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11tí~t1e21.
A~o X

BARCELONA 16 DE NOVIEMBRE DE 1891

LOS JUGADORES, cuadro de Fortuny

NÚM. 516

�LA

722

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 516

haz que el sacristán, ó algún devoto á diario, te diga
dónde se encuentra la Virgen de la Leche.
La luz que penetra en el templo, aun cuando no
Texto. -El dios «Exito,&gt; por José Echegaray. -La Virgen
mucha,
es suficiente para que se pueda admirar
de la Leche. Tradición artística, por A. Danvila Jaldero.SECCIÓN AMERICANA: El rey Midas, por N. Hawthorne,
aquella prodigiosa creación. Las figuras son de metraducido por M. Juderías Bénder. -Nuestro.&lt; grabados. dio cuerpo. María da el pecho á su Divino Hijó, San
Abnegación por amor, por A. Hunt, con ilustraciones de H.
Juan y San Jerónimo presencian la íntima y cariñosa
Margetson, traducido por E. L. Verneuil.-SECCIÓN CIEN·
escena. Inspirada composición, correcto dibujo y
TÍFICA: Ftsica sin aparatos. Experimentos de f11erza centrifuga. N11evo aparato para volar de Gustavo Troiwé.
limpio, vigoroso colorido avaloran y enriquecen
aquella inapreciable joya de la escuela valenciana.
Grabados. - Los j11gadores, cuadro de Fortuny. -Enme·
No cabe más púdica belleza ni mayor ternura en el
110, escultura de Mad. E lisa Bloch (Exposición genera\ de
semblante de la Virgen, más gracia angélica en JeBellas Artes de Barcelona, 1891). -Arquilla de oro y plata
cincelada, construida por los Sres, Masriera Hermanos, de
sµs ni más respetuosa complacencia en los santos
Barcelona. -La Porci1fomla, pintura de Ferrant y Dominespectadores. Bien ha dicho· un escritor regional
guez. en la capilla mayor de San Francisco el Grande de
hablando de esta admirable obra: que «Rafael y LeoMadrid. - La Porci,lnwla, otra pintura de Dominguez., en
nardo de Vinci, uniendo en un solo cuadro sus cuadicho templo de Madrid. La familia real de Espaila, bajo
relieve en mármol, de Mariano Benlliure. - Las hilanderas,
lidades predominantes, no hubieran hecho cosa mecuadro de D. Maximino Peña (Exposición bienal del Círcu·
jor;» bien ha dicho, y sin embargo, ¿qué hay en este
lo de Bellas Afies de Madrid). -La feria , cuadro de don
cuadro ajeno, al parecer, del pincel del gran maesJoaquln Agrassot. - Pasatiempos de Oriente, cuadro de Ch.
tro, del espiritualista pintor de las Concepciones y de
Daux, grabado por Baude (Salón de Par!s de 1891), - Figura I. Experimento de fuerza centrifuga ejecutado con un
los Salvadores, del piadoso y místico J ohán de Joplat() y un aro de servilleta.-Fig, 2. Cadena que forma un'
hanes? ¿Por qué al contemplar aquella dulcísima cacírculo horizontal al extremo de un bramante. - Nuevo apa·
beza que se inclina buscando la mirada de su hijo,
rato para volar de Gustavo Trouvé - La gigánta Rosita (de
nuestro espíritu no se sublima en éxtasis religioso en
fotografía), joven vienesa que actualmente se exhibe en
vez de conmoverse suavemente al reflejo de la belleBerilo.
·
Exito.
¿De qué color es? De ninguno: no tiene color: ni za y de la ternura de.María?
No.es difícil comNenderlo.
siquiera conoce el sonrosado de la vergüenza, porque
La Virgen de la LechtJ es el tipo completo, acabaEL DIOS ÉXITO
no la tiene.
¿Cuál es su forma? ¡Forma! ¿Para qué la necesita? do de la pureza, de la gracia y del amor, tal como
¿Hay algún dios en el Olimpo pagano que sella- Esto de que las cosas han de tener forma son anti- puede encontrarse en la tierra, pero no ofrece el
guallas aristotélicas. Es decir, ¿que cuanto existe ha ideal místico que Johanes ha sabido imprimir á
me el dios E xito7
todas sus obras. Esta rafaelea, y perdone la Acade·
Yo creo que no, y fué soberana injusticia no reco- de existir con materia y forma?
¡Tiranía insoportable! En último resultado la for- mia el verbo, pero le falta el sello sobrenatural que
nocer su existencia y darle el puesto que en buena
ley le corresponde. Mancha y olvido que pesarán ma no sirve sino para ofrecer un vocablo más á los caracteriza la personalidad del pintor valenciano. La
puristas y para que todos los que alardean de ma- Virgen de la Leche es una mujer pura, inmaculada,
eternamente sobre toda aquella civilización.
Luego, los clásicos nos ponen en las nubes el espí- nejar bien el castellano nos estén á cada paso infor- pero mujer; su hermosura es la hermosura hu·
mana.
ritu artístico, filosófico, simbólico, poético, humano y m(lndo.
Si esto es exacto, y vaya si lo es, ¿qué significa
No,
el
dios
E
xito
no
tiene
forma:
tenerla
le
rebadivino de la raza helénica, y nos abruman con la suesta visible inconsecuencia del gran artista? ¿Será
perioridad de aquellas edades en que sobre el fondo jaría.
Es incoloro y es informe; y careciendo de forma tal vez que el honrado, el piadoso J ohán de Johanes,
azul del cielo se destacan el triángulo del frontón, la
carece
de cuerpo; y si no tiene cuerpo, claro es que siguiendo el indecoroso ejemplo de Urbino, de
estatua de mármol y el poeta ocupado en empalmar
Andrea del Sarta y de tantos otros, ha querido impono
tiene
ni pies ni cabeza.
·
hexámetros.
Tener cabeza es una ruindad de la raza humana, ner á la pública adoración el objeto de un criminal
Sí: la imaginación de aquellos pobladores de la
que
no pudiendo conseguir perfecciones mayores se ó misterioso afecto? ¿Se compagina esta aventurada
península helénica é islas adyacentes no fué mala, y
aun en ocasiones demostró ser bastante buena. No procura una última vértebra, como cualquier otro ver- suposición con la virginal inocencia de la Virgen?
lo niego: Homero, Hesiodo, Píndaro, Esquilo, Sófo- tebrado; y es además un gran peligro, porque el que ¿Ha existido el original de aquella pudorosa perfeccles, Eurfpides, Pitágoras, Platón y Aristóteles no tiene cabeza puede perderla, y el que no la tiene está ción? Nadie lo sabe, nadie comprende el caso; pero
hacen mal papel cada uno en su clase. Y de sus ar- siempre firme. Y es que el hombre para hacer las co• existe entre pintores y aficionados una sencilla traquitectos, pintores, escultores y músicos puede de- sas siquiera medianamente necesita discurrir mucho, dición que pretende explicar el hecho. Alguna vez,
y en cambio el dios de nuestra adoración no descien- al nombrar á J ohanes, la hemos oído referir como
cirse que hicieron cosas muy aceptables.
Pero con todo esto, no inventaron lo que nosotros, de á esas mezquindades del pensamiento y no discu- uno de tantos chismes con que en los estudios se
aligeran las horas de.trabajo, y vamos á transcribirla,
los de la decadencia, los incorrectos, los de mal gus- rre jamás.
si bien pulida y aderezada, como es de razón en seLe
basta
decir
yo
soy
quien
soy:
yo
soy
el
Exz'lo,
y
to, los ramplones, hemos inventado: el dios E xito,
·
Y si no, veamos: que busquen por todos los rinco- ya está todo el mundo vencido, humillado, la faz mejantes casos.
nes, escondrijos y empolvadas buhardillas del Olim- contra el suelo y los cuatro remos en competencia
po, á ver si encuentran entre las viejas y mutiladas con los de cualquier cuadrúpedo. ¿Quién contó nunestatuas de sus dioses, siquiera una extremidad, una ca con más cortesanos que este supremo árbitro de
Érase una mañana de mayo de 1570, antevíspera
desconchada cadera, un pedazo de cráneo al menos toda realidad?
de
la fiesta de Nuestra Señora de los Desamparados,
¡Y
luego,
qué
imparcialidad
la
suya!
Nunca
se
ocudel dios Exito.
pa de lo que ha de ser: ni se inclina á nadie ni tiene y Valencia se preparaba á celebrar con bullicioso re·
No lo encontrarán: este dios nos pertenece.
Es decir, existir, existió siempre; pero los griegos favoritos: toma las cosas como resultan ¿Triunfó us- gocijo la próxima solemnidad de su santa patrona.
y los latinos fueron tan cándidos, tan inocentones, ted? Pues no me meto en más averiguaciones: soy el Todo era, pues, alborozo en la ciudad, excepto en
tan ciegos, tan pobres gentes que no dieron con él. dios E xito y es usted uno de los míos. ¿Le aplasta- una antigua casa de la calle Baja del Alfondech, donCon El hemos dado nosotros: la raza prosaica y ma- ron á usted? Pues paciencia: tengo que separarme de de vivía maese J ohán de J abanes.
En el anchuroso estudio del pintor reinaban exterialista, la escarnecida y malamente escarnecida por su lado: la sombra me hace daño, y usted tiene mala
traña soledad é inusitado silencio. Espesos y anchos
·
cualquier pobre diablo que sepa &lt;ll alfabeto griego y sombra.
En todo caso le mandaré á usted para que le con- cortinajes impedían que la luz y la brisa del mar, im•
pueda traducir la primera égloga de Virgilio con trasuelen
dos hermanitas gemelas muy simpáticas aun- pregnada con el aroma de los claveles y los jazmines
ducción interlineal en francés.
Los griegos inventaron un dios para el cielo azul, que muy desacreditadas: la resignación y la espe- del cercano huerto, penetrasen por las anchas ventanas ojivales y mantenían el aposento en una semiobsla nube tempestuosa y el anguloso rayo. ¡Vaya una ranza.
curidad
que convidaba á la meditación ó al sueño.
Hemos
dicho
que
en
los
tiempos
gentílicos
el
dios
gracia! Eso cualquiera lo inventa.
Inventaron otro con su ridículo tridente á manera Exito no tuvo templos, al menos templos visibles; en Lejos de éste y entregado profundamente á aquélla
de épico tenedor para el mar anchuroso y salobre y cambio hoy los tiene en todas partes, con su culto, se hallaba el gran maestro, tendido m~s que sentado
para sus olas risueñas ó tempestuosas; invento que su dogma, sus símbolos profundamente filosóficos, su en su ancho sitial de cuero. Con la frente pálida y la
hoy no obtendría privilegio en ninguna nación, ni minuciosa liturgia, sus altares, lámparas é incensarios. cabeza caída sobre el pecho, hubiera parecido indife·
Pero materia es esta muy extensa y muy honda: ha- rente á todo si de tanto en tanto al rumor de pasos
siquiera en la Gran Bretaña.
en la calle ó del mover de algún mueble en el vecino
Forjaron en los talleres de su fantasía otro dios gamos punto.
aposento no abriera los ojos, murmurando incom•
más para los vientos de todos los cuadrantes, enceprensibles palabras. Por fin alguien penetró en el zaJosÉ ECHEGARAY
rrándolos en pellejos, ni mas ni menos que hoy se
guán, subió la escalera y cruzó la antesala. No esperó
encierra el aceite ó el vino peleón; invención que por
Johanes que se presentara el desconocido, y abriendo
más que me esiuerzo por encontrarla grandiosa, pulla
puerta del estudio le preguntó con impaciencia:
LA
VIRGEN
DE
LA
LECHE
cra, clásica y respetable, me parece soberanamente
- ¿Le has visto?
ramplona y mezquina cuando no ridícula.
Era el recién llegado un hombre, como se suele
TRADICIÓN ARTÍSTICA
No hubo fuente, río, riachuelo, bosque, gruta, árdecir, en la madurez de la edad, alto, lleno y de rebol, flor ó pedrusco al cual no ai)licasen un dios de
Carísimo lec~or: Si eres artista, ó simple amateur posada fisonomía. Algunas indiscretas canas plateamayor ó menor cuantía, ó un ser más ó menos divino, gracias á estar próxima ó remotamente emparen- en busca.de gratas emociones, y tu amiga estrella te ban entre sus obscuros cabellos. Vestía ·modestamenconduce á gozar el límpido cielo y el aromoso am- te y con holgura, pero sin que aquellas condiciones
tado con las deidades superiores.
Náyades, sátiros y ninfas andaban por bosques, biente de Valencia, no te empereces oyendo el blan- de su jubón y de su ferreruelo ocultasen las buenas
selvas, márgenes de ríos y recodos,de arroyuelos dan- co arrullo del Guadalaviar á la sombra de sus flori- proporciones de sus vigorosos miembros: Llamábase
do tales escándalos, que ninguna doncella honesta ni dos naranjales, penetra en la morisca ciudad y dirí- Nicolás Borrás; era el mejor, ~l más querido discípupersona alguna de respeto·podía dar un paseo por las gete como puedas á la iglesia de San Andrés. Ya en lo de J abanes, y aun se murmuraba que, á pesar de
verdes enramadas 6 los alegres sotos sin grave daño ella no trates de investigar si bajo aquellas profana- sus cuarenta y cinco años, no tardaría en llamarse
ciones artísticas del siglo x v11 existe aún algún ves- hijo suyo.
de su honestidad ó de su decoro.
- Le he visto, contestó Borrás sin apresuramiento,
Muchas diosas, muchos dioses, mucha corte celes- tigio de la antigua mezquita que, por orden del rey
y
con
hartas dificultades por vida mía.
conquistador,
bendijo
el
arzobispo
de
Narbona,
y
tial y ni el más modesto rinconcillo para el dios más
SUMARIO

poderoso, el sublime, inmenso, potente entre los potentes, y sobre todos, Júpiter inclusive, vencedor y
dueño absoluto: el dios Exito.
¡Ni un altar, ni un templo, ni una piedra votiva!
¡Ni un himno, ni una estrofa, ni tres notas siquiera
en una flauta de caña! ¡Como si no existiese!
Y eso que hasta el mismo Destino le acataba en
secreto y solía someter á él previamente sus fallos
inapelables.
Ha sido preciso que se apolillase el paganismo;
que el cristianismo triunfara; que los bárbaroS'hicieran de las suyas desde el mar Báltico al Meditarráneo;
que los árabes vinieran y que se fuesen los árabes
con sus alquiceles y su música á otra parte; que la
Europa en masa se dedicara todos los siglos de la
Edad media á machacarse los huesos de día y á rezar
de noche; que el renacimiento en honor de tan alegre renacer bebiese en todas las copas, acariciase
todas las carnes y todos los desnudos; que la reforma
y la filosofía y la ciencia y la revolución se desataran
por el mundo; ha sido necesario todo esto para que
de entre los nubarrones del nuevo caos y de entre
los resplandores de la .nueva civilización brotase majestuoso el nuevo dios del siglo diez y nueve, el dios

NúMERO 516

LA

- ¿Y qué?, volvió á preguntar con alguna viveza el artista.
- Cáh_nes~ vuesa mercé, que en Dios
y .e~ m1 á?ima no semeja resignación
cnst1ana la impaciencia con que me interroga. Su Ilustrísima, consérvele Dios
muchos años, me. oyó bondadosamente, y
con aquella plácida serenidad que le es
tan propia me dijo: «Tu maestro me ofrec~ó dar por acabada la imagen para la
vispera de Nuestra Señora de los Desamparados y yo no entiendo ni quiero librarle d~l com~romiso, pues de harto tiempo
ha dispuesto para cumplirle. Mañana, tal
como se halle la pintura será entregada á
las buenas madres Claras de Jerusalén á
fe. de este indigno arzobispo J ohán de
Ribera,» y dándome á besar su anillo
p~storal ~e indicó leyantándose que hab1a termmado su audiencia.
- ¡Virgen Santísima!, exclamó Jobanes
con abatimiento.
- ¡Ba~, bah!, le dijo Nicolás, no hay
que abatirse; tome su mercé los pinceles,
y puesto que sólo falta la cabeza de la
Virgen, ánimo, y cumpla lo ofrecido.
. J ohanes bu~có en el pecho, bajo el
Jubón, su rosario de ámbar, que siempre
le acompañaba, y besando afectuosamente la cruz contestó á Nicolás con acento
tembloroso:
· - ¡Imposible! Desde que en menguada
hora y ... ¡descuido y arrogancia imperdonables! sin prepararme espiritualmente
según mi. costumbre, empecé esa desdi-'
chada tabla, que no acierto á fijar el divino rostro de María. Esperando vencer lo
que yo llamaba mi torpeza, lo he pintado
todo, excepto ese semblante, pero inútilmente. Cuando quiero intentarlo mis ojos
se obscurecen, los colores se confunden
en mi paleta y mis vacilantes manos apenas pueden sostener los pinceles. Estoy
perdido, ya no siento la intuición de la
mística idealidad. ¡Miserable de mí!
En este momento, sin la profunda
emoción que embargaba á J ohanes y á
su discípulo, hubieran éstos podido advertir las sua·
ves ondulaciones que estremecían los paños de la
antepuerta de la cámara vecina, denunciando tras
ellos la presencia de alguien á quien sin duda i!lteresaba conocer las circunstancias de aquella escena.
- Perdonad, maestro, se atrevió á decir Nicolás
después de algunos instantes de silencio, pero esa
pasajera perturbación del espíritu...
-Calla, le interrumpió Johanes, lo que tú llamas
perturbación es un castigo del cielo, quizás muy merecido. ¿Sabes tú, prosiguió con profunda y exaltada
humildad, si el constante elogio de mis obras no me
ha infundido la inconsciente soberbia de creer que

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

, .ENsutÑ0, @scullllrd ele Macl. !Wsa 13loéh
( Expos1c1ón general de Bellas Artes de Bat6elolla., 1891.)
de mí solo se dignaba la divinidad dejarse penetrar
y reproducir? ¿Puedo yo jurar que nunca ha relampagueado en mí la impía idea de que Dios se complacía en la perfección de mis obras? !te pecado. ¡Madre mía, misericordia!
. Y J ohanes cruzando las manos alzó los ojos á una
imagen .de Nuestra Señora de los Desamparados
suspendida entre los dos ventanales. Nicolás, para
sustraerse algún tanto á la preocupación que contra
su voluntad empezaba á dominarle también descorrió ~no de los cortinajes dejando penetr~r la luz
qu~ mundó á raudales el estudio. A su claridad pareció destacarse del fondo del aposento la composi-

ción luminosa de la Virgen de la Leche.
La obra se hallaba casi concluida, excep·
to el rostro de María, en vez del cual aparecía un óvalo rojizo. Nicolás contempló
algunos momentos el inspirado y primo·
roso trabajo del maestro. Sus ojos corrieron de los risueños semblantes de San
Juan y San Jerónimo al angelical del Niño-Dios y murmuró:
- ¡Divino, divino! ¡Dios de bondad!
¿Y no ha de terminarse este prodigio?
Y luego dirigiéndose á J abanes 1e
dijo:
- Es preciso terminar esa obra.
-Termínela quien guste, respondió
J ohanes con sombría resolución, yo renuncio á ello. Es mi castigo y lo acepto.
Me es además imposible.
- Pero, insistió Borrás, tenéis hijos ...
discípulos ... algunas veces os han ayuda·
do en vuestras obras ...
- Ayudado sí, pero nunca les he cedido el corazón de mis cuadros. Por otra
parte Juan, Vicente y Margarita se hallan
bien lejos con mi buena Jerónima, y
Dorotea. sólo sueña con sus sayas y sus
lechugmllas. Allí está, añadió J ohanes
moviendo tristemente la cabeza y seña·
landa la antepuerta que en aquel momento parecía inmóvil; allí está, tendida por
la fiebre en su lec~o, y sin e~bargo, estoy seguro que mnguna idea razonable
cruza por aquella fantástica cabeza. ¡Si
ella quisiera!. .. Tú no la conoces.
- ¿No la conozco?, replicó Nicolás
con marcada expresión de ironía. ¡Que
no conozco esa cabecita de pájaro en
cuerpo de mujer? ¡Desdichado el hombre
que la lleve al altar si no le es en todo
superior!
La ~ntepuerta onduló como si se estremeciera nerviosamente. Nicolás sin adver·
tirio continuó diciendo:
- Pero si vuestros hijos no os pueden
salvar, tenéis discípulos ...
- ¡Discípulos!, exclamó Johanes con
desaliento. Tú, que eres el primero1 el
más antiguo y,el mejor, ¿te atreverías á concluir esa
tabla?
Ni~olás vacilaba en responder, suspenso entre la
magnitud de la empresa y el deseo de medir su valer.
- Nicolás, hijo mio, prosiguió el maestro acentuando esta última frase, si lo consigues sin desdoro mío
¡perdona mi simpleza, Dios de bondad!; si lo consi'.
gues, pídeme cuanto desees, que· tuyo será por la
eterna salud de mi alma,
- Maestro, respondió Nicolás aturdido por la alegría y halagado en su amor propio, la recompensa
que su mercé me ofrece es capaz de hacerme subir
al séptimo cielo. Voy á intentarlo.

ARQUJLLA DE ORO V PLATA CINCELADA, construida por los Sres. Masriera Hermanos, de Barcelona

�..
NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

516

preocupaciones de los
hombres? ¡ Pero basta,
voy á ser libre!
- ¿Tú, Dorotea?, se
atrevió á decir Nicolás
como compadeciendo su
extravío.
- Sí, yo, que con el
El buen Nicolás, á
lento pero inquebrantaquien un poco de va~e:s~
ble afán del avaro he
nidad y algunas lisonje·
recogido
átomo por áto·
1
ras esperanzas habían
ctr•D
mo el oro del arte que
arrastrado á aquel tre·
~~=~~
mi padre, creyéndome
mendo compromiso,
incapaz de estimarle,
apenas se halló solo
derramaba á manos lleante la obra inr.ompletll
nas sobre mis afortunadel maestro de la escuedos hermanos y sobre
la valenciana y contemvosotros sus dicípulos.
piando de nuevo sus be-,.•r~- "'-.....,..~':-"'
Yo, que sintiéndome ya
llezas una por una, sin·
. ,__,_.,.,..•...,
rica y fuerte te digo á ti,
tió desvanecerse toda su
Nicolás, á ti, el primero
audacia. Frío sudor
entre los primeros:
inundó su rostro y temió
¡Atrás, paso, voy á terque el vértigo invadiera
minar la obra de mi
su cerebro. Con desmapadre!
yada mano empuñó los
- ¡Tú, Dorotea!, repinceles y embrazó la
pitió Nicolás con reconpaleta acercándose á la
r.,...,,.,,.,""-"'';;.- ~·~~~
centrado enojo.
tabla; pero apenas hubo
- ¡Sí, yo, Dorotea!,
fijado el tiento, el óvalo
-·., _ _
,..,..._.,,,~
afirmó la joven con imrojo que aún sustituía
_,., ~.,.:.,,..,..
periosa altivez; yo, á
al futuro rostro de Maquien tú has desprería pareció agrandarse,
ciado sin piedad ante
agrandarse, agitándose
su padre; yo, que duen oleadas de sangre,
rante largos años, sábe·
y el pobre artista, espan'..&amp;~~.il:t'tllllfl
lo ya, he pagado tus
tado y desvanecido, relecciones y tus consejos
11
trocedió hasta caer en
·.....asL",~
con la esperanza de un
el sitial que había ocuimposible amor; yo, que
pado su maestro.
amo sólo y para siemPoco á poco fué calpre al hijo de Dios, al
mándose aquella infunarte.
dada agitación. Brotó
Nicolás palideció, dos
de nuevo la risueña eslágrimas de despecho
p~ranza que antes le
temblaron en el borde
había alentado, y d:L"l.::9·•• -~111,..:
de sus párpados. DorÓciéndose en voz baja:
tea, apoderándose de los
«¡Valor, Nicolás, ahí te
~ .._,,..,,.._.
pinceles y la paleta, se
espera la fama y la diacercó con resolución á
cha!,» se lanzó pincel en
la tabla.
mano á la tabla con el
- ¡Infeliz!, la gritó el
empuje ciego con que
pintor con verdadera
se hubiera arrojado al
indignación. ¡Detente!
asalto de una fortalez:t.
- No; siento en mí el
Levantó el pincel.. .·
genio de Johán de JoUna mano ligera y
hanes y basta con su
nerviosa le detuvo por
genio para pintar la beel brazo, mientras una
lleza humana, el amor
voz de mujer, entre desde la madre, la primera,
&lt;leñosa é irritada, le
la más grande de las bedecía:·:
llezas de nuestra alma.
- Espera. ¿Estás
Dorotea se envolvió
loco?
púdicamente en el rico
Y Dorotea, la hija
y amplio tejido que la
mayor de J ohán de Jo·
cubría, se colocó frente
hanes, apenas arrebuja~--il!!!!!!~jili,,
á la imagen, y después
da en las ricas cobertu•
...,~l'I.,~
de implqrar con una miras de su lecho, descolorada· el auxilio de Nuesrida, pero singularmen·
tra Señora de los Des·
te hermosa, encendidos
amparados, comenzó
los labios, resplande•._e, ....: _ _
con fácil y delicado pincientes los ojos, revuelcel á llenar el rojizo
tas las doradas trenzas y
óvalo que había aterralevantadas al cielo sus
do á Nicolás. Un intenblancas manos parecía
so carmín, el carmín de
imprecar el castigo del
la fiebre, había sustituítemerario. Nicolás, condo la palidez mate de
fuso, temeroso, retrocelas mejillas de la joven,
día lentamente mientras
,.....,&lt;.1,•.,.y á medida que su tola joven proseguía con
...,.,ií'.1111'"'"'
que seguro y correcto
la exaltación de la caiba engendrando la delentura:
liciosa cabeza de la Vir- ¿Qué te va en nues- ,
gen de la Leche, su rostro honor, en el honor
tro se iluminaba con
de los Johanes? Si mis
una claridad misteriosa
hermanos están lejos,
y sobrehumana. Nicolás
¿qué importa? Aquí esseguía con espantados
toy yo con mi cabeza de
ojos aquella incomprenpájaro y mi aliento de
sible creación que poco
gigante. ¿Te sonríes?
á poco iba surgiendo
¡Pobre Nicolás! ¿Es que
LA PORCIÚNCULA, pintura de F'errant y i&gt;omíoguez, en Ía capiíia mayór Je San Franclsco el Grande de Madrid.
como milagrosamente á
aún no has comprendido
través de la tabla y se
que la rapidez de mis
sentía anonadado.
impresiones, \a loca actividad de mi fan+asía, la in-\ fuego que mi padre me dió al darme la vida? ¿No
¿Cuánto tiempo transcurrió así? ¿Quién lo sabe? •
quietud que me devora, la aspiración incomprensible adivinas que la ~ehre que me consume e~ la fiebre
Por fin Dorotea dió un tfüimo golpe, se levantó, y
que me enloquece, no son más que los signos del de un alma á quien encadenan la vulgaridad y las abrazando con una mirada su trabajo, exclamó:

- Sea. Que Dios te
ayude. Iré á pedírselo
en mi oratorio.
Y Johanes salió len·
tamente del estudio.

1••~iili

ljra.11'1'••••

3

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l!::==~=============-============¿=====i::::::::====~=::dJ

l

NúMERO 516

LA ILUSTRACIÓN ARTISTlCA

ba todo el tiempo que le dejaban libres las obligaciones de su ministerio; y lle·
gaba á tal punto su avaricia, que si, al tender la vista al horizonte, veía ponerse el sol entre celajes de
oro, exclamaba:
- ¡Quién pudiera cogeros, y convertidos en barras
guardaros en el sótano de
palacio!
Y si la niña le salía al encuentro con un ramito de
manzanillas, al punto la
decía:
- Quita allá; si fueran de
oro, así como tienen su color, ya valdría la pena de
cogerlas; pero siendo de lo
que son ... ¡quién les hace
caso!
Pues este mismo rey,
cuando muchacho, antes de
estar poseído del demonio
de la codicia, era un hombre franco y apasionado de
las flores, tanto, que. gastó
un caudal en sembrar su
jardín de las más bonitas,
raras y fragantes, y en él se
pasaba las horas enteras aspirando su aroma delicio •
so. Después, por el conSea de esto lo quiera, el
trario, si las miraba, era
cuadro en cuestión pintado
sólo para calcular cuánto
para las religiosas de Jepodrían valer sus pétalos si
rusalén, y que Pons se la·
fueran de oro. También
mentaba de no haber po·
cuando joven fué muy dadido admirar, se vendió
do á la música (mal que le
después de la guerra de la
pese al autor de cierta his•
Independencia, para hacer
toria, en la cual se pretenalgunas reparaciones, á don
de probar que tenía orejas
Jayme Roig, el cual, tras
de borrico); pero á la sade haberle hecho restaurar
zón _sólo le deleitaba el soná D. Vicente López y á
sonete de las monedas de
ruegos de su esposa, lo
oro.
cedió á San Andrés, coloEn fin, Midas, y en esto
cándole en una de las case parecía á muchos hompillas del lado del Evangebres que cuantos más años
cuentan más brutos son, á
lio en 1844.
Y con esto, vale , lector
medida que fué entrando
amigo.
en años, fué perdiendo el
sentido común, hasta el
A. DANVILA J ALDERO
extremo de no poder soportar la vista ni el contacto de cosa que no fuese de
oro. Por cuya razón había
SECCIÓN AMERICANA
tomado la costumbre de
pasar la mayor parte del
EL REY MIDAS
día en un sótano donde
POR N , IIAWTHORNE
guardaba sus riquezas, y
Allá, en la más remota
cuando que~ía distraerse,
afü se encerraba con la llaantigüedad, hubo un señor
inmensamente rico, rey
ve por dentro, y ya cogía
un lingote, ya un talego y
por añadidura, llamado Mi-.
ya una lata llena de polvo
das, y padre de la niña más
de oro, y lo ponía á la luz
preciosa de su siglo. Por
del único rayo de sol que
una casualidad he sido la
á fuerza de mucho traúnica persona que haya tebajo penetraba en aquella
nido noticia de tan hechicera criatura; pero no es
mazmorra, ¿Y saben uste·
des por qué buscaba aquel
menos cierto también que
rayo de sol? Porque daba
su lindísimo nombre se ha
á su tesoro reflejos más
borrado de mi memoria, No
puros y brillantes, y porque
obstante, como quiera que
así le parecía de más precio.
me hacen mucha gracia los
Luego vaciaba los escudos
nombres bonitos en las jó·
venes que lo son, la llamafn el suelo y los contaba
uno por uno; abría los cofres
remos desde ahora indisdonde guardaba las pepitas
tintamente Mariquita ó la
y el polvo de oro, y metía los
Niña de Oro.
brazos hasta el codo, y los
Pues, como decía, su
sacaba , y los volvía á mepadre era riquísimo, y
ter con el mismo gozo
tan codicioso además, que
que un pato zambulle su
adoraba al dinero sobre todas las cosas, y á su corona
cuello en el agua, y exclamaba:
·
como á sí mismo, sólo por
¡Oh, Midas, qué feliz
ser de oro. Pero si algo haLA PORCIÚNCULA, pintura de Domínguez, ,'en la capilla· mayor de San Franc1sco
· e1 Grande de Madrid
eres!
bía en el mundo que conNo obstante creerse tan
trabalancease en su alma
la pasión al oro, era, sin
más sa e d
d
d
.
feliz, Midas sentía un vaduda, el cariño que tenía á la graciosa niña que ju- una gra: ~a:t~u~~ue/ 1ega~;n pa _re¡ ~?ns1ste en cío en su corazón, porque mientras todo el universo
1 a
, .
e mero. 1 orno si e mero fuese no se convirtiera en almacén de sus riquezas no e
gaba en las gradas del trono. ¡Y cuanto más la quería,
lo umco de que han menester las criaturas! Así lo 1 taría satisfecha su insaciable codicia
'
smás sed se le despertaba de riquezas!
Me parece inútil recordar á usted~s antes de pro¡Insensato! Era de los que creen que la herencia pensaba él al menos, puesto que á este fin consagra- Esto es. Victoria. ¡Gracias, madre mía!
Nicolás cayó á sus pies
murmurando:
-¡El idealismo de la
realidad! Perdóname, Dorotea, perdóname.
En este momento se
abrió la puerta. J ohán de
Johanes se precipitó hacia
la tabla, miró y con un grito
arrancado del fondo del alma abrió los brazos á Dorotea, que desvanecida se
dejó caer en ellos.
El cuadro llegó á su destino en el plazo concertado
con el inflexible arzobispo.
Un año después Nicolás
profesaba en el convento de
San · Jerónimo de Cotalva,
en Gandía, donde, bajo el
nombre bien conocido de
P. Borrás, asombró á sus
contemporáneos con la fe
cundidad artística que de·
mostró hasta los ochenta
años de su edad. Sin em •
bargo, sus obras no pueden
compararse con las de los
Johanes.

~

I

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

seo-uir, que en los remotos tiempos del rey Midas pa- mano, impaciente por saber si en efecto tenía ya el alargó su brazo, y enseñó una de las rosas transfor.
saban muchos sucesos que _nos p,arecerían increíbles don de hacer oro. Pero ¡cuál no fué su sorpresa y madas por Midas.
- ¡Qué bonita!, ¿no es verdad?, exclamó Midas.
si los viésemos; así como también es cierto que gran pesadumbre al reparar que todo permanecía en su
número de cosas de las que vemos y con las cuales primero y natural estado! Y como la imaginación no ¿Y qué te ha hecho esa rosa para que llores tanto,
estamos familiarizados, no las hubieran creído ni á puede nunca estarse quieta, le asaltó entonces el te- hija mía?
- ¿No lo ves, papá?, que todas las flores del jarmor de que tal vez aquel radiante personaje le había
tres tirones en la época del rey Midas.
Ahora bien: entregábase un día nuestro héroe á la jugado una mala pasada. De ser así, ¡qué desengaño dín se han secado y ya no huelen!
- ¡Bah! No llores por tan poco, le contestó Midas,
contemplación de sus riquezas, cuando vió elevarse tan cruel después de haberse mecido en la dulce esavergonzado
de ser la causa del apuro de su hija.
peranza
de
realizar
por
fin
sus
ambiciones!
¡Tener
una sombra sobre la tapa de un cofre, y á medida
que la fué bañando la luz, distinguió en ella las fac- que contentarse con el oro que buenamente pudiese Siéntate. y almuerza, que de sobra encontrarás quien
ciones de un joven desconocido, de noble aspecto y adquirir por los medios ordinarios, en vez de hacer- te cambie esa rosa tan amarilla y tan brillante, y que
durará mucpos años así como la ves, por otra de las
color rubio. Sería ilusión óptica, mas es lo cierto que lo á medida de su deseo, con sólo querer y tocar!
Bien hubiera podido el rey Midas ahorrarse tantas que huelen y se marchitan en un día.
Midas entrevió no sé qué de metálico en la sonrisa
La princesita iba á contradecir al rey, pero era una
del extranjero; que á pesar de la interposición d~ su cavilaciones si se hubiese dado cuenta de que la ducuerpo entre la luz y los tesoros, éstos brillaron de dosa luz que tímidamente penetraba por la rendija niña muy bien criada y calló. Sentóse á la mesa sin
hacer alto en la maravillosa transformación de la poruna manera extraordinaria, iluminándose el sótano de su aposento era, no del sol, sino de
celana,
y casi fué mejor, porque siempre se divertía
como por encanto, y que la causa de tan rara revoluen
ver
los chinos y las pagodas y los puentes y los
La
aljofarada
aurora
ción eran los ojos del recién venido, que alumbraban
pájaros de forma extraña que campeaban en sus flanQue el cielo de oro y bermellón colora.
como luceros,
cos y que habían desaparecido completamente, y de
Seguro el rey de haber cerrado con llave la puerta,
y convencido de la imposibilidad de que nadie puDejó, pues, caer la cabeza, desalentado, sobre la seguro, al echarlos de menos, hubiera vuelto á su
diera entrar en el sótano s~no por la fuerza y haciendo almohada, y se quedó abstraído, dándole vueltas en llanto, predispuesta como estaba con el chascc de
ruido, dedujo necesariamente que su visita era la de su imaginación á la mala pasada que, á su entender, las flores.
Sirvióse S, M. el café, y figúrense ustedes cuán
un ser sobrenatural. Nada importa que yo calle el le había jugado el misterioso personaje, cuando de
nombre de tan extraño personaje; baste saber que repente se entró por la ventana un rayo de sol. Pa- grande no sería su sorpresa al tomar la primera cuen aquellos tiempos primitivos se pensaba y se creía recióle al rey entonces que aquella luz producía en charada y sentir que el líquido se le coagulaba entre
á puño cerrado que seres dotados de poder divino las blancás ropas de su cama extraños reflejos; y así el paladar y la lengua. Tanto es así, que no pudo
venían á la tierra de vez en cuando y pasabah en ella era, en efecto, pues al mirarlas con más atención, contener una exclamación de terror.
- ¿Qué tienes, papá?, le preguntó la niña, miránsus temporadas, mezclándose en los asuntos de los ¡cuán grandes no fueron su sorpresa y su felicidad,
mortales y tomando una parte no pequeña en sus viendo las sábanas de lienzo transformadas en paños dolo fijamente medio llorosa todavía.
- ¡Nada, hija, nada!, dijo Midas. Mira, no dejes
penas y alegrías. Así, pues, como un encuentro de de oro de singular hermosura!
enfriar la leche.
esta naturaleza no era nuevo para el rey Midas, exEl aparecido había cumplido su palabra.
Se acercó entonces el plato del pescado frito y
perimentó cierta satisfacción en hallarse á solas y
Midas, loco de contento, saltó de la cama Yfué de
cara á cara con un sujeto.cuyos semejantes no le eran un lado á otro, manoseándolo todo y, como era na tocó la colita de un dentoncillo con el dedo. ¡Nueva
desconocidos.
tural, convirtiéndolo en metal precioso, sin que por sorpresa! El pescado se transformó á su contacto en
Además, el joven en cuestión tenía un rostro tan eso perdiese la forma primitiva que tenía: las corti- una obra maestra de platería.
Midas se quedó absorto sin saber qué hacerse,
franco y risueño, que hubiera sido de la mayor gro· nas de damasco y las sábanas de lienzo, si bien se
sería tratarlo de malos modos; tanto más, cuanto que transformaban en cuanto á la calidad, quedaban tan porque verdaderamente el trance no era para menos.
- ¿Cómo voy á alimentarme?, dijo para sus adennada tenía de particular viniese para facilitarle algu- flexibles y sutiles como habían sido siempre. Sí, acuna receta por cuyo medio pudiera convertir el barro, rrió una cosa extraña, y fué que, al poner las manos tros.
Nuevo ensayo. Tomó un pastelillo, y no bien le
por ejemplo, en oro de buena ley.
en un libro, sus hojas perdieron el texto impreso tan
Examinó el extranjero de una mirada el aposento, luego como se trocaron en láminas de oro, de lo hubo partido con los dedos, empezó á amarillear, y
y después, fijándose en Midas, le dijo con la sonrisa cual infiero que este metal está reñido con las dicho se está que se puso como el café y el pescado.
¿Saben ustedes que estaría divertido el buen señor
en los labios:
letras.
- Eres rico, en verdad, y dudo mucho que haya
Otro percance le pasó también con los anteojos, con todo su poder y su riqueza, con la mesa cubierta
otro rey más poderoso que tú.
que si cabe, para un hombre como el rey Midas, era de manjares sabrosísimos é imposibilitado de gustar- No me ha ido mal, respondió el avaro, e~co· de peores q:msect:encias, pues se le volvieron de oro los siquiera?
giéndose de hombros; pero, al fin y al cabo, esto es el los cristales, dejándolo reducido de consiguiente á · Confundido, aterrado, el pobre rey dejóse caer soproducto de cuarenta años de trabajos y afanes. ¡Ah!, la situación más lastimosa en que puede verse un bre el respaldo de su asiento, cruzados los brazos é
inclinada la frente.
exclamó dando un suspiro: si me fuera posible vivir corto de vista.
Su hija, que era muy cariñosa, al reparar en la ac•
diez veces más, ¡entonces sí que llegaría á ser rico!
Pero Midas se consoló al momento, diciendo para
- ¡Cómo! ¿No estás satisfecho todavía?
su capote: una majadería es no poder usar gafas titud del rey Midas, dejó las sopás, se quitó la serviMidas movió tristemente la cabeza.
cuando tanta falta me hacen; pero ¡qué diantre! para lleta, y fué á él con los bracitos extendidos, pregun- ¿Qué necesitas, pues, para contentarte?
comer no las necesito, y luego para las demás cosas tándole con mucho interés si estaba malo.
- No, hija mía, respondió S. M. dando un suspiro;
- Midas guardó silencio. Un vago presentimiento pronto será grande la niña y por sus ojos veré.
le decía que aquel extranjero de tan noble presencia,
Ya ven ustedes cómo el que quiere consolarse se pero no sé lo que va á ser de tu .padre.
Y en verdad, señores, que difícilmente habréis
tan fino y tan amable, había venido á visitarlo. con consuela, por grandes que sean sus aflicciones.
propósito deliberado de satisfacer sus deseos. Era,
Pues, como iba diciendo, el rey Midas se había oído hablar de una persona colocada en situación
pues, la ocasión 'd e pedir lo que tanto deseaba, fuese puesto tan contento que, no ~hiendo de gozo en sus más crítica que la del rey Midas.
- ¡Cuánto más feliz que él no era el pobre trabaó no posible. Con los ojos fijos en el suelo y un dedo habitaciones, bajó en dos brincos al jardín, no sin
puesto delante de la boca, en actitud pensativa, es- convertir antes en oro de muy buena ley el pasama- jador, alimentándose de frutas y legumbres! ¡Qué setaba S. M. amontonando de memoria quintales de no de la escalera, ítem más el pestillo de la puerta ría de él si continuaba sin poder atravesar bocado!
metal precioso, cuando de repente se desarrugó su por donde salió. Cuajado de rosas estaba todo, y su ¡Cuántos días resistiría su estómago á tan riguroso
entrecejo, sonrieron sus fruncidos labios-y brillaron delicioso aroma embriagaba los sentidos; pero Mi· ayuno!
Turbaron de tal manera estas tristes reflexiones al
sus ojos llenos de entusiasmo. Alzando antonces la das, que ya maldito lo que entendía de ambiente
frente miró á su interlocutor.
perfumado ni de flores, les fué pasando á todas la rey Midas, que llegó á preguntarse si después de todo
- Vamos, di lo que deseas.
mano y poniéndolas tan tiesas y relucientes como si la opulencia es el único bien apetecido en este mun- Sí, por cierto: estoy ya tan cansado de trabajar fueran de talco. Mientras se divertía en esta opera- ao, ó el apetecible siquiera. Pero esta idea se le borró
para reunir cantidades que después de todo no me ción lo llamaron para desayunarse, y acudió al co- bien pronto de la memoria, porque fascinado como
satisfacen, que quisiera, para salir del paso, tener el medor con las mejores disposiciones, reservando estaba por el brillo del metal precioso, se hubiera
don de hacer oro.
·
para luego el proseguir la comenzada tarea.
negado redondamente todavía á renunciará su pri- El extranjero sonrió con alegría.
No sé de una·manera positiva en qué consistía en- vilegio por cosa tan mezquina y de tan poco momen- ¡Gloria á ti, rey Midas, por haber concebido un tonces el almuerzo de los grandes de la tierra, ni to como es un almuerzo. Y cuenta, señores, que esa
pensamiento tan admirable! Pero ¿estás cierto de tampoco tengo ahora mucho tiempo disponible para cosa tan trivial, pero comible para él, no habría poque sólo este poder te hará feliz?
profundiiar esta materia; sin embargo, todo me in- dido encontrarla en el caso presente, ni aun dando
- ¿Quién lo duda?
duce á creer que la mesa de S M. estaría provista por ella más millones de monedas de oro que granos
- ¿No te pesará nunca tenerlo?
de buenas tortas, pescado frito, patatas asadas, hue- de arena tiene el mar.
- ¿Cómo es posible, si no pido más para conside· vos pasados agua y café con leche, lo cual me pare·
Sin embargo, tal era su hambre y tan grande su
rarme el hombre más feliz de la tierra?
ce muy bastante y muy bueno para un monarca de inquietud que se echó á llorar de la manera n::ás las- Pues bien: hágase tu voluntad, le respondió el siglos tan remotos.
timosa. Lo cual visto por la niña, ya no pudo contedesconocido, saludándolo; mañana, al salir el sol, se
Como la Niña no había ido todavía y Midas ja- nerse, y lo abrazó cariñosamente par¡t consolarlo.
te concederá la' gracia que deseas.
más comía sin ella, la hizo llamar al punto, y entre- Midas, al recibir las caricias de su hija, comprendió
Dicho lo cual desapareció, iluminando el sótano tanto tocó algunos platos, el mantel y las servilletas cuánto más valía 'aquel amor que todas las riquezas
de tan vivos resplandores, que el rey tuvo que cerrar para sorprenderla con sus metamorfosis.
del mundo por él adquiridas, merced á la facultad
los ojos para no quedarse ciego. Al abrirlos de nue- . En esto la oyó venir llorando por los corredores, sobrenatural que poseía.
vo, sólo vió el rayo de sol que alumbraba los tesoros cosa que le sorprendió en extremo, porque su hija
- ¡Hija de mi alma!, exclamó estrechándola en
acumulados á costa de tantos afanes durante el cur· era una de esas criaturas que en todo el año no vier- sus brazos.
so de su existencia.
ten lágrimas bastantes para llenar un dedal. Así fué
Pero Mariquita ya no pudo contestar á esta caricia
¿Durmió el rey Midas aquella noche con la tran· que, al oirla, para hacerla callar con una wrpresa, paternal, porque al contacto del rey Midas, quedó
quilidad de costumbre? La historia lo' calla; pero ten- puso las manos sobre el jarro de la leche, y trocó la sin vida, transformada en una estatua de oro, y como
go para mí que, despierto ó dormido, pasó la noche porcelana e!} oro finísimo.
al verificarse en ella esta revolución no perdió un
con la impaciencia y la inquietud de un chiquillo á
Abrió entonces la Niña dulcemente la puerta y. átomo de su belleza encantadora, conservando su
quien se ha prometido regalar un juguete magnífico entró en la habitación enjugándose los ojos con el rostro la misma dulzura y sus ropas los mismos plieal día siguiente.
delantal.
gues y suaves ondulaciones que antes tenían, puede
La hora del alba sería cuando despertó Midas y
- ¿Qué llanto es ese, hija mía?
bien decirse que la niña, gracias á su papá, era una
empezó á tocar todo lo que estaba al alcance de su
La princesita, sin quitarse el delantal de los ojos, obra digna del cincel de Fidias y que valía lo que

LA

NúMERO 516

NúMERO 516

ILUSTRACIÓN ARTI8TICA

pesaba y mucho
di, ¿qué prefieres, ese
más.
don ó un vaso de
Inútil es decir á
agua fresca y cristaustedes cómo se quelina?
daría S. M. ante
-¡Elagua,elagua
aquel horrible espec.
es una bendición del
táculo. Se retorcía
cielo!, exclamó Mi·
las manos, daba
das; pero yo no puegritos descompasado beberla.
dos, se arrancaba
- ¿El don de halos cabellos, corría
cer oro, continuó el
por las habitaciones
genio, ó un pedazo
de palacio como un
de pan?
loco, y llamaba al
- ¡Un pedazo de
genio con toda la
pan vale más que
fuerza de su voz. El
todo el oro del
pobre hombre no po•
mundo!
día soportar la vista
- ¿El don de hade su hija ni tampocer oro ó Mariquita
co dejar de mirarla.
como estaba hace una
Estando así se
hora?
apareció el genio.
._
- ¡Mi hija, mi hiMidas, sin proferir
ja!, gritó el infeliz.
palabra, bajó la ca-Así me gusta,
beza y cayó de rodi--•
dijo el extranjero.
llas en actitud supliVamos, añadió, ¿escante. Había reconotás perfectamente
cido al mismo persoarrepentido de tus
naje misterioso de
locas ambiciones y
quien recibió en la
de tu avaricia desencueva el funesto don
frenada?
de hacer oro,
En aquel momento
_ Ya estarás satisvino á posarse una
fecho, Midas, le dijo
moscá en la punta de
el genio sonríen4 ~ =..._
......
la nariz de S. M. y
do maliciosamente.
á su contacto cayó
¿Qué tal?
muerta al suelo, comMidas movió la capletamente metalizabeza.
da. Midas se estre- Soy el más mimeció.
serable y desventu•
- Sí, sí, arrepentirado de los nacidos
.
.
.
.
do de todo corazón
,
,,
LA l'A~IILIA REAL DE ESPAÑA, baJo relieve en m:lrmol, &lt;le D. Manano Benlhure
l
d'ó ll
d'
exclamó el rey.
·
e respon I eno e
- ¡Desventurado!
fervor.
¡Miserable! N~ te comprendo. ¿N_o te he concedido Mira lo que he ~erdid?, le dijo, señalando á su hija 1· Pues ~ntonces, ve al jardín y báñate en _el río que
cuanto apetec1as para llamarte fehz?
y llorando á lágrima viva.
lo atraviesa; luego, tráete una copa _de la misma agua,
- ¡Ay! El oro por sí solo no constituye la felicidad.
- Veo que hoy estás más cuerdo que ayer. Vamos, y con ella roda to?os aquellos obJetos á los cuales

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LAS HILANDERAS,

cuadro de D. Maximino Peña. (Exposición bienal del Circulo de Bellas Artes &lt;le Madrid.)

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PASATIEMPOS DE ORIENTE, cuadro de Ch. Daux, grabado por Baude. (Salón de París de 1891.)

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730

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

quieras restituir su primitivo ser; pero te advierto buen artífice; precisa del auxilio de la estética y poseer los vasque si no lo haces lleno de confianza y de fe, todo tos conocimientos del arte, ya que la moderna construcción
utiliza la combinación de los ricos metales con las piedras preserá inútil.
ciosas, sujetándose en su forma á un estilo, ú obedeciendo á
El monarca 'bajó la frente en señal de asentimien· una escuela determinada, que produzca armonía por los tonos
to y cuando la levantó ya no estaba allí el aparecido. quimicamente obtenidos, los esmaltes y el pulimento, De no
Midas corrió al jardín en seguida, entró de cabeza ~scasa importancia son las dificultades que ofrece el arte de l,a
aumentadas si cabe por la contin~a necesidad de ofreen el río, se zambulló más que un ganso, volvió á sa• ¡oyeria,
cer modelos que obtengan el privilegio de atraer á los numelir inmediatamente con un jarro lleno de agua en rosos partidarios de la fastuosidad y la ostentación.
cada mano y no paró hasta llegar al pi~ de la estatua . Todas las naciones han realizado grandes progresos en la
Joyería, y plácenos consignar que España no ha descendido
de su hija.
nivel en que se hallaba colocada por sus tradiciones, sienS. M. no se anduvo con melindres para adminis- del
do Barcelona, en cierto modo, el centro que informa el movitrarle la medicina, sino que, no bien hubo dejado miento peninsular, ya que en ella existen los más importantes
uno de los jarros en el suelo, levantó el otro sobre talleres y los más hábiles plateros. Distinguense entre todos
la cabeza de la princesa, y así como quien bautiza, ellos los hermanos Masriera, tan excelentes artistas como inte•
vertió su contenido hasta la última gota. La niña ligentes artífices, ya que han demostrado por medio de sus
obras cuán justificada es la fama de que gozan y cuánto puede
abrió al punto los ojos y comenzó á estornudar. El esperarse de sus aptitudes artísticas. Todas las alhajas y piezas
extranjero había cumplido su palabra, ó mejor dicho tienen, á modo de marca de fábrica, el sello caracterlstico que
el arrepentimiento de Midas había sido sincero y las distingue por su riqueza, elegancia y sencillez. En todas
ellas se denuncia el gusto y el CQmpleto dominio de una indusmuy grande su fe en las palabras de la visión.
tria, hoy no exenta de dificultades. Los Sres. Masriera, antes
Pasados los primeros transportes de alegría, S. M. que
joyeros, son distinguidos artistas, por cuyo motivo sus pro ·
tomó á Mariquita de la mano y se fué con ella al ducciones se distinguen siempre por la belleza de sus líneas,
jardín donde, merced á algunos asperjes, hizo recu• por su forma y por las admirables combinaciones que saben
perar á las flores su aroma.y sus matices, y así de lo obtener de los efectos de la tonalidad por medio del contraste
que producen los relieves con el mate y el pulimento.
demás.
La arquilla que reproducimos es una de las obras más im•
Dos cosas, sin embargo, recordaron á Midas, mien- portantes que han construido los Sres. Masriera, tanto por su
tras vivió, aquel don que tan funestas consecuencias riqueza como por su carácter esencialmente artistico. Ejecutapudo traerle: las arenas del río donde se bañó, que da con sujeción al diseño de D. José Masriera es una brillanmanifestación del arte nacional, puesto que si por su estilo
desde aquel día' brillaron como polvo de oro, r los ca- te
recuerda las bellisimas obras del Renacimiento, lo es tambellos rubios de su hija, en cuyo color antes nunca bién en el concepto moderno del renacin,iento artístico de
había reparado.
nuestra patria, Sobre una base de mármol cuatro leones de
Midas llegó á ser muy viejo, y cuando allá en los plata maciza sustentan la arquilla de plata y oro cincelada, cu•
m_otivos de decoración se avaloran por la inteligente com·
últimos años de su larga carrera lo sacaban á tomar Y?S
bmac1ón de los metales. Dos preciosos medallones de esmalte,
el sol las mañanas de invierno, decía á sus nietecitas imitación de Limoges, rodeados de un marco de perlas, repre·
pasándoles las manos temblorosas por la cabellera: st:ntando las cuatro virtudes, ejec:itados por D. Luis Masrie ·
- Esta es la única cosa de color de oro que ven ra, decoran los dos lados de la arquilla, destacándose entre ellos
las cifras, en brillantes, zafiros y rubíes, del Excmo. i;eñor
con gusto mis ojos.
D. Manuel Planas y Casals, tan ·distinguido jurisconsulto
TRADUCIDO POR

M.

JUDERIAS BÉNDER

NUESTROS GRABADOS
Los jugadores, cuadro de Fortuny. - Aunque
poco partidarios de la indiscutibilidad que algunos pretenden
para ciertas firmas en materia de arte, hemos de convenir en
que la de Fortuny es de las pocas que si no justifican atenúan
por lo menos la exageración de los que tal teoria sustentan.
Ni de su escuela, que tantos queriéndola imitar han parodiad.o,
ni de su genio artistico que le elevó al pináculo de la gloria,
hemos de hablar en esta ocasión, pues en otras muchas nos
hemos ocupado del malogrado pintor y de sus principales
obras. La que hoy reproducimos, aunque no tan conocida como otras de Fortuny, merece un puesto de honor al lado de las
más ensalzadas; la figu ra del jugador perdidoso contemplando
con cierta mezcla de rabia y de envidia á sus dos compañeros
entregadas todavía al vicio que tanto le atrae, las de éstos que
abocetadas y entre sombras se divisan en el fondo y el tono ge•
neral del cuadro descubren, aun en el grabado, el espíritu de
observación, el profundo estudio y la maestría del nunca has•
tante llorado artista catalán.

..•

Ensueño, escultura de Elisa Bloch l Exposición
general de Bellas Artes de Barcelona). - Si en todas las épo•
cas y en todos los tiempos ha dado muestra la mujer de sus
cualidades y aptitudes para cultivar todas las ramas del saber
humano, preciso es convenir que las corrientes de progreso
que informan nue~tro siglo han contr:buido poderosamente á
su desenvolvimiento. Todas las naciones cuentan ya con nÚ ·
mero considerable de mujeres ilustres, que dan muestras de
su ingenio, ya en las ciencias, las artes ó la literatura. Entre
aquellas que honran á la vecina: nación, distínguese Elisa
Bloch, que entre otros honrosos títulos ostenta el de Oficial de
la Academia Francesa. Nacida en Breslau (Silesia) pero residente en Paris desde temprana edad, recibió sólida y completa
instrucción, teniendo por preceptor al sabio orientalista doc•
tor Mu11ck, á quien. debió sus extensos conocimientos literarios
y filológicos. Dedicada después al estudio de la escultura, por
la que sentía verdadero entusiasmo, pronto dió muestras de
sus aptitudes y excelentes cualidades, bajo la dirécción del
gran maestro Enrique Chapu, En 1878 expuso su primera
~bra, figurando ya en el ~al?n de 188o una gran figura que
tituló Esperanza. A esta s1gu1ó en 1884 El frondista y en 1886
Virginius, notable grupo en bronce, inspirado en una de las
obras de Tito Livio, premiado en la Exposición Universal
de J 889. Dificil sería enumerar el considerable número de
obras que han modelado las delicadas manos de Elisa Bloch,
á las que ha impreso el sello de su inteligencia y de su sentimie~to Basta visitar su taller de la rue du Printerups, converhdo en verdadero museo, para comprender su laboriosidad.
Enszmio titúlase el precioso busto que remitió á nuestra,
Exposición de Bellas Artes. Inspirado en la novela de Zola
titulada Le Réve, sorprende por la delicadeza de su modelad¿
y por ese algo que en su obra ha sabido imprimir la artista
que justifica tan perfectamente su titulo.
'
Moisés y la estatua de Juana de Arco que ha de er¡girse en
Epernay son sus últimas producciones. Ellas significan un
nuevo triunfo, por el que felicitamos á la autora, rindiéndole
en estas lineas un justo tributo de consideración.

•
••
Arquilla ~e oro y plata cincelada, construída p01
los Sres. Ma~nera _Herma.nos, de Barc_elona. - Al igual de las
demás creaciones mdustnales, ha debido la joyeria seguir las
evoluciones que han determinado el gusto la época y las necesidades de la sociedad actual. No basta /a al platero ser un

NúMERO

516

cu tibies cualidades debe la justa y merecida fama de que goza,
Obligado en sus preciosos años á contribuir al sostenimiento
de su familia, sólo á costa de afanes y de continuo estudio logró Benlliure adelantar en la difícil profesión que emprendiera, siendo por lo tanto sus triunfos verdaderas victorias logradas por el genio. La cogida de 1m picador, que fué la primera
obra que figuró ea una Exposición, la Nacional de 1876, fué
ya una revelación. A esta siguieron las tituladas ¡Al agua!, la
estatua del pintor Ribera, la de Doña Bárbara de Braganza, el
picaresco Mo11ag11illo, que tanto llamó la atención en la Expo•
sición de 1884, y las soberbias figuras alegóricas la Marina y
el Ferrocarril, que en unión de la magnifica estatua de don
Diego López de Haro figuraron en la Exposición de 1890, y
que aparte de la recompensa otorgada por el Jurado, valieron
al· artista la honrosa distinción de la Gran Cruz de Isabel la
Católica.
•
Como demostración de reconocimiento á la Reina Regente,
que galardonaba al artista, ofreció Benlliure á la ilustre seño ra una obra magistral, en la que no sólo se bailen de manifiesto sus relevantes cualidades como escultor, si que también su
delicadeza de sentimientos: encerrado en un primoroso marco
de bronce, un bajo relieve en el que delicadamente se desta•
can con admirable parecido los bustos de la Reina, de su hijo
D. Alfonso XIII, de la princesita de Asturias y de la infanta
María Teresa. Pálido creemos que sería cuanto intent:íramos
consignar acerca de la ejecución de esta obra, en la que Ben•
lliure ha logrado dar muestra de á cuánto alcanza, por cuyo
motivo nos limitaremos á unir nuestro aplauso á los que ya se
le han tributado y á rendirle en estas lineas un testimonio de
nuestra consideración.

.

516

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

73 1

ABNEGACIÓN POR AMOR
POR A, HUNT, - ILU STR ACION E S DE H . MARGETSON

••

Las hilanderas, cuadro de D. Maximino Peña.
(Exposición bienal del Circulo de Bellas Artes de Madrid). Disclpulo del malogrado Plasencia, dióse pronto á conocer por
las cualidades que revelaban sus obras, obteniendo su primer
triunfo en la Exposición de Bellas Artes que celebró la Asociación de Escultores y Artistas. Pensionado después en Roma por la Diputación Provincial &lt;le Soria, su país natal, continuó produciendo obras de mayor importancia, que como el
lienzo titulado Carla del hijo ausente, obtuvo merecida re·
compensa en la Exposición general de Bellas Artes de 1887.
En la que en mayo último celebró el Circulo de Bellas Ar·
tes de Madrid presentó cuatro lienzos, Al amor de la l11111bre,
una Cabeza de niña, Con la exmsa del cigarro y Las l1ila11de•
como hombre público, á quien se ofreció tan valiosa joya por ras, que reproducimos, dando en ellos muestra, especialmente
varios de sus amigos y correligionarios, según indica la leyen- en el último, de sus recomendables cualidades, ya que en todos
se observa corrección en el trazo y sobriedad en el colorido.
da que ostenta la cinta que cubre la artlstica tapa.
Maximino Peíla es uno de los discípulos que más honran á
Plasencia
y uno de los artistas que pueden lograr envidiable
••
reputación , si continúa por la senda emprendida.

•

La Porciúncula, pintura de D. Manuel Domínguez y de D. Alejandro Ferrant. - La Porciúncula, pintura de D. Manuel Domínguez, en
la capilla mayor de San Francisco el Grande de Madrid. -A
Manuel Dominguez, el autor del cuadro titulado La muerte de
Séneca, y á Alejandro Ferrant, el autor del que reprenta El
entierro de San Sebasliá11, ambos artistas de valía que figuran
á la vanguardia de los que enaltecen con sus producciones el
arte patrio, confióse la ejecución de l as pinturas que en forma
de colosal triplico embellecen y decoran el fondo del ábside
de la capilla mayor de San Francisco el Grande de Madrid,
verdadero museo, ya que en aquel templo figuran obras de ar•
tistas de tal valia, (que como Plasencia, Contreras, Molinelli,
Jover, Rivera, Domlnguez, Martínez Cubells, Plaza, Améri·
go, Adeva, Vergaz, Ellas Martín, Vallmitiana, Bellver, Suñol,
Gandarias, Benlliure, Moltó, Muñoz Degrain, Moreno Carbo•
nero, etc., significan ó representan el arte contemporáneo es·
pañol.
Cuantiosas sumas de~lináronse al embellecimiento de la an•
ligua iglesia, que hoy es sin disputa la primera de las que
existen en la capital de la monarqula. Mármoles y bronces de·
coran la capilla mayor, y en el fondo destácanse las pinturas
de Ferrant y:Dominguez, que ocupan. un espacio de diez metros de altura por catorce de ancho, representando tres escenas de la vida de San Francisco, el humilde penitente de Asis,
que en todo tiempo ha servido de tema de inspiración. El cincel, la pluma y el pincel han trazado la leyenda en que la religión y la poesía se unen con igual belleza; faltaba en este con
junto la glorificación de la pintura moderna, y preciso es convenir que ¡iocos pudieran haberlo llevado á cabo tan cumplidamente como Ferrant y Dominguez.
El asunto general) representado en el grandioso tríptico es
La concesión del /11/iileo de la Porci1lnmla, en los tres momentos del anuncio, de la concesión y de la confirmación pontificia.
La pintura de la derecha es obra de Domínguez. En un lugar
abrupto y cubierto de maleza, el santo en oración recibe por un
ángel el aviso de que el Señor y su Divina Madre se hallan en
la próxima ermita de Nuestra Señora de los Angeles ó de la
Porciúncula. La figura del santo, medio postrado aún de hinojos, revela la confusión que la inesperada nueva le produce; en
el cielo, que cubren las sombras de la noche, angélica visión
de músicos teniendo instrumentos y agitando incensarios cele•
bra la fausta nueva. La hora y el sentimiento de la escena,
riqueza y elegancia de colorido, todo ello ha logrado reunir
Domlnguez en esta notable obra. Unido á Ferrant, han pinta•
do el cuadro del centro, á Jesucristo y la Virgen, apareciéndose al santo en el interior de aquella ermita. El pobre cenobio
inímdase de resplandores que envuelven la doble visión en luz
celestial, y San Francisco humilla la cabeza en las gradas del
altar al oír la voz del Señor, El contraste de la luz está perfectamente entendido, y la figura del santo, que se destaca por claro, es un alarde de dibujo De Ferrant es esta parte de la composición y la figura de Cristo, y obra de Dominguez la bellísima de la Virgen; siendo de admirar que la diferencia de estilo
contribuye al embellecimiento del cuadro, que á pesar de ser
una obra moderna, parece que se refleja en ella algo del fervor
mistico que distingue á las producciones de otras épocas yapa·
sadas.

NúMERO

•
••
La feria, cuadro de D. Joaquín Agra1:1sot. - Es
Agrassot uno de los pintores que honran á España y á Valencia, en donde reside desde hace algunos años, confundiendo
en una sola las simpatías que siente por la ciudad del Cid y
por· Alicante, su ciudad natal. Su nombre evoca el recuerdo
de alguno de su~ lienzos notables, que como el titulado Las
dos amigas figura entre los que encierra el Museo del Prado.
Al igual de otros pintores que tanto han enaltecido el arte español, ~anó fama y crédito durante el periodo de su pensiona•
do en Roma, y sus cuadros proporcionáronle la consideración
que merecla por su relevante mérito. A su-regreso de la ciudad
eterna dedicóse á la pintura mural, trocando, por último, sus
brillantes ensayos en este género por sus preciosos cuadros de
costumbres, justamente apreciados por su buen colorido, estilo
y precisión, trasunto fiel de ese conjunto de luz y de tonos,
que caracterizan los lienzos genuinamente españoles.
La feria es una de las más bellas producciones de Agrassot,
verdadero cuadro de costumbre.; valencianas, brillante por sus
derroches de luz y colorido, en el que se hallan admirablemen•
te trazados los tipos y bien combinados los tonos, trajes y pormenores, observándose luego la seguridad en la ejecución y la
maestría del artista,
Valencia puede envanecerse de contará Agrassot en el número de sus preclaros artistas.

•
••
Pasatiempos de Oriente, cuadro de Ch. Daux,

grabado por Baude. - Conocidos son los juegos, entre•
teni?OS µnos, peligrosos otros y pintorescos todos, á que se
dedican los juglares orientales para producir sorpresa y admiración en el público que en calles y plazas se deleita contem·
piando sus habilidades no pocas veces extravagantes. Uno de
estos juegos ó pasatiempos, la domesticación de pájaros, ha
servido de pretexto al notable pintor francés Ch. Daux, para
trazar en el lienzo una bellísima cuanto caprichosa figura de
muchacha de Oriente, en cuya ejecución se observan desde
luego notables bellezas de dibujo y se adivinan, gracias al pri•
moroso grabado de Baude, los hermosos efectos de color que
indudablemente constituyen la parte más saliente del cuadro.

•
••

~a g iganta Rosita, joven vienesa que actualmente se
exhibe en Berll~ (d~ una fotografía). - La ciencia ha pretendido_. ~ur~nte algun tiempo, que la estatura gigantesca era un
pnv1legio_ poco menos que exclusivo del sexo masculino, pero
algunos e¡emplares aparecidos hace algunos años demuestran
cuán errónea es esta opinión, Uno de ellos se exhibe actualmente en uno de los teatros de Berilo que se dedican especialmente á esta clase de espectáculos; la giganta Rosita mide 2
metros 46 cent!metros de alto y pesa 350 libras y es de fijo
un~ de las ~m¡eres más alta• y de más peso que hoy en día
ex1sten. _Nac1ó e_n marz? de 1865 en Viena; sus padres tienen
establec1d_a una 1~dustna en un arrabal de la capital austriaca.
donde residen, ?Jientras su hija se hace admirar por el público en su _excursión art!stica. En el caso de la giganta Rosita
•••
no cabe mvocar el principio de la herencia, puesto que la es•
La 'familia real de España, bajo relieve en !atura de JUS padres no excede de la media normal.
mármol de D. Mariano Benlliure.-En la persona·
lidad de Mariano 1lenlliure hállase representada la escuela
escultórica moderna de nuestra patria, pues á tan alto ha loJABON REAL
JABON
grado ascender el eximio escultor valenciano, quP. bien merece
T
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se le considere como el primer campeón, el portaestandante
del arte nacional. A su esfuerzo, á su constante labor é indis- ,~audtJOI ttr utor!tú~ ••t!Gu p&amp;ll 11 ií(tm ,, la Plll 1 hlllll t,1 COllll

DE

IVJ:OLETI
2s,t.":S1:;¡;;;~,aru

El día 4 de diciembre de 188 ... Roberto Fitzge- gerald reconoció la letra de Aretusa, y entonces abrió roa tarde el párrafo que usted acaba de ver, ofle
rald se paseaba inquieto de un lado á otro de su ha- la misiva con mano temblorosa: tal vez la joven le exclamar: «Craster se aventura demasiado al regresar
bitación, en la calle de Dover, en Londres, muy aconsejaba el olvido de su amor, rogándole que la á Inglaterra, y yo apostaría cualquier cosa á que no
preocupado al parecer, aunque la causa, según vere- dispensase de la entrevista del día siguiente, que de- llega vivo á Londres.» Yo estaba sentada en un sibía ser dolorosa para ambos. Pero en vez de esto, llón, donde no se me veía á causa de la obscuridad.
mos, no era ninguna cuestión de vida 6 muerte.
Mi padre continuó diciendo á mi madre que no du•
El día 5 del mismo mes del año anterior había leyó lo siguiente:'
«Acabo de saber una cosa que me aflige y disgus- daba que una hora después de haberse anunciado el
solicitado la mano de una joven llamada Aretusa, á
quien hada largo tiempo amaba apasionadamente; ta mucho, y á nadie puedo pedir auxilio más que á regreso de Craster, alguno iría á esperarle cerca del
pero ésta le contestó que no le correspondía lo bas- usted. Estoy esperando á la puerta de su casa, y sola. vapor para seguirle y buscar ocasión favorable de
darle muerte. «Lo creo muy posible,» contestó mi
tante para aceptarle por esposo, y que tal vez no se Necesito decirle dos palabras. -Aretusa.»
¡Cómo, la joven á la puerta de la casa, y sola! ¡Ella, madre con indiferencia, como si esto no la importa•
casaría nunca.
Instada por Roberto á dar una explicación, confe- que no había salido nunca sin ir bien acompaña- se nada. «Es casi seguro, repuso mi padre, y Craster
só que dos años antes ella también había amado da! Fitzgerald franqueó la escalera en dos saltos, y no debe ignorarlo, pues su posición oficial le permi•
mucho á un joven, pero que no se la permitió unirse aunque el agua caía á torrentes y era escasa la luz te estar al corrie~te de tales cosas; tal vez sospeche
con él, ni siquiera verle después; que quizás su padre en la calle por ser la hora de encender los faroles, también quién es el que tratará de dar el golpe.»
- Pero aunque esta horrible suposición sea fun•
había obrado con prudencia al oponerse; pero que, á al punto vió un coche parado y una cabeza que sopesar del tiempo transcurrido, no podía olvidarle, por bresalía de la ventanilla. En el momento de acercar- dada, repuso Fitzgerald, ¿qué puedo hacer yo, adora•
más que se esforzaba para ello, y que temía mucho se, la portezuela se abrió de pronto, y Aretusa le da Aretusa?
- Puede usted ir á Liverpool esta noche, y pasar
amarle tanto como antes si regresaba á Inglaterra, de dijo con voz breve:
- Entre usted un momento, pues me urge decirle mañana á primera hora á bordo del Platea, donde
donde se había ausentado hacía algrtn tiempo.
dos palabras; voy á casa, porque temo que se descu- manifestará á Craster lo que mi padre ha dicho, pa•
- ¿Volverá?, preguntó Fitzgerald.
- Espero que no, repuso la joven; tal vez fuera bra mi escapatoria, pero me bastan cinco minutos labra por palabra, rogándole que salga del país. Le
para mí una desgracia su regreso. Es posible que mi para manifestarle el objeto de mi venida. No le haré sería fácil hacerlo, pero rehusará, lo sé muy bien, y
en este caso será preciso que usted permanezca en
padre tuviese razón al decir que hubiéramos sido perder tiempo ...
- Poco importa mi tiempo; lo esencial es sáber en su compañía y vele sobre él durante el viaje en didesgraciados.
rección á la ciudad. Reconozco que le pido mucho,
- Pues entonces, replicó Fitzgerald, ¿por qué no qué puedo serla útil.
mas
espero que lo haga por amor á mí.
Pues
voy
á
decírselo.
¡Oh!
¡Soy
muy
desgraciada!,
me acepta usted, puesto que teme no ser feliz con su
- Lo haré, contestó Fitzgerald con expresión reexclamó la joven, que estaba pálida y temblorosa.
primer pretendiente? No es usted razonable.
- ¡Por Dios, dígame usted qué pasa; ya sabe que signada; haré eso y mucho más en favor de usted;
- Con frecuencia dejo de serlo y no reflexiono,
puede
contar conmigo, aunque se trate de exponer pero seguramente le desagradará á Craster que yo
dijo Aretusa. Estoy persuadida de que fuera mucho
intervenga en sus asuntos y espíe sus movimientos.
mejor para mí el aceptarle por esposo, tanto más, mi vida!
- Ya lo sé, contestó Aretusa; y por eso he venido. No dudo que se resentirá de ello.
cuanto que usted me inspira simpatías; pero también
- Pues sufra usted su resentimiento. ¿Me lo pro•
Al decir esto sacó un diario del bolsillo y entresé que si él volviera no podría menos de seguir amán·
dole, y no procedería con lealtad si no lo confesase. góseloá su interlocutor, señalándole el farol del coche, mete así?
- Se lo prometo; pero él no tolerará que yo siga
á la vez que le indicaba con el dedo un párrafo de la
- Tal vez acabaría usted por preferirme...
sus
pasos.
primera
columna.
- No digo lo contrario; es muy posible; pero ... ¿y
- Hágalo usted, quiera ó no quiera, y en último
- Lea usted, si puede, dijo; el diario es de esta
si no sucediera así?
extremo, si fuere necesario apelar á este recurso, dí- Si usted piensa en mí, ya tengo algo adelantado, tarde.
gale que yo le envío á usted; que he oído e~as palaA
la
escasa
luz
del
farol,
Fitzgerald
pudo
leer
á
y de todos modos, bastaría un poco de buena volunbras de boca de mi padre; y como ya conoce su ca•
duras penas lo que sigue:
tad para corresponderme.
«El señor Craster, que había emprendido la marcha rácter, comprenderá el peligrp que le amenaza.
- Muy bien; le autorizo para que de aquí á un
Fitzgerald iba á replicar que si decía que iba en
año; á contar desde hoy, me solicite de nuevo; pero después de terminar satisfactoriamente su misión
durante este tiempo, quisiera que no me hablase más oficial en Burmah, llegará mañana á Inglaterra por nombre de Aretusa, Craster sabría que era amado
sobre el particular, y yo por mi parte procuraré no la vía de América en el vapor Platea, y tal vez des- aún; pero se contuvo. ¿Por qué no había de revelárselo, y no prestaría su auxilio á la joven que amaba
ver á mi primer pretendiente, en el caso de que vol· embarque al mediodía »
Fitzgerald no pudo reprimir una exclamación de si de ello dependía su felicidad?
viera.
Este rasgo de abnegación sería una prueba más de
- Es decir, repuso Fitzgerald, que si no obtengo sorpresa, revelándose en su semblante la desagradasu
apasionado cariño.
ble
y
dolorosa
impresión
que
le
producía
esta
noticia.
la mano de usted será por culpa mía, ¿no es cierto?
- Saldré en el tren de las siete, dijo, y haré cuanto
- ¡Conque al fin vuelve!, murmuró en voz baja.
- Tal debe usted creer.
Transcurrió cerca de un año, y en este tiempo, No he olvidado, Aretusa, lo que usted me dijo que sea posible para atenerme á las instrucciones que
usted me da. Son ya más de las seis, y solamente me
Fitzgerald vió muy á menudo á la hermosa Aretusa, sucedería en el caso de que regresara.
- ¡Vamos!, replicó la joven, no pierda usted tiem- queda tiempo para recoger algunas cosas y marchar.
de quien estaba cada vez más enamorado. Era tan fe.
- ¿Me promete usted no arrepentirse de lo que me
liz, que casi sentía que estuviese tan próximo el día 5, po en hablar de cosas de que sería ocioso tratar
ahora.
Vengo
á
pedirle
un
favor,
á
rogarle
que
me
ha
ofrecido?
es decir, aquel en que la joven debía contestarle de·
- Doy mi palabra de caballero, contestó Fitzgerald
finitivamente pues su negativa le obligaría á renunciar preste un servicio que nq podría solicitar de ninguna
para siempre' á la esperanza en que cifraba su felici- otra persona. Espero que no se niegue á ello, sea lo con acento solemne; y aunque Craster trate de aledad. Entretanto, Fitzgerald había averiguado ya que que fuere, y que me prometa no hablar á nadie ni jarme, le seguiré.
- Le agradezco en el alma su bondad, dijo AretuAretusa amaba antes á un tal Craster, agente del go· una palabra sobre esta entrevista.
- Haré en obsequio de usted todo cuanto quiera, sa ofreciendo su mano á Fitzgerald, tanto más, cuanbierno en 'Irlanda, donde se distinguió en otro tiem·
y nadie sabrá jamás que se ha dirigido á mí para pe- to que creo que pocos hombres me hubieran prestapo por sus injusticias y arbitrariedades.
Ya sabemos ahora por qué Fit~gerald paseaba in- dirme favor alguno. Supongo, sin embargo, que no do semejante servicio hallándose en el caso de usted.
Con esto terminó el diálogo; Fitzgerald se despiquieto por su habitación. Luchando entre el temo'. y se tr,atará de un crimen.
Fitzgerald esperaba sin duda que la joven con- dió de Aretusa; tomó otro coche al paso para volver
la esperanza, unas veces contaba como segura la victoria, y otras imaginábase que la mujer á quien tanto testara con una sonrisa á estas últimas palabras; pero á su casa, arregló su maleta apenas llegó, y sin dete•
amaba le rechazaría de nuevo para siempre. Mientras Aretusa, sin hacer aprecio de ellas aparentemente, nerse en comer marchó á la estación. ¡De qué manera tan diferente había pensado pasar el día 5 de
se entregaba á sus reflexiones, un criado entró de im- prosiguió con gravedad:
- Necesito que avise usted á una persona; mas diciembre!
. proviso ypresentóleuna esquela, diciéndole que el porEl padre de Aretusa había dicho, según le mantador esperaba la respuesta á la puerta de la calle. El antes de indicarle quién, convendrá que conozca algunos
antecedentes.
Cuando
mi
padre
leyó
esta
misfestó
ésta, que probablemente algún mal hombre iría
sobre d_e la esquela estaba algo borroso; pero Fitz·

�73 2
también á Liverpool por el primer tren para acechar
la llegada de Craster; y en su consecuencia Fitzge·
raid resolvió examinar bien todos los pasajeros, para
ver si alguno le infundía sospechas. Sin embargo,
nadie le llamó la atención, y por otra parte, no podía
fiarse de las apariencias, muy á menudo engañosas;
pero la verdad es que no vió una sola persona á quien
juzgase capaz de cometer un crimen.
Apenas llegado á Liverpool, Fitzgerald se convenció más y más de que haría un papel ridículo; su misión era del todo absurda, pues si trataba de cumplir
su promesa, Craster se reiría de él, si no le increpa•
ba duramente por su oficiosidad.
Fitzgerald se persuadió de que cometía una locura
cuando se trasladó á bordo del vapor Platea, y llamóle
la atención que en el bote fueran los mismos cuatro
individuos que iban en el coche en que él se instaló
á su salida de Londres, uno de los cuales se distinguía por su elevada estatura y su cabello muy
rubio.
A petición de Fitzgerald, señaláronle en un grupo
de viajeros al Sr. Craster: era lo que l¡uele llamarse
en general un buen mozo,· de arrogante presencia y
facciones regulares, que hubieran sido simpáticas sin
la marcada expresión altanera que se revelaba en los
ojos. Por lo demás vestía con elegancia y tenía todo
el aspecto de un caballero.
En aquel instante no era fácil llegar hasta él, porque se hallaba rodeado de varias personas y había
mucho movimiento en la cubierta del vapor; mas al
fin quedó solo, y entonces Fitzgerald se acercó y díjole que deseaba hablarle dos palabras.
- ¿A mí?, preguntó Craster, fijando en su interlo·
cutor una mirada recelosa. No tengo el gusto de conocer á usted.
- Soy portador de un mensaje, añadió Fitzgerald.
- No espero mensaje alguno, repuso Craster, ha·
ciendo ademán de volver la espalda.
- Es de la señorita Folet, murmuró Fitzgerald,
comprendiendo que era preciso apelar al último recurso para ser escuchado.
Al oír esto Craster, hizo seña á su interlocutor
para que le siguiera, y detúvose junto á la banda del
buque.
- Veamos, dijo, qué mensaje trae usted de la señorita Folet.
Fitzgerald le habló entonces de los temores y de
la ansiedad de Aretusa y de la causa á que se debían;
pero muy pronto observó que sus palabras no produ·
cían otro efecto sino el de hacerse él mismo sospechoso á los ojos de su interlocutor.
- Veo que usted duda de mí, díjole; mas le aseguro bajo mi palabra de honor que se me ha reco·
mendado eficazmente darle á usted este aviso, advirtiéndo:e al mismo tiempo que esté alerta.
- ¿Tiene usted algo más que decirme?, preguntó
Craster con tono irónico.
- La señorita Folet me rogó que aconsejara á usted
salir de Inglaterra inmediatamente.
- ¿Y si rehusara?, preguntó Craster con burlona
sonrisa.
-Aretusa confiaba en que no se negaría usted á
ello.
- Pero ¿y si me negase?
- Accediendo á sus vivas instancias, la prometí
hacer cuanto estuviese en mi mano para velar por
usted.
- Le agradezco mucho su buena voluntad, replicó
Craster; mas no permitiré que pierda usted el tiempo
para preservar una vida que no tiene valor alguno.
- Esté usted alerta, repuso Fitzgerald, sin hacer
aprecio de la ironía con que le hablaba su interlocu·
tor; la señorita Folet me dijo que las palabras de su
padre eran muy significativas.
- ¡Oh! Ya lo sé, contestó Craster; pero si usted no
se opone á ello, pongamos término á este enojoso
diálogo.
Y encogiéndose de hombros, fué á confundirse entre los demás viajeros sin mirar siquiera á Fitzgerald,
que muy descontento de sí. atribuía á su propia torpeza el mal éxito de su misión.
Cuando Craster desembarcó, siguióle sin perderle
un momento de vista; y con extrañeza observó que
el hombre alto y rubio iba cerca de él cuando Craster asomó la cabeza por la ventanilla del coche para
decir al auriga que le condujese al hotel de la Emperatriz. El hombre alto tomó entonces al paso otro
vehículo y dió á su conductor igual orden, mirando
al mismo tiempo á su alrededor corno si buscara á
otra persona. A Fitzgerald le pareció esto muy singular, pues corno él, el desconocido había pasado la
n0che anterior en el hotel Alejandra; y entonces
comenzó á creer que los temores de Aretusa se justificaban.
Fitzgerald tomó á su vez un coche y ordenó que le
condujesen al hotel de la Emperatriz, donde, apenas

llegado, envió un hombre á buscar su maleta al de
Alejandra y á pagar la cuenta.
- Al mismo tiempo, dijo el camarero al hombre
que se iba, puede recoger la maleta del otro caballero.
Y como Fitzgerald había dado ya su nombre, el
camaréro añadió:
- Di que te den el equipaje de los Sres. Fitzgerald
y Lawson.
- ¿Es ese Sr. Lawson alto y rubio?, preguntó Fitzgerald.
- Sí, señor, contestó el camarero.
- ¿Y sabe usted cuánto tiempo permanecerá aquí
el Sr. Craster?
- Hasta la salida del cuarto tren.
Fitzgerald mandó que le sirvieran un abundante
almuerzo, y entretúvose en hojear la guía de los ferrocarriles. El cuarto tren era mixto; de modo que
Craster no debía ir á Londres. En su consecuencia
se fué á la estación muy temprano y observó á todos
los pasajeros que entraban, procurando disimularse
en lo posible. Cinco minutos antes de las cuatro llegó Craster, y á pocos pasos detrás iba Lawson.
- Déme usted un billete de tercera clase para Lar
tington, dijo Craster al encargado de la taquilla.
Lawson se acercó á su vez y pidió lo mismo. Fitzgerald no sabía dónde se hallaba dicho punto; pero
de todos modos, estaba resuelto á ir allí.
- ¡ Al tren, señores!, gritó un empleado en la sala
de espera.
Fitzgerald,sin hacer aprecio de la mirada de enojo
de Craster, entró en el mismo coche detrás de él, y
un momento después subió Lawson.
- ¿Adónde van ustedes, caballeros?,. preguntó el
conductor á la mitad del viaje.
- A Lartington, contestó Craster.
- A Lartington, dijeron los otros pasajeros que
iban en el mismo coche.
- Veo que usted se dirige á Londres, dijo el conductor, examinando el billete de Fitzgerald.
- Sí, contestó, pero debo detenerme también en
Lartington.
- Está bien, pero le advierto que debe cambiar el
billete.
- Puesto que usted conoce esa localidad, dijo
Lawson á Fitzgerald, le ruego que me indique el
mejor hotel.
- Yo no he estado allí nunca, y por lo tanto no
puedo hacerle la menor indicación, contestó Fitzgerald algo bruscamente.
- El de la Reina es el mejor, dijo un desconoci~o que acababa de entrar. Yo conozco muy bien Lartmgton.
- Pues entonces, dijo Craster, me tomaré la libertad de preguntarle si hay servicio de coches en la
estación para los viajeros. Voy á Mouncey sin dar
aviso, y por lo tanto nadie saldrá á esperarme.
- ¡Ah!,exclamó el desconocido; allí reside el coronel Baker. No, en Lartington no encontrará usted coches de alquiler; tal vez haya alguna tartana, pero es
dudoso.
.
Fitzgerald, que estaba verdaderamente inquieto por
la continua presencia de Lawson y que se proponía
buscar una oportunidad para hablar con Craster sobre aquel hombre, apeóse el primero apenas llegaron
á Lartin~ton, y alquiló el único vehículo que allí había, v?lv1endo después á recoger su equipaje. Al volver, v1ó lo que esperaba, es decir, á Craster buscando
otro vehículo; pero Lawson había desap;trecido.
- Me parece que he tomado el único carricoche
que aquí había, ~ijo Fitzgerald, y siendo así, ruégole
que acepte un asiento para ir á Mouncey.
- Gracias, contestó Craster con marcada frialdad
~á~

NúMERO 516

NúMERO 516

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1

- ¡Oh! No me desaire usted. Tal vez haya de andar
mucho y ?º sea bueno el camino, replicó Fitzgerald.
- Le digo á usted que prefiero ir á pie, replicó
~raster con tal acento de enojo, que llamó la atención de cuantos se hallaban allí.
- ¿Pero y el equipaje?, insistió Fitzgerald.
- Ya me lo enviarán, dijo Craster.
Y dando media vuelta, encaminóse rápidamente á
la estación.
Fitzgerald salió de su vehículo y siguióle; mas
apenas lo hubo observado Craster, detúvose de pronto con ademán resuelto.
- ¿Será forzoso, preguntó á Fitzgerald cuando estuvo cerca, decirle algo insultante para poner término
á su persecución?
- Si quisiera usted escuchar tan sólo ...
- ¡Pues no quiero!, repuso Craster; é insisto en po•
ner término á este espionaje. Usted sabrá qué motivo tiene para hablar así; pero yo no creo que sea el
que me indicó.
Al oir este altercado el jefe de la estación se acercó; pero en el mismo instante oyó que Fitzgerald decía
á su interlocutor:

- Sírvase leer esta esquela, y así se convencerá tal
yez de que le digo la verdad.
El temor de ver á Craster aventurarse por un camino solitario, donde seguramente Lawson le esperaba ya, indujo á Fitzgerald á servirse de la única
prueba que podía presentar, es decir, de la carta de
Aretusa.
Craster, acercándose á un farol, leyó la misiva, y
sin duda debió quedar conmovido, pues la expresión
de su fisonomía cambió.
- Veo, dijo, que esta esquela es efectivamente de
la señorita Folet y que me ha dicho 1,1sted la verdad.
- Pues entonces, repuso Fitzgerald, hágame el fa.
vor de aceptar el asiento que le ofrezco hasta Moun·
cey. Desconfío mucho de ese hombre alto que ha viajado conmigo desde Londres, siguiéndole á usted por
todas partes.
- No sé quién pueda ser, dijo Craster; pero de
todos modos, aceptaré el ofrecimiento que usted me
hace.
Estas últimas palabras fueron oídas por el jefe de
la estación, que vió á Craster subir con evidente re·
pugnancia al vehículo, y á Fitzgerald detenerse un
momento después para preguntar si no había otro
camino que condujese á Mouncey, sin duda porque
temía el encuentro con Lawson.
- El camino recto es el mejor, dijo el jefe de la
estación ... y por más de un concepto, añadió en voz
baja.
Mientras que Fitzgerald tomaba un billete para
Liverpool, la señora Folet hablaba animadamente con
su esposo.
- Algernon, le decía, tendremos algún disgusto
con Aretusa, pues hace poco la encontré en la escalera, al parecer muy meditabunda; y como la preguntase si pensaba en lo que debía decir al pobre Fitz·
gerald al día siguiente, me contestó que no le vería,
y dirigióse á su cuarto para evitar nuevas preguntas,
Yo la seguí, y quise que me explicase el sentido de
sus palabras; pero antes de que me contestara, ob,
servé que tenía sobre el lecho el sombrero y el
abrigo. «Tú has salido de casa, la dije. ¿Dime dónde
has estado?» «No me obligue á contestar, replicó,
pues no se lo diría á usted. No he hecho nada malo.»
Cumpliendo con mi deber, insistí en que Aretusa
me lo confesase todo, y ahora sé que salió de casa
sola al obscurecer, que tomó un coche y se detuvo
á la puerta de casa de Fitzgerald, enviándole recado
para que bajase.
- ¡Eso ha hecho!, exclamó el Sr. Folet.
- Sí, y una joven que se atreve á tanto es capaz
de cualquiera cosa. Yo me empeñé en saber lo que
le había dicho; pero en vez de contestarme comenzó
á llorar, y limitóse á decir que ya lo sabría más tarde,
«~ues bien, repuse, al menos dime una sola cosa, dime
si tu imperdonable visita á Fitzgerald tiene alguna re·
)ación con ese hombre odioso ... con ese Craster á
quien tanto abimecemos. Si no respondes, supondré
que no me engaño.» Aretusa permaneció silenciosa;
preguntéla si conocía ya su llegada, y confesó que sí,
mas no pude arrancarla una sola palabra más. Es evi·
dente que Aretusa, al tener noticia ·del regreso de ese
hombre, dejó de pensar en Fitzgerald, á quien ya comenzaba á querer un poco, y sin duda fué á verle para
suplicar que no se presentara mañana á pedir de nuevo su mano, á fin de no ponerla en el caso de repetir
su negativa, exponiéndola á nuestras recriminaciones.
- ¡Pobre Fitzgerald! Mucho temo que tengas razón en cuanto dices. Después de someterse á un año
de prueba, y cuando solamente faltaba un día para
que ese buen joven fuese feliz y se cumplieran nuestros deseos, hete aquí que el odioso Craster reaparece de nuevo.
- Ya lo sé, pero lo esencial ahora es pensar en
nosotros mismos y no en Fitzgerald. No podríamos
tolerar que un hombre tan aborrecido como Craster
entrase á formar parte de nuestra familia, y por lo
pronto urge alejar de aquí á nuestra hija, tanto más,
cuanto que ahora llega su atrevimiento hasta el punto de salir de casa á hurtadillas y no contestar á lo
que se la p~egunta.
- Será necesario hacer.Ja prometer bajo su palabra ...
- No me fío de promesas; he conocido muchas
jóvenes que después de hacerlas se perdieron, y en
mi opinión ...
La entrada de una tía de Aretusa interrumpió á la
señora Folet.
- Hermana mía, dijo después de haber saludado;
solamente permaneceré algunas horas en Londres,
y vengo á preguntarte si quieres que me lleve la niña
para tenerla un mes en el campo.
- La proposición no podía ser más oportuna, contestó el Sr. Folet.
- Sí, ha venido como de molde, añadió su mujer;

'

LA

733

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Aretusa vaciló en contestar, y miró alternativa·
siete millas de distancia no es nada mientras se pue- que el hombre á quien ama está herido, porque esto
mente
al ama de gobierno y á su padre.
sería para ella un golpe mortal.»
da disponer del telégrafo.
Pues
debía usted saber, dijo al fin, que le amo.
Fácil
era
evitar
que
Aretusa
se
enterase
de
nada,
- Pues aceptamos, dijeron á la vez los dos cón- ¡Pobre niña!, murmuró el Sr. Folet.
porque estaba enferma y no recibía diario alguno
yuges.
- ¡Oh! Es preciso. Usted permanecerá á mi lado
- Sí, pero ¿no se opondrá Aretusa?, observó el se· ni visita.
durante
la entrevista y oirá cuanto voy á decirle.
El
día
en
que
fué
á
buscará
Fitzgerald
cogió
un
nor Folet.
- ¡Nada tienes que decirle, absolutamente nada!
- Será preciso que nos obedezca, repuso su mujer. fuerte resfriado á consecuencia de la lluvia, des¿De qué le hablarías?
- No creo necesario que interven- Debo pedirle perdón por haberle
gan ustedes, replicó la tía, _pues Aretuocasionado esta desgracia ... Todo ha
sa desea también marchar.
sido por mi culpa.
- ¡Perfectamente!, exclamó el señor
- Mucho temo que esto último sea
Folet; más vale así.
verdad; pero ya no hay remedio, y tra- ¿Y por qué deseará irse?, replicó
tar ah0ra de consolarle sería inútil; lo
su mujer, á quien estas palabras infunúnico que conseguiríamos sería entrisdieron desconfianza. Me parece extecerle más.
traño.
- ¡Consolarle! Quiero hacer más aún
- Según parece, le complacería disque esto;debo relevarle de una promesa.
frutar un poco de la tranquilidad del
- Supongo que será para renunciará
campo, repuso la tía.
él,
repuso el padre con expresión inConvenido el viaje, los señores Foquieta.
Jet llamaron á su hija, hiciéronla pro- De ningún modo, después de lo
meter que no escribiría á Craster ni trasucedido,
si es que él me acepta.
taría de verle, en lo cual consintió la
- ¿Y me condenarías á la triste situajoven; y con esta condición se la perción de tener por yerno á un hombre
mitió marchar al día siguiente con su
que nos haría desgraciados á todos? Detía para pasar un mes en el campo.
berías leer lo que de él dicen los diarios.
Esto sucedió el día 5 de diciembre,
- Todo cuanto digan es injusto, y los
y el 6 los diarios publicaron numeque
tales cosas escriben ignoran ,la verrosos detalles sobre la tentativa de
dad de los hechos. Tan pronto como
asesinato contra el Sr. Craster, y la
yo le vea ...
detención de Fitzgerald, á quien se
- ¡Verle tú! No consentiré de ningún
acusaba de este delito.
modo que te pongas así en evidencia.
La señora Folet telegrafió al punto
- ¡Padre, por Dios! Advierta usted
á su hermana, diciéndole: «No dejes
que
apenas me queda fuerza para cumllegar niogún diario á manos de Areplir con mi deber.
tusa. Mañana recibirás carta.»
- Lo que tú debes hacer, repuso el
Al otro día, en efecto, escribió lo
Sr.
Folet, es venir conmigo á la sala de
siguiente:
espera para descansar un poco, y des«Querida hermana: E s preciso que
pués tomaremos el primer tren. Llega·
Aretusa no sepa nada acerca del cridos á casa, podrás hablar con tu madre.
men á que ha dado lugar por la im•
. - ¡Con mi madre! Bien sabe usted
prudente entrevista que solicitó de
que jamás podemos entendernos, por ·
Fitzgerald para decirle que debía re·
que no quiere escuchar explicaciones.
nunciar á su mano porque Graster
- Vamos, hija mía, vamos á casa, y
había vuelto. No debe saber tampoco
a\lí
hablaremos los tres. Ya hemos &lt;lis•
que éste se halla gravemente herido,
cutido aquí lo suficiente para que todos
pues tanto la ciega su pasión, que sería
los diarios hablen mañana de este encapaz de escapar para ir á cuidar á ese
cuentro.
hombre, ó cometer alguna otra locura.
- Padre, repuso Aretusa, tan pálida
¡Qué suerte ha sido para mi hija librar•
que
llamó la atención de los que se dese de Fitzgerald! Tenía éste tan butAretusa cogi6 un pedazo de papel para encender de nuevo el fuego
tenían
por curiosidad, y que ya comen
nas relaciones y envidiable posición y
zaban á formar grupos alrededor del
era tan bien recibido en todas partes,
que no creímos necesario tomar informes acerca de pués empeoró con el viaje y al día siguiente hubo de padre y de la hija; padre, es preciso que yo le vea.
El aspecto de Aretusa inquietaba á su padre, y por
él; mas veo que le hemos dispensado demasiada con- guardar cama.
He aquí por qué, á pesar de hallarse solamente á eso accedió á conducirla al hotel donde se hallaba
fianza, pues ahora resulta ser un asesino. ¡Quién lo
hubiera dicho! Tanto sentimiento me causa su ma'.- veinte millas de Stafford, donde Craster estaba he- Craster. Proponíase acompañarla hasta la casa con
dad como el haberme engañado respecto á su ca· rido y Fitzgerald en una prisión, seguía tan ignoran· el ama de gobierno, sin decir una palabra más; hacer
te del hecho como un habitante de los antípodas. entrar á su hija en una habitación, bajo el pretexto
rácter.
Sin embargo, llegó un día en que pudo sentarse de que debía esperar allí hasta que se diese aviso á
» Mi esposo y yo convenimos en que nunca se de•
mostró la culpabilidad de un hombre tan palpable- junto á la chimenea. Sus tíos, que la dejaban sola Craster de su llegada, y tratar entonces de persuamente como ahora en la persona de Fitzgerald. Enlc- algunas veces, habían ido á un pueblo distante doce dirla. Tomaron un coche en la misma estación, y el
quecido y furioso al ver defraudadas sus esperanzas millas para asistirá un bautizo; y Aretusa, distraída Sr. Folet &lt;lió las señas en voz muy baja al auriga, teal cabo de un año de espera, apenas Aterusa le dijo con la lectura de un libro, dejó apagar el fuego. Al meroso de que alguien le oyera.
- ¡Me ha engañado usted, padre mío!, exclamó con
que debía renunciar á su mano, corre á Liverpool para notarlo cogió un pedazo de papel para encenderlo
acento
de amargura Aretusa al llegar al hotel. ¡Esto
de
nuevo,
y
al
fijar
en
él
la
vista,
palideció:
acababa
tomar venganza. Aho~a se sabe muy bien todo 7uan.
to hizo durante las veinticuatro horas que mediaron de leer los nombres de Craster y Fitzgerald en letras no es una prisión!
- ¡Claro es que no! Pero ¿á quién deseas ver?
desde que se despidió de mi hija hasta que di_sparó mayúsculas y la fea palabra asesüzato.
- ¿A quién ha de ser sino á Fitzgerald?
.
el tiro contra Craster; y co.mo tú no lees ningún
- ¡Gran Dios! Yo creía que se trataba de Craster;
Tres horas después, Aretusa, debilitada aún, pero
diario de importancia, voy á referírtelo.
»Fitzgerald durmió aquella noche en el hotel de poseída de la mayor excitación, tropezó con un ca- y hubo un tiempo en que me hubiera agradado mucho
Alejandra, trasladóse á la mañana siguiente á bordo ballero al apearse del tren en Stafford, y al volver la oir lo que ahora dices.
- Seguramente le agradará también ahora.
del vapor, donde quiso trabar conocimiento con cabeza para decir que la dispensase, vió que era su
- ¡Oh!Ahora tiene las manos manchadas de sangre.
mismo
padre.
Craster; pero como éste le rechazara, siguióle al ho- ¡No es verdad! ·Dé usted al cochero orden de
- ¡Aretusa!, exclamó con el mayor asombro, auntel de la Emperatriz y luego á la estación. Una vez
conducirnos á la prisión, y se lo explicaré todo.
aquí, instalóse en el mismo coche, y aunque había que sin acento de enojo.
Aretusa refirió todos los detalles, demostrando.así
- ¡Padre! ¿Usted aquí?, dijo á su vez la joven retomado billete para Londres, al ver que aquél en
á su padre que Fitzgerald era inocente.
cuyo seguimiento iba dejaba en Lartington el tren, trocediendo un paso.
- Fué una estupidez dar semejante paso, dijo el
- Y tú, ¿qué haces en este sitio?
apeóse igualmente. El jefe de la estación oyó cómo
señor
Folet cuando se hubo enterado de todo .. Fitz.
¡Oh!
¡No
se
enfade
usted,
padre!
Sólo
desde
hace
Craster decía á Fitzgerald que estaba ya harto de su
espionage; pero en vez de irse, el segundo trató de un momento sé lo que ha ocurrido. Vengo á verle. gerald podía haber hecbo algo para proteger á CrasEl Sr. Folet se apresuró á conducir á su hija á un ter hasta Londres, pero aunque llegara en salvo hasta
persuadir al primero á tomar asiento en un vehfc~lo
sitio
más retirado, y su rostro expresó cierta satisfac- aquí, no por eso estaba fuera de peligro.
que acababa de alquilar. Craster rehusó con enoJo,
- Tal vez no; pero después de lo que le oí decir á
pero Fitzgerald le enseñó una carta que al parecer le ción al ver que la seguía una mujer de edad respehizo cambiar de idea· mas como si quisiera asegurar table, manteniéndose á cierta distancia como para usted, imaginé que si llegaba á la ciudad en salvo no
tendría ya nada que temer. De todos modos, yo promejor el golpe, retro~edió para preguntar si no. había no oir lo que se decía.
cedí así suponiendo que sus palabras se referían á un
- ¿Quién es esa mujer?, preguntó.
ningún camino menos frecuentado que conduJera á
informe secreto y no podías oportar la idea de que el
- Es el ama de gobierno de mi tía.
Mouncey. El jefe de la estación sospechó algo malo
hombre á quien una vez amé fuera sacrificado sin
¿Conque
no
has
venido
sola?
y no quiso informarle. No le faltaba razón para ello,
- No, señor, eso no; pero deseaba verle cuanto levantar yo un dedo para salvarle.
puesto que un cuarto de hora después Craster caía
- Como quiera que sea, insisto en que cometiste
antes, y el ama consintió en acompañarme.
herido de un balazo.
una
locura, y por mi parte ...
¿Pero
has
perdido
el
juicio?
»Fitzgerald, que confiaba en hacer re.caer las sos- Todos cometemos algún error en la vida, padre
- No intente usted detenerme, porque es forzoso
pechas en otro hombre, no trató de hmr, y fué dete·
mío; y yo no me arrepentiré nunca de este, pues por
nido: había arrojado su revólver después de h~~er que yo le vea.
él amo á Fitzgerald más que antes porque sin vacilar
Hija
mía,
comprendo
que
esto
es
un
golpe
te·
cometido el crimen, pero se encontró cerca del sitio,
accedió á mi deseo, prefiriendo mi felicidad á la suya.
Importa mucho, hermana mía, que Aretusa no sepa rrible para ti, pero seguramente no le amas.

... .. .. ..

.

�L A 1LUStRACIÓN ARTISTICA

734
- Ya hemos llegado, dijo el padre, al ver que el
coche se detenía; yo había venido á Stafford para
ver al preso, y tengo un pase que nos permitirá llegar hasta él.
El sei1or Folet y su hija entraron en la prisión, y
fuuon conducidos á la celda que el preso ocupaba.
Fitzgerald se levantó de su asiento al oír que abrían
la puerta y dejó escapar una exclamación de alegría
cuando vió á sus visitantes.
- Vengo con mi hija, como usted ve, dijo el señor
Folet al entrar, y por esto comprenderá...
- Sí, sí, interrumpió Fitzgerald; la presencia de
ustedes aquí me basta para demostrarme 51u7 reconocen mi inocencia ... y en cuanto á la senonta Folet, añadió, volviéndose hacia la ·joven, deb~ estar
persuadida de que hice cuanto estuvo en m1 mano
para cumplir con sus instrucciones. No se me puede
atribuir la culpa de que mis esfuerzos hayan resultado inútiles. Por fortuna, el herido se restablecerá muy
pronto, según dicen.
- Sé muy bien todo lo que usted ha hecho, contestó Aretusa, y me alegro que el herido se halle en
vías de curación; mas no porque me inspire el interés de otro tiempo, pues de hoy en adelante ...
- ¡Acabe usted!, exclamó Fitzgerald, fluctuando
entre la duda y la esperanza; de hoy en adelante ...
- Usted lo será todo para mí, añadió Aretusa,
fijando en Fitzgerald una mirada de cariño y otra
en su padre, como solicitando su aprobación.
El señor Folet estaba radiante de alegría; no esperaba un desenlace tan conforme con sus deseos.
Inútil parece añadir que la inocencia de Fitzgerald
quedó palpablemente demostrada con prue?as irrecusables que no dejaban lugar á la duda; y sincerado
del crimen que se le imputara, obtuvo la mano de
Aretusa en justa recompensa de su abnegación.
TRADUCIDO POR

E. L. V ERN J,:UIL.

SECCI ÓN CIENTÍF ICA
FÍSICA SIN APARATOS
EXPERIMENTOS DE FUE RZA CE NTRI F UGA

El .experimento que vamos á describir tiene la
ventaja de causar cierta emoción entre los especta·

Fig. r. Experimento de fuerza centrifuga ejecutado con un plato
y un aro de servilleta

dores y de ser al propio tiempo en extremo curioso
desde el punto de vista mecánico.
Tómese un plato ordinario y colóquese en el centro del mismo un anillo de servilleta liso; por ejemplo,
un anillo de marfil cortado en bocel ó de madera
barnizada con laca, de quince milímetros de altura.
Cójase el plato por los bordes en los extremos de un
diámetro y arrójese al aire á fin de hacerle dar de
esta manera una vuelta completa sobre sí mismo,
como lo indica la fig. 1: el plato entonces caerá en
las manos del que ejecute el experimento y el anillo
permanecerá inmóvil y como clavado en el fondo gel
utensilio culinario. La rotación del plato se ha efectuado alrededor de un eje que pasa por sus bordes,
siendo fácil comprender que en este movimiento el
anillo de servilleta ha sido aplicado por la fuerza
centrífuga contra el fondo del plato y le ha sido imposible escapar.

NúMERO 516

NúMERO 516

Una de las tases interesantes de este experimento pues es tan sencillo, entran en él tan pocos elees que se puede, á voluntad y avisando previamente mentos mecánicos, que de resultar práctico este moá los espectadores, hacer que el anillo quede adhe- tor se aproximaría mucho al bello ideal en mat'erido al plato ó lanzarlo á lo lejos. Para esto último ria de motores.
basta producir el movimiento de rotación del plato
Para dar á nuestros lectores una idea del principio
alrededor de un ~je que pase muy cerca del fondo ó en que el aparato se funda, partiremos de la base
que esté fuera de éste: en tal caso, se ve inmediata- del manómetro común : sabido es que éste consiste
mente quo la fuerza centrífuga arranca el objeto del en un tubo en forma de herradura de metal elástico,
plano en que está :Colocado y lo proyecta contra la cerrado en sus lados y de sección no horizontal, sin-,
cara del operador ó contra los inofen.
sivos espectadores del experimento.
Este sale muy bien con un plato
sopero. Es evidente que en el plato
puede ponerse un objeto cualquiera,
un tapón de corcho, un pedazo de pan
ó'.de cartón, un cuchillo, una llave, etc.:
algunas personas especialmente hábiles ejecutan también experimentos poniendo en el plato algunos alimentos;
basta para ello que el objeto colocado
no resulte demasiado alto.
A propósito de fuerza centrífuga merece citarse el experimento que el profesor Van der Mensbrugghe ejecuta
todos los años en su cátedra de física:
al extremo de un bramante de 30 ó 40
centímetros de largo ata una cadena
metálica de pequeños eslabones de una
longitud total de 2 5 á 35 centímetros
y cerrada en sí misma. Manteniendo
el bramante vertical, imprímele un
movimiento de rotación rápido y en el
mismo sentido como si quisiera retor- Fig. 2. Cadena que forma~un círculo horizontal al extremo de un bramante
cerlo entre sus dedos (fig. 2 ): la cadena, ·en un principio: se abre (fig. 2 A), y aumentando. elíptica, con el eje principal de la elipse perpendicuel movimiento de rotación de aquél la materia pesa- lar al plano de la herradura. El tubo arqueado tenda, ó sea la cadena, es rechazada cada vez más lejos drá una forma determinada cuando por el agujero
y acaba por formar un círculo en un plano horizon- comunique con el aire exterior, y si se introduce con
tal. En este movimiento el bramante describe una presión en él vapor, gas ó un líquido, la citada forma
especie de superficie conoide deformada por la fuer- de herradura se modifica en el sentido de alejarse
za centrífuga.
uno de otro los dos extremos del aparato, alejamienLa fig. 2 B da el aspecto exacto que el pequeño to que medido por una palanca denota la presión
aparato ofrece á la vista durante la rotación.
del vapor.
Del mismo modo un mango de pluma fijado á un
Trouvé utiliza este instrumento para elevar sumocordón por uno de sus extremos toma una posición tor: por medio del tubo arqueado en herradura une
casi horizontal.
directamente dos grandes alas A y B, como lo repre•
senta el grabado, y produce en el interior del mismo
(De La Nat11re)
diferencias de presión que varían rápidamente, con
lo cual las alas se ponen en movimiento con una
rapidez igual á la de aquellas diferencias. El mecanismo de las alas es de tal modo que éstas sólo enN UEVO APARATO PARA VOLAR D E GUSTAVO TROl"VÉ cuentran la resistencia del aire en su movimiento
descendente, con lo que se eleva el aparato al cual
l !La humanidad ha perseguido en todos tiempos la se imprime dirección por medio de una aleta caudal
solución de algunos problemas favoritos, varios de gobernada por una palanca C y de un timón situalos cuales han sido al fin abandonados por imposi- do en la parte de proa. Para obtener las diferencias
bles: de tales pueden calificarse los de la piedra filo- de presión necesarias para el movimiento del tubo,
sofal, de la cuadratura del círculo y del movimiento se producen en el interior de éste, á intervalos decontinuo que, sin embargo, han sido fuente de mu- terminados, explosiones de gas fulminante que en
chos y admirables adelantos y descu0rimientos en la cantidad suficiente se lleva comprimido en un cilinquímica, en la geometría y en la mecánica. La ciencia dro. En el modelo, esta instalación .está sustituida
tiene entre otras la inmensa ventaja de que aun per- por la cámara de revólver D que, movida por las
siguiendo fines absurd.os, los estudios y trabajos que mismas alas, hace explotar doce cartuchos de pólvopara lograrlos se venfican conducen indefectible· ra, cuyos gases penetran en el tubo del manómetro
mente á la conquista de nuevos progresos.
por el otro tubo que se ve en el aparato y cuyas
En nuestros días son todavía muchos los que se paredes son muy resistentes.
ocupan en un problema acerca de cuya posible soluEl modelo puede, con esta carga de doce cartución no se ha dicho aún la última palabra. Nos refe- chos, volar en sentido horizontal y con un peso de
rimos al del aparato para volar,
que hasta ahora
no se ha resuelto
práticamente, pero que quizá se
resuelva cuando
s·e disponga de
motores de muchísimo menos
peso que las máquinas actualmente conocidas,
La comparación que se ha
querido establecer entre los buques y los globo¡
aerostáticos es de
todo punto falsa,
pues en estos úlNuevo aparato para volar de Gustavo Trouvé
timos falta precisamente el punto
de apoyo que aquéllos tienen en la masa de agua tres y medio kilogramos en una extensión de 75 á
Inspirado en esta idea, el investigador M. Gustavo 80 metros, cayendo después al suelo lentamente graTrouvé ha construído un motor. originalísimo que cias á sus alas y á su aleta caudal.
aun cuando no resuelva el problema puede llégar
á desempeñar un papel importante en la técnica,
(Del I'ro111etheus)

735

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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T COlC TOJ&gt;OS LOI nncamos fflJTJUTI\'O1 IOLtJILBI H U CAIUfB
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19p1ndor de la.a tuerzas '11.ales, de eate fenl■eaa&amp;e per e■eeíeaela. De un ¡ruato m1111111ente a¡rad&amp;ble es 110berano contra la Anemill 1 el J.,ocaf!lúnlo, en la.a CIUlltlwU
., Coni,allcenetas¡ oo'nlra las
y las .AfeccwttU del llllOfflaQo ., loe
cuando ae lma de desper\a.r el apetito, asegurar Ju dlgeatlonea, reparar laa fnerlU,
enriquecer 1a angre, enl.Onar el organismo y precaver la anemia y laa epidemiu provoCldú por 101 et.lores, no ae conoce nada mpenor al Wia• de gaüaa de .&amp;reall.
IM e,qor• • Paria, ell
l. nnt,rarmauutlco~tot, rae llidlellll. .......A1IDUI.
S. VDDS 1111 TODAS L4S PlllffClPA.LSII IIOTfaA&amp;

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Partlci]lllndo de laa propiedades del Iodo
'! del Blerro, estas Plldoras se emplean

Lu

eSJ)ecialmente conlra las ••crofulu, la

Ptnna ... ctDNftlu

Túl■

y la Debhldad de temperameuto,
as! como en todos los casos(PiUdo■ colore■,
.&amp;11aenerrea, ••&gt;
,en los cuales es necesario

PILDORAS~~DEHAUT

,obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
au riqueza y abundanclli. normales, Oya para
provocar O re¡ularizar su curso periódico,

Dlt ..Al'lla

•• titubeo 111 l'Dl'fll'II, ftllJldO lo
IIICflÍWI, No c.m,11 ,1 IICO .Di ,1 CIII•
~cio, ,O"fW, co11er1 lo que meede eoa
•~ omu parguc.,, 11te 110 obra Mea
G.DO caudo Htomkan buena.anm,nto,

1"ta?,~

·. A~/'A--?f)s rarmar.tuttco, o Pal'II,

r1)ebidulortllieuw, cual elnno, elutl,

1tu, Bonapart,, 40

,..,., -·· ' N• 8•Elesioduro
de hterro tmpuro Oalterado
un medicamento llffiel é Irritan te.

e U. Cada eaal ~ • , para JYU'fll'tle, la
llora 7 la comida gue ma, le conYienen,

'"J'Ul 1111 ocapecioau, Come el caa,u
CJO tu• la IIDl'p oeufona queda completamateuulldoporeliftctodeIa
lua■ ••nlacfon e-,_Inda,uo
S! iec:1&lt;, Mcílmeate II rolnr

Como prueba de pureza y de autenticidad do

... .....,.,

Qutl'ld• enfermo. -FIi•• Yd. • 111/ /uta uperien,la,
1 Aa,a no duu11lro1 l/fAlt08d• SALIIQ, pue, 1//ol
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APEL WL

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■uoh11 añG1, d11frutand1 11111111,e d• una bu1na 1a/ud.

CLORÓSJS. -

ANÉMJA. -

ARGANTA

LINFATISMO

VOZ y BOCA

El Proto-IodlU'o de :IIierro e, ,1 reparador 11• la &amp;&amp;ZJ{1red rortiflcante y ,1 microbicida 1or e:a:::celen cla.
11Jarabe11u Grajea■ 1:01 pNlto-loduro •• l lem ••F. Gflle,

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Catarroa,Mal de gargaDta,Bron•
quitJ.a, RHfriadoa, Romadisoa,
de los Reumati1moa, DolorH,
Lumbago■, etc., SO año• del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derintivo recomendado por
101 primero• ~ de Paria.

PASTILLAS DE DETHAN

J'M"'"'

no potlrlat1 , .,. t1,1114114t1o r,com,,,tlatlo1 .,. ,...,.¡,. IÜ " '
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(Oa&lt;, to ti• to, B o1,«ol11).
011'daITO GllflftAL: 45, Rue Yauvllllers, PARIS. Deposito en todu lu hrmaclu .

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••rllt y el Sello de gu antta de la Unl6n dt
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ENFERMEDADES
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LA SAGRADA BIBLIA

Jarabe Laroze

EDICIÓN ILUSTRADA

'- 10 oéntii:no ■ de pes eta l a
e n trega de 18 página■

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Se ca.laa pNtspectoa i ~1lica loa ■oUatc
6iglbo4otc Aloa Sra. Moatuer y Suda, ..Utor•

Desde hace mas de 40 aflos, el J'arabe Larose se prescribe con é:r.ito por
todos los médicos para la curacíon de las gastritis, gastraljlaa, dol~~..
y retortijones de estómago, estreñimiento~ rebelde■, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las !U:11c1one1 del estómago 7 de
los intes tinos.

JARABE

a1BroD1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS
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Füria, Espediciones: J.-P. LAROZE
Deposito en todas las

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princip&amp;Je■ Botica■

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, PIIEMJ O

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Recomendados conlra las Afeccion es del E stó-

mago, Falta de Apetito, Diges tiones laborl011as, Aoedlas, Vómitos, Eructos, y Cólicos;
regularlzau las Funciones del Estóma go y
de los IJKeatmoa.
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Er/f/ren e/rotulo a firma de J. FAYARD.
&amp;dh. DETBAN, Farmaoeutloo en PAlU8

JARABE Y PASTA .
de H. AUBERGIER

:iooo ,,.
con :t.A0'l'V0.AJUl7K (Jugo lechoso de Lechuga)
.Aprobados por la .Aca d emia de Medicina de Paria 6 insertad o&amp; en Ia Colección
O.ticlal de Fórmula&amp; Legalee por decre to minis terial de 1 O d e Marzo de 185 4.

de

Es·el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del ooruon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de .~•-Vito, insomnios, 0011'nllsiones y tos de ¡05 niños durante la denüc1on; en una palabra, todu
las afecciones nerviosas.

. SOCIEDAD
, de Fomento
, r!!{tdalla
· , d1 fro.

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

« una completa innoculdad, una encac!a per!eclamente comprobada en el catarro
' ept1Umtco, las Bronquttts, Catarros, Reumas, Tos, a3ma étmtacwn de la garganta, han
• grangeado al J ARAUE y PASTA de AUBERGIER una Inmensa fama. »

, (E:itracto del Formulario MUico del S" BoucAardat catedrdlico de 111 Facultad de Medicina (26' edicidn).

•

'

Venta por mayor: COMAR T e•, SS, Calle de St-Claude, PARlS
DEPÓSITO EN LAS PRINCIPALES BOTICAS

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

736

NúMERO

516

en la de D. Arturo Simón, Ram·
hla de Canaletas, 5.

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN
por a11tores ó ediloi-es

NIETOS DE APOLO, humorada representable, _por D . Luis
Cánovas. - Es un a ingeniosa
composición poética en alaban·
za del eminente poeta D. Ramón de Campoamor. Apolo,
acompañado de Cervantes, recorre la tierra española en busca de un poeta, y ya se dispone
á volver al Parnaso sin haber
logrado su objeto, 01ando se le
presentan personificadas en sus
protagonistas las principales
creaciones del autor de las Doloras: el dios reconoce á aquellos hijos de Campoamor como
sus nietos predilectos. Este es
el argumento de la humorada,
cuya versificación se ajusta en
los parlamentos :le los diversos
personajes al mismo metro y al
mismo estilo en que habla cada uno de ellos en las composiciones del poeta,
Niet~s de A polo constituye un
librito de interesante lectura
que se vende al precio de 1'50
pesetas en las principales librerlas,

ZARAGOZA ARTÍSTICA, MO·
NUMKNTAL É HISTÓRICA, por
A y P. Gascón de Gotor. - Los
cuadernG&gt;s 40 á 43, que son los
últimamente publicados de esta
interesantisima obra, contienen,
además del excelente texto,
ocho bellísimas fototipias que
reproducen: la cúpula de la
iglesia de San ~iguel; una Pj·
gina de un c6d1ce árabe (ano
806 de la hégira) de la notable
colección de D. Pablo Gil y Gil;
un Hércules de bronce, propiedad de la casa de Ran; un fragmento del artesonado de la sala
de Santa Isabel del castillo de la
Aljaferia, existente en el Museo
Provincial de Zaragoza; una
puerta de la Mezquita del palacio de la Aljaferia; un detalle
del templete de los baños árabes; un detalle de la Torre Nueva y el torreón de la casa Torten.
En la cubierta del cuaderno
43 aparece una sentiJa y patriótica protesta de los autores de
la obra ·contra el acuerdo, al parecer tomado, de demoler la
Torre Nueva, ese hermoso monumento, que es orgullo de españoles y admiración de extranjeros.
Suscríbese á la obra, que se
publica por cuadernos semanales al precio de una peseta uno,
en casa de los autores, Contamina, 25, 3. 0 , Zaragoza, y en Bar·
celom1 en la librer!a de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5.

LA ESTATUA Á D. EUSEBIO
DA Gu AR DA. - En este folleto
están reunidos todos los documentos referentes al monumen•
to que el pueblo de la Coruña
ha elevado á su preclaro hijo y
generoso bienhechor: contiene
también los discursos pronunciados en el acto de descubrirse
la estatua y una vista del monumeato.

• ••

•••

PERSONAJES ILU STRES. IlARTZENBUSCII, por A. Fernández-C11erra. - CÁNOVAS,
por D. Ramón de Ca111poamor,
- La colección de biografías
de personajes ilustres que pu·
blican los Sres. Sáenz de Jubera hermanos, de Madrid, aca•
ba de dará luz las de D. Juan
Eugenio Hartzenbusch y de_don
Antonio Cánovas del Castillo,
escritas por los Sres. Fernández-Guerra y Campoamor respectivamente. Los nombres ~e
los biografiados y de sus biógrafos es el mejor elogio de estos dos estudios que forman dos
elegantes tomitos ilustrados coe
retratos y autógrafos.
Véndense al precio de una
peseta cada tomo en las principales librerías, y en Barcelona

BREVES INDICACIONES SO·
BRE EL CULTIVO DE LA CEPA
AMERICANA, por D. Lttis M.
/ordi. - El autor de este folleto
consigue plena~ente llenar. el
objeto que, segun sus prop1~s
palabras, se propuso al escnb1rlo, puesto que sus indicaciones
son un gula de lo más necesa·
rio que deben tener en cue?ta
los viticultores que al cultivo
de la cepa americana se dedican, expuesto en lenguaje cla•
ro, sencillo y compendiatl~ y
con todos los datos necesarros,
así sobre las diferentes especies
de cepas como sobre las distintas clases de tierras en que dehen cultivarse.
Este folleto ha sido impreso
en la tipografía de D. Mariano Alegret Colom, de Figueras,

LA GIGANTA ROSITA. (De una fotografía.)
Joven vienesa que actualmente se exhibe en uno de los teatros de Berlín .
• 1

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

illt\l~DESdeIEBro~

t-+-"~

--+-

~flo

Pepsina Boudault

Enfermedodesd,1 Pecho

....,..,.,..,,.., VA.LDB D.B BlYOLl• J 60, P..a.Bl8, lf e10 tod ..• ta• Jr•..rtt•ae'4Ja

El JARABE DE B.R.lANTrecomendal.lo

desde su principio por los profesores
Laennec, Thénard, Ouer■an~ etc.; ba recibido 111 cooRagracfón del tiempo : en el
año 1829 obtuvo el privilegio de Invención. VCllDADEROCONFITE PlCTORAL, con base
de goma y de ababotes, convlene,.sobro tollo a las personas 118llca&lt;la.s como
mUJeres y niños. su gusto excelente no perJudlca en modo a.Jguno 11. su incacla
con Ira 108 RESFRHDOS y to&lt;las las IIIFL.UIACl8,ES del PECHO Y lle 108 llfTESTIIIOS.

Jaraba Pectoral
DE

P. LAMOUROUX

!probada por la .lCADEII! DE IEDlCIN!

PREMIO OELINSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
M•dallM en la■ Expo1lcione1 lnte.rnacloo&amp;IH de

PAlllS - LYO!f - VIEIIA • PHIL.lDILPBU • PARIS
1867

11m

1873

1876

l8i8

. . ·••L•A. COJf I L aA.TOl i llTO D r.aa

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;OI 1&gt;1101.DINII DI LA. DIOIITIOII

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VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
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todas las eminencias médicas preuban que esta asociaclon de la Carne, el Hierro y la
Quiua consUtuyo el reparador maa en~mco que se conoce para curar : la Clordlfi, la
1lnemta, las Jlemt~ aoloros1U, el Jlmpo/Jreamtnito y la "-lteracúm ae la sangre
el Raqufttsmo, lds .Afeccúmu ~crofulos/U Y e.scor1'utú:al, etc. El l'ia• Perruclno■o dé
.&amp;roud es, en efecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos
reguJ~1 coordena y aumenta considerablemente las tuerzaa ó tnrwide a la aan¡re
empobrecida y descolorida : el Ytqor, la Coll&gt;racwn y la Bnerota tntal.

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como edulcorante de la, tisana,, á
la, ct1,ale1 comunica m gusto agradable y su, propiedade, calmante,.
(Gaceta dt loa HospHales)

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mogun peligro para el cutis. 50 Años de Éxito, y millares de testimonio, garantizan la eficacia
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los brazos, empléese el PILI f' UJl.it: DUSSER, 1, rue J ,.J,•Rouaaeau, Parle.

Que.lan rc1crvados l01 derechos de propiedad artística T literaria

hn.

n• MONTANn Y Sn,ó•

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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