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•

BARCELONA

2

DE NOVIEMBRE DE 1891

J

CATEDRAL DE LEÓN.-PINTURAS MURALES DEL ÁBSIDE

NÚM. 514

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúME~O 514

mos contar como una de las primeras esa fatalidad se había reído tanto del adivino y de su anuncio, ve
irremediable del carácter, como decimos vulgarmen- toda la verdad y corre hacia su estancia para oculte hoy, tan imperiosa en la complexión psíquica co- tarse á quien resulta, por fin, en cumplimiento de
Texto, - l'rlummraciones europeas: La primera representa• mo en la psicÓlógica y contra la cual necesita mucho los hados, hijo y esposo suyo. El infeliz, aunque adción de un drama en Macirid: Maria Egzpciaca, de Rafael
Santistcban: El Edipo Rey en el teatro francés: La eter, erguirse nuestra nativa libertad personal. Toda obr~_ vlerte la turb~ción de Jocasla y el gest9 _con que ha
na verdad de las fatalidades füicas: Las familias papales en de arte donde resalten las múltiples fatalidades que dejado su pres.encia, lo atribuye todo al horror causa•
Roma: Su decaciencia inevitable: Venta del retrato ele Cé- cercan al hombre interesará, porque ah{ está la eter- do en·su orgullo regio al saberse casada con un mísar Borgia por los Borgheses al barón Rothschild: Consid~ na tragedia humana, en el combate con la fatalidad. sero expósito. Edipo. en su ignorancia, se cree toda•
raciones sobre Cé;ar Bvrgia: Su retrato histórico: Bello baJO
, relieve riel Parlamento francés: Encuentro del maestro de Así no causa maravilla que haya interesado en el vía inocente y se burla de los dioses á más y mejor,
ceremonias regias con el pensamiento de M irabeau en Ver- teatro francés la tragedia de Sófocles el Edipo Rey. después de sabida la muerte natural del padre á quien
salles: Conclusión, por Emilio Castelar - Narracio11es, ¡Ale- ¿Quién desconocerá la parte de fatalidad reinante hahía conocido y la generación suya por desconoluya!, por Juan B Enseñat. - SECCIÓN AMERICANA: El con imperio incontrastahle sobre todos nosotros al cidos. que le da perfecto motivo para creerse feliz
Beaterio de Huanuco (conclusión), pnr Eva Canel. - Nues ·
engendro de la próspera fortuna El coro mismo, el
tros J[ra/,a,/os - La Cuerda (conclusión), por M. Julio Ciare• columbrar la sombra del Edipo ciego en el arte y en
tie (de la Acad~mia F'rance5a), con ilustrar.iones de Juan la historia? Un oráculo hale dicho como está desti- pueblo, propicio á un rey que lo ha libertado en otro
Beraurl, trnrlucción de F'. M Godino. - Libros enviados á nado á matar al padre q'ue le prestara su ser y á man- tiempo de la esfinge y que ahora lo lihertará de la
esta Redacción por autores ó editores.
char con torpe incesto las entrañas que lo echaran peste, se pregunta si por acaso resultará hijo de una
al mundo. Para burlar el cumplimiento de tal horós- ninfa semidiosa ó de un dios~aficionado á la umbría
Grabados. - Catedral de León. Pinturas murales dtl ábside.
- Mi modelo, cuadro de Andrés Petroni. Retrato de juan copo, huye á la casa paterna Edipó, ignorando ha misterio~ísima de los pino~ y al melodioso cantar de
Mo,1/orl, obra de Van Oyck (existente en la Galería de los ber entrado en ella por adopción y no por nacimien- las campiñas Pero poco á poco todas estas interro•
Uffizi de Florencia). En el corral. cuadro rle D José Arpa to. Sus padres, Jocasta y Layo. conocedores tam- gaciones van abriendo la memoria del infeliz al re·
-Interior de 111i es11tdio, cuarlrn de D Jo~é Arpa premiado
cuerdo viejo de que un día mató á temerario anciano
en la Exposición rle Bellas Artes de Berlín, 1891). - Cate· bien de la nefasta estrella bajo que naciera, lo habían en desfiladero de la Focia, y liga esto con la nueva
mandado
matar
en
áspero
monte
y
lo
imaginaban
dral ,le León Sillería del coro. - La noc/1e, escultura de Miguel AnKel (existente en la capilla de los \1 édicis rle Flo· muerto. Pero el encargado por ellos de cumplir la anunciada por Corinto de que lo descolgaron niño de
rencial - Seis grabados correspondientes al final de la novela sentencia implacable, sintiendo asaltos de compa- una encina donde lo habían colgado con correas en
tituloda La Cuerda, El guitarrista, abanico pintado por sión, dejó vivo al tierno infante y le adoptaron los la garganta del Citerón Entre tantas perplejidades
Fortuny.
reyes de Corinto llamados Polibio y Mérope. Al sa- quiere de nuevo consultar á Jocastra, y ]&lt; ,castra en
ber la suerte que le deparaban lo, hados é irse de su vergüenza y en su dolor acaba de ahorcarse, y la
Corinto para cualquier otra ciudad donde no pudie- encuentra muerta y suspendida del techo de la nupMURMURACIONES EUROPEAS
ra ocurirle análogo peligro, encontró Edipo á Layo, cial cámara donde se ha cometido el incesto. Enton·
POR DON EMILIO CASTELAR
su padre, quien le insultó y le apaleó, constriñéndole ces E iipo coge las áureas agujas en forma de corpor fuerza casi á que, cegado de la natural cólera, chetes con que Jocasta suspendía de sus hombros el
La primera representación de un drama en Marlrid, - María despertada en el agraviado por los agravios, según regio manto, y se saca los dos ojos. Nada tan trágico
E gipciara, de Rafael Santisteban - El Edipo Rey en el tealey de propia defensa. lo mata ra Camino de Tehas y terrible cerno la figura del criminal inocente que
tro francés. - La eterna verdad rle las fatahrlades físicas.
Las familias papales en Roma. - Su decadencia inevitable había una esfinge, la cual devoraba los viandantes ha puesto empeño sobrehumano en vencer al desti- Venta del retrato de César Borgia pnr los Borj!heses al que no sabían responder á sus preguntas ni desci- no y ha resultado vencido por la fatalidad reinante
barón Rothschild. - Consirleraci,,nes sobre César Borgia. - frar sus enigmas Los hijos de Tebas demandaban sobre todo el universo y contra la cual una gran parSu retrato histórico. Bello bajo relieve del Parlamento
francés - Encuentro del maestro de ceremonias regias con el un salvador que los libertase del monstruo y resultó te de nuestra íntima libertad propia se rompe y espensamiento de Mirabeau en Versalles.-Conclusión.
su salvador Edipo. No sabiendo los tebanos cómo trella. As{ cuando vemos á este bienhechor de su
pagarle tal servicio, casáronle con su reina viuda, pueblo que ha libertado una comarca entera de plaI
J ocasta, y diéronle así en premio su tálamo y su gas horribles con sólo descifrar un enigma, después
trono regios. Hase cumplido, pues. la profecía del de haber vencido á la muerte, desgraciado, ciego,
No hay recreo comparable á un estreno de come- oráculo antiguo Edipo ha inmolado á su padre y errante, hijo parricida, marido incestuoso, padre india ó drama en Madrid El teatro parece un salón casádose con su madre sin saberlo ni presentirlo. feliz, transmitiendo á sus hijos el vínculo perpetuo
inmenso y el público una escogida tertulia. Lo más Esta gran tragedia se abre á la hora misma en que de un deshonor eterno y la herencia inextinguible
difícil en toda co'ectividad meridional, una constan- tales crímenes van á encontrar su expiación. En el cre• de una fatalidad verdaderamente adversa, nos parete atención, se logra desde los primeros minutos y se púsculo entre la felicidad y la desgracia, se abre la ce ver la condensación de las lágrimas que se han
mantiene toda la noche Menudean las emociones, grande acción y surge con verdadera oportunidad vertido en todos los dolores y de la sangre que se
ora por la novedad natural de toda obra desconoci- el protagonista. Y á la verdad, todos hemos entre• ha derramado en todas los crímenes á causa de la
da, ora por el calor de la conversación y del diálogo. visto en nuestra vida el Edipo rey entre los pórticos irremisible contingencia que acompaña eternamente
Como la pasión reina con tan soberano imperio so- de Tebas, aclamado por el pueblo, la corona de á nuestra especie.
bre nosotros, fórmanse al vuelo en el público dos Layo en sus sienes, el manto de púrpura en sus esfracciones contrarias: los amigos y los enemigos del paldas, iluminado por la felicidad que procura el
II
autor. Aquellos que no participan de tales afectos, mandar en bien de todos y marcada la frente con el
los aficionados verdaderos, convierten el oído para nefasto sello de su horrible destino. La peste sin
Y puesto que hablamos por fuerza de irremediasaber y los ojos para indagar el fundado juicio á los embargo diezma terriblemente á Tebas. Edipo inves bles desgracias, hablemos de la imperante hoy sobre
maestros en letras y á los críticos de nota. Los maes- tiga la causa de tal plaga y los medios de ahuyentarla. las familias papales romanas Lo muy longevos que
tros alolecen, aunque muchos los crean semidioses, El oráculo dice que los aires contir.uarán pestíferos han sido estos Papas reinantes en la segunda mitad
de sus correspondientes pasioncillas y dicen con aire mientras aliente allí en ellos el asesino de Layo del siglo, lo muy contraria que resulta la ruina del
misterioso á las gentes profanas lo que han callado Edipo quiere saber quién sea y consulta el mago poder temporal pontificio á sus antiguos dignatarios
al autor cuando fué á consultarlos, bien que por no más profeta y sabio de toda la comarca Pocas esce- y cortesanos, lo muy nivelador de las leyes liberales
herirlo y hacérselo contrario, la verdad. El critico nas tan trágicas cual esta, verdaderamente sublime. de desvinculación y desamortización, todo cuanto
suele creer su oficio reñido con toda benevolencia, y Ciego el adivino para 1as cosas presentes y materia- sucediera en los últimos lustros ha destruido ese
frunce las dos cejas con olímpico aire, y sonríe con les, ve la idealidad etérea de lo pasado y lo porve- patriciado. que tenía palacios como los regios de
despreciativa sonrisa, y suelta fórmulas entre los que nir. Por ende ha visto el crimen que inocentemente nuestra Europa, bosques y jardines tan extensos
van á consultarle; pero al fin concluye por enterne- perpetrara Edipo y la expiación que le aguarda. As{ como los últimamente plantados y arreglados por las
cerse y por profunciamente persuadirse á creer que resístese á las interrogaciones del culpado inculpa- primeras capitales, galerías de cuadros y estatuas
en esta sociedad madrileña, donde todos nos cono- ble. Pero sus preguntas le asedian en términos de tan ricas en artísticos objetos corno los Museos cacemos y nos tratamos, huelga el rigor, y los jueces arrojarlo, contra su voluntad, á respuestas mezcladas pitales del mundo. Así el príncipe Borghese ha tenide las letras deben parecerse á Dios en resplandecer con cierto dejo de ironía. Edipo se ciega de cólera do que vender al barón Rothschild su retrato maramás por su misericordia que por su justicia. De to- insufrible ante la resistencia, y acusa nada menos que villosísimo de César Borgia pintado por el divino
das suertes las primeras representaciones son diver- al adivino de la castigada muerte y le conmina. con Rafael. Con esta ocasión y motivo hase disertado
tidísimas y procuran de seguro á los asistentes un amenazadoras y coléricas palabras. Empujado por mucho acerca de la controvertible autenticidad del
goce intelectual y artístico intenso. Túvelo yo en la tamaña temeridad el adivino declara todo cuanto retrato y mucho más aún acerca de si lo pintó Raprimera representación del drama titulado María sabe. Impacientísimo Edipo con impaciencia verti- fael ó no. Yo digo que si no es el retratado César
Egi¡,ciaca,obra de un amigo mío muy aplaudido por ginosa por la verdad desnuda y completa, desconó- Borgia, debe serlo según se parece al monstruo que
su gracia é ingenio, de Rafael Santisteban. Y eso que cela con ceguedad en cuanto la sabe con certeza. nos ha legado la tradición; y si el retratista no es
no tuvo su dram·a el feliz logro deseado por cuantos Una carcajada siniestra responde á la revelación trá- Rafael, debe serlo por el mérito sobrehumano de tan
reconocen facultades muy varias en el autor. aplau- gica. Así despide al adivino y le refiere á J ocasta excelsa pintura. Con esta ocasión y motivo casi todos
didísimo por obras de otro género en la misma espe- cuanto le han dicho Jocasta se burla de las adivi- los escritores hanse parado á contemplar el prototipo
cie literaria. Rafael posee un talento cómico muy nanzas con él, asegurándole cómo su hijo, 5u engen- retratado por el altísimo maestro Parémonos ¡ah!
grande y variado. Las muchas victorias alcanzadas dro, destinado á la inmolación de Layo y al incesto nosotros también y contemplemos á César Borgia.
en comedias y zarzuelas y piececitas no me dejarán con ella, murió expuesto en recóndita montaña. No me parecen baladíes la enseñanza desprendida
mentir En el drama se halla fuera por completo del ¿Quién creerá ya en el mundo los oráculos? Apolo del conjunto de sus desgracias y el conocimiento
centro de gravedad suyo, según la ley natural de su debe callarse allá en su templo de la orgullosa Del- que se aquista, contemplándolo, de su extraña époingenio, y va sin objeto y sin fin en una carrera co- fos. y la terrible Pitonisa descender de la trípode sa- ca. César, dominando en todo á su padre Alejan·
metaria como extraño á sí mismo y extrañado de su grada, porque no la consultarán, después de tal . en• dro VI, juega con la tiara como con dócil instru·
sistema solar. Nunca se arriesgó Aristófanes á com- gaño, en lo sucesivo, y no interpretarán sus palabras. mento de sus desapoderadas ambiciones. Lo primeponer una tragedia, ni Esquilo una comedia. Para la faltas de significación por este palmario desacierto. ro exigido es que lo redima el padre de su carácter
mezcla de lo gracioso con lo trágico necesitase un al- Mientras los dos esposos departen así en confianza sagrado y que lo arranque su capelo, con el cual no
ma excepcional, como lo fueron las almas de Tirso y y en alegría sobre la vanidad y sutileza de los orácu- puede, no, aspirar á los principados civiles y laicos.
Calderón. Santisteban debe desquitarse de su infor- los, llega desde Corinto un emisario con importantes Buen cardenal, precedido de hombres en armas, rotunio último con una buena y próxima comedia. Sin nuevas. En seguida Edipo lo recihe y le pregunta deado de cortesanos y hetarias, con una turba de
el talerito excepcional de María Tubau, que raya tan qué trae. La noticia nefasta de la muerte de s11 pa- conspiradores á un lado y á otro lado otra turba de
alto, no sale del estreno su drama. Y una comedia dre Polihio y la declaración de que había sido él un esbirros y de asesinos; pasando desde las guerras á
suya tendrá cien representaciones. ¡Ah! Entre las hijo adventicio, encontrado expuesto en sitio aparta- las orgías, desde las orgías á los asesinatos; especie
muchas fatalidades que sobre nosotros pesan debe- do de un monte altísimo Al saber esto J ocasta, que de d~uionio nacido con toda la hermosura fisica y
SUMARIO

NúMERC' 514
toda la fe aldad moral que
debió tener el ángel caído
en la hora misma de su rebelión y de su culpa. Un consis·
torio convino en despojarle de
su carácter sagrado. El Papa
mismo aseguró que para salvar su alma era necesario desconsagrar y desungir su cuerpo.
Desde aquel momento fólo
pensó César en dos cosas: en
granjearse la voluntad de cualquier rey que le ayudase á reinar y en hacerse con una mujer cualquiera, en cuya dote
hubiese mucho cebo y mucho
alimento á sus exaltadas ambiciones. En efecto, César Borgia recogió de Francia un ducado, comienzo á mayores empresas y á mayores medras.
Llamóse duque de Valentinois,
y como tal, prestó su homenaje al.rey francés. Aún recuerdan
las crónicas del tiempo todos
los esplendores de aquel espléndido viaje, Agotaron las
fábricas los brocados de oro y
las telas de seda. Vendió la
curia en cantidades fabulosas
todos los beneficios vacantes.
Presentóse César el día de su
partida como una aparición
fantástica de caballeresca novela: sobre la espaciosa frente,
gorra cubierta de vistosísimas
plumas prendidas todas ellas
con broches de rica pedrería;
ceñido al cuerpo, traje de damasco blanco relumbrante de
pasamanerías y de bordados; á
la espalda, la capilla francesa
de damasco negro; al cuello,
deslumbrador collar de fabulosa riqueza; y en torno, un cor·
tejo como jamás lo tuvieran
los reyes, compuesto de príncipes eclesiásticos y laicos, caballeros todos en briosas cabalgaduras, que piafaban de
orgullo y relucían deslumbradoras con sus arneses de vistosos colores, sus frenos de oro
y sus herraduras de plata. Y
había para qué. Este bastardo
de obscura mujer romana, este
hijo sacrílego de epicúreo Papa, este cardenal dimisionario,
este asesino impudente, este
ladrón con corazón ducal, condotiero y jefe de condotieros,
sin pudor y sin conciencia, emparentó con la casa real de
Francia y tuvo por mujer á
toda una hermana del rey de
Navarra. Duque, hijo predilecto del Papa, enlazado con regias familias de Europa, ningún obstáculo se podía oponer
ya en el mundo á sus ambiciones, ningún freno á sus apeti•
tos, ningún valladar á los impulsos de su voluntad intensa
é imperiosa. Como se cuenta
de Tiberio, la hermosura del
cuerpo sólo en él podía compararse á la fealdad del alma,
serpiente venenosa de brilladoras escamas, abismo cubier·
to de aromáticas flores, lago
de superficie azul y de traido·
ras entrañas. Cuantos vayan á
París ahora deben pedir que
les muestren aquel retrato, en
el cual toda vía está vivo, pre·
sentando el tipo perfecto de la
raza heleno-arábiga que puebla las costa~ de Sagunt?,
las huertas de Játiva, las vegas de Gand1a. Nada mas
griego que su perfil olímpico, nada más pérfidamen·
te engañador que su sonrisa tranquila, nada más
vasto que su frente espaciosa, nada más gallardo
que su apostura caballeresca, nada más elegante que
su traje, ni nada más terrible que su alma. Nat?raleza puso en él todQs los medios de la seducción,
todo lo que puede encaQtar al sentido, todo lo qu~
materialmente puede arrastrar, .~ncadenªr y ~OJlll·

LA

ILUSTRACIÓN AKTISTICA

MI MODELO,

cuadro de Andrés Petroni

nar con esa especie de fluido, al que llama la ciencia
moderna magnetismo animal. Todas las delicadezas
de la hermosura femenina habíalas puesto Dios en
robusto cuerpo de atleta, como si quisiese someterle
por la seducción á todas las mujeres y por la fuerza y
la energía á todos los hombres. Abríanse sus labios á
una elocuencia de franca sinceridad y replegábase su
alma en los dobleGe~ de un¡¡. astucia increíble. Pocos
h~n _conocido me.nos la yirtud ni han acertado más á
fingirlJl.. Act9r de_ptime_r. or.de.n, l&lt;\. másc.ara más e~pe-

sa se sobreponía con la mayor
facilidad á las íntimas ideas y
á los interiores movimientos
del alma, que tomaba todos
los aspectos y todos los disfraces imaginables, de igua l
guisa que los demonios de las
leyendas monásticas. Imposible superarle en lentitud para
madurar un plan cualquiera
ni en rapidez para cumplirlo.
Semejábanse sus movimientos
á esas caídas s!Í9itas del milano sobre el pajarrillo, desplomándose de los abismos cerúleos en la espalda de su presa
para cogerla y llevársela ensangrentada, con la rapidez del re•
lámpago, á la vaguedad del
aire. La bondad y la crueldad
le eran igualmente congénitas y
las ejercía indiferente una y
otra1 según las necesitaba. Nadie más avaro en adquirir ni
más pródigo en dar. Todos los
caminos le aparecían iguales,
con tal que condujesen á su
meta. El mismo desprecio tenía porlas personas que por las
cosas; y como rompía una joya
¡oh! asesinaba á un hombre. Tu·
vo todas las grandezas; la religión, el arte, la ciencia, el poder, la poesía, la política le iluminaban con sus resplandores
y no supieron hacerlo grande,
porque le faltó la única grandeza que granjea la verdadera
inmortalidad, la grandeza mo·
ral. Los hábiles del mundo, los
políticos de la razón de Estado,
los adoradores de la victoria le
llaman grande y digno de estudio y de envidia por haber sabido prescindir de la conciencia y haber encadenado la for·
tuna, mientras llaman pequeños
y misérrimos y despreciables á
hombres como Savonarola ó
como San Francisco que sólo
han sabido amar, padecer y
morir. Pero en torno de César
Borgia y de su nombre, las fu.
rias de la historia, coronadas
de serpientes que silban y que
derraman veneno de sus fauces
entreabiertas, arrojan toda suer·
te de maldiciones, las cuales se
dilatan de siglo en siglo y ex·
tienden el frío del odio de generación en generación, mientras en torno de San Francisco
de Asís, en torno de Savonarola, como en torno de todos
cuantos han sabido padecer y
amar, los monasterios se levantan, las leyendas se cuajan, los
peregrinos se congregan, los
artistas se inspiran, los ideales
se dilatan y las esperanzas vuelan; porque sus ideas y sus recuerdos son como rayos de luz
y de calor espiritual que todo
lo vivifican y engrandecen.
Aquel genio brilla, pero como
brillan los cometas. Ha conquistado á Sinigaglia; ha rendido á Faenza; ha dominado á
Bolonia; ha combatido á Florencia; ha puesto sus plantas
sobre la cerviz de Roma; ha
enviado sus condotieros á los
cuatro puntos del horizonte co. roo los lebreles para que le cacen castillos, condados, reinos;
ha sometido los barones feudales; ha mandado ejércitos; y sin embargo, todas estas
grandezas pasaron como el humo de sus orgías, como
el eco de sus bailes, como las carcajadas de sus placeres, á causa de tener por objeto único el propio
engrandecimiento y la propia medra; que sólo resultan grandes y duraderos los servicios prestados á
nuestros semejantes, á los pueblos, á la humanidad;
y aquel que únicamente se cura de sí propio, se
achica de seguro á los. ojos de.la posteridad y se sui
, cida mo~alm~n~e .e1_1 la historia. .. ..

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

514

Renunciando, por fin, á toda idea de conquista,
aspiró á ser hasta el pie del altar el Pigmalión de
aquella nueva Galatea.
Un bajo relieve muy hermoso ha colocado en sus
Y cuando el éxito iba á coronar su brillante empalacios el Parlamento francés, la escena de los Espresa, la deidad, transform~da en tierna amiga por
tados Generales, en que Mirabeau, por una sugesun milagro de amor, volvió á convertirse en frío mártión del genio nativo suyo, fundó el régimen parmol por un prodigio de amor propio.
lamentario moderno, convirtiendo las monarquías
Don Juan quería recibir de mano del sacerdote
absolutas en constitucionales y proclamando el gouna hermosa hija de Dios, sin renunciar á la posebierno de las naciones por sí mismas. Esta idea
sión de una encantadora hija del diablo; y en el pecade una entidad superior y personal, con inteligendo llevó la penitencia, pues la dignidad de la virtud se
cia y voluntad propias, llamada nacionalidad, que
sublevó en el alma de María contra aquella concesión
reemplazaba la idea imperial romana del soberano
otorgada al vicio.
.
antiguo, surgió, cual nuestro Decálogo entre las zarRápidamente repuesto de la turbación que le prozas encendidas del Oreb, en una centellante y sublidujo su inesperado encuentro con la joven en la trime tempestad. Recorriendo las galerías de la Expobuna de la capilla, pensó' que caía en ridículo sisición Universal última encontrábase con gusto en
guiendo en aquella tímida actitud, propia de un coaquella donde campeaban las esculturas un hermolegial puesto en el primer apuro.
so grupo, cuyas dos principales figuras eran el mar•
Recobró, pues, su habitual aplomo, y como si conqués de Brezé apremiando á los Estados Generales
tinuara una conversación interrumpida momentos
para que se disolviesen, y el tribuno de la revolución,
antes, dijo en voz baja, casi al oído de María:
Mirabeau, respondiendo á nombre de los diputados
- En estas misas de boda, de todo se habla meallí presentes que los había reunido la voluntad nanos de religión; se discuten las cosas más profanas
cional y la voluntad nacional t¡m sólo podía separardel mundo. El templo de Dios se convierte en un
los ó disolverlos, como en lenguaje parlamentario
salón de pecadores, y sobre todo de pecadoras, donahora se dice. A la verdad el escultor ha con sumo
de circulan noticias en vez de oraciones. Diríase que
arte agrupado las figuras y puesto ademanes exprepor temor de que los desposados sean demasiado feMadrid, 25 de octubre de 1891
sivos en escena un poco violenta, y por lo.mismo,
lices, nadie quiere rogar á Dios por ellos.
de difícil desempeño para el arte que pide serenidad
En otras circunstancias, María hubiera soltado secon armonía en los personajes y en los asuntos. Con
guramente la risa, al oir á aquel diablo convertido en
tal ocasión hase disertado mucho acerca de las paNARRACIONES
predicador; pero en su actual disposición de ánimo,
labras dichas por Mirabeau en tan gloriosa y crítica
conservó la gravedad de que se había revestido.
ocasión. Como no había taquígrafos, imposible cosa
jALELUYA!
Viendo que sus consideraciones no alteraban la
fijar con exactitud el fulminante período, dificilísicorrecta inmovilidad de la señorita de Avilés, y tema. Unos dicen que si dijo á Brezé: «Marchaos y
La Iglesia unía en matrimonio al promigénito de miendo la humillación de una retirada bochornosa,
decid á vuestro amo nuestra respuesta;» y otros di- un título de Castilla con la única hija de un opulen- Juan pasó audazmente de la observación á la precen que si Mirabeau le hubiera dicho que tenía un to banquero, y se celebraba misa de esponsales en gunta:
amo al noble francés, lo hubiera éste desafiado. De una aristocrática capilla.
- ¿No es verdad que, observada desde aquí, la
todas suertes, la escena tuvo una importancia tal,
María de Avilés, acompañada de una prima suya, nave de este templo parece hoy un teatro en día de
que todavía dura en la historia contemporánea El viuda y joven, llegó al templo momentos antes de gran turno?
rey quería dar en aquella ocasión una carta otorgada. principiar la ceremonia.
María hubiera preferido no contestar; pero cono•
Mirabeau comprendió que si al rey se le dejaba la
Hallando la nave atestada de convidados y curio- ciendo la pertinacia de su antiguo novio, pensó abrefacultad exclusiva de hacer bien, el rey aparecía co- sos, y no queriendo quedarse á la puerta ni llamar viar aquella apurada situación doblegándose en vez
mo el patriarca antiguo, como el padre de la familia la atención atravesando el apiñado gentío, las dos de resistir.
francesa, como la Providencia divina, como el dis- primas abrieron una puerta que daba cerca del vestí- Semejante observación es muy propia de usted,
pensador de la justicia y de la gracia, volviendo la bulo, subieron una escalera. enfilaron un largo corre- contestóle secam~nte sin volverse. Sólo á un desnación á su minoridad y la asamblea del pueblo á dor, débilmente iluminado por un alto tragaluz, y se creído se le ocurre comparar el santo sacramento del
su antiguo carácter de cortesana en los palacios. Así, metieron en una tribuna situada á un lado del altar matrimonio con un espectáculo teatral.
con aquella rápida inspiración propia del orador, mayor.
- No dé usted una torcida interpretación á mis
con aquel don de la oportunidad propio del estadisA juzgar por el aire resuelto de las dos mujeres, palabras. Comprendo que además de una ceremonia
ta, en la fórmula breve, correspondiente al minuto aquellos parajes debían serles familiares.
más ó menos espléndida, el matrimonio puede ser
supremo y crítico, declaró que lo dicho por el rey
Deslumbradas por la luz exterior nó vieron de fuente de ventura.
podía ser la salud de la patria si no fueran siempre pronto dos personas que se bailaban en aquel disY añadió Leine después de una pau~a:
dañosos los presentes del despotismo. El lujo de la creto recinto. Cuando sus ojos se hubieron acomo- Al menos creo yo que lo hubiera sido para nosmonarquía, el aparato de las armas, la violación del dado á la escasa claridad que penetraba por la celo- otros, si usted ...
templo nacional, el mandatario de todos erigido en sía, percibieron en un ángulo de la tribuna una
- ¿A qué abrir las heridas del pasado?, dijo Maprovidencia para todos, el que debía recibir leyes señora arrodillada y un caballero apoyado de codos ría interrumpiéndole. Y abismó sus ojos en la lectudándolas, el que debía oir los debates pervirtiéndo- en el antepecho.
ra de un rico devocionario que llevaba en la mano.
los, todas estas consideraciones surgían á su mente
Después de haber orado un momento de hinojos,
- Es que sólo vivo del pasado, replicó el joven, y
y le hablaban con tal fuerza que le imponían una la señorita de Avilés y su compañera ocuparon las ya no gozo sino en el recuerdo de las heridas que
frase, la cual brotaba por sí misma de sus labios dos únicas sillas que parecían vacantes
recibió mi corazón.
como si fuera la palabra suprema del espíritu humaEn seguida sentóse también el caballero, de mane- Pues yo soy tan desgraciada, que sólo vivo de
no, á saber: la invocación á la propia dignidad para ra ~ue su silla quedó casi pegada á la de María.
lo futuro y únicamente confío en Dios.
que, guardando todo el culto debido á la santidad
Él y ella hicieron un movimiento de sorpresa.
Y la hermosa joven murmuró leyendo:
del juramento, decidieran no separarse hasta haber Acababan de reconocerse y daban señales manifies«Salva á t.u alma, que fué creada para gozar de
dado á Francia una constitución. En esto el maestro tas de encontrarse en una situación embarazosa.
una dicha infinita, Ama á Dios y desprecia los bienes
de ceremonias le interrumpe en nombre del rey.
Pocos meses antes habían sido los protagonistas pasajeros, que engendran vicios y dolores.»
¡Momento supremo! La monarquía ha dejado el sa- de una historia de amores, muy comentada entre sus
En aquel momento, el sacer-dote cuya voz potenlón después de sus vanas orientales ceremonias, con- conocidos, y se veían ahora por primera vez, después te resonaba en la bóveda ojival de la capilla, dejó
juros de lo pasado, y lo ha henchido la palabra de de un ruidoso rompimiento.
oir claramente estas palabras:
Mirabeau, cargada con el espíritu moderno. A esta
Ambos eran jóvenes, tan ricos en bienes de fortuBeati omnes quz· timen! Domznum: qui ambulan! in
tempestad donde fulguran tantas ideas, en cuyas rá- na como en dotes personales.
viz's ejus.
fagas la conciencia humana se fecunda, opone la
Hubo entre ellos palabra de casamiento: pero, con
- Escuche usted la voz del ministro del Señor,
corte, no otra palabra, no el arma de sus ejércitos, gran ·sorpresa de todo el mundo, el diablo echólo dijo María á su ex prometido que se inclinaba como
la vara mágica de su maestro de ceremonias. Imagi- todo á rodar cuando ya se hadan los preparativos de para hablarle de nW!vo.
naos al marqués de Brezé con sus zapatos de raso .boda.
- Me impresiona más la lectura de estas eternas
blanco, sus medias de seda, su justillo recamado de
Cada cual explicó á su modo el fracaso de aquel verdades en ese libro, replicó él, y leyó señalando el
oro, su capeta de terciopelo al hombro forrada de magnífico proyecto; porque el verdadero motivo no salmo con el índice del devocionario:
marta cebollina, sus collares y cruces al cuello, su go- lo supo nadie más que los novios y una' tercera en
«Bienaventurados los que viven en el santo temor
rra con un bosque de plumas en la cabeza, y en lama- discordia.
de Dios y no se apartan de la senda por Él trazada.»
no vara de marfil con que dirige las bizantinas ceremoNoble, altiva, algo romántica, de elevadas ideas y
- ¿Esta usted seguro de haberla seguido alguna
nias, frente á frente de aquel coloso, de aquel mons- delicados pensamientos, devota sin fanatismo, aun- vez?
truo, de aquel atleta, de aquel Mirabeau, vestido de que algo supersticiosa en materias del corazón, Ma- ¿Cree usted que no comprendo la sublime poenegro como un misterio, en la fuerza de su genio, ría de Avilés encerraba un alma hermosa en un cuer- sía de la Jglesia?
.
en la creación de sus discursos, poseído de sus ins· po estatuario. Era la Venus de Milo - antes de romLectio Epistolre beati Pault' Apostolz ad Ephesz'os,
piraciones, la cabellera agitada por los estremeci- perse los brazos - con el esp_íritu de Minerva.
dijo el sacerdote en el altar.
mientos de la idea en el cerebro y del cerebro en el
Juan de Leine, que así se llamaba el gallardo jo- ¿Quién negará que la misa de boda es el cántico
cráneo, los ojos centelleando esos relámpagos del ven de la tribuna. hubiera podido pasar por descen- de los cánticos?, observó Leine.
sentimiento humano tan sublimes como los relám- diente en línea recta de su tocayo el seductor de Doña
Y señaló este versículo en el libro de rezo:
pagos del alto Sinaí, las manos crispadas por la Inés, pues había empleado lo mejor de sus rentas y
«Tu mujer será como abundante vid en el sagrado
emoción y la frente fruncida por el trabajo creador de sus años en continuar dignamente las aventuras de tu hogar. Vuestros hijos serán en torno vuestro
de numerosas producciones, y decidme si de aque- del legendario burlador de Sevilla.
como un plantel de olivos. ¡Aleluya!»
llos dos mundos en presencia no representaba el
Acostumbrado á ablandar corazones con el fuego
- ¡Ay! ¡No todos pueden cantar Aleluya!
uno la vana liturgia de lo pasado y el otro la vtvida de sus ojos y de su diabólica elocuencia, vió estreMult'eres viriis suis subdz'tre sint, sicut Domino ...
llama que renovó el mundo. Así no es maravilla que llada su voluntad en el vano empeño de dar por ta- continuaba leyendo el cura.
el marqués de Brezé hablase muy bajo y el presiden· les procedimientos amorosa vida á una estatua.
Y Juan traducía:

III

te y los diputados no oyesen lo que hablaba. «¡Más
alto, más alto!,» claman de todas partes. «Señores,
habéis oído las órdenes del rey,» gritó entonces el
cortesano. «Sí, las hemos oído, respondió Mirabeau;
hemos oído los propósitos sugeridos al monarca; y
vos, que no podéis ser su órgano en los Estados
Generales, vos que no tenéis aquí asiento, lugar ni
palabra, vos no debéis ser quien nos recuerde su
discurso. Sin embargo, para evitar todo equívoco y
todo aplazamiento, os declaro que si os han encargado de expulsarnos, deis orden para emplear la fuer.za,
porque reunidos por la voluntad de la nación, sólo
salqremos por la fuerza de las bayonetas.» A este rasgo sublime de elocuencia, que tenía la concisión. la
oportunidad, la fuerza requeridas ·por la situación,
se junta el universal voto de los diputados con una
fervorosísima aclamación llena de entusiasmo, en la
cual iban como encerrados todos los derechos de los
pueblos estallando frente á frente de todas las excepciones del privilegio. «¿Puedo llevar al rey esa
respuesta?.» preguntó el noble cortesano aterrado por
aquella manifestación y deseoso de abandonar aquel
sitio donde le faltaba la respiración. «Llevádsela en
buen hora,» respondió el presidente. En efecto, su
propio maestro de ceremonias le llevaba la sentencia de muerte al antiguo absolutismo.

RETRATO DE JUAN MONFORT, obra de Van Dyck. (Existente en la Galería de los Uffizi de Florencia.)

�LA

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

514

saliendo apuestos jinetes que nos acompañaron has«Que las mujeres estén sumisas á sus maridos tiempo he buscado. Sea usted tan piadosa como bella.
ta la ciudad, y desde aquel momento hasta catorce
Perdóneme,
ya
que
estamos
en
el
templo
de
un
Dios
como al Señor, porque el marido es el jefe de la fa.
de misericordia. Déjeme esperar que aún será otra días después que regresábamos al cerro de Paseo ya
milia, como Jesucristo el cabeza de la Iglesia.»
no pudimos descansar ni dos horas seguidas.
vez
unido lo que en mal hora fué separado.
- La Iglesia es una, observó María, y usted falta
Huanuco es una población encantadora; el plano,
Las
almas
más
altivas
se
humillan
ante
el
altar;
y
á sus preceptos queriendo más de una mujer.
bellísimo
y muy extendido á causa de las huertas de
- Cuando amaba yo á varias, me hallaba fuera de es que en la iglesia comprenden cuán grande es Dios
limoneros y naranjales que rodean las casas.
y
cuán
pequeñas
son
las
cosas
de
este
mundo.
la Iglesia.
Su clima es cálido y sus frutas exquisitas, desde
En un -salón, María hubiera sin duda mirado á
- ¿Y ha entrado usted ya en su seno?
las
más sabrosas, europeas, hasta las perfumadas de
- Sí, porque comprendo lo que dice ahora el mi- Juan desde lo alto de su desdén; pero allí, en el temlos
trópicos. Las haciendas de caña y café encuénplo,
tan
cerca
de
una
amiga
á
quien
el
acto
imponistro de Dios:
nente del matrimonio rodeaba de una santa aureola, transe· diseminadas por las afueras, y en ellas viven
«El que ama á·su mujer se ama á sí propio ... »
«Quia membra sumus corporis ejus, de carne eius et sintió derretirse el hielo de su orgullo. Su mirada se sus dueños, ocupando pa)acios los más de ellos, con
encontró con la mirada del joven, y viendo reflejarse todas las comodidades que pudiera tener un sibade ossibus ejus ... »
- Eso ya lo dijo Dios á Adán al presentarle á la en sus ojos la sinceridad de sus palabras y la rectitud rita.
¡Qué días más agradables!
primera mujer: «Es carne de tu carne y huesos de de sus propósitos, le contestó con toda la sencillez
¿Quién ha dicho que se vive con los recuerdos?
que
puede
brotar
de
unos
labios
ingenuos:
tus huesos.» Lo cual no impidió que Eva le faltase á
¡Teníamos que multiplicarnos; imposible dar gusto
- Hace tiempo que mi madre espera la vuelta del
la primera'ocasión.
á
todo
el mundo; nos disputaban, nos volvían locos
- ¡Oh! Para usted siempre es la mujer la que falta. hijo pródigo.
en
fue~za
de agasajarnos!
Digna
madre
de
un
ángel
como
usted.
Vamos
Escuche usted la continuación de la Epístola:
¡Y qué hermosas mujeres había en Huanuco! Mis
«Por esto el hombre abandona á su ·padre y á su á suplicarle que fije el día de nuestra boda. Ha llecompañeros de viaje me hicieron algunas confidengado nuestro turno de cantar ¡Aleluya!
madre para unirse con su mujer.»
cias que probaban lo que digo.
- Y yo, comentó Juan, abandonaría familia, forA pesar del mareo que yo traía con fiestas, ban·
J UAN B. ENSEÑAT
tuna y patria para ir á vivir con una mujer en el dequetes,
correteos á caballo y demás, quise ver el
sierto; porque entonces me llevaría el paraíso en el . ~ ~ . . . . , . . . , . . , . ~ ~
Beaterio;
me había hecho invitar la superiora y no
corazón.
podía
dejar
de cumplimentar la invitación.
- Son muy propias de usted esas estudiadas frases
SECCIÓN AMERICANA
Fuí
una
mañana con otras dos amjgas, promede efecto:
tiendo salir al poco tiempo; los caballeros no podían
EL nEATERIO DE II UA N UCO
«Benedicat 7/obis D ominus ex Sion, qui fecit ca:lum
entrar, nos aguardarían fuera; pero eran las cinco de
et terram. Aleluya ... »dijo el sacerdote, y el auditorio
( Conc/usión )
la tarde cuando salimos de aquella mansión de repo·
se puso de pie para escuchar el Evangelio.
Miguel se durmió seguidamente, y me disponía á so, en donde pasé horas deliciosas.
(In ttlo tempore: Accesserunt adfemm Phariscei ... »
Sesenta y dos años hacía que allí estaba encerraJuan siguió leyendo en el devocionario por enci- imitarle cuando sentí un grito que lanzaba D. José,
da
la superiora y contaba sesenta y cuatro de edad;
á
tiempo
que
saltaba
de
la
cama.
ma del hombro de María:
- ¿Qué es eso?, dije revolviéndome asustada y casi era una mujer pequeña, gruesa, de fisonomía franca
«... Los fariseos se acercaron á Jesús para probary expresiva: en el mundo hubiera pasado por señora
lo; y le dijeron: ¿Es lícito al esposo abandonar á su dando vuelta á la cama.
de
carácter alegre; allí me pareció el mejor anzuelo
Que
aquí
hay
algo.
consorte? Y les contestó: ¿No habéis leído que el
Como me habían dicho que los bichos andaban para la clausura: ¿quién, tratándola, podía tener mieCreador del hombre, en un principio, formólos varón
y mujer para que fuesen dos en una sola carne? .. . por allí á la orden del día, me figuré que alguna ser- do á la celda?
Había en el Beaterio, como pensionista, una seQue el hombre no separe lo que ha unido Dios ... » piente ó algún oso... , qué sé yo lo que pudo ocurrírñora de las que nosotros llamamos de piso; era rica,
- Tampoco hizo usted caso de las palabras del seme. Pero ¡quiá!
D. José encendió un fósforo y vimos correr por vivía con lujo, sostenía pleitos en el mundo, contaEvangelio, pues separó lo que Dios había unido.
acá
y por acullá una manada de myes (conejitos-de ba en su historia algunas amorosas, salía á la calle
- El es testigo de que, desde que la perdí á usted,
Indias), chillando como diablejos y ocultándose de cuando se le antojaba y tenía un perrito de lanas,
la he buscado sin cesar.
Aromito, al que enseñaba mil monerías para matar
- Por el camino que usted seguía, no era fácil que la luz.
sus ratos de ocio que debían ser muchos.
Los
cholos
seguían
cantando
y
bailando,
que
se
las
me encontrara.
Esta señora gastaba miriñaque el año 1881: me
- En vano traté de orientarme en el piélago de pelaban; puse cuidado si cantaba la chola; hasta mi
parece
que ya está hecho con esto su retrato.
oído
no
llegó
su
voz,
si
es
que
volvió
á
cantar.
ideas y pasiones que agitaban mi vida.
.
Ni
la
señora pensionista ni las monjas nos dejaLa
luna
entraba
por
un
montante
de
cristales
iluTerminado el Evangelio, los fieles se habían sentado otra vez. Ambos jóvenes permanecieron un rato minando la pieza en donde estábamos; era ésta gran- ron salir á la hora de comer: fué necesario acompaabismados en profundas reflexiones. Luego siguió el de, más bien larga que cuadrada, y tenía todo el cor- ñarlas todo el día, oir cantar á las niñas, probar los
dulces especiales que cada una hacía, para que comte de Ull comedor de mesón español.
rezo del ministro del altar:
Sería la una de la madrugada cuando se abrió la prásemos muchos, muchísimos (contribución indi&lt;&lt;Deus, qui potes/ate virtutis tutE de nihilo cuneta
puerta que daba al corral, y entraron tres ó cuatro recta); pasear por la puerta, refrescará la sombra de
fecisti ...»
María elevó al Señor una ferviente plegaria para personas que con mucho sigilo pasaron por delante los naranjos, comer del sabroso fruto ... en fin, que
que iluminase el espíritu de aquel pecador cuya sal- de mi cama, metiéndose en un cuarto cuya entrada me seducía el programa. ¡Pasar un día dentro de un
convento! Aquel era mi sueño dorado.
quedaba á mi cabecera.
vación le interesaba casi tanto como la propia.
No me parecía suficiente, sin embargo: yo hubieAl poco rato entraron otros, luego otros, conté
11.. ... Deus, qui tam excellentt' mysferio conjugalem cohasta veintisiete entre hombres y mujeres. Todos de- ra querido que cada monja me contase su historia,
pulam ,onsecrasti... »
Y el escéptico que de todo se había burlado hasta bían dormir revueltos aquella noche; la principal ha- que me refiriese hasta el último secreto de su peentonces, se sintió dominado por la majestad del sa- bitación la teníamos nosótros y no podían extender- cho ... y nada, allí todo el mundo revelaba una felicidad insultante, una alegría franca, una expansión
cramento del matrimonio. Siguió con tiernos ojos la se más.
envidiable;
nadie se enojaba: las unas mandaban y
La
última
que
entró
fué
la
cholita
cantora;
Miguel
mística mirada de María, y los fijó en estas palabras
dormía y la luna daba de lleno en su rostro, que la las otras obedecían sin replicar, reían, subían á los
del devocionario, que traducían las del sacerdote:
«Haced que el yugo del esposo sea un yugo de muchacha había de ver forzosamente al pasar por su árboles para coger la fruta, se sentaban como yo soamor y de paz. Haced que, pura, se case la esposa lado. Tenía el joven Gallo el vicio de quejarse dor- bre la hierba y no se acordaban de rezar entretanto
en Jesús. Que sea amable con su marido, como Ra- mido, y precisamente en el instante que la chola se nosotras estábamos presentes.
Reían á carcajadas con los recados que enviaban
quel; prudente como Rebeca; longeva y fiel como acercaba lanzó un lastimero quejido; ella se paró sorSara ... Que unida á su consorte, no manche el tála- prendida. Dormía yo como duermo en este momen- los caballeros para que saliésemos, y contestaban con
mo nupcial con ningún amor ilegítimo .. . Que ambos to, pero no dije una palabra; quise observar sin es- agudezas á las súplicas de que les dejasen entrar.
¡Y qué café tan exquisito nos hizo saborear la seesposos vean á los hijos de sus hijos, hasta la tercera pantará la joven.
Escuchó; pronunció unas palabra~ en quichua, ba- ñora del miriñaque!
y cuarta generación.»
Era de sus huertas, y el café de las huertas de
- ¿Empieza usted á comprender, le dijo María, las jito, muy bajito, y se inclinó para darle un beso, al
Huanuco
tiene merecida fama entre los aficionados
mismo
tiempo
que
decía
más
alto
y
con
acento
trissacrosantas doctrinas de la Iglesia?
peruanos.
- No sé; pero se me figura que hoy recobro la per- tísimo: «¡aygualá/))
Cuando más alegres, contentas y gritonas saltábaAygualá quiere decir adiós al amado, afán de voldida luz y la fuerza de obrar bien. ¡Oh! ¡Cuántas veces
mos
por el huerto de los naranjos, divisé en una reja
ver
á
verle,
pena
por
dejarle,
mil
y
mil
cosas
que
he tomado el fuego de las pasiones por la luz de
amor ideal que atraía mi alma hacia lo ignoto! Mis nosotros decimos con muchísimas palabras y los qui- alta una joven religiosa, pálida, demacrada: parecía
un espectro.
ilusiones han naufragado una tras otra en el mar de chuas expresan con estas siete letras.
- Madre, ¿qué tiene aquella hermanita?, pregunté
¿Besó la chola á Miguel? No lo sé; ella se inclinó
los desengaños. Pero zozobras y reveses, naufragios
y amarguras, todo lo bendigo si me conduce al fin á sobre su rostro y él dió media vuelta para el otro con mucho interés.
La superiora levantó la cabeza y dirigió una mirala tierra soñada. He buscado con ansia loca esa mu- lado.
Desapareció la cholita tras aquella puerta que tan- da durísima á la ventana.
jer de que hablan las Sagradas Escrituras; pero en vez
- Nada, me dijo; está enferma ... y como no debía
de encontrar doncellas virginales, nacidas para ser ta gente ·tragaba y no he vuelto á verla; quizás allí,
esposas fieles y madres resignadas, la fatalidad ha en k&gt;s brazos repulsivos de uq cholo, amante ó mari- asomarse á la ventana...
- Mentir es pecado, madre, y usted me está en·
puesto en mi camino hijas rebeldes, esposas adúlte• do, soñó con los del caballero rubio que había baigañando.
ras, mujeres infecl.!ndas ó madres fallidas, locas cria- lado con ella.
- No, no, respondió sonriendo dulcemente.
turas que pasan por · el mal para llegar al bien ó
- Sí, sí. Vamos á ver: ¿por qué está castigada
para morir impenitentes. Desorientado y aturdido,
***
aquella monja?
pasé yo por el lado de la felicidad sin conocerla. CoNos levantamos al rayar el alba, y después de ha- ¿Pues quién le ha dicho á usted que está castimo mariposa á quien sólo atraen las flores de vistosas
galas, desprecié la humilde violeta, que guarda sua- cer nuestras abluciones en el río (no había mejor jo- gada?
- ¡Hola! ¿Conque he adivinado?
ves perfumes para el alma y balsámica esencia para faina) y de peinarnos convenientemente, montamos
- Sí, está castigada.
el pecho. Dios se ha dignado nuevamente enderezar de nuevo, y á las cuatro de la tarde hacíamos nues- ¿Cuánto tiempo hace?
mis pasos por el buen camino, y reconozco al fin en tra entrada en Huanuco, sorprendiendo á los que no
- Un año ... Está demente.
usted · la mujer nacida para la virtud, para el matri- nos aguardaban hasta el día siguiente.
- ¡Jesús! ¡Un año! ¿Pues qué ha hecho?
monio, para la familia; la compañera ideal que tanto · · De las preciosas quintas del camino habían ido

NóMERO

LA ILUSTRACI ÓN

514

695

ARTÍSTICA

- Niña, niña, la curiosidad también
la comida el baile, el canto; yo sabía ales pecado.
••■■•■■ ■111111!1111!1
gunas Tristes que me habían enseñado
- Madre, yo quiero saberlo, necesito
aquí, y tocaba un poco el piano; él me
saberlo, no podría descansar si no Jo sudijo que mi voz y mi dulzura le habían
piera.
vuelto loco. Bailamos juntos toda la no- Pues está castigada ·por haberse esche. Yo no había visto hombres jamás...
capado.
á mis hermanitos, á mis tíos, á mis pri- ¿Con quién?
mos; pero ninguno era como aquél. Me
- Sola.
sentía mareada: olía á rosas, á jazmines,
- ¿Y dónde la encontraron?
á piña, á naranjas, á todo; no pude sa- En el camino del Cerro de Paseo,
ber á qué me olía, pero me mareaba,
á pie...
....-.,·=--·
me mareaba, y dos ó tres veces estuve
- ¡Pobre mujer! ¿Y para dónde iba?
~ID-.'-'rl.:31~-~
á punto de caer; él me sostenía, me sos- No quiso decirlo ni ha podido satenía en sus brazos y yo sentía un placer
cársele una palabra.
tan grande que me apoyaba como si me
- Madre, yo necesito hablarle á solas.
apoyase en mi madreó en la Virgen. Yo
- ¡Imposible! Está prohibido.
no sabía bailar; aquí bailábamos sola- Para mí no
~.i'lW~
mente cachuas por broma, pero tenía buen
- Para todo el mundo.
oído para la música y lo seguía sin perLa madre negando y yo insistiendo
der el compás: él decía que yo lo hacía
me salí con la mía, después de haber
, ..,T..,,..-.
muy bien. Era forastero, limeño, estaba
prometido cincuenta duros para la fiesta
aquí de paso; le pregunté cómo se llade San José, que aquel año se hizo por
maba, no me habían dicho sino el apemi cuenta.
'lill'.::,r.a.alll'II
llido cuando me lo habían presentado...
Subí á la celda en donde estaba ence111-ii"'"\:.IQJo~
el Dr... ¡casi lo digo! y no quiero, es
rrada la monja, y como el trato era que
pronto Sus amigos le obligaron á cantar,
yo le hahía de hablar á solas, salió ta
y cantó; cantó, señora. Jamás ha bía oído
superiora, que me acompañaba. después
yo voz semejante ni aquellas canciones:
de haberle dicho algunas frases en quitodo era de amores, de amores. ¡Qué
chua.
feas me pareclan las plegarias que había
El cuadro que se presentó á mi vista
yo cantado en el convento! También
fué tristísimo. Era una celda casi cuadracantó en otro idioma: «Stella de nostro
da, de paredes sucias, en las cuales apeamor,» decía, no se me ha olvidado, no se
nas se conocía la tosca brocha del alhame olvidará. Tengo aquí la voz (señañil, y la única cosa agradable que tenía
lando á los oídos) y aquí la música, y
era la.ventana de fuertes barrotes, por la
aquí su retrato, golpeándose la frente.
cual entraban la luz y el sol á torrentes,
- Cálmese usted
mezclados con el penetrante aroma de
Mr~~:s,
- Si no me hace daño; me parece que
los azahares
revivo: poder hablar de esto, poder con·
Al quedarse sola conmigo elevó al
tarlo, creer que usted se lo dirá, porque
cielo los ojos y ca) ó de rodilla,,, balbuse lo dirá usted en cuanto llegue á Lima,
ciendo frases en idioma indio.
¿verdad?
Procuré levantarla y vi con espanto
EN EL CORRAL, cuadro de D. José Arpa
- Sí, se lo diré todo.
que tenía grillos.
- Bueno; pues acabaré. Habíamos
- ¿Para qué?¡ Dios mfo!, me pregunté.
bebido mucho y hablado sin cesar y
¡Si esta infeliz ni tiene fuerzas ni puede escapar por luego: ptimerb gepa usted mis desgracias Me llamo bailado y.. . yo estaba sufocadísima y me saltaba
ningún sitio!
Domitila, aquí soy sor Angelina, pero yo no voy á el corazón. Después que hubo cantado quedé miLa obligué á sentarse en la paja que se veía ex· referir nada de aquí; estoy en el mundo en el mun- rándolo extasiada, no sabía lo que pasaba por mí,
tendida sobre un tablado de pino, y también yo me do, sí, señora porque usted me trae los ecos del pero pasaba algo muy grave; me habían dicho
senté á su lado
[ mundo ... el mundo ... el mundo, decía como si des- que había que temer á los homhres. y yo le temía;
- Cuénteme usted, hermanita, cuénteme usted variase.. Pues yo me eduqué en esta casa, mi ma· 1 lo mira ha con ganas de besarlo, de ahrazarlo, de
sus penas, le dije. ¿Porqué hu}Ó usted de esta casa? dre me puso aquí para que recibiese educación reli acariciarlo mucho... y no me daba miedo ¡Si me
¿Adónde iba usted?
giosa; tenía miedo á la sociedad, tenía miedo á los parecía cosa propia! ¡Si creía que había vivido siemLa desgraciada dudaba de mí; era la primera per- hombres; mi madre era una chola rica con ribetes pre á su lado! Me sacó al patio y me hizo sentar
sona que la visitaba, y cr~yó que me habían enviado de señora y quería que yo saliese una señorita, para en la hamaca; se sentó á mi lado. rodeó mi cintura
para arrancarle una confesión que se negaba á hacer. que no me casase con ninguno de su clase Tenía con su brazo y me estrechó muy fuerte; yo también
Cuando se convenció de mis intenciones, cuando le diez y ocho años cuandó salí del convento; en mi lo estreché; era lo que deseaba; él había adivinado

~:==~:;:;!~;::.:~~~~l@~~!il!éaii!~

INTERIOR DE MI EST UDIO,

dije quién era y por qué estaba en Huanuco, me echó
los brazos al cuello diciendo:
- ¡Ah! ¡Usted viene de Lima! Usted le conocerá.
- ¿A quién?
- A él; luego diré su nombre; ahora no, luego,

cuadro de D. José Arpa. (Premiado en la Exposición ele Bellas Artes de' Berlín, 1891.)

casa se celebró con una gran fiesta el acontecimiento; hubo muchos convidados, muchos caballeros que
hicieron á mi madre la honra de asistir muchos ..
no ... no había más que uno, yo no vi más .. ¡Qué
hermoso era! ... Usted debe conocerlo. Después de

sin duda mis deseos. Me dió muchos besos, que yo
le devolvía como si besase á un niño Jesús ... ¡Qué
palabras tan bonitas me decía!; como se las decíamos
nosotros á la Virgen Me rogó que le dejase entrar en
mi cuarto; precisamente comunicaba con un huerto

�OATEDRAL DE LEÓN.-SILLERfA DEL CORO

�LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

514

La noche, escultura de Miguel Angel. (Existen•
de limoneros; era una celda preciosa adornada por
te en la capilla de los Médicis, en Florencia.) - La iglesia de
NUESTROS GRABADOS
mi madre con tanto gusto... Me dijo que en el patio
San Lorenzo, emplazada en el mismo sitio que ocupó la consagrada por San Ambrosio en 393, es uno de los monumentos
entraba y salía la gente, que no podía decirme todo
interesantes de la antigua capital de Toscana y en el que
lo que deseaba, que le dejase verme cuando se marCatedral de León. Pinturas murales del ábsi- más
tal vez descuella en toda su grandeza el genio y magnificencia
ae.-Catedral
de
León.
Sillería
del
coro.
«Al
chasen todos, que me retirase pronto para que se
desembocar por la angosta calle del Cristo de la Victoria en la de los Médicis. Bajo la dirección del célebre Brunelleschi prodeshiciese el baile, que él saltaría la tapia... Accedí vasta plaza de la catedral, ofrécese á los ojos el más gentil es• cedióse á la reconstrucción del templo en 1425, y en su sagraá todo y lo hice como me había rogado, pero se lo pectáculo que pudo combinar el arte y crear la fantasía, Des• do recinto existen obras de todos aquellos grandes artistas que
comuniqué á una criada destinada por mi madre cubierto por el frtnte y por el flanco, dominado por las agujas como Donatello, Bronzino, Brunelleschi, Verrochio, Rosso,
de cresteria de &lt;los altas y robustas torres, erizado de pináculos Miguel Angel, etc., merecieron la decidida protección de
para servicio mío.
y botareles de varias formas, reforzado por contrafuertes y ar• aquella ilustre familia á quien tanto debe el arte italiano Eri- Eso es pecado, niña, me dijo.
botantes, ceñido de andenes y calados antepechos, perforados gida ó reconstruida la iglesia gracias á la munificencia de Juan
- ¿Pecado?, no lo creas.
de arriba abajo sus muros por dos órdenes de ventanas ojiva- y de su hijo Cosme de Médicis, compréndese cuán justificado
les, presentando triple portada al Occidente y triple portada al había de ser el interés que mereció á sus sucesores y que en
- Sí, un pecado, muy pecado y muy grande,
capillas escogieran la mayor parte de ellos sitio ó lugar de
- Bien; pues mañana iré á confesar y ya está listo. Mediodía cuajadas de primorosas esculturas, tiéndese cuan sus
eterno reposo. La magnifica escultura que reproducimos, obra
largo
es
y
elévase
á
su
mayor
altura
el
grandioso
monumento,
Se hizo todo como él deseaba: la criada nos ayudó permitiendo abarcar en una sola mirada su incomparable ar- de aquel gigante del arte, Miguel Angel, ÍGrma parte del mosin escrúpulo en vista de que al día siguiente pensa- monia.&gt; Asi describe á la catedral de León, á aquel templo que numento de Julio II de Médicis, tercerh,jode Lorenzo el Magba confesarlo, y él Pí1SÓ la noche conmigo. Cuando tanto ofrece que estudiar para la historia del arte y cuyos de· nifico y tío Lorenzo II, cuyl) monumento se halla frontero, Debajo de la estatua existen las dos figuras alegóricas del Dla y
por la mañana me levanté, se me acababa la vida, talles reunidos f,,rmar!an por si solos un museo, D. José María la
Noche que se supone concibió Miguel Angel para expresar
quería volver á verle, no podía vivir sin él, ni pensa- Quadrado.
Dificil empresa seria la de enumerar las bellezas que encie- la idea abstracta de la vida activa y de la vida con,emplativa.
ba en la confesión; pensaba en mi amor, en mi rra la que fué basilica de 0rdoño II, la P11lc/1ra Leonina, con- Sea cual fuere su propósito, el resultado es que ambas obras son,
amor... él me había dicho que aquello era amor. La forme se la distinguió. Nos limitaremos, pues, tomando como como todas las del gran maestro, dignas de admirarse, ya que
ellas se halla impreso ese algo sublime que acusa el genio.
criada me recordó que debía ir á lavar el pecado co- base los detalles que damos á conocer á nuestros lectores, á enAdemás
de las citadas estatuas existe en la capilla de~tinada
significar
que
varias
cuanto
antiguas
y
notables
pinturas
conmetido, y fui con ella misma Cuando me levanté de
sérvanse en aquel templo, entre ellas, aparte de las del ábside, á enterramiento de los Médicis el notabillsimo grupo no terlos pies del confesor estaba medio loca: me había ne· la llamada del Ecce Homo y la del entierro de Jesús, curiosisi• minado de la Virgen y el Niño, obra de ½iguel Angel, admigado la absolución; me dijo que estaba condenada, mas por los trajes de las figuras y por sus pormenores Median rable creación en que se hallan reunidos el sentimiento del ary la fe del creyente.
que mi alma ardía ya en los infiernos y que necesi- entre la sepultura del rey 0rdoño y las de San Pelayo y San tista
Dignas de mencionarse también son la estatua de San CosAlvito,
colocadas
á
un
lado
y
otro
del
trasaltar
y
expuestas
taba profesar en el Beaterio para que Dios me perme, ejecutada por fray Juan Angel Montoreoli, y la de San
sobre dos lujosos arcos á la veneración de los fieles.
donase, si no quería: perder la gloria y abrasarme en
No menor interés ofrece el coro, cuya silleria, obra de fines Damián, de Rafael de Montelupo.
No menor interés despierta la capilla llamada de los Médilas llamas del fuego eterno. H orrorizada me encami del siglo xv, ostenta bustos de personajes del antiguo testa·
né al convento sin volver á casa y no quise recibir á mento y efigies enteras de apóstoles y santos encerradas den- cis ó de los Principes, construida en la época de Fernando I,
bajo la dirección de Juan de Médicis y Mateo Nigetti Destimi madre cuando pretendió verme; el confesor por tro de arquitos con arabescos y cobijadas por calados guarda- nada en 16o4 en que empezaron los trabajos á recibir el santo
polvos.
De
mayor
mérito
son
las
tablas
contiguas
á
la
entrada,
UR lado, y la criada, á quien yo veía, por otro, manteen que aparecen la generación temporal de Jesucristo, la visi- sepulcro que había ofrecido á los duques el emir Facanlin, connían constante mi terror al infierno; la sirvienta llo- tación, la calda de los ángeles y el descenso del Redentor á sagróla Cosme II á sepultura ó panteón de la familia ducal.
Los muros hállanse revestidos de preciosos miÍrmoles y la magraba creyéndose condenada conmigo por haber sido los limbos.
nificencia de los Médicis obsérvase en la profusión y riqueza
cómplice. Mis sufrimientos eran horribles; en mis
modelo, cuadro de Andrés Petroni. - Digno de los adornos que la embellecen Alli los grandes maestros
oraciones mezclaba las frases que yo había oído aque- deMi
estudio y detenida observación es el tipo del modelo. En dejaron también muestras de su ingenio, y así como sorprenden
lla noche y me exaltaba hasta volverme loca. Profe- todos los paises ofrece en el fondo los mismos caracteres, más las magníficas estatuas de bronce dorado de Cosme I I y de
sé, sin saber nada de él; no sé si me buscó; nadie ó menos salientes, según sea la clase á que pertenezca, ya que Fernando I, obras respectivamente de Juan de Bolonia y de
maravillan lns suntuosos mausoleos de Cosme I, de
más que la criada me hablaba de aquel hermoso de en las modelos existen jerarquias La holganu, el lujo ó la mi- Tacca,
Francisco I y de Cosme III y los preciosos frescos que decoran
seria
son
las
causas
á
que
debe
la
mujer
que
se
dedica
á
servir
monio, y ésta me dijo que había marchado. Al poco de modelo el origen de su profesión, y excusado nos parece la cúpula, obra de Benvenutti.
Junto á la capilla levántase la famosa biblioteca Laurencia•
tiempo de pronunciar los votos eran mayores mis consignar las diferencias que en ellas determinan la violencia
torturas; cuanto más imploraba á la Virgen que apar- ó la vocación. Las más de ellas son dignas de compasión, ya na, fundación asimismo de los Médicis. El ~alón y el vestibulo
en 1524 en presencia de los dibujos ejecutados
tase su imagen de mi pensamiento, más me la pre- que tras de su sonrisa, de su aparente facilidad en poner al construyéronse
por Miguel Angel, siendo terminados por Vasari
desr.ubierto
lo
que
las
demás
encubren,
existen
pesares,
privasentaba .. Todos me abandonaban, hasta la Virgen ... ciones y seres desvalidos á quienes la labor de la modelo pro·
Esta biblioteca, que fué la primera que con carácter público
Mi pecado, tenía razón el confesor, era monstruoso. porciona hogar y sustento.
establecióse en Italia, formóse con las colecciones reunidas que
¡Dios estaba enojado! ... ¡Su madre no quería escu- Distinguense, sin embargo, algunas que constituyen un ver- poseyeron Cosme y Lorenzo de Médicis. La entra&lt;la en Florencia de los franceses acaudillados por Carlos V111 determinó
charme! Cuando me convencí, porque de él no po- dadero arcano, y á este propósito consignaremos un caso tan su
casi destrucción, puesto que se enajenaron la mayor parte de
como curioso. No ha mucho tiempo contrajo matrimonio
día olvidarme, de que no había salvación para mi ·eraro
n esta ciudad un sencillo menestral con una joven de buena los volúmenes que conten!a, y fueron adquiridos casi tocios
alma, ya no pensé sino en huir. en llegar á Lima presencia, que por tenerla servía de modelo para el desnudo por el convento de San Marcos en 4.000 ducados A esta feliz
como fuese, pidiendo limosna, y acechando la oca- en el Circulo Artistico El marido, que sólo tuvo noticia del circunstancia se debe la conservación de las obras importantes
sión llegó por fin. Escapé; me persiguieron y me en- oficio de su esposa á consecuencia de sus diarias ausencias del que aún existen, puesto que recogidas y conservadas por los
monjes, fueron vendidos todos los libros en I 5o8 en la suma
contraron á los dos días, muerta de cansancio, de hogar doméstico, dirigió una carta al presidente del Circulo, de 2.652 ducados al cardenal de Médicis, que _después subió al
manifestando que si su esposa seguia exhibiéndose en la clase
hambre y de fatiga; me volvieron aquí. .. Aquí estoy... de desnudo, as{ fuera para inspirar Venus Citérea ó Diana Ca solio pontificio con el nombre de León X, quien trasladó á
condenada todavía, ¿verdad?, condenada, eterna- zadora, se suicidaria. Poco afectó la amenaza á la modelo, que Roma su adquisición.
Clemente VIII restituyó á Florencia esta parte genima del
continuó ejerciendo su oficio, por cuyo motivo el desesperado
mente condenada.
patriG&gt;tismo de sus antepasados, encargando á Miguel Angel la
marido
em
barcóse
para
el
Nuevo
~fondo,
dejando
abandonada
- No. Dios perdona á los inocentes, á los desgraá su consorte que neutraliza su amor conyugal por el. amor construcción de un edificio apropiado para biblioteca junto á
ciados. ¿Qué culpa tiene el niño á quien dejan dor- al arte.
la basilica de San Lorenzo. Cosme I procedió á la colocación
mido al pie de una fogat:i, si dando la vuelta cae en
Tal vez el tipo representado por el pintor napolitano Petro- de los volúmenes y sus sucesores procuraron todos enriquecer
las llamas y se abrasa? Usted es inocente y Dios lo ni debe pertenecer también á la clase ó categor!a de la modelo con valiosos donativos tan importante fundación, ejemplo que
imitaron también los particulares, entre ellos la duquesa de
ve todo, lo oye todo y todo lo perdona á las criatu- catalana á que nos referimos.
Albany, que cedió la que fué biblioteca de Alfieri.
ras desgraciadas como lo es usted. Vamos, dígame
Actualmente cuenta con una notabilísima colección de nueve
Retrato de Juan de Monfort, obra de Van
ese nombre que no quería pronunciar, yo le hablaré Dyck, existente en la Galeria de los Uffizi de Florencia.- mil manuscritos y libros tan raros como curiosos, tales como
de él si lo conozco: ¿quién es?
Esta obra de Antonio Van Dyck, rival, en el retrato, del Ticia- ejemplares de las primeras ediciones impresas de la Biblia.
~ntre los manuscritos que atesora merecen citarse un Virgilio,
La monja, con las pupilas dilatadas, la cabeza no, consérvase en la galeria de los Uffizi de Florencia. En del
siglo 1v; las Pa11dectas, del siglo v11; dos manuscritos de
temblona y las manos perláticas, pronunció un nom- aquella pinacoteca, única por la numerosa colección de retra- Tácito, del siglo x; copia de otro del 395, procedente de un
tos que atesora, existen algunas obras del célebre maestro,
bre y un apellido que me eran muy conocidos.
distinguiéndose entre ellas la que recuerda al descendiente de convento de Westfalia, descubierto por Arcimboldi durante el
• U na idea rápida como el rayo hirió mi pensamiento. aquel Simón de Monfort, azote de la desgraciada Provenza, pontificado de León X; El Decamerón de Bocaccio, de 1384;
que en justo castigo á su crueldad pereció ante los muros de un Quinto Cttrcio, del siglo x; cartas familiares de Cicerón, co- ¡Pobrecito!, dije.
Tolosa, la ciudad do se hallaban condensadas las aspiraciones piadas por Petrarca; un ejemplar de las obras de Horacio,
- Pobrecito, dice usted, ¿por qué?
y libertades de la tierra lemosina. Los episodios de aquella procedente de la biblioteca de Petrarca, que contiene asimis- Porque ha muerto en la defensa de Arica.
luctuosa epopeya han inspirado recientemente al eximio vate mo algunas cartas de este último; el famoso manuscrito lle LmSor Angelina sonrió con placidez, me estrechó las catalán D. Victor Balaguer su trilogía Los Pirineos, obra que gm; varios escritos inéditos de Ticino; un evangelio a~i,io del
manos, levantó los ojos al cielo, y al bajar los párpa- aparte de su indiscutible mérito literario, tiene para nosotras año 583; una Biblia in folio, del siglo v1; un Canzionero, del
el inapreciable de evocar el recuerdo de épocas que, si bien siglo v 1 v, en el que figuran los retratos de Laura y el Petrarea,
dos rodaron dos lágrimas por sus mejillas.
pasaron para no volver, despiertan el entusiasmo patrio y avi- y por último una carta de Dante, escrita después de su destie- ¿Verdad que vale más morir heroicamente en de· van
el sentimiento que debemos albergar en el corazón por la rro, rehusando el permiso que se le otorgaba para volver á
Florencia, por no querer someterse á la condici6n que se le
fensa de la patria, que vivirsufriendo como usted sufre? tierra que nos vió nacer.
- Sí, pero ya no sufro; él' está en el cielo, él ha
La historia consigna en sus páginas los nombres de Amaury, imponia de impetrar el perdón.
rogado á Dios por mí y Dios me perdona; usted me hijo de· Simón, muerto durante las cruzadas en el sitio de
El guitarrista, abanico pintado por D. Marialos de Guido, Felipe y Juan de Monfort, duque de
ha traído el indulto. Ya estoy tranquila. ¡Ha muerto! 0tranto,
Bretaña, chambelán, á juzgar por la llave· que sujeta en el cin- no F_ortuny. - Al igual de Rubens, Bouchery y Wat,eau,
Allá nos veremos. ¿Cuándo será? Pronto. Ahora sí to, que es el personaje representado en el lienzo de Van Dyck. el artista reusense, gloria del arte patrio contemporáneo, fijó
que tengo esperanzas de verle.
notable no sólo por el dibujo, si que también, como todos los en 1~ tela del abanico la gama de su brillante paleta para conretratos de aquel pintor, por su colorido é inimitable expre- vertirlo de objeto frivolo y trivial en manifestación artística.
Me despedí: - ¡Adiós, Domitila!, le dije.
El guitarrista, que oculto entre los pliegues que determina el
sión.
- Sor Angelina, señora, Sor Angelina.
varillaje, cobra vida y se transforma en cuadro al abrirlo, preSalí del Beaterio muy impresionada y diciéndole
Interior de mi estudio, cuadro premiado en gonando las cualidades de colorista que tanto enaltecieron al
á la superiora:
la Exposición de Bellas Arte8 de Berlin.-En que en su rápida cuanto corta carrera artistica logró elevarse
- Ya pueden ustedes soltarla, está curada y será el corral, cuadro de D. José Arpa y Parea. Si á una altura que por desgracia no han podido alcanzar sus
logra el autor de los cuadros que reproducimos, mere- sucesores.
mientras viva, poco tiempo acaso, una religiosa ejem• triunfos
El abanico pintado por Fortuny, convertido hoy en joya
cida recompensa son á sus afanes y laboriosidad. Discipulo de
plarisima.
D. Eduar&lt;lo Car:io y de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, artistica, fué dedicado al Sr. Gargollo, el que levantó el tea·
Yo había mentido á la enamorada monja. ¡Si le debe á su aplicación y cualidades la plaza de pensionado que tr.o de Apolo en Ma?rid, por el pintor reusense como testimo·
hubiese dicho la verdad!... Su amante de una noche justamente le otorg6 la Diputación de su pais natal, Las Ex- mo de afecto y consideración.
no había muerto ni se había batido en parte alguna: posiciones nacional de Madrid, la general de Bellas Artes de
Barcelona y la de Berlín, en que acaba de ser nuevamente
era un libertino sin conciencia, y cuando estuviera en distinguido, demuestran y justifican la distinción que se le
RANDES ALMACENES DEL PRINTEMPS,
Huanuco hada un año que contrajera matrimonio concedió al comienzo de su carrera art(stica Joven, emprende
DE PARÍS.• Véase el anuncio en la sección correspondiente.
con seguro paso el difícil y es~abroso sendero que ha de recoCOA una millonaria de edad madura.
Un mes después lo vi; le conté el caso, y no con- rrer el artista, Hoy constituye una esperanza, quizás lo porvenir reserva al pintor sevillano nuevos laureles si persiste en sus
JABON REAL
JABON
servaba más que un vago recuerdo de la inreliz re- nobles propósitos &lt;le lograr, por medio de la labor y del estu•
DE
T
H
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DAC
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29,i:~:.1~;~:~Paru
V
E
LOU
TI NE
clusa del Beaterio.
dio, unir su nombre al de sus compañeros y paisanos que tan·
&amp;..co11eadaio1 por autor1i1Cea mUitts par&amp; ll li¡lm 41 ta rtll r lellua ••t Col01
to honran á España y á la morisca Sevilla,
EVA CANEL

G

\v:roLETI

NúMERO

5r4

LA ILUSTRACIÓN ARTlSTICA

POR M. J ULIO CLARETIE (DE I.A ACADEMIA FRANCESA). - ILUSTRACIONES DE JUAN BERAUD

(CONCLUSIÓN)

¿De amor? ¿Era esto posible? ¿Podía ser amado todavía M. Thomassiére, después de tantos años ... de tantos años de pesada soledad en Saint-Alvere? ... ¡Oh!
A este pensamiento, las rosas de Jericó, marchitas y empolvadas, volvían á florecer con las gotas de agua de las ilusiones. ¿Y por ventura no podía abrirse de

Interesado de repente en !a lectura los hojeó todos

nuevo el corazón seco y cerrado del antiguo notario? Las francas sonrisas de
las jóvenes bonitas están destinadas á obrar semejantes milagros.
Lo cierto es que M. Thomassiére se levantó muy turbado y se vistió calenturiento. Mientras lo hacía, procuró recordar su programa, el objeto de su viaje de
moralista y justiciero. ¡Ah! ¡Había olvidado este programa como se olvidan los
programas políticos!
«Veamos, veamos ... No he terminado mi tarea ... Esta tarea sólo está principiada ... Se trata de saber si Teodoro cometerá la necedad ... la locura ... la ...
¡Oh! ¡Cuando se ama es cualquiera capaz de cometer muchas necedades! ... Es
preciso que vea á Teodoro ... y que también conozca á Gabrí... No la conozco
todavía ... No he visto más que á la señorita Copín ... Margarita ~opín ... »
Y se interrumpió, complaciéndose en recordar este nombre: Margarita.
«No conozco más que á ~argarita ... la otra Educación laica, la verdadera ...
la verdadera, puesto que ha creado el papel... La señorita Vernier no será ya
más que una suplente suya ... ¡Es tan bella!»
Y la volvía á ver constantemente, á través de la sonrosada luz de las lámparas del teatro, con su traje negro que hacía resaltar la blancura de las carnes ...
Y después frente á frente de él, en la inquietante cena del café Inglés.
En seguida, tratando de desechar la visión y procurando volverá ser el Mentor de virtud, como lo era cuando salió de Saint-Alvere, seguía pensando:
«Dejemos á Margarita, dejémosla ... La que me preocupa es la señorita Vernier: se trata de arrancar á Teodoro de las garras de Gabrí... Pero esto no será
fácil, nada fácil, por poco que se parezca á Margarita, aunque sea la mitad menos linda que ésta.»
Razón de más para obrar con premura. Después de almorzar iría inmediata.
mente á la calle de la Fuente de San Jorge para sorprender á Teodoro. Almorzó, pues, por costumbre, porque se sentía con el estómago y la cabeza pesados.
¡Y eso que no había probado la cena de la noche antes! Mojó un poco de pan
en un huevo pasado por agtia y comió algunos racimos de uvas, El mozo del
hotel al servirle el café le trajo los periódicos de la mañana, que M. Thomassiére desdobló maquinalmente. Después, interesado de repente en la lectura
los hojeó todos para enterarse de la crítica de la obra estrenada la noche ante-

rior, de la revista ¡Quilate, que yo me ponga/ En todos los artículos de crítica
te~tr~l había alg,unas fr~ses ama~les para la señorita Copín: uno decía que el•
pu?hco no hab1a ~erd1do nada con ver representar por la señorita Copín, á
qmen se había mettdo para ello en fuga, el papel destinado á una actriz que se
había fugado. (¡Anda, para que aprendas, Gabrí!) Otro comparaba á Margarita
Copín con una figura de Rubens, con una hermosa creación de Rubens: todos
los cronistas estaban á cual más galantes.
- Se calumnia á los críticos, pensó Thomassiérre; entre ellos hay muchos
que hacen !er?adera justicia, y que tienen gusto, muy buen gusto.
Otro penód1co, en una sección titulada Unrt Soirée Parisiense relataba humorísticamente la historia de la cuerda, la ruptura de la contrat~ de la señorita Gabrí; pero con menos gracia y verbosidad que la había contado Margarita
Copín en el gabinete del restaurant, según opinión de Thomassiére.
_ «.¿Qué im.porta á los afortunados empresarios, añadía el periódico, que la senonta Verm~r haya me~tado la cuerda, si la señorita Copín ha traído buena
sombra al teatro, cual s1 llevase consigo cuerda de ahorcado?»
- Decididamente, pensó M. Thomassiére, estos críticos tienen talento.
_Continuó leyendo cada vez más febril y ansioso, porque la Soirée Parisiense
anadía:
«En cuanto á la señorita Vernier, se dice que abandonada repentinamente
por un hijo de familia, el conde Teodoro de T ... , que debía casarse con ella
ha roto v~olentamente su contrata teatral parisiense para irse desesperada .{
Buenos Aues, formando parte de la compañía de Silbermann, que debe embarcarse dentro de cuatro días. Por lo visto abandona nuestra república por otra
república más argentina.»
El an~iguo notario sintió un vértigo.
¡Gabnela_abandonaba París! Y le abandonaba, según decía el periódico porque había sido abandonada por un hijo de familia!
'
El conde Teodoro de T .. . En esto se equivocaba el periodista Teodoro no
era conde. Este Teodoro de T ... sería Todoro, el Teodoro que h~bía dejado á
la Gabrí,_por lo cual ésta, desesperada, había mandado á los demonios al director, á los autores y al papel de la Edu;ación laica.
¿Qué tenía, pues, que hacer en París Gastón Thomassiére supuesto que
Teodoro ídem había roto violentamente con la señorita Gabrí? '
«¡Vaya si tiene carácter Teodoro!,» pensaba su padre.
Sm embarg?, M. Thomassiére se disponía á ir á la calle de la Fuente de San
Jorge. No reñiría, felicitaría á su hijo, y punto concluido. Tomó las señas de la
calle, que no recordaba, Y. durante el trayecto pensó en Rubens, Rubens indudablemente era un gran pintor... En el Museo de Perigueux había un Rubens ...
Era verdad, ~uc?a verdad que Margarita Copín se parecía á un Rubens.
«Estos penodistas encuentran siempre la palabra adecuada: lo conocen
todo.»
Llegado á la calle de la Fuente, M. Thomassiére detúvose frente á la alta
casa en donde habitaba su hijo.
.
· Entró y pregun.tó por 1:eodoro á un ho~bre de honrado aspecto, cuya boca
ocultaban unos bigotes gnses que denunciaban al antiguo soldado: era el portero, que frotaba con un pedazo de paño la bola de cobre que había en la escalera.
- ¿M. Teodoro Thomassiére?, dijo el interpelado, no está ya en París.
- ¡Vaya! ¿Pues dónde está?
En Saint-Alvere.
¿En casa de su padre?
Justamente. ¿Por lo visto, sabe usted que en Saint-Alvere? ...
- Yo soy su.padre, interrumpió el anciano notario, y me choca que Teodoro
no me haya avisado.
- ¡Ah, señor, eso no tiene nada de particular! ... Ha sido de pronto muy de
pronto... Por la mañana, lo mismo pensaba M. Teodoro en volver al Perigueux
que en irá las Grandes Indias, con perdón sea dicho, y por la tarde de pronto ¡c~taplum/ hacía. cargar su equipaje en un coche y... ¡arrea! ¡á estación!
Ha stdo una gran dicha.
- ¿Por qué?, preguntó Thomassiére.
El portero tomó un aspecto malicioso.
- ¿Por qué? ¡Caramba, señor, por causa de la señorita!
- ¿La señorita Gabrí? Está bien; ya lo sé.
- L~ cosa es qu~ ya estaba cansado de la tal señorita Gabrí; no sabía cómo
conclmr; había medido la profundidad del abismo...
- ¡Cómo!, interrumpió estupefacto el notario. ¿Qué decís?
El portero repitió con militar gravedad:
- Digo que ?abía medido la profundidad del abismo en que iba á hundirse.
M. Thomassiére se apoyó involuntariamente en el pasamano de la escalera
para no caer al suelo.
'
J?e modo q_ue había él abandonado á Saint·Alvere, atravesado la Francia y
vemdo á París para preguntar á Teodoro, con el acento severo de un padre

¡¡

�LA

700

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

corneliano si había medido la profundidad del abismo... y en este mismo ~o•
mento Teodoro la media, sondaba la profundidad y retrocedía delante del ab1s·
mo, partiendo para Saint-Alvere.
Allí en su casa 1 debería haber un pedazo de papel azul, procedente del telé·
grafo, ~nunciando al notario la llegada del parisie~se. ~Quién le habría recibido?
Evidentemente la vieja María toda temblorosa é mqmeta por la salud de su se·
ñor, y puede ser que le hubiese llevado al jue_z de paz moussu Langlade.
El antiguo notario se sentía algo desvanecido, y para comprender esto tenía
necesidad de todo su raciocinio.
- ¿De modo que Teodoro no está en París?, volvió á preguntar al portero.
-No, señor.
- ¿Y la señorita Vernier?
.
- ¡Oh! En cuanto á esa, ayer se despidió furiosa de esta casa, en plena escalera diciendo que iría más bien al Congo, sí al Congo, que volver á ver á
M. Thomassiére; aunque á decir verdad, esto no supone nada, porque no es
la vez primera que ha amenazado con no volver y ha vuelto siempre... Por lo
tanto, M. Teodoro ha hecho muy bien en pillar la ocasión al vuelo y correr al
camino de hierro... Sea dicho entre nosotros, caballero, M. Teodoro estaba ya
más que harto de ella.
- Sí, sí, afirmó Thomassiére, por fin ha medido la profundidad del. .
- Y tomar el tren, que es lo más seguro.
.
¡Tomar el tren! El notario se preguntó si no iba él á tomarle también, supuesto que su hijo no estaba en París.
¿Y qué tenía ya que hacer? Nada. Regresará Saint-Alvere, abrazará Teodoro y decirle:
.
.
.
«¡Muchacho qué bien has hecho en medir aun sm mí la profundidad del!..
«Sí, voy á largarme, seguía pensando Thomassiére. ¿Por qué no he de largarme? ... ¿Qué puede detenerme en París?... Teodoro está en salvo... ha me·
dido...»
~
Y después de dar las gracias y despedirse_ de aquel buen ho~bre de porter_o,
el notario echó á andar por la calle; pero sm duda por casualidad eqmvocó el
camino y hallóse inconscientemente delante de una puertecita, en cuyo um_bral,
algunas horas antes, habíase despedido de una joven alta y hermo~a,_espec1e de
aparición mágica, de rubios cabellos, sobre cuya frente nac~~ada ~ab1a impreso un
óbsculo suave y paternal; sí, sobre la frente de la Educacion laica, .e?trechando
al mismo tiempo su blanca manecita. E l notario sentía aún la canc1a de aquel
beso en sus labios.
Allí era sí· allí en la calle Pigalle, habitaba Margarita Copín... La Rubens, la
verdadera' R~be~s de la que hablaba la prensa... ¡Ah! ¡Qué hermósa criatura!
¡Qué bonachona y qué picaresca! ¡Con cuánta verbosidad había contado la
historia de la cuerda!
No había querido que subiese á su casa aquella noche, pero le había dado
permiso para visitarla, y aquella puerta ta? b_rutalmen:e c~rrada pocas horas
antes estaba ahora abierta para él, no hostil, smo hosp1talana.
«¿Si subiese á verla, pensó Thomassiére, ó más bien á despedirme de ella?...
Porque si me voy... y -sí que me voy... es preciso que vuelva á verla, aunque no
sea más que por cortesía.
.
.
«Sí, sí, un adiós, un adiós solamente, pensaba el nota.n o subiendo lent~m~n!e
la escalera de la casa, y me marcho en seguida, llevando al fondo de mi v1e30
Perigueux el recuerdo de esta juguetona visión de una parisiense.. , Sí, haré provisión de esta rubia aparición para el resto d~ mis días.»
.
Cuando tocó la campanilla estaba conmovido P-1 buen~ ~el notan~, muy con·
movido, tanto como cuando efectuó su duelo con el ofic1ahllo del 3. de ligeros
por causa de la librera del gabinete de lectura...
Resonó la campanilla... Salió á abrir una linda muchacha morena, respinga· ,
da, risueña, coqueta ...
- ¿Se puede ver á la señorita Copín?
- ¿A quién anuncio?, preguntó la morenita.
- A M. Thomassiére.
- ¡Ah! ¿Es usted, dijo la linda muchacha sonriendo, M. Gastón Thomassiére? La señorita os esperaba.

•

VI

«Mi querido y antiguo amigo: Hace tiempo que no te he escrito porque no
sabía cómo expresarte lo que ha pasado en mí y en derredor mío desde las
doce semanas que hace que estoy en París. ¡Qué aventura, mi buen Langlade,
y con cuánta razón s'e dice que sucede todo, hasta lo imposible!
»Bien sabe Dios que suponía terminada mi vida de acción y limitada á nuestros agradables coloquios de Saint-Alvere, cuando bebíamos el vinillo de CostoRasto, en recuerdo del pasado. Tú me hablabas de tu sobrino Gustavo y yo
de mi hijo Teodoro, haciendo proyectos un tanto ambiciosos respecto al porvenir de esos dos muchachos. No nos ocupábamos nunca de nosotros, viejos

NúMERO

514

inválidos de la vida, porque creíamos que ésta se acaba al pasar de los sesenta
años.
» De todas veras. Yo no pensaba más que en preparar la maleta para hacer
un día ú otro el gran viaje. Esto es lo cierto, Langlade, y no me preocupl!ba de

NúMERO

514

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Rubens, y los periódicos podían haber añadido: «como un Rubens que tuviese
alma»).
·
» Después, esta ternura paternal que se despertó en mí tomó otro aspecto,
otro nombre, á medida que las confidencias de la artista me la mostraban elevándose poco á poco, por medio de un trabajo encarnizado, desde el Café-con·

701

familia á que pertenecía! Al revés, la señorita Copín no tien~ la insolente vanidad de artista. ¡Se ha hablado tanto del orgullo de los cómicos! ¿Sabes cómo
llama ella á su teatro? La Caja, ni más ni menos.
.
» Porque Margarita es la más familiar, la más llana, la más sencilla de las
mujeres,

•

Chevandier, fijaos bien en el señor: es mi marido

otra cosa... Me equivocaba: uno no acasa nunca, mi querido camarada, míen·
tras conserve el pie firme, la dentadura sana y el estómago sólido.
»Me he persuadido de ello desde que he vuelto á este París, tan peligroso
para los jóvenes, y que como un vino nuevo se le subía á la cabeza á mi pobre
Teodoro... Mira, querido... es una diablura, pero me ha parecido al llegar aquí
que volvía á mi elemento.
»No ignoras que hay árboles á los que se cree muertos que de repente se
llenan de savia y echan hojas: á mí me ha sucedido una cosa semejante. Siento
verdaderamente una inundación de savia, y tú, Langlade, habrías experimentado
la misma inflamada inundación, si como yo hubieses encontrado, tratado y
apreciado á la que pienso hacer mi esposa...
» Porque esta es la gran noticia que tengo que comunicarte, y que en adelante, no ahora, te pediré que transmitas á Teodoro, suavemente, con habilidad...
pues seguramente le admirará. Sí, mi buen Langlade, me caso; me uno á una
mujer cuya hermosura y talento son incontestables... (te enviaré un paquete de
periódicos qlfe hablan de ella); mujer fénix y que á despecho de una existencia al parecer independiente, ha practicado fielmente las más raras virtudes del
corazón y de la abnegación.
»Es una actriz. ¿A qué ocultártelo por más tiempo? Pero una actriz de mérito sorprendente, á la que sólo las circunstancias han impedido llegar al primer
puesto en su arte; pues en todas las cosas no basta con ser laborioso é inteligente y se necesita ser ayudado por la fortuna ó casualidad.
»La señorita Copín (éste es su nombre) ha sido inteligente y laboriosa, y la
casualidad se la ha mostrado adversa ó sólo la ha ayudado á medias.
«Hija de padres pobres, pero honrados, debió haber entrado en el conservatorio si su familia hubiera podido proporcionarla medios para seguir su carrera.
No teniendo, pues, fortuna, la señorita Copín prefirió valientemente lanzarse al
teatro práctico, y con un aliento admirable se presentó por vez primera en la
Scala (no de Milán, de París). Cantó, ¡pobre muchacha!, cantó coplas y música
de excesiva fantasía, que repugnaban á su gusto, instintivamente puro... Pero,
como yo digo, también Rache!, la gran Rache! comenzó por cantar en los patios y en las calles.
»¿Por qué la señorita Copín ha tenido que empezar por las cancioncillas? ¡Ah!
Si tú la hubieras oído como yo contar las tristezas de esos años de pruebas, la
simpatía se te hubiera entrado por el corazón, como el amor se entró por el
mío por medio de la compasión; amor paternal, después de todo, no obstante la
belleza de la señorita Copín (ya verás por los periódicos que es bella como un

Salió á abrir una linda muchacha morena

cierto hasta la escena de Las locuras dramáticas y luego á la de Montansier, el
famoso teatro de Montansier, en donde yo debía verla por vez primera. ¡Ah,
Langlade! Yo hubiera deseado que hubieses podido ver la turbación, el azoramiento, la timidez que se apoderó de esta joven aguerrida á todo lo imprevisto
de París, cuando declaré á Margarita (se llama Margarita) los sentimientos que
me había inspirado.
»Primeramente me prohibió que la viera, luego quiso huir, hasta que por último consintió en escucharme por bondad, comprendiendo cuánto disgustaba á
un hombre decidido á consagrarla su existencia, sí, su resto de existencia, como
yo la decía con falsa modestia, cuando por fin tuvo á bien oírme.
»Conforme la trataba descubría en ella una nueva gracia, un talento, una
seducción, un hechizo inesperados, sintiéndome, no rejuvenecer, mi buen Langlade, sino vivir, y vivir por vez primera.
·»No digas esto á Todoro. No le digas que sólo vivo desde hace algunos meses; quiero que siempre venere á su madre, por más que Estefanía, á mi juicio,
haya sido seca y dura conmigo. ¡Cuántas veces me recordó orgullosamente la

» Yo la aconsejo que. c?ntinúe en el teatro, aunque ella quisiera dejarle; por·
que me parece que s1 tiene, como debe tener, grandes éxitos, no me asiste el
derecho de malograr su carrera. Además, me agrada que conserve ante mis
ojos la aureola que proporcionan las luces de la escena. Si por mí abandonase
el teatro, me parecería decapitar una gloria y marchitar en flor una esperanza
artística. ¡Si supieras! ¡Hay tan pocos talentos en París!
»Decididamente, mi viejo amigo, me caso con ella. Ella ha dudado, retrocedido y hasta reído en los primeros momentos, lo cual, según me ha dicho constituye en ella un modo de llorar de alegría; mas por fin ha consentido.
»Me siento en el colmo de la alegría.
»¡F igúrate, voy á ser el marido de una artista, de una artista admirada, lisonjeada, adora.da! ¡Casarse con un Rubens, un R ubens delicado, p0rque sólo así
puedo defimrte á Margarita!
» ~-ubiera tenido .una satisfacción en pedirte que me sirvieras de testigo; pero
el v1a3e es largo, fatigoso. Me contentaré con algunos amigos de fecha más reciente: un joven reporler de finos modales, muy instruido, q ue me ha pre~enta.

�LA

NúMERO 514

lLUSTKACl ÓN A RTÍSTICA

do Margarita, y uno de los asiduos aficionados al teatro, el barón Debielle, an· estación elegante, puede ser que vayamos á pasar algunos días á Saint-Alvere,
al dirigirnos á Trouville, y me verás llegar á tu casa, mi buen Langlade, con
tiguo prefecto.
»Te confieso que lo que me preocupa en este negocio es Teodoro; quizá mi Rubens del brazo.
» Pero reserva todo esto; sobre todo no se lo digas á Teodoro .
crea que me he rejuvecido un poco demasiado, y me sería desagradable que vi·
»Nos casamos dentro de tres días ... Ya están publicadas las amonestaciones;
niera á París á hacerme algunas reflexiones. Supuesto que ha tenido el buen
lo que falta es arreglar el hotel de la calle Viéte, que va despacio. Margarita
tiene razón. ¡Qué tortugas, qué tortugas son estos tapiceros!.. »

núm. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina de publicidad de los Sres. Oalvet y O.•, Diputa.oión, 358, Barcelona.

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'"'"""°'·

--

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sentido de dejar esta ciudad donde resbalaba por una pendiente, para irse al
Perigueux á descansar, que continúe en el hogar de la familia. Trata de retener·
le a~í, dile lo que es v~rdad, que la agricu_ltura es una cosa muy buena y pro·
porc10na noble ocupación á un hombre Joven verdaderamente unido al suelo
natal.
»Le vería con gusto hacerse agrónomo, porque el campo no sólo se resiente
de la falta de brazos, sino que también de cabezas. Supongo que no pensará
más en la señorita Gabrí, en lo que tendrá razón. La señorita Gabrí está en
Am~rica, en ?onde cant~ la o~ereta. Margarita_ me ha confirmado su viaje, ase·
gurandome sm segunda intención que la señonta Vernier no había gustado en
Buenos Aires. Parece ser que la han chicheado.
»Teodoro ~o tie?e ninguna razón para inquietarse por sus intereses particu·
lares, que seran cmdadosamente respetados; la señorita Copín ha simplificado
la cuestión desd_e un p_rincipio. Margarita no quiere de mí (debo decírtelo, pues
ha~to sabes,, mi quendo ~a~glade, que no p~co por exceso de fatuidad), no
qmere de m1 más que á m1 mismo; me lo ha dicho en un tono en que se revela la verdad: la querida niña no hace un n·egocio, sino uno novela de dos personajes: ella y yo.
»Sí, te contaré la historia de la cuerda, pero con una condición, Langlade,
» En suma, mi viejo amigo, soy el hombre más feliz del mundo.
» Recorro los almacenes con mi futura, sí, con mi futura; este nombre me en- y es: que no se la cuentes jamás, ¿lo oyes?, jamás á Teodoro.
ternece hastaJlorar. Estamos amueblando un hotelito en la calle Viéte1 avení·
»¡Pobre Teodoro! -Tu antiguo amigo, Gastón Thomassiére.».
da de Villiers, un nuevo barrio, un lindo París que no conoces. Perma necereTRADUCIDO POR F. M. GODINO
mos aquí el invierno, y pasada la pri~avera, cuando llegue la clausura de la

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«PosT SCRIPTUM. - ¡Consummalum estl, mi querido Langlade. Había interrumpido mi carta, y la acabo para decirte que todos mis votos se han cumplido.
Margarita Copín es mi mujer... ¡Y qué mujer!
»Tomo posesión de la casa alegremente. Su director había concedido á Margarita una licencia, y cumplida ésta, !a primera vez que la acompañé al teatro,
en donde debía volver á encargarse de su papel en la pieza nueva, me presentó
gravemente al portero diciendo:
- »Chevandier, fijaos bien en el señor: es mi marido. Pues bien: si _alguna
vez viene no le dejéis subir á mi cuarto.
»¡Deliciosa chanza, hay para morirse de risa!
»Tiene el don de las frases atractivas, de una sencillez. picante, que sería
agresiva si no fuese acariciadora.
»Aye;, cuando me arreglaba graciosamente el nudoTde la corbata, me miró
de un modo adorable con sus lindos ojos azules y profundos como el Vézere,
y me recordó la casualidad que hizo que una feliz noche reemplazara 'á la
señorita Vernier en un papel que ésta debía representar (pronto te haré conocer esta historia) y luego repuso: «¡Oh! La cuerda, la famosa cuerda!, que ha sido
causa de que se multara á Gabrí y que á mí se me pusiese en el cartel!»
»Y luego, apretándome el cuello con la corbata, ar.adió todavía: «Pues bueno:
la cuerda, la verdadera cuerda es ésta, mi viejo Gastón &gt;&gt;
»Estuvo adorable, adorable... Un Rubens maligno... Yo la dí un abrazo ...

,.

LA

NúMERO 514

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�LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

514

EL GUITARRISTA, abanico pintado por Fortuny

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
ARTISTAS Y CRÍTICOS ESPAÑOLES,jor Rafael Balsa de la
Vega. - Nuestro estimado amigo y colaborador Rafael Balsa
de la Vega acaba de publicar, reunidas en un elegante volumen, las Siluetas de pintores, esmltores y crlticos que escribió
para El Liberal, precedidas de un notable prólogo, con atinadas observaciones acerca del arte español y completadas con

otras más que ha escrito expresamente. Diez y ocho pintores,
cinco escultores y seis críticos pasan por el tamiz del crítico
madrileño, que aparte de algunas observaciones particulares,
acusa en este verdadero estudio de la personalidad de algunos
artistas gran espíritu de observación.
Editado el libro por la tipografia de Arles y Letras, véndese en las principales librerfas al precio de una peseta.

•••

ESTUDIO CRÍTICO-BIOGRÁFICO DE VICENTE RODES, por
D. Carlos Pirozzini y Martl. - Con motivo de la inauguración
de la Galerla de alicantinos i/11stres, y por encargo del Ayuntamiento de Alicante, escribió el erudito y distinguido Sr. Pirezzini este discurso nutrido de doctrina artística, en el que
aparece en todo su relieve la hermosa figura del pintQr Rodes,
que floreció á mediados de este siglo y que fué director de la
Escuela de Nobles Artl!s de Barcelona desde 1840 á 1858,
época de su fallecimiento•

CARNE HIERRO y QUINA

ENFERMEDADES

ll ~mto maa ~ llllido a lol 'r6D.iooa mu 11,arador-.

ESTOMAGO
P!STILW J POLVOS

VINO
FERRUGINOSO ARDUO
.J..Am,

PATERSON
• BISJIUTBO 7 ll!GNISIA

~ eaawa tu .i-1onn del Elt6·
mago, Falta de Apetito, Dlgeatlon• )aborto.u, Aoadiaa, V6mitoa, Eruotoa, y C6l1oN;
regularisaJI lu Funolon• llal Eat6ma¡o 7
de loa ID&amp;Ntllloa.
\ Erlllr • ti rotulo e ,,., dt I, FAYA ,ro,
Adla. DJi!TIUM, r - U o o • P.Allla

.

,,'

nncc:moa JnJnlTITOI DB u CABBB
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~ &amp; 1 Dtes aflOI de ano conUDll.ldo y JU a11.rmaclow de
JU em1nen0111 m
preubaD que ea&amp;&amp; UOCIICion de la tlanae, el Biern y la
T COK TODOS tol

9{.laa oonaUtuye el re~or mu eueni!CO que ee oonooe ~ curar : la Clordní, la
.AM111'4S, la8 l l e , u t ~ 4DlOr0141, el Jffll,Clweafllftltlo y la .i1terac1Mt di 111 &amp;Mllr,,
el
lal -'/lffl(IMI ,sc,o/V#141 J lltOl"blltfc41, etc. &amp;l ..,••• •efflls(aeN dé
&amp;na• ea, en erecto, el úDioo que reune todo lo- que en&amp;ona y Comlece loe orpno■,
~ ooordena y aumenta conalderablemen&amp;e lu tuerzu o lnflmde a la an¡re
empol&gt;reclda 1 descolorida : el Ylqor, la Color"'°" 1 la 6,urgw, tn't/ll,

Raqu"''"'°•

Por111ror,•Paril, enwade J. RW,Farmauntico, tot,nae Ricbelieu. Sausar4e ABOUD,
.

p VDDS SN TODAS U..S P.lUIClPALU IIOTlQAB

EXIJASE e1i:'= 1 ARDUO
~,-tl\ADES ••,EBro.,
--¼-~llo

\'f.1

Pepsina Boudault
!prehada por la !UDHI! DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1858

~~JAR41ltf!!f!~l~!JJ.i,.!tl8.1Jll~
Bl JARABB DB BRIAN2'recomenO.ado

~1111•0, Tllénard,

d11d1 1u omctplo~ por 101 proteaorea

Guenaat, etc.; ha recll&gt;ldo la conu¡raclull del uempo: en el

ano i8!9 ob&amp;UT0 el prl'f1le¡to de tavuct6n. VUIADEH CDIFlff PUTHALL~n bue
de goma J dJ lbabotea, con'flene 1obrt loél.o a 1u peraonu -dellcadu como
mUJerea J ntños. su ru■to excelente no perJuc11ca en modo airuno 6. au bcacla
~ contra 101 USFIU.DOS J todu lu lllLWeIOIES del PICIO J de 101 ll'RfflllS. ....i

Parttel11&amp;ndo de lu propiedades del Iodo
se emplean
elU)eclalmente contra las ••entulu, la
"l'liit■ 111 •••Dt4a4 4• wmpenmeaw~
ul como en todos los casos(Piitdo■ 001en1,
Ameaerrea, ••&gt;, en los cuales es neceAl'lo
obrar aol&gt;re la aanrre, ya sea para deTolTerl&amp;
au riqueza y abundancia nonnales, ó 1apara
proTocar -o recularlzar su curso periódico.

1 del Blerro, estas l'fldoraa

ll•dallu •• 1&amp;1 llxpo■loloo11 lot.ernaolonal11 ••

PWS • LTOI • TIEIU • PIIL!DELPII! • HRIS
11117

1871

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U a:n,a,1, 00!1' IL

18711

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1171

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'I ft&amp;OI DUOI.DIUI I)• U. Dle&amp;HI-

BAIO U FORIU DE

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VINO • • de PEPSll.l BÓUDAULT
POLVOS, de PEPSINl BOUDAULT
Pil!S, Pbnnarit COLLAS, 1, ne Dup'111
~ f .,. 141 prlne(oel,1 fa,_,...,,.

JARABE v PASTA
de H. AUBERQIER

lona,artt, U

Otl ~ (J111 l1ob111 d1 Leobuga)
,, 6011,.
Aprobado, por la Academia de JlelUobaa de Paru 4 wenadoe en la Coleoci6n
ono1a1 de r6rmala■ Legal.N por decreto .m1m■c.,1a1. de 10 de Muso de 1854,
e Una completa tnnocllidld, una encacla ~rroctaaumle comprobada en el cat/Jl'f'O
"'6tmtco, las Bro11qum,. catarro,, .Bnl!ICII, f'o,, C111111 6 W'Mtatfofl de la rarpnta han
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Quedan reservados lo, derechos de propiedad artistica y literaria

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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