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u~t11ac100
11tí~t1ea
A~o X

BARCELONA 26 DE OCTUBRE DE 1891

NÚM. 513

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

UN SECRETO, dibujo de Grivaz

�LA
SUMARIO
Texto. - Bocetos marítimos. Un buque de gtttrra, por Fede·
rico Montaldo. - ¿Por qué 110?, por A. Sánchez Pérez. Crónica de Arte, por R. Balsa de la Vega. - SEC~IÓN AME·
RICANA: El beaterio de Hua1mco. Recuerdos a111erua11os, por
Eva Canel. - Nuestros grabados. - La &lt;;11erda (continuaci~n),
por M. Julio Claretie (de la Academia Francesa), con 1lus:
!raciones de Juan Beraud. - SECCIÓN CIENTÍTICA: Exper:•
11zentos de M. Tesla sobre las corrientes alternativas de gran
frecuencia. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó

editores.

Grabados. - Un secreto, dibujo de Grivaz. - F1ienterrabt~;
El anfiteatro de Roma y otro Apunte á la pluma de D. V1·
cente Cutanda. - Una conmlta, cuadro de D.J. M. Marqués
(premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Bar·
celona, 1891). - Granadero de la Guardia espaflola (1824);
En descanso; Fragmento del madro «Carga ~et.regimiento de
!túsares de la Prinwa en la batalla de Castille;os;&gt; Coracero
de la Guai·dia real espailola ( 1824), tres dibujos y una acuarela
de D. Román Navarro. - ¡Se/lores, buenas noches! (episodio

del reinado de Federico el Grande), cuadro de Arturo
Kampf. - Carlos Parnell. - Cuatro grabados que represen•
tan once figuras acerca de los experimentos de M. Tesla sobre las corrientes alternativas de gran frecuencia, con los
correspondientes aparatos; - Teatro Martín ~n B11en,os
Aires, incendiado en la noche de 2 de septiembre ultimo.

BOCETOS MARiTIMOS
UN BUQUE DE GUERRA

Acabo de escribir lo que antecede y en seguida me
echo á temblar: me parece que más pronto no puede
ser; y no proviene ciertamente esa manifestación del
miedo que me invade y que no oculto de la pavura
que en mí pueda producir el apellido guerra del buque cuya descripción va á ocuparme en este ar·
tículo, sino de algo rríás grave que habla muy alto
en favor de mi formalidad y buen deseo. Un buque
de guerra, hoy, constituye así como un extracto de
todas las ciencias y de todas las artes bellas y no bellas: lo que se refiere en los cuentos de hadas (que
todos hemos leído ¡ay! cuando creíamos en ellas), al
llegar al nacimiento de la princesa deseada, que aparecen todas aquéllas rodeando la cabecera de la cuna
de oro, guarnecida de encajes, en que descansa la
princesita recién nacida en la capital del reino que
gobernará más tarde, y una le promete la belleza, y
otra le ofrece la bondad, y otra le augura felicidad
sin límites, eso ocurre verdaderamente con el buque
cuando descansa sobre los picaderos en la grada, esperando que una mano corte la~ amarras que lo sujetan y pueda flotar; después de la flotadura, en la
cuna de esmeralda guarnecida de espumas blancas y
leves como blondas, en la que va á meterse dulcemente primero y á dominar después, allí va el ingeniero y le procura la belleza sana de las beldades
fuertes, el hombre de mar que le da las condiciones
propias para que cumpla como bueno los arduos
compromisos futuros que han de pesar sobre él, el
sacerdote, por último, que en nombre de algo superior y sobrenatural le augura felicidad y éxito en la
vida que empieza.
Por eso me asusta la empresa que aquí -acometo
de dar una idea que pueda penetrar en todos los cerebros de lo que es un buque de guerra; mejor fuera
sin duda que cada genio de los que contribuyeron á
crearlo fuerte y bello explicara aquí la parte que tomó en la obra; pero esto es muy difícil conseguirlo,
y yo prefiero hablar un poco de cada uno de ellos y
quedarme con las señas de sus domicilios respectivos, para proporcionar al que esto lea, si no un
retrato de cuerpo entero, un croquis siquiera del
buque de guerra moderno cuyas líneas pueda él completar y convertirlo en cuadro, ó bien con la imaginación, si Dios le favoreció con ella, ó bien acudien•
do directamente á los genios creadores que, guarecidos en las páginas de un libro ó desde las columnas
de un diccionario, le darán gustosos cuantas noticias
complementarias les pidiere. Yo por mi parte procuraré que el rato que dure la lectura esta no parezca
muy largo y que algo quede.
Para mí, el tftulo de un trabajo literario es, y debe
serlo, una promesa que se compromete á cumplirla
quien lo firma; es como el rostro bonito en una mujer que, sólo por tenerlo, está más obligada que otra
cualquiera á ser amable y complaciente y buena;
pues muchos que atraídos por la muestra aquella
buscan su retrato ó IJen el artículo, ni se hubieran
acercado de cien leguas, ni se acordaran jamás del
santo de su nombre. El título de este artículo, es decir, su rostro, no se puede negar que es muy bonito:
para la gente de oficio un buque de guerra representa un buen amigo, una defensa y un refugio; para los
demás es una garantía de orden, de tranquilidad y

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de independenciá. Hagamos, pues, un artículo amable y complaciente, ya que por mi desgracia no puede ser bueno, puesto que su cara, lo primero que de
él se ve, es tan bonita.
Antes un buque nada en el bosque: de los tron·
cos añosos y robustos se hacían los baos y las tablas
que formaban su casco; luego_fué la mina la_ que
abrió sus antros para que sahera de ellos el hierro
que lo constituyó, y ahora desde la mina al arsen~l
se detiene para hacerse acero en algún gran palacio
de la industria, altos hornos, fundiciones, y desde
allí, en planchas y piezas acodadas ó ~e ángulo, pasa
á cerrar un espacio en el que ha de ir guardada la
honra de la patria, defendida por hombres denoda·
dos, por cañones, torpedos y toda la larga é intermina•
ble lista de aparatos científicos é ingeniosos que em·
pieza en el estopín eléctrico, el descendiente d~l
cebo de la antigua artillería, y acaba en la aguJa
compensada, la sucesora de la primitiva y elemental
brújula ó rosa de los vientos; desde lo más peqneño
y sencillo, dentro de su importancia, hasta lo más
complicado y necesario.
Antes un buque se confiaba para moverse al viento, que soplaba ó no soplaba, sumiéndolo á veces en
bochornosas y prolongadas calmas, durante las cuales se consumía á bordo la que pudiera tener el
hombre más flemático, amén de los víveres y el agua
potable y el carbón para la cocina y todo; el mismo
motor impulsaba á los beligerantes que sólo por extraordinaria pericia de las tripulaciones Iespectivas
podían distinguirse algo entre sí, aunque todas las
evoluciones que pudieran intentarse estaban ya previstas; el que tenía el viento á favor suyo, el que ganaba el barlovento, era el amo de la situación, tan
desigual como la que tendrían dos adversarios que
se batieran á sable y que uno de ellos permaneciera
de cara al sol que lo deslumbrara ·y confundiera, embarazando todos sus movimientos; hoy el viento se
lleva en la bodega, como se dice en los barcos; allí
está la máquina, las máquinas, mejor dicho, pues
suelen llevarse dos, independientes desde los hornos
á la hélice, que funcionan juntas ó con absoluta separación en caso de avería; el viento es el carbón
que se lleva almacenado, distribuido y medido para
recorrer una distancia conocida, con una velocidad
determinada y en una dirección prevista; la casualidad, que antes predominaba, cede su puesto al cálculo y á la ciencia, que la sustituye con notable ven·
taja para el éxito,
Antes un buque fuerte, el más fuerte de todos,
llevaba cie{l cañones, doscientos; hoy lleva de dos á
diez; pero aquéllos eran unos tubos pequeños, de
hierro ó de bronce, de ánima lisa, que arrojaban unos
proyectiles esféricos y macizos cuyos efectos sobre
el enemigo eran insignificantes y tardaban horas
mortales en manifestarse; el abordaje solía terminar
los encuentros; y en este asalto supremo, dado entre
un humo denso que lo envolvía y lo dificultaba todo,
la tripulación, diezmada por el fuego y la fuga, se
rendía al vencedor, que tripulaba el buque con gente
suya, lo carenaba luego y se lanzaba con él de nuevo á recorrer los mares. Hoy cada cañón es un volcán: fabricado con muchas toneladas de acero, hasta con 110 algunos, hendida su ánima por múltiples
y profundas estrías, por la expansión de pólvora sin
humo arrojan proyectiles cónicos enormes y rellenos
con poderosos explosivos- que los hacen estallar á
tiempo, produciendo multitud de cascos dotados de
velocidad inaudita que destruyen cuanto alcanzan,
y vapores asfixiantes que sofocan y ahogan á la gen·
te que pudo salir ilesa del tremendo choque; las antiguas planchas y ganchos de abordaje son ahora es·
pol0nes y torpedos; el asalto es la embestida y la
subsiguiente trompada, impresa con formidables espolones en los costados enemigos, cubiertos con
gruesas planchas de acero; y ya no se lucha ¡:ior
apresar el buque, sino por volarlo y echarlo á pique
hecho pedazos, sin que de él pueda salvarse nadie
ni nada. Hoy se trata de hacer lo que dice nuestro
divino Herrera en su hermosa canción A la pérdida

del rey Don Sebastián:
Y el santo de Israel abrió su mano,
Y los dexó, y cayó en despeñadero
El carro, y el caballo y caballero...

En estas cosas estamos, con efecto y pensando
piadosamente, dexados de la mano de Dios.
. Pero lo cierto es que, así y todo, ya dejamos expuestas las principales condiciones y cualidades que
constituyen y distinguen al buque de guerra; construcción sólida, marcha rápida y segura y armamento
poderoso y variado, con medios protectores, Eso es
todo lo que diferencia á un buque de guerra de cual•
'quier otro buque; eso es }o que á un buque cualquiera puede hacerlo de guerra para determinados

NÚMERO

513

casos y servicios, y eso es lo único que en un boceto
puede apuntarse, aunque sea con metor punter~a, por
supuesto, para dar una idea genera, y apro~1mad~
del asunto sin entrar en el párrafo de las cifras m
en el laberinto de los nombres técnicos. Apartemos
de nosotros el cáliz de las decenas de metros, los
centenares de millas, los miles de toneladas y los
millones de pesetas: huyamos de los blindajes verticales y horizontales; de las máquinas ,:~mpound ó
mixtas de triple y de cuádruple expansión; de. los
cruceros, acorazados y protegidos de los descubnd~res de escuadra, cazatorpederos y torpederos senc1Úos: todo esto puede ser tema para otra conferencia
de estas que no doy á, sino que celebro con mis
amables lectores, celebrándolo mucho por mi parte.
Ahora contentémonos con saber lo dicho, pero sin
olvidar, porque es muy importante, que el alma del
complicado organismo que constituye un buque de
guerra es el hombre, y q ue una tripulación en.tusiasta, bien organizada y dirigida, puede hacer m1Iagro_s
con un buque viejo, que ande poco y esté mal artillado contra otro, modelo en la parte material, pero
tripulado por gente desmoralizada ó mal conducida,
Podríamos citar muchos ejemplos de esto.

NúMERO

513

LA

675

ILUSTRACIÓN °ARTISTICA

~r

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FEDERICO M ONTALDO
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I

(
Eso es: ¿por qué no ha de haber académicas1, ó de
otro modo: ¿por qué las mujeres no pueden ser órganos de esos aparatos inútiles, que se llaman Reales
Academias? ¿No pueden ser reinas? ¿No son regentas? ¿No tienen derecho á ser tutoras de sus hijos?
¿No poseen capacidad legal para ser administradoras
de sus bienes? Pues entonces, ¿á qué santo son esos
aspavientos cuando se habla de que una señora ingrese en esta ó en la otra academia? Que ingrese,
muy enhorabuena; no van á peligrar por eso ni la
propiedad, ni la familia, ni otra alguna de esas instituciones seculares que, s~gún todos sabemos, son
firmísimo apoyo y sólido cimiento de las sociedades
modernas, como lo fueron de las antiguas y lo serán
de las venideras... si Dios quiere. Amén.
Ya estoy viendo caer sobre mí lluvia persistente y
copiosa de epigramas punzantes, de chistes intencionados, de sangrientas burlas; los hombres de ingenio
tienen siempre á mano esos recursos para combatir
lo que no les agrada, cuando no encuentran argumentos más convincentes. Yo seré el primero en saborear
lo salado de esas cuchufletas y en celebrar lo gracioso
de esos chistes si, en efecto, tienen sal las unas y
gracia los otros; pero después de haber reído todo
lo que sea razón, y aun un poquito más si es preciso,
seguiré preguntando con más seriedad que nunca:
¿Por qué no?
Y como he hablado y escrito siempre con absoluta sinceridad, declaro ante todo: que no vengo deci•
dido á romper lanzas por los fueros del bello sexo;
que no soy el campeón de la debilidad y de la gentileza; que no patrocino las candidaturas de señoras determinadas para los puestos vacantes en estas
ó en las otras academias. Ni aul} de vista conozco á
la señora d oña Concepción Arenal, á quien, por sus
obras, admiro y respeto; no he tenido, ni una vez
sola, ocasión de cambiar un simple saludo con la señora doña Emilia Pardo Bazán, cuyos escritos primorosos he celebrado siempre; no sé, ni necesito saber, si hay quien piensa que la señora duquesa de
Berwick y de Alba ha contraído méritos bastantes
para ocupar un sillón en la Academia de la Historia;
en general hablo, y en servicio de lo que me parece
verdadero y justo y razonable mantengo mi tesis, no
para solicitar que la Academia de Ciencias Morales y
Políticas reciba en su seno á la ilustre doña Concepción Arenal, ni para que sea admitida en la Española la insigne novelista que dirige el Nuevo Teatro
Crítico. No aspiro tampoco á congraciarme con las
bellas, si bien esta aspiración nada tendría de censurable; desgraciadamente para mí, los años ya vividos
me ponen á cubierto de suposiciones maliciosas,
Hecha esta salv.edad, que he considerado. necesaria para salir al encuentro de algunas agudezas que
ya estoy previendo, debo reconocer que, por ahora,
la opinión general es hostil al pensamiento de que
sean académicas las mujeres. Pero el argumento sacado de la opinión general es de muy poca fuerza
para quien no cree en el aforismo: Vox populi vox
Dei. No, la opinión pública, la voz del puebl¿, ha
declarado muchas veces como verdades indiscutibles groseros errores; ha sostenido como principios
inconcusos absurdos y desatinos, de los cuales esa
misma vox populi se ha burlado poco después des•
piadadamente.
Hay sin duda en esto de negar á las mujeres la

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FUENTERRABÍA, apunte á la pluma de D. Vicente &lt;;:utanda

entrada en las acade~ias mucho, muchísimo de preocupación, parecida á la que inspiró á nuestros antepasados aquellas disposiciones que prohibían á la
mujer representar comedias, y que hasta muy adelantado el presente siglo establecían la separación
completa de sexos en los espectáculos públicos. Si á
nuestros respetables abuelos - unos bonísimos señores que fueron tan viciosos como nosotros ó un
poco más que nosotros - se les hubiese dicho que
en la sala del teatro debían sentarse indistintamente
señoras y caballeros. doncellas y casados, viejos y
muchachas, se habrían hecho cruces, escandalizándose solamente de oír tan osadas afirmaciones; sin
embargo, eso está ya realizado, lo vemos y lo admitimos todos como la cosa más natural y más sencilla del mundo, y ... nada: no ha sobrevenido ningún
cataclismo por ello. No sé, ni me importa, si las academias están llamadas á desaparecer, como la forma
poética, en plazo muy breve; me inclino á creer que
sí, aunque están sostenidas por el puntal resistente
de la vanidad humana; pero si no desaparecen, ó tardan mucho en desaparecer, el bello sexo entrará ¡:!n
ellas; académicas y académicos discutirán tranquil~mente en un salón de sesiones, y nadie verá en esto
nada que haga reir ni que sorprenda, y no creerá el
mundo que con eso se infiera ofensa grave ni leve á
la honestidad ni al recato.
A decir verdad, casi todos los que, más 6 menos desembozadamente, se han mostrado hasta ahora
opuestos á la entrada de las señoras en las academias han tratado el asunto en son de broma, esgrimiendo como únicas armas, armas de cortesía, la
chanza irónica, la agudeza ingeniosa, el chiste intencionado: Cuestión social inocente denomina al litigio
el eminente escritor que oculta su nombre bajo el
expresivo seudónimo de Eleuterio Filogyno; en tono
humorístico, y con ligereza un tanto desdeñosa, trató de él, en Madrid Cómico, Clarín, el celebrado
autor de esas dos obras maestras tituladas
La Regenta y Su único hijo, y solamente el
Sr. Calatraveño combate con mucha seriedad y con vehemencia extraordinaria el pensamiento, á su· juicio perturbador y pernicioso, de que las mujeres se codeen con los hombres
en los estrados de las academias.
El trabajo á que me refiero, y que según parece
está tomado de un libro titulado Ensayos médico-literarios, es un artículo en el cual su discretísimo
autor, que lo es el señor D. Fernando Calatraveño,

EL ANFITEATRO DE ROMA, apunte á la pluma de D. Vicente Cutanda

trata de responder á otro escritor, médico también y
literato muy distinguido, el cual ha preguntado lo
que yo pregunto; si bien concretando á determinada
señora su pregunta, y á quien el mentado Sr. Calatraveño dirige una contestación que principia así;
copio literalmente:
«¿Sabe el ilustrado polemista por qué no se eligen
señoras para ocupar
los escaños de las
Academias? Porque siquiera sea
poco, reina todavía
el buen sentido en
nuestro país para
no permitir semejantes delirios de
imaginaciones fantásticas que se nutren de absurdos.»
Si es verdad que
por la muestra se
conoce el paño, bastan y sobran esos
comienzos para
presumir cómo será
la contestación.
Claro es que no incurriré en la impertinencia de defender al polemista ilustrado, que tiene
bríos y alientos más
que suficientes para
defenderse por sí
mismo, si lo considera oportuno; pero

.k.....~.,.-1\punte á la pluma de D. Vicente Culanda

como en las líneas reproducidas se califica de insensatos á los que profesan en esta materia las ideas que profeso, y se denomina delirio á mi creencia y absurdo
á mi modo de pensar, no me parece exceso que pida
yo la palabra para alusiones y que'acometa la empresa, no muy difícil ciertamente, de impugnar la argumentación del Sr. Calatraveño; bien entendido que
al hablar de argumentación no me refiero al párrafo
que sirve de introito, en el cual, según puede haber
visto el lector discreto, no hay argumentación ni
cosa q ue lo valga, sino tres ó cuatro afirmaciones ex
cathedra, sin inás garantía ni otra prueba que la honrada palabra del articulista.
Al párrafo en que el autor del libro Ensayos médt'co-literarios nos niega - porque sí y porque le da la
gana - á los que no pensamos como él sentido común, discernimiento, sano juicio y poco menos que
hombría de bien, siguen siete párrafos más, largos
todos y un tanto laberínticos algunos, en los cuales, ·
á lo que se comprende, ha querido el escritor desenvolver sus razonamientos y exponer sus demostraciones, pero de cuya lectura se deduce que no ha conseguido ni una cosa ni otra.
En el primer párrafo sorprende el autor á sus lectores con la recóndita observación de que «la mujer
presenta diferencias notabilísimas que la separan del
sexo opuesto,» y agrega, á guisa de corolario ... verán ustedes lo que agrega: «que la naturaleza al establecerlas fué con el preconcebido intento de que
cada individualidad sexual desempeñase diversos
papeles.» No es muy de miagrado ese/uéquemehe
tomado la libertad de subrayar; pero prescindiendo
de ese reparo que puede muy bien ser cuestión de
gustos, parécelne que la naturaleza no debe de haber
dicho al autor ni á nadie que al establecer esas diferencias que distinguen á la mujer del hombre jué
con el propósito preconcebido de que las mujeres no fuesen académicas, porque, ó mucho me
:~ .
equivoco, ó cuando la naturaleza se tomó el
~
trabajo de diferenciar los sexos no eran todavía
conocidas esas doctas corporaciones.
En el segundo párrafo muéstrase el autor del
libro partidario ardiente (así lo dice) de la instrucción
del bello sexo, pero siempre que esa instrucción no
traspase los límites por él mismo determinados, y una
vez hecha esta solemne declaración torna á las anda·
das de llamar insensatos, cerebros que no piensan,
niños que no discurren, soñadores de utopías, perturbadores de la sociedad, destructores de la familia,

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

no,ya solamente á los que tienen el atrevimiento de fuesen abogados todos los hombres, y cuarto, que de
creer que no hay inconveniente alguno en que exis• lo que se trataba ahora era de si las mujeres podían
tan académicas, lo mismo que hay maestras de niñas, ser académicas, y ni los cuadros ternísimos del discresino á los que osan pedir para la mujer una ins- to autor de Ensayos, ni sus profesiones de fe acerca
trucción algo más amplia que la por él estatuida y de que las mujeres le gustan mucho (en lo cual
determinada. Es cierto que la determinación no re- coincidimos), ni sus opiniones personalísimas sobre
sulta muy clara; el adversario de las académicas no si la instrucción de la mujer debe abarcar estas 6 las
concede que se dé á la mujer más instrucción que otras materias aportan dato alguno al problema ni
la necesaria para cumplir con los deberes de hij a, añaden la más insignificante fuerz.a al razonamiento,
esposa y madre; ¡y vaya usted á saber hasta dónde lle• cuyo contenido quedará contestado sólo con decirle:
ga esa instrucción, y cómo y cuánto puede variar se- «¿Usted cree eso/ Corriente, Está usted en su deregún las circunstancias de lugar y de tiempo! Eso sin cho en creerlo y en decirlo; yo creo esto utro y estoy
contar con que en la organización de nuestras socie- en el mío; quedamos en paz, »
dades hay algunas mujeres, muchas mujeres, que no
He creído que debía examinar con algún detenillegan á ser esposas, ni son nunca madres de familia, miento ese trabajo, por ser el único de cuantos he
con lo que, bajo esos conceptos, no tienen, por des- visto en que se habla seriamente de esto; el ilustre
gracia suya, deberes que cumplir,
Filogyno se chancea con bastante gracejo y mucho
En los dos párrafos siguientes el autor se limita á donaire, pero la verdad es que no se decide ni por
pintar con negros colmes, amenizando el cuadro con una ni por otra solución, y mi buen amigo el admital cual pincelada de sarcasmo, el triste aspecto de rable novelista Leopoldo Alas acaba por decir, al
una familia cuya madre, por ser abogada 6 médica, poner término á media docena de sa!adísimas frusletuviese qu~ abandonará sus hijos durante todo el rías: «Por mi que entren,» Pues lo mismo digo.
día, Dejándose arrastrar el artista por el impulso irreBien será advertir que Leopoldo Alas, como si
sistible de su inspiración, no echa de ver que ese pretendiese poner un correctivo á su propia lenidad,
mismo cuadro, exactamente el mismo, ofrecerá la dice, así como de pasada, pero en realidad con las
familia cuya madre acompaña al marido en las fae- de Caín, que entre las mujeres artistas no ha brillado
nas del campo en los pueblos rurales, ó acude á ga- nunca una Danta,,. No recuerdo si lo decía así
nar un jornal como obrera en las poblaciones fabri- precisamente, pero una cosa por el estilo sí decía,
les, ó asiste á ensayos por el día y á funciones por la y digo yo: Perfectamente; de las mujeres no se sabe
noche como comedianta en las capital~s importan- que haya podido competir ninguna con Euclides ni
tes, ó se dedica, en fin, á cualquiera de las muchas con Newton, verdad es que no las hemos enseñado
tareas que en nuestro presente estado social desem- nunca matemáticas, y es verdad también que aun
peñan, sin que se escandalice nadie, las mujeres ... entre los hombres, muchísimos de los cuales conoCon que una de dos: ó priva en absoluto á la mujer cen esa ciencia, no abundan los Newton ni los Euclide ser obrera, modista, cantante, empleada en telé- des. Esa injusticia notoria en que mi buen amigo
fonos, etc., etc., ó ha de considerar que su conmove- Clarín incurre, cobijándose (sin necesitarlo) bajo la
dora pintura del hogar sin la madre no desaparece autoridad muy discutible del egregio Mantegazza,
porque se niegue á la mujer el derecho á estudiar ju- me parece lo mismo que me parecería la del director
risprudencia ó medicina ó lo que más sea de su de un colegio que hiciera aprender esgrima á una
agrado.
docena de alumnos durante tres ó cuatro años, y no
Los dos últimos párrafos del trabajo son amplia- permitiese á otros tomar siquiera un florete ni una
ción y reproducción de los anteriores, y están redu- espada, y que transcurridos esos años hiciese luchar
cidos como los otros á meras afirmaciones sin prue- á los segundos con los primeros, á fin de deducir que
bas, como puede verse en el que á continuación copio: aquéllos no tenían aptitudes parael manejo de las
&lt;Esa es la mujer qtie nosotros concebimos y que- armas.
remos: que en lugar de leyes sepa enseñar á deleAfirmamos y sostenemos, sin razón por supuesto,
trear á sus hijos, que en vez de concebir proyectos durante siglos y siglos, que la mujer es de condición,
de ferrocarriles guíe sus primeros pasos; no quere- no solamente distinta, sino inferior á la del hombre;
mos á la mujer que sepa cortar brazos y hacer ova- la prohibimos terminantemente adquirir determinariotomías, sino aquella que sabe confeccionar labores dos conocimientos, y transcurridos algunos siglos de- .
que pueda utilizar para el adorno de su casa,&gt;
cimos muy seguros de nuestra superioridad: &lt;A ver,
En buena lógica; las predilecciones del articulista señoras hembras, ustedes que presumen de valer lo
nada tienen que ver en el asunto de si las mujeres que nosotros valemos, presenten ustedes un Arquípueden ó no pueden, deben ó no deben sei admiti- medes hembra, ó un Galileo ó un Euler del bello
das en las academias, El Sr. Calatraveño prefiere, es sexo.&gt;
un suponer, las mujeres que saben bordar á las que
Que entre uno y otro sexo existen diferencias fisiosaben escribir; otro cualquiera, con el mismo dere- lógicas, ¿quién lo desconoce/, ¿quién lo ha negado/
cho que este señor, preferirá las que saben escribir Que esas diferencias fisiológicas, originadas evidenteá las que saben bordar; no han de faltar quienes gus- mente en la diferencia de las funciones que cada
ten más de las que saben hacer una cosa y otra, por- sexo tiene que'desempeñar en la existencia de la esque hay gustos para todo; pero ni estas preferen- pecie, determinan también condiciones distintas en
cias, ni aquellas, ni las de más allá, todas igualmente los organismos del hombre y de la mujer, y en genelegítimas, demuestran que sean mejores los gustos ral del macho y de la hembra, es asimismo claro y
del Sr, Calatraveño que los de otro, Como el que no lo pone en duda nadie, Lo que no parece tan clalas rubias gusten á unos y las morenas gusten á ro ni tan indiscutible es que esas diferencias de orotros no significará nunca, para quien con serenidad ganismos que obedecen única y exclusivamente á la
piense, que las rubias son más lindas que -las more- conservación de las especies sobre el planeta, deternas, ni éstas más hermosas que aquéllas, Yo, á riesgo minen también diferencias psicológicas de importande incurrir en excomunión mayor de parte del vehe- cia y que las determinen precisamente en contra de
mente adversario de las académicas; exponiéndome la mujer,
á ser abrumado por un diluvio de los suaves calificaPor más que discurro no alcanzo á vislumbrar si:
tivos que él gasta, como mentecato, majadero, per- quiera el fundamento de esa deducción en teoría; y
turbador, etc,, etc., y sometiéndome de antemano á en cuanto á la práctica, en los contados casos que
la penitencia que mi contendiente me imponga, quie- pueden aducirse demuéstrase precisamente lo conro decirle, en descargo de mi conciencia y para co- trario.
nocimiento suyo, por si, como creo, no está bien en•
Allí donde las leyes, hechas por nosotros, han perterado: primero, que no todas las mujeres tienen ya, mitido, han tolerado que la mujer compitiese con el
desde que vienen al mundo, señalado para cuando hombre, ali( ha sostenido, cnando menos con igualsean núbiles un esposo y un hogar, sino que muchas, dad, en ocasiones con ventaja, la competencia. ¿Se
por el contrario, han de pensar desde muy niñas en busca arrojo, agilidad, destreza, fuerza/, pues en los
adquirir medios para subvenir á las necesidades de circos ecuestres vemos frecuentemente mujeres que
la existencia; segundo, que aun para las buenas espo- dejan á la zaga á los gimnastas más intrépidos, más
sas, las excelentes madres de familia, puede ser, y en ágiles y más vigorosos. ¿Se pide sentimiento, intelimuchas será, de necesidad absoluta aceptar ocupa- gencia, buen gusto/, pues al lado de los mejores actociones fuera de su casa; y de todas suertes, como ha res brillan, superándoles muchas veces, 'eminentes
sido,licito siempre y lo será en adelante, que las ma- actrices; las cantantes cuyo nombre ha llenado el
dres de familia, por buenas y santas y cariñosas que mundo, nada tenían que envidiar seguramente á los
sean, concedan un rato de descanso al cuerpo y cantantes más aplaudidos y más famosos; escritoras
algunas horas de expansión al espíritu, así como na- y poetisas han existido y existen hoy que figuran
die halla censurable que hagan visitas y 'concurran dignamente al lado de los más eminentes literatos,
á paseos y asistan á teatros, podrían muy bien, sin poEs posible que se halle en sus obras inferioridad
ner en olvido sus deberes de amas de casa, asistir de en determinados conceptos; pero seguramente se
vez en cuando á una sesión de la academia; tercero, encontrará superioridad en otros; quizá piensen alque nadie ha pretendido nunca, ni és posible que guna vez menos alto, pero de seguro sentirán siemlo pretenda persona alguna, que todas las señoras pre más hondo, y estas diferencias, hijas del distinto
sean abogadas, como nadie admitirla tampoco que temperamento, no se hallarán solamente entre escri-

NúMERO 513
toras y escritores, sino aun entre dos escritores dis-

tintos, si son distintas sus condiciones.
No se entienda por lo que llevo dicho que pretendo hacer de cada señorita una poetisa y de cada señora
una catedrdtica, como no quiero hacer de cada hombre un médico ni de cada muchacho un aprendiz de
sastre. No 1 mis aspiraciones son mucho más humildes y, á mi juicio, mucho más razonables; deseo -y
es justicia que pido - que así como el hombre sigue
la profesión que más se acomoda á sus inclinaciones,
y uno es soldado y clérigo el otro, y este abogado y
aquel farmacé~tico, sea lícito á la mujer dar empleo
útil á sus aptitudes y á su laboriosidad y á su inteligencia, Que si es esposa y madre de familia y ángel
de su hogar y .guardián de sus hijos, lo sea por voluntad p_ropia, escogiendo libremente aquel estado, no
esclavizada por estúpidas imposiciones de la sociedad
que le dice: &lt;has de ser esposa y madre y ama de
casa» y luego no le da ni esposo ni casa ni hijos, Si
lo natural es que la mujer vaya por ese camino, por
ese camino irá de seguro la generalidad, la inmensa
mayoría de ellas; pero ¿por qué negar el agua y el
fuego á las excepciones? ¿No son excepciones también los hombres eminentes?; pues nadie se cree con
derecho á vejarlos ni escarnecerlos porque en lugar de
escribir obras grandes ó de discurrir útiles _inventos,
no van á una oficina á ganar un sueldo con que
atender al sustento de sus hijos,
La sana razón, nG ya un capricho de mi fantasía,
me dice que la lzembra y el macho, desempeñando en la
vida y persistencia de la especie funciones no iguales, pero sí de importancia equivalente, están á la
misma altura de perfección fisiológica y psicológica,
La práctica me dice, confirmando este juicio de mi
razón, que la mujer ha manifestado siempre, en todos los países, en todos los tiempos de la historia,
inteligencia igual, aptitudes semejantes á las del
hombre, para el bien como para el mal, en lo pequeño como en lo grande, Es claro que si vamos á establecer comparaciones entre el vulgo de las mujeres y
los hombres eminentes, el resultado será desventajoso para éstas; no, la comparación no ha de hacerse
así: la mujer vulgar con el hombre vulgar, el varón
insigne con la hembra ~minente; entonces se verá
cuán escasa, cuán inapreciable es la diferencia.
Y ya en este punto, reproduzco mi pregunta para
ver si consigo que alguien la conteste con razones y
no con chistes que nacia prueban, como no sea la
gracia del autor. ¿Por qué no? ¿Por qué no han de
ser académicas las mujeres? ¿Es por ventura menos
arduo y menos dificultoso dar solución acertada á
una crisis ministerial que encontrar una definición
propia para un vocablo?
¿Podrá considerarse más sencillo ocupar dignamente un trono que sentarse en un sillón de cualquier academia?
Pues si han existido reinas grandes, ¿por qué no
habían de existir grandes académicas?
A, SÁNCHEZ PÉREZ

CRÓNICA DE ARTE
Puede decirs~ que los meses estivales han sido
este año verdaderamente fecundos para el arte, y que
el calor asfixiante del verano de 1891 en vez de alejar del taller al artista le ha infundido bríos para
trabajar.
Mientras en las costas del Cantábrico y del Mediterráneo ó en el fondo de los valles y bajo los árboles de las frescas provincias del Norte y Noroeste de
la península los centenares de personas que huyeran á los rigores de la terrible tr.opical temperatura
de Madrid daban descanso al cuerpo y al espíritu,

los escultores, envueltos en sus largas blusas, amasando febrilmente el barro, haciendo girar sin descanso el caballete, consultando la obra de indumen·

taria, interrogando al modelo con la mirada, como
si la inercia física y psíquica que caracteriza esas
gentes les pudiera acorrer en un punto, dándoles
motivo para expresar algo de lo que presienten, de
lo que desde allá de lo íntimo les dice con insisten·
cia desesperante: ¡1101 no es eso!; los escultores, digo,
así luchando bravamente contra el calor, el cansancio, la falta de tiempo, la incertidumbre de ver coro·
nado tanto esfuerzo y sacrificio, han tratado de arran·
car de la vaguedad de la descripción histórica ó biográfica, de la incorrecta é infantil imagen trazada por
la mano de ignorado artista, las figuras en su aspee·
to físico y moral de Alfonso el Sabio, de Isidoro de
Sevilla, de Vives, de Nebrija, de Berruguete, de Fray
Luis de León, de veinte ó de veintitantos ilustres
sabios, poetas, filósofos y artistas españoles, y cuyas
efigies habrán de servir de ornamento al nuevo edificio destinado á Biblioteca y Museos de esta corte,

: UNA CONSULTA, cuadro de D, José M, Marqués
(Premiado en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona de 189r.)

�678

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

513

Pero no son los bordeleses los únicos artistas frante concurso de concurso del hambre, y tengo para mí que, en efec- ceses que van en busca del originalismo provincial,

y más que del originalismo provincial, del misticismo que evoca la contemplación y estudio de la naturaleza. Ilustres pintores cuya residencia oficial es
París le abandonan durante largas temporadas para
trasladarse á la Auvernia, Bretaña, Borgoña, etc., y
comunicar savia fresca, ruda y enérgica á la plástica,
acentuando las líneas, acusando con valor la forma
contrahecha y débil del modelo urbano, recabando
é integrando para el color y al color lo que el artifi•
cio industrial le arrebata y descompone, restituyendo
á la figura humana el valor estético que reside en la
bel1eza física y que tan íntima conexión tiene con la
expresión moral, esa otra belleza psíquica.
Pero aquí, al llegar á este punto, surge un obstáculo con el cual no contaron ni cuentan los artistas
que siguiendo las huellas de la escuela tebaica de
Barbizon, puesta en boga por los entusiastas de Millet, señala el límite hasta donde puede y debe llegar
el arte que dentro del regionalismo se limita á estudiar la vida rural. Por cierto que aun cuando tenga
como máxima irrefutable lo de que el ruralismo estará mejor interpretado en el cuadro del pintor nacido en la localidad misma que no en el del extraño,
sin embargo, no puede negarse que la pintura rural,
apreciada como una manifestación social del arte, es
susceptible de que la realice indistintamente el pintor
extranjero como el indígena. Y dicho esto que me
escarabajeaba hace tiempo, prosigo haciendo patente la contradicción que existe entre la emoción esté·
tica y mística que resulta del estudio del campo y
sus habitantes, del mar y de sus trabajadores, y los
romanticismos y delicadezas que pretenden ver en
labriegos y marineros los que se dedican á pintar las
escenas en que tales gentes son actores. Nada más
contrario á las verdades de la psicología y fisiología
El movimiento artístico regio- que esos labriegos ascetas, que esas campesinas cannalista se propaga rápidamente dorosas, que esos marineros románticos. Cuanto más
por toda Europa. Entiéndare apegados al terruño ó á la lancha, tanto más hijos
bien, regíonalista, cosa muy dis- de la naturaleza serán. Y esas delicadezas, esas emotinta del «ruralismo,» que mu- ciones íntimas, sutiles, sostenidas por el hilo finísimo
chos confunden lastimosamente de oro de la cultura moderna, hilo vibrante al más
ligero movimiento de las sensaciones físicas ó psíquicon el primero.
cas, son movimientos inconscientes de las necesida•
Sabido
es
que
en
Inglaterra,
GRANADERO DE LA GUARDIA ESPAÑOLA (1824), dibujo de D. Román Navarro
además de las escuelas de Norf- des materiales en el hijo de la naturaleza.
He aquí, pues, cómo el pintor de la vida rural falfolk y Norwick, existen pujantes
Cómo habrán realízado sus respectivas obras los la escocesa de Edi u burgo y la de la tit::rra de Jalla~ sea de un modo completo la verdad psíquica, la
aludidos escultores, pronto lo sabremos. La Acade- Todas esas escuela ;, que cuentan, especialmente la• realidad. Esos movimientos pasionales que diría
mia de San Fernando juzgará cuantos proyectos se últimas, con número grande de artistas, celebrar Spencer, que tienen por causa fehaciente muchas vepresenten y fallará sin que al expositor le quede de· anualmente sus expo,iciones, de las cuales se ocupar ces el fatalismo del medio en que vive el hombre
recho alguno á reclamar contra tal fallo, si éste fuera detenidamente los críticos londinenses sin mentar f culto, intelectual, no existen, no tienen razón de ser
injusto. Desgraciadamente la dicha Academia viene Ruskins. En Alemania sucede otro tanto. Munich. en las gentes del campo. ¿Cuántos suicidas, cuántos
hace tiempo dando cuerpo con sus desaciertos, con Berlín, Sthutgard, etc., presentan á la investigación dt&gt; locos, cuántos neurósicos han visto entre sus labriesus favoritismos incomprensibles, á la protesta que la crítica arte de aspecto tan vario, tan propio. tan gos y marineros los artistas á quienes aludo?
contra ella se levanta desde la prensa, desde los cen- local, que no es po~ible confundir, por ejemplo, la
tros artísticos; y esa protesta tiene que agregar al anemia berlinesa con el vigor de la escuela del Gran
capítulo de cargos los últimos concursos, donde la Ducado Francia no se ha podido sustraerá este moAcademia de San Fernando dando la razón á la crí· vimiento, á pesar del cosmopolitismo centralizador
tica, á la gente del arte, que pedía, por falta de con- parisiense. Verdad qÚe Du•
diciones esenciales de alguno de los monumentGs, la mas (hijo), como Barrot ananulación del certamen, sin embargo, atendiendo ex- tes y Ricard ayer y tantos
clusivamente á un criterio reñido del t0do con la otros ilustres filósofos, noveunanimidad del parecer general, declaró digno de listas y políticos no dudaron
lauro cierto proyecto que, según el dictamen facul- ni dudan de ese movimientativo, no reunía las condiciones exigidas á esa clase to, que así se inicia con el
de obras.
arte, considerándole como 1
En tres concursos tiene que dar dictamen durante evolución in con tras ta ble
el actual mes de octubre la inmortal de la calle de Al- contra los empirismos escocalá. En el abierto para una medalla conmemorativa lásticos que dominaron y aún
que eternice la celebración del cuarto centenario del dominan por la fuerza inicial
descubrimiento de América; en el convocado para eri- que todavía conservan.
gir en Granada un monumento á la Reina Católica,
En Burdeos se ha celey en el que por disposición del ministro de Fomen- brado la quinta Exposición
to se anune'ió para la decoración de la nueva Biblio- regional de Bellas Artes, pateca.
trocinada por las personaliCon el primero de estos concursos está sucedien- dades de más prestigio de la
do lo que ha sucedido y sucederá en España mien- localidad. El número de las
tras se tomen las cosas todas, sean del valor y de la obras expuestas alcanzó á seimportancia que quieran, á beneficio de inventario. tecientas y pico, y en la maEl carácter de este concurso es internacional. A yor parte de ellas dominaba
él concurren artistas italianos, franceses, alemanes é la historia, el asunto, el moingleses, amén de varios grabadores españoles. Según tivo de la región, viéndose
el articulado de la convocatoria, debían ser juzgados en minoría grande la influenlos modelos presentados á los quince días de su re- cia del ambiente bourgeois
cepción y va transcurrido más de mes y medio. Los que tan á mal traer trajo y
artistas extranjeros se impacientan y parece que al- tan ·cursis hizo porción inguno no se resigna á sufrir la informalidad y anuncia mensa de pintores discretos,
una reclamación en regla. Sea de esto lo que q_uiera, obligándoles á pintar salidas
lo cierto es que la seriedad española no queda muy de misas, paseando por el bulebien parada que digamos.
var, mercado de flores, MadaRespecto del último de los concursos, los rumores me avec le chien, dans les courque corren no son muy halagüeños para el arte en ses, y así por esos trigos de
general ni para el artista que, no contando con apo- la insulsez y de la anemia,
yo alguno en las esferas oficiales, se presenta á lu- por no escurrirme á califi.
char sin más armas que sus obras. He calificado es- carios de otra manera.
EN DESCANSO, acuarela de D. Román Navarroi dibujo del mismo
to, aquí se van á repartir unos
cuantos miles de pesetas entre
una docena de amigos y discípulos necesitados de recursos y sin
reparar por un momento en el
valor artístico de los proyectos y
bocetos, dividiendo de este modo más hondamente de lo que
están á los estatuarios españoles.
Ya se principian á deslindar dos
campos, uno patrocinado por los
escultores académicos y otro por
alguna personalidad que desde
la prensa viene periódicamente
atacando la viciosa corruptela
del magister dixz't parapetada tras
los polvorientos sillones acadé
micos. Creo firmemente que la
lucha que se entablará con motivo de la adjudicación de las
obras de este concurso va á ser
formidable, si he de juzgar por
la agitación que en los círculos
artísticos se observa. En uno y
otro bando, académico y no académico. hay escultores de mérito
que habrán de pagar los vidrios
rotos; no es posible, pues, profetizar el resultado, aun cuando ya
se susurran los nombres de los
artistas que tienen asegurado el
triunfo.

NúMERO 513

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

679

Aquellos hermosos brutos, que lo mis~o sir~en
delicioso, se hace necesario recorrer 1os para caracolear y lucirse en un paseo anstocrát1co
doscientos kilómetros que para tragar leguas y leguas subie~do y bajando
pasando por todas las cordilleras están ya hechos á estos cmdados que sefases climatológicas. guramente' pondrían los pelos de punta á cualquier
Fríos intensísimos en sportmán europeo.
Apenas D. José Gallo echó pie á tierra se tendió
la cima de la cordillera, nieves ó hielos en cuan largo era, que no era mucho, y comenzó á relas punas ó mesetas, volcarse.
- ¿Pero qué hace usted?, le pregunté.
ambiente tibio en las
- Descansar.
quebradas, y en algu- ¿Descansar así?
nas, á causa de sus
- Ya lo creo: después de una larga jornada á caangosturas, falta de
ballo
no hay cosa que quite el cansancio como imiaire para nutrir los
pulmones; ríos cauda- tar á los borricos.
Nos revolcamos todos. La escena era curiosa,
losos, cuyo vadeo es
peligrosísimo, y en fin pero la verdad es que cuando me puse de pie me entoda suerte de moles- contraba más ágil.
Mandamos preparar cena y camas. Cena muy
tias relacionadas·con
el vértigo de las altu- bien; pero camas ... ¿de qué modo?
Después de mucho discurrir acordaron arreglar la
ras, con el sa,·oche
(ahogo) á causa de la mía en una lona que pendía del techo á modo de
rarefacción. del aire, coy marino, armar la de D. José en unas tablas sobre
con el surumpe, horri- banquillos y la de D. Miguel sobre la mesa.
¡Magnífico! ¡Ibamos á estar como príncipes!
ble dolor que produCenamos y salimos al corral; nos sorprendimos de
ce en los ojos el reflejo del sol sobre la nie- ver mucha gente reunida.
- ¿Qué hacen estos aquí?
ve y con el ítem de
- Vienen á jaranear.
tormentas que unas
- Pues alza, ya están empezando.
veces estallan sobre
- Es que no ha llegado el músico.
la cabeza del viajero,
Este no se hizo esperar, y al poco rato vimos encruzando los rayos
que es un contento, y trar un indio medio giente dt'persona, como ellos diotras se las siente aba- cen para dar á entender que no son indios vulgares,
jo, muy abajo. Mien- con un arpa á la espalda y un violín metido en funtras el sol alumbra es- da de badana, cogido debajo del brazo.
Le obligamos á tocar incontinenti y el hombre
plendente las cimas
de las montañas, por dió principio á su tarea,
donde trepan más
que suben las bestias
con sus humanas car·
gas, los habitantes
f
de la llanura rezan
Fragmento del cuadro Carga dil regimiento de 111/sares de la Princesa en la batalla de Castillejos, á santa Bárbara bendita sobrecogidos de
de D. Román Navarro, dibujo del mismo
terror.
¡Qué imponente,
pero
qué
bello
y
grandioso
es
el
espectáculo
que allí
Cierro esta crónica haciendo saber á los lectores
de LA ! LUSTRACIÓN ARTÍSTICA que para el próximo ofrece la naturaleza!
septiembre celebraremos la primera Exposición Internacional de Bellas Artes en Madrid.
También, aun cuando muy modesta, la prensa maSalimos del Cerro de Paseo á las nueve de la madrileña celebrará otra Exposición de los cuadros al
óleo, acuarelas, dibujos y apuntes que los artistas ñana, y permítaseme recordar á los galantes_ compaespañoles han remitido para rifarlos á beneficio de ñeros que sólo por acompañarme á ver á m1 esposo
los inundados de Consuegra y Almería, no esperán· iban á sufrir las molestias de un camino en el cual
dose más que á recibir los últimos trabajos que anun- solían emplearse tres días de cabalgadura.
Eran dos españoles: D. José y D. Miguel Gallo,
ciaron de Roma varios pintores para realizar la dicomerciante rico el primero y muy rico minero el secha exposición.
gundo. El primero ha muerto, el segundo vive y es
R. BALSA DE LA VEGA
feliz, casado con una hermosa limeña.
Emprendimos la marcha y desde la salida del
pueblo
comenzamos á bajar, á bajar siempre.
SECCIÓN AMERICANA
Treinta veces en el transcurso del día tuvimos que
ponernos los ponchos de agua; en aquellos ~arajes es
EL BEATERIO DE HUANUCO
prenda de reglamento el impermeable. ¿Qmén mon•
RECUERDOS AMERICANOS
ta sin él? Nadie.
Un indio arreaba lá mula que conducía nuestras
A doscientos cincuenta kilómetros NE. de Lima
(Perú) fundó por el año 1539 el capitán Gómez Al- vituallas y el menguado equipaje que pensábamos
varado un pueblo al cual bautiz.ó con el nombre de pecesitar. La jornada fué larguísima: donde pensábamos hacer noche no la hicimos. ¿Cómo se entendía?
León de los Caballeros.
Yacían en el sitio escogido por el español aventu- ¿Desmontar á las tres de la tarde? De ninguna marero los restos de una ciudad incásica, y no se andu- nera. El jefe de la expedición, que por su edad lo
vo por las ramas el de Alvarado: contemplando la era D. José Gallo, echó sus cuentas,
- ¿Seguimos, señora?, preguntó. ·
belleza de aquel suelo de vegetación lujuriosa, tra·
- Por mí, en marcha.
sunto fiel de un paraíso no descrito en las Sagradas
- ¡Adelante!, y salimos escapados.
Escrituras pensó que muy difícil había de serle troA las siete llegábamos á la posada en donde Gallo
pezar con' terreno más á propósito para aclimatar
había pensado que hiciésemos noche.
.
todo lo aclimatable.
¡Qué sitio más hermoso! Era una casa aislada enPocos son los viajeros europeos que llegan á dicho
pueblo á no ser que los negocios les obliguen á reco- tre dos montañas á la orilla de un río pedregoso que
rrer á 'caballo los doscientos cincuenta kilómetros batía furiosamente el agua contra los
qu~ Jo separan de la capi_tal ~e la República, y de- infinitos peñascos de un cauce, y tan
claro que tampoco yo hubiera ido á no haberme de- grande ruido hacía, que de no haberlo
visto hubiéramos jurado estar cerca
cidido á ello un deber y una promesa.
León de los Caballeros se llamó andando el tiempo de una catarata.
Nos apeamos; los caballeros desenL eón de Huanuco, y hoy sólo por este último nombre
sillaron por su propia· máno, como
se le conoce.
Es capital del departamentó_~e Junín, uno de lo,s todo buen jinete viajero, y colocaron
más bellos y ricos de la República, y confina con p~1- los arreos en la pieza que había de
ses habitados por salvajes; países que resultan sm servirnos de dormitorio, sala, comedor y salón de baile.
nombre ni dueño por estar apenas exp)orados.
Los caballos, cubiertos · de sudor,
Estas tierras salvajes conducen á onlla? del ~mafueron
baldeados inmediatamente por
zanas en dondé los misióneros tienen residencia.
CORACERO DE LA GUARDIA REAL ESPAÑOLA, {Año 1~24.)
Es' pues Huanuco un pueblo especial en Améri- un clwlo de la posada y retirados á la
Dibujo de D. Román Navarro
ca: p;ra. llegar á él desde la costa, donde el clima es cuadra.

�¡SEÑ'ORES, BUENAS NOCHES!

(EPISODIO DEL REINADO DE FEDERICO EL GRANDE), CUADRO DE ARTURO KAMPF

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTIC4

antes citada, y el techo del salón de autos del Instituto da
Guarda de aquella ciudad, en que de un modo acabado apare•
cen simbolizadas todas las artes bellas.
Pero el género predilecto del Sr. Navarro son l?s asuntos
militares, que ha llegado á dominar como los meJOres espe•
cialistas de nuestra patria y del extranjero; en la reproduc•
ción de los mismos brillan los destellos del verdadero genio,
y bien se ve que el alma del aguerrido oficial de nuestro ejército
tuvo en su ejecución tanta parte como la mano del h~b1llsimo
artista: La naturalidad, la espontaneidad con que sus obras de
este género están tratadas, difícilme~t': se adquie~en con el
estudio, si en el corazón no hay senllm1ento, entusiasmo que
las inspiren: la corección, la pureza de lineas, contornos,
sombras y matices que se admiran en las producciones de
Navarro denotan su talento; la expresión, el elemento psico•
lógico que las anima indican algo más, lo que sólo tienen los
que para el arte han nacido, esa inspiración que únicamente
de los escogidos es privilegjo.
Román Navarro cuenta treinte y seis años, ha sido premiado en .varios concursos y exposiciones, y obtuvo del Ayuntamiento de la Coruña una pensión de 4:000 pesetas anuales.
por cuatro ailos para completar en Roma sus estudios, pen•
sión que no pudo utilizar por dificultades de su carrera, en la
cual tiene hoy el grado de capitán de la escala de reserva, á la
que pasó para poderse dedicar por completo al arte. Recientemente ha sido nombrado corresponsal de la importante ilustración inglesa Black a,zd White. No ha tenido más maestro
que el profesor de la Academia de Caballería que le enseñó
las primeras nociones del dibujo; todo lo que sabe lo ha apren•
dido observando el,natural y estudiando las obras de los gran•
des maestros en pintura de asuntos militares, como Meisonnier, Detaille y Neuville,
Posee además Navarro una cualidad que aumenta considerablemente su mérito: la modestia. Si pudiésemos copiar
algunos párrafos de cartas suyas que poseemos, verían nues·
Iros lectores cuánta es la belleza de su alma y cuán modestamente babia de si mismo, tanto como con entusiasmo y admiCARLOS PARNELL
ración cuando de sus colegas trata. Es un verdadero artista
con todos los buenos afectos de un corazón ele niño, abierto á
res de ejecución que dificilmente podrían enumerarse: de com- todo sentimiento noble y en el que no tiene albergue ninguna
posición simpática, bien sentido y de entonación agradable y de las bajas pasiones de que por desgracia no están ·exentos
armónica, resulta una obra interesante por el asunto (que tam- muchos artistas.
•
bién tienen interés las nimiedades, á veces mayor que las gran·
••
dezas) y grata á la vista por la manera como el autor ha sabi¡Señores, buenas noches!, cuadro de Arturo
do tratarlo,
Kampf. - En la Exposición del Jubileo de Berlín de 1886
produjo sensación grande un cuadro titulado La tUtima ~eclara·
Fuenterrabía,apunte á la pluma de D. Vicente ción, obra de Kampf, pintor hasta entonces desconocido. El
Cutanda.-El anfiteatro de Roma, apunte á la lienzo además de sensación ocasionó gran polvareda entre los
pluma de D.Vicente Cutanda.-Apunteá laplu- artistas y críticos: los idealistas calificáronlo de vulgaridad; los
made D. Vicen"teCutanda. - Vivo está todaviaelrecuer- realistas le tuvieron por notabillsimo, alegrándose de ver apa•
do del,incideete á que dió lugar en el seno del Jurado de la Ex• recer un nuevo y valiente adalid de su escuela, y el autor logró
posición general de Bellas Artes de Barcelona uno de los cuadros lo que se proponla, darse á conocer, hacer que su nombre sode Vicente Cutanda, por los místicos escrúpulos de dos de sus nara y obtener entre el público un verdadero éxito, De Munich,
miembros, y latentes también los triunfos obtenidos por el pin• en donde residia, trasladóse Kampf á Berlín, en donde la
tor madrileño en los concursos nacionales por sus notables muerte del emperador Guillermo le inspiró su Sepelio del radácomposiciones A los pies del Salvador y La muerte de Serlorio, ver del emperador; actualmente vive en Dusseldorf, y desde alll
Artista de temperamento, ha dado á conocer en las intermi- envió á la Exposición de Berilo de 1889 el hermoso cuadro
tencias que ofrece su vida art!stica las cualidades que posee y que reproducimos y que representa la sorpresa de los oficiales
sus aptitudes para el arte que cultiva. Dedicado á la literatura, austriacos en el castillo de Lissa por Federico el Grande du•
obandon6 en 1869 sus estudios para ingresar en la Escuela es- raote la guerra de los siete años,
pecial de pintura de la coronada villa, en la que obtuvo varios
premios. Una grave dolencia obligóle durante algunos años á
•*•
suspender sus trabajos, que pudo reanudar en 1881, pintando su
bonito cuadro Un mercado en A vila, adquirido por la infanta
Carlos Parnell. - En la noche del 6 al 7 del corriente
Doña Isabel, al que siguieron los dos anteriormente citados, y falleció en Brighton este hombre eminente cuyas campañas po·
Santa Teresa de /estls en lxtasis, por encargo del lltmo, señor líticas en favor de la autonomfa de su patria le hablan mereci•
Obispo de Avila para ser ofrecido á Su Santidad León XIII. do el dictado de t-ey de Irlanda.
En el número 473 de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA publicaTal es el aulor de Vce Victis que figuró en la primera Expo•
sición general de Bellas Artes de Barcelona, y de los apuntes á mos la biografía de Parnell, y por esta razón nada hemos de
la pluma que reproducimos, escogidos al azar entre los que decir hoy acerca de la virla del que se consagr6 por entero, con
atesoran sus carteras de viaje,
abnegación de que hay pocos ejemplos en la historia, á la jus•
ta causa de defender á los desgraciados irlandeses contra el
•
yugo opresor de Inglaterra, Pocos días antes de su muerte, el
••
27 del último septiembre, todavía su elocuente voz se dejó oir
Una consulta, cuadro de D. José M. Mar- en Creggs, adonde fué contra el parecer de su médico y á pesar
qués - En la primera Exposición Universal de Bellas, Artes de las sí1plicas de la que ante la ley era ya su esposa, y en don•
celeorada recientemente en esta ciudad, llamaba la atención de habló por espacio de tres horas de pie, al aire libre y su•
de todos los visitantes el cuadro cuya reproducción publica- friendo la lluvia que no ces6 de caer un momento. Al día simos en el presente número; la obra no es ,de aquellas que por guiente regresó á su casa, de la que sólo debla salir ya su cadáver.
su tamaño ó por estar inspirada en asunto de excepcional inteEste, encerrado en un triple ataúd de olmo, de plomo y de
rés atraen al aficionado ó curioso; pero en cambio por su dibu- roble, fué conducido el sábado siguiente á Dublin, y al otro día
jo y expresión y sobre todo por ,u colorido se llevan las mira- Irlanda entera hizo con motivo de la exequias de su hijo pre•
das de los inteligentes y artistas. La nota del color es induda- dilecto una manifestación de duelo imponente, colosal, digna,
blemente lo que más sobresale en esta obra y, como dijo un en fin, del hombre cuyas últimas palabras fueron: &lt;Decid á mis
celebrado critico que por cierto no peca de benigno en sus colegas, decid á Irlanda cuánto la he amado. ¡Quiera el cielo
juicios, recuerda la brillantez y armonfa de tonos de la anti- que en sus males se vea ;uidada como yo lo he sido!&gt;
gua y clásica escuela española.
El Sr. Marqués demuestra en este cuadro un notable pro•*•
greso en la carrera art!stica, que tantos lauros le ha val:do;
hasta ahora pudo decirse que el paisaje era la especialidad del
Buenos Aires: Teatro de San Martín.,_ destruídistinguido y asiduo colaborador de esta ILUSTRACIÓN; Una do por un incendio en la noche del ~ de sepconsulta demuestra que también en géneros de mayor vuelo tiembre último. - Poco antes de empezar la función, que
puede conquistar renombre igual al que ha logrado como pai- se daba á beneficio del artista Sr, Milzi, un descuido del ensajista, y así lo reconoció el Jurado de la Exposición, premian- cargado de encender las luces produjo el incendio de este teado ':sta obra que tomada de un dibujo del mismo autor repro- tro, en donde actuaba la compañía de opereta italiana de Tomba. Como el ecl.ificio era en su casi totalidad de madera, el
ducimos,
fuego adquirió horribles proporciones y á las tres horas de ini•
•
ciado, el coliseo era una masa de escombros y sólo quedaba
••
de él en pie la fachada principal, que es de pie:lra. Los esfuerGranadero de la guardia española (1824), dide los bomberos hubieron de limitar~e á evitar que las llabuio. - En descanso, copia de una acuarela.- zos
mas se propagaran á los edificios contiguos, entre los que se
Carga del regimiento de húsares de la Prince- cuenta
el Consejo Nacional de Educación. La única victima de la
sa, copia de un fragmento de un cuadro al
óleo.-Coracero de la Guardia real española, catástrofe fué el artista Sr. Spinelli, que estando en su cuarto
dibujo. Obras de D. Román Navarro. - Román se desmayó al oír la voz de¡ fuego! y cuyo cadáver convertido en
Navarro salió de la Academia de Caballería el año 1875, sien- masa informe fué retirado al dla siguiente de entre las ruinas.
La hora en que comenzó el incendio evitó mayor número
do destinado :í un regimiento de húsares de Pavla que operaba en el Norte; trasladado después á Madrid, pudG&gt; allí dedi• de desgracias; las pérdidas materiales se estiman en seiscientos
car sus ocios al cultivo del dibujo y de la pintura, por las que mil pesos, de ellos doscientos mil por concepto de trajes,
siempre había demostrndo afición decidida, Más tarde pasó á decoraciones y demás objetos pertenecientes al Sr. Tomba,
Galicia, su país natal, y habiendo salido en 1885 á oposición
una plaza de Ayudante de la cátedra de dibujo de figura y
adorno en la Escuela de la Cornña, ganó este puesto que des•
RÁNDESALMACENESDELPRINTEMPS
empeña todavia y del cual, á no dudarlo, pasará pronto al de
DE PARIS,• Véase el anuncio en la sección correspondiente'.
profesor. Ha pintado y pinta diversos géneros, paisajes, retratos y asuntos decorativos, mereciendo entre sus obras especial mención el retrato de la Reina Regente, que figura
JABON REAL
JABON
en el salón de Sesiones de la Diplltación Provincial coruñesa;
el del Sr. Sarthou, gobernador civil de la Coruña, y el de don oETHAIDACE 29,~"~:1~=~Par11 VELOUTINE
losé M. • Abella, encargo hecho al artista por la corporación &amp;wima11da.!01 por &amp;utori4dea a!tiw p&amp;r&amp; 11 Bi¡lm 41 1' Plll 1 Bellu1 (el Colar

Comenzó por un vals, ¡Dios mío! Yo estaba ya
NUESTROS GRABADOS
muy acostumbrada á semejantes degüellos musicales, r
___
pero aquél me pareció cruel.
Un secreto, dibujo de Grivaz. -¿Quién será él?
Nadie bailaba: las cholas y cholos nos guardaban Esta es la pregunta que se nos ocurre al contemplar la obra de
el mayor respeto· ni por más que los incitábamos se Grivaz, P?r~ue no hay duda que de fl se trata: Y á fe que. es
,
'
para env1d1ado el mortal que consigue verse correspondido
movian,
,,
,
por tan gentil doncella, cuya belleza corre parejas con su do•
- Toca una cachua, d1JO Miguel Gallo.
naire y aun con la bondad que al través de su expresión pica•
Y el arpero soltó su violín para coger el arpa.
resca se adivina.
Comenzó la música juguetona de la cachua, que
Este dibujo del reputado artista francés tiene tantos primoMiguelito Gallo bailaba muy bien, dicho sea de paso, y allí veríamos á un español convertido en criollo de pura raza sacando á una cholita muy guapa,
que se puso encarnada hasta el blanco de los ojos.
Jaleábamosles de lo lindo nosotros, y la cho/ería
iba también animándose viéndonos animados,
- ¡Qué niña más buena!, decían (la niña era yo).
¡Vaya que era cariñosa con los cholos!
El arpero cantó haciendo picarones visajes:
&lt;Si mi quieres no mi quieres,
Avísame ctm trimpano;
Alza, dále, torcacita (paloma torcaz',
Alza, dale, torcacita,
Para mi boscar otro dueño,
De to laya más mijor.
Alza, dale, torcacita. &gt;
Miguel bailaba requebrando á la chola, que lo miraba con ojos lánguidos, avergonzada de verse emparejada con un caballero, y él, hombre al fin, hacía
cuanto en su mano estaba para entontecer á su pareja, siquiera fuese con intenciones sencillas.
Acabada la cachua soltó el músico el arpa y cogió
el violín; imitó el asno, el perro, el gato y una porción de animales, haciéndonos reir con sus extravagancias; luego obligó al estradivarius á llamarnos á
los tres por nuestros· nombres, y en verdad que no
resultaban ininteligibles.
Pedí que me cantasen un triste serrano y todos se
fijaron en la cholita, que había bailado con mi com·
pañero; éste se levantó á buscarla, porque la muchacha no quería; por fin accedió á los ruegos de.don
Meguel, y se preparó á entonar con música deliciosa
. la siguiente copla, mezcla de castellano y de quichua:
«En la copa de aquel árbol,
/aparispa,

Mi paloma con ternura,
Nigiiay cancha,

Dónde está el bien de vida,
Que lo busco.
Dónde está que no lo encuentro,
Chacajpampa. l)

De la traducción saqué en consecuencia que una
paloma, desolada por haber hallado su nido desierto,
subió á la copa de un árbol á llamar á gritos á su
amado, pidiendo la muerte si había de vivir sin el
bien de su vida.
La poesía india es todo ternura, todo amor, todo
lágrimas, y tan impregnada de ella se encuentra el
alma de los incas, que no pueden cantar sin. amar, ni
amar sin desgarrar el corazón con tristes lamentaciones.
La cholita cantaba para Miguel; bien lo veíamos
D. José Y. yo.
Después de otra cachua y de algunas chilenas (zamacuccas) pedimos la despedida con un Huayñu,
Volvió á sentarse la chola á la vera del músico, y
cantó con voz doliente y en un castellano parecido
al de los vizcaínos del pueblo bajo:
·
«Ya empieza el pecho á sufrir
¡Ay dulee prenda querida!
¡Adiós! ¡Adiós!
Ya se acerca tu partida
Y me quiero despedir.
¡ Adiós, me voy!
¡Adiós, corazón! ¡Adiós, consuelo!
¡Adiós, pichoncito !
¿No respondes á mis quejas?.&gt;
Estos versos, que no parecen tener tajo ni revés
estampados así, resultan en boca de una chola bonita y enamorada un trozo de poesía paradisíaca, y el
violín del arpero indio, superior mil veces al de Sa·
rasate.
Aquello era un salmo de amor entonado por un
ángel con acompañamiento del rey I?avid.
Habíamos hecho entrar á la cho/ería en nuestra
estancia, y se retiraron para continuar en el corral ó
en la cocina, en cualquier parte; la cuestión era seguir jaraneando y bebiendo chagta (alcohol).
Me encaramé como pude en mi elevado lecho después de quitarme el traje de montar, y á los pocos
momentos entraron mis .compañeros, q_ue también se
acostaron vestidos.

(Continuará)

513

G

IVJ:OLETI

NúMERO

513

LA ILOSTRACIÓN ARTÍSTICA

POR M. JULIO CLARETIE (DE LA ACADEMIA FRANCESA), - ILUSTRACIONES DE JUAN BERAUD

(CONTIN UACIÓN)
- Bueno, al café Inglés, contestó el notario no muy satisfecho y no atrevién- sí, franca lo era la señorita Vernier, muy franca!, y además ¡tenía una nuca tan
dose á subir al carruaje.
bonita!
Pero ella haciendo un gracioso movimiento con su manita le invitó á que
El notario no excusaba á Teodoro, ¡qué había de excusarle!, pero le comsubiera.
prendía.
El cochero arreó al caballo1 que arrancó en dirección al bulevar, y M. ThoEl portero del restaurant ayudó á la señorita Vernier á bajar del carruaje,
mientras el notario daba al cochero el precio de la carrera, y Gastón Thoma•
ssiére, notario de Saint-Alvere, subió la estrecha escalera del restaurant, detrás
de las faldas de Gabriela, que arrastraban sobre la alfombra. Algo intimidado
al ver su figura reflejada en los brillantes espejos, á la luz de las lamparitas Edison, r¡ después de haber leído sobre la puerta: Entrada á los salones, preguntábase, tropezando con las guarniciones de cobre de las colgaduras, lo que pensaría de él el amigo Langlade si le hubiera visto seguir los furtivos pasos de
una linda muchacha, que acababa de cantar delante de mil doscientas personas el rondó de la Educación laica,
- ¡Bah!, pensaba, Langlade aprobaría mi conducta ... y hasta me envidiaría ...
Por otra parte Thomassiére sabía por qué llevaba á cenará la señorita Gabrí ... Era por causa de Teodoro; y antes de una hora él obtendría de la joven
que desistiese de sus proyectos con su hijo. «Sí, señorita, usted es linda, seduc·
tora ... pero ... pero» .. .
El notario, sin embargo, olvidó su discurso, cuando en aquel gabinete del
café Inglés, delante del respetuoso camarero. vióse con la lista en la mano,
sentado frente á la señorita Vernier, que habíase dejado caer en el divancito
de terciopelo encamado, declarándose rendida.
Para llegar al cuarto atravesáhanse algunos corredores, y al entrar T homassiére s.e había asomado inadvertidamente á un gran salón encarnado, obligando al camarero á que le dijera respetuosamente: «No es por ahí, caballero, ese
es E l Gran Dieciséis.»
Y mientras que Gabriela soltaba una carcajada, el notario creyó observar en
el acento del camarero cierta especie de veneración como si se hallara ante la
puerta de algún templo. ¡El Gran DiecMis/ Esta frase sonaba con solemne
armonía en el oído del buen habitante delPerigueux, ¡El Gran Dieciséis/. ,. Seguramente aquel mozo no hubiera hablado con más misteriosa entonación del
templo de Isis.
- Veo que es usted•parroquiano, dijo burlonamente la señorita Gabriela.
-¿Yo?
- Sí, seguramente El Gran Dieciséis le recuerda su juventud.
M. Thomassiére hizo una mueca, examinó la larga lista que le había dado el
camarero, y se sintió un tanto embarazado al fijarse en los platos del día calcografiados en aquélla: Consomé de menudillos á la Bourdalou 1 ¡Bourdalou en
tal sitio!, sopa terciopelo, puré Condé. sopa de leche de almen dras; y todavía
más nombres célebres, muy célebres: ¡timbales á la Rossini, á la Talleyrand!,
¡polla á la Demidoff!. ¡sollo á la Joinville!, ¡sorbete Nesielrode! La tal lista era
¡Fuera la daqtte!
un diccionario bio~ráfico, el catálogo de un panteón.
- ¿Armoricanas ó de Marennes?, preguntó el camarero.
-Armoricanas, dijo Thomassiére, seducido· por el nombre y sin saber lo que
massiére no se daba cuenta de si estaba dormido ó despierto. El, que aún no pedía; pero era preciso no pasar por provinciano delante de la señorita Gahacía cuatro días leía El Eco de Visone bajo los árboles de su jardín en el briela.
Perigueux, ahora se hallaba al lado de una linda joven en un coche cerrado.
Erguíase para ello cuan largo era, y sobre su enorme corbata empinaba su
¿Cómo era posible esto? ¿Estaría borracho?
delgado rostro de juez de instrucción.
.
La señorita Vernier le parecía de cerca aún más bonita que de lejos, y la miPresentóse otro camarero grueso, pero muy grave: era el encargado de la
raba de soslayo sin atreverse á hablarla. Aquel alegre perfil de rubia, visto de bodega, que preguntó:
reojo, tenía un atractivo sorprendente: sobre todo la oreja y la nuca, que el ca-¿Qué vino?
bello levantado dejaba al descubierto. ¡Qué nuca tan blanca, tan llena, tan ado- El mejor, contestó Thomassiére.
rable!
Y luego repuso para zafarse del compromiso de su situación:
- ¿Tiene usted frío?, le preguntó Gabrí. ¿Puedo bajar el cristal?
- Esta señorita pedirá lo que quiera.
M. Thomassiére sintió tentaciones de contestarla: «¿Frío?, al contrario;» pero
. Y más aliviado ,con este subterfugio alargó la lista á la señorita Gabrí. A meno se atrevió á arriesgar esta frase, limitándose á demostrar su asentimiento dida que ésta ped1a, d~cía el camarero: «Sopa de colas de cangrejos. pastelillos
con un ademán
á la Montglas, ¡muy bien! Langosta á la americana, ¡bueno! Niscchi, codorni- Yo me ahogo, repuso Gabriela, bajando el cristal é inclinándose hacia c~s c~n lechuga, fiamb;es de pintadas, perdices trufadas, ¡bien, señora! ¿El pouafuera para aspi rar, ó mejor dicho, beber con sus sonrosados labios y con su dmg mglés con sabayon, no es así? ¡Ah! ¡Ya verá la señora! Quedará satisnariz dilatada el aire de la calle.
fecha»
- Además, añadió, tengo el estómago en los pies. ¿Querrá usted creer que
Thomassiére sentía una emoción desconocida y deliciosa y miraba al mozo
no he comido?
á la joven, el vulgar espejo donde se veían tantos nombres' entrelazados entr¿
- ¿Qué no ha comido?, exclamó Thomassiére con cierta emoción mezclada extravagantes r~bricas, y á través de la ventana, á los transeuntes del bulevar y
de sorpresa y lástima, suponiendo que algún disgusto sufrido había sido moti· los puntos lummo~os de los faroles de los coches que pasaban. Parecióle cuanvo de aquella dieta. ¿Pues cómo es eso?
t~ le estaba suc~d1endo un cuento de Las mil y una nocl,es. No, los viajes de
- Por causa de una exigencia que de repente me ha caído sobre la cabeza. S1mbad el Mano? n? eran más fantástiscos ni más inverosímiles que esta
- ¿Una exigencia?
aventura extraordmana· ¡Ah! ¡Cómo podía figurarse Langlade que su amigo
- Sí, una exigencia del representante de la empresa, ya se lo contaré á usted Gastó n c;naba en el café Inglés mano á mano con una actriz: ¡Gabrí, la céle·
cenando ... Por fin hemos llegado .. , Tomaremos un piscolabis.
bre Gabn!
M Thomassiére no entendía una palabra; pero un instinto de piedad contra
¡Langlade! ¡Pobre Langlade! Metido en su casa vencido por la pesada somel que en balde quería hacerse fuerte, le impulsaba á compadecerse de aquella nolencia que da el ai_re _del c_ampo, de seguro que 'estaría á aquellas horas ron•
Gabriela que no habta comido. ¡Pobre muchacha! Desfallecía de hambre y ha- cando fuerte!°ente, sm 1magmarse las sorpresas que París proporcionaba al ami•
blaba de tomar un piscolabis, sin ficciones poéticas, con toda franqueza. ¡Eso go Tbomass1ére.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTlCA

NúMERO

NúMERO

513

Pero si la linda joven que contemplaba no era la señorita Gabrí, nadá obliY no le hubiera pesado al notario que Langlade despierto asistiera á la apo·
teosi! d~ Thoma_ssiére, dispuesto á levantarse como juez supremo delante de gaba al notario á afligir á tan hermosa criatura, y podía contentarse, si lo tenía
por conveniente, con decirle: «Ciertamente, señorita, es usted linda, muy linla senonta Vermer completamente vencida y dominada.
Porque indudablemente estaba dominada, y Teodoro iba á escapársele. En· d_a, adorableme~te linda,» y después terminar su arenga corno le diese la gana,
tretanto la actriz comía. ¡Pobre muchacha! No mentía hace poco al asegurar sm crueldad y sm. aquella puñalada. Pero ¡qué mágico país era París! ¡Qué
extravagante! ¡Invitaba á la señorita Vernier y era otra la que acudía!
que tenía mucha hambre.
- Lo que me sorprende, pensaba, es que esta joven sólo con ver mi tarjeta
Destrozaba con sus lindos y blancos dedos, con vivacidad ansiosa, las patas
haya aceptado...
•
·
Y sumido en sus reflexiones, M. Thomassiére contemplaba á la cómica con
cierta indulgencia, no estando dispuesto á hablarla de moral á los postres.
- Veamos, caballero, dijo la joven mondando una almendra, ¿conque ha
habido una equivocación? ¿Me ha tomado usted por Gabriela Vernier?
- He creído .. . que mi tarjeta... mi nombre...
- ¿De modo, exclamó soltando qna carcajada que volvió á descubrir sus
dientes, que no he sido amada por mí misnia?
- ¡Amada! ... Pero señora, señorita... Pido á usted me perdone... yo... ahora
que tengo el gusto de conocerla... no siento.. , al contrario ...
Dudaba, buscaba palabras, titubeaba...
- ¡Bah!, dijo ella, no tengo qué perdonarle. En todo caso, Blequinet tiene
la culpa.
- ¿Blequinet?
- Sí, el representante de la empresa, que ha indicado á la dirección que no
pusiera cartel de contra-anuncio, asegurando que esto enfría al público. Por
eso se han contentado con poner una nota debajo del cartel. ¿No la ha leído
usted?
- No, señorita.
- Pues bien: si la hubiese leído hubiera visto que decía: «La señorita Margarita Capín se presentará con el papel de la Educación laica.»
- ¡Margarita! ¿Os llamáis Margarita?
-Capín.
- ¡Es un bonito nombre!
- Montmorency suena mejor, pero es otra cosa.
- ¡No hablo de Montmorency, sino de Margarita! ¡Es un nombre encantador!
- Me lo han dicho muchas veces. ¡Adulaciones! Pero vamos á ver: ¿creía
usted haber traído á Gabriela?
- Creía ... pero no lo siento ... al contrario ...
- Usted lo ha dicho, querido. No era á mí, sino... Pues bien: esto enseñará
á
Gabrí
á no tener la cabeza á pájaros.
- Es cierto, dijo Margarita Copín humedeciendo sus labios en el
- ¡Ah! ¿Tiene la cabeza?...
dorado Champagne
- ¿Quién, Gabrí? Es más mala que la sarna.
- ¡Qué decís!
- Más mala que la sarna.
encarnadas de los cangrejos, y alguna vez se limpiaba las uñas sonrosadas con
los labios después de haberse enjugado éstos con la servilleta. No comía, de·
Thomassiére había entendido bien, pero quería oir repetir las palabras. Penvoraba, tragándose por completo el diccionario de biografía culinaria.
saba en su hijo. ¡Más mala que la sarna! ¡Pobre Teodoro!
- Es cierto, dijo Margarita Capín humedeciendo sus frescos labios en el do~homassiére mirábala con estrem~cimientos de admiración y piedad; admiración por su hermosura, por su cutis nacarado y acariciado por la claridad de rado Champagne, cuya espuma saltaba á sus narices sonrosadas. Es preciso que
Ii1:s bujías, y piedad por la pobre joven, á la cual dentro de un momento iba á ella haga siempre excentricidades: yo no me quejo, porque ha sido en mi proasestar este rudo golpe: «¡Renun~ie usted á Teodoro: es preciso, yo lo quiero!» vecho, ¡pero qué melindrosa! Diré á usted lo que ha sucedido, si esto no le fas- ¡Ah!, ~x~lamó por fin la actnz, exhal~ndo un . suspiro de satisfacción, que tidia, lo que no supongo.
levantó dehcrosamente su pecho. Ya me siento meJor; tenía necesidad de care- ¿Supone usted que no me fastidia? ¿De suerte que cree que me interesa
narme y ya está hecho.
profundamente... absolutamente? Pues bien, sí; en primer lugar, porque se
- ¿Carenarse?, murmuró Thomassiére.
tr_ata de ella... y luego, ·porque por lo visto se trata también de usted, ó más
La joven se echó á reir.
bien, repuso Thomassiére, cuyo rostro grave y digno habíase vuelto risueño,
-Término de marina; hice mi estreno en Brest y algo se me pegó. ¡Ah! porque primero se trata de usted y luego.. .
.
.
- Pues he aquí lo ocurrido, interrumpió Margarita. Por poco hace fracasar
¡Qué vida la ~,el te~tro!. .. ~i alguién me hubiese dicho que hoy debía representar la Educaczon lazca, hubiera creído que se guaseaba conmigo.
la revista: ¡una revista tan esperada! Desde que la representaron en los MirlitoEl notario quedóse sorprendido, y la preguntó:
nes_, el ~úblico del Palais Royal la reclamaba, sí, la reclamaba. Yo ni por pien- ¿Pues cómo, señorita, no lo sabíais?
so 1magmaba que había de representar un papel en ¡Quítate, que yo me ponga!,
- Ayer á estas horas lo ignoraba por completo, tanto que iba á contratarme y deseaba asistir á la primera representación antes de irá enterrarme en Niza.
para Niza con la agencia Robilleau.
¡Es tan hermoso París en invierno! Toda Niza no vale lo que el bulevar. Creo
- ¿La agencia Robilleau?
que pensará usted lo mismo.
- Sí, calle de San Marcos. Me ofrecían un ajuste aceptable ... ¡Pero dejar
- No conoz~o Niza, contestó suspirando Gastón Thomassiére, que empezaba
París! He aquí la parte triste: abandonar París. Así es que bendigo á la seño- á comprender que no conocía gran cosa á pesar de sus sesenta años.
rita Vernier y su cuerda... ¡Conque sírvame un poco de Saint-Marceaux y be- ¡Ah!, dijo la señorita Capín. Pues bien: Ni1,a es muy divertido, además
bamos por la cuerda de Gabriela Vernier!
está cerca de Monte-Cario, y tiene muchos recuerdos; pero no obstante, á mí
Y extendió su brazo desnudo, muy blanco, presentando su copa vacía á me gusta más esto (y señalaba hacia el bulevar Italiano); pues bueno: estaba
Thomassiére, que la miraba ator.1tado á fuerza de tratar de comprender qué anunciada la revista para hoy, y para anteayer el ensayo general... ensayo á
significaba el nombre de Gabriela Vernier y esta palabra: la cuerda. ¿Qué puerta cerrada, no por causa de los couplets, aunque lo merecen, sino por los
cuerda? El antiguo notario se preguntaba si la joven se expresaba en un idio- nporter~ que, como sabrá usted, charlan los efectos y publican los clzistes antes
ma particular, difícilmente comprensible; quizá el francés de París no era ente- de la primera representación, lo cual carga á los autores. Gabriela siempre llega
ramente igual al de Saint -Alvere.
tarde á los ensayos, esto es público y notorio. Blequinet la hace cargos por
- ¿La cuerda?, preguntó Thomassiére interrogando á la cómica con los ojos fue:za,_ y ella contesta: «Hoy no puedo ensayar, Blequinet, estoy muy nerviosa,
y con el ademán. ¿Qué cuerda?
y s1 sois malo os envío á paseo.» Según parece, Gabriela tenía sus asuntillos
La actriz se echó á reir, enseñando unos dientes finísimos y encogiéndose amorosos ...
de hombros, dijo:
'
Thomassiére vivamente interesado la interrumpió:
- ¡Es verdad, no puede usted saber!. .. ¡La cuerda! Pues es sencillamente·la
- ¿Asuntillos amorosos? Evidentemente se trataba de Teodoro. ¿Sabría la
c~usa de la multa que ha puesto tan furiosa á Gabriela, y que me ha propor- señorita Capín?...
cionado el placer de crear el papel de la Educación !aira.
- N_o sé nada sino que Gabriela tenía anteayer un humor de perros, y que
- ¿Cómo crear?, interrumpió Thomassiére. Pues qué, ¿no es usted la ·seño- al v_estirse ;paf! desgarró un traje. La camarera me ha dicho: «lo ha hecho á prorita Vernier?
·
pósito: parecía una Menida.» ¿Por qué estaba colérica? ¿Por contrariedades
- ¿Quién, yo?
amorosas? ¡Bah! Las cómicas no deben amará nadie: todo lo más, al arte.
- Sí.
- ¿De modo que la señorita Gabriela ama?
La actriz le miró estupefacta con sus ojos azules, dulces y picarescos.
- Sí, probablemente á algún imbécil. El caso fué que empezó el ensayo, un
- ¿Qué quiere usted decir?
verdadero ensayo. Los directores, los autores y los censores estaban en sus bu- ¿No es usted Gabrí7
tacas, las costureras en el balcón y los periodistas en tod~s partes; pero excep.- ¿Yo?
tua?do á esas doscientas personas, nadie; todo á puerta cerrada. Todo iba bien...
- ¿La señorita Gabrí7 ·
El Jete de la claque tomaba nota de los efectos... esto lo sé por referencia... Lle- Vamos, caballero, dijo la hermosa con frialdad, ¿me ha traído -usted aquí ga Gabriela, soberbia, porque es bonita, muy bonita en toda la extensión de la
para guasearse conmigo?
palabra ... pero ¡cataplum! al salir á escena se enreda en un hilo. 1,
- ¡No, no!, exclamó el notario. ¡Y cien veces no!
- ¿En un hilo?
No sabía por qué, pero no le disgustaba el que aquella linda rubia no fuese
- En el teatro á todas las cuerdas se les llama hilos ... Cuando se dice cuerda,
la señorita Gabrf; efecto sin duda de la compasión. Hacía un momento, cuan- es de mal agüero, absolutamente de mal agüero, ¿comprende?; es como si se voldo pensaba que era preciso asestarle la puñalada de arrancarle á Teodoro, la cara el salero, ó como si se hiciera la cruz con dos cuchillos: trae desgracia. Por
contemplaba con cierto enternecimiento: «Ciertamente usted es linda, señori- lo tanto cuerda es una palabra proscrita, prohibida, tanto que al que la profiera
ta, pero ... el deber me obliga... » ¡Ah, el deber! Sí, evidentemente el deber obli- le echan una multa.
gaba á M. Thomassiére á arrancará Gabrí de los brazos de su hijo.
- ¿Una multa?

(

513

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

685

- Y gorda. Lo mismo que en casa de un ahorcado, no debe hablarse de la muchacha! Y era linda, muy linda... Los autores de la revista satírica tenían racuerda en el teatro. Pues bien: ¿sabe usted lo que hizo Gabriela? Voy á decír- zón; seguramente más linda que la Vernier. ¿Cómo podía tener Gabriela aquel
selo. Enredóse, como he dicho, en un hilo, dió un traspiés, pero afortunada- cutis tan blanco, aquella profusión de cabellos, entre cuya crencha rubia daban
mente pudo agarrarse á un bastidor; y cuando entró en escena encaróse con los tentaciones á M. Thomassiére de meter los dedos, con pruritos de avaro atraído
de las butacas diciendo: «Bien podía prohibirse á los maquinistas que dejasen por el color amarillo del oro?
El notario, con la cara encarnada y asomando por el alto corbatín, sonreía
las cuerdas arrastrando.» Entonces resonó un aplauso en las butacas, y algunas
voces gritaron: «¡ Bravo!, ¡bravo!, ¡multa á la señorita Vernier!» Los maquinistas involuntariamente á la hermosa joven que un tanto sorprendida miraba á aquel
hacen un ramillete de cuerdas rodeado de papel, y Blequinet se aproxima á delgado y alto curial, quien repentinamente.enternecido, la contemplaba con beGabriela exclamando: «¡multa!, ¡multa!» Esto, generalmente á nadie mortifica: nevolencia ...
¡Cuando se piensa que si aquel chistoso azar no la hubiese tavorecido, si la
se da un luis ó dos á los tales maquinistas, que se los van á beberá vuestra salud, dejándoos en cambio el ramillete de cuerda y en paz. Esto le pasa á cual- señorita Vernier hubiera desempeñado su pape], Margarita Capín hubiera firmado su contrata para Niza,
quiera, pero parece ser que
París
se hubiera quedado sin
Gabriela estaba malhumorauna actriz tan rubia, y M. Thoda, muy malhumorada. Dijo
massiére no habría experimal su couplet, y se metió
mentado la sorpresa de haentre bastidores á tiempo que
llarse en un restaurant á la
el jefe de los maquinistas le
moda, cara á cara con una
presentó ceremoniosamente el
linda muchacha, á la que naramillete diciendo: «¡He aquí
da tenía que reprochar, liteel ramillete!» «Pues he aquí
ralmente nada. ¡Cosas de la
cómo voy á pagar la multa,»
vida!
replicó Gabriela, y tomando
El notario estaba encantael ramo lo arroja á la cabeza
do de todas · estas cualidades,
de Biequinet, que se reía coy pensaba que era sumamenmo siempre. «¡Me importa un
te divertido aquel azar imcomino vuestra cuerda, que
previsto que á sus sesenta
sólo puede servir para ahoraños le hacía protagonista de
car á la pieza, que no vale na·
una aventurilla galante. ¡Qué
da!» y diciendo así, manotea
diantre
de París! ¡Siempre próy grita porque Blequinet,
digo en ocurrencias imprevisechándoselas de autoridad,
tas, poéticas, novelescas! ¡Y
la conmina con otra multa de
cuánto tiempo pasado sin nola administración. « P uede
vela en Saint-Alvere, desde la
usted imponer cuantas quiemuerte de su esposa Estefara, exclamó la Vernier; las panía, que era la Historia en
garé como ésta. ¡Ah! ¿Conque
toda su prosa y aridez! De
la cuerda hace mal de ojo?
suerte que todavía podía enPues bien: ¡cuerda! ¡cuerda!
contrar lejos del país de los
¡cuerda! ¡cuerda! ¿Qué me imvaqueros criaturas tan exquiporta que silben la pieza? Yo
sitas como Margarita Capín;
no haré el papel; ahí tenéis
y él, Gastón Thomassiére, revuestra morcilla, os la devuelcobrar sus primitivos verdovo; que cante el diablo el ronres y sus locas vivacidades
dó de la Educación laica!
amorosas, como cuando con¡Cuerda! ¡cuerda! y ¡cuerda!»
templaba en la Cité Bergere
En fin, estaba echa una furia,
á la bella Mme. Chardonnet.
y todo el mundo estupefacto.
Terminada la historia de
Los autores tenían aspecto
la cuerda, Margarita se dedide locos; el director decía:
có por completo á los pos·
«Hará el papel, yo la obliga·
tres: quesitos helados, con
ré.» Los autores gritaban:
crema, sorbetes, frutas hela«¡ No, haría fracasar la obra!»
das. ¡Tenía buen apetito la
y Gabriela repetía: «Aunque
tal Margarita, y sobre todo
me den diez mil francos no
unos dientes tan blancos!. ..
hago el papel; que el diablo
- ¿No come usted?, pre~
cargue con este mamarracho.
guntó á Thomassiére.
¡Cuerda! ¡cuerda! ¡cuerda!»
No, el notario no comía;
Aquello era un huracán desla devoraba con los oj0s, sinencadenado. Blequinet, decía
tiendo extraños caprichos,
hipócritamente: «Cosas de 1
Toda su pasada juventud surcorazón; no es culpa suya;
gía del fondo de los años, su·
Gabriela tiene demasiado cotilizada por la imaginación,
razón.» Pero lo cierto es que
.
impetuosa como un estribillo
por causa de tanto corazón y
Supongo que iremos al café Inglés
de Désaugiers.
·
01v1·dóse de
tanta rabia, el teatro se halla
Teodoro, y no pensó en preba en bonita situación, y los·
autores con el agua al cuello. Se habló de retardar el estreno, pero esto era un gurttar á lá señorita Capín cuáles eran los asuntos amorosos que tan furiosa hatrastorno; y buscando quién podría reemplazar á Gabriela, encuentran que yo bían puesto á Gabriela Vernier. Sí, el antiguo notario lo olvidó todo._¿Por qué
me parezco á ella: lo cual es muy cierto. Blequinet, con quien he trabajado en había abandonado su país, dejando á la vieja María sola en su cocina y al amiel Casino de Enghien, piensa en mí, asegura que haré jugando el papel y que go Langlade, y por qué su venida á París, en donde debía aparecerse á Teoel traje de Draner me sentará á las mil maravillas. Cae sobre mí como una bom- doro como la estatua viviente del remordimiento? «Has medido, desgraciado,
ba y dice: c:Margot (este es mi disminutivo), ¿quieres crear la Educación laica?» la profundidad... » ¡Ah! ¡Qué vago, qué lejano, qué confuso era ya todo esto!
«Viejo mío, le contesto yo, estoy á punto de firmar para Niza.» «No firmes, ven Para Gastón Thomassiére ya no había más que una muchacha rubia, sentada
y hablaremos.» Esto me venía de perillas, porque aunque he dicho que mima· enfrente de él, que alegre y con la tez sonrosada mascullaba un pedazo de narido estaba cazando, la verdad es que ha tomado el tren de Buenos Aires, de• ranja en dulce.
jándome varias cuentas que pagar. Debía, pues, tomar una determinación, y
me dije; ¿Qué más da Monte-Cado que París para apuntalarme? ¡Viva la EduV
cación laica/ Me dieron un día para aprenderme el papel y lo hice en un abrir
Cuando al siguiente día se despertó, muy tarde por cierto, M. Thornassiére
y cerrar de ojos. ¡Ah! ¡Qué rondó! Los autores decían: «¡Nos ha salvado, nos
ha salvado usted, señorita! ¡Qué voz! ¡Qué físico! ¡Es más bonita que la Ver· en el cuarto de su hotel, se preguntó si había soñado. Recordaba bien, corno á
nier, mucho más!» ¡Como me necesitaban!... A medida que se aproximaba la través de una bruma, un gabinete de fonda, brillantemente iluminado, y veía
hora, me entraba cierto temor que no me ha dejado comer... Y á fe mía, cuando delante de él una mujer rubia... Pero ¿cómo se hallaba ahora allí, en la Cité
se me ha presentado usted, desconocido, pero simpático, he aceptado lo que Bergere, solo, y cómo había terminado su sueño? ¡Ah! Sí, al presente se acornunca hubiera aceptado hace quince días; y he aquí, no á Gabrí, sino á Marga- daba... Aquel sueño había acabado muy prosaicamente, por cierto, con una
rita Capín, encantada por haber sido aplaudida! ... ¡Oh! Ya le he visto aplaudir, carrera nocturna en un coche de plaza, atravesando calles desiertas, y M. Tho•
y más que nadie; y cuando me dieron su tarjeta, me dije: es de ese señor ancia- massiére había acompañado á la señorita Capín á su casa, calle de Pigalle, y
no que aplaudía tanto (Thomassiére se sonrió). Y aquí tiene usted explicado allí, delante de una puerta cochera, ella le presentó la frente corno á un padre,
para que la diera un beso, asegurándole que no tenía miedo de subir sola la escapor qué he venido aun sin conocerle.
El viejo notario oyó un poco mareado el relato de la cómica. La historia de lera... Y como el notario exhalara un gran suspiro de tristeza y desencanto, ella le
la cuerda, alegremente contada y salpicada del pintoresco caló de los coliseos, dió permiso para ir á verla al día siguiente, y hasta le había rogado que fuera ...
Luego, después de un prolongado apretón de manos, cerróse la puerta bruscale hizo el efecto de una narración fantástica. La sustitución de una Escuela laica por otra, la intervención del representante de la empresa, la nota puesta so- mente separando á Margarita de M. Thomassiére... y volviendo á subir al coche
bre el cartel, parecíale sorprendente, improbable, irracional; y sin embargo, era en donde t~davla flotaba un embriagador perfume de mujer, el notario había
la pura verdad; en vez de la señorita Vernier, tenía delante de sus ojos á Mar· dado sus senas al cochero, y á üoco entraba en el hotel de la calle Bergere sagarita Capín, y por tanto no se trataba ya de arrancar á su hijo de los brazos boreando aquella inesperada novela de amor.
de una mujer. Margarita Capín no pensaba en casarse con Teodoro. ¡Buena
(Continuará)

�686

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

513

posible elevar suficientemente el potencial y la frecuencia. En cualquier punto de un circuito conductor puesto de este modo á una alta temperatura hay
EXPERIMENTOS DE M, TESLA
un
desprendimiento de calor apreciable, tanto más
SOBRE LAS CORRIENTES ALTERNATI VAS DE GRAN FRECUENCIA
elevado cuanto mayor es la frecuencia de los camApenas comenzada la exploración de lo que á las bios de potencial. Y si se opone algún obstáculo al
corrientes alternativas atañe, nuevas investigaciones cambio de lugar de las moléculas as( calentadas puemuy recientes parecen ensanchar indefinidamente de elevarse la temperatura hasta la incandescencia

La comunicación de M. Tesla termina indicando
un medio de producir corrientes alternativas de gran
frecuencia sin recurrir á máquinas especiales dispendiosas y de construcción difícil, fundándose en la
propiedad de los carretes de inducción y de los condensadores. Cuando las bornas de un carrete de inducción de alta tensión comunican con una botella
de Leyden que se descargue disruptivamente en un
circuito, el arco que surge entre la'S dos bolas donde
la chispa disruptiva se produce puede ser considerado como fuente de corrientes alternativas de una
frecuencia enorme, ó más exactamente, de corrientes
ondulatorias,
Como los efectos electrostiticos se manifiestan en
un circuito prácticamente cerrado, son naturalmente
muy útiles, pero se puede aumentar su intensidad
(fig. 10) enviando las corrientes alternativas provenientes de las descargas disruptivas periódicas del
condensador al circuito primario de un carrete de
inducción, cuyo secundario proporciona las necesarias diferencias de potencial alternativas de gran frecuencia. Para este experimento (fig. 11)1 M. Tesla
Fig;. I, 2 y 3· - Experi11!mtos de_ M Teslf!, - Fig. I. Molinete eléctrico, - Fig. 2 Efluvio producido por un hilo cubieito
monta el condensador en derivación sobre el circuito
de seda. - Fig. 3. Filamento mcandescente en un globo no vado de aire; rotación del filamento
inducido del carrete, cuyo primario está alimentado
los límites del campo de aquélla, extendiéndolo á de un cuerpo: tal sucede con un filamento muy fino por un alternador ó por una corriente interrumpida.
regiones casi desconocidas en donde encontramos á encerrado en un globo de cristal, sin necesidad de El circuito de bajo potencial también está montado
en derivación, pero intercalando en él un espacio de
cada paso la sorpresa, la paradoja, lo inverosímil. hacer el vacío en éste. El experimento
Uno de los que más interesantes trabajos han reali- representado en la fig. 3 resulta todazado en este terreno es M. Nicolás Tesla, cuyas in- vla más interesante por el hecho de
vestigaciones, presentadas hace poco al American describir el filamento un cono alredelnstitute of Electrica/ Engineers, de Nueva York, dor de su punto de conjunción y de
si no absolutamente nuevas todas, constituyen, ep aparecer, por ende, como un embudo
conjunto, un trabajo importante que formará época luminoso, cuya abertura aumenta ó
en la historia de los progresos de la ciencia eléctrica. disminuye según se haga variar el poT odos los fenómenos de descarga á que dan lugar tencial.
las máquinas electrostáticas comunes pueden ser rt!•
M. Tesla ha presentado al American
producidos por los carretes de inducción cuyo pri- Instilute of Electrical Engineers multimario esté alimentado por una corriente de gran fre tud de disposiciones merced á las cuacuencia, pero los experimentos se presentan con ca- les se obtiene la incandescencia de alrácter mucho más marcado por las cantidades de gunas substancias refractarias sencillaenergía eléctrica incomparablemente mayores que la mente empalmadas á un carrete que
corriente alternativa desarrolla. El molinete eléctri- permita elevarlas á potenciales altos de
co, por ejemplo (fig. 1), presenta el aspecto de un gran frecuencia: bajo este concepto
verdadero efluvio giratorio ó de un sol iluminado presentan mayor interés y novedad sus
por las descargas electrostáticas. Un hilo de cobre mvestigaciones. Uniendo una lámpara
cubierto de algodón, fijado en una de las bornas del de dos filamentos á los dos extremos
carrete (fig. 2)1 produce efluvios luminosos que lo en- del carrete se obtiene la incandescenvuelven por entero, y un hilo cubierto de gutapercha cia de éstos (fig. 4), lográndose igual
ó de caucho, puesto en las mismas condiciones, pare- resultado con dos bloques refractarios
ce envuelto en una vaina luminosa.
unidos á dos conductores (fig. 5); en
· Si se colocan en las bornas de un carrete dos co- ambos conos las partes que se quiere
poner incandescentes deben estar encenadas en el vacío más completo que
pueda conseguirse. Una lámpara de un
solo filamento uncido al carrete por un
Figs. 8, 9 y. 10. - Expmºmentos de M. Tesla. - Fig. 8. Lámpara con filasolo hilo también se ilumina (fig. 6).
mento único y condensador empalmado con una lámina de superficie
Como el grado de incandescencia
variable que permite hacer variar el fulgor de la luz. - Jo'ig 9. Ilumina•
de sus filamentos y su resistencia á las
ción de tubos vados aislados en el espacio y sometidos á la influencia
altas temperaturas dependen de su nade un campo electrostático variable de grandísima frecuencia. - Fig. 10.
Producción de corrientes alternativas de gran frecuencia por medio de
turaleza, parece que empleando mateun carrete ordinario y de descargas disruptivas,
rias muy refractarias se podrá establecer de este modo lámparas eléctricas
de larga duración y que llevadas á un alto grado d. aire en el que se produce la descarga disruptiva. Si,
incandescencia tendrán una producción lumínica como representa la figura, este circuito está formado
muy superior á las ordinarias. Los efectos de estas por una barra de
lámparas de un solo filamento pueden variar en in- cobre muy contensidad dentro de grandes limites, aumentando su ductora, este
capacidad: basta para ello proveerlas en su parte su- conductor es reperior de un casquete metálico (fig. 7) que forme al sidencia de vermismo tiempo reflector, y poner en comunicación daderos nudos
este casquete por medio de un hilo conductor con y abultamientos
una lámina metálica aislada, cuyas dimensiones se entre los cuales
varían (fig. 8), variando así con gran facilidad el bri- existen diferenllo de la lámpara. Análogo procedimiento puede em- cias de potenplearse para producir la iluminación de las lámparas cial variables de
con dos filamentos de que herr.os hablado, con sólo un punto á otro.
u_nir uno de los hilos al carrete y el otro á un cuerpo De una de las
a1Slado de dimensiones apropiadas.
formas de realiPero el experimento más curioso es indudable- zar es.te experiFigs. 4, 5, 6 Y7. - Experimentos de Al, Tesla, - Fig. 4. Lámpara mente aquel por el cual se obtiene la incandescen- mento parece
c_on d_os filameot?s. - Fig. 5. Lámpara con bloques refracta- cia, la iluminación de tubos de gas rarificados, sin desprenderse
nos aislados. - F1g 6. Lámpara con filamento único. - Fig. 7. ningún conductor. El principio de la disposición está que el aire enLámpara con filamento unico y reflector formando con- claramente indicado en la fig. 9; entre dos planchas
rarecido es para
densador.
conductoras paralelas dispuestas á gran distancia las corrientes allumnas metálicas cuidadosamente cubiertas de ebo- una de otra, aisladas del suelo y entre sí, se crea un t e rn a ti vas de
nita y se ci~rran todas las rendijas y junturas para campo electrostático alternativo de gran frecuencia gran frecuencia
que el efluvio sólo pueda producirse en los dos extre- uniendo las dos planchas con las dos bornas de un mucho mejor Fig. 11, Ex¡,trimentos de Al, Tesla. mos, obtiénense dos verdaderas llamas casi blancas carrete de inducción, alimentado por un alternador conductor que Iluminación de lámparas de incandes•
provistas de shunt mediante un
en su base, que en la obscuridad presentan el aspec- de gran frecuencia. En estas condiciones basta colo- los filamentos cencia
conductor de cobre de bastante diámeto de dos llamas de gas que se escapen bajo la acción car en un punto cualquiera del campo y en dirección de carbón, pues- tro. Producción de nudos y abultade una presión excesiva. Según M. Tesla, lo que paralela á la suya propia tubos prolongados llenos de to que al pa- mientos en el conductor.
así se ?btiene son verdaderas llamas, y aunque no gases enrarecidos para que estos tubos se iluminen sar la corriente
tan calientes como las de un mechero de gas po- en_ seguida á pesar de no contener parte alguna me- eléctrica en ciertas condiciones aquél se ilumina y
tálica y de no estar en comunicación directa con las el hilo no,
drían llegar á la misma temperatura de éstas ser dos
placas conductoras.
SECCI Ó N CI ENT1FI CA

•

------'-=

á

(De La N.1ture)

N úMERO

LA

51 3

687

ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ART1STIOA diríjanse para. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Oa.uma.rtin,'
núm. 61. Pa.rís.-Las casas espa.fíolas pueden hacerlo en la oficina. de publicida d de los Sres. Oa.lvet Y O.•, Diputación, 358, Barcelona.

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IIUJO cua11do llfl toma co11 bue11os alimeneo11

Ybebidaslort.i1Jca11tes, cual el vino, el call,
el &amp;6. Cada cual escoge, para purgar,e, /a
hora y la comida gus mas le co11rfenen,

ocopac1011e,. Como 11 cauau
ero que la purga ocuio11a queda completam111tea11uladoporsl electode la
)aena alúlle11tacio11 smplsada,uao
,. decide fllcilmente II volver
41mpe111r cuanta, rece,

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Booa, Eteotoe perntotoaoe del Mero~ , Irtlt.olon ![118 produoe el Tabaoo, J apectalmtDI&amp;
6 loe Snn PREDICADORES ABOG+?08,
PllOFESOIUlS y CANTORES para faethlar la
emioion de la •os.-P11mo: 12 Ra.u.ae•.

,

Se rende en toda, la, buena, farmaolas.

Printemps
MM. JULES JALUZOT &amp; C''

_..,¡

EnfermedadeSdetPecho

Querido enfermo. _,,.,. Vd.• mi lart• uperlenola,
hila uao duuutroe 8/tANOSdeSALIIO,pu~ e//01
,vrarh de eu oon1t1p10/on, le darh•,s,,tito 1 le
dero/ur•n ti 1u1ño 1 I• 1/tfr/1, - A1/ ,,,,,, Vd.
'euohH añOf, d/1frutando 11emprt de una buena 11/11'-

!, 1'11e des Lions-St-Panl, l Paril. ,.

Deposito en todas 1.., princii,alea Boticas y Droguerlu

JJIIJtQfr "' 11 rot11lo • /INIUJ
•
Adh. DETBil, Farmaoev.Uoo en PAJUB

APJ:OL
de los orea JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/ore,, retruo,, eupre1/one, 1, las llpoc u , asl como las p'rdlda,,
Pero con frecuencia es falsificado. El API OL

verdadero, único eficaz, es el de los Inventores, los n n, JORET y HOMOLLE.

MEOA LLAS Exp.. Un/r1•L0N0RESf862·PA RIS 1889

Far• BRUIIT, 150, ne d1BJvoU, PA.RIS

�688

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

513

cia analiza concienzuda é imparcialmente
una por una las piezas que en aquéllos se
tocaron, fijándose no sólo en sus bellezas
intrínsecas, sino en la ejecución, cuyos pri·
mores elogia con justicia.
Véndese al precie de una peseta en las
principales librerías y establecimientos
de música.

LIBROS ENVIADOS A ESTA llEDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
CUMANDÁ Ó UN DRAMA ENTRE SAL·
VAJES, novela por D . /ttan León Miera,
Miembro correspondiente de la Real Academia Española. - «Dijérase que está es·
crita por un Fenimore Cooper del Sur,
mas caliente y brillante que el del Norte »
«Cumandá es de lo más bello que como
narración en prosa se ha escrito en la
América española,&gt; así se expresan ha·
blando de esta obra Alarcón y Valera, y
ante tales afirmaciones de los ilustres
maestros, huelga toda ulterior alabanza.
El libro ha sido editado por don Fer·
nando Fe, de Madrid, y se vende al pre·
cio de 4 pesetas.

.

••

.

ROSARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL
PILAR, por Pedro Gascón de Gotor. - In·
teresante estudio en que se describe el
origen y desarrollo de este Rosario, en
ameno y elegante estilo y con gran copia
de curiosos datos. Va precedido de un
hermoso prólogo del Ilmo. Sr. Obispo
auxiliar de Zaragoza y de una sentida
poesía del Sr. barón de Hervés, y lleva
bonitas ilustraciones de D. Anselmo Gascón de Gotor.
Véndese al precio de una peseta en
casa de los autores, Contamina, 25, 3. ,
Zaragoza.

**•
ALFREDO DE MUSET, por E . Zo/a. La galería de extranjeros ilustres que con
tanto éxito vienen publicando los señores
Sáenz de Jubera hermanos, de Madrid,
acaba de poner á la venta la biograffa de
A. de Muset, escrita, como las anteriormente publicadas, por E. Zola. Es un estudio ameno é interesante en un bonito
tomo que se vende al precio de I peseta
en las principales librerías.

.•.

CÁMARA DE COMERCIO DE MANILA,
INTERROGATORIO Y SUS CONTESTACIO·
NES. - Colección de los treinta y cinco
informes con que el comercio nacional y
extranjero de Manila contesta al interrogatorio que la Cámara de Comercio le di·
rigió para conocer su opinión en punto á
los nuevos aranceles puestos en vigor el
1. º de abril del presente año. Contiene
datos interesantfsimos y muy dignos de
leerse, que ilustran en alto grado la cues•
tión económica que tan ta importancia
tiene para nuestra patria y nuestras posesiones del Pacifico.

.•.

EL CABECILLA, novela por f. .Barbey.
- De esta preciosa novela ha dicho Zola:
&lt;Para los que busquen el interés de la narración, no conozco libro más á propósito que El cabecilla; jamás ha cafdo en mis
manos novela que despertara mas vehementes deseos de llegar al fin. Es la obra
de un hombre de talento.&gt; ¿Qué mayor
elogio puede hacerse?
El libro editado por la casa de Madrid
Sáenz de Jubera hermanos, se vende en
las principales librerías al precio de 3
pesetas.

SENTIDO DEL PROGRESO, dismrso leido
por D. Elíseo Gt1ardiola e,i ·la Asociación
de Escritores y Artistas. - Hemos recibí·

MANCINELLI Y LA SOCIEDAD DE CON·
CIERTOS EN BARCELONA, por E11riqt1e
Sánche~ Torres. - El éxito tan extraordi•
nario como merecido que obtuvieron en
Barcelona los conciertos dirigidos por el
maestro Mancinelli, justifica la publicación de este foUeto, en el que el Sr. Sánchez Torres, con su reconocida competen•

do impreso este trabajo que se lee con
sumo gusto y que prueba la justicia de los
elogios que al leerlo su autor en Madrid,
en la noche de JO de junio del presente
año, le prodigó la prensa madrileña; en
él hay buen caudal de doctrina y se reve•
la gran erudición y recto criterio, igualmente apartado del exagerado optimismo
de Leibnitz como del tétrico pesimismo
de Hartmann.

•••

• ••

BUENOS AIRES. - TEATRO MARTÍS, incendiado en la noche de 2 de septiembre último

CARNE
HIERRO y QUINA
ío~le IIJIÍdo a los 'rómcoa mu reparadores.

ENFERMEDADES

ll Alimento

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
• BJSMUTBO y MAGNESIA

lleeomendadot conlra lu .Afooolone■ del Est6•
mago, Falta de Apetito, Dtge■tlone■ labo·
riOIIU, Acedias, Vómito■, Eruoto■, y COUoo■;
Ngularlzan la■ Funoion• del EatOmago y
da lo■ IIM■■tlnoe.
Exltlr III el rotulo I frrñl d• /. FAYA lfD.
A.dla. DETIIAN, Farmao■utloo en P.&amp;BJB

DW

VINO.,.t:aa•FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOS LOS HDCClPlOS tctmlJTtVOS DB U. CAI\NE
y flJDl.&amp;1 Dtes años de mio oonttnuado y las &amp;1lrmactonea de
todu laa em.tnen01u médícu preubln que esla uoc11Cion ele la Clarae, cJ Dlerre y la
ttt,1- ooneULuye el reparador maa en~nz100 que se conoce para curar : la Clordlfi, la
1 ntmfa, las J l e , u t ~ dol/WMU, el J/mporw«'mknto y la A 1terac1o11 ae liJ Sangre,
el llllQUIUlmQ, Lit A / ~ e.cro(Ulosal Y acorbutjejU, etc. El 1'1■• Perrust-H de
A.Hu41 ea, en electo, el único que reune lod.o lo que entona y Cort&amp;Iece loe organoe,
regut~~, coorden&amp; y aUIDenla oonstc1erablemenle Ju tuerzas ó tntunde a la aan¡re
empobn,cida y descolorida : el Y4Qor, la e ~ y la 6Mrgw, tn't4l,
CI.&amp;--.

Por naror,ea Paril, en casa de J. FEW, Farmauutico, iOI, rue Richelieu, Sucesor 4e AROOD.
P VKKDS BN TOD.6.S L.lS PaDIClP.u.&amp;S BOTIC.t.S

EXIJASE ■1i:~. 1 AROUD
i1f.t9ADES4,1 E8Tnb
~ rtrt4flo

i'tJ~

Pepsina Boudault
Aprobada por 11 !ClDEIU DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO Al O' CORYISART, EH 1856

,, JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ~
.rannao,a, C.ALL• D• &amp;.IJ'OLi. l 60, 11".A&amp;.I•, a, ... udae lae l•rttloo,_
KI .TA.R.ABB DE BRI.AN7'recomendado deadt au ?rlnctpto por los proresorea
~ennec, Tb•nard. Oueraant, etc.; b.s rectlihto la CNlllaíJ'aCIÓn del tiempo : en el

ano t829 obtuvo el prtv11eg10 de lnvenct6n. VEIDADEIID COIFITE PECTORAL, con base
de goma J d§ lbabolea, conviene 1101&gt;re todo a las peraonaa dellcadas como
mQJeree J ntnos. su gusto excelente no perJudlca en modo alguno á su i11cac1a
._' con,tra 108 ll!SFRUDOS J todas las IIFUJl.lCIOIIES del PECHO -y de 108 IITESTIIOS. ....1

Medallu en la, Bxpo1lclonH laternactoa&amp;lH d•

PHIS • LYOI • f!Elll • PIIUDELPIJJ. • PJ.RIS
116'7

l67i

18;3

IB76

1171

6Itro n u.
DISPEPSIAS
0 A8TRITl8 - OA8TRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PEN08A8
,ALTA DE APETITO
u

UPL&amp;l COR IL ■noa

T 0Tao1 DHOIJtlUIII D■ Ll DJIIITl-

JARABE Y PASTA

~/'A,.?J)s Farmateutlco, o Par!J,
~ R u e Bonaparte, 40

de H. AUBERQIEFI

8,\1O U. FORIIÁ DI

001 l:.AC'nT~ (Ju111 l1ohoao de Lechuga)

ELIXIR- · de PEPSilU BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSIN.1 BOUDAULT

.Aprobado• por la Aoad•ml• de JdedlobJa de-Parta é tinerfadoa en Ja CoJeccJón
Ortotal de F6rmula• Legal•• por deorefo mtnáferJal de 1 o de Mar■o de 1854,

PWS, PW'ID1ole COLLAS, 1, nao D11phile
J ""' la1 l'""'tiNllt• fat'Wt'lCCat.

e Una completa lnnocutdad, una encacla perrectamente comprobada en el catarro
IJX(Stm,co, ~as Bronqu,t,,. Catarro,, Reuma,, ro,, cuma é ,mtacwn de Ja rar¡ranta han

grangeado al JARABE y ~ASTA de AUBERGIER nna Inmensa !ama.,.

•

(Bstraoú üt Formulono Mldieo '4l S., Bovdorllot caúdr~iff ü t. Fac..tlall ü Me,iciu (tGo •dici4tsJ
Venta por mayo~ : COIU.B 1" e♦, • • Calle de St-Claude, PARlS
•
DEPOSITO 1K LAS PIIINCIPALEII BOTIC48
.

.

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
~peclalmente contra las E1crofulu, la
·u■ts y la Debilidad 4e temperamento,
as! como en todos los casos(Páll401 colorea,
4.tnenonea, ••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó y;,. para
provocar O re¡ularizar su curso per!Odlco.

El ioduro de hierro Impuro ó alterado
N
, B, es un medicamento lnilel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de

las verdadc,ras Plldora. de lJlancard,
exigir nuestro ae11o de plata reactiva,
nuestra firma puesta al p1é de una etiqueta
verde y el Sello de gar-antla de la Unl6n de
loa ,a11r1cant11 para larepreslón de la!alsi0cación. 6
1 • SB lliLLAff Q

TODAS LAS FAI\MACIÁ&amp;

PATE ·EPILATOIRE DUSSER

d ~ 11uta tu IIAl~ES el YELLO del l'Ollrt de lu 4mu (llark, B!ro~. etc.), 111
lllfU pellJro para el aiua. 10 Aiioa 4t flstto , 7111illare, de ltlti■onioa fl'Ullwi la eflmi•
•u ,reparadoa. (S. ftMe ,. ,.Jaa, Pll\. la buba, 7 ea 1/2 HJ•• pan ti blpi.
p.,,
w IN llruel, ...... el l'ILJ f'(UIM. DVa&amp;:ma. l,rueJ.•J,.J\OQH■aU. P arla

u,.,.,.

,

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria

b,:r. na

MONT.tNU

y S1wó •

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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