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                  <text>·· itrtélC10J)

12tí~t1ea
A~o X

BARCELONA

20

DE JULIO DE 1891

NÚM. 499

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

DON ENRIQUE SERRA, retrato copia del medallón en bronce esculpido por el profesor Kopf
Dibu;ado por Julio Morelli

�LA

450

lLUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

499

de aquel invisible y traidor enemigo después de la nero, siempre esclavo de la factura elegante y hacienruda batalla, erigiéndole en ídolo de su pincel, como do gala de sus brillantes cualidades de colorista.
Serra tiene hoy treinta y un años. Nació en Barce·
Texto. - Enrique Serra, por Federico Rabola. - La Exposi- hacen esos pueblos que adoran á los monstruos te· lona el día 7 de enero de 1859. A los catorce años,
midos
para
desarmarlos
de
sus
iras
y
crueldades.
ció11 del Circulo de Bellas Artes de Madrid, por R. Balsa de la
Parece como que Serra, una vez libre de los gér· después de una infancia de privaciones y trabajos,
Vega. - La sexualidad e11 el lenguaje (conclusión), por Fernando Ara ujo. - El llanto de perlas, por Floro. - Nuestros menes destructores que minaban su existencia, con- reveló su talento en la Escuela Provincial de Bellas
grabados. - Vizcondesa (continuación), por León Barracand, servó viva é indeleble la impresión de esa siniestra Artes de esta ciudad. Todavía recuerda con fruición
con ilustraciones de Emilio Bayard.-SECCIÓN CIENTIFICA:
la carta que recibió del director de La Ilustración
Concurso de co11tadores ellctricor. Una máquina ellctrica gra• hermosura con que disfraza su mortal fiereza el doEspa11ola, remitiéndole una cantidad por unos apun·
rado
ambiente
de
la
campiña
romana.
Desde
~El
lis. El puerto cki110 m Wey-hay•wei.
Arbol Sagrado» al &lt;Hermes» y al ü.atium,» tres tes que le envió sin que se los pidieran del aspecto
Grabados.- D. Enrique Serra, retrato copia del medallón grandes creaciones de este artista, doquiera asoma del patio del Hospital de Santa Cruz, en el aciago
en bronce esculpido por el profesor Kopf. Dibujado por Julio
día de la voladura del Exprés, invitándole á conti·
Morelli. - Estudio, dibujo al lápiz de D. Enrique Serra. - el falaz brillo de esa atmósfera que se cierne sobre
Sa11 Ignacio de Loyola, cuadro de D. Enrique Serra (Expo• los terrenos de Lacio como nube putrefacta sobre el nuar dibujando para dicha publicación ilustrada. Era
sición general de Bellas Artes de Barcelona). - Estudio de desierto campo de batalla, esos vapores que llevan el primer dinero que ganaba como artista, porque hamujer sentada, dibujo al lápiz de D. Enrique Serra. -Estu- en su seno vestigios de la sangre que fertilizara aq_uel bía ganado ya mísero jornal como obrero, siendo
dio de mujer de Palestina de pie, dibujo al lápiz de D. Enriniño, y aquello le supo á grande triunfo.
que Serra. -E11 la iglesia, cuadro de D. Enrique Serra adqui- limo, polvo de las ruinas que atestiguan el pasado
Diez y nueve años tenía cuando Talarn, el primer
rido por S. A. R. la princesa Mecklenburgo. - La Vía Apia, poderío, átomos de las aras derrocadas y de las es·
protector de Fortuny, adivinando en Serra un gran
cuadro de D Enrique Serra. - Cabeza de11iflo, estudio; di- tatuas sepultas.
bujo al lápiz de D. Enrique Serra. -Mafer Dolorosa, cuadro
Enrique Serra, nacido en pobre hogar, hijo del artista, consiguió por medio de una suscripción que
de D Enrique Serra. - Cabeza de 11iflo, estudio; dibujo al lápueblo,
ha tenido dos grandes acicates en su vida: encabezó facilitar al artista una humilde pensión que
piz de D. Enrique Serra. -El anillo de desposada, cuadro de
la
necesidad
y el talento; aquélla obligándole á tra- le permitiera perfeccionar sus estudios en Roma,
D. Enrique Serra ( Exposición general de Bellas Artes de
Barcelona) - Lag1mas Po11ti11as, cuadro deD. Enrique Sena. bajar, éste forzándole á producir. íCuántos genios se realizando el ansiado sueño del joven pintor. Entre
- Fig. r. Contador de energ{a eléctrica de) profesor Elibu han esterilizado en el sensualismo del bienestar!
aquellos primeros protectores de Serra figuraban los
Thomson. • Fig. 2. Diagrama del contador. - Una máquihermanos Masriera, los Torruellas, el marqués de
Su
talento,
sin
cesar
estimulado
por
el
arte,
aguijona eléctrica grafü. - El Conde de Urge/ en poder de la gmte
de D. Fernando de Antequera, cuadro de D. José Tamburini neó su ansia de saber. Lleno de intuición, pero falto Castellbell ...
Llegó nuestro artista á Roma en el preciso mo•
de estudios, llegó á Roma. Hoy es, más que un hom( Exposición general de Bellas Artes de Bar~elona)
bre ilustrado, un erudito, gracias á sus solos esfuer· mento en que Fortuny, en el cenit de su gloria, imzos, y en verdad asombran los conocimientos que ha pulsaba la corriente artística. No pudo su.straerse Se·
ENRIQUE SERRA
llegado á adquirir con su perseverancia incesante, rra al imperio de a11J_uel artista genial y fué en sus
puesto al servicio de su cariño profundo á la gran principios fortuniano hasta la medula de los huesos.
Algunos años han transcurrido desde que tuve ciudad donde ha encontrado segunda patria. Lo que De aquella época datan su Odalisca 111uerla, el Bolín
ocasión de conocer y tratar á Enrique Serra. Había le enseñaron las ruinas, sumado á lo que ha aprendi- de Guerra, La danza de la Almea, saturados del
venido de Roma gravemente enfermo, herido por do en los libros, llevaron á su entendimiento clara orientalismo entonces en boga, exuberantes de fanuna de esas terribles perniciosas que destruyeron la idea de toda la grandeza histórica de Roma; y de esa tasía y marcados ya con el sello de propia perso·
preciosa vida de Fortuny. No he olvidado todavía percepción íntima de todas las civilizaciones que nalidad. Estos cuadros dieron gran reputación á
han tenido asiento en la ciudad de los Césares y de Serra y le valieron ser llamado el heredero de Forlos Papas, brotó su profunda admiración, en la cual tuny.
Su Arbolsagradoinicialaépoca romana de su arte
se confunden el amor al paganismo con la devoción
y es el punto de partida de una serie inimitable de
del cristiano.
Nuestro artista se ha encariñado con Roma de pinturas, inspiradas en aquella campiña romana, ane·
modo tal, que no encuentra lugar alguno que le gada por el agua de los acueductos que destrozaron
aventaje. Ha comprendido su espíritu y se siente los bárbaros y que fluyó como la sangre de abiertas
penetrado del soplo artístico que escapa de su tierra. arterias, reflejando en todos estos lienzos la tristeza
Los recuerdos que en todas partes surgen y las gran- contemplativa del artista enamorado de aquel mundo
des obras que doquiera se admiran, el predominio deshecho en ruinas.
En su Virgen de Montserrat, en su Virgen de los
dos veces ejercido sobre todo el mundo, la primera
vez con la fuerza, la segunda con la idea, llenan de náufragos, en sus Hijas de María, en la Madomza
asombro la mente del artista que se deleita en la con- de Ripo/l y en su fmís y los ni1ios se manifiesta el
templación de sus grandes obras y de sus gigantes· pintor cristiano, apartado del sombrío estilo de la
escuela española, alejado del ascetismo, tendiendo á
cas ruinas.
Enrique Serra, influído por ese medio-ambiente, ese risueño cristianismo del siglo xv,, amigo de la
propende, como es natural, á las concepciones idealis- luz, devoto de las formas armónicas y reposadas del
tas, á la expansión de la fantasía, á la espiritualiza- arte clásico.
El Artículo de fondo, El intermezzo, E pur si muo·
ción de la materia, tomando tan sólo pie de la realidad para remontarse á esos espacios luminosos don- ve, Vendedoras ro111a11as, son otros tantos cuadros
de vagan las imágenes indecisas de los recuerdos y de géneros, muestra de su inventiva, en los cuales
se aproxima á la realidad y se ciñe bastante al natu·
de los ensueños.
Es imposible contemplar los insignificantes restos ral, sin que peque nunca de vulgar ni de trivial en
de un muro, un fragmento de antiguo ídolo, los pe· sus asuntos. Su último cuadro La Vettus del Tíber,
dazos mohosos de un acueducto sin que la imagina- adquirido por Guillermo II, es su obra maestra en
ción pierda de vista la realidad para evocar las fan· esta especialidad, pudiendo asegurar que se aceren
tásticas imágenes que el sentimiento de la pasada tanto á la verdad que satisfará de fijo á los más exigrandeza resucita, sin que ese espíritu de lo que fué, gentes partidarios del realismo.
Estudio: dibujo al lápiz de D. Enrique Serra
Pocos estudios hay en Rol!la tan visitados- como
que parece errar entre las ruinas, anime todos los
objetos y les infunda ese carácter poético y melancó- el de Enrique Serra. Es la academia de los pintoaquel rostro demacrado, aquellos ojos hundidos, lico, donde se refleja el temperamento soñador exci- res jóvenes y que van por vez primera á Roma, á
aquel color terroso; en una palabra, la juventud y el tado por los recuerdos que emanan del cerebro. Por quienes presta el maestro las luces de su experiencia
genio en lucha implacable con la muerte. En su mi· esto Serra, que conoce á conciencia la historia roma· y buen gusto. El domingo por la mañana, en su her·
rada brillaba el ansia de la vida, mezclada con los na y que sabe sentir, no puede ceñirse á la mera moso taller, se dan cita buen número de artistas y
fervientes anhelos del arte; las manos pálidas y des- copia de la realidad que, en su miseria viviente literatos, con la seguridad de admirar siempre algo
carnadas mostraban el inútil gesto de asir los pince- habla al artista con misteriosas voces y se le aparee; nuevo y de oir buenas cosas sobre arte y literatura
les; sus labios amoratados lucían grata sonrisa en la llena de matices y vibraciones que nunca el indife- en la conversación que se arma entre aquellas pobres
gentes que todavía se preocupan con estas tonterías:
que se vislumbraban los bellos horizontes que abar· rente pudo vislumbrar.
Como antes insinuamos, Enrique Serra pinta á la
Serra tiene ya imitadores y aun la fortuna de que
caba el artista con su fantasía soñadora mientras tevez esos recuerdos animados de la Roma antigua y haya quien falsifique sus lienzos. Esta es la mejor
nía el cementerio delante de sus ojos.
No había cumplido Serra veinte años y nadie creía las formas ideales del arte cristiano. En sus ruinas y prueba de su potencia y originalidad. Sólo los astros
campos desolados y cenagosos, resto de la grandeza de cierta magnitud pueden permitirse el lujo de tener
que llegase á cumplirlos.
Tenía un ángel á su lado, una criatura, prodigio caída, derrama la tristeza de la muerte, 1a florescen- satélites.
Su fama ha traspasado las fronteras de la patria,
de belleza y cariño, que no se movía de la cabecera cia de la putridez, la expresión extática y suave de
de su cama, atenta á sus menores deseos, llevando la realidad velada. En sus cuadros religiosos, como y en todos los grandes mercados de arte se solicitan
con sus miradas y sus sonrisas ráfagas de alegría al en las obras de los artistas del Renacimiento, hay el sus obras, á pesar de su alejamiento de la realidad
moribundo. Aquella niña fué más tarde la amante influjo de lo clásico, una adoración á lo plástico que próxima y presente.
Hebert Spencer le da la razón en este punto. «Lo
compañera del artista, quien en todas sus obras ha envuelve lo espiritual. como de quien gusta tanto
desparramado rasgos de su hermoso rostro y vislum- del búcaro como de la esencia. Cuando traslada al útil, dice, se convierte en bello cuando ha dejado de
lienzo las imágenes del antiguo paganismo, infiltra ser útil; lo que un tiempo fué práctico se trueca en
bres de su cariñosa expresión.
La fiebre fué vencida y la juventud derrotó á la en ellas algo de su temperamento espiritualista, y en decorativo. A medida que la sociedad se organiza y
muerte. Desde las negras sombras infinitas donde sus cuadros religiosos se deja ver el enamorado del dejamos atrás las costumbres, las maneras los procomenzaba á hundirse su alma, volvió Serra á la luz, arte clásico que no sabe mirar con desprecio la for. ductos físicos y morales de una época que desaparerechazando á la 111alaria, que desde entonces, como ma y procura enlazar la gracia pagana con el espíritu ce; á medida que- el alejamiento aumenta entre las
cosas de otros tiempos y las cosas análogas que nos
enemigo prisionero, amarró á su carro de triunfo. cristiano.
Enrique Serra es infatigable en su labor, fácil son familiares, aquéllas adquieren mayor carácter
Aquella aurea mepliitica de la campiña romana, ema·
nación brillante y ponzoñosa de las paludes pon tinas, siempre y variada. Ora nos ofrece larga y pastosa poético.» En consecuencia: las cosas y los sucesos dedonde flota el espíritu de la muerte, se convirtió de pincelada en sus paisajes, ora sutil y prolija minu- masiado próximos y que nos despiertan ideas poco
contrario terrible en amigo cariñoso; la causa de do- ciosidad de miniaturista en sus tablitas, verdaderas diversas de nuestras ideas ordinarias no son de utilor y aniquilamiento se trocó en manantial de vida y obras de orfebrería; desde la seriedad del asunto re- lidad alguna para el artista.
FEDERICO RAHOLA
de gloria. No pudo tomar el artista mejor venganza ligioso va á parar al cómico tema del cuadro de gé-

NúMERO

SUMARIO

499

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

451

mejanza árboles enanos y regimientos uniformes de arbustos
geométricamente alineados y
llEl.
recortados y anémicos, no les
CIRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID
satisface. Es menester que haya
rosales entre cañas y álamos
II
blancos, recién pintaditos por
la mano de una naturaleza coHabíamos quedado en que la
quetona, suigéneris, y cipreses y
Exposición del Círculo, excepción hecha de los lienzos de
pinos muy iguales, muy compuestos, y casitas blancas al laCortina y Casimiro Sainz - verdo de arroyos cuyas orillas esdaderas obras maestras que
tán bordadas de flores ...
honrarían cualquiera ExposiLa marina ... He dicho en
ción Universal, - nada de nuevo ofrecía al estudio lo allí exotra ocasión que tenemos buenos marinos; hoy sigo pensanhibido, á pesar de las firmas de
do y diciendo lo mismo.
Jiménez Aranda, Sala, Domín•
guez, Domingo, Rico, etc.; y
Sigo pensando y dioiendo lo
que examinadas las obras plásmismo, porque este género de
ticamente, eran tan insignificanpintura se ha tomado á benefites unas y otras tan defectuocio de inventario entre nosotros, quedando relegado á los
sas, como defectuosas é insig•
aficionados y á los pintores que,
nificantes de concepto.
Discúlpanse los organizadosin condiciones para producir
res del certamen con lo de que
una obra de arte, para interpreno se ha querido hacer una Extar un motivo cualquiera de la
posición de pretensiones: y yo
vida social, de la historia, escoreplico que para ese viaje (viagieron este oficio como pudieje deplorable), no se necesitaron haber escogido cualquiera
ban las alforjas del Jurado de
otro, aprendiendo únicamente
admisión. Y además, replico y
el mecanismo, la parte del ofiafirmo por centésima vez, que
cio al alcance de sus talentos y
con ó sin pretensiones, nuesdisposiciones artísticas.
tros certámenes de Bellas ArCuatro buenos paisajistas
tes serán por algunos años
cuenta al presente la escuela esecos, reflejos no más en el fonpañola, repartidos en Italia,
do y en la forma, de las extraFrancia y España, además de
vagancias, equivocaciones, vaCasimiro, y tres marinistas, incilaciones y congojas de la escluyendo el pobre Juste. Y sin
cuela parisiense; mejor dicho,
embargo de no contar más que
de la creada por talentos llenos
con siete ú ocho pintores del
de sjrit y por marchantes de sugénero, la abundancia de paisaficiente ingenio para dictar mo•
jes y marinas es tal, que pasma.
das al gusto y al arte.
Así como el número de poetas
¿Qué concepto, qué idea,qué
buenos era más escaso que nunmotivo de mediana importanca hace un siglo, y á pesar de
cia llevaron al lienzo los pinto•
eso, los pentacrósticos y las
res que en esta Exposición figuanacreónticas invadían hasta
ran, alguno con cinco y seis cualos hogares más prosaicos, para
dros? Por allí se ve una pescadoflechar algún corazón ó felicira con el capacho á cuestas;
tar al severo papá en el día de
más allá, varios petimetres de
su santo, siendo este género de
principios del siglo, fumando;
poesía el refugio de todos los ripor el otro lado, un soldadito
madores chirles, así también
flamenco, borracho; junto á cierhoyquetan escasos andamos de
ta figurilla de labriega, en pose,
verdaderos intérpretes de la naalgunos patos bañándose en
turaleza en sus manifestaciones
una acequia; más lejos, una jomás grandiosas, el paisaje y la
ven contemplando el paisaje
marina, al igual de los pentaque se desarrolla ante sus ojos.
crósticos citados, son el refugio
Todo es lánguido, todo acusa
de todos los que quieren figudesfallecimiento del ingenio,
rar de vez en cuando en letras
ausencia de imaginación, de esde molde, siquiera sea en los
tudio, de observación psicolócatálogos de Exposiciones,
gica. El medio social, sea cual
como esta de que me ocupo;
fuere, lo desconocen nuestros
pues de no emptttiar los pinceartistas; y sin estudiar, sin comles, pasarían por este valle de
prender el valor de ese ambienlágrimas sin que de sus persote que hace al individuo, es imnas se enterase nadie.
posible representar gráficamenDecía mi querido amigo Pite ninguno de los aspectos de
cón en reciente artículo, que
la vida humana.
no debería rechazarse ninguna
Nada nuevo, mejor dicho,
pintura ó escultura por mala
nada que sea original, propio,
que fuese; estoy de acuerdo,
que acuse una personalidad,
pero creo que deberían pagar
hay en el Palacio del Retiro.
un tanto alzado por cada cuaAranda es un concienzudo didro
los paisistas y marinistas
SAN IGNACIO DE LOYOLA, cuadro de I'-' Enrique Serra (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)
bujante, un anatómico, pero un
españoles.
colorista falso, y sobre todo, un
Benlliure remitió desde Rosectario de escuela agonizante - la servilista. - Do- que figura el autor de la Batalla de Otumba se dedi- ma el busto en bronce, gran tamaño, del inolvidable
mingo exhibe una testa microscópica y amanerada can hace tiempo al estudio del paisaje. Pe;o de sus maestro Plasencia. Esculpido para ser colocado al
de color y de factura; Sala mandó una media figura cuadros puede decirse que están inspirados por los aire libre, sobre el sepulcro del autor de El mentí•
de mujer, una elegante de principios del siglo, si bucólicos del siglo pasado. No se ve en ellos - en los dero, el trazo y la ejecución revelan la mano de un
buena de color y delicada de traza, en cambio vulgar cuadros - la más ligera tendencia á impresionar con artista de primer orden. Por cierto que este busto
.
y vista hasta la saciedad. ¿Qué pintor no habrá pin- la ruda sencillez de la naturaleza, tal y como se pre- gratuitamente
modelado por Benlliure, trae á mi me-'
tado una de esas incroyables1 Nada nuevo, repito, senta á nuesn:a alma - no á nuestros ojos solamen- moria un diálogo sostenido por el pintor y el estapuede admirarse; por el contrario, creo que nos esta- te. - La sevendad de la montañosa región del Gua- tuario poco tiempo antes de que mi ilustre maestro
mos afeminando; creo que lo que se observa son dos darrama, lugar adonde suelen ir de cuando en cuan- abandonase este mundo.
tendencias acentuadamente transpirenaicas; la frivo- do nuestros paisajistas de aquí en busca de motivos
- Oye, galán, dijo una tarde Plasencia, quiero que
lidad en el asunto, tomando por modelo cocottes ó para arreglarlos y guisarlos después 'dentro de las me hagas el busto en bronce para colocarlo en mi
labriegos pour rire, y la deformidad y convencionalis- cuatro paredes del taller, es demasiado austera de- taller.
masiado grande para que puedan sentirla é inte;pre- Con una condición, contestó el autor de don
mo en el color y en la línea.
No hablemos del paisaje ni de las marinas. Sainz tarla fiel?1ente. ~~r. otro lado, acostumbrados públi- Diego L6jez de Raro, que tú hagas otro estudio al
y Juste fueron los maestros; los cuadros que quedan co y. artistas á tdtlios forestales, un paisaje abrupto, óleo de mi cabeza, para colocarlo también en mi
son liliputienses é imitadores de todo menos de la salvaJe, un lugar donde no se vea la mano destructo- taller en Roma.
verdad. Y cuent~ que pintores de mérito, entre los ra del hombre, empeñada en hacer á su imagen y se-Aceptado.
LA EXPOSICION

l

I

�LA

45 2

NúMERO 499
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO 499
sa de esa atribución? Nacla de eso. La atribución del
género á nombres de cosas sin sexo obedece á una
ley, pero esa ley es de todo punto independiente del
significado de tales nombres y se refiere tan sólo á
su estructura material; es la ley de la analogía fonética de las terminaciones. Para mejor hacer comprender esta ley, la haremos sensible ante todo refiriéndonos á lo que ocurre en castellano. Cuando en castellano queremos expresar la femineidad transformando una palabra de masculina en femenina, nos
valemos de la terminación a, y así hacemos de perro
perrA, de gato gatA, de Luis L~isA, de_ ·Ricardo Rt'cardA de maestro maestrA, de pintor pintorA; la costumb;e de ver en esta a la característica del femenino en los nombres de seres susceptibles de sexo, hace
que cuando la encontramos también en palabras expresivas de cosas sin sexo las atribuyamos, por la
analogía puramente fonética que entre unas Y. otras
existe, el género femenino: as! hacemos femenina ia

casa la cocina, la vajilla, la vela, la estopa, la esperan;a, etc., mientras hacemos masculinas las palabras
el tiempo, elespacio, el miedo, el sombrero, el vestido, etcétera., etc., porque la o es la terminación más usual de
los nombres de seres masculinos. Lo mismo pasa en
francés, sólo que en lugar de la a es la e muda final
la que caracteriza el femenino, por cuya razón se
hacen de este género la tab!e, la mesa; la plume, la pluma; la cl1aise, la silla; la téte, la caheza, etc., etcétera.
De tal modo se ha«e sentir esta ley en la analogía fonética desinencia! que, á pesar del extraordinario influjo que en las lenguas ejerce la derivación, imponiendo á las palabras de las lenguas derivadas ~¡ género que tienen en la 1eogua madre, hay ocasiones
en que la analogía fonética se sobrepone á todo, vaciando las antiguas palabras en el nuevo molde y
haciéndolas salir del mismo con el sexo metamorfoseado: así, por ejemplo, la palabrafolium al pas~r del
latín al castellano y al francés, no en su forma smgular sino en pluralfolüt, se transformó en castellano
en hoja (foja) y en francés enjenille, adoptando en
ambas lenguas el género femenino, en virtud de la
analogía fooéyica, en lugar del oeutr_o que t~ofa en
latín: así salio de un plural neutro latino un singular
femenino en francés y en castellano, como en italiano y en portugués.
Claro es que esta ley, como todas las demás leyes,
mucho más en materia de lenguaje, es no pocas
veces infringida; pero la generalidad de estas infrac-

ESTUDIO DE MUJER SENTADA,

dibujo al lápiz de D. Enrique Serra

- Cuando regrese de Roma, que será dentro de
un par de meses, pondré manos á la obra, dijo Mariano.
En efecto. Benlliure cumplió sn palabra; pero si se
descmida unos días, ni la mascarilla del eximio pintor
puede modelar.
.
Llegó á tiempo de verlo rodeado de flores y metido
en su ataúd de hierro.
Gandarias exhibe, además de un busto en mármol,
cuatro estatuitas representando los cuatro elementos.
Realmente el notable escultor no está á la altura de
su talento. Fáltale originalidad, y aun cuando están
bien modeladas, no brillan por condición saliente
alguna.
Alcoverro se presenta bajo un aspecto nuevo, y
justo es confesar que en esta fase de sus condiciones de artista se revela como escultor de sprit. Ade•
más del grupo en bronce, reproducción del que estuvo expuesto en esa Exposición, titulado Dúo, presentó un barro cocido admirable de hechura y lleno
de gracia. Representa un artista que apura una colilla y viste pobremente. Va con la caja de los colores

Camino del Pardo.
Un discípulo de Suñol exhibe un hermoso busto,
y el Sr. Galán, que asiste por vez primera á un certamen público, muéstrase buen dibujante y conocedor del manejo del palillo, prometiendo llegar, de
seguir por el buen camino que ha emprendido, adonde llegaron los buenos estatuarios.
Esto es lo más saliente de lo expuesto en la sec•
ción de escultura,

R. BALSA DE LA VEGA

LA SEXUALIDAD EN EL LENGUAJE
( Co11cl11sión)

No existe, como se ve, esa pretendida relación
entre el género de los nombres y los caracteres de
fuerza ó de gracia del significado de las palabras. Si
aun reducida nuestra investigación al estrecho campo
de una sola lengua, la francesa, por ser en ella donde
principalmente intentaba Bescherelle apoyar su teoría, encontramos desmentidas á cada paso por los hechos sus seductoras elucubraciones, ¿qué sucedería si
extendiéramos ni.iestras investigaciones á las demás
lenguas? Tropezaríamos con que el sol, por ejemplo,
masculino en las lenguas novo-latinas, es femenino
en las germánicas ( die Sonne), mientras que la luna,
femenino en aquéllas, es masculino en éstas ( der
Mond); nos encontraríamos con que en castellano el
ratón es masculino y la rata femenino, mientras en
francés sucede lo contrario, siendo femenino la souris, el ratón, y masculino le rat, la rata; veríamos que
el agua, aqua, femenino en latín, en castellano y en
francés, l'eau, es neutro en alemán, das Wasser, y en
griego, to lloop, mientras que el tiempo, le temps, es
masculino en castellano y en francés, femenino en alemán, die Zeit, y neutro en latín, tempus; como caput,
la cabeza, neutro en latín, es femenino en griego,
wp«A71, y masculino en alemán, der Kopj ¿Qué d~ducir de este cúmulo de hechos? Que no existe relación
alguna necesaria y general entre el significado y el
género de las palabras.
¿Sostendremos entonces que la atribución del gé•
nero á nombres de cosas sin sexo es meramente arbitraria? ¿Renunciaremos á averiguar cuál es la cau-

ESTUDIO DE MUJER DE PALESTINA,

de D. Enrique Serra

dibujo al lápiz

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

453

ciones tiene fácil explicación,
cabiéndonos la satisfacción de
ya en la derivación, ya en la
ser los primeros en presentar
paralización de la vida de las
la importante doctrina objeto
palabras en determinados mode estas páginas en toda su inmentos de su desarrollo, ya en
tegridad, recogiendo á la par
la influencia de la lengua erulas enseñanzas de la filosofía
dita, ya en otras muchas caudel lenguaje, los hechos descusas que sería prolijo enumerar,
biertos por los lingüistas y las
As!, por ejemplo, la influencia
leyes formuladas por los filóde la derivación explica que
logos, de cuya triple confron·
las palabras francesas college,
tación ha de brotar, como ha
miracle sean masculinas, á pebrotado en lo que precede, la
sar de terminar en e muda,
clarísima luz que ha de guiar
por derivarse de las latinas
nos en nuestra exposición.
neutras collegium, miraculum¡
El procedimiento más natuasí el influjo de los eruditos
ral y el que seguramente emdel Renacimiento explica el
pleó el hombre para marcar
género masculino de las voces
en el lenguaje la distinción
labeur, l1onneur, en contra del
sexual de los seres fué el de
movimiento de la lengua poservirse de una serie de palapular que tendía á hacer febras para designar los machos
meninas todas las palabras tery de otra enteramente distinta
minadas en eur como la doupara designar las hembras;este
leur, la peur, la terreur¡ así las
procedimiento es el que usaexigencias etimológicas explimos en castellano para distincan que la palabra francesa
guir el hombre de la mujer, el
bonheur, dicha, se aparte del
toro de la vaca, el caballo de la
género femenino de esas misyegua, como en francés se dismas voces en eur por venir del
tingue l' homme de la femme,
latín bonum augurium¡ as! las
le taureau de la vache, le cheval
leyes que rigen la composición
de la jument, etc., etc. El grade los sustantivos en alemán,
mático Estarac ha hecho la
dotando á las voces compuesobservación, tan atinada como
tas del género que tjene el úlexacta, de que frecuentementimo de sus términos compotemente los machos, las hemnentes, explica que la palabra
bras y hasta las crías de los
der Hauslzerr, el amo (de caanimales que más utilidad y
sa), sea masculina; die Hausplacer proporcionan al homfrau, el ama (de casa), femenibre llevan nombres distintos:
na, y das Rathaus, la casa de
el gallo, la gallina, los pollos¡ el
Ayuntamiento, neutra; así, en
toro, la vaca, la ternera¡ el cafin, otras diferentes causas
ballo, la yegua, el potro, etc.
explican en cada lengua el porNada más natural que este fequé de cada caso excepcional
nómeno. Así como al tratarse
que ocurre. Lejos de invalidar
de nuestros semejantes, no estodas estas infracciones la ley
tamos conformes si no les degeneral, vienen á confirmarla;
signamos individualmente con
siendo evidente que la analosu nombre propio, Luis Pérez,
gía fonética desinencial es el
Jacinto Sá,nchez, José Rodrtúnico principio capaz de exguez, obligándonos las necesiplicar la atribución de género
dades de la vida y del trato soá voces expresivas de seres sin
cial á marcar á cada individuo
sexo.
con su nombre y á inventar
Dada la necesidad de exprecon tal motivo los nombres
sar el género de los nombres,
propios, apellidos y apodos,
¿qué medios ha discurrido el
para determinar perfectamenEN LA IGLESIA, cuadro de D. Enrique Serra adquirido por S. A. R. la princesa Mecklenburgo
ingenio humano para satisfa·
te las personas á que nos refeReprodttcción del mismo tamaño que el original
cer esa necesidad? ¿Cuáles son
rimos, así también cuando quelos procedimientos empleados
remos hablar de animales dopor las lenguas para hacer sensible por medio de la casi VIrgen, lo mismo que ei que acabamos de re- mésticos, nos vemos en la precisión, por la frecuenpalabra las diversas impresiones recibidas por el es- correr. No hay gramático, lingüístico ni filólogo que cia con que tenemos que designarlos, de distinguirlos
píritu de los seres de distinto sexo? He aquí otra nueva no haya tenido, poco ó mucho, que tocar estas cues- con nombres diferentes; por eso, además de la palafase del estudio de la sexualidad en el lenguaje tan in- tiones; pero nadie que sepamos hasta ahora ha aco- bra perro, que designa á toda una especie de esos aniLeresante como curiosa. El campo es vasto y el terreno metido el estudio de conjunto de la teoría general, males, usamos las voces faldero, galgo, mastín, poden-

�454

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

co, terranova, etc., y aun siendo insuficientes estas
palabras, expresivas de ciertas variedades de la especie, llamamos á los perros de nuestras casas ó á los
de nuestros amigos con los nombres propios, Sultán,
León, Batiente, etc.; otro tanto sucede con la especie

CABEZA DE NIÑO, estudio;

los idiomas pobres. Así en castellano tenemos el águila, el buitre, la perdiz, el tigre, como en francés tienen la co/ombe, la paloma, le serpent, la serpiente, la
taupe, el topo, le merle, el mirlo. A veces también esta
designación común para ambos sexos obedece á. razones eufónicas y en ocasiones á la dificultad de distinguir el sexo de los animales, como sucede por
ejemplo en la perdiz. ¿Qué hacer en todos estos casos
cuando por cualquier circunstancia queremos determinar el género del animal de que hablamos? ¿Qué
procedimiento emplear, á qué medio acudir si no
tenemos más que una sola palabra para indicar ambos sexos? Nada más sencillo ni rudimentario: se toma la palabra significativa del sexo, se une al nombre del ser y está resuelto el problema. Así en castellano mediante las voces macho, hembra, unidas á los
nombres indicados, formamos las expresiones perdiz
macho, perdiz hembra, como en francés con los términos 1dle, feme/le, se obtiene en casos análogos el
mismo resultado, diciendo perdnx mále, perdrix ftmelle. Este procedimiento, que en nuestras lenguas
de Occidente constituye la excepción, siendo bastante reducidos los casos en que tenemos que acudir á
él, viene á ser la regla general en las lenguas monosilábicas, como el chino, annamita, siamés, tibetano
y birmán, así como en la- mayor parte de las aglutinativas, tales como el wolof, hausa, taitiano, vitiano,
soninké, etc. Así el chino, por ejemplo, de la palabra tse, que significa hi-'o en sentido general, en

dibujo al lápiz de D. Enrique Serra

caballar, cuyas variedades reciben, según los casos,
los nombres de caballo, yegua, potro, jaca, corcel, jamelgo, lzacanea, etc., llevando además cada individuo
un nombre propio dado por sus dueños, como puede
verse en las listas de las carreras de caballos; por la
misma necesidad de precisión en el lenguaje, exigida
por las circunstancias en que se halla, no se conforma
el labrador para designar á los animales de la especie
bobina que posee con los nombres de buey, toro, vaca, cabestro, ternera, sino que llama á cada uno de ellos
un nombre propio, ya tomado del color de la piel, ya
de cualquiera otra circunstancia, ya de puro capricho,
como el Negro, el Manchado, el Rabón, el Pintorro,
el Boyante, etc. ¿Qué labradora no distingue perfectamente con sus nombres los perros que guardan sus
rebaños, las reses que labran sus heredades, las gallinas que las surten de huevos y los asnos que llevan
al mercado el excedente d~ sus frutos? A esta necesidad de distinguir con la mayor precisión los seres de
la misma especie debe su origen el procedimiento
empleado para la determinación del género consistente en usar palabras distintas para designar cada
ser de sexo diferente, y á la misma necesidad es debida la invención de los nombres propios con su séquito de apellidos y el empleo de palabras distintas
para designar al mismo individuo según las relaciones de parentesco en que se encuentre; así, para no
citar más que esta última serie de vocablos, tenemos
que el mismo individuo, según los casos, es designado con los nombres de padre, ltijo, hermano, tío, sobrino, abuelo, nieto y primo en castellano, como lo es
en francés con los depere, fils, frere, onde, neveu, cousin, y en latín con los de pater, filius, frater, avunculus, nepos, y en alemán, con los de Valer, Sohn, Bruder; Oheim, etc., etc., y si de la serie masculina pasamos á la femenina, tendremos en castellano las voces madre, hija, hermana, tía, sobrina, abuela, nieta,
como en francés mere, filie, smreur, tante, como en
latín mater, filia, soror, y como en alemán Mutter,
Tocher, Schwester. Véase al mismo individuo recibiendo por sus relaciones de parentesco los nombres
más diferentes, como recibe por su profesión otros
distintos, apareciendo así en la vida social bajo mil
diversas formas según el punto de vista en que se le
considere.
No es este procedimiento, sin embargo, el único
empleado por el hombre para expresar la diferencia
sesual de los seres. Utilísimo y de general aplicación
en todas las lenguas cuando se trata del hombreó de
ciertos animales domésticos que constantemente se
están nombrando en la vida ordinaria, es de menos
aplicación para designar aquellos otros seres que, ya
por su alejamiento de nosotros, ya por la escasa uti·
lidad que para la satisfacción de nuestros gustos ó
necesidades tienen, ya por sus rarezas, nos son poco
conocidos, no habiendo gran interés en determinar
su género; el vocabulario de seres animados, rico en
expresiones cuando se trata de aquellas especies, aparece pobre en demasía al tratarse de éstas, y generalmente no poseen las lenguas, en este último caso, más
que una sola palabra para designar al macho y á la
hembra lo mismo que á sus crías con todas sus variedades de tamaño, color y formas. Esto ocurre hasta
en los idiomas más ricos, siendo más frecuente en

MATER DOLOROSA,

cuadro de D. Enrique Serra

francés 'enJant, forma las voces nan-tsé, hijo, fits, y
niú-tsé, hija,fille; así el soninké para designar al buey
dice na y para designar la vaca naiakare; así el malinké y el baubara para nombrar esos mismos animales dicen misi, buey, y misz~muso, vaca. Como se
ve por los ejemplos citados, este procedimiento rudimentario reviste tres formas: 1.ª Empleo de las
voces significativas del sexo después del sustantivo,
como en castellano: perdiz macho, perdiz hembra.
2.ª Empleo de esas mismas voces antes del sustantivo, como en chino: nan·tsé, niú-tsé. 3.ª Empleo del
sustantivo sin aditamento alguno para significar el
masculino y ¡¡gregación de la palabra equivalente á
hembra para el femenino, como en malinké: misi,
misi-muso. Desde que los estudios botánicos de los
Vaillant, Ktzltenter, f ussieu y tantos otros han hecho
evidente la existencia de sexos en las plantas, el procedimiento empleado para marcar las diferencias
sexuales de las mismas es el que acabamos de estudiar·
siendo harto frecuente tropezar, en obras técnicas'
.
con expres10nes
como la palmera macho, la palmera'
!iembra, el pino macho, el IJino hembra, flores machos
flores hembras.
Esta repetición de las palabras macho, hembra era
demasiado monótona, produciendo su uso harto des·
agradable martilleo, para que el hombre no procurase evitarlo echando mano de otros recursos en determinados casos. Las lenguas que tienen, como la
castellana, por ejemplo, una especie de palabras lla·madas artículos, cuya misión c0nsiste en determinar
la significación de los sustantivos, tomando al efecto
la librea sexual de los mismos revistiendo formas

NúMERO

499

distintas según el género de los nombres á que se
agregan, podían apelar á este medio para señalar el
género de estos nombres. Si en castellano tenemos,
por ejemplo, la palabra testzgo, que por los caprichos
del uso no tiene variación genérica, y llega el caso
de necesitarse precisar el sexo, ¿no obtendremos el
mismo resultado diciendo el teslt'go, la testigo, que
diciendo testigo macho, testigo hembra? He aquí, pues,
un tercer procedimiento, consistente, com? se ve, en
determinar el género de los nombres mediante el artículo. Las lenguas que posponen el artículo al nombre como sucede con el rumano, que para decir
ho~bre dice omu-1, y con el dialecto franco-criollo de
la isla de la Trinidad, que para decir el caballo dice
chouval-/a se valen para determinar el género en
ciertas oc~siones de la posposición del sustantivo al
artículo; las que como el sanscrito, el zend, el alemán, el francés y el castellano colocan el artículo
antes del sustantivo, determinan el género, en algunos casos mediante la anteposición del artículo al
nombre: 'e/ mártir, la mártir, der Dentsclre, die
Dentsche. Este procedimiento es el más limitado de
todos, estando en general reducido á ciertos adjetivos sustantivados que carecen por diversas causas de
expresión genérica propia.
Entre el empleo de palabras diferentes para cada
ser de diferente sexo y el empleo del mismo vocablo
para ambos sexos, cabe un término medio: introducir en el nombre típico una pequeña modificación
que sin alterar radicalmente su estructura indique la
variación del sexo. Este cuarto y último procedimiento es el más ventajoso de todos y el más comúnmente empleado en la casi totalidad de las lenguas conocidas. Marca perfectamente la distinción sexual por
sí mismo de un modo directo, aventajando en eso á
los procedimientos que necesitan acudir, ora al empleo de palabras significativas del sexo que hacen
monótono el discurso y embarazosa la expresión del
pensamiento, ora al uso de los artículos, medio supletorio y extraño al sustantivo mismo; no exige por
otra parte la invención de nuevos términos, y aventaja por este concepto al procedimiento que requiere
toda una serie de palabras para designar los seres
machos, lzombre, caballo, toro y toda otra serie enteramente distinta para designar los seres hembras,
mujer, yegua, vaca. Diferenciac;:ión sexual hecha directamente sin alteración radical de la palabra; tal
es el resultado de este delicado procedimiento de
tan sencillo mecanismo como el que más. La modificación que en la estructura del sustantivo introduce este procedimiento no se hace sin embargo del
mismo modo en todos los idiomas; unas lenguas se
valen al efecto de prefijos y otras de sufijos, unas
modifican el principio y otras el fin de las palabras.
Entre las que emplean prefijos se encuentran las
aglutinantes del sistema bantú y el japonés; así, por
ejemplo, en esta última lengua el gato, como voz indeterminaba sin acepción de género, se llama neko;
cuando se quiere designar el gato macho se dice
oneko, y cuando se desea hablar de la gata se dice
MEneko. Entre las que emplean sufijos se hallan las
lenguas indo-europeas, y en general todas las lenguas de inflexión; así decimos en castellano perro,
perra, gato, gatq; como se dice en francés, lapin, la•

CABEZA DE NIÑA, estudio; dibujo

al lápiz de D. Enrique Serra

pine, conejo, coneja, y en alemán Hi'rt, Hirtin, pastor, pastora. Estas desinencias son, como se ve, variadísimas, teniendo las de cada lengua especial explicación y origen. Así en castellano la terminación
típica del femenino es una a, que procede en general

NÚMERO

499

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

del latín; multitud de nombres femeninos acababan
en efecto, en latín en a, musa, porta, fábula, mensa,
-linistra, siendo además la a característica del feme·
nino en los adjetivos de tres terminaciones genéricas,
bonus, bona, bonum, niger, nigra, nigrum, y de aquí
que al pasar todas estas palabras al castellano, dominando la terminación a en el artículo femenino la
(del illa latino); en los demostrativos, esta (isla, ecdsta ), aquella ( eccilla); en la generalidad de los adjetivos, buena, mala, blanca, negra, y en gran número de
sustantivos, puerta, tabla, mera, resultó que esta terminación quedó asignada para caracterizar el femenino, como la o sirvió para marcar el masculino en
virtud de la evolución- fonética de los acusativos latinos en um, cuya m final desapareció en el castellana y cuya u se convirtió en o: libn,m, libro; bom,111,
bueno.
A estos cuatro procedimientos que acabamos de
enumerar, empleo de palabras distintas, oposición á
los sustantivos de las palabras expresivas del sexo,
uso del artículo y modificación de la estructura del
nombre con sus correspondientes variantes, vienen á
quedar reducidos todos los medios hasta ahora conocidos, empleados por el hombre para expresar en
su lenguaje la diferencia de los sexos en la naturaleza; con su estudio damos por terminado nuestro trabajo, no siendo nuestro objeto seguir en cada lengua
el desarrollo de tales procedimientos ni menos descender al pormenor de las particularidades que cada
id~oma ofrece en este respecto, lo cual sería impertinente en este trabajo por corresponder á la Gramática particular de cada lengua.

EX- \/OTO .

FERNANDO ARAUJO

EL LLANTO DE PERLAS

I
Estaba Currito una tarde sentado en
un peñón de una cañada de la falda de
Sierra Morena, hacia el lado de la Mancha. Se había sentado allí á la sombra
de otro peñón muy grande, situado en
una eminencia, porque aunque ya el sol
tenía menos fuerza, como el laborioso
muchacho había empezado temprano su
tarea cortando en el plantío vecino la
madera necesaria para su oficio; hallábase sudoroso
y acalorado.
Pero probablemente no sabrán ustedes quién era
Currito y voy á decirlo en las menos palabras po•
sibles.
Habrán ustedes leído ú oído decir que el rey Car- tado en la cañada á la
los III, de feliz memoria, trató de colonizar las des- sombra de un peñón,
pobladas vertientes de Sierra Morena y sus alrede- ocupado en su faena.
dores; por eso hay allí las poblaciones de la CaroliTenía á su lado alna y la Carlota. Para poblar aquellos lugares y ade- gunos pedazos de mamás para vigorizar la sangre andaluza y manchega dera y uno en la ma(un tanto flojas) por medio del cruzamiento de razas, no, en el que trabajael celoso monarca hizo venir numerosas familias de ba con un cuchillo, y
Alemania y el Tiro!, halagándolas con el reparto de dos serones gemelos,
terrenos, donación de utensilios compestres y otras en los que metía sus
Yentajas. Supuso el bueno del rey que aquellas razas utensilios de trabajo
del Norte, vigorosas y trabajadoras, transformarían para volver á su casa,
aquel suelo inculto en comarcas productivas; pero cargándolos al lomo
¡ca! no había contado con la influencia del clima y de una jaquita gallede las costumbres meridionales: á la segunda gene- ga, que pastaba alreración la sangre española _habíase sobrepuesto á la dedor de aquel sitio
extranjera, y los descendientes de los primeros colo- en completa libertad. Dibujo de D Enrique Serra
nizadores son tan españoles como todos los que te- Currito, que era muy
nemos el gusto de serlo. Sin embargo, todavía hay enamorado y algo poeta, suspendía á veces su obra
chispazos de transmisión de raza, y Currito era un para admirar la postura del sol, que iba sombreando
ejemplar. Descendía de una familia tirolesa y por eso la cañada, matizando aquellos agrestes lugares con
tenía los ojos azules como los aciános y el cabello efectos de luz sorprendentes. Tal vet pensaba á su
rubio como la espiga madura, Fuera de esto, era modo en lo que pensó Espronceda al escribir los
completamete andaluz. De mediana estatura, esbelto, siguientes versos:
airoso de movimientos y apostura y muy decidor,
¡Una mujer!
hacíase querer de las pocas personas con quienes se
Dd sol poniente al lánguido desmayo
trataba, Porque Currito era un tanto retraído y tralejos entre las nubes se evapora.
bajador de suyo, y para ganarse la subsistencia apro·
vechaba una habilidad que le había transmitido su
Y en efecto, corría entonces el mes de mayo, y
familia. Bien así como los campesinos de Tirol, ta- había nubes al Poniente teñidas de la púrpura de la
llaba en pedazos de madera figuritas, carricoches y tarde, y Currito vió, no á una mujer que se evaporaotros juguetes que vendía en los pueblos ricos de la ba, sino que venía por la senda cerca de la que esMancha y en Linares y que enviaba á Córdoba y taba sentado. Chocóle mucho vista de lejos, porque
Sevilla. Aun casi me atreveré á asegurar que las tallas su contorno no se parecía al de los campesinos hade Currito llegaban á algunos anaqueles de tiroleses bitantes de aquellos lugares, y conforme se iba
de Madrid. Era huérfano y sin familia, vivía de hués- aproximando aumentaba la sorpresa del muchacho.
ped con una vieja que tenía una cantina cerca de la
Y tenía razón para sorprenderse.
venta de Cárdenas, y se pasaba casi todo el día en
II
el campo, cortando madera y dedicado á sus trabajos de talla.
Figúrense ustedes una mujer alta, esbelta, que te,Estaba, pues, Currito, como ya se ha dicho, sen- . nía las exquisitas líneas de la estatua griega y el ma-

i

455
jestuoso aspecto de la estatua romana, con una cara
de cielo, unos ojos de diamantes verdes y una mata
de pelo que no había más que ver. Pero no fué esto
lo que más admiró á Currito, pues al fin y al cabo
mujeres admirablemente hermosas las hay en todas
partes, aunque no muchas, sino el traje que vestía
aquella rara beldad, y no por lo complicado,. sino
por lo extraño y pintoresco. Llevaba una clámide y
un faldellín de joyante y amarilla seda, unas sandalias del mismo color, y pare usted de contar, si no
se cuentan las innumerables y gruesas perlas que
brillaban en su cabello negro y suelto, como lunas
en un cielo obscuro, y como lunas desvanecidas por
la claridad de un crepúsculo matinal sobre .el vivo
color de la clámide y del faldellín.
Currito al verla llegar, embobado, se puso en pie
con inconsciente respeto, y aquella mujer (pues al
menos por su forma lo era), no bien
se aproximó al muchacho quedósele
mirando atentamente, así como también á la obra, ya casi acabada, que
aquél traía entre manos, que era la
figura de una pastora que tenía entre
sus brazos un recental.
- ¿Te ocupas en eso?, preguntó la
desconocida á Currito.
·
- Sí, señora, contestó éste algo turbado.
- Pues mira, no te das mala maña;
hay escultores que no harían tanto.
Y como viese pintada la admiración en los ojos de Currito, prosiguió
diciendo:
- ¿Supongo que no me conoces?
- No ... señora.
- ¿Has oído hablar de las hadas?
- ¿Las hadas? Ya lo
creo mi abuelo era natural
de ~n país donde dicen
que hay muchas.
- Pues yo soy la hada
Melusina.
- Para servir á usted.
- He tenido curiosidad
de ver estas regiones meridionales, que aunque
son pintorescas y de buen
sol, francamente, no valen
lo que mis bosques y mis
ríos de Germanía.
- Lo mismo decía mi
abuelo.
- Pero en fin, en todas
partes hay desgraciados á
quienes ayudar y malvados
que confundir.
- Ya lo creo, aquí encontrará usted muchos de
una y otra clase; muchos
pobres y muchos ladrones.
Y mientras decía esto, Currito miró por casualidad
los pies de la hada, y añadió:
- Tiene usted desatada una sandalia, ¿quiere usted que se la ate?
La hada alargó un pie y alzóse un poco el faldellín. ¡Vaya un pie y un tobillo que vió el _muchac~o
al atarle la cinta (no correa) de la sandalia! De fiJo
supondrán ustedes que Currito íbase enamorando
de Melusina; pues nada de eso, ningún mortal que
no esté loco aspira á coger una estrella.
- Eres muy guapo y muy servicial y quiero recompensarte, dijo la, hada. Es de creer que t~ndrás
un deseo culminante: dímele y trataré de realizarle.
El muchacho titubeaba, pero alentado por la bondadosa mirada de Melusina prorrumpió con cierta
vehemencia en las siguientes palabras:
- Pues bien, buena señora, abrigo un deseo constante, tenaz, único tal vez, que no me deja sosegar,
y es el de querer y que me quiera una mucha hermosa, buena y fiel. Estoy solo en el mundo y me
abruma mi soledad, ¿no la parece á usted que tengo
razón?
- Ya lo creo. Ese anhelo es propio de tu edad.
Pero ¿cómo siendo guapo y trabajador no has encontrado lo que deseas?
·
- No es tan fácil.
- Veamos, repuso la hada.
Sacó del seno un espejito muy niono, le puso frente al corazón de Currito y clavó los ojos en él.
- ¡Hola, hola!, exclamó después de algunos minutos de observación, aquí veo un pecadillo tuyo.
El muchacho se puso encarnado hasta las orejas.
- Has engañado y abandonado á una joven ...
- ¿A quién, á Nieves?, interrumpió Currito. Era

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�LA 1LUSTRACIÓN ARTIStlCA

tan fría como su nombre, tan tonta como un topo y
tan holgazana como un sapo. Yo quiero una mujer
que sienta y que sepa expresarme lo que siente; que
trabaje, no por codicia, sino como seguridad de que
la labor ahuyenta los malos pensamientos.
- ¿Y te contentarás con eso?
- ¡Pues ya lo creo! Y seré muy feliz. Vuelvo á decir á usted que tengo ansia de cariño.
- ¿Nada más que de cariño?
-Nada más.
- Pues bien: vas á lograr tu deseo. Mientras te
limites á éste serás dichoso; pero ten en cuenta que
si no vences los malos deseos que puedan asaltarte,
acabarás mal.
- ¡Oh! No tengo ningún cuidado. Con una mujercita y ganando como gano para comer, me basta y
me sobra.
- Allá veremos. Oye lo que tienes que hacer.
- Soy todo oídos.
- Mañana temprano te vistes y te aseas bien,
pues debes saber que el amor y la gala andan un
mismo camino. Tomas esta senda por donde yo he
venido, cuando la acabes verás un molino en un
cerro ...
- Ya le he visto, pero nunca he estado en él.
- Pues vas al molino, preguntas por Mari-Paz y
le dices que te envío yo.
- Mari-Paz, Mari-Paz, no se me olvidará. Bueno, ¿y qué?
- Que ya verás.

III
Desde que Currito se había casado con MariPaz era el hombre más feliz que existía bajo la capa
del cielo. ¡Vaya una moza que se había llevado el
muy tunante! ¡Qué trenza de pelo, qué ojos de serrana, qué tez que parecía una granada madura! Y no
era esto lo mejor, sino su genio y sus cualidades.
Como mujer casera todo se lo hallaba hecho, y co·
mo compañera no la había más tierna y alegre;
siempre estaba risueña y cantadora, y á veces hacía
que Currito suspendiese su faena para bailar con ella
un vito hasta allá. Así es que él estaba embelesado
y como entontecido de felicidad. Siempre andaban
juntos como los gemelos de Siam. O él se quedaba
en casa ó ella le acompañaba al campo: en fin, que
eran dos tórtolos enamorados. No pasaba día sin que
se acordaran de la buena hada Melusina á quien debían tanta dicha y que no parecía por parte alguna.
Pero vean ustedes por dónde enreda el diablo las
cosas. Currito tuvo que ir á Linares á llevar unos
muñecos que le habían encargado, y no se sabe lo
que le pasó en aquel pueblo rico y bullanguero; pero
lo cierto es que volvió á su casa muy peneque, y en
vez de abrazar á su mujercita, como tenía de costumbre, entró dando gritos y porrazos y pidiendo la
cena. No estaba ésta aviada porque no era hora, y
con este mctivo puso á Mari-Paz de oro y azul, llamándola descuidada, holgazana y poco mujer de su
casa.
La pobre mujer, que estaba sentada á una mesita
colocando sobre un papel unas madejas de hilo,
viendo llegar á su marido en aquel estado y oyéndose tratar de aquel modo, no tuvo fuerzas para levantarse y prorrumpió á llorar amargamente. Por fin se
puso en pie, hizo la cena de prisa y corriendo, que
tomó Currito solo, prosiguiendo en sus golpes y vo·
ciferaciones hasta que se cansó y se fué á dormir la
mona.
Aquella noche fué la primera que la pobre MariPaz no durmió con su marido. Pasóla muy afligida,
se levantó temprano y fuese á la venta de Cárdenas
á buscar provisiones. Poco después se despertó Currito con mucha sed, se tiró de la cama, buscó á su
mujer, pero sólo encontró á la vieja en cuya casa
vivían, que estaba muy escandalizada de la escena
de la noche anterior. Currito tenía una vaga idea de
ésta y se paseaba algo preor.upado por todas las piezas. En uno de sus paseos se paró delante de la mesita á la que estuvo sentada Mari-Paz, y vió sobre
el papel en que ésta había colocado los ovillos de
hilo veintitantos granos blancos tirando á rubio del
tamaño de una avellana pequeña. Quedóse muy sorprendido. ¿Qué sería aquello? En este momento volvió Mari-Paz de su compra, y Currito la preguntó,
así como también á la vieja, dueña de la casa, si alguna de ellas tomaba píldoras para alguna dolencia,
pues seguramente aquellos granos parecíanse á píldoras de cristal azogado. Las dos mujeres, muy sorprendidas de la pregunta, contestaron negativamente.
Currito envolvió los misteriosos granos en un papel
y los guardó en una alacena.
Como á pesar de aquel primer desmán, quería entrañablemente á su mujer, consiguió que ésta le
perdonara á fuerza de mimos y halagos; pues Mari-

Paz desde la escena· de la chispa, había perdido su
alegre aplomo; as! es que vió con inquietud una nueva expedición de su marido á Linares, á pesar de que
éste la dijo al marcharse:
cNo tengas cuidado, monona, esas barbaridades
no se cometen dos veces.&gt;
Currito llegó á Linares, en donde conocía á mucha gente. Después de colocar sus juguetes, fué por
curiosidad á casa de un farmacéutico y le enseñó los
granos encontrados en la suya, que había llevado
consigo, preguntándole si eran cosa de botica. Examinólos detenidamente el boticario y le contestó
negativamente, añadiendo:
- Pero si esto parecen perlas, finas ó falsas.
- ¡Perlas!, exclamó Currito muy admirado.
- Seguramente. Enséñaselos á D. Cosme el platero.

IV
Currito fué á casa de éste, á quien conocía, y el
lapidario, previo un somero examen, quedóse mirando á aquél y le preguntó:
- ¿Pero muchacho, de dónde has sacado estas
perlas?
- ¿Conque son perlas?
- Y morrocotuda!l. Pocas he visto iguales.
- Pues mire usted, dijo Currito poniéndose muy
colorado porque iba á mentir, están en mi casa desde antes de la muerte de mi padre. Yo creí que no
valían nada.
- Pues valen mucho.
- ¿Y usted me las compraría?
- Ante todo soy hombre honrado, y voy á decirte
lo que te conviene. Podría comprarte cinco ó seis,
pero te aconsejo que las vendas juntas, pues as! valen más. En Córdoba quizá tampoco haya quien te
las compre; ve á Sevilla á casa de Scroop, calle de
Génova, y ali! te las tomarán en su debido precio.
- ¿Y en cuánto las tasa usted?
- En unos doce ó catorce mil reales.
Currito salió atontado de casa del platero.
V

Vendió las perlas en Sevilla, y viéndose poseedor
de trece mil reales creyó que esta cantidad era inacabable y se le subió el humo á la cabeza. Antes de
volver á su casa se detuvo en Linares, alquiló una y
mandó amueblarla: ya no se avenía á vivir en el
campo. En medio del aturdimiento que le producía
su nueva fortuna, no cesaba de cavilar en la procedencia de las perlas, y después de revolver su imaginación se la achacó á la hada Melusina, que parecía
querer bien á Mari-Paz. Volvió Currito á su casa y
anunció á su mujer y á la vieja patrona el cambio
de domicilio, noticia que ambas recibieron con notoria contrariedad. Mari-Paz no dijo nada; desde la
n_oche de la borrachera de su marido no era expansiva con él. La vieja se limitó á decir:
·
&lt;Muchacho, haces mal en marcharte. En todas
partes hay vicios, pero en el campo son menos.&gt;
Ya establecido en Linares, Currito hizo una vida
morigerada, pero perdió el gusto al trabajo, y confiado en que Melusina le haría un nuevo regalo
triunfó y gastó de lo lindo. Ibansele acabando los
fondos. La hada no daba señales de vida, y esto Je
tenía inquieto. Una noche, con motivo de haberse
retirado muy tarde y mal humorado á consecuencia
de haber perdido jugando, ambos cónyuges tuvieron
una reyerta que hizo llorar á Mari-Paz. Entonces
Currito notó una cosa extraña: estaban cenando y
las lágrimas que vertía aquélla caían sobre la mesa
é instantáneamente se convertían en perlas como las
que había vendido en Sevilla, aunque algo más pequeñas. Quedóse Currito estupefacto. ¡Su mujer lloraba perlas! Desde aquel día tuvo que sostener una
lucha constante entre su amor y su avaricia. Quería
mucho á Mari-Paz, sentía afligirla; pero cuando se
veía sin dinero, aunque remordiéndole la conciencia,
buscaba pretextos de riña y escándalo para hacer
llorar á aquélla. Cada vez las lágrimas convertidas en
perlas iban siendo más pequeñas y por consiguiente
tenían menos valor, lo cual era causa de que Currito
redoblara sus desmanes con su mujer. La pobre Mari-Paz estaba cada día más triste y una mañana amaneció ciega, No sólo no veía sino que no podía llorar, sus ojos estaban secos.
VI

NóMERO

499

NúMERO

poseía: primero las alhajillas, luego la mayor parte
de los muebles, después las ropas, y por último quedóse el matrimonio casi, casi con sólo lo puesto.
Inútil e~. decir que todos _los días andaba en aquel
desvenc1Jado hogar la manmorena. Currito tenía intervalos de compasión hacia su mujer al verla triste
y ciega, é intervalos de aversión al considerar que
no le servía para nada; pues hasta su corazón habla
perdido. Llegó la ruina total; el vicioso muchacho
dejó á Linares, en donde se había creado muchas
enemistades, y fué á refugiarse con su mujer á casa
de la buena vieja de Despeñaperros, en donde anteriormente había estado, resuelto á emprender de
nuevo su oficio. Pero ¡ca! faltábale el estímulo y
además con la bebida y los disgustos tenía el puiso
tan temblón que sólo hacía mamarrachos.
Una tarde estaba el desgraciado matrimonio sentado debajo del peñón de la cañada. Currito trabajaba poco y mal, y Mari-Paz, con la cabeza baja, ¡Dios
sa?e en lo que _estaría pensando! De súbito oyeron
ruido, y aquél v1ó venir por la senda una figura sor·
p~endente. Era la bada Melusina, toda cuajada de
diamantes, que venía en un carricoche de cristal tirado _Por dos gacelas muy pulidas. Currito quedóse
extático y avergonzado.
. La h_ada se detuvo al llegar frente á la triste pareJa, y muando al muchacho, dijo con acento severo:
&lt;Te be dado la felicidad que deseabas y la has
d~struf?º· No s~piste do~inar tus pasiones y la ProV1dcnc1a te castiga por mr mano. Abandonaste injustamente á ~ieves y n? consiento que haya una segunda víctima de tu mtemperancia. Mari-Paz recobrará la vista y será feliz.&gt;
Y mientras profería las últimas palabras Melusina asió con un movimiento rápido á la jov~n ciega,
sentóla á su lado en el carricoche, dió un grito y
ant~ de que Cur:ito ~udiera oponerse, las gaceÍas
partieron como s1 tuV1erao alas, y la mágica visión
se ~esvaneció entre las sombras del crepúsculo que
ya mvadían la cañada.
Currito aún vive de limosna y cometiendo neced~des. En las poblaciones de uno y otro lado de
Sierra Morena le llaman Currito el bobo.

LA

499

459

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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Por la mañana iba al Bosque para verla pasar :í caballo y cruzarse con Chamasón que la saludaba (pág. 461)

VIZCONDESA

FLORO
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAVARD

NUESTROS GRABADOS

( CONTINUAC I ÓN )

El conde de Urgel en poder de la. gente de
D. Fernando de Antequera, cuadro de D. José
Maria Tamburini (Exposición general de Bellas Artes de
Barcelo~a¡.-: ( ... y padeció en este viaje (el viaje :í Castilla)
muchas IDJUna! y pe5:1dumbres, porque los que le llevaban eran
muy descomedidos é mhumanos, y hadan escarnio y mofa de
él, llevándole atado de pies y manos, y en los mesones y posadas le enseifaban á la gente como si llevaran un hombre vil ó
un ladró_n públi~o, y le daban de pescoz.ones, burlándose de él
q~e hu~1era tenido á g?zar de pretender el reino en competencia del 1!11'ante de Castilla, y de este modo lo afiigian sin rastro de piedad alguna y le daban mayor aflicción.)
Aunqu~ Monfar en su crónica explica as! la situación
que el arhSta_ ha tratado de representar, la critica ha creído
hallar en el (1enzo de Tamburini pequeños lunares que no ha
logrado ~xphcar satisfactoriamente. Si el conde de Urgel era
en su físico, varo~) ó afeminado, ~ifk!l es comprobarlo, y si
durante su calvar1? decayó su esplritu a la par que su organismo, puede presulDlJ'se, pero no afirmarse. Sea cual fuere la verdad, lo_ cierto ~ indudable es que el autor del cuadro que re•
produ~1'?os, pmtado expresamente para figurar en la primera
Expos1c1ón general de .Bellas Artes que se ha celebrado en
Barcelona, ha hecho lo que no han intentado la mayor!a de
su_s comp~eros, esto es, tomarse el trabajo en pensar y discurrir, es!ud1~ndo una época y un asunto por demás simpático y
de capital mterés en nuestra historia regional. El cuadro acusa
en Tamburini_cualidades !1º comunes, ya que además de ajus·
tarse por su mdumentana á la época que ha tratado de re•
presentar, obsérvanse en él bellezas muy dignas de tenerse en
cuenta.
. Cinco cuadros ha presentad~ Tamhurini en nuestra Exposición, uno de ellos, el que publicamos, de grandes dimensiones.
Rosa 111/stzca, que resulta una composición sumamente simpática y en la que el autor ha tratado de hacer alarde de su habilidad, venciendo las dificultades que le ofrecia la tonalidad•
Ocaso y Una máscara, dos bellos estudios que ofrecen un ver'.
d_ad_ero contraste Un voto 9ue sintetiza la conjunción de sentimiento y creencias, de canño y fe religiosa que se anida en el
corazón de la madre cristiana, que reconocida á las bondades
de la Providencia, muésuase humilde y reverente murmurando
una plegaria por haberse salvado su hijo querido de la dolencia
que le aquejaba, en tanto que su esposo, destacándose de la
penu~bra del templo, lleva en sus brazos al ser querido. Aqul
recom1énd~se_ el artista tal cual es, pintor por la forma, poeta
por el senllm1ento, ya que canta los más dulces afectos, aquellos que elevan y enaltecen al hombre.
Por nuestra parte y aun á riesgo de que pueda motejarse
nuestra apreciación, cr~em?S que e~te lienzo, tanto por el asunto como J?&lt;&gt;r su valor p1ctónco, debiera figurar en el número de
los escogidos para figurar en el Museo municipal de Bellas
Artes.

r

Currito no pudiendo ya proporcionarse recursos
con el llanto de su mujer, echó un genio endiablado
JABON REAL
JABON
y se dedicó al juego y á la bebida para distraerse; y
DETHRIDACE
u,;'.':;-,aria
VELOUTINE
con esto y con no tener ya ganas de trabajar la casa
fué de capa caída. Vendió en poco tiempo cuanto •-e'AMI Jlr llltrW.wi ~ tlfl la IJclutt.te la 1W J ltlllll W CIW

IVJ:OLETr-

Gilberto no observó nada: la atmósfera de calma que se respiraba allí acabó
por tranquilizarle á él mismo y su pasión hubo de inclinarse ante aquellos dos
seres que tanto se querían. El amor, por más que se diga en c?ntrari~, _no sobrevive á la esperanza; y Pedro tomaba ~l parece! ta~ por lo seno su m1S1ón de
esposo, que esta actitud impuso á su amigo y le mspuó respeto. .
.
Lo que contribuía á que su pasión se calmase era la nueva muJer que G!lberto veía en la vizcondesa de Cabro!. Nada tan conmovedor como aquella Joven
madre niña aún cuya juventud contrastaba con la seriedad de semejante situación, que se :evelaba de pronto co~o muj~r vulgar, ocup~~dose el'l; detalles
ínfimos que Gilberto hubiera juzgado 1mprop1os de su cond1c1ón. La Joven _esposa criaba á su hijo, mostrando el gracioso abandono de su estado, el ol~do
de toda coquetería, la indiferencia d~ la mujer que, ocupada tan s~lo de ~mdar
á su hijo no se imagina que las miradas de los demás puedan fi¡arse smo en
ellos. su' belleza tenía ahora algo de lánguida, de inocente confianza y no sé
qué de casto que la ponía al abrigo de todo deseo impuro. Veíase que su
alma no le pertenecía ya, que la había transmitido toda entera á las de Juana y
de Guy.
Anticipándose al porvenir, los jóvenes esposos formab~n ya proyectos sobre
aquellos niños. Blanca había resuelto ensenarles ella misma á leer; Pedro se
encargó particularmente de Guy, y proponíase hacerle adelantar en el latín.
Cierto día Blanca le recordó la promesa en presencia de Gilberto.
.
- ¡Tiempo hay para ello!, exclamó Ped~o, y además, se me ha olV1dado un
poco ... Dirígete á Gilberto, q~e es u~ sabio.
.
.
.
Por primera vez, Blanca miró al _Joven d~temdamente, fiJando los OJOS con
admiración en su cabeza cual si hubiera quendo extraer de ella cuanto suponía
que encerraba para hace~lo pasai: á la de s~ hijo.
.
. .
Pero prescindiendo de es~ c1rcunstanc1a, era. un problema av_enguar s1 G1lberto existía para Blanca y s1 ésta hacía aprecio de su p~e~e.nc1a. Apenas )legaba él, ú otro cualquiera, .~eparábase de su esposo para dmguse á sus habitaciones y reunirse con sus h1JOS.
..
La madre de Pedro, la condesa de Cabro!, ~stab~ ya tranqmhzada sobre ~u
porvenir, y fué para ella una gracia de la Prov1d,enc1a pasar al otro mu?do sm
sufrir una decepción. Murió de repen~e, cuando aun no se ha~ían ~cumplido dos
años del casamiento de Pedro. Sus OJOS se cerraron ante el.:1sueno cuadro que
le representaba un lugar feliz animado p~r dos hermosos m~os.
.
Hubiérase dicho que sólo ella era quien con su presencia mantenía la d1g•
nidad de aquella existencia y la armonía que de ella resul~aba, pues apenas
dejó de existir, y á pesar del dolor profundo que Pedro experimentó por su pérdida todo cambió insensiblemente.
E~ primer lugar, suscitáronse cuestiones entre Pedro y _su her~ano con motivo de la herencia, pues Juan de Cabro! contaba, como pnmogémto, c?n bene•
ficios que no encontró. No supo ocultar su despecho, mostróse muy violento y

y

acabó por resentir el amor propio de su hermano. No obstante, al fin hubo avenencia, y el castillo de los alrededores de Chatillón, causa de la disputa, quedó
para Pedro. Sin embargo, algún tiempo después, y á consecuencia de una grave
decisión que Pedro adoptó sin consultarle, Juan tuvo un pretexto para romper
con él definitivamente.
Tratábase de pedir su retiro como oficial: el conde veía en esta determinación
el origen de faltas de conducta que podían perjudicar á uno y á otro, y por desgracia sus temores eran harto fundados. Desde que era dueño de una gran fortuna, Pedro no podía sufrir ninguna autoridad, y por esto disgustábale la vida
militar. No quiso escuchar á su hermano, y se indispuso con él; poco le costó
obtener el consentimiento de la vizcondesa, que no veía aún más que por sus
ojos, y salieron de Versailles para establecerse en París.
La marquesa de la Fonfreyde les había cedido su palacio de la calle de Babilonia, y allí se instalaron; mientras que la anciana volvió á Mareuil, donde
vivió en adelante, ocupada en la explotación de las numerosas granjas dependientes del castillo. Hacia el fin de su vida, esta noble dama se dejó dominar
completamente por un vicio que había ocultado hasta entonces: asegurábase
que era avara. El hecho de haber despedido un intendente que la robaba, la
circunstancia de haberse encargado ella misma de la dirección de todos los
asuntos, sus exigencias y discusiones con los colonos de la finca, su empeño de
no renunciar al menor de los beneficios y la parsimonia con que vivía dieron
origen á tal rumor.
El palacio de la calle de Babilonia quedó transformado al gusto del día, y
entonces dieron principio las recepciones. Poco á. poco, la vida de Pedro y la
de Blanca, tan recogida en otro tiempo, perdió su carácter íntimo para hacerse
más pública.
Gilberto los perdió de vista algún tiempo, pues alternaban con aquella sociedad con la que él no tenía relaciones y de la cual le separaba su vida estudiosa; pero previó que la vizcondesa, la joven madre formal que había conocido,
iba á transformarse, dejándose arrastrar por el ejemplo de su esposo.
Las pocas veces que al hacer una visita por la tarde los encontró en casa, no
estaban solos; siempre había allí parientas de provincia, las condesas de Chalieu y de Preville, tías de Blanca, y la baronesa de Tertre, que lo era de Pedro.
No disfrutando de gran fortuna estas señoras sólo iban durante las primaveras á pasar algunas semanas en París y alojábanse en el palacio de la calle de
Babilonia, hallando así, á pesar de sus escasas rentas, el medio de satisfacer las
exigencias del gran mundo para el cual habían nacido. Llevaban las noticias de
su país sobre matrimor,ios, nacimientos y chismes; conocían al dedillo la genealogía de todas las familias delfinesas, y sus detalles no se agotaban nunca. Eran
mujeres de costumbres aristocráticas, fieles guardianas de las tradiciones, sumamente devotas, muy delicadas en la elección de manjares; no faltaban nunca á
las grandes ceremonias religiosas, y eran muy aficionadas á oír los sermones de

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

predicadores notables; revolvíanlo todo en el palacio, é imponían sus preferencias al cocinero. En cambio mostrábanse muy atentas con Pedro de Cabrol, que
durante sus ausencias encargábales que distrajesen á su esposa.
Pedro, en efecto, salía mucho: al cabo de dos años de matrimonio adoptaba
otra vez su vida de soltero en el punto mismo en que había renunciado á ella;
pero esta vez con todo lo que podían agregar á sus aficiones la libre disposición
de bienes inmensos, la independencia de una vida ociosa y la falta de ese ascendiente maternal que hasta entonces había moderado su conducta.
Gilberto supo muy pronto á qué atenerse sobre el particular. En algunas comidas á que fué invitado, después de los postres y en la intimidad de las confidencias de unos y otros, las indiscreciones de Charnasón y de varios amigos le
pusieron al corriente de las locuras de Pedro. Un nombre sobre todo sonaba
con frecuencia, el de miss Bagatel, que no se pronunciaba nunca sin que se cruzaran sonrisas y alguna guiñada maliciosa.
¿Sospechaba algo la vizcondesa? Difícil hubiera sido saberlo, porque en aquella época hallábase ya demasiado atareada por las continuas ocupaciones propias de una mujer del gran mundo para que tuviese tiempo de vigilar á su es•
poso ni siquiera de pensar en él.
Apenas le quedaba un momento para ver á sus hijos: éstos eran llevados á su
presencia á una hora fija, los abrazaba, asegurábase de que disfrutaban de buena salud, confiábalos después al aya, y asunto concluído para todo el día. Su
coche la esperaba: las carreras, las visitas, las ventas para la Beneficiencia, las
consultas con la modista, el tocador; .todas estas ocupaciones diarias e_xigían
mucho tiempo, y la vizcondesa ya no se pertenecía.
En poco tiempo, pues, verificóse una transformación completa, y Gilberto
pudo persuadirse de que la mujer es lo que quiere el marido, frívola ó formal,
según sea el carácter de éste. Blanca había aceptado como cosa natural la primera existencia aplicada y grave que se la impuso; y ahora, con la misma naturalidad, lanzábase en aquella vida agitada, sin faltar á ninguna de las reuniones
donde debía encontrar á las personas que hadan la misma vida que ella.
Y ante todos estos cambios, Gilberto sentía que él también se transformaba.
Aquel amor que él había procurado dominar, su pasión calmada, todo parecía despertarse bruscamente y con más energía que nunca. Si Blanca de Cabro!
abandonaba su hogar y se lanzaba á los placeres, si su esposo no sentía ya amor
hacia ella, si el lazo que los unía no era el vínculo tres veces sagrado que él había creído, ¿por qué imponerse el sacrificio de no amarla?
¿Qué deseaba, sin embargo?... ¿Declararle su amor? ¡Bien sabía que esto era
imposible, porque no podía hacer traición á Pedro! ¡La esposa de su amigo era
para él sagrada!. .. No, no era esto lo que deseaba; pero quería sí seguirla, vivir
al menos como ella y tomar parte en sus placeres. No necesitaba jurar que ella
no conocería nunca sus sentimientos; pero á pesar de ello se hizo á sí mismo
este juramento.
Y desde entonces, á fin de verla más á menudo, comenzó á buscar las invitaciones con tanto empeño como el que antes puso en evitarlas, y frecuentó todas
las reunionP.s á que Blanca asistía. No le fué difícil conseguirlo, pues aquella no
era la sociedad quisquillosa y un poco austera que conoció en casa de la mar•
quesa de la Fonfreyde y de la condesa de Cabro), sino gente más acomodaticia;
distinguida, eso sí, pero ante todo amiga de los placeres. Por eso Gilberto pudo
deslizarse en ella inadvertido y perderse en aquella brillante multitud, de la que
formaban parte las principales bellezas, las reinas de la moda, cuyos nombres
y la descripción de cuyos tocados llenaban al día siguiente de cada baile las
columnas de las crónicas periodísticas. El nombre de la vizcondesa de Cabro!,
citado sin cesar, era uno de los que naturalmente, casi diremos por derecho propio, acudía á la pluma del periodista. La entrada de Blanca en los salones producía siempre sensación.
La primera vez que Gilberto volvió á verla en una de aquellas reuniones, adelantándose orgullosa con sus galas y sus hombros desnudos, experimentó cierto
asombro: su juventud se había desarrollado, y todas las gracias, todo el fuego
de la vida revelábanse en sus ojos y en su sonrisa.
Andaba majestuosamente y llevaba erguida la cabeza que una magnífica y
sinuosa línea de la nuca, perdida entre la mata de su hermoso pelo negro, destacaba sobre sus esculturales espaldas. Aquella cabeza, siempre pequeña resultaba de este modo mejor asentada para realzar el perfecto dibujo de las facciones, el suave óvalo del rostro, el delicado carmín de las mejillas, y aquella frente
estrecha y lisa coronada de espesas trenzas en las que parecían agitarse las aguas
de los diamantes. La amplitud de sus bellos ademanes deslizábase á lo largo de
sus brazos blancos como el marfil y correctamente redondeados en el codo, en
los cuales buscaba Gilberto cándidamente el rasguño que en otro tiempo viera
en ellos: ya no le vió; había desaparecido, sin duda con la misma facilidad con
que se borró en la memoria de la hermosa el recuerdo de aquel día de su infancia. Su talle, algo más grueso y firme, era el talle de mujer honrada, no de
aquellos que, redondos y flexibles como una caña, parecen prestar su curvatura
á la opresión de ajenos brazos. En este conjunto, Gilberto adivinó todas las
dificultades é imposibilidades de una victoria, la dureza de una armadura impenetrable. Las miradas del joven fijábanse con admiración en las ondulaciones
del corsé, y en las blan€uras satinadas que el escote del vestido dejaba ver en
parle, y que eran indicio de una salud robusta y sana. En este punto, Gilberto
experimentó una impresión dolorosa: el mundo tiene sus convenciones, y da
poca importancia á la multiplicidad de los tesoros que se ostentan; pero él, que
no pertenecía á la misma sociedad, que no veía sino á Blanca, sin hacer aprecio
de las demás mujeres, y que la había elevado á tanta altura en su pensamiento
fuera de toda comparación, no podía ver aquello sin pesar. Y por muchas veces
que. la viera después, mostrando aquellos brazos y hombros desnudos, no le fué
pos~ble hablarla sin sentir emoción y angustia, ni persuadirse de que fuera una
muJer como las demás, modelada en el mismo limo.
·
Blanca bailaba poco, y hallábase continuamente rodeada de sus amigos, distinguiénd~se entre ellos Charnasón, que la seguía por todas partes, y aunque á
veces se distraía aquí y allí acababa por volver siempre á su lado.
Charnasón abusaba de un vago parentesco y de su antigua amistad con Pedro
para mostrarse muy familiar; y la vizcondesa, sin ofenderse por ello, sonreía al
ver las excentricidades á que le llevaba su tolerancia. En cuanto á Pedro, no
veía mal en nada ... Aburríase en aquellos bailes, y desaparecía á veces para no
volver hasta que tocaban á su término.
- Blanquita no se divierte, decía á cualquiera de sus amigos íntimos: déle
usted un poco de conversación mientras yo me escabullo ...
Y en efecto se iba. El casino, el juego y miss Bagatel le esperaban,

NúMERO

499

Cierto día, en que por casualidad rara ningún adorador asediaba á Blanca,
Gilberto se halló solo á su lado.
- Supongo que no olvidará usted mi invi~ación, señor Maujeán, díjole la vizcondesa; mi baile será muy lucido y cuento con mucha gente ...
Al decir esto, Blanca se abanicaba, y del aire que producía desprendíanse las
emanaciones de un ligero perfume que sin duda embriagó á Gilberto, pues olvidóse de sí mismo. Se había prometido no revelar nunca su amor; pero tal vez
no le había disgustado que ella adivinase sus sentimientos. Por eso conte~tó con
un tono cariñoso, que velaba la seriedad de sus palabras:
- ¿Cómo olvidarlo? ... Yo no olvido nada de cuanto á usted se refiere.
Blanca se volvió al oir esto para mirar con atención al joven.
- ¡Ah!, exclamó, ¿también usted gasta cumplidos? ... Le creía á U$ted más
formal.
La respuesta no inmutó á Gilberto, quien se consideraba feliz por tener aquella oportunidad de explicarse.
- Pues bien, repuso, se ha engañado usted. Yo soy muy frívolo, muy ligero,
casi un niño, tanto que me complazco en evocar los recuerdos de mi infancia.
¡Ah! Ahora me acude uno á mi memoria .. , ¿Tiene usted presente el día en que
la vi por primera vez?
-Ciertamente.
-Fué en ...
- En Mareuil.
- ¿Qué sucedió aquel día?
Blanca no pudo recordarlo, y entonces Gilberto se lo refirió punto por punto,
tratando de hacerle comprender, por el interés que daba á todos sus detalles,
la dulce impresión que produjo en lo más hondo de su alma. Lo que hacía
era infame, y de ello se reprendía interiormente; pero el castigo no tardó en
llegar.
- ¡Qué memoria!, exclamó la vizcondesa; pero no es de extrañar en un sabio ... Las gacelas murieron el invierno pasado. Ha sido lástima ... ¿Ha elegido
usted traje? Le advierto que no admito el de sociedad.
Blanca, pues, no había afortunadamente comprendido el sentido de las palabras pronunciadas por el joven: la conversación tomaba otro giro, y Gilberto no
la cambió, declarando que no se había ocupado aún de su disfraz.
- Pues yo estoy en duda, repuso Blanca. Charnasón me dice que debo vestir á la española ... ya sabe usted, con media calada y falda corta ... Estaré muy
bien.
La vizcondesa quiso también aconsejar á Gilberto.
- Usted es rubio ... el negro le sentará á usted perfectamente ... Vestido de
terciopelo de este color parecerá un señor venecian&amp; ... Créame usted.
La multitud volvía hacia ellos, y Charnasón se adelantó presuroso.
- ¡Cómo .. , sola!, exclamó. Si yo hubiese sabido... ·
-Sola no ... replicó la vizcondesa; hablaba con el señor Maujeán ... ¡Oh ...
y de cosas muy graves! ...
Y así diciendo desapareció del brazo del recién llegado.
A pesar de la impertinencia del vizconde, que al parecer no hada aprecio de
él, Gilberto conlinuó siguiendo á la vizcondesa en las reuniones; y buena paciencia necesitaba para escuchar lo que se veía obligado á oir. En cuanto á Pedro, se mantenía impasible y por nada se indignaba; observaba sin el menor
enojo la asiduidad comprometedora y las extravagancias de Charnasón y las declaraciones embozadas que hacían á su esposa los aduladores que continuamente
giraban á su alrededor. Por más que no manifestase preferencia á ninguno, Gilberto comprendía que estaba menos adelantado que los demás; inútil era que
se mezclase entre ellos, haciendo lo que hadan, pues era evidente que Blanca
rehusaba aceptarle bajo el mismo pie, dejándose llevar, tal vez sin darse cuenta
de ello, de no sé qué preocupación de inferioridad social. Hasta hubiérase dicho
que le causaba extrañeza ver entre aquella sociedad, amante de los placeres, un
hombre estudioso. El mismo carácter formal de su Gilberto la molestaba, y no
comprendía que el joven deseara aturdirse como ella, cediendo á la embriaguez
de la juventud, confundiéndose con todos aquellos jóvenes locos que le hacían
la corte.
- Está usted alegre, díjole una noche la vizcondesa; supongo que se divierte ...
Y tomando una expresión más grave, añadió:
- Sin duda me compadece usted, no comprendiendo nuestras locuras.
-¿Porqué?
- Porque es usted superior á ellas.
·
Gilberto declaró que le agradaba mucho la sociedad, y que le parecía natural
que todos se divirtieran en ella.
- Pues entonces, repuso Blanca, no es usted como yo, que me aburro
siempre.
- Pues ¿por qué no se queda usted en su casa?, preguntó Gilberto.
- ¿Es acaso posible? ¿No he de hacer como todo el mundo? ¿No he de seguir
á Pedro?
- Si yo fuera de éste ...
Gilberto se interrumpió, atemorizado de lo que iba á decir; pero la vizcondesa le animó.
- ¿Si usted fuera de él?
- Sí; en su lugar, yo saldría poco. Cuando se ama, los días son demasiado
breves y no queda tiempo para aburrirse; y cuando aquella á quien se ama es
una mujer como usted ...
Gilberto se detuvo, temiendo ofender á Blanca. ¿Con qué derecho penetraba
así en su intimidad, sustituyéndose en cierto modo á su marido? ... Pero hay
que creer que ya estaba acostumbrada á semejantes atrevimientos; poco á poco
perdía esa reserva de la mujer que no tolera que se traten delante de ella las
cuestiones de amor, y que se guarda de dar su parecer sobre asunto tan delicado; y después de permanecer un instante silenciosa, con la vista baja, contestó al fin:
- Veo, dijo, que usted sueña novelas entre Pedro y yo; pero debe advertir
que nos conocemos desde la infancia. Eso de que usted habla, esa ternura apasionada no podía existir entre nosotros; y tal vez no debía nadie casarse en tales
condiciones ... No ... ¡Oh! No me quejo, pues Pedro tiene un corazón generoso,
aunque su carácter es algo débil tal vez ... En todo cuanto hace, su intención
no es afligirme ... y yo le perdono. Somos buenos amigos, muy indulgentes uno
con otro ... y hasta creo que jamás fuimos otra cosa.
Aquí se interrumpió para reirse.

NúMERO

LA

499

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

_ ¡Sin echarlo de ver, prosiguió, estoy contándoselo á usted todo, señor ~tu•
jeán!, y yo misma me admiro de ello ... Será sin duda porque no se_parec7 os
otros y es más formal... Por otra p~rte, le considero como el me1or amigo de
Pedro, un amigo leal... de lo contrano...
.
.
y haciendo un pequeño ademán de amenaza cómica, se aleJÓ,
.
Gilberto sabía ya para lo sucesivo más de lo que hubiera deseado. Era evidente que no se amaban, y tal vez no se habían amado nunca. Blanca conocía
ya, al menos en parte, la conducta de su esposo; más aún, le_ per~ona~a. La
moral fácil de aquel mundo de placeres en que la vizcondesa vivía, msp~rábale
esa tolerancia impidiendo que se escandalizase; y por su parte, creíase libre~ ó
por lo meno~, así se deducía de lo qu~ h~bía _dicho. Alg~n día nacería una inclinación si no había nacido ya; una mchnac1ón más viva que la que parecía
arrastrar á Blanca en aquel momento hacia el vizconde de ~h~rnasón, hombre
desagradable y nulo. ¿Tendría la vizcondesa bastante dom1mo so~re sí, en la
continua embriaguez de aquellas fiestas, para resistir siempre? ¡Y Gilberto vería

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461

_ ¡Alégrese usted, le dijo, s~ñor_de _Maujeán!
y haciendo alusión á su traJe, anad1ó:
_ Esta noche se halla usted en la _Yenec!a de las fiestas ... Creeríase que
pertenece usted al consejo de los Diez. ¿Piensa usted condenar á alguno á
muerte?
y cogióle del brazo para dar una vuelta con él.
Un momento después acercáronse al conde de Bagrassand, y Blanca letet"
suró por la sencillez de su d_omin6 negro, que era como una mancha en e a e·
gre conjunto de los demás disfraces.
.
_ No se le ha de vituperar por eso, dijo la vizcondesa cuando ~e aleJaba, pues
apenas ha terminado el luto ... y hasta me extraña que haya vemdo.
_ ¿Por quién vestía luto?
_ ¡Cómo! ¿No lo sabe usted? Su joven esposa murió, y ha quedado solo con
una niña.
.
dó d
1
A poco vieron á Charnasón, vestido de arlequín,. con su espa . n e pa o Y
haciendo piruetas en medio de un grupo que admuaba sus cabnol~s. B_lanca
obligó á Gilberto á detenerse, y mantúvose á cierta distancia, muy d1yertida al
arecer é interesada en el espectáculo, que contemplaba con la sonnsa en l_os
labios. Gilberto volvió á ver aquel diente que se enc~rvaba de u°:a ~anera smular y parecía alterar la hermosura sin tacha de la vizcondesa, é 1mtado por 1~
~tendón que ésta fijaba en otro, deducía de aquel defecto no sé qué p~o~ósticos é inducciones, como de una ~clinación pernici?sa, una mancha ?ngmal Y
secreta, fácil de manifestarse é inclinar á Blanca h~c1a el ~al. Aquel diente que
había crecido de través, parecíale entonces una senal fatídica.
- ¡Qué loco es ese Charnasón!, exclamó Blanca.
.
Pronunció estas palabras sonriénd~se, con ese_ tono de indulgencia que se
tiene para aquellos á quienes se está dispuesto á disp~nsarlo todo. . . .
Entonces Gilberto no pudo contenerse más, y olv:idó sus propósitos, sm recordar ya el juramento que se h~bía hec~o de ca~lar siempre y ~espetar á _la mujer de Pedro, diio ~º? ~cento tnste y mirando fiJamente á la VIZcondesa.
- ¡Cuánto le mv1d1ó.
. .
.
.
·¡
Blanca, un momento turbada y entnstec1da también, observó á G1lberto s1 enciosamente.
¡
_ ¡Ah!, exclamó al fin, también u~ted pierde la cabeza ... ¡Usted, tan forma Y
tan juicioso! ... Será cosa de renunciar á la razón.
.
.
.
La vizcondesa se alejó con Gilberto; p~recía_ reflexionar, .Y hub1é~ase dicho
que deseaba decirle algo; pero casi en el mismo instante, vanos convidados l?s
detuvieron, dando broma á Gi~berto sobre su egoísmo al acaparar así á la v1z•
condesa, y entonces Blanc~ deJÓ su brazo.
.
.
Maujeán volvió á su sitio, descontento ~e sí, y funoso por aquella explosión
de celos, que equivalía á todas las declaraciones.
.
.
Precisamente llegó allí cuando Charnasón se vanagI01:aba de que la VIZCOndesa vistiese el traje que él le indicara, y llamaba la atención de los que le oían

---'-

Apenas le quedaba un momento para verá sus hijos (pág. 46o}

aque1 des¡.iz, él, que la adoraba hacía tanto tiempo, y que la amaba como ella
se lo merecía! ¡Ah! Era cosa de volverse loco.
·
vez más· ¿qué deseaba, qué pretendía, puesto que le
Una
tará
Pero se pregun
·
.
· 'ó á
· ? p
estaba vedado declararse y no le era posible_ hacer ti:a1c1 n_ un amigo ... . ues
. ¡quera
¡ salvara...
l
sí, salvarla á ella ID1Sma ... 1mped1r que
bien·
, perteneciese á
·
debía ser para él! Esta conducta le parec1a muy generosa, y
otro' puesto íque no 'dente que su razón desvana
· ba, como ¡a de todos aque11os
al pensar
as era . evi .
CU}'ª situación es mextncable.
d' l l'b
·
d G'lberto
cambiaron cada vez más: el estu 10, os I ros, su
1
Las afic1ones e· llegaron
•
b
á ser para él odiosos; en su ca eza hacíase e¡ vabªJº
despachoándola
Y el tratan
sólo un pensamiento: la preocupac1'ón consta nte, á to.das
cío, ocupl dí d
be dónde estaba Blanca de Cabro!, qué hada y con qmén
horas de a, e sa rñana iba al bosque para ver¡a pasar á caba11o y cruzarse
se hallaba. Por 1a ma saludaba• y por la noche, siempre
·
veía en su paIco 1a
la
Ó
con Charnas
' aspecto de sufic1enc1a.
. . p or más a1ardes que
• ¡ n,d que
l · conde con su
figura msu sa e v1z. ·naba, Gilberto que aún no había obtem'do nmgun
. , f;avor:
éste hac¡a harto adivi
.
'ó
l
· ada , que no tiene la misma expres1
n. para e que espera
esto !&gt;e lee' en 1a mir
.
"do·
pero
Mau1'eán
presentía
al
mismo
tiempo
que en aqued
. .
.
11
d'
1 .
que para el agra ec1 ,
· d fiebre de continuas exc1tac1ones, sm. que e a ~u ~ese prever o, sm
lla vidal e
Y a casualidad cualquiera cucunstanc1a mesperada ó una
querer o tampoco, un
.'
.
d · 0día perderla para siempre.
impru enoi~ P
ecentaba con esta tortura, tomando fuerzas en el pensay su pas1 6n se acr
.
E
í
·
.
•
d
lla caída que presentía siempre. sto pon a ante sus OJOS
miento
mismo
e
aque
•
¡·
·
í
á
f:
.
f á ·.
sus celos inventaban de 1c1as que ven an pro anar 1a
imágenes ant sticas, hy c·a
Blanca enardeciendo sus sentidos. Su odio á Char· que
pureza de su ternura a 1 ía verle• ni encontrarse frente á frente con él sm
nasón redobl·aba;d ya ·no Pºd
61
·
á
le fuera preciso ormnarse, esforzándose para contener su c era, siempre punto de estallar. 116
·
desa ¡e había mv1
· 'tado, y que ap1a¡ baile á que la v1zcon
y al fin esta en e a acabó por tener en las preocupaciones públicas una
~ado de s~mana en _semlanN,o se hablaba más que de aquella fiesta; los diarios se
importancia excepciona •
d 1
d I rumores sobre el asunto, y no era uno e os menores
hac~an eco ?e to os ~s cómo el ran nombre de Cabro! servía de asunto para
enoJ0S de Gilberto ve
g • 'dad de los escándalos eon otros nom1as gaceti'llas, mezclándose en 1a prom1scUJ
él t ba acostumbrado á respetar y á mirar
bres de mala nota. Todo cuanto
es ª
degradábase sin el menor reparo.
b
·n·a de seda amarilla adornada de
Bl
t b
cantadora con su asqm
anca es a a en
nada único adorno de su cabello, realzaba el grablonda
negra·
cardel traje
• parecía reJuvenecer
•
á Blanca, comumc
· án.
.
, una rosa. en
nto
cioso peinado, Y e1 conJu
. 'd d C O ama de casa obligada á sembrar
a • om
'
do1e más encantos Y mayor •v1vac1
d
á t os risueña provocativa y un poco
la animación á su alrededor, iba e unos O r •
•

/

✓

-:

-

¡11/'r"' .
Y alegre como si nada hubiese o~urrido, entregado al placer perdi6se en la multitud.

sobre la gracia con que le llevaba y el donaire de sus movimientos, que hacían
ondular la falda. Y el vizconde no se valía de reticencias, sino que llamaba las
cosas por su nombre.
- ¡Pero miren ustedes á Blanquita! ¡No se puede ser más española!. ..
Charnasón daba á Blanca el mismo nombre cariñoso con que la nombraba
su esposo en su trato íntimo; á cada momento, Blanquita por a9uí, Blanquita
por allá; todos se reían á su alrededor, y así comprometía á la vizcondesa á su
antojo.
- ¡Imbécil!, exclamó Gilberto.
La palabra se le escapó; mas apenas la hubo pronunciado, vió el estupor que
· producía en todos los que allí estaban.
..
- ¡Está bien, señor Maujeán! ... Ya nos veremos, d1JO Charnasón..
y alegre como si nada hubiese ocurrido, entregado al placer, perd16se en la
locu_az.
d' 1 1 esto I y entristecíase á la vez ante aquella alegría sin
G1lberto se atur 1a a ve
obtuvo una parte de sus son- multitud.
freno. Jamás había visto á Blanca tan hermosa, Y d' • '6 á él
( Co11ti1111ará)
.
.
.
á
lo
del
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n
y mgt se
•
nsas. La Vlzcondesa le VI6 en un ngu

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ocuparemos en un punto especial que constituye un
SECCIÓN CIENTÍFICA
perfeccionamiento importante introducido en el anteriormente conocido. En el de M. Aron la princiCONCURSO DE CONTADORES ELÉCTRICOS
pal dificultad que hubo de vencerse estaba en la falta
de
un sincronismo perfecto de los dos péndulos que
LOS APARATOS PREMIADOS
daba un registro positivo ó negativo aun cuando el
A consecuencia del desarrollo adquirido por las es- abonado no consumiera energía alguna. En el aparataciones centrales de distribución de energía eléctrica to presentado al concurso referido, este inconvenien•
y de la necesidad cada día más urgente de un conta- te realmente grave ha sido hábilmente salvado por
dor práctico destinado á medir la energía facilitada medio de un ingenioso artificio, que consiste en unir
á los consumidores, la ciudad de París abrió un con- los dos péndulos oscilantes por medio de un hilo no
en tensión que sostiene en su centro un
pequeño peso de un gramo. En tales
condiciones el sincronismo de los péndulos se mantiene indefinidamente de
una manera absoluta con tal de que haya sido una vez regulado de una manera
suficiente por un ajuste previo de la longitud de aquéllos.
Es indudable que el sincronismo así
obtenido se mantiene aun cuando sea
muy débil la potencia eléctrica proporcionada al circuito y que el contador
nada integra por ese débil gasto; pero la
experiencia ha demostrado que la acción
perturbadora del pequeño peso sincronizador no ejerce influencia sensible sobre la constante del aparato cuando la
potencia eléctrica á integrar alcanza una
doscientava parte de la potencia máxima del contador, es decir, 10 wats, por
ejemplo, para un contador de 2.000.
Contador Thomson. - El aparato del
profesor Elihu Thomson pertenece á la
clase de los contadores-motores: consiste, en principio, en un motor eléctrico
cuya velocidad angular es en cada instante proporcional á la potencia suministrada al circuito que sirve.
En
estas condiciones un simFig. 1. - Contador de energía eléctrica del profesor Elihu Thomson
ple contador de vueltas arrastrado por el árbol del motor
curso poniendo á la disposición de la comisión téc- eléctrico integra la energía eléctrica suminica encargada de juzgar los aparatos que se presen- nistrada y permite determinarla en cada
taran la cantidad de 20.000 pesetas que habrían de momento entre dos épocas dadas por didistribuirse entre los expositores. Al primer concurso ferencia de las lecturas hechas en los cuano se presentó aparato alguno que satisficiera todas drantes en las dos referidas épocas. Aunlas condiciones del programa, por lo que la comisión que esta idea haya sido á menudo emitisólo pudo distribuir 7.ooo pesetas á modo de estímu- da y hasta varias veces haya recibido un
lo, reservando las restantes 13. ooo para un segundo principio de realización práctica, esta es
concurso, el cual ha terminado hace poco y cuyos la primera vez en que el problema se ha
resultados han sido por demás notables.
resuelto por medios tan sencillos, aliando
De los aparatos que han merecido ser premiados, de una manera tan completa las indicavamos á describir los dos contadores que se han re- ciones de la teoría con las exigencias de
partido ex equo y por orden alfabético el premio de la práctica.
10.000 pesetas concedido, según rezaba el programa,
El aparato representado en altura en
al inventor que presentase un contador que nada de- la fig. 1 y esquemáticamente en la fig. 2,
jara que desear y que fuese aplicable á las corrientes consta de tres partes esenciales: un motor
alternativas lo mismo que á las continuas: tales son electro-dinámico, un freno electro-magnélos contadores de energía eléctrica de M. Aron, de tico y un contador del número de vueltas
Berlín, y de M. Elihu Thomson de Lynn (Massacu- efectuadas por el árbol que lleva el motor
sets). Otros aparatos, los de M. Frager y el de M. Ma- y el freno.
rés, han valido á sus inventores los tres premios de
El motor está constituido por un siste1.000 pesetas que completaban las 13-000 de que la ma ~nduc~or por e~ cual pasa la corriente principal, y
comisión disponía.
un mduc1do de hilo fino montado en derivación soContador Aron. - El aparato de M. Aron es un bre las bornas de la canalización, pero intercalando
contador de energía eléctrica á integración continua en él una resistencia apropiada al potencial de distrifundada en la diferencia de marcha de dos péndulos, bución, de tal suerte que la intensidad de la corriente
aparato ya conocido y del que, por lo tanto, sólo nos que atraviesa esta derivación no pase de una décima
de ampere. ~n es~as condiciones de montaje, si llamamos I la mtensidad de la corriente que atraviesa
los inductores y e la diferencia de potencial mantenida entre las bornas del hilo fino, ejércese entre el
carrete móvil y los inductores fijos un par motor proporcional á e I, es decir, proporcional á la potencia
eléctrica á integrar en función del tiempo. El par resistente está producido por la rotación de un disco
pla:10 D dispuesto en la parte inferior del árbol motor entre tres imanes. La rotación del disco desarrolla en éste corrientes de inducción y lo convierten en
una especie de generador eléctrico que trabaja sobre
sí mismo á modo de circuito cerrado y que obra como freno. Siendo la potencia así absorbida proporcional á la velocidad angular del disco, habrá equilibrio dinámico cuando el par motor será igual al par
de resistencia, es decir, cuando la velocidad angular
del disco será proporcional al par motor y por ende
o
á la potencia e I.
El contador de vueltas, que nana de particular
ofrece, está directamente gobernado por un tornillo
sin fin colocado en su parte superior.
Gracias á la supresión del hierro en el inducido y
:Fig. 2 . - Diagrama del contador. -A. Arbol. - M. Carrete in- en los inductores del motor, el aparato es igualmente
ducido. - B, n• Carretes formando campo. - C. Conmutador
del carrete inducido. - D. Disco de cobre formando freno aplicable á las corrientes continuas y á las alternatielectromagnético. - R, Resistencia adicional.
vas, sin ningún cambio en la constancia del aparato.

[

&gt;

NúMERO

499

Para evitar el error que produciría en la medida la
fuerza contra-electromotriz desarrollada por la rotación del inducido, se le ha dado, de propósito, una
velocidad angular débil que no exceda de una vuelta
por segundo á carga máxima, lo cual aumenta la duración de los ejes de la única pieza móvil del contador.
Para vencer los rozamientos en los desamarres, los
inductores van provistos de un rollo de hilo fino
montado en el mismo circuito que el inducido y que
la resistencia adicional R. En el potencial normal,
este rollo produce un par motor constante sensiblemente igual al par resistente de desamarre, de modo
que basta la más débil corriente para que el aparato
se dispare. Este rollo de hilo fino está representado
en B' en la fig. 2 . Las variaciones de la presión atmosférica no ejercen influencia en la exactitud del
contador porque los roces en el aire son muy pequeños á consecuem::ia de la escasa velocidad angular y
de la forma del motor.
La influencia de las variaciones de la temperatura
ambiente está prevista en la construcción de un modo muy sencillo. Las resistencias puestas en serie con
el inducido son de cobre de la misma calidad que el
del inducido y que el del disco que forma freno. Así,
cuando por consecuencia del aumento de temperatura y por ende de la resistencia eléctrica del sistema el par motor disminuye, el par resistente dismi·
nuye en las mismas proporciones, porque la resistencia eléctrica del disco aumenta y este aumento de
resistencia disminuye la intensidad de las corrientes
inducidas en el disco.
Para contrastar el contador puede hacerse variar
la resistencia R en serie con el inducido ó la posición de uno de los imanes que forman los inductores
del freno. Aproximando los polos de los imanes al
eje de rotación, se disminuye el amortecimiento. La
contrastación se hace de modo que la primera aguja

N úMERO

LA

499

I LUST RACIÓN A RTISTICA

Si mientras se hacen saltar chispas de la bandeja
la comisión al dividir el premio de 10.000 pesetas
se
deja la habitación completamente á obscuras, aquéentre dos aparatos igualmente excelentes y que rellas
aparecerán sumamente brillantes.
suelven por completo el problema de la medición
(De la Science lllmtrée)
práctica de la energía eléctrica suministrada por las
fábricas centrales de distribución.

E,

HOSPITALIER

mu

MÁQUINA ELÉCTRICA GRATIS

Tómese un vaso, póngasele al fuego para que se
seque por completo y colóquesele luego boca abajo
sobre una mesa. Cójase después una bandeja perfectamente seca y colóquese sobre el vaso de modo que
se mantenga en equilibrio. Tómese finalmente una
hoja de papel algo más pequeña que la bandeja, caliéntese y frótese rápidamente con un cepillo: pronto
se electrizará y entonces póngasela sobre la bandeja.
De este modo, sin gasto alguno, se habrá construído una máquina eléctrica: si se aproxima un dedo á la bandeja brotará de ésta una chispa, tanto
más viva - y tanto más larga también la serie de ellas
que podrá obtenerse - cuanto más secos estén el vaso
y la bandeja.

.

~~~

EL PUERTO CHINO DE WEl· HAI-WEI

(De la Nature)

se halla defendido por imporlantísimas obras de fortificación, siendo las más principales los fuertes emplazados en Channel-Island, que protege el paso Este,
y en el Observatory Island, frente á la. punta de SenKung-Tang. Varias piezas de gran calibre as~man ya
sus bocas por las troneras de las murallas, habiéndose
encargado á la casa Krupp el artillado completo de

El Sanghai" Mercury publica algunas noticias en e~tremo interesantes respecto de un nuevo puerto chino, que por su excepcional situación está llamado
á ser dentro de breve plazo el Portsmouth del extremo
Oriente. Wei-hai-wei está situado á veinticinco millas
Oeste de la isla de Alceste, siendo el fondeadero más
oriental que existe en la costa Norte de la península
Shantung. La entrada es sumamente fácil para los
buques de poco calado, no así ~ara los de gran porte,
á causa de su limitada profundidad.
Esto no obstante, Wei-hai-wei será un excelente
puerto de refugio muy superior á Yen-Sai y á Cheefo,
con la doble ventaja de hallarse situado en uno de
los puntos más saludables de! Celeste_Imperio._ ~ace
apenas ocho años que el gobierno chino concibió el
proyecto de crear una estación naval, escogiendo al
efecto el nuevo puerto, que ha recibido ya en sus
aguas la diviiión de Peiyang. Hay que advertir que

Trátase actualmente ·de unir, por med10 de un
gran dique, el puerto de Observatory-Island con el
de la punta de Sen-Kung-Tang y éste con el de Channel-Island, por un rompeolas. Si este proyecto, ll~ga
á realizarse será, sin duda, una de las obras mas importantes y atrevidas que se habrán llevado á cabo por
la ciencia moderna, ya que la dist~ncia q~e separa los
fuertes entre sí excede de una milla, vanando la pro•
fundidad entre cinco y siete brazas. H_a empez~do la
construcción de un gran muelle de hierro destmado
á los buques de guerra, así como un desembarcadero
para las lanchas. Los talleres y alm~cenes o~upan
casi por completo la isla, en la que ~x1ste también la
Escuela naval y un campo de maniobras, para que
las tripulaciones puedan simular dese_mbarcos Y recibir la instrucción práctica que necesitan los cabos
de mar y la infantería de ma~ina, ya que dada 1~
táctica moderna naval, el manno debe conocer asimismo la que posee el soldado terrestre.

.......

................
-

UlT .lNTiPdLIQIJK -

LECHE .ANTEF1:L

....~~~
EFL~~~=~CLU

Jarabe Laroze

JARABE
DEL D\ FQRGET
contra los

CAi, LElff&amp;JAI, TES AIO

Reumas, Tos, Crisis nerviosas é lnsomnios.-EI JARABE FORGET es 1111 ralmantc

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~ eatlon para re¡ulariiar todu 1aa runc1onea del utóma¡o 1 1
)oa iD,t!s\inOL
.
JA:R.ABED

r,.

CARNE J QUINA

11 .&amp;llmato au npndar, llllido al 'f6Dloo . . ......,

VINO ARDUO CON QUlNA

a1Bro1nuro de Potasio

caa.. . 1 ~ • • 10D 1ol elemeDlol ~ en&amp;ran en la comuomdon de .ie J)O\ellle
,eparador ele lu l'UerlU Tll&amp;lel, de 81'9 ferti.._.. per -•íeaela. De UD ¡ualo aumamenle arra4&amp;Il1e • eobenDO oontra la Jllnllfa 1 el i,oca•Cftto, en lU Caleltlllf'IJI
1 C , , W ~ contra lU /)(M'f'IM J IU Afltt1IIMI del Blt/JflfQ40 J IOI l11tu"no,.
cuando .. ua(a de delperlar el apeUlo, uerurar Ju d1ge&amp;Uone1, reparar .laa tuem,,
mrtqueoer la Wlfl'9. enlouar el o ~ 1 precuer la anemia 1 Ju epldemlu pro,oadll por 101 calorea, uo ae oonooo nada supertor al .,... de . . . . de 4re■c.

Es el remedio mas e cu ~ . baile de s•-Vito, inaomDioa, coa•
la epilepaia, .~téderiloªs'
durcwLe la dent.icion;. en una palabra, toclaa
TUlaione• y ..,a
uw
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del contador de vueltas dé una vuelta compléta por
cada 1.000 del inducido, y como el contador se regula de manera que cada vuelta del inducido represen•
te un wat-hora, el primer cuadrante indica 1.000 watshora, cada división de este primer cuadrante un hectowat-hora y cada cuadrante siguiente marca una proporción de 10 á 1. Las lecturas se hacen, pues, corno
en los contadores ordinarios de gas.
La contrastación es sumamente fácil y rápida: basta hacer una señal en el disco y contar el número de
veces que pasa por delante de una marca en un tiempo dado. Asimismo se puede con facilidad comprobar en cualquier momento cada aparato y asegurarse
de su exactitud, y bajo este concepto sería bueno que
el contador estuviese encerrado, no en una caja opaca de hoja de latón, como lo está el modelo sometido á la comisión, sino en una caja que tuviese por lo
menos una cara de cristal, de modo que se viera bien
la sencillez del aparato, como tan_ibién una propiedad
preciosa que posee desde el punto de vista de la satisfacción del consumidor, cual es la de permanecer completamente inmóvil cuando el consumo es nulo.
Cuando se cambia el sentido de la corriente que
atraviesa el aparato, el contador gira en sentido inverso y descuenta con la misma exactitud, lo cual puede ser de gran utilidad en algunas instalaciones, las
que llevan acumuladores, por ejemplo. Digamos finalmente que el contador es absolutamente silencioso
y que su exactitud es prácticamente perfecta en toda
la escala de su suministro. Este conjunto de cualilidades y las que hemos hecho notar antes á propósito del contador Aron, justifican las conclusiones de

. . . . . . --1u

PILDORAS~DEHAUT
DIE P'Aflll a

Utubean ID PDl't/arte, CUIDcfO lo
aec11iC1a. No temen el uco ni el cauraacio, porque, contra lo que ,ucede coa
loa demu purgue.,, 11te no obra bien
liao caaado ,,, toma con bueno, alimento,
7 bebicfu!orti/icaaw, cual el -ri.llo, el cafl,
el ti. Cada eaal ucoge, para purgarse, la
.llora 7 la comida que mu le con-rienen,
1111 ocapacfonu. Como el cau,u
cio que la ,wga oc:uiona queda complelamenleuulado por el electo de la
buua alúllentacJon empleada,uao
,. lledde UcilJllente 4 vol-rer
4 empe,1r cuanta -rece,
JIO

"'ªª

,,,. 11ecuano.

LASAGRADA BIBLlA

Enfermedadesd,,Pecllo

EDICIÓN ILUSTRADA

Jarabe Pectoral

é.

DE

P. LAMOUROUX
Antes. Farmac~utico

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Se rende en todas /u buenu farmaolu.

\~\~

r,i,o

--il--

Pepsina Boudault
APEL WL

• Soberano remedio para ripida curaoloa de la• AfeocioDH del pecho,
Catarroe,Mal d• garg11Dta, BroD•

qultts,

a..trtadoe,

Romadiso■,

de loa Reumatlamos, DolorH,
Lumbago■, etc., SO do• del mejor
6:itlo atesU¡uan la eftcacia de este

poderoso derinllYo recomenda_do por
primero, m6dico1 de Pana.

101

D1pd11to ,n toda, ta, Farmaclal

Aprohada por la füDEIU DE I EDICIH

CLORÓSIS.

ANÉMIA. -

LINFATISMO

El Proto-Ioduro de Hierro es el repar ador de la san gre,

f ortiflcan te y el micr obicida por excelencia.
11Ja r aber lu Grajeas con pro1D-lodaro d&amp; ,1erro d&amp;F. Gille,
el

podrían ,er dem.c:uiadn recomendados en rai6n d1 '" pvre:a quimica, d.1
,u inalterabilidad y de '" 1olubi.lídad con1tani-t1.
tt7aceta dt l os B nsp(lfll,s).

t10

OtrdSITO GENERAL: 45. Rue Vauvllllers. PARIS. D•r,111ila en to-tas las J,rma,las.

PREMIODEL INSTITUTO AL D'CORVISART, EN 1856
Mt d&amp;llu on l&amp;a lhpot lclontl laternaelonalu dt

PUlS - LYOII • VIERA • PBIUDELPBU • P!RIS
1867

1873

l67i

u

1876

UPLIA. COR I L ■noa l llTO D

1178

ue

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
Dl OEST I ON LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
1'

orao, DIIOI.DHII DI u

DIOIITIOII

BAJO LA FORIIA. DB

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO . . dePEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
P.l!IS, Pharmaoit COLLAS, 1, ne D11piae
•

y

ffl

la, prl•c(pau, fal'"IMMI,

"'

�LA

!LUSTRACIÓN ARTISTICA

El. CONDE DE URGEL EN PODER DE LA GENTE DE

o.

NúMERO

FERNANDO DE Al\'TEQUERA,

499

cuadro de D. José .M, Tamburini

(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

Las oaaaa extranjeras que deseen &amp;nunotarae en LA ILUBTRAOIÓN .ARTtsTIOA d.ir{1anae para ln!ormee•á los Bree A. Lorette, Rue Oaumartill

núm. 61. Parfs.-Las oasaa eepadolu pueden hacerlo en la oficina de publloldad de loa Brea. O&amp;lvet y O.•, Diputación, 858, Barcelona

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• BISIIOTBO J M!QNESli

llecommdado1 COlllra lu .u-ioDN del Eatil·
mago, Falta de Apetito, DlgeatlODN laboriOIIU, AoedJaa, V6mltoe, Eruotoe, y C6llooe;
regularlD.D J.u l'uDolon• del l:lt6mago y
de JOB ~UDoe.
Erltlr t11 e/ rotulo 1
dt J. 1AYARD.

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SOCIEDAD

••Fe■t■to

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JARABE

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Y~ PASTA

de H. AUBBIIGIEII

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DIPÓSITO D LAI PllfflCIP.U.11 IIOTICU

&amp;dh. DETIUM,FannaoeuUoo 9D PAB18

APJ:OL
de los Dr" JORET 8 HOMOLLE
El APIOL cura loa do/ore,, retr1101, I UP,...
1/onu !le /a, Zpoou, asl como las p4rdld11.
Pero con frecuencia ea tallllflcado.El APIo L

verdadero, único eficaz, ea el de los inventores, los Drt• .JORET y BOllOLLE.

,._JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ~
,o...,.ooÑI, C.A.IJ,B DB BffOLC• :tlO, P.IJl:18, W-

IIOd- IN.ll'Grtnooúae

El JABA.BE DE BRZANTrecomendallo desde su prlnclplo por 101 proresorea
~enDec, Théll&amp;l'd, Gueraant, etc. ; lla recibido la con.sagrae16n el.el ttempo : en el
ano t829 obro.vo el prlyUeglo de Invención. VERDADERO COIFITT PICTDIALL~on base
el.e goma y el.§ ababoles, conviene sobre toao a las personas ·ae11cac11111 como
mUJeres y nlnos. su gusto excelente no perjuc1tca en modo alguno á su i ncacta
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ParUclpando de lu propledade1 del lodo
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l'arta BRIAIIT, 150, rue deRJ,oll, PWS

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1
EIIJASE 11:= AROUD

11 ftlll&gt;II DI TOD.A.B U.S nutm.ua

PATE EPILATOIRE DUSSER

-

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, o Yi'- para
provocar o re¡ulartzar su curso perlOdlco.
~/'A--?J}s

Farmaceu11co,

o Parl.l,

~ R u , Bonapart,, 40

NB

El lodurQde hierro impuro o alterado
, • ea un medicamento iñfl.el é 11'1:!tan te.
Como prueba de pureza y de autentleldad de
lu ll'e.rdade:rae Pildoru de Bianeard,
ntstr nuestro Hilo de p11t1 re■otlv■,
■u.eetra ftrtn■ puesta al plé de una etlquei&amp;
_.., 7 el Sello de ruantla de la Unl6n de
•• h•rlc111tn para la represión de la !&amp;11111111611. t\
..,
Q D IIALLU 11K TODU LU •AUJ.CIIU

destnlJe huta lu IIAl0■8 el V■LLO del R11ro de 1u daau (Buba, Binte.
111
llD¡ali pellcro pan el calla. 10 Año■ 4e Íldto,ymlllara de teallaolliolprutllaJl ladeada
de uta pr1paracio1. (Se .-di ID H)ll,_1111 la barba, J ea 1/2 11)11 pua el blpll U,ero). Pan
1111 bruo1, 111pl6ae el l'ilJ f'UB,e. DV■■lliJR, , , rue .J•..J.•I\OUIH&amp;U, Puta,

•&gt;

Qued&amp;D reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, DI M ONTANlll Y

Sntó•

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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