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A~o X

BARCELONA 5 DE OCTUBRE DE 1891

NÚM. 510

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA U NIVERSAL ILUSTRADA

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EL CÉLEBRE PINTOR JAN VAN BEERS

�LA

LA CRITICA EN EL ARTE DEL ACTOR

sobreponiendo el juici~ á la fantasía, ~ºI1:º explica
también el ardor de la Juventud estudiantil por oficiar de sumo sacerdote de la Crítica, y razona la invasión creciente de los censores que entran y talan
las heredades de los realizadores soberanos de la be·
lleza, motivando por ley de oposición la gran cruzada de artistas contra críticos, y la lucha de éstos
contra aquéllos que, como la que libran escolásticos
y librepensadores, metafísicos y positivistas, ?abrá
de continuar terrible y sin cuartel hasta el remado
del realismo armónico que con el creador de la Ciencia biológica nació en Alemania, pronto hará quince
lustros, y que ha de trascender á la variedad indefinida de las manifestaciones del espíritu.
Mas á pesar del descrédito indicado, ¿quién niega
los milagros de la Crítica, aplíquese á esta ó á otra
determinación ó fase de la actividad? Ella contiene
en límites estéticos las facultades extraviadas del artista· conviértele en gigante si con alientos viene á
la b~talla; ella hace enmudecer y pisotea al ignorantón desvanecido; y hoy la hija del pensador de Nápoles, impugnador del método cartesiano, amamantada por la Enciclopedia y la Revolución, ya en las
cumbres de Kant, de Hegel y de Krause, suelta las
ligaduras del exclusivismo escolástico y declara la
sustantz'vidad de la belleza y la independencia del
Arte, cuyo fin estético no ha de subordinarse al fin
docente ni al fin utilitario ni al fin moral.

EL PRINCIPIO Y EL HECHO

II

I

Descendiendo á nuestro propósito: ¿Es el arte del
actor manifestación verdadera y esencialmente estética de la actividad humana? ¿Será interesante su crítica? Y antes que todo, ¿puede ésta fundarse en un
cimiento, perdurable como la ciencia y que han ido
construyendo los siglos?
No produjera el nuestro su labor fecundísima, cuando á sus pies no hubiesen acumulado los demás los
frutos de la suya; y pues nada más que la obra de la
divina Omnipotencia se crea de improviso, sino que
lenta y progresivamente todo se transforma, claro
está que en los principios de la Estética puede basarse la Crítica contemporánea aplicada á las fugaces
manifestaciones de la Declamación teatral, contempladas hoy; pero ¿cómo elevar esa crítica á un pensamiento trascendente, mostrar que el principio se cumple. en toda sensible determinación del arte considerado, y traslucir lo que aquella que se nos aparece
significa, dentro de su tiempo y con relaci6n á la
labor histórica de los anteriores, si esta labor nos es
desconocida?
¿Dónde está la Historia del Arte del actor? ¿Dónde está el objeto para aplicar á su aparición temporal nuestras especulaciones?
That is the question, que dice Hámlet.

SUMARIO

Texto. - La Critica en el arte del actor. El principio y el
/¡ec/zo por Enrique Funes. - SECCIÓN AMERICANA: La can·
dolllb;ra ( Remerdos de ~ontevideo }~ por Eva _Can 7I. - Ex{)osición universal de Clzuago, por X. - Las e¡ecuaones por
medio de la electricidad en los Estados Unidos, por Z. - La
1/ltima cita, por \V. K. Clifford, con ilustraciones de Dudley Hardy. - Nuestros l[rabados.
. .
Grabados. -El célebre pintor fan van Bcers. - Exposmón
de Chicago: Edificio para la sección de tr~n~port~s; La laguna, vista por el Sur; Pabellón de la Admm1strac1ón; ~~cha·
da sur del edificio destinado á la sección de Electnc1dad;
Pabellón de la sección de Horticultura; Palacio del Estado
del Illinois; Vista de Jakson-Park y del plano general de la
Exposición, dibujo de D. Nicanor Vázquez. - Llaves ?el
siglo xvm; cerradura del siglo xv; aldaba del castillo
de Foix; reja de la abadía de Ourscamp (siglo XIII). Exposición de Praga. El edificio central, - El pasto del ca•
sino de Baden Badm, cuadro de Stahl. -¡ Ya están aquí!,
cuadro de A. Jourclan, grabado por Baude.- E;ecuciones
por la electricidad m los Estados Unidos: Fig. I. Aparatos
que transmiten la electricidad. - Fig. 2 . La silla prepa~ada
para la ejecución. - Fig. 3. Colocación del reo en la capilla.
- Choque de trenes owrrido cerca de Burgos en la noche del
23 de Septielllbre dltilllo: Fig. 1. Estado en que quedaron las
máquinas después del choque. - Fig.• 2. Vista del ténder y
algunos vagones del tren exprés (de fotografla remitida por
D. Andrés Ruiz Cobos, de Burgos). - Monumento dedicado á
lord Napier de Magdala en la plaza de Waterloo, Lond,·es.

NúMERO 510

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

No está, en verdad, fundada todavía (refiriéndose
á España) en el cimiento sólido de una idea nacional y fecunda. Pero ¿puede fundarse? ¿No hará esta
interrogación que se dibuje una sonrisa desdeñosa
en los labios de los hombres que saben?
La Crítica es la Filosofía de la Historia, y anda la
Ciencia de Vico muy desacreditada en estos tiempos, desde que la ley providencial, como suprema
profetisa de los hechos del hombre y mostradora de
la inmanencia en ellos de un Dios trascendente, se ha
convertido en la ley fatal que los preside, según la
Filosofía positiva, y en la simple sucesividad proclamada por los que, no teniendo fe en los indestructibles y legítimos fueros del pensamiento, intentan
suprimir la Metafísica, niegan los principios y con
ellos la ciencia, tan sólo afirman los fenómenos, y elevan con asombrosa tranquilidad el egolatrismo y su
consiguiente lógico, la lucha por la vida, á la categoría de ley suprema de la Historia.
Y si este descrédito puede ser racional con respecto
á ciertas manifestaciones temporales de la Crítica,
es injustamente afirmado, y como que pretende apostatar y apostata al fin del conocimiento científico, si
rechaza la aplicación de los principios á los hec/zos,
cuando aquéllos no se deducen de teorías apriorístiIII
cas, sino de su información en el tiempo; pues si el
fenómeno se produce sujeto á la ley, la ley palpita
Huelga repetir que la obra del actor es un relámsiempre en el fenómeno; pudiendo así el hombre ver pago: entre otros, en el penegírico de Rafael Calvo
lo que es inmutable, eterno, necesario, filosófico á lo dijo el gran Echegaray maravillosamente. Y es, en
través de lo que cambia y es temporal y contingen- verdad, muy triste que de todos aquellos arrebatos,
te, á través de lo histórico.
carcajadas y gritos, sollozos y lágrimas, acentos y
La protesta del positivismo contra los fueros de la actitudes, no recogidos en placa alguna fotográfica
razón, desde que quiere suprimir la ciencia primera, ni en pentagrama alguno; de todos aquellos latidos
fundándose, por paradoja incomprensible, en argu- de la vida que han golpeado el corazón de los gran•
mentos metafísicos, hace volverá la Historia al pun- des cómicos, ya en el proscenio mismo, donde su
to de partida, á la simple narración de los acontecí- arte reguló portentoso el fuego de la sensibilidad,
mientos, cuando lo fugaz no debe separarse de la ley ya en los momentos en que, estudiando al poeta y
que lo produjo; y desdeñando la aplicación de los al personaje, sintió el intérprete algo que en su esprincipios á la total actividad humana, extiéndese á píritu tiene profundísima semejanza con las tempesla ciencia que debe proclamarlos como leyes de las tades de la tragedia, con las cómicas situaciones
manifestaciones estéticas de aquella actividad; lo y con las mascaradas paródicas, á las que debe
que afirma el descrédito de la Crítica artística, por dar la vida de la escena; de todo lo que el ac·
lo incondicional y tenazmente que quiso encerrar la tor informa en el sonido y el movimiento no quede
realización de la belleza en los moldes estrechos del sino la más efímera memoria, y que su gran obra
clasicismo académico, sin hacer memoria de las nue- deje en el recuerdo lo que el ave que cruza el aire
vas odres para el vino nuevo, y por la selvática liber- deja en el espacio. ¡Cuán curioso poder hacer aquétad que concedió más tarde á las facultades del ar- lla tan secular como la historia!
tista, arrojándolo al turbulento mar de su inspiración
Mas, concedida la alta misión del Arte, retratar el
desenfrenada, sin más estrella que su instinto, levan- espíritu, y la de la Crítica, buscar lo eterno en ellos,
tando, por oposición á. la Academia, la estatua del no nos es necesaria, pará encontrarlo, la perpetua reromanticismo, grandiosa cuanto desgreñada; la misma producción de las obras del cómico. Ni fuera tan
que hoy derrumba del pedestal y empequeñece has- elocuente como se sospecha de improviso.
ta convertirla en el repugnante monstruo del natuSi un genio portentoso, si algún loco sublime de
ralismo experimental y determinista, negación de la la ciencia recogiese en el 'misterio de una placa los
fantasía y de toda idealidad, y por lo tanto negación gestos y las actitudes del cómico; si en el seno de
del Arte.
encantadas moléculas encerrase las inflexiones de su
Cierta divergencia y oposición que, al parecer, voz, para que al sacudimiento de la carrera prodiexisten entre el pensamiento y la actividad artística giosa del titán eléctrico se agitaran vibrantes, y se
para informarlo, entre las facultades especulativas y produjera el milagro perdurable de la resurrección
las creadoras, entre la razón y la imaginación, que de los sonidos; y si para asombro de las generaciono se desarrollan paralelamente, explica que en épo- nes y para seguro de la inmortalidad de ese estupencas como la nuestra las manifestaciones artísticas do sabio, por invención casi sobrehumana se hiciecedan el puesto á las especulaciones sobre lo creado, . ran coincidir r.n fotojonógrafo tan enorme las tonali-

dades con los movimientos, hiriendo nuestros ojos
y nuestros oídos con la reproducción pasmosa de la
obra del gran actor, librada de .la muerte, ¿ten~ríamos quizás el fidelísimo retrato del alma del artista?
No, ciertamente; que recogiéramos entonces tan
sólo los despojos de la materia, la imagen pálida. de
su acción y el eco de su acento; mas no las palpita·
ciones de su espíritu. El suspiro y la queja, la exclamación y el grito, la carcajada y el sollozo, y el estertor y el hipo trágicos de la agonía, que son tonalidades y sonidos, aparecerían semejan.tes á los que
producen helada y fatalmente esos mstrumentos
mecánicos1 asesinos feroces de las obras del músico,
y no á los que arranca su interpretador al violoncelo, pulsado al compás de los latidos de su _corazón;
y el gesto y la sonrisa, la mirada y la lágrima, q~e
son actitudes y movimientos, dinámica elocuencia
del mutismo, serían reproducciones muertas,. y n?
cuadros que el pincel del artista robó con su msp1ración al iris de los cielos. La palabra y todos los
acentos intérpretes de las conmociones del ánimo,
abandonados ya á las leyes de la materia cósmica,
lejos de ser los pobladores misteriosos del mundo
del sonido, que viniesen á hablarnos de todo eso
inefable que hay en el espíritu del artista, fueran tan
sólo un eco ridiculizador de aquellas vibraciones,
que había de convertir de fatal modo lo trágico en
cómico y lo cómico en bufo; y las imágenes de la
acción, recogidas en la cámara obscura por la mano
insensible de cuerpos inorgánicos, en vez de alzarse
vivas y animadas del mundo del movimiento y v~nir
en las alas espléndidas de la luz á nuestros OJOS,
adonde el corazón subiese á recibirlas y á saber por
ellas secretos del espíritu que no caben en el humano verbo, se asemejaran solamente á las fotografías
de un difunto, en el que el físico Galvani parodiase
la vida y al que se le hiciese tomar distintas actitudes por medio de los hilos q\le hacen mover á los
fantoc/zes. Allí el gesto elocuente sería mueca repugnante; las actitudes, acaso descompuestas por la inspiración para fingir el arrebato, se convertirían en
ridículos aspavientos; las lágrimas en manchas; aquello fuera el mecanismo intentando retratar el alma,
y habría desaparecido lo que sólo el artista de la palabra puede reproducir esencialmente: la circulación
del drama por la sangre, las huellas de su paso por
el espíritu del cómico ( 1 ).
Recoger lo que en su interpretación hay de per•
durable y de simbólico, visto á través de lo efímero
y temporal, es lo importante; no la relación tal vez
curiosa, tal vez abrumadora de los hechos; no las
impresiones detalladas en que el artista se asemeja
y aun se identifica con los otros cómicos y con los
otros hombres.
Tuviéramos, así, con el juicio del escritor acerca
del comediante, su contemporáneo, manifestaciones
de la Crítica promulgando la ley que cumplió la declamación teatral histórica, y el problema quedaría
resuelto con mirar desde la cumbre de nuestro siglo
la labor especulativa de los pasados.

NúMERO 510

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

hablan Sócrates de su pensamiento, Napo•
el muy distinguido D. Julio Monreal para
león de su genio estratégico y Robespierre
poner á toda luz errores de unos y otros;
de su potentfsima voluntad!
.
ni los datos que avaloran la Vida de A/arY es que si la Historia, como mamfestacón por D. Luis Fernández-Guerra y Orbe;
ción de la ciencia tiende á la verdad de
ni lo que después de mucha paciencia puelos hechos (y aun así no puede separarse
de verse en los R ecuerdos de Alcalá Galiade la Crítica, pues la verdad no se depura
no y en los de Zorrilla, en las Memorias
sin que el juicio busque lo permanente en
de Mesonero y en el pintoresco aunque
lo fugaz), como determinación artí~t.ica
desvencijado Corral de la Paclieca de Seque ella es, ha de cumplir la gran m1S1Ó?
púlveda; ni, en fin, cuanto pudiera tomardel arte: retratar el espíritu de la humamse, ya depurado por trabajo de selección,
dad ( 1) en el tiempo y en el espa_cio.
de El teatro espa1iol, folleto de D. Albert.o
Y por esto, todo lo que constituye !as
-. .
Sanabria y Puig, de El teatro en Valencia
más directas manifestaciones del espíritu
por D. Luis Lamarca, de El teatro u~ Sehumano tiene más valor y simboliza más
villa1 sendos estudios de Sánchez Ar¡ona
lo eterno que las otras determinaciones de
y de Velilla, de las Memorias cronológicas
la actividad de los hombres, cuyos ocultos
del corregidor Armona, 17 85, y de algunos
móviles desconoce la Historia. Y en este
artículos excelentes como los dos del set.&gt;..·
sentir, no sólo la Poesía (que dijo Aristóñor Cañete acerca de Lope de Rueda (mas
teles atrevidamente comentado por el sano considerado como actor) y del intérpien~ísimo literato santanderino) ( 2 ), sino
prete admirable de La Aldea de San Lorenzo; nada de esto puede considerarse colas artes estéticas (3) dicen más verdad que
mo manifestaciones históricas de la Crítila Historia.
Ahora bien: si son ellas las interpretaca. Cierto es que estos escritos, anécdota.s
y curiosidades en montón farragoso, notidoras admirables del espíritu humano y
de la obra del Eterno, que recogen y, en
cias que más se refieren al hombre que al
cuanto es posible al hombre, simbolizan,
pensador, todo ello poco, descosid? y disperso, sin contar los documentos vivos que
¿no irán manifestándose, sujetas á las leyes
biológicas, cumplidas por el individ~o, por
andan en lenguas de comediantes cuand?
al hablar de sí mismos opinan de los emiel pueblo, por la raza, en el espac10 y en
el tiempo, á pesar de la libertad soberana
nentes para que no lo parezcan tanto, pudiera servir de material¡ pero como prodel artista, que lejos de negarlas las afirma?
ducto de esfuerzos individuales y aislados,
¿No está aquí lo pasajero interpretando á
sin espíritu crítico, sin plan y sin propósilo permanente? Si lo primero se cumple
to trascendente, no resulta informado por
en el tiempo y en el espacio, ¿por qué,
un pensamiento fecundo.
conociendo las leyes perdurables (en cuan·
;'~·j"f1:i-~. · ~ ~
- ~=-.,....-.,r, -.,r,,..
Y gracias que en la Vida artística. de May·
to es dado á nuestra pobre codicia huma·
quez, escrita por D. José de la Rev1lla, y en
na) no hemos de adivinar cómo pudo,
EXPOSICIÓN UNIVERSAi. DE ClllCAG0. - Edificio para la sección de transportes
el folleto de «Clarín» Rafael Calvo, palcómo debió cumplirse lo segundo?
pite un sentimiento nacional digno de leEl espíritu interpretador palpita, pues,
vantadas miras, y que el insigne Bretón de los He simbolismo, y le insp1ra ideas luminosas la infl~en- en el interpretado. Y como es ley de razón, le~ filorreros, con el espíritu de observación más investiga cia de las vicisitudes del hombre sobre el artista; sófica, que siendo la unidad interiormente vana, lo
dora. dejase para gloria mayor de su renombre pós pero ¿de qué pueden hablarnos las manifes.taciones que es cumplido en un término va manifestándose
tumo el notable estudio histórico-crítico acerca del de la actividad en que uno y otro se asemeJan á los en todos los términos de la variedad, sin la cual no
Estado de la Declamación (1848); que si en todo no demás artistas y á los otros hombres?
se cumple la soberana ley de la armonía, todo l?
As{ en la historia, ¿para qué recoger (siendo posi- que hayan simbolizado, por permanente, las. manicompadecemos con él, no es ciertamente autor tan
luminoso menos digno de admiración y de respeto. ble) los hechos todos que todos nuestros semejantes festaciones efímeras de un arte que (con la libertad
ejecutaron en todos los tiempos? La vida de un
Volvemos, pues, al punto de partida.
hombre, como tal hombre, como hijo de su padre,
(1) Acepción corriente, aunque no es ella de castizo abo•
ó nada importa ó importa indefinidamente menos lengo.
V
. .
(2} Discurso del S r. Menéndez y Pelayo para ser rec1b1do
que la del filósofo, la del revolucionario, la del guela Academia de la Historia, y en cuyo fondo da á enten•
¿Pero será que los hechos nada importan?
rrero: nada dice.n, en tal se.ntir, el hijo de. la ma.tro- en
der que la Historia es mentira.
Al crítico sagaz impórtanle, sin duda, grandes en- na Fenaretra m el abogadillo de Arras m el art1lle(31 Voy con Giner en lo de, que no hay bellas a,fes, sino
señanzas, si una vez depurados resulta de ellos algún · ro de Tolón; pero ¡cuánto y cuán elocuentes nos manifestaciones bellas del arte.

ti~~~

/

IV
Empero ¿existen en España manifestaeiones de tal
crítica que, recogidas por un espíritu nacional, exhumen el arfe del actor y sean mostradoras de que el
ingenio hispano es uno y sustantivo, y que sin esclavizarse á influencias extrañas, antes bien domándolas
con la condición del estro poderoso y libérrimo que
debió á natura, en suprema armonía va cumpliendo
la ley de su admirable identidad en todas sus d.et~rminaciones artísticas? No nos sugestiona el pesimismo si decimos que no.
Porque ni lo que dicen el desenfadado y malan•
dante Agustín de Rojas ( Viaje entretenido), cuya veracidad alabada por Bretón puede ponerse en duda
si hemos de atender á que era cómico; el erudito
García Villanueva Hugalde y Parra, primer actor del
teatro de la Cruz ( Origen, épocas y progresos del teatro
español, 1804), y don Casiano Pellicer y Tovar ~n su
Origen y progresos de la comedia y del histrionismo en
Espafla; ni las noticias recogidas por el ilustrado
compositor español D. Francisco Asenjo Barbieri y
por el académico D. Cayetano Rosell, ya en laparroquia de San Sebastián de Madrid, en la que se
custodian los libros de la cofradía Nuestra Se1iora
de la Novena, hermandad de los comediantes, ya en
los sabrosos entremeses de Quiñones de Benavente,
ya en los dos manuscritos que de la Genealogía de
los cómicos existen en la Biblioteca Nacional; ni lo
que con grande sagacidad y mayor diligencia escribe
( I) No se encuentran en este caso las fotografías á que el
actor voluntariamente ha contribuido; pues que, estudiando
en combinación con el retratista la actitud y el momento, ya
tiene su reproducción ciertas condiciones estéticas que hablan
de lo simbólico.

-

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"

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CH!CAGO, - LA LAG UNA, vista por el Su

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____________ ____________________________________________

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ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 510

ja le presenta. Cuádranse ambos (colorados templados), como los bla11cos más ó menos
en medio del salón uno enfren- netos.
te del otro, y como la estancia
Contábase que debía su mote á un drama ideado
suele estar muy despejada por- por ella, cuyo final hubo de ser trágico para un joven
que no se permiten otros asien- del partido contrario. Se enamoró de ella: era guapo,
tos que los humildes bancos que rico, elegante y sensible, y amó á Raquel Guerra con
la rodean, quedan las dos figuras toda la intensidad que puede amar un hombre hontiesas, erguidas y muy visibles rado á la mujer que le seduce prometiéndole correspara los espectadores.
pondencia. Raquel no le quería sin embargo: había juDan él y ella unos pasos ade- rado vengarse de él porque su acerada pluma se halante puestos en jarras y conto- bía ensañado más de una vez contra los colorados.
neándose con m.ovimientos de Tenía treinta y dos años; estaba en Ja plenitud de su
negro cimarrón; cuando se han vida y en la plenitud de su amor. Raquel Jo sedujo,
acercado hasta la distancia de lo mareó, lo volvió loco; y cuando comprendiendo
un metro poco más ó menos, que su amante había llegado al delirio creyó oportuhacen con la mano derecha (la no el momento de la venganza, buscó un pretexto
izquierda continúa en la cadera) para romper los lazos que había prometido serían
un signo como si dijeran: «Calla, eternos.
que ya me las pagarás,» y giranNi las lágrimas ni las súplicas ni las amenazas de
do con media vuelta hacia la iz- un suicidio hicieron mella en el alma de Raquel, y al
quierda, vuelven á su sitio con día siguiente de perder el desgraciado amante la úl
la misma parsimonia para repe- tima esperanza, puso fin éste á su existencia, encartir tres ó cuatro veces la propia gando tan ingrata tarea á una cápsula de un revólver.
tontería y retirarse después, de«Muero por el amor de una candombera,» decía el
jando el sitio á otra pareja. Este blanco en una carta que dejó escrita, y todo el mundo
es el cuento de no acabar nun- señaló á Raquel como autora de semejante crimen.
ca, y así se suelen estar los negros orientales, mejor dicho africanos, horas y horas moliendo
y remoliendo, entretanto el caEra tan seductora la candombera, que á nadie sir;eador sigue impertérrito su bom- vió de escarmiento lo ocurrido: los hombres se mueEXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - Pabellón de la Administración
beo con intervalos muy cortos ren siempre por la mujer que ha sido causa de un
suicidio, si esa mujer es joven, hermosa, elegante y
de descanso.
Esta danza ni tiene accidentes ni me parece á mí traviesa.
al arte consiguiente) sea interpretador de otro, en
Aquel cuerpecillo breve que apenas se alzaba del
que son más durables, estará latente en todo aquello que puede despertar entusiasmos, por más que algunas negritas sacan bastante partido de la ~ose:ª del suelo, aquellas facciones menudas y correctísimas
que es interpretado.
El Arte del actor está enterrado vivo en la tumba baile moviendo las caderas con desmade1am1entos animadas por una luz satánica, deslumbrante y enloquecedora, podían conducir al infierno de las pasiorítmicos y dejadeces lánguidas.
del drama del poeta.
Así se bailaba el candombe allá por los años de nes, pero no al paraíso de los amores.
Síganme los lectores que con el pacientísimo Job
Transcurría el mes .de noviembre, mes que á los
18741 y creo que seguirá bailándose mientras haya
alcancen parentesco.
difuntos dedican piadosamente las orientales. La noneguitos apegados á sus tradiciones.
Algún periodista endiablado hizo una frase á costa vena de ánimas en la iglesia Matriz veíase concurriENRIQUE FUNES
de los demócratas rojos, y vean ustedes por dónde dísima todas las tardes: ninguna señorita dejaba de
quedaron señalados con el mote de candomberos los asistir: ningún hombre dejaba su puesto en tal ó
que nosotros llamaríamos demagogos por cobijar cual rinconcito, desde donde podía observar á la herSECCIÓN AMERICANA
bajo su banderín de partido á toda la ganchada de mosa de sus pensamientos.
¡Y cuidado que hay hermosas en Montevideo! La
armas tomar que sabía escupir por el colmillo.
LA CANDOIIIBERA
A esta comunión política pertenecía Raquelita mujer oriental es flexible como el junco, elegante
por parte de su padre: era cot0rada, sí, señor, colorada como pocas, suave y sonriente como los ángeles de
(RECUERDOS DE MONTEVIDEO)
y candombera, ya que con este nombre la designaban Murillo.
Su andar tiene algo de la bayadera y mucho de
&lt;Cuando andaba parecía que en la tierra no to- las blancas con quienes se trataba, porque las ideas
la
sultana encerrada en moriscos jardines: hay en su
de
su
papá
no
estaban
reñidas
con
las
ínfulas
aristocaba,» dijo un poeta describiendo con gentileza á una
mujer, y esto podía decirse de Raquelita Guerra, la cráticas de su mamá, ni menos con el derecho que cabeza orgullo innato, en su busto majestad y en su
muchacha más salada y hechicera de cuantas en por el rango de familia tenía á pisar los más elegan- todb el abandono de las palmeras cimbreadas por el
viento.
Montevideo ludan su indolencia por el paseo de tes salones de la perla del Plata.
Suelen ser las montevideanas altas y de formas
Pero Raquel era muy exaltada, exaltadísima: si los
Molino, muellemente reclinadas en soberbio landó,
naturales
miramientos
de
la
joven
distinguida
no
hucorrectamente
modeladas; pero la candombera, auny su garbo callejero rebosando coquetfsima distinque
hecha
á
torno,
como suele decirse, era lo que
bieran
contenido
sus
ímpetus
políticos,
más
de
una
ción en la calle del Dieciocho de Julio ó á la salida
vez la hubiésemos visto arengand9 á las masas en llamamos nosotros una pimienta: chiquitita, picante
de la novena de ánimas.
Era Raquelita una oriental hecha y derecha, sin plazas y calles, excitando á la rebelión al populacho. y más bien redonda que angulosa.
Como todas las niñas aristocráticas, asistía diariaTransigía en sociedad con los otros colores polímezcolanzas gringas, ni trocatintas de sangre de horchata, cabellos desteñidos y ojos blancos de puro ticos y transigía á duras penas; pero fuera de un sa- mente á la novena de ánimas, y cuando Raquel peazulado~. Americano-andaluza pura, purita, con can- lón de baile eran enemigos suyos, así los principistas netraba en el templo se conocía por el murmullo y
delillas encendidas en los ojos, lava en las venas, ascuas en el cerebro y un intrincado laberinto de hilillos eléctricos en los nervios, semejaba una serpiente
hermosa, fascinadora, de escamas relucientes y tornasoladas, pero traidora, con las abiertas fauces dispuestas á tragar al primer incauto pajarillo que por
su mal tuviese la desgracia de acercársele.
Teníasela por muy dada á la política: ninguna
como ella para ridiculizar á los contrarios ni para
cortar trajes á las muchachas del otro bando. Era
hija de un coronel muy significado en la fracción
más avanzada de la democracia, en la colorada neta,
que por mote había recibido de los blancos ó conservadores el da partido del candombe, por lo mucho
que bullía y rebullía sin hacer nada.
El candombe es un baile de negros, soso, requebrado y calmoso, que debe tener su origen en el
Africa. Reúnense los negros en un salón: un músico,
dicho sea con perdón del arte, cajea en un bombo
descomunal dando acompasadamente con las palmas
de las manos en aquella especie de cajón, mesa ó
tambor de montenegrino, domador de osos callejeros.
Un caballero retinto se levanta ceremoniosamente
á buscar á una m1orita del color de las moras ma•
duras, que suele estar púdicamente vestida de blanco y tan correctamente sentada como cualquier colegiala recién presentada en el gran mundo; hace el
caballero una ceremoniosa cortesía invitando á bailar á la elegida, y ella se pone de pie; vuelve la cabeza echando una mirada á la cola para ver si está
larga y estiradita, y se cuelga del brazo que su parellXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CIIICAGO, - Fachada sur del edificio destinado á la sección de Electricidad

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EXPOSICIÓN UNll'ERSAL DE CHICAGO. -

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Pabellón de la secci6n de Ilorticultura. - Palacio del Estado dc!I lllinois. - Vista de Jackson-Park y del plano general de la Exposición,
tomada á vista &lt;le pájaro, dibujo de D. Nicanor Vázquez

�630

LA

los cuchiche?s que de todos lados partían sin respe·
tos á la ·santidad de la casa.
. Arrodillábase con estrépito, arreglaba el traje estira~a los guantes, miraba á todas partes, salu&lt;laba
grac10samente á unos con la cabeza y á otros con la

Llaves del siglo xvm

mano, y acababa por santiguar;e precipitadamente
rec~rdando no haber cumplido con la primera obl'gac16n.
i
Cuando quería dar mucho que hablar apoyaba los
cod_os . en el reclinatorio y el rostro e~ las manos,
ens1mism~ndo_se 6, haciendo que se ensimismaba
orando, sm mirar a parte alguna, irguiendo de vez
en cuando la cab~za para levantar los ojos al cielo y
cerrarlos en segrnda llena de unción evangélica
Entonces las mujeres preguntábanse: «¿Qué· tendrá?» Y los hombres se decían: «¡Si pensará en mí'»
U_na_de esas tardes la vió Andrés da Costa, ~n
brasileno buen mozo y muy rico, que había hecho
los cuat:o días de navegación desde Río Janeiro á
Montevideo sólo por conocer á las mujeres orientales, de las cuales había oído maravillas
Le señalaron á Raquel, le hablaron ·de ella se la
presentaron como_ el ejemplar más perfecto 'de la
coquetería, y no hizo en su alma impresión alguna:
encontró una muñequita muy linda con la expresión
seráfica que le daba su falso misticismo1 y dijo que
?ebía ~aber sido tonto de remate el que por semeJante virgencita se hubiese pegado un tiro.
Le provocaron á tratarla sin volverse loco por ella
y Andrés aceptó el reto: convinieron, pues, sus aro¡'.
gos en presentarle aquella noche en casa de Guerra
~ la salida de la novena formábanse las dos fila~
apmadas que en todos los países y en todos los tero·

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 510

n~do con una guirnalda de yedra, que la envolvía de
pies á cabeza: era una fraganciosa trepadora, encaram~ndose para juguetear con Jos negros cabellos de
la diosa.
Recibió al vizconde da Costa medio tendida en
un_ so'.á; Raquel_ tenía graciosísimas posturas de gata
~h~qu1ta que nmguna de sus amigas se permitía
1m1tar.
Andrés da Costa salió enamoradísirno de casa de
Guerra: la :ando1;1bera le_ había hechizado; no era un
d_emomo m un angel m una mujer, era una tenta·
c16n, pero una tentación irresistible que se apoderaba d~I alma, de los sentidos, del cerebro de la exis·
tencia toda.
'
Raquel _tenía veintidós años, aunque sólo representaba_diez y seis; pensaba y sentía, pues, como
una _muJer, y creyó llegada la oportunidad de elegir
mando.
Cuando se ~rnbo quedado sola dijo:
- Buen.o: si éste se empeña, me casaré con él; es
bue~ partido y no me disgusta.
. ~icho se está que Andrés da Costa hizo su proposición en reg)a, y después de los trámites de familia
que ~on d~ ngor en tales casos, acordóse celebrar el
matnmo~10 en lo~ primeros días del mes de febrero.
No deJaba de disgustar al vizconde que su futura esposa fuese tan exaltada en cuestiones políticas· pero
pens~ba que eso acabaría cuando se traslada;en al
B_rasil, en donde por aquel entonces no pensaba nadie en ?erroca_r al caballero emperador D. Pedro II.
. Alguien_ q~1so_ dis?adir de aquel matrimonio al
Joven brasileno: ¡mútll empeño! Su fortuna, su amor

Aldaba del castillo de Foix

y su vi?a eran de Raquel: aquella criatura, án el ó
demomo ha~fase apoderado de su albedrío y le su
corazón; lo mismo podía impulsarle al suicidio, como
?tro, que remontarlo al cielo en alas de una e
nc1a.
aAndrés no podía dudar que Raquel le amaba·
acep~aba su mano, elegfalo entre cien pretendiente~
t~n r~cos corno él, luego era producto del cariño la
e ecc16n. (?uando con envidia y celos veía que Raq~el P:escmdía, ~e sus palabras para e.ngolfarse en
discus10nes poht1cas y en arranques impropios de su
s~xo y menos de su edad, hubiera querido que los
volasen para sacarla de aquella at ó f
¡d1as
t
b ·
ºb
m s era que
a orna ª. irasc1 le á veces, y á veces inhumana
.Las pasiones políticas comenzaron a enconars;
e_l Uruguay los primeros días del año 188 El en
tldo colorado principista, vale decir liberal
ua~::~
y frac, ocupaba el poder, presidido por un fombre
hon~ado y de temperamento conciliador· ero a uel
presidente (Ellauri) no podía oponer diJue á ola
1i:1po~ente del candombe, que amenazaba arrastrar la
s1tuac1ón con ímpetus demagógicos, y pactó tácitamente con lo~ blancos ó conservadores para hacer
frente ~l enemigo común en unas elecciones mu ..pales s1 mal no recuerdo.
mci
El día señalado para la elección hubo d
ders
d'
e suspene po_r un 1Sgusto que llegó á vías de hecho en
el co_leg10 electoral (que lo era el atrio de la . 1 .
~atnz) entre un periodista de la hig!t-life del p1fr~~~
aneo y un coronel de los colorados netos
Al domingo sig?iente, día Jo de enero, ·fecha funesta para MonteV1deo, que vió correr mezclada la
san~re g~nerosa y ardiente de sus exaltados hiºos
debia venficarse la elección suspendida El
J '
d t d
b
• comanan e e un uque de guerra extranjero anclado en
el puerto había hecho circular invitaciones para da
u~ lunch con que obsequiar á la brillante socieda~
onental en recompensa de los muchos
.
de ella había recibido.
agasaJos que
~i unos dadan importancia á las elecciones otros
c_re1an q~e no pasaría la cosa de lo ocurrido ei ante~1or do~m~o, por lo cual ni se suspendió á bordo la
esta m de¡aron de asistir las invitadas
~ontábase entre ellas Raquel Guerr~, que acom
panada de _sus padres y de su futuro esposo hiio su
entrada tnunfal á bordo, recibiendo una salva d
aplausos por la gentileza con que había sub·d ¡ e
cala á p~sar del vaivén y del oleaje dernasi~d~ ~i:~
que hacia bal~ncearse á la empavesada nave.
Algunas senoras se marearon pronto, y ya se dis-

ª!

ponían á dejar el buque antes que arreciase el temporal, cuando alguien advirtió que sonaban tiros.
~l pa~re de_ Raquel, á fuer de militar y de valiente,
qmso baJar á tierra: sus amig~s estarían batiéndose, y
no en~ontraba decoroso contmuar alejado del punto
de peligro cuando con las armas se ventilaba la causa de su partido;__pero t~mbién creyó oportuno que
su esposa y su h1¡a contmuasen á bordo mientras la
sangrienta cuestión no quedase resuelta.
La señora de Guerra quiso retener á su esposo·
pero Raquel animaba á su padre diciéndole:
'
. - ~o te detengas; acaso tu presencia decida la
victoria.
·
El c_omandante dió las órdenes para que la falúa
condujese al coronel Guerra, y le acompañaron todos
h~sta la borda de donde pendía la escala. Se despidió precipitadamente, besó á su esposa y á su hija
y cuando se disponía á dar un abrazo al que mu;
pronto había de ser su hijo político, se adelantó Raquel interponiéndose entre ambos con orgullosa
energía•
- ¡C?.mo, Andrés! ¿No acompaña usted á mi padre?, d1JO clavando en su prometido una mirada
fiera.
La pregunta cogió desprevenido al conde da Costa, que titubeó un poco antes de contestar.
- Com~ se trata de cuestiones políticas ... y yo
soy extran¡ero ...
- iEstá bien!, replicó despreciativamente Raquel.
D~bía usted haber buscado esposa en su país: las
onentales no podemos amar á ningún cobarde.
Andrés da Costa rugió como un león hostigado
cruelmente dentro de su jaula; y exponiéndose á caer
al agua, se lanzó por la escala en seguimiento del coronel, que acababa de saltar en la falúa.
Los presentes quedaron atónitos; la sangre fría de
la candombera les aterraba mucho más cuando después de haber desatracado la falúa se volvió con aire
de triunfo diciendo:
- Mi macaco (mono) es un valiente.
En Montevideo llaman macacos á los brasileños
como llaman á los italianos bachichas y á los españo'.
les gallegos.
·
- ·Me parece que _l_a cosa no es para que pongamos la caraftroce, diJO Raquel. Debemos continuar
tan alegres y contentos: ¿verdad, comandante?
El comandante, que era europeo. joven todavía y
h_erm?so como un Apolo, sonrió á Raquel y Je ofreció el brazo.
.
. - Ciert_amente, dijo, aquí nadie más que usted
tiene motivos para retraerse del bullicio. Si no lo
hace debemos agradecerle infinito esa prueba de
bondadosa condescendencia.
~ontinuó, pues, la fiesta más íntimamente. Algunas
senoras, temiendo al pampero (viento de las Pampas),

J~

h;

Cerradura del siglo xv

pl~s forman los hombres más descreídos para ver
salir
•
d ·á- las
b devotas. Andrés era de 1os primeros
y escu rma ~ todos los rostros y reparaba en todos los
and~re~ sm recordar á la santita candombera
.
~mhó de_pronto un codazo y volvió la ~ista: un
amigo le avisaba de la presencia· de Raquel·
do ere ó
, Y cuan.
y encontrarse con aquella carita dulce tímida que _antes había visto, oyó una carcajada sinor~, arrnomosa y plateada que le hizo estremecer corno
s1 aq?ella voz argentina hubiera sonado dentro de sí
prop10.
Vió enton~es de llen"O el rostro de Raquel y clavó
~n
sus OJOS ~eg'.os Y penetrantes. La candombera
dºé con Ju1:os1dad: aquel mozo elegante y casi
pu L ramos ecir hermoso era desconocido ara
~llaf Sa~udó ~ los que con él estaban y siguió ha6lano uer e y nendo locamente con sus ami as
Aq~ella ~oche pisó Andrés da Costa prímer sa16n onenta ' pues hacía sólo cuatro días que lle a•
ra y fué presentado en casa del coronel Gue
g
Hallábas7 Raquel en su elemento: un ho~~~e interesante,
neo
d
I y por ende vizcon de d a Costa ... era
cosa e ero~ ear todas las seducciones de su vastísimo repertorio.
Estaba monísima; vestía traje color de rosa, ador-

!i:ó

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Reja de la abadía de Ourscamp (siglo xm)

que amenazaba con arreciar más tarde impid' e d
el dlesembar~o, no quisieron prolongar por más\i~m~
po a estancia á bordo.
Rlaqudel y su madre debían aguardar un aviso 6 la
vue ta el coronel.

NúMERO 5 10

LA

63r

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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EXrOSJCIÓN DE I'RI\GA. - EL EDIFICIO CENTRAL

situada en una llanura uniforme, en medio de un
La mar seguía alborotándose cada vez más y el puesta y sin novio ... Pero hemos triunfado. ¡Viva el país fértil y magnífico, es una de las más hermosas
candombe!
Adiós,
comandante:
supongo
que
irá
usbuque pasaba de los movimientos pausados á los
del mundo, y por su importancia comercial solacabeceos que marean irremisiblemente á las perso- ted á vernos, le esperamos mañana á tornar el te. mente cede á Nueva York. Había antes porfiada y
Tiene usted que felicitarme: ha triunfado mi mote,
nas poco avezadas á semejantes bailes.
enojosa rivalidad entre Filadelfia y Chicago, que paLa señora de Guerra se retiró al camarote del co- el mote que me han regalado los blancos.
Y subió precipitadamente sobre cubierta, reco- recían disputarse el honor de albergar el gran certamandante, en c11ya litera se recostó, y Raquel, que
men; pero esta última ciudad pareció más propia para
no quiso abandonar la cámara, se tendió en un diván giéndose el cabello y poniéndose el sombrero sin el objeto, y en ella recayó la preferencia. Según acta
detenerse
ni
mirarse
al
espejo.
apoyando su linda cabecita en dos almohadones gaCuando el comandante del buque extranjero se del Congreso, los trabajos para la Exposición debían
lantemente colocados por el jefe del barco.
ser dirigidos por una Junta formada por represenLa candombera se revolvía inquieta, quejándose hubo quedado solo, apoyó los codos en la borda y tantes de todos los Estados y un Comité compuesto
del malestar que sentía; pero á decir verdad un poco la cara en las manos.
Pensaba tal vez en las seducciones de aquella mu- de cuarenta y cinco ciudadanos notables. Este último
más mareado pudiera creerse al arrogante marino,
debía facilitar fondos hasta la suma de dos millones
que embobado la contemplaba, bella y picaresca, ñeca traviesa que por algunas horas le había trastor- de libras esterlinas, proponiendo el sitio y los planos
nado
el
juicio,
pero
formaba
también
la
firme
resocon sus cabellos destrenzados, sus posturas lánguilución de no acudir á la invitación de la señorita para las construcciones. Esta suma se sµministró muy
das y sus miradas entre dulces y maliciosas.
pronto por los activos ciudadanos de Chicago, y en
Guerra.
El pobre comandante sí que estaba mareado.
el parque Jackson el Comité pudo disponer de un
Felizmente,
ni
en
Montevideo
ni
en
parte
alguna
Era ya de noche cuando después de grandes apusitio magnífico. El parque se extiende á IQ largo de
ros locrró la falúa de la capitanía del puerto atracar se cuentan muchas candomberas.
la orilla del lago Michigán, que como ya saben sin
al cost~do del buque extranjero: en la falúa· iba el
duda muchos de nuestros lectores comprende un
EVA CANEL
coronel Guerra radiante de gozo.
área de 26.000 millas cuadradas, poco más ó menos;
Cuando penetró en la cámara se levantó Raquel
de modo que desde todos los puntos de los terrenos
de un salto, y abalanzándose al cuello de su padre le
EXPOSICION UNI\.'.ERSAL DE CHICAGO de la Exposición se verá esa inmensa sábana líquida,
cubierta de embarcaciones de toda especie. Otra de
dijo:
- ¿Hemos vencido, verdad?
Bien sabido es que los americanos quieren sobre- las beltezas que se deberá á la proximidad del lago
- Sí: el gobierno ha caído, el poder es nuestro.
salir en todo, y también que la idea de la magnitud consiste en la existencia de islas, estanques y lagunas,
- ¿Ha muerto mucha gente?, preguntó una señora es la que predomina en la imaginación de los yan- diseminados en todo el terreno y que separan los
extranjera con ansias y con dolencia.
kees. Ahora insisten mucho en sostener que el as- diversos edificios muy pintorescamente. Tres meses
- Desgraciadamente, contestó el coronel, se ha pecto de Chicago no tendrá punto de comparación hace, el parque Jackson conservaba aún su estado
derramado sangre generosa de algun0s jóvenes de
con ninguna de las más ambiciosas concepciones del primitivo.
nuestra dorada sociedad. También ha muerto ...
antiguo continente. El terreno ocupado por la ExpoApenas se aceptó el sitio, invadióle un ejército de
El señor Guerra se detuvo y miró á su hija.
sición comprende el espacio de 1.035 acres, ó sea el hombres, con numerosos caballos, que se ocupó desRaquel leyó en aquella mirada.
doble del que se destinó á la Exposición de París; y de luego en cavar, arar y allanarle para fertilizarlo
- ¿Andrés?, preguntó.
los recursos financieros reunidos para la obra figuran después. Fué preciso remover unos doscientos mil
- Sí, el pobre Andrés.
en correspondiente escala. De cuatro á cinco millo- pies cúbicos de tierra á fin de suprimir colinas que
- ¿Batiéndose?
nes de libras esterlinas se consagrarán por el Direc- obstruían el terreno, y después cortar muchos árbo-No.
torio á esta empresa, debiéndose agregar á tan enor- les, dejándose tan sólo un reducido espacio cubierto
La candombera hizo un gesto de disgusto.
me suma lo que suministren los Gobiernos Federal de bosque, que parece un oasis en un inmenso pára- Cuando llegábamos á la plaza Matriz, una bala y del Estado, los extranjeros, las Sociedades, Com- mo donde brillan la arena y los guijarros. En la ex-·
que sin duda venía dirigida á mi cabeza hizo peda- pañías y particulares, y los accionistas, lo cual supo• tremidad norte del parque se hizo necesario abrir
zos la suya.
ne muchos millones más.
un canal desde el lago hasta la laguna, que constituye
Los circunstantes se miraron asombrados de la
Chicago es un punto bien elegido para hacer esa un detalle grandioso en el paisaje. Al Sud y al Oeste
tranquilidad con que Raquel escuchaba á su padre. gigantesca manifestación del progreso. Esa ciudad, 1 de esta laguna se forma ahora un espacioso terraplén
- ¡Pobre macaco!, dijo por fin. Me quedo com·

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¡YA ESTÁN AQUII, cuadro de A . Jourdan, grabado por Baude

�634

LA

NÚMERO 510

lLUSTRACION ARTÍSTICA

de catorce pies de altura, donde se instalará la admi- tará un poco á la manera de basílica romana, con
nistración en el edificio construído al efecto. Estas anchas naves y tres divisiones en el techo, de las
obras serán las más notables de todas. Los terrenos, cuales la central se elevará sobre las otras, perforáncomo puede comprenderse, no deben carecer de ve- dose sus paredes para formar una preciosa arcada.
getación; y muchos horticultores trabajan ya para Dentro del edificio habrá trayectos de ferrocarril en
embellecer aquel desierto, convirtiéndole en delicioso que se pueda exhibir todo un tren de pasajeros ó de
jardín.
mercancías con su máquina. Los objetos que se exEl área ocupada por las diversas construcciones será pondrán en el departamento de que hablamos corresmayor en un doble que la de la Exposición de París;
y de las disposiciones generales puede formarse idea
por el croquis á vista de pájaro que publicamos. Otro
grabado representa el edificio destinado á la sección
de Electricidad, que sin duda será uno de los más importantes y del mayor interés. Para la iluminación
de tan grandioso conjunto no se empleará, por supuesto, sino la luz eléctrica, presentándose, entre
otras novedades, un camino de hierro etectrico alto.
El edificio ha de ocupar un espacio de más de cinco
y medio acres, y es uno de las más soberbios del
gran grupo central: como la mayor parte de los demás de la Exposición, tendrá el estilo del Renacimiento italiano; su altura debe ser de 60 pies;
y el material, semejante al granito por su color, presentará adornos apropiados y dibujos alegóricos: una
estatua de Franklin ha de coronar la entrada principal, que estará en la parte del Sud.
De distinto carácter es el palacio &lt;le la Agricultura,
que se levanta en escala proporcionada á la importancia de la industria; y exceptuando tan sólo el edificio de la Administración, resultará una de las más
hermosas construcciones: será de estilo clásico, y ocupará un espacio de 800 pies por 500, circuído de pequeños lagos. Los cuatro pabellones, uno en cada
ángulo, unídos por una gran cúpula central, constituirán el carácter más notable del edificio, pues aquélla rivalizará por sus dimensiones, magnificencia y
decorado con las más celebradas cúpulas de carácter
Ejecuciones por la electricidad en los Estados U nidos
análogo que hasta hoy se han conocido en el mundo.
F ig. I. Aparatos que transmiten la electricidad
Dichos pabellones medirán 64 por 48 pies cuadrados,
y la gran entrada del lado Norte, de 60 pies de anchura, conducirá á un elegante vestíbulo cuyos atrac- ponden todos á transportes, desde el cochecito del
tivos aumentan las columnas de estilo Corintio, de niño hasta la máquina más poderosa, y el aparato de
5 pies de diámetro por 40 de altura.
diversos tipos de locomotoras será estupendo.
Los edificios de la Administración deben ser la joya
El grabado que representa la laguna vista por la
arquitectónica entre todos los demás, y aunque cons- parte del Sud, da excelente idea de la gran escala en
truídos con materiales que no durarán más de dos que se ha llevado á cabo el plan y de los pintorescos
años, su coste asciende á 650.000 duros; pero deben efectos obtenidos.
ser una de las más brillantes obras de la arquitectura
Otro de nuestros grabados reproduce el Palacio
moderna. Estarán situados en el punto más domi- del Estado del ILinols que se alza en Chicago, capinante de los terrenos, consistiendo en cuatro pabe- tal de éste, y que es indudablemente uno de los más
llones, uno en cada uno de los cuatro ángulos del notables de la ciudad. En este edificio se halla estacuadro del plano, uniéndolos una gran cúpula central blecido oficialmente el poder ejecutivo y legislativo
de 120 pies de diámetro por 260 de anchura. Hasta de aquel Estado. La magnífica construcción, de bella
el primer piso se ha optado por el orden dórico, aun- arquitectura, semejante á la que generalmente tienen
que sus proporciones son algo pesadas; el segundo todos los edificios públicos de los Estados U nidos,
piso, con sus altas columnas, es de estilo jónico. Ex- se halla situada en el centro de un hermoso parque,
teriormente plano, está dividido en tres pisos princi- al borde de un gran lago, en cuyas límpidas aguas se
pales: el primero consiste en cuatro pabellones de 65 reflejan las severas líneas -de su fachada principal.
pies de elevación; el segundo, de la misma altura,
El edificio, en el cual se penetra por una ancha
continúa la rotonda central, de 17 5 pies cuadrados; escalinata practicada delante de su c4erpo central,
y el tercero es la base de la gran cúpula, de forma encierra todas las dependencias de los poderes allí
octágona y de 40 pies de alto. Esta cúpula se eleva establecidos, entre las cuales sobresalen el gran saen graciosas líneas y debe adornarse ricamente con lón de sesiones del Congreso y los tribunales de
elegantes esculturas. El interior se decorará por el justicia.
mismo estilo, y sus pinturas serán del mejor gusto.
Este hermoso palacio encierra tantas maravillas
El piso principal contendrá dos departamentos de que ya por sí solo puede dec;irse que constituye una
policía y de bomberos con cuartos para los detenidos; verdadera exposición,
en el segundo pabellón estarán los empleados de sanidad y ambulancias, los médicos y farmacias, el
departamento extranjero y las oficina,s de informes.
En el tercer pabellón se encontrarán las oficinas de
correos y el Banco. Los pisos segundo, tercero y
cuarto comprenderán las salas de la directiva, las de
distintas comisiones y la del director general: allí
estarán también el departamento de publicidad y
promoción y la comisión de los Estados Unidos.
El departamento de los medios de transporte estará situado en la extremidad Sur, entre los departamentos de Horticultura y de Minas. Su estilo, aun•
que elegante, es sencillo; mas según parece, trátase
de enriquecer el ornato de los detalles. Vista desde
la laguna, la cúpula del edificio formará el lado Sudoeste del cuadrángulo constituido por el grupo de
construcciones de que dicho edificio forma parte,
destacándose á la altura de 165 pies sobre el suelo: se llegará á ella por ocho ascensores, y dominará la parte Norte, que ha de ser una de las más
magníficas de la Exposición. La entrada principal del
edificio, que debe llamarse Puerta de Oro, se compondrá de un solo arco, enriquecido con bajos relieves y pinturas murales; el resto de la composición
consiste en una arcada continua con columnatas' y
entablamentos. En las paredes se han•abierto numerosas entradas pequeñas que conducen á terrados,
cuyo principal adorno se reduce á varias fuentes de
agua potable y graciosas estatuas. El interior se traFig. 3. Colocaci6n del reo en la silla

635

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 510

En posteriores números iremos publicando nuevas
vistas de la Exposición, á la que nos proponemos
consagrar atención especial, tanto como merece es_e
importantísimo certamen con que el nuevo con~1nente se apresta á conmemorar el cuarto centenario
del descubrimiento de América por Colón.
Entre los varios elementos de que para ello disponemos contamos en principal término con los buenos
oficios de nuestra distinguida colaboradora y corresponsal en Nueva York, Eva Canel, especialmente encargada de remitirnos cuantas vistas y datos acerca de
la Exposición juzgue interesantes. LA !LUSTRACIÓN
ARTÍSTICA se prepara de este modo -p~ra en· su día
contribuir dignamente á la conmemoración de aqu_ella gloriosísima fecha de los anales de nuestra historia.
X

LAS EJECUCIONES POR MEDIO DE LA ELECTRICIDAD
EN LOS ESTADOS

UNIDOS

Hacía mucho tiempo que los yankees buscaban un
medio rápido, seguro y casi humano, para quitar la
vida á los reos de muerte. Después de desechar el
veneno porque suponían que necesitando l_a mediación de un médico se negarían éstos á eiercer de
verdugos, y la guillotina por el espectácul~ de la ~angre convinieron que era el garrote el mas sencillo,
me~os cruel y de más rápidos resultados, pero tropezaban con un insuperable obstáculo: esta pena es
la que aplican los españoles, y ellos no pueden rebajarse al nivel de una nación bárbara.
Acordaron, pues, aprovechar la electricidad como
medio más en consonancia con sus adelantos, y todavía se recuerda con horror el triste espectáculo
que á la faz del mundo dieron los Estados Unidos
con el primer ensayo hecho en la persona del condenado Kemmler.

T

¡Magdalena!, exclam6 de nuevo Norman inclinándose sobre la mesa

LA ÚLTIMA CITA
POR

Fig. 2 . La silla preparada para la ejecúci6n

Recientemente han sido ajusticiados cuatro reos
que aguardaban el segundo ensayo, más afortunado
que el anterior. Esta vez han sido aplicados los ele~trodos á las pantorrillas y á las sienes, ruta más fácil
según se cree para llegar al corazón.
.
Dicen los médicos encargados de las autopsias que
á los reos les sobrevino la inconsciencia inmediatamente de cerrado el círculo; pero otros en cambio,
testigos presenciales también, aseguran que los desgraciados sintieron las tres descargas que á cada ~no
fueron aplicadas. El sigilo para que no se trasluciese
el resultado de este segundo ensayo hasta que no se
obtuviese el parte oficial, fué extraordinario, y los reporters de la prensa fueron tratado_s por el alcaide d_e
la prisión de Sing Sing peor que s1 se tratase de facinerosos. La guardia tenía órdenes severas, y al primer
ataque de los periodistas 'para entrar debía disparar
y echarles encíma algunos perros de presa con que
fueron reforzados los centinelas. En la imposibilidad
de obtener fotografía de los reos aprestados á reci.bir
la muerte, un redactor de The-World, !\{r. Frederick N. Peck, se sentó en la terrible silla para lograr
una fotografía con que poder reproducir el espectáculo en el gran diario neoyorquino. Esta es la que
damos hoy á nuestros lectores enviada como los otros
grabados por nuestra distinguida colaboradora y corresponsal Eva Canel, que la obtuvo á duras penas
del propio fotografiado.

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Eran las cuatro de la tarde, poco más ó menos,
de un día de junio, durante el cual los árboles de los
bulevares de París conservan aún su lozanía, como
si recordaran la primavera. Los parisienses trabajadores se ocupaban en terminar sus tareas cuotidianas
y los elegantes habían ido á pasear al Bosque.
En la extremidad del bulevar Haussmann había
en la época á que nos referimos una imprenta, junto á la cual elevábase una casa de cuatro pisos, cuya
entrada podía llamar la atención por lo espaciosa.
En el tercer piso vivía hace cinco años una mujer,
cuyo nombre conocía ya todo París, porque era fa.
moso. Los balcones y ventanas del salón de su casa,
que daban al bulevar, distinguíanse de los demás,
no tan sólo por tener casi siempre las persianas corridas, sino porque estaban llenos de macetas y flores que los transformaban en un diminuto jardín.
Junto á una ventana veíase una pequeña y rica
alfombra, la cual ocupaba solamente el espacio comprendido entre dos lujosas butacas, cuyo respaldo
cubría en parte ese tejido de mallas á punto de ero•
chet, tan común ahora. En el centro de este espacio
había un velador, y sobre él un volumen de los poemas de Víctor Hugo, lujosamente encuadernado, y
un jarro de porcelana lleno de rosas. Algunos cuadros de más ó menos mérito, un estante de nogal
con libros. una elegante sillería, espejos y varios de
esos objetos costosos que se consideran como el refinamiento del gusto moderno completaban el adorno de aquella habitación.
La mujer que la ocupaba paseábase en aquel mo·
mento de un lado á otro con aire distraído, unas
veces muy de prisa, como aguijoneada por la amargura de sus propios pensamientos, y otras lentamen•

W, K.

CLIFFORD, - ILUSTRACIONES DE DUDLEY HARDY

te, cual si la entorpeciera la intensidad de su dolor.
Delgada y morena, tenía abundante cabello negro,
que formaba un rodete en la parte posterior de la
cabeza, ojos lánguidos de color castaña muy obscuro y boca del más perfecto contorno. A juzgar por
la expresión del rostro, la mujer de que hablamos
debía estar dominada en aquel momento por un pesar profundo ó una dolorosa inquietud, y esforzábase para sobreponerse á este sentimiento. De pronto
se detuvo un momento junto al balcón, pero alejóse
después rápidamente, como si la vista de la gente
que pasaba y el movimiento en la calle la molestaran; después se arrodilló junto á una butaca, apoyó
la cabeza en el almohadón del respaldo y oprimióse
el pecho con una mano, cual si quisiera sofocar los
sollozos que tal vez iban á escaparse de sus labios.
Al fin se levantó, como impulsada por un resorte,
y comenzó á pasear de nuevo, entregándose entonces á un monólogo que descubrió sus pensamientos.
«Ha sido cruel y brutal para mí, murmuró con
acento de amargura, y ahora teme volver á verme ...
no tiene valor ... no le tendrá nunca ... Y sin embargo, amo á ese hombre, á quien ahora conozco bien,
¡Dios mío, cuán fiel le hubiera sido! Por él lo habría
arrostrado todo en este mundo, considerándome feliz al sufrir por mi amor; pero él no conoce ni comprende semejante cariño. Cuando yo muera quiero
dejarle algún recuerdo .que le haga pensar en mí y
arrepentirse tal vez de su conducta. No puedo resistir esto ... no puedo. ¡Dios mío! Tened compasión
de mí, y no permitáis que ... »
En aquel momento abrióse la puerta, y la dama
ahogó un ligero grito al ver aparecer á su doncella.
- Señora, dijo ésta, he recibido carta de mi

hermana, que está en Saint-Cloud, en la cual me
dice que el niño empeora; y si no fueran de todo
punto necesarios mis servicios esta noche, agradece·
ría que me permitiese ir á verle. Después de haber
servido la comida me quedará tiempo para ir y volver antes de las diez.
·
- Sí, sí, Catalina, contestó la dama con aire distraído, vaya usted cuando guste, pues hoy no comeré en casa tal vez.
- Gracias, señora, replicó la doncella; y ya se disponía á retirarse, cuando su señora la detuvo.
- Catalina, dijo con im paciencia, cual si hubiese
recordado un deber necesario y quisiera cumplir
con él cuanto antes; lleve usted alguna friolera al
niño y todo cuanto pueda necesitar.
- Mil gracias: la señora ha sido siempre buena y
compasiva para todo el mundo, dijo la doncella con
acento de convicción.
Y viendo que su señora estaba distraída y no parecía escucharla, hizo ademán de retirarse.
Pero en el mismo instante resonó la campanilla,
que anunciaba alguna visita.
·
La dama estrechó sus manos con un movimiento
nervioso, y apoyóse en la pared como si desfalleciera.
- Sin duda es el señor, dijo Catalina, sonriendo
ligeramente y con cierto aire de seguridad, mientras
se dirigía hacia la puerta. Hace ya mucho tiempo
que no ha venido á visitar á la señora, pero reconozco su manera de llamar.
- ¡El Sr. Luard!, exclamó la doncella volviendo
presurosa para anunciar al visitante.
Un momento después presentóse un caballero de
elevada estatura, buen aspecto y bastante joven, pues

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 510

NúMERO 510

solamente tendría de treinta á treinta y dos años.
Aquel hombre, aunque sin ofrecer nada de notable,
tenía cierto aire de distinción y adivinábase que había nacido para mandar.
La dama se adelantó hacia la puerta, y colocóse
junto á ella como para evitar el paso hasta que diese
su permiso para entrar; pero un buen observador hubiera adivinado que tanto el caballero como la dama
tenían mucho que decirse, á pesar de su aparente
frialdad, pues durante un momento miráronse silenciosamente, como si no supiesen por dónde empezar.
- Vamos, dijo el caballero al fin, ¿me dirá usted
qué ocurre por aquí?
La dama parecía no escucharle; dejó escapar un
suspiro, y después de hacer un esfuerzo, murmuró:
-Al fin ha venido usted ...
- Usted ha insistido en ello ... repuso el visitante
encogiéndose de hombros,
- ¿Y por qué no me ha escrito, ni contestado siquiera á una de las muchas cartas que le dirigí? La
cortesía lo exige, y me parece ...
- No tenía nada que decir, replicó el caballero.
- Pensaría usted que el silencio es á veces más
elocuente que las palabras.
·
- ¿Me ha enviado usted á buscar para reñir por
última vez?, replicó el otro con expresión grave. Si es
así, paréceme que no valía la pena.
- ¡Oh! No, exclamó la dama con expresión de tristeza; creo también que casi no valía la pena. ¿Cuándo se marcha usted á Inglaterra?
- Esta noche, en el tren de las nueve y cincuenta.
- ¿Y á San Petersburgo?
- De aquí á un mes.
Siguióse una pausa, y después murmuró en voz
baja, no sin haber vacilado antes:
- ¿Piensa usted hacer lo que dijo la otra noche?
- Sí, repuso el caballero, haciendo una señal afirmativa; creo que ya es tiempo de concluir.
- ¡Ah! El porvenir puede aconsejar y hacernos
cambiar de ideas.
Y como su interlocutor permaneciera silencioso,
la dama añadió:
- ¿Y qué me dice usted de aquellas otras cosas?
- ¿Qué otras cosas?
- Aquellas tan crueles y perversas, exclamó la dama bruscamente. ¡Ah! Me acuerdo aún de la prime·
ra vez que le vi en Aviñón, hace ocho años; entonces me pareció usted cruel, porque vi en su sonrisa
algo maligno; y la otra noche, mientras hablaba usted, pensé en aquel incidente. Su expresión era la
misma que aquella tarde en que paseábamos por la
orilla del río, viendo á los campesinos bailar. ¿No lo
recuerda usted?
- Perfectamente; fué una lástima que en vez de
manifestarme entonces sus sentimientos, los disimulara usted tan bien.
- No eran sentimientos, sino una impresión repentina, que no volví á sentir hasta la otra noche.
Entonces, al observar la expresión de sus facciones,
le comprendí á usted del todo y quedé asombrada.
Aquello fué para mí como una revelación.
- ¿Y era por ventura esto lo que deseaba usted
decirme? Aún no conozco el objeto de la entrevista.
El caballero hablaba con serenidad, pero su rostro
palidecía y tomaba una expresión dura.
- No, replicó la dama, no era eso; pero usted me
a.a obligado en cierto modo con su indiferencia. Los
ocho años pasados no parecen ser nada para usted,
Norman, nada absolutamente; los mira usted como
la página de un libro que se ha leído ya y que se
pasa por alto para ver la siguiente.
- No digo lo contrario; pero es porque esa página siguiente puede ser más agradable que la anterior.
La dama unió sus manos con un ademán desespe·
rado, dejando ver en una de ellas un precioso anillo
de brillantes.
- ¡Dios mío!, exclamó, no comprendo ahora cómo he podido sentir nada por usted que no fuese
aborrecimiento. Verdaderamente ha sido para mí un
crimen amarle.
- Pero ... ¿por qué?, repuso el caballero cambiando de tono. ¿No la he correspondido yo por ventura,
Magdalena?
- ¡Usted!, exclamó la dama con expresión de sarcasmo. Lo que llama amor no merece por ningún
concepto el nombre de tal. ¡Oh! sí, váyase usted,
porque su presencia tan sólo me irrita ya y me hace
perder el tino! Vaya en buen hora á buscar las mujeres que sean dignas de su cariño, las que puedan
hacerle feliz. ¿Le espera á usted alguna en Inglaterra
ó en San Petersburgo? En tal caso no demore ni un
instante su marcha. Vaya usted á decirles las dulces
palabras que tantas veces repitió á mi oído; pero no
olvide que yo entretanto me reiré de todo eso, comp~deciendo á las infelices que le escuchen y le crean ...

- La mujer á quien yo prometa alguna cosa podrá
- Espero que no lo sean tanto para mí como uscreerme, repuso Norman.
ted cree; esas cosas son las que el hombre busca
- Sí, tal vez, si se trata de alguna inglesa.
siempre con más afán.
- Pues con una voy á casarme.
- En la hora de la muerte, segura estoy, Norman,
Al oir esto, la dama palideció, y un estremeci- de que se acordará usted más de mi amor que de
miento nervioso recorrió todo su cuerpo; mas hizo un todas esas cosas,
esfuerzo para contenerse.
- Pues usted ha trabajado bastante para conse- ¡Ah!, exclamó, ya era tiempo de que confesara guirlas.
usted la verdad. Sin duda le ha costado mucho de- Sí, pero solamente para hacerme más merececirlo, ¿no es así? ¿Y se celebrará pronto la boda?
dora de su amor. Cuando la gente se agolpaba para
- Sí, contestó Norman, mirando á su interlocutora verme y en el teatro resonaban los aplausos, yo los
con cierto temor y con más atención que antes.
apreciaba más porque usted los oía.
- ¿Y sin duda es eso lo que le llama á usted á InNorman permaneció un momento silencioso, coglaterra?
mo sumido en profundas reflexiones; mas al cabo de
- Precisamente.
un momento contestó bruscamente:
- ¿Es por ventura la prometida su prima Isabel,
- Confieso, Magdalena, que me he conducido de
de quien hablaba usted otras veces?
un modo brutal; pero no puedo menos de reconocer
N arman hizo una señal afirmativa.
que es mejor para los dos.
- Ya lo comprendo;usted fué siempre ambicioso,
- ¡Ah! ¡Cuántas veces me dijo usted que sería feaficionado á lucir, y cree que ella será admirada y liz si muriese á mi lado! ¡Cuántas promesas me hizo
producirá sensación cuando la presente en los círcu- que ya no quiere recordar!
los diplomáticos. Apostaría cualquiera cosa á que de
- Cuando se ama se promete mucho.
antemano saborea usted su futura llegada triunfante
- Sí, y ahora otra mujer será la favorecida. ¡Ojalá
á San Petersburgo.
que el cielo le cierre sus puertas!
- Ya sé lo que son estas cosas, replicó Norman;
- ¡Va usted demasiado lejos!, exclamó Norman lepero á mí me sucede lo que al tigre, que después de vantándose con expresión de enojo.
probar la sangre está sediento de más; mi ambición
- ¡Dispénseme usted, replicó Magdalena, ya que
no se sacia con un solo triunfo. Pero no hablemos no hemos de volver á vernos, y concédame la única
más, Magdalena; si usted lo permite me retiraré, pues gracia que voy á pedirle. Venga usted á comer concreo que á nada conduce prolongar mi visita.
migo hoy: le prometo que después le dejaré marchar
Magdalena permaneció silenciosa un momento, y sin la menor oposición.
después, adelantándose más hacia Norman, cogióle
- No me es posible.
la mano, é hizo un esfuerzo para hablar, como si le
- Le aseguro que ya no habrá entre nosotros la
costase pronunciar las palabras que iba á decir.
menor cuestión y que volveré á ser la misma Magda- No vaya usted á Inglaterra, porque la señorita lena que antes amaba y que se hizo famosa bajo la
Isabel no le amará nunca como yo.
influencia de la pasión que usted le inspiró. Le reci- Ya es demasiado tarde para retroceder ...
biré vestida de blanco, pues según recuerdo lt agra- ¡Ah, no!, exclamó Magdalena, dejando escapar daba mucho aquel traje; y hablaremos, como dos
un suspiro que pareció conmoverá Norman.
buenos amigos, de poesía é ideales, olvidando, aña- Bien sabe usted, dijo después de una pausa, que dió Magdalena con voz conmovida, que es la última
una vez solicité su mano y me la rehusó.
vez que debemos vernos ...
- Lo recuerdo, sí, contestó la dama inclinando la
- No puedo aceptar, Magdalena, replicó Norman
cabeza; pero fué porque yo tenía empeño en ser fa- con tono resuelto; he dado palabra á mi amigo Campmosa, lo mismo que usted. Pensé que algún día po- bell de comer con él.
dría enorgullecerse de mí, y que entonces ... pero es
- ¿A qué hora?
inútil decir más; nuestra ambición nos ha separado.
- A las siete y media, y después me acompañará
Mi fama sería quizás un entorpecimiento para usted hasta la estación del camino de hierro.
y la suya no es aún bastante para ampararme á mí.
Magdalena parecía reflexionar.
- Pt&gt;r eso lo más prudente es separarnos.
- Pues bien, dijo después de una pausa, el tren
- No, no, repuso Magdalena; no puede ser mejor no sale hasta las nueve y cincuenta; diga usted á su
dar así al olvido lo pasado; no puedo tolerar. ..
amigo que vaya á buscarle á la estación, y venga aquí
Sin concluir la frase, la dama se apoyó sobre un á las nueve á tomar el café, consagrándome la última
mueble, como si desfalleciera, y el caballero alargó media hora... No hablaremos ni una sola palabra de
maquinalmente el brazo como para evitar una caída. lo pasado; mis labios no pronunciarán una sola frase
- Poética como siempre, murmuró con acento con- relativa á nuestra separación.
movido, casi de ternura.
- ¿Lo hará usted realmente así?, preguntó Nor- No, añadió Magdalena, reponiéndose al punto, man con tono de duda.
no es posible que ninguna mujer le ame como yo.
- Se lo prometo; y también que no retardaré ni
- Es muy posible que así sea.
un momento su marcha.
- Mi cariño hubiera sido como una roca que le
Norman miró fijamente á su interlocutora, cual si
ofrecería seguro apoyo; el de otra mujer será banco quisiera sondear su pensamiento.
de arena que las aguas pueden arrastrar.
- Bien, repuso al fin, confío en usted, y vendré.
- Tal vez no halle un amor ardiente y apasionado,
- ¿Palabra de honor?
pero me es forzoso casarme y nada podrá hacerme
- Palabra de caballero: engalánese usted, y olvicambiar de proyecto.
demos que ha de ser la última entrevista.
- ¿Es alguna mujer de ojos grises y cabello rubio?
- Así lo haré, contestó Magdalena, fijando en
- Sea lo que fuere, yo la amo.
Norman una mirada cariñosa.
- ¡Que la ama!, repitió Magdalena con irónica
Después, vacilando un momento añadió con tono
sonrisa. Usted se engaña á sí propio, y no tardará en solemne:
reconocer que el fuego de la pasión se ha extinguido
- Si dejase usted de venir, faltando á su promesa,
ya en su alma.
permita el cielo que la mujer á quien más quiera,
Al decir esto, Magdalena, con la cabeza echada cuando nos hayamos separado, le sea falsa y perjura
hacia atrás, el cuerpo erguido y fija su mirada en el el día en que más la ame.
caballero, estaba verdaderamente hermosa.
- No faltaré, dijo Norman; pero confío en que us- Sea usted razonable, replicó Norman; nuestra ted también cumplirá su palabra...
conferencia no puede seguramente conducirá nada, y
- ¡Oh!, interrumpió Magdalena, puede usted estar
es preciso poner término á ella. Como ya indiqué bien seguro de ello. Y ahora... ¡adiós! ... No, quise
antes, una vez quise que uniéramos nuestra suerte decir hasta más tarde.
y la supliqué en más de uqa ocasión que me diera
Al pronunciar estas palabras abrió la puerta; pero
la mano de esposa. Usted rehusó tenazmente, y deteniéndose de pronto, como si le faltara advertir
ahora es preciso mi enlace con otra mujer. Sí, la am- alguna cosa, añadió:
bición es la que nos ha separado; los dos queríamos
- Espere usted un instante; ahora recuerdo que
hacer carrera, y usted lo ha conseguido ya; los dos Catalina debe ir á Saint-Cloud, y por lo tanto será
juntos naufragaríamos sin remedio. En el mundo se mejor que se lleve usted esta ·llave para que entre sin
han de tener en cuenta muchas cosas además del llamar. Le esperaré junto al balcón, y si alguien llaamor; usted misma solía decir que apreciaba en mase no abriré... ¡Ah! Una palabra ... Permítame ver
mucho la vida intelectual, los sueños, los ideales ... bien por última vez las facciones del hombre á quien
- Sí; pero de los sueños se despierta, y los idea- tanto amo y que tan cruelmente me abandona, y esles son á menudo ilusiones que se desvanecen.
trechar esas manos queridas, que no han de ser para
- Vamos, replicó Narman, suspirando como si se mí. Con la luz artificial no se ve tan bien, y tal vez
sintiese aliviado de algún peso, veo que ahora es no habrá mucha aquí esta noche... ¡Dios mío! ¡Cuán
usted más razonable, y aprovechando el momento doloroso es esto! Pero ya no hay remedio... Mi vida
permítame despedirme de una vez.
' toca á su fin y es forzoso resignarse.
- No; marcharse así sería matarme. ¿Tanta im- No diga usted eso, repuso Norman, algo inquieportancia tienen para usted los triunfos, el oro y la to al oir estas palabras; su porvenir es aún brillante...
fama, cosas sólo pasajeras?
- ¡Ah, no!, exclamó Magdalena. Todo ha concluí-

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

- No hay tiempo que perder, añadió Norman, pues
- Campbell, díjole, quiero darle un buen consejo.
Procure usted 110 enamorarse nunca de una france- sólo me quedan diez minutos.
El balcón estaba abierto de par en par; de las flores
sa, porque son malas como el diablo, y si proceden
de Marsella peores aún: las mujeres se alimentan allí exhalábase una suave fragancia, y la persiana, corrida
como siempre, obscurecía más la sala.
con fuego.
La actriz estaba echada en el suelo de cara al balCampbell fijó en su amigo una expresiva mirada,
cón, con la cabeza apoyada en el asiento de la butasonriendo maliciosamente.
- ¿Ha caído usted en los lazos de alguna que ha ca y los brazos cruzados sobre un brazo de ésta. A
pesar de la escasa luz Norman distinguió muy bien
Un momento después Norman, ya en la calle, conseguido robarle el corazón?
- Sí, no lo niego; mas al fin he conseguido reco· la blancura de sus manos, destacándose sobre el alpareció respirar con más desahogo.
- Vamos, ya estoy libre del compromiso; es pro- brar la libertad. La mujer no puede ser más que un mohadón rojo; también pudo ver que la actriz vestía
traje blanco, con rosas encarnadas en la cintura.
bable que cumpla su palabra. Magdalena es una con- entorpecimiento para mí, porque sujeta mucho,
- ¿Debo sentarme al otro lado para que termine- Pues creo que va usted á buscar una.
sumada actriz; mas creo que me ama de veras, aunmos
nuestra comedia?, preguntó.
- ¡Oh! Esto es diferente. Cierto que voy á casarque tal vez no tanto como ella dice,
La mesa estaba entre las dos butacas, y aún se veía
Norman prosiguió su camino entregado á diversas me, pero es porque así tengo más asegurada una brisobre ella el jarro de flores.
reflexiones, hasta que, sin saber cómo, hallóse en la llante carrera.
Norman tomó asiento frente á Magdalena, y por
calle Real, dió una vuelta por la plaza de la Concor- Entonces no será cuestión de amor, ¿eh?
- A decir verdad, no se trata de una pasión; pero primera vez la miró con atención. En sus ojos creyó
dia y se dirigió después á la calle de Rivoli.
Cada vez más satisfecho de su futura unión, agra- la novia es mi prima y no dejo de profesarle cariño.
dábale la fría belleza de su prometida, que era como
- Es la mejor razón para no estar enamorado de
un calmante, comparada con los provocativos encan- ella; pero de todos modos le felicito, porque Isabel
tos de Magdalena Debray. Su novia Isabel, por otra es muy hermosa.
Norman cerró los ojos con evidente satisfacción.
parte, le ayudaría poderosamente á satisfacer sus am- Quisiera haber llegado ya á Londres, dijo des·
biciones; mientras que la actriz hubiera sido un en·
torpecimiento, no solamente para él, sino para aque- pués de una pausa.
- El viaje á San Petersburgo será más enojoso,
llos que le ayudaban en su carrera, impidiéndole llegará ser un hombre notable. No era Norman uno repuso Campbell; pero como quiera que sea, no deja
de aquellos que inspiran desde luego simpatía á la de ser para usted una suerte haber obtenido ese nomgeneralidad de los hombres; y en cuanto á las mu· bramiento.
jeres, sus triunfos eran muy limitados. Ejercía su
- Sí, gracias á él doy un gran paso en mi carrera.
principal ascendiente en los grupos del pueblo y su
- Ha sido usted afortunado en todo cuanto eminfluencia sobre éste acrecentábase cada día más; prendió.
por eso era útil á su partido, del cual podía esperar
- Solamente así puede ser agradable la vida.
- Pues yo, dijo Campbell, jamás he pedido cosa
recompensas y honores. Sin embargo, aquellos con
quienes se ponía en contacto personal mirábanle por alguna, pero agrádame ver cómo los demás se ingelo regular con cierta prevención y hasta parecían te- nian para elevarse en el mundo. Este es una comedia
representada por muchos actores, pero yo no soy más
merle, creyéndole hombre poco escrupuloso.
Magdalena Debray le amaba y habría confiado en que un simple espectador.
él más que en ninguna otra persona en el mundo;
- ¿Qué quiere usted decir?
- Que yo no soy ejecutante en el mundo, y me
mientras que el cariño de su prima Isabel era muy
dudoso: Norman lo sabía. En cambio él la amaba de paseo por él, contentándome con mirar. La vida me
una manera curiosa, como la madre ama al niño que parece así más agradable.
- Quisiera que las mujeres lo reconocieran así.
no ha nacido aún; causábale envidia la mujer que
- ¡Otra vez las mujeres! Diríase que alguna le ha
sin auxilio de nadie podía alcanzar gloria y fortuna,
y resentía su amor propio que Magdalena lo hubiese dejado un mal recuerdo ...
- Bien; no hablemos más del asunto. Por lo
conseguido así.
N orman apresuró el paso, porque deseaba hacer pronto ...
Al decir esto, y como introdujera la mano en el
cuanto antes los últimos preparativos de viaje, peo·
sando que apenas le quedaría el tiempo suficiente bolsillo, cual si tratara de sacar alguna cosa para enpara tomar el tren después de su entrevista con la señarla á su amigo, sacóla presuroso, estremeciéndo•
actriz, y·muy pronto llegó á su casa.
se: acababa de tocar la llave de Magdalena.
- ¿Qué ocurre?, preguntó Campbell.
- ¿Has acabado ya de empaquetarlo todo, Carlos?,
- ¿Adónde fué usted el miércoles después de se·
preguntó á su criado al entrar.
- Sí, señor, y por cierto que ha faltado poco para pararse de mí?, preguntó N orman á su vez bruscadejarme aquí esa cajita de plata que está sobre la mente, sin contestar á su amigo.
- Fuí á ver la última representación de la comemesa, pues se había caído detrás del escritorio.
Norman cogió el objeto casi con enojo: Magdale• dia de Sardou. Magdalena Debray estuvo soberbia.
na se la había regalado tres años antes, cierto día
- ¡Ah, sí!, replicó Norman llenando su vaso, es
que fueron á Saint Germain-en-Laye. «Quiero darle una buena actriz.
- El otro día oí decir que era muy caritativa, pero
á usted, díjole ella, esta cajita de plata, que tiene la
figura de un corazón y le recordará el mío, que tanto que tiene algunas rarezas.
- Yo creo, repuso Norman, casi con expresión irrile ama. Es para guardar sellos; y cuando vaya usted
á Inglaterra, deberá comprar muchos para escribir- tada, que trata de producir sensación.
- Lo cierto es, dijo Campbell, que las mujeres
me con frecuencia.»
Una vez en el tercer piso, vaci16 un momento
Norman, que odiaba el sentimentalismo y las mu· tienen una singular habilidad para mezclarse en la
jeres y las cosas que pudieran inspirarle, pidió la vida de los demás en daño ó provecho suyo.
- Por lo regular, en daño, murmuró Norman le- ver una expfesi6n de espanto y tenía la boca entrecajita á Carlos, y dirigiéndose hacia la puerta bajó
abierta como para proferir un grito de dolor.
vantándose
después de encender un cigarro.
rápidamente la escalera.
•
- ¡Magdalena!, exclamó de nuevo Norman, incliEl reloj señalaba las nueve menos diez minutos.
- Señora, dijo presentándose á la dueña del hotel,
- Mejor será, dijo á Campbell, que vaya usted á nándose sobre la mesa, como para que le oyera mevengo á dar á usted las más expresivas gracias por
sus atenciones. Usted tiene un niño, y en prueba de buscarme á la estación, pues tengo una cita y no jor. ¿Se siente usted mal? ¿Qué ocurre? La actriz no
contestó.
mi agradecimiento, permítame ofrecerle esta cajita de puedo faltar.
- ¡Por Dios, hable usted! Estoy aquí, amiga mía.
Dicho esto, despidióse, y después de esperar un
plata. Cuando sea hombre, usted tendrá la sabiduría
El mismo silencio; los labios de Magdalena no
de la experiencia, y entonces haga de modo que mi momento para tomar el camino opuesto que su amidádiva sea un símbolo de su corazón en cuanto se go seguía, alejóse presuroso, tanto que á las nueve y pronunciaron una sola palabr~.
- ¡Dios mío!, murmuró Norman, ¿estará muerta?
refiera al bello sexo, porque así triunfará seguramen- cinco minutos estaba ya en el bulevar Haussmann.
Y arrodillándose á su lado examinó atentamente
Aún no se habían encendido las luces en los kioscos
en el mundo, duro por fuera, vacío por dentro.
El amigo á quien había invitado á comer no tardó en aquel largo día de verano, y Norman estaba satis- el rostro de Magdalena y bajó sus brazos; pero enen llegar; era un inglés de agradable aspecto, alto, fecho de su puntualidad; pero por más que hiciese, tonces la cabeza cayó inerte sobre el hombro. Horroelegante y bastante joven. Mientras los dos estuvie- no pensaba en Magdalena, sino en Isabel, y moles- rizado ante aquel espectáculo, ó poseído de un sentimiento supersticioso, Norman apoyó la cabeza de
ron en la mesa habló de diversas cosas, pasando rá- tábale asistirá la cita.
Pocos momentos después llegó á la entrada de la Magdalena sobre el almohadón y púsose en pie.
pidamente de un asunto á otro, como si nada tuvieEntonces recordó lo que aquellos labios, mudos
ra interés para él; pero Norman apenas le escuchaba. casa: una vez en el tercer piso, vaciló un momento,
- Paréceme, querido Luard, dijo Campbell, que y al fin, sacando la llave, introdújola en la cerradura. ya, le habían dicho antes: «Puede usted estar bien
siente usted marcharse; le veo muy cabizbajo y nada Todo estaba silencioso, y sin saber por qué, acosóle seguro de que mis labios no pronunciarán una sola
el temor de que se le preparase alguna jugarreta. Por palabra de despedida.» Pálido y tembloroso, Norman
comunicativo.
- No, contestó Norman; lejos de ello, me alegro. espacio de un minuto miró á su alrededor, escuchan- permaneció inmóvil un momento contemplando el
En aquel momento levantáronse un caballero y do atentamente, pero no llegó á su oído el más leve cadáver que tenía ante sí. Entonces, movido por un
rumor. La puerta del salón estaba enfrente;dirigióse impulso irresistible, imprimió un beso en la frente
una señora de la mesa inmediata y salieron.
- ¡Hermosa mujer!, exclamó Campbell; tiene cara hacia ella y la abrió.
de aquella mujer que tanto le había amado, y olvi- ¡Magdalena!, dijo en voz baja.
dando el presente, tan sólo pensó en el día que la vió
de mal genio; pero tal vez lo tenga peor el que la
Percibíase en la habitación cierto aroma de flores por primera vez en Aviñón, ocho años antes, cuanacompaña.
- Sí, contestó Norman distraidamente, sin saber y un ligero olor á café; mas no se distinguían bien do los dos se paseaban por las orillas del río, viendo
los objetos, porque el crepúsculo tocaba á su fin.
bailar á los aldeanos,
tal vez lo que el otro había dicho.
- ¡Magdalena!, repitió, adelantándose esta vez.
Pero cuando el camarero hubo servido el pollo y
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL
La actriz no contestó una sola palabra.
la ensalada, inclinóse de repente hacia su amigo:

do, puesto que para mí el amor es la vida ... Pero no
le detengo más.
Y con aparente calma aiíadió:
- No haga usted caso de mis anteriores palabras,
porque las he dicho en un momento de excitación...
Ahora estoy ya serena... y lo estaré más tarde.
¡Adiós, adiós!

... .

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sus diversos tipos y condiciones, bellos todos, todos elegantes dustria; á sus lados otros dos edificios de menores dimensiones
y llenos de gracia, figu ras dotadas de verdadera vida, cuya ex- y de estilo griego contienen cuadros, esculturas, objetos de
presión está á la altura de los prodigios que su ejecución en· arte antiguo, cristales artístico's, armas y labores de orfebrerla,
traña.
pertenecientes casi todos á familias aristocráticas.
El célebre pintor Jan van Beers. - Oriundo de
Tarea interminahle sería citar las joyas que en este género
Bélgica este artista famoso, se consagró durante los primeros lleva producidas el pintor cuyo retrato publicamos: Parisiana,
••
años de su vida artística á los cuadros de historia, ambicionan- Psc!mlteuse, Pierrette engaité, Pierrete á 1'evanta1I, Paresse,
El paseo d e l casino en B aden-B aden, cuadro
de Stahl.-Los que estuvieron en esta ciudad del gran ducado antes de la guerra franco-prusiana y la ha~an vis_itado
después habrán podido notar en ella una gran d1ferenc1a en
punto á animación. Grande es todavía la afluencia de forasteros que en verano van á buscar allí remedio á sus dolencias_ en
sus famosos manantiales; pero á partir de 1872, la supresión
del juego, que anteriormente consentía el gobierno, ha privado
á Baden-Baden del contingente de extranjeros que dom_inados
por el vicio ó por la ambición acudían de todas partes improvisando unos, los menos, cuantiosas fortunas, dejando otros,
los más, en las mesas de la ruleta y del treinta y cuarenta,
quien el rico patrimonio de sus mayores heredado, quien el capital amasado á fuerza de trabajos y privaciones.
Esto no obstante, el delicioso paseo que delante del K11rsaal
se extiende, suele estar siempre muy concurrido por la socie·
dad elegante badense y por la escogida y numerosa colonia de
bañistas que van alli á gozar de los encantos de la naturaleza y
de los acordes de notables orquestas ó bandas militares El
espectáculo es hermoso, sobre todo por la nocbe, cuando Jc¡s
jardines y alamedas aparecen profusamente iluminados tal como puede verse en el cuadro de Stahl que publicamos y que
reproduce con tanta fidelidad como arte el único resto quizás
de la bulliciosa animación de otros tiempos,

NUESTROS GRABADOS

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 510

NÚMERO 510

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA dirfjanse para informes á ]ps Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin;
Las casas extranje ras que deseen anunciarse en
B
den
hacerlo
en
la
oficina
de
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de
los
Sres.
Calvet
y
C.•,
Diputación,
358,
arce1ona
núm. 61. París.-Laa casas espano1as pue

•

CIFRAS DECORATIVAS PARA ARTES E INDUSTRIAS

__________..:____________-&gt;

POR

♦ J. MAS RIERA y MANOVENS

♦

do ser el pintor de las epopeyas de su patria; de esta época
datan «i Vivan los g11euxl&gt; (que asl se denominaba á los flamencos que en r566 se confederaron contra el gobierno de España),
episodio de la batalla de Austruweel, La brttJa y El pueblo
agradecido á Santiago de Arlevelde. Poco estimulado por sus
compatriotas, traslaclóse van Beers á Parfs, en donde sus gustos sufrieron una transformación completa; la contemplación
de la vida elegante parisiense hlzole abandonar los cuadros
históricos para consagrarse á los de género que tan universal
a plauso han merecido y que tan admirados fueron en la reciente
ExposicióR Universal de Bellas Artes de esta ciudad.
Aunque van Beers ha pintado paisajes notabilisimos, retratos admirables que un célebre critico francés juzga dignos de
figurar al lado de los de Ba~tien Lepage y caprichos como la
Verónica que atraía preferentemente la atención lle cuantos
visitaban la Exposición citada, su verdadera especialidad, In
que le ha conquistado notoria fama y no poco provecho, son
esos cuadritos en que un pincel delicado manejado á impulsos
de un gusto exquisito reproduce en el lienzo á la parisiense en

Att soleil, Flirt, La lisezue, lwoucia11te, Pierrete noire y tant-0s otros esparcidos en los principales Museos y en los más
elegantes salones ate5tiguan la fecundidad del artista, que en
van Beers no es óbice para que sus obras sean un modelo en
punto á corrección de dibujo y un dechado de bellezas de color
que se observan hasta en los más pequeños detailes.
El larguísimo catálogo que sus obras componen haría supo·
ner que van Beers es de edad un tanto avanzada: nada de eso;
el célebre pintor belga cuenta apenas treinta y cuatro años, y.
si ha producido tanto y tan bueno débese en primer término á
su facilidad, hija del talento y del estudio, pero también en
buena parte á su amor al arte y á su laboriosidad extraordinaria.

•••
Hierros artísticos de la Edad media. - Si impor-portancia tuvo el hierro en el movimiento artistico é industrial
de los tiemp-0s medios, es incalculable la que hoy representa,
dadas las múltiples aplicaciones de este
metal. Tan duro como resistente, exige
del artlfice habilidad y destreza para la
producción de e,as obras de cerrajería admirables, ya que un martillazo dado en
falso puede inutilizar la labor inteligentemente comenzada.
De aqul que la reunión de ejemplares
producidos en distintas épocas sea de indiscutible importancia, no sólo por los antecedentes que facilitan para la historia del
progreso de la humanidad, sino también
por la e11señanza que reporta su detenido
• examen. De ahí el interés que despiertan
las colecciones que existen, reunidas á
costa de no escasos dispendios, las más de
de las veces por la iniciativa particular.
Entre las que figuran en la capital de Francia, merece citarse la de M. Lesecq, de la
que forman parte los cuatro nc,tables ejemplares que reproducimos. Cada uno de los
grupos en que se subdivide despierta interés extraordinario; si se examina, por
ejemplo, la colección de llaves romanas,
galas, merovingias, romano-bizantinas, góticas, del Renacimiento y modernas,·nótase que en cada ejemplar se hallan marcada; las laboriosas etapas por que ha debido atravesar la cerrajerla y las transformaciones determinadas por la civilización.
Lo propio acontece con los aldabones,
cerraduras, rejas y demás productos de la
cerrajería, en punto á la cual los modernos
progresos no han llegado á igualar la belleza de los antiguos ejemplares, de que
pueden servir de muestra las preciosas labores que reproducimos.

Fig. 2. Vista del ténder y algunos vagones del tren exprés
(De fotografía remitida por D. Andr~~ "Rul; _Cobos1 de Burgos.)

MONTANER Y SIMÓN, E~ITOR~S

· so álbum , encuadernado en tela, al precio de •optas. e1emplar
Véndese forman d o un precio

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ARPULLIDOS, TEZ BARROS
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EFLORESCENCIAS
ROJECES

GRANO DE LINO JARI NFe:R~ffIM~s

•••

Choque de trenes ocurrido cerca de Burgos en la noche del 23 de septiembre último. - Fig. r. Estado en que
quedaron las dos máquinas después del choque. (De fotografia remitida por D. Andrés Ruiz Cobos,
de Burgos.)•

e(-

ESTREfllMIENTOS, CÓLICOS. - La caja: lfr. 80.

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retortijones de estómago, estreñimiento~ rebel es, para ac1 1
digestion y para regularizar todas las funciones del esíómago Y de
los intestinos.
JAR.ABE

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

JYa están aquí!, cuadro de A . Jourdan, grabado por Baude. - Si en vez de decir están dijese está,
poco nos costaría saber á quién se refiere la exclamación que
sirve de epigrafe á este cuadro; usando el verbo en plural quédanos la duda de cuáles personas aguarda con tanta impaciencia la joven del hermoso lienzo de J ourdan: de suponer es, sin
embargo, que han de ser muy queridas, sus padres, p-0r ejem·
p_lo; ,n? otra cosa se desprende de la expresió~ de aq~ella
s1mpat1ca figura tan bien reproducida por el eminente pintor
francés y con tanto gusto colocada en el delicioso paisaje que
le sirve de marco y de fondo.

. B6. Rue

VivienneS

IRO PDoeL•fORGET
da

la

•

a1Brom.uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

CLORÓSIS. -

•
••
Choque de trenes en las cercanías d e Burgos.
- En la noche del 23 de septiembre último el exprés de San
Sebastián y el tren mixto de Madrid sufrieron á tres kilómetros de Burgos el terrible choque origen de la catástrofe que
tan honda impresión ha producido en todos los ánimos, !1º
sólo en España, sino en el extranjero, y cuyas consecuencias
lloran y llorarán por mucho tiempo las familias de las nume•
rosas vfctimas. El jefe de servicio de la estac;i6n de Burgos
dió salida al exprés sin recordar ó ignorando que momentos
antes se habla concedido vfa libre al mixto que en aquellos instantes y procedente de la estación inmediata de Quintanilleja
ocupaba la vía única que enlaza ambas estaciones. Pocos minu•
tos después ocurría la catástrofe. La descripción que del suceso
hacen los viajeros que lograron salvarse horroriza y éonmueve:
apenas pasados los primeros momentos, pudo conteJllplar~e un
espectáculo aterrador. Las máquinas aparcdan aplastadas una
contra otra y los vagones destrozados en inmenso é informe
montón; los viajeros que salieron ilesos corrían desalaclos de
una pa•te á otra, buscando unos á individuos de su familia que
no aparecían, procediendo otros á sacar de entre los escombros
á los que aún con vida estaban, prodigando todos solícitos cuidados á los que de ellos se hallaban necesitados.
¿Para qué mas detalles del siniestro? Interminable sería
nuestra tarea si hubiésemos de referir los conmovedores episodios que allí ocurrieron; imposible relatar los rasgos heroicos
que con tan triste motivo se registraron. Del tren mixto se sal·
varon todos los pasajeros; sólo murió el desgraciado maquinista D. Pedro Jaca, que habiendo podido salvarse, puesto que
habla conseguido parar su tren, quiso morir en su puesto Las
últimas palabras de ese héroe, de ese mártir, fuer9n : &lt;Muero
satisfecho; he cumplido con mi deber y he salvado la vida á
muchos semejantes míos.&gt;
Los muertos que han resultado del choque son hasta ahora
quince; los heridos, según noticia oficial, veintitrés. Entre los
primeros se cuentan dos ingleses, Mr. Cotton, abogado, y
"1r. Maury Celong; D. Lorenzo Leal, periodista sevillano;
D. Celestino Rico, magistrado de Vitoria, y D. Juan Allmrto,
rico comerciante y propietario de Bilbao, una bija de los mar·
queses de Camarines y otros viajeros y empleados del tren
exprés.
Los dos grabados que publicamos y que están tomados de
fotografías sacadas por D. Andrés Ru:z Cobos, de Burgos Iá
quien vivamente agradecemos su envío!, permiten formarse
exacta idea de la magnitud del siniestro, acerca del cual creemos ocioso hacer comentarios porque están en la mente de
todos los que conocen las deficiencias de nuestros caminos de
hierro.

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u sma DEL

EnfermedadeSdel Pecllo

•••

Monumento erigido en honor de lord Napfer
de M agdala, e n la plaza de Waterloo en Londres. - l{ecientemente se ha inaugurado en la capital de Inglaterra este monumento levantado á la memoria del ilustre
mariscal de campo inglés, ha poco fallecido, de quien el príncipe de Gales en el acto de la inauguración dijo emocionado
•
que habla sido «fuerte, perseverante, rápido en su acci6n, sin
••
miedo y sin tacha, amigo de los desvalidos, apoyo de los desExposición de Praga. El edi- amparados y valiente hasta la temericlad, cuando del cumplificio central.-Para conmemorar el
centenario de una grao Exposición que se miento de sus deberes de soldado se trataba.»
La estatua, que se alza en la plaza de Water loo, dando frente
celebró en Praga, se ha inaugurado hace
á
Piccaclilly, fué empezada por el difunto escultor Edgardo
poco en esta ciudad otra en donde se han
reuni~o los p roductos de la agricultura, Behm y ha sido terminada por Alfredo Gilbert.
de la mdustna y del arte bohemios.
Los diversos edificios que la componen
son de diferentes estilos y álzanse entre los
JABON REAL
JABON
bosque~illos y _jardines: el central, que reprod~cimos, llene. verdadero aspecto de
H
E
VELO
NE
palacio y está destina:lo á la sección de in- ~ewm1Dd&amp;Jo1 por autoridadllS modicu pm la Bi¡i1D1 de la Pi1l 1 Bellon (el ColOJ

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�LA lLusTRAcióN ARttstttA

NúMERO 510

1

'

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~--

~-~\l
-b

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el Jla,¡uttú""' i.,a .A(ecaorta ucro(UlOIIU Y acor~tfclU, ele. El l'in• Perrusla-■e de
&amp;reud ea en' efecto, el linlco que reune todo lo que' enlona y fortalece los organos,
regulariza' coordena y aumenta constderablemcute 1u tuerzu ó lntunde a l&amp; ~
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°''.al.

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SK VDDII BN TOD..S L4S Pl\lNClP.u.BS BOTla.&amp;.s

•

EXIJASE e1i: t~i: ARO UD
0

if.ll&gt;ADES4,,E,ro,t
t'+-'t
~
r,iflo

Pepsina Boudault
,probada por la .mDE111, DE IEDICIIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856

1

.., •JARABE
ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT . .
...,.,u,,11,
CALLJI Da

anou. i10. ,..._1u•, 11 -

C.dlle l•e.ff■rtn•o.._

Kl rABABE DE B.RI.ANTrecomendado desde ,u :,rlnclplo por los profesores
Laennec, Thénard, Oueraant, etc.; na recibido la C('IQBagracl6n del tiempo: en el

año i829 obtuvo el privilegio de Invención. VERDADEIID CDIFITE PECTDIIALL~n base
de goma y de ababolea, conviene sobre todo a las personas delicadas como
mUjeres y niños. su gusto e1ce1ente no perJudlca f.n modo alguno é. su incacla
l. contra los RESFRl!DllS y todas las 11nuu.c1ons del PECHO y de los IHESTl!OS. _.

Partlctpando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas Pildoras se emplean

especialmente contra las E■crofulu, la
Tisl5 y la Debilidad de temperamento,
as! como en todos los casos{Páudo■ colorea,
.a.menorrea, ••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 ·regularizar su curso periódico.

Mtd&amp;llu en la1 E1po1lcion11 laternaclooalt1 de

PUIS • LYOI • VIEU • PIIILADtLPIIU • PARIS
11m

1867

18:3

1876

a■ l•PLl:l COR IL MATOI jJITO

ª" LM

lr.8

- ~

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

JARABE Y PASTA~!~~~ lfí'mm,.?25 Fannacenttco, en ParJJ,
de H. AUBERGIER
"';/,,~/:' ~

T OT&amp;0I DIIOJ.l&gt;llnl Z&gt;I L4 DIHITIOII

BASO LA FORll.4 DE

ELIXIR• , de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
P!IIS, Pharmaole COLLAS, S, rae Daaphhlt
J

, .,. la, pri~cloaü,

'ª"""°"''•

COD :r.A.0'1"0'~ (Jugo lechoso de Lechuga¡
,, (lonor.
Aprobados por la Academia de Medicina de Parle II lnHrtada. en Ja Co1ecc,óa
0/lolal de Fórmula■ L■galH por decreto mlnt■rerial de 1 O de .A:lar•o de 181:&gt;4,
e

Una completa lnnoculdad, una encacla perfectamente comprobada en el catarro

lfJIMmtco, las Bronqultú, Catarro,, Reuma,, To,, aima é lrrltacloll de la garganta, han
jfrangeado al J&amp;R&amp;BE y PASTA de AUBERGIER una lnruenRa rama.,.
, (Bstraelo '41 Fol'l!lulario MUico '41 8" Bowd4r,cr CGll/lrdlice '4 la Fae111t44 '4 Metlieiu (16- ,dicadllJ,

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, • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
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' ncaclón. 6'
' 1 •SB JL\LLAN' BN TODAS LAS PA1\IUCIA8

PATE EPILATOIRE DUSSER
~
"'

dealnl,e huta Ju RAICES el Vl!LLO del 11111ro de lu •mu (Barba, Blrote, etc.), 111
lliacun peligro pan el cuila. SO .&amp;iioe 4• Ílslto, J mll1uea de ttali■ooloa rarulhu la efturt1
ata pnparaáoa. (S. ,elide e■ 11Ja1, ~ la barba, 1 n 1/2 o■Ju pua el biJot• lire11). Pan
1t1 kuot, 111pl611u1 .l'JLJ t'U.1u,:.. Dv•ama, l,rueJ.•J,.Jl.ou■H■u, Parta.

Quedan reservados los derechos de propiedad art!stica y literari1
h,tp, DI MOHT4Hll Y

su,ó•

.

'

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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