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A&amp;o X

BARCELONA 7 DE SEPTIEMBRE DE 1891

NÚM. 506

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

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EL MONUMENTO DE LA FONTAINE
Inaugurado en Auteuil el día 26 de julio ele 1891: obra ele Dumilatre, estatuario; Ducrost, escultor decorador, y Frantz Jourdain, arquitecto.

............... ,.,,
.
...

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
SUMARIO

Texto. -Pensiones y bolsas de viaje ( Capitulo de 1m libro),
por Juan O. Neille. -Neurosia, por F. Martlnez Peclrosa. El abanico. Articulo de verano, por A. García Llans6. Bim vmuas mal, por Alejandro Barba. -Nuestros grabados.
- Vit:co,jesa \continuación), por León Barracand, con ilustraciones de Emilio Bayard. -SECCIÓN CIENTfFICA: El !terrero en 1791. - Libros enviados á esta Redacción.
Grabados.-E/ 111om1111ento de La Fo11tai11e, inaugurado en
Auteuil el 26 de julio de 1~91: obra de Dumilatre, estatuario;
Ducrost, escultor decorador, y Frantz Jourdain, arquitecto.
-Recuerdo de Marruecos, cuadro de D. Gonzalo .Bilbao lpremiado en la Exposición gral. de B. A. de Barcelona de 1891 ).
Dos g rupos escultóricos en el puente de Anichkof, San Petersburgo, obra del barón Klodt. - Monumento de Nicolás I
en la plaza de Isaac, San l'etersburgo. - Monumen lo de Catalina II que se alza enfrente del teatro Alejandra, San Petersburgo. - ¡ Ultima hora!, estatua en bronce de D. José
Campeny (Exposición gral. de B. A . de Barcelona, 1891). Prtfctitas de los al1111111os de la Academia ge11eral militar de
Toledo, dibujos del natural de D. Nemesio Lagarde. - Vaque,.os, cuadro de D. Baldomero Galofre (premiado en la
Exposición gral. de B. A. de Barcelona, 1891). Rewerdos,
cuadro de D. Dionisio Baixeras (premiado en la Exposición
gral. de B. A. de Barcelona, 1891).-Antesdelasregatas,dibujo de Percy Tarrant. - Fig. 1. Instalación de una fragua catalana. · Fig. 2. Alto horno antiguo para carbón vegetal. ~-ig. 3. Instalación antigua de fundición. - Fig. 4. IIogardesmontable de herreros ambulantes. - Plaza de la Paz, Barcelo11a, cuadro de D. Juan Roig y Soler (Exposición general
de Bellas Artes de Bar~elona),
~

~

PENSIONES Y BOLSAS DE VIAJE
(Ci_\PÍTULO DE UN LIBRO)

Reconozco mi equivocación: era yo muy entusiasta
á favor de las Pensiones y Bolsas de viaje. Pero pasando de la teoría á lo práctico, caso de no ser en
absoluto dificientes los resultados, ofrecen graves
contras. En punto á Bellas Artes el acierto en la legislación es sumamente dificil; y hasta lo mejor preconcebido puede aparecer distinto de lo calculado.
Sea por la condición especial del arte, sea por el estado de la sociedad, sea por complejas circunstancias, que en la vida de la inteligencia, del sentimiento y de las necesidades se agitan, impulsan y
promueven los esfuerzos de la actividad, la cosa puede tomar el sesgo que menos se esperase, acabando
en mal lo que se presumió en bien, ó acabar en bien
lo que se suponía que acabase en mal.
Me decía un amigo desde el elevado puesto que
ocupaba en un cuerpo artístico: «Puede no ser conveniente ese sistema, ese inmoderado abuso facilitando el camino de las Bellas Artes. Demasiadas
pensiones; no tanta creación de artistas ... (permítase
la frase). Se debe empezar por crear atmósfera: mucha escuela y enseñanza de dibujo de aplicación á la
industria, más artífices y menos artistas (aunque sin
abandonar ni descuidar lo bello y propio de los artistas); los que tales sean brotarán casi por sí solos, y á
esos, después de conocido su valer, es á quienes debe
tenderse la mano ... Vale más menos y mejores, pocos
y buenos: más acertado sería recompeusar y remunerará los que lo merezcan que perder tiempo y dinero en tentativas que pueden resultar inútiles, ó en
un aumento de productores de obras de arte, para
los cuales pudiera no haber medios ni arbitrios suficientes para remunerarlos.»
Yo tenía por exagerada esa idea; y hasta me atrevía á combatirla, porque entonces me encontraba
con la imaginación repleta de ilusiones y totalmente
vacío el almacén de los desencantos y desengaños.

cosa ó adoptarse otra; porque según sean pueden
aconsejar prudente, convenientísima y necesaria la
excepción, no por favor, sino en debid~ justicia! pensionando ó entregando una bolsa de vza¡e, tendiendo
protectora mano al individuo n~cesi_tado de _aquel
auxilio en orden del arte, de la c1enc1a, de la rndus·
tria, d~ la agricultura y demás útiles á )a l?~alidad, á
la región ó al Estado. Eso sería el prmc1p10 preparatorio á la recompensa y remuneración.
Pueden los grandes centros, cabeza 6 corazón de
las naciones continuar con el sistema adoptado, sos.
teniendo sus' pensionados y concediendo de contmuo
las bolsas de viaje á fin de atraer á ellos cuanto en
todo orden y ramos del saber y en crecido número
pueda sostenerse allí y desarrollarse, procurándose
así lo mejor, aun á riesgo de las mermas que resulten
por lo poco culminante que pueda obtenerse.
Pero en las provincias y poblaciones de segunda,
tercera y menor importancia, el resultado siempre
será negativo, el sacrificio impuesto inútil, el dinero
así gastado completamente inútil. Porque desde el
momento en que se intente formar ó reunir artistas,
sabios, industriales, artífices, agricultores y cuanto
más pueda caber en tan laudable anhelo, al mismo
tiempo se ha de preparar y formar la atmósfera indispensablemente necesaria para que esos hombres
puedan respirar en ella, se les han de proporcionar
medios para que ellos puedan vivir: trabajo, sí, pero
pago por lo que trabajen. ¿Qué han de hacer esos
hombres al volver á su país, qué pueden hacer, si en
él no encuentran medios ni recursos para la aplicación
y explotación de su saber? ¿Qué podrán hacer asfixiándose en el vacío? Se verán obligados á huir de
allí para buscar en otra parte lo que la localidad ni
les da ni puede darles. ¿Qué se habrá logrado con
eso? Haber creado, ciertamente, si así se quiere, un
hombre de mérito, pero cuyo valor y fruto se apreciará y recogerá en otra parte. Beneficio para la localidad que costeó su enseñanza, ninguno.

. . . . .

. . .

...

NúMERO

506

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LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

506

estuvó en Italia· Cano no salió de España; Velázquez,
ya muy hombr; y consumado artista, pasó á Italia, y
si de una parte recibió impresiones, que supo aprovechar de otra asombr6 con sus obras á los de allá...
A este' eximio maestro le bastó ver cómo pintaba Andrés Sacchi para cambiar su estilo primitivo; Antonio
Allegri, ante un cuadro de Rafael, exclamó: ll.Anclt'
io sou pittore.» Sin embargo, á otros temperamentos
les fué preciso ir á estudiar y ~ impresionarse !uera
de su patria: si Ponssin y Claudio Gelée no hubiesen
salido de Francia, fijando su residencia en la pení~sula italiana y en Roma, á buen seguro que al primero no se le hubiera dado el título de Rafael Francés, ni el segundo habría conquistado la fama de que
gozó.
Estos y otros ejemplos pueden probar poco en
pro 6 en contra; pero prueban mucho _con respecto
á que ni una ni otra cosa puede considerarse corno
axiomática, pues muchos ni á la vista de tales obras
ni por largo tiempo les sacan el jugo. En resumen,
según los casos y circunstancias se ha de adoptar lo
que se crea conveniente: ni abrir de par en par la
puerta á todos, ni cerrarla y atrancarla.
Sup6ngas; q~e por.el pre~upue~to d~l Estado, p~ovincia municipio corporación ó sociedad artística
'
1
.
se costea
una pensión
de dos, tres, cuatro ó cmco
mil pesetas por cierto número de años, que por lo regular no son menos de tres. Como es natural, se presentan al concurso á pescar la plaza noveles artistas,
y no hemos de suponer aquí si nuevos !caros con
alas de cera ó azuzados y protegidos por elevadas influencias, cuyas insinuaciones pueden ejercer poderosa presión hasta el extremo de poder sospecharse
quién será el favorecido antes de practicarse los ejercicios ... Nada de eso, sino simplemente que esos jóvenes sean de aquellos que se conocen con el nombre de ratas viejas de clase, y como tales se lucen en
el examen, echando fuera y de una vez todo lo que
saben superficialmente; pero por la brillantez de las
pruebas y con la más rigurosa justicia se les concede
la plaza; remiten los trabajos obligatorios, y por ellos
se alienta una esperanza... ó se evidencia una decepción.
En el primer caso, el más completo y satisfactorio,
el final puede saberse a priori: ó una individualidad
sacrificada á morirse de hambre, si no toma refugio
en otra profesión que le proporcione lo necesario
para vivir, ó como artista de mérito, imperiosamente
obligado á ir donde el arte le dé lo suficiente para su
existencia.
Ya en uno como en otro de los dos casos, si en la
localidad falta atmósfera, el artista huye de ella; si
el artista, por valer poco, no la necesita, en ella se
queda y de nada sirve. Y siempre tendremos por residuo que, si no es un gran centro que dé de sí, el
gasto resulta inútil para aquellos que lo satisficieron.

Aquí no se ha de suponer cosa alguna: basta recordar ejemplos.
¿Cuántos artistas de merecidísimo renombre vol·
vieron á la nación, provincia ó localidad que costeó
su pensión ... cuántos regresaron á ella con fruto del
arte, de la ciencia y de su aplicación y aprovechamiento, devolviendo de este modo beneficio por beneficio? ¡A la primera, muy contados; á la segunda,
menos; á la tercera, casi ninguno!
Son tan rarísimos los ejemplos en contrario, que
sería cosa fácil enumerarlos si permitido fuese nombrarlos ó indicarlos, y tantos los artistas que en vez
de volver á su patria se establecieron ó pasaron la
mejor parte de su vida en la extraña, que ese número
sería suficiente y de sobra para pensar en un cambio
de sistema menos deficiente, dejándonos de palabras
altisonantes, frases ampulosas y discursos ó disertaciones de sensación pasajera, que dura sólo el tiemParece que sería muy racional y lógico que, medipo de escucharse, en actos revestidos de la solemnidad propia del caso, por lo que parece se coloca la tando eso, se tratase de abandonar el adoptado sisteprimera piedra de un monumental edificio ... pero á ma, estudiando y ensayando el planteamiento de alvuelta de algún tiempo resulta levantado sobre ella gún otro de mejores resultados. Una pensión limitaun simple barracón ... ¡Celá afait son tour/ Preciso da á los tres indispensables años de estudio y en canes, porque la experiencia lo enseña, dejarn~s de esas tidad suficiente para que el pensionado pueda vivir y
teorías ilusorias, cuando menos, y estudiar, intentar trabajar con algún desahogo, no se podrá conceder
y plantear medios que conduzcan á más prácticos por menos de seis, ocho ó diez mil pesetas.
Se trata de un pintor, de un estatuario, de un arresultados, y sobre todo más provechosos á las localidades, empleando mejor el dinero que en esto se quitecto, de un músico, de un artífice, de un indusCreo que efectivamente andamos en este punto quiera ó se pueda invertir; pudiendo añadirse y que trial, etc., etc., ¿por qué, pues, con esa cantidad no
recompensar y remunerar, encargando á un artista,
muy equivocados, persiguiendo ese ideal de una ma- se debe invertir.
compositor, artífice ó industrial de reconocido ménera rutinaria, con vicios inveterados y sin fijar detenidamente la atención en un asunto tan importante.
Media una distancia inmensa entre tomar al pie rito, y por concurso si se quiere, una pintura, una esY así, de vicio en vicio y de error en error, siempre de la letra el axioma de que para despertar y avivar el tatua, un proyecto, una composición, una joya, un
sin escarmiento, procedemos del mismo modo, sin sentimiento y solidificar, dígase así, la educación ar- mueble ó un artefacto? Así se andaría sobre más seocuparnos en parangonar el pro y el contra, ni si- tística, sea indispensablemente preciso vivir mucho guro, siempre y cuando se recompensase el positivo
quiera en pensar que otro medio, que otro sistema tiempo en esos grandes centros del arte y ante las y probado mérito, y se ganaría tener una obra de arpudiera ser más favorable al pensamiento, y cuyos obras de los primeros maestros, y para ello, de conse- te, Los artistas y los artífices aparecerán si cuentan
beneficios pudieran ser á todas luces más tangibles, cuencia lógica la falsa rutina de las pensiones, el sos- con recompensa y remuneración por sus obras ...
más seguros y quizá más económicos ... aunque esto tenimiento de escuelas en el extranjero con mayores ¡Cómo no, si aun á pesar de ese mal sistema y luúltimo no liga bien con el valor y precio del verda- ó menores pomposos títulos académicos ... De esta chando y padeciendo, aparecen y se imponen! ¿Acadero arte.
idea, á la de negar y rechazar la necesidad de ver, de so únicamente los pensionados han.sido los artistas
Plantéese la cuestión en esta forma:
impresionarse, de estudiar .las obras de los grandes de más sobresaliente mérito y mayor renombre? Los
¿Qué conviene más, gastar en pruebas y esfuerzos maestros, habría la distancia que separa el uso del artistas acudirán y vivirán en la ·localidad que les
á lo que salga ... ó gastar en recompensas y remune- abuso. No se rechaza la idea de la necesidad de ver, ofrezca medios para subsistir; los artistas desarrollaraciones en lo que se conoce?
de conocer y conocerse; no se niega esa necesidad, rán su talento y su genio si hallan atmósfera, y sobre
¿Qué es más racional, premiar una aplicación cons- antes muy al contrario, lo que se ha de combatir es el todo aprecio, justo premio á sus esfuerzos.
tante, un trabajo ó una obra de mérito, un éxito de• sistema considerado infalible, el abuso en que se in¿No viven en los centros de la fabricaci6n y de la
bido al estudio y al genio ... ó derrochar dinero para curre, el error que se comete y en el cual se persiste. industria los industriales? ¿No acuden al tráfico los
una aplicación intermitente, un talento de llamarada,
Las disposiciones, los talentos y sobre todo los comerciantes? ¿No se instalan los banqueros donde
un estudio de plazo y compromiso, una obra de con- genios brotan por su propia fuerza: estos últimos hay juego de bolsa... ó los jugadores de otro génedición contradictoria y un éxito de relumbrón prepa- producen destellos; pero luz fija y esplendente, sólo ro donde haya la roulette? ¿No se establecen sociedarado con bombo y platillos? La respuesta no podrá por el estudio, la enseñanza, la educación, el estí • des de crédito allí donde pueden atraer y absorber
ser embarazosa.
mulo y cuanto conveniente sea á su depuración ... capitales?... Dése á los artistas lo suyo y ellos apareSin embargo, toda regla general tiene sus excep- esto es difícil puedan lograrlo por sí solos: un Rem- cerán y enriquecerán el país que los quiera.
ciones: el quid está en saber distinguir bien los casos brandt es excepción de regla; á Murillo le fué sufiReconozcamos que así como se sigue vamos á un
y circunstancias en que pueda y deba seguirse una ciente lo que vió en Sevilla y Madrid; Zurbarán no desequilibrio; quizá estamos en él: andamos equivo•

NúMERC

RECUERDO DE MARRUECOS,

·•lo Bilbao (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona de 1891.)
cua&lt;l ro d e D . Gon.
.

ya no es dueño ni de sí mismo. Ya no interviene en
cados: no nos avergoncemos de confesar el error; ~ue aun cuando me una á ellos el más próximo parentes- el desarrollo de la actividad humana.
en en esto honra más la enmienda que la tenac1oad. co aun cuando el gran sacerdote de Neptuno ErecLo más que hace es dejarse dominar por la mujer,
th~o los protegiese, aun cuando Aspasia suplicante
por su suegra.
.
.
tendiese
hacia
mí
sus
hermosos
brazos.
Un
general
Ent~n~es iqu·é ,;ace~/ Muy s~nc.illo·: h;ci;ndo ~ie~
Esta página del día pert~nec~ á mis_ «Memoria~
no
coloca
nunca
en
los
puestos
peligrosos
á
un
sollo que se hace mal; al revés de lo que se hace si el
dado cobarde y débil; yo, por igual motivo, sería con autobiográficas» en que cons1~no impresiones d~ m1
resultado no es bueno.
vida que para todas las muJe:es son h~y fatalistas,
Puede decirse que eso viene indicán~ose tan de razón criticado si confiase las riquezas y el renom- pesimistas, respecto al porvenir y destinos futuros
lejos, que no hay más que tender la vista sobre .la bre de nuestra patria á unos artistas sin habilidad. del hombre.
historia del arte monumental ó sobre la de la socie- Los lacedemonios arrojaban á una sima á los niños
De tal suerte se ha afeminado que no no le queda
dad, que es lo mismo. Dejémon~s.de_ revistas. frívolas, deformes, á fin de no haber de alimentar á ciudada- otro recurso que la plancha: las faldas.
de juicios de impresión, de equ1hbnos eruditos para nos inútiles: así quiero quitar la esperanza á los arLos pantalones pertenecen ya de hecho y de depresentar lo blanco negro y lo negro blanco y demás quitectos, escultores y pintores que carezcan del sen- recho á nuestro guardarropa.
tido
de
lo
que
es
bello,
porque
si
el
Estado
los
emmenudencias repugnantes, y acudamos á las firmes
De su cerebro nos hemos hecho nosotras el gorro
bases sobre las cuales únicamente puede sostenerse please no harían más que causar perjuicio y estra~o. de dormir. Su carácter no alcanza al tacón de nuesla mole de la grandiosa fábrica_. Existen lo~ ~ocu- No es justo que el interés de uno solo sea preferido tro zapato.
.
.
.
.
mentos históricos reflejando la vida del sentimiento á la gloria de todos. ¿Qué dirían los atenienses á los
¿Pero en qué estriba esta digresión de m1 espíntu
otros
griegos,
que
prontamente
vendrán
á
coi:tem:
y de la civilización, ¡pues no han de ~xistir!, escrito~
sobre el hombre? ¿A qué viene este aparte indigesto?
sobre lienzo y tablas, trazados en piedra y bronce. plar su ciudad adornada con mil obras de ménto, s1 ¿Por qué este disparo con pólvora sorda?
fuese
preciso
mostrarles
al
mismo
tiempo
lunares
existen muchos y buenos libros que apenas ~e leen.
_¿Por qué? ... Sabedlo.
Hágase otra cosa de lo que se hace, y los artistas de vergonzosos y edificios que más valdría ~o ~a?er
Ha habido un necio, un osado, capaz de pretenprimera fuerza aparecer~n y entonces podremos ex- nunca acabado? Esforzaos, pues, en producir umca- derme. Un atrevido solicita mi mano. ¡Horror!
mente
obras
nobles,
irreprochables
y
de
una
belleza
clamar: ¡Esto es! Pues s1 brota~ se desarrol~a lomaYa veis para lo que sirven los hombres.
lo y lo repugnante á los repetidos y contmuos es- que nunca pueda envejecer.»
Contesté á su carta. ¡Oh, sí, al momento y de buefuerzos para lograrlo, ¿podrá dejar de aparecer Y de
na tinta! Robé unos minutos á mis delectaciones in·
Mie
ntr~s
~e
digiere
bien
es~
retazo,
puede
pensarprevalecer lo simpático, lo agradab17 y lo bueno, con
telectuales á mis ideas inspiradas en el modernismo
se en lo que se ha de hacer.
menor empeño para obtenerlo? Es mdudable.
más corre~to. Me aparté de mis especulaciones cien«¿Qué se ha de hacer?&gt;
.
tíficas. Dejé en suspenso los hilos sutiles de mi depl}-.
JUAN 0. N EILLE
Yo tal vez diría... pero, no: me1or será c~der la
rada filosofía. El yo evolucionó al él.
palabra á quien supo decir bi~n y hacer me1or; c~Oíd mi contundente respuesta:
dase al insigne Pericles, que dió su nombre á su s~glo, reproduciendo de un discurso suyo el trozo si·
(Sr. D. Juan Pérez.
NEUROSIA
guiente:
.
»se necesita llamarse así para proponerme la mayor
«Vosotros, los que esperáis que yo empre~~~ granNo conozco á los hombres más que de vista; de de las vulgaridades.
des trabajos, preparaos con ardor y no acanc1é1s una
»se necesita no tener ojos para haberlos puesto
ahí
nace, sin duda, que ellos no me conozcan á mí.
confianza inactiva. Las guerras, sembradas por las
en mí.
Eso
de
investigar
las
relaciones
que
nos
unen
con
guerras tocan á su fin: ¡quieran los dioses favorecer&gt;&gt;¿Por quién me ha tomado usted, ó mejor dicho,
nos co~ una paz que será más gloriosa para nuestra el sexo llamado fuerte, me parece acto de debilidad por quién me quiere tomar?
.
del ser superior.
patria que las victorias sangrientas! Los que de en· impropio
»Gracias que hoy estaba de humor para distraerme
Ha llegado el momento decisivo: no cabe ya distre vosotros sean considerados capaces p~ra cons•
y me he fijado en la correspondencia epistolar á que
truir ó edificar esculpir ó pintar obras dignas de cusión en este punto; las sociedades lo reconocen, la nunca contesto; la considero el uso peor que puede
admiraci6n, goz'arán de una existencia asegurada y ciencia universal lo proclama.
La mujer lo es todo; el hombre (macho) un cero á hacerse de saber mal escribir.
de ganancias considerables. Pero ~quellos_ cuya ma»¿Cómo ha de leer cartas quien no ~ive en ~l munla
izquierda.
no sea poco experimentada y á qu1en;s Mmer~a no
do
físico, quien no tiene nada de sensible, quien sólo
Hasta ahora el hombre se había erigido un pedeshaya sonreído en verdad, mejor haran en dedicarse
pertenece al ideal?
tal de arenillas de salvadera con esta inscripción:
á r,ultivar la tierra ó meterse á alfareros. Jamás. to~
»¿Usted sabe lo que es ideal? Lo dudo.
marán parte en los trabajos; jamás ¡por Júpiter.
}) Yo también le creí una ilusión introspectiva, pero
&lt;Dueño del universo.,
les entregaré para que los destruyan los mármoles
al fin rindo culto á la idea de que lo ideal es lo real.
del Pentélico y las materias preciosas _que hago
»¿Entiende usted de metafísica? Me parece que no.
El frágil muro ha caído¡ el hombre estatua rueda:
traer de todos los países para adornar la cmdad; no,
0

�LA

ILUSTRACION ARTÍSTICA

»Yo hubiera escrito una
novela cada dos meses, observando los documentos
humanos de Zola, ó un drama semi-romántico cada
ocho días, como ahora s':!
usa; pero esos medios de
expresión están gastados y
poco conformes con la om
nisciología ó verbo del por•
venir.
»¿Podemos entendernos
usted y yo?; ó dicho sea con
perdón, ¿cabe que usted espume el puchero? Cabe: la
cocina se ha hecho para el
hombre; la mesa para la
mujer.
»Tendría usted,señor Pérez, que ir á la compra, barrer, limpiarme las botas y
las cazcarrias del vestido;
ejercer los oficios mecánicos reservados á su sexo,
mientras yo me entrego á la
./'
más grata y trascendental
de las ocupaciones: la de
pensar.
»¿Comprende usted ahora la evolución? ¿Aceptaría
Grupo escult6rico en el puente de Anicbkof, San Pelersburgo, obra del bar6n Klodt
usted por vivir á mi lado ese
papel? No lo creo, aunque
)¿Podría usted admitir discusión sobre la razón estoy persuadida de que en término no lejano se
pura y la razón práctica?
cumplirán los destinos de la humanidad.
)¿Concibe usted el yo y el nó yo de Schelling?
»La mujer que va convidada á los Ateneos, perte»¿Ha penetrado usted en la ontología? ¿Sabe usted necerá de derecho pronto á ellos.
cuál es el ente?... Mírese al espejo.
»La dama que asiste á la tribuna de orden del Con¿Cómo podría usted alternar con quien sumida greso, tomará asiento en los escaños como miembro
en sus abstracciones, sujetivizada, ha evolucionado por derecho propio de la representación nacional.
desde el espíritu á la materia, desde la nebulosa á la
»El sufragio no podrá llamarse· universal hasta que
última capa geológica, desde las estrellas á los mi- nos convierta más que en electoras en elegibles.
riápodos?
»¿Cómo pueden ustedes creer, en el siglo de
»Imposible, señor mío ó señor de otra; usted no es las máquinas Singer, que hemos nacido para coser?
capaz de empaparse como yo en la interpretación, en
»Ya allá por el siglo vn se prohibió á las mujeres
la dilución psíquica de los varios, sorprendentes y coser vestidos, cardar lana y esquilar carneros el docomplicadísimos sistemas que rigen el universo.
mingo.
1&gt; Yo, siguiendo el impulso de mi tiempo que con•
»La Edad media fué un incensario que envolvió á
cede á la mujer aptitudes supranaturales, estudio las la mujer en olor de santidad para perderla.
teogonías indias y egipcias. (Todo lo indio es hoy
»Ahora no queremos ni lo uno ni lo otro. Ni el
muy interesante.)
yugo de los tiempos paganos ni las flores de trapo
»Investigo las ventajas que pudo traernos la unidad en las empalagosas Cortes del Amor.
moral en contraposición de la de la antigüedad pagana.
»He recorrido á Descartes, Locke,
Hume, Kant, deteniéndome en el examen del criticismo que separa la razón
especulativa de lo absoluto, explicándome los conflictos del altruismo...
»Por fin he llegado á reirme del pesimismo de Schopenhauer (no vaya usted
á creer que esto quiere decir sopas en
agua) y del optimismo de Krause, filósofo á quien seguramente habrá oído
nombrar, pues no hay hombre moderno por corto de alcances que sea que
no le haya citado hasta que pasó de
moda.
»¡Cuál no será el asombro de usted
cuando sepa que además de esto, además del estudio psicológico, yo me
ocupo de todo aquello que denota un
paso adelante en la lucha de la existencia, en la perenne batalla intelectual!
»Desde los misterios cósmicos hasta
la poesía, sin versos, por supuesto, me
recreo de igual modo con la filosofía y
la matemática, la hidrología y la lingüística, la farmacopea y la sociología,
la estética y la metalurgia, y en cuanto
á la química, mi ciencia predilecta,
preparo una disertación sobre las substancias venenosas, leucomainas y plomainas, etc., etc.
»En medicina asisto al laboratorio
para conocer los cultivos ó bacilos, el
vírgula.
»En ciencias naturales tengo inédito
un estudio sobre el Vespertilio pipt"tre·
llus (murciélago), al cual c~mcedo dotes de inteligencia superiores al ruiseñor (Filomena).
»La crematística no me preocupa;
tengo poco que conservar. En arte detesto la arqueología prehistórica tanto
como me encanta el renacimiento.
Monumento de Nicolás I en la plaza de Isaac, San Petersburgo

NúMERO

506

»La mujer del presente momento histórico desprecia por igual la aguja y la espada.
»La unión es la fuerza, escribe en su lema; coge la
pluma y barre el limo que por sus sendas va dejando
el hombre. Este es el único modo de barrer á la moderna.
»En esto vamos estando conformes todas las mujeres del club, desde la Michel á una servidora de
usted.
»La hipnotización de la mujer por las mujeres es
ya un credo y pronto será un hecho universal.
»Yo pertenezco entre otras asociaciones á la Liga
terrenina, al Círculo de la vestal, al Sindicato de las
obreras de la inteligencia y estoy corrigiendo las pruebas de las Estatutos de la grande obra titulada: La
perfecta soltera.
»Fuí invitada para presidir el Patronato del divorcio, que suma ya miles de adictas, pero no he aceptado ese honor.
»En esta materia no soy tan radical. Para evitar
la propagación del divorcio hay un medio: basta con
suprimir el matrimonio. ¿Cómo?
»Declarando la guerra al hombre en todos los terrenos. Demostrando su incapacidad para hacer feliz
á la mujer.
»Si yo tuviera el mal gusto de casarme, ¡qué desgracia la de tener hijos para lacayos ó zapateros de
las damas! ¡Cuánto sufriría de tener hijas que no
pensaran como yo!
»Me pasa, señor de Pérez, lo que al anatómico.
De tanto profundizar mi escalpelo, el cadáver del
hombre le considero ya como un pedazo de materia,
Carne putrefacta.
»Dispense usted la franqueza con que le hablo, y si
alguna vez cae en la tentación, poco frecuente en
los sabios de ahora, de abrir un libro y leerle; si de
manos á boca tropieza usted con esta carta en letras
de molde, no me eche usted la culpa.
»Si el hombre no quiere que le pintemos tal cual
es, que deje de ser un ente infinitesimal; un microcosmos.
»Suelto la pluma: los nervios no me dejan continuar. Vale.»
FERNANDO MARTINEZ PEDROSA

EL ABANICO
ARTICULO DE VERANO

Difícil es determinar la época en que se inventó
el abanico ese pedazo de papel ó de tela pegado á
' unas varillas de madera, marfil ú otra
materia más ó menos rica, que manejada por la dura mano del hombre
sólo produce aire y en la delicada de
la mujer conviértese en peligroso instrumento, tan bello, espiritual y agradable como ridículo y pesado en la
del sexo fuerte. Créese, sin embargo,
que nuestros padres después de su expulsión del Paraíso y con posterioridad
los pueblos primitivos debieron emplear las hojas de algunos vegetales
para producir, puestas en movimiento,
corrientes de aire con que refrescar su
abrasada epidermis en los períodos caniculares.
La fabricación más ó menos basta
de los tejidos debió ser un gran paso
dado por la industria primitiva para el
perfeccionamiento de este objeto verdaderamente aéreo.
De las investigaciones hasta ahora
practicadas resulta que en el siglo x11
ya se conocían en Francia los abanicos, y que en 1316 la condesa de Artois
posefa uno con el mango de plata maciza. Y debe de ser así, pues en los retablos y miniaturas de los siglos xm
y x1v represéntase á las damas teniendo en las manos grandes abanicos
muy semejantes á los que hoy se usan
en Argel y Túnez. Asimismo consta
entre los objetos anotados en el inventario del rey Carlos V de Francia «un
abanico redondo con el mango de
marfil,» y en la lista de su real servidumbre figuran dos abanicadoras para
orear á S. M. durante las comidas.
La forma de los primeros abanicos
debió ser redonda, careciendo de la
elegancia y comodidad que proporciona su plegado. Por eso, Rabelais en
una de sus obras se refiere á los «abanicos redondos1 de pluma, papel y
tela.» Supónese que los cerrados 6

NúMERO

506

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

presentando sumas importantes la colección de los que poseen algunas de nuestras elegantes.
En el siglo pasado fué tanto
lo que se extremó su lujo y riqueza, que según un cálculo
que se hizo en 1745 por un
distinguido estadista, existían
en París abanicos cuyo valor
ascendía á ocho millones de
francos.
Debemos convenir, sin embargo, que aunque su uso se
ha generalizado extraordinariamente en estos tiempos, no ha
llegado á alcanzar todavía la
importancia de que goza en
China y en el Japón, países en
donde es tan indispensable,
que puede decirse, sin pecar
de exagerados, que forma parte integrante del individuo, sea
cual fuere la clase ó sexo á
que pertenezca.
Con él guarécese la mujer
china de los rayos del sol, y
sobre él á guisa de bandeja
coloca la japonesa los dulces
con que obsequia á sus amigos.
El mendigo lo abre y extiende
para recibir la limosna, y el
elegante lo maneja cual si fuera un ligero junquillo. En manos del atrabiliario dómine
conviértese en peligrosa férula, y en libro de rezo para el
bonzo que, conservándolo
abierto, lee en él las plegarias
escritas en raros y extravaganGrupo escult6rico en el puente de Anichkof, obra del bar6n Klodt
tes caracteres.
En la vieja Europa danse
distintas y diversas aplicacio~es al ~banico,. Existen defensa 6 de instrumento de castigo, y por último
abanicos anuncios de determmadas mdustnas y aba- encubre y defiende.
nicos-guías en los que se halla i1npreso un mapa y
¡Cuántas veces la tela de un abanico, abierto oportodas cuantas noticias puedan ilustrar al viajero para tunamente, oculta el rubor _de la vergüenza, y cuántas
recorrer el país que desea visitar, sin el dispendioso ha sofocado intencionadas palabras, pronunciadas con
conocimiento del cicerone.
el solo objeto de engendrar la duda, los celos ó la
Muchas mujeres deben la fama de que gozan á la desesperación!
gracia con que manejan ese precioso instrumento de
Y sin embargo, no es posible concebir una mujer
coquetería, y varios le son deudores de su f~rtun~ y hermosa sin el adorno que le presta el abanico, ni
encumbramiento no faltando en nuestra patna quien con él puede existir alguna que se la considere como
'
debe á un paisaje verdaderamente fea. Todo consiste y depende de
chino y á unas vari- ese bello instrumento, de ese precioso juguete.
llas hábilmente tallaCreemos ocioso indicar los nombres de algunas
das el título que españolas que se han distinguido por su donaire en
ennoblece su ape· el maeejo del abanico, ya que es indudable que el
llido.
abanico y la mantilla se inventaron exclusivamente
Con el abanico ha para aumentar la gracia de las hijas de esta que pollegado á establecer- dría ser la nación más venturosa de la tierra.
se un sistema de sigMucho más podría decirse respecto del abanico,
nos convencionales, pero aunque así lo comprendemos, no contamos
tan exactos como los con más fuerzas en este período canicular que para
que se indicaban en coger el que se halla al alcance de nuestra mano,
las torres ópticas en abrirlo y darnos... aire.
la infancia de la telegrafía; existiendo
A. GARCIA LLANSÓ
también un lenguaje
especial, que nada
tiene que envidiar al
que expresan las floBIEN VENGAS MAL
res en sus atinadas
combinaciones.
I
Si importante es
para la mujer en geINTERIOR DE UNA TIENDA
neral saber manejar
el abanico, mucho
Suplico á mis carfsimos lectores que me den una
más trascendental prueba más de la docilidad que muestran hacia el
es para la actriz. En atrevido novelista, que en aras de su empeño emmanos de ésta puede prende la peregrinación para penetrar en los más
ser ó dejar de ser. Lo recónditos y misteriosos pliegues de lo ved,1do, y
mismo puede signifi- acompañen mi humilde personalidad en busca de
car para el especta- asunto para esta mal llamada novela.
dor un puñal que el
Todos ustedes conocen sin duda lo que es una
cetro de una reina. tienda de comestibles; no habrá ninguno seguramenCon él se eleva ó te que no haya contemplado las instalaciones más ó
vulgariza la artista. menos agradables y apetitosas de un almacén de
Movido inteligente- coloniales; pero me atrevo á asegurar a priori que
mente da fuerza á pocos conocerán el recinto llamado generalmente
sus palabras, pide trastienda.
protección, hace conEn ese local, poco ó nada alumbrad~, húmedo las
-,
cebir una esperanza, más de las veces y saturado de emanaciones confunacaricia ó rechaza, didas del pez de Escocia, del queso de Gruyere y
amenaza ó perdona, 1 de los exóti~os emb~tidos, ver~is inclinado hasta tcamina, se incomoda, car coo la vista el libro al suJeto encargado de llellora, ríe, sirve de var la contabilidad del establecimiento.
Monumento de Catalina II que se alza enfrente del teatro Alejandra, San Petersburgo

plegados tal cual hoy los conocemos, tienen su origen en el Japón, de donde los importaron los portugueses en el siglo xv1, extendiéndose su uso desde
que la famosa Catalina de Médicis. lo adoptó en las
grandes recepciones y actos yalac1egos, alternando
el abanico plegado con el circular de plumas y el
que se asemejaba á una bandera, que es el que todavía se usa por algunos vetustos menestral~s de
Cataluña como obligado adorno en las procesiones
del Corpus Christi.
Desconocemos la época en que se introdujo su
uso en España, aunque supone~os que, dada la
maestría y gracia con que lo maneJan n~es~ras co~patriotas, especialmente las de las provmc1as meridionales debió ser la primera en adoptarlo.
Para probar nuestro aserto, basta fij~rse en.la circunstancia de que el abanico más precioso y neo, _de
artístico y trabajado varillaje,_ en manos_ de una. mglesa, por ejemplo, es un ?bJeto frfo, sm e~pr~s1ón,
impropio, vulgar y hasta r.1dfculo. Sus movmuen~os
son pesados, sin gracia, rígidos y mudos. ~n camb~o,
manejado por una española cobra expresión, adqmere fuerzas vigor y vida, imprime tonos y forma el
compleme~to de ese conjunto de gracia, sencillez,
malicia, travesura y sentimiento que expresan unos
ojos negros, velados por sedosas pestañas, de los que
brotan el fuego de la pasión ó el desdé~ más completo. De objeto inútil conviértese en ad1tame~to de
gracia y arma de encantadora coquetería, ~ehgrosa
siempre para el hombre enamorado que deJa su corazón prisionero entre sus dobleces.
.
Cuentan, sin embargo, empolvados y mu~nentos
cronicones que en el ya cit~do siglo xv1 ex1:tfa en
la corte de las Españas una ilustre dama, Dona Inés
de Mendoza, que lo manejaba .ª?mirab)e_mente; que
la caprichosa Catalina de :Méd1c1s com1s1onó á un~
de sus camaristas para estudiar y aprender los movimientos que aquélla imprimía al abanico, resultando
del informe emitido que se elevaban á noven_ta y
nueve distintas posiciones las que podían. aphcá~sele, que eran las que usaba nuestra graciosa pa1•
sana.
..
Existen abanicos para teatro, calle, paseo, vISlt~s,
tertulias y bailes· de verano é invierno, para la cmdad y para el c;mpo. Los hay ch~lones y. s~veros,
tristes y alegres, castos y complac1entes, ns~bl~s y
serios, incitantes y virtuosos, así como de d1stmtas
clases y materias; de oro, nácar, marfil, ébano y sándalo, vestidos de papel chino, tafet~n ó ras?,. y adornados con perlas, diamantes y prec10sas mm1aturas.
Sobre la tela han corrido los pinceles de Rubens,
Bouchery, Watteau y otros renombrados pintores, re-

~ ~- _ _:*~01~~~,,_:~:c~- -~

�LA

566
La tienda de ultramarinos de D. Cosme Trompeta, que ocupaba toda la planta baja de la casa número 8 de la calle del Cuerno del Oro, pertenecía al
género que acabamos de describir. Dos escaparates
con vidrios semitransparentes, en cuyo interior se albergaban en revuelto montón esas mil manifestaciones de la industria alimenticia, y que son otro suplicio de Tántalo para los desheredados, eran el prisma
á través del cual podría calcularse la fortuna de nuestro D. Cosme.
Este era uno de tantos provincianos que comienzan
su carrera desde las penosas y serviles tareas del
mancebo, y á fuerza de perseverancia y de economías se establecen por cuenta propia en el ocaso de
su vida.
Inteligente en su profesión, lo demostraba la numerosa clientela que afluía á su tienda, y su patente
d~ h?mbre. de _conciencia la acreditaba la opinión
pubhca, úmco Juez en la materia.
Poco ó nada nos importa para el objeto de esta
novela, ni el conocimiento exacto del físico ni los
antecedentes y detalles relativos á la esposa de don
Cosme, un ser vulgar, sin iniciativa· y acostumbrada
á obedecer ci~gamente á su media naranja. Tampoco
pararem~s mientes en los dos mancebos que para
las necesidades del despacho poseía el establecimiento; únicamente dedicaremos párrafo aparte al tenedor de libros.
·

II
UN BUEN lllUCI-IACHO

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

506

Elaborado el plan, dedicóse con empeño á poner- cultivado entre los mortales; así es que el joven teto en vías de hecho.
nedor de libros no podía sustraerse á la implacable
En primer lugar frecuentó un café donde se re- ley, é intercalaba entre una y otra plumada las siunían ciertos sujetos que se llamaban literatos y en guientes frases:
cuya compañía aprendió á conocer lo que son los fa.
- ¡Está visto! Doña Milagros es· inexorable en
llos del público, con los productos de cerebros más sus propósitos. No me otorgará la mano de mi Luisita
ó menos calibrados.
sino á trueque de perder mi tranquilidad. No lepaPecó como los demás, y su juguete en un acto La rece suficiente el éxito de La risa de Sesostris y
risa de Sesostris le valió una severa lección y un des- quiere lanzarme al insondable abismo del fracaso.
engaño.
¡Dios no me ha llamado por ese camino, y esto no
Como quiera que los fiascos eran moneda corrien- obstante, Doña Milagros, cual otra tentadora Eva,
te en aquel grupo, pronto se hizo el vacío, desfilando me tiende la apetitosa manzana; quie~o decir, no
uno á uno en busca de escenas más hospitalarias, no permite que me case con su hija sino sub conditionq
tardando Cazpitilla en verse solo como una de tantas de crearme un nombre en la literatura dramática.
víctimas de aquel naufragio.
Bastan estas frases sueltas para que mis lectores
Las columnas de un noticiero con grabados se comprendan que nuestro hombre se hallaba perdihonraron recibiendo en su seno algunos artículos de &lt;lamente enamorado de Luisa, de quien Doña Milafondo y poesías del de Alcarria, que hicieron bajar gros era tan exigente mamá.
el papel (como diría un bolsista); es decir, que para
El origen de estos amores se puede explicar en
el director y propietario del periódico se tradujeron dos palabras:
en bajas en la suscripción.
Era una mañana del mes de junio: hallábase SeraNo seguiremos al equivocado chico en su azarosa fín en la época de transición de su vida; es decir, enperegrinación hasta hallarlo con el entretenido em- contrábase en vísperas de alcanzar la colocación en
pleo de llevar los libros en la tienda de D. Cosmei casa de D. Cosme.
pero haremos constar de pasada que en el actual mo•
Paseábase por una de las avenidas del Retiro,
mento histórico creía firmemente haber encontrado cuando de repente hirió sus oídos una voz varonil,
el reposo físico y moral que ha tiempo necesitaba.
que recitaba los espirituales versos de La vida es sueNo obstante los elocuentes desengaños, no había 1io, de Calderón.
perdido la co.stumbre de improvisar algún que otro
Sorprendióse algún tanto, y buscando la persona
soneto que distraído enviaba á un comprador en lu- que eligiera tal hora y sitio para lanzar al aire aquegar de una factura de pimiento molido. Se citaba / llas armoniosas décimas, no tardó en hallar la causa
también el caso de haber sentado en varios folios pues al doblar un vallado de verdura descubrió sen'.
del Mayor una escena íntegra de La risa de Sesostris; tadas en un banco dos señoras: una de ellas tenía un
distracción que le valió una severa reprimenda de su libro en la mano y era la que con voz de contralto
principal y los sabrosos comentarios de cuantas per- leía las páginas de la citada obra.
sonas se enteraron del suceso.
Escuchaba la otra con gran atención, y en sus hermosos ojos negros retratábase la admiración que en
su alma producían los inspirados versos.
III
Serafín comprendió al primer golpe de vista que
se trataba de madre é hija por el parecido y la desLOS AMORES DE SERAFIN
proporción de edades que entre ambas existía. .
La joven representaba tener de diez y ocho á
Ocupado con algunos documentos se encontraba
nuestro héroe en la trastienda del almacén de Trom- veinte años, y su tez morena, ojos rasgados y expresipeta, y entre el revoltillo de papeles que delante de vos y talle de exquisita elegancia denunciaban en
sí tenía, confundidas con los talones, órdenes, reci- ella á una hija del Mediodía de España.
Absorto quedó Cazpitilla ante tal aparición, y
bos y otros documentos, veíanse varias cuartillas de
una c?media recién comenzada y que era una prue- como la señora mayor advirtiera la presencia de
ba evidente de que Cazpitilla no había perdido aún aquél, suspendió la lectura, posando una impertinente y escudriñadora mirada en el intruso,
por completo el cariño á las Musas.
Serafín comprendió que estaba estorbando, y se
El monólogo ha sido y será siempre el género más
disponía á tocar retirada con harto sentimiento suyo,
cuando la mamá se lo impidió con la siguiente pre·
gunta:
- ¿Caballero, le gusta á usted la poesía?
En un momento acudieron en vertiginoso tropel
a.I c~rebro de Serafín sus pasadas empresas literarias;
smtió estremecerse su dormida fibra· la multitud de
artículos en prosa y verso que habían labrado su
desdicha, y á los cuales, no obstante, quería como
un padre quiere á los hijos que ha engendrado, desfilaron velo~~ente en su imaginación, y dominado
por la electnc1dad de aquellos efluvios respondió sin
titubear:
- ¡Con delirio, señora!
Esta respuesta fué, por decirlo así et' talismán
que abrió las puertas de la simpatía en' los románticos corazon~s de las dos mujeres; y excu•
sa?o es decir que aquella mañana se termmó la lectura del drama en compañía de
Serafín, que recitó por su parte algunas escenas.
. Todo aquel verano, hasta que el helado
cierzo d~l ~uadarrama anunció la proximidad del mvierno, se reunían en el mismo
sitio nuestros personajes para saborear las
bellezas literarias de las obras de Calderón
~ope y otros autores del teatro español an'.
t1guo y moderno.
Como consecuencia de esta proximidad
tan familiar, los corazones de Luisa y Serafín se comprendieron, y empezó para ellos
el tiránico reinado del amor, sancionado
con el visto bueno ·de Doña Milagros.

~o era cie_rtamente Serafín Cazpitilla, joven alcarreno, en qme~ D. Co~me tenía depositada su confianza mercantil. El chico de la Alcarria era poseedor
d.e una hoja ?-e servi~ios algún tanto borrascosa, accidente propw de la inexperiencia de unos diez años
pasados en. la peligrosa atmósfera de Madrid.
De los b1enaven.turados y apacibles lares paternos
m~rc~óse á los qumce años al abismo cortesano, sin
mas bienes y títulos que el de bachiller y una recomendación de sus papás para un su tío, portero mayor del Congreso.
Creían cándidamente los rústicos padres de Serafín que la tal recomendación era el ré~ium exequátur
que le abriría á su tierno vástago las doradas puertas
de la fortuna.
Allá en su primitiva imaginación figurábanse al
portero omnímodo personaje, á cuya protectora som·
b ra encontraría
su hijo la piedra
filosofal.
Bien pronto
se desvanecieron
las esperanzas de
los unos y la ilusión del otro, El
portero recibió á
su sobrino c on
verdadero car i.
ño; le explicó con
franqueza su situación harto estrecha y mezquina, y á guisa de
preámbulo y con
el fin de que el
joven alcarreño
Cazpitilla, conociera prácticamente la comedia
del gran mundo,
lo colocó durante
varias sesiones en
la tribuna del público del Congreso.
Pocas lecciones bastaron para
que la inteligencia del alcarreño
se diera cuenta exacta de la situación.
Con el diploma de bachiller
se creyó en condiciones más
que suficientes para aspirar á
la conquista de un puesto entre aquella pléyade de señores
de adusto semblante que or.upaban los escaños de aquel templo de la política, aspiración
tanto más arraigada cuanto su
solícito pariente había desempe
ñado á conciencia el papel de cicerone, explicándole muchas )in
dezas de todos y cada uno de
los representantes de aquella ¡út,TIMA llORA!, estatua en bronce de D. José Campeny, fundida en los talleres de D.
augusta asamblea.
Masriera y c.~ (Exposición general de Bella, Artes de Barcelona, 8 .¡
1 91

IV
UNA PROPOS ICIÓN ORIGINAL

Federico

Por mucho platonismo y poesía que saturen unas relaciones amorosas, llega el mo11_1ento crítico en que cae vaporoso velo que
mve de venda al romanticismo, y la realidad (llámese suegra) hace su aparición con
l~s amenazadores preludios para el porvenir de los amantes.

NúMERO

506

LA

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

PRÁCTICAS DE LOS ALUMNOS DI!. LA ACADEMIA GENERAL ~IILITAR DE TOLEDO

¡.

(mayo, 1891), dibujos del natural de D. Nemesio Lagarde, profesor de la Academia.

Alumno de la sección de caballería. - 2. Barraca destinada á trabajos de gabinete. - 3. Vista del reducto ní1mero r. - 4. Cocina. - 5. Vista general del campamento de los Alijares•
donde se ejecutaron las prácticas

jante. Figúrate que á Doña Milagros se le ha metido
Esto ocurrió precisamente á la enamorada pareja, mento fuera á hacer la demanda matrimonial. Adere- en la mollera que para que te llames su yerno neceque en medio de su abstracción y arro?amiento ha· zóse el complaciente D. Torcuato, y luego que hubo sitas que de la noche á la mañana te conquistes un
bíase olvidado por completo de las exigentes leyes escuchado las últimas recomendaciones de su sobri- puesto entre los más aplaudidos autores dramáticos
no, se apresuró á ganar la calle tomando la dirección
de este pícaro mundo.
.
contemporáneos, ó lo que es fo mismo, que escribas
Doña Milagros se encargó de refrescarles la memo· del domicilio de Doña Milagros, cuyas señas le ha- y pongas en escena una obra que obtenga un éxito
bía
dado
Serafín.
Este,
entretanto,
se
dispuso
á
esperia acometiendo á Serafín de la manera que saben hatal, que constituya para ti un timbre d~ gloria y la
cerlo las implacables autócratas del hogar doméstico. rar el regreso de su emisario.
No habían transcurrido apenas dos horas de lasa- base de tu vida en el Parnaso español.
Acorralado en sus últimas trincheras, decidióse
Al oír esta salida, que estaba tan lejos de esperar,
lida
de D. Torcuato, cuando un fuerte campanillazo
nuestro héroe á dar el supremo paso, y al efecto, un
Cazpitilla
se puso densamente pálido.
día presentóse inopinadamente en el ~omicilio de su sacó bruscamente de sus reflexiones al que esperaba.
El caso no era para menos.
Apresuróse
á
abrir,
y
el
físico
sonriente
de
su
tío
tío, y sin contestar apena~ .á las m_ú~hples preguntas
Escribir un drama, una comedia, un sainete, cualle dió á entender, antes de que aquél profiriese palaque éste, extrañando su visita, le h1c1era, exclamó:
quiera
que tenga cierta dosis de osadía lo hace; mas
bra, el buen resultado de sus gestiones.
- ¡Tío, me caso!
luego
entra
la segunda parte, que no es otra que
- Y bien: qué, ¿es cosa resuelta?
Al oír esta frase dió un salto sobre la silla en que
haya empresa que admita la producción y un pú¡
Poco
á
poco!,
respondió
le
D.
Torcuato
al
mismo
estaba sentado, y poniéndose repentinamente de pie
tiempo que limpiaba con un interminable pañuelo blico que la reciba con agrado, condiciones éstas que
repuso en tono semiserio, semicariñoso:
de
hierbas el sudor que abundante corría por su no se encuentran todos los días. Además Serafín no
- ¿Chico, estás loco? ¿Con qu~ cuentas para ello?
podía acordarse sin experimentar escalofríos de La
frente,
y añadió:
Estas y otra multitud de reflexiones que á manera
- No es oro todo lo que reluce, ya juzgarás cuan- risa de Sesostris, estrepitosamente silbada, y de sus
de avalancha profirió el sorprendido pariente, fueron
compañeros víctimas como él de la implacable masa
do
te haya contado el resultado de mi visita.
contestadas con la valentía é impremeditación que
de la opinión pública, y cada vez que se entregaba á
Serafín
comenzó
á
alarmarse
al
oir
tan
vaga
esen tales casos son las notas culminantes del estado
pecie, que parecía augurar algo desagradable, por lo estos recuerdos, le parecían más monstruosas las conde ánimo de quien aspira á crearse una familia.
que
apremió á tu tío para que sin rodeos ni ambages diciones de aquella i;nujer, fanática adoradora de la
- En resumidas cuentas, replicó D. Torcuato (así
literatura.
lo
sacase
pronto de dudas.
llamaremos al tío), ¿deseas que vaya á pedir la mano
Pero como para los enamorados hay también ProEste
comenzó
diciendo:
de Luisa á su madre? ¿No es eso?
videncia, no ~ardó Cazpitilla, cuando la ealma hubo
-Aparte
de
la
buena
acogida
que
me
hizo
Doña
- Efectivamente, contestó el sobrino.
tomado posesión de su turbado cerebro, en adoptar
- ¿Pero no consideras, mentecato, que los cinco Milagros y expuesto que hube el objeto de mi visita, un partido.
mil reales con que cuentas en casa de ?·.Cos.m~ no contestóme que conocía las relacione~ entre su hija
te bastan ni para empezar? ¡Creeme, sigue. m1 e1em- y tú; que no se oponía en modo alguno á vuestra
V
unión, por más que creía un deber de madre previplo, no te cases!
.
Pero Serafín Ca~pitilla estaba lo suficiente enamo- sora y admiradora de las bellas letras, imponer una
EL ÚLTIMO CARTUCHO
rado para no oír consejos y sen.tencias, y s~bre to~o, cláusula al contrato, una condición sin la cual era
ferviente partidario del conocido proverbio contigo inútil que pensaras en unirte á Luisa.
Completamente decidido á jugar el todo por el
- ¿Y esa condición? ...
{Jan y cebolla, estaba decidido á arrost~ar t?das las
todo, se dijo para si: los malos ratos mientras más
Es
tan
original,
que
no
te
habrá
pasado
por
la
caconsecuencias que trae consigo el matnmomo, y por
pronto se pasen mejor, y eligiendo el pupitre de
tanto excitó á su pariente para que sin perder mo• beza que cerebro humano haya fraguado otra seme·.

�VAQUEROS,

cuadro de D. Baldomero Galofre. (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona de 1891.)

ANTES DE LAS REGATAS, dibujo de Percy Tarrant
/

RECUERDOS,

cuadro de D. Dionisio Baixeras, (Premiado en la Exposición general de·Bellas Artes de Barcelona de 1891.)

�57°
casa de D. Cosme como cuartel general de sus el~cubraciones literarias, dió principio á una come?ia
en tres actos, alternando entre cuartilla y cuartilla
los asientos del Mayor.
Engolfado hallábase un día nuestro hombre en las
últimas escenas de su obra, cuando cátate que entra
el amo de los coloniales agitando en su mano un
rollo de papeles y seguido á cierta distancia de un
famélico personaje, cuyo demacrado semblante apenas adivinar dejaba la edad de su dueño.
D. Cosme con la voz balbuciente por la ira y antes que Cazpitilla pudiera dirigirle la menor frase,
exclamó:
- ¡Sr. de Cazpitilla, está usted demás en mi casa;
he aquí á su sucesor! Y al decir ~sto señalab~ ~1 enquencle sujeto, que parecía aspirar con del1C1a las
emanaciones de aquel recipto.
Confuso y aturdido quedó Serafín ~nte aquel bru~co é inesperado exabrupto. ¿Qué delito había cometido para que su principal lo arrojara de aquella manera de su casa?
Sus dudas no tardaron en disiparse, cuando Trompeta, colocando los papeles que traía ante la sorprendida mirada de Serafín, le preguntó con voz tonante:
- ¿Conoce usted estos papeluchos?
- ¡Mis escenas!, exclamó gt&gt;zoso Serafín, arrebatando las cuartillas de manos de D. Cosme.
- Ha tenido usted, añadió éste, el valor de remitirlas á Santander en lugar de una factura de garbanzos. Ya le advertí en otra ocasión que si esto volvía
á suceder saldría usted de aquí. No se puede ser al
mismo tiempo tenedor de libros y poeta.
En vano procuró excusarse nuestro joven; D. Cosme se mostró inexorable con el reincidente, el cual
no tuvo más remedio que dejar el puesto á su sucesor.
Satisfecho en parte por el hallazgo de las perdidas
cuartillas y preocupado por otra con el porvenir que
se le presentaba, salió Cazpitilla del establecimiento,
viendo en todo esto un preludio de las desventuras
que sembrarían el camino que la caprichosa y extravagante manía de su novia le trazara.

LA

NóMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Nueva salida del amigo, que no tarda en volver
con la halagüeña noticia de que el ruido que tanto
le atemorizó es la tormenta del acto segundo..
Narrar una por una las mil sensaciones que aque·
lla noche experimentó nuestro héroe, sería c~s~ _de
nunca acabar· sólo diremos que contra los vaticinios
de los amigo; la obra obtuvo un éxito estra~rdinario,
que á Cazpitilla lo sacaron más muerto que vivo hasta
diez veces al palco escénico, y que Doña Milagros en
su entusiasmo de suegra arrojó á su yerno una corona
que había pertenecido á su difunto esposo, artista de
zarzuela, y que presintiendo el succés llevó recatadamente al teatro.
Después llegaron los mil plácemes, los banq~etes,
los ofrecimientos de empresas, todo ese con1unto
necesario é indispensable del triunfo y á los que
Cazpitilla no pudo sustraerse.
EPILOGO

Cuatro meses después se celebraba la boda de los
dos jóvenes, siendo padrinos el portero mayor, algo
más reconciliado con el séptimo sacramento una vez
que, contempló á su hermosa sqbrina y la romántica
Doña Milagros, que se proclamaba orgullosamente
autora de aquel monumento.
Nuestro hombre labróse un nombre en la literatura dramática, y aquella obra, cuyo a~gumento era la
reproducción fiel de su accidentada vida, tuvo un lugar preferente en su biblioteca.
ALEJANDRO BARBA

NUESTROS GRABADOS
El monumento de La Fontaine, inaugurado
en Auteuil el 26 de julio último: obra de Dum1la-

506

rro ó del bronce. El precioso grupo de ~hiquillos j_uga~do á
salta cal•ril/as, que tantos elogios mereció de los rntehgentes, el de mayor importancia titulado El escánd~lJ y el que reproducimos, representando á un muchacho corriendo y voceando La 1lltima !tora, en busca de compradores, demues_tran el
empeño de este discreto escultor, cuyas ob~as revelan siempre
cualidades y especiales aptitudes p~ra cull!var un arte, q.;e lo
es por excelencia entre los que persiguen la belleza.

•••

NóMERO

506

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND, - ILUSTRACIONES DE EMILIO llAYARD

Prácticas de los alumnos de la Aca~e~a generi¡,l militar de Toledo (mayo, 1891). D1bUJOS del
natural de D. Nemesio Lagarde, profesC?r. de _la
Academia. - A la galantería del Sr. Lagarde, n_1st1_ng111do

(CONTINUACIÓN)

profesor de la Academia de Toledo, debemos los d1huios 911e
reproducimos y que representan varios detalles de las prácticas
que los alumnos ne aquélla verificaron en el campamen!o de
la dehesa de los Alijares. Consistieron éstas en levantam1e~to
de planos, reconocimientos, construcción de obra~ de campana,
establecimiento de Hneas telegráficas, etc.; traba¡os que. llevaron á cabo los alumnos con aplicación, disciplinayent11S1asmo,
y que presenciaron el ministro de la Guerr~ y ~umerosos generales, jefes y oficiales de todas las armas é rnst1tutos.
Del buen resultado de tales prácticas es pr~eba 1~ Real or_den á raíz de las mismas publicada en el piano Ojia~/ d~I J,ft.
11isterio de la Guerra, concebida en termmos encomiásticos y
allamente honrosos para el director, jefes, profesores y alum·
nos de la Academia.
El día 23 se levantó el campamento, emprend~ndose la !11ar•
cha por Almonacid, Villasequilla, Y_epes, Ocana y Aran¡,uez,
donde S. M. la reina regente obsequió con un almuerzo a los
expedicionarios, los cuales regresaron el 31 á Toledo para continuar los interrumpidos estudios.

Souchón prepara su discurso. ¡Calcule usted si esta~án de enhorabuena las genealogías de las dos familias! ¡Ah!, exclamó deteméndose de pronto. ¿Ha comenzado usted ya sus preparativos de marcha?
.
.
Al hacer esta pregunta, la señorita de Sainte-Sev~re fiJaba sus nuradas en el
gabinete de Gilberto donde se veían cofres entreabiertos, llenos de ropas Y de
libros. Después de ;n rato de contemplarlos en .silencio, exclamó con triste
sonrisa:
- ¡Cuánto los envidio! ...
Y diciendo esto se encaminó al sitio donde la esperaba el coche.
- ¡Vamos, buen viaje, señor Maujeán!. .. Tal vez nos volveremos á ver en el
gran mundo.
.
.
.
. .
Y ofrecióle de nuevo la mano, fiJando en él la misma mirada compasiva, pero
Gilberto no quería, no podía comprenderla.
,
_ .
Un momento después vió desaparecer el coche que ~onduc1a á la senor~ta de
Sainte-Severe atestado de las provisiones que habían ido á buscar á la cmdad
para el festín: para el gran banquete de boda del día sig~ien!e. La materialidad
misma de aquellos objetos le convenció de que ya sería mút1l esperar; era for·
zoso adoptar un partido, alejarse de Chatillón,

•
••
Vaqueros. Regreso de la ganadería, cua~o
de D. Baldomero Galofre (premiado en la Expos1c1ón
general de Bellas Artes de Barcelona). - Galofre, aunque pint.or de la que pudiéramos llamar escuela moderna, .Y á mayor
abundamiento determinadamente español, es apasionado de
la realidail, pero embellecida y vigorizada por el arte y el ingenio.
Al igual de tocios los que huyen de la vulgaridad ó de conocidos moldes, ha procurado tener carácter propio, y bus&lt;;andq
en su patria y en cuanto le rodea, vive y se agita el med10_ de
su acci6n, produce admirables cuanros de costumbres y !1pos
nacionales, que vienen á ser por su constante labor y no mte•
rrumpida producción la historia contemporánea pintoresca de
nuestra patria.
A este género pertenece su lienzo Los va,¡ueros. expuesto y
premiado en la Exposición general de Bellas Artes de B8:rce·
lona, y si bien no es la obra más genial de Galofre, contiene
bellezas y detalles muy dignos de elogio.

tre, estatuario; Ducrost, escultor &lt;lec~rador, y Frantz J~ur•
dain, arquitecto. - Después de ocho anos de perseverancia y
esfuerzos el comité que preside M. Sully-Prudhomme ha logrado el;var al inmortal fabulista un monumento dign~ de su
genio. Sobre una columna de bronce de 4 metros y medio des·
cansa el busto de La Fontaine¡ la gloria le corona y á su lado
tiende su vuelo el genio de la sátira. En la cornisa de la coVI
lumna está el cuervo teniendo en su pico el queso que la zorra
astuta codicia; en la éscalinata las dos palomas y el león que
•••
BIEN VENG.\S MAL ...
recuerda las más célebres fábulas; detrás la alondra escondida
Recuerdos, cuadro de D. Dionisio Baixeras
entre los trigos da sabios consejos á sus pequeñuelos..
El conjunto del monumento, al que con _gran acierto ha (premiado en la Exposición general de Bellas Artes de _BarceQuince días después de estos sucesos podía leerse
- Podrá no ser Baixeras representante, como artista, de
en la sección de espectáculos de algunos diarios de dado el arquitecto el estilo de la época de Lm~ XIV, es armo- lona).
nioso y el lugar en que está emplazado poético como pocos. la moderna escuela catalana; pero en cambio todas sus obras, á
la corte el siguiente suelto:
pesar del contagio transpirenaico que en ellas se observa, acu«Esta noche tendrá lugar en el favorecido teatro
san mérito indiscutible y cualidades no comunes,
.
•
••
El cuadro titulado Recuerdos es uno de los que már. honran
de X ... el estreno de una comedia en tres actos, que
Recuerdo de Marruecos., ?uadro de D. Gonzalo á este joven pintor. La composición, la tonali?ad, la hora Y
lleva por título el conocido proverbio Bien vengas Bilbao
(premiado en la Expos1c1?n genera( de Bellas Arl~s )os pormenores todos se hallan perfectamente mter~re!ados.
mal, etc., debido á la bien cortada pluma de un joven de Barcelona). - Digna representación ha _lf:mdo Gonzalo Bil- El grupo de marineros recordando hechos y acont~c1m1ent~s
literato, cuyas obras son muy aplaudidas y celebradas bao, por medio de sus obras, en la Expos1c1ón general _d~ Be- de su azarosa vida, sus trajes en los que las telas tienen ~ahllas Artes de Barcelona. Dos géneros completa!llente d1stmtos dad y las anclas que les sirven _de banco. están re~roduetdos
en el mundo ck la literatura.»
por el asunto y el procedimiento representaban su _gran lienz~ con exactitud. No en balde ha sido escogido este henzo para
El joven y aplaudido escritor era nuestro héroe titulado
La vuelta al liato, que ya hemos dado a conocer a figurar en el naciente Museo municipal de Bella_s Artes, y no
Cazpitilla, que había tenido buen cuidado en prepa- nuestros lectores, y las cinco preciosas tablas en las que el ar- en balde distingue el público inteligente á este ¡oven arllsta,
rar previamente la opinión pública con las preceden- tista reprodujo como resultado de un viaje á Marruecos, tipos que en un periodo de tiempo relativamente 1?reve. ha logrado
y costumbres de aquel pueblo tan digno de estudio flan á sellalados triunfos por su laboriosidad é intehgenc1a.
tes Hneas.
La noche de la función presentaba un animado as- propósito para que el pintor pueda dar muestra de hábil colorista. Torrentes de luz, viveza de tonos, líneas elegantes, por*
pecto el teatro de X ... Veíase en las primeras filas menores delicadísimos y el sello de la variedad obsérvanse en
••
de butacas,_á todos ó casi todos los antiguos compañe- ¡05 cinco preciosos estudios á que nos referimos. Justa esti- Antes de las regatas, dibujo de Percy Taros de penas y fatigas de Serafín, á quienes éste no mamos la recompensa que ha mereci~o el que repr?~ucimos rrant. - El sport náutico puede decirse que ha al~n~do su
y acertada la resolución del Ayunta!11_1ento en adqumrlo con apogeo, pues las regatas constituyen una de las pnnc1~ales y
había olvidado en el reparto de localidades.
más aristocráticas diversiones de toda ciudad ó villa situada
En un palco se encontraban desde muy temprano destino al ya importante Museo mumc1pal de Bellas Artes.
junto al mar ó que posea en sus inmediaciones algún r_lo ó lago
la enorme personalidad de Doña Milagros y su inte·
propio para la navegación de las pequeñas embarcaciones. El
••
resante hija.
arte por otro lado ha venido á darles su sanción aprovechando
Vistas
de
San
Petersburgo.
~l
Almirantazgo,
~e~como tema para elegantes composiciones tan interesante especDoña Milagros no cesaba de charlar con una íntide la capital rusa, es el punto de paruda de las tres prmc1• táculo.
ma amiga que la acompañaba, alzando la voz con el tro
pales vías de San Petersb~rgo, que son: Nevski Prospect, la
De los ejercicios que una tripulación practi~a en su esquife
objeto de que los espectadores que á sus inmedia- Goroiovaya y la Vowesemt:i.
.
ensayándose para las próximas regatas ha tomado asunto Percy
ciones se encontraban supiesen que el autor de la En la primera se encuentra la plaza de Catalma, en donde Tarrant para el be!Hsimo dibujo que reproducimos, y aunque
comedia que aquella noche se estrenaba era nada se alzan entre otros magníficos edificios la Biblioteca pública, el sport, propiamente dicho, figura en éste como elemento seel teatro Alejandra y el palacio Anichkof, residencia del em- cundario, el solo grupo de jóvenes, que ocullas en la enramad.a
menos que el futuro de su hija.
·
perador y en cuyo centro se ostenta el monumento de Catali- contemplan el ensayo, basta para hacer simpática la composiY nuestro protagonista, ¿dónde se encontraba en na II c~nstruído en 1873 según el proyecto de Mikieshin.
ción del notable artista.
aquel momento solemne en que su suerte ibaá deci- Co~tiguo al palacio de Anichkof hay el puente del mism@
nombre sobre el canal Fontanka, en donde se admiran los
dirse?
•
grupos en bronce modelados por el barón Kl~dt von
••
En el último rincón del escenario, en el hueco que Jcuatro
urgensburg, dos de los cuales reproducimos.
formaban un bastidor de selva y un sillón de castillo
Del mismo escultor es la estatua ecuestre del emperador
Barcelona. - Plaza de la Paz, cuadro de don
feudal, alejado del bullicio de la sala y con las de Nicolás que corona el monumento elevado en la plaza de Juan Roig Soler (premiado en la Exposición general de
Caín hallábase el autor esperando la sentencia de su Isaac en el paseo de la Ascensión; este monumento, obra del Bellas Artes de Barcelona). - Ventajosamente conocido por
arquitecto Monferrant, constructor de la iglesia de Isaac, es un sus producciones, goza ya Roig Soler de merecida reputación.
auditorio.
verdadero tour de force , pues el caballo, lanzado al galope, Grato recuerdo conservamos de sus bonitas marinas y de los
A su lado y prestándole los auxilios espirituales, se mantiene en equilibrio sobre los pies traseros sin _ningún numerosos estudios que ha pintado; recuerdo de sus frecuentes
excursiones por los pueblos de nuestro litoral. La playa de
se encontraba uno de esos amigos oficiosos que nun• otro apoyo en el pedestal.
Sitjes y el barrio de pescadores de Villanueva hanle servido
ca faltan en las grandes ocasiones de nuestra vida,
de motivo para producir bellísimos cuadros.
máxime si pueden sacar alguna utilidad.
•••
Su cuadro !'laza de la Paz, adquirido por nuestro AyuntaEmpezó la representación: cada ruido que llegaba ¡Última hora!, estatua en bronce de D. José miento para figurar en el Museo municipal de Bellas Artes, es
á bs asustados oídos de Serafín le parecían otras Oampeny, fundida en los talleres de D. Federico Masriera un acabado y concienzudo estudio, que demuestra las cualiday Compañia (Exposici6n general de Bell~s Artes de Barcelo- des asimilativas del Sr. Roig Soler, as( como la brillantísima
tantas amenazas de muerte.
- La bonita escultura que reproduc1mo~ pertenece á ese gama de su paleta, propia y exclusiva de este artista, cuyas
Su amigo no vacilaba en adelantarse á los prime- na}.
variadlsimo género ne obras que Campeny produce, en las que obras no pueden nunca confundirse por el sello e;pecial que las
ros bastidores y volvía presto con la tranquilizadora se manifiesta su genialidad y buen gusto. De entre sus dedos y distingue.
frase: ¡La cosa marcha, chico! ¡El público ríe! ... La con los palillos,. el barro ~dqui~re f?rma para. convertirse en u~
Martinez está asombrosa en su papel de sonámbula. estudio académico, sentido ó mspuado, ó bien en esas figuridonosas y elegantes, que parece pugnan algunas veces con
JABOtJ REAL
JAOON
Se escucha de nuevo un ruido sordo y Serafín no tas
Único ltu,entor
la materia de que están formadas. Este empeño de Campeny
oETH
R
I
OACE
29,B•desltaliens,Pans
VELOUTI
NE
puede contenerse y exclama:
obsérvase en muchas de sus obras, cual si el escultor tratara
de hacer olvidar por un momento la grosera pesadez del ba· r.icomen11dos por autori~ade~ medicas pm la lllgieno do la Piel 1 8~!Ie11 del Color
- ¡Estoy perdido! ... ¡Patean!

.

IV:IOLETI

57 1

XI

G ilberto abrió presuroso ... Una mujer cayó desfallecida en sus brazos ...

Las noticias de la señorita de Sainte-Severe eran muy exactas: cierto día
anunció que el conde de Bagrassand, rompiendo con sus antiguas costumbres,
consentía en irá establecerse en París, lo cual juzgaba necesario para la instrucción de los niños; y pocos días después, Gilberto supo que se le había inducido á comprar de nuevo el palacio de la calle de Babilonia, cualquiera que
fuese su precio, pues nada era imposible para aquella fortuna enorme que vencía todos los obstáculos. Bastaba que la vizcondesa indicase un deseo para que
se realizara al punto, y todos sus caprichos quedaban satisfechos. Por último,
habíase procedido á la redacción del contrato, en virtud del cual el conde doblaba las anteriores ventajas, cediendo ahora cuatro millones á la vizcondesa
de Cabro!. Ante estas confidencias, Gilberto se sintió agobiado por el sentimiento de su impotencia, bajo el peso de aquella fortuna que aniquilaba sus
últimas esperanzas.
La señorita de Sainte-Severe parecía mostrarse indiferente á tan deslumbradora riqueza y hablaba de los millones con la mayor naturalidad sin manifestar
envidia. No era esta fortuna Jo que ella deseaba, sino el bienestar que permitía
á Gilberto vivir independiente; y sin decírselo á él, dábalo á entender bastante.
Mientras se paseaba con Maujeán en su jardín, elogiando su pequeña casa, dirigía á todos los objetos miradas codiciosas, pronunciando frases entusiastas en
que se revelaba su pensamiento íntimo.
Gilberto vió á la institutriz la víspera misma del día en que debía celebrarse
el casamiento. Había resuelto alejarse, volverá Roma; pero quiso aguardar hasta
lo último, aunque decidido á marchar, no pudiendo resolverse de una vez, como
si aún esperase un imposible.
- Todo está preparado, díjole la señorita de Sainte-Severe; la ceremonia se
celebrará en el castillo de Mareuil, en el gran salón, y la marquesa confía en
poder bajará presenciarla. El alcalde, que es uno de sus colonos, no puede
rehusarle nada, y el notario se ha trasladado á Mareuil para la firma del contrato. Ha ocurrido una cosa que yo no comprendo, y es que el castillo, del cual
se tenía solamente el usufructo, no perteneciendo ya á la familia á causa de
estar sobrecargado de hipotecas á la muerte del vizconde, figura de ¡mevo en el
contrato como donativo de la marquesa ... En fin, volviendo á lo que decía, la
ceremonia se verificará en el salón y en seguida irán á la iglesia ... El sacerdote

La noche comenzaba á cerrar, y Gilberto entró en su casa para hacer los
preparativos de viaje. Apenas tocó la comida, que como de costumbre le habían llevado de la posada inmediata, y empujó hasta un rincón la mesa tal como
estaba servida.
Después paseó de un lado á otro, entregado á sus reflexiones; de vez en cuando dejábase caer en el sofá y volvía á levantarse casi a_l punto, poseído de ~,na
agitación febril que no le permitía el reposo. Y el tiempo pasaba; las bu11as
ludan en sus candelabros con llama vacilante. ¡Qué noche! Parecíale que en
aquellas pocas horas se había concentrado toda su vida de los añ~s transcurridos; y aleccionado por su propia experiencia, imagin?se que al fin i~a. á ~esolver
un enigma, un problema de psicología social, la razon de ser, la legitimidad de
las castas.
¡Ah!¡Cómo defendían su posición aquellos á quienes él había creído tan bien
dispuestos á recibirle en su seno! Y una vez en la ciudadela, ¡cómo re~h~za?an
la escala con el pie, y qué compactos se mantenían, celosos de sus pnvileg1os,
de sus títulos y de esas partículas que ya á nada conducían ...
¡A nada! ¿Era efectivamente así? ... ¿No seda la falta de un nombre con título lo que á pesar de las protestas de Blanca había sido el principal obstáculo
para que ésta le aceptara? No cabía, pues, decir que esto no con_ducí~ á nad~...
Los menos afortunados de esos elegidos, aquellos á quienes su situación_ debiera vendar los ojos, lo comprendían tan bien, que se mostraban los m~ intratables. La condesa de Chalieu, aun siendo tan pobre como era, cons1der~base
muy superior á él, que no parecía existir siquiera para las señoras de Preville y
de Tertre. Por otra parte, ¿no se había separado de su sociedad al no participar
de sus preocupaciones? Es preciso aceptarlo todo del partido á que uno pertenece; pero él hacía sus reservas ... ¡Cómo se habían aprovechado de e~to! ¡Aquellas santas mujeres que le admitieron benévolas como amante de la vizcond~sa,
cuando se creyeron autorizadas á ello por las apariencias, no habían podido
tolerar la idea de que llegase á ser esposo legítimo de Blanca de Cabro!!
Olvidaba, á decir verdad, á la señorita de Sainte Severe, ajena átales supersticiones; pero ésta era una tránsfuga que había desertado de los suyos. De modo que también se contaban excepciones, pues lo mismo podía decirse de la anciana marquesa de la Fonfreyde ... Llegada á cierta edad, prescindía de todas
esas fútiles distinciones; sólo ella era razonable, y por eso la tachaban de !_oca.
Reflexionando así, recordó particularidades en que no se fijara en otro tiempo. En la sociedad en que tan bien se le recibía, tratábasele, á su mo~o de ver,
con cierta cortesía exagerada, dispensándosele consideraciones demasiado at~~tas, jamás solicitadas por él; y esto se hacía sin duda para trazar una lfnea divisoria é impedir la familiaridad. Gilberto pensaba en el conde de Bagrassand,
que á pesar de haberse mostrado tan amigo y tan amable, sieID;pre observó _con
él formas de la más refinada cortesía, tanto que con frecuencia pensó d~cirle:
«¡Cuánto le agradecería, señor conde, que no fuese usted tan atento conmigo! ...
No lo era tanto con Pedro y los otros.»
Pedro de Cabro!, sin embargo, ¿no había sido para él un verdadero amigo,
entusiasta, cariñoso y sin altivez, siempre leal y generoso? ... Esta era otra excepción, que le prohibía englobará todos en la misma censura de insoportable
orgullo.
¿Qué tenían para justificar tal pretensión? ... ¿Sus tradiciones? Estas podían
perderse, pues los que abandonan la familia y caen en la miseria no las conservan ... ¿Su educación, su tono de buena sociedad? ¡Bah! Esto se adquiere, y á
Gilberto le parecía haberlo adquirido. Sin embargo, le rechazaban, á él, su defensor, que pensaba como ellos ...
Así, poco á poco, una sorda cólera invadía su corazón. La sangre de los Maujeán, aquella sangre plebeya y celosa de la igualdad, hervía en sus venas y se
rebelaba. No obstante, á pesar de indignarse contra ellos, no tenía en su interior ninguna censura contta la mujer á quien hubiera debido agobiar con su
cólera. Blanca era la que le abandonaba, la que más cruelmente le había arrojado á la humildad de su cuna, y sin embargo no tenía fuerza para encolerizarse
con ella. Parecíale tan natural que quisiese conservar su categoría en la sociedad, y de tal modo veía en la vizcondesa la expresión y el tipo de aquélla, que
su abandono se convertía en una especie de virtud de estado y en un mérito.

�57 2

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

506

- ¡Dios mío!, exclamó Gilberto. ¿Qué tieHe usted, qué ocurre?
Blanca halló en su dolor fuerzas para sonreirse, é hizo con la
mano una señal indicando á Gilberto que esperase hasta que
pasara aquella debilidad para explicarse.
Entonces, arrodillado delante de ella y fija su ardiente mirada
en aquel rostro que recobraba poco á poco sus colores, comenzó
á meditar cómo era posible que la vizcondesa se hallase allí; que
aquella mujer cuyo casamiento debía efectuarse dentro de pocas
horas, estuviera en su casa, bajo su mismo techo y en sus brazos. Gilberto preguntaba con dulzura, temiendo que hubiese
ocurrido algún drama en Mareuil ó en la Rivoironne, ó que algo
terrible la hubiera obligado á marchar. Blanca sonr~ía, moviendo la cabeza. No, nada de esto había sucedido.
Por fin se incorporó, mirando á su alrededor con curiosidad.
_,
- ¡Ah!, exclamó. ¿Ya tiene usted preparado su equipaje? ¿Decididamente se marcha? ¡Pues bien: haremos el viaje juntos!
Gilberto se puso en pie al oir estas palabras.
- ¡Oh, Blanca, Blanca!, exclamó. ¿Qué dice usted? ¡Marchar
juntos! ... ¿He oído bien? ¿No es la fiebre ó el delirio lo que la
induce á decir eso?
- No, contestó la vizcondesa; no estoy loca .. . Tal vez lo estaba hace un mes, cuando me engañé á mí misma ... ¡Cálmese
usted, siéntese junto á mí y lo sabrá todo!
Hízolo así Gilberto, con el corazón palpitante, y volvió á interrogar á Blanca.
- ¿Ha huído usted, pues, de Mareuil?
- Sí.
- ¿Sola, á pie ... de noche?
- ¡Sola, sí, á pie, de noche! ...
- ¿Y sin decir nada, sin avisará nadie?
- ¡Sin advertirlo á nadie! He querido dar un paso decisivo ...
cortarme la retirada, y ya está hecho ...
Entonces, arrodillado delante de ella y fija su ardiente mirada en aquel rostro que recobraba
Gilberto se arrodilló de nuevo, y cogiendo las manos de la
!poco á poco sus colores ...
condesa, besólas apasionadamente.
- ¡Hable usted, dijo; yo la adoro con locura! ¡Jamás la he amaEl corazón de Maujeán se irritaba contra tal felonía y á cada instante avivábase do tanto como en estos felices momentos!
más su dolorosa llaga; pero todo en vano. Blanca era para él como esos niños
- Ya lo sé, contestó Blanca; estoy segura de ello ... ¿Qué desea usted saber?
irresponsables y con exceso queridos, á quienes no se puede menos de perdo- Vamos á marchar, á poner la frontera entre Mareuil y nosotros. Nos ca~arenar el daño que hacen.
mos en el extranjero.,. ¿No le digo á usted bastante con esto?
Solamente el amor, ese salvaje instinto de la naturaleza, rompía algunas veSu ánimo, fijo en esta resolución, no parecía poder ocuparse de otra cosa;
ces los cuadros de la sociedad escogida de que la vizcondesa formaba parte; todo lo demás tenía poca importancia para ella. Recomendaba á Gilberto la
elevaba á los unos y precipitaba á los otros; pero el amor de Blanca no había calma, y sentíala ella misma, en la exaltación de sus pensamientos, con los nerllegado á este punto y era excusable. Las grandes pasiones no se producen tal vios sobrexcitados.
vez en esas altas esferas, ó por lo menos son raras, considerándose como un
- No se inquiete usted por nada, dijo, pues todo lo he previsto. Mi equipaindicio de innoble cuna, como señal de ordinaria y baja estirpe, en la que re· je estará aquí muy pronto, apenas raye el día, pues ya lo tenía preparado para
aparece la primitiva impetuosidad. La vizcondesa era de una raza escogida, refi- el viaje de boda, y solamente me faltaba cerrar los cofres. También traerán á
nada, algo fría y que no conoce esos arrebatos. Siempre fué para él, á pesar de los niños... Ya comprenderá usted que no podía abandonará Guy y Juana...
su ternura, la vizcondesa de Cabro!; ahora era, ó sería dentro de algunas horas, No careceremos de cosa alguna; yo no necesito nada...
la condesa de Bagrassand. Entretanto, él partiría para volver á la obscuridad,
Y añadió con una sonrisa:
para que nada perturbase, empañara ni disminuyese la felicidad de que iba á
- Los millones del conde me han infundido temor...
disfrutar, la brillante restauración que el conde le preparaba.
Poco á poco, la vizcondesa se tranquilizaba, expresábase con más calma, y
Y cuando pensaba en ellos, representándoselos cogidos del brazo, horribles consintió en dar las explicaciones que se le pedían.
visiones cruzaban por su mente y parecíale que el aguijón de los celos le des- ¿No comprende usted, dijo, lo que ha pasado en mí? Hasta el último insgarraba el corazón. ¡Sin embargo, si él hubiese querido! ... De repente se levan- tante vacilé. luché ... y vacilaba aún cuando le vi á usted en la «estación del
tó y comenzó á dar vueltas por su habitación con ademanes furiosos.
descanso.» Todas las razones, las malas razones quP. le dí á usted, me habían
¡Sí, si él hubiese querido, si no la hubiera respetado aquel día en su aposen- convencido al fin ... ¡Me opuso usted tan pocas objeciones!... Y los días pasa·
to, cuando perdían la razón! ... Habría quedado unida con él para siempre, sin ban, y yo dejé que las cosas siguieran su curso... Pero hoy, esta tarde, esta
posibilidad de remediar lo hecho ... ¡Para siempre! ¿Quién sabe? ... Tal vez ten• noche, cuando vi que todo había concluído... que todo estaba dispuesto ... el
dría sobre este punto los mismos escrúpulos que la señora de Chalieu y las salón arreglado para la ceremonia de mañana... no sé lo que sentí... Acababa
otras; tal vez considerándole suficiente como amante, no le habría creído, ni
aun después de su falta, bastante elevado para ser su esposo.
En medio de estas reflexiones, extrañas ideas se agolpaban á su pensamiento, ideas novelescas de una imaginación infantil, que no podía rechazar y que
se complacía en seguir ingenuamente, dejándolas desarrollarse como para buscar consuelo á su desgracia. Parecíale ver á Blanca al día siguiente en el salón
de Mareuil, frente al señor alcalde, cuando éste hiciera la pregunta sacramental: &lt;&lt;¿Consiente usted en tomar por esposo ... ?» Veíala levantarse pálida, resuelta y contestar con un enérgico «¡no!» Seguíase á esta escena profundo silencio
y el asombro de los convidados, que se miraban entre sí... O bien por la noche
en su habitación, cuando el conde se arrodillara.ante ella, decirle con tono re-~ -,
suelto: «No se acerque usted á mí, caballero, ó de lo contrario me daré muerte ... » Y blandía un puñal, ó un frasquito de veneno ... ¡En fin, locuras!
l
Muchas horas hacía que Gilberto se entregaba á estos pensamientos; el reloj
señalaba las dos; las bujías de los candelabros estaban medio consumidas, y á
su alrededor, en aquella casa deshabitada y en aquel camino desierto, reinaba
un silencio profundo, la tranquilidad de las cosas que dormitan. Al mirar por
la ventana, creyó al pronto que comenzaba á rayar el día, pero eran los rayos
de la luna que blanqueaban en aquel instante los macizos de árboles del jardín.
Sintiéndose rendido de fatiga, volvió á sentarse en el canapé, en demanda de
descanso.
f
¿Se había dormido? De improviso, en medio de aquel triste silencio, la puerta del jardín, que él no cerraba nunca, abrióse bruscamente, y en seguida se oyó
com_o el paso rápido de una persona que cruzase los caminales. ¿Quién venía?
1:,a idea de una desgracia cruzó por su mente; pero en el mismo instante expe~ment_ó una alegría inmensa, en la cual no podía creer, y que era como la contmuac1ón de sus sueños novelescos de antes. Corrió al vestíbulo y pudo oír entonces un ligero ruido, como el que produce una mano que busca á tientas la
campanilla ó la aldaba de la puerta.
Giiberto abrió presuroso ... Una mujer cayó desfallecida en sus brazos, dejando escapar sollozos que ahogaban su voz.
- ¡B!anca!, exclamó ... ¿Es posible? ¿Es usted realmente?
La Vizcondesa no podía contestar; su cabeza se inclinaba tan pronto á un
lado como á otro, porque perdía el conocimiento. Gilberto la sostuvo en sus
"': -~-.. brazos, condújola al canapé, y allf permaneció la vizcondesa inmóvil, con la
' .. , .......
.cabeza echada hacia atrás sobre el respaldo, con los ojos medio cerrados y muy
pálida.
... y en su consecuencia, introdujo una carta por debajo de la puerta.

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ijÚMERO

506

... y sirvió él mismo

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

á Blanc:t, que devor6, sonriendo, cuanto le ponla delante

~e en!rar en mi habitación, hallábame sola, no me había acostado, y en aquel
silencio profundo comencé á pensar ... ¡Sí, á pensar en usted, á quien iba á perder para siempre!... ¡Ah! ¡Con qué fuerza estaba arraigado en mí este amor que
nos enlaza! ¡Cómo se infiltraba en mi corazón por todas las fibras! Jamás le dije
á usted nada; mas ahora le confieso que ya en París le sentí nacer... su marcha
me lo descubrió todo: que usted me amaba y que yo estaba dispuesta á corresponderle... Después ... aquí, cuando fué preciso volver á Mareuil en mis horas
de ocio, aún pensaba en usted y acabé por no pensar en otra co~a... ¡Al fin vol~ á ver!~! ... Entonces pude conocerle mejor, apreciar bien hasta qué punto se
d1ferenc1aba de otros y comprender el carácter de usted que me domina por
el talento, y que en la larga intimidad de un año me ha revelado usted todo un
mundo para m! hasta entonces desconocido. ¡Yo, que le amo y admiro, iba á
perderle para siempre y en muy pocas horas!... A medida que el tiempo pasaba
invadíame un terror invencible y llegué á temer al conde. Veíale entrar al día
sigu!ente en Mareuil y después en mi aposento... parecía que las paredes del
castillo, desplomándose sobre mí, me sofocaban, y pensé que mientras sintiera
su peso no tendría valor para contestar con un no... No temía ya la pobreza
para mí ni para mis hijos. ¡Pobres digo!... No lo serán, gracias á la marquesa,
que ha rehecho nuestra fortuna. La propiedad de Mareuil nos ha sido restituida libre de toda carga, y por lo tanto sin molestar á nadie podía seguir mi inclinación, vivir con usted de la manera que yo he soñado... Al pensar esto, quise
acabar de una vez, huir de allí al punto, correr en busca de usted... Si hubiese
esperado la aurora, seguramente no habría partido... habría sido cobarde... y por
eso emprendí la fuga.
- Pero ¿por qué prodigio ha podido usted salir de allí?
- Verdaderamente se puede llamar prodigio, pues cuando salí de mi habitación era tarde, muy tarde... En medio de la fiebre que me abrasaba, conservé
sin embargo bastante lucidez de espíritu para pensar en todos los detalles y
hallábame poseída de cierta exaltación. No me era posible dar orden para que
enganchasen, ni tampoco llevarme los niños que estaban acostados, pues la señorita de Sainte-Severe dormía en el aposento inmediato y no quería confiarle
mis proyectos; pero podía servirme sin conocerlos...
Blanca entró aquí en algunos detalles para explicar á Gilberto lo que había
imaginado á fin de que Guy y Juana pudieran reunirse con ella. Tenía costumbre de no despertar á la señorita ele Sainte-Severe después de retirarse ésta á
su habitación y de comunicarle sus órdenes por escrito, y en su consecuencia
introdujo una carta por debajo de la puerta. En pocas palabras rogaba á la institutriz que apenas amaneciera enviara ?U equipaje á la estación de Chatillón,
dando orden para que el coche se detuviera delante de la casa de Gilberto, para
un encargo que le había confiado. Añadíale que todo esto había sido convenido
ya con el conde para facilitar la marcha al día siguiente, y recomendábale también que con el coche fueran Guy y Blanca, distracción que les agra baba mucho
y de la cual no sé atrevería á privarles la institutriz. Los cofres estaban en el
vestíbulo y se los llevarían sin entrar en su cuarto, donde nadie penetraba mientras Blanca no llamase. Cuando la señorita de Sainte-Severe marchase con los
niños, creería que la vizcondesa no estaba levantada aún.
- Dispuesto así todo, continuó Blanca, me encaminé á obscuras hacia la escalera grande, atravesando los corredores, y llegué al pórtico... En el patio, los
perros gruñeron, pero calláronse al reconocerme... La verja estaba cerrada y me
fué preciso dar la vuelta al castillo y atravesar el jardín... Recordé que en un
sitio la cerca se había derrumbado en parte y al fin lo encontré ... No hubo más
remedio que arrastrarme sobre la hierba y mi vestido se desgarró entre los matorrales en el momento de salir fuera. Una vez en el camino, emprendí la marcha apresuradamente... ¡Ah! ¡Qué largo me pareció este camino que había reco~
rrido con tanta frecuencia! Se me figuraba oir rumor de pasos que me perseguían, ver personas apostadas en cada matorral, y cuando al fin divisé las luces
de la ciudad y reconocí la puerta de la casa de usted, consideréme feliz, libre,

573

salvada; pero entonces me estremecí al pénsar que tal vez se habría
marchado ya... Y al verle, s.obrecogióme el desfallecimiento. Ahora es
preciso huir, y esto cuanto antes... No quiero ver más al conde...
- Pero, repuso Gilberto, cuando noten la ausencia de usted, creerán
que ha ocurrido alguna desgracia, y la marquesa ...
- Ya he pensado en ello y por eso he dejado una esquelita sobre mi
velador... ¡No hay cuidado; no me guardará rencor por eso! En mi carta
le suplico que me excuse con el conde y ella· sabrá arreglarlo todo.
Además le prometo que apenas sea posible volveremos á reunirnos con
ella...
- ¿Y ha hecho usted todo eso por mí?, preguntó Gilberto.
Y arrodillado aún ante Blanca, comenzó á besar de nuevo sus manos;
mientras ella, cogiendo su cabeza en el impulso de su pasión, apoyóla
sobre su seno; Gilberto levantó un poco la frente y sus labios se tocaron y unieron.
¡Bien podía ahora oprimir contra su corazón, estrechar y acariciar á
la mujer tan ardientemente deseada desde hacía tanto tiempo! El amor
que Blanca acababa de confesar, más grande de lo que él podía haber
soñado, centuplicaba su propia ternura. En aquel momento sentíase
capaz de hacerla olvidar cuanto abandonaba por él, los millones, el
título y su sociedad, y así se lo decía. Blanca le había comunicado su
ardimiento;_ aceptaba la idea de aquella fuga, semejante á un rapto, y
hallábase dispuesto á seguirla. Seducíala sobre todo aquella calaverada,
aquel capricho de mujer, que defraudando todas las esperanzas del
conde en el último instante, cuando todo estaba preparado para su
casamiento, huía á pie, de noche, sin llevarse nada. Y contemplaba las
manchas que la hierba había dejado en su vestido, los rasguños que las
espinas habían inferido en sus manos delicadas al cruzar la cerca...
¡~!anca, la vizcondesa de Cabro!, había sufrido todo esto para irá decule que le amaba, que no amaba á nadie sino á él y que iban á marchar juntos para casarse!... ¡Al fin sería su esposo!
Los dos seguían ~brazados, poseídos de la misma embriaguez, dejando volar su pensamiento en esos mil sueños de sensaciones felices de
que en breve podrían disfrutar. Seguros de una felicidad á que ya tocaban y que solamente de ellos dependía, ni aun pensaron en la solicitación de sus sentidos, que por su misma embriaguez sumíales en un
letargo delicioso y enervante que aniquilaba la energía de sus almas.
Con las manos convulsivamente cogidas, permanecían silenciosos, contemplando á través de los vidrios la pálida luz de la aurora naciente
que les llevaba la felicidad.
'
Muy pronto penetró en la habitación la luz alegre del día, y hubiérase dicho
que con las últimas sombras desvanecíanse la pesadilla, las malas inteligencias
que durante tan largo tiempo les tuvieron separados; sus esperanzas juveniles
despertábanse con los tenues albores matutinos y la alegría dilataba sus corazones.
- Los niños no pueden tardar... dijo Blanca.
Y fué á mirar por la ventana. Después, para distraer su impaciencia1 comenzó
á pasear por la habitación, cruzando entre los cofres y muebles y hablando sin
ilación sobre las últimas medidas que se debían adoptar para el viaje... Al fin
se detuvo ante la mesa aún servida y contemplóla sonriendo.
- ¡Qué vergüenza, exclamó, debo confesar que tengo hambre! ... No he comido nada en todo el día de ayer...
Gilberto adelantó una silla presuroso y sirvió él mismo á Blanca, que devoró,
sonriendo, cuanto le ponía delante. No dejaba de ser curioso aquel apetito en
medio de las Zf&gt;zobras que debían inquietarla.
Cuando hubo concluido, volvió á pasearse por la estancia con paso febril,
dirigiéndose á menudo á la ventana para escuchar los más leves rumores y muy
pronto dió señales de impaciencia. Gilberto se esforzó para tranquilizarla, pero
él mismo estaba inquieto. De repente oyóse el ruido de un carruaje; los dos se
precipitaron hacia la puerta y divisaron el landó de la marquesa; mas llegados
al camino, solamente vieron en él á la señorita de Sainte-Severe, que acababa
de apearse.
- ¿Y Guy y Juana? ... preguntó Blanca.
- Se han quedado en el castillo; el conde de Bagrassand no ha permitido
que vengan.
- ¡El conde de Bagrassand! ¿Con qué derecho?
- ¡Dios mío, señora, se ha de tener en cuenta que es su tutor y que tiene
alguna autoridad sobre ellos!... En tales condiciones, he creído de mi deber
obedecerle.
(Continuará)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

574

NúMERO

506

ejemplo, entre los pequeños hornos alimentados por . La fig. 2 representa la instal_aci6n de un alto horlas corrientes de aire naturales y á veces por fuelles no para carb6n vegetal del siglo pasado. Aquí se
de cuero, y estos grandes hornos de la industria mo- trata ya de una metalurgia más complicada que la
EL HERRERO EN 1791
derna cuya altura excede en algunos de 15 metros, de la fragua catalana, pues este ho_rno da un producNuestra época ha presenciado en el transcurso de que están provistos de sopladores potentes y de ap~- to intermediario, el hierro fundido que, refinado
los últimos cincuenta años una serie de transforma- ratos regeneradores de calor y que pueden producir luego, se transformará en hierro soldado. La elevaciones que han afectado profundamente á las grandes diariamente de 2 á 300 toneladas de metal, sobrepu- ci6n del alto horno no excede de 5 metros Y las majando de esta suerte en un día lo que los terias depositadas en el nivel sµperior s?n a_rrojadas
antiguos hornos producían en muchos al cañ6n á fuerza de brazos: en la parte mfenor se ve
años.
el agujero por donde salen las esc~rias. Este horno
La transformaci6n es tan completa, recibe el viento por dos fuelles movidos por una ruegue con ser casi contemporáneos nues- da hidráulica, y las aletas puestas en el· árbol de la
tros aquellos procedimientos, se nos pre- misma comprimen alternativamente. los dos fuelles
sentan hoy ya como una evocaci6n de poniendo en tensi6n dos perchas flexibles que forman
tiempos remotos y apenas podemos con- resortes los cuales, al cesar la acci6n de la aleta, se
vencernos de que nuestros antepasados alzan a:rastrando los referidos fuelles. Los galápagos
hayan podido contentarse con ellos s6lo fundidos así obtenidos, que son enviados después á
algunas generaciones antes de nosotros. la fragua para su refinaci6n, se pesan en la ingeniosa
Pero sea de ello lo que fuere, esa com- báscula que se ve en el centro del grabado.
paraci6n de procedimientos de fabricaComo espécimen de las industrias_ anexas á l_a heci6n de lá metalurgia á un siglo de dis- rrería reproducimos en la fig. 3 la vista de la mstatancia presenta un interés excepcional. laci6n de un tren de fundici6n del siglo último: en
Un distinguido ingeniero francés, M. Ha- ella aparecen los dos laminadores movidos ~or e~llopeau, hizo de este asunto, cuando la granajes de madera regidos por dos rued~s h1dráuhúltima Exposici6n universal de París, te- cas. El hierro, adelgazado á mano, se calienta en el
ma para una conferencia notable y jus- horno que se ve á la izquierda y empiez~ por p~sar
tamente aplaudida. Esta conferencia, en por entre los dos cilindros planos del pnmer lammala que compar6 la situación, el material dor de donde sale en forma de plancha, y pasa al
y los procedimientos del her ro en 1789 se~ndo, cuyos cilindros provistos de puntas salientes
y en 1889, acaba de ver la
Fig. J. Instalación de una fragua catalana
luz acompañada de grabados altamente curiosos que
industrias. Los procedimientos de fabricaci6n, hasta el autor ha reproducido tomándolos de
entonces poco menos que estacionarios, han sufrido los tratados de metalurgia del siglo pasauna modificaci6n completa cuando á ellos se han do, especialmente de la obra del maraplicado los datos resultantes de los recientes descu- qués de Courtivron y de M. Bouchu, edibrimientos científicos y de los progresos de toda es- tada en 1768 con el título de Arte de
pecie de que éstos han sido punto de partida. El ma- forja, y de los estudios sobre el arte de
terial empleado se ha transformado también rápida- fabricar el hierro publicados en 177 5 por
mente cuando la industria ha podido disponer de Mauricio Grignon, sabio herrero de la
máquinas poderosas muy superiores á las anterior- Champaña. Creemos que interesará á
mente conocidas y capaces de ejecutar á menudo de nuestros lectores la reproducción de _a)una manera automática labores delicadas y de gran gunos de esos grabados que les perm1t1precisi6n que parecían exclusivamente reservadas á _rán hacer por sf mismos esa sorprendenla mano del hombre.
te comparaci6n sobre la transformación
Esta transformaci6n, casi súbita y sin embargo tan capital que las herramientas de herrería
importante, que imprime á nuestra época su carácter han sufrido en el transcurso de un siglo.
especial es sensible sobre todo en las grandes indusLa fig. 1 representa la instalación de
trias primordiales, como la agricultura y la metalurgia, conjunto de una fragua catalana: á la decuyos materiales y procedimientos habíanse conser· recha se ve el martinete que servía para
vado casi sin alteración alguna al través de los siglos. forjar la masa de hierro sin colar que se
extraía del bajo hogar: este
Fig. 3. Instalación antigua de fundición
martinete funcionaba movido por una rueda hidráulica
cuyo eje llevaba unas aletas que alterna- lo cortan longitudinalmente en trozos que un obrer?
tivamente levantaban y dejaban caer el va colocando en la pared. Para evitar que los la_m1martillo, apoyando sobre el brazo opuesto nadores se calienten dirígese hacia éstos una comende la palanca, En el centro se ve el ho~ar te continua de agua.
La fig. 4 representa la instalación del hogar d,espropiamente dicho, cuya casa post~nor
montable
de los herreros ambulantes que recoman
estaba formada por un pequeño tabique
las
poblaciones
rurales para reparar los yun9ues: en
que protegía el fuelle, constituido por un
ella
se
ve
la
fragua
con los dos fuelles protegidos por
aparato de los más primitivos! llamado
el
pequeño
muro.
Estos
fuelles, que no tenían menos
trompa, cuya invenci6n, realizada en
de
7
pies
de
longitud
por
2 y medio de anchura, eran
Italia no remonta más allá de 1650: era
una ;specie de cubo colocado boca_aba- movidos á falta de fuerza hidráulica, por cuatro homjo, al que se hacía llegar una. comente bres qu; los aplastaban con los pies apoyándose almixta de aire y de agua conducida por un ternativamente en uno y otro, recobrando aquéllos
tubo hueco formado generalmente por su posición normal merced á la reacción de perchas
un simple tronco de árbol con unos agu- flexibles. Cuando el hierro del yunque que había que
jeritos en su corteza, por los cual~s se reparar estaba caliente, esos mismos _hombres aban·
atraía el aire arrastrado por la comente donaban sus puestos y acudían á batir la masa con
de agua tomada de un arroyo vecino. El sus martillos, después de lo cual e_l yunque era suaire se acumulaba en el depósito inferior mergido en un depósito de agua fna para de este mo·
y desembocaba en el bajo
Fig. 2. Alto horno antiguo· para carbón vegetal
hogar por dos conductos
llamados toberas. Con tan
El arado de los romanos, aratrum, en cierto sencilla instalación sabido es que se obmodo asociado á la historia de este pueblo agrícola tenía el hierro directamente, sin pasar
y guerrero, la hoz y el mayal que encontramos tam- por el intermediario la fundici6n, pero
bién en las leyendas y ceremonias religiosas de la era á costa de un trabajo largo y dispenmayoría de los pueblos, casi todos los útiles de agri- dioso en el que se consumía un peso de
cultura, en una palabra, han llegado á nosotros tales combustible más de tres veces mayor
como nuestros remotos antepasados los conocieran que del hierro obtenido. Como los proy sólo en nuestros días el antiguo arado se transfor- ductos así preparados eran por regla gema para dar paso á instrumentos de tipo distinto neral de calidad superior, ha podido conque, por decirlo así, no tienen de común con él otra servarse este procedimiento hasta nuescosa que el nombre. Del mismo modo la hoz se va tros días en los países montañosos, como
perfeccionando hasta llegar á la máquina segadora los Pirineos, para el tratamiento de los
que, si es preciso, se encarga de atar en gavillas las minerales muy puros que en ellos se encañas y las espigas que su cuchilla derriba; el mayal, cuentran; pero poco á poco estos hornos
por su parte, cede su puesto á las trilladoras mecáni- se han ido extinguiendo y hoy difícilcas de diversos tipos, movidas por caballos ó por el mente se encontraría uno en Francia.
va por y de una potencia infinitamente superior á la En efecto, M. Hallopeau participa que
la última herrería de este género estable;de aquél.
Los mismos cambios encontramos en la metalur- cida en los Pirineos y que visitó en 188.z
Fig. 4. Hogar desmontable de herreros ambulantes
gia, pues no cabe establecer una comparaci6n, por ha sido recientemente ceri:ada.
SECCIÓN CIENTÍFICA

NúMERO

506

575 .

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

do endurecer prontamente el poste que lo sostenía y
que era de acero.
El estado rudimentario de las herramientas de he .
rrería en el siglo pasado demuestra cuál era la rutina
de los procedimientos empleados, y la obra de M. Grignon antes citada prueba, en efecto, el atraso en que se
encontraban, así la teoría como la práctica. En esta
obra, el autor, después de explicar c6mo ha hecho el
estudio de los procedimientos metalúrgicos, expone
las investigaciones por él realizadas para encontrar la
razón de las diversas operaciones metalúrgicas que
en la misma describe; sin embargo, M. Grignon no

pudo comprender las reacciones químicas, pues no
tenía noción del oxígeno y de la importancia capital
de las pesadas que algunos años después (1778) debía revelar Lavoisier.
Merece también recordarse el trabajo de Vandermonde, Monge y Bartholet sobre la fabricación del
acero, publicado en 1793 por orden del comité de
Salud pública: en él se consignan los principios exactos en que tal fabricación se funda, pero en cambio
contiene nociones químicas erróneas por lo que á la
fundición se refiere.
Los problemas de la constituci6n de los fundidos,

de los hierros y de los aceros eran, por lo demás, de
difícil estudio, porque los análisis se hacen en proporciones de materias infinitesimales; no siendo, pues,
de extrañar que á pesar de los trabajos de los más
renombrados químicos de nuestro siglo, no aparezcan,
aun hoy en día, completamente dilucidados en todos
los casos. Sin embargo, la ingeniosa teoría celular
debida á los señores Osmond y Werth, desarrollada
por el primero de una manera tan notable, parece
llamada á arrojar nueva luz sobre la constituci6n fn.
tima de estos cuerpos.
(De La Nat11re)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin,
núni. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad, de los Sres. Calvet y C.•, Diputación, 358, Barcelona

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-La coja: lfr. 30.

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Personn 111• conocen las

Curación segura .,

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PILDORASt~DEHAUT

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la COREA, delHISTEBICO
1:: CONVULSIONES, del NERYOSISMO,
da la Agitacion nenlou de las lugeru
en el momento

CARNE y QUINA

de laMenstruacion yde

ll Allmento mu reparador, unido al Tónico mas ener¡ico.

VINO ARDUO cou QUINA

LA

T CON TODO!I LOS PBfflCJPIOS mmunvos SOLUBLBS DB u CARNE
Qllll'H I son los elementos que entran en la eoml)(lslclon de este llOtente
reparador de las tuerzas vitales, de este roniDHa&amp;e por eaeeieneia. De un gusto suCl.la.'IE 1

GRAJEAs°" llELINEAU
0

En todas las Farmacias

.,,. J.IOUSNIER1C ',11Sceau1,urulahrl1

mamente agradable, es t10berano contra la J.nemta y el J.pocamtento, en las Calentura,
y Conoalaencias1_contra las Diarreas y las J.feccwnes del Bstoma(lo y los tntesttno,
Cuando se tm.a de despertar el apeUt.o, asegurar las digestiones, reparar las tucl'%8ll,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,oC&amp;d&amp;s por los calores, no se conoce nada superior al l'ln• de 9uiaa de Arouca.
Rqr ffl4.I/Of'. en Parb, en casa de J. FERRt, Farmacculico, 10!, roe Riclielieu, Saceaor daAROUD
SB VBNDK KN TODAS LAS PlUNClP..u.BS IIOTICAS.

EPILEPSIA
,,,j

,

DE PARIS

no ti_tubean en purgarse, cuando lo

nec~sitan. No temen el asco ni el cauBancio, porque, contra lo que sucede con
I~s demas purgantes, este no obra bien
sino c_uando se toma con buenos alimentos
Y bebidas fortificantes, cual el vino, el caf¡j,
el té. Cada cua~ escoge, para purgarse, la
hora Y la comida iue mas le convienen,
seuun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado porel efecto dela
buena alimentacion empleada uno
se decide fáeilmente á volvér
4 empe.ar cuantas veces
sea necesario.

JARABE ANTIFLOGÍSTICO ·oE BRIANT
l••

.,,....,.,..,,.., CALLB DB BrJ'OLE. 150, PA.BE8, 1f .,. toaae
.lfannac,_
El ~ABE DE B.RIANTrecomendauo &lt;1esde su prlnclplQ, por los profesoree
~e11nec, Thénard, Ouersant, etc.; ha reclbl&lt;lo la consagracfon &lt;1el tiempo: en el
ano i829 obtuvo el privilegio &lt;le Invención. VERDADERO COIIFITE PECTORAL, con base

•

.EXIJASE 11~ºtt;: 1 AROUD

&lt;le goma l &lt;1§ ababol.es, convtene•. sobre to&lt;lo a las personaa '18Uca&lt;las como
mUjeres l nlnos. su gusto excelente no perJu&lt;llca en mo&lt;lo alguno á su i.ncacla
conLra 108 R!SFRUDOS l tO&lt;las las IIFLll~CIOUS del PECHO "/ &lt;le !OS IITESTJJOS.

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se emplea en el estado agudo¡ lu P:U.DO:R.AS,en e/ estado crónl
Porlayor: F. COMAR, 28, rue Saint-Claude, PARIS
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del Hierro, estas Plldoras se emplean
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Tísis y la Debilidad de temperamento,
asi como en todos los casos(Pálidos colores, P..111-~
Amenorrea, &amp;.•).._en los cuales es necesario
· Soberano remedio para rápida curaobrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, o ya para cion de las Afecciones del pecho,
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¡\

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�LA

576

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

506

BARCELONA. - PLAZA DE LA PAZ, cuadro de D. Juan Roigy Soler. (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona, 1891,)

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
ZARAGOZA ARTÍSTICA, MONUMENTAL É HISTÓRICA, por
A y P. Gascón de Color. - Hemos recibido los cuadernos 30,
31, 32 y 33 de esta interesante publicaci6n, que contienen,
además del notable texto, ocho bellísimas láminas, entre ellas
varias fototipias, que representan: el patio de la antigua casa
de Torrellas, hoy derruido; un detalle de laceria á rabe del

castillo de la Aljaferla; una ventana de la calle de Boggiero;
una vista de la iglesia de San Miguel de los Navarros; varios
capiteles árabes :le! castillo de la Aljaferia (de la notable co•
lección del Museo provincial de Zaragoza!; un facsímile de
una página del códice número 47 de la notable colección de
D. Pablo Gil y Gil, de Zaragoza (copia del siglo xv1 de la
era cristiana); un detalle interior de la Mezquita, Palacio de la
Aljaferla y la torre de la iglesia de San Juno y San Pedro.
Con el cuaderno 30 termina el primer tomo, para cuya encuadernación se han confeccionado unas elegantes tapas que

~

Enfermedadesd,,Pecho

SOCIED•o
d1 Fo1111ato

•!N•dllla

Jarabe Pectoral

d1fro.
PREMIO
de 3000 r,

DE

P. LAMOUROUX

ºª'ª"º

e,xatmtco, las Bronqutlú, Catarro,, Reuma,, To1, a.,ma é trrltacton de la garganla, han
(B:11tr'"lo ul Fol'lllulam MUieo IUI S" Bo11dGr'41 uttdrdlieo u la Faelllla&lt;I u Medicina (!6- Wewn).
Venta por mayor: COMA!\ T e-, !8, caue de Sl-Claude, PARIS

E! Jarabe de Pierre Lamo"roiu e,
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de la, túanas, á
la, cuales comunica m gusto agra•
do.ble y sus propitdade, calmante,.

Se rende en tod11 /a, buen11 farmaolu.

de H. AUBEAGIEA
• coa %.A.O'l"C'0.AlmTK (Jugo lechoao de Lechuga)

e Una completa 1nnocu1dad, una encacla perfectamente comprobada en el
irangeado al JARA15E y PASTA de AUBERGIER una Inmensa fama, »

Ante,, Farma~ut/co

lep61ito General: 45, Calle ,anmlen, 45, ,ms

JARABE Y PASTA ~~m~:t:

Ap , "hados por la Academia de Mediohla de Paria é inaertada. en la Co.lecci6n
Oficial de Fórmula• Legal•• por decreto mill.iecerial de 1 O de .Marso de 1864,

•s, Calle Vauvtlllen, J'ar11.

(8-11 dt lol Hotpltales)

se ofrecen á los suscriptores de esta obra al precio de 3 pesetas.
El primer tomo completo, que forma un volumen de 220
páginas con 6o láminas sueltas y varios grabados intercalados
en el texto, se vende al precio de 33 pesetas en rústica y 35
encuadernado.
El precio de suscripci6n de esta obra es el de una peseta el
cuaderno, y los pedidos, asl de suscripciones como del tomo
completo, pueden hacerse directamente á los autores propietarios, Contamina, 21, 3.°, Zaragoza, y en Barcelona en la Ji•
brerla de D. Arturo Sim6n, Rambla de Canaletas, 5,

DEPÓSITO EN LAS PIIINCIPALES BOTICAS

Querido enfermo. -F/ese Vd. A mi larga experiencia,
y haga uso de nuestros GRANOS de SALUD, pueJ e/101

le curarán de su const1pacion, le darán apetito le
devolverán el sueño y la alegria. - As/ nvirá Vd.
muchos años, disfrutando siempre de una buena salud.

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento maa fo•te WIÍdo a los 'rówcoa mu reparadores.

VINO FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOS LOS PIUNCIPIOS KUTB.ITIVOS DB U CARNE
c,.a.an, mEaae y ,IJU.U Diez años de extto continuado y las a11rmae1one1 de
todas las emlnenC111 médícas preuball que esLa asociacJon de la Clame, el Hierro y la
constituye el reparador mas encrgico que se conoce para curar : la Clord1ú, la
Anemia, las Jlensl~ dolorosas, el Jlmpobi'ectmtmto y la .Alterac1an de la Sangre,
el Raquttttnw, las .Afeccwna e.cro{Ulolas Y eicor/lulfcal, etc. El l'iu• FerractnoH de
&amp;roud es en erecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos,
regulariza; coordena y aumenta considerablemente las fuerzas ó lnCunde a la aan¡re
empobrecida y descolorida : el Ywor, la Colm'aclOft 1 la Bnet'gta 1!fttü.
Por 111avor, en Paril, en casa de J. FERRt, Farmueutico, Hl!, rue Richelieu, Sucesor de AROUD,

•ai-

SB VBNDB BN TOD4S L4S PIIINC1P4LBS BOTICllS

EXIJASE e1i:º~'!' AROUD

Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito pol'
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolorea
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.

JA.R.A.BE

a1Brom.uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es P.l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades •del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de -~•-Vito, insomnios, convulsiones y toa de los nillos durante la denUc1on; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

!, roe des Lions-St-Panl, aParís.

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriaa

destruye basta lu RAICES el VELLO del l'Ollro de las •amas (Barbl, Blrote, etc.), ala
o.iagun pell¡ro para el cuU,. 50 Año• de Íl:lr:lto, y millarea de le1U11onio1 praatilu la eftuda
eata preparacion. (Se .ende en oaju, ~ la barba, J en 1/2 oaju pan el bicott licero). f'an
IOI MUOI, •pluel l!JLJJ'UMM, D"O'BBJIJK, l,rueJ.•J ••J\0111Hau,Parta.

DUSSER
PATE EPILATOIRE________________________________
__________________
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Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria

h:1r. og MoNTANn v S1Mól(

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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