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Ftí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 14 DE SEPTIEMBRE DE 1891

NÚM.

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

ROSA MÍSTICA, cuadro de D. José María Tamburini. (Premiado en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.)

507

�LA
SUMARIO
Texto .- ilf11r111uracio11es ettropeas, por E milio Castelar. Narraciones: Velo y sudario, por Juan B. E nseñat. - La
Opo1·/1111idad, pc,r Agustín Gonzálex Ruano. - Bocetos: El
Ave del Paraíso, por Juan O. Neille. -Nuestros grabados. Viúondesa (conclusión). Novela original por León Barracand, con ilustraciones de Emilio Bayard y grabado de Huyot. - S ECCIÓN CI ENTÍFI CA : La fotografía infta11tá11ea: COII·
diciones que debe remiir im hum aparato sin pie.

Grabados. - Rosa Mlstira,

cuadro de D. José Maria Tam·
burini (Premiado en la Exposición gral. de B. A. de Barcelona) . - Zaragoza: El dios de las aguas, cuadro de D. Joaquín
Palla rés (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - Remerdos de Ripoll, fotografías instantaneas facilitadas por D. A. Atmetller. - Titfritero ára/1e,
cuadro de Francisco Eisenhut. - Lavanderas en et río Guadaira, cuadro de D. Juan Garcla Ramos (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - At ain lil&gt;re, cuadro de
D. Ramón Casas (Exposición general de Bellas Artes de
Barcelona). - Beldades /ondonenses ( de fotografías de A.
Bassano, reproducidas en la revista inglesa Black a11d

White ). - Apara/o de fotograffa i m tantánea de los sellores
Londe y Desso11deix. · Aluertra de una fotograf {a obtenida
i:on el aparato de Londe y Desso11deix. - Campo de amapolas,
cuadro de D. Antonio Fabrés (Exposición general de Bellas
Artes de Barcelona).

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTELAR

Congreso internacionalista de trabajadores en Bruselas. - Empeños vanos. - Utopías constantes. - Pelea entre los diputados de las diversas naciones. - Imposibilidad de la solidaridad de intereses y de la igualdad de salarios. - La realidad
y el sofisma. - Progresos inevitables. - Conclusión.

I
Uno de los fenómenos más curiosos que pueden
hoy estudiarse con mayor provecho, es la reunión de
trabajadores, periódicamente congregada en diversas
ciudades, para discutir asuntos relativos á la organización del trabajo, en las cuales reuniones pláñense,
con verdadero fundamento, de sus dolores, y formu•
Jan, con mayor ó menor acierto, los consuelos á estos
dolores aplieables por las legislaciones futuras, aquellos que llevan la mayor y más pesada carga en todas las sociedades, el trabajo manual diario, y perciben por toda retribución y premio un mísero jornal.
Yo los estudio y los compadezco. Ellos creen, sin embargo, que, por llamarnos individualistas los enemigos del sistema social suyo, no llegan hasta nuestros
corazones las quejas de los que trabajan y sufren, ó
no embargan el entendimiento nuestro los remedios
á buscar para tantos males, engañándose así con ver•
dadero engaño. Los que una parte considerable de
nuestra vida pasamos en el empeño de acabar con la
esclavitud de los negros, y no tuvimos punto de re•
poso hasta conseguirlo, difícilmente habíamos de mi·
rar con indiferencia los restos de servidumbre deja•
dos sobre la espalda de nuestros hermanos blancos
por un trabajo casi forzoso y un salario casi miserable. Hace pocos días, paseándome yo por los maravillosos muelles y viendo el increíble laberinto de
canales que á orillas del Escalda ostenta la ciudad
mercantil por excelencia de Bélgica, la grande Am•
beres, topé con una familia, madre y tres hijos, echada en busca de trapos y otros desechos semejantes
sobre unos restos de hulla, como pudieran echarse
perros vagabundos y sin dueño sobre mondados y
fríos huesos. Aquel afán de hallar algo con cuyo precario auxilio sostener una existencia, peor cien veces
que la muerte misma, en residuos de residuos, me
dió terrible puñalada de dolor en el pecho y me tra•
jo las lágrimas á los ojos, pasando ante mi vista conturbada los dolores de todos, con especialidad aquellos más penetrantes en el corazón de uno: los dolores de las madres. Un rápido examen de conciencia
bastó á decirme que yo había hecho en la vida, dentro del radio de mi posibilidad y con mis escasas fa.
cultades, todo cuanto había podido por las clases
pobres. Pero no puede uno reformar primeramente
la naturalez3: fundamental humana, cuyas condiciones en modo alguno dependen de la voluntad individual y colectiva, sino del universo entero, de sus
leyes eternas; y no puede uno tampoco, ni aun aquello á primera vista más facil, alterar todo cuanto en
las instituciones políticas responde á las contingencias y limitaciones de nuestro ser, acompañadas por
la sombra siempre de un mal necesario. Una ciencia
médica que se propusiera extirpar la muerte caería
por su base, y á toda ciencia social que se proponga
extirpar en absoluto la miseria le sucederá lo mismo;
falta de fundamentos reales, se disipará en sueños y
en utopias. ¡Cuántas desgracias, en crueldad mayores
que la pobreza, van en la sangre y se reciben del na•
cimiento por herencia, sin que tengan remedio posi•

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ble aquí en la tierra! ¡Cuántos heredan con una corona una tisis! ¡Cuántos pasan la vida en el dolor
porque la pasaron sus abuelos en el placer! «Nuestros
padres, dice la Biblia, comieron agraces, y nosotros
tuvimos dentera.» Disminuir el mal es cosa de suyo
facilísima; extirpar el mal es cosa de suyo imposible.
Pues á extirpar el mal tiran los comunistas, y empe·
ñados en esta empresa utópica marran siempre, y
únicamente consiguen la perturbación social en vez
del mejoramiento progresivo. Y por extirpar el mal
extirpan muchos bienes también, como el Estado,
como la propiedad, y, parece imposible, como las libertades modernas, asemejándcse así á quien, para
quitar una mortífera peste, quitara el aire atmosférico. Cuanto más reflexionamos acerca del socialismo
lo entendemos menos. Y sugiéreme tales pensam,en•
tos un Congreso internacional de trabajadores que ha
coincidido con mi estancia en Bruselas y ocupado
con sus sesiones la prensa europea durante dos con•
secutivas semanas, Inútil ocultarlo: en este Congreso,
como en todos los Congresos comunistas, hase ten•
dido por sus individuos al colectivismo, la palabra en
sentir mío más comprensiva del nuevo partido social.
Pasan los tiempos y permanecen las ideas. Aquello
mismo propuesto por los demagogos y por algunos
patricios pérfidos al pueblo rey para perder la causa
de los Gracos y aniquilar á éstos, hoy se reproduce
por los colectivistas y su aliado natural, el pesimismo
reaccionario, para perder la causa de nuestra demo•
cracia y de nuestra libertad en Europa. Ya se hable
de la posesión en común del suelo considerado como
un instrumento de trabajo y propuesto para la co·
lectividad como el aire y como el agua, ó ya de na•
cionalizar la tierra se hable, no queda en el substra•
tum último de tales aspiraciones otro principio más
que un principio comunista. Y lo dije mil veces, y
lo repito ahora: el comunismo queda siempre á nues·
tras espaldas en el montón de inútiles y tristísimas
escorias dejadas por la humanidad sobre lo pasado,
y no puede servir al humano progreso de manera
ninguna. Todo cuanto la civilización moderna en roa•
teria legislativa por el trabajador hiciera: la caja de
retiros en Alemania, los sindicatos oficiales en Fran•
cia, los seguros burocráticos en Inglaterra, no sólo
perturban las leyes económicas, oponiéndose á su
natural espontaneidad, aumentan los tributos al Estado del trabajador y mantienen ó agravan su de•
pendencia del Estado. En otro tiempo el socialismo
callaba esta mácula con profundo silencio; mas hoy
la expone y la exhibe con verdadero escándalo. Uno
de los primeros votos emitidos por los representan·
tes del partido socialista de Bruselas quita la ¡másca•
ra con que solía encubrirse la doctrina, y declara
necesitar, para el tránsito de un Estado individualista
puro, al puro Estado colectivista de los Estados modernos. Pero los Estados modernos podrían y deberían responderles que, mientras reduzcan su ministe·
río á mantener el derecho de cada uno y á practicar
por delegaciones parlamentarias el gobierno de to·
dos, podrán Estados modernos llamarse con razón;
pero que si necesitan ·proveerá todo, como en los
antiguos tiempos, que regulaban por medio de res·
criptos reales desde los trajes hasta las comidas, tendrán qne apoderarse de todos cual se apoderaban los
antiguos Imperios asiáticos. Las horas de trabajo gubernativamente señaladas, los productos por igual
repartidos, la diversidad varia de aptitudes concluída,
la emulación y la concurrencia completamente anuladas, el suelo en común y en común todos los ins•
trumentos con todos los artefactos y todos los me•
dios de la humana industria, lógicamente generarán
una sociedad comunista, como las mil veces encon•
tradas en la historia universal de todos los tiempos,
sociedad que se coronará y se dirigirá por Estados y
gobiernos completamente despóticos. Da el mismo
rancho á todos los soldados y con igual uniforme los
viste, fuerza de .suyo tan poco espontánea y liberal
como la disciplina sancionada por las penas más horribles, sin las cuales no podría existir colectividad
tan restricta como el ejército, pues de todo se necesita para impeler un individuo libre á la vida en común. Querer ejército sin obediencia pasiva y sin pena
de muerte continua, es como pedir cotufas en el gol·
fo. Pedir el comunismo sin un Estado fuerte, sin una
ley represixa, sin una discipliga severa, sin el sacrifi•
cio de todo lo espontáneo é individual á todo lo co·
mún y colectivo, es pedir lo imposible; pues para
matar en el individuo la individualidad, para someterlo al paso de los demás iudividuos, para concluir
en él sus espontaneidades nativas, para contrastar la
vocación propia y obligarle á la práctica de principio tan imposible de suyo en el mundo como la
igualdad completa de retribuciones y premios á la
desigualdad completa de aptitudes naturales, necesí•
tase un gobierno tan contrario á la naturaleza como
el despotismo.

NúMERO

507

NúMERO

507

579

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

II
El fundamento indudable de mis reflexiones hanlo
puesto ellos mismos en evidencia, muy contra su vo•
]untad y deseo. Así, cuando los anarquistas han apa•
recido en su seno demandando participación en la
ruina de principios como el principio de propiedad
y de individualidad por medio de la negación y de la
carencia de todo gobierno, indignados los socialistas
ortodoxos hanlos cogido bonitamente ,del brazo y
puéstolos en la calle, sin experimenta¡; escrúpulo de
ningún género al pedir el auxilio de los agentes del
gobierno á una obra t:.n burguesa como la proscrip•
ción del enemigo y del extraño. Y se han asustado,
al proceder así, de ellos mismos, proscribiendo las
consecuencias últimas de sus teorías y expulsando su
izquierda, como cualquier otro partido, en prueba de
que nada puede fundarse, ni hacerse, no ya contra
las leyes de la: sociedad, olvidándolas en algún senti•
do, pues llegan á rebelarse y á imponerse, por una
serie de fenómenos incostrastélbles, á los mismos que
las niegan y que las desconocen. Así, no pueden extrañarse que huya la sociedad moderna de ellos como
huyen ellos de los anarquistas, sombras de sus cuerpos. Mas no sólo acaban de mostrar en esto 1~ s?j~ción á códigos por sus teorías negados; el pnnc1p10
de su nacionalidad y hasta el principio religioso han
surgido en secta de creencias tan· humanitarias y universales, como la secta, que acabaría de un golpe con
todas las naciones, focos de particularismo, raíces de
la odiada individualidad. Por ejemplo, los oradores
franceses, los oradores belgas, los oradores suizos,
dueños de absoluta libertad, han proclamado el procedimiento revolucionario y dicho que no podrían
jamás las clases inferiores destruir la sociedad burguesa contemporánea sin aplicar á sus cimientos la
dinamita de una revolución. Y en seguida los oradores alemanes han opuesto á esa declaración dos re•
flexiones de igual importancia: primera, que todo
cuanto han ellos conseguido lo consiguieron por las
evoluciones; y segunda, que no podrían volver á ~u
patria si proclamaban cosa tan opuesta y contradictoria con sus leyes como la revolución. Y no para en
esto la imposición soberana del principio de variedad
al colectivismo unificador: hay otras revelaciones no
menos claras, y otras imposiciones no menos imperio•
sas de la naturaleza universal. Un francés, amigo de
no;edades por temperamento, y cansado de su régimen parlamentario, un poco excesivo, declara, en
guisa de los pedantes de nuestra prensa ó de los
Boulangeres en canuto de nuestras Cortes, guerra
cruel al parlamentarismo; y salen los germanos de
estampía diciéndoles que Alemania se muere y expi•
ra por falta de Parlamento. Y lo sucedido con el
principio de las nacionalidades también sucede c~n
el principio religioso. Algunos trabajadores ~uy cnstianos atribuyen al judío, acaparador del capital contemporáneo, todos los males anejos al trabajo, así
como todas las prerrogativas y privilegios congénitos
á la riqueza, y en medio de una sociedad tan progre•
siva como un Congreso del socialismo contemporáneo, intenta encender las ideas y las pasiones anti•
semitas. Y hete aquí el principio religios9 aparecien•
do como un fantasma ebtre aquellos materialistas
sistemáticos. Y precisa decirle al comunero incons•
ciente que la humanidad caería de nuevo en la bar•
barie si los pueblos cultos renegasen del principio
entre los principios humanos, de la libertad religiosa.
Y aún hubieran podido añadir los hombres de sentí•
do común algo más aún hubieran podido añadir que
la riqueza excesiva de los j~díos_ se debe á_ un.a .causa
muy rara, es decir, á una v1olac1ón del pnnc1p10 de
justicia derivada de la intolerancia religiosa. Como
les prohiben poseer bienes muebles, hállanse obliga•
dos á la indispensable adquisición de bienes inmuebles; y como los bienes inmuebles, bien manejad~s,
reportan más y rinden mayores intereses que los bte•
nes muebles, de aquí la riqueza judía. Y no paran en
esto las imposiciones de la realidad al sectario abstraído por completo de todo cuanto le rodea. Un ?e•
cho de mayor enseñanza é ilustraci_ón ha sobrevemdo
y pasado. Los ingleses, gente de suyo experta por esa
larguísima educación parlamentaria y liberal, tan de•
nostada por sus congéneres de Francia tn el Congreso, invitaron á éstos, con toda sencillez y candor, nada
menos que á una visita, verdaderamente reveladora
de haberse concluído las supersticiones patrióticas
entre los trabajadores socialistas: á la visita, muy usa•
da en los viajes por Flandes y Brabante, á la visita
del campo de Waterloo. El ejemplo no podía estar
mejor escogido, y el caso no podía ser más curioso.
En el Congreso tronaban los restos de la Comunidad
parisién. Esta comunidad, durante los meses infer•
nales de sú gobierno revolucionario, decretó y cum- '
plió la demolición de un monumento como la colum•

ZARAGOZA. - E L DIOS DE LAS AGUAS,

na Vendome, á lo·s triunfos napolepnicos erigida por
Francia. Consecuentes con aquella demostración de
cosmopolitismo y con aquel rasgo de horror á las
glorias nacionales, debían ir los comuneros franceses,
en buena lógica y en justa observancia de sus prin•
cipios, á celebrar sobre un campo de batalla nefasto
á Francia la rota de Napoleón y de los franceses.
Con ejemplo ninguno como con este revelador ejem•
plo podrían demostrar la muerte del patriotismo tan
excomulgado por la secta y el reinado de los principios colectivistas. Dada la insania de sus tempera•
mentos y la demencia de sus espíritus, un hecho con•
corde con la demolición de su columna era la celebración por franceses en pleno Waterloo de su pro•
pia derrota. ¿Creéis, sin embargo, que fueron? Pues
no fueron, rindiendo á la patria historia este natural
homenaje, aunque antipatriotas, y demostrando con
aquel acto cómo el sofisma, pensado arbitrariamente
por una inteligencia devariada, se deshace y se des•
vanece de suyo en la realidad y en la vida. Si los
franceses del Congreso hubieran estado en compañía
de los vencedores á celebrar la derrota de sus pa•
dres allí vencidos, nunca osaran presentarse ante los
.
mismos correligionarios suyos, que niegan la patna
y consideran como una superstición de antaño .la
primer virtud política, ~l patriotismo, Escupís al c1e•
lo, y os mancháis la cara, Negáis el arte, negáis la
ciencia, negáis la religión y la patria; pero en seguida,
tras estas negaciones, el corazón traiciona la intelige~cia, desmiente vuestra teoría la vida toda, y concluis
por cumplir con vuestros actos, demostrando su poder as!, aquéllo mismo que negáis con vue.stras teoría~. No, como ningún francés cosmopolita puede
asistir, á pesar de su cosmopolitismo, á _Waterloo ~n
son de regocijo por la victoria de los mgleses, nmguno puede renunciar á Metz y Estras burgo por com
placencias con sus correligionarios alemanes, Y será
la humanidad todo lo demente que quieran estos
humanitarios, los cuales, so pretexto de servirla, no
hacen más que abandonarla: Waterloo, Sedán, Alsa•
cia, Lorena, predominarán en. la especie nuestra, lo
mismo entre capitalistas que entre j?rnaleros, so~re
las horas de jornada y sobre los céntimos de salano;
como que por la patria, por esa entidad ideal, dan
de grado todos sus hijos la vida, creyendo un presen•
te del cielo y un don divino la muerte por ella en los
desfiladeros de las Termópilas, en los campos de
Platea en los t scombros de Zaragoza, Así, por más
que lo~ alemanes y los franceses han qu~rido co_nfra•
ternizar en este concilio de Ja revolución social, y
sobreponerse á )os sendos odios dispertados por los

cuadro de D. Joaquín Pallarés. {Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

mutuos combates recientes, otra les quedaba dentro,
que alguna vez, contra su voluntad y grado, subía de
rondón á los labios y estallaba en quejas, tanto más
hondas cuanto menos premeditadas y queridas,

III
Pero no solamente saltaban divisiones entre los
individuos de nacionalidades opuestas, saltaban entre
los individuos de una misma nación, cosa grave para
quien mantiene la solidaridad de los jornaleros y la
uniformidad de los jornales desde Madrid hasta Mos•
cou. Los franceses nunca pudieron ponerse de acuerdo para votar unánimes en todos los asuntos. Disen•
tían hasta en lo fundamental con frecuencia, y votaban unos contra otros. Respecto de los alemanes ¡ah!
no hay que hablar. Tres corifeos tenían en el Congre•
so: Bebe!, Singer, Liebknecht, y cada cual tira por su
lado bajo apariencias engañosas de fraternal concor•
dia. Liebknecht resulta en el fondo uno de aquellos
pensadores alemanes que se pasa la vida mirándose
la conciencia, como los goghis indios se pasan la vida
mirandose el ombligo. Pensador, idealista, filósofo,
cree, como toda la gente de su oficio y complexión,
en el poder de las ideas, ·y no se impacienta gran cosa
por un triunfo que deben traer tarde ó temprano los
hechos y los principios en su doble pero armonioso
y congruente curso. Todo lo que es racional es real.
Muy al revés Bebe!. La contemplación le aburre.
Esas meditaciones en lo interior é íntimo parécenle
á él ataxias ó paralizaciones de la voluntad. Querer
y pelear: he ahí su divisa. Con tan contradictorios
temperamentos, las mismas ideas llegan á contrade·
cirse por necesidad en la vida, siquier aparezcan ideo•
tificadas en las inteligencias. Colectivistas los dos, el
colectivismo de uno tomará el azul celeste de sumís•
tica paciencia, mientras el colectivismo del otro los
furores de su interno ardor, diferenciándose ambos
entre sí más que si profesaran dos opuestas y contradictorias doctrinas. Como hay amigos en todas
partes, no ha faltado quien me haya dicho que se detestan á muerte, y que allá en las conversaciones pri·
vadas se imputan las derrotas del socialismo alemán
uno á otro como uno y otro se arrogan las victorias.
Pero tienen un mediador plástico que los reconcilia
entre sí, mal del grado de los dos, tienen á Singer.
¿Y quién es el tal Singer? De seguro no habéis leído
nunca su nombre que traspasa con dificultad la línea
del Rhin. Y sin embargo, bien podéis creerlo, la
hip~stasis que hace una persona de la trinidad comunera germánica. Los dos pensadores jefes del movi•

miento socialista no se mantendrían en paz un mi·
nuto sin la intervención perdurable de Singer, que los
recompone y rehace así que se descomponen y se
desavienen ellos. ¿Quién es tan omnipotente sujeto?
preguntará el curioso lector. Pues nada menos que
un capitalista. Como el pensamiento de Bebe! es indecible, como la grande actividad de Liebknecht es
incontrastable, ¡oh! hanme dicho los interesados en
la secta, conocedores de sus intimidades y secretos,
que por su parte y á su vez el bolsillo de Singer es
inagotable. Y he aquí por cuál serie de contradicciones patentes y escandalosas el capital se impone
á los que se hallan juramentados para desarraigarlo
del planeta. Pues aún ha sido más curioso lo que ha
pasado con los ingleses. Asistentes á un Congreso de
socialistas, no ha querido la mayor parte cargar con
un apellido muy odioso al individualismo sajón. Así,
han propuesto y obtenido que le diferenciaran los
representantes en obreros pqros y obreros socialistas.
Diputados al Congreso por las asociaciones más formidables y más poderosas de trabajadores que hay
en el mundo, hanse reído mucho de tanta y tanta
superstición como embarga la voluntad y la inteligencia de los jornaleros continentales. Ellos, idos allí
para mantener un dogma como la solidaridad obrera,
se han hecho una piña, sí, para combatir á todos.
Acostumbradísimos al sol de la libertad ¡cuánto no
han reído en su ciencia práctica y en su experiencia
consumada del antisemitismo apuntado por éstos,
del odio al Parlamento sentido por aquéllos, de la
revolución sistemática predicada por todos! Pero lo
que muy especialmente les ha extrañado en su liberalismo tradicional ha sido esa elevación á dogma de
principio tan contradictorio con sus hábitos·ly con
sus ideas como la intervención indispensable del Estado en las cuestiones de los jornaleros. Principio
esencial éste de la escuela germánica, su realización
trae aparejado un cesarismo colosal. Sólo un césar,
disponiendo de todos, puede alimentar á todos, En
el fondo, esa intervención del Estado en aquello que
más de su jurisdicción debía exentarse, resucita el
gobierno-Dios, y pide un césar, como Dios infalible,
todopoderoso y omnisciente. Pero ¿á qué pararnos
en tantas contradicciones? El socialismo internacional demuestra que ni olvida ni aprende. Contra to•
das las lecciones de la historia y contra todos los
dictados de la razón, proclama una especie de unidad
jornalera semejante á la que intentaron, y no pudie•
ron cumplir, Alejandro, César, Carlomagno, Carlos V
y Napoleón. Desconociendo la naturaleza humana,
decreta igual tiempo de trabajo á todas las activida•

�LA

580
des é igual suma de retribuciones á todas las aptitudes. Después de haber expulsado al anarquista del
Congreso y maldecídole con toda suerte de anatemas,
proclama como doctrina corriente .y aceptada el nihilismo, puesto que le consagra un hurra en el discurso
de clausura. Niveladas las naciones, niveladas la aptitudes, niveladas las horas de trabajo, nivelados los
salarios, únicamente le quedaba por nivelar los sexos.
Y también los ha nivelado. Igualdad política y civil
de las mujeres con los hombres: han dicho. Y preguntó yo: ¿por qué no también la igualdad natural?
Y proclamada la igualdad natural hay que hacer un
reglamento á fin de que puedan afeitarse las mujeres,
y tener la gracia y hermosura de éstas los hombres.
Cuanto más el socialismo se desarrolla más se manifiesta como una secta estrafalaria parecida por com
pleto á las que han llenado de sinrazones las páginas
gloriosas del desenvolvimiento intelectual humano.
Pero en medio de sus delirios no deja de ofrecer
alguna ventaja. La primera es que la libertad se
halla entre nosotros de tal modo fuerte y arraigadísima, que á nadie se le ocurre limitar el derecho al
disparate de los socialistas, y todo el mundo cree sus
amenazas á la propiedad tan fútiles como si amenazasen al sol y al océano. La segunda es que, poco á
poco, á pesar de sus exageraciones en la conducta y
de sus utopías en la ideaJ van haciendo penetrar los
socialistas en la vida un afecto instintivo al régimen
de trabajo contradictorio en todo con el régimen de
guerra y de combate. La tercera es que la legislación
y los legisladores miran más por el pobre y por el
desvalido que miraban en otro tiempo. Así cumplimos las metamorfosis del progreso. Cual los detritus
y los estiércoles puestos al pie del árbol se truecan,
por absorciones de las raíces y de las cortezas, en gomas, en mieles, en perfumes, en flores, en frutas, el
error puesto al pie de las sociedades humanas, como
nunca puede ser absoluto y siempre ha de llevar sus
correspondientes partículas de ideas verdaderas, se
transforma por el espíritu colectivo en continuos progresos. Dicho cuanto ha pasado en esta quincena
de más importancia, despídese de vosotros · hasta la
próxima.

NARRACIONES
VELO Y SUDARIO

En las interminables veladas de invierno, cuando
los colonos de la granja se han puesto bien con Dios
y con su estómago, mediante rosario y cena, se agrupan en torno del hogar y suelen poner á contribución
la facundia de algún viejo narrador de cuentos. Todos escuchan con la boca abierta y siguen el hilo del
relato con muda atención, que no logran distraer los
chisporroteos de la llama ni el crujir del cáñamo
que alguna mano setentona hace pasar de la rueca
al huso.
En una de estas reuniones oí contar no hace mucho la verídica historia que hoy traslado á mis lectores. Si algo pierde de su interés, cúlpese á mi pluma,
cuyo pretencioso estilo distará mucho de valer la sabrosa sencillez de la primitiva forma. Entonces conmovió profundamente á los labriegos que la escucharon
al amor de la lumbre. Ahora, á buen seguro, no será
indiferente á todos los que la lean; porque si hay escépticos para quienes el amor es, cuando más, una
ilusión pasajera, indigna de ser tomada en serio, no
faltan almas sensibles, que vibran de emoción al encontrar algo que despierte en ellas el recuerdo de los
amores juveniles.

Vivía en cierto cortijo una joven cuyo nombre se
armonizaba admirablemente con la frescura y belleza
de su persona.
¿Habéis visto alguna vez, en ensueños, uno de
esos seres angelicales que los poetas hacen vagar por
etéreos espacios tachonados de diamantes? ¿Habéis
imaginado alguno de esos genios propicios que la
fantasía adorna con flotantes vestiduras de gasa azul
y con alas de oro respjandecientes de luz? ¿Habéis
admirado, en algún museo de pinturas, esas delicadas
y poéticas creaciones de Greuse, que son el tipo ideal
de los ángeles de la tierra, ó esas rubias vírgenes con
que la escuela italiana del Renacimiento representa á
la mujer celeste?
·
Sólo así podréis formaros una idea aproximada de
aquella adorable joven que tuvo Rosa por nombre y
en presencia de la cual se detenía la gente, admirada
de que tanta perfección cupiese en humana criatura.
Más que mujer, parecía una ondina, de esas que,
en los cuentos de hadas, aparecen en las riberas de

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

los lagos, destrenzando con peine de oro su flotante
caballera á los plateados rayos de la luna.
En los salones de la ciudad, Rosa hubiera transformado el juicio á los hombres. Sus pretendientes y
adoradores hubieran formado una legión. Pero en el
campo, en aquella aldea, perdida en el fondo de un
bosque de seculares encinas, nadie se atrevía á decla•
rarle los sentimientos que inspiraba. Era demasiado
bonita y primorosa para que los zagales del lugar
esperasen obtener jamás tan preciado tesoro.
Sin embargo, encontró un día á un mancebo que
osó requerirla de amores.
Ella contaba entonces diez y seis primave,ras: hermosa edad en que el corazón rebosa de ardorosos
sentimientos y el alma se entrega ciegamente, sin reflexión ni cautela.
Como crisálida que por primera vez siente el ansia
de volar y tiende aturdida sus alas al espacio desconocido, Rosa, sorprendida por el instintivo deseo de
amar que despertó de pronto en su ser, entregó locamente su alma al primer hombre que, imán viviente,
la atrajo con una mirada de amor.
Y no fué ningún príncipe de arrogante figura, como
los héroes de los cuentos maravillosos que á su vez
oyera referir en las veladas del cortijo. No le conoció
en ninguno de esos magníficos torneos en que bizarros paladines arriesgaban la vida por su Dios y por
su dama. Los tiempos han cambiado por completo
en el transcurso de los siglos, y de aquellas heroicas
proezas no quedan ya vestigios en nuestros afeminados días.
Fué en un baile campestre, entre dos contradanzas,
cuando Antonio, hijo del albéitar, declaró su amor
á Rosa y supo que era correspondido. Aquella declaración ¿fué ó no sincera? Sábelo Dios. Yo no me
atrevería á asegurarlo. Lo cierto es que el amor propio del joven aldeano quedó altamente satisfecho
con la conquista de la muchacha más bonita de la comarca, y esto le bastó para persua&amp;irse de que la quería de veras.
Desde entonces Rosa no pensó más que en Antonio, ni vivió más que para él. Sólo era feliz cuando
él pasaba la velada en la granja; cuando iba cou él
los domingos, por la mañana á misa y por la tarde á
paseo; cuando en los días que repicaban gordo la
hacía brillar como reina de la fiesta.
Pero quedó una vez más probado cuán efímeras
son las dichas de este mundo.
Pocos meses después de haber comenzado aquel
idilio, Antonio entró en quintas.
El día del sorteo, Rosa le esperaba con impaciencia á una legua de su casa.
- ¿Qué número?, le preguntó temblando, al verle
llegar mohíno.
- El tres, contestó él, procurando disimular su mal
humor.
-¿Soldado?
- Por cinco años nada más.
- ¡Cinco años!. .. ¡Ah! ¡Dios mío!
- Vamos, no tiembles. Si es mi destiho, ¿qué le
hemos de hacer?
- Pero ¡tanto tiempo!...
- ¡Bah! Cinco años se pasan pronto. Sin darte cuenta me verás volver y entonces nos casaremos. Nuestra
felicidad será mayor después de haberla deseado
todo el tiempo que dure nuestra separación.
- Te esperaré contando los días.
- ¿No me olvidarás?
.
- ¿Olvidarte yo? ¡Ay, Antonio! Tuyos serán mis
pensamientos, y mi corazón y mi alma serán tuyos
hasta la muerte. ¿Y tú?...
- ¿No te lo he dicho mil veces? ¿Puedo yo amar
nunca á otra mujer que tú?
La cándida joven creyólo así y esperó resignada.

***
¡Cuán lentamente fueron pasando para Rosa los
días, los meses y los años!
Antonio, que servía en la infantería de marina,
había sido destinado á Cuba, donde la vida de los
sentidos, á que se entregó sin freno, gasta pronto y
enerva, como en todos los países tropicales.
Al principio escribió con bastante regularidad á la
que él llamaba su ángel custodio. Mas luego se emancipó de aquella espiritual tutela, y dejando en fáciles
aventuras sus juveniles ilusiones, se fueron borrando
en su corazón hasta las huellas de su amor primero.
Sus cartas se hicieron cada vez menos frecuentes,
y acabó por no contestar á las de Rosa.
La pobrecita se lamentaba, procurando convencerse de que la culpa de aquellos retrasos en la correspondencia la tenía la administración de correos.
También se decía á veces que el pobre soldado podía estar enfermo, y más de una vez soñó que Je veía
tendido en el campo de batalla, sin que sus cuidados

NúMERO

507

pudiesen devolverle la vida que por ancha herida
se le escapaba en borbotones de sangre. ¡Qué angustias tan inmensas! ¡qué pesadillas tan horribles las
suyas!
Y mientras tanto, como la creían desligada de su
antiguo compromiso, los pretendientes que hasta entonces habían disimulado sus aspiraciones, las fueron
declarando á porfía.
- Agradezco el favor, pero quiero permanecer soltera, contestaba Rosa invariablemente á todos ellos.
Para expresar del todo su pensamiento, hubiera
debido añadir Jo que ya no se atrevía á manifestar;
esto es, que su mano y su corazón pertenecían al ausente.
En una hoja de un calendario americano, incluida
por Antonio en una de sus primeras cartas, R osa se
había aprendido de memoria la siguiente balada, con
que hubiera querido contestar á cada uno de sus pretendientes:
I
- Pastora, linda pastora,
tu desdén dobla mi afán.
Doyte este collar de perlas.
Hermosa, ¿qué quieres más?
- Guarde para alguna dama
esa joya el buen galán,
que mi amor tiene más precio.
Caballero, vaya en paz.

II
-Doyte espléndido palacio
y una corte en que brillar
como reina de hermosura.
Pastora, ¿qué quieres más?
- Guarde faustos y riquezas
para quien las quiera usar ,
que mi amor tiene más precio.
Caballero, vaya en paz.

IGLESIA DE SAN PEDRO.

FACHADA DEL MONASTER IO DE SANTA MARIA

(Salida de misa de once.)

III
- Pues que tu pecho no ablandan
dones de esta calidad,
doyte mi mano de esposo.
Pastora, ¿qué quieres más?
- ¡Ay! mi amor, por solo precio
tiene el amor de un zagal
que partió para la guerra.
- Pues que Dios os una en paz.

Llegó un día en que el albéitar anunció á sus vecinos que su hijo iba á volver con licencia absoluta.
La noticia llegó en seguida á conocimiento de Rosa.
- ¡Ahl exclamó ésta; por fin sabré en qué ha consistido tan largo silencio.
Un mes después, llegó Antonio á la aldea. Pero
¡ay! dos ó tres veces pasó por delante de la casa de
Rosa sin entrar ni detenerse. La infeliz no se atrevió
á salir del cortijo.
- El domingo próximo e~ la fiesta del pueblo. Antonio no faltará. Iré yo también y sabré si me ama
todavía.
Llegó el domingo, y Rosa fué del brazo de su madre al baile del pueblo vecino. Aún no había llegado
Antonio, Los jóvenes fueron, uno tras otro, á invitarla á bailar.
- Gracias, les decía; estoy muy cansada y no bailaré hasta más tarde.
Por fin apareció Antonio acompañando á la hija
del notario. El corazón de Rosa estuvo á punto de
estallar. Su madre, que la sintió desfallecer, la sostuvo para que no se cayese. Sin embargo, aún esperó.
Le costaba mucho rendirse á la evidencia. Pero se
sucedieron las danzas, y su prometido pareció olvidar que ella estuviese allí.
- Vamos, madre; no me siento bien, dijo al fin la
desdichada.
Y madre é hija regresaron al cortijo.
Cuando se encontró sola en su modesto cuarto,
Rosa se dejó caer en una silla y rompió á llorar.
Cual triste fantasmagoría, fueron paiando por su
mente sus recuerdos juveniles. Y diríase que su memoria, al evocar su pasado amoroso, se complacía en
torturarla.
- ¿Cómo es posible, Dios mío, que todas mis ilusiones y todas mis esperanzas se hayan convertido
en estas lágrimas que me abrasan los ojos? ¿Qué ha
sido de sus juramentos de fidelidad y amor eternos?
¿Y qué va á ser de mí, perdida la fe, destrozada el
alma, sin luz que ilumine las tinieblas que envuelven
mi razón?
Y añadía considerando la conducta de Antonio:
- Sus juramentos eran falsos; sus protestas de
amor eran mentira. Ese hombre por quien yo hubiera dado gustosa hasta la última gota de mi sangre,
me engañaba vilmente: ¡amaba á otra! ¿Y qué tiene
más que yo la hija del notario? ¿Qué cualidades que
yo no posea reune esa mujer que todos encuentran
vulgar y estúpida? ¡Ah! Ya comprendo. ¡Balbina es
rica, la más rica de estos contornos, y yo soy pobre!

CLAUSTROS DEL MONASTE RIO DE SANTA MARIA

PLAZA-ME RCADO

HOSPIT AL MUNICI PAL

IGLESIA DE SAN PEDRO,

Fotografías instantáneas facilitadas por D. A. Atmetller

(Vista tomada de lado.)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

507

NóMERO

LA

507

!LUSTRACIÓN ARTlSTlCA

Cuanto más ahondaba en sus reflexiones, más intensa era su amargura, Sin fraseología con que traducir en palabras sus pensamientos, adivinaba el repugnante egoísmo y la ingratitud que forman la podredumbre del corazón humano. Comprendía por primera vez que en nuestro siglo el amor se vende como vil mercancía, y que la virtud se tasa según el
oro que la realza.
La humanidad le pareció un monstruoso engendro
de vicios y pasiones. Huyó el trato de las gentes como de peste mortífera, y se refugió en el amor de su
madre, como en un santuario donde no penetraba el
corrompido ambiente de la sociedad. Pero la muerte
vino pronto á romper aquel último lazo que la unía
al mundo.
Su delicada constitución salió tan quebrantada de
aquella prueba, que á l9s rosados tintes de su rostro
sucedió la blancura del lirio, y su débil cuerpo se
doblegó á la fiebre que le consumía, como el tallo
de una flor abrasada por los rayos del sol.
Mientras tuvo fuerzas, fué cada día al cementerio,
á rendir un piadoso tributo á la memoria de su madre. Cuando le faltó el consuelo.de aquellas cuotidianas peregrinaciones, su espíritu se sintió tan desligado de la tierra, que empezó á considerar el cuerpo como una cárcel de que sólo la muerte podía
libertarlo; y Rosa suspiró desde aquel instante por
otro mundo donde el ainor y la virtud no fuesen pagados con traiciones y amarguras.
Vencía el plazo señalado para la boda de Antonio
cen Balbina, y Rosa sentía escapársele la vida por
momentos.
Llegó el día del enlace. La infeliz abandonada
hizo un supremo esfuerzo para adornarse con el traje
de boda que su madre le había arreglado en previsión de su proyectado casamiento con Antonio.
Al verse en el espejo, con su mortal palidez, acentuada por la blancura del velo y del vestido, contrajo
sus labios en amarga sonrisa y volvió los ojos hacia
la ventana por donde se divisaba la torre de la
iglesia.
En aquel instante, un alegre repique de campanas
anunci6le que Antonio y Balbina se unían para siempre al pie de los altares.
Rosa exhaló un profundo suspiro, cerró los ojos y
cayó desplomada al suelo.
El velo de novia le servía de sudario.

acuerda, porque S. E. no ha de estar en todo, El miAhora... lo que es ahora estamos aguardando con
nistro, sea de la derecha, de la izquierda 6 del cen• una longanimidad inapreciable, y la vista fija en las
tro, echado para adelante 6 para atrás, es lo mismo, agujas del reloj, á que señalen éstas el amanecer del
le estampa un visto al margen de la instancia, y, en 12 de octubre de 1892, para que nuestro entusiasmo
cuanto á colocación, que aguarde el solicitante á la se desborde en favor y prez de Cristóbal Colón, el
que le designen en el cementerio.
gran cosmógrafo, el descubridor de América, el que
Cuando un jugador de lotería consigue el premio duplicó el mundo y nos puso de manifiesto tantas
grande en una localidad cualquiera, ya se sabe, todo verdades geográficas, escapadas á los sabios de miles
el mundo se apresura á jugar en la administración fa. de generaciones que le precedieron. Y el suceso en
vorecida. La fortuna es por lo común versátil; vuela cuestión no data más que de cuatro siglos.
de un extremo á otro de la península, sin olvidar sus
¡Cuatrocientos años! ¿Y qué son cuatrocientos años
islas adyacentes, y es tiempo perdido recorrer la lista comparados con la eternidad? una bicpca.
de La Correspondencia de España ni la lista oficial.
En 1492 tuvo lugar el gran descubrimiento. ¿Y qué
Lo oportuno hubiera sido jugar antes en la adminis- se hizo entonces? Nada. Festejarlo en Barcelona á la
tración agraciada, que lo que es después es cándido, vuelta de su primer viaje, y después traerlo á ~spaporque está. en oposición con la teoría de las proba- ña, en otro posterior, cargado de cadenas.
bilidades de que nos habla Vallejo y otros insignes
En 1592 habían transcurrido cien años. La cosa
matemáticos.
no tenía importancia todavía para alcanzar el derecho
Los aficionados al visiteo 6 al abuso del derecho á la inmortalidad. Las hazañas tienen algo de semede visita, vicio feo si los hay, incurren con frecuen- jante con el vino de Jerez: cuanto más añejo es mecia en pecado de inoportunidad. Acuden á una casa jor. El famoso descubrimiento de 1492 era vino de
en el momento en que después del almuerzo se están la hoja, es decir, de la última cosecha.
tirando los platos á la cabeza el marido y la mujer, 6
En 1692 ya nos escarbaba la conciencia y nos
bien cuando duermen la siesta los individuos de punzaba el remordimiento de tan injusta preterición;
aquella apreciable familia: las chicas destrenzadas, la pero nada más.
señora con el peinador arrugado, y el dueño de la
En 1792 estábamos los españoles muy preocupacasa en mangas de camisa 6 mucho peor. La sirvien- dos con el deshecho temporal político y social que
ta no sabe cómo decir que los señores no están en se había desencadenado en Francia.
casa, por el estrépito que se siente dentro desde que
Pero en 1892 será otra cosa, y estaremos en lo
sonó la campanilla, y porque el portero ha delatado firme
la presencia de los· dueños anticipadamente.. El úniAllá va el capital con réditos y todo.
co recurso es decir que los señores no reciben, espeUn sepulcro monum~ntal en la Habana; una rescie de ukase, muy aristocrático por cierto, contra el tauración completa del convento de franciscanos en
cual no hay apelación, porque, efectivamente, los se- Santa María de la Rábida, sobre el promontorio
ñores no están para recibir.
de su nombre y en la confluencia de los ríos Tinto
Las inoportunidades en el teatro son infinitas: en- y Odiel; un muelle en Palos de Moguer, de donde
trar taconeando el pavimento cuando la tiple está en partieron los modernos argonautas. Otro ídem al pie
lo mejorcito del rondó; abrir con estrépito un palco de la Rábida que sustituya al de madera que ahora
y dar lugar á los siseos y á las miradas iracundas del existe. Un monumento alegórico en la explanada
público; seguir la batuta del maestro con la contera que se abre ante las portadas del convento. Una esdel bastón sobre el suelo; volver la espalda al esce- tatua. Certámenes; congresos hispano-americanos;
nario donde se canta 6 recita, para flechar los geme- otros de carácter cosmopolita. Fundación de establelos á las modistas y costureras del paraíso, le dan á cimientos benéficos. Músicas, bailes, recepciones,
cualquiera la encomienda de tonto de número, libre salvas, iluminaciones, dianas, retretas y otros excesos,
de gastos.
todo en honor del gran almirante de las Indias.
Si el acudir al paseo como á las cinco de la tarde
Y además la declaración de Santo que se espera
en el invierno, desaprovechando el sol del mediodía de Roma.
y de las tres primeras horas que le siguen, muy comNosotros nos asociamos con toda el alma á la funJUAN B. ENSEÑAT
puestas y atildadas las señoras, muy apuestos, pero ción de desagravios que se le prepara á Colón. Más
con poco abrigo, los caballeros, es costumbre perju- vale tarde que nunca, según reza uno de nuestros
dicial é inoportuna, díganlo las pulmonías que se co- más antiguos y acreditados refranes. Todo es poco
sechan, cuya estadística anual horroriza cuando se ante la gigantesca figura histórica de Colón, porque
LA OPORTUNIDAD
examinan los estados demográficos del Registro civil. asombran los tesoros de ciencia, de religión, de magSabemos de algún señor muy pacífico y muy me- nanimidad, de valor, de constancia yde prudencia que
Entre los dioses y las diosas á quienes los morta- tódico que se hizo republicano la víspera de la res- se encerraban en la mente y en el corazón de aquel
les no iluminados por la luz del Evangelio se enco- tauración, y de varios que, aficionados á la música, ilustre marino, y muy justo es que, tanto la ciudad
mendaban de todo corazón para que les ayudaran en no sabían tocar otra pieza, en tiempo de la revolu- de Génova donde nació, como España, su patria adopsus empresas, echamos de menos una divinidad de ción, que la marcha real.
tiva, como el mundo entero, ensalcen la memoria de
primera magnitud, cual debiera ser la diosa Oporlu·
Pero el colmo de la inoportunidad con que hace- aquel que supo romper el espeso velo de brumas y
nidad, que es prenda segura y buena recomendación mos por lo común todas las cosas, está sobre el tape· de errores que ocultó por tantos siglos la América á
para el dios Éxito, á quien antiguos y modernos ren- te: es decir, á la orden del día.
la investigación de todas las demás naciones de la
dimos ferviente culto.
Por algo se dice de nuestro país: «Llegó, como el tierra, y á las más adelantadas en el camino de la
Los beodos contaban con la protección de Baco. socorro de España, diez años después que se acabó la civilización.
Los quimeristas con la de Marte.
guerra.»
Al llegar á este punto una digresión nos sale al
Los ladrones con la de Mercurio.
Hacíamos carreteras á toda prisa en las líneas ge- paso: pero es de tal oporhmidad que no vacilamos en
Los enamorados más expansivos y hasta rabiosos nerales, cuando eran ya cosa corriente los caminos darle cabida.
con Venus.
de hierro.
En España, y por desdicha nuestra, si para honrar
Los navegantes tenían á Neptuno.
Alzábamos de cerro en cerro torres telegráficas la memoria de nuestros héroes y nuestros insignes
Los herreros, los fundidores y aun los cerrajeros ópticas, donde hoy las lechuzas anidan á sus anchas, poetas y escritores hemos sido asaz lentos y premioá Vulcano.
cuando en todas partes, y aun en nuestra patria, se sos, para recompensarlos debidamente hemos sido
Y hasta los que estaban dejados de la mano de tendían los alambres, que por medio de la electrici- ingratos, lo cual es mucho peor.
.
todos aquellos dioses, hoy cesantes sin clasificación dad llevan á todo el mundo, en signos convencionaCervantes, que vivió, y se le dejó morir, en la mi•
ni sueldo, se daban á Plutón, soberano absoluto de les, la palabra y el pensamiento humanos.
seria; Colón aherrojado dando la vuelta á España;
las regiones infernales.
Después de todo, el que estemos 6, mejor dicho, Martín Alonso Pinzón, olvidado en Palos; Hernán
En cuanto á Minerva, Apolo Y. las musas, á quie- hayamos estado, atrasadísimos en las aplicaciones de Cortés, muerto de misantropía en Castillejo de la
nes siguen invocando los sabios y los poetas con gran la ciencia respecto á otros países, nada tiene de par- Cuesta, después de haber conquistado para su patria
fervor, pero con poco resultado la mayor parle de las ticular, y pudiera perdonársenos en gracia de nuestra el vasto y riquísimo Imperio de los aztecas; Santa
veces, son divinidades bonachonas, de las que poco relativa pobreza; en la de los muchos años de revo- Teresa de Jesús, teniendo que habérselas con muhay que temer y mucho menos que esperar.
luciones y guerras civiles que hemos padecido; en la chos poderosos enemigos que la denunciaron á la
Pero de la diosa Oportunidad ningún mitólogo dice especie de atrofia que nos dejó la ignorancia de si- Inquisición; y Fray Juan Pérez de Marchena sin hauna palabra. «Y sin embargo llovía.» Es decir, que la glos anteriores, 6 en nuestro carácter nacional poco ber llegado á obisr,o, son tristes ejemplos que expoOportunidad juega un papel muy principal en la so- especulativo y menos práctico, y refractario por esen- nemos á la consideración de nuestros lectores, sin
ciedad, en la vida y en el cumplimiento de nuestras cia, presencia y potencia á todo género de novedades mentar otros muchos que se quedan en el tintero,
aspiraciones.
y adelantos.
con cuya reseña habría para llenar un libro, libro
El hombre que no es oportuno en sus acciones y
Pero en lo de hacer siempre las cosas muy á pos- acusador que nos habría de estigmatizar con la nota
palabras pasará una vida de perros. La mujer que pier- teriori no tenemos disculpa, y aquí entra lo gordo. de ingratitud que, aunque se pretenda negar, pesa
de la oportunidad cae redonda en el hastío, en el reNo más que ochenta y tres años hemos necesitado sobre nosotros.
mordimiento, y á veces en la desesperación.
.para caer en la cuenta deque el teniente de infante·
Aquí del cuadro de las tres cuoañas .
El sexto sentido, que consiste en hacerse cargo, es- ría Sr. Ruiz, uno de los primeros héroes del glorioso
Sube un inglés por la primera: sus compatriotas
casea muchísimo.
alzamiento del 2 de mayo de 1808, tenía derecho le animan con voces y lo elevan hasta donde alcanConocemos pretendientes á destinos públicos que indisputable á una estatua, y se le ha consagrado: ya zan sus manos.
sin un par de cientos de votos por delante se atreven era tiempo.
Un francés trepa por la segunda: los franceses que
á presentarse al ministro para que les coloque porque
Para honrar debidamente á Calderón de la Barca, le rodean le aclaman, gritándole: «¡adelante! ¡adesí: por su buen empaque; porque saben l~er de co• el inmortal autor de La vida es sue1io y de El A lealde lante!»
rrido, escribir en suelto y contar por los dedos, 6 por de Zalamea, esperamos á que se cumplieran los dosUn grumete español asciende por la tercera: es ·
servicios que ya pasaron y de los que S. E. no se cientos años cabales de su muerte,
listo y valiente; se alza con facilidad por la percha

TITIRITERO ÁRABE,

ensebada. Sus amigos, sus compatriotas los espa~oles, se le acercan, sí, pero no para ayudarle, smo
para ... tirarle de los pies,
.
Si todo esto no es patriotismo puro, venga Dios Y
véalo.
'd, d
Para corroborar nuestra tesis sobre la oporlun! a ,
terminaremos con afirmar que, en nuestro sentu, es
inoportuno, y hasta peligroso, fumar en
cama;
creer en la palabra de honor y hasta en_los Juramentos de un hombre políti_¡:o, si de política se trata, Y
dar oído á los que reclutan gentes para Buenos
Aires.
Nada: que el hacerse cargo es una gran cosa,
y la oportunidad es casi siempre prenda segura del
acierto.

!ª

AGUSTÍN GONZÁLEZ R UANO

BOCETOS
EL AVE DEL PARAÍSO

No conoció más mundo que la virgen tierra de la
teraz Oceanía, la frondosidad de sus inme_nsos y enmarañados bosques, la asombrosa vegetación ?e sus
extensas llanuras, el espejo de sus lagos, el brillo de
sus ríos, los vivísimos colores de sus flores, el embal-

cuadro de Francisco Eisenhut

samado aroma de sus plantas, la azulada superficie
de aquel mar inmenso, y el etéreo zafir de aqu~ll~
tropical atmósfera; nada turbaba su completa fehc1dad: jamás había oído retumbar el disparo de una
arma de fuego: el plomo mortífero, impulsado por
una dilatación de gases en ese mecanismo perfeccionado por la civilización, nunca había herido al\{ á ninguno de sus habitantes. Nuestra ave del paraíso oyó
por vez primera ese ruido extraño, y remontando su
vuelo colocóse oculta en la espesa copa de un eucalipto gigantesco: atisbó desde allí y descubrió otro
ser para ella tan extraño como el ruido que la asustó
un momento antes. ¡Hola!, dijo para sí misma, eso
me parece un enemigo: yo no conozco esa clase de
fiera; obremos con cautela, no le será fácil subir hasta
donde yo estoy, y si lo intentara podría escaparme
volando: examinémosle.
La imprudente curiosidad la hizo saltar de rama
en rama; al ruido del follaje vol~ió su cabeza el caza·
dor indio y al descubrir el ave cte cabeza y gorguera
de brillante esmeralda, dorado cuello, violado vientre
y finísimas plumas de sus alas, con_ un movi~iento
imperceptible apuntó su arma ... brilló una chispa: ~l
ave no tuvo tiempo para tender sus alas, antes de 01r
la explosión sintió un agudísimo dolor y cayó junto
al hombre aquel, que la recogió con avidez y después

de cortarle las patas, colocándola cuidadosamente
junto á otras del mismo género, prosiguió su marcha
en busca de nuevas víctimas.
1

••

••

•

Como desecho de tocador vino á mi poder la referida ave, ya algo ajada, pero con indicios de haber
sido cuidadosamente disecada conservando su fino y
delicado plumaje. Por un efecto incomprensible, como
una especie de espiritismo perfeccionado, conservó,
además de su sensibilidad, medios para poder referir
tódas las peripecias de las distintas posiciones sociales en que se había visto.
Refirióme que le habían cortado las patas para que
se continuase en la creencia que habitaba en el paraíso de Mahoma alimentándose de vapor y de rocío,
sin necesidad de posarse en parte alguna; que le sacaron las tripas como demostración de que solamente
vivían para ostentar el brillo y colores de sus finísimas plumas ... todo lo cual se cree á puño cerrado
en aquellos pueblos que fueron cuna de la civilización
primitiva.
Su entrada en el gran mundo, como ahora se
dice, fué servir de adorno en el puño del yatagán
de un rajah, cuyo príncipe, en celebración de un
suceso más ó menos extraordinario, cortó la cabeza
á varios de sus semejantes. Esta primera impresión

�.
, .·. ·.
.

L AVANDERAS EN EL Rfo GUADAIRA,

.

. . .. '

_.: #, ..)'.;.(·
.

cuadro de D. Juan García Ramos. (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona. )

•

BELDADES LONDONENSES
{De zotografías de A, Bassano, reproducidas en la revista inglesa Black and Wliite.)

�586
fué muy treme~da, siendo para ella incomprensible
que seres de un mismo género, especie y familia, pudiesen así matarse.
Del yatagán del rajah pasó á ocupar un distinguido puesto sobre el turbante de un sultán, cuyo
revuelto y finísimo lienzo estaba cuajado de perlas y
rica pedrería. Desde allí presenció millares de individuos respetuosamente inclinados ante aquel hombre, llevado en rico palanquín. Penetró en un inmenso palacio, cerráronse las riquísimas puertas y la turba popular que lo contempló, reverenció y casi adoró,
quedóse afuera y con la boca abierta; y mientras e~peraba trasladarse el ave, como decirse suele, de a!lí al
cielo, con no menos asombro vió al gran sultán despo·
jarse de todos sus adornos y atavíos, quedándose como
otro mortal cualquiera, juguete, como todos, de las
mismas flaquezas y miserias humanas.
Después de haber recorrido en todas sus fases el
lujo asiático, y objeto de avidez de la coquetería europea, colocado en un elegante mostrador profusamente iluminado por medio del gas, fué adquirido
por una señora mayor, la cual llevaba algunos años
de antiguedad en el grado de jamona. A-1 abrir un
portamonedas de piel de Rusia, el ave contempló
con nuevo asombro que entregaba á cambio de ella
un pedazo de papel lleno de signos, dibujos, sellos y
firmas ... Creyó de pronto que carecía ya de valor,
pero modificó su creencia al ·ver que juntamente
con ella, devolvían á la señora aquella varias monedas de oro y plata; sin embargo, no pudo dar
con el quid de aquel enigma, por más que se devanase los pocos sesos que dejaron en su cabeza
al disecarla.
Depositada en el tocador de la nueva dueña, á las
pocas noches presentóse la respetable señora en su
estado natural, es decir, tal cual era y tal como debiera presentarse, color sano, tirando á un moreno
bastante acentuado, cabello negro con alguna imprudente cana, robusta de carnes con indicios de la formación de alguna que otra arruga ... Sentóse en un
elegante puf, punto convergente del triángulo formado por las superficies de tres grandes y tersos espejos; presentáronse tres individuas, al parecer doncellas, que debían emprender la restauración de aque•
lla mole, empezando por apretar su cintura con un
envoltorio de fajas de seda, tiras de gutapercha y
planchas de acero, acomodando como mejor se pudo
la fofa carne; con una porción de ingredientes titulados en junto «canastillo de belleza,» embadurnaron
y estucaron la superficie cutánea de aquel fragmento
del sexo débil, y aditando á su lacio y mortificado
cabello una porción espantosa de trenzas y rizos, dejaron compuesto sobre aquel desalojado piso superior un monumento parecido á una pagoda; las operarias no se dieron aún por satisfechas, transformando aquel acentuado moreno en transparente rosa de
cera y el negro de sus cabellos en un rubio finísimo,
como pudiera ostentarlo la más inocente campesina
noruega. Un riquísimo vestido de seda color tórtola,
símbolo de su tendencia á atortolarse, con sobra de
tela en sus faldas y escasez en su cuerpo, recargado
de encajes, con dos grandes solitarios colgados de
sus orejas y un hilo de gruesas perlas rodeando su
cuello, hizo que se contemplase como satisfecha;
y dando de remate fin á tamaña empresa colocóse el
ave del paraíso en la parte izquierda de su peinado,
sujetándola con un broche de brillantes.
En aquella atmósfera de refinados aromas el ave
se asfixiaba; el alcohol de la Florida, Colonia y de·
más esencias, convertían aquello más que en delicioso jardín, en laboratorio químico; el cok de la estu·
fa, más que el calor del sol del trópico, despedía un
ardor de fábrica; la luz de las bujías de transparente
esperma, por más que abundante, era débil y pálida.
El arte y la industria no daban más de sí... el ave
comparaba con todo aquello la espléndida y majes·
tuosa naturaleza de su patria, y los esfuerzos de la
vieja Europa quedaban desacreditados.
Al ponerse en marcha, cubrieron sus desnudos
hombros con un abrigo de pieles de armiño, ¡otras
.víctimas inmoladas al fausto y la riqueza de aquel
lujo! Entró en un elegante carruaje, en cuyas porte
zuelas y testero brillaban gruesos cristales, y muellemente reclinada en su acolchado forro, puestos sus
pies sobre una rica y doble alfombra, cubriendo un
calorífero, trasladóse al baile.
Aparentando una ligereza de piernas de pretérito,
y una agilidad de movimientos que economizaba
para casos extremos, subió la escalera, y penetró en
el salón asida del brazo de un gomoso y almibarado
pollo, perteneciente al indigesto género de los que
como por tradición conocen la existencia del sol. El
ave escuchó al paso varias palabras incoherentes
cuyo significado no podía comprender, y cuya interpretación se le hacía más difícil porque eran cogidas,
como las letras de una caja de imprenta, una de acá,

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

otra de allá, entre las diversas lenguas de todas las
naciones.
Estas se repitieron en confuso murmullo durante
las horas de duración de aquel sarao, prolongado
desde las doce de la noche hasta los albores del día;
caso de inversión del orden natural de las cosas, lo
que también sorprendió mucho al disecadQ animal.
Allí presenció el gavilán á caza de inocentes palomas, la culebra atrayendo al pajarillo incauto; repertorio de frases vacías de sentido, necedades mayúsculas y groserías admitidas como chistes, picarescas
invectivas á cuya sola indicación quedaba rasgada
sin soldadura posible la fama y el buen nombre de
alguna persona; forzados ofrecimientos, mentidas sinceridades, nada faltaba allí para constituir en su parte material y moral una asquerosa entrega de la obra
que la misma sociedad redacta y publica, titulada:

Gran tono.
El ave del paraíso no pudo referirme en detalle
cuanto allí vió y escuchó.
Aseguróme únicamente que aquello sólo podía
compararse á una especie de complicado y gran
fiambre en cuya composición entró mucha cantidad
de comestible averiado, que fué preciso revestir de
mucho adorno para presentarlo admisible, y aun así
despedía cierto tufo que el estómago menos delicado
no resistiría. Y que allí, más que en parte alguna, echó
de menos la virgen tierra de la feraz Oceanía.
J UAN

o.

NEILLE

507

NúMERO

507

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

quisiéramos encerrar dentro de_ los limites propi?s de esta sección lo que para ser conocido ligeramente necesita más de un
articulo exclusivamente á ello consagrado.

•••
Titiritero árabe cuadro de Francisco Eisenhut.

-De notoria cuanto justa celebridad como pi~tor de asuntos
orientales goza el autor del cuadro que reproduc11~1os, y que represen la á uno de esos tipos tan comunes en One~te que con
sus juegos de destreza, algunos de ellos tan atrev1~os y raros
que ningún europeo ha podido expli_cárs1;los, entrellenen á un
público entusiasta por esta clase de d1vers1~nes, que ve en ellas
algo &lt;le magia ó sortileg!o .Y á veces _ta_m_b1én de poder sobrenatural directamente rec1b1do de la d1vm1dad.
Eisenhut, de quien es también la Muerte de G1tl-Bábá, que
publicamos en el núm. 453 de LA ILUSTRACIÓN ART!STICA,
demuestra en su Titi?·itero drabe haber hecho un estudio detenido y provechoso de los lugares, costumbres)'. tipos del ~ontinente africano, y poseer en alto grado las cuahd~des técm_cas
que le permiten trasladar tan br!llantemente al lienzo las mipresiones recibidas y las observaciones hechas.

•••
Bellezas londonenses (de fotografias de A. Bassano).
-La acreditada ilustración inglesa .Black and White ha publicado recientemente este precioso ramillete de mujeres hermosas de la capital del reino unido. La excepcional belleza. de los
tipos reproducidos y la elegancia en el modo :le combmar!os
en artístico grupo, nos parecieron motivos suficientes para ID·
sertar el grabado en nuestra ILUSTRACIÓN, seguros de que
nuestros lectores nos han de agradecer que, cediendo al deseo
que siempre hemos mostrado por darles á conocer lo _bello ~n
sus múltiples manifestaciones, publiquemos una págrna baJo
todos conceptos merecedora del calificativo de artística.

•
••
NUESTROS GRABADOS

Lavanderas en el río Guadaira, cuadro de
Juan García Ramos (Exposición general de Bellas Artes

ele Barcelona). - Juan García Ramos forma parte de esa pléya-

Rosa Mística, cuadro de D. José María Tam- de de artistas sevillanos que reivindican en el glorioso período
burini (premiado en la Exposición general de Bellas Artes del renacimiento artístico peninsular el buen nombre de aque-

de Barcelona). - Convencido Tamburini de que el arte no tiene
limites trazados y que no se halla circunscripto sólo á la buena
ejecución, ha empapado su inteligencia en las fueates inagotables de los humanos conocimientos é impregnado su corazón
en la poesía y e\ sentimiento. Por eso la preciosa rima de Víctor Hugo, Comme att bout d' ttne branche OJI voit étinceler, inspiróle el lienzo que tan admirado fué en una de las últimas Exposiciones; la sentida dolora de Carnpoamor ;Quién mpiera escrilir!, el precioso grupo del bondadoso párroco y la enamorada doncella, ó bien el que titula Esperando, perteneciente al
género en que tanto se distinguen Coomans y Alma Tadema,
que demuestra su aliento y brillante ejecución.
En el lienzo que reproducimos, Rosa .Aflsh'ca_, ~dquirido por
el Ayuntamiento para figurar en el Museo Mu01c1pal de Bellas
Artes, una sola figura ha bastado al pintor p_ara significa~ su
pensamiento y dar á conocer su valía. La acutud, el colondo,
el dibujo, la luz hábilmente combinada, y sus tonos claros resaltando sobre un fondo claro también, acusan cualidades é inteligencia. El bello á la par que severo rostro. de 1~ fig~ra .. la
tonalidad del manto, verdadero derroche de e;ecuc1ón JUS!ifican el veredicto del Jurado y el acuerdo del Ayuntamiento.
Sepárase esta representación de la augusta Madre de Jes~s
del convencionalismo casi litúrgico, del molde de las composiciones análogas, y sin embargo inspira respeto, porque en el
delicado realismo que anima la obra distínguese la inspiración
ele! creyente.

•••

Zaragoza. - El dios de las aguas, cuadro de
Joaquín Pallarés (premiado en la Exposición general de
Bellas Artes de Barcelona. - Aunque joven, no es J oaquít¡ Pallarés un artista novel, ni ha sido la Exposición de Bellas Artes de Barcelona el primer palenque artistico á que ha concurrido recogiendo triunfos y aplausos. El cuadro que reproducimcs, premiado por el Jurado calificador y adquirido pgr_el Excelentísimo Ayuntamiento para figurar en el Museo Municipal
de Bellas Artes, es un excelente estudio, copia exacta de una
de las vías más concurridas de la capital aragonesa. Composición, dibujo y colorido son verdaderamente notables, así como
los tipos reproducidos, por serlo exactamente de los de aquella
región.
~l Sr. Pallarés desempeña el honroso cargo de profesor en
la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza,

.

••
Recuerdos de Ripoll (de fotografías instantáneas facilitadas por D. A. Atmetller). - Inmensos son los progresos
realizados por el arte fotográfico de algún tiempo á esta parle;
si á los que no hace muchos años habían de permanecer inmóviles y en postura incómoda fracciones de minuto que parecían
siglos, les hubiesen dicho que llegaría un dfa en que las más
perfectas imágenes se obtendrían tan rápidamente que ni cuenta dar!ase de ello la persona retratada, hubieran dejado ver
aquella sonrisa de incredulidad con que nuestros padres rnludaban las primeras noticias de cada nuevo invento, y que rara
vtz asoma ya á los labios de nuestra generación, acostumbrada
á las más grandes invenciones y apercibida para las mayores
sorpresas que vislumbra en lo futuro.
Hoy, gracias á esos adelantos y á los procedimientos y materiales con que se han facilitado y en parte suprimido las enojosas operaciones de antaño, pueden dedicarse á la fotografía
personas completamente ajenas, si no al arte, á la profesión del
fotógrafo, y así vemos propagarse la afición á ese sport entre
gentes que buscan en él agradable pasatiempo y distracción
instructiva.
Muchos son los que por recreo á la fotografia se dedican y
no pocos los que han logrado en ella éxitos admirables, distinguiéndose en esta ciudad entre los primeros nuestro amigo señor Atmetller, cuyas son las pruebas fotográficas instantáneas
que reproducimos, Nada diremos de ellas ni de los monumentos y escenas que reproducen: de aquéllas porque su perfección
es evidente, sea cual fuere el punto de vista desde el que se
miren; de éstas porque siendo varias y de gran importancia algunas, faltarfanos espacio si hablamos de describirlas como se
merecen ó incurriríamos de fijo en lamentables omisiones si

lla escuela y sus excelentes tradiciones. Si las obras 4ue ha
producido no bastaran para atestiguar sus aptitudes para el
arte que cultiva, demostrarfanlas desde luego los premios y recompensas alcanzados en varios concursos. A semejanza de las
obras de sus paisanos, di~tínguense sus cuadros por su carácter
marcadamente aBdaluz, ya que sus asuntos son exacta reproducción de tipos y costumbres meridionales. Aparte de la seguridad y delicadeza de los trazos, obsérvase en ellos la brillantez siempre agradable de tonos que ofrece aquel rincón de la
patria española, que á los encantos de la naturaleza pródiga,
bella y fecunda, une el atractivo de sus leyendas, el recuerdo
de su grandeza y sus interesantes tradiciones. De ahí que García Ramos, saturado su espíritu por el dulce ambiente de los
cármenes y de los añosos bosques, arranca de su paleta esas
combinaciones de eolor, de que tan gallarda m11estra ha dado
en el lienzo que reproducimos, y que sólo pueden concebir los
que, como él, cultivan el arte con entusiasmo y escogen é imitan
el pals que les ofrece inagotables asuntos para trasladar al
lienzo.

Allí los dejaremo3 zntregados á su amor

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND, - ILUSTRACIONES DE EMILIO BA YARD

•••

(CONCL US IÓ N)

Al aire libre, cuadro de Ramón Casas (Exposi-

ción general de Bellas Artes de Barcelona). - Los que conocen
á Ramón Casas notan en él cualidades de pintor de temperamento y dotes no comunes para reproducir la naturaleza, lamentando, en cambio, que en su empeño de determinar originalidad en sus obras, sea algunas veces poco feliz en la elección de asuntos. Y téngase en cüenta que Casas es un pintor de
talento, tan modesto como laborioso, en cuyas obras se descubren siempre condiciones estimables, tan lejanas de lo vulgar
que interesan al critico y llaman la atención del obsevador. El
afán de lo inédito, que quizás, y sin darse de ello cuenta, conduciale aates á extremar sus estudios del natural, se ha moderado notablemente. De ah! que se note en sus obras más facilidad
y solidez en los esbozos y mayor gallardía en la ejecución.
Tres cuadros, resultado de su temporal residencia en la-capital lle la vecina República, remitió á la Exposición general
de Bellas Artes de :Barcelona. Un Inten'or, constituye un notable estudio en el que el pintor ha logrado vencer tantas dificultades como las que ofrece Al aire libre, que reproducimos,
y Orando, de perfecto realismo, que tanto por el asunto como
por su factura calificarla como místico un distinguido crítico.
En unión de su amigo y compañero Santiago Rusiñol, pre•
párase actualmente para formar una exposición de sus obras en
el Salón Parés, recuerdo de sus ·excursiones veraniegas y de su
invernada en Parfs, que suponemos ha de llamar la atención
de los inteligentes, con mayor motivo cuando los premios que
acaban de concedérsele en la Exposición de Berlín y en el Salón de Parls atestiguan el mérito de este artista, á quien lo porvenir reserva merecida fama si continúa conduciendo la nave
de su fantasía por seguros derroteros.

•••
Campo de amapolas, cuadro de Antonio Fabrés (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). Falto de tiempo, no pudo remitir Fabrés á la Exposición de
Bellas Artes de Barcelona alguna "bn, de empeño de esas en
que se bailase impreso el sello de su geniii:Iidad, limitándose á
exponer tres lienzos, que si bien acusan, como todos los suyos,
buen gusto y maestría, no es posible juzgar por ellos al artista.
Nuestros lectores han podido admirar recientemente un precioso y notable dibujQ á la pluma en el que se retrata la genialidad de Fabrés y su temperamento artistico.
Campo de amapolas, que reproducimos, así como Flor campestre y Mediodía, que SOB los tres lienzos que aportó al último
concurso, son otros tantos estudios, recuerdos de su estancia
en Roma y de sus excursiones por el Lacio, á las que debe Fa·
brés la revelación de sus aptitudes pictóricas y la resolución de
cambiar los palillos por los pinceles.

JABON REAL

IVXOLETI

JABON

DE T H RI DAC E 29,t:ii:S1~;,1::~;ar11 VELO UTI NE
l.wmead&amp;J;ia por 1utor~ades me4ie&amp;s par&amp; 11 Rl¡im de la Pill 7 Bello.ii del Color

•

- ¿Pero qué hacía el conde en Mareuil en vez de estar en la Rivoironne? ¡Tan
de mañana ... es incomprensible! ... Sin duda alguien le ha dado aviso ...
Y fijó en la señorita de Sainte-Severe una mirada fulminante.
- ¡5in duda usted misma!, añadió Blanca.
La joven sostuvo atrevidamente aquella mirada, y en vez de contestar limitóse á sonreir.
- Está bien, señorita, dijo la vizcondesa, lo tendré presente.
Y se dirigió hacia el vehículo, del cual descargaba el cochero el equipaje en
aquel momento.
- ¡Pero estos no son mis cofres!, exclamó Blanca.
- Son los míos, repuso la señorita de Sainte Severe.
- ¡Ah! Es decir, que toma usted la delantera y nos abanbona! ... Está muy
bien, está muy bic!n.
Y dirigiéndose al cochero, añadió:
- ¡Al castillo, y lo más pronto posible!. .. Sr. de Maujeán, sírvase usted esperarme aquí. Voy á ver quién manda, si el conde de Bagr~ssand ó .Yº·
.
Y subió al coche, que se puso en marcha al punto; rruentras G1lberto, mmóvil en el mismo sitio, veíala alejarse. ¿Sería posible que en el momento en que
todo se arreglaba y en que 1~ vizcondesa le perte_necía, la. P:rdi:se otra vez
definitivamente? Hubiérase dicho que estaba petrificado; m s1qmera veía á la
señorita de Sainte Severe, que le contemplaba con aire misterioso y que cansada al fin, fué la primera en romper el sil~ncio. . .
.
- ¡Vamos! Despierte usted, Sr. de MauJeán, d1Jo. La vizcondesa de Cabrol está
enojada contra mí en este momento, pe~o dentro de ~na hor~ m~ dará las gragracias ... ¿Y no me las dará usted también? No me pida exphc~c10nes, pues ya
lo sabrá todo esta noche ó mañana... Por lo pronto voy á pedirle un favor; el
equipaje me estorba mucho y necesitaría un coche para conducirlo á la Rivoironne. ¿Cree usted que encontraré uno en la posada antigua?
Gilberto miraba con asombro á la institutriz sin contestar.
- ¡Vamos!, dijo la joven, veo que aún está usted sorprendido... ¡Pues bien,
sí, voy á la Rivoironne, á casa del conde de Bagrassand, porque de?de hace una
hora soy aya de honor de la señorita ~aura!... Los puestos cambia~, ya lo ve
usted, pero la posición siempre es la misma. Así he andado toda la vida de ceca
en meca y ya comienzo á estar acostumbrada á ello. ¡Cómo ha de ser... la suerte
hace de ~osotros lo que se le antoja! Si decididamente va usted á Ro~a! señor
de Maujeán, podríamos encontrarnos allí, pues el conde se propone viaJar con
su hija.
- Pero si el conde se casa...
La sonrisa irónica de la joven cortó la frase de Gilberto.
- ¿Aún cree usted, Sr. de Maujeán, repuso, que es fácil casarse con una mu-

jer á pesar suyo? ... Que una mujer se una con un hombre á pesar de éste, es
cosa que se ve... aunque no siempre, preciso es convenir en ello.
Y la señorita de Sainte-Severe fijó en Gilberto una mirada penetrante que
parecía querer explorar el fondo de su coraz6n para descubrir lo que tan á menudo había en él buscado; mas no encontró esta vez, como tampoco en otras
ocasiones, lo que deseaba; y sin decir más, alejóse.

XII
El coche que conducía á la vizcondesa avanzaba rápidamente hacia Mareuil,
sin dar tiempo á que se calmase la cólera de Blanca, Hubiera podido experimentar cierta inquietud y vacilación ante la idea de ver al conde después de
aquella noche pasada en compañía de Gilberto; pero no pensó en tal cosa.
Preocupábala solamente la indigna conducta del conde; y el hecho de que se
hubiera quedado con sus hijos como rehenes para obligarla á volver, la irritaba.
Apenas hubo llegado, dirigióse hacia el salón; allí estaba ya el conde de Bagrassand, sentado, con la frente apoyada en la mano, la mirada fija y pálido el
rostro, que lo parecía más aún por el contraste con su barba negra. Al entrar
Blanca, levantóse el conde y miróla atentamente; la exaltación en que la veía,
el desorden de su tocado, la cólera que hacía temblar sus labios, indicáronle
que debía renunciará sus proyectos, y volvió la cabeza con expresión de dolor.
- Caballero, comenzó á decir la vizcondesa, va usted á devolverme.,.
Pero el conde la interrumpió con un ademán.
- Señora, repuso, sus hijos están ahí, en su habitación ... todavía duermen y
no saben nada ... No se ha de inquietar por ellos; usted es su madre y no pretendo guardarlos. Si me he permitido retenerlos, impedirles que se reunieran
con usted, es porque deseaba volver á verla á toda costa y yo no podía ir ...
donde usted se hallaba Mi objeto era pedirle una explicaci6n...
Y añadió, cambiando de tono y con emoción profunda.
- Y también darle una queja.
- ¿Cuál?, preguntó Blanca con altivez.
Mas á pesar de la tranquilidad que trataba de afectar, Blanca comprendió
que en aquella escena no estaría la ventaja de su parte; desvanecióse su resentimiento y su cólera se aplacó. Tal vez era necesario tener una explicación con
aquel cumplido caballero para volverá la realidad, para que algunas palabras
de buen sentido la hicieran salir de aquella atmósfera de locura que respiraba
desde que huyera de Mareuil y que la embriagó junto á Gilberto. Era preciso
que volviese á la razón ... El dolor del conde comenzaba á conmoverla ya y preveía que aquella explicación con él no iba á ser violenta, pero sí más delicada
y penosa de lo que había creído.

�588

LA

lLOSTRAClON ARTÍSTICA

El conde continuó:
- Me quejo, señora, de que no haya tenido suficiente confianza en mí para
decirme que llegaba demasiado tarde, que tenía usted compromisos que su conciencia no le permitía romper... Apenas hace una hora que tengo conocimiento
de ello, por conducto de persona de quien usted sospecha ya, á la cual estaré
eternamente agradecido por el favor que me ha dispensado ... Sus palabras me
han abierto los ojos; sus justas apreciaciones y su sentido práctico han disipado
todas mis dudas ... y sin embargo aún me resisto á creer y no puedo renunciar ...
Solamente espero una palabra de boca de usted para convencerme de mi desgracia. ¡Pronúnciela, y me resignaré!
Blanca había inclinado la cabeza y no contestaba. El conde hizo un movimiento de impaciencia y continuó:
- Yo había notado ya que usted vacilaba, que se consultaba detenidamente,

NúME.KO

507

- Dispénseme usted, señor de Bagrassand, repuso, me reconozco culpable ...
no he sido franca ...
El conde estrechó la mano de la vizcondesa, pero no la retuvo en la suya; y
como exaltado por su propio heroísmo, añadió:
- No debemos permanecer más tiempo aquí... Vamos á b~scar á la marquesa. ¡Yo mismo abogaré por la causa de usted si fuere necesano!
Blanca se dirigió hasta la puerta, como bajo la influenc~a de un su.eño, como
si la moviera una voluntad que no fuese la suya, y obedeciendo sum_1sa al conde; pero como todo ello no le hacía olvidar lo que realmente la mter~saba,
no le pesó en el fondo la intervención de Bagrassand, que llegaba á tiemp?
para allanar las enojosas dificultades que en su concepto ofrecía u~a explicación con la marquesa. Aunque conocía los sentimientos de la anc1~na y su
simpatía por Gilberto, ignoraba aún qué giro tomaría el a~un~o. Pod1a·haber
alguna escena teatral, una reacción repentina y una cóler~ md1gn~da, cuando
la marquesa, tan buena y tan benévola para el Sr. de Mauleán, supiera de p~onto que osaba aspirará la mano de su nieta, á una descendiente de la Fonfre1de.
Encontráronla en su aposento, descansando en el silló~ del que nunca se
movía. Al ver entrar á los dos, á Blanca como víctima, resignada y algo confusa, y al conde muy grave, con expresión sombría y fruncido el ceño, sonrióse y
los miró de reojo. Desde el amanecer había estado muy preocupada á ~ausa
de las idas y venidas insólitas que oía en el castillo y de las conversac10nes
animadas que se escuchaban en el salón, no siendo la menor de sus sospec~as
ver una hora antes á la señorita de Sainte-Severe presentarse para anunciar
que se marchaba, sin alegar razón alguna.
- ¡Vamos! Aquí ocurre algo extraordinario, dijo. ¡Hablad, hijos míos! Comience usted, Sr. de Bagrassand, que parece el más enojado.
.
- Querida tía, repuso el conde, vengo, efectivamente para com~mcar una
noticia que tal vez la sorprenda... La vizcondesa de Cabro! ha temdo escrúpulos...
- ¿No se casa ya con usted?
- Ha creído comprender que desde hace mucho tiempo el Sr de Maujeán le
profesaba el más profundo cariño ...
- ¡Ah!, exclamó la marquesa.
Y miró alternativamente á Blanca y al conde sin que su fisonomía cambiase,
sin que desapareciera su sonrisa burlona, y limitóse á contestar simplemente:
- ¡Bah! Siempre lo sospeché.
- Sus derechos son anteriores á los míos... Si la vizcondesa ha esperado
tanto tiempo para confesárselo á usted, si me ha permitido adelantarme para
ofrecerle mi mano, es porque temía alguna resistencia de parte de usted ...
- ¡Qué locura!, contestó la anciana volviéndose hacia su nieta. Al fin y al
cabo ella es la principal interesada.
Blanca se sintió conmovida hasta el fondo del corazón y dió un paso para
precipitarse en brazos de su abuela; pero el conde prosiguió:
- En tales condiciones, réstame sólo retirarme, dejando el puesto libre para
el Sr. de Maujeán...
'
- ¡Espere usted!, replicó la marquesa. Permítame decirle, sobrino mío, que
la cosa toma un giro favorable para usted, porque los matrimonios entre pa-

¡Cuín buena es uste.:I, dijo, cuán buena!

extrañándole al parecer que yo hubiese pedido su mano ... ¡Escúcheme usted
Blanca! ... ¡Sin duda creyó que entre nosotros se trataba de un casamiento d~
conveniencia! ... Por parte de usted, es posible ... mas no por la mía ... y bien
puedo decirlo ahora, porque sufro demasiado para callarme... ¡Yo amo á usted,
Blanca... y desde hace mucho tiempo! ... La amo de tal modo, que si usted quisiera olvidaría todo cuanto acaba de pasar y volveríamos á poner las cosas
como estaban ... ¡Vuelvo á pedir su mano, Blanca! ¿Me la otorga usted?
La señora de Cabrol levantó lentamente la cabeza y miró al conde; en sus
ojos revelábase un poco de sorpresa mezclada de compasión.
- Olvida usted, caballero, dijo, que vengo de la casa del Sr. de Maujeán, y
que por lo tanto no puedo ya ser su esposa.
Bagrassand contestó con nobleza:
- ¡Puede usted serlo y jamás la creeré indigna de ello, si acepta! ¿Consiente
usted?
Blanca bajó la vista otra vez y guardó silencio, mientras que el· conde, después de mirarla con dolorosa ansiedad, dió algunas vueltas por el salón y detúvose de nuevo ante ella.
- ¿Y por qué huir, dijo, con un tono brusco, harto excusable por su dolor,
por qué irá buscar al Sr. de Maujeán? ... Sí, ¿qué necesidad había de escapar?
¿No es usted la dueña aquí? ¿Tengo yo algún derecho sobre -usted?
Y como Blanca no contestase, añadió:
- Si se casa usted con el Sr. de Maujeán, debe hacerlo aquí mismo, en su
casa, en Mareuil, con el consentimiento de su abuela y delante de todos. Una
vizcondesa de Cabro! no se casa de otra manera ... Pero ¿cree usted que :io habrá oposición por parte de la marquesa?
Blanca miró al conde, muda de asombro, sin contestar nada, reconociendo
más claramente los peligros de la resolución que había tomado. La necesidad
de explicarse con la marquesa para manifestarle su proyectado enlace con Gilberto era una dificultad que había previsto, pero alejando siempre de ella el
pensamiento, y que, por lo demás, creía haber zanjado al fugarse del castillo.
El conde había comenzado de nuevo á dar vueltas por la habitación y reflexionaba; pero de pronto se detuvo ante Blanca.
- Pues bien, dijo, si usted quiere iremos juntos á ver á la marquesa para
hablarle, pues en mi concepto debe usted preferir que yo mismo le anuncie que
desisto ... Es forzoso explicarle por qué la ceremonia de hoy no puede celebrarse ... Y además, considero también indispensable que, si se casa usted con otro,
pida antes su beneplácito.
Blanca, vencida por tanta generosidad, miró al conde con una sonrisa confusa y ofrecióle la mano.

Blanca habla inclinado la caheza y no contestaba

rientes no valieron nunca nada Blanca es prima de usted y yo rio veía con mucho agrado semejante unión. Sería deplorable que una raza tan hermosa como
la de usted degenerase... Ya encontrará de sobra otra mujer con quien no tenga parentesco y con ella podrá formar Ul'l buen tronco de nobles Bagrasands.
- No me casaré, dijo el conde.
Tal vez 1e enojaba un poco el tono bonachón y cómico con que la anciana
contestaba á su renuncia, despojándole de algo de esa grandeza caballeresca
que él quería comunicarle.
Y saludando con frialdad, salió de la estancia.
Blanca permanecía en pie con el corazón sobresaltado de alegría, y cuando
oyó que los pasos del conde se alejaban, parecíale que todas las penas, todos
los enojos y las dudas que la inquietaron antes se desvanecían para siempre.
Entonces consideróse feliz... ¡Qué pronto se habla realizado todo! ¡Con qué

NúMERO

507

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

bondad y cuán fácilmente se habla anticipado la marquesa á sus deseos! Y volviéndose hacia la anciana con una sonrisa, dejóse caer de rodillas.
- ¡Cuán buena es usted, dijo, cuán buena!.,. ¿Cómo decirle...
La marquesa acariciaba á Blanca tiernamente.
- Sí, repuso, ábreme tu corazón, hija mía, dímelo todo ... Ya comprendo que
algo grave habrá mediado, pues desde esta mañana noto en esta casa mucho
trastorno ... En resumen, hija mía, al renunciar á él, sacrificas grandes ventajas;
pero no eres tan digna de lástima como alguien pudiera creer... Hace algunos
años, á fuerza de economías he podido cancelar todas las hipotecas que pesaban sobre Mareuil... y Mareuil vale un millón. Con esto y con lo que te dejaré
después de mi muerte se puede vivir sin más que imitar mi cond~cta...
Blanca quiso interrumpirá la marquesa con un ademán de canño.
- Sí, continuó la anciana sonriendo y cogiéndose con fuerza al brazó de su
sillón, me defiendo; pero algún día será forzoso...
La marquesa se interrumpió y sonrióse como si le ocurriera alguna idea
agradable.
- Lo que más me agrada en todo esto, dijo, es ver cómo se han frustrado los
planes de la condesa de Chalieu, y seguramente me harán reir los aspavientos
de las señoras de Preville y de Tertre, que sin duda hacen ya sus preparativos ... De aquí á un momento, cuando sepan que todo ha cambiado, ya verás
cómo te felicitan por tu elección ... ¡y también al mismo Sr, de Maujeán! ..
Sin embargo, hija mía, reflexiona aún, porque con tu proceder impones una
enorme deuda de gratitud á ese Sr. de Maujeán, y será preciso que éste tenga
el alma muy elevada y el corazón intrépido para no flaquear ... Por él renuncias
á algunos millones, á un gran nombre y á un hermoso título... en fin, te creas
una posición excepcional. ¿No te arrepentirás nunca de lo que haces?
- ¡Jamás, abuelita mía, jamás!
- ¡Pues bien: te casarás con él si le amas!. .. Bien mirado, siempre habrá un
Guy y una Juana de Cabrol... Y yo también quiero á ese Maujeán, porque es
un buen muchacho... En mi larga vida he visto muchas cosas y tenido tiempo
par.a reflexionar... Quiero decirte ahora lo que me ha enseñado mi antigua experiencia...
Y bajando la voz, acercóse á su nieta, como si fuese á revelarla un secreto de
su casta y no quisiera que nadie oyese la confidencia más que Blanca.
- Sf, dijo, un gran nombre, un título nobiliario es muy apreciable cuando se
sabe llevar bien; mas por desgracia, no todos tienen bastante talla para esto;
algunos lo consideran como un peso que les agobia; mientras que otros olvidan
su clase... Nuestras filas se merman mucho, y si no las renovamos, acabaremos
por desaparecer. Es preciso, pues, permitir que otros ingresen en ellas, pero
hay que elegirles con prudencia, con discreción ... Los chapados á la antigua se
contristan al ver esto, como si no hubiera sido siempre así; y aun hoy día hacen
comprender á esos intrusos, durante algún tiempo, que no son de noble estirpe... Después lo olvidan y acaban por conformarse con todo. No hay más remedio, puesto que es necesario... Cuando me dicen que vivimos en el tiempo
de la democracia y que esas cosas no tienen importancia ya, no puedo menos
de reírme. Desde que los franceses son todos iguales, jamás se necesitaron
tanto las distinciones; y esto no debe desanimar á nadie, puesto que cada cual,
él ó sus hijos, puede llegar al puesto que nosotros ocupamos, .. Pues bien: el
Sr. de Maujeán me parece uno de esos hombres; era casi uno de los nuestros,
y lo será del todo, gracias á ti. Esto es lo que yo quería decirte.
Y la marquesa levantó la voz como si ya hubiese terminado su confidencia.
- Ahora, continuó, puedes hablar, hija mía, confiésamelo todo ... ¿Qué has
hecho desde esta mañana, 6, mejor dicho, desde anoche, cuando estabas tan
pensativa? Pero siéntate; ya has permanecido bastante tiempo de rodillas.
Blanca se levantó con ligereza, y siempre graciosa y risueña fué á sentarse

junto á la anciana. Después, como si tratase con una amiga en quien se tiene
plena cofianza, sin ocultar nada, sin omitir casi el menor detalle, dióle cuenta
de su fuga y de su llegada á casa del Sr. de Maujeán ... añadiendo que éste la
estaba ahora esperando allí, poseído tal vez de angustia é incertidumbre.
- ¡Pues es preciso mandar á buscarle en seguida!
El coche volvió á salir para Chatillón; pocas horas después Gilberto llegó, y
conducido de la mano por Blanca, presentóse á su vez á la marquesa.
- Abráceme usted, Sr. de Maujeán, díjole la anciana. Si para usted es un honor, como yo creo, casarse con mi nieta, crea que para mí es una dicha con•
cedérsela.
El matrimonio se efectuó tres semanas después, y según lo había previsto la
marquesa, la señora de Chalieu y sus amigas, que quisieron quedarse para realzar la ceremonia con su presencia, apresuráronse á cumplimentar á Gilberto.
En cuanto al conde, había emprendido un largo viaje con su hija, acompañada de la señorita de Sainte-Severe, á quien estaba profundamente agradecido
por haberle avisado á tiempo, librándole así del peligro que le nmenazaba, el
ridículo del hombre abandonado por su esposa el mismo día de su matrimonio ... ¿Será necesario decir que al encontrar la iristitutriz bajo la puerta de su
habitación la misiva de la vizcondesa, y reconociendo hacía largo tiempo las
luchas interiores de su señora, adivinó sus proyectos de fuga, comprendiendo
que quería que ella le ayudase? Al primer golpe de vista dióse cuenta de la
situación y consideró cuáles eran las probabilidades más favorables para Blanca; aseguróse de que no había nadie en su aposento y dispuso que la condujeran á la Rivoironne.
Al escuchar á la señorita de Sainte-Severe, el conde admiró el buen sentido,
recto y práctico de la joven, y conmovióle la bondadosa prontitud con que había ido á proporcionarle el medio de salir de aquel paso dificil sin menoscabo
de su honor, á la vez que una oportunidad de mostrarse magnánimo. No se olvidan semejantes servicios, y el conde de Bagrassand aprovechó al punto la
circunstancia que se le ofrecía de ser útil á la señorita de Sainte-Severe: como
con el paso que acababa de dar se había cerrado las puertas de Mareuil, admitióla en su casa como institutriz de su hija. En lo sucesivo sólo de él dependía recompensar mejor á la joven. El conde, con esa fortaleza de alma que le
había permitido ocultar tanto tiempo su amor á la vizcondesa sin que nunca se
trasluciese en lo más mínimo este afecto, se resignarla también con igual estoicismo á su pérdida; y si, por otra parte, la señorita de Sainte-Severe maniobraba respecto á él como lo hizo con Gilberto, tal vez alcanzaría alguna recompensa mayor. No deja de ser este el principal objeto de todas las llamadas señoritas de compañía, y nada tiene de particular que lo alcancen. Sin embargo,
podría parecer extraño que un día ú otro aquella joven fuese llamada á compartir los millones del conde, si bien no era de esperar semejante cosa por el
pronto. Harto tiempo les quedaba á uno y otro para meditar durante sus conversaciones en aquellos largos paseos que les condujeran de Florencia á Roma
y de Roma á Nápoles ...
Sin duda para evitar un encuentro con el conde, el Sr, de ~✓.raujeán y su
esposa resolvieron emprender su viaje de boda en otta dirección y marchar
desde luego á Escocia. Allí los dejaremos entregados á su amor y discurriendo
por las orillas de los grandes lagos solitarios entre los altos brezos floridos. Habían vivido en la intimidad, ocultando su pasión, y ahora necesitaban explayar•
se, hacerse la mutua confesión de lo que sentían el uno por el otro. La historia
de sus corazones ha terminado. Esa pareja feliz desaparece entre las brumas
risueñas detrás de las blancuras nupciales de las nubes que la ocultan. Dejémosla perderse en ellas y disfrutar de la dicha que justamente merecía.
TRADUCIDO

POR

ENRIQUE L. DE VERNEUILL

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

muy problemática. Nos encontramos, pues, en presencia de dos sistemas: uno sencillísimo, que consiste en no operar sino á más de too focos, pero que liLA FOTO G RAFÍA INST A NTÁ NEA
mita de una manera estricta los estudios que puedan
CONDICIONES QUE DEBE REUNIR UN BUEN APARATO SIN PIE hacerse, y otro en emplear un dispositivo que permita realizar lo que la teoría indica, es decir, poner á
Los aparatos fotográficos portátiles que no necesi- foco los objetos, sea cual fuere la distancia á que se
tan pie que los sostenga, permiten tomar vistas tan encuentren.
Esta solución es más complicada, pero nos parece
origioales como inesperadas, siendo prúeba de la
SECCIÓN CIENT1FICA

Figs.

I, 2

y 3, Aparato de fotografía instantánea de los señores Londe y Dessoudeix

importancia que tienen el gran número que de ellos
se han inventado. Ahora bien: ¿qué condiciones debe
tener un aparato de éstos? En primer lugar debe ser
portátil, y por ende del menor volumen y peso posibles; en segundo es indispensable que las imágenes
resulten irreprochables desde el punto de vista de la
limpieza, pues una prueba de pequeño tamaño sólo
puede tolerarse cuando es perfecta; y por último, es
preciso que el fotógrafo esté siempre á punto de operar; pues como la ventaja del aparato está en propor
cionar vistas ó retratos que de otro modo no podrían
obtenerse, hay que servirse de él como de un fusil,
es decir, apuntando y disparando instantáneamente.
Pero no es esto todo: muchos quieren que el aparato
no sea visible, para no llamar la atención de sus modelos involuntarios, y de aquí la multiplicidad de
pequefios aparatos, que se colocan debajo del chale·
co, en el sombrero, etc.
A priori se ve que muchas de estas cualidades son
incompatibles; así, para disponer de un aparato poco
voluminoso, es preciso disimularlo ó plegarlo, pero
entonces ya no está siempre dispuesto para funcionar: hay, pues, que prescindir de una y otra condición, creyendo nosotros preferible adoptar la segunda, es decir, tener un instrumento siempre preparado.
Por lo que toca al peso, una buena elección de los
materiales y preparaciones empleados permitirá conciliar un máximo de solidez con un peso mínimo;
esta reducción no debe, sin embargo, ser excesiva,
porque cuanto más ligero es el aparato menos limpia
resulta la imagen á causa de la acción del dedo so·
bre el muelle y del movimiento que, al ser soltado,
produce el obturador. En lo que respecta á las pre·
paraciones sensibles, las películas ofrecen ventajas
sobre las placas, pero como la fabricación de las primeras no ha alcanzado todavía la perfección que la
de las segundas, es preferible por ahora servirse de
éstas.
La cuestión de la limpieza es muy compleja y entraña grandes dificultades. Sabido es que para obtener la limpieza más completa es preciso que los objetos que se reproducen presenten su imagen en un
plano, que varía según su distancia del aparato, por
la ley de los focos conjugados. Sin embargo, más
allá de cierta distancia las prolongaciones de la focal
llegan á ser prácticamente nulas; esta distancia es
igual á cien veces la longitud focal del objetivo.
En su consecuencia, más allá de esta distancia
todos los objetos serán igualmente limpios y no habrá necesidad de poner á foco, resultando el instrumento automático. Esta obligación de no operar sino
más allá de 100 focos, demuestra desde luego que
con tales aparatos no podrán abordarse los estudios
de los primeros planos: cierto que con la interposición de diafragmas más pequeños puede disminuirse
esta distancia, pero entonces se suprime luz; y como
el aparato sólo .opera con posturas rápidas, en algunos casos la existencia misma de la imagen podrá ser

muy superior á la primera, porque en ningún caso el
operador se verá desarmado como en la otra aconte
ce. Entre los dispositivos más frecuentemente indicados para obtener el enfocamiento de los diferentes
planos, hay el que consiste en graduar experimentalmente el carro de la cámara ó el tubo del objetivo
para determinadas distancias; de modo, que conociendo la distancia, el buen resultado es seguro. En principio parece esto muy sencillo, pero no lo es en
la práctica; pues basándose en el conocimiento de
la distancia, y siendo ésta en muchos casos desconocida, habrá que apreciarla, y sabido es de cuántos
errores son ocasión estas apreciaciones.
Se hace, pues, necesario operar de distinto modo.
En todo aparato portátil se hace uso de miras que
sirven para poner el objeto en placa y darse cuenta
de la ima~en obtenida; estas miras, formadas por una
diminuta cámara con objetivo de muy corto foco,
dan IJllª imagen sensiblemente limpia, porque el infinito comienza para tal objetivo á una distancia surµamente pequeña, pero no dan indicación alguna
sobre la limpieza de la imagen que se fotografía, y
pueden por esta razón inducir á error.
Los precedentes hechos y consideraciones nos han
inducido á combinar con M. C. Dessoudeix un dis
positivo de cámara portátil cuya descripción vamos
á dar.
Constituye el aparato una caja cubierta de estuche,
que contiene todos los órganos, los objetivos, la mira,
la cámara obscura, el obturador y el depósito de placas. En un tabique interior hay los dos objetivos de
igual foco: uno, el inferior, destinado á reproducir la
imagen que se fotografía; otro para apuntar y comprobar el enfocamiento. A este efecto, la imagen
dada por este último objetivo es enviada por el espejo Mal cristal opaco N (fig. 1) pudiendo examinarse
por un bonete especial V, V (fig 3)1 que durante el
transporte va plegada y se desarrolla con sólo apretar un muelle, y cuyas dos aberturas practicadas á la
distancia de los ojos (fig. 2) permiten ese examen.
El tabique de los objetivos puede avanzar ó retroceder por medio de una cremallera que se hace funcionar por medio de un botón exterior colocado á la
derecha del aparato. Como el aparato está regulado
de modo que la imagen recibida en la placa y la que
se ve en el cristal opaco sean igualmente limpias,
toda variación de la distancia focal será la misma en
uno que en otro lado, y por consiguiente bastará poner á foco la imagen en el cristal opaco N para tener
la seguridad de que también lo está en la placa sensible, con lo cual no qtben equivocaciones. La figura 2 representa exactamente la posición del operador
en el momento de la operación: mira el objeto y le
sigue sobre el cristal opaco; su mano derecha acciona sobre la cremallera, si es necesario, y cuando el
objeto está á foco y se presenta limpio suelta el obturador con el índice de la mano izquierda, de modo
que no se pierde tiempo entre el momento de la pos-

NúMERO

507

tura á foco y el de la operación. Este dispositivo,
combinado con la movilidad del tabique portaobjetivos, permite operar desde el infinito ( 100 focos),
que en los objetivos en este aparato empleados corresponde á 10 metros, hasta 50 centímetros, lo que
en caso de necesidad permite hacer retratos ó primeros planos en grande escala.
No habiendo hasta el presente encontrado películas de uso tan seguro como las placas, continuamos
sirviéndonos de éstas. El aparato contiene once, colocadas en un depósito á doble compartimiento, idéntico al empleado por M, Fo! en su fusil fotpgráfico.
Este sistema, además de ser de los más sencillos, es
de los menos voluminosos, puesto que el sitio perdido no es más que una dozava parte del volumen total, cuando en los otros aparatos es á veces de 50
por 100. La única precaución que debe tomarse es
que los cuadros que contienen la placas sean fabricados con gran precisión, porque han de sustituirse unos á otros para reemplazar una placa expuesta
por la siguiente. Es, además, indispensable que las
placas, en cada cuadro, estén exactamente aplicadas
sobre la hoja anterior, y que la pila de cuadros que
está enfrente del objetivo se apoye perfectam':!nte en
la parte posterior de la cámara.
M. Dessondeise ha realizado estos diversos desiderata por medio de dispositivos muy ingeniosos: los
cuadros llevan al dorso una numeración de combinación doble, que permite, de una parte comprobar
el cambio de las placas, y de otra encontrar fácilmente tal ó cual placa para desarrollarla. La inspección
de los números se hace al través de una abertura
practicada en la parte posterior de la cámara y cerrada con un cristal encarnado.
Para efectuar el cambio de placas basta aflojar el
botón co1ocado en el centro de la pared posterior, y
cuyo papel consiste en inmovilizar las placas durante el transporte; y operando entonces una rotación completa del aparato, de atrás hacia adelante,
la placa encuéntrase en un instante cambiada de sitio y se puede operar de nuevo en seguida. De suerte
que este almacén pres~nta constantemente una placa
en el foco del objetivo, siendo preciso, para evitar
los velos, tener un obturador que pueda ser armado
sin que la luz penetre en la cámara, resultado que se
obtiene por un mecanismo cuya descripción nos llevaría muy lejos.
Al obturador puede dársele naturalmente velocidades variables, según las hipótesis, y puede modificarse, según los casos, la abertura de los diafragmas.
Tal es el aparato de que hace muchos años nos
servimos; y sin pretender que sea el non plus ultra,
que nos parece de probtemática realización, reune,
á nuestro modo de ver, las siguientes ventajas: disponibilidad inmediata, fácil colocación de la placa,
enfocamiento exacto y posibilidad de operar á cualquier distancia. De ello resulta que, puesto en manos
de personas prácticas, puede con este aparato llegarse á una producción mucho más considerable que
con los demás. Algunos pretenden juzgar del valor
de un aparato de mano sólo por algunas pruebas;

NúMERO

507

59 r

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

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BIDO c_uando se toma con buenos alimentos
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~ té. Cada cua~ escoge, para purgárse, 1a'
ora 1 la comida gue mas le convienen
sevun sus ocupaciones. Como el causan'
cio que la purga ocasiona queda completamenteanulado porelelecto de la
buena alimentacion empleada uno
•e decide 14cilmente á volvér
· llempenrcuantasveces

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·..n•ts y la Debilidad de temperamento,
asi como en todos los casos(Páltdo• colores,
Ameriorrea,
en los cuales es necesario

• •&gt;,

Fig. 4. Muestra de una fotografía obtenida con el aparato
de Londe y Dessouueix

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar 6 regularizar su curso periódico.
~/'/1,?J)s

pero proceden equivocadamente los que tal hacen,
porque con instrumentos medianos se obtienen á
veces clisés excelentes. El verdadero criterio es el
tanto por ciento de las pruebas que liayan salido bien:
únicamente por esto debiera guiarse el operador, con
lo que se eVItarfa muchos fracasos.
A LBERTO L ONDE

(De La Na!tm )

rarmaceonco, en Para,

~ R u e Bonaparte, 40

El loduro de hterro Impuro ó alterado
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teparador de las tuerzas vlt.ales, de este for&amp;illea■&amp;e por e■eefe■ela, De un gusto su-

mamente a¡radablo, es IIOberano contra la J.nemta y el J.pocamtento, en las Calentura,
y Convalecmctas, contra las Diarreas y las J.fecctones del Bstomauo y los ,nte8"tw1
Cuando 110 trata de despertar el apetito, asegurar las dlgesllones, reparar las tuerzas,

enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,oC&amp;du por los. calores, no se conoce nada superior al 1'1■• de Qaiaa de 4roull.
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11

0

'

�LA

59 2

CAMPO DE AMAPOLAS,

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

507

cuadro de D. Antonio Fabrés, (Exposici6a general de Bellas Artes de Barcelona.)

,, JARABE ANTIFLOGÍSTICO OE BRIANT ~

GOTA
Y REUMATISMOS
el LICOR
PILDORAS del x::&gt;•

..........,,.., c,,¿LL• DII IIIFOLI• 160, Jl'~l•, a, e• Cedae , ......,_...,.._

El .TARA.BE DE BRLANTrecomenda&lt;.10 &lt;1es&lt;1e 1u :,r1nc1p10 por tos profesores
Laennec, Thénarcl, Gueraani, etc.: ha recibido la coosagracl6n del tiempo: en el
año t829 obtuvo el prlvtlegto &lt;1e lnvenc16n. VERDADERO CDIFITE PECTORAL, con base
&lt;1e goma y de ababoles, conviene sobre todo á tas personas dellcadaa, como
muJeres y niños. su gusto excelente no perjudica tn modo alguno ! su etlcacla
.._ contra 108 RESFRIADOS y todas las IIFLUIACIOll!S del PECHO Y de 108 mESTIIIOS. -"

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IÜllg1Jn peligro pan el C111i1. SO Año■ de B:r.lto,ymillaru de te1Uaonio1pru~ la eftcacla
esta prepandon. (Se ttlllle ea 11J11, pal\. la barba, y ea 1/2 oaJu pan el bl¡olf llrm). f'm
... kUOI, 111pléeaol l'Jl,J
D'U.&amp;ER, l, rue ,J, •.J,-1'01l1Mau, Parta.

.-u,u,.

Quedan reservados' los derechos de propiedad artistica y literaria
lMP, Dlt MONTANElt. Y SIMÓK

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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