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                  <text>U~ÍrtélC10t)
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BARCELONA 18 DE MAYO DE 1891

NÚM. 490

REGALO Á LO3 S:C:[;OR:C:S SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

•

PODEROSO MAGNATE, cuadro de D. J osé J iménez Aranda

�LA

306

1LusTkAc10N ARTisttcA

NóMERO

490

cultura griega, por ejemplo, Pero estas objeciones no ces, con otra cosa además: la emoción personal, la
probarán nunca que cada tiempo no deba tener su visión personal del artista, sin pretender velarla ni
retirarse de su obra. La propia personalidad que, á
Texto. - La Exposiciónge,w·at de Bellas Artes (continuación), arte propio y trabajar por dar forma á su ideal pro- despecho de toda teoría, se transparenta siempre en
por J. Yxart. - La ro1i1erla de San I sidro, por F. Moreno pio, lo cual hicieron, en suma, aquellas mismas épotoda pintura, tiende á recobrar francamente sus deGodinq,-Górcega. Notas de viaje, por EtluardoTo~a. - Ro• cas y aquellos mismos genios, sin que se les o_curriesali11da. Cuento fantástico del siglo XVII (conclus16n), por ra imitar á los anteriores ó detenerse en estén! con- rechos. Lo real, el amor á la verdad, permanece; pero
José Torres Reina, -Nuestros grabados. - El marido_ de ( aco• templación. Ni tales objeciones destruirán tampoco el artista nos da de ello, no su efecto común y objetiva•
/1ita (conclusi6n), Novela original de Andrés Thunet, 1l~s- el principio de que un arte que corresponde á la in- do, sino el efecto que á él le causa, sin temores á un retrada por L. Marold, traducción de Enrique L. de Vernemll. mediata manera de sentir del espectador, es siempre proche de idealización. La absoluta sinceridad se im-SECCI ÓN CIENTÍFICA: El gran ecuatorial acodillado del para él el más interesante; un arte que guarda relaci?- pone en este punto, y esta sinceridad, enfrente del
Observatorio de Parls, por A. Fraissinet.-El sepulcro de nes invisibles y á veces imprecisables con la sene natural, es el rasgo más saliente de tales cuadros.
Aristóteles. - Libros enviados á esta Redacción por autores 6
infinita de ideas, afectos, sensaciones que nos crean Puede decirse que por aquí da un nuevo y más reeditores.
un alma propia, el alma del día; este arte, digo, me- suelto paso la preocupación, quizás constante en
Grabados. - Poderoso magnate, cuadro de D. José Jiménez
rece desde luego, por ser el nuestro, atención y es- todo artista verdaderamente tal, de olvidar y reacAranda. - Pastoreo, cuadro de D. Laureano Barrau. - Pesca,
tudio
superiores al de otras épocas á las cuales ya no cionar contra lo aprendido por receta, limpiando su
cuadro de D. Dionisio Baixeras. - Vendimia, cuadro de don
podemos
volver. Los que vengan dirán si al manifes- cerebro de los recuerdos de toda postura del moJosé M. Tamburini. - Acudiendo á la cita, escultura de G. van
tar
en
esta
forma propia la belleza tal como la senti- delo, de toda expresión de taller, para interesarse dider Straeten. -Exposición de Bellas Artes de Barcelona. Vistas de la fachada del Museo y del gran salón central en donde mos, creamos algo transitorio y deleznable, que no rectamente á la vida en movimiento; á la naturaleza
está imtalada la sección de Esmltura, composición y dibujo ha de pasar á las galerías de ningún museo: esto es sorprendida instantáneamente, libre, sin preparación,
de D. Nicanor Vázquez. - J,fonta11as de Córtega. (De una cuenta de ellos. Lo que á nosotros nos importa es sin mandarla, si así puede decirse, que se detenga y
fotografía.) - Córcega. El bandolerismo. L a familia de Bella- hacer lo que hicieron todas las épocas: procurar tener adopte una actitud para pintarla; al gesto vivo, inscoclm, (De una fotografía.) - Historia amoro.&lt;a, copia del ce- un arte suyo y encariñarse con él, en cuanto llevaba tintivo en la figura, al rasgo habitual, á la expresión
lebrado cuadro de Laurenti. - Busto m mármol de S. M. la al exterior la visión interna de su vida, sus sueños, candorosa, olvidada de sí misma, y por tanto la más
reina rigente, esculpido por D. Agustln.Querol.-Fig. I. El
sus pesadillas, sus realidades, reflejadas y refractadas característica de una situación ó de una pasión no
gran cuadrante ecuatorial acodillado. Vista del conjunto del
á través de los lentes que la naturaleza pone delante registrada todavía en ningún álbum de Lavater. Para
aparato, - Fig. 2. El ocular del gran ecuatorial acodillado,
alcanzar plenamente esto hay que ser no sólo sincero,
- Fig. 3. Esquema que reproduce la marcha seguida por el de los ojos de cada generación.
Por esto, repito, cuando recorro las salas de la Ex- sino simple en el modo de ver las cosas y en el modo
rayo luminoso en el gran e&lt;;uatorial acodillado. - Estudio de/
posición actual, se me va la atención y el alma con de trasladarlas sin efectismos, adquirir en el dibujo
pintor /Valter Firle. (Véase el artículo en el núm. 487.)
predilección irresistible hacia aquellos cuadros que aquella seguridad fácil y repentista que fija en el pame manifiestan las tendencias de hoy, y transmiten pel de golpe un gesto, un juego de líneas fugaz y casi
LA EXPOSICION GENERAL
algo de mi propio sér, algo de esa concepción total imperceptible; poseer en la pincelada aquella difícil
de la vida que infunden las demás artes, la literatura, exactitud que parece acertada de un golpe, con fresDE BELLAS ARTES
las costumbres, el mismo temperamento político cura, con amplitud: el tono, el color, «la impresión
coetáneo, algo que me satisfaga por más sincero, por virgen de las cosas,» como la llama un crítico con fraIII
más directo y vivo, con impresión, por decirlo así, se feliz.
De este espíritu de sinceridad y simplicicad en ver
LA SECCIÓN DE PINTURA ESPAÑOLA
privada y en nada diversa de las cotidianas. Y en cambio, lamento ó me sorprende que sean aún tantos en y ejecutar, procede al mismo tiempo aquella homoLa primera ojeada general á los cuadros de la sec- número los cuadros que nada me dicen en este sen- geneidad completa de la obra, en que nada se halla
como traído á la composición y dispuesto con arte
ción española convence á cualquiera de lo mucho tido.
que tarda en llegar á España la última fórmula del
En tres grandes grupos principales pueden clasifi- para el efecto total. La observación directa y en todo
arte contemporáneo, y cuánto se detienen algunos carse éstos en la actual Exposición. Hay primero aque- su conjunto de un espectáculo cualquiera trae al cuaen concebir y ejecutar siguiendo todavía una manera llos lienzos de algunos maestros conocidos y de re- dro aquella relación invisible é íntima entre todos sus
que está ya definitiva y justamente juzgada.
putación ya incontestable, que se traen su firma en componentes, el influjo recíproco de lo que se ha llaNo soy de los que adoptan como criterio y de un la tonalidad general, en la factura y hasta en el mado tiempo ha el medio, causa de la armcm,ía entre
modo exclusivo la última consigna, creyéndola en asunto elegido. Resaltan tales cuadros como evoca- todas las circunstancias del momento, del grupo, del
todo caso un progreso por ser la última. Tampoco ciones de otros concursos, como notas y manchas asunto elegidos y de la misma factura usada por el pinquisiera incurrir en la injusticia patente de olvidar permanentes. Ya nadie se ve obligado á acercar- tor. Si éste siente y se impresiona bien, al propio modo
en la obra artística cualidades de primer orden por se á ellos para saber de quién son, ó para estudiar de mover los pinceles acaba por transmitirse el sentianticuadas, cuando pueden ser de tal género que en ellos una nota nueva, un aspecto de su evolución miento que le domina; no se concibe siquiera que
permanezcan como superiores á las transitorias mu- cumpliéndose todavía; ésta se ha realizado ya en pueda pintarseuna escena plácida con los brochazos
danzas de la moda. Ni he de olvidar tampoco - y absoluto. Vienen después los de aquellos autores rápidos y apremiantes de una emoción tempestuosa,
vaya la tercera salvedad - que ésta toma mucha parte que persisten en prolongar géneros ya pasados, por ni ésta con la suavidad y languidez de la primera. De
en el éxito de las obras pictóricas, como en todos los lo menos en el modo de sentirlos, en los cuales exis- aquí, en suma, esa armonía, esa fusión total que lo
éxitos. Digo más: la necesidad de hacer nuevo á todo ten cualidades suficientes para que hubiesen teni- envuelve, lo rodea, lo esfuma todo, y nos da como
trance, lleva á ·muchos pintores á adoptar la última do más que mediano éxito en otras épocas y condi- una evocación aérea é impalpable de las cosas, mefórmula por espíritu de imitación, alterándola y sin ciones quizás superiores á las de otras obras que lo nos agria que hasta aquí, y de una verdad más sutil,
sentirla. Y por aquí resulta que muchos cuadros que obtuvieron muy grande, pero que hoy, sin embargo, más refinada, más matizada y analítica, sin que el
se toman por modernísimos, son en el fondo tan con- no alcanzan ninguno, por la sencilla razón de que el análisis destruya el efecto de conjunto, haciendo valer
vencionales y tan pintados de manera como algunos artista abdica en ellos su personalidad ó la am9lda á algunos fragmentos á expensas de otros.
que pasaron de moda. Sobre todo, no hay que dejarse día fijo y en determinada ocasión, á una escuela, á
Que por este análisis, cada día más complejo y
deslumbrar por aparentes modernismos en el coloró un estilo, á un gusto elegidos de antemano. En este más sutilizado, se vuelva como quieren algunos á un
en la factura y menos en los asuntos. Con escenas caso se hallan algunos cuadros históricos, otros de nuevo idealismo, primero y consecuente corolario de
rústicas á lo Millet, con rincones de naturaleza al aire costumbres, otros de anécdota, otros de simples tipos, estos últimos esfuerzos, me parece que no es ocasión
libre, con interiores simplicísimos, en un ambiente en que la composición y·sobre todo la pintura re- de tratarlo aquí anticipando ideas, porque no hay togris, de tonos enfermizos y apagados, donde palpite cuerdan muy directa, muy llamativamente el arte y davía en la sección española obra que realice esta nola vida sin estrépito y vibre el color modesta y sor- aun el oficio. Es imposible explicar la sensación que vísima tendencia. Me limito, pues, á este primer esdamente, se puede en el día incurrir en la propia ya empiezan á causar muchos de esos cuadros que, bozo de la que nos ocupa, para señalar algunas de
convención, exhausta de inspiración y temperamen- sin ser cromos, como algunos de antaño, y parecien- estas condiciones en los principales cuadros moderto, que nos trajo hace pocos años las notas de color do de gran verdad y del natural, hace poco tiempo, nos de la Exposición, casi todos de catalanes y algudeslumbrantes, los esplendores del sol de Fortuny, se destacan, también á distancia, duros, sin ambien- nos influídos por Francia. De los demás que lo melos árabes, los casacones, etc., y antes de ellos la te, sin gradaciones de luz, sin movimiento y flexibi- rezcan indicaré los más principales ó que muestren
pintura castiza, vigorosa á lo Rosales, y más antes lidad en las figuras. Tras de los cuales llegan, por una i~dividualidad característica, con objeto de que
cualquier otra fórmula. Siempre ocurrió en pintura último, los numerosos de los autores divorciados de pueda formarse concepto del conjunto de las salas
lo mismo: unos inventan ó siguen un nuevo procedi- su tiempo y alejados en absoluto de él, que revelan de pintura española.
miento porque lo sienten y otros _lo imitan porque una obstinación candorosa en conmover con el
J. YXART
priva ... Me parece que no puedo llevar más allá mis melodrama ó en emplear los recursos ajenos: pinsalvedades ...
tura de pinturas, arte de arte, y aun del anticuado:
Pero con todo esto, á pesar de todo esto, y quizás manifestaciones híbridas y de pacotilla, que no son
por esto, la primera observación qu~ se me ocurre es, ya obras artísticas, sino manufacturas más ó menos
LA ROMERÍA DE SAN ISIDRO
que lastima ver el arte pictórico español rezagado aceptables, y muchas, inaceptables del todo.
todavía, y lo que es más, divorciado en general de las
En medio de esta diversidad de obras, se halla de
I
últimas y más modernas tendencias. Porque, en pri- vez en cuando la nota nueva, ó la que sin ser descomer lugar, van á mi juicio por camino más seguro y nocida dura con éxito por reciente ó análoga, 6, por
¡Pobre San Isidro, tan bueno, tan humilde, tan
aceptable que las anteriores. Porque, en segundo lu- fin, el conato del que se esfuerza en llegar por
modesto
tan callado! Estoy seguro de que á hagar, el arte coetáneo del espectador es siempre el que caminos ignorados de los que le precedieron. Resutiene más derecho á la atención de éste, cuando se mir las condiciones singulares de esta manifestación ber sabido que su nombre y patronato iban á servir
le ofrece con caracteres de sinceridad, sin engañifas que califico de moderna, distinguirla y hacerla visi- de pretexto á jaleo tan colosal, en vez de servir de
de copista ni trazas de mercantilismo. Dirán otros ble, no con los pinceles sino con la pluma, es ya algo mozo de labranza al madrileño Juan de Vargas hulo que quieran del arte de otros tiempos, aun de los difícil. Cabe sólo señalar sus rasgos dominantes, y no biera cogido del brazo á su cara mitad María de . la
más próximos, No puede negarse que ni el arte adelan- más. Desde luego no se trata del mismo realismo de Cabeza y retirádose con ella al pueblo más recóndito
ta siempre en línea recta, - fórmula de progreso que hace pocos años, si se entiende por él transmitir con de la Alcarria ó cosa así. Es de suponer que el día, ó
quizás se cumple en las ciencias experimentales, y no plena exactitud lo real, objetivándolo con absoluta mejor dicho, la quincena en que se celebra su fiesta,
más, - ni dejará de haber nunca épocas y autores en impasibilidad. Dado que esto se haya propuesto al- estará en ascuas en la mansión de los bienaventuracuyas obras resplandece un tipo de arte casi perfecto guna vez, - lo cual nos llev¡uía á una amplificación dos, oyendo los reproches de éstos, escandalizados
que estamos condenados á admirar de rodillas, á con- bastante larga, - no hay ya en los cuadros de esta de semejante baraúnda.
¡Qué romería y qué romeros! Las de los galleguitemplar en éxtasis y á considerar inasequible: la es- última fecha este exclusivo propósito; hay esto á ve-

NóMERO

490

L.tt

- ¡Pues claro!, contesta el cicerone; entonces estaban á la cuarta pregunta.
- ¿Y por qué vestía todo de verde ese señor? (la
estatua de Cervantes).
- No vestía así, sino que era tan pobre que sólo
se mantenía de hierbas, y se le ha salido fuera el color.
Aquél es el presidente del Consejo de Ministros.
- ¡Bah! ¡Si creerá usted que me piso el ramal! ¡Un
presidente con ese saco y ese sombrero despeluznado!. .. etc., etc.

SUMARIO

II
Por supuesto, que los forasteros y los que no lo son
van en su mayoría á visitar el palenque de sus futuras hazañas antes de que llegue el día del santo;
porque aquel sitio está lleno de fondas, fonduchas y
puestos con ocho días de anticipación. Al que va
por primera vez le sucede lo que al que entra en Lon-

PASTOREO,

307

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

y sus horas predilectas. La gente pacífica y decente

le visitan en la víspera de la fiesta ó el mismo día
por la mañanita temprano; esto es, si el tiempo no lo
impide, pues en tales días suele hacer un calor del
Senegal 6 caer unos chaparrones que convierten los
alrededores del santo en laguna Meotis.
Pero que se achicharre ó se inunde el mundo, en
Madrid desde la víspera están tan fijos en su sitio
esperando romeros centenares de vehículos de todas
clases, como el doctor Garrido en su farmacia, Luna, 6. En' tales días se utilizan todos los medios de
locomoción, desde la tartana valenciana al carro de
violín. Al ver la interminable fila no se concibe que
quepan en el planeta tantos armatostes, que no son
pocos el día del santo. En este día desde las seis de
la mañana los tres caminos principales que conducen á San Isidro parecen tres hormigueros humanos:
gracias á que los puentes de Toledo y Segovia son
sólidos, aunque no así el puente verde, que en más
de una ocasión se ha hundido proporcionando á los
romeros un baño en el Manzanares. Pero estos madrugones que van temprano y vuelven antes de que
apriete el calor, ni son romeros clásicos ni madrileños netos. El verdadero hijo de Madrid no puede
prescindir de ciertas formalidades. En primer lugar
tiene que visitar de mañanita la capilla de San Isidro, anexa á la antiquísima parroquia de San Andrés: capilla que merece verse por su rica fabricación
de mármoles y jaspes y por su no escaso mérito plateresco. Claro es que desde esta capilla se pasa naturalmente á la adjunta parroquia para visitar los lugares habitados por el santo y el pozo en donde santa María de la Cabeza sacaba agua para sus meneste-

cuadro de D. Laureano Barrau

tos y asturianos (que no son flojos) y las ferias más
bulliciosas de Andalucía son niñas de teta y cosa
de poca monta comparadas con la dichosa fiesta madrileña. Merced á la bondad de las empresas de ferrocarriles, que establecen trenes baratos, se llena la
villa y corte de España de la sociedad más selecta
de provincias, que viene resuelta á divertirse á sangre y fuego, para lo cual se toma ocho ó diez días
de anticipación. La posada del Peine, la empresa de
la plaza de toros y los timistas y enterradores hacen su agosto; pero lo cierto es que los habitantes de
Madrid tienen que sortear más sirtes que los marinos del Pacífico. Las calles y plazas se llenan de
racimos humanos; es decir, de forasteros que an·
dan á bandadas, cogidos de la mano para no perderse, ó bien se paran en grupos ante los escaparates de las tiendas 6 delante de las bolas de las
farmacias, para tener el gusto de verse verdes, que
es como les van á poner entre rateros, pobres, patronas, posaderos, músicos y danzantes. He dicho en
otra parte que Madrid asimila, y es verdad. No obstante su embobamiento, á los tres días de estancia
los forasteros se hacen madrileños, y es de verlos en
l_os cafés cantantes, jaleando á los cantaores ~or lo
1
ondo «¡Olé, viva la gracia!,» ó gritando á un diestro,
desde ~n tendido de la plaza de toros: «¡Pare usted
esos pies!»
_Lo~ forasteros que vienen por primera vez á ~adnd tienen sorpresas indecibles, á las que contribuyen los cicerones madrileños que suelen acompañarlos. No se explican que las puertas del Palacio Real
sean de madera vulgar lisa y moronda, cuando ellos
las suponían por lo menos de plata con clavazones
de corales.
- Pero esos reyes (los de la plaza de Oriente) ¿andaban tan remendaos7

PESCA,

cuadro de D. Dionisio Baixeras

dres por vez primera, que le parece feo, y á poco se
convence de que es admirable. Y son admirables la
residencia del patrón de Madrid y sus alrededores
porque no tienen nada de particular, excepto cierto
cht'c inexplicable: ese chic que nos hace exclamar á
veces mirando á una mujer: «¡Qué fea tan simpática!»
En aquel sitio el río es estrecho, en la pradera apenas hay algunos grupos de árboles diseminados, los
cerros son escuetos, la capilla del santo no brilla por
su arquitectura, y no obstante, todo el conjunto resulta atractivo y pintoresco. Comparar, por ejemplo,
el famoso Prado de San Sebastián, donde se celebra
la feria de Sevilla, con San Isidro del Campo, es como comparar el alma que plácidamente se pasea por
el cuerpo con el alma que se desborda en los ojos,
en los labios, en las manos y en todos los sentidos
corporales.
Los romeros de San Isidro morigerados, es decir,
los que no se pasan en él todo el día, tienen sus días

\'ENDIMIA,

cuadro de D, José 1\1, Tamburini

�LA

308

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

490

frase pedigüeña lastimosa é invariable. Muchos llevan sucursales infantiles, es decir, niños y niñas que
acosan al transeunte. Entre éstos hay un niño copio
de nueve á diez años de edad que pide limosna
constantemente en Madrid, que ha consagrado la
mendicidad como estado civil. Después de pedir el
socorro, si se le niega, añade con aire de graciosa
resignación: «¡Cómo ba de ser, otro día será!» dando á entender que tiene ante sí un largo porvenir de
días para ejercer su profesión.
Las autoridades y una gran parte de la policía no
se dan punto de reposo para vigilar y poner orden
en la fiesta. Intervienen en las riñas, dirimen las
contiendas entre vendedores y compradores, acuden
al llamamiento de dueños de fonduchos y cantinas,
donde los romeros suelen romper la vajt'lla y olvidarse de pagar el gasto; pero aun así, ¿quién puede
poner límites á la expansión madrileña y forastera?
Como en Noche-Buena, el año que no resultan de
la romería dos ó tres muertos y cinco ó seis heridos,
puede decirse que ha sido un año incoloro en lo tocante á San Isidro.
Bien caídas las sombras de la noche, la mayoría
de los romeros van abandonando lentamente aquellos pintorescos lugares en donde tanto se han divertido. Muchos, peneques totales, no pueden volver á
sus lares, y se quedan en el camino tendidos junto á
los estribos de los puentes ó cabe las tapias de las
casas de los arrabales; porque eso sí, un borracho
puede perder la razón, pero no se ha dado caso de
que se tumbe á dormir la mona en sitio donde pueda ser aplastado por los carruajes. Los bay que, bien
sea por desorientación de su domicilio ó porque ne·
cesiten ambiente para su jumera, amanecen en la
Moncloa ó en el soto de Migas Calientes. Pero en fin,
los que llegan á Madrid lo hacen triunfalmente y es
de ver el verlos desembocar en la Puerta del Sol por
las calles de Carretas, Mayor ó Arenal, según el camino que traigan. Suelen venir cargados por dentro
y por fuera, pitando en silbatos que representan cabezas de hombres políticos eminentes; polvorosos,
despechugados, y las mujeres despeluznadas.

res domésticos; y como unido á estos dos santuarios
está la capilla del obispo, único y precioso ejemplar
del arte gótico en Madrid, es forzoso también visitarla.
.
Después, el madrileño escrupulosO' se traslada á la
Colegiata, hoy catedral, pues allí, en rica urna, se
veneran las cenizas del santo labrador.
Cumplidos estos deberes, la familia ó familias madrileñas, pues á veces se reunen varias, pueden emprender tranquilamente la romería en carruaje ó á
pie, llevando los víveres y utensilios necesarios para
almorzar y comer al aire libre, que es como debe hacerse en San Isidro del Campo. Si el sol les derrite
los sesos durante el camino, propinándoles insolación y aun tifoidea, ¿qué importa con tal de que tengan tiempo de llegar y beber el agua de la fuente
del santo, después de haber leído ú oído leer la siguiente famosa décima:
&lt;I Oh aijada tan divina
con,o el milagro lo enseña,
pues sacas agua de peña,
milagrosa y cristalina! .
El labio al raudal inclina
y bebe de su dulzura,
pues San Isidro asegura
que si con fe la bebieres
y calentura trujeres,
volverás sin calentura.&gt;

III
Los que almuerzan ó comen en las fondas colgadas de tapices, con loza de la Cartuja y manteles en
la mesa, los que se refocililn en los chiscones de los
cerros, son romeros falsificados y de contrabando;
soldados, mujerzuelas, forasteros que ignoran las costumbres clásicas, gitanos y gitanas que se embuchan
el producto de sus buenas venturas: furriela sin color, aunque sí con olor y no á ámbares. Eso es la
oclocracia de la romería. La familia madrileña pura
entra á empujones en la capilla del santo, sube y
baja la cuesta bordeada de puestos, compra las estatuitas de San Isidro y su no menos santa esposa,
rosquillas de la indispensable tía Javiera y otras
autoras, rosas del pitiminí, silbatos colosales adornados de lazos sorprendentes, frasquetes llenos de licores tan misteriosos como la linfa Koch, y provista
de estos enseres busca la sombra de algún árbol y se
instala en la Pradera.
Por esto la Pradera es la síntesis, el idilio, digámoslo así, de la romería; idilio que á veces se eleva
al drama.
Porque desde las dos de la tarde, 6 cosa así, la
mayor parte de los romeros de San Isidro, especial·
mente los de la Pradera, son irresponsables de sus
actos. Allí no existe el libre albedrío, el resistero, los
horrores de la digestión, el hipnotismo de los frasquetes, el ruido ensordecedor de los pitos y dicharachos, las lastimosas lamentaciones de los mendigos
que merodean de corro en corro, los gritos de los
vendedores ambulantes, las excitantes ondulaciones
de las faldas de las romeras, el vértigo de los bailes,
el rasgueo y punteo de las guitarras, la aparición siniestra y antiliberal de los agentes de orden público;
todas estas cosas reunidas y cada una de por sí se
llevan el libre albedrío á cien leguas de aquellos sitios: allí el libre albedrío consiste en cometer cada
cual las mayores incorrecciones posibles. Como los
corros se tocan y las cabezas están calientes, hay
allí mil pretextos de bronca.
Por ejemplo, á un. tenorio de un corro le flecha
una chula de otro próximo:
- ¿Me hace usted el favor de bailar conmigo?
- Estoy costipd.
- Bailando sudará usted el costipao.
- Pero es que yo no bailo sino· con quien conozgo,
y á usted no le he visto más que pintao en una pandereta de Noche-Buena.
Bronca.
-Aunque no tengo el honor de conocer á usted,
me va á hacer el osequio de beber un traguito.
- Yo no bebo más que agua caliente pa escaldar
á los microbios.
- Pues ahora va usted á beber esto tt por la boca
ú por la cabeza...
Bronca.
Además no faltan Mefistófeles que solivianten las
pasiones. Hace dos años, uno al parecer caballero,
al sacar la petaca dejó caer al suelo inadvertidamente un billete de banco; viólo una cigarrera que esta·
ba sentada debajo de un árbol y se levantó para cogerle; pero llegó tarde, porque un hombre del corro
vecino se había apoderado de él.
- Ese billete es mío,
- ¡Ca! Señora, usted está trascordd, me se ha caído á mí del bolsillo.
Intervención de los hombres de ambos corros,

NúMERO

'

;- .:--~~"~"'~-,""':·&gt;. .....
::- - -_
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,

ACUDIENM Á LA CITA, escultura de Van der Straeten

IV
Los mendigos son una de las cosas más sorprendentes de la romería de San Isidro. Parece que la
mitad de la población se ha disfrazado de pordiosero para pedir limosna á la otra mitad, y esto me recuerda las corridas de toros en Sevilla, en donde hay
más vendedores de comestibles y refrescos que espectadores. Desde las calles de Toledo y Segovia y
Cuesta de la Vega, hasta los cerros del santo, pululan los menesterosos en número incalculable. ¡Y qué
menesterosos! En ellos se desbordan todos los aspectos de la fantasía monstruosa y de las deformidades
humanas. Todos los que no son mudos tienen su

&lt;Y cuando el sol de mayo resplandece
Entre efluvios de vino y de tabaco,
Aquel sitio parece
Un lugar de la Mancha entrado á saco.&gt;

Hasta hace dos años ha existido en Madrid una
sociedad titulada La Bestialidad, que tenía por base
de estatuto la comisión de todo género1 de barbaridades. Era presidente el que las cometía más grandes é ingeniosas. No es posible mencionarlas y corro
un velo sobre el particular. Dos ó tres años, el día
de la romería estableció este brillante círculo una
sucursal en el Cerro de San Isidro, y allí en un gran
cajón hecho de madera cenaban los socios (que afortunadamente no eran muchos) aliñando el festín con
toda clase de... bestialidades. En el año de 1887 se
les ocurrió una idea peregrina. Elegían presidente
por San Juan, y aquel año se les ocurrió que lo fue·
ra anticipadamente el que cometiese la mayor necedad la noche del patrón de Madrid, regalándole además un reloj de oro. Fueron reuniéndose los socios
en el barracón, compitiendo al entrar en extravagan·
cias colosales. Llegó uno rezagado, hasta entonces
insignificante, saludó modosamente inclinando la cabeza, sentóse en un banco en un rincón, y se puso á
rezar por lo bajo, pasando las cuentas de un rosario.
Por unanimidad fué aclamado Presidente y merecedor del regalo de la sociedad.
Una observación para concluir: en todas las ciudades y pueblos de España, y supongo que de todas
partes, abunda el nombre del santo patronímico de
la población. Por ejemplo, en Córdoba hay muchos
Rafaeles de ambos sexos, en Zaragoza muchas Pilares, en Pamplona muchos Fermines y en Valencia
innumerables Vicentes; pues bien: en Madrid apenas se encuentra un Isidro para un remedio. Los
madrileños no se acuerdan de su bendito patrón
más que para cometer excesos el día de su fiesta.

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MORENO GODINO

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bronca, un muerto y un herido, y resultado: un billete falso.
Y por la época de la revolución de septiembre
ocurrió un suceso más lamentable todavía, puesto
que fué causa de la pérdida de un buen ciudadano,
consecuente liberal por añadidura. Era éste un carpintero de la calle del Baño, sargento de un batallón
de milicianos nacionales, que tuvo la peregrina ocurrencia de ir á San Isidro vestido de uniforme. To·
mó posesión de un sitio sombreado por un árbol, y
dejando allí á un aprendiz, con la comida, fuése con
la familia á hacer la correspondiente visita á la hermita del santo. Cuando volvieron, el bueno del sargento destapó un gran cesto en donde traían las
provisiones, y se encontró con un culebrón de ojos
como ascuas y con la boca abierta, por donde aso·
maba una lengua de tres puntas; y fué tal el terror
que le produjo, que no paró de correr hasta el puente de Toledo. La culebra resultó empajada, pero
habiéndose divulgado el lance, el carpintero no pudo sobrellevar el apodo de Sargento de la culebra,
con que le designaron los vecinos de su barrio y
sus compañeros de ar.mas, y murió de vergonzosa melancolía.

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V
A las diez de la noche la Pradera de San Isidro
queda relativamente desierta, pero los fervientes
adoradores del santo se concentran en los cerros,
para estar más cerca de él. En aquellas alturas no se
extingue el fuego perpetuo de la romería y sigue el
consumo de peleón, escabeche y tajadas de bacalao.
Pudibundas mujeres madrileñas y gitanas que, como
los murciélagos, no se sabe dónde se albergan, amenizan con sus encantos aquellos sitios. Se baila y se
canta en todos los estilos:

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�310

LA

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 490

LA

NúMER0 490

3 11

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

viajero que desembarca en Córcega. No se va á la

isla para evocar recuerdos políticos, siempre menos
interesantes que el estudio de lo especial, lo raro y lo
típico de la tierra, y pronto se abandonan los peque•
ños puertos de la costa para respirar el aire sano y
vivir la vida libre de sus agrestes montañas.
Viendo éstas, podrlase creer que un desprendimiento de los Alpes rodó hasta el mar. Apenas hay

un llano en la isla, ni se encuentran otros horizontes
que los círculos de escarpadas ·cordilleras, sobre las
cuales se destacan los majestuosos picos de Incudine y del Renoso, de 2.500 metros de altura, cubiertos por espléndida corona de hielo que nunca llega
á derretir el ardiente sol del verano de 'la tierra. Al
pie de las murallas acantiladas del centro de la isla
crecen los bosques seculares de abetos y pinos negros, que sin duda no tienen rival en toda Europa.
El bosque de Aitoni, de muy difícil acceso, es uno
de los puntos de Córcega que más encantan al via•
jero.

Conviene visitar el interior de Ia isla si quiere examinarse en su propio elemento á la raza que lo puebla, al corso. Así lo hice, y por lo que á mi experiencia se refiere, debo constatar la buena acogida que
merecí en todas partes. El campesino corso es aten-

to, afable, respetuoso en grado sumo: no os cruza
por el camino sin daros en su dialecto el bona dies;

l!ONTAXAS DE CÓRCEGA. (De una fotografia.)

CÓRCEGA

muéstrase expansivo al conversar sobre el país y sus
costumbres, y se ofrece fácilmente, sin esperar retribución, para cualquier servicio que pueda demandársele.
Recuerdo una expedición que hice á la sierra de
Apietto. Era una mañana caliente, húmeda, desapacible. Fatigado por las anteriores jornadas y la marcha de aquella madrugada, quise descansar un rato
y almorzar; pero desconociendo la comarca, no pu·
de hallar ninguna fuente. Dirigíme á un pastor de las
inmediaciones, quien en seguida se brindó á acompañarme al sitio deseado, y me condujo, en efecto, á
una de las vecinas hondonadas, de entre cuyas peñas
brotaba cristalino manantial de agua, sombreado por
corpulentas encinas. Partí con el buen viejo mis pro•
visiones y, naturalmente, hablamos del país.
- ¿Sois continental/, me preguntó.
- Sí, pero no soy francés. Me he detenido unos
días en la isla para visitarla.
- Es hermosa. Mirad á lo lejos la nevada cima de
Punta Lincinosa. A su pie he nacido. La miseria me
hizo emigrar hasta aquí, pero confío que la Madona
me permitirá acabar los días en mi tierra.
Quedé estupefacto de la formalidad con que aquel
hombre me hablaba de su emigración á veinte leguas
de su tierra. Y en efecto, nótase en Córcega un exagerado sentimiento de amor al terruño, á la aldea
nativa: sus habitantes encierran la patria entre las
paredes de su choza y la nación en los confines de
su isla.
Pueblo que hasta ahora ha vegetado entre las breñas fuera del contacto con toda civilización exterior,

A su izquierda se ve un vasto recinto amurallado,
lleno de pequeñas construcciones dispuestas sin orden ni simetría: es el cementerio, colocado en situaAunque se había desencadenado un recio tempo- ción muy pintoresca junto al mar, para que el eterno
ral de Levante, no quiso detener la salida el capitán murmurio de las olas acompañe á los que dejaron
para siempre la compañía de los vivos.
del Boco.rnone, aparejado en el puerto de Marsella
No es extensa la villa de Ajaccio, que sólo enciepara dirigirse al de Ajaccio: confiaba en la poderosa
máquina de su nave para vencer la fuerza de las olas rra una población de ocho 6 diez mil habitantes. Sus
en el temido golfo de León. No equivocó el audaz casas se agrupan en una estrecha lengua de tierra
marino sus cálculos, aunque por su causa hicieron avanzada dentro del golfo, y forman cuatro 6 cinco
un precario viaje los escasos pasajeros que conducía largas calles paralelas, cruzadas por pequeños callejones. La parte de la plaza es bonita, con jardines y
el vapor.
Después de veinte horas de mal tiempo, aparecie- edificios modernos, pero el resto de la ciudad se
ron á nuestra vista las sierras corsas. Es poco, com• muestra ahora como debieron verla en siglos pasados
parado con la realidad, cuanto se ha escrito sobre su sus antiguos dominadores genoveses. Abundan en
aspecto salvaje y pintoresco: es preciso ver los altísi- ella los monumentos públicos, todos de época momos picos que se esconden en las nubes, la inmensa derna. Solamente la Mola 6 fortaleza situada á la
cordillera tallada por abruptos precipicios, la singular boca del puerto conserva sus viejos bastiones y los
formación de las montañas altas, derechas, delgadas, matacanes y ladroneras de hace cuatro siglos. A la
pareciendo centinelas salidos del fondo del mar para izquierda de la villa se encuentra una pequeña agruvelar el sueño de las vecinas costas de la beUa Italia. pación de rocas graníticas vacía en su parte interior,
Su conjunto es tan hermoso como variado el espec· donde forma la llamada Cueva de Napoleón, por su• conserva aún muchas de las primitivas condiciones
táculo que ofrece. Aquí la roca es negra, desnuda, ponerse que el gran capitán del siglo frecuentaba de su carácter. El corso es noble y generoso; entiensin vegetación; allá ostenta los indefinidos matices aquel lugar en los días de su primera juventnd.
Napoleón nació en Ajaccio, y al viajero inexperto de y practica el bien en forma ruda; pero no quiere
de la blanca caliza 6 del rojizo jaspe: más cerca de
ser engañado y es implacable en sus rencores, no
la costa aparece revestida por espléndido manto de 6 ignorante que no lo supiera al desembarcar en su fiando á nadie la reparación de los ultrajes que cree
verdor en el que se confunden las tintas claras de la puerto, pronto se lo enseñarían la atmósfera de im- haber recibido. No le satisface la venganza si no la
viña y las moreras con el tono obscuro de los olivos perialismo que allí se respira y los recuerdos de la toma por su mano. Así se originaron la vendetta y
y las encinas. Y en medio de las cordilleras que cie• familia Bonaparte con que tropieza á cada paso. Por los bandidos, que no se extinguirán en el país mienrran el horizonte oriental de la isla, se abren las pro· todas partes se ve su nombre: en las calles, las pla- tras viva un corso.
fundas simas, negras y obscuras, como manchas de zas y los monumentos. Una calle de Ajaccio, una
- Es crecido el número de bandidos que actualsombra en medio del riente cuadro de vida y luz. plaza, una vía y un muelle llevan el nombre del pri- mente guardan el campo, díjome el viejo. Pero enSería difícil hallar otro rincón de mundo donde la mer Napoleón, cuya estatua en mármol, bastante mal tended bien que no son ladrones, antes al contrario,
naturaleza tuviera un carácter más variado y salvaje. ejecutada, se ve junto al muelle. Además hay allá el ellos mismos cuidarían de perseguir y matar al briA lo largo de la isla y en las cumbres de la mon- arrabal .Bonaparte, la calle del rey Jerónimo, la del gante que pudiera deshonrarles. Bandido es simpletaña se divisan altas torres cuadradas, idénticas á las rey de Roma, la de Bonaparte, la de Leticia, los ba- mente el hombre que ventiló un asunto de familia
ños Napoleón, el asilo Eugenia, etc.
que los vecinos de la costa mediterránea de España
La mejor apoteosis de Napoleón I en Córcega se matando á su enemigo; el que en riña tuvo la des•
llaman torres de moros. Son Jas mismas fortificaciogracia de herir á su rival, 6 el que quiso evitar la
nes que en pasados siglos construyeron los habitan- halla en la plaza del Diamante. Sobre un ancho pe- conscripción militar. Colocado fuera de la ley, no
destal
de
granito
se
eleva
otro
más
reducido
con
la
tes del litoral para librarse de las incursiones de los
estatua ecuestre en bronce del primer cónsul, y á puede vivir en los pueblos; pero se retira tranquilapiratas berberiscos y argelinos.
mente á las montañas con toda su familia, y no hace
En las partes bajas de Córcega se nota la influen- sus cuatro extremos se levantan las de sus hermanos daño al que no le persigue. Si halla un viajero, le
José,
Luciano,
Jerónimo
y
Luis,
vistiendo
todos
la
cia de la zona tropical, por la mezcla de vegetacioofrece lo mejor que tiene, y si á su vez se encuentra
nes que allí crecen ufanosas. La alta y melancólica toga romana. Este monumento, cuyo conjunto es necesitado, sombrero en mano pide un socorro, sin
palmera se balancea con dulce movimiento al soplo bueno aunque resulte algo aplanado, se hizo por sus- robar á nadie.
de la brisa, los cactus llenan las húmedas torrente- cripción pública y fué terminado el día r 5 de mayo
- ¿Cuántas personas creéis qµe viven ahora en
r865, según reza la placa de bronce puesta en la
ras; la magnolia de copudas ramas sombrea los ca- de
despoblado/, pregunté al pastor.
parte anterior del pedestal.
minos, y cien otros árboles y plantas tropicales mués- Unas cuatrocientas dentro de l~ isla.
Estos recuerdos bonapartistas parece como que
transe bellas y lujuriosas, como si vivieran bajo el
El
brigandaje se ha acabado por completo en Córardiente sol del Egipto 6 de la India. Naturalmente mantengan el fuego sagrado del entusiasmo entre los cega. La gendarmería, las vías de comunicación y
contribuyen á aumentar el aspecto pintoresco que partidarios de las instituciones caídas en la noche de sobre todo el telégrafo han hecho imposible la existanta riqueza y variedad imprime á la naturaleza de los pasados desastres franceses. Por ello es de extra- tencia de las bandas de ladrones en despoblado. A
ñar que en la misma Ajaccio se haya encontrado sila pequeña isla.
tio para erigir otra estatua de bronce á uno de los mi paso por el centro de la isla pude adquirir la fotoVamos á Ajaccio. Soberbio golfo le abre las puergrafía de la última compañía de esos bandidos, que
tas del mar. y en su fondo está situada la hermosa hijos más ilustres del país, el general Abatucoi, céle- hace pocos años sembró el terror en la comarca: era
villa, que blanca y bañada de luz parece á lo lejos bre en las guerras monárquicas francesas del pasado la familia Bellacochu. Inspira lástima contemplar tan
siglo, en las que halló gloriosa muerte.
una bandada de palomas en reposo sobre la pl~ya.
Sin embargo, todo esto ofrece poco interés para el extraño grupo. El marido, jefe de la cuadrilla, era
un hombre de treinta y cinco años, robusto, moreNOTAS DE VIAJE

no con pobl

ada barba negra y traje de terciopelo de
.
• l ál
b

al ,odón. Su mujer, vestida con panue o . a ca eza,

er~ el segundo de la banda, y con el fusil en la mano el cigarro en la boca secundaba las órdenes de
Y 'do • Componían el resto de la banda tres
su man
·- mud
.
Jeres,
un a ¡·oven de catorce años, cuatro mnos e
corta edad y dos perros.

b t d por un:i tromba marinai

cipc había sido arr: bíao vuelto .á depositar sano
y que otra troml b~ o ;u madre no hacía más que
y salvo sobre a Paya.
á p·
d · . «A este chico le falta algo.»
ecir.
. d1¡0
.. un día con la mai•or dulzura
•·
La rema

ROSALINDA
CUENTO FANT1~STICO DEL SICLO XVU

(Conclusión)

polínk_..1 0 mío si ·no te has vuelto imbécil, te falta

E ncontráronse casualmente en palacio á los plocos
· d'10, qu e era e usuLos corsos salen siempre armados, y van por_ los días el consejero el doctor Y el JU
rero
de
la
corte.
'se
confiaron
mutuamen;e
su~ av~~·
m os con el fusil cruzado á la espalda y el cmto
ca 1 0 de municiones. A veces, lo confieso, su apa• turas y convinieron en que los tres hab1~n sido J. ~f~ón en el recodo de un camino no es muy agrada: guet~ de lás artes diabólicas de una. bru¡a. El ¡ud~o
s ecialmente cuando se les ve acercarse cub1er azuzó á los otros dos para que expuS1eran s~s: que¡ s
ble, e p su ancho sombrero de fieltro negro, la barba al rey en nombre de la religión. Así lo h1c1eron, y
tos con
.
· t d l er- a'l_uel recto monarca les contestó:
oblada é inculta, el tra¡e de pana ~¡us a o a cu
- Id tranquilos. Vuestra reclamación no p~ede ;er
p l b0 tas de cuero hasta la rodilla y el arma en
más
justa. Voy á dar orden de que pr_endan mme _,apo,
as
.
pero
pronto
un
buen
día,
dicho
con
t_oda
0
1
tamente á esa bruja. Mañana la veréis quemar viva
: 1~~~ad tranquiliza al viajero. Tienen aquellos
~os tal afición á sus fusiles, qu_e ~n los ~ueblos e

-

J

. '

.

como un palomino aton•

muy poco. Andas s::~ree te sacan las palabras del
tado, y m co? g~nc arece que el cambiar de estado
cuerpo. A mi m P.
p
ué no te casas/

!

ha'::í~:e~~~n~~~:e~tnin¿di~:r!temente el príncipe
heredero. ¿Y con quién/
- Con la princesa del Cata y:
i
- Bueno, contestó el príncipe con igual indi erencia ¿Y cuándo/
,
- E.n segu1'd a. La princesa ha llegado ayer a esta

1~~

interior no los dejan ni para asistir en Ja iglesia á los
oficios divinos.
¡
El carácter supersticioso de los corsos se reve a
de manera evidente en el crecido número de santuarios ca illas de la Madona 6 de santos que s~ eny p t to en los pueblos como en los caminos,
cuentran, an
bl d U
oen las casas de campo y aun en _despo a o.. n m
desto nicho de piedra cobija la imagen esdpecial;enda en cada lugar; arde á su la.º an _gua
::;e~:;a que la piedad de los fieles mant'.ene s1em• d·da· á sus pies renuévanse continuamente
Pre pencen
1 ,
•
·¡ est es
l
de flores y mano¡os de p1antas s1 v r '
como humilde ofrenda por los devotos

J:~~~~iJos
.

s

en muchas ocasiones un díshco, una pa•

~~:..'ºu/verso llama la atención de éstos para_ que
'
' ha adoren el altar. En la misma
Ajaccio se ve uno de :5tos n_ichos con la imagen de la Virg~n María y su pie
hay grabada la inscripción S1gmente:

i=~~~

::e:::i~ di

china
F erma1
l . 0 passat!l!ler
y-:, , Ja testa
.
E saluta del Ciel l alta Regma.

os de Córcega otras caEncuéntranse en los cam P - ed'fi . de un solo
.
t
n pequenos , c10s
pillas, cons1Sten es e
de hierro y circuídos
0

~~ª,°~;;::~:: ~:,~;e~:to

;:~~[~~s~:;~;ª[:ªiiJ:

1

cost_u!11bre de ~eumr ~nciatro mil años de distancia,

fam1ha. Es decir. qu~
. ma ráctica observada
se sigue e~ a~ue~ P~! l~r:fa mo~ada á sus difuntos,
por
losdeg1pc1fos
en vez
e con un d~1rlo:y amontonarlos en los cernen•

terios. 6 . t e te mi atención esta coincidencia,
Llam c1er am n
una misma costum•
que en suma ~ólo prueba có~o s que no han tenido
bre puede eX1shr entre pue o creo ue fuese imafinidades de ningún gjn~ro. ~~a Ci~os, desde el
portada 1/°' lo~ corsos _e a an l cual carecieron de
antiguo 1mpeno faraóm",¡° cmb ed que los Shardarelaciones, ya que no_ eSI pr~ ª ~ue alguna vez in·
nas es decir, sus vecmos sar os,
La rimera
valieron el Egipto, subieran á Cór~ega. compuso de
población de la isla corsa es hgur~, t!~de co~ alguetruscos y pelasgos, mezcl~dos ';' .
á éstas y á

nas tribus ibéricas; los femc1os ~1gu1err:gineses, que
su vez fueron suplantados por . os ~ romana, Sin
ocuparon la isla hasta la dommac\on de los c~rsos
embar~o, el mo~o de -~~ter:"m,~nde los primitivos
fué y sigue aún s_1endo ' nhco ª1 - as los monumenegipcios, pues engen en sus mo~ anapilla abierta al
tos funerarios, compueS tos por
~·erra La sola di·
exterior y el sepulcro cavado en ª ~sist~ en la falta
ferencia que entre ellos se not c~e los mausoleos
de epitafios y lápidas sepulcra es

f

CÓRCEGA. -

EL BANDOLERISMO. - LA FAMILIA DE.LLACOCHU. (De una fotograíía.)

corsos.
.
d
los difuntos por
Es simpática esta idea e tener
do de som-

..,¡e, ¡e
. ....
, ) en una de esas hogueras que tenemos siem• corte. Si quieres, nuestro ministro de Estado irá hoy
familias, en su propia casa, con un cer~ duermen el ( re dispuestas para estos casos.
mismo á hacerle proposiciones.
.
bra y de verdor en torno del luga'¡ d?n placable igual· p Los esbirros se presentaron aquella ~1sma tarde

último sueño; que constr~sta con ~1:es fosas y sus

dad de nuestras necrópolis, s~s co f

casa de Rosalinda; pero aun9ue registraron es-

dirse los restos enu ulosamente del zaguán al te¡ado, no hallaron á

- Bueno.
.
d l C
Es de advertir que aquella pnncesa e
~ 1ay,
aunque compatriota, y según dicen, hasta pane~\ª
de Angélica no tenla nada de común con oque a
célebre beld~d. Era en extremo flac_ucha, desga_rbada imbécil, y hasta sorda por añadidura. E_l m1~str~ de Estado, que no desconocía esta últuna cir-

con :n en la vida y cr d~ La ,·nquilina había desaparecido la víspera, de1e. antes satisfechos todos sus comprom)so_
· s pecu•
de generaciones gue separó el de! ~o airosa capilla na
.ando
los años en la h1stona. Place
d difunto tenga J . . El hecho preocupó la atención publica du.
d t'empo
aislada en el campo, en la cua ~
un retiro manos.
rante lfflOS días; pero pasado un poco e l . i
0
un culto que harto exti~guirá el tle:,,Pa;/desierto.
l .6 a· acordarse de. la hermosa extran¡era, cunstancia, cogió un caracol manno_, lo envolvió en
na1evov1
d.

revueltos osarios, donde van

te

ª

que por desgracia el olv1do_pronto é¿anlo los nume· como la llamaban en el bamo.
Que la costumbre es anllgua, pru
tañas Pero
rosos sepulcros abandonados en. las ".'nºnqued~ en el
IV
. ten
'
los monumentos sub sis
. . , y me1or
·o·atáau udiéramos
se•
país la costumbre de erigirlos. 1 l
p cabar con la
p·polín estaba hecho un cerdo, aunque mala comguirla también nosotros, Y de una v:z ªos'
:ción. comía por cuatro y dormía por ocho; ,cuan•
brutal nivelación de nuestros cernen en ·
~ar o e;taba engullendo 6 roncando, se le veia por
lo~ ~neones mustio y cabizbajo, así c~o :?s per~~s
EDUARDO TODA
ndo les entra el moquillo. Como 1po m no d -

c~a dicho esta boca es mía, se formaban acerca

un periódico y se fué á casa de la pnncesa. Una ve~
allí, le manifestó con auxilio del ~aracol la alta misión diplomática que le había sido encomendada.
La princesa contestó secamente:
-Bueno.
, .
Para solemnizar los esponsales del pnnc,~e, se

dió en palacio un gran banquete, a~ que as_1st1eron,
además de la nobleza, el cuerpo d1plomát1co y los
altos dignatarios del Estado, las _notabilidades to.das

e de la corte en ciencias, artes, literatura, etc Re~na-

b ª desapanc1
. .6n Y su reaparición las más absurdas
su
¡ ba entre los convidados la más alegre expansión,
1
conjeturas. Los más sensatos, suponían que e pr n- cuando presentaron en la mesa un gran pastel de

�HISTORIA AMOROSA, copia. del celebra.do cuadro de La.urentí
1

BUSTO

EN MARMOL DE s: M. 1.íA REINA .REGENTE, esculpido por D. Agustín Querol

�LA

aves. El príncipe Pipolín, que hacía los honores de
banquete, levantó con delicadeza suma la cubierta
del pastel y en el acto voló de su interior una paloma
blanca. Al ruido producido por las alas, volviéronse
admirados todos los comensales. La paloma, después de posarse sobre la cornisa de un espejo y arrullar tres veces, pronunció el siguiente discurso (las
palomas de aquel tiempo tenían grandes disposiciones para la oratoria):
«¡Ah, príncipe Pipolín! ¡Ah, granuja! ¿Cómo has
podido olvidar á la pobre Rosalinda? ¿Y aquel anillo que le diste? ¿Y aquellos juramentos de hacerla
tu esposa? ¿Crees que por ser príncipe puedes faltar
á tu palabra y quedar como un cochero? ¿No te
acuerdas ya de que, gracias á ella, no te escabecharon en Turquía? ¿De ese modo pagas los sacrificios
que la muy tonta hizo por ti?... Pero Dios lo ve todo;
y aunque algunas veces hace la vista gorda, no es
sordo como esa princesa del Catay, que no hace
más que alargar inútilmente su cuello de jirafa para
pescar lo que estoy diciendo. ¡Anda! Cásate! con ella,
sé emperador del Catay; pero no te arriendo las ganancias.»
Terminado el discurso, la palomita salió volando
por una ventana y se perdió en los aires.
El príncipe Pipolín se desmayó. La princesa del
Catay no hacía más que preguntar:
- ¿Pero qué pasa aquí? ¿Qué es esto? ¿Qué
ocurre?
La reina, que era un alma de Dios, lloraba á lágrima viva; pero el rey, que era hombre de carácter,
se mostraba muy irritado por aquella elocuencia palomil; hizo comparecer inmediatamente á su presencia al cocinero mayor y le dijo con acento colérico:
- Necesito saber en el acto qué significan ese
pastel, esa paloma y ese discurso.
El pobre hombre contestó temblando como un
azogado:
- Señor, juro á Vuestra Majestad que no he tenido arte ni parte en ese pastel. El exceso de confianza me ha perdido.
- ¿Cómo es eso?
- Señor, hace algunos días se me presentó un jovenzuelo solicitando una plaza de marmitón. Me pareció listo el rapaz y lo admití en las cocinas reales.
Y la verdad es que en punto á disposición, nada ha
dejado que desear: en el poco tiempo que lleva de
oficio, nos ha aventajado á todos en la confección de muchos platos; hoy se empeñó en aderezar
él solo ese pastel...
- Que venga aquí al momento ese pinche, interrumpió el monarca.
A los pocos instantes se presentaba en el salón
del banquete el muchachuelo, todo avergonzado y
cubriéndose la cara con el blanco gorro de cocina.
En esta actitud, llamó vivamente la atención de todos los invitados un diamante de tamaño nada común que el ayudante de cocina lucía en uno de sus
dedos. Pipolín, que había vuelto en sí á fuerza de
echarle vasos de agua fría en la nuca, se fijó en el
anillo, corrió hacia el marmitón, le descubrió el rostro y gritó ebrio de júbilo:
- ¡Rosalinda! ¡Mi adorada Rosalinda!
Abrazáronse estrechamente ambos amantes, hasta
que al cabo exclamó Pipolfn:
- Rosalinda, se me cae la cara de vergüenza al
pensar lo que habrás dicho de mí.
-Aquí no ha pasado nada, querido, repuso Rosalinda; yo sé que tus últimas sandeces no han tenido
otra causa que la maldición de mi mamá.
- Luego tu mamá echa maldiciones lo mismo que
las gitanas ...
- Las echaba, porque ya está en el otro barrio.
- Allí nos aguarde por mucho tiempo.
- Pero, como en medio de todo, la pobrecita era
un alma de cántaro, al condenarme á desaparecer de
tu corazón y de tu memoria, se olvidó de añadir para
siempre. Gracias á ese olvido, el encanto que te subyugaba ha quedado deshecho.
De repente, la memoria de Pipolín se iluminó, como si le hubier,.m encendido dentro del cerebro una
docena de lámparas incandescentes. (Y eso que por
aquel tiempo no soñaban aún en conocer los portentos de la electricidad.) A favor de aquella luz, ó por
mejor decir, de aquella luminaria, pudo relatar el
príncipe sus aventuras entre los turcos, haciendo resaltar el inmenso amor de Rosalinda, que le había
salvado la vida y devuelto la libertad á costa de
los mayores sacrificios. A renglón seguido manifestó
el príncipe que antes lo harían tajadas que casarse
con otra mujer que Rosalinda.
Después de escuchar en silencio aquella conmovedora narración, dijo el monarca:
- Pipolín, esta chica te conviene; es lista, fiel, hacendosa, y tengo para mí que ha de ser una mujer
de su casa; por lo pronto, ya hemos visto las manos

l LUSTRACIÓN

ARTISTICA

NúMERO

490

que tiene para guisar. Después de lo que ha hecho de Llimona, dedicada :i la siega, que confiamos poder dar á
por ti, sería una granujada el que le jugases una ma- conocer á nuestros lectores.
que nuestros artistas puedan dar mayores mucstras de
la partida. Además, la que ha sido buena hija, no pue- su Para
valer, precisa qui; los próceres catalanes presten á las artes
de ser mala esposa. Cásate con ella, que no vas mal. mayor protección, ya que sólo á ellos es dable imp~lsar la pin- ¿Y qué nos hacemos ahora, preguntó la reina, tura decorativa, en la que \'Crdadcramcnte se manifiesta la ¡:e·
nialidacl del artista Al entusiasmo del Sr. Marqués de Linacon esa princesa del Catay?
res débense las más grandes composiciones del mnlogrado
El ministro de Estado, que se hallaba presente y Plasencia.
era hombre de grandes recursos, se apresuró á decir:
•
- No pasen apuro Vuestras Majestades, yo me en••
cargo de eso.
Acudiendo á. la. cita., escultura. de G. va.n der
Mandó traer el caracol marino, por medio del cual Straeten.
-Los que recuerden las esculturas Billete amoroso
hizo comprenderá la princesa del Catay que había en- y E l favorito que hace algún tiempo reprodujimos, habrfo aditendido mal y que había sido invitada tan sólo para vinado, aun antes de haber leido el nombre del aµtor de Amasistir á las bodas del príncipe Pipolín con la princesa diendo á la cita, que esta obra ha salido del r:nism_o cincel que
produjo aquéllas; porque van der Straeten 1mpnme en todas
Rosalinda. La del Catay, al oir tales razones, dijo sus estatuas un sello de originalidad, de elegancia y de alegria
¡Ah!, con extrañeza, y abandonó majestuosamente que no permite confundirlas con las de ningún otro artista.
el salón sin despedirse de nadie.
Conseguir este estilo propio, casi exclusivo, sin caer en an_ian_eNo se hizo esperar una enérgica reclamación di- ramiento ni hacerse monótono, es empresa por demá~ d1fic1l:
der Straeten· ha salido tan bien de ella, que hoy su fi rma es
plomática por parte del Catay; pero el ministro de van
una de las más reputadas en el mundo artístico y los inteligenEstado de Meloria, en una extensa y bien razonada tes y aficionados se disputan sus creaciones, qut: además de
nota, convenció plenamente al gobierno d:l Catay de excepcionalmente buenas son deliciosamente bonitas,
que tan difícil situación reconocía por úmco fundamento la falta de oído de la princesa y el mal estado
•••
de sus facultades mentales. «¿Cómo, si no, decía el
Vista. de la fachada principal y del gran saministro en su nota, puede dar acogida ese gobierno lón central del Palacio de Bella.a Artes, dibujo
de D . Nioanor Vá.zquez. - De lo que es la Exposición
á la ridícula suposición de que el príncipe heredero general
de Bellas Artes considerada desde el punto de vista
de Meloria fuese á contraer matrimonio con un mar- art(stico, ocúpase en este periódico con más autoridad y más
mitón?&gt;
acierto de los que pudiéramos tener nosotros el reputado criti•
El talento del ministro de Estado evitó una san- co D. José Yxart; el aspecto que ofrece el Palacio de Bellas
grienta guerra, y con ella, sabe Dios cuántos miles de Artes, y especialmente el gran salón central, lo ha descrito ya
y seguirá describiéndolo pluma mejor cortada que la nuestra
víctimas inocentes.
en las interesantes crónicas quincenales de El Sa/ó,i de la
El consejero regio, el usurero israelita y el médico !,/oda. Queda, pues, en esta sección reducida nuestra ta~ea. á
de cámara, conocedores de una página bien triste de llamar la atención de nuestros lectores sobre el elegante d1buJO
la historia de Rosalinda, acabaron por convencerse de nuestro distinguido colaborador Sr. Vázquez que da u~a
idea exacta del exterior del Palacio y del aspecto del grandiode que aquella página misteriosa había sido puro so salón central del mismo, en donde e ·tá instalada la sección
sueño de sus fantasías. Como los tres eran ucas per- de escultura y que es el punto de reunión de la numerosa cuan·
sonas tan decentes y como en Meloria se pagaba con to selecta concurrencia que acude á visitar el actual certamen
el pellejo la más leve ofensa á la familia real, no vol- artístico.
vieron á hablar de semejante sueño, ni aun en la re•••
serva más absoluta. Excusado es decir que Pipolín
vivió siempre ignorante de aquel secreto, lo cual na- Historia. amorosa., copia del celebrado c~ada ofrece de particular si se tiene en cuenta que á dro de La.urenti.-Con decir que al contemplar la Huton'a amorosa se le ocurre á quien algo de pintura entienda atriotros, aun sin ser de estirpe regia, les ha pasado tres; buirla á Alma Tadema, el pintor de fama univeri;al, queda hecuartos de lo propio.
cho el mejor elogio del cuadro de Laurenti. Bien entendidas
PipoHn y Rosalinda se casaron, fueron reyes de las fü•1.1ras, perfectamente estudiado el asunto y el carácter. de
Meloria, tuvieron muchos hijos, y vivieron felices y la ép~a y atendido con especial solicitud el elemento psíquico,
que es el factor que más han de cuidar los artistas que quieran
contentos hasta el fin de sus días.
cre:1r algo s6lido, algo que se aparte de tanta frivolidad como
Y colorín c9lorado.
hoy se produce, cuanto más se contempla, más se admira esta
Jost TORRES R EINA

NUESTROS GRABADOS
Poderoso magnate, cuadro de D. José Jiménez Aranda. - En las escenas de fines del pasado siglo y
principios del presente halla ancho campo en que lucir su talento el hábil dibujante y consumado colorista O. José Jiménez
Aranda, algunas de cuyas obras de este , énero son actualmente admiradas en nuestra Exposición general de Bellas Artes.
A él pertenece también Poderoso magnate, cuadro lleno de intención y de encantadora factura, en el que los menor~s detalles destácanse con todo el relieve que el pincel del famoso pintor español sabe prestará sus composicion~ huyendo de los efectos artificiosos y apelando, por el contrario, á colores, frescos
si y aun brillantes cuando viene el caso, pero suaves, jugosos,
graduados en delicados matices y sobre todo de una verdad admirable. La caracterlstica de Jiménez Aranda es la naturali•
ciad, hija de la observación atenta y del estudio concienzudo,
y rindiendo culto á esta tendencia consigue triun fos tan señalados y merecidos como el que con Una dtsp-ada logró en la
última Exposición Nacional de Bellas Artes.

•••
Pastoreo, cuadro de D . Laureano'Barra.u. - Pesca, cuadro de D. Dionisio Baixeras - Vendimia,
cuadro de D. José María Tamburini (Salón Parés). A la par que nuestros artistas logran con su esfuerzo y cons•
tante labor un nuevo timbre para Barcelona, ya que todas sus
manifestaciones industriales llevan consigo el sello artístico
que las avalora, desenvuélvese la cultura artlstica que determina el deseo de imponer el buen gusto á todo, desde lo más nimio á lo que ya revista caracteres de grandeza. De ah! que en
las construcciones, en el mueblaje, en los tejidos y l'n el decorado de los salones, se hallen siempre pruebas de las buenas
corrientes que hoy, por fortuna, informan las creaciones todas
de nuestros artistas y artlfices. La pintura aporta en el embellecimiento los variados matices de la gama, y los pintores procuran arrancar de su paleta los tonos más simpáticos ó sentidos,
á la vez que geniales concepciones.
Los tres pamzeau:r que reproducimos, destinados á embelle•
cer el salón comedor de una suntuosa vivienda, constituyen
otros tantos cuadros de las costumbres de nuestra región. Tamburini representa en la Ve11di111ia1 con esa sentida elegancia
que tanto le distingue, con ese misticismo plástico que rebosa
en todas sus composiciones, una escena de nuestro pals, en la
que tanto los tipos como el paisaje y la luz son de esta región;
Baixeras ha buscado en sus dos rapazuelos el modo de representar la Pesca, destacando por obscuro sobre un celaje lumi•
noso, sus dos figuras tan reales, como lo son las de los marineros que le sirven de modelo para sus composicione~, y Barrau,
que al igual de Vayreda, traslada su estudio á la campiña de
Olot, durante la estación veraniega, ha transportado al lienzo
una garrida zagala que al caer de la tarde conduce &amp;u rebaño al
3prisco. Completan estas composiciones otra debida al pincel

obra maestra de un género hoy poc'&gt; cultivado, según unos por
pasado de mod:1, según otros - y éstos á nuestro entender po·
nen el dedo en la llaga- porque entraña dificult:1des que pocos saben dominar y requiere estudios que pocos se ven con
ánimos de acometer. Por esta razón merece doble alabanza el
pintor que como L:lurenti sabe vencer aquellos obstáculos y
logra adqu!rir el_ caudal de conocimientos que le permite dar
feliz cima a un henzo como el que reproducimos.

•••
Busto en mármol de S.M.laReinaRegente,esculpido por D. Agustín Querol.- L3 última obra del
afamado escultor catalán es sin chsputa una de las mejores que
la estatuaria moderna ha producido y de las que de una manera más admirable realizan el ideal del arte escultórico, que
no consiste simplemente en crear la belleza plástica, sino en
dar expresión á la materia inanimada, haciendo que al través
de ésta y revestida de irreprochables formas se descubra un
alma que la anime, destruyendo la fria!dad del mármo1 con e~
1
soplo vital que s61o á los grandes genios les es dado mf1mdir
en sus creaciones. Examlnese como se quiera el busto de Su
Majestad la Reina R~ente, si~mpre resul_tará una maravilla;
si desde el punto de vista técnico la consideramos, habremos
de confesar que diflcilmente puede el cincel modelar lineas
más correctas ni imitar con igual perfección y sobriedad el
cuerpo humano, las vestiduras que lo cubren y sobre t~o la
piel que lo envuelve cayendo en holgados y blandos pliegues
que cuesta trabajo no confundir _con la realida_di y si ahondando más nos fijamos en la parte interna, adqumremos el con•
vencimiento de que es imposible dar mayor vida á una escultura. Al que la contempla cuéstale trabajo convencerse de que
aquellos labios no han de abrirse para dar paso á las palabras,
de que en aquellos ojos no ha de brillar la mirada y de que
aquel seno no ha de agitarse tras breve pausa de los movimientos re~piratorios.
Mucho elogió la prensa madrileña esta obra de Querol, hoy
expuesta en la Ex!)?sición inte~nac:onal de_ Berlin, pero en
vista de la reproducción de la m1Sma, no vacilamos en afirmar
que de tales alabanzas y aun mayores es digna esa joya de la
moderna escultura española,

ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de

Vichy

cold-cream
L A. CREMA SIMON,
barros
im'tatio11es

especial de un
!fecto seguro C(!ntra los
y las
de la Piel,
es indispensable á todas las señoras celos?S de conservar el bnllo
de su belleza y la frescura de la juvent~d. Se halla este pr~1uto
rin rival en casa de todos los perfunnstas y en casa del mventor /. SIIIION, rue de Pr0'1:mce, 361 Parls; pero es preciso
desconfiar, de las falsificaciones y exigir la firma.

IVXOLETI
DET HRI DACE 29,t"d':1:;ü;;~Paru VELOUTI NE
JABON REAL

JABON

lecomlld&amp;doa ,or aatorid&amp;dea mi(!~ para la Bi1l1ne 4t la Piel 1 Bollua Col ~Jo,

NúM.ER0 490

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

. .
d a en los brnos de su joven vecino...
Un momento despu~; sintióse llulcementc npn,1ona

EL MARIDO DE JACOBITA
NOVELA ORIGINAL DE ANUR t.:5 'J'II URI LT, I LUSTRADA POR L, M.\ROLD

(CONCLUSIÓN)

. ado á dirigir á su hermana fraternales ob.
•
d' ha
Fuera de la casa reinaba un silencio soñoliento entre creyÓ o bl1g
Ko se cansaban de estar juntos, separábanse con los inabetes del parque; por la abertura de la ven- servaciones; pero la joven, inquietada ~n su i~ad
se~timiento y volvían á verse con un placer ca~a vez tan/entreabierta veíase un rincón de aquél lleno de contestó secamente que había alcanza o una e
más vivo; ningún enfado turba~a sus conversaciones, rosas· sobre ellas zumbaban los abejorros y zánga~os, en que cada cual es responsable de sus ~c~os, y que
y sin confesárselo aún, los dos ~óvenes se profesaban
en' alas del viento llegaban hasta allí los sonidos bastante caro le costaba el derecho de vivir_ á su anuna simpatía cada vez más_ tierna. Algu~as vec~: ~e las campanas y de las músicas de la fie_sta. De re- t . El señor de Noirel se dió por entendido, y sacuando hablaban en el anti~uo salón é iba~ á p&lt;le pente el libro se cayó de manos de Jaco~it~; un mo- tf¿~~iendo á'la vez su egoísm~ y su dignid_ad, apr?searse por el parque, sus miradas se cruza an
mento después sintióse dulcemente apns1onada ~n vechóse de aquella contestación para no mterve_mr
pronto, y á esa comuni~~ de miradas sucedí~~o~:b:~- los brazos de su joven vecino, que la estrechaban sm ya en los asuntos de su hermana. H~berto y Jacobita,
orlo demás, no se apuraron largo _ti~mpo por lo que
tinos silencios; las meJtllas de ambos se so ~ .ó ' la menor resistencia por parte de ella.
sus corazones latían, y poseídos de una tur ac1 n
~e ellos pudiera decirse; habían v1V1do hasta entot
lánguida balbucían palabras incoherentes. En el
ces le'os del mundo, y no se cuid~ban gran cosa e
V
la op~ión de los indiferentes: obstmáronse en amarmoment~ de despedirse y al estrecharse la m~n°¡.¡"º
acertaban nunca á separarse, y con frecuencia uLa señora de Gurgis se entregó_sin res~rva y sin se en paz en su soledad, olvidáronse de t_odo, y ~y
berto después de haber salido, reaparecía / r t ' t escrúpulo porque su casamiento m párltbus no le ronto fueron á su vez por los demás olvidados. . s
ment~ bajo un pretexto cualquiera á fin de is ru ar esaba ni se creía obligada á mantenerse fiel á un len uas se cansaron de murmurar de ellos, la mahguna vez más de las delicias de aquella larga y volubp- hombr~ original que la había abandonado en la n~ nid!d pública buscó otros alimentos, y la_gente de
.
d e manos. El amor, que los acosa a
los alrededores acabó por aceptar con más mdulgentuosa presión
e.he misma de su boda. Vírgenes los dos en punto
sordamente, no debía de tardar en. declararse por tiernos afectos, amáronse con toda su alma, saborean- cia el hecho consumado.
.
.
La intimidad continuó, pues, s1empr~ d1sc~eta y.
aquel peligroso proceder, y así sucedió fin. ·na y do ansiosos con delicia el suculen_to fruto de a~~~
tierna, con la seguridad de un matrimo~to y sm las
El hecho se produjo de la manera m s senc1
No sólo se adoraron locamente, smo que su~pas1 d
natural del mundo: un domingo del_ mes de a~o~~: se convirtió en un enlace duradero. La senora e prosaicas promiscuidades que le caractenzan: Al ca~o
día de la fiesta patronal de Champlam, aláhlace ~
Gurgis aportaba á esa felicidad los aso~ro_s de una de cinco años experimentaban al verse el mismo P
berto su visita de costumbre, encontró ab~etnoerraa virgen y el afecto casi maternal de una mu¡er de r\ cer que el primer día; sus co!azones latían coJ, a
. sola en 1a casa d es1·erta·, como.Jaco
a
de Gurg1s
d Ihabíaflexión madura. Huberto ponía de su parte t?do e misma emoción durante los mmutos que prece ian
buena y trataba maternalmente á sus cna os, e le entusiasmo de un primer amor, toda la expan?1ón de á la hora señalada para sus citas; y separába~~e/ªda
les permitido á todos ir á la fiesta, ordena;i~
no un corazón agradecido. A medida que su um?n era noche con igual sentimiento, después de is ~utar
preparasen algunos fiambres para cenar,
más íntima, descubría en su c~mpañera cualidades con la misma tranquila alegría de la volupt~os1dad
obligarles á volver antes de la noche. 'd b diJ' o que aumentaban su cariño hacia ella: la bonda?, la de las caricias y del encanto de la conversac1ó~.
Una tarde de enero al principio del sexto ano de
- He dado libertad á toda la sen•1 um re,
franqueza, y una cultura intelectual muy ?uper_1or á
á Huberto asombrado de la completa soledad d~ la suya. Cuando las feas consiguen seducir, su¡et~n sus relaciones convers~ban cariñosamente. en el gran
•
. d
nosotros neces1Val-Dormant; los cna os son ~0 !11dO . á Ch~mplain á los que de ellas se enamoran con lazos_ que ?1fíc1l- salón, delant; de la chimenea, donde c~1sporro~eaO
tan divertirse y les he permill
u
·
mente se rompen, y Huberto de Chat~lhers d1ó una ban algunos troncos de haya; en el extenor senttar
hasta las diez'. .. Si se queda usted á cenar conmigo,
U"'ba de la verdad de esta observación. Cada día uno de esos fríos rigurosos que c~bren de escarc a
deberá servirse á sí propio.
.
·oven. los dos ;; ~ostraba más enamorado, y su afecto era cada los vidrios de las ventanas, comumcand'.&gt; á los á{~1
les un aspecto aterido, y soplaba un vie~to ~e/ ?
Esta perspectiva pareció s_educ~i:á~ de t~rciopelo vez más sólido.
.
A fin de respetar las convenie?cias,. ambos se es· ue hace más preciosos el fuego y una du ce m !m1fueron á sentarse e~ el anngu~ Huberto continuar
forzaban
para observar mucha d1screc1ón y pruden- dad. Huberto y Jacobita decíanse q~e era una dicha
de Utrecht, y Jaco?1ta prop~s~ían comenzado y que
amarse sinceramente en un lugar bien resguardado,
la lectura de un libro que_ ª de Gurgis era quien cia en la manifestación de su ternura; oc~l~aban su
les divertía mucho. La senor~ t as ue Huberto dicha, y el misterio comunicaba más exqu1S1to sabor en aquella ruda estación, Yestr~chábanse uno contra
leía, con voz dulce Y clara, mien ~um6ra del salón, á la intimidad que se escondía para todos entre las el otro. Profundo silencio remaba a~rededor de la
contemplaba á su lectora. En la
or el lado del sol, espesuras de Val-Dormant. Sin embargo, por muchas casa, y los melancólicos gemid~s del viento en_tre los
cuyas ventanas estaban cerrada ~
e de costum- que fuesen las precauciones. que tomaran, el amor pinabetes de la avenida asemeJábanse á ~n ?1scret~
la joven parecía más seductora : cI'◊r¿~ mágicos que es de tan volátil esencia, y tiene un aroma tan _pe- murmullo, propio para acompañar el sueno mverna
bre; como esas aguas _de los sur ~bra de un aparato netrante, que se descubre aunque. esté he~r_né~1ca- de los campos y de los bosques.
De repente, en medio de aquella calma profun_da
te cerrado. Poco á poco, la íntima fam1handad
toman color y son luminosos por corazón Ja ilumide la naturaleza adormecida, oyóse ~eso~ar á lo leJOS
;:;
existía
entre
el
joven
propieta~o
de
la
Roserolle
subterráneo, e~ amor ocul~o b~n S:olorido. En cierto
la señora de Gurgis hizo sonre1r á 1~ gente de la un débil rumor de cascabeles en dir~cc1ón á Chamnaba y comumcábale agra ª e
hacer una obsery
. d ad., se charló de ello en .Champlam yda!'
en otras plain; los dos amigos escucharon ~1straídamen_te, y
instante interrumpió su lectura par~ó solamente con vecm
artes,
y
varias
personas
caritativas
se
es&lt;;an
~ron. acercándose más uno á otro en el diván de terciopevación, á la cual Huberto con~es las de los dos se
lo, que habían acercado á la estufa.
una tierna mirada; Y muy prondo claración de amor. i.a cosa llegó á oídos del señor de Nmrel, qmen se
cruzaron1 haciéndose una mutua e

ªl

f·

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�LA
- Agrádame oir ese ruido de cascabeles en los
caminos, dijo Huberto, sobre todo cuando se acerca
la noche ó en las tardes de invierno como ésta, cuan•
do estoy cómodamente sentado en mi habitación bien
cerrada. Experimento una satisfacción egoísta al
pensar en los viajeros que corren por los caminos con
semejante tiempo, y me considero más feliz atín comparándome con ellos.
- A mí también me agrada el ruido de los cascabeles, repuso la señora de Gurgis, porque esto me
recuerda mis primeros años de juventud, durante los
cuales me aburría tanto en Val-Dormant, deseando
que uno de esos raros coches, cuyos cascabeles oía,
me trajese al fin el cambio de existencia á que aspiraba ... Ahora, continuó, tengo la felicidad soñada, y
ya nada pido á los cascabeles de los coches que
pasan.
El ruido se aproximaba por momentos, siempre
claro y más alegre; ya se percibía más distinto el rumor producido por las ruedas y el trote de los caballos sobre la tierra endurecida; durante un momento
fué más sordo, pero después resonó más cerca, y á
los que escuchaban parecióles que el coche avanzaba
por la avenida. De repente oyóse el chasquido del
látigo y nuevo ruido de cascabeles, y á; los pocos mi-

l

Catalinita
nutos todo quedó silencioso. Un carruaje acababa
de penetrar en el patio, donde se detuvo; oyóse rumor de voces y el choque de una portezuela que se
abría y cerraba.
Los dos enamorados levantáronse perplejos; la sorpresa les hacía enmudecer, é interrogábanse con la
mirada sin osar comunicarse sus rápidas y ansiosas
reflexiones.
La puerta del salón se abrió de repente como por
un golpe de viento, y en el umbral apareció Catalinita, que llena de sobresalto y con voz ahogada
dijo:
- ¡Señora, es el señor de Gurgis!

VI
Era este anuncio tan extraordinario, tan increíble,
tan incongruente, que Jacobita no halló fuerza ni
aun para alejarse del diván, donde un momento antes estaba sentada cariñosamente junto á Huberto
de Chatelliers; y aquel mueble de escasa anchura
debía hacer más visible aún á los ojos del recién
venido la familiar intimidad que reinaba entre su señora y el vecino. Jacobita palideció mucho, y el mismo Huberto se desconcertó.
El señor Gurgis entró sonriendo, con la confianza
de un hombre que está en su casa. Los cinco años
pasados en el Oriente habíanle gastado y envejecido
un poco pero si~¡npre era elegante, muy pulcro, des-

ÍLUSTRAllÚN J\hTISTl CA

NúMERO

490

deñoso y de modales fríamente corteses. Dirigió una su amigo, y como su ternura le comunicase de pronto
mirada irónica al diván ya vacío, y adelantóse hacia una astucia diplomática impropia de su temperamenla desolada Jacobita.
to, ideó un ardid capaz de alejar las sospechas del
- Señora, dijo, besándole la punta de los dedos, señor de Gurgis. Juzgó imposible que aquel flamante
me han concedido el retiro; anteayer desembarqué caballero de avanzada edad, amante de los placeres
en Marsella, y mi primera visita es para usted ... No y del mundo, se acostumbrase á la vida monótona y
sé aún dónde fijaré mi residencia para vivir con la casera de Val-Dormant, y tomó el partido de no conmodesta pensión que el Gobierno debe pasarme, y trariarle, aparentando que se resignaba.
hasta que se resuelva el expediente, me ha parecido
- Lo que acaba usted de insinuarme, contestó, es
oportuno venir á ofrecer á usted mis respetos, solici- una nueva ofensa, mas no haré aprecio de ella ...
tando su hospitalidad ... Sin embargo, añadió con Aunque solamente sea usted mi esposo de nombre,
tono sarcástico, fijando su mirada en Huberto de si le place revindicar los derechos que el código le
Chatelliers, no quisiera servir de estorbo á nadie, y concede, puede hacerlo ... Usted pretende reinstalarpor lo tanto ruégole que dé orden de preparar una se en Val-Dormant; está muy bien, puede "usted quehabitación y de poner un cubierto más en la mesa, darse ... Le ofrezco casa y cubierto¡ pero entiénd~se
sin cambiar en nada sus costumbres.
bien que á esto deben limitarse sus pretensiones ...
Y sin fijarse al parecer en la actitud confusa de Yo no cambiaré en nada mis costumbres ni mimaHuberto ni en el asombro indignado de Jacobita, nera de vivir, y usted seguirá siendo para mí lo que
apoyóse en la chimenea, se calentó los pies y comen- fué siempre, un marido nominal. ..
zó á pasear tranquilamente por la habitación como
Apenas pronunciadas estas últimas palabras, volsi jamás hubiera salido de Val-Dormant.
vió Huberto. Jacobita había recobrado toda su sere•
Gurgis era el único que hablaba, pues sus dos in- nidad, y sin turbarse en lo más mínimo presentó ceterlocutores no tenían muchas ganas de conversación. remoniosamente el joven al señor de Gurgis.
Huberto, consternado y pronto á desesperarse, veía
- El señor de Chatelliers, dijo, mi vecino más
rotas para siempre, por la llegada de aquel intruso, próximo y mi mejor amigo; viene con frecuencia á
las relaciones de intimidad y de ternura visitarme y á leer un poco ... Precisamente cuando
que habían encantado su juventud y la usted llegó, caballero, nos disponíamos á examinar
de Jacobita, y preguntábase ya qué parti- un libro muy interesante, y si usted lo permite, condo debería tomar. En su calidad de espo· tinuaremos ... Ya se lo he dicho; queda convenido
so legal, el señor de Gurgis tenía segura• que no nos molestaremos uno á otro ... Si prefiere
mente derecho á reinstalarse en Val-Dor- subir á su habitación para descansar, no se crea oblimant; mas era odioso á Jacobita, sin du- gado por política á permanecer con nosotros.
da la haría muy desgraciada, y corresEl señor de Gurgis, visiblemente desconcertado
pondíale á él, Huberto, adoptar las me- por la firme actitud de Jacobita y la claridad con que
didas necesarias al reposo y salvación de había determinado su situación respectiva, murmuró
su amiga. ¿Debería provocar al señor de algunas palabras corteses para asegurar que le agraGurgis, ó inducir á la joven á huir con daría escuchar la lectura, y después sentóse en un
él para sustraerse á una tiranía insoporta- sillón junto al fuego. La señora de Gurgis entregó á
ble? No viendo más que estas dos alter- Huberto el libro, titulado Princesa de Cleves, y el
nativas, preguntábase con ansiedad cuál joven comenzó á leer con voz sonora la segunda
elegiría. Por su parte, la señora de Gur- parte.
gis, repuesta de su primer estupor, decía((¡Se burla de m[!, pensaba el ex cónsul. .. ¡Hum!
se que era preciso cortar por lo sano Su carácter no se ha dulcificado al envejecer, y me
'';, alejando á toda costa al odioso personaje parece que no haríamos buenas migas viviendo
que después de cinco años de abandono juntos .. »
osaba reclamar sus derechos. En su con·
Al entrar en el salón de Val-Dormant y ver en él
secuencia resolvió tener con él una expli· á un joven, admitido allí con gran intimidad, Gurgis
cación al punto, y dirigiéndose á Hu- sospechó desde luego alguna historia amorosa, y haberto:
bíase prometido regocijarse en la turbación de los
- Señor de Chatelliers, le dijo, ¿quiere dos enamorados y aprovecharse de la situación para
usted tener la bondad de dar las órdenes imponer su voluntad á su esposa; pero la conversaoportunas para que se prepare habitación ción que acababa de tener con ella y la desenvoltual señor de Gurgis y para que conduzcan ra de Jacobita obligáronle á pensar de otro modo.
á ella su equipaje?
«Me parece, se dijo, que si fuera culpable se mosAl mismo tiempo fijó á hurtadillas traría más confusa y menos dueña de sí misma. ¿Me
una mirada de súplica, cuya significación habré engañado? ¿Es ese joven un simple pisaverde
adivinó Huberto con la perspicacia del á quien mi mujer hace representar el papel platónico
amante. Comprendió que Jacobita le ro- de Sigisbeo, 6 tratan de engañarme? ... De todos mogaba que permaneciese á su lado y tu- dos, y hasta que yo haya aclarado la cosa, me parece
viera paciencia; y como se hubiera dejado que voy á desempeñar aquí un papel ridículo ... ¿Vahacer pedazos antes que desobeqecerla, le la pena de quedarse? He aquí el problema ... »
inclinóse y salió después de tranquilizarMientras se entregaba á estas reflexiones, Huberto
la con la mirada.
continuaba su lectura, sin que Gurgis prestase gran
Una vez sola con su esposo, volvióse atención á los delicados análisis de Mme. de la Fahacia él impetuosamente con expresión yette, porque detestaba las novelas en general y le
altanera.
importaban muy poco los nobles sentimientos,' pero
- ¿Me explicará usted, caballero, dijo, el modo de leer de Huberto de Chatelliers era caqué significa esta pesada broma?
dencioso y monótono, y como á esto se agregase el
- Señora, contestó fríamente Gurgis, no es mi in- calor del fuego y la fatiga del viaje, el antiguo diplotención bromear ... Repito que el Gobierno me ha mático comenzó á cabecear, y al fin quedó sumido
dado vacaciones algo más pronto de lo que yo desea- en una dulce soñolencia. Muy pronto, un sonoro ronba, y no teniendo en Francia, por lo pronto, más quido atrajo sobre su persona las miradas de Jacodomicilio que el de usted, he creído obrar bien al bita y de su compañero; dormía con la boca abierta;
reinstalarme en el hogar conyugal.
y con su mostacho teñido, sus mejillas embadurna-¿De veras? .. . ¡Usted olvida, caballero, cómo das y sus párpados surcados de arrugas, era tan cóabandonó este hogar!
mica la expresión de su rostro, que Huberto no pudo
- He cometido faltas, lo confieso; pero me apre- menos de inrerrumpirse para sonreír.
suraré á repararlas y á cumplir con mis deberes ... en
toda la extensión de esta palabra.
VII
- ¡Es demasiado tarde!, replicó Jacobita con viveza; á la injuria que me infirió usted abandonándome
la noche de nuestro casamiento, no agregue ahora
El súbito silencio que siguió á la cadencia de la
otra imponiéndose aquí á pesar mío.
lectura despertó al durmiente; restregóse los ojos,
- ¡Demasiado tarde!, murmuró Gurgis, sonriendo sorprendió las sonrisas ahogada~ de su mujer y de
irónicamente. ¡Cuidado, señora; advierta que su afán su compañero, y persuadióse de que bacía un papel
en desembarazarse de mí podría inducirme á suponer ridículo.
que mi lugar está ocupado por otro!. .. En tal caso,
- Dispénsenme ustedes, balbució; siento un poco
deberé averiguar hasta qué punto se ha mancillado de pesadez en la cabeza, y creo que lo mejor será
mi honor y qué conducta debo observar respecto á. .. retirarme á descanS'ar una hora ó dos ...
ese otro.
- Ruego á usted que no se moleste por nosotros,
Así diciendo, dirigía una mirada amenazadora en repuso la joven tirando de la campanilla; Catalinita
dirección á la puerta por donde Huberto había sali- le conducirá á su habitación ...
do. Jacobita, sorprendiendo esta mirada, comprendió
Cuando Gurgis hubo salido y los amantes estusu significación; entonces recordó haber oído decir á vieron seguros de que se hallaba ya en su aposento,
su hermano que Gurgis había tenido numerosos due- cogiéronse las manos y se miraron con tristeza.
los, en los cuales quedó siempre victorioso; tembló por
- ¿Qué será de nosotros?, preguntó Huberto sus-

LA

NóMER0 490

I

317
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

rís, y ruégole que acepte mis excusas...
¿No habría medí~ de obtener caballos
para mañana á primera hora?
Al oír esta pregunta, Huberto, que
sentía latir su corazón, vol~ió 1~ cabeza
para ocultar la alegría que ilumina~a su
rostro; pero Jacobita se mantuvo impa•
sible.
d ..
- Siento mucho, caballero, IJO, no
haber podido proporcionarle más agra·
dables distracciones; pero ya sabe usted
que Val-Dormant no es un país de re·
cursos ... En cuanto á los caballos, los
míos están á su disposición .. Cuando el
señor de Chatelliers vuelva á la Rosero·
lle, pasará por Champlain á ~n de. buscar
un coche más ligero que m1 berlina.
El señor de Gurgis saludó, y besando
ceremoniosamente los dedos de su mu·
jer, pidió permiso para retirarse.. .
Cuando hubo subido á su hab1tac16n,
Jacobita cogió la mano de Huberto y estrechósela con fuerza.
.
- ¡Pronto, murmuró, vé á Champlam
y arréglale todo par~ que, el coche ~sté
en el patio para man~na a las nueve:·:·
Huberto no necesitó que le rep1tie·
ran la orden; corrió al pueblo, encontró
un buen cabriolé y dió orden para que
lo condujeran inmediatamente á Val·
Dormant.
·
.
Al día siguiente, á las nueve, el me1or
caballo estaba enganchado al vehículo,
en el que se a_cababa de a_condicionar el
--~-------------·-equipaje. El señor Gurg1s se pre~entó
n ued6 sumido en una dulce soñolencia
muy abrigado con su gabán ?e p1el~s,
El antiguo d1plomá11co comenzó á cabec.ar Y al fi q
tomó su taza de chocolate, d16 gr~cias
.
• t á la moda de mi abuela. á Chatelliers, besó de nuev? la mano de su mu1er, Y
.
Id
esta y grandes ce1as, que vis e
.
·d·
ara se marchó como había vemdo.
pirando tristemente. ¡Q~ién hubiera ere ?• a~n
Jacobita, por otra parte, es demasiado fast1 iosa pé t
Cuando Huberto oyó resonar los cascabeles á lo
mañana que la desgracia estaba tan próxima. .
. t d hasta me parece que s a 1
6 l
11 d
- Er~mos demasiado felices, murmuró Jacobita, no conservar su vir u , y
á
y me veo lejos por la parte de Champlain, salt a cue o e su
1 c·elo ha querido someternos á esta prueba...
debe haber agriado much\su e~: ter~:~ne~ de esos amiga y los dos se abrazaron con la efusión de per·
y e- Hiace un momento, continuó el joven, cuando tomando parte en las po res 1 ts rae
las so sonas 'que acaban de librarse de un terrible peligro y
h
tado dos personajes, escuchanído la ectludra ~ ngoovye sorne: ven restablecida la tranquilidad en su casa.
me miró con su aire impertinente, me a cos
poríferas, asistiendo á v speras e omi~
on
. . . . . . . . .
·
á cualqmer
cosa e d . Desgraciadamente
· · · · · · ·las· felicidades terrestres duran
mucho no tratar1e como Se merece .
.
.
tiéndome por la nor.he á Jugar
d
- ·,Guárdate bien de provocarle, replicó la Joven, el cura de Ch amp_lain .. · Al cabo ¡ e una semana
'
'6 n, mes
. perada, a fl'gió
1 á
ohecido e poco y una nueva perturbaci
porque te mataría!
'6 orno semejante existencia me encontrar anl et!1mpo en q~~ los habitantes de Val-Dórmant: la súbita muerte de
- Me1·or fuera la muerte que una separac1 n e
B ' Aún me parece estar en aque iem
.
. 1
i rr....
.
•
{ ra casarme y Jacobita de Noue.
la que nos amenaza...
d l
nos de el estúpido Noirel me traJO aqu 1Pªcarne de ahi- ¡Pobrecilla!, me dijo mucho tiempo después ~Iu- ¡Oh!, exclamó Jacobita, cogie~ o as roa Q é solamente el pensarlo se me pone a
g
berto de Chatelliers al referirme él mism_o esta h1stocosas?¿ u
1 b tad
Huberto' c.,cómo puedes _decir sem_e1antes
l d ?
na ... })
·
fl ·
rr6 ria Jacobita no disfrutó mucho de su I er
reconsería de m[ si no te tuviese á mi a o
Entregado á estas mel~nócóhcasf red exiontees, ce
quistada pues murió dos años después á consecuen- ·,Perdóname, exclamó Huberto, yo t~, adoro, y d
l oJ· os y durm1 se pro un amen .
'
E
t á , he per
é de ti
e nuevo os
1 . 1 . de Champlain cia de una fiebre maligna... n cuan o m1,
.
suceda lo que quiera, no me separar
....
hó
Soñó que andaba ~or a _ig es1a
Chatellier~ manecido en la Roserolle. Veinte años han pasado
Así diciendo rodeóla con sus brazos, y la est~~~
acompañando. á Jacobi~, m1:~::
Precedíale desde entonces; pero cuando oigo resonar cascabeles
con tal fuerza, que sintió contra s~ pech~la tld~tc~ ayud~ba la misa ;ºn traJe de laba~da sobre las bal· en el camino, me estremezco, y paréceme ver _de
palpitante presión del seno de la Joven. ste
un smzo que hacia resonar su a 11·
onunciaba un nuevo á Jacobita, con su elevada estatura, sus OJOS
contacto le devolvió toda su energ~- 11
[a muy dosas, y el cura con su car~ ·t~:1/pror haber vuel• húmedos y sus labios rojos, estrechándome en. sus
- Si huyéramos juntos, exclam I te
discurso e~ !~es partes plaraTe ~ci esado era su sueño, brazos en el umbral de la puerta de aquel antiguo
lejos de ese hombre odioso que ha pertur a o nues- to al domic1ho con~uga ... d·\ p
brazo para salón donde tan apasionadamente nos habíamos
tra dicha.
b ?
r có Ja- que Catalinita debió sacu ir e por un
el
- Piensas en lo que dices, Hu erto ' ~ep i
anunciarle que le esperaban par~ comer.
ama o.
cobit; desprendiéndose de los brazos del 1ree;~ :~~
Gurgis tiritando de frío, baJÓ al COf!ledor, q~~
TRADUCCIÓN DE ENRIQUE L. DE VERNEUILL
no se t o la
'había cambiado en lo más mímmo: volv1
no, esos Son medios extremos á que
d
ún eng
tampoco
J ·
antele
lar hasta que se desespera del ~o o .. ~ª1
Sí me , er la misma porcelana blanca, a misma m
.
esperanza de salir del pasolsmá ese{e:po~~ien~ia y
reluciente, y el mismo calentador ?e plaqué. ~l
arece que las cosas se arreg ar n...
f ldero que había olfateado en el senor de Gu_rgis
P
ª ' - de la raza canina, acogí6le
con ladndos
sé prudente.
? M
edaré esta un enemig0
'd l f
cónsul
- ¿Qué debo hacer entretanto ¿ e qu
b' osos y durante toda la eomi a e an iguo.
noche 6 volveré á mi casa? .
sola con él... ra
ei enojo de oírle gruñir bajo la mes_a Junto á
No qmero comer
suusnpantorrillas. La conversación fué _lánguida: Jaco- No, quédate .. ·
taban
sobre
s
1 úl
o tas de
Mientras los dos enam_orados Rse 1dat?eon el sen-or de bita y Huberto hablaban de as timas e r .
o ng
d
de lo difícil que era encontrar operanos y
su triste suerte, como Jimena
ón precisamente ma eras,
1
l último
Gurgis se instalaba en su¡ had i~c~d~ cuando llegó de la subida del precio de los cerea es en e
la misma que se Je hab ~ es mda había cambiado mercado de Chatillón. Después de ijgotado este asun~
para hacer la corte á Jacobita. Na uro comunicaban to de' economía rural, tratáronse otros más frivolo_s.
en ella: las cortinas de damascofolbs~ las litografías de 1 señora de Gurgis refirió que el cura de Champlam
á la cama el aspecto de cata a co, o endían aún ªadeda un ataque de reumatismo gotoso, y Huberto
Boilly y la Puesta de sol en el Bósfo~ pde alabastro ~nunció que el juez de paz había matado dos corzbo~
t los dos vasos
.
b
de la Faye y que se preparaba una a
de las paredes; y en dre b e del reloj cuyas agu1as et_1ndae1 aºrsaqulae semana siguiente. Gurgi_s escuchaba
brillaba el cuadrante e co r
p
·1
si·n poder tomar parte en la convers_ac16n; su ro~tr?
permanecían inm6vi es.
ercando su sillón á
de supenon
\
«i Uf!, suspiró el ex _cónsu1'nance redan sin produ· se ponía cada vez más largo, 1a sonr!sa
b d~
la estufa, donde los lenos se e glos an~os todo se dad había desaparecido de sus labios, y trata ~
á
t anscurran
'
ocultar bajo la servilleta sus bostez?s espasmódicos.
cir llama: por m s quet r st·11O soñoliento· los bos·
Cuando pasaron al salón, Jacobita, ~.uf amableá,
mantiene igual en eS e ca i
muebles ~o se han
d
é d g éndose
ques son siempre I?onótonos, loosrada no se ha embe· ofrecióle una taza ~7 c~fé, y espu s: m i
- de esta m
la mesa de juego, d110 ingenuamente ..
renovado y 1a duena
- Puesto que somos tres, podemos Jugar al boston.
llecido.»
1
t'nos Gurgis se había
Esto era demasiado; Gurgis dejó bruscament~ la
En la sociedad de l?J et~~llez~ plástica, y para taza sobre la chimenea y encarándose co~ su muJer,
refinado más en cuesll n_ e ' tica no poseía nin·
- Señora, dijo, no cuente usted conr~ugo, porque
él, Jacobita, con su sencillez ru~un'ican atractivo á
é ·u ar al boston ... Por lo demás, siento mucho
guna de las cualidades que co
~~;erl~ !olestado... y si he de hablar con franqueza
Un:\ mujer.
. '6 Gurgis he incurrido creo decididamente que no podré acostumbrarme
I
«Decididamente! prosigm e ollo ~e haya enamo- nunca á la vida del campo ... Prefiero regresará Pa•
en error; no es posible gue. es ~e ab1,1ltados huesos
rado de la robusta provinciana

L---;:_-------.- .

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318

LA lLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 490
SECCIÓN CIENTÍFICA

mitivo modelo por sus mayores dimensiones y por los
perfeccionamientos mecánicos en extremo notables
EL GRAN EC UATORIAL A CODILLADO
en él introducidos. La parte óptica, de una perfeción
DEL OBSERVATORIO DE PARfS
admirable, compónese ~e un gran objetivo económico de 0'60 metros de diámetro y de otro objetivo foEl gran instrumento cuya instalación se ha llevado tográfico de igual abertura que pueden sustituirse reá cabo recientemente en el Observatorio nacional de cíprocamente según los trabajos que se quieran pracParís, está construído según el mismo principio que ticar con ese anteojo colosal cuya longitud focal es
de 18 metros. Los dos espejos planos que completan

/ gracias á las manecillas que obran á su voluntad sobre las transmisiones necesarias para la maniobra,
dirigir el instrumento con seguridad y precisión maravillosas hacia los más apartados rincores del firmamento. El observador tiene delante los dos círculos divididos que marcan el uno las ascensiones rectas y el otro las declinaciones y que consulta á cada
observación para la orientación exacta del ecuatoria!.

Todas las lecturas se hacen por medio de lámparas eléctricas de una bujía, distribuidas del modo siguiente: dos para los dos círculos de ascensión y declinación, una para el círculo de posición del micrómetro, dos para los tambores fijados en los tornillos
micrométricos, cuatro para hacer destacar sobre fondo negro los cuatro hilos de araña del retículo y
una para iluminar el campo del instrumento donde
dichos hilos destacan en negro sobre fondo luminoso.
Todas estas lámparas eléctricas son de pequeñas
dimensiones, están alimentadas por acumuladores y
se encienden á voluntad del operador. Las corrientes que las alimentan son llevadas hasta ellos por
medio de dos circuitos diferentes, en los cuales van
intercalados los correspondientes reostatos que permiten graduar, según las necesidades, la intensidad
de la luz.
Desde que en r882 se instaló en el Observatario
de París el primer modelo de ecuatorial acodillado
de 27 centímetros de abertura, las muchas é innegables ventajas de esta clase de instrumentos fueron
causa de que en algunos otros observatorios se construye~an aparatos análogos, aunque de mayores dimensiones. En Francia los tienen con objetivos de
3 r á 33 centímetros los obfervatorios de Argel, Besanzón y Lyón; el de Viena emplea, desde hace dos
años, un instrumento de esta especie con un objetivo de 38 centímetros, y en el de Niza se construye
actualmente un ecuatorial acodillado de 40 centíFíg. I. El gran cuadrante ecuatorial acodillado. - Vista del conjunto del aparato
metros, que será utilizado como investigador de potencia excepcional, para cual objeto se presta admirablemente este instrumento. La parte óptica de todos
el ecuatorial acodillado de 27 centímetros de diámetro establecido en 18821 conforme á la ingeniosa dis- este sistema óptico tienen o'8 5 y 0'7 3 metros de diá- estos aparatos es debida á los citados MM. Henry y
posición inventada en 1872 por M. Loewy, subdi- metro respectivamente. Los dos magníficos objetivos la mecánica al expresado M. Gautier.
y los dos espejos han sido construídos por los señoEl ecuatorial del Observatorio de París es, pues,
rector de dicho Observatorio.
El ecuatorial acodillado se compone de dos partes res Henry hermanos, de París, tan· universalmente el mayor de cuantos actualmente existen: su potencia óptica responde perfectamente á sus enormes dique forman ángulo recto: una sigue la dirección del reputados como astrónomos y como ópticos.
La parte mecánica ha sido admirablemente ejecu- mensiones y las
eje del mundo y puede girar sobre sí misma; otra perobservaciones
pendicular á ella y que puede á su alrededor descri- tada por M. Gautier, que ha atendido con la mayor hechas por vía
perfección
á
todos
los
detalles,
habiendo
logrado
ejebir un plano, representación del ecuador celeste. En
de ensayo justiel vértice del ángulo recto hay un espejo plano de cutar una verdadera obra maestra. El manejo de este fican plenamengrandioso
instrumento,
cuyo
peso
total
es
de
12.000
oS
cristal plateado formando ángulo de 45 grados con
te las esperanel eje óptico: este espejo envía al ocular la imagen kilogramos, es sumamente fácil y puede hacerse con zas que se funprocedente del objetivo y reflejada ya por otro espejo el simple esfuerzo de la mano. Un movimiento de daban en la haplano análogo. El objetivo y este segundo espejo, tam- relojería, debido á ese hábil constructor, puede ade- bilidad profebién inclinado á 45 grados, van colocados en el ex- más arrastrar el instrumento con toda la precisión de- sional de los
tremo de la parte exterior del tubo y forman parte de seable, permitiéndole seguir el curso de los astros al eminentes arun cubo que se mueve alrededor del eje del instru- través del cielo, merced á lo cual cabe observar una tistas á quienes
mento perpendicular al eje del mundo. La fig. 3 per- estrella desde su aparición hasta que se pone. El as- se debe este comitirá comprender fácilmente la marcha de un rayo trónomo, fijo el ojo en el ocular, está siempre' c6mo- l o sal instruluminoso procedente del espacio. La imagen de la es- damente sentado en el mismo sitio, estudiando esos mento.Lasimátrella A, hacia la cual se dirige el instrumento, atra- mundos lejanos inmovilizados, por decirlo así, en el genes de las
viesa el objetivo BC, se refleja primero en el espejo campo del instrumento. Cuando se han de observar estrellas se ven Fig. 3. Esquema que reproduce la marcha
BD y luego en el espejo central EFpara llegar final- astros que, como la luna y los planetas, tienen una perfectamente seguida por el rayo luminoso en e1 ¡:ran
mente á O, que es el ocular donde se encuentra el marcha distinta del movimiento diurno, puede modi- limpias, y la lu- ecuatorial acodillado.
observador.
ficarse la marcha del movimiento de relojería á fin de
na y varios gruEl nuevo ecuatorial acodillado se diferencia del pri- seguirles en su carrera con tanta facilidad como en
pos de estrellas han podido ser estudiados en sus
el caso anteriormente citado.
menores detalles.
La fig. 1 representa la vista general
Cuando pueda hacerse uso de este ecuatorial desde la nueva instalación, para la que ha
sido preciso construir un edificio de 20 de el punto de vista fotográfico, es indudable que se
metros de altura en los terrenos del obtendrán los más importantes resultados. Por lo
Observatorio, lindantes con la calle de que toca á la luna en particular, en punto á la cual
Arago. Para tapar la parte exterior del la fotografía ha realizado ya tan grandes progresos,
instrumento hay una gran caseta móvil su imagen directa, en el foco del gran objetivo fotoque descansa sobre rieles y que desli- gráfico de 60 centímetros, tendrá 18 centímetros de
zándose pon encima de éstos, se aparta diámetro y podrá, debidamente ampliada, dar imáconvenientemente cuando hay que pro- genes de más de un metro de diámetro.
Los eminentes astrónomos á quienes está confiaceder á las observaciones. El eje principal del instrumento se apoya en dos. da la interesante tarea de servüse de medios de inpilares de albañilería; uno de 15 y otro vestigación tan poderosos como los que les facilita
el nuevo ecuatorial acodillado del Observatorio de
de 4 metros de altura.
El coste total del edificio, de la case- París1 tendrán á gran honra utiliza.rlos lo más pronto
ta y del instrumento, inclusos los dos posible para penetrar más y más los secretos misteobjetivos, será de unas 400.000 pesetas rios del infinito, aportando nuevos é importantes dacuando el nuevo ecuatorial esté provis- tos á la ciencia astronómica, tan rica en maravillosas
sorpresas y no menos fecunda en admirables descuto de los aparatos científicos que nece- brimientos.
sariamente ha de tener para las diverEsperamos que sus sabias investigaciones les consas y numerosas aplicaciones á que su
ducirán á resultados de extraordinario interés cienempleo dará lugar.
tífico.
La fig. 2 nos transporta al gabinete
A. FRAI SSINET
de observación, en donde el astrónomo
(De La Nature)
se encuentra cómodamente sentado y
al abrigo de la intemperie: allí, fijo el
Fig. 2. El ocular del gran ecuatorial acodillado
ojo en el ocular, ruede, sin moverse y

LA

NúMERO 490
E L SEPULCRO DE ARISTÓTELEs
. ~1te.
Si nuestro siglo no es fecundo en_ esas glorias
•·
e de eneración en generación se perpetúan,
con gseguridad le av~ntaja ni. siqui_era .le
. la en unto á la importancia de las mvest1gac101gua de ios descubrimientos durante el mismo llenes y
dos á cabo.
va Apenas repuestos de la g:ata. sorpresa ~usada por
hallaz o en el Museo Bntámco de un _1m~ortante
~anuscrfto de Aristóteles sobre la conshtuc16n ateniense, que se creía perdido para s~empre, llegladá noticia de los que por tales cosas se i~teresan e escubrimiento del sepulcro de e~e gdenl10 Joder~~o,duna
de las más indiscutibles glorias e a .um~m a .
Sabíase que Aristóteles, acusado de ~p1edaf P.ª~ª
con
los dioses,
Cal~1sd,aednano
a s1!e~
de Eubea,
á fin sedehabfa
evitarretirado
que susá concm

~~:~:

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

En favor de esta hipótesis militan, entre otra~ razones poderosas, los objetos ~n el sepulcro recogidos,
entre 1os cu ales el.taremos·· siete
. coronas
f de oro,
t en
de
una de las cuales había adhendo unó r~gm~~é~ de
cráneo humano, un estilo y un punz n .am l .
más curioso una figurita de tierra
oro l~uiur:p:~senta á un fil'ósof~ e~ meditación y
c~~ es mu parecida á la descr_1pc1ón que ha~e
6hristodor/de una estatua de Ar~stóteles que existía aún en Constantinopla en el siglo v de nuestra
. l
te, en la tumba vecina pudo leerse las
era. Fmamen
alabras Biote Aristotelou.
.
p Según parece, todas las circu!1stanc1as d~l descubrimiento permiten afirmar que las, c?nclus~ones del
rofesor Waldstein son muy veros1miles, s1e~do d~
pesperar que serán corroboradas por nuevas mvest1gaciones.

Pitiesen el crimen poco antes cometido con S~cr~tes,
..
· ta·, sabíase
á quien h1c1eron
beber 1a cicu.
l taasimismo
·o en el
bí
fall
.
d
su
destierro
vo
un
n
q~e ha a
e~1 ~ e~ra cristiana y que había sido
ano 322 antes ~ a .
•
entEe~ra~o C:e~tt~:~~~:;ia, cerca de Calcis, ha sid?
ec iva
'
un ru o de jóvenes amenhallado .s~ ~epulcro plorD Cgarios Waldstein, profecanos dmg1dos por e r.
C b 'd
l í de la Universidad de am n ge.
so~derqu~o º:cfones que hacía algún tiempo verin as excav
á una rofundidad de unos dos
ficaban, encon~ra~oensepulcr~s colocados uno al lado
retrt
ellos habían sido violados y su C?ne ? ro.
o dis ersado: otros dos habían sido
}!~::e~~iu;:iteiidosppor los cimientos de una calsa
i
b
uno de éstos es, según la conc uq_~e l~s i°s:t: ;;Jesor de Cambridge, la tumba en
~o:deeestá enterrado el filósofo de Estagira.

i~~

I

u~~:eit

(De La Nature)

_.,u-lLlra,,,,18
, Faub. BatntPAR~
""'4.

-

an casi INSTANTÁNEAMENTE los e

DEA MA.Y TODAS LAS SUFOCAGIO

-

14170

---

LAJT J.~'TtPniLIQUB -

LECHE ANTEFÉL

,m t lffldlh

Peraonu qu conocen las

PILDORAS~~DEHAUT

· S
ANÉMJA - LINFATISMO
CLOROSJ • - Hierro u el ;eparador de la sangre,
El Proto-I'?durotde
- 'crobicida por excelencia.
et rortiflcan e Y e1 ~
F G"II

DE PARIS

no titubean en purgarse, cu~ndo lo
necesitan. No temen el asco n1 el causancio, porque, contra lo que sucede C!)n
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el vino, el caf6,
el té. Cada cual escoge, para purgaz:se, la
hora y la comida 9'Ue mas le convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamente anuladopor el efecto de la
buena alimentacion empleada, uno
se decide fácilmente á volver
á empezar cuantas veces
sea necesario.

OH 1p1,

CIJl,a

8, LENTEJAS, TEZ ABO
ARPULLIDOB, TEZ IIAJUIOB
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

Las

ez,::::

11Jarabe11uGrajeas conpro!O-lodnrodeilemde • ' •. ~'
n o J)O&lt;:fria:n 1er dematíado r1comtndt.&amp;do1
tu ,u J)UN.J4 qu mica. f
"' ,na1terab1lidacl JI "' "' ,olubilldlld co,, (Gac,ta de lo• Bo,pUola).

- - - - - - --- - - - ---

Dffl!SITO G~ERAL: 46, '!_ue Vauvflllers, PARIS. Deposito et todas las hrmadu.

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

á

10 céntimos de p e seta la
entrega de 16 p é.ginae
~~

Se envlan prospectos á quien los solicite
dirigiendose á los Sres. Montaner y Sim6n, editores

JARABE Y~ PASTA

VINO oa CHASSAING

de H. AUBERGIER

~ tJ■II' INNN ..

HBIIIO

:U•DIG.-rIVO

UIHIIJ

oJ-"•

.. iooo r..
NI
,_.,._Parle4~•la
Aprobad•J)CQ' la AOad~ d■ -:::::..,. wCCf
M 10 el■ Mano d■ 1854.
O.ffoua1ct■.r6rmal•■L■•-•JNU;
·iam.te com bada en el Ca.ltllff

.,.,:f&amp;l

,!'1~~~C:,';!!~.,_. ffflt:C

Preeorito deeda 25

año■

Contrafas AFFECCIONES de las Yin Olgest!m
PAR/8,8, Arenut Vlctorla,f, PAR/&amp;
T D TOD.t.l L.U l'IUIICllP.t.LU • . . . . . _

e una completa 1Jln,oe
6
de la prpnta, han
1
IJl(dtmko, lu ~""'11' ... "
.
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4 ' .A.UBBRGIEll una lnmema fama. •
l!&amp;n&amp;ea&lt;to al J.UU.~111
••t.llNiiu u 1c
(J.stru,. ü l
1 'or. colliR T e-,•· Calle de St-Glau&lt;te, PARlS

'""""'ª"' ~l.a.:~ ;,.,.,,u,
venta por mo~sJTo o us

'""''"'-"•w-ct6o,~~J.

PIIINCIPALE~

aoncu

Participando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas Plldoraa se emplean
es_peclalmente contra 11\S ••crofala■ , la

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
a BJSMUTBO y MAGNESIA

°

regularizan las Funciones del EatOmago Y
da loa Intestinoa,
E•lllr 811 el rotulo I frn,1 de l . FAYARO.
&amp;db. DETII.A.N, Farmaoeutioo en P.&amp;RIB

v1NOFERRUG1No~º
,J!()uo
=ldoo "°
11W

T 001' TODOS L08

I

-GRANO
- DE LIN QTARIN
ESTRERIMI ENTOS, CÓLICOS. -

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó Ya paira
provocar o re¡ulartzar su curso periódico.

~,;-,n,.?f);

Recomendados coolra lu Ateoolones del Estómago, Falta de Apetito, Dlgeattonea Ulabo;
riOIIU Aoedias, Vómitos, Eruotoa, Y C6 011,

CARNE
HIERRO y OUINA
to
~ llllido los 'l6Dico1 mu repandGI-&amp;

Ti■l1 y la DebQtdad de temperamento,
as! como en todo~ los casos(P6U'doa colore,,
Amenorrea, A.•) , en los cuales es necesario

Farma~ttco. en Parll,

~Rue Bonaparte, 40
El loduro de hierro Impuro ó alterado
es un medicamento Infiel é irritan te.
Como "prueba de pureza y de autenticidad de
laa .-ardadara■ PUdor11■ de Bi«neard,
exigir nuestro 111110 de plata reactiva,
aueatra firma puesta al pié de una etiqueta
....,..., y el Sello de garantla &lt;te la Unl6n da
, .. ror1cant11 para larepresión de latals!-

NB

en todaalas llc:aelóll.
FA1:tMACIAS .)S&amp; 1ULUN llN TOD.lS L.lS P.UUUCII.U
La C&amp;J&amp;: l fr. SO,

nmcmo• 1'tJTUTlTocm&amp;IDU&amp;do 1 1U a1ltmadolMII de

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EXIJASE 11:= 1 ARDUO

1e
2
s
crónicaTORALES

LOS QUE TEIG~I
ya sea reciente 6

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ronto por fuerte que
del Dr. Andreu Y se ª.h ~iar;n s~guros que cas~ siem•
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las car'ies y la oscilación de los dientes'. Su olor
exquisito y agradable perfuma el ahento.

�LA

320

1LustRAcióN ARtfsttcA

N ú MERO

49ó

- Capitulo IV: His•
toria polfti ca de
Atenas, Sus ruinas.
- Capitulo V: Ceremonias, bautizos,
bodas, entierros. Capitulo VI: Costumbres, Las cuaresma~, Las visitas,
El café á la turca,
El narghilé, E l año
nuevo, El carnaval,
Poros, Queserianis,
El Parnaso y Byron,
La Semana Santa,
La • Pascua de Resurrección. - Ca pltulo VII: Un paseo
á Maratón. - Capitulo VII I: Ciencias,
artes, literatura, industria y comercio.
- Capitulo IX: Influencia del teatro
griego sobre la dra ·
mática general, Su
desarrollo, Sus tendencias, Su fin.
El precio, como
siempre, 2 reales, y
los pedidos a 1 edi ·
tor D. Pascual
Aguilar, Caballeros, I , Valencia. En
Barcelona, librer!a
de D. Arturo Simón, Ramb l a de
Can aletas, número 5.

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Á ESTA REDACCIÓN

por aatores 6 editores
TRATADO DE
QUfMICA Jl!OLÓGI·
CA, por Ad. W1ertz.
- Se ha publicado
el cuaderno 3. º de
esta notabilisima
obra, esmerada·
mente traducida y
adicionada por e 1
Dr. D. Vicente Peset y Cervera. Nada
hemos de decir en
elogio de I trabajo
del eminente profesor de las facultades
de Medicina y Ciencias de París, pues
el munrlÓ cient!lico
lo ha reconocido, ya
como el mejor en su
clase.
Adm!tense suscripciones, a l precio
de una peseta el
cuaderno (la obra
constará de 14 6 16)
en l a librer!a de 1
editor D. Pascual
Aguilar, calle de
Caballeros, número 1, y en Barcelona en la de D. A r·
turo Sim6n, Rambla de Canaletas,
número 5.

•••

•••
V!AJEÁATENAS,

SIFÓN CENTRIFUGO Y SONDALEZA
AUTOMÁTICI\, por

por D. Em ir¡tee
Gaspar. - H emos

el Dr. D. Federico
Gómez Arias. - El

tenido el gusto de
docto director de la
recibi r el tomo
escuda de náutica
X L VIII de la BiESTUDIO DEL l'INTOR WALTER FIRLE. (Véase el articulo en el núm. 487.)
de Barce lona ha
blioteca selecta, que
aumentado su lista
con creciente y jus.
.
,
de inventos con estificado éxito publica el conocido editor valenciano D. Pascual sumario del mencionado tomo, según los capltulos en que está tos dos que fundados en principios cient!licos pueden prestar
Aguilar.
dividido:
grandes servicios, el primero en obras de desecación de pantaE l citado tomo se titula 1:iaje á Ale11as, y su autor es el
_Capitulo 1: De Valencia al Pire~. - Capitulo II : E l puerto, nos, el~vación de terrenos, traslación y elevación de aguas y
d istinguido escritor D. Enrique Gaspar, cuyo solo nombre F1sonom!a de Atenas, Jndumentana. - Capitulo III: La fraga- extracción de las que hayan penetrado en un buque, y el senos releva de hacer el elogio del nuevo libro. He aqu! el ta Arapiles, Etimología del nombre de Atenas, El Acrópolis. 1 ¡undo en los importantes y delicaJos trabajos de sondajes.

I

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núm. 61. Paríe.-Las casas eepe.fiolaa pueden hacerlo en la. oftclna de publicidad de loe Bree. Oalvet y O,•, Diputación, 358, Barcelona

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· /t ourarAn dt
oon1t1p10/on, lt darAn apetito 1 /o
daro/rtrh t/ 1ueño , /1 1/tlr/1. - A1/ rir/rA Yd,
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teparador de lia !uerzu TI.tales, de este fenlaoaa'9 p_er eaee(eaola. De Wl gusto su-

mamente a,radable, es 10berallo contra la Ánetn'4 1 el Ázx¡camtfflto, en las Calentura,
nos ,nte,""°'
Cuando se traia de despertal' el apetito, uerurar las digesUones, reparar las rué~
enr1quecer la ~ entónar el organismo Yprecaver la anemia y las epldemtaa protoClldai por los calores, no se conoce nada superior al l'iae de QIÜÍla de .t.reull.
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\aolon ,-a• produoe el Tabaoo, J 1J19Cialmt111t
6 IOI Son PREDIC&amp;D01'!!i_ ilOGAJ&gt;OI,
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emiolon de la 'l'OS.- PIIIGIO: 12 !lliua.

l:IJIIW • li rotulo • /1""'4
&amp;dh. DETBAH, Farmaoeuuoo n p.umj·

.EXIJASE 11i: i1: 1 ARDUO
0

PATE EPILATOIRE DUSSER

destniye b!ila Ju RAio•• el YELLO del l'Ollro de Ju damu (Barba, Blrote, tk.), 11A
llingun peli¡ro para el aitlt. 10 Aiio1 de isllo,ymlllarea de teaUmonlot prutlwl la eleacil
de uta prepandon. (Se nnde en M)II, para la barba, J en 1/2 oaJ•• pan el bl¡ote Urero). Pan
)OI

bruo,, emplu

el ,1.1,J t'OBM. .D1:J'8BJiJR, l , rue ,J,.J,•l\ouueau, Parll.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria

J!ifr,

PII MoNTANU Y S1vó1

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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Andrés Theuriet</name>
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      <name>El gran Ecuatorial acodillado</name>
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