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A&amp;o X

~ ·

BARCELONA 25 DE MAYO DE 1891

NÚM. 491

R0SENDO NOBAS célebre escultor fallecido en Barcelona en 5 de febrero de 1~91, y algunas de sus obras más notables

�LA

322

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 491

planetas, si hemos de inducir por analogía y hemos
de dar algún valor á las probalidades. La estrella más
vecina de la tierra es Pitágoras, ó sea el alfa del seg·
mento de cielo á que damos el fantástico é impropio
nombre de Centauro. Desde tal astro á nosotros hay
doscientas mil veces la distancia que de nosotros al
sol, y del sol distamos, como sabe hoy todo el mun·
do, en la mayor separación, unos ciento c_incuenta
millones de kilómetros. ¡Cuán bella y reveladora es
la creación! El carro marcha majestuosamente por
las noches de nuestro hemisferio, no lejos de la estrella Norte, adonde miran las puntas de nuestras
brújulas y las retinas de nuestros ojos para orientarnos en los mismos espacios terrestres.· La gran estrella de Orión, la estrella Sirio, reluce con tal brillo,
que si pudiésemos acercarnos á ella, nuestro sol palidecería de seguro entre sus rayos como palidecen
las míseras luciérnagas ante los rayos del sol. No
temblemos por los cometas que vuelan arrastrados
en una vertiginosa carrera y parecidos á plumas caí~ ~
das de las alas esplendentes de un ángel invisible.
No creamos gasas de materia cósmica, suspensas en
11
los límites del universo visible, las vías lácteas inMURMURACIONES EUROPEAS
Todos los átomos se mueven. Este movimiento ha- mensas que se hallan compuestas por polvo de soles
POR DON EMILIO CASTELAR
ce vibrar sus moléculas. Esta vibración engendra el y forman como inmensos arenales dt divino éter.
calor. Molus es/ causa raloris. Este calor enciende la Aunque á los ojos de la poesía todos esos mundos
Diálogos astron6micos. - Miradas alcielo.-Noches serenas. aparezcan en visiones místicas cual áureos vasos
Alma luz. - Escritores que divulgan los conocimientos astro• luz. Pues como la luz presupone calor y el calor preconsagrados al templo de Dios, escalas de diamansupone
movimiento,
el
movimiento
presupone
mo·
n6micos. - El planeLa Mercurio. - Su paso por el sol. - Péndulos mon,truos. - I Iermosas las estn;llas y hermosas las ex• tor. Este motor es Dios. La creación química y la tes y topacios por donde bajan los ángeles, místicas
posiciones. - Cuatro certámenes capitales - Centenario de creación mecánica presuponen la existencia del Cria- lámparas colgadas del firmamento, ó signos que tra\ºictoria Colonna. - Libro de Michelet sobre Roma. - :El
zan cabalísticamente los horóscopos de los mortales
calvinismo de tan grande ,utista opuesto al conocimiento dor. Ni se ha demostrado la generación espontáde Roma y España. - La ciudad Eterna y los protestantes. nea, ni se demostrará el movimie'nto espontáneo. en sus astrológicas figuras, á los ojos de la ciencia
La generación supone un generador supremo de la resultan como gigantes hornos donde los metales
- Conclusi6n.
vida, y el movimiento supone aquel motor inmóvil aquí más fríos se hallan como volatilizados, merced á
I
de que nos habló Aristóteles. No podéis dar un paso las aglomeraciones de oxígeno en combustión, semeen el espacio y en el tiempo sin encontraros en to- jante á la producida por incendios inenarrables, torMucho embarga el ánimo de nuestra Europa la das partes, no á la verdad oculto, patente y mani- mentas tonantes, volcanes en erupciones capaces de
crisis económica por que atravesamos; pero no lo em- fiesto, á Dios. El amor, entre los átomos cercanos, acalorar y enrojecer espacios inmensos con su terribarga menos el movimiento sideral y astronómico. afinidad, produjo la cohesión química; el amor, en- ble irradiación ígnea. Esta tierra fué parte integranLos diarios y revistas por una parte, y por otra las tre los átomos lejanos, atracción, produjo la grave· te del sol. Desprendida un día de su masa, fué duEnciclopedias que por doquier se dilatan, los libros dad mecánica. A la luz difusa en el espacio se le rante mucho tiempo sol de ella misma, luciendo con
de difusión científica y los innumerables Dicciona- llama éter. Por unas y otras fuerzas el éter se ton- luz propia, irradiando calor á causa del fuego voraz
rios popularizan las ideas más altas y divulgan los densó en torno de núcleos, y estas condensaciones en que se abrasaba. Si hubiéramos podido verla des·
conocimientos más difíciles en términos tales, que se tlel éter en torno de núcleos produjeron los soles. de un orbe cercano en aquel entonces, acaso nos
habla de astronomía entre los contertulios de cual- De los soles se desprendieron, como de una cabelle- consumiéramos en ella como se consume la maripoquier prosaica familia. Muy áridos todos estos co- ra los cabellos, como de una flor los pétalos y los pó- silla en el resplandor de la luz esplendente á que
nocimientos en su parte matemática; pero muy cu- lenes, esos orbes llamados planetas, que todos tienen ciega se aproxima. La tierra fué sol á su vez, pequeriosos y regocijantes así que penetran en las indaga- una forma esférica más ó menos perfecta. Estos se ño sol, pero ardió y lució como los grandes soles y
ciones por analogía y nos refieren cómo debe pasarse apartan del sol por un impulso, al cual podríamos en competencia con ellos por su vivo fuego. Hoy misla vida en otros mundos por comparaciones entre sus llamar de odio y alejamiento, que les constriñe á mo este fuego, llamado central, se halla en su cortemovimientos de rotación y traslación que han de precipitarse en los abismos del espacio, hasta que za fría tan próximo como los granillos de la película
prestarles días y noches, años y estaciones, cual á nos- otro impulso de amor y unión los detiene próvido que rodea y envuelve las entrañas de las uvas. El esotros los terrícolas. Desgracia grande: aquel astro más en su caída y los llama con suave reclamo á revolar pesor medio de nuestro suelo no puede pasar, según
pró,tlmo á nuestro planeta, la blanca luna, por cuyos de nuevo y subir trazando elipses, como la nave lu- sabios cálculos, de 44 kilómetros. Por consecuencia,
montes nos paseamos con mayor facilidad merced á minosas estelas, por los mares electrizados, por los si pudiéramos abrirla como abrimos la naranja, enlos anteojos, que pudiéramos pasearnos merced á los espacios inmensos, en rededor de su etéreo y divino contraríamos dentro de su cáscara un sol ardiente
pies por nuestros mismos Alpes y Pirineos, está muer- foco. Además de todos estos grandes cuerpos, hay que, á cierta distancia colocado, podría llamar otros
to y se asemeja en el telescopio á una semiesfera de esparcidos por el espacio, á modo que los insectos planetas con su atracción, esclarecerlos con su luz,
cal. Mas como los dos grandes elementos criados por alados, las mariposas y las abejas; á modo que los avivarlos con su calor y parecer en la noche de otros
el Eterno sean la idea, esa luz del alma, y la luz, esa insectos luminosos, las luciérnagas y las luciolas, as- mundos una hermosa estrella, inspirando suaves y
idea del Cosmos, no podemos apartar los ojos del teroides, bólidos, planetillas semejantes á corpúscu- estéticas tristezas en música y poesía. Esta corteza
cielo sereno y estrellado en las primaverales noches. los, cuyos elementos resultan idénticos á: los elemen- puede muy bien dividirse, como nos enseñan todos
Y al contemplarlo con curiosidad, no podemos dejar tos terrestres, y que diseminados en la inmensidad, los geólogos, en varias capas ó zonas, que deberían
de sentir inquietud por conecerlo con espacio. Cuan- si entran en el radio de atracción propia que tiene la ser concéntricas allá en otros tiempos, mas que hoy
do yo era muy chico, hace poco más ó menos ahora tierra, penetran en su atmósfera, y al contacto suyo se hallan muy diversamente colocadas por la supermedio siglo, leía mucho los rudimentos, asequibles se animan en calor y encienden á una en vívida luz ficie de nuestro globo á causa de las innnmerables
á mi fantasía, de todas estas ciencias, en libros vul- Muchas veces el número de tales astros es tan con- revoluciones geológicas experimentadas en la sucegarizados por aquella sazón y á los cuales podríamos siderable, que le llaman á su presencia lluvia de es- sión incalculable de los siglos por este agitado y
llamar con fundamento amenos y recreativos. No trellas por asemejarse mucho á una granizada de luz, subvertido planeta. Pero ha prestado su calor, lo ha
quiero mentar el donosísimo de Voltaire, titulado á un maravilloso nevasco de éter. En mis largos via- puesto en irradiación, lo ha ido por el espacio inMicromegas, donde ya se burla con tanta gracia el jes por Italia he visto esas luciérnagas aladas volar menso difundiendo, como no podía menos, y ahora,
eximio escritor de una filosofía subjetiva, destinada en grandes enjambres sobre la superficie bituminosa fuera de alguna boreal aurora ó de alguna erupción
en sus exageraciones á probarnos cómo el espacio de las lagunas pontinas, por las laderas verdes del volcánica, semejantes á los blasones empolvados y á
debe tenerse por una tela de araña extendida en lo monte Mario, y hame parecido asistir á una lluvia la diadema rota de una reina ilustre y destronada, la
infinito por nuestro pensamiento, y las estrellas como copiosa de misteriosísimos asteroides. Entre los pla- tierra está metida en obscuridad completa, y para
unas luminarias animadas por nuestro soplo reverbe- netas, cuatro, los menores, están más cerca del sol, y brillar debe recibir sus días prestados de la lumbre
rando los conceptos é inscribiendo en la inmensidad el mayor de los menores, al decir de los astrónomos, del sol.
los ideales nacidos entre las cuatro estrechas paredes resulta la tierra; y cuatro, los mayores, más lejos del
del humano cerebro. Pero ya que no mencione sáti- sol, y el mayor de los mayores resulta Júpiter. Los
111
ra tan corta y tan sutil como esta, sí quiero mencio- asteroides ó planetillas no pueden calcularse, pues
nar un libro de Fontenelle, sobre la pluralidad de aparecen como innumerables en la inmensidad, y
Los deliquios casi místicos y arrobados eón las esmundos habitados, que me sacaba de quicio y me ha- como cuerpos opacos sólo se ven cuando penetran trellas casi espirituales y angélicas crecen estos días,
cía soñar despierto cuando no contaba yo siquiera de en atmósfetas que puedan facilitar en ellos una com- como arriba dije, con ocasión del conocido paso de
vida Iustro y medio. Ahora, dentro de la ciencia misma bustión más ó menos viva y encenderlos. Además del Mercurio, puesto al respectivo alcance de cada inteexisten libros de mejor y más fácil lectura: el Cosmos calor solar, poseen el calor central todos los planetas; ligencia vulgar por las revistas científicas y aun por
de Alejandro Humboldt y la Astronomía popular de pero ninguno puede poseer las condiciones vitales los diarios populares. Merced á sus remembranzas,
Francisco Aragó. Mas quien desee dar á la fantasía de nuestra tierra; los unos, como la luna, por care- refresco de antiguos estudios y extracto de gruesos
rienda suelta y montarse á su arbitrio sobre todas las cer de aire y agua; los otros, como Marte y Venus, volúmenes, hemos recordado que Mercurio es el plahipótesis, cabalgando cual un Astolfo por todos los por hallarse demasiado cerca del sol; los otros, como neta más próximo al sol y menos fácil de ver, por
espacios celestes, no tiene sino coger un volumen de Júpiter y Neptuno, por hallarse demasiado lejos. tanto, desde la tierra. Copérnico, en su agonía, seFlammarión y darse á su lectura. Un cronista de Lon- Además del sol, de los planetas, de los satélites como gún Hoffer nos relata describiendo el desarrollo de
dres no describe la ciudad y su vida con las minucio- nuestra luna y como el anillo de Saturno, de los as- las ciencias astronómicas, plañíase de no haber podisidades que mi amigo el astrónomo fantaseador cuen- teroides, hay las estrellas alejad{simas de nuestro do verlo nunca durante larga vida de observaciones
ta de la vida en el alegre y caluroso planeta Venus sistema solar. y á las cuales creemos encendidos so- y estudios. Lalande, tan conocedor de las estrellas,
ó de la vida en el tardo y sesudísimo Saturno. Así, les, que tendrán quizás en torno suyo también obs- en sus Tablas de Mercurio nos dió noticias de tal
los conocimientos astronómicos se han divulgado por curos y por tanto invisibles pero grandes y numerosos planeta, confirmadas luego por Leverrier, quien ya

NúMERO 491

LA

ILUSTRACIÓN A RTISTICA

todas partes, y las gentes más reñidas con los humanos saberes y los fastidiosos sabios han podido deTexto. -llf11rm11rario1us europeas, por Emilio Castelar. -::_La partir á su antojo sobre la carrera de Mercurio en la
Exposición gmeral de Bellas Aries. La pilltura religiosa I faz del sol como pudieran sobre la carrera de cabahistórica (continuaci6n), por J. Yxart. -Rose11do Nobas, por llos en el espacio del Hipódromo. Francamente, gúsA. Carda Llans6. - Génova, por Eduardo Toda. - Rewerdos tame contemplar los ojos humanos convertidos al
da Gra11ada. La fuente del A vellano, por Augusto Jerez Per• cielo, siquier en vez de mirar á Dios miren á las eschct. - C:1m lo de amor, por Pablo Marguerite. - SECCIÓN trellas. Nos han metido las últimas publicaciones en
CIE:-!TfFICA: Ferrocarril 111ari110, por X.
boga con tal empeño hasta la cintura dentro de lodazales inmundos, que los agujeros por do columbramos
Grabados. - Rosendo Nobas, célebre escultor fallecido en lo celestial y entrevemos lo infinito deben multipliBarcelona, y algunas de sus obras más notables.-Tl111pa110
de la portada m la iglesia de Castellar, obra de D. Rosendo carse y no disminuirse. Hase dilatado por el telescoNobas. - Estatua de D. f ua,z Giiell y Ferrer. ,lfomm1e,,to pio y por el cálculo en tétminos tales el Universo,
erigido d m memoria en Barce/o,za, obra de D. Rosendo No- que parece cada día mayor y más digno de nuestra
bas. (De una fotografía de A. Torija.) - Vista de la ciudad y estirpe un templo esclarecido por las estrellas, aropuerto de Gl11ova. (De una fotografía. ) - Cuadriga de la A u• mado por las flores, en el éter celestial sumergido, rerora m la cascada mo1111111mlal del Parque de Barcelona, obra velando como tangible lo infinito, componiendo conde D. Rosendo Nobas. -Busto de Cerva,ues, obra de D. Ro• ciertos con las atracciones y las afinidades, exhalando
sencloNobas. 1De una fotografía de A. Torija.) - Figuras rá como un misterioso incienso el místico humo de las
8. Varias secciones, cortes y piezas del buque ferrocarril.
ideas á los senos insondables del eterno misterio.
SUMARIO

~---

... '

TIMPANO DE LA PORTADA EN LA IGLESIA DE CAST&amp;LLAR, obra de D. Rosendo Nobas

bates el corazón te ama como bondad suprema; en
pudo noticiamos cómo los días mercuriales dura~an de él, sino al qué harían con su inofensiva y sabia el art~ sí en los acordes de la lira, en las líneas de
el tiempo mismo que los nuestros y cómo los anos persona. Ingerido en el clero francés para mayor se- los m~nu~entos, en el centelleo de l~s in5piraciones,
unos tres meses poco más ó menos, con lo_ cual no guridad personal gustaba más que de la patena re- la fantasía te contempla como arquetipo de la eterna
quiero deciros cuántos fantase~s á Flamll_lanón se le luciente sobre la~ aras, de la luna reluciente sobre las hermosura· en los altares, bajo las bóvedas de los
ocurrirán acerca del calor tropical allí reinante y _d~ noches. Y departía de sus castos amores celestes co~ templos, á'través de las plegarias y del incienso, la
las estaciones que habrán de subse~uirse c~n ve_rtig1- todos los sabios y estudiaba todas s~s nuevas no~- fe viva te adora, y en la ciencia la razón te conoce y
noso movimiento y en rápida sucesión._El influJo ?e cias de lo infinito juntas en aquel mmuto de _múlti- te demuestra, deseando, al contacto de las ideas suples revelaciones, pues como Keplero presagiar~ el
la prensa periódica se conoc~ con motlv~ de tamano paso de Venus y Mercurio por nuestro sol, Galileo blimes el alma entera vivir y morir, absorberse por
fenómeno, pues nunca hubieran adver_ti.do los descompl;to, como en los mares las gotas de lluvia, en
ocupados tal mota en la retina del sol, s1 á las adver- demostrara con su invención del péndulo y en el es- tu insondable substancia.
tencias y observaciones científicas no les mueven sus tudio de sus oscilaciones el movimiento triunfal ~or
el espacio inmenso de nuestro planeta. Estas osetlaIV
respectivos diarios. Veinte resultan las veces en que ciones del péndulo dicen tanto y tanto enseñan, que
ha podido tal paso verse y estudiarse, desde que lo se colocó uno gigantesco en la cúpula del Panteón
Bella' la ciencia indudablemente, bellísimo el delo,
viera y estudiara la primer vez el buen cura_ Gassen- de París, para que rozase co~ arenas colocadas sobre bellas las artes á que damos tal nombre por antonodi allá por el año treinta y uno de la penúlama cen- las losas del pavimento y diese muestras palpables masia. Cuanto más las estudio, persuádome con
turia hace dos siglos y medio. De sus manchas Y de de la carrera del planeta, y ahora van á colocar o~o mayor fundamento á la creencia de que representan
sus ~ombras han deducido sublimes observadores,
en la torre maravillosa Eiffel, monta~~ para las ~1s- un punto avanzadísimo en la lí~ea misteriosa que al
tales como Herschel, á quien debemos tanta~ revela- mas experiencias. Comparad esta fac1hdad que tiene Criador conduce desde los abismos donde padececiones del infinito, que goza de atm6sf~ra d1áfa~a Y hoy la ciencia de sondearlo. todo con los t~mores de mos y lloramos las misérrimas criaturas. Así deben
cuenta con unas montañas, las cuales tienen veinte Copérnico, con las angustias .de Gassend1, con las tanto complaceróos los certámenes de Bellas Artes,
kilómetros de altura. Por su posición simple puede penas de Galileo, y decidme s1 no debemos estar en- como nos complacen las ciencias del cielo y de los
también deducirse y saberse que s~ calor habrá de vanecidos cuantos hemos pugnado por quebra?!ªr fenómenos celestes. Cuatro Exposiciones llaman á
darle tórrida temperatura, pues asciende á once v~- las cadenas abrumadoras, bajo cuyo pe_so e~ espmtu un tiempo la universal atención; una en Berlín y otra
ces más que los mayores experimen!ado~ á la conti- se paralizaba y encogía, de una emanc1pac1ón, m~r- en Barcelona, dos en París. Los artistas ofrecen muesnua en la zona tórrida terrestre. ¡Divertidos estarán ced á la cual sobre nosotros caen y llueven de lo m- tras gallardísimas de sí propios en todas ellas, con
los habitantes del tal planetilla en hor~o tan v?~az! finito y de lo etéreo tantas y tan be~efic_iosas verda- especialidad los artistas españoles. Pero tanto y tanto
Sin embargo cosa tan sencilla como su mterposición des. Miente quien asegura que la c1enc1a modern~ ejemplar de pinturas varias deben decirnos que va
entre nosotr~s y el sol ha servido mucho para cosa destruye la confianza en Dios. Cada grande senti- tomando el arte aspecto de industria y debe presertan grande como el cálculo de la distancia entre los miento que mueva el c~razón, 1~ im~ulsará. de ~egu- varnos de admiraciones sobrado fáciles. En el siglo
mundos y el foco de las eclipses en que se mueve':1 ro al amor divino· cada idea que 1lumme la mtehgen- xv1 los grandes pintores atraían en torno suyo las
estos astros nómadas y errantes. Por la compl~t~ ]¡. cia, de seguro habrá de acercarla también á l_o a~so- almas de orden secundario adscritas al culto de lo
bertad contemporánea de pensamiento Yde religión luto· cada estrella que columbremos en lo mfimto, bello, componiendo con la fuerza de sus atracciones
parécenos difícil comprender que un paseo por las añadirá una letra más al no~~~e incomu_~cable del y con el cruce de sus rayos verdaderos sistemas soestrellas en compañía de la ciencia cueste pesadum- Creador. ¡Dios mío!, la sensibilidad te ad1V1na como lares. Y en esos sistemas solares había lunas que
bres aqu{ en la tierra y hasta otro paseo por las cár- Providencia; en el inmenso río de los hechos, en. el brillaban melancólica y suavemente con resplandor
celes, cuando no por las hogueras, en .compañía de escenario cambiante de la historia, en esas traged1as dulce y poético eBtre los astros de primera magnitud
calaboceros, esbirros y verdugos. Tan ilustr~ obser: que todos los siglos repiten y en esa perdur~ble_g~e- y los focos de perpetua luz. ¡Feliz idea la de Italia
vador del paso de Mercurio como Gassend1, ~or si rra entre el bien y el mal, te presiente la mtmc1ón proponiéndose recordar el centenario de Victoria Cola tierra se mueve ó el so), temblaba, en gmsa de como juez; en el misionero que desafía los elemen- lonna, por Miguel Angel platónicamente amada, cual
azogado, cuando sus cálculos se oponían á las gene- tos para llevar espíritus nuevos á la luz eterna y en por Petrarca en los bosques de Provenza Laura y
rales creencias, y mientras en público movía el. sol, la hermana de la caridad que aparece sobre los com- Beatrice por Dante mismo en los jardines de Toscamovía en secreto la tierra por miedo, no al qué du ían

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

49[

na! Estos pintores y estas musas produjeron el milaca y explícitamente real que no pueden alcanzar en
LA EXPOSICION GENERAL
gro de los milagros, las ciudades artísticas italianas
la medida que intentan; por empeñarse en competir
del Renacimiento, con especialidad la sublime Rocon una observación del natural, compleja, analítica,
DI.: DELLAS ARTES
ma. Como antes iban los peregrinos de la Religión á
sutil, sumergida en su ambiente propio, sincera, esver las tumbas de los Apóstoles, van ahora los perepontánea é intensa, cualidades que nunca podrá
IV
grinos del Arte á ver los modelos más perfectos de
tener por más que se haga el estudio de una modelo
la pintura universal. Aquí saludan á las Sibilas de
vestida de Virgen con luz de taller, ni la penosa coml.A ~t:CCIÓN l&gt;E PINTURA ESPA:\OLA
Santa María que tienen la hermosura griega en sus
posición, empalmada por fragmcmtos, de figuras dis( Co11ti1111ació11)
formas y el resplandor de sus ojos la intuición crisfrazadas en actitud impuesta y no vista ni sentida,
La pintara religiosa é histórica
tiana; visitan allí la Virgen de Foligno, resaltando en
de grupos atentos y perplejos, y accesorios traídos al
una claridad celeste con su hijo entre los brazos y
Si el lector recuerda los preliminares del artículo cuadro uno á uno, sin fusión natural, sin armonía
sobre la cabeza un iris en que nadan los ángeles re- anterior, comprenderá fácilmente que no nos deten- ni sinceridad. Otra cosa había de resultar si, renuncién descendidos de la gloria; escuchan allá las ar- gamos ahora en un recuento minucioso de todos los ciando á esta lucha imposible, se atepdiera, no al anámonías sicilianas, al contemplar la Galatea que dis- lienzos que ocupan las siete salas de pintura españo- lisis, sino á la síntesis; no al colorido real, sino al
curre por los mares helénicos sobre su concha de la (excluyo la destinada á las obras de autores difun· que siendo como up extracto simplificado de él, adnácar, seguida de los resonantes coros concertados tos, porque hablaré de ella en capítulo especial).
quiere sólo un valor simbólico y de enunciación; no
por tritones y nereidas; ven acullá cómo las ideas fi.
Más de seiscientos en junto serán aquéllos. Y de á la línea exacta y positiva, sino á la característica y
losóficas exhaladas por los sistemas antiguos toman éstos, en realidad, no pasarán mucho de ciento los saliente, en toda su sencillez; no al sentimiento transcuerpo en proporción verdadera con su grandeza en que merezcan verdadera atención.
mitido por la sensación inmediata, sino al que parte
la escuela de Atenas, y los principios de la teología
de la idea, y no, por fin, á aquella armonía total y
Vamos á éstos sin más preámbulos.
cristiana se avivan y se dibujan y se coloran con
He indicado ya que en busca de las más moder· compleja que nace de la visión, sino á la intuitiva y
toda su pureza y toda su verdad en los Santos y Doc- nas y de las mejor encaminadas tendencias del arte por decirlo así intelectual que impone la expresión
tores de la Disputa del Sacramento; aprenden la su- contemporáneo en la actual Exposición, hay quepa- de un concepto determinado y anterior.
rrección de los símbolos católicos por las rejas de la sar por delante de una serie de cuadros que llevan
Ninguno de los cuadros religiosos ó históricos van
cárcel de San Pedro, que los ángeles iluminan con en su factura, en su asunto, en su colorido una fecha todavía por este camino, en que la pintura decoralos resplandores de la luz increada y por los techos anterior. Algunos, siendo de maestros, se sostienen tiva moderna se da la mano con las últimas tentatide la Farsina los símbolos paganos, que nos muestran por la virtud de sus cualidades permanentes y salien- vas de la observación más refinada, por aquello de
Psiquis, el alma nuestra, próxima de suyo á una trans- tes; pero aun así, hay que hacer concesiones á su que &lt;dos extremos se tocan.» Lejos de esto, aparecen
formación, aunque rodeada de los dioses helenos, manera, colocarse en el punto de vista en que se más idealizados y en un ambiente de sueño algunas
reunidos ya para sus últimos festines; en un lado se hallan colocados sus autores, cediendo al influjo obras inspiradas directamente por el natural, que las
atienden á la batalla, donde triunfa el lavabo de nues- de su tiempo, de la enseñanza que recibieron, de las mismas vírgenes y santos de corporeidad ó vigor
tra redención para sobreponer eternamente á la ma- tradiciones en que se imbuyeron. Los más caen ó convencionales y con ausencia total de unción y de
teria el espíritu, y en otro lado se transportan al coro descienden á nuestros ojos; son muy contados los verdadero sentimiento religioso. Inclusas aquellas
armoniosísimo semejante al zumbar de las áticas abe- que aparecen á la misma altura en que los vimos en obras que alguno tienen, son, por su composición
jas, que alzan en melodiosas notas los poetas clásicos otras Exposiciones. ¿Cambiaron ellos? No. Quien ha y por el lugar de la escena, si cabe hablar así, más
al subir hacia el Parnaso en requerimiento de los cambiado fué el espectador. Este no se detiene en que religiosas, históricas ó anecdóticas, en que el
laureles cortados para sus frentes por las musas; si- sus evoluciones, los artistas sí; de aquí que mude personaje, sorprendido todavía en su vida terrestre,
guen los cuadros más bellos de la Biblia judía entre con el tiempo la distancia que los separa. Llevamos se ofrece como un retrato sin nada de beatífico. No
los grotescos más complicados de la Roma imperial; ya lentes distintos, y han de parecernos distintos el hablemos de santos Jerónimos, simples estudios de
y no sabe uno qué admirar más en la melodiosa epo- color, el dibujo, la factura, el ambiente, la verdad, desnudo, ni de la Ste/la matutina, de Alvarez, con
peya de líneas y colores, si las armonías de aquellas la idealidad, el sentimiento y hasta el asunto de evidentes reminiscencias de Morelli La Penitente
formas, ó la perfección de aquellas agrupaciones, ó aquellos mismos cuadros que años atrás hubiéramos de Masriera, sentida y noble, no inspira sentimiento
la trascendencia de aquellos pensamientos, en los distinguido por estas mismas cualidades.
religioso alguno. El San Ignacio de Serra, se diría
cuales hállanse al par sentidos el Paganismo y el CaLa pintura dió con un modo nuevo, más amplio, un retrato de un padre. Jesiís con los nbios, tampoco
tolicismo, como si ambos se hubieran reconciliado más complejo, más intenso que los anteriores. Don· puede ponerse en este grupo, si se atiende á su caen las cumbres de tan cíclica obra inmortal. Para de no le hallamos, la inferioridad nos parece mani- rácter: es un pasaje bíblico, por cierto muy inferior
comprenderla necesitamos, como los primates del Re- fiesta, con absoluta independencia de los demás á su fama; un error lamentable del artista por su comnacimiento, ser á un mismo tiempo helenos y católi- componentes del cuadro. Toda la divergencia nace posición, por su color, por su dibujo, en todo lo cual
cos. Quien se haya de las dos religiones apartado, de aquí única y exclusivamente, y no de la exclusión resulta menos que mediano. En el San Antonio Abad,
nunca jamás comprenderá la Roma cesárea y ponti- de género ó asunto alguno, como quieren los defen de Cabrera; en el San Francisco de Asís, de Riquer,
ficia, tal como se presenta hoy á nuestra vista en los sores de una tradición anticuada. Esto es lo que va los santos, los protagonistas participan ya de sus
osarios de la historia. Así, desconfío mucho de que mos á ver con ejemplos prácticos.
dos naturalezas: les rodea el nimbo de oro de su sanMichelet nos presente un buen juicio de Roma en el
Una clasificación, una jerarquía prestablecida tidad por una parte, y por otra se hallan colocados
volumen reciente y fresco, arreglado por su viuda quiere que las revistas empiecen por lo común por todavía en atmósfera y sitio reales. Son cuadros de
fiel, que ahora hojeo sobre mi embarullada mesa de la pintura religiosa é histórica. En cuanto se llega á episodio: escenas de la vida de aquellos santos. Pero
trabajo. Michelet es uno de los más altos y sublimes ella, salta la primera cuestión. Ni los cuadros religio· á uno y á otro les perjudica este carácter ambiguo
reveladores que del espíritu de los siglos pasados ha- sos ni los históricos son en gran número en la Expo- de la acción. El San Antonio asistido de dos ángeya tenido la humanidad. Su intuición milagrosa le sición actual. Y los pocos que hay, poco tienen de les, no es la página más notable de su insigne autor,
hace comprender y explicar como nadie la Ciudad notables. De aquí la primera exclamación de algu- ni mucho menos. El San Francisco en el bosque,
clásica y pagana. Su Historia de la República en Roma nos: «El arte está en decadencia, puesto que abando- rodeado de fresca vegetación, conversando con banse aparece á los ojos más pesimistas como una in- na los asuntos más altos y más sublimes.» De aqu~ dadas de pájaros, resulta parado, recortado, pegado
comparable resurrección. Pero la Roma católica, lo las observaciones de otros: «El arte progresa, puesto al lienzo, sin ambiente: los pájaros y el fondo, más
mismo que la católica España, serán á sus ojos como que, más conocedor de sus fuerzas, se prohibe volun- interesantes, pintados con más delicadeza y soltura
un enigma indescifrable y como un arca cerradísima tariamente aquellas inspiraciones que no se adaptan que el santo. La Rosa mística, de Tamburini, tampopor sus creencias de hugonote, cuyo poder continuo á sus medios más eficaces y seguros, renunciando á co tiene mucho de inspiración religiosi,.: pero sin alha puesto sobre su naturaleza ingenua y primordial ellos por horror al convencionalismo.» Tanto la ex· gún trozo (el manto colgante y replegado en que su
de artista otra naturaleza de pensador y descreyente. clamación de los unos como la objeción de 1os otros, autor se ha complacido en hacer sentir la realidad
Casi todos los luteranos han sentido ante lá' Roma llevan ya algunos años de fecha; muchos hace que palpable de su tela fastuosa y rica), en el resto se inpontificia una emoción análoga de suyo á la emoción se repiten en virtud de una sucesiva y progresiva ca· sinúa tímidamente la tendencia á un colorido ideal,
que sintió Lutero. Un pastor, acostumbrado á natu- rencia de obras religiosas é históricas de mérito en por ahora más agradable y más bonito que bello, pero
raleza de viva égloga, circuído de gigantes y verdes nuestros concursos. A mi ver, ni unos ni otros están que por su delicadeza puede tener un valor de exárboles, colocado sobre las muelles praderas con sus en lo cierto Su error, harto inveterado, parte de to· presión, de enunciación, de un sentimiento en armocándidas ovejas, el cabello mecido por juguetonas mar por norma de la importancia de Ia obra artísti· nía con el que anima á la figura, su inocencia y su
auras y el rostro acariciado por suavísimas humeda- ca el asunto antes que el modo de tratarlo. Su error pureza.
La im¡,otencia por alcanzar en los cuadros histórides y halagadas las orejas por susurros de aguas es- estriba en olvidar que no cabe aplicar hoy, ni á lo repejadas y frondas murmurantes, á quien de súbito ligioso ni á lo histórico, el mismo procedimiento de cos toda aquella vida y naturalidad de los modernos
engolfaran en el Océano inmenso, sin límites ni fron- pintura real que ha seguido aplicándole fuera de lu- y la evocación total del carácter de una época y sus
teras, con horizontes indeterminables, entre oleajes gar. Como este procedimiento ha progresado mara· gentes, valiéndose del natural en la forma usada hasta
alterados y ciclones tonantes; un pastor así por cam- villosamente, digan lo que quieran, se hizo incompati- ahora, está patente en todas las obras de aquel génebios tales asaltado y sacudido, apenas podría darnos ble con aquellos géneros tradicionales. Pero ha lle- ro en la actual Exposición. Poquísimas son en nútestimonio suficiente de la transformación que sufri- gado un momento, - creo que estamos ya en él, - en mero. Nadie ha de mirar mucho rato el Felipe II
ría el alma de Lutero, acostumbrada desde su naci- que por virtud, no de una reacción, sino de una evo- trasladándose al Escorial, de Llanos, sin bajar pronmiento á la suave y blanca y dulce Alemania, en me- lución lógica de este mismo procedimiento, vuelve á to la cabeza, como quien ve algo que pasó definitidio de los desiertos terribles, de las ruinas antiguas, ser posible que entren en el anchísimo círculo del vamente. Figuras, actitudes, disposición, color, asunde los templos caídos, de las estatuas rotas, de los arte todas, absolutamente todas las inspiraciones, con to, nada dicen, nada expresan, no despiertan interés
restos de naufragios y de batallas, sobre los cuales tal que á cada una se le aplique su modo propio. La alguno. Todo aparece como detenido, convenido,
se alzaba Roma pontificia con sus mil colosales igle- discusión, pues, es anticuada y está de más. Hágase yerto y muerto; ni bastante lejano para que tenga
sias, esmaltadas por los toques áureos y rojos de los con la pintura religiosa é histórica lo que es y lo valor histórico de museo, ni bastante próximo para
encendidos y tempestuosos cielos que parecen guar- que debe ser en el día, esto es, pintura decorativa, que nos revele el temperamento personal del artisdar, así en sus alborados al Oriente cual en sus arre- y nos entenderemos. Por este camino va el neoidea· ta Y con mayor razón puede decirse lo propio de
boles al Ocaso, un eterno y sublime Apocalipsis. Para lismo de que hablé en los preliminares.
la Muerte de Alfonso XII, de Benlliure, en que para
Miradas á esta luz, que es para mí la verdadera, que todo sea falso y errado, tratándose de un episoentenderá Roma se necesita será un tiempo heleno
clásico, romano antiguo y verdadero católico, llevan- aparecen como anticuados y defectuosos casi todos dio de la historia contemporánea (de la cual recordalos cuadros religiosos é históricos del actual certa• mos ú oírnos pormenores fehacientes), la escena se
do en sí la fisiología viva del Renacimiento.
men, no por tratar la historia ó inspirarse en la reli- halla dispuesta con una corrección aparatosa de
gión, sino por e~hibir una y otra en una forma fran• ceremonia oficial, mucho menos dramática de lo

.. ELL y FERRER.-MONUMENTO ERIGIDO Á SU MEMORIA EN BARCELONA
ESTATUA DE D. JUAN Gu
' ..
Obra de D. Rosendo Nobas. (De una fotografl de A. Ton1a.)

,

�LA
que os hoy la vida íntima y coetánea, lo mismo en
palacio que en la más miserable buhardilla. La muerte del rey pareoe en el cuadro como po¡lría imaginarla un ilustrador de entregas para el ínfimo vulgo. Y el aspecto de figurín pasado de nioda, que tom.,_n todos los trajes coetáneos para el espectador
, á la vuelta de unos años, agrava todavía lá deplorable impresión de la obra. Con ésta, los mis.mas cuadros de Tusquets de historia catalana, cinco en número, ya conocidos, pierden mucho de su valor. La
composición de algunos tiene verdadera grandiosidad, como la visita de Carlos de Anjou á Roger de
Lauria y el Embarque de Jaime 1 en Salou, Figuras
perfectamente dibu¡adas, las hay en todos, con ver•
dadera riqueza de medios y recursos; todos suponen
un estudio y laboriosidad á prueba; pero contemplados hoy, aparecen pintados, excesivamente pintados.
Algunos accesorios Qrillan y deslumbran con entera
independencia del resto, como las cotas de los maceros en la Entrada del Príncipe de Vi'ana¡ otras
figuras tienen actitudes teatrales de comparsería (los
trompeteros del mismo cuadro, que más que andar
danzan); los trajes fastuosos y ricos resultan flamantes; el color1 vigoroso ó .castizo, ha tomado una tona·
lidad compacta y densa de cromo; los mejores fragmentos, la mayor delicadeza de algunas testas, como
la del príncipe, ó aquella impresión de una concepción

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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pcny, pero sí debe figurar en el número de los más
discretos escultores, de los más fervientes campeones
del renacimiento patrio, ya que para lograr tan laudables propósitos dedicó los mejores años de su vida
y el esfuerzo de su inteligencia.
,
Debido quizás al levantado concepto que Roseado Nabas tenía del arte, buscó siempre las fuentes
de inspiración en las grandes obras de la antigüedad
helénica y del renacimiento italiano, ya que en ellas
se había saturado su espíritu en las primeras leccio-

nes fi!Ue recibiera de maestros insignes en sus juveniles años. De ahf que sobrado exigente consigo mis-

mo, estudiara con detenimiento sus modelos antes

de trasladarlos al mármol, á la madera ó al bronce,
cual si en él no existiera la espontaneidad ni la inventiva de algunos de sus compañeros, á los que, sin
embargo, superaba en cualidades y aptitudes. Pruébanlo así sus creaciones, en las que se halla marcado
el sello de su carácter pensador, el sentimiento de
que se hallaba poseído su espíritu y su correcto modelado.
cNo admitía por buenos, dice nuestro buen amigo
el discreto critico D. Francisco l'líiquel y Badía, todos los temas que encontraba en el mundo real, aun
cuando le ofreciesen ocasión propicia para hacer
alarde de sus habilidades escultóricas. Entendía que
no ha de ser materia del arte lo que produzca repugvasta y artística, desaparecen y se pierden en el efec- nancia, lo que desagrade á la vista, aquello que en
to total de una pintura anticuada con luces falsas, y
la realidad misma nos causaría asco, ·ya ofendiendo
de una inspiración forzada y ambigua que fantasea y
nuestros sentimientos morales, ya atacando nuestro
copia á un tiempo, para producir después de todo
sentimiento estético. Buscaba, pues, en la verdad nauna obra híbrida m sincera ni viviente. Lo cua~ en tural la belleza al mismo tiempo, de manera que los
los mismos términos, se le puede decir á Tamburioi
naturalistas a outra11,e debían forzosamente clasificarpor su Conde de Urge!, de un carácter tan distinto le entre los idealistas.»
de lo que imaginará el lector de la crónica de aquel
Y este trabajo de idealización, realizólo Nabas
príncipe desdicl,ado, como es opuesta á una página
hasta en aquellas de sus obras que más se ajustan á
de historia clásica una ingenua •anción popular. la realidad, pues nótase desde luego en ellas que
Tamburini intenta también ese imposible de inte- han sido objeto de delicadas selecciones, suprimienresarnos con Ja resurrección de una escena con to- do impurezas, formas ingratas, líneas desagradables,
dos los caracteres de lo real. .. sin serlo. Su cuadro pormenores verdaderamente nimios, que de existir
causa la misma impresión de lo flamante y limpio, hubieran amenguado la belleza de la obra.
en atmósfera ficticia é irrespirable. Los fragmentos
Su notable escultura, á la que irónicamente tituló
mejores de su lienzo, pintado por quien sabe pintar, El siglo XJX, demuestra no sólo la verdad de las

nada tienen que ver con el resto: son accesorios, te· apreciaciones que someramente exponemos, sí que

las ó armas. La figura del conde, mostrando las espaldas desnudas, es un estudio aislado, q~e resalta en
virtud de un decidido contraste de tonos. Y aparte de
que aquel torso y aquel cuello, por lo suave y bien
lavado de su cutis y por su blandura muscular, no sugieren idea alguna de martirio ni de crueldad en los
perseguidores, no ha y en toda la escena un solo rasgo que evoque, como debiera evocar todo cuadro
histórico, ni el carácter ni la vida de aquella patética y desdichada página de la historia catalana. Es la
simple agrupación de unas cuantas cabezas, que ganarían en no llevar cascos ni representar á nadie.
17 mayo 1891

J.

YXART

también da á conocer al artista pensador, al escultor
tal corno se concibe dadas las corrientes que informan
el arte moderno. Nabas, de sentimientos nobles y
delicados y amante de los progresos en este siglo,
no pudo resistir al deseo de fustigar con amarga ironía por medio de una de sus más bellas creaciones
á esa mentida civilización que en España, al igual
del pueblo rey que á gritos pedía pan,m el cir,enses,
permite espectáculos que con frecuencia terminan
con la muerte de un hombre en la arena del circo.
Vivió Nabas completamente separado de las manifestaciones del arte llamado académico, resultando
más romántico que clásico. De ahí que le cupiera la
gloria de ser uno de tantos artistas á quienes debe
la escultura catalana sus nuevos conceptos y los se-

guros derroteros que felizmente marcan su camino.
ROSENDO NOBAS
Si digno de atención y de estudio es el progreso
realizado por los pintores catalanes en la segunda
mitad de este siglo, mayor interés ofrece el desenvolvimiento que ha logrado la escultura. Los artistas del

cincel, desprovistos casi de antecedentes, sin maestros ni guías, careciendo de modelos y sin más precedentes que las escasas y limitadas creaciones, por
fortuna conservadas, de los Arnadeu y Campeny, han
podido determinar con sus producciones el glorioso
período del renaoimiento de la escultura, tan completo, tan genial y tao vario, que no titubeamos en
afirmar que Barcelona es el único crisol peninsular
en donde se funden y aquilatan los cultivadores de
esta especial é importantísima rama de las Bellas Ar-

tes. Para convencerse de ello basta examinar los monumentos que decoran nuestra ciudad, las valiosas
obras que constituyen el más preciado ornamento de
los salones aristocráticos, los detalles de ornamentación armonizados con las líneas arquitectónicas de

las señoriales mansiones, y por último, las sentidas
obras que embellecen nuestras necrópolis, en las que
el geni~ del artista graba en el mármol y en el bronce el vivo recuerdo que los vivientes dedican á los
que fueron.
Rosendo Nabas, dotado de clara inteligencia y poseyendo el sentimiento y el buen concepto del arte,
formó parte de esa primera pléyade de artistas, á
quienes debe nuestra patria la evolución que ha determinado, gracias á su ingenio, á su entusiasmo y

su amor al arte, el renacimiento de la escultura nacional. No significó el nombre de este malogrado artista lo que representan para Italia, Alemania, Francia y España los Canova, Thorwaldsen, Rude y Cam-

El antiguo amaneramiento y los rutinarios moldes,

productores de un convencionalismo en pugna con
el verdadero arte, proscribiéronse paulatinamente, y
los jóvenes escultores que recibían las enseñanzas de
Nabas ó seguían con interés la evolución que marcaban sus producciones buscaron en el estudio del
natural, en los efectos que en el hombre producen
las pasiones y los sentimiento~, en el conceP,to psico•
lógico, la fuente en donde sentir su inspiración. Así,
pues, la personalidad de Nabas representa en el
arte algo más que un hábil é inteligente escultor; representa un artista de corazón, á quien el arte regional debe el resultado de esa admirable evolución que
nos sorprende.
Cuatro obras de este distinguido escultor figuran
en los principales monumentos que embellecen nuestra ciudad, acusando todas ellas la suma de estudio
que debió emplear para imprimir á la escultura el carácter y aspecto monumental. La estatua retrato del
economista D. Juan Giiell, que corona su monumerito emplazado en el cruce de la Gran Vía con la Rambla de Cataluña, en la que supo armonizar las duras
líneas del traje moderno con la nobleza de su actitud;
la estatua en bronce del canciller Casanova, levantada en el Salón de San Juan, precisamente en el
mismo sitio en que se supone fué mortalmente herido
aquel digno funcionario popular; las Fqmas que rodean la columna que sustenta la estatua de Cristóbal Colón, y la colosal cuadriga de hierro fundido y
dorado que remata la gran cascada del Parque. En
todas estas obras, obsérvase que Nabas tuvo presentes, no sólo los buenos modelos de Grecia y Roma,
si que también á los maestros del modernismo.
Nacido en 1849, practicó sus primeros estudios en
el taller de Agapito Vallmitjana, pasando después á
la Academia de Dellas Artes de Barcelona, para con-

LA

NúMERO 491

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tinuarlos bajo la dirección del profesor D. Andrés
Aleu.
A sus primeros trabajos, consistentes en modelos

de platina artística, siguieron varias estatuas y bajos
relieves para coronar diversos panteones, varias imágenes para capillas públicas y oratorios, hasta que
en 1871 modeló el torero moribundo, de que hemos
hecho mérito, adquirido por el duque de Fernán Núñez, premiado en la Exposición de Madrid del citado
año. La primera recompensa la obtuvo en la Exposición de Viena de 1873 por el notable busto de Cervantes, é igual galardón mereció el busto retrato de
Fortuny en la de Filadelfia, celebrada en 1876.
Posteriormente, dió forma con los palillos y el cincel á otras obras no menos recomendables, entre
ellas la estatua del brigadier Cabrinetty, un Mercurio existente en el Bolsfo Catalán, uno de los bajos
relieves que decoran el monumento de D. Antonio
López; dos faunos de la cascada del Parque, varias
esculturas de salón, y otras obras más que serla

prolijo enumerar, entre ellas, cerca de doscientos retratos en busto y algunos de cuerpo entero, casi todos esculpidos en mármol ó fundidos en bronce.
Desde el año de 1877 desempeñaba el cargo de
sustituto de los profesores de la Escuela de Bellas
Artes Sres. D. Venancio y Agapito Vallmitjaoa, y
desde 1879 el de ayudante y escultor de la facultad
de Medicina.
Arnantfsimo hijo y cariñoso hermano, vivió Roseado Nabas alentado por el calor que se desprendía del paternal hogar, en el que se hallaban reunidas todas sus afecciones La muerte de su buena y

anciana madre quebrantó su animo y su naturaleza,
y al mes y medio de aquel funesto acontecimiento
debieron llorar sus hermanos y sus amigos la inesperada muerte de aquel que, además de distinguido artista, fué un modelo en la sinceridad de sus afectos.
Descanse en paz el escultor catalán, y aunque
modesto, reciba el tributo que le rendirnos.

A.

GARCJA LLANSÓ
VISTA DK LA CIUDAD

y

PUERTO DE GfNOVA,

{De una fotografia.)

GÉNOVA
En casi todas las naciones del mundo se encuentran ciudades de carácter distinto al que predomina
en el resto de su país. Sus intereses cosmopolitas, sus
relaciones mercantiles por todas partes extendidas, la
diversidad de gentes que á ellas acude, y su misma
situación geográfica y aun polftica, llevan al seno de
aq_uellos pueblos elementos extraños que ningún contacto tienen con los de la propia nacionalidad, y afirman aquella nota característica de su existencia, que
no puede confundirse con otra alguna. Barcelona en
España, Marsella en Francia, Hamburgo en Alemania, Gibraltar en Inglaterra, Alejandría en Egipto,
Bombay en la India, Cantón en China, Yokohama
en el Japón, y cien otras ciudades de diversos Estados, son pruebas evidentes de mi aserto. En Italia
existe también esta ciudad: es Génova.
El comercio creó á Génova, fué en todos tiempos
base de su prosperidad, es el pedestal de su gloria y
la llave de su fortuna: con justo orgullo, perlo tanto,
aquella ciudad puede proclamar alto su título de primer puerto de Italia. Las naves de alto bordo que
anualmente trafican en su bahía exceden de cuatro
mil, con una cabida de más de tres millones y medio
de toneladas: el valor de sus transacciones sube á
cerca de quinientos millones de pesetas. Quizás, juntando los demás puertos de Italia, no llegaran á tan
hermoso y productivo resultado.
Como donde ocurre un hecho positivo se quiere
en seguida indagar su causa, hanse escrito volúmenes
para explicar el fundamento racional de la prosperidad genovesa. Y se han hecho admirables descubrimientos. Se ha encontrado que Génova tiene muy
buen puerto de mar; que su situación en el fondo
del gran golfo mediterráneo lo habilita para 'Comerciar

fácilmente con las costas, islas y tierras del interior;
pero quizás no se ha caído en la cuenta de que idén-

tica cosa sucede á muchos otros puertos, que también son buenos y tienen islas vecinas y tierras interiores. Esas altas autoridades investigadoras hao añadido, en tonp inspirado por suprema ciencia etnográfica, que el genio mercantil es característico á todos
los ligures. Naturalmente nos ocurre preguntará los

que no entendemos estos misterios:
- ¿Quiénes son los ligures?
- Los que poblaron la Liguria, se responde.
-¿Y quiénes poblaron esta tierra?
- Pues los ligures.
-¿Y de dónde proceden?
- Se ignora.
La verdad es que con toda esta ciencia se escriben
aún muchas páginas de nuestra historia primitiva.

Sólo sabernos de los genoveses de la antigüedad
lo que escribieron los griegos, 6 sea que eran un pueblo de piratas. Pero esto ocurría hace mucho t,e~po Con los años mejoraron sus costumbres, y se ~o.vi~ron aventureros. Hoy se limitan á s~r comer~1antes lo cual les reporta la doble veota¡a de ennquece:se fácilmente y de vivir en paz con todo el mundo.
Niéguense luego los adelantos de la humamdad. ara
El carácter genovés, frfo, escépnco, apánco p
todo lo que no se reduce á cifras ó se suma en gaj
nancias, ha contrastado c?n el tempera~entoá gen~~de las demás regiones italianas, ide~hstas . su so
nera materia dispuesta siempre á 1ec1bir el •mrl
de 1~ idea, gentes lo mismo llevadas. en ~las de s~~-

timiento á ceñir la corona de sus v1ctonas, que

-

minadas por los más negros pesimismos hasta _rendirse sin protesta á servil esclavitud. En todo~ nernpos el genio pasea la pen1nsu 1a i'ta1·,a na ' pero s,ernpre
. .
Se Olv¡'da de entrar en Génova. El arte, la c,e_n~¡i·a y
• de la cm izalas armas se unen en sagrada ~n·1 ogia
en
ción latina en los tiempos medios, encarnándos\as
los monumentos los libros y las batallas de aque
épocas En tan to' 1 Génova crea, como monumentos,
•
la Bolsa·
no escribe más libros que los de cuentadcorriente y· de compra y envío.. sus combates,' ru os
r
como los del avaro que defiende sus tesoros, s?nd ,.
• Ygenerales ,asalaria
os
brados por tropas mercenanas
, de
• tenc,a
· de sus ,actorias
d
que deben asegurarle la ens
. . de sus co1om·as goberna
Levante y el domm10
.
dasIpor
te
el Banco de San Jorge. Cuando en !taha to o a '
todo siente, vive y lucha, Génova vende granos y

frase la astucia de aquellos mercaderes, afirma ser
necesarios tres judíos para engañar á _un ~e~o.vés.
¿Son justos y merecidos tan sarcá•0cos ¡mc,os? En
mi concepto, no. Un pueblo que traba¡a, que afronta
con fe y energía los azares de la lucha por la existencia, tiene derecho á todos los r~spetos, y i:neoos que
nadie se los pueden negar sus_rn,smos concmdadan?s.
En la Edad media, las expedic10nes genovesas tuV1e-

ron una importancia comercial_ que no ~ud1eron Jamás alcanzar las de las repúblicas de Pisa y Venecia y que sólo son comparables con las catalanas.
Po;que las galeras de Génova surcaron los mares del

Oriente en todas direcciones, abneron el Asia ~enor
y el Bósforo á nuestro comercio, y por vez pnmera
después de la desmembración romana tra¡eroo á Occidente los productos raros, útiles y codiciados de
aquellas tierras; lucharon con valor ~uando así convino á sus intereses mercantiles, y si Bernardo _de
Cabrera barrió sus flotas de los estrechos de Bom_facio, ó en alguna ocasión pudieron hacerse solidanas
de las traiciones del primer Andrés Dona, en_ cambio
supieron vencer, como en_ Melena, á enemigos turbulentos y ambiciOj'.OS. y si las armadas de nues_tros
monarcas aragoneses se apoderaron de Ce_rdena á
costa en gran parte de Gén~va, cuya ocu~a~1ón ~us-

ción hasta el fin de los siglos, Jamás P_Odráo sustrae_rse
los genoveses á su influencia. Ved, s1 no, lo ocurrido
hace treinta años, cuando se libr_aron las grandes
batallas de la llamada independenc,o. Sucurn?fan los
patriotas de la Lornbardía, el T,rol, el Tre~tmo y el
Véneto luchando contra los ejércitos austriacos que
ocupab~n el famoso cuadrilátero: en el centro de la
península, las huestes ganbaldmas sufrían los desastres de Aspromoote y Mentana; en el Sur, las cárceles de Nápoles y Sicilia no podían contener á los
prisioneros que encerraba en sus calabozos la razón
de Estado, En la revuelta agitación d~I paí~, sólo una
ciudad se mantiene calma y tranquila, Genova. No

toma parte alguna en el movimiento, ni presta sus
hijos ni da su dinero para secund~rlo. Qu_e _vayan
otros al combate y mueran: la patria mscnbirá sus
nombres en el libro de oro de sus héroes y lo~ má!tires, y lo, genoveses aprovecharán !~ego la v1c(ona
para extender las relaci?nes mercantlles de ltaha el
día que se realice la umdad nacional.
Si el pueblo genovés ha sido poco sociable con la

nación individualmente sus habitantes son menos

sociables todavía: Génova es una de las ciudades más
aburridas de Italia. En primer término, la aglomeración de las casas en su recinto, la angostura de las
tituímos, no pudieron arrancar de ~u dominio la isla calles, la falta de paseos interiores, favorecen p~co
de Córcega, sólo incorporada oormnalmeot~ á nues- la reunión de las gentes en público. Y _D,os os hbre
tra corona, pero en cuyo territono Jamás e1erc1rnos de entrar en la ciudad un día de lluvia: aquello se
convierte en asqueroso lodazal, pues de todas l~s
autoridad alguna.
.
Tampoco hay razón para invocar las tiranías que riquezas que ingresan por su puerto, no !'arece dise todas partes sancionaron el gobierno genovés. Era traerse un céntimo para arreglar los adoqumes de _las
e~ despotismo carácter dominante de los poderes de calles. Hay dos ó tres teatros, generalme~te desiercompra especies.
.
á la ciudad 1 é oca donde las exigencias del pueblo y las nece- tos. La sociedad brilla por su ausencia: alh no se dan
Por esta causa la !taha entera deteS t a
í
1a stdl'cies del Estado no hablan impuesto, co_mo en Ca- reuniones ni bailes ni comidas, y poquís,mas personsulos
de los ligures: de un extremo al otro .de. la pen
ntra
taluña y Aragón, el derecho p_arlamentano. y en la nas reciben en la intimidad del hogar. Tampoc_o el
sólo se oye unísono himno de maldic1ório~ºe1 Dante escala de los gobiernos tirámcos debían pesar con sentimiento artístico se ha desarrollado con el nemmercaderes del golfo genovés. Habl~ de e I rostro su mayor fuerza y más ominoso yugo las repúblicas po y la enseñanza, ni creo ya posible que jamás la•
en su canto 33 del Infierno, y les anza ~os si uien- oligárquicas que las monarquías absolutas, porque Musas recuerden la existencia de la cenagosa crndad
deseo de verles borrados del mu nd o en
g
en éstas podía darse y se daba con frecuenc,o el caso ligura. Dos monumentos se han levan_tado en sus plates versos:
de un prfncipe ilustrado y generoso que procuraba zas, y los dos causan pena y com_n1serac16n: el de
mejor satisfacer las necesidades de su puebh&gt; que su Víctor Manuel, de aparente mezqmndad y poco gusAhi, Genovesi, uomini t~ivcrs_i
n.
orgu 11o de amo y señor. Y . en .resumen, .nnd1endo to, y el de Cristóbal Colón, tan curioso por el aire
D' ogni costume, e ~ien d ogni mngnf ,
. usto tributo á la verdad histórica, que Siempre _se desgraciado del pedestal, como por la estatua del cé:
Perché non úete vo1del mondo spe m
lmpone por encima de los falsos reparos del palno- lebre navegante, que tiene la cerviz doblada cual SI
. h b' te de la maremma tismo, debe reconocerse que la Córcega, ~n mano_s acabaran de descolgarle de la horca.
Preguntad almelancóhco a ,tan_b 'á deseen sus de los banqueros genoveses, est~vo tan bien admiSin embargo, los genoveses están mu_y orgul!osos
toscana qué piensa de Géno~a, Yd, u¡ nderá que es nistrada y dirigida como la Cerdena en poder de ca- de su ciudad, á la cual en su envanec1m1ento dieron
labios la sonrisa del desprecio, os. respon lberi uomi- talanes y castellanos.
.. .
. un calificativo que todavía se lee sobre l~s puertas
un pafs de mare senza hsce, monh Senza ª
'
•ta
de las murallas: Génova la Suj)erba. Tal dictado paEl
carácter
prosaico
y
poS1t1V1sta
que
el
comercio
.r
a y no neces1 ni senza jede e do1me senza vergogn ·
del refrán im rime á ciertos pueblos, pesa toda,vfa sobre Gé~o- recería justo si sólo se recorrieran media docena de
réis correr el resto de Italia paradenterf?:on gráfica va,py probablemente no desaparecera. de su const1tu- calles, cuyos edificios son en su mayoría grandes pa•
conocido en todo el pafs, que al escn "

�BUSTO DE CERVANTES, obra de D. Rosando Nabas. (De una totografia de A. Torijn.)

�33º

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 491

lacios construídos en anteriores épocas de prosperi- torsoli, y en el altar mayor se conserva la espada del que golpean sobre yunques; brillan llamaradas que
dad; obra de comerciantes enriquecidos que pasaron almirante de Carlos V, D. Andrés Doria, cuyo sepul- dan fatídica luz á los humildes antros, y vemos, por
á ser señores. Mas es inútil que en busca del arte ó cro se encuentra en la cripta del mismo altar.
fin, que en éstos se elaboran los útiles de herrería á
de la opulencia llaméis á sus puertas. En casi todas
Merece visitarse Génova, especialmente en los que tan aficionados son los individuos que los haellas os recibiría el carpintero alojado en la planta hermosos días de su primavera, cuando los montes bitan.
-s baja, ó el vendedor de fruta del portal, ó el fondista vecinos están cubiertos de flores y verdor. Es admiConforme avanzamos en nuestro paseo enoontradel primer piso, ó el banquero del segundo, ó el em- rable el panorama que se descubre desde sus cimas, mos distintos elementos de composición en el paisaje.
pleado de la buhardilla. En cada uno de aquellos ca- con el ancho anfiteatro de la ciudad, las severas líneas Uno de los recodos permite ver el AJ.baicín, y tornando
serones vive un pueblo entero, que Java la ropa en el de sus fortificaciones exteriores, sus grandes muelles, la mirada al trecho recorrido, hallamos parte de la
patio y la tiende al sol sobre las azoteas ó en cuerdas su terraza de mármol lanzáda sobre el mar, y en úl- ciudad, la catedral y un fragmento de la Vega. Otra
atravesadas por la calle.
timo término la inmensidad azul de nuestro Medite- de las vueltas pone de manifiesto las Angosturas de
Poco, muy poco queda del antiguo esplendor ge- rráneo.
Darro y, por encima, la capilla próxima al Sacro
novés. Las grandes familias de los gibelinos Doria y
Monte. Cierran al frente el cuadro de't--valle dos monEDUARDO TODA
Spinola y de los güelfos Fieschi y Grimaldi pasaron
tes que se estrechan y á lo lejos una cima de la Sieal mundo de los recuerdos, como la historia.de sus
rra Nevada.
intestinas luchas que acabaron con la independencia
La fuente del Avellano está en una reducida mede la ciudad. Sus palacios se han convertido en hoseta y es un pilal' de piedra con surtidor que arroja
RECUERDOS
DE
GRANADA
teles ó en oficinas públicas. Quizás sólo tengan objeun pequeño caudal de agua. En la parte superior del
to más noble los que forman la magnífica calle antiLA FUENTE DEL AVELLANO
receptáculo, una inscripción dice así:
guamente llamada Nuova y hoy de Garibaldi. En ella
se encuentran los palacios de César Cambiaso, de
Al terminar el melancólico paseo de la Carrera &lt;Reynando el Sr. D. Fernando VII de Borbon Q.D.G.
Parodi, Cataldi, Spinola, Doria, Adorno, Serra, Tursi, de Darro y traspuesto un elevado puente erigido so- siendo Capitan Gral. de esta prov,a el Exmo. Sr. D .
Rosso y Bianco. Casi todos ellos datan del siglo xv1 bre el río de aquel nombre, empieza la subida á la fosé Ignacio Albarez Campana y Correg.r de esta Ca
y fueron construidos bajo la dirección del perusino fuente del Avellano, fuente que á todas horas utilizan pita/ el Sr. Marqués de Altamira, la ciudad de GraGaleas Alessi, discípulo de Miguel Angel: inútil es los vendedores de agua para pregonar su mercancía, nada ht'zo esta Obra comisionando para ella á el veinte
por lo tanto añadir que todos son de estilo del Rena- con razón considerada deliciosa por sus cualidades y cuatro de su Ayuntamiento D. José Marín. -A11o
cimiento y ofrecen un conjunto grandioso á pesar de de líquido potable.
de 1827.»
la irregularidad del terreno sobre el cual han debido
En la calle que precede al paseo contemplamos la
levantarse.
casa de los señores de Castril, realzada á influjos de
Después angosta el camino, sin ofrecer accidente
En estos palacios abundan las obras de arte: casi una dramática tradición. Es un edificio del siglo xv1, notable, y llegamos á la fuente de la Salud, análoga
puede decirse de ellos que forman pequeños museos amplio y severo, de salones anchurosos y ensambla- á la precedente y, por último, á otra que para no ser
con los cuadros de dos insignes pintores, Rubens y duras valiosas. La portada, greco-romana, se atribu- de ralea peor que la primera, se ufana con el siguienvan Dyck, domiciliados en Génova por algún tiempo. ye al célebre Diego de Siloe, y en un balcón tapiado te letrero:
En el palacio Spinola se encuentran un caballero y de la fachada vese la inscripción Esperándola del
una Virgen de van Dyck: en el Doria hay un retrato cielo, memoria del mísero ahorcado que demandaba «.Se amplió y me/oró este camino construyéndose esta
de mujer de este .afamado pintor flamenco, y una en las postrimerías de su existencia justicia á Dios, fuente y la que precede siendo Alcalde Presidente del
Susana del Veronés: en el Adorno se admiran algu- desesperado de no encontrarla en la tierra.
Ecselentisi1110 Ayuntamiento Constitucionat D. Antonos buenos cuadros de Rubens y de Sebastián del
La Carrera de Darro es una alameda de regular nio Maestre y Requena. -A,1o de 1861.))
Piombo.
longitud y su modesto atavío se reduce á una fuente
El palacio Tursi ha sido habitado para Casa con- de piedra. Los torreones de la Alhambra se extienLa metáfora del concepto apuntado hace reir, á
sistorial, y si con ello han perdido el carácter grandio- den casi paralelos al paseo en dilatada y pintoresca menos de aceptar que la mejora aludida se ha borraso que antes tenían sus salones, en cambio ha ido línea, y las almenas, ya de correcto dibujo, ya que- do completamente; porque la vereda, húmeda, resalmacenando en ellos preciosos objetos de arte y re- brantadas por la acción del tiempo, contrastan con baladiza, mal conservada y en la que las moreras con
cuerdos históricos conservados con celoso interés. los elegantes ajimeces, al par que éstos, en virtud de sus aguzadas espinas punzan al transeunte, no reclaAllí se encuentran varias cartas originales de Colón ridícula anomalía, alternan con los balcones de gusto ma, ni mucho menos, los honores de un recuerdo esy Marco Polo: cuadros de van Dyck, y otros flamen- moderno.
culpido en la piedra. El camino merece este nombre
cos, pero no ciertamente de Alberto Durero, como
Los árboles abundan en el agrio cerro, y entre ellos sólo á trechos; pero la mayoría de su extensión conpretenden los genoveses: una hermosa plancha en tienen profusa representación los almendros, ahora siste, según decimos, en un sendero casi peligroso, á
bronce, del año 117 antes de Jesucristo, que contie- vestidos de flores, semejantes á copos de nieve, signo juzgar por los desprendimientos del suelo. En este
ne la sentencia arbitral de un pleito seguido por Gé- evidente de que la primavera ha hecho su entrada particular, la incuria se percibe con acentuados rasnova contra una vecina fortaleza romana: finalmente, gozosa, cantada por las golondrinas en los pórticos gos y lleva el pensamiento á las comparaciones, aun
para que haya de todo en la casa, consérvase tam- de la catedral y en los aleros de los tejados, y por comprendiendo la odiosidad de tarea semejante. En
bién el violín de Paganini.
los ruiseñores en los bosques y en los jardines.
Granada la naturaleza lo hace todo, y apenas si alHe de decir dos palabras sobre los templos genoUn acueducto, adornado pomposamente de fina gunas veces acude el hombre en su auxilio.
veses: abundan mucho en la ciudad, pero son más hiedra, romRe la sombría apariencia de un tajo verde
La puesta del sol es hermosa. Las montañas, que
' fastuosos y ricos que elegantes y artísticos. Algunas y lustroso, y la Cuesta del rey Chico se abre entre dos sirven de marco á la Vega en dirección á Loja, se ticonstrucciones religiosas datan de los buenos tiem- cortaduras en violenta pendiente.
ñen de suavísimos tonos violáceos. De los pueblos y
pos de los siglos xu y xm; mas por desgracia posteAntes de seguir, ~puntaré que el valle del Darro caseríos se eleva tenue vapor que modifica los efecriores restauraciones vinieron á alterar su hermoso recibía el nombre de Axarit y lo utilizaban los moros tos de la perspectiva. El astro, en apariencia rojizo,
carácter antiguo y á pervertir la obra de los primeros con predilección para las personas enfermas ó deli- desaparece tras la Sierra Elvira, y súbito se torna el
arquitectos. Las iglesias del siglo xv1~ que tampoco cadas, á fin de que aspirasen sus puras y salutíferas color vivo de los campos y de los jardines próximos
faltan, abundan en mosaicos, mármoles y frescos.
emanaciones.
á nosotros en matiz opaco. Los bosques y las alameDetengámonos un momento en la catedral. Fué
Arranca la subida á la fuente del Avellano en una das pierden sus tintas animadas, y los cipreses, erguidedicada á San Lorenzo y construída por vez pri- planicie de la margen izquierda del río y, salvo tal dos á la manera de espectros, justifican merced á la
mera en el año 11001 pero en tres ocasiones ha su- cual especie de trinchera del monte, desciende éste negrura de sus copas el calificativo de árboles de la
frido las injurias de restauraciones romanas, góticas hacia las inmediaciones de aquél. Cerca de la cum- muerte.
y del Renacimiento, sólo conservando su fachada de bre, cubierta de vegetaoión, lo mismo que toda la
La tarde alegre ha concluído. Las nubes encarnamármol blanco y negro del siglo xm, que es eviden- vertiente, asoma Generalife. Los cármenes se escalo- das, amarillas y cenicientas no brindan cambiantes
temente lo mejor de la iglesia. Las puertas laterales nan en la faja de terreno por donde ondula el cami- caprichosos, y de todo el mundo de armonía sólo subestán construídas con restos del antiguo edificio, y á no, y en la orilla derecha del Darro sube el suelo siste el rumor del río, que arrastra sus aguas saltansu lado derecho se ve una torre gótica, que data del hasta redondearse en suaves contornos. Las huertas do tumultuosas en las pulimentadas piedras.
1402 y procede del viejo hospital de San Juan.
y los jardines lo tachonan, y un largo muro, resto de
Brillan las luces de Granada y percíbese el sonido
El interior de la catedral se resiente mucho de la antigua cerea de Granada, baja por la ladera de las campanas en iglesias y conventos, como si
sus sucesivas reconstruccione!i, para las cuales utili- hasta encontrar la vía que conduce al colegio del con sus voces quisieran recordarnos que es llegada
zaron las antiguas columnas y capiteles. _Se divide en Sacro Monte. Entre los claros de las chumberas aso- la hora del recogimiento.
tres naves, separadas por diez y seis pilares corintios man agujeros medrosos, albergue de numerosas fa¡Aviso inútil! En el realismo de la vida pasa fugaz
en mármol de colores, y la cúpula central es obra de milias de gitanos, quienes ocupan las cuevas en unión el instante de la fantasmagoría, inspirada por los obAlessi. Entre sus capillas débese hacer especial men- de algun macilento pollino.
.
jetos exteriores que nos rodean, y subsiste íntegra
ción de la segunda de la derecha, dedicada á San
El gitano conserva ~orno una religión la idea de la verdad de la meditación.
Juan Bautista: fué construída de 1451 á 1496, y en- lo clásico, sin darse cuenta del hecho; y ni en las coscierra, en un sepulcro de piedra del siglo xm, las tumbres ni en el indumento ha cambiado un ápice.
AUGUSTO J EREZ PERCHET
reliquias del Santo Precursor, traídas de Palestina Siempre se nos presenta como el tradicional tipo que
por los cruzados. Su decorado es riquísimo, con las causa regocijada sorpresa al extranjero. La mujer
seis estatuas y los bajos relieves de :Mateo Civitali, con abigarrado vestido de amplios faralares, y el hom- DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino de Chassaing
las imágenes de la Virgen y de San Juan de Andrés bre con ajustado pantalón, pródigo en remiendos y
Sansevino, el tabernáculo de Guillermo della Porta, en descomunal campana, cubierta la cabeza de un
ROTEGER la epidermis contra las infhtencias perni•
ciosas de la atmósfera, devolver ó conservar juventud, fres•
los góticos ventanales velados por hermosas vidrieras catite, ceñida la cintura por descolorida faja y armade colores y las grandes lámparas que arden peren- do de un látigo, cuya vara le sirve á maravilla de cura y aterciopelado, tales son las ventajas de la CllEMA SIMÓN,
(olá-íYeam especial, tdnico, calmante y deliciosamente perfuma•
nemente delante del altar.
punto de apoyo que facilita extravagantes actitudes, do; su acción seria y benéfica es tan rdpiáa y tan evidente que
Quizás uno de los templos más típicos de Génova ·en las que se admira la flexibilidad de su dueño. En nadie la ha ensayado sin reconocer su superioridad. En casa
es la pequeña iglesia de San Mateo, construída en cuanto á los rapazuelos, pueden aceptarse para estu- del inventor, rue de PrO'llen&amp;e, 36, Parls, y en casa de los far•
127 8 y exteriormente conservada casi intacta. Dé bese diar el desnudo, porque el traje les es desconocido macéuticos y perfumistas, Evitar las sustituciones.
á la piedad de la familia Doria, y así lo recuerdan en esa edad dichosa. Desgraciadamente no hay melas inscripciones de que está cubierta su linda facha- dio de compararlos con poéticos amorcillos; antes
JABON REAL
JABON
da de mármol blanco y negro. Su interior fué modi- bien, parodian esfinges egipcias ó ídolos de la India. oETH RI DACE 29,;.~:1~:~~Paris VELOUTI NE
ficado en 1530 por el florentino Juan Angel MonSale de las cuevas ruido estridente de martillos lecam114&amp;401 ,.r autori4&amp;4es médlcu pua la Bl¡itllt dt la Pitl J lellua (61 Coler

P

IV:IOLETI

NúMERO 491

33 1

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

A través de los claros del bosque y
de las rocas, adelantándose á los señores que, látigo en mano y el cuchillo
en el cinto, cabalgaban en confusión,
el príncipe, distraído y meditabundo,
corría al galope de su caballo negro
erntre dos lebreles blancos.
No se hizo alto, más que una hora
para recobrar fuerzas: los servidores
del príncipe habían depositado ya en
el centro de una encrucijada el vino,
las carnes, frutas y pan; cada cual comió y bebió y sólo el príncipe no quiso
sentarse, entreteniéndose en coger vio•
Jetas sin perfume, alejado de los demás.
No tardó Mainrad en ir á buscarle, y
preguntóle en qué pensaba.
- Complacíame en contemplar, contestó, ese álamo blanco, cuyas hojas,
doradas por el otoño, se estremecen
agitadas por el viento; el sol que en
ellas se refleja las reviste de mágico
brillo, y cual espejos rotos, despiden
chispas, pareciendo que del árbol de
oro se desprenden mil esmeraldas, perlas y estrellas.
Mainrad abrió desmesuradamente
~
los ojos, pero no vió allí más que un
abedul de los más comunes.
CUENTO DE AMOR
- Pero, añadió el príncipe, el sol se
POR PABLO MARGUl!:RITE - ILUSTRACIONES DE ROCHEGROSSE
oculta, el viento silba, las hojas tiemblan. ¡Ah! Convulsivamente arrancadas, arremolínanse en todos sentidos y
A la se/lora L11da Kampmams
desaparecen al fin. ¡Ni una siquiera
queda ya! Todo concluyó; ese álamo no
I
,
es ya más que un esqueleto. ¡As1 sucede con nuestros años
d' hermano
'd dmío·' dbrillan1
.
n
al
árbo
I
e
a
v1
a·' e mo o que
EL ARBOL DE ORO
tes y hermosos agítanse y no se prend en b1e
.
t
el primer sopl~ de muerte se los lleva! Quisiera retirar~e; eS oy cansado ...
Todo el mundo volvió á montar á caballo y emprendióse 1~ ~archa, los cazaEn un país amarillo, verde y azul, color de los trigos, de las maderas y del
mar, reinaba un emperador, sabio, muy bueno y de edad tan avanzada, que los dores rendidos de fatiga, Mainrad acosado de tristes presen~imientos'. Y el prín.
viendo
queá
hombres nacidos el mismo día que él reposaban todos en la tumba. No se pre- c1pe,
muy pál'd
1 o, á la cabeza de su comitiva. Sus acompanantes
'b
d
sentaba á sus pueblos sino en raras ceremonias, ostentando todavía orgullosa- tomaba un camino inusitado, cenagoso, donde se perci fa un marca o olor
mente la diadema, el manto de oro y cetro; fuera de estas ocasiones vivía invisible y pensativo en su palacio.
¡Singular morada! En el parque no había más que aguas estancadas de color verdoso, estatuas leprosas, maleza y árboles muertos;
durante el día, los cuervos revoloteaban allí pesadamente, y por la
noche no se oía más que la queja melancó,lica del sapo. La hierba
crecía en los patios libremente; en las habitaciones, los techos estaban
agrietados, el pavimento desunido, las chimeneas ahumadas, la carcoma corroía los muebles y en la llama del fuego veíanse bailar salamandras.
/2
Por lo demás, aquella mansión parecía hallarse en armonía con su
dueño, que pensaba en cosas muy tristes. Veinte años antes, su hijo y
~
1
su nuera habían muerto después de un reinado de trece meses y de
haber dado aquélla el ser á un niño. Siguieron más tarde otras desgracias: el rayo abrasó al adivino que trazaba ~n la cám_ara conti~~
lr}i'
1/;l11
el horóscopo del tierno infante; tres de sus nodnzas perdieron el JUIí
~
cio; y el agua, el veneno y el fuego amenazaron su existencia, siendo
1
verdaderamente un milagro que sobreviviera.
El emperador, su abuelo, cuidábale con la ma~or solici~ud; de m?do
que el joven príncipe no careció de los más asiduos cmdado~, m de
los más agradables placeres, ni de los más sabios maestros, m de los
1
más agraciados pajes. Sin embargo, crecía taciturno y endeble, cual
planta que se march~ta en la sombra de una cueva; h~blaba poco,
pensaba mucho, leía demasiado, y rara vez salía de palac10: hub1érase '
½,¡V
dicho que el sol le deslumbraba y que el aire puro le abras~ba el
111
pech0. Faltábale un año para ser mayor de edad y entonces deb1a ocu11
' •/ 1¡ /
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, //1 /¡1 '
par el trono.
.
El príncipe quería en particular á s~ hermanastro, el ro?usto !'1am,,,11r.r
~,.(1
rad, nacido de una sierva, especie de gigante de cabello roJo y OJOS. de
e
1
niño, diestro cual ninguno en todos los ejercicios de fuerza y_atrevido
cazador. Este hombre no quería menos á su joven señor; temible para
~\~\\
'/11 '
los otros era humilde en su presencia y obedecíale ciegamente. Siempre trist~, porque veía á su joven hermano tan débi!, tr~taba en todas
1/;¡ ocasiones de llevarle á las cacerías, para que se d1straJese entre los
caballeros, las jaurías y el toque de las _bocinas, e~perando que los
rudos ejercicios le devolverían el apet1~0, el sueno. y 1~ salud. _El
príncipe, que no consentía en todo ello sm re~ugnanc1a, cierta mana1
na de otoño fué con Mainrad para correr el ciervo en el bosque.
San Huberto los protegió: ya la bruma violácea del lejano horizonte
1
desvanecíase bajo los rayos del sol; el tiempo estaba hermoso; la
1'1
atmósfera clara y fría• desde la mañana hasta la noche, el toque de la
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\ ·\1 1
_
ijt¡ 'v'~\, 1~1 iJ
bocina resonó por todas partes, y los ecos repitieron sus prolongados
sonidos. Bajo los pies de los caballos, las hoja_s secas volaban ~or los
Complaciame en contemplar ese álamo blanco. ,
aires. Se cobraron cinco jabalíes, una corza, seis gamos y dos ciervos.

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ÍLUSTRACIÓN ARTISTICA

NÚMERO 491

NúMERC' 491

LA

guientes datos, tomados de la memoria que al efecto
presentó el inventor al ministerio de Fomento
«El ferrocarril marino se compone de dos vías que
FERROCARRIL MARINO
sobresalen del nivel del agua y sobre las cuales se
.Recientement~ ha solicitado D: Juan Anglés y apoya y corre el buque á la manera que correría un
Gibert, ~e est~ ciudad, patente de invención por un coche sobre un puente de barcas, con la sola diferenferrocarnl manno, acerca del cual publicamos los si- cia de que las barcas ó cuerpos flotantes que sostieSECCIÓN CIENTÍFICA

setals, y al ~abo del
cua una. lima de

ªfua brillaba c.o~o
e acero, le advuhe-

,1/

r t que aquello era
r 0• N .
- o importa,
repuso, le vadearemos.
Algunos objetaron, y entre ellos el
mismo Mainrad ,
quien le dijo que el
agua era muy profunda y que no había vados.
- ¡A galope!, gritó el prín-

cipe con voz imperiosa. ¡Veamos quién llega el primero!
..... , ~
--.,_,
¡Tocad las bocinas!
-----.:..::
..
Clavando las espuelas en
los ijares de su caballo, muy
,i.:l.~,'O,, 6Q.se__
pronto estuvo lejos, siguiéndole Mainrad de cerca, y detrás se precipitaron locamente todos los cazadores cubiertos de barro. El ronco son de las bocinas dominaba
las voces de los hombres, los relinchos de los caballos y los ladridos de los perros;
el rí~ parecía ~nsancharse, desbordarse, correr; todos se arrojaron al agua; muchos
corrieron peligro de qu~darse allí _Y tres picadores se ahogaron. El príncipe vió
su ~gonía, y l~e~ado á tierra el primero, perdió los estribos y cayó como inerte.
Mamrad, precipitándose al punto, cogióle en sus brazos; lúgubre silencio reinó
ent~nces entre l?s hombres y los animales, como si el espanto y el estupor les
?ubieran convertido en estatuas. Vuelto al fin en sí el príncipe, los que con él
iban colocáronle consternados en unas parihuelas de ramaje. Sus dientes castañeteaban, y se le oyó murmurar: «¡No es nada!»
Después añadió con triste sonrisa:
- ¡Puedes creedme, Mainrad, no era el árbol aquel como los otros; era un
árbol de oro, y todas sus hojas han desaparecido!. ..
El pesar del emperador, al ver que llevaban en procesión fúnebre el cuerpo de su nieto, fué tan profundo como violento el furor
de Mai~rad,,que se acusaba á sí propio, arrancábase la barba y quería monr. D1a y noche veló de continuo, disputando á la muerte su
hermano querido y delirante, cuyas mejillas se cubrían ya de sombra. Once semanas transcurrieron antes de que el príncipe recobrara
la razón. Entonces pudo entretenerse en su lecho con unos gatitos
á que era muy aficionado, y escuchar á su bufón
Mite, que le contaba historias. Cierto día vió que ya
podía levantarse.
Pero aquel restablecimiento era.sólo aparente, y
poco á poco el mal secreto que le minaba recrudeció hasta el punto de obligarle á renunciar á todas
las distracciones; éstas le disgustaban, y todo comenzó á ser!~ indiferente. El emperador, desesperaª?• convocó á los médicos más famosos, que acudieron de todas partes: españoles secos como el
pergamino, it~lianos petulantes, ingleses soberbios,
alemanes aficionados á la grasa y bohemios que conocían f~rmulas misteriosas. Reunidos en congreso,
su veredicto fué que el príncipe estaba condenado
y que moriría infaliblemente al cabo de un año'
. .ser antes presa de una languidez espe-'
p.ero no_ sm
cial y sm e¡emplo, á la cual dieron el nombre de

=

I

En su interior, deseaba la muerte
inmed'iata. iQ ué amarga ironía era

para él aquel año que le restaba de
vida! ¿Qué podía hacer y cómo emplearle?.. . Otros pensaban lo mismo, Y hubieran querido distraerle
ocuparle de continuo en algo á fi '
de que no pensara en la sdmbrí:
idea fija. Con este fin, el general de
los ejércitos, anciano ilustre fué á
,,--;r.
'::7
proponei:1e 1os peligros y la ' gloria ,.;:--..
,,~
de una campaña contra los turcos·
•~
'
~~:1!~it;odde Justici~, hombre dado á los placeres, elogióle los manjares y viad os, la org1a suntuosa y la embriaguez de los sentidos El antiguo
precep;~~ el príncipe le invitó á pensar en Dios y á retirarse á un· monasterio·
Y po~l
el emperador quiso abdicar en él la corona, para que conociera eÍ

333

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

nen las vías se traasportan y colocan ó desarrollan
continua y sucesivamente sobre el agua á medida
que el buque avanza, hallando éste siempre en su
marcha las vías francas ó expeditas, apoyándose siempre en igual extensión de ambas vías y estando ésta.s
constantemente en inclinación descendente, con facilidad de cambiar automáticamente esta inclinación,

pJ

ti70,

or~\ ;rinc:;/::g;!:~:z~ fiJ:.r.
p
h
~ro e aquí que la princesa Javiera, hija de un rey poderoso se enamoró
~:~did~me~te
príncipe, Yenvióle su retrato, de admirable parecido, ofreciéne ~ mismo tiempo su mano. Mainrad, persuadido de que los médicos eran
unos ig.norantes y de que ,la felicidad de amar y de ser amado, unida á la fuerza
d~ la Juventud, resucitana al príncipe, instóle mucho á consentir en el casam~ento; mas. el príncipe no quiso escuchar nada, ni ver el retrato ni siquiera
mirará la prmcesa, que habiendo ido á verle en pomposa embajada hubo de
volverse á sus Estados, con no poca mortificación del rey su padre. '
Poco faltó para que, á consecuencia de tan inexplicables cuanto inmerecidos
desdenes por parte del príncipe hacia la princesa Javiera, se originase una guerra entre el poderoso monarca y el sabio emperador.

de!

(Continuará)

Mal del príncipe.
La noticia circuló por todo el reino, y oyéronse
lamentos y quejas. «¡Cómo, exclamaban, tan joven
y hermoso, y sin haber reinado! ... ¡Ah! ¡Qué lástima!» En cuanto al príncipe, á quien no se pudo
ocultar largo tiempo la verdad, escuchóla sin pestañ~ar, demost.ran~o así cuán noble era su sangre.
Dió las gracias a los médicos, disponiendo que se
entregasen á cada uno tres bolsas llenas de plata,
de oro y de rubíes; y desde aquel día como si la certidumbre fuese para él menos amarg¡ que las dudas
ó quisiera dulcificar el dolor de su abuelo y de su
hermano, mostróse de buen humor y ya no abandonaron sus labios una dulce y melancólica sonrisa.

Fig.

I.

Sección lateral del buque ferrocarril

agua velocidades imposibles de concebirse ni reali- 1 también de 20 metros de ancho, amplitud necesaria
zarse con los buques á vapor hoy conocidos, someti- para la estabilidad del buque y las vías. Estas tiedos á la ley de resistencias que ofrece la densidad nen 60 metros de longitud entre los dos ejes de sus
del líquido en razón directa del cubo de la veloci- ruedas extremas, que con el grueso de la vía y diádad multiplicada por la sección transversal sumergi- metro de los flotadores suman 75 metros de extenda del buque.»
sión. Las ruedas motoras tienen 5 metros de diámetr,&gt;: los flotadores huecos, de forma biconvexa, 5 de
diámetro
por 2 de ancho, y su peso puede calcularse
«Un ferrocarril marino con vías de 75 metros de
longitud por 20 de ancho y desplazamiento de 5.800 en 1.500 kilogramos cada uno. De esto resulta que
toneladas, con ruedas motoras de 5 metros de diá- el peso de las dos vías (256 tramos y 480 flotadores)
metro, ó sean r 5'71 metros de circunferencia á 80 es de 1.104 toneladas.
«Teniendo esto en cuenta y atendiendo al desplavueltas por minuto, recorrería 75.408 metros en una
zamiento de los 232 flotadores sumergidos (25 tonehora, ó sean 4017 millas.»
Los grabados que reproducimos (figs. 1 y 2) re- ladas cada uno) resulta una diferencia de 4.696 topresentan un buque ferroc&amp;ril de 120 metros de lon- neladas, que sobre un plano inclinado de 1'66 metros
«Con el ferrocarril marino se podrán lograr en el gitud por 20 de anchura y una vía á cada costado, por 100 metros de longitud, tienen un peso vertical

según el sentido hacia donde el barco camina; de
manera que si hacia la parte de proa sobresalen las
vías un metro de la superficie del agua, en la parte
de popa sobresalen dos metros, ó sea 1'66 metros
por 100 metros de longitud, formándose de este modo un plano constantemente inclinado sobre el plano horizontal del agua, lo que no es posible obtener
en los ferrocarriles terrestres. En resumen, el ferrocarril marino no es más que un vagón más ó menos
grande que corre sobre unas vías descendentes; los
flotadores hacen las veces de suelo ó terreno que sostiene los rieles en los ferrocarriles terrestres, transformando de este modo la superficie del agua en tierra
firme.»

ESCAJ,A

Fig.

Entonces pudo entretenerse en su lecho con unos gatitos...

ó fuerza de tracción de 77 1953 toneladas. La fuerza
de tracción necesaria para el transporte de la parte
superior de las vías es de 16'350 toneladas, qued~ndo por lo tanto un sobrante de fuerza de tracción
de 61 16Q3 toneladas.»

2.

l&gt;l,;

5

X 1000

Sección horizontal del buque ferrocarril

Con lo dicho se demuestra que el solo peso del buque bastaría para el transporte de las vías y para dar
a) buque la velocidad que se deseara, regulándola á
voluntad según la mayor ó menor inclinación de las
vías, cuya inclinación puede aumentarse, disminuir-

se y cambiarse de sentido automáticamente con el
peso de un vagón con lastre que recorre una vía colocada en el fondo interior del buque, situando dicho
vagón en el centro del buque para quedar las vías
horizontales y parar la marcha. En todo caso, como

�334

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

»Para poder disminuir el peso de los flotadores y
ya se ha demostrado anteriormente, bastaría una fuerza de tracción para el traslado de la parte superior evitar que gravite sobre los tramos de las vías en el
de las vías y para iniciar y ayudar el movimiento del acto del ascenso y descenso en los extremos de las
mismas dadas las condiciones de altura que han de
tener s~bre el nivel del agua, hay el medio de hacerlas independientes de los flotadores en el momento
de dar las vueltas para salir y entrar en el agua, quedando luego unidas unas y otros en las partes de las
vías paralelas, superior é inferior, para que la primera arrastre á la par los flotadores que transporta y
queden libres al dar las vueltas de entrada en el
agua y la inferior ó sumergida los suelte en su ascenso ó salida.
»Para esto los flotadores deberían tener la forma de
medio cilindro cortado en su longitud por el diámetro de sus bases. Dada esta forma y suponiendo como dimensiones 5 metros en
las bases por 20 de altura,
habría en ambas vías (teniendo en cuenta la distancia de
éstas, de eje á eje de las ruedas extremas y el diámetro
o
a
3
t; METROS
de estas ruedas, que es de 5
metros) 62 flotadores con un
ESCALA DE 2.5 X 1000
desplazamiento de 5.488 to·
neladas; pero como tales floFig. 3. Extremo lateral de la vía con ruedas interiores
tadores pesarían menos que
los biconvexos, quedaría libuque y vencer los cabeceos de popa á proa que pu- bre para el buque un desplazamiento de 4.840 tonedieran alterar á momentos la inclinación de las vías ladas.
en mares ó ríos un poco agitados.
»Asimismo las vías requieren en su construcción
»Con la construcción de uno ó dos modelos perfec- detalles esenciales; sus tramos ó secciones (figs. 3
cionados de 10 ó 12 metros de longitud y demás y 4) son á manera de eslabones que las unen ó encaproporciones representadas en los grabados, se com- denan formando las dos vías sin fin, ó sea una vía
probará prácticamente esta teoría que tan lógicamen- en cada costado del buque que llevan suspendido y
te se desprende de la inclinación que en el agua se sobre las cuales el buque se apoya y corre. Estos trapuede dar á las vías; pudiendo después, con seguro
éxito emprender la construcción de buques de gran
port; de 60 hasta r 20 metros de longitud, aplicables
á la navegación en grandes ríos navegables y mares
calmas.
»Más adelante, si se creyese practicable, podría intentarse la construcción de un ferrocarril marino para
navegar en altas mares, en cuyo caso tendrían que
ser muy grandes sus proporciones para que las vías
pudiesen extenderse sobre dos ó tres largas ondas y
atenuar en lo posible los balances en gruesas mares.
También debería tener este buque mayor distancia
d esde su fondo y vías sobre el nivel del mar para
evitar el roce y embate de las olas en el casco, y evitar también que éstas invadieran las vías en las superficies
en que las ruedas del buque
se apoyan y corren.
» Los flotadores han de tener
el menor peso y la mayor reo
~ )1 KT itO!
sisteneia posibles, y una ~orE S CAL A DE 2~ X JOO V
ma conveniente para suavizar
su entrada en el agua. Los reFig. 4. Extremo lateral de la vía con ruedas guarda-vía
presentados en las figuras S
y 6 de forma biconvexa, giran 'sobre un eje que los a traviesa por el centro de mos están unidos por varios ejes independientes uno
su diámetro, merced á lo que resbalan y ceden á la de otro, tanto en los tramos que forman la longitud
presión del agua en el instante de su inmersión. Para de las vías como en las que forman su anchura. Conrevisar si tienen agua llevan cerca de la línea de su viene que así sea y no de otra manera, porque si
circunferencia un agujero que se cierra á tornillo.
cada uno de los tramos que forma la longitud de las
» La fig 2 representa en una sola vía la colocación vías estuviese en su anchura atravesado de una á otra
de los flotadores en línea diagonal para que se distri- parte por un solo eje, sería muy peligrosa su ruptura;
buya su peso entre todos los tramos de la vía, de ma- pero estando los ejes divididos 6 seccionados, aun
nera que en cada 7 tramos seguidos hay 2 flotadores en el caso improbable de romperse algunos no poen cada tramo y un flotador en el octavo; de otro dría ocurrir avería peligrosa y sería muy fácil repomodo, estando los flo- nerlos.
tadores unidos á la vía
»Cada uno de los tramos está construido de maen tramos de un me- nera que las partes inferiores de las vías, ó sean las
tro de longitud, gravi- en que se apoya el barco y están sostenidas por los
taría el peso de 8 flo- flotadores sumergidos, forman una línea recta por la
tadores en cada tramo presión que ejerce el agua de abajo arriba, y para que
de 4 en 4, quedando en ningún caso pueda resultar algo convexa esta lí3 tramos intermedios nea por el desgaste ó flojedad de' los ejes, es preciso
sin peso alguno; y si construirlos de manera que resulten insensiblemente
en cada tramo de 1 cóncavas en su extensión al estar tendidas sobre el
metro por 20 se colo- agua. Es también indispensable que estas vías estén
case en toda su exten- flojas con relación á la distaneia de un extremo á
sión un solo flotador 6 otro de las ruedas que en dichas vías se apoyan,
varios flotadores frac- pues estando las vías tirantes, como acontece en las
cionados ó divididos, correas sin fin, no se lograría efecto alguno porque
sería preciso que en vez de irse extendiendo sobre el agua, giraría
construirlos con mucho trabajo toda la vía, quedando para los
de unaforma efectos de velocidad del buque en inferiores condipoco adecua- ciones que los buques á vapor con ruedas, aunque las
d a para su vías estuviesen adicionadas con sus correspondientes
Fig. 5. Corte transversal de un flotador
inmersión, te- palas propulsoras.
niendo, ade»El buque ferrocarril marino está atravesado por
más, que sostener cada tramo un peso enorme en el ejes perpendiculares á su longitud que sobresalen por
momento de dar la vuelta los flotadores en los extre- ambos costados del buque y tienen las ruedas necemos de las vías.
sarias para sostenerlo y para su locomoción sobre

NÚMERO 491
las vías, á la manera que un coche ó vagón de ferrocarril se apoya y corre sobre los rieles.
»Los ejes de las ruedas (figs. 7 y 8) con relación
á las vías pueden ser colocados de tres distintas maneras:
))1." Ejes en una sola línea horizontal para ruedas de igual diámetro que apoyan sobre las vías y
flotadores y los van extendiendo sucesivamente sobre la superficie del agua á medida que el buque
avanza.
»Según la anchura de las vías se reparten mayor ó
menor número de ruedas para que se distribuya el
peso en la longitud de los ejes, así como ,debe haber
mayor ó menor número de ejes para que se distribuya el peso en la longitud de las vías.
»Para que las ruedas motoras no puedan resbalar
por deficiencia
del peso indispensable á la
fuerza de tracción, deben alternarse en la
anchura de la
vía ruedlls con
circunferencia
lisa que apoyen
sobre la superficie lisa de la
vía y ruedas de
engranaje que
toquen, pero sin
apoyar, en los
engranes de la
vía. El engranaje de las ruedas
con las vías ha
de ser suelto y
.
sencillo á lamaF1g. 6. Parte lateral de un flotador
nera de parrillas
ó barras equidistantes y paralelas entre sí y perpendiculares á la longitud de las vías; y en las ruedas á
la manera de radios, que sobresalgan de su circunferencia y entren suelta y franca~ente en los espacios
de las barras para impulsar el transporte de la parte
superior de las vías, porque el acoplamiento por sí
solo de las ruedas motoras, sin otras de engrane, no
bastaría para vencer la resistencia que opondría.la
vía á las ruedas de los extremos hacia donde caminase el barco, al paso que con ruedas de engrane, el
buque estará siempre situado en el centro de las vías,
quedando por lo tanto éstas siempre igualmente flojas y sueltas, tanto en los extremos de atrás como en
los de delante.
»2.ª Ejes en dos líneas paralelas horizontales:
una línea superior de ejes para las ruedas de engrane motoras que transportan la parte alta de la vía, y
otra línea inferior de ejes para las ruedas lisas sobre
las cuales se sostiene y corre el buque: de este modo
las ruedas de engrane sólo rozan por encima en la
parte alta de las vías para transportarlas, y las ruedas
lisas sostienen por debajo dicha parte alta y apoyan
en la parte baja para hacer correr el buque por la vía
inferior.
»3.ª Ejes en combinación mixta para el transporte de las vías y
marcha del buque
dando el conveniente diámetro á
las ruedas motoras, situando los
·o
~•ro
.1 M:Cl':11.0
ejes de manera
\MI !li~
1
que todas las ruetSCALA J).JI óO X lOOO,
das de mayor y
menor diámetro,
Fig. 7. Eje hueco formado con
si las hubiese, apoplanchas de hierro
yen sobre la línea
inferior en línea
recta.
&gt;La práctica determinará exactamente el sistema
más sencillo y que
ofrezca mayores
J;SCALt, D.&amp; SO ~ 100 O
ventajas para disminuir la mayor Fig. 8. Eje sobre ruedas para facilitar
suma de resistenel movimiento
cías y obtener una
marcha expedita y rápida con el buque ferrocarril.
»El ferrocarril marino, más simplificado y modificado en sus vías, sin necesidad de flotadores y transformado el buque en coche ó vagón, es aplicable á
las grandes llanuras, como por ejemplo, las de la República Argentina, y á las grandes extensiones arenosas, como las del desierto de Sabara.
»En los suelos llanos de tierra firme actúa como
un ferrocarril, sin necesidad de rieles, y en los sue-

LA

NúMERO 491

los coches bien fuertes Y petrechados serían ve rd ~·
gnables épara
deras fortalezas mov1'bles mexpu
. áenem1• ó
gos que difícilmente podrían atacar con xito pie

los de arena movediza, en los que es imposible establecer rieles, porque se cubrirían de arena, y de la
que aquellas vías se pueden resguardar, sería un excelente medio de transporte, ya para el comercio ó colonización, ó bien para en casos de guerra en qu~

CLOROSIS. -

ANÉMIA. -

335

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

no ofrece otra dificultad que _la d~ hallar un medio
expedito para el cambi~
dirección del coche, cuy~
solución la considero d1f1c1l, por lo cual no hago ob
jeto en esta patente de la aplicación terrestre.»X

?~

á caballo, etc.
, d
omento
» Esta aplicación terrestre, para mi e m
'

LINFATISMO

El Proto-Ioduro de :Jnerro es el r eparador de la sangre,
el tortiflcante y el microbicida por excelencia.

!l Jarabey las Grajeas wo proto-ioduro de lierro deF. Gille ,

"º
podrían ser demasiado recomendados en raidn de
.su 1natt1rab1tidad 11 de su .solubilidad con,tantes.
DEróstTO GENERAL :

ffi

pureia qutmica, d1

(C:aceta de lo• Ho,pital,s).
45. Rue Vauvitllers, _!'.ARIS. D•pósito en todas las Jarm&amp;cias.

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L.UT !NTÉPDÉLIQOll -

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flrt t aeielala eta 1111, tiri••
CAB, LENTEJAS, TEZ A!IO
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARROGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

JARABE

ANTIFLOGÍSTt~D.!t!ff.l!f!IH
...........
.,,a
,
CA.LLE D lil BrYOLI, lóO, PA.B ' 11
1 1
!OS profesores
El .TARABE DE BRLANT recomendauo desde su ;¡rlnc fc?ógi~1 tiempo: en el

Laennec Thénard, Ouersant, etc.; ha recibido 1ª consagr

ECTORAL con base
año 1829 Óbtuvo el privilegio de 1nvenc1bón. ~~~~AfEJla\
dellcad'as, como
de goma y de ababoles, conviene so re
· odo alguno á su etlcacla
muJeres y niños. su gusto excelente nl~FP
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lleeomendado1 contra lu Afeoolone■ del Est6-

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1 hll• u,o duu11tro1 8RAN08't &amp;ALUD,pue, ello,
le our1rh ,,
oon1t1paolon, lt d1rh apetito 1 I•
dtro/,erh ti 1ueño 1 11 1/tfr/1. - A1/ ririrA Vd.
mucho, 1ño1, dl1frutando 1/tm/lrt dt una buena 11/1'-

Participando de las propiedades del Iodo
del Hierro, estas Plldoras se emplean
es_peclalmente contra las Z•orofutu, la
Tial• y la Debilidad de temperamento,
asl como en todos los casos(Pálldo1 colore■,
Amenorrea, ••), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar 6 re¡¡ulartzar su curso periódico.

,u

y

EBTKEÑXl.\11:XENTO

' SOCIEDAO

. A ' / ~ - · 9 Parll,

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El ioduro de bterro Impuro 6 alterado
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exigir nuestro sello de plata reactiva,
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verde y el Sello de garant!a de la Unión de
lo• Fabricantes para la represión d,elafalsi•
ftcación.

~,dallo
dtit0,

JARABE Y PASTA
de H. AUBERGIER

coa :t.A0'1'V0.WVK (Jugo leohoao de Leobaga)

Aprobado• poll' la Acadomia de Medioina do Parü é tmertado. on la Colección
O/ioial de Fórmula• Legales por deoroto mlnúwrlal do 1 O do Marso de 1854,

una completa lnnoculdad, una encacla pertectamen\e comprobad&amp; en el catarro
las Bf'onqum,. Catarro,, Rftlllal, To,, cuma é Ú'Ntaclolt de la rarganta, han
grangeado al .1.uu.BE y P.t.BT.t. de .t.tJBERGIEa una Inmensa fama. •
(B:traoto ul Fol'!llulario JIUieo ul S" B01"l1ru1 ftúllr4tiH u I&amp; Fanlla4 u .lle4ieilla (16- 1dici6tlJ,
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llla$

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llnlnoloDN d.e la Vos, IDflamaoionN d.o la
--,Efecto■ pernlo1- del - ~ . lrltaolon que produo■ al Tall■ oo, J lptel&amp;l-le

i 101 SDN PREDICADOJU:8, DOG~OI,
Pl\OFESORD 'T QAMTOI\Ea para facllilar la
emtolon de la 'f'o■.-P1111110: 12 llnr.aa.
B°"9W' "' ,i rotulo • flrM
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&amp;clh. J&gt;ETJUN, Farmao■uUoo ID PABIB

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ñii,~oi .ei t\1~t\.\\\\'Go\J~
\1 (\ ~p~ 0\)\-t Dt 6u1t,

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O El truco conUene 1111u 20 D61111

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Erlllr M ti rotulo I f/'1111 de l. FAYA 110.
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�NúMERO 491

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•• •

•

'
t'i

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loa intest.inos.

'e# y otra por la tarde

'&gt;..,.., ..~

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Lila

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PARIS - LYOR • VIENA • PBILADELPBI! • PARlS

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aece,iea.a. No umen el uco al el cauraZJcio, porque, contra lo que ,acede con
los demas parguur, eau ao obra bien
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el U. Cada caal escoge, para porgarse, la
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sevan 101 ocapacfoaea. Como el causo
cio que la purga oculona queda 9.omplewneate1ZJuladoporelefec&amp;odela
baeaa aUmen&amp;acion empleada,ano
ae decide f~cilmenu ~ volver
~ empeaar cuuw veces
,ea necesario.

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JarmJ&lt;Ía1

Pfflftll ........ tu

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CtqOI de hoja de /ala

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1 C01111ollclncúJl1contra laa DúJf'f'etU Y Ju A . f ~ del Bllotn®o y los ,ntuttnc1
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1:1a VBMDB

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EXIJASE e1i: t~~' ARDUO
0

PATE EPILATOIRE DUSSER

0

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Dingvo peligro para el culil. 50 AñH de Í::dto,ymillillta de ltllimooloaprau!Luo b eflc.tc~
de esla prepmrioo. (Se vende en eaJu, para la barba, y eo 1/2 oaJaa para el bl~ole liJtro). l'ira '
los ~razos. empltue el i'lLJ t'OIU,J0 X&gt;USSl!:lR, l, rue J ..J ..nou■aeau. Pan,.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
hiP, D&amp; MOMT4N&amp;J. y SUlÓM

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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