<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="17913" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/17913?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T02:56:13-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="15914">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/317/17913/INTERFOLIA._2020_Ano_1_No_2_Julio-Dicimbre.pdf</src>
      <authentication>d0cb4120ce1d055eeebbd1763509e8fd</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="499031">
                  <text>�Editorial
Grata compañía
José Luis Romero / 6
Universidad Autónoma de Nuevo León
Rogelio G. Garza Rivera
Rector
Santos Guzmán López
Secretario General
Emilia Edith Vásquez Farías
Secretaria Académica
Celso José Garza Acuña
Secretario de Extensión y Cultura
José Javier Villarreal
Director de la Capilla Alfonsina
Biblioteca Universitaria
José Javier Villarreal
Editor Responsable
José Vela
Diseño Editorial
Rodrigo Alvarado
Nancy Cárdenas
Carlos Lejaim Gómez
Alfredo Iván Mata
Martha Ramos
Equipo Editorial
En portada:
Composición a partir de Palas Atenea, diosa
de la sabiduría, de Federico Cantú, bloque
de cantera esculpido, 350 x 150 x 150 cm.
INTERFOLIA, Año 1, número 2, julio-diciembre 2020, es una publicación semestral,
editada por la Universidad Autónoma de
Nuevo León, a través de la Capilla Alfonsina
Biblioteca Universitaria. Avenida Universidad s/n, Ciudad Universitaria, San Nicolás de
los Garza, Nuevo León, México, C.P. 66451.
Teléfono: +52 8183294015, www.capillaalfonsina.uanl.mx, cabuanl@uanl.mx. Editor
Responsable: José Javier Villarreal. Reserva
de Derechos al Uso Exclusivo en trámite.
Las opiniones expresadas por los autores no
necesariamente reflejan la postura del editor
de la publicación.
Prohibida la reproducción total o parcial de
los contenidos e imágenes de la publicación
sin previa autorización del Editor.

Cortesía
Negruras y lejanías / 7
(Fragmento)
Alfonso Reyes

Calendario
Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria durante la
contingencia sanitaria por la covid-19 / 9

Gajo de cielo
Homero en Cuernavaca / 13
(Selección)
Alfonso Reyes

El oro de los tigres
Aquiles ofendido / 16
(Fragmento de la Rapsodia I de la Ilíada, de Homero)
Traducción en verso de Alfonso Reyes

Mal de libros
Alfonso Reyes, traductor de la Ilíada / 20
(Fragmento de la presentación de El oro de los tigres IX)
Carlos García Gual
Una noche en el hotel Baruk / 24
José Javier Villarreal

Fósforo
Family Romance, LLC, de Werner Herzog / 34
Rodrigo Alvarado

Entre Libros

�Nú m ero 2

��EDI TO R I A L

I

n terfolia. Boletín de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria. Ésta, nuestra segunda edición en formato digital, obedece a los tiempos que nos han tocado vivir.
Días, semanas y meses donde una emergencia sanitaria nos ha puesto a prueba

cambiando la fisonomía y el transcurrir de una existencia que, hasta hace muy poco, se
nos antojaba “normal”. Pero la biblioteca es un organismo que no se puede detener. Los
acervos están ahí navegando por un espacio virtual que los hace accesibles a todo lector
interesado. La catalogación y la restauración no se detienen. Como diría la poeta rusa
Marina Tsvetáieva: caminamos hacia adelante, pero cuidamos de ver hacia atrás. Nuestro legado humanístico, nuestra memoria cultural, goza de muy buena salud. Prueba
de ello son las diferentes actividades que se han implementado en nuestro día a día de
manera virtual. Programas de asesorías, conexiones con instituciones culturales nacionales e internacionales, presentaciones, conferencias, recomendaciones y recorridos por
nuestros acervos y patrimonios artísticos. La Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria
no se detiene e impacta en el acontecer cultural de nuestra extensa comunidad. Interfolia, nuestro boletín, da noticia de la actividad que llevamos a cabo en estos tiempos tan
complejos en los que vivimos. El oro de los tigres IX, la versión rítmica de Alfonso Reyes
de las primeras 9 rapsodias de la Ilíada, acompañadas de una magnífica introducción
de don Carlos García Gual (Premio Internacional Alfonso Reyes 2020), los dibujos de
Gerardo Azcúnaga, una selección de los sonetos que integran Homero en Cuernavaca,
ese libro que Reyes fue componiendo al margen de su trabajo homérico, un ensayo que
nos presenta el tour de force que conlleva el ejercicio de la traducción, complementan las
páginas de este boletín que da noticia de nuestro actuar, de esta Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, espacio plural y complejo donde descansa buena parte de la tradición
humanística que alienta a nuestra máxima Casa de Estudios: la Universidad Autónoma
de Nuevo León. Hoy, como agente protagónico de nuestra vida académica y cultural.

José Javier Villarreal
Director de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria

5

�Grata co m pañia

Para
D. Alfonso Reyes
Con la admiración y
el afecto
de
José L. Romero.

José Luis Romero. De Heródoto a Polibio: El pensamiento histórico en la cultura griega. Buenos
Aires, Espasa-Calpe Argentina, 1952.

6

�Cort e sía
Negruras y lejanías de Homero
(Fragmento)
Alfonso reyes

T

odos sabemos que los Poemas Homéricos son el primer repertorio de las virtudes
occidentales o características de nuestra civilización. Pero el encanto de aquella

poesía y el prestigio de aquellos pueblos no deben cegarnos respecto a las extrañezas que
el mundo homérico ofrece a nuestros ojos. Si son muchas y notables las semejanzas entre
aquella concepción de la vida humana y la nuestra, tampoco faltan, como es natural dada
la enorme distancia —y prescindiendo por supuesto de las divergencias históricas—, notables divergencias en la conducta. No en vano la moral se refiere a las costumbres o
mores, condiciones y convenciones variables con las épocas, aun cuando el ideal ético se
plantee en principio como absoluto.
Desde luego, ya se ha observado que muchas de las virtudes homéricas por nosotros
todavía respetadas —el afecto a la mujer y a los vástagos, por ejemplo, y la bravura para
defenderlos— son también patrimonio de muchos animales y fieras; con quienes, por
cierto, el poeta compara constantemente a sus personajes. Pero las divergencias resultan
singularmente instructivas para estudiar la evolución de la sensibilidad en las sociedades y en los hombres. Vale la pena señalarlas. Los manuales de literatura suelen cerrar
los ojos sobre ellas por un extremo de respeto o pudor.
1) Los guerreros más arrojados, los capitanes de más autoridad, suelen llorar copiosamente, sea por temor a la derrota o por mera aflicción, y no se avergüenzan de hacerlo en
público. El primer héroe de la Ilíada a quien vemos llorar es Aquiles, al ser despojado de
su esclava Briseida. Pero esta vez el llanto es a solas, a la orilla del mar, y entre las invocaciones a su madre la Nereida Tetis. Con
todo, un moderno suele sentir cierta extrañeza ante el llanto casi infantil, el llanto de criatura que busca el refugio materno, en un varón a quien acabamos de ver
tan fiero y altivo durante su disputa con
el Atrida. Cuando los aqueos son rechazados, el imperial Agamemnón, sin ocultar
su desconsuelo, suspira y llora delante de
todas sus huestes. El anciano Fénix suelta el llanto a la vista de los embajadores,
porque Aquiles se niega a aceptar la re-

7

�conciliación con el Atrida. Éste, al contemplar el campo enemigo donde reina un ánimo
de triunfo y de fiesta, se arranca los cabellos y lanza clamores, bien que esta vez nadie
presencia sus extremos. Los hijos de Antímaco, para implorar la piedad de Agamemnón,
se arrodillan en el carro y lloran. Los aqueos gimen sin embozo, ante los troyanos que
asaltan sus murallas. Dolido Patroclo de los destrozos que hacen los troyanos en las filas
aqueas, llora para pedir a su amigo y jefe Aquiles que le permita volver al combate en
auxilio de los suyos. Al saber Aquiles que Patroclo ha sido muerto, derrama ceniza sobre
su cabeza, se arroja al polvo, se mesa el cabello, gime y atruena de alaridos su tienda,
lloran sus hombres y sus esclavas. Antíloco sujeta al héroe las manos por temor de que
se degüelle en un rapto de dolor. Y tales son los gritos de Aquiles, que los oye su madre
Tetis en el fondo del mar donde tiene su habitación con las demás Nereidas, todas las
cuales a su vez corean el llanto del guerrero. Los aqueos, en el campamento, pasaron
la noche llorando por Patroclo. Al otro día, Tetis encuentra todavía a su hijo llorando
ruidosamente junto al cadáver de Patroclo, acompañado por los plañidos de su cortejo.
Para evitar que su hijo Héctor se enfrente con Aquiles, el viejo rey troyano Príamo grita
desde lo alto de la muralla, gime, se da puñadas en la cabeza, alza los brazos, se mesa las
barbas y las canas. Cuando Héctor muere a manos de Aquiles, el rey Príamo se revuelca
en el estiércol y allí permanece enloquecido de dolor durante doce días. El rescate del
cadáver de Héctor y toda la conmovedora escena entre Príamo y Aquiles es un cuadro de
lágrimas, por cierto difícil de resistir sin contagio. Con excepción de Neoptólemo, el hijo
de Aquiles, todos los guerreros aqueos ocultos en el Caballo de Palo tiemblan y lloran de
miedo, en silencio, mientras llega la hora del asalto.
La llegada de Telémaco a casa de Menelao y de Helena hace llorar a todos; y Helena,
como buena ama de casa, mezcla en el vino el nepente que hace olvidar penas y cóleras.
Al averiguar Odiseo, por boca de Circe, que antes de encontrar el camino para su tierra
debe consultar al espectro de Tiresias, en el reino de los muertos, llora desesperadamente y se revuelca de temor en el lecho. Y todos sus compañeros lloran igualmente cuando
averiguan lo que se les espera. Entre los embustes de Odiseo, cuenta ser un pirata cretense salvado de la muerte por el rey de Egipto, a quien abrazó las rodillas “despidiendo
abundantes lágrimas”. El porquerizo de Odiseo, al ver a éste, aunque no llega a reconocerlo, se acuerda de su rey y siente el picor de las lágrimas.
Cuando Odiseo se enfrenta con su anciano padre Laertes, éste, que aún no lo reconoce, llora por su hijo y echa ceniza sobre su cabeza. El reconocimiento trae la consiguiente
escena de lágrimas.
Por las anteriores referencias sobre el tema de las lágrimas en Homero, vemos que
aquellos héroes lloraban como nosotros; pero, en muchas ocasiones, más que nosotros o
más abiertamente si se prefiere. 1

8

Ilíada: 1, 349 y ss. IX, 14 y s.; 432 y s. X, 15 y s. XI, 136. XIII, 88. XVI, 2 y ss. XVIII, 23 y ss.; 316 y ss. XIX, 5. XXII, 33 y ss.; 414 y ss. XXIV, 3 y ss.; 163 y ss.; 640.
Odisea: IV, 183 y ss.219 y ss. X, 497 y ss.; 566 y ss. XI, 527. XIV, 279 y s. XX, 204. XXIV, 316 y ss.
1

�Calendar io
Ca p i l l a A l f o n s i na B i b l i o t e c a U n i v e r s i ta r i a
d u r a n t e l a co n t i n g e n ci a s a n i ta r i a p o r l a cov i d - 19

A

tendiendo las medidas imple-

identificar aquellas tesis que no cuentan

mentadas por el Consejo de Salu-

con liga de acceso a la Colección Digital o

bridad General, la Secretaría de

Repositorio Institucional, para agregarlo

Salud y la Secretaría de Educación Públi-

y robustecer nuestro Catálogo Electrónico

ca a nivel nacional frente a la emergencia

y hacer más accesible este material a los

sanitaria por la pandemia de covid-19, y

usuarios. También atienden la permanen-

siguiendo las recomendaciones emitidas

te renovación de cada uno de los libros en

por la Comisión Especial para la Preven-

préstamo a domicilio y el envío de correos

ción y Atención del H. Consejo Universi-

electrónicos a los usuarios para notificar-

tario, desde finales de marzo de 2020 la

les la nueva fecha de entrega e informar-

Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria

les que a partir de la cuarentena no se ge-

implementó la modalidad de trabajo a

neraría ninguna sanción económica.

distancia para dar continuidad a sus ac-

Si bien la biblioteca permanece cerra-

tividades, ya que desafortunadamente no

da al público, se continúa atendiendo las

fue posible seguir recibiendo a los cerca

solicitudes de préstamos, en los casos de

de mil quinientos usuarios y visitantes

materiales digitalizados, por medio del co-

que normalmente acuden a este recinto

rreo electrónico.

universitario.

Parte medular de la estrategia de tra-

Se idearon estrategias por cada de-

bajo durante la cuarentena ha sido la rea-

partamento para minimizar el impacto

lización de tutoriales y reseñas de libros

negativo que la ausencia presencial pu-

de la Colección Digital UANL, que se difun-

diera provocar en el desarrollo de las ta-

den a través de la página de Facebook de

reas que se llevan a cabo en la biblioteca

la Capilla Alfonsina Biblioteca Universita-

y mantener en lo posible las actividades

ria, en las secciones: #Servicios biblioteca-

y servicios que brinda a sus usuarios y al

rios y #Tu bibliotecario de cabecera, que

público en general. Parte medular de las

se publican constantemente.

estrategias de atención y comunicación

A través de los tutoriales los usuarios

con los usuarios es el uso del correo elec-

pueden aprender cómo accesar y utilizar

trónico y de la página de Facebook.

el Catálogo Electrónico CÓDICE, la Colec-

Cada departamento implementó las

ción Digital, realizar el trámite de cuenta

estrategias más convenientes conforme

Bases de Datos CONRICyT, consultar la

a su área y ha priorizado las actividades

Hemeroteca Digital El Porvenir, utilizar la

que mejor se pueden desarrollar en la

herramienta SIRCAAR para realizar bús-

modalidad a distancia. Así, los departa-

quedas en los registros de publicaciones

mentos de Procesos Técnicos y Servicios

periódicas disponibles, o consultar y subir

al Público han trabajado desde casa para

documentos al Repositorio Institucional,

9

�entre otras tareas. Esta estrategia ha re-

cargo de José Javier Villarreal que se publi-

sultado particularmente útil para los estu-

can tres veces a la semana en el Facebook

diantes de nuevo ingreso a la UANL.

de la CABU.

No obstante la ausencia de usuarios en

Para dar continuidad al Cineclub Ca-

la biblioteca, y debido a que el personal sí

pilla Alfonsina, se publican dos veces a

debe acudir a las instalaciones, de manera

la semana recomendaciones de películas

permanente se realizan tareas de cuidado

disponibles en plataformas digitales como

y limpieza del edificio y jornadas de saniti-

Netflix, Amazon Prime, Filminlatino, entre

zación con el apoyo de otras dependencias.

otras.

Por otra parte, diariamente se moni-

También se realizó un recorrido virtual

torea el correo electrónico de la Capilla

por la exposición homenaje: Tras la hue-

Alfonsina Biblioteca Universitaria y se da

lla de la luz. Minerva Margarita Villarreal,

seguimiento a los correos que así lo requie-

1957-2019.

ren. Así mismo, se envían invitaciones de

De igual manera, se publican durante

las actividades artísticas que la CABU y la

la semana poemas de la colección El oro

Secretaría de Extensión y Cultura trans-

de los tigres y se difunden también hechos

miten por redes sociales. Además, se lleva

relevantes para la CABU, la UANL, o de la

registro de las estadísticas de las publica-

cultura en general.

ciones realizadas en la plataforma de Fa-

Para ampliar la oferta de contenidos de

cebook de la Capilla Alfonsina Biblioteca

nuestras redes sociales, se han establecido

Universitaria.

acuerdos con la Casa de América Latina

Derivado de lo anterior, se adecuó la

en Portugal y el Festival Internacional de

celebración del Día Internacional del Li-

Poesía de Buenos Aires. De igual manera,

bro 2020 a la modalidad virtual. Para ello,

se tiene colaboración con el escritor Jor-

se invitó al escritor Daniel Salinas Basave,

ge F. Hernández, director del Instituto de

con quien se estableció contacto y se defi-

México en España-IMEX, para reproducir

nieron las líneas de trabajo, con el resulta-

en nuestra página de Facebook algunos

do de la grabación y posterior emisión de

de sus “Cuentínimos para la cuarentena”,

una charla de 20 minutos.

serie que ha producido y dado a conocer

Se estableció contacto con diversas
personalidades conocedoras de la obra de

Se realizó también el video Patrimo-

Alfonso Reyes para invitarlos a participar

nio plástico de la Capilla Alfonsina: Saskia

en el Festival Alfonsino 2020 también en

Juárez, con un recorrido por la obra pictó-

modalidad virtual; se contó con tres invi-

rica de esta artista que se encuentra en las

tados gracias a la gestión del director de la

diferentes áreas de la biblioteca.

Capilla Alfonsina de la UANL, con los cua-

10

durante el confinamiento.

Además,

diariamente

se

comparte

les se tuvo constante colaboración hasta la

contenido generado en la plataforma del

recepción del video de su participación.

Facebook de la Secretaría de Extensión y

Se desarrolló la serie “Leyendo con nues-

Cultura con el objetivo de contribuir en la

tro director”: breves reseñas en video a

difusión de todas las actividades académi-

�cas, culturales y artísticas que se generan

cada uno de los procesos, además de tener

desde nuestra Alma Máter.

parte activa en la ejecución de algunas de

Cabe destacar que todas las tareas se

las actividades, como son las cápsulas de

realizan de la mano con el Dr. José Javier

lectura “Leyendo con nuestro director” y

Villarreal, director de la Capilla Biblioteca

estar en contacto diario con todo el equi-

Universitaria, quien no sólo hace las pro-

po de trabajo de las diversas áreas de la

puestas a desarrollar, sino que supervisa

Biblioteca.

Actividades realizadas y transmitidas a través de Facebook durante el confinamiento por la covid-19

Marzo a septiembre de 2020

��Ga jo de cielo
Homero en Cuernavaca
(Selección)
Alfonso reyes
MATERIALISMO HISTÓRICO
Si ascó el estaño
o bien por Anatolia y el Euxino,
las tribus espaderas del camino
tienen por fuerza que buscarse daño.
¿Hoy el pirata, y el bribón antaño?
¿Helena hoy, si ayer el Vellocino?
¡Ladronerías que, olvidado el tino,
dan en poemas como por engaño!
Cuatro términos hay: Ilión y Esqueria
aduanas son de la explorada vía;
mercado es Tracia, y el Egipto es feria.
Mas queda otro sendero todavía
que purga la codicia y la miseria:
la ruta vertical, la poesía.
ENTREACTO:
A una Afrodita núbil
Afrodita de oro, renacida
para desazonar los corazones,
diosa precoz que brotas a la vida
entre sospechas y adivinaciones;
que a toda garatusa desmedida
el gesto huraño y la reserva opones,
y niñeando y como distraída
sabes amedrentar a los fisgones:
A quien ya no presume de galano
y empieza a descender el precipicio,
otórgale la prez del veterano
que con razón rehusas al novicio:

13

�déjame que te tome de la mano
mientras con la mirada te acaricio.
DE HELENA
—Helena: soy tu ciego enamorado
y a confesarlo sin rubor me atrevo,
pues te descubro en cada rostro nuevo,
a poco que merezca mi cuidado.
Me río yo del pobre porfiado
que investiga si Leda puso un huevo:
yo, para bien o mal, mi sed abrevo
en el presente y nunca en el pasado.
El amor no conoce más victoria
que disfrutar la dicha transitoria,
¡y arda Troya después, no lo deploro!
—Tal presumía un escolar jumento
y, dislocando todo su argumento,
soltó un rebuzno que paró en un lloro.
PARIS-ALEJANDRO
ante Helena
—Helena que hoy te muestras tan esquiva
y que solías serme tan devota:
acepto humildemente la derrota
a trueque de tu mano compasiva...
Quiero que guardes y alimentes viva
la luz de aquella Cránae remota
donde, por gracia de la Chiprïota,
siendo mi reina fuiste mi cautiva…
Recuerda nuestro amor; el ceño deja,
desoye la malicia y la conseja,
y a media voz repite que me amas...
(Y al abrazarla, vislumbró Alejandro
en los ojos de Helena, el Escamandro
rojo de sangre y encendido en llamas.)

�AL ACABAR LA ILÍADA
Desengañado Aquiles, sólo a la muerte aspira.
Su madre acecha, atónita, la hora malhadada
en que habrá de ceder sus restos a la pira;
padre, hijo y esposa son grey abandonada.
No queda quien comparta su duelo ni su ira:
su dulce sierva llora, mas llora al camarada;
Atrida es falso, esquivo Ayante, y mal velada
la sorda emulación que Diomedes transpira.
Último caballero de la virtud antigua,
le deja la venganza una embriaguez ambigua,
y sólo de la tumba espera la piedad.
Ya le acude la gloria con los brazos abiertos,
único amor que templa, como un sol de los muertos,
su frío desamparo, su arisca soledad.
DE MI PARÁFRASIS
		1
No está en las letras cuanto yo adivino
del duelo del troyano y del aqueo,
ni sólo en el poema peregrino,
ni en lo que cautamente escribo y leo.
A sobresaltos de la sangre, atino
con el oculto parangón, y husmeo,
no las palabras disecadas, sino
el tufo de la guerra y del saqueo.
Por gracia o maldición —otro lo acierte—,
un patrimonio traigo en la memoria
de valentía y de dolor y muerte.
Gritos y llantos, pánico y victoria,
todo lo tuve junto a mí, de suerte
que todo es sentimiento más que historia.

�El oro de lo s t igr e s

I
LA PESTE Y LA CÓLERA
(Fragmento)
Homero
Traducción en verso de Alfonso Reyes

4. AQUILES OFENDIDO
En tanto que la tropa anda en esta faena,
su lance con Aquiles ni su amenaza olvida
Agamemnón, y a Euríbates y a Taltibio, los prestos
servidores y heraldos, convoca y les ordena:			

320

—Idme hasta la barraca de Aquiles el Pelida;
de la mano a Briseida, la del semblante apuesto,
me traeréis; si Aquiles opone algún reparo,
yo mismo iré con gente y le saldrá más caro.
Tal con altivas voces los despide y conmina. 			

325

Orilla al mar cambiante, remisos se encaminan
ambos hacia los barcos y toldos mirmidónicos.
Sentado en su barraca, junto a su negra nave,
los ve acercarse Aquiles, el continente grave.
Perplejos lo saludan y con temor recóndito,			

330

mas él, adivinándolos, se adelanta a decir:
—¡Salud, gente de Zeus, mensajeros humanos!
Venid, no es culpa vuestra si vuestro soberano
por Briseida os envía. Patroclo, hazla salir
—tú, el de estirpe de Zeus— y entrégala en sus manos. 		

16

335

�EDI TO R I A L

Y ante los bienhadados dioses sedme testigos,

y ante todos los hombres y el rey desatentado,
si al hora del desastre quiere contar conmigo;
pues sé que ya no acierta su corazón airado
a prever lo futuro en vista del pasado 				

340

ni a librar nuestras flotas del asalto enemigo.
Dijo, y dócil Patroclo la tienda de su amigo
busca y da con Briseida, la de la faz gustosa.
A las naves aquivas, y muy a su pesar,
la llevan los heraldos. Apártase a llorar 				

345

Aquiles, y tumbándose por la orilla espumosa,
mientras ruega a su madre con manos anhelosas
explora la envinada lejanía del mar:
—Madre, pues me engendraste para tan corta vida,
el Olímpico Zeus que por las cumbres truena 			

350

debiera protegerme, y en cambio me condena
con su olvido al ultraje de Agamemnón Atrida,
cuyo poder me roba la recompensa suma.
Así dijo entre lágrimas. Le oye la augusta madre
desde el abismo húmedo que habita con su padre, 		

355

el añoso Nereo; surge cual blanca bruma,
vuela sobre las ondas hasta el hijo afligido,
lo acaricia y exclama:
—¿Qué dolor te ha vencido,
hijo, qué te conturba? ¿Por qué tu alma llora?
Dilo y no calles, ambos probemos tu aflicción. 			

360

Y el alígero Aquiles, con profundo gemido:
—Lo sabes. ¿Para qué repetírtelo ahora?
Fue en Tebas, la ciudad sacra del rey Eetión.
La saqueamos; luego juntamos la ganancia,
que nuestra gente supo repartir con esmero. 			

365

Criseida fue el hermoso botín de Agamemnón.

17

�Pronto a dar por su hija rescate en abundancia,
el sacerdote Crises, hombre de Apolo Arquero,
llegó hasta los bajeles alígeros entonces,
donde andan los aqueos revestidos de bronces. 			

370

Al cetro de oro atadas las ínfulas de Apolo
el Flechero, a las huestes no imploraba tan sólo,
sino a los dos Atridas, los amos del combate.
La gente aquea a gritos lo otorga y reconoce,
al sacerdote honrando y ansiosa del rescate, 			

375

mas impedir no logra que Agamemnón maltrate
a Crises y lo aleje con altaneras voces.
Parte indignado el viejo, y Apolo que lo ampara,
escuchando sus preces, su arco cruel dispara
por nuestro campamento; y los hombres caían 			

380

conforme los flechazos divinos se esparcían.
Un consumado augur nos declaró al instante
la causa del enojo del Cazador Distante,
y yo el primero exijo que al dios se satisfaga.
Levántase el Atrida e iracundo me amaga. 			

385

Ya cumplió sus amagos: los aqueos de ardientes
ojos en rauda nave devuelven a Criseida,
y al dios van a brindar su carga de presentes,
¡mientras unos heraldos, violando mis reales,
si antes me la dieron, me arrancan a Briseida! 			

390

Presta amparo a tu hijo y muestra lo que vales,
y al Olímpico Zeus lleva tu imploración,
ya que en palabras y obras le has dado protección;
pues sola eras fiel entre los Inmortales
—mucho te oí contarlo en la patria mansión—, 			

395

cuando lo encadenaban los dioses principales,
tal Palas Atenea y Hera y Posidón.
Tú fuiste a desatarlo del ominoso nudo,
y al que es vuestro Briareo, y en la tierra, Egeón
—el forzudo centímano, más que el padre forzudo—,		

400

abriste el ancho Olimpo; y él, de su gloria ufano,
junto al trono de Zeus se plantó de improviso,
y los dioses rebeldes, viendo su intento vano,
desistieron sumisos. Recuérdaselo ahora;
apegátele, abraza sus rodillas e implora: 				
Que deje a los troyanos hacer una salida,

18

405

�y echados los aqueos hasta el labio del mar
—por que mejor disfruten la inepcia de su Atrida—,
vean entre las popas a su gente vencida,
y el rey arrepentido comience a lamentar 				

410

el haber desairado al aqueo sin par.
Y, en lágrimas bañada, Tetis le respondía:
—¿Te di a luz en aciaga hora, criatura mía?
¡Viérate en paz tus naves sereno gobernando,
sin que nublase el lloro tus efímeros días! 				

415

Mas tu vida es muy breve, tu sino el más nefando,
fue funesto engendrarte en casa de Peleo.
Iré al nevado Olimpo, descuida; al alto Zeus
engendrador de rayos veré de persuadir.
Tú guárdate en tus raudas naves sin combatir 			

420

y contra los aqueos incuba tu pasión.
Zeus, ayer, con toda su augusta compañía
se fue por el Océano, al remoto confín
de los probos etíopes que ofrecen un festín.
No tornará al Olimpo hasta el doceno día. 				

425

Yo he de trepar entonces las broncíneas gradas
y echarme a sus rodillas. Tal vez sea escuchada.

19

�Mal de l ibros

Alfonso Reyes, tradcutor de la ilíada
Fragmento de la presentación de El oro de los tigres ix
Carlos García Gual

4. H omero

A

en

C uernavaca

l tiempo que traducía los nueve primeros cantos de la Ilíada, Reyes componía
en su retiro de Cuernavaca un singular conjunto de treinta sonetos, poemas que
son un desahogo y comentario poético personal no falto de humor e ironía, en

los que evoca algunas escenas y figuras de la epopeya. En una primera sección introduce algunas notas críticas sobre su tarea e interpretación. En la segunda evoca y dialoga
con los personajes del poema —es decir, se dirige a Agamenón, Menelao, Paris, Helena,
Briseida, Héctor y Aquiles, invocados en ágiles sonetos, revestidos de ironía y una cierta
coloración dramática.
Citaré unos párrafos del excelente y ya citado libro de Arturo Dávila:
Je veux lire en trois jours l’Iliade d’Homère. Reyes recuerda a Ronsard para iniciar su navegación homérica y empieza la primera sección crítico-descriptiva con dos sonetos “¡A
Cuernavaca!”, donde anuncia su deseo de dejar la ciudad —¿la corte?— y dirigirse al “campo” a descansar —y hasta a “respirar”—, en el caso de su corazón cansado. Beatus ille, el
poeta abandona las arduas labores de la traducción para escribir su Homero en Cuernavaca, como “ocio y entretenimiento al margen de la Ilíada (X, 403), según indica él mismo en
el prólogo al libro. El trabajo creativo se transforma en “recreo a varias voces, prosaico,
burlesco y sentimental” (403). Reyes suaviza la voz, se aleja de la solemnidad, y marca un
tono menor, conversacional y discreto, a veces hasta satírico, pero siempre salpicado de
relámpagos líricos […] Los dos sonetos “¡A Cuernavaca!” funcionan como una declaración

20

de partida, una especie de escape hacia “la escondida / senda, por donde han ido, / los pocos
sabios que en el mundo han sido”, como aconsejaba fray Luis:

�A Cuernavaca voy, dulce retiro,
cuando, por veleidad o desaliento,
cedo al afán de interrumpir el cuento
y dar a mi relato algún respiro. 1

Los poemas son muy variados en sus temas y sus tonos. Si tuviera que escoger sólo dos
sonetos, yo me inclinaría por el primero y el último: “Homero” y “Al acabar la Ilíada”.
En “Homero” Reyes evoca el paisaje de los dos volcanes avistados desde Cuernavaca y
su volcánica ascensión a traductor de Homero:
De cara a los volcanes, hoy prefiero,
pues la ambición y la ignorancia igualo,
deletrear las páginas de Homero,
que me acompaña para mi regalo.
Ensayo, me intimido, persevero,
aquí tropiezo y más allá resbalo:
otro volcán viviente y verdadero,
otro fastigio y otra cumbre escalo.

“Al acabar la Ilíada” tiene un tono muy trágico, y en ese sentido es muy distinto a la
mayoría de los otros sonetos. Notaremos que no evoca especialmente el final del poema
homérico (que concluye, como es harto sabido, con los funerales de Héctor en Troya, tras
el encuentro de Aquiles con Príamo), sino el amargo destino de su protagonista.
Desengañado Aquiles, sólo a la muerte aspira.
Su madre acecha, atónita, la hora malhadada
en que habrá de ceder sus restos a la pira;
padre, hijo y esposa son grey abandonada.
No queda quien comparta su duelo ni su ira:
su dulce sierva llora, mas llora al camarada;
Atrida es falso, esquivo Ayante, y mal velada
la sorda emulación que Diomedes transpira.
Último caballero de la virtud antigua,
le deja la venganza una embriaguez ambigua,
y sólo de la tumba espera la piedad.
Ya le acude la gloria con los brazos abiertos,
único amor que templa, como un sol de los muertos,
su frío desamparo, su arisca soledad.

A. Dávila, op. cit., pp. 16-17. Como muy bien señala algo antes: “Las composiciones poéticas del pequeño libro que lo acompañaron en la aventura
de traducción, aunque divertimento para el poeta, contienen un alto grado referencial: implican una relectura cuidadosa de los poemas homéricos, el
conocimiento de la mitología griega, los estudios de Reyes sobre el tema homérico, sus visitas al Siglo de Oro español, y, en fin, la vasta obra y biografía
del autor.” (ibid., pp. 4-5).
1

21

�5. F inal
Frisaba Reyes los sesenta años cuando emprendió la ardua tarea de traducir a Homero.
Los miles de hexámetros de la Ilíada, el primer poema de Occidente, la más resonante de
las epopeyas antiguas, le aguardaban. Todo un reto para quien se había sumergido tantas
veces en los textos del legado helénico, textos por los que desde muy joven había sentido
gran atracción, una tremenda afición que había marcado una gran parte de su trayectoria
intelectual.
Grecia es un modo de hablar, es un lenguaje cuya ventaja es ser universalmente comprensible y, además, el encontrarse, como un común denominador, en la base de todos nuestros lenguajes de cultura. Mi Grecia soy yo.

Le fue difícil avanzar en la tarea, pero se lanzó con enorme ilusión. Después de tantos
años y tantos estudios sobre los griegos, volver al gran poema fundamental debió de parecerle como un desafío formidable, su último homenaje poético a la tradición clásica,
un empeño casi heroico tras tantos años de larga y siempre vivaz convivencia con lo helénico. Homero fue siempre el indiscutible patriarca de la poesía griega. La Ilíada con su
resplandor mítico y su resonancia trágica merecía una nueva traducción castellana, una

22

versión que rescatara mejor su dicción poética, tal como había pedido antaño el argentino
Lugones. Difícil y tardío reto.

�Reyes sabía muy bien que traducir no es sólo sustituir las palabras de una lengua por
otra. Es mucho más. Es reinterpretar el mensaje del poeta y ofrecer su versión en otro
idioma, intentando recobrar todo su sentido en versos de cierta sonoridad y una fresca
prestancia narrativa. Al margen de la más estricta traducción literal, importa conservar
su ímpetu poético. Cuando la distancia entre las dos lenguas —la de origen y de acogida
del texto en cuestión— es tan grande como la que hay entre el griego arcaico y el castellano moderno, no sirven las recetas mecánicas. En tal caso, la traducción exacta es imposible; es decir, resulta una tarea utópica, como bien señaló Ortega en un certero ensayo.
Pero caben aproximaciones. Evidentemente, unas claramente mejores que otras.
La versión de Reyes mantiene en sus flexibles alejandrinos mucho del fulgor del antiguo poema épico. Si bien no llegó a dejarnos completa la traducción de todo el largo
poema, su Aquiles agraviado resulta una clara, inolvidable y suficiente muestra no sólo de
sus méritos como traductor, sino de su intenso amor a la Grecia antigua y a esos textos de
la aurora del humanismo europeo.
C. G. G.
Madrid, 28 de junio de 2020.

23

�Una noche en el hotel Baruk
José Javier Villarreal

I

A

sus casi sesenta años, frente a la puerta de la habitación, espera a que el mozo
introduzca la llave. Los jardines y sus buganvilias. Al fondo, la piedra volcánica
como testimonio de una cólera muy antigua, muda, oscura y detenida que con-

trasta con la cantera, los hilillos de agua y los pájaros en los platos de la fuente. Ha llegado
a la provincia, al jardín de la república. Atrás queda la corte con sus apremios y fatigas.
Como un poeta del siglo XVII, ésos que le han llenado las horas y los días, se refugia en
su huerto bajo la sombra de sus libros. El edén se deja admirar desde la terraza del hotel
Marik. Sólo una puerta de cristal y una pesada cortina lo protegen de la resolana. Alfonso
Reyes ha llegado a Cuernavaca. No viaja solo, una “junta de sombras” lo acompaña.
***
A sus casi sesenta años los caminos y senderos lucen otra geografía. El poema del Cid,
su prosificación de 1919. Su padre que va y viene y nunca lo abandona. Ahora, pasado
el tiempo, y con un manuscrito que resguarda desde 1930, Aquiles, como un espíritu familiar, se le revela en las entretelas del sueño. Pero se trata de un sueño sostenido, una
recurrencia que le exige toda una vida. Una literatura que se le ha vuelto vida. No hay
otra forma de justificarse, si no lo hizo antes, ahora no tiene caso ni pensarlo. En 1924
fue Ifigenia y su rotundo no. Pero ya no tiene aquella libertad que otorga la juventud.
Eso lo supo desde muy temprano y empezó la diaria rutina de sus diarios. Cuadernos de
apuntes donde todo se iba anotando, un espejo cifrado donde reconocerse. El ejercicio de
la traducción, en su caso, le había revelado a un Mallarmè y a un Chesterton que le eran
muy queridos. También a un Stevenson que le intrigaba y atraía. El amor y la admiración,
la ética y el goce por el mundo griego se han remansado y abultado en su infatigable
curiosidad. Ahora dicta un curso en El Colegio de México sobre sus amores helenos, sobre esa forma de entender la vida que ha dirigido la estrella de sus pasos. Ha traducido
libros sobre los estudios clásicos y lo sigue haciendo. En medio de todo se siente y se sabe
solo. Los padecimientos del espíritu, antes sublimados o transformados en fantasmas del
corazón, como cantara Darío, se le manifiestan, precisamente, como heridas y dolencias
en el corazón. Además, ha llegado el momento, juzga él, de emprender la gran aventura
que se ha postergado, pero que no es posible eludir. Lugones es un ejemplo, y la sombra
del padre, ese mundo de guerreros, va cobrando forma a través del sonoro conjuro de las
catorce sílabas. Y una sombra, otra, como al viejo Goethe, se le ha instalado en su íntima

24

galería, la de Helena, la de la esquiva e inapresable Helena. Es cierto que mi primera

�Helena se la debo a Segalá y Estalella. Hubo otra que le sirvió de cimiento, la Ginebra del
rey Arturo, la de Camelot, la que vi en el cine de San Diego con mis padres en 1967. Lancelot era Franco Nero, el rey Arturo: Richard Harris, y la reina: Vanessa Redgrave. Pero
Helena fue creciendo y asentándose en mi imaginario. Tomó de aquí y de allá. Se adueñó
de la bella Isolda, “la de las blancas manos”. Después, en la campiña francesa, mientras
cruzábamos en autobús, rumbo a Baja California, la inclemente y helada Nuevas Casas
Grandes, Chihuahua, apareció como Emma Bovary. Más adelante, siguiendo con el frío, la
nieve y el hielo, como Ana Karenina. Y Helena no se detenía. Se acabó de vestir frente a un
espejo donde se reflejaba en sus ojos negros la inmensa y bella ciudad de Moscú. Seferis
me subrayó aquello de que sólo se trataba de una sombra. Pero fue en Goethe, en la segunda parte del Fausto, donde Helena, como Olga Orozco, me dio un beso en la frente que
se ha quedado ahí. Reyes no podía seguir demorando, a sus casi sesenta años, esa cita con
Homero. Y ésta acabó por concretarse en Cuernavaca. El clima y la altura así lo exigían.
La poesía se imponía, él mismo lo confiesa en un soneto, como “el sendero vertical.” No
había vuelta, estaba en vuelo entre el mar y la ventosa Ilión.
***
Otra vez el Canto V de la Comedia.
El Canto V no habla de la humedad en las paredes,
de las sábanas frías y los goznes que rechinan con una agudeza insoportable.
No habla de Helena, cuando ésta regresa de Troya en la nave de su marido.
Su marido celebra en el puerto su llegada y ella —sola— se enfrenta con las puertas
de su casa.
Les habla, se duele ante ellas, sabe lo que ha vivido y reflexiona —inquieta— por su futuro.
El Canto V de la Comedia no habla del mar, de los jóvenes que juegan en la playa,
tampoco de la noche.
El Canto V es puntual, claro en la intensidad de su trazo,
en la intención del autor. No repara en paisajes, en personas
que aparecen y desaparecen con la mayor facilidad. Tampoco habla de la ciudad,
de las calles
que la atraviesan, y que un día habremos de transitar.
Me detengo, y el mundo se detiene conmigo.
El Canto V es lo contrario, es la evidencia de que nada se detiene.
Mas toda la belleza que gira en el Canto V de la Comedia
no me toca, permanece como una lección en un libro memorable, un poema de culto,
una pareja donde ella habla y él calla. Se redactó a principios del siglo XIV;
desde entonces nos sigue asombrando la voz de ella y el silencio de él.
Giran como polvo, transitan como un autobús
en medio de la nada. Es un poema exacto y sumamente dramático
que no deja cabos sueltos: la historia es precisa, la emoción alta y los personajes
tienen tal estatura

25

�que el drama, el beso y el asesinato se funden en un clímax que escapa a todo tiempo
¿Baja Edad Media, primer Renacimiento? No importa: el cuñado, es el cuñado
y lo hecho, hecho está.
La vida no posee tal limpieza, esa elegancia en el trazo, el peso de los personajes,
la dimensión que resuena a lo largo de los siglos entre los versos
de un verdadero poema.
Por eso el Canto V de la Comedia no habla de las sospechas de Helena,
de la ruidosa celebración de su marido,
del silencio que se desprende de los muros y la puerta de su casa. Es verdad que Helena
no se arrepiente de nada, pero su desasosiego, su duda, que
no está en el Canto V de la Comedia, la va paralizando. Esto no lo soñó ni lo cantó Homero
que estaba tan preocupado por la dignidad de los vencidos,
pero a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX, un viejo poeta,
desdeñado y avergonzado por una jovencita de escasos dieciséis años,
cantó una Helena —casi al final de un largo poema— que jamás tuvo
esa altiva seguridad con la cual Francesca habría de fascinarnos
en el Canto V de la Comedia
que Dante sí soñó y escribió a principios del siglo XIV
seguramente horas antes de su salida de Florencia.
***
Se trata de un vuelo comercial. Minerva y yo fuimos a Tijuana a festejar el cumpleaños de
mi madre. La ventosa Tecate ha quedado atrás en la montaña entre los múltiples cerros
que la rodean. Mi madre habita un geriátrico y su casa ha sido cerrada. Los recuerdos de
toda una vida, los penates domésticos, algunos, que con la ayuda de mi hijo José Pablo
embalamos y empacamos, ahora viajan con nosotros como cangrejos ermitaños en busca
de un nuevo jardín. Es de noche y, a pesar de que se trata de un vuelo directo, estamos
muy cansados. Nos avisan que hemos llegado y que nos preparemos para el descenso.
Pero la niebla, después de dos intentos, hace que el piloto desista y nos informan que se
buscará un aeropuerto alterno a dónde dirigirnos. Guadalajara es la primera opción, pero
finalmente llegamos a Zacatecas.
La tripulación de la aerolínea desaparece. Surge el rumor de que reanudaremos nuestro vuelo a las diez de la mañana, luego que a las doce y finalmente se imponen las contundentes y redondas 14:00 horas. Son las doce pasadas, todos los locales están cerrados,
no hay taxis ni servicio de Uber ya que se trata de zona federal. La carretera es insegura,
nuestras maletas están en el avión. Decidimos juntar las sillas para recostarnos y descansar. Nos esperan muchas horas en blanco. El cansancio pesa. Hay quienes se tienden en
el suelo, y una inesperada solidaridad se va manifestando. Aparecen rostros detrás de
los rostros y cuerpos detrás de los cuerpos que no habíamos visto. Ahora los pasajeros
conformamos una extraña familia que ocupa las dos salas del pequeño aeropuerto. Pero

26

necesito una cama donde descansar. El viaje ha sido muy intenso y realmente estamos

�deshechos. Minerva se ha puesto a platicar con una aparición, una chica que escapó de
Desayuno en Tiffany’s, de Truman Capote, o mejor todavía, una Muñequita de lujo, como
fue la traducción del filme de Blake Edwards de 1961. Asegura que los hombres, gracias
a sus “plegarias atendidas”, siempre le han prestado su afectuosa y desinteresada ayuda.
Yo me levanto y camino por el interior del aeropuerto. Voy de un extremo a otro. Zacatecas es una de mis patrias más queridas. Los viñedos, Jerez, Malpaso, La Quemada, las
jornadas Lópezvelardeanas, el Teatro Calderón, el salón de Osaka en el Museo Felguérez,
el retablo de Javier Marín en La Catedral y el hotel Baruk a la entrada de la ciudad. Y comienza la aventura. Como siempre, la batería de mi celular está a punto de morir, pero
logro hablar con Antonio de la recepción del hotel, quien me conecta con Víctor, que es
un taxista que trabaja con ellos, pero que tendrá que venir en su propio carro, ya que le
está vedada la entrada en zona federal. Me hablará cuando esté por llegar. El punto de reunión será la primera puerta del aeropuerto. Voy por Minerva, nos acercamos con suma
discreción al lugar convenido. Hace mucho frío. Ella espera adentro, yo afuera. La batería
se está agotando. La angustia crece y recibo la anhelada llamada al tiempo que distingo
un auto que se aproxima. Lo abordamos. ¿Es usted Víctor? La respuesta tarda en llegar
mientras nos alejamos del aeropuerto. Después de más de media hora en una total y cerrada oscuridad llegamos al hotel Baruk. En la recepción, no sé cómo, están todos, o casi
todos, los miembros de mi nueva y efímera familia. Por supuesto que también se encuentra, sin perder estilo y presencia, la “muñequita de lujo” acompañada de su bella hija. Una
niña entre ocho o diez años de cabellos rubios. Seguramente esta singular pareja deberá
estar custodiada por un ejército celeste que no alcanzo a percibir, pero que sin duda nos
ha favorecido. Todos encontramos refugio esa noche, y el tren lópezvelardeano, el de la
“Suave patria”, que pasa por detrás del hotel muy de mañana, nos habrá de recordar al
día siguiente que el retorno a la casa familiar aún se encuentra distante. Los dioses, pese
a su indiferencia, siguen pesando en el destino de los hombres. La batería de mi celular
duerme callada y distante y el cargador reposa en el interior de mi maleta en la bodega
del avión que ya nos espera.
***
Recorro los jardines, los andadores entre los colores del paisaje. Enramadas y rincones
donde ciertas mujeres charlan indiferentes a mi paso. Podría tratarse de Briseida, no de
Criseida, porque ésta ya se ha ido. Briseida está a punto de alejarse, es requerida por el
“jefe supremo del ejército” y la bella no lo puede hacer esperar. Helena, en cambio, es una
veleta azotada por los aires del deseo y la nostalgia. Una impresionante sombra que va de
aquí para allá, a través del tiempo y del espacio, sin siquiera moverse. Está en lo alto de las
murallas, pero también arrellanada en la cámara nupcial como un venero de aguas calmas
y profundas. Afrodita, la diosa y madre de Eneas, sufre un rasguño por acercarse tanto a
los hombres. Pero Andrómaca, “la de los blancos brazos”, no puede estarse quieta. Va y
viene, se hace seguir de una nodriza que le lleva a su hijo en brazos. Se detiene, avizora a lo
lejos, entre los guerreros que se baten, en busca de su amado esposo. Su discurso me hará

27

�recordar las palabras de despedida de doña Ximena. Las mismas que hace más de treinta
años prosificó Alfonso Reyes. Las aguas se juntan, Belerofonte, al igual que Hamlet, lleva
una carta donde se ordena su muerte. Esto es más que un rumor, es una certeza que se
escucha en los murmullos del follaje que agita el viento en Cuernavaca. Pero el agraviado, en este coro ritmado por la presencia femenina, ha desaparecido, nada sabemos de
él. Está ausente, solo, de espaldas al mundo. Ni siquiera escucha, a lo lejos, el fragor de la
batalla. No se entera de que el mismo Ares, el dios de la guerra, ha sido herido. Pero estas
mujeres, que no son mujeres, sino personajes de un poema que siempre se ha amado, se
le convierten al traductor en corrientes submarinas, en fantasmas del corazón que van
cobrando aliento y perfil en esos versos que estrictamente no son suyos, pero que sólo a
Reyes competen; a ese Reyes, de casi sesenta años, que le ha dado por recordar.
II
La memoria, ese campo de lo íntimo, que nos persigue y asedia. No hay dominio, voluntad
que pueda con ella. Están las mujeres que le alegran el día, también las otras que lo acompañan en las horas lentas de la siesta cuando la noche, que parece que tarda en llegar, y
la tarde, que se prolonga como un llano interminable, chocan y nos quedamos detenidos
y pesados al borde de la cama, o en el sillón, o en la butaca viendo cómo el día se nos ha
perdido. Puedo imaginar al traductor revisando con sumo cuidado el inicio de la sexta
Rapsodia. Hay que levantarse y encender la lámpara de pedestal, la del escritorio resulta
insuficiente. El rico Adrasto yace indefenso y se aferra a las rodillas del airado e incontenible Menelao. Se sabe perdido. Pide clemencia. Le ruega a su enemigo que no lo mate,
que lo haga su cautivo, que su padre lo ha de recompensar con un rico rescate
de bronces, hierro labrado, oro.

El dulce Menelao, como lo llama su hermano Agamemnón, cede a sus ruegos y ordena
que lo encierren en su oscuro velero. Pero en eso llega “el pastor de pueblos”, el hermano
mayor y reprende al piadoso Menelao al tiempo que traspasa con su lanza al indefenso
troyano. La historia familiar se repite. Antes fue Ifigenia, el exilio europeo y los años
madrileños. La familia se reúne, la familia siempre se reúne. Los hechos son contundentes. Hay un punto de quiebre, una línea que se ha roto, que no cesa de romperse una y
otra vez. El traductor, a sus casi sesenta años, enciende la luz de pedestal y el cuarto se
ilumina, y Alfonso Reyes se ve reflejado contra la puerta de cristal que da al jardín. Está
solo, rodeado de las sombras que ve aparecer y cobrar figura en los versos del poema
que traduce. En 1921, hace casi 27 años, desde Madrid, colaboró con Foulché-Delbosc en
la edición de la obra de don Luis de Góngora. Se sabe que su amigo Martín Luis Guzmán
mecanografió algunos de los poemas. Ahora, a sus casi sesenta años, después de sus Cuestiones gongorinas que se editaron en 1927 (año axial de la lírica española), un verso del
Polifemo le sale al paso y busca su eco en la resonancia de la Rapsodia tercera de su Aqui-

28

les agraviado. El blanco y, a veces, fugitivo cuerpo de Galatea se convierte en segur para

�las blancas azucenas. El cuadro presenta a la ninfa dormida sobre la muelle verdura a la
orilla de un arroyo. El cristalino bullir del agua la despierta e inquieta se levanta y huye
cegando el reflejo de su cuerpo en el agua como si de azucenas se tratara. Así la ninfa es
segur, hoz de sí misma. Pero también, en el cuadro idílico, por la blancura y desnudez de
su cuerpo, en azucenas se ha trocado. Una genialidad de don Luis que el ahora poeta y
traductor no puede olvidar, y en la Rapsodia tercera, cuando Alejandro le responde a su
hermano sus recriminaciones, le dice:
pues tu inflexible ánimo es la segur que hiende
el tronco y da más ímpetu a la mano robusta.

Pero esto es ahora que ha pasado el tiempo y las reflexiones han madurado en ensayos,
conferencias y disertaciones; ya que en 1921 en la edición de Foulché-Delbosc, que publicara The Hispanic Society of America, el verso cantaba:
Seguir se hizo de sus azucenas.

Los afanes filológicos, a lo largo de los años, fueron cribando la pureza y resaltando el
brillo de la expresión gongorina.
Siente frío. Quiere apagar el abanico de techo que encendió antes de acostarse. No
encuentra el interruptor y jala las cobijas, se cubre con ellas. Sólo su rostro en lo blanco
de la almohada, sus ojos cerrados y el persistente ruido de las aspas que no cesan de girar.
***
Delicada relación la que guardan los hermanos menores con respecto a la fogosidad e
ímpetu de sus hermanos mayores. El traductor se lee en el poema que traduce. La ausencia de Aquiles a esta altura resulta insoportable. El traductor es sensible a la resistencia y
defensa de los troyanos, pero también a la ofensa y enojo de los aqueos. Sabe el final de
la historia y se duele y estremece en cada verso. Su minuciosa lectura, su versión de los
acontecimientos se le funde y confunde con su propia vida. Cada que repasa en voz alta
los versos traducidos es su voz la que se escucha en ese cuarto poblado de sombras en el
hotel Marik de Cuernavaca, frente al destello de los ojos de Helena.
III
Uno siempre anda por ahí. La conciencia de estar cerca es relativa. El estado de conciencia,
el estar viendo al gato cómo afila sus uñas
y uno
sigue ahí. El mundo es ancho y largo, misterioso como un tablero de ajedrez
con sus torres y caballos, sus andamios y puentes; esas reinas que se adivinan
y esos peones que van y vienen en el metro, en los camiones, en las peseras.

29

�Circulan sin mucha conciencia de su presencia en el mundo.
El mundo, el gran mundo que ha sido cantado en las comedias que hoy llamamos clásicas,
tampoco les presta mucha atención. Algunos guardias, algún sepulturero,
los acompañantes del primer ciudadano,
nada que comprometa el designio de los dioses o los intereses de la república.
La espuma tiende a derramarse, y ésta, la cerveza, se calienta si no se bebe a buen ritmo.
Esto sucede en los países meridionales. El interés público,
siendo público, no a todos compete.
La tasa monetaria, el desarrollo sustentable, la guerra comercial, las importaciones
y exportaciones, el cierre de fronteras,
el cuidado de los monumentos, la inauguración de las plantas termoeléctricas,
la caída del petróleo, la salud nacional fueron temas que se discutieron en palacio.
Conversaciones que recorrieron pasillos y terrazas. A la hora del almuerzo
se discutió acremente, apasionadamente. Pero Ofelia no supo nada; a Gertrudis,
poco le importaba.
La res pública se desarrolla. A veces crece; a veces, disminuye. Su canción
no siempre se escucha.
Abres el periódico antes de tomar el desayuno y ya está ahí como un caballito
que no cesa de girar.
La vida de Ofelia va por otro lado; la de Gertrudis, igual.
Es un solo jardín, pero los senderos nunca se confunden. Sus pasos dibujan
diferentes escenas;
es otra la antología, el criterio, la óptica de selección.
Más que poemas son recuerdos donde Venus, con el manto de su desnudez,
lo cubre todo; donde los jabalíes, con sus agudos colmillos,
regalan besos en el costado de un Adonis entrado en años;
donde la bella Lucrecia es tentada y acosada por los anhelantes brazos
de la concupiscencia.
Pero esto sólo sucede en el mundo de Ofelia y de Gertrudis. Las razones políticas,
las ambiciones que mueven al Estado no circulan por tan estrechos parajes.
Hay una cierta condescendencia, una amorosa tolerancia que divide aún más
los espacios de la casa.
Las jarchyas son nuestros primeros testimonios, los indicios de que desde temprano
ya andábamos por ahí.
La cama por hacer, la toalla en el suelo, los platos sobre la mesa, los trastes
al fondo del fregadero.
Es la voz femenina la que se escucha. Los hombres, que andaban por ahí,
estaban preocupados por razones que a la larga no dejaron huella,
no quedó testimonio de tales preocupaciones.
Los escenarios a puerta cerrada: el retrete, el cuarto de costura, el rincón de un pasillo,
la pared de la cocina. Un fuego lento que arde bajo una olla, y no se apaga.

30

Los hombres iban y venían como un rayo de sol en el cielo de Guadalajara. Así dice

�una jarchya mozárabe.
Pero ellas permanecían, hablaban angustiadas ante una madre silente,
ante las hermanas que se sonrojaban y apretaban sus labios y sus manos.
Hoy día las casas no contemplan en su disposición un cuarto de costura, las cocinas
conviven con las salas y no guardan secretos,
las jarchyas sólo se leen en las clases de literatura española,
las madres nunca permanecen calladas ante las confesiones de sus hijas
y las hermanas van poblando un jardín impenetrable y secreto.
Ellas —las mujeres—, a su manera, permanecen. Los hombres no. Van y vienen,
visitan islas, se convierten en cerdos, se hacen amarrar, lo sufren todo, todo lo hacen
y luego se arrepienten.
Ricardo III, para enlazar de nuevo con las comedias que hoy consideramos clásicas,
nos confiesa al inicio de la obra que no fue hecho para el amor y va de tropiezo en tropiezo.
Pide cosas inimaginables, se planta en medio del escenario, y da pena. Ofelia y Gertrudis
pertenecen a otra comedia, su mundo es otro.
A pesar de que sí fueron hechas para el amor, o quizá a causa de ello,
sufren sus consecuencias.
Una enloquece y se quita la vida, la otra ve su mundo desmoronarse mientras agoniza
frente a su hijo.
Esto es literatura, ficción, obras que podemos leer durante nuestro encierro sanitario
decretado por el Estado.
Esos reyes y reinas que resuelven la cosa pública, el destino de todos nosotros,
con o sin nosotros.
Mientras tanto la república va al garete sobre unas aguas agitadas y turbias,
corrientes submarinas que no conocemos, pero sí padecemos. Ese otro reino,
oscuro y secreto, que le da sentido y valor a nuestra vida,
a ese ir y venir sin mucha conciencia tratando asuntos que nos sobrepasan.
Con esa esperanza de que al final de la noche deberá llegar la mañana a disipar las sombras
de nuestra angustia.
***
La noche pone las cosas en su sitio. Una es la habitación durante el día, otra muy distinta
la que se contempla en medio de la noche. El sueño no acude. La junta de sombras se
agiganta en “las plutonianas playas” del insomnio, como cantara El cuervo, de Poe. Las
hogueras del campamento troyano están a tiro de piedra de las negras y cóncavas naves
de los aqueos. El incesante rumor del mar no logra sofocar las flautas y zampoñas del
ejército enemigo. El fiero y soberbio Agamemnón no puede conciliar el sueño. Tiene casi
sesenta años y le cuesta mantener el ritmo de su respiración. Se reconoce solo y cansado.
Gabriela Mistral, su amiga, lo ha propuesto para el Premio Nobel de Literatura; sin embargo, el medio literario, su propio gobierno, al que sirvió durante tantos años, no secunda la moción. Se le recrimina que ha prestado demasiada atención a los griegos y descui-

31

�dado la literatura nacional. Está recluido, pocas veces sale de casa y sus amigos, cada vez
más esporádicamente, lo visitan. Es sólo un ataque de pánico que deberá desaparecer con
la llegada del día. Pero Agamemnón no puede conciliar el sueño y deambula bajo una pesada piel de león entre los bajeles de su ejército. Las piernas se le doblan, la lanza le pesa
y busca la compañía de sus generales más cercanos. Desde su cama, en el hotel Marik de
Cuernavaca, no logra atisbar la ciudad de Linares, no hay cuartel o destacamento militar
ante el cual poder entregarse. Esto lo imaginó con respecto a su padre hace más de dieciocho años. Camina receloso, cansado y preocupado. Quizá debió comenzar su traducción
hace años, quizá sea demasiado tarde y la empresa sobrepase sus fuerzas. Aquiles no
da su brazo a torcer y amenaza con abandonar el campamento. Héctor, seguramente
envalentonado por sus últimas hazañas, quizá decida quemar las naves al amanecer. Se
topa con Menelao, lo aconseja. Busca al viejo Néstor y juntos se encaminan a la tienda
de Odiseo. Empieza a despuntar el alba. Distingue la luz en los bordes de las cortinas, los
pájaros comienzan a cantar y él, el traductor y poeta de casi sesenta años, al igual que el
atribulado Agamemnón, no ha logrado en toda la noche que el sueño se aposente en sus
ojos. Pero es que la realidad se le viene encima. Ha amanecido, los versos no cesan en su
cabeza. Se da cuenta de que ha abandonado el alejandrino y son endecasílabos los que
se mueven entre la cortesía y el divertimento. Esas burlas veras que lo ponen contra la
espada y la pared ya que
Gritos y llantos, pánico y victoria,
todo lo tuve junto a mí, de suerte
que todo es sentimiento más que historia.

Se confiesa el poeta contra el destello de la mañana, en su implacable lucidez.
Alfonso Reyes pone punto final a su empresa. La traducción del “Aquiles agraviado”
está concluida. Aún queda pólvora para el inicio de la décima Rapsodia, esa oscura e interminable noche con
su frío desamparo, su arisca soledad.

Pero estos versos no pertenecen a la Ilíada, y cuando abraza ese anhelado y doloroso recuerdo lo que alcanza a ver en sus ojos es
el Escamandro
rojo de sangre y encendido en llamas.

Porque el amor, y él lo sabe:
no conoce más victoria
que disfrutar la dicha transitoria

32

�Atrás ha quedado Ilión como hace ya tantos años vio, desde la cubierta de un barco, alejarse a la ciudad de Rio. Lejos la plateada espuma con sus ninfas inalcanzables. Está enfermo
y cada vez más débil. Cree adivinar grupos de palomas seguidoras de Cipris en las jovencísimas enfermeras que lo atienden. Ya no es Aquiles, sino Homero en Cuernavaca, ya no
son alejandrinos celebrando la gesta, sino endecasílabos que sin pudor alguno exclaman:
déjame que te tome de la mano
mientras con la mirada te acaricio.

“México, 17 de mayo de 1951.” Alfonso Reyes cumple 62 años, aunque lo que se escuche,
tan cerca de la habitación, sea el tren que pasa por detrás del hotel Baruk en Zacatecas.
(2020)

33

�F ó sforo
Rodrigo Alvarado

Dirección: Werner Herzog Guion: Werner Herzog Fotografía: Werner Herzog
Música: Ernst Reijseger Año: 2019 País: Estados Unidos Duración: 89 min

Family Romance, LLC
Werner Herzog es un director que, a la par de la realización de películas imprescindibles
del cine mundial como Fitzcarraldo o Aguirre, la ira de Dios, ha explorado las posibilidades del documental para presentar historias particulares pero cargadas de universalidad. En sus más conocidos trabajos documentales, Grizzly man y La cueva de los sueños
olvidados, Herzog aprecia la construcción de la imagen como algo poético entrelazado
por la ficción y la realidad. Su último largometraje, Family Romance, LLC, se posiciona
precisamente en el eje de la verdad tejida por lo real y la ficción, al presentar la historia
de una peculiar empresa japonesa. Además, como lo hizo en Lo and Behold: Ensueños de
un mundo conectado, expone la relación de la humanidad entre la cultura y la tecnología
con temas trascendentales como el amor, la muerte y la soledad.
Family Romance es una compañía que ofrece la renta de sustitutos de familiares, una
empresa de la ficción de las relaciones amorosas. Yuichi Ishii, fundador del negocio, se
encarga de realizar las fantasías de sus clientes. Cuando es contratado para hacerse pasar
por el padre desaparecido de Mahiro, empieza a cuestionar la realidad de sus emociones.
Realizada con trabajadores reales de la empresa y actores, Family Romance, LLC es
una película que cuestiona la autenticidad de las relacionas humanas y juega con los
límites entre documental y ficción para poner en jaque al espectador. Es, entre toda la filmografía de Herzog, uno de los trabajos más profundos sobre el significado de la verdad,

34

el amor y lo propiamente humano.

�En tr e l ibros
Este número de Interfolia destaca, además de su gran afición por la Hélade, la labor de traducción que
Alfonso Reyes realizó; razón por la cual en esta sección incluimos un registro de sus versiones en español
de libros sobre la Grecia clásica, así como obras de escritores reconocidos que tradujo del inglés y francés,
libros que la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria resguarda en algunos de sus fondos.

4 Alexander Petrie. Introducción al estudio de Grecia. Historia, antigüedades y literatura.
Traducción de Alfonso Reyes. México, Fondo de Cultura Económica, 1946.
CABU: FG
AC8 .B7 v.121

4 Alfonso Reyes. Mallarmé entre nosotros. Buenos Aires, Destiempo, 1930.
CABU: FAR
PQ2344 R49

4 Bernard Mandeville. El panal rumoroso o la redención de los bribones. Paráfrasis libre
de Alfonso Reyes. México, Panamericana, 1957.
CABU: FAR
BJ1520 .M3

4 Cecil Maurice Bowra. Historia de la literatura griega. Traducción de Alfonso Reyes.
México, Fondo de Cultura Económica, 1948.
CABU: FAR
PA3054 .B6 1948

4 George Douglas Howard Cole. Doctrinas y formas de la organización política. Traducción de Alfonso Reyes. México, Fondo de Cultura Económica, 1938.
CABU: FJ
JA83 .C6318 1938

4 Gilbert Keith Chesterton. El candor del padre Brown. Traducción de Alfonso Reyes.
Madrid, Saturnino Calleja, 1921.
CABU: FRC
PR4453.C4 I58

4 Gilbert Keith Chesterton. El hombre que fue jueves. Pesadilla. Traducción y prólogo por
Alfonso Reyes. Madrid, Saturnino Calleja, 1922.
CABU: FRC
PR4453.C4 M38

4 Gilbert Keith Chesterton. Ortodoxia. Traducción de Alfonso Reyes. Madrid, Casa Editorial Calleja, 1917.
CABU: FG
BR121 .C5518 1917

35

�4 Gilbert Keith Chesterton. Pequeña historia de Inglaterra. Traducción de Alfonso Reyes.
Madrid, Saturnino Calleja, 1920.
CABU: FRC
DA32 .Ch4

4 Gilbert Murray. Eurípides y su tiempo. México, Fondo de Cultura Económica, 1966.
CABU: FG
AC8 .B7 v.7

4 Homero. La Ilíada. Traducción de Alfonso Reyes. México, Fondo de Cultura Económica,
1951.
CABU: FNL
PA4030.S8 A3 1951

4 Laurence Sterne. Viaje sentimental por Francia e Italia. Traducción de Alfonso Reyes.
Madrid, Espasa Calpe, 1919.
CABU: FL
PR3714.S4 S6

4 Robert Louis Stevenson. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Olalla. Traducciones
del inglés por José Torroba y Alfonso Reyes respectivamente. Buenos Aires; México, Espasa-Calpe Argentina, 1947.
CABU: FL
PR5485 .A67 1947

36

��</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="317">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3246">
                <text>Interfolia</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479084">
                <text>Interfolia difunde ensayos e investigaciones del área de humanidades (arte, literatura) y ciencias sociales (filosofía e historia), así como creación literaria. Sobre todo, y continuando con el perfil inicial que la revista tenía en la década de los cincuenta, publica estudios especializados sobre la obra de Alfonso Reyes, análisis de obras literarias y da a conocer el acervo de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="498617">
            <text>Interfolia</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="498619">
            <text>2020</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="498620">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="498621">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="498622">
            <text>Julio-Diciembre</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="498623">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="498624">
            <text>Semestral</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="498641">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751858&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498618">
              <text>Interfolia, 2020, Año 1, No 2, Julio-Dicimbre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498625">
              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016, Director</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498626">
              <text>Poesía</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="498627">
              <text>Literatura</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="498628">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="498629">
              <text>Bibliotecas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="498630">
              <text>Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="498631">
              <text>Cultura</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498632">
              <text>Interfolia difunde ensayos e investigaciones del área de humanidades (arte, literatura) y ciencias sociales (filosofía e historia), así como creación literaria. Sobre todo, y continuando con el perfil inicial que la revista tenía en la década de los cincuenta, publica estudios especializados sobre la obra de Alfonso Reyes, análisis de obras literarias y da a conocer el acervo de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498633">
              <text>Villarreal, José Javier, 1959, Director</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="498634">
              <text>Cárdenas Pérez, Nancy, Edición</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498635">
              <text>01/07/2020</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498636">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498637">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498638">
              <text>2020027</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498639">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498640">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498642">
              <text>San Nicolás de los Garza, N.L., México</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498643">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="498644">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="6178">
      <name>Alfonso Reyes</name>
    </tag>
    <tag tagId="6464">
      <name>Calendario</name>
    </tag>
    <tag tagId="25628">
      <name>Capilla Alfonsina</name>
    </tag>
    <tag tagId="27681">
      <name>José Javier Villarreal</name>
    </tag>
    <tag tagId="35373">
      <name>Negruras y Lejanías de Homero</name>
    </tag>
    <tag tagId="3071">
      <name>Poesía</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
