<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="1786" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/1786?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T20:35:00-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="664">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1786/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._505._Agosto._0002011666.ocr.pdf</src>
      <authentication>9064bdad52700d5a1b7cdacb8267c788</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="73957">
                  <text>aitrt&amp;C10t)

Ftí~ttetx
A:Ro X

BARCELONA 31 DE AGOSTO DE 1891

NÚM. 505

Con el presente número repartimos á nuestros suscriptores de la Biblioteca Universal el tercer tomo de la HISTORIA DE LOS GRIEGOS
Los suscriptores que lo son desde l.• de enero recibirán en vez de éste el VIAJE AL NILO

..

ESTUDIO, cuadro de D. Daniel Hernández. (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona,)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

505

ción sin sacudidas en lo sereno ante todos los peligros y en lo sufrid~ bajo todas las desgracias,. ~n el
SUMARIO
empeño imposible de someter los reyes ~rad1c10~~Texto. - llf11rmur.1cio11es europeas, por Emi_lio Castelar.. -El
les á las nuevas ideas é injertar la revolución poht1collar de ámbar. Causa criminal lConclus1ón), por LulS M.
ca y social con el menor daño posible de todo lo
de Larra. -En el lago de Hammerfesl, por Augusto Jerez
antiguo y el riesgo menor de hondos desórdenes en
Perehet. - SECCIÓN A~IERICANA: Et presidio de la Habana,
por Eva Canel.-Nuestros grabados. - Vizcondesa (continuala vieja encina de una historia casi toda ella teocrá•
ción), por León Barracand, con ilustraciones de Emilio B~tica, feudal y absolutista. Lo único que podemos
yard. - SECCIÓN CIENTfFICA: Los autómatas, por el presh·
decir, es cuán providencial é in~vitabl~ sería la rev_odigitador Alber. -Fabricación de las l,ímparas de incandeslución cuando no consiguieron 1mped1rla en Espana
cencia de los Estados Unidos.
Grabados. -Est11dio, cuadro de D. Daniel Hernández (Ex·
hombres como Jovellanos y en Franc_ia_ hombre_s
posición general de Bellas Artes de Barcelona). - ¡Soy yo!,
como Turgot. Este vió pagados sus servicios y retnestatua en bronce de D. Félix P. de Tavera (premiada en
buídas sus obras con soberano desprecio, y aquél
la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.) - Ocacon calabozos y tormentos. Luis XV y Carlos II,
so, cuadro de D. Modesto Urgell (premiado en la ExposiFernando VII y Luis XVI, María Luisa de Borbón
ción general de Bellas Artes de Barcelona), -Eltraje111U1Jo,
cuadro de D. Luis Jiménez Arnnda. - U11a ta1·de ~e otoflo en
y María Antonieta de Austria se habían producido
el bo11levard Sai11t-ll-fic/1el, cuadro de Leroy Satnt-Hubert
y criado en la sociedad nuestra para llamar y atraer
(Salón de Parls de 1891).-E/presidio de la Habana (de fo.
las tempestades, En vano querían disuadirles hombres
tografías remitidas por Doña Eva Canel). - Lectura, cuadro
tan superiores como Turgot y Jovellanos; los reyes,
de D. Juan Llimona (premiado en la Exposición general de
Bellas Artes de Barcelona).- Pas/or del Pirmeo, cuadro de
con una especie de suicida instinto, provocaban y
D. Dionisio Baixeras (premiado en la Exposición general de
sostenían la misma revolución que debió á la postre
Bellas Artes de Barcelona).-Remerdo de Llavaneras, cuaderribar su absolutismo. ¿Y cómo de aquel monstruo
dro de D. fosé Masriera (premiado en la Exposición general
y de la suciedad por aquel monstruo dejada en nuesde Bellas Artes de Barcelona. - Figuras I y 2. Concertista
mecánica y tocadora de bandolln, existentes en el Consertro suelo limpiarse sin los trabajos del Hércules reII
vatorio de Artes y Oficios de Parls. - Pla=a de Antonio Lóvolucio:-iario? Cadenas del esclavo, potros del torpez m Barctlona, cuadro al óleo de D. Modesto Texidor
Una fiesta muy principal de agosto ha sido la mento, calabozos y braseros del inquisidor, feudalis(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona).
consagrada por Asturias al claro hijo suyo D. Mel- mo del magnate, amortización del suelo, servidumchor Gaspar de J ovellanos. ¡Cuán rica esa región en bre del trabajo, parálisis del pensamiento, demandaMURMURACIONES EUROPEAS
hombres de primer orden! Los cántabros y los astu- ban el hierro y el fuego, único medio de combatir
res, pintados por el diligente recolector de noticias aquella honda y gangrenosa canceración social. Por
POR UON EMILIO CASTELAR
conocido con el nombre de Estrabón, resaltan en su no haberlo comprendido así J ovellanos, le pasaron
Las viñas en agosto. - Madurez de los racimos. - Recuerdos larga historia, no solamente cual animosos monta- delante hombres menores, pero heroicos, incapaces
lemosines. - La fiesta en Gijón :i D. Melchor Gaspar de Jo- ñeses capaces de inmolarse gustosísimos en las aras de sus distingos, y resueltos, no á una resignación
vellanos. - Juicio de Asturias y de sus pobladores. - Jovella- patrias por su dignidad y por su independencia, sino casi monástica en Valldemosa y en Bellver, al esfuernos y la coronación. - Improcedencia de tal método en su
época. - Paralelo entreTurgot y Jovellanos. -Necesidad en cual hombres de un entendimiento extraordinario en zo y al combate. Lo que ahora, libre la palabra, libre
aquella sazón de las sendas revoluciones en España y Fran· la suma total de sus calidades colectivas. No lucirán la universal actividad, libre la ciencia y la industria,
cía. - Litigios cortesanos. - Elena Sanz. - Sus destinos. - jamás como lucen los entendimientos meridionales desamortizado el suelo, desvinculada la propiedad anSus ensueños. - Sus alucinaciones. - Recuerdos de sus 6pe- en su brillo deslumbrador; pero entrarán todos ellos tes feudal, seguros los derechos de todos, en ejercicio
ras y de sus conciertos. - Reflexiones históricas. - Conclucon su penetración aguda y sagaz en las entrañas, continuo el Parlamento y el Jurado, soberana en suma
si6n.
así de los objetos como de los pensamientos. Cosa la Nación; lo que ahora sería ridículo, un espíritu revoindudable á todos cuantos conocen las letras españo- lucionario permanente, incongruentísimo de suyo con
I
las el esplendor con que han brillado y el poder todo cuanto en torno nuestro pasa, entonces era sublique
han ejercido en la ciencia y en la política con- me, asaz necesario. Pero esta falta de sentido práctico
Los racimos poco á poco maduran en las parras y
cepas. Esta madurez va cerrando las puertas del es- temporánea los cántabros y sobre todo los astures. no puede quitará Jovellanos la gloria que le perte ·
tío y abriendo las puertas del otoño. Dios ha dado Cuando predominaban la teología y la metaflsica en nece como primer prosista y primer pensador de su
en su próvida creación dos frutos inapreciables á los conocimientos humanos y la estética en el estilo, tiempo. Justísimo por cierto el homenaje á su nomnuestras campiñas: la uva y el trigo. Cuando las mie- predominaban también los pueblos meridionales de bre tributado, y merecida la estatua con que, al honses acaban de caer dobladas por el peso de sus ro- la península. Mas desde que apareció el siglo último, rarlo, hase á sí misma enaltecido y honrado esta gebustas espigas, transparéntanse los racimos, cual si en cuyo seno imperaban la crítica y la lógica, con neración.
fueran de cristales y encerraran dentro de sus pelícu- las cuales concuerda el estilo severo, Cantabria y
III
las y entre sus orujos luz misteriosa. Yo no conozco Asturias nos dieron hombres de primer orden, y
prosperaron
como
ninguna
otra
región
las
ideas
de
nada que active la respiración, impulse la sangre,
Con suma delicadeza debemos tratar de otro asunadobe las fibras, acere los músculos, como el baño cuya savia todavía vivimos. Campomanes con su Deto,
no tan glorioso en verdad, pero manifiesta demosrecho,
Estrada
con
su
Economía,
Toreno
con
su
Hisde nuestro cuerpo en los efluvios campestres. El potración
de los contrastes que reinan en la naturaleza
toria
con
su
elocuencia
el
divino
Argüelles,
con
su
len de las plantas os centuplica el calor vital, y os
remonta los nervios, y os colora la sangre. Pero entre liter~tura Meléndez, J ovellanos con todas las cien- y de las contradicciones que reinan en el esplritu. Nelos polvillos campestres no conozco ninguno compa- cias, han dejado por los senos del alma española es- cesitase para departir de todo esto suma delicadeza,
rable al del pámpano en la estación corriente. ¡Cuán telas inextinguibles de creadoras ideas. Y sólo cito á por tratarse de dos damas, las cuales llevan dos cobien hacían los antiguos coronándose de tal fronda! los muertos. Un ciclo verdadero componen estos ronas, la una de reina, la otra de artista. No rompeEn guirnalda ninguna late como en esos tejidos de hombres á todas luces extraordinarios. Y á la cabéza mos ningún secreto muy guardado y recatadísimo dila viña, en ninguna, la savia esencial. Yo recuerdo de todos ellos estará Jovellanos para siempre. Su ciendo que un día empeñaron callados pleitos más
cómo nos regocijaba en agosto, por las tierras levan- estilo contrastó la triste anemia, por la imitación de ó menos jurídicos é hicieron parciales componendas
tinas, esta dulce madurez de la uva. Todos los años todo lo francés á nuestros primeros escritores del si- más ó menos privadas la reina Cristina de Hapsburgo
ofrecíamos á la Virgen María en su Asunción beata glo último pegada, y evocó el ritmo y el numen y el y la contralto Elena Sanz, de Andalucía. El objeto á
sarmientos cargados con promesas y anuncios de rico vigor en prosa, que parecían concluidos con Hurta- que tales tratos se referían eran dos niños criados
embriagador mosto. Y en la novena de su fiesta íba- do y con Granada. Los múltiples conocimientos suyos en casa de la cantante y que llevan sendos nombres
mos á devorar los granos, antes agraces, ya endulza· mostraron la utilidad, tan contestada, de aquella En- de regios almanaques: Alfonso y Fernando. Poco se
dos, todos crujientes, y á recorrer el viñedo, antes ciclopedia, que si destruyó mucho nuestra vegeta- habla escrito de ambos en los últimos tiempos, cuanverde, ya rosáceo, que sonreía con estival ardiente ción antigua con la punta de su arado, tan parecida de do rompe la semana pasada Elena Sanz á hablar en
sonrisa. Estas frutas primeras parecen al paladar como suyo á la punta de una espada, también sembró mucha coloquio con un redactor de periódico francés, delalas auroras y las alboradas á los ojos. En mis tierras vegetación próvida y nueva, de cuyos frutos nos regala- tando al pliblico porfiadas persecuciones y repetidas
patrias reinan afectos de mancomunidad por tal ma- mos y nos mantenemos ahora. Injusticia notoria seda exigencias, todas ellas imperdonables, por tratarse de
nera profundos, que producen la virtud eficadsima disputarle una saludable aplicación práctica de los dos criaturas puestas bajo sus alas de artista y edusuya, cierta especie de comunismo inconsciente. Así principios enciclopédicos á las cuestiones económi- cadas en su mansión de notas y de arpegios. ¡Oh!
las brevas no conocen dueño allí. Con tal que respe- cas y sociales. Pero J ovellanos, tan poderoso en la Quien haya visto en su vida una vez á Elena Sanz
téis lo sembrado y plantado en el suelo, sin hollarla ciencia, no ejerció igual poder en la política. Su dili- no podrá olvidarla nunca. La color morena, los lay perderlo, en vuestro derecho estáis al coger los me- gente celo por las ideas progresivas le desarrimó de bios rojos, la dentadura blanca, la cabellera negra y
lifluos frutos pendientes de las higueras, los cuales los reyes, y su moderación sistemática le desarrimó reluciente como de azabache, la nariz remangada y
frutos saben y huelen á gloria; ¡como que destilan de los progresistas y de los revolucionarios. Contado abierta con una voluptuosidad infinita, el cuello carmieles y los creeríais flores! Pues casi lo mismo pasa entre los primeros pensadores y tenido por el pri· noso y torneado á maravilla, la frente amplia como
con las uvas. Estas no podéis llevároslas como po- mer prosista de su época, no le contamos ni entre de una divinidad egipcia, los ojos negros é insondadéis llevaros las brevas; pero en cambio, la costum- los primeros patriotas ni entre los primeros gober- bles cual dos abismos que llaman á la muerte y al
bre os faculta con sus decreros á comer en la viña y nantes. En la guerra con el extranjero le faltó el ar- amor, hácenla una de aquellas mujere·s meridionales,
junto á la cepa todas las que os desee y pida vuestra dor, que ha inmortalizado á Quintana y le ha pues- por cuya belleza perece Antonio, de Roma olvidado,
gana. ¡Cuán hermosa la cesta de mimbres cub~erta to á la cabeza de nuestro siglo por la poesía patrió- en la embriaguez del placer, y como decimos vulgarde sarmientos recién cortados y henchida de racimos tica suya; y en la política interior le faltaron arran- mente, arde Troya. Recuerdo yo una velada en que
recién maduros! Aquellos huelen como cañas d~ ca- ques de voluntad correlativos con el ideal de su in- dió ~elicioso concierto, á cual yo asistí hora tras honela, y los granos translúcidos tiran des~e aterc1ope• teligencia y de su saber. Como hay tantos que ahora ra contemplándola y oyéndola con verdadero arrobalado negro á violáceo amatista y desde violáceo ama- yerran tomando nuestra época ~e sabia y lenta evo- miento, pues cantaba mi predilecta música, la sublitista 6 azul zafiro á esmeralda transparente. ¡Cuán lución por una época de revoluciones, erraba enton- me canturia entre griega y semita que llamamos saepróvida naturaleza en los climas y en los ~ueblos ces él tomando una época de súbitas revoluciones tas, playeras, rondeñas, de las cuales el sici'liano,
meridionales! ¡Cómo parece que allí está el alimento por una época de lenta evolución. Paredase á Tur- quiero decir, el semi-helénico Bellini, extrajera sus
necesario á la vida en los aires diluido, y como que got en lo profundísimo de su ciencia sin obscurida- melodías de Norma y de Sonámbula, destinadas á
se logra la nutrición apropiándose los áureos átomos des, en lo continuado de su moderación sin desfalle- vivir mientras lata el corazón en el pecho y el amor
del éter vivificante! No recuerdo manjar que me haya cimientos, en lo conocedor de las reformas alejadas en el corazón. Acabada la fiesta, Elena me trajo un
~abido, en las copiosas mesas donde mi suerte y mi de toda utopía y propias á una saludable transforma- abanico para que pusiese alguna ocurrencia del rooposición me han sentado, al sabor de aquel pan y
uvas comido á la hora del crepúsculo, bajo la parra,
cuando al son del Ave María se iban durmiendo las
golondrinas en la cabaña y en la floresta despertándose los galanes de noche. Así alcanzó tanta importancia la invención del vino en los santorales históricos del trabajo industrial; así han cuajado copioso
número de leyendas los pueblos agradecidos en torno de los Noés bíblicos y caldeos que plantaran los
sarmientos prehistóricos; así la presencia de Baco en
el Olimpo griego trastornó toda la vieja liturgia y
conmovió á todos los dioses helenos; así el Evohé de
la bacante significó el exceso vital de las antiguas divinidades paganas y el abril de nuestro planeta ebrio;
así pidieron todas las generaciones calor para sus venas y fuerza para su sangre al mosto destilado de los
racimos, que corre purpúreo por los lagares y derrama una especie de alegría casi demente de suyo y enloquecedora en el ánimo con un poder no concedido
á fruto alguno por la Naturaleza. Cantemos, pues, y
exaltemos á la vid próvida y fecunda; cantemos y
exaltemos las uvas en su reciente madurez.

NúMERO

505

LA

547

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

- Los hombres no entienden nada de arremento y se me ocurri6 esto: «Parece imposiglos domésticos: mañana, si está usted conble que quien tiene tanto que oir tenga tanto
forme, yo iré á visitar sus armarios, registrar
que ver.» En mi libro de memorias consta la
su ropa blanca y ordenarlo todo.
representación primera dada por tan eximia
Yo acepté con gratitud su ofrecimiento, me
contralto hace ya lustros en el Teatro Real.
retiré, dormí muy mal, me paseé durante la
¡Qué horóscopos del destino! Elena cantaba
mañana siguiente por los arrabales de Alcalá,
la Favorita. Su hermosura increíble resaltaba
y cuando llegué á la puerta de mi casa me
en el marco de la escena mucho, pues lo esestaba esperando ya en ella Enriqueta Subi·
cultórico de aquellas facciones, á la verdad esmos la escalera sin hablar, y apenas entramos
tatuarias, permiten apreciarla en su maravilloen mi cuarto Julia me envolvió, por decirlo
so conjunto. ¿No creeríais leer, sabiendo cómo
así, en su recuerdo, y no pude pensar más
cantó para su estreno en Madrid la Favorita,
que en ella.
una biografla de historiadores 6 una tragedia
- Aquí se sentaba para coser, dije yo á Ende poetas antiguos, donde oráculos más ó meriqueta; desde aquí me escuchaba cuando
nos sinceros en fórmulas más ó menos claras
yo leía; de este modo hablaba ella á sus pájapresagian y aprecian la suerte del protagonisros ... ¡Qué desgraciado soy!
ta? Comprendamos la naturaleza humana, y
Enriqueta cogió mi mano, y mirándome
miremos filosóficamente las consecuencias de
de un modo tan dulce que conmovió hasta el
institución tan absurda como el matrimonio,
fondo de mi alma, me dijo:
que s6lo debe tener por fundamento las afi- ¡Pobre amigo mío!
nidades mutuas del amor, convenido entre
Dejé caer mi cabeza sobre su hombro y
diplómatas y embajadores por meras razones
rompí á llorar. Ella me acariciaba el rostro
de Estado. Nada prueba la igualdad fundacon su mano suave, como se hace con loe;
mental de los hombres como el amor, salvanniños.
do las distancias artificiales puestas por los
- ¡Ah!, continué yo, ¿quién reemplazará,
privilegios entre las clases y uniendo sangres
amiga Enriqueta, á la que he perdido?
azules y rojas en muy natural confusión, obeMe parece que su boca murmuró á mi oído:
diente á la madre naturaleza, quien á todos
nos identifica é iguala en las condiciones uni«Yo.»
Alcé la frente, nuestros labios se enconversale'!i al género y especie, muy particulartraron, y antes de que pudiera yo combatir
mente á la especie humana, revestida de in·
mi emoción, éramos ya el uno de otro.
alienables derechos. Debe, pues, tenderse á
Fuimos culpables, si es ser culpable obedeconstituir instituciones armónicas con el pricer á los impulsos fatales de la naturaleza:
mer principio de justicia conocido, con la fundamental igualdad y consanguineidad dinástihice traición á un recuerdo sagrado, y cuando
ca de los cónyuges; conocida la costumbre de
me quedé solo, después de aquella crisis, perfestejarse los novios regios por medio de carmanecí mucho tiempo presa de un aturditas y retratos sin conocerse, como de unirse
miento doloroso. Mi turbación interior se re·
la desposada regia por medio de procurador
flejó desde entonces en mi vida de una manesin tratarse, no debe, no, maravillarnos que
ra deplorable Cuando yo estaba solo, Julia,
junto á D. Pedro de Castilla esté D. Enrique
amable y cariñosa, aunque triste, me hablaba
de Trastamara; que junto á D. Fernando el
sin cólera de Enriqueta; pero cuando ésta acuCatólico de Aragón esté D. Juan de Aragón;
día á nuestras citas, Julia se volvía loca, agique junto á D. Felipe II esté el primero y
tándose en mi corazón como si hubiera·querigrande D. Juan de Austria. y junto á D. Cardo destrozará su rival. P.:&gt;r el más ligero molos II el D. Juan de Austria último y pequeño;
tivo, aprovechando cualquier pretexto insenque la reina Doña María Cristina de Borbón
sato, yo obedeciendo á Julia maltrataba á la
salte por todo y se una en matrimonio con
pobre Enriqueta, que soportaba mi crueldad
misérrimo estanquero de Cuenca; pues la nasin poder adivinar la causa. «¿Qué te he hecho
turaleza recobra siempre sus derechos y el
yo?, me preguntaba. ¿Por qué me tratas tan
amor sella con su igualdad humana la frente
mal, cuando yo te creía tan bueno?» Estas pade los monarcas. ¡Ah! Lo que piden á una esa
labras me afligían; y haciendo un esfuerzo desmisma naturaleza y la sociedad, reflejo suyo,
esperado reducía á Julia al silencio, y besanen el rigor de sus leyes sabidas, es que no
do las manos de Enriqueta, que lloraba, la
existan instituciones de casta incompatibles
decía conmovido: «¡Te amo tanto y soy tan
con lo; principios y fundamentos de toda jusbueno cuando no estás á mi lado!&gt; Aquella
.¡sov vo!, estatu~ _en bronce, de D. Félix P. de Tavera
lucha en mí era horrible... Pero continuemos.
ticia. Pero dadas esas instituciones, ¡oh! no
(Premiada en la Expos1c1ón general de Bellas Artes de Barcelona.)
y 0 había entregado á mi amante una llave
debemos extrañarnos de que, continuando en
la realidad palpitante y viva ensueños fáciles
de mi habitación á fin de que pudiera entrar
de tener en las incidencias de una ópera y de un entrevistas, que_ llegaron á hacer~e cotidianas. Yo d~rante mi ausencia y esperarme: Entraba, ~rreglaba
teatro, hayan ciertas actrices creído cosa fácil obte- me sentaba, y mientras ella se dedicaba á sus queha- nu despacho, ponla en orden m1 ropa y mis libros,
ner para prendas de su corazón alguna cosa más só- ceres domésticos ó á sus labores de aguja, en los que ponía mi casa, según yo decía, como una tacita de
lida y menos humillante que misérrimas pensiones. era notable, la escuchaba embebecido; así pude co• plata, y cuando yo entraba me decía abrazándome:
¿No hay monarquías históricas, como la de Portugal, nocer su vida en todos sus detalles. La pobre mujer «No me riñas hoy, vida mía.» Yo se lo juraba dán•
por ejemplo, y dinastías gloriosas, como las que die- no era dichosa: no se quejaba nunca, pero no por dole un beso, y era completamente feliz cuando la
ron una Isabel I y un D. Manuel el Grande, fundadas eso sufría menos. Su marido la abandonaba: estaba cumplía mi juramento.
por bastardos? Pues qué, si el hijo de Alfonso VI y en relaciones con una costurera vecina, y no sólo pa- Tengo que pedirte una cosa, me dijo un día.
la princesa mora sevillana perteneciente á la familia saba con ella casi todo su tiempo, sino que se gasta- Dímelo pronto, para que yo tenga la alegría de
de los Abdilitas no muere de una desgracia fortuita, ba con ella cuanto dinero podía sobrade de lo es- dártela en seguida, la contesté.
- Ese collar de ámbar que yo deseaba tanto y
¿quién duda que la sangre de los mahometanos co- trictamente indispensable que daba á su mujer para
rrería por las venas de los monarcas españoles y ca- comer. La pobre Enriqueta, sin hijos, sola y siempre que no es hoy para ti más que un recuerdo insig~itólicos? Pues qué, ¿la corona portuguesa no fué á dar, trabajando mientras su marido se olvidaba de ella en ficante.
A estas palabr~s Julia se estremeció en mi cotras guerras como las mantenidas entre lusitanos y otros brazos, agradecía mis visitas y solía decirme:
- ¡Un marido como usted es lo que hubiera ne- raz6n.
españoles, en la frente de un monarca español por
- ¡Jamás te daré ese collar!, dije yo gravemente á
muerte del rey D. Sebastián? Pues qué, ¿la corona de cesitado para ser feliz! Juicioso, amante, instruído,
Luis XVI no fué á dar en la frente de aquellos que constante.
.
Enriqueta; te prohibo volver á hablarme de él, y si
le hablan arrancado su cabeza, en la frente de los
- ¿N ~ la hubiera á uste~ desagradado, la respon- quieres evitar una desgracia, librete Dios de tocarle
jamás.
regicidas? Pues qué, ¿no dejaron los Austrias de Es- dí yo, mt rostro vulgar y m1 figura desgarbada?
Me miró con sus dulces..Y hechiceros ojos, y desEnriqueta quiso insistir, pero yo me puse furioso,
paña, tras una guerra de trescientos años consecutiy se marchó diciéndome:
vos, el trono español á la dinastía de Francia, con la pués de un momento me d1jo:
- En el hombre,á quien se llega á amar, todo nos
- ¡Jamás creí que pudieras ser tan cruel conmigo!
cual tuvieron batallas tales como la de Pavía, San
- ¿Por qué no quieres darla tu collar?, pregunté
Quintín y Rocroi? No debe maravillarnos ensueño gusta,
Muy turbado me separé yo de ella aquel día, y yo á Julia, cuando al quedarme solo pude interroninguno, pretensión ninguna, delirios de tal ó cual
clase, no, siempre que recordemos las casualidades una sensación nueva que se parecía á una esperanza garla.
- Me habías prometido que me enterrarías con él:
múltiples del nacimiento, los saltos atrás que dan las indecisa agita~a t~do mi ser. En mi corazón Julia
bastante he hecho con haberte perdonado tu descuiherencias, el atavismo inevitable de las dinastías. se estremec!a mqmeta.
¡Misterios, insondables misterios!
- ¿Qué tiene~?, la pregunté yo.
.
do. Pero el collar es mío, no debe pertenecerá nadie,
- ¡Ah!, me dijo, tu vas á amarla. No me quejo de y si esa mujer le toca la ahogo con mis propias
ti, porque sé que no has de vivir eternamente solo manos.
'
porque yo hay~ muerto; ~nriqueta es buena y cariñoLlegaron los primeros días de agosto. Un calor
EL COLLAR DE AMBAR
sa, y am~os sois desgraciados: ám~la, pues, pero no sofocante se desprendía de un cielo de plomo; los
CAUSA CRIMINAL
olvides sm em_bargoá tu pobre Juha.
pájaros permanecían silenciosos entre las inmóviles
( Co1ul11sión)
,Una casuahdad, ¿fué una cas~alidad?, aceleró mi hojas; su aire espeso y carbónico se extendía por los
,
..
. crm~en. Una noche que me quejaba yo delante de campos secos como por encima de un terreno sulfuAlgunas veces, durante el d1_a, solí~ vmtar á Enn- Ennqueta del des~rden_ que reinaba-~º mi casa des- roso. Se oía á lo lejos el sordo rumor del trueno. y 0
queta, y tanto se renoyaron msens1blemente estas 1, de la muerte de m1 mujer, ella me d110:
volvía de la Universidad casi tambaleándome, sin

I

�NúMER0

LA
tiendo un círculo de hierro que oprimía mis sienes:
mis ideas extrañas y como dislocadas se agitaban en
mi cabeza sin poder coordinarse, y aunque ardía mi
piel, una especie de frío glacial circulaba por mis venas y se escondía en mis huesos; los objetos danzaban ante mis ojos y tomaban formas extrañas; un
ruido sordo m0nótono aturdía mis oídos: estaba como ebrio y vacilaba á cada paso.
Enriqueta estaba en mi habitación cuando entré.
Al verme dió un grito de espanto de que me he acordado después, pero que no advertí en aquel momentQ, Tal era mi fatiga que sin ver nada me dejé caer
en una silla con la frente entre mis manos.
-¿Qué tienes?, me dijo Enriqueta. ¿Estás malo?
- Sufro mucho, la .dije; este calor me asfixia.
Me humedeció las sienes con agua fría, y al levantar yo los ojos hacia ella para darle gracias, vi el collar de ámbar que brillaba en su cuello como un ro·
sario de fuego. La desgraciada se había aprovechado
de mi ausencia para probársele, y mi llegada la había sorprendido antes de que pudiera quitársele. A
mi vista Julia se levantó en mí como una furia; yo
la oía materialmente que gritaba sin cesar dentro de
mi corazón:
- ¡Mi collar! ¡Mi collar!
Una rabia ciega se apoderó de mí; una nube de
sangre turbó mi vista, y como la que se agitaba en
mí comencé á gritar:
- ¡Mi collar! ¡Mi collar!
- ¡Aquí está, aquí está!, respondía Enriqueta aterrada, corriendo por el cuarto pálida de espanto y no
pudiendo desatar el lazo que le sujetaba á su cuello.
Yo la perseguía repitiendo siempre: «¡Mi collar!
¡Mi collar!,» sin conciencia de mis palabras ni de
mis actos, ebrio, loco quizás, idiota de seguro.
Enriqueta se había echado en mi cama huyendo
y estaba acurrucada junto á la pared, tiritando de
espanto.
-¡Yo no quería llevármelo! ¡Era jugando! ... ¡Perdón ... perdón ... no volveré á tocarle! ...
Yo no escuchaba, ó mejor dicho, no oía nada.
Una fuerza invencible me arrastraba.
- ¡Mi collar!, grité. ¡Miserable, me has quitado el
collar!
Alargué el brazo, cogí el collar con ambas manos
y tiré hacia mí gritando:
- ¡Tráelo, devuélvemelo!
Una voz ahogada respondió algo que yo no oí...
Tiré más ... mucho más, y como el cordón no cedía,
empecé á retorcerle cerrando mis ojos y no viendo
en la habitación más que á Julia de pie furiosa.
¿Cuánto duró aquella horrible escena? No lo sé. Una
eternidad sin duda, porque el tiempo me pareció larguísimo. Oí una especie de ronquido ahogado, sentí
sobre mis brazos unas manos que golpeaban sin concierto y abrí mis párpados. Tardé mucho tiempo en
ver, pero lo que vi fué horrible. Enriqueta, atravesada en mi cama, tenía la cara como la cera, pero con
manchas violáceas; sus ojos abiertos desmesuradamente no enseñaban más que su órbita blanca atravesada por hilos sanguíneos; su lengua tumefacta
aparecía lívida en el borde de sus labios cardenos;
mi mano, mi mano nervuda apretaba todavía el collar, del que algunas cuentas rotas rodaban sobre la

NúMERO

lLUSTRAClON ARTÍSTICA

colcha blanca. Separé lentamente mis dedos con un
espanto tranquilo; una línea encarnada dibujaba alrededor del cuello un círculo sangriento; ni el más
leve soplo levantaba aquel pecho inmóvil. Puse la
mano sobre el cotazón... ¡No latía! ... ¡La pobre, la
bondadosa Enriqueta, estaba muerta!
Caí aplanado de rodillas, c;on la frente apoyada
en el lecho donde yacía la pobre criatura, sin comprender nada del crimen que acababa de cometer,
presa de un aturdimiento que me hacía dudar de mi
razón, con un ruido de campanas que me ensordecía
y sin atreverme á levantar los ojos para no ver aquel
horrible cuadro.
- Vamos, me dije después de un largo rato, ha
sido una irremediable desgracia; soy el instrumento
de un asesinato, más que el asesino; debo entregarme lealmente á la justicia y decir la verdad.
En el momento de salir pensé en mi amigo Este•
ban y prorrumpí en sollozos. Cuanto me serené un
poco abrí mi puerta con mil precauciones, bajé de
puntillas la escalera y me dirigí á casa del juez, que
era uno de mis mejores amigos.
- ¿Qué le trae á V. por aquí, con este sol abrasador?, me dijo.
- Vengo á decir á usted que acabo de matar á
una mujer.
- ¿Usted? ¡Vaya una broma!
- No bromeo, le respondí llorando; la desgracia
que vengo á anunciarle es una triste verdad. He cometido un crimen.
El juez estaba absorto y no quería darme crédito.
Yo insistí y él me dijo:
- Pero ¿cómo la ha matado usted? ¿De un tiro?
¿Con un arma cualquiera?
- ¡Con el collar!
- ¿Con el collar? ¿La ha estrangulado usted? ¡En
marcha! ¡Corramos!
Llamó al escribano y á dos alguaciles, entre los
cuales me colocó, y nos diri¡Jimos á mi casa. La vergüenza me ahogaba; hubiera querido que me tragase
la tierra.
Penetramos en el cuarto: al ver sobre la cama á
Enriqueta muerta y crispad1 aún por las últimas convulsiones, el juez gritó:
- ¡Era cierto!
Después, acercándose á ella, quiso quitarla el collar, diciendo:
- Este es el instrumento del delito.
Un nuevo acceso se apoderó de mí y me precipité
sobre el juez gritando:
- ¡No le toque usted!
Los alguaciles me sujetaron, me ataron las manos
y me hicieron sentar en un taburete. El juez me interrogaba, y cuando yo le respondía, alzaba los hombros y decía:
- ¿A quién quiere usted hacer creer esas necedades?
Yo no intentaba nada sin embargo, y Julia, que
se desesperaba en mi corazón, estaba allí para afirmar
que yo no mentía. Cuando salimos, todos los vecinos llenaban la calle; con dificultad y defendido por
los alguaciles pude atravesar la calle. Todos querían
verme; unos me compadecían, otros me insultaban.
- «Si está loco desde la muerte de su mujer.»

- «¡Bah! Es un viejo hipócrita. Ya mató á un hombre en duelo hace años.»
Yo bajé la cabeza no atreviéndome á mirar á
nadie.
Me llevaron á la cárcel, donde me encerraron en
una especie de celda, solo, en presencia de un crucifijo de madera negra clavado en la pared. Yo me
eché vestido sobre un catre y dormí mucho tiempo,
con un sueño de plomo, como se debe dormir en la
tumba. Cuando desperté quise recordar los acontecimientos de aquel día maldito, y temblé ·á la idea de
que Enriqueta se apareciera en mí, como lo habfa
hecho el capitán y lo hacía aún Julia; pero ésta,
guardián vigilante de mi corazón, donde había reinado en vida y donde quería reinar después de su
muerte, no permitió la entrada en él de su rival.
Vino un médico; me tocó la frente; me hizo hablar mucho tiempo sobre diversos asuntos, y se fué
moviendo la cabeza; también vino un sacerdote, que
me habló mucho del fuego de las pasiones. Estoy
solo, siempre solo ... y me ahoga el remordimiento.
Apenas me atrevo á hablar á Julia; y cuando la dirijo la palabra se echa á llorar y no puede responderme más que estas palabras:
- ¡Perdóname, perdóname!
Dicen que se verá pronto mi causa. Yo me pierdo
en este dédalo, donde (ningún hilo me guía, y sin
embargo yo diré con toda sinceridad:
- He perpetrado el crimen, pero no lo he premeditado; soy inocente de tal delito, como es inconsciente el cuchillo del asesino que se sirve de él para
su infanúa. ¡Que Dios me perdone si pronuncio una
blasfemia, pero afirmo con toda mi alma que soy
inocente!

***
Yo le vi muchas veces en el manicomio de Leganés. Era un hombre alto, desgarbado, de unos cincuenta años de edad, pálido y delgado. Generalmente estaba silencioso y solitario; tranquilo y amable
durante meses enteros, y presa de inexplicables furores, que explicaba, pasado el acceso, diciendo:
- ¡No soy yo; es mi mujer!
No se quejaba. Aceptaba su suerte con humildad,
persuadido de que no era á él mismo, sino á Julia, á
quien se tenía en prisión por haber asesinado á su
amiga. Leía mucho y escribía durante horas enteras,
en pliegos grandes, con una letra microscópica y llenando con doscientos ó trescientos renglones aquellas páginas incomprensibles, de las que a\Ín conservo
algunas.
En ciertas épocas del año, sobre todo en los días
caniculares, se turbaba, abandonaba sus tranquilas
ocupaciones, injuriaba á los enfermeros y parecía
prever sus accesos furiosos.
Al envejecer. su salud se alteró visiblemente, pero
no por eso dejó de aprovechar todas sus horas de
repo¡¡o para escribir.
Se descubrió después de su muerte, bajo el colchón, un enorme manuscrito; era el famoso tratado
que había compuesto en el manicomio y que se titulaba así:

De la resurrecciún de los muertos en los vivos, y de'

OCASO, cüadro de D. Modesto Urgell. (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

505

549

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

505
me han impulsado á emprender el viaje.
- Prescindiendo d:e 1o
esencial.
- Justo. Mas creo, aparte -de mi capricho, que la
descripción de un paraje ó
una comarca resulta incompleta, porque la impresión
individual es la que le presta su tono característico.
En otros términos; el mejor libro de viaje es el viaje
mismo.
- Estamos de acuerdo.
- ¿Qué barca es esa que
se aproxima al vapor?
- La que trae al piloto.
-¡Cómo!...
- No es posible penetrar
en Noruega sin un piloto
del país, aunque en muchos
casos el hecho sólo significa una de tantas formalidades.

las modificaciones que este
importante descubrimien•
to debe producir en las leyes morales, jilosújicas y políticas vigentes.
Se conserva este manuscrito en el manicomio de
Leganés, y se enseña á los
curiosos notables que visiten el establecimiento.

Lurs M. DE LARRA

EN EL LAGO DE HAMMEllFEST
- ¡Diablo!, exclamó súbito Mr. Ferguson quien,
sentado en su gabinete de
estudio de Queen Street,
en Londres, leía Tlu Times.
¡Diablo!, repitió en vivo soliloquio. No se me había
ocurrido tal cosa. Decididamente he sido por esta
vez un imbécil; pero aún
puedo reparar la falta.
Y así discurriendo, tocó
el timbre colocado sobre la
mesa y casi en el mismo
instante decía al ayuda de
cámara que penetraba en
el despacho:
- Dispón mi equipaje;
toma un billete hasta París
y que la berlina esté enganchada para llevarme al
muelle, á la salida del vapor.
- Bien, limitóse á responder el interpelado, sin
duda práctico en la manera de ser de su señor.
Este dobló el periódico,
hizo varios apuntes, sacó
de la mesa una cartera con
valores, dió algunas órdenes y esperó tranquilo fumando, inmóvil como una
estatua.
Poco después el ayuda
de cámara, previo el oportuno permiso, entraba de
nuevo en la estancia.
- Todo se halla dispuesto, dijo.
- En marcha, repuso
Mr. Ferguson con laconisEL TRAJE NUEVO, cuadro de D. Luis Jiménez Aranda
mo británico. Salió y una
hora más tarde quedaba
instalado en el vapor que luego navegaba con rumbo vos viajes, surgió, como resultado del amor propio,
una singular apuesta. Ferguson se consideraba patiá la costa de Francia.
nador privilegiado; el alemán juzgábase invencible
en tal ejercicio, y de ahí el reto y el propósito de di***
rimir el debate en el lago de Hammerfest.
Un inglés, partidario de Ferguson por el senti•
¿Quién era Mr. Ferguson?
Sencillamente un millonario caprichoso. Contaba miento nacional, terció en las amistosas discusiones,
treinta y seis años, estaba viudo, y la pérdida de su pero dió al hijo melancólico de Londres un mal rato,
esposa, que lo dejó solo, lo puso en la tremenda disyun- aunque sin deliberada intención.
- Compañero, le dijo, no me cautiva el recreo de
tiva de suicidarse ó de aceptar la situación con topatinar.
das sus consecuencias. Nuestro hombre concedía
- En ese caso, advirtió Ferguson, alguna otra será
poco espacio á la adopción de un camino, y en pos
de discurrir cinco minutos hubo de comprender que la distracción predilecta de usted.
-Sin duda.
debía resignarse, y se resignó; pero como poseía ele- ¿Y es indiscreción preguntar en qué consiste?
mentos para mitigar, dentro de lo relativo, las amar- De ningún modo.
guras de su alma, procedía en términos de luchar
- Gracias.
contra el aburrimiento y aniquilarlo en cada uno de
- Me gusta la soledad, y dando vueltas en mi imasus embates.
Mr. Ferguson iba á Hammerfest, el mar Glacial, ginación al medio de satisfacer mis aspiraciones, encon la propia indiferencia que si fuese de una calle contré lo que buscaba, simplemente con alquilar en
á otra de la City. Había leído en The Times que Namsos una pequeña isla para dedicarme á la caza
aquella capital era entonces el punto de reuni~n de y la pesca.
- ¡Diantre! Ese rasgo aventaja al mío, pensó Ferlos aficionados á patinar, ó sea su recreo favonto, y
resolvió distraer su ánimo y abrir un paréntesis á la guson.
- Es un solaz como pocos.
tristeza de todos los días.
- Lo creo,
Ferguson se embarcó en Hamburgo á bordo de
- Pronto inauguraré mis expediciones, pero antes
uno de los vapores de la compañía de Bergen que
deseo
visitar Hammerfest.
desde aquel puerto recorren las costas de Noruega,
Me
felicito de tener tan respetable compañero
doblan el cabo Norte y llegan á Vadso, después de
de navegación.
una travesía de setecientas leguas.
- ¡Caballero!... Y ¿conoce usted el país?
Entre los compañeros de pasaje figuraba _u_n a!e-No, señor.
mán que se dirigía -á Hammerfest para adqumr pie- Lástima, porque abunda en bellezas naturales
les y establecer con aquella plaza y la de Berlín relade
primer orden.
ciones mercantiles. No tardaron en tratarse FerguHe aquí, precisamente, una de las razones que
son y el alemán, y conocido el móvil de sus respecti-

***
La travesía careció de
accidentes interesantes. La
breve escala en Bergen dió
á Mr. Ferguson idea del
frío que debía sufrir antes
de calzar los patines en el
lago de Hammerfest.
Dos días después de la
llegada á Bergen fondeaba
el vapor en Throndhjem,
no sin que los pasajeros ad·
mirasen las imponentes
montañas de la costa, fecunda en lagos, ríos y canales, debidos á la acción
del mar en las tierras vecinas.
Christiansund, otro punto de escala, está edificado
en un árido suelo. En cambio, la naturaleza toma aquí
un aspecto alegre y risueño,
peculiar de todo este país
de Throndhjem, nombre de
la antigua capital de Noruega, población que brinda
en sus alrededores una curiosa excursión á las caídas
de Leerfoss, originadas por
el Nid, el Nida ó el Nidar,
impetuoso río, especie de
torrente que fe rtiliza los
campos.
Quince días después de partir de Throndhjem tocó
el vapor en Namsos, y allí el aficionado á la pesca y
la caza ofreció á Ferguson el islote de que le había
hablado y que aparecía como una mancha cenicienta en el horizonte, cerca de la desembocadura del
río Namselo.
Dormía á poco profundamente Ferguson, cuando su amigo el inglés lo despertó. Incorporóse aquél
en la litera, y ante las exclamaciones de su compatriota, dijo:
- ¿Qué sucede?
- Quiero que vea usted una de las maravillas del
mundo, contestó su compañero.
-¡Ah!
- Suba usted al puente, amigo mío.
- Vamos en buen hora,
- Observe usted esa montaña en medio del mar.
- La observo.
- Pues es el Torghatan, roca de más de mil pies
de elevación. Repare usted su remate.
- Parece el sombrero de un marinero.
- Exactamente; y por eso se. llama Sombrero de la

isla.
- Creo notar ana caverna ó túnel que atraviesa
la montaña de parte á parte en el fingido sombrero.
- Tiene usted razón. Esa galería se extiende en
una longitud de trescientos metros, y en determinada hora del día el sol ilumina la cavidad produciendo un fan\ástico efecto.
Ferguson guardó silencio mientras contemplaba
extasiado la severa roca; y es que la admiración toma
en ocasiones, para manifestarse, el aspecto de la indiferencia, confirmando el adagio de que los extremos se tocan. Por lo común, percibimos lo sublime,
pero no acertamos á expresar la impresión que nos

�550

LA

causa, acaso por la gran distancia que media entre
lo convencional del idioma y lo absoluto del senti·
miento.
El último punto de la Zona templada es Vügholmen, montaña que tiene en su base un puñado de
casas de madera.
Pasadas las islas de Thrrenen, cruzó el vapor el
Circulo polar ártico, pero Ferguson no se preocupó
del particular, ya por su idea fiija, ya porque los sitios más remotos de nuestro planeta perdieron su
importancia á influjos de la facilidad de las comuni-

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

•••

Parece inútil decir que el primer cuidado de Ferguson, tao pronto llegó á Hammerfest se encaminó
á buscar el lago famoso y no paró mientes en la
modesta fonda de la localidad ni en las curiosidades
de ésta.
El lago carece de nombre y las indicaciones recogidas en el hotel dieron poca luz al viajero En cambio la paciencia hizo su oficio, y en la comida de la
mesa redonda procuró Ferguson investigar con in-

sistencia.
El comerciante de Berlín estuvo comunicativo, y
una preciosa inglesa que viajaba con su institutriz
tomó parte en la conversación, riendo ingenuamente, pero sin dar opinión alguna, al conocer el pensamiento á que obedecía el viaje de Ferguson. Este
parecía contrariado y acabó por temer que había cometido una simpleza al ir al extremo de Europa en
demanda de un frívolo placer. Consolábase no obstante con la presencia de Ester (así se llamaba la
inglesa), y de este modo las primeras horas transcurrieron agradables.
A la mañana siguiente salió Ferguson de la ciudad,
y andando á la aventura, ganoso de encontrar el lago, internóse en un laberinto de bloques gigantescos,
trepó á una móntaña sin hallar alma viviente, y por
el opuesto lado descendió á una playa tranquila y si-

lenciosa.

Dos gritos lanzados al mismo tiempo llamaron su
atención. Ester se bañaba en aquellas aguas glaciales y la institutriz esperaba en la orilla.
El inglés, prudente y comedido, volvió á la montaña, fustigado por el viento rudo y frlo.
- ¿Adónde voy?, pensaba. El punto de cita de los
patinadores no parece. Busquemos, busquemos.
Y hablando de esta suerte, andaba sin dedicar una
mirada al espectáculo grandioso que lo rodeaba. Destacábase hacia Poniente una sucesión de cumbres
de rojizo color; las aguas que bañan la ciudad, oculta por un tajo, aparecían inmóviles; si Este emerglan
las alturas de la isla Soro, coronadas por ventisqueros magníficos, y al Sur se dibujaban otras muchas

505

NóMERO

LA

505

55 1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

taña reanimó su esperanza otro lago, hermoso y ade-

cuado á sus gustos, pues se dilataba en una. exten-

sión de tres ó cuatro hectáreas.
-Aquí, exclamó en un arranque de orgullo, venceré al alemán, y es indudable que los periódicos
de Inglaterra dedicarán á mi triunfo minuciosos detalles.
Llegó á la orilla; pero ¡oh dolor! el lago no estaba
helado; antes bien, sus ondas se levantaban en débiles volutas y se romplan fingiendo copos de nieve.
Ferguson palideció, y sacando del bolsillo el núcaciones, que han colocado en la misma categoría un mero de TI~ Tmus, que no lo abandonaba, leyó por
paseo al Rhin y al Danubio que una expedición á centésima vez el suelto inspirador de su constante
Laponia, destruyendo con implacable saña lo románpesadilla. El periódico apuntaba con claridad cuanto
tico, puesto que hoy cualquier turista bebe en la
se refería al lago, sin omitir que sus aguas se encumbre del cabo Norte la tradicional copa de Cham- cuentran al mismo nivel del Océano Glacial y ofrece
pagne, como podía beberla en un hotel de Parls ó
la rara circunstancia de helarse en el invierno en
Viena.
tanto que no se hiela el cercano mar.
Llegado el buque al Círculo polar fué el alemán
¿Por qué no estaba en congelación el lago? ¿Era el
objeto de bromas, porque esperaba la ceremonia del
caso culpa de la masa de agua, ó del diario de Lonbautismo con que es costumbre obsequiará los pasadres?
jeros que por primera vez lo visitan.
El problema carecía de solución, y el inglés, deso- Esto es una informalidad, exclamaba el comerlado, entró en Hammerfest con el firme propósito
ciante, y en vista de su actitud rela la tripulación.
de tornar sin pérdida de tiempo á su casa de Queen
El capitán tuvo que intervenir, manifestando que,
Street.
dado el frío, serla peligrosa y propensa á una pulmo·
nla aquella práctica, y al fin resignóse el testarudo
germano.
El Círculo polar, apartado del Polo veintitrés grados y medio, representa el limite matemático que seAl empezar el almuer-,o al día siguiente, advirtió
para los climas de hora de los climas de meses, y Ferguson que Ester se sonrojaba, recordando la preallí se deja de ser heteroscio para ser periscio; en otros sencia del hombre que inadvertidamente habla sortérminos, nuestra sombra gira á nuestro alrededor en prendido sus abluciones. El alemán, enterado del
el espacio de un dla.
desengaño de su competidor, habló del asunto con
Traspuesto Bodo, capital y ciudad única del Nord- alguna ironla, porque en el fondo le interesaba el neland, sigue el grupo de las islas Loffoden, situado en gocio de pieles mucho más que las impresiones de
el extremo Norte de Europa, con una superficie ma- patinar.
yor de cincuenta leguas á lo largo de las costas de
El diálogo chispeante y epigramático se animal¡a
Noruega.
por momentos, pero Ester le dió un giro particular
Luego yese la provincia de Finmark, la más sep- con estas palabras:
tentrional de aquella nación y del continente euro- No encuentro atractivo en correr, calzada de
peo, que cuenta por capital á Tromso donde todos patines, por la superficie helada de un lago.
los edificios son de madera.
'
Mr. Ferguson contestó:
A seguida encuéotrase Loppen y por último el
- Con permiso de mi honorable compatriota, he
v~por echa el ancla en el puerto de Hammerfest, de discurrir de distinto modo.
cmdad que ocupa el fondo de una babia en la Isla
- Lo comprendo, interrumpió el alemán. Sobre
de la ballena, próxima al pequeño río Kemi y distan- todo si se tiene en cuenta la novedad que supone un
te del cabo Norte treinta leguas.
viaje hasta Hammerfest expresamente para cruzar el
lago.
- Cierto que sí, repuso la inglesa; y antes que
Ferguson hubiera podido gozar de su triunfo, la jo-

•
••

NÚMERO

SECCIÓN AMERICANA
EL PRE S IDIO DE LA HADANA

- Es necesario que vaya usted á presidio, me dijo
el contador del mismo, mi amigo Federico Aranaz.
- ¡Caracoles!, repliqué asustada.
- Nada de caracoles ni de interpretaciones dobles: quiero que vea usted nuestra casa, para que se
convenza de que en la capital de la isla de Cuba se
hace algo más de lo que ... de lo que yo sé y µsted

no ignora.

.

.

- Está bien: veremos eso; ¡pero SI no me entuSiasmo, pobre de usted, le desuello!
• - Acepto.
Al dla siguiente nos encaminamos mi hijo y yo al
tranvla de vapor que nos había de conducir á la capita! desde el Vedado, delicioso pueblo de campo,
que es á la Habana lo que son á Barcelona San Gervasio y Sarriá.
Nos metimos en un coche largo, muy largo, con

sus cuarenta asientos, estrechitos por cierto, con
brazos de hierro, bajos y molestos, que es una ben•
dición de Dios. El pasaje á que conducen estos coches
es de lo más heterogéneo. Negros, chinos, mulatos,
trabajadores blancos, señoritos verdinegros, caballeros que soplan de calor, señoras ligeramente vesti-

das, negritas que parecen moscas en leche con sus
almidonados trajes alabastrinos, llenos de faralares y
puntillas; todo, en fin, lo que constituye la mezcla de
raza y el cruzamiento animal que produce degeneración ó perfeccionamiento, no lo sé y allá se las
compongan los naturalistas Veinte centavos billete
cuesta cada pasaje, que resulta dos realitos en plata
de los que en España se estilan: me parece bastante

para treinta minutos escasos de viaje.
Los cobradores de estos tranvías ni llevan bolsas

ni talonario: los billetes fraccionarios se meten en un
bolsillo, los de á peso en otro y los de tres pesos,
máximum de lo que obligación de cambiar tienen,
se divorcian también para no dar lugar á confusio-

nes.
¿Que si no irregularizan algunos empleados? ¡Ni
por dónde! Los coches tienen en ambas bandas dos

barillas de hierro esquinadas que terminan en un
indicador. El cobrador hace medio girar la barilla
con una llave tornilladora, y por cada billete que cobra suena una vez el timbre pasando el guarismo
que indica el número de asientos. Llegado al punto
de parada, se da cuerda al reloj indicador que marven cortó sus ilusiones con estas palabras:
ca el viaje y vuelve á los dos ceros para comenzar ·
- Yo soy partidaria de las novedades, y por eso de nuevo la tarea.
todos los años vengo á bañarme en el mar Glacial.
Con este sistema, ni se molesta al público con pa·
· Un aplauso de los comensales acogió la extrava• pelitos y revisiones, ni se necesita tanto personal, ni
gancia de Ester. Sólo Ferguson incurrió en la des- se pierde otro tiempo en las oficinas que el de la
cortesla de no aplaudir, y juzgándose vencido, rene- confrontación de relojes y recuento de papeles mugó de sus millones y pensó escribir á T!ze Times una
grientos, que tal es la moneda corriente en esta tieviolenta carta, para expresar que nada vale un perió- rra legendaria del oro, por activa y pasiva.
dico donde se prescinde de hacer mención de una
Hemos llegado á la punta, explanada en donde
inglesa que se baña en el mar Glacial.
termina el ferrocarril de vapor (cuya empresa no ha
La reacción vino á poco, y el viudo, en un arran- logrado permiso para introducir sus maquinitas en
que de entusiasmo, dirigió á Ester estas palabras:
el centro de la ciudad) y en donde el presidio se
- Señorita, si usted acepta mi mano me conside- halla enclavado.
raré feliz.
Al trasponer el muy elegante y alegre zaguanete
- Mr. Ferguson, respondió imperturbable la via- de la entrada principal me puse trémula; el espectájera, me consta que es usted un cumplido cabaculo de la desgracia me conmueve desde que lo
llero y no tengo inconveniente en admitirlo por es- presiento. He visitado otros presidios, aun los que
poso.
pasan por modelo penitenciario, y en todos me ha
- ¡ Hurra!, gritaron los espectadores de aquella es- herido el sentimiento, la compasión, la piedad, la
cena, y el regocijo se prolongó largo tiempo.
idea humanitaria sobreponiéndose á la culpa y com•
La viudez se borraba en las lejanlas de los recuer- padeciendo al culpable. En todos los edificios penidos. La institutriz irla á solicitar otra plaza, y en retenciarios que be visitado hubiera adivinado sin essumen, de dos viajes informados por la fantasía brofuerzo
el porqué allí vivlan tantos hombres en comu•
taba una realidad de la vida.
nidad odiosa; en el presidio de la Habana me fué
Mr, Ferguson, preguntó el alemán, ¿subsiste nues- preciso recurrir á la reflexión para persuadirme de
tra apuesta?
que aquellos hombres eran criminales.
- ¿Quién lo duda?, respondió el inglés.
Del despacho del comandante, el amabillsimo ca- Yo propongo una variante, añadió Ester. Que
ballero catalán señor Calvetó, persona de antiguo
en vez de cruzar el lago con patines lo recorran en
conocida y apreciada en Barcelona, pasamos á las
velocípedo ambos señores.
oficinas, en cuyas mesas hadan el oficio de escri- ¡Aceptado!, respondieron Ferguson y el comer-

bientes algunos penados, limpios, aseadísimos 1 con

ciante.

trajes blancos y corrección de personas bien educadas. Aquellas oficinas me parecieron modelo de pulcritud estadlstica: más que difícil creo imposible lle• *
var á mayor grado la escrupulosidad administrativa.
Recorrimos el edificio, que es malo y deficiente, pero
Moral de este episodio:
tan limpio, tan limpio, que ni una ráfaga de olor desNo debemos condenar en absoluto los caprichos.
se advierte en ninguno de los departa·
Para proceder as( hay precisión de conocer las con- agradable
mentas.
diciones intelectuales y fisiológicas de cada indiviLas salas dormitorios de los blancos son distintas
duo. Lo que suele parecernos ridícula forma de la
aunque iguales entre si, de las que albergan á lo;
frivolidad, es muchas ,·eces una de tantas necesidacimas.
hombres de color, y éstos á su vez también están
des de quien le rinde culto.
apartados de los asiáticos. La separacióh de razas se
Ferguson descendió de su belvedero y descubrió
hace necesaria para evitar guerras intestinas y antaun pequeño lago. Siguió adelante y al pie de la monAUGUSTO JEREZ PERCHET
gonismos inevitables -.n el rozamiento de seres que

•

" E~ E L BOULRVARD SAINT·MICHEL,
UNA TARDE DE OTOi,O

cuadro de Leroy Snint-ltubert. (Sa16n de Paris de

·d d
Las habitaciones de guardia están c_on .toda !~
son considerados inferiores á pesar de la humam a comodidad apetecible. Despacho, dorm,tono, tocay de la manumisión redentora.
.
dor elegante, cuarto de baño con su ?uc~a corresRecorriendo las salas mal ventil~da~ y peor ave- pondiente, y todo respirando alegria, hmp1eza, buen
nidas con lo que el resto del establec1m1ento presen- gusto ... ¡Qué \argos se les pondrán los_ ~,entes leyen·
ta llegué á olvidarme de que aquellos hombres esta- do esto á ,los empleados de los pres1d1os de la peb~n presos por delitos comun~; parecían soldados
de un ejército mimado Y atendido con extrao,d ma- ní';.:~i~os á misa, y la fotografía co_rrespondiente porio cariño· las camas se recogen de dla Y ~! suelo se drá dar una idea .del acto. Propiamente dicho no
ve limpio 'sin exageración; ni el más pequeno residuo hay capilla, pero hubo buena voluntad y se aprovede cigarro se advertía, y eso que _aquellos hombres chó un pasillo cómodo para levantar un altar, que se
fuman. Todas las salas están provista~ de los_ corres- cuida con pulcritud, dándole aspecto de oratono
pondientes receptáculos para las _c?hllas. N, un pe- particular de dama religiosa.
. .
nado falta á la ordenanza; se hab1tua, _por el c?ntraDespués de mi visita subí á las ~ab1tac1ones ~el
río, á costumbres de decencia y educación que Jamás director, en donde una elegante y d1stmgmda senoha tenido.
b d
ra la de Calvetó, me aguardaba para ofrecerme un
'
d , ·1·
El taller de tabaquerla que uno de los_ gra a os
.
10 J ás asiento en la mesa e 1am1 1a.
representa, es de lo más curioso que he VIS_ · am .
Aranaz estaba de guardia, y señor Ca!v.etó siensupe cómo se envolvían los puros que deleit~n al
ta diariamente á su mesa al oficial de semc10 ..
cioso, saturándolo del aroma que tanto aprecia.aquel
Conversamos mucho: hablamos de la patna, de
que pospone todas las felicidades á las dehcias de Barcelona sobre todo, y excuso decir que siendo el
un buen habano. Unos escogen la vito(a, otros la comandante del presidio hij~ de Cataluña y yo apaenvuelven con esmero, Yde aquellas hoJas secas Y sionadísima por Ja ciudad condal, fué durante el alesparramadas surgen de pronto las conclulas, los Ira- muerzo cantado el himno más entusiasta al pueblo

v,-

e!

1891, )

la escuela, que pronto será un hecho, para la educación completa de los pen·ados.
El calor era sofocante y no quisieron que aquel
dla visitase yo el hospital. «Venga usted una mañanita,&gt; me dijeron; y con efecto, á los do~ ó tres días
me apeaba de nuevo á la puerta _del pres1d10._
.
La enfermería está muy próxima al edificio pnncipal, dándosele acceso por una verja_ adornad~ con
enredaderas y grandes macetas. ll_n yrdln cmdado
con esmero sirve de unión á las d1stmtas dependencias separadas las unas de las otras, pero en tal aseo
tod~s ellas, que cuesta trabajo _conven~erse de que
formen parte de un hospital pemtenctan?·
El practicante interno, cuyo nombre siento no recordar, será muy pronto una joya de la facultad habanera.
La botica, á cargo de inteligente y joven farmacéutico las cocinas los almacenes de ropa toda nueva y
de hilo, el taller'de herrerla y carpinterla, la~ cuadras,
las cocheras, la mayordomía, el kiosco del prdmero,
las salas de enfermos, baños, fotografla y todo el

conjunto, en fin, que se conoce _con_ el nombre_ de
de fosos admira por su bellez~ nsuena y por la hmpieza que se advierte, s_obrepuJando á cuanto en Es-

buquilos, las brevas y cuantos nombres se cono~en de nuestros amores y de nuestros r~cuerdos. Par_aJes, paña tengamos por meJor en la clase.
en el tecnicismo de la tabaquerla. El taller de ciga- personas, edificios ... todo lo recommos conmovidos,
El servicio se hace con penados y no hay una sorrillos está completamente separa?º• pues aqulbla ¡hasta los niños ayudaban á nuestra memona con sus la mujer en el hospital.
•
cigarrerla es completamente d1stmta de la ta a- tiernos recuerdos!
Las vistas del exterior de la enfermerla, banos
quería.
habitaciones destinaEl señor Calvetó, con una sinceridad qu~ le bon- y taller de fotografía _darán idea de que no exagero
Pasamos al archivo Y á las
ra, me dijo que á su antecesor, el señor Bmtrago, se en mis elogios.
.
.
. .
das á cuerpo de guardia.
deblan todas las reformas, que él contmu_aba con
Me retratar-on: un penado, Joven también Y. pr:nc1El archivo es en su clase lo que vulgarme~te pu- entusiasmo procurando conservar y prosegmr la obra piante por más señas, sacó los retratos de mi b1JO Y
é . . . d
di.éramos decir que no se ha vist_o._ Pusimos pruemio con un parecido admirable.
.
teceden por aqu 1 1mcia a.
.
.
d
bala bondad del señor Calve! Ó P1d,en an d
·
La banda de música tocó algunas piezas admiraHaré constar que sin sobarnos la cabeza, m pa·
.
unos ' más mo
tes de penados muy antiguos
. ernos blemente, sin que se pudiese pedir _m_ ás, dad os 1_os nernos la manita así, ni la barbilla levantada_, ~1 el
. d' •.
t d s· le dimos dos mmutos red t
otros y vana 1s1mos o o ,
.
instrumentos de que se servían, v1e1os y e eno• cuerpo inclinado, ni cosa que ~manere y fasttdie al
loJ· en mano para buscarlos, y antGs de l~s dos mmu- rados.
que pretende reproducir su efigie.
tos teníamos en 1a nuestra 1a carpeta cmdadosamen.
Federico Aranaz, que considera hec h ura suya 1a
- Este también tendrá oficio cuando cumpla, me
te conservada, con los datos y e?edientes d1u~e~f~ música penitenciaria, no cabía en sí _de gozo. cTo- dijo Aranaz.
díam os. Si el director, que por o mismo
. . dos esos tendrán un oficio digno manana que cumEl fotógrafo es de Burgos, cu~ple _condena por
está exento de esos trab~jos, encuentra datoi5 r~coná plan,&gt; deoía, y decía bien.
una firma echada sin suerte, y digo s,~ suerte pordilos tan á la minuta, ¿qué harán los emp ea os
El señor Calvetó se ocupa en estos momentos de que otros hacen lo mismo y se pasean hbres.
cuyo cargo corre el archivo?

°

�~:!·1)Jf \
J,,

&amp;~

~

"

¡ji

o

0,

"
¡.

"i&gt;'

:,

...

..

B
::i,_

"

'd

..~
..
0,

o'

o

~

":::i

~

1

&lt;

¡¡;·

.;

..?.'.
.....

...o·

0,

!!.

...

'tl

"'
!!l.

l.':1
p' t"I
1 "d

0,

(')

~

l.':1
"g, U2
1-➔

"

F ti
1-➔

1
o
s
.,."'

..
X

!?
...o·

..
¡.
0,

..

t1

l.'il
t"I

LECTURA,

cuadro de D. Juan Llimona

(Premiado en la Exposición general de Bellas Artes Barcelona. )

11&gt;

PASTOR DEL PIIONEO,

cuadro de D. Dionisio B~ixeras

(Premiado en la Ellpo,ición generl\l de Dellas Artes de Barcelona.)

~
11&gt;

b:I

11&gt;
¡;, ~
11&gt;
:,

..9...

-,_,..,.-,

F

. '" .

1

"1
E.

;:.-

...

...;
..
.....p

0,

o-

,D

r::

B
"o'
¡;

~

.,":::i
en

..[....
o:

"en
'tl
...o

tl

o

¡ji

"l:%J

..

&lt;

.,(')
:,
f!.

RECUERDO DE LLAVANERAS,

cuadro de D. J osé Masriera. (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

�554
Como todos los individuos del presidio, vestía
de blanco, esmeradamente limpio y revela buena
educación. En medio de su desgracia resulta afortunado: vive entre flores en un jardín fragancioso y es
visitado por cuantas personas recorren los fosos, que
son muchas. Los yankees han dado en la manía, que
Dios les conserve, de pasar durante el invierno gran·
des temporadas en la Habana, y ninguno se vuelve
al Norte sin hacer al presidio y á la enfermería la visita obligada..
El coche celular es magnífico y adecuado á las
exigencias del clima.
Nos dieron café con leche; ¡pero qué leche y qué
café! No se crea que especial, nada de eso, del mismo que toman los reclusos enfermos.
También probé el rancho y el pan.
Desde que todo el mundo sabe aquí que yo ponía
el visto bueno al rancho que se daba á los soldados
á bordo del Alfonso VII, no puedo entrar en un establecimiento en donde haya potaje sin que me lo
den á probar. El del presidio era riquísimo, así como
el pan, blanco, esponjoso y tierno como el mejor.
Para terminar con la organización y servicio de
un penal que ahora y siempre será honra, qui~ás la
única desgraciadamente, de nuestra administración
antillana, diré que se persigue el objeto santo de formar al recluso un capital con el que pueda atender
á sus necesidades durante los primeros meses que
vuelve al mundo. El penado tropieza siempre al salir de presidio con los inconvenientes de su procedencia para encontrar trabajo: teniendo medios para
vivir una temporada, puede regenerarse más fácilmente que careciendo de consideración y de dinero.
Pero lo que más admirarían los penados de la península, si este artículo llegase á sus manos, sería el
que no se da un caso de insubordinación ni de castigos, y pocos, poquísimos de fuga en los trabajadores de las cuadrillas que prestan servicio municipal.
Esto es más elocuente mil veces que todos los
elogios.
Y gracias á Dios que una española puede hablar
bien de cosas de España, aunque sean pasadas sus
aguas.

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

sólo por el esfuerzo de su inteligeticin, colocarse en ~l número
de los jóvenes escultores que prometen ser unn glona para. el
arte español, siendo más dignos de notarse los resultados s1 s_e
tiene en cuenta que Tavera posee el titulo de doctor en Medicina y que sólo modela cuando se lo permiten sus enfermos Y
sus deberes profesionales.
,
. .
Su primer trabajo obtuvo una recompensa e~ la Expos1c1~n
Filipina celebrada en Madrid alcanzando también otro premio
su segunda obra en la Exposi'ción U niversal de París, Y la ú)tima, ó sea la en que nos ocupamos, la acaba de obtener SI·
multáneamente en la de París y en la de Barcelona.
Plácemes merece la última producción de Tavera, Y aunque
la humanidad doliente reclame los cuidados del hombre de
ciencia, nosotros deseamos que el artista prosiga su &lt;;amino,
para el que indudablemente ha sido llamado, convencidos de
que ha de lograr señalados triunfos.

505

NúMERO

505

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

!lJás que la fidelidad en la reproducción: la impresi6n general
que el cuadro produce es agradable, la composición. está bien
estudiada en su conjunto y en sus detalles y la tonalidad resul•
ta sumamente simpática. Y reuniendo todos estos elementos,
¡c6mo no han de merecer alabanzas la obra, el autor y la escuela en que aquélla debe clasificarse!

....

1

"l '-_ , ....·

,t'" •

' !

•••

Lectura, cuadro de D. Juan Llimona (premiado
en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - Juan
Llimooa representa por medio de sus obras la armónica conexión que existe entre el arle y la poesía, porque en todos sus
cuadros represéntanse los sentimientos que enaltecen al hombre, que le conmueven y constituyen la síntesis de los afectos
más puros y delicados. Todas las manifestaciones sencillas,
pero tiernas, que puede el artista representar y concebir el
poeta, transp6rtalas Llimona al lienzo, y con el caudal de senti·
*
miento que rebosa en sus cuadros, canta, compone y rinde un
* *
respetuoso tributo, logrando interesar al que admira sus sentiOcaso, cuadro de D.Modesto Urgell (premi~do en das composiciones, al purísimo cariño de la maclre, al afecto
la Exposici6n general de Bellas Artes d_e Ba.rcelona). -_Cuno~ es
en extremo la personalidad de este distmgu1do y labor~o~o artista íntimo del hijo, del abuelú, del hermano, agrupándolo en el
catalán. Quien le v,·a por primera vez no podrá ad1vrnar que hogar, en el santuario de la familia.
Mas, según indicamos, la poesía de Llimona es sencilla, moaquella cabeza de facciones inteligentes, rodeada á modo de
elegante marco de abundosos y blanc_os cabellos, con los que desta y genuinamente regional, ya que en ese conjunto de
hacen contraste unos ojos de fuego, vivos y retozones, conciba creencias y aspiraciones, en esa unión de afectos y sentin,iencomposiciones apacibles y melancólicas, avaloradas por el dul- tos que constituyen su modo de ser y la nota distintiva de su
ce encanto que les presta la poesía. Comparado el pintor con carácter, se halla comprendido, amalgamado, el amor que
el género especialísimo de sus obras, ofrece con!rastes y _pro- consagra á Cataluña, la tierra que le vió nacer.
En las apacibles y conmovedoras escenas que retratan la
duce sorpresas. De carácter jovial y hasta expansivo, deléllase
y entretiene sus ocios en el teatro, siendo el obligado especia· vida y en todo lo que á ella se refiere, recordándonos el hogar
dor de los coliseos en donde se rinde culto al drama y á la trage- y la familia, halla este aventajado artista inagotable manantial
dia. Muchos admiran á UrgeJI como amigo sincero y booda· de su inspiración. Todos los asuntos que desenvuelve, dándoles forma, animación y vida, llevan en si el sello de un sentidoso maestro, ha biendo logrado como pocos ser respetado
miento delicado, que hace vibrar las fibras del corazón.
por sus bellas cualidades y por la valla de sus obra~.
Pinta sólo paisajes, pero paisajes solitarios y t~1s_tes que, á
•
pesar de su sencillísima composición, acusan domm10 Y maes••
trfa en quien los ejecuta. En todos sus lienzos obsérvase la me·
Pastor del Pirineo, cuadro de D. Dionisio
dia tinta suave y delicada que en los cielos y verde,s fro~das
determinan una placidez y melancolía que les hace simpáticos Baixeras (premiado en la Exposición general de Bellas Ar' y agradables hasta el extremo de producir cierto encanto ra- tes de Barcelona). - La vida artística de Baixeras data casi
desde su infancia, pues no babia aún cumplido los diecisiete alíos
yano con la poesía.
.
Dificil sería recordar sus composiciones, tan considerable es y su nombre ocupaba ya uno de los primeros puestos entre la
su número. En todas ellas hállase impreso el mismo carácter, pléyade de pintores que honran á Cataluña. Durante su primey todas, al igual de la que reproducimos, denuncian el s~~ti- ra época cultivó el género histórico y religioso; mas hoy apemiento del artista y justifican la fama que éste ha adqumdo nas existen en su paleta otros tonos que los pardos del tejido
burdo de los hombres de mar ó del obrero, avalorados y enricamo paisista español.
quecidos por sus aptitudes artísticas. El Pastor del Pirimo, que
tal es el título y representa el gran lienzo que reproducimos,
premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barce•••
lona, es una bella y sentida composición. En la cima de uno
El traje nuevo, cuadro de D. Luis Jim~nez de los picachos de la cordillera pirenaica, rodeado por la acuo·
Aranda. - Otro cuadro, bello como todas sus producciones, sa neblina, destácase por obscuro la silueta del pastor que al
ha pintado recientemente Luis Jiménez por encargo especial oir el esq11ilón de la iglesia de la próxima aldea, hacia la que
de un acaudalado yankee. El traje nuevo, que tal es el título del conduce el rebaño que transpone la inmediata lúma, descúbrese
lienzo, recuerda el género especial cultivado por nuestros ar· reverentemente, sintiendo en su rusticidad la grandeza de cuan·
EVA C,\NEL
tistas durante el periodo de evolución y que significa la segun- to le rodea, rindiendo al murmurar una sencilla plegaria un
Habana, 1891
da fase de la vida artística de Jiménez. Con mejor acierto que homenaje á la Divinidad. Pintado con maestría, es el cuadro
su hermano José, abandonó las chupas y los casacones para de Baixeras una manifestación de la escuela en la que tantos
emprender denodadamente la nueva escuela y los ~onceptos lauros hao logrado Bretón y otros artistas franceses. En ella se
del modernismo, que reclaman mayor suma de estudio y espí- ha inspirado Baixeras y á ella se amolda y acomo?~ su temperitu de observación. Su gran lienzo La visita de una sala del ramento artístico, de tal maneraque en las Expos1c1ones á que
NUESTROS GRABADOS
ltospital, que tan discutido fué por aficionados é inteligentes, concurre se le ha llegado á considerar como un artista del
acaha dr ser premiado en la Exposición de Bellas Artes de Norte.
Estudio, cuadro de D. Daniel Hernández (Ex- Be~lln con un gran diploma de honor, sancionando en cierto
posición general de Bellas Arles de Barcelona¡.- Estudio titu- modo la primera recompensa conferida por el .Jurado en la
*
ló modestamente al bellisimo cuadro que remitió á la Exposi- Exposición Universal de París. Si justo fué el pnmer acuerdo,
••
ción general de Bellas Artes de Barcelona, y que reproduci- no lo es menos el del Jurado alemán, ya que á pesar de los
mos en la primera página, el distinguido pintor peruano Da- juicios apasionados de los representantes de los antiguos mol•
Recuerdo de Llavaneras, cuadro de D. José
niel !Iernández. Establecido en Parfs desde hace algunos des, el cuadro de Luis Jiménez es una brillan~e manifestaci?n Masriera (premiado en la Exposición general de Bellas Araños, después ne haber permanecido l!n la Ciudad Eterna, del modernismo. Este, al igual de los que camman por la mis- tes de Barcelona). - Después de periodos de prueba, en los
parece como que h:i recogido la elegancia de tonos y de líneas ma senda, inspirase en los ideales artísticos de este siglo, con- cuales en vez de muestras de fijeza hemos observado señales
que tanto ha distingnic,lo las producciones de algunos artistas vencido de que al pintar la sociedad actual,. los drama,s. vivos, de profundo desvarlo, grato es para los amantes del arte ver
parisienses. Al estudiar los cuadros C:e Hernández vese que en internos, que en ella se desenvuelven, escnbe con el pmcel la gallardas manifestaciones del ingenio de nuestros pintores y
alimentar la esperanza de ver llegar dfas serenos, de espléndiellos hállanse armónicamente reunidas las dotes del artista y historia de su tiempo.
da luz, que iluminen por igual todas las inteligencias. José
la habilidad del pintor. Sus lienzos cautivan, no sólo por la
Masriera figura dignamente entre nuestros paisistas, ya que
riqueza de sus pormenores, sino también por la belleza y
aparte de sus apreciabilísimas cualidades, distínguese porque
elegancia de líneas, sorprendiendo por la encantadora plastici•••
dad y suavidez y finura de las carnes, que tan hábilmente sabe
todas sus obras revelan al artista que cultiva la pintura con
interpretar. Si de algo pudiera motejarse á Hernández, sería,
Una tarde de otoño en el Boulevard Saint- fervoroso culto; resultando de ahl que sus composiciones sean
quizás, por extremar algo la belleza, cual si en ella se cifrase Michel cuadro de Leroy Saint-Hubert (Salón de la genuina manifestación del verdadero arte. Amante del país
el sum1m1m del arte. Pero aun así y dando como cierta esta París de is91). -A la par de los asuntos tomados de la historia que le vió nacer, busca en nuestras encantadoras campiñas,
propensión, este empeño del pintor, resultaría siempre que antigua y de la mitología, han servido en todo tiempo de tema en las abruptas montañas, en las poéticas frondas, en donde la
descuella en sus obras por su maestría,'tanto tn el esbozo como á los pintores aquellos tipos y costumbres que más de cerca naturaleza se ¡resenta embellecida con sus más ricos atavíos,
en el colorido, elegante en las líneas, de suavísimos y delica- ban podido observar y estudiar; pero indudablemente en la ancho campo su observación y medios con que manifestar su
dos tonos, y lo preferimos tal como es, más artista que asimi- época moderna, casi en la actual, ha alcanzado este género de inteligencia. La corrección, la exactitud y la belleza son las
lador, no convertido en máquina fotográfica para reproducir pintura su apogeo.
notas características de sus paisajes.
·
fielmente la naturaleza, sino al hombre que sintiendo el arte,
No ha faltado quien considerara este hecho como síntoma de
El cuadro que reproducimos, recuerdo de una excursión
embellece cuanto transporta al lienzo¡ dejando en él indelebles decadencia en el arte, quien achacara ese afán de no preocu- veraniega, ha sido premiado por el Jurado calificador de la
huellas de su inteligencia.
parse más que de lo que se ve á ineptitud ó pereza para el es- Exposición general de Bellas Artes de Barcelona y adquirido
tudio de las materias cuyo conocimiento se consideraba antes por el Excmo. Ayuntamiento para figurar en el Museo :'.lfoni•
cipal de Bellas Artes.
indispensable en el artista.
••
Sin negar que, en ciertos casos, pueda haber un fondo de
•
¡Soy yo!, estatua en bronce de D. Félix P. de razón en tales censu,ras, parécenos que los que así arguyen, y
Tavera (premiada en la Exposición general de Bellas Ar- olvidan que las leyes del progreso se imponen en el arte, como
tes de Barcelona). - Ha llamado simultáneamente la atenci6n en todas l?s manifestaciones del saber humano, que el método
Barcelona.-Plaza de Antonio López cuadro
de los aficionados é inteligentes en las Exposiciones de Bellas experimental, al que la ciencia debe sus más preciosas con- al óleo de D. Modesto Texidor (Exposición general
Artes de París y Barcelona una preciosa estatuita en bronce, re· quistas, babia de influir necesariamente en el campo artístico de Bellas Artes de Barcelona). - Hijo y discípulo Modesto
presentando un rapazuelo parisiense que, con las manos metidas y de promover una verdadera revolución en los procedimien- Texidor de quien ha logrado ostentar un nombre respetado en
en los bolsillos y con aire de maliciosa sencillez, pareda decir á tos, resucitando la escuela naturalista, no tan moderna como en el mundo del arte, continúa este artista las tradiciones de
l~s que se fijaban en su pequeñez &lt;i Soy yo!) Y preciso es coove- algunos suponen. Olvidan también que el pintor no pinta s61o su familia, Labori_oso y entu~iasta ~or el arte, que con provenu ~ue el infantil personaje tenía sobrados motivos para llamar para la generación en que vive, que sus obras se conservarán cho cultiva, es quizás d~masiado ex1geRte para consigo mismo,
hacia _si la atención de los visitantes, puesto que el escultor que á través de los siglos y que cada cuadro es una frase escrita en ya que demuestra especial empeño en vencer dificultades y no
tao bien ~u~o retratarlo no pudo sospechar se~ramente que lle- el libro de la historia del arte, donde las futuras generaciones exhibe ó enajena sus obras hasta que, si no complacido de su
ga~a á asimilar de manera tan completa ni a poder conseguir estudiarán, no sólo el modo de ser de las manifestaciones ar- labor, hállase satisfecha su severidad artística.
ammar su modelo hasta el extremo de constituir una feliz crea- tísticas de una época, sino los caracteres sociales de un período
J ov~n _todavía, ha sabido ya distinguirse así en la pintura
ción. P?cos ~eHtímetros tiene la estatua, y á pesar de sus redu- y de un Jugar determinados.
de pa1sa¡e como en la de figura, y cuenta en su carrera artlstiC)das d1mens1ones, cabe consignar que ha sido la obra escultóSugiérenos las anteriores reflexiones el cuadro de M. Leroy ti_ca algunos triunfos logrados en los certámenes y exposinca que más ha llamado la atención del público en la Exposi- Saint·Hubert que reproducimos. A buan seguro que algún ciones.
ción de Bareelona, habiendo dado Jugar en la de Parls á que anticuado doctrinario no le concederá más importancia que la
El cuadro que reproducimos es un lienzo de mérito, que ha
fuese objeto de una s~stracción por algún aficionado poco es- que diera á una fotografía, más ó menos bien iluminada; pero llamado la atención entre los cinco que ha presentarlo este arcrupulow. Félix P. de Tavera, que tal es el nombre del autor, esto mismo, 11\ás que una censura vendría á ser en el fondo un tista en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
ha dado gallarda muestra, por medio de esta obra, de que es un elogio, pues demostraría que el dibujo de la obra del distinguiescultor de verdadero temperamento artístico. Filipino, como do pintor francés es correctísimo hasta el punto de confundirlo es Luna, y hermano político del autor del Spoliariu111, em- se con la impresi6n fotográfica, y no está el arte pictórico tan
JABON REAL
JA□ON
pieza, pues apenas bace cuatro años que dedica á la escultura sobrado de buenos dibujantes que merezca censura quien con
sus ratos de ocio, dando pruebas de raro ingenio y notoria ha- tanto cuidado atiende á esta condición indispensable en pintura. OE T HR IOACE 2si•nd:1:~1¡:;;~;arls VEL OUT IN E
Por otra parte, en la Tarde de otoflo hay algo, y aun algos, &amp;,eomeodados por autoridades medicas para la lli!ieoe de la Piel 1 Ballm del Colo:
bilidad. Sin profesores que cultivaran sus3ptitudes, ha logrado,

••

IVl'.OLETI

555

~

~/.,
/

. • .J

.•

¡_• ,,.
¡~

••

~ ·•· -

~

-#
,

~
•

~

•4

~

~.. .

.,,.__¡.,~

1$:-"I.;:-:~ ~c.,,.,.~ _.- .
~ Ar-~

-:r:.?tl:--

i.~ •

Gilberto la había seguido y la contemplaba mientras se quitaba los largos gnantes

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CONTINUACIÓN)

Una vez instalada en el vehículo, añadió:
- Por todo lo que acabo de manifestar á usted no debe formar mala opinión
de mí, señor Maujeán. Si digo cosas desagradables, y si las digo como en broma, es porque tal vez no sabría exponerlas de otro modo, siendo necesario darlas á conocer. El destino, el injusto destino, es el que ha hecho de mí lo que
soy; pero en el fondo no soy mala ... Considéreme usted como una amiga.
Así diciendo, ofrecióle la mano; y cuando el coche se alejaba, miró á Gilberto otra vez con una sonrisa de interés compasivo, sonrisa triste que no le era
habitual.
Elocuente era aquella sonrisa, que parecía decir: ¿Por qué se obstina usted
en amará una mujer que no nació para usted? ¿Por qué me rechaza á mí, que
le aprecio verdaderamente; á mí, que no. soy ambiciosa y que me consideraría
feliz al darle el nombre de esposo? ... Pero Gilberto no comprendió; nb pensaba más que en Blanca de Cabro!, y pensando en ella padecía.
Al día siguiente, por la tarde, Gilberto marchó á pie á Mareuil, siguiendo la
cumbre de los cerros; así volvía á pasar por aquel camino que tantas veces recorrió en su infancia, cuando iba á observar á la pequeña Blanca de la Fonfreyde, ocultándose entre los matorrales. Detúvose largo rato en la vertiente que
dominaba el camino de Blatigny, en el mismo sitio en que abrió su corazón,
dejando escapar el secreto de su amor. ¿Era posible que tantas esperanzas,
tantos dulces ensueños y tan hermosas quimeras se desvanecieran en un mi•
nuto?
Gilberto prosiguió rápidai;nente su marcha, porque una horrible inquietud le
impelía hacia adelante. ¡Pobre Gilberto! ¡Mientras que él dejaba transcurrir los
días, deseando que pasasen pronto, á fin de que se realizara su dicha, otros trabajaban para robársela!
La señora de Chalieu y sus amigas esforzábanse sin duda en rebajarle á los
ojos de la vizcondesa.
·
Tampoco se tranquilizaba al pensar en el conde de Bagrassand. Su actitud
respecto á Blanca había sido siempre atenta y discretaj era hombre que no se
prodigaba; pero Gilberto recordó ciertas circunstancias del pasado que no le
llamaron entonces la atención: su brusca y apasionada intervención en el lance
con Charnasón; la sorpresa que producían sus llegadas á Mareuil en las noches
de invierno, y otras cosas más. En todo esto parecíale ver los indicios de un
amor oculto que databa de muy lejos.
Por otra parte, era muy natural que le hubiese ocurrido la idea de semejante
matrimonio después de la muerte de Pedro y la ruina completa de la vizcondesa de Cabro!. Para Laura de Bagrassand, para su hija, que crecía é iba á resentirse pronto sin duda de la educación dada por un hombre, era una delica-

da atención confiarla á los cuidados de aquella joven madre, formando con los
hijos de Blanca y de Laura una sola y misma familia.
Pero si, pensando en él, solamente veía motivos para temer, tenía otros para
tranquilizarse, evocando la imagen de la vizcondesa. ¡Blanca le amaba! Y ese
amor ¿no era nada? ¿no lo era todo, por ventura? No olvidaría ella sin duda
hasta qué punto se había comprometido, y que á Gilberto se debía que no estuvieran unidos para siempre. ¡La vizcondesa no podía recompensarle con semejante traición!
La «estación del descanso» le pareció lúgubre por el deterioro que en ella
habían o~asionado las tempestades del último invierno; una parte del techo se
había hundido y las paredes se hallaban cuarteadas. El aspecto de aquel sitio
produjo en él una impresión dolorosa que le oprimió el corazón, como si viera
en él la imagen simbólica de su desgracia. Sin embargo, habíase arreglado un
poco aquel cobertizo colocando en él una rústica mesa y algunas sillas.
No esperó allí largo tiempo; después de dirigir una mirada al interior, y cuando volvía al terraplén cubierto de césped.que precedía á la casita, divisó al pie
del cerro un pequeño grupo de paseantes que se dirigían hacia él. Al divisarle
la señorita de Sainte-Severe no manifestó la menor sorpresa, y hubiérase dicho
que esperaba verle allí. Blanca se detuvo como si no osase avanzar.
Sin embargo, poco después continuó su marcha, y de vez en cuando miraba
á Gilberto sonriendo, al paso que un poco sofocada y casi falta de aliento franqueaba la empinada senda.
X

Gilberto se apresuró á irá su encuentro; pero antes de que llegase Guy y
Juana, que precedían á su madre, muy contentos de ver otra vez á su amigo,
hiciéronle las mismas caricias de la víspera, abrazándole cariñosamente.
La señora de Cabro! había llegado por fin al terraplén y seguía dirigiéndose
hacia la granja; pero antes de entrar se detuvo, volvióse y tomó al parecer una
solución repentina.
- Lleve usted los niños al cerro grande, dijo á la señorita de Sainte-Severe;
ellos pueden andar aún, pero yo estoy cansada ... Que tomen allí algo, y vuelva
usted dentro de una hora...
•
Blanca entró entonces en el cobertizo, donde puso en una silla el quitasol y
el sombrero. Gilberto la había seguido, y la contemplaba mientras se quitaba
los largos guantes. Por su mutismo, mientras la examinaba furtivamente, siem.
pre con la misma .sonrisa, comprendió que se preparaba una explicación ....
De repente arrolló los guantes, arrojólos sobre la mesa, y sin decir nada ofre·

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

505
NúMERO

menos difícil de obtener de Jo que ella pensaba y que había ganado su causa
de antemano.
Sus ojos brillaron entonces por la satisfacción que sentía, y añadió con dulzura:
- ¿No había usted soñado lo mismo que yo?
. . .
- Verdad es, repuso Gilberto; me creía seguro de mi felicidad ... tan seguro,
que no desconfiaba .. .
- Bien ve usted .. .
Blanca quería, al interrumpirle, contener las recnmmaciones en sus labios,
y añadió al punto:
.
.
- ¡También yo creía en esa felicidad! Pero he debido reflexionar ... ¿Recuerda usted las inquietudes de mi esposo en sus úl~mo~ momentos, y cuánto le
preocupaba el porvenir de Guy y de Juana? ... Mis h11os carecen
fortuna, y
se presenta una ocasión ... ¿Qué hacer? Yo sería mala madre ... mientras que,
sacrificándome, estoy segura de que se cumplirán !odas las voluntades de nues•
tro amigo, segura de dar á Guy una buena educación y de casa~ á Juana ...
Gilberto no podía menos de admirar cómo las r~comendaciones de Pedro,
que al parecer debían unirle con la vizcondesa para siempre, servían ahora para
separarle de ella. Aquella lógica de _m~jer le desconcertaba,
produciéndole el más cruel pade~1m1ento; y en el esfuerzo
que hizo para no enternecerse, repl!có bruscamente:
- ¿Ha pedido ya la mano de usted?
.
Blanca sintió como un golpe en el corazón al ou esta pregunta, y miró á Gilberto con desconfianza, pero re2úsose
muy pronto. La debilidad misma del hombre revelábase en
la rudeza del tono. Era el momento de dar el último golpe
para no perder la ventaja.
. .
_
- Sí1 contestó hace una semana que pidió m1 mano... Yo
no pensaba ape~as en el conde, pues mi intención era casarme con usted...
- ¿Y qué respuesta le dió usted?
.
- Yo no dije nada; no podía contestar... ¿No he dicho
antes que me consideraba comprometida con usted? No me
era posible disponer de una palabra que me parecía haberle
dado...
- Nada nos hemos prometido, replicó Gilberto; pero tal
vez mediaba entre nosotros un compromiso moral, una palabra que n.o nos dimos, porque lo creíamos inútil.
- Sí, sí; eso es ... La palabra existe.
.
Gilberto comprendió que Blanca apelaba á su generosidad,
que deseaba obtener una renuncia terminante,_y que de nada serviría retardar su triunfo. Tanto daba sacrificarse desde
Juego; y por otra parte su corazón se helab_a poco á poco.
Al mirarla, al escucharla, no la conocía ya; siempre la creyó
franca, modelo de rectitud y desinterés ... mas ahora veía en
ella fingimiento y artificio.
- Pues bien, repuso, exista ó no esa palabra, yo se la de·
-J' vuelvo á usted como la prenda más preciosa que he tenido...
pero no piense usted en mí, sino en usted solamente. ..
- Querrá usted decir en mis hijos... Por ellos lo hago
todo, por ellos me sacrifico y doy este paso. ¡Ah, si se hallaran en otra situación! Pero siendo ahora pobres, si continuaran siéndolo por culpa nuestra, tendríamos un remordimiento... ¡Si usted supiera cuántos son los apuros en que
vivo desde hace un año!
Y no satisfecha aún de una renuncia que hubiera querido
más espontánea, menos mezclada con quejas y vacilaciones,
Blanca quiso inspirar compasión á Gilberto, y pintóle las
miserias que hubo de sufrir desde la muerte de Pedro, á
causa de las exigencias de los acreedores. Y p©r un tránsito
bastante natural, y aparentando en cierto modfil pedirle consejo, hablóle de las ventajas que reportaría el contrato matrimonial: dos millones de dote, es decir, uno para cada uno
de mis hijos.
- ¡Pues bien, contestó Gilberto, acepte usted!...
Mas al pronunciar estas palabras, hizo un ademán violen•
to, golpeándose la frente, como exasperado por la injusticia
- ¡Oh!, exclamó, dando un paso hacia Blanca, ¿llora usted?
de su suerte, que no le había concedido la fortuna del conde
de Bagrassand. Después, apoyado el codo en una rodilla,
con
los·
dedos
crispados
sobre la boca y reteniendo las lágrimas que se agolpaY él, angustiado por aquel pesar, á la vez que le embriagaba contemplar tanta belleza, tenía lacerado el corazón, comprendiendo que era la causa de aquel ban á sus ojos, dejó escapar su cólera.
- ¡Que no tenga yo millones también!, exclamó. Yo los hubiera puesto á los
padecimiento y que le bastaba decir una palabra para remediarlo al punto.
También sabía que pronunciarla era sacrificar lo que más quería en el mundo, pies de usted... y tal vez entonces... ¡Pero no!... Hablemos con franqueza ... No
podríamos casarnos, porque yo no soy el conde Bagrassand...
y que sin embargo, no habría otro recurso.
Blanca Je interrumpió.
- ¡Por favor, dijo al fin, hable usted!
- ¡No diga usted eso, señor Maujeán! ¿Me crié por ventura altiva y orgulloBlanca levantando un poco la cabeza, fijó en Gilberto una larga mirada, é
sa?... Diríase que aún no me conoce bastante... ¡Yo me habría casado con usMzo al parecer un esfuerzo para reponerse.
- Esperaba casi, dijo, encontrar á usted aquí. .. Sí, ayer, cuando la señorita ted pobre, y habría sido dichosa teniéndole por esposo! ... Pero Guy y Juana...
de Sainte-Severe volvió al castillo tuve la curiosidad de preguntarla si le había ¡No puedo sacrificarlos!
¿Hablaba la vizcondesa con sinceridad? Tal vez lo creyera así; quizás estaba
visto; insistí para que me repitiera la conversación de ustedes, y deduje que le
hallaría hoy en este sitio ... Sin embargo, no he venido sin profunda inquietud; persuadida de que obraba á pesar suyo, sacrificándose por sus hijos al carácter
pero era indispensable ... Yo tenía pensado lo que debía decir ... ahora no me del conde y rompiendo con todas sus afecciones amorosas.
Pero Gilberto veía más claro; comprendió que Blanca presentía, sin darse
acuerdo ya ... Ayúdeme usted, añadió con dulce acento y una humilde sonrisa,
cuenta de ello, que aquel matrimonio iba á restablecerla en la brillante posisuficiente para desarmar la cólera de Gilberto.
ción que antes ocupaba y de que tan digna era, y que esto pesaba grandemenEste estaba preparado á todo ya y contestó tranquilamente:
te en su ánimo.
- Puede usted hablar ... Yo no tengo ya derecho ...
Al reflexionar sobre aquella nueva existencia y sobre lo que con ella podría
- ¡Cómo que no!, intenumpió la vizcondesa vivamente. Muy por el contrario, yo venía á decir á usted ... ¡Dios mío! Sin duda sabrá ya lo q_ue me sucede ... volver á adquirir, y comparando esto con lo poco que él podía dar, comprenPues bien: yo venía á decirle que me consideraba como comprometida con dió bien la necesidad de su sacrificio. Entonces consintió en atender á razones,
y habló con tranquilidad.
usted.
- Sí, dijo, tiene usted razón ... cásese en buen hora con el conde de BagrasGilberto no pudo'reprimir ~na sonrisa de amargura.
- ¡Comprometida!. .. ¿Por qué? ... No, no; usted no lo está... ¿Cómo había sand... y hágalo por sus hijos y por usted misma. No podría encontrar hombre
más conveniente... se lo digo con sinceridad, sin ironía, tal como lo pienso...
de estarlo?
Blanca fijó en Gilberto una mirada penetrante, como si quisiera estudiar el ¿Qué podía ofrecer yo? ¡Ni siquiera se me había ocurrido! No pensaba más que
tono con que acababa de pronunciar aquellas palabras, en las cuales creía adi- en _la dicha de vivir los dos bajo el mismo techo. Hubiera sido una vida muy
yinar una queja; pero también comprendió que la renuncia de Gilberto sería retirada, una vida de estudio y de trabajo para mí, lo mismo que para usted.

ció su mano desnuda á Gilberto fijando en él á la vez una mirada que parecía
decir: «Seremos amigos aunque ... »
. .
Tanto necesitaba Gilberto conservar la esperanza, que este ademán le engañó, y desvaneciéndose todos sus temores, precipitóse sobre aquella mano; pero
cuando quiso besarla, Blanca la retiró suavemente.
Entonces lo comprendió todo; sus facciones revelaron su decepción; y hasta
la sonrisa de Blanca desapareció para dar lugar á una mirada compasiva. Hubiérase dicho que alguna cosa acababa de romperse entre ellos, y que ambos lo
comprendían así.
- Escúcheme usted, dijo la vizcondesa con tono suplicante; pero ante todo
siéntese ... Yo quisiera descansar también, mas la inquietud no me lo permite.
Al pronunciar estas palabras, la vizcondesa palidecía y estaba al parecer tan
impresionada como él. Su vestido debía sofocarla, pues diminutas gotas de sudor se deslizaban por sus sienes, y parecía que sus ojos se velaban de lágrimas. Al
fin se dejó caer en una silla, y apoyando los codos en la mesa y el rostro en la
mano, con la mirada fija en tierra, reflexionó un momento. Su manga corta, con
los encajes caídos, dejaba ver su blanco brazo que sostenía la cabeza. Blanca,
hermosa en su dolor, estaba en aquel momento seductora en su abandono.

505

557

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1e

El sacerdote Souch6n prepara su discurso

¡Qué diferencia con la que ha tenido hasta aquí y la que debe disfrutar en adelante! En ese París, adonde hubiéramos vuelto, ya no habría habido para nosotros ni los mismos pasatiempos ni las mismas relaciones. Un sabio pued~ elevarse y un artista llegará ser ilustre; pero no se avienen mucho con los placeres
mundanos.
Gilberto hablaba tranquilo, razonando fríamente, y Blanca le veía en ese punto de resignación á que deseaba conducirle. En suma, hubiera podido prescindir de aquella entr~vista, y era casi una condescendencia heroica por su parte
haberse empeñado en obtener su asentimiento verbal. Conseguido ya, y hechas
todas las concesiones, más ó menos de buen grado, la conferencia no podía ser
sino lo que había sido, un poco violenta, mal conducida y enojosa para uno y
otro. Era necesario resolverse y no prolongar más aquella escena.
- Pues bien, dijo Blanca levantándose, esa existencia es la que me seducía;
precisamente es lo que me tentaba y lo que sobre todo echaré de menos.
Siguióse un minuto de silencio. ¿Había concluído, pues, todo entre ellos?...
Blanca alargaba ya la mano hacia su sombrilla y sus guantes; pero de repente
miró á Gilberto, cerno si le remordiera la conciencia no pensar más que en sí
misma.
- ¿Y qué hará usted ahora?, le preguntó.
- No sé... Volveré á Roma ...
- ¡Marchar!... ¿Se propone usted marchar?... ¿Y por qué?
- Puedo consentir en que sea usted de otro, balbució; ¡pero verlo con mis
ojos!...
Su voz temblaba; por primera vez veía claramente la realidad de su infortunio, y su corazón se trastornó. Esta emoción, que no podía ocultar, comunicóse
á Blanca, y en sus ojos brilló una fugitiva lágrima.
Gilberto hubiera podido dudar de la ternura de la vizcondesa, asombrarse de
su sangre fría en la terrible crisis que atravesaban; mas al ver aquella lágrima,
reconoció de nuevo á la mujer á quien amaba tanto.
- ¡Oh!, exclamó, dando un paso hacia Blanca, ¿llora usted?
La vicondesa se cubrió el rostro con las manos, y dejándose llevar de un impulso irresistible, echóse era brazos de Gilberto.
- ¡Oh!, murmuró, ¡quédese usted!... yo se lo ruego.
- ¿Me ama usted, pues, aún?... ¿Me ama usted verdaderamente?...
Blanca sollozaba, con la cabeza apoyada en el pecho de Gilberto, y repetía á
través de sus lágrimas:
- ¡Quédese usted, quédese usted!...
- Pues bien: ¡renuncie usted ... sí, renuncie á ese casamiento y me quedaré!
- Guy y Juana me maldecirán... ¡No puedo; quédese usted! ...
- Harto debe comprender que no es posible... ¡Sufriría demasiado!
Pero la vizcondesa repetía siempre las mismas palabras sin cambiar de posición. Gilberto la tenía palpitante entre sus brazos; jamás la había visto tan encariñada con él, y esto sucedía precisamente en el momento en que iba á perderla. Entonces, sin poder reprimir su impulso, se inclinó, y en el cabello sedoso de Blanca, entre sus trenzas perfumadas, sepultó los labios, y abrasó aquella
frente con sus ardientes besos.
- ¡Gilberto, por piedad!...
Era la primera vez que le daba este nombre, y hacíalo para implorar, para
pedir gracias; pero este nombre pronunoiado por ella, tenía una dulzura y un encanto que le embriagaban...
De repente oyéronse las voces de los niños; Blanca se arrancó entonces de los
brazos de Gilberto, volvióle la espalda, y comenzó á enjugarse las lágrimas, alisándose á la vez el cabello. Un momento después había desaparecido la señal
del llanto, aunque los ojos estaban aún enrojecidos y brillantes, y Gil?erto pudo
ver de nuevo en sus labios la sonrisa que al comienzo de la entrevista los entreabriera.
Juana y Guy entraron, conducidos de la mano por la señorita _de Sainte-Severe, como si ésta quisiera reprimir su ternura demasiado expansiva. ¿Acababa
de enseñarles la lección? ¿Les habría dicho alguna cosa? El caso es que miraban
ahora á Gilberto con una especie de curiosidad tímida, como la que inspiran
á los niños las personas á quienes conocen poco. También se ~otaba en ellos
un cambio; y la señorita de Sainte-Severe tenía el a~pecto seno y severo de
aquel que asiste á una operación penosa, pero necesana.
- Todos juntos comenzaron á bajar la colina; la vizcondesa, evitando las miradas de Gilberto y toda conversación directa con él, ava~z~ba con paso ligero,
como aliviada de un grave peso que había creído neccsan~ imponerse. .
Gilberto quiso acompañarla hasta que se hallasen á la vista de Mareml; pero
Blanca se detuvo.

- No se moleste usted más, señor Maujeán, dijo, pues ya es tarde, y para
volver á Chatillón ...
Gilberto le rogó que ofreciese sus respetos á la marquesa de la Fonfreyde, y
Blanca se alegró mucho de tener una oportunidad, en el momento crítico de la
despedida, para hablar de la anciana, como si la salud de ésta fuese lo que 1nás
debía interesarla en aquel momento. Después dijo á los niños que abrazaran á
Gilberto, estrechó rápidamente la mano de éste, cruzándose entre los dos una
mirada estoica, y alejóse.
Maujeán quedó inmóvil en el mismo sitio; Blanca, sonriendo, volvía la cabeza
de vez en cuando para mirarle, y no hubo más; todo había concluido; Gilberto
la perdía para siempre.
Sin embargo, aún permaneció allí algún tiempo, contemplando el castillo,
cual si quisiera grabar en la imaginación [todos sus detalles. Veía de nuevo la
ventana del cuarto de la vicondesa, los cortinajes de seda blanca, y recorría
con la mirada los vastos jardines, las espesuras, entre las cuales paseó tan á menudo con ella ... ¿Cómo p~do ser bastante loco para imaginar que él, Maujeán,
llegaría á casarse con la vizcondesa de Cabro!, la castellana de Mareuil? Y pensando en esto recordaba cuán pronto había Blanca vuelto á ser la gran señora
de antes y con qué sencillez y desenvoltura recobraba su tono aristocrático.
Pareoíale por otra parte que semejante escena no hubiera debido pasar sin
arrebatos, sin recriminaciones, sin. amagos inventivos, y arrepentíase ahora de
haber sido demasiado bueno y conciliador, de haber manifestado tan excesiva
credulidad y de no haber hecho comprender que los millones del conde de
Bagrassand, que Blanca pretendía no envidiar sino para sus hijos, la fascinaban
á ella misma. ¡Ya no era tiempo!
Gilberto se alejó al fin de aquel sitio en dirección á los cerros. ¡Qué tristeza
reinaba en su alrededor! Los bosques, tan risueños en otra época, aquellos pinos
que vivificaban los senderos cubriéndolos de fresca sombra, parecíanle los cipreses de .un cementerio. Y se sintió humillado; estaba corno hombre á quien
se acaba de robar y que ha ayudado al mismo que le robaba, haciéndose cómplice del ladrón. Poseído de cólera, aplastaba con el pie las plantas silvestres
que encontraba á su paso ...
Al ver la llanura se detuvo: la noche se ncercaba, extendiendo sus sombras
sobre los campos, las casas, los árboles y la línea brillante de las corrientes de
agua; solamente un punto blanco se destacaba aún claramente por la parte de
Chatillón en medio de la sombra invasora: era un elevado muro fuera de la
ciudad, que cerraba un recinto en la pendiente de la colina ... All¡' reposaba su
madre. ¡Pobre madre, á quien la nobleza entusiasmaba, si hubiera podido verle
en aquel momento! Y extendió los brazos como para invocarla á través del espacio ... Después continuó su marcha, y durante todo el trayecto, sus lágrimas
no dejaron de correr un instante.
Desde entonces los sucesos se precipitaron: 'los preparativos del casamiento
exigían frecuentes expediciones desde Mareuil á Chatillón, y por la señorita de
Sainte-Severe Gilberto sabía cuanto pasaba en el castillo.
Su situación volvía á se_r, al _cabo de algunos años de intervalo, lo que fué
cuando se efectuó el matnmonHil de Blanca con Pedro; pero entonces solamente había tenido vagos ensueños, pueriles ilusiones que se desvanecían mientras
que hoy veía abismarse á sus ojos la dicha con que había creído pod~r contar.
Y esta vez también dejaba que se hiciese todo, sin serle imposible impedirlo.

• .. y blandia un puñal 6 un frasquito de veneno

�LA

558

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

en seguida. Estos autómatas no eran, propiamente
hablando, otra cosa que maniquíes sin movimiento,
montados sobre ruedas. En un seminario de Francia
LO S AUTÓMATAS
los que visitan la casa son recibidos por un esqueleCon el nombre de autómata se designa general- to que se golpea una contra otra sus descarnadas famente una máquina que representa un ser anima- langes.
Sabido es que en 18 ro exhibíase en Londres una
do cuyos movimientos imita merced á ciertas coroSECCIÓN CIENTÍFICA

NúMERO

505

A propósito de Roberto Houdln, debemos re·
cordar que le fué confiada la reparación de otras piezas mucho más difíciles, entre ellas el Componium,
que era un órgano mecánico llevado en ~829 á París
por su inventor, un alemán. Todas las piezas de este
instrumento que improvisaba variaciones siempre diferentes, estaban desmontadas sin marca alguna que
indicara cómo debían colocarse y encerradas en cajas. Houdín consiguió orientarse en medio de los
millares de piezas que constituían este órgano y ponerlo de nuevo en estado de funcionar. Ignórase qué
fué después de este aparato.
•
Roberto Houdín reparó también en 1859 una tocadora de bandola atribuida á Vancansón y que actualmente se guarda en el Conservatorio de Artes y
Oficios de París, y una concertista de tímpano, ?bra
de Hintzen y Kintzen, que puede verse en el mismo
Museo, al que fué regalada por la Academia de Ciencias (fig. 2 y 1).
El Conservatorio de Artes y Oficios encierra también pájaros cantores y una pieza mecánica que imita el canto del ruiseñor, legados en 188 5 por M. Julio
Andeoud.
Tales son los principales autómatas curiosos. En
estos últimos años, la industria ha fabricado otras
piezas interesantes de este género que merecen capítulo aparte.

NúMERO

***
FABRICACIÓN DE LAS LÁMPARAS D~ INCANDESCENCIA
EN LOS ESTADOS UNIDOS

Fig. I. Concertista mecánica de tímpano, obra de Hmtzen y Kintzen (siglo X\'111),
existente en el Conservatorio de Artes y Oficios de Parí;

binaciones. Los autómatas son verdaderas curiosidades y á menudo maravillas de paciencia y de ingenio.
Los historiadores hablan á veces de autómatas
prodigiosos; pero estos aparatos extraordinarios por
ellos descritos no han existido probablemente más
que en la imaginación de los narradores, que al transmitirse verbalmente y de generación en generación
los relatos han acabado por dar á los hechos propordones exageradas y completamente distantes de la
primitiva verdad.
Entre los autómatas citados por los antiguos, pero
de cuya existencia no hay prueba real alguna, háblasc
de una paloma de madera que se supone construida
4 00 años antes de Jesucristo y de una mosca de hierro
ofrecida, según nos dicen, á Carlos V, que después de
describir volando un círculo en el aire volvía á la mano de su autor. Cuéntase también que en el siglo XI
un obispo de Nápoles fabricó una mosca de bronce que impedía á todas las moscas verdaderas que
entraran en la ciudad Otra narración no más digna
de crédito que las anteriores menciona un águila de
bronce que se puso á volar delante del emperador
Maxirniliano. Citemos finalmente los hombres del
mismo metal construidos según unos por Rogerio
Bacón y según otros por Alberto el Grande ó por
Reysolius.
Por los ejemplos citados y otros mil que consignar podríamos se ve que los escritores de la Edad
media, muy aficionados á lo maravilloso, fácilmente
comulgaban ó querían hacer comulgar á los demás
con ruedas de molino.
A partir del siglo pasado se encuentran ya datos
formales acerca de autómatas realmente fabricados.
Cuéntase, atribuyendo la invención á distintos sabios, que se construyó un ingenioso autómata para
«demostrar que los animales no tienen alma.)) Esta
máquina, á la que su autor dió el nombre de Francine, representaba una joven, y en una travesía que
hubo de efectuar alguien tuvo la curiosidad de abrir
la caja que la encerraba: el capitán del barco quedó
tan sorprendido al ver que esta figura se movía como
si tuviese vida, que mandó arrojarla al mar, pues no
quiso conservar en su embarcación un instrumento
de magia.
En el mismo siglo décimoctavo, los hermanos
Droz, en Suiza, construyeron varios autómatas, respecto de los cuales carecemos de datos precisos y
sólo sabemos de ellos que eran muy curiosos. En
aquella época veíase con frecuencia en las capillas,
en los locutorios de los conventos y aun en las grutas de algunos jardines un monje que, al abrirse la
puerta, salía á recibir á los visitantes y se retiraba

araña de regular ta.maño que ejecutaba distintos movimientos, andaba y al ser cogida agitaba sus patas,
gracias á un mecanismo compuesto de 115 ruedas,
número de cuya exactitud nos es permitido dudar
dadas las dimensiones que el tal objeto tenía. Al
mismo tiempo que la araña podía admirarse un cisne
que nadaba en un estanque entre peces, de los cuales, de cuando en cuando, cogía uno, se lo tragaba y
luego batía las alas.
Algunos años después, en 1817, enseñábase en la
misma ciudad un pajarito de oro puesto en una tabaquera que, al abrirse ésta, salía de su encierro,
movía el pico, abría sus alas y se ponía á cantar.
Después de este resumen preliminar, vamos á describir los autómatas modernos cuyos efectos son conocidos y de cuya existencia no cabe la menor duda.
Comencemos por uno muy conocido de' los parísienses, que sirve de reclamo á un industrial: es un
cuadro automático formado por cuatro personajes,
dos de los cuales figuran moler continuamente en
un mortero, mientras el tercero, armado de un raspador, corta sin cesar, á distancia de un centímetro
del pie, un callo á una señora que expresa su satisfacción moviendo la cabeza á intervalos regulares.
En el número de los mejores autómatas figuran
los de Vaucansón, entre los cuales mencionaremos
en primer término el flautista construido en 1730,
que se conserva actualmente en Viena y toca doce
piezas, y el tamborilero que armado de tamboril y
flageolé tocaba viente piezas distintas. Estos dos
personajes, de tamaño natural, funcionaban por me•
dio de un poderoso resorte que ponía en movimiento una porción de fuelles que llenaban de aire varios
depósitos, los cuales vaciábanse á voluntad, merced
á un juego de muelles, y producían sonidos. El mismo inventor construyó otras dos piezas notables: en
primer lugar su áspid que se enroscaba, sacaba y
movía la lengua y silbaba, y fué construído para figurar en la tragedia de Marmontel titulada Cleopatra; en
segundo, el celebre pato, fabricado en 1738, que meneaba la cabeza para buscar su comida y tragaba y digeria los alimentos. Su celebridad era todavía grande
cuando en 1844 un mecánico llamado Tiets lo exhibió
en París, donde causó la admiración de cuantos lo vieron. Durante su exhibición se le rompió un ala, y
Roberto Houdín, encargado de reparar el autómata,
descubrió el secreto de la supuesta digestión. Sin entrar en los detalles técnicos, diremos que el pato tragaba, que los alimentos eran retirados de su estómago durante el intermedio de dos funciones y que la
digestión se figuraba por medio de una papilla verdosa expulsada por un pistón. De modo que este fa.
moso autómata era un eccesorio de escamoteo.

¡

El proceso de las lámparas incandescentes que actualmente preocupa en alto grado á los círculos eléctricos de América, ha hecho que naturalmente se
fijara la atención en la fabricación diaria de dichas
lámparas en los Estados Unidos.
Las fábricas de lámparas son muchas en número
y de muy diversa importancia. Una reciente estadística, hecha por el presidente de una de las compa·
ñfas de fabricación, establece que la producción total
alcanza la cifra de 50 ooo lámparas por día, 6 sean
300.000 por semana ó 15 millones al año, contando
en éste trescientos días laborables.
Como cada lámpara incandescente se renueva
unas tres veces al año, las cifras de producción permiten calcular en 5 millones las lámparas instaladas;
pero teniendo en cuenta las existencias de cada fábrica y las lámparas que han servido para montar
las nuevas instalaciones, puede afirmarse que el nú•
mero de lámparas instaladas excede positivamente
de 4 millones.
Y adviértase que se trata de lámparas que consu·
men de 3 á 4 vats por bujía. ¿Qué sería, pues, si llega á descubrirse, como es muy posible y aun proba·
ble, un nuevo filamento con que puedan construirse

LA

cencia traerán consigo esta muerte natural del alumbrado por gas, lo cual no quiere decir, sin embargo,
que de ello resulte necesariamente la desaparición
de las fábricas y distribuciones de este fluido, que
podrá servir entonces para la cocina y la calefacción

ILUSTRACIÓN ARTIStICA

559

y quizás también para hacer funcionar las fábricas
Las cifras recientemente presentadas por M. Witz
eléctricas de los distritos que recibirán el gas de las eri la Academia de París, hacen esta hipótesis muy
grandes fábricas periféricas, y transformarán su ener- probable y de un porvenir casi inmediato.
gía térmica en energía eléctrica para su distribución
á los cosumidores.
(De La Na/tire)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA dinjanse para. informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin,'
núm. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina. de publicidad de loa Sres. Calvet y O.•, Diputación, 358, Barcelona.

para t ll&lt;!Wda COI lfll, lislpl
S , LENTEJAS, TEZ ASOLE
ARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES.
. EFLORESCENCIAS .
ROJECES

JARABE
DEL DR. FORGET
contra los
Reuma■,

Toa, Críaia nervloaaa é Inaom-

n!oa.-EI JARABE FORGET es llD calmante célebre,
conocido desde 90 al!os.-En las farmacias y RS, rue Bergere, Paría (anllguamente 38, rue Vlvleone¡.

-

•

LA

T CON TODOS LOS nmamos ICtJTJUTIVOS SOLtlBLBS DB LA CARNE

mamente a¡rradable. es soberano contra Ja J. nemta y el J.pocamtento, en las Caltntur111
Cuando se ima de despertar el apettt.o, asegurar las digestiones, reparar Jas tuerzu,
enriquecer la sangre, ent.onar el organismo y precaver la anemia y Jas e_pldemlaa pro,oCld.u por los calores, no se conoce nada 8Uperlor al Win• de O•iaa de &amp;rea.a.
R(J'I' flkU/Of'. u Paria, en casa de 1. FERRt, Farmaceutico, iO!, me Richeliea, Saceaor deABOUD

EPILEPSIA

GRAJEAs°M
GBLINEAU
En toda, ta, Fnrmacta,

.._ J.IDUSIIER1C'..11Bcau1,uru11tarls

•e

...111

y ConDaltanc{a11contra las .Dta"eas y las Afeccwna del Bat&lt;&gt;maqo y los 1ntuttnc,.

SB VBNDB BN TOO.A.$ LAS P1UNC1P.U.U IIOTlQU.

•

EXIJASE e1: t~ 1 ARDUO
0

I

Farmacéutico, place des Petits-Peres, 9, PARIS
PREPARACION
ESPECIAL

para combalir

.. ..

..

con 11:nlo
ESTRENIMIENTOS •
t'I
COLICOS
si;
IRRITACIONES
ENFERMEDADES
DEL HIGADO
Y DE LA VEJIGA

' •

'

.,l

.. ., ,••'

En

todlU

/as
farm&gt;ciai

Erijarae /a,
cajas de hoja de lata
Una cucharada
por la maoana
y otra por la tarde
en la cuarta parte
de un vaso
de agua 6delecbe

APJ:OL
de los ores JORET &amp; HOMOLLE

EnfermedadeSdelPecho

El APIOL cura los dolores, retrasos, 1upreslones tfe las Epoca,, as! como las pérdidas.
Pero con fre_cuencla es falsificado. El ApI o L

Jarabe Pectoral

verdadero. unlco en caz, es el de los lnvcnt.ores, los D rt• J'ORET y HOMOLLE.

DE

,...GRANO DE LINO TARIN

LA SAGRADA BIBLlA
EDICIÓN ILUSTRADA

é.

to céntimos

de peseta la
entrega de t8 páginas
Se cn.,!an prospectos 4 quien los solicite

dlrigllndose i los SreJ. Montaner y Simón, editores

LA CAJA : 1FR. 30

DE PARtS

no ti.tubean en purgarse, cuando lo
nec~sitan. No temen el asco ni el cau¡anc10, porque, contra lo que sucede con
~s demas purgantes, este no obra bien
smo c.uando se toma con buenosalimentos
Ybebidas fortificantes, cual el vino el catá
~ tá. Cada cua~ escoge, para purgárse, la'
ora y la comida que mas le convienen
sef!Un sus ocupaciones. Como el causan'
cio que la purga ocasiona queda completamenteanuladopor el efecto de la
buena alimentacion empleada uno
decide fácilmente a volvér
4 empeirar cuantas veces
•ea aece,ario.

i!: CONVULSIONES, dt1 NERYOSISMO,
en el momento

~•a.•E 1 Qtr11u I son los elementos que entran en la com'D081cton de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este rer&amp;ilean&amp;e por eaee(eneia. De un ¡usto su-

PILDORAS~~DEHAUT

DI

I&amp; COBEA, deIHISTEBICO

de 1a.Menstruacion yde

VINO ARDUO CON QUINA

Lu

Pemno q1e coDOeea Ju

Curación segura .,

r

de la Agllaclon aenlaa de lu lulffll

CARNE y OUINA
G Alimento mu repnlor, anido al '1'6Dico mas ener¡ico.

EL PRESTIDIGITADOR ALBER

(De La Nature)

505

MEDALLAS Exp"Unir 1.,L0NDRES1862-PA R/S1889

P. LAMOUROUX

Far• BRIANT; 150, ruede Rlvoll, PAlUS

Antes, Farmacéutico

GARGANTA

•s, Calle Vauvtuten, Parf1.

El Jarabe de Pierre Lamourouz u
el Pectoral por excelencia
como tdulcomnte de las tisa11as á
las cuales comunica su gusto ag?adable y sus propiedade, calmante,.

VOZ y BOCA

PASTILLAS DE DETHAN
Recomendadas conIra los 'Malea de la Garganta,
ExUnclonea de la Voz, Inflamaolonea de la
Booa. Efeotoa pern!c!oaoa del 'Mercurio, lri•

(Gaceta dt los HospHalee)

taclon qua produoe el Tabaco, y 1pecialmeole
i 101 Sñn PREDICADOI\ES, ABOGADOS,
PROFESORES y CANTORES para íaciUtar la
emioton de la vos.-Pncio: 12 lu.u.sa.
B3Jt{J,r en di rotulo a ttrma ·
Adh. DETHAN, Farmaoeutloo en PABIS

hp6aito Geaeral : 45, Calle Tarrilllen, 45, PWS
Se rende en toda, la, buen11 farmacia,.

arabedeDigitalde

J G

Empleado con el mejor ex.ita

El mas eficaz de los
Ferruginosos contra la
Anen'lia, Clorosis,
Empobrecimiento da la Sangre,
Debilidad, etc.

· d8
rageaSaIL8Ct8t0d8u18ffQ

GELIS&amp;CONTÉ
J.probadas por la Academia de Medicina de Pam.

r90ti""ª
y Grageas de
..

E •iiGtJ
·ij ;JH

con~ra las diversas
Afecciones del Corazon,
Hydropesias,
Toses nerviosas;
Bronquitis, Asma, etc.

HEIOSTATICO el mas POOE~OSO

que se conoce,

:11U!l ,J
a
e~/snj:~;;~~
. fácil

en poc1on ó

~ª~~~m!c:~
el labor del parto y

Medalla de Oro de la s ad de F1ª de Par1s detienen las per didas.

Jarabe Laroze

LABELONYE y C'ª, 99, Calle de Aboukir, Paria, y en todas las farmacias.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las qastritis, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.

JARABE
Fig. 2. Tocadora de bandolín, aparato mecánico atribuido
á Vaucans6n, existente en el Conservatorio de Artes y
Oficios de París.

lámparas que no consuman por bujía más de I ó
aun 2 vats?
Puede afirmarse que el día en que esto suceda el
alumbrado por gas habrá muerto. Tardeó temprano
los progresos del alumbrado eléctrico por incandes-

a1Brom.uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es 111 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de -~•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los niños durante la dent1c1on; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.
.

Fábrir.a, Espediciones : J.-P. LAROZE

!, roe des Lions-St-Paul, l Paris.

Deposito en todas las princivalea Boticas y Drogueriaa

' Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,
Catarros,MaJ de garganta,Bronquitis. Resfriadoe, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de París.

�LA

560

NúMERO

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

505

BARCELONA. - PLAZA DE ANTONIO LÓPEZ, cuadro al óleo de D. Modesto Texidor. (E xposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
BISMUTBO 1 MAGNESIA

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

'""''"º'"•

VAL,LB DB BTVOLX, 150, PAB:1.8, 11 •" toaa• ta•J&lt;•an,.ao,a•

El .T,AR.ABE DE BRLANTrecomenda\lo desde su principio, por los profesores
Lae nnec, Thénard, Guersani, etc. ; na recibido la consagracfon del tiempo: en el
año l.829 obtuvo el prlVUeglo de Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y de ababol.es, conviene,,sobre toao a 1as personaí·deucaaas como
mujeres y niños. su gusto excelente no perjudica en mo&lt;lo alguno á su incacla
contra 1OS RESFRIADOS y to&lt;las las IIFLUl!CI0NES del PECHO Y de !OS IJTESTIJ0S.

tA11

llileomendados contra las A!eoolones del Est6•
mago, Falta de Apetito, Digestiones labo•
rl011&amp;11, AoedJas, Vómitos, Eructos, y C6llcos;
regularizan las Fonolones del Estómago y
de loe IDtestinoe.
' Edlltlll e/rotulo I frma de I, FAYARD.
&amp;dh. DETJU.N, Farmaoeutloo en PARIB

CARNE, HIERRO y QUINA

11 Alimento mas fortificante unido a los Tónicos mas reparadores.

VINO FERRUGINOSO AROUD
T COM TODOS LOS PB.INCIPIOS MUTllITlVOS DB li CARNE

~,,t.t\\1'DESdeJE8To,t
it1
---ii'4110

Pepsina Boudault

C,.&amp;an, BIE-o Y. •11111.1.1 Diez años de exlto continuado y las afirmaciones de
todas las eminencias médicas preuban que est.a asoc1aclon de la 4lal'lle, el Hierro y la

Ouiaa ooustituye el reparador mas encrRico que se conoce para curar : la ClOrdsu, la
.Antmfa, las JlenstruacwMI d.-OlOrosas, el Jlmpollf'mmtento y la .Alteracúm ae la Sangre,
el RaquittstlUI, las .Afetcwnu escro(Ulalat Y e,C()f"l/utíeas, etc. El l'ia• l!'erracta•" de
.&amp;reud es en erecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos,
regulariza• coordena y aument.a considerablemente las tuerzas 6 ln!unde a l&amp; san~
empobréctda y descolorida : el Ytqor, la coioracwn y la Bneroía lli'tal.

Por tnavor, en PariJ, en casa de J. FERRÉ, Farmacenlico, 10!, rae Richelien, Suusor de ARO UD.
SB VKNDB BN TOD.&amp;.S LAS PIUNCIP.A.LBS BOTIQ.&amp;.S

!probada por la &amp;C!DEl!i DE IEDICIU

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean

EXIJASE :º~r: AROUD
11

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CDRVISART, EN 1856
llodallu •n lu Expo1lclonu lnternaclonalu do

1

eíj.peclalmente contra las Escrofulas, la
Tísls y la D ebllldad de te mpe ramento,
as! como en todos los casos(Páltdos colorea,

P.&amp;11S - LYOR - VIERA - PBIUDELPBU. - P!RIS
11m

186'7

1873

1876

Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

18i8

Al UPUA COK IL •1.TOt Ú11'0 IK LAa

DISPEPSIAS
OABTRITIS - OASTRALOIAB
DIOEBTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I OTROI D!IOI.DINII DI U. DIOIITIOW

BAJO LA FORIIA DE

ELIXIR• , de PEPSINA BOUDAULT
VINO • , de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
P.lRIS, Pharmacie COLLAS, 8, rue DauphiDe
;)

11 en 141 prlnclpaü, farmacia,. •

. . .

SOCIEDAD
de Fomento

e,H1dalla
d1 fro.
, PREMIO
de 2000 rr.

~

JARABE v PASTA mf:~ft:

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 y;,. para
provocar 6 1·egular!zar su curso periódico.

~f'/1,,?J)s Farmarentlco, en Parl&amp;,

de H. AUBERGIER

~Rue Bonaparte, 40

con :t.AO'nJ'OAll.roU (Jugo lechoso de lechuga)

El iodurode hierro Impuro óalterado
, , es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
, las verdader a s Píldoras d e Blancard,
•
e una completa lnnoculdad, uoa erlcacla perfectamente comprobada en el datarro
exigir nuestro sello de pi ata reactiva,
ep,atm,co, las Bronquttf1, Catarros, Reumas, Tos, asma é trrltacton de la garganta, han • nuestra firma pu¡ista al pié de una etiqueta
• grangeado al JARABE y PASTA lle AUBERGIER uua Inmensa fama. ))
verde y el Sello de garantla de la Unión de
(Bztracto del Formulario Mtdico d1l S" Bouchardal caúllrdtico ú la Facultad u Medicina (26• 1dición),
los Fabricantes para la represión delafalsl•
venta por mayo~: COIIIIAR T e-, 28, Calle de S1-Claude, PARIS
ficaclón. 6 •

Aprobados por la Academia de Medicma de Paris é insertados en la Colección
' O.ticial de Fórmula• Legalea por decreto m.inaterial de 1 O de Marir:o de 185 4, ,

DEPOSITO EN LAS PRINCIPALES BOTICAS

NB

1

!•

SE HALLAN EN T ODAS LAS FARMACIAS

deslnlye basta lu RAl~ES el Y ELLO del ro1tro de las damu (Barba, Bigote, ele.), 1111

PATEEPILATOIRE DUSSER

DIDgun peligro para el cntiJ. SO Años d• :Ílltlt o,ymillart.a de teatimonloa¡annliwl la eftuda
esta preparacion. (Se vende en oaju, pal\. la barba, J en 1/2 01J11 para el bicota lirero),'eara

loa brazos, empl«se el ~ll,J t'U.U.li;., DVllUi:JER, l , rue J ,.J,.J\oueseau, Parl&amp;
.)

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
l ~P. D&amp; MONTAN&amp;R Y SatÓM

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="137">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3066">
                <text>La Ilustración Artística</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479260">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="47078">
            <text>La Ilustración Artística</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="47080">
            <text>1891</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="47081">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="47082">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="47083">
            <text>505</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="47084">
            <text> Agosto</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="47085">
            <text>31</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="47101">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47079">
              <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 505, Agosto 31</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47086">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47087">
              <text>Literatura</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="47088">
              <text>Arte</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="47089">
              <text>Ciencias</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="47090">
              <text>Barcelona (España)</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="47091">
              <text>España</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="47092">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47093">
              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47094">
              <text>Montaner y Simon, Editores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47095">
              <text>1891-08-31</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47096">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47097">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47098">
              <text>2011666</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47099">
              <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47100">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47102">
              <text>Barcelona, España</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47103">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="47104">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="7417">
      <name>El collar de ámbar</name>
    </tag>
    <tag tagId="7306">
      <name>Emilio Castelar</name>
    </tag>
    <tag tagId="7420">
      <name>Fabricación de las lámparas de incandescencia en los Estados Unidos</name>
    </tag>
    <tag tagId="199">
      <name>Grabados</name>
    </tag>
    <tag tagId="7418">
      <name>Habana</name>
    </tag>
    <tag tagId="7395">
      <name>León Barracand</name>
    </tag>
    <tag tagId="7419">
      <name>Los autómatas</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
