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11tí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 19 DE OCTUBRE DE 1891

N ÚM. 512

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

ENSUEÑO, busto en bronce de D. José Llimona
¡Fundido en los talleres de D. Federico Masriera y C.• - Premiado en la E xpo~ici6n general de Bellas Artes de Barcelona, 1891,)

�LA
SUMARIO

Texto. - Murmuraciones europeas, por Emilio Caslelar. El caldo gordo, por F~rnando Martínez Pedrosa. - Barcelona
Artistica, por A. García Llansó. -Los Parlamentos de Europa. Dinamarca, por X.-Nttestros grabados. - La Ct1erda
(continuación), por M. Julio Claretie (de la Academia Fran•
cesa). Ilustraciones de Juan Beraud. - SECCIÓN CIENTÍFI·
CA: El Laboratorio de biolog!a vegetal de Fontaineblea1t. Ti,rbina de peqrmla potencia.

Grabados. - Enmeflo, busto en bronce de D. Tosé Llimona
(fundido en los talleres de D. Federico Masriera y C.ª - Pre·
miado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelo•
na, 1891). - Tipo de im radjputa (de una fotografía). Ct1arteto de hambrientos, cuadro de Julio Adam. - La gita·
na, la chula y la aristócrata, dibujos de Llovera. - Los Par·
lamentos de Europa, Palacio del Rigsdag en Cope11!1ar11e. - •
En el arriate, cuadro de G. Simoni. - La antesala de mi
mini"stro, cuadro de D. Luis Jiménez Aranda. - Fig. r. Fa-

chada lateral del Laboratorio de biologia vegetal de Fontainebleau (de una fotografía). - Fig. 2. Plano y sección de di•
cho Laboratorio de biología vegetal. - La Chicago top, tur•
bina hidráulica de pequeña potencia. -: La nifla de la silla,
escultura de D. Venancio Vallmitjana (de fotografía directa
de D. Juan Marti).

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTELAR
Suicidios en las alias clases sociales durante la época actual. Consideraciones acerca del suicidio en general. - El espiritualismo y el materialismo. - Síntesis histórica de hombres
célebres que apelaron al suicidio. - Muerte de Catón. - Influencia de la elevación de ideas y sublimidad del pensa·
miento en desprecio de la vida material. - Inmortalidad de
Catón - Fundación del imperio de Pompeyo é institución
del cesarismo. - Secretos del porvenir con motivo de los suicidas Parnell y Boulanger. - Conclusión.

I
¿Cuál soplo de aire ha enloquecido á este nuestro
mundo culto? Las gentes que ocupan las alturas sociales son en bien escaso número; y sin embargo, se
precipitan desde lo alto en la muerte con increíble
frecuencia y en mucho número. Ayer suicidio del rey
Luis en Baviera y suicidio del archiduque Rodolfo
en Austria; hoy suicidio indirecto de Parnell en Irlanda con suicidios directos de Balmaceda en Chile
y de Boulanger en Bruselas. Así las crónicas europeas
no se cansan de disertar sobre la muerte voluntaria y
de aducir cuantos raciocinios en pro y en contra de
tal acto se han aducido en la Filosofía y en la Historia. Dos aserciones flotan sobre los t6picos vulgares:
primera, que no hay acto demostrativo de la libertad
humana como el suicidio y que no hay acto como el
suicidio demostrativo del valor de nuestra especie.
Quien puede contrastar el más imperioso de los humanos instintos, el deseo de la propia conservación,
y combatirlo hasta vencerlo, puédelo todo absoluta·
mente sobre sí mismo.No habréis visto, digan cuanto
quieran los materialistas empeñados en rebajar la humana especie hasta embrutecerla y elevar las especies
inferiores hasta humanizarlas, no habréis visto ningún
animal suicida. Se mueren muchos de ciertos afectos
indudables en ellos; no se mata ninguno. Además,
hay que concluir con el t6pico desacreditado que
atribuye á cobardía el suicidio. Cuando nuestros
' músculos y nuestras fibras huyen á la menor contrariedad con horror verdadero por un impulso indeli berado é incon~ciente, reaccionar la voluntad sobre
tal empuje soberano y fortalecerla en términos de
avasallar y someterá su mand!1tO la fuerza vital, parece sobrehumana victoria. No debe aplaudirse, no,
el suicidio como un acto de moral, es un verdadero
crimen; pero no hay que calificarlo· de acción cobarde, es un verdadero martirio. En verdad, como hay
temperamentos, el atrabiliario, el pesimista, el me·
lanc6lico, por ejemplo, propensos al suicidio, hay
épocas las cuales con su sentimiento general y hay
doctrinas las cuales con sus ideas propias lo favorecen y lo alimentan. No he podido, no, dominar un
escalofrío al ver en las vulgares líneas denominadas
por Boulanger su testamento político una siniestra
invocaci6n á la nada. Nuestro materialismo al uso,
extinguiendo el espíritu extingue la esperanza. Y no
debe maravillarse, no, si ante los estragos de sus asoladoras creencias una reacción espiritualista sobreviene ahora en Europa y domina el ánimo general. De
cualquier manera, los eruditos y los moralistas apro vechan la triste coyuntura para disertar sobre la
muerte voluntaria en este mundo y la iñrñortalidad
espiritual y corporal en el otro. Y mientras unos
oyen los ecos de un Dies irte que les anunc~a estridente la nada eterna, oyen otros las regocijantes aleluyas de Pascua que les anuncian la eterna resurrec-

lLUSTRAClON ARTÍSTICA

ción. Así pasan en periódicos y revistas los nombres,
más ó menos célebres, de aquellos que han llamado
á la muerte sin aguardar á que la muerte los llamase
á ellos. Y se recuerdan hoy con tal ocasión y motivo,
no solamente los suicidios individuales, también los
suicidios colectivos, y con los suicidios tanto individuales corno colectivos las doctrinas que los han
aconsejado y mantenido en la religión y en la ciencia. El bracamán, inmolado voluntariamente á los
dioses por propia mano; el gimno, sofista fenecido
dentro de hoguera por él atizada en voluntario sacri·
ficio; el estoico Zenón, tragándose la lengua y atragantándose hasta morir ahogado por ella; Sócrates y
Demóstenes, muertos después de haber visto su Atenas concluída en la triste rota de Queronea; Catón,
huyendo por la espada de la Roma sierva, y Brutei,
rogando á su doméstico que lo mate para separarse
de Filippos, donde la libertad sucumbía nuevamente,
por las manos y no por los pies; los césares, que han
preferido la muerte al destronamiento; los soldados
católicos, que han opuesto el pecho á las armas enemigas para morir antes que ver su rota; Rousseau,
despojándose de su cuerpo gastado como de una inútíl armadura; madame Rolland, yéndose de este
teatro del mundo por parecerle triste y odioso el espectáculo; Byron, buscando un sepulcro de dios en
el marmóreo suelo de Grecia, resucitan á los ojos de
todos y nos dicen cómo se han su muerte anticipado
contra los impulsos de la propia conservaci6n y cómo se han precipitado de cabeza en el abismo de la
eternidad antes de que lo permitiera y lo decretara
el Eterno. Pero una vida tan corta como la vida humana y una muerte tan segura como nuestra muerte
nos enseñan que hay un grandísimo extravío en burlar al tiempo tan voraz é impaciente de suyo y en
buscar el triste olvido cuando con tan grandes facilidades el triste olvido se halla en el seno mismo de
nuestra poblada sociedad. Yo he contemplado muchas veces la más bella muerte voluntaria que guarda en sus anales brillantísimos la gloriosa historia
clásica, 6 sea la muerte de Cat6n. Quizás no hay ninguna tan solemne por sus accidentes y tan sublime
por sus impulsos, perpetrada en momentos de una
legítima desesperación, tras el vencimiento definitivo
de la libertad y el triunfo definitivo de la tiranía.
Bien al revés del antiguo poeta del materialismo,
quien se mata en prueba de que profesa las ideas
rnaterial~stas cantadas en su poema, Catón se mata
en prueba de su espiritualismo, _en prueba de que no
necesita ya el mundo esclavo su inútil presencia y
de que le aguarda en otro mundo más hermoso y
mejor la segura inmortalidad. Contemplemos á Ca•
tón por haber en su vida y muerte grandiosas enseñanzas. Rota la república, resolvióse por completo á
matarse.

NúMERO 512

pensamiento, en la supraesencial substancia de cada
cosa, oqra divina es tal, que no pueden alcanzarla de
ningún modo ni el tiempo ni la muerte, como emanación directa de la eternidad. Las sublimes armonías
entre los contrarios enlazan y confunden el amor con
la muerte. Antes de aprender ya sabemos algo que por
viva reminiscencia guardamos de otro mundo mejor,
y antes de morir ya tenemos aspiraciones á lo infinito
y á lo eterno, que sólo pueden satisfacerse allá en la
misteriosa inmortalidad. Esta razón humana, que
tiende á la unidad, encuentra la unidad en Dios.
Como las cuerdas áureas de las armoniosas ljras producen, tocadas por los dedos, que la inspiración
mueven, notas superiores á ella misma; tañidos estos
nervios nuestros por Dios, dan de sí las ideas esencialmente divinas por superiores á nuestra humanidad. Y por las ideas enrojecemos las obscuras cosas
en el fuego celeste, y por las ideas prestamos á todo
lo inerte movimiento, y por las ideas esclarecemos el
universo material, y en alas de. las ideas nosotros
mismos ascendemos con rápido vuelo á las cimas
donde se alzan los eternos é incomunicables arq~etipos, de los cuales todo lo existente parece pcmre
copia. La imitaci6n de Jesucristo, escrita para el
consuelo y el aliento de los hombres en la Edad
media, no super6 en eficacia y virtud á las altas y
sublimes palabras con que los platónicos y Platón
supieran, a:lá en el antiguo mundo, confortará los
héroes y á los mártires de Grecia y Roma. Lo cierto
es que sin ese apoyo ideal de un pensamiento filosófico tan sublime, acaso Catón careciera de fuerzas
para tornarse contra los decretos del destino y penetrar sereno en las sublimes y etéreas anticipaciones
de la inmortalidad.

III

Tras estas reflexiones manifestadas en banquete
parecido á los banquetes plat6nicos, apartóse con serenidad el austerísimo romano de sus comensales y
se recluy6 en su cuarto. Ya dentro de aquellas cuatro
paredes, miró el abismo de la eternidad con serena
mirada y resolvió arrojarse á su insondable seno en
el siguiente amanecer. Leyó el Fedón dos veces en
rollo que llevaba siempre consigo, y las ideas del
maestro le fortalecieron en la robustez de sus propósitos, así como le alentaron á ponerlos por obra, seguro de la inmortalidad. Aquella elocuencia melodiosa
del gran fil6sofo de las ideas, oponiendo frente al
reducido hueco de un sepulcro la inmensidad del espacio, á lo breve y fugaz de nuesta _vida el tiempo
eterno, al cuerpo que se desprende y cae sobre. la
tierra el vuelo de nuestro inquieto espíritu hacia lo
infinito, aquella melodiosa elocuencia lo transportó
al cielo de la justicia, después de haberle sugerido
un menosprecio y un disgusto acerbísimos por esta
II
tierra de los tiranos y de las tiranías. Concluída la
•
lectura con arrobamiento, decidió morir con severiComo buen clásico no creyó Catón despedirse bien dad. La conciencia en tales términos había dominado
del mundo, si una cena, cena de aparato con sus hi- á la voluntad, y la voluntad á los nervios, que no
jos y con sus partidarios, dejaba de preceder al pre- tuvo ni una repulsión siquiera en la cual se denotase
meditado suicidio. El, que durante las agonías del la resistencia de su instinto al dolor y á la muerte.
principio republicano comiera de pie siempre, tendió- Como buen romano era Catón buen militar, y como
se con serenidad en amplio lecho á la vieja moda buen militar tenía consigo siempre su espada. ~inromana y gustó los manjares á la par que gustaba del guno de aquellos hombres, ninguno se acostaba sin
diálogo. El ciudadano había peleado con la fatalidad colgar este instrumento de su defensa muy cerca del
como un héroe, cumplido todas las obligaciones res- sitio de su reposo. Catón había colgado su espada en
pecto de su patria y de su estirpe y de su clase, la cabecera de su lecho. Fué á descolgarla para mapuesto el empeño de un perdido náufrago en salvar tarse, porque la conversaci6n del banquete con los
entre las cóleras de los hombres y bajo los decretos amigos y la lectura del diálogo espiritualista aclararon
del destino la libertad romana. Todo se frustr6, y ya los movimientos de su alma, y encontróse con que
no le quedaba otro remedio sino abstraerse de la había la espada desaparecido de su puesto. Disgusrealidad horrible, .donde triunfaban el vicio y el mal, . tadísimo llamó á voces al siervo encargado de su alpara con esfuerzo superior de voluntad y pensamien- coba. No respondía. Continuó leyendo mientras le
to abrirse las puertas eternales del sepulcro y entrar- aguardaba; pero no venía, retenido por la familia y
se por la región etérea del ideal purísimo, resplande- los amigos, que descolgaron el fatal instrumento á fin
ciente de una eterna claridad. Dos filósofos de Grecia de impedir la muerte. Viendo tras un corto rato que
le acompañaban en aquel trance, de los cuales perte- no llegaba el llamado, lanzóse á la puerta de un salto,
.necia el uno á la escuela peri patética, el otro á la abri6la de un golpe y dijo que, hallándose muy cerca
escuela estoica. Catón les propuso el tema de la el vencedor, no quería caer vivo en sus manos. Al
inmortalidad en la serie dialéctica expuesta por los oir esto los que vigilaban sus actos desde fuera, pugdiálogos platónicos. Parecía que se levantaban los nando por conservarlo para la patria, para la familia,
plátanos del Pireo, y que, á manera de las abejas áti- invadieron el cuarto con tumulto, dirigiéndole ruegos
cas alimentadas en los romeros y tomillos del Hibla, entrecortados por sollozos. Los partidarios últimos,
venían las ideas platónicas en sonoros enjambres á los clientes predilectos, los filósofos compañeros suencantar el trance último de la vida y traer corno una yos, los hijos del alma, componían aquel cortejo
miel dulcísima las esperanzas de nuestra especie frá- que levantaba los brazos y las voces al cielo entre
gil y perecedera en la divina inmortalidad. Inmortal amargas exclamaciones con la intensidad de su deses el alma y destinada por el cielo á unirse c0n la esperaci6n para en la vida retenerlo y salvarlo de sí
suprema unidad. Por el pensamiento participamos los mismo. Mas el inflexible republicano se mostr6 tan
míseros mortales de la divina inteligencia y por la entero de carácter y tan resuelto por la propia inmovirtud participamos de la divina perfección. ¡Ah! No !ación, que opuso á dolor tan profundo y sincero el
puede morir quien, hallándose á este cuerpo tan frágil silencio y la frialdad de un muerto. Nada respondió
esclavizado y sujeto, a~n tiene una fuerza interior á reflexiones de filósofos que le hablan en el alma
que le somete la materia Y le sojuzga las pasiones. infiltrado una doctrina por la cual podía sobrepoPensar sin el cuerpo, con la pura virtud íntima del nerse al destino y á sus fatalidades con acto de suyo

NúMERO 512

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

tan simple y natural como la muerte. Nada
to pugnara mucho tiempo. La muerte de
hizo cuando aquellos á quienes diera el ser
Catón
quedó como un ejemplo vivo para la
le instaban para que no llegase á quitárselo
escuela republicana y la escuela estoica. El
con el dolor causado por su muerte Catón
viejo espíritu de Roma hizo á este hombre
parecía una cifra, no una persona. El alma
completamente
suyo. El austero espíritu es·
se hahía desceñido ya del cuerpo cuando
toico lo convirtió en ideal de su doctrina
aú n departía con los circunstantes. Desde
revestido por un humano cuerpo. En su
las alturas adonde acababa de llegar, ya por
energía
se mostró que no acababa él en re•
un e~fuerzo anticipado y una visión anticisignación y conformidad con los decretos
pada también, sólo veía el corto tiempo resdel hado, acababa en protesta y protesta su·
tante á todos los vivos, aun á los más joveblime.
Por eso le puso la humanidad entre
nes, para entrar como él en la eternidad y
los héroes y los mártires á un mismo tiemacompañarle allá por las sombras eternas.
po. Murió, sí, pero murió después de haber
Compasión les tuvo al verlos por su instinto
combatido
y protestado, cuando los mares,
grosero atados á la tierra, pero no quiso
los cie os, el desierto, la ciudad entera de
echarlos. Tanta tenacidad venció todas las
su refugio le faltaran dominados bajo la
resistencias Una estatua de pórfido req ue•
terrible irrupción de los afortunados cesarida por tantos ruegos y regada co~ tantos
ristas. Su muerte le trocó en verdadero nulloros, hubiérase conmovido y ablandado.
men de un partido romano que sobrevivió
Catón el estoico apenas dió señal ninguna
largo tiempo á las victorias del cesarismo,
de sensibilidad. No parecía él, parecía ~u
y en verdadero numen de una escuela filoproaa efigie fúnebre levantada ya sobre su
só~ca
que inspiró mucho las dos obras posmudo y frío sepulcro. As! los circunstantes
tenores
de la civilización, el qistianismo y
se fuer?n, de grado unos, por fuerza otros,
el derecho.
despedidos todos. La tranquilidad inalterable d~l estoico no se alteró á la despedida.
IV
El ú_mc? acc~so que sintiera en todas aquellas mc1denc1as fué un acceso de rabia contra el esclavo que le había ocultado la espaSa_bemos que matándose Catón salvó su
da. Cegóse de tal suerte que le golpe6 la capropia h_on~a¡ p~ro hnob_sabemfs dde r odo
ra con ímpetu, quebrantándose con el es
a gu~o st VIVl~n o u 1era sa va o a re·
fuerzo violentísimo su puño Este movipública. Lo cierto es que no estuvo la caumiento ~ltimo de vida le amargó más y más
sa del _Senad~ y del Parlamento despu~s de
la muerte. Como se había dislocado lamaFarsaha Y Ut1ca tan en la desesperación y
no derecha, faltáronle fuerzas para hundirse
el abandono como cre~~ra su austero man· 1re y 1e sa11eron
tenedor.
los h1Jos
de Pompeyo atela espada
en el v1en
.
1as
d Todavía
1
·
tripas, mas le quedó todavía la vida. Enrraron e ta suerte al dictador en _los ca~pos
tonces, al resuello de su agonía terrible
~~==--..::!!!!!!!!~=~~~~ =i:._____d~ ~ ~ - -: :~ de ~unda_, que cr~~ó perder la Vida, ! s1 no
·
d
.
Y
perd16
en térmmosde
1
é
a estr pito e su cuerpo dernbado volTIPO DE UN RADJPUT,1. (De una fotografía.¡
im
¡ la vida perd10
• . d la
á cabeza
•
C .
1
1
vieron los suyos. y como le 4uisieran s0.
. peer e patricia o mmo ar1o en 1a una
meter á
1
•
•
, ,
,
Junto á la ~alda estatua de Pompeyo. Todad
que e curaran ·.cogió con las ~os manos los tranas mun6 sm haber lanzado una que¡a, quedando vía los republicanos reunieron fuerzas tales que hubo
1os extremos de _la herid~ que se hahia hecho con extático en la beatitud íntima é interior de quien ha menester el heredero de César una fuerza incalculable
ª espada en el vientre abierto, Y rasgándose las en · cumplido un deber sacratÍsimo, por cuyo cumplimien- y una batalla cruentísima para destruir los últimos res-

I

I

CUARTETO DE HAMBRIENTOS, cuadro de Julio Adam

�LA

660

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

'

NúMERO 5 _12

que del mosto, le encargó una jaula para su señora
- ¿Es usted anarquista?
y ésta un braguero para su marido.
- Como ustedes quieran.
Al encararse con el candidato otro sujeto apodado
- ¿Y qué es anarquía?
el Telégrafo, por lo altaricón que era, Raspalodos
- Que todos los pobres se conviertan en ricos.
quiso entender que le hacía señas misteriosas y con- ¿Y los ricos en pobres?
testó con un apretón, urgándole en la palma de la
- No, hombre, en millonarios.
mano, á lo que el otro replicó:
- Pues eso nos acomoda.
- ¡Macho!, no me haga usted eso, que soy muy
- ¿Usted será hombre de arraigo en alguna parte?
atentado á las eosquillas.
- Sí, allá bastante lejos.
- ¿No ha comprendido usted?
- ¿Y oficio?
-Ni jota.
- Varios: ingeniero, artista, crítico...
El candidato se llevó chasco. Creía _que era masón.
- ¿Y cuenta usted con elementos por aquí en
Por último, varios individuos juramentados por la
esto?
- Sí, con los cuatro... y con simpatías, porque el salud de su madre ó de sus hijos para votar lo que
primo de una cuñada de mi padre fué aquí Pro- dijeran Nicodemus, Gui1iapo y Pepino, coincidieron
motor fiscal el 76 y trabé relaciones con el alguacil en la idea de encargará Raspalodos una albarda para
del juzgado y con otros muchos sujetos no menos cada uno, y no faltó quien le consultara sobre la delicada salud de su bestia, pensando que no podía
dignos.
- Algo es algo. Pero el alguacil ese se llamaba menos de entender de veterinaria el presunto diputado de Valdezopenca. Dispuesto él á mimar al cuerpo
Marcoleta y murió.
electoral visitó á varios burros, tomó el pulso á una
- Por eso cuento ahora con ustedes.
- ¡Famoso!; pero ha de comprender usted que ya mujer embarazada y ofreció fundar un Asilo d&amp; la
Madrid, 13 de octubre de 1891. .
pasaron los tiempos en que los electores éramos Paz, destinado,á los que no supieran ó no quisi!ran
unos bobalicones; ~hora somos gente obstruída y no trabajar, y en caso, para descanso de la huelga.
Raspalodos intrigó con el gobernador de la proborregos de Panduro, dijo el secretario del muniEL CALDO GORDO
cipio, como lo prueba la estetución del suferagio uni- vincia para que hiciera la vista gorda dejándole colar
en la candidatura rr.inisterial. Entendió el gran mu¿Por dónde me presentaría yo si tuviera con qué versal.
- Vamos á cuentas, D. Serapio. ¿Conoce usted el ñidor que se trataba de un adicto, y apretando los
presentarme? ¿Por dónde saldría diputado? No soy
tornillos decidió la votación, antes de haber leído
mandamiento
de la carraca?
hombre de salidas, pero confieso que esta sería una
una hoja publicada á última hora, que decía así:
Comprendido.
salida con entradas. Presentarse ... ¿y por qué no?
- Pues ese es el que nos sabemos de corrido en
¿Ha de negárseme el derecho que á todo quisque se
«Electores:
concede? Yo me presento, tú te presentas, etc. Esto Valdezopenca. ¿Qué hará usted por el pueblo?
-Le
haré
...
de gastar distrito es cosa así como gastar gabán
»Los que propalan que he retirado mi candidatura
- Zudiaz, porque villa ya lo es Madriz.
de pieles ó gastar coche, que son ya de uso universal
por el distrito de Valdezopenca no me conocen.
Bueno.
como el sufragio.
»Soy hombre de convicciones arraigadas y todo se
- Hay que sacar el perdón de las contribuciones
La casa en que yo por casualidad vivo cuenta
lo debo á mi partido.
por
veinte
años
lo
menos.
media docena de candidatos á las próximas eleccio»Mis correligionarios saben hasta qué extremo
- Bueno.
nes. Piso principal, el hijo de un senador vitalicio
llevo
yo el cumplimiento de mis compromisos.
Que
no
se
metan
en
los
amillaramientos
por
si
que á título hereditario recibirá la representación
»¡Valdezopencanos!
Lucharé con mis pocas ó muhay
algo
oculto
ú
no.
que antes papá ostentó por el distrito de Serones,
chas
fuerzas,
y
no
dudo
de que con vosotros voy á la
-Bueno.
aunque hay duda si el chico será presentable, por·
- Que nos hagan dos carreteras de 30 kilogramos victoria y por consecuencia á la regeneración de este
que acaba de cumplir 17 años. Piso segundo, un abogado joven, pasante de un ministro, calidad con la Que no se venda la dehesa del Chorro perteneciente honrado pueblo.
»¡A las urnas! ¡A las urnas!»
que es seguro que el pasante pasará al banco de la á los propios ...
»S. Raspalodos.»
-Bueno.
obediencia. Cuarto tercero, un zurupeto de la Bolsa
Y
que
se
arregle
...
con ínfulas de agente, que tiene dinero largo é imGracias á la intriguilla de última hora y á la espe- ¿La iglesia? Se arreglará.
provisado y acaba de afiliarse á la política del día.
ranza
egoísta de los mandones del distrito que espe·
- No, el juego de bolos.
Cuarto cuarto y sin un cuarto, un servidor de usteraban explotar la amistad de Raspalodos y Chanclete,
Corriente,
Los
bolos
se
conservarán.
¿Y
qué
des, según mi tarjeta de presentación:
nuestro héroe venció por dos votos de mayoría al
más?
- Que quiten al alcalde y pongan á mi primo candidato republicano, celebrándose el suceso el día
del escrutinio con pasacalles, danzas, cohetes y coSenén Parranda, por apodo el Cloro.
- Que nombren á mi hijo Nolasco gobernador de miloJ'la, en la que el beneficiado tomó la palabra y no
SERAPIO RASPALODOS Y CIIANC LET E
la provincia, pues ya ha cumplido veinticinco años, la soltó en dos horas, primeramente para agradecer
como debía el ternero que se había sacrificado y entiene buenos puños y sabe tocar la vihuela.
gullido en su honor, y luego con florida frase, en la
- Convenido,
Caballero de Gracia, 65
- Todo esto hay que elevarlo á escritura, por si que las hipérboles atropellaban á las ideas, para
asegurar que desde aquel instante se consideraba
acaso.
hijo adoptivo de aquella población, padre de los
- Hombre, con mi palabra creo que basta.
- Bien; pero ya se sabe que corren por usted desvalidos al serlo de la patria, y hermano de los
Los otros dos candidatos son de puerta de calle:
dos industriales de la casa, almacenista de curtidos y los gastillos de la elección, dietas, cenas, almuerzos, electores, por los que sacrificaría con gusto sus debefabricante de corsés, que aspiran á la elección de piensos menores y caballerías con sus consecuencias. res, sus opiniones y si fuera preciso hasta la vida,
concejales por lo popular y nutritivo que les parece ¡Ah!, y que indulten á cinco asesinos de aquí que teniendo siempre abiertos los brazos y las puertas de
por haber muerto á un pastor están en Ceuta ino- su casa para todos los amigos, sin disti9ción de coel cargo.
lores.
Penetradas las inocentes pretensiones de Raspa- centes.
Llevóse á Raspalodos en hombros de la plebe vo- Todos cuantos crímenes haya en la provincia
lodos, hay que reconocer las circunstancias y conditante á la estación, recibiendo por despedida apreciones que reune para representar al país: primera, se indultarán. ¡No que no!
Con estos antecedentes, Raspalodos menudeó sus tujones, abrazos chillados y toda clase de caricias,
que vive sobre él; segunda, que nadie sabe de dónde viene ni adónde va; tercera, que tiene tupé bas- visitas á Valdezopenca, yendo casa por casa, corral besos substanciosos y tiernos del carbonero, del tripi·
tante para llegar donde llegue el más osado y deci- por corral, visitando á las notabilidades cerriles del callero y de dos viejas patriotas é influyentes, reso•
nando por último y cuando ya corría bufando la locodistrito,
dido vividor.
Otra de las principales era el tío Guiñapo, encen- motora estruendosos gritos de ¡viva don Serapio!
Raspalodos viste muy bien, aunque pague peor;
es lo que se llama en gringo un sportmán; habla el dido de color, tartajoso y en conjunto una sandía de ¡viva la soberanía de Valdezopenca!
Todo salió á pedir de boca y estómago para Rasespañol y el italiano, que aprendió cuando era can- Talavera con piernas, chaqueta y gorra de piel de
tante de afición; trata á todo el mundo de tú por tú conejo. Le encontró Raspalodos en el establo, reco- palodos. A sus atractivos personales, formas corteses
y es admitido y llevado en palmas en la sociedad giendo el estiércol para abonar una viña: el candida- y modales de gran señor, unía labia prodigiosa, verllamada de la g y la/, que no le pregunta quién es, to le encasquetó un discurso y acabó por abrazarle bosidad facilísima, capeo de frase abundante que broni dónde recibió la primera sal, ni si sabe tirar al con grande efusión, antes de saber que no contaba taba de sus labios como manantial de agua azucarada: contaba con el recurso supremo de la frase, mina
sable ó de la oreja á Jorge, bastando á la opinión· más que con tres votos.
pública saber que Serapio es persona muy agradable
Otro personaje, el Sr. Josefo, vulgo Pepino, co- tan explotada desde tiempos ciceronianos hasta los
y además de agradable periodista· reporter é indivi· merciante en embutidos de carne de caballo, recibió presentes; poseía el don de decir lo que quería, lo
duo de varios círculos y que ha hecho el amor (frase al pretendiente en la taberna de la Piroja, donde que podía serle útil y á veces p.erjudicial á los dehecha también) á marquesas y condesas con algún echaron unas copas de anís triple ó cuádruple, y don más; era, en suma, nuestr-o hombre un pájaro de gran
éxito.
Serapio se tambaleó en honor á su anfitrión, que pico, un charlatán dorado, un palabrero como hay
¿Pero quién le apoya? El partido de coalición in- quedó conforme en votar gratis, lo cual no harían tantos, tan exhaustos de inteligencia como ricos en
imágenes polícromas.
dividualista-regenerador-progresivo, como uno de todos.
Al defender su acta, que venía plagadita de protesRaspalodos, jolgorioso y derrochador de frase adusus fundadores.
Cazando un día en el monte de Valdezopenca ladora, fué corriendo estaciones de colegiados que le tas por los consabidos pucherazos, causó sensación.
le interrogó Nicodemus, el más osado de aquello; llevaran sufragios á las urnas. Conoció y se hizo ami- Sus jueces así que oyeron la música de sus excusas,
gacho de todos los socios del Círculo de la Curda, dijeron para sí: «Si éste no es el diputado legítimo,
caciqueE:
- Me han dicho que viene usted á cazar perdices entre los cuales distribuyó un mazo de cigarros pu- merece serlo,» y votaron la admisión.
D. Serapio juró, y no por vez primera, pues juray votos. ¿Es que va usted á presentarse?
ros, dándoles sus correspondientes golpecitos en el
hombro y ofreciéndose como amigo para sus asun- ba y perjuraba á menudo; cabildeó, tosió fuerte en las
- De eso trato. ¿Qué les parezco á ustedes?
secciones, fué nombrado para varias comisiones, char_tos particulares.
- Todo un caballero, y si nos entendemos...
El Presidente de la Curda que mangoneaba mu- loteó, intrigó, se hizo en-tout-cas de la política, colocó
Al siguiente Je interpelaron los más avanzados de
cho en el pueblo, •sin dejarse dominar de nadie más á todos sus parientes y se colocó á sí mismo en la
la cernicalería electoral:

tos de la libertad y fundar el Imperio. Todavía los he·
chizos de Cleopatra separaron del partido augustal á un
hombre' como Antonio, y se necesitó una batalla por
mar tan terrible como la batalla de Accio para establecer una institución de suyo tan difícil como la ins·
titución del cesarismo. Si Catón se hubiese con los
hijos de Pompeyo encontrado en Andalucía; si con
Bruto y Casio cuando el fin y término de César en
la Curia; si contra el dictador Augusto en la batalla
de Filippos, ¿qué hubiera sucedido? La historia muy
avaramente guarda secretos tales, y contentémonos
con saber lo que sucedió de veras, sin meternos en
averiguaciones de lo que hubiera sucedido de atravesarse tal ó cual caso. Lo cierto es que ante los restos
de un suicida indirecto como Parnell y los restos de
un suicida directo como Boulanger, todavía flota la
esperanza. La victoria tle Irlanda, muy próxima, hubiera consolado al uno, y quizás un sacrificio en la
guerra inminente rehabilitado al otro.
Dios es como el sol: aunque parezca que se va y
se pone, brilla en el cielo eternamente. Creedlo.

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LA GITANA, LA CHULA Y LA ARISTÓCRATA, dibujos de Llavera

�662
dirección general de Agricultura á título de conocedor del ramo como diputado rural.
Y los electores borraron con una nueva votación
la incompatibilidad, á pesar de que aún no había satisfecho los 2.500 duros que costó la primera elección,
pues habiendo firmado pagarés á seis meses, pidió la
renovación, que le fué concebida, porque D Serapio
era algo así como el idolillo de barro de los zopencanos, y éstos se sacrificaban por él con gusto siempre que tenían ocasión de ello.
Raspalodos y Chanclete aceptó esponjado una gran
cruz, la de Isabel la Católica, creada para premiar
servicios de Indias, y al paso que se colgaba la venera
y sacaba mucho el torso para que se le viera en día
de palaciega recepción, decía e n son de chunga: «Hemos convenido en que estas tiras de color de huevo
se han hecho para los americanos. Yo no soy indio
ni cosa que lo parezca. ni me he embarcado nunca.
ni sé bailar el tango. ¿Qué méritos tengo yo para usar
este pingo colgandero, digno ya de algún gran duque
de zarzuela? Eso de estar condecorado no es propio,
á estas alturas ó bajezas, más que de vividores hinchados ó de sapos vanidosos. _Las cintas en el ojal
las gastan fogoneros ferroviarios, las encomiendas
muñidores de diputados cuneros, las excelencias suj etos conocidos detrás del mostrador. Más fácil es
ya ser excelentísimo que excelente; el título mejor
que puede usarse por ·ser ya excepcional, es el de
incondecorado.»
De Valdezopenca recibía D . Serapio media do
cena de cartas diarias por otros tantos motivos que
daba dt ser felicitado. Cada pregunta, interrupción,
discurso ó réplica pronunciados por el parlamentan.
te, tenía su merecido en el aumento de correo Todos
sus electores que sabían escribir con hache venían á
decir lo mismo:
«Restamos hasombrados de la hadmirable horato
ria de V. E .. hasí cuando abla como cuando hestá
callado» Siguen las firmas.
A esta y otras ciento análogas dió igual contestación: la de arrojarlas al cesto. Nicodemus le escribió
más de veinte con el mismo éxito: para que mandara
á vuelta de correo, que no volvía nunca, cien kilos
de simientes y cinco ó seis mil pinos rollizos que hi
cieran frondoso aquel campo de secano; para que se
formara expediente sobre traída de aguas del Mar de
Antfgola ó de cualquiera otro; para saber cómo estábamos del nombramiento de gobernador de su hijo
Nolasco y de la colocación del Cloro, y para ... para
qué sé yo cuantas peticiones más Elector había que
se contentaba con el honor de que figurara su nombre como padrino de una robusta zopenca que le
babía dado su esposa, consultando al diputado sobre
la feliz idea que había tenido de ponerla en la pila
el nombre de Sufragia en recuerdo á las últimas
elecciones.
El secretario del ayuntamiento, que le había proporcionado más de treinta votos, se permitió escri•
birle encargándole para su señora la secretaria un
vestido de color verde Nilo, más que por lujo por
saber lo que es, porque aquí - añadía - no hay más
Nilo que uno, y ese no es verde, que es un mulero ya
maduro.
•
N icodemus, harto de esperar contestación de su
diputado, tomó el tren una mañanita fresca, dispuesto á refrescar su memoria y á pedirle cuentas de su
proceder.
Se sacude el polvo y en dos saltos llega á la nueva
casa d e Raspalodos, piso primero de una de las más
lucidas y céntricas de Madrid. Pregunta al portero
de librea verde y sombrero copudo con escarapela:
- ¿Vive aquí D. Serapio?
- ¿El director de? ...
- Sí, señor.
- No está.
Al otro día temprano:
- ¿Está el director. en casa?
- Sí, está en cama: no se levanta hasta tarde.
Al mediodía oye decir al portero:
- ¿Dónde va usted?
-A casa de mi diputado. Supongo que se habrá
leva0tado.
- Puede que sí, suba usted.
- ¿Subo colgao en ese cajón?
- No. El ascensor es para los señores.
- Gracias.
Y subió y llamó.
- ¿Por quién pregunta usted buen hombre?
- Por D. Serapio. ¿Está?
- Está, pero no recibe más que en la oficina.
- Creo que á mí me recibirá aunque esté en
calzoncillos. Dígale que está aquí su amigo Nicodemus.
- E l señor no tiene ningún amigo que se llame
así: no recibe: abur.
Y cerró de golpetazo el ventanillo.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Nicodemus, armado de paciencia, fué á las tres al
ministerio de Fomento y se encaró con un portero
rechoncho, cetrino y afeitado:
- ¿ Está el señor director de Agricultura?
- No está.
- Pues en su casa me han dicho que sí.
- Pues yo digo que no.
- ¿Y dónde estará?
- En el congreso, que es donde recibe.
A las cinco al congreso:
- ¿Quiere usted decir al Sr. de Raspalodos que
estoy a4uí?
- ¿Tiene usted una tarjeta para pasarle recado?
- No.las gasto.
- Pues sin tarjeta no puede verle.
- Hombre, dígale usted que está aquí Nicodemus.
- Yo no le digo ese mote. Venga la tarjeta.
- Pues hombre, dígale usted que está aquí un amigo de Valdezopenca.
- Su señoría no se trata con zopencos.
Y el portero, algo amoscado, le volvió la espalda
en señal de desprecio
Nicodemus apretó el puño de la mano derecha
como el que mal disimula la gana de machacar- unas
narices como las de aquel portero que parecía un
general, pero se contuvo, y á poco descansaba de su
inútil trajín de aquel día en la posada del Peine Así
pasaron cinco ó seis dedicados á la caza del diputado, yendo y viniendo de la casa al ministerio, del
ministerio al congreso, hasta que una noche. tras de
muchas vueltas dadas sobre el jergón, pensó resueltamente: «Mañana voy á la casa de D Serapio y le
he de ver, quiera que no quiera.» Así lo hizo á las
diez, á la una, con el resultado de siempre y después
de sufrir sofiones y genialidades características de
aquellos que eran todavía más zafios que el cacique
de Valdezopenca. Al anochecer se recostó á la puerta
de la casa del diputado, dispuesto á no moverse de
allí hasta que le atrapara.
- ¿Qué haces ahí?, le dijo con mal modo el portero.
- Esperar á D. Serapio.
- ¿Todavía no le has visto? ¡Valiente melón! Pues
hoy tampoco podrá ser, porque está muy ocupado
Da un banquete de treinta cubiertos á los del Veloz
y no puede ver á nadie.
Nicodemus calló poniendo en práctica aquello de
las comedias: «Hace que se va y vuelve.» Y cuando
·volvió, ya anochecido, aprovechando la ausencia del
portero, se ocultó en el cajón del ascensor y se quedó dormido.
Paró á poco un coche. Venía en él el mismísimo
D. Serapio, que al penetrar en el ascensor puso el
pie en un callo de Nicodemus, el cual soltó una interjección de las gordas.
Entonces Raspalodos, temiendo un golpe de mano
airada. gritó:
- ¡Animal!
Nicodemus sintió en seguida y en menos de un
minuto un chaparrón de insultos acompañados de
dos bastonazos en la cabeza que le atontaron, exclamando:
- ¡D Serapio, no sea usted bárbaro, que soy yo!
- ¿Quién es usted?
- ¡Nicodemus!
Raspalodos, que realmente era un bárbaro en eso
de manejar los puños, sacó de los cabezones al gran
elector, le arrojó en el portal, y cuando el otro le ten
día los brazos de amigo, S. E. voló en el ascensor,
diciendo al lacayo:
- Llevad ese hombre á la cuadra á que descanse,
Pasaron á Nicodemus al patio, sentándole en un
poyo que había á la puerta de la cochera. Dióle la
portera á beber agua de vinagre. y cuando el cacique
volvió e n sí palabreaba con voz balbuciente:
- Para que le votáramos nos ofreció los imposibles. Abrazó y besó á tos los electores, ocicó en el
establo de los cerdos. Nos dijo que éramos hermanos
se salió con la suya por mí, por. este cura, y ¡ya vis el
pago que me da! ... Val decir esto sufrió el pobre tío
Nicodemus un vahido, á la vez que un criado de frac
y corbata blanca bajaba de parte del señor con una
taza de caldo para aquel pobre hombre que estaría
desfallecido.
Nicodemus la recha zó
- ¡Tómala, bobo!, decía la portera compadecida.
¡Verás qué substancioso y qué rico está!
- Ya lo creo, añadió el lacayo.
Nicodemus accedió al fin á llevarse la taza á los
labios, y tras de dos sorbos, como si hiciera el papel
de galán silbado. espurreó estas frases:
- Bien me decía la parienta, allá en Valdezopenca.
El suferagio universal no sirve más que para que hagamos á cuatro tunos el caldo gordo.
FERNANDO MARTÍNEZ PEDROSA

NúMERO 512

LA

NúMERO 512

663

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

BARCELONA ARTÍSTICA
A medida que el descenso de temperatura nos
anuncia el comienzo de la estación otuñal, nuestra
ciudad va cobrando nueva vida y movimiento: anímanse los centros, aumenta la concurrencia en los
coliseos, y todos aquellos á quienes la fortuna ó la
necesidad les ha permitido ú obligado á permanecer
en el campo durante los estivales calores, reanudan
sus habituales ocupaciones Los artistas, al igual de
las aves de paso, regresan á sus cuarteles de invierno,
pertrechados con los apuntes y estudios producto de
sus t!xcursiones veraniegas, para converiir a'gunos de
ellos en cuadros ó en importantes elementos para
concebidas composiciones. El Centro Artístico de
la calle de Balmes antójasenos una colmena en la
que innumerables abejas elaboran constantemente:
tan reµle tos están tus departamentos y ocupados sus
estudios. Allí, Tamburini, el pintor ne11místico, según
uno de nuestros críticos, termina un cuadro de encargo, de asunto histórico. pues representa la llegada
á Barcelona del atrevido navegante genovés Cri~to•
bal Colón y en el acto de ofrecer á los Re&gt; es Católicos fehacientes testimonios de su grandes descubrimientos El borinqueño Cuchy hállase ocupado en
dar las últimas pinceladas á un gran lienzo que ha
de servir de techo á un establecimiento industrial
importante, y el granadino Guzmán, tan andaluz
como pintor meridional, termina varios lienzos, pues
siempre pinta varios á la vez, de tipos y costumbres
de aquel privilegiado país.
Ha inaugurado su segunda campaña Ramiro Lafuente, hijo del célebre historiador de España No
legará obras tan valiosas como las de su progenitor,
pero en cambio logrará fama de laborioso y fecundo.
Pinta por iricidencia, y sintiendo el arte no ha podido dedicarle todavía el merecido tributo. El elegante Riquer, el pintor de los pájaros y las flores, ha
traído un caudal de apuntes y algunos cuadros, que
si bien de distinto género que el que hasta ha poco
ha cultivado, acusan un progreso notable Sus estudios, en los que á pesar de la delicadeza de tonos y
de líneas se descubre la verdad del natural, rebosan
los límites de tales R obert, cuyos lienzos llevan impreso el sello del clasicismo y el recuerdo de la Ciudad Eterna, Pujo! y otros más, apréstanse á dar
muestras de su laboriosidad é intt'ligencia.
Román Ribera, el portaestandarte de la pintura
de género española, termina allá en su retirado y
elegante estudio de la calle de Lauria, que antes ocupara Riquer, un notable lienzo, lla mado á disputar
la atención y el interés de los aficionados. _En el ángulo de una suntuosa estancia flamenca, en la que
brillan y se destacan los esculturales muebles, tapices y cristales destácanse las figuras de cinco músicos, cuyos trajes determinan delicados y bien entendidos contrastes por los suaves tonos de las telas,
cuya calidad ha sabido expresar el artista con su reconocida maestría. En el centro del grupo y recibiendo los amortiguados rayos de luz que penetran á través de una vidriera de multiples y variados colores,
hállase una hermosa cantora, en cuyo rostro de simpática expresión se reflejan la blancura del papel de
música que en sus manos sostiene y los dorados
tonos de su amarillo corpiño de raso. Ácostumbrados nos tenía Ribera á admirar sus empeños de colorista, pero confesamos sin rebozo que su Concierto
nos embelesa y cautiva.
Otro liento notable, destinado á formar parte de
la galería de un opulento londonense, ofrece á Mas
y Fontdevila ancho campo para hacer gala de su
buen gusto y habilidad Otra procesión, tal vez más
importante que la que hace algunos años adquirió el
Estado y se halla en el Museo nacional, es la obra
en que imprime el sello de su genialidad y el de su
dominio del colorido.
Como recuerdo de sus excursiones veraniegas á
distintas regiones de la península preparan notas los
paisajistas, José Masriera, el fecundo Urgell, Marqués, Armet y el navarro Larraga.
Barrau, Vayreda, Baixeras, Roig Soler, Llimona,
Cusí, los dos Martí y Galofre pronto darán fe, por
medio de nuevos cuadros, de la actividad de sus
pinceles. Y ya que hemos citado el nomhre de Galo•
fre, se nos vienen á las mientes los triunfos que éste,
Cusachs, Barrau y otros más han logrado en las últimas Exposiciones de Berlín y de Munich, triunfos
que al honrar á los artistas honran también al arte
patrio
Anúnciase para las primeros días de noviemhre la
Exposición periódica que en el Salón Parés verifican
anualmente con sus obras los tres inseparables artistas, los pintores Casas y R.usiñol y el escultor Clarassó. Hemos tenido ocasión de examinar varias de
las obras que han de exponerse, y si bien algunas de

LOS l?A RLAM ENTOS DE EUROPA, - PALACIO DEL RIGSDAG, EN COPENHAGUE

ellas denuncian las cualidades que distinguen á estos
artistas para copiar el natural y esa observación asimilativa que da á sus lienzos la exactitud y verdad de
la fotografía, en cambio falta todavía en ellos ese algo
que distingue al artista, ya que no preside la concepción de asuntos ó modelos. Son estudios altamente
recomendables, los tonos y colores se hallan tan sobria
como hábilmente combinados; pero en ellos se descubre únicamente al pintor hábil é inteligente, mas
no al artista que concibe, discurre é interpreta. Casi
todos los lienzos han sido pintados en París.
Entre las varias figuritas caprichosamente modeladas por C larassó, dignas de servir de preciado adorno en aristocráticas viviendas, figurará en la Exposición á que nos referimos una estatua casi de tamaño
natural, perfectamente modelada, representando á un
rlown que con un latiguillo en la mano obliga á un
perro á exhibir sus habilidades. Un gran jarrón decorativo, exornado con numerosas y grotescas figuras de un antiguo dómine y sus discípulos, será en
unión de la estatua otra de las obras destinadas á
despertar interés por su recomendable ejecución é
intencionado humorismo.
A partir de la fecha en que cerró sus puertas el
Palacio de Bellas Artes, hase convertido la Galería
Parés en una segunda Exposición. Por su vasto salón
han pasado la mayor parte de los cuadros que figuraron en el último certamen, y el público ha podido admirar una vez más los preciosos cuadros de caballete
de Van Beers (que fueron causa de que dos artistas
de mérito olvidaran los amplios y elevados conceptos
del arte. oponiéndose á su instalación), los de género
y costumbres del valenciano Agrassot, los de asuntos militares de Cusachs y los de otros muchos distintos artistas que tanto contribuyeron por medio de
sus obras al buen éxito de la primera Exposición
general de Bellas' Artes celebrada en Barcelona bajo
los auspicios del Ayuntamiento.
Los escultores barceloneses no permanecen inactivos, y además de las obras que modelan ó esculpen
d ·:stinadas á embellecer nuestra ciudad, apréstanse á
tomar parte en el próximo concurso que ha de celebrarse en Madrid para elegir los modelos de las estatuas que han de decorar la fachada del palacio que
ha de albergar la Biblioteca Nacional. Que el Jurado
premiará algunas de las obras nos parece fuera de
toda duda, ya que además del mérito que las distin-

gue el solo nombre de los artistas es una garantía
del éxito. Y tal es as(, que las recientes inauguraciones de los monumentos erigidos á Jovellanos en Gijón y á Nicomedes Pastor Díaz en Vivero pregonan,
no sólo los triunfos de Fuxá y Campeny, si que también el notabilísimo desenvolvimiento que ha logrado
la escultura en Barcelona. A su calor desarróllanse
las industrias artísticas, y especialmente los talleres
de fundición de bronces gozan hoy de próspera vida.
En uno de ellos, cual es el de Federico Masriera y
Compañía, ejecútanse en estos momentos la estatua
del general Prim, destinada á la ciudad de Reus, la
colosal de Hernán Cortés para la patria del conquistador del Perú, otra al malogrado prócer D. Evaristo
Arnús y un grupo notabilísimo modelado en Alemania que ha de emplazarse en una de las plazas de
Nueva Y 0rk. Y cuenta que en un período de ocho
meses se han fundido: dos estatuas de D. Antonio
López, para Cádiz y Comillas; las de J ovellanos para
Gijón, el marqués de Pontejos y la del Padre Riquer
para Madrid, y la de Guarda para la Coruña.
Falta únicamente que las transformaciones que de·
terminarán las obras de la reforma de nuestra ciudad
y la próxima Exposición de Artes decorativas den
nuevo y poderoso impulso para que la escultura y la
pintura puedan manifestarse de modo tan completo
cual el que deseamos todos los amantes del verda·
dero arte.
·

A.

GARCÍA LL:\NSÓ

LOS PARLAMENTOS DE EUROPA (1)

XI
DINAMARCA

L0s reyes daneses fueron los penúltimos aatócratas
de Europa, y los soberanos de Rusia son los últimos.
El r¡ de mayo de 1814, un príncipe danés, gobernador de Noruega, fué nombrado rey de ésta y firmó
la Coastitución; pero el 4 de noviembre abdicó en
favor de Bernadotte y volvió á Dinamarca, cuy0 trono ocupó veinticinco años más tarde, gobernando
como autócrata hasta 1848 á pesar de las súplicas de
( 1)

Véanse los núms. 468 al 474, 476, 483 y 498.

su pueblo. El 5 de junio de 1849, su sucesor Federico VIII otorgaba por fin la constitución tan á menudo pedida, y que se ha cambiado muchas veces
desde aquella época. Al principio se aplicó solamente
á Dinamarca y á Islandia; después á Dinamarca y al
Slesvich, y más tarde á los países situados al Norte del
Eider.
La constitución actual, aplicable á la Dinamarca
propiamente dicha, fué promulgada por último el 28
de julio de 1866.
La forma de gobierno es una monarquía limitada.
El poder legislativo se ejerce á la vez por el rey, cuya
sanción es necesaria, y por el R igsdag, compuesto de
dos Cámaras: la primera se llama Landsthing y la segunda Folkething.
La primera Cámara se compone de sesenta y seis
individuos, doce de los cuales son nombrados por el
rey con el carácter de vitalicios, eligiéndose entre los
ciudadanos que hayan formado ya parte de las asambleas representativas. Los cincuenta y cuatro restantes se eligen por ocho años, por sufragio á dos grados
y por doce circunscripciones, á saber: siete por la ciudad de Copenhague, uno por la isla de Boruholm,
uno por el Parlamento de las islas Feroé y cuarenta y
cinco por los distritos electorales de las ciudades y
de la campiña. Se renuevan por mitad cada cuatro
años, y los más se eligen entre la nobleza, los burgueses notables y la alta administración.
La segunda Cámara se compone de ciento dos individuos elegidos directamente por tres años por 5U·
fragio universal; y como las tres cuartas partes de los
campesinos son electores, la mayoría del Folkething
está constituida por ellos.
El Parlamento ó Rigsdag se reune el primer lunes
del mes de octubre de cada año, en virtud de convocatoria del rey: la legislatura ordinaria no puede durar más de dos mes~s sin consentimiento del monarca.
El rey no abre jamás el Rigsdag en persona; de
ello se encarga el presidente del Consejo, y la ceremonia se efectúa sin aparato.
Los diputados; del R(~sdag reciben, además del
importe de sus gastos de viaje, una indemnización de
nueve pesetas diarias mientras dura la legistatura y
han de aceptar forzosamente este dinero.
Las dos Cámaras eligen cada cual..su. presidente,
vicepresidente y secretarios. El Folkething puede en-

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LA

NúMERO 412

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

causar á los ministros y enviarlos al Rigsral, tribunal es quien siempre, venciendo la opinión del Folke- salen del lápiz, ele la pluma ó del pincel de nuestro querido
colaborador Sr. Llovera. Sus figuras de mujer serán conven·
especial encargado de estatuir sobre la formación de thing, ha gastado millones para fortificar la ciudad de cionales, si se quiere, tendrán sus defect()S !¿qué obra del homcausa; pero el Landsthing nombra en su seno la mi- Copenhague, siendo así que la nación no lo quiere. bre no los tiene?¡; pero lo cierto es que alegran los ojos, que
seducen y cautivan y que ante la intensidad de la impresión
tad de los individuos que componen el .Rigsrat.
agradable que en el ánimo causan, el convencionalismo pasa
Las dos Cámaras tienen el derecho de exponer,
inadvertido y las faltas no se notan, ó si se notan se perdonan
proponer é informar. Las sesiones son públicas, y los
fácilmente en gracia á las muchas bellezas que con creces las
debates legislativos sé publican en un diario oficial
Desde el incendio del castillo de Christiansburgo compensan.
Ferviente admirador de cuanto á nuestra patria se refiere,
bajo la direccién del presidente y de los secretarios ( 1 886), las sesiones del Rigsdag se celebran en
de cada Cámara. Cuando hay lugar á proceder á elec- un antiguo cuartel, poco apropiado para este nuevo españoles puros son sus cuadros de costumbre, en los que con
preferencia trata asuntos de principios de este siglo, y españociones en el seno de las Cámaras, quince diputados destino, pero esa instalación no es más que provisio- las netas son sus mujeres. La mantilla, la peineta, el cabello
pueden pedir el escrutinio llamado de proporción: se nal Se está en vías de discutir si debe construirse dispuesto en flequillo y tufos, el pañuelo de Manila de pinta·
divide el número de sufragios por el de los candida- para el Rigsdag un nuevo palacio, ó si el Parlamen- das flores y largo fleco, las blondas, el zapatito de raso, los
tos que se han de elegir, y se toma el cociente por to se seunirá otra vez en el castillo de Christiansbur- acarminados labios rasgando una tez moren¡, los claveles blancos ó rojos destacándose en hermosa mancha sobre una cabebase de la operación electoral. Para ser elegido basta go, donde celebraba sus sesiones desde el 5 de junio llera negra, he aqui los elementos á que con predilección acuobtener el número de votos indicado por la cifra de de 1849; pero debe advertirse que los trabajos no de Llovera para sus geniales creaciones. Y no merece por ello
más que alabanza, ya que los componentes son de tal belleza
aquél, y así está representada la minoría en todas las han comenzado aún.
que Jo que con ellos se confeccione no puede menos de satisfacomisiones. Los proyectos de ley se someten á tres
X
cer á los más exigentes en materias de estética,. máxime cuanlecturas; y cuan'd o las dos Cámaras no pueden podo el artista que de ellos se vale posee exqu1stto gusto para
nerse de acuerdo, cada una de ellas nombra un núcombinarlos y soltura y espontaneidad notables para trasladarmero igual de individuos, que se reunen para redaclos al papel ó á la tela.
No se crea por lo dicho que Llovera sólo á la reproducción
NUESTROS GRABADOS
tar una proposición, so0re la cual resuelve cada Cáde chulas y manolas dedica su talento; también la btlleza y la
mara separada y definitivamente. El consentimiento
elegancia de la clase alta tienen en él distinguido intérprete, y
del monarca es necesario para dar fuerza de ley á los
Ensueño, busto en bronce de D. José Lli- buena prueba de ello es la aristócrata de nuestro grabado, digmona
(fundido
en
los
talleres
de
D.
Federico
Masriera
y
C.•
proyectos votados por el Parlamento.
na compañera, desde el punto de vista artístico, de las dos
- Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Bar- hembras de rompe y rasga que van en su compañia en el dibuEn caso de menor edad, de ausencia ó de enferme- celona
)-Hermano del pintor, ha logrado también, como él,
dad del rey, el Consejo de Estado se encarga provi- merecida fama por las varias obras notables que ha producido. jo que publicamos.
Los tres distintos tipos que en éste aparecen están reprosionalmente del gobierno, y debe convocar acto con- Aunque joven, ha sabido J osé Llimona, ee un periodo de tiem- ducidos con notable verdad, son. modelos de expresión y colotinuo el Rigsddg, para que, reunidas las Cámaras, re- po relativamente corto, dar fehacientes muestras de su talento rido y dan perfecta idea de los tres géneros de belleza que en
de las cualidades artísticas que posee. Alto, algo enjuto, casi nuestra patria sobresalen.
suelvan de qué modo se ejercerá el poder hasta que el ybarbilampiño,
muy semejante á su hermano en las condiciones
rey se halle en estado de encargarse del gobierno. de carácter, no es fácil suponer ni adivinar en él las galanas
Si no hay ningún sucesor al trono, el Rigsdag elige producciones de su ingenio. Llimona siente el arte, y por ende
•••
soberano, regulando el nuevo orden de sucesión. todas sus obras, ya se inspiren en los cuadros que determinan
En el arriate, cuadro de Simoni.- Son tantos los
Cuando las dos Cámaras se hallan así reunidas, es los afectos mis puros ó los ideales más elevados, denuncian
ingenio, sentimiento, delicadeza y precisa ejecución.
cuadros que reproducen á las mujeres de Oriente en la azotea,
preciso, para que puedan deliberar con validez, que
La escultura que reproducimos es una donosa prueba de sus ó en el arriate, ó en la terraza, que casi parecen indicar ser ésestén presentes y tomen parte en la votación cuando aptitudes, digna de figurar en el Museo municipal de Bellas ta la única distracción de aquellas infelices á quienes una cos •
menos la mitad de los individuos de cada Cámara. Artes de nuestra ciudad, adonde ha sido dP.stinada con buen tumbre y una religión incomprensibles en nuestros tiempos imEl Rigsdag nombra de por sí su presidente y estable- acuerdo. En ella hállase impreso el sello de ese algo siempre ponen poco menos que una absoluta y perpetua clausura. L as
grande y noble, que sólo puede informar á las verdaderas ma- mujeres del lienzo de Simoni llevan retratados en sus sem•
ce su reglamento.
nifestaciones del arte.
blantes los efectos de su monótona existencia, tanto más tristes
Los individuos del Folkethmg se nombran por suEl proyecto del monumento al héroe de los Castillejos, ge- cuanto más risueña y alegre se ofrece, en bellisimo contraste,
neral Prim, que presentó Llimona en el concurso celebrado la naturaleza que á su alrededor se descubre ostentando las
fragio universal sin ninguna condición de censo.
Los del Landsthing se eligen por sufragio á dos en la ciudad de Reus, patria del caudillo y en donde debe eri• hermosas galas que el sol de aquellos climas hace brotar de
girse, es la obra más completa de este artista y en la que se da
grados, y en virtud de una ley bastante complicada. á conocer por entero Si el Jura:lo pospuso su obra á la de su seno.
Simoni es uno de los más célebres pintores italianos, y se ha
Hay dos categorías de electores del primer grado: Puiggener, casi igual á la que posee ya Barcelona, la general dedicado con igual éxito á todos los géneros, histórico, de paiunos que tienen derecho de votación para el Folke- protesta del pueblo de Reus, quizás con mejor sentido artísti- saje, de costumbres modernas y oriental, si bien parece mostrar
thing y otros electores contribuyentes. Del mismo co que los por él escogidos para ilustrarle, debe satisfacer su por este último especial predilección. En la Exposición Uniamor propio y servirle de recompensa :í sus esfuerzos.
versal de París expuso un cuadro de grandes dimensiones,
modo, para los electores de segundo grado, unos son
Thais aconsejando á Alejandro llfagno el incendio de Perslpolis,
producto de la elección del primero y los otros elec**
que excitó la admiración de cuantos visitaron en aquel enti&gt;n·
*
tores inmediatos, no elegidos, que se escogen entre
ces la capital de Francia.
Tipo de un radjputa (de una fotografía.) - Los radjpulos electores rurales que paguen más contribución:
tas son, un~ de la_s naci,ones m~s belicosas de la India y de las
*
solamente la ciudad de Copenbague nombra sus di- que mas y1va res1stenc1a ?pusieron á la Compañfa de Indias;
••
putados sin el concurso de los electores de esta últi- poco aficionados á la agncultura y al comercio, dedícanse con
La antesala de un ministro, cuadro de don
ma categoría.
predilección á las armas, figurando hoy en dfa entre el número Luis Jiménez Aranda. - Dentro del género á que per•
d
los
mejores
soldados
del
ejército
anglo-indio;
no
son
bellos
Son electores al Folkethmg todos los daneses de 7
tenece, en el que tanto se distinguió Luis Jiménf!z hace algutreinta años de edad, con residencia de un año y que m mucho menos, y de ello podemos convencernos con sólo nos años y que con tanto lucimiento también cultiva todavía
mirar al que reproducimos, y el abuso del opio es causa de que su hermano D. José, es La antesala de ttn ministro una de sus
tengan la libre disposición de sus bienes. Para tener sean muy poco inteligentes. Su orgullo es desmedido y á él se más notables composiciones. Aparte de sus cualidades pictóriel carácter de elegible es preciso ser danés, haber debe el nombre que llevan y que significa descendientes de reyes· cas, revélase en el lienzo el profundo estudio de la época que
cumplido veintiséis años y no hallarse en ninguno de aquí el cuidarlo especial que ponen en la cuestión de matl ha tratado de representar, habiendo logrado tan cumplidamende los casos de incapacidad que el electorado deter- monios, tallto más, cuanto que un enlace desigual priva de todo te su propósito, que qu:en examine el lienzo puede creerse
derecho de herencia á los hijos de él nacidos, y de aqui tamá la vasta antecámara de uno de aquellos famosos
mina Dinamarca se divide en ciento dos circunscrip- bién la horrible costumbre del infanticidio, que tanto ha costa- transportado
ministros ó secretarios de Felipe V ó Carlos Ill, en cuyas maciones, con unas diez y seis mil almas en cada una: do á los ingleses destruir.
nos se hallaba la dirección y el destino de nuestra patria Los
cada circunscripción elige un diputado.
varios y distinguidos grupos de pretendientes ó cortesanos que
*
esperan impacientes las gracias ó favores del ministro, ó los que
Hemos dicho que para el Landsthing hay eleccio••
como el anciano soldado y su joven y bella acompañante, que
nes á dos grados. Los electores del primero son de
Cuarteto de hambrientos, cuadro de Julio se destacan en el centro del vasto salón, llevan impresa en
dos especies: electores primarios simplemente (elec- Adam. - ¡ Pobres gatitos! Como todas ~as mañanas, acudieron sus rostros y actitud la decepción que acaban de recibir con la
tores al Folkething), y los primarios contribuyentes; al lebrillo donde su cuidadosa ama les tenfa dispue~to el sucu- pérdida de sus forjadas ilusiones, hállanse trazados con singuestos últimos no existen sino en Copenhague y en lento desayuno; pero séase por olvido de aquélla, séase que el lar maestría, tanto considerados en su forma plástica como en
envidioso perro, habiendo madrugado más que de costumbre
concepto psicológico que revelan en los contrastes que
las ciudades. En Copenhague se ha de estar inscrito tuvo á bien almorzarse lo que á ellos estaba destinado, es el el
ofrecen.
como poseedor de una renta de 5 . 600 pesetas por lo caso que los Micifufes se encuentran vacío el plato, con cuyo
Luis Jiménez figura dignamente en el número de esos artismenos, y en las demás ciudades se debe disfrutar de contenido pensaban llenar su no menos vacío estómago He tas que honran á España, ya que á sus excepcionales aptitudes
la misma ó satisfacer una contribución directa de 210 aquí_ la cau~a d~ sus lamentos, de sus caras de sorpre~a y an- para el arte que cultiva reune la de poseer clarísimo ingenio y
gustia que 1mpnmen al cuadro de Adam un carácter cómico á laboriosidad.
pesetas.
pesar de que la situación no puede ser más dramática, para los
Estos electores primarios simplemente ó primarios gatos, se entiende.
*••
Julio ,!\dam es hijo del célebre pintor de batallas Alberto
contribuyentes son los que, reuniéndose en colegios
dis~intos, nombran los electores del segundo grado. Adam, y hermano de los no menos célebres Francisco, Benno
La nma de la silla, escultura de D. V enany Eugenio; procede, pues, de buena cepa. En sus mocedades
Para ser elegible para el Landsthing se han de lle- casi en su infancia, empezó á trabajar en el taller de su padre: cio Vallmitjana (de fotografía dirtcta de D Juan Martí.}
- La historia artística de este distinguido escultor es una connar las mismas condiciones que para la elegibilidad ayudando á éste especialmeete en sus labores fotográficas, y al tinuada serie de triunfos. Su nombre, digno de respeto en el
en el Folkething.
poco tiempo marchóse á la América del Sur, en donde foto- mundo del arte, lleva consigo el concepto de la maestría, del
La constitución dice que el ministerio debe dimi- ~rafian~o p_aisajes conquistóse u~a posición desahogada; pero gusto y del sentimiento. Nacido al calor del renacimiento paa los seis anos regresó á su patna, llevado del deseo de satistir cuando no tiene mayoría en las dos Cámaras; pero facer sus instintos y aspiraciones artísticos que no se avenían trio, ha sido uno de sus más laboriosos é inteligentes campeodebiendo á su ingenio, á sus raras cualidailes y á su prodesde hace algunos años, el partido liberal, habiendo bien con la profesión de fotógrafo. Ya en Munich comenzó á nes,
pio esfuerzo la envirliable fama que ha logrado alcanzar, La
progresado rápidamente, ha pedido que esta dimisión estudiar con el profesor Echter Antike y entró luego en la mayoría de los que hoy se titulan sus compañeros fueron ayer
se dé cuando el ministerio no tenga la mayoría en el Academia asistiendo á las clase~ ele Dietz. De aquella época sus discípulos, siendo de notar que todos reconocen en Vallsus grandes cuadros Danza de mayo en la Edad media, mitjana la superioridad indiscutible, á que le dan derecho los
Folkething, es decir, en la Cámara directamente ele- datan
Idilio, Niños cogiendo frambuesas y varios retratos; mas un día largos años de penosa labor y el. testimonio fehaciente del mégida por el pueblo. Sin embargo, Mr. Estrup, presi- tuvo e l capricho de trasladar al lienzo las figuras de dos gatirito de sus obras. Prolijo seria enumerarlas: hastará consignar
dente del Consejo desde 1885, no hace caso alguno tos que posefa, y remitido el cuadro á América, causó allí tan que algunas de ellas sirven de preciado adorno de regios
de las voluntades de los liberales, y de quince años buena impresión que sobre Adam llovieron encargos y más en- salones y de complemento ti embellecimiento de nuestra
cargos, hasta que un americano tratante en cuadros fi rmó con ciudad.
á ~sta parte gobierna contra la mayoría del Folke- él
un contrato por el cual el artista se obligó por un plazo de
thzng, apoyándose en el Landsthing, que es conserva- muchos años á no pintar más que para aquel comerciante.
dor y ministerial He aquí por qué la lucha es consJulio Adam cuenta en la actualidad treinta y nueve años y
su nombre figura entre los artistas alemanes de primera fila,
tante entre M. Estrup y el partido liberal.
RANDES ALMACENES DEL PRINTEMPS,
habiendo alcanzado grandes éxitos en las exposiciones internaDE PARÍS.•Véase el anuncio en la sección correspondiente.
Se rechazan cuantos proyectos de ley propone, cionales
que anualmente se celebran en Munich.
rehúsase votar el presupuesto; pero todo es inúlil,
porque M. Estrup ha conseguido obtener la real fir•*•
ma para leyes provisionales que se perpetúan. Ese
JABON REAL
JABON
gitana, la chula y la aristócrata, dibujos
ministro es quien á pesar del Folkething ha organiza- deLa
HR I DACE
VELOUTI NE
Llavera. - Pocos artistas han logrado crear tipos de bedo una gendarmería que se juzga inúlil y costosa; él lleza femenina más simpáticos y más popularizados que los que &amp;eGOm011Jl'101 por autori(&amp;4oa me4l&amp;&amp;a pal&amp; la Bi¡t111t 41 ll Pitl 1 1111111 (el ColOI

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LA

NúMERO 512

667

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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POR M. JULIO CLARETIE (DE LA ACADEMIAFRA!\C ESA) . ~ ILUSEACIONES DE JU.I N BERAUD

(CONTINUACIÓN)

Por lo demás, aquel espectáculo le produjo, como la representación de los

brados ya con luz artificial, en donde se distinguían confusamente enaguas al-

Huuonotes en Burdeos, algo de jaqueca. Volvió al hotel y contempló melancó- midonadas y trajes de teatro. El notario sintió no tener á mano sus gemelos
lica~ente el mostrador de cristales que en otro tiempo servia de trono á la
apetitosa señora Chardonet, y en donde ahora se ocupaba en poner en orden
el libro de entradas y salidas de la fonda una mujer pequeña, flaca, de aspecto

para hacerse cargo con toda claridad de aquellos pelendengues escénicos de
variados colores.
Hacía calor, ese calor pesado de fines de verano. M Thomas~iére comió al
lado de la ventana abierta. Abajo comenzaba á engrosar la multitud de espectadores que iban llegando. Algunos coches descargaban su pasaje á la puerta,
y los vendedores gritaban:

«;El Entreacto/ ¡El Entreacto!»
O bien:
«El programa de la función y la distribución completa de ¡Quítate, que yo me

ponga/»
¡Quítate, que yo me ponga/ era el título de la revista que iba á represent~rs~.

) '

Darthenay

ordinario y lleno de granos, y se acostó rendido de fatiga. Cuando á la mañana
siguiente se levantó tuvo tentaciones de irá sorprenderá su hijo en su domicilio, en la calle de la Fontaine Saint-Georges, y darle los buenos días espetándole la fi ípica que tenía preparada
- ¿Has medido, desgraciado, la profundidad?...
El exordio le retozaba en los lab ios y rabiaba por soltarle. Pero se resignó á
esperar al día siguiente; antes quería conocer adversario qye se interponía
entre su hijo y la autoridad paterna: quería estudiará Gahrí.
Empleó todo el día eA vagar por Parfs, algo excitado. En medio del tumulto
de a•¡uellas calles, sólo reconocía los antiguos monumentos que no hahían
camhiarlo de sitio: la Magdalena, la plaza de la Concordia, el teatro de Variedades; pero el lujo de las nuevas tiendas, las modas femeninas. el ruido de los
corhe,; en una palahra todo lo que constituía la esencia del París moderno le
turbaba y admiraba al mismo tiempo, causándole no poca sorpresa todas las
seducciones con que la ciudad le brindaha Ciertamente, aquello era una Babilonia: iba y venía por las calles de Babilonia, pero Babilonia resultaba una capital muy curiosa y muy divertida, y sobre todo ¡tan cambiada desde que él la
viern por última vez!
M. Thomassiére, erguido como una garza real, recorría á fuer de huen cazador las calles de París, sin cansarse, como si persiguiera una bandada de perdicf's
Por la tarde buscó en los alrededores del teatro del Palais Royal un restaurant donde comer: precisamente había uno enfrente del coliseo.
El camarero le dijo cuando le llevó la lista:
- Esta ventana da á los cuartos de las actrices .
M. Thomassiére se asomó á la ventana.
Al otro lado de la calle, que era muy estrecha, vió en efecto cuartos alum-

ª!

Los ocho autores de esta aristofanada habían tratado, según decía un penód1co, de hacer alusiones políticas, y la obra estuvo detenida algunos días en la
censu ra.
M. Thomassiére ignoraba estas cosas, y no se cuidó de comprender el título,
que parecióle un poco raro, pero filosófico; sí, filosófico ... Los hombres no h~cen más que repetir toda la vida lo que tan curiosamente indicab~ el anun_c10
del Darwin en el caló de París. Pero el notario no conocía á Darwin. En SamtAlvere leía el Atila y Pertarita de Corneille, y- muchas veces habíase dicho:
«Si alguna vez voy á París no dejaré de ver Pertarita; debe ser un hermoso espectáculo.» Y sin embargo, iba á ver representar , Quítate, que yo nu ponga!
Pero no era por la ohra por lo que iba al teatro, sino por la Comadre, la
Educación laica, Gabriela Vernier, la señorita Gabrí.
He aquí lo que le preocupaba. ¡Y cuando pensaba que ésta estaría probablemente en alguno de aquellos vestuarios que veía enfrente ... quizá se estaba
vistiendo en aquel momento, allí, á algunos pasos de él, al otro lado de la calle
de Montpensier, y tal vez la apretaba el corsé el imbécil de Teodoro!... ¡Tendría
que ver que la primera persona que se encontrara al entrar en el teatro fuese
ese mismo imbécil de Teodoro! Si esto llegara á suceder, allf, delante de todo
el mundo, le diría: «¿Has medido, desgraciado, la profundidad del abismo?» ...
¡Y ya verían, ya verían la cara que pondría entonces su hijo!
.
Entretanto M. Thomassiére deshojaba unas alcachofas en salsa, y miraba
de vez en cuando las ventanas entornadas de los cuartos de las actrices, que en
la obscuridad de la pared frontera destacaban ráfagas luminosas.
Se estaban vistiendo Un cuartito tapizado de tela clara de Persia llamó particularmente la atención del notario, porque estaba geométricamente situado
enfrente de su rayo visual. Una joven, que debía ser muy linda á juzgar por su
elegante talle, acababa de entrar en el cuarto, y en aquel momento se quitaba
su sombrero de paja, adornado con un enorme pájaro, alargándosele á otra mujer ya de edad. M Thomassiére, absorto, dejó en el plato las hojas de las alcachofas y se puso á mirar Los movimientos de aquella joven eran sumamente
graciosos al comenzará vestirse el traje del personaje que debía representar en
la revista. Había ya dejado caer sus cabellos, que se esparcieron por sus hombros como un manantial de oro líquido Luego quitóse el cuello y los puños y
comenzó á desabrocharse el corsé. A M. Thomassiére le pareció todo aquello
imprevisto.. pero encantador ...
- ¿Ha acahado el señor?, dijo el camarero tomando el plato de las alcachofas. ¿Qué postres traigo?... ¡Ah! ¡El señor mira á los cuartos de enfrente! Cuan•
do hay que ver eso es por la canícula. ¡Qué cosas vemos! ... Son nuestros gajes.
M Thomassiére no le prestaba atención, miraba á la actriz y como en una
rápida visión percibió sólo un momerito, ¡ah!, sólo un momento por desgracia,
un vestido que caía á los pies de la joven, una camisa dejando desnudos los brazos y hombros ... Pero la blancura de aquellos brazos, de aquel cuello, de aque•
llos hombros, estos esplendores de la desnudez apenas vistos, se desvanecieron
porque á una señal de la joven la vieja camarera corrió precipitadamente las
cortinas encarnadas de la ventana, que lo ocultaron todo al modo que el telón
del teatro oculta un cuadro de apoteosis.
¡Ah! Todo había acabado en un instante. Y M. Thomassiére, que había experimentado la sensación de un sueño inquietante, pero exquisito, hallóse en la
realidarl de una fonda y delante de un camarero que le preguntaba gravemente:
- ¿Chéster, Camembert, Pont-l'Eveque ó Roquefort?
- Cualquiera, me es igual.
Y siguió mirando á la ventana cubierta con las cortinas encarnadas, detrás
de las que aún se imaginaba aquella estatua de blanca epidermis y de largos
cabellos de oro apenas entrevistos.
¡Si fuera la señorita Gabriela .. . Gabrí!
Si era ella tenía unos hermosos cabellos la tal Gabrí. ¡Ah, Babilonia!
Fué preciso que el camarero le dijera: «El señor no va á ver comenzar la
pieza, y las primeras escenas son muy graciosas, sobre todo la de la señorita
Desvignes,» para que M. Thomassiére, algo hipnotizado por el respland&lt;;¡r que
se filtraba por entre las cortinas encarnadas, se decidiera á levantarse de la
mesa y bajar á la calle de Montpensier.
Había andado y visto tanto desde por la mañana, que no pensó en mirar el

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LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 512

Este «ya era tiempo» hizo caer al notario en que había aplaudido. Sí, sí, él,
Thomassiére, que había venido expresamente del Perigueux para arrancar á Teodoro de las redes de Gabri aplaudía á Gabrf, maquinalmente, instintivamente,
sin darse cuenta de la enormidad de su imprudencia. ¡Aplaudir á la tal Gabrí!
Seguramente había perdido la cabeza. ¿Estaba loco? No; ¡pero era tan bonita,
tan bonita! Además todos sus vecinos estaban tan entusiasmados, que influyeron en el notario: cuestión de magnetismo.
Pero verdaderamente M. Thomassiére sólo sufría la influencia de la joven
que se exhibía en el tablado en todo el esplendor de su belleza, y experimentaba al verla una sensación complexa, mezcla de cólera contra Teodoro por su
falta y mezcla de circunstancias atenuantes, y tan pronto se sentía inclinado á
perdonarle su debilidad por tan linda criatura, como experimentaba hacia el
III
muchacho una especie de envidia st&gt;rda é inconsciente, y entretanto ThomasLa revista de fin de año atraía á los aficionados de siempre, críticos, gomo- siére aplaudía á Gahrí violentamente hasta romperse las manos, y habiendo la
sos, clubmen. bolsistas, la crema de los círculos y la alta marea y contramarea Educación laica dicho un chiste, el pobre notario, á quien el chiste importaba
de todo París. M. Thomassiére, con su agudo perfil y su levita de corte algo mucho menos que la graciosa sonrisa de la que lo decía, púsose á aplaudir tan
provincial, producía entre· los fracs negros y corbatas blancas un bizarro con- fuerte que un caballero que estaba dos filas más adelante volvióse encolerizado,
traste. Pero nadie reparaba en él ni él miraba á nadie, ocupado como estaba gritando muy alto:
en examinar aquella pequeña sala, restaurada y dorada de nuevo, que le pare«i Fuera la claque!»
¿La claque7 ¡Oh! Se veía que no le gustaba á aquel caballero la señorita Gacía aún más brillante que la del gran teatro de Burdeos.
Esperaba con impaciencia á que se levantara el telón, y cuando estando éste brí ... ¡Qué falta de sentido común! Quizá protegía á alguna émula de la señoaún corrido se presentó en el proscenio un hombre grueso, sonriente y familiar, rita Vernier aquel impertinente que interrumpía para decir: «¡Fuera la claque!»
Pero la sorpresa de M. Thomassiére fué todavía mayor cuando su vecino, el
que dirigiéndose al público empezó á decir chistes y más chistes, el vecino de
que antes le había tocado con el codo, le dijo al oído en tono contrariado:
butaca del notario le tocó con el codo, diciéndole:
- Es Darthenay, aplaudidle.
- No seáis imprudente, vais á enterrar la obra.
El pobre Thomassiére ignoraba que se hallaba rodeado de alabarderos, y
M . Thomassiére notó, en efecto, que en torno suyo aplaudían mucho. Todos
los que estaban cerca chocaban las palmas como un solo hombre. El aplaudió exclamó:
también. Darthenay, que hada el papel de director del teatro, transformado en
- ¿Qué es eso de enterrar7
- ¡Vaya! No sea usted idiota; espere á que yo marque el aplauso.
Compadre, anunció al público que M. Dumas y M. Gounod se habían comproEl notario sintió subirse la sangre á la cabeza. ¡Hacía el idiota/ ¡Le habían
metido á escribir la revista del Palais Royal, y que no habiendo cumplido su
palabra, la Empresa habíase dirigido á los señores Pedro, Pablo y Santiago, es- llamado idiota/ Durante un momento tuvo intención de levantarse y abofetear
critores simbolistas y decadentes, cuyo celo, aunque se les pilló despreveni- á aquel insolente en pleno teatro, pero se contuvo. Parecióle que la Educación
dos, se confirmaba de una manera sorprendente. Se rogaba, pues, al público laica le miraba con expresión de clemencia, como si le suplicara que se tranquique aceptara la prosa de estos bisoños en reemplazo de las escenas que espera- lizase, y no se equivocaba tal vez al suponer que aquélla le decía por encima
ba de aquellos dos ilustres maestros veteranos. De aquí el título: ¡Quítate, que de las candilejas:
yo me ponga/
«Me habéis comprendido yyo á vos. Tened calma; esos dos hombres son un
Este anuncio, que M. Thomassiére no halló nada cómico, hizo prorrumpir par de patanes.»
en carcajadas á la sala, y una mujer extraña, de risa gutural que salía de una
El acto terminaba con un couplet, acompañado de un paso de baile que la
boca demasiado rasgada, lanzó desde un proscenio un sonoro ¡bravo/ Era, se- señorita Vernier indudablemente había aprendido en el otro lado del Sena en
gún parece, Mlle. Desvignes.
algún conservatorio coreográfico del barrio latino. Los vecinos del notario no
Parecióle al notario que aquellas gentes tan alegres tenían algo de iniciados, aplaudían, casi aullaban, para pedir que se levantara el telón, ya corrido; y
que se divertían fácilmente con chistes que él no comprendía bien.
cuando se levantó, Thomassiére vió, como en una especie de apoteosis, entre
- Debe ser muy gracioso, pensaba, puesto que tanto hace reir.
los trajes pintorescos de las figurantas y las masas de comparsas y el frac negro
Empezóse la revista Levantóse el telón. M. Thomassiére vió una plaza pú- del Queso y las faldas cortas de las mujeres que representaban la luz eléctrica ó
blica, como en una obra de Moliére, por donde desfilaban personajes singulares, el teléfono ó el adoquinado, la carne blanca orlada de negro de aquella figura
absolutamente incomprensibles para el notario del Perigueux: mujeres vestidas de Rubens viviente que personificaba á la Educación laica, admirándola y decon trajes absurdos que sepresentaban periódicos 6 sellos de correo; una cuan- vorándola con los ojos.
do la preguntaban, contestaba: «Soy las aguas del Dhuys;» otra: «Soy la nueva
Luego todo desapareció otra vez: telón corrido, visión desvanecida; pero en
Casa de Correos,» y cada respuesta excitaba la hilaridad. La señora del pros- el último saludo con que Gabrí se despidió del público, parecióle al notario
cenio, Mlle. Desvignes, desapareció de la sala después de haber cantado ines- que le había hecho una seña especial. Levantóse de la butaca calenturie~t?, y
peradamente un couplt!, y su retirada fué celebrada con grandes carcajadas. cuando iba á marcharse, su vecino, el hombre de los codazos, le detuvo d1c1énM. Thomassiére se preguntaba si era él un solemne animal ó si los parisienses dole brutalmente:
hablaban un lenguaje especial que no comprendía, mucho más cuando vió que
- ¡Cuidadito con meter la pata en la tercera pieza!
·
todo el teatro prorrumpía en una carcajada cuando se presentó en escena un
Esta vez Thomassiére sintió comezón de agarrotarle con los'dedos, con aqueseñor con frac negro, corbata blanca y un sombrero de muelles debajo del bra- llos dedos que en otro tiempo nunca soltal:fan la presa, y que lo mismo empuzo, que contestó á otro que le preguntaba quién era: «Yo, caballero, soy el ñaban la escopeta para cazar que el florete para batirse con cualquier oficiaQueso.»
lillo.
Y el caballero del frac negro hada un gesto que equivalía á decir: «¿No lo
Asió por los botones de la levita á su desagradable vecino, que quedóse ad·
ve usted?&gt;
mirado, y le preguntó:
El notario comenzó á dudar de su sentido común, mientras que aquel señor
- ¿Quiere usted explicarme por qué se mezcla en mis acciones?
tan correcto, que precisamente parecía al subprefecto de Bergerac, canturriaba
El vecino cada vez más sorprendido, contestó:
sentimentalmente la siguiente quisicosa:
- ¿Cómo' por qué me mezclo? Me mezclo en lo que me importa. ¿Cuápdo
se ha visto que un alabardero aplauda antes de indicárselo el jefe de la claque7
No me parece un exceso
- ¿Un a/abardero7 ¿El jefe de la claque7
Decir que el amor más fino
M.
Thomassiére cayó de su burro, como suele decirse.
Nada fuera, sin el vino
- Es usted capaz de enterrar la mejor obra, y ciertamente no está usted aquí
Ayudado por el quern.
para/orzar aplausos, repuso el jefe.
- De modo, balbució el notario humillado, ¿que no estoy aquí como especM. Thomassiére, cada vez más admirado, oyó á uno de sus vecinos decir en
voz alta:
tador sino como alabardero7
- ¡Es para morirse de risa!
- ¡Miren el inocente!
Y luego repuso, dirigiéndose al notario con un tono casi encolerizado:
- Sin embargo, he pagado veinte francos por ...
- ¿Qué es esto? ¿Qué hacéis aquí? ¿Cómo no os desternilláis de risa?
El contratista de éxitos le interrumpió encogiéndose de hombros y diciendo:
- ¿Y qué son veinte francos para una primera representación cuando se han
Debía ser pariente del autor ó del actor que se parecía al subprefecto.
Por lo demás, todas estas cosas no eran sino bagatelas para M. Thomassiére. vendido localidades en más de cien, amiguito mío?
Lo que esperaba, lo que le interesaba, era la presentación de la señorita Ver- ¡Amiguito mío!
nier: acechaba la salida de la Educación laica con la misma impaciencia que
M. Thomassiére, petrificado, experimentaba el amargo sentimiento de una
cuando cazaba en Saint-Alvere el vuelo de una bandada de perdices. Gabriela vaga degradación: ¡había aplaudido como alabardero, había pagado veinte franVernier no debía tardar en salir á escena. En efecto, un crescendo de la orques- cos para ser llamado idiota y amiguito por un j efe de claque/ Sentía la absoluta
ta anunció de repente el principio de la Educación laica.
necesidad de respirar el aire libre á la luz de las estrellas.
Una joven alta, rubia, vestida con traje negro, llevando el birrete de profesor
Al salir quiso pedir más explicaciones á su vecino; pero el jefe de alabarderos,
de medio lado sobre su dorada crencha, guantes negros que la subían hasta el sujefe, le dijo por lo bajo:
codo y que hacían resaltar la blancura de la epidermis, á la que el reflejo de las
- Cállese usted; esto es escandaloso; se oye en todo el teatro y es de mal
luces de gas daba tintas nacaradas; alegre, bien plantada, el talle largo, esbel- efecto.
to, espléndido; posando los pies en las tablas con aplomo triunfal, con aire piNo había más que obedecer, callarse, evitar el escándalo. Pero por nada en
c~resco,. fino, risueño en los labios, dientes y ojos, rebosando salud y alegría, el mundo volvería el notario á ocupar su asiento, no volvería á exponerse á que
vino á situarse en actitud soberbia y con la diohosa insolencia de la juventud le gritaran «fuera la claque.» ni á que le llamase amiguito aquel hombre, su
frente á la concha del apuntador.
jefe, á él, á uno de los decanos de la curia perigordina.
.
M. Thomassiére quedóse como desvanecido.
· Y refunfuñando M. Thomassiére bajó la escalera, y abriendo la puerta viAquel traje negro como la tinta, contrastando con aquella carne tan blanca, driera hallóse en la calle de Montpensier desesperado de su aventura.
daban á la hermosa joven un aspecto singularmente atractivo y apetitoso, de
No, no volvería á su asiento. ¡Qué París! ¡Pagar veinte francos para ser insuerte que cuando cantó. con voz no muy afinada, pero clara y alegre, una co- sultado por un cualquiera! No, no volvería á entrar en el teatro ... Y no obstanpla c?ispeante alusiva á la educación laica, todo el mundo aplaudió, y M. Tho- te, ¡tenía tantos deseos de volverá verá la señorita Vernier! Sentía sed de hamass1ére con más entusiasmo que nadie, tanto, que su vecino de butaca le dió blarla; acababa de inventar para ella como para Teodoro el exordio de un disun segundo codazo, y con el acento de satisfecit con que se hubiera dirigido á curso «Ciertamente sois linda, muy linda, admirablemente linda, señorita, y la
un colegial, le dijo:
belleza tiene derechos indiscutibles como el talento, pero esto no es una razón ...
- ¡Gracias á Dios que da usted señales de vida! ¡Ya era tiempo!
una razón ...» Lo demás se le ocurriría naturalmente al verla.

cartel ni en tomar billete. Los despachos estaban ya cerrados y los revendedores le pedían veinte francos por una butaca Pareci6le algo caro; pero ¿qué hacer, puesto que habíase decidido verá la señorita Vernier y oírla cantar el famoso rondó de la Educación laica7
¡Vaya por los veinte francos!
El notario comenzaba á pensar que Teodoro no era tan embustero cuando
cada vez que le escribía pidiéndole dinero, le decía: &lt;!¡Si supieras lo que cuesta
todo en París!»
- ¡Un abismo! ¡Cáspita! Y ciertamente no dan de balde las localidades de
teatro en el tal abismo. Todo cuesta caro, muy caro; Teodoro tenía razón.

NúMERO 512

LA

669

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

y Thomassiére paseaba lentamente por la acerl¼ en donde algunos jóvenes

- Muy bien, esperaré abajo. Muchas gracias, dijo Thomassiére.
Ya en la calle, púsose á pasear procurando seren~rse. Seguramente_ mademoiselle Gabri no tardaría en bajar, trayendo ella misma la contestac16n_ á la
tarjeta; y mientras se paseaba, el notario miraba la. puerta del escen~no y
aquella pared blanca cortada á interval_os por ventamtas cuadradas, salientes,
como una construcción morisca sostemda por arcos d~ bóv~da. El buen notario saboreaba de antemano la presencia de Mlle. Vermer ba1ando los escalones
algo usados por los pasos de
tantos piececitos rápidos, fugitivos, y sentía extraña turbación y como sorpresa al verse
mezclado á la vida de París,
frente á aquel teatro y pasean·
do por aquella acera á la hora
en que según costumbre dor·
mía tranquilamente en SaintAlvere, y parecíale como un
sueño la vista de la puerta del
escenario, los cocheros en la
penumbra, los carruajes en fila,
las fondas abiertas que despedían calientes emanaciones culinarias, el ruido de una orquesta estrepitosa que prove•
nía de un baile de boda, cuyas
parejas distinguía á través de
las cortinas de unas ventanas.
Asaltábanle ideas extravagantes, vértigos que cruzaban
por su imaginación y zumbido
de oídos, que era quizá el ru·
mor del aleteo de las mariposas azules de sus veinte años.

fumaban mirando involuntariamente hacia las ventanas de los cuartos de las
actrices, uno de los que pertenecía á Gabrí, que estaría vistiéndose .. : .
Thomassiére sentía bullir en su cerebro una idea y recordaba la v1~16n rápida que dos horas antes babia percibido desde la fonda ... ¡Ah! ¡S1 se atre•
1
viera....
í
y por qué no. Ella debía conocerle, puesto que conocía á Teodoro, y no ten a
más que nombrarse para ser
recibido. Se presentaría á ella
como el espectro del deber.
«Ciertamente sois muy linda,
admirablemente linda, señorita, pero ...»
Y ya la veía ponerse encarnada, palidecer, temblar.
¡Y que no estaría poco hermosa é interesante temblando!
Al pasar frente á la puerta
del escenario oyó á dos jóvenes que saboreaban sus cigarros decirse uno al otro:
- He hecho pasar mi tarjeta por el portero.
- ¿Y ha consentido en llevarla?
- ¡Vaya! Es muy complaciente.
Supuesto que el portero era
tan complaciente, ¿por qué 110
-valerse de este medio? Thomassiére llevaba tarjetas: G.
Thomassiére, antiguo notario.
Enviaría una con el portero á
la señorita Vernier, y el nomIV
bre solo le diría bastante.
¡Thomassiére! ¡Pues no osaAl volverse de repente haba aquella cómica soñar con
cia la puerta del escenario,
llevar este nombre de ThoM Thomassiére tuvo la sormassiére!
presa de casi tropezarse con
¡La señora de Thomassiére!
una elegante persona que sa·
¡Ah, eso nunca! ¡No y m~l velía del teatro, envuelta en un
ces no! El ser linda, muy hnda,
abrigo forrado de piel de zorra
no es una razón para ello.
azul. Alta, con el cabello rubio
Maquinalmente el notario
que se descubría á traves de
había subido la estrecha escasu vel.o negro echado, llevaba
lera del teatro con su tarjeta
en la mano, sin guante, una
en la mano. Llegó á la casilla
carterita de cuero azulado, file·
del portero, menos complateada de tafilete, á la que asociente de lo que aquellos jóvemaba una tarjeta, como se
nes habían dicho, puesto que
asoma la carta forzada en la
le preguntó con voz bronca de
baraja del prestidigitador.
fonógrafo, repitiendo la frase
M. Thomasiére reconoció
de cajón: «¿Dónde va usted,
su tarjeta, á la que la señorita
caballero?»
Vernier venía á contestar per- No voy, vengo á pedir á
la ,Educación laica
sonalmente. Iba, por fin, á po·
usted que me haga el favor de
der juzgarla en su parte moral.
pasar esta tarjeta á...
. .
Moviebdo la cabeta á derecha ltquierda, como si buscara á alguien, Gabrí
y tomando un aspecto que quería ser mahc1oso, r:pusO!_
detuvo su mirada en el antiguo notario, envolviéndole en una ojeada rápida
_ A la actriz que representa el papel de la Educa~ton _tarea. .
t:omo la de los comisarios tasadores que con una simple mirada conocen el
_ ¡Ah!, dijo el conserje con cierta socarronería. S1 qu!ere deJarla aqul.. .
peso de un ohjeto cualquiera, y luego se adelantó hacia él con una expresión
Mas como entretanto mirase la tarjeta qu_e Thomass1ére le había_~ado y le:
que
parecía decir:
yese en ella: «G. Thomassiére, antiguo 1zotarzo,» est~ titulo tranquihz?. Anh- ¿Es usted quien me ha enviado esto? .
.
·
Esto
era
casi
una
garantía
de
moralidad.
Quizá
la
actnz
tenía
guo notart0 ...
El notario aproximóse á ella muy conmovido, y quitándose el sombrero ma•
algún negocio con aquel caballero de aspecto grave.
,
. .
_ Voy á pasar Ja tarjeta, dijo el portero, espéreme usted aqui. Está proh1b1- quinalmente, balbució:
- Señorita, tengo el honor ...
do subirá toda persona que no sea del teatro.
.
- Cúbrase usted, dijo la linda joven, señor ... señor Thomassiére;" G. ThoM. Thomassiére experimentaba un profundo asombro, ~mdo á gr~n cunos1massiére,
¿no es así?
dad al verse en aquel sitio. El cuarto del portero parec16le muy feo con su
- Si, Thomassiére, Thomassiére padre ... Gastón Thomassiére.
pap~l manchado, sus vidrios rotos y sus detestables cuadros colgados de_la pa- No tengo el gusto....
.
.
.
· em bargo, este ignorado rincón del .teatro, esta puerta
red, y srn
• 1 entreabierta
b 1á
- Es cierto, interrumpió el notario, certísimo; pero he vemdo expresamente
los misterios de los coliseos excitaba los nervios del notano, e preocup~ a, e
á París para hablar á ust~d de T~odoro.
. .
.
. t'izaba. 1•Un teatro'• ·Y
un notario de Saint-Alvere
sentado
h1pno
1
,
1 en la casilla
d 1 úde
Parecióle que la señonta Vermer hacía un mov1m1ento de cabeza como s1
un portero de teatro! ... y aquella escalera conduc1a ~orno os tramo_s e a g n quisiera recordar de qué Teodoro querían hablarla. ¡En esto son tan fuertes las
infierno á los cuartos de las actrices, en donde se quitaban sus vestidos y des·
parisienses!
.
..
.
anudaban sus cabellos!
- En fin, señorita, dijo el notano en tono firme, quisiera que me concediera
El viejo Thomassiére sentía una emoció~ extraña, la sang~e afluía á sus oídos.
De pronto tuvo deseos de marcharse, deJando á la Vermer, el teatr_o y ~ los usted un momento de conversación. Usted comprenderá que esto es grave.
La joven se echó á reir, diciendo:
•
Si, quería marcharse, huir más bien. No sabía qué hacer, si subir al
eÓmicos...
- ¿Que le conceda un momento de conversación? ¿Que esto es grave? ¿Sabe
cuarto de Mlle. Gabrí, 6...
usted caballero que es usted muy gracioso? ¿Pero habla usted con formalidad?
La vuelta del portero puso fin á sus dudas.
.
.
.
- Con toda f~rmalidad, contestó el notario, ahuecando la voz y con aspecto
Este suplicó á M. Thomassiére que esperase: la tercer~ pieza iba á termmar,
serio.
y el notario recibiría en seguida respuesta verbal á su tarJeta.
Gabrí le miró con atención, titubeando y preguntándose evidentemente de
_ Está bien, dijo. ¡Muchas gracias! Ag~ardaré al final.
. 1
dónde
salía aquel original, y luego so~riendo alegremente, dijo: .
.
le daba valor. ,Oh. No le escaLa 1'dea de ver de cerca á la hermosa Joven
.
· r d
r
d
_ ¡Bah! ¡Siempre lo mismo! Suerte nene usted, caballero, de que m1 mando con·
timaría la verdad, le diría sin ambages: «C1ertamen~e sois ID a, muyb ID a, hsetinúe en sus posesiones ... ¡Maldito vicio de la caza! Si quiere usted ofrecerme un
- · mas mas... mas ... » y de aquel endemomado émas noé pasa
nonta·
· a; no a· alón de perdiz, porque me muero de hambre, se lo ~g~adeceré y ha~laremos.
liaba :Oodo.de unirlo á una frase que fuese á la vez ~ort s y ~n _r_g1ca.
M. Thomassiére no se daba cuenta de aquel conoc1m1ento tan rápidamente
_ Mas esto no es una razón para sacar de sus casillas á m1 h~JO.
hecho.
Poco ha la linda joven celebraba cantando las excelencias de la educa_ Mas esto no es una razón para llegar á ser Mme. Thomass1ére.
ción laica, y ahora se encontraba mano á mano con él en una calle de París, y
¡B::f~¡ encontraría la conclusión de este mas cuando se viera cara á cara él la conducía del brazo hacia la parada de coches, cuyos faroles relucían como
una fila de gusanos de luz. Sí, la llevaba del brazo y la ayudó á subir á la. berliconSíla ~irena. 1 erdadera palabra La llamaría claro y alto: ¡Sirena! Siren na, quedándose él en la a&lt;::era hasta que ella le preguntó: «¿Supongo que iremos
, s1re11a era a v
·
d 1
¡
r 6
sirenis. y mientras á tales reflexiones estaba entrega_ o, :óportero e _su p 1c al café inglés?»
't'
t
e hiciera el favor de bajar; pues la duecc1 n no perm1t1a que
(Continuará)
pol1 1camen e qu
.
1 portería
las personas que no eran del teatro permanecieran en a
,

e

1:

�LA

670

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 512

La apertura del Laboratorio de Fontainebleau señala el primer paso dado por la botánica en la vfa
TURBINA DE PEQUEÑA POTENCIA
por donde hace años marcha con creciente éxito la
EL LABORATORIO DE BIOLOGÍA VEGETAL
zoología Cada día aumenta el convencimiento de
Los laboratorios y talleres de aficionados necesitan
DE FONTA INEBLEAU
que en muchos ca,os el estudio anatómico ó fisioló- á menudo una fuerza mecánica siempre d1sponilile
El Laboratorio de biología vegetal de Fontaine- gico de los seres vivientes ha de hacerse en el lugar para producir el vario ó la compresión de aire á fin
bleau es un anexo del Laboratorio de botánica de la mismo y en las mismas condiciones en que tales de poner en movimiento pequc::ños útiles, como sieseres se desarrollan, pues de esta suer rras, taladros, pulidores, etc. En tanto que se genete los experimentos pueden verificarse raliza la distnbución de la energía eléctrica, que es
en individuos más numerosos y más el medio más seguro de llenar esta necesidad, se ha
sanos y es posible observar las funcio- buscado la satisfacción de ésta en la utilización del
nes de los seres que viven en el medio agua con presión, hoy en día di~tribuída á domicilio
que les es natural y propio. Por estas en casi todas las ciudades. La solución que en este
razones la facultad de Ciencias de Pa- género se lleva indiscutiblemente la palma es un perís se ha anexionado las estaciones 4ueño motor hidráulico conocido en América con el
zoológicas marítimas de Banyuls, de nombre de Cl1icago top. Consta este aparato esenRoscoff, de Wimereux y del Havre, y cialmente de una ptqutña rueda con aletas de eje
_
el ejemplo ha parecido bueno, puesto horizontal R cuyo diámetro no excede de IS centíme1
que inmediatamente ha sido imitado tros: el agua llega á estas paletas por una serie de
por las facultades de provincias, exis tubos añadidos puestos en una campana de distributiendo hoy gracias á ello estaciones ción colocada en el interior de la rueda, y es conduzoológicas en todas partes.
cida al centro de esta campana por un tu bo de cau•
Pero hasta hace poco, en Francia cho de unos dos centímetros de diámetro fijado en
por lo menos, sólo la zoología disfrutó T, escapándose por el tubo T' después de haber acdel privilegio de laboratorios de este cionado sobre las aletas. La rueda y la campana son
género; y sin embargo, la necesidad de bronce y el eje de acero. E~te árbol descansa por
universalmente reconocida de ir á es- un lado en un soporte de estribo P y por otro en un
tablecer, fuera del centro de las facul - soporte practicado en un bastidor de fundición,cuhiertades, estaciones especiales para el es- to de un caparazón que protege la ru eda y recoge el
tudio anatómico y fisiológico de una agua que de ella se escapa La rueda motriz está
parte del reino animal, déJase sentir, á montada en el extremo del árbol: una polea de tres
Fig. r. Fachada lateral del Laboratorio de biología vegetal de Fontainebleau nuestro modo de ver, con tanta ó maranuras recibe la pequeña cuerda que sirve para
(De una fotografía.)
yor intensidad en la botánica. Muchos son los
facultad de Ciencias de París, dirigido por M. Gas- animales que pueden vivir cómodatón Bonnier y su creación, que data de 1888, se de- mente entre las cuatro paredes de un
be á la iniciativa de M Liard. director de enseñan- corral de laboratorio y proporcionar
za superior que tanto se ha preocupado siempre de por este solo medio á la fisiología anicuanto puede contribuir al fomento de la ciencia en mal multitud de temas de investigacioFrancia
nes; en las investigaciones de la lisio- ·
El Laboratorio bá sido construido según los pla- logia vegetal, por el contrario, todas
nos de M Nenot, arquitecto de la nueva Sorbona, á las plantas requieren ser estudiadas en
unos 300 metros de lá estación del ferrocarril, junto el sitio mismo en que se han desarroal bosque que lo limita por el Oeste y por el Sur: llado, porque forman parte del medio
tal como es actualmente (fig. 1) corresponde tan sólo en que han · nacido. Et primer efecto
á la mitad del edificio proyectado; su otra mitad se que el transporte produce en los vegeconstruirá cuando lo per'mita la consignación de nue- tales es un estado enfermizo que quita
vos créditos. Por de pronto en la sala de· investiga- mucha exactitud á los resultados obteciones (S fig 2) pueden tener ocupación veinticuatro nidos, y no hay que pensar en el cultrabfljadores En su interior y hacia la mitad de su tivo de las plantas en los mismos laboaltura hay suspendidas á los lados dos anchas gale- ratorios de las facultades, porque ésrías en las cuales trabajan las personas especialmen- tos, admirablemente di~puestos para el
te dedicadas á las observaciones microscóprcas ó al estudio de los fenómenos de debilitaestudio de los vegetales inferiores; · la parte inferior miento, ' carecen, en cambio, de espaestá destinada preferentemente. á las investigaciones cio, de aire y de luz; en ellos se juntan
fisiológicas, que necesitan mayor espacio á causa del todas las condiciones á propósito para
empleo de aparatos. Los instrumentos indispensables que las plantas que allí deban desarropara los estudios de química vegetal están instalados llarse resulten raquíticas
ya en esta sala, al lado de la cual hay el gabinete del
La dificultad aumenta cuando se
director y la biblioteca, iluminadas como aquélia por trata de emprender sobre los árhples y
gran número de luces de gas. El ala anterior del edi- arbustos experimentos que permitirían
ficio está ocupada por el jefe de cultivos M. C. Du- resolver una porción de cuestiones
val; una parte del piso superior comprende las habi- apenas abordadas ó aún no resueltas: La Cliicago top, turbina hidráulica de pequeña potencia. - r, la turbina vista
en conjunto. - 2, sección longitudinal - 3, stcción tran~versal en la que
taciones de los trabajadores.
¿dónde procurarse ó conservar siquiese
ven las aletas, la campana de dis;ribución y IQs ajustes.
ra simples arbustos? Cierto que existen jardines
botánicos, pero sus directores no se transmitir el movimiento de rotación del árbol á los
mostrarán propicios á sacrificar, en aparatos que hayan de funcionar. La Chicago íop se
aras de experimentos de incierto resul- construye de dos modelos: el pequeño. de 25 centítado, los pocos ejemplares que de cada metros de largo y tres y medio kilogramos de peso,
especie poseen; además estos jardine~ tiene una potencia de dos kilográmetros por segundo
no se han hecho para campos de ex- co11 una caída de 2 5 metros que corresponde de 2 ' 5
perimentación, sino para ayudar los es- atmósferas por centímetro cuadrado; el grari modelo,
tudios de clasificación de la botánica. cuyo peso es de siete kilogramos, tiene una potenPara. las investigaciones fisiológicas cia de cuatro kilográmetros por segundo. Con estas
necesitase ante todo una vegetación potencias máximas la velocidad angular de la turbina
espontánea que ofrezca plantas y árbo- es de 4.000 vueltas por minuto, de suerte que en
les en todos los estados de su desarro- general, hay que buscar una presión intermediaria
llo, permitiendo al fisiólogo no sólo es- entre el útil que se ha de mover y el motor á fin de
tudiar ejemplares sanos. sino también reducir esta velocidad á proporciones convenientes.
comprobar por la repetición de experiLa Chicago top es notable por lo bien construidas
mentos la exactitud de sus resultados. que están \as piezas y especialmente la rueda de ale. IJ.'lll!Jv
Esta necesidad la satisface cumplida- tas,_ perfectamente equilibrada para evÍlar las trepiFig. 2. Plano y sección del establecimiento. - V1 y V2 , vestlbulos; S, sala mente el Laboratorio de Fontainebleau daciones que de otro modo no dejarían de produciral frente del cual hay un director1 u~ s~ dada su enorme velocidad angular Además, las
de investigaciones; P, laboratorio del profesor; B, oiblioteca; A, A, A,
habitación del jefe de cultivos; C, escalera; r, 2, 3, 4, D, habitaciones subdirector, un preparador y un jefe piezas, que son en muy pequeño número, tienen la
de cultivos Para trabajar en este labo- ventaja de ser idénticas y sustituíhles, lo que suprime
para los trabajadores.
ratorio no se paga nada; basta solicitar los inconvenientes de una reparación.
. .
del director la inscripción. Todas las
Numerosas aplicaciones de este motor hay instalaEn la prolongación del edificio, en el centro de hah1tac1ones de los trabajadores están ocupadas inlos campos de cultivo que lo rodean, se ha construí- cluso en invierno, y en verano los que no enc~en- das ya en grandes laboratorios de química de París
do un invernadero para los experimentos que deben tra~ alojamiento en el laboratorio albérganse en los para mover sopletes trompas. agitadores y para otra
porción de oper&lt;1ciones que exigen una potencia merealizarse en condiciones especiales de temperatura; vecrnos hoteles
cánica pequeña, pero su·ministrada con regularidad
este departamento se divide en estufa y en invernaLos trabajos experimentales practicados en el Ladero templado y en él puede instalarse una renova- boratorio se han publicado en los Anales de Ciencias durante algunas horas sin necesidad de conservarla
ni vigilarla.
ción continua de agua.
Naturales y en la Revt'sta general de Botánica.
(De La Nattm)
SECCIÓN CIENTÍFICA

LA

NúMER0 512

67 I

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

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11 tolu 111 J 111&amp;d11 J

I Port-Bou
I Cerbere

-

,.

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• por el LICOR y laa PILDO RAS del :e&gt;• L a v 1.U .e

nracfOD I LlC O:&amp;

Hendaye

de 10, Bo1¡nt&lt;Jlt1),

,e emplea en e/ estado atudo;

lrtg1w1.-lalltu gr1ti1U ltllelt eipli

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

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i O céntimos de peseta la
e n t rega de i 6 página.a

Se ••..tu pro,pec101 A~•icu 101 aoliatc
4lrlgi~ndooe Aloa Srca. ldon!Allcr y S1m6u, editora

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672

ILUS1'RACtóN

NúME!tO 512

ÁRTisfic.A

branza de Giro mutu0 6 letra de fácil cobro.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

•••

POR AUTORES Ó EDITORES

ANGELA. AMORES EN LA HABA·
NA, novela por Félix Puig y Cárdenas. - La nueva producción del novelador cubano Sr. Puig, primer
episodio de los tres que constituirán
la obra, tiene singular interés, ya que
aparte de las condiciones literarias,
reune la de constituir una verdadera narración histó rica de aquella
preciada Antilla desde 1836 á 1886,
de manera que pueden apreciarse
los adelantos y cambios t¡ue ha experimentado aquel pueblo e11 el pe•
rledo de cincuenta años.

GufA DE BUFETE, por E. Oliver.
- Tal resulta y de suma utilidad , ya
que contiene en un pequeño volu •
men un diccionario de barbarismos
y solecismos, tabla de veces castellanas no insertas en el Diccionario
de la Lengua, y varias reglas para
el uso de preposiciones, de acentuación y para la corrección de pruebas
de imprenta, resultando una obrita
de general interés, digna de ser consultada. Véndese en las librerfas de
Alberto Colom, calle de San Pablo,
52 y 54, y en la de Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5, Barcelona,
al precio de 2 · 50 pesetas.

•
••
VIAJE POR l TALIA,jor D. A. Fer·
ndndez Merino. - Conocida la competencia que en materias literarias
y artlsticas tiene justamente reconocida el autor y dados los atractivos
y belleza de un asunto como el viaje desde ·Bérgamo á Verona, fácil
será estimar la valla de este libro,
lleno de hermosas descripciones y
de juicios ilustrados y atinadísimos,
que tienen, además, la ventaja de
ser manifestación de impresiones
sentidas por un corazón de poeta y
de artista en presencia de hermosas
joyas del arte italia110.
El libro, editado en Siena (Italia),
forma un elegante tomo de 368 páginas con preciosas ilustraciones,

•••
APUNTES DE UNA VIDA (Novela cona 1, por .Mdximo Solo-Hall. Novela corla titula el Sr. Soto á sus
Apuntes de una vida, pero aun con
serlo rec()miéndase por la elegancia
del lenguaje y por el interés que su
lectura despierta, ya que está escrita
con facilidad y descritas las situaciones sin el menor esfuerzo.
Cuanto á las condiciones tipográficas del libro, bastará consignar que
la tipografla guatelmalteca titulada
cLa Unión&gt; honra también á aquella República.

...
*

•
••

TRATADO PRÁCTICO DE LAS EN·
FERMEDAURS DEL PERRO, por Ma·
riano Gttsly L errozex. Es altameote recomendable el libro del distinguido veterinario Sr. Gusl, pues en
un volumen de 312 páginas contiene
una suma de observaciones que re•
velan un profundo estudio de la raza
canina, seguidas de un verdadero
tratado de patologla de sumo interés para los cazadores y para todos
aquellos que deben utilizar los servicios del perro, llamado con mucha
justicia e I compañero inseparable
del hombre. Véndese en casa del
autor, calle del Cardenal Cisneros;
44, Madrid, y en las principales li·
brerias al precio de 4 pesetas.
Se remite á provincias franco de
porte sin certificar, y certificado por
5 pesetas, mandando su valor en li-

LA NIÑA DE LA SILLA, escultura de D. Venancio Vallmitjana. (De fotografía directa de D. Juan Mari!.)

ZARAGOZA ARTfSTICA, MONU·
MENTAL É HISTÓRICA, por D A. y
P. Gascón de Color. - Los cuader•
nos 34 á 37 últimamente repartidos
contienen, además del excelente
texto, ocho láminas que rep1oducen:
un capitel bizantino, varias monedas
árabes de Zaragoza, la torre nueva
inclinada, un facsfmi le de una pági·
na de un códice árabe, una vista de
la vega de Zaragoza, cinco capiteles
árabes del palacio de la Aljalerla,
un arco árabe de la Aljaferia y un
torreón del palacio de la Azuda.
Su,;crlbese al precio de una peseta
el cuaderno en Zaragoza en casa de
los autores, Contamina, 25, 3.°, y
en Barcelona en la librerla de don
Arturo Sim6n, Rambla de Canale·
tas, 5.

CARNE HIERRO Tónico■
y QUINA
mu ieparadores.

ENFERMEDADES

11 Alimento maa ro•ie llllido a los

ESTOMAGO
PASTILLAS J POLVOS
PATERSON
• BISIIUTBO 7 IIAGNESIA

leeomendado, contra tu Afeoolonea del Est6•
mago, Falta de Apetito, Dlge■tlonea labo·
rto.u, .&amp;oedlaa, Vómitos, Eruotoa, y Cólloo■;
regularlsan lu Funolonea del E■tómago y

de loa IMe■tlno■,
E1lt1,111 ti rotulo I fl'lllt d•I. FAYARO•
.ldla. DETIIAN,Fumaoeutloo en Pilla

VINO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS RDCCIPJOS KtlTBITIVOS DB U CARNE

c,.1an, mr.aae 1 •IJIIIAI Dtes afloa de extto oonunuado y Ju a1lrmadonee de

todu laa em1n.m01u médfcu preubaD que est.a UOCIICion de I&amp; Clarae, i:l Hierre 7 la
91-iaa couaUtu,ye el reparador maa en-,woo que &amp;e conoce para c!urar : la Clordlü, I&amp;
J.ntnua, las .llffllt~ cSolorOIIU, el Jlmpot&gt;recc,,umto 11&amp; .A.lteracúm ae la S/1;11/re,
el RaQum11M, ka .A./e«1(JffU ~cro(lufla, 1 m:or/ndfi:41, ele. El Wla• rerrastaen de
&amp;na• ea en erec&amp;o, el único que reune lodo lo que entona y fortalece loa organoa,
regulama' coordena y awnent.a considerablemente 1aa tuem.a ó tntunde a la ~
empobrecida y descolorida : el Ytqor, la Color0c1&lt;lfl J la 8rierqú ottal.

PorNfor,a Paril, en casa de l . FEW, Farmauutico, tOI, rue R1chelieu, Sucesor de !llODD,
p vmma B?I TODAS LA.S PalllCIP.u.&amp;S BOTlQil

EXIJASE e1i:~r: 1 ARDUO
t.1f.lDADES4•IE8ro~
\~~
~ ,,,4tJo

Pepsjna Boudault

!probada por la !UDEII! DE IEDICIU
PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1858

,. JARABE ANTIFLOGÍSTICO
OE BRIANT
••roL,. ''º· , ....... .,_,.,
..... , __ ~
.........e,., C',U,L• D•
Bl JARABB DB BRLA.NTrecomendado de■de

e...

,u :,rtnctpto por 101 profe■orea
~nnec, Th•nard, Gueraani, etc.; ba recibido 11 C&lt;1naarr1cton del tiempo : en et

AD.O i8!9 obtuvo el prtvtle¡to de Invención. VEIDADEID CDIFITE PHTDIAL1 con bue
de goma 1 dJ aJ:&gt;abolea, convtene sobre toilo i las peraonu deucadu como
mQJere■ J Dinos. su gusto excelente no perjue11ca en modo alguno , su incacla
~ contra 108 RESFBUDOS J todu las IIFLlliCIOIES del PECHO y de los IITEsmos. ...1

ll1dall&amp;11D la1 Bspo1lclonH l111u11aelonal11 do

PWS • LTOI • TIEII! • PBIUDELPBI.l • P.lRIS
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DISPEPSIAS
048TRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTIOII LENTAS Y PEN08AS
FALTA DE APETITO
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L4. DIIIITl-

8.\10 U. FORll4 DE

ELIXIR. , de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSII! BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
P!III, Pwmacit COLLAS, 1, ne laaphile
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PASTA
,,,,,. JARABE
de H. AUBERGIER

SOCIEDAD

411■ Fo11111to

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001 L.6.0'l'VCIJl.tVK (Jug1 l1ohoa■ d1 Leohuga)

. A / ~l'lllDo:lullm, a
1"~

11111,

Rae lonaparte, 40

,, t1our.

A.pr&lt;1bado• por la .Aaademla de Medicina de Parle é tn..rtadoe en la co,ecci6a
OltoJal de F6rmalae Legalee por decreto 1121n1-terial de 1 O de Marso de 1864,
e Una completa lnnocutdad., una encacla perfectamente comprobada en el cata"º
IJ'1dé11uco, las Bronqum,. Catarro,, Revma,, ro,, a,ma é ' ' " ' ~ de la ¡ar¡anta han
(!&amp;ngead.o al JAR.&amp;9E y PASTA de AlJBERGIEl\ una Inmensa Cama ,.
'
&lt;•1111rutf ül Formulario JfUioo ül S" Boiular4al Hlf/Jr.,,iu ü le 1aftll1u 4i Jfe4icina (15, ,dic16'1)
venta por mayo~ : co1u.1, 'I' e-, u, Calle de St-Claud.e, PARIS
•
• •
DEPOSITO !lf LAS PftllfCIP.lL1!8 BOTICAS
l

PATE EPILATOIRE DUSSER

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
especialmente contra las llaorotuiu, la
'l"úts y la Debutdad de temperamenlo,
as! como en todos los casos(Páudo■ colorea,
.tt.menorrea, • •&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para deTolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar ó re81llarlzar su curso periódico.

El ioduro de hierro impuro ó alterado
, • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba d.e pureza y de autentlcidad de
las verdaderas PU4ora. de .lnaneat'd,
exigir nuestro eello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
, verde y el Sello de garantla de la Unl6n de
lu F1llrlc1ntea para la represión de la !alal•

NB

llcaclóD..

.

• SB K4LL4N Blf TODAS LAS PU\HACIU

detln!Jt bula lu IIAICES el Vl:LLO del 11111rt de lu ,aau (luu, 11ro1e, etc.). 111
liare ,eii,ro ,ara el aitla. 80 &amp;ios de :isJ10,71Billarel da &amp;tallae!Npru.thu la eluda
w ,re,arad-. (S. mdt a •Jaa,_par.. ll nna. 1 n 1/2 11Ja1 1111'1 el lllpta lif111). f'ar1
\&amp; • .,._, •,tNN e1 ru,• oa.11o
t, ne.J...J.-1\eUN&amp;u. Parta.

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Qued~n reservado, los derechos de

propiedad artlsuca 7 blCIILól

IMr, lll t,iOHTAJfll YS111ó•

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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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