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BARCELONA

10

DE AGOSTO DE

1891

NÚM. 502

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

=

OTRO BESO, cuadro de !talo Nunes-Vais

�LA
SUMARIO

Texto. - Bocetos marítimos. Las d,jensas de 1111 buque de gue·
rra, por Federico Montaldo. - La cadena invisible. Novela
original (conclusi6n), por Ernesto García Ladevese. -La
autopsia, por F. Moreno Godino. - SECCl?N AMER_ICANA:
Sa11tia,ro de Chile, por A. - Bocetos. La ~/11spa eléctrica! por
Juan O. Neille. - Nuestros grabados. - Vizco11des~ (cont!nuación). Novela original por León Barracand con 1lustrac1on~s
de Emilio Bayard y grabado de Iluyot. -SECCI?N CIEN:!·
FICA: El c1·iógt110 de Al. Cailletet. - La 1111eva pzla de óxido
de cobre de M. de Lala11de, por J. Laffargue. - Preservac(ón
de los cables melálicos.-Libros enviados á esta Redacción
por autores ó editore~.

Grabados.- Otro beso, cuadro de Italo Nunes-Vais. -Cuatro dibujos de Guillermo Kuhnert. - Una ejecución de piratas en Chine. -Después del mplicio (de fotografial. -Palacio del Co11greso de SQ11tiago de Chile (de una fotogra~a remitida por D. José Mariscal, gerente de &lt;La Joya L1teraria1&gt;1. -Santiago de Chile: Alameda. Cerro de Santa Lucía.
Salón de honor del Congreso. Palacio arzobispal y catedral.
Teatro municipal. Portal San Carlos. Puente Calicante,
Quinta Normal. Plaza de Armas. Palacio de la Moneda. Adoradores de Baco, cuadro de D. Luis Graner. - El cuarto
estado, cuadro de D. Luis Graner. :-- El criógeno de M. Cailletet. - La nueva pila ele óxido de cobre de M. de Lalande. - Maja, cuadro de Manuel Cusi, (Galerla Parés.)

BOCETOS MARÍTIMOS
LAS DEFENSAS DE UN BUQUE DE GUERRA

Bien dice Enrique Heine en uno de sus pensamientos póstumos, publicados recientemente en París: «El hombre que toma esposa, imita al dux que
se casaba con el Adriático; no sabe con quién se
une: ¡perlas, tesoros, monstruos, lo desconocido!. .. »
Y dice bien, porque eso está perfectamente expre·
sado, dentro de la gramática, y hasta si se quiere
dentro de la bella literatura: constituye su frase un
bonito pensamiento, por lo cual me lo apropio; pero
dentro de la exactitud matemática, aun sin apelar á
cortapisas que la galantería impone en la emisión de
las ideas, ah( s( que no está, porque vamos á ver:
¿dónde están en la mujer los monstruos y las tempestades y lo desconocido, ni qué me importa á mí
desconocerlo, si de antemano sé que cada novedad
que descubra y comprenda en ella va á ser otro atributo de ángel que iré agregando, encantado y satisfecho, á su conjunto angelical? ¡Monstruos en la mujer y tempestades! ¡Qué desacato! Ya sabemos que
«el mayor monstruo )os celos,» como dijo el clásico, y que la mujer puede ser celosa; pero lo es con
tanta suavidad, con tanto mimo, que los celos en ella
constituyen un atractivo más, excepción hecha del
vitriolo y de algún otro inofensivo aditamento que
emplea en ciertos contados casos. Pues ¿y las tempestades? Llamar tempestades á esos levísimos rap·
tos de entusiasmo que tanto favorecen á la mujer,
que son como el taponazo en el champagne, un ruido
armonioso, precursor del néctar embalsamado y chispeante entre vivaces espumas; llamar tempestad á
esa monería, únicas rebeliones de que es capaz la
mujer, es llegar al colmo de la exageración y al acab6se del atrevimiento, con perdón sea dicho del gran
Heine y de sus herederos.
Perlas y tesoros, sí; en eso s( que puede compararse á la mujer con el mar, porque si éste oculta en
su seno ignoto la perla de maravilloso oriente y los
tesoros que algún naufragio acostó en hondo lecho
de arenas, la mujer tiene perlas por dientes, y rubíes
en los labios, partidos, naturalmente, en dos; y esme•
raldas en los ojos verdes, ó zafiros en los azules, ó
carbunclos en los negros «de las huríes del Profeta,»
que también, á lo mejor, los tienen verdes, según
Becquer; y de tesoros escondidos, ¡oh! de eso no
hablemos; baste saber que en ella todos los infinitos
naufragios de la vida dan lugar á tesoros: las ofensas
recibidas, al perdón bendito; la desgracia ajena, á la
misericordia; el engaño sufrido, á la abnegación que
olvida, y así sucesivamente hasta el sacrificio y el
martirio.
Cierto es que estas piedras preciosas y estos tesoros femeninos no tienen valor efectivo en plaza, aunque muchas los hagan valer en plazas y calles; pero
pedir que la humanidad sea perfecta en algo, es como pedir cotufas en el golfo. ¡Ah! Si tales riquezas
se cotizaran en Bolsa ... podíamos despedirnos de la
paz del hogar.
Todo lo dicho cabe muy bien en este artículo,
pues ello, al fin y al cabo, es una defensa, y aunque
no pertenezca precisamente á los buques de guerra,
en el ataque ó símil marítimo origen de todo figura el Adriático, y un hombre de mar, como lo soy yo
oficialmente, debe intervenir en el asunto, aunque
no sea más que para burlarse, como lo verifico yo
disimuladamente, de este género de defensas de abogado á tanto por hora ó á cuanto por pliego. Eso sin

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ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

contar con «la proverbial galantería de nuestros marinos.»
En el mar, donde todo es serio y grave, como que
va en ello con una facilidad aterradora esa pequeñez
que vulgarmente se llama el pellejo, ha de serlo ta~bién todo lo referente á defensas, ya que los enemigos con quienes se va á luchar son tantos, tan poderosos y tan constantes; aun estando el buque en
puerto y «fondeado en cuatro,» es decir, sujet~ por
cuatro anclas que hacen de un barco una especie de
pirámide de Egipto por lo fijo y lo seguro, aun así,
hay agentes flotantes, ó disueltos en el agua, que
atacan y destruyen los fondos del bajel h~sta ~onerl~
en un estado lamentable y próximo á la mvaltdez s1
no se vigila mucho; cuando el buque navega, sus propios indispensables movimientos son otros tantos
ataques á la integridad de su fábrica, que algo se
quebranta y sufre con los vaivenes; cuando lo hace
en tiempo de guerra «ni que decir tiene» - como
suelen ponderar los madrileños finos, - entonces todo
se junta: desde las consecuencias perjudiciales del
esfuerzo propio, hasta las que con el suyo cause el
enemigo, pasando por las caricias que el mar reserva
á los navegantes.
.
Si yo no fuera tan insignificante y no estuviera
además convencido de que lo soy, que es lo que me
detiene y salva á ustedes, ahora mismo iba y trazaba
un cuadro sinóptico policrómico, así, de muchos colores, expresando los enemigos intrínsecos y extrínsecos de un buque por una parte, y por otra los medios que en el buque existen para vencerlos ó neutralizarlos. La boca se me hace agua pensando en el
cuadrito con sus colores variados, sus diferentes Jí.
neas que se procura combinar de modo que den un
bonito dibujo, sus números árabes y romanos; en fin,
con todo el aparato que requiere el argumento de
un cuadro de esos que tan de moda están, y que así
figuran en las obras de estadística, donde los encuentro muy en su lugar si están bien hechos y demuestran algo, como en las de cocina y en otras, _donde
encajan como la e,topa en las costuras: á martillazos.
Nada, que por hoy renuncio al cuadro sinóptico,
gráfico y policrómico.
Pero el caso es que son tantos los enemigos de
que ha de defenderse un buque de guerra, que para
dar una idea de ellos precisa clasificarlos de alguna
manera, y á eso vamos sin meternos en honduras
01 en cuadros de once varas. Tiene enemigos en sí
mismo; en su máquina poderosa, que es preciso forzar á menudo y que hace saltar al barco como un
triquitraque; en su cargamento, compuesto casi todo
de explosivos tremendos, cada día más peligrosos y
estupendos; los tiene en su habitual medio ambiente en ese mar que en las novelas, y ah( me las den
todas, se encrespa(!) y ruge (?), pero que en la realidad, siempre más respetable, lo mismo devora un
acorazado de primera clase con sus 800 hombres de
tripulación, como le acaeció al Captain hace unos
años en Finisterre, que se engulle un c;:rucero con sus
150 hombres, como le pasó hace poco al Ser¡mzt en
Camariñas; y á estas aventuras, ó desventuras, mejor
dicho, está más expuesto el buque de guerra, que
investiga y descubre, que el mercante, que va á cosa
hecha con derrotero conocido; y los tiene, por último, en la costa y en el buque del adversario beligerante.
Jlues contra esas tres clases de enemigos tiene defensas el buque de guerra, y en el orden en que los
hemos citado á ellos, dividiéndolas también conven•
cionalmente y para mayor claridad, por más que
cuando llega el caso todas se unen y combinan, va·
mos á estudiarlas, si estudiar puede llamarse á lo
ciue hacemos en estos bocetillos ¡ay! de tres al
cuarto.
Hay quien cree, y apoya en muy buenas razones
su creencia, que la velocidad en la marcha constituye un arma poderosa en el moderno buque de combate, pues ella le permite alcanzar al enemigo débil
y librarse del fuerte por la huída, constituyendo en
ambos casos un importante factor de éxito; y de ahí
nace la idea de encerrar en el barco una potentísima máquina, con tiro forzado y cuantos auxiliares
pueden aumentar su eficacia en determinados casos;
esto naturalmente aumenta también los peligros; pero
contra ellos hay: un personal de primera, pues
pocos cuerpos existen en nuestro país tan competentes y útiles como el de maquinistas de la Armada, y
un material con todas las garantías de procedencia
y pruebas que pudiera desear el crítico más exigente.
Que á pesar de eso hay que lamentar a\·erfas y desgracias, quiere decir que sin eso las averías y desgracias ocurrirían en mayor número. Respecto á las
precauciones que se toman á bordo para con los explosivos y otras substancias de difícil manejo, sólo
enumerarlas daría materia para un artículo, y mientras me decido á escribirlo adelantaré la tranquiliza-

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dora y para mí gratísima noticia de que rara vez ~.sos
enemigos causan víctimas entre los esforzados h1Jastros de Neptuno.
Los enemigos que el mar arma contra un buque
son de dos categorías: los procedentes del mar en calma, infusorios, reacciones químicas y destructoras de
sus elementos con los del buque, etc., y los procedentes del mar en activo, digámoslo así, que varían desde
el suave bandazo hasta la voltereta inclusive, pasando
por la marejada, la marejadilla (que hace «echar la
papilla»), la mar tendida, la de fondo y otra~ mares
más ó menos saladas. Contra todo ·esto también hay
defensa: para la primera categoría mucha imprimación, mucha pintura y entrar en dique á menudo con
el objeto de recorrer los fondos; para la segunda una
construcción bien calculada y cumplida, una buena
distribución de los pesos para que el casco goce de
un perfecto equilibrio y se mantenga nivelado, alguna
que otra quilla suplementaria ó de balance para
aguantar éste y navegar, siempre que se pueda, con
sujeción á las reglas que hay dictadas para evitar los
efectos de todos esos jugueteos del mar que casi
siempre suelen acabar en que se «sube el vino,» 6 Io
que es lo mismo, en que el barco y sus tripulantes lo
pagan.
Pero donde el buque de guerra extrema sus defensas es en el capítulo tercero, en las dedicadas á los
enemigos de la costa y buque del adversario belige·
rante. En eso sí que se echa el resto. Sobre los compartimientos celulares, estancos, numerosos é inde·
pendientes, la cubierta blindada en forma de caparazón de tortuga, que descompone y mata los choques
de los proyectiles; la coraza de acero níquel, el más
resistente que se conoce hoy, sobre almohadillados
de celulosa, caucho y otras materias esponjosas que
al mojarse se hinchan y obturan herméticamente el
agujero hecho; sobre esto la red de mallas de acero,
que enreda y detiene los torpedos; haciéndolos esta·
llar á dos metros del costado; sobre todo esto los
proyectores fotoeléctricos, que descubren y desarman al agresor cuando está distante aún; y sobre
todo y por encima de todo la pericia de un buen
comandante, que es el alma de un buque y que hace
más con su valor y su serenidad, ayudados por la disciplina de la gente y el buen estado del material,
que cuantos mecanismos puedan inventar la prud_encia humana y el espíritu de la propia conservación
llevado hasta el delirio.
Lo que es por haber, como se ve, hay defensa
contra todo; la hay hasta contra el mareo, que es uno
de los mayores enemigos de la navegaci\'.m; para evi·
tarlo unos toman potingues, otros hacen acopio de
paciencia hasta que se van }asiendo, otros se van al
Retiro y algunos lo solicitan y lo obtienen, aunque
con r minúscula; pero si vale decir la verdad, y sin
perder de vista el lado práctico de las cosas, sin olvidar que el mimísimo Don Quijote, el español más
célebre que ha nacido, llevaba junto á sí á Sancho
Panza que de buenas le libró; á decir verdad, yo creo
que la mejor defensa que el buque de guerra ofrece
al hombre está en que éste aproveche el derecho que
asiste á todos de... quedarse en tierra.
Esa es la única defensa positiva; todas las demás
pueden marrar y marran cuando menos lo espera
uno.

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

¿Qué relaciones mediaban entre Llave de Oro y
Gaultier? Se sabía que el gascón había pedido varias
veces dinero prestado á Llave de Oro y que éste se
negó siempre á darle cantidad alguna. Gaultier detestaba al banquero y solía llamarlo et Tudío. En

Figuraos la brusca sorpresa del conde de Etruria
cuando á eso de las nueve de la noche llegó á sus
oídos la noticia de la prisión de Gaultier, á quien
había dejado en brazos de Resignación Circulaban
rumores de que la policía buscaba con empeño á la
joven misteriosa cuya posesión tantos á Gaultier 1~
envidiaban. Añadíase que los agentes de la segun-

Dibujo de Guillermo Kuhnert
Dibujo de Guillermo Kuhnert

efecto, Llave de Oro pertenecía á la religión israelita.
Sabfase también que la pasión dominante del banquero era la de las mujeres. Al salir Gaultier del Pavillon Royal con Resignación cruzáronse en la pue~ta
misma con el banquero que entraba. Se le había visto á Llave de Oro hablar breves instantes con Gaultier mientras la joven subía al coche que los aguardaba á la puerta. Según testigos oculares, del gesto
de Llave de Oro al hablará Gaultier parecía desprenderse que el banquero le felicitaba al gascón por su
buena fortuna.
Llave de Oro había sido extrangulado en una casita de campo que poseía en Saint-Cloud. Su desaparición causaba grande inquietud en las oficinas y
en su domicilio, y por fin fué hallado muerto en la
casita de campo sin que se pudiera precisar exactamente el momento del crimen. Mas todo hacía creer
que el asesinato fué cometido la misma noche del

Dibujo de Guillermo Kuhnert

día en que Resignación fué vista con Gaultier en el
Pavillon Royal. El móvil de aquel crimen había sido
evidentemente el robo. Los empleados del banquero
israelita declararon que éste, contra su costumbre,
al volver del Bosque de Bolonia el último día que se
le vió, fué á la caja, tomó de ella cuarenta mil francos en billetes y los puso en su cartera. La cartera
de Llave de Oro fué hallada completamente vacía en
la casita de Saint-Cloud. Los médicos que reconocieron el cadáver certificaron que el crimen había
sido cometido por un hombre de fuerte musculatura,
sin instrumento alguno ni otro auxilio que el de
sus propias manos.

FEDERICO MONTALDO

LA CADENA INVISIBLE
NOVELA ORIGINAL

( Co11clttsión)

Gaultier había presentado al conde á su amada
bajo un nombre de amistad, sin revelar su nombre
verdadero, como se acostum~ra en tales casos, espe•
oialmente cuando aquel á qmen se presenta es casado y lleva un noble apellido. Esforzóse el conde de
Etruria por disimular la ~presión que ~a jo~en le
causaba, y viendo á Gal;llher dar á Res1gn~c1~n un
beso ardiente, apresuróse á salir de allí despidiéndose en breves palabras afectuosas que ocultaban una
emoción profunda.
En la noche de aquel mismo día circuló por París
el rumor de que Gaultier acababa de ser preso. El
banquero Llave de Oro, d~ quien he_mo~ habl~do ya,
había sido asesinado en circunstancias mexphcables,
y una mano desconocida escribió_ al jefe de la policía parisiense denunciando á Gaultier como presunto
autor del crimen.
- ¡Ya cayó el gascón de las buenas conquistas!,
exclamaron por todas partes, en los teatros, en los
círculos y en los cafés á la moda los enemigos y los
rivales del audaz aventurero.

499

Dibujo de Guillermo Kuhncrt

dad pública estaban ya sobre la pista del nido de
amor donde el gascón tenía oculta á la joven y que
ésta iba á caer en manos de la policía de un momento á otro.
El conde fué inmediatamente asaltado por la idea
de poner en salvo á Resignación, si de ello era tiempo aún. Nadie más que él conocía el sitio donde la
joven se hallaba. Para poner en práctica su plan debía obrar rápidamente; la policía tiene medios muy
eficaces para descubrir en pocas horas el paradero
de una mujer hermosa que se oculta. No quedaba
un instante que perder; el conde lo comprendió as(,
y pensando más en Resignación que en Gaultier resolvió ir aquella misma noche al misterioso hotel inmediato al Bosque de Bolonia, prevenir á Resignación de lo que pasaba y sacarla de allí si era posible,
pues los agentes de la seguridad no habrían dejado
de enterarse de la presencia de Gaultier por aquellos
sitios.
Tomando grandes precauciones para no ser segui.

�500

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 502

- Por fin, algún tiempo después supe toda la esdo, el conde de Etruria, después de algunos rodeos visión terrible, exclamó, dando un grito, en la más
pantosa verdad; aquel hombre me reveló que mi papor los barrios próximos al arco de la Estrella y al sublime actitud trágica:
Bosque de Bolonia, se decidió á llegar hasta las cer- ¡Ah! ¡No! ¿Yo entregarme á la justicia? ¡Jamás! dre había sido ejecutado como autor de un crimen
en el cual no había tenido parte alguna, pero cuyas
canías del hotel de Resignación. Nada observó allí
de anormal, ni había vigilancia de ninguna especie
Poco tiempo después de estos sucesos, en las pri- circunstancias lo condenaban. Obligado á vivir en la
en la calle que daba entrada al hotel, ni nadie iba meras horas de una madrugada lluviosa y desapaci- mayor pobreza, ocultábase bajo un nombre supuesto
siguiéndole.
ble, iba á funcionar en París la guillotina. Todo ese para sustraerse á la vergüenza y al ridículo en que
Al cabo se aventuró á llamar. La puerta del hotel público de hombres estragados á quienes gusta lo lo colocaba su falta de recursos. Se obstinó durante
se abrió y la misma Resignación corrió á abrir la ver- repugnante y de viles rameras que suele acudir á las el proceso en no declarar su verdadero nombre;
ja. La prontitud con que salió la joven apenas el ejecuciones, agolpábase en las cercanías de la plaza como ciertas coincidencias lo perdían, previendo que
conde hubo llamado, revelaba bien la impaciencia fatídica donde el verdugo debía cumplir su misión. una pena infamante iba á caer sobre él, prefirió decon que Resignación aguardaba á Gaultier.
El reo á quien se iba á ejecutar era Gaultier. El jar su nombre en el misterio á cubrirlo de ignominia
Esta se quedó vivamente sorprendida cuando vió crimen de que se le acusaba había sido plenamente para siempre!... Mas antes de morir le dijo al verante su~ ojos al conde. Al abrir la verja del jardín y probado. Los cuarenta mil francos que el gascón de- dugo, la única persona á quien se confió: «Soy el
buscando en vano con la mirada á su amante, excla- da haber ganado al juego eran los mismos cuarenta destronado rey de Etruria. Tengo dos hijos, un niño
mó llena de extrañeza:
mil francos que Llave de Oro tomó de su caja pocas y una niña. Te entrego las señas de las pensiones
-¿Y vuestro amigo? ¿No viene? ¿Qué es lo que horas antes de salir para Saint-Cloud. El banquero donde se educan. Ahí va por escrito mi despedida
ocurre?
que esperaba allí la dicha, halló la muerte; fué á para que la hagas llegar á mis hijos. Anúnciales al
La joven tuvo el presentimiento de que algo ex- caer en el lazo que Gaultier le había tendido. Creyó enviársela que he muerto en un naufragio.~
El conde, perdida la razón, estrechando á Resigtraordinario sucedía.
de buena fe que el audaz aventurero no era capaz
Al penetrar el conde de Etruria en el saloncito de ilusionarse más que por un puñado de oro, y pa- nación entre sus brazos, sin fuerzas casi para seguir
oyéndola y luchando horriblemente entre el impulso
donde dejó á Gaultier entregado á su envidiable fe. gó con la vida su funesto error.
licidad y al encontrarse con Resignación á solas, la
Como de costumbre, en las noches en que la gui- natural que le inclinaba á gritar «¡Estela, hermana
nobleza de su carácter reprimió en él toda tentación llotina funciona, todas las tabernas próximas al lu- mía!) y su ansiedad por medir aquel profundo y nede infidelidad á su amigo: el conde era demasiado gar siniestro estaban ocupadas desde antes de media gro abismo entre cuyas sombras su pobre hermana
orgulloso para intentar aprovecharse de la situación noche por un gentío ruidoso y procaz que entonaba había rodado y se había hundido el honor de toda
en que Gaultier se hallaba. Además, la impresión las más insolentes y groseras canciones con voz en- su familia, aún sacó fuerzas de su desesperación para
que la encantadora beldad le producía, con ser tan ronquecida por el vino. En el entresuelo de una de sobreponerse al dolor enorme que en él produjo
viva y tan honda, no era una de esas emociones que aquellas tabernas, de cuyo balcón se veía la plaza, y aquel golpe tremendo, y cubriéndose el rostro, excise traducen por el deseo, sino más bien la que causa en un cuarto reservado que el conde de Etruria tó á Estela á que siguiera hablando.
- ¿De modo que aquel hombre que fué á buscaros
un hechizo prestigioso que absorbe dulcemente el pudo conseguir mediante un precio elevadísimo, haespíritu, algo superior á la idea de la posesión, que llábase el conde y Resignación esperando con ansie- á vuestra pensión era el verdugo?, preguntó el conde
con honda inquietud.
por su misma pureza seduce y embriaga.
dad el fatal instante.
- No, exclamó ella, no era el verdugo. Yo me
La situación del conde era muy difícil, pues comResignación estaba enlutada. Notábase en su rostro
prendía que la joven estaba en la más absoluta igno- una palidez marmórea. Quería ver á su amante por hubiera dado cien veces la muerte antes que entregarme al hombre que arrancó á mi padre la vida. El
rancia de lo que ocurría. ¿Cómo dar á Resignación última vez, aunque fuese de lejos.
una noticia semejante? ¿Cómo decirle que aquel á
Había logrado el conde evitar que la joven cayese verdugo confió el encargo que de mi padre había
quien amaba había sido preso, acusado de un asesi- en poder de la justicia, escondiéndola en un sitio recibido á un hombre rico y sin familia que vivía
nato y de un robo? Mas no había otro remedio; á donde la policía, á pesar de su empeoo de apoderar- aislado y cuya fortuna le permitía ponerme al abrigo
eso precisamente había ido al ignorado hotel. ¿Cuál se de una mujer tan hermosa, no consiguió dar con de las necesidades de la existencia. Yo al principio
iba á ser la situación de aquella pobre muchacha, al ella. Los agentes de la seguridad sospechando que no me mostré ingrata á la viva solicitud de que fuí
verse en el mundo sola y perseguida cuando acababa el conde la ocultaba habíanle seguido durante el objeto por parte de aquel protector generoso ... Pero
de romper su cadena? No era, pues, únicamente la proceso; mas resuelto aquél á salvarla á todo trance, un día, ¡ah! un día abusó cobardemente de mí, y
situación de Gaultier lo que tenía el conde que ex- se limitó á ir á verla á su escondite dos ó tres veces cuando iba á abandonarlo para ir á ocultar lejos de
plicar á Resignación, sino la situación crítica que á apenas, adoptando para ello las más exageradas pre- él mi vergüenza, me amenazó con hacer pública la
esta misma se le había creado, acusada de tan mons- cauciones. Su respeto hacia Resignaci6n aumentaba ejecución de mi padre, ¡y la idea de que el nombre
truosa complicidad.
cada vez que de nuevo la veía. La gravedad de la si- glorioso de los reyes de Etruria fuese á caer para
Por fin, después de algunos instantes de vacila- tuación y su natural altivez formaban barrerra insu- siempre en la más atroz deshonra me volvió loca, me
ción y de angustia, el conde enteró á la joven de lo perable que le hubiese detenido ante toda idea ·livia- hizo sucumbir bajo las caricias malditas de aquel
que pasaba. La impresión que en ella produjo la na. Abusar de las circunstancias que rodeaban á la infame! ... Mi desfallecimiento en aquella lucha desigual fué tan completo que acabé por aceptar el sanoticia convencióle al conde de Etruria de que Re- joven hubiera sido un acto de villana c:obardía.
signación amaba á Gaultier; Gaultier había roto una
Resignación, conmovida por un profundo senti- crificio resignada.,. Esforzábase aquel hombre in·
cadena invisible que la aprisionaba; Gaultier era el miento de gratitud, había dicho una vez al conde:
útilmente por distraerme, por hacerme olvidar la reprimero que la había hecho sentir las sensaciones
- ¿Cómo podré pagar á mi generoso protector pugnancia que su acto innoble me había inspirado;
del amor. La joven mostrábase aún más bella en su tantas bondades?
cubríame de lujosos vestidos y de ricas joyas, puso
desesperación, y la franca ingenuidad con que en su
El conde de Etruria pidió á la joven como única á mi disposición un magnífico carruaje para que fueamargura expresaba aquel amor ardiente, aumentó recompensa de su protección y de sus desvelos que se á respirar el aire del Bosque; pero me hada vivir
el prestigio misterioso en que Resignación aparecía le confiase el secreto de aquella cadena invisible que en el aislamiento, tenía miedo de que fuese ·á romenvuelta á los ojos del conde.
Gaultier había cortado. Resignación ~uvo un momen- per la misteriosa cadena con que á él me sujetaba, y
De buena gana le hubiera éste preguntado qué to de duda; mas al cabo, estrechando fuertemente una que otra vez, cuando le atormentaban los celos,
cadena era la que Gaultier había roto y cuál era el la mano del conde, prometióle revelarle el secreto. recordábame el fin ignominioso y secreto de los resecreto que la rodeaba antes de que el gascón la hiNo accedió fácilmente el conde de Etruria al vivo yes de Etruria... Una tarde de abril el amor murciese suya. Mas el respeto que ella le inspiraba en deseo que la joven sentía de ir á ver á Gaultier en muró á mi oído algunas frases seductoras, despertóse
su desdicha impidióle formular una pregunta tan in· el decisivo trance. Aquello le parecía horrible; había- mi corazón á un sentimiento nuevo é indefinible
discreta.
se esforzado por disuadirla de semejante propósito. que me embriagaba; amé á Gaultier, á vuestro amiSi las explicaciones que el conde acababa de dar á Mas cedió, oyendo á Resignación invocar el primer go; en busca de la felicidad que él me prometía romResignación eran ya por sí mismas en extremo em- latido de amor que había sentido en su existencia.
pí mi cadena, y temo que el hombre que me tuvo caubarazosas, más embarazosa aún era la situación en
Mientras aguardaban que el momento cruel llega- tiva cumpla su amenaza y deshonre públicamente
que se veía el conde; ante todo era preciso evitar se, la joven, casi enloquecida por el dolor, empezó á por causa mía la dinastía de los reyes de Etruria.
que Resig1Zación cayese en manos de la justicia. Hay contar al conde el secreto cuya revelación le había
Cuando el conde, sin fuerzas, sin voz, sin aliento,
quien de entre las manos de la justicia sale libre, prometido.
iba á desplomarse bajo el peso invencible de aquepero no hay quien no salga manchado.
- Oídme, le dijo, lo que ni al mismo Gaultier le llas revelaciones abrumadoras resonó en la calle un
Pasada la primera impresión y en cuanto la emo- he contado en los breves días de nuestra felicidad. vocerío infernal; oíanse gritos descompasados de
ción de la sorpresa quedó vencida, hubo que discu- El secreto de mi vida es un secreto aterrador. Me hombres y de mujeres y agudos silbidos; las gentes
rrir sobre el partido que Resignación debía tomar. había jurado á mí misma no revelárselo á nadie; sólo corrían atropellándose en revuelta confusión; un ruiLa primera idea de la joven había sido la de presen- á vos os lo confío. Sacrifiqué mi existencia y hasta do lejano que avanzaba, haciéndose más perceptible
tarse al juez y probar la inocencia de Gaultier, pues mi propio honor al honor de mi familia; refrené los á cada segundo, mezclábase con el vocerío que aturéste para Resignación era de todo punto inocente; no impulsos de mi corazón, renuncié á las alegrías de día la calle.
consideraba posible que el hombre á quien amaba la juventud por salvar del oprobio un nombre ilusEl conde y Estela pusiéronse de pie, saliendo de
fuese capaz de un asesinato y de un robo. El conde, tre, un nombre que fué la gloria de un pueblo. ¡Yo su postración. La joven se acercó á los cristales,
aunque nada comunicó á la joven de ciertas sospe- soy descendiente de reyes! ...
miró hacia afuera y puso el oído atento. Vió á las
chas que le asaltaron, no estaba tan seguro de la
Al escuchar estas palabras el conde se estremeció gentes correr y oyó gritar: &lt;¡La guillotina! ¡La guiinocencia de Gaultier; hizo pasar ante los ojos de y brilló en sus ojos un fulgor extraño.
llotina!)
Resigllación todo el tormento de la instrucción judi- Sí, soy descendiente de reyes, continuó Resig- ¡Ah! ¡Gaultier va á morir!, exclamó, manteniéncial, de los interrogatorios y de los careos; le pintó nación, casi ahogándose en sollozos. Un día, cuando dose en pie con dificultad.
los horrores de la prisión preventiva y el continuo yo era muy pequeña, un hombre vino á buscarme á
Hubo un instante en que el ruido subió de punto¡
asalto de que su hermosura sería objeto durante el la humilde pensión donde yo me educaba. Me anun• la máquina fatal iba á pasar por delante de la taber·
curso del proceso por cuantos á ella tuvieran que ció que mi padre, que era un rey proscrito, acababa na. La joven abrió el balcón, fué á asomarse y el
aproximarse; trazó ante ella con vivos colores el cua· de emprender un largo viaje sin poder despedirse conde la retuvo. Pero ella, cual si una vigorosa codro de la audiencia pública; y recordó una multitud de mí; pero me traía él su despedida y me dijo que rriente eléctrica la hubiera agitado, desprendióse de
de errores judiciales descubiertos cuando ya no que- él de mí quedaba encargado mientras la ausencia de la mano del conde que la retenía, se acercó al baldaba reparación alguna posible en favor de los ino, mi padre durase. La despedida venía escrita con ma- cón resueltamente, clavó sus ojos en el siniestro
centes; y antes de que el conde de Etruria acabara no temblorosa ... Más tarde me hizo saber que mi vehículo y gritó, cogiendo al conde de un brazo Y
de desarrollar su tema, Resignación, convulsa, con padre había perecido en un naufragio ...
haciéndole mirar fijamente los caballos que tiraban
Al llegar á este punto parecíale al conde de Etru- de la guillotina!
las manos crispadas y destrenzado el cabello, clavados los ojos en un punto fijo, como si percibiera una ria que soñaba; su frente ardía.
- ¡Oh! ¡Mirad! ¡Son mis caballos blancos!

-_.,

l'NA EJECUCIÓN DE PIRATAS EN CHINA,

(De una fotogralfa.)

UNA EJECUCIÓN DE PIRATAS EN CIIINA, -DESPuts DEL SUPLICIO.

(De una fotografín.)

�LA

502

El conde reconoció los caballos que en el Bosque
de Bolonia tiraban del coche de Resignación. ¡Eran
los caballos de la guillotina!
- ¡Oh! ¡Mirad aún!, añadió la desdichada, señalando al verdugo. ¡Ese, ese mismo es el hombre que se
apoderó de mí y que ultrajó mi honor!
El conde vió á Samsón, el verdugo famoso por sus
aventuras galantes, el mismo que había ejecutado al
último rey de Etruria.
La guillotina pasÓj el gentío se fué tras ella, riendo y cantando; el conde, horrorizado, arrancó del
balcón á su hermana; figurábasele que todos los que
iban por la calles miraban hacia allí y la reconocían.
La llevó al extremo opuesto del cuarto y mirándola
inmóvil, como si empezara á tener dudas de si aquello que veía era una realidad ó un sueño, exclamó,
dominando la emoción que le embargaba:
- ¡Estela!
Al oir este nombre, la joven miró al conde con
una expresión de incredulidad mezclada de angustia
suprema. Diríase que había quedado petrificada.
El abrió sus brazos, ella ¡Lbrió también los suyos
y cuando los dos hermanos iban ya á confundirse en
un abrazo estrechísimo, Estela retrocedió, se cubrió
con una mano el rostro, empujó con la otra rápida·
mente la puerta y desapareció de allí. En vano el
conde corrió á detenerla; su desaparición fué instantánea.
En la tarde del siguiente día fueron llevados al
domicilio del conde de Etruria algunos objetos procedentes del país donde sus padres habían reinado,
varios recuerdos de familia y un cuadro de grandes
dimensiones que ni siquiera quiso descubrir. Hasta
tal extremo le dominaban las emociones que algunas
horas antes había sufrido. Mas leyendo maquinalmente la carta del viejo y fiel servidor que desde el
país de Etruria le enviaba aquellos recuerdos antes
que se perdieran entre las ruinas del castillo señorial
de sus antepasados, que estaba ya derrumbándose,
halló el conde esta frase que le hizo salir de su abatimiento prestando á su rostro animación extraordinaria: «El cuadro que recibirá Su Alteza con los objetos que en el castillo señorial se conservaban llegó
aquí hace muy pocos meses con esta inscripción:
Cautividad de una princesa de Etruria. Aún no he
logrado saber quién ha hecho ese don al castillo.»
El conde descubrió el cuadro precipitadamente;
era la inspirada obra de arte que representaba á Rr:signadón sujeta por la cadena oculta.
A los pocos díasj el verdugo de París, Samsón, fué
destituido. Explicóse su destitución de mil maneras:
decían unos que había sido motivada por su vida licenciosa; en efecto, Samsón, que recibió de sus padres una cuantiosa herencia, hacía una vida de lujo
y de placeres. Otros dijeron que Luis Felipe no quería tener por servidor al descendiente del que ejecutó á uno de sus antecesores. Los mejor informados
aseguraban que la destitución de Samsón había sido
resuelta después de leída por el rey una relación de
la policía secreta de París, donde constaba que el
verdugo había abusado de un secreto recogido al pie
de la guillotina, merced al cual sedujo á una princesa extranjera.
Aunque al ser relevado en sus funciones había
ya perdido casi toda su fortuna, conservó por algunos años los caballos blancos de la guillotina, que
eran de su propiedad. Los habituQles concurrentes
del Bosque de Bolonia veían muchas tardes llegar el
coche y los mismos caballos que antes conducían á
la joven misteriosa; pero en lugar de aquella fascinadora hermosura iba Samsón, proclamando cínicamente su triunfo ante aquellos innumerables adoradores que á Resz;[¡nación siguieron y que se hubieran
sentido felices sólo con una de sus miradas.
ERNESTO GARCIA LADEVESE
LA AUTOPSIA
I

¡yaya si era bonita Magdalena!, la hija del señor
Pohcarp0, el carpintero de la Cava Baja. Tenía una
mata_~e pelo que Dios se la había bendito, y como
era h1Ja de sevillana, se ponía en la cabeza una azucena (cuando las había) que no había más que ver con
e~ contraste de lo blanco sobre lo negro. Pues ¿y los
OJOS? ¡Oh! Los ojos eran madrileños: intencionados
y antojadizos; lo cual hacía que algunos creyeran
que era fácil posesionarse de aquellos luceros. Pero
¡ca!, á buena parte iban; á poco que la incomodasen
ella los. ponía en blanco y soltaba ~na mascá al lucero del alba. Desde San Francisco el Grande hasta
la plaza Mayor tenía Magdalena fama de arisca, y
cono muchos la hacían cucamonas y ella ni los mi-

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ILUSTRACIÓN ARTISTICA

raba siquiera, sus amigas y vecinas de la calle apodábanla la Cibeles, suponiéndola tan dura de corazón como es dura la diosa que campea en la fuente
del Prado.
Pero al que más mella le hacía esta adustez de la
muchacha era á Manuel, el ~studiante de medicina
y practicante del hospital general, pues si algtín otro
podía estar encaprichado por Magdalena, el pobre
Manuel sentía por ella una verdadera pasión. Y lo
que más desesperaba á todos es que la hermosa carpinterita sólo era despegada para sus galanes, pues
por lo demás y para los demás tenía un trato tan
afable y un carácter tan alegre que cautivaba.
Manuel estaba derretido, como vulgarmente se
dice, y se pasaba todo el tiempo que sus estudios y
ocupaciones le permitían rondando por los alrededores de la Cava Baja y acechando la tienda en donde
habitaba su adorado tormento.
Cuando Magdalena le veía, que era casi siempre
que salía ó que se asomaba á su puerta, parecía no
fijarse en él, aunque no sé si le miraría con el rabillo
del ojo, que es como suelen mirar las mujeres; y esta
indiferencia hacía que él estuviera tímido y cortado.
No se atrevía á hablar á su ídolo. Sólo en una ocasión, con motivo de la Minerva de San Andrés, entre la multitud de gente, hallándose cerca de la muchacha atrevióse á decirla esta frase, banal como las
de todos los grandes enamorados, á quienes la emoción priva de la elocuencia:
- Magdalena, ¡por Dios!
Ella le miró un momento, no contestó y no volvió
á mirarle.
Y ciertamente Manuel no merecía este despego.
Era un guapo muchacho, honrado, inteligente, estudioso, que tenía un buen porvenir cuando terminara
su carrera con la brillantez que era de esperar, y con
el apoyo de su padre, notario en Burgos, á quien se
le suponían cuantiosos ahorros.
Las amigas y vecinas de Magdalena dábanla broma con el amartelado estudiante, eterno rondador
de la Cava Baja, y su padre, el señor Policarpo, soltábala algunas cuchufletasj pero ella solía contestar:
- Déjenle ustedes que pierda su tiempo como los
demás.

II
Magdalena era huérfana de madre y tenía un hermanito de cinco años de edad, de suerte que ella se
ocupaba en todas las faenas de la casa, que desempeñaba á las mil maravillas. Un día, en plena primavera, amaneció con un tiempo nubloso y casi glacial,
y su padre, al irse á misa, pues era día festivo, encargóle que echase brasero. Observen ustedes las añagazas de que se vale el enemigo malo para tejer malamente los destinos humanos: aquel día se valió de
uno de esos extemporáneos fríos que suele hacer en
Madrid. Estaba Magdalena encendiendo el brasero
en el quicio de la puerta de la tienda, de cara á la
calle, y su hermano Antoñito jugueteaba en aquélla
y en la trastienda. El niño había cogido de no se
sabe dónde una caja de fósforos, encendió uno sin
ruido, y viendo un montoncito de virutas cerca de
la salida de la tienda, al lado de su hermana, ocupada en su faena, paresióle conveniente y divertido
prenderle fuego. Ardieron las virutas sin advertirlo
la muchacha; ésta, que estaba inclinada aventando
el brasero, incorporóse un instante para descansar;
el movimiento hízola retroceder hasta llegar junto á
la hoguerita encendida por su hermano, el fuego
prendió en la falda, y casi instantáneamente Magdalena hallóse envuelta en llamas. Se aturdió, como en
tales casos suele suceder, y salió á la calle corriendo
y gritando. El primero que la vió fué el estudiante
de medicina que, como siempre, andaba como alma
en pena por aquellos alrededores, y abalanzándose
á_ ella la estrechó entre sus brazos, no por abrazarla,
smo para apagar el fuego. Afortunadamente, como
la mañana estaba fría, Manuel llevaba un sobretodo
de entretiempo, y envolviéndola en él consiguió extinguir la llama.
En este momento volvía de misa el señor Policarpo, que acudió en auxilio de su hija, desmayada de
susto, y después que ésta volvió en sí, notó el maestro carpintero que Manuel tenía quemada la mano
izquierda. Sobresaltóse y le acompañó á una botica
próxima, donde le pusieron un calmante y un vendaje, y ambos se despidieron ofreciéndose mutuamente la casa.
·
Aunque Magdalena salió completamente ilesa de
aquel incidente, durante todo el día se habló del suceso_ en toda_ la calle,_ alabando l~s vecinos, por unanimida~ casi, el ar_roJo y oportumdad con que el joven
estudia~te ac_ud1ó en socor~o de la carpinterita, que
era la mña mimada del barrio. Magdalena oía los comentarios y se ponía pálida 6 colorada, según la da-

LA

NúMERO 502

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ban bromas con el osito, que así apodaban á M~nuel, ó conforme su padre la recordaba la lesión que
el joven había sufrido en la mano. Durante todo el
siguiente día nadie vió pasar por la calle al amartelado practicante, y eso que Magdalena se asomó á
la puerta de la tienda con más frecuencia que de
costumbre. Al otro día sucedió lo mismo, tanto, que
el señor Policarpo preguntó á su hija cuando se sentaron á la mesa para comer:
- ¿No has visto pasar á tu osito? El carpintero
también le llamaba así.
~ No, padre, contesi6 Magdalena, balbuciendo.
- Es extraño. ¿Estará indispuesto de resultas de la
quemadura?
- Puede que sí.
- Debería ir á verle, que bien lo merece, pero se
me han olvidado las señas que medió. Sólo recuerdo que dijo calle de Santa Isabel.
- En el hospital ó en el colegio de San Carlos le
darán á usted razón.
- ¿Cómo se llama? ¿Lo sabes tú?
- No estoy segura, pero me parece que es Manuel
Almazán.

III
En efecto, como al día siguiente tampoco el joven
se dejara ver, el bueno del carpintero, previo informe
en el hospital, se presentó en casa de aquél, á quien
halló en cama, y á su lado un médico que le colocaba un apósito en la mano quemada. Las quemaduras habían producido llagas, y sabido es que éstas
suelen tener peores resultados en la primavera. Manuel tenía fiebre bastante alta desde hacía dos días,
y cuando el médko salió en compañía del señor Po·
licarpo, expresó á éste sus temores de que el joven
perdiera la mano. Con estas noticias llegó el carpintero á su casa, y padre é hija lamentaron de todo corazón aquella desgracia originada por causa suya. El
carpintero fué la mayor parte de las noches á ver al
enfermo, y Magdalena estuvo aquellos días inquieta
y desasosegada, si no por amor, que no me atrevo á
asegurarlo, por lo menos por lástima y agradecimiento. Una mañana recibió una carta por el correo interior: era de Manuel y decía poco más ó menos así:
((Mi ... estimada Magdalena: sólo en un caso espe·
cial como en el que me hallo, me atrevería á escribir
á usted sin su permiso. Mi médico cree necesario
cortarme la mano para salvarme el brazo; y como sin
esta contingencia no he tenido la suprema felicidad
de llegar al corazón de usted, con mayor razón debo
perder toda esperanza cuando me· halle mutilado.
Permítame usted, pues, esta expansión y tenga entendido que nadie la habrá querido ni la querrá como este disdichado que sólo halla lenitivo á su pena
pensando que sufre por usted y que ha podido servirla en algo... »
Esta carta, sentida y sencilla al mismo tiempo, con.
movió profundamente á Magdalena que, como buena
hija de Madrid, tenía fino el corazón, y en lo tocante
al señor Policarpo, á quien su hija enseñó la carta,
sintió aumentarse su simpatía hacia el joven estudiante y aquella misma noche fué á verle, encontrándose con una fausta novedad. Era 'ésta que habiendo regresado de Andalucía el célebre operador Toca,
del que era protegido Manuel, y sabiendo el estado
en que se hallaba, le reconoció la mano, y después
de llamar animales (según costumbre) á los dos cirujanos que le asistían, casi aseguró al enfermo que le
sacaría adelante sin necesidad de operación alguna.
Y en efecto, cumplió su promesa. En quince ó
veinte días el joven hallóse restablecido por completo, quedándole sólo en la mano la señal de las .
quemaduras. El primer día que pasó por la Cava Ba·
ja, Magdalena estaba por casualidad asomada á la
puerta de la tienda, y tuvo que apoyarse en el quicio,
porque se tambaleaba de emoción. Avisó á su padre,
que estaba trabajando, y el buen hombre, atravesando la calle, salió al encuentro de Manuel, y dándole la enhorabuena, hízole entrar en la tienda. Los
dos jóvenes, á quienes sin abusar podemos ya llamar
amantes, balbucieron algunas palabras, y el señor Policarpo mandó á Magdalena sacar una botella de vinillo blanco de Rueda, que reservaba para los días que
repican tieso; botella que desocuparon todos los pre·
sentes, que eran seis, contando al niño Antoñito y al
oficial y aprendiz que trabajaban en la carpintería.
Los vecinos más próximos observaron todo esto,
y cuando Magdalena pasó al anochecer, según costumbre, á la latonería de enfrente á verá su amiguita Rosa, la dijo ésta:
- «Vaya, Magdalena, me parece que las cosas van
por buen camino. Supongo que de hoy en adelante
ya no te llamarán la Cibeles.»
,
(Concluirá)

...

. F.

MORENO GOD!NO

SANTIAGO DE

cmu;. - PALACIO

SECCIÓN AMERICAN A

DEL CO:'ICRESO.

(De una fotografía remitida por D. losé Mari,cal, gerente de eLa Toya Literaria.&gt;)

Congreso, que por su grandiosidad y belleza arquitectónicas merece le consagremos algunas líneas más
SANTIAGO DE CHILE
de las que á los otros edificios hemos dedicado. Este
hermoso palacio, que es sin disputa el primero de su
Santiago de Chile, capital del departamento y pro- clase de la América latina, es uno de los monumen•
vincia de su nombre y de la República chilena, es tos que más llaman la atención en la capital chilena.
una de las ciudades más importantes de la América En sus planos han intervenido sucesivamente los ardel Sur por la magnificencia de sus edificios públi- quitectos franceses Debain y Henaul y el chileno
cos y particulares, por la belleza de sus paseos, por D. Manuel Aldunate, á quien ha cabido la suerte de
sus monumentos, comercio, población y grado de dar cima á tan importante obra; ésta fué comenzada
cultura de sus habitantes. Ocupa una situación su- en 1857, quedó en suspenso en 1860, se continuó
mamente pintoresca en medio de una vasta y fértil diez años más tarde, y en 1876 ya pudieron celebrar
llanura, entre los pequeños cerros de Navia, Blan- las Cámaras sus sesiones en el palacio. El cuerpo del
co, San Cristóbal y Apoquindo y atraviésala de Orien- edificio ocupa un rectángulo de 76 metros de ancho
te á Poniente el río Mapocho. Sus calles córtanse en por 78 de fondo. Las dos fachadas que se ven en el
ángulo recto, formando manzanas de 12 5 metros de grabado que publicamos dan acceso á la Cámara de
lado, y las casas antiguamente construidas de adobes diputados por el Oriente y al salón del Congreso; de
y con sólo planta baja son hoy en su casi totalidad los otros dos lados del edificio, el que da á Poniente
elegantes edificios de cal y ladrillo y constan de dos corresponde á la Cámara de Senadores y el del Sur
pisos, altura que los frecuentes terremotos no permi- forma la entrada de diversas oficinas que existen en
ten sobrepujar. Varios puentes ponen en comunica- la parte superior del edificio. El bello jardín que úlción la ciudad propiamente dicha con el arrabal de timamente se ha construido frente á los costados del
La Chicha, emplazado al Norte del Mapocho. Entre Norte y Este contribuye no poco á dar realce al palas principales plazas merece especial mención la Pla- lacio.
za de Armas, en cuyo centro se eleva una hermosa
Varios y hermosos en alto grado son los paseos
fuente de bronce y á cuyos lados se alzan la cate- públicos que posee Santiago. Citaremos entre ellos:
dral, el palacio arzobispal, el del Gobierno, el Gran la extensa Alameda de las Delicias que recorre la
Hotel y otra porción de edificios suntuosos.
ciudad de Este á Oeste en un espacio de 4.ooo meMuchos son los edificios públicos notables que tros de largo por 100 de ancho y que surcan multiposee Santiago de Chile, distinguiéndose entre ellos tud de acequias que dan frondosidad á varias filas
la Casa de la Moneda, bella construcción dórica don- de árboles que dividen en calles el paseoj el Parque
de tienen su residencia el presidente de la República Consiño, quizás el más bello de las ciudades sudy sus despachos los ministrosj el edificio de los Tri- americanas, poblado de frondosas arboledas amenos
bunales, ocupado por la Corte Suprema de Justicia, jardines y accidentados senderos; y la Quinta Nor·
las de Apelaciones y los juzgados civiles y otras ofici- mal, precioso verjel cubierto de árboles de todas clanasj el Teatro municipal, uno de los más suntuosos ses y formas para favorecer el gusto y fomentar el
de América; el palacio de la Exposición, en que se estudio de las ciencias agronómicas.
encuentra un Museo que contiene diversas secciones
El cerro de Santa Lucía, que se eleva en el centro
de historia natural, etnografía, mineralogía, etc., y de la ciudad, merece párrafo aparte por ser una de
entre otros objetos curiosos é históricos, banderas, las principales bellezas y por su originalidad tal vez
estandartes y trofeos; el palacio arzobispal, la Univer- la primera de la capital chilena, y aunque nuestros
sidad, el elegante edificio de la Dirección y Adminis- lectores recordarán sin duda que en el número 479
tración de Correos, la estación central de los ferro- de LA _ILUSTRACIÓN ARTISTTCA, la bien cortada pluma
carriles del Estado, el Mercado central, el edificio de de la ilustre americanista Eva Canel escribió sobre
la Intendencia y de la Municipalidad, el cuartel de este asunto uno de sus más interesantes artículos
Artillería, etc. En cuanto á los edificios particulares, esto no obstante, nos permitiremos añadir por nues~
cuenta Santiago con un sinnúmero de costosas y ele- tra cuenta algunos datos que completarán el trabajo
g~ntes casas de v~riada arquit~ctura, figurand~ tam- / de tan_ distinguida escritora, El cerro que, como hebién entre las propiedades particulares los pasaJes de mos dicho, s_e alza en el centro de Santiago, ost,enta
Matte y de San Carlos, los portales Fernández Con- una vegetación exuberante: mil caprichosos sendecha y Mac Clure que, aunque ocupados por el co- ros lo cruzan en todas direcciones, infinidad de esmercio, sirven de paseos públicos.
.
tatuas pueblan sus espesas alamedas, y desde los inPero por encima de todas las construcc10nes de numerables puntos de vista que en él se ofrecen adSantiago de Chile está indudablemente el palacio del míranse los más sorprendentes panoramas. U na ins-

cripción que recuerda la inauguración del paseo dice:
«Obra de Dios, el pueblo con sus ofrendas la hizo
suya.» Y así es la verdad; pues aunque el Santa Lucía no es una construccion artificial, sino obra geológica de las más resistentes á la aGción del tiempo, la
mano del hombre á fuerza de ímprobos trabajos ha
convertido aquella antes árida peña en verjel delicioso que constituye hoy el encanto de cuantos visitan
Santiago de Chilej este prodigio se realizó gracias á
la iniciativa del que sus conciudanos llaman el rey de
los intendentes, el distinguido hombre público, el popular y fecundísimo escritor D. Benjamín Vicuña
Makenna, que ideó, propuso, llevó á cabo y en gran
parte costeó de su propio peculio tan atrevida empresa. Este paseo, cuya área total es de 37.607 metros cuadrados, que cuenta 102 jardines, 416 jarrones de diversas clases y 31 estatuas, fué comenzado
en 2 de junio de 1862 y terminado en 17 de septiembre de 1874, habiendo costado su construcción
220.000 pesos en dinero ó materiales, además del
trabajo gratis que en ella se utilizó y fué estimado en
90.000 pesos.
Entre los templos que embellecen la ciudad distínguense por su magnificencia, solidez y comodidad
la catedral, Santo Domingo, San Agustín, San Ignacio, la Merced, la Recoleta Francisca, la iglesia de
los padres Capuchinos y la suntuosa fábrica de la
Recoleta Dominica, sin rival en la América del Sur.
Notable era también el templo de los jesuítas que un
horroroso incendio destruyó el día 8 de diciembre
de 1863: celebrábase en él la fiesta de la Purísima
Concepción y en sus amplias naves congregábanse
más de tres mil mujeres y algunos centenares de
hombres. La iluminación era espléndida: de repente
surge una llama que invade los ornamentos, y las flores del altar mayor y el incendio se propaga por las
bóvedas, que eran de madera pintada al óleo, y en
un instante el fuego se apodera del coro. La multitud,
presa de terror, precipítase hacia las puertas, pero éstas resultan insuficientes para dar cabida á aquel torrente de carne humana. Entonces comenzó la más
espantosa escena, en medio de los progresos aterradores del incendio y de los gritos de la muchedumbre sobre la cual caían los hachones encendidos y
el plomo derretido de las lámparas: aquella informe
masa humana ardía luchando con la agonía más terrible. En vano se intentó el salvamento: pocos fueron los que se salvaron, y el número de las víctimas
se elevó á dos mil quinientas. Actualmente en el lugar en que estuvo emplazado el templo álzase un
monumento que la Compañía de Jesús elevó en homenaje á los infortunados que perecieron en tan horrorosa catástrofe.
Cuenta Santiago una porción de monumentos eri-

�LA

lLUSTRAClON ARTÍSTICA

NúMERO 502

gidos en honor de los héroes de su independencia { las, Gandarillas é. Infante; de los preclaros estadistas dor y naturalista Molin_ll, ~I ilustre sabio Andrés ~eO'Higgins, San Martín, Carrera y Freire; de los es- Portales, Tocornal, Sanfuente~, Benavente y _Gar~ía llo, venerable pas~o~ V1cuna y el fundador deSantiacritores que han narrado esta guerra Henríquez, Sa- , Reyes, y de otros preclaros chilenos, como el h1stona- go Pedro de Vald1VJa,

I

ADORADORES DE BACO, cuadro de D, Luis Graner

1

.. .

1¡1

-1

SANTIAGO DE CHILE
Alameda. - Cerro de Santa Lucía. - Salón de honor del Congreso. - Palacio arzobispal y Catedral. - Teatro municipal. - Portal San Carlos. -Puente Calicanle.
Quinta Normal. - Plaza de Armas. - Palacio de la Moneda.

La instrucción se encuentra en Santiago de Chile
en un estado muy floreciente, debido esto al gran
número de establecimientos científicos, literarios y
artísticos con que cuenta, como la Universidad, la
Escuela especial de Medicina, el Instituto Nacional,
el Instituto Agrícola, el Conservatorio de Música, las

Escuelas de Pintura, de Escultura, de Agricultura,
Normal de maestros y maestras, de artes y oficios, de
sordos-mudos, la profesional de niñas y otros varios
estab.lecimientos públicos y particulares, con más los
sostenidos por sociedades formadas de personas amantes de la instrucción del pueblo, Contribuyen á fo.

mentar el desarrollo de la instrucción establecimientos como el Observatorio Astronómico, el Museo Nacional, el Jardín Geológico y la Biblioteca Nacional.
En punto á beneficencia cuenta Santiago con va•
ríos establecimientos públicos que están á cargo d~
una Junta directiva, nombrada por el Gobierno, figu-

EL CUARTO ESTADO, cuadro de D. Luis Graner

�506

1

1

11 1

LA

rando entre ellos tres hospitales, un hospicio de inválidos, otro para locos, una casa para niños expósitos, lazaretos, etc., etc. Depende también de la expresada junta el cementerio general, que es uno de
los más notables de la América del Sur por la magnificencia artística de sus numerosos mausoleos. Hay
además otra porción de establecimientos de distintos géneros, sostenidos por corporaciones y sociedades particulares, que dan albergue á personas de diferentes condiciones, contando algunos con talleres
para el aprendizaje.
Como capital de la República, Santiago es la residencia de todas las autoridades y corporaciones generales del Gobierno; pero además de esta importancia política tiene la ciudad de que nos ocupamos
gran importancia mercantil, gracias á los varios Bancos y otros establecimientos de comercio é industriales.
Larga y accidentada es la historia de Santiago de
Chile desde que la fundara en 1541 el conquistador
D. Pedro Valdivia; pero como de ella algo y muy curioso relató en el antes citado artículo la señora Canel,
y como el presente trabajo es puramente descriptivo
y rebosa ya los límites que á los de esta índole suele
conceder LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA, hacemos pun•
to final, formulando nuestros fervientes deseos porque
la situación anómala por que actualmente está atravesando la floreciente República chilena cese cuanto
antes y pueda recuperar en breve la tranquilidad y
el bienestar que han hecho de ella una de las más
florecientes de la América española.

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 502

del árbol secular; penetro en los valles; alcanzo las
llanuras; me deslizo sobre el mar; casi cegando ilumino con vivísima claridad ... el retumbante ronco rugido
del trueno es la armonía que acompaña el estridente
chillido que mi velocidad produce... ¿Comprendes
ahora la belleza, la delicia de mi libertad?.. .
La pobre chispa elétrica llegó á punto de romper
las vasijas de la pila de Volta, y desprendiéndose de
los conductores, echarse fuera por donde pudiese,
para lanzarse al espacio, como la centella que la seducía.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 502

otros cien, aun sin contar con los que llenan sus paisajes con
animales domésticos ó salvajes.
En cuanto á los motivos ó asuntos de tales cuadros, nótase
la particularidad de que los animales domésticos inspir:m composiciones idílicas, mientras que los fieros dan origen á lienzos
verdadera.mente dramáiicos.
Hemos citado á Meyerheim como pintor de leones, y recientemente han aparecido dos nuevos talentos, Reinardo Friese y
Guillermo Kuhnert, que también dedican su interés al rey del
desierto. Kuboert, de quien reproducimos hoy algunos estu•
dios, ha llamado la atención de los inteligentes con las obras
que en estos últimos años ha. enviado á las exposiciones alemanas y entre los cuales merecen especial mención una Lucha
tu/re un rinouronlt y un ltón y varios cuadros que re presentan lt:ones y tigres. Pero este pintor se•distingue también en la
figura, como lo prueba su celebrado lienzo tÍluladoEsplasdra•
bu dtwtbn'mdo las htttllas de tma caravana.
Las obras de este artista, y de ello pu:ede juzgarse por los
estudios que de él publicamos, acusan en su autor gran facilidad al propio tiempo que gran seguridad de ejecuci6n 1 reflejo
de una observación atenta y de un estudio concienzudo.
Kuhnert es uno de los jóvenes más distinguidos que han
salido de la escuela berlinesa, y su aplicación le tiene rese rva•
do un hermoso porven:r.

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO B,\\'ARD

(CONTI:-IUACIÓ:-1)

Pero volviéndose á su seductora hermana le pregunta:
- Veo ya muy claro; mas antes deseo me expliques bien si además de eso sabes ó puedes hacer al·
guna otra cosa.
-¿Y te parece poco? Yo cumplo con ello una misión que, á serte ingenua, no comprendo bien; pero
estoy cierta de ello.
- Quería yo decir si además de eso sabes ó puedes hacer una cosa distinta, algo más útil que el es•• •
panto y estrago y destrozo que produces. ¡Ah! Pues , Ejecución de piratas chinos. - El dla 10 de mayo
mira, la cosa cambia por completo de aspecto. Me ultuno tuvo lugar en la.ciudad de Kow•Loon, situada en el litoparece que tu libertad es ilusoria, y cumpliendo, co- r~I chino, frente á la isla de Hong-Kong, la ejecución de diez
ptratas chinos. Su crimen, 6 mejor dicho, su criminal tentativa
mo dices, una misión, también obedeces á otra vo• merece ser conocida.
!untad. Si tú no sabes convertir tu libertad en algo
En el mes de noviembre del año fütimo sali6 de Hongprovechoso, si tu libertad sin restricción alguna hie- Kong con rumbo á los puntos del Norte el Sltamtr Namoa,
re, destroza, espanta y ciega .. ¿á qué conduce? ¿de de la compañía Oonglas-Laprack, conduciendo además de un
b~en cargamento de opio una respetable cantidad en piastras.
qué sirve? ¡Pobre hermana! Yo, es verdad, me formo Figuraban entre los pasajeros diez bonzos; que se distinguían
dentro de esas vasijas colocadas en la obscuridad no sólo por el traje sino también por su aspecto sencillo y
•
de una caja; sigo esos conductores, que lejos de mi- bondadoso,
A
Durante
la
primera
noche de navegaci6n y cuando el Narar como duras cadenas considero como suavísimos
moa se hallaba costeando y la tripulaci6n y pasaje entregábanlazos que me unen á la humanidad, y con ella me s~
al descanso, convirtiéronse de pronto los religiosos en van•
identifican formando parte de su vida; estrecho sus d1d~s. Precipitáronse sobre el timonel y el oficial de guardia,
BOCETOS
relaciones de sentimiento y de interés, uno los pue- cosiéndolos á puñaladas, entregándose en seguida al pillaje del
blos, mitigo las penas de la separación de las fami· buque, aprovechando los primeros momentos de confusión
LA CfllSPA EÜCTRICA
que produjo su inesperado ataque, favorecidos por una noche
lías, y el mundo entero me bendice. Sin una sabi- sin
luna. Esto no obstante y organizada. la defensa, fueron
duría que supo darme vida, sin una inteligencia que ~corralados los piratas, quienes para no caer en poder de la
- ¡Vaya con la triste vida que llevas!
mdignada tripulación a.rrojáronse audazmente al mar, logran- Pues mira, no me encuentro mal· voy tirando me impulsara, sin un aparato que me dirigiese y me do
ganará nado la pr6ximaplaya. Mas por desgracia para ellos
contuviera
...
para
cosa
alguna
serviría.
Tú
con
esa
con ella muy á gusto.
'
fueron prendidos y juzgados inmediatamente por las autori•
libertad
sin
freno
atemorizas,
espantas
y
destrozas,
da.des chinas, que se propusieron hacer un escarmiento ejem- Sí: como tira con la suya el pájaro nacido en
plar.
u_na jaula, en la cual todo puede tenerlo de sobra, y y te maldicen. Yo con mi dulce y provechosa esclavitud soy querida y bendecida. ¡Déjame en paz con
Sentenciados á muerte y publicado el fallo en todas las ciusm embargo desconoce la libertad.
dades del Celeste Imperio, fueron decapitados en el mismo
ella! ¡Deja que me bendigan!
- ¡No entiendo!...
- Parece imposible tu resignación, que no quiero
c1lificar de estupidez, porque al fin somos hermanas
y como tal te quiero y por eso me das lástima y t;
compadezco.
- Pero, dime: ¿por qué me compadeces?
- ¿Por qué te compadezco? ¿Y eso me preguntas?
¡No lo conoces! Porque estás sumisa al capricho ajeno; porque no te lanzas al impulso de tu voluntad·
porque vi~es en la esclavitud, y en tu estado no pu/
des apreciar cuánta diferencia media de ser esclava á
ser libre.
-Aunque no comprendo bien todo el alcance de
lo que tus palabras significan, ellas, sin embargo han
hecho nacer en mí como un vago deseo de esa 'cosa
que no sé explicarme bien y que deseo conocer.
- Pues has de saber que desde el momento que
empiezas á sentirlo, empezarás á entenderlo desapareciendo la línea que lo separaba del anheÍarlo, encontrándote con el esfuerzo para obtenerlo.
-: Obsc~ras me son tus palabras; pero en esa obscuridad bnlla como una chispa de nuestra propia luz.
- Veo que al fin vas entrando en razón. Me entenderás.
. - En mi ser_penetra un extraño inexplicable espíritu que me agita. Tus palabras se introducen de un
modo que me conmueven, como dardos candentes.
-¡Es claro! Así como un rayo de luz disipa la
más densa sombra, así la indicación de un bien desconocido mueve por lo menos á sublevarnos contra
la desgracia que nos martiriza.
- Efectivamente; desde que fijo la atención en lo
que me dices, cosa que yo ignoraba, paréceme que
siento en mí como una fuerza nueva.
- No; nue~a no es: sientes lo que residía en ti,
p_ero que por ignorar su fuerza no le dabasimpo1tancia alguna, como el imbécil con un tesoro en la mano. En la caja de fósforos existe el fuego ... es decir,
lo ne~esano para producir la llama con una ligera
frotación, y del brillo de ésta al incendio apenas media tiempo.

•

~ Cre? que tienes razón: no quiero vivir sumisa y
dócil, su¡eta y esclavizada de este modo siempre al
capricho de ajena voluntad.
'
-¡Bien! ¡Así me gusta verte! Desde este momento
puedes considerarte libre... Querer es poder. Rompe
ese encierro, despréndete de esas cadenas de metal
que te sujetan, lánzate al espaGio. ¡Mírame! Desde el
seno de la nube broto brillante y deslumbradora,
cruzo la atmósfera; hiero la punta de un peñasco,
atravieso el muro; abro y desgajo el robusto tronco

JUAN

0.

NEILLE

NUESTROS GRABADOS
Otro beso, cuadro de Italo Nunes-Vais. - La

escena que representa este cuadro, obra del celebrado pintor
tunecino Nunes-Vais, premiada en la reciente Exposición de
Brera, no puede ser más real ni más sentida, y de ello dado
fe cuantos hayan sido actores ó testigos de situaciones análogas. En este lienzo, cuya descripción no hemos de hacer porque por sí sola SI! hace, predomina de tal suerte la nota del
sentimiento y está ésta tan maravillosamente expresada, que á
pesar de que la composición carece de los principales elementos estéticos, á pesar de la monotonía del fondo, de la falta de
horizonte, de la ausencia absoluta de los r.ecursos que para
producir la belleza tiene el arte pictórico, el cuadro es de los
que, sio dejar de halagar los sentidos, impresionan directamente el alma y causan cierta sensación inefable de bienestar en
quien los contempla.
¡ Es tan simpátko el asunto en que e5tá inspirado O/ro beso/
¡ Hay tanta pasión en ese ósculo que junta los labios de lamadre y de la hija!

•••

Dibujos de Guillermo Kuhnert. - En la pintura
de todos los países, la reproducción de los animales ocupa lu gar muy imP?rtante, lo cual se explica de una parte por las estrechas relaciones 9ue entre aqué)los y el hombre existen y de
otra por los atractivos que al artista ofrece la representación
de unos seres, que bellos ya por lif, vienen además á ser el
símbolo de delerminadas ideas. El arte moderno ha extendido
considerablemente el campo dentro del cual se movía este
género pictórico, y la afluencia de elementos cosmopolitas á los
c~m.tros artísticos, asf como la facilidad de emprender largos
v1a¡es 1 han dado carta de naturaleza e~ e.1 arte á una porción
de ammales que hasta ha~e P?CO no ex1s!1eron para los pinto•
res. El desarrollo de los Jardines zoológicos ha ejercido también en e~te punto _considerable influen~ia, puesto que en ellos
se ha podido estudiar c6modamente y sm peligros la vida de
los fieros habitantes del desierto.
Como en todas las manifestaciones de la creaci6n artística
pre~alece hoy en la_pintu ~a d~ ar~i~ales la tendencia á repro~
duci.r el elemento ps1cológ1co, 10d1V1dual de los mismos; ya no
se pmta el lc6~, smo un leó~, y los bu_eyes, por ejemplo, aparecen caracterizados como s1 fuesen ammales racionales. Esto
ha tr~fd? consigo, como en _los demás géneros de pintura, las
espcc1ahdades, pues para pmtar con toda pcrfecci6o la cara.e.
teristica de un animal, precisa que el artista se halle preparado
con profundos y generales estudios, que conozca á fondo la especie á que pertenece el ejemplar cuya imagen intenta trasladar al lienzo. De aquf que casi todos los pintores de anim ales
se mu_evan dent.ro de un circulo especial; así, por ejemplo, Meyerhe1m es el pmtor de los leones y de los monos, Braith el de
los bueyes , Zugél y Gebler lo~ de las ovejas, Jutz consagra su
talento á la reproducción de las aves, Kroner ha alcanzado
gran renombre con sus ciervos, Guido de Maffei se i'Ccrea pintando cerdos, zorras y tejones, la señora Biedermnnn-Arendts
muestra gran predilección por los perros y Julio Adam logra
lauros sin cuento con sus gatos. Como éstos pudiér3mos citar

lugar en donde abordaron la noche de la comisión del crimen.
Arrodill ados á dos metros de distancia unos de otros, esperaron con estoica tranquilidad el momento fatal, sin dar la me•
nor muestra de debilidad ó cobardía, notándose en ellos ese
desprecio de la vida que poi:een hombres de ciertas razas para
quienes la muerte cada significa.
Los dos grabados que reproducimos, tomados de fotografia,
representan el momento antes de la ejecución y el en que el
verdugo había cumplido su repugnante cometido.

•••

do· delante de esos campesinos que le conocen y á quienes _encuentra á cada
pa~o!. .. ¡No tiene vergü~?z,a ... ni respeto alguno para sí propio, para nosotros,
para sus hijos para su h1¡a....
•
ltó
Su voz temblaba de cólera; después las lágrimas brotaion de sus o¡os Yocu
su rostro entre las manos.
h
l
Gilberto quiso consolarla, prometiendo hablar á Pedro p~ra acer ~ co~pre~der todo cuanto su conducta tenía de odioso; pero la vJZcondesa e m e-

rru'.'.'¡L~ parece á usted, dijo, que las palabras pueden

servir de_algo? ... Es un
niño· a se ¡0 he dicho á usted ... Obra sin reflexión ... ¡Ah! ¡S1 usted supiera
cuán't¿ me ha hecho sufrir! ... ¿Piensa usted que yo lo ignoraba todo allá enta·
ís ó ue yo perdonaba? ... ¿Es acaso posible? ¿Puede una mu¡er por ven_ ura
:e; · ~sai cosas sin sentir lacerado el corazón y sin queja~se? ... Han rediado
escenas violentas lágrimas ... juramentos que no ha cumplido; per~ na 1\sup;
nada ... y usted 'me creyó feliz, indiferente ... Rec_uerdo que us:e me m err ·
gaba y que yo hice lo posible por engañarle y enganarme á mi ;rma ... Porfqu1
hubiera querido olvidar, aturdirme, hacer como él; pero no po a .. no ~s _aci
cambiar ... ya lo ve usted por lo que hace á él ... Y_yo 11010 .. . pero¿ e qu sirve
llorar?. .. Sólo para echar á perder este h rmoso dia... .
.
7
La vizcondesa trataba de sonreír, mov1a la cabeza, en¡ugábase las lágrunas Y
hacía un esfuerzo para reponerse.
á
_ Hace un día magnífico, prosiguió, y esto vale más ~ue París .. . m s qu~
una de a uellas reuniones en un salón donde uno se asfixia ... Convenga uste
en ello ..: ¡Qué ridícula era yo allí! ... ¡Y aquel Charnasón, que no m~ t¡aba
nunca y que se creía con derechos! ... !\hora es subprefecto, no sé d n e, en
alguna provincia del Norte.
d D d
Blanca hablaba de cosas que no se habían tratado nunca entre los os. es e

d

·~,,,.,_/

•

.....~_.,.

Salían juntos é iban á pasear por los alrededores

-

nar. - El cuarto estado, cuadro de D. Luis Gra·

•••
Maje., cuadro de D. Manuel Cusi.-Preciosa es la

Jlfaja de Manuel Cusi, adquirida recientemente por un opu-

lento báva ro para servir de preciado adorno en su aristocrático
sa\60 de Munich. l lemos tenido ocasión de celebrar en dis·
tintas ocasiones sus bellas cabecitas de mujer y las graciosas
figurillas defl•11wwu, pintadas con gracia, donaire y verdad,
de tonos simpáHcos y agradable's; pero su último lienzo excede
en mérito á todos los que hasta ahora ha producido su brillante pa leta. Acusa desde luego un adelanto, un progreso sensible y una victoria alcanzada por el artista, tanto en la composición como en la fideUsima y espléndida interpretaci6n de lns
telas y tapices. Bella es la figura de la maja, graciosa su act itud, que no da lugar á confundirla con la descocada y vulgar
flamenca, y admirable la ejecucion del raso de su vestido, de
la mantilla y del delicado tapiz que constituye el fondo, sobre
el que se destaca. elegante, risueña y simpática como el rosado
tono de su falda ó el blanco encaje de su tocado nacionat.

JABON REAL

IVZOLETI

JABON

DET HRIDAC E 29,;;:;;1:11:::Pu11 VELOUT IN E

!leeomead3dos Por autorI·fades m~dim pua Ja llití~e ~~ l3 fi.! 1 8~llc:l del Co!or

•

_ ¿Qué significa? ... comenzó á decir Gilberto.
Pero se inte1rurnpió, al notar que el semblante
de Blanca había cambiado y que sus colores desaparecían.
- ¿Qué tiene usted?, preguntó.
-Nada ... sin duda el calor ... no baga usted
caso.
,
l'b
y siguió' con la vista el veh1cu1o que se a e¡a .a
en dirección á la Fresnage. Gilberto comp1end1ó
que no quería confesar su turbación, _Y viendo
que se callaba, deseoso de poner término á ese
silencio embarazoso para ella, reanudó la conversación.
h
Así transcurrió un cuarto de ho~a, y ya se abía obviado el incidente, cuando Vleron á _Pedro
que volvía; pero esta vez no iba '?lo, y G1lberto
vió á su lado á la joven de Blahgny, la rnJS~a
con quien hablara algunos días antes en la fena.
El cabriolé, anastrado por el caballo que iba á
galope y en el cual_ se destacab~ claramente la
silueta de los dos v1aJeros, pasó a cm~uenta metros debajo del sitio donde estaban G1lberto y la
vizcondesa, sin que éstos fues~n v1~t_os; Blanca
permanecía inmóvil, con la muad~ fiJa en el recodo del camino por donde el cabnolé había desaparecido y en aquel instante estaba espantosamente pálida.
.
Gilberto quiso defender á su am,go:.
- Habrá encontrado á esa Joven, d1JO, y le habrá ofrecido conducirla ... Seguramente no la conoce.
. d
Blanca miró á su acompañante, sonnen o ron
tristeza.
d
_ Trata usted de excusarle, y_ veo que es emasiado bueno ... Conozco á esa Joven, p~es servía de costurera en el castillo y fué precJSo despedirla ... Sus padres son de la Fresnage ... Ya ve
usted que estoy bien informada ... P~ro _ese Ped_ro
me había prometido ... ¡Oh! ~so es indigno ... ,A
dos pasos de Mareuil y á la vISta de todo el mun-

,..

·, , .'F -/::~,...... ._ . . .

Adoradores de Baco, cuadro de D. Luis Gra-

ner. - Es el joven pintor Sr. Graner un artista de indiscutible
mérito. Cultiva el arte con verdadero entusiasmo, complacién•
dosc en vencer los escollos que en la eJecución pueden ofrecerle los violentos contrastes de tonos, tipos y situaciones. De
ah! que se observe en la mayoría. de sus cuadros el resultado
de prolijos estudios, y se admire en ellos la voluntad firme y
decidida del artista que se propone basar su reputación á costa
de prolija labor y del constante estudio del natural. Los eíec·
tos de luz, la reuni6n de diversos tipos, las escenas en donde
el artista puede hallar representaciones gráfica"de las pasiones
que dominan al hombre de las últimas clases sociales, los abi·
garrados conjuntos en los que se hallan reuniC:os lo delicado
con lo grosero, lo vulgar con lo correcto, sirven de asunto á
Graner para sus composiciones, que llevan marcado en si el
sello de su noble empeño y el de su recomendable laboriosidad.
Varios cuadros de estudio y un gran lienzo que representa
el interior de una taherna, iluminada JX&gt;r débiles candilejas,
ha remitido á la Exposición general de Bellas Artes de Bar•
celona. En todos pone Graner de manifiesto sus cualidades y
en todos se revelan las condiciones que residen en este joven
y aprovechado artista. Si sabe conservarlas y persiste en prose•
guir por tal senda, asegu ramos que ha de lograr en breve pla•
zo ho";ra y provecho.

.../ \

.,.
~
,·~./,--- """';-(

Aquel lugar era el término de la excursión cuando no se proponian ir muy lejos

�508

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 502

Vió á sus pies algunas flores silvestres
que crecían entre bs arenas del cerro, cogiólas y se las ofreció á la vizcondesa.
- Gracias, dijo, acept~ndolas sin vacilar.
- ¿No le recuerdan á usted nada?, preguntó Gilberto. Aún era usted una niña ...
Blanca miró á su interlocutor con aire
de sorpresa, sin comprender el sentido de
sus palabras.
- Yo tenia entonces quince años, dijo
Gilberto, y acababa .de ver á usted por
primera vez; rondaba el castillo sin atreverme á entrar y ocultábame en la espesura para ver á usted cuando pasase ...
Blanca se detuvo bruscamente,
- Lo recuerdo ... dijo. ¡Cómo! ¿Era usted? ...
La vizcondesa continuó su marcha con
la cabeza inclinada, como si reflexionase,
y siempre con la sonrisa en los labios. Entonces evocó todos los recuerdos de Gilberto, todas sus emociones de niño, y éste
la refirió todo cuanto había experimentado
por ella desde el primer día, y cómo al
cabo de tantos años, aquel amor había
sido cada vez más vehemente, atormentado por la pasión de los celos ... Blanca le
escuchaba con interés, dejándole decir
todo cuanto sentía.
Al fin llegaron cerca del declive desde
donde Gilberto había arrojado el ramo.
- ¡Mire usted, dijo, es allí!
Blanca miró aquel sitio sonriendo, pero
sin acortar el paso y diciendo:

"l
I
(

Gilberto vi6 á su lado á la joven de Blatigny

"'

la llegada de Gilberto, jamás había hecho alusión alguna la vizcondesa á las
relaciones que habían mediado entre ellos en París; pero del trastorno que acababa de sufrir quedábale una especie de fiebre que precipitaba las palabras en
sus labios. Era uno de esos momentos en que, bajo la presión de las circunstancias, el alma sensible de una mujer se descubre con toda sinceridad, revelando
lo que las conveniencias la obligaban á disimular hasta entonces. Gilberto, escuchándola con sorpresa, no dudó que se hallaba en uno de esos momentos de
crisis y que esto redundaría en beneficio de su amor, despejándose su situación
y produciéndose un cambio en ella.
La vizcondesa volvía á estar alegre; las lágrimas habían avivado el brillo de sus
ojos, tiñendo sus mejillas de un suave color sonrosado; su cabeza se doblegaba
suavemente bajo la especie de postración y desfallecimiento que sigue á las sacudidas morales, y en aquella postura, con el cuello y los hombros desnudos,
Gilberto la contemplaba embriagado, un poco pálido y poseído de un malestar
que le oprimía. Blanca notaba aquella emoción, pero no se inquietó por ella y
hasta parecía agradarle en aquel momento, pues lejos de hacer cosa alguna para
desvanecerla, aumentábala con la persistencia de sus miradas, sin apartar sus
ojos de Gilberto. Y seguía hablando, refiriéndose á las cosas pasadas, evocando
el recuerdo de sus triunfos de otro tiempo, como para olvidar el espectáculo
que se había ofrecido poco antes á sus ojos, 6 acaso impulsada á pesar suyo
por un instinto de represalias, por la necesidad de tomar venganza de Pedro,
asociando en ella á Gilberto y mezclando en seguida su nombre entre sus frases. En el colmo de su. irritación, parecía que necesitaba desahogarse.
- Yo tenía entonces mi corte, dijo, una corte de adoradores que suspiraban
á mi alrededor ... Y también usted se hallaba entre ellos ... si, usted mismo .. . ¡y
hasta diré que le hirieron á usted por haber salido en mi defensa!
- ¡Cómo! ¿Quién se lo ha dicho á usted?
- ¡Qué!, ¿por ventura cree usted que Charnasón no se apresuró á vanagloriarse de ello! ... Pero no ha obtenido ninguna recompensa, pues desde aquel
día no he vuelto á verle, Ent9nces comprendí muy bien que aquel lance fué lo
que le indujo á usted á marcharse ... y en cuanto á mí, el incidente me obligó á
concentrarme en mí misma, al ver que podía ser causa de otras desgracias. Mi
género de vida cambió ... y ya lo ve usted, aun desde lejos me hallaba sometida á su influencia ...
Era necesario que se le solicitase, que la casualidad interviniera y que aquella mujer, fuera de sí, diera el primer paso, para que Gilberto abriera su corazón, pues jamás hubiera osado hacerlo de por sí.
- ¡Sabe usted, pues. que la amo, exclamó, que la he amado siempre!. ..
Al decir . esto, cogió la mano de Blanca, sin que ésta la retirase; le miraba
sonriendo, con ojos indulgentes, llenos de ternura y de fuego y como orgullosa
también de la declaración que acababa de oír.
Entonces Gilberto quiso inclinarse sobre aquella mano, que aún tenía cogida;
pero Blanca la retiró y levantóse al punto.
- No ... dijo. Volvamos al castillo.
- ¡Una sola palabra por favor!. .. ¿Me permitirá usted que la ame? ¡Usted lo
sabe ya y no se ofende!
La vizcondesa no contestó; avanzaba por el camino con paso ligero, y de vez
en cuando \'Olvía la cabeza y sonreía con expresión de felicidad si11 pronunciar
una palabra Gilberto seguía á Blanca, dichoso también, con el corazón aliviado
de un gran peso, porque al fin había hablado.

- Vamos, vamos á casa ...
Mas al llegar á la última arboleda que precedía á la verja, Gilberto obligó á
Blanca á detenerse.
- ¿Me ama usted, me ama usted? ¡Por favor le pido la contestación!
La vizcondesa le miró con expresión más cariñosa que nunca; hubiérase dicho
que su corazón se dilataba, agradecida á las confidencias que Gilberto acababa
de hacerle, y sobre todo á una adoración tan constante y discreta. Blanca le
tendió su mano, y le permitió estampar en ella un beso.
Y después, alejándose rápidamente, franqueó la verja.

.
. .
.
nas lle ada la baronesa de Ter!re, á q?ie? se
Preville s1gmó su eJemplo, Y ape
b g
'festó la más lisonJera curiosidad
puso al corriente de todo en dos pa1a ras,
más indulgente sonrisa. Desde
respecto al señor de Maujeán y tuvo para t :abrió para recibirle; todo cuanto
entonces, el grupo de aquellas señoras s~:~:cía la aprobación general.
decía estaba bien dicho, ~ cuanto hacia d'
cambio todo lo contrario: sus
Con la señorita de Samte-Severe suc:
ensería por efecto de las mismas
relacioI}es con Gilb~rto eran su~a~entf d~aª~·n\ue comenzaron sus paseos sosuposiciones? Lo cierto es qu~ es e ~ h ue le miraba con enojo.
litarios con la vizcondesa, h~bié~ase dt ~l qinvierno que su altivez estaba muy
Habíale hecho com~ren er ur:\~saba· arecia haberse concentrado en
por encima del homenaJe que él
e
t 'b~ estar distraída cuando él la hasí misma, no se fijaba nunca en e_ y apar~n ;.érase dicho que aquella indiferenhaba
b laba. pero desde hacía algún tiempo, ~ i
,
·
·d d ue Gilberto sospec
·
cía se convertía en una ammos~ ª , q
n un libro en la mano y fija
Cierto día la enco~tró en el_Jartn se~!ª:e;c~~No podía pasar sin dirigirle la
su atención en los nmos, que ~uga .an a i
palabra y decidió afr~mtar la ~tu~ciódn:.. h leo-ido mal sitio, pues muy pronto
-Tenga usted cmdado, seno~1ta, iJo, a e o·
le dará el sol de llei:o y hoy cahentaó ~~~to...y miró á Gilberto, más bien con
La señorita de Samte-Severe cerr e I ro
fl . b
agresiva Sin duda re exiona a.
b
expresión de asom ro que b
·
d 'a meJ·or repuso pronunciando es- Verdad es que la som ra me conven n
'
'

~ª¡"1

r

}t

tas palabras con tono de amargurl.ªd· ? p es lo tendrá ... No, no es la sombra
_ ¡Ah!, ¿desea usted un cump i o · · · u
lo que
usted: ..da ama bil"dad
y yo le doy las gracias, interrumpió la señorita
_ Esá demasia
1
de Sainte-Severe.
.
y casi seguidamente añadió:
.
t d ser feliz señor MauJeán.
.
h
d b
-A oracreyó
e e que
us esu rnterlocutora
.
'
Gilberto
a1ud'ia á sus últimos paseos con la v1zcondesa de Cabro! y frunció el c~ño.
- ¿Por qué soy ~eliz,. señorita?
le a radaba mucho la nobleza?... Pues
- ¿No nos hab1a d1c~o usted que ara !star satisfecho... Toda la aristocrabien: me parece que ya tiene bastan~e thalieu ha dado la señal... la señora de
cia del país afluye aquí; la condesahe nido á ella· y también tenemos los SePreville y la baronesa de Tert~e se ~n uno veo aqul más persona vulgar que el
lligny, el conde de Bagrassan .... en n, d
sabio Ahora se ocupa en reabate Souchón; pero en cambio es sacer aº~:Ü y resulta que todos los muertos
señar las inscripcio_nes sepulcralfs t:a~ur cora!ón se dilata de orgullo. A fuereran nobles y muy ilustbrels... por o b por creer Sí debe usted estar muy conza de rozarse con la no eza, se aca ª
.. · '

. ::..,--

t"

/

VII
¡Sí, Blanca le amaba! Gilberto no podía dudarlo; y aunque ella no lo confesase aún, en todo lo revelaba á su pesar: sus miradas, sus menores frases y
hasta su silencio, que era embarazoso cuando se encontraban por casualidad ó
cuando la terr.era persona que la vizcondesa tenía siempre cuidado de mezclar
en las entrevistas se ausentaba.
.
Y todo tomaba un nuevo giro, sin que subsistiese ya nada obscuro en la conducta que la vizcondesa había observado con Gilberto hasta entonces. ¡Blanca
le amaba hacía largo tiempo, tal vez desde su marcha á París! Y hasta aquel
proyecto de casarle con la señorita de Sainte-Severe era un indicio, sin duda
una prueba á que quiso someterle para asegurarse de sus sentimientos, ó bien
la conveniencia de sacrificarse ella misma, entregándole á otra, á fin de preservarse de toda debilidad. Si esta última hipótesis era cierta, traducía un sentimiento ~e mujer honrada.

509

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 502

Blanca le tendió su rna.no y le permitió estampar en ella un beso

tento.
_ .
t os motivos de los que usted
- Así es, efectivamente, senonta; mas por o r no se le puede negar el deref
1
·gen
de
una
persona,
.
0
1
s
supone. ea c~ 1uere; í n de las consideraciones en el trato de la vida. Yo
cho de gustar e a cor es_a y
Chalieu de Preville ... Esas damas que no
encuentro esto en la~d~enodraslde de arrib! se muestran benévolas con los de
tienen nada que enVl iar e os
'
. .
G'l
b . Q é I he de hacer si esto me sucede?
a ªJº·
¿ ubuenas
e
_ ¿Tan
cree ust ed á esas
. .señoras?• repuso la institutriz, fiJando en i .
berto una mirada penetrante é irónica..
- Nada me hace suponer lo contrario.
( Ctmlin11ará)

. .
ntro inopinado una palabra, tomarían las propormás ligero rncidente, ~n. en~u~ En aquella mutua inteligencia, en aquel misterio,
cienes de un acontectm1en o. i t o adivinándose por las menores señales, pero
~~s~~~J0 ~;~Pfado:is~an~ed~0~;s 'extraños é indiferentes, había bastante felicidad!
b donó al ún tiempo al encanto de aquella_ situación. La idea
Por eso se a ª~a vizcon~esa de Cabro! era algo tan extrano para él .Y tan prod~
~er amado
dele parec1a
, posible acostumbrarse á ella ni ver el térmmo de su
digwso,
que no
em~riaguebz.
Sm ero argo, ésta acabó por desvanecerse' y su nueva situación le pareció
más cruel que ~:~~ª~crecentado con su declaración, y este a~or, si~ esperanza
Su amor s~ ,
ás exigente Entonces comenzó á sufnr los primeros torcomo antes, haacb1a1,:ep~esentido al' dirigirse á Mareuil, pero más complicados y
mentos que
.
hó
fi amiento de barbane que no sospec . .
.
con
un re
pornqué no se marchaba? Habían transcumdo ya seis
d' largos meses des¿Mas
el momento más oportuno para despe use.
de s_u llegada, y era ir la rimera indicación sobre este punto, Blanca se c~n.Sm embargo, alP~dro
había dicho con ese tono brusco y alegre, peculiar
tnstó ot;
y h'b '» En cuanto á la anciana marquesa, le profesaba tanto
en ~}: «i e o pr~d~í:·prescindir de él; Gilberto hubo, pues, de quedarse.
canno, que no al acercarse el verano el castillo se reanimó de nuevo por la
Por otra pa~ e,
La condesa de Chalieu y su hermana se presentallegada de vanos hué~ded~~ la baronesa de Tertre. Estas señoras atrajeron á
ron_ muy ~ronto seg~ ~~s alrededores con sus esposos, y toda aquella gente
vanas am1gasi5~rs eMareuil distrayendo á los demás con su inagotable coniba
á ~óasard
e tealeans largas t;rdes en la sala de reuniones y en las prolongadas
versac1
n uran

rz,

1f

t

\
}

Gilberto comprendía que la vizcondesa era una mujer virtuosa, y no se le
ocultaba que entre la certidumbre de ser amado y la idea de que ella cediese
mediaba un abismo. Por eso, lejos de abrigar semejante pensamiento, rechazábale como una mancha de que no era merecedora.
,
¡Ya era bastante que le permitiese amarla! Los dos iban á vivir felicesj el

t ~::~f'

noches en
Gilberto podían evitar así mejor la vigilancia, ª?oque ~o
Blanca e .
. Yero erdiéndose en los grupos y entre las atenc10nes distrataban de a1slaárse;a.P·¡ biJ·o la excusa de los cumplidos de costumbre, darse
traídas érales m s " ci ,
.
' b
· sas de su mutua ternura.
.. .
mil prue as prec1_0 d d I condesa de Chalieu era quien parecía dmg1rlo todo.
En aquella socie a ' a de sus sesenta años y todavía con restos de belleza,
Bien ~o~ser~ada, á p:s~:dora de los menores'detalles de la vida en sociedad'
muy d1stmgmda y co o . .ones ·uzgaba de todo sin apelación; de modo que
era resuelta en susdaprec1acti 'daJ J no obraban sin su parecer, fijas siempre las
los demás, aceptan o su au on
'
.
.
0 para tomar la consigna.
11
miradas en e .abcom . t I do en Mareuil observóle detenidamente, notó con
Al verá G_1ól erto mst.: ~ respecto á ta'vizcondesa, las consideraciones que
mucha atenc1 n su ac 1 u
. .
.
b
uy pronto formó su oprn16n.
ésta le dispensa a, y ~ás adelantado de lo que en realidad estaba; pero como
Tal vez le supuso
6 de la más prudente reserva á la mayor ama•
quiera que sea, muáy pronto fiPcªi.sente y con ello se dió la señal. La condesa de
bilidad; esto era m s que su

-

J

..

y entonces podia deslizar una mirada furtiva hasta el interior de la habitación

�510

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 502

ciones necesarias, pudo notarse que hasta al cabo de ' veniente antes de utilizarlo cubrirlo de una capa connueve horas la temperatura del alcohol no ascendió tinua de cobre galvanoplástico, sometiendo la placa
de 70° á 22°. De esta suerte se comprende que in- á un depósito de cobre ordinario. Para efectuar esta
La producción de elevadas temperaturas ha sumi- yectando por los ensayadores y á pequeños interva- operación recomienda M. de Lalande que se haga
nistrado á los químicos, físicos é industriales recur- los una pequeña cantidad de ácido carbónico líqui- uso de una gran densidad de corriente de dos á tres
sos importantísimos, que han contribuído á la fabri- do, se llega á sostener indefinidamente una tempe- amperes por decímetro cuadrado. Así se obtiene un
ratura constante y baja.
aglomerado que no se halla expuesto á reoxidarse y
En muchos experimentos ha podido que posee toda la solidez deseable.
comprobarse que para conseguir que e~
Los aglomerados móntanse en un soporte especial
aparato con tres litros de alcohol llegue formado por una placa de palastro de cobre cortada,
á los 70° basta emplear de 2 á 2 y medio dentro de la que se hallan sujetos por medio de los
kilogramos de ácido carbónico líquido. muellt!s L. Nuestro grabado reproduce los detalles
El criógeno de M. Cailletet, que aca- del montaje de los aglomerados, así como la dispobamos de describir, puede considerarse sición de los cines en la pila. Las láminas de cinc
que realiza respecto del frío lo que el hállanse sostenidas por láminas metálicas que van á
hornillo de gas del laboratorio respecto parar á la parte superior. Pequeños aisladores de
del calor. Es, pues, indudable que este ebonita I mantienen los cines á distancias convenienaparato está llamado á prestar grandes y tes de los electrodos positivos, y el conjunto de elecútiles servicios.
trodos positivos y negativos hállase á su vez reteniG. T.
do por un caucho K, de manera que permita retirarlos con facilidad.
Tales son las nuevas disposiciones que M. de Lalande ha adoptado para los tres nuevos modelos de
LA NUEVA PILA DE óxrno DE COBRE
pilas que acaba de construir. Por nuestra parte, tra·
DE M. DE LALANDE
tamos de exponer desde el punto de vista eléctrico
cualidades que caracterizan á cada uno de dichos
Todos los electricistas dedícanse des- las
modelos.
de hace mucho tiempo al descubrimienEl modelo pequeño contiene un aglomerado de
to de una pila que á pesar de su excepocho centímetros de lado y de 150 gramos de peso,
cional
energía
presente
poco
volumen
y
El cri6geno de M. Cail!etet
sea de fácil y económico entretenimien- siendo su resistencia inicial de 0'18 ohms y de 0'39
to. Las investigaciones y ensayos que á al finalizar la descarga. Este elemento tiene una
este fin se han practicado han sido nu- fuerza electromotriz de o'8 volts, que bajo el régimen
cación de productos de reconocida utilidad ó bien á
merosos,
sin
que nos haya sido posible citar hasta de 1'1 ampere, determina una diferencia potencial
la ejecución de instructivos experimentos, no ofreciendo menor interés la producción del frío ó de ba- ahora un aparato verdaderamente práctico y de re- útil de 0'55 volts, y una energía de 0'605 wats, pujas temperaturas. Un aparato que permita producir sultados completamente satisfactorios. Sin embargo, diendo facilitar 75 amperes hora y 45 wats hora.
con facilidad un frío intenso, podrá considerarse co- entre todos los elementos de pila inventados hasta En el modelo medio el aglomerado tiene 11 centímo un instrumento de nueva utilidad en los labora- hoy, preciso es fijarse en la pila de óxido de cobre y metros de lado y un peso de 450 gramos. Las lámitorios ó para la industria. Un aparato de este género de potasa de MM. Lalande y Chaperón, ya que pre- nas de cinc son dos, que se hallan colocadas á cada
es el que recientemente ha inventado el sabio acadé- senta ventajas por su constancia, fuerza y economía lado del aglomerado. Bajo el régimen de 3 amperes
mico M. L. Cailletet, (jándole el nombre de crió- Por otra parte, M. Lalande acaba de aportar á esta la diferencia potencial es de o'6 volts, la fuerza de 1'8
geno.
pila, ya de antiguo conocida, una serie de mejoras vats, la cantidad de electridad de 300 amperes hora
que
permiten apreciar más y más las ventajas que y la energía de 180 vats hora. La resistencia interior
A este propósito creemos oportuno recordar los ofrece.
varía de 0'05 á 0'10 ohms. El gran modelo encierra
principales métodos usados para obtener bajas temEn los primeros modelos, el cinc estaba dispuesto dos aglomerados y tres láminas de cinc intercaladas.
peraturas. Los más antiguos estriban en el empleo
de hielo desmenuzado y sal marina, sulfato de sosa horizontalmente y debajo de él había un lecho de Cada aglomerado tiene 11 centímetros de lado y
y ácido clorhídrico, nitrato de amoníaco y agua, etc. óxido de cobre, todo ello bañado por una solución pesa 450 gramos. Este elemento determina 6 ampeDespués utilizáronse también substancias volátiles de potasa. Esta disposición presentaba numerosos res, da o'6 volts, ó sea 3'6 wats, pudiendo produproducidas por la cooperación del gas, tales como el inconvenientes, puesto que el montaje y desmontaje cir 600 amper~s hora y 360 vats hora. La resistencia
amoníaco líquido, el ácido sulfuroso líquido y el clo- de la pila exigía detenidas operaciones que se hacían interior es de 0'051 ohms al fin de la descarga en
ruro de metilo; el ethileno y el formeno líquidos difíciles por la presencia de la potasa. En el nuevo vez de 0'025 que indica al principio. Importa asimishan sido utilizados asimismo para la licuación del modelo de pila existen dos electrodos verticales, dis- mo conocer las variaciones de intensidad en una
oxígeno y del aire.
puestos convenientemente sobre las espigas-sopor- misma descarga. M. de Lalande ha présentado á
M. Cailletet sfrvese en su nuevo aparato del ácido tes, permitiendo sumergirlos ó elevarlos á voluntad. este propósito, en la sesión celebrada el 3 de junio
carbónico líquido, tal como hoy lo produce la in- En un vaso cilíndrico de medida ordinaria mantié- último por la Societé internationale des electri'ci'ens,
dustria, obteniendo rápidamente en su criógeno una nense los electrodos en la parte superior, en la solu- una serie de curvas en extremo interesantes. En el
baja temperatura por la dilatación del gas licuado. ción de potasa, descendiendo al fondo por su mayor pequeño modelo, la intensidad que al principio era
de 1'18 amperes convertíase en 1' 1 á las dieciocho
El aparato cuyo dibujo reproducimos ha sido densidad el cincato de potasa.
Para
lograr
este
resultado
es
preciso
construído por M. Ducretet, y consta de dos vasos
concéntricos de cobre niquelado, quedando entre vencer la dificultad que ofrece la pre- · r--------~=---¡-;¡
ellos un espacio circular de algunos centímetros. Un paración de un electrodo positivo con
serpentín igualmente de cobre hállase colocado en todas las propiedades del óxido de coel vaso interior, siendo sus dimensiones aproxima- bre granulado, emplazarlo verticalmendas cuatro metros de longitud por quince milímetros te; en una palabra, formar un aglomede diámetro; está provisto en su punto de entrada rado. Al cabo de una serie de ensayos
de una espita, y á su salida va á parar al espacio cir- M. de Lalande ha resuelto el problema de la siguiente manera:
cular comprendido entre los dos vasos.
Sométese á la acción de una prensa
Cuando se desea operar llénase de alcohol (3 litros aproximadamente) el vaso interior, que sirve de hidráulica una mezcla de residuos de
baño refrigerante para los experimentos que deban cobre y de 4 á. 5 por 100 de arcilla,
hacerse, poniéndose en comunicación el serpentín un tanto humedecida, resultando de
con una botella de ácido carbónico líquido, según se ahí una masa que resiste dentro de un
representa en el grabado. Abierta la espita de la bo- horno una temperatura de 600 á 700
tella permite que el líquido llegue hasta la del ser- gn!dos y obteniéndose de este modo
pentín, y el descenso del ácido carbónico determina una sólida placa de suma utilidad. Lóla congelación en nieve. Los copos de ésta, al po- grase el mismo resultado agregando al
nerse en contacto con las paredes del serpentín, cobre un 6 ú 8 por 100 de alquitrán,
transfórmanse rápidamente en estado gaseoso, pro- que se somete también á la acción de
duciéndose el frío. Hay que advertir que en el espa- un horno. Con estos procedimientos
cio circular colócanse fragmentos de esponja empa- prepáranse las placas aglomeradas que
pados de alcohol. La nieve que haya podido atrave- constituyen los electrodos positivos de
sar el serpentín sin evaporarse se disuelve en el al- las pilas; siendo poco conductible el
cohol, y la refrigeración que de ello resulta completa óxido de cobre, la depolarización se
el descenso de la temperatura.
· efectúa en mínimas proporciones; mas
El aparato hállase colocado dentro de una caja al- á medida que la reacción se opera, el
mohadillada y provisto de su correspondiente tapa óxido de cobre redúcese también bajo
guarnecida de lana para protegerlo del calor, exis- la influencia del hidrógeno y el elecLa nueva pila de óxido de cobre de M:. de Lalande
tiendo en ella varios orificios que permiten el paso trodo conviértese en mejor conductor.
Para
alcanzar
seguidamente
el
mismo
del termómetro, del agitador, etc. Con el cri6geno
pueden obtenerse, eh muy corto espacio de tiempo, efecto, basta sumergir la placa porosa dentro de un horas, de I á las cuarenta y ocho y de o'8 al final de
setenta grados de baja temperarura.
vaso lleno de agua con polvos de cinc en suspensión la descarga, ó sea á las setenta horas. En el modelo
Cuando se interrumpe la circulación del gas ácido y después en agua acidulada. F6rmase así una serie intermedio la intensidad alcanzó 3'25 amperes al
carbónico el aparato se calienta muy lentamente, de pares de pila locales que r~ducen el óxido de e~- principio, 3 á las veintisiete horas y 2'75 á las setengracias á sus envolturas protectoras. En un experi- bre al estado de cobre metálico. Este cobre o.btem- ta y dos. Cuanto al gran modelo varió la intensidad
mento llevado á cabo con todo el cuidado y precau- do por di_cho pr?cedimie?to es esencialme_nte poroso j ~e 614 amperes al principio por amperes á las veiny se reoxida casi en seguida; por este motivo es con• tmna horas de marcha y 5 amperes á las :;etenta y dos.
EL CRIÓGENO DE M. CAILLETET

•

d

LA

NúMERO 502

SECCIÓN CIENTiFICA

Sll

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Los guarismos que preceden demuestran la importancia de la nueva pila de M. de ~alande: és~a puede constituir un generador práctico. y senc11lo de
energía eléctrica, con la doble ~entaJa de poderse
disponer de manera que se conv1ert~ en un verdadero manantial de continua producción _de energía
eléctrica. Esta disposición sería muy senc11la de practicar, atendido que el cincato de pota~a e~ razón
de su densidad desciende á la parte mfenor del
vaso.

nos métodos de preservación empleados e~ Al~ania ue al parecer han dado buenos resulta os. no
de e~os consiste en hacer hervir una mezdcla _d~ grr
fito ulverizado y sebo, y cuando ha a qum o a
consfsteocia de la manteca, aplicarla al cable 1ºr
dio de un cepillo, y aún mejor, hacer pdasar ~ ca bse
or un vaso en forma de cuerno lleno e e~ a su iancia Este procedimiento, que es conve~ie~t~ r~petir ~ada mes preserva á los cables del orm im¡ide su desgaste' por su contacto con los ~uer¡os ~ros Esta grasa además facilita el cambio e pos1J. LAFFARGUE
ci6~ de unos hilos respecto de otros, porque penetra
(De La Nattm)
en los menores intersticios y aumenta de est~ suerte
la flexibilidad de los cables. Los cables ~: hierro _no
ueden a ilarse como las cuerdas de canamo, smo
~ue hay Jue arrolla~los en el suelo en círculos del
PRESERVACIÓN DE LOS CABLES METÁLICOS
mayor diámetro posible.
.
Otro procedimiento es el siguiente: mezclar ~ceite
de lino con brea vegetal y aplicar la subst~nc1a así
La oxidación
el gran
enemigo
los cables me- obtenida sobre el cable, con lo cual se consigue una
tálicos;
po, esto es
nos
p,ue&lt;:e
útil d"de
á conoce, algo-

~f"

ca a rotectora muy eficaz. Los cables sumergidos
e/el igua deben estar cubiertos de una capa formada por la mezcla de 35 litros de cal apagada leo~
ó 60 de brea vegetal 6 mineral: esta mezc a e ~
hervirse y aplicarse en caliente. Los cables ~a.lvamd
o pueden emplearse para las transm1S1o~es,
;:e~sá ~as pocas horas de servicio ha desaparec1d?
enteramente la capa de cinc y los alambres se oxidan rápidamente.
En las transmisiones por cables hay que tener gran
cuidado con las poleas, cuyas gargantas d~be~ estar
muy limpias siendo preciso que las matenas ~ que
se las guarn~ce, como madera, cuero, caucho . metal dulce han de ser de la mejor calidad pos1~le y
han de ~star colocadas con muchas precauciones
para evitar el desgaste rápido de los cables y aumen·
tar la adherencia de éstos.

g°

,

-TRAOIÓN ARTfSTICA ciiríjanse para informes á. 1os sres A. Lorette' Rue Caumartin,
Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUS
.
bli 'd d de los Sres. Calvet Y C.•, Diputación, 358, Barcelona
,
61
P
rís
-Las
casas
españolas
pueden
hacerlo
en
la ofl.cwa de pu c1 a- - -num. . a •
~

f
.
-

-o!+l&lt;&gt;-

LAIT .l~TÉPRÉLIQOl! -

LECHE ANTEFÉL
pari e meiclie, u, •raa, disipa
PECAS, LENTEJAS, TEZ ASOLEADA
,o SARPULLIDOS, TEZ BARROSA o /
o
ARRUGAS PRECOCES.
~•
~ - ~.,
EFLORESCENCIAS \ ..,o ~
y_..
&gt;
ROJECES
'1
,..~
Co
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f,f&gt;'Y"

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•.,,..ª el cutll \\

~

.

""º

GRANO-DE LINOJARIN F~R~~~~s

..7

ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS.

-La ceja: lfr.

Jarabe Laroze

30.

~

DE CORTEZAS DE NARANJAS A~ARGA~

CARNE yOUINA

Laroze
se prescribe
con éxito
por
Desde hace mas de ,o fnos,
e1J. ar~ebelas
gastritis
gastraljias,
dolore■
todos los médicos para a curac1on eñimientos r~beldes, para facilitar
y retortitones
de estóm
g_o,arei~as las funciones del eslómago y de
la
digestion y para
reg ulaar1z
los intestinos.
_ _ _ _ _ _ _ _ _ __

.

v1NOA1ioü'o;;ou1N1
;

JARA.BE

aiBrom.uro de Potasio

CON TODOS LOS nmamos fflmlITtVOS SOLtlllLIS I&gt;B I.l CARNE

1 elementos qne entran en Ja comDOSfclon de este potente
so:i~es
de este fonlaea■se por eaeeíe■eia. De un gusto sufeparador de las bl erzasllOberano contra la .Anemta y el J.pocamtfflto, en las Calelttura,

·c,aa.•e 1

Ollltu!W,U

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

lll&amp;mente a¡rada e, ~ las Dtarrea, y las . A ~ del Bll&lt;&gt;ma(JO y loe ,n1e1ttflOI.
7 Con11al«encúu1 con.
el
Uto asegurar las dlgesUones, reparar las tuerzas,
CU&amp;Ddo 86 trata de e~t2:~ o~smo y precaver la anemia.y las eptdemtu provo~~ no 86 conoce nada superior al Will• de V•... de &amp;road.

batir de
las s•-Vito,
enfermedades
del corazon,
Es r.1 remedio. mas. efica~ par~ co~aile
insomnios,
con•
la
epilepsia,
histérl1a,
Il:l}!Jradn
u
rªante
la
denticion.
en
una
palabra,
todas
vulsiones y tos de os muos
'
las afecciones nerviosas.
, •.
.
.

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da

Lu

Pel101lu qae couoeen las

PILDORAS~~DEHAUT
DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede C!)D
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el vino, el caf6,
el t6. Cada CUíJl escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
seuun sus ocupaciones. Como el cansan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena alimentacion empleada,uno
se decide fácilmente II volver
•·á empe11Br cuantas veces

sea necesario.

CLORÓSIS. -

ANÉMIA. -

LINFATISMO

El Proto-Ioduro de Hierro es el reparador de la s~groel fortificante y d microbicida por excelenc11!.
11 Jarabe 1 las Grajeas con proto-loduro de lierro de F •
le,

(?d

:i

GARGANTA

J)t)dria" ,er dfflla.riado recomet1dadcu en ra:dn Un punaa quam,ca, d•
1114llen1/Jtlidaá 1/ &lt;ú "' •olvlnlidaá
de 101 Ilospltalt,),

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emieion de la voz.-Pucio: 12 Rur.a,.

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EnfermedadeSdelPecho

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0

.

Adh. DETBAN, Farmaoeutlco eu PARIS
1

P. LAMOUROUX
Ante,, Farmacéutico

~s, Calle Vauvtlllen, :Parla,
1

Jarabe de Pierre Lamouroux es
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éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativ? recomenda_do por
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1

Dep6sito Cenera!: 45, Calle Ymilliers, 45, PWS
Se rende en todas las buena, farmacia,,

ospdstto sn todas tas Farmacias

PITE EPILATOIRE DUSSER

destruye basta las RAICES el VELLO del rostro de las damas (Barba, Diirote, ett.),

110

nill¡¡un peligro para el culiJ. so Años de Éxlto,y millam de tcsUmoniosga!~nliza_n la e6mla
esta prepar.tdon. (Se veJ1de en cajas, pal\. la oorba, r en 1/2 oaJu para el bigote hrero). Para

los brazos empléese el l:'lLI. J'URIJJ, D'OSSER, 1, rue J,.J,•Rousseau, Par!s.

'

~

�LA

512

NóMERO 502

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Nada hemos de decir de la índole de esos ar·
tlculos, pues harto universalmente es conocida;
el chiste culto en todas sus múhiples formas es
su característica. Eduardo de Palacio ha crea·
do un género que como él nadie ha sabido cul•
tivar, género dificilísimo cuando se prodiga
como lo ha prodigado el autor del libro que nos
ocupa, quien lleva escritos millares de artlculos,
todos ellos igualmente entreter.idos, jamás pe•
sados y siempre nuevos.
Lean Cuadros vivos los que quieran pasar un
buen rato; en él encontrarán además de los
atractivos indicados el no menos estimable de
las ilustraciones debibas al lápiz del célebre ca·
ricaturista Angel Pons.
Véndese el libro en las principales librerías,
y en Barcelona en la de D. Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5, al precio de 3•50 pe·
setas.

LIBR.OS ENVlADOS A ESTA R.EDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
Su ÓNICO HIJO, Novela por D. Leopoldo
Alas. -Tratándose de un libro dd ilustrado
catedrático de la U niversiclad de Oviedo que
tantos lauros lleva conseguidos en la prensa con
el seudónimo de Clarín, casi huelgan los elogios, pues el nombre del autor y la fama por él
tan justamente conquistada en sus campañas
literarias abonan la bondad de la producción
de su ingenio, harto mejor que pudieran hacer·
lo los sueltos periodísticos más encomiásticos.
En la imposibilidad de hacer de esta obra un
juicio detenido y de señalar minuciosamente
las bellezas que contiene, séanos permitido sintetizar la impresión que su lectura nos. ha producido, diciendo que en nuestro senur reune
todas las condiciones que en la moderna nove·
la se exigen: interés siempre creciente en la
acción, estudio profundo y concienzudo de los
personajes, verosimilitud en los caracteres, naturalidad en los actos y verdad en los sucesos.
Tiene además Sr, 1foi&lt;o llij, una novedad en
el asunto y en el modo de desarrollarlo que
aumenta considerablemente su valía; el elemento externo aparece en la novela relegado al segundo término, concedién~ose en ell~ lug~r
principalt~imo ~l elemento mterno _6 ps1col6gico; los persona1es, apenas bosq~e,ados en su
fisico, estlin detalladamente deSf~tt?s en su manera de ser moral, y este procedimiento que en
otros casos pudiera ser causa de cierta fatiga
para el lector, generalmente poco amante de
disquisiciones éticas, empicado por D. Leopoldo Alas resulta Íllentc abundante de hermosos
atractivos y hace que los capltulos del libro se
lean con avidez y deleite y que al llegar al final
se desee la aparición pronta de Ut1a medianla
que como una continuación de Su 1í11i&lt;o hijo
anuncia como próxima á publicarse su autor al
fin del tomo.
Esta novela, editada por D. Femando Fe,
de Madrid véndese en las principales libredas,
y en Bar~elona en la de D . Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5, al precio de 4 pesetas.

•••
ELENA, por D. Emilio Garda de Tejada, Es este el primer libro que sale de la pluma
del distinguido oficial del cuerpo administrati•
vo del ejército Sr. Garcla de Tejada, y á juzgar por él la novela española contemporánea
cuenta desde hoy con una nueva firma que no
tardará en abrirse paso si, como es de esperar,
las sucesivas obras corresponden á la bondad
de esta que nos ocupa. Elena pertenece al gé·
nero de la novela novelesca, como actualmente
se dice, apartándose, así de la tendenciosa como
de la puramente naturalista. Sus puntas y ribetes tiene de romántica; pero esto ni es defecto
en absoluto ni lo es en In obra del Sr. García
de Tejada, que no pasa, dentro del idealismo,
de los limites que los grandes maestros de esta
escuela han trazado á la verosimilitud. Es ade·
más en extremo interesante y está bien escrita,
cualidll.des todas que hacen de este libro una
obra de agradabilísima lectura. De sus irrepro·
chables tendencias morales puede juzgar.e por
las sabias máximas de Platón con que el autor
encabeza el primer capitulo y el epilogo de la
novela.
Véndese en las principales librerías al precio
de 3 pesetas.

•••

•••
CUADROS \ l\'0S. A PLU)tA Y AL PELO, fa1
D. Eduardo de Palacio. - No menos deseada
que la de los artículos de Cavia, Taboada y ~obaquillo era la publicación de una cole¡:ción
de artlculos del fecundo cuanto ingenioso escritor D. Eduardo de Palacio: D. Fernando
Fe, dando satisfacción á esos deseos del público, acaba de editar algunos de aquéllos, en los
cuales se admira la inimitable gracia del que
durante su larga vida literaria ha visto sus chispeantes trabajos solicitados con afán P?r los
principales periódicos de España y América.

ZARAGOZA ARTÍSTICA, M0'.\UMESTAL É IIIS·
TÓRICA, por A. y P. Gas&lt;Ón de Gotor, - Los
cuadernos 28 y 29 de esta interesantlsima obra
comprenden, además del texto correspondiente,
cuatro hermosas fototipias que representan: un
fragmento del trascoro de la Seo¡ la nave iz.
quierda de la iglesia de San Pablo; una casulla
de terciopelo negro recamada de pedrerla (del
templo de la Seo) y un puente sobre el Ebro.
Suscrlbese al precio de una peseta el cuader·
no en Zaragoza en casa de los autores, Contamina, 25, y en Barcelona en la librerla de D. AI·
turo Simón, Rambla de Canaletas, 5,

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todas las cmlntlllcias médicas preuban quti esi.a asoc,ac,on do la &lt;larnc-, ..:1 Hierro y la
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el Raq1dtfJmo, l ,s Afeceil&gt;nes e.crof~losas Y escorbutícas, etc. El 't'ino Ferrur.ino■o dé
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d• 2001 ,..

con I.AC~OAIUVK (Jugo lechoso de Lechuga)

dr

Bonor.

, .J\p, ..oados por Ja Academia de MediciDa de Paria é insertadoe en Ja e, 0 ,ecc,ón
Oficial de F6rmulaa Legale. por decreto miniacerial de 1 O de .Marzo de·1 B54.
« Una completa lnnoculdad, una encacia perfeclamenlc comprobada en el catarro ,
eptaémtco, las Bronquttts. Catarros, Reumas, Tos, asma e trrttuc1011 do la garganta llan
¡¡rangeado al JARA'8E y PASTA lle AUBER0IER uua lnmcn~a rama &gt;)
'
(E:i:tracto del Formulano MUico del S" Bouchardat catettrdlico de la Facultad de Medicina (~6, edici611).
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DEPOSITO ES LAS PHINCIPAUS BOTICAS

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Quedan rcsen•ados los derechos de propiedad artlstica y litcrnria

htr

DE

M0NTANER Y SIMÓll'

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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