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Ftí~ttetx.
A&amp;o X

BARCELONA 15 DE JUNIO DE 1891

NÚM. 494

ADVERTENOIA.-Con el próximo número repartiremos á nuestros suscriptores el correspondiente tomo de la Biblioteca Universal.
Será éste el primero de cNERÓN,&gt; por D. Emilio Castelar, ilustrado con profusión de grabados.

SUMARIO
Texto.-La Exposicióngmeral de Bellas Artes. La sección de
pintura extranjera, por J. Yxart. - La Exposición del Clrwlo
de Bellas Arles de Madrid, por R. Balsa de la Vega. - / Ya
vienen! ¡ Ya vienen! (capítulo de una novela inédita), por
Luis M, de Larra. - Excelente cómico, por José M. Matheu.
-Nuestros grabados. - El padre Daniel, por Eduardo Rod.
Ilustraciones de Vogel. -SECCIÓN CIENTÍFICA: Estufa ter•
1110-ellctrica del Dr. Girattd. -El análisis de los vinos. De·
terminació,i de la cantidad de do1tll'Os en el vino. El cloni•
rómetro.

•

Grabados.- Un mártir, escultura de D. Agustln Querol.
-:-.f!arrendero (París), cuadro de D. Ignacio Zuloaga (Expo·
s1c16n general de Bellas Artes de Barcelona). - En la fuente,
cuadro de Ernesto Creci (Exposición general de Bellas Ar·
tes de Barcelona). - El escultor argentino Francisco Caffer~ta Y algunas de sus principales obras (de fotografías remil!das por D. Arístides Maranga, de Buenos Aires). - Mascanlla del general Moltke, obtenida por el profesor O. Lessing. - Camino de las Trias (Olot), cuadro de D. José Amet
(de fotografia de D. Juan Martí). -Las Cortes del Amor,
cuadr? de D. Francisco Pradilla. - Fig. 1. Estufas termoelé~tnca3 del Dr. Giraud. - Fig. 2. Secciones longitudinal y
b~nzontal de la estufa termo·eléctrica.-Fig. r. Decolora•
m1e~to de los vinos por el negro animal. - Fig. 2. Determinación del cloro, - Una bacanal, bajo relieve de D. Venan•
cio Vallmitjana.

LA EXPOSICION GENERAL
DE BELLAS ARTES

VII
LA SECCIÓN DE PINTURA EXTRANJERA

. Ocurre en las Exposiciones que, conforme pasa el
tiempo, se va depurando de tal modo la selección del
público y la crítica, que al llegar el momento de la
clausura, es difícil traer un factor nuevo al juicio.
~orno todo se ha dicho y repetido de sobra, quien Jo
rntenta se expone á descubrir el Mediterráneo ó á extraviarse por laberínticas veredas con el anhelo dela
novedad.
La Exposición está casi para cerrarse, y el parecer
de t?dos, controvertido hasta el exceso y pasado por
tamiz. En tal momento llego á la sección extranjera,
la cual por otra parte no ofrece mucho en qué escoger, aunque lo poco bueno es óptimo y la calidad
suple á la cantidad. A ciento treinta no llegarán las
obras expuestas en aquella única sala. De ellas, si hemos de ser muy rigurosos en elegir, s61o quedará el
r~cuerdo ~e ?nas cuarenta, caso que quepan en la
lista. El publico las conoce ya al dedillo, por Jo menos las que á él le atañen más directamente· los artistas, las suyas. Aquel ha sido como un saló~ de descanso, d?nde todos nos aliviábamos del especial mareo Y fatiga que causa en las exposiciones la búsqueda de lo excelente entre lo mediano. En la sección
extranjera, nada ~e eso. Todos hemos llegado á sab~r el ~u~~r preciso donde colgaba lo mejor, y el hábito dm~1a á unos grupos en peregrinación constante hacia L' hen'tier, á otros hacia el Mauvais jour
de Leandre ó los dibujos de Renouard, y á todos juntos_ á los cuadros de Van-den-Beers. Fallaba en este
últi_mo taso aquel principio de que los artistas no se
detienen n_unca enfrente de la obra que admiran los
P:Ofanos,. s_mo en la del lado precisamente: observación mahc10sa que tomada sin embargo en serio podría dar lugar! como defensa y alegato, á todo un
curso de esté!tca muy fundada y racional. Después
de ~od~, lo mismo había de ocurrir en todo otro arte
ó c1enc1a (la medicina ó la literatura, por ejemplo),

UN MÁRTIR, escultura de D. Agustín Querol

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

¡t

si sus invenciones se colgaran de los muros: el público siempre juzga desde un punto de vista muy diverso del que elige la gente del oficio, y lleva á su
parecer una cantidad de razones extra-artísticas en un
caso, ó extra-científicas en otro, que importan casi
siempre muy poco á los competidores. Pero sea de
esto lo que fuere, á Van-den-Beers le admiramos unos
y otros. Bien es verdad, ahora que me acuerdo - para
que se vea cuán cierto es lo indicado arriba; - bien
es verdad que no iban muchos á contemplar aquellas
pinturas, como pinturas, sino á cerciorarse de lo fundado de su mala reputación... moral, forjada en malhora y con harta precipitación ... Fuera de esto, precisamente en la sección extranjera habían de separarse con más frecuencia los dos grandes grupos de espectadores, por cuanto si algún interés ofrecieron este
año aquellos lienzos, ha sido el de traernos, aunque
escasas, algunas notas de la pintura novísima que sólo
á unos pocos podían interesar.
A Van-den-Beers le ha pasado aquí lo que en otras
exposiciones. Se le ha discutido, analizado y comparado consigo mismo; se atribuyó su maravillosa factura á un artificio (la aplicación de la fotografía), con
la misma falta de fundamento de siempre, y se ha
discurrido sobre el raro é indefinible prestigio de sus
figuras femeninas. Todo lo cual quiere decir, en suma, que le hemos admirado como una maravilla.
Resultado de tales discusiones: acaso no queda en
la Exposición un solo pintor de quien se puedan
resumir con más unánime acuerdo sus más visibles
caracteres. Todos quedaron conformes en que su
Mouclzoir de la Veronique es un tntc, y su retrato de
Rochefort un asombro, una suerte de evocación mágica en el fondo de una cámara obscura; todos repiten
que de sus demás cuadritos son los mejores su Paresse,
Insoucianle y Sur le paravent ( Pierre/e noire) que no
pueden compararse ni remotamente á la B¿rgere
Luis X V ni á la Femme aux eclzasses ó la Pecheuse. El
hechizo de aquellas tres figurillas, pintadas con la minuciosidad y nitidez de primorosas miniaturas en algunos fragmentos y con el descuido adrede en otros, es
verdaderamente singular yá nada comparable. Tienen
las tres cierta exquisita y refinada elegancia con más
la intención provocativa y perturbadora lanzada como
un reto á la curiosidad intelectual del espectador,
como la que despiertan ciertas heroínas de la moderna novela psicológica francesa ... cuando queda tiempo para tales minucias. Como pintura, los primores
del modelado, la calidad y delicadeza de las carnaciones, la pureza de los contornos y escorzos, las gradaciones y velos sutiles é impalpables del claro-obscuro, son más notables sin duda alguna en la I11soucia11te,
hecha un ovillo y sonriendo picaresca en la sombra, que
en sus dos hermanas de rostros algo recortados, como
incrustaciones de marfil. El conjunto, alumbrado por
tibias luces de interior, deja una impresión de preciosidad y rareza más propia para guardar en rico estuche que para colgar en las paredes.
No siento la misma predilección común por L' heritier de Van-den-Bós, la nobillsima y majestuosa fi.
gura de reina viuda y enlutada, junto al joven príncipe heredero. A1mque ambos personajes respiran
la dignidad y soberana distinción de la majestad
real, severa, simple y atractiva, y el mismo dibujo fir.
me y robusto y la entonación del cuadro concuerdan de un modo peculiarlsimo con aquel sentimiento, las carnaciones, sin embargo, propenden á la
sonrosada brillantez de la pintura de porcelana, como
las de Van-den-Beers al marfil.
Tampoco Roll en su obra Le travail se halla á la
misma altura que ocupa actualmente. Aquella composición, por sus extraordinarias dimensiones, el número de las figuras y el asunto elegido - grupos de
obreros ocupados en vasta construcción, - recuerda
por cierto uno de aquellos proyectos colosales de
Claude Lantier de L' CEuvn, acosado por el anhelo
de convertir en grandes composiciones decorativas
los magníficos espectáculos de la industria moderna,
á la manera que en lo antiguo esplendían en las bóvedas de los palacios las apoteosis de los héroes. La
grandiosidad del escenario, junto á la realidad sorprendente de los actores, de tamaño del natural, at· léticos y robustos, atrae de pronto las miradas como
toda tentativa pujante; pero la composición total, de
entonación apagada y fría, trae á la memoria el parecer de un crítico que precisamente refiriéndose á
ó. aquellas fechas (pues el cuadro es de 1885 si no me
equivoco), juzgaba así el primer período del insigne
pintor: «Roll siente por la naturaleza ternura ardien»te; contempló con toda franqueza los aspectos de la
»vida contemporánea, sorprendió sus grandes rasgos
»aunque no siempre los más caracterlsticos, y los tra»dujo con lealtad, en una lengua ruda, que parecía
»brutal porque carecía de matices, é indecisa en rea»lidad porque le faltaba osadía ... Vastos lienzos, don»de ni los ojos ni la mente se hallan atraídos hacia

»un interés dominante; obras poco concentradas ó
»demasiado borrosas, denunciaron la varonil bon»&lt;lad del artista, su natural y vigorosa elocuencia.»
Seguramente Le lravail figura en este número, bien
inferior á su admirable Femme au taureau expuesta
aquí en 1888.
Más interesantes me parecen, aunque de dimensiones modestas, los dos lienzos de Leandre, Le ba11c
d' a!uvre y Mauvais jour, particularmente este último,
que es, á mi juicio, la más completa pintura de aquella sala; la que deja satisfechos los ojos y el ánimo
con la nobleza de su ,única figura, de una postura naturalísima, el tinte severamente melancólico, sin incurrir en la que empieza ya á llamarse tristeza enfermiza, y la felicísima ejecución, de una verdad pasmosa dentro de una tonalidad obscura y velada de
la última luz de un día brumoso en el estudio de un
pintor. Sólo pueden ponerse para mí junto á este
cuadro la magistral acuarela de Signorini, La justice
a1, Maroc; los graciosos frisos decorativos de Hynais
Femmes el enfants, y la rica colección de dibujos al
carbón, á lápiz y á pluma, donde figuran entre otras
obras admirables y sólidas, La toilette du malin de
Lhermitte, dos retratos de Engel, los apuntes para
ilustraciones de Renouard, magistrales en su género,
algunos de los croquis á pluma de Vilette, y el elegante retrato de Mlle. Barety, por la Beaury-Saurel.
De intento dejé para terminar los pocos lienzos
que traen á aquella sala la nota novísipia de un impresionismo osado, como A la Fenelre de Zandomeneghi, en la que se descubre, sin embargo, el talen·
to del colorista, ó la muestra de cierta pintura decorativa de casas consistoriales y juzgados, como Le
Jardinage y Le Ramettr, de Karbowsky. Por aquellas
dos figuras fragmentarias sólo podemos cerciorarnos
de la seguridad y admirable corrección del dibujo,
pero no de la composición entera. Por el color, tenue y grisáceo, Karbowsky será uno de tantos secuaces é imitadores que ha suscitado Puvis de Chavannes, y que aplican el mismo procedimiento á una
suerte de idealización de escenas tan prosaicas como el ejercicio del sufragio ó los procesos verbales,
con que decorar las frías paredes de un colegio electoral ó una sala de vistas. No es posible confundir
esta tentativa, ni con las grandes pinturas decorativas de aquel maestro, ni con la misma de Roll Le
travail. Recientemente se mofa la crítica francesa de
ese nuevo género, propio para satisfacer la cómica
vanidad de Prudhomme en el ejercicio de sus antiestéticas funciones concejiles.
Fuera de éstas, las dos notas más curiosas por su
novedad, son la de Thevenot, Un repos, de una fuerza luminosa extraordinaria, alcanzada con originalidad y valentía, y el célebre lienzo de Rochegrosse
Le clzevalier Thamzausser de Venusberg, que, á pesar
de la pretendida universalidad del color, como lengua
para los ojos, vibra á los nuestros del modo que
sonaría en los oídos un verso heroico en idioma totalmente ignorado. La Venus de la leyenda germánica
de ondulantes y voluptuosas líneas, de cuerpo sonrosado y vaporoso, ciñe, recostada en el aire, el cuello del
caballero Thannausser, tendido oblicuamente con rigidez hipnótica, los brazos en cruz y fija la mirada.
Su larga veste, sus piernas que reviste la malla de
acero, resaltan sobre un fondo clarísimo y risueño
como las carmíneas tintas de la aurora, y en aquella
atmósfera fluida y vaga, se prolongan, lo mismo que
en un estanque las temblorosas ondulaciones del agua
tras la calda de una piedra, los suaves contornos de
la Venus, repetidos una y otra vez hasta disiparse
lentamente. Flores ideales brotan del suelo y abren
sus corolas azuladas, ostentando en el centro, como
puntos brillantes reales y palpables broches de metal
ó vidrio, incrustados en el lienzo cual las piedras preciosas en una joya. La tonalidad general es grata,
como todo color alegre que acaricia los ojos con suavidad; algunos fragmentos, las flores de aquel país de
leyenda, están pintados con el desenfado y el espor1 táneo acierto que denuncian al gran artista; pero confieso ingenuamente mi perplejidad ante una pintura
empeñada en recordará su modo las emociones de la
música como la poesía decadente. Lo único que cabe descubrir en aquella obra, es el impotente esfuerzo por hallar una fórmula novísima que late y se anuncia en todas las artes sin que hasta ahora se acierte
con ella ni pueda conjeturarse cuál será.

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494

y entre las primeras, las firmas de los más celebrados
artistas españoles.
Pero - ¡no podía faltar esta 1ruta! - lo mejorcito de
1~ expuesto pertenece á un muerto y á un loco, y
pintado hace años. Los desnudos del malogrado pintor valenciano Cortina, cuya muerte, acaecida en una
buhardilla de miserable casa de esta Corte, fué la primera noticia de que existiera un colorista que en algunas de sus obras alcanza la talla de Velázquez, son
verdaderas joyas de esta exposición y lo serían asimismo de otra de mucha mayor importancia.
No constituyen cuadro ninguna de las.producciones de Cortina, á excepción de la titulada .Descanso
del modelo: las demás son únicamente estudios y composiciones más ó menos concluidas, pero dominando
en todas la nota sobria y hermosa de una paleta castiza y excepcional. El .Descanso del modelo representa
una mujer desnuda, en cuclillas, de espaldas al espectador y atizando el fuego de la estufa. Para describir
la belleza plástica de este cuadro - quizás un tanto
realista, según el criterio de gentes de cuyos nombres
no quiero acordarme, - la pluma no es bastante, ni
creo que con la descripción se pueda llegar á dar la
más ligera idea. Lo mismo acontece con el resto de
la obra de Cortina: es menester verla; y viéndola, admirarla.
Resiéntese, sin embargo, lo aqul expuesto del hoy
celebrado muerto, del defecto de que adolecen los
genios sin una educación del gusto muy delicada; así
como plásticamente, es decir, dibujando y sobre todo
pintando, subyuga¡ la elección de los motivos y la
disposición de las figuras acusan el humildísimo abolengo del eximio artista. Fáltale á toda su obra delicadeza, finura - si me es permitida la palabra, buena
educación. - Las mujeres de sus cuadros, como los
hombres, son de baja esfera, de la clase ínfima non
sancta; hay exceso de materia y carencia casi absoluta del sentimiento de dignidad, que emanando del
espíritu, modifica costumbres y presta á la misma
materia esa belleza psíquica que con tanto empeño
debe buscar el artista para ennoblecer la obra del
arte.
A Casimiro Sainz, hace ya dos ó tres años huésped de un manicomio, pertenece la otra parte del
éxito total del certamen del Círculo de Bellas Artes.
El insigne paisajista montañés está dignamente representado con cuatro primorosos cuadros pintados
en fecha bastante lejana. Y á pesar de ser conocidos
estos paisajes de gran parte del público aficionado
al arte, no por eso dejan de ser la admiración de todos cuantos los examinan; muy al contrario, sirve tal
examen para medir la distancia que separa de la
verdad á los paisajistas cuerdos españoles. ¡Cuán pequeños, cuán falsos, cuán empalagosos por su misma
mentira y falta de sinceridad resultan el resto de los
paisajes expuestos!
Dos de las telas de Casimiro Sainz pueden considerarse panorámicas. Una representa la ribera del
Manzanares. Vense metidas en sus cajones varias lavanderas, la ropa tendida, los tendederos hechos con
esteras viejas para librarse de los rayos solares, los
colgaderos, los árboles que sombrean ambas orillas
del mezquino riachuelo; allá, destacándose luminosa,
la silueta de una parte de la villa y corte, y á la derecha la cúpula de San Francisco el Grande. El cielo
madrileño brillante; la luz del sol esplendorosa, bañando el paisaje, pintado de un modo magistral.
Sencillez, justedad de tonos, dibujo escrupuloso,
buen gusto, tal es la obra del insigne paisajista, que
así trazaba un árbol como una figura. De él nos quedan sus obras que solas brillan en medio de tanta
mentira como constituye el género hoy prostituído
por aficionados y osadas medianías, tan faltas de talento y disposición para el arte, como engreídas y
huecas
Descartadas las sobresalientes notas de Cortina y
Sainz, !as demás ocupan un lugar secundario; y cuenta que figuran de José Jiménez Aranda, de Sala, de
Domlnguez, de Sorolla, etc., amén de dos cuadritos
de Fortuny y Plasencia.
Cosa singular: lo mejor de este certamen, después
de los cuadros de los dos primeros pintores, pertenece á otros dos artistas muertos también: Fortuny y
Plasencia. Pero ahora antójaseme hablar de cuadros
de autores vivos; y á fe que buena falta me hará el
repuesto de las obras del hijo de Reus y del de Guadalajara, para cubrir, al final de la jornada, este ejérJ. YXART
cito de soldaditos de plomo que en ringlera se pre8 jllnio 1891
senta tan orgulloso de sus colorines, y del Jurado de
admisión que le &lt;lió certificado de bueno.
LA EXPOSICIÓN
Me apresuro á advertir á mis lectores, antes de
entrar en materia, que no pretendo ocuparme de toDEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID
das ni de la mitad de las obras expuestas en el PaLa más importante de las exposiciones celebradas lacio de Cristal del Parque de Madrid.
por esta soGiedad, es sin duda alguna la actual. FiguEl señor Jiménez Aranda exhibe un retrato malo;
ran unas cuatrocientas obras pictóricas y escultóricas, un dibujo no más que regular; unos fumadores (de
~

"'JV- " " " - '

NúMERO

494

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

371

Carmen y Lola, con sus gruesos y flecudos manto¡YA VIENEN! ¡YA VIENEN! nes sobre los hombros y sus pañuelos de seda levantados sobre el pelo en forma de pico, pasaban y re·
Aquella mañana todo era jú- pasaban por entre las filas de los soldados, que abanbilo Yregocijo para los habitan- donando por un momento la gravedad de la discit~s de la corte. Júbilo que anun- plina, lanzaban á las dos madrileñas de pura sangre
ciaban las campanas con su in- l~s más atrevidos y pecaminosos requiebros. A mecesan_t_e Y monótono clamoreo; d1da que era más alta la graduación del militar que
, regoc110 que pregonaban clari- las requebraba, era más placentera la sonrisa de las
nes Y tambores, mientras por chulas, y bueno es advertir que para ellas también
las calles que desembocan en la formaba aquel día el elemento civil, á juzgar por las
Puerta del Sol brillaban las ba- dos filas de curiosos de todas las clases sociales que
yonetas de los infantes y las se abrían á su paso.
cor~s d~ los jinetes, que á paEn aquella fiesta, como en cuantas se verifican
so ligero iban, volvían y se mez- gratis y al aire libre, se confundían y mezclaban
cl~ban en ordenado tropel, para todas las categorías humanas, como se mezclan y conextenderse después en orden de funden en un vaso el agua y el vino y en un bolsiparada por la carrera que habían J llo la pl~ta y el cobre. Tras de la vengadora de alto
de recorrer SS. MM.
porte y neos botones de brillantes en las orejas marCa~ábase ~lfonso XII con c_ha el político de segunda fila, rodeado de su ~amasu pnma l_a mfan~ Mercedes; nlla aduladora, dispuesta á reir á mandíbula batieny era lrec1so _cubnr con carne te de la frase mordaz, dicha en voz alta por el pride canon, haciendo así alarde mero, c~ntra el jefe de su mismo partido. En pos de
de pom~a Yde grandeza! el tra- éste, y sm darse cuenta de su ridícula caricatura, payecto qi.:_e desde la ~stac1ón del s:3 el aspirante á banderillero que, según él, ya haferroc~r:il del Mediodía hasta b1a toreado en Chinchón y Valdemoro unos toros de
la Basil!ca de, Atocha y de éste desecho del Duque, y &lt;lió el quiebro de rodillas y el
~;ala~io te?1an que atravesar salto de la garrocha, y le echaron cigarros para seis
regios YJóvenes espos~s.
años. ~orqu_e él vale mucho, eso sí, y no es porque
b _Mostróse el sol espléndido y él lo diga, sino que lo pueden atestiguar los que le
~illa_nte, como queriendo con- acompañan, que forman también su camarilla y que
:~bmr .á tan fausto ~conteci- 1~ mismo ll~van el capote á un matador, que limca ento, Y nuestras mas deseo- pian un reloJ al primer transeunte que se descuide.
das_y salerosas chulas, nues¿Qué hombre, por poco que sea dentro de su catros pilluelos ~~s eng:anujados, rrera, empleo ó profesión, no tiene media docena de
nuestras exqms1~as mñas cursis ~dmira?ores parásitos, que aturdiéndole con sus
cu~ntos constituyen, en fin, irreflexivos aplausos estudian á conciencia sus dea abi~arrada población de los fectos para devorarle por el menor de ellos el día
Madriles, se hablan lanzado des- inevitable de la desgracia? Ved caminar al tahur de

f

(París), cuadro de D. Ignacio Zuloaga
( Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

BARRENDERO

fs~ón, por su~ue~to) ~egularcitos también; una me. 1~ gura ~e i5enonta, pintada al aire libre, bien dibuJª ª llf~ e ada, Yu?a pescadora de Villerville ó
po~ a , . uena de d1bu10, fría de color, pero construida Y eJecutada á conciencia. Observo que el ilus~el artiSlaCno pertenece á la familia de los.gigantes
e arte. onténta,e_ con hacer un pinito pintando
algunadque otra med1a fig~ra de tamaño natural, muy
~azona a, eso sí, pero fatigosa y fría de concepto y
~ pa1eta. Por lo demás, sus casacones (pinta muy
~ien las tsacas Ylas chupas) son el eterno ritonzello
e una poca ya de suyo empalagosa. Nuestros empelucados ~buelos, según el ilustre pintor andaluz,
;an unos. insoportables derrochadores del tiempo.
lle~f~~ /~t11lería á 1~ tertulia, de la tertulia á la botid 'lle ª sala de_1uego á casa del escribano, adon1
a! ~:s evJ 1ª nec~sidad de emp~ñar u~os barbechos;
ca1/eris\ab!r:~~r~bano á la _salita ?e Jueg~, et sic de
los stíbditos d e memoria l_a vida y mllagros de
Aranda iedad~ Carlos IV. ¡~1edad, señor Jiménez
calda dp
bPrefiero qbue pinte usted de nuevo la
M , e un rero, Y so re todo La Visión de Fray
ar1m, aun cuando sea á blanco Y• negro
No sé por é
·
b
t
qu ' me recuerdan estas variaciones so1
re .e ema ~asacón, aquel otro tema de marineros
1
:ia~:!r~~ ~~~~:;orse~~::~io, marine~os meditando,
ó bº 1 b.
eStas,mannerosen salsa
bri:;~s :e::;~~ Pfs~o:eando, _labriegos fum~ndo, la'..
b.
• ª negos ... ,No parece smo que
:;~sml¿ :~!~~~Yesos. m~riner?~ pas~n toda la vida
más nada! Losones, ni m s ~arinos, _ni ~ás luchas ni
lucha moderna ~~rf;º:•ala vida fab_nl é mdustrial, la
cionales y regionales
que reviste caracte~es na. .
ersos, y que caracterizan el
S·1glo en qu e v1v1mos
eso que
t"t
liente de la fisono ¡ ' lf.
con~ 1 uye 1O más sa. eso repito
m ª po
na·
. lica Ysocial de esta cen t uqué? A, prop6~i{ie;s gigantesco, ?~die lo pinta. ¿Por
articulo siguiente. e esta expos1c1ón lo diré en el

°

ái:•

R.

B.\LSA DE LA VEC,\

de temprano á la
ventura ansiosos
de contemplar á
la joven es a·
ñola so b~raJa
que según las
plas que se cantaban aquellos
días por los barrios ba·os se ca
saba p~r' amor:.
como una cual'.
quiera.
Tal familia corría desalentada
en busca del baleón, qºu e había
pagado á peso de
oro y al que quería llegar antes
que formaran las
tropas
U . á
n pap com·
placiente era llevado á remolque
por sus tres niñas
casaderas que
habían de , colocarse en la calle
del Siete de Julio,
donde estaba formado el batallón
de que Carlitos
formaba parte·
.
,
Carlitos, aquel
constante tertu·
li o de la casa,
disputado á man o armada por
las tres herma-

cd-

..
RN LA FllRNTE, cuad1 0

de D. Ernesto

Crecí

(Ex¡iosici6n ge nera¡ de Be11as Arles de Barcelona)

�1 I'

37 2

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

494

- Son los timbales. Y los otros dos los clarines.
- ¡Anda, anda! Allí le han dado un sablazo á un
- ¡Clarines, timbales! ¿Pero va á salir el toro?
caballero.
- ¡Qué bonitas jacas!
- ¡Cómo corre la gente!
- Son los caballos de silla de las reales caballe- Echan los caballos encima de aquellas señoras.
- ¡Qué barbaridad! ¡Qué gritos! Se ha desmayado rizas.
- Fíjate. ¡Qué sillas más preciosas!
una señorita.
- Esas seis primeras llevan arreos orientales.
- ¡Atiza! Aquel señor la emprende á palos con el
- ¡Aquellas de las sillas descubiertas sí que son
caballo del cabo. El cabo le da con el sable. ¿Quién
es. aquel que llega tan decidido? ¿Será el Gober- bonitas!
- ¡Mira, mira! De terciopelo y oro es el caparazón
nador?
de aquel caballo flor de romero.
- ¡Ca! Debe ser uno de la ronda secreta.
- ¡Qué estampa tan preciosa! Es árabe sin duda
- Ya se lo llevan.
- ¿Pero me va usted á echar debajo de las patas
- ¡Pobre hombre!
de los caballos?
- Pero la gente se va replegando.
- Si es que me empujan.
-Aquí vienen. ¡Atrás, atrás! ... ¡Que estos no se
- ¿Quiénes son esos?
andan con chiquitas!
- El picador mayor con dos ayudantes y un do- No me pise usted, señora.
mador. Esos jovencitos son alumnos del picadero.
- Pues hágase usted atrás, caballero.
Mira los palafreneros carreristas.
- ¡Si no puedo!
- ¡Anda! Ya empiezan los coches.
- Pues haga usted un poder.
- ¡Qué bonitos! ¿Quiénes son esos cuatro señores
- ¿Quiere usted que me embuta en la pared?
que
van dentro de ese landeau7
- ¡ Esos niños! ¡Cuidado!
- Los reyes de armas.
- ¡Vaya un gusto el de traer niños á estas apre- ¡Qué viejos son y qué feos!
turas!
- Calla, envidiosa,
- ¿Los voy á dejar solos?
- Mira esos que van en esa carretela á la dumbn
- Quédese usted con ellos.
con cuatro caballos y libreas á lo Napoleón.
- No me da la gana.
- Son los gentileshombres de casa y boca.
- ¡Calla, Ramona!
- Puede que sean gentiles, pero lo de la casa y la
- ¡No quiero! Si no trae hijos será porque no los
boca cualquiera lo tiene.
tenga.
- ¡No me da la gana! Aunque sea usted teniente
- Más que usted. Pero los dejo en la Inclusa para
ni tenienta, mientras no se corran los de atrás.
que no molesten al público.
- ¡Pues está bueno!
- Cierre usted esa sombrilla.
- Bien podía usted usar mejores rr:odos.
- Voy á tomar una insolación.
- ¿Ves?, con la discusión han pasado varios coches
- Va usted á saltarme un ojo.
y no nos hemos enterado.
- Severini los pone de cristal á los animalitos.
- Sí, mujer; son los mayordomos de semana los
- ¡Ay, ay! ¡Qué bestialidad! ¡Qué bofetada me ha
que van en uno, y en los otros la servidumbre de la
pegado! ¿Pero dónde está?
- Sí, échala un galgo; se ha perdido entre la gente. infanta.
- El coche de caoba. ¿Ves? Lleva seis caballos
-Ahora sí que va de veras. ¡Ya están ahí!
blancos empenachados. ¡Qué orgullosos van! Parecen
- No veo nada.
pavos reales. Mueven la cabeza á compás para lucir
- Empínese usted. ¿Lo ve usted?
sus galas.
-No,
señor.
- ¡Míralos, míralos! ¡Ya vienen! ¿No lo oyes?
- Deben ser yeguas ...
- Ni yo tampoco.
- Sí, es verdad. ¡Y cómo corre la gente! ... ¡Cómo
-¿Por qué?
- Vaya una gracia. ¡Ja, ja, ja!
invade la carrera!. .. ¡Cómo bajan por las calles trans- ¡Por lo presumidas! ... Dentro van los grandes
- ¡Cómo se ha reído de mí el chiquillo!
versales hasta colocarse entre los soldados! ... ¡Cómo
de España cubiertos ... y en ese lo mismo. Todos esos
- ¡Cuánto tardan! ¡Ya debe ser m_uy tarde!
se apiña la gente en los balcones! ... ¡Ya se acercan!..
- ¡Ay, Dios mío, me han quitado el reloj! El reloj coches son de la servidumbre de Montpensier, del
Mira los penachos ... ¡Y vienen á galope! ... ¡Pero si
rey Francisco, de la princesa de Asturias ... y de los
y
la
cadena.
no son ellos! ...
reyes ...
- ¡A ese, á ese!
- ¡Uf! .. . ¿Q1üén es ese señor de las plumas que
- ¡Se marea una!
- ¡Sí, SÍj cómo corre! ¡Ca! No le pescan.
pasa como una exhalación, seguido de tres oficiales...
- Ese lleva correo de órdenes.
¡Tirirí!
y detrás de ellos van seis soldados? ... ¡Qué cascos
- Mira: esos son batidores de la Escolta Real.
- ¡Ya vienen, ya vienen! ¿Oyes la marcha real?
tan feos!, .. ¡Son nuevos! .. ¡Parecen extranjeros! ...
-Ahora es la princesa ... No .. es la infanta... ¡Pero
- ¡Otra vez el mismo general! ¡Y cómo suda el ca:- ¡ Es un general! Ese ya ha pasado cinco veces,
qué lujo, chica!. .. ¿Cuánto dinero representa todo ese
siempre á galope y como si fuera á algo impor· balio!
- ¡Claro! ¡Lleva tres horas galopando desde la Ci- movimiento? ¡Es incalculable!
tante...
- Yo me contentaba con lo que han costado todos
- ¡Mira: por el otro lado viene otro señor también beles á Palacio! ...
los
uniformes grandes y chicos que se ven hoy en la
El
abanderado
no
le
ha
visto;
estaba
hablando
á caballo! ¡Se saludan y siguen su camino sin detecalle.
con las chulas.
.
nerse!
- Yo con el valor de las joyas que lucen las
- ¡Y qué mirada le ha echado el general!
- Parece que sólo pasan y repasan para lucir sus
damas.
·
Ya
vuelve.
entorchados y cruces...
- Pues yo con el valor de los caballos de la
- ¿Se le habrá olvidado algo?
- Van de aquí para allá, yo creo que sin rumbo
- ¡Anda! Menuda silba pegan á aquellas dos seño- Real Casa.
fijo.
- Yo con menos. Con que me dé una pe~eta cada
ras
que atraviesan la calle corriendo.
- ¡Todas las miradas se fijan en ellos!... El más
individuo que haya hoy en las calles de Madrid!
- ¡Que bailen!
joven es guapo y pertenece al Estado Mayor ... ¡ Lle- ¡Pues no es nada!
-¡Fuera!
va sombrero de tres picos! ... ¡El otro lleva casco!...
- ¡Quinientas mil pesetas!
¡Qué
azoradas
van!
Ya no se fija la gente en Carmen y Lola, porque
-Mucho más.
- Esta sí que es buena. Aquel sargento no las deja
hasta ellas mismas se fijan en los generales. ¡Para eso
- Esos son los habitantes de Madrid.
han ido! ¡Para lucirse primero, y para verlo todo des- pasar.
- ¿Pero y los forasteros?
Dicen
que
van
á
aquella
casa
de
enfrente.
pués!
- Váyase por los que no hayan salido á la calle.
- Que no; que no pasan.
- ¡Y no están mal colocadas!.. El abanderado del
- Dos batidores.
-¿Qué
dice?
regimiento de Covadonga, situado frente á la calle
- Mira las infantas.
- Que den la vuelta por detrás de Palacio ...
de Bordadores, las ha hecho un sitio entre el último
- ¡Qué guapa es la Pilar!
- Vuelven á cruzar.
soldado de una compañía y el sarge_nto primero de
- ¡Ca! A mí me gusta más Eulalia.
¡Que
bailen!
la otra.
- Es más simpática la infanta Paz.
- ¡Fuera, fuera!
•
- ¡Están bien!... ¡Lo ven todo!... Incluso al tenien- ¿No hay más opiniones?
- ¿Qué dice aquel señor á voces desde el balcón?
te que no deja de bromear con ellas de vez en cuan- ¡Claro! ¡Como que no hay más infantas)
-No
le
oigo.
do, siempre que no pasa algdn oficial general á quien
- ¡La marcha real, la marcha real!
- Cómo mueve los brazos.
haya de presentarle la bandera.
- En ese coche de los dos mundos vienen los re- Se las está jurando al sargento.
- ¡Y qué movimiento! ¡No para un minuto!
yes.
Traen ocho caballos.
Dice
que
va
á
bajar.
- ¡Ya está el asta en el suelo! ¡No! ¡Ya la levanta!
- Mira á la Mercedes. ¡Qu_é guapa es!
- ¿A que no? ¿A que no?
- Es que pasa un brigadier... y todos le saludan
- Ya lo creo.
- ¡Qué tipo!
con la espada.
- ¡Ole por las barbianas/
¡Ahora,
ahora
va
lo
bueno!
Ya
están
ahí.
- No, no es al abanderado; es al trozo de seda
- ¡Viva la reina española!
- ¡No empujar, no empujar!
roja y amarilla que simboliza á España.
-¡Vivaaa!
- ¡Eh! ¡No me dé usted con la culata!
- La verdad es que las miradas se reparten entre
- ¡Viva Alfonso XII!
..
¡Qué
mal
educados
están
los
militares!
el brigadier y él.
- ¡Viva, vivaaa!
- Mira: abre la marcha un piquete de la guardia
- ¡Ya seva! ... ¡Viene otro! ... ¡Qué barullo! ... ¡Qué
- ¡Señora, menudo pisotón!...
civil.
mareo! .. ,
- Usted dispense, pero me he empinado .. .
¡Cómo
me
gusta
á
mí
la
guardia
civil!
- ¿Oyes esos clarines? Toque de atención.
- Pues no se vaya V. á la empinada ... ¡Me ha
- Ya lo creo.
- ¿Vendrá la comitiva?
deshecho
un dedo!
Sobre
todo
cuando
la
veo
en
el
campo.
¡Cómo
- ¡No empuje usted, señora! ... ¡Uf, qué calor!
¿Quiénes
son esos que van á caballo y á los esanima
el
tricornio!
- Me parece que vienen los guardias civiles. Sl,
tribos?
- ¿Quiénes son esos tres que van á caba1lo?
la gente de la carrera se retira. Pero ¡quia! En cuan- Al derecho el jefe de la escolta y á la izquierda
-¡Uf!
to pasa la pareja de caballería vuelven á invadir el
el
caballerizo
de campo.
El
de
en
medio
lleva
unos
serones.
arroyo.

oficio, al grupier de las casas de juego, con su camarilla de puntos de á peseta y de levanta-muertos, que
le alaban la célebre jugada de la noche anterior ó el
rasgo del domingo. Camarilla lleva también el actorzuelo que gana diez pesetas en un teatro por horas,
compuesta de un muchacho de buena familia que ha
escrito una piececita y quiere ver si consigue meterla
en el teatro; de un racionista meritorio, que no hace
más méritos que estropear las tres palabras que de
cuando en cuando le reparte algdn autor que no le
conoce; de dos estudiantes, amigos de la infancia,
que quieren obtener á todo trance entrada libre en
el escenario para mirar de cerca el escote de tal corista ó las formas de tal partiquina, y por último,
de un aspirante á noticiero de cualquier periódico,
que sólo desea dos butaquitas cada tres días para
obsequiar al hijo de un redactor de un periódico
quincenal, que es el que le ha prometido presentarle al regente de la imprenta de un diario para
ver si éste puede presentarle á su vez á un amigo
que conoce algo al director de una publicación de
importancia, donde quizá puede obtener la plaza de
crítico de teatros, que tanto ambiciona.
Camarilla lleva el coronel retirado, el de la cara
de vinagre y bigote negro como la tinta, gracias al
licor de Arrieta; camarilla compuesta de un capellán
castrense, á quien expulsaron del regimiento por su
conducta, menos correcta de lo que debía esperarse
de un ministro del Altísimo; de un capitán que lleva veintisiete años en el empleo, y de ellos diez y
nueve de reemplazo; de un primo de la coronela que
entiende mucho de milicia, porque su abuelo fué
guardia de Corps, y de dos ó tres alféreces descontentos con todas las situaciones políticas y todos los
ministros de la guerra y todos los coroneles del ejército y todos los comandantes que han mandado,
mandan y mandarán en los batallones donde sirven.
Claro es que tanto este coronel como los que forman su camarilla son republicanos de Ruiz Zorrilla,
y llevan siempre en el bolsillo la credencial de un
nuevo empleo. . . . , . . . . . . . . .

/

(

El escultor argentino Francisco Cafferata y algunas de su, principales obras, entre ellas la estatua
para el monumento que .la Municipalidad de Buenos Aires ha de
· d o cuand o se su1c1
· 'd6 en nov1em
· bre d e I 8go.
, levantar
. . en honor del negro Falucho· En ésta estaba t rabaJan
{De fotograf1as rem1t1das por D. Arfstides !\faranga, de Buenos Aires . l

�1 I'

LA

374
- ¿El de detrás es el capitán general de Madrid
con la plana mayor?
- No. Son todos los generales juntos.
- Ya está aquí la escolta real.
- ¡Cuánto caballo! Ya viene la tropa de caballería.
- ¡Corre, corre! Vámonos cortando á la plaza de
Oriente.
Y empujando á unos, pisando á otros, atropellando á todos, Carmen y Lola cruzaron la calle Mayor
y subieron á escape la calle del Luzón. ¡Qué ajenas
estaban de pensar que de aquella subida iba á depender el porvenir de su vida entera!
L UIS

M.

DE LARRA

( De una /lovela i11J.lita)

...............

.......,....

~~

EXCELENTE CÓMICO

I
Allá en el fondo de la provincia, en un barrio extremo de la ciudad, vive ó vegeta, tal vez herido por
dolorosos recuerdos ó en vías de arrepentimiento,
olvidado de todos y desconocido de los vecinos que
le ven salir al obscurecer, sin rumbo fijo, como cualquier pordiosero. Es un hombre que habrá cumplido treinta años, moreno y delgado, de ojos obscuros
y vivaces que pueden prestar á su fisonomía la expresión de refinada malicia ó de candoroso afecto;
una nariz gruesa y al parecer movible sirve como
de acento á esta particular elocuencia de su rostro,
sombreado por una gran barba negra. Su voz es recia y carraspeante como la del soldado que vuelve
de la campaña atracado de pólvora y de aguardiente,
y observándole de cerca creeríase también que su
americana rota y su capa mugrienta y descosida acababan de prestarle los últimos servicios.
Llamaba la atención del vecindario la singular
vida de este hombre, y se hacían diversos y entretenidos comentos, sobre todo los primeros días en que
dejó ver más claramente su pelaje. Estos vecinos, en
so mayor parte labriegos, madrugaban para ir á sus
faenas, retirándose luego al descanso á la hora precisamente en que el desconocido salía de su tugurio.
Había por lo tanto innumerables causas para despertar la curiosidad pública: primera, no tener oficio
conocido; segunda, darse á ver sólo de noche; tercera, no tratarse con la gente del barrio; cuarta, habérsele guipado á la salida de una timba bastante desacreditada; y así por el estilo seguían otras muchas,
más ó menos verosímiles y por las cuales se le tenía
sobre ojo.
Esta soledad extraña en que vivía sufrió una leve
variación al mes y medio: cierta mañana le vieron
acompañado de otra persona de mejor vestimenta,
aunque con el mismo aire de reserva y aun de despego para el vecindario. Su género de vida continuó
como antes: salían casi siempre juntos, pero solían
retirarse á distintas horas. Después de algún tiempo
se supo que este amigote era un jugador de Madrid
conocido por Cllinitas.
- ¡Vamos, dijo uno de los que concurrían á la can.
tina de enfrente, es el compadre que le hacía falta!
Durante dos semanas repararon los vecinos que
Chinitas salía solo. La curiosidad se despertó de
nuevo: ¿qué podría ocurrir? Luego vieron á un médico, y el asunto quedó explicado; el desconocido se
hallaba enfermo. Otro de los concurrentes le dió una
versión nueva hasta cierto punto:
-·Eso debe ser una grandísima borrachera.
Pero la borrachera duraba demasiado y no prosperó tal versión.
En fin, empezaba ya á convalecer cuando la ve•
cindad se vió sorprendida por un_ nuevo acontecimiento. Una tarde llegaron dos señoras jóvenes á la
casa donde moraba el desconocido y preguntaron
por D. Fernando Arenillas. Dióles las señas muy
despacio la mujer interrogada, siguiéndolas con la
vista mientras las jóvenes subían las esca1eras, alegres y ligeras como dos pájaros. No eran mal parecí·
das, según confesó la mujer, en particu}ar la más joven de ellas, á quien el deseo de sorprender al desconocido animaba su rostro con encantadora jovialidad. En este rostro, de diez y siete primaveras á lo
sumo, notábanse tres cosas que complacerían al observador más descontentadizo: los dientes, que eran
blanquísimos y bonitos, las ojos negros y dulces y
las cejas grandes y arqueadas sobre las cuales la mo·
rena frente parecía más tersa y más graciosa. Ambas
vestían con gusto, si bien sus faldas de medio color
no podían ser más sencillas, lo mismo que sus sombreritos de viaje, que tal vez revelaban en su simple
labor y adornos la mano práctica y hábil de la portadora. En el momento que llamaban á la puerta

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

acababa nuestro desconocido de levantarse de la
cama y vestirse á toda prisa. Creyó que sería C/Linitas y abrió sin molestarse en preguntar, por lo cual
su sorpresa fué muy grande.
- ¡Fernando!, gritó la más joven de las viajeras
arrojándose en sus brazos.
Luego sacó el pañuelo apresuradamente y se enjugó las lágrimas.
- Pero chiquilla, ¿qué significa esto? ... ¿De dónde vienes? ¿Cómo has podido averiguar mi paradero?, preguntó á su vez el desconocido, aproximando
dos desvencijadas sillas, las únicas disponibles que
había, para que se sentaran las muj~res.
La de más edad no era bonita; pero en sus ojos
vivos y pequeños, en sus labios delgados y descolo•
ridos, en el óvalo casi perfecto de su rostro echábase de ver un cierto sello de gravedad y de inteligencia que cautivaba desde el primer momento. Cuando comprendió por su largo silencio el enternecimiento de su compañera, se dirigió á Fernando y le dijo:
- Tiene usted á su hermana muy enojada y con
motivo. ¡Volverá España sin avisarle de su llegada!
¡Estar en Madrid y no preguntar siquiera por ella!
¡Recibir carta suya y no dignarse contestar! ¡Esto es
atroz, caballero, permítame usted que se lo diga,
pero muy atroz! Y la verdad, venimos únicamente
para echarle una soberana peluca, una peluca de padre y señor mío ... ¿No es eso, Lucía?
- Sí, señor, sí, afirmó la joven algo más tranquila.
Su conducta de usted es incomprensible. ¡No corresponder á su hermana con una pequeña muestra de
cariño! ¡No haberle puesto ni cuatro líneas después
de tres años de separación, diciendo aquí vivo ó aquí
muero!...
Al recuerdo de estos tres años de trabajo, de orfandad y de lucha tornó la pobre muchacha á entristecerse é inclinó la adorable cabecita para disimular
su emoción. El hermano, que vió esto, se sentó á su
lado, y acariciándola y estrechándole las manos le
dijo:
- ¡Por Dios, Lucía, ten en cuenta mi situación,
que era desesperada! Había que ganar el pan de
cada día en un país inhospitalario, desconocido
para mí; había que apelar á todos los recursos ima·
ginables para poder vivir, y si te contara lo que yo
he sufrido... Dios solo sabe lo que trabajé allí para
salir adelante, pero la fortuna me ha tratado siempre
como 13: peor de las madrastras. De modo, hermana
mía, que fuí más desgraciado que tú por lo que veo:
tú has conquistado el cariño de una buena amiga; yo
me encuentro más pobre que una rata y más solo que
un estercolero que apesta.
- ¿Y quién tiene la culpa de eso?... , preguntó la
compañera de Lucía. Será meterme en camisa de once varas, pero si le hablo así es por lo que me ha contado su hermana de usted y por lo de la peluca. Usted abandonó sin motivo alguno su carrera; usted no
quiso tomar ningún oficio; llenó usted de penas y
disgustos la vida de su difunto padre; se escapó usted
de su casa con una pícara mujer y se marchó á Buenos Aires sin avisar siquiera á su madre y sin conocer que aquella fea acción y este incomprensible silenci9 podían agravar su enfermedad y llevarla al sepulcro. Repito, señor D. Fernando, que esto es atroz
y que no sé lo que usted merecía... Merecía usted que
no le quisiera su hermana tanto como le quiere.
- Eso sí que no, repuso nuestro hombre con viveza, á la vez que empequeñecía su nariz por medio
de una contracción natural y ponía en su expresiva
mirada levísima sombra de tristeza. Si me quiere es
porque sabe lo muchísimo que me acuerdo de ella.
¿Verdad que me perdonas, Lucía mía? Yo me defendí como pude de mi eterna mala sombra... Cierto que
en algunas ocasiones obré mal; pero obré como un
insensato, sin darme cuenta del daño que causaba á
mi alrededor. Pero ahora será otra cosa; yo te prometo por la memoria de nuestra madre no separarme
de ti, vengarte de las injurias de la orfandad y hacerte tan dichosa que las pasadas desdichas te parezcan
un mal sueño que se desvaneció para siempre.
- ¡Cuántas noches, después de diez horas de trabajo, en casa de nuestros tíos me acordaba de ti, y
me decía temblando de miedo y de frío: si Fernando
estuviera á mi lado no pasaría hambre, ni tendría que
arrastrarme por los suelos como la última de las criadas, ni sufriría lo que sufro con estos parientes que...
pero no, no quiero contarte lo que allí pasé!
- Cuenta, mujer, cuenta, insistió su amiga, para
que sepa este caballero lo que vale su hermana y el
poco meollo que se necesita para no hacer caso de
ella.
- Pues bien: se empeñaron en que tenía vocación
de monja y había de entrar como novicia en el
convento de las Mercenarias Ya tú conoces aquella
gente devota de Toledo, y es inútil añadir que todos
cuantos venían á casa eran de la misma opinión. Fui-

NúMERO

494

mos, pues, al convento, me hicieron conocer á lamadre priora y á D. Melquiades Romillo, capellán de
las monjas, que me sermoneaba todas las noches y á
quien yo no podía sufrir por lo mal que le olía la sotana. Así es que me acostaba con la cabeza hecha
un bombo y amanecía casi siempre llorando y pen
sando en la vida monótona del convento y, sobre
todo, en aquellas obscuridades siniestras que se veían
desde el locutorio. Me faltaban las fuerzas para resistir. Algunas tardes se me presentaba de repente en
mi cuarto el tío Tomás, con sus ojazos de loco, y me
amenazaba -con ponerme en la calle, r.oncluyendo
siempre con el mismo estribillo: «¡Desgraciada de ti
si no sigues mi consejo! Algún día lo habías de llorar
con lágrimas de sangre!» Las palabras dulzonas de
su mujer me hacían aún más daño, porque me echaba en cara la comodidad y el desahogo que habíamos disfrutado en nuestra casa. «Eres muy señorita,
hija mfa, exclamaba á menudo. ¡Ah! Si tu pobre madre no hubiera tenido una cabeza tan destornillada, no pasaría lo que pasa. ¡Jesús, Dios mío, tanto
lujo y tantos requilorios para acabar al fin y al cabo
por tener que comer patatas!» Al mismo tiempo,
cuando me miraba al espejo y me veía tan flaca y tan
amarilla y tan fea, me ahogaba la corajina y la rabia
que sentía contra todos ellos. Llegó por último una
tarde en que creí volverme loca. Había bajado al
huerto por verdura; ... de pronto me escurrí á la calle,
y andando andando me encontré en el puente. Al
obscurecer entraba en la estación y vi el tren que iba
á partir para Madrid. Me acerqué al despacho, pedí
un billete de tercera, ... afortunadamente los había y
tomé uno. No quiero ponderarte las angustias de mi
llegada y lo mucho que sufrí hasta que tropecé con
Mercedes, mi amiga de colegio, que tenía un obrador de costura, esta buena amiga. á la que nunca pagaré lo que le debo. De rnis tíos no volví á saber ni
una palabra, por lo cual he llegado á sospechar que
más bien les servía yo de estorbo que de otra cosa.
- De eso hablaremos más adelante, queridita, indicó la llamada Mercedes; bástele á usted saber, señor don Fernando, que trabajamos mucho y ahorramos poquísimo. De estos ahorros insignificantes ha
salido nuestro viaje, hecho exclusivamente para sor·
prenderle en su retiro. Creo que bien podrá usted
agradecérnoslo.
- Con el alma y la vida, contestó Fernando volviendo á su hermana. ¡Pobre Lucía mía! También
mi historia es muy larga y muy dolorosa; .. . pero de
todos modos, en América me, acordaba tanto de ti...
- ¡Vaya, ya se conoce!, repuso Mercedes.
- Es usted implacable, señorita. No quisiera que
mi hermana fuese de una madera tan áspera como
la suya. En cuanto usted me trate y me conozca á
fondo me perdonará como Lucía y comprenderá
usted que merezco por mi fatal estrella más compasión que vituperio.
- Ojalá me equivoque, señor don Fernando; pero
temo que pese más en su cuerpo la carne de pícaro
que la de hombre de bien.
- De todo hay en la viña del señor, aunque bien
mirado yo no puedo querer á mi hermana más que
con el corazón de un hombre bien. De lo demás no
hagamos caso, ¿verdad, Lucía?
,
Continuaron así charlando largo rato hasta convenir por último en que al día siguiente por la noche
tomarían el trer. correo para tornar los tres juntos á
la coronada villa
La desaparición d~l desconocido en compañía de
las jóvenes causó profunda sorpresa al vecindario.
- ¡Vaya, lo que yo digo es que un hombre tan
raro no debía tener familia!, afirmó una de las comadres que solían sentarse á murmurar delante de
cualquier portalillo á la mansa caída de la tarde.
Y su afirmación fué para la memoria del desconocido un verdadero epitafio.

NúMERO

LA

494

se algunas horas después, de la
bió una credencial y fué coloc~do
m~sa, ofrecióse Fernando acompacon dos mil quinientas pesetas en
ñar á Mercedes á todas las casas
el Ministerio de Fomento. ¡Con
conocidas de préstamos sobre alhaqué júbilo salieron á esperar al herjas por ver si daban con el inapremano aquella noche! 1:,a vuelt~ del
ciable aderezo. Sus pasos al fin
hijo pródigo no debió festeprse
resultaron bien inútiles y sólo el
con mayor alegría en la paterna
tiempo pudo calmar el dolor de
casa. Verdad es que faltaba en su
semejante pérdida. Por otra parte,
mesa el ternero cebón de que habla
favorecíales la fortuna aumentando
el Evangelio; pero en cambio había,
el crédito de su obrador y el núunos ricos filet1;s de ternera y una
mero de las buenas parroquianas.
hermosa botella de Valdepeñas, re·
Las dos amigas habían reunido s_us
servada para estas grandes solemniahorros, que ascendían á unos quu~dades.
ce mil reales, reservándolos la pnEn cuanto á Mercedes y Lucía,
mera para su dote, y la segunda, ó
como no faltaba trabajo y eran ya
sea Mercedes, para abrir una tiendos maestras ó poco menos en la
da bien puesta en el centro, que
costura , podían ahorrar algunos
era su sueño dorado. De Lucía se
realejos todas las semanas, prepahabía enamorado un muchacho
rándose así para lo porvenir. Si alriojano, muy inteligente, que estaguna cosa les preocupaba eran las
ba encargado de la caja en una
distracciones del hermano, que socasa de comercio y pensaba en un
lía retirarse siempre á la madrugadía no lejano hacerse corredor ó
da. Luego, como consecuencia, iba
emprender algunos· negocios por
tarde á la oficina y el jefe de su
su cuenta.
Negociado le regañaba de vez en
cuando. Otro día sucedió un perIII
cance que les afectó dolorosamente. Conservaba Mercedes en un
Así marchaban las cosas cuando
rinconcito de su cómoda parte de
una mañana, después del desayuun medio aderezo de oro que hano, supieron que Fernando no
bía sido el regalo de boda de su
Mascarilla del general Moltke, obtenida por el profesor O. Lessing
había vuelto á casa. A Mercedes
madre. Y lo que pasa en estos cale asaltaron tristes presentimientos,
sos: una mañana que por casualidad ponía en orden estas vejeces y reliquias lo echó nillas parecían echar sangre. De Mercedes esper~ba ' pero no quiso comu~t1rselo~ ~Lu~í\½~~~ng~i~:
~ f dadas las
de menos. Lucía, que lo:! acompañ~ba en la fae~~• yo la natural sospecha, recriminaciones, acusación de su _hermano, no b ~ a v~~lll o m 111
u~
tuvo idéntica sorpresa y hasta el mismo temor. V1s1- im remeditada, porque todavía no me conoce á fon· los pnmeros d1as Y. ~en po an ser
d/
ero
de
ti?
¡nunca!
¿Y
eres
tú
Ja
que
me
acusas,
dudas
que
la
m~rtmzab~n.
Sentáronse
a comer ~n
tábalas de ordinario muy poca gente; las costureras
y oficialas que acudían al obrador era_n buenas mu- mi' ~;opia hermana mi Lucía el único ser en quien silencio intranqmlas y tnstes, esperan?º el de~enlachachas· de los vecinos no había motivo para sospe- he depositado todo' mi cariñd y toda mi confianza! ce de tan extraña tardan~a. Aquella m1S?1ª tar e 0
char;... de modo que no había más remedio que pen- •Oh' •Qué desengaños más crueles me reservaba la cibieron un volante del Jefe_ de Negocia~o, que
sar en alguien de la casa... ¿Sería el autor acaso?... ~ne~\ga suerte' Si yo hubiera podido sospecharlo... llamab_a á su despacho. Media hora d~s~u. s sed preodré ser hermana mía un hombre de sentó un compañero suyoáreclamar_ vemt~cmc~ uros
¡Qué bochorno para Lucía si como temían resultase En fin o
Fernando el verdadero delincuente! Y no fué corta asion~; ~~ ~esdichado loco; nunc; un ladrón do- que hubo de prestarle días a_ntes sm recibo m papel
· ' ent·1en
, delo b"e
alguno y fiando en la formalidad de· sul promesa, de
I n.
ni perezosa; á la mañana siguiente lo llamó á su pmést1co
Des
~és
de
ex
resarse
de
este
modo
le
volvió
la
la que nunca dudó. A este buen amigo e ase~uraron
cuarto y se lo espetó en crudo, por9-ue así debía de
es ald~ y se fué fun compungido que la misma Mer- al salir del Ministe_rio que Fernand? Aremllas no
obrarse, según la opinión de su amiga.
cr1er~º·l:
- ¡Cómo! ¿Seréis capaces de dudar de mí?, pre- ce~es escondida en la alcoba del gabinete, tuvo por estaba ya en Madnd, Y tampoco
1C?S e a e ·
since;os
aquellos
reprimidos
sollozos.
Abrazáronse
la
misma
semana
h~blaron
los
pen
guntó á su vez Fernando, con una ~anta indignación
que se reflejaba en la fulgurant~ muada y ~n el abul- entonces ambas amigas, mudas y pensativas, sin sa- ap~rición de una actnz fra~cesa muy med1tna, qu: t~:
tamiento de aquella gruesa nanz, cuyas roJas venta- ber qué partido tomar en su infortunio. Al levantar- baJaba en la opereta cómica de la Alham ra, co

rr

gi~~o

II
Tanto en el viaje como á la llegada mostróse Fernando tan complaciente, tan servicial y tan dispuesto
á dejar su vida de aventuras, que la propia Mercedes
acabó por creer en la sinceridad de su arrepentimiento. Lucía estaba más contenta que nunca. Su
modesto cuarto de la calle de Jesús y María contaba
con un dormitorio de sobra destinado á los enseres
y ropas de poco uso y allí colocarían á Fernando.
Quedábanles de su familia algunas antiguas relaciones que ambos hermanos trataron de buscar y de
visitar por consejo de su amiga. Entre éstas había un
deudor insolvente de los tiempos prósperos del padre, que les prometió su influencia ya que no podía
cumplir con dinero, Al poco tiempo, un ligero cambio político, la entrada de dos ministros nuevos en
el Gobierno, bastó en efecto para que el agradecido
deudor hiciera valedera su promesa. Fernando reci-

375

I LUSTRACI ÓN ARTISTICA

0

CAMINO

m:. LAS TRIAS (OLOT), cuadro de D. fosé Armet. (De fotografía de fuan Marti.)

�LAS CORTES DEL AMOR,

CUADRO DE

D.

FRANCISCO PRADILLA

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

empleadi!lo de Fomento. Las señas eran mortales y
sin embargo, aún dudaba de la verdad del hecho'el
acreedor de los veinticinco pesos.
Ocho días después de esta escapatoria tuvo Lucía
carta de su hermano, una carta larga, minuciosa patética, elocuente, que concluía de este modo: ~&lt;Desengáñate, queridísima hermana, en este mundo no
hay mal que por bien no vengaj es esta la última locura, d~ la cual estoy bien arrepentido, pero algo he
aprendido por ella. Dentro de quince ó veinte días
volveré á tu lado, y así debes manifestarlo á nuestra
querida Mercedes. Quiero sincerarme de esta gran
falta,. deseo ardientemente que me impongáis el correctivo que merezca, pues por grande que fuere yo
lo aceptaré con gusto de vuestra mano. ¡Te pareceré
tan despreciable y tan olvidadizo! Pero tú me verás
tú me oirás, tú comprenderás que no lo soy tant~
como parezco. ¡Lucía mía, no me aborrezcas antes
de verme; te lo suplico por la santa memoria de
nue.stra ma_dre! En el ínterin, arreglad vuestros negocios y du¡poneos á venir conmigo á París. Aquí
está vuestro porvenir. Yo os aseguro que al cabo de
cinco años de trabajo os podréis retirar ricas tan
. como nunca lo habréis soñado en esos tristes
'
neas
Madriles. París es la verdadera América de las mo•
distas. Vestiréis á las duquesas y os casaréis con un
banquero. La chinela de una mujer bonita no tiene
aquí precio, y más que en parte alguna del mundo
hallaréis ocasión de tropezar con vuestra fortuna debajo de la cifra de un pañuelo blanco, primorosamente bordado, que hayáis dejado caer á los pies de
un príncipe ruso. Y no digo más. Ya sabes cuánto te
quiere tu mejor hermano - Fernando.
Al acabar la lectura de la carta, habíase quedado
~ucía pensativa y como encantada ante aquellos honzontes desconocidos que le mostraba su hermano
d~sde lejos. Mercedes meditaba: ¿era sincero aquel
gnto de un corazón arrepentido? ¿Eran creíbles aquellas protestas tan cariñosas, aquella nueva promesa
de volver al buen camino y aquel vivo deseo de su
felicidad?
Transcurridos quince días y no teniendo noticias
de su venida, decidió Mercedes tomar una tienda
vacante al final de la calle de Preciados. La casa era
de las nuevas y la proposición del dueño aceptable.
Lucía opinaba lo mismo. Una noche, antes de acostarse, buscaron en el doble cajoncito de la cómoda
los quince mil reales de sus ahorros porque al día
siguiente habían quedado en firmar eÍ contrato. Este
do~le cajonc_ito era un secreto; abriéronlo y ambas
a~mgas se miraron como estupefactas: no estaba el
dmero. En el mismo instante Lucía se puso blanca
como la que acaba de morirse y cayó desvanecida
e_n brazos de Mercedes. Idéntica sospecha había hendo como un rayo la imaginación de las dos infelices: sólo Fernando conocía el secreto de la cómoda,
Los e.sft:erzos de su laboriosidad, sus cinco años de
trabaJo, la esperanza de la dote, su porvenir asegurado, todo había desaparecido en las manos del
burlador infame.
- ¿Pero es esto posible, Virgen santa? ... - preguntaba Lucía con un acento de dolor indescriptible.
, M,er~edes no lloraba c_omo su apenada amiga: senha umcamente haber sido engañada lo mismo que
los imbécile~ y se vengaba con esta gran frase:
--: ¡Oh!Tu hermano ... tu hermano erró la vocación:
hub1_era hecho un cómico inmejorable, ¡un excelente
cómico!
]O'iÉ M. MATHEU
NUESTROS GRABADOS
Un mártir, escultura de D. Agustín Querol.

-: Que la escultura en nuestros dias ha emprendido derroteros
chsti?tos de los hasta ahora seguidos, cosa es que en distintas
ocasione~ hemos ~epetido y que á la vista salta á cada nueva
obra, salida del cmcel de algunos de los más ilustres escullo•
~es_contemporáneos. Los artistas españoles no han sido los
ult1mos en aceptat esas tendencias nuevas y en afiliarse á la
nueva escuela, y los nombres de Querol, Benlliure, Sussillo,
Alcoverro y algunos más que citar podríamos son de ello elo•
cuente prueba.
El sentimiPnto artístico de los modernos escultores no se
satisface ya simplemente con arrancar de la materia aquellas
corrección de formas y pureza de líneas que aun hoy '!los suspenden Y, admuan cuando contemplamos las obras de los antiguos clásicos y de los estatuarios del Renacimiento sino que
al par que atienden con cuidadoso esmero á la belle~ externa
preocúpanse en infundir en el cuerpo y en el rostro que mo•
delan un alma en el estarlo que el artista quiere expresar y ver
reproducido en su creación. De esta suerte la escultura ha da·
&lt;lo un paso de gigante, y las obras por ella producidas, no sólo
hablan á los sentidos, sino que impresionan el ánimo, haciendo muchas veces que el efecto en éste causado por el elemento inmaterial que se siente flotar en un mármol, en un barro
ó en un bronce, se sobreponga al del elemento corpóreo que
de aquél recibe expresión y vida,
Tal acontece con Un 111drtir, obra tan valientemente conce·
bida como vigorosamente modelada de nuestro célebre com•
patriota D. Agustín Querol. Este busto nos trae á la memoria
las obras del famoso escultor francés Rodio, de quien ha dicho

uno de los más eximios críticos de Francia, Octavio Mirbeau,
que «no sólo habrá sido el más grande estatuario de su tiempo,
sino también uno de los pensadores mejor iniciados en los secretos del alma humana y en los misterios de la vida. l) El autor
de San fuan Bautista predicando, de la•Edad de bronce y de
Los ciudadanos de Ca/ais no vacilaría, sin duda, en poner su
firma en esa nueva obra del autor de Tutia y de Sag1mto.

* **
Un barrendero (París), cuadro de D. Ignacio
Zuloaga (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona).

NúMERO

494

NúMERO

494

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

379

que se preocupan más del ideal que persiguen, que de las cosas
t~rren_as. Amaba el arte por el arte. l'ara él, éste no era un mecho, smo un _fin. Buscaba por mil sendas distintas la perfección.
E ra un apasionado de la belleza eterna, según la definición de
Goethe, un. convencido que tenla fe en sus fuerzas, que conoda la est~tlca y Ia_s reglas que la constituyen y poseia un cincel especial, un OJO penetrante y anaHtico, para descubrir los
~ás ocultos secretos, y la intuición audaz, que llega donde la
vista no alcanza.&gt;

* **
- El apellido Zuloaga significa para los españoles un verdadeMascarilla del mariscal Moltke, obtenida por
r? timbre art!stico, ya que las notabilísimas obras de D. Plá- el P;-ofesor O . _Leasing. -No hemos de hablar de la per·

cido, esos admirables damasquinados, esas bellísimas piezas
de hierro con delicadas incrustaciones de oro y plata son co?ocidas, no sólo en la península, sí que también en el extran·
Jero, por todos los amantes de las manifestaciones art!sticas.
Hijo de este distinguido art!fice es el joven pintor eibarrés,
cuyo cuadro reproducimos.
. Dedicado en sus primeros años á los trabajos de ornamenta•
c1ón, adquirió ya cierto gusto y conocimientos artísticos que
después hanle servido 'de provechosa enseñanza.
Atra!do por el equivocado concepto que algunos artistas tie•
nen de la Ciudad Eterna, abandonó el hogar paterno para establecerse en Roma, de donde salió á los pocos meses conven·
ciclo de su error, y desterrando de su paleta los tonos bituminosos y los ocres antipáticos, para fijar su residencia en la ca•
pital_de la vecina República. Alli, saturado su esp!ritu del mo•
dermsmo, hase convertido en decidido é inteligente campeón
de la escuela naturalista, pero en su justo y verdadero concep•
to; habiendo logrado ya algunos triunfos, conforme lo acredi•
tan los premios alcanzados en las Exposiciones de Madrid,
Municb y Londres, y espeeialmente en la de Paris, en la que
mereció recompensa el cuadro titulado Dans laforge.
El barrendero, que figura en nuestro certamen, es un buen
estudio de esos tipos que tanto se prestan á la observación en
los trottoirs parisienses, que revela cualidades recomendables
en su autor, y especialmente un espfritu asimilador, que dentro
del género que cultiva llegará á servirle de poderoso factor
para producir alguna obra de verdadero aliento.

sonahdad del manscal, de quien no hace mucho nos ocupamos extensamente y cuya thuerte han lamentado y lamentan
cu~ntos ~ienter admiración por esas grandes figuras de la hist?ria qu_e compendian, por dec_irlo as!, toda una época. El último tnbuto que á la memona de Moltke puede rendir LA
ILUSTRACI,ÓN ARTfSTICA, es reproducir la mascarilla que de
s!1 rostro, a poco de fallecer, sacó el profesor alemán O. Les·
smg.

*••
Camino de las Trías (Olot), cuadro de D. José
Armet {de_ f?tog~affa de D. J. MartiJ. - El Sr. Armet es

uno de los d1st10gu1dos y entusiastas pintores que formaron la
avanzada ?el renacimiento del arte español. Dotado de excelentes aptl!udes como. paisista, dedicóse á reproducir la naturalez_a, ~op1ando especialmente los bellísimos paisajes de nuestra tierra, que por sus contrastes, sus brillantes tonos ó su severa grandiosidad, ?fred~nle vasto campo en que poder manifestar 1~ valentfa, vigor, nqueza y exactitud de su ejecución.
Considerable es el número de cuadros que ha producido,
0
otándose en ~odos ellos el resultado de sus observaciones y la
fiel repr~ducc16n de la naturaleza, embellecida siempre con la
grand1os)dad de sus severas formas y la multiplicidad de sus
tonos. Sm separarse del género que siempre ha cultivado no
ha p~rmanecido estacionario, puesto que ha ido modifica~do
su e.;hlo de tal manera, que siendo del mismo carácter el cuadro que hoy reproducim6&gt;S se separa de los anteriores. Este
recuerdo d~ su _estancia veraniega en Olot, recomiéndase po;
su franca eJecuc1ón y por la pureza del color que produce con*
t~astes qu~ sorprenden y cautivan, tales como los bien entenEn la fuente, cuadro de Ernesto Creci {Expo· didos refleJ?S de los árboles en el agua y la enmarañada red de
~ición general de Bellas Artes de Barcelona). - Es Ernesto Cre· ramas Y hoJas de la arboleda, que muy pocos logran interpre•
ci uno de los artistas austriacos más discretos y uno de los pin- tar con tanta galanura y fidelidad como Armet.
tores extranjeros que han demostrado sus simpatías por Espa·
ña, remitiendo alguna de sus obras á la Exposición general de
*
••
Uellas Artes de Barcelona, Dedicado al estudio de la pintura
_Cortes de amor, o~adro de D, Francisco Pradesde temprana edad, ha llegado á adquirir justa reputación
por el sello de verdad que imprime en todas sus obras, simples dilla. - Para todos los artistas enamorados del color y de las
en los asuntos, pero bellas por el colorido. Atento observador bellezas 9ue nuestra historia atesora, grandes atractivos ofrede cuanto le rodea, hase limitado á reproducir los cuadros, es• cen l~s siglos XIV y xv, as! por los hechos que durante ellos
cenas y costumbres que se presentan á su vista, resultando de ocumeron, como_ por las figuras que sobresalieron en aquel
ahí que es un digno representante de la pintura de género en perlo?º Y por la mdumentaria de aquel entonces, que tanto y
el moderno concepto artístico. Prueba de ello, as! como de sus tan bien se prest_an á conc~pciones grandiosas y á notas brillancualidades, son los cuadros titulados Andata e ritorno, Ancora tes. Don Fran~1sco Prad1l!a ha sabido como pocos explotar
1m passo, /;fercato, In lett,ira y el que figura en nuestra Expo- ese venero ~e ~1queza artishca, y estudiando concienzudamente
sición, premiados respectivamente en las de Trieste, Buda- los acontec1m1entos, costumbres, lugares, personajes, trajes y
a~ma~ de aquella época ha encontrado en ellos motivos de inspest, Dresde, Viena y Praga.
En lafumte es un bonito cuadro de caballete que reproduce puac1ón para _sus com,POsiciones que su pincel privilegiado avaun rincón de Trieste, la ciudad nativa del Sr. Creci, en el que lora con las ~mtas mas bellas y los más sorprendentes efectos
Díganlo s1 no La rendicion de Gra11ada y Do1la f11a11a ¡~
á pesar de su simplicidad ha dejado impresa el artista la simLoca, entre otros, y dígalo también el que hoy publicamos y
pática tonalidad de su paleta.
que representa la corte de D. Juan II de Castilla, presenciando una de aquellas fiestas literarias á que tan aficionados se
*
**
mostraron en la Edad media los príncipes castellanos y ara"'
El escultor argentino Francisco Ca,fferata y goneses.
En Cortes de amor se advierten, sin necesidad de profundialgunas de sus principales obras. - Hace poco más
de medio año, un triste suceso vino á llenar de duelo á los afi- zar mucho, todas las relevantes cualidades que tantas veces
cionados á las bellas artes y en general á toda la sociedad de hemos ensa(zado e? el Sr. ~radilla y que unánimemente le
Buenos Aires: el suicidio del célebre y agasajado escultor ar• h~n re~~noc1do ~rit1cos y aficionados: conocimiento del asunto,
gentino Francisco Cafferata que, muy joven todavía, pues sólo d1spos1c1ón ~ag1stral d~ l~s elementos componentes del cua,
dro, c~rrecc1ón en el d1bu¡o, firmeza en la pincelada, y sobre
contaba 29 años, hablase conquistado envidiable renombre.
~esde muy ~iño m~str? Ca~ferata excepcionales aptitudes y todo Vigor y ~rescura en el colorido, que contrastan con la poafición d~smed1da ~¡ d1buJO y a l_a escultura, y en el colegio en br~a d~ matices y co~ el convencionalismo de ciertos artistas
donde hizo sus pnmeros estudios, más que de las explicacio- olv1dad1zos ~e las glonosas tradiciones que la pintura tiene en
nes del profesor de griego ó de latín, ocupábase en borrajear nuestra patna.
con su lápiz cuantos papeles ó libros á mano tenia y en trazar
con dos ó tres rasgos ingenuos, pero gráficos, la caricatura del
*
maestro 6 de algún condiscípulo.
"P"na bacanal, 1?ajo rel~vedeD. Venanoio VallE? 1877 marchó á Flore~cia, d_esde ali! pasó á Roma, y re•
com6 luego Tur!n, Venecia, Milán, Nápoles y Bolonia es mitjana. - E~ d_1stm_tas o~s1ones nos ht!mos ocupado en las
obra~ de este ?1stmgu1do art_1sta, y nos hemos complacido en
decir, las ciudades artisticas por excelencia.
'
R~gresó en 1886 ~ su patria; querido p_or todos y por todos rendirle un tnbuto de admm~ción po~ s~ vigoroso ingenio y
admuado, halló cubierto de flores el cammo de la vida que su por su maestrfa, por cuyo motivo nos hm1taremos á consignar
mano, movida por impulsos desconocidos, babia de regar, tem- que, á pesar de los años de constante labor, no decaen las cuah?ades que posee, acrecentándose, si cabe, á medida que la
pranamente y cuando todo le sonre!a, con su propia sangré.
Tarea dificil y larga seria reproducir la lista de las obras m~ve de los años blanquea su cabeza. Reciente está su último
producidas por el cincel de Cafferata. Mármoles, barros, terra- tr_1unfo en 1~ Exposición de Bellas Artes de Madrid por su
c~ttas, bustos, estatuas, mo?umentos, retratos, alegorías, co- bien .concebida obra La tradición, en la que se reveÍa el espias de los más celebrados eJemplares de la estatuaria antigua fuerzo de su potente genialidad.
~n su taller hemos tenido ocasión de admirar entre otras
de todo y en número prodigioso produjo el famoso escullo;
argentino durante su breve existencia. Entre sus principales vanas producciones, un pr~cioso grupo representa~do la Cariesculturas citaremos, sin embargo, los bustos de su padre y de dad, otro de S. M. la Rema y su augusto hijo, algunos boce·
los generales Mitre y Sarmiento y de Espronceda, las estatuas tos en}º~ que el maest~o !'"odela_ sus (mpresiones y fantasías,
del general Lavalle, de Moreno y de Rivadavia, de Fausto de Y por ultimo, el notab1Hs1mo baJO relieve que reproducimos
Mefistófeles y del soldado argentino, el grupo alegórico para una de sus mejores composiciones, que parece arrancada d;
la Tribzma Nacional, un busto de D. Quijote, y las figuras los m~ros de alguna morada de un patricio romano, si bien em•
qua coronan los monumentos de Coloro bres, del almirante bellt!c1da por el concepto moderno.
Brown, de Mariano Moreno y de Agrelo, y la del negro Falucbo, el héroe de la independencia, que sirvió á las órdenes del ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy
general San Martino. En esta última, en la que estaba trabajando la mañana en que se suicidó, han quedado sin terminar
U ANDO un producto posee umi gran notoriedad, sucela mano y la bandera, según puede verse en nuestra reproducde á menudo que _mercaderes al por menor poco escrupulosos
ción.
La mayor parte de las esculturas citadas aparecen reprodu- propon.en 6 hasta su~htuyen á lo que se les pide una imitación
cidas en nuestro grabado, composición y dibujo que nuestro que de¡a más beneficio. Esto es lo que ocurre diariamente con
distinguido colaborador D. Nicanor Vázquez ha hecho con pre- la CREMA SIMÓN, conocida desde hace 30 años para los cuidasencia de fotografias remitidas desde Buenos Aires por don dos de la piel. Es necesario, .pues, que las personas que desean
con empeño esta marca exijan la verdadera CREMA SIMÓN de
Ar!stides Maranga.
ruede Provence, 36, París. Venta: farmacias, perfumerias
Para terminar estos breves apuntes, copiaremos el párrafo la
bazares, mercerías, etc.
'
que en su articulo necrol6gico dedica Et Nacional de Buenos
Aires á estudiar la personalidad artística de Cafferata:
JABON REAL V:IOLETr·
JABON
(Era un temperamento de artista. Lo dejaban entrever sus
inclinaciones naturales, sus gustos, sus modales, hasta su maneR
I DACE 1
V
ELOUT
IN E
ra de vestir, caprichosa y elegante, con ese descuido peculiar, t.aa.uua Jtl aatoriúA&amp;I •14ir f&amp;íl ll ll¡!Ut' ,. ll Piel J 1111111 ú1 Ct!lr
no estudiado ni aprendido, propio de las naturalezas soñadoras,

....

...

e

DETH

29,;;;;,f~~;jaria

re
y

,li¡Y si vuelvo á encontraros con esa tunanta, ya sabréis quién soy yo!

EL PADRE DANIEL
POR EDUARDO ROD.-ILUSTRACIONES DE VOG~L

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ví,
de
do

Hace algunos años pasé mis vacaciones en un pue- ra no desconfió ya de mí y acabé por captarme la La forastera no había bajado los ojos, ni en sus facblecillo de Saboya: imaginaos en el fondo de uno de buena voluntad del santo varón, acudiendo nueva- ciones se notaba alteración alguna; tranquila é indiesos valles alpestres que se forman entre dos monta- mente al templo á escuchar otros sermones, A decir ferente, arrostraba la cólera del sacerdote, que exasñas á lo largo de un torrente unas cincuenta casas agru- verdad, no me desagradaba la ruda elocuencia mon- perado y rojo de indignación, levantaba la mano copadas alrededor de una iglesia y de un mesón y se- tañesa del cura, en la que los vigorosos puñetazos mo para subrayar con el ademán las palabras que no
paradas unas de otras por varios jardinillos muy ale- servían para subrayar las palabras pintorescas, y los acudían á su boca; pero al fin prorrumpió en una
gres y floridos, llenos de esas antiguas plantas que períodos mal coip.binados rebosaban energía, por más carcajada.
- Por mucho que haga usted, señor cura, dijo, no
todos conocemos, es decir, de rosales, malvas rosas, que aquel hombre honrado y tosco maltratase la reme
aburriré aquí este verano... como tampoco me
tórica.
Muy
pronto
se
nos
vió
recorrer
juntos
los
sentornasoles y balsaminas. Las pendientes cubiertas de
hierba prolónganse por un lado hasta el arroyo que deros y pescar truchas cual dos amigos inseparables aburrí el último ... ¡Descuide usted! ...
Y pronunciadas estas palabras, prosiguió su mar«¿Cómo ha hecho usted para domesticará nuestro
corre formando cascadas por entre espesuras de ulcha,
fijando en mí una mirada de curiosidad.
cura?»
preguntábame
la
gente
á
menudo.
marias, y por el otro elévanse hasta los pinabetes y
Aquella breve escena, tan rápida y animada, que
Cierto día paseábamos por las inmediaciones de
las canteras que conducen á la montaña. Ese paisaje
· no es nada austero ni triste; cubierto de verdura, sus un caserío que, situado á diez minutos del pueblo, así venía á turbar la paz habitual del valle, me dejó
matices contrastan con el purísimo azul del cielo, forma todavía parte de la parroquia. El cura se diri- en extremo sorprendido. En cuanto al cura, agitado
y por poco que el sol le ilumine presenta un con- gía hacia allí poco á poco para consolar con sus pa- y tembloroso, tenía la frente y las mejillas inundadas
junto seductor. Hallándome solo y siendo descono- labras á un viejo paralítico, que seguramente no le de sudor, y enjugándoselo con el dorso de la manga,
cido en el pueblo, visitaba á diversas personas de la oiría, y yo iba á separarme ya de mi acompañante, díjome al fin:
- ¡Ha visto usted qué bribona! ... ¡Si usted supielocalidad, gente sencilla, sin astucia, hospitalaria, algo no agradándome el espectáculo de las miserias que
primitiva aún y muy honrada, aunque todos tenían no pueden aliviarse, cuando al doblar un recodo del ra!... ¡Es una enviada del diablo, y merecía ser devoun poco de contrabandistas y eran escépticos, sin que sendero tuvimos un encuentro inesperado. Era una rada por los perros como la reina Jezabel! ... ¡Atreverpor esto dejaran de asistir asiduamente á la iglesia joven parisiense, muy linda y elegante por cierto, á se á volver ... después de lo que ha hecho! ... ¡Ah, répesar del color chillón de su cabello teñido, de su proba! ... ¡Por fuerza lleva en el cuerpo todos los depara oir los sermones de su párroco.
Este sacerdote era un hombre singular, especie de traje exagerado y de su sombrilla roja. Rodeábanla monios! .. . ¿Ha notado usted cómo se revela el vicio
gigante de seis pies de estatura, de rudo aspecto, tez cuatro ó cinco jóvenes campesinas, á juzgar por sus .en sus ojos? ...
- A fe mía, señor cura, contesté, no he visto más
morena, facciones toscas, como esculpidas en madera zuecos y delantales, y el pequeño grupo hablaba y
vieja por un artista torpe, enormes manos de campe- reía con extremada animación. Me volví hacia el cu- que una joven muy linda, y...
- ¡Cállese usted! No es ahora el momento más
sino y una viveza arrebatada que sus sesenta años ra para que me explicase aquella extraña mezcla de
no habían debilitado aún. «Es un buen hombre,» de- montañesas y cortesana; pero noté que estaba muy oportuno para echarla de libre pensador... Voy á recía la gente; y en efecto, el cura jugaba á los bolos pálido y que sus labios temblaban; de pronto vile ferirle á usted su historia del año pasado ... y le asecon sus feligreses y no rehusaba beber una copa apretar los puños, y mirando á la extranjera, que le guro que solamente al recordar los· detalles se me
remueven las entrañas ... Si después de lo que voy á
cuando se la ofrecían. Careciendo en absoluto de contemplaba con tranquilo descaro, exclamó:
unción eclesiástica, oíasele gritar mucho cuando ana«¡Y se ha atrevido á volver esa perdida, se ha atre- decirle le es posible verla sin experimentar horror,
creeré que no vale usted más que ella...
tematizaba los vicios; y ultramontano de antiguos vido á volver! ... »
Y el cura me cogió del brazo, desvióse del camino
rincipios, era el último saboyano que echaba de meY me explicó en dos palabras sinónimas y algo
~05 á Italia. Sobre este punto trababa frecuentes dis- crudas quién era aquella joven Después, plantóse y me condujo hacia los campos, aplastando sin esutas y más de una vez se quitó la sotana para dar- delante del grupo, y dijo con tono imperioso:
crúpulo el trébol y la florida alfalfa. Muy pronto lle; e de' puñetazos con algún carretero republicano.
- ¡Volved á casa al punto! ... ¿No te avergüenzas, gamos á un bosquecillo de pinabetes, tan silencioso
En un principio, el buen cura me miraba de re- Josefita, tú que debes casarte muy pronto, de hablar que parecía hallarse á mil leguas de todo movimienojo creyéndome calvinista; pero cierto domingo, des- con una mujer como esa?... ¿Y tú, Susana, tan buena to humano; el cura eligió una piedra cubierta de musués de un sermón á que yo asistí, sermón dirigido y virtuosa? ... ¿Y tú, Elisa, que tienes á tu madre en- go, sentóse, me invitó á imitarle, y después de una
~ontra los herejes y sobre los e,pantosos suplicios ferma? ... ¡Vamos, largo de aquí! ... ¡Y si vuelvo á en- pausa dió principio al relato siguiente:
ue se les reservan, tuvimos una explicación. Enton- contraros con esa tunanta, ya sabréis quién soy yo!...
«El verano último hizo algunos meses que yo te¿es le hice comprender que, nacido calvinista, había
Hubo un momento de vacilación; después, las jó- nía por vicario á un sacerdote llamado el padre Darenunciado hacía largo tiempo á toda creencia posi- venes cambiaron algunas miradas entre sí, y muy con- niel; era muy joven, de veintidós ó ventitrés años,
tiva· pero que la religión romana me inspiraba gran fusas volvieron al fin la espalda y retiráronse poco á alto, pálido, delgado y rubio, con unas manos y unos
respeto y viva simpatía. Desde aquel instante el cu- poco, dejando á la joven frente á frente con el cura. modales propios de señorita. Estaba dotado de gran

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ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

494

instrucción, ... demasiado quizás, pues á veces habla- gente es pagana, ... todos ellos peores que los maho»Poco á poco, la oposición, sorda en un principio,
ba de cosas que nada tienen que ver con la salud metanos en punto á religión; y á pesar de esto, quie- hízose ruidosa, y el pueblo trató al sacerdote como
del alma; mas por fortuna, su ciencia no Je impedía ren celebrar la Pascua como los buenos... Porque una escuela que se insubordina contra un maestro
ser piadoso ... ¡Cómo hablaba! ... ¡Era preciso oírle!. .. son ricos creen que todo lo pueden ... «¡Tenga usted malo. Se le escarneció por la menor cosa, enviáronle
Sus frases bien redondeadas parecían notas musica- cuidado con esa gente, había dicho yo al padre Da- pescados podridos, paquetes vacíos; colocáronse peles, demasiado dulces para los patanes que las oían. niel, pues de lo contrario le darán algún disgusto.)) tardos en los sitios por donde debía pasar y hasta
¡Y qué voz! ... Una voz de ángel. .. También cantaba,
»Y así fué.
osaron poner algunos en la iglesia ... Cierto día ocu•
y tocaba el órgano bastante bien. ¿Por qué casuali»Poco tiempo antes de caer enfermo, había yo creí- rrióseles llevar al púlpito una culebra de grandes didad había venido á encallar en nuestras montañas? do conveniente anunciar que las jóvenes que baila- mensiones, dejándola allí encerrada ... Esto era ya
Jamás lo su pe, pues nunca hablaba de sí mismo y yo ran al estilo del día no serían admitidas á la comu- intolerable, y aunque siempre conservaba su presenno me hubiera atrevido á preguntarle la menor co- nión de la Pascua... No me agradan esas diversiones, cia de ánimo, observé que el infeliz vicario enflaquesa ... Lo cierto es que no pertenecía á la misma clase porque desmoralizan la juventud, demasiado aficio- cía, y que su cu~rpo arqueaba, como si le afectara
que nosotros, ni nos asemejábamos á él en nada. Sin nada ya de suyo á los placeres prohibidos. El día de el corazón aquel odio con que correspondíat'l á sus
duda había nacido para vivir en lujosas habitaciones, la fiesta me detengo delante del mesón, dirijo una bondades. Como era natural, semejante paciencia
en un palacio de obispo y no en un curato de pue- mirada á la sala de beber, y, .. ¿qué veo?... Margarita, no desarmó á sus enemigos, los cuales, por el conblo ...
la hija mayor de los Gronlard, bailando como una trario, se envalentonaron acentuando más sus ata»Todo esto no le impedía cumplir con su deber loca con todos los malas cabezas del pueblo, con los ques: las muchachas se mofaban de él á su paso; los
como el primero ... Apenas llegado, preguntóme acer- carreteros y los soldados. Estaba encarnada como chiquillos, ocultos detrás de las cercas, arrojábanle
ca de las necesidades de la parroquia, de los enfer- una amapola, y seguramente había bebido hasta la manzanas verdes; y á todo esto nadie le defendía.
mos y pobres¡ y sin perder tiempo comenzó á reco- saciedad jarabe, sidra y cerveza. La llamo al punto y Los que antes le apoyaban solfan decir: «¡Es un simrrer el país, visitando las más míseras cabañas, y eso le digo:
ple!...» Seguramente no comprendían aquellos salque no es la limpieza lo que más abunda entre nos- »¿Sabes bien lo que te espera?
vajes cuánto valor se necesita para conservar en seotros, sobre todo en esos chiribitiles atestados de
»Creo que si hubiera estado sola habría tenido mejante caso la frente serena para decir misa desde
chiquillos ... Sin embargo, nada le arredraba, ni la miedo; pero hallábase allí su hermano segundo, San- el principio hasta el fin, para llenar sus deberes relisuciedad ni los miasmas infectos, ... y cuando se de- tiago, el peor de todos, y en aquel momento, com- giosamente ... Cierto domingo prodújose una escena
claró la viruela en la familia de los Sondas, esa bue- pletamente borracho, el cual me dijo:
verdaderamente escandalosa; varios borrachos, entre
na gente que habita en la última casa del pueblo, él
- »¡Ya lo veremos, señor cura; mas por lo pronto los cuales iban los tres Gronlard, rodearon al clérigo
fué quien los curó á todos, como un médico, como no se cuide usted de lo que no le importa!
y lleváronsele consigo, cantando unas coplas que el
una hermana de la Caridad, sin querer escuchar las
»Por fortuna teníale cerca de mí, y recibió un pu- maestro de escuela había compuesto, y cuyo estribiadvertencias que se le hacían, sin adoptar la menor ñetazo de mano maestra, lo que me dispensó de con- llo era:
precaución; ... y jamás le oí proferir una queja. Tal testarle ... Crea usted que es el único argumento con
vez ctea usted que aquellos por quienes se desvelaba que se acaba siempre por tener razón ...
Señor clérigo, no os gusta la danza.. ,
se lo agradecían, ... quizá piense que muy pronto se
»De vuelta al curato, referí el caso al padre Daniel,
le consideró como un santo en el país y que los an- y hasta tuvimos una ligera discusión; parecióle que
)) El pobre Daniel forcejeaba para librarse de las
drajosos le besaban la sotana ... ¡Ya ya! ... ¡Usted no yo era demasiado severo, y díjome que era preciso manos de aquellos perdidos; pero los dos más fuerconoce nuestros campesinos! ... En el fondo no son dejar á los jóvenes divertirse un poco, porque no se tes le arrastraban, y cualquiera hubiera dicho que el
malos, si se quiere, mas pertenecen á una raza de ofende á Dios con esto... Aquel hombre era dema- bueno del sacerdote estaba también ebrio. Por forincrédulos; desconfían de nosotros, y no nos toleran siado bueno para creer en el mal, y jamás he visto tuna los encontré; los dos tunantes que sujetaban al
sino á condición de que seamos como ellos y que mayor indulgencia unida á tanta santidad. Esto no abate recibieron cada cual de mi mano uno de esos
en caso necesario... (el cura completó su pensamiento impidió que me dejara en buen lugar, y al acercarse reveses que yo sé aplicar tan bien ... y los otros no
descargando un puñetazo en el vacío). Aquel joven la Pascua, hallándome yo aún en el lecho del dolor, esperaron su parte; mas al volver al curato, el pobre
sacerdote, de aspecto débil, que les hablaba como un cuando la Margarita se presentó para confesarse dí- Daniel se echó á llorar amargamente ... No puede
libro y cuyas blancas manos se movían con adema- jole que no se la admitiría á la comunión... La cues- usted imaginarse hasta qué punto llegaba la ferocines tan delicados, sabía mantener á todos á cierta tión fué seria, y el padre Daniel hubo de sufrir los dad de aquellos tunos, que parecían complacerse en
distancia, sin quererlo quizás, hasta cuando les prodi- ataques de todos los Gronlard: en primer lugar lama- el mal. Cierta noche, por ejemplo, un chico despierta
gaba sus cuidados... Forzozo es decir también ... (el dre, muy melosa, haciéndose de azúcar y miel, afligi- al padre Daniel diciendo que el viejo Moltu está
cura pareció vacilar un instante, y después prosiguió gida, al parecer, y con lágrimas en los ojos; pero tan moribundo y desea verle. Este Moltu es un anciano
con expresión de franqueza). Ya sabe usted que los marcadamente hipócrita, que á pesar de su candidez, que vive sin compañía alguna en aquella casita que
eclesiásticos somos ante todo hombres, y que los hay el VIcario no se dejó engañar. Después presentóse el vemos desde aquí. El bondadoso sacerdote emprende
buenos y malos. Ahora bien: antes del padre Daniel padre, que con sus miradas furiosas y sus ademanes la marcha por un sendero muy peligroso, en medio
tuvimos aquí un sacerdote indigno, que había hecho de payaso trató de intimidarle, hablando de su in- de la obscuridad, exponiéndose á rodar diez veces por
mucho mal en el puelbo, y cuyos escándalos no fueron fluencia con el prefecto, y por último llegaron los un precipicio; llega al punto designado, y encuentr~
conocidos hasta después de su marcha... El regente, tres hijos, armados de palos y látigos... Yo creo que á Moltu roncando, y que al ver que le despiertan
que es volteriano, habíase aprovechado de ello para estos ganapanes se proponían realmente pegar al sa- agobia de injurias al sacerdote... Cuando volvía á
predicar sus malas ideas; y á consecuencia de esto, cerdote; pero no se atrevieron, pues á pesar de su de- casa rendido de fatiga y lleno de barro, todo el muncuando se hablaba del joven vicario, la gente decía: bilidad, imponía á todos con su aspecto tranquilo y do le esperaba, cantando á voz en cuello el consabi«Con su aire de gran señor, ese hombre no valdrá su mirada profunda... Si me hubiese pedido parecer, do estribillo.
tal vez más que el otro.» Por eso se comenzó por le habría aconsejado que cediera desde luego. De vez
»Todos los días esas gentes inventaban algo para
aborrecerle; cuando decía misa, burlábanse de él;... en cuando, yo puedo hacer uso de toda mi autoridad, martirizará Daniel... Jamás hubiera creído que esos
las muchachas le dirigían preguntas incongruentes, y yo, á quien conocen desde hace treinta años, que, he labriegos, apenas capaees de aprender á leer, pudielos chiquillos que estudiaban la doctrina le hacían echado algunas copitas con los padres de los jóvenes ran ingeniarse tanto á impulsos del odio; y hasta los
muecas. A veces se le demudaba el rostro, y enton- de hoy y que tengo puños para hacerme respetar; que antes no solían ser malos, hiciéronse peores que .
ces permitíame darle consejos. «Ríñalos usted mu- pero tratándose del joven vicario recién venido y tan perros rabiosos. Todo esto sin motivo alguno; solacho, le decía; recuérdeles que se condenarán, y cuan- diferente de los demás, la cosa varía de aspecto. Por mente porque el padre Daniel era un hombre de disdo convenga no deje de aplicarles un correctivo.» desgracia el buen Daniel no me habló del asunto sino tinta especie que ellos... Lo mismo ocurre con lás
Pero al oír esto sonreía tristemente y contestaba: «No cuando ya era demasiado tarde para retroceder, y abejas cuando una extraña se introduce en su colpuedo hacerlo.»
cuando todo el pueblo estaba revuelto... Solamente mena...
»No se imagine usted, sin embargo, prosiguió el los pobres le defendían un poco; pero ¿quién escu»Así las cosas, á principios de verano llega la hija
cura, que hubiese nada grave en esas primeras difi- cha á los pobres? En contra de ellos estaban los gor- mayor de los Gronlards, Catalina. Hacía cuatro ó
cultades¡ era la hostilidad natural entre seres de es- dos, los poderosos, que se agitaban como demonios; cinco años que había marchado para servir en París,
pecies distintas y nada más, pues el padre Daniel no mientras que el regente, un canalla de radical, que sin que nadie oyese después hablar de ella, pues
tenía positivamente enemigo alguno. Nadie le quería presta malos libros á todo el mundo, peroraba en la cuando se pedían noticias al padre Gronlard, contesmal; y hasta creo que había un poco de candidez en taberna, proponiendo que se firmara una petición. Si taba siempre: «Va bien, va bien,» procurando camlas jugarretas que le hacían; queríasele demostrar qus el proyecto no se llevó á cabo, no fué por culpa de biar de conversación. Alguien aseguraba á veces que
los demás eran tan ladinos como él, y á esto se redu- ese hombre, créalo usted; fué porque los montañeses se había echado á la mala vida, lo cual no extrañaba
cía todo. Por otra parte, yo, que no le profesaba el se distinguen siempre por su prudencia y temen com- á nadie, y no se hablaba más del asunto. Para las
menor rencor por la superioridad que sobre mí tenía, prometerse, .. El padre Gronlard marchó á Chambe- jóvenes montañesas, la ciudad no vale nada, y en ella
apoyábale cuanto me era posible, y él se utilizaba de ry armando gran bulla y jurando que pronto se sabría mueren de nostalgia ó se pierden... En cuanto á Cala autoridad que no me costó mucho adquirir sobre quiénes eran él y su amigo el prefecto; pero aunque talina, era demasiado perversa para que la aquejase
estos semisalvajes, porque soy de la misma raza que no era republicano, parece que el padre Daniel te- semejante enfermedad; ya valía poco cuando se fué;
ellos ... Pero desgraciadamente, poco después de Pas- i.ía también grandes protectores ... de esos en quienes cuando volvió no valía nada... Sin embargo, presencua caí enfermo; de modo que el padre Daniel se se puedé confiar bajo todos los gobiernos. Gronlard tábase con trajes de marquesa y el cabello teñido
encontró al frente de la parroquia ... En mala hora volvió con las orejas 'gachas, y esto no sirvió sino pa- de rubio, ella que siempre se distingu~ó por sus espeh~bía llegado el reumatismo que me aquejaba, y des- ra que sus partidarios se encolerizasen más, comen- sas trenzas negras; acompañábala una doncella, y llede luego pensé que la cosa no marcharía ya bien, zando desde entonces una guerra sorda, en la cual vaba un falderillo blanco. Y por desgracia, la pícara
tanto menos, cuanto que teníamos algunas dificulta- se aprovechaban todas las ocasiones para hostigar al era muy linda, con su rostro cubierto de polvos de
des pendientes ... ¿Conoce usted á los Gronlard? ... enemigo con un alfilerazo ...
arroz y su aire distinguido ... Fué directamente á casa
Sí, de fijo los conoce usted. El padre Gronlard es
»No acabaría nunca si quisiera referir á usted todo de su padre, que lo trastornó todo, como si se trataaquel hombre gordo, entrecano, tan astuto para pes- cuanto imaginaron para atormentar al pobre Daniel; ra de recibir á una reina, y que en vez de avergoncar truchas, ... el dueño de todos los prados que hay eran pequeñeces, pero en extremo enojosas; y como zarse, se inflaba como un pavo cuando salía con ella.
más arriba del pueblo, á la izquierda, al subir... ¡Cás- nuestro padido, que no es numeroso, trataba de sos- Muy pronto se supo que era rica, pero rica de veras;
pita! Es un ricachón y amigo íntimo del regente... En tenerle, la cuestión se envenena0a. Disputábanse que tenía un palacio, coche, caballos y mucho dinecuanto á su maldita familia, si algún domingo en- unos con otros en el mesón, y todos venían á las ma- ro; en fin, toda la fortuna de un viejo que la institucuentra usted una partida de borrachos, cuente por nos los domingosi de modo que el pobre sacerdote, yó su heredera ... ¿Por qué volvía al pueblo, ella que
seguro que en ella se hallan sus hijos ... Por lo que tan dulce y tan bueno, llegó á ser como una manza- no tenía ya nada de campesina, ni el tocado ni las
hace á sus hijas, ... ya le hablaré de ellas ... Toda esa na de la discordia y comenzó á inspirar odio.
manos ni el cabello? ¿Qué placer podía causarle ver

NúMERO

494

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de nuevo los caminos que antes recorriera
calzando zuecos, los campos donde rob~~ª
manzanas verdes y la escuela donde rec1bi?
tantos palmetazos por no saber la doctrina? ... ¡Diantre, pues no volvía _más que para
deslumbrar á todos con ~u ~I?ero!_ ¡Y á fe
que lo consiguió! ... Al pnnc1pio m1rábanla
desde lejos, con un resto de ~esc~nfianza,
y después, cuando se supo su ht~:ona, fué la
niña mimada del pueblo¡ agasa3abanla, hacíanle caricias, la convidaban á todas partes y tratábanla con cierto respeto: con su
oro había trastornado todas las cabez~s. Re·
cuerdo haber oído á una madre decir á_ su
hija: «¡Ahí tienes á una joven qu~ ha sabi~o
hacer carrera! ... » y el padre Dame!, muy indignado, propúsose pronun:i~r un sermón
sobre los bienes mal adqumdos.... ~l día
siguiente, Catalina se presentó, sohc1tando
confesarse con él.
»Advertíle que desconfiar,a, que _aq?ella
joven no podía tener ningun sentimiento
bueno, que se burlaría de él, y que seguramente habría en todo ello gato encerrado,
alguna maquinación de los Gron~rd... El
vicario me escuchó con mucha atención, pero
no quiso creer ni una palabr~ de cuanto le
dije... ¡Pobre joven!... A decir verdad, era
sincero cándido, muy bueno, y pensaba que
todos l~s hombres y las mujeres lo eran también. Por otra parte ... ¿quién sabe? La serpiente de la vanidad se desliza á ~eces ~n Ia_s
almas más puras, y el padre Dame! ~e mchnaba tal vez á creer que su elocuencia había
Paréceme estar viendo á Catalina llegar al comesonario.. ,
hecho un milagro...
.
»Paréceme estar viendo á_ Catalina llegar
al confesonario; con su vestido negro Y S?
dencias, y como yo soy muy poco perspicaz... Todo pero como ya le he dicho á usted, soy un hombre
largo velo, que la cubría en p_a~te, cualqme~a la_ha- cuanto puedo decir es que hubo como una corres- sencillo, un pobre cura _d~ pueblo que nada sabe; y
bría tomado por una viuda afhg1da y devota, bapba
sin duda por esto la religión no me parece complila vista con humildad, y su manera d~ presentarse pondencia entre la campaña que los Gronlard habían cada. Perdonar á los buenos y condenar á los ~a~os,
emprendido hacía algunas seman~s contra el padre
habría parecido en un todo conforme s_i su _doncella
he aquí mi regla; el cielo par~ los que han V1v1do
no la hubiese esperado delante de la iglesia c~n el Daniel y los manejos de su Catalma. .
»Pero sea de ello lo que fuere, e~ lo cier~o que ha- bien, practicando la piedad, la virtud, y para los otro_s
falderillo en brazos, charlando y riendo á carcaJ_adas
bía
mucha electricidad acumulada en el aire. Por lo las penas eternas ó temporales. Lo demás son suticon el mayor de los Gronlard: .. ¿Quéyasó? Lo ignolezas.
ro· pero cuando el padre Dame! volVIÓ á casa, notá- pronto, la joven traía trastornado todo el pueblo; las
»Yo hubiera debido insistir, pero no me atreví,
b;se en él una marcada turbación, y al preguntarle muchachas no soñaban más que en hacer lo _que ella, porque el padre Daniel_ me causaba un poco de
para volver con vestidos de se9a ... Las muJeres son
por su penitente, limitóse á contestar:
miedo...
d
_ »¿Sabe uno nunca lo que pasa en el alma huma- como las cabras, que solamente piensa~ en ramonear,
»En este estado se encontraban las cosas, cuan o
importándoles
poco
qué
ni
dónde;
los
Jóvenes
la
acena?... ¿No tenía Jesús una cortesana entre sus más
chaban y seguían por todas partes, atraído_s tal vez por sobr~vino un incidente, una terrible lucha entre Sanfieles discípulos?...»
.
.
tiago Gros, á quien ya conoce u_st_ed, ~ ~n tal Judas
Al llegar aquí el buen cura se mter~u11;1p1ó Y des- la tersura de su cutis, lavado con finos J~bones, por Lenthelme, que está en el serv1c1O m1ht~r. Era un
pués de reflexionar_ un instante, p~os1gu~ó con un~ el perfume de su cabello, por sus enca3es y por su domingo por la tarde; los dos habían bebido bastanespecie de elocuencia que me pareció casi conmove aire de gran señora.
»Cuando yo hablaba con los mozos, esfo~zábame te, y como Catalina acertase á pasar por delante del
dora:
,
mesón, Judas dijo:
«¡Ah, la Magdalena! ¿Quién dina el mal que ha para demostrarles que Catalina era _un~ perdida, q~e
_ »Apuesto á que le doy un beso delante de todo
no
habría
sido
digna
de
descalzar.siqmera
á
las
cnahecho? ¿Quién contará las almas y los cuerp_os que
el
mundo.
su conversión ha perdido?... He respetado siempre das de su padre, las cuales podían ser I?.ºr lo menos
- »Pues yo no quiero que la beses, contesta Gros.
todos los decretos de la iglesia; pero, franca11;1ente jóvenes honradas, y que era una ver~uenza ver así
- »¡Pues vas á verlo!...
(al decir esto se persignó), creo que se come~1ó un á todo el pueblo á los pies de aquella mtrusa.
'
- »¡Ay de ti si te mueves! ..
»A todo esto me contestaban: «Qué quiere usted,
error al canonizarla... Cualquiera pensaría, ... &lt;?1si temo
»
y trabándose así de palabras, preci~ítanse u~o
decirlo, mas no puedo por menos;... cual_qmera pen- señor cura, lo pasado pasado,, .. y tal vez n~ ~aya he- contra otro. Como los dos eran muy formdos, nadie
saría, repito, que esa jove? no ha_ podido romper cho tanto como dicen ... Además, ahora es Jutciosa, Y se atrevió á separarlos, y por otra parte la gente se
•
nunca del todo con su antiguo oficio... Tal vez ayu- aun se vuelve devota.))
»En efecto, amable con los mozos más apuest?s, complacía en contemplar aquella !~cha, qu_e duró
de á salvar algunas otras pecadoras como ella, encemás de media hora. Catalina se hab1a detenido co~
nagadas en el mismo barrizal; pero ¡cuántas_ veces parecía mantenerlos siempre á respetuosa distancia, los demás, y Judas le gritó! en el 11;1omento de recihabrá servido tambié:1 al Tentador para extraviar co- y veíasela siempre rondando por el curato, ó dentro bir un puñetazo que le partió el )ab10:
razones nobles1 poniéndoles por peligroso cebo la de un confesonario, como si no acabara nunca de
- »¡Ya lo sabes, todo es por t1!
•
.
salvación de un alma y el perdón del Altísimo!... Y limpiar su manchada conciencia .. , . .
»Santiago
Gros
cayó
al
fin,
y
el
otro
se
enc~rmzó
»La súbita calma del pueblo me mqmetó, tanto
á decir verdad, ¿vale la pena h~ce: tantos esfue:zos Y
con él de tal manera, que seguramente le habna hesacrificios por esas almas envilecidas que abdicaron más cuanto que creí notar que el padre Daniel era cho pedazos si yo no llego á ~empo para ~alvarle.
de su dignidad para entregarse á 1~ car~e?... ?ólo obj;to de una observación constante, mezcla de des»En los días siguientes se v1ó á la Catalina paseánNuestro Señor podía atraerlas á sí sm peligro m de- confianza y de burla. ¿Por qué hab{an cedido en su dose del brazo del vencedor, y también se supo que
enemiga
los
Gronlard?
Evidentemente
porque
prP.pabilidad, pues á los hombres no les serí~_posible _hale colmaba de presentes, habiéndole regalado un recerlo... La indulgencia, permitida al H130 de Dios, raban alguna cosa, ó porqué se trama~a algo, ~ue loj, una cadena de oro y una sortija. Judas, q~e era
debe prohibirse á sus ministros, porque es cosa muy ellos adivinaban con el instinto de su odio... Crei de muy holgazán, ya no trabajaba, lo cual no le impesuperior á ellos... Yo no p~nsaba nada ~e ~uanto mi deber advertir una vez más al padre Daniel que día gastar en la taberna los dur~s que no le _costaba
ahora digo á usted cuando v1 al padre Dame! intere- Je amenazaba un peligro; díjele que tuviese cuidado trabajo alguno ganar. ¡Qué verguenza! ... Advierta ussarse por su penitente; no dudando de él, me con- de los demás y de sí mismo; le recordé que el Tenta- ted que nadie quería ver nada, y hasta el padre
de
tentaba con admirar su celo .. y sólo más tarde me dor es hábil' hasta el punto de apoderarse
.. á yveces
Gronlard cerraba los ojos. Cierto día hablé de ello
nosotros
por
nuestros
mejore_s
sent1mien'.os,
que
sus
dije y repetí todo esto...
·
.
al alcalde, y me contestó:
adversarios
parecían
demasiado
tranquilos
para
que
»En la historia que ahora le refiero ha~ vanos
- »¡Siempre ve usted el mal por_to~as partes, seno
le
amenazase
un
riesgo.
puntos que jamás pude escl~recer._ As!, P?r e3emplo,
ñor
cura! ¿No es Catalina buena cnst1ana? ¿No está
»El vicario me escuchó tranquilamente, fijando
¿cómo explicarme que pareciese d1smmmr desde ensiempre en el confesonario? ¿Qué m:is se puede
en
mí
con
sus
dulces
ojos
una
mirada
tan
leal,
tan
tonces la hostilidad del pueblo contra el padre Da.
niel? ¿Sería que sus enemigos co~fiaran su causa á valerosa y tan divina, que me av~rgoncé de pensar pedir?...
»¿Qué había de contestar?... Nada... ¿No _es cierCatalina Gronlard y que ésta hubiese concertado su algo malo; quedando casi confundido.
- »Padre me contestó Daniel, no temo nada de to?... Pero al día siguiente dije al padre Dame!:
línea de conduct~ con aquella gente de insaciable
- »Usted no sabe lo que pasa entre Judas Lenmis
enemig~s, porque son también l?s de Dios, y si
rencor?; ó bien, ¿habría por parte de la joven algo de
thelme y Catalina... No se ocultan, y todo el _pueblo
á
usted
le
parecen
tranquilos,
será
sm
duda
porque
sinceridad no quiero decir un deseo de volver al
habla de sus intimidades... Voy á verme o~hgado á
bien, pues' no puedo admitirlo, pero sí una afección lo están ... ¿Por qué habían de seguir odiándome?... prohibir la entrada en la iglesia á esa muJer hasta
desinteresada hacia el joven sacerdote, y en est~ caso De todo lo demás, ningún cuidado tengo: no es por que cambie de conducta. ¿Qué le parece á usted? ...
habría obtenido de los suyos una tregua, haciendo el deseo del bien por lo que el Tentador puede ~po·
valer razones que yo no conozco? De todos mo~os, derarse de nosotros, y al Cielo le agrada demasiado
TRADUCCIÓN DE E. L. DE VERNEUILL
nada sé sobre esto· yo estaba entonces convalecien- perdonar para que sus ministros no sean clementes
con
los
que
pecaron
...
te, y pude ver los 'resultados de la _intriga,. pero no
( Conclieirá)
»A decir verdad, yo no acababa de comprenderle,
seguir su trama. Naturalmente, nadie me hizo confi-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

494

11
La estufa termo-eléctrica, representada en su altu1 ra por la fig. 1 y en sus secciones longitudinal y horizontal por la fig. 2, no difiere esencialmente en su
ESTUFA TERMO·ELfoTRICA DEL DR. GIRAUD
aspecto exterior de los aparatos Choubersky.
Ambas estufas tienen como caracteres comunes la
Cuantas tentativas se han hecho para transformar
directamente la energía térmica en energía eléctrica forma cilíndrica prolongada, el cargarse de combushan fracasado por la producción menos que mediana tible por la parte superior, cerrarse por juntura de
arena y estar montadas sobre ruedas:
las diferencias residen en el modo de
circular los gases, en la regulación de
la combustión por la mayor ó menor
abertura del cenicero y sobre todo por
la envoltura exterior de aletas que forman una vaina circular en donde están
dispuestos los elementos de la pila termo-eléctrica. Uno de los aparatos que
ha funcionado ya en París consta de
700 elementos dispuestos en 25 coronas horizontales que ocupan toda la
circunferencia en toda la altura de la
estufa, salvo en el punto reservado para el paso del tubo que lleva los productos de la combustión á la chimenea. Cada uno de estos elementos está
constituido por una hoja de níquel ó
de hoja de lata y por una aleación con
base de antimonio y de cinc, adicionada con algunos otros metales añadidos
en pequeñas proporciones con el objeto de dar á aquella aleación todas las
cualidades de solidez, de resistencia
mecánica y de duración de que hasta
ahora carecían la mayor parte de los
demás elementos termo-eléctricos. Los
estudios de las mejores proporciones
de esta aleación, los procedimientos
de soldadura rápida y económica, y la
Fig. !.-Estufas termo-eléctricas del Dr. Giraud
montura de estos elementos constituA. Modelo con envoltura y aletas. - B. Modelo con elementos al descubierto yen los principales méritos de los trabajos que en este asunto ha realizado
de los aparatos de transformación, es decir, de las últimamente el Dr. Giraud.
pilas termo-eléctricas: en las de gas más perfeccionaPara aislar los elementos entre sí y"evitar su condas el consumo no baja de 30 litros por watt-hora ó 30 tacto directo con las partes más calientes de la estumetros cúbicos por kilowatt-hora, lo que daría un fa, lo cual podría producir su fusión ó su deterioro
precio seis veces mayor que el que hoy se paga en rápido, la parte caliente de cada elemento está enlas estaciones centrales de distribución. Treinta me- vuelta en una hoja de amianto y encerrada en una
tros cúbicos de gas desprenden por su combustión pequeña caja cuadrada de palastro. Todas estas cajas
150 ooo calorías, mientras que el kilowatt-hora sólo yuxtapuestas y sobrepuestas con el fondo aplicado á
representa 850; de modo que apenas cinco milésimas la cara cilíndrica de la estufa, forman una especie de
de energía térmica se tablero de ajedrez hueco en cuyas casillas se colocan
convierten en energía los 700 elementos montados todos eléctricamente en
Sección vertical de la estufa
eléctrica disponible. tensión. La circulación del gas está combinada para
Esta cifra que pa- evitar una explosión en las coronas inferiores y aserece prohibitiva cuan- gurará las superiores una temperatura suficiente á
do la energía eléctri- igualar la fuerza electro-motriz de los elementos.
ca constituye el eleUna de las estufas, de planchas de níquel, produmento esencial de ce una fuerza motriz de 40 volts y una intensidad de
producción, no lo es corriente en corto-circuito de 4 amperes, de modo
cuando, por el con- que en las condiciones de potencia litil máxima puetrario, el principal pa- den obtenerse 40 watts disponibles Reduciendo «rl
pel está representado tiraje, se disminuye el consumo y la temperatura, y
por la producción del la producción puede descenderá 35,30 y aun á 25
calor y la energía eléc- watts, con lo que podría alimentarse directamente
trica puede ser consi-' una lámpara de 10 á 12 bujías. Para alimentar varias
derada como produ- lámparas á la vez, gastar en pocas horas la produccida fuera aparte del ción de un día y aun hacer provisiones disponibles
objeto principal, en á voluntad podrá acudirse á los acumuladores, pucual caso el gasto su- diendo entonces disponerse de 600 á 800 watts-hora
plementario está lini- para el alumbrado, cantidad de energía que correscamente representa- ponde á 20 ó 25 lámparas-hora de 10 bujías.
do por el interés y la
Las estufas termo-eléctJicas consumen el mismo
amortización del com- combustible que las ordinarias de igual potencia térplemento añadido al mica, ó sea 20 á 28 kilogramos de cok al día.
aparato de calefacEn cuanto á la duración de los elementos, las rrueción que conserva ín- bas hasta ahora practicadas permiten suponer que
tegras su función y será la suficiente para compensar el mayor coste del
0
su potencia. No es, aparato con la doble utilidad de calefacción y alumpues, ilógico tratar brado que proporciona.
de construir una estu fa termo-eléctrica
capaz de proporcionar calor á una habiEL ANÁLISIS DE LOS VINOS
tación y á la vez una
Determinación
de la cantidad de cloruros en el vino
Fig. 2.-Secciones longitudinal y cantidad de energía
El clorurómetro
horizontal de la estufa termo-eléctrica: b e, Ruedas; e, Hogar;/, eléctrica suficiente
Durante mucho tiempo se ha empleado la sal para
Rejilla; i, Envoltura; j , Tapade- para el alumbrado
ra; /1, Aletas refrigerantes; /, Es- normal de la misma. precipitar la clasificación del vino y evitar que se
pacio rle ascensión de los gases;
Penetrado de esta vuelva agrio; pero algunos vinicultores, abusando de
o, Descenso de los gases; p, Chiidea,
el Dr. Giraud, este procedimiento inofensivo y á fin de aprovechar
menea; t, Espacios vado~ para la
circulación del aire; 11, Tapadera de Chantilly, viene en toda su extensión el límite de riqueza alr.ohólica
agujereada para dar paso al aire haciendo, desde hace que algunas naciones han fijado, adicionan el vino
caliente.
muchos años, estu- con alcohol, y para restablecer en sus justas propordios é investigaciones ciones el extracto seco añaden á aquél glicerina, gluque hoy parecen coronadas por el éxito y cuyos resul- cosa, algunos gramos de sal por litro etc.; otros, satados vamos á presentar someramenteá nuestros lec- biendo que los vinos no enyesados son tenidos en
tores.
mayor estima, los desenyesan con cloruro de bario,
SECCIÓN CIENTÍFICA

que obrando sobre el sulfato de potasa producido
por el enyesado da origen al sulfato de barita insoluble, y aunque se quita éste por filtración, siempre
queda el cloruro potásico, sal purgante y tóxica en
el mismo grado que el sulfato potásico. Contra esta
práctica ha tomado severas medidas el gobierno francés, y de aquí el interés que para los comerciantes y
viticultores tiene determinar la cantidad de cloro que
sus vinos contienen, lo cual pueden hacer por un
procedimiento muy sencillo. En vez de la incineración del vino que se hace en los laboratorios, se procede al simple decoloramiento por el negro animal
pulverizado, pues se ha probado que dejando eñ negro animal bien lavado soluciones que contengan 1,
2 ó 3 gramos de sal por litro, la riqueza de los licores en cloruros no se modifica sensiblemente. Es, sin
embargo, condición esencial que el negro animal sea
puro y haya sido lavado con agua destilada hasta que
no contenga cloruros, lo cual se comprueba echando
en algunas gotas del agua del lavado un poco de solución de nitJato de plata, que produce un precipitado de cloruro de plata, si hay todavía cloro en el
agua, dejando en caso contrario completamente límpido el líquido.
Inspirándose en estos experimentos, M. Dujardin

LA

494

NúMERO

línea o con la solución de nitrato de plata y se echa
gota á gota en el vaso para precipitarlo (fig. 2 ). ~l
licor se enturbia y vuelve lechoso por consecu~n~1a
de la formación del cloruro de plata que se precipita,
y al final las gotas del nitrato dan una aureola encarnada que desaparece por la agitación.
operación
se suspende en el momento e~ q~e el_hcor no produce ya el tinte amarillo: el liquido ne!1e .entonces
un color de ladrillo muy marcado, que mdica el término de la operación, y que es debido á que no en-

1:ª

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

contrando ya en el líquido cloro para for~ar cloruro
de plata insoluble, el nitrato de plata reacciona sobre
el cromato de potasa, produciendo cromato de plata
de color rojo de ladrillo.
En la bureta graduada se lee la división c~rrespondiente al nivel del líquido: la solución de nitrato de
plata está calculada de t~l.manera que un centfmet~o
clibico representa un m1hgramo de cloruro de sodio
para los 10 centímetros cúbico~ de vino empleados
en el experimento, ó sea un decigramo de cloruro de

sodio por litro. El nlimero de centímetros cúbicos de
nitrato de plata añadidos corr~sponde,. pues, á ?tros
tantos decigramos de sal manna
litro de vmo.
M. Dujardin ha construido tambi_én un ~lorurómetro de pequeño modelo, más senc1llo, destmado á
las compras en los viñedos, que está basado en . l~s
mismas reacciones que el que acabamos de descnh1r
y cuyo empleo es sumamente práctico.
A. HEBERT

Pº:

(De La Na/tire)

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de H. AUBERGIER

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ot~ial da J1'6rmala■ Legal.. por deore1o mbalnerial ci. 1 O de MIU'■O de 185-4,

.A

una completa 1Dnoculdld, una encacia perfoctamenle comprobad&amp; en el Catarro
lu
cat&lt;JmJ,, .1111"'411, ~ ..,_ 6 lf'ntadff de la prganta, han
rangeado al .U.IU8E y P.&amp;.BTA lle AUBEI\Gu¡a una lnmenaa wna. • . .
..
e

.llt'Of!QV""·

e,,(alm(C(),

f.1s1ruto ul Foventa
..11l1rit llUic• MI S" Bo,u~arut Ht.4r~ ú i. '""''" ú "'''""'ª {t&amp;o ,,1oi611),
por mayor: COIUR Y e-, • · Cllle de Bt.-&lt;llaul1e, PARIB
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Jo, demu purg11Jta1, este no obra bien
amo cuando ,e toma con bueno, alimentos
1 bebidu lortiliCIJJ&amp;el, cual el vino, eJ call,
el U. Cada cual escoge, para purga~e, la
hora 7 la comida !JUII mu le conviene.a,
se,u:a ,u ocapac1onu. Como el cau,u
cio que la purga ocu1o.aa queda completa.menie analadoporel efectode la
bua:aa al1me.ataclo.a empleada,UJIO
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Fig. 1. - Decoloramiento de los vinos por el negro animal

DE L. LEGRAND ~
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c:ion de las AfeooioDH del pecho,

Fig. 2. - Determinación del cloro
ha inventado un aparato para la determinación de
los cloruros del vino, compuesto de dos vasos para
precipita&lt;!os, una probeta, un embudo, filtros, una
medida -para el negro animal, otra de 50 centímetros
cúbicos para el vino que se ha de analizar, una pipeta de 10 centímetros cúbicos, papel de tornasol azul,
una bureta de Gay Lusac y varios frascos con nitrato
de plata, cromato de potasa, carbonato sódico y negro animal. En uno de los vasos se pone. una medida
de negro animal y otra de vino, se agita la mezcla
algunos instantes y se echa en un embudo con filtro
colocado en la probeta (fig. 1 ). Del líquido filtrado,
que es incoloro, se toman con la pipeta 10 centímetros cúbicos que se echan en el segundo vaso y se les
añade unas gotas de carbonato sódico hasta que una
tira de papel tornasol azul sumergida en el líquido
no se vuelva roja. Así se destruye la acidez del vino.
Echanse en el vaso unos 10 centímetros cúbicos de
agua destilada y se añaden tres ó cuatro gotas de eromato amarillo de potasa, con lo que el licor toma un
tinte amarillo claro.
Entonces se llena la bureta de Gay Lusac hasta la

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NúMERO

494

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'

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18C7

1s;i

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IÚ!liUn peltcro para el calla. 10 Añoa do Íluto,ymJJum d1 ttstllllolllolpruttw la ' ·
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Quedan reservados los derechos de propiedad art!st ica y literaria
UlP, DS MONTANJi Y Sn.lÓM

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 494, Junio 15</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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