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A:Ro X

BARCELONA 29 DE JUNIO DE 1891

•

,.

!FUE UN ARTISTA!, cu a dro d e D. J osé García Ramos
(Exposición gencrnl de Bellas Artes de Barcelona)

NÚM. 496

�LA

402

!LUSTRACIÓN A RTISTICA

N úMERO

496

do en guerra microscópica sus tenues y aladas indi- todo lo que hay en el uno hay en el otro: las mismas
vidualidades? ¿No se ve cuando las ondas sonoras partes, la misma forma, las mismas dimensiones: ¿hay
Texto.-La simetrla, por José Echegaray. -El gran poeta, llegan al tímpano y después al nervio acústico, cómo nada más igual á un objeto que su imagen?
Esto dicen todos, y dicen un despropósito: debiepor Enrique Fúncs. -La !erra de cambio, por J acobo Sales. se acomodan ó no se acomodan sus vibraciones con
- SECCIÓN AMERICANA: Lima, por A. -Bocetos. Las olas, los sistemas materiales que han de sacar del silencio- ran decir: ¿hay nada más opuesto á un objeto que su
por Juan O. Neille.-Nuestros lfYabados. - Vizcondesa. No- so equilibrio en que se hallaban? Yo bien sé que imagen? Se componen sí de los mismos elementos,
vela original de León Barracand con ilustraciones de Emilio todos estos admirables trabajos, por admirables que pero ordenados de un modo inverso: la derecha es
Bayard. - SECCIÓN CIENTIFICA: Qu{mica rec1·eativa. La di- sean, no resuelven el problema por completo; pero izquierda, la izquierda es derecha: la imagen de una
fusión de los gases, por F. Faideau, -Algo sobre el oro. -El sé también que son factores y datos de los cuales no persona en un espejo tiene el corazón á la derecha,
&lt;oje,d(111 de amia11to, por X.
podrá prescindir nadie en adelante al hablar de la ó lo tendría si tuviese corazón; pero ya se comprenEstética musical, sin caer en viejas y gastadas vulga- de mi pensamiento.
Grabados.-¡Ful "" artista!, cuadro de D. José Garcia ridades, unas absurdas, otras profundas, pero que
¡Y qué papel tan importante represen~ la simetría
Ramas (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - seguirían siendo estériles sin el apoyo de los nuevos
en la arquitectural Tirad en un templo griego una
La vmta del sevillano, cuadro de D. José Moreno Carbonedescubrimientos de la Física, de la Acústica y de las vertical por el vértice del frontón y tendréis dividida
ro ( Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890). - Los
Matemáticas.
la fachada en dos partes. En dos partes, dice el vul/111lrfa11os, cuadro de D. Fernando Cabrera. Remitido por
¿Se
me
permite
un
arranque
que
á
muchos
parecego y el que no es vulgo, perfectamente iguales; en
el Estado para la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona. - Exposición de plantas y flores que se celebra actual- rá disparatado y aun brutal?; pues aunque no se me dos partes simUricas dice la Geometría.
El instinto de la :;imetría es primitivo; quizá arranmente en los jardines del Parque de Barcelona, bajo los aus• permita, allá va. Más luz da sobre el problema de la
picios de la Sociedad Catalana de Horticultura. Dibujo y belleza, y aun sobre ciertas cuestiones metafísicas, la ca de profundas leyes abstractas del espíritu humacomposición de D. Nicanor Vázquez. - La catedral de Lima, fórmula de Fozm'er sobre el desarrollo trigonométri- no. Un edificio cuyo frente principal no es simétride fotografia remitida por D. Salvador Teix. - D. fosl Pa- co de las funciones periódicas, que volúmenes ente- co, parece que es incompleto, parece que se cae;
yd11, gerente del Banco del Callao en Lima. -E11 oración, ros de antiguas lucubraciones; admirables, si se tie· hace daño á la vista, es una perturbación de esa idea
cuadco de Carlos Ulrich. - Un viejo 111011/e, cuadro de Veláz- ne en cuenta la época en que se escribieron, pero del orden que lleva en sí todo cerebro. Sí, Hegel
quez, grabado por Margarita Jacob (Existente en el Hermi- deficientes cuando menos, y acaso infantiles, cuan- tiene razón: cada idea, cada ser, cada fenómeno, exitage de San Petersburgo). - Cuatro finos grabados de Huyot do con la ciencia moderna se comparan.
ge y provoca la idea opuesta, el ser negativo, el feque representan otras tantas escenas de la novela que con el
Es
que
hoy
las
ciencias
se
apoyan
unas
en
otras
nómeno contrario, ó como aquí podríamos decir,
titulo de Vizcondesa da principio en el presente número. como férreo armazón para trepar á las alturas, y que cada parte pide la simétrica.
Química recreativa: Fig. I. La difusión de los gases al traJugaba yo cuando niño á un juego muy curioso,
vés de las paredes de una pipa de tierra. - Fig. 2. La fuente en este andamiaje de la experiencia y de la lógica, las
maravillosa. -E11 la playa, cuadro de D. F. Miralles, gra- matemáticas representan papel importantísimo; es muy instructivo y que encierra un gran problema esque cada día se extiende más y más, no diré su po- tético y aun filosófico.
bado por Sadurn!.
der, pero cuando menos su influencia. Yo creo que
Tómese una hoja de papel: dóblese por la mitad,
llegará un día en que saber matemáticas será hasta con lo cual se marcará un eje ó línea media, la del
precepto de buena educación, y no me extrañará que doblez. Y en seguida en uno de los lados ó mitades
LA SIMETRIA
cuando ese día llegue, se oiga decir que, por ejem- trácese cualquier figura, por caprichosa, por extravaPOR JOSÉ ECIIEGARAY
plo, no se invitó á D. Fulano de Tal á una soMe ó á gante, por irregular que sea; y si no lo es, lo mismo
un banquete, por ser persona de educación muy des- da. Por ejemplo, el medio contorno de un jarrón, y
Yo creo firmemente que los hechos estéticos están cuidada: t qué quiere usted?, no sabe ni integrar una sobre él unas cuantas líneas figurando flores, tallos,
sujetos á leyes, ni más ni menos que todos los fenó- ecuación en diferenciales parciales, se dirá quizá, como hojas, y al costado un asa.
menos del orden moral y que todos los del orden hoy pudiera acusársele de no usar frac y corbata
Por último, antes de que la tinta se seque dóblese
físico: lo arbitrario, lo caprichoso, lo casual no existe blanca. Y permítaseme esta fantasía matemática.
el papel y oprfmase fuertemente una parte contra
para mí en ninguna esfera del cosmos; ni en sus granRecordemos todavía los estudios biológicos ó de otra. Y con ello tendrá, el que esto lea, la receta
des evoluciones ni en sus agitaciones mínimas: la ley psico-física sobre el placer y el dolor. En la vieja fi. para hacer un dibujo artístico, aunque el amable
y el orden reinan desde los espacios planetarios losofía ó en la literatura clásica, ¿qué es el dolor? lector con toda su amabilidad no tenga nada de arhasta el último y obscuro rinconcillo en que se des- ¿qué es el placer? ¿Cómo se explican estos misterio- tista ni de dibujante siquiera.
pereza el más insignificante microbio; desde las cícli- sos fenómenos? La verdad es que no se explican ni
Se consiguen de este modo dibujos muy curiosos,
cas catástrofes de la historia hasta la salvaje pedrea poco ni mucho. Palabras, frases, imágenes, declama- muy pintorescos, casi bont'tos, y sobre todo de una
de unos cuantos zagalejos de lugar.
ciones, arranques poéticos, lamentaciones líricas. regularidad perfecta y de una perfecta simetría.
Decir que algo es, equivale á decir que está sujeto Pues si no pueden explicarse ni el dolor físico, ni el
Y agréguese á la simétrica lo inesperado de los
á ley; y si tal es mi creoncia invencible, claro es que placer de los sentidos, ¿cómo ha de explicarse la caprichos que resultan al extenderse la tinta bajo la
no he de forjar absurdas excepciones para las mil y emoción estética, que es más profunda, más inexpli- presión, en matices, filigranas y .claro-obscuros delimil manifestaciones de la belleza.
cable todavía que el estremecimiento de los nervios ciosos.
De aquí resulta que existe la Estética, digan lo ó la contracción del músculo?
Horas y horas pasaba yo en este entretenimiento,
que quieran y piensen lo que pensaren los moderníEn resumen, la Filosofía, la Metafísica, la Estética, consumiendo pliegos de papel, tinta y plumas, y reasimos defensores del caos universal.
todis las grandes síntesis del pensamiento humano lizando prodigios de simetría con sólo trazar lineas
Mas aún: para mí la Estética participa del doble necesitan hoy una base más sólida y más extensa irregulares: ya eran jarrones, ó mejor dicho, semijacarácter de casi todas las ciencias: es experimental y que en los tiempos de Platón, ó de los escolásticos, rrones etruscos, pompeyanos, árabes ó egipcios, sin
es filosófica; como la Física, arranca de los hechos; ó que en la época de los espiritualistas de la escuela tener la menor idea del resultado, ni sospechar que
pero ~orno la Física, necesita para forjar -sus grandes cartesiana.
existiesen todos estos riquísimos estilos; ya resultasíntesis al elemento puro, al método a priori á la
El asunto es sobrado complejo para ser tratado en ban escudos más espléndidos que todos los de la
metafísica futura, si no le basta la tradicionaÍ· á la unas cuantas cuartillas; pero bien puedo,. á fin de Heráldica y que cuantos trajeron los cruzados; ya
hipótesis trascendente, si no le basta, como no l; bas• aclarar mi pensamiento, acudir á un ejemplo senci- daba vida á animales fantásticos con muchas alas,
tará, con las realidades positivas.
llísimo y grandemente simbólico. Ni más ni menos muchas patas y muchas antenas; ya construía fachaY entre uno y otro límite, entre el estudio prácti- que el que sirve de epígrafe á este artículo: La si• das de edificios índicos, egipcios ó chinescos, totalco y minucioso de los hechos estéticos, lo mismo de 1mtria.
mente imposibles, pero de irreprochable sim~tría.
los naturales que de las obras artísticas, y las granLa simetría es un concepto geométrico, pero de
Esto es un juego, un capricho infantil; y sin emdes síntesis filosóficas desde Platón á Hegel, se esca- todo punto vulgar.
bargo, un gran problema palpita en el fondo.
lonan como auxiliares y preparatorias las ciencias
Todo el mundo tiene idea más·ó menos precisa,
La figura que yo trazaba, es d~cir, la media figura
matemáticas, físicas y biológicas; no sólo como amci- pero clara é inconfundible, de lo que esta palabra de lo que había de resultar, era absurda, desatinada,
liares de la parte ttcnica de este ó aquel arte, sino significa.
un soberano mamarracho: líneas sin continuidad ni
con mayores ambiciones y más amplias esferas ante
Un objeto cualquiera se presenta á un espejo; belleza, contornos que no eran contornos de nada,
sí: como factores ineludibles de la Estética futura.
pues el objeto y su imagen son simétricos.
borrones esparcidos, marañas confusas, lo imposible
Hoy todos estos trabajos son memorias sueltas,
Un árbol inclina su ramaje sobre un río que corre como dibujo, el caos de la ornamentación geométrinotas más ó menos extensas, monografías técnicas; lamiendo sus raíces; y bien: el árbol y su reflejo son ca, el sueño de un espiritista trazando garrapatos; ni
pero en el fondo s&lt;;m rayos dispersos de luz, que ilu- simétricos de igual modo que en el ejemplo anterior. un átomo del más mínimo elemento estético ni simina parcialmente esta ó aquella fachada del misteLas dos manos de una persona, ni más ni menos quiera de sentido común.
rioso templo, mientras llega el día en·que todo él res- que si una de ellas fuese la imagen de la otra, son
Y sin embargo, se doblaba el papel, se repetía en
plandezca con luz cenital.
dos objetos simétricos, como en todos los casos pre- la otra hoja la maraña de líneas, y el dibujo se transRecordemos, para convencernos de esta verdad, la cedentes. En el lenguaje vulgar se dice que las dos formaba por encanto.
aplicación de la Geometría á las artes ornamentales; manos son iguales, pero esta afirmación del sentido
No quiero decir que resultase un primor de arte,
la misteriosa corriente de fuerza que la Mecánica hace común es completamente falsa.
un dibujo de Rafael, ni un cartón de Miguel Angel;
circular por entre las masas de piedra, ladrillo y hieNo: ni el objeto y su imagen, ni el árb0l y su re- pero digo y afirmo que el primitivo mamarracho se
rro en los grandes monumentos; las exigencias cada flejo, ni las dos manos son iguales: son únicamente transformaba. Era una cosa fantástica, extraña, pero
vez mayores de la pintura moderna en punto á pers- simétricar La igualdad se prueba por la superposi- que por la primera impresión agradaba á la vista.
pectivas, comparadas éstas con aquellas perspectivas ción ideal, y las dos manos, aun suponiendo que fueAntes, ningún elemento estético; después, cierta emoverdaderamente cándidas é iafantiles de muchos sen penetrables, no podrían coincidir superponién- ción estética, humilde, modesta, ínfima si se quiere,
maestros inmortales.
dose.
pero transparentando algo, así como el germen conRecordemos aún los estudios matemáticos y físicoSi el pulgar había de coincidir con el pulgar y cada fuso de la belleza.
matemáticos de Helmholtz sobre la Acústica en sus dedo con el análogo, la palma de cada mano iría á
¿Por qué repitiendo un mamarracho resulta algo
aplicaciones á la Música. ¿No parece que casi está parar al reverso de la otra. Y si quisiéramos, para que ya no lo es? ¿Por qué la fealdad, cuando menos
descubierto el misterio de las bellezas musicales? ¿No realizar esta superposición imaginaria, que coincidie- mejora multiplicándose? ¿Por qué aparece aquí la ley
se diría al leer ciertas páginas del gran sabio alemán sen las palmas; los dedos cambiarían de posición y inversa que en la teoría de la luz?
que ya se ha penetrado en las profundidades metafí- el pulgar de la una iría al dedo pequeño de la otra y
En la Optica se dice: luz más luz á veces es obscusicas de la armonía y de la melodía, sacándoTas á luz viceversa.
ridad; y aquí resulta que fealdad agregada á fealdad
convertidas en fórmulas matemáticas? ¿No está allí
No, los objetos simétricos no son iguales, son todo hace brotar en mayor ó menor grado la belleza. ¿Por
escrito el por qué se armonizan los sonidos ó el por lo contrario que iguales: son opuestos.
qué será esto?
qué luchan obscuramente unos con otros destruyenY sin embargo, parecen iguales á primera vista;
Yo creo que la explicación será difícil, pero no im-

N úMERO

LA

496

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

\

SUMARIO

(

...,

t
LA VENTA DEL SEVILLANO, cuadro de D. José Moreno Carbonero (Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890)

posible. Mas aún: existe una ley fundamental de la
Estética, que puede servir para interpretar el extraño
fenómeno que hemos señalado; ley vulgar y harto sabida, que todos los autores repiten y todos manosean,
que ha venido á convertirse en uno de tantos lugares comunes, pero que con todo eso es profunda y
verdadera. La unidad en la variedad, dicen metafísi ·
cos y estéticos, y los escritores de segundo y tercer
orden lo repiten con la solemnidad con que se repiten las cosas que no se entienden bien, pero de las
cuales se tienen ciertos atisbos. Pues la simetría es el
símbolo geométrico de esta ley.
¿De qué manera? En otra ocasión lo diremos, en
esta nos falta espacio y quizá nos faltaría la paciencia del lector.

EL GRAN POETA
(A MI QUER!DO AMIGO DON MIGUEL PEREVRA)

( Vox populi, vox Dei)

1

¡La Belleza! ¡Resplandor inextinguible de la radiante faz del Creador Supremo; astro refulgente y
eterno que va alumbrando á la Verdad absoluta y al
Bien infinito; propiedad inefable y esencial del Ser;
luz y verbo y acento y armonía de la Naturaleza Universal; flat lux sublime y misterioso, que al brotar
de la palabra divina, llenó de sol el pensamiento humano, haciéndolo imagen del Eterno, y su querida,
aunque remota, semejanza! ¡Nimbo de su invisible y
luminosa frente, que alumbra y guía al hombre por

la riesgosa senda que ha de recorrer, cubierto de sudor y de sangre, en su tristísima peregrinación, llevándolo al cumplimiento de su providencial destino,
y generando así la más elevada y la más verdadera
de las religiones, la que nos acerca más á Dios!
Y como el Ser eterno y absoluto no es cosa distinta del Bien y de la Verdad supremos ni de la Belleza infinita, y el Ser es todo y todas las cosas están
en Él, todas reflejan, aunque pálidamente, la luz radiosa del divino rostro y de la celestial y olímpica
mirada; y la Naturaleza entera, espiritual ó cósmica,
se viste así de espléndida hermosura.
Mas ¡qué impotente la belleza sensible de los seres para elevarnos hasta el remedo de la divina
semejanza! Encantados en el externo cosmos de la
belleza material, y anulados ante la grandeza terrible
y abrumadora de los mundos, acaso presintiéramos

L

i.os HUÉRFANOS, cuadro de D. Fernando Cabrera. Remitido por el Estado para la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona

�LA

-

al Ser inmortal, oculto y providente; pero ¡cuán lejos
todos de su más limitado conocimiento, y cuán distantes de rendirle adoración en culto fervoroso!
Intangible sí, pero más grande la belleza del espí
ritu, nos acerca á la región suprasensible donde tiene
su trono la del Ser que la esencia y constituye; mas
si el que anima al hombre no tuviese sobre todos los
seres finitos la propiedad a~gusta de realizar por sí
mismo la belleza, haciendo atravesar las luces esplendentes, que en la Naturaleza Universal ella derrama,
por el prisma misterioso de su adivinadora fantasía,
¿cómo recoger en la pantalla mágica de su pensamiento, allá en la cámara obscura de su conciencia,
el espectro irisado y deslumbrante de la belleza soberana?
Ardiendo así en la llama sacratísima de la inspiración, puede el hombre, á quien Dios hizo libre, inteligente y poderoso, ordenar y sistematizar por su pensamiento racional su actividad externa; combinar elementos, ya palpitantes en la realidad; sentir, por medio del simbólico panorama de la belleza finita y objetiva, la suprasensible y absoluta, y ora robando á
la materia el tesoro escondido de la· forma plástica,
ora sorprendiendo los secretos del tiempo y del espacio para informar allí sus creaciones, arrebatando
colores á la luz, al sonido la nota y la palabra y al átomo la fuerza y el movimiento, puede asimismo pronunciar sufiat fecundador y prepotente, al encender
el faro luminoso del Arte estético, por el que manifiesta la belleza suprasensible del Ser en forma simbólica y externa; del Arte, en fin, que como escala
de Jacob, desde la tierra nos dirige al cielo.
Y así, con ser artista, es el hombre remota imagen,
pero imagen, al fin, del Ser Omnipotente.

píritu le plugo presentarle; y Dios hará imposible que
deje de realizar los fines de la Moral y de la Ciencia,
y que reniegue de las leyes que el poder infinito impuso á su creación inmensa y perdurable.
Libérrimo también es el poeta para informar las
suy:is, ya arrancando á las cuerdas de su lira notas
cadenciosas y rítmicas con la armonía sublime de los
versos, ya dejando á los latidos de la palabra el ritmo
natural y espontáneo de sus acentos.
Pero ¿qué sendas conducen á tan sublime artista
para llegar á la realización de la belleza poética?

II
¡El Artista! Peregrino que va delante de los hombres guiándolos á la tierra prometida; fuente donde
aplacar la sed de lo infinito, no saciada en los manantiales del pensamiento; cuerda de arpa mágica y
celeste, rota por el sacudimiento de guerras y revoluciones, pero que lanza torrentes de armonía cuando
los sonoros acentos del trabajo pronuncian la palabra
redentora; sabio de quien sacamos grandes enseñanzas; sacerdote que ofrece á Dios nuestro propio corazón en holocausto; profeta que nos señala el rumbo
de nuestros extravíos; despertador de la fe dormida
y animador de la esperanza muerta; depositario fiel
de nuestras lágrimas más ocultas, de nuestros más
recónditos anhelos, de nuestras más secretas idola·
trías; mártir perdurable de la forma, siempre vencida
al fin, pero rebelde siempre, que si en la estatua sorprende nuestra humana naturaleza con admirable reproducción, en una idea, en un sentimiento, en una
palpitación de nuestro ser, en el cuadro retrata con
la luz el universo que abarca la mirada, prendiendo
en rayos de sol la manifestación externa del espíritu;
así como en la sinfonía llega á las profundidades del
sentimiento, ya que no tenga poder bastante para
encerrar en sí la inteligencia y el mundo material;
como en el templo nos hace sentir y pensar y arrodillarnos y adorar á Dios, y así como en la plegaria y
en el poema puede abarcar la creación entera, realizando la belleza más grande que plugo á Dios realizara el hombre.
Y así, hay uno más bueno, más bello y más sabio
y más religioso y más semejante al Ser supremo que
los otros hombres: el Artista.
Y así, hay un realizador de la belleza, del bien y
de la verdad más grande y más hermoso y más cerca
de Dios que los otros artistas: el Poeta.

III
¡El Poeta! Creador poderoso, sí, cie la belleza más
deslumbradora y suprasensible que el mortal puede
concebir y realizar dentro de su finita condición humana; espejo fidelísimo que todo lo refleja, luz que
todo lo ilumina con radiosas y celestiales fulguraciones; pintor de todos los cuadros; escultor de todas
las formas; músico, que combinando todos los sonidos, los armoniza y reproduce con amorosa delectación; escudriñador de la conciencia, propagador de
todas las ideas, creyente fervoroso de todos los cultos, apóstol de todas las gentes, redentor de todos
los cautivos, agitador de todos los pueblos, latido y
verbo de la vida entera.
Libre para realizar la belleza, como es libre el elemento de que se vale para conseguirlo, la palabra,
no ha de esclavizar el poeta los mundos que al poder creador surgieron de su mente, ni aun siquiera
al Bien ni á la Verdad como consecución del fin estético; únicamente realizar el mayor grado de belleza
ha de proponerse, sin mirar á otro lado que á la resplandeciente faz que á Dios en la Natura y en el Es-

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

IV
Tal vez podrá el Poeta marcar sus obras, no sólo
con el sello personal de su inspiración, sino con el
del influjo soberano del progreso, siendo hijo de su
época, de su nación y de su raza; interesar á sus contemporáneos, ser aprendido de memoria por ellos; y
convertido en sacerdote de sus ideas, de sus luchas,
de sus dolores, de todas las manifestaciones del espíritu de su edad, que él siente y que él refleja como
espejo encantador y maravilloso, marchar delante de
la humanidad extraviada y loca, señalándole el camino del porvenir incierto y en tinieblas, y alumbrándolo con los resplandores del astro que se encendió en su frente; podrá, en fin, ser Profeta: ó lejos
del combate, y á un lado de la senda de su siglo, verá
pasar las queridas generaciones hijas de su patria,
cuyas glorias históricas y viejas tradiciones, cuyos
vetustos monumentos, templos sacratísimos, culto,
fervor, costumbres, alto ideal y leyes venerandas narra, pinta, glorifica y custodia, para aleccionar á su
pueblo, con la entusiasta fe de sus mayores; podrá,
en una palabra, no ser el Vate, y ser el Trovador.
Y si en la realización de sus artísticos propósitos
hizo formal y sensible la belleza sin otra consideración de fin que el de realizarla, habrá señalado su
obra con otra marca más indeleble aún, que hará inmortal su póstumo renombre.
Tal es el épico, ya versificador, ya novelista.
El Poeta tomará entonces cuerpo, mediante encarnaciones misteriosas.
Y animando una de sus formas en un ciego sublime, cantará al pueblo helénico, y será Homero.
Dará vida á un florentino, que en medio del ensangrentado páramo de la Edad media, levantará en
su obra, para asombro de las futuras gentes, así como
una catedral inmensa, cantando la religión del crucificado, y será Dante.
Tomará en la tierra más fecunda la forma del español más ingenioso de todos los siglos, que retratando el suyo á maravilla, maravilla será de las generaciones, al esculturar, eternizándolos, los dos aspectos de la vida humana en dos figuras de abrumadora
y admirable belleza, y será Cervantes.
Inspirará su numen á un gran genio, con la más
popular de las leyendas alemanas, la más trascendental manifestación filosófica, y será Goethe.

496

zando á su siglo degenerado con acentos apocalípticos.
De aquí la sátira, á veces subjetiva, á veces épica.
En tal momento, infundirá el Poeta su genio profético á un vaticinador, que adivinando por los extravíos del pueblo israelita la abyección predictora de
su cautividad, derrama poesía á torrentes por aquella boca que come excrementos en la plaza pública,
y será Ezequiel.
Restallará su látigo sobre la Roma de los emperadores, que uncida al carro de los triunfos, le dirige
á la gloria, sudando sangre el azotado rostro y las
flageladas espaldas, y llámase el poeta Juvenal.
Dibújase en sus labios sonrisa de amargura; y
mientras los degenerados españoles de Felipe IV se
divierten á maravilla con las gracias de aquella vena
inagotable, aún sintiendo el escozor profundo de sus
aguijones, encarnando otra vez, brota en Quevedo.
Y lanzando, por fin, la carcajada de sarcasmo más
insultante que escandalizó á la humanidad, será engendrado Voltaire.

V
Podrá también la augusta poesía, en lugar de seguir la corriente civilizadora, tomar por única morada el corazón de un hombre; y ajena á todo lo exterior y objetivo, camplacerse en cantar sus pesares y
sus alegrías, sentir el torcedor de la duda y rebelariie
contra su destino con acentos desesperados, para que
en sus dolores y en sus placeres, en sus carcajadas y
en sus lágrimas, halle la humanidad la fiel reproducción de las palpitaciones de su alma.
Tal es el lírico.
Entonces el Poeta lanzará los ayes más profundos
y los acentos más terribles; y á los impulsos de la
virtud más grande, de la sublime resignación, de la
paciencia, por él hablará un hombre, y oiréis á Job.
Inflamará los ánimos para el combate, llamándose
Tirteo.
Se retorcerá de dolor, morirá de angustia, y esclavo de mil raptos de desesperación, vendrá á la tierra
para llamarse Leopardi.
Lanzará desde las nubes tempestuosas de su cerebro relámpagos que.cieguen y que alumbren, y al pie
de la Leyenda de los siglos firmará Víctor Rugo.
VI
Mas la sagrada inspiración poética, sin retratar
directame'nte el espíritu de una época, sin recogerse
tampoco en la morada de un corazón, abandonándose á llorar sus desdichas y aun las de su edad y de
su pueblo, podrá protestar enérgica y valerosamente
de la sociedad á que el elegido de las Musas pertenezca, fustigando aquí una institución, flagelando allá
una costumbre, contundiendo en este lado á un vicio, lanzando una carcajada ó una queja y amena-

VII
La poesía, finalmente, sin dejar de reflejar la luz
que arrojan los ojos de su siglo, los sentimientos, las
aspiraciones y el ideal entero de su raza ó de su época, sin que deje su numen de ser individual y psico·
lógico, podrá reproducir el mundo objetivo, arrojando el retrato bello y fidelísimo de la pasión humana,
de todo lo que en el espíritu del hombre siempre fué
de todas las edades, ó el de las costumbres de aquella
en que el poeta vive y de la región en que habita,
para que de estas escenas palpitantes de la vida resulten grandes enseñanzas, siempre deducción fatal
y lógica de la emoción estética que ha de despertar
en el público que le rodea y que le adama.
Tal es el poeta dramático.
¿Queréis ver en él la lucha del hombre con la fa.
talidad representada por sus dioses? El poeta toma·
rá la forma de Sófocles ó de Esquilo.
¿Pretendéis que satirice las costumbres, represen·
tándolas? Pues tomará la forma de Aristófanes.
¿Queréis verle combatiendo con sus semejantes y
con sus propios sentimientos, por la libertad augusta
de su albedrío, siendo retrato fiel del espíritu de su
patria? Pues las nuevas manifestaciones humanas del
artista de la palabra serán Lope de Vega y Calderón.
¿Queréisle ver en guerra con la monstruosa bestia
de las pasiones, y asemejándose al hombre creado
por el mismo Dios? Escudriñad una concienci_a, y de
entre sus sombras y á la mágica evocación del Poe·
ta acudirá Shakespeare.

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Pero hay un poeta más grande que Homero, más
inspirado que Dante, más lleno de amarguras que
Leopardi, más intencionado que Voltaire, más her·
moso que Calderón, más fecundo que Lope, más
arrebatador y genial que Víctor Rugo, con mayor
profundidad que Cervantes, y más sublime, divino y
creador que Shakespeare; poeta que, en suprema síntesis, canta y recuerda como el épico y legéndario,
llora y se conmueve y desespera como el lírico, flagela y punza, hiere y contunde y carcajea como el
satírico, y que hace palpitar como el dramático á
todas las escenas de la vida.
Tal es el Gran Poeta; el poeta de todas las edades
y de todos los tiempos y de todas las pasiones y de
todas las almas. Da á sus ideas infinitas formas, las
que le depara su condición más admirable, la espontaneidad; trascendentales son sus pensamientos;
alto es lo que concibe y hondo lo que siente y clarísimo lo que habla, sin artificio alguno, llevado
como es siempre en alas de la más genial de las
inspiraciones; inmensa su potencia creadora, no hay
carácter ni latido de pasión, ni. existen idea ni queja ni lágrima ni carcajada que él no sepa reproducir poética y asombrosamente. No aprendió en las
aulas el idioma de que se sirve como de mágica paleta para pintar sus cuadros lqminosos con el pincel
de sus improvisaciones; despreciador ignorante de
sus propios méritos, no las escribe para salvarlas del
tiempo y de la distancia; sustituye el diccionario con
su propio léxico; en vez de la ciencia, cuenta con la
adivinación; á falta de la historia, con la leyenda; y
en lugar de las cuerdas de una cítara, tiene las fibras
de su corazón inspirador y palpitante.
Allá, en medio del atronador estrépito de los combates, entre el sordo estruendo de la civilización, el
estallido de las revoluciones, la trepidación y el agitado movimiento de los talleres, la ternura de los
afectos, el solaz de las fiestas, y en medio de sus penas, de sus alegrías, de sus fervores religiosos y aun

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Exposición de plantas y llores que se cel ebra ac t ua Jmen te en ¡os Jardines
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Dibujo y composición de D. Nicanor Vazquez

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�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de sus crímenes, escúchase su voz, que al repiqueteado compás de las castañuelas, al son de la dulzaina, al golpe y sonajeo de la pandereta y á los clásicos acordes de la guitarra, canta, entre ruido tanto,
á Dios, al hombre y á la vida entera.
No esclavicéis al gran artista, porque se apagará
la voz en su garganta, y ¡ay de la humanidad, que
no tendrá quien la enseñe, la llore y la divierta, la
guíe y la consuele!; porque entonces enmudecerán
los otros poetas, todos inspirados y animados por él,
á quien arrebatan sus espléndidas concepciones.
Escuchad sus quejas profundas, sus acentos proféticos. Oíd su voz, en fin, que como está más cerca
de Dios, es la del cielo.
¿No adivináis quién es el gran poeta?
Es el pueblo; lo habéis adivinado.

Semejante encuentro hizo creer á este último que
entraba con buen pie en la coronada villa, pues Esq uílez era madrileño por todos los cuatro costados y
tenía muchas y muy buenas relaciones en su pueblo
y estaba dispuesto á servir de cicerone al provinciano.
Juntos recogieron sus equipajes, juntos tomaron un
simón, y después de dejar á Esquílez en la calle del
Tutor, hízose llevar nuestro aragonés á la de Jardines, donde estaba la casa de huéspedes que su padre
le había designado por recomendación del médico
del lugar, que contaba maravillas de la amabilidad
de las patronas.
Teodomiro no consintió de ningún modo que Esquílez pagase al cochero, y cuando éste, después de
haber descargado el equipaje de aquél, preguntó al
forastero adónde había que ir, Teodomiro, recordando fielmente las señas que le había dado su padre,
ENRIQUE F ÚNES
contestó sin titubear:
· - Calle de Jardines, 10, 3.° derecha.
- Señoritu, aquí los coches non suben á las habitaciones.
LA LETRA DE CAMBIO
Y soltando una insolente carcajada, arreó á su
jaco.
I
Rojo de vergüenza, escondióse cuanto pudo TeoIba á partir el tren.
domiro en el fondo del desvencijado carruaje, que
En el andén de la estación sólo quedaban: el jefe iba atronando el espacio con su pesado rodar; pero
de ella, dispuesto á dar la señal; un factor que hacía bien pronto la curiosidad le asomó á la ventanilla
veces de edecán; tres ó cuatro mozos que iban ce- para contemplar la casi interminable serie de edifirrando con estrépito las portezuelas, y diez ó doce cios, grandiosos los más, que se ofrecían á su admipersonas que ya en pequeños grupos, ya aisladas, da- rada vista.
ban los últimos adioses á los viajeros á quien habían
Llegaron á la calle de Jardines y el coche se deido á despedir.
tuvo ante una casa de mediano aspecto. Como el
Era una de dichas personas un hombre alto, for- joven no conocía el sitio y habían hecho, desde la
nido, un poco obeso, de cabeza redonda, cara acha- calle del Tutor, seis ó siete paradas por diversas cautada, ojos pequeños, color tostado y afeitado cutis. sas, no se mpvió demasiado, hasta que el cochero,
A la legua se habría adivinado en él al lugareño aco- golpeando en el vidrio, le gritó:
modado, aunque el traje no hubiese revelado, como
- ¡Que ya hemus llegado!
bien claramente revelaba, su condición de tal.
Al oirlo, Teodomiro saltó como por un resorte
Con los ojos algo húmedos y la voz mal segura movido, y con extremado aturdimiento se precipitó
estaba hablando con un mozalbete que, asomado á la fuera del carruaje y se metió en el portal, llevando
ventanilla con cara risueña y satisfecha, recibía dis- en una mano la sombrerera y la manta, y la maleta
traído las paternales amonestaciones.
en la otra.
- Sobre todo, mucho ojo: mira que en Madrid hay
- ¡Eh, señoritu!, ¿qué non me paga?
mucho pillo, y en cuanto ven á un forastero con el
- ¡Ah! Sí; tome usted.
bolsillo repleto, todos son á perseguirle y estafarle.
- ¿Qué me da usted aquí?
- Descuide usted, padre, que yo no me mamo el
- Una peseta: ¿no es eso?
dedo y sé dónde me aprieta el zapato; y gracias á
- ¡Ah! No, señor, no es esu; son dos carreras, é
Dios, tengo buenos puños, por si fuesen menester: los bultos además; y ya ve usted, de la estación del
de modo que ni á buenas ni á malas nadie me la ha Mediodía á la calle del Tutor, é de la calle del Tude pegar.
tor acá ...
- Y lo que te he dicho respecto á mujeres; mira
- Bueno, bueno, exclamó Teodomiro que veía deque son unas sirenas que ...
tenerse algunos curiosos á presenciar la escena. To·
Sonó el pito del jefe, luego la tr~s campanadas, por me usted y cóbrese.
fin el silbato de la locomotora; y á los fogosos resoY le alargó un duro.
plidos de la máquina echó á andar el tren
El cochero lo miró y remiró con mucha flema,
luego lo sonó; luego se lo metió en el bolsillo, y lueCon un trajín de fiera encadenada.
go, diciendo «Está bien,» dió un latigazo al jaco y
Los que se iban y los que se quedaban prorrum- partió á todo corer. Quedóse el forastero con tanta
pieron en un coro general de despedida, y mientras boca abierta, y la gente que le rodeaba regocijada,
los primeros se apresuraban á ordenar en redes y epigramática y burlona comentando el chascq. Lleno
asientos sus líos y maletas, los segundos permanecían de confusión, recogió sus bártulos y metióse portal
como clavados al suelo, viendo alejarse rápidamente adentro, y luego escalera arriba hasta llegar al piso
al tren que se llevaba algunos seres queridos, quizás tercero, en donde, según las señas, vivía Doña Roalgunos dolores y no pocas esperanzas.
bustiana, la patrona que le fué tan recomendada.
Teodomiro iba por primera vez á la corte; había
Diéronle un gabinete con vistas á la calle; y aunterminado su carrera de abogado en la universidad que la cama no era muy blanda, ni era la casa muy
de Zaragoza, y como remate y coronamiento de sus limpia, ni la comida muy abundante, Teodomiro no
estudios áulicos, habían considerado conveniente él pensó en mudar de alojamiento, porque desde los
y su padre que fuese á visitar la capital de España primeros instantes pudo observar que la hija de la
para adquirir un barniz cortesano, y conocer, aunque patrona era tan amable, tan sumamente amable y
sólo fuese de vista, á los hombres más eminentes de complaciente, que nada dejaba que desear.
la política, de las ciencias y de las artes.
II
El muchacho, sin ser un talento, había salido bastante listo para ir ganando cursos sin estudiar, puEsquílez demostró que efectivamente conocía bien
diendo así dedicar todo su tiempo á las diversiones Madrid. El acompañó á Teodomiro á todos los muy entretenimientos que da de·sí una población como seos, á todos los teatros, á todos los paseos; Uevólo
Zaragoza. Concurría con más asiduidad al casino que al Congreso, al Senado, á la Universidad, á la Bolsa,
á la cátedra; no faltaba á ningún baile de máscaras, al Hipódromo, á la Plaza de toros, á los Viveros, á las
cuando los daba el tiempo; frecuentaba el teatro, Ventas; en una palabra, á todas partes.
cuando lo había, y era el alma de cuatro ó cinco terExcusado es decir que en todas ellas hacía el gastulias de confianza á que concurría.fo mf/orcito de la to el forastero, y que él pagaba el coche, él las locaciudad.
lidades, él los cafés, él las cenas en Fornos ó en el
Todo esto lo supieron á la hora escasa de viaje los Inglés. La intimidad entre los jóvenes llegó á ser tan
compañeros de departamento de Teodomiro, así co- grande, que Esquílez no tuvo reparo en aceptar de
mo que era hijo único y que sus padres vivían en un Teodomiro el favor de que recogiese ciertas cuentas
pueblo de la montaña, en donde eran los primeros de ropa y calzado que le daban, según su expresión,
contribuyentes por territorial y pecuaria. Aunque él, mucha jaqueca.
por naturaleza expansivo, hablaba á todos en general,
Casi todas las noches iban á Viena, y algunas no
su oyente más inmediato y directo, su interlocutor volvían á casa hasta la mañana siguiente. A los quinmás sostenido, digámoslo así, era el que ocupaba el ce días de estancia en la Corte, Teodomiro no conoasiento frente al suyo en uno de los testeros del co- cía ni de vista á ninguna de las notabilidades de la
che. Era el tal un joven como de treinta años, de pol_ítica, las ciencias y las artes, pero conocía permodales sueltos, aire despejado, presencia simpática fectamente y de trato á todas las horizontales de
y palabra chispeante. Llamábase Esquílez, y él y moda.
Teodomiro eran íntimos amigos cuando llegaron á
Mas como no hay salto sin quebranto, vínole á
Madrid.
resultar que la bolsa que salió bien repleta de la

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casa paterna, había ido enflaqueciendo de manera
que daba lástima. El muchacho sintió vértigos cuando una mañana antes de salir de casa y al pretender
reponer su bolsillo para la fatiga del día, se encontró
con que sólo le quedaban quince duros.
Y precisamente le acababa de pedir doce á cuenta
la patrona, y para aquella noche tenían concertada
una cena en el café de Madrid él y Esquílez con dos
muchachas decentes á las cuales no era posible dejar
burladas, Por primera vez, desde su liegada á la corte, se sintió el joven triste y sobrecogido.
¿Qué hacer?
.
- ¡Si Esquílez ya que no tenga dinero conociese á
alguien que me lo quisiera dar! ...
¡Oh fortuna! Esquílez sabía de un señor que haoía
favores de esta clase, pero sólo á empleados, clases
pasivas y militares sin retención ó á personas de garantía. Aunque Teoclomiro tuviese esta última cualidad, de nada le servía, puesto que no era conocido
en la plaza; pero gracias á la intervención de Esquílez, el caballero prestamista daría, por excepción, el
dinero sobre algunas alhajas de valor.
Aceptó gozoso el provinciano y dió en prenda su
magnífico cemontoir de oro, una sortija con un solitario y un alfiler de corbata de oro y brillantes. Además firmó un pagaré de mil quinientas pesetas, y en
cambio recibió ... ¡cien duros!
Las damiselas del café de Madrid no tuvieron,
pues, motivo para quejarse ni de la formalidad ni
de la galantería de los dos jóvenes, ni ellos tampoco
de la jovial amabilidad y carácter franco y abierto de
las niñas.
Cuando á las diez de la mañana siguiente volvía á
su casa solo, fatigado y soñoliento el buen Teodo•
miro, la misma nube de tristeza que la víspera había
sombreado por un momento su irreflexiva felicidad,
volvió á obscurecer más densamente su espíritu, y un
peso así como de remordimiento le oprimió el corazón por unos instantes. Entró en ·su casa, se acostó y
durmió desasosegadamente algunas horas.
Cuando le llamaron á almorzar no quiso salir; no
tenía gana. Siguió echado, pero sin poder coger otra
vez el sueño. Su mente excitada púsose á considerar
su situación, é insensiblemente aquellas reflexiones
pararon en un formal examen de conciencia.
- ¡Qué disparate había hecho el día antes! ¡Comprometerse á pagar seis mil reales no habiendo recibido más que dos mil! ¡Garantizar esta atrocidad con
prendas que valían muy cerca de quinientos duros! Y
¿quién le había metido en aquel lío? Su amigo Esquílez. ¡Su amigo! ¿Lo era acaso?
Teodomiro empezaba á dudarlo. La mitad, quizá
más, del dinero gastado, habíalo consumido Esquflez.
El se hacía siempre la parte del león en todos los
goces y placeres de que ambos disfrutaban, pero que
sólo pagaba el aragonés.
Teodomiro había traído el propósito de permanecer un mes en la corte; pero ¿cómo continuar en ella,
si sólo en una quincena había derrochado las doce
onzas que su padre le dió y las otras. tres que á escondidas le diera su madre, y por añadidura se había empeñado en trescientos duros, y de los dos mil
reales que había recibido prestados ya había gastado
más de la mitad?
,
Tentaciones le daban de tomar el tren y volverse
á su casa; pero ¿cómo presentarse á sus padres tan de
improviso y tan en derrota? No; él no se sentía con
valor para confesar sus faltas: le parecían muy graves.
- ¡Si hubiese algún medio!. ..
Y le hubo: ¡claro que le hubo! Como que los cuarenta y siete duros que le restaban á Teodomiro se
quedaron sobre el tapete verde de cierta casa de juego donde tenía muchos amigos Esquílez!
- La suerte nos ha sido contraria, dijo éste al salir de aquel garito.
- Y ahora, ¿qué hacemos?
- ¿Qué quieres que te diga?
- Tú que tienes recursos para todo ...
- ¡Pues si yo tuviera recursos! ... Pero hace tiempo que me quedé sin ellos.
- ¿No encontraríamos quien nos dejase? ...
- ¿Te queda algo que empeñar?
-No.
- Entonces ... ¡filosofemos!
No hubo remedio; Teodomiro tuvo que escribir á
su casa, pero no atreviéndose á arrastrar las iras de
su padre, dirigió la carta á su madre. No le dijo ni
la cuarta parte de la verdad, pero sí lo bastante para
dejarle adivinar lo omitido y lo tergiversado. La buena mujer cometió la indiscreción de entregarle la carta á su marido, y éste tuvo la debilidad de dejarse
convencer, y darle á su mujer para que, si1i saberlo
él, se la enviase al dúcq una letra de dos mil pesetas
contra el Banco de España.
(Concluirá)

JACODO

SALES

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496

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

LIMA. - LA CATEDRAL,

SECCIÓN AMERICANA
Ll~lA

La ciudad que con el nombre de Ciudad de ¡os
Reyes fundara Francisco Pizarro en 1535 para hacer
de ella la capital del vicerreinato del Perú, es actualmente una de las poblaciones más bellas de la América meridional. Hállase situada en la orilla del Ri-

D. JosÉ PAYÁN, gerente del Banco del Callao en Lima

mac, río que la atraviesa diez kilómetros antes de
desembocar en el Pacífico y sobre el cual álzanse
tres puentes, el Balta, el de Piedra y el de Arana, que
ponen en comunicación las dos mitades en que Lima se halla dividida por aquella corriente.
La antigua ciudad, que estaba i;ercada por una muralla de adobes construída en 1683, ocupaba una superficie de 932 hectáreas, de las cuales 565 eran destinadas á jardines, plazas, conventos é iglesias; pero
derruídos los muros en 1870, hiciéronse en su lugar
hermosos paseos y la parte edificada se extendió considerablemente, formando en conjunto la población
un triángulo de más de 1.200 hectáreas.
El clima de Lima es benigno por lo que hace á la

de fotografra remitida por D. Salvador Tebc

temperatura, puesto que en invierno (junio á noviem- asoma el uniforme militar. Los relieves del pedestal
bre) no baja nunca de 12 grados centígrados ni sube representan la batalla de Ayacucho y la de Junin y
á más de 28 en verano (diciembre á mayo); pero en en los otros dos lados de aquél hay el escudo naciocambio la humedad y sobre todo las nieblas de tal nal y una inscripción que dice: A Simón B olivar /1~
modo perturban el estado atmosférico, que á pesar de berlador. La nación perua11a. MDCCCLVJII.
la bondad de temperatura, la capital peruana no es
Posee Lima unos ochenta templos y capillas próxide las poblaciones más sanas de la América del Sur. mamente, cuyas torres y cúpulas dan á la ciudad
Las calles de Lima se cortan casi todas en ángulo un carácter oriental porque recuerdan los altos alrecto y están orientadas en dirección de SE. á NO. y minares de las poblaciones moriscas. Entre ellos desde SO. á NE. á fin de que en verano haya siempre un tacan la Merced, fundada en 1534 por Remando Pilado á la sombra; las casas, construídas en su mayo- zarro, con una hermosa fachada de estilo del Renaciría de adobes, generalmente son de dos pisos y tienen miento; San Francisco, templo contemporáneo de la
alegres miradores. Las plazas principales son la Ma- ciudad, en el que se halla el célebre claustro de los
yor y la de Bolívar ó la de la Independencia, antes Jazmines con sus elegantes columnas adornadas con
de la Inquisición, en las que se alzan respectivamen- faiences azules y con notables frescos; San Pedro, ante la catedral y la estatua ecuestre del libertador del tigua iglesia de los jesuítas, orgullo de ebanistas y arPerú. Entre los mejores paseos pueden citarse la quitectos; Santo Domingo, tumba de Santa Rosa y
Alameda de Acho, que se extiende á lo largo de la cuya antigua terre, destruída por un incendio, era la
orilla del Rimac y conduce á la plaza de toros; el pa- más elevada de la ciudad, y por último la catedral
seo de la Exposición y el de los Descalzos, cuyas en- que reproduce nuestro grabado. Fué fundada ésta
cantadoras avenidas están profusamente adornadas por Francisco Pizarro, que halló en ella tranqu~a y
de estatuas, y una hermosa Alameda que une la ciu- honrosa sepultura cuando en 1541 sucumbió á los
dad con su puerto en el Pacífico y á cuya entrada se golpes de las gentes mandadas por Almagro. Los hislevanta el monumento del Dos de Mayo, en conme- toriadores no están conformes acerca del sitio en que
moración del combate del Callao contn. la escuadra fué enterrado el conquistador del Perú, pues míen•
española.
tras Prescott dice que lo sepultaron en el lugar más
De l0s varios monumentos que en la ciudad exis- obscuro del templo; Palma, el eximio literato y eruten pueden considerarse como los más notables el dito explorador de crónicas, asegura que su tumba se
que en el paseo de la Exposición recuerda el descu- abrió en un patio del mismo, llamado de los Naranbrimiento de América y el dedicado á Simón Bolívar. jos. En la arquitectura de la catedral predomina el
El primero es un grupo de mármol con la figura de arte árabe-español, degenerado por los engendros de
Colón posando su mano derecha sobre la cabeza de Ribera y Churriguera, como lo atestiguan los frontisuna joven india que permanece arrodillada á sus pies. ficios de piedra, los calados, los arabescos, los ángeLa erección del segundo fué acordada por decreto les, los demonios, las frutas y las flores que en relegislativo del Congreso Constituyente del Perú en 17 vuelta confusión constituyen sus adornos. Posee la
de febrero de 1825, pero el proyecto quedó en sus- catedral hermosos cuadros, entre ellos una preciosa
penso hasta 1853 en que el general Rufino comisionó Verónica de Murillo.
al Dr. D. Bartolomé Herrera, ministro plenipotenEn el ramo de Beneficencia merecen citarse varios
ciario cerca de la corte romana, para que convocase hospitales, entre ellos el de Santa Ana, el del Dos de
un concurso de artistas y obtuviese por este medio Mayo, el de San Bartolomé ó militar, el francés y los
el mejor plano y modelo de la obra, venciendo en italianos (viejo y nuevo), y hasta trece hospicios.
este certamen á sus competidores el célebre escultor
Para terminar estos breves apuntes diremos alio
Adán Adolini. El pedestal del monumento, que es de la situación mercantil de la capi.tal del Perú. La
de mármol blanco, mide en su base z'Óo por 5'20 plaza comercial de Lima, que había sido la más fuermetros y su altura es de 3'47: la estatua, que fué te de la América del Sur y el· emporio del lujo y de la
fundida en Munich, lo mismo que los relieves, tiene elegancia, sufrió una transacción brusca desde 1873
3147 metros de alto, desde el pie del caballo á la ca- y su postración mercantil llegó á su máximo después
beza del jinete; representa á Bolivar sobre un caba- de la guerra de Chile. Hoy, sin embargo, hállase en
llo encabritado que se sostiene sobre las patas trase- gran parte repuesta de sus pasados desastres, y buena
ras y la cola: Bolivar saluda al pueblo con el tricornio prueba de ello es el Banco del Callao cuya prosperien la mano, y por entre la capa que cubre su cuerpo dad sorprende tanto más, teniendo en cuenta el esta-

�EN ORACIÓN, cuadro de Carlos Ulrich

UN VIEJO MONJE, cuadro de Velázquez, grabado por Margarita Jacob
(Existente en el IIermitage de San Petersburgo)

�LA

410

do en que se encuentran hoy en día las repúblicas
sudamericanas.
Recordando las desgracias por que ha pasado no
hace.mucho el Perú y entre ellas la gran crisis bancaria de 1876 á 1880 que trajo consigo la liquidación
de todas las instituciones nacionales de crédito, no
se comprende sino por un gran esfuerzo de inteligencia y de perseverancia qµe una de ellas, la menos
po~erosa en su origen, el Banco del Callao, haya resucitado con tanto vigor hasta colocarse en el más
alto nivel fina_nciero. Débese en gran parte, si no del
todo, este éxito al gerente de ese Banco, D. José
Payán, cuyo retrato publicamos. Nació dicho señor
en la isla de Cuba, y tras varias vicisitudes políticas
abandonó su patria para establecerse, después de recorrer muchos puntos de América, en la capital del
Perú, en donde al poco tiempo fué llamado al elevado puesto que hoy ocupa y desde el cual no sólo ha
dad9 elocuentes pruebas de su ilustración y talento
mercantil, sino que ha prestado importantes servicios
al país que lo hospeda, contribuyendo á solucionar
favorablemente sus más difíciles cuestiones, y entre
otras la vuelta á los cambios metálicos y al renacimiento del crédito hipotecario, salvando la propiedad inmueble de las garras de la usura. - A.
BOCETOS
LAS OLAS

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

496

que al fin dan en la costa.» ¿Sabes qué cosa es esa? demuestran que no en balde recibió las lecciones del que fué
- No: frases sin trascendencia, cualquier cosa· quizás, el más genial de nuestros artistas contemporáneos;
maestro entre los maestros.
tal vez la tranquilidad perdida, y volver á nuestr~ . El cuadro Los lmé,janos P?drá adolecer de algunas incorreccalma después de habernos agitado sin objeto y sin ciones; pero aun as!, es un lienzo que acusa al artista que dentro del concepto moderno del arte y sin olvidar las tradiciones
resultado.
- ¿Reparaste aquello que aparece en el horizonte? pictóricas de nuestra patria, siente y piensa, olvidándose por
completo de Jo? efectismos de los coloristas para representar
- Se me figuran unas nubes.
una escena senhd!s1ma, un asunto conmG&gt;vedor, esencialmente
- Pero su forma es diferente.
realista, que impresiona é interesa.
Cabrera, que apenas cuenta veinticuatro años, ha recorrido
- Tienes razón: pero ¡toman formas tan extrañas!
Ya verás; al acercarnos pasarán á mucha altura so- velozmente las ásperas sendas que conducen al templo de la
gloria. Nosotros hacemos fervientes votos para que no se malobre nosotras.
gren sus juveniles disposiciones, y que por lo tanto, lo que es
- Por momentos se descubren mejor definidas; su hoy grata y halagadora esperanza, pueda trocarse en realidad.
línea es muy marcada, su color es distinto; yo no sé
Exposición de plantas y flores que actuallo que es aquello ... pero nubes no son.
mente se celebra en el Parque de Barcelona
- ¡No seas miedosa! ¿Qué ha de ser? ¿Compren- Composición y dibujo de D. Nicanor Vázquez:
- Hoy, como el dia que publicamos otra composición de nues•
des tú otra cosa que no sea agua, cielo y nubes?
- Sólo sé lo que el instinto me dice: que eso es tro disting~i~o colaborador Sr. Vázquez, á propósito de la actual Exposición general de Bellas Artes, hemos de suplicar á
¡un peligro!
nuestros lectores que nos dispensen de no ocuparnos en esta
-Anda, corre, sígueme; ya veremos lo que es· de- sección del tema que motiva el bellísimo dibujo que reproducimos. Acudan á las crónicas de El Salón de la Moda y en ellas
jémonos llevar.
'
- Esa frase me acobarda: recuerdo las voces que encontrarán cuanto nosotros pudiéramos decir y mucho más
y mejor dicho 4ue nosotros podríamos hacerlo.
'
salían de aquel monstruo: no son nubes: ¿oyes ese
rumor?
En oración, cuadro de Carlos mrich.- Hay en
el arte, como en la literatura, asuntos que por mucho que se
- ¡Parecen lamentos!
traten siempre ofrecen nuevo motivo de inspiración á los ver- ¡Se me figura oir quejidos!
daderos poetas y artistas. ¡ Cuántas veces hemos visto reprodu- Las que nos preceden se encrespan más.
cida en lienz1&gt;s, con más ó menos variantes, la escena que re- Te digo que allí sucede algo desastroso. ¿Oyes? presenta ~) cuadro de Ulricb I Y sin embargo de que el tema
del dolor implorando consuelo a l Dios de bondad y de miseri¡Gritan que retrocedamos!
- ¡Imposible! Me siento impulsada por una fuerza cordia no es nuevo ni mucho menos, ¿quién no se sentirá conmovido ante aquel hermoso grupo de las dos jóvenes, elevando
mayor como si desde el fondo me levantaran ... ¡Im- al cielo sus plegarias para suplicar fe rvorosamente á la piedad
posible permanecer tranquila! ¡Ni nos oyen ni nos divina que endulce s\ls sufrimientos en la tierra? Y es que cuan•
escuchan las que nos atraen y arrastran ni las que do el artista siente y expresa con verdad, su genio imprime en
su obra los más tenues matices, así del sentimiento como de la
nos empujan!
forma, que la realida:d le ofrece, y con ello logra la diferencia- ¡¡La costa!! ...
ción que bal:e aparecer con nuevos caracteres lo que en globo
Y sin poder retroceder, ni traspasar el marcado considerado parece á primera vista falto de novedad. Mas aun
límite, en desesperado intento una tras otra asaltan prescindiendo de estas consideraciones, toda manifestación artislos quebrados peñascos, desapareciendo en el instan- tica que reproduzca de una manera acabada cualquiera de los
mÍlltiples aspectos de la belleza, será buena y cautivará á cuante mismo de su agonizante rugido, como envueltas tos la vean, por muy gastado que sea el asunto que en ella se
en un sudario de efímera espuma.
trate.

- ¿Hacia dónde vas, amiga y compañera?
- ¡Lo ignoro! Te sigo por el movimiento que marcas tú que me precedes; otra sigue el mío, y sucesivamente otras y otras, como si procurásemos alcanzarnos, sin poder acortar la breve distancia que nos
separa: ¿puedes tú decírmelo?
- ¡Yo también lo ignoro! La que me traza el rum·
bo no ha podido decirme más sino que sigue á otra
y otras.
- Veo que todas, como movidas por la misma cuTal acontece con el cuadro de Carlos Ulrich, que estuvo
JUAN 0. NEILLE
riosidad, procuramos encresparnos para tender la visexpuesto el año último en la Royal Academy de Londres. Sus
dos figuras están arrancadas de la realidad, el dolor que sus
ta y ver si se descubre algo como término de nuesrostros y sus actitudes expresan es de los que desgarran el cotro viaje.
NUESTROS GRABADOS
razón, y nadie al contemplarlas rezando abrazadas dudará de
- Nada: ahora mismo, como habrás podido verlo,
que el pintor quiso hacer algo más que pintar el acto de la oraacabo de romperme transformada en espuma, y mi ¡Fué un artista!, cuadro de D. José García ción, quiso trazar todo un drama, sintetizándolo en una situaesfuerzo ha dado en el vacío: ¡un cielo azul, sin fin, Ramos (Etcposición general de Bellas Artes de Barcelona). ción culminante.
sobre nosotras! ¡Una profundidad debajo, tan inmen- -Natural de Sevilla y discipulo de D. José Jiménez Aranda,
Un viejo ~onie, cuadr~ de Velázquez, grabado
es García Ramos digno representante de la moderna escuela
sa como tranquila!
sevillana, y por ende, inteligente mantenedor de sus tradicio- por Marganta Jacob (Existente en el IIermitage de San
- Ya lo veo, apenas puede fijarse la línea que nos nes artísticas. En 1872 trasladóse á Roma, en la creencia de Petersburgo). - Cuantas más obras se contemplan de nuestros
une y separa de la masa de ese líquido abismo: no que en la ciudad de los césares y de los papas hallarla campo grandes maestros, esos genios colosales que como Velázquez
abierto para su fantas!a; mas las ruinas clásicas y los restos de no sólo forman por si solos una época y una escuela, sino qu;
percibo dónde empiezo, dónde se forma mi ser.
ap_arecen en _el 1!1undo c_omo astros de primera magnitud, cuyo
- No sé ni comprendo á qué obedece ese extraño aquellas pasadas grandezas debieron despertar en el artista an• ~nllo,. por mngun ?tro igualado, resplandece cada vez con más
daluz el deseo de recibir las inspiraciones de su país natal, en
movimiento; siempre siendo la misma y siempre no- donde por la pureza de su cielo todo brilla y sonríe y la natu- mtenSidad á me~1da que v_an transcurriendo siglos, tanto
tando que no lo es el agua en que me agito.
raleza osténtase bella y lozana, cuando al poco tiempo, y des- más apena ~l ánimo la consideración de que nuestro tiempo,
- Mira; húndete cuanto puedas, y así yo podré pués de haber pintado, entre otros lienzos, el ya conocido y ce- que es el tiempo de las grandezas y de los gigantes esté en
punto á materia artística á un nivel igual al que, cori:paradas
hacer un esfuerzo para levantarme lo más posible y lebrado El rosario de la aun,ra, trasladóse á Sevilla, en donde con la presente, estuvieron 'Otras edades en varias manifestaciofijó definitivamente su residencia. Allí, rodeado de los restos
quizá descubrir el término hacia el que se nos im- del arte árabe sirviéndole de complemento de sus cuadros ó di- nes del saber humano. Más de dos siglos han pasado desde
pulsa.
bujos, los alicatados moriscos, los esmaltados azulejos, los jae- qu~ en el mun~o del arte surgió la colosal figura del pintor
Y por un movimiento, que si no carece de nombre ces cordobeses, los pañolones de espuma, pinta representa111lo sevillano, y ¿quién de entonces acá ha logrado acercarse siquiera al autor de La rendición de Breda, de Los borrachos de
no sé ahora dar con él, aquella ola hizo como que se escenas y tipos genuinamente andaluces, cgmo La despedida del (,as m~ninas y de tantas otras maravillas que como joya; de
contratista, ó dibuja costumbres del país para ilustrar obras de
replegase formando una profunda hondonada; y su tanto interés como la de Mas y Prat, titulada La tierra de maprec1able valor ostentan con orgullo los mejores museos y
los más poderosos magnates?
compañera levantóse sobre todas las demás, coro- 111aría Santísi111a.
En el Ilermitage de San Pctersburgo existe el original del
nándose de blanquísima espuma, brillante como una
Cuanto al cuadro ¡F11é un artista!, que ha remitido á la Exmagnifico cuadro que reproducimos y de que tan acabada idea
posición
de
Bellas
Artes
de
Barcelona
y
que
ya
figuró
en
la
de
colosal pepita de plata.
Madrid de 1890, debe considerarse como una muestra de lo nos ~a el precioso grabado de Margarita Jacob: mírese con
- ¿Qué has visto?
que vale Garda Ramos, como ejecutante, ya que es un estu- atención la cabeza del anciano monje, estúdiese detenidamen- ¡Nada! ¡Un horizonte de agua y cielo!
te su actitud, examínense en sus menores detalles las rugosas
dio altamente recomendable.
manos y el obscuro hábito, y &lt;ligase si se puede concebir mayor
- ¡No deja de ser extraño que así nos agitemos,
La venta del sevillano, cuadro de D. José Mo- naturalidad, corrección en el dibujo, vigor en el claro-obscuro
sin saber por qué ni para qué! No puedo darme razón
reno Carbonero (Exposición Nacional de Bellas Artes y conocimiento interno del ser humano, esta cualidad que tan
del impulso que nos mueve contra nuestra voluntad. de
1890). - En la colección de siludas de artistas que en El !)?COS poseen y que t~n indispensable es si no se quiere que la
Allá lejos, muy lejos, estábamos todas confundidas Liberal de Madrid ha publicado el ilustrado critico, nuestro pmtura sea reproducción de lo falso, de lo convencional cosas
en compacta masa; formaba nuestra superficie tran- querido colaborador señor Balsa de la Vega, y en la dedicada ambas reñidas con el verdadero concepto del arte y qu~ afean
quila á modo de bruñida plancha ó límpido cristal, á Moreno Carbonero dice: 4:Cúando admiro á los viandantes la inmensa mayoría de las obras pictóricas.
se paran en la venta á refrescar el garguero y á darles á
un espejo de cuya magnitud no puede tener idea que
En la playa, cuadro de F. Miralles, grabado
las cansadas caballerfas un holgar momentáneo, mientras desquien no haya tendido su mirada sobre el mar; de a.rrapados chiquillos juegan entre las patas de los nobles cua- por Sa~urni. - No hace mucho tiempo, y á propósito del
repente una brisa suavísima, rafagueando juguetona, drúpedos, entonces reconozco de buen grado que aím podemos c~a?ro (itulad? Una partida de campo, dedicamos á nuestro
J?a1sano el Sr. Miralles los elogios que bien gananos acariciaba como temerosa de agitarnos; la brisa contar en España con pintores dignos de llamarse herederos d1stm~ido
dos he~e quien en Paris, en ese emporio de las bellas artes y
de
los
Velázquez,
Goyas
y
Rosales.&gt;
tomó fuerza, fué viento al poco tiempo, huracán lueNo cabe hacer más acertada descripci6n del cuadro ni mejor en medio de la pléyade de los más ilustres artistas modernos
go. ¡No sé lo que pasó! De la tranquilidad al movi- elog(o de s_u autor, por lo que suprimire_m?s toda explicación y ha sabido conquistarse un puesto envidiable. Tiene el Sr. Mi:
miento, de éste á la agitación, al vértigo, ¡quién sabe consideración por nuestra parte, y nos hmitaremos·á consignar ralles un. modo especial de pintar que cautiva; sus obras reboque esta obra, del autor del Ca"o de las Cortes de la 11111erte san gracia_ y elegancia, y en ellas la finura del asuntó compite
adóade vamos!
del Prlncipe de Viana (que fué adquirido por el Estado y ac'. con la deh~deza de la ejecución. También él es adepto á la
- Detente ...
tualmente figura en nuestro Museo), de Roger de Flor, de La escuela re~hsta; no hay en sus cuadros nada que no esté toma•
- No puedo; la que va delante me atrae, me obli- conversión del duque de Gand{a, de Con la mtlsica ti otra parte do d~ la ,vida r~al y ~on maravillosa naturalidad reproducido;
ga á seguirla; tú que me sigues me empujas.
y de tantos otros, es propiedad del Excmo. Sr. Duque de Fer- pero ,cuanta. d1stanc1a de ese realismo que tiene por objeto
al henzo lo bello, á esa otra tendencia que con tal de
- Comprendo ... Mientras todas á la vez no ha- nán-Núñez, que lo adquirió cuando se expuso en el último tras)adar
copia~ n? se para_ en otras consideraciones más atendibles que
gamos un supremo esfuerzo en detenernos, será certamen nacional de Bellas Artes de Madrid.
la de im)tar servilmente la naturaleza, y aun parece animada
imítil.
Los huérfanos, cuadro de D. Fernando Cabre· del prunto de buscar en ésta sólo Jo feo, como ~i no hubiese
- Entonces sigamos; dejémonos llevar.
ra Cantó (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). en ella ~ás que fealdad, yi;omo si la belleza, que tan hermosas
- Fernando Cabrera, sin transición, sin pasar por ese periodo de concepciones ha inspirado, fuese un mito indigno de llamar la
- ¿Dejémonos lievar ... has dicho?
prueba en que se aquilata el pintor, ha logrado lo que la gene- atención de los seudoartistas l
- Sí, eso dije.
Si_ga el ~eñor Miralles la senda por donde con empeño y
ralidad no puede alcanzar á costa de años y de estudios. De
- ¡Qué recuerdo! Ayer cruzaba á lo largo sobre artista novel base convertido en laureado artista. La muerte de g:lo~ia cam_ma: no se contente con ser únicamente pintor; con•
nosotras destrozándonos desapiadamente una de esas P(asenci~, su. cariñoso maestro, tasi coincide con su primer tmue quenendo ser ante todo y sobre todo artista.
-----grandes moles de hierro, parecidas á un monstruo de triunfo, smtetizado por su cuadro Los huérfanos, premiado en
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy
la
Exposición
de
Bellas
Artes
de
1890
y
adquirido
por
el
Es•
aliento negro y fétido, revolviendo con espantosa ratado, - que Jo ha remitido á la de Barcelolla, - en la que su
pidez las palas que le impulsan; al pasar sobre mí, precioso lienzo, titulado Ji,i el coro, ha proporcionado otro
JABON REAL
JABON
1
pude entender unas voces extrañas; una decía: «De- lauro al joven pintor alcoyano. Ambos lienzos, las dos compo• OET HRI DACE 29,B•dealtalie11,PariJ
VELOUTI NE
jarse llevar ... como las olas.» «No, ... replicaba otra, siciones, dan á conocer la naciente genialidad de Cabrera, y lecouú4H ttr utoriuw ■14!"' JUI 11 li¡iue ,. 11 Plll 1 lollua (el ColM

IV,!!&gt;

~~T,

NúMERO

LA

496

411

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO RAYARD

I
Gilberto estaba cansado de luchar consigo mismo; con la carta de Pedro
recibía el último golpe, y su heroísmo comenzaba á desfallecer, precisamente
en el momento en que más necesario le era para rehusar la invitación que se
le hacía.
Observó un cambio en la letra de su amigo difícil de reconocer y escrita al
parecer con mano temblorosa; pero fijó poco en esto su atención. Las instancias que ~!anca de Cabrol unía á las de su esposo, aquellas líneas trazadas
con descuido en la posdata, las primeras que le dirigía, pero tan triviales por la
expresión convencional y cortés de los sentimientos, tan impersonales y frías
en su correcta elegancia inglesa,
penetraron en su corazón como
ardiente llama, y besó el sitio
donde ella debió apoyar su
mano.
¿Tan poderosa es la fuerza del
amor, que pueda quebrantar las
resoluciones más firmes y con
más paciencia mantenidas? En
un momento daba al olvido tres
años de calma, ocupados asiduamente en las bibliotecas, en el
silencio de la Ciudad Eterna; y
aquellos venerables archivos del
Vaticano, aquellos documentos
preciosos, que en su fervor de
joven erudito no podía tocar sin
estremecerse, bajo la impresión
de un sentimiento religioso, perdían todo su interés y encanto
ante una mísera carta escrita el
día antes por la mano de una
mujer. La distancia de mil leguas
no había parecido suficiente barrera entre ella y él para olvidarla, para no ceder á la tentación
de manifestarle su amor, que.brantando así el pacto de la amistad más santa que le ligaba con
el esposo. Y ahora, la distancia
enorme, la lentitud de los trenes,
la inmensidad azul del mar que
dej:&gt;ía salvarse . desde Liorna á
Al presentarse se quitó el sombrero de paja...
Marsella... ¡cuántos obstáculos
acumulados ante el deseo del
que hubiera queridó volar en busca de la mujer adorada!
Tocaba al fin el período de tres años que Gilberto Maujeán debía pasar en
la Escuela de Roma. Pedro lo sabía, y rogábale que al regresar á París se
detuviera e~ ~l castill? de Mareui~, donde su espos; y él tendrían el m¡yor
gusto ~n.recibirle. Hacia unos dos anos que Pedro, á consecuencia de pérdidas
pecumanas, cuya causa sospechaba su amigo sin temor de engañarse, había
abandonado su casa de París para sepultarse en la provincia en los mismos
lugares donde ambos se criaron y conocieron.
'
Est; nombre de Mare~il despertaba en Gilberto mil sensaciones diversas.
~ar~c1ale ver otra vez el nsueño valle, los cerros coronados de pinos, los sauces
1~clmándose sobr~ las orillas del Herblette, y más allá de las últimas ondulac10nes de las ~almas el azulado panorama de los montes Saint-Genix, destacando _en. el cielo sereno sus denticulados picos. Su corazón se dilatasa ante
este pa1saJe, cuyo recuerdo había evocado sin duda el papel que tenía en la
mano.
~ na vez adoptada su r~solución, ya no pensó sino en apresurar ]a marcha.
hab1a contr~ído ~ocas relac10nes, y pronto hizo las visitas de despedida.
'
. No descm?ó, sm emb~rgo, ir á dar gracias al cardenal Pazzi, guardián de las
riquezas vaticanas, á qmen le había recomendado la anciana marquesa de la
Fonfreyd~, cuyo marido ejerció el mando en Roma durante la ocupación francesa. El_ ilustre monseñor le había cobrado cariño, y sus luces y consejos guiaron á Gilberto en todas sus sabias investigaciones,
, - !Se va usted!, exclamó. ¿Cómo han podido cambiar sus ideas, cuando parec1a dispuesto á no separarse nunca de nosotros? ... ¡Fer Bacco/ no desespero de
volver á verle por aquí algún día.
Al pronunciar estas palabras sonrió, y con amistoso ademán puso la mano
sobre la frente de Gilberto.
- Poi: su propio bienestar, hijo mío, y para gloria de la ciencia, procure conservar siempre esa buena cabeza fría, questa mente fredda che non si lascz'a ingamzare dalle domze...
Era un cumplido &lt;;1ue habría sido aventurado hacer al cardenal cuyo bello
perfi~ de meda_ll~ antigua no podía librarle lo suficiente de las emboscadas fe.
menmas. P?r v1e10 que fu~ra, ~nte_resábanle aún las cosas de amor; complacíale
que le i:efin;ran la~ pequenas mtngas de los jóvenes de villa Farnesio, y la precoz sab1duna de G1lberto habíale causado alguna admiración.
- Bese ~sted la mano á la marquesa, dijo al despedirse con esa gracia ue
en él relacionaba tan bien al eclesiástico con el gran señ~r, y en la cual rico-

noeíase la influencia de esa hermosa religión romana que se amolda á todos los
compromisos mundanos.
Por la noche, ya en el tren, conducido lejos de Roma, Gilberto dejó desvanecerse tras sí todas las impresiones de su permanencia en la capital del orbe
católico. A medida que avanzaba, el viento, agitando la portezuela, parecía llevarle, con ráfagas del aire natal, todos los recuerdos que durante tan largo
tiempo rechazara y que él creía perdidos para siempre. Ahora agolpábanse á
su imaginación más vivos que nunca, con los más remotos detalles que se precisaban, tomando colorido, En las horas ociosas del viaje, en medio del aburrimiento que le ocasionaba la travesía, y hasta en aquel punto de la línea de
París donde le era forzoso detenerse para irá Mareuil, entretúvose en clasificarlos en su memoria, rehaciendo así todas las etapas recorridas desde uno á otro
incidente, desde su precipitada fuga de París hasta el casamiento de Pedro de
Cabrol y su primer encuentro con él.
Este encuentro databa de larga fecha, del tiempo en que Gilberto apenas
contaba más de doce años: era la época en que por primera vez iba á pasar las
vacaciones en Chatillón cerca de su madre, al salir del Liceo, donde ingresó á
la muerte de su padre y donde diez largos meses de reclusión habían desarrollado en él una afición inmoderada á las correrías y á la ociosidad.
- Puesto que tanto te gusta correr, díjole un día su madre, yo te acompañaré. Iremos á ver á mi amiga la condesa de Cabro!, que vive cerca de aquí,
según acabo de saber, por lo cual no es necesario tomar coche. Esa buena
Laura ... Desde su salida del convento no la he visto, y ahora le daré una sorpresa ... Se llamaba Laura de Sableuse ... ¡Oye tú, Gilberto, añadió, procura
arreglarte un poco para hacerme quedar bien!
Ella misma le ayudó; y mientras peinada el rubio cabello del muchacho, dictóle su regla de conducta.
- Cuando te sientes, le dijo, no has de cruzar las piernas; ten los ojos levantados,' pero sin descaro ... Esos ojos de tu padre, que eran tan grandes y de un
azul tan intenso ... Ya comprenderás que no se puede ver todos los días á una
condesa de Cabro!.
La señora de Maujeán tenía una debilidad que comienza á ser rara: la superstición de la nobleza. Los nombres con partícula y los títulos la imponían,
y agradábale pronunciarlos. Hija de una familia de me'nestrales, y educada en
el Sagrado Corazón de Grenoble, en sus sueños de colegiala no preveía que su
futuro esposo, si se casaba, pudiera ser menos que barón; pero en el primer
baile á que asistió, después de su salida del convento, dejóse robar el corazón
por un joven magistrado. Llamábase Maujeán y no era barón, lo cual no impidió
que se uniera con él y disfrutara durante diez años de completa felicidad, sin
notar en su esposo más defecto que su poca ambición, lo cual fué causa de que
solamente se elevara al cargo de presidente, cuyas funciones desempeñaba en
el tribunal de Chatillón cuando le sorprendió la muerte.
La señora de Maujeán y su hijo emprendieron la warcha en la tarde de un

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... y vertlanla lentamente en los hormigueros ...

�LA

412

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

496

caluroso día de agosto. Con su quepis encasquetado y bien abotonada la levi- aquí con Pedro, que es un aturdido, un verdadero caballo desbocado ... ¡Ah! Ya
ta, Gilberto seguía 'á su madre, que, quitasol en mano, utilizábase de la sombra le oigo, ya viene ... ¡Dios mío, añadió al verle entrar, parece un bandido!
de los árboles alineados á Jo largo del camino. Y entretanto, para matar el
En el mismo instante presentóse un muchacho bastante alto, de tez morena,
tiempo, enumeraba á su hijo las personas á quienes iban á ver.
ojos negros, cabello cortado tan al rape, que se hubieran podido contar las me- Los Cabro! son ilustres, decía, es una familia histórica... Uno de ellos fué nores protuberancias del cráneo, y labios rojos y gruesos. Su chaqueta de cutí,
escudero de Luis XI cuando éste no era más que Delfín, por lo cual compren- con los botones arrancados, estaba agujereada en los codos y tenía más de un
derás que su origen es muy remoto. ¡Nobleza de espada!. .. Los Sableuse no girón. Al presentarse se quitó el sombrero de paja, dejando ver en el fondo un
valen tanto, pues son gente de sotana. Sus antecesores formaron parte del Par- orificio por donde se escapaban algunas briznas.
lamento de Grenoble, y su nombre es Cruchón ... ¿Te ríes? ... ¡Qué muchacho
Gilberto sonrió al pensar en el minucioso arreglo de su traje, pero no admir6
éste! ... Pero has de saber que el presidente Cruchón dejó un gran recuerdo en menos la desenvoltura del saludo, breve, rápido y hecho sin timidez ni vacilala magistratura ... Cuando fué vendida la herencia de la duquesa de Valentinois, ción, en aquella sala donde Pedro no esperaba encontrar á nadie, y envidió
adquirieron la tierra de Sableuse, cuyo nombre y título tomaron. Estaban en aquel aplomo tan natural. La condesa había empujado á su hijo suavemente
su derecho; Laura me lo ha explicado todo ... Cuando volvamos á casa te ense- hacia Gilberto para que le diera la mano; después el chico fué á sentarse cerca
ñaré la esquela mortuoria de su esposo, que conservo aún, pues has de saber que de ella, grave y sin decir nada, y ya no se movió.
ella también es viuda ... Ya verás qué carta de apellidos nobles: duques, marEntretanto la condesa continuó la conversación, sin perder de vista al joven
queses y hasta príncipes. ¡Los BaMaujeán, como si prosiguiera su
grassand, los Selligny, toda la nobleexamen, aunque fijándose ahora en
za de los alrededores! ... Sí, viuda con
las cualidades morales, y tratando
dos hijos, de los cuales el más joven
con maternal solicitud la cuestión
debe tener tu edad.
\
,·
:_ \ ,
de saber qué podría resultar para su
..
\- ._\
1
I
La señora de Maujeán se interrumhijo de aquella nueva amistad. El
~~
',.
pía de vez en cuando para mirar á su
examen fué favorable sin duda, pues
,/ ,
hijo de pies á cabeza.
' '\,J.11~•
al cabo de un instante, y como se
&lt;7
- ¡Pero Gilberto, átate los zapatos!
abordaran ciertos asuntos íntimos,
Al fin me avergonzarás, pobre hijo
la condesa dijo á los muchachos que
\.
!' ~.....
mío ...
fuesen á distraerse al jardín.
•'
,, ' ...
Y después de esta dulce reprensión
Los dos obedecieron al punto, y
G.
~.
y de otras por el estilo, la· buena seun momento después hallábanse en
ñora volvió á ocuparse de la condesa
el huerto donde en las ramas es'
de Cabro), que solamente pasaba dos
cuálidas de los árboles brillaban los
meses, el tiempo de las vacaciones,
rayos del sol que doraban las cirue-r¡;!.
en su castillo, permaneciendo el resto
las claudias, cuya amarillenta piel se
del año en París. El conde había
había agrietado y presentaba jugosas
I
muerto al principio de la guerra franheridas, por donde se escapaba el
co-alemana á la cabeza de un batasabroso zumo que se disfrutaban enllón de guardias móviles de la región
jambres de moscas. Pedro sacudió
'
donde ejercía el mando; y este fin
un ciruelo, cuyos frutos cayeron
heroico devolvió algo de su lustre á
en tierra como lluvia de balas, é inla antigua familia, cuyo prestigio é
vitó á Gilberto á comer de ellas,
importancia iban decayendo con el
dándole él ejemplo.
recuerdo de los antecesores.
- ¿Quieres que ahoguemos ahora
- ¡He ahí el castillo!, exclamó la
,·
las hormigas?, dijo á su compañero
señora de Maujeán.
después que ambos se hubieron harti I '
Al oir estas palabras, el corazón
tado de fruta. Ya verás; es muy di,1 \
del muchacho lati6 más apresuradavertido. ·
mente, porque en las imaginaciones
Aceptada la proposición, los dos
jóvenes, esa r,alabra supone toda una
chicos, con esa crueldad inconscien.. '
fantasmagoría &lt;le torrecillas.
te y propia de todos los de su edad,
Pero muy p1 onto se desengañó: el
(/
entregáronse á una diversi6n bárbatal castillo reducíase á una gran casa
ra: iban al estanque á llenar de agua
cuadrada, aunque de lujoso aspecto,
grandes regaderas, y vertfanla desque se alzaba al extremo de una avepués lentamente en los hormigueros,
nida; los vastos espacios cubiertos de
cuyos habitantes, grandes hormigas
sombra, la grandiosidad de las dede cuerpo rojizo, huían en desorden
pendencias, el buen orden, y el estallevándose sus huevos. A veces las
do próspero de los cultivos que se
dos regaderas se vaciaban sin que
extendían á lo lejos; todo indicaba
el agua, perdiéndose en las galerías
una rica explotación agrícola; mas
subterráneas,
hubiese refluído por el
Pedro sacudió un ciruelo cuyos rutos cayeron en tierra como lluvia de balas ...
no podía representar á sus ojos una
orificio.
morada señorial cual había imaginado.
.
- He aquí un hormiguero bien
Se les hizo esperar algún tiempo en el salón donde un criado los introdujo. hondo que aún no se ha llenado de agua, exclamó Pedro, riendo á más y mejor.
Aquí, el severo orden del mobiliario, los cortinajes que llegaban hasta el techo
Al decir esto saltaba de alegría, y sus carcajadas confundíanse con el zumbido
trazando grandes curvas, el silencio profundo y la semiobscuridad de la estancia, de los insectos. Después se entretuvo en el estanque, pescando con las puntas
donde se veían fulgurar átomos dorados en una faja de luz, comenzaban á im- de sus dedos los renacuajos que retozaban en las orillas, para arrojarlos á larga
presionar vivamente á la madre y al hijo cuando se presentó la condesa.
distancia en el agua. El calor, produciendo su efecto en aquella tierra húmeda,
Era una mujer de treinta y cinco años, hermosa aún, de cabello castaño, y parecía incubar á la sombra y hacer fermentar la vida; de modo que allí pululaque bajo una extremada sencillez ocultaba mucha distinción y finura.
ban los seres microscópicos, las larvas apareadas, las lombrices que se retorcían
La expansión fué bastante cordial entre las dos amigas, que volvían á verse en el fango y legiones de ligeros insectos de cuatro patas que se deslizaban
después de quince años de separación; pero hubiera podido observarse cierta rápidamente sobre la tersa superficie líquida. Gilberto debía conservar largos
reserva en la condesa. Hablaba poco, escuchaba atentamente, miraba con una años, con el recuerdo de aquellas minuciosas visiones, la impresión de frescura
curiosidad reflexiva á la que se presentaba tan de improviso ante ella; pero no que sentía cuando esquivándose de los rayos del sol franqueaba los escalones
se deduzca de esto que fuese orgullosa ni tuviera ya seco el corazón. Aquello inseguros del estanque ... Tampoco olvidaría la sorpresa que le causó la rusticidad
no era más que el escrúpulo y la reserva de la persona bien educada que quiere de los pasatiempos á que se entregaba el joven Pedro de Cabro!.
conocerá aquellos á quienes trata y prever todos los resultados de una nueva
Sin embargo, cuando las cigarras se callaban, siguiéndose el silencio, oíase
amistad. ¡Son tantos los cambios que pueden traer consigo quince años, tantas un ruido sordo y cadencioso que golpeaba la tierra; procedía de la granja que
las disparidades que pueden producir entre dos amigas de colegio, cuyo matri- se divisaba á doscientos metros, á través de las moreras y de las vides, y en la
monio, como para todas las mujeres en suma, determina el rango social y que se verificaba la operación de la trilla: á ella enderezaron sus pasos los dos
es susceptible de desviar en sentidos opuestos la primitiva similitud de educa- muchachos.
ción!
Cada cual se apoderó al punto de una horquilla; pero cansados muy pronto,
La señora de Maujeán, sin echar de ver estos imperceptibles puntos de frial- fueron á echarse á la sombra de una muela; y mientras que la paja se aplastadad, habíase dado á conocer desde las primeras palal&gt;ras tal como era, hablan- ba bajo el peso de sus cuerpos, distrajéronse mirando cómo daban vuelta los
do ingenuamente y entregándose á la alegría que le ocasionaba aquella amistad caballos y el cilindro se deslizaba sobre los haces á la vez que los trilladores lenuevamente anudada. El encanto de la franqueza, la candidez que se revela- vantaban y bajaban los brazos á compás. Algunas veces, al pasar cerca de los
ba en su primer impulso y su gracia produjeron el efecto de costumbre, exci- muchachos, los campesinos les dirigían algunas bromas, motejándolos por su
tando la simpatía de la condesa, que ya no conservó mucho tiempo su aire aris- pereza, y proponían al «señor Pedro» trocar el puesto que ellos ocupaban por
tocrático. Había juzgado ya á su amiga, ;¡ ésta triunfaba; la gran señora sonrió el suyo, al oir lo cual Pedro sonreía sin contestar. Bien se adivinaba que era
con aparente satisfacción interior.
querido de todos.
Después tomó la palabra á su vez, y para contestar á las preguntas que se le
El calor que la muela despedía, y una especie de sofocación ocasionada por
dirigían, entró en algu11os detalles sobre sus niños, fijando á la vez en Gilberto el fino polvo que se elevaba en el aire, producían en los dos chicos una espeesa mirada de madre, perspicaz y envidiosa, que al punto busca puntos de com- cie de sopor, contra el cual se resistía más el joven Cabro!, que aprovechándose
paración con sus hijos en los hijos de los otros.
de! cansancio de su compañero, comenzó á molestarle sirviéndose de una larga
- No verás á Juan, dijo la condesa, pues se ha quedado en París. ¡Oh! Ha PªJª para hacerle cosquillas en el oído. Gilberto la separó varias veces, desviáncrecido mucho ... Cierto que tiene tres años más que su hermano. Le dejé con dola con dulzura; pero cansado al fin, cogió el brazo de su nuevo amigo. Precisu tío de Cabro!, que vuelve de Viena en uso licencia por algunos meses y que samente lo que Pedro quería era un pretexto para desplegar su fuerza, pues se
se le llevará á sus posesiones. Como él es quien debe en&lt;:argarse de su carrera, precipitó sobre Gilberto, y los dos comenzaron á rodar uno sobre otro, enlazaquiere conocerle y observarle de cerca, lo cual se comprende ... Yo estoy sola dos como dos serpientes y forcejeando tan pronto encima como debajo. Cuan-

NúMERO

LA

496

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,,

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11

A partir de aquel día, Pedro de Cabro! y Gilberto volvieron á verse con frecuencia, y en las vacaciones siguientes pasaron todo el tiempo juntos. Gilberto
había comunicado sus gustos á su amigo y le arrastraba en sus correrías por los
cerros; iban á bañarse al río y á pescar en los remansos, volviendo por la tarde
sin más botín que algún tabardillo y la ropa hecha girones.
Gilberto iba á buscar á su amigo á primera hora de la mañana, subía á su
habit~ción, y despertábale de su profundo sueño, no sin que fuera necesario
sacudirle repetidas veces. Al fin decidíase á sentarse en el borde de su pequeñ~ cama de hi~rro, con la~ piernas colgando; su camisa arrugada dejaba descubiertas las rodillas y permitía ver el pecho; pasaba un rato estirándose y bostezando, y después daba algunas vueltas por la habitación con los pies descalzos,
mostrando á ~u amigo diversos objetos, hasta que apremiado por Gilberto, consentía en vestirse. Después bajaba á la cocina donde á tan temprana hora todo
estaba cerrad~ aún, cortaba un pedazo del pa~ moreno de los criados, clavando en él los dientes con el mejor apetito, y poníase en marcha con su amigo
para emprender una nueva expedición.
Un año, ~edro no fué á pasar sus vacaciones en Chatillón, por haber tenido
q~e acompanar á su hermano á casa de su tío de Cabro!. Su ausencia privaba á
Gilberto del gusto ~e entregarse á sus distracciones acostumbradas, y entonces
fué cuan?º• no ~a?1endo en qué ocuparse, resolvió ensanchar el campo de sus
explorac1ones, VlSltando los montes Saint-Genix, cuyas lejanas cimas divisaba
en todos sus paseos, atrayéndole irresistiblemente. ¿Qué iba á buscar en aquellas cumbres, en aquella región silenciosa, á costa de tantas fatigas? Lo ignoraba ... Alguna cosa que no halló, y que seguramente no debía encontrarse allí;
alguna cosa que á los diez y seis años, su edad entonces, le hubiera ayudado á
llenar el inquieto vado que sentía en el corazón.
Pedro volvió al año siguiente, y entonces fué cuando, gracias á él entró en
relaciones con la familia de la Fonfreyde.
'
-_voy á llevarte á,Mareuil, le dijo; allí verás á la anciana marquesa.
G1lberto no conoc1a el pueblo de este nombre, en el cual no se había fijado

�LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA

SECCIÓN CIENTÍFICA
QUÍMICA RECREATIVA
LA DIFUSIÓN DE LOS GASES

En nuestro anterior artículo explicamos algunos
experimentos que demuestran la difusión de los gases; de los otros muchos que nos conducirían al mismo objeto, escogemos para ofrecerlos á la atención
de nuestros lectores los dos siguientes:
Tómese una pipa y ciérrese herméticamente su
fogón con un tapón macizo y adáptese á su tubo por
medio de un trozo de caucho un pequeño tubo de
cristal encorvado, que contenga una gota de líquido
colorado que servirá de índice. Colóquese la pipa
sobre un mechero de gas abierto ó cúbrasela con un
vaso lleno de hidrógeno ó de gas del alumbrado
(fig. 1) y se verá que el líquido colorado sube en la
rama libre del tubo en que está contenido, lo cual
indica un aumento de presión debido al hidrógeno
que ha penetrado al través de los poros de la pipa y
que ha venido á aumentar la presión del aire.
Para llenar de hidrógeno, sin tocarlo, un pequeño
frasco lleno de agua, introdúzcase en ésta por el gollete de aquél un tubo de caucho unido al tubo de
la pipa que nos ha servido para los anteriores experimentos: cúbrase la pipa, como en el experimento
anterior, con un vaso lleno de hidrógeno, y se verá
subir á la superficie del agua contenida en el frasco
pequeñas burbujas gaseosas, que en un principio no
son más que el aire desalojado por el gas que penetra allí y después este mismo gas. Repitiendo varias
veces esta operación, acaba por llenarse el frasco, de
suerte que al aproximarlo á una llama, arde con una
ligera detonación.
La fuente maravillosa. - Tómese un frasco de ancho gollete, llénesele casi completamente de agua
colorada y ciérrese con un buen tapón en el que
previamente se hayan hecho dos agujeros: en uno de
éstos se introduce apenas el tubo de la pipa preparada como en el experimento anterior, es decir, cuyo
fogón esté cerrado por un tapón macizo, bastante
delgado y untado de cera, y en el otro hácese entrar
un tubo de cristal de modo que casi llegue hasta el
fondo; este tubo ha de ser encorvado y terminado
en punta en su parte exterior.
Cubriendo la pipa con un vaso lleno de hidrógeno
ó de gas del alumbrado, podrá hacerse manar á voluntad esa fuente; el gas penetra al través de los poros de la pipa y aumenta la presión sobre la superficie del líquido, que al poco rato sale al exterior, cesando éste de manar en cuanto se retira el vaso; entonces el aire penetra en el agua del frasco en grandes burbujas á causa de la salida fácil del gas, al
paso que el aire entra difícilmente.
Si la rama exterior del tubo fuese un poco más
larga que la parte de éste introducida en el frasco,
el aparato sería un sifón que funcionaría en cuanto

ALGO SOBRE EL ORO

No hace muchas semanas presentóse á un
joyero de Londres un
extranjero con la asombros a noticia de que
había encontrado la
piedra filosofal, ofreciéndose á probar lo
que decía, como en
efecto lo demostró al
día siguiente. De un
frasco sacó una moneda de oro que colocó
en un crisol, cubrióla
con un líquido en el
que echó un polvo negro y fundió
aquella mezcla por espacio de una
hora, transcurrid a la

Qulmica recreativa. - Fig.

2.

La fuente maravillosa

cual rompió el crisol, retirando de él una bola de oro
puro, cuyo peso era tres veces mayor que el de la
moneda de que para el experimento se había servido.
El joyero quiso ver repetido el experimento en su
prop~o la?oratorio, y. allí pudo comprobar por sus
propios OJOS cómo vemte monedas de oro se convertían al p~co rato en una masa del precioso metal de
un peso igual por lo menos á cincuenta de aquéllas.
El descubrimiento de la_ piedra filosofal era, pues,
un hecho, y el afortunado inventor de la misma propuso al joyero que_ le_ entregara 40.000 monedas que
él, con su procedimiento de fundición convertiría
en 100.000 á los diez y ocho días de te~erlas sumergidas en ~u misterioso ácido. La ganancia que de
tal operación resultara se repartiría en partes iguales
entre los dos, de suerte que cada socio se embolsaría 30.000 libras esterlinas.
Preciso es confesar que las condiciones eran inmejorables; el capitalista aportaba el dinero el inventor su trabajo, y en menos de tres semana; cada
uno vería recompensado su sacrificio y su labor con
una suma casi igual al capital impuesto. Negoeios
como éste se presentan p~cos, y muy desagradecido
ha de ser qmen no mamfieste un reconocimiento
e~erno al que tan desinteresadamente lo proporc10na.
.
Así hubiera ~ebido pensar el joyero; así habría
pensado cualqmera hace apenas cien años. ¿Quién,
después de haber dado el inventor de la piedra filosofal tan completa y satisfactoria demostración de
su mágico poder, no le habríaabrazado como amigo
del alma? ¿Quién no se habría apresurado á entregarle el capital que para tan brillante
negocio solicitaba?
_ ~ero el j?yero, que era un hijo mahc10so del ilustrado siglo x1x, después
de la segunda citada prueba hizo
arrestar al prójimo, acusóle de tentativa de estafa y
en vez de las
40.000 libras
que le pedía proporcionóle una
condena de algún tiempo de
cárcel.
Tal ha sido la
suerte del último inventor de
la
piedra filosoQulmica recreativa. - Fig, I. La difusi6n de los gases al través de las paredes de una pipa de tierra
fal, que de haber
vivido hace dos
se hubiese cubierto la pipa con el vaso lleno de gas. siglos, quizás hubiera llegado á ser un grande homEste es un nuevo sistema de hacer el vacío.
bre, pues de fijo que entonces nadie habría dado
crédito al joyero, si éste hubiese afirmado que el
F. FAIDEAU
(De La Scietzce ll/ustrée)
polvo negro de que aquél se servía era ni más ni

NúMERO

496

menos que oro que en
el crisol se fundía con
la moneda, y todos hubieran rechazado con
indignación la sospecha de que el ta~ sujeto pedía las 40.000 monedas, no para echar•
las en un crisol, sino
para esconderlas en
una maleta y largarse
con el dipero á otra
parte.
Vivimos en una época mala, escéptica, que no estima el mérito en lo que vale. Nuestra pasión por el
brillante rey de los metales es mayor que nunca, y
si se presenta alguien qu_e dice haberle vencido y
dominado, no damos crédito á sus palabras.
Pero aun cuAndo todos los alquimistas habidos y
por haber, aun los más modernos, hubiesen sido la
gente más noble y leal del mundo y hubiesen fabricado todo el oro que fabricar pretendieron, ¡qué significaría cuanto ellos hubiesen hecho al lado del
hombre de quien nos dicen, desde Inglaterra, que
ha descubierto nada menos que un tesoro de oro
verdadero, natural, metálico, cuya magnitud excede
á todo cuanto en punto á riqueza puede nuestra
mente concebir! ¡Un tesoro de más de 100 millones
de libras de oro, lo que reducido á nuestra moneda
representa 2.500 millones de pesetas! Comparada
con esta suma la fortuna del mismo Rothschild resulta poco más que una miseria. Y este tesoro no está
enterrado, sino que existe en la superficie del suelo
de la colosal ciudad de Londres y en las rocas cretáceas de las costas inglesas.
Suplicamos á nuestros lectores que no vayan á
figurarse que tratamos de darles un bromazo: nos
merecen demasiado respeto para que nunca nos creamos autorizados á ello. Referimos un hecho cierto, y
sólo debemos añadir que por desgracia nadie está
en condiciones de poder hacerse con ese tesoro
inaudito, pues aun cuando ~e halla poco menos que
á la vista, está demasiado bien enterrado.
El descubridor de tamañas riquezas es el profesor
Logan Lobley, geólogo inglés tan sensato_co_mo fidedigno, que ha dado á conocer su descubnm1ento en
la memoria de la Brilish Association, correspondiente al año pasado, que acaba de publicarse. En cuanto al tesoro, he aquí en qué consiste:
Desde hace mucho tiempo es sabido que casi
todas las piritas contienen oro; en efecto, de _los desechos de las piritas que se usan en las fábnca~ de
ácido sulfúrico se extrae regularmente ~na cantidad
de oro no despreciable. Pues bien: la pirita abunda
en muchos puntos de la tierra; diseminada en forma
de cristalitos se la encuentra en la mayor parte de los
esquistos arcillosos y en otras concreciones marinas;
entre ellas en el suelo arcilloso de Londres y en las
rocas cretáceas de las costas de Inglaterra. Y como
es conocido el volumen de estos yacimientos, fácilmente ha podido Lobley calcular la cantidad de pi·
rita existente en ellos, llevándole naturalmente este
cálculo al conocimiento de la cantidad de oro que
tales piritas contienen y cuyo ".alor aleanµ á la
enorme cifra antes indicada.
·
Pero no terminan aquí las noticias notables acerca del oro. Sonstadt, un metalúrgico sueco que reside en Inglaterra y cuyos excelentes trabajos le han
conquistado general renombre, ha hecho á fuerza de
delicadas investigaciones un descubrimiento mucho
más sorprendente que el anterior: el de que el agua
de mar contiene oro en disolución. En efecto, en el
agua del Atlántico ha encontrado una cantidad del
precioso metal, que está en relación ?e un gramo por
20.000 litros, ó sea en una proporción de una vigésima millonés~ma parte del agua.
Ahora bien · cubíquese el agua de todos los mares
de nuestro pl~neta, calcúlese la cantidad de oro en
ella disuelta, aun suponiendo que Sonstadt se haya
equivocado en un decimal, es decir, que aquélla contenga diez veces menos de metal que el supuesto, y
todo el oro que desde que el mundo es mundo se
ha extraído de la tierra sería nada comparado con la
cantidad que aquel cálculo daría como resultado.
Pero todos estos cálculos serían inútiles y de ningún valor si con ellos no se relacionara una nueva é
interesante teoría acerca del origen del oro en la tierra. Hasta ahora se ha creído que el oro es de origen
plutónico, y se ha considerado como yacimiento primario del oro la roca primitiva en donde se encuentra diseminado: Lobley se opone á esta teoría y combate á los que sostienen que en el interior de la tierra existe un tesoro aurífero del cual las piedras volcánicas sólo han hecho llegar á nuestras manos una
mínima parte. De ser esto cierto, dke, los escombros
que arrojan los volcanes deberían contener oro, cosa

LA ILUSTRACIÓN A RTISTICA

496

NúMERO

que casi nunca acontece. El yacimiento primitivo del
o(o, según Lobley, es el mar, en_ cuya agua ~stá este
metal disuelto en forma de clóndo; los sedimentos
que del mar se separan arrastra? consigo el oro, y
dondequiera que en tales sedunentos se forman
concreciones metálicas, penetra el oro en éstas. Las
venas auríferas que se encuentran en las hendiduras
de las rocas plutónicas han penetra~o en ellas por la
infiltración de agua de mar en las piedras todavía en
estado de ignición, disolviéndose_en la masa ígneolíquida de las rocas las p~rte~ mnobles del a_gua
y permaneciendo en ellas indisoluble el prec10so
metal.
¿Quién decidirá si esta nueva teoría es la verdadera?
Lo único cierto que de todo ello se desprende es:
que el oro es uno de los elementos más abuadantes
y extendidos, bien que en cantidades tan pequeñas
que sólo podemos apropiárnoslo y utilizarlo cuando
en virtud de un proceso gradual ha llegado hasta la
corteza terrestre.
¡Y decir que vemos á los hombres afanarse y aun
cometer actos ilícitos por procurarse un producto

natural que en cantidad incalculable les rodea por
todos lados! A cada paso nuestros pies pisan el precioso metal; como el rey Midas, envuélvenos el or?
líquido cuando nos sumergimos en las aguas marinas, y sin embargo, no podemos apoderarnos ~e él
y seguimos consumiéndonos en nuest~o ardiente
deseo de poseerlo.
(Del Pro111etl1em)

EL COFERDÁN DE AMIANTO

El coterdán de celulosa empleado en los buques
de guerra no ha dado los buenos resultados que se
creía: después del paso de un proyectil puede formarse una vía de agua, y si se trata de un obús la
celulosa se enciende. M. J. t. Luciani, de Bastia,
propietario de unas minas de amianto en Córcega, propone sustituir en los citados buques la celulosa co?
el amianto: éste, al parecer, está dotado de tal elasticidad que atravesado por un proyectil ó agujereado
por el choque contra el pico de una roca, se cierra

SOCIEDAD

de Fo1111■to
~tdall1

dtlro,

espontáneamente, y al contacto del agua aumenta de
volúmen formando una especie de almástiga impermeable: su incombustibilidad ofrece además en esta
aplicación grandes ventajas. Pero en cambio presenta
el inconveniente del exceso de carga. El peso específico del amianto es de 2 11 á 2'8; es decir, que pesa
de 16 á 55 por roo más que la celulosa: para reducir ese exceso y por consiguiente el aumento de calado, se ha pensado en reducir en proporción inversa
de los pesos específicos el espesor del cinturón protector. Este espesor reducido ¿sería aún suficiente
para que la obturación espontánea conservase su eficacia? La respuesta es dudosa, porque el amianto,
menos elástico que la celulosa, parece exigir mayor
espesor que ésta en el coferdán, á menos de que el
aumento de volumen por el contacto del agua no
compense esta deficiencia. Pero hay que tener en
cuenta que el amianto en fibra es impenetrable al
agua é insoluble en este líquido.
De todos modos, merece ser atendida la proposición de M. Luciani por su gran importancia.
(De La Nature)

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4'&amp;a.. . 1 •llD&amp;l lOll loe elemen&amp;ol que entran en la com'DOl1clQD de este potente
teparador de Ju fl1erAI Tllalea, de este feir&amp;llea■Ctl ..-• eaeele■ela. De un gusto sumamente a,rad&amp;ble, ea 10berano contra la J.,iemfa 1 el J.f/OCQmtento, en las Calentura,
1 C M o ~1 contra III mMf'IM 1 Iu J.fetdanU del B1tomaqo '1 los fntuttno,,
Cuando ae traia de d88J)el'lar el apetito, uerurar laa d1gesUonea, reparar las ruerzu,
~ la ungre, entonar el orpntamo 1 precaver la anemia 7 laa eptdemtu provoClldai por loa calore1, no se oonooe Dlda 1upertor al W'l■a de ttaiaa de .&amp;reatl.
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u! como en todos los casos(l''1l4oa aolore■,

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obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla

1u riqueza y abundancia normales, o ya para
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LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

• tO o6ntiin o ■ de peaet a la
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Se u ~ pmpecw, A4alen.la Nliáte
&amp;lglk4o■e Ala Sra. KHtaae, y Slah , HltMa

�NúMERO

LA ILUSTRACION ARTÍSTICA

EN L A P LAYA,

496

cuadro de F . Miralles, grabado por Sadurn!

Las oasaa extranjeras que deseen a.nunoia.rse en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA diríjanse para informes á. loe Sres A. Lorette, Rue Ca umartin

núm. 61. P&amp;I'Íe.-Las casas eeps.fiolaa pueden hacerlo en la oftoina de publloidad de loe Sres. Oa.lvet y O.•, Diputación, 358, Barcelona

--Mio-

UIT J.NltPBÍLIQUI -

LECHE ANTEFÉ

VINO

DI

pm • ■lldata - ..... , ..,.
CAS, LElffEIAS, TEZ ASOL
8ARPULUDOB, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLOREICE!ICIAS
ROJECES

~.JARAl~.~~JJf!q§,111~9.!t.18.IJ!l~

CHASSAING

lll•DIOKIITIVO

Praortto deede 25 añoe

Contri IIS AfFECCIONES de las Ylas Olgestlm
PARIB, e, Arenu, ~lotorla, e, PAR/8

El .r.ARABE DE BRIANTrecomendallo desde su -:,rtnclplo por los profesores
Laiinneo, Thénard, Gueraant, etc.; na recibido la oonsagraclon del tiempo: en el
año i829 obtuvo e1 prlvtleglo de lnvenctón. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y de ababoles, conviene sobre todo a 1as personas e1e11cae1as, como
mUJeres y niños. su gusto excelente no perjudica en modo alguno á su eficacia
l. contra 108 RESFRIADOS y todas las lll'LUUCIONES del PECHO Y ele 108 IITESTIIOS. ...1

T D TODJ.I LA■ l'lll•OIP.u.JII l'illüGlü

• ENFERMJDADES .

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
CLORÓSIS. -

ANÉMIA. -

LINFATISMO

El Proto-Ioduro d• Hierro es el reparador d, la sangre,
el fortiflcante y el microbicida por ezcelencia.
11 Jarabe y lu Grajeas coa proto-loduro •ellerro deF. Gille,
no podria,. ,.,. demaruulo r•d4clo• ,,. ra:o,,
qulmka, df
,u inaU,rabtlid4d ~ el• ,,. •olubilidad comta,.lu.

~ llltlADESdeJEBro,r.
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Pepsina Boudault

DEPÓSITO GENERAL: 45.

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.,_ _ .1~t~lSlltlTBO 7 ll.lGNISIA

_ _ , , . eoatra Iu ~ da1 ll■t6·
mago, Falta ele Apetito, DigeaUODN labo1 T6mttoe,l:nic$ol.J' ~Uooe.
NgUlarlun &amp;aa l'anoion• u1 l:ai6aíago 1
ele loe IIIIN\llloe.
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!probada por la !CADEII! DE IEDICl1"

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856

CARNE HIERRO y QUINA

lltdallu •• lu Expo1lclont1 loteroaclooalt1 de

PU.IS - LTOI - TIEIU • PKILADELPIIU - P!RIS

11.AlimeDto mu co•le llllido a los 'l'óllicoa mu reparadores.

U UfUl COR IL ••TO• j11ro lll' U9

VINO FERRUGINOSO ARDUO

1867

187i

18;3

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18i8

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DISPEPSIAS
CASTRIT18 - OASTRALOIAS
OIOE&amp;TION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'1 OT&amp;OI DHOkDHII l&gt;I U ZUG&amp;ITIOW

BUO LA FORl(A DE

ELIXIR. , de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PWS, Pharmacle COLLAS, a, rae Daaplile
r m 1a, ,,.-foctpar., 'ª"'""""''·

T CO!f TODOS LOS PI.DICIPIOS ICUTBITIVOS DB U ClARNE

ti.am, mEaa•.,. •IJIIIAI Dles añoa de exito continuado y las aflrmaclonea de
toéiu la&amp; emlnenclaa mMICII preubaD que esta aaocl&amp;clon de la (lanae, el Diern y la

. .la&amp; conaUtUYe el rel)arador II1ll enel'Kico que se conoce para curar : ll Clorlúü, la
.lfltmlll, la&amp; Jlm,tl'll4CCOtUI tlolot'Olal, el Jlmpollrectmffflto y la .Alttrac1on 4e la Sangre,
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las .Afecd«IU esCf'o/WOIIII Y escor&amp;ut~, etc. &amp;l Wi■• Pel'l'llst■•.. de
ea, en efecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece loa organos,
regulariza coordena y aument&amp; considerablemente lu tuerzas 6 lntunde a la l&amp;ll'1'0
empobredda y descolorid.a : el YIQor, la Coloracloft y la .B,ur(lla o1tiu.

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.Por IIO)'or,a Paria, en wa de J. FERRÉ, farmat.entico, 10!, rae Richelieu, Sncesar 4e AROUD,
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deatroye buta Ju RAIC1!8 el Vl!LLO del rostro de lu damas (Barba, 111,ote, et&lt;.), 11J1
• nin~o peligro para el cutiJ. SO Aiioa de il:a:tto, ymlllarea de te1Umonlo1 praaliwl la eOu~
• de esla preparadon. (Se .ende ea nJu, para b barba, y en 1/2 oaJu para et blgott Usero). Pan
101 brllOI, empléese el PI.LJ J'UllB. .DUSSER, t , rue J ••J,,Rou■■eau, Parta.

PATE EPILATOIRE DUSSER

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria

bu•, DI MONTANU y Su.tÓJf

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