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                  <text>U~1-rtélC101)
Ftí~ttefl
A~o X

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- - - - - -~

BARCELONA 6 DE JUUO DE 1891

•
~

:a

1,

PIERRETA INCROYABLE, cuadro al past el de la señorita Ethel Wright

NÚM. 497

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

Texto. - La sexualidad en el lenguaje, por Fernando Araujo.
- Una bodaj11dla en Valencia á mediados del siglo XIV, por
A DanvilaJaldero. -La letra de cambio (con.clusión), por Jacobo Sales. -N11estrosgrabados. - Vizcondtsa (continuación),
por León Barracand con ilustraciones de Emilio Bayard. Rebelió11 anti-cristia11a, por Eduaro.o Toda. - Noticias varias:
El porte de las cariar en el f apón. - Una so11dead11ra interesante. - La cre111ació11 de los cadáveres en l'arls.

Grabados. - Pierre/a incroyable, cuadro al pastel de la señorita fühel Wrigbt. -¿Devoción?, cuadro de D. Manuel Cusí
(de fotografla de D. J. Marú. Exposición general de Bellas
Artes de Barcelona). - La vuelta al hato, cuadro de D. Gonzalo Bilbao (Exposición general de Bellas Arles de Barcelona). - Tnºbulet, busto en bronce de Joseph Willems (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). -Altivez,
busto en bronce de D. José Reynés, fundido en los talleres
de los Sres. Masriera y C.• (Exposición general de Bellas
Artes de Barcelona). -La crwsde mi madre, estatua en yeso
de D. José Berga y Boada (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - ¿Dónde está el ratón?, cuadro de Luis
Gasparini (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona).
-Recuerdo de Ga!icia. La vuelta del campo, cuadro de don
Baldomero Galofre, existente en el Circulo de Reus. - El
heredero, cuadro de Jorge Van Den Bos (Exposición general
de Bellas Artes de Barcelona). - Vista de Vt,lm, donde han estallado recientemente los desórdenes contra los cristianos de
China. -¡Sin pájarJ/ ¡Pobncillo!, estatua en bronce de don
Torcuato Tasso, fundida en los talleres de los Sres. Masriera y C.• (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona).

LA SEXUALIDAD EN EL LENGUAJE
¿Os habéis parado alguna vez á reflexionar en el
procedimiento que empleáis cuando, conocido el
nombre de un ser, el león, por ejemplo, os encontráis
con la hembra de ese ser y la llamáis leona7 ¿Habéis
parado mientes en la sencillez de ese procedimiento
y habéis indagado por ventura si empleáis á veces
otros para obtener el mismo resultado? ¿Habéis tenido la curiosidad de averiguar el origen de esa a que
caracteriza en nuestra lengua á los seres del sexo femenino, metamorfoseando como por arte de magia
los machos en hembras? Pues he aquí los misterios
que os quiero revelar.
Dado que el lenguaje, en su sentido estricto de
lenguaje articulado, no es otra cosa que la expresión,
por medio de la palabra, de las sensaciones, ideas y
voliciones del hombre, el espejo en que se refleja la
naturaleza animada y la inanimada, con todas sus
evoluciones, con todos sus matices, con toda su vida,
nada más natural que el hombre, dotado de instrumento tan maravilloso, le haya utilizado desde un
principio, con más ó menos reflexión, para darse
cuenta á sí propio de todos los fenómenos del mundo
e~terior que herían su impresionable imaginación,
dejando en ella, según su importancia aparente ó real,
más ó menos profunda huella, tansportada en el acto,
por misteriosas vías, al lenguaje.
En época imposible de determinar, pero que seguramente tuvo que coincidir con los albores de la hum anidad, observó el hombre la diferencia existente
entre los seres animados con relaci6n al sexo, y llevado intuitivamente del natural deseo de traducir en
su lenguaje la diversa impresión que en su espíritu
hacían estos seres, excogitó un procedimiento adecuado para expresarla, procedimiento que varía según
las lenguas, mostrando en su variedad la riqueza de
medros de que la naturaleza dispone para producir
idénticos efectos; estos variados procedimientos, estudiados en épocas muy posteriores por los gramáticos, son los que forman el contenido, en todas las
gramáticas de las lenguas cultas, del capítulo consagrado á la exposición del género en los nombres.
¿Qué es genero gramatical? «Cierta cantidad de
nombres reunidos bajo un punto de vista común que
les es exclusivamente propio.» Está definición dada
por el ilustre redactor de los artículos gramaticales
de la famosa Enciclopedia, Mr. Beauzée, es de todo
punto inadmisible; porque aun aceptando - como
en cierto sentido podría aceptarse - que el ténero
esté constituído por «cierta cantidad de nombres,»
¿cuál es el «punto de vista común» que ha de presidir á su agrupaoión? Ni siquiera puede aplicarse esta
definición al género como término de división superior á la especie, por adolecer del mismo vicio de falta
de precisión. El género gramatical podría definirse,
como lo hace la Academia francesa: «la relación de
los nombres con lo que es macho ó hembra, ó considerado abusivamente como tal;» pero aun esta definición es defectuosa porque el género no es precisamente una relación, sino la expresión de esa relación;
la propiedad que tiene el nombre de expresar la relación de sesualidad en que se encuentra, ó que encierra en sí mismo, mejor dicho.
El sexo en tlos seres animados y el género en las
palabras que los representan, se corresponden mu-

tuamente; á tal sexo tal género, como á tal género
tal sexo. Si la palabra perro significa un ser de determinada especie, pero de sexo macho, y la palabra
perra expresa ese mismo ser, pero de sexo hembra,
es porque esa palabra es susceptible de expresar la
relación de sexualidad en que ese ser se encuentra,
marcando concretamente, en virtud del sencillísimo
procedimiento de la permutación de su vocal final,
si el ser en cuestión es macho 6 es hembra. «La propiedad, pues, que tienen los nombres de expresar el
sexo de los SP.res que representan,» esa y no otra es
la definici6n del género gramatical. El género es al
nombre lo que el sexo al ser.
El gramático Dudós en sus comentarios á la famosa Gramática de los PP. de Port-Royal afirma que «la
institución 6 distinción de los géneros es cosa puramente arbitraria, que no se funda en raz6n alguna,
que no tiene la menor ventaja y que tiene muchos
inconvenientes.»
Nada más fácil que refutar tan infundadas aseveraciones. ¿Cómo en efecto ha de ser la distinción de
los géneros cosa puramente arbitraria? Podrá ser más
ó menos arbitrario el procedimiento adoptado para
hacer esa distinción; pero la distinción - aunque en
muchas ocasiones no nos cuidemos de hacerla, cuando tratamos de seres insignificantes, ó cuando por
cualquier concepto no tengamos interés ó necesidad
de expresar su sexo, - la distinción, decimos, está por
encima de toda arbitrariedad. ¿Cómo sostener que
no tiene ningún fundamento esa distinción? Pues
qué, ¿no reconoce por base la existencia incuestionable de la oposición de los sexos en la naturaleza?
Si el lenguaje ha de ser la expresión fiel de la realidad, y en la realidad encontramos la existencia de
los seres, ¿qué fundamento más s61ido hemos de buscar para cimentar la existencia del género en las palabras? En cuanto á que la distinci6n de los géneros
no tiene la menor ventaja y sí en cambio muchos inconvenientes, no acertamos á comprender cómo puede sostenerse en serio semejante tesis. ¿No es altamente ventajoso para una lengua cualquiera el poder
expresar con la mayor fidelidad la mayor suma de
seres con la mayor suma de caracteres diferenciales?
¿Es que para Duclós es un inconveniente en las lenguas la riqueza de su vocabulario ó la mayor facilidad
que tengan las palabras para plegarse á todas las exigencias del pensamiento? ¿Son para Duclós más ventajosas las lenguas que dejan vagar sus expresiones
en las nebulosidades de la indeterminación que las
lenguas que aciertan á transmitir el pensamiento con
la mayor fidelidad y determinación posibles? Entre
la inflexible rigidez del nombre en las lenguas monosilábicas y la notable riqueza flexional de las lenguas
indo-europeas, ¿cree Duclós más ventajosas las primeras que las segundas? ¿No es el ideal del lenguaje
la expresión de toda la realidad sensible y suprasensible, con todas sus transformaciones y vicisitudes?
Pues si una de esas distinciones existentes en la naturaleza consiste en la diferenciación de los sexos,
¿cómo ha de ser desventajosa la expresi6n en el lenguaje de esa diferenciación? ¿No es la aspiraci6n más
natural y legítima de todo el que habla el transmitir
fielmente su pensamiento sin que haya lugar á equívocos ni dudas? Pues si yo quiero hablar de una
leona y carezco de medios para hacer comprender
mi deseo, y por efecto de esa carencia de medios se
duda si me he referido á una leona ó á un león, ¿no
será defectuosa mi expresión? Es verdad que por
medio de circunlocuciones podría siempre dar á entender mi pensamiento; pero ¿no es más fácil, más
natural y más ventajoso por lo tanto tener á mi disposición una palabra que exprese directamente lo
que me propongo, que tener que apelar á perífrasis
y circunlocuciones que revelan la pobreza de la lengua y la falta de precisión de sus vocablos?
Nuestro famoso Hermosilla, inspirándose sin duda
en las afirmaciones de Duclós, asegura á su vez que
«esta variación en los nombres (la del género) no es
absolutamente necesaria, porque raras veces es indispensable expresar si el animal de que se trata es
macho ó es hembra; y cuando sea conveniente, puede añadirse una palabra ó frase que le dé á conocer.»
Hay en estas indicaciones parte de verdad y parte de
error.
Por de pronto arranca Hermosilla de un concepto
del género que tiene poquísima exactitud, en cuanto
que identifica uno de los procedimientos empleados
para la expresión del género (el de la variación desinencia! en los nombres) con el género mismo. Claro
que no es absolutamente netesario variar la terminación de los nombres en las lenguas, por cuanto que
empleando otros procedimientos se consigue el mismo resultado; pero ¿es esto solo lo que Hermosilla
quiere decir? No, seguramente. Como Hermosilla
identifica el género gramatical con el medio que se
emplea ordinariamente para expresarle en nuestras

NúMERO

497

lenguas, resulta que viene á decir como Duelos, que
la distinción léxica del género no es absolutamente
necesaria, incurriendo por lo tanto, más ó menos
conscientemente, en los mismos errores que Duclós,
en cuya refutación, cumplidamente hecha, no hemos
de insistir.
«La distinción de los nombres en dos géneros,
masculino uno y femenino otro, conforme á los dos
sexos - dice Bescherelle - está inspirada en la naturaleza; se haría mal en creer, con Duclós y otros gramáticos, que es arbitraria y de pura fantasía. Hubiera sido absurdo designar á todos los s~res animados,
aunque de sexo diferente, por el mismo nombre sin
distinción de sexo, porque el lenguaje entonces no
habría estado en armonía con los hechos, y porque
nos hubiéramos visto siempre perplejos para saber
de cuál de ambos sexos se hablaba, mientras no se
hubiera establecido diferencia alguna entre su nombre comón.
~ En la gran clase de los seres animados - dice también Bescherelle - la naturaleza ha establecido dos
divisiones que rse ofrecen á nuestros ojos bajo el aspecto más patético. En todas las partes del universo
se contemplan reunidos sin cesar al hombre y á la
mujer bajo el mismo techo, al león y á la leona en
la misma caverna, al ruiseñor y á su compañera en
el mismo nido; doquiera tropezamos con una familia
que la madre sustenta y el padre protege. Esta admirable distinción de seres que alimentan y seres que
protegen impresiona vivamente el espíritu del hombre, sirviéndole de guía para determinar la clase de
seres masmlinos y la de seres femeninos. En la primera reune todos esos seres que la naturaleza creó poderosos y fuertes para que defendiesen de todo peligro á su cara familia, y á la más cara aún que le sustenta; en la segunda agrupó después todos esos seres
débiles y buenos, cuya ,debilidad reclama constante
protección y cuya bondad se encarga de alimentar
y criar á los queridos seres á quienes ha dado vida.»
Reconocida la necesidad de la existencia del género gramatical, si el lenguaje ha de responder á la elevada misión que le está asignada, ¿cuántos y cuáles
son los géneros gramaticales? Pregunta es esta que
después de todo lo dicho no puede parecer más
ociosa; y lo sería seguramente si el prurito de alambicar las cosas y de hacer distinciones arbitrarias no
hubiera convertido esta sencillísima cuestión en materia de inacabables discusiones entre los gramáticos. ¿No se funda el género gramatical de las palabras en el sexo de los seres animados? Pues si los
sexos son dos, macho y hembra, dos deben ser los
géneros, masculino y femenino; si el género es á las
palabras lo que el sexo á los seres, podemos establecer sin controversia alguna que el género masculino
es al sexo macho lo que el género femenino es al
sexo hembra, fijando así la perfecta correlación que
debe existir y que existe positivamente entre la realidad observable y las palabras que la representan.
Como de esta manera vendrían á quedar fuera del
cuadro de la división de los géneros todas las palabras que no expresaran seres animados susceptibles
de tener sexo, todo lo más que podría admitirse sería
un tercer término en la división del genero, término
que marcaría la carencia de sexo en los seres; no era
sin duda muy propia esta división tripartita, por
cuanto que ese tercer término había de ser la negación del género, no cabiendo por lo tanto dentro de
la división; pero como esta división no ha de ser solamente considerada en sí misma, sino con relación
á las palabras, expresivas de seres, y todas estas palabras (llamadas nombres) pueden clasificarse con relaci6n al género en nombres que significan seres
machos, nombres que expresan seres hembras y
nombres que indican seres que carecen de sexo, que
no son ni hembras ni machos, ni lo uno ni lo otro,
de aquí el que sin violentar demasiado las cosas,
pueda admitirse en términos generales la división
de los géneros en tres grandes grupos que abarcan
toda la realidad: masculinos, femeninos y neutros.
Esto es sencillísimo y perfectamente armónico con
la realidad; pero los gramáticos lo han entendido de
otro modo, y en su afán de hacer arbitrarias distinciones, han complicado esta• facilísima nomenclatura, añadiéndola otros tres términos, y creando así la
revesada teoría de los seis géneros, tormento de
las memorias infantiles obligadas á retener doctrina
tan falsa como inútil. ¿Qué más géneros que los dos
primitivos, masculino y femenino, con el neutro por
añadidura, que en realidad no es género, sino ausencia de género, como Salvá dice, podía reconocer ni
exigir el más delicado y minucioso análisis? ¿De
dónde han podido sacar los gramáticos otros tres géneros más, bautizados con los nombres de epiceno,
común y ambiguo? De la más lamentable confusión
de la identificación del género gramatical con los
procedimientos lingüísticos empleados para expresar-

NúMERO

LA

497

le, fuente, como ya hemos tenido ocasión
de notar, de errores no menos crasos.
¿Qué es, en efecto, el llamado gén~ro
epiceno, voi exótica que apare~e cua_l mdescifrable jeroglífico en la tierna 1m~ginación de los niños de la escueta, ?bhgados á perder lastimosamente el tiempo en cargar su e~tendimien!o _con el
bagaje de conocimientos tan md!gestos
como inútiles? Pues el género epiceno es
sencillamente el que tienen los animales
designados con el mismo nombre para el
macho que para la hembra, como et
águila, la liebre, la perdiz. ¿Qué es el género común7 El de los nombres que se
aplican á ambos sexos, pero que se diferencian por el artículo que les ~re~ede,
como et testiuo
la testtio,
el marhr, b"
la
o ,
u
mártir. ¿Qué es en fin el género a111 z·
guo7 El de los nombres que, según 1~
acepción en que se toman, son máscuhnos unas veces y femeninos otras, como el
orden, la orden, el frente, la frente. ¿Hay
nada más pueril que todo esto? ¿Qué razón hay para hacer un género del procedimiento que se emplea para distinguir el
sexo de los seres de la especie humana
diciendo hombre, mujer; otro género del
procedimiento que se usa para distinguir
el de la perdiz diciendo perdiz macho,
1Jerdiz hembra, y otro género, en fin, de
un tercer procedimiento empleado para
diferenciar el mártir de la mártir? ¿Por
ventura el género de la perdiz de~a de se~
femenino, mientras yo no especifique s1
hablo del macho ó de la hembra, ni el
de el tigre masculino, mientras yo no determine si me refiero á la hembra ó al
macho? Dígase enhorabuena que hay
nombres que sirven para designar sin variación alguna á machos y á hembras,
siendo preciso para distinguirlos agregarles el aditamento de su sexo, pero no se
hable de géneros epicenos; adviértase
desde luego que existen otros nombres

¿DEVOCIÓN?,

LA VUELTA AL HATO,

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

cuadro de D. Manuel Cusi (de fotografía de D. J. Martl)

(Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona)

sin variación genérica, que deben distinguirse por el artículo que les precede,
pero no se hable de géneros comunes;
semejantes hermafroditismos no tienen
fundamento alguno. Por lo que hace al
supuesto género ambiguo, ¿dejará. el orden de significar una cosa y la orden
otra, de todo punto distintas? ¿Dónde
está la ambigüedad aquí? ¿Está en el
género? No, supuesto que el orden es
masculino y la orden femenino. ¿Está en
la significación de esas voces? No, porque el orden representa una cosa y la orden otra, de imposible confusión. La ambigüedad está en la palabra misma, que
reviste idéntica forma en ambos casos,
orden, distinguiéndose únicamente por
el artículo que la precede; pero si es así,
¿en qué se diferencia el género ambiguo
del género común? En que el artículo
que precede al nombre común determina simplemente el sexo del ser que representa, mientras que el que precede al
nombre ambiguo determina la diversa
acepción en que se toma la palabra. ¿Es
este matiz base bastante para establecer
distinción tan radical como la que debe
separar un género de otro?
No hay género epiceno, sino procedimientos especiales para determinar el
sexo de los seres designados con el mismo nombre para uno y otro sexo, como la
liebre macizo, la liebre ltembra; no hay género común, sino procedimientos particulares para especificar el género de los
nombres que pueden aplicarse á los dos
sexos, mediante la anteposición del artículo, como el mártir, la mártir; no hay
en fin, género ambiguo, sino palabras de
múltiples acepciones que cambian de
género según la acepción en que se
toman, como el orden, la orden. No hay
más que dos géneros verdaderos, 111asmlino y femenino, como no hay más que
dos sexos, macho y hembra, pudiéndose

cuadro de D. Gonzalo Bilbao (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona)

�LA }LUSTRACIÓN

420

'

ARTÍSTICA

NúMERO

497

tumbres de su raza, que no
englobar las palabras que repuede permanecer más tiempresentan todas los objetos
po soltero sin acarrearse la
que carecen de sexo, en lo
burla y el desprecio de sus
que sólo por analogía y no sin
correligionarios. -El mozo calcierta impropiedad podemos
cula además que con la coopellamar género neutro, es decir,
ración de su mujer y el auxifalta . de género; género que
lio de su dote podrá ensanno es género, porque no es
char el círculo de su negocio,
ni masculino ni femenino. En
y como en 1350 y entre jutodo rigor, deberían clasificardíos no está en uso generalse las palabras en dos grandes
mente el galanteo, un día llagrupos: genéricas ó suscepti·
ma al agente matrimonial, ó
bles de gé11ero, é ingenéricas ó
schadclzem, que aparte de este
agén,res, faltas de género; éstas
fructuoso oficio, desempeña
no admitirían subdivisión y las
también el de maestro ambugenéricas se dividirían en maslante de la aljama, y encerránculinas y femeninas, según que
dose con él le manifiesta sus
se refiriesen á los seres machos
honrados propósitos.
ó á los seres hembras.
Le oye tranquilamente el
No se crea, sin embargo,
viejo Samuel, como hombre
que descendiendo de estas
muy acostumbrado á semejanconsideraciones generales de
tes confidencias, y después
filosofía gramatical al porme·
de celebrar su prudente denor de la realidad de los heterminación, trata de inquirir
chos en las diversas lenguas,
hasta qué punto llegan sus
hayamos de encontrar exacta
exigencias respecto á la dote,
correspondencia entre los
circunstancias del mayor inteprincipios establecidos y los
fenómenos lingüísticos obserrés entre la gente hebrea. Señala nuestro hombre la suma,
vados; las infracciones son
modérala el viejo, y después
numerosas, aunque sólo como
de muchos regateos llega á
excepciones puedan figurar.
fijarse en definitiva. Además,
Así encontramos lenguas como el mandchú, por ejemplo,
no se olvida Samuel de recor·
del grupo tunguso de las agludar al pretendiente que sus
derechos montan al cuatro
tinantes, cuyos nombres carepor ciento de aquella canti·
cen, al decir de los que han
dad, á cuyo abono no se opoestudiado dicho idioma, de la
expresión de género, sucedienne el mozo, pues tal es la
costumbre.
do otro tanto con las austraEl schadchem sale á camlianas y las dravidias en su
origen, y aun con las americapaña desde luego, y como
nas, afirmaciones que sólo
tiene en la uña todas las j6ve·
aceptamos con reserva y bajo
nes casaderas de la aljama,
pronto halla la que al buen
la fe de las autoridades lingüísticas que las sustentan,
Natham conviene. Llámase
creyendo más bien que en
Anna. Apenas cuenta quince
esta, apreciación hay un error
años. Su rostro de una palide concepto, y que probabledez mate se encuadra baj.)
mente sucede con el manduna toquilla que apenas encuchú lo que pasa con el tibebre sus negros cabellos, como
tano ó el annamita y con la
disponen las prescripciones
mayor parte de las lenguas
thalmúdicas, y sus flexibles
aglutinantes como con todas
contornos se adivinan bajo el
las monosilábicas, es decir, que
brial de modesta lana. Es hu·
emplean un procedimiento esmilde, laboriosa y adiestrada
pecial para la expresión del
por su madre en los secretos
género, que no será ni el de
de la economía doméstica, arla variación de la terminación
te que ha llegado á la perfecni el del uso de nombres disción en la familia hebrea. Con
tintos para designar el macho
la aquiescencia de Natham, el
ó la hembra, sino el empleo
casamentero entabla sus gesde un nombre, común á amtiones, y resultado de ellas es
bos géneros, lo cual no quiere
que el padre de Anna, acaudecir que el mandchú y las
dalad o ropavejero, peller,
demás lenguas citadas estén
acepta al novio por yerno y
incapacitadas para la expreseñala el día del convite en
sión del género, sino que
que debe hacerse la petición
agregarán al nombre común
de
la doncella.
TRIBULET, busto en bronce de Joseph Willems (Exposici6n general de Bellas Arte, de Barcelona)
significativo de la especie otra
Para este caso se ha dispalabra significativa del sexo,
puesto en la casa de Anna,
cuando importe ó convenga determinar el sentido dos g~neros especiales, bautizados con los nombres sita en la calle de Abraham el Soñador, donde co·
genérico de la palabra, medio harto conocido y fre- de lzominino y bruto.
rriendo años habrá de levantarse la Universidad, un
cuente, no sólo en las lenguas indicadas, sino hasta
Otras lenguas, también aglutinantes, como el al- sobervio khasmal, convite de los desposorios. A él
en nuestros cultos idiomas de Occidente. Se nos re- gonquín y el iroqués, ofrecen la particularidad de concurre el Msen, desposador, vistiendo su mejor
siste, en efecto, creer que pueda ·haber ni una sola agrupar todos los seres en dos grandes divisiones, sayo fruncido, en compañía de algunos parientes y
lengua que, ya directamente, ya por medios perifrás- incluyendo en la primera la generalidad de los seres concluye con el padre de la kelé, la desposada, las
ticos, esté imposibilitada para la expresión del géne· animados y en la segunda todos los inanimados, con condiciones del contrato de boda. Se come y se bebe
ro, lo que equivaldría á establecer que el pueblo que la singularidad de que las mujeres y los niños per· á discreción, y cuando el novio ha prendido al cueusase dicha lengua era tan ignorante que ni siquiera tenecen al segundo grupo. De aquí el que los auto· llo de su amada un rico jazerán. de oro, joya que la
había observado en la naturaleza la oposición de los res que se han dedicado al estudio de estas lenguas muchacha contempla pasmada de alegría, su padre
sexos, cuando no había sentido la necesidad de ex- hayan tenido que admitir una especialísima división se levanta y se coloca de pie en medio del aposen·
presar esa oposición en su lenguaje.
del género gramatical de las mismas en género ani- to. Lleva en las manos un pedazo de yeso y una
Algo más positivo que este hecho es el de la exis- mado é inanimado.
copa de vidrio. Con el yeso traza un ancho círculo
tencia en el centro de Africa de una lengua, la lenFERNANDO ARAUJO
en el suelo, dentro del cual van entrando los convi·
gua pul, clasificada entre las de la dilatada serie de
dados para tocar una parte de su hopalanda. En selas aglutinantes, en la cual la división de los géneros
guida arroja la copa al suelo, de modo que se haga
se aparta de la generalmente reconocida en todas las
pedazos, gritando masel toj (que todo sea para bien).
lenguas, pues á juzgar por las observaciones de
UNA BODA JUDIA EN VALENCIA
Los convidados recogen aquellos pedazos y repiten
Faidherbe, que ha hecho de la misma detenido eslas mismas palabras, con lo que y con las diversas
Á MEDIADOS DEL SIGLO XIV
tudio, divide todos los seres en dos grandes grupos;
plegarias al Eterno, que se recitan en todos estos
en el primero incluye sin distinción alguna á todos
Natham Creen~a, mancebo judío, de poco más de actos, queda terminada la ceremonia de los despolos seres humanos, hombres y mujeres; y en el se- veinte años, huérfano y jlaquer, dueño de una expen· sorios.
gundo, á todos los demás, animados é inanimados. deduría de pan, situada no lejos de la puerta de En
Corren luego algunos días, y la tíltima semana,
Esta singular distinción, perfectamente marcada, ha Esplugues en el barrio que habitan en Valencia los antes de la ceremonia nupcial, el Msen y la kelé se
hecho que Faidherbe admitiese para la lengua pul descendientes de Judhá, piensa, siguiendo las cos- despiden de sus amigos y amigas, solteros y solteras,

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

497

421

repujado y limpio bronce
y pasando bajo su redondo y sencillo arco, se en·
tra en el vestíbulo. En
este lugar existen la esca·
lera de la tribuna de las
mujeres, que ocupa como
Llega por fin el día de
la cuarta parte del sagrado
la boda. El barrio judío se
recinto á los pies del ediconmueve, y todos, parienficio, una ancha puerta
tes, amigos y curiosos, in·
velada por un grueso tapiz
clusos los pocos cristianos
de lino y la pila ó depósito
que habitan estas calles, ó
de agua de las Purificamejor dicho, callejas, se
ciones.
disponen á celebrar el
Sobre las desnudas pafausto acontecimiento. Los
redes del templo israelita,
descendientes de Judhá
cuidadosamente estuca·
circulan por todas partes,
das, resplandecen los dopero sin endomingarse,
rados caracteres de algucomo los hijos de la iglenas sentencias, tomadas
sia acostumbran hacerlo
de
los libros mosaicos ó
en semejantes ocasiones.
del Thalmud. La esplenSus vestidos son los ordidorosa luz de los paíse,
narios, y bien se conoce
meridionales, que penetra
en la grasa de que están
sin obstáculos por las vencubiertos y en el repugtanillas de medio punto
nante tufillo que despiden.
abiertas cerca de la teLa mayoría ni aun han techumbre, convierte la Sinido la humorada de lananoga en un aposento
varse las manos ni el
casi alegre y poco en arrostro.
monía con el recogimiento
La casa de la novia se
que parece inherente al
distingue de las demás por
sentimieato religioso.
algunos tapices de verdura
A entrambos lados de
que adornan su puerta. La
lo que puede llamarse
calle está enarenada de renave, se extiende una tricien te y enramada con
ple serie de asier-itos de
arrayán y hojas de narannogal bruñido. En la pajo. A entrambos lados del
red del fondo, de espaldas
umbral siete ú ocho músiá Oriente, se halla una escos llenos de harapos tapecie de armario, adorna·
ñen como pueden varios
do con guirnaldas de vides
instrumentos, cuyas extra·
y flores de granado, talla·
ñas formas dicen que ya
das &lt;C:on primorosa delicase usaron en tiempo del
deza, y cubierto por anchurey David.
rosos cortinajes de velludo
En esta casa hay un
color de jacinto, sembra·
vasto aposento, sin más
dos de inscripcior;ies hemuebles que algunos escabeles y bancos, un arcón y
braicas bordadas con oro.
una mesa, sobre la cual se
Este mueble, que recuerda
ostenta, brillante y limpio,
el Arca Santa, y al cual
el candelabro de latón de
los judíos llaman Sépher,
siete mecheros, que únicacontiene varios escritos samente se enciende los ságrados, la ley ó Thora, los
bados.
libros de Moisés, el de
En derredor de la mesa
Esther, las Profecías, et·
se hallan sentados los nocétera.
vios, sus padres, los funA poca distancia del
cionarios de la Sinagoga y
Sépher se levanta la platalos numerosos amigos ~
forma donde el hazzan y
entrambas familias. Acersus ayundantes se colocan
quémonos también, lector
durante los oficios para
amigo, porque se trata de
entonar sus cánticos al
entregar la dote, y cuando
Eterno. Es su altura algo
entre judíos se da y se remayor que la de un púlpicibe dinero no hay detalle
to cristiano, se sube á ella
perdido. El padre de An·
por dos escalerillas y -se la
na, con semblante entrisadorna también con cortitecido y tardos pasos, conajes y cordones de oro.
mo si le aconteciera una
Aunque la claridad del
desgracia, saca del arcón
templo hace innecesaria la
algunos sacos de monedas
iluminación artificial, peny los pone sobre la mesa,
den del artesón varias
diciendo: «Este es el dote
lucernas
de brazos en las
ALTIVEZ, busto en bronce de D. José Reynés, fundido en los talleres de los Sres. Masriera y C.•
de mi hija.» A estas palacuales arden los cirios,
(Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona)
bras, N atham, sin poder
que el ritual dispone se
ocultar su impaciencia, se
enciendan en las diversas
levanta, desanuda los cordeles de los sacos y cuenta todos para el día siguiente, en que ha de celebrarse festividades del culto judaico.
con lentitud su contenido, examinando y haciendo la ceremonia.
Desde el amanecer varias niñas han recorrido la
sonar cada pieza. Cuando se ha convencido de que
judería convocando á sus habitantes con el grito
su suegro sabe contar bien, como él, recoge su tesoacostumbrado para la celebración del matrimonio
ro en otro saco, y sin mirar siquiera á su desposada,
en la Sinagoga. A mediodía un grupo de hombres,
que ha presenciado con interés la maniobra de su
Sobre la misma área, poco más ó menos, en que 1entre los cuales se halla Natham, invade y ocupa el
futuro esposo, se dispone á salir. En este momento andan~~ el tiempo ha de levantarse el monasterio vestíbulo del templo. A p0t:o suena una discordante
Samuel, el casamentero, le toca en el hombro. Na- de rehg10sas canongesas de San Cristóbal, existía música, compuesta de kinores, címbalos, vihuelas y
tham le. mira y palidece. U nde la mano en el saco, en 1350 la Sinagoga mayor de la Judería de Valencia. sistros, y aparece en el estremo de la calle el corcuenta algunas monedas, se las entrega al viejo y
Robustos muros de hormigón, reforzados con al- tejo nupcial. Precédenle una orquesta de ocho andesaparecen, mientras la concurrencia grita: «Jehn gunos pi!ares de sil_lería, cierran un espacioso recin- drajosos músicos, á los que sigue la ruborosa despo(el padre de Anna) ha cumplido con honra.))
to, cuadnlatero, y sirven de apoyo á la techumbre, sada, en medio del círculo que forman su madre y
Luego llegan los regalos. Sábanas, tapices, escabe,mader~ de ~edros del Líbano, según dicen los otras mañonas judías, engalanadas con el traje del
les, copas de vidrio y de metal, vasos culinarios y JUd1os, pohcrom1ada y con golpes de oro. La cubren sábado. El de Anna, aunque no de una excesiva ricuantos objetos de menaje pueden necesitarse para preciosas tejas bronceadas construidas en Manises. queza, descubre la buena posición de su familia.
amueblar una casa judía se ofrecen por los amigos
Su ingreso, precedido de una plazoleta, que som- Viste la niña una holgada gonela de seda blanca,
de los novios.
brean al.gun~s frondosos álamos, ~e acre al Occide.n- perfilada de pennas, pieles, larga de manos y aun
El lzazzan, chantre de la Sinagoga, forma el co- te, en dirección á la plaza de la F1guera, no muy d1s- más larga de cola, que le arrastra cuatro ó cinco
rrespondiente inventario. Terminado éste se citan tante. Cruzando el umbral de la puerta, forrada de palmos por el suelo. Una corta saboyana, hermana

con otro khasmal, que es
como un adiós al celibato.

?e

�422

LA

NúMERO

ILUSTRACION ARTÍSTICA

497

Comienza el festín, compuesto especialmente de por arriba y por abajo, y devolviéndosela al joven,
de la gonela, pretende guardar su talle de las miradas indiscretas que se detienen examinando la cinta carnes, pescados y aves, no prohibidas por la ley, y dijo:
- Pasado mañana á cobrar.
de aljófar que le ciñe, tan alto como permite el lin· dispu'!stas, después de sacrificadas según el rito ju- ¿No me la podrían hacer efectiva hoy? Se atredo tirapzts de plata, obra morisca que adorna y cu- daico, con abundancia de miel y de condimentos
bre la parte superior del jubón. Una crespina, ó red aromáticos. También es grande, inmenso, el núme- vió á decir, aunque con timidez, Teodomiro.
- Pasado mañana, repitió el cajero.
de perlas, asegurada con una estrecha gandaya de ro de pasteles, frutas secas y tiernas, y no escasean
Nuestro aragonés bajó la cabeza, y algo contrariaoro, aprisiona sus negros cabellos, que apenas se dis- los vinos tintos cocidos y claretes, sobresaliendo los
tinguen entre la balumba de pliegues y repliegues del llano de Cuarte. Los comensales de la boda ape- do salió de allí, guardando cuidadosamente en su
que forma el prendedero de finísimo cendal que ro· nas toman asiento, sin guardar atención alguna, se cartera la preciosa letra.
Con febril impaciencia esperó la llegada del día
dea su cabeza. Mitones entretallados de piel dorada apoderan de los manjares que apilan en sus platos
cubren sus manos y parte de los brazos, y alkorques y escudillas de Manises con reflejos dorados, y cada venturoso en que debía realizar el cobro, y muy temó chapines de seda aumentan su estatura en mayor quisque se acerca un bernegal, ó pichel, para tener prano todavía se levantó, se desayunó, acicalóse y
proporción que permite el uso. Por lo demás, ni un más cerca abundante licor de Baco con que facili- se echó á la calle. No eran más que las diez, y en el
signo que revele la condición de la hebrea, según tar la tragantona. Todos comen apresuradamente Banco no había nadie; para hacer tiempo se fué á
ordenan los fueros valencianos, caídos en desuso, con los dedos y á dos carrillos, sin cuidarse de lo dar vueltas por los soportales de la plaza Mayor.
Dieron las once; el joven tomó casi al trote el caque les cae en las hopalandas y tabardos, cuyas manmas no abolidos.
A la desposada sigue el rabbi con el padre y una chas hacen comprender la poca delicadeza y el des- mino del Banco y se fué derecho al ventanillo de
confusa turba de gente de toda edad, sexo y clase. aliño de sus dueños. Las sobras no vuelven á la co• marras. El mismo empleado de la antevíspera le dijo
Al atravesar el umbral se detiene Anna, á la que cina, sino que desaparecen, á puñados, en las inmen- al recibir la letra:
- Tome usted turno,
en seguida se reune Natham. Dos mujeres extienden sas escarcelas de cuero de los comensales. EntreTeodomiro observó entonces que había muchas
sobre sus cabezas una faja de blanquísima lana con tanto los músicos no cesan en su infernal algarabía,
franjas de colores, el thalet; 1~ multitud murmura el vino produce la expansión en los sombríos hijos personas sentadas en un largo banco adosado á la pauna plegaria y llueve sobre los futuros esposos una de Judhá, que gritan, cantan, y gesticulan, interrum· red, y otras de pie, y que los pagadores iban llamanlluvia de granos de centeno, expresión del deseo que piéndose alguna que otra vez para oir los cánticos do en voz alta á los que habían de despachar, según
abrigan sus amigos de que Janvhé fecunde aquella que salmodia el hazzan ó depositar alguna moneda el orden de presentación de los documentos. Acomounión como lo hace con el grano de trigo en el seno en el plato que va éste pasando de uno á otro con· dóse, pues, junto á una ventana y esperó.
Media hora habría pasado cuando oyó pronunciar
vidado. Inútil es decir que la colecta forma uno de
de la tierra.
su nombre, é inmediatamente se acercó al despacho:
Entretanto el rabbi, que se ha adelantado, de es- los derechos del chantre israelita.
paldas al Arca Santa y frente á su reclinatorio espe- Aquí falta firmar el recibí.
Con esto llega la tarde, se apartan mesas y bancos,
- ¡Ay! Es verdad. Haga usted el favor de una
ta á los novios. El hazzan y sus ayudantes suben á que se transforman en estrado, se abren las puertas
la tribuna y el rclzamés, sacristán, que ha dispuesto y penetra en el almacén una porción de gente que pluma.
dos escabeles delante del rabbi, se esfuerza, aunque no ha sido invitada á la comida. El recinto se ilumiDiéronsela, y el joven firmó.
- ¿Tiene usted cuenta corriente en el Banco?, le
en vano, por establecer algún orden entre la turba na á media luz con alimaras ó velones de varios memasculina, que sin respeto alguno invade la triple cheros, y comienzan las danzas. No hay pluma que preguntó el empleado después de leer la firma.
describa aquel pandemonium, donde una turba excita-No, señor.
fila de asientos.
Por fin se levanta el tapiz de lino y aparecen los da por los vapores del vino se agita, ondula y con·
- Pues es necesario que le firmen á usted el conodosposados. Crecen la confusión y el bullicio, los funde e:i. frenética rapidez. Es una mezcla abigarra- cimiento.
sonadores esfuerzan el tono de sus instrumentos, el da de trajes, ya ricos, ya andrajosos, de colores agrios
-¿Quién?
hazzan y sus acólitos entonan á voz en grito sus é indefinibles, en cuya oleada sobresalen cabezas
- Alguien que tenga cuenta corriente en la casa,
salmos, y en medio de aquel alboroto Natham con- típicas con barbas grises ó negras, cubiertas con ca- ó sea comerciante de los acreditados de ella.
duce á Anna, siempre entre su madre y las matronas puces, capirotes, chapeletes, ó papahígos, que alter- Si soy forastero y no conozco á nadie ... Traigo
judías, á tomar asiento delante del rabbi en los esca- nan con rostros mujeriles, medio envueltos en tocas, la cédula ... Mire usted.
- ¡José Batalla!, gritó el empleado.
beles preparados al efecto.
prendederos, tocadores, y otras lig uarduras. El ruiDe improviso á la anterior batahola sucede el más do ensordece, sube la temperatura y casi falta el aire
Teodomiro recogió su letra, la dobló lentamente,
profundo silencio. El rabbi va á hablar. De pie co- respirable.
y rojo de coraje, con los ojos hinchados, casi á punto
mienza un corto discurso conforme á las circunstanEn medio de esta agitación los hermanos de la de llorar, salió del establecimiento.
cias. Después de elogiar cumplidamente las virtudes desposada no pierden su tiempo, y aun á costa de
¡Qué decepción! ¡Él que creía que cobrar una letra
domésticas de los venerables ascendientes de los empujones y codazos consiguen dar tres vueltas al de cambio era cosa tan fácil!
desposados y la piedad de éstos, de excitarles á cum- baile, tendiendo una escudilla de metal en la que
Completamente descorazonado se volvió á casa.
plir sus respectivos deberes y de encargarles la estric- cada concurrente arroja su óbolo. Con el producto
- Doña Robustiana: ¿conoce usted á alguien que
ta observancia de las prescripciones religiosas, ame- de la cuestación se paga á los infatigables sonadores, tenga cuenta corriente en el Banco?
nazándoles en otro caso con el castigo del Eterno, y el resto pasa sin escrúpulo á su bolsa.
- ¿Yo? No, señor.
concluye deseándoles inacabable felicidad y nume- ¿Y algún comerciante de esta plaza que esté
Pero todo tiene término. Concluyen las danzas
rosa prole que perpetúe su nombre y el de Israel. A después de media noche, y los esposos con los ínti• allí acreditado?
seguida el ministro y los desposados se colocan bajo mos regresan al domicilio conyugal. Allí se les sirve
- ¡Oh! Eso sí: el de los ultramarinos, el carbonero,
el houppé, dosel nupcial de velludo grana y oro, se- una nueva comilona que dura hasta el amanecer, y el de la tahona; todos están muy acreditados. ¿Qué
mejante á un pequeño palio católico, y mientras el durante ella Natham y Anna son conducidos por fin quiere usted?
hazzan y los cantores entonan nuevos salmos co- á la cámara nupcial, cuya puerta se cierra con estré- Que me firmen el conocimiento er. esta letra.
mienza el acto principal del casamiento.
pito.
- No sé si querrán.
Natham, que como todos sus correligionarios
-¿Por qué?
conserva cubierta la cabeza con su birrete empelleja- Porque no le conocen á usted.
do, extiende sobre ella y la de Anna el ya descrito
- Pero usted bien me conoce.
thalet. El rabbi recita algunas oraciones y presenta
Al día siguiente todo ha entrado en caja. Cada
- Yo sí, pero ellos no.
al desposado una hoja de pergamino en la que éste cual vuelve á sus quehaceres de la vida ordinaria,
- Nada se pierde en probar.
lee con profunda atención algunos preceptos del solamente la aljama judía de Valencia cuenta con
- Bien: probemos.
Talmud. Toma luego una copa de plata llena de un candidato más que puede optar á sus cargos.
Y doña Robustiana se puso la mantilla, y acomvino que le trae el schamés, la bendice y la entrega
Jehová le bendiga.
pañada de Teodomiro se fué á buscar la apetecida
á Natham. que aproxima los labios á sus bordes, y
firma.
A. DANVILA JALDERO
la pasa á la doncella, que hace lo mismo. Después el
En la lonja de ultramarinos les dijeron que el endichoso mancebo ofrece á. su esposa un rico anillo
cargado de la tienda no tenía poderes para firmar,
nupcial, que ella colo0a con alguna turbación en uno
pues esta facultad, así como el sello de la casa, se los
LA LETRA DE CAMBIO
de sus dedos, y el rabbi termina el acto extendiendo
había reservado el dueño que estaba al frente de otro
sus manos sobre los esposos para bendecirlos.
( Conclusión)
establecimiento de la misma clase en la calle Ancha.
Aún no ha concluído, sin embargo, la ceremonia.
El carbonero no sabía leer ni escribir¡ y en cuanto
El schamés trae con grotesca gravedad sobre un
III
al dueño de la tahona, dijo lisa y llanamente que no
disco de metal una ampollita llena de vino que Nale daba la gana de firmar, pues ni conocía á Teodotham y su mujer llevan también á los labios, y cuan¡Qué alegría la de Teodomiro al recibir la carta! miro ni á Doña Robustiana.
do radiantes de ventura cruzan de nuevo al salir el Iba llena de amonestaciones y buenos consejos, pero
Esta, un poco picada, y el joven más que un poco
umbral de la puerta de la Sinagoga, rodeados de la nada pareció al joven más elocuente ni más conmo- cariacontecido, volviéronse á casa, donde, en unión
multitud qué les· aclama y felicita, oyen, no sin emo- vedor que el contenido de aquel papel sedoso, tim- de la hija de la patrona y otros dos huéspedes, coción, que el dependiente del templo estrella el frágil brado, de forma prolongada, que constituía la llave mentaron prolijamente el suceso, lamentándose de
vidrio sobre la inscripción «mase! tof,» esculpida de su situación!
que un establecimiento oficial de giro hiciera punto
para el caso en un extremo del vestíbulo. Así pretenPoco le faltó para llorar, y si no lloró, bendijo en menos que imposible el ·cambio mercantil.
de recordará la feliz pareja la fragilidad de las cosas su interior una y mil veces á los bondadosos autores
humanas y la indisolubilidad del matrimonio, tan di- de sus días; y lleno de amor y veneración hacia ellos,
IV
fícil de quebrantar como es difícil de rehacer la bo- besó la carta y la letra; sí, unas veces la letra y otras
tella con sus pedazos.
la carta.
Desde que Teodomiro se había quedado sin dine•
Aquélla era á cuatro días vista, y deseoso Teodo- ro, Esquílez no iba á buscarle; aquél por su parte no
***
miro de ganar tiempo, se vistió apresuradamente y había hecho nada por verle, así que el madrileño
La última parte del cuadro que se describe tiene corrió al Banco á hacer la presentación. No sin ha- ignoraba que su amigo hubiese escrito á su madre, Y
lugar en un almacén propiedad del padre de Anna, ber tenido que preguntar á tres ó cuatro porteros por consiguiente, la contestación que ésta le hab!a
que se ha desocupado y dispuesto para el khasmal. pudo acertar con la caja correspondiente, y acercán- dado.
Innumerables grandes rpesas y bancos se extienden dose al ventanillo que dice: &lt;!Letras y pagarés,» exFalto de su habitual compañía, y sobre todo de
de uno á otro extremo, notándose una pequeña, se- hibió la suya.
dinero, Teodomiro se veía reducido á comer el poco
parada de las otras. Pronto ocupan aquéllas parienTomóla uno de los empleados que á la, otra parte sustancioso cocido y la desabrida y pasada· merluza
tes y amigos y ésta ambos esposos.
de la reja estaban, 1 óla por delante y por detrás, frita que constituían la base invariable de la alime
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NúMERO

497

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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¿oóxoE F.STÁ EL RATÓN?, cuadro de Luis Gasparini (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

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EL HEREDERO, cuadro .de Jorge Van Den Bos (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

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LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

497

NúMERO

des y sus esperanzas, y ¡oh sorpresa! El documento por sus bonitos cuadros de cabailete, de simpáticos tonos y ni un digno representante en la secci6n extranjera de nuestra
agra?able asunto, representando lindas ~becitas ~e mujer 6 í Exposici6n. Dos cuadros ha remitido este aprovechado artista,
no estaba en la cartera.
.flamencas, constante representac16n, en diversas for· ambos de asunto y carácter puramente nacional, notándose en
En vano registró todas las bolsas y escondrijos de graciosas
mas, del tipo nacional. En todos ellos imprime los caracteres ellos el buen gusto y la maestría de su autor. ¡Dwexelo sto
ésta; en balde vació todos los bolsillos del smoking, distinúvos de la mujer de n_uestros países meridionales, retra• sorze?, titula en su dialecto el lienzo que reproducimos, que si
del sobretodo, del pantalón y hasta del chaleco: la tan~o. en su fiso~omla y actitudes ese conjunto de sencillez y bien de asunto asaz trivial y sencillo, le ha servido para hacer
mahc1a, de delu::idcza y desenfado, de bondad y abandono. gala de sus aptitudes pict6ricas. Las actitudes de las j6venei;
letra no pareció.
~ obras de Cus1 se recomiendan por la brillantez de su colo• acusan desde luego su situaci6n, as{ como la de la airada anEl pobre se volvía loco.
ndo, ya que para sus cuadros sfrvenle de modelo algunas de ciana, que empuñando la escoba desea esgrimirla cual morlife- Pero ¿qué se había hecho la condenada?
las que arrancan c~n su ca11te frenéticos aplausos de los aficio- ro mandoble contra el atrevido roedor, causa de la zozobra y
Procuraba recordar. La noche antes la había saca- nados aljlamem¡um110.
del desorden que reina en la habitaci6n en donde se ha intro•
V téngase en cuenta que si bien este joven pintor dedicase &lt;lucido, suspendiendo la labor de la. asustadizas doncellas.
do en casa de Azela, pero la había vuelto á guardar.
preferentemente á esta clase de asuntos, cultiva con éxito otros
Luego ... luego no tenía idea exacta de lo que había géneros,
según lo demuestra el notable lienzo que expuso en
hecho, pero no recordaba haberla vuelto á sacar. Ju- la Exposici6n Universal de Barcelona, justamente premiado
•• •
raría que no. Y sin embargo, la letra no estaba allí. por el Jurado calificador, En la general de .Bellas Artes figuran
Recuerdo de Galicia. - La vuelta del campo,
Corrió á casa de Azela, buscó á Esquflez; vió á la cinco lienzos recomendables, y entre ellos el que reproducimos,
notable por la. buena dispasici6n del asunto, por la correcci6n cuadro de D. Baldomero Galofre, existente en el Cír·
amiga con quien había ido la noche antes á la cena. de
Hneas y por su arm6nica entonaci6n, que determina la ca- culo de Reus. - No es el cuadro del Sr. Galofre una obra más
Nadie le supo dar razón; pero Esquflez le iluminó. lidad de las estofas y de los accesorios.
lanzada al publico, obra de esas que nada significan á no ser
mayor 6 menor destreza en el manejo del pincel; no, la pro- Pide una segunda.
•
ducci6n que ha venido á aumentar el largo catálogo de las del
- ¡Es verdad! ¡Qué bruto soy! No me había ocu**
autor, creemos que está destinada á dejar huellas en la brillan•
rrido.
La vuelta al hato, cuadro de D. Gonzalo Bilbao te carrera artistica de éste, por ser una protesta, as! contra ese
Y sin perder momento, fuése al telégrafo, y expi- (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). -Al citar realismo que se hace esclavo de la verdad, aunque la verdad
dió un despacho á su padre pidiéndole una segunda el nombre de Bilbao asalta á la imaginaci6n el recuerdo de sea fea y antiartlstica, como de ese idealismo cursi que rinde
de cambio y recomendación para algún comerciante sus preciosas tablas de asuntos marroquíes, brillantes, preña• parias á lo bello, aunque lo bello resulte rematadamente condas de luz y vida, en las que á la par que representación de la vencional Y. falso. Entre estos dos extremos hay un término
banquero que garantizara su personalidad,
fantasía oriental, manifiéstase la del artista sevillano, genuina• medio, y és,e, en nuestro sentir. es el verdadero objetivo del
Tres días después recibía Teodorniro un pliego mente español, que vierte en el lienzo la inagotable gama de arte: pintar la belleza verdadera 6 la verdad bella, tal es el fin
conteniendo el duplicado de la letra y una carta de su paleta. A este género especial debe Bilbao gran parte de la á que debe aspirar el artista. •
presentación dirigida por un banquero de Zaragoza á reputación de que goza, por más que ha podido dar muestras Así lo ha entendido siempre nuestro distinguido colaborador,
de sus aptitudes en otra clase de obras, tales como Da/nis)' y cada una de sus producciones es nueva y elocuente protesta
otro de Madrid.
Cloe, La vuelta al apristo y la que reproducimos, premiadas en de adhesi6n á esa escuela, única que resiste á la acci6n de los
Creyendo llegado el término de sus angustias, y las Ex posiciones Nacionales.
tiempos y á los caprichos de la moda.
firme y resuelto á tomar la vuelta de su tierra en
La vuelta al hato es un lienzo de relevante mérito, y que haEn La vuelta del campo vive la naturaleza y alienta Galicia;
cuanto cobrase el dinero y recogiese el pagaré y los llándose la escena representada al aire libre, ofrece dificulta• todo a!H es robusto, todo trasciende á la vida campestre y lides, vencidas por el artista, que ha podido pintar las figuras bre. ¡Cuánta verdad y poesía enel paisaje ejecutado con pinceefectos empeñados, se trasladó nuestro joven á casa en
plena Iuz, sin descuidar la entonaci6n ni los detalles. La lada segura y amplia, sin menoscabo del detalle que no llega
del banquero que le había de garantizar, y obtenido escena es harto sencilla, pero real y perfectamente dispuesta, nunca á ser fatigoso ni tampoco inventario de minucias! ¡Qué
este favor, pasó al Banco de España.
sin que se observen incorrecciones en los trazos ni decaimiento grandiosidad en la factura y en el sentimiento, cuánto arte en
la disposici6n general 1
Presentó su letra, que dejó en manos del emplea- en la tonalidad, perfectamente sostenida y armonizada.
hacer observar que Bilbao, á pesar de la importan·
Esta obra, que no vacilamos en incluir entre las mejores de
do pagador, y se sentó en el banquillo á esperar su vez. ciaRéstanos
de sus obras, es un artista relativamente novel, puesto que Galofre, constituye sin disputa uno de los más preciados ador•
Después de haber pronunciado los dependientes hace pocos años, é impulsado únicamente por su entusiasmo nos de los espléndidos salones del Círculo de Reus, sociedad
de la caja media docena de nombres y de haber des- artístico, troc6 su bufete de abogado por el estudio del pintor. que apartándose del camino generalmente seguido por sus afifilado otros tantos individuos contando el dinero ó D. Pedro Vega fué su primer maestro, recibiendo después uti- nes, consagra verdadero culto al arte y rinde el debido tributo
lísimas lecciones de Palmaroli y Villegas, durante su perma• de admirnci6n á aquellos de sus paisanos que como Fortuny,
examinando lps billetes que les habían dado en pago, nencia
en Roma y Venecia, en donde pint6 sus celebrados Galofre y Llovera son otras tantas glorias artísticas de su
hubo un momento de silencio.
patria.
cuadros Esdavas m la terraza y Ei Santón Hamadra.
Teodomiro, que no quitaba ojo al ventanillo, acechando el instante en que le llamasen, observó que
•••
•••
los dos empleados, con una letra en la mano, se con- Tribulet, busto en bronce de Joseph Willems
El heredero, cuadro de Jorge Van Den Bos
sultaban en voz baja y le miraban. Luego uno de (Exposición general de llellas Artes de Barcelona). - La obra (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona). -El hereellos tocó un timbre eléctrico y dió una orden al del escultor belga M. Willems es una de las que más han lla- dero de Van Den Ros ha sido uno de los lienzos que más han
criado, que acudió al llamamiento y que se colocó mado la atenci6n de los aficionados é inteligentes en la Expo• atraído la atenci6n de los visitantes en la Exposici6n general
general de Bellas Artes de Barcelona. Inspirada en el de Bellas Artes y quizás la obra de mayor importancia entre
después junto al ventanillo. En seguida oyó lo que sición
drama de Víctor Hugo Le roi s'a11111se, ha logrado el artista l:is expuestas en la secci6n extranjera. Y preciso es convenir
con tanta ansia esperaba.
crear en un busto el tipo del desgraciado bufón de aquel rey, que ha sido muy justa la admiraci6n del público, ya que es
- Todomiro Cornichon.
á quien la historia califica como excesivamente galante. Ejecu- preciso inclinarse ante la gráfica manifestaci6n del ingenio del
tada en bronce, por el procedimiento de la cera perdida, ha artista flamenco, que con tanto acierto y delicadeza ha sabido re- Servidor.
podido el escultor modelarla de modo admirable, dándole la presentar á la reina viuda y á su augusto hijo. Sin recurrirá los
- ¿Es usted quien ha traído esta letra?
expresi6n y caráctCi' del personaje.
efectismos, sin alardear de colorista, con una sobriedad de
-El mismo.
El Sr. Willems, profesor de escultura en la Escuela de Be- tonos admirable ha logrado Van Den Bos ajustar ~u ~omposi- Hace tres días que se pagó, y como la nueva llas Artes de Malinas, es uno de los artistas más distinguidos ci6n al concepto que se propuso de una manera tan acabada,
presentación al cobro tiene caracteres de una tentati- de aquel pueblo, que foé uno de los más preciados florones de que todo respira en ella nobleza. Noble es la actitud de la dala Corona de Castilla, patria de tan ilustres artistas. Discípulo ma que en pie y ostentando la regia corona ampara á ~u her•
va de estafa, se servirá usted ir con el señor (seña- del
célebre Vander Linden y campañero de Cuypers y De moso hijo, al heredero del trono, con el doble cariño de la
lando al criado) á la Dirección.
Vignc, es \Villems uno de los escultores que más honran á su madre y de la reina.
Anonadado y confundido al verse imputado de es• patria. Sus obras principales, como el Suello del sdtiro, la esLas actitudes, la simpática expresión de sus parecidos sem•
tafador, el aragonesito fué llevado á presencia del tatua del general Dufoud, del poeta flamenco Tony Bergruann, hiantes, tanto la triste y pensadora de la reina como la indife·
senador Carjeci, de la Justicia, etc., etc., figuran en los rente del nuio, los accesorios y la tonalidad y correctísimo didirector. Allí, sollozando casi, pudo sincerarse y de- del
museos 6 constituyen monumentos erigidos en Ginebra, Bru• bujo acusan en Van Den Bos al verdadero artista, que subormostrar que la víctima, no ya de la estafa sino del selas, Malinas, Tomnai, Sofía, etc , siendo considerable el dina su habilidad pict6rica al concepto y al sentimiento. Su
hurto, había sido él; pero como la letra primera que número de las recompensas que ha alcanzado en las Exposi- nombre significa ya una representaci6n. Sus cuadros S1111e de
le exhibieron llevaba su verdadera firma y la fe de ciones. En la de Barcelona creemos que también el Jurado ha- brigandage,Da,u les roses, Charitl, La pan"sienne mire, y otros
conocimiento de un comerciante de los acreditados, brá tenido en cuenta la vaHa del artista y la belleza de su más, premiados en París, Gante y otras Exposiciones, son
otras tantas glorias de este artista.
Teodomiro tuvo que resignarse á perder las dos mil obra.
Réstanos hacer constar que El heredero quedará en España,
pesetas, no sin admirar las ventajas del cambio tras•
pues ha sido adquirido por D. Fernando Mir6, uno de los ama•
••
lmrs más inteligentes de Barcelona.
laticio y la prudencia de los establecimientos de giro,
Altivez, busto en bronce de D. José R~ynés,
cuyas precauciones para no pagar indebidamente fundido
en los talleres de los Sres. Masriera y
•
pueden dar lugar á sucesos como el que le acababa Compañia (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelo••
de ocurrir.
na). - Varias obras escult6ricas, fundidas en bronce, ha expuesto José Reynés en la Exposici6n de Bellas Artes de Bar¡Sin pájaro! 1Pobrecillol, estatua en bronce de
celona, destacándose entre todas ellas la que hoy reproduci- D. Torcuato Tasso, fundida en los talleres de
""' """"" ~
D.
Federico Masriera y Compañía (Exposici6n ge·
mos, quizás la más importante. En ella ha podido Reynés dar
muestra de sus aptitudes, imprimiendo un algo de esa genia- neral de Bellas Artes de Barcelona). - Lucha empeñada lra·
NUESTROS GRABADOS
lidad que tanto le distingue y que se observa en todas sus b6se hace algunos años, entre varios aprovechados j6venes de·
dicados al cultivo del noble arte de la escultura, para alcanzar
obras.
Pierreta incroyable, cuadro al pastel de la
Actualmente hállase ocupado en ejecutar un gran jarr6n de- una plaza de pensionado en Roma. Todos y cada uno de los
señorita Ethel Wright - La pintura al pastel, un tiem- corativo, por encargo del Ayuntamiento de Barcelona, destina- que formaban aquella brillante pléyade reunían valiosos titulos
po muy en boga y más tarde punto menos que por completo do á embellecer uno de los parterres del Parque.
para hacerse acreedores al premio disputado. Júzguese, pues,
olvidada, vuelve hoy á estar de moda, gracias principalmente
cuál seria la importancia de las obras presentadas y cuántas
á los esfuerzos de algunos eminentes pintores parisienes. Tam•
perfecciones debi6 reunir la que distingui6 el Jurado. El tema
•
••
bién en España ha tomado gran vuelo este género, como lo
que desenvolvi6 el artista premiado, la estatua de Narciso 111iprueba la Exposici6n celebrada el año pasado en Madrid, alLa cruz de mi madre, estatua en yeso de don rdmi1Jse m la fuutle, mereci6 por parte de éste interpretaci6n
gunos de cuyos principales cuadros hemos reproducido en LA José Berga y Boada (Exposici6n general de Bellas Ar- tan acabada, que inclin6 á su favor el peso de la balanza,
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.
tes de Barcelona). - Hijo y discípulo del profesor de la Escue• siendo proclamado vencedor en aquel noble palenque. Va en
El pastel que en el presente número publicamos es obra de la de Bellas Artes de Olot, es este joven escultor, que aper.as Roma, dió pruebas D. Torcuato Tasso de cuán merecedor era
una artista inglesa, pero el asuntJ, el titulo y la factura misma cuenta diecinueve años, una gloria para su pueblo natal y una de la distinci6n de que babia sido objeto, modelando, entre
son esencialmente franceses, lo que demuestra la influencia que esperanza para el arte patrio Basta examinar su tan sentida otras esculturas de verdadero aliento, la colosal estatua de Vcen este punto, como en tantos otros, van adquiriendo en todas como bien modelada obra, para convencerse desde luego de que lázquez, destinada á coronar el monumento que en Madrid
partes los pintores de allende los Pirineos.
el joven Berga comprende y siente el difícil arte que ha em· dehi6 erigirse á aquel célebre maestro.
Piureta i11croyable constituye un cuadro encantador; el bus· prendido. El barro ha adquirido forma entre sus dedos, pero
De regreso á Barcelona ha continuado la senda tan brillan·
lo de la joven caprichosamente disfrazada es gracioso y simpá- forma bella en su realidad, cual exige el modernismo, avalora- temente emprendida, produciendo obras tan recomendables
tico y está trazado con irreprochable correcci6n, y en el modo da por ese sello que ha sabido imprimirle, que lo es de la ge• como las que decoran el Arco de triunfo, 6 bien otras de géde estar pintado se adivinan, por lo que el grabado permite nialidad del artista.
nero distinto, pero perfectamente modeladas y rebosando geFelicitamos al Sr. Berga por su obra y por los elogios que ha nialidad, como la que reproducimos, que en uni6n de un notaapreciar, la pastosidad, la suavidad de tonos, la infinita variedad de matices á que tan bien se presta ese género de pintura, merecido de la mayoría de los visitantes de la Exposici6n ge· bilísimo retrato y algunas figuras, de no escaso mérito, figuran
en la que la señorita Ethel Wright demuestra ser maestra con• geral de Bellas Artes de Barcelona.
en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.
liUmada.
JACOBO SALES

~

•••

.

.•

¿Dónde está el ratón?, cuadro ae Luis Gas·
¿Devoción?, cuadro de D. Manuel Cusi (de fo. parini (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona). tografía de D J. Mart{J. - (Exposici6n general de Bellas Ar- Venecia, la ciudad que guarda tan importantes obras art!sti•
tes de Barcelona).-Aunque joven, hase dado á conocer Cusi cas y conserva tan gloriosas tradiciones, ha tenido en Gaspari-

IVJ:OLETf

JABON REAL
JABON
Wliee lt1fftlltr'
DET HRI DACE 29,.. d11ltallm,Pula VELOUTI
..,_IMWI 11r utortuw ~ fil• 1&amp; llc!II!' u I&amp; Piel 1 hllua w Cll&lt;

NE

497

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACANP. - H,VSl'RACtQNES DJo: EMll.10 llA\'ARD

(CONTINUACIÓN)

á Pedro, preguntóle por su madre y su hermano, refiri~ndose
después á todas sus relaciones ... Como esta co~versac1ón_:10
interesase á Gilberto, éste se aprovech? para examinar á la nma,
cuya fisonomía le llamaba ya la atención.
.
.
Sus ojos negros y brillantes, tenían una expresión picaresca;
el rostro er~ redondeado, la tez blanca; la cab_eza no presentaba
aún todo su carácter, n0 era sino el bosqueJo de lo que debía
ser más tarde, pero por esto mi_smo parecía más_ encantador~,
como esos ligeros croquis de artistas, cuyo a~achvo está precisamente en que no están concluidos. La nariz, algo corta, pero
recta y firme, parecía predestinada á no d:formarse nunca, y su
erfil se marcaba claramente sobre un lab10 ar~u:a~o, que ~er~itía ver los blancos dientes. Uno de éstos, el mc1s1vo_ supe!1or,
estaba ligeramente puesto sobre el in~~diato, part1culandad
extraña especie de protesta contra lo tnv1al de una belleza d~~asiad¿ regular, que debía comunicar á la suya un cará~t7r ~nginal para que se grabase en la memoria por un rasgo d1stmhvo
é inolvidable.
f
á
El cabello, corto por delante, diseminábase sobre la. rente
manera de cola de golondrina, y detrás flotaba suelto sobre su
cuello en el que brillaba la cadenilla de una medall~.
El 'vestido, listado de rayas de vivos colores, deJaba descu•
biertos sus hombros de adolescente, un _poco del~ados aún, e?
los cuales se veía ondular á cada movimiento las ligeras prom~nencias de los huesos. Alegraba los ojos conte~plar aquel cutis
tan fino y de tan delicados colores, pasear la muada por los frágiles brazos y fijarla después en el ligero rasguño que tenía :n
el codo, y que era muestra clara de su edad y de la_ turbulencia
y el aturdimiento de sus juegos. Tampoco estaba bien forma_da
Ja mano todavía· los dedos eran largos y delgados, co_n las unas
algo mordidas y' aircuídas de ligeros rasguños que tenían de un
color sonrosado el extremo de las mismas. Y con esa mano la
niña acariciaba al pollo, que á cada mom~nto levantaba la cabeza vivamente y al parecer irritado, con OJOS de cólera. .
_ Hija mía, díjole su abuela, nunca dejarás ese feo animal.
Al fin te llenará de piojos.
._
.
_ ¿Tienen los pollos piojos?, preguntó _la nma sonnendo . .
Esta palabra, pronunciada por s~s lab1~s, tenía una_ gracia á
ue comunicaba mayor encanto la mocenc1a de la sonnsa. Blan¿a siguió, á pesar de todo, acariciando al pollo: habíase éste roto
. .. pasaba un rato estirándose y bostezando (pág. 413) ~
una pata, y la niña la estiraba ha~ia adelante para mostrar como
· ·d d las cañitas y los hilos que la su1etaban.
.
.
La existencia de estos últimos es demasiado conocida y rutinaria para dar pasto un~ ~~r~;;p~al sigue llenándose, dijo la marquesa; pronto veréis también un
á la imaginación y al ensueño; la de los otr~s, por el contrario, e~cerrados tras ato •oven y O no sé hasta dónde llegará esto.
.
una barrera impenetrable, donde sus sentimientos y preocupaciones puede? g Piro au~que se burlase, velase qu se complacía en hacer valer á los OJOS de
7
preservarse intactos y donde observan libremente sus nobles costumbres, utiPedro la bondad de corazón de su melízanse del misterio de la grandiosidad de que se rodean. .
Pedro y su compañero llegaron en cuatro sal_tos ~¡ carnmo de que a~tes se ta y la compasión que le inspirab~n
desviaron para cruzar los cerros, y que les _condujo directamente á la ~erJa; en- todas las desgracias. Desde aquel miscontráronla entreabierta, y bastóles empujarla para penetra~ en el patio donde mo instante Gilberto sospechó la buena
estaba el pórtico. Pedro levantó el pesado aldabón, y el rmdo del golpe fué á inteligencia de las dos familias para casar más tarde á Pedro con la niña. La
perderse en los corredores del castillo.
.
Un momento después abrióse la puerta lentamente, y en el umbral aparec~ó edad, la fortuna, la posición social; todo
una anciana sirvienta· sonrió con dulzura al reconocer á Pedro de Cabro!, y sm convendría á la vuelta de algunos años.
decir nada apartóse 'para dejarle paso; pero en el mismo instante, saliendo de Y al mirar á Blanca de nuevo, causóle
entre las faldas que la ocultaban y ocupando el espacio libre, apareció una pena lo que acababa de descubrir.
Sus ojos, acostumbrados!ª á la somniña que llevaba en brazos un pollo.
bra,
distinguían ahora meior á la mar- ¡Ah! Pedro ... exclamó.
.
.
.
.
quesa
sentada de espaldas á la luz. Su
y ofrecióle la mano, fijó una rápida mirada en Gilberto, y ale1óse gntando:
cabell~
blanco ocultábase en parte bajo
- ¡Aquí está Pedro!
Los dos jóvenes franquearon el vestíbulo, penetrando_después en un salón una gorrita de hilo cuyas cintas se unlan
de proporciones colosales, cuyas cuatro puertas-ventanas g1gantesc_as debían dar en la parte superior de la cabeza, foral terrado. Los postigos no estaban abiertos. y solar_nente u?a débil luz se filtra- mando un lazo; su rostro tenía esa paliba por las impostas como un rayo de sol en la semi obscuridad de una catedral. dez que parece indicar el paso de las
Aunque un poco cegados por la brusca transición al penetrar en aquella sala lágrimas; y en sus facciones _surc~das
de arrugas, en su sonrisa de res1gnac1ón,
sumida casi en las tinieblas, vieron á la marquesa de la Fonfreyde.
Estaba sentada en el fondo de la habitación entre dos ventanas; al oír ruido en aquellos ojos negros, que revelaban
de pasos, quitóse las gafas, púsolas con el diario que leía sobre un velador que la perpetua ternura, podíanse reconotenía á su lado, y levantóse, mostrando una figura arrogante aunque algo encor- cer las señales del pesar que le había
causado la muerte de su hijo, el oficial
vada por la edad.
.
de Africa, la de su esposo, y tal vez, en
Pedro adelantóse para saludarla, y después presentó á su amigo.
fin las penas que este último le causara ;
- Sí, ya se ... dijo la marquesa con acento benévolo y voz algo ronca.
Al mismo tiempo invitaba á los jóvenes á sentarse, mientras Gilberto se ex- en' vida, pues el general, á juzgar por lo
que de público se decía, habla sido un
trañaba interiormente de ser conocido de la marquesa.
Los dos tornaron asiento, cada cual á un lado de la dama, y Blanca se colo- calavera, y siguió siéndolo hasta muy encó enfrente, en una sillita, oprimiendo aún contra su pecho el pollo, que á ve- trado en años. Todos sus modales, suces agitaba las alas esforzándose para escapar. .
_
.
. mamente sencillos, indicaban la comLa marquesa explicó á Gilberto que había visto al senor MauJeán con moh- pleta renuncia á toda pretensión; pero , .. , apareci6 una niña que llevaba en brazos
vo de un pleito; había ido á exponer sus razones ante sus jueces, y quedó muy Jd. altivez de su carácter se reconocía
un pollo
complacida de ellos, sobre todo del presidente. Después, dirigiendo la palabra aún en el movimiento de la cabeza, en

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

497

NúMERO

un subalterno. El joven por su parte apartaba la vista, admirado de lo que
veía y . algo resentido de las familiaridades de su compañero. En cuanto á

Blanca, muy entretenida con sus cisnes, apenas hacía caso de todo esto.
De repente deslizáronse en el fondo de una avenida rápidas como dos flechas las siluetas de dos gacelas, con la cabeza levantada y las patas extendidas; pero aquella aparición fué rápida, impalpable, como la sombra de una
nube _q~e. pasa tocando el s~elo. Los chicos se lanzaron en su persecución,
pero rnutilmente, pues no dieron alcance á los animales ni volvieron á verlos.
. ~n estas distraccion_es se pasó el tiempo basta la tarde: al despedirse los
v1Sitantes, Blanca ofreció la mano á Pedro, y estrechó también la de Gilberto
pero como para cumplir con un deber de cortesía· comprendíase bien que

ei'

nuevo amigo no le interesaba gran. cosa.

'
J?e . vuel~ á ~u casa, Gilberto comenzó á interrogar á su madre con una
cunos1dad musitada respecto á su familia y su más lejano parentesco remon0

tándose de edad en edad_y de_abuelo á bisabuelo. Tal vez pensaba e~contrar
por lo menos en lqs matnmo~1os de sus antepasados algdn vestigio glorioso,

LA

497

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

heredera de un nombre ilustre y de una fortuna inmensa, que vivía allá en otra
esfera distinta de la suya!
Gilberto había leído algunas novelas, y sabía que estas desigualdades de clase
constituyen el resorte de muchas in_trigas. El amante_,á pesar de la humildad de
su nacimiento, acaba siempre por tnunfar con el auxiho de sus bellas cuahdades
y una excepcional grandeza de carácter; pero también comprendía que las cosas

I de Blan~a de la Fo~freyde,, llamábale á_ ~arís. Su madre consintió en dejarle ir

no pasan así en la realidad. No obstante, sin quererlo, llegaba á transformarse
poco á poco en uno de esos héroes, y en el nuevo personaje su imaginación innata_ e°: el_la, no sena nunca molesta ~1 comprome~edora. Po,r eso le conced1a
trabajaba sin que pudiese contenerla, asociando á Blanca con su porvenir y en su rnhm1dad tod~ el lugar que la senara de,M~uJeán parecia ;ehusar, procumezclándola con no sé qué futuro novelesco, cuyo desenlace no le era posible randa por el contrano no traspasar nunca los hmltes que se babia. propuesto, y
esta intimidad se agrandaba tanto más cuanto más quería empequenecerse lamaprever.
dre de Gilberto. Sin embargo, la condesa quería que la acompañase todos los

y cada vez se mostraba más meditabundo, amante de la soledad é inclinado

al ocio. No se alejaba nunca de los alrededores de Mareuil; su corazón vivía
allí, y contaba con la casualidad de algún encuentro, aunque por otra parte le

temía. No ignoraba que la niña salía algunas veces con su aya para pasear fue-

ª? .nombre con partí~ula, un atomo de nobleza que pudiera satisfacer su am-

bición y que le habna realzado á sus propios ojos.
P_or lo que hacía á la línea materna no pudo abrigar la menor duda: sólo
babia en ella gente de negocios y nombres del todo plebeyos. Después pasaron
~

á la capital, acompanóle alh y fuése_á vmr con él.
,
Entonces se reanudaron sus re\ac1ones con Pedro. Cada ve7que éste saha de
Samt-Cyr consagrábale todo s_u ~1a de asu eto, y en tales ocas,ones no era raro
que la C?ndesa d_e Cabrol le mvttase á comer. .
,
También se dispensaba á su madre esta atención: la con_desa hab1a_acab~do
por conocerá fondo _á su am1ga, compr~nd1endo que, gracias á una d1screc16,n

días de recepción.
La señora de Maujeán escuchaba y miraba, y su presencia no parecía extrañar ya á los visitantes, que veían en ella á una persona familiar en la casa. Después de retirarse la última visita, la condesa se acercaba á su amiga, y poco á poco la conversación se refería á Blanca y Pedro, manifestando la madre de éste esperanzas de verlos unidos á la vuelta
de pocos años.
Al volver Gilberto á su casa, recibía el peso de todas estas con-

fidencias, y experimentaba indecible amargura, como si se hubiese

la ascendencia paterna; pero en este punto las noticias de la señora Mau-

dispuesto de alguna cosa que le pertenecía. Aunque no habían
vuelto á ver á Blanca, la impresión que ésta produjo en su ánimo

. Jeán eran menos detalladas.
- Si quieres datos, dijo á Gilberto, busca en el granero el cofre grande y

tal vez encuentres allí lo que necesitas.

·

no se había borrado nunca; parecíale que un pacto secreto, cuando menos de su parte, le unía á ella, y que se tejía una trama invi-

'

El enorme badl contenía todos los antiguos documentos de familia actas

sible y misteriosa para enlazarle con él cada vez más En aquel

de venta, contratos matrimoniales, etc ... El corazón del muchacho l;tía de

... divisaron el bonito valle que delante de ellos se extend ía y á cierta distancia
el castillo de Mareuil {pág. 413)

lil
1 11
' 1

la curva imperiosa de la nariz y en la decisión del ademán. Vestía un ligero traje
?!aneo de mañana, de falda recta y mangas largas, notándose en todo el conJUnto el más escrupuloso aseo, que es la coquetería de las viejas, La marquesa

tenía ya cerca de setenta años.
- Seráyreciso enseñar,las ga~elas al señor Maujeán, dijo de pronto.
El oficial de spah1s babia enviado en otro tiempo una pareja de estos graciosos
animale,s, que, s_e gu~rdaban en un ángulo del_ parque. La marquesa, al expresarse aSI, se dm~ía _a su meta, que comprendiéndola al p9nto se levantó: era
una manera de md1car que la conversación había durado bastante.
La marquesa, apoyándose en su bastón, condujo á sus visitantes hasta la
puerta.
- No acompaño á ustedes, les dijo, porque temo el sol y no suelo alejarme
de mi nncón.
La anciana volvió al sitio que antes ocupaba, calóse las gafas y continuó su
lectura.
Blanca subió ante todo al primer piso, para entrar en la habitación donde
habían instalado su hospi_tal, como decía la marquesa; dejó en el suelo su pollo,
que d1ó algunos pasos coieando y después comení ó á picar los granos de trigo allí diseminados.
En aquella estancia_vefase un conejo herido, que roía hojas de col: el pobre
amm~l se hab!a refugiado entre las piernas de la niña cierto día que el cocinero 1b~ á fusilarle en la coneJera, y merced á esto obtuvo gracia: acurrucado
en un rmc6n como avergonzado y mirando con ojos inquietos había también
un gato de pelaje amarillo, cuyo cuello había engalanado Blanca con una cinta.
A pe~ar de este adorno, conservaba su aire rdstico de gato del campo, y cuando

la ,mna le p~so ent_re sus brazos para acariciarle, Pedro no pudo menos de sonre1rse. La d1ferenc1a entre la naturaleza de la niña y la suya se manifestaba en
esto: él, muchacho cruel qne ahogaba las hormigas, no se habría cuidado á buen
seguro de los gatos perdidos ni de los pollos enfermos.
En la cuadra, que fué v_isitada después para GUe los jóvenes vieran el borriqu1to de Blanca, promovieron un altercado, porque Pedro quiso montar en el
cuadrdpedo que la niña defendió intrépidamente.
Luego, al pasar de nuevo por el vestíbulo, Blanca se cubrió la cabeza con un
gran sombrero, y precediendo á los dos muchachos dejando oir al andar el grato ·
roce ~e su vestido de seda y ver sus hombros des~udos que el sol besaba y su
rasguno en el codo, en el cual no tesaba de fijarse la atención de Gilberto hízoles dar la v~elta al castillo para penetrar en el jardín.
'Iban recomendo todas las es~esuras sin ver las gacelas, y al fin detuviéronse
en el gran estanque donde los cisnes nadaban.
Blanca los llamó desde la orilla: en aquel momento, su figura inundada de
luz er.a encantadora; con los brazos extendidos, moviendo los dedos como si
desmigajara pan, é incliná?dose sobre el agua con un movimiento qµe ahuecaba
su corta falda de seda, de¡ando ver la bien contorneada pierna, estaba verdaderamente seductora. El aire de importancia que se daba, aquel sombrero de paja
de forma extravagante, adornado con un enorme ramo de flores· todo la engrandecía y realzaba, haciéndola parecer de más edad. Estos enc~ntos perturbaban_á Gtlberto, ~uyo corazón virgen no deseaba más que enamorarse, y cu~os primeros entusiasmos, como en todas las almas inocentes, debían convertirse desde luego en culto.
Pero no era sólo él quien se sentía hechizado; también Pedro parecía fascinado; Y en aquel hermoso día iluminado por un sol espléndido, tal vez en su ser
se despertaron los. s_entidos menos inocentemente que en Gilberto. No era bastante hábil para d,s1mular su secreta inquietud, y mostrábase atrevido con Blanca, tocando continuamente con las puntas de los dedos la cadenilla que la niña
ll~vaba al cuello, y estirándola por detrás como por diversión, sin cuidarse de
Gilberto, ante el cual hacía gala de aquella franqueza que se suele manifestará

esperanza cuando sus manos temblorosas desdoblaban los papeles cubiertos
de polvo, pues no creía posible que en ellos se hubiera podido escribir otra
cosa sino aquello que debía ilustrar á sus abuelos. Sin embargo no encontró
más que la certidumbre de su humilde origen.
'
Su abuelo, padre del_ presiden!~ de_ tribunal, era hombre de negocios, corredor de fincas, y también había Sido mtendente de una familia noble de los
alrededores, ya extinguid_a. ¿Nacían _de él mismo y del ingenuo entusiasmo
de su madre_ aquellas aspiraciones anstocráltcas, aquella afición singular que
le atraía hacia una casta á la que él no pertenecía? Vió que el nombre de su
abuelo, por debe;es de su cargo, _andaba mezclado en todos aquellos papelotes con muchos titulos, y esto le IJSonieaba un poco· pero el tatarabuelo de Gilberto no era más que un insignificante hortelano d~ la llanura de Chatillón
propietario de una reducida tierra que compró con los ahorros obtenidos d;
~u trabajo. Había nacido en el mismo Fonfreyde, aquel caserío perdido en las
dltimas mesetas de la_montaña; de modo que no era imposible que él ó sus antecesor_es hubieran Stdo s,ervos de aquel señorío, que debía englobarlos en su
vasalla¡e. E ste ascendiente patern". fué un _verdadero campesino, un trabajador
de manos callosas. Careciendo de mstrucc1ón, firmaba su npmbre de Maujeán
con un garabato, y no sabía leer. G1Iberto se d1ó al fin por satisfecho de sus investigaciones geológicas.
. Con frecuencia hablaba á Pedro de su visita á Mareuil, proponiéndole repenrla; pero el muchacho encontraba siempre pretextos para rehusar; y al,fin adivmó que la condesa no llevaba á bien que fuesen alH juntos. La unión de Pedro. con Blanca n? _era más que un proyecto, uha especie de sueño de las dos
familias en el dom1mo de las cosas realizables, pero del cual no se había hablado nunca por una_ ni otra ll'.'rte. Inútil era despertar sobre este punto las sospechas de un extrano, expoméndose á que la noticia circulara antes de lo conve-

niente.
Pedro rehusaba acompañarle; mas Gilberto no pudo resistir, Sus pasos le conducían maquinal-

mente en direclos cerros y no se
detenía hasta que
divisaba en lontananza los tejados
del castillo; entonces dejábase
caer sobre el césped y pasaba allí

i1

'-......,,

./
En aquella estancia vefase u11 conejo herido... (pág. 428J

.,
y

:'f~1.,'.

ra del parque, en los senderos de las colinas, y buscaba en la arena
de éstos la huella de sus pequeños pies; pero solamente veía las señales de los grandes zapatos de los campesinos.
Sin embargo, cierto día que caminaba por las orillas del Herblet-

·~

·-

te, oculto entre las cañas y el ramaje de los arbustos, vióla pasar en
su coche, del que tiraba el borriquito; la niña iba con su aya y fustigaba alegremente al animal, que corría por la pendiente arenosa,
produciendo sonidos argentinos con su bonito collar de cascabeles.

·.'

.

\

Blanca no vió al joven y desapareció á lo lejos, extinguiéndose con
la distancia el ruido alegre de las campanillas. Entonces Gilberto
probó por primera vez la amargura que más tarde había de experi-

mentar cuando, perdido entre la multitud, la vería dirigirse al Bos-

vará través de la espesura. Vióla pasar una vez llevando en la mano
una redecilla dentro de la que bailaban algunas cortezas de pan, y

dirigirse hacia el estanque, sin duda para dar de comer á los cisnes.
Gilberto llevaba un ramo de flores silvestres cogidas en los cerros y
lo arrojó con toda su fuerza, yendo á caerá los pies de la niña, que
profiriendo un grito huyó sin volver la cabeza. El joven permaneció
un momento inmóvil y palpitante por su atrevimiento, á la vez que algo temeroso del resultado. Pocos momentos después vió de nuevo á la niña que volvía

largas horas, con
los ojos fijos en

con su aya, y reparando que ambas miraban con precaución en lo hondo de
los taludes, comenzó á correr para no ser visto.
Esto no le impidió volver, en otras ocasiones, pero habríase muerto de ver-

el terrado, investigando las ven-

tan as, esforzándo se para ver

güenza y de confusión si le hubiesen sorprendido á la orilla de aquel sendero
que flanqueaba la espesura, en aquellos matorrales de espinos y de eglantinas
silvestres, entre los cuales se ocultaba. Estaba siempre con el oído atento y fija
1~ vista á lo lejos para evitar toda sorpresa; pero no le valieron estas precau-

quién se hallaba
en los patios, y

siempre con la es-

c10nes.

peranza de que

Cierto día vió á Pedro surgir de repente ante él; sonrojóse al mirarle y perman~ció sentado en la hierba; su corazón latía apresuradamente y observaba con
mqmetud á su amigo. Pedro soltó la carcajada.
-¿Venías á ver las gacelas?, le preguntó.
Su compañero mismo le facilitaba la mentira que no le ocurría á Gilberto.

Blanca pareciese
de improviso.

- Sí, contestó.
- Pues no las verás, porque las han encerrado en su establo de invierno ...
.¡

Acabo de hacer mi visita de despedida á la marquesa y á Blanca, que se marchan mañana á París, y yo iré á reunirme con ellas dentro de algunos días.
.Los dos jóvenes emprendieron juntos y charlando el regreso á sus casas; péro
G1lberto estaba triste, y habló poco.

Blanca los llam6 desde la orilla /pág. 428)

más irresistible hacia el puro ideal de ternura que Blanca representaba á sus
ojos.
No había, pues, nada que temer de la divulgación de un proyecto definitivamente acordado, y Pedro no tuvo ninguna dificultad en conducir á Gilberto á
casa de la marquesa de Fonfreyde.
Vivía ésta en la calle de Babilonia, en un antiguo palacio, cuya parte principal ocupaba; en el salón del piso bajo, frente á las altas ventanas que daban al
jardín, hallábase instalada_ poco más ó menos como en el gran salón de Mareuil,
de espaldas á la oalle, leios del ruido y del movimiento y sin participar de la
agitación parisiense más de lo que hasta ella podía llegar por conducto de Blanca, que había cumplido ya diez y seis años.
Cu_ando los dos jóvenes se presentaron, la niña había salido; la marquesa los
recibió con su acostumbrada bondad, habló de un baile de tarde ideado por
Blanca, que invitaría á todas su, amigas, y rogó á Pedro y á su amigo que asistieran á la fiesta.
. Gilberto se consumió en impaciencia durante toda la semana. ¡El domingo
s1gmente 1ba á ver de nuevo á Blanca de la Fonfreyde, y asistiría por primera
vez á una fiesta del arrabal San Germán! Uno solo de estos acontecimientos

hubiera bastado para trastornarle; temblaba ante la idea de parecer un intruso
y ser como una mancha en aquel baile de señoritas, é imaginábase que estaría
torpe y fuera de su centro. Lo que más temía eran las sonrisas irónicas de los
jóvenes y de las señoritas, ejercitadas ya en todas las dificultades de la etiqueta,

III

y conocedores de .los prec10sos secretos del saber mundano. Por eso se ensayaba ya en las aclltudes, buscando las frases más propias al hacer su entrada, y

ilimitado del cas-

Cuatro años transcurrieron sin que volvieran á verse, pero se escribían. Pedro prometíase s~r ~enc:Uo, sin afectación de ningún género, para no caer en ridícuse p_reparaba para sufrir los exámenes en Saint-Cyr, donde al fin fué admitido. lo ante tan d1stmgmda concurrencia.
Gtl?ert~ ha?í~ cumplido ya veinte años, y proponíase estudiar Derecho; un
atractivo 1rres1stible, en el que se mezclaban la amistad de Pedro y el recuerdo
( Co ntinuará)

tillo! ¡Qué impor-

tancia adquiría á
sus ojos aquella
hija de noble raza, aquella débil

caídas pasajeras, más avergonzado de sí mismo y con un impulso

que en el aislamiento orgulloso de su coche.
Poco á poco se envalentonó hasta el punto de acercarse á los jardines, y muy pronto estuvo en la parte más alta del talud, á corta
distancia de la empalizada y frente á un claro que le permitía obser-

ción á Mareuil;
vagaba solo por

¡Ah! ¡Cuánta distancia mediaba
entre los dos! ¡Estab~ separado,
perdido para ella,
más adn por la
barrera que el
mundo elevaba
entre ellos que
por los altos muros y el parque

momento mismo, hallándose en París, y siendo bastante dueño de
sus acciones, el recuerdo de Blanca tal vez le libraba de alguna de
esas cadenas con que tap fácilmente se dejan sujetar á los veinte
años los caracteres débiles y amantes, Este recuerdo no le preservó de toda curiosidad, pero levantábase muy pronto en aquellas

La marquesa, apoyándose en su bast6n, condujo á sus visitantes
hasta la puerta

�LA ILUSTRACIÓN

430

ARTISTICA

NúMERO

497
NúMERO

LA

497

43[

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

á h
1 tendido por el Sur á la región del lago Poyang, y por
que nunca faltan y por el clima suave y dulce de l_as rante quince ddías espectácu~~s mn:tm~:1:tie~~:a:. el Oeste á las provincias de Nganvuei, Hunán, Hu.
éh
uizás Kueitcheu.
regiones templadas. Los labradore~ son muy aficio- naturaleza pue e o recer con . .
nados á vivir agrupados en pequenas aldeas ó case- Pobres y humildes eran los f~1fic1os ff;~~:~ioss~ p H~ ¿currido lo de siempre: asaltos, incendios, des·
ríos junto á sus campos de ~ultivo, entre bo~ques de
~~:~~~~aá~be:ie:º;~~uf
a~~~;~\:e se des_lizaba ~rur.cio;:~ i~~~;:cio~/c:~:!~ª~ºt1!~sí~i~~~~ap;~
bambúes y de gigantescos s1comor?~ y ac~cias.
El suelo es llano, pudiéndose v1aJar d1as en~eros al pie de la casa, la poesía del_ estl°\ su a~:~~~~l~ ::eº~ªasta los puertis exteriores del río sólo ha llegapor las provincias del centro sin ver una montana en su fres~ura, ~e ~~~~~: ~nor~~ t::: ~o~?ci~ de que do el rumor de los sucesos, sin poderse precisar aún
1
el horizonte. Esto ocurre porque todo aquel terreno
los PJi~~os que ~~se
fi;c:u~n~:~~iese~
está formado por los aluviones de los gran~es ríos del ~~~:;in~~:;;;~ ~iio hhadsido
Asia central en el transcurso de muchos siglos. ~ero la reciente rebeh n a estru o mc~~e~~s días del causa común con el pueblo sublevado, sino que se
~l motín es~lló_ en Vuhu, en los pn . e los más han unido á los revoltosos las tropas imperiales endonde antes hubo una isla, que ahor~ es monta~a ó
cordillera unida al continente, el gemo de los chmos
se ha apresurado á levanµ r ~~ ella t~mplos Y monasterios, consagrados á la religión nacional. Y más
que en parte alguna, tal ocurre en la cuenca del Yangtªc~:~:~c;~:du~:~~t:i:\;d:e~_tI'md'~~i:'. 1
see, en donde se ven los famosos templos de la Isl~ rab:~~:~
cuchillos y objetos de acero de mfenor cahda , Y en otros, que m 1
d y
de Oro, los de los Des Hermanos y t~ntos otros si- sus inmediaciones se hallan las fábricas que producen con gran actividad, _tenemos e~ las aguas e1 angttuados en sitios pintorescos como qmzá no se en- el mejor papel chino para escribir y dibujar, hecho \ see un c~ucero nac1o~~I, que a ~a ~ora pr~sente:e~e
cuentren en Europa.
.
.
.
la corteza de l~s árbol~s de sebo Y morera Y c?n hHallar~e Junto ád!ªH:~gt::gs~~~oªh!~ !s!r~t~r e~u~
Los católicos han seguido el mismo sistema, e?1fi- con
a·a de arroz. La cmdad tiene aspecto muy especia1 ong eu, Y no
. .
cando iglesias y capillas en los mont~s, que la idea ~iita desde el río, porque domina la línea baja de sus vocadamente t~d?s los pe!'~d1cos. tienen aún notipopular rodea de cierta natural venera~1ón. Recuer~o monótonas construcciones una antigua pagoda buY de esta m1S1ón espano ª no se
.
que durante los últimos tiempos de mt permanencia dhista desmantelada por las pasadas guerras civiles cias conc~etas. Se sa?e ~ue ha esta~lado t~mb1én la
en China, presa de fuertes calenturas que no acertaba del im'perio. En su recinto se albergan los literatos insurrección _en su d1stnt?, pero se 1gnr~ Sl e~Qeº los
á curar, fuí aconsejado que pasara una_ tempora~a en más fanáticos y ellos han sido, con sus predicaciones frailes agustmos ha h~b1do halgunal~ ct:aá.1f e%e;~
las alturas de una montaña para ver s1 el _camb10_ de por las calles' y sus proclamas fijadas en los muros, Dios que nuestros marinos ayan ega o 1
aires modificaba mi dolencia. Un buen fraile lazamta
EDUARDO TODA
me ofreció el asilo de su misión en.la cima de una quienes han iniciado el mov~miento popular contra de salvarlos!
los
cristianos,
que
con
la
rapidez
del
rayo
se
ha
exsierra vecina á Kiukiang, y allá fui para disfrutar du-

e¡

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~;:~;!:~i:~f~\~p~:1!:::;t~t~~~:~ ~~:.P:th~~~~:~~a:l~::o;::;i:tp¡~'~~~

::i~.r~I;.i:~~~~;Jir~~:~i~:i.ii~

~:s

I
I
I

Vista de Vuhu, donde han estallado recientemente los desórdenes contra los cristianos en China

REBELIÓN ANTI-CRISTIANA EN CHINA
Nuevamente el telégrafo acaba de poner en conmoción á las cancillerías europeas. Del Extremo
Oriente llegan noticias de carácter gravísimo, más
acentuado por el laconismo de los despachos, asegurando que otra vez arde en rebelión el centro del imperio chino, levantado en fanática cruzada contra los
misioneros europeos. Las tranquilas márgenes del río
Yangtsee, el Hijo del Océano como le llaman los poetas chinos, son el ce11tro de la nueva agitación, que
merece ser estudiada, no sólo por la indudable importancia que para todos tiene, sino también porque
hay allí ciudadanos españoles, hijos de nuestras órdenes monásticas, por cuya seguridad se abrigan actualmente muy serios temores.
Los movimientos anti-cristianos no son raros en el
Celeste Imperio: datan de la época de la primera aparición en los puertos de comercio de los misioneros
apostólicos, y se reproducen con insistencia periódica, sin que basten á evitarlos los tratados europeos
y los edictos de las autoridades del país. Aquella sociedad, fanática más que religiosa, entregada á las
supersticiosas prácticas de un budhismo formalista
y grosero, sin fe en el alma ni convicciones en el cerebro, muévese fácilmente cuando piensa entrever
una ingerencia extraña en sus usos, sus dogmas ó sus
cultos. Y sus movimientos son tan irreflexivos como
impetuosos: el torrente que desborda, la avalancha
que rueda por los flancos de la montaña, el huracán
que da alas al fuego, no causan los desastres de una
conmoción popular china en una mañana de motín.
Los que hemos vivido largos años en el Celeste Imperio recordamos con frecuencia hechos de este género ocurridos en los últimos veinte años. Un día,
en 1870, se levantó el pueblo de Tientsín contra los
misioneros católicos. Estos, franceses de origen y de
nacionalidad, se habían naturalmente amparado bajo
la bandera de su cónsul; pero este acto, que en cualquier otro país hubiera impuesto refpeto á las turbas,
allá sólo sirvió para desenfrenar con mayor furia los
odios de los revoltosos. El desastre fué terrible. Ardieron las casas de la misión; ardió el consulado de
Francia, y tra, éstos fueron invadidos, violados y destruídos casi todos los edificios europeos de aquel
puerto. La bestia popular atacó á las personas, y no
perdonó á una sola de las que pudo dar alcance. El
cónsul, los frailes, once hermanas de la Caridad, tres
ó cuatro extranjeros más, fueron las víctimas sacrificadas en un día de orgía. Y ¡detalle horroroso! entre
estas víctimas se hallaban dos jóvenes recién casados
que acababan de llegar de Francia en la mañana de
aquel día, y debían salir al siguiente para Pekín, donde
el marido ejercía el cargo de secretario de Legación:
con ellos se cebaron de una manera encarnizada.
Diez años más tarde ocurrían desórdenes análo·
gos en la provincia del Hunán, en cuya parte septentrional hay un vicariato español de frailes agustinos. Esta misión es de muy reciente origen, pues sólo
data de 1878. En esta época se presentaron por vez
primera en aquel remoto lugar nuestros regulares del
Escorial, llamados por un venerable prelado español,
á quien habían desterrado de la patria las revoluciones poHticas sucedidas en el primer tercio del presente siglo. Monseñor Navarro, que así se llamaba el

vicario apostólico, había abandonado en 1836 el incendiado convento de su lugar para refugiarse en
Italia, de donde salía más tarde como simple misionero para evangelizará los incultos habitantes del centro de la China. Con grandes esfuerzos consiguió
crear una misión que dependía de Italia; pero al llegar al final de su jornada, sintiendo extinguirse con
la juventud los ardores del entusiasmo, y convencido de que por falta de personal no progresaban sus
cristiandades, volvió los ojos á España, pidiendo el
auxilio de los padres agustinos, á los cuales ofrecía
dividir su misión. Así obtuvieron éstos la parte septentrional dela provincia del Hunán, y aunque notardaron mucho tiempo en presentarse en el nuevo campo de su actividad y de sus labores, tuvieron al llegar
el primer desconsuelo de saber que el obispo Navarro
acababa de morir.
Y empezó entonces el martirio de nuestros misioneros: lento y oculto primero, á la luz del dfa después, provocado por las intransigencias y los odios
de los literatos y mandarines del distrito, que comenzaron por negarles la sal y el agua, por hacer el vado
en torno suyo, por prender y ocultar á los cristianos
que les servían, y concluyeron por levantar en insurrección al pueblo de Yuen-chiang Shien contra la
casa-iglesia y contra los frailes españoles. Fué invadida y saqueada la primera: éstos tuvierqn que pedir
á la obscuridad de la noche auxilio para la fuga,
efectuada entre mil azares y peligros.
El gobierno español se preocupó muy seriamente
por aquel atropello, que vulneraba los derechos consignados en nuestros convenios con la China, y decidió obrar con energía enviando á los sitios más
próximos del lugar donde ocurrió un buque de guerra
de la nación y un delegado especial que exigiera la
reparación debida Obtúvose ésta después de largas
y pesadas negociaciones: lo que no se ha conseguido
luego es asegurar la paz y la tranquilidad de aquella
misión, muy combatida por múltiples circunstancias
que no son del caso, y también alguna vez perjudicada por la inexperiencia de los mismos religiosos.
Estos odios de los chinos contra los misioneros católicos se han extendido ahora á toda la cuenca del
río Yangtsee. Ignoramos aún el motivo de su explo·
sión; pero es seguro que al ser conocido evidenciará
una vez más la barbarie y la crueldad de aquellas razas asiáticas, mal encubiertas por el barniz de su antigua civilización. El movimiento de Tientsín en 1870
fué provocado por el rumor popular que propalaba
la noticia de que en el asilo de huérfanos de las hermanas de la Caridad se mataba á los niños para sacarles los ojos y el corazón y hacer medicinas con
estos órganos humanos En 1880, en Yuen-chiang se
aseguraba que los españoles eran monstruos con cabeza de acero, que comían arena, vivían en la mayor
miseria y destrozaban los cuerpos de los moribundos
para abonar los bosques de bananeros. Otra invención de este jaez habrá provocado ahora en todas las
riberas del Yangtsee el movimiento, más grave porque comprende un sinnúmero de misiones, alejadas
de los puertos de comercio y por lo tanto sin la efectiva protección que podrían dispensarlos las escuadras extranjeras,

La cuenca de Yangtsee tiene un número respetable de vicariatos apostólicos, servidos muchos de
ellos por regulares lazaristas franceses: otros por frailes franciscanos italianos: uno por padres agustinos
españoles y otro por regulares belgas é irlandeses.
Cada vicariato abraza media provincia china, ya que
ordinariamente éstas se hallan divididas en dos misiones; y hay que tener en cuenta que las 18 provincias de la llamada China propia, que ahora nos ocupa, tiene cada una de ellas la extensión y la población de nuestra vecina Francia. Puede así calcularse
mejor que citando datos aritméticos la inmensidad
del territorio de aquella región, en el cual vagan como
perdidos esos misioneros que tan á duras penas con•
siguen agrupar en torno suyo pequeñas congregaciones de creyentes Fijándonos sólo en la misión española, podemos afirmar que constando de un distrito
mayor que la mitad de España, tiene sólo un personal de siete ú ocho misioneros, cinco ó seis capHlas
y unos quinientos neófitos.
Allí todo es pobre y miserable. El misionero debe
renunciará las mayores exigencias de la vida europea
y resignarse á vivir como un indígena, con la pequeña retribución que recibe de su patria. Debe, además,
socorrer á sus cristianos, muchas veces para que no
le abandonen: cuidar del culto, satisfacer sus gastos,
y obligar con presentes á los mandarines para que
no le hostilicen. La abnegación y el sacrificio de
aquellos pobres frailes no tienen límite: hay que verlos en la obra y pasar á su lado por todas las miserias é inconvenientes de su vida para comprender
lo que ésta encierra de grande y heroico.
Pero su labor es estéril, y lo será mientras no cambien radicalmente las condiciones del pueblo chino.
Allí nadie es capaz de moverse por ideales, ni de
sentir la necesidad de una vida moral mejor, que tampoco se aviene con su constitución presente. Pueblo
polígamo, como todos los del continente asiático, es
inútil pedirle la restricción de sus goces materiales
ni cantarle las excelencias de una familia, una mujer y un hogar. Es música que no entiende, y conducta que jamás practicará mientras tenga medios
materiales de seguir otra contraria.
Así lo sienten los mismos misioneros cristianos, y
en general se resignan á conservar los pequeños rebaños de sus comunidades, reuniéndolos los domingos en las pequeñas iglesias de los pueblos. Estas son
edificios chinos sin ningún signo exterior que indique su destino: no se alza la cruz sobre la fachada,
ni suena al lado la campana para congregar á los creyentes. Tan sólo en los sitios donde se disfruta de
relativa tranquilidad se ve colgado junto á la puerta
un gran tablero de madera negra con una inscripción
en caracteres dorados que dice Iesu Tang, templo
de Jesús.
En los campos abundan también las capillas cristianas. Los misioneros católicos han seguido la corriente poética que mueve á los naturales del imperio chino á admirar y cultivar las bellezas de la naturaleza. Allí donde los pueblos y ciudades son infec•
tos depósitos de suciedad y porquería, los campos
ofrecen en cambio el singular contraste de su hermc•
sa vegetación, de sus tierras fertilizadas por las aguas

.........
-

L..IIT J ~"TEPniLIQO'I -

LECHE .ANTEFÉL
,.n t lhld.lla • lfU, llllp

GRANO OE LINO TARIN
CLORÓSIS . -

ANÉMIA. -

, LENTUAI, T ES AIO
8 A ~=• ~ ~~ 0 8

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"º podriat1 ser dtmtUíado rtcomt"ndados ffl ra:ón (U ,-w. J)'MrfJ(I gu(mica, d,
DEróSITO GENERAL: 46.

-•ti:;::;,

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le curarjn de au con1tIp1c/on, le darj n apetito y le
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19pandor de lil fUerzu '11alel, de eete leí118ea■te ,-r -•le■ela. De un ¡uato au-

·~•an 1

•IJDl•t

mamenle a,rad&amp;ble, ea aoberano contra la """""' J el .ÁJ)OCMllúnt o, en lu

Calffltu,w
7 CM~CODtr&amp; 1u l&gt;IMWM J IU . Á ( ~ del Bltomaqo y loe fffle,"no,·

~'Ta'mir::= ~=:gó~ir'Ta~ .~n;-¡;,~~utu;o~

Clldai por loa calorea, uo ae conoce nada aupenor al Wl■e de 911.i■a de A.rea41.
lo!, ..,or4 • Parta_,~ wa dt 1. FJIRll, Farmaceotico, 10!, ru1Richelieu, Saceaor deA!OUD.
Da VDl&gt;B S!C TODü Lil PIUICQUl.u.&amp;i llOTJQU.

:EXIJASE 111! t: '.ARDUO

Parttctpe.ndo de Ju propiedades del .lodo
J del Hierro, estas Plldoraa se emplean
es_peclalmente contra las ••crofulu, la
Ti119 y la Debilidad de temperameDto,
as! como en todos los casos(l"áltdo1 colorea,
.&amp;meDorrea,
en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
IU riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar ó re¡ulartzar su curso periódico.

• •&gt;,

. IJt'm/',,,--?J}s

rarmacennco, o Para,

~Rue Bonaparte, 40

El loduro de bterro Impuro ó alterado
N
es un medicamento Infiel é irritan te.
B
Como prueba de pureza y de autenticidad de
■

,

lu 11'erdaderae P Uclortu de lJlaneard,
Mig!r nuestro 111110 de plata reactiva,
aueatra firma puesta al pié de una eUqueta
1- - • y el Sello de garantla de la Un i6n de
111 r111rlc1ntn para lareprestón de la !llll•
kaeióD.
Q U IIALLU 1lft TODU LU •illliCIIU

0

1

�LA

43 2

NúMERO

}LUSTRACIÓN ARTISTICA

la empresa de hacer la sondeadura más profunda de cuantas hasta el presente se han
llevado á cabo y seguirán profundizando
hasta que se haga imposible continuar la
operación.
Este experimento se realizará con un fin
científico y durante él se anotarán los hechos interesantes, se recogerán muestras
de todas las capas atravesadas desde que se
comenzó á abrir el pozo para reconstituir
la superposición de las capas geológicas:
con los resultados obtenidos, las muestras
recogidas y las observacioRes hechas, seorganizará en 1893 una exposición especial
en Chicago.

NOTICIAS VARIAS
EL PORTE DE LAS CARTAS EN EL JAPÓN.
- Cuando comparamos lo que cuestan actualmente los portes de las cartas con lo
que costaban no hace mucho tiempo, sor
prende en verdad la baratura que en este
servicio se ha logrado. Tenemos, por ejem•
plo, la tarjeta postal que por diez céntimos
nos permite comunicar con comarcas situa•
das á centenares de leguas. Y aun en el interior de Inglaterra la tarjeta postal cuesta
solamenre medio penique, ó sean aproximadamente cinco céntimos.
Pero en donde los portes postales alean•
zan una baratura superior á cuanto podamos imaginar es en el Japón: en efecto, una
carta puede atravesar todo aquel imperio
mediante dos sen, suma equivalente á algo
más de medio céntimo, y esto es tanto más
asombroso cuanto que el Japón es uo país
sumamente montañoso, dotado de pocas
vías férreas y en donde por los caminos Or·
dinarios no pueden á menudo pasar vehículos de ninguna clase. El servicio de co•
rreos está generalmente confiado á peatones muy diligentes que ganan un jornal muy
mezquino, como todos los japoneses, cuya
sobriedad es proverbial.

LA CREMACIÓN DE LOS CADÁVERES EN

En el cementerio del Este de la
capital de Francia se ha instalado recien•
temente una nueva estufa que funciona de
continuo, de modo que puede ponerse en
actividad al momento de llegar un cadáver:
además está dispuesta de modo que pueden
ser incinerados tres cadáveres á la vez.
Consiste la estufa en una cámara abovedada en donde se verifica la cremación; en un
mecanismo para aprovechar el calor de las
evaporaciones y en un horno para producir
el gas generíldor necesario á la cremación.
Este, al arder, pone las paredes de la cámara á una temperatura de 700 á 800 grados, merced á la cual la incineración del
cadáver se realiza en muy poco tiempo.
Esta estufa consume un6s 720 kilogra•
mos de cok cada 24 horas; para una incineración bastan de 35 á 40 kilogramos. Entre una incineración y otra de cadáver utiHzase la estufa para la cremación de los
restos humanos procedentes de las salas de
disección de París.
PARÍS -

UNA SONDEADURA INTERESANTE. - Una

compañía americana que se dedica á la explotación de la nafta posee un pozo de un
kilómetro de profundidad y 18 centímetros
de diámetro que ha atravesado ya espesas
capas de hulla, de cuarzo aurífero, de hierro y de otros metales. Cuando este pozo
habrá alcanzado una profundidad de 1.500
metros, será explotado, según se dice, por
las autoridades ameritanas que acometerán

APJ:OL
de los ore. JORET &amp; HOMOLLE

Lu

Pemu .-, co11GU1 lu

PILDORASt!DEHAUT

g¡ APIOL cura los do/ore,, retr1101, 1upre1/one1 ,Je /11 Spocas, asi como las plrdldu.
Pero conrrecuenclaes !alsl.flcado.El APIOL

,

MEDALLAS E,p.. Unir'" LOH DRE8186Z •PA R/81889

Fu'-BRIUT, 150,mdeaJnll,PillS

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
• 118JIUTBO J MAGl'flSIA

, •,t1t1&gt;ADESd•1E1ro.h

t'+t~

#Ff4q0

--¼--

Pepsina Boudault

DE PARIS

no ti_tubean en purgarse, cuando Jo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
l~s demas purgantes, este no obra bien
SllJO cuando se toma con buenos-alimentos
Ybebidas fortificantes, cuaJ el vino, el calé,
~ té. Cada cual escoge, para purgarse, Ja
ora y la comida gue mas Je convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenteanuladoporel efecto de la
buena alimentacion empleada, WJ.O
se decide fllcilmente ll volver
4 empenr cuantas veces
sea necesario,

verdaderoJmico eficaz, es el de los Inventores. )os ,ur&lt;• JORET y BOMOLLE.

Beeomendad01 CIOQ\ra 111 .IJ-loDN del Elt6•
mago, Falta de .1.pe&amp;l\o, Dige■tionee la.bo•
rt0118.11, .&amp;oedlu, V6mltoa, Eruotoe, y C6liooa;
regulariAD la• FnJloloDN del E■tómago .,
de loe IDIN&amp;lnoe.
Erltlr en ti ,o/u/o• fm,a de l. FAYA/10.
Adh. DETB.I.H, Farmaoeutloo en P A1US

497

D. Torcuato Tasso, ,undida
en los talleres de los Sres. Masriera y C.•
( Ex posición general de Bellas Artes de Barcelona)

¡SIN PÁJARO! ¡ronRttCttLo!, eslalua en bronce de

.'ª""ª"'"•
- JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

C~LB DB BIYOLI. J.60, P..t.B.181 V e11 Cod•e laeJ,'•r•••"'El ~.AR.ABE DE BRIANTrecomendallo des&lt;1e su prlnctplo por 101 profesores
La
_ ennec, Théll&amp;l'd, Gael'llan~ etc.; na reclbl&lt;lo la consa1rrac16n &lt;1e1 tiempo: en el
ano t8!9 obtuvo el prlVUegto de 1nvenc16n. VUDADlRD CDIFITE PECTORAL con bue
de ¡oma l &lt;1.! lbal&gt;oiea, convtene aobrel\loílo las per1onaa &lt;1ellcad'as como
m'QJerea J nmoa. su guato excelente no perju&lt;11ca en modo alguno á su incacla
contra loa USrBlllOS l todas las IIFL.lJu.CIOIES del PECHO J de 108 IJTESTIIDS.

a

Soberano remedio para ré.pida cura-

cion de las Afeooione■ del pecho,
Catarros,llaJ de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso del'ivativo recomendado por
los primeros médicos de París.

Depósito en todas tas Farmacias

!probada por la AC!DEIJA DE IEDICIII!

PREMIO DELIHSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
M1d&amp;llu en lu lhpoalolonu lnternacloaalet do

PUIS - LTOR - mru - PBIUDELPBU - P.lRIS
1887

l87i

18i3

1876

11178

IS IDUA. COR !L MATO&amp; lbJTO 11' L...

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIQE8TION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;0I DIIOl.!&gt;11'11 DI U, DIHITIOW

BAIO LA FORKA DE

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
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de esta preparacion. (Se nnde en 1■Ja1, pan la barba, y en 1/2 o■J■1 pan el blcoie licero). Plrl
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