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                  <text>· itrtélC10t)

11tí~t1ea
ARO X

- --

- - -,~

BARCELONA r.° DE JUNIO DE 1891

NÚM. 492

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVER~AL I LUST RADA

DESPUÉS DEL BAILE, pintura al pastel de Maximino P E)ña
(Exposici6n de pasteles y acuarelas celebrnda por el Circulo de Bellas Artes ele Madrid en 1890 )

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSttCA

SUMARIO
Texto.- La Exposición general de Bellas Artes. La uaió11 de
pinturaespanola (continuación), por J. Yxart. -El arl~ylos
neomlsticos, por R. Balsa de la Vega. -Alegría, por Carlos
Luis de Cuenca, - El cementerio de C!nova, por Eduardo
Toda. - Nuestros grabados. - Cuento de amor (continuación),

por Pablo Murgueritt:. Ilustraciones de Rochegrosse. -:- ?EC·
La lascada del Niágara y la electrwdad,
- /lfedalla de la Asociación francesa pm·a. el Fomento de las
Ciencias. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó

CIÓN CIENTÍFICA:

editores.

Grabados -Despuls del baile, pintura al pastel de Maximino Peña ( Exposición de pasteles y acuarelas celebrada por
el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1890). - Sueflos de
11iflo, cuadro de O.José M. Tamburini (Salón ~arés). -H1[sarde la princesa, pintura al pastel de D. Mar~ehno de Un~eta (Exposición de pasteles celebrada por el Ctrculo Artlsllco
de Madrid en 1890). - La noche, cuadro de Renard, grabado
por Baude. - Vista de 1111a galerfa del cementerio de C!nf!Va,
(de una fotografía). - La Semana Santa ttt el Monasterio _de
Mo11tserrat (de una fotografía). - Dofla María Pacheco, vma'a de Padilla. Aniversario de la batalla de Villa/ar, cuadro
de G. Clairin, grabado por Baude. - Fig. I. Ap~ovechami:n·
to de la catarata del Niágara como fuerza motriz para la rnrlustria. - Fig. 2 Sección de la instalación proyectada para
el aprovechamiento de la catarata del Niágara como fuerza
motriz. - Medalla de la Asociación francesa para el Fomento
de las Ciencias. - Estudio del pintor Femando Wagner.
(Véase el artículo publicado en el núm. 487.)

LA EXPOSICION GENERAL
DE BELLAS ARTES

V
LA SECCIÓN DE PINTURA ESPA~OI.A

( Co11ti11uació11)

Fuera de la pintura religiosa 6 de historia, ni el
melodrama ni la anécdota ni la compuesta escena
de costumbres coinciden nunca en los cuadros de la
actual Exposición con las cualidades de una buena
pintura. Algunos lienzos de tal género quedan en
aquellas siete salas: poquísimos figuran entre el centenar de obras que, por otras y más apreciables condiciones, presentaré agrupadas en este artículo. De
éstas, la mayoría va por el camino que conduce á la
pintura á su verdadero y acotado campo. Ni el sentimiento ni la idea le están vedados, sea aquél tan
patético y ésta tan grandiosa como gusten; pero es
preciso que uno y otra tengan, desde el primer golpe de la concepción, valor plástico; es preciso que
su expresión se halle íntimamente compenetrada y
fundida con la forma, sin ulteriores ambicio_nes, sin
desproporción inadecuada con el procedimiento del
arte de la pintura. Por lo cual no clasifico ni establezco jerarquías entre dicho centenar de obras atendiendo al pensamiento que expresan. Voy á sus cualidades pictóricas, á la fuerza é intensidad con que
ha sabido ver el artista lo que pintó, y á ese mismo
sentimiento de belleza que le embargaba, transmitido
por el dibujo, por el colorido, por la factura y no más.
En este sentido me fijo muy particularmente en los
progresos que ha realizado la pintura en estos últimos años. Se me ofrecen los cuadros en una relación
de inferior á superior, segtín se acercan á ese mayor
arte en darnos una visi6n total de las cosas, de modo que se olvide el arte mismo y se armonicen y fundan dibujo, color, ambiente, sentimiento, en aquel
conjunto que ha de transmitirme palpitante el alma
del autor.
Entre aquellas obras más notables, hallamos tantos
procedimientos cuantos son, no ya el temperamento
personal de los artistas, sino la escuela y el tiempo
en que se han educado y el sentimiento del colorido
que deben á la contemplación de sus modelos 6 de
la naturaleza del país en que aprendieron. Esta es, á
mi juicio, la clasificaci6n más natural para señalar el
punto del camino en que nos hallamos. En el uno
está la tradicional escuela española de Cutanda, con
su desdichada Bacante, y de Plasencia, con su hermoso estudio de desnudo alegoría de julio y sus preciosas
acuarelas. En el otro se halla la última manera declaradamente francesa, de la cual nos trae dos modestos,
pero notables estudios nuestro paisano Casas. En Plasencia vemos la mancha de color jugoso y castizo, de
una entonación viva y robusta, que modela y da realidad corpórea á un dibujo de precisos y enérgicos
contornos: pintura decorativa colorista, preocupada
de cierta grandiosidad en concebir la figpra humana,
musculosa y fuerte, pero idealizada por aquella misma
grandiosidad y la depurada correcci6n de sus formas.
En los estudios de nuestro paisano, la visión es opuesta, la preocupaci6n es contraria: es la preocupaci6n
de las sugestiones inmediatas y totales con las más
simples pinceladas, con todas las gradaciones de las

capas atmosféricas y todos los matices de una luz
difusa que nos habla de otros climas y otros sitios:
aire, luz, modificaciones casi imperceptibles del color,
carácter y actitud naturales en las figuras, armonía
total en el conjunto.
De uno á otro punto, de la nota más nueva á la más
anticuada, coloquemos los demás esfuerzos realizados
en estos últimos años. Todos tienen sus ejemplares,
más cortos en número, menos apreciados por más conocidos, conforme distan de la preocupaci6n actual.
Así, desfilan todavía algunos lienzos de pintura italiana y fortuniana, embriagada de luz y de tonos extraordinariamente brillantes, con puestas de sol de ráfagas de oro, rutilantes cielos, verdes intensos, no sin
cierta dureza que templan á veces las notas más tiernas y delicadas de árboles en flor. Villegas tiene allí
su Conductor de pavos del 85, bañado en luz cruda y
deslumbrante; Fabrés, su Campo tk amapolas, Mediodía, su preciosa Flor campestre; Galofre, sus Vaqueros,
inferior á otros del mismo género del mismo autor;
Rico, una de sus vistas de Murano, de tonos y matices centelleantes y vivos, de una nitidez de cámara
obscura; Bilbao, sus Recuerdos de Marruecos que resultan ya adocenados y triviales, con la entonación
d~ sus cielos azul obscuro y sus casas blanqueadas;
Roca, sus acuarelas (la más vigorosa y correcta su
Grabador), y Roig y Soler, sus apuntes de vistas
de la ciudad y de ~alma, de un color tan francamente convencional, que dudo recuerde nadie los mismos
sitios en presencia de la copia: nueva suerte de panoramas en reducida escala, de minuciosos detalles y
líneas y tonos concentrados y como reflejados en el
fondo de una lente convexa, con una luz blanquizca
que baña el todo en una tonalidad parecida á la de
un día de nevasco.
Así, con estos lienzos, desfilan también algunos que
otros casacones, del género anecd6tico los últimos,
los de Jiménez Aranda (J.): el conocido lln accidente en los toros, y la lectura de una poesía satírica
entre poetas del siglo pasado. Colorista experto, dibujante primoroso, espontáneo, fecundo, el artista
no puede hoy, sin embargo, vencer en aquellos lienzos, la impresión que de convencionales nos causan
ya aquellas actitudes de sus figuras, no todas naturales y vivas, sino como detenidas y recortadas en
sus rasgos expresivos. Bien superiores á ellas, por su
vida y naturalidad, resultan las de la bellísima aguada
Buscando notas, de fecha seguramente posterior y de
grata frescura. No hay en ella la excesiva importancia concedida al accesorio ni á las telas, enriqueciendo el cuadro con fastuosos colores que pasaron
de aquel género á las figuras sueltas: esclavas y odaliscas. De ellas hay aún algunas muestras (la de Masriera, En presencia del Señor; la de Tusquets, más anticuada todavía, Argelina). Este género sobrecarg6
las figuras femeninas de esmaltados adornos ó de
ricos brocados concediendo harta importancia á la
materia muerta; amanerado recurso para deslumbrar
los ojos, de que vemos prescindir á pocos artistas en
los retratos, aunque éstos sean también de los que
se ven año tras año en todas nuestras Exposiciones
sin mudanza alguna; ejemplo, los de Caba, uno de
ellos - sólo uno para mi gusto - acertado y notable.
Tras esta segunda etapa de escenas ó figuras con
luz de taller, y que por cierto la consienten, hallo
ejemplares de otra pintura más franca y libre, influída en dos de los maestros, Ribera y Pellicer, por la
enseñanza y educación francesas. Ni uno ni otro tienen en la actual Exposición una obra importante ó
nueva. No lo son ni el ¿Qué ha sucedido?, de Pellicer,
ni el Epílogo, de Ribera, escenas callejeras de París. Pero uno y otro, con su modernismo urbano y
con sus episodios callejeros de ciudades populosas,
trajeron aquí la afición á ellos, visible en muchos
otros cuadros que han tomado por asunto vistas de
calle ó paseo, con lluvia 6 con sol, salidas de baile ó
de misa, - aquí es más frecuente salir de ésta que de
aquél; - por supuesto, sin las condiciones de color ni
de dibujo de los citados artistas. El género tiene
en éstos una precisión, una correcci6n de líneas
excepcional; las figuras son exactas, características y
vivas, de una factura concienzuda y sólida. En Ribera hay además como una suerte de diletantismo
que se complace en apurar con fruición los más imperceptibles ~atices; de aquí, una limpieza de estofa
flamante en los trajes, cierta nitidez luciente que hallamos en otros autores nuestros, domiciliados en París.
Jiménez Aranda (Luis) exhibe uno de esos cuadros
acabados y primorosos, La criada del cortijo, nota, sin
embargo, modernísima y simpática. Miralles Darmanín, su Taller de tapices, de una entonación vigorosa
y caliente más española, pero d eliciosamente refinada también en algunos fragmentos (el de una de las
mujeres vuelta de espalda al espectador), y con ese
singular esmero en el dibujo (salvo algún detalle)
propio de toda aquella enseñanza.

NúMERO 49'.2
Pero decía que la afici6n á escenas y tipos de las
ciudades populosas se observaba también en algunos
artistas. El amor á la realidad viva tomó aquí estos
dos caminos: lo callejero y lo rústico. Pero lo primero
no ha llegado á sobresalir ni á constituir como lo segundo un género perfectamente determinado. Aun
entre los pintores no residentes aquí, hallamos algunos estudios de figuras populares, sinceros y francos,
y por cierto tratados en grande, con mucha verdad y
con vivo sentimiento del color: una Casta,iera, de Villegas Cordero (D. Ricardo), es notable como hermoso fragmento de pintura valiente y enérgica. Entre
nosotros, Felíu en su Aseó del barri ha concedido
también vasta tela y dimensiones del natural á un
grupo de pobres mendigas en el atrio de una iglesia,
interpretadas con vigoroso pincel, y aunque el dibujo acusa alguna inexperiencia en algunas figuras, otras
son acertadas y el conjunto es una promesa. Graner
tiene también otro gran cuadro con tipos, no ya populares ni pobretones, sino acanallados y soeces: un
negro tabernucho trasudando mugre, donde, á lo largo de una mesa alumbrada por un farol humeante,
juegan á los naipes unos cuantos miserables de rostro avinado y risa imbécil, grasientos y comidos de
porquería. El espectáculo repugna, esparce una tufarada mal oliente; lo cual quiere decir que, aunque no
sea de mi gusto, como bien sentido y caracterizado
lo está. El efecto pictórico reside en uno de esos golpes de luz artificial y rojiza festoneando las figuras y
dejando en opacas sombras el resto: un true de escaso valor ... Como muestra de otro género determinado, de esr:enas relativas á una clase, con tipos caracterizados por una profesión, están también en el
actual concurso los cuadros y episodios militares de
Cusachs, su Embarque de quintos, su notable y sentido Campamento de Arlabán, entre otros.
Un nuevo paso y nos hallamos con la verdadera
pintura al aire libre, no sólo porque proceda de la
naturaleza rústica, sino porque trató de inspirarse
directamente en ella con una suerte de adoración
candorosa que excluye el diletantismo de unos y
las alteraciones y componendas de otros. En realidad, sea cual fuere el valor ó el número de sus adeptos, esta es la escuela genuinamente catalana: no
porque esté exenta de influencias extrañas, ni sea la
única posible con este título, pero sí porque responde á secretas relaciones entre el temperamento genuino del artista y el natural que ama y traslada.
Tampoco quiere esto decir que por analogía no quepan en el grupo algunos cuadros de otros pintores,
como diré pronto. Pero el caso es que, empezando
por el raisaje, como inspirado en el natural inmediato de nuestras montañas y llanuras, tiene visible carácter propio y notabilísimo sabor de la tierrra. También estos paisajes son harto conocidos: las melancólicas campiñas de Urgell, las primaverales y jugosas
llanuras de Vayreda y de Galwey, de un verde claro,
risueño y alegre, henchidas de aire puro y transparentes lontananzas. Vayreda tiene en esta exposición,
como nota nueva, un efecto de luna alumbrando una
campiña, de una suavidad, de una verdad notables:
Galwey, dos estudios admirablemente pintados también, pero menos simpático el natural elegido que
otros anteriores. Apuntemos entre los paisajes otro
de Domenge, Oto,io, con el mismo carácter de la escuela de Olot, y otros, harto distantes de ella y notabilísimos: son de Sánchez Perrier: el de crepúsculo
me parece uno de los mejores de esta exposición.·
Otros dos estudios de Soler de las Casas son dignos
de mención: Quan sur/ lo sol... ¿En un fossar7, de
luz y entonación acertadas y vivas.
En aquel mismo escenario rústico, melánc6lico ó
alegre, abrupto y árido 6 de vegetación rica y lujuriosa,
han colocado sus escenas rústicas los últimos pintores.
U na sola obra recuerdo que guarde cierta analogía con
tales cuadros entre los demás artistas españoles. Es el
de Bilbao, La vuelta al hato, de los mejores también:
bien compuesto, de figuras perfectamente dibujadas
con cierta majestad y robustez poéticas, mucho ambiente, el cielo brillante, la composición grandiosa,
acertada y sentida. Más y Fondevila tiene en este género su Reposo, figura y paisaje admirablemente pin-·
tados como todos los suyos; Baixeras, sus característicos «marineros» con el mar y el horizon te por fondo,
luminosos é infinitos; algunos estudios, entre los cuales me parece el mejor Fent mz'lja, de una delicada
armonía de ton os, de un ambiente respirable y fundido con singular delicadeza; Barráu, sus Dos bravos,
la niña, harto colorado el cutis, y el viejo, vivo y de
admirable realidad; Pinós, sus Fangadors, sus Herbaxadoras, otros notables estudios; Tamburini, su Ocaso, figura de viejecita, en que, mudando la nota, interpreta el carácter de nuestra clase rústica.
·
Una evolución apenas perceptible ha conducido
á algunos de esos autores - no á todos - de la contemplaci6n casi religiosa de la naturaleza, á una exal-

NúMERO

492

339.

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

SUEÑOS DE NIÑO,

tación mística que se inclina á una suerte de poesía
íntima y callada, simple, modesta, silenciosa, que ni
con el mismo color se atreve á mostrarse, á exteriorizarse. U na nota grisácea, un casi imperceptible velo
ha venido á suavizar con vaga aspiración de idealidad la crudeza de la exactitud real que frenéticamente buscaban algunos; un sentimiento indefinible,
inquieto, pero sincero, sutil y penetrante, comunicó

cuadro de D. José M. Tamburini (Sa\6n Parés)

al artista la tristeza de las cosas ante el más insignificante rinc6n de naturaleza, elegido para su estudio.
Esta nota gris y fría, hermanada á una profunda impresi6n de abandono y laxitud, se halla por cierto en
otro cuadro de un notable artista: en Los huérfanos,
de Cabrera, indudablemente el más patético, el más
dramático de la Exposición, tal como entendemos
el drama y la pasi6n en la pintura, es la más sen-

H ÚSAR DE LA PRINCESA,

tida página de esa · nueva tendencia á una melancolía singular. Otra muy sentida hay que participa
también de ella: Sin labor, de Maura. Pero entre los
barceloneses, se acentuó en unos, como Russiñol
(véase su Cementerio de Hix, ó sus mismos interiores), con carácter más poético que religioso; en
otros, como en Llimona, con franca y resuelta pasi6n
de creyente, en sus estudios de niñas de blanca man-

pintura al pastel de D. Marcelino de Unceta

( Exposición de pasteles celebrada por el Círculo Artístico de Madrid en 1890)

�340

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

yan dado cuenta del alcance de tal división. Es uno
de estos aspectos el místico-cristiano; es el otro el
místico-filosófico, independiente de una ortodoxia, sea
cualquiera la iglesia ó la escuela filosófica, social ó
política; y aun entiendo que dentro de este segundo
aspecto, entra decididamente el subjetivismo individual. Pero los neomísticos, en su gran mayoría, confunden por completo el arte religioso con el arte místico, y especialmente con el cristiano, por entender
que al cristianismo se debe ese elemento inspirador
en sus más elevadas abstracciones. Verdaderamente
que es digna de profundo estudio esta confusión inexplicable, que así baraja ambientes, ideas y forma, no
dejando lugar á la crítica, á las enseñanzas de la historia, á las inflexibles leyes de las evoluciones cósmiJ. YXART
cas, cerrando los ojos de la inteligencia de cuantos
24 mayo 1891
viven en ella, hasta obligarles á oponer á las claras y
precisas demostraciones de la cultura del arte moderEL ARTE Y LOS NEOMÍSTICOS
no en su parte plástica, que prácticamente les prueba
lo absurdo de tener como admirable en este punto la
Extrañas ideas, evoluciones más extrañas todavía, obra medioeval, la misma frase del santo cartaginés:
descarriamientos no concebibles, teorías absurdas, credo quia absurdum.
escuelas formadas al impulso de un genio neurótico,
Sobre todos, los neomísticos españoles son los
hoy vibrante, mañana mudo, como el violín cuyas que menos razón tienen de existir. Me refiero á los
cuerdas se han roto bajo la continuada presión del místicos cristianos. Precisamente los pintores de este
arco: he aquí la forma con que, al finalizar ·el siglo x1x, género lamentan cómo la mayor parte de los grandes
se presenta al examen de la crítica el arte moderno. místicos escritores de nuestro siglo de oro de las lePero uno de los aspectos -más dignos de estudio es tras á duras penas alcanzan á desligarse de la envolel místico. Como reacción ocasionada por las exage- tura de la carne, para seguir el raudo vuelo del espíraciones de la escuela servilista, que con paso de gi- ritu en sus viajes al trono de Cristo. Busquemos en
gante avanza hacia la anulación de la idea y de la cualquier místico español la abstracción completa de
inspiración; como protesta elocuente del sentimiento los movimientos pasionales de la materia cuando nos
y de la fantasía; como veto interpuesto al infecundo relata sus éxtasis, sus iluminaciones, y no encontradivorcio de los elementos psíquico y físico, se alza remos ni uno solo que diga como Francisco de Asís
en estos últimos años el arte de los Fiesole imponien- al pasar por la prueba espiritual que los místicos llado los preceptos aquellos que, así en el orden filosó- man desolación y al escuchar la voz divina como hafico como en el plástico, han adjudicado las cavilosas bla á su espíritu torturado de desconfianzas y de hasimaginaciones de algunos críticos é historiadores á tío del rezo: «Si tienes fe, coge esa montaña y traslálos artistas de los siglos medios, especialmente á los dala á otro lugar. - ¿Cuál es la montaña?, preguntó.
de r300 y 1400.
- La tentación. - Hágase, pues.» Leamos el relato de
No seré yo ciertamente del número de los que mi- la estigrnatización del mismo santo y el de la transran con desdeñosa sonrisa las manifestaciones de la verberación de la monja de Avila, y comparemos uno
pintura en esos siglos, ni tampoco de los que creen y otro en su concepto más espitualmente místico. El
extemporáneo é imposible de cohonestar con el po- santo de Asís ve á Cristo en figura de hermoso serasitivismo de las ciencias modernas el arte místico; fín. con seis alas, clavado en la cruz, envuelta la faz
pero jamás aplaudiré los extravíos á que este salto en la penumbra de las dos alas superiores, el cuerpo
atávico lleva trazas de conducirnos. Si la antiestética oculto por las dos inferiores y volando con las de
escuela de los servilistas, guiada por la más falsa y en medio: la santa de Avila ve también un serafín
estéril de las aberraciones del espíritu humano, tien- que le atraviesa las entrañas con un dardo de oro, y
de á la negación del arquetipo de la belleza de la for- nos lo cuenta diciendo: «Era tan grande el dolor que
ma, que del estudio del hombre hicieron los griegos, »me hacia dar aquellos quejidos y tan excesiva la
y cercena hasta poner al nivel de la vulgaridad lapo- })suavidad que me pone este grandísimo dolor, que
tencia creadora de la inspiración, el arte místico, en- »no hay desear que se quite, ni se contenta el alma
salzado y glorificado por sus apóstoles de fin de siglo, »con menos que Dios. No es dolor corporal, sino esdando al traste también con la forma, nos llevará á »piritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo
dar de cabeza en los manicomios.
»y aun harto.»
Y si no bastase lo transcrito á probar que el misticismo-cristiano, quizás mejor dicho católico, fué en
nuestra España tan sensual corno espiritual, el más
Encontrábame una noche en casa de Emilia Pardo delicado, el más puro de nuestros rnísticos,.San Juan
Bazán, no hace todavía una semana, y se discutía de de la Cruz, demuestra con su célebre paráfrasis, que
arte, y de arte místico. Uno de los concurrentes al te no en vano corría por sus venas sangre de la raza
de la ilustre escritora, persona de claro talento y culti- ibérica, y que su imaginación solamente encontraba
vada inteligencia, artista de corazón, aun cuando no en los deliquios del amor humano, lo que no alcanpulsa el cincel ni la paleta, defendía con vehemen- zara á vislumbrar del amor divino.
cia inusitada el arte de los siglos medios, á propósito
Nada más realista que las frases con que la «Es·
de unas pinturas góticas en tabla, que se hallan á la posa» describe su deseo amoroso, cuando dice:
venta en una casa de antigüedades de esta corte; pinturas que mi contrincante tiene como joyas inestiY luego á las subidas
mables y á mí me parecen malas sencillamente. Mi
Cavernas de las piedras nos iremos,
aludido no quería admitir pero de ninguna especie;
Que están bien escondidas,
las tablas, según él entiende, son dechados de color,
Y allí nos entraremos
Y el mosto de granadas gustaremos.
de dibujo, de sentimiento, de indumentaria. ArgüíaAll! me mostrarías
le yo que si como cree pertenecen al siglo xm,
Aquello que mi alma pretendía;
excepto el valor histórico, á las tablas en cuestión,
Y luego me darías
aun teniéndolas como auténticas, les acontece lo
Alll, tú, vida mía,
Aquello que me diste el otro dla.
que á lo producido por trecentisle y qualrocentiste,
que el sentimiento místico y la pureza de concepto que avalora sus cuadros recabarán siempre nuesLejos de mí toda intención, que pudiera atribuírtra solicitud; pero que la parte plástica será, como es seme, de lanzar sobre la frente del santo poeta ni
al presente, tenida como defectuosísima, como ver- sombra la más ligera de carnales bastardos sentidadera caricatura de la forma humana. Poco le faltó mientos: quédese tal empeño para aquellos que, no
á mi contendiente para llamarme hereje. Estraga- logrando penetrar en los arcanos del génesis del arte,
miento del gusto, aberración de los sentidos es esto, miran con ojos de estiércol la forma con que el senque de generalizarse, nos llevaría á deleitarnos con timiento reviste la idea. Pero pretendo demostrar que
la sonoridad y armonía de versos como los siguien- si los santos escritores españoles, por temperamento echaban mano del realismo más acentuado, para
tes, escritos en el siglo xm:
describirnos sus transportes místicos, nuestros pinAqul jáz Don Feman Gudiel
tores de los siglos xvr y xvu - que no eran santos ni
Muy onrado Cavallero
mucho menos - no lograron alzarse de la tierra ni un
Aguacil fué de Toledo
pie; pues atentos á la tarea de interpretar lo más realA todos muy derechurero, etc.
mente posible los movimientos del alma, dieron á
sus obras, de acuerdo con el ambiente de intolerancia católica que los abrumaba, ese sello de dramático
La evolución mística tiene dos aspectos, que la di- naturalismo, que de manera tan honda nos impresioviden, sin que gran parte de los neomísticos se ha- na en el San Jerónimo, en Santa María Egipcíaca,

tilla y viejas rezadoras, de semblante resignado éstas
y de angelical pureza aquéllas, ó con declarado celo
de propagandista en su último cuadro Cristo vence.
Esta intención no perjudica en lo más mínimo á la
obra, una de las mejores de su autor, por el vivo sentimiento de que está impregnada, secur.dado por
una ejecución feliz. Por otra parte, no todos los que
incurren en esa tendencia á desvanecer y amortigüar
los tonos, que puede degenerar en manera, intentan
comunicar á la obra aquel peculiar sentimiento místico: obedecen más bien á esa evolución del estudio
al aire libre, y de la mayor simplicidad y sinceridad
absoluta y delicada, última nota conocida aquí, hoy
por hoy, de la pintura contemporánea.

NúMERO

492

en San Pablo del Spagnoleto, en los frailes de Zurbarán, en la Piedad de Morales. Y nos impresionan
esas maravillosas obras tanto más, cuanto más distantes están de los espiritualismos de los extáticos y
contemplativos. Al mirar la amarillenta piel que como
viejo pergamino cubre los huesos de San Jerónimo,
sentimos el frío del terror; como al posar la vista en
la faz del San Pablo, las negras pupilas del apóstol
parecen fulminar inapelable sentencia de dolor eterno; como al levantar los ojos á las demacradas facciones de los monjes de Zurbarán, creemos que temblorosos murmuran llenos de espanto el Dies irte. Y
cuando por el camino de los idealismos ·quiso nuestro arte realista marchar, produjo las «Concepciones,))
la «Sacra familia,» conocida por de «el Pajarito,» la
«Adoración de los pastores,» «Santa Isabel de Hungría,» cuadros realistas todos, sensualistas algunos,
de un naturalismo terrible otros. En el lienzo ultimamente citado, obra de arte colosal, aquellos andrajosos enfermos causan la misma repugnancia que si
fuesen de carne y hueso.

Retrocedamos á los pintore5\ góticos castellanos,
que son los que lograron trastornar los sesos de cuantos hoy les miran como modelos de la escuela neomística-cristiana. ¿Plasticamente? O son malos Velázquez y Murillo, 6 ellos. O el autor de «Santa Isabel»
y el de las «Meninas» no saben dibujar, pintar, agrupar, etc., ó los contemporáneos de los Enriques
y Juanes de Castilla no hadan más que intentar la
figura humana ... sin conseguirla. ¿Místicamente considerados? Sería curiosísimo fenómeno que en estas
tierras, donde á excepción de las provincias del Noroeste, el rnazonismo produjo la iconología de espíritu
más anticatólico de Europa y de forma más naturalista, hubiéramos tenido Fiesoles y Giottos y Cimabúes. Sabido está por demás que nuestro arte pictórico no tuvo carácter nacional hasta los días de el Greco, y que á remolque de la influencia giotista corno
del arcaísmo del Norte, aquí sostenido hasta bien mediado el siglo xv, vivió la pintura en las regiones centrales de la península,yque por lo tanto el espíritu místico de esos cuadros, como reflejado, es frío é insípido y el menos á propósito para entusiasmar á nadie
que los estudie desde otro punto de vista del histórico.
Mientras Fra Angélico veía cómo celeste pintor trazaba la cabeza de la Virgen que él no lograra trazar,
en esta patria de los Trastamaras, Carrillos y Tenorios purpurados, se trazaban la puerta de Valdés de
la catedral de Burgos y los célebres entrepañ9s y frisos de la de León, donde el naturalismo más desvergonzado ayuda á la sátira más cruel... y justa que
al clero se le pudo dirigir en ningún tiempo.
La escuela mística moderna, aun la cristiana, tiene
otros senderos que recorrer muy distintos de los recorridos en los siglos xm y x1v por los pintores de
Brujas ó de Florencia. Las producciones del extático
fraile de Fiesole, si tanta dulce piedad nos causan,
á la ingenuidad del tecnicismo con que están hechas
y á la inocente pureza que ilumina aquellos rostros
desdibujados, deben y deberán siempre ser tenidas
como las más altas notas de la pintura mística; pero
precisamente porque no tienen nada de realés ni las
figuras ni el color, ni hay tonos sombríos, sino por
el contrario, los colores contrastan entre sí en un pugilato de limpieza de tonos, por eso mismo es mayor
el extravío del artista que para pintar en místico-católico pretenda destruir de una pincelada la obra del
Renacimiento.

R.

SALÓN DE PARfS DI!: 1891

•

BALSA DE LA VEGA

Abril de 189 t

ALEGR1A
Contemplábamos varios amigos en la exp_osición
de Hernández unas acuarelas de Pradilla, cuando se
abrió de pronto la puerta y entró apresuradamente
el doctor Moral. Apenas nos saludó, se dirigió á un
cuadro que en un dorado caballete estaba, y nos preguntó con el mayor interés: ·
- ¿De quién es esta pintura?
- En este momento histórico, le respondí, es de
Hernández; pero puede ser tuyo si lo quieres comprar, porque está ahí donde le ves para ser vendido
á quien lo pague.
- No pregunto quién es el dueño, sino quién es el
autor.
- ¡Ah! El autor es Mufíoz Degrain.
- No le conozco. No trato á casi ningún pintor, y
entiendo poquísimo de Bellas Artes y menos aún de
pintura; pero desde la calle he visto ese cuadro y me
ha impresionado vivamente.

LA NOCHE, cuadro de Renard, grabado por Baude

�342
- Como que el cuadro es muy bonito.
- No lo niego; pero aunque fuese muy feo habría
de impresionarme el asunto, pues no parece sino que
yo mismo he dicho al oído al pintor esa escena que
he presenciado, y que es el comienzo de una historia
cuyo desenlace no olvidaré jamás.
Todos conocíamos el cuadro; muchas veces le habíamos examinado y nos habían encantado el asunto
y la ejecución; pero al oír las palabras del amigo Moral nos acercamos al lienzo y lo examinamos con la
viva curiosidad que ellas nos inspiraron.
El lugar de la escena no puede ser más humilde
para un cuadro, porque es una cuadra, una miserable
cuadra de una posada de aldea. Que aquel sucio y lóbrego lugar sirve de foyer, vestuario y almacén á una
ambulante compañía de titiriteros, dfcenlo bien claro
los objetos que acá y allá se ven desparramados en
artístico desorden. Aros de papel desgarrados ya por
el cuerpo del saltarín acróbata; una paleta abierta
por la que asoman los abigarrados trajes de los artistas ... de la legua; el tambor, con su cuero acardenalado por los redobles de que fué víctima, y el abollado serpentón, que en endiablada armonía fueron de
calle en calle como heraldos de la fiesta y á la puerta del corral congregaron á los honrados vecinos y
vecinas de la aldea, y en viejo tapiz reclinado el gigantesco farol de lienzo transparente que en la punta
de un palo fué de noche y de día ambulante programa para los que en el pueblo supieran leer, si algunos
había; el cual farol tenía en letras gordas pintado el
siguiente letrero:
GRAN FUNCIÓN EN LA POSADA DE LA CORONA
HA LLEGADO EL FA~IOSO PERRO (SABIO SALOMÓ N»
A)IAESTRADO POR EL CÉLEBRE Y APLAUDIDO PAYASO ALEGRÍA

Mal sentado en un cajón de madera, y apoyando
la desencajada faz en la callosa y velluda mano, está
el tal Alegría, vestido con el amplio y arrugado traje
de pierrot, y en el colmo del abatimiento y de la
tristeza, mal que pese á todos los aplausos y celebridad que el cartelón pregona, porque en aquel instante acaba de ser objeto de la más estrepitosa de las
silbas que pudieron escuchar jamás oídos de payaso
célebre y aplaudido. Por el resquicio que entre el cobertizo de la cuadra y las bardas del corral queda de
luz, se ven algunos espectadores, uno de los cuales
aún no ha concluído de ejercitar el sonoro cuanto
agudo instrumento con que la madre naturaleza dotó
á toda humana criatura que sepa colocar bien sus
dedos en las comisuras de la boca y soplar recio y
seguido. Un piadoso compañero de Alegria, vestido
de rosadas mallas, de un difunto algo mayor, forcejea para cerrar apresuradamente la puerta de la cuadra que con el corral comunica, para evitar sin duda
mayores males, y aprovechando la abertura que la
puerta aún deja, saca la cabeza el Sabio Salomón, ladrando enfurecido á la estúpida concurrencia, en el
ejercicio del sagrado derecho del pataleo.
Destacándose materialmente sobre el obscuro tono
del fondo, como moralmente sobre lo triste de la escena, una niña de muy pocos años sin duda, pero cuya
edad la ignora hasta la · ley protectora de los niños,
aparece vestida también de a,-tista con una raída falda de percalina rosa, adornada con caprichosos prendidos de tarlatana verde, y coronada la interesante
cabecita con unas flores de legítimo y auténtico pito
de San Isidro. La niña se acerca con actitud cariñosa al payaso silbado, á quien nadie consuela, y da
á la escena una nota simpática de sentimiento que
interesa y conmueve.
•
«Eso lo he visto yo, repetía Moral; eso lo he visto
yo cuando era médico titular de Carrascal de Arriba.»
Había llegado por entonces al pueblo un comisionado de apremio, con el cual nada habían logrado
los procedimientos con que generalmente se había
espantado del lugar á todos los pájaros de aquella
casta. No es del momento referiros de qué manera
el hombre se las había sabido manejar; pero básteos
saber que el tal comisionado estaba fuertemente asido á bonísimas aldabas, y que el pueblo, odiándole
cordialmente, no le tocaba al pelo de la ropa, que
dicho sea de paso, era hastá elegante.
Tal era el alarde de su inmunidad y tal la persuación en que vivía de estar fuera del alcance de toda
ofensa de hombre y burla de muchacho, que solía
pasearse por la playa los días festivos con un reluciente sombrero de copa.
Cuando en la posada del Mellizo, y no de la Corona, como equivocadamente reza ese cartel, dió su
extraordinaria función la compañía de titiriteros á
que esta mi verídica historia se refiere, ocupaba el
comisionado una silla en primera fila y vestía y calzaba 1a elegante ropa y el reluciente sombrero.
Sucedió, pues. que el payaso, que presentaba también un perro sabio, hizo la delicia de los concurren-

LA

NúMERO 492

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tes, haciendo adivinar al adiestrado can las más estu- ¿Y la Nenita?, le pregunté entonces con interés.
pendas cosas.
El hombre se puso serio, y con una especie de fer«¿Quién es la persona de esta muy heroica villa vor dijo solemnemente:
que trae traspasados más corazones?» preguntaba el
- ¡Mis Ligth!
payaso con atiplada voz, y el perro, dando dos vuel- ¿Aquella niña es esa hermosa mujer?
tas ladrando, comenzaba á olfatear y concluía por
- Aquella niña, querido doctor, es hoy mi esposa.
acercarse á la Remigia, moza como un trinquete, con
Entonces me contó una serie de azares y vicisituun lunar peludo sobre el labio superior que parecía des de su vida, que sería cansado que os repitiera.
medio bigote. Grandes risas y palmoteos acogían Habían estado en París, en los Estados Unidos, ...
tamaña prueba de acierto.
¡qué sé yo en cuántas partes! Había el pobre pasado
«¿Quién es la persona que bebe más vino en diez las de Caín, hasta lograr que su protegida se hiciera
leguas á la redonda y que tiene menos vergüenza?» una artista, y aquel hombre había hecho todo linaje
Momentos de ansiedad en el concurso, ante la even- de sacrificiós para conseguirlo.
tualidad de ser escogido por el diabólico perro, que
- ¡Todo lo que es, todo lo muchísimo que vale,
terminaban al ver al animal acercarse al payaso y se- decía conmovido, todo me lo debe á mí! Todo, todo
ñalarle con la pata. Inequívocas muestras de aproba- me lo ha pagado casándose conmigo. Ya ve usted,
ción, como dice al final de todo discurso publicado doctor: una mujer como ella ha podido casarse con
por su autor.
quien hubiera querido; ha tenido mil proporciones,
«Ahora, en serio, ¿cuál es la persona más digna pero ... ¡nada/; y este nada lo decía con una satisfacy más decente que nos escucha?))
ción que lo expresaba todo.
El payaso no podía dudar sobre el sitio en que haMe presentó á su mujer, en la que costaba trabajo
bía de hacer al perro detenerse.
reconocer á una persona que había nacido en EspaAquel traje y aquel sombrero denunciaban, á su ña y hablado castellano desde su niñez; me regaló
juicio, á un diputado provincial, 6 cuando menos á una colección de retratos; me leyó mil recortes de '
un alcalde presidente, de no tratarse de algún título periódico que conservaba en un álbum, todos relatide Castilla, dueño del pueblo y sus contornos.
vos á los triunfos de aquella estrella del trapecio, y
El perro, pues, se detuvo y se postró ante el comi- costóme gran trabajo librarme de su interminable
sionado de apremio. ¡Terrible momento! Estalló una cuanto cariñosa acogida.
silba estrepitosa; el perro comenzó á ladrar furioso,
Cuando llegué al casino y referí lo que me había
excitado por los gritos de la multitud; el payaso, co- pasado, mis amigos sonrieron maliciosamente y mirarrido y avergonzado, quiso desarmar la ira popular ron todos al vizconde M***. Cambié de conversadando tres saltos, más ó menos mortales; pero todo ción, y cuando salíamos pregunté á un revistero de
en vano. La gritería aumentaba; sonaban voces de salones que todos conocéis el motivo de aquellas ri¡Fuera/ ¡A la cárcel/ ¡Bribón/ Y para colmo de ma- sas y miradas.
les, algún espectador menos culto todavía, 6 más bár- ¿Dónde vives?, me dijo. ¿Adn no sabes que esa
baro quizás, arrojó al payaso un pedazo de teja que Mis es el amor del vizconde?
le hirió en la frente.
- ¿Pero ella? ...
Cuando pude penetrar en la cuadra, donde el he- Ella rompe su contrata y se marcha á Niza con
rido se cobijó, vi una escena exactamente igual á la él pasado mañana.
que ese lienzo representa. Una niña acariciaba al víc- ¡Imposible!
tima del furor de la indignada plebe. «Señor doc- ¡Qué imposible ni qué mno muerto! Mañana
tor, me decía el pobre hombre mientras yo colocaba trabaja porque es su beneficio; pero ya verás al día
sobre la herida una tira de aglutinante; señor doc- siguiente cómo desaparece de la escena.
tor, si me muero ó me matan, no abandone V. á esta
Os confieso que el pesadísimo clown, cuya historia
criatura, que es un angelito.»
me había importado tres pitos, me inspiró muchísima
A estas palabras, dichas con los ojos llenos de lá- lástima. Al día siguiente al de nuestro encuentro le
grimas, daba suelta á las suyas la pequeñuela, y decía: había ofrecido visitarle en el hotel de la Paz, y lo
«No, no te morirás. No quiero yo que te mueras. que ofrecí sin gran ánimo de cumplirlo lo hice punPadrino, ¿qué sería de la Nenita si tú faltaras? ¡Otra tualmente.
vez me pegarían, otra vez me atormentarían!»
Al verle sin la ridícula fisonomía artificial con que
No se murió el hombre, ni mucho menos, y á las la noche anterior le contemplé, y vestido como las
veinticuatro horas, payaso, Nenita, perro sabio y personas, creció mi simpatía y mi compasión. Estaba
compañeros mártires salieron con viento fresco á otra triste y ojeroso, y había perdido su caudalosa·verboparte con la música.
sidad. Dos 6 tres conversaciones se agotaron en seis
Lo menos habían transcurrido doce años, y para minutos, y ya me disponía á marcharme, cuando sanada me acordaba yo en Madrid de Carrascal de cando un sobre me lo mostró por el reverso y me
Arriba ni del payaso silbado, cuando fuí una noche preguntó:
al circo de Price.
- Usted conoce este escudo, ¿verdad?
No suelo concurrir á menudo á esta clase de es- No; no le conozco, contesté afectando una serepectáculos; pero no gusto de quedarme sin ver las nidad que no tenía.
notabilidades, y por entonces todo el mundo pondeEl sonrió, y me dijo:
raba la belleza, la gracia y la agilidad de una Mis
- Yo creí que era V. muy amigo del vizconde
Ligth, que traía revueltos á todos los sportmen ma- de M***.
drileños, que ya por entonces los había.
-Ah, sí, el vizconde de ... Sí, en efecto, dije yo sin
Efectivamente, Mis LIGTH era muy bonita de acertará expresar nada que tuviera sentido,común.
cara y escultural de formas, y vestía un caprichoso
- ¿Por qué esa turbación?, me dijo con una expretraje blanco bordado de plata, que hacía realmente sión de afecto y de amargura. ¿Qué culpa tiene usted
luminosa su esbelta figura. Además era una gimnasta de conocer al vizconde?
notable. Admirábala yo entusiasmado como cada
Y sin darme tiempo á replicar, lo que yo le agraquisque, cuando uno de los criados de la compañía decí en el alma, me dió una silla de 4.• fila para el
se acercó y me dijo:
circo y un programa, diciéndome:
- ¿Es V. por casualidad el señor de Moral?, y re- No falte V. esta noche. Estamos de beneficio.
calcó mucho las consonantes de mi apellido.
Cambiamos un estrecho apretón de manos y salí.
- Lo soy por casualidad, le contesté; ¿qué se
Por la escalera bajé leyendo maquinalmente el tal
ofrece?
programa, que entre otras cosas decía: «6. • Grand
- De parte del clown FoLL-FOLL, que tenga V. la succés. - Tlze great attraction, LA PALOMA y EL GAVIbondad de pasar á su cuarto en el descanso.
LÁN, por la inimitable Mis Ligth y el clown Foll-Foll,
No conocía al tal Foil-Foil, pero imaginé que se última creación de vuelos aéreos.»
trataría de asunto de mi profesión, y acudí á su lla. ' .
.
mamiento.
El circo de bote en bote. Los artistas en traje de
Apenas penetré en el cuarto, en cuya puerta esta- fashionable soirée; programas perfumados; ... todo era
ba su nombre debajo de una cabeza de tigre con som- solemne y cursi aquella noche. Yo estuve un momenbrero de copa, me sentí apabullado por un descomu- to á ·saludar á la beneficiada y á su pobre marido;
nal abrazo.
pero había tanta gente, que no hablamos nada.
- Doctor, queridísimo doctor, me gritaba un esLlegó el número 6.° Allá, en el techo del cireo,
cuálido y extravagante clown, ¿no se acuerda V. de una porción de trapecios y cuerdas y poleas formamí? Yo le he conocido á V. en seguida. Le vi á V. en ban un artefacto endiablado. Subieron á él los gimla plancha de riñones, y la emoción ha estado á punto nastas entre aplausos estrepitosos, y comenzaron una
de hacerme flaquear. Si V, se ha fijado habrá notado serie de saltos y vuelos que maravillaban al público.
sin duda con cuánto trabajo he hecho la do111ü1a- De repente, á un sonido de timbre que vino de lo
ción.
alto, se calló la orquesta. El público comprendió que
- Sí, en efecto, le contesté maquinalmente. .
se trataba de un momento solemne del ejercicio y es- ¡Qué ajeno estaría V. de que tenía delante al peró silencioso. El gavilán preguntó no sé qué en inpobre payaso que en Carrascal de Arriba!. ..
glés; la paloma contestó, y los sendos trapecios co- ¡Cómo! ¿V. es? ...
menzaron á columpiarse al segundo balance. Mis
- El mismo, doctor, el mismo.
Ligth se desprendió del que ocupaba, y fué de un

.

. . .

NúMERO 492

VISTA DE UNA GALERÍA DEL CEMENTERIO DE GKNOVA.

vuelo á cogerse sin duda á las manos del clown, que
la aguardaba suspendido del trapecio por los pies;
pero éste, en vez de esperarla, abandonó también el
suyo, y encontrándose ambos en el viaje, se le vió
abrazar á la paloma fuertemente. El público aplaudió frenético, pero se detuvo en seguida con un grito
unánime de horror. Los dos cuerpos abrazados cayeron á plomo á la pista.. . y no se volvieron á levantar.
Cuando volví á mi casa me entregaron una carta
cuyo sobre decía: Para entregar al Sr. vizconde de
.A1***. - Suplicada.
No pude reprimir la curiosidad y la abrí. Contenía
un pliego de papel de luto, en que decía:

El clown Fvll-Fo/, ( antes Alegría) y su seiiora se
despiden para la eternidad.
CARLOS Luis DE Cu1rncA
~~......,........~

EL CEMENTERIO DE GENOVA

•

343

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Siempre he querido á Italia, pero jamás exageré
mi amor hasta convertirlo en culto. En la que llamamos tierra de promisión del arte, n? todo e~ clasicismo: en la patria de las leye~ no _impera siempre el
derecho: en la cuna de la h1stona duerme_ con frecuencia la fáhula: hasta el cielo azul y lum~noso de
su horizonte tan ensalzado por los poetas, tiene nubes y temp;stades. Débese 9-uerer á Italia co_mo á
ciertas amables jóvenes de v~da alegre, es decir, pagando sus caprichos, agradeciendo sus favores Y perdonando sus infidelidades.
. .
Porque es con frecuencia infiel á sus trad1c10nes y
á sus recuerdos nuestra dulce hermana del mar ~editerráneo. Invadióla mal entendida pr~sa de la vida,
h t
'tir
e tranquilamente se instalaran los
as a perm1 qu
d'
á vil precio el
mercaderes en el templo Y ven ieran . .
f . t
belleza la fe en la rehg1ón, el gusto
sen im1en o en Ia
,
1
í tantas otras
en el arte, la inspiración en a poes ª Y
pasados fueron consue1o
del'teadezas que en t"empos
i .
b . l eso de sus trael hombre que, fatigado aJO e P
d
para
.
,
frente
buscan o nuevos
ba1os extend1a la mano en 1a
. '
. d de las miserias perdurables de
honzontes,
a1eJa
os
nuestra vida.
'6
1
De tal verdad hallé patente demostrac1 n e_n e
.
d
uerte llamado Cementerio de
rnmenso campo e Ia m d
ólo imaginable por
Génova, monstruoso engendro sl a noche de deli'
a en pesa
una ment e en1erm
. a y argez quisieron mis
rio. Fuí á visitarlo, Y st a1guna v

(De una fotografía.)

labios murmurar blasfema imprecación contra las
tendencias naturalistas de los genoveses, y si jamás
he sentido latir el corazón con fuerza rebelándose
contra este mortificante egoísmo que todo lo inspira,
fué seguramente allá, donde herida la vista y turbada
el alma, contemplaba la mutación que un pueblo de
mercaderes ha podido hacer de un templo de dolor
en un museo de vanidad.
El nuevo cementerio de Génova, llamado di Staglimo, dista media hora de la ciudad. Vase á él por
las vías Giulia y de San Vicenzo, y se cruzan las murallas por la puerta Romana para seguir un pintoresco camino, limitado en su lado izquierdo por la
Riviera y en el derecho por la montaña llena dejardines, que dominan los almenados muros del recinto.
Delante de ancha plaza se extienden las paredes que
circundan el campo santo, abiertas por innumerables ventanas de arco romano, y desde allí puede la
vista abarcar el conjunto de aquel cementerio construído en el valle del Bisagno, nuevo aún, pues que
sólo data del año 1867, pero ya rebosando los despojos de la vida en los flancos de la colina donde
fué edificado. Un servicio de coches y ómnibus recorre á intervalos el trayecto que media e'1tre la ciudad y su necrópolis.
Llegué á la puerta. Soberbios lacayos con vistosas
libreas galoneadas de plata me recibieron á la entrada y se apresuraron á recoger el gabán que pendía
de mi brazo. Al abrirse el cancel, mi vista se fijó
en un letrero italiano suspendido en el muro de la
izquierda. Fué un consuelo, porque á mí que el sentimiento religioso se me aviva, tauto en el templo
como en el cementerio, y que en mi patria he saludado con amor aquellos dísticos cristianos que la fe
de los creyentes escribe sobre las puertas de los campos santos, y he leído con respeto los versos que á
veces la musa popular allí consigna con su sentida
poesía, quise pensar si era también aquélla una invocación al Dios de la piedad que juzga en otro
mundo la vida aquí extinguida, ó era quizás, como
las exhortaciones de los antiguos sepulcros, una súplica dirigida al viajero para pedirle una plegaria en
favor de los pobres allí enterrados sin haber dejado
en el mundo unos ojos que les lloraran, ni un corazón para recordarles, ni siquiera una cruz que señalase el lugar de su tumba olvidada. Quise leer la invocación, y encontré lo siguiente:

luquerías de segundo orden cuyos propietarios se
sirven de idéntico reclamo para atraer concurrentes.
Es imponente el espectáculo que ofrece aquel fúnebre recinto. La montaña ha sido hábilmente aprovechada en todos sus pliegues é irregularidades para
formar un conjunto tan acabado como bien dirigido.
El cementerio presenta dos diferentes cuerpos. El
inferior, que está al nivel de la plaza, forma ancho
cuadrilátero limitado por galerías de sencillos arcos
romanos: el superior es un cuadrado imperfecto, cuyo
lado de unión con el de abajo está formado por otros
magníficos arcos, en cuyo centro se levanta la capilla.
La natural disposición del terreno permite abrazar
con la mirada las dos partes de aquel campo de blancas cruces, y se necesita tener el alma fría para no
recibir una impresión triste y penosa delante de tanto
despojo humano que pasó por el mundo de los vivos
y ha desaparecido como hojarasca llevada por el
viento. Para mí, la inmensa fosa común que forma
el centro del -cementerio es lo más imponente y severo que éste tiene.
Las galerías laterales sirven de lugar de ~epultura
á los que pueden costearse un panteón. Pero los cuerpos no están enterrados en nichos 6 hipogeos construídos junto á los muros, sino en cuevas subterráneas, y á su lado, arrimados á los pilares 6 á la pared, se hallan los monumentos funera1ios que deben
perpetuar el nombre y la memoria de los difuntos.
Allí todo es mármol, y la prodigalidad con que está
esparcido por at1uel campo santo es evidente prueba
de su abundancia y baratura en el Norte de la región
italiana: aquellas gentes pueden gastarlo en sus moradas, enviarlo al mundo entero, y seguir conservando las canteras de Carrara y Massa, donde apenas se
nota su extracción. Es esta una de las industrias más
lucrativas de la península.
Repítese en estas galerías la eterna historia de todos
los países y de todos los pueblos. Decorando las tumbas se encuentran lazos de gasa, coronas de cristal y
porcelana, ramos de flores, fotografías, farolitos y
tantos otros menudos objetos con que el dolor de las
familias suele siempre acompañar el recuerdo de sus
difuntos. Pero esto es transitorio, endeble, poco duradero: caen los lazos, y las flores se marchitan, y se
descoloran los retratos en menos tiempo aún del necesario para llenarse el inmenso vacío que parece
dejar en el corazón la muerte. Lo perenne, lo que
Se prohibe dar fJropinas.
queda resistiendo la acción destructora de los años
en la vida y puede conservar indefinidamente un
Girando en torno la vista, llegué á creer que había nombre y una memoria al través de los siglos, es la
equivocado el camino, y entraba en una de esas pe- piedra, la estatua, la lápida funeraria, el monumento
;

��LA
erigido por la pena y la desesperación de los vivos
para arrancar la muerte á las garras del olvido.
Resultaría harto larga y pesada la enumeración de
los infinitos monumentos que encierra el campo
santo de Génova. Y no aludo ciertamente á las inscripciones, porque si hubiera de prestarse fe á las
pomposas frases que consignan los epitafios, todas
aquellas gentes fueron modelos acabados y perfectos
de bondad y de virtudes, ángeles bajados del cielo
para dejar en la Liguria la luminosa estela de su paso.
No hay, por de contado, un solo hijo que no haya
sido amantísimo, ni un padre que no se diga cariñosísimo, ni una madre que no sea afeccionada en grado
superlativo, ni un amigo que no se crea el amado
en los corazones de sus amigos: todos los ciudadanos
son nobles y enteros, y los magistrados rectos, y los
artistas genios, y las mujeres ángeles, y los niños querubes. ¡Si hasta se consigna allí, en letras de oro grabadas en el mármol, el nombre de un mercader de
drogas que declara haber sido en sus negocios un
modelo de honradez! Alguien ha dicho que los epitafios son la última de las van~dades del hombre;
pero hemos de creer que los de Géno"'.a superan la
quinta es!!ncia de la humana vanidad.
Desde el punto de vista del arte nada nuevo nos
enseñan los monumentos de aquella necrópolis. La
pequeña capilla votiva rematada en triángulo, que
los antiguos romanos colocaban en todas las vías
sobre sus sepulcros, se repite en relieve al pie de casi
todas las columnas. Hállase también con frecuencia
la urna cuadrada, en forma de ara, que termina con
un friso; y en una palabra, puede afirmarse que los
artífices genoveses se han inspirado sólo en los modelos del antiguo arte de los pueblos del Lacio, pero
teniendo la desgracia de copiarlos con poca corrección y de repetirse hasta la saciedad sin buscar la
discrepancia de una línea.
Más desesperante es aún la uniforme monotonía
de las estatuas y los bustos, que viene á probar con
evidencia cierta cómo en aquel campo de mármol
apenas trabajaron media docena de escultores, procediendo casi todas las obras de tiendas de marmolista. En la legión de imágenes y medallones que pueblan los sepulcros, se observan las caras frías, mudas,
procurando copiar del natural cuyas facciones se habrán medido por milímetros para que no hubiera la
discrepancia de una línea; pero han querido hacer
los retratos artífices que carecían de inspiración para
ello, y han producido aquellas obras sin vida, sin
color, s¡n lograr que un destello del genio bajara á
calentar la fría piedra que debían animar con el cincel. Allí todo es mecánico, hecho como de encargo
y pagado al peso ó al volumen.
Y no sé si debo aún criticar más acerbamente las
composiciones. En ellas no se ha retrocedido ante el
más desnudo naturalismo: no se ha caído en el inmenso ridículo que resulta de llevar al mármol todos
los detalles de la vida moderna, representando á un
agonizante con los anteojos puestos ó á una esposa
desesperada cuya cabeza adorna artístico peinado de
tirabuzones. En algunos casos un artista de mejor
sentimiento ha buscado los efectos alegóricos, esculpiendo al enfermo abrazado á la cruz de la fe ó encomendando su alma á los ángeles de Dios; pero la
ejecución de los grupos es tan mala, que distrae
pronto la atención sin permitir fijarla en algunas ideas
originales esparcidas entre la gran masa de trabajos
comunes.
No creáis que esas estatuas y esos grupos alegóricos y esas escenas de fami)ja tan repetidas en las
galerías de la necrópolis genovesa estén destinadas
exclusivamente á conmemorar la memoria de los
muertos: el egoísmo de los vivos ha llegado á hacer
incurrir á los que gozan de buena salud y están en
la plenitud de sus facultades en la misma última
debilidad que se apodera del hombre al cruzar el dintel de su sepulcro. La imagen del difunto está allí,
en varias apoteosis, encerrada en un medallón ó saliendo entre los sudarios de su lecho mortuorio; pero
también en torno suyo, con el pretexto de acompañar al que se va ó de visitar su tumba, se encuentran
en muchos monumentos los retratos ó las estatuas
de sus parientes, ufanos, erguidos, contentos al parecer por mirarse ya esculpidos en mármol al igual de
los- grandes hombres, aunque sólo tengan por sitio
de exhibición.el cementerio. Es triste la explicación
de tal proceder, porque involuntariamente trae á la
memoria cómo al día siguiente de haber visitado la
muerte su domicilio, aquellos adoloridos hijos, hermanos y esposas habrán ido á la galería fotográfica
vec~na con su mejor vestido y su peinado más nuevo
para dar como modelo al escultor un retrato de última moda.
En el centro del cementerio y á la mitad de la galería que separa los dos cuerpos que lo constituyen,
se levanta una capilla formada por una sencilla ro-

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

tonda de orden griego, que por dentro sostienen costosas columnas monolíticas de pórfido negro. También es un lugar de enterramiento, habiéndose desmontado la tierra en el interior hasta la línea de sus
cimientos para formar dos líneas de vasos sepulcrales. El espíritu de vanidad que presidió la construcción del cementerio de Génova, quiere reservar aquel
sitio para inhumar las cenizas de las celebridades
patrias, convirtiéndolo en especie de panteón de los
genios genoveses que aún no han aparecido en su
historia municipal.
He tenido el cuidado de hacer algunas salvedades
cuantas veces me ha ocurrido hablar de los escultores
cuyas obras se hallan en las galerías del cementerio
genovés. Creo haberme referido hasta aquí á la inmensa masa de marmolistas que figuran formando
sus obras en lugar más aparente y con caracteres más
visibles de los ocupados por los mismos epitafios de
los monumentos que ejecutaron. Pero á su lado, aunque jamás confundiéndose con ellos, se encuentran
algunas obras de mérito, que como las de Costa, consuelan la vista fatigada por las miserias de la vida y
de la muerte reunidas en aquel recinto. El sepulcro
del marqués de Taliacarne es digno de toda atención.
En este campo santo duermen el sueño de la eternidad dos hombres ilustres en la historia de las modernas guerras y revoluciones italianas: dos genios,
pensador el uno y de acción el otro, que más han
agitado la península en los últimos treinta años: son
José Mazzini y Nino Bixio. La tumba del primero se
halla en la parte superior, á la derecha, volviendo la
espalda al río. La del segundo se encuentra al lado
de la puerta de la capilla.
No pude reprimir mi emoción al ver sobre el fondo negro de la marmórea lápida el nombre de Nino
Bixio, escrito en caracteres de oro y cubierto por
grandes ramos de mustias flores. Cuando niño, me
habían entusiasmado los hechos de armas del heroico marino, que fué segundo comandante de la legendaria expedición de los mil, dirigida por Garibaldi
contra Sicilia; y siempre recordé el famoso desembarco de Marsala, el combate de Calatafimi, el asalto
y la toma de Palermo, las operaciones en la Calabria,
la respuesta dada por el mismo Bixio á un amigo que
le pedía informes de su salud, diciéndole: «me han
honrado el cuerpo tres balas enemigas en Roma, una
en Palermo, dos en Reggio y me he roto la pierna al
pasar el V:olturno.» Algunos años más tarde me hallaba un día en una de las islas del archipiélago malayo, y vi pasar por el lado de mi bordo, con la bandera á media asta en señal de luto, el buque que
conducía el cadáver de Bixio desde las tierras de Sumatra, donde fué víctima del cólera, á las de Italia,
que reclamaba sus mortales despojos. Y allí en aquel
rincón del cementerio de Génova reaparecía otra vez
el héroe en el fondo de su sepulcro, para recordarme
cómo pasaron los años de mis entusiasmos patrióticos
por las campañas italianas, y se extinguieron mis juveniles ardores por los viajes á la remota región del
Extremo Oriente.
.
Salí. Al cruzar la puerta me pidieron que escribiera mi nombre en un libro, como suele hacerse en
algunos museos particulares para enterar del número y calidad de los visitantes al dueño de la casa. Y
los lacayos de la entrada, que supuse serían los guardianes de aquel museo de momias frescas, abrieron
sombrero en mano la portezuela de mi coche, me
devolvieron el gabán y se retiraron saludando agradecidos y sin duda alguna riéndose del famoso bando municipal que les prohibe recibir propinas. No
espero volver á aquel cementerio; es el lugar que
peor impresión me ha causado en mis viajes por la
bella Italia.
EDUARDO TODA

NUESTROS GRABADOS
Después del baile, pintura al pastel de Maximino Peña (Exposición de pasteles y acuarelas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid). - Es este joven pintor uno
de los más aventajados dísdpulos del malogrado Plasencía, á
quien debe, sin duda alguna, aparte de sus cualidades personales, la buena escuela que cultiva. Durante su pensionado en
Roma, díó muestra con el cuadro titulado Carta del lujo amente de sus aptitudes y justificó la distinción de que fué objeto
por la Diputación de Soria, su país natal. Los premios alcanzados en la Exposición de Bellas Artes de 1887 y en la celebraua por la Asociación de escritores y artistas prueban que á
Peña no le aturdieron los primeros triunfos, sirviéndole de estimulo para proseguir sus estudios. El precioso pastel que figuró en la última Exposición que de este género de pintura celebró el Círculo Artístico de Madrid acusa en Peña cierta maestría en este poco cultivado procedimiento, aparte de la elegancia
en el trazo y la fresca y atinada combinación de tonos, díficíles
de obtener, sí el artista carece de la base que exige un arte que
por ser esencialmente bello es tan complejo.
Sueños de niño, cuadro de José M. Tamburini
(Salón Parés). - El precioso lienzo titulado Suellos de niflo, inspirado en los dos versos de Vlctor Hugo: &lt;el l'enfant qui réve -

NúMERO

492

NúMERO

492

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

347

fait des reves d'or,» es á nuestro juicio la nota más sentida y
mejor interpretada de las cinco que ha expuesto recientemente
Tamburini en la Galería Parés. Considerada como manifestación pictórica, no titubeamos en calificarla como bellísima.
La posición del niño dormido, su agradable escorzo, la maestría con que están tratadas las telas, que en parte cubren su
cuerpecito, las doradas nubes que sobre él flotan, la luz hábilmente combinada y los tonos claros y brillantes resaltando
sobre fondo; claros también, denuncian escollos diestramente
-o-encidos, adivinándose los sueños que embar¡:an la infantil
imaginación del niño. Aquí demuéstrase el artista tal cual es,
pint6r por la forma, poeta por el sentimiento.
Húsar de la Princesa, pintura al pastel de
Marcelino U~ceta (Exposición de pasteles en el Circulo Artístico de Madrid), - Conocedor Marcelino Vnceta de
cuantas incidencias constituyen la vida militar, ha logrado avalorar sus cualidades artísticas, superando en el especíalísimo
género á que se dedica a l malogrado Balaca y á otros dístíngiiídos pintores, á quienes nuestras contiendas civiles ó las gloriosas campañas de nuestro ejército inspiraron composiciones
patrióticas de grande é imponente efecto.
Las excelentes ilustraciones del libro /,{is memorias Intimas,
del General C6rdova, los cuadros titulados: En Mendigorrla, la

Bendición de las tropas espailolas por el 1'ontljice Pío IX en
Gaeta, de belllsima perspectiva y atinada composición, prego•
nan, al igual que el gran lienzo en donde recuerda Unceta uno
de los hechos más interesantes de la primera guerra civil, En
los campos de Gráa, su relevante mérito como pintor militar, ya
que aparte de la elegancia y seguridad que se observa en todas
sus composiciones, nótase también el carácter, sin cuya condición no podr!a figurar su autor en primer término en el número
de los pintores españoles que cultivan este género.
La obra que reproducimos, quizás la única que ha llegado á
figurar en una Exposición, es digna del pintor aragonés, sobre
todo el cabal lo, que es un dechado de estudio y ejecución.
La noche, cuadro de Renard, grabado por
Ba.ude (Salón de París de 1891). - La pintura alegórica no
puede en los tiempos actuales sustraerse del todo á la influencia
de las tendencias imperantes, y aun con ser el género que mejor
se presta á perpetuar la tradición artística, va sintiéndose atraÍ•
da por el modernismo y se somete de tarde en cuando á proce•
dímíentos que antes parecian impropios de ella. Al desnudo
antiguo, que en el dfa tantos menosprecian, por convicción
unos, por impotencia los más, sustituyen algunos artistas los
tocados de irreprochable novedad, y aplicando al todo lo que
en esta•parte hacen, buscan en la composición más bien la impresión simpática que el efecto grandioso.
No aplaudimos ni censuramos el sistema: éste tiene sus ventajas y sus inconvenientes; pues si bien algunas veces empequeñece lo que por su propia índole debe ser grandiosamente tratado, otras, en cambio, presta mayor poesía y sentimiento á los
asuntos y permite tratarlos bajo una porción de aspectos que
la vaguedad de la antigua alegoría difícilmente podría reproducir.
Sugiérenos estas reflexiones el precioso cuadro que reproducimos y que figura en el actual Salón de Par!s. La 11od1e de
Renard, que desde el punto de vista de la factura es una maravilla, no es la noche que convida al reposo, ni la que conturba
el ánimo con extravagantes temores; es la noche que nos inun•
da de melancolía, trayendo á nuestra memoria tristes recuerdos,
la que hace vibrar con más fuerza las sensibles fibras de nuestro corazón. El procedimiento de esta pintura es moderno; sin
embargo, ¡cuán poco se echan de menos al contemplar esa imagen de la noche las creaciones más grandes sí, pero no mejor
sentidas, que sobre este mismo tema produjeron antiguos pinceles!
La Semana Santa en el Monasterio de Montserrat (De una fotografía). - Los que hayan presenciado una
ceremonia religiosa en el hermoso santuario de la milagrosa
Virgen, patrona de Cataluña, difícilmente olvidarán la ímpre•
síón que en el ánimo causan tales solemnídadei:, celebradas con
una pompa y un fausto que más de una gran basflica envidia•
ría, en aquellas agrestes montañas donde el alma se siente más
cerca del cielo y donde brotan del corazón las más fervientes
plegarias. La escena &lt;¡Ue el grabado representa es la procesión de
Semana Santa: á las fiestas que entonces se celebran en Montserrat acuden fieles de todas partes y el espectáculo que ,1lí se
ofrece es grandioso: la religión y la naturaleza parecen haberse
combinado para hacer comprensible á la limitada inteligencia
del hombre la idea de lo sublime .
Doña María Pacheco, viuda de Padilla. Aniversario de la batalla de Villalar, cuadro de
G. Olairin, grabado por Baude (Salón de París de
1891). Uno de los tipos de mujeres más interesante de nuestra
historia es el de Doña María Pacheco, esposa de don Juan
Padilla, el insigne caudillo de las Comunidades, ajusticiado con
sus dos ilustres compañeros después de la batalla de Villalar.
Al morir su esposo, púsose Doña María al frente de losComu•
neros, y tras sangrienta lucha logr6 para Toledo, último baluarte de su causa, una capitulación gloriosa ; mas á poco de firmada ésta, perseguida por los imperiales, hubo de huir á Portu•
gal, en donde termin6 sus dias.
El pintor francés Clairin la representa orando en el templo
el día del aniversario de Villalar, acompañada de tus damas.
El cuadro e~ interesante por los recuerdos que despierta,
por el sentimiento que rebosa y por la indumentaria que en él
se exhibe: su ejecución es intachable, y como composición demuestra que el autor estudió con cariño el asunto y los personajes, y que supo sentir bien la dramática escena destacando
la figura principal y agrupando las secunclarias con gran acierto.
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy

L A EVIDENCIA. -

Cuando se ba visto una sola vez
la acción maravillosa de la CREMA SIMÓN en las grietas,
tUceras, barros y saba11oms, se comprende que no hay coldcream más eficaz para la conservación de la piel. Los POLVOS
DE ARROZ y el JABÓN SIMÓN completan estos felices efectos.
Evitar las falsificaciones extra,!J°eras, exigiendo la fumaS/1,fON,
rttt de Provmce, 36, París. Depósito, en todas partes.

JABON REAL

¡v:r:oLETI
Único I,u,,t1tor

JABON

29,ttdealtalieaa,Paris VELOUTINE
1eGOa11"4oa tor autoriutea aki"' pua la iicltte 4• la Plll 1 lollua (el Collf

oETHRIDACE

La niña quedó sobre el césped ... (pág. 348)

CUENTO DE AMOR
POR PABLO MARGUERITE. - ILUSTRACIONES DE ROCHEGROSSE

( CONTIN U ACIÓ:-1)

Cuando Mite, el bufón del príncipe, vió todo aquello, comenzó á lamentarse, 1
II
llorando á lágrima viva; y como todos se extrañaran, dijo que no le faltaba razón
para llorar, puesto que su señor era bastante sabio para desdeñar la vanidad de
LAS ESTACIONES
las matanzas, de las orgías, de la devoción y del poder, y bastante loco para
rehusar el bien supremo, el único por el cual valía la pena vivir: el amor.
LA PRIJ\IA VERA
Estas palabras no dejaron de perturbar al príncipe, que aún se conservaba en
La primavera, más fresca que una joven doncella, contemplaba en los ríos
el estado de la inocencia, y muy pensativo, comenzó á reflexionar. «¡El amor!,
se decía ... Verdaderamente, los poetas le suponen esencia divina, y adórnanle los círculos sonrosados de sus pechos henchidos al reflejarse en las aguas; estremecíase con suavidad bajo las blondas vivientes de su vestido de follaje, y suspiraba lánguida con los ojos inundados
de sol. El astro del día y el oro verde de los bosques invitaban á la meditación y á los viajes.
1
t
Cierto día que el p~-íncipe había ido á pasearse solo, se ex¡
i travió,
y á fuerza de andar errante llegó ante un castillo ro~
( 'i)-.'&gt; deado de un parque y circuido de muros coronad,os de alhelíes amarillos, pero sin puertas ni verjas. Ayudándose con
pies y manos, trepó á las piedras y saltó corno un ladrón. Un
-,.
q
grito de espanto resonó en el mismo instante; á sus pies
.,.
'
?
.
yacía sin sentido una preciosa niña, y en ella admiró su se,? •
doso cabello, su boca entreabierta que dejaba ver blanquísi, ' )
,,-. r.
,,1~,
.• ~ mas perlas, sus piececitos y su vestido de plata. Para hacerla
volver en sí, llamóla con ternura, humedeció sus sienes y
acercó
á su nariz un frasquito de sales de Arabia; mas viendo
í?
que esto no producía resultado, osó depositar un beso en el
~
rostro de la joven, que al punto despertóse y sonrió.
- ¡Ah!, exclamó, os esperaba. Las cartas han pronosticado
-.._,;
á mi nodriza que un príncipe me amaría; me llamo Eisa, y
soy huérfana. La liberalidad de un tío desterrado me mantiene en estos lugares, donde jamás he carecido de nada. Anti,R:~•(O'..,- c¡;,x, -guos servidores me cuidan, y no recibo á nadie. El aire de
este país es suave para mí; en otra parte tal vez no podría
vivir, pues debo advertiros que soy muy delicada, ¡ay de mí!,
hasta el punto de que una emoción podría matarme.
Y con infinita gracia ofreció su mano al príncipe, que la
Mientras la tierra parecía aletargada por un vapor, él vagaba errante ... (pág. 348)
besó.
- ¡He aquí mi nodriza!, dijo de pronto la joven.
de maravillosos atributos, asegurando que es más suave que incie~so, la rosa j Una anciana acudía presurosa, con expr~~i~n de enojo; pero va~ias protestas
y la miel. Los libros no hablan de eso sin misterio, y los ancianos sm mover la y regalos la calmaron, y entonces los tres dmg1éronse hacia el castillo, donde se
cabeza. ¿No será una extraña quimera? ... Si todas las vías conducen á la nada, sirvió una colación. Cuando el príncipe hubo descansado un poco, despidióse
seguramente me aplaudiría mi bufón si yo eligiera la más misteriosa, para llegar y se fué por el mismo camino que siguiera para entrar.
á la muerte á través dr:l amor. ¿Pero existe en realidad? En tal caso, ¿qué es?» 1 Desde entonces volvió todas las mañanas; su caballo golopaba locamente,

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LA

ILUSTRAClON

ARTÍSTICA

NúMERO

492

aguijoneado por la espuela; las aves trinaban á la luz del sol; un perfume de
lilas y madreselvas se difundía por el aire; el trigo ostentaba sus espigas, y en el
césped las gotitas de rodo brillaban como cristal. Apenas llegado al castillo, el
príncipe, después de atar su caballo á un árbol, franqu;aba el muro: allí estaba
Eisa esperándole.
Así pasaron juntos momentos deliciosos: algunas veces, encerrados en· aquel
retiro, Eisa enseñaba al príncipe sus muñecas y estampas, luciendo después su
habilidad en el clavicordio, ó bien paseábanse en el parque, donde ella cogía
para él flores, asfodelos, ciclamas y lirios. Como niños, hadan sus meriendas
con dulces y confites y jugaban al volante ó á cualquiera otra cosa. Si se cansaban, iban á reposar bajo espesuras de follaje, ó visitaban los corrales, entreteniéndose allí con los conejos blancos, ó dando de comer á los patos azules, á
las tórtolas de melancólico arrullo y á los pavos reales, que desplegaban su magnífica cola en forma de abanico.
El sitio predilecto de los jóvenes era el verjel; la hierba suave estaba sembrada de violetas, y los árboles parecían cubiertos de una nieve odorífera; allí
se veían mezclados los albérchigos de color de rosa con los cerezos blancos, los
ciruelos, manzanos y perales, todos en flor y visitados de continuo por las avecillas y las abejas.
Mas por grande que fuese el placer que el príncipe experimentara junto á
Eisa, no se creía feliz. Las noches, que se·acortaban ya, paredanle más largas,
pues no dormía; cierta languidez amortiguaba su alma, y acosábanle deseos, sin
que supiera cómo remediarlos. También se notaba un cambio en Eisa; tan
pronto palidecía como se sonrojaba; ya no se la veía sonreir; aquejábala un malestar indecible, y á veces apoyaba la mano sobre su pecho para reprimir el
lalido de su corazón .
.. .Y cuanto más tiempo transcurría, mayor era la angustia de los dos.
El óltimo día de primavera, á la caída de la tarde, Eisa y el príncipe, después
de vagar acá y allá durante horas enteras, penetraron poseídos de inquietud y
melancolía en el verjel blanco de los aromas de miel, por donde pasearon silenciosos. Eisa temblaba, porque las miradas del príncipe eran singulares. Su amor
les embriagaba como un amargo perfume.
- ¡Eisa!, murmuró el príncipe.
La joven sintió que le estrechaban las manos, y obscurecióse su vista.
- ¡Eisa!, repitió el príncipe con apasionado acento.
Y arrebatado, estrechó á la joven, palpitante como una avecilla que la mano
del cazador ahoga.
- ¡Ah!. .. murmuró la joven.
Esta fué la única exclamación que exhaló su pecho; su pequeño corazón dejó
de latir, y desfalleció.
El sol se ponía; en el agua de los estanques veíanse sonrosados reflejos.
- ¡Dios· mío!, exclamó el príncipe.
Y permaneció largo tiempo arrodillado, con los ojos llenos de lágrimas; pero
como la muerta no despertase, levantóse poseído de espanto, y huyó saltando
por el muro como un ladrón. La niña quedó sobre el cesped, y durante toda la
tarde, las flores del albérchigo cayeron sobre su cuerpo como copos de nieve,
mientras los ruiseñores entonaban sus cantos á modo de oración fúnebre.

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Ella enseñaba al príncipe sus muñecas y estampas.. , (pág. 348)

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fuera de e&amp;tas ocasiones vivía invisible y pensativo en su·palacio (pág. 331)

EL VERANO

El emperador, desesperado, convocó á los médicos más famosos (pág. 332)

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

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NúMERO 492

Danrlo tregua á su desesperación, el príncipe se lanzó á los placeres, y cuanto más
violentos y terribles eran, más le agradaban.
Reunióse con jóvenes libertinos, jugadores
insensatos, á los cuales aventajó; quiso conocer la embriaguez de la mesa, la exaltación
producida por los vapores del vino, y la voluptuosidad de digerir, con el vientre repleto
de manjares delicados, presidiendo tumultuosas orgías donde á veces corría la sangre
después de las contiendas. Allí había mujeres muellemente echadas en lechos de flores,
que reían y aplaudían al más loco. Ninguna
de ellas hada palpitar su corazón; mas como
era preciso elegir una, fijóse por lo menos
en la más hermosa, llamada Zafira.
Era alta y blanca, con el cabello rojizo;
sus ojos tenían la pureza de las aguas de una
esmeralda, y de su cutis cxhalábase un perfume de azahar. Apta para desempeñar todos
los papeles, sabía transformarse según los
caprichos, halagar las pasiones y encender
los deseos.
El príncipe iba con ella al río para recorrerle en una barca sin remos: echada á sus

pies, Zafira cantaba, tocando la dtara; y con un sedal pescaba brillantes peces
de escamas de oro y de nácar. Por la noche daban bailes en jardines; las músicas se oían desde lejos y las luces se duplicaban en el agua; por la mañana
galopaban por el bosque á caballo uno junto á otro, y con frecuencia permanecían encerrados en un pabellón chinesco, donde tomaban sorbetes ó entreteníanse con los perritos de
Zafira, que llevaban por collar ligas de seda.
Pero antes de terminar
los meses de julio y agosto,
el príncipe comenzó á experimentar un hastío supremo.
Pálido, macilento, gastado ya en su juventud, no
sentía el ardor de las llall,las
del verano. Mientras la tierra parecía aletargada por
un vapor, él vagaba errante, indiferente á los ardientes rayos del astro del día,
á la magnífica eflorescencia
de las rosas, al esplendor
de los frutos, al misterio de
los nidos y de las avecillas que incubaban sus huevos y á la metamorfosis de
los insectos. ¿Qué le importaba que en los campos se cosechasen las avenas, ni
que los trigos presentasen ya sus doradas espigas?
Con el transcurso de las horas su hastío se acrecentaba.
Ya no hablaba con nadie; había despedido á sus compañeros de orgía; su
única distracción reducíase á formar enormes ramos de heliotropos ó de tuberosas, que ponía en su habitación por la noche para soñar. Sus pesadillas eran
fúnebres, extravagantes, y en una de ellas parecíale ver á su amante sin afeites,
convertida en una vieja de quinientos años, y verse á sí mismo viejo, horriblemente viejo.
Cuando hubo terminado el verano, dijo á Zafira: «¡Vete!~
EL OTOÑO

El príncipe quiso viajar, cruzó por reinos y ciudades, tierras estériles y llanuras, altas montañas cubiertas de bosque, caudalosos ríos, y cuando estuvo can•
sado detúvose á orillas del mar.
- ¿Qué es, preguntó á unos campesinos, aquella torre de piedra custodiada
por soldados?
- Allí, contestáronle, vive prisionera
una dama que ha cometido espantosos
crímenes, y circula el rumor de que muy
pronto será decapitada, á menos que
nuestra reina, en su infinita bondad, la
deje podrirse viva en una prisión eterna.
Estas palabras picaron vivamente la
curiosidad del príncipe, que no se dió
punto de reposo hasta haber sobornado,
á fuerza de dinero, á los guardianes de la
torre. Por ellos supo que la dama, llamada
Bruisinda, era muy hermosa; que había
envenenado á su marido y á otros dos
señores, y que esto tenía poca importancia, comparado con otros espantosos crímenes más increíbles que se le i¡nputa•
ban. El príncipe quiso verla, y los carceleros consintieron en ello.
La entrevista se verificó en un peque-

349

fío parque: una brisa h1imeda, bajo un cielo
nebuloso, agitaba las copas amarillentas y
purpóreas de los árboles; las hojas secas cubrían el suelo ó nadaban en 'las aguas estancadas; cierto olor tibio y desagradable exhalábase de la tierra húmeda, é infundía pro•
funda tristeza, formada de presentimientos y
de amargos recuerdos. Una mujer vestida de
luto, alta y pálida, con espeso cabello negro,
y entregada al parecer á una fría contemplación, se adelantaba con lento paso, melancólica como el otoño. El príncipe se presentó, inclinóse ante ella y se ofreció á
servirla.
Cuando la dama supo quién era, dióle gracias en términos sencillos y elevados, é hízole comprender que se alegraría mucho de volverá verle. El príncipe
accedió, y así llegaron á ser amigos.
Todos los días la acompañaba al parque y hasta su aposento, que era grande
y redondo, con barrotes en las ventanas; pero jamás hablaron de la prisión, de
la próxima sentencia ni del pasado de Bruisinda. La dama se mantenía muda,
misteriosa é inexplicable sobre este punto; y tal vez el príncipe la prefirió así,
grave y enigmática, en el esplendor de su hermosura y de su fuerza, adornada
con el prestigio fatal de crímenes sin nombre, de los cuales no parecía arrepentirse, pues siempre llevaba alta la frente.
¡Cuántas horas pasaron juntos, silenciosos, escuchando el silbido del viento,
viendo cómo palidecía el sol, frío ya, cómo crecían los ríos por efecto de las
las lluvias y cómo se desprendían las hojas de los árboles! Las golondrinas
habían desaparecido, los insectos se morían y las blancas heladas extendíanse
sobre la llanura. El otoño tocaba á su fin.
El príncipe no dejaba de pensar en la suerte
reservada á Bruisinda; una especie de horror
sagrado ponía de punta sus cabellos al pensar
que una detención perpetua ó la muerte amenazaban á la dama; y como había sobornado
á sus carceleros y guardianes, propósole huir;
pero Bruisinda rehusó.
Entonces amenazóla con apelar á la violencia, la sacada de allí á viva fuerza con el
auxilio de hombres armados: Bruisinda contestó que sólo estrecharía entre sus brazos un
cadáver, si tal hacía, y que estaba resuelta á
sufrir el castigo, cualquiera que fuese. El príncipe envió correos á la reina, in timándola con
súplicas y amenazas de guerra á poner en libertad á la prisionera; y ya se disponía á ir á
verla en persona, cuando una tarde llegaron
mensajeros portadores de la sentencia de
muerte.
La ejecuci6n de Bruisinda debía efectuarse al amanecer del d[a siguiente, y
en vano el príncipe le suplicó que le permitiera salvarla. No hubo más remedio
que presenciar, impotente, los fúnebres preparativos.

�LA ILUSTRACIÓN

cista, planteándose el siguiente dilema: si elijo con·
SECCIÓN CIENTiFICA
ductores delgados para transmitir la electricidad á
distancia y la tensión es muy grande, sólo puedo conLA CASCADA DEL NIÁGARA Y LA ELECTRICIDAD
ducir por ellos una pequeña parte de la corriente y
En el discurso que como presidente del lron and , por ende surtir de fluido á un distrito reducido; si
Steel Institute pronunció en 1877 el sabio Guillermo \ por el contrario empleo conductores de un diámetro
Siemens, decía, á propósito del aprovechamiento de relativamente grande, podré lograr mi objeto; pero

1.

-Aprovechamiento de la catarata del Niágara como fuerza motriz para la industria

CLORÓSJS . -

ANÉMJA. -

35 1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

plata sobredorada á los premiados en concurso general y á las personas que hayan prestado servicios á
las ciencias.
La Asociación, que hasta ahora había tomado para
sus medallas el modelo de las monedas, cuenta hoy
con una medalla propia, que es la que reproducimos
y que ha sido grabada por M. Roty, miembro del
Instituto. El anverso representa á la Francia, de luto

y conducida por la ciencia, que después de los desastres de 1871 le hace entrever una nueva aurora, el
renacimiento por la industria y el trabajo: la figura
del reverso es la imagen de la ciencia, de la poesía,
del pensamiento idealizado. La medalla lleva como
exergo la divisa de la Asociación: «Por la ciencia,
para la Patria.))
(De La Natttre)

LINFATISMO

El P roto-Ioduro de ffierro es el repar a dor de la sangre,
el l ortiflcan te y el m icr obicida por excel en cia.

11Jarabey las Grajeas eooproto-iodurode lierro de F. Gille,
no f)Odrian ,er dema.tiado recomemtado.s en ratdn CU , u pure:a qulmica, df

,u inalterabtlidad v de 1w ,olubilidt1d comtant,.s.
(llac,ta de IOI Bo,pitalt!).
DEróSITO GENERAL: 45. Rue "'._auvllllers~!ARIS. o,p11sitoen todas las hrmatias.

1

Las principales dificultades estriban en la perforación del tune! en la roca dura por donde se despeña
la catarata del Niágara. La Sociedad, después de rechazar multitud de proyectos poco prácticos é impracticables propuestos por algunos 'inventores que
pretendían montar ruedas hidráulicas en la roca detrás del salto de agua, se ha ·atenido á una instalación
copiada de la que en la catarata del Rhin tiene establecida la Sociedad de Aluminio de Neuhausen,
es decir, un túnel que comenzando sobre la catarata
termina debajo de ella cerca del puente colgante. El
túnel, cuya dirección marca la línea de puntos del
grabado fig. 1, corta en línea recta el grupo de rocas
que estrechan el río, se hunde en la tierra á una profundidad de 48 metros y se comunica con el río, en
su parte superior, por medio de un canal abierto. De
suerte que forma una especie de atarjea de descarga
colosal para el agua que procedente del canal llega
hasta ella por los tubos de desagüe, como lo indica
la fig. 2 . El salto de agua ha de mover las turbinas
dispuestas al extremo de estos tubos y cuya fuerza
podrá utilizarse de mil distintos modos. El túnel se
calculará de manera que el salto de agua pueda desarrollar una fuerza de 120.000 caballos, de los que
en un prtncipio sólo se utilizará una pequeña parte, y

dado el precio elevado del cobre, la corriente que por
ellos transmitiese resultaría más cara que si se produjera en el mismo lugar por · medio de máquinas de
vapor, y no hay industrial que por amor á la ciencia
acepte la fuerza conducida desde gran distancia si
no le resulta más barata, ó por lo
menos á igual precio que la que hasta ahora le ha facilitado el carbón.
Para realizar el pensamiento de Sie·
mens, precisa descubrir ó un mate·
rial conductor muy barato ó un medio que permita llevar sin peligro
alguno á lugares habitados una corriente de gran tensión en conductores de pequeño diámetro. Quizás
los transformadores estén llamados
á dar al problema la solución deseada.
Dados estos obstáculos, quedaría
la posibilidad de surtir de fluido á
las industrias establecidas dentro
Medalla de la Asociaci6n francesa para el Fomento de las Ciencias
de un radio relativamente pequefio
y próximo á la catarata del Niágara; pero también esto tiene sus dificultades, como aun ésta no toda para producir electricidad, sino t~mlo demuestran las muchas tentativas que con des- bién para comprimir aire y para impulsar las transgraciado éxito se han hecho; dificultades que no misiones por cables. La Sociedad piensa también
nacen de la electrotécnica, sino de las circunstan- conceder á los empresarios que lo soliciten permiso
cias de lugar. Las grandes industrias, obligadas para colocar tubos en el canal é instalar en ellos alhasta ahora á ser tributarias del carbón, se gunas turbinas, de suerte que no se trata de un mohan concentrado lo más cerca posible de nopolio.
La empresa de aprovechamiento de la catarata del
las cuencas carboníferas, al paso que las
pequeñas han atendido para su estableci- Niágara como fuerza motriz diferénciase de otras
miento, no á la mayor ó menor baratura del análogas en dos puntos esenciales: primero, en la
carbón, sino á otros factores para ellas más fuerza inmensa de que allí se dispone y que no es de
importantes. Las cuencas carboníferas y las temer que se agote nunca, tanto menos, cuanto que
residencias de las pequeñas industrias no el agua que se trata de tomar apenas llega al cuatro
suelen estar cerca de las cascadas, y de aquí por ciento ·de la masa total que por allí circula; y seque para poder utilizar la fuerza de éstas se- gundo, en que las diferencias de nivel del río no han
ría antes preciso que en sus cercanías se de ser sensibles: la altura de las aguas del Niágara
emplazaran las instalaciones industriales que es casi constante, porque este río es el desagüe de
hubieran de aprovecharla. Esto exige mu- una serie de grandes mares interiores, en los cuales
cho .tiempo, y además sólo es factible cuan- el mayor ó menor capdal de los afluentes no ejerce
do se ofrecen á los industriales tales ven- más influencia que la de los ríos en el Océano. El
tajas, que por sí solas basten á. desvanecer caudal de agua que lleva el Rhin en Schaffbausen,
todas las dudas que pudieran ofrecerse. presenta, por el contrario, notables alternativas.
Estas ventajas previas difícilmente las ofre(Del Promethezes)
ce la electricidad producida por la fuerza
del agua, pues si bien es muy cómoda y de
***
fácil manejo no resulta más barata que los MEDALLA DE LA ASOCIACIÓN FRANCESA PARA EL
Fig..2 . - Secci6n de la instalaci6n proyectada para el aprovechapequeños motores de vapor ó de gas. Por
FOMENTO DE LAS CIENCIAS
miento de la catarata del Niágara como fuerza motriz. A. Tu•
esto las instalaciones que reciben de punbos de calda. B. Turbinas.
Esta Asociación, cuya importancia es bien conotos distantes la corriente eléctrica destinada
á hacer funcionar una fábrica ó á producir cida, tiene por objeto el,progreso del país por el imcant!dad de electricidad ~ada á una determinada dis- , luz eléctrica son muy contadas y se limitan, en ge· pulso dado á las ciencias y á todas las aplicaciones
tanc1a; pero en la práctica surgen tales dificultades, neral, á las cataratas en las cuales, como en la del industriales, promoviendo una emulación entre los
que ante ellas se ve obligado á detenerse el electri· Rhin, se crea una nueva industria, ó á los puntos sabios y facilitando la tarea de éstos. Para ello ha

los 16.800.000 caballos de fuerza de la cascada del
Niágara, lo siguiente: «Andando el tiempo se encontrarán medios eficaces para transmitir la fuerza á
grandes distancias, y no puedo menos de llamar en la
ocasión presente la atención sobre un medio que, á
mi ver, es digno de ser estudiado: me refiero á los
conductores eléctricos. Utilizando la fuerza del agua
para poner en movimiento una dinamo, se produci·
rá una gran corriente eléctrica que podrá ser llevada á
largas distancias por medio de un conductor metálico de grandes dimensiones, y allí nuevamente utilizada para mover una máquina electro-dinámica, ó
para hacer brotar la luz de los carbones de las lámparas eléctricas, ó para promover la separación de
metales mezclados. Un conductor de cobre de tres
pulgadas de diámetro podría transmitir á una distancia de 50 kilómetros una fuerza de algunos miles
de caballos, que sería suficiente para proporcionar
una fuerza lumínica de 2 50.000 bujías, ósea lobastante para alumbrar una ciudad medianamente po·
pulosa.»
Por desgracia las esperanzas de Siemens no se han
realizado todavía, por más que desde entonces acá
su grandioso pensamiento haya hecho notables progresos hasta el punto de no ser hoy considerado
como una utopía, cual lo era en la fecha citada es
decir, hace catorce años.
'
En teoría nada se opone á la transmisión de una

LA

492

organizado conferencias anuales en París durante el
invierno, y en el período de vacaciones celebra un
Congreso en todas las ciudades de Francia que lo
desean. Además la Asociación facilita subvenciones
que varían de 12.000 á 15.000 pesetas á los sabios que
han de hacer investigaciones costosas ó realizar trabajos complicados que necesitan aparatos dispendiosos, y por último distribuye medallas de plata ó de

en donde es casi imposible la adquisición del carbón de piedra.
De lo dicho se desprende que no tenemos mucha
confianza en la primera empresa que en grande escala se proyecta para utilizar las cataratas del Niágara: por esta misma razón admiramos más á los
atrevidos empresarios que se disponen á realizar obra
de tal magnitud, á pesar de las pocas probabilidades
de ganancia material que ésta les promete.
Sin embargo, existe ya en la catarata del Niágara
un canal de derivación que suministra fuerza motriz
á unos cuantos molinos; pero como la fuerza no es
conducida á gran distancia, este canal no tiene ninguna importancia técnica. En cambio, tiene gran
importancia, entre otras cosas por la calidad de las
personas que están al frente de la misma, la Niagara Talls Power Company, fundada en 1886, que
ahora, después de vencidas grandes dificultades, va
á emprender enérgicamente el negocio, al decir del
Scientijic American.

Fig

N ú MERO

NÚMERO 492

ARTISTICA

-

LAIT !~TtPDÉLIQUI -

LECHE AN TEFÉL

,m •11,wlla ,n

1111, l isipa
B, LENTEJAS, T EZ ASOL
ARJ'ULLIDOS, TEZ BARROS
ARROGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJ ECES

JARABE Y PASTA
de H. AUBERGIER

i

coa LAOTVOJ.JLtuK (Jugo lechoso de Lechuga¡
.Aprobado• por la Academia de Medioizaa de Parle• wertadoe en la CoJección
, Oficial de Fórmula• Legal.. por decreto muú.elerlal de 1 O de Marso de 185-4,
e Una completa 1nnoculdad, una encacia perfec&amp;amente comproll&amp;da en el CatOl'f'O
las Broflq1dtu. catarro,, Rtvmai, To,, GIIIO 6 wntacúlfl de la pr¡anta, han
grangeado al .J.UU:BE y PABTA de AUBERGIEB una Inmensa fama. -

,

ept,um,co,

'

,

EnfermedadeSdelPecho

Jarabe Pectoral

(Bii:traoll tl,I Fo1'fflularw JIU~, 1111 S" BOIICIWUI HIIINfic, ti, 111 Fanli.4 ti, J1,ll~i111 (16- cdiM),

venta por mayo~ : collil\ "I' e-, ta, C&amp;lle de Sl-Claude, PA.lUS
DIP09ITO 1M LlS PIIINCIPA.LII BOTICil

1

DE

P. LAMOUROUX
Antes, Fermao~ut/co

ENFERMEDADES •
GA.RGAKTA
ESTOMAGO
VOZ y BOCA.
PASTILLAS J POLVOS

PASTILLAS • DETHAN

Participando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas Plldoras se emplean
es_peclalmente contra las •acrofulu, la
Tisis y la :Debtlldad de temperamento,

ul como en todos los casos[Piltdos colore•,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
1u riqueza y abundancia normales, 6 ya para
proTocar 6 re¡ularlzar su curso periódico.

. ............Ira lolllal• ..l&amp;Gupala,
Siñmolon• . . la Vo■, IDllamaol- u la
1loa, Zfeolae penu~ del KffOGl'lo, lrt•
taoloD qu -,rocl- el Tüe.oo, J BNial-11
A IOI Sin f'al:DJCADOJl!lll-1. üOG.a.DOa,
PllOFZaOIIZII J' CAlCTO._ ~ra faeililar la
em1oioD de la -.-Puu: 12 la.u.u,
.6""1w • ,i rot,11, • µ,,u
&amp;clh. DETJlüf, ! ' - U o o n P&amp;lUIÍ

PATERSON
• BJSIIUTBO y llAGNESll

aeeo-lados contra lu Aleoolonn del Eat6·
IIUIQO, Falta de Apetito , Dl¡e■Uonn labo•
rtOIIU, Aoedlaa, V6mltoe, Eruotoe, y C6lloo■;
regularillan

de

la■

é

y

las verdadera• .PUdot'aa de DlfMice&amp;t'd,
exigir nuestro 111110 de pi ata reactiva,

nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
.,erd• y el Sello de garantta de la Uni ón de
loa Fabricantes para la represión ñe la falsificación.

El Jarabe de Pierre Lamoiirou:c e,
d Pectoral por excelencia
como edulcorante de la, tisanas, á
las cualf-1 comunica w gusto agradable y sus propiedadea calmante,.
(Gaceta dt loa Hospitales)

lq61ito Gtaeral : 45, CaJ!e Ymilllen, 45, P.WS
8e rende en todu /a, buenu fermaolu.

Funoion• d■l E■Ulmago y

lo■ ID&amp;e■Unoe.

E1t,lr1ulrotulo

a'"'ª di,. FAYAflO.

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. A ' / ~_ur,, 9 Pall!,

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L_!lennec, Thénard, Gu er sant, etc.; ha, recibido ta CC'Osagraclón del tiempo: en el
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LOS
QUE TEKGAR TOS
ya sea reciente crónica, tomen las
6

PASTILLAS PECTORALES

del Dr. Andreu y se aliviarán pronto por fuerte que
sea. Sus efectos son tan rápidos y seguros que casi siempre desaparece la TOS al concluir la primera caja.
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Y P apeles azoados que lo calman al instante.

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BM TOD.LS L.LS nD!ClP.t..LIIS llOTIQ.LS

EXIJASE •:= 1 ARDUO
LOS RESFRIADOS

de l&amp; nariz y d, l&amp; c&amp;bua desaparecen
en muy pocas horas con el

RAPÉ NASALINA
que prepm el mismo Dr. Andren.
Su uso ea facillsimo y sus efecto,
seguros y -rápidos.

••

Querido enfermo. -fll1t Yd. •mi/arta uperlenol1,
1 hita u10 d11ueslro18RAN08d1 8ALUD,pu11 el/0I
/t ourar•n d1 Iu oon1t1p10/on, le darh apetito 1 /1
dera/rerAn 1/ 1ueño 1 la 1l1trla. - A1/ r1rlr4 Yd.
muoho1 1ño1, dl1fr~tando 1/lmpre d1 una buena 11/uL

PARAtel:erBQQA
SANA, HERMOSA, FUERTE y no padecer dolores
de muelas, usen el ELIXIR y los POLVOS de

MENTHOLINA DENTÍFRICA

que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblanquece la
dentadura, fortifica notablemente las encías evitando
las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agradable perfuma el aliento.

�LA

NúMERO 492

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tinguido periodista
madrileño Sr. Laponlide ha aumen•
lado el catálogo de
sus conocidas obras
con esta novela que
á sus muchas bellezas de forma une
una fábula interesante que distrae y
cautiva al lector sin
necesidad de acudir
para lograr este resultado á medios
artificiosos ni á efectos de relumbrón ;
antes al contrario,
valiéndose de procedimientos senc i·
llos, que son los que
verdademmente in·
teresan y conmueven.
Esta novela, que
en un tomo elegan•
te ha publicado don
Fernando Fe, de
Madrid, se vende
al precio de 3 pesetas.

LIBROS ENVIADOS
Á ESTA REDACCIÓN

por aotom 6 edilom
TRAPITOS AL SOL,
NO\'ELA POLÍTICO·
PERJOD[STJCA, por

Eva Canel. - Con
razón ha sido calificado este libro de

su·ie de fofograflas
sociales: tan exactamente están r~pro•
ducidos en él los tipos y costumbres ele
la vida política y periodística que en la
obra se describen,
Enlazada con las escenas que constilu•
yen la parte principal de la narración,
desenvuélvese una
acción interesante,
natural dentro del
medio ambiente en
que se desarrolla, en
la q ue las pasiones
a par ecen gráfica•
mente pintadas y los
***
car acter es hábilUN
LIBRO
FlJ·
mente sostenidos.
NESTO. PEQUEÑE·
A no saber que el
CES... DEL P. CO·
libro es de Eva CaLOMA, por D. /11an
nel, cualquiera creeJfartfnez Barriorla que ha salido de
mtevo. -Desp ués
la pluma de uno de
de lo mucho que soesos periodistas enbre el libro del cécanecidos en el ofilebre jesuita se ha
cio y conocedor al
escrito, pareda imdedillo de todas las
posible decir algo
miserias é intrigas
nuevo sobre mate•
de ese mundo agita·
ria tan agotada. Sin
do de la política y
embargo, el reputade la prensa, tras de
do escritor Sr. Mar•
cuyos esplendores,
tf ne z Barrionuevo
muchas veces apaen su análisis de la
rentes, se ocultan
ESTlJDIO DEL P I NTOR FERNANDO WAGNER, (Véase el artículo en el número 487.)
novelaPeque11eces...
dramas de realidad
ha sabido poner
tristísima .
mucho nuevo y no
Nada hemos de
decir del estilo, pues harto conocidos son la espontaneidad y Muñoz Sáncbez, véndese en las principales librerías a l precio menos bueno, haciendo una verdadera &lt;lisección de la ruidosa
obra del P. Coloma.
el gracejo con q ue maneja el idioma castellano nuestra distin- de 3 pesetas.
Dicho folleto ha sido editado por D. Inocente López y se
guida colaboradora, á quien de todas veras felicitamos por su
**•
vende en la libreria de D. Arturo Simón, Rambla de Canale·
nueva obra.
E L POBRE VILLAMlJRIEL,por D. fuan Lapo11/ide. - E l dis• tas, S, y en las principales Ebrerias, al precio de una peseta.
Tt·apitos al sol, que ha sido editada en Madrid por D. J uan

Las oa.sa.s extranjeras que deseen anuncia.rae en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA d.lríjanse para. UJformes á los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin
m1m. 61. París.-La.s

VINO

DE

ca.sa.s espa.fiolae pueden hacerlo en la. oficina de publicidad de los Sres. OaJvet y O.•, Diputación, 358, Barcelona -

Lu

Jarabe Laroze

CHASSAING

BI•DIG:ISTIVO

PfflOID(Ucnteealu

PILDORAS~~DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS. AMARGAS

Preaorito desde 25 añoa
Contra las AFFECCIONES de las YIIS Olgestlm

DI: ..ARIS

no titr:?:san en purgane, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cansancio, porque, contra lo que ,ucede coa
l'?s demas purgSJltes, este no obra bien
SUJO CUSJldo se toma con buenos alimentos
y bebidas lortilicSJltes, cual el viJlo, elcat,,
el '6. Cada cual escoge, para purgane, la
hora y la comida gue mar le convienen,
se,un sus ocupac1oae1. Como el cau,u
cio que la purga ocaliona queda completamente anulado por el electo de la
buena allmen&amp;acion empleada, uno
•e decide f4cümente 4 volver
11 empe,ar caSJlw veces
,ea aecesario.

Desde hace mas de 40 aflos, el 1arabe Laroze se prescribe ~on éxito par
todos los médicos para la curacion de las gaatrltia, gaatraljiu, dolor••
y retortijone■ de e1t6mago, e■treilimientoa rebelde■, para facilitar
la cligeatlon y para regularizar todas las funciones del esfóma¡o y de
los intestinos.

PARIS, 8, Arenue V/otor/1 1 81 PAR/&amp;
T D TOO.U L.1.1 l'IIJBOU.U..1 •.t.&amp;ILI.Olü

J AR.A.BE

. ~i.t1ADESdeJE87o,i
\~~
--3r-'4110

Pepsina Boudault

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGlS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, hiatéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, coa-

TUlsione1 y toa de los nil1os durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nervioaa1.
,

t, rae des Lions-St-Paal, l Paril.

Fábriu, Espediciones : 1.-P. LAROZE

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriu

!probada por la .lC!DEIIA DE IEDICIII!

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856

CARNE y QUINA

Medatlu en tu Expo1lclon11 inter nacionales de

PiRIS - LYOR - VIENA - PHILADELPHU. - PARIS
1867

llm

18';3

1876

11 IIIPLll COI1 lt •1TOt b.lTO I N

t..1•

,.
DISPEPSIAS
CASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FA&amp;.TA DE APETITO
'I OT&amp;OI DEIO&amp;DINII DI U. DIOIITIOK

JlUO LA FORMA DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO , ·~ de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
P!RIS, Pharmaoie COLLAS, 8, rae Dauphine
!/ M 14, p,'/nc(palt, farmac(a,,

D Allmuto mu reparador, llllido al Tónioo 11111 enei¡ico.

18i8

• Soberano remedio para rápida curaeion de las Afeoclonea del peoho 1

VINO ARDUO CON QUINA

T COlf TODOI LOS nmcmos lfDT1llTIVOS SOLtJBLBS DB u CABNE
-~•a.u 1 •m11a110n los elementol que entran en J&amp; comPOS1c1on de este potente

l'eplrador de lp _tuerzu niales, de este feni■eaa&amp;e per eaeeleaeia. De un gusto sumamenle a,radt.Dle, es 10berano contra la ÁMm"1 y el Áf)OCamtento, en las Cakntura,

7 Co,n,lll«fflcúu contra lu Dur.rret:11 Y lu .J.feccwna del Bltomaqo y los tntemno,.
cuando ae \rala de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
emtquecer la sangre, enwnar el organismo Y precaver la anemia y las epidemias provoClldu por los calores, no se conoce nada superior al l'iae de ga.iaa de Aroull.
l()'I' fM,jor. ea Paria, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu, Sur.eaor dtAllOUD
·

8&amp; VBl(DB BN TOl&gt;.lS LAS PRINCIPALES BoTl04&amp;

Catarro1,llal de garganta,Bronquitia, Re1triado1, Romadizo,,
de los Reumati1mo1, Dolore■,
Lumbagos, etc., SO años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso deriyativo recomendado por
los primeros médicos de París.

'

:EXIJASE•.i:ºt~ ARDUO
1
.

PATE
DUSSER
___:~-- -EPILATOIRE
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -- - -

destruye basta ru RAICl!S el VELLO del rostro de las damu (Barba. B!rote etc.), cl9

, ulnlllJn peligro para el cnti1. SO Año. de ÍUtlto,y millares de ltltlmonio1garanllwÍ la eftca~~
de esu preparacion. (Se vende en caJu, para la barba, J en 1/'l oaJu para el bigote ligen). Para
tos brazot, empMue el r1.LJ .,OB.li:;, J&gt;US SER, t , rue .J,,.J,.J\ouueau, ¡&gt;art,.

Quedan rese"ados los derechos de propiedad artistica y literaria
JMP,

DI M ONTANII Y SLMÓ!f

1•

�</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 492, Junio 1</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>La cascada de Niágara y la electricidad</name>
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