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NÚM. 500

BARCELONA 27 DE JULIO DE 1891

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

MURMURACIONES EUROPEAS
SUMARIO

POR DON EMILIO CASTELAR

Texto.-lifurm1eraciones europeas, por Emilio Castelar. Cerámica hispano-árabe, por A. Garda Llans6. - Concurso Viaje del emperador Guillermo á Inglaterra. - Sitios principales por él recorridos. - Su presencia en Windsor.- Banquete
de perros de lujo, por A. - Viena, por Justo Fastenrath. de gala en Guildhall. - Paseos é impresiones. - Unos regios
Nuestros grabados. - Viuondeza (continuaci6n), por Le6n
amores. -Luchas entre dobles y encontrados afectos. - VicBarracand, con ilustraciones de Emilio Bayard. - SECCIÓN
torias del coraz6n. - U na llelena inglesa. - Cuestiones diploCIENTfFICA: Transmisión de fuerza eléctrica por medio de
máticas evocadas por su rapto. - Luchas entre kurdos y percorrientes altemativas de 3 000 volts, por F. Laffargue. sas por tal cautiva. - El Vesubio. - Muerte de Silva en las
Los ferrocarriles y tranvlas eléctricos. - Aguas minerales jaerupciones y vorágines volcánicas. - Botadura del Sicilia en
po,usas. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó
Venecia. - Conclusión.
editores,

Grabados. - Reposo, cuadro de D. Arcadio Más y Fontde·
vila. Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de
Barcelona y adquirido por el Excmo. Ayuntamiento de esta
capital. - Una máscara, cuadro de D . José Maria Tamburini (Exposición general de Bellas Art,•s de Barcelona). lffaleón. Recuerdos de la fortaleza de Isabel II, La Mola,
apuntes de D. A. Rodrlguez Tejera. - Seis grabados que
ilustran el artículo titulado Co1uurso de perros de lujo. Un disdpulo de Homero, cuadro de S. Glücklich. - Trovador
improvisado, cuadro de Enrique Weber. - Fig. I. Vista general de la sala de experimentos. -Fig. 2 . Experimento de transmisión de fuerza eléctrica. Esquema de la distribución. Fig. 3. Detalles de instalación. - La hormiga, estatua de
D. José Campeny (Exposici6n general de Bellas Artes de
Barcelona).

I
El emperador Guillermo no puede darse punto
de reposo. Así que comienza el estío, comienzan las
peregrinaciones continuas con él, tan indispensables
á la inquietud y movilidad propias del coronado joven,
como la emigraci6n inevitable á los pájaros viajeros. En Inglaterra, por ejemplo, había Guillermo visto
únicamente otros años la corte; visita en este año á
la Naci6n. Su reinteligencia más 6 menos franca y
sincera con la madre y sus propensiones más 6 menos voluntarias á la democracia, le van ganando poco

á poco la voluntad íntima de un pueblo liberal y monárquico, cual ese pueblo inglés, quien suele tomar los
asuntos de sus reyes como si fueran asuntos de la
propia familia y de la propia responsabilidad. A fuer
de César, empez6 el viajero visitando á la reina para
concluir visitando á la municipalidad. Vestido por
modo teatral de almirante inglés, mientras aquellos
ingleses que le aguardaban vestían uniformes alemanes, entr6 en el castillo de Wíndsor, maravillosa residencia de los reyes ingleses desde la Edad media.
Los árboles gigantescos recordando con sus copas y
ramajes aquella vegetaci6n colosal de los períodos que
la Geología llama carboníferos; las praderas de un verde muy claro que sirven como de marco á lagos artificiales muy extensos y como cauce á parleros arroyos,
muy cerca por sus caudales de llegará ríos; las torres
del homenaje sobrepuestas á las ladroneras feudales
y á las cresterías g6ticas, torres en competencia, por
su elevación y por su ligereza, con las agujas de los
viejos santuarios y capillas; aquel palacio real enorme,
cuyo volumen, por sus fosos y sus puentes y sus muros, remeda incontrast~ble fortaleza medioeval; aquellas terrazas desde las cuales os holgáis con la contemplaci6n de panoramas un poco indecisos entre la

REPOSO, cuadro de D. Arcadio Más y Fontdevila
Premiado en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona y adquirido por el Excmo. Ayuntamiento de esta capital

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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niebla, y aquellas galerías en que los cuadros de Van- ga y constriñe á elegirlo entre los hermanos del rey. más notas acerca de la dichosa señorita nómada que
Dyk alternan con los escudos de Benvenuto; el arcai- A recoger y aceptar la sucesión va uno de éstos, acerca de la triple alianza central. Y no hemos podido
co aspecto de toda la corte y servidumbre vestidas cuando, llegado apenas, le asalta de súbito un ardien- averiguar si los kurdos se la llevaron, como parece
con arreos arqueológicos y anacrónicos, dan al prime- te amor á cierta joven, dama de la reina, y sin sos- presumible y verosímil, en rapto violento y cruel, ó
ro y más bello de los sitios reales ingleses algo de pechas de oposición y contrariedad ninguna la con- si la señorita primero abrazó de propio arbitrio el iscastillo, iglesia, teatro, museo, alcázar, pertenecientes vida para que acepte su mano y comparta su diade- lamismo para después abrazar con más amplitud y
á sociedades pretéritas, olvidados por las edades en ma. Herida en el corazón la joven por las pruebas legitimidad á los kurdos. Y lo cierto es que ahí ansu curso destructor y subsistentes hoy en medio de de amor que le diera el príncipe, le corresponde y se damos; y todos los diplomáticos orientales corren
nosotros, ya porque los ha perdonado el tiempo voraz, apercibe á representar el papel de princesa de la co- desalentados á descifrar este misterio, ¿La robaron
ya porque han venido nuevamente al conjuro de la rona. Sostiene y alienta en su empeño á los dos ellos, ó ella se marchó?
resurrección universal. Este Gillermo, tan dado á las enamorados la reina, poetisa que ilustra y embellece
IV
evocaciones históricas, ceñido con coraza nielada, aquella corte con inspiraciones hermosas, expresadas
calzado con botas de reluciente acero, cubierto con en versos armoniosísimos, publicados á la continua
casco de precioso metal y rico plumaje, concuerda por ella so el seudónimo de Carmen Sylva. La poe¡Cómo se parece á las perturbaciones del alma y
con Wíndsor por parecer uno de los héroes ideados sía le hace creer á la reina que puede amar un prín- á los arrebatos del sentimiento una erupción volcáen la epopeya germánica medioeval y redivivo al cipe como esplende una estrella, como canta un ave, nica! Y ¡cuán hermosa la que ha estallado en el Veconjuro de la música de Wagner, como las góticas como huele una flor, con la espontaneidad propia subio, pero cuán voraz también! Quien haya estado
sombras errantes por los palacios reales ingleses. Pero de una irradiación espiritual, curándose de una cosa por ali! en las encendidas noches de los estallidos
su entrada en Guildhall, el Municipio londinense, tan sólo, de hallar la deseada correspondencia en el gigantescos, cuando la nube tonante de aquellas eshabrále llamado á la realidad muy pronto y díchole ser preferido y amado. Pero no participan de tal en- pirales rojizas, entre los estampidos enormes del
como no hay en Inglaterra tan sólo monarquía y no- tusiasmo poético el patriciado y aun el ministerio de trueno y los ciclópeos resuellos del volcán, incendia
bleza de glorioso abolengo, sino también una demo- Rumania; todo lo opuesto: cuentan entre los deberes los cielos y los mares parecidos á las paredes cancracia liberal y progresiva, cuyos timbres capitalísi- penosísimos de los reyes y príncipes herederos como dentes de un horno donde hierve alta fusión de memos no están en el blasón y en las armas, están en el mayor y más penoso, la necesidad imprescindible tales al rojo cereza, cree ó bien asistir al día último
el ahorro y en el trabajo. Por una de las combina- del matrimonio sugerido por la razón de estado y no del planeta, como Plinio en la erupción que destruciones que acercan y aun juntan en el pueblo inglés por la propia y espontánea inclinación individual. yó Herculano y Pompeya, ó bien á las primeras
los factores más contrarios, aquellos continuadores También el férreo y viejo emperador Guillermo I de edades genésicas, que daban á la materia terráquea
de los patricios normandos que impusieron á Juan Alemania se prendó en sus mocedades un día de cier- el aspecto cometario parecido á una tempestad inSin Tierra en Carta Magna y echaron las bases del ta preciosa joven que habitaba en las cortes de su finita. Las llamas purpúreas destacadas en el humo
Parlamento británico, van todos los años á decir su padre, y tuvo que sacrificarse, amargando toda su violáceo; las piedras pómez encendidas que vuelan
política y á dar cuenta de sus actos ante corporacio- vida entera, por ocupar el trono y servir desde tan en todas direcciones como aerolitos cerúleos; las
nes de sastres, pescaderos y merceros, ó sean indus- ásperas alturas á la patria. Para tener una reina ru- varias figuras de la montaña que cambia de aspecto
triales y mercaderes de todas clases, mostrando así mana las gentes aquellas hubieran guardado su rey como su erupción de colores y matices; el sacudi·
que de lo profundo brota la grandeza toda británica, natural de Rumania. Quieren monarca extranjero miento epiléptico de la tierra casi derretida; los
hondamente arraigada en los gobiernos locales y en para que no tenga parientes próximos en la monar- torrentes de lavas que serpentean como ríos infernala vida municipal. No hubiese visitado á Inglaterra quía. Y llevados por estas razones declaran que debe les; el áureo tamizado de cenizas análogas con el
el emperador de no visitar la ciudad metropolitana; optar el príncipe ahora mismo entre un tálamo de chispear de las centellas tormentosas; los reflejos en
y no hubiese visitado la ciudad metropolitana de no amor y una corona de rey. Puesto en tan cruel alter- mares y en cielos de todo aquel fuego, dan á los
visitar á su lord alcalde. Allí, en aquel palacio, donde nativa, el mozo Hohenzollern acaba de optar por el nervios un sacudimiento eléctrico y á la fantasía un
todo trasciende al trabajo vivificador moderno, Gui- amor, dando así al propio corazón grandes satisfac- vuelo rápido que no reconocéis después jamás en
llermo había de pronunciar á la fuerz.'\ palabras libe- ciones por toda la vida y á la reina Carmen _precio- espectáculo análogo del universo y en recuerdo
rales y pacíficas en correspondencia con la recepción so argumento para novela ó drama de altos literarios ninguno de la vida. Y la montaña os atrae y os abramunicipal, y las pronunció. El taller se sobrepuso en vuelos.
sa y os derrite y os funde y os liquida y os evapoaquel momento á los cuarteles; brilló más que un cera en su seno. Esta especie de sugestión hipnótica
sintiera el malogrado escritor brasileño Silva, cuando
tro áureo la tosca lanzadera donde se agarra el algoIII
corrió á la erupción, como á la reverberación del quindón, y los telares que urden la trama del trabajo se
levantaron erguidos á una sobre todos los palacios y
¿Os acordáis del rapto de Helena? Los bajos re- qué las engañadas mariposas y como á las fauces del
todas las fortalezas que guardan los viejos gastados lieves antiguos guardan hoy el clásico drama según culebrón fascinador las infelices avecillas. La humaprivilegios. El emperador, hipnotizado por las hadas lo comprendiera Grecia. Hermosísima nave de ma- reda, que sube á tres mil metros, cual una montaña,
del taller y del cambio, pues todo tiene su hada res- deras preciosas, compuesta y chapeada brillantemen- capaz de cambiar las nieves por los fuegos perpetuos;
pectiva en el mundo germánico, pronunció un dis• te de metales varios, aguarda el arribo de la robada la tierra, que se desgarra y se abre por abajo, en vocurso enteramente consagrado á la paz, condición reina, prontos ya los remos á moverse, y el piloto, sen- rágines y solfataras inmensas, mientras la tempestad
precisa de todos los esfuerzos creadores del trabajo tado en su respectivo sitio, pronto á dirigir la nave• truena por arriba en relampagueos y detonaciones
moderno y base robusta sobre la cual habrá de le- gación. Frigio el navío, ciñe la tripulación los gorros incesantes; el sulfuroso gas desprendido de la invantarse por fuerza toda la industria. Pero hubo en caracterizados en todos los posteriores tiempos con mensa combinación química, que parece cósmica;
la Gran Bretaña diputado capaz de no dará sus oídos el nombre de Frigia. Dos troyanos custodian á Hele- las aguas hirvientes, en estado casi de colosal evaasenso y de decir desde aquella libre tribuna sus re- na que, sostenida por el amor, desgarra los velos en poración, formando nubes multicolores á guisa de
celos de ver otra vez reanudada y rehecha la coali- que antes la envolviera su castidad intacta y mues- fraguas errantes; las lavas que creerlais el plomo deción de los reyes contra Francia, quien, herida, paseó tra de grado al voluptuoso joven, á su raptor, á Paris, rretido de las leyendas diabólicas, alcanzaron á enade victoria en victoria por todas las capitales euro- los más ocultos hechizos. Alzada Venus entre los dos jenar de sí al artista en términos de que por acercarpeas el ejército suyo, quien ora dirigido por jefes re- amantes, enciende voraz antorcha, mientras París, se á la hoguera encontró la muerte. ¡Cuál fenómeno
publicanos, ora por generales cesaristas, difundía en sentado en silla de las destinadas entonces á los más psicológico! Todos los testigos están sin excepción
todas partes el verbo y el pensamiento de la revo- altos personajes, como si no pudiera tenerse de pie á una contestes en que recordó la catástrofe de Plilución bien ó mal de su grado al son de su Marse• por el peso abrumador de sus emociones, contempla nio al partirse para el monte, y que nombrando á
Ilesa. La palabra fría y seca del ministro Smith con- en una especie de absorción enajenadora, con toda Plinia. cayó en el surco infernal, cuyas bocas no potestó á tales temores; y el emperador ha seguido su su alma, con todo su ser, ofreciéndole toda su vida, el drán jamás devolverlo como el mar devuelve los cavisita suscitando encontrados afectos, patentes por rostro y el cuerpo entero de la gentil robada. Los dáveres. Los dos escritores, el brasileño y el romano,
contradictorias manifestaciones propias de aquella horóscopos no mintieron Aquella tea, vista por la murieron en la montaña Pero Plinio, según todas
sociedad complejísima, donde al aire y al resplandor madre de París en los angustiosos ensueños de su las probabilidades, murió por haberse acostado sode las libertades tradicionales todo se descubre y preñez, arde ya, y prende con su voraz llama fuego bre las cenizas donde le ahogó un escape de gas
revela.
á todo un imperio. El destino pesa con su incon- carbónico, y Silva fue tragado por un bostezo de la
trastable pesadumbre sobre todos los mortales, y He- convulsa tierra.
II
lena es juguete del destino. Perpetrado tal robo y
separada Helena de su hogar por la traición y la vioV
¡Cuán difícil desconocer el principio de la igual- lencia, el esposo burlado, el viejo Menelao, requiere
dad humana cuando aparece por todas partes, dando de los reyes griegos el debido auxilio para redimir
Y puesto que, poco á poco, nuestra imaginación
en rostro á los privilegiados con su ineluctable ver- del poder enemigo la cautiva y tomar del rapto y del ha llegado hasta la bahía partenopea, encendida en
dad! Al separarse de Turquía los principados del raptor su desquite. En efecto, de aquí proviene la múltiples llamaradas, volvamos los ojos al Adriático,
Danubio constituyeron estados monárquicos por no troyana guerra. ¿Creeríais que un caso así no podría sobre cuyas aguas acaba de celebrarse un espectácudisgustar á la diplomacia europea; y al constituir es- darse jamás en la civilización europea? Pues nos ha- lo muy bueno para la estética y muy deplorable para
tados monárquicos, tuvieron algunos que seguir el llamos próximos á una guerra entre Turquía y Persia; la economía y para la política general. Me refiero á
ejemplo de la Grecia contemporánea 'Y buscar sus la cual guerra entre Turquía y Persia puede á su vez la botadura del acorazado Sicilia, verificada en Vereyes por ajenos y apartados reinos. Un príncipe engendrar otra entre Persia é Inglaterra; la cual gue- necia. El gobierno italiano ha querido, siempre arMilano de Serbia ó un príncipe Nicolás de Monte- rra entre Persia é Inglaterra puede á su vez engen- tista, evocar plásticamente los desposorios antiguos
negro, indígenas ambos, estaban compensados en drar otra entre Inglaterra y Rusia; la cual guerra entre del Dux con la mar. Imaginaos lo que serian estos
aquella península de los Balkanes por dos dinastlas Inglaterra y Rusia puede á su vez engendrar otra desposorios en sus clásicos tiempos. Las torres can·
germánicas, la semi-austriaca, que representa un Co- entre todos los continentes por una Helena inglesa, tan á una con sus lenguas de metales. Los gallardeburgo, y la semi-prusiana, que representa un Hohen- por una turista, que anduvo trotando, no diremos con- tes ondean por las pirámides, por las agujas, por los
wllern. El semi-austriaco en Bulgaria sucede á un ventos, pero sí aduares, por Armenia, y no sabemos botareles, por las ctíspides, al beso continuo de las
príncipe de prosapia extraña, un Battemberg, y en á ciencia cierta si después ó antes de lo que conoce- brisas. Los balcones y ventanas lucen colgaduras de
Rumania el semi-prusiano sucede á un prlncipe de mos aquí en el caló nuestro con la denominación de mil matices orladas con flecos de plata y oro Una
prosapia nacional, un Couza. Pero esta dinastía de curda, cayó en manos de los kurdos, esos semi-salva- lluvia de flores cae desde las alturas y cubre canales
los Brandeburgos, trasplantada desde los territorios jes montañeses, capaces de alzarse con todo cuanto y lagos de pétalos que aroman los aires y tiemblan
germánicos á las riberas danubiana•;, carece de suce- encuentren, á fuer de prehistóricos secuestradores, sobre aquellas azules jaspeadas líneas como sobre
sión, y no puede transmitir, por tanto, sus privilegios entre carcajadas semejantes á rugidos de leones y pis- un rosal celeste. Las músicas conciertan con el repihereditarios á sucesor directo; desgracia que la obli- toletazos semejantes á tiros de cañón. Se han escrito que de las campanas y el grito de las muchedumbres.

NúMERO 500

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-================

CERÁMICA
Todas las naves que
hay en el muelle de los
HI SP ANO-ÁRABE
Esclavones se balancean al viento y al remo
La cerámica de reflepara unirse con el ducal
jos metálicos, ó sea la
cortejo. Las velas blanconocida bajo la denocas ó amarillas, las banminación de hispano•
derolas de tan varios toárabe ó hispano-morís·
nos los mástiles ornaca, es una de las manidos' de guirnaldas~ las
festaciones más originatripulaciones vestidas
les del arte peninsular,
con sus más brillantes
quizás la que ha logrado
trajes, la muchedummás justificada reputabre de gentes a~ornación y la que ha reves ·
das con sus me1ores
tide mayor importancia.
preseas que á bordo se
Inútil es buscar preceaglomeran deseosas de
dentes en la industria
presenciar la fiesta, dan
indígena, puesto que si
á todo aquellas tablas
bien es cierto que los
flotantes el aspecto de
celtíberos alcanza ron
movibles florestas. Y si
cierta perfección, contal as pecto muestr~n
forme lo atestiguan los
las naves de comercio,
bellos ejemplares exisnada os digo de las natentes en nuestros muves de placer. Son muy
seos, y que los romanos
negras; pero su lustre
desarrolláronla de mode azabache resalta sodo notable, no Jo es
bre Ja claridad celestial
menos que no sufrió la
del agua. Y llevan, ya
menor alteración en el
una pareja enamorada
estilo ni en la forma
que centellea p~sión Y
durante la dominación
amor de sus 010s, ya
visigoda. La invasión
una compañía de jóveárabe, que como potennes que recitan epitate huracán transformó
lámicos versos, ya un
á la nación española
coro de muchachas más
desde el Mediterráneo
hermosas que las fingial Cantábrico y desde
das sirenas, ya una orel Tajo al Ebro, al transquesta que produce
formar á aquella socieacordes suavísimos, ya
dad, al conmover honuna especie de orgí~
damente el modo de ser
donde los vasos parec1·
de aquel pueblo, varió
dos á piedras preciosas
por completo sus manisuenan en choques confestaciones artísticas é
tinuos y corren por do·
industriales.
quier los vinos de ChiLa irrupción sarracépre, ya grupos de danica conmovió violenmas cuyas mangas de
1entamen te á aquel
brocado casi rozan con
pu e b 1o hetereogéneo,
el mar y cuyas cabelledegenerado
y corrompiras cuajadas de perlas
do,
cual
lo
estaba la
y zafiros y diamantes
monarquía
goda
al hundescomponen los rayos
dirse
en
las
aguas
del
del sol en chispas innuGuadalete,
y
á
la
par
merables embellecidas
que los ejércitos invasoy aumentadas por la
res extendían los domireverberación del día
nios de la media luna,
en los cristales del agua.
el arte árabe desenvolUnid á esto el unifor·
víase independienteme vistoso de los gonmente de las tradiciones
UNA
MÁSCARA,
cuncl.ro
de
1&gt;.
josé
María
Tamhurlni
(Exposlci6n
general
de
Bellas
Artes
de
Barcelona)
doleros, los colores muy
filosóficas
helénicas imaltos del traje de los
portadas, ya que para
marinos, el contraste de
las túnicas de grana y púrpura con las túnicas de religiosas, se dirigen, una por la piazzetta de San aquel pueblo, esencialmente epi7úreo,. no po~lan
raso y terciopelo negro, las guirnaldas puestas por Marcos, otra por el muelle de los Esclavones á San germinar las ideas platónicas y anstotéhcas, cult~va ·
las campesinas y la pedrería puesta por las nobles Zacarlas, á fin de depositar las reliquias de ambos das únicamente por los admiradores de los Tofa1l Y
en sus trenzas, el brillo de los ramajes áureos y ar- santos. Y la magnífica procesión marítima se despide los Averroes.
De ahí que la poesía y la arquitectura fueran las
génteos sobre las vestes multicolores, los iris forma- \ de las procesiones terrestres, y toma rumbo hacia el
dos al beso de las brisas por el bosque de tantas Lido, donde el mar se besa con la laguna. Y una manifestaciones de aquel pueblo. El poeta árabe
plumas, la reverberación del sol en los petos y mo- vez llegado al Lido, el áureo palacio flotante se de- expresaba los sentimientos eróticos ó ~uerreros, Y ~l
rriones y alabardas de los soldados, así como en los tiene, circuido por los cincuenta busones, ó sean alarife proyectaba y construía esos afiligranados edicollares y diademas de las damas, y decidme luego góndolas de respeto, tripuladas por coros y orques- ficios, en los que se halla compendiado el m_odo_ de
con cuán fundada razón se ha llamado á Venecia y tas. Las demás particulares que, siendo de especta- ser de aquel pueblo, que sin exceso de afemmac1ón
á su escuela en pintura las diosas de los colores. Y dores, aumentan y embellecen el espectáculo, se supo limitar sus necesidades y capricho~, encontrando
en medio de todo este brillo, que deslumbra la vis- detienen á larga distancia, como las naves de alto la forma más práctica y bella de satisfacerlos. Los
ta, resalta el Bucentauro, dorado, esculpido, cubier- bordo. Todo el mundo se pone de pie y se descubre, preceptos del Alcorán, enlazados con labores y di~uto de tapices, con el Dux á su proa, que semeja un menos los sumos dignatarios. El Patriarca bendice jos caprichosos, demuestran el dualis~o de sus aspir~viejo Neptuno vestido á la usanza veneciana y coro- el anillo nupcial, en cuya piedra está grabado el león ciones, y sus innumerables combinaciones geom~tn·
nado con el gorro frigio. Diríase al ver todo aquel de San Marcos, y se lo entrega seguidamente al Dux. cas su inagotable fantasla. Realista por su educación,
singularísimo espectáculo, que las antiguas divini- Un coadjutor vierte de rico vaso áureo agua bendita impresionábase sólo por lo que ofrecía un aspecto
dades marinas, aquellas encerradas en los cristales al mar, y en el centro de los círculos que esta agua tangible, ya que el ideal de la vida pedíale otra clase
del mar, blancas como las espumas, palpitantes como forma al chocar con la superficie celeste, arroja el de satisfacciones que las que perseguía e~ pue~lo
las ondas, tendidas en el nácar de las madreperlas, Dux su anillo en demostración de eterno dominio. cristiano. De ahí que después de haber ennquec1do
habitadoras de las grutas de corales, envueltas en las Y en efecto, Venecia por aquel tiempo, rodeada de la mezquita de Córdoba con admirables aplicacioazuladas túnicas de estelas, conducidas á través de sus escuadras como de sus dioses menores, soberana nes cerámicas, emprendiera Mohamed-ben-Alhamar,
los líquidos espacios por los juguetones delfines, ha- de tantas islas griegas, señora del comercio oriental, hacia el año de 12 73, la construcción de ese encanbían surgido de los abismos, y tomando súbitamente bien puede creerse y llamarse la omnipotente diosa tador palacio, la Alhambra, exornado de primorosos
otras formas, ceñídose los trajes y los signos cristia de todo el Mediterráneo. La reina Margarita se ha encajes, verdadera maravilla de la fantasía oriental.
nos para continuar, merced á esta transformación, su desposado con el mar como antes la señoría vene- La contemplación de aquella portentosa creación del
antiguo imperio sobre las ondas y sobre los vientos. ciana. Un colosal anillo de bronce dorado á fuego, ingenio de los alarifes árabes despertó el espíritu del
Así, mientras el cortejo, compuesto de tantos des- con grandísima esmeralda hecha en la cristalería prin- pueblo morisco, y á la par que la arquitectura creaba
lumbradores grupos, se ausenta, saludado por la cipal de Murano, fué la señal de boda en estas nup- atrevidos y alicatados arcos con dobles curvaturas
parte de la población que queda en las ventanas y cias. Nos entristece, no obstante, una horrible con- excéntricas y con estrlas de media concha sustenta·
azoteas, todas cubiertas de orientales tapices, ó en sideración: pensar que servirá el barco á la guerra das por delgadas columnas, primorosos aljamíes y
misteriosas estancias con techos estalactíticos, pinlos muelles é islotes, todos henchidos de gentes, dos entre los hombres, y no á su libertad y á su paz.
tados de brillante azul, el arte hallaba medio de emprocesiones, formadas por los cleros y las órdenes

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

bellecerlas con arabescos enlazados con relieves de
cintas, con letras kermáticas, con repetidos blasones
que ostentaban la fatídica leyenda de- N o hay más
vencedor que Dios, y con esos ricos azulejos que ostentan la variada tonalidad del calidoscopio, ó en
los soberbios jarrones en donde se condensan los
vivos tonos del azul, del rojo y del oro, y cuyas formas superan por su elegancia y originalidad á las
ánforas clásicas y á las creaciones de la China, del
Japón y de la India.
No cabe imaginar nada más elegante y esbelto que
esos vasos, que la tradición supone sirvieron de digna arca para guardar tesoros y cuyas dimensiones
por sí solas ofrecían ya grandes dificultades al alfarero para lograr la perfecta armonía de todas sus
partes. La incuria y el abandono fueron la causa de
la casi total desaparici'ón de esas que deben considerarse como verdaderas joyas de arte; y tal es así,
que de los dos únicos ejemplares existentes en 1785,
citados por P. Lozano en su libro titulado «Las antigüedades árabes,» entre los que decoraban el palacio de los monarcas nazaritas, sólo se conserva el
que figura en el Museo Arqueológico Nacional, de
1
1 36 metros de alto por 2'26 metros de circunferen·
cia, entre cuyos motivos de caprichosa decoración
descuellan las dos gacelas, á las que debe su nombre
y celebridad. Si se examina y estudia este admirable
ejemplar, nótase desde luego la influencia que ejerció
la forma, ya que la vemos perpetuada y reproducida
en nuestra península, aun después de la expulsión
de los moriscos, en los vasos de nacarados reflejos
de Mallorca, en los dorados jarros valencianos, en
las botellas de metálicos tonos de Manises y en las
alcarrazas andaluzas.
Si tenemos en cuenta las descripciones de AbdAllah-El-Lawati, que se hizo célebre con el nombre
de Ibn-Batuta, resulta indudable que Málaga fué la
cuna de la cerámica de reflejos metálicos, y que sus
talleres surtían no sólo á Granada, sí que también
á las demás ciudades peninsulares y aun á las de
otros Estados. Así parece confirmarlo el citado viajero, quien escribía en 1350 que en Málaga fabricábanse bellísimos ej emplares de alfarería dorada, que
se exportaban á las más apartadas regiones, siendo
por lo tanto el centro del comercio cerámico de
España.
Los primitivos ejemplares malagueños distínguense por ostentar los motivos de ornamentación árabe
con las combinaciones geométricas, follajes y los caprichosos caracteres de su escritura cúfica ú oriental,
siendo muy raras las piezas que ostentan animales
en su decoración, efecto, sin duda, de las prescripciones alcoránicas. Existen, sin embargo, algunas excepciones, entre las que merece citarse el referido
jarrón de la Alhambra, en el que se hallan representadas dos gacelas, circunstancia que aumenta considerablemente su valor. El azul puro, oro un tanto
pálido y el blanco amarillento ó de carhe y aun el
rojo más ó menos vivo son los colores decorativos de
los modelos de Málaga, cuya analogía con los de la
Alhambra es tan notable, que según afirma el barón
de Davillier, preciso es convenir en la identidad de
su origen. Las tres grandes jofai·nas que posee el
Museo de Cluny, exornadas con reflejos metálicos y
azulados esmaltes, y las varias piezas de menor importancia que figuran en el Museo de Kensington,
de Londres, son los modelos tipos del primer y más
interesante período de las manufacturas malagueñas.
Esta semejanza de estilo, denunci~dora de su procedencia, continuó siendo distintiva aun después de la
conquista de Granada; mas á partir del primer tercio
del siglo xv1 fué alterándose poco á poco la decoración bajo la influencia del estilo mudéjar, siendo tan
sensible, que desde luego se nota el poder absorbente
del pueblo vencedor. La ornamentación no responde
á la idea; á las inscripciones que sirvieron de motivos
de decoración á los artífices árabes á la vez que de
manifestación de creencias, suceden los mal trazados
carac~ere~ de los nuevos alfareros, que utilizan los
signos como fantásticas grecas, no como aljamía, por
desconocer su significación. Desaparecen la finura y
delicadeza de los trazos, y en el sitio en donde figura!ºº los blasones kermáticos fijáronse los escudos
de armas de los magnates cristianos, pudiendo juzgarse de la transformación política que sufrió España
en aquella época por la que á su vez experimentó
esta industria, que fué á no dudar una de las más
prósperas y florecientes.
Si bien es cierto que durante los siglos x1v y xv
extremáronse de tal modo las ideas religiosas que
tanto los moros como los cristianos exterminábanse
en nombre de sus respectivas creencias, no es menos
evidente que el relativo progreso de las ciencias y las
artes templó, especialmente durante algunos perío·
dos, su encarnizamiento, traduciéndose el pasado
encono en recíproca tolerancia. Y tal es así, que en

Asturias, Le6n y Catalufia las artes y oficios estuvieron por mucho tiempo en manos de moros y judíos.
que arquitectos cristianos contribuyeron á levantar
mezquitas muslímicas y que afamados alarifes andaluces construyeron templos bajo plano de antiguas
basílicas.
Esta fusión puede observarse no sólo en las creaciones de Málaga y Granada, sí que también en las
de toda la península, y persistió hasta que con el
Cardenal Cisneros inicióse, en 1506, el reinado de la
intolerancia. El afán de cristianizar, olvidando compromisos contraídos por los monarcas con el pueblo
vencido, dió origen á la publicación de pragmáiicas
tan injustas como aquellas en que se prohibía á un
pueblo, que confiado en la hidalguía del vencedor
continuaba aferrado al terruño de sus antepasados, á
leer y escribir en su propio idioma y hasta á bailar
leilas y zambras y tocar instrumentos orientales, llegando al extremo de impedir el uso de sus trajes y
que se cultivaran las artes en el estilo morisco. Así,
pues, lo que fué belleza convirtióse en mero recuerdo,
ya que desaparecieron los factores que la servían de
compleme¡¡to.
A vivir en esta época Lucio Marineo, el cronista
de los Reyes Católicos, no habría podido consignar,
como lo hizo, que en Granada y Málaga fabricábanse
bellísimas piezas de cerámica.
A Felipe III debe imputarse la desaparición completa de las artes que florecían en manos del pueblo
árabe. El decreto de expulsión (1610) delos seiscientos mil moriscos significa el comienzo de un triste
período decadente para nuestra patria.
Las fábricas de Málaga fueron paulatinamente
desapareciendo y si bien Valencia heredó en cierto
modo sus tradiciones, diferéncianse y distínguense
las producciones de los moriscos de las mudéjares,
no sólo del reino valenciano sino del resto de España,
en que estas últimas ostentan tonos más vivos, trocándose los pálidos reflejos del oro por los más vivos
del cobre, desapareciendo la finura y distinción de
líneas, colores y motivos de la cerámica árabe, ya
que las nuevas producciones destinábanse á un pueblo menos culto y de inferior gusto artístico. Y tal es
así, que - según dice el Sr. Giner de los Ríos - «los
arabescos de Valencia son también degradados, y las
armas y blasones que se pintan en sus platos no
siempre se trabajan con delicadeza.» Esto no obste, preciso es confesar que la historia de la cerámica
valenciana tiene páginas gloriosas y que ocupa preferente lugar esta industria entre las demás ramas
productivas de nuestra patria. Basta para ello recordar los barros cocidos de Sagunto, tan elogiados por
Plinio, las fábricas de Paterna, Cuarte, Villalonga y
Alaquaz, ya florecientes en el siglo vm y las de Aléora
y Manises, para tener en cuenta la importancia de
esta, industria, que abrazó extensamente todas sus
ramas, desde la porcelana á la loza y á los azulejos.
Y que las manufacturas valencianas tenían un glorioso abolengo demuéstralo la carta especial que don
Jaime I el Conquistador otorgó en 1239 á los alfareros de J átiva, relevándoles de toda clase de servidumbres y tributos para que pudieran continuar la
fabricación de vasos, vajillas, tejas y ra.Jolas (azulejos),
imponiéndoles únicamente por cada horno la contribución de un besante anual. Por otra parte, Marineo Sículo escribía en 1517 que si bien en toda España fabricábanse excelentes ejemplares cerámicos,
eran más estimados los de Valencia por su mejor
ejecución y por estar mejor dorados. Hay que advertir
que las piezas más interesantes, ó sean las distintivas
por la palidez de los reflejos y tonos, anteriores al
siglo xv, distínguense también por ostentar la inscripción ó leyenda in p rincipio erat Verbum, et Verbum
eral apud Deum, ó bien el águila del evangelista,
por ser grande la devoción á San Juan, ó el águila
aragonesa, emblema de la casa real. Esto en cuanto
se refiere á las producciones de los artífices cristianos, ya que respecto de los tipos del período árabe
preciso es atenerse á sus distintivos caracteres ó entregarse á deducciones. Unos y otros son justamente
apreciados, y tanto los emblemas cristianos como los
moriscos, cuando se hallan embellecidos por los reflejos de oro pajizo, son muestra evidente de su
mayor mérito y antigüedad. Algunos de estos platos,
á pesar de no haberse podido clasificar entre los mejores, han sido tasados y vendidos en 5.000 pesetas.
Bueno es consignar que algunas de las piezas que
guardan algunos museos como productos de las fábricas de Málaga, son de procedencia valenciana.
Tal acontece con un plato del British Museum, catalogado como ejemplar malagueño, en el que se halla
inscrita alrededor de una gacela, en caracteres góticos,
la invocación Santa Catalinaguárdanos, cuya leyenda
ostentan al pie ó alrededor de la imagen de la santa
algunos platos valencianos de la misma época.
Manises y Alcora tienen también en la historia

NúMERO 500

del arte cerámico peninsular un período de florecimiento digno de estudio. Ambos pueblos asumieron
para el reino valenciano la gloria reportada por sus
industrias y cada uno de ellos la del género especial
en que tanto se distinguieron.
Los modelos de Manises adquirieron ya un carácter
particular y distintivo á partir del siglo xv1, de tal
manera que, ~egún decía Escolano, expedíanse á Italia cargamentos completos «esas faenzas tan bellas
como elegantes,» y añade Diago «que las pt'ezas dorábanse y pintábanse con tal arte y perfección, que tanto
el papa como los cardenales y príncipes f ormulaban
grandes pedidos, sorprendiendo á todos que con la arcilla
pudieran jabn'carse pt'ezas tan admirables.» Llegó también para Manises el período de decadencia: la be·
lleza de las formas conservóse algún tiempo; mas la
decoración fué recargándose de tal manera, que á
juzgar por los tipos conservados, los decoradores no
tenían ya noción de estilo, demostrando la ausencia
de gusto y la falta de educación y sentimiento artísticos. Hoy sólo restan los ejemplares conservados en
los museos y en las colecciones particulares; y como
representante de aquellas manufacturas célebres en
la historia de la cerámica española, existe un mal
taller dirigido por un posadero que ejerce su doble
industria sin tener siquiera noción de lo que para su
patria significa el nombre del pueblo en que reside.
En la vertiente de la sierra y entre incultas breñas
hállase situado Alcora, en donde toscos y rudos mon·
tañeses elaboraron las elegantísimas y primorosas
porcelanas y faenzas cuya posesión dispútanse los
coleccionistas pagándolas á elevados precios. Dedi•
cados ya de antiguo los de Alcora á esta industria,
en la que habían dado siempre muestra de su habili•
dad, y poseyendo arcillas de excelente calidad, ha·
llábanse en condiciones de mejorar la fabricación,
cuando el conde de Aranda, saturado del espíritu
innovador que tanto distingue al siglo xvm, proyec·
tó establecer en aquellos riscos, en aquel rincón del
Maestrazgo, que formaba parte de su señorío, una
fábrica de loza que compitiera con sus similares de
la vecina nación. En 1726 fevantóse en uno de los
arrabales de la villa un vasto y bien distribuido edi·
ficio, del que salieron ya al siguiente año de 1727
preciosas piezas cerámicas á modo de las que producían las fábricas de Sajonia, Holanda y Francia.
De esta última nación, con cuyos productos propúsose competir el conde de Aranda, trajo inteligentes
artistas y artífices, con cuyo valioso concurso fué
posible á los pocos años igualar las obras de la nue·
va manufactura, por su buen gusto y perfe,cta elaboración, con las de Ruen y Monstiers.
Joaquín Josef de Sayas, Josef Ollery, Miguel Soliva, Cristóbal Cros, Francisco Grangel, Miguel Vilar,
Cristóbal Rocafort, Vicente Serania y J osef Pastor
fueron los pintores que decoraron la afamada cerámica alcorense, que ya en forma de cornucopias y
medallones, jarros y fuentes, sostenían la compara•
ción con sus similares del extranjero. Para apreciar
en su justo valor la importancia y alcance de la in·
dustria alcorense y la inteligencia y habilidad de
aquellos artífices, basta leer las comunicaciones que
mediaron entre el Tribunal de Comercio y el conde
de Aranda. En ellos se consigna, entre otros extremos, «que desde el principio de la manufactura se
fabricaron pirámides con figuras de niños que sostenían sobre sus cabezas guirnaldas de flores y cestos
de frutas, ejecutadas con rara perfección, así como
también centros de mesa y objetos de gran tamaño,
puesto que llegaron á medir cinco pies de altura,
cornucopias, estatuas de diferentes clases y animales
diversos y de distintos tamaños. Llevóse allí también
á cabo la decoración entera de un cuento, con tra•
bajo en todo tan perfecto, que nada le iguala en mérito en España, Francia, Italia ni Holanda.» Posteriormente, ó sea por los años de 17 50, introdújose la
fabricación de porcelana, contratándose al efecto al
alemán Juan Cristián Knipfer, «para elaborar piezas
semejantes á las que se hacían en Dresde.»
Hasta 1748 no figura en los ejemplares alcorenses
la marca del conde de Aranda, ostentando únicamente los más notabl!!s la. firma del pintor que los
•había decorado. Mas á partir de aquella fecha, y con
el objeto de distinguir aquellos productos de las imitaciones que empezaban entonces á elaborarse en
Onda y Rivesaltes, empleóse como marca la letra A,
de oro ó colores.
Al desaparecer el conde de Aranda, aquel magnate de tanta iniciativa, decayó la fabricación, falta del
poderoso impulso que le dió vida. En 1800, al heredar el condado el duque de Híjar, todavía producía
la fábrica quince mil piezas de porcelana, quinientas
mil de la loza llamada de pedernal y un millón de
loza común; hallando constante ocupación siete .
maestros, ciento treinta y seis oficiales, cincuenta y
cinco aprendices y doscientos jornaleros; pero á me-

MAHÓN.- RECUERDOS DE LA FORTALEZA DE ISABEL II (LA MOLA), apuntes de D. A. Rodríguez Tejero

�470

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

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NúMERO 500

Ibiza no fabricaran ya aquellos famosos vasos de
faenza destinados no sólo á ser exportados sí que
también á alimentar las necesidades de la localidad.»
El tipo oriental, más puro, más sobrio que el estilo
granadino y con tonos obscuros, en acero ó en nácar - dice el Sr. Giner de los Ríos, se perpetúa en Mallorca, y se distinguen sus piezas de las .valencianas y
andaluzas por esta fijeza permanente
de dibujo y de color, hasta en los
reflejos metálicos y dorados. Como
tipo característico puede citarse, entre otros, el gran vaso existente en el
Museo de Cluny, obra del siglo xv,
cuya decoración es una mezcla de
caracteres góticos y árabes, ostentando en el centro las armas de Inca,
iluminadas con rojos reflejos.
Cuanto á Cataluña, consta que por
el año de 1237 existían varios establecimientos cerámicos y el gremio
? ¡
,
apellidado de los «Olleros,» cuyos
productos alcanzaron grande renom,,
}
bre y estima. Barreiros en su «Coro/ ,' !
•
' grafía,» editada en 1546, cita la cerámica barcelonesa como muy superior
á la valenciana. Y que esta industria
debió revestir gran importancia, pa-

_"?.-7/Z ---

-

_;

inglés, que titulándose aliado arrasó aquella manufactura en 1808, después de haber incendiado y pillado á San Sebastián, cual no lo hicieron las huestes
napoleónicas.
Así como la cerámica árabe vióse perpetuada en
Valencia, Mallorca y Cataluña, Toledo, Puente del
Arzobispo, Segovia y Zamora imitaron después el
ejemplo de Talavera, Alcora y Sevilla, sucumbiendo
posteriormente Talavera y Sevilla á la influencia italiana, ajustándose más tarde Al_cora y el Buen Retiro en la forma y ornamentación á los modelos franceses.
•
España puede justamente envanecerse de haber
poseído importantes manufacturas de cerámica artística en épocas en que los demás pueblos europeos
apenas tenían nociones de esta industria, tal como
se producía en nuestra patria, que hoy por fortuna
vuelve á reproducirse, especialmente en Valencia,
gracias á la iniciativa particular.
Los notales ejemplares exornados con reflejos metálicos, elaborados ó hallados en diversas provincias,
pertenecientes ó posteriores á la época de la dominación árabe, hacen suponer, por su tipo especial,
que esta industria, es decir, esta variedad, fué importada por la raza conquistadora, estableciéndose fábricas y talleres posteriormente, que conforme hemos
demostrado lograron excepcional desarrollo en los
tiempos medios.

A.

NúMERO 500

dad que habían ya inscrito á sus perritos, y que por
lo tanto, serían disputados con empeño los preciosos
lazos ofrecidos como premio.
El anuncio era verdaderamente tentador, redactado en tales términos, que denunciaba un perfecto conocimiento del carácter femenino. ¡Cómo resistirse
al deseo de hacer admirar á su favorito y al mismo

GARCIA L LANSÓ

{-

una expositora aristocrática
diados de siglo hallábase ya la industria limitada á
las necesidades comunes del consumo, no quedando de aquellos primores artísticos, tan justamente
celebrados, más que la alfarería vulgar, que aun hoy
surte á la mayor parte de España de vajilla limpia y
económica.
La cerámica de las islas Baleares figura en segundo término entre las manifestaciones de la industria
peninsular. Suponen algunos distinguidos arqueólogos que ya en el siglo xu producíanse en Malema
finísimas lozas, livianas y bien coloreadas, quedando
libre de toda discusión que la famosa Majólica italiana procede ó se deriva de Mallorca, con la alteración de algunas letras, declarándolo así el diccionario italiano de la Crusca. De Ibiza y de Inca proceden los ejemplares más antiguos, que según el testimonio de algunos autores, entre ellos Giovanni di
Bernardi da Uzzano, eran objeto de grandes transacciones comerciales con Levante, Sicilia é Italia,
siendo lícito suponer que los tipos mallorquines sirvieran tal vez de moclelo á las manufacturas de Urbino, Bubbio, Pésaro y Chaffagiolo.
A juzgar por el movimiento de buques en los
puertos de las Baleares, esta industria debió alcanzar considerable desarrollo y grandísima importancia. Novecientas embarcaciones, algunas de ellas
de 400 toneladas, sostenían el comercio insular durante el siglo XIV, y que la mayor parte de ellas servían de medio de transporte de las lozas mallorquinas,
parece demostrarlo Vargas, cuando en 1787 decía que
era «verdaderamente lamentable que las fábricas de

Admitido

tiempo á su elegante y simpática personita, por un
centenar de aristocráticas damas, disputándoles el
premio en cuestión, cuya recompensa suena agradablemente en el oído de una coqueta!
Así, pues, no debe sorprender que el ángulo de las
Tullerías ofreciese el 25 de mayo un cuadro de género exclusivamente parisiense, en cuyo relato hallarán nuestros lectores algunos episodios humorísticos.
En el centro del salón donde había de tener lugar
el concurso destacábase una de esas perritas habaneras, ídolo habitual de algunas damas (que no siempre
lo son de la buena sociedad), precioso animalito con
el pelo erizado, cubriéndole el cuarto delantero á modo de león en miniatura, que excitaba el más vivo
interés entre los gosquecillos de todas las castas que
la rodeaban, y que á pesar del cordón que los retenía,
pugnaban por acercarse y trabar conocimiento. Era

La inscripción

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rece indicarlo el testimonio de Martín V eciana,
quien consigna que en el año de 1564 existían catorce fábricas en un solo pueblo y veintitrés en otro.
Los grandes platos y vasos de reflejos metálicos, que
se conservan en algunas colecciones, en cuyo centro
figuran las armas de Montserrat ó las de Barcelona,
vienen á robustecer la opinión de que en Cataluña
se produjeron ejemplares tan importantes como los
que han reportado celebridad á las fábricas de otras
regiones.
A Carlos III debió España un nuevo período de
renacimiento para la industria cerámica, A su llegada
á España, recordando quizás los bellos y primorosos
tipos de porcelana producidos en la fábrica napolitana «Capo di Monte,» dedicóse con afán á la creación de un establecimiento análogo en el Buen Retiro, dotando á la nueva fábrica de todos los artefactos necesarios, á semejanza de la de Nápoles, y poniendo al frente de los talleres á varios maestros de
su antiguo reino, retribuídos espléndidamente, Inaugurados los trabajos en 1760, pronto llamaron poderosamente la atención, á pesar de destinarse los
productos en los primeros años para uso exclusivo
del monarca y de la real familia. En 1803, época en
que había llegado á su completo desarrollo, producía
la fábrica del Buen Retiro las mejores porcelanas
de Europa, no quedando de tanta gloria más que el
recuerdo de su valer y el baldón sobre aquel ejército

CONCURSO DE PERROS DE LUJO
EXPOSICIÓN CANINA DE

1891

SEÑORA: tengo el honor de participar d V. que
el Comité de esta Sociedad re/ebra,-á 1m co11wrso de
pe,.,.itos de lttjo el dla 25 de mayo próximo, de dos á
cu.airo de la tarde, á condición de que sean presentados
por sefloras.
Los opositores no debe,-án ingreJar en el local de la
Exposición hasta el 1110111ento en que se venµque el concurso, bastando insc,-ibidos en la Secretaría antes del
24de mayo.
M-udw ag,-adeceré á V., sellora, se intense en favor
de este concurso, inscribiendo los ejemplares que V.
iJosea.
Con este motivo, etc.

Tal es el texto de la carta circular que á un crecido nú~ero de bellas y elegantes parisienses, dirigió
la Sociedad central del fomento de la raza canina. La
id~a de un concurso de perros, presentados por sus
mismas dueñas, era tan original, que prometía un
éxito ruidoso. Efectivamente: el perro, al que se le
da con razón el título de compañero inseparable del
ho~bre, lo es mucho más de la mujer, ya que de ella
re~1be mayor número de cuidados y atenciones. De
a_h1 _que la vísper~ del concurso publicaran los penód1cos una gacetilla anunciando que ascendía á un
centenar el número de expositoras de la alta socie-

47 I

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Una intrusa

una escena de flirt en toda regla. El sexo fuerte tenía en todos ellos su representación ó indiscutible
parecido, notándose, por ejemplo, en una delicada
galguita (sin mantilla que cubriera sus aristocráticas
formas) gran semejanza con el pollo á la moda, el artista, pintor ó pianista de salón, que en su aparente
descuido acusa al hombre presuntuoso y afeminado,

ó bien entre los grijfons, King'schar/es, etc., el tripudo pachón, de piernas cortas y robustas, aspecto beatífico y bonachón como el de algunos de nuestros
hombres de negocios.
Cuanto á la oficina de inscripción, desfilaban las
damas por delante del ventanillo del despacho indicando al empleado sus nombres, títulos y cualidades,
así como las de los opositores, que ellas levantaban
hasta cierta altura para que pudiera comprobarse
de vt'su la exactitud de sus informes. En la parte exterior del despacho permanecía en pie un criado de
la Exposición, de grave y correcto aspecto, luciendo
un flamante uniforme, quien contemplaba con marcada satisfacción la prolongada línea de graciosas siluetas femeninas enfundadas en sus angostos vestidos,
conduciendo cada una de ellas á su perro favorito.
Algunas, sin embargo, no se sujetaban á las condiciones impuestas para la presentación, por considerar asaz vulgar y depresivo el cometido que se había
tratado de imponerles. Si ellas debían conducir á los
opositores, ¿de qué les servirían las ventajas de suposición ó su fortuna? Si tenían criados ó sirvientes á
quienes confiar el cuidado de sus respectivos perrillos, ¿por qué prescindir de ellos en el acto material
de la presentación? Así debió raciocinar la joven y
bella baronesa de K ... , que penetró en el recinto de
la Exposición, erguida, con la cabeza levantada y seguida de un rubicundo lacayo, de robusto torso, que
no podía ceñir la ajustada librea, y de musculosas
piernas cubiertas por el blanco calzón de punto y la
bota acampanada, es decir, con el aire de un criado
de casa grande, dispuesto á ser, con igual facilidad y
según los casos, obsequioso ó insolente. Con sus enguantadas manos sostenía un pequeño almohadón de
seda, sobre el que reposaba un microscópico perrito
habanero del tamaño de una ardilla y tan gruñón
como un bull-dog.
Como reverso de la medalla, debemos citar un tipo
completamente opuesto al anterior, ó sea el de la
expositora elevada á la quinta ó sexta potencia. Hallábamonos en el local de la Exposición cuando tuvo
lugar la entrada, y preciso es consignar que produjo
viva sensación entre la concurrencia femenina allí
congregada. Todo en su persona guardaba relación
sin duda con su carácter é inclinaciones. Su voluminosa silueta destacábase á través de los salones como
una gran masa que apenas podían contener las valiosas telas de su caprichoso y rico traje, adornado con
gran copia de aplicaciones de pasamanería y bordados que á cierta distancia asemejábanse á grandes y
repetidas interrogaciones. Llevaba dos animalitos bajo cada brazo y otros cuatro sujetos por cordones de
encarnada seda que retenía en cada mano y que en
su desordenada marcha, con sus frecuentes vueltas y
revueltas dificultaban la de su filantrópica dueña, á
la que algunas veces ponían en peligro de perder el
equilibrio á pesar de la robustez de las columnas
que sustentaban aquel edificio. Sufría la gruesa señora las impertinencias de sus Erotegidos con paciente
resignación digna de mejor causa, prefiriendo, sin
duda, los peligros á que la exponía la conducción á
través de las calles y avenidas de su numerosa familia canina, á confiar al cuidado de uno ó varios sirvientes todos aquellos seres para ella tan queridos y
tan necesitados de sus prolijas atenciones. Obrar de
otra manera hubiera sido prueba evidente de no albergar en su corazón delicados sentimientos, y aquella
señora, ángel protector de sus canes liliputienses, era
excesivamente sensible y extremada en sus afecciones. Sin embargo, así como no todas las acciones
loables hallan en el mundo merecida recompensa, la·
filantropía de aquellas señoras y la protección á aquellas desvalidas criaturas no eran apreciadas en su justo
valor por los empleados ael concurso, quienes prescindían de las cualidades enumeradas por sus dueñas,
fijándose 1ínicamente en los caracteres de raza del
animalito, en su forma plástica ó en otros pormenores
consignados en el reglamento de la Exposición, pero
(]Ue no se habían tenido en cuenta por aquellas sensibles damas. Las resoluciones de la secretaría en el
acto de la presentación producían acerbas amarguras, ruidosas protestas ó grandes satisfacciones. La
expositora que al presentar á su enteco galguito oía
pronunciar al empleado la palabra admz'tido, atravesaba sonriente y satisfecha por entre sus compañeras, cubriendo con su manteleta al animalito que,
ajeno á la importancia del papel que le estaba confiado, procuraba hacerse un ovillo y recogía el calor
que le brindaba el cuerpo y el abrigo de su dueña.
En cambio, aquella á quien se dirigía la fatídica
palabra de rechazado experimentaba un profundísimo
disgusto, cuyas consecuencias difícilmente podían
apreciarse. ¡Ahí es nada rechazará una Linda ó á una
Lady! No cabía duda: allí, como en todas partes, jugaban las influencias; y los empleados y los miembros
del Jurado obraban impulsados por mezquinos inte-

reses teniendo en cuenta hasta la diferencia de edad
y de' posición de las dueñas de los animalitos. Tales
eran las consideraciones que cual desbordado torrente salían de los labios de las damas desairadas que,
heridas en lo más hondo de sus sentimientos y molestadas en su amor propio, abandonaban el local,
lanzando venablos contra los iniciadores del concurso.
Abandonemos á las damas desairadas entregadas ,
á su disgusto, y penetremos con las favorecidas en el
local destinado al concurso. Consistía éste en un gran
salón improvisado en el centro de un jardín, y á cuyos
lados, en toda su longitud, iban tomando asiento las
expositoras, que tenían delante de sí, retenidos por
el consabido cordón, á sus perros favoritos Los miembros del Jurado figuraban en segunda línea, quienes
aparentando fijarse en los animalitos, aprovechaban
la ocasión para admirar á las damas allí reunidas. El
Jurado invirtió una hora en ponerse de acuerdo y
emitir su veredicto. Durante este tiempo todas las
expositoras permanecieron silenciosas, procurando no
variar la posición que habían estudiado para aparecer más simpáticas y distinguidas.
Por fin los jurados dieron á conocer el fallo, colocando en el cuello del perrito d istinguido el lazo
ofrecido, que debía proclamar su mérito.
Después las concurrentes, satisfechas ó descontentas, fueron abandonando paulatinamente el local,
dirigiendo al paso sus miradas á las vastas perreras

Una expositora por partida doble

en las que se hallaban encerrados los canes destina .
dos á la caza, que más infelices que sus congéneres,
despedíanlos con sus lastimosos ladridos, llorando
su perdida libertad.

A

VIENA
«No hay otra ciudad imperial en todo el mundo,»
dice el vienés respecto á su querida Viena, y lo pregonan vientos y aves por villa y corte, por llano y
sierra; lo cantan las ondas del caudaloso DanubiJ,
que fué el teatro de la mayor parte de nuestra epopeya Los Vivelungos; lo dirán José Castro y Serrano, Francisco María Tubino y Ramón Torres Muñoz
de Luna, que con motivo de la Exposición Universal de 1883 conocieron la bellísima ciudad del Danubio azul, y lo saben los escritores franceses que
estuvieron en ella juntos con los poetas alemanes en
el Congreso de 1881, diciendo que los Ringstrassen
de Viena son más hermosos que los bulevares de
París. España tiene su imperial Toledo; pero ésta es
la ciudad del pasado, y Viena es la del presente, el
templo de la alegría, un vals &lt;.ontinuo, una hada risueña rodeada de todos los encantos de la naturaleza y de todas las maravillas del arte.
Con su catedral de San Esteban, llamando la atención por sus agujas, estribos, arcos y botareles, Viena es la hermana de Colonia, Ulm, Strasburgo, Friburgo en Alemania y la de Sevilla, Toledo, Burgos y
León.
«Ha de brotar de Viena un mar de luz,» decía el
príncipe Rodolfo, y tenía razón.
El año 1891 es para la ciudad imperial la aurora
de una vida nueva, habiendo la Dieta del Austria
Baja aprobado y sancionado el emperador un proyec-

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LA

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMEkO 500

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1 1

to de ley incorporando á la ciudad una porción de triaco, y admiramos también la estatua ecuestre de
Una máscara, cuadro de D. José María Tamarrabales y pueblos suburbanos de los alrededores de aquel filántropo sentado en el trono que se llamaba burini
!Exposición general de Bellas Artes de Barcdona). esta capital. Aquel proyecto celebrado con júbilo in- José II, la estatua de Tegettkoff, el insigne marino; Este bonito cuadro de caballete, al igual de todas las obras
descriptible por el respetable caballero Antonio de los monumentos erigidos á Beethoven, Mozart y que pro~uce este artista,. l!eva impreso el sdlo especial que
Schmerling, por los estadistas austriacos, por los Grillparzer, y el monumento á Schubert, que se debe car~ctenza á sus compos1c1ones por la elegancia de lineas y la
dehca~a armonía de tonos, que las hace simpáticas y agradaburgomaestres de la ciudad, por las notabilidades á Kundmann.
bles, sin que su plasticismo las separe de las reglas que inforcientíficas, artísticas y literarias y por la flor y nata
Nadie está rodeado de una aureola más esplendo- man el concepto artlstico.
O!ras varias notas, no menos recomendables, hemos tenido
de los ciudadanos que expresaban su profunda gra- rosa que el emperador José II, cuyo nombre acabatitud al emperador, á quien se atribuye principal- mos de pronunciar con el respeto más profundo. A ocasión de admirar en el estudio de Tamburini, que, como la
que reproducimos, han de acoger favorablemente el público y
mente la idea de ensanche de la ciudad; aquel proyec- aquella figura tan simpática se refiere la siguiente los amantes del verdadero arte.
to, decimos, hará cambiar la faz de Viena, permitién- anécdota: El afamado escritor de Estiria Pablo Rodole un desarrollo inmenso. La población aumentará seyger creía cuando joven que viviese aún aquel emde 800.000 almas que hoy cuenta á 1.400.000.
•••
perador de quien le habían contado cosas tan extraorComo nuestra Colonia y como todas las grandes dinarias. Con los pocos cuartos que había ahorrado
capitales, Viena tendía á ensanchar cada vez más sus como cahrero, salió para Viena con el único fin de
Mahón. Recuerdos de la fortaleza de Isabel II
límites, absorbiendo y englobando los pueblos de los conocer personalmente al gran emperador. Efectiva- {La Mola), apuntes de D. A. Rodríguez Tejero.alrededores. Hace 30 años el emperador Francisco mente, entró en el imperial alcázar y logró penetrar La fortaleza de Isabel II, conocida vulga[Jllente con el nombre ~e ½t. Mola, es una de las plazas de guerra de más imporJosé quitó el cinturón de muros que había ahogado en un magnífico salón donde un caballero de la corte tancia militar que poseemos. Situada en una pequeña penínsuá Viena, esos gruesos paredones que impedían la le preguntaba qué quería. «Presentar mis respetos á la al Este de la isla de Menorca, defiende la entrada del puerlibre circulación del aire; derribó aquellos muros y su majestad el emperador José II.» balbució el mu- to de Mahón, uno de los mejores del Mediterráneo.
La guarnición que la ocupa, más los operarios ocupados en
baluartes que dos siglos ha fueron testigos del valor chacho. «Entonces debes bajar al Par.teón de Capuobras de fortificación, forman una numerosa colonia militar
con que los vieneses defendieron su patria oponiendo chinos, pues allí está,» contestó el caballero.
donde abundan tipos y escenas dignas c,Je gráfica reproducción.
sus pechos á los invasores turcos. Entonces nació una
En Viena vive también la memoria de Raimund, Una de las más originales y animada~ es la llegada de la lanViena magnífica y soberbia, admirada por propios y que creó la poética comedia popular, cuya más ins- cha de provisiones al muelle de la fortaleza. Este pequeño
extraños, una ciudad de calles lucidas y anchas y de pirada sacerdotisa era la inolvidable Teresa Krones, barco ~arte al ser de dla para Mahón, distante tres millas,
conduciendo á los asistentes, que regresan á las tres horas con
palacios brillantes. Viena se presentaba remozada y mientras Anzengrerber es el padre del vigoroso drama su compra en la cesta ó en su saco, y en el estómago alguna
refrescada; nacieron, gracias á la generosidad del popular; pero la adversa suerte que corre por las venas copa de aguard!ente cuyos vapores se deshacen en canciones y
emperador Francisco José, como por encanto teatros de la gloriosa historia de nuestras letras cortó en epigramas propios de gente alegre.
El personal de la colonia está llamade á aumentarse con la
y museos, la Opera debida á los arquitectos Van Der 1890 el estambre de la vida á aquel famoso dramacreaci~n de la primera Penitenciaría militar, decretada en ro
Nüll y Siccardsburg, la Universidad que pregona el turgo, arrebatándonos en el mismo año también al de abril del corriente año. En ella tendrán ingreso los indivinombre ::le Ferstel, y la gótica iglesia de la Salud; y anciano Bacrevnfeld, que con tantas obras ha deleita- duos de tropa condenados á prisión correccional militar que
los ciudadanos de Viena erigienm bajo los auspicios do el espíritu del público, mientras el popular saine- no. exceda de tres años. De este modo se evita que :nfelices á
del gran arquitecto Federico Schmidt las más her• tero Nestroy, que tuve el gusto de ver, ya cuando es- quienes el código militar impone estas penas por delitos relativamente leves vayan á confundirse en los presidios con vermosas Casas Consistoriales, tan firmes como su amor tudiante, en el Teatro de Carlos, los encantaba todos daderos
criminales.
á la estirpe imperial y á la unidad de Viena.
A la galantería de D. A. Rodríguez Te}ero debemos la co·
con su vena humorística.
lección de apuntes.
La ordenanza para el aumento de la extensión
Sería ingratitud no querer, no estimar cada vez más
urbana de Viena es el regalo de reyes para los vie- á esa hermosa ciudad donde West, H alm y Wilbrandt
neses en 1891 , es la reforma más benéfica, el más cultivaron el clásico drama español y el eminente fi.
•••
poderoso acicate del comercio.
lólogo Fernando Wolff se consagraba á sus estudios
¿Quién no ama á Viena? La populosa y bullidora españoles. En el Teresiano se educó Alfonso XII
Un discípulo de Homero, cuadro de S. Glucciudad de Berlín es para los alemanes el centro de para ser rey de España, y Viena llama hija suya á la
klich. - La religión griega su~tituyó los dioses de Oriente por
sus glorias, la cuna de su grandeza; pero Viena es el madre del tierno D, Alfonso XIII, la noble reina ser~s
morales y personales, cuya transformación sirvió para
imán del corazón, la hermosa ciudad á la que de- regente María Cristina.
a~nr paso á. la poesfa, surgiendo naturalmente la epopeya. Esbemos el colorido de las ideas, la viveza de la imagi¡Gloria á la antigua Vindobona cuya primera edad m1rna y Ch1os .pretenden haber sido la patria de Homero, el
nación, la sangre y el calor del corazón, la simpatía se pierde en las tinieblas, en las nieblas de la leyenda, cantor de Aqmles, al que sucedieron los ciclicos, así llamados
porque ~u.s poemas formaban como una colección completa de
á lo bello en que insensiblemente nos empapamos y que fué la residencia del genial y generoso Marco la~
trad1c1ones de la edad heroica. A éstos siguieron los poetas
con s61o vivir en la ciudad de las divinas mujeres Aurelio y del emperador Probo, que trasplantó la vida épico~ Y después los elegíacos y los líricos. T erpandio, Ari6n,
que inspiraron á Makart.
de la Grecia á las orillas del Danubio! ¡Gloria tam- Estes1~oro y Safo y otros más, cuyos nombres han pasado á la
Cuando un hombre dice «voy á Viena,» excita los bién á la Viena de la Eda~ media, que se hizo la ciu- posten dad, patentizan por medio de sus obras el adelantamiento de aquel pueblo, que en la tenebrosa obscuridad que rodea
celos de su esposa, la envidia de los hombres y prodad de Carlomagno, la ciudad de los ilustres mar- á aq~ella~ edades, es slmbolo de progreso, brillante antorcha
mueve la sonrisa de sus amigos pensando en el goce
graves de Austria, los Babenberg, entre los cuales se que dumma las negruras de la barbarie. Sus poetas, sus artis•
de vivir que en aquella ciudad tan hospitalaria se distinguieron Enrique I Jasomirgott y Leopoldo VI tas, sus hombres de Estado, lograron lo que tal vez no pueda
respira con delicia, en el mundo elegante que se el Glorioso, y la unidad de Rodolfo de Habsburgo, lograr, la pres~nte gent!raci6n: transmitir sus obr:v; como modelos a las sociedades que viven veinticinco siglos después de
pasea en los bulevares, en el encantador Stadpark; de los Alberto I , Alberto II, Alberto III, Rodolfo IV haberse
producido.
en el Prater, que por sí solo merece un himno, y en
.El grabado que publicamos, copia del cuadro de S. Glücy Alberto V! ¡Gloria á la ciudad del último caballero
el parque del histórico Schonbrunn; en las estrellas
Maximiliano I y á la que fué baluarte contra los tur- khc~, representa á un poeta griego en el momento en que dande los teatros; en tantas divas de la opera, princesas cos! ¡Gloria eterna á la patria de María Teresa y de do nenda suelta á sus inspiraciones, brotan de sus labios esos
hermosísimos versos que, al cabo de dos mil años nos em bcde la opereta y reinas de la comedia; en los bailes diJosé II! De este último dijo Anastasio Grün: «Fuiste lesan y cautivan por su elevado concepto.
'
rigidos por el maestro Eduardo Strauss; en los reyes
un tirano, sí; pero un tirano como la primavera, que
de la opereta Juan Stranos y Millocker, cuyas com- sin piedad rechaza la nieve y el frío y con sus guir•
••
posiciones tienen algo del vino de la alegría por ex- naldas adorna hasta el más pobre arbusto.))
Trovador improvisado, cuadro de Enrique We.
celencia, el Champagne; en los populares bailes de
Gloria también á la ciudad de Francisco José, que ber. - Antiguamente era muy común entre los obreros alelindísimas lavanderas, de cocheros y de campesinos;
en unión de Berlín y de Munich es el centro del manes la costumbre de recorrerá pie y en cuadrilla extensas
en los cantantes populares; en la vida en los suntuo- saber y del arte alemanes.
com~rcas en solici,tud de trabajo, ó bien con el objeto de perfeccionarse en la profesión á que se dedicaban. Al objeto iban
sos cafés, donde ofrecen el néctar más delicioso y el
de pueblo en pueblo y de hostería en hostería, y n'o era extraño
pan más sabroso; en el culto á Baco, que tiene sus
JUAN FASTENRATH
que en cualqu.ier~ de las últimas, ante las gracias de las hijas,
altares en Nussdorf, Voslau, Gumpoldskirchen y
hermanas ó S1Tv1entas del hostelero, apareciese un joven y aleKlosterneuburg, y á la cerveza que brindan Kleinsgre. t~ovador que, tañendo la legendaria guitarra, hiciese las
chwechat, Pilsen, Liesing y Hüttelsdorf; en la bodega
dehc1as de las hembras cantando á su oldo, con voz conmovida
u?~ de esas coplas amatorias conocidas por el nombre de sus'.
de Exterhazy, donde se bebe el manzanilla húngaro,
NUESTROS GRABADOS
p1rillos alemanes, ó bien cualquiera canción expresiva y piy en las fiestas de flores que se celebran en el Prater
caresca. Hoy que esta costumbre tiende á desaparecer, no es
el 1.° de mayo, haciendo de Viena otra Valencia, en
extraño que Enrique ,veber, recordando los tiempos en que
que el aire suspende en sus alas vagorosas esencias
Reposo, cuadro de D. Arcadio Más y Font- pobre pint?r de brocha .gorda, quizá formó parte de una d;
y que á cada primavera resucita la creación de un devila (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes estas cuadnllas de trabaJadores, haya pretendido perpetuar el
de Barcelona y adquirido por el Excmo. Ayuntamiento). - No recuerdo de aquellos tiempos llevando al lienzo una de esas
ideal paraíso.
en balde se ha dicho de este distinguido pintor que es tan P?éticas escenas. Si lo ha conseguido se comprende con sólo
Sin orgullo ni vanidad puede d~cir el vienés ·que simpático de presencia como de estilo. Todas sus obras osten- fiJa rse en nuestro grabado, reproducción del cuadro donde
no hay otra en Austria ni en Alemania más alegre, tan el sello espe~ial que co~sti!uye su carácter, y acusan, des- todo, desde las actitudes hasta la expresión de la fison~mla &lt;le
siendo el tipo más acabado del vienés el actor Girar• de luego, corrección en el d1buJo, seguridad en los trazos fres- cada personaje, revelan uno de esos momentos en que todos
di, ese Mariano Fernández de los vieneses, que tiene cura en. ~l color, eleganci~ en los to~os y ~iempre inspirada los ámmos. se hallan bajo la acción del rey poeta, del cantor de
compos1c1ón. Severo y exigente consigo mismo, conviértese todos los tiempos, del trovador popular,
una fuerza cómica muy subida, haciendo desternillar Más y Fontdevila en crítico de sus propias obras, no entregánde risa al público que admira su magistral talento dolas al dominio del público hasta que ha logrado vencer difi•
••
y su intuición verdaderamente extraordinaria del cultades que él mismo se ha impuesto,
Estudioso y devoto ferviente del arte que con tanto prove~8: hormiga, estatua de D. José Campeny (Exarte de la caricatura.
cho cultiva, l?roc~ra siempre que sus obras determinen un pro- pos1c1ón general de Bellas Artes de Barcelona). - VentajosaDe los habitantes de esa capital que el danés Jorge greso, una v1ctona para él, gozándose en lograr producir los mente conocido este artista, por sus recomendables obras por
Brandes llama la ciudad privilegiada de la libertad y contrastes no sentidos ó los maravillosos efectos del coloró del sus triunfos en varios concursos y por su constante labor' nos
del donaire, y cuyos genuinos hijos son los escrito- trazo, En Italia pasó los primeros años de su vida artlstica complace~1os en reproducir la más bella y más im portant~ enres humorísticos é ingeniosos Federico Schlogl, Vi- impregnándose ~u esplritu del purisimo ambiente que el art; tre las seis esculturas que ha presentado en la Exposición geproduce en la Cmdad Eterna, y honrando á España por medio neral de ~ellas Artes de Barcelona, en donde, á nuestro juicio,
cente Chiavacci y Fernando Gross, decía ya en t 836 de sus obras, en unión de otros pintores cuyo solo nombre sig- no ha temdo la recompensa que tenla derecho á esperar. La
Adolfo Glassbrenner: «los vieneses no son pedan- nilica una gloria para la patria. Más, atraído por su suelo na- ltormiga es una bellisima e~cultura! de concepto completatal, abandonó Roma para fijar su residencia en nuestra ciudad mente moderno, 9ue denunc1~ los alientos de este distinguido
tes.»
Viena tiene el culto de sus grandes hombres, de en donde. ha producido ?~ras tan notables como el cuadro qu; escultor y sus eshmables cualidades artísticas.
reproducimos, que adqumdo por el Excmo. Ayuntamiento de
sus bienhechores y patronos. Admiramos el monu- Barcelona, figurará en el .naciente. Muse.o Municipal de Bellas
mento colosal debido á Zumbusch y levantado en Artes, ~orno bella y sentida mamfestac1ón del arte pictórico
JABON REAL
JABON
honor de María Teresa, la que fué la madre de su contemporáneo.
pueblo y que vive, así en la historia como en la traDETHRIDACE
VELOUTINE
4
• - • • Jlr ~ ■l&amp;o'- flll la lirlll" C. la Pfll 1 kllua W Cér
dición y en el corazón agradecido de cada buen aus-

.
••

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2,..::i:i¡u11

LA

NúMERO 500

ILUSTRACIÓN ARTlSTICA

475

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD

{CO NTINU ACIÓN)

Durante el trayecto hablaron de los acontecimien~os sobrevenidos en aquellos tres años de separación: poco inclinado á lo p~t~tico, Pedro expuso alegremente el estado en que se hallaba, y que en su opimón no era para dese;pe:arse. Trabajaba en rehacer su fortuna, lo cual le ocupaba mucho, y no hab1a sido
nunca tan feliz como entonces.
.
..
_ Ya lo ves, dijo á Gilberto, yo había nacido_ para. vivir ~n el campo entre
mi mujer y mis hijos. ¿Por qué le abandoné? Hubiera. s1~0 meJor por todos conceptos que en él me quedara ... Debo haber enve1ecido mucho: ¿no te parece así?
- No, contestó Gilberto.
Pero se encogió de hombros con expres~ón de d~da.
.
- En cuanto á ti, añadió, no has cambiado ... Siempre guapo, con los OJOS
brillantes y vivos, con el cabello de un rubio ... ¿No me dirás lo que pensaban
de ti las bellas romanas?
_ .
Y como Gilberto se descubriese para enjugar su frente, Pedro anadió son-

, ,·

Para olvidar su amor habíase entregado á las más arduas investigaciones históricas

El conde de Bagrassand se había acercado vivamente á Gilberto.
- Si necesita usted de alguien ... díjole.
Hubiérase dicho que, tan exasperado como Gilberto, alegrábase de lo que
acababa de ocurrir.
, . .
Fué uno de los testigos en e\ encuentro qu_e tuvo luga: al d1a s1g~1ente. Poco
le costó á Charnasón triunfar de su adversario, más hábil en maneJar la pluma
que el acero, clavándole la .punta de su espada en un costado.
,
Gilberto curó; pero la vida no era ya tolerable ~ara él en Pans. Au.nque .el
incidente no hizo mucho ruido, y por más que pudiera creerse . que s1 _la vizcondesa conocía el hecho, ignoraba el verdadero motivo ~el mismo, G1lberto
comprendió que más pronto ó más tarde cometería la misma necedad ú ot~a
cualquiera. El era ahora quien la comprometería, pues aquel ~mor que h~bia
querido sofocar, y que avivaba á cada instante con su persec~c1ón, convertlase
poco á poco en frenesí. Era p'.eciso huir de a9-uella locura pehg,rosa.
Tenía medios para consegurr que se le envrase á Ro~a, y alh march6 con el
corazón lacerado. Los tres años que pasó en aquella cmdad no debían formar
época en su vida; para olvidar su amor habíase entregado .desespe'.adamente á
las más arduas investigaciones históricas, á inmensos trabaJOS eruditos. Un golpe terrible vino á turbar aquella calma momentánea.
..
Su madre le había visto partir con pena; pero la conducta que su hiJO seguía hacía algún tiempo! ~cabó por hac_erle ~omprender 1~ que ocurría, pers~adiéndose de que aquel v1a1e era necesario. Gilbert~ no deb1a. volver á verla mas,
pues la buena señora, que había regresado á Chatillón, munó durante la ausencia de su hijo, yendo á reunirse con su amiga la marquesa de Cabro! poco después del fallecimiento de ésta.
.
.
.
.
El pesar que le ocasionó esta pérdida contnbuyó sm duda al ol~ido, de su
amor, y pudo persuadirse un momento de que ya no quedaba de él mngun vestigio, pero se engañaba.
.
.
.
. .
. .
Reconoció por primera vez la persistencia de su pasión al rec1hrr noticia de
los acontecimientos sobrevenidos después de su marcha. La fortuna de Pedro,
muy mermada ya, se había perdido completamente en desgraciadas espe.culaciones; y el desastre ocurría precisamente en aquella época. Su pensamiento
voló desde luego á Blanca, y afligido por ella, reflexionó .con dolor en l.a nueva
existencia á que se vería reducida, después de las comodidades y del luJo á que
siempre estuvo acostumbrada.
Por último llegó la carta de Pedro, aquella carta en que 1~ mano amada había
trazado algunas líneas, que fué como la chispa que reamma todos los fuegos
mal apagados, y que determinó su pronto regreso.
V
No es posible volver á ver sin melancolía los lugares donde se desarrollaron
la infancia y la juventud; si el pasado risueño, los primeros proye~t?s y las frescas ilusiones de otra época se recuerdan aún al acercarse á los s1t1os, con más
razón se siente la amargura de las decepciones. A esto se agrega el sentimiento
que produce el recuerdo de aquellos que allí existieron y á quienes no se volverá á ver jamás.
.
No se libró Gilberto de esta tristeza al llegar á Chat1llón, pues pensó en su
madre ... pero no tuvo tiempo de entregarse á sus recuerdos, porque Pedro le
esperaba en la estación. Los dos se abrazaron estre~~a1;Dente, ocuparon d~spués
un breack, sentándose ambos en el pescante, y dmgiéronse por el·cammo de
Mareuil.

riendo.
.
~ á b'
- ¡Ah! No todo el cabello se ha conservado ... pero no importa, as1 est s ien,
porque tienes frente de hombre pensador ... ¿Y no te casas? ¿N?? ... Pues haces
mal. En resumen, tenemos la misma edad; estás cerca de los tremta, y es el ~omento oportuno; yo, en tu lugar, con tus aficiones y tu· fortuna ... A propósito,
¿á cuánto asciende tu renta?
Esta pregunta, hecha de improyiso, in.quietó á Gilberto, quien acabó por confesar que su renta era de unas vemte mil pes~~as.
.
- Pues bien: ya es suficiente para dos, d110 Pedro, castiga?do á su caballo ... Por supuesto, sin hacer locuras. ¡Ahora me parecen estúp1~as!
.
Pedro era siempre el mismo: el hombre de acertadas resoluciones. ~ientras
hablaba Gilberto le examinó furtivamente, y á pesar de lo que antes d11era, parecióle que, en efecto, había envejecido un poc?· S~ cabello siempre espeso,
encanecía ya por las puntas; sus facciones parecian ligeramente ~botagadas, y
á causa de su nuevo género de vida al aire libre, hallábanse cubiertas de ~na
capa uniforme de carmín que no tenía nada desagradable. Conservaba su vivaz
alegría, pero en momentos dados ésta era algo forzada. Por último, había engordado, y aquel hermoso tipo del caballero elegante comenzaba á desvanecerse.
El coche corría por el camino cubierto de sombra qu.e costea el Her1?lette, y
muy pronto los jóvenes divisaron en lontananza el castillo que, como siempre,
presentaba en el fondo del valle, sobre el asiento d.e sus terr~zos, la bla?cura
de su fachada inmensa sus dobles pabellones con teJado de pizarra y la silueta
aérea del pequeño .ca~panario. Esta vez también, á medida que se acercaba,
Gilberto pensó encontrar algún feliz dese?lace r~servado para él,. pero ~orno se
había engañado la primera vez, no se deJÓ dommar por aquella impresión con
la misma confianza.
Muy por el contrario, estaba inquieto y arrepentías~ de su imprude?cia. ¿Qué
haría allí sino encadenarse de nuevo, hacer más misera su existencia y someterse otra vez á la misma tortura que ya había sufrido? Deseaba ardientemente
ver á Blanca de Cabrol, pero esta idea bastaba para hacerle temblar; hubiera
preferido verla y volverá partir al punto. ¡Ah! Si hubiera estado solo, si hubie-

,

Í
1

Allí estaba la marquesa de la Fonfreyde hablando con el cura de Mareuil

�476

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

se podido reflexionar aún ... pero el breack seguía corriendo; habían cruzado ya
el pueblo, y ahora costeaban la arboleda; después, latiéndole el corazón, Gilberto vió que franqueaban la verja, y que el coche daba la vuelta: habían llegado
frente al pórtico.
Allí estaba la vizcondesa, que acudió presurosa y sonriente al oir el ruido del
coche, para dar la bienvenida á los dos amigos.
- Es usted muy amable, dijo, muy amable por haber venido ...
Al mismo tiempo adelantó un paso y ofreció su mano á Gilberto: sus ojos
brillaban como en otro tiempo, su sonrisa hechicera era algo más simpática
para él esta vez, y notábase en ella cierta expresión de intimidad que Gilberto
no había notado nunca.
Pero este examen no duró mucho tiempo, pues muy pronto pasaron al vestíbulo, donde el ayuda de cámara esperaba á Gilberto para acompañarle á su habitación.
- Bajará usted cuando oiga tocar la campana, dijo la vizcondesa; le esperaremos á usted en el salón.
Gilberto subió al primer piso, y una vez solo, cuando pudo coordinar sus
ideas, reflexionando que estaba bajo el mismo techo que Blanca, cerca de ella,
que acababa de verla y que ella misma le recibía en aquel castillo inabordable
para él en otro tiempo, su corazón se dilató con una alegría desconocida, un
sentimiento de orgullo que nunca había experimentado.
El día tocaba á su fin: por la ventana entreabierta, desde donde podía ver el
extenso jardín y los cisnes nadando en el estanque, contemplaba en aquel momento, detrás de la cortina de los árboles del parque, el sol enrojecido que lanzaba sus últimos rayos desde un cielo cubierto cle vapores purpúreos. En aquella hora tranquila reinaba un silencio profundo alrededor de Gilberto, y mientras se disponía á vestirse, parecíale que la calma de la naturaleza se apoderaba
de él; los pensamientos que entonces agitaban su alma eran alegres y sentíase
invadido por risueñas sensaciones.
Al fin resonó la campana; bajó presuroso, cruzó por el patio desierto y encaminóse al salón.
Allí estaba la anciana marquesa de la Fonfreyde hablando con et cura de
Mareuil. Desde la última vez que la vió no había cambiado mucho;apenas eran
más pronunciadas las arrugas que surcaban su rostro pálido, y en sus ojos se
notaba una languidez más tierna. Por el ademán familiar con que le ofreció la
mano y por las primeras palabras que le dirigió, pudo comprender su intención
de hacer ver al sacerdote que eran antiguos amigos. Estas demostraciones lisonjeras le conmovieron, y pensó que en la anciana tendría un apoyo.
- ¿No viene la señorita de Sainte-Severe?, preguntó la marquesa á Blanca
que se había sentado con su esposo á un extremo del salón.
La señorita Albania de Sainte-Severe, que hacía las veces de lectora para
la marquesa, entró un momento después, llevando á Guy y á Juana de lamano. La vizcondesa se dirigió hacia los niños y presentóles á Gilberto, que los
levantó en sus brazos. Guy, próximo á cumplir los cuatro años, parecíase mucho
á su madre. y en Juana se reproducían los ojos y las facciones del padre. Sobre las semejanzas y diferencias cruzáronse algunas palabras; después se siguió
una pausa, y entonces la vizcondesa miró á Gilberto sonriéndose.
- Es necesario, dijo, que le presente á usted á nuestra amiga, la señorita de
Sainte-Severe... El señor Maujeán, añadió, mientras éste se inclinaba.
Pedro, de pie á corta distancia y hojeando un álbum, fijó en su amigo una
mirada curiosa durante la presentación, y apenas ésta hubo terminado, cerró
bruscamente el libro y arrojólo sobre la mesa. Esta mímica era muy expresiva,
y parecía querer decir: (Ya está hecho.»
Un criado anunció que la marquesa estaba servida, y entonces la anciana
señora fué á cogerse del brazo de Gilberto; apoyada ...demás en el bastón, algo
encorvada ya, pero demostrando la enérgica voluntad de dominar la debilidad
del cuerpo. se dirigió al comedor. El padre Souchón había ofrecido su brazo á
la vizcondesa, y Pedro á la señorita de Sainte-Severe, á quien seguían los dos
niños.
Gilberto vió con gusto que la marquesa conservaba excelente apetito; Pedro
comía poco, pero bebía mucho. Entablada la conversación, el cura, que apenas
había salido nunca de su distrito, interrogó al recién venido sobre las curiosidades de Roma. Gilberto no se hizo rogar, y mientras hablaba, pudo ver la atención con que la señorita de Sainte-Severe le oía, y sorprender varias veces las
miradas de la joven fijas en él con interés.
La velada fué corta; todos tuvieron en consideración las fatigas del largo viaje
y retiráronse á sus habitaciones. Gilberto, con el espíritu muy agitado por la
novedad de la situación, no pensaba entregarse al descanso tan pronto; mas
apenas se acostó, quedó profundamente dormido.
Al día siguiente, la vida que se observaba en el castillo prosiguió su marcha
regular; su llegada no la perturbó en lo más mínimo y participó de ella sin que
al parecer se notase que había un huésped más. Cada cual tenía sus ocupaciones, á las cuales se entregaba durante el día. Solamente se reunían todos á las
horas de comer, y por la noche, asistiendo siempre á la velada el cura de Mareuil, que iba á jugar un rato con la marquesa.
Gilberto creyó deber suyo oponer algunas objeciones contra una larga permanencia en el castillo, y habló de su próxima marcha; mas al oír esta palabra,
observó que una sombra de tristeza velaba la frente de la vizcondesa de Cabrol.
Pedro había sonreído.
- ¡Bah!, exclamó, ¿quién sabe cuándo te irás, ó si te quedarás para siempre.
Y cogiéndole del brazo, condújole á visitar las cuadras, donde tenía numerosos caballos y donde pasaba largas horas hablando con sus palafreneros, cuando no iba á Blatigny para evacuar sus asuntos.
Gilberto se había dejado convencer fácilmente; era demasiado feliz en Mareuil para empeñarse en marchar tan pronto.
Sorprendíale en particular la calma que reinaba en su interior; no experimentaba ninguno de esos sufrimientos que tanto temiera antes, y ya no le era necesario reprimir ninguno de aquellos arranques de celos, de aquellas imprudencias que tanto le costaba dominar en otro tiempo. ¿Era que la edad hacía un
poco más reflexivo á Gilberto, permitiéndole mitigar la loca pasión que antes le
dominara? ¿Era la uniformidad monótona de la vida en Mareuil, la tranquilidad
indiferente de la naturaleza, el silencio de los grandes bosques inmediatos, el
recogimiento en el castillo y sus alrededores; eran todas estas cosas las que producían en él la calma y la tranquilidad? No hubiera podido decirlo. Satisfecho
solamente con el placer de vivir cerca de Blanca, de verla todos los días y de

NÚMERO 500

hablar con ella, su amor atravesaba una fase de bienestar y de contento sin
exigencias, y no deseaba otra cosa sino continuar así. Aquella situación moral
en que las ligeras satisfacciones y los discretos placeres de cada día en sus entrevistas con la vizcondesa de Cabro! bastaban para contentarle, debía durar
algún tiempo todavía sin que Gilberto manifestase ninguna impaciencia.
Había creído antes de llegar que las cosas irían más de prisa; que á pesar de
su juramento de mostrarse respetuoso con la esposa de su amigo, juramento á
que no faltó nunca, no sería dueño de sí, y que á pesar suyo se manifestaría su
pasión; mas ahora parecíale que era suficiente poder contemplará Blanca, investigar si hacía algunos progresos en su cariño y ver qué lugar ocupaba en el
corazón de aquella mujer, que llenaba el suyo por completo, ó bien si no ocupaba ninguno. Lejos de ella, sus ensueños vagaban en aquel sentido y en ellos
perdíase con delicia. Gilberto probaba entonces las mejores y más delicadamente sensuales dulzuras del amor cuando éste vive aún en el temor, la incertidumbre y la esperanza.
Bastante raras eran las ocasiones en que podía encontrarse solo con Blanca;
y por eso, apenas se convino en que prolongara su permanencia en Mareuil,
pensó en buscar una ocupación para distraer sus ratos de soledad. Había sacado sus cartones de la maleta para trabajar un poco; pero no adelantaba gran
cosa, porque se distraía continuamente.
Sin embargo, madrugaba mucho, y antes de sentarse á su mesa solía dar un
paseo por los jardines. Al cruzar el patio, veía á la marquesa ante su velador, en
compañía de la señorita de Sainte-Severe, ocupadas las dos en arreglar las cuentas de la víspera. El tren del castillo era considerable y la hospitalidad muy
generosa. El mismo día en que Gilberto llegó, los señores de Chalien y de Preville habían marchado después de haber estado allí cuatro semanas, precediéndolas la baronesa de Tertre. Esto suponía grandes gastos, de los cuales se enteraba minuciosamente la marquesa.
Cada vez que Gilberto se encontraba con la anciana, ésta sonreía dulcemente.
- ¡Buen paseo, señor de Maujeán!, decíale. Es usted muy madrugador ...
Y la señorita de Sainte-Severe, con sus libros de cuentas en la mano, levantaba también la cabeza y mirábale sin decir nada.
En aquellos días de otoño las mañanas eran frescas y había siempre una
ligera bruma que el sol levante atravesaba con sus rayos sonrosados. Los paseos
del jardín, que al acercarse el invierno se dejaban abandonados, cubríanse de
hierbas y de flores silvestres; las hojas de la hierba-buena tomaban un color
violáceo, y los discos amarillos del diente de león salpicaban acá y allá el césped. El año antes de morir ostentaba sus pobres y últimas galas. Gilberto seguía siempre la línea de ojaranzos, removiendo con sus pies las hojas caídas y
seguro de no encontrar á nadie á semejante hora; mas á pesar de esto, dirigía
continuas miradas á su alrededor y á cada vuelta del paseo fijábalas en las ventanas de la vizcondesa para ver si los postizos estaban entornados. He aquí
por qué, á pesar de no esperarla, no le causó la menor sorpresa vet una mañana en el extremo de la avenida á la vizcondesa de Cabro!, que se dirigía hacia
él con ligero paso.
Acercóse sonriendo, le felicitó por su costumbre de madrugar y díjole que
se proponía imitarle. Los dos continuaron un rato el paseo, y la conversación
recayó al fin sobre la señorita de Sainte-Severe, preguntando Blanca qué le parecía.
- Muy bien, contestó Gilberto; tiene un aire muy distinguido ...
Contestaba sin reflexionar, con el único objeto de conformarse con _la opinión
de Blanca, que en su concepto era favorable á la joven.
- Sí, repuso la vizcondesa, es señorita muy aceptable, perfectamente educada ... y de familia muy antigua ... Bien debe usted saber que los Sainte-Severe
tuvieron mucha importancia en la guerra de los Cien años ... Su padre era amigo del general de la Fonfreyde y por eso la tenemos aquí... Sin embargo, su
situación actual no debe hacerla desmerecer á los ojos de usted, porque su infortunio reconoce causas muy honrosas ... El coronel de Sainte-Severe había
renunciado ,á toda la parte de los bienes que podían corresponderle con el fin
de dotar á sus hermanas, en una época en que se proponía permanecer soltero.
La muerte decidió otra cosa, pues el coronel, casándose tarde, no dejó nada á
Albania al morir. No obstante, el día que encuentre un hombre digno de ella,
ya verá usted cómo adquiere la importancia que le corresponde.
Mientras hablaba así, la vizcondesa dirigía furtivas miradas á Giloerto, como
para juzgar del efecto de sus palabras, y en ellas se revelaba una viva curiosidad, cual si hubiese querido penetrar hasta el fondo de su corazón. En cuanto
á Gilberto, sin contestar nada y con la cabeza baja, parecía reflexionar. Sin duda estaba á punto de relacionar lo que oía con las preguntas que Pedro le hizo
cuando se dirigían á Mareuil, y de repente asaltóle una sospecha: pensó que
Blanca y su esposo conspiraban para que se casase con la señorita de SainteSevere.
- Confiese usted, repuso al fin, que cuando Pedro me escribió, insistiendo
usted también ...
-No ... Tenía otras razones para escribir ... Ya las sabrá usted más tarde.
- ¿Por qué no ahora? ... Esto me hace cavilar ...
- No importa que esto le dé á usted qué pensar, replicó Blanca sonriendo.
En cuanto á la señorita de Sainte-Severe, le aseguro que no se nos ocurrió la
idea hasta después de escrita la carta ...
- Entonces, confiesa usted haberla tenido.
- ¡Dios míol Sí... ¿Por qué ocultarlo? Inútil me parece añadir que es un secreto entre Pedro y yo, y que esa señorita no sabe nada, pues jamás le hemos
hablado de usted. Sin embargo, desde que le tenem9s aquí, no creo engañar•
me ... En fin, conozco sus ideas y me parece que usted tiene todas las cualidades que pueden agradarle. ¿Qué me contesta el señor de Maujeán?
Gilberto guardó silencio un instante; sentía frío en el corazón, como si la
sombra de la señorita de Sainte-Severe, interponiéndose entre ellos, le ocultase
la imagen de Blanca y viese á ésta alejarse, perderse. Sin embargo, su impresión fué fugitiva. Bien mirado, ¿qué importaba que hubiese concebido tales
ideas matrimoniales? Esto probaba, no obstante, cosa que él sospechaba ya: que
la vizcondesa no experimentó nunca la menor inclinación amorosa por él, puesto
que proyectaba destinarle á otra. Pero ¿podía esto impedir que él la amase? ...
Hasta pensó, reflexionando sobre ello, que debía felicitarse de la intervención
de aquella joven, que establecería cierta relación entre la vizcondesa y él. ¿No
significaba adelantar un paso más en su intimidad el dejar que se ocupase de
sus asuntos?

LA

NúMERO 500

477

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

berancia de salud que se revelaba en los ojo~ y en!º~ª la persona
de la vizcondesa. Morena, como ella, su nanz agmlena, de correcto dibujo, destacábase delicadamente en el pe9ue~o rostro oval;
pero los labios, delgados y oprimidos, _Parecían md1car que 1~ necesidad de ser discreta los mantenía siempre cerrados. La mirada
de sus ojos negros parecía querer ocultar el fue~o de éstos y las
más de las veces se fijaba en el suelo con expres~ón. de falsa. humildad: su sonrisa era siempre incierta. La sen~nta de SamteSevere se hallaba en esa posición de las jóve_ne~ sm fortu~a, que
siempre temen que se interprete mal ~n ~ov1m1ento de simpatía
ó que se tome un cumplido por una indirecta. Cuando Pedro se
dirigía á ella con esa familiaridad galante con que t:ataba á todas
las mujeres, bajaba la vista al punto, tom_ando un aire severo; por
esto se hubiera podido sospechar, conociendo el ~arácter de Cabro!, que había intentado tal vez al~ún avance ~ sido rechaza~o.
Albania no era mujer capaz de sacrificar tan fác1lme?te sus principios; pero manifestábalo con exceso y hacía demasiados alardes
de su virtud.
. .
.
.
En cambio compensaba todo esto con su viva mtehgenc1a, su
instrucción y sus profundos conocimientos; con~cíase que había
leído mucho, y en la conversación, cuando ~~ deJaba llevar ~e su
impulso, sorprendían á todos sus recursos d1s1mulados y sus ingeniosas reflexiones que revelaban talento, Entonces _era v~rdaderamente hermosa; su color parecía animarse, y sus OJOS chispeaban
de malicia; pero á Gilberto le agradaba más el talento munda?o y
la encantadora ignorancia de la vizcondesa, cuya sola presencia le
arrebataba.
Sin embargo, en la señorita de Sainte-~evere podí~. ~nco?trar
todo cuanto le había seducido en otro tiempo: familia antigua,

Alli estaba la vizcondesa que acudi6 presurosa...

- Reflexionaré ... contestó al fin sonriendo.
La vizcondesa fijó en Gilberto la misma mirada penetrante con que parecía
querer penetrar en su interior, y repuso con viveza: .
_ .
.
- Sí, reflexione usted y muy detenidamente ... Estudie ~ la senonta de SamteSevere y acabará por reconocer que no es una advenediza, y que al proponérsela por esposa, como yo lo hago... .
Blanca habló algo más sobre el mismo asunto, y después detúvose bruscamente.
- ·Ah! Ahora recuerdo que usted trabaja y sin duda estoy molestándole .. ,
No ~uiero hacerle perder más tiempo ... A propósito: ¿qué obra es esa en que
ahora se ocupa usted?
. .
- No es precisamente una obra ... es la recopilación de las bulas de Inocencio III ... en latín ... Solamente la introducción y las notas serán mías.
- ¡Ah!, exclamó Blanca con tono de sorpresa ... ¡Perfectamente! He aquí una
cosa muy interesante para el padre Souchón.
Habían, á todo esto, llegado al último bancal; y una ve_z alH, s~ pararon. .
A partir de aquel día y sin mostrar más que una atención desi~teresada, G1!berto se ocupó un poco de la señorita de Sainte-Severe. Reconoció que, efectivamente, era encantadora; aunque un poco delgada Y. morena, hacíanse n?tar
en ella unas manos blancas de afilados dedos y uñas bien cortadas, el gracioso
contorno de su cuello y la flexibilidad serpentina de su talle redondo y de elegante forma. Tenía poco más ó menos la misma edad que Blanca ~e Cabro!,
es decir, de veinticinco á veintiséis años, pero no su noble aspecto m esa exu,,
.,.. i; .
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..

La señorita de Sainte-Severe

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~ J :..

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...--• - -

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r·-

.....

No importa que esto le dé á V. qué pensar, replic6 Blanca sonriendo

gran nombre, una y otro-más antiguos quizás qu~ !os dé la ~o?freyde Y de Cabro!; y también la educación esmerada, el exqumto conoc1m~en_to del mundo
y en cierto modo la belleza. ¿En qué consistía, pues, que no smtiese nada por
ella y que no le produjese impresión alguna?_
.•
.
¿Sería aquel cargo de lectora y casi también de aya de ~os nmos, a~nque disimulado con el título de señorita de honor, lo que la rebaJaba á sus OJOS? ¿Era
que sus ideas, modificadas ya, no ~e inspiraban ahora ,su priI"?er en~usiasmo por
las vanas distinciones? ¿Era que, sm sospecharlo, hab1a asociado siempre en su
imaginación la fortuna con los títulos, hasta el punto de no comprender los
grandes nombres sin extensas tierras y un tren fastuoso?
.
.
.
Tal vez todas estas razones reunidas, cuyo valor respectivo le hub:er~ sido
difícil discernir, influyeron en Gilberto; pero como quiera que sea, la s~nonta. de
Sainte-Severe, á pesar de su noble estirpe, no ~~bía producido en él la impresión
que sintió en otro tiempo al acercarse á la mna Blanca de la Fonfreyde, Y seguramente no se la produciría jamás.
.
- ¡Vamos! ¿se ha decidido usted ya?, preguntóle la vizcondesa algunos días
después en ocasión de encontrarle en los jardines.
- Sí, contestó Gilberto, he reflexionado y... rehuso.
-¿Por qué?
.
.
Maujeán concretó todas sus razones en su amor á la independencia Y en su
resolución de mantenerse soltero ... Y á medida que hablaba, parecíale re~onocer en las facciones de Blanca cierta satisfacción, como si se hubiese realizado
lo que ella esperaba.
- ¡Tanto peor!, exclamó. No hablaremos más del as~nto, y la señorita de
Sainte-Severe no sabrá nunca que se ha tratado de esto. Siento por ella la determinación de usted ...
Siguióse un instante de silencio, casi de malestar, cua~ si no tu_vieran ya nada
que decirse, ó como si sus pensamientos fuesen demasiado delicados para ser
abordados.
( Cqi1tim1ará)

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

SECCIÓN CIENTiFICA
TRANSMISIÓN DE FUERZA ELÉCTRICA POR MEDIO DE
CORRIENTES ALTERNATIVAS DE 3.000 VOLTS

Un experimento tan curioso como interesante se
ha ejecutado hace algunos meses por la Sociedad de
construcción de máquinas de Oerlikón, cerca de
Zurich, en Suiza. Esta sociedad debe realizar para la

dad de adoptar minuciosas precauciones para evitar
desagradables accidentes, y las medidas que será
preciso tomar para que éstos no ocurran en la línea
de Lauffen á Francfort.
Antes de poner en práctica el proyecto, la sociedad de Oerlikón verificó el 24 de enero último varios
ensayos en líneas locales, obteniendo en las pruebas
satisfactorios resultados, que pudieron apreciar las
comisiones invitadas, representadas por la delegación

Fig. 1. Vista general de la sala de experimentos. - A. Motor de corrientes continuas. - B. Reostato del motor. - B'. Reostato de excitaci6n de la máquina de corrientes alternativas. - C. Máquina de corrientes alternativas. -D. Amper6me•
tro. - E. Voltámetro Cardew. -F. Voltámetro electrostático Thomson. -G. Transformador de partida, -II. Transformador de llegada. - l. Origen de línea. - J. Lámparas. - K. Amper6metro.

Exposición de electricidad de Francfort, con el cor•
curso de la Sociedad general de electricidad de Ber·
lín, Alf.r;emeine Elehtricitdls Gesel/sclzajt, una transmisión eléctrica de 300 caballos, desde una fábrica
de Lauffen al palacio de la Exposición. En las instalaciones de esta índole habfanse empleado hasta
ahora potencias equivalentes á 2.000, 4.000 y 6.000
volts, llegando únicamente la sociedad London
Supply y C.°, de Londres, á desarroJlar en la distri·
bución de fuerzas en la fábrica de Deptford una
potencia de 10.000 volts, sin que exista el precedente de haberse excedido de este último tipo. Mas
para la transmisión en que nos ocupamos se ha de•

P..- ~ 1:

tt

L

Fig.

2.

Experimento de transmfai6n de fuerza eléctrica
Esquema de la distribución

cidido empl~ar 30 ooo volts, ó sea el triple del máxi·
mum conocido. Compréndense fácilmente los múl·
tiples peligros que ofrecen las corrientes alternativas
de alta tensión, y no pueden ocultarse los que ofrecerán las que determinan, en su límite fuerzas tan
considerables, como lo son las repres~ntadas por
20.000 ó 30.000 volts. Concíbese, pues, la necesi-

NúMERO 500

de comunicaciones, algunos funcionarios de Wurtemberg y varios miembros del comité de la Exposición de Francfort.
De la revista profesional Electrotechnische Zeitschrijt reproducimos los siguientes detalles que ser·
virán para que nuestros lectores puedan apreciar la
importancia y alcance de esta nueva aplicación de
la electricidad.
Los grabados núms. 1 y 2 permiten estudiar el
conjunto de los aparatos. El primero reproduce la
vista interior del laboratorio y el n. º 2 el esquema
de la distribución. La letra A del grabado n. • 2 representa una máquina de corrientes alternativas que
producen 120 volts, poniéndose en movimiento por
medio de una correa impulsada por un motor de corriente continua. Esta disposición permite variar
muy fácilmente la velocidad angular de la máquina
por una sencilla introducción de resistencias. En la
letra B represéntase un corta-circuito, en C un conmutador bipolar con dos corta-circuitos de plomo,
en D un amperómetro y en E un voltámetro Cardew. Al llegar al transformador F, preciso es consignar que el coeficiente de transformación es igual
á 300; es decir, que si se producen 100 volts en el
primero obtiénense 30.000 en el segundo, permitiendo medir la intensidad de la tensión el voltámetro
electrostático G. de Thomson. En el punto de salida
del transformador existe un alambre de cobre de
cuatro milímetros de diámetro, que termina en los
aisladores líquidos de que nos ocuparemos. Esta Jí.
nea, cuya longitud total es de 8 kilómetros, está sostenida por aisladores colocados á 2 5 metros de distan·
cia unos de·otros. Efectúa el recorrido indicado en
el esquema, y vuelve, en el punto de partida, á un
segundo transformador I, en sentido inverso del
primero, ya que de los 30.000 volts aprovecha la
diferencia potencial de 100 volts. Un amperómetro
K y un voltámetro Cardew L permiten medir la intensidad y el volta·metraje en el tercer circuito. Las
resistencias de carga están constituídas en este mismo circuito por tres series de lámparas, Oi, Ou 0 3,
de 50, 65 y 100 volts respectivamente. En la línea
de distribución hállase intercalada en una forma dosimétrica una línea P telefónica, que sirve para varia·
das aplicaciones.
Después de lo expuesto, precisa examinar los dos
puntos esenciales que deben observarse en estos ensayos, cuales son: el aislamiento de los transformadores y la canalización. La forma adoptada para los
transformadores no ofrece particularidad alguna digna de notarse, siendo vreciso únicamente para lograr
un completo aislamiento entre la primera y segunda
sección someter los aparatos á un baño de aceite.
Los mímeros 5, 6 y 7 del grabado n.° 3 permiten estudiar las disposiciones adoptadas. Los carretes de
alambre afectan la forma cilíndrica y el centro de

hierro está formado por una serie de placas superpuestas, cortadas en secciones rectangulares. Cuanto
á la canalización, ha sido preciso abrir algunos pozos
á iguales distancias que los aisladores. Los dos alambres, de partida y de regreso, hállanse separados
unos treinta centímetros uno de otro. Los aisladores
empleados, representados por el n.° r del grabado
n. • 3, son de porcelana, sostenidos por soportes de
hierro, habiendo dado satisfactorios resultados, ya
que, colocados cien de ellos en el mes de noviembre de 1890, han soportado la carga de la línea re·
presentada por 40 ooo volts, sin haberse producido
el menor accidente, á pesar de haber funcionado en
días tempestuosos. El n.° 2 del grabaclo n.° 3 representa un doble aislador, con campana de fundición
y doble aislador de aceite; el n.° 3 es un aislador
triple con tapadera también de fundición y vidrio, y
el n.° 4, un aislador de porcelana, con triple aislador líquido.
Con el auxilio de esta instalación, M. Brown ha
podido realizar un bueo número de experimentos,
que trataremos de resumir en las siguientes líneas.
La máquina de corrientes alternativas preparóse
de manera que la diferencia potencial del circuito
primario alcanzase 50 volts, en cuyo límite el circuito
secundario del transformador podía desarrollar 10.000
volts y 50 volts el circuito terciario en las lámparas incandescentes. Aumentóse en seguida paulatinamente la diferencia potencial hasta 65, 100 y no
volts en las lámparas de incandescencia, aumentando asimismo, en igual gradación, el voltámetro Cardew del primer circuito. Este experimento permitió
conocer la completa ausencia en la línea del menor
corta-circuito.
En la segunda serie de experimentos aproximáronse los alambres de partida y regreso á una distancia
de 18 á 22 centímetros, en el sitio que precede á su
ingreso en el segundo transformador. Al llegar á
18.000 volts prodtíjose una chispa entre los conductores, fundiéronse los corta-circuitos fusibles del

479

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N ÚMERO 500

capitales, creemos que estos ensayos permitirán resolver el difícil problema de la transmisión de la
fuerza eléctrica á grandes distancias, pudiéndose después modificar aquélla en sus elementos constitutivos de manera que pueda efectuarse la distribución.

F.

L AFFARGUE

LOS FERROCARRILES Y TRANVI AS ELÉCTRICOS

Si bien es cierto que en el año de 1879 se verificaron los primeros ensayos ó pruebas del ferrocarril
eléctrico, no lo es menos que hace apenas cinco años
que esta nueva conquista de la ciencia moderna ha
podido ser utilizada por la industria en sus aplicaciones á los ferrocarriles y tranvías. Grandes é importantes han sido los progresos realizados en este período de tiempo relativamente corto, según se desprende de la memoria publicada por M. Spragne,
constructor de tranvías en Nueva York, de la que
entresacamos las siguientes curiosas noticias.
Existen actualmente en explotación ó construcción

en los Estados U nidos de América, Inglaterra, Alemania Italia Australia y el Japón 325 líneas de
'
'
1
tranvías
ó ferrocarriles
eléctricos, que emp,ean
para
el servicio 4 .000 carruajes y 7.ooo motores, efectuando diariamente un recorrido de 640.000 kilómetros.
El número de viajeros que circulan por las líneas,
cuya extensión total es de 4. 160 kilómetros, asciende
á la respetable suma de 700 millones. Las mayores
pendientes alcanzan á un 13 6 14 por 100, hallán•
&lt;lose á seis millas de las estaciones centrales de producción de fuerza eléctrica los puntos más distantes
de la línea que han de recorrer los trenes. Por último, el personal empleado en los distintos servicios
de la explotación llega á ro.ooo hombres, y los productos varían anualmente entre cuarenta y cincuenta
millones de pesetas.
En vista de tales antecedentes y resultados, puede
presagiarse cuál será dentro de breves años el desenvolvimiento de los ferrocarriles eléctricos, llamados
ya á desterrar los sistemas de tracción por el vapor.

AGUAS MINERALES JAPONESAS

El doctor Baret, en una memoria dirigida á la

Societé franfaise d' hygiéne, ocúpase extensamente de
las aguas minerales del Japón, que según afirma, son
tan neas como abundantes. Divídelas en cuatro grupos: sulfurosas, salinas, alcalinas y ácidas, siendo las
primeras las más numerosas, ya que existen manantiales en todas las provincias del imperio. El agente
mineral más distintivo es el hidrógen0 sulfurado y al·
gunas veces el sulfuro de sodio. La temperatura varía,
si bien en algunos manantiales, como el de Oureschino, alcanza hasta 92° centígrados. El doctor Baret _ocúpase especialmente en su interesante trabajo
del manantial de Arima, por constituir el tipo de un
balneario japonés. El agua sale verticalmente de un
pozo de algunos metros de profundidad, es gaseosa,
salina y muy fangosa, utilizándose exclusivamente
como bebida.
Existen en Arima otros tres maryantiales de agua
caliente que se utilizan para baños en grandes piscinas.
¡De La Nature)

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m~
OODlra I&amp;
1 81 ° " ~ t o, en Ju Ciüfttlff'tll
1
'I Cundo II ira(a
~~ ~ 111killar el orswamo 1 preca,-er Ja anemia 1
eptdemlu
por .... - - DO . . oonooe Dada IUper!Or al ..... de ..... de .......

ruato

:a9&amp;.benllo

°"flll!Ú
°': delpenar~i:.~i:ic::.:l.u~~":épzon:::,

,., .,..,.•• ,1111.Ía•TDI&gt;a
eua • 1. FEW, Farmaceutico, iot, rue llieM!iea. SaCllarde.AIIOUD.
D TODAS LU PIUKQIP.U.U BoTtau,

.EllJASE 11:'8~' ARDUO

(Gaceta de loa Ho1pltalel)

Fig. 3. Detalles de instalaci6n

primer circuito é interrumpióse la corriente en la línea.
Estos experimentos, repetidos muchas veces, dieron
siempre los mismos resultados, conociéndose por
este medio la distancia que debía existir entre los
dos alambres.
,
Para la tercera prueba colocáronse corta-circuitos
en los alambres, fundiéndose igualmente, bastando
para ello establecer una corriente de comunicación
entre los dos alambres, utilizando al efecto una varilla de madera seca, como mal conductor.
El cuarto ensayo consistió en unir á la tierra uno
de los dos circuitos, no indicando entonces el voltámetro ninguna de las variaciones que podían observarse en el total de la mal aislada instalación.
Por último, dirigiéronse algunos chorros de agua
á los cuatro cables, á los aisladores y á los soportes
comunes. Acto seguido, el amperómetro del primer
circuito indicó once amperes en vez de diez que acusaba anteriormente, resultando de este experimento
que las lluvias no podían disminuir ó aminorar el
aislamiento, comprobándose también las influencias
de la línea en los circuitos telefónicos. Estas influencias manifestáronse claramente, siendo preciso notar,
sin embargo, que los soni&lt;los obtenidos eran menos
desagradables que los producidos por la inducción
en los P:óximos circuitos telegráficos. Estos experimentos, mteresantes desde todos los puntos de vista,
prueban incontestablemente la posibilidad de obtener
completos aislamientos por efecto de tensiones de
30,000 volts de corrientes alternadas, no dejando la
menor duda el éxito que ha de obtener la transmisión
eléctrica de Lauffen á Francfort, cuya instalación se
está . llevando á cabo actualmente para que pueda
funcionar á mediados del próximo mes de agosto.
Esto no ob~tante, si bien dudamos que tan altas tensiones puedan utilizarse para la aplicación distribu- ·
tiva de la fuerza eléctrica ádomicilio en las grandes

hp6dte General : 45, C&amp;llt Ymilllen, 45, PWS

w

,.,... ........ tu

Jarabe Laroze

PILDORAS~~DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

iro tltubeaa en purgarae, cuando lo

Deade hace mu de 60 aftos, el l aralle Lame se prescribe con 6xlto ,ar
todos los médicos para la curacion de Jaa gutrltla, gutraIJl.u, dolorea
fa retortlJonu de ut6mago, a1trallim1anto1 reheldea para facilitar
loa
1 para re¡ularizar todu lu funciones del i1lóma¡o J da

1:i'fe9:wi°!

JA.RA.BB

a1Bro:muro de Potasio
DE CORTEllS DE HRIIIJIS AllRGlS

D lt 19AAl8

aece,iu.a. No temea el aaco ni el caura.acio, porque, contra lo que ,ucede coa

loa demu parga.ac.,, eate .ao obra bien

liDo cuando ae tome con bue.ao, aiimerito1
1 bebidu for&amp;ilicaate,, cual el "iao, el cat,,
.i ti. Cade cual ucoge, para purgan,, la
llora 7 la comid• que ma, Ie coa.,ieau,
•e,a111111 ocapacfoae,. Como el caa,u
CIO qui Ja purga ocalloaa queda compleuenie aaaledopor el efecto de Ja
.llae.aa alún1nucion e.mpieada,uno
,. 4Kid1 t•dlmsate •
IN DtC41Hl'10,

la epilepsia, hiat6ria, ~grafía, halle da .B•-Vito, in.somnioa, ooa•
'nllaione1 y toa de los nilios duranLe la denücion • en una palabra todu
lu afecoionea namoau,
'
Querido enfermo. -Fiase Vd. 4 mi larga experiencia,
1 hata u10 de nuestro, GRANOS de SALUD, pue, e/101
le ourarAn de , u con1t1paoion, /e darl.n apetito 1 lt
dtro/rer•11 e/ sueña f la alegria. - A11 mirA Vd.
mucho, año,, d11fr ut1ndo 111mpre dt un, buena •alud.

APEL WL

· Soberano remedio para rtpida curaoioa de la• Afeooione■ del peoho,
Catarroe,llal de garganta, BronqaJtia, Re■frladoa, Romad.iso■,
de loa Reumatiamo■, DolorH,
Lumbago■, etc., SO añoa del mejor
6xlto at.eatl¡uan la eficacia de este
poderoso derivatiTo recomendado por
l01 primero• m6dieo1 de Paria.

-

D1pd11to ,n toda, ta, Farmacia,

Jürita, lal)f:dicionea : 1.-P. LAROZE

t , nie des Liom-St-Paal, l Paria.

Depoaiio en todu laa princlpalea Bot.lcaa y Droperlu

"ºI"""

• emp..ar CUIDW "ICII

Es el remedio mas eficaz para combatir Ju enfermedades del ooruon,

. .• ""'t1&gt;lDESd•1E1r0,.
\...,~
-n--- 'Pf;f'º

Pepsina Bolldault
CLORÓSl!i, -

ANEMIA. -

LINFATISMO

Aprobada por la ACADEIU DE IEDICIIU

El Prot o-I oduro de :Hier ro es el r eparador de la sa ngre
el f ortiflcante y el m i crobicida por excelencia.
'

PREMIODEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856

11J a rabe11as Grajeas r.on proto ioourode lierrode F.Gi lle,

PUIS • LYON · VIENA • PlllUDILPIIU • PABIS

no pottr-ian 1tr dtma.siac.tn recomendad-Os en raidn tú ,u purua qutmica d1:
.su ina.llerab1lidad JI de ,u solubilidad condaniu.
'
,naceta de los Ho1p{.taltsl.

ílEróSITOGENF.RAL: 45. Rue Vauvilllers:!ARIS. IJ P0!itO 1n tollas la~ P.rma,ias.

M1d&amp;llu fin la■ Espo1lclon11 luternaelon&amp;IH de

1887

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18i3

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1871

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DISPEPSIAS
CIIST RIT IS - OASTRALCIAS
DIQE:STI ON L ENTAS Y PENOSAS
FA LTA DE APETITO
T OT&amp;OI DIIOaJ&gt;INII I&gt;■ L.l DIGIITIOlt

BAJO LA FORMA DE

ELIXlit, · de PEPSIN! BOUDAULT
VINO · · de PEPSINABOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PARIS, Pharmaoie COLLAS, 8, rae Da1p.i11
1,)

l' m ta, prl"cipol., (af'tMciat,

�LA

11

lLUSTRACIÓN ARTIS'l'lCA

N ú MERO

marse regional, con ese sabor peculiar de la
tierra asturiana, patria de la autora, en cuyas
montañas, si bien aspf.rase el aroma del tomillo, perc!bese también el de la retama. En
la. simplicidad de costumbres de aquellos habitantes fórjanse asimismo, de vez en c~ando,
dramas tan vivos y latentes como los que se
desarrollan en las grandes capitales.
La novela encierra un problema de dificillsima resolución. El lenguaje es elegante y
correcto y los personajes están perfectamente
presentados.
No se detiene la autora á examinar con detención ningún carácter, escena ó personaje;
mas en cambio relata y describe con exacti•
tud. Eva Canel persigue en su obra la verdad.
El defecto, si tal puede llamarse, reside en su
educación literaria, que la conduce á ciertas
crudezas en el ambiente, tal vez, que respira,
en la idiosincrasia americana, en el contagio
realista transpirenaico que agita su imaginación, y fantasea sin tener en cuenta la significación y resonancia de algunas escenas 6 cuadros, que si bien verosinules, representan un
esfuerzo de concepción.
E l desenlace se impone. Efecto del fatalismo no es violento, ya que los hechos lo conducen naturalmente. .l!..s una novela que impresiona profundamente, y en ella hademostrado Eva Cant:l cuanto vale y lo que su
nombre merece significar en la r epública de
las letras.
•
Mano/fo es obra digna de ser leida por todos aquellos áquienes interese el conocimiento de ciertos problemas sociales y lo que
puede lograr el esfuerzo de una imaginación
tan privilegiada como la que posee Eva Canel.

LIBR.OS ENVIADOS AESTA R.EDACCION
l'OR AUTORES Ó EDITORES
TIRANÍAS DEL CORAZÓN. Cuento ale111á11,
por Catheri11e Braóber, versión autellana,por
D. Arturo Lliberós. Valencia.-Pertenece
esta obra á la Biblioteca Selecta que publica
el activo editor D. Pascual Aguilar, y forma
el volumen 50 de la colección.
Tira11/as del corazón es un precioso cuento
alemán que por primera vez se vierte al idioma castellano por D. Arturo Lliberós, muy
competente en el idioma alemán y persona de
depurado gusto literario.
El Sr. Lliberós ha prestado un buen serví•
cio dando á conocer en correcto castellano
una novelita tan interesante y moral como
Ji·ranlas del corazón. La autora, Catherine
Brabber, describe con clelicada pluma, exquisito sentimiento y gran estudio de las pasiones humanas la historia desgraciada de algunos seres que, siguiendo con ceguedad irreflexiva los impulsos de su corazón, causan su
propia desventura y amargan la existencia de
cuantos los rodean.
Este libro es un espejo fiel de costumbres
familiares alemanas; los caracteres están trazados con mucho vigor; las situaciones son naturales, preparadas con mano maestra, y tan
pronto despiertan en el lector las emociones
más tiernas y delicadas, como le afectan con
las catástrofes más inesperadas.
Aumentan el interés de esta obra la rapidez de la acción, la originalidad, tanto de
forma como de fondo, y muy especialmente
la exquisita cultura, esmerada distinción y el
gran respeto á la pureza de las costumbres,
á la dignidad del lector y á la más estricta
moralidad. Las personas m:ls exigentes po·
drán confiará sus familias la lectura de esta
interesante novelita.
Hoy, que son tan contadas las novelas que
se puedan recomendar sin escrúpulos, nos es
muy grato poderlo hacer sin temores, de
Tiranlas del corazón, gracias á la correcta
traducción del Sr. Lliberós.
Como todos los volúmenes de la Biblioteca
Stlecta, sólo cuesta 50 céntimos de peseta, y
puecle adquirirse en la librerla del editor,
Caballeros, I, Valencia, y en Barcelona, librería de D. Arturo Simón y Font, Rambla
de Canaletas, 5.
MANOLl:-1, por Eva Cantl. -Tal es el título de la bonita novela que acaba de publi·
car en la Habana la eximia escritora española Eva Canel, cuyos c11adros de costum•
bres americanas han podido leer nuestros
abonados en las columnas de LA I LUSTRA·
CIÓN,
!lfa110/111 es una novela que ptnliera lla•

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS J POLVOS

506

SONRISAS Y SUSPIROS, por Antonio Ambroa. - Es una bonita colección de articulos,
baladas y poesías que, precedidas de un bien
escrito prólogo de Lorenzo González Valdés,
acaba de publicar en T oledo, en la tipografia de Menor Hermanos, el Sr. Ambroa, formando un elegante volumen. Acerca de su
mérito literario basta consignar que el nombre del autor es ya ventajosamente conocido
y que la mayor parte de los trabajos á que
nos referimos han figurado anteriormente en
las columnas de varias importantes publicaciones.

LA HORMIGA, estatua de D. José Campeny (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona)

SALVADOR RUEDA y sus OBRAS. - Bajo
este titulo ha publicado en Madrid, en ta tipografía de Manuel Hernández, D. Gabriel
Ruiz de Almodóvar , un interesante estudio
acerca del genial escritor andaluz, cuya fanta•
sia verdaderamente meridional y esas filigranas de lenguaje que tan gallardamente campean en sus cuadros de costumbres llaman
con justicia la atención de los amantes de
nuestra literatura.

JARABE Y.J PASTA
de H. AU ■•11a1•11

PATERSON
• IISIIUTBO J
■.HlflSl.l

~-•dadot -Ira lu A!Nolo- del z.t6.
mago, Falta de ApeUto, Dtg..UODN laborto.u, Aoediu, V6mttoe. Eruo&amp;oe. y C6U-;
regularlsan lu l'IIDolo- del Ea\bmago y
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ENFERMEDADES
\ D EL H IGADO
Y DE LA VEJIGA

Erijar1t /111

c¡¡/111 de /wJa delata
Una cucharada

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por la manana

'J."~
'• •

En todaJ
/u

Janmia,

y otra por la tarde
en Ja cuarta parte
de un nao

, ._JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ,
••nnoo,ca, V¿I,LB DB BIVOLI, 160, PA.Jll8,

ea {.ARA.BE DB BRLANTrecomendai.lo

i,

en todca• , ..........o...

desde su -,r1nc1p10 per los proresores
~Dnec, Thénard, Gueraant, etc. ; ha recibido la consagración del tiempo : en el
a.no f 8!9 obtuvo el privilegio de Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL con base
&lt;le goma Y &lt;1§ ababoles, conviene sobre todo li tas p ersonas deuca&lt;1as como
mUJeres 'i ntnos. s u gusto excelente no perjudica en moao alguno á su ~l'lcacla
l. contra 108 BESPBUDOS j todas las IIFLUUCIO! ES del PEeBO j &lt;le los IITESTIIOS. j

deagna6de lecbo

LA CAJA : 1n.30

G~RGANTA
VOZ BOCA
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PIITILLII .. DETHIN

a..-••w-1ni.11a1a
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6 IN 111n PalmlCADO:aD AaOe.a.t&gt;Oa,
noraom ., a.urroiill ,ua 1MW11r 1a

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... ---.
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&amp;O. DIITIIAJf, F--■-11■-• PAJllli·

m~~!!_N!J!I!~~¡,9!1!,~

ParUcipando de lu propledadea del Iodo
1 del Hierro, estas Plldoraa se emplean
es_pecialmente contra 11\S ■■orohlJu, la

.

'l'i■la y la Debilidad de temperamento,
as! como en todos los casos( Páudo■ colorea,
Amenorrea,••&gt;, e n los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
au riqueza y abundancla normales. 6 ya. para
provocar 6 rerwartzar su curso periódico.

VINO FERRUGINOSO ARDUO 1'!tz?t~
A/~
T 00lf TOl&gt;OI tol n D ~ IIVftJTITOI 119 U

euan. ...... 1..,..&amp;1 Dlel lflal de ano Cl0IÚlllllldo

CLUUI■
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lllmarlnllll, a 11111,

Ru, Bonapart,, ,o

de

toda, 111 MDIDeDOIM IIMldlcal preabeD que ea&amp;. IIOd■c!OD ele l a ~.. el 1üwn J l&amp;
..._ oouauw,e 11 ~ r mu ~ que 1e coaoce Plrll owv • 1a ~ la
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El iodnro de hierro Impuro Oalterado
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mo prueba de pure:i;a y de autenticidad de
lu ,rerdaderaa .PUdora. de ma.noa.rd,
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aueatra flr1111 puesta al pié de una etiqueta
-.le y el Sello de raranlla de la Unl6n de
•• FaltrloantH para larepres16n de la falll-

•e-..._.

~cc;i:~~~-='; l a ~~Wl4a &amp; la
1or . .,,,,.

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....tico, tot. Ridaeüet. 8aceNr .. ilOOD.
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loll bl'UOI, •plíultl ,aaJfOMA;. :ova■ma, t ,ne.J...J,-llouue•u.J'ut■•

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Qucd&amp;D reservados 101 derechos de propiedad &amp;rlÍJtica y litciaria

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MOJfTAlfl.l Y Sn1ó•

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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