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                  <text>~trtélC10f)

Ftí~ttefl.
ARO X

BARCELONA 3 DE AGOSTO DE 1891

NÚM. 501

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

AYUDANTE DE CAMPO, cuadro de D. José Cusachs
(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTlCA

NúMERO 501

sos triunfos. A los Villaamil y Atienza suceden los adonde pasó en uso de licencia. Las enseñanzas del
Mercadé y Manzano, y unos rompiendo las duras pintor francés influyeron poderosamente en Cusachs,
trabas del convencionalismo extranjero ó dando los que sin descansar un momento y sin perder de vista
Texto. - fosl Cwachs y la f!i11t11ra milita,· en Espaf!a, por A. primeros pasos en el terreno del naturalismo, impri- el modelo, adelantó rápidamente, hasta el extremo
Garcfa Llans6. - La cadena invisible. N11Vela original, por
Ernesto Garda Ladevese. - Los gnomos de la Alhamúra. men en el lienzo el vigor de la buena escuela espa- de ser tan sensibles sus progresos que basta compaLeye11da 111usical del maestro Chapl, por Manuel Manrique ñola. Llega, por fin, la que pudiéramos llamar la rar sus obras para apreciar la rapidez de sus adede Lara, - SECCIÓN AMERICANA: El 111anlón de la co11desa, edad de oro de la pintura en nuestro siglo; opérase lantos,
por Eva Canel. -Nuestros grabados. - Vizcondesa (continua- en ella la revolución llevada á cabo por el malogrado
A su regreso de París emprendió el estudio del
ción). Novela original, por León Barracand, con ilustracioRosales,
confirmada
por
la
personalidad
de
Fortuny,
paisaje,
no descuidando por eso la reproducción del
nes de Emilio Bayard y grabado de Iluyot. - SECCIÓN CIEN·
TIFICA: Los microbios de la tierra, por A. Hevert. - Injlrun- y estos dos atletas del arte inician nuevos derrote- caballo, elemento tan importante de la pintura milicia de la l11z en los fmómenos de la vegetadó11, por Alberto ros, destierran resabios y convencionalismos los es- tar, ni la del modelo, dibujando al lápiz ó á la pluma
Larbalétrier, profesor de la Escuela de Agricultura de Pas- maltes de la paleta, y señalan con la portentosa fuer- tipos de nuestros soldados, que reproducían con
de·Calais. - El cuadro de la Santa Isabel de Murillo.
za de su ingenio los nuevos conceptos del arte mo- aplauso para el novel artista las publicaciones ilusderno. La prematura muerte de estos dos artistas, tradas. Por esta época, ó sea en el año de 1882, obGra.ba.dos.-Ay11dante de campo, cuadro de D. José Cu•
cuyos nombres significan dos glorias nacionales, pro- tuvo el retiro de capitán de artillería, pasando al
sachs ( Exposición general de Bellas Artes ele Barcelona). D . /osl Ctuachs, pintor de asuntos militares (de fotografía dujo un período de vacilación; pero la savia creado- extranjero para continuar sus observaciones y estude_~ y E. Fernández de Napoleón). -Est11dio del pintor ra aportó sus fuerzas para el renacimiento del arte. dios, después de haber pintado varios retratos de
,mlitar D. fosl Cwachs. -Dos apuntes al lápiz de D. José
Nuestros artistas, inspirándose en los ideales mo- personas conocidas en la banca, la aristocracia y las
Cusachs. - Una pdgi,za del dl/&gt;11111 de D. fosl Cmachs. - Caballerla ligera, cuadro de D. José Cusachs (Salón Parés). - dernos, han llegado á comprender la necesidad de artes. A su regreso y aquilatadas ya sus facultades,
A7!anzadas de caballerla, cuadro de D. José Cusachs. - Ma· apoyarse en la filosofía y psicología social, que además recibió el encargo de la casa editorial Sucesores de
mobras de división, cuadro de D. José Cusacbs {premiado de cultivar su espíritu, les conduce á la concepción N. Ramírez y C." de componer una obra de índole
con medalla de oro en la Exposición de Bellas Artes de Ber· de grandes ideas y al análisis de los grandes proble- militar, terminando su cometido veinte meses des11~). - Abrevattdo el ganado, cuadro de D. José Cusacbs. F1g, I, Experimento de MM. Dehérain y Maquenne para mas, de esos dramas íntimos, nuevos y complicadísi- pués. Veinte grandes cuadros variados apuntes para
demostrar la presencia del fermento butirico en la superficie mos, que se esconden y desarrollan en los pueblos intercalar en la obra fueron el resultado de su trat~rrestre. -Fig. 2. Fermento butlrico visto con el microsco· modernos.
bajo, que exigió del artista grandes alientos, penosos
p10.-Doradoras, cuadro de D. Manuel Cusí {premiarlo en
De ahí que sin olvidar la senda trazada por For- estudios y fecunda imaginación. La prueba fué ruda,
1~ Exposición general de Bellas Artes de Barcelona y adquindo por el Excmo. Ayuntamiento de esta capital con desti- tuny ni su admirable escuela, algunos de nuestros difícil la ejecución, pero el resultado ha sido tan samás distinguidos pintores hayan logrado verdaderos tisfactorio que no titubeamos en afirmar que La vida
no al :\fosco municipal).
triunfos en la pin.tura de género y costumbres, únicos, .Militar, tal es el título de la obra, es un verdadero
tratándose de cuadros animados, que se hallan en testimonio que honra al arte y á la literatura espaarmonía con los ideales estéticos de este siglo, pues ñolas, representados por dos distinguidos oficiales,
es innegable que hay cuadro que dentro de la nota Cusachs y Barado.
JOSÉ CUSACHS
juguetona de nuestro carácter meridional - según
Difícil empresa sería para nosotros hacer mención
Y LA PINTURA MILITAR EN ESPAÑA
atinadamente observa nuestro querido compañero de las bellezas que la obra encierra. Tal propósito
Balsa de la Vega, - significa lo que un chiste de exigiría mayor espacio del que podemos disponer.
Rama especialísima del arte contemporáneo es la Quevedo ó una comedia del ático fraile de la Mer- Bastará decir que todas las composiciones son verpintura militar, que como derivada de la de género, ced, Tirso.
daderos cuadros, en los que se revela la genialidad
ocupa tan señalado lugar y ha cobrado tal importanLa nueva subdivisión que en la pintura moderna de Cusachs y su carácter asimilador, hallándose en
cia, que no se celebra exposición ó concurso sin que representa la militar, inicióse en España por medio ellas fielmente señaladas esas escenas y tipos militadeje de tener en ellos digna representación. A la de de lienzos aislados. Artistas tan distinguidos como res de nuestro país, á los que el artista ha logrado
tipos ó asuntos militares deben distintos artistas su Casado, Fortuny, Sans, Castellanos, Benlliure, Pal- dar vida y animación, cual si fueran arrancados de
justa celebridad, y probablemente Vernet, Gerard, maroli, Sorolla, Barrau, Tusquets, Moreno Carbo- la realidad.
Meissonier y otros más no hubieran logrado la res- nero, Ferrán, Luna y Alvarez, no desdeñaron reproLa estima en que se tienen sus obras demuéstranpetuosa admiración de sus paisanos, si alentados por ducir en sus cuadros escenas, tipos ó hechos en lo claramente los hechos, ya que algunos de sus cuasu patriotismo no hubiesen intentado representar, co:1 los que se representaban el modo de ser ó la acción dros han sido encargados expresamente y adquiridos,
el auxilio de su prodigiosa paleta, las glorias de su de nuestro ejército, y algunos de ellos, como Balaca no sólo por los amateurs é inteligentes, si que tampatria.
y Pellicer, dejaron con sus apuntes perenne recuerdo bién por monarcas tan ilustrados como el rey don
El pintor que pinta su tiempo aporta antecedentes de las largas y penosas campañas del Norte y de Luis de Portugal y S. M. la reina regente, que adquirió
para la historia, dice Stewens, y dentro del concepto Oriente, á las que asistieron como corresponsales de el notable lienzo representando á D. Alfonso XII y
de esa pintura, que si bien de género moderno, tiene publicaciones ilustradas, siendo sus dibujos intere- su Estado mayor.
antecedentes tan completos como lo son las obras de santes antecedentes para la historia contemporánea.
De carácter franco y abierto, cariñoso hijo y amanVelázq~ez y de Goya que retratan su época, grato
Sólo Marcelino U nceta asumió durante un largo pe- te esposo, cuenta Cusachs muchas simpatías y numees consignar para los que somos amantes de las glo- ríodo de tiempo el carácter de pintor de asuntos mili- rosos amigos, que admiran en él al artista y al homrias y tradiciones artísticas de nuestra patria que el tares, ya que todos sus cuadros y dibujos· hállanse bre de corazón. Robusto, de amplio torso, morena
famoso lienzo en el que el pintor sevillano supo re- inspirados en la historia de nuestro ejército durante la la color, cabello y barba negros, tiene en su aspecto
presentar un episodio, un triunfo de las armas espa- primera mitad de este siglo. Algún otro discreto artis- un algo, que sin que puedan establecerse semejanzas,
ñolas, cual es La rendición de Breda, no tiene pre- ta ha seguido las huellas de Unceta, sin acometer, sin recuerda la rudeza, la leal expansión del Plasencia,
cedente en los demás países, por cuyo motivo y aun- embargo, asuntos de gran composición: únicamente de aquel gigante del arte. Nosotros, que nos honraque con posterioridad, Francia, Inglaterra, Alemania José Cusachs, en el que se hallan felizmente reuni- mos con su amistad, terminamos este sincero estudio
é Italia contaron con artistas distinguidos que, como das las aptitudes del artista y los conocimientos que felicitando al amigo y al artista por el triunfo que
David, Gerard, Vernet, Butler, Maclise,Adam, Crofts deben poseer nuestros oficiales, ha logrado asumir la acaba de obtener en la Exposición de Berlín, en
Rosi-Escoti y Fatori, que dedicaron su habilidad
verdadera representación, tal cual se concibe en otros donde ha sido premiado con medalla de oro su gran
inteligencia á reproducir en sus cuadros las victorias países, de la pintura militar. Y preciso es convenir lienzo titulado Maniobras de división, haciendo votos
de sus ejércitos, por hallarse en ellos condensadas las que para imprimir ese sello de verdad que exige el para que continúe produciendo obras de tal importransformaciones políticas de sus respectivos pueblos, arte moderno y que debe descollar en los cuadros de tancia, que al honrar al artista, honren el arte patrio.
cabe á España la de haber sido la primera que dedi- este género, es necesaria la posesión de cierta clase
A. GARCIA LLANSÓ
có á la pintura militar, por medio del primero de sus de conocimientos que han de ser desconocidos para
artistas, la preferente atención que merece la exis• los que no han profesado la carrera de las armas. De
tencia de una clase que tiene á su cargo la honrosa ahí que la mayor parte de los pintores no se atrevan
misión de defender el territorio de la nación.
á acometer asuntos complejos, que á pesar de ser
LA CADENA INVISIBLE
Cierto es que mientras en España hundíanse las bien concebidos, no podrían representar por carecer
artes con la riqueza pública, la revolución francesa de antecedentes. Cusachs, á quién fué preciso reNOVELA ORIGINAL
en el encontrado choque producido por las nuevas nunciar á las ventajas que podía ofrecerle su carrera
ideas engendraba literatos y artistas que describían para dedicarse por completo á la vida artística, ha
Hubo una época, allá en los últimos tiempos del
ó pintaban sus conquistas y que, cual si fueran savia recogido ya verdaderos lauros y logrado, sólo con su reinado de Luis Felipe, en que estuvo muy á la moda
regeneradora para el país, cobraron fuerza y des- esfuerzo y con su laboriosidad, notoria reputación, un restaurant elegante, medio escondido tras de un
arrollo tan sorprendente que admira el número de distinguiéndose en el género que cultiva. Y entién- pequeño jardín, entre el Arco de la Estrella y la
ingenios que brotaron al calor de aquellas conmocio- dase que Cusachs emprendió tarde ya su nueva ca- puerta del Bosque de Bolonia. Era aquel restaurant,
nes, que al repercutir en todos los pueblos de Europa rrera, pues frisaba en los treinta años cuando en 188o que tenía el nombre de Pavillon Royal, punto de cita
fueron cambiando el modo de ser de aquellas socie- empezó á dedicarse seriamente al estudio del dibujo de la juventud dorada, después del paseo del Bosque,
dades. Los episodios más trascendentales de la revo- y la pintura, en la que realizó notables progresos. y algunas de las memorables fiestas que los salones
lución, como el Juramento del juego de pelota prime- Hay que advertir que durante la época de sus estu- del Pavillon Royal presenciaron fueron interrumpiro, La muerte de Mara/ después, y por último El dios en el colegio de artillería de Segovia y después das por la luz de la aurora que iluminaba el verde
paso de los Alpes, hallaron inteligentes intérpretes. durante las campañas del Norte y Cataluña, como mar de follaje del Bosque frondoso, confundido á
Estas obras sirvieron de base para formar una nueva oficial ó al frente de su batería, hallaba medio, siguien- simple vista con el de Meudón, por encima del ancho
escuela, un nuevo género, una especialidad en la do su natural inclinación, para trasladar á las hojas Sena.
pintura, y á partir de aquella época, los pintores fran- de su álbum tipos y escenas, perspectivas de los camUna tarde del mes de Abril, los habituales concuceses han pintado las brillantes páginas de la historia pos de batalla, grupos de combatientes y curiosos rrentes al Pavillon Royal fueron sorprendidos por la
militar de Francia desde Walmy á Malakoff, desde apuntes que pudieron servirle para ejercitar sus fa- presencia en aquellos salones de una hermosura muy
Solferino á Saint-Privat, desde Sebastopol á Grave- cultades artísticas y sentar la base de ese género de celebrada, de la que venía ocupándose todo el París
lotte.
pintura especial en que ha logrado distinguirse y que se divierte y que jamás había puesto sus pies en
En tanto en España, y tras laboriosas y fructífe- singularizarse. Al terminar la campañ.l prosiguió sus aquel sitio. Era una joven de belleza extraña, á quien
ras etapas, fué iniciándose el renacimiento artístico estudios, aprovechando al efecto los intervalos del rodeaba el más impenetrable misterio. El nombre
patrio, y ora en el paisaje, en la pintura religiosa ó servicio de guarnición. Concurrió breve tiempo al que solía dársele era ya misterioso; se la llamaba Rehistórica y en la de género han ido alcanzando nues- taller del malogrado pintor Gómez y después al del signaci{m.
tros artistas señalados adelantos y logrando no esca- célebre Detaille con motivo de su estancia en París,
Tendría próximamente vientidós años; su abun-

NúMERO sor

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

é

ESTUDIO DEL PINTOR MILITAR D. JOSi CVSACllS

�LA lLUSTRAClÓN ARTÍSTICA

para el cual quería servir de modelo; que se lo pagó
con largueza sin hacerle la menor observación sobre
el precio exigido por el artista, y que le prohibió en
absoluto exhibirlo en ninguna exposición pública y
sacar de él ninguna copia. Cuando la obra estuvo
acabada, la joven misteriosa fué á recogerla y se la
llevó, ocultando al pintor cuál era su destino. El artista, enamorado de su obra y temiendo no volver á
verla jamás, había hecho pasar por su estudio á todos sus amigos, que eran innumerables, y por eso el
cuadro encargado con la expresa condición de que
nunca figurase en ninguna exposición pública era
conocido de mucha gente. Ca5i todo el París á la

tiempo; mas como no sois el rey, ni siquiera he de
tomarme el trabajo de contestaros.
El banquero esta vez salió vencido, humillado y
poseído al mismo tiempo de una impresión de asombro. Al retirarse en medio de su derrota murmuraba:
- ¿Quién podrá ser que hasta el mismo rey perdería el tiempo siguiéndola?
Luego, para consolarse se decía:
- ¡Quizás sea alguna provinciana insubstancial ó
alguna loca!
A pesar de su reputación de hombre tenaz é invencible, Llave de Oro se consideró definitivamente derrotado y decidióse á
abandonar la aventura. La fría mirada y la
profunda indiferencia
del cochero infundieron en su espíritu un
desaliento mezclado
de terror. Llave de Oro
creyó adivinar en el
rostro de aquel hombre una expresión irónica y siniestra.
Cuando Resignación hizo su entrada
en el Pavillon Royal,
una tarde del mes de
Abril, al volver del
Bosque de Bolonia,

NúMERO 501

LA

NúMERO 501

base de él, entre otras muchas cosas, que habiendo
sido amante de la mujer de un millonario y teniendo
en su poder varias cartas por ella escritas donde se
probaba el adulterio, fué en un momento de apuro á
vendérselas al marido.
Tal era el galán á quien envidiaron todos los que
se hallaban en el famoso establecimiento próximo al
Bosque en el instante en que Gaultier entró con su
nueva y valiosa conquista.
La noticia de esta aventura circuló por todo París
con la rapidez del rayo, y su efecto fué mucho mayor
cuando en los días que siguieron al de la enttada de
la joven misteriosa en el Pavillon Ro;'at obsen·aron
los concurrentes del Bosque de Bolonia que Resignación había desaparecido por completo. Nadie volvió á verla por aquellos parajes. Los días pasaban;
más de una semana había transcurrido y en vano se
aguardaba en el Bosque la llegada del carruaje de los
caballos blancos. «El gascón la guarda bien,» murmuraban todos viendo á Gaultier aparecer un instante á caballo, sonriente, orgulloso y envanecido de su
triunfo.
¿Cómo Gaultier había conseguido la ambicionada
victoria á que tantos aspiraban?
El resuelto gascón triunfó murmurando al oído de
la joven una sola frase al poner en sus manos, pasando á galope junto al coche misterioso, una pequeña
rama florida que R esignación había intentado en vano
coger. Gaultier, al entregársela, dijo con voz cautelosa, que el cochero, no pudo oir:
- ¡Resignación, rompe tu cadena!

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ILUSTRACIÓN AKTfSTICA

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Apunte al lápiz de D. José Cusachs
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moda había pasado por el estudio del pintor; no entraba ningún día en el Bosque de Bolonia el carruaje de los caballos blancos sin que acudiera á todos
los labios este nombre Resignación, bajo el cual la
joven fué ya en adelante conocida.
En vano al acabar el paseo los amantes de aventuras la seguían al galope; ella, reclinada en los almohadones de su carruaje, mostrábase indiferente y
extraña al vivo interés de que era objeto. Sin sentirse, en apariencia por lo menos, ni contrariada ni envanecida, burlaba hábilmente todas las maniobras
puestas en juego por los más resueltos galanes. El
carruaje de los caballos blancos perdíase á través de
la ciudad, y si alguno, con incansable obstinación, lo
vió, por fin, detenerse, sólo pudo observar que la joven desaparecía por algún pasaje ó por algún establecimiento de doble entrada de los que hay tantos en
la gran capital; el carruaje se iba y la luminosa aparición devanecíase sin dejar la menor huella de su
paso.
Cierto día, uno de los banqueros más poderosos
de París, hombre muy experto en toda clase de aventuras, el cual tenía fama de no haber hallado jamás
obstáculos que se opusieran á sus deseos ó á sus caprichos, por lo que se le daba el sobrenombre de
Llave de Oro, dijo al cochero á quemarropa, cuando
Resignación acababa de salir del carruaje sin dirigirle
una mirada:
- Cinco mil francos por las señas de su casa, y
Llave de Oro al decir esto, clavando en el cochero
sus ojos, llevó la mano al bolsillo interior de su levita.
El cochero, inmóvil, miró á Llave de Oro con una
frialdad tan desdeñosa que hubiese desconcertado al
hombre más decidido. Pero el banquero era ya viejo
en estas lides, y dominando el despecho que el silencio y la mirada del cochero le producían, añadió con
rapidez:
- ¡Diez mil francos y vengan sus señas!
~¡ cochero entonces dijo sin inmutarse y permaneciendo en la misma inmovilidad desdeñosa:
- Si fuerais el rey, os diría que no perdieseis el

llegó en compañía de Gaultier, á quien solía llamársele
«el gascón de las buenas conquistas.» Gaultier era hijo de
una noble familia arruinada
de las proximidades de Bur·
deos. Había vuelto á París hacía próximamente dos meses
después de una larga ausencia muy comentada en el
mundo parisiense y explicada
de las más distintas maneras.
Según unos, la larga ausencia
de Gaultier había obedecido
á un duelo funesto en el que
el joven gascón dió muerte á
su adversario. Según otros,
Apunte al lápiz de D. José Cusachs
la ausencia había sido motivada· por deudas enormes.
Aún circulaba una tercera versión: Gaultier había huíLa emoción que estas palabras causaron en la jodo de la capital temiendo la venganza de un marido ven fué inmensa. Su rostro turbóse visiblemente. Perpor él ourlado en plena luna de miel. Como estos tres dió su mirada aquella vaga indiferencia que venía
hechos eran ciertos, quizás todos ellos habían contri- siendo el tormento y la desesperación de sus adorabuído á determinar la huída de Gaultier. Al reapare- dores.
cer éste en el Bosque, las grandes damas del fauGaultier se dió cuenta exacta del efecto enorme
bourg Saint-Germain disputábanse sus saludos. Gaul- que sus palabras habían producido, y al vislumbrar
tier era alto, moreno, airoso, de nariz aguileña y mi- la anhelada victoria, sus ánimos crecieron, la esperada fija y penetrante; nadie más diestro que él en el ranza le dió nuevo ;tliento; siguió varias tardes el
manejo de las armas, nadie más resuelto en un lance coche de cerca, con sus ojos clavados en aquella herde honor. Hasta su reputación moral detestable ser- mosura peregrina que se turbaba bajo la mirada ar·
víale de recomendación entre ciertas grandes damas diente y audaz del gascón, y por fin, una tarde, á los
del grandefaubourg. Y su reputación era detestable pocos días de haber murmurado al oído de la fascihasta el extremo de atribuírsele hechos de los más nadora beldad aquella frase mágica de tan singular
vergon~osos é ilícitos; pues Gaultier, tan arrogante y poder, vió Gaultier detenerse al pie de los altos ártan altivo en ~ctos donde ~l honor ó el amor propio boles de la avenida de la reina Margarita al coche
estaban públicamente en Juego, mostrábase insensi- de los caballos blancos y bajar de él por primera vez
ble á todo sentimiento el('.!vado siempre que las nece- á Resignación, que lanzó al obstinado jinete una misidades de su vida de disipación y de vicio obligá- rada furtiva. La joven se apartó algunos pasos de la
banle á buscar los recursos de que carecía para sos- grande avenida, penetrando por un camino donde el
tener aquella costosa existencia. La vanidad hacíale aire se impregnaba en el aroma de las lilas y de las
disimular en público lo que la constante necesidad flores de almendro, y su adorador, con suma destreza,
de dinero le obligaba á confesar en privado. Contá- precipitóse á su encuentro por un camino transversal,

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UNA PÁGINA DEL· ALBUM DE D, JOSÉ CUSACIIS

se apeó del caballo, se aproximó decidido á la joven
estrechando su mano temblorosa y volvió á repetir la
afortunada frase:
- ¡Resignación, rom~ tu cadena!
Ella toda desconcertada, creyendo 'descubierto el
secret~ que la encadenaba á la sombra y sin sospechar siquiera que el que murmuraba aquella frase
hubiera podido ver el cuadro hecho por encargo suyo
y enviado con dirección desconocida, rindiéndose,
no sólo al desfallecimiento moral producido por la
sorpresa de su secreto, sino algo también á la in-

fluencia de aquellos embriagadores efluvios que despedía la tierra, estableciendo poderosa corriente con
la de su sangre juvenil, cayó sin murmurar una sola
palabra en brazos de Gaultier, lanzando al aire un
hondo suspiro.
Pasada la emoción primera, Gaultier juró á Resig•
nación que aquella cadena invisible quedaría rota inmediatamente, aunque él tuviese que perder la cabeza, y que no reconocía á nadie poder sobre el mundo
para separarla ya nunca de él ni un solo momento.
Ansioso por proclamar su gloriosa conquista ante

sus rivales del París que ríe y goza, llevaba Gaultier á
Resi,rnación á los pocos instantes al Pavillon Royal,
mientras el coche de los caballos blancos la aguardaba pacientemente en la avenida de la Reina Margarita, donde lo sorprendió la noche con verdadero
asombro del cochero.
Caultier en su corto viaje de las inmediaciones de
la avenida de la Reina Margarita hasta el Pavillon
Royal hizo ver á Resignación el nuevo mundo de alegrías, de goces y de venturas sin cuento donde entraba, y antes de llegar al famoso punto de cita de la

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 501

juventud dorada de aquel tiempo, una vez ya venci- reza. El conde iba haciéndose un tanto escéptico.
dos los temores, las dudas y hasta el espanto con que Al verse, cuando terminó sus estudios, heredero de ideas con el soberbio ropaje de una obra maestra. En
la joven luchaba al aceptar aquel cambio brusco de un gran nombre y condenado á la pobreza más ab- el poema Los Gnomos de la Alhambra nada, pues,
existencia, oyó jurar á .Resignación que nunca más soluta, contrajo un matrimonio de esos á que se da contrariaba su manera de sentir el arte, á la que, por
volvería sus ojos hacia las negras tinieblas que dejaba el nombre de matrimonios de conveniencia. Tenía el contrario, se acomodaba con feliz coincidencia, y
á su espalda, y que desde entonces seguiría el camino una mujer frívola y vulgar á la que no amaba ni ha- para dar forma á su leyenda musical sólo tenía que
de la existencia mirando siempre adelante en compa- bía amado nunca. El conde halló en aquel matrimo- dejar correr la pluma traduciendo fielmente las concepciones que le acudían sin esfuerzo, dándole el
ñía de su libertador.
nio la satisfacción de las necesidades cuotidianas de
Para que la felicidad de Gaultier fuese más com- una existencia desahogada y brillante; pero aquella tono justo de lo que había de ser una obra que inpleta no se le veía á éste enriquecido sólo por el honda melancolía en que se impregnó siempre su es· terpretase el poema de Zorrilla.
Sólo con esta rara conformidad y coincidencia se
amor, sino que también otorgábale sus favores la for- píritu seguía dominándole y abrasábale el corazón
comprende que en los seis días transcurridos del 10
tuna. Desde el día siguiente á aquel en que el gascón una sed inextinguible y devoradora.
al 16 de mayo de 1889 pudieran ser compuestas y
llevó al Pavillon Royal á la joven codiciada, diríase
Gaultier, á los pocos días de aquella victoria de escritas las cincuenta páginas que ocupa la partitura
que Gaultier nadaba en la opulencia. Despilfarraba amor en París tan celebrada, llevó á su amigo al siel dinero, compraba joyas de gran valor y luda lujo- tio oculto donde guardaba á Resignación. Era un pe- en los borradores que tengo á la vista al trazar estas
sos trenes. Lo único que ocultaba era su conquista, queño hotel rodeado de frondosos árboles que casi se líneas El tiempo que ya aparece escaso para llenar
cual si temiera que al exhibirla fuese á perderla. Nin- escondían por completo, próximo al Bosque de Bolo- de notas menudas y compactas como granos de arena
guno sabía dónde Gaultier tenía oculta á Resignación, nia por el lado de Neuilly. Antes de entrar y al ver los veinte pentagramas de cada página, fué suficiente
excepto un amigo íntimo suyo, el único quizás á el hermoso jardín que rodeaba el hotel, dijo el conde para que la obra de Chapí tuviese vida, pasando, al
calor de un rapto genial de fiebre creadora, desde
quien el gascón quería y respetaba. Este amigo era de Etruria á Gaultier:
el no ser hasta la plenitud del más completo desel joven conde de Etruria, antiguo compañero de co- Veo que estás en fondos. Esto debe costarte arrollo.
legio de Gaultier. El conde era de naturaleza enfer- caro.
Porque, cosa extraña y acaso sin precedente en
miza y melancólica. Diríase que le consumía una fie- Las dichas, como las desdichas, vienen siempre
bre interior y secreta. Sus ojos, bañados de poética juntas, contestó Gaultier. A las pocas horas de ser obras de la magnitud de Los Gnomos de la Alhambra:
tristeza, miraban con frecuencia lánguidamente al in- mía Resignación gané en el círculo cuarenta mil fran- los borradores no son guiones donde la idea musical
está rápidamente- trazada con ligeras indicaciones de
finito cual si persiguiesen un ideal imposible.
cos. No lo divulgues, porque entonces una nube de
Gaultier conocía la causa de la tristeza del conde acreedores se me echará encima, y con cuarenta mil la armonía para abarcar en pocos instantes el conjunde Etruria; era éste el último vástago de una familia francos no tengo ni para empezar á pagar cuentas to de la composición que después habrá de ser instruque se extinguía, familia opulenta en otro tiempo y atrasadas ... Mas apartemos la mirada de las mise- mentada, ni instrumentación hecha sobre un plan
en otro país, que había tenido á sus pies á todo un rias de la vida; entra conmigo; vas á ver qué feliz indicador ya escrito. Los borradores abarcan la composición y la instrumentación, la idea y el desarrollo,
pueblo. Aquel pueblo vió arrebatada su nacionalidad, soy,
el alma y el cuerpo. Para comprender el inmenso esy la familia del conde había venido á perderse en el
Y Gaultier, empujando la puerta del hotel, la abrió
torbellino de la vida parisiense. Pasados los primeros y condujo á su amigo á un saloncito inmediato á la fuerzo intelectual y la admirable seguridad que esto
representa, basta recordar que en un álbum publicaaños, los años de las ilusiones, una vez desvanecido entrada donde Resignación aguardaba á su amante.
do en honor de Wagner se ven tres autógrafos del
el sueño de que aquel pueblo conquistado iba á reAl conde le pareció la joven misteriosa cien veces
cuperar en breve su independencia llamando de nue- más bella que cuando en el Bosque la veía de lejos gran músico contemporáneo correspondientes á un
vo á los reyes proscritos, éstos, después de agota- pasar rápida y fugitiva en su coche al trote de los mismo pasaje del Siegjried. El primero contiene
dos sus últimos recursos, tuvieron que irse á vivir á caballos. Si Gaultier no hubiera estado tan conmo- trazado con lápiz el germen de la idea, acompañado
una pequeña vitla de los alrededores de la capital, vido por la emoción que sentía y tan dominado por de un bajo cifrado en los sitios donde la armonía pucolocando en modestísimas pensiones á sus dos hijos, aquella satisfacción inmensa que embargaba su espí- diera ofrecerse dudosa ó extraña; el segundo, la misun niño y una niña de pocos años; la niña, menor ritu, en la que se mezclaban el amor y el orgullo, ma idea armonizada y con algunos diseños contraque su hermano, se llamaba Estela. La penuria llegó hubiese notado en la mirada del conde algo que po- puntísticos de los giros principales que han de lle\'ar
los instrumentos, anotados con letra menudísima en
á tal extremo, que ni aun en aquella morada humilde día inspirarle celos.
las márgenes del papel; y el tercero, la instrumentapudo la caduca familia errante continuar viviendo.
Cuando Gaultier dijo á su amada: Este es mi amiAntes de abandonarla, la reina de Etruria murió, go más leal, este es mi único amigo, el joven conde ción detallada y definitiva. Este sistema, el ordinavencida por el dolor; vendió el rey las alhajas que le sintió un estremecimiento indescriptible al estrechar riamente seguido en composiciones algo extensas por
quedaban de sus antepasados y no volvió á saberse en su mano la mano finísima de aquella mujer fasci- todos los compositores, aun los más expertos, no ponada de él en París. Los años transcurrieron; los nadora cuya hermosura había admirado ae lejos día servir al ilustre maestro español en el caso de Los
pobres niños, cada uno en su pensión, que el padre tantas veces, y le recordaba la clásica belleza de las Gnomos de la Alhambra por la escasez de tiempo que
pagaba con grandes dificultades y enorme retraso, mujeres del país donde nació, al cual quizás no vol- tenía para que su obra empezada en Barcelona el 10
de mayo estuviese en Granada el día 201 límite lijado
crecían haciendo esa vida triste del colegial interno vería nunca.
para la admisión en el concurso abierto con motivo
sin familia ni hogar. Un día el conde, cuando ya era
ERNESTO GARCÍA LADEVESE
de la coronación de Zorrilla, No había otro medio
mozo, recibió la noticia de que su padre y Estela
( Co,t.linuard)
que renunciar al boceto y aun al dibujo, empezando
embarcábanse para América donde un antiguo y leal
desde
luego á trazar pinceladas de color, vertiendo
súbdito que hizo en el Nuevo Mundo una gran forcon mano segura las líneas, las manchas y el clarotuna legó al morir á la familia real proscrita inLOS GNOMOS DE LA ALHAMBRA
obscuro.
mensas propiedades El viaje fué tan precipitado que
LEYENDA MUSICAL DEL l\lAESTRO CIIAPÍ
El examen atento de los borradores no deja lugar
ni hubo tiempo para que el joven pudiera despedirse
á duda alguna de que este es el procedimiento seguide su padre y de su hermana, á la que ya apenas
Cuando la poderosa imaginación del gran poeta
hubiera conocido después de tantos años de separa- congregaba en el recinto de la Alhambra todos los do; advirtiéndose no sólo las variaciones de color
instrumental de algunos pasajes, sino los arrepentición.
seres de las antiguas mitologías para que celebrasen
No volvió el conde de Etruria á recibir más noti- sus danzas enloquecedoras en los bosques de naran- mientos elocuentísimos, aunque en número escaso,
cias de su padre y de su hermana hasta que pasados jos, alegrasen con su canto las salas desiertas y vivi- en que varían, ya la frase, ya la marcha de su desarrovarios meses, durante los cuales estuvo en la mayor ficasen con las explosiones de su amor el ambiente llo. En el primer tiempo, por ejemplo, se encuentra
incertidumbre, recibió una carta en que se le decía reposado y frío del alcázar árabe, creaba el plan vasto una contestación al motivo, desechada con mano nerque su padre y Estela habían perecido en un naufra- y admirable de una obra musical. Los fantasmas evo- viosa que la cul.Jrjó de rayas y tachaduras, y á contigio. El firmante de la carta, .forge Enrie. que se sal- cados producían en su marcha murmullos misterio- nuación de la cual está escrita la contestación definivó del naufragio milagrosamente, les había visto mo- sos; sus voces guturales entonaban canciones jamás tiva. En el comienzo del segundo tiempo la variación
rir entre las olas después de intentar en vano pres- oídas y se unían en himnos de glorificación y alaban- es más importante, pues no sólo la versión primitiva
tarles socorro. Dentro de la carta, que le fué dirigida za; la quimérica orgía llenaba los ámbitos de alegría no contiene el acorde inicial, sino que está escrita en
al conde por conducto del director del colegio donde y de ruido hasta que la aurora aparecía en Oriente y re menor, y sólo después de veinte compases no aprose hallaba, iba una suma suficiente para pagar todos con su luz devolvía la calma y el silencio al regio vechados empieza en el mismo pliego y en tono de
los gastos que hiciera en el colegio hasta la termina- palacio cuyos moradores nocturnos huían ante los si menor un nuevo Conjuro con las notas límpidas del
arpa.
ción de sus estudios.
primeros rayos del sol naciente.
Como se ve, los emborronados papeles nos cuentan
El conde de Etruria y Gaultier eran dos caracteLa música palpitaba en el poema y sólo faltaba el
res completamente distintos; la ley de los contrastes genio revelador que le diese forma, traduciendo en en lenguaje, aunque mudo, expresivo é indubitable,
los había acercado el uno al otro; Gaultier, que á na- notas los rumores, las canciones en ritmos, en acen- la historia de las vacilaciones y las incertidumbres del
die tuvo respeto jamás, sentía por su amigo verdade- tos melódicos el lenguaje de los silfos y las ondinas compositor, de los momentos en que no acierta á trara veneración; ofale á lo mejor formular los juicios y sujetando á entonación y medida la confusión bu- ducir sus pensamientos y aquellos otros de divina
más duros sobre algunas de sus calaveradas, y el gas- lliciosa descrita por el poeta. Mas para acometer esta lucidez en que la pluma marcha segura sin arrepenticón las soportaba dando la razón con frecuencia á empresa, cuya mayor gloria estaba en la fidelidad de mientos páginas y páginas, hasta que el cansancio
su severo juez. El conde en cambio sentía por Gaul- la interpretación, se necesitaban cualidades que pocos vuelve á levantar diques ante la imaginación creado•
tier vivo afecto; halagábale su amor propio la humil- compositores, acaso ninguno en la época presente, ra del artista.
Una obra escrita en c;ondiciones tales que lo redad con que le distinguía quien tan indómito y tan reunen con la ponderación precisa para darle el feliz
insolente solía mostrarse con los demás. Cada uno término alcanzado por el más ilustre representan- pentizado había de ser definitivo, corría el peligro de
de los dos amigos tenía lo que le faltaba al otro: al te de la moderna escuela española: por Ruperto seguir el camino trillado y no separarse de lo vulgar
y sin trascendencia; pero el talento colosal del maesconde le faltaba arrojo, acción y algo de eso que Chapí.
tro Chapí no puede producir lo vulgar y trillado,
suele llamarse el sentimiento de la realidad; á Gaul,
Su fantasía de meridional criado entre los granatier faltábale sentido moral, cierta madurez de juicio dos y palmeras de nuestras regiones de Levante podía siendo su obra una de las más originales y audaces
que pueden concebirse.
•
y una noción exacta del honor.
dar á su composición el sabor marcadamente oriental
Porque audacia, seguridad de matices é inspiración
Desde algún tiempo antes que en París ocurriesen que convenía á una obra cuya acción se desarrollaba
lo, hechos que referimos, venía operándose una pro en el palacio de los antiguos dominadores árabes; la que arraigue en lo más hondo se necesita para escrifunda transformación en el carácter del conde de delicadeza de su organización poética le permitía bir la Ronda de los Gnomos, donde toda la extensión
Etruria Este era cada vez con Gaultier más indul- encontrar medios de describir los seres sutiles é in- del fragmento se escucha constantemente el mismo
gente y ya no reprobaba ciertos actos suyos que al- corpóreos de las mitologías septentrionales; la riqueza diseño melódico, revestido de una sonoridad siempre
gunos años atrás hubiera juzgado con la mayor du- y profundidad de sus medios técnicos vestirían sus obscura por mantenerse en la región grave, pero siempre bella y característica, contribuyendo cada instru-

NúMERO 501

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

CABALLERfA LIGERA,

mento al conjunto sin tundirse con los ~emás Y haciendo valer su matiz propio. Sólo el gen!o de C~ap{
y su admirable sentimiento de la proporción musical
pueden describir de una manera tan pmtoresca y e~acta la naturaleza de esos seres disformes y raquíticos
que habitan el interior de la tierra. Su ronda se anu?•
cia como un murmullo, y como un murmullo se ~leJ~
y desaparece, después de haber dado en su _proXJm1dad la sensación de una multitud que se agita en un
sitio profundo y cuyas voces llegan á nuestros oídos
sordas y veladas á través de la corteza terrestre.
Forma contraste con este número de tan extraño
carácter, gracioso y ligero, el Conjuro que si&amp;ue, en
que el rey de los gnomos convoca á los seres ideales

cuadro de D. José Cus11chs. (Salón Parés.)

de los viejos mitos para que reunidos en zambra incomparable agasajen f los reyes de los fantasmas
aéreos. Su voz dulce y soñadora en el corno. cn:ndo
ordena á los silfos que traigan de la selva _nusenores
que alegren la fiesta con sus cantos, adquiere ~~ los
violoncelos apasionados acentos cu_an_d~ se dmge á
las huríes de belleza inmaculada y vugm1dad eterna,
y se torna amenazadora y potente en e! metal cuando
evoca los pérfidos y chupadores vampuos, los monstruosos vestiglos y los endriagos de fo~mas horren~as.
Cada aparición se anuncia ~r el gnto de ¡Glona á
la Alhambra!; y cuando la multitud &lt;:ongregada escucha la arenga que, en_ la ~onori_dad compacta de la
cuerda, tiene persuasivas mfiex¡ones, prorrumpe en

'.AVAXZADAS DE CABALLF.RfA,

cuadro de D. José Cusachs

una explosión de entusiasmo donde todas las voces
de la orquesta entonan el grito triunfador.
Entonces surgen en medio del silencio los dulces
sonidos de las flautas y las arpas, acomp~ñados de sutiles pizzicatos de los violoncelos, ª°:unc1ando el Co~tejo de Titania y Oberón. Aquel. cooJunto. de son?n•
dades delicadísimas á que dan mcorpore1dad y ligereza las notas cristalinas del triángulo retrata fielmente á la reina de las sílfides, que ama la danza y
la música, que marcha sobre la hierba sin hollarla y
en lecho de flores sueña con la belleza y poesía,
gozando el amor inmortal de Oberón, _el b1enhecho_r
de los enamorados. En este trozo musical, que fascina y encanta como la aparición de Oberóo en el poe-

!ª

��490

LA

ma de Wieland, su·rge un tema español de ritmo originalísimo en que la Alhambra se manifiesta rodeada
de los misteriosos ruidos de sus bosques de álamos
y naranjos.
La fiesta de los espíritus está formada por un scherzo en que á los sonidos del cuerno de Oberón todos
los seres se sienten poseídos de desenfrenada alegría
y se entregan á todos los placeres, recorriendo en
danzas vertiginosas los vastos salones y los jardines
del alcázar. Cuando la laxitud del placer y la fatiga
de la carrera los detiene, se escuchan nuevamente
los alegres toques del cuerno de marfil, y todos vuelven á sentir la fiebre del placer y del movimiento.
Pero una línea blar,quecina se marca en Oriente.
Oberón agita su rama de lirios y la danza cesa; los
quiméricos seres se dispersan ante la luz y la melodía
baja de una manera rápida é impensada como los
gnomos á sus antros, mientras las escalas ascendentes de las flautas nos pintan la desaparición de Oberón y Titania, que con su séquito de silfos caminan
hacia la India atravesando los mares en tropel fantástico.
La Alhambra queda inhabitada y silenciosa. Una
frase llena de tranquilidad y frescura que pasa del
oboe á la trompa y á los violines en una modulación
admirablemente sentida, da noción de la luz y la belleza matinal, y entonces ante los esplendorosos rayos
del sol se oye resonar por última vez el grito triunfal
y glorificador.
La leyenda musical Los Gnomos de la Alhambra,
improvisación genial donde Ruperto Chapí ha sabido
encontrar las bellezas que aun después de profunda
meditación pocos compositores alcanzan, es algo más
que una concepción musical admirable. Es la prueba
del misterioso encadenamiento y del indestructible
engranaje con que están unidas la poesía y la música, merced á la cual se verifica la transmigración del
espíritu que late en los versos de Zorrilla á las notas
de Chapí, como si el poeta de las leyendas fantásticas legase el cetro de la poesía en manos de un artista más joven y de un arte cuyo poder empieza
donde acaba el pensamiento y la palabra.
MANUEL MANRIQUE DE LA,H

SECCIÓN AMERICANA
EL MANTÓN DE LA CONDESA

Vaya que puede ser cierto, y mucho que lo creo,
porque hay en América hembras capaces de hacerlo,
Y. toc~ndoles el amor propio digo, y me atengo á vanos ejemplos, que son capaces de inventar en casa
del diablo lo que á un hombre jamás se le hubiera
ocurrido.
Pinchen á una mujer americana en la negra honri_lla_ y verán lo gue salta: un ramalazo lleno de sal y
p_1mienta que deja más pasado á quien lo recibe que
s1 _le fuesen taladrando el cuerpo con una aguja de
enjalmar.
Antes de hablar de la condesa que reza el título
r~feriré un caso _que por haber ocurrido en país dis~
tmto y ent~e mujeres de diferente carácter, prueba
que para ciertas cosas todas las americanas tienen el
propio temple y calzan los mismos puntos.
Cuando en el Perú no había aquellas hermosas
líneas de ferrocarriles, aunque sí muchísimo más dinero del que hay ahora, iban las señoras desde la
capital á los cercanos puntos de recreo y aun á los
grandes viajes caballeras en sus magníficos caballos.
Chorrillos, que era para Lima el Baden, el Biarritz,
el San Sebastián y la Granja, recibía en su seno á las
hermosísimas mujeres que habían hecho de un pobre
puertecito de pescadores la. más elegante y fastuosa
residencia veraniega que hubo en el mundo de Colón y que podía competir con las más famosas del
continente viejo.
Entre las beldades que paseaban su lujo por Chorrillos había una que no gozaba fama de sobrado
pul~ra para su honra, y aunque de buena familia y
mu1er ~errochadora, motivo más que suficiente para
ser admirada, mostrábanse rehacías las señoras en tratarla, siquiera fuese porque en casa de la tal pasaban
alegr~mente el rato sus maridos y sus amantes. Salió
de Lima la hermosa, á quien llamaremos Isabel por
llamarle algo, y jinete en un corcel que valía mil pe
sos, con más oro y más plata en estribo, freno y montura que la que hace falta para comer un año en
casa de un pobre, encaminóse á su rancho del aristocrático
Chorrillos, seguida de un cholo, buen mozo1
•
•
suv1ente montado á guisa de vjeja castellana que lleva criado de confianza á retaguardia.
Llegó Isabel al Barranco y echó pie á tierra en un
sitio que parecía obligado apeadero de mujeres hermosas, á tiempo que una dama muy principal y de

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

las que más volvían la cara cuando la tropezaba de
frente ajustaba -con una india una cesta de magníficas uvas. Eran las primeras del año y la india pedía
dos pesos por la cestada.
- Te doy uno, dijo la dama.
- No puede ser mamai, respondió la vendedora.
- Pues son muy caras y no las quiero, repuso la
dama disponiéndose á volver á montar ayudada por
su criado.
Isabel, que había oído el regateo, adelantóse con
gran empaque, y dirigiendo una desdeñosa mirada á
la señora regatona, dijo con orgulloso tono: ,
- Trae, chola, yo te daré tres pesos, porque á mi
caballo le gustan mucho las uvas y quiero que las
pruebe antes que nadie.
Y conforme lo dijo lo hizo: mandó quitar el freno
al animal y ordenó que se le pusiese la cesta delante
para que comiese ó destrozase los dorados racimos.
Júzguese del pisto que llevaría la señora desairada,
que una vez sentada en la silla sali6 de estampía, sin
aguardar á que su criado le diese la última mano.
Saltemos, una vez dicho esto, á la tierra chilena,
en donde las mujeres no gozan la fama que á las limeñas sobra de saladas y retegraciosas; mas aunque
así sea, tienen su pedazo de cielo metido en el cuerpo,
y en cuanto á soberbia, váyales usted con desplantes
y saldrá con razón y justicia más trasquiladito que
aquel pelambrera que se fué por lana.
Dejó la colonia allá por Chile un tantico de apego
á las vejeces españolas, y aunque, como otras veces
he dicho,'van los hombres delante de muchos pueblos
en punto á leyes sabias y redentoras, quédanse las
damas un poco rezagadas, ya por innato orgullo de la
sangre altiva, ya por severidad de indómito carácter.
Es el caso que allí y también en el Perú, valgan
verdades, hay familias que á pesar de todo estiman
en muchísimo los rancios pergaminos de sus antepasados los viejos chapetones,
Entre las aristocráticas familias de Santiago de
Chile descollaba la condesa del Parral por el sostén
de su empingorotada alcurnia, por la servidumbre
de peluca empolvada y calzón corto y por los estiramientos con que solía pasar por delante de las otras
damas santiaguinas.
Era el conde un señor llano y conforme con el nuevo orden de cosas, tanto que de buena fe se había
metido de lleno en la patria nueva, sin que por esto
dejase de rendir el culto de los recuerdos á la época
feliz en que á su ilustre padre le llamaban excelencia.
De puertas afuera tampoco dejaba la del Parral
de cantar alabanzas á la independencia, pero no se
avenía de grado con que ni la república le respetase
el tratamiento ni las gentes le llamasen señora condesa.
Desquitábase con la servidumbre, y allí sí que andaba todo el mundo derecho como los husos.
Era el señor del Parral senador respetable por su
hombría de bien, y aunque no gozaba fama salomónica en la cámara alta, no dejaban de tenerle en mucho porque votaba siempre con arreglo á conciencia
y rompía su inveterado mutismo solamente para bien
del prójimo ó en provecho de la patria.
L\evábase lo mejor del mundo con otro senador
bonachón como él y como él casado con mujer que
había sabido amarrarse bien amarradita una prenda masculina que denota carácter y viril energía, cosa
más que rara en donde el hombre tiene la malísima
costumbre del español, de gallear por su cuenta y
erigirse en dueño sin consentir en ser esclavo siquiera
sea de femeniles tiranías.
¡Pícaros, más que pícaros!
Grandes fatigas pasaba el del Parral para que su
señora consintiese en hacer amistades con la esposa
de· su amigo, y éste á su vez interponía cuanta influencia casera poseía para que su conjunta persona
estrechase distancias con la condesa.
La senadora era hija de un prócer de la independencia, y tenía bien sabido que la del Parral había
llamado hambrientos y gentuza á los grandes hombres que acometieran la inmortal empresa de regenerar la patria.
- Que venga ella, decía.
- Pero hijita, si sabes que es así: al fin y al cabo
desciende de ...
- ¿De quién?, gritaba furiosa la patriota. Yo sí que
desciendo de perso_nas: ella de tontos. Pues qué, ¿no
saben hasta los chicos de la calle las necedades que
hada su padre? Déjeme de tonterías, amigo, y bien
está cada cual con su orgullo.
Pero es el caso que cuando mucho se machaca no
puede menos de modelarse el hierro, y convinieron
los m_~ridos respec~iv~__qu~ ~ - ~ía _del santo de la
condesa le enviarían un presente el senaaor y su señora, á cuya fineza contestaría la del Parral con una
galantísima invitación para el baile de la noche.

NúMERO 501

Admiti~ron el tratado las beligerantes, haciendo
cada mando la entusiasta apología de la mujer del
compañe¡o. Pero la verdad es que aunque á la del
senador no la disgustaba recibir invitación especial
de la condesa, no le hacía á ésta maldita la gracia
que hollase los tapices de sus regios salones aquella
advenediza que tan altaneramente pasaba por su
lado.
Llegó la mañana del día señalado, y ya en casa del
senador había dispuestos una docena de azafates de
plata llenos de mixtura de flores, encajes, cristales de
Bohemia, joyas y sabe Dios.cuáJ1tos objetos de valor
~~ra_ordinario. El sen~dor veía lleno de gozo aquel
despilfarro de su muJer, y ésta gastaba sin tasa con
tal de sorprender á la condesa con un presente que
no podía menos de asombrarla. Estaba ella muy segu_ra que con semejante introducción todos los agasa1os de la noche habían de ser para SI! espléndida
persona.
~abía señalado la senadora la una de la tarde para
enviar sus regalos, y á las diez de la mañana salió á
misa como de costumbre, entrando á la vuelta en la
t~enda de más lujo que por entonces había en Santiago. Apenas estaba dentro apareció también la cond~sa tan empingorotada y erguida como siempre:
bien ?bservó la del senador que con el rabillo del ojo
la mirara la del Parral y también se le ocurrió que
podía haberla saludado con una inclinación de cabeza, ya que faltaban pocas horas para que según deseo
de los respectivos maridos se convirtieran en amigas.
Había encargado la condesa un mantón de Manila al comerciante, y éste, creyendo hacer con tales
p'.endas un buen negocio, pidiera una docena, supomendo que cosa llevada en Santiago por la del Parral no podía menos de ser imitada con furor.
Escogió la condesa el que le gustó más, pero mostróse asombrada de su precio: costaba doce onzas de
oro, cantidad que le pareció excesiva. Ni con razones
ni si~ _ellas fué fácil de convencer, y salió de la tienda diciendo que podían vender el mantón. Pero salió
tan tiesa como había entrado sin inclinar la cabeza
para sa~udar á la del senador, que de propio intento ·
no hab1a querido marcharse y descaradamente la
miró cuando salía.
- Esta necia no quiere saludarme hasta no recibir
el regalo, para no ser la primera, pensó la senadora;
pues yo te daré saludo.
Levantóse de donde estaba y se acercó al dueño
de_ la tienda, que lamentaba el percance; miró los
panolones y ordenó que se los enviasen todos pues
era ~na ~olección que le gustaba, .y no se ocdpó de
~eba3ar m un peso de las 144 onzas que los pañuelos
importaban.
A la una en punto salían de la casa del senador
doce criadas ricamente vestidas y envueltas cada una
en su respectivo mantón de Manila, y serias, graves,
como convenía á los espléndidos regalos que cada
c~al en su azafate llevaba, se pusieron en fila obedeciendo órdenes recibidas, y así llegaron al palacio de
la condesa, que poco le faltó para caerse muerta de
coraje al comprender la muchísima altivez con que
era tratada.
No se le ocultó á la del Parral que picada la del
senador por su tiesura de la maña¡:¡a había querido
avergonzarla, pero comprendió también que si tomaba
la cosa _Por el lado que abrasaba acabaría por perder
la part1da: ella tenía muchos pergaminos y más orgullo que papelotes todavía; pero la otra ... la otra
pesaba las onzas de oro para no entretenerse en contarlas.
La condesa del Parral tuvo que bajarse de la parra y deshacerse en finezas con su enemiga.
EVA CANEL

NUESTROS GRABADOS
Las doradoras, cuadro de D. Manuel Cusí

adquirido por el Ayuntamiento de Barcelona. - Bello es e'l
cuadro q~e bajo el titulo de Las doradoras ha expuesto Manuel Cus1 en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona, al que ha cabido la distinción de ser premiado por el
Jurado calificador y adquirido por el Excmo. Ayuntamiento
para_ figurar en el naciente Museo municipal. Hemos tenido
ocasión d~ celebrar varias veces sus bellas cabecitas de mujer
y las. graciosas figurillas de flamencas pintadas con gracioso
~o~a1re y verdad de tonos simpáticos y agradables; pero su
ulumo henzo excede en mérito á todos los que hasta ahora ha
producido su brillante ¡,aleta. Acusa desde luego un adelanto,
un progreso sensible y una victoria alcanzada por el artista,
tanto en la composición como en la interpretación de la tona¡idad.

JABON REAL
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NÚMERO 501

49 1

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CONT INUACIÓN)

Gilberto rompió el silencio al fin con tono jovial.
- ¿Y me revelará usted ahora, preguntó, el gran secreto?
- ¿Qué secreto?
- Usted tenía otras razones para inducirme á venir ...
La vizcondesa dió algunos pasos con la cabeza inclinada, como si vacilase en
hacer la confidencia; pero después se decidió.
- Se trata de Pedro, dijo. Hace algún tiempo que me inquieta, y cuando me
habló de escribir á usted, le recomendé mucho que lo hiciera, porque veía todo
el buen efecto que en él produciría la llegada de usted y su influencia ...
- ¿Mi influencia? ... Ninguna tengo sobre él.
- ¡Sí!, la tiene usted ... y es preciso que la tenga ... ¿No es usted por ventura
su más fiel y antiguo amigo? ... Por otra parte, usted es ahora hombre de reflexión, una persona formal; mientras que él no ha dejado de ser un niño. El infeliz quisiera rehacer su fortuna; tiene amor propio y se mueve mucho ... pero
dudo de que lo consiga. Sin embargo, no es esto lo más terrible; sus ocupaciones le matan, padece sofocaciones, se queja del corazón, y no quiere consultar
al médico, sin duda porque se cree muy robusto. Le confieso á usted que en
los momentos de crisis me espanta ... Este género de vida y sus quebraderos de
cabeza son la.causa de todo. En las correrías que se ve obligado á hacer por los
alrededores se gasta, se fatiga y se entrega á excesos ... no por su gusto, segura
estoy de ello, sino por necesidad, en el trato de las personas con quienes ha de
mezclarse por cuestión de sus asuntos ... Tal vez quisiera aturdirse, olvidar su
situación, la ruina de sus hijos, la pérdida de toda nuestra fortuna ...
- ¿No le queda, pues, nada?, repuso Gilberto. Yo creía zanjadas sus deudas ...
Dispénseme usted; le aseguro á usted que solamente el interés que me ins·
pira ...
- Ya lo sé ... Por eso no le oculto á usted nada. Apenas nos quedan algunos
centenares de miles de pesetas ... esta finca de Cbatillón, que hemos arrendado
tierras y castillo, y de cuyo producto vivimos ahora; y aun la mejor parte se va
en las negociaciones de Pedro. El palacio de la calle de Babilonia, que formaba parte de mi dote, ha sido vendido; con él se han pagado algunas de nuestras
deudas ...
- Pero cuando menos heredarán ustedes el patrimonio de Mareuil, repuso
Gilberto, y esto representa todavía una fortuna ...
- Mareuil no será ya para nosotros. Al afectuarse mi enlace, la marquesa nos
cedió la nuda propiedad de esta finca, pero reservándose el usufructo durante
su vida, y Pedro la ha hipotecado ... cierto que por menos de su valor, pues esas
extensas tierras son difíciles de vender: apenas se cuentan por nada las construcciones, y el día que se trate de ajustar cuentas, será forzoso darlas á muy
bajo precio ... Ya comprenderá usted cuánto tiene de aterradora semejante perspectiva y que el porvenir de nuestros hijos está comprometido ... y no se le ocultará tampoco que semejantes reflexiones, siempre en el pensamient.o, deben causar estragos en el ánimo de Pedro, angustiándole el corazón ... Pues bien: us-

ted, que es su amigo, puede salvarle: viva con él y no le abandone, porque viéndole ocupado en cosas formales, tal vez renuncie á su actual género de vida.
¡Hágalo usted por mí y le quedaré muy agradecida! ...
Blanca se detuvo y miró á Gilberto con triste sonrisa. Había tanta gracia conmovedora en aquella súplica, que aquél se sintió enternecido; una fiebre de abnegación invadió su alma y prometió todo cuanto ella quiso.
- ¡Gracias!, exclamó Blanca. ¡Qué bueno es usted! Ya sabía yo que lo era ...
Los dos estaban muy conmovidos y dieron fin á su paseo sin que entre ellos
se cruzasen más palabras.
Una vez en su cuarto, Gilberto reflexionó sobre lo que acababa de oir y sintió profunda compasión hacia aquella mujer que había conocido tan envidiada
de todos y ahora víctima de la desgracia. Su sufrimiento aumentaba al pensar
que el hombre á quien más quería en el mundo, Pedro de Cabro!, era causante
de aquella ruina. Su corazón estaba penosamente oprimido, desgarrado por todos
los motivos de queja que contra él tenía, sin que estos motivos pudieran debilitar
una amistad tan antigua, y condolíale sobre todo que la víctima fuese precisamente la mujer á quien hubiera querido ver feliz.
Todo esto no disminuía la admiración que le inspiraba Blanca; y el patrimonio de Chatillón y el castillo de Mareuil, aunque sobrecargados de hipotecas,
conservaban en sus recuerdos todo su prestigio, que se reflejaba en la vizcondesa de Cabro!. Aquel magnífico marco cuadraba bien á semejante mujer, y
Gilberto no podía pensar sin dolor que fuese posible arrebatárselo.
Sin embargo, en medio de su pesar, producíale una alegría secreta ser confidente de Blanca y asociarse á ella en beneficio de Pedro; pero desconfiaba del
resultado, y sin esperanza de conseguir el fin resolvió seguir la línea de conducta trazada por la vizcondesa. Al resignarse á un género de vida tan poco
conforme con sus gustos, renunciaba por algún tiempo á las ilusiones amorosas
que le habían atraído á Mareuil; pero comprendía que este mismo rodeo le con·
&lt;luciría de nuevo muy pronto hacia Blanca, y más digno de ella, puesto que
obraba así solamente por complacerla. De este modo los elementos de mutua
inteligencia entre los dos aumentarían considerablemente.
VI
Gilberto, pues, comenzó á seguirá Pedro en sus correrías por los alrededores.
La estación de la éaza había comenzado ya, por lo cual visitaron á los Selligny
y al conde de Bagrassand, en cuya casa eran las reuniones más numerosas.
Gilberto vió allí lo que valía una gran fortuna noblemente gastada. El conde,
aunque viudo, recibía mucha gente y el castillo de "ta Rivoironne estaba entonces bajo el mismo pie en que le puso desde los primeros días de su matrimonio.
Sin embargo, allí no se derrochaba el dinero ni se hada ostentación de mal gusto; pero las rentas del conde eran suficientes para todo, y éste no escatimaba lo
mas mínimo en lo que podía contribuir al recreo de sus huéspedes. Sus tierras

�49 2

LA

}LUSTRACIÓN ARTISTICA

de caza exter;idíanse por los cerros inmediatos y la llanura hasta lo infinito; sus
fincas no podían contarse, pues cubrían todo el distrito y decíase que sus rentas
subían á algunos millones. A pesar de esta fortuna inmensa, habíase conservado
modesto y muy sencillo, sin enorgullecerse por los honores que sin pretenderlos
se le ofrecían: presidente de la Sociedad de carreras que acababa de fundarse
en el distrito, de los Sindicatos agrícolas, etc., habíanle ofrecido la diputación;
mas no quiso aceptarla. Aquel hombre de mundo, no obstante, era político y
orador; pero mantenhse obscuro, y la gloria parlamentaria no le tentó nunca. Siéndole tan fácil residir en París, prefería permanecer en su casa y en sus tierras
como un barón feudal de los antiguos tiempos.
Laura de Bagrassand, niña de diez años, circulaba entre los grugos, dándose
la importancia de ama de casa, festejada por cuantos la veían y mimada por su
padre.
El conde tenía las mayores atenciones con Pedro, á quien hacía sentar á su
lado; agradábale su locuacidad y se lo dispensaba todo; tampoco se olvidaba de
Gilberto, pues recordaba las relaciones que habían tenido en París en una circunstancia delicada y el servicio que entonces le prestó.
Por eso quería hacerle valer, empujarle; pero el joven sabio no brillaba en sus
reuniones. Comprendía que era necesario haber nacido entre aquella sociedad,
que desconocía en absoluto hasta en su lenguaje, para disfrutar de sus costumbres, de su conversación y de sus distracciones.
No teniendo, como Pedro, el recurso de beber mucho é impunemente ni la
gloria de ser el mejor tirador, se aburría; así es que vió con gusto el término de
esa enojosa serie de invitaciones.
Estos placeres no impedían al vizconde de Cabro! ocuparse de sus asuntos:
marchaba con regularidad los lunes al mercado de Blatigny, y á veces prolongábase su ausencia algunos días, porque iba á recorrer otras ferias y mercados.
En la primera ocasión que Gilberto le acompañó, tuvo la clave de lo que Pedro llamaba sus negocios: cierto que trataba de hacer su fortuna, poniendo en
tal empeño ese ardimiento exasperado de los hombres á quienes la pasión del
lucro excita tardíamente; pero por desgracia no había elegido el medio más seguro ni el menos expuesto á pérdidas. Adoptó el que estaba á su alcance y el
que mejor entendía: aficionado á los caballos é inteligente en esta materia vió
en esto un negocio de grandes ganancias. Por lo demás, practicaba muy noblemente el oficio de chalán procediendo de modo que no apareciese con el carácter de tal.
Se comía alegremente en Blatigny, en el hotel principal, lleno en aquellos
días de propietarios campesinos; Pedro, conocido de todos, distribuía apretones
de manos á diestro y siniestro, y después seguíanse los interminables paseos por
el campo de la feria y las prolongadas estaciones en los cafés, en medio del barullo de las discusiones y entre oleadas de cerveza.
Gilberto, obligado á seguirle y á beber, admiraba que en semejante centro no
perdiese su amigo nada de su distinción No difería apenas de los demás por el
traje; llevaba el hongo de castor blando, y expresábase en el mismo lenguaje de
aquella gente; bebía como los otros y pagaba más generosamente. Sin embargo,
distinguíase entre todos por no sé qué de caballeresco que se notaba en sus
maneras y conservaba su ascendiente entre aquellos hombres, que le trataban
de vizconde sin la menor expresión irónica. De vez en cuando salía para ir á dar
una vuelta por el mercado.
Cierto día que Gilberto seguía sus pasos, vióle bajo los árboles que flanqueaban la plaza en el momento en que parecía estar á punto de hablar con una
joven. Era una rubia de facciones finas y delicadas, y al notar que se fijaban en
ella, dirigió una mirada á Gilberto con esa desenvoltura provocativa propia de
una mujer de fácil conquista. Pedro siguió la dirección de sus miradas y disgustóle al parecer que se le viera e11 compañía de la joven. Sin embargo, no se trató del incidente entre los dos amigos. pues Gilberto no pensaba que sus compromisos con la vizcondesa le obligaran á molestar á Pedro en semejante
asunto.
Regresaban tarde por la noche, y Pedro, muy animado, hostigaba alegremente
á los caballos.
¡Ya ves con qué gente se ha de tratar!, exclamó de pronto; pero desde el
momento en que se gana dinero, es preciso no quejarse ... y yo le gano.
Gilberto temía que las numerosas lipaciones fuesen causa de que su amigo
viese las cosas al través de un prisma tan agradable.
- ¿No habría medio, insinuó Gilberto dulcemente, de beber menos y de hacer
igualmente bu'!nos negocios?
- ¡ Bah! Esto no puede ser ... Así se procede en provincia, y no se trata nada
sino con el vaso en la mano.
- ¿Y no temes que te haga daño la bebida?
- ¿Daño? ¡Vaya una ocurrencia!
Gilberto procuraba asf, tímidamente, conformarse con las indicaciones de
Blanca de Cabro!; pero sus tentativas de conversación no pasaron de esto. No
ejercía influencia alguna en el ánimo de Pedro, al que había subordinado en
cierto modo el suyo en la superstición de su juventud. Desde aquel tiempo
lejano en que no tenían más que un corazón y un pensamiento, uno y otro siguieron tan diferente camino, que ya no existía entre ellos la menor comunidad
de ideas. El estudio, las reflexiones, las continuas lecturas, separaron más á Gilberto de su amigo, estableciéndose entre los dos un divorcio intelectual; comprendíanlo instintivamente, y sus conversaciones no eran nunca largas.
Al día siguiente de sus visitas al mercado, Pedro se quejaba de sofocación;
su corazón latía apresuradamente, y érale preciso guardar cama; pero levantábase curado, más alegre y fuerte que nunca, dispuesto á comenzar otra vez y
con entera confianza en el vigor de su constitución.
La vizcondesa acabó por notar la repugnancia de Gilberto á continuar semejante género de vida, y dispensóle del servicio de.acompañar á su esposo. Por
lo demás, Blanca era feliz entonces; en sus últimas excursiones de fin de otoño,
Pe~ro había ganado una suma importante y, como para la mayor parte de las
mujeres, el buen éxito era para ella un argumento sin réplica. Su esposo, pues,
no hacía mal en agitarse tanto, ocupándose solamente de caballos, puesto que
ofrecían la probabilidad de obtener semejantes ganancias. Al fin llegó el invierno y las ausencias del vizconde dejaron de ser tan frecuentes.
La vida en el castillo fué entonces muy retirada; la familia se reunía para
distraerse en las largas veladas, y deslizábanse las horas en más estrecha intimidad. La buena inteligencia para conseguir un fin dado y el mismo pensamiento
dominante en la vizcondesa y en Gilberto para arrancar á Pedro de sus desórdenes establecían entre los dos, durante aquellas noches, dulces y misteriosas

NúMERO 501

relaciones. Blanca y Gilberto se comprendían con una n,irada, y la menor frase
tenía para ellos significaciones que pasaban inadvertidas para los demás.
La vizcondesa se ocupaba con la señorita de Sainte Severe en labores de
aguja; mientras que los niños se revolcaban en la alfombra á su alrededor. El
padre Souchón iba todas las noches á jugar su partida con la marquesa, y una
vez terminada, la anciana, que seguía madrugando, comenzaba á dormitar junto
á la chimenea, sin que la molestasen los gritos de los niños ni el rumor de las
conversaciones. Entonces comenzaba la discusión entre el cura y Gilberto sobre
asuntos teológicos.
El sacerdote, grueso y de pequeña estatura, distinguíase por su expresión inteligente y sus sencillas costumbres casi humiláes, y salvo la glotonería, reconocíanse en él todas las virtudes de su estado; tenía un carácti:r muy benévolo y
habíanle dado el sobrenombre de «vicario de la marquesa.» Esta última era en
rigor el verdadero párroco, pues resolvía soberanamente sobre los asuntos de la
parroquia. Habíale conocido de niño en una de sus granjas, observó en el chico
felices disposiciones, interesóse por él, é inclinóle á seguir la carrera del sacerdocio, Más tarde le reclamó al obispo para el curato de Mareuil, al morir su
predecesor; y puesto así en contacto con el mundo, aquel hijo de aldeanos se
pulimentó, pero sin que se desarrollara su inteligencia, pues fuera de su catecismo no tenía noción de muchas cosas. Cuando supo que Gilberto se ocupaba
de la historia de los papas, creyó que era alguna apología y no dudó de su celo
piadoso; pero mejor informado después, la tibieza del panegirista le extrañó un
poco. Por esto entablaba á menudo discusión sobre materias de fe y de filcsoffa.
- ¿Pero cómo explica usted, dijo una vez, que el mundo se haya hecho por
sí solo?
Advierta que yo no explico nada, señor cura ...
Gilberto se guardaba de atacarle de frente delante de las personas que les
oían, pues había reconocido muy pronto que en nuestro tiempo la alta sociedad
y la nobleza hacen de la religión causa propia, y que atacar el dogma es como
perjudicarlos en sus intereses y atentar contra sus bienes. Sin embargo, á pesar
suyo, algunas veces iba demasiado lejos y entonces empeñábanse interesantes
debates, en los qce la señorita de Sainte-Severe y hasta Blanca de Cabro! acudían en socorro del pobre cui:a casi derrotado.
Pedro, sin tomar parte alguna en la discusión, de pie en medio de la sala,
con las manos en los bolsillos del pantalón, limitábase á estimular á Gilberto
con una sonrisa. fijando en él sus ojos brillantes y muy satisfecho de sus contestaciones. Había dejado poco á poco en Saint·Cyr y en el regimiento, así como
en el período en que hacía ostentación de su fortuna, toda la provisión de buenos preceptos que le habían inculcado los padres de Estanislao, y tenía afligidas á aquellas señoras con su completo descuido de las prácticas religiosas. Esquivábase siempre de ellas cuando iban el domingo á la iglesia de MareuH á
oir misa, acompañadas de la anciana marquesa, que se hacía llevar en coche.
En tales días, Pedro se despertaba tarde, y excusáliase diciendo que tenía jaqueca.
En ciertas ocasiones el rumor de las voces aumentaba de tal modo, que la
marquesa se despertaba, y entonces, á fin de cortar la palabra á Gilberto, Blanca, que había echado de ver las consideraciones que á su abuela guardaba para
conservar sus simpatías, exclamaba á manera de conclusión:
- ¡En resumen, el señor de Maujeán es un incrédulo!
- No lo creo, decía la marquesa, que no había oído ni una sola frase de la
discusión. ¡Es demasiado buen muchacho para eso!
Algunas noches, hallándose todos reunidos, cuando el viento silbaba sordamente, introduciéndose por el cañón de la chimenea, y cuando la nieve se arremolinaba fuera del castillo, oíase de repente á los perros ladrar, la verja giraba
sobre sus goznes y percibíase el rumor de pisadas de caballos en el pavimento
del patio.
- ¡Ahí está Bagrassand', exclamaba Pedro. Sólo él es capaz de venir átales
horas y con semejante tiempo ...
CilbertQ y él se precipitaban hacia el vestíbulo y entreabrían la puerta del
patio: era, en efecto, el conde de Bagrassand, seguido de dos picadores, cuyos
caballos relinchaban impacientes á la luz de las linternas.
El conde entraba riéndose de su escapatoria, con el rostro hinchado á causa
del frío, y su espesa barba negra moteada de partículas de nieve; SJ!ntábase un
momento en el vestíbulo, mientras que el ayuda de cámara le quitaba la pelliza
y las· polainas forradas de piel, y después de preguntar dónde estaban las señoras, presentábase á ellas con su irreprochable levita que tan bien sentaba á su
arrogante y hermosa figura. Al verle aparecer, todas le saludaban con exclamaciones de sorpresa y alegría. Tal vez le hubiera agradado más que nada permanecer en el salón, hablando con la marquesa, con Blanca de Cabrol y con la
señorita de Sainte-Severe; mas Pedro le conducía pronto á otra pieza donde
había siempre una inmensa estufa encendida, y allí hablaban de c;aballos, carreras, apuestas, etc., fumando y bebiendo. Gilberto, obligado á permanecer en su
compañía, procuraba reprimir sus bostezos, esperando con impaciencia á que
se decidiesen á volver al salón.
Si la tempestad redoblaba, invitaban al conde á dormir en el castillo; hacíase
de rogar un poco; pero al fin consentía, quedándose también el padre Souchón.
Cuando volvió la primavera, las salidas de Pedro comenzaron de nuevo y la
vida en el castillo fué menos retirada.
Gilberto saludó alegremente la vuelta de los días largos, como si con cada
sol sintiera renacer sus esperanzas; y la vizcondesa parecía experimentar análoga
impresión. Habíala visto triste durante el invierno, con el brillo de sus ojos
velado algunas veces, la mirada distraída y con cierta dejadez que par~cía enervarla. Ahora, la sonrisa entreabría de nuevo sus labios; sus ojos, al fijarse en
Gilberto, brillaban con expresión misteriosa; parecía más enérgica y más joven
y como atormentada por el deseo de sacudir el exceso de vida que había en ella.
Salían juntos é iban á p1sear por los alrededores, conquistando así día por
día, casi sin darse cuenta de ello y sin que á nadie pudiera chocarle, por lo
mismo que se hacía insensiblemente, la mutua libertad con que se trataban.
Pedro hubiera sido el último en extrañarse de ello y el único también que habría
tenido derecho para mostrarse sorprendido; mas, por otra parte, casi siempre
estaba ausente.
La vizcondesa de Cabro! comprendía que nada debía temer. Si sospechaba el
amor de Gilberto - estas cosas no escapan apenas á la penetración femenina, Y él había cometido suficientes imprudencias para descubrirse, - también·
tenía corcto una intuición de que este amor se había calmado y de que Gilberto

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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NúMERO 501

vivido su abuelo. Era preciso que desde aq~el momento
estuviese bien seguro de que nada le reba1aría ya á los
ojos de la vizcondesa de Cabro!, pues al senalarle desde
lejos la aldea, no vaciló en hablarle del compadre Maujeán, aquel que no sabía leer.. . .
.
Entonces la vizondesa le p1d1ó inforr_nes sobre su fa~1lia, cosa que no había hecho nunca. G1l?erto_ sedextendió
en muchos detalles, refiriéndose al matnmomo e su ~adre aquella mujer tan bondadosa, que después de so~ar
co~ la nobleza, se casó con el sustituto ~aujeán; también
habló del padre de este último, que_ ~ra in!end~nte; Y así
llegaron á descubrir que aque_lla familia extinguida, en cuyos negocios entendió este último, estaba emp_aren~ada con
la vizcondesa. Refirióse igualmente al prop1etar!o de la
granja de la llanura de Chatillón, que fué el ~n~~ro en
tomar posesión de aquel ~uelo y que en un pnnc1p10 habitaba allí removiendo la tierra con sus manos.
La vizcondesa escuchaba con el interés que se presta á
la lectura de una novela, y en aquel instante parecíale á
Gilberto que era para ella uno de esos hér~es que borra~
\
con el prestigio de sus aventuras la vulgaridad de su ongen. Sentía renacer en él la fuerza de todos aquellos hombres que Je habían precedido. legándole con s_u sangre su
sana inteligencia, el equilibrio de su_ salud física y r_no_ra 1,
y en aquella sangre había en aquel mstant~ tal ard1m1ento por el sacrificio, tanta sed de abneg~c1ón, que no 1~
costaba nada humillarse ante la descendiente de los anti·
guos señores de la Fonfreyde, él, nieto de uno de sus
siervos.
fi" d
¡¡
Las miradas de la vizcondesa se habían ja o en e ejano campanario, y
durante un minuto
observóle con expresión meditabunda.
Aficionado Pedro á los caballos, é inteligente en esta materia, vi6 en ello un negocio de grandes ganancias
- Será preciso
que vaya á visitar
p
t b la ese lugar, dijo al fin levantándose.
contentaba con vivir constantemente cerca de ella, or eso mos ra a
- ¿Qué ... no conoce usted ese caserío
or confianza durante aquellos paseos, en los cuales Gilb~rto no se pr~pasó cuyo nombre lleva?, preguntó Gilberto.
nu~ca á decir ni hacer nada que pudiese desvanecer aqu~lla idea de segur!dad. ¿No ha estado usted allí nunca?
Poco á poco, sin embargo, comenzaron á ~er más atrev1~os, y sus excurs1on~s
- Jamás.
.
e prolongaban á mayor distancia: en el carmno por donde iban había una granja
Con esto volvieron á tomar el camino
~ h bitada una especie de cobertizo abierto, donde se detenían cuando _les sor· del castillo. Hubiérase dicho que enton1~e~dfa el ~al tiempo, y que habían bautiz~do con el nombre de _«estación del ces conociendo ya los secretos de Gil~escanso·&gt; algunos troncos de árboles dernbados servían de_ asiento,. y aquel be;to y juzgándole mejor, su intimidad
Ju ar era'el término de su excursión cuando no se proponían ir muy lejos.
se acrecentaba. Estas confidencias habían
gCierto día dejaron muy atrás la granja abandon~da, y después d~ ~ar la vuel- excitado en ella el deseo de hacer otras
ta á varias colinas franquearon la última, que dominaba todo el p_ais, sentáronse semejantes, y habló largamente de todo
sobre el césped, y' mientras tomaban aliento dejaron vagar s~s miradas por los su parentesco. Hizo mención de_ algunas
alrededores. Las montañas '1Ue al Norte interceptaban el horizonte, entreabrían- alianzas desiguales y recordó vano_s lunase frente á ellos, Y desde el sitio donde se bailaban podíanb ver¡algun_o deslos
se res, como para igualar_se. con G1lberto,
llecitos
que
entre
los
montes
se
abrían
y
los
picos
que
so
re
os
mismo
via ban En uno de éstos en el más alto, distinguíase vagamente, contrastando impulsada pór un sent1m1ento generoso,
e eva .
,
.ó
d d
suponiendo tal vez _que c?n tales ~on~por su blancura con el fondo negro de la roca, una construcc1 n cua ra ª: d siones suprimía las d1stanc1as, aprox1mánGilberto orientándose poco á poco, acabó por r_econocer el campanano e dole más á ella.
la Fonfreyde, aquel pueblecillo perdido en las últimas cumbres, donde había
De este modo, Gilberto hacía diaria• mente nuevos progresos en su trato con
la vizcondesa, señalándose para él cada
hora con una nueva felicidad. La vida era
dulce para él, fácil de sobrellevar y sentfala deslizarse sin sacudida en una embriaguez uniforme. Si el amor id~al existe, si es una pasión pura, despo1ada d~
la fiebre de los sentidos, éralo el sentimiento que entonces. experimentaba. _Y
f:&gt;.
hubiera pasado su vida cerca de la viz(
condesa contemplándola y oyéndola,com\...../
placiéndose en su sonrisa sin pedirle nada; pero las cosas no de~ían quedar así. ... presentábase á ellas el conde con su
Cierta tarde habían sahdo como de cosirreprochable levita
tumbre, y siguiendo la lfne~de los cer!os
llegaron al punto que domma el cammo
.
.
de Blatigny, cortando el puente del Herblette. Sentados sobre la hierba! al abng.o de un grupo de encinas que coronaban aquella cumbre, veían l_a mme~sa
llanura que se desarrollaba á sus pies, con sus grandes cuadros de tierra ro11za
unos, que el arado acababa _de surcar,. y teñidos de ver~e otros, en los cuales
ondulaban las espigas de tngo. También atraían sus muadas las prolongadas
líneas de álamos que flanqueaban las corrientes de agua. Más _cerca de ellos, en
el camino de ordinario desierto, veíanse algunos aldeanos que iban ó venían del
mercado que se celebraba todos los lunes; hada un día hermoso, y la atmósfera
estaba serena, aunque algo caldeada por. u_no de esos ~o~es de abril cuyos rayos
se deslizan suaves como la seda y acanc1an con su tibio calor. Blanca, con el
rostro animado por la agitación del paseo y regocijada sin duda al observar
tanta alegría á su alrededor, hablaba mucho, sin fijarse al parecer en el éxtasis
que su vista producía en Gilberto. Apoyado en un árbol,~ un paso de ella, contemplábala en silencio; jamás la había visto ta~ hermosa ~1 tan de cerca, en plena luz y hasta hubiera podido contar los granitos de su ~1el.
.
De repente, Blanca se interrumpió para escuchar el ruido de un carruaje que
bajaba por el camino de Mareuil y que no tardó en aparecer. Entonces recon?cieron á Pedro en su cabriolé inglés, aquel vehículo de dos grandes ruedas, sm
capota ni alero, que él mismo conducía cuando iba_solo á Blatign,r,
Su presencia no les sorprendió, pues habfanle deJado ~n el castillo, donde s~
quedó aquel día contra lo que acostumbraba, y ya se disponían á llamarle agitando alegrementP. sus pañuelos cuando pasara cerca; pero llegado á un cruce
del camino, en vez de dirigirse hacia Blatigny, lanzó su caballo por la derecha.

:1

s..

El conde entraba riéndose de su escapatoria con el ro;tro hinchado por el frlo, ..

( Co11/i1111ará)

�LA

494

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 501

LA

NúMERO 501

presentada en el grabado n.' 2, que constituyen el
fermento butírico. Abandonado el experimento durante alguno's días, podrá notarse al cabo de ellos la
LOS MICROBIOS DE LA TIERRA
completa desaparición del azúcar y la presencia en
El doctor Cartaz ha publicado recientemente en cantidades ya considerables de ácido acético y ácido
La Naltm un artículo acerca de los microbios, dan· butírico.
do á conocerá esos pequeñísimos seres que pululan
Además de estos microbios engendradores de
esta clase de fermentaciones existen en
la tierra microbios patogénicos verdaderamente terribles en ciertas y deterSECCIÓN CIENTÍFICA

de las Nuevas Hébridas (Oceanía) para envenenar
sus flechas .
Por lo expuesto se desprende que la tierra encierra multitud de seres microscópicos, algunos de
los cuales son verdaderamente peligrosos y la mayor
parte de ellos poco conocidos. Así, pues, cuando se
halla seca la tierra y el viento levanta nubes de pol-

vo, precisa preguntarse si entre esos millares de
partículas suspendidas en la atmósfera hállanse gérmenes bastante poderosos para producir enfermeminadas circunstancias. Figuran en pri- dades como las que acabarnos de mencionar. Aunmera línea en el número de esos seres que 1~ cuestión no ha sido todavia bien estudiada,
tan microscópicos corno peligrosos los ha de sernos permitido suponer, en vista de la mulque sirven de germen al carbunclo, la tiplicidad de ejemplos, que dichos gérmenes en tal
septicemia, el tétanos y la fiebre ti- estado tórnanse inofensivos.
foidea.
Y tal es as(, que actualmente viértese en la que
El carbunclo, cuya etiología ha sido pudiéramos llamar isla de Geunevilliers una gran
tan inteligentemente estudiada por parte de las aguas sucias y albañales de París, á cuya
. M. Pasteur y sus colaboradores Cham- circunstancia debe sin duda su transformación en
berland y Rous, es una de las enfermeda- fertilfsimo jardín, y aguellas aguas contienen un núdes más terribles que pueden aquejará mero incalculable de microbios, cuya mayor parte
los animales y aun al hombre. Hoy por son el germen de enfermedades tan peligrosas como
fortuna, y gracias á los estudios de los el cólera, tifus, etc. Viértense en la isla unos 50.000
sabios que acabamos de citar, ha llega- metros cúbicos de aguas sucias por hectárea de tedo á ser rara la dolencia, pudiendo es- treno, y por esta cifra puede calcularse la enorme
perarse su completa desaparición. Co- cantidad de microorga nismos que quedan en la sunocíase desde larga fecha que la
pa- perficie de la tierra.
gación del carbunclo debfase á
exisSi se realizaran los peligros que pueden temerse
111111/f!J
tencia de un microbio especi , pero por la propagación de las enfermedades, habríase obignorábase el modo ó forma e rno se servado un aumento de mortalidad en los habitantes
Fig. 1. Experimento.de MM. Dehérain y Maquenne para demostrar
propagaba. M, Pasteur ha dem strado de Geunevilliers; mas por fortuna, y á pesar de que
la presencia del fermento butírico en la superfic ie terrestre
que la causa de la propagación s debía hace veinte años que reciben esta semi-inundación,
principallsimamente á la longevi d de
en el aire y en el agua. Por nuestra parte, y como los gérmenes. Y tal es as!, según afirma el ilustre no ha aumentado el número de las defunciones.
complemento de los estudios llevados á cabo por tan doctor, que si se entierra un animal muerto á conse- Esto no obstante, y aunque tal cuestión no ha sido
distinguido microbiólogo, nos proponemos cons,gnar cuencia del carbunclo en una hoya de uno á dos resuelta todavía, puede afirmarse que los microbios
algunas observaciones respecto de otros organismos metros de profundidad, cubriéndola después de tie - que después de haber sido depositados en la superque pueblan otro elemento no menos importante, rra, se hallarán á su alrededor durante un período ficie de la tierra han sido secados por los vientos, no
son en manera alguna peligrosos para la salud.
cual es la tierra.
de muchos años bacterias carbunclosas, comprenPor último, además de los seres que hemos citaAnte todo, preciso es preguntar si es cierto que diéndose sin esfuerzo que los animales que pasten
la superficie de la tierra contiene microorganismos. en terrenos as! abonados pueden contraer igual do- do, contiene la tierra otros fermentos ó bacterias
No es dudosa la contestación, ya que para formu- lencia. Por eso, cuando se desconocía la causa pro- que funcionan de distinta manera y que desempelarla sin reparo basta diluir en un vaso de agua ductora de semejante azote, designaban los campe- ñan un papel importante desde el punto de vista de
una pequeña partícula de tierra, observándose en- sinos á determinados lugares con el nombre de cam- la fisiología vegetal. M. Berthelot ha probado por
medio de acertados experimentos que la tierra podía
tonces con el auxilio del microscopio y entre los re- pos malditos.
retener el ázoe atmosférico por la intermediación de
siduos orgánicos y minerales una multitud de seres
Sorprenderá quizás que siendo la tierra un podero-·
más ó menos complejos que se mueven con mayor so filtro, permita que los gérmenes suban á la superfi- determinados microorganismos. M. Brea! publicó
ó menor rapidez. U n autor alemán, M. Reimers, ha cie. M. Pasteur ha demostrado que esta acción débese en esta revista uh estudio acerca de las bacterias de
calculado que cada centímetro cúbico de tierra pue- á los gusanos de tierra, que son en cierto modo los las leguminosas que, como es sabido, tienen la prode contener muchos millones de gérmenes. Y si bien vehículos del fermento carbuncloso. Hállanse, en piedad de asi milar el ázoe del aire atmosférico. En
es cierto que algunos de ellos no han sido estudiados efecto, las bacterias del carbunclo en los pequeños conclusión, la tierra encierra igualmente el fermento
todavía, siéndonos desconocido el cometido que des- cilindros de tierra fina que los gusanos arrastran á nitrificador, á propósito del cual nuevos é interesanempeñan, en cambio hállanse perfectamente deter- la superficie y que las lluvias disuelven. Precisa, tes experimentos acaban de llevarse á cábo.
minadas las funciones de otros. Un procedimiento pues, evitar el enterramiento de los animales muerA. HEBERT
muy sencillo, cual es la reproducción del experimen- tos á consecuencia del carbunclo en terrenos desti(Del.aNahm)
to de MM. Dehérain y Maquenne, bastará para de- nados á pastos para ganado lanar ó bien para forramostrar la presencia del fermento butírico en la jes, Para evitar la propagación de los gérmenes bas.
tierra.
***
En una gran retorta cuya capacidad sea aproxiINFLUENCIA DE LA LUZ EN LOS FENÓMENOS
madamente de 3 litros (fig. 1) introdúcense 100 graDE LA VEGETACIÓN
mos de azúcar de caña, 100 de creta en polvo y
La influencia que ejerce la luz sobre los vegetaotros 100 de tierra de jardín, llenándose de agua
les es tan manifiesta, que merece lamentarse no se
por completo. Tápase herméticamente con un tatengan en cuenta sus efectos las más de las veces
pón provisto de un agujero, por el que pasa un tubo
y si únicamente aquellos que se producen por el
abductor que termina en una cubeta llena de agua.
calor. La decoloración de las plantas colocadas en
Hay que tener en cuenta que el tubo no debe pasar
sitios ó lugares obscuros ha sido demostrada por la
de la línea que el tapón marca en el cuello de la
ciencia, y preciso es tener en cuenta que este fenómeretorta. Dispuesto as( el aparato, sométese la retorta
no es absolutamente independiente del calórico. En
á un baño-maría, procurando SO$tener la temperatura
las plantas que exigen mucho cultivo la acción lumíde 35 á 40 grados por medio de una lamparilla de
nica no es menos evidente que en las demás, según
espíritu de vino colocada debajo del recipiente desse desprende de los interesantes trabajos practicados
tinado al baño, ya que dicha temperatura es la más á
por Sanssure, Boussingault, Dehérain, Grandeau 1
propósito para el desarrollo de las bacterias butíricas.
Aimé Girard, etc. Despréndese de dichos expedA las treinta horas empieza la fermentación, hierFig. 2. Fermento butírico visto con el microscopio
mentos que los efectos de la luz determinan mayores
ve el líquido de la reto ria hasta que al cabo de alresultados en la calidad que en la cantidad de los
gunos dfas calma la efervescencia. Entonces los gases
recogidos en la cubeta de agua por el método co- tará enterrar á los animales carbunclosos en una productos. Tal es así, que en los veranos en que el
múnmente empleado en los laboratorios, compónen- tierra arenisca ó calcárea, poco húmeda é impropia sol no lanza sus abrasadores rayos con la intensidad
se de una gran cantidad de hidrógeno mezclado en para la vida de los gusanos de tierra, ó bien, confor- propia de la estación, las remolachas distínguense por
pequei\a proporción de ácido carbónico. Para demos- me aconseja M. Aimé Girard, tratar el cuerpo del sus menores condiciones sacarinas y las patatas protrar la exactitud del experimento basta introducir animal por el ácido sulfllrico, que ofrece la ventaja ducen menos fécula.
M. Pagnoul, director de la estación agronómica
dentro de una de las campanas que contienen gas de transformarlo al cabo de algún tiempo en verdaun pedacito de potasa cáustica, agitando después la dera masa informe, á modo de negra papilla, que de Arras, ha hecho últimamente interesantes estuprobeta, que deberá taparse con la mano en su puede combinarse con los abonos, entre ellos los dios, dignos de ser conocidos. Después de haber deextremo libre. Al descubrir la campana dentro del fosfatos, á propósito para extenderlos por la super- mostrado que basta una semiobscuridad para contener el desarrollo de la remolacha y de la patata,
agua, podrá observarse desde luego que aquélla as- ficie.
dificultando la extracción del azúcar y de la fécula,
ciende sólo hasta cierta altura, resultando, si se re La tierra cultivada encierra, como hemos ya dipite dos ó tres veces el experimento, que el ácido cho, la bacteria de la septicemia de M. Pasteur y el emprendió sus ensayos con el trébol y otros vegetacarbónico contenido en la campana ha sido absor- bacillus del tétanos de M. Nicolaier. M, Verneuil ha les. Este último, plantado el 18 de abril último en
bido por la potasa. Si entonces se aproxima la pro- demostrado que en los animales inoculados con esta cuatro vasos de asperón, conteniendo cada uno de
beta á una llama cualquiera, inflámase el gas que tierra virulenta desarróllanse de un modo terrible la ellos veinticinco kilogramos de tierra homogénea,
queda, produciéndose una llama de tono pajizo, ca- septicemia gangrenosa y el tétanos, y M. Macé ha pesaba cada ejemplar el 22 de mayo siguiente de
sesenta á ochenta miligramos.
racterística de la existencia del hidrógeno. . .
demostrado á su vez que la tierra contenía bacillus
Examinado con el auxilio de un poderoso micros- tífico.
Los tres primeros vasos cubriéronse con campanas
de cristal de diferentes tonos. La primera inco-.
copio el líquido contenido en la retorta, perdbense
La circunstancia de contener la tierra microbios
distintamente las bacterias que afectan la forma re- patogénicos, ha sido aprovechada por los salvajes lora, violada la segunda y negra la tercera, quedando
al descubierto el trébol del cuarto vaso. Colocáron-

495

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Así pues en las plantas expuestas á la completa
se las campanas ó fanales, de manera ~ue suspendiacció~
de I; luz resulta casi nula la proporción del
das á cierta altura, permitían la libre circulac16n del
ázoe
nítrico,
siendo considerable en aquellas_ quef no
aire por debajo de cada una de ellas, as! es que la
obscuridad no era completa ni aun en la campana ozaron de igual ventaja. Para el ázoe orgámco uenegra. Durante el experimento se procuró obtener ~on inversos los resultados. Tórnanse enormes estas
una temperatura igual.
. diferencias si se calcula, teniendo en ou_enta el peso
El I ' de junio las plantas fueron p~sadas y cor total de las plantas recolectadas, la cantidad tott de
ladas dando el siguiente resultado: al aire_ libre, _228 este ázoe orgánico, ó sea del ázoe que debe a •~gram~s; bajo la campana incolora, 135; baJO la v10la- donar la forma nítrica para adoptar 1~ forma
da 80, y bajo la negra, 24.
• ca, es decir, penetrar en los tejidos v1v1entes e veEl ázoe nítrico fué calculado en dichas plantas con getal.
· 1
• 8·
Al aire libre, o'697; bajo !~ campana meo ora, o 42 '
la difenilamina y la cantidad de ázoe total _por el
método ordinario, obteniéndose por cada millar no bajo la violada, 0'185, y ba¡o (ª negra, 69.
Igual experimento llev~se a c~bo con las rem? 1adesecadas:
chas después de haber sido rociadas con una d1soÁZOE
lución de nitrato de soda, dejándose algunas de ellas
Tola/. Nltrico . Or(ánico. bajo la acción directa de la luz, otras colocáronse
o'ooo 0'310
Al aire libre .
0 1310
bajo un cobertizo y otras cubnéronse con campanas
1
0'321
0'004
0 317
lfaio la campana incolora.
ó fanales de cristal negro.
,
.
1
0'140
0 232
Id.
id.
violada . .
0'372
El 6 de agosto procedióse á la extracción del ác11
0 1 278
Id,
0'130
id.
negra.
0 417

rtai·

do nítri co, que produjo la cantidad en miligramos
consignada á continuación:
.
E11 las raltes. En !tu lio1as,

A plena luz. . , • ,
Bajo el cobertizo.. , ,
Bajo la campana negra ..

JO

o

140
175

200
200

As! obtuvo M. Pagnoul por la _acción de la Iu_z
los nitratos arrastrados en las ho¡as por el movi-

miento ascendente de la savia, que se tr~nsformaron
seguidamente. Estas sales en la obscunda? acurnúlanse en las hojas y en las rafees, contemendo su
transformación, resultando de ahí un alto en _el desarrollo de la planta y por ende en la ~roducc~ón de
las materias que aquélla debe produ~1r, conslituíd~s
por el azúcar en el precedente expenmento y por a
fécula en la patata.
ALBERTO LARBAL&gt;TRI ER

(De La Nature)

Profesor de la Escuela de _Agricultura
de Pas-de-Cal:us

:
n LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTIOA diríjanse para informes á los Sres .t,.. Lorette, Rue Caumartin;
Las casas extranjeras que deseen anunciarse e
.
d
br !dad de los Sres. Calvet Y C,•, Diputación, 358, Barcelona
'
, - Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina. e pu 10
núm. 61. P ans.

-

--

LAIT .lf.Tbll[LJQUE -

LECHE ANTEFÉL
Jt:1 t ■uc4h et1 11u, tillp
AS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
ARPULLtDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS '
ROJECES
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VINDAROü'0·;;-001NA
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los intestinos,

JA.B.A.BE

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CARNE

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9
reparad: de lt~t~ JI&gt;':::•od~=
:.°Apocamiento, en las Calentwro,
mamen ~,.. co'ntra las .DI/JN'eas y las Afett:IIYAa del 81tortta00 Ylos fnteitlno,,
1 Conrialatm,w.!a
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uto asegurar las digesUones, reparar las tuerzas.,
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Las

Perao11u qu conocen las

PILDORAS~~DEHAUT

~,o
Pepsina Boudault

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el cal11,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
seuun sus ocupac1ones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efect-0 de la
buena alimentacion empleada, u11O
•e decide fdcilmente ~ volver
d empezar cuantas veces
sea aecesario,

\,..,~

!prollada por la !ClD!IJ! Dt nDICIU
PREMIO OEL INSTITUTO Al O'CORVISART, EN 1856
Medallu en laa Eipoticlontt

lrit,maclooalt■

dt

PIBIS - LYOI • TIEI! - PBJUD!LPIU - Pms
1867

187t

l8i3

1878

l8iS

H UPUl.l COII IL ■ATOi. illto 111 UI

DISPEPSIAS
OASTRITIB - OASTRALOIAB
DICESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

F~i~d.wl~s
La caja; ír.

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• 1

'

~~"u~

,

Tut&amp; u tM~s lu rtmdu 1 enguriu,-leailese gntis II folleto ei~llutirt.a,.,v~:j)~ '"+)'

UIJASE U SELLO DEL GOBIEHO FIA.CES YESTA fllllA 1 • • •

• .,,,, 1;,,,¡ , }• . ~ • •

�50 1

NóMERO

LA ILUSTRACI ÓN A RTISTICA

el Arte. Tómelo como quiera: el
amigo desleal é ingrato que se disfraza para herirme, s6lo me inspira
desprecio,
&gt;... Por ahora, y hasta que vea el
lujoso folleto de la Hermandad de
Sevilla, de afectadito sabor arqueo•
lógico en su forma, con su colofón
en punta, según me lo pinta el señor Araujo, no puedo juzgar del
alcance de las razones que en el
terreno de nuestra falta de derecho
para seguir poseyendo el cuadro de
Santa Isabel alega mi impugnador,
en contra de unas aseveraciones
como las mías, deducidas de documentos oficiales y auténticos, y por
lo mismo, de fuerza probatoria in·
contrastable y contundente.
) . .. Paréceme, por de pronto, que
aun dando de barato que ese bellísimo cuadro, hoy manzana de nuestra discordia, no hubiese sido nun•
ca donado por la Hermandad de
Sevilla al mariscal Soult, ha de
mirarse mucho el Gobierno antes
de alterar el actual estado posesorio
y de dar al traste con el respetabi•
llsimo derecho que engendra la
prescripción, no sin causa llamada
por los antiguos palrona guuris
/1umani y finis solliciludimun, para
adjudicar el hijo á la desnaturaliza•
da madre gue le maltrató, arran·
cándalo de los brazos de la mujer
amante y solicita que lo acogió, lo
crió á sus pechos y lo enalteció hasta despertar la envidia de la madre
criminal. Cualquier gobierno pru·
dente y previsor que pare mientes en
la lamentablehistoria de esos precio,
sos cuadros de La Caridad, y tenga
presente el miserable estado en que
vinieron á Madrid en tiempo del
rey intruso los otros lienzos del
mismo hospital El agua de la pella
y El milagro de pan y peces, com•
prende•á, por el trato que de la
Hermandad de Sevilla recibieron
estos hermanos de la Santa Jsa/&gt;el
curando á los enfermos pobres, cuál
hubiera sido la suerte de esta joya,
hoy tan extemporáneamente dispu•
tada, á no haber sido encomendada
su conservación, al regresar del
Museo del Louvre, al inteligente
celo de la Real Academia de San
Femando.&gt;
Veremos al fin cómo se resuelve
este asunto, que entraña verdadera
importancia, ya que se trata de
la conservación de obras de nues•
tres primeros maestroE.

EL CUADRO DE LA (SANTA füllEL&gt;
DE MUR!LLO

Hace algunos meses que la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla reclamó del Estado la entrega del cuadro de la Santa Isaótl
de Murillo, apoyándose en cierta
clase de consideraciones que se estimaron inatendibles en el informe
emitido por la ilustre Academia de
San Fernando, á instancia del señor
ministro de Fomento.
H ay que tener en cuenta que desde hace algún tiempo se repiten las
reclamaciones con sobrada frecuencia. U nas veces se trata de ciertos
tapices á los que se cree con derecho determinada comunidad de religiosas, ó bien el Cristo de Velázquez, e l Triunfo de la Iglesia sobre
la Sinagoga; y á este paso, si se atendieran, ó quedarlan vacíos nuestros
Museos ó las rentas de la Nación
deberían destinarse, durante a lgún
tiempo, al pago de obras que se s11ponla que á ella pertenec!an.
Parece ser que el celebrado cuadro de Murillo fué regalado al ma•
riscal Soult por la susodicha Her•
mandad durante el periodo de la
guerra de la Independecia, yendo á
parar á Francia, de donde fué devuelto á la caída de Napoleón, en
unión de algunas, no todas, de las
obras de arte que nos arrebataron
los soldados del cm perador.
Con motivo del informe de la
Academia, suscrito por D. Pedro
Madrazo, el que lo es correspondiente Sr. Gómez Imaz ha tomado
la defensa de la Hermandad, viéndose obligado el Sr. Madraza á pu•
blicar una car ta en las columnas de
El Heraldo, dirigida a l director del
periódico madrileño, de la que nos
permitimos reproducir los siguien•
tes párrafos :
cMe brinda V. con las columnas
de su acreditado periódico, como
campo de honor donde pueda yo
esgrimir mis armas. Agradezco su
galantería, y acaso la aprovecharé
si, bajo la hermosa divisa de La Ca•
ridad, no descubro alguna pasion•
cilla ajena á la santa casa que se su•
pone comprometida. E l tstilo del
paladín oculto me hará ver su cara,
y si se con6rmamisospecha, nome
molestaré trabando con él un com•
bate estéril para La Caridad y para

DORADORAS,

496

cuadro de D. Manuel Cusi. (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILUS J POLVOS
PATERSON

• IJIJIUTBO J MAGHSl4
laer xttdoa -tra tu .._loDN del Eal6·

mago, Falta de Apet.lto, Dlg..UoDN la»

ra-, ÁONW, V6mltoe, Enlotoe, y C6llooe;
regularlaD Ju l'lanoloa.N del Ellt6ma110 7

deloe~oe.
Eilllr .. ti rotule • ,,,,,. d1 , . ,nuo.
.A.tba. DZTll&amp;M,FanuNUUoo • PAIU9

APJ:OL
de 101 D'.. JORET &amp; HOMOLLE
g¡ APIOL cura loa do/ore,, ret,1101, 1upre1/on11 tJ• ,., Bpocu, ast como las_¡,_lrd/du.
Pero con rrecuencta es !alllflcado. El API oL

Terdadero, único efl.cu, es el de los tnven•
torea, los DN• JORET y BOIIIOLLE.

,,,JARABE ANTIFLOGÍSTICO OE BRIANT ~
..........,••, CALLB DB •:cvoLI, .110, .PA.Jll., . . . . , . ,. . . . . . . .r • •e ...

El ~ARABE DE BRLANTrecomendado desde au :,rtnctplo por 101 proresores
Laennec, Thénard, Oueraan~ etc.; ba recibido la consagract6n del tiempo: en el
año 1829 obtuvo el pr1v1¡eg10 de 1nvenc16n. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y d§ ababoles, convtene sobre too.o a las personas dellcaaas como
mUJeres y ntnos. su gusto excelente no perJudlca en modo alguno á su i ncacla
~ contra 108 IESFBUDOS y todas las DFLUUCIORES del PECHO y de 108 DTESTDOS. ..J

MEDALLAS E111"Unlr1" LDNDRES1882·PA R/81889

Fu"BRUIT, 151,m•••lfoU,PWJ

a

~E~!!_N!L!I!~~ !6!!1!!~

VINO FERRUGINOSO AROUD
T OOlr TOJ&gt;OI tOI

nnccmc» JnJnlTITOI n u ClüUfB

eaaa11, mm•,_,.,..., Dl9I a6Ge c11 a11o ellldmaado 1 1u &amp;lnmdoeel te

lodaj laa M!IDl!DCIY m6dioU preabt.D qQ9 ll&amp;a YOClldOG do la .,.._.. el - - - J la
.lWC., laa . l l l f l l l ~ dolMWM, el 1,..1,,: 'A11"1llo J lá AllffllefM 11, i. ~
el
Lla A{«IM'MI llt:t'O/WOMI 1 IICIINlllfe41, 9'ó. C1 Ylae ........... dé
AN•• ea, en elec&amp;o,
el uzw:o que reune lodo lo que e111oaa 1 tonaiece 1o1 0 .....,.,,.
NIUlarlA. ooordella J aumenta oaaalcknbJememe lu tuersu 6 tnl'lwla 1 1a .,.__,
tlipobredda 1 deloolorld&amp; : e1 , ~ , la e~
IIIICr9
1 1a ~ ""'·
.,....,,.,,. laril, • cua4e 1. FBW, Fll'IUOlllicil, tOI, ,-. Ridieliel. ~ .. ilOOD.

..._ OOUIUtuye el repandór maa eDel'DlO que ee COIIOOI para cmv • 1a CIMINi, 1a

"""""''"'°•

p l'DDS P TODU U..S nmalPilU a0TJQ.u

EXIJASE •i:= ARDUO
1

PITE EPIL.ATOIRE· DUSSER

Parttci11&amp;ndo 4e lu propiedades del Iodo
1 del Blerro, estas l'lldoru ae emplean
eu,ectalmente contra lu ••orohllu, 11
Tul• J la Dellutdad de temperameato,
ut como en todos los cuoa (.-iudo■ coloree,
Ameaorrea, ••&gt;
, en los cuales es necesario
obrar sobre la aan¡re, ya sea para deTolverla
■u riqueza 1 abundancia normales, oya. para
provocar o re¡ulartu.r au curso periódico.

A'/~ M l r l l lllll, ■ lffll,

~~•v• lonapart,, 40
El toduro de bterro tmpuro ó alterado
, es un medicamento Infiel é Irritan te.
iao prueba de pureza J de autentlctdad de

ft B
,

lu 't"e.rdu.r. . .Pildoi-u ü .Blcanecard,

•11r nueatro HIio

el• Jlata r11ot1v1,
DUilll&amp;a al pl6 de una etiqueta
rarantta de la Unl6n o

•---"""ª
.,..l,.el lello da
..

~ kl11t11 ,aralareprellóD.delafalll-

e
Q-8 IIAI.UII •

-4,

TOD.U Lü •lllücu,

•&gt;.

destr'IJI hita lu IIAIO■a III V■LLO
ro11ro de tu faau (Bark ~
11a •
lfnpa pellp pu-a II c.111. IO .&amp;iioa Ce
1allluu •• lelllaOIIII
1a
•• 111a ,re,a,aclo1. (S. lUCl1 u KJ&amp;1,_11ra la lllrN, 1 n 1/2 11Ja1 pua III IJlpta Ufero). Pn

u
*ª'°•

prulllu .eiada

- - -. •plNNIII rJJJfO.a-. D v • -· l ,l'IMJ,-.J,•llouueau.Pua

Quedu reaem.doa loa dcrechot de propiedad artlatica 7 litcraii4
IQ, DI KOXTAIII Y 1111161

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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