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Ftí~ttett
ARO X

BARCELONA 28 DE SEPTIEMBRE DE 1891

NÚM. 509

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITO RES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

HOMERO, busto en mármol exist ente en el Museo Británico

�LA
LA

610

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NÚMERO

509

- ¡El principio de esta gran ciudad se pierde en, ¡Grande y bello panorama 'en verdad el de la formación de la tierra! Hubo indudablemente, y acaso
la noche de los tiempos!
todavía dure, un fuego central en nuestro planeta;
Y
realmente
había
en
ella
muros
y
torres
que
deTexto. - El poema geoMtico, por Pedro de Madrazo. -. U11a
broma, por Luis de Llanos. - SECCIÓ~ AMERICANA: Tipos Y notaban grande antigüedad y templos y esculturas quizá todo él estuvo un tiempo en conflagración, cocostumbres de Puerto Rico. La Fiscala, por }!anuel Fernán- de aquellos que se llaman primitivos por no haber mo lo está hoy el sol. Quizá tuvo razón un filósofo
&lt;lez Juncos. - M,mic/1, por Juan Fast~nrath. - Nuest~os gra· quien les asigne época cierta.
del siglo xvn, que dijo ser la tierra un sol con cortebados. - Traición de amor, por Antomo Albalat, con ilustraza. La incandescencia primitiva del globo que habiEsto
que
el
sabio
árabe
puso
en
apólogo,
encierra
ciones de Ernesto Bieler, - SECCIÓN CIENTiFICA: La1Uti111a
erupción del Vesubio. Visita de exploración al volcán, por lf. una gran verdad científica; á saber: que la superficie tamos, además de hallarse consignada en las tradide nuestro globo se transforma y se demuda en la ciones de los más antiguos pueblos, resulta demos,. J. J ohnston Lavis.
serie de las edades. Pero estas transformaciones, por trada por multitud de fenómenos, en cuya· exposición
Grabados. -Homero, busto en mármol existente en el Mu• nadie advertidas sino mucho tiempo después de con- no nos permite entrar la índole de este artículo. La
seo Británico. - Co11melo,j!on·sta, cuadro de D. Ricardo Maclrazo (Exposici6n general ele Bellas Artes de Barcelona). - sumadas, vienen verificándose desde miles y miles mineralogía además confirma el princ;ipio&gt;de la forUn episodio de la batalla de W11rt/1 (1870), cuadro de Jorge de años antes de que hubiese hombres que las con- mación del núcleo terrestre por el fuego: las rocas
Hleibtreu. - Un relato i11teresa11te, cuadro de D. Antortio signaran y de ellas ·nos gejasen memorias. Los re- más profundas son reconocidas como productos ígFabrés. - El primer cigarro, cuadro de C. IIartmann. - cuerdos, ó más bien tradiciones, de mares desapare- neos. Sólo el fuego pudo fundir esas ingentes masas
Arabe descifrando 1111a inscripción, cuadro de E. Glock·
de granito y de pórfido que constituyen la base de
ner. - Al a111or de la lumbre, cuadro de D. Luis Jiménez cidos y de continentes convertidos en mares, constan
(Sal6n de París de 1891). - La castidad, escultura existente diseminados en escritos de casi todos los filósofos á nue~tras cordilleras, y digámoslo así, la armazón del
en el Museo del Baticano, - El poeta griego /Jfenandro, es- quienes preocuparon lós grándes feñómenos del pla- globo; sólo á su acción poderosa pueden atribuirse
cultura existente en el Museo del Baticano. - Fig. , . Cono neta donde tiene la humanidad su cuna, su teatro y las repentinas y destructoras erupciones de las rocas
de erupción del Vesubio (de fotografía). - Fig. 2 . Aspecto
de las fumorolas formadas sobre la lava del Vesubio durante su sepulcro. Esas tradiciones fueron á veces motiva• hipogénicas que destrozaron en ignoradas épocas los
la última erupci6n de 7 de junio de 1891 (de fotografía), - das por la necesidad de explicar cómo en lo interior terrenos de los estratos cristalinos por donde se
Fig. 3. Estudio de una fumorola por un ascensionista en el de extensas comarcas han podido hallarse, ya á gran- abrieron paso, dejando en la superficie de nuestro
volcán del Vesubio. Formaci6n del 7 de junio de 1891 (de des profundidades bajo tierra, ya en las montañas ó continente las colosales huellas de la violencia y de
fotografia). - Fig. 4. Cima del gran cqno vesubiano en 30
grandes alturas, fósiles de seres orgánicos que perte- la dislocación. Los sabios Mitscherlich y Senarmont
de junio de 1891. (Mapa levantado por el autor.) Limite del
gran cráter de 1872 rebasado por la lava. - Una metopa del necen á la biología prehistórica. Otras veces, no se tuvieron que subir la temperatura del agua de 130
friso del Partenón.
sabe por qué, asaltaron á la mente de los hombres á 300 grados para producir cristalizaciones de los
pensadores. Belo y Zoroastro consignaron en rasgos minerales que caracterizan los filones metalíferos de marcado orientalismo hechos relativos á grandes el cuarzo, el hierro espático, la barita sulfatada, el
EL POEMA GEOLÓGICO
conmociones terrestres; Hesiodo, al contar los com- mispiekel, la plata roja, etc.; - calcúlese, pues, por el
bates de Júpiter y Tyfeo, nos representó el cielo y la calor que ha habido que emplear para obtener artifiLos sabios naturalistas, encanecidos en la entrete- tierra convertidos en inmensurable hoguera y el hie- cialmente estos minerales, en qué estado se hallaría
nida tarea de escudriñar y conocer los elementos que rro licuado en lo interior de las cavernas; Tbales, la tierra cuando ella espontáneamente los producía.
componen nuestro globo, su substan9ia, su situación precursor en cierto modo de la escuela neptuniana, Era entonces sin duda alguna nuestro globo una inrelativa y las causas que la han determinado, se di- consideraba el agua como el agente primordial de mensa masa ardiente, líquida y vaporosa.
viden el campo de sus investigaciones: dedicados la naturaleza, mientras Heráclito ponía en el fueAquel globo ígneo de vapores ahrasadores va graunos á la geog11osia, su esfera de acción es el conoci- ~o el principio generador de todas las cosas, á la ma- dualmente enfriándose en la superficie: los vapores
miento del estado actual de la corteza terrestre; otros, nera de los modernos platonianos. Xenófanes fué el se condensan y llegan á formar en la periferia como
consagrados á la geogenia, nos explican de qué ma- primero que se fijó en los restos fósiles de los ani- una túnica, pero de humo acuoso, iluminada por los
nera ha venido la tierra á quedar en semejante esta- males; observando petrificaciones de peces y molus- reflejos de la combustión interior. Pasan los siglos,
do. El alemán Werner fué quien deslindó estos dos cos en el interior de Sicilia, sacó la consecuencia de aquellos vapores condensados se esparcen más y más,
campos de la geología, y todos le siguieron sumisos. que aquel suelo había sido mar en otros tiempos. y obscurecen el planeta. ¿Qué era éste entonces?
Pero la sumisión no ha pasado de aquí; en la re- Anaxágoras sostuvo la opinión de que los continen- Oigamos al poeta, cuya inspiración viene en auxilio
gión de la geogenia se han librado muy reñidas ba- tes estuvieron alternativamente enjutos y cubiertos de la ciencia:
tallas á causa de las encontradas hipótesis de que se por las aguas, y Aristóteles observó gran número de
El cielo entonces respl:mclecia,
ha partido para explicar la formación de la corteza hechos geológicos intentando una clasificación cienni por los campos del rosado Oriente
tífica de todas las substancias minerales. Interminade la tierra.
Apolo, origen de la luz, vertia
Que esta corteza no ha sido siempre cual aparece ble y pedantesca quizá resultaría la referencia á los
los dorados arroyos de su fuente;
hoy, es cosa que nadie pone en duda; y que en todos antiguos filósofos, poetas y escritores que se ocupala luna no menguaba ni esparcía
la luz prestada de la llana frente;
tiempos han echado de ver los hombres sus transfor- ron e'n investigaciol}es geogénicas; Xantho de Ledia,
no era la tierra de aire rodeada,
maciones, es también innegable.
Teofrasto, Straton, Eratóstenes, Polibio, Lucrecio,
ni con su mismo peso sustentada.
Un sabio árabe del siglo xm, llamado Kaswini, Estrabón, Ovidio, Plinio, Pausanias, San Justino, son
El Océano los bañados brazos
en su libro titulado Adjai'b alma Kl1alukat, ó sea los legltimos precursores de Buffon y de Cuvier en
no habla por sus n,árgenes tendido,
Maravillas de la Naturaleza, tuvo la original ocurren- este interesantísimo ramo de las ciencias naturales.
ni el invisible fuego con abrazos
transparentes al aire habla ceñido;
cia de escribir en forma de apólogo la doctrina de Todos ellos, mezclando con sus observaciones proni el aire de los húmedos regazos
las revoluciones del globo, de la cual hacemos la si- pias tradiciones más ó menos fabulosas, nos dejaron
daba el vapor, en agua convertido,
guiente paráfrasis.
vestigios inapreciables de las ideas del mundo antique el cielo, el mar, la tierra, el aire, el fuego,
Pasaba yo un día par una ciudad muy antigua, in- guo respecto de las demudaciones ostensibles de la
se confundían en un bulto ciego l 1 ).
mensamente poblada, y pregunté á uno de sus habi- tierra, si bien á ninguno se le ocurrió buscar el más
Llega el tiempo en que el denso nublado, e_l bulto
auténtico testimonio de este incesante é inmemorial
tantes:
- ¿Sabes cuándo fué fundada esta ciudad?
fenómeno hasta que el gran Buffon señaló el camino ciego del poeta, baja de temperatura: de aenforme
- Esta gran ciudad, me respondió, no tiene origen á la ciencia moderna, la cual interroga á la naturale- que era se hace líquido; se forma el agua, que por el
conocido; mis antepasados la encontraron tal como za misma y obtiene de ella el secreto de su progresiva aumento natural de su gravedad cae en lluvia. Al
y secular formación. «Así como para la historia (es- contacto de ésta los materiales que aún ardían, pero
es hoy.
Los muros y las torres de aquella población deno· cribía el insigne naturalista) se consultan los docu- que por efecto de la radiación iban lenta~ente pertaban, en efecto, una remota antigüedad. La arquitec- mentos y diplomas, se buscan las medallas, se des- diendo su calor, acaban de enfriarse; las aguas se extura de sus templos, la escultura de sus ídolos, lleva- cifran las antiguas inscripciones y con estos datos se tienden por todas las superficies planas ya consolidab1n el sello de lo que los hombres llaman primitivo determinan las épocas de las revoluciones humanas, das y por los senos que podían contenerlas, y ~ocuando no aciertan á asignarle fecha .
del mismo modo para escribir la historia natural hay mienzan los sedimentos. Mas como las superficies
Pasaron mil años, y volviendo yo otra vez al mismo que escudriñar los archivos del mundo, sacar de las hondas estaban más cerca del fuego, experimentando
lugar, porque mi vida no tiene fin, me sorprendió no entrañas de la tierra los antiguos monumentos, reco- su acción 1 se levantan y emergen con indescriptibles
hallar en él el menor vestigio de la gran ciudad cu• ger sus reliquias y reunir en un cuerpo de pruebas rompimientos y trastornos. Aparecen entonces las·
yo origen había querido indagar, y dirigiéndome á todos los indicios de los cambios físicos que pueden grandes masas de rocas hipogénicas, las montañas
un campesino que estaba allí segando hierba, le pre- conducirnos al esclarecimiento de las diferentes eda- de granito y de pórfido, que combinándose á veces ·
gunté:
des de la naturaleza. Esta es la única manera de pro- con los revueltos pedazos de los estratos quebranta- ¿Desde cuándo está destruida la gran ciudad porcionarse puntos de partida seguros en la inmen- dos, dibujan islotes y cordilleras en el extenso p~élaque aquí había?
sidad del espacio y de fijar cierto número de piedras go de los mares Cambrianos. Concíbese que s1 en
- ¡Vaya una pregunta!, exclamó. Esta tierra ha miliarias en la vía inacabable del tiempo.» Y este ha aquella edad en que todavía la tierra no tenía animaestado siempre así.
sido el método que desde entonces ha venido si- les ni hombres ni vegetación siquiera, hubiese po- Pues ¿no había aquí mismo una ciudad popu• guiendo la ciencia.
dido existir quien contemplase el pavoroso cuadro de
losa antes de ahora?, insistí yo.
Es para ésta un hecho probado que la tierra está la naturaleza, forzosamente le habría inspirado ésta
- Nunca la hemos visto, repuso el labriego, ni ja- en perennes transformaciones; pero ¿qué agentes han ideas de tremenda desolación y de incomparable temás nuestros mayores nos hablaron de ella.
intervenido é intervienen en ellas? ¿A qué causa pri- rror, al ver aquellos islotes roqueños descollando
Pasaron otros mil años, volví á aquel mismo sitio mera debe atribuirse la formación del núcleo terres- en la inmensa masa fluida, aquellas calcinadas llanuy me encontré con un inmenso lago, á cuya orilla se tre? A esta última pregunta no satisface la ciencia ras ya cortadas por humeantes simas de inmensuraentretenían paseando varios hombres, y pregunté á humana: lo que ella puede con cierta verosimilitud ble' profundidad, ya surcadas por corrientes de hirexplicar es la historia de las transformaciones; es de- vientes aguas que vertían en bituminosos y revueltos
uno de ellos:
- ¿Desde cuándo existe este lago?
cir, puede con algunas probabilidades de acierto se- mares, ya estrechadas por altísimas y desnudas sie- Imposible parece, me contestó con desdén, que ñalar el proceso de ellas y los agentes que las produ· rras.
un hombre cuerdo haga tal pregunta; este lago ha cen. La ciencia moderna, rechazando lo demasiado
Tenemos ya en el gran escenario del planeta en
estado aquí siempre desde que Dios hizo el mundo. exclusivo de los dos sistemas neptuniano y plutonia- que se va disponiendo el trono para el rey de la
Volví á pasar por allí mil años más tarde, y donde no, considera los dos principios, el agua y el fuego, creación - el hombre - rocas y terrenos de sedimen•
estuvo el lago había ahora una ciudad soberbia, más como los principales agentes de la formación y de to, los productos del fuego y del agua, los dos genefloreciente y populosa que la primera que había yo las demudaciones del involucro terrestre, al propio radores en cuya combinación armónica hemos de
contemplado en aquella comarca tres mil años antes; tiempo que reconoce &lt;1ue en los lentos cambios que
y cuando traté de inquirir su origen, me contestaron en éste se advierten obran otros elementos ó agentes
(¡) La creación del 1111111do, poema del Dr. Alonso üe Ace·
exteriores secundllrios. . .
sus habitantes:
e
veda. Día primero.
SUMARIO

6l

1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 509

para su uso particular un coche entero, los pobres paganos no tenían
dónde meterse y reclamaban á los
empleados, que con malos m~dos les
iban acomodando como sardinas en
banasta.
.
Ya estaban mal que bi~n eni~ulados
los penitentes' y su gruñir se iba calmando cuando desemboca en el andén de' la estación, á toda carrera, una
señora seguida de una doncella y un
criado, cargados los tres con tantos maletines, sacos, bultos, H_os de mantas,
sombrereras, paraguas, Jaulas, cestas y
perrillos falderos y el todo t~~ mal per·
.eñado que iban regando chmmbolos ...
~ cua~do querían coger uno del suelo
se les caían tres.
.
- ¡Señores viajeros, al tren!, gntaban
los empleados cerrando ruidosamente
las portezuelas.
_ ¿El reservado de señoras? ¿Dónde
está el reservado de señoras?, vocea la
dama.
•
_ No hay reservado de senoras,
dice un empleado con mal modo.
- Debía hl\berlo.
- ¡Se deben tantas cosas que no se
pagan!
_ ¡Al tren ... al tren!
.
_ ¡Eh... señora... la de los quince
bultos... que se deja usted atrás los talones!, dice un mozo.
_ Vamos, señora, suba usted; aquí
debe haber puesto.
.
_ Aquí somos once e~tre chicos Y
grandes, grita una voz airada ... Once
sin contar un niño de pecho que huele
por tres.
- ¡Completo!
- ¡¡Repleto!!
.
_ ¡¡¡Atestado!!!, gntan voces desde
otros coches.
_ Aquí no cabe ni un alfiler, y esa
;;ñora se conoce que se muda.
_ Esta no es la empresa de F. Del-

hallar los grandes cuadros del magnifico poema geológico del mundo.
Pasarán miles de años, vendrán la_s demudaciones de las épocas mesozoica Y
cenozoica; llegan después ~as d~ la
época cuaternaria ú homozo1ca; viene
el tiempo en que la masa terrestr_e_ha
de tomar su forma general defimt1va,
y entregando el Supremo Hacedo~ la
masa de nuestro planeta á la acción
inteligente de la naturaleza, á la cual
ha dotado ya de todos los. ele~entos
y gérmenes de vida con fi~as é inmutables leyes, la madre comun saca por
fin de la materia informe el hermoso
y variado orbe que habitamos,
Como ]a osa ruda, que lamiendo
del parlo inform~ la cerdosa past~,
con la lengua formando va y puliendo
el cuerpo feo de su torpe ca~ta,
y con astucia natural va haciendo
de un peso tosco, de una ca_rga basta,
de un montón grueso un animal perfecto,
del natural instinto raro efecto (1).
PEDRO DE MADRAZO

UNA BROMA

I
Estábamos de sobremesa.
Vinos finos de los mejores rrús de
Francia y andaluces de las mejores
marcas de Jerez y Montilla habían
circulado á profusión, y la alegría más
franca y juguetona reinaba entre nosotros... cuatro amigos íntimos que la
casualidad reunía, una hermosa mañana de octubre, bajo los rayados pabellones de tela de un restaurant elegante en las alturas de la torre Eiffel.
Procedente cada uno de nosotros
de un país diferente, al vernos juntos
allí, tras larga ausencia, á tantí~imo_s
metros de altura sobre la más d1verttda y animada de las ciudades del
mundo... rodeados de un panorama
espléndido... contentos del momento
presente, recordando co_n delicias otros
de nuestros años juveniles, en los que
la nota cómica resaltaba, charlábamos... charlábamos como cuatro coto·
rras, y la conversación tení~ ese espi•
ritu ágil y brillante que chispea, saltando de una guasa á otra guasa, de
un recuerdo agradable á otro conmov~dor.
..
A fuerza de tacitas de café Yde cop1ta,s de dehc1~·
so Oporto, costumbre q~~ Luc1ano se tra1a muy ar:a1gada de Inglaterra, el dialogo comenzó á tom_ar ciertos matices verdosos de primavera que com1:nza, Y
con los matices perfumes amorosos, aventunllas lleras comenzaron á saltar sobre el tapete.
g Ya había contado Roberto historias orientales co?
su poquito de alfanje y cimitarra y los sustos cons1•
guientes; ya nos había referido ~uciano _tres ó cuatro
aventurillas aventuradas de la vida londmense, cuando Pedro - un político de marca de los d: b~en~ cepa - exclamó_-. exclamación por desgracia Justificada entre mend1onales:
_ íEsto sí que es verdad!
y á renglón seguido contó esta broma.

ríu.- ¡A la perrera!, vocea uno de tercera.
.
d .
- iPor Dios, seño~ Jefe, no me eie
usted en tierra!, suphca la dama. .
_ ¡Que estamos en retraso de diez
minutos!
Suena un pito... toca una ca~pana ...
CONSUELO, FLORI STA, cuadro de D. Ricardo Madrazo
silba la locomotora y se nota el impres(Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona. l
cindible porrazo de arranque; pero é_ste
es tan lento que la lucha por la vida
continúa entre los de afuera y los de adentro, los emlos colmos, y así sea él uno de tierra de Segovia ó del
pleados la señora Y su gente.
propio Vitigudino, ya no ve ~á~ que germanos Yger·
Me da lástima... yo soy así... no lo puedo rememanismos... ni comprende s1qmera 1 en su g:andeza, diar. Además, la señora me parecía guap~··· me par~la existencia del garbanzo y sus consecuenc1as en el cía digo, porqµe un gran velo la envolv1a de medio
carácter.
. . .
arriba.
.
- Pero las instituciones, decía, esas in~tttuc1o~es cuerpo
Abro la portezuela y la gnto:
republicanas, ¿cree usted tengan consi~tenc1a? ¿Existe
_ ¡Aquí, señora, aquí!...
realmente un ejército formidable? ¿~x1ste, de verdad,
Acude. La izamos. Izamos á su doncell~ y parte
un espíritu público levantado? ¿Existe~?... y patatín. de los enseres .. Lo último que llegó fué una Jaula que
¿Existen?... y patatán. Y seguía y segma. enumeran- el bruto del criado tiró como una honda ... hallándos~
do cosas y más cosas y muchas que de cierto no co- ya á gran distancia y cuando el tren marchaba rápi·
nocía ni de vista.
¡Qué énfasis, amigos, qué énfasis! Tanto pudo de- da mente.
La jaula entró como una bomba por 1a venta_n,i11a,
cir, que me cargó, y para acabar de una vez con la se aplastó contra el techo y de r~chazo s~cud10 un
racha,
.
,
p , buen golpe sobre la cabeza de m1 companera, que
- Amigo, le dije, en Francia no hay mas_ qu7 ª:ts lanzó un agudo grito y se desmay~.
.
y en París no hay más que cuatro grandes 1?stttuc10•
¡Y aquí empiezan mis infor~un~os! Por Dios, que
nes; eso sí esas cuatro instituciones so? senas, están no se puede ser generoso y cantattvo.
II
profundamente arraigadas, y las_ creo msuperab~es Y
_ ¡Agua! ¡Agua!, me chillaba la camarera.
poderosas .. , verdaderos veneros inagotable~ de nque¿Dónde hallarla? El coche era_ un campo de AgraVenía de Francia á ~adrid.
.
za pública. Estas cuatro grandes institu~1ones son: mante. Maletas, jaulas, líos medio deshec?os, cestas
Me tocó de compañero en el steepmg_un pollo las modistas, los peluqueros, los restaurants Y las
elegante, conocido ~{o... ~reguntón sempiterno ... un coco/tes. Amigo, nada más allá. Lo demás todo es con las bocas abiertas... vomitando p_anec1llos, fiam•
bres y frutas por el suelo y por los asientos. Una bodistinguido diplomático .. · insoportable. .
ó filfa. ¿Comprende usted?
Desde que salimos de Par!s el desgra;1ado nie ce~r
Pues no comprendió y siguió preguntando. ¿Qué tella de vino malamente cerrada chorreaba desde la
red, rociando pared, asiento y almohadones y cuanto
de interrogarme... más por mrse á sí mismo q 1 p . hacer? Le dejé hablar y me dormí, pero en cuanto
éstos había.
.
escuchar mis repuestas ..,- so pret~xto q~e
a ~~ amaneció ... pies para que os quiero... me largué á un sobre
¿Qué hacer? Acudí á mi neceser, y qmeras que_no
misión política que á m1 me hab1a lleva o dranc1 , coche de primera el que hallé más á mano, con
apliqué á los labios de la dama mi botellín de conac
.
'
debía haber tenido ocasión de penetrar gran es se- armas y bagaies.
.
y la hice tragar parte de su ~ontenido. El resto lo
cretos de Estado.
. 1
Por casualidad no había nadie. Dormí c~mo un aprovecharon mi chaleco y mis pantalones... pero la
El venía de Berlín y... vosotros n~ sab~,s Bo 1te lirón hasta la frontera donde el jefe de estación me
señora volvió en sí... volvió en sí digo, y fuera de sí
puede molestar un pollastre que v1!:e
~;n~~~ tenía dispuesto un re;ervado... y mucha amabilidad, al ver el emparedado de canario que t~n{a sobre la
'lue conoce personalmente á una re6
g d que es lo que nos está reservado á nosotros (los gran· falda. Lloró, besó el ensangrent.1do cadaver del poduques y de grandes duquesas, ~os tres empera ~: des hombres) que no pagamos ni un real á las embre canario, rompió el abanico á fuerza de hace_rse
res con sus hembras correspondientes, un gran ca
resas de ferrocarriles.
ciller ó dos feld-mariscales y la mar de cora~eros de p Todo fué bien hasta Miranda, donde se armó un aire y se desató en tan tremenda andanada de im·
properios contra los empleados de la empresa ... contodos colores y de uhlanos de todos los matices. d l'o atroz
Para un pollo diplomático aquello es el colmo e \ 1 Com~ éramos varios los hombres i!11portantes que tra el abuso d~ los reservados que ocupaban todo el
material en acarrear tu11a11tes. ¡Tunantes!... esta palaveníamo~ en ~l tren, y cada personaJe se reservaba

1;

a:

I

( 1)

Poema citado.

�612

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

509

- ¡Tijeras, cera, hilo!, grito desde la puerta de la
breja me supo á cuerno quemado ... que vamos, me amant!ció y al descender los montes, camino del Esescalera
al portero, Luego digo á la señora con el
corial,
la
luces
se
apagaron
y
vi
el
rostro
aquel
á
la
creí obligado á decirle con la mayor humildad:
- Dispénseme usted, señora, que le ocupe un sitio luz del día... aun después de una mala noche... me mayor aplomo:
- ¡Respondo de todo!
en su coche. Ahora voy á ver si logro estibar el car- pareció quinientas veces más bella ... y su primera
gamento y adecentar un poco este interior... y en la sonrisa como toda una primavera andaluza cuajada
VI
primera estación me iré con la música á otra parte de flores y aromas ... entre el azul diáfano de un cielo
sin mancilla y un suelo de amores.
para que usted se esponje á su antojo.
Salí á las cuatro de la mañana en un estado que
¡Bendito sea Dios, y qué bien sabe hacer las cosas
- Me dió mil excusas ... ¡Ca! ¡Si aquello no suceno es para contado.
día ni en Cafrería!... Lo de tunante no lo decía exclu- cuando se pone á ello!
¿Era una broma de Carolina?
Después del chocolate ... ¿cóipo evitarlo?... me desivamente - ¡qué galantería! - por mí... ¡Ella, una seSi fué broma, Dios se la pague; hice una obra de
claré
en
serio
...
al
oído
...
sentado
á
su
lado
...
cogiénñora sola, obliga¡:la á viajar de limosna!. .. ¡Meterse en
mi coche!... ¿No era casi tanto como meterse en mi dole la mano y alcanzándole un beso delicioso entre caridad.
Al día siguiente, un caballero dej6 en mi casa un
casa una vez que el coche era mío? Y todo... ¿por el nacimiento del pelo y la oreja, que parecía un capaquetito
para mí. Contenía mi tarjetero perdido en
racolito,
sonrosada
y
pequeña.
qué?... porque...
Me dió esperanzas en sonrisas y dulces presiones la brega ... un billete de 100 pesetas y un B. L. M.
La corté el flujo aquel de palabras. Temía nuevas
incluyéndome los honorarios por el último parto de
de mano; orales muy pocas.
sangrientas alusiones.
su
mujer.
Ya
en
Madrid
...
en
el
puente
de
hierro
...
escurrió
- La verdad del caso es que yo me tengo la culDí á la primera pobre que me pidió limosna las
pa. ¿Quién me impedía á mí pedir también un res~r- en mi mano un papelito doblado. No decía más que
éstas palabras, escritas con lápiz sobre una hoja de 1 oo pesetas.
vado? ¿Dígame usted?, exclamaba.
¿Era esta una nueva broma de Carolina? ... Más
La contesté que, en efecto, yo no sabía por qué... tarjetero:
parecía broma del destino ...
«Carolina, Biblioteca, 64.»
pero añadía que hizo muy bien en no tomarlo ... así
No he vuelto á verá mi sílfide de Miranda.
Luego murmuró en mi oído:
tenía yo el honor... la dicha... la felicidad, etc., etc.,
- ¡No me siga usted, por Dios! .. Me esperan. Háde pasar en su compañía horas que de cierto me paLUIS DE LLANOS
recerían brevísimas, tan breves como interminables gase usted el desconocido. Esta noche á las nueve le
espero para tomar una taza de te.
solo con mis pensamientos.
- ¡Una taza cle te! ¡De ambrosía querrá usted deLa señora me sonrió... y su sonrisa, amigos, me
cir, señora!
SECCIÓN AMERICANA
abrió horizontes desconocidos. ·
¿No habéis observado ese fenómeno?
TIPOS Y COST U~IBRES DE PUERTO RICO
III
Hay fisonomías que en reposo resultan antipáticas,
hasta feas, y que una sonrisa transfigura por compleLA FI SC ALA
Comí á las cinco como los cómicos.
to. No es esto decir que mi compañera fuese fea ...
A las seis empezaba á vestirme.
todo lo contrario, era lo que se llama una real moza;
I
Todas las camisas me parecían mal.
pero tanto pelo negrazo y espeso... tanto obscuro
Al
fin
dí
con
una,
planchada
en
Londes,
que
paprofundo en sus ojos airados, le daban al principio
Mi queridísima Prudencia: Te pongo estas cuatro
recía propiamente de porcelana de la China.
expresión de un dramatismo apestoso.
lfneas
para saber de tu salud y la de tu famila, ya
En vista de que la habilidad de mi ayuda de cáCuando sonrió tomó su boca un pliegue tan moque
ustedes
me tienen olvidada y ni escriben ni viemara
no
me
satisfacía,
yo
mismo
me
hice
el
lazo
de
no, se formaron en sus mejillas y en su barba tan renen nunca por este pueblo, cada día más triste y más
trecheros hoyitos, me enseñó unos dientes tan sanos, la corbata ... con la décima que ensayé.
Llevaba medias de seda bordadas y zapatitos es- fastidioso.
nacarados y frescos, que hasta se me figuró se volvía
Te digo que parece un cementerio, por no decirmucho más joven y más pequeñita de estatura ... De cotados. Un frac de Pool como no hay dos en Madrid... y una flor en el ojal. Lo más que representaba te otra cosa peor. La casa del rey. que es la mejor
real moza, aquella dama, ascendía á sílfide divina.
que hay aquí, está sin techo desde la tormenta de
eran 30 años, y aún aún.
- Si yo fuera fea no sería usted tan galante.
Pedí el coche á las ocho y media, y tan tarde me San Felipe; la plaza es un pasto, la calle principal
- ¡Pues es claro, alma de Dios!... ni la abro la
puerta, ni la recibo, ni ese es el camino, ¿qué tiene parecía que mandé á mi cochero reventar los caba- un basurero, la iglesia un no sé qué.
Hasta la gente se va poniendo pesada y cursi, como
llos. Del paseo de Recoletos á la calle de la Biblioesto de particular?
- Pero vamos á ver, señor mío, y usted qué gana teca tardé menos de un cuarto de hora, Una vez tú dices. La mujer del alcalde, que presume de intefrente al número 64, no me atreví á subir ... No es ligente en eso de vestir á la moda y de arreglarse con
con que yo sea guapa?
- Verla: ¿la parece á usted poco? Además, usted puntualidad llegar á las citas antes de tiempo. ,, y más elegancia, se ha sacado ahora unas túnicas, unas polonesas y unos bullones que causan horror. Cuando
no es guapa •.. usted es divina... ideal; usted es una á citas como la mía.
A las nueve menos cinco me dirigía á la portería, va á misa parece un pilón con saya, dando tumbos
diosa del Olimpo.
La dama sonreía. A mí se me figuraba que de re- trémulo de emoción. Iba á verá Carolina-¡qué bo- por entre las hierbas del atrio y sus cercanías.
¡Y lo poseída que está de que es guapa y vi'ste
sultas en el coche hacía sol y.. . ¡eran las diez de la nito nombre! - ¡Volverá verla después de doce horas
bien!
de ausencia ... una eternidad!
noche!
•
Como el nombre de ella es Cruz, aquí en el pue- ¿La señora ... pregunto al portero, que no me
Se lo dije y continuó sonriendo.
blo todos la llaman la Cruz del alcalde.
- Esta muchacha es tonta, pensé para mí... pero deja concluir y exclama:
- Sí, sí ... en el principal. Suba corriendo que le
El p0bre marido se ve y se desea para pagar tanto
¡qué suculento manjar!
perifollo, y siempre está mandando guardias con
El coqueteo continuó. Tomaba varas. A veces me espera.
¡Qué raro! ¿Carolina se confía así con su portero? pliegos urgentes á la villa, para que esos mismos
respondía con gracia ... ó al menos á mí me lo pareSubo de cuatro en cuatro las escaleras. Al ruido guardias le traigan los encargos de la mujer. Los
cía ... que ...
de mis pasos se abre de golpe la puerta del principal. pliegos urgentes son el pretexto para que los guarTodo es según el color
- ¿Es usted?, me dice una voz ruda en las tinie- dias hagan el mandado. ¡Tenemos aquí una chacota
Del cristal con que se mira.
blas ... la cocinera sin duda.
con eso de la Cruz y los pliegos urgentes!
- Sí, yo soy, contesto.
A veces van en una bestia de carga que llaman
Pero si talento mucho no debía tener... ¡vaya
- ¡Alabado sea el SanHsimo Sacramento del altar!... bagaje, por cuenta del pueblo, cuando hay muchos
unas líneas de cuerpo!
encargos que traer.
Era coqueta ... superiormente coqueta. Se acomo- La pobre señora no podía más.
¡Bendita Carolina mía! ... ¡Ella también encontraba
Y, claro está, todas estas charrerías y exageraciodó para dormir de una manera especial. Me hizo
volver de espaldas y se quitó el cuerpo del vestido y largo el tiempo!
nes van teniendo imitadoras entre las mujeres del
- ¡Pronto, pronto, venga usted!
el corsé para endosar luego una especie de nzatinée
Ayuntamiento, digo, entre la secretaria, la tesorera,
La sigo. Me empuja dentro de un salón un poco la registradora civil, la del fielato, la ejecutora de
de franela blanca, toda llena de encajes y de cintitas.
Yo lo vi todo ... lo que humanamente se podía ver, cursi, alumbrado con petroleo humeante.
apremios y demás familias que viven bajo el poder
- ¡Aquí, aquí!, me empuja den~ro de un gabinete de la alcaldesa, y siguen sus gustos por adulación y
reflejado en el espejito de mi neceser ... que, con ha·
bilidad de piel roja metí en mi bolsillo en cuanto ba- lleno de ropas tiradas por el suelo ... enaguas y vesti- novelería, más que por acatamiento á la autoridad.
rrunté lo del traje de noche. ¡Chicos!, lo que vi me dos rodando por encima de los muebles ... una gran
Y así van todas que parecen mojigangas, desacrechifló. Pero Señor, ¡que sea uno tan ciego que nece- confusión,
ditando el buen gusto que hemos tenido aquí siem- Ya está en la cama ... entre usted.
site descender á ciertos detalles para ·comprender
pre en cuanto á esto de vestidos. ¡Si las vieras en un
todo lo selecto de las líneas que vulgarizan y bastar- ¡Cómo! ¿Será posible?, y según entraba grita la baile!
dean esos pícaros corsés y esos maldecidos vestidos criada:
¿Qué más te diré? Hasta se pintan para imitar á la
- Señora, ya está aquí... ahí lo tiene usted... yo alcaldesa. Esto ya no se puede sufrir.
mal hechos!
·
Entre las revelaciones de mi espejito, los abando· corro á avisar.
Para apartar la vista de este infiernito y reponer
nos del sueño, demasiado artísticos para no ser estu¡Cómo! ¿A avisar? ¿A quién iba á avisar aquella algo mi salud después de las calenturas biliosas que
diados ... las sonrisas aquellas y una vocecita de un necia?
padecí, he resuelto ir á pasar unos días contigo. Te
tiple y de un femenino que sacó mi sílfide y que
- ¡Venga usted, por Dios... por Dios ... por la Vir- lo hago saber para que no te coj~ de sorpresa mi lletampoco al principio observé,.. no tuve punto de re· gen María!... ¡Yo muero!. .. ¡Socorro!...
gada, que será el domingo, si Dios quiere.
Me precipito hacia el lecho.
poso ... parecía un exaltado de manicomio ... mienDespués de estar ahí aprovecharé la ocasión para
tras la doméstica, que parecía una esfinge, montaba
Unas manos se agarraban á las mías con inusitada orificarme algunos dientes y para cortar y coser alla guardia con aquella tremenda atención de cen- violencia... Los gritos continúan, pero la voz no es su gunos vestidos, porque tengo la idea de que si los
voz... es una voz dolorida y tremenda...
tinela quinto novel.
hago aquí me van á salir parecidos á los que se pone
- ¡Virgen María!... ¡Madre mía! ¡Doctor mío!
Quise leer y no pude; quise dormir y me fué imla mujer del alcalde.
posible; quise achispar á la doméstica y no hubo
Comprendo todo. Asisto á un parto. ¿Qué hacer?
Será un capricho mío, pero no lo puedo remediar.
Aquella infeliz mujer sufría horriblemente.
novedad.
¡De tal manera se me han sentado en la boca del es¡Qué imprecavidos somos los viajeros! ¿Por qué no
Llamo. Nadie viene. Rompo la campanilla... Nadie tómago ella, sus trajes, sus coloretes, sus moños y su
me traería yo un pañolito al cloroformo de esos que acude.
cerqu!llo!... Porque se me olvidaba decirte que usa
con tanto éxito usan los ladrones elegantes?
- Ayúdeme, por Dios... La chica se fué á buscar cerqmllo todavía y se hace nipes y se riza las greñas
En suma, amigos, me enamoré como un loco de á mi marido...
y parece el mismo diablo en figura humana. Y Juego
aquella mujer que no sabía quién era, ni cómo se
Se me caen los palos del sombrajo... pero tomo es lo más refitolera y cuando habla parece que silba
llamaba, ni de dónde venía, ni adónde iba; y cuando una resolución heroica.
y lo mismo van haciendo las demás.
'

UN RELATO I NTERESANTE,

cuadro de D. Antonio Fabrés

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

En fin, ya te contaré.
Memorias á Timoteo, á Concha,
á Primitiva y á Pío, que debe estar
hecho un hombre. Recuerdos de mi
prima Jesusa, que desde aquellas calabazas está insufrible, y tú cuenta
siempre con el cariño de tu fiel amiga - Clara.
AmcróN. Rompe esta carta.

509

Tu prima, que te quiere, - Clara.
Ya sabes: rompe esta carta.

III

II
Mi querida prima: Para que veas
que no te olvido y cumplo mi palabra, tomo la pluma y hago estos garabatos, que no sé si entenderás,
porque no tengo aquí en donde escribir con calma, ni se puede hacer
nada con orden en medio de este
barullo. ¡Qué casa, Virgen María!
Yo llegué sin novedad. El coche
no se descompuso más que tres veces. Primero se le aflojó una rueda,
más adelante se le rompió no sé qué,
algo que sonó mucho y nos asustamos de pronto; pero Cachimbo, el
cochero, lo amarró en un instante
con curricán. Después se rompió
uno de los arneses... En fin, poca
cosa. Dale en mi nombre las gracias á D. J oaqufn, el dueño del coche, porque es fácil que para irme lo
vuelva á necesitar.
Aquí me recibieron bien, con mucha algazara, mucha alegría y mucha
demostración; pero, hija, no es todo
oro lo que reluce. Al principio grandes extremos y agasajos, y después ...
como si tal cosa. El día de mi llegada pusieron vino en la mesa, hicieron espumilla para postres, y hoy...
¿lo querrás creer? Pues han suprimido
el vino, y poco á poco nos quedaremos con los tres platos de ordenanza: sopa, carne y arroz blanco; sota
caballo y rey, como decimos allá en
el pueblo.
Prudencia dice que soy yo de confianza, y con eso se disculpa. De modo que con un poco más de confianza ... ¡figúrate tú!
Y ¿sabes para qué ahorra y cicatea esta mujer? Pues para echar lujo
y salir á la calle hecha una reina y
aparentar lo que no es. La mitad
de la gente está aquí perdida por
eso. En fin, ya te contaré.
Pues como te decía, Prudencia
está muy orgullosa y muy cambiada.
¡Quien la ve ahora y quien la vió
antes de casarse, cuando andaba con nosotros en el
guayabal!. ..
D. Timo es un boca abajo, un infeliz, un bendito
de Dios. Ya supondrás que este D. Timo es Timoteo, el marido, aquel escribiente flacucho y mellado á
quien hacíamos tanta burla cuando estaba en la notaría del padre de Pudencia. Luego seJué á la ciudad,
y desde allí mandaba por el correo aquellos sobres
grandes, sellados, que decían arriba «criminal de ofi·
cio» y luego había unas firmas y después «Sr. Notario
de ... » y dentro la carta «para Prudencia.» Todo
aquello era para ahorrarse el vellón del timbre.
Timoteo escribía entonces en un juzgado, y decían
que había favorecido mucho (sabe Dios cómo) al
padre de Prudencia, en aquello del testamento de
D. Floro el de Ortegón, cuando se presentó el yerno
y hubo ¡la mar!
El caso es que al poco tiempo se casó 'Prudencia,
y Timo siguió en el juzgado y allí estuvo hasta hace
cosa de dos años que lo hicieron procurador.
¡Si vieras la gente que viene donde él! Todo el día
están entrando y saliendo hombres y mujeres que
andan en pleitos, en reclamaciones, en causas y no
sé qué más. Él los atiende á todos por su orden y
les dice unas palabras tan chocantes ... Aquello es un
coloquio que da ganas de reir. Yo tengo mi cuarto
cerca y oigo: «La sustanciación del proceso,» «la
acumulación de las piezas,» «el requerimiento de
las partes,» «el expediente en cuerda floja,» y otros
muchos términos más . que oyen los litigantes con
atención, como si entendieran lo que él les quiere
decir. Luego les pide dinero, mucho dinero, para
activar los autos, para interponer el recurso, para suplicar por otrosí, para dar traslado, y por ahí sigue.
Las muchachas, Primitiva y Concha, saben todos
estos términos y los dicen á cada instante, como ha-

NóMER0

EL PRIMER CIGARRO,

cuadro de c. Ifartm:rnn

ciendo burla de su papá. tn cuanto los clientes salen, corre Prudencia al bufete y agarra todo el dinero de Timo, sin dejarle siquiera para papel sellado.
Y empieza el drto:
- «Mujer mira que eso es para una casación.
- »Déjate de casaciones, Timo, que bastante casado estás, y antes que nada es la casa, la mujer y
los hijos, que necesitamos andar decentes y· no ser
menos que otros.
- :1&gt;Bien; pero ... ya ves ...
- »Yo no veo más que cobradores en la puerta y
trampas aquí y allá, y cuando voy á salir no tengo
un traje con que poder presentarme como quie:i. soy.
Además, tus hijas no han de andar siempre de trapillo, y ahora viene la Semana Santa .. .
- »Pero, hija, es necesario apelar.. .
- :1&gt;Pues apela en seco ó pide más cuartos, que
éstos y más que fueran los necesito yo, y no tengo
otra parte donde apelar.»
Y por ahí siguen, alegando él tímidamente y replicando ella con altanería, hasta que al fin cede
Timo, guarda ella los cuartos y... gana el pleito.
Y después ¡eche usted sedas, alhajas, postizos,
bambolla y vanidad! Y á la hora de la comida ... sota,
caballo y rey.
Ahí en el pueblo me llaman la Fiscala, y creo que
tú misma me pusiste ese nombre injusto. A mi no
me gusta fiscalizar ni meterme en lo que no me importa; pero, hija, á veces se ven cosas que... vamos,
no puede una transigir.
Se me acaba el papel y todavía no he empezado la
carta, como quien dice. Otro día te escribiré más lar•
go, porque hay.de sobra tela donde cortar.
Dile á Cruz, la del alcalde, que cuando venga un
guardia á la villa me lo mande acá para que lleve
los rizos, el ~gua milagrosa y los polvos de arroz.

fesusa de mis pecados: Leí tu carta
regañona, y me reí muc~o de tus
consejos y sermomes. ¡Cmdado que
estás chinchosa y susceptible!
Le voy á escribir á Lito que te
vuelva á enamorar, para que se te
quite el esplin.
Quien te oiga á ti creerá -que yo
soy una enredadora y desagradecida. Demasiado sé que no se debe
hablar de la casa donde una vive;
pero tú eres de confianza y no tengo secretos para ti. ¡Eso podías agradecer!
Además, yo ¿qué he dicho? Dios
me guarde y me libre de meterme
en cosas ajenas. Lo bueno que yo
tengo es ser quitada y enemiga de
chismes; pero hay cosas que me repugnan y me andan por el cuerpo
y... vamos, que no puedo aguantarlas, que no está en mí y de algún
modo se tiene una que desahogar.
Pasemos á otra cosa.
Ya extrañaba yo que desde el primer día no me fastidiasen las Piñas
y las Antúnez con sus encargos. ¡Si
parece maldici6n! ..
En cuanto una viene á la villa, no
queda nadie por allá que deje de
hacer algún encargo.
Con el guardia de la Cruz... ya
sabes, va el poplin para la bizca, que
no se le merece. ¡Sabe Dios qué mamarracho hará con esa tela tan hermosa!
El sombrero de Paca es de la última novedad. Enséñaselo á Cruz
para ver si se le antoja mandar por
otro, y así tendremos guardia para
lo que se nos ofrezca. No van los
abalorios de Gracia porque no ha
mandado el dinero, y yo no tengo
minas por acá.
Sigo bien de salud, pero esta genme carga, me encocora. Yo quisiera
desentenderme y no hacer caso;
pero, hija, ya tú sabes que no está
en mí.
Prudencia anda ahora al retortero
con su traje crema, y está poco menos que insufrible. Mira tú que hasta
rrie manda á las tiendas r.on sus hijas para que .Je compre seda del
mismo color, blondas más bajas, bieses más subidos, forro que arme y chucherías por el
estilo, y estamos yendo y viniendo medio día para
confrontar colores, para llevar y traer muestrarios y
aun para devolver cosas de~pués de compradas y sacadas de la tienda. ¡Ya ves qué falta de consideración!
Otras veces manda á D. Timo, que se excusa con
que se le vence un término ó con que tiene una vista
ó que necesita alzarse y otros dichos lo más graciosos; pero por fin hace el mandado á costa de carreras, apuros y sofocones, y lo hace casi siempre mal.
Lo más común es que ec/zen una garata, y que
cuando D. Timo no pueda más se inhiba, como él
dice, y nos ruegue á las muchachas y á mí que acabemos el expediente.
Ya dije que ellas saben todos estos términos y
arman cada jerga que es un primor.
Concha y Primitiva son más tratables, ya ves que
soy justa; pero no dejan de darme que sentir, cada
una por su lado. ¡Si vieras qué distintos genios! Parece que una sacó el de Prudencia y otra el de su
papá.
Concha es vivaracha, vanidosa y coqueta. Me gusta por lo franca y alegre; pero está• muy engreída y
no tiene educación. Se figura que todo se lo merece.
Todos los novios los quiere para ella. Lleva relaciones con un estudiantito que está en Madrid aprendiendo la medicina, y se cartean por cada correo; le
ríe las gracias á un empleado de la capitanía de
puerto, que anda siempre con flores en la levita, y
se vuelve loca con un alférez de la guarnición. Su
delicia es ver los colorines de un traje militar.
Y como si no le bastaran éstos, coquetea con todos los que vienen á casa y no los deja hablar con
Primitiva ni conmigo. En seguida se agrega ella,
mete baza y se queda con la conversación. Habla

NúMERO

509

LA

615

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Y á todo esto la casa... Vamos, no está
con la mayor frescura hasta de las cosas que
sin barrer porque yo estoy aquí, aunque no
no entiende; desbarra que es un contento, y
lo digo por alabarme.
se da un tono y un aquel...
D. Timo no se mete en nada más que en
La otra pacece una mosca ~uerta y es ~na
sus papeles, y á veces entra y sale con ello_s
avispa. No he visto nunca muJer más hipó·
debajo del brazo. Te digo que me da lasticrita y sagaz. Habla poco, no se ríe casi
ma. Fuera de lo que tiene de enredador y
nunca, baja tímidamente los ojos cuando la
pica-pleitos, es lo que se llama un infeliz..
miran, y parece que no rompe un plato. ¡Y
La comida va en menguante; vino ... D10s
es más brava que un ají!
.
dé; la cena... café con borras.
Tiene un novio que es de la cuna; creo
Aguárdame dentro de dos meses, porque
que amanuense, pasante ó no sé qué. Ella
no
puedo estar más aquí.
no lo nombra nunca ni habla de él con nosTu prima, que te aprecia, - Clara.
otras como sería natural. Por la noche se
Quema la presente, por lo que pudiera susient;n solos por allá, lejos de la tertulia, y
ceder.
hablan entre dientes, como cigarrones, sin
que se les pueda oir una palabra bien; pero
EPÍLOGO
se conoce que riñen, ó mejor dicho riñe ella
y á veces llora y le araña, y hasta creo . que
Señorita Clara: Ha sido usted, sin pensarle quiere sacar los ojos para que no mire á
lo, mi salvadora en un dificilísimo
empeño,
'
.
las demás. De día siempre lo está velando
y me place declararla en estas !meas m1 gradesde el balcón, pero con mucho disimulo.
titud.
No quiere que vaya á los bailes ni tenga
Buscando yo materiales auténticos, datos
amigos; Je hace ir á la iglesia cuando ella va,
y pormenores á fin de estudiar algunos tipos
para tenerlo á la vista, y si no viene P?r la
femeniles para una colección que tengo entre
noche á la hora acostumbrada... ¡Vrrgen
manos, hallé (no importa cómo) las presenMaría!
tes cartas, que han sido para mí una revelaDa pena ver cómo lo trata. Vamos, que
ción. ¡Ni siquiera había sospechado que exisno lo deja respirar.
tiese el curioso tipo que esos documentos
Y él cada día más complaciente y sumiso.
me han hecho conocer!
Si se ofrece se casa con ella, porque los
Puse manos á la obra para condensar en
hombres son así.
un
articulejo los rasgos más salientes de La
Pero el que me da risa es Pío, el hermano
ÁRABE DESCIFRANDO UNA I NSCRIPCIÓN, cuadro de E. Glockner
Fiscala;
pero después de varias tentativas
de ellas. Está hecho un zángano.
infructuosas,
me convencí de que las mismas
Le pusieron en el colegio, perdió tres curcartas
de
usted
valen
mucho más de lo que pudiera
guna
broma,
se
avergonzaba
muchísimo
y
hasta
quesos y lo sacaron al fin, porque no quería estudiar.
yo
escribir
en
aquel
sentido.
Es largo y flacucho como una espingarda, muy des- ría llorar. Vamos, un idiota, un animal.
Usted se pinta sola para el caso.
Prudencia no se ocupa de los hijos ni de la casa,
colorido y orejón, se enamora á lo bobo de cuantas
Permítame,
pues, que exhiba su obra, sin ~ás
que
están
como
Dios
quiere.
Anda
siempre
al
traste
ve y no hace más que sonreír y mirar desde lejos
con ojos de carnero moribundo. En los primeros días con La Moda, se entusiasma con los figurines, une trabajo mío que el indispensable para desagraviar
de mi llegada se enamoró de mí, y era una diversión y compara las telas para ver si casan bien los colores, un poco la ortografía castellana.
Por esto, y porque tuve buen cuidado de cambiar
el verlo. Me traía confites, caramelos y cromos re- y después de arreglado el traje sólo piensa cómo y
cortados; me los mandaba con la sirvienta y se es- en dónde lo ha de lucir: si en la salve, si en la nove- los nombres, confío en que me perdonará usted la
condía para que yo no le viera. Me hizo unos versos na, si en la misa, si en en el paseo, si en la velada, indiscreción.
tristones en el papel sellado de D. Timo, y cuando porque aquí ha y ahora veladas á cada rato. Cuando se
B. S. P.
se encontraron y me los dieron á leer estuvo tres días queda en casa no hace más que leer Los tres mosqueteMANUEL FERNÁNDEZ J UNCOS
rosó
hablar
de
poesías
con
el
hermano
del
promotor.
sin ir á la mesa. Cuando las hermanas le daban al-

AL AMOR DE LA LUMBRE,

cuadro de D. Luis Jiménez. (Sa16n de París de

1891.)

�EL POETA GRIEGO MENANDRO, escultura existente en el Museo del Vaticano

LA CASTIDAD, escultura existente en el Museo del Vaticano

�LA
MUNICH
¿En qué consiste el encanto singular de lrfunich
que á todo el mundo avasalla? Como ciudad de los
monumentos, de los mármoles y bronces, de las Glip·
totecas y Pinacotecas, guardando los tesoros de la
antigüedad, de la Edad media y del presente, atrae á
los discípulos de Fidias y de Apeles, y con brazos
cariñosos recibe en las exposiciones universales que
se celebran cada año á los artistas del orbe, coronando á los Benlliure. No es como Granada, la de la
Alhambra, del río aurífero y de los plácidos jardines, de las músicas, zambras y leilas, rico dechado
de las galas del Oriente, trasunto en la tierra de un
mágico edén del cielo; pero en Munich se recrean los
poetas después de haber admirado panoramas y buscado imágenes en el vasto campo del mundo; en la
ciudad del Isar vive el autor de la Historia de la literatura y del arle dramático en España, conde de
Schack, que, andante caballero, hizo su entrada en
Munich; el historiador y poeta épico Fernando Gregorovius, el catedrático y novelista Enrique Guillermo Riehl, el estético Mauricio Carriére, el bardo
bávaro Armando de Lingg, el novelista y poeta Pablo
Heyse, el gran egiptólogo Jorge Ebers y el dramatur·
go noruego Enrique Ibsen; y cuando el rey Maximiliano II se rodeaba de los vates más preclaros de
Alemania, residieron en la capital de Baviera Manuel
Geibel, cuyas poesías románticas son de corte germano; Federico de Bodenstedt, el cantor del Oriente,
y el novelista Augusto Becker. El teatro Real de
Munich ofrece el más digno escenario á los dramas
de Sbakespeare y de Goethe, gracias á la iniciativa
del barón de Perfall, y á las operas de Ricardo Wagner, mientras la musa popular, cuyos hijos predilectos son Luis Ganghofer y Maximiliano Schmid, celebra sus fiestas en el teatro sito en la plaza de Gaert·
ner, pudiendo los cómicos de este último teatro,
entre los cuales citaré á la hermosa farsanta y escritora Hartl-Mitius, á la histrionisa Schoenchen, que
promueve como la que más la hilaridad del público,
y á los actores Hofpaur y Neuert, llamarse los Meininger del sainete. Munich se precia de estrellas del
arte pictórico como Lenbach, Kaulbach y Defregger,
que tanto montan, y Dóllinger, que tanto valía, era
una lumbrera de las ciencias. En la corte de Baviera,
do~de residen los distinguidos poetas Julio Grosse,
Guillermo Hertz y Jorge Scherer, vive también mi
amigo el campeón del naturalismo en la literatura
alemana, el esforzado hijo de Franconia Sr. Conrad,
esposo de la ingeniosa comedianta é inspirada poetisa María Ramio de Conrad, orgullo del teatro
Real; el eximio vate neolatino Pernwerth de Biirnstein, y el poeta genial barón Detleo de Liliencron.
. El rey Gustavo Adolfo de Suecia, que entró por la
puerta de Isar el 17 de Mayo de 1834, denominaba
á la ciudad silla de oro adornando un caballo ruin·
pero cuando los rayos del sol iluminan sus fábricas'
antiguas, sus pardos torreones y su vega, y los lejanos Alpes se ostentan entre azules horizontes, y la
arrullan las brisas, es bella y espléndida, y cuando
en Oberammergau, donde natura santa juntó en espacio tan breve tanta maravilla, se representa el dra·
ma de la Pasión, es la magnífica sala del paraíso.
Si los cármenes de Granada s0n los pebeteros de
los altares que á Dios se elevan, en Munich tiene
sus templos el arte y su trono el rey Gambrino, cuyos ~asallos son todos, príncipes y súbditos, próceres
y paisanos, académicos y oficiales, señores y señoras,
dándose cita en el Hofbranhaus, donde cada uno limpia su jarro para llenarlo en el líquido aromático y
espumante. A los amantes de éste les anunciaba
diariamente un relojero en una tabla de su oficina
dónde se encontrase la mejor cerveza, Munich es también la ciudad de las fiestas populares, teniendo por
campo fav0rito el Huerto de Teresa,· donde se celebran los festejos de octubre, y la plaza de Santa María, donde tiene lugar el Salto de los carniceros. Lo
q?e puede alcanzar la sin par amabilidad de un príncipe generoso, de un genuino caballero, demostrólo
nuestro Fritz, haciendo en 1870 de los buenos bávaros los amigos de los prusianos.
A mí me ligan á Municb los recuerdos más gratos:
a~lí cursé la facultad de Derecho y visité los estudios de los más famosos pintores, allí asistí á las
lecciones del gran Liebig y allí tomé parte en 1888
en el Congreso de los Escritores de Alemania enalteciendo las armas de Munich, qué repre~entan
un monje ost~ntando un libro. Entonc'e s llevaba el
cetro de la gracia y del espíritu la eminente poetisa
Ana _Forstenheim, que ya duerme en el camposanto
de Viena que guarda también las cenizas de los poetas
Anzengruber y Bauernfeld y del pintor Makart.
Los benedictinos,es0s mensajeros de la civilización
tienen la gloria de haber fundado Municb. Paree¿
que este pueblo perteneció á la abadía de Teyernsee,

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

donde Werinber escribió su inspirado canto á la Virgen «Tú eres mía y yo soy tuyo» y pintó imágenes
sobre el vidrio.
A tres Luises les debe Munich su florecimiento:
al duque Luis el Severo, que vivió hasta fines del
siglo xm; al emperador Luis el Bávaro, y al rey Luis I,
el Mecenas del arte, que siguió las huellas de los Alberto V, Maximiliano I, Carlos Teodoro y Maximiliano José I, é hizo de su corte la patria de la belleza,
la antesala de Italia, el museo espléndido de todos
los estilos de los pueblos cultos, desde los Propileos
helénicos y la basílica de San Bonifacio hasta las
joyas de la arquitectura gótica, mientras el desventurado rey Luis 11, que tanto fomentó las artes y oficios y protegió á Ricardo Wagner, se retiró del bullicioso Munich al solitario Neuschwanstein. Luis I
imitó en su palacio real, construído por el Sr. Klenze, el palacio Pitti, en la capilla real de todos los
Santos las fábricas románicas de los siglos x1 y xn,
en el pórtico de los Caudillos la Loggia de i Lanzt
que se ve en Florencia, en la biblioteca .e l estilo florentino viejo, en la Pinacoteca vieja el Renacimiento
italiano, en la Gliptoteca adornada por el grandioso
Cornelius el estilo griego. Bajo los auspicios de Maximiliano II, que se proponía crear un nuevo estilo
arquitectónico, pero que no logró hacer sino una
mezcla de estilos diferentes, en la que prevalecía el
principio vertical, nació el edificio monumental llamado Maximiliáneo, que contiene 30 cuadros representando la historia de Baviera.
Munich se enorgullece también con su pintura vítrea que estableció mi amigo el Sr. Jettler, brillando
la luz del cielo por en medio de las vidrieras pintadas del célebre establecimiento de Munich, así en
los castillos fantásticos del rey Luis II Linderhof y
Neuschwanstein, como en las catedrales de Colonia,
Friburgo, Constanza, Magdeburgo, Brema y hasta en
las catedrales de Burgos y Oviedo.
En la capital de Baviera, donde los cafés son museos, florece también la litografía y la fotografía, y á
la ciudad que el Isar baña trasladó su residencia hace
algunos años la redacción del periódico más ilustrado de Alemania, la Allgemdne Zeitung, mientras la
más interesante revista humorística del mundo que
se publica con el título H ojas volantes derrama, no
sólo sobre Alemania toda, sino también sobre España, sus ocurrencias felices y sus primorosos dibujos.
Cerca de Munich se encuentra el Versalles bávaro,
el palacio de Nymphemburgo, construído por los arquitectos Barella, Zuccai y Visardi. En él reside el
príncipe bávaro doctor Luis Fernando con su espo·
sala princesa Doña Paz, á quien dedicó una de sus
composiciones más bellas mi amabilísimo amigo el
gran poeta catalán Jacinto Verdaguer. Quizá un español tenga nostalgia en el frío Munich al cielo
transparente de su patria, clonde el día esplendoroso
en torrentes de luz derrama su amor; pero los alemanes, entusiasmados por tanta belleza, exclamamos:
¡Ciudad de torres coronada, imán del poeta, delicia
del artista, bendita seas!

NúMERO

Homero. La castidad. El poeta Menandro
Una metopa del friso del Partenón, esculturas
griegas. - Poco seria cuanto dijéramos en alabanza de estas
esculturas, obras maestras de aquel arte que en la antigua Hélade alc_anzó una perfección no superada, ni siquiera igualada
en los llempos posteriores, aun en los modernos: El culto que
á la bell~za plástica cionsagró el pueblo helénico fué poderoso
estímulo para el estudio de la misma en la forma más acabada
y armónica, y por ende más difícil, con que se nos manifiesta
en la n_aturaleza, el cuerpo humano; y basta tal punto llegó
á dominarla, que las estatuas salidas del cincel de los Fidias
Escopas, Praxiteles y tantos otros sirven todavía de modelo;
con más faci lida~ admirados y estudiados que reproducidos.
Las reproducciones fotot!p1cas que hoy publicamos permitirán á ~uestros lectores saborear los primores maravillosos de
esos e¡emplares escogidos de la estatuaria griega, que milagrosament~ conservados al través de los siglos perpetúan la mememona de un pueblo en cuyas institucione3, aun en aquellas
que más inspiradas por el materialismo parecen latía una ardiente pasión hacia los ideales más puros, en ara~ de los cuales
se inmolaban todos los amores terrenos y se consumaban los
más heroicos sacrificios.

••*

NúMERó

509

LA 1LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tinuado jardín la tierra andaluza, c~al si la naturaleza se hubiera empeñado en embellecerse con los brillantes tonos de su
luz y de su vegetación y con el encanto de sus mujeres.
El tipo que ha interpretado Madrazo es sin duda uno de
tantos que abundan en aquella privilegiada región, y aunque
real, descúbrese la experta mano del pintor, el esfuerzo del artista, que por medio de la delicada combinación de tonos y la
elegancia del dibujo embellece hasta lo que por sí reune condiciones de belleza.

•

**
Un episodio de la Batalla d e Worth (1870),
cuadro de Jorge Bleibtreu. - El autor de este cuadro,
famoso en Alemania como pintor de batallas, asistió al com·
bate de Worth con el entonces principe beredere, el malogrado Federico Guillermo, en cuyo estado mayor figuró durante
toda la guerra franco-prusiana. Tres lienzos, con el presente,
lleva pintados sobre asuntos inspirados en dicha batalla: el que
hoy reproducimos representa un episodio que Bleibtreu dice
haber presenciado durante aquella acción de guerra, la deserción de tres zuavos que abandonando el campo francés se refugiaron detrás de las líneas alemanas. A decir verdad la composición, por otra parte bien entendida, no resulta muy en
armonía con tal explicación, pero dado el origen de ésta no
nos queda otro remedio que aceptarla.
Tiene este cuadro entre otras buenas condiciones firmeza y
corrección en el dibujo y en la pincelada, expresión y relieve
en las figuras de los tres desertores, vida y movimiento en el
último término donde se desarrolla la batalla, y sobre todo produce en su conjunto una impresión altamente simpática,

***
Un ,relato interesante, cuadro de D. Antonio
Fabres._- Hermoso grupo el de estos oficiales en cuyos rostros y aclltudes se pinta perfectamente el interés con que escuchan el relato de su compañero; pero la belleza de la obra
n_o resulta. sólo de la expresión que todas las figuras revelan,
sino también, y muy poderosamente, de los acabados detalles
con ~anta prodigalidad sembrados por el notabilísimo pintor
catal~n que parece complacerse en amontonar dificultades sobre dificultades para darse el gusto de irlas venciendo con el
t~lento que tan bellas composiciones ha producido y con el
pincel que tan admirables efectos lile color y luz ha descubier•
to. Fabrés es minucioso en grano superlativo: cuando otros
darían por terminarla, y bien terminada, una tela, él halla
modo de seguir ejecutando primores sobre ella, sin que nunca
resulte recargada y sin que lo profuso del detalle perjudique á
lo claro y elegante de la composición.
Yéase en prueba de lo 4ue decimos Un relato i11teresante;
fatJgaríase nuestra atención y no conseguiríamos nuestro intento si quisiéramos escudriñar una p_pr una las mil filigranas
que componen el cuadro; y sin embargo, visto éste en cc.njunto
se nos presenta lleno de espontaneidad y sin el más ligero asomo ~e conf~sión. Y es porque Fabrés antes de pintar en pequeno c?nc1be y compone en grande, y por esto en sus obras
por en.cima de la habilidad del pintor brilla siempre el genio
del artista.

• •*
El primer cigarro, cuadro de C. Ha.rtmann. Se conoce que el protagonista de este cuadro está en las primeras cb~padas del primer cigarro que en su vida ha encendido. i Infehz l Cuando el humo empiece á dejar sentir sus efectos, ¡cómo se tornarán en palidez los subidos colores de sus
mofl~tes y e~ visajes de angustia esa carita de pascuas y esa
sonnsa de tnunfo con que saluda su primera hombrada! Los
que Iecordamos la impresión del primer pitillo que llevamos á
l?s labios, apreciamos mejor que otros la bellísima composic16n de Hartmana, pintor aficionado á tales asuntos, pues
además de éste tiene otro cuadro del mismo género, Los fumadores, que en su número 407 prodUJO LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.

*
* *

JUAN FASTENRATH

NUESTROS GRABADOS

509

Araba descifrando una inscripción cuadro
de E. Glockner.-EI estudio de figura ofrece ~o pocas di·
fi~ult~des, pues en él nada debe dejarse al capricho ó á la imaginac1ó~, y el menor ?esliz conviértese en gravisimO'defecto,
perceptible para los OJos menos experimentados. Y si á las dificultades naturales que el simple estudio de la figura entraña
se agreg~n otras nacidas de la manera como el pintor la coloca, ~eqmérese en el artista para llenar cumplidamente su cometido un cúmulo de condiciones que no todos poseen y que
solamente se adquieren á fuerza de perseverancia en la reproducción del modelo viviente.
Glockner las r_eune por completo á jüzgar por el cuadro suyo que reproducimos, obra digna de elogio por su correcto dibujo y notable expresión.

• •*
4-1 amor de la lumbre, cuadro de D . Luis Jimene~ (Salón
París de 1891 1 • - Después de haber ejecu•
t~do pnmoros~s Joyas en otros géneros, ha vuelto nuestro ins1~ne _c?mpatnota ~ los cuadros de costumbres españolas de
prmc1p1os de este siglo. En el que ha presentado en el último
Salón de París reproduce la escena tan frecuente en las casas
de nuestros abuelos de la visita del fraile, que después de des• .
embarazarse de las alforjas y de acomodarse al amor de la
lumbre si era invierno ó en sitio fresco cuando el calor apretab_a, ?esembuchaba las noticias del día con que aplacaba la cunos1d~d de las personas mayores, ó narraba algún cuento 6
conseia con que entretenía la atención de la gente menuda.
Tan fielmente y con tanta naturalidad está retratada la escena, que_ n? p~rece sino que el Sr. Jiménez alcanzó á ver
aquellos an_eios tiempos con sus típicas costumbres, porque no
sólo los traies y los muebles y adornos sino el'aire que en todo
el cuadro flota, tienen el sello de la épo'ca y le transportan á uno
á los sitios y le. ponen enfrente los cuadros que tan gallardamente ha descrito con la pluma en sus Episodios 11acio11ales el
gran novelista contemporáneo.

?e

Consuelo, :florista, cuadro de D. Ricardo Ma~.ra~o (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). ..,_1 ~1cardo Mad,razo no fuer3: ventajosamente conocido en el
mundo del arte, el precioso cuadró que reproducimos bastaría
para. que se le reputara como inteligente artista: tales son las
cuahdades que se observan desde luego en la linda florista
transportada al. lienzo de los encantadores verjeles de la ciudad
del Darro. _Artista de corazó~ y a~ante de su patria, ofrece al
arte las meiores galas de su ingemo y de su habilidad y maestría. Pocos como él lo_gran dar cuerpo y forma á sus brillantes
JABON REAL
JABON
cuadros ~e costumbres, á es?s tipos admir~bles que acusan en•
tre la dehc~deza de su espíntu la ar~oganc1a de los moriscos y DE T HRI DAC E 29,;.d;l~;li;;;~Parls VELO UTI NE
esa espléndida y exuberante vegetación que convierte en con• auom111d&amp;do1 por &amp;QtOrid&amp;4C3 m64ie&amp;I plll ,, l!i¡ioRe 41 la Piel 1 Bellen (ol ColOI

IVJ:OLETI

E strechándose uno contra otro, prcstábansc calor á las mejillas con su propio aliento

TRAICIÓN DE AMOR
POR ANT ON IO ALBALAT.-ILUSTRACIONES DE ERNESTO BIELER

Era la hora de media noche y muy cruda la helada, pero los dos permanecían
sentados bajo una espesura de follaje, desde donde se oía el rumor monótono
de la enorme rueda del molino al repeler el agua en ondas regulares. Sin más
abrigo qu~ un chal, y apoyándose en su compañero, Juana golpeaba el suelo
con su pie, aspirando el aire frío que por sus entreabiertos labios penetraba.
Hubiera podido introducirá Julio en la casa; pero permaneciendo en el jardín,
aquellas citas le parecían menos culpables; y además, el joven la amaba tan
sumiso que, lejos de quejarse, solamente la alegría de verla hacíale olvidar casi
el nso de la palabra. Estrec_hándose uno contra otro, prestábanse calor á las
mejillas con su propio aliento; Juana se reía al verse obligada á interrumpirse
á cada momento para sonarse y al sentir en su rostro el contacto del bigote de
su adorador, húmedo de rocío; Julio se helaba los labios al rozar con ellos las
mejillas de su amada, mientras en el pálido rostro de ésta veía chispear en la
obscuridad sus lindos ojos negros.
· Juana, muy joven aún, apenas contaba veinte años, era simpática y graciosa,
encantadora y pura; sus movimientos tenían algo de felino por lo graciosos; sus
zalamerías infantiles hechizaban, y su sonrisa era adorable. La fogosidad de la
'juventud les bastaba para arrostrar el frío penetrante que bacía saltar las lágrimas de los ojos.
· - Desde mañana, decía Juanita, no será preciso ocultarn0s, puesto que nuestros padres han consentido en el matrimonio y que vas á pedir mi mano oficialmente.
- SI, mañana, adorada Juanita. ¡Oh, qué feliz soy!
- Yo también me alegro mucho, murmuró la joven, apoyándose en Julio con
fuerza; pero ... ¡chist! ... oigo ruido ...
Los dos escucharon, levantando la cabeza é inmóviles.
No era más que el rumor producido por el molino y el canto de los gallos en
sus corrales. La ciudad estaba sumida en un profundo sueño, al abrigo del aire
' helado de diciembre, que parecía endurecer la atmósfera y envarar las ramas
de los árboles del jardín; las estrellas brillaban como ~iamantes en el cielo azul,
blanqueado por el polvo de la vía láctea.
-Alguno conozco yo, dijo Julio, que no se reirá mañana.
.
- ¿Quién?, preguntó Juanita, levantando la cabeza con seductora gracia.
-Tu señor Pablo, contestó el joven.
Juanita dejó las manos de su adorador, que tenía cogidas, hizo un mohín y
arrugó el entrecejo.
- ¡Malo!, exclamó. ¿Por qué me hablas todavía de él, sabiendo, como sabes,
' que esto me enoja?
.
_ .
Y mirando á Julio para ver s1 estaba enfadado, anadió:
- ¡Oh! Es muy feo estar celoso, y si_no ..:
.
.
-Te aseguro que no tengo ahora celos, interrumpió el Joven; pero hace dos
meses sufrí mucho ... ¡Me dijeron tantas cosas!
I

- Es que tú te exaltas muy pronto, repuso Juanita, acercando su lindo rostro
al de su adorador,
- Jamás he creído nada de cuanto me dijeron, replicó Julio, estrechando la
esbelta cintura de su amada, porque te idolatro, y para mí estás á una altura á
que no alcanzan las sospechas ... Escúchame bien, Juanita ... Mi padre me considera joven para casarme, pero ya sabes que soy más formal por el corazón que
por la edad. Tú lo eres todo para mí ... Si me engañases, si no me amaras ya,
moriría ...
- ¡No, exclamó Juanita, estrechando las manos de Julio y con la sonrisa en
los labios,·yo no quiero que m·ueras! ... ¿Qué sería de mí si tú faltases? A nadie
amo mas que á ti, bien lo sabes ... ¡Ah!, añadió después de una pausa, ya es
tarde, Julio, y se hace forzoso separarnos ... ¡Estoy helada de frío! ...
La luz de la luna comenzaba á blanquear el jardín, cual si hubiera nevado·
los dos jóvenes se abrazaron una vez más en la puerta; y después de mirar
había alguien en la calle, Julio salió pensando en los graciosos hoyuelos de las
mejillas de su amada.
La demanda de casamiento se hizo al día siguiente, víspera de Navidad. El
-recaudador Raynaud, padre de Julio, fué con su mujer y su hijo á casa de los
de Juana, que les invitaron á pasar la noche con ellos para ir después á la misa
del gallo, acompañando Julio á su novia. La solemnidad fué imponente: de
rodillas uno junto á otro, escuchando atentos los cantos inmortales de la noche
cristiana, parecíales que su amor resplandecía en la iluminación de los cirios;
que se elevaba hacia Dios á través de los perfumes del incienso y vibraba en su
pecho con el hosanna de los órganos. Aquella fiesta fué para Julio una de las
más hermosas ceremonias que había visto.

si

. .

.

La Bruyere escribió algo muy profundo cuando dijo que no se amaba bien
más que la 'primera vez. A medida que la existencia endurece el corazón olvídanse esas puras ternezas, que es forzoso haber sentido, sin embargo, para ser
hombre completo. ¡Momento único, virginidad del alma, aurora de la pasión,
quien os haya conocido no vuelve á encontraros jamás!
Julio profesaba á su prometida uno de esos afectos tanáticos que deciden de
una existencia. No solamente estaba seguro de no desear jamás otra mujer, sino
que la amaba tanto, que siempre la respetó como cosa sagrada; y esta ingenuidad adorable convierte el primer amor en un sentimiento que no podemos concebir ya cuando la experiencia de la pasión nos ha depravado. Semejantes afectos, no obstante, 5on menos raros de lo que se cree en las ciudades pequeñas,
donde el carácter sensible se exalta por la soledad. De noche, bajo el emparrado del jardín, Juana estaba segura en los brazos de Julio, á quien la idea de
propasarse hubiera parecido un sacrilegio. Su único defecto se reducía á estar
celoso de aquel á quien Juanita llamaba «señor Pablo.» Hijo de un comerciante
millonario, Pablo Bernier regresó de París, donde había ido á instruirse, con

�620

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

509
NúMERO

una fama de estudiante libertino á que, según aseguraban malas lenguas, no se
mostr6 insensible la bella J uanita, calumnia que exasper6 á Julio, pero de la
cual se ri6 desdeñosamente desde el momento en que se hubo concertado el
matrimonio tan apetecido. En el fondo, jamás había sospechado de Juana, que
era para él la virgen impecable, la doncella inmaculada de lfl.ls ensueños, pura
porque era hermosa, buena porque tenía la voz dulce, sincera porque creía verdaderamente ver el fondo de su coraz6n en sus expresivas cartas. Esta certeza
de ser amado le hizo soportar la oposici6n de su padre, quien le creía demasiado joven (veintiún años escasos) y ambicionaba para él una uni6n más ventajosa; pero Julio apel6 á tantos extremos y tenía el carácter tan exaltado, que
M. Raynauc;l acab6 por ceder á las súplicas de la madre y limit6se á retardar el
matrimonio hasta el primero de agosto, con la esperanza de que el precoz enamorado cambiase de parecer.
Aquellos largos meses de espera pareciéronle al principio intolerables; pero
arregláronse las cosas de modo que se calmase hasta cierto punto su impaciencia. Pasaba con regularidad parte de la noche en casa de J uanita, acompañada
siempre de su madre; los domingos, al salir de misa, volvían á casa juntos; y
apenas se les dejaba un instante solos, cogíanse las manos sonriendo para hablar en voz baja. Ya no 'se escribían, y suprimieron las citas, puesto que se
veían libremente. A medida que el tiempo pasaba, Julio enloquecía más de
contento; aquello era demasiada felicidad, y tenía miedo. ¿Y si una catástrofe
les obligaba á retardar la fecha? ¿Y
si Juana caía enferma, 6 si él muriese de pronto? Todo era posible. .
Hacia mediados del mes de julio, Juana comenz6 á estar triste,
preocupada; y á causa de una fuerte jaqueca, guard6 cama tres días.
Cierto domingo, á eso -de las siete de la mañana, Julio se disponía
á levantarse, cuando su madre entr6 de improviso en la habitaci6n.
- El padre de Juanita sale de
casa ahora, hijo mío, le dijo. Levántate... ve á verle... Mucho me
temo que no se realice tu casamiento. Por la ciudad circula un
rumor inusitado; asegúrase que
J uanita ha huído con Pablo Bernier la noche pasada.
Julio corrió como un loco á casa
de los padres, quienes le manifestaron, en efecto, que no era posible
el matrimonio. Juana rehusaba, parecía estar fuera de sí, y había ido á
buscar reposo en casa de su tía.
- Ignoramos lo que piensa hacer, añadieron, pues nada nos ha
dicho... Vaya usted á verá su amiga, la señora Mingault, que debe
saber algo.
El rumor de un rapto se confirmaba; algunos decían que habían
visto partir á los dos amantes.
Julio, aturdido, sofocado y fuera
de sí, encontró á la señora Mingault ocupada en coser en su gabinete: al verle entrar, sonrió sin moverse de su sitio.
- Permítame que acabe este dobladillo, le dijo, y me tendrá á sus
6rdenes.
El joven, en pie delante de la dama, no parecía dispuesto á esperar.
- ¿Qué ocurre?, preguntó. ¿Qué ha sucedido? ¿D6nde está Juana? ¿Por qué
se ha marchado? Usted debe saberlo.
La señora Mingault, siempre risueña, dejó tranquilamente la aguja para medir la tela con los dedos.
- ¡Dios mío!, exclamó, ha ido á verá su tía y volverá. Esté usted tranquilo,
- Pero todo el mundo dice, repuso Julio, que se ha marchado con el Sr. Ber•
nier... ¡Esto es horrible!... ¿Verdad que es imposible, que la noticia es falsa, que
es una calumnia?
La angustia hacía palidecer las mejillas del joven, que miraba á su interlo•
cutora con ojos atónitos.
- Ya sabe usted que siempre se exagera, replicó la señora Mingault recalcando las sílabas y sin dejar la costura.
- ¡Cómo se exagera! ¿Pues dónde está? ¿Por qué no me ha escrito? Su madre acaba de manifestarme que el matrimonio no se realizará.. . ¿Por qué razón?
¿Qué ha sucedido? Sea usted franca ... Si supiera lo que padezco ...
La señora Mingault se encogi6 de hombros, miró un momento tranquilamente al pobre joven, de bigotito r~bio y barbita puntiaguda, y levantando al
fin la cabeza, frunciendo el ceño, díjole sin ambages ni rodeos:
- ¿Quiere ust.e d saberlo? Pues sf, es verdad ... Ha huído anoche con Pablo,
qué desea casarse con ella ... Su madre lo sabe, y es verdaderamente ridículo
tratar de ocultarle á usted una cosa que es ya del dominio público. ¡Ah! ¡Cuánto
puede el dinero, amigo mío! ...
Julio mir6 á la señora Mingault como si acabase de recibir un bofet6n, y
solamente pudo exclamar: «¡Eso ha hecho!» Iba á añadir: «Será una broma, ¿no
es cierto?» Pero las afirmaciones de lá señora Mingault eran formales.
- Es la pura verdad, dijo, y yo, que la cor.ozco mejor que usted, apenas
puedo creerlo. Me hubiera parecido más fácil que las montañas cambiaran de
sitio ... Confidencialmente le diré á usted que Juana era muy coqueta, y que
siempre pensó en casarse con un rico, y mientras á usted le daba citas, recibía
ocultamente cartas de Pablo ... Cierto día estuve á punto de revelárselo á usted
todo; pero ella me lo impidió .. . Yo creí que usted acabaría por echarlo de ver;
pero usted la tomaba por un ángel ... ¡Ah! ¡Cuán cándido es usted!

Julio creía que se le hablaba de otra mujer, y semejantes frases aplicadas á
Juanita no tenían para él sentido. De repente, al pensar que era de ella de quien
se trataba acometióle un dolor tan agudo, que levantándose de la silla donde
se había dejado caer, comenzó á pasear de un lado á otro, como fiera en su
jaula, sacando su petaca y poniéndose á liar maquinalmente un cigarrillo.
Cuando la señora Mingault hubo terminado, cuando Julio supo todos los
detalles de la falta, de modo que ya no podía quedarle duda, figur6sele que la
habitación y los muebles habían cambiado de sitio y que veía aquellas cosas
por la primera vez en su vida. La evidencia de su desgracia le pareció absurda
y su propia certidumbre una contradicción. ¡Terrible padecimiento! ¡Creer lo
imposible y admitir lo que no tiene sentido!

La señora Mingault, siempre risueña, dej6 tranquilamente la aguja para medir
la tela con los dedos

Y se paseaba por la habitación de un lado á otro con aparente calma, mientras repetía como un sonámbulo, encendiendo un cigarrillo:
- ¡Bueno ... bueno! ¡Perfectamente! ... Ahora ya sé á qué atenerme... y lo
prefiero así... Es una necia, y nada más ...
Pero faltóle pronto el valor, y dejándose caer en el sofá, apoyó en un lado
la cabeza, cub~ióse el rostro con las manos y rompió á llorar, á la la vez que
exclamaba:
- ¡Ella .. , Juana... engañarme así y escaparse con otro hombre!... ¿Por qué?...
¿Pero por qué?... ¿Qué puedo haberle hecho, ni qué motivos de queja tiene contra mf?... Bastaba decirme que no me amaba, que no quería casarse conmigo ...
No, esto es demasiado ... Yo no lo merecía... Ella lo era todo para mí, todo, absolutamente todo ... ¡Ah! Hubiera preferido mil veces verla muerta ...
La señora Mingault le dej6 llorar, pensando que esto le aliviaría, y después,
cansada de aquella escena, trató de consolarle.
- Vamos, amigo Julio, le dijo, no llore usted... sea más hombre; Juana no
merece tantas lágrimas ... ¡Como si no hubiera otra! ...
Julio se levant6 haciendo un gran esfuerzo para simular una sonrisa.
- Sf, es verdad, repuso; tiene usted razón; pero eso es superior á mis fuerzas. Si usted supiera...
La señora: Mingault dijo á Julio que los dos amantes se habían ausentado por
quince días, evitando el ferrocarril por temor de ser reconocidos. A los dos
días se hallarían en San Maximino, después en Rougiers y desde allí pasarían
al Santo Bálsamo. Admiradores de la naturaleza, iban á pasar su luna de miel
á la sombra del antiguo bosque galo, inmortalizado ,por la penitencia de Santa
Magdalena, la pecadora de amor.
Al separarse de la señora Mingault, Julio encendió otro cigarrillo, hizo girar
su bast6n, y atusándose el bigote reunió todo su valor para reprimir la desesperación que se desbordaba.
«¿Y bien, qué?, se dijo; no pensemos más en Juaua, como si no la hubiese
conocido jamás.»
·
Pero no existiendo ya Juana para él, ¿para qué quería la vida?
Al entrar en su casa, declaró con la mayor tranquilidad que su matrimonio
no se r~alizaría; que Juana se había marchado, en efecto, con Pablo, y que el
despre~io l_e daría ~uerzas para olvidarla. Llegada la noche, y apenas pudo volverá
su habitaci6n, Juho se dejó caer en la cama sin pensar en desnudarse; lloró
?asta el amanecer, con los puños oprimidos contra las sienes, y gimiendo debaJO de las ropas del lecho: los adorables recuerdos de aquel primer amor dilataban
su pecho, llenando su alma de amargura, y aun se echó en cara no haber sido
bastante bueno para con Juana. &lt;&lt;¡La he atormentado, se dijo ... He sido celoso ... , y sin duda la inspiré odio! ...»
Al despertar á la mañana siguiente, la luz del día le pareció horrible, y en-

509

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

621

Las montañas se ofrecían á sus ojos
cada vez más bajas, el bosque estaba ya
lejano, la campiña le pareci6 m_ás vas~~•
porque entraba en la eterna mmov1hdad de las cimas, que solamente rozan
las alas de las aves y las nuhes.
Julio sacó su reloj; había recorrido ~a
mitad del camino; pero Juana no deb1a
estar aún en la gruta.
El infeliz franqueó con tal ímpetu la
~ distancia que aún le separaba del punto apetecido, que de repente adm1róle
no tener que subir ya más, pues se hallaba en la cima, en el Pilón Santo, qu~
., desierto se alzaba á la. altura de mil
metros: la muerte le pareció allí cosa
envidiable y figurósele que al precipitar
su cuerpo, su alma remontaría por sí
sola al firmamento.
Julio comenzó á recorrer la cumbre,
buscando un paraje cortado á pico sobre la gruta; después sentóse, y con los
codos apoyados en las rodillas y la
cabeza entre las manos, lloró; sí, lloró su
amor mancillado, su porvenir per~i?o; lloró el triste ~n de su existencia, todos
los sueños felices que antes acariciaba, y lloró también á su padre y á su madre, á quienes iba á causa~ el ~ayor _desconsuelo con su muerte. Ya n~ sen~ía
odio contra nadie; aquel s1lenc10 purificador, aquella paz soberana y la mfimta
serenidad del cielo desterraban de su alma todos los acha_ques terrestres. Frente á frente con Dios, ¿cómo no perdonar? Entonces volvió á ver con el pens~miento aquel amor que le daba vida, y que ahora era causa de su muerte; volvió
á verá Juana con su esbelto talle, sus largas pestañas que velaban sus negros
ojos cuando s~nreía, los hoyuelos de sus mejillas, sus pulseras, su falda bl~n_ca,
cuando iba á pasear al campo con la sombrilla al hombro; y c~mo est~ v1S1Ón
redoblase su sed de suicidio, miró ante sí cual si tratara de medir el abismo.
Después sentóse, y con los codos apoyados en las r9dillas y la cabeza entre las manos, llor6
No se atemorizó; pero habiéndose sentado más ~ómodamente para que sus
piernas quedaran suspendid~s en el vacío, retroc~dió pos~ído del horr?r y presa
tonces comprendió la extensión de su de~gracia. ¡Aquello era atroz!_ ¡Su Juana del vértigo. La montaña oscilaba como un mástil; sus miem~r?s se aligeraban,
querida prostituirse á un hombre!... yo1~1ó á verla ~on el pensamiento pura, y parecíale que navegaba en el aire. ¿Tendría valor para ~rec1p1tarse? .
tentadora, ideal; por la noche, en el Jardm, oía el somdo de su ~razaletes almoJulio volvió á mirar su reloj. ¡Eran las nueve, hora de comenzar la mi_sa! La
ver las manos cuyas azuladas venas le llamaban tanto la atención; veía su ro?- idea de que Juana le esperaba abajo infundióle valor; di6 tres pasos hacia atrás
tro pálido, su ~abello negro, sus tersas mejillas, donde su ~lma parecía dorm~r para tomar impulso, y de repente el peligro le alucinó; figuró~ele que ~staba
bajo las sedosas pestañas, cuando murmuraba: «¡A nadie amo más q~e á tl, en su lecho y que soñaba. Abarcando entonces de una sola mirada la tierra y
Julio, solamente á ti!... » Y aquellas miradas e:an falsas, aquella boca hab1a men- la vida, el abismo espantoso y el sol ir6nico que doraba el firmamento, sa~tó
tido y aquel cuerpo angelical estaba ya mancillado!
.
..
al borde de la roca repitiendo: «¡ Juana, Juana!» Cuando se hubo sentado hizo
De pie, con la frente apoyada :n lo~ vidrios de la ventana, la mmov_1h~ad de un brusco movimiento y se dejó resbalar, profiriendo un alarido terrible, semelas casas le pareció extrana y el silencio de las calle_s dolor~so, _cual s1 vistos á jante al grito de un hombre que no qui~re morir y ·que pide socorro; pero ya
través de sus lágrimas, todos los objeto~ ~e hubiera~ cristahz~do. Entonces era demasiado tarde, y cayó con la velocidad de una masa de plomo. Su cuercomprendió que no tendría fuerza para vivir con semeJante hen?a en el cora- po giró en el espacio, choc6 contra la roca, rebotó y fué lanzado, no sobre la
zón, para arrastrar su agonía como la_ fiera qu_e los cazadores persiguen; y en el plataforma de la gruta, sino veinte metros más allá, en pleno bosque.
candor de su juventud de carácter violento, ignorando la brevedad de l~s paUna hora después, cuando se encontró el cadáver, la cabeza había desapare·
siones y persuadido de' que no se _cu~aría, resolyió_ suicidarse. Su ~x~ltac1ó~ no cido, el cerebro había salpicado las hojas ,Y la pie~na derecha fué encontr~d~
le mostró sino aquel medio de amqUJlar el sufnm1ento que le mart1~1zaba. 1M~- en el camino. Las personas que oían la misa le vieron caer de cabeza, origirir era más que librarse era tomar venganza! Pero á fin de consegmr esto rtlt1- nándose entre ellas una confusión indescriptible.
mo debía darse muert; delante de ella, salpicarla con su sangre, legarle aquel
Entretanto los dos amantes, que habían cambiado de parecer, dirigíanse hare~ordimiento atemorizándola y maldiciéndola.
cia los Ventisqueros. Juana no estaba, pues, en la gruta en el. momen~o. d~ la
Cuanto más 'reflexionaba, más se imponía este desenlace. Iría á buscarlos al catástrofe, y habiendo tenido noticia de que acaba~a de ?cumr un SUICJdio
Santo Bálsamo· los seguiría al bosque, y apenas se hallaran en la gruta, se ma- que el cadáver había sido conducido á la hospederia, la JOVe?, muy super~t~taría precipitándose desde la altura del Pilón Santo, uno de los puntos más ciosa, no quiso volver á ella y fué c?n su a~a?te á tomar asiento en la dih·
elevados de la montaña.
gencia de San Maxi~ino para contmuar el_ v1aJe.
Aquella misma noche anunci1 á sus padres que des:aba ausentarse algunos
No tuvo conocimiento de la muerte del Joven hasta ocho días después, hadías para distraerse y que se aloJaría en casa de un amigo.
llándose en Turín, cierta noche que llevó al teatro el diario de su país para
- Con esto volveré curado, dijo; estoy seguro de ello..
leer la crónica local. Se cantaba Mignon, y tuvo valor para escuchar la opera
y hablaba con tal tranquilidad y sangre fría, que le deJaron mar~h~r.
hasta el fin.
.
A la noche siguiente, cuando la bóveda celeste aparecía pro_d1g1osamente
¡Pobre Julio! Era demasiado joven y '.altábale v~lor para soportar la existentachonada de estrellas y el aire hacía vibrar la atmósfer~, J uho llegó á_ la cia· si hubiera vivido, después de sufnr algún tiempo se habría consolado,
hospedería que los religiosos dominicanos tienen allí hace siglos. Por las senas po;que de todo nos consolamos en este mundo.
·
que le dieron pudo comprender que los dos fugitivos estaban hosRedados des?e
TR ADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
la mañana; y la idea de dormir bajo el mismo techo que _cob~Jaba á Juamta
mantúvole despierto hasta el amanecer, entregado á sus aluc1_n~c1ones y oyendo
el rumor del aire en el silencioso é inmenso bosque. Dos .r:hgioso_s que en~ontró por la mañana en el corredor dijéronle que todos los viaJeros, sm excepción,
asistirían á la misa de las nueve, que debía celebrarse en la gruta. Al saber esto,
pagó su cuenta, salió y fué á ocultarse en el tallar para observará Juana cuan-

r

do pasase...
d di · ó á ¡ ·
d b
N hacía mucho tiempo que estaba allí cuan o vis
a Joven e racero
con ~n hombre. ¡Era ella! Llevaba un vestido gris ceñido que marcaba perfectamente sus formas y un ramito de flores en el c~rsé; apo~ábase suavemente
en el brazo de su compañero, y le miraba con la misma sonrisa que tuvo para
Julio la última noche en el jardín, cuando hacía tanto frío y se estrechaban uno
junto á otro,
·
1 l
b
é
Loco de dolor, Julio tom6 el sendero de la montana, sm vo ver a ca eza
·
l d · pre por su idea fija: llegar á la altura cuanto antes, desapareimpu sa ºr~ie~ e más á su Juana que estaba á su presencia, risueña y cogida
cer, no su nr m v r
•
.
· 1 p
é?
del brazo de aquel hombre. Ni aun pensó en batirse con su riva . ¿ ara qu
Juana era la única culpable.
_
La ascensión fué penosa; el camino sigue los flancos de la montan~, cuya
·
d de rocas graníticas se prolonga por la derecha. A medida que
gigantesca pare
,.1•
b
¡
l · h
subía aspiraba con deleite el aire puro que l!lilata a sus pu mones, cua s1 u.
'd tener más vida para monr; llevaba el, sombrero
. en .la mano, y
b1era quen o
·
d
b
su
frente
De
trecho
en
trecho
ve1a
oratorios
ruinosos, que
el sud or mun a a
·
b'
b
'fi d
señalaban las estaciones del camino de la Cruz: tam 1én, po re cruc1 c~ o,
· deJ· ando pedazos del corazón á lo largo del cammo.
trepab a por su ca1van 0 ,
p
f
1 ·
't'
·Oh' ¡Cuánto le urgía llegará la expiación fina1!.. ropon ase e egir un si JO
1 er ·endicular á la plataforma de la gruta, y s: precipitaría desde_ el punto más
pi
sangriento y desfigua to,p d e manera que su cuerpo cayese á los pies de Juana,
¡1
rado, como diciendo: «¡Mira lo que has hecho de m .»

�622

LA

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

509

clase de erupciones, y consiste en substancias pulverizadas del cono de erupción.
Después de haber pasado la noche en la esta·
ción inferior del funicular, al día siguiente, 1. º de
julio, atravesamos el Atrio y subimos al extremo
oeste del monte Somma, que fuimos siguiendo de
manera que pudiésemos obtener una vista general,
á vista de pájaro, de toda la escena de la erupción,
de la que sacamos fotografías en los puntos más
importantes. En el centro de la cumbre encontramos una ligera capa de polvo fino encarnado que
hasta alH y desde tan gran distancia había sido
arrojado. Del mismo producto estaba también cubierta una parte del Atrio. Volviendo á bajar por
el escarpe hasta más allá del Cognulo di Ottajano,
hacia el Atrio del Cava/lo, todavía visitamos el extremo inferior de la erupción. La mayor parte de
las hermosas fumorolas estaban destruídas.
La lava había alcanzado ya un estado la completa solidez, aunque á unos 50 metros de la base
del gran cono, un agujero nos permitió ver la roca
fluida aún, que fluía lentamente á poco menos de
un metro de nuestros pies.
Hacia el extremo de la ola la lava hacía considerables progresos en dirección al Oeste y se encontraba formando una misma línea con el dyke
número 13.

SECCIÓN CIENTÍFICA
LA ÚLTIMA ERUPCIÓN DEL VESUBIO
VISITA DE EXPLORACIÓN AL \'OLCÁN

Ya se recordará que el Vesubio tuvo hace poco
un período de actividad notable que llamó poderosamente la atención pública.
El día r .° de junio último abriéronse cuatro bocas
alrededor del cráter central, en el interior del cono
de erupción, que funcionaron hasta las diez de la
mañar.ia del día 7. En este día se vió que el lado
norte ~el cono había sido minado y al mediodía
aparecieron anchas hendiduras en la base del cono
eruptivo. Poco después, á las cuatro de la tarde1 dejóse sentir en la estación inferior del funicula r un
gra~ t_emblor de tierra acompañado de sordos ruidos
Y limitado al gran cono vesubiano, y simultáneamente la hendidura de arriba dió salida á un penac~o de humo, que por lo general se escapa del orific~o central, cosa que observé con interés descendiendo por el Posilippo, hasta las .cinco y media,
hora en que los bordes del cráter se desmoronaron
hacia el interior y la grieta se extendió hacia abajo á
lo largo del gran cono hasta casi la mitad de su altura, _en do~de se abrió__ un pequeño cráter por el que
salieron a,gunas lenguetas de lava. Esta hendidura
prolongóse hasta la base del cono y en el Atrio de,
Cava/lo, yendo cada prolongación acompañada de
desprendimiento de grandes columnas de vapor de
un color negro característico, producido por la mezcla del polvo con otros materiales finos atravesados

LA ILUSTRÁC.IÓli

509

NóMERO

1-ig. 2. Aspecto de !ns fumorolas formadas sobre la lava del Vesubio durante la última erupción de 7 de junio de 1891
(De una fotografía del autor.)

la fumarola, solidificándose luego en
El día 30 volví al cráter, acompañado de mi amigo
curiosas y bellas estalactitas matizadas M. A. Green. Toda la cima del gran cono estaba cude colores y de naturaleza muy deli· bierta de una espesa capa de ceniza y polvo, en cuya
cuescente.
superficie se encontraba como de costumbre la cosLa lava había manado primero e11 tra de cloruro verde amarillento, siempre tan rico en
forma de abanico hacia el escarpe del cobre que los clavos de mis zapatos quedaron enromonte Somma, de modo que hacia el jecidos por el contacto de este metal. El cráter se
extremo este llegaba hasta esta gran había ensanchado considerablemente y sus bordes
sección natural, hasta más abajo de la aparecían surcados por anchas fajas que alternaban
Punta del Nasone. Siguiendo, sin em· con grietas paralelas á las crestas libres. Fácil era con
bargo, la inclinación natural del terre- un bastón arrancar masas de esta substancia que forno, había torcido hacia el Oeste, y el día maba las paredes del cráter. La visita de las crestas
15 de junio encontrábase precisamente era sumamente peligrosa; la experiencia que en punen frente del dyke n.° 16 ( Geological to á exploraciones del Ves ubio tingo adquirida, in111ap o/ Vesubius and .Afonte Somma. dicábame que sólo por dos puntos podíamos acercar•
Philip and Son , Londres, 1891), avan- nos sin gran peligro; así lo hicimos y miramos hacia
zando muy lentamente.
el fondo del cráter, bien que tomando grandes preEsta lava es vidriosa y de granos tos- cauciones. Pocos días después de nuestra visita halló
cos, especialmente en las inclusiones de la muerte en esas mismas crestas el viajero brasile•
cristales de leucita, al paso que en la ño Sr. Silva Jardim.
superficie presenta el tipo plano ó f)aDirigiendo nuestra mirada á unos 50 metros, en
hoehoe. .
el interior del cráter pudimos ver el resplandor de
En ~a cima del gran cono el desmo- una boca que tendría de dos á tres metros de diár?nam1ento de las crestas continuaba metro. Las paredes del cráter eran cóncavas: una
sm cesar, pero en el extremo superior plomada cayendo desde el borde habría tocado al
de la hen?idura lateral, al pie del cono fondo del escarpe. El fondo del cráter estaba basde erupción. y en la cumbre del gran tante unido.
Fig. I. Cono de erupción del Vesubio. (De una fotografía del autor.)
cono vesubiano, habían ~esado casi
En la mañana del día 30 de junio cayó en la esC, Cono de la últi~a erupción ..-1:,· Lengüetas de lava. - B, Boca de erupción por completo los desprendimientos de tación inferior mucho polvo, del que recogí varios
abierta el 7 de Jumo de 1891. - F, Fumorolas.
vapor.
sacos; es la materia ordinaria, fina y arenosa de esta
por la grieta. A las siete menos algunos minutos
ésta atravesó el Atrio casi en el cuarto de su altura
dando origen á la mayor de estas columnas de hu'.
ID? negro formándose en la parte inferior de la
wan hendidura pequeña~ grietas secundarias que
dieron paso á una corta cantidad de lava.
El día 15 de junio hice una nueva visita al volcán
acompañado de los señores Elliot, Green Linden'
Newstead y Treiber, excelentes fotógrafos' los má~
de ellos; de suerte que juntando mis aparatos con
lo~ que ellos llevaban pudimos obtener numerosos
chsé~ que serán como un registro ilustrado de forma~1ones generalmente mal reproducidas. Subimos
hacia el punto de salida de la Jara, en el sitio en
donde se juntan el pie del gran cono y el Atrio del
Cava/lo; la lava que allí había, la primera que cayó
e~ día 7, habíase enfriado lo suficiente para que pu•
diésemos andar sobre ella, pero por algunos orificios
P?dfamos verá nuestros pies lava fluida todavía. Al
pie del gran cono, y extendiéndose á medio camino
á tra~és del A:rio, siguiendo el radio de la grieta
eruptiva cual s1 ésta se hubiese prolongado hasta
allí, aparecía una serie de pequeños conos-fumorolas, de los que contamos siete completos y perfectamente formados: la mayor parte de estas fumorolas arrojaban chorros de vapor de un calor intenso,
escapado de la lava que corría por debajo y que en
muy poco tiempo carbonizó un pedazo de madera
que en ella sumergimos. Alrededor de los bordes
del orificio superior, la hematita, los cloruros de potasio, la soda, el hierro, el cobre en fusión, etc , se
Fig. 3. Estudio de una fu.morola po~ un ascensionista en el volcán del Vesubio. Formaci6n del de junio de g
1 91
7
tondensaban y fluían hacia la superficie exterior de
'
(De un:i fotograf1.1 del autor,)

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IRRITACIONES
ENFERMEDADES
DEL /i IGADO
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Fig. 4. Cima del gran cono vesubiano en 30 de junio de 1891.
(Mapa levantado por el autor.) Limite del gran cráter de
1872 rebarndo por la lava.

LECHE ANTEFÉLI

ESPECIAL

1

J /j

LAIT JNTÉPRÍLIQOI -

PREPARACION

Desde entonces, el estado de la montaña ha sufrido pocas modificaciones; el cráter ha continuado ensanchándose, el polvo ha seguido cayendo á largas
distancias y la lava fluyendo, fenómenos éstos cuya
duración menor ó mayor depende de que se ensanche ó no la abertura de drenaje.
Las figuras 1 , 2 y 3 dan una idea exacta de las
extrañas formaciones geológico-volcánicas; la figura 4 representa el estado actual del cono, y las letras indican: a, a', cráter aún visible; b, resto del
cono de 1885-1886; e, parte del borde del cráter
de mayo de 1886; d, cráter de mayo de 1889; e,/,
parte del cono de erupción hasta el 7 de junio de
1891; g, grieta de mayo de 1889; h, manchas amarillas de Java descompuesta, de escorias y de polvo; i, grieta por donde se desprenden vapores de
ácido clorhídrico;j, refugio de los guías; k, numerosas grietas en el borde SE. del cono; l, ?tras
grietas en el borde NE. del gran cono; 111, gnetas
en el borde del cráter que actualmente se forma;
n, o, plataforma irregular en el fondo del cráter;
p, boca principal; q, dyke hueco de !_as erupcion_es
de mayo de 1889-1891 y otras anteriores; x, gneta y boca de vapor del 7 de junio de 1891.

N

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lt?s demas purgan~s, este no obra bien
BlllO cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el cat,,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
sef!un 1118 ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completament6anulado por el efecto de la

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buena alimentacion empleada, uno
11 decide /1kilmente á volver
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e•i!IE y 011111.11 son los elementos que enlran en la eomoosfclon de este DOtel!te
lepal'ador de las ruerzas vtlales, de este foniaeaa&amp;e por e■eefeaeia. De un gu.slo sumamente agradable, es 110berano contra la .AMmta,y el Ápocamtento, en l as Calentur
1 Conoa/4ce11cta11oontra las Dtarrea1 y las .Afeccwnes del Bstomauo y los ,ntes"no' 41

cuando se trua de despertar el apeUlo, asegurar las dJ¡¡estlones, reparar las tué
enriquecer la sangre, enlonar el orga1úsmo y precaver la anemia y las eptdemtaa prorz:::,
-Odu por lol-Calores,.no se conoce. nada superior al. l'iao de Q.u.iaa de Aro1141. - . 1

.PM' ma.vor. u Paria, en cua de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu, &amp;celor ddlU&gt;UD
-

=ARDUO

8B VBND&amp; &amp;M TODAS- US PllllfCU&gt;ALU

EXIJASE •:

0

1

llOnQu. -

- -

'

�LA

624

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

509

UNA METOPA DEL FRISO DEL PARTENÓN

CARNE HIERRO y QUINA

ENFERMEDADES

11 Alimento was ru•te Wlido a loa 'róDicoa 111&amp;1 nparadorer.

ESTOMAGO
PASTILLAS J POLVOS

VINO FERRUGINOSO ARDUO

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J

lwomendadoa conlra laa Afeoolone■ del Elt6·
ma110, Falta de Apetito, Dl11eatlonea labortoosu, .&amp;oediaa, Vómito■, Eruotoe, y C6lloo1;
NIJUlarlzan la■ Funolon• del E■t6ma110 y
do lo■ Imeat1no1.

E1t1t,111elrotulo1 f,med, I , FAYARD.
&amp;dh, DETBAN,FarmaoeutlooOD PABIII

.
T COK TODOS LOS HDCCIPI.0S 1ClJTB1TlVOS DB U CAI\HE
c,&amp;an, mnaa• Y. •IJIPl.&amp;1 Dtes añoe de exuo continuado y las a1lrmactonea de
todaa la8 em1nenC1U médfcu preUb&amp;D que esta ISOClaclon de la Clanae, el Blern y la
ttc.iaa oo utuye el reparador maa en~rllico que se conoce para curar : la Cwrdl1i, la
.illémla 1:: Jle,ut~ do/OrOIIJI, el .8mpobredmlento y la .llteracum de la Sangre,
el RtlqÚttumo 1.i1 J . / ~ ucro/UlOIIJI 1 accr&amp;utlcal, etc. El Tlae rernsta•■- de
.t.natl ea en' erecto el único que reune lodo lo que entona y !ortalece loa organoa,
regulartZa' coordena' y aumenta considerablemente 1u tuerzas ó ID!wu1e a la a&amp;llil'9
empollreddt. 7 deacolorldt. : el Ylqor, la Cokn'GCIOft 1 la 8Mrgúl flft,U.
PorNfor1 elll'aril en casa de 1. FBRll,Farmaualieo, iot, rue Richelieu, Suusor 4e AROUD,

,~i: ARDUO

p ffl(l)S BM TODAS LAS PJUMCIP¿LBS BOTICAS

EXIJASE 11
it1l9ADE8dtlE8704i
\t.\~
--il~llo

Pepsina Boudault
!probada por la füDEII! DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EH 1856

1

"~JARABE ANTIFLOGÍSTICO OE BRIANT ~
, ........,,., C.Ll,L• D•

anou. 160,

PAaJ•, • ... HdMO &amp;a• ll'artncaefae

El .TABABB DB BRIA.N'l'recomendado desde ■u 11r1nclplo por loa profesores
Laennoc, Thénarcl, Gueraan~ etc. ; ha recibido la C(IOHgracl6n del tiempo : en el
año t821l obtuvo el PrlVllegto de lnnnc16n. VERDADERD CDIFITE PECYDRAL, con base
de goma J de ababolea, convtene sobre tocio las personas delicadas como
mUJerea J niños. su gusto excelente no perjudica en modo alguno é. su incacla
a.. contra 1011 IESFBUDOS ..,. todas las IIFUJU.CI0RES del PECBO J de 108 IITESTIIIDS. _.

a

Participando de las propiedades del Iodo
del Hlerro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las E■crofula■ , la
Ti1ts y la DebU.dad de temperamento,
as! como en todos los casos( Páudo1 colore■ ,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
1
l'V"V!I~ su riqueza 1 abundancia normales, ó y;¡ para

fdtdallu en la■ l!spo1lolon11 lnternaelon&amp;IH do

PUIS - LYOI • YIEII! • PBIL!DELPBI! - P!RIS
1887

1871

18?3

¡r,g

1876

•• IULH. COR IL ■noa .IJTO

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DISPEPSIAS
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DIOE&amp;TIOII LENTAS Y PENOSAI
FALTA DE APETITO
S OT&amp;OI DI IO&amp;J&gt;IJIII DI L4 OJeHTIG9

B.UO LA FORMA DB

ELIXIR. · de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PillS, Phumaole COLLAS, 1, rue Da11pblle
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Aprobado• por la .Academia de M• diet.na de P ari• • .uuoertadoa •n la Colecci6.a
OD.c1al d• F6rmaJae Legal•• por decreto mmiet•rial de 1 O de Mar•o d• 186-4,
e Una completa lnnocUldad, una encacla per!ectamenle comprollada en el Catarro
q1dtm,co, las BronqultU, Catarro,, .Reuma,, 1'01, a,,na é ,mtacúlfl de la garganta, han
~rangeado al JA.R.&amp;UE y PABT.&amp; de AUBERGIEB una Inmensa fama. •
(Ba:lra,to ,11 Formulario Mlllieo úl S" Bo'"l1r,,1 HUtlr41ict u la ra,1111,, u Medicina (20. ,tlict6n),

Venta por mayor : COIIA.R T

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e-, 18, cane de St-Claude, PA.RlS

DEPÓSITO EN LAS PIIINCIPALES BOTICAS

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Rue Bonaparte,_,o

El lodurode hierro 1mpuro ó alterado
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PATE EPILATOIRE DUSSER
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de11n111 hasta lu RAICl!S el VELLO del 11111re de lu 4111u (Bulla, Blrote, ett.), ala
~ peligro para el cutis. SO .&amp;ño■ de il:uto, Jmilluea de leltiaonlotram,tlzu la duda
ata ,re,aracion. (Se fflllle u 11J11, ~ la b11ba, J ea 1/2 oaJu para el bl¡oll Urert). f&gt;ara
• ._, •Jléeae el I'11.,i r 01114 :ov■■ma, l, ruo J .•J ,•lle111R&amp;u. Part■.
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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
W P. DS M ONTANU. Y SIMÓX

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