se logra en muy poco volumen una
Algunos ensayos de decantación y de filtración gran superficie de contacto; y al propio tiempo estos
por la arena no dieron resultado satisfactorio, en fragmentos son bastante pesados y chocan entre sí
vista de lo cual se probó la filtración por medio de con suficiente fuerza para que sus superficies se

NúMERO

mantengan constantemente limpias. Otras aletas, H,
cuya oblicuidad con relación á las generatrices del
cilindro puede graduarse á voluntad, obligan á retroceder al hierro que la corriente empuja hacia delante. La campana K fijada en el conducto de salida y que no gira con el cilindro, se opone al arrastre de las pequeñas partículas de hierro desprendidas á consecuencia de los choques y del roce. Una
abertura,./, por donde puede introducirse un hombre,
sirve para inspeccionar el aparato, y una espita, M,
permite la expulsión del aire en el momento de llenarse el cilindro.
El agua debe permanecer en el cilindro tres ó cinco minutos, según su grado de impureza, de manera
que un cilindro de las dimensiones de los de Amberes
puede tratar 3.000 metros cúbicos de agua por día,
bastando de cuando en cuando añadir en él la can·
tidad de hierro correspondiente á la cantidad de
agua que por él ha pasado.
Al salir del cilindro el agua está fuertemente cargada de sales y de óxidos de hierro, y muy turbia,
presentando un color de orín muy pronunciado y
exhalando todavía un olor álimo, lo que prueba que
la purificación no ha terminado. Entonces se la airea
inyectando aire en los tubos agujereados y sumergidos en una balsa que recibe el agua al salir de los ci·
lindros. También se inyecta aire debajo de una plancha de cinc perforada, que forma como un doble fondo del tubo de evacuación de las aguas á la salida
de la balsa. La aereación, por último, se completa
haciendo saltar el agua en cascada sobre gradas provistas de cok.
La fig. 2 representa la instalación de los cinco revólveres de Waelhem; la fig. 3 reproduce los detalles
de la inyección de aire.
Después de aireada, el agua es decantada y luego
filtrada, produciéndose con ello dos acciones, una
química y otra mecánica. Por la fuerza del hierro y
del oxígeno del aire y á consecuencia de reacciones
difíciles de precisar, las materias orgánicas quedan en
gran parte destruidas. Además, sea en los estanques
de decantación, sea en los de filtración, los compuestos ferruginosos se depositan en forma coloidal, englobando las materias en suspensión y los microorganismos, produciéndose un efecto análogo al de la
coladura de los vinos. La decantación se precipita, y
por otra parte, la capa coloidal depositada en la superficie de la arena de los estanques de filtración forma la verdadera capa filtrante y permite el empleo
de arena gruesa que sirva simplemente de sustentáculo, con lo que la filtración resulta más perfecta y
más rápida. En Waelhem se ha conseguido un caudal de cuatro metros cúbicos por metro cuadrado y día,
en vez de 2'50 que producen los filtros sencillos. Al
mismo tiempo las limpias son más fáciles y no han
de hacerse con tanta frecuencia. Las impurezas, en
vez de penetrar en la arena, quédanse en la capa coloidal; de aqu{ que basta raspar en un espesor de un
centímetro, y aun quizás bastaría un simple barrido.
Así se obtiene un agua límpida, inodora y de buen
sabor, sin más micro-organismos que los que se observan en la mayoría de aguas potables, resultado tanto
más sorprendente si se tiene en cuenta la extraordinaria impureza de dicha agua en su punto de partida·
Por este procedimiento se purifican aguas para las
cuales no basta la simple filtración; y aun en las que
pueden filtrarse, el sistema Anderson aumenta la
producción de los filtros, apresura el depósito de las
materias en suspensión y permite disminuir considerablemente el coste de las instalaciones y de las limpias.
Como el conjunto de las instalaciones de Waelhem
es anterior á la invención del procedimiento Anderson, hubo que adaptarle á éste lo mejor posible, y
por lo tanto no puede citarse como modelo.
Los revólveres pueden ser de varios tamaños, desde 0'068 á 14 metros cúbicos de capacidad; pueden
tratar en 24 horas desde 20 á 6.000 metros cúbicos y
exigen una fuerza motriz de 1 16 á 66 kilográmetros
por segundo.
Este procedimiento ha sido aplicado á varias ciudades de Holanda y ensayado en Berlín, en París y
en Boulogne-sur-Seine. En este último ensayo pudo
presenciarse un hecho que demuestra el modo de
obrar el procedimiento. Los estanques de decantación
estaban formados con delgados tabiques estribados
po, barras de hierro redondas que tocaban la superficie del agua durante el funcionamiento normal (figura 4 a). En un momento dado se vaciaron lentamente los estanques y pudo verse cómo se formaba
una ·membrana como de colodión, que pendía de la
barra de hierro á modo de cortina (fig. 4 b).
Este procedimiento puede aún ser perfeccionado,
pero tal como es, permite purificar las aguas que se
resisten á otros procedimientos.
P. LLAURJOL
(De La Naiure)

LA

489

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

_.,._
-

LAIT .&amp;NdPdLIQUI -

LECHE ANTEFÉL
put • ■udlh • lfll, flll,a
CAS, LENTEIAI, TEZ ASO
SARPULLIDOS, TEZ BAI\ROS
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ENFERMEDADES ..

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ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

if.t91'DES d,, Ear0At.
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PATERSON
• BISIIUTBO MAGNESIA

Participando de las propiedades del Iodo
'1 del Ble:r:ro, estas Plldoraa se emplean
es_peclalmente contra las ••erohllu, la
'l'isu y la Debilidad de ,e~peramento,
as! como en todos los casos{'.Pált'dos colore■,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es neceearto
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar ó re¡ularizar su curso periódico.
. ~/"A/JJJ5

FmnmtltO,

9

Pepsina Boudault

J
8-Nlldot COGlra 111 ~loDN del Eati&gt;•
lllaGO Fal\a de Apetito , DlgeeUoDN labortOIIU, AoedW, V6mtt.oe, Eruotoe, y C6Uooe;
regularlu.D lu FuuoioDN clel Eat6mago y
de loe IIMNUDoe.
E"'1rt11tlrotvlo 1 ,,_, dt l . FAYAIID.
AdJa. DE'l'RAM, 1'--tloo • PABla

. !probada por la mDEIU DE IEDICIIU

PREIIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
lltclallu on l&amp;a lhpoolclon11 lntUDaelona\11 de

PHIS - LTOI - TIEH - PIIWELPiU - Pn!S
1871

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Pal'II,

GRANO DE LINO JARIN

~----t.-,'&lt;--=:'.:)Rue lonaparte, 40

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!B

Ju .-e.rdade:raa .Pildot-cu tle .BZanearcf,
m¡tr nuestro HIio de pl ■t• re ■ctlv■,
■ue■tra firma puesta al pié de una etiqueta
- - • y el Sello de raranlla de la Uni6n de
IN ,111rtc■ ntn para larepres16n de lafalJl·
lcaclóu.

CLOROSIS. -

ANÉIIIA, -

LINFATISMO

1ueu11C111

11.UO U. FORK.l DI

ELIXIR, · de PEPSIIA BOUDAULT
VINO . . •e PEPSIR&amp; BOUDAULT
POLVOS. •e PEPSINA BOUDAULT
PWS, ~ COLL.t.8,1, ne l a , ... 14, fl"Jtd,Oln

.11 P:roú&gt;-lodaro 41 BJerro 11 .i NJ&gt;U'acfor 41 i. .._,..,
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APJ:OL
de los o•ea JORET &amp; HOMOLLE
El API0L cura los do/ore,, relraao,, 1upreilonea de 111 Epocu, as! como las plrdldu.
Pero confrecuenclaesfalslficado.EJ APIOL

CARNE HIERRO y QUINA

tJlm■DM» NI ~ llllido a lol 'f6Diooa mu npandar&amp;

verdadero. unico eficaz, es el de los In ventores. los D"' JORET y BOIIIOLLE.

MEDALLAS Exp" Unir'" LON ORESf862 · PA RISf889

rar-BBIUT, 150,mdlBITOU,PilJS

VINO FERRUGINOSO ARDUO
T 00K TODOI toS

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• • - _ _ .• .,_ ..,..._, Dles lflol di a:lto CIIIDUDUldo J IU &amp;anDldOllel die

llií6dic■■ ~ que - - DOC!ldoo de la Cl■l'lle, el . . . . . , 1a
el ~ mu ~ que• OODOOe ~ carar : la C1orddi, la
111 l l l f t l ~ clol#IIMI, el ~trwc,--lf J la AltlNCIM" 1' ,_,,.,,
el bqtHU,. 1aa Aflt:tMM l#f'O(WOIM 1 liclrOIII"'", e&amp;é. 11 Ylae • e . . . . . - de
.,.._. ea, m' efec1o el UDklO que reune lodo Jo que mklll&amp; J tol1&amp;leae lol ol'IU)OI,
NIQ)artla, coordella'J aummta C O l l l i ~ lU flael'lll 6 IDlwl4e &amp; la IIIICl'8
empollreClda y delCOlortda : el fffM', la Colol'lefM 1 la ~ eUM.

tJü¡.;-:;.,,DeDCMI
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N ú MERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTiéA

489

ser muy sólidamente
fijada por medio de
un gran el ectroimán, de modo que
cmNTfFICO
se~m se interrumpiera ó se dejara cirEn Roma se ha
cular la corriente,
celebrado recientepodia aquélla ó no
mente una fiesta que
ser levantarla y pobien merece el titulo
dia ó no el caballero
de baile cient!fico.
que lo intentara saSe abrió el cotillón
car el ramo que escon la representataba debajo. Poco
ción de un desafio
después funcionó
en el siglo xx; los
una gran máquina
caballeros se dispude influencia de
taban sus damas con
Wimshurst con sus
espadas puestas en
brillantes chispas
comunicación con un
monstruos.
gran centro de ele~Terminó el cotitricidad por dos hillón con la figura silos invisibles, proguiente: multitud de
duciendo los aceros
preciosos brazaletes
al chocar arcos volde aluminio electrotaicos y chispas brilitico estaban cosillantes de un efecto
dos- á Otros tantos
mágico.
pañuelos de piroxiTambién se rindió
lo; un inflamador
tributo á laqulmica:
eléctrico produjo la
á las señoritas se les
deflagración encima
ofrecían flores artifide una mesa, haciales de toda clase
ciendo arder y desimpregnadas de feaparecer, sin dejar
nol-thaleína, de ciarastro, los pañuelos,
cina, de dinitro-nafy dejando á las datol sulfúrico, de cúrmas como recuerdo
cuma, etc., que camde la fiesta las pribiaban de colores
morosas joyas que
al ser humedecidas
dentro de aquéllos
con un pulverizador
se ocultaban.
cargado de agua con
La corriente nececarbonato sódico.
,;aria para todas esDespués de estas
tas aplicaciones y
figuras aparecieron
para la iluminación
por todos lados las
de los salones procorrientes eléctriporcionábanla veincas; las señoritas se
ticinco acumuladosentaban en un gires del Electric Pogantesco sillón de
wer Storage, de quiestilo medioeval, y
nientos amperes caESTUDIO DEL PINTOR CARLOS RAUPP. (Véase el articulo en el número 487.)
cuando delante de
da uno de ellos de
cada una se presencapacidad.
taba el caballero que
le estaba destinado, iluminábanse á la vez multitud de lampa- entre las que citaremos los cambios de color de las grandes
Los autores de esta fiesta cientifica fueron el profesor señor
ritas incandescentes, dispuestas en aureola sobre sus cabezas. lámparas Bemstein, que indicaban cuál caballero debla bailar Mengarini, dueño de la casa y director de la fábrica eléctrica
El circuito se cerraba por la intervención de un operador que con determinada dama. Otra figura muy ingeniosa fué la si- de Roma, y el profesor Sr. Nasini, de la Universidad de Rode esta suerte arreglaba las parejas á su gusto.
guiente: una caja metálica, muy sólida, tapaba un ramillete; ma, que estuvo encargado de la parte química.
(De La Nature)
La electricidad se mostró además en otras muchas formas, construida con una armadura de hierro dulce, esta caja podla
UN BAILE

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
UlP, DB MONTANl'I. y S1.J4ÓK

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