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Ftí~t1ea
ANO X

BARCELONA 8 DE JUNIO DE 1891

NÚM. 493

R E GALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLI OTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

DESCANSO, copia de una pintura de Fortuny

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

354

NúMERO

493

que por doquier ostenta en ceremonias iguales nues- ma romántico, era éste, ó una escuela, como quetro reino de Valencia. Un cura lleva la custodia en ráis; otro sistema, el sistema realista, ó escuela, es
Texto. -Murmuraciones mropeas, por Emilio Castelar. -La Elda, un solo cura, de brocados relativamente mo- Zola. Toda colectividad, la familia, la nación, la esExposición general de Bellas Artes. Salón de /1011or, por J. destos revestido y so un humilde palio. Pero hay pecie, consiguen su perennidad por medio de un insYxart. -Deslwnorpordes/wnor, por Ricardo Revenga . - SEC· tanta devoción en el público arrodillado, tanto con- tinto de conservación tal, que se resisten y se niegan
CIÓN AMERICANA: Ropa apolillada, l. Una partida de pali- cierto en las voces del clero, que parece la procesión á las innovaciones, en todo tiempo individuales y
troq11es. JI. los que están á la mira, por Ricardo Palma. personalísimas. El académico puede admirar á VícN11estrosgrabados. -Cuento de amor, (conclusión), por Pablo una Iglesia espiritual ambulante. Hace ahora diez ó
tor Rugo y á Zola; no así el resultado químico y or·
doce
años
presencié
yo
una
procesión
del
Corpus
en
Marguerite . Ilustraciones de Rochegrosse. -Bocetos. Una
diablura, por Juan 0. Neille. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Las Toledo. Varias colgaduras fijaron mi atención y nin- gánico y viviente, por todos los académicos juntos
J1ormigas, por Staby.-Libros enviados á esta Redacción por guna otra cosa, fuera de las maravillosfsimas que no en sus corporaciones respectivas compuesto, no así;
autores ó ditores.
tienen rival por su hermosura y antigüedad. Mas el antes bien habrá de propender á la conservación, y
por ende á la resistencia. Sin embargo, fervoroso ad·
Grabados.- Descanso, copia de una pintura de Fortuny. espiritualismo exhalado de una procesión valenciana
- En el puerto, cuadro de Eliseo Meifrén (Salón Parés),- por ninguna parte aparecía. El paje que llevaba la mirador yo de Víctor Rugo, en quién veo la mayor
En el campo, cuadro de Eliseo Meifrén 1Salón Parés). -La cola del purpurado hábito cardenalicio, un subdiá- virtualidad lírica posible, no puedo confundir su ten·
santera, acuarela de D. Joaquín Sorolla ( Exposición de acua- cono joven y robusto, habíasela ceñido á la cintura, dencia con la tendencia de Zola, muy repulsiva para
relas y pasteles celebrada por el Círculo de Bellas Artes de
mí, no obstante reconocer y proclamar el viril talenMadrid en 1890). - La vuelta de la pesca, estatua en yeso de no sé por qué, y soñoliento al calor del día, triplicado
D. Dionisia Pastor Valsero (Exposición Nacional de Bellas por lo numeroso del concurso, dormfase de pie, y to y el estilo genial de este su ilustre mantenedor.
Artes de 1890). -La estudiantina espaitola de Valparalso (de atrás se iba cayendo hasta que un tirón del carde- A juicio y sentir míos, representaba Víctor Rugo la
una fotografía remitida por D. Franc:sco Griñó), - Lajuven- nal Moreno le despertaba del sopor y le impelía en juventud y Zola representa la vejez del siglo. Entiéntud de Sansón, cuadro de Bonnat 1Salón de París de 189 !). su carrera. Comparad esto con las enramadas oloro- dase el mérito de éste como se quiera, la corporaFig. 1. Oecodoma cephalotes. - Fig. 2. Sección de seis facetas
de un ojo de insecto. - Fig. 3. Representación esquemática sas de flores, con los arcos de adelfas, con las colum- ción literaria no tenía otro remedio en sus antecede la absorción de los rayos lumínicos laterales en la visión natas de tarajes y cañas, con las guirnaldas de mir- dentes que rechazar la innovación y castigar al innopor mosai'.:o, - Fig. 4. Extremo de una antena de hormiga. tos y azahares, con los retablos erigidos en cada es- vador contemporáneo, como resistió y castigó mu- Fig. 5. Polyergm rztfoscens. - Fig. 6. Formica ru.fa y Stt·
chas veces al otro innovador, aunque le llamaba un
namma Westwoodii. - Fig. 7. Escarabajo claviforme. - Es- quina, con las lluvias de rosas, con los coros de votudio del pi11tor Eduardo Unger. (Véase el articulo publica· ces angélicas, con las innumerables velas llevadas académico, tan conspicuo como Chateaubriand, niño
do en el núm. 487.)
por los fieles, con los gallardetes parecidos á iris pen- sublime. Pero puesta la corporación en el trance de
dientes de tejados y azoteas, con las iluminaciones optar entre un autor eximio como Zola, por cumplir
fantásticas, con las florestas improvisadas, y decidme su obligación de resistir á innovaciones peligrosas, y
si tenéi.s ó no motivo, recordando tales festividades sus competidores, no debió preferirle otro también
MURMURACIONES EUROPEAS
religiosas del pueblo, para doleros y añoraros de no modemísimo comó Loti, de cualidades brillantes,
pero de una exterioridad tan amplia, que poco resta
POR DON EMILIO CASTELAR
vivir en pleno Mediodía.
bajo su extensa superficie, y de un resplandor tan
La última quincena de mayo. - Fiesta de Pentecostés en la cametálico,
que parecen sus ohras lacas y cerámica ja11
tedral de Toledo. - Procesiones de Corpus. - Recuerdos me•
ponesa.
León
Say hame dicho que, no queriendo
ridionales. - Muerte de un poeta provenzal. - Fuentes de sus
inspiraciones poéticas. - Las academias de Francia y EspaBien es verdad que somos los meridionales únicos votar á Zola por su personal sistema, ni á Loti por
ña. - La elección de Loti en aquélla. - Discursos de Menén- en esto de amar nuestra tierra. No podemos vivir en su temperamento literario casi exótico, votó á un se·
dez Pelayo y Pida! en la Academia de Ciencias morales y po•
regiones desde las cuales el Mediterráneo se pierde ñor Fabre, muy ducho en esto de pintar las costumlíticas. - Discursos de l&lt;'abié y Castro Serrano en la Acade•
á
la vista, pues lejos de aquellas encantadas costas, bres eclesiásticas francesas en cuadros verdaderos y
mia Española.-Juicio sobre Tomás RodríguezRul,i y sobre
parecemos huídos y desterrados del cielo. En uno vivos, de suyo semejantes á los viejos cuadros flaEulogio Florentino Sanz. - Conclusión.
de sus últimos números contaba el f ournal des De- mencos por su tono suavísimo, por su carácter pro·
I
bals lo que á mí en persona me aconteciera con un saico, por su candor ingenuo, por su sencillez casi
entusiasta felibre, de los muchos, más ó menos au- primitiva, por su aroma campestre, por su mezcla de
Quincena de festividades religiosas fué la última ténticos, diseminados por Francia. &lt;¡¡Cuán felices, me crítica grave y sesuda con su fe viva y ortodoxa.
quincena de mayo florido. Empieza por San Isidro, decía, son ustedes en España, donde no hay Norte!» Pero venció á todos el marino literato conocido con
fiesta fija; y obedeciendo á las particulares circuns- Ahora, en estos días, ha muerto curioso ejemplar de el seudónimo de Loti.
tancias del año, en este mes han venido la Pascua tal clase, un poeta popularísimo como Roumilli. Este
IV
de Pentecostés y la fiesta del Corpus. Cerrado el ci- hombre se alimentaba de la miel corriente por los
clo de conmemoraciones que á nuestra redención troncos en las provenzales patrias hayas. El chirrido
Dos interesantes sesiones hemos tenido nosotros
la Iglesia consagra con el hecho más demostrativo monótono de las cigarras le arrobaba como el violín
de la divinidad del Salvador, con su ascensión al cie- al hipnóstico. Sus versos repetían el zumbido de las en las dos sendas Academias de Ciencias Morales y
lo, el Apostolado, ya constituido, hubo menester de abejas, y á la obra de las abejas parecíanse, no sólo de Lengua Española. Celebraba la una el acto de relas asistencias del Espíritu Santo para predicar la en los dulcísimos zumos que guardaban como las cibirá Menéndez Pelayo y celebraba la otra el acto de
nueva feliz al mundo; y el Espíritu Santo descendió colmenas, en la cera que podían consagrar por su recibir al ministro Fabié. No puede ya dudarse. ~eal cenáculo, encendiendo con el soplo creador suyo religiosidad á cirios y velas de las iglesias. Así había néndez Pelayo queda inscrito por consentimiento
ideas en el alma de los apóstoles, y prestándoles aque- levantado su hogar en aquel Avignón, que disputó á universal en las paredes sacras del templo inmenso
lla revelación casi espiritual de estas ideas, llamada Roma la supremacía y capitalidad religiosa en largo levantado á la gloria nacional por tantos nombres
el don de la palabra. Si con las substancias etéreas, período de la Edad media; sobre un terreno consa- ilustres como brillan en los espléndidos anales de
con las atracciones y gravedad mecánicas, con las grado por la memoria de nuestro Papa Luna, tan pro- nuestras letras patrias. Erudito sin pesadez, profundo
afinidades varias químicas hase formado el mundo venzal por su estro, como aragonés por su firmeza; no sin obscuridad, ameno sin chocarrerías, vario sin dique se denomina orgánico; hase formado con el Ver- lejos de la fuente inmortalizada en los sonetos. melo- vagaciones, uno sin uniformidad, crítico sin malhubo y sus condensaciones, amén de con el Espíritu y diosos cantados á Laura por el amor de Petrarca. mor, universal sin degenerar en cosmopolita, patriosu revelación, este otro mundo que llamamos ideal. Nadie sabía como él describir una de las procesiones ta sin patriotería, religioso y razonador al mismo
Así, al remedar el órgano los retumbos de la tempes- lemosinas que yo he querido invocar antes, para lo tiempo, sus vastas obras, llenas de múltiples ideas é
tad y entonar el coro en las vísperas ~¡ Veni Creator, cual valfase de imágenes tan atrevidas como decir ilustradas por curiosísimas noticias, permanecerán en
parece que se oyen los aleteos divinos del Espíritu que las campanas aviñonesas á vuelo bordaban con todos los tiempos y en todos los lugares como un
misterioso, consolador de la Humanidad, y que se sus sonidos encajes en las estrellas y que las calles verdadero monumento nacional. Su mérito sobresareciben los efluvios del soplo á cuya virtud se animó de Lyón debían llamarse puertas forradas de seda liente, aquel por cuya virtud convivirá al lado de
el Universo. Yo he pasado el Domingo de Pentecos- que dan hacia el Mediodía. Para comprender tod0 los hombres inmortales que brillan en la España del
tés en la catedral de Toledo. Imposible olvidar un esto se necesita seguramente haber vagado en cueros, siglo XIX y mantienen su renombre no interrumpido
día tal, en que bogáis por los espacios, más que ce- de niño, por las playas nuestras; haber dormido en allá por los templos de la Historia, está en haber
lestiales y sidéreos, del infinito espiritual. Dentro de la hora de sestear bajo la sombra de los cenicientos enlazado el movimiento científico español con el
la capilla mayor, entre las tumbas donde como en olivares; haberse alimentado de higos verdales que movimiento científico universal. Nosotros, los partilechos de mármol duerme lo que podríamos llamar rematan en una especie de flor, cuyo cáliz rebosa darios de la libertad psíquica en todas sus manifesel elemento mineral de nuestro ser; á la vista de los mieles; haber bebido en el remansillo de los torren- ciones, los que arrancamos á las censuras oficiales el
ángeles que aletean sobre las ojivas, como recibiendo tes casi secos que se deslizan bajo toldos de adelfas pensamiento, siervo un día bajo cien cadenas, comla esencia de lo que podríamos llamar el elemento siempre floridas; haberse curtido al soplo de las bri- batimos la política de los siglos xv1 y xvu con saña,
divino de nuestro ser, os imagináis encerrado en un sas mediterráneas, sobre las arenas de oro, ante las porque la guerra intelectual, como la guerra material,
inmenso relicario y circuído de todas las entidades reverberaciones áureas y argentadas, ya del sol en ni obedece á la justicia, ni siente piedad alguna, según
históricas y litúrgicas representadas por la escultura días ardientes, ya de la luna en tranquilas noches, les pasó también á los primeros cristianos, inju~tos
y por la pintura, igualmente redivivas, al milagro de recibiendo por las venas con difusiones de almo éter al extremo de descubrir un simulacro del diablo en
la resurrección universal. Unid á esto la procesión y con efluvios de jazmines, rosas y azahares una divi- los marmóreos cuerpos de las helenas diosas que
hoy brillan por el Vaticano guarecidas tras su casta
del clero, envuelto en las pluviales capas carmesíes na embriaguez.
desnudez y acompañan como un harén artístico al
recamadas de áureas bordaduras y portador de reliPapa en 'aquella encumbrada soledad. As~ decimos
III
quias contenidas en joyas por Arfe ó por Cellini ciny declaramos que si en las cenizas frías de los ayer
celadas, y decidme si en parte alguna del mundo pueRoumilli perteneció á la Academia Española, pero encendidos braseros inquisitoriales hemos hallado
den reunirse con armonía mayor y consonancia más
estrecha el Arte y la Religión. Tras la Pentecostés no á la Academia Francesa. Y puesto que de Aca- tantas venas de incombustible oro, cuántas no se
viene la fiesta del Corpus, más profunda y no menos demias hablamos, precisa decir cuánto interesa la hallaran, en cuál abundancia, de gozar el ingenio
bella en la lglesia primada de nuestra nación. Brilla general atención lo sucedido esta quincena en sus hispano la relativa libertad existente, así en Holanda
la resplandeciente custodia fabricada con oro purí- senos aquende y allende. La nacional Academia Fran- como en Alemania, Francia é Inglatera, de antiguo.
simo recién venido del Nuevo Mundo, y ondean las cesa, tan zaherida de todos los literatos y tan desea- Mas esta defensa de nuestro sentido en manera ninbanderas de Lepanto al lado de los tisúes argénteos da por todos, hase visto con una trascendental elec- guna puede obstar al reconocimient9 por nosotros
que cubrían las tiendas de los Reyes Cati&gt;licos en el ción embargadísima meses y meses. Presentábase de que Menéndez Pelayo jamás diera el trabajo herReal de Granada, quizás los primeros objetos arqueo- camo candidato al trono académic0 Zola; y su admi- cúleo de la reconstrucción histórica, sino bajo un
lógicos de nuestra patria; pero todo esto dentro de sión topaba con dificultades iguales á las encontradas sentido, contrario al nuestro en todo. Felicitémonos,
la Iglesia: en la procesión falta el orden y la poesía, por Víctor Rugo en su tiempo. Un sistema, el siste- holgándonos con tenerlo en este nuestro tiempo
SUMARIO

NúMERO

493

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

como un insigne continuador de las inextinguibles
glorias naóonales. El, poco á poco, por una transformación lenta é interior,
va dejando las antiguas
escuelas y viniendo á las
nuestras, como lo patentiza
el plañido con que su ilustre amigo Alejandro Pida!,
en el discurso de contestación al suyo, le despide
lloroso y le reconviene severo, echándole, muy elocuentemente por cierto, en
cara que ha dejado la tradición seca escolástica por
las ideas lucientes como
estrellas espirituales y por
los dioses redivivos como
genios helénicos en el neoalejandrino sincretismo de
un culto sin límites á las
Humanidades y al Renacimiento.
V

Interesante la recepción
del Sr. Fabié. Siguiendo la
costumbre francesa, nuestro sabio ministro escogió
por tema de su discurso la
vida y obras del académico
á quien reemplazaba en
uno de los treinta y seis sillones fundamentales. Era
este académico Tomás Rodríguez Rubí, personalidad
superior, más fecunda y
varia que acabada y perfecta. De copiosa inventiva, la vena propia no se
concluía jamás en él. Comedias de costumbres, dramas de pasión, poemas como Jsabel la Católica, puestos por su genio en escena,
diálogos andaluces, cuentos morales, sainetes, alguna que otra creación trágica más que por el corte
por el carácter, copias de
la vida real y de tipos reales: he aquí el campo inmenso en que Rubí pusiera todo su empeño y todo
su trabajo. Durante algún
tiempo cultivó con fortuna
la dramática histórica, de
menos vuelo, pero de ma-

EN EL PUERTO, cuadro de Eliseo Meifrén. (Salón Parés.)

EN EL CAMPO, cuadro de Eliseo Meifrén. (Salón Parés,)

355
yor verdad que las obras de
igual género en el arte romántico. Es un brillante
poeta de transición desde
Hartzenbusch y García
Gutiérrez, tan maestros, á
Tamayo y Ayala, no menos maestros en su Hombre de Estado y en su Drama nuevo que los dos genios á quienes debemos el
Trovador y Los amantes.
Pero con su inventiva, con
su variedad, con su maestría, faltábale á Rubí aquello que da el primer lauro
á los genios literarios, lengua pur~ y estilo perfecto.
Mas, aunque adolecía el
aµtor de ambos defectos,
al hombre no le conocí
ninguno. Caballeresco,
leal, honrado, consecuente, digno hasta ser puntilloso, franco y caritativo, su
ausencia perdurable nos ha
herido en el corazón, y su
falta en el cenáculo académico nos apena y entristece á todos sus compañeros
igualmeine. Inútil decir cómo nos habremos asociado
á los elogios que Fabié le
ha dirigido. Respondió á
este nuestro compañero el
ingenioso y amenfsimo
Castro y Serrano, en quien
rebosa la sal ática, usada
con una sobriedad y un
gusto excelentísimos. Como indujo el cansancio temible de un tema solo para dos discursos, convirtió
al auditorio á la contemplación de otro dramático
ilustre, menos fecundo y
creador, pero más acabado
y más maestro que Rodríguez Rubí. Si los extremos
se tocan, debían parecerse
los dos; porque representaba éste, rico en obras aplaudidas y múltiples, el trabajo; mientras que su compañero y émulo representaba
la pereza. Florentino, como
le llamábamos sus amigos,
de complexión casi neurótica, soltaba los nervios á
todas las impresiones, pero no la inspiración á to-

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

493

ceden los cuadros bíblicos: SansbnjDalila, Et Hijo
prbdigo y una escena del Diluvio, aunque ésta trae una
fecha bastante posterior y probablemente estará inspirada, aunque no se le parezca, en la del francés
Girodet que reprodujo hasta la saciedad el grabado. De aquella época son también algunos bodegones, y no ciertas escenas de costumbres, ni un cuadro de historia moderna, precioso por sus datos de
indumentaria, pero de tal género que su filiación es
imprecisable. Todos ellos, con sus aguas verdinegras
y biliosas, sus azules chillones, sus cielos anaranjados, requemados y siniestros, atestiguan, con las alteraciones de su color, su larga fecha; con' sus asuntos, los gustos de aquel tiempo; con sus luces singulares, cómo se pintaron y compusieron. Todos, lejos
de surgir en plena luz, la reciben del exterior, como
escenas teatrales que alumbran macilentas candilejas.
Los primeros plano5, los rostros y carnaciones, las
manos salientes de las figuras, resaltan, directamente
iluminadas, sobre un fondo obscuro, bituminoso y
denso, donde no penetra un átomo de claridad aunque la escena se suponga al aire libre. Parecen des tinados á los fríos salones de la empelucada aristocracia que se extinguía, ó á llenarse de polvo en los
claustros de los conventos, bajo la sombra medrosa
de sus bóvedas ya cuarteadas. Aquella pintura no
cuenta apenas con otros protectores y desaparece tras
ellos.
La segunda generación la alcanza y vence: Espalter, Clavé, Cerdá, Lorenzale, Vicens ... Es la que promovió el romanticismo entre nosotros: estudió en
Roma, viajó por Italia, visitó á París: trajo á España,
(Madrid y Barcelona), la idea nueva que debía derribará los discípulos de David, como Madrazo (D. José) y Ribera, mucho después, eso sí, de que en Fran •
cia sustituyera al maestro, el joven Delacroix; aquí,
sobre todo en aquella época, llegan tales novedades
con lustros enteros de retraso. Espalter, discípulo de
Grós, es elogiado en la primera ilustración Et Semanario pintoresco espa,1ol (1844), colabora en el primer periódico de Bellas Artes Et Renacimiento( 1847); pintor
al temple, decoró el Teatro Espaiiot de Madrid (1849),
el paraninfo de la Universidad central(1859), el panteón de los duques de Castro-Enríquez (1881 ). Clavé,
fundador de ,la Academia de Méjico, toma por asunto para sus cuadros la historia patria: Isabel la Catbtica, Juana la loca, etc.: los temas obligados del 40
y siguientes. Lorenzale nos trae la escuela purista de
Overbeck: Cerdá estudia y copia á los clásicos españoles Velázquez y Murillo. Abierta Espa~a á la influencia extranjera, reivindica, sin embargo, su personalidad histórica, su individualidad genuina~ vueltos los ojos á su interrumpida tradición. Pocos son,
no obstante, los cuadros que puedan atribuirse plenamente á tal época de férvido entusiasmo en la exposición retrospectiva. Los de Clavé, Elias y el ángel,
El Samaritano, son aún de los tiempos de su pensión en Roma (1837-39), y continúan una tradición
anterior, cuyos asuntos se perpetúan en la academia
hasta nuestros días. Espalter está representado tan
sólo por dos retratos de escaso valor. Vicens, por El
Cid; Lorenzale, por el Dante, la Danza, una Concepcifm, y· Roca por sus grabados en acero, retratos
de Luis Felipe, el general Espartero, la Reina Isabel, el cronista Pi y Arimón.
'
Tras estos artistas, convertidos á su vez en profesores, llega la tercera generación cuyos días de triunfo y apoteosis hemos alcanzado todavía. Sans, Plá,
Fortuny, Padró, Escobedo, Gómez - unos más jóvenes como este último, otros más viejos como el Director del Museo del Prado - abren y cierran el peLA SANTERA, acuarela de D. Joaquín Sorolla
ríodo más próximo á los artistas coetáneos. Los apun(Exposición de acuarelas y pasteles celebrada por el Circulo de Bellas Artes de Madrid en 1890)
tes del natural de Fortuny, sus academias palpitantes,
sus luminosas aguadas; la copiosa colección de cuaden y desorden, los dos ,fueron admi.rables. Felicite- Otras - los lienzos y acuarelas de Fortuny- no co- dros de Gómez; las ilustraciones y,figurines del teamos á Fabié y á Castro por haberlos tan sentidamente rresponden á los días de su mayor plenitud y fuerza; tro catalán, de Padró; las escenas de costumbres caadmirado. La entrañable admiración es el homenaje no dan la verdadera medida de todo su valer. Tam- talanas, de Escobedo, provocan ya los múltiples repoco denuncian otras lo más típico de la época de cuerdos del movimiento contemporáneo, y de aquel
que más agrada en verdad al genio.
sus autores: son obras extemporáneas en que el pin- cambio radical que limpia la paleta de negruzcos betutor, casi al final de su vida, intentó mudar su mane- nes, y arroja raudales de luz y vibrantes notas sobre
ra: último y supremo esfuerzo de todos, antes de re· la tela, pronta á recibir las impresiones vivaces y franLA EXPOSICION GENERAL
tirarse para siempre.
cas que recibe el artista con sólo volver los ojos á la
DE BEL LAS ARTES
Con ser así, tres generaciones están bien ó mal re- realidad que le rodea. Con nu~vo aliento, con nueva
presentadas en el salón. Las tres resumen la historia fiebre creadora, el artista acude á la vez al lápiz, á la
Vl
del arte, desde la segunda y tercera década de nues- pluma, á la aguada, para fijar sus más fugaces imtro siglo hasta una época muy próxima.
presiones. Desciende de los altos andamios, se rehuSALÓN DE HONOR
Representa la primera Rodes, discípulo de López sa á la historia para subvenir con más copiosas y
Obras de artistas catalanes fallecidos
y de Camarón, con sus retratos al pastel y sus minia- deleitables obras á las necesidades de una sociedad
turas primorosas; dos géneros del siglo pasado, de burguesa que requiere una pintura-mueble, pequeña,
La impresión que produce la sala de honor, des- los cuales revive µno tras prolongado eclipse. Tiene portátil, que desde entonces nos está invadiendo por
pués de haber recorrido las de pintura contemporá· á su lado á sus contemporáneos Planella, Batlle, Fe- todos lados.
nea, es verdaderamente singular. Colores, dibujo, rrán, Arrau, alumnos de la Escuela de nuestra Junta
Tales son los tres períodos representados bien ó
figuras, asunto, hasta los marcos y dimensiones de de comercio, la representante aquí de aquel renaci- mal en la reducida sala de honor.
los lienzos, todo cambió. Remontamos el curso de la miento de cultura que patrocinaron los Barbones, en
Si hubiéramos de juzgar los dos primeros única y
pintura barcelonesa en el presente siglo; tenemos á el siglo que ha llamado un escritor «el más acadé- exclusivamente por aquellas obras, la enseñanza que
la vista páginas sueltas de su historia: alguna nota mico de todos.» De aquella primera enseñanza pro· de ellas sacaríamos sería, por cierto, bien singular.

dos los vientos. Castigaba y pulía mucho sus obras;
y así acababa por invenir en su imaginación y expresar en sus versos lo perfecto. Recuérdese aquel su
maravilloso Quevedo. Como Rubí demuestra cuánto
precisa poner sumo estudio en el estilo, demuestra
Sanz cuánto precisa poner en la vida orden completo. De todas suertes, con estilo y sin estilo, con or-

saliente de aquella serie de progresivos esfuerzos que
intenté resumir en mi primer artículo. Bien es verdad que el álbum no está completo ni ordenado. Sus
hojas, como arráncadas al azar, no guardan la sucesión que debieran en una exposición retrospectiva.
Algunas - los cuadros de Ferrán - son harto inferiores para figurar allí, aun con relación á su tiempo.

•

• •

/111 p. de

DOS MANOLAS. - CUADRO DE GUZMÁN

¡IJ ontaner

y Sim6n

�NúMERO

,·

\

493

LA ILUSTRACIÓN Al{TISTICA

357

Arrumbando las teorías,·á las cuales casi nunca corres
ponde la ejecución pictórica, si olvidamos la intención literaria que las inspiró y nos fijamos sólo
en los progresos realizados en la luz, en el colorido
en el dibujo, en la luz sobre todo, apenas distinguimo~
allí diferencia notable entre dos escuelas tan opuestas y q~e tan vivas batallas riñeron:, como la pseudo-clásica y la romántica. El hecho es frecuente y
común en la historia de las artes: en presencia de las
obras ya realizadas ocurre siempre lo mismo. Dis- tudiante. Gómez es el
putan los teóricos, riñen los artistas; se forman los pintor más espaíiol de
bandos, se arma la pelea puramente ideológica, crece todos los artistas catael polvo y atruenan el aire las declamaciones. Pero Janes, si por español se
pasa el tiempo, y una vez prolongadas las distancias, entiende de la vieja esya nadie es capaz de averiguar ni por qué reñían los cuela del naturalismo
autores, ni qué les dividió con tanto encono. Ya no del siglo de oro. No sé
se sabe. La distancia y el tiempo borraron impercep- imaginarle sino con el
tibies matices que eran paraloscontemporáneos líneas chambergo, la golilla y
divisorias infranqueables de su campo de batalla: la capa, cuando pinta
todos duermen en paz: sus obras parecen de una aquellos trozos robus misma escuela; y se ve, por fin, que en el fondo todos tos y de casta, sus viecreían lo mismo, ó mejor, todos hacían lo mismo. jos de rostro avinado y
Esta sucesión de hechos opuestos, que se aproximan traje pardo, sus moreconforme se retira el especta dor, recuerda la gráfica . nas, pandereta en may feliz comparación de la columnata. Observadla de no, destacando por obscerca y de frente: ¡qué separación entre columna y curo, con falda de suacolumna! Colocaos á distancia, miradla de lado: ¡cómo ve seda de colores torse tocan y confunden! En el salón de honor, repito, nasolados y alegres. A
las columnas que se acercan son las más lejanas: los su lado Sans, menos gecuadros bíblicos de unos y los cuadros históricos de nial, más tardo en conlos sucesores. Ni en el color ni en el dibujo ni en la ex- cebir y ejecutar, despresión es visible el adelanto. Tampoco la fecha cons- dende de nivel con su
tituye por sí sola signo alguno de progreso. En reali- Fortuna, decoración ya
dad, de aquellas dos generaciones de pintores y de sus anticuada, de la cual se
obras exhibidas. sólo quedan hoy los retratos vigoro- proponía mudar la figusos y vivos de Rodes, de una construcción tan sólida, ra desnuda, según nos
hija de la enseñanza concienzuda y lenta, último vesti- advierte el catálogo; se
.gio de la clásica del siglo pasado, y los retratos no sostiene tan sólo en almenos animados y exceleqtes de Clavé y su Samari- guno de sus cuadros petano de fecha del 39. Bien observado todo, este es queños: Casa de labranel único lienzo digno de un buen artista entre sus con- za en los alrededores de
temporáneos. Clavé, más afortunado que éstos, ó qui- Barcelona. Escobedo
zás porque les aventaió, es el único que resurge entre introduce aún en una
ellos con aquel estudio de desnudo, verdaderamente composición de labranotable. y aquella composición sentida, hermoso frag- dores algo de un melamento de museo entre tantas obras presuntuosas.
drama del Romea.
Sólo cuando se llega á los cuadros del 60 para acá ¡Qué traje tan distinto
se advierte verdaderamente un cambio radical en la el de los rústicos de
pintura: el color se abrillanta y aviva, el dibujo ad- ahora! ¡ Cómo recuerquiere movimiento y expresión desconocidos hasta dan sus calzones azuentonces, la luz inunda el cuadro de dentro afuera, les, sus polainas, su go_le hinche, se matiza, pasa por todas sus gradaciones. rro colorado, los de las
Pero aun al llegar aquí, ¡cómo empiezan también á viñetas de los peri6dicausarnos dolorosas sorpresas nuestros ídolos de cos catalanistas! El traayer! ¿Serán como la tercera columna que con la le- je típico se conserva
janía va acortando la distancia? ¿Será que-el tiempo todavía en aquel cuaen su obra destructora altera los colores modernos dro del 66. Y por fin,
con mayor rapidez, y así 'va á cubrir también con tin- no lejos de allí, algo
tas amarillentas y negra patina las frescas pincela- más abajo, hay una
das de un Fortuny. sus aguadas transparentes? Su aguada del escenógrafo
célebre Batalla de Tetuán, objeto de un verdadero Plá, copia del nat~ral
engouement á la muerte del pintor, aparece confusa exacta, detallada, bien
en sus más notables fragmentos, empalidecida, tro- iluminada: el realismo
cada para nuestros ojos. Cierto que el insigne artista introduciéndose en la
se resistió siempre á darla otro valor que el de una escenografía.
.
mala y forzada tentativa juvenil. Su mismo Confino
F~era de est?, la 1mparece hoy de tintas pesadas; su Odalisca adquirió presión de conJunt~ de
LA VUELTA DE LA !'ESCA, estatua en yeso de D. Dionisio Pastor Valsero
el tono rojizo del barro cocido. Una sola nota, Las aquella sala _es tnste,
(Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890)
lavanderas centellea en un rincón, vibrante, con toda como toda OJeada rela frescura'. la vivacidad, el audaz desenfado de ar¡uel trospecti va. Las mugenio colorista. Junto á él sólo conservan también danzas que experimenta el col~r ~n aquellos cuasus calientes pinceladas, grandes y jugosas, los cua- dros nos sobrecogen con el sent1m1ento de lo que fano, por ejemplo, para convencerse de que son las
dros de Gómez. sus armonías y finuras de color, la acaecerá con el tiempo á los de las salas próximas. mismas que sugeriría un cuadro de ahora, sin mudar
Poncelleta, su Músico, el más contemporáneo de toda Pero otra consideración se nos impone. Hay que leer una tilde: la naturaleza, la verdad del colorido, etc., esaquella exposición muerta, s4 valiente aguada, un Es- las críticas añejas de aquellos cuadros, la del Samari- maltan las líneas, Y sin embargo, ¡quién las aplicaría
ahora á aquel lienzo! ¿Serán estos conceptos tan re-

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lativos que dependan del grado de observación, y del
hábito de nuestros ojos? Mascullando estas dudas, y
á buen paso, salgo á contemplar en la sala inmediata
los lienzos de hoy, con el color aún fresco y luciente, recién salido del tubo. ¿Qué cambios les aguardan y cómo serán tildados dentro de cincuenta años?

ner mu y mal gusto, porque la verdad es que el muerto no tenía nada de bonito. ¡Pobre Fernández! ¡Pero
qué feo, qué refeo era! ¡Qué cara aquella tan triste!
¡Qué cuerpecillo tan enclenque y raquítico, y qué color, color de cera sucia. La naturaleza le hizo feo, y
para compensarle de su fealdad, le negó toda clase
de gracias y todo género de atractivos. Aún recuerdo
J. YxART
el primer día en que le vi; ¡qué efecto me causaron
31 mayo
sus patitas tan torcidas y tan flacas! Cuando se ponía
en pie parecía que iba á romperse. Su físico no podía
ser más repulsivo, sobre todo por aquel cutis tan basDESHONOR POR DESHONOR
to y tan grasiento, y por aquel pelo y aquella barba
de un color negro tan sucio. Parece que le estoy viendo en el hospital. ¡Pobrecillo! La enfermedad no haI
bía logrado desfigurarle. A quien más quería en el
En una habitación de una fonda situada en la regimiento era á mí, y por eso me llamó para hacerPuerta del Sol de Madrid, hallábase Federico Pul- me albacea de su testamento de amor. Estaba ya
gárez, marqués de Paleso y capitán de caballería.
muy malo, casi no podía hablar, quiso incorporarse,
Veintisiete años tenía el capitán Pulgárez, como le pero no pudo.
- Capitán, me dijo, enseñándome aquellos dientes
llamaban en su regimiento, que se hallaba de guarque no eran negros ni amarillentos ni verduscos,
nición en A1calá, cuando comienza esta historieta.
Era el capitán lo que las mujeres llaman un buen pero que de todo tenían menos de blanco, usted samozo.
·
be que le quiero y yo sé que usted me tiene algún
Extraño era ver en su cara señal alguna de triste- afecto.
- Más que afecto, le respondí, sé lo que usted vaza, y á la verdad que no es muy difícil estar alegre y
risueño siempre, cuando se cuentan veintisiete años, le y le quiero y...
- Gracias, me interrumpió, con aquella vocecita
se posee una fortuna de ocho ó nueve millones, una
hermosa presencia, una lengua expedita para enamo- que me recordaba el zumbido de un mosquito; no
rar, una carrera militar brillante, y para que nada fal- me be equivocado y estoy seguro de que cumplirá
te, un título nobiliario que, si no para otra cosa, sirve usted mi encargo.
- Lo prometo, dije, pida usted lo que quiera.
al menos para halagar la vanidad.
- Es muy fácil lo que voy á pedirle. En Madrid
Dos horas hacía que Pulgárez había llegado á Madrid y se había alojado en la fonda de ... supongamos vive una mujer á quien quizá interese saber la notique se alojó en la Peninsular, y si ésta no es del agra- cia de mi muerte.
- No piense usted en eso, hombre; la muerte está
do del que leyere, traslade al bueno del capitán á la
que su antojo le dicte, que yo sé que se dejará llevar lejos, le quedan á usted muchos años de vivir.
- De vivir bajo tres palmos de tierra, muchos;
sin protesta, y aun dará las gracias si sale ganando en
pero no se trata de eso. Si he de hacer más guardias,
el cambio.
Desde el momento de su llegada á la fonda, ocu- ya lo veremos; pero como temo mucho no verlo,
pábase D. Federico en hacer una minuciosa toilette, quiero, ó por mejor decir, debo dar á usted un encomo él decía, ó un minucioso tocado, como debería cargo. Cuando yo muera, vaya usted á Madrid; en
la calle de la Farmacia, número 103, vive Eugenia
decir.
Mientras se vestía su unifGrme de lanceros, renegó Anterano, profesora de música: dígale usted que he
varias veces, dijo entre dientes palabras que nadie hecho todo lo posible, pero que no ha podido ser,
oyó y que por lo tanto no han pasado á la historia, y que se acuerde alguna vez de mí y que me perdone.
- Dése usted por perdonado, dije yo; usted no
de haber pasado, librárase el cronista de estamparlas
en el papel; y cuando al fin se vió vestido, miróse al ha podido inferir ofensa á nadie.
- ¡Quién sabe, capitán! ¿Cumplirá usted mi enespejo y dijo: «¡Ea! El último golpe de belleza.» Se retorció las guías del bigote, se atusó con un cepillito de cargo?
-Lo juro.
marfil su barba, y colocándose muy echada á los ojos
- Gracias, dijo, y me tendió su mano calenturienla leopoldina, salió del cuarto y bajó las escaleras, con
tal taconeo, sonar de e:;;puelas y tanta arrogancia y ta y sudorosa, y tan escualida, que al estrecharla me
marcialidad, que cualquiera al verle hubiera adivinado pareció que apretaba un manojo de espárragos trisu pensamiento, que era este: ((El mundo es pequeño gueros, sacados del fuego en el momento en que va
á empezar á hervir el agua en que están metidos.
para mí.»
»Y nada más me dijo el desdichado Fernández y
Llegó á la puerta de la calle, se detuvo y quedóse
dos horas después murió. Y yo tres días hace que he
pensativo por un momei:ito.
.
Metióse la mano en el bolsillo de su pantalón, y podido cumplir su última voluntad y no la he cumsacó de él un papel en el que leyó: «Eugenia Ante- plido. Soy un estúpido; pero dentro de dos horas
habré dejado de serlo, ó por lo menos hab'ré cumrano, Farmacia, 103, tercero izquierda.»
Al leer esto, se pintó en su cara un cierto disgus- plido el encargo del pobre Fernández. ¡Arriba, perezoso, que temes ver llorar á una mujer! ¡Arriba y á
to ó contrariedad.
«¡Vaya que es divertida la comisión, pensó; y he vestirnos! Dentro de dos horas ya sabrá la señorita
de hacerla! Como que únicamente á eso he venido á Eugenia que está viuda ... vamos al decir, y yo maMadrid y es además un deber de conciencia. La em- ñana á estas horas estaré en Alcalá y el pobre Ferbajada tiene un triste objeto y voy á pasar un mal nández en el cementerio, y quizá la que fué su novia
rato. Lágrimas, gritos, quizá algún desmayo ... ¿En- recuerde el refrán que dice: «A rey muerto, rey puescontraré ahora á la señorita Eugenia en su casa? Yo to,» y sustituya al alférez muertó con un alférez vivo.»
creo que no; luego á las siete iré.»
Dió el marqués por terminado este soliloquio, se
Temiendo lo enojoso de su comisión, retardó el echó fuera de la cama, y comenzó á vestirse. Desmarqués su cumplimiento.
pués; ... pero lo que pasó después merece capítulo
Cuando dieron las siete, hallábase en el casino de aparte.
la Peña.
II
Encontró allí á varios amigos, y charlando, charlando se olvidó del objeto de su venida á Madrid.
Dió el capitán un paseo por las calles de Madrid
Eran ya cerca de las ocho y decidió ir á comer á antes de decidirse á ir á la calle de la Farmacia.
Fornos, dejando para el siguiente día el cumplimiento Mientras paseaba iba pensando en la mejor manera
de dar la triste nueva.
de su comisión.
«¡Pobre muchacha!, pensaba, ¡cuán ajena estará
Pasó el día siguiente y el marqués no encontró momento oportuno de ir á visitar á Eugenia Anterano. de imaginar lo que la espera! ¿Cómo será? ¿Será guaAl tercero despertó Pulgárez cuando ya la gente pa? No sé, porque se me figura que debe ser así...
que trabaja lleva seis horas de fatiga, ha comido y se algo extravagante; una muchachilla pequeña, nerviodispone á trabajar de nuevo.
sa, morena pálida, muy viva, peinada de cierto moEl primer pensamiento del marqués al despertarse do que la dé un aire de artista, sencilla y algo varofué que aún no había visitado á Eugenia. «Hoy he nil en el vestir. Por fuerza ha de haber en ella algo
de ir, no hay más remedio, se dijo. El coronel no me raro: ¿cómo si no explicar que se enamorara de Fer·
ha concedido más que tres días de permiso y maña- nández? Será algo romántica, y esto dificultará micona he de estar en Alcalá. Me molesta mucho tener misión. Comenzaré diciéndola que voy á visitarla en
que hacer esa visita; pero, ¡qué diablo!, también me nombre de Fernández; se interesará mucho y me dipreocupa demasiado una tontería. ¿Tengo yo la culpa rigirá preguntas:
- ¿Va á venir pronto?
de que le haya dado á Fernández la mala ocurrencia
- No; por ahora no podrá venir.
de morirse? Desagradable es ir á notificar á una muchacha que se ha muerto su novio, pero también es
- ¿Acaso está enfermo?
- Sí; delicadillo se encuentra.
necedad que yo me preocupe por ello tanto. Presen- ¡Ay, Dios mío! ¡Hable usted! ¿Es grave su enciaré una escena triste, y se acabó ... ¿Será guapa la
novia de Fernández? Muy guapa no será ó ha de te- fermedad? Hable usted, ¡por la Virgen Santísima!

'•

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493

- Está grave, pero no ...
- Dígame usted la verdad, toda la verdad.
- La verdad es que está bastante enfermo.
- ¿Qué tiene mi Rafael de mi alma?, gritará entonces con los ojos llenos de lágrimas y con voz ahogada por el dolor.
- No se sabe fijamente, pero los médicos temen
que sea tifus.
- ¡Tifus! Y es~ará en una casa de huéspedes, mal
cuidado ... Quiero cuidarle yo misma, y diga el mundo lo que quiera; es mi obligación.
»Al decir esto se levantará, disponiéndose á venir
conmigo á Alcalá, yo la detendré:
- Señorita, tranquilícese usted, Rafael está bien
atendido y cuidado, todos sus compañeros le hemos
asistido; y acentuaré el hemos para qqe...
- ¡Cuidado por hombres solos! Quiero, quiero 1r
á cuidarle yo.
- Repito á usted que...
- ¡Déjeme usted!, ¡déjeme usted!
- Pero si no necesita cuidados de nadie.
- ¡Cómo! ¿Qué dice usted?
- Que está muy bien ...
- No, no es eso lo que ha querido usted decir; mi
Rafael, mi Rafael ... ¿Calla usted?
» Yo inclinaré la cabeza, y comenzará entonces la
parte más desgarradora de la escena. Llorará en silencio si le quiso bien, y dando gritos si su a,mor
fué exaltado ó romántico; se calmará luego y querrá
saber los detalles. Nuevos gritos al oir que ha muerto en el hospital, y muchas lágrimas y grandes suspiros cuando yo la diga lo que Fernández µie encargó; repetiré sus mismas palabras: «Dígale usted
que se acuerde alguna vez de mí, que ya ve que no
pudo ser y que me perdone.» Esto dijo, bien lo recuerdo. Y ahora que caigo; no entiendo bien estas
frases: «ya ve que no pudo ser, y que me perdone.»
¿De qué ofensas pedirla perdón Fernández? ¿Si será
esto alguna historia extraña?»
Distraído con estos pensamientos y forjando en su
imaginación novelas que explicaran las palabras de
Fernández, llegó el marqués al número 103 de la
calle de la Farmacia. Preguntó en la portería si vivía
allí Doña Eugenia Anterano y si sabía que estaba en
casa. Dijéronle que sí y subió hasta el piso tercero,
con entresuelo, primero, principal y segundo.
Salió á abrirle una mujer como de unos 40 años,
á quien entregó su tarjeta, diciendo que deseaba ver
á la señorita Eugenia.
Pasó á una habitación muy pequeña y amueblada
muy modestamente.
Le rogó la criada que esperara un momento,- porque la señorita estaba acabando de dar una lección
de piano.
Mientras esperaba estuvo el marqués examinando
la habitación. Un sofá de reps verde y cuatro sillas
que presentaban señales de una edad muy respetable;
velillos de puntilla muy blancos en los respaldos; al
pie del sofá una alfombra de muchos colores, hecha.
de retazos; varios cromos en marcos de caña dorada,
de fabricación casera como los velillos, la alfombra y
los visillos del balcón; al lado de la puerta una mesa
de nogal y sobre ella unos jarrones con flores de trapo, una caja hecha con conchas y caracoles ,y una
urna que servía de easa á un San Antonio de Padua.
Examinó el marqués la imagen del santo y no pudo
menos de sonreirse. El escultor, llamémosle así, había hecho una herejía artística. El infeliz San Antonio tenía la cara tan lamida y tan blanquita, una boca tan grande, un cerquillo tan descomunal y en la
parte superior de la cabeza un plumerillo de eabellos
tan puntiagudo, que parecía habían adornado al
pobre santo con una peluca de clown. El Niño Dios,
sentado sobre la mano del santo y dándole la espalda hallábase colocado como sobre una banqueta. Estaba muy gordito y el color de sus carnes era tan
arrebatado, que parecía que llevaba un traje de malla de esos que llevan las volatineras callejeras. Todo
contribuía á que santo y niño recordaran á los· artistas acróbatas, y para que nada faltara, parecía que el
niño estuviera haciendo juegos malabares con la plateada bolita que representaba el mundo.
Tuvo Pulgárez que esperar un largo rato, oyendo
una vocecita que solfeaba fa, mi, sol, fa, mi, re.
Al fin se abrió la puerta y salieron corriendo tres
niñas que ni siquiera le vieron.
Entró la criada y le suplicó que pasara á la habitación de al lado.
Así lo hizó, y vió sentada en un taburete, colocado
frente á un magnífico piano Erard, á una joven que
supuso sería Eugenia Anterano.
- ¿Tengo el gusto de hablar con la señorita Eugenia?, preguntó el marqués.
- Tome usted asiento, caballero; yo soy la persona
á quien usted busca.
El capitán pudo contemplar á Eugenia y vió que

NúMERO

493

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

359

,.

LA ESTUDIANTINA ESPAilOLA DE VALPARAÍSO.

...

era muy distinta de como en su pensamiento quiso
imaginársela.
~ Era una mujer hermosísima y arrogante y con un
aire tan distinguido, que hubiera llamado la atención
en. los más aristocráticos salones; vestía con suma
sencillez, pero sencillez correctísima y elegante.
El marqués quedóse asombrado y pensó: «¡Vaya
una mujer! ¡Demonio y qué cosas sabía buscar Fernández! Es guapísima, guapísima. ¡Si hubiera alguna
más expresión en sus ojos! Tiene la belleza de una
estatua, pero también su frialdad »
- Caballero, usted dirá á qué debo el honor .. .
- Deploro, señorita que un motivo triste...
- ¿Triste?, interrumpió Eugenia con gran tranquilidad.
- Creo, dijo el marqués, que bastará que pronuncie un nombre para que comienee usted á explicarse
el motivo de mi visita. ¿Conoce usted al Sr. D. Rafael Fernández?
Ni la más ligera sombra de alteracióE se pintó
en el rostro austero de Eugenia, que contestó:
- Le conocí hace ya tiempo.
- Veo, continuó el marqués, que por dicha he encontrado en usted una señorita dotada de un carácter frío y nada curioso,
- ¿Lo cree usted así?, repuso Eugenia con cierto
tono de delicada ironía. Agradezco á usted el juicio
que de mí ha formado; pero prosiga usted, se lo suplico.
- Soy militar, capitán de caballería; en mi escuadrón sirvib el alférez Fernández. Recalcó la palabra
sirvib para comenzar la triste nueva.
- ¿Sirvió?, dijo Eugenia. ¿Ha sido destinado á otro
regimiento?
El .marqués sintió deseos de decir: «ha muerto,»
pues sin saber por qué le irritaba aquella frialdad,
fingida ó cierta. Se contuvo y con gran gravedad
continuó:
- Duéleme tener que anunciar á usted que Fernández está gravemente enfermo.
- Ha muerto.
- ¿Lo sabía usted ya?, exclamó el capitán, admirado ante aquella dura frialdad.

(De una fotografía remitida por D. Francisco Griñ6.)

- No, contestó la joven, lo presumí desde el momento en que pronunció usted su nombre, y sólo por
eso he soportado el insulto que me infiere una embajada como esta. Fernández se ha refugiado en la
impunidad del sepulcro.
Dicho esto, sonrió de un modo extraño, y clavó
sus ojos en los del capitán.
Este se encontró en una difícil situación, no sabía
qué decir ni qué hacer y se sentía molesto al verse
mirado de aquella manera. Después de unos momentos de silencio, dijo:
- Discúlpeme usted si no entiendo sus palabras.
No sé en qué consiste el insulto. Cumplo la última
voluntad de un muerto, y creo que merecía me hubiese usted recibido de otra manera, al menos por
mí, que no hubiera aceptado la responsabilidad de
un insulto inferido á una señora.
Eugenia escuchó imperturbable; no se movió ni
un solo músculo de su cara, y haciendo caso omiso
de la severa leGción que le había dado el marqués
dijo:
'
- Refiérame usted detalles.
- Murió del tifus hace seis dias. Poco antes de
~orir me llamó y me encargó viera á usted y le diJese: «que se acuerde usted alguna vez de él, que ya
ve usted que no pudo ser y que le perdonara.» Creo
haber cumplido mi comisión, y sólo me resta pedir
á usted me dispense si la he molestado.
-¿Molestarme? No. Pero hágame usted el favor
de. volverá sentarse; la conferencia no ha terminado
Usted á lo que parece era el amigo, el confidented¡
Fernández.
-No, contestó el marqués. Creo haber dicho á
usted que le conocí en el servicio: fué primero sargento, y cuando ascendió á alferez vino á servir á mi
escuadrón. Le tuve en gran estimación porque era
un buen oficial.
- ¡Ah!, dijo Eugenia con una sonrisa burlona. Perdone usted si creí... Comprendo toda la diferencia
que exist~a. entre ustedes;_ ~as como vino á cumplir
una com1Sión que perm1tla suponer cierta intimidad...
Pronunció estas frases con tanta altanería y con

un desdén tan irritante, que el capitán sintió que se
le despertaba la cólera y necesitó un gran esfuerzo
para contenerse.
- Supuse, continuó Eugenia, que si se había usted encargado de esta comisión, se debería á haber
escuchado las confidencias de su amigo, de su compañero el alférez Fernández, y por eso creí que no
desconocería las razones por las cuales Fernández
me ha pedido perdón en su última hora.
- No, señorita, no sé qué causa ni qué ofensa y
permita que.la diga...
'
- ¿Que no desea saberlas?, interrumpió Eugenia.
Pero yo deseo que las sepa. En -su pensamiento, si al~na vez se acuerda usted de Fernández y de mí,
irá? revueltos y confundidos ambos recuerdos, y no
qmero que. eso ocurra; tenga usted paciencia y escúch~me 1;1n instante; ha de oir usted parte de mi historia. Vivía yo en San Sebastián dando lecciones de
música, allí conocí á Fernández'. que era sobrino de
una señora muy rica. Se enamoró de mí y me solicitó de una manera insistente; yo no le amaba y no
escuché sus ofrecimientos, por más que me ofreció
hacerme su esposa. No desistió por eso en sus pretensiones; mis negativas y mis desdenes no sirvieron
m~s que para ir~itar su amor. Para abreviar, suprimiré detalles y diré á usted que su amor irritado ó
mejor, lo &lt;;anallesco de su alma, le llevaron á empl~ar
la calumma, para alcanzar lo que ni el oro ni otros
ofreci.mientos. alcanzaron. Por una tercera persona
me hizo acudir á una casa de la que salí deshonrada;
deshonrada para las gentes, entiéndalo usted bien,
honrada y pura para mí y para él. Yo estaba sola en
el mundo; vivía de mi trabajo, y Fernández al quitarme la honra me arrancó también mi manera de
v\vir. La profesora de piano que antes era bien recibida en todai. partes, de todas partes fué despedida.
Vendí cuanto tenía y hubiera mendigado un pedazo de pan, cuando un día se presentó en mi casa
Fernández y nuevamente solicitó mis favores. «Seré
de usted, le contesté, cuando me haga su esposa &gt;&gt; Al
fi? me ent.regaba á aquel hombre odioso, pero el prec1~ era m1 honra. Prometió hacerlo, pero no cumplió su promesa. Su tía se opuso al matrimonio ame-

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LA JUVENTUD DE SANSÓN, CUADRO DE BONNAT. - SALÓN DE PARIS DE 1891

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nazando con desheredarle. No quiso Fernández contrariar y desobedecerá su tía, por más que yo le ofrecí trabajar para los dos. Le llamé cobarde, y él
entonces gritó: «¡Cobarde no! Yo sabré crearme una
posición, y mi tía cederá al cabo y cumpliré mi palabra, remediando el daño que te hice.» Sentó plaza,
ascendió á alférez, hac:e poco me escribió diciendo
que en el próximo mes de mayo nos casaríamos. Ya
sabe V. lo dtmás. Por no cumplir su palabra se ha
muerto.
Calló Eugenia, que había referido esta historia con
una calma y una frialdad admirables.
El capitán que había escuchado sin peslrañear, dijo:
- No sé qué admirar más en usted, si el valor que
tuvo, ó el que hubiera necesitado tener para casarse.
Se hubiera usted casado...
- Para lavar mi deshonor de solten1, y para vengarme.
- ¡Vengarse!
- Sí; ya casada hubiera devuelto á Fernández
deshonor por deshonor. He concluido mi historia,
añadió levantándose y haciendo con la cabeza un ligero saludo al marqués.
Saludó éste también y salió todo turbado.
Cuando la criada le abría la puerta de la casa, oyó
que Eugenia tocaba en el piano un alegre vals de
Offenbach.
RICARDO REVENGA

SECCIÓN AMERICANA
ROPA APOLILLADA

I
UNA PARTIDA DE PALITROQUES

NúMERO 493

que publicamos y que merecen conocerse entre los varios que
expuso M eifrén en la Galería Parés, antes de abandonar nuestra ciudad para fijar su residencia en París, realizando un verdadero alarde de sus aptitudes pictóricas. Ofrecían sus obras
todas las variaciones que es posible suponer en el género especial en que tanto se ha distinguido Meifrén, y acusaban todas
ellas el completo dominio y perfecto conocimiento que posee
de los varios matices que presentan el agua y el cielo, según
sean sus movimientos y momento en que se la represente.
II
Agradablemente sorprendieron algunos de sus paisajes, quizás los primeros que ha expuesto Meifrén, ya que se descubría
desde luego en ellos la brillante espontaneidad de su paleta y
LOS QUE ESTÁN Á LA MIRA
el espíritu observador del artista, que fiel intérprete de la naturaleza, trató de reproducirla aun en el aspecto por él menos
Fué el licenciado Polo de Ondegardo, autor de estudiado,
una interesante crónica historial del Perú que, según
Prescott, se conserva aún inédita, hombre de agudo
ingenio y muy amigo de jugar con los vocablos.
La santera, acuarela. de Joaquín Sorolla. (ExPruébalo el que habiéndose querellado ante él dos posición
de acuarelas y pasteles celebrada por el Círculo de
individuos que se dieron de golpes, empleando el Bellas Artes de Madrid.) - Joaquín Sorolla es uno de esos disuno una vara de medir y el otro una pesa de cobre, tinguidos pintores que tanto han contribuído con su esfuerzo á
díjoles el juez: «en este litigio no cabe sentencia, por- enaltecer y perpetuar el buen nombre de la escuela valenciana.
cuadros titulados E l 2 de mayo de 18o8 y El entierro de
que el asunto se ha ventilado ya con peso y medida.)) Sus
Cristo, así como los varios lienzos que remitió desde Roma duCupo al Demonio de los Andes Francisco de Car- rante los cinco años de su pensionado y las recompensas alcanvajal bautizar con el nombre de tr/edores á los que zadas en las Exposiciones nacionales, demuestran que Sorolla
en política se manejan con doblez y que bailan al figura dignamente entre los buenos artistas españoles.
Dos aguadas y algunos pasteles y acuarelas remitió Sorolla
son que tocan. En ese siglo de revueltas hubo no po• á la
Exposición que celebró el Círculo de Bellas Artes de Macosque, huyendo de comprometerse en los bandos, drid, destacándose entre ellas y aun entre las que figuraron en
esperaban á última hora para exhibirse como parti- aquel certamen, la que tituló La santera, bellísima por el condarios de la causa que entre cien contara con no- cepto, por el color y por el dibujo. El asunto no podía ser más
sencillo, y sin embargo atraía la atención de los inteligentes y
venta y nueve .probabilidades de éxito.
aficionados. Una mujer joven y hermosa, perfecto tipo de las
Polo de Ondegardo bautizó con el nombre de los bellas hijas de las riberas del Turia, hállase ocupada cn alique están á la mira á esos politiqueros de encrucijada mentar la lámpara del altar cuyo arreglo le está confiado. Su
que en nuestros días llamamos oportunistas ó amigos figura destácase sobre el severo fondo, que alumbrado débilpor la mortecina luz de lámpara, hállase sumido en esa
de la víspera, y que, de paso sea dicho, son los que mente
misteriosa obscuridad de nuestros templos, destacándose únise adueñan de las mejores tajadas, dando autoridad camente por obscuro las siluetas de los santos del retablo, sus
al refrán que dice: ((nadie sabe para quién trabaja.» doradas coronas y los abrillantados azulejos clel arrimadero, en
Enviado Ondegardo á Charcas con el carácter de tanto que aparece en toda la belleza de sus líneas la santera,
Gobernador por D. Pedro de Lagasca, se vió en el teniendo levantado uno de sus brazos, fino de color yde líneas,
caso de investigar el comportamiento de los princi- perfectamente armonizado con la general entonación.
pales vecinos durante la ya vencida revolución de
Gonzalo Pizarro, para premiar en ellos su lealtad y
vuelta de la pesca, estatua en yeso de
servicios á la causa del rey, ó bien para imponer cas- D.La
Dionisio Pastor Va.lsero. t Exposición Nacional de
tigo á los que resultasen contaminados con la lepra Bellas Artes de 1890. )-Al notable escultor Sr. Pastor Valsero
de la rebeldía. Si bien de estos últimos sólo encontró no puede apli~ársele el conocido refrán de cal primer tapón ... &gt;
dos que enviar sin escrúpulo á la horca, en cambio Por el contrario, expone por primera vez en la última Exposición Nacional de Bella~ Artes y por unanimidad le concede el
tampoco halló á nadie digno de obtener mercedes, Jurado
una medalla de tercera clase. Y nadie dirá que tal disque era el licenciado juez muy exigente en esto de tinción no fue~e ganada en buena lid, pues La vru/la de la pesaquilatar el merecimiento ajeno. Para manga ancha ca, que le valió tal recompensa, es una figura elegante, modelas juntas calificadoras de nuestros tiempos, en que lada con tanto cariño como acierto, que rebosa naturalidad y
y revela el cuidado y el provecho con que su autor
resultan hasta venc~dores en un combate prójimos expresión,
ha estudiado á los grandes maestros en ese género tan simpátique se hallaban á cien leguas de distancia, Muy có- co y no fácil, si se ha de conseguir, como el Sr. Pastor lo conmodo es hacer caridades á expensas del tesoro fiscal sigue plenamente, interesar al espectador con asuntos baladíes,
si se quiere, pero que por lo mismo exigen mayores condicio
y no del propio.
Después de escuchar el alegato de méritos y ser- nes técnicas si han de producir el apetecido efecto.
vicios de cada vecino, Polo de Ondegardo, entre ri•
••
sueño y grave, formulaba objeciones, y como no le
contestaban exhibiendo documentos que comproba- La estudiantina española. de Va.lpa.raíso. de jóvenes españoles establecidos en aquella ciu•
sen no haber sido el sujeto tibio en la defensa de la Compuesta
dad chilena, en donde se dedican al comercio, la estudiantina
bandera real, concluía el licenciado con estas frases: del Círculo español de Valparaiso sostiene muy alto el buen
«Está visto, mi amigo, que vuesamerced no ha nombre de la madre patria por su amor al trabajo, por sus afiarriesgado un cabello en favor del rey, y que ha mili- ciones artísticas, á las que consagra los ratos que sus ocupaciones le dejan libres, y por sus filantrópicos sentimientos, á impultado entre los que están á la mira. No ha sido bobo sos
de los cuales organiza fiestas á beneficio de los necesitados,
vuesamerced; pero, para mí, más gracia merece el yque le han valido el dictado de «ángel de la caridad.» La estu
enemigo declarado, que quien está á la de viva quien diantina consta de diez y seis individuos, los más de los cuales
venza. Lo pagará su bolsa, y así escarmentará, para no sa~n solfeo y _h~~ de aprender, por ende, las piezas de
en otra no estarse á la mira, sino comprometerse con memoua, y está dmgida por D. Gaspar Barroetabeña, joven
de gran inteligencia y de no comunes cono:imientos musiSan Miguel ó con el diablo.»
cales.
Y á todos los de la mira les impuso una multa para el tesoro de su majestad desde cien hasta mil du•••
cados, según la posición y teneres de la persona.
Juventud de Sansón, cuadro de M. Bonnat
Y fueron tantos los que resultaron pecadores de (Salón
de París de 1891.) - De la narración bíblica que nos
haber estado á la mira, que pasó de un millón de pe- presenta á Sansón en sus mocedades entretenido en romperá
sos la suma que Polo de Ondegardo remitió á Espa- fuerza de brazos las mandíbulas de los leones, ha tomado asun•
to el pintor francés Bonnat para el hermoso cuadro que reproña con destino á la real persona de su majestad don ducimos.
El león, medio derribado, forcejea en vano por desFelipe II.
asirse de los brazos del hebreo, cuya actitud tranquila contrasta con los movimientos desesperados de aquél y revela la supe•
RICARDO PALMA
rioridad del hombre sobre la fiera.
La pintura de M. Bonnat es de composición valiente: la silueta del héroe es noble, y la musculatura está reproducida con
pasmosa verdad, y en cuanto al león hay en él tanta fiereza,
NUESTROS GRABADOS
tanta expresión de dolor al sentirse vencido, que unánimemente
lo han Juzgado los críticos franceses como obra maestra en su
Descanso, copia de una píntura de Maria- género.
no Fortuny.- Huelgan, siempre que de este malogrado
pintor se trata, descripciones y encomios, pues unas y otros
surgen naturalmente de la contemplación de sus prodigiosos DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino de Chassa.ing
lienzos. Estos se imponen porque son esencialmente bellos,
como se imponen las tiernas melodías de Bcllini ó las sublimes
N CONSEJ"O POR DIA. - La estación preconcepciones de Wagner. Y cuando tal acontece con una obra
sente causa verdaderos desastres en las epidermis senside arte, lo mejor que puede hacerse es cerrar el pico y dejar
la piel se agn'eta, se enro;'ece y se arruga continuamente.
que cada cual saboree á su placer y sin que nada ni nadie le bles:
Para evitar estos disgustos hay que emplear para el rostro ylas
distraigan lo que tan dulcemente halaga sus sentidos y por manos
la CRKMA SIMÓN, cold-cream tónico y calmante, cuyos
modo tan maravilloso conmueve su alma.
son maravillosos. Ensayarla una vez, es adoptarla. Se
Predicando, pues, con el ejemplo, hacemos punto final, con• efectos
halla este producto rue de Provma, 36, París, y en todas
signando sólo que este cuadro es también conocido, según cree- partes;
pero es preciso guardarse de las fabificncioncs bajo 110111mos con el titulo de Arabe fumando, y que así lo designa el
Sr. Ossorio y Bernard en su notable Galeria biogrdfica de ar- bres .extran;'eros.

N úMERO 493

LA

P5

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

J==
guna,
penas
ponen
iendo
\rcibido de

hora sea, que de mi mano no volverá á ver moneda
en el boliche.
Y es fama que tanto se sintió humillado en su
amor propio de jugador, por haber encontrado maestro, que desde entonces nadie volvió á ver á D. Francisco Pizarro bocha en mano.

Gran jugador de bolos fué Alonso de Palomares,
soldado que vino al Perú en la expedición de don
Pedro de Alvarado, el del célebre salto en Méjico.
Es sabido que D. Francisco Pizarro tuvo pasión
por este juego, y que junto con la fundación de Lima estableció en la vecindad del Martinete un boliche ó cancha de bochas, adonde iba todas las tardes á pasar dos horitas de solaz. Fuese adulación, ó
que en realidad no hubiera quien lo aventajase, lo
cierto es que su gloria como bochador no tenía
eclipse.
Cuando llegaba el marqués, toda partida se suspendía para que él y sus amigos entrasen en posesión del boliche.
Habláronle una tarde de la destreza de Alonso de
Palomares, y Pizarro quiso conocerlo y jugar con él
- Dícenme, señor soldado, le dijo, que vuesamerced es mucho hombre como jugador de palitroques,
y si le place probaremos fuerzas en una partida.
- Hónrame su señoría con la propuesta, contestó
Palomares. ¿Y á cómo ha de ser el mingo que interesemos?
- Fíjelo vuesamerced.
- Aunque pobre soldado, continuó el otro, no me
faltan trescientos ducados de oro en la escarcela, y
si á vuesaseñoría conviene interesaremos cinco ducados por partida, que quien honra recibe en ser adversario del señor gobernador no puede hacer juego
roñoso.
- Sea, repuso lacónicamente el marqués, y comenzó la partida.
Jugaron aquella tarde mientras hubo luz Partidas
perdió el gobernador y partidas perdió el soldado; si
bien éste, según el sentir de los inteligentes, hizo
mañosamente algunas pifias, como i'hra inspirar confianza á su contrario. Y sin embargo, le ganó veinte
ducados al marqués.
Y siguieron durante un mes jugando todas las tardes, hasta que se convenció Pizarro de que en Palomares había encontrado maestro de quien recibir
lecciones. Erale deudor de cien ducados de oro.
El marqués, siempre que perdía, se desahogaba
denostando á su vencedor, el cual sonreía con mucha
flema y continuaba dando bochadas que no dejaban
palitroque en pie. ¡Jugadorazo el Palomares!
Entretanto pasó una semana, después de roto el
compromiso de juego, sin que D. Francisco se acordase de pagar los cien ducados, hasta que un día
tuvo el soldado la llaneza de recordárselo.
- No le pago al muy fullero, contestó con cólera
Pizarra.
- Corriente, señor marqués, no pague usía si no
quiere, que habré perdido mi dinero y ganado sus
injurias.
tistas espafloles del siglo XIX.
Dice Garcilaso que la respuesta le cayó en gracia
JABON REAL
JABON
al gobernador, porque volviéndose al tesorero RiquelDE THRI DAC t 29,;d:1:~¡;;:j¡ri, VEL OUTI NE
me, le dijo riendo:
En el puerto. _En el campo, cuadros de Eliseo 11c,...1wa ,er utoritú61 ■iéJr ~• 11 11&amp;1,r •• ll PIII 1 111111&amp; bl Ctltr
- Págale á este mozo lo que reclama, y en buena Meifrén. (Salón Parés.)-Tal es el título de los dos lienzos

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Vió, en vez de un viejo de cabeza calva; una joven ...

CUENTO DE AMOR
POR PABLO l\lARGUERITE. - ILUSTRACIONES DE ROCHEGROSSE

(CONCLUSIÓN)
su infancia, sus libros, su bufón Mite y sus gatos. Acogido como el hijo pródigo,
mostróse afable con todos, y consintió, por deferencia al emperador, en consultará un nuevo médico que bacía curas maravillosas: era un judío llamado Efrem
Sabas. Hasta tuvo el capricho de ir á su casa, y úna vez allí, no encontrando á
nadie para recibirle, se entretuvo en recorrer una. por una todas las habitaciones.
¡Cuál no sería su sorpresa cuando en un laboratorio retirado vió, en vez de un
viejo de cabeza calva, una joven cuya espaciosa frente indicaba la mujer pensadora, con ojos de sacerdotisa y ancho ropaje blanco! Era la bija de Efrem, que
el padre ocultaba cuidadosamente; pero la joven, cual si conociese al príncipe,
no se extrañó de verle.
- Trabajamos para vos, díjole, mostrando un frasco de líquido de color roj&lt;i
como la sangre.
- ¿Para mí?, preguntó el príncipe admirado. ¿Pues qué secreto buscáis?
- La vida, contestó la joven. Mi padre y yo nos hemos propuesto buscar el
elixir fluido, la divina panacea; la esperamos, y la muerte quedaría vencida.
- ¿Tan sabia sois?
- ¡Oh! Yo no conozco, repuso la hija del judío con modestia, más que el
nombre de las plantas y de las estrellas, siete idiomas y los secretos de la cábala; sé leer el porvenir en la mano, y ver el presente, con los ojos cerrados, á
través de los muros y de las distancias.
- ¿Y de qué os sirve esa ciencia?, preguntó el príncipe.
- De muy poco, replicó la joven.
Al decir esto, suspiró, inclinando la cabeza, y luego fijó los ojos, en los cuales
EL INVIERNO
parecía brillar la esperanza mística, en un crucifijo de marfil pendiente en la
De vuelta á su reino, pared. Después, como oyese un ligero ruido, añadió vivamente:
- ¡Retiraos! Mi padre mataría á cualquier hombre, aunque fuese príncipe, que
el príncipe vió con alegría el antiguo palacio de me hubiera visto y hablado en secreto.
- ¿Volveré á veros? ¡Yo lo quiero!
- Sea. Mañana iré á esas montañas cuya azulada cima se ve desde aquí.
En la cumbre de la más alta está el observatorio de mi padre, y allí pasaré
,,., el invierno sola. Id á verme.
Hízolo así el príncipe todos los días: tenía con la joven dulces y agradables conversaciones; y maravillado por su encanto sobrenatural, su saber y
la ~elleza de su alma, amóla muy pronto, pero de una manera inmaterial,
porque en ella todo era pensamiento, todo espíritu sin cuerpo. Y cuanto
decía era sabio, profundo, lleno de bondad y de justicia.
Una noche, después de haber examinado largo tiempo las estrellas, el
príncipe &lt;lió á la joven, en prueba de amistad, un nombre de musa, el de
· Urania,
El día se pasaba conversando; trataban de las más graves cuestiones, las
metempsicosis de la naturaleza y el problema del mal; discutían sobre la
existencia de Dios y la inmortalidad del alma. La joven creía en esto, pero
el príncipe no, Por la noche, completamente sola, fría y casta, estaba siempre en medio de las grandes llamas de los hornillos, observando los alambiques donde se volatilizaba el filtro,
y la cabeza cortada rodó hasta los pies del príncipe
La noche se pasó tranquila, y el príncipe no
habló con la dama, que parecía meditar, sentada
· en un sillón. Al rayar la aurora, presentóse el
verdugo y comenzó á atar los pies
y manos de la prisionera, que parecía indiferente. Apoyada en el príncipe, agitado y tembloroso, bajó resueltamente á una sala sombría, tapizada de negro, donde
cerca del tajo brillaba el
instrumento de muerte.
Bruisinda saludó al príncipe con una reverencia
y la sonrisa en los labios,
arrodillóse llena de vida
y de belleza, y después
de levantar su cabello
dobló la cerviz. El hacha
silbó, y la cabeza cortada
rodó hasta los pies del
príncipe.

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�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

El invierno cubría la montaña de nieve; el aire era helado: producíanse grandes fríos, y la escarcha crujía bajo los pies.
La hija de Efrem observaba con angustia que el príncipe enflaquecía por momentos, y que su lividez cada día mayor le hacía asemejará un espectro; por
eso se consumía para descubrir el supremo elixir, pues el invierno tocaba á su
término, y calculó que á su amigo sólo le quedaban dos meses de vida.
Trece días transcurrieron sin dormir un solo instante ni tomar alimento; pero
en la mañana del décimocuarto, presentóse al príncipe transfigurada.
- ¡Bebed!, le dijo, presentándole un frasco de extraña forma, lleno de un licor
puro. Si no bebéis, mañana sois muerto.
El príncipe tomó el frasco; su mano temblaba de sorpresa.
- El milagro está hecho, dijo la hija de Efrem; la misión de vuestra servidora
ha terminado ya, y yo me voy, monseñor ...
-¿Adónde?
-A un convento.
- ¡Qué decís! Mi trono, mis riquezas y el imperio están á vuestra disposición;

NúMERO

493

- ¿Rehusáis?
La hija de Efrem movió la cabeza con expresión dolorosa.
Sin decir palabra, el príncipe arrojó el frasquito, que hizo pedazos.

EL MAL DEL PRINCIPE
En la noche del día siguiente, que era el último del invierno, el príncipe, sintiéndose desfallecer y teniendo á la derecha á su abuelo y á la izquierda á su
hermano, pidi6les perdón por las molestias que hubiera podido causarles. Recordaba su pasado, las estaciones que se desvabecieron y las mujeres que había
amado. ¡Amor! ¿Podía considerarse como tal su deseo de Eisa, su libertinaje
con Zafira, sus tristes relaciones con Bruisinda y el platónico afecto que profesaba á Urania. ¡Javiera, tan hermosa, según aseguraban, que había ido para
agradarle, y á la cual rechazó sin haberla visto jamás! ¿Quién sabe si el amor
consistía en ser amado y no amar?... En aquel momento oy6se resonar el toque

de una campana fúnebre que atemorizó al emperador y á Mainrad; pero el príncipe sonrió diciendo:
- Es la campana que anuncia el fin del año.
Y estrechándoles la mano con fuerza, exhaló el postrer aliento.

BOCETOS

transformar en cuestión batallona la más sencilla que se ofrezca. Y escrúpulos
aparte, entre quienes pa'trocinan sistemas 6 defienden principios, entre quienes
pr_oclaman utopías 6 sostienen verdades, entre quienes con abnegación se sacrifican _6 véndense por medro ... todo lo apreció como muy aprovechable, todo
le pareció excelente y de gran resultado sabiéndolo manejar.
·
Llamó á sí á una de sus más traviesas legiones, les instruyó convenientemen- ,
te, y dándoles las órdenes más terminantes encaminadas al buen desempeño
de su cometido, les di6 un tremendo latigazo con el rabo, á modo de rúbrica
en sus. infernales decretos, y con esa credencial los despachó á su destino.
. Meti6se cada uno de ellos en el armario viviente de un periodista. Poco les
importaba que los unos fuesen negros y los otros blancos, estos rojos y aquellos
verdes, morados los de acá y amarillos los de allá; en todos se metían: la con?!ción era lo necesario; siendo periodista de la índole que debe suponerse, re·
mdor, caían en él como miel sobre hojuelas; y empezó á funcionar la endemoniada máquina de una manera asombrosa.
~I poco tiempo h?~º 1;11uchos de ellos tan aprovechados que podían darle
t:emta y ray~ al espmtu mstructor, llegando á no poder averiguar con certeza
si eran los diablos metidos en los periodistas 6 los periodistas en los diablos.
En términos que la tal legión apenas se entendía en lo embrollado de aquel
embrollo, porque cuando uno cogía por su cuenta obscurecer la verdad en un
as~~to, se encontraba con otro que le había tomado la delantera para aclararlo,
deJandolo más negro que la tinta; cuando uno iniciaba una idea subversiva
sembran~o _el_g~rmen de la duda, otro ya planteaba la doctrina de aquel erro;
como prmc1p10 mconcuso; cuando uno se esforzaba en intentar derribar algo,
otros !ª llevaban tan adelantada la demolición que revolvían sus cimientos.
El inventor y director de semejante diablura, en la que todos andamos ya
?1etido~, que~6 satisfecho de su obra; se asombraba de lo estupendo de su
idea; m P?r pienso pudo haber creído en tan completo resultado: como se dice,_ negoc10 redondo. ¡Cómo!, dicen que dijo, ¿cómo á mi antiguo y poderoso
Senor, que. sabe f puede más que yo, cuando el castigo del pueblo egipcio no
se_ le ocurnó castigarlo con la plaga del periodismo y la libertad de imprenta?
V:1end? coi:no veo sus efectos, juro por quien soy (y en vez de cruz trazó un
d1ab6hco _signo con la punta del r:.bo) que no toleraré jamás en mis dominios
tal calar~udad, que nos pondría el infierno á punto de no entendernos tampoco, Mientras graves ocupaciones requieren mi presencia en otros planetas ínterin acudo á ellos dejando en este, y para largo rato, armada la gran culeb;a, ..
señores, hasta la vista, y ahí se queda eso...

_Cuéntase que el diablo un día llegó á verse tan desesperado, que se di6 á sí
mismo, por no poder darse á cosa peor.
Había hecho caja, como ahora se dice, ó lo que es igual, sacó sus cuentas de
suma y ~esta, y 9ued6 desencajado encontrándose con que sus negocios no andaban bien; los mgresos no le daban el beneficio que de sus planes y cálculos
Y de las gestione~ de sus emisari_os se prometía; y era cosa de gusto ver de qué
modo se daba pnsa devanando ideas en sus tostados sesos ... suponiendo los
tenga por la forma con que se le representa, y de qué manera tan inquieta colea?a ... conv!niendo también en que use rabo. El tuno, que lo es y de veras, se
a_phc6 el refran á lo tuyo, ftt,· y como quien dice, tomó el tren. No se sabe positivamente, que en esto Ia_s opiniones no est~n a~ordes, si saliendo de los profundos del centro. de la ~erra, como cada dia miles de veces se dice y se repite,
6 como lo descr~be M1lton, lanzándose al espacio en busca del mundo, que
parece lo más racional; pero fuese de abajo arriba, 6 de arriba abajo, se nos
coló.. Y col?cánd?se sobre uno de los más elevados picos que encontró á mano,
tendió 1~ vista, fiJando su penetrante mirada sobre cuanto pasaba en la extensa
s~perficie del planeta; dando un resoplido, repitió los versos de aquel desgraciado poeta, al que no faltó quien tildase de ser su compinche ...
/ Bueno e1 el mundo, bueno!, ¡bueno!, ¡bueno/

De pronto Y á la vista de tanta algarabía no le fué fácil al aturrullado diablo h~cerse perfecto cargo de lo que estaba contemplando. Solamente pudo
deducir que _todo andaba P?r el camino del más completo desconcierto y de la
más enm_aranada perturbación, cosa sumamente provechosa para sus intereses;
en fin, b1~n preparado para hacer su agosto.
:J?escub1ertos los indicios de ricos filones, en espera de bien entendida explotación, q~ed6se lar&amp;º rato indeciso y perplejo, sin decidir por dónde empezar.
~ensat1.vo Y mordiéndose las uñas, como quien duda de atinar con lo de más
fácil Y pronto Y may?r p~ovecho, su torvo semblante di6 de repente muestra
mequívoca de _la satisfacción, que mal puede disimularse y contenerse cuando
se d~ en el quzd 6 donde duele. Y gozoso de la buena elección no quiso perder tiempo en buscar cosa mejor.
'
. Tomó por su cuent~, para coger mucho de una vez, la prensa. periódica de
cierto género, es dec1r, el periodismo reñidor, capaz dejándolo de sobra á

PABLO MARGUERITE

JUAN

Ü. NE!LLE

NúMERO

493

•

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

hembras ni obreras. Lubbock ha probado que las color del que nosotros no tenemos noción alguna.
hormigas viven mucho más que los otros insectos; De suerte que no existiendo en la naturaleza apenas
algunas obreras que en su poder ~enía vivieron sie~e los colores puros, puesto que casi todos se componen
LAS HORMIGAS
años y de dos hembras de Fonmca fusca que cog16 de rayos de ondas de distintas dimensiones, y viendo
De los animales inferiores, ningún grupo, excep- en 1874, una murió á los trece y otra á los catorce las hormigas el ultravioleta que nosotros no percibituando el de las abejas, ha despertado entre los natu- años, lo cual destruye la creencia general de que sólo mos, es más que probable que éstas lo vean todo de
muy distinto color que nosotros.
ralistas, desde la más remota antigüedad, tanto inte- vivían un verano 6 un año á lo sumo.
Los órganos auditivos de los
rés como el de las hormigas.
insectos aparecen en distintas
Aristóteles, Plinio y Plutarco
partes del cuerpo y no se limidescriben minuciosamente altan á una sola. En los extremos
gunas de las cualidades de esde las antenas de las hormigas
tos insectos y refieren de ellos
hay órganos que pueden ser
hechos que admiran. Los moconsiderados como auditivos
dernos han añadido á las de
(fig. 4); pero en este punto no
los antiguos nuevas observaciopuede formularse una afirmanes, que sin embargo no arroción concreta, porque no ha pojaban gran luz sobre la vida,
dido demostrarse una acción
costumbres y aptitudes de tan
de los sonidos sobre tales indiminutos seres, hasta que
sectos. Esto no quiere decir
recientemente algunos notaque sean sordas; pues aun siénbles entomólogos han consedolo para los sonidos que nosguido con sus estudios darnos
otros percibimos, podrían no
á conocer muchos detalles resserlo
para otros que por el núpecto de las hormigas. Uno de
mero de sus vibraciones no
los principales es el inglés sir
percibe nuestro oído. Landois
Juan Lubbock, de cuyas invesha descubierto en las hormigas
tigaciones tomamos la mayor
para nosotros mudas aparatos
parte de los datos para el prede estridulaci6n análogos á los
sente artículo.
de btros insectos que producen
Si examinamos cuidadosaruidos que nosotros oímos, y
mente un hormiguero, lo pria
b
a
de ello deduce que las hormimero que llama nuestra atengas emiten sonidos por medio
ción es la diferencia de tamaFig. I. - Oecodo111a cephalotes. - a Macho, b hembra, e obrera pequeña, d obrera grande. {Tamaño natural.)
de los cuales se entienden enño de los distintos miembros
tre sí, aunque nosotros no los
de la comunidad. GeneralmenLas dimensiones, la forma y la estructura de los oigamos, opinión si no probada, por lo menos prote se ven allí.tres tipos. La inmensa ~ayorl~ de las
hormigas son obreras, hembr~s peq?enas y sm alas; nidos varían según las especies de hormigas; pero bable.
Aunque cabe admitir que el olfato reside en dis:
vienen luego las hembras 6 remas, siempre aladas, y todos ellos, así el de la hormiga de los bosques, que
los machos con alas las más de las veces. En algunas construye grandes montículos, como los de la hormi- tintas partes del cuerpo, es casi indudable que este
especies c~mo la zamba sudamericana ( Oecodoma ce- ga amarilla vulgar, que vive debajo de una piedra, sentido está principalmente en las antenas, provistas
phalotesj, hay obreras de distintos tamaños, ~equeña_s acusan gran habilidad y sentido práctico, y en todos las más veces de un gran número de pelos 6 celdillas
unas y otras grandes y cabezudas (fig. 1): a las pri- reinan el orden, la limpieza y la actividad que se ha olfativos. En las hormigas está comprobado que el
meras se les llama obreras, á las segundas soldados, hecho proverbial, ejecutando cada hormiga un traba- olfato réside en las antenas y tiene un alto grado de
jo determinado. Los pequeñuelos pasan sus primeros desarrollo. Algunas hormigas quietas que no bastan
porque su misión es defender á las demás.
días en el ipterior del nido ejercitándose en los que- á mover ruidos cercanos ni la aproximación de una
El apacible
haceres domésticos hasta que tienen la robustez nece- punta de pluma hasta casi tocar sus antenas, recogen
cuadro de prodisaria
para dedicarse á los trabajos del exterior. En éstas 6 se echan hacia atrás cuando la pluma que se
giosa actividad
éstos hay una verdadera división del trabajo, así en les acerca tiene una gota de alguna substancia adoríque comúnmente
la Formica fusca ha demostrado Lubbok que sólo tres fera: además si se cuelga en su camino un pincelito
ofrece un hormiind!viduos cuidan de aportar al nido los víveres nece- empapado en una materia aromática, la hormiga al
guero¡- varía de
sarios.
pasar por debajo de él se para; de lo contrario sigue
un modo muy noLas hormigas, como casi todos los insectos, tienen su marcha sin detenerse, lo que prueba que huele el
table cuando en
dos clases de ojos: uno grande, compuesto, y tres oce- líquido.
el verano las larlas á cada lado del cuerpo. Estas son ojos como los
En cuanto al gusto, innumerables experimentos
vas llegan á su
nuestros, al paso que los compuestos constan de in- han demostrado que las hormigas poseen este sentidesarrollo y apanumerables facetas, cada una de las cuales está situa- do y que en ellas lo constituyen unos órganos esperecen los individa al extremo de un tubo, en cuyo otro extremo apa- cialmente modificados en la boca 6 muy cerca de
duos completarece una fibra nerviosa (fig. 2). No pudiendo supo- ésta. El tacto reside en unos pelos de estructura esmente conformanerse que cada faceta reproduzca una imagen com- pecial distribuídos
dos. Los alados
pleta, lo cual sería molesto é inútil para el animal, se por todo el cuerpo.
machos salen del
cree con fundamento que cada faceta sólo recoge un
Respecto de la esnido y trepan por
los tallos, por los Fig. 2. - Sección de seis facetas de un haz luminoso, resultando del conjunto de éstos la tructura y funciones
de insecto (abeja). (Considera• imagen reproducida á modo de mosaico: de los rayos de estos órganos no
trozos de madera ojo
blemente aumentada.)
que llegan al ojo sólo llega al nervio óptico por cada podernos entrar en su
y por los montífaceta aquel que se encuentra en el eje longitudinal estudio, pues además
culos de tierra
que alrededor del hormiguero se alzan, dando mues- del globo de ésta, siendo los demás absorbidos por de que esto nos llevatras de extraordinaria agitación. De repente, en una invisibles tabiques de dicho globo (fig. 3). Juan Mu- ría demasiado lejos,
calurosa tarde de agosto, todo el enjambre de insec- ller fué el primero en sentar esta teoría de la visión. no se presentan muy
tos emprende ruidoso vuelo, remontándose á veces Por medio de las facetas se percibe una imagen di- claros los puntos á
á gran altura y formando grandes nubes que al dejar- recta, al revés de lo que con los ojos simples acon- esa materia referenFig. 4. - Extremo de una antena de
tes.
se caer nuevamente al suelo cubren vastas extensio- tece.
hormiga ( .Myrmica ruginodú).
Aunque
no
lo
sabemos
á
punto
fijo,
es
de
suponer
Pasando
al
exanes de terreno. Estos regocijos, que bien pueden
{Aumentado 7 5 veces.)
ilamarse las bodas de las hormigas, sólo duran unas que los ojos simples de las hormigas les sirven para men de las dotes inhoras, pasadas las cuales los machos, que ya han cum- ver de cerca y en la obscuridad, y los compuestos telectuales y de las
plido la misión de su existencia, perecen en pocos para distinguir los objetos lejanos. Las hormigas, aptitudes de las hormigas, la vida de éstas excita por
dfas,mientras las hembras fecundadas pierden las alas como todos los insectos, son muy cortas de vista, com- más de un concepto nuestra admiración. Ya hemos
y se preocupan de buscar albergue para sí y para sus paradas con nosotros. Ahora bien: ¿ven las hormigas hablado de la divisón del trabajo en todo estado de
hormigas; pero más sorprendente que_ esto es el hehuevos: la joven reina 6 construye un nido para ella como nosotros?
cho
de que cada individuo de un hormiguero conoce
sola, 6 se junta con algunas obreras y funda un nue- Lubbock, con
e
e d
b
á todos los demás que á éste pertenecen, ~'!cho P!O·
vo reino, 6 se vuelve á su mansión natal 6 á otro cual- sus experimendigioso si se tiene en cuenta que hay mdo que se
quier nido y allí se establece. Hasta ahora no se sabe tos, ha comprocompone de cuatrocientos 6 quinientos mil miemcómo procede la hembra en cada uno de estos casos, bado que distinbros. Y sin embargo hase experimentado que cada
habiéndose demostrado tan sólo que entre algunas guen los colores
y
que
el
límite
hormiga no es personalmente conocida de sus herhormigas, la .Mirmica ruginodis, por eje?Iplo, la joven
manas, como también que cada nido no tiene un
reina, puede crearse por sí sola un mdo y arrastrar de su visión que
santo y seña especial ni desprende un olor propio,
consigo á todo un pueblo; pero el hecho de que mu- en el lado rojo
del
espectro
casi
como hasta ahora se había creído. He aquí algunos
chos hormigueros subsistan por espa~i? de alg~nos
de estos experimentos, Varias hormigas que Lubbock
años, demuestra que en ellos son ad~itidas las J~ve- coincide con el
tuvo prisioneras varios meses,fueron reconocidas cones reinas. De éstas, la que se naturaliza, por decirlo nuestro, tiene
mo amigas al ser devueltas á su hormiguero, ir.cluso
más
potencia
Fig.
3.
-Representación
esquemática
de
así en un nido ya no lo abandona y sólo se cuida de
po~er allí en ~eguro sus huevos; ofreciéndose en los que éste en el la absorción de los rayos lumínicos ta- una cuya ausencia fué de cerca de dos años. Es más:
tomó algunas larvas de un nido y las llevó á otro, y
hormigueros la particularid~~ de que, al :evés _que lado opuesto; de terales en la visión por mosaico.
suerte
que
no
cuando
al cabo de mucho tiempo las hormigas que
en las colmenas, pueden VlVIr en paz vanas remas
juntas. También las obreras pueden poner huevos, sólo ven el color de violeta, sino también los rayos de ellas salieron fueron llevadas al nido primitivo,
sobre todo en los hormigueros donde no hay hem- del ultravioleta que nuestros ojos no perciben en el viéronse reconocidas y tratadas como amigas por sus
bras; pero de ellos salen siempre machos, nunca espectro, y que ha de ser, por ende, para aquéllas un compañeras, que nunca las habían visto, al paso que
SECCIÓN CIENTÍFICA

III

compartid conmigo la vida que me ofrecéis. ¡Sed emperatriz y esposa mía á la vez!
Una sonrisa celestial entreabrió los labios de la hija de Efrem.
- ¡Bebed la vida!, dijo la joven; mi reino es de otro mundo.
Y señalando al crucifijo, añadió:
- Yo no puedo servir ya más que á un soberano.

UNA DIABLURA

•

�LA

366
éstas atacaban con rabia y arrojaban de su hormiguero ó daban muerte á los individuos á ést~ extraños. El mismo observador emborrachó á vanas hormigas de dos distintos nidos y las depositó luego
cerca de uno de ellos: los habitantes de éste recogieron á sus hermanas y abandonaron ó arrojaron á un
charco cercano á las del otro, que á la vista no se
diferenciaban de las primeras, con la particularidad
de que si alguna fué salvada por una obrera poco

Fig. 5. - Polyer¡us rufescms. (Aumentada,)

experta, no tardaron las demás en notar la equivocación y en arrojar de su casa á la intrusa.
Sabido es que la hormiga que encuentra algo que
llevar al nido, conduce á poco al sitio del hallazgo
á algunas amigas que le ayuden en su faena: éstas
siguen á aquélla guiadas, no por la vista, sino por el
olfato, como lo demuestran los hechos siguientes. Si
del camino que deben seguir las hormigas para buscar un objeto determinado se quita un trozo y se sus·
tituye por otro, aquéllas se detienen al llegar á éste y
echan á correr sin dirección fija de un lado á otro
porque han perdido el antiguo rastro: si el trozo de
camino que se quita, una tira de papel por ejemplo,
se coloca al otro lado del sendero, casi todas las hormigas siguen esta falsa dirección, sucediendo lo propio cuando se pasa el dedo por el suelo y se hace desaparecer con ello el olor que éste despedía.
El hecho de que una hormiga acompañe en su
nueva salida á la compañera que antes llegó al nido
cargada con su botín, esperando encontrar á su vez
algo, no presupone gran inteligencia; otra cosa es
cuando una hormiga llega al nido con las manos vacías y parte en seguida acompañada de varias compañeras á apoderarse del botín por ella descubierto. En
este caso se patentiza que ha notificado el hallazgo á
sus compañeras, y esta notificación supone un grado
elevado de inteligencia. Esta facultad de comunicarse va aún más allá. Lubbock colocó al extremo de
dos largas tiras de papel dos tacitas conteniendo una
tres ó cuatro larvas y otra algunos centenares de éstas:
puestas sobre ambas pistas dos hormigas, la que se
dirigió á la taza llena, llevóse una larva y regresó al
poco tiempo acompañada de muchas compañeras, al
paso que la que se encaminó á la otra taza, volvió á
ella sola ó acompañada de muy pocas auxiliares.
Cambiadas luego las tazas de sitio, la que encontró
muchas larvas donde antes dejara pocas, fué á buscar
gran número de compañeras, mientras que la otra,
que encontró pocas donde había dejado muchas, á su
nuevo viaje volvió sola ó con escaso acompañamiento.
Esto, que multitud de experimentos han demostrado,
prueba que las hormigas tienen inteligencia, pues el
solo instinto no bastaría á hacerles comprender que
no han de acompañar á la que halló pocas larvas y
sí á la que descubrió muchas, lo cual supone medios
de comunicación muy complicados y tal vez algo parecido al lenguaje.
Esta inteligencia, sin embargo, no es tanta como
algunos exageradamente han supuesto, sino que está
contenida dentro de ciertos límites, según ha comprobado Lnbbock. He aquí el experimento de que
se valió para ello. Clavó en el sucio una tabla de un
metro de alto unida por arriba á otra que descendía
hasta muy cerca de tierra: en el extremo de ésta coloeó una taza llena de larvas, que no distaba de la
entrada del hormiguero más de ~/a de pulgada, y en
ella puso varias hormigas, las cuales cargaron cada
una con una larva para llevarla al nido. Mas á pesar
de que se asomaron al borde de la tabla mostrando
grandes ganas de llegar de un salto al hormiguero,
ninguna se atrevió á saltar ni siquiera pensó en dejar
caer sencillamente la larva; antes por el contrario,
dieron el gran rodeo por las dos tablas, y de esta
snerte llevaron al nido centenares de larvas. Es más:
á pasar de que la taza casi rozaba con el suelo hasta
el punto de que las hormigas podían tocarla con sus

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NóMERO

antenas, y á pesar de haberse reunido debajo de ella
gran número de aquéllas y de haber puesto el observador á su alcance pedacitos de tierra, á ninguna se
le ocurrió amontonar éstos para abrir de esta suerte
un camino más corto y fácil. Estos y otros experimentos demuestran que en algunos casos la inteligencia de esos animales es muy escasa. En cambio en otros sorprende; así, habiendo Lubbock una
vez descubierto un lado de un hormiguero, las hormigas se apresuraron á construir un muro en toda
regla, dejando en él sólo unos agujeritos para el ingreso.
Los individuos de un mismo hormiguero viven
entre sí en buena amistad y armonía, aunque sin profesarse gran afecto, como algunos han dicho: los cuidados hacia las crías y los mutuos auxilios son cosas
naturales en ellos, como en todos los animales sociables; pero no sienten cariños intensos. Encerradas
en vasitos cubiertos de gasa hormigas procedentes
de distintos nidos, y colocados los vasos delante de
uno de éstos, las dueñas del mismo para nada se cuidaron de sus amigas prisioneras y ningún esfuerzo
hicieron para salvarlas; en cambio no pararon hasta
que rompiendo las gasas penetraron en los vasos que
contenían á sus enemigas, sobre las cuales cayeron
furiosas y les dieron muerte. El principio fundamental en un estado de hormigas es el bienestar público,
único _lazo de unión de los individuos; en cuanto á
la am1Stad personal de éstos, ninguno se preocupa
de ella.
Las hormigas, pacíficas para con las demás de su
estado, conviértense en terribles enemigos de todos
los demás animales, aun de los de su misma especie.
Toda hormiga extranjera es atacada y muerta, y todo
insecto destruido y llevado al hormiguero como botín. De esta suerte las hormigas exterminan una porción de insectos dañinos, con lo que se hacen á veces
verdaderamente útiles: sabido es que los árboles á
cuyo pie hay un hormiguero no son visitados por las
orugas. Las grandes hormigas de la América del Sud
salen á veces de sus nidos en numeroso ejército, destruyendo cuanto á su paso encuentran no sólo larvas
é insectos, sino hasta animales vertebrados, y pene-

"

Fig. 6. - a Gran hormiga de los bosques ( Formica nifa)
b, Stenamma Wtstwoodii. (Aumentada,)

trando á veces en las casas, donde acaban con los
ratones y demás alimañas.
Las hormigas suelen arrebatar de otros nidos larvas que Jlevan al suyo, donde luego utilizan á las que
de ellos nacen como obreras; de modo que entre estos insectos existe la esclavitud. Huber, que descubrió esta cualidad entre las hormigas, describe una
de estas correrías en los siguientes términos: «En un
paseo que dí por los alrededores de Ginebra, vi una
procesión de hormigas rujescens, que ocupaba un espacio de 8 á 10 pulgadas de largo por 3 ó 4 de ancho, y que con gran prisa atravesó el camino, cruzó
un espeso seto de arbustos y se entró por un prado.
Sin que la columna se rompiera, á pesar de los obstáculos que habían de salvar, acercáronse á un hormiguero poblado por hormigas de color ceniciento
obscuro y situado á unos 20 pies del seto. Algunos
de sus habitantes que vigilaban la entrada, apenas
divisaron el ejército invasor lanzáronse sobre su vanguardia, y á poco sus compañeras, noticiosas de lo
que ocurría, salieron en grandes pelotones de su nido. Las agresoras, el grueso de cuyo ejército distaba
de éste sólo dos pasos, precipitaron su marcha, y en
un momento el batallón entero se lanzó sobre las cenicientas que, tras breve y encarnizada lucha, se replegaron en el fondo de su vivienda. Entonces las vencedoras subieron al montículo, en cuya cima se reunierun en pelotones y ocuparon los caminos princi-

493

pales, en tanto que algunas de sus compañeras abrían
con sus dientes en un lado del hormiguero un agujero por el cual penetraron todas, saliendo á los tres
ó cuatro minutos llevando cada una en la boca una
larva.» Esta clase de hormigas ( PolJergus rofescens)
(fig. 5) no puede existir sin esclavas: éstas construyen los nidos y buscan provisiones, y cuando el estado cambia de residencia, llevan á cuestas á sus señoras, las cuales hasta han olvidado el modo de comer, de suerte que sin aquéllas perecen de inanición,
aun teniendo á su alcance víveres en abundancia.
Sin embargo, no todas las hormigas extranjeras
que encontramos en un nido son esclavas, sino •que
algunas se conservan libres entre determinadas especies: así la Stenamma Westwoodii vive libre en los nidos de la Fom1ica nifa, y las hormigas más diminuta!: acompañan siempre á las grandes hormigas silvestres (fig. 6). Otra especie, la Sole11opsis fugax, abre
su nido en las paredes de los nidos de otras especies
más grandes, pero vive en perpetua hostilidad con
éstas porque les roban las larvas para devorarlas.
También otros insectos viven en los hormigueros;
así las larvas del escarabajo dorado común habitan
en los de las hormigas silvestres por razón de la madera podrida de que se alimentan, sin cuidarse de
aquéllas. Algunos en cambio mantienen activas relaciones con las hormigas y son verdaderos amigos de
éstas ( Myrmecójilos), unos por fuerza y otros de buen
grado; entre los primeros, los más numerosos son los
pulgones que las hormigas secuestran y retienen en
sus nidos á fin chupar el jugo dulce y viscoso que segregan, para lo cual los ceban y cuidan extremadamente. En América hay unas hormigas que cu!iren
con tierra ó con otras materias las colonias de pulgones establecidas cerca de su nido, y establecen por
medio de una galería cubierta una comunicación entre su hormiguero y esta especie de estab!u &lt;le sus
vacas, por lo que reciben el nombre de alimentadoras de animales de establo. Pero aún hacen más: en
el otoño se apoderan de los huevos de los pulgones;
durant,e el invierno los cuidan como á los suyos propios, y al llegar al verano ven recompensada su ~olicitud con buen ntímero de vacas de leche. Este hecho
comprobado demuestra un grado de inteligencia sorprendente, pues las hormigas cuidan durante el invierno cosas que les son completamente inútiles, porque saben que de éstas han de salir sus animales domésticos preferidos.
Al revés de los pulgones, retenidos en el hormiguero á la fuerza, algunos escarabajos viven siempre
entre las hormigas voluntariamente; la familia de los
estafilinos y otras afines producen muchos myrmecófilos, de los cuales el más conocido es el escarabajo
claviforme (fig. 7), de 2 milímetros de tamaño, alado
aunque sin poder volar, y ciego, que vive exclusivamente en los hormigueros, especialmente en los de
las amarillas, famosas por sus terribles mordeduras,
que suelen fundar sus colonias debajo de las piedras.
Este escarabajo no puede buscar su sustento ni co·
merlo; las hormigas cuidan de él con especial cariño y solicitud, acariciándole y alimentándole cada
vez que lo encuentran al paso: él, en cambio, como
prueba de agradecimiento les ofrece la espalda, que
aquéllas lamen con gusto porque segrega un líquido
dulce.
El número de insectos mirmecófilos se calcula ser
de 584.
Las hormigas, muy aficionadas á la miel, buscan
con afán las flores que la segregan; pero h~n de renunciar muchas veces á tal placer, porque la naturaleza ha hecho difícil el acceso á esas flores, para las
que aquellos insectos son perjudiciales. En cambio
hay plantas útiles á las hormigas y que se amoldan
al modo de ser de éstas: tal sucede con una especie
de acacia americana que brinda á una clase de hor
migas habitación cómoda en su copa y cuyas hojas
segregan unos corpúsculos dulces que aquéllas devoran con fruición; las hormigas en
recompensa de tales servicios la
defienden de los ataques de otros
insectos que á no ser por ellas
acabarían con su follaje.
En Oriente y en la Europa
meridional hay hormigas que se
alimentan de gra0os y que, por
ende, cui.dan en Yerano de hacer
sus provisiones para el invierno. Fig. 7 - Escarabajo
Otras hacen más, puesto que claviforme ( Claviatienden al cultivo de las plan- ¡trfoveolatus ). (Autas, como sucede con la hormiga mentado.}
agricultora(Myrmica 1110/ificans)
de Tejas. De ésta dice Darwin, entre otras cosas:
«Esta hormiga después de haber construido su nido
en forma de montículo, á veces de quince, veinte y
más pulgadas de alto, quita todos los estorbos que
alrededor de su vivienda encuentra y alisa el suelo

NúMERO

LA

493

en una extensión de tres ó cuatro pies en círculo,
sembrando en él un grano especial que cuida con
esmero arrancando todas las demás hierbas que pudieran allí crecer. Cuando las plantas han llegado á
su sazón, las hormigas procede~ á la re~olección de
aquel grano, especie de arroz m1croscóp1co, y lo llevan con cáscara á sus graneros, en donde lo deseascarillan. Cuando el agua invade los graneros, las hor-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

migas aprovechan el primer día sereno para sacar sus
granos al sol, y cuando están secos vuelven á almacenar los granos buenos, ll.bandonando los que la
humedad
echado á p_erder.»
.
. Por lo d1c~o ve~os mt~resant~ de la vida de_eS tos
insectos y cuanta mtehge~c1a d~sphegan para sal!r con
bien de 1~ lucha por (a eX1stenc1a.. Cuando e_stu?~mos
un horrmguero habitado por millares de mdlVlduos

?ª

¡

!º

siempre en actividad, donde unos const~uyen caminos, calles y habitaciones, otros aportan ~1veres, otro_s
vigilan el nido y alimentan ~ los pequenuelos ó cuidan de sus animales domésticos y todos cumplen su
deber con el mayor orden, forzoso no~ es admirar la
aplicación é inteligencia de las hormigas.

L.

STABY

(Del Pro111ethe11s}

GOTA y . BEÚMATISMOS

CLORÓSIS. -

ANÉMIA. -

• por el LICOR '1 Ju PILDORA8 del X&gt;' x..,avil.J,e:
Curac1on
:wooa..
ti
i

LINFATISMO

ttO podría"

P• laJtr: F, COKAR, 21, ru Sabt-Cladt, PARIS

lllla • W11 l&amp;I Juudu 1 11t111!1u,-IIIIIIM &amp;l'ÜI u ltU. eipll.Ml11t. '
UIJAll lL 111:1' _K~ 1111~11 ~Cl~ l _ll'fA fllllA !

,er dema.s(ado recome-ndado.s en. raZOn d, ,u P"'"'"ª qulmica, df

,,. 1na1t,rab1lidad V d• ,,. 1olubilidad
ílEl'ÓSITO GENl!R,\L: 46.

~i
0.;:.;

emp/N .,, Ntado a,udo 1&amp;1 •U.DOa&amp;S,111 ., Nlado or611/00,

1

El Proto-Ioduro de Hierr_o tS el. r~parador de la s~ngre,
d tortiflcante y el microbicida por excelencia.
11J ara,-ey 1&amp;1 Grajeas eon proto-iodl!IO de Uern, deF. Gille,

"°'"t~:!:t. d• lo, Bo,pilal.,).

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Rue Yauvllllers, PARIS. Deposito en todas Ju J&amp;rlDlliU.

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JARABE v PASTA

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I\OJECE8

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del Hierro, estas Plldoru se emplean
especialmente contra Ju ••crofulu, la
'li■II y la Debilidad de temperamento,
u! como en todos los casos(l'áltdot1 colore■,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales ea necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
1u riqueza y abundancia normales, ó n. para
provocar ó re¡ularizar su curso periódico.

A IN 111n ftUmlCADOllD

y

noraollD .,. a&amp;lffOiill ~ fulllllr la
aaiol■D . . laffL-. . . . :tlllaAYe.

6lll#fl . . . """' • ~
.IUDl.DSTll&amp;Jl,r--'1N••.&amp;ma

- A/~1111U1:tn1to, n 11!11,

V~

fU.D08,

las verdadera■- Pildor«u de nianca-rd,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié do una etiqueta
verde y el Sello de garanlia de la Unl6n de
tos Fabrl cantea para la represión lle la íalsl-

PATERSON
a BISIIUTBO 7 ll.lGNISll

El larab• d, Pilrr, Lamouroux 11
el Pectoral por excelencia
como ~dulcoranle dt las lisanas, á
la, cuale-1 comunica ,u gusto agl'adabl, y su, propiedad,, calma11te1.
(Gaceta dt lol HOlpltalel)

1111 ■ 1 U•-lralll~-4■1J11116•
■IIIIO , Falla .. .l.peUIO, Dlf..UOD• lallo~,.l.olcUaa, 'Y6111Uo■, ~• "f.~UoM;i

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Laennec, Thénard, Guer■ ant, etc.; na recibido la cc,nsagraclon del tiempo: en el
año i82V obtuvo el prlvtleglo de lnvenctón. VERDADERO CONFITE PECTOltAl, con base
de goma y de ababoles, convtene sobre todo a las personas delicadas, como
muJeres y niños. su gusto excelente no perjudica t&gt;D modo alguno á su etlcacla
contra los RESFRIADOS y todas las IIFUIACIONES del PECHO y de IOS IIITESTllfOS.

LA SAGRADA BIBLlA
EDICIÓN ILUSTRADA

• t0 o6ntirno• d• peaeta la
entrega de i8 p~gin~

Se n-riaD pr•spectot 4 1aien lea Mliatc
llriglk4ose 4 1.. Sm. M.eataacr y Su_.a, NI-

flcaclón.

__,SB HALLAN 11:N TODAS LAS FARMACIAS

CARNE HIERRO y QUINA

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Pero con frecuencia es falsificado. El API OL
verdadero. único eficaz, es el de los Inventores, los D•.. JORET y HOMOLLE.

T COK TODOS LOS nDIClPIOS lClJDITIVOS DB U CAI\N&amp;

C!&amp;.an, mm• 1 e11111.1.1 Dtes ailoe de exlto continuado y lu lflrmact011e1 de
toc1u laa em1nene1aa médicas preubaD que esta uoclacion de la (l..,.e, el Hierre y la
••lea oonaUtuye el rel)ll'a4or maa entlnrtco que ae conoce para curar : la Clorólü, I&amp;

MEDALLASExp•Unir 1,. LON DRES1862 • PA R/S 1889

Far!&amp; BRU.U, 150. ruedeRlvoli, P~RIS

1fltllHII 1aa Jlnt1t~ dolorollU, el lmpo/JrecCmlfflto y la J. lter/JC01l de la Safl9t't,
el .RaQIÍlt~ !di J.feccúYAa ucro~ 1 ucorbutfcal, ele- El l'i■e 9'err■st-N dé
.A.re•• e11 en' erecto el UJlico que reune todo lo que entona y fortalece loa orpn01,
regulariza' coordena•y aumenta conalderablemen&amp;e lu tuerzas ó Infunde a la l&amp;lll?9
empobredd&amp; y deaColortd&amp; : el f(qor, la Colorae1o1t 1 la .hn'gúJ ftUIU.
;por
luis, en cua de J. FBW, Fumat.e11tico, iOS, rae l\idielieQ, Sacaar., llO,UD.
•
p VDDK U TOD.1.8 L.U PIUll'&lt;llP4.Lll8 aoTlcaB

•ror a

GRANO bE LI NO TARIIJ F~i~fIM~s ·
E8TREf.llMIENTOS, CÓLICOS. -

La caja: lfr.

ªº·

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ya sea reciente ó crónica, tomen las

PASTILLAS PECTORALES
del Dr. Andreu y se aliviarán pronto por fuer.te_ que
sea. Sus efectos son tan rápidos y seguros que cas_1siempre desaparece la TOS al concluir la primera caJa,
Para el ASMA prepara el mismo autor los Cigarrillos
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Su nao ea facillaimo y m efecto,

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1 Ali• IN H ,ue,t,.. lltA#Olit IALUO, pull e/loe
le 111r1rb ,, ,u oon1t1paolon, le darb apet/lo 1 le
dero/r,ran e/ 1u1iio 1 la 1/tfr/1. - A11
Vd.
muohoe 1ño1, d11frut1ndo t11mp,. d• vna bu1n1 11/14.

,,,1r,

------ ----------

PARAtel:erBQCA
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de muelas 11s,•n rl ELIXIR y los POLVOS de

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que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblanqu ece la
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las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agrad able perfuma el aliento.

�N ÚMERO

L A l LUST RAClON ART ÍStI CA

493

giene. Aunque el libro trata solamente
LIBROS ENVIADOS
de las aguas potable~ de Valparalso
Á i,.:; 1A REUA&lt;.:CIÓN
(Chile), y de los repor allores 6 e4ittre1
sultados del estudio
higiénico de las misZARAGOZA AR·
mas hecho en el laTfSTICA , MONU·
boratorio de dicha
MENTAL É IIISTÓ·
ciudad, bien puede
RICA, pw A.)' P.
decirse que '!;u imGascón de Gotor. portancia es univer•
Cada nuevo cuadersal, porque univerno que de esta intesales son los princiresantlsima obra repios cientificos en
cibimos nos confirque se fllnda y las
ma más y más en la
observaciones y dea lta idea que de ella
ducciones que de
nos formamos desde
ellos se desprenden.
un principio, y jusAnalizar, siqu ie r a
tifica nuestros elosomeramente, la
gios y recomendaobra de los señores
ciones. Los cuaderSalazar y Newman
nos 17 á 20, últimaes tarea imposible
mente publicados,
c!entro de los limites
contienen , ademas
de esta sección; tadel excelente texto,
les son el caudal de
ocho fototipias, re•
conocimientos que
presentando : una
supone y el cúmulo
preciosa alegorla de
de experiencias que
Zaragoza del emile sirven de base, y
nente pintor don
para las cuales han
Marcelino de Uncevisitarlo y estudiado
ta, siete vasos ibérisus autores los sicos, el sepulcro de
guientes I aboratolos Santos Mártires,
rios: el de Montrouuna bandeja de plaris, el Microbiológita del templo de la
co del Dr. Ferrán,
Seo, un mosaico rode Barcelona, el del
mano, unos relieves
Instituto higiénico
del inmortal Tudede Munich, el de
lilla, un esmalte del
Viena, el del Instisiglo XVII y la verja
tuto higiénico de
g6tica de la capilla
Budapest y el del
de Ntra. Señora del
Instituto higiénico
del Pilar de la iglede Berlln.
sia de San Pablo.
Contiene además
Suscrlbese, al prela obra un capitulo
cio de una pe3eta el
del Dr. Blanchard
cuaderno, en casa
sobre los animales
de D . Manuel TejeESTUDIO DEL PI NTOR EDUARDO UNGER , (\'éase el artículo en el número 487.)
parásitos introduciro (Palomeque, 28,
dos por el agua en
principal, Zarago•
el organismo.
za), y en Barcelona
.
El libro, lujosamente editado por la casa Burns et Oates
en la librerla de D . Arturo S1m6n, Rambla de Canaletas, 5. TABLES, por A. E. Sala:ar y C. Newma11. - Quisiéramos poder disponer de mayor espacio para ocuparnos como se mere• [28, Orchard Street. W), de Londres, está ilustrado con 127
ce de esta importantlsima obra, en donde se estudia con gran grabados, 16 fotomicrografias y 5 fotogramas representando
*
••
riqueza de datos, observaciones y experimentos, á cual más in- aparatos, instrumentos, cultivos, reproducciones de bacilos, etc,,
EXAMEN QUÍMICO Y BACTERIOLÓGICO DE LAS AG UAS PO• teresantes, uno de los problemas m:ls trascendentl\les de la hi- y forma un tomo de más de 500 páginas.

Las casa.a extranje1'88 que deseen anunol.a.rse en LA ILUSTRACIÓN ART!STIOA dlríje.nse pe.re. informes á los Sres A. Lorette, Rue Oa.umartm
núm. 61. Parfs.-Las oasaa espafiolaa pueden hacerlo en la oftoina de publicidad de loa Sres. Oalvet y O.•, Diputación, 368, Barcelona

'Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 aftos, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito f&gt;OI'
\ocios los médicos para la curacion de las gutrltia, gutraiJtu, dolor••
y retortljonu de e■tómagd, e■treñimientoa rebelde■, para facilitar
la dlgeation y para regularizar todas 1aa funciones del eaíóma¡o y de
loa inl.e&amp;ÜDOL
JARABE

~,o

111t1&gt;lDESd•1E1ro,i

\.._,~

~¡--

Pepsina Boudault

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS llARGlS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, hlstéria, migraña, baile de 8•-Vlto, lnaomnloa, coa'"1lalone■ y toa de los niiios durant.e la denücion; en una palabra, todaa
1u afeccione■ nemoaaa.

t, ruedes Liom-St-Panl, 1 Paris.

Jábrka, 11pediciones: 1.-P. LAROZE
Depoalio en toclu In

Aprobada por la AC&amp;DtlU DE IEDICIU

prlnclp&amp;Je■ Botica ■

y Droperlu

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856
Medallu en lu E1po1lclonu lnt.,naclonalet de

'

PUlS • LYOR • VIERA • PllUDUPfil • P.lRIS
11167

W3

18ii

ma

'I OT&amp;ot DI IOJ..DINH DI U IUOIITIOII'

BAJO LA FORIIA DE

ELIXIR• , de PEPSINA BOUDAULT
VINO , , de PEPSIN&amp; BOUDAULT
POLVOS, do PEPSINA BOUDAULT
PWS, Plwmacle COLLAS, a, ne Daaphine
f

ffl

lat pri"c{poltt ( al'ffl&lt;lcl4t.

D .Al1muato 1111 repndor, uido al Tónico . . _,.¡co.

1878

coi. I L ■no&amp; htTo .1' u.
DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
•• PPl.ll

VINO ARDUO CON QUINA

T COK TODOS tol ftllfctPJOI lnJTJllTITOS 8OLtJBLB8 DB 1.4 CARNE
·eaa.. . y •11111&amp;1 IOD loe elemenlol que entran en la coml)Os!cton de este l)Otente
Nparador de li.l fuenu 1'1tales, de este lenlleaa&amp;e per eeeeleaela. De un gusto sumamente a¡radable, es 101&gt;erano contra la Átlem'4 1 el ÁflOCQmtento, en las Calentl'ra,
7 CMo1141Cfflc'411 contra Ju IJ14rrea, Y 1111 Á { ~ del B1toma,o y los ,ntestttlOI.
Cuando ae tma de despertar el •~Uto, asegurar las dlgesUones, reparar las fuerzas,
llll1queoer la sangre, entonar el organismo Y precaver la anemia 1 las epldemtaa provoClld.u por loa caloree, no ae conoce nada superior al 1'1■• de taiaa de A.reull.
IM' 1141""• • Paria.,_en casde J. FEW, Faniuceutico, 10!, rne Richelieu, &amp;caar ddBOUD
.

9

VDDI lffi TODAS LAS PIUNCIP.1.LBS BoTIQU.

Soberano remedio para rápida cura•
clon de lu Afeocionea del peoho,
Catarro■,llal de garganta, Bron,,
quita, Reafriado■, Romadisoa,
de los Reumati1mo1, Dolore■,
Lumbago■, etc,, SO años del mejor
bito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primero■ médicos de Paris.

•

EXIJASE e1i: t~ ARDUO
0

1

PATE EPILATOIRE DUSSER

dutrare bu ta lu RAICl!S el Vl!LLO del rostro de tu damu (Barb,, BfJole etc) ala
l11ngua peli¡ ro pua el cutlJ. 10 4.iio■ de Ílldto,ymlllarea de le1Umonio1garutlwl ladu~C'
de ea~ p~paraclon. (Se vende en eaJu, pm la barba, y ea 1/2 oaJu pua et bl¡ott U,ero). Para
lol bruot, emplwe d i'Jl,j t'Ull.111. DUBBER, , . rue .J•..J,•Rouueau, P ari!J.
Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP. DI MONTANll y $ Il(ÓIC

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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