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Ftí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 9 DE NOVIEMBRE DE 189~

NúM. 515

ADVERTENCIA. - El deseo de repartir cuanto antes á nuestr0s suscriptores «LA GUERRA FRANCO-ALEMANA DE 187071, )) del general Moltke, ha sido
causa de que suspendiéramos la entrega del tomo de la Biblioteca Universal que correspondía al presente número. Con el próximo ó á más tardar con
el 517 recibirán nuestros suscriptores la citada obra de Moltke, siendo esta edición la primera que se habrá publicado ilustrada profusamente.

, EL BRINDIS, copia. de una. fotografía. de D. Rafael Areñas

�706

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

515

es malo, junto á lo bueno resulta peor y le perjudica todas las impresionabilidades, pasiones, encariñamientos, y miserias y debilidades y pequeñeces (que
SUMARIO
como las malas compañías.
aquí encaja bíen el vocablo de moda) y cuanto
Texto. - Éxposicio11es tú Bellas Artes ( caplttilo de 1m libro),
más puede caber en la fragilidad humana... la cuespor Juan O-Neille. - La vida parisiense. La llegada del
tión resulta doblemente complicada y el acierto muinvierno y la caridad. Diversos sistemas de distribución de
cho más difícil.
La
concurrencia
de
firmas
acr.editadas
puede
dar
socorros, por Ernesto García Ladevese. - La litería, por
realce
al
concurso:
el
público
ligero
lo
toma
como
F. Moreno GGdino. - Nuestros Grabados. - Cardi11eta, por
Antonio Albalat, con ilustraciones de M0ntenard, traducción base para el aprecio: es innegable que se lo dan si las
de E. L. Verneuil. -SECCIÓN CIENTÍFICA: El A11ditorium obras corresponden á las firmas; pero si sólo hay las
Se ha de convenir en un punto fundamental,
de Ckicago. - El dromógrafo de Jl,J. de la 1?011/le. - Libros en- firmas en las obras, el realce puede dejar algo que
y
en
esta base es en la que no se quiere 6 no _se
viados á esta Redacción por autores ó editores.
desear.
No sin fundado temor y justificados reparos algu- puede fácilmente cónvenir, y de ahí resulta la dificulGrabados. - El brindis, copia de una fotografla de D. Ra·
nos artistas de valía evadieron la exhibición de sus tad en las apreciaciones y el error en. los fallos; se
fo.el Areñas. - Mme. Bomiemain, cópia de la fotografla en·
obras en las Exposiciones; y otros, alcanzados los ha de estar acordes, no sólo en las condicíones de
contrada sobre el cadáver del general Boulanger. - La tumba
la bondad del Arte, sino en sus efectos trascendentade !,/me. Bonnemain, donde se suicidió el g~neral Boulan- primeros premios y logrado el crédito de su firma,
les· no en una bondad circunscrita y limitada, sino
ger. -Los primerosfríos, dibujo de Davidson Knowles. - Ex· permanecen retirados, prefiriendo que se busquen
en
'una esfera muy amplia, lo que cabe y puede caber
posición Universal de Cliict&lt;go: Rotonda central del pabellón sus obras en sus estudios. No conviene entrar en esa
de Horticultura; Pabellón de la sección de pesquerías; Pala- cuestión que reviste el carácter de interés particular, dentro de lo Bello, lo que ha sido y lo conveniente
cio de máquinas; Pabellón de la sección de minas. - Des· por más que pueda afectar al general: ellos se sabrán que sea: se ha de saber prescindir de los extravíos,
puls del baile, cuadro de Conrado Kiesel. - Trabajos en el bien el porqué de su conducta, que debe respetarse. de las exigencias y de todo cuanto pueda inducir á
falsas apreciaciones y á desvirtuar su acción social;
Tiher, cuadro de Enrique Sena (expuesto en la Exposición
de Berlln del presente año, y adquirido por S. M.el empelejos de eso, se ha de procurar esforzarse en que por
rador de Alemania. - El A11ditorium de Chicago: Fig. 1.
su condición de imperecedera vitalídad cautive y se
Vista del edificio en conjunto: - Fig. 2. Sección vertical del
Aparte de todo eso y de cuanto más en el tintero se apodere del sentimiento de la humanidad hacia lo
edificio. - Fig. I. El dromégrafo de M. dl' la Roulle - Fig. 2. queda, ¿son convenientes las Exposiciones de Bellas bello, lo verdadero y lo bueno. Esa es la noble, libre
Facsímile del trazado obtenido con el dromógrafo de M. de
Artes?, 6 dicho de otro modo: ¿se puede por ellas, y á y elevada misión de las Bellas Artes.
la Roulle. - Fig. I. El japonés Morimoto, famoso por sus expesar de los defectos y deficiencias de que adolecen,
Lo que dificulta en la apreciación práctica de esas
traordinarias muecas. - Figs. 2 y 3. El dies' de la Riqueza,
alegre y desconfento. -Fig. 4. El dios Daruma (de fotogra- conocer ó calcular con aproximada exactitud el verda- cualidades es la especie de misterio de poder ser á la
dero estado del Arte?, y si se quiere con mayor clari- vez bueno y distinto, bello y diferente y siempre vafías obtenidas en Kioto, Japón).
dad: ¿es hoy tal medio, propio de nuestro tiempo, ~l riado de la unidad de su esencia; la cual no puede
único posible, el más seguro y menos expuesto á eqm- de~ar de ser siemprt la misma, sea cual fuere el invocación para conocerlo? Claro es que entre los mu- dividua] modo de ver, de sentir, de exteriorizar; el
EXPOSICIONES DE BELLAS ARTES
chos que acometen esa lucha titánica y entran en el temperamento, la enseñanza, la educación; la escuepalenque, unos con los bríos necesarios y otros á ten- la, la época, el período; los modos, los estilos_ y ca(CAPÍTULO DE UN LIBRO)
tar fortuna, sin faltar quien confíe más que en sus racteres, y basta las negaciones y las afirmaciones,
«11 est toujours dificile de definir fuerzas propias en el valímiento de las ajenas, entre las dudas y tentativas, los descalabros y victorias ...
la valeur d' une exposition d' art ese núméro puede haber, y ciertamente los hay, de pues no puede negarse que por los medios más di•
aprés une premiere visite;&gt; - &lt;tout se
un gran valor intrínseco, y cuyas obras son indiscu- versos todo puede ser útil y servible para convergir
confond dans l' esprit &gt;
tiblemente merecedoras de premio, de recompensa y al esplendor de lo bello, si ese fin se anhela; á eso
ALBERT WOLFF
de justísimo elogio; porque no se empieza jamás con se puede llegar por todos los trazados caminos: por
Salón de I 891.
Ja aureola del triunfo y con nombre acreditado, que la corrección depurada, por la dulzura del clarobscu¿Es acaso fácil cosa poder apreciar su valor, su en Arte no se vinculan herencias. Por esto, negar ro, por la armonía del colorido, por el esfuerzo del
grado de progreso ó de retroceso después de varias la conveniencia, la necesidad de las Exposiciones estudio, como por el rasgo del genio; por todas las
y detenídas visitas? ¿Pueden fácilmente la imagina- equivaldría á ponerse en contradicción con el mundo convicciones y creencias... en unos por la idea del
ción, el temperamento, el modo de sentir las vibra• del Arte, con la corriente social; pues su fuerza no sentimiento místico, en otros por el idealismo eclécciones de la impresión atrincherarse en los reductos debe contrarrestarse, sino encauzarse; que riegue y tico en estos por el naturalismo hasta exagerado ...
siea'ipre y cuando no se traspase la debida linea que
del frío examen, y desprendiéndose de preocupacio- fertilíce, que no inunde y arrastre.
Afirmar que tal como se procede sea en bien del separará siempre lo bello ideal de lo bello real, seco
nes, bellezas ó defectos, vicios ó estilos de escuel:;t ...
puédese fácilmente ver lo bueno, fijanlio una segura Arte, atreveríame á decir que puede ser en su per- como la imagen obtenida por la máquina fotográfica,
juicio, En esa especie de deficiencia, en-esa falta que · pasando de repente á lo falto de belleza sentida y
mirada sobre lo superior y excelente?
En esas salas inmensas abiertas de continuo y se siente, jurados, expositores, críticos y público... to- consiguientemente al hastío que causa lo que de ella
hasta con simultaneidad, atestadas de obras de arte dos «pusimos en ello nuestras _manos;» y somos, carece, y al menosprecio con que se mira lo que á
correcto ó extraviado, en incoherente y abigarrada quieras ó no quieras, como los que clamaban contra cosa alguna responde ni á ningún fin corresponde.
mezcolanza, la cabeza se pierde y se aturde, la retina la adúltera, ninguno libre de pecado pudo tirar la ¡Cómo no andar á tientas y con inseguro pasó en tal
obscuridad y en tan enmarañado laberinto!
se impregna de colores chillones, lo tranquilo y justo primera piedra contra ella.
Un amigo mío, conspicuo historia~or y publicista,
¡Cómo dejar de extraviarse... cómo no verse arroparece incoloro, la línea firme parece seca, el contraste semeja duro... El pecho se oprime, se busca me decía que «los Museos le parecían los cemente- liados por semejante vertiginoso huracán!
sín saberse lo qué y se cae como desvanecido sobre ríos del Arte,&gt;&gt; y me inclino á creer que tiene razón.
el primer diván que se encuentra á mano.
Pero hay que convenir también en que los sucesos
Después de algunas veces de semejante sufrimien· son hijos de los tiempos, y qu_e por complicadas cauNo se entienda por esto indicada una remota into, que sélo comprende el artista, al saber respirar sas las Exposiciones han llegado á convertirse en
tención en contra de esos certámenes, sino muy al
en aquella atmósfera, y apartando la vista de lo que pugilatos artísticos.
no merezca mirarse y descon(iando siempre de las
Esta es la fuente del más lamentable de los erro- contrario; que al fin obedecen á las cendiciones de
impresiones clel momento, entonces puede empezar- res y el error de peores y más trascendentales conse- nuestra época, son fruto del tiempo presente, y como
se el examen y el estudio.
cuencias. Hoy el artista no expone lo bueno que ha en este orden de cosas lo que da de sí no se discute,
Por punto general, casi está por demás decirlo, producido, sino que produce para exponer; y como por esto, siendo una forma de manifestación artístipuede partirse de una base bastante exacta y aplica- sabe, por triste experiencia, salvas rarísimas y lauda- ca, deben ser consideradas esas Exposiciones, no
ble á todas las Exposiciones de Bellas Artes cnyos bles excepciones, que para llamar la atención ha de sólo necesarias, sino como los medios casi posibles
resultados los Jurados más rígidos difícilmente po- impresionar, como ignora á qué luz y altura se colo- hoy, para que el genio, el estudio y la educación ardrán evitar. U na tercera parte de las obras admitidas cará su obra, y sin espacio de marco á marco con qué tística de expositores y público se complete y se per·
son siempre rematadamente malas y de todo punto clase de vecino habrá d e codearse... todos aprietan feccione, y sean el fundamento, el punto sólido para
inadmisibles: otra tercera parte simplemente tolera- euanto pueden en color y contrastes, falsos y duros, que las Bellas Artes en este período de febril probles, equivalente á dar lo mismo expuestas ó retira- con tal que brillen, por temor á ser obscurecidos y ducción sigan un bien trazado derrotero que pueda
das; y otra tercera parte dentro del orden de lo bue- apagados ... como en medio de una gran reunión en conducirlas al seguro y deseado puerto. Pero... no es
no, de lo más correcto ó menos defectuoso. Porque la que todos gritan, necesariamente ha de chillar fuer- menos cierto que para llegar á él sin peligro de nau•
fragio deben marcarse bien los escollos.
en Arte, en las Exposiciones no se ha de aprecíar lo te quien quiera que se le oiga.
relativo, no ha de entrar por nada la conmiseración,
Hallar lo justo, como se dice en lenguaje artístico,
y mucho menos otras cosas más lamentables; eso lo tranquilo, lo acordado, lo natural revestído con el
puede agitarse y revolverse en otras esferas, nunca idealismo del Arte, verlo bien y apreciarlo mejor, eso
Aparte contadas excepciones, prosiguiendo todos
en tales certámenes, á menos de desvirtuarlos y con- es lo raro, lo extraño y lo sorprendente. Por lo deducir á un efecto contraproducente. En Arte no exis- más, no debe espantarnos todo lo _monstruoso de de consuno del modo como se procede, ¿adónde se
te el término medio; se ha de inclinar á uno ó á otro nuestra obra.
·
lleg~rá?, ¿en dónde nos encontramos ya tal vez?
de los dos extremos, ó bueno 6 malo; lo que del uno
No podemos ser jueces en causa propia: los tíemse separa se ha de acercar al otro; y en tanto es así,
pos se juzgan por los sucesivos: no sabremos el juique en todos tiempos y hasta por los mismos maescio que de nosotros formulen las épocas venideras.
tros se han producido obras más ó menos superiores.
Si los artistas inci¡rren en la inconveniencia del Sólo sí sabemos que cada período de la historia del
Tenemos, pues, que en toda Exposición de Bellas Ar- desqu'iciamiento separándose de las verdaderas con- Arte se ha sellado con su timbre especial y que todo
tes puede reducirse á una sola tercera parte el número diciones del Arte, aunque no debieran así hacerlo, se correspondíó á sus necesidades ofreciendo un conde las obras dignas de figurar en ella; y si dentro de comprende que les obliga á ello el extravío que casi junto armónico; que esa es la más fiel y poderosa
ese reducido número se ofrece otra tercera parte de predomina en tales certámenes, porque todas las co- fuerza de las Bellas Artes, la de reflejar su tiempo,
mérito indiscutíble y un corto número de obras no- sas son por su causa y razón de ser. Y si á eso se sus creencias, su civilizacíón y su cultura.
toriamente excelentes, la Expvsición puede conside- añade la conducta casi constante de los jurados...
¿Se ve, se descubre, existe en nuestra manifestararse como de notable resultado.
(¡Dios me libre de serlo!) sea cual fuere el modo de ción artística el reflejo exacto de nuestra condición
Se incurre en un grave error creyendo que lo malo fomnarse dichos tribunales, por más que animados de social?
hace valer lo bueno; esto siem¡ne vale por sí, no le los mejores deseos y propósitos, como al fin no pue¿Tiene el Arte indeleblemente impresa la marca
son neeesarias las comparaciones: lo malo siempre den dejar de ser hombres y, como tales, sujetos á de nuestro tiempo?

NúMERO

515

¡Yo díría que parece como que nos avergoncem0s
de dársela! Yo díría que quizá en una sola de sus manifestaciones, en la arquitectónica, y aun desde el
punto de _vista de la construcción utilitaria, y debido
esto á la aplicación de los materiales hoy abundan-

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sentimiento de la humanidad, y su poder es tan grande en este orden de creación, que al expresarlo y exteriorizarlo comunicándolo á sus semejantes les arrebata y subyuga.
El arte de lo bello podrá sufrir modificaciones de
forma, nunca de esencia; podrá tener, como ha tenido, sus períodos de apogeo y perigeo; podrá llegará
un lamentable grado de decadencia, pero nunca perderá el verdadero arte su intrínseca condición; no
puede dejar de ser; en sus extravíos será lo que se
quiera, pero no arte de lo bello; y siempre que aparezca, aun cuando con perfección relatíva, como reflejo de lo bello absoluto, brillando con todo su esplendor, se le admirará, se comprenderá y llenará
por completo el vacío que se desea y se anhela ver
llenado. .
Esto supuesto, de exactitud fundamental, no podrá
considerarse como idea aventurada la indicación siguiente: que el sentimiento mismo de la humanidad,
por medio de la manifestación del arte de lo bello,
puede muy bien ser quien acuda al remedio y salve
del peligro.
Jt;AN

Ü·NEILLE

LA VIDA PARISIENSE
LA LLEGADA DEL INVTERNO Y LA CARIDAD

DIVERSOS SISTEMAS DE DISTRIBUCIÓN DE SOCORROS
Mme. de Bonnemain, copia de la otografla encontrada
sobre el cadáver del general Boulanger

tes y fácilmente elaborados; pero no podría, sin muchas salvedades, concederla á las demás y menos en
absoluto. ¿Por qué existe esa duda, esa vaguedad en
el arte moderno? Porque no hay firmeza, ni en las
creencias, ni en la vocación, ni en el estudio; porque
se persigue la idea del éxito, tomando por brillo de
estrella fija el fuga~ resplandor de un meteoro; no se
va por la solidez al éxíto, como hicieron los que lo
alcanzaron, sino imitando y plagiando, y así se evapora y se pierde el individual carácter y estilo propio con el cual podría lograrse lo nuevo y lo bueno:
en Arte no puede nunca prescindirse de hacer bien
ó como mejor se pueda, acomodándolo á las condiciones de los tiempos y á la caracterización de las
épocas; que en esto está la nobleza, la libertad y belleza del Arte, la inagotable mina de los estilos, la
expresión del sentimiento siempre correcta y siempre
elevando. Volverá lo que fué y dejó de ser por las
mudanzas de la vida social, empeñarse en resucitar
un arte... mejor dicho, un estilo, un carácter ó un
gusto que estuvo en armonía con las creencias y necesidades de una época desaparecida, resultará híbrido, anacrónico, inservible. Sirva aquello enhorabuena de estudio, de ejemplo; pero sabiendo como
la abeja extraer cle las dulces y amargas flores la sa·
brosa miel, aprópiense sus buenas condiciones al
lenguaje inteligible y á las necesidades actuales; 9ue
en todas y siempre puede campear lo bello, haciendo vibrar en la humanidad la delicada pureza del
sentimiento... ¡no se le ahogue en pútrido y repugnante lodo!

Las preecupaciones del tradicionalismo de escuela pueden causar tan grave daño como los empujts desenfrenados de los impresionistas innovadores.
Siguiendo inconscientemente lo que deslun_ibra como
el relucir del oropel, se llega pronto al tedio ~ ~e experimenta cansancio de aquello falto d~ cond1c1ones
sólidas y se anhela una cosa nueva, sm saber qué
cosa sea ... y de uno en otro desvarío no se atina con
lo que por completo satisf~ga, respondiendo á lo que
debe responderse; y por esto se siente _su falta, y ~or
eso se siente lograrlo, y por ello la socie?ad lo exige
y los artístas mismos se esfuerzan en satisfacerlo.
Empeñarse en que las cosas no sean como son, es
utópico y de todo punto imposible.
Esas verdades, no se negará, se agitan en lo más
recóndito de la conciencia de los artistas y de los
conocedores inteligentes; las siente también, aunque
más confusamente, el público, que forma el mu~do
del Arte. Ninguno sabrá positivamente lo que exige;
pero todos secretamente exclaman: «¡ No es eso!»
Hay necesidad de ponerle fas,abel al gt1to.
¿Quíén y cómo se lo pondrá?

París en estos momentos cambia de fisonomía; la
gran capital se transforma y se nos aparece bajo un
aspecto muy distinto al que ofrecía estos meses últimos. En los paseos, en las avenidas, en los jardines,
Ja espesa cortina de follaje se descorre desgarrada
por el viento de otoño. Las hojas secas son barrídas
por las frías ráfagas de octubre. Mientras el sol nos

los privilegiados de la fortuna que adopten medidas
preventivas para que el terrible azote del frío y de
la miseria que siempre al frío acompaña no nos coja
desprevenidos y para que se haga frente al mal desde los primeros instantes.
Para c5mbatirlo surgen por todos lados humanitarias ideas. Proponen unos la creación de una especie de presupuesto que podría llamarse presupuesto
del invierno. Un consejero municipal ha presentado
el proyecto de la fundación de una caja especial destinada á socorrer á los obreros sin trabajo. Los proyectos análogos abundan, sin que ninguno haya tomado formas de realídad.
Existe, ciertamente, una administración de soco·
rros á los pobres, con carácter oficial, denominada
Dirección de la asistencia pública. Para que dicha dirección pueda prestar algún auxilio á un menestero·
so es indispensable que éste se haya hecho inscribir
en las listas de la asistencia pública como pobre ofi·
cial. El sistema de distribución de socorros es por
tanto bastante defectuoso. Suponed que en un barrio
cualquiera hay diez mil familias pobres en las que
el hambre, la miseria y el frío hacen sus estragos.
De las diez mil familias puede ser que no llegue á
quinientas el núu:ero de las que oficialmente se hallan inscritas en las listas de la asistencia pública.
Los que se inscriben suelen ser, por lo general, los
eternos desesperados, aquellos cuya situación es terrible siempre, lo mismo en invierno que en verano,
lo mismo en prímavera que en otoño, y que no vislumbran más salvación que la de la carida~. Ninguna clase de pobres puede haber, en efecto, más digna de interés que ésta. Pero debemos observar que,
por consecuencia de la inscripción, todos cuantos
donativos se reciben para obras de caridad y todos
los fondos que el Estado y las corporaciones dedican á ese fin son siempre repartidos entre las familias que acudieron previamente á inscribirse. Hay,
sin embargo, entre las nueve mil quinientas familias
r tstantes muchas que debieran participar de esos auxi-

La tumba de Mme. de Bonnemain, donde se suicid6 el general Boulanger

deja y se obscurece el cielo, recupera la gran ciudad \ líos, familias de tr~bajadores sin joma~, familias.de
su movimiento y su vida, paralizados durante las va· empleados de cortísimo sueldo, para qmenes la VIda
caciones veraniegas, y entramos en un período de \ es siempre estrecha y difícil, ~am~lias 9ue, por rev~animación. En octubre París vuelve á ser París. Su ses de fortuna, caen ya en la md1genc1a, ya en la m1·
torbellino vertiginoso nos arrastra sin que de ello j seria más honda. Es incalculable el número de gennos demos cuenta. Esta es la época de los grandes tes, aun sin contar aque\llas á quienes la vergüenza
placeres de las brillantes soirées, de los más ruidosos les impide inscribirse en las listas de la caridad, que
estrenos' escénicos y de las más notables solemnida- no hacen la declaración de pobreza porque aguardan
des artísticas; pero también llegan los días de las que el trabajo las salve, ó que un pariente ó un amitristes miserias y de los sufrimientos crueles para esa go ó un bienhechor privado las saque adelante en
enorme masa de indigentes y de desvalidos que estas su tremenda crisis. En muchas ocasiones el que más
ciudades inmensas ocultan en su seno.
pide no es el que más necesita, y en vano se estudian
Como de algún tiempo acá los inviernos son tan un día y otro todos los sistemas posibles de distriburudos la preocupación dominante es si el que se ción de socorros á los desgraciados.
aveci~a traerá consigo los rigores de los inviernos
Los asilos nocturnos constituyen un sistema que
precedentes. E l último fué horrible, y la ~re_nsa parí· ha prestado mu~ bueno_s servicios, á fal~a de ~lgo
siense da la voz de alarma ante la proximidad del más completo. D1chqs asilos en París son msuficien•
Por fortuna el sentimiento de lo bello reside en el que se acerca, pidiendo á los poderes públicos y á tes; resultan demasiado pequeños para recogerá to•

�LA
das las víctimas de los días crueles. También son
innumerables los desdichados que tienen horror á
esos refugios y que sólo á ellos acuden en último extremo, pues les repugnan las formalidades que para
ser admitidos se necesitan. Un sistema que hasta
ahora va produciendo resultados excelentes es el de
los bonos de pan y de carne que son repartidos por
distintas sociedades benéficas. Inspirándose en él, el
sindicato de fondistas de París acaba de hacer una
proposición que va á ser sometida por la Prefectura
del Sena y por el Consejo municipal á detenido examen. Así como se distribuyen bonos de carne y de
pan, el sindicato propone la distribución de bonos
de hospedaje. Estos bonos serán de cincuenta céntimos por día y por persona, de ochenta céntimos por
dos personas y de un franco por una familia. Repartiríanse en las alcaldías de distrito ó en las comisarías de barrio. Podría haber bonos, no sólo para un
día de hospedaje, sino, según los casos, para una semana ó para un mes. El número de hoteles y de casas amuebladas de París que representa el sindicato
es de diez mil. Casi todos ellos, especialmente en los
barrios excéntricos, aceptan ese sistema de hospitalización.
Un periódico pide que se instituya un ministerio
de la caridad, cuya principal misión consistiría en
adelantarse siempre á las catástrofes previstas para
conjurarlas de antemano y no estar como hasta aquí
esperando cinco ó seis semanas, después que los pobres han empezado á morirse de frío y de hambre,
para encender hogueras, abrir asilos y repartir alimentos. Dicho ministerio estudiaría la manera de
concluir con la mendicidad, suprimir los falsos pobres y socorrer eficazmente todos los infortunios.
¡Ay! A las noches todavía claras y tibias sucederán muy pronto las frías y negras noches invernales.
La vida va á ser dura para los que están sin casa ni
abrigo. Sólo se puede vivir de ese modo cuando la
temperatura es suave y el firmamento aparece sembrado de estrellas. ¡Cuántos de esos infelices, echados sobre un banco del bulevar, con el brazo por
almohada, duermen mejor que los que pasan la noche dentro de suntuosos palacios sobre mullidas
plumas! Mas en invierno esa existencia no es posible.
¡Cuántas bajas hizo el invierno último en el formidable ejército de la miseria!
Parece cosa probada que la recrudescencia del frío,
de algún tiempo á esta parte, se debe al influjo que
otros planetas ejercen sobre el nuestro, Hay astrónomos y astrólogos, de esos que se complacen en augurar males y desdichas, que empiezan á anunciarnos la posibilidad de que la tierra se hiele. La fatídica profecía no debe cumplirse basta dentro de unos
cuantos siglos. Lo que por ahora nos interesa más es
la predicción de que los inviernos serán más fríos
cada año. Iremos, por lo visto, acercándonos lenta y
gradualmente á la catástrofe definitiva.
Sin admitir como artículo de fe tan siniestro augurio, París, la ciudad que ríe y se divierte y que
muchos califican de vana y superficial, es quizás la
que más se ocupa en el mundo de enjugar lágrimas
y mitigar desventuras, la que más piensa hoy en poner á cubierto á sus pobres del azote fatal que los
amenaza.
ERNESTO GARCÍA LADEVESE

LA LOTERÍA

I
Tengo yo dos amigos que respecto á lotería son
dos polos opuestos, dos antinomias, dos antípodas: el
Arimanes y Omazor de la lotería; y por supuesto,
todo sin razón de ser, como sucede con frecuencia
en la humanidad. Parece que han venido al mundo
para desmentir el conocido axioma del justo medio,
que aplicado á la lotería dice que el que nada juega es un tonto y el que juega mucho un loco. Joaquín, jugador encarnizado de toda clase de juegos
de azar, _que ha pasado y pasa su vida acechando
los azares de la suerte, experimentando por causa
de ésta peripecias indecibles; Joaquín, que ha llegado á tener cuatro millones ganados y ahora tiene
más de cuatro millones perdidos, supuesto que está
plagado de deudas; Joaquín, que sólo puede vivir
balanceado por los vaivenes de la fortuna se pone
furioso cuando oye hablar de lotería y ape~as puede
tratar á los que contribuyen á esta fascinadora contribución del Estado, con la particularidad de que á
Joaquín en siete únicas veces que ha jugado á la
timba nacional le han raído tres premios, y por irradiación por añadidura. En cambio, ¡qué contraste!
Manuel, mi otro amigo, que jamás ha puesto ni u~
duro á una carta é ignora lo que es color y contracolor, que tiene una fortunita sólida, juiciosamente

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTíSTICA

adquirida con su talento y laboriosidad, es encarnizado jugador de lotería, á pesar de no haberle tocado más que un reintegro en treinta años. En honor de la verdad, esta perseverancia no es hija de la
fe, sino que obedece á otro móvil quizá. Si un huésped enreda el deber dos meses á su patrona, ya tiene hospedaje para toda la vida, pues aquélla, con la
esperanza de cobrar, no se resuelve á deshacerse de
él. Por parecida causa tal vez, mi amigo Manolo no
se resigna á perder la esperanza de resarcirse del capital empleado en la lotería, y aur,que escarnado,
arremete á ella, bien así (y perdóneseme el símil)
corno algunos toros en plaza, que embisten con todo
á fuerza de estar huidos.
En otra ocasión acaso me ocuparé de las razones
en que Manuel funda su obstinado optimismo en lo
que atañe á lotería; ahora voy á referir una historia
ó verídico sucedido que suele contar mi amigo Joaquín para probar que es un idiotismo jugar á la lotería, puesto que no se necesita de este requisito
para que caiga al que está predestinado á ella.

II
Hace cuarenta años proximarneJ\te había en Cádiz, en la plaza de Las Barquillas de Lope, una tienda en cuya muestra se leía el siguiente rótulo:

Librería de Basilio .,lfochales
lo cual era una notoria exageración, atenuada un
tanto con este segundo letrero:

Compra y venta de libros de ,anee
v colecciones de romances antiguos y modernos
En efecto, aquel chiribitil reducido y bajo de techo, en el que sólo había un par de estantes no enteramente llenos de volúmenes primitivos y aperga•
minados, no merecía el nombrt! de librería aun cuando fuese de baratillo. En la parte exterior de la tien
da colgaban de la pared, enganchados en largos alfileres de carpintero, unas dos docenas de romances, trovas y cantares de los de más boga, cuyos
amarillentos papelotes se tambaleaban en perpetua
alferecía á impulsos del viento del próximo mar. El
comercio de libros del Sr. Basilio Mochales no
prospe¡:aba y hubiera tronado á no haber ido soste•
niéndole la venta de los susodichos romances y otros
impresos ligeros, especialmente el relato poético de
La fiera malvada y el de La chinche monstruosa, calificada así porque devoró á una patrona de huéspedes. Los libreros, pues, porque eran dos, puesto que
el Sr. Basilio estaba casado con la señora Jesusa,
mujer fenomenal por lo que diré inmediatamente,
vivían con poca holgura, pero iban tirando y criando
á un nene de cinco años de edad llamado J uanito,
habido cuando ya no esperaban tener sucesión. He
dicho que la librera era fenomenal, porque siendo
mujer de muchas libras de peso y dando.las carnes
color y frescura, ella estaba amarilla y apergaminada como los libros que había en los estantes, y con
todo y con eso apenas cabía en la exigua tienda del
baratillo, en donde se revolvía con dificultad, bien
así como una perdiz muy grande en una jaula muy
chica. Afortunadamente su cónyuge el Sr. Basilio
era diminuto y chupado; y váyase la una por el otro.
Los libreros eran buenos cristianos y observaban
el precepto del descanso dominical. Los días festivos
cerraban á las diez de la mañana el chiribitil, y por
la tarde, si el tiempo no lo impedía, se daban un
largo paseo, bien por el puerto, por la caleta, por la
alameda ó por. algún descampado en donde sc,lían
remontar el barrilete (cometa) de su vástago J uanito.
Sucedió, pues, que la tarde de un domingo .. y
aquí empieza lo milagroso, el matrimonio Mochales
con su niño salieron á dar el acostumbrado paseo,
pero determinaron no prolongarle hasta la hora de
costumbre, temerosos de un nubarrón que se cernía
hacia la zona del Sur y de un viento huracanado
que se levantó de repente.
Así está constituido el universo: todo está en él
concatenado: á veces los elementos más molestos y
perjudiciales influyen favorablemente en la suerte de
generaciones enteras.
Sugiéreme este pensamiento, que no es nuevo ni
mucho menos, la casualidad de haber desembocado
la familia del librero en la plaza de Las Barquillas
de Lope, de regreso á su casa, en el preciso momento en que atravesaba por aquélla un ciego nombrado
Tanasio vendiendo billetes de lotería. Era este expendedor de la fortuna conocido de todo Cádiz.
Guapo, joven todavía, viudo y padre de una niña de
ocho años de edad, había ejercido en Sevilla el oficio
de albañil, y allí quedóse ciego á consecuencia de

515

enjalbegar constantemente fachadas blancas, y vol·
vió en tal estado á Cádiz, su ciudad natal, en donde
se dedicó á la industria de la lotería, contando con
las simpatías de sus paisanos. El ciego Atanasio, ó
Tanasio, como le llamaban para ahorrarse una letra,
al ejercer su industria de vendedor hacíase acompañar á veces por su hija Rafaela, más bien por gusto
ó por distracción que por necesidad; pues el ciego
andaba tan desahogadamente por todo Cádiz (que
no tiene mucho que andar) como Pedro por su casa. La
tarde á que me refiero iba solo, llevando en la mano
derecha el clásico palo de ciego y en la izquierda un
manojo de décimos de lotería que pregotiaba con los
incitantes aditamentos de costumbre. Pero en aquel
entonces se desgañitaba en vano, pues como día festivo, la poco poblada plaza de Las Barquillas de
Lope estaba desierta, hasta que, como ya se ha dicho,
desembocó en ella el librero Mochales con su familia. Este y el ciego venían por distinto ladG, por la
fachada en donde estaba situada la librería-chiribitil,
y al llegar Tanasio frente á la puerta de éste, acaeció el caso que motiva esta narración. Sucedió, pues,
que una violenta ráfaga de aire llevóse de entre los
dedos del ciego, sin que éste lo sintiera, uno de los
décimos de lotería. El papelito se cernió graciosamente en el aire, cayó al suelo, describió un semicírculo como una hoja de otoño arremolinada y luego entróse rápidamente por debajo de la puerta de
la librería, que estaba cerrada, pero cuyos tableros
no llegaban al umbral. Los esposos Mochales, que
se aproximaban 'á su casa, vieron todo esto, observaron que el décimo se entraba por la rendija de su
puerta como un ratón en su agujero, y la señora Jesusa, impulsada de un movimiento inconsciente, iba
á advertir á Tanasio, pero su marido la contuvo dándole un codazo. ¡Quién sabe lo que pasaría entonces.
en el ánimo del librero! Era honrado, pero era español, y sabido es que á la mayor parte de los españoles se les va el santo al cielo en materia de lotería.
Si el Sr. Basilio se hubiese encontrado un billete de
banco quizá le devolvería á su dueño, sabiendo
quién era éste, ¡pero un billete de lotería! ¿No podía
ser aquello providencial?
Lo cierto es que los esposos libreros dejaron alejarse al ciego sin decirle nada, entraron en su casa,
recogieron del suelo el descarriado décimo y le examinaron con emoción. Un movimiento interior revelaba al Sr. Basilio la importancia de aquel papelito.
Número 14.879, premio mayor 80.000 pesetas; era
de los más reducidos, pero al que le tocara siquiera
un décimo podía darse una vueltecita.
He dicho que el librero era honrado y buen cristiano y temeroso de Dios. Por lo tanto, en médio del
devaneo de aquella suerte probable sentía escarabajeos de conciencia. En primer lugar se apropiaba una
cosa que no era suya y que podía valer mucho, y
además exponía al pobre ciego á un conflicto al dar
cuenta de su venta en la administración de lotería~.
Fluctuaba, pues, entre mil ideas opuestas: pensaba
en devolver el décimo á Tanasio, en abonarle las
tres pesetas que valía aquél; pero reflexionó que esto
sería destruir el encantamiento de la fortuna que parecía entrársele por su casa de un modo providencial.
Por fin, para tranquilizar su conciencia se hizo un
voto á sf propio, y fué el de dar á Ta11asio la sexta
parte del premio que le tocara en suerte. Así como
así el ciego y la niña le eran muy simpáticos, y muchas veces cuando éstos se sentaban á descansar en
unos guardacantones bajos que había cerca de la librería trababa conversación con ellos.

III
A los pocos días verificóse la extracción de la lotería y el número 14.879 fué premiado con el gordo.
Cuando lo supo el Sr. Basilio estuvo aturrlido durante algunas horas y sin saber lo que se hacía; tanto
que al pedirle un comprador el romance de Palmerin de Inga/aterra, le alargó el de Sebastiana del Castillo.
¡Sí, para romances estaba él!
En cuanto á la señora Jesusa no sabía más que
exclamar: «¡Jesús, Jesús, Jes~s!Y&gt;
Ya más repuestos de su emoción, ambos c6nyuges reflexionaron, y he aquí el resultado:
El bueno del librero, por no excitar sospechas, no .
había hablado á nadie, ni mucho menos á Tanasio,
á quien con frecuencia veía, de la pérdida y del encuentro del décimo premiado; pero receló que por el
hilo se sacara el ovillo, y que como en las poblaciones de provincia todo se sabe, se supiera que á él
habíale tocado el premio mayor en el décimo perdido por el ciego. Creyó, pues, lo más conveniente poner tierra por medio para evitar explicaciones. Hizo
apresuradamente las maletas ayudado de su esposa
hora y media antes de salir el tren de Sevilla, cobró ·

LOS PRIMEROS FRIOS, dibujo de Davidson Knowles

�LA }LUSTRACIÓN

710

AKTISTICA

cantones de la susodicha plaza,
echaba de menos á J uanito, el
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vástago del librero, con el cual
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jugaba algunos ratos. Pero un
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día, el zapatero á quien el se·
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ñor Basilio había dejado en·
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cargado de la librería al mar·
.
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gharse de Cádiz precipitada•
mente, buscó al ciego y le dijo
estas ó parecidas cosas:
- Oye, Tanasio, tengo un
recado para ti de parte del señor Basilio.
-¿Del Sr. Basilio el librero?
-Sí.
- Pues qué, ¿está en Cádiz?
- No, hombre, en Sevilla;
por eso tengo yo el encargo de
hablarte.
- ¿De parte del Sr. Basilio?
- SI, hombre, si.
- Pues diga usted, aunque
no caigo qué podrá ser, ni qué
tendrá conmigo el Sr: Basilio.
- Una cosa muy sencilla.
Exposici6n Universal de Chicago. - Rotonda Mi antiguo vecino está muy
central del pabell6n de Horticultura
bien establecido en Sevilla ...
- Sea enhorabuena.
las ocho mi 1 pe- Y sigue siendo tan bonazo y caritativo como
setas que al dé- enantes.
- Eso sí que lo era, al menos conmigo y mi chi•
cimo correspondían, hizo llevar ca, y muchas veces nos daba cuzcurros de pan y toá la estación los baulitos, cerró la librería, entregó rrijas, que hacía muy superferolíticamente la señora
la llave á un vecino zapatero, diciéndole que por Jesusa.
- Pues bien: ahora se trata de darte otra cosa
carta le indicaría lo que tenía que hacer, é instalándose en un coche de segunda con su cónyuge y el mejor.
chiquitín, alejóse de Cádiz casi tan conmovido como
-¿Cuála1
- La vista.
un cajero que se alza con los fondos de la caja.
- ¿La vista?, exclamó el ciego dando un respingo.
Parecíale que todo el mundo se fijaba en él. De
- Oye y no me interrumpas. El Sr. Basilio sabe,
vez en cuando se palpaba el bolsillo izquierdo del
levisá, en donde en una cartera nuevecita llevaba las porque á ti te lo han dicho los médicos y tú se lo
ocho mil pesetas en billetes de Banco.
has dicho á él, la causa de tu ceguera.
No hablaba más que monosílabos y pensaba mu-Es verdad.
- Pues bueno; sabrás que ha llegado á Sevilla un
cho. Empezaba á sentir las preocupaciones de los
capitalistas. Estaba algo inquieto con su nuevo esta- médico inglés que cura las cegueras más rebeldes y
do porque temía los problemas del porv.enir. Había para quien la tuya será un juego de niños.
pensado establecer en Sevilla una librería tan de- No digo que no, esos extranjeros saben mucho;
cente como su peculio le permitiera, pero... ¿cómo pero ...
le iría? Aun recurriendo á la venta de romances
- Cómete ese pero, pues ya sé lo que ibas á decir.
recelaba, porque sabía que los sevillanos no son El Sr. Basilio se encarga de todo.
romanceros. Pens~ba en otro extremo que le azoraba
- ¡De todo! ¿Y de qué se encarga?
un tanto: había hecho una promesa de conciencia,
- De tu traslación á Sevilla, de tu manutención
la cual era la de dar al ciego Tanasio la sexta parte mientras dure la cura y de pagar al facultativo, si no
de lo que le tocara en la lotería, y ahora tenía cona- la hace gratis. ¡Vaya! ¿Qué dices, te conviene? ¿Te
tos de creer que se había comprometido con alguna has quedado mudo?
ligereza. ¡Desmembrar cinco mil y pico de reales de
- ¿Que he de decir, Sr. Simón? Que Dios les paun premio que no era una gran cosa!; y luego, ¿qué
había hecho el ciego para encontrarse de bobilis,bobilis
con semejante fortuna, pues éralo en efecto para un
menesteroso que reunía trabajosamente dos ó tres
reales diarios? ¿Por ventura habíale Tanasio regalado ni siquiera fiado el décimo? Con unos cien duros
á lo más estaba ~ien recompensado el expendedor
de billetes. Respecto á este particular se libraba dura
batalla en el ánimo del Sr. Basilio entre su temerosa
conciencia y su interés. Pero en honor á la verdad,
venció aquélla y reiteró la promesa que había hecho.
Daría al ciego lo prometido, junto ó por plazos, según conviniera mejor, y ya buscaría el medio de hacerlo sin excitar sospechas. Era forzozo: la Providencia no podía tolerar dos faltas simultáneas, como
eran: apropiarse un dinero que no le correspondía y
faltar á lo que había prometido.
¡Y luego sostienen los librepensadores que no
sirve de nada el freno religioso!
Me consta positivamente que el librero hizo su
viaje agitado por los antedichos pensamientos; mas
respecto á la señora J esusa sólo puedo decir que en
la primera estación compró á un vendedor ambulante un capacho de bocas de la Isla y que se le comió
todo entero antes de llegará Sevilla. Un mes después
el Sr. Basilio tomó en traspaso en esta ciudad, y en '
su calle de Génova, una librería bastante decorosa,
en donde, y sea dicho de paso, el autor de estas
líneas tuvo_ el gusto de conocer á la insigne escritora conocida por el seudónimo de Fernán Caballero.

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/11)': ;g~- ~;"~

.

NúMERO

NúMERO

515

LA

lLOSTRAClON ARTÍSTICA

gue á ustedes la caridad. ¡Recobrar la vista! Ver á las
gentes, el sol, los barcos! Sería un bien tan grande
que no podrá ser.
- ¿Por qué no?
- ¡Cuánto me alegraría por mi niña! ¡Pobrecita!
¡Trabajarla para ella: aún soy joven y robusto.
- Pues todo eso será. ¿Quedamos en que vas á
Sevilla?
- ¿Con la chiquitina?
- Por supuesto. ¿Tienes algún preparativo de viaje que hacer?
- Poca cosa, señor. Tenemos un cofre pequeño.
- ¿Debes algo en tu casa ó en alguna ~arte?
- ¡Nada, á Dios gracias!
- ¿Necesitáis alguna prenda tú ó tu hija?
- No tenemos más que lo puesto, pero creo que
no estamos indecentes. La chiquitina es la que anda
mal de calzado.
- Toma para que se le compre, dijo el bueno del
zapatero dando á Tanasio cinco duros. Mañana á
las cuatro de la tarde avisas en la administración
del ferrocarril para que te lleven el baúl. A las cuatro y media estás aquí con tu hija. De lo demás yo
me encargo.
- ¡Oh, Sr. Simón! ¿Cómo agradecer á usted? ...
- A mí nada: al Sr. Basilio, por cuya cuenta obro.
¡Conque al avío! Mañana aquí á las cuatro y media
en punto.
V

El librero cumplió todas sus promesas.
Alojó al ciego y á su hija en una posada de las
Siete ~ev~eltas, á razón Ele seis real~s por persona; y
el médico mglés colmó esta o&amp;ra caritativa devolviendo la vista á Tanasio en el corto espacio de dos
m,eses.
Durante los primeros días el ciego estuvo casi
loco de alegría, y no se saciaba de andar de Ceca en
Meca, viendo y admirándolo todo. Cuando se hubo
sosegado, _como era hon_rado y act_ivo pensó en ganarse la vida, y c_o_nsulto con ~l librero (á quien ya
llamaban D. Basilio) su propósito de dedicarse á su
antiguo oficio de albañil, único que sabía.
- No, le dijo éste: las mismas causas producen
siempre los mismos efectos, y volveríamos á las andadas, esto es, á tu ceguera. He pensado para ti en
una ocupación más sosegada y lucrativa.
- ¿Ha pensado usted? ... exclam6 el ciego, que no
acertaba á darse cuenta de los repetidos favores del
librero. Pero Sr. D. Basilio, ¿qué he hecho yo para
merecerle tantas atenciones?
- Ser paisano mío y honrado y bueno y trabájador.
Pero vamos á lo que importa. ¿Conoces un puesto de
agua que hay en la plaza del Triunfo?
- ¿El que está pegado al alcázar?
- Sí, no hay otro.

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Exposici6n Universal de Chicago. - Pabell6n de la secci6n de pesquerías

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J

IV
La librería-chiribitil de la plaza de Las Barquillas
de Lope habíase transformado en frutería. Nadie se
acordaba ya en Cádiz del Sr. Basilio y familia., si se
exceptúa Rafaelita, la hija del ciego Tanasio, que algunas veces al sentarse con su padre en los guarda-

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Exposici6n Universal de Chicago. - Palacio de máquinas

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- ¡Vaya si le conozco! Anteanoche estuve allí con
mi niña, que la gustan mucho los higos chumbos.
Por cierto que ol decir que traspasaban el aguaducho.
- Así es: Pardo el dueño del puesto va á Améri;.
ca. Ya he hablado con él, y si tú quieres se le tomo
para ti. El traspaso es algo caro: cien duros; pero los
vale: me he enterado bien.
El ciego no acertaba á hablar de sorpresa y de
agradecimiento.
- ¡Vaya! ¿Te conviene el oficio?, preguntó el librero.
Inútil será decir que Tanasio aceptó el ofrecimiento deshaciéndose en prote~tas de gratitud. D. Basilio,
después de pagado el traspaso, que era con enseres
y todo, &lt;lió á aquél quince duros para la instalación, y
hecho esto exhaló un suspiro de satisfacción. Estaba
contento de sí propio. En el viaje del ciego y su hija
á Sevilla, en el pago de hospedaje de éstos, en las
medicinas necesarias para la curación de Ta11asio,
en dos cajones de cigarros habanos que regaló al
oculista inglés, que había hecho gratis la cura, y en
el traspaso y toma de posesión del aguaducho, el
honrado de D. Basilio había empleado íntegros los
cinco mil y pico de reales, que según promesa mental correspondían al ciego del premio de la lotería
Por eso estaba contento de sí mismo, y el primer día
de fiesta que fué á oir misa á la catedral, se encaró
con la Virgen de la Concepción de Montañés, de la
que era especial devoto, como diciéndola:
- ¿Qué tal, gran señora?
D. Basilio daba á la Virgen el mismo tratamiento
que el catecismo de Ripalda. Y parecióle que la santa imagen, mirándole cariñosamente le contestaba:
&lt;Muy bien, Basilito: eres un hombre de palabra,
estoy satisfecha de ti.Y&gt;
Porque los buenos cristianos somos así; creemos
que Dios y toda la Corte celestial se ocupan de nuestras menudencias.
En cuanto á Doña Jesusa, la señora del librero,
era una buena mujer que dejaba hacer á su marido
y no se metía en nada. Con comer bien (como co·
mía) y con poder revolverse á sus anchas en la amplia tienda y trastienda de la librería estaba satisfecha.
Engolosinado con el premio de lotería que había
cobrado de bobilis, bobilis, D. Basilio jugaba á aquélla
frecuentemente, pero jamás volvió á tocarle ni un
mínimo premio de treinta pesetas, En la librería le
iba mediar;iamenre, es decir, que le preducía para
vivir con holgura, pero no para ahorrar ni un céntimo. Durante algún tiempo creyóse desgraciado;
pero luego, renunciando á sus sueños de fortuna, se
resignó, dándose por satisfecho con poder sacar
adelante á su único hijo Juan y hacerle hom0re.
En cuanto al ex ciego Tanasio (ahora Sr. Atanasio), parecía que una hada benéfica hab,íale. tocado
con su varita encantada. Todo le salta bien. El
aguaducho de la plaza del Triunfo era una mina y
el sitio predilecto de la marinería del río y de las

simpáticas cigarreras
que iban ó venían de la
fábrica. Atanasio era el
genio de los confites y
el rey de los higos chum·
bos (en su tiempo).
Hallábase en su esta·
blecimiento como el pez f'n el agua, y si él tenla
fama de limpio y obsequioso, su niña Rafaela era
una maravilla de gracia y donosura. Ella atendía á
todo como una mujercita, aun(iue algunas veces se
distraía jugando (como en Cádiz en la plaza de Las
Barquillas de Lope) con J uanito, el vástago del librero, que iba con frecuencia al aguaducho á hartarse de
panales y golosinas.

o---·- .....,

ba algo más fresco de sus ardores políticos y ambiciosos, ocupábase someramente del ramo de mujeres.
D. Basilio también había vuelto á hacerse ambicioso por causa de su hijo, y juiaba con encarnizamiento á la lotería, pero en balde: la fortuna le volvía la espalda, y veíase precisado á vegetar en la mo•
desta holgura de su librería.
Son mucho cuento los caprichos de la fortuna simbolizados en la lotería. A D. Basilio no le tocaba ésVI
ta nunca y al ex ciego Tanasio le tocaron catorce
premios en los catorce años que he indicado. PrimeTranscurrieron catorce años.
ramente fueron premios de escasa cuantía, hasta que
Debo dejar este párrafo aparte como en las nove- en una de las extracciones de desagravio de Navidad
las por entregas.
pescó uno de ciento cincueRta mil pesetas. Y con esto,
Cuando se lleva una vida tranquila, sin grand1ts caten ustedes á don Atanasio hecho un hombre. Convaivenes de fortuna y con las sosegadas pasiones que servó por agradecimiento el aguaducho de la plaza del
prescriben la moral y la higiene, el tiempo pasa con
rapidez, y cuando los que nos hallamos en este estado de sosiego recordamos algún incidente lejano, solemos decirnos: «Me parece que fué ayer. Y&gt;
En-este caso se hallaban D. Basilio el librero de
la calle de Génova y s11 digna esposa Doña J esusa.
En la parte física habían cambiado algo, como es natural, y algo más en la moral, no por causa de ellos,
sin@ por la de su hijo Juanito. En otros tiempos,
éste hubiérase dedicado tranquilamente á la ocupación de su padre, la cual sin quebraderos de cabeza
le aseguraba el pan nuestro de cada día; pero ¡vayan
ustedes á sujetar la imaginación de la juventud del
segundo período del siglo x1x! Desde que empezó á
piñonear el muchacho salió ambiciosillo y travieso,
no se avenía al limbo de la librería de su padre, no
quiso seguir carrera alguna bajo el pretexto de que
no podía sujetar su imaginación al estudio rutinario,
y se dedicó á periodista y político con ribetes de
literato.
Su bello ideal era presidir el Congreso de los diputados en una situación avanzada, y á fuerza de
machacar convenció á sus padres de que para obtener este resultado érale preciso residir en Madrid. Exposici6n Universal de Cbicago. - Pabellón de In secci6n
de minas
D. Basilio en su fuero interno estaba orgulloso de
las levantadas ideas de su hijo, y consintió pasarle
en la corte una modesta mensualidad. Con esta base Triunfo, poniendo al frente á una persona de conJuanito hizo en Madrid lo que todos los jóvenes fianza; pero él dedicóse á negocios y su preciosa hija
despabilados. Colaboró en periódicos, &lt;lió conferen- Rafaela á )tacerse unll perfecta señorita.
cias en el Ateneo é hlzose amigo del jefe de un par·
Los negocios de don Atanasio (todos limpios, por
tido político importante.
supuesto) prosperaron, y en cuatro ó cinco años lleCuando vuelvo á presentarle al lector, á los diez gó á la envidiable categoría de millonario. Compró
y nueve años de edad, esperaba no sin cierta impa- entre otras cosas una gran casa en la calle de Triana
ciencia á que los suyos·subieran al poder. Iba á Se- y un cortijo y h_uerta en el pueblo de Brenes, que le
villa un par de veces al año, en el tiempo de la feria producían un dmeral de renta, y sin embargo Rafaey al principio de otoño, antes de que se abrieran las lita, la mimada hija del ex ciego, que era u~a muCortes, y entonces y sólo entonces, cuando se halla- cbacha con toda la gracia gaditana, que ponía el

�TRABAJOS EN EL TÍBER, cuadro de Enrique Serra. (Expuesto en la Exposición de Berlín del presente año y adquirido por S. M. el Emperador ~ AlcJ'.lania.)

�LA

lLUSTKAClON ARTlSTlCA

mingo en Sevilla en cuant0 á vestir, que tenía un sa, que es una de las estrellas de los salones de
coche de ciudad y otro de colleras y que. se veía Madrid.
oseada por jóvenes guapos y finos, estaba tnste, penEl verídico, aunque desaliñado relato que acabo
sativa y como desmadejada.
de hacer, contiene una máxima y una moraleja.
¿Por qué?
La máxima es esta:
Lo diré en párrafo aparte, que bien se lo merece.

VII
Son sensibibidades casi exclusivas de mnas y
muchachas provincianas, casi desconocidas en Ma·
drid, desde que se lee á Zola y á otros descreídos de corazón. Desde que Rafaela, c_uando servía de lazarillo á su padre, jugaba algunos ratos
con el niño Juanito á la puerta de la librería-chiribitil de la plaza de Las Barquillas de Lope, concibió infantil inclinación hacia aquél, que fué en el
transcurso de los años convirtiéndose en pasión
profunda y arraigada. Ni de niño ni de joven lo
merecía el hijo del librero: de niño por lloran y
díscolo, y de joven por fatuo, pretencioso y no bien
encarado.
Pero las mujeres son como las gallinas, que pican...
lo que no debían picar, y Rafaelita, que desde po·
Huela fué un modelo de gentileza y no se daba mano
á contestar á piropos y pretensiones, sólo pensaba
en Juanito, el contrahecho y gomoso periodista, que
sólo se dignaba verla de vez en cuando y que apenas
si se fijaba en ella.
Rafaela, que era celebrada en Sevilla por su hermosura y elegancia, le comía con los ojos, que eran
dos luceros, y no obstante él cuando oía hablar de
ella hacía una mueca desdeñosa.
¿Qué querría aquel mamarracho? Pues nada: ~encillamente la presidencia del Congreso de diputados.
He aquí las consecuencias de la civilización: los
jóvenes de veinte años escasos, como era Juanito,
que sólo debían pensar en tejer danzas con las muchachas, como los pastores de Florián, ahora sólo
piensan en gobernar el país como si fuese la cosa
más sencilla del mundo.
Lo cierto es que Rafaelita, la perla de Sevilla, íba·
se quedando flacucha, desmejorada y desanimada.
Sentía por el hijo del librero pasión de áni~110 afección tan rara en estos tiempos como la antigua elejantlziosis de los árabes. Afortunadam~?te sucedió
que Dios iluminó el cerebro de D. Bas1ho, cosa que
no acostumbraba á hacer, para aprovechar una ocasión.
Fué esta la venida á Sevilla de su pretencioso vástago Juanito un mes de junio, poco después de ce·
rrarse los parlamentos. Había escrito en El .i'1finistril un violento artículo de oposición titulado Faenas
inútiles, y volvía á la librería paterna con un humor
de todos los diablos. Aspiraba á la presidencia del
Congreso y no había conseguido ni siquiera ser diputado.
- Es imposible, padre, dijo al autor de ·sus dfas,
por más cualidades que se ter-1gan, es imposible llegar á nada faltando la posición ó fortuna.
- Eso me lo tengo yo calado hace tiempo, observó el librero; pero no be querido decirte nada por no
contrariarte. Has equivocado el camino.
-¿Por qué?
- Porque antes de la posición debías haber buscado la fortuna.
-¿Cómo?
- Sencillamente; casándote con una mujer rica.
- ¡Ay, padre! Ese género anda por las nubes...
- Con tu ligereza, con tus cualidades...
J uanito no era pretencioso en lo tocante al físico,
así es que contestó al chocho del librero:
- Ya no existen mujeres ricas que se enamoren de
esas cosas; si siquiera hubiera llegado á ser un diputado...
- ¿Cómo que no existen?, replicó D. Basilio. Por
lo menos sé de una que sólo está esperando á que la
hagas la seña del tres.
El librero, inspirado por el cariño paternal, había
visto más claro que su obtuso hijo. Este, que no lo
fué tanto en aquella ocasión, comenzó á pensar en
lo que le convenía y reparó en ,los buenos ojos y
blancas manos gaditanas de Rafaela, la enamorada
hija del millonario D. Atanasio.

fuega á la lotería nacional,
A1111q11e esto salga casi sit111pre 111al.

La moraleja es la siguiente:
Cumple siempre las promesas que te hagas á ti
mismo ó á los demás, y te verás recompensado en
tus hijos y tal vez en tus nietos.

F.

MORENO G ODINO

NUESTROS GRABADOS
El brindis, copia de una fotografía de dc;m
Rafael Arañas. - No se trata de una belleza concebida
por la imaginación del artista n~ de un~ de esos tipos qu_e más
que copia de un modelo determrnado vienen á compendiar en
uno solo los rasgos salientes de varios individuos aisladamente
estudíades; trátase, por el contrarío, de una reproducción fotográfica es decir, de la expresión de la verdad directamente
obteni&lt;la, con lo que si la obra desmerece un tanto desde el
punto de vista de los altos finesartlsticos, en cambio gana no poco la persona que sin necesidad de embellecimientos artificiales
ha podido, tal cual es, ofrecer al objetivo del aparato fotográfico materia para un verdadero cuadro, como el que la fotografía tan hábilmente hecha por el señor Areñas por si sola cons·
tituye. La belleza y la gracia de las muchachas andaluzas que
tantas veces hemos celebrado reproducidas en obras pictóricas se nos presenta aquí llena de vida, con lodo el colorido
de Ía realidad, y á su vista preciso es confesar que en éste,
como en otros muchos puntos, da la naturaleza quince y raya
á los artistas, y que al lado de sus obras palidecen, en cierto
ruodo, las creaciones del hombre, dignas de elogio cuando á lo
natural se acercan, pero nunca tan perfectas y tan acabadas
como las que de aquélla salen.

• ••
Retrato de Madama Bonnemain y tumba en
donde ésta enterrada en el cementerio de
Bruselas y donde se suicidió el general Boulanger. - El hombre que en un momento dado llegó á ser la
personalidad más popular de Francia, el que pudo ser considerado como una esperanza positiva para el dia de la revancha,
el que pareció un tiempo ser árbitro de los destinos de su pa·
tria, puso fin á su vida ni más ni menos que hubiera podido
hacerlo el protagonista de una de esas novelas románticas que
tan de moda estuvieron á mediados de este siglo. No hemos
de entrar en detalles acerca de este suicidio, porque harto los
han reproducido todos los periódicos del mundo: sabido es que
desde la muerte de ~me. Bonnemain, el general se sintió invadido de profunda melancolía que nada bastaba á disipar, é
int:ntó varias veces darse muerte, cosa que oportunamente
pudieron ev\ta~ sus allegados. En la mañana del día 3? de
septiembre ultimo fué, como de costumbre, al cementerio de
Ixelles á depositar un ramo de llores sobre el sepulcro de la
mujer á quien tanto amara y cuyo recuerdo no podía apartar
de su pensamiento, y después de contemplar largo rato la losa
que cubría el sepulcro, sentóse en el suelo, recostóse en el pedestal del monumento y disparó sobre su sien derecha el revólver cuya bala salió por la izquierda produciéndole instantánea muerte.
En la cara posterior de la tumba de Mme. Bonnemain babia hecho poner el general una inscripción donde se consignaban la fecha del nacimiento y la de la muerte de aquélla; en la
principal mandó grabar estas dos palabras: ¡Hasta pronto!
Boulanger cump_Jió la promesa que _esto sig?ificab!: Margarita
Bonnemain munó á la edad de tremta y crnco anos, el 15 de
julio y á los dos meses y medio se suicidaba junto á su sepulcro ~1 que por ella habla sacrificado su porvenir militar y su
popularidad polltica,

***
Los primeros fríos, cu~dro de Davidson
Knowles.-¡Cuán distintas impresiones los primeros frios
producen! «¡Benditos sean!,&gt; dicen aquellos que á su solo
anuncio ven desarrollarse ante sus ojos un panorama de notas
alegres donde se confunden los trajes lujosos, las habitaciones
confortables, los trenes espléndidos, los teatros deslumbradores y las recepciones brillantes. C! Malditos!&gt; si es que fuerza
para maldecir tienen, ex~laman l~s desdichad¡¡s para _qui~nes
la primera helada es tétrica menSaJera de horrores y m1senas y
en cuya imaginación surgen anticipados, pero con todo el relieve de la realidad recordada ó presentida, los cuadros sombríos de una vivienda destartalada, de un hogar sin lumbre y
de unos seres queridos que perecen de frio y de hambre sin que
basten á resguardarles del uno ni á aplacar el otro los harapos
y el mendrugo de pan que pueda proporcionarles el trabajo y
á falta de éste la caridad.
¡Qué alegre es el invierno para los primeros; para los otros
cuán desesperante!
La dama tan admirablemente pintada por el reputado artista inglés Davidson Knowles, cuéntase en el número de los
privilegiados; envuelta en ricas pieles y elegantes vestiduras
que no ofrecen intersticio algüno por donde el aire helado lleConsecuencias:
' gue al cuerpo, espérala sin duda el_ abrigado coche que ha de
En la actualidad, Juanito es el Exmo. Sr. D. Juan conducirla á su morada, fortaleza mexpugnable donde.el f,ío
·
é é
h del exterior no penetra, ¡Feliz ella que no conoce del invierno
Alberto Mochales; que tiene no s qu gran cruz, ª sino las alegrías! ¡Más feliz aún si conociendo sus tristezas su
sido padre de la patria dos veces y el mejor día será corazón la mueve á remediarlas!
abuelo, ingresando en el Senado. Su esposa Doña
Rafaela Pérez de Mochales con el matrimonio se
* •
ha curado de su pasión de ánimo. Ignoro si es feliz,
Exposición Universal de Chicago.-En el númeá pesar de los ataques de reuma que suelen aque- ro 410 de LA ILUSTRACH3N ARrfsncAnos ocupamos extensa•
jarla; pero me consta, porque se dice en la pren- mente de esta fiesta colosal que en conmemoración del cuarto

NúMERO

515

NúMERO

LA

515

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

centenario del descubrimiento de América prepara la capital
norte-americana. Hoy nuestra tarea se reduce á describir someramente algunos edificios que han de formar parte de la
misma, junto con los que ya entonces describimos y con los
que iremos publicando en otros números.
El edificio de la sección de minería tendrá 700 píes de largo
por 350 de ancho y 65 de alto; tendrá una entrada á cada lado
además, de las principales, abiertas en las fachadas Norte y
Sur. Esta última será de colosales dimensiones (I 10 pies de
alto por 32 de ancho) y dará acceso á un vestíbulo de 88 pies
de altura. En cada ángulo del edificio habrá un pabellón coronado por una cúpula rodeada por un balcón circular.
El pabellón de la Pesca y pesquerías es de estilo hispanoromano y formará agradable contraste con el estilo en cierto
modo clásico de los otros edificios: su longitud máxima es de
I. 100 pies y su anchura de 200. Dividido en tres secciones, en
la central se expondrán todo Jo relativo á la pesca.en general
y las otras dos serán destinadas á la pesca con caña y al aquarium. Este pabellón será de fijo uno de los que más interés
despertarán en los visitantes de la Exposición por la variedad
de curiosas instalaciones que en él se proyectan.
Del paballón de Horticultura, cuya entrada principal reproducimos, ya hablamos detalladamente en el citado ní1mero,
cuando publicamos la vista general del edificio.
La galería de máquinas tendrá 850 pies de largo por 500 de
ancho y en su interior presentará el aspecto de tres grandes estaciones de ferrocarril, una al lado de otra: en cada una de
ellas habrá una grúa colosal movible colocada en Jo alto para
mover las máquinas y las plataformas en donde se colocarán
los visitantes que quieran ver esta sección lo más cómodamente
'posible. Todo funcionará alli por medio del vapor. Una columnata pondrá en comunicación esta galería con el palacio
de la Agricultura. Dados los adelantos que cada día registran
los anales de la ciencia del ingeniero, no es aventurado asegurar que en esta sección podrán admirar verdaderas maravillas
y contemplar sorprendentes aparatos los que tengan oídos á
prueba de estrépitos; pero de fijo que no todos los que alli acudan podrán resistir el espantoso ruido que han de producir
tantas máquinas funcionando á la vez dentro de aquel recinto.

** •
Después del baile, cuadro de Conrado Kiesel.
- Este pintor goza de especial renombre en el mundo del arte
y de que tal fama no es injustificada habrán podido convencerse
nuestros lectores por las obras de su pincel salidas, Yttm• Y1111t
y Elena, que ha reproducido LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA en
sus números 389 y 46o.
La hermosa figura que hoy publicamos es por su expresión,
por su dibujo correcto y por su bien entendido clarobscuro
una nueva demostración de que en su género pocos aventajan
al artista alemán, y viene á aumentar con un ejemplar de gran
valla la colección de bellezas femeninas que éste se ha propuesto formar, dando con ello pruebas de exquisito gusto.

.
••

Trabajos en el Tíber, cuadro de Enrique Serra, adquirido por el emperador de Alemania. - Pocos números hace, u12 distinguido critico trazaba en las columnas de LA
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA un juicio tan justo como favorable
de la personalidad de nuestro cfütinguido paisano, considerándola desde el punto de vista artístico. Ni á Jo que entonces
dijo Federico Rahola, ni á lo que en repetidas ocasiones he·
mos apuntado acerca de las obras de Serra en este periódico
publicadas, hemos de añadir nada con motivo del cuadro que
hoy reproducimos. Cuantos elogios pudiéramos hacer del aútor
hechos están en nuestras páginas; cuantas alabanzas nos fuera
dable prodigar á Trabajos en el T{be1·, huelgan teniendo el
cuadro á la vista; éste se alaba por sí solo, no es 111mesler a/aballo.

Esta obra, modelo de naturalidad y prodigio de ejecución,
fué extraordinariamente admirada en la última Exposición Internacional Artística de Berlín, y adquirida por el soberano alemán, que si atiende con especial cariño á las cosas de la guerra, no por eso descuida el fomento ele las bellas artes, cuyo
florecimiento es uno de los más preciados beneficios de la paz.
*
••

El japonés Morimoto, célebre por sus muecas extra.ordinarias. - Los japoneses muestran afición
extremada á las muecas y deformaciones del rostro, siendo este
gusto extrañ11 un indicio del amor á lo grotesco, de que dan
muestras en todas las manifestaciones de su arte.
Existe en la ciudad de Kioto una calle entera consagrada á
teatros, cafés cantantes y barracones de saltimbanquis de todo
género. En uno de estos últimos luda, no hace mucho, sus habilidades un tal Morimoto, cuya especialidad consisúa en hacer muecas verdaderamente sorprendentes; este sujeto disloca•
ba los nervios de su cara de una manera espantosa, haciendo
subir sus labios inferiores y su barba de tal modo que cubría
con ellos la punta de su nariz, ocultando su boca entre los pliegues de las mejillas, ejecutando, en suma, los visajes más inverosímiles.
Entre los ejercicios más aplaudidos por el público que asis·
tia á sus representaciones figuraba el de representar, envuelto
en un gran paño encarnado y agachándose hasta esconder sus
piernas, al dios Daruma, el más popular del Japón, de quien
dice la leyenda que vivía entre montañas en la mayor austeridad y andaba siempre hasta el punto de que se le gastaron
poco á poco las piernas por el uso continuo que de ellas hada.
Otro de sus grandes éxitos lo conseguía presentando la cara
del dios de la Riqueza, alegre, cuando cree encontrar un tesoro
y descontento cuando su ilusión se trueca·en desencanto.
La figura l. ª de nuestro grabado representa á Morimc,to
con su cara natural, la 2. ª y la 3.ª al dios de la Riqueza en sus
dos distintos ·estados y la 4.• al dios Daru111a. Tod~s están
tomadas de fotografías, que costó no poco trabajo obtener, no
porque el célebre japonés no se prestara á retratarse, sino
porque su afición al·licor llamado saké le ponía en tal estado
que era imposible llevarlGá casa del fotógrafo.

.

JABON REAL ,

¡v:roLETI

JABON

DET HRIOAC E 29_;:;:1~ü::~,w VELOU T I_N E
wm11daio1 per ntonhtr.1 attli:u gua la itrtm de II Pill 1 &amp;111111 tll Cola,

El cadáver fué colocado en unas angarillas

GARDINETA
POR ANTONIO ALBALAT.-ILUSTRACIONES DE MONTENARD

Hacía ya una semana que Simón había desaparecido, sin que se pudiera saber si estaba vivo ó muerto· inútil fué recorrer los bosques, explorar las montafias y tallares, pues en ninguna parte se le encontró. En todas las granjas del caserío de Ingardín
este incidente contristaba á las buenas campesinas,
que se comunicaban sus impresiones por la noche
al débil resplandor de las estrellas, cuando salían á
tomar el fresco á las puertas de sus casas. ¡Qué gallardo mancebo era el tal Simón! ¡Este sí que tenía
talla para defenderse! Amado por su buen carácter,
muy conocido en el país, vencedor en todas las ~estas y festejado por las muchachas, habíase!e visto
salir cierta mañana para ir á vender sus carneros á
la feria de Barjols; volvió por la noche con su dinero,
y al día siguiente ya no se le vió más. ¿Fué víctima
de algún ladrón, ó habría huído después de hacer
una calaverada? Sin embargo, un mozo de su temple
se hubiera defendido, y sabíase que era incapaz de
robar á nadie,
En esas hermosas noches de Provenza. á la luz de
la luna, cuyos rayos melancólicos ilu~inaban la cam•
piña azul las mujeres se referían, mientras sacaban
agua de Íos pozos, los amores de Simón con Gardineta, hija del anciano Tomá~. Ta~to y tanto_ hab~a
hecho este viejo avaro para 1mpedtr el matnmomo
que le desagradaba en extremo, que cierto día. su
hija rompió con Simón, después de haber descub1~rto que tenía relaciones con una cabrera de la granJa.
Sin perder tiempo, el padre prometió ceder la mano de
Gardineta á un mancebo rico de la vecindad llamado
Juan, que la joven adoró muy pronto con una de
esas ternuras que nacen del despecho y que tanto se
parecen al verdadero amor. Este Juan tenía un padrastro rico, el cual debía dejarle toda su fortuna.
Ahora bien: precisamente en el momento en que d~bía quedar concertado el enlace, he~e aquí que Simón, el primer enamorado de Gardmeta, abandonó
el país. ¿Sería una casualidad, 6 m~rchó para no presenciar el matrimonio? Los campesmos no lo creían;
pero las mujeres se encogían de hombros, mientras
retiraban las sillas para entrar en sus casas y acostarse, después de sus largas conversaciones nocturnas en las cuales no se hablaba de otra cosa .. .
Cierta mañana el pequeño Chois, que guardaba
los pavos á la entrada del caserío, lleg_ó corriendo
como un loco, seguido ole sus aves y gntando á voz
en cuello:
- ¡He visto á Sim6n ... allá abajo, en el pantano! ...

Las mujeres salían de sus casas uniendo las manos en ademán de súplica; los hombres abandonaron
el campo, y buscando cuerdas y horquillas, acudieron todos tumultuosamente al pantano, que era una
especie de pudridero donde se arrojaba el estiércol;
apartaron el ramaje que cubría la superficie, y en el
mismo instante resonó un grito de horror al ver dos
grandes zapatos y una blusa azul flotando en el agua,
¡Pobre Simón! Buscábanle muy lejos, y todos los
días al volver del trabajo pasaban junto á él sin verle.
Horrible fué la operación de extraer el cadáver del
pantano en aquel día de calor sofocante: la mandíbula inferior estaba rota, la boca desfigurada, la piel
tenía un color violáceo y en medio de la frente veíase un orificio; los brazos, extendidos del todo, parecían los de un maniquí; una nube de moscas zumbaba alrededor de la cabeza, y los ojos, abiertos, estaban blancos como los de un ciego.
No fué cosa fácil sacar el cuerpo de allí; y las mujeres retrocedieron, poseídas de espanto, mirando
desde lejos la horrible operación; el cadáver fué colocado en unas angarillas, lúgubres por demás en
aquel brillante día de verano, cuyo calor hacía sudar
á los portadores. El sol iluminaba de lleno las facciones desfiguradas del asesinado, que tenía la cabeza
echada hacia atrás, los brazos rígidos y el cabello
impregnado de sangre; el agua y el cieno goteaban
de sus ropas; el vientre se había hinchado, y el cuerpo exhalaba un hedor insoportable que el viento de
las montañas mezclaba con el perfume de la retama
y'de los trigos maduros.
Este drama áterrorizó á las doce familias que constituían la escasa población de Ingardín, donde jamás
se había cometido ningún crimen. El cadáver se
dej6 durante la noche en un cobertizo, donde le velaban solamente las langostas y los grillos, sirviendo
de oració11 fúnebre el grito &lt;ile los mochuelos ocultos
en las encinas. Aquella noche no hablaron las mujeres debajo de los árboles; trastornadas por la presensencia del muerto, las campesinas se acostaron muy
temprano, sin que nadie osase abrir la puerta de su
casa; las ventanas permanecieron cerradas, y hasta
que rayó la aurora las jóvenes se estremecieron en
su lecho al oir á los perros ladrar delante del cobertizo. Gardineta, que á pesar de la prohibición de su
padre fué á ver el cadáver durante el dia, volvió
anegada en llanto, y cuando entró en su aposento y
pensó que había amado con todo corazón al difunto,
no J?Udo contener sus lágrimas en largo rato. Juan,

su novio, fué el único que se mostró insensible; comió con la mejor gana, según costumbre; y Gavot,
su mozo de labranza, dijo que se había alegrado al
parecer cuando se le anunció la muerte de Simón,
cual si hubiese tenido á dicha verse libre de un rival
por el que atormentaba de continuo á Gardineta. Su
frialdad indignó á todo el mundo.
A la mañana siguiente, á eso de las cinco, la justicia llegó á Ingardín: de un carre con toldo, tirado
por dos caballos, apeáronse delante del cobertizo, en
medio de las mujeres y de los aldeanos reunidos, el
juez instructor, señorón que vestía levita larga; el
fiscal, miope y con patillas rubias; el médico, oficial
de la Legión de honor, y por último un esc;ribano,
hombre pequeño con su correspondiente bastón y
con los lentes ahumados. Cuatro gendarmes á caballo
servían de escolta.
Acto continuo procedióse á las primeras averiguaciones con una calma que sorprendió á los buenos
campesinos, y registrado el cadáver, encontróse sujeto con un alfiler en la camisa de la víctima un billete
de cien pesetas, tan empapado en agua, que apenas
se reconocía ya. Instruido el proceso verbal, se colocó el cadáver en una carreta para transportarlo á la
ciudad vecina, y dióse principio á la información sin
salir del cobertizo, pues el calor era insoportable en
aquellas montañas. Los aldeanos permanecieron fuera, mudos y pensativos como siempre, con su pipa en
la boca y esperando á que se les interrngase; las
mujeres hablaban en voz baja, y todos parecían impresionados por aquella escena, sin comprender
bien lo que de ellos se quería.
Algunos, cansados de fumar y escupir, volvieron á
su trabajo. Cuando los gendarmes abrían la puerta
para llamar á los testigos, 0íase el cant0 monótono
de las cigarras y se veían enfrente los pinares inundados de luz. Mientras el escribano hacía correr la
pluma sobre el papel, el juez, con IGs codos apoya•
dos en la mesa, interrogaba á los campesinos, confundiéndolos con tantas preguntas que ya no sabían
qué contestar.
La vida de Simón, sus relaciones, su v.iaje, tedo
fué referido, comentado y consignado por escrito.
El juez se rascaba la barba y tosía á cada instante
con aire discreto; y al preguntar «¿de quién sospechan ustedes que haya podido venir el golpe?,) los
aldeanos contestaron, encogiéndose de hombres
•
l
«seguramente no es mnguno del país, señor juez.»
Uno de ellos se aventuró á decir: «Alguien habrá

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

515

- He podido decir eso, sí, replicó; pero sin maliseguido á Sim6n al volver de la feria, de donde traía te la muerte una indiferencia celosa, como si la
dinero, y es muy posible que le hayan matado para muerte no desarmara todos los odios. A causa de cia, sin pensar en mal.
Y blandiendo su kepis con ademán de cólera,
robarle.» Pero el juez extrañaba que el asesino no este rencor, su cariño á Juan disminuía, aumentan~
hubiese encontrado el billete de Banco al registrar do el que antes le inspirara el difunto, su primer añadió:
- Ese canalla de Gavot es quien ha chismeado;
á su víctima; y por otra parte, ¿c6mo podía creer el amor; y trataba de comprender la tranquilidad de la
pero
ya me la pagará.
tumba
ante
el
silencio
profundo
que
reinaba
en
las
asesino que Sim6n, después de dormir en la aldea,
- Id á buscar á Gavot, dijo el juez, haciendo una
en la noche de su vuelta, llevase aún el dinero con· altas regiones y en las colinas iluminadas en aquel
momento por los argentados rayos del astro de la señal á los gendarmes.
sigo al día siguiente?
Durante la ausencia de éstos, Juan acabó de en•
:... ¿No tenía ningún enemigo en el país?, pregunt6 noche.
El viento agitaba á intervalos ligeramente las ho- redarse cuando tuvo que detallar el empleo de sus
el juez.
Los campesinos se miraron sin responder, y al fin jas de los árboles, que producían entonces suave horas, minuto por minuto, sus actos y sus idas y verumor; oíase por todas partes el grito monótono de nidas, lo cual no era fácil, por repetirse á cada mouno de ellos contest6:
- No, señor juez, pues no podría decirse que los mochuelos; los murciélagos volaban por delante mento la misma frase:
- ¿Tiene usted testigos?
Juan fuera su enemigo porque estuviese celoso de él de la ventana; en el jardín maullaba un gato; y pen- ¿Testigos?
sando
que
todo
pasa,
que
todo
se
va,
el
amor,
la
viá causa de Gardineta.
-Sf.
- ¿Quién es ese Juan?, pregunt6 el magistrado. da, los dolores y las alegrías, la joven se arrodilló, y
-¿Para qué?
allí, ante el puro cielo, ese hermoso cielo de Dios,
¡Que vayan á busqtrle!
Juan no los tenfa, ni se acordaba de cosa alguna;
El juez daba sus 6rdenes tranquilamente, como si oró por el difunto.
«¡Dios mío!, murmuró. ¡Tened compasión de él! y aturdido al fin por aquel angustioso interrogatorio
se tratara de una mala inteligencia que se aclararía
y la acumulación de pruebas, tropezaba á cada paso.
¡Recibidlo en vuestro santo Paraíso!. .. »
mur pronto.
Entonces pensó en huir; mas la puerta estaba guar- ¡Ah!, añadió, que venga también Gardineta ...
' ...
A la mañana siguiente, á eso de las cinco, el juez dada por los gendarmes, que recibieron orden de
¡Traedmela cuanto antes! ...
Al entrar b joven, el escribano levant6 la cabeza, volvió para continuar la instrucción, Su primera di- conducir al acusado al corral contigu0 apenas llegael doctor se atus6 el bigote, el fiscal guiñ6 los ojos ligencia fué enviar en busca de Juan, que se diponía se Gavot. El juez y sus acólitos se hablaban al oído,
y el juez tosi6 con interés; tanto les impresionó la á marchar al campo sin haber visto á Gardineta, cuyo enjugándose de continuo la frente; tan sofocante era
maravillosa belleza de la joven: era una robusta pesar le irritaba. Como los labradores habían vuelto el calor en aquel cobertizo. Fuera de éste, un sol
campesina, cuyo corsé redondo apenas podía conte- á su trabajo, no quedaban en el caserío más que las deslumbrador abrasaba la meseta de Ingardfn, donde
ner el seno; sus mejillas frescas y sonrosadas como mujeres y algunos hombres, los cuales discutían de- se oía resonar en un espacio inmenso el canto de
las de una niña, rebosaban juventud; sus ojos eran lante del cobertizo donde se hallaban el juez y sus las cigarras.
Gavot confirmó cuanto había dicho á los vecinos,
grandes y negros, y sus pestañas largas y sedosas co- acompañantes.
Juan llegó con su azadón al hombro, y calado hasta asegurando que Juan repetía hacía un mes al hablar
municaban la más dulce expresi6n á su mirada Un
pañuelo pequeño, cruzado sobre el seno, permitía las orejas su kepis militar (recuerdo del regimiento), de Simón: «¡Es un canalla! Algún día le romperé la
ver la parte superior de los hombros, y el sudor dispuesto á esquivarse apenas terminara el enojoso cabeza.» Justificada así la sospecha y demostrado
inundaba su frente, como el rocío un fruto ma- interrogatorio. A las primeras palabras comprendió que aquel inocente era culpable, el juez, deseoso de
que no le sería posible conservar su serenidad; y del concluir cuanto antes, envió á buscar á Gardineta,
duro.
Con voz dulce y tímida, que contrastaba con su todo inocente, no había previsto la extraña compli- muy inquieta ya por los rumores que circulaban.
-¿Es usted la novia de Juan?, preguntóla.
robustez, referió lo que todo el mundo sabía, sus cación, las estrechas mallas de la red en que se ha-Sf, señor.
llaba
cogido.
primeros amores con Sim6n, la oposición del padre,
- Pues bien: nos le llevamos preso,
Después de oirle declarar que no sabía nada acerel rompimiento con aquél y sus desposorios con
-¿A Juan?
ca del hecho, el juez, con su palabra benévola y su
Juan, cuyos celos confes6.
- Sf; él es quien ha dado muerte á Simón, con·
rigurosa
tenacidad,
dió
principio
al
terrible
interro·
- ¿Conque estaba celoso?, pregunto el juez.
testó el juez. Vamos á dejar á ustedes solos un ins- Sf, señor; pero es un buen muchacho, incapaz gatorio.
- ¿Dónde estaba usted en la mañana del crimen? tante; procure hacerle declarar la verdad, y le hará
de hacer daño á nadie.
un señalado favor, pues no hay otro medio de sal- ¿En la mañana del crimen? ...
Gardineta extrañó que le hiciesen tantas pre·
varle.
-Sí.
guntas.
Se hizo entrará Juan y dejáro.nle solo con la cam- flabía ido á trabajar, contestó Juan, después de
-¿Se encontró Juan alguna vez con Sim6n? ¿No
pesina
en el cobertizo, cuya puerta vigüaba un genpensar
un
momento.
hubo nunca ningún altercado entre ellos? ¿No habl6
darme, mientras el juez y su gente iban en busca de
- ¿A qué hora?
jamás contra él? ¿Qué decía esta mañana?
El interrogado calculó, dando vueltas á su kepis un coche para trasladar al preso.
Confundida por aquel tenaz interrogatorio, GardiLa joven se colgó de su cuello sollozando.
entre
las manos,
neta se embroll6, contradíjose, y acabó por confesar
- ¡Juan, se trata de perderte! ... comenzó á decir.
- A las cinco, contestó al fin.
que Juan tenía mala voluntad á Sim6n, pero que
Natural parecía este arranque, pues aquel hombre
- ¿De dónde toma usted hora?
jamás le había buscado disputas, sabiendo muy bien
era su novio, su futuro, y amábale perdidamente
- De mi reloj.
que ella era una joven honrada.
desde que le acusaban de semejante crimen.
- ¿Con cuál le regula usted?
Los gendarmes llegaron en aquel momento para
- ¡Dímelo todo, Juan, añadió; conmigo puedes ser
- ¿Con cuál le regulo?
decir que Juan había marchado á La Roque y no
franco
... ¿Ne será eso verdad, eh? ¿No será verdad?.. ,
Sí.
volvería hasta la noche.
Y estrechábale entre sus brazos con toda ,su fuer- Con el sol.
El juez se mordi6 los labios, reflexionó, y resuelto
- El sol varía diariamente ... ¿A qué hora regresó za, loca, suplicante, empinándose cuanto podía y fi.
á interrogar á Juan al día siguiente, dijo con indifeusted
del campo? ¿Qué camino tomó? ¿Qué vió? ¿Iba jando en él una mirada ansiosa.
rencia:
- Pero ¿qué estás diciendo?, preguntó Juan, des,
- Está bien; hubiera podido facilitar datos, mas solo? ¿Tiene usted testigos?
prendiéndose
de los brazos de la joven.
Juan
se
embrolló,
resultando
al
fin
de
sus
con
tes·
prescindiremos de ellos.
- ¡Júrame que no eres tú quien ha matado á
Cuando aquellos señores volvieron á su coche, y taciones que nadie le había visto trabajar.
- ¿Por qué se ocultó usted ayer y anteayer?, pre- Simón!
mientras se alejaban seguidos de los gendarmes, que
- No, no he sido yo. contestó Juan, jurando como
habían puesto sus caballos al galope, los campesinos guntó el juez.
un carretero; yo no be dado muerte á nadie...
- Tenía que hacer en La Roque.
con sus sombreros en la mano en actitud respetuosa
- Pero ¿qué les has dicho para que crean que tú
- ¿Sobre qué asunto?
contemplaron á los representantes de la ley hasta que
eres
el asesino?
Fuí
á
comprar
una
horquilla.
se hubieron perdido de vista.
- ¡No lo sé ... me han embrolladó... son unos
- ¿A casa de quién? ¡Que vayan á buscar la hor¡Qué día! Gardineta no durmi6 en toda la noch~;
canallas!
en vez de acostarse, apoy6se de brazos en la venta- quilla!
Y alargó el brazo hacia la puerta con ademán ame·
La contestación de Juan impidió la salida de los
na y observó las estrellas, buscando en la tranqumnazador.
dad del cielo un poco de calma para su coraz6n per- gendarmes.
- ¡Oh! Juan, continuó la joven, sería espantoso si
- ¡Pues bien, no! dijo, no es verdad ... no be com•
turbado. Parecíale estar viendo aún las facciones
hubieras
hecho eso...
prado
nada.
Me
marché
por
no
estar
aquí,
porque
desfiguradas del muerto, su mandíbula rota, sus ojos
Juan la miró fruciendo las cejas, y otra vez se desen blanco y sus largos brazos rígidos. ¡Pobre Simón! no me hallaba á gusto, porque no vivía en buena intepertaron sus celos.
La vida no había tenido nada bueno para él; era ligencia con Simón.
- Parece, dijo, que te contrista mucho que haya
¿Era
usted
su
enemigo,
su
rival?
¿Se
alegró
pobre, no le quisieron por esposo, y para colmo de
muerto, ¿eh? No soy yo quien ha dado el golpe; pero
desgracias le mataron. Sin embargo, no era perverso usted de su muerte?
Las preguntas se multiplicaban, rodeando á Juan me alegro de esa muerte, puesto que á ti te contrista ...
ni odiaba á nadie; rehuía siempre las pendencias, y
Sin escuchar más, la joven abrió la puerta, y desescomo
un círculo de hierro.
como todos los hombres fuertes y valerosos, no haDesconcertado, inundada la frente de sudor y pen- perada y llorosa, con sus manos en ademán de súcía aprecio ni trataba de vengarse de los que le molestaban. La joven recordaba la dulzura de su sonri- dientes los brazos, contemplaba con expresión de plica y acercándolas al rostro del magistrado, ex·
sa cuando pasaba por delante de su puerta al volver extravío aquellos señores vestidos de levita y tranqui- clamó:
- ¡No es él, señor juez!. .. No le prenda usted... Yo
de los prados, y ahora que Simón había muerto, lamente sentados; el temor á la justicia, tan arraigaimaginábase que su amor resucitaba. Perdonábale el do en el campesino, le anud6 la garganta, perturbóle le juro que no es él... ·
El juez y los suyos rechazaron con suavidad á
haberla engañado; sentía haberse mostrado tan dura el cerebro y ahogó sus frases. Pudo reconocer que
con él, y solalllente pensaba en sus promesas, en sus se le creía culpable, y torpemente exasperado, per- Gardineta, y dirigiéronse á su co'che; Juan, con su
juramentos, en aquel beso que se dieron detrás de la diendo el tono de la inocencia en fuerza de su in- kepis encasquetado y completamente aturdido, dejóse conducir por los gendarmes. mientras las mujeres
granja, cuando se hacía la recolección del heno, una dignación, balbució con furor:
- No soy yo, ¿lo entiende usted? ... ¡No soy yo rodeaban á su novia, que sollozaba amargamente,
tarde en que los rebaños salían para ir á pastar á la
sentada en una piedra.
montaña.
quien le ha matado!
En la vida de Juan nada autorizaba á sospechar
El juez prosiguió sin mirar al acusado y tosiendo
Y todas estas reflexiones sobre cosas lejanas, prode él, y al principio nadie le creyó culpable. Todos
du jéronle una tristeza profunda, una angustia irrepa· discretamente:
- Usted ha dicho que se daba por muy contento decían: «Le será fácil probar que no ha sido él!;» pero
rabie que la oprimió el corazón, llenando poco á
cuando se le vió volver, cuando se supo que aún espoco sus ojos de lágrimas. En aquel instante sintióse de verse libre de él. ¿Es verdad?
Esto era una artimaña del juez, y Juan no vió el taba en la cárcel y que sería juzgado dentro de tres
poseída de resentimiento contra Juan por no habermeses, después de las vacaciones judiciales, prodúse mostrado más compasivo, por haber afectado an· lazo que se le tendía.

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

515

fin, cuando el cartero hizo su distribución, anunció humo de la casa de Gardineta, así como los árboles
que Juan había sido absuelto y dió los detalles pu• de su patio, y se dice:
«¡Allí está, pero me ha olvidado; todo concluyó!...1&gt;
blicados la víspera en los diarios. Nadie se extrañó;
Cierta
mañana, oculto entre los matorrales, obsermas por la noche, cuando las familias entablaron
sus conversaciones al dulce calor del primer fuego vó que por el camino que conduce á la ciudad pasade noviembre, todos se dijeron: «No se le ha podido ban á la carrera varios vehículos llenos de gente que
probar; á esto se reduce todo... Tiene suerte.» Y reía y gritaba; en uno de ellos iba una joven vestida de blanco y cubierta con un largo velo que flopersistió la misma convicción de antes.
Juan llegó una mañana al rayar el alba, flaco, pá- taba sobre sus hombros; y ante aquel espectáculo, el
lido, sonriendo con expresi6n estúpida, atontado por pastor comenzó á llorar. Después fué en busca de su
su larga prisión preventiva y los prolongados debates rebaño, con el cual se internó en la montaña; y nadel tribunal. Los campesinos le dirigieron la palabra die supo nunca que había ido á ver pasar la comiticomo si le hubiesen visto la víspera, y sin hablarle va de boda de Gardineta
de su absolución, limitáronse á decir: (¡Hola! ¿Ya
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL
estás de vuelta?» Tampoco él habló nada, y al entrar en su casa supo que Gardineta estaba prometida
á otro y que nadie creía en su inocencia. Sin em•
SECCIÓN CIENTÍFICA
bargo, no era él quien diera muerte á Simón; pero
el verdadero asesino se había arreglado sin duda de
EL AUDITORIUM DE CHICAGO
modo que todas las pruebas recayeran en Juan.
Al presentarse á su padrastro, éste le acogió bien,
Una de las cosas que indudablemente más llamapero le dijo que en vista del mal estado de las cosechas debería buscar trabajo en la ciu- rán la atención en la próxima Exposición de Cbicadad, advirtiéndole además que no de- go será el Auditorium, monumento destinado á mubía contar ya con los bienes que le chos usos, pero que debe ser considerado como
teatro y, en su clase, uno de los más grandes del
destinaba.
Juan no replicó y aceptólo todo mundo. Los arquitectos americanos que le han conssin murmurar. Hubiérase dicho que truido no han perdido de vista la necesidad de consu carácter había cambiado y que una seguir un conjunto que tenga todas las condiciones
especie de fatalismo quebrantaba su exigibles en una explotación de primer orden, es deresistencia y su energía, Careciendo cir, el lujo, la comodidad, la seguridad, la potencia
de suficiente fortuna personal para vi- de los efectos, el número de asientos puestos á la
vir sin hacer nada, pidió trabajo, pero disposición del público y la relativa baratura de la
pasó largo tiempo sin que lo encon- ejecución.
La construcción del Auditorium se comenzó en
trara. No trató de luchar contra el
desprecio, ni tenía fuerzas siquiera 1885, y treinta y cinco meses después de empezada
para justificarse¡ comprendía que se la obra quedaba concluida sin exceder los gastos á
le rechazaba y condenaba y que esta- los desde un principio presupuestos. Aparte del preba perdido para siempre. La imposi- cio de la adquisición del terreno, que ignoramos, no
bilidad de disculparse comunicóle al pasaron aquéllos de 15 millones de pesetas, hafin el aspecto de un criminal; avergon· biendo podido la Compañía del Auditorium organizóse de su desgracia como de un de- zar con esta . suma, relativamente moderada, dos
lito, é hízose salvaje y haragán. Pasa- explotaciones que rara vez van juntas. Su inmenso
ba horas enteras echado al pie de un inmueble es la combinación de un gran hotel y de
árbol, sin hablar á nael.ie, con las ma- un teatro que recíprocamente se penetran.
El Auditorium, que forma un rectángulo de 120
nos debajo de la nuca y el sombrero
por 60 metros, consta de diez pisos, á los cuales se
sobre la cara.
Y era que, perdida para él Gardineta, sube por medio de tre~e ascensores: los tres inferionada le importaban ya las demás cosas res son de piedra de paramento rústico con rebordes
de este mundo; había amado profun- en las junturas verticales y horizontales y pilastras ó
damente á la joven, aunque siempre columnas de mármol en diversos sitios; los cuatro
celoso, con una adoración l;&gt;rutal y siguientes son de arco de medio punto y con cuatro
sincera, y cada vez que la encontraba vanos, y en cada uno de los tramos en ellos practica·
ahora, veíasele temblar como una mu- dos hay otros dos arcos de medio punto que comjer y bajar la vista como un niño. Gar· prenden los pisos octavo y noveno: el piso décimo
dineta, sin embargo, no le tenía mala está formado por una columnata.
Posee, además, el edificio una torre cuadrada,
voluntad, porque no odiaba á nadie, y
aquello le parecía un justo castigo. Ha- casi de la misma altura que el cuerpo principal que,
biendo deseado la muerte de Simón, aunque parece un capricho del arquitecto, está des¿no era tan culpable como si le hubie- tinada á la seguridad y á los órganos mecánicos de
las dos explotaciones, pues contiene á la altura de
se asesinado?
60 metros un gran depósito alimentado por dos bomTodos
pensaban
que
Juan
abando·
!:
naría el país; mas no tuvo valor pa· bas de vapor que arroja cada una más de un hecra ello: el campesino muere donde ha tolitro de agua por minuto. Esta agua, con una pre·/ .J~j
vivido. Alguno se compadeció al fin sión de tres atmósferas por lo menos, hace funcionar
de él y confióle la custodia de sus re- la maquinaria de la escena, toda de hierro, y los treSolo, en medio de aquellas soledades, piensa en la mujer á quien ama
baños, lo cual aceptó con regocijo, ce ascensores que conducen á los pisos, y está disporque esta ocupación le permitía vivir tribulda con tal profusión, que ni los habitantes del
y que ahora despertaba de nuevo su cariño desde el solo, que eran sus deseos, y en su consecuencia, se hotel, ni los espectadores del teatro, ni el numeroso
personal del escenario han de temer un incendio. El
fondo de la tumba. El asesinato cometido la privaba hizo pastor y siguió siéndolo ...
desarrollo
de la tubería general es de 40 kilómetros.
del placer de la venganza que hubiera tomado al
De estos tubos sólo una parte insignificante son para
*
casarse, y así es que su pasión por Juan apenas le
**
el gas, que se utiliza únicamente en algunos alumparecía ya amor en comparación con el que experibrados accesorios y para algunos motores. En lo alto
Todos
los
días
se
le
encuentra
conduciendo
los
mentaba por el difunto. Cuando la decían algo sobre
su novio, contestaba: «¡Infeliz, sus celos le han per- rebaños á las montañas de Ingardín; él es quien de la torre hay una torrecilla en donde se ha insta·
á la hora del crepúsculo, de pie en una roca, azuza á lado el observatorio meteorológico del Signa/ O/fice,
dido!»
Y he aquí por qué de noche, aspirando el puro los perros para que ladren y arroja piedras á los car- cuyos avisos se consideran como los mejores en punambiente de los campos, Gardineta, que no medita- neros que se desvían demasiado. De noche duerme á to á previsión del tiempo.
El alumbrado del Auditortum se compone de
ba nunca, prefiriendo el reposo después de las sanas la claridad de las estrellas, al son errante de las cam10,000
lámparas eléctricas de incandescencia de 16
panillas,
eu
los
prados
donde
se
filtran
las
corrientes
fatigas del día, pensaba con tristeza en su mala suerte. Una fatalidad aniquilaba sus afecciones, hacía cuando llueve. Bástale mirar la Osa Mayor para bujías cada una, alimentadas por 10 dinamos movidesgraciados á los que ella amaba, y jamás ser~a saber qué hora es; tiende lazos á la zorra, cobra pri- dos por 10 máquinas de vapor. La importancia de
feliz. A fin de disipar su tristeza, el padre resolvió mas cuando mata algunos lobos, conoce el grito los servicios eléctricos es tan grande, que la longitud
casarla cuanto antes, y como era muy linda y tenía de todos los animales y percibe los más leves rumo- de hilos ó cables con que cuenta el edificio es de
dinero, no le faltaron partidos. Al cabo de un mes res á través del viento; agrádanle los desfiladeros 400 kilómetros: de ellos, unos sirven para la transobscuros, la humedad del bosque y la claridad de misión á distancia de la energía luminosa ó calorffi.
estaba prometida á otro.
las mesetas desiertas cuando la aurora despunta y ca, otros para señales eléctricas, otros para telégrafos
los mochuelos ya no gritan. Su gran silueta negra se y teléfonos .
.. *
En la construcción del Auditorium han entrado
destaca como una aparición, iluminada por la suave
Los campesinos esperaban la condena de Juan claridad de la luna. Solo, en medio de aquellas soleda- 17 millones de ladrillos y 6.000 toneladas de hierro
sin curiosidad sin la menor impaciencia, con una des, piensa en la mujer á quien ama, perdida ya para y de acero: la superficie de los pavimentos de madeseguridad abs¿luta, y á ninguno se 1~ ocurrió que él, y aun le parece verla junto á sí con otro rebaño. ra es de 1 00.000 metros cuadrados. El edificio tiene
pudieran .absolverle. Todos los_ días mterrogaban á ¡Era tan linda, con sus hoyuelos en las mejillas; tenía 1.500 ventanas y 2.000 puertas.
El hotel, que comparte con el teatro la fachada
las personas que iban á la cmdad, y cuanto más tan negro el cabello, tan diminutos los pies y tan
principal
y ocupa toda la de la avenida de la izquierhermosos
los
hombros
y
el
seno!
...
tiempo transcurría sin recibir n_oticias, fortalecfase
Mientras vaga por las alturas, Juan reconoce el da, tiene 400 habitaciones, algunas con salones, y
más la persuasión de los campesmos. Una tarde, al

jose una reacci6n en aquellos pesados cerebros de
montañeses. Si la justicia no le dejaba en libertad,
sus razones tendría para ello, y tal vez hubiera confesado su crimen. Sin embargo, averigu6se que persistió en su negativa; pero sin manifestar indignación; con una tenacidad serena; actitud que en concepto de todos le condenaba más, pues un inocente
se rebela, grita y protesta.
«¡Pardiez!, exclamaban, él es quien cometió el
crimen. ¿Quién ha de ser sino Juan? Entonces se recordaron hechos y súpose que se había batido con
Simón. A medida que el tiempo pasaba hacíase más
evidente para todo el mundo que Juan había matado
á su rival por celos; y la misma Gardineta acabó por
creerlo, al recordar cuánto la mortificaba por causa
de Simón. Además de esto, no le perdonaba que se
hubiera alegrado de la muerte de aquél, pues en su
concepto, quien se regocijaba de un crimen es muy
capaz de cometerle. En un principio compadeció á
Juan, y después, al observar el desprecio que inspir:iba, desprecióle también, fijándose otra vez su pen•
samiento en aquel á quien había rechazado en vida

t:

..

�NúMERO

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ducir el movimiento del horizonte, del telón ordinario
y del telón de hierro para los casos de incendio, hay
diez y nueve piezas movidas por palancas colocadas
todas á un mismo lado de la escena y á la disposición del jefe de la maquinaria. Estas piezas, que se
manejan por medio de un juego de llave, comunican
el movimiento á los puentes y á los escotillones del
suelo del escenario y á las diversas partes del aparato general.
Las piezas movibles son muy numerosas: citaremos entre ellas cuatro grandes puentes, seis puentes pequeños y
seis escotillones susceptibles de moverse verticalmente en un espacio de diez
metros, cinco debajo y cinco encima de
la escena. Gracias á esto se obtienen
~ curiosos efectos cuando se quiere imitar las suaves ondulaciones de las olas
en los hermosos días de primavera ó
el desencadenamiento de una terrible
tempestad de equinoccio.
Para los efectos fantasmagóricos se
emplea la electricidad por medio de potentes combinaciones cuya descripción
nos llevaría demasiado lejos: sirve también para la maniobra de los órganos
que, en número de siete, toca un solo
artista á pesar de estar situados en distintos puntos del edificio. El organista
tiene además á su cuidado dos juegos
de campanas. A la electricidad se ha
recurrido asimismo para simplificar el
teclad0 y poner en movimiento los tres
fuelles necesarios para el funcionamiento de los cañones de los órganos.
Cualesquiera que sean los esfuerzos
que hagan los organizadores de la Exposición de 1893, el Auditorium constiEl A11ditori1mi de Chicago. - Fig. 1. Vista del edificio en conjunto
tuirá, como hemos dicho, una de las
principales curiosidades de Chicago, y
ce al deseo de dedicar el Audilorium especialmente será un monumento característico de una ciudad
á representaciones populares . Por esto hay además que hace cincuenta años apenas tenía más que un
tres anchas galerías, una con 1.432 asientos, otra con tabernero establecido en un barracón de madera, en
4g7 y otra con 526. De suerte que pueden caber las cercanías del fuerte Dearborn, adonde los solda4.037 personas en la sala. Esta está alumbrada por dos de la guarnición iban á beber whisky y á. frater3' 500 lámparas incandescentes. El escenario, ilumi- nizar con los salvajes.
nado por 1.500, es inmenso: la distancia entre sus
Las personas de gusto refinado que experimenmuros laterales es de 33 metros y su profundidad de . ten una mala impresión en presencia de un edificio
27: su altura total es de 26, de ellos 6 de foso. Cables compacto con una fachada de 120 metros sobre la
de cáñamo solo se emplean para sostener los contra- calle del Congreso y otras dos fachadas más de 60
pesos 'destinados á facilitar la maniobra de levantar metros cada una sobre dos avenidas, puede decirse
que no serán accionistas de la empresa
que lo ha construido.
Hay que tener en cuenta que el Audt'·
toríum se ha levantado en un país en
donde es desconocido el sistema de las
subvenciones y en donde los directores
del teatro quieren, sin verse precisados
á declararse luego en quiebra, hacer oir
en el teatro á la Patti y á,cuantas estrellas brillan en el cielo del arte lírico, para
lo cual necesitan poco menos que cubrir·
las de oro.

t iene, además del restaurant del piso bajo, varios
comedores para los viajeros en el piso décimo, en
donde hay el gran salón de la mesa redonda cuyo
largo es de 60 metros. Hay también una sala de banquetes capaz para 500 cubiertos.
El teatro tiene 40 palcos, con sitio sólo para 200
personas y 1.442 butacas: esta desprnporción obede•

515

en AB, el estilete S será atraído vivamente por el
muelle r -trazando una caída según un radio hasta el
círculo de origen, á partir del cual comenzará á describir una nueva curva. El número de caídas, en un
período dado, indicará desde luego la marcha del

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN

515

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ART1STIOA dirfje.nee para. informes á los Sres A. Lorette, Rue Caume.rtin,
núm. 6 1. París. -Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina. de publicidad de loe Bree. Calvet y O,•, Diputación, 358, Barcelona

.

m~~

El diente está unido á éste por medio de una biela con trinquete en comunicación con el árbol de la
máquina ó con el eje de una rueda de un coche, si
de máquina ó coche se trata, y recibe movimiento
de un balancín oscilante, si el aparato aa de funcionar como podómetro; siendo de advertir que el dromógrafo puede ser empleado en esta última forma,
no sólo á pie, sino también á caballo, en coche, en
ferrocarril, colocándolo en el bolsillo del viajero ó en
el cellar del caballo 6 en la portezuela del vagón.
La solución dada por M. de la Roulle á un problema que á todo el mundo interesa es, pues, tan gene·
ral como elegante y sencilla. Cualquier reloj ó despertador puede de esta suerte ser transformado en
dromógrafo.
Debemos añadir que el ~lromógrafo la Rulle ha
sido ensayado en una locomotora delferrocarril de

CIF RAS DECORATIVAS -PARA ARTES E INDUSTRIAS
POR

♦

J. MA SRIERA Y MA NOVENS

........._
-

L.UT ANTÉPPl!LIQIII -

LA LECHE ANTEFÉL
,,n 1

■mJda

c.. 1111, 1111,a

t~r~o~R~u~aa~T~s~Cr!ga~;rvfa~~~-~

ECA8, LENTEJAS, TEZ A8OLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS

ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJ ECES

2.

Sección vertical del edificio

el telón, que pesa 16.000 kilogramos. Para todos los
demás servicios se utilizan cables flexibles de acero,
cuya longitud total es de 20 kilómetros.
Las piezas principales de la maquinaria son un
puente estrecho de acero de 3.500 kilogramos de peso que cruza el escenario cerca del telón y un marco
de hierro para las decoraciones del fondo que pesa
6.000 kilogramos y está dividido en dos partes susceptibles de moverse separadamente. Sobre este marco hay un gran puente movible sobre las galerías laterales de la cimbra y un horizonte panorámico de
16 metros de altura por 100 de longitud, inmensa
tela que se arrolla á un tambor y en la cual hay ex•
celentes pinturas ·que representan al cielo en las di·
versas estaciones y en todas las condiciones atmosféricas. Añadiendo á esto el peso de todas las piezas
que penden del telar, se llega á un peso de 1 oo ooo
kilogramos, que se maneja con sorprendente facili •
dad, gracias á la fuerza hidráulica que proporciona
el depósito de la torre.
·
Además d e algunos pistones horizontales para pro·

PILDORAS~~DEHAUT

JARABE

rncio, porque, contra lo que .acede coa
~ demupurg8J1Ces, este ao obra bien
1µ10 cuando H toma coa bueaosalimeatos

7/'tliJufortilicsates, cual el vi.oo, el.e•"•
1wada cual escoge, para p.urgane la
ora 7 la CfNIJida que mas le coavieaea
sevua 1u, ocupacfoae,. Como el causo'
c,o que la purga ocuioaa queda compJetamealuaulado porel efectode la
l&gt;ue.ua alimeatacioa empleada, uno
,. decide ticilmeate i vol',er

i •

las minas de Roche-la-Moliere y que ha señalado
con tanta claridad como precisión todas las variaciones de la marcha, los cambios de velocidad, la
duración de los períodos de marcha y de las paradas; en una palabra, todas las circunstancias del
movimiento saltaban á la vista en el diagrama.
Un dromógrafo colocado en el ventilador del pozo
de Bardot, en Saint-Etienne, funciona de una manera completamente satisfactl3ria desde hace muchos meses. El gráfico reproducido en la fig. 2 fué
obtenido en los días 18 y 19 de marzo último:
entonces el diente tenía un pequeño defecto que
luego se ha salvado posteriormente.
La velocidad regular de la máquina, 94 golpes

GRANOOELINOJ ARINF~R~lMJ~~s
ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS. -

La caja: lfr, 30.

GARGANTA
VOZ y BOCA

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i lo. Siin PREDICADORES, ABOOAI&gt;OS,
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EL DROMÓGRAFO DE M. DE LA ROULLE

Fig.

PtnouJ ... CGDtCft lu
DE l"ARIS

Querido enfarmo. -Flt u Vd. • mi lart• uperlene/11
1 hita uao de 1u11tro, U ANOS d1 SALIIO, puN t l/ol
11 ourarb 11, eu conlf,pac/on, /t darb9,petlto 1 1t
lltrolrtrh ti eu,ño 1 11, altt ria. - A11 ririr, Vd. •
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Jl~r m II rotulo • /lf'ffl(S

Este aparato tiene por objeto reproducir gráficamente en un cuadrante de pa·
pel, debidamente graduado, todas las circunstancias del movimiento de una máquina cualquiera, locomotora, coche,
velocípedo, etc.
Un movimiento de relojería pone en
rotación uniforme al cuadrante; un estilete guiado por una corredera inmóvil se
mueve á Jo largo de un radio determ•nado gracias á
un diente accionado directamente por el motor que
se ha de estudiar. Si el motor está en reposo el estilete permanece inmóvil y traza en el cuadrante un
arco de círculo: si el motor anda, el diente gira con
una velocidad proporcional á la del motor, empuja
el estilete y la curva se aleja del círculo tanto más
rápidamente cuanto mayor es la velocidad. De este
modo se obtiene un gráfico en coordinadas polares
cuyas diferentes partes c0mprendidas en los sectores
horarios sucesivos dan á conocer inmediatamente
todas las fases del movimiento, indicando la inclinación de un elemento de la curva la velocidad en
el instante correspondiente.
La fig. 1 representa el aparato. Un reloj dispuesto
de modo que el movimiento arrastre la esfera, lleva
débajo de ésta el diente CDE y el estilete S retenido por una corredera y apoyado en el diente por el
muelle r.
1
Cuando e~ diente 'habrá· andadó de suerte que la
línea AE venga á colocarse debajo de la corredera

ARTÍSTICA

Se ea.to pn,opectot A1alcn 10 1 aoUatc
.irigin ~o,e Aloa Sm. Moataaor y Suah, e&lt;lltor•

MEDALLAS Ex11" Unir'• LDN DRES1862-PA R/S 1889

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v1NOARoffo;;;ou1N1
T COIC TODOS tOI nmamos

tn:rnrnvos SOLUILBS DB 1.4 CAl\NE

e aa.u 1 91111u I aon loe elementos que entran en 1a

por mit)uto, corresponde á una recta inclinada de
23º sobre el radio. El papel trazado para doce
horas podría servir también para veinticuatro y aun

más.
El dromógrafo de _M. de la Roulle es un aparato
interesante y sumamente práctico.
La N.it11re)

Npe.rador de las tuerzas vitales, de este feniaeaa..

P•• :!~re:~10Dnede este potente

lllamente aaTadalile, es 110berano contra la .Anemta y el ,
a.
un lr\!Sto su7 Conoa1'cencuu1 .contra las IJl4rrell,$ y las .Afeccto11e1 del ir,f~~to,1en
J.as Calffllw111
08
1
Cuando se &amp;ma el.e despertar el apetito, aseeurar las dtgest1orfe/
'" utfno,,

:r.recer
por

entonar el orgauismo y precaver la anemia y í'aarepa~emtl.as fUerzu.
calorea, Do ae conoce Dada superior al l'i•• de V•i■a deeÍ.-.1111,u Pl'OYOl t11' tMJJW. tA Paril, ea waul.FEW,Farmaceutici,~ tOI, 1'1111 Rickellea.Sal:elar .. ••"
la sangre,

101

sa V&amp;MD&amp; u

~-=' lROUD

TODAS LU PillftCIP.U.U

EXIJlSE e1

BoTlaAI.

....,m,,

�LA

720

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NóMERO

principios de este siglo: el sitio de Cuantla, donde se cubri6
de gloria el caudillo que dió su nombre al estado de Morelos.
El libro, editado en México, forma un tomo de más de 500
páginas y contiene algunas láminas, entre ellas un plano de
la ciudad y alrededores de la que en 1812 era Cuan tia Amilpas
y hoy es Cuantla Morelos, 1:n donde están señalados los puntos que ocuparon las tropas españolas durante el asedio de la
plaza.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
SALPICÓN, por Mariano de Cavia. - LA VIO,\ CURSI, por
L11is Taóoada. - Estos son los dos últimos volúmenes de la colecci6n que con tanto éxito y aplauso de la gente de buen gus•
to edita en Madrid D. Fernando fe. ¿Qué decir de estas nuevas obras? Sólo con enunciar sus t!tulos y los nombres de sus
autores está hecho su elogio. Pudiendo d:sponer 4e mayor espacio, justo nos parecerla emitir juicio detallado y prcidigar á
sus autores las alabanzas que se merecen; pero dentro de los
limites de esta sección, ¿cómo ensalzar bastante á quien como
Cavia ha sabido encontrar un género, si no en el fondo, en su
prcicedimiento, completamente nuevo, que en un estilo siempre
elegante, siempre culto y siempre castizo nos presenta las cues·
tiones más trascendentales tratadas con un donaire, una gracia
y un caudal de erudici6n verdad que para s! quisieran muchos
que pasan como maestros en la especialidad allende el Pirineo? Y de Taooada, ¿á qué hablar, si á su solo nombre asoma
una sonrisa en los labios de cuantos se han regocijado con sus
\nimitables artículos, sonrisa que se convierte en alegre carcaJada á pocp que se recuerden sus incomparables incongruen·
cias, sus chistes á granel prodigados y hasta los nombres de
sus héroes y hero!oas? La vida cursi descrita por Taboada resulta un ,apo lavoro de gracia y esp!ritu de observación, como
el Salpi&amp;4n servido por Mariano de Cavia sabe á exquisito
manjar, substancioso como pocos y sazonado como ninguno.
Y por si algo pudieran echar
de menos los más exigentes,
llevan ambos libros unas ilustraciones de Angel Pons que
son como suyas y corresponden
con el mérito del texto.
Estas obras se venden en las
principales librerias al precio
de 3'50 pesetas cada una, y
todo el que quiera pasar más
de un buen rato debe adquirirlas, en la seguridad de que valen más de lo que cuestan.

•
••
TRATADO DE QufMICA BIOLÓGICA, po1 Ad. Wttrtz, versi4n espaflola ,on adicione, de D . Viten/e Peut y Cervera. Se ha publicado el cuaderno 6.º de esta important!sima obra
del ilustre profesor de las facultades de Ciencias y de Medici'na de Par!s, que con tanto éxito edita en Valencia D. Pascual
Aguilar.
•

•••
BAJO LA PARRA, por D. Salvador Rtteda. -El tomo 53 de
la Biblioteca selecta que con tanta y tao justa aceptación publica en V?.lencia D. Pascual Aguilar contiene una colección de
narraciones hermosas, como todo lo que sale de la pluma del
brillante colorista D. Salvador Rueda, este castizo escritor,
que siente y escribe con todo el fuego de un alma meridional,
dando vida coa su potente faotasla á los encantadores cuadro¡¡
de costumbres andaluzas, bien
emplee para ello la más amena prosa, bien se valga de
sentida y deliciosa poesla.
Véndese en las principales
librerias, y en Barcelona en la
de D. Arturo Simón, Rambla
de Canaletas, 5, al precio de
2 reales.

•••
TRATADO DE QUÍMICA BIO·
LÓGICA, por Ad. W11rtz, versi4n espa,10/a co,i adicioms de
D. Vicente Peset y Cervera. Se ha publicado el cuaderno
7.• de esta obra que con ex•
traordinario éxito publica en
Valencia D Pascual Aguilar y
de cuya impor1ancia nada hemos de decir porque es universalmente conocida.
Suscrlbese al precio de una
peseta e 1 cuaderno en casa
del editor, calle de Caballeros, número 1, Valencia, y en
las principales librerfas, y en
Barcelona en la de D. Arturo
Simón, Rambla de Canaletas, 5.

•
••
ENTl!.E EL DEBER Y LA PA·
TRIA, NOVELA HISTÓRICA
MEXICANA, por 1). Demelrio
.!ffejla. - En agradable é interesante narración y enlazándolo con el episodio de unos
desgraciados amores, describe
el autor uno de los periodos de
la lucha que la hoy Confederación mexicana sostuvo contra la dominación española á

Figs.

2

515

Fig. l. El Japonés Morimoto, famoso por sus extraordinarias muecas.
y 3. El dios de la Riqueza, alegre y descontento. - Fig. 4. El dios Danima.
(De fotografías obtenidas en Kioto, Japón. )

CARNE, HIERRO y QUINA

ENFERMEDADES

El Alimento mas Conúicute unido a los T6n.ico11 mu reparadores.

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
BISMUTBO 1 MAGNESIA
CGI

Rer.omendados contra lu Afecciones del Est6•

mago, Falta de Apetito , Digestiones laborlOIIU, Aoedias, Vómitos, Eructos. y Cólicos;
regularizan las Funciones del Estómago y
de loa ~tlnc1.
Exltlr en el rotulo• ffrma de J. FAYARD.
.l.dh. DETHAN, Farmaoeutloo en PAIU8

VINO FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOS LOS PllINCIPIOS NtlTll.ITIVOS I&gt;B U CARNE
C,Aain:, mF.aao y_ 911111• 1 Diez años de extto continuado y las a1lrmaetonea de
todas las eminencia.a médicas preuban que esta asociacion de la Carne, el Hlern y la
Quiaa couaUtuye el rePar&amp;l!or mas en.:rKico que se c.imoce para curar : la Clordsü, la
lnemta, las Jlenst~ 6olorosal, el Jlmpollrectmtnito y la ..1.lteracwn de la Sangre,
el .RaQultUma, 1..a ..l.feccJ(Jfltl e.cro(Wola, Y ucor&amp;utleal, etc. El I In• Ferrua;laeN de
&amp;reud es en erecto, el único que reune t,odo lo que entona y !ortalece los organos,
regulariza' coordena y aumenta conslderablemcnl.e las tuerzas 6 1n!unde a la aan¡re
empobrecida y descolorida : el Y,Uor, la Cowracwn:, la Bner11w. f/ftal•
Por mvor1 e11 Paril, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu. Suusor de AROUI).

=·AROUD

SS VBNDB IN TOD.t.S U.S PIUNCIP.U.SS DOTIQ.&amp;.S

EXIJASE e1i:

0

itt.tDADES••1E1ro.h
\ ...,~
- u - .,,410

Pepsina Boudault

Apruda per la ACIDEIU DI IEDICIU
PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EM 1156

1

,., JARABE ANTIFLOGÍSTICO~; BRIANT ~
F a t•maola, VA.LLB DE .BIYOLJ. J60, PABJ/J1 11 ell toau11 la11.11armaofci•
El JARABE DE BRLANTrecomendat10 des&lt;le su ;,rlnclplo, por 10s profesores

Laennec, Thénard, Ouersant, etc.¡ lla recibido la cc&gt;nsal!'r11clou &lt;lel tiempo: en el
año 18:!9 obtuvo el privilegio &lt;le Invención. VERDADERO CONFITE PECTOR ALLcon base
de goma y t)e ababoles, conviene sobre tollo a 11u Plll'Sonas dellc11das, como
muJeres y nliio~. su gusto excelente no perjudica en modo alguno Asu etlcacla
L_ con1ra los RESFRI IDOS y todas las l!IFLUIACIONES del PECDO Y ele lo~ nmsmos . ..,,j

1-artlclpando de las propiedades del Iodo

r del Hierro, estas PU&lt;loras se emplean

SOCIEDAD

especialmente contra las Escrofulas, la
rieh y la Debilidad de temperamento,
is! como en todos los casos( Pálidos colorea,
amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
)brar sobre la sangre, ya sea para devolverla
m riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar o reguldrizar su curso perlól!lco.

PREMIO

~ R u e Bonaparte, 40

11.,allM •• laa Bxpo1lolon01 lnternaolonal•• ••

PWS - LTGI - nm - PIIIJDELPIU - P!RIS
llfJ

lffl

lll1

1171

llll

U ........_ Otll IL ■4TOR tSJt'O D LM

DISPIPSIAI
OUTRIT18 - OAITRALOIAI
DIOHTION LIIITA8 Y PENOSAS
PALTA DI APETITO
u. 1t1111,. . .
8.UO U l'ORIU DI

T 9Taol D1aoa.anw1 01

ELIXIR. · de PEPSIN! BOUDAULT
VINO · · de PEPSIII&amp; BOUDAULT
POLVOS, •e PEPSIN1 IOUDAULT
PWS, Pwmacit COLLAS, 1, nt laa,U.
,

de Fomento
§1dal/o
dt ito.
d• 2000 ,..

. ~/'A.1?25

c:on :t.A.0':"0'0.AlUVK (Jugo lechoso de Lechuga)

.Ap, c,bados por la Academia de Medicina de Paris é insertados en la &lt;,o1ecc1611
O.ficial de Fórmulas Legales por decreto minlsrerial de 1 O de Marzo de 1854.
,
« Una completa lnnoculdad, una encacla perfectamente comprobada en el catarro
eptatmíco, las Bronqums. catarros, Reumas, Tos, asma e trrltucion &lt;le la gargauta han ,
grangeado al JARA13E y PASTA lle AUBERGIER una Inmensa rama. »
'
(E:i:tracto del Formulario MUico del S" Bouchardal cat,arttlico ú la Facultad ú Medicina (!G- ,dict6n).

,

Venta por mayo~: COMAR Y e•, 28, Calle de St-Claude, PARIS
DEPOSITO EN LAS PIUNCIPALES BOTICAS

ffl , . , ' """'""''" ,,.,_....,_

rarmar.tuuco, en Paru,

El loduro de hierro Impuro 6 alterado
, B, es un medicamento Infiel é Irritan te.
N
Jamo prueba de pnreza y de autenllcldad de

las verdaderas PUdoras de niancarcl,
axlgtr nuestro serlo de plata reactiva,
nu1Jstra firma puesta al pié de una etiqueta
•erde y el Sello de garanlla de la Unión de
los Fatlrlcantea para la reprcsl0n de la falsificación.
SE HALLAN KN TODAS LAS PARMACIAS

PATE EPILATOIRE DUSSER
~

~Mita Ju IIAICl!:9 el VELLO •e1 Nin .. lu uau CkM. llrote. ett.), ea
..,.. Jelirro 11111 el calla. se Aio■ de hto,JlllllarN dt 1a11■c111rarulbu 11 etum
.ca ~ I S . _.. a Mj■e, ,a,.. la !lvM, J o 1/2 taJu ,.,. el lllpt, llrn). t'an

w III brult, • . . - 11 .l"JI.J t'OM&amp; DV■■ma, l, ruJ...J,•lleUN&amp;u. Parta.

Quedan reservados l01 derechos de propiedad artística y literaria
1,1(1. OJ MONT411JJ Y

Sn1611

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          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
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          <name>Rights Holder</name>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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          <name>Access Rights</name>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Antonio Albalat</name>
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      <name>Bellas Artes</name>
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      <name>El dromógrafo de M. de la Roulle</name>
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