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A&amp;o X

BARCELONA 23 DE NOVIEMBRE DE 1891

NÚM.

517

1

ADVERTENCIA. - El trabajo extraordinario que exige la ilustración de la obra, no nos ha permitido repartir con el presente número á los suscriptores de
la Bibliflteca Universal «LA GUERRA FRANCO-ALEMANA,» del general Moltke, primera edición ilustrada de las publicadas en Europa. Creemos que con
el próximo podremos hacer el reparto de la misma.

CABEZA DE ESTUDIO, cuadro de b. Manuel Felíu

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

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como la cohesi6n que mantiene unidos los corpuli- á hurtadillas. No, no son las Memorias verdaderas
llos ó átomos en cada cuerpo. La vida en éstas se esos renglones á lo Goncourt, donde se gasta papel,
tinta, espacio, tiempo, letras de imprenta, moldes y
Texto. - M11rmuraciones europeas, por Emilio Castelar. - mantiene, se difunde, se perpetúa y perdura merced máquina para decir: «Domingo, etc., he comido casa
Navegación airea, por Hiram S. Maxim, traducido por E. á los besos de fuego que les manda el solitario y soL. Verneuil. - Colonia, la del Rliin, por Juan Fastenratb. - berano sultán de los espacios. Nuestro planeta va se- de Petters; por cierto que ahumaron mi plato favoNuestros grabados. - La idea fija, por Pablo Bonnetain, con guido por la luna, pálida ciertamente de las tristezas rito, la ternera en salsa.» Las Memorias deben re·
ilustraciones de Jeanniot, traducido por F. Moreno Godino. que dan los celos. Cuando un sol ha dado alguna cordar, no lo meramente subjetivo y personalisimo,
- SKCCIÓN CIENTfFICA: Física sin aparatos. La dilatación
lo naturalmente objetivo y trascendental de nuestros
de los merpos malos conductores del calor. Los autómatas. La tierra de sf, no la despide y lanza irremisiblemente
ob,a de Roberto Hotidln, por el prestidigitador Alber. - Li- á los espacios inmensos para que se pierda en sus actos, que interesan á todo el mundo y elevan hebros enviados á esta Redacción por autores ó editores.
inmensos abismos; la llama y atrae á su centro, cons- chos individuales á la estirpe y categoría de lo unitriñéndola con su coerción para que amorosa en tor· versal y humano. Si queréis estudiar la digestión os
Grabados. - Cabeza de estudio, cuadro de D. Manuel Fellu. no suyo quede y lo rodee con los abrazos de sus ar• importa lo-mismo estudiarla en el estómago de New- Las bellas artes, techo pintado por Antonio Coll y PL moniosfsimas elipses. Todas las estrellas desean tener ton que en el estómago de cualquier campesino
Navegación airea: Fig. 1. Máquina para probar la eficiencia
sus
respectivos satélites y todos los satélites dan á las hallado por casualidad en la primer encrucijada de
del propulsor C:e hélice y la fuerza ascendente de los aeroplanos. Fig. 2. Manera de unir los aeroplanos y fijar las hélices. estrellas con sus concertados movimientos como una vuestra calle al paso. Pero si habéis de contemplar
Fig. 3 Sección longitudinal del cuerpo de lamáquina. Fig. 4. serenata sin fin movida por ardorosa pasión. Esas y conocer el pensamiento, ya varía el interés que
Sección horizontal de los miembros del brazo largo. Fig. 5.
tenéis por una ú otra cabeza. Enciso resucita con
Dinamómetro y tacómetro fijos en la barra principal. Fig. 6. gradaciones en que los planetas están colocados, vaEl experimentador y sus ayudantes probando el dir.amóme- récenme una especie de amoroso himno y de cromá- suma sencillez, pero con grande animación, todos
tro. -Abandonada, escultura de D. Rafael Atcbé. - Sueño tica escala, como los requiebros del poeta en aspira- aquellos actos de su héroe conducentes á explicarde amor, cuadro de D. José Maria Tamburini. - La ,(Jrima- ciones ardientes á su musa, ó como las elegías en nos cómo en la cantera pentélica de sus facultades
domia, cuadro de H. Temple. - El czar eligiendo esposa, copia
suaves notas del músico á su amada. ¡Oh! Asi que la naturales talló una voluntad firme, sirviendo á una
del celebrado cuadro de Makowski. - Experimento de dila•
tación de los cuerpos malos conductores del calórico - Fi- vida vegetal comienza, también comienza con ella el vocación soberana, la estatua de aquel Orfeo divino
guras I, 2 y 3: El pastelero, el gimnasta y el guardia francés, amor. Cuando los capullos en una yema se vuelven que se llamó Gayarre. Cuando uno ha ejercitado
tres grabados que representan otros tantos autómatas de Ro- hacia los cielos para romperse y abrirse, buscan un arte tan dificultoso como escribir con claridad y coberto Houdfn. - Idilio de amor, cuadro de Modesto Faustini. suspiro del aire y un ósculo del día. La palmera des- rrección la lengua castellana, maravillase de que
de lejos pide á su compañero el efluvio, diluido en haya podido un profano empezar y concluir en bue•
los aires, á cuyo contacto ha de producir los dátiles no y propio estilo regular volumen, sin tropiezo en
bajo las palmas, en guisa de un áureo chapitel coro- los énfasis y las adjetivaciones y las hipérboles y las
MURMURACIONES EUROPEAS
•
nando la esbelta y geométri~ columna de su tronco. cacofonías y las mil dificultades encontradas á cada
POR DON EMILIO CAST&amp;LAR
Subid en las escalas y veréis c6mo el amor se difunde linea, lo mismo en la idiosincracia nacional nuestra
que en la naturaleza propia de nuestro rico y altisoMi Biblioteca. - Regalo de libros con dedicatorias autógrafas por doquiera. Estremécese como en sacudimientos
por los primeros autGres contemperáneos. - La 111u/er del nerviosos el pistilo, arróbase como en éxtasis místicos nante idioma. Enciso ha navegado con suma facilisiglo XX, por Julio Simón. - Memorias de Gayarre por Ju- la retina. Desde los primeros insectillos hasta los dad y fortuna entre los dos escollos en que podía
lío Enciso. - Juicio de la obra. - Gayarre niño en el Roncal. grandes mamíferos, todos los seres animados se com• estrellarse la difícil obra suya: entre la sonoridad
- Gayarre mozo en Pamplona. - Gayarre como tenor inciépica del sermón panegírico adobado con los múlpiente. - Gayarre laureado en los teatros. - Muerte de Gaya- pletan á si mismos y perpetúan sus especies respecrre. - Definitivo juicio sobre su caráctor y su genio. - Con· tivas al fuego del amor. Desde las mariposas que tiples adjetivos idiomáticos nuestros, ó la picardía de
clusión.
vuelan en torno de la flor como las tierras en torno novela familiar y realista rayana con los asuntos pidel sol, hasta las carniceras águilas que tienden sus carescos de nuestros dos siglos clásicos. No ha voI
alas sobre las nubes, todos los seres, los delicados y lado á Jo sublime, ni aun escribiendo de música,
los fuertes, obedecen al amor, nacen del amor y en para caer en cualquier icarada frecuentísima tras el
Mi pobre librería resplandecerá siempre por las el amor se consumen y mueren. El ha puesto la se- quiero y no puedo de los tontos; pero tampoco ha
dedicatorias autógrafas con que todos los escritores dosa guedeja en el férreo cuello de los sanguinarios por los suelos arrastrado al héroe que conserva en
modernos de nota la honraron y enaltecieron á por- leones; ha pintado con matice~ tan atractivos y con los mayores apuros provenientes de su ,pobreza la
fia en los treinta últimos años, desde todas las regio- toques tan metálicos, de iris tan múltiples abrillanta- nativa honradez navarra. Con esto, y con la feliz
nes americanas y europeas, al publicar sus libros. das, las multicolores alas del ave; ha inspirado esa ins- ocurrencia de no subrayar demasiado los hechos y
Lamartine, Hugo, Thiers, Gambetta, Dilke, Lub- tintiva é inconsciente arquitectura en el castor para no ampliarlos fuera de toda medida como hinchanbosch, Mazzini, Garibaldi, Favre y cien más, apenas la fábrica de su casa y en la golondrina para el arre- do un perro, Enciso ha dado un libro, cuyas amepublicaron un volumen durante su gloriosa vida, glo de su nido; ha hecho que los astros se sigan, que nas páginas serán saboreadas hoy con gusto por la
cuando, todavía húmedo, me lo remitieron, estam- los gorjeos se sucedan, que los cánticos suban en feliz generación que oyó á Gayarre y consultadas
pando su firma con algún cariñoso cumplido en las sinfonías interminables á lo alto y que por doquier mañana con provecho por cuantos quieran historiar
primeras hojas, que me recordara con tan propicia se oigan arrullos y besos, se vean los pequeñuelos en lo sucesivo la vida de nuestras artes.
ocasión su inalterable amistad. A esta costumbre, no unidos á sus madres y los machos á sus hembras, que
correspondida por mí, pues desconfiado del valor de todo suspire y todo arda, que aspiraciones universaIII
cuanto escribo, pocas veces dedico mis obras ni en les á un ideal palpiten hasta en los seres más rudipúblico ni en privado; á esta costumbre no falta mentarios, que los aguijones del deseo muevan las
nunca el insigne repúblico Julio Simón, de quien partículas de polen áureo depositadas en los pétalos
En la primera parte de su obra Enciso nos refiere
guardo un afecto muy correspondido por mi, el cual de las azucenas y la roja sangre agolpándose á los la vocación del tenor: en la segunda parte, c6mo ha
afecto crece con los años en intensidad como tam- corazones, que un calor benéfico inunde los espacios seguido el tenor esta vocación. Aunque no haya en·
bién mi grande admiración hacia él, no solamente como verdadero espiritual éter, á cuyo empuje y á tre las bellas artes ninguna, ni aun la poesía, en que
por la copia y mérito de sus obras, por la virtud y el cuya lumbre sintamos todos por igual el, precio de la todos mojemos tanto como en la música, desde la niesplendor de su vida. Parece imposible que, trans- vida y pugnemos por extenderla y perpetuarla en ñez primera los designados á episcopar dentro de las
curridos setenta y cinco años, quepan en tal edad tiempos sin término á generaciones sin fin. ¡Benditos armonías y los cánticos revelan las nativas propentantas faenas por él emprendidas y acabadas, cuyo sean aquellos que purifican en obras inmortales y siones suyas y el fin primordial para que fueron crianúmero y cuya importancia de seguro marchitarían con pensamientos altísimos el fecundo amor!
dos. Así como la vista del pintor se distingu_e de la
la más florida juventud y agotarían las más ricas
vista vulgar, distfoguese de los oídos vulgares el oído
fuerzas, pues no parece sino que lleva este hombre
músico. Gayarre hame contado á mi que le absorbían
II
singular en sí varios oradores, varios escritores, varios
y extasiaban todos cuantos sonidos regalaron, á guisa
estadistas, varios académicos, presente á un mismo
de auras, en las cumbres de sus montañas, en las ho•
tiempo en todas partes, y consagrado con todos sus
Otro libro acaba de llegar á mis manos, el escri- ces de sus valles, en las frondas de sus bosques,
medios á prosperar el bien público y á servir los in- to con sobriedad y elegancia verdaderas por Enciso aquellas orejas, tendidas hacia todos los ¡umores por
tereses humanos. Sus discursos en los centros litera- acerca de un objeto curioso, la biografía de Gayarre. el modo indeliberado é inconsciente, congénito y
rios, sus presidencias de ~sociaciones benéficas, sus Hale prestado nombre de M emorias al precioso vo- connatural con las grandes porfiadas vocaciones.
necrologías de los companeros muertos en las tres lumen su autor; y realmente á la obrilla le cuadra, ¿Quién pudiera describir la primera sensación des•
academias á que pertenece de antiguo, sus predica- pues no habiendo sido por la palabra del protago- pertada en aquel cantante natural por los susurros de
ciones difusivas del principio libe_ral tan combatido nista dictada, lo ha sido por sus hechos; resultando, la linfa en el arroyo, y por los estruendos de las cas•
y menguado en estos tiempos, su cooperación á todo en la natural ausencia de todo artificio literario y de cadas en el peñasco, y por el vibrar de los pinos en
trabajo útil é interesante para los demás quedarán toda solemnidad histórica, tan ingenuo relato, si no las montañas, y por el gorjear de los ruiseñores en el
como prueba de cuánto puede la lumbre de una escrito, vivido por Gayarre. Lo malo de las Memo- verjel, y por el beso de las brisas tibias en el rostro,
inteligencia clara y el calor de un afecto humanita- morias, lo que repugna en ellas al cabo, es un em- y por el estallido de los rayos én el cielo, dada su inrio cuando esclarecen y prosperan los humanos pro- peño tan fútil como la presentación de los actos re- contrastable atención á todo aquello que cantaba en
gresos. Entre las obras publicadas en los últimos ferentes á la vida privada, en que todos nos confun• torno suyo, componiendo las sinfonías misteriosas é
tiempos, de las cuales me ha remitido siempre un dimos, y que suelen despertar, magüer su vulgari· inextinguibles del músico universo? Los oradores de
ejemplar, encuéntrase La mujer del siglo XX, escri- dad, insano interés entre los aficionados á cosa de nacimiento dicen, aunque nadie los escuche, monóta en la parte metafísica y moral por él, y por el hijo suyo tan poco interesante como las vidas ajenas. En logos tras monólogos hasta durmiendo; los dramátimayor suyo en la parte fisiol6gica. Imaginaos á Pla- la biografía dada con fortuna y acierto por Enciso cos fingen dramas y urden situaciones interesantes
tón completado por Hipócrates ó Séneca por Plinio, á luz, todo entra dentro del dominio natural de la ó escenas teatrales en las circunstancias más vulgares
y tendréis una idea de tan hermoso libro, pensado y historia y todo está pidiendo la pluma del historia- y con los diálogos más ordinarios de su vida; los pinproducido para engrandecer y purificar el amor. ¡Oh dor. Pervertidos muchos hacedores de Memorias tores ven paisajes y más paisajes en la sucesión pa·
fuerza universal, fuerza creadora! El poema de la por la vanidad característica de algunos hombres norámica del espacio delante de su vista y componen
Creación está inspirado por el amor. No deben co- muy célebres, creídos en lo pueril de su orgullo cuadros y más cuadros en la lectura de cµalquier
nocerse con otro·nombre que este santísimo de amor propio que les importaban á los demás las minucias historiador verdadero; los poetas extraen la poesía
las afinidades misteriosas, aglomerando unos átomos de su vida tanto en si cuanto les importaban á ellos, de los objetos á primera vista más prosaicos; modesobre otros átomos y componiendo por medio de la han atiborrado á los lectores con especies tan ba• lan los escultores nativos idealmente sobre los pe·
cohesión los cuerpos. Amor se debe llamar esa fuer- ladies como el recuento de la primera papilla que druscos hermosos bajos relieves, como los astróno·
za de gravedad que á distancias inmensas mantiene mascaron cuando lloraban por sopas ó del primer mos convierten al cielo material todos sus pensamienunidas las moles enormes en una gran familia solar, amor que sintieron cuando fumaban en la niñez tos: que la vocación amanece y alborea con las almas,

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LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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SUMARIO

LAS BELLAS ARTES,

revestidas de todas las cualidades y hasta de todos
los defectos aquejados que conducen á la realización
y cumplimiento de sus personales destinos. La estrella que nos guía desde nuestra natividad á nuestra
muerte, quiso evocará Gayarre con su magia en una
montaña, donde lejos de oir los rippers, y los tran·
vías y los simones que oyera de nacer en Madrid,
entrábansele ¡ior los órganos de su audición las me·
Jodías del universo, como por los poros de su cuerpo
las emanaciones del heno. Yo no caeré, no, en la retórica pastoril hasta creer más escuela música los
apriscos de Navarra que los conservatorios de Way·
mar, y superior la zampoña 6 rabel de cualquier idilio á un buen violín de Paganini y á un buen piano
de Rubistein; todo esto equivaldría de suyo á traeros
mi buen Gayarre abrigado con pellicos de seda
en rama ó algodón en pelo, vestido con calzas de
raso blanco y polainas de cuero ruso, cubierto con
sombrerete de terciopelo adornado de lazos multicolores, soplando en las flautas áureas de cualquier Fi·
tivo de Academia, sobre muelle cojín de pluma y pin·
tada alfombra de Persia, junto a cualquier Amarilis
adobada con más colores que tiene la cola del ave
de Juno y ceñida con más brillantes que los guardados en las alacenas de Marzo; ¡Dios me libre de dis-

techo pintado por D. Antonio Coll y Pf

frazar así un artista eximio, todo verdad y naturaleza!; pero sí digo que quien jamás oyera el arrullo
postrero de una tórtola y el canto matinal de un
gallo, la esquila del ganado en los rediles y el mugido de los bueyes sobre los surcos, la campana que
llama en el crepúsculo vespertino de lejos á la oración cuando vuelven los leñeros cargados de tomillo
con la primera estrella de la tarde que nada en los
últimos arreboles del día; ¡oh! quien jamás ha oído
todo esto con amor, no podrá, no, componer 6 cantar
la música con gloria. La gallegada de Sonánbula los
conciertos de labriegos en Guillermo, las melodía~ alpestres del organillo de Linda, el azahar sevillano á
que trascienden todas las serenatas audaluzas del
Barbero y del Don Juan, los coros de las selvas en
el Freichutz y el coro de los pájaros en la Africana
enseñan cuánto despertaría la vocación propia suya
en Gayarre la ópera compuesta por el violín de los
pinos, por el aria de las fuentes, por. el dúo de las
alondras, por la flauta del mirlo, por la escala cromática del ruiseñor, por las piezas concertantes cantadas entre las golondrinas y los verderones y los jilgueros_y las tórtolas y los gallos; en fin, por el cántico
armómco de la naturaleza y por el himno todo entero de la música universal.

Pero así como en la infancia todo auxiliaba con
auxilio ~ficaz y consta_nte la vocación suya, todo la
contrariaba en los diversos oficios que siguieran á
las faenas del campo y al pastoreo en el monte. Den·
tro de una tienda prosaica en Pamplona, ó sobre un
yunque atronador en la herrería, seguramente la educación música, por la vida en el Roncal aquistada
sufrió un triste retrnceso. La venta y el regateo, 1~
vara y el peso, los mostradores y los escaparates no
cuadraban á quien debía soñar con empresas de ma·
yor cuantía intelectual y con ocupaciones muy contrarias de las útiles, á cuyos esfuerzos lo condenaban
la miseria del propio hogar y la imposibilidad en que
s~s padre~ se hal_laro,n de granjearle ninguna profesión artística ó c1enllfica. Libreme Dios del error que
supondría no considerar como indispensables á la sociedad faenas tan útiles cual aquellas cooperadoras
en pequeño y con humildad á los movimientos del
cambio, los cuales renuevan y purifican los átomos
sociales, de igual modo que nuestro comercio continuo con el medio ambiente por la respiración y la
nutrición renueva las moléculas corporales; pero Ga·

�LA

ÍLUSTRACióN ARt1st1cA

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yarre no había nacido para este ministerio provecho• hermoso canto. Nunca pensó en cautivar su público haber hecho derramar otras lágrimas que las arransísimo y honroso, había nacido para otros quizás de me· p0r el gesto, ni por el traje, ni por el teatral arte, á cadas á nuestras nostalgias celestes por los ecos sunos utilidad pública, pero de mayor empeño personal. la manera de tantos otros; todo á su garganta y á su blimes de su divina voz.
¡Oh, el arte, cómo desasosiega el arte á sus predilectos! fraseo lo fiaba en las obras de mayor empeño y en
Madrid, 14 de noviembre de 1891
¡Cuál funesto don para la salud, para los nervios, los instantes de más dificultad. Una verdadera nitipara el hígado una fantasía creadora y un sentimien· dez en la pronunciación italiana, unas modulaciones
to estético! Tras las tribulaciones traídas por una pa- magistrales en el recitado, una emisión de voz in•
NAVEGACIÓN AÉREA (1)
labra escuchada, por un pincel feliz, por una voz creíble, unas transiciones en que superaba dificultaPOR HIRAM S. MAXIM
armoniosa, por una superioridad cualquiera en las des insuperables bastábanle para el extraordinario
brillo
de
aquel
inspirado
cántico,
en
que,
por
un
verciencias ó en las artes, sentiría el pensador y el arHace algunos años vió la luz pública un artículo
tista vagar por sus labios la maldición de Job al día dadero milagro de la naturaleza, uníanse con portende su nacimiento, si no viniese á extinguirla un rayo tos~ unió~ la dulcedumbre femenina y el vigor va: titulado Navegación aérea. ( a priori), suscrito por
luminoso de la conciencia serena y una incontrasta- roml. Enciso ha mostrado en su Historia el afecto Edmundo Clai:ence Stedman, en el que se hacían
ble confianza en el juicio de la posteridad. ¿Quién más hondo en el corazón
podrá decir cuántos géneros de contrariedades com- y más enseñoreado en la
baten al artista y lo afligen, cuán agudos los dolores, vida de su amigo, el amor
así en la generación como en el parto de su idea, al suelo natal. Sin que sucuán penosos los trabajos y hasta cuán caros los piésemos una palabra de
triunfos, á veces en tristeza y desabrimiento superio- sus pretensiones, las coli·
res á las mismas derrotas? Y sin embargo, así como giéramos de los gritos lanel ave poeta, en la primavera, cuando el celo enar- zados al ver la nueva tiedece la sangre y la garganta en su cuerpo, se suspen- rra en su Africana, y de la
de ¡ah! de una rama florida, con amor, y se consagra ternura con que plañía las
con empeño á llenar de melodías el aire para que su fuentes y las arboledas
compañera empolle los pajarillos que luego han de patrias al regreso de la
cantar y volar desde su nido hasta la muerte, pues excursión caballeresca en
no empollaría sin aquella fascinación del cantar me- sus Puritanos. Amén del
lodioso, el arte se suspende á su vez del árbol de suelo, del hogar, del valle,
nuestra vida, pues ¡ay! sin él esta humanidad nuestra del monte, del amor á los
mil veces abandonaría, en el suicidio á que las penas suyos, de todo cuanto Je
y los trabajos la impelen, el mundo y la continuación traía el Roncal á la memoen el mundo de su triste atormentada especie. Ima· ria, y .con el Roncal sus
ginaos qué fuera del pobre Gayarre, despedido de su padres, Gayarre amaba las
tienda por haberla dejado en triste soledad para co- bellas artes; y á este amor
rrer tras una música militar, por primera vez á su se absorbía, se anegaba,
oído llegada; que fuera después de la tienda, dentro como los pensamientos
del infierno de una fragua, la cual tanto debía con del místico en las divinas Fig. 1. Máquina para probar la eficiencia del propulsor de hélice y la fuerza ascendente
de los aeroplanos. - En esta máquina la fuerza se transmite desde la barra horizontal,
sus resuellos y sus golpes inarmónicos atormentarle, contemplaciones, en el culhacia arriba por el aparato vertical de acero y á través de los miembros del brazo
si en tan grande contrariedad no le hubiera sosteni- to al cántico. Pero este
largo. A, es una escala que ha de señalar las millas por hora, y B, otra dividida en pies
do la certeza profética del cumplimiento de una vo- culto jamás obstó en él á
por minutos; C, es el dinamómetro para indicar el impulso de la hélice, y D, otro que
cación puesta por Dios en él para encantar con los un gusto por las letras, á
marca el ascenso del aeroplano,
astros luminosos de sus notas las noches morales de un sentimiento de las me•
nuestro espíritu. El Orfeón, en que halla los rudi- les arquitectónicas, á unas
mentos primeros de los tecnicismos difíciles del arte; preferencias de los paisajes hermosos, á una exalta- ciertas indicaciones respecto á la posibilidad de navela escena de su presentación al gran maestro Eslava, ción por las ideas liberales y á un entusiasmo por gar por el aire con globos en forma de pez ó de cigaquien severa y duramente con él procede á sabiendas los hombres superiores que le honraban mucho y rro, empujados por medio de hélices movidas por
en la increíble audición primera de aquella voz divi- hacían de su conversación, llena de conocimientos y una especie de motor. Mr. Clarence, sin preciarse
na; el curso lentísimo en las cátedras de nuestro Con- salpimentada de muy aguda crítica, un sabroso re· de ser ingeniero, solamente se proponía indicar á
servatorio, merced á una pensión suspendida por los creo. El talento resplandecía entre todas las faculta- los de la profesión un perfeccionamiento que en su
revolucionarios de septiembre, que le dejan al infeliz des intelectuales suyas y la sencillez campesina en opinión podía aplicarse. Desde entonces, sin embaren la calle; sus prósperas aventuras en Tudela con sus costumbres. Le divertía mucho, como á mí, el go, se han hecho repetidas experiencias con un apala compañía de canto y sus tristes desventuras en diálogo á la mesa, y le transportaba lejos de todas las rato idéntico al que él indicó, experiencias debidas
Zaragoza por haber querido levantarse á mayores y cavilaciones humanas el disertar ligero y cortado, al gobierno francés, y cuyo resultado fué la cons·
complacer á un público de ciudad grande con los que se dilata desde la sopa caliente al café y que no trucción del globo en forma de pez titulado Francia,
músicos y los recursos empleados en una ciudad pe- excluye, no, la elocuencia en medio de la familia- con propulsor á hélice y motor eléctrico, alimentado
queña; la personal abnegación del cacharrero, fiando ridad. Su oficio le había
con su modesta tienda las primeras empresas de un permitido pespuntear la
tenor incipiente sin empresario; sus peregrinaciones guzla nazarita en los cárme·
para llegar desde los despegos zaragozanos á los triun- nes granadinos y entonar el
fos esplendorosos en los primeros teatros del mundo; Miserere de Viernes Santo ·
tal número de incidencias y de incidentes dramáti- en la catedral sevillana;
cos, dignos de la tragedia, la novela, el drama y el deslizarse al amor de las
sainete, constituyen una moral epopeya, donde la canciones voluptuosas en
juventud que aparenta crecer desesperada y sin los las venecianas góndolas, y
entusiasmos prnpios de las regocijadas mocedades, al revuelo de las plegarias
vea cuánto vale y cuánto puede una firme porfiada místicas arrodillarse en
las gradas rotas del Circo
voluntad.
Máximo erigido sobre las
catacumbas de los mártiV
res cristianos; oiJ: la platóDe triunfo en triunto' anduvo Gayarre hasta el día nita voz del Renacimiento
nefasto en que la muerte le hiriera de súbito y nos entre las colinas y los camio arrebatara por siempre. Amigo mío muy amado, · paniles de Florencia con
así que presintió la proximidad cercana de su fin, el reclamo de la sirena hevino á verme aquí eh mi casa, donde me tenía en- Jénica entre los volcanes y
tonces recluido el triste luto que guardé á mi her- los intercolumnios de Pamana dos consecutivos años. Era el día siguiente á lermo y de Parthenope; re·
la noche nefasta en que la primera sombra del veci- cibir como una difusión di·
no sepulcro subió á su frente luminosa cuando can- vina en sus venas las evataba El pescador de perlas. Podría, si pintara yo, re· poraciones desprendidas
tratar la tristeza de su rosto, y si ampliase las memo- de una odisea continua, Fig. 2. Manera de unir los aeroplanos y fijar las hélices. - A, tubo de madera y de cobre
rias estas, repetir de coro aquella conversación. en la cual dejaba él una
con espiga de acero horizontal; B, propulsor á hélice; C, aeroplano; D, D, dos barras
Acompañábale su hermano del alma, Elorrio, quien, estela de notas y recibía
de acero que funcionan libremente en dirección vertical, sostenidas por otras cuatro horizontales sujetas en G, G; H, H, indices que señalan el ángulo de los planos; E y F,
. reflexivo, grave, leal, honrado, como cumple al que na• otra estela de ideas. Tras
planchas de acero en que se fijan los aeroplanos; L, barra larga horizontal de acero y madecido en solar vasco, siente las amistades con exalta- una vida en que la juvenra, en cuyas extremidades se sujetan alambres de acero para impedir que la máquina se re·
ciones y ama las artes con vehemencias del Medio- tud suya se desquitaba
tuerza cuando está en movimiento; I, cadena que une el aeroplano con el dinamómetro;
día. Versó nuestro coloquio sobre la muerte, y sin con triunfos personales inK, K, alambres para preservar las partes de los esfuerzos de la acción centrifuga.
decir que la temiera, mostró Gayarre que la presen- creíbles del combate sostía en más de un rasgo y más de un concepto, inde- tenido en la infancia, juvenliberado é inconsciente, como aquellos que suelen tud consagrada por completo al arte y al ·culto y al por una batería. Con este globo se efectuaron varias
patentizar con claridad tan grande lo interior más cultivo de las maravillosas facultades recibidas del ascensiones, volviendo al sitio donde se elevó; pero
recóndito del ser. A la semana siguiente de tal con- cielo, que le granjearon fortuna y gloria, sin que ni aun cuando las pruebas se hicieron en día de coroversación lo enterramos. ¡Caso bien digno de medi- una ni otra Je tentaran y le condujeran á la molicie
(1) Tal vez el término «navegación&gt; no sea el m:ls exacto
tarse ahora el caso de tan extraordinario cantante! y menos al vicio, durmióse muy sereno, cuando las que puede aplicarse á la máquina para viajar por el aire. Creo
Gayarre perteneció, como Rubini, á los artistas líri- coronas de sus admiradores le habían caído á los pies que los franceses han convenido en usar la palabra &lt;aeración,&gt;
cos, que todo lo libraron sobre la buena voz y el y los aplausos le resonaban todavía en los oídos, sin en el caso de que consigan alguna vez volar.

NúMERO 517
pleta c~lma, raras veces fué posible regresar al punto
de partida.
Los globos deben tener menos densidad considerados en su conjunt?,. que el a~re en que' flotan, y
por lo tanto ~u condición esencial consiste en ser á
la vez volummosos y de poco peso.
Todas las tentativas hechas recientemente para
navega~ P?r el aire, y de las que tanto han hablado
l~s penódic~s, se han reducido simplemente á imitac10nes, por cierto muy deficientes, del globo Francia.
En la naturaleza no encontramos ave ni insecto
que cruce los_a~es á la manera de un globo.
Todo ser ylVlente, ave ó insecto capaz de elevarse sobre la tierra para surcar el aire tiene el cuerpo
muchos centenares de veces más pesado que el mismo volumen del elemento en que flota ( 1) y Je es
dado d~sarrollar una fuerza mecánica muy grande en
proporció~ á su peso. El empleo de esa fuerza física. e~ el aire q~e le rodea es lo que le permite volar.
D1stmtos experimentos se han hecho sobre la cantidad de fuerza que para vola~ desarrollan las aves, y
las fórmulas. de ellos deducidas arrojan diferencias
tales,_ que mientras unas la fijan, en Jo que al pato,
por e1emplo, se refi:re, en 200 caballos de vapor, otras
la reducen á la décima parte de uno, y Jo cierto es
que hasta el pr~sente nada ha podido demostrarse
con toda segundad respecto á este particular.
J?e todas suertes y estudiando atentamente el mecamsmo del v_uel~ de las aves, la mayoría de Jos
hombres de c1enc1a ha convenido en que si alguna
v:z llegamos á navegar por el aire, ha de ser bajo el
sis,te~a del aer~plano, es decir, ·que el peso de la
maquma y pasaJero ó pasajeros sea conducido por

Fig. 5, D.inamómetro y tacómetro fijos en la barra principal.
- A, dmamórpetro que. señala en décimos el grado de fuer·
za gastada, a la_ ce.lendad de 6oo vueltas por minuto; B,
tacómetro pa~a md.1car e~ número de vueltas por minuto;
C, aparato hidráulico umdo con el dinamómetro; D, con·
trap~so . Con este aparato fué posible determinar al punto
el numero exacto de vueltas y la fuerza empleada.

u? an~ho plano impulsado á gran velocidad por el
arre. Sm embargo, hay alguna divergencia de pareceres respecto á la manera más propia de impeler esos
P.lanos; pues mientras unos creen que sería necesario hacer algo semejante á las alas del ave, otros
proponen el uso de una hélice análoga á las de los
barcos de vapor, pero mucho más ligera, por supuesto, en proporción· á su tamaño. Yo opto por el
propulsor á hélice, porque es en alto grado eficiente
y susceptible de aplicar mucha fuerza de una manera continua sin ninguna remisión en su funcionamiento.
A fin de averiguar el grado de energía que se requiere para el vuelo y también qué influencia ejerce
en aquélla la dimensión como factor, si es que influye en algo, construí una máquina sumamente
complicada y con ella pude probar la eficiencia de
los propulsores á hélice de varias clases y de distin·
tas formas.
Mi aparato consiste en una barra 6 btazo de 31
pies 9'9 pulgadas de longitud, montado en un solo
tubo vertical de acero, provisto de soportes redondeados, forma adoptada para eliminar en cuanto sea
posible el roce. El brazo, según se puede ver en los
grabados que ilustran este artículo, es doble, con los
bordes ·afilados, para que oponga al aire la menor
resistencia posible, y en su extremidad va sujeto un
pequeño aparato volador con un árbol cuyo centro
mide exactamente 31 pies 9'9 pulgadas desde el
(I) El cuerpo de un ave sin plumas es de 6oo á 700 veces
más pesado que el aire; estas plumas, que aumentan el aparente volumen, no deben considerarse como un factor, porque.
no comunican impulso ni son origen de energía.

741

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

centro del tubo de acero en que gira el largo brazo;
de modo que describiría una circunferencia de 200
pies. La fuerza para hacer que funcione el árbol de
dicho aparato se transmite por medio de un sistema
de tirantes á través del tubo central y los dos miembros del brazo largo, quedando el árbol libre para
moverse en dirección longitudinal, movimiento re-

,,
.

gada, colocado según un ángulo de 1 á 13 y con una
velocidad de 3.500 pies por minuto, elevó un peso
de 53 libras, siendo el empuje de la hélice de 8 libras.
Al retirar el plano y hacer girar la máquina exactamente con la misma celeridad, el empuje se reducía
á 4 ½ libras; de m·odo que la diferencia entre esta
cifra y 8 era la suma de energía gastada en arrastrar

.'

Fig. 3. Sección longitudinal del cuerpo de la máquina. - A, po·
lea asegurad~ en la barra; B, sumergidor de acero; C, propulsor de héhce; D, muelle en espiral· E cuerda· F enlace eléctrico; G, hélice; H, marco de ¿obr~. En este aparato
al. empuje d~ la hélice se opone el muelle D. El enlace eléctnco está u?1do de mGJdo que toque una campanilla cada vez
que la. espiga da 200 vueltas, y asi se puede reconocer si G
se desliza sobre la polea,

Fig. 4, Sección horizontal de los dos miembros
del brazo largo. -A, alambre que relaciona el
aeroplano con el ascenso del dinamómetro; B,
alambre que se corre al dinamómetro· C
alambres eléctricos.
' '

guiado por un muelle en espiral. Al fijar una hélice el plano, la cual energía debía ser de 3 s¡~. La ener·
en el árbol y darle vueltas aceleradamente, el apara- gía en la diferencia del empuje era 13'125 Jibrasto de vuelo puede moverse describiendo una circun- pies, empuje proporcional á 133'2 del de un caballo
ferencia ~e 20? pies; y cualquiera que sea el impulso de vapor. El mismo aeroplano, dispuesto en ángulo
de la hélice, dicho muelle se comprime según el gra· de 1 en 1 2 y movido con la celeridad de 4,400 pies
do de fu~rza, f~erza que marca un manómetro gradua• por minuto, llevaba un peso de 100 libras, y cuando
do en hbras wglesas y colocado en el bastidor que traté de aumentar la celeridad, los alambres que mansostiene el brazo. Sujeta al aparato de vuelo va una tenían las extremidades hacia abajo se rompieron al
serie de palancas dispuestas á la manera de escalas punto. El plano se retorció mucho mientras prode plataforma y á las que se puede sujetar el aero- gresaba con esta rapidez, y por lo tanto no füé posipla_no según el ángulo apetecible. Una pequeña má- ble determinar entonces definitivamente el ángulo.
quma de vapor, que se puede hacer funcionar con
Con un aeroplano de 6 pies de longitud por 12 de
la celeridad que se quiera, comunica la fuerza. Un anchura, dispuesto en ángulo muy aplanado y con
tacómetro indica el número de revoluciones hechas una marcha muy rápida, se pudieron llevar hasta 250
y un dinamómetro el grado de energía que se em- lib!as; pero este ángulo era tan achatado, que fué diplea. A fin de observar la velocidad ó de obtener al fícil mantenerle, pues el plano retemblaba y á veces
punto la que se desea, la máquina va provista de un se retorcía mucho por la presión del aire. Todos los
ancho tubo de cristal adaptado de tal modo que á experimentos vinieron á probar que se obtenían los
medida que la celeridad aumenta elévase e~ él un más favorables resultados cuando el ángulo era plano
líquido rojo. En un lado de este tubo hay una escala y mucha la celeridad.
.
dividida en millas por hora y en el otro una que seRespecto al funcionamiento de las hélices, resultó
ñala los pies por minuto.
que .una de madera de dos ramas, de 25'4 pulgadas
Cuando se adapta la hélice y la máquina funciona, de diámetro, con un grado de elevación ligeramente
el brazo comienza desde luego á pasar alrededor del aumentado y siendo la celeridad de 2.333 revolucírculo, y manipulando la válvula de la máquina se ciones por minuto, impelía 11 libras á una distancia
puede obtener una velocidad hasta. de 90 millas por de 5. 700 pies por minuto. Todas las hélices bien
hora. A fin de averiguar la fuerza elevadora de un construidas resultaban ser útiles; la que dió peores
aeroplano, fíjase éste según el ángulo elegido, apli· resultados se había hecho exactamente como las que
cándose unos-alambres á las esquinas para evitar la el gobierno francés usa en sus experimentos.
f~actura. No se suj~ta p_or el centro á la máquina,
Al practicar mis pruebas observé que si multipli·
smo que la extremidad wterior es más larga que la caba el grado de elevación de la hélice en pies por
exterior, lo suficiente para que ambas se eleven por el número de vueltas dadas en un minuto y por el
igual. _Las palancas. á que se sujeta el plano están en empuje en libras, y dividía el producto por 33.000,
conexión con un dmamómetro, dispuesto de tal mo- el. re~ultado correspondía exactamente con Jo que
do que merced á él se puede observar la subida m1 dm~mó~etro señalaba en el brazo principal. Esmientras el aparato funciona. A fin de obtener el to me wduJo á creer que había poco 6 ningún rozagrado de fuerza requerida
para impulsar el plano, se
hacen observaciones correctas antes de sujetarse
aquél. De este modo pude
averiguar el grado exacto
de energía necesaria para
conducir el brazo con todos sus accesorios á través
del·aire; y después, sujetando el plano y haciendo
girar la máquina hasta alcanzar exactamente la misma celeridad, la diferencia
en las señales marcadas indicaba el grado exacto de
energía requerida para
arrastrar el plano. Las hélices que usé eran de madera
y de diverso diámetro, desde 17'5 pulgadas á 25'4, é
hice experimentos con cincuenta formas distintas,
unas de cuatro ramas ó paletas, otras de dos, ora plaFig. 6. El experimentador y sus ayudantes probando el dinamómetro
nas 6 bien de tamaño va.
riable. Todo el aparato, al
que iba sujeta la máquina de vuelo, incluso el lar· miento, y en su consecuencia fabriqué una hélice de
go brazo, su contrapeso, tirantes, dinamómetro, pa- paletas cuya forma, dimensión y grueso fueron exaclancas, etc., pesaba unas 800 libras y opooía consi- tamente los de aquellas que yo había probado ya;
derable resistencia al aire.
pero en vez de ser las paletas ó ramas torneadas y de
Un aeroplano de madera delgada, de 1 2 pies 1 o ponerlas en ángulo, eran planas, formando cada cual
pulgadas de longitud por 26 de ancho, impelido la- el sector de un disco, con ambos bordes muy afila
teralmente, con el lado inferior encorvado ¼ de pul- dos. Al probarlas resultó que mi aparato era tan deli-

�74 2

LA

..

cado, que el contacto de la punta del dedo
con el cilindro movía marcadamente el indicador del dinamómetro, y eso que la fuerza
requerida era tan mínima, que aquél ni siquiera la marcaba. Parecería, por lo tanto,
que el rozamiento entre el aire y la superficie
pulimentada es tan poco, que no se debe tener en cuenta, al contrario de lo que sucede
con las hélices que funcionan en el agua.
Este líquido, á mi modo de ver, humedece
la hélice y se adhiere á la superficie, por muy
pulimentada que sea; mientras que el aire,
no adhiriéndose, no ofrece prácticamente resistencia. Al comprobar mis experimentos y
á pesar de que la circunferencia alrededor de
la cual se movían los planos era de 200 pies,
resultó, después de haber corrido los aeroplanos algunos minutos, que el aire debajo
de ellos se movía perceptiblemente hacia abajo en torno de todo el círculo, sobre todo
cuando los planos grandes se corrían con
mucha celeridad. Opino, pues, que si mi apa·
rato hubiese progr~sado en línea recta, de
modo que el ángulo no se alterase en lo más
mínimo, éste hubiera podido ser mucho menor, disminuyendo proporcionalmente la fuer·
za empleada. Los experimentos prai;ticados
cuando el viento soplaba vinieron á demostrar la exactitud de esta teoría: entonces, la
subida de los planos era con frecuencia suficiente para romper los tirantes que los sujetaban á la máquina, y esto á pesar de ser el
ángulo muy plano.
'
El profesor Longley, al debatir la cuestión
del vuelo, dijo, según parece, que con una
máquina voladora cuant~ mayor fuera la celt•
ridad menos fuerza se necesitaría; pero algu-

nos ingenieros le han atacado sobre este pun·
to. Los que están familiarizados con la cien·
cia de navegar con fuerza de vapor por el
agua podrían suponer que las mismas leyes
rigen para navegar por el aire, pero esto no
es exacto. Tratándose de esto último, podremos razonar como sigue: si no se tiene en
euenta el rozamiento, la resistencia de los
alambres y del marco al cruzar el aire, porque
estos factores son casi insignificantes á velocidades moderadas en comparación con la
resistencia que opone el aeroplano, podemos
suponer que con un plano dispuesto en ángulo de 1 en IO, y pesando todo el aparato
4 ooo libras, el empuje de la hélice tendría que
ser de 400. Imaginemos ahora que la' velocidad fuese de 30 millas por hora: la energía
requerida de la máquina en efecto útil sería
de 32 caballos de vapor (30 millas= 2.640 pies
.

6•4ox 400

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-- _.....,,t

..

NúMERO

517

ner buen, resultado á juzgar por mis experiencias y por los conocimientos obtenidos
de otras fuentes, tanto que estoy casi seguro
de conseguir el objeto, aunque pudiera equivocarme, Sin embargo, se ha de tener en
cuenta que durante muchos años los ingenieros y los hombres científicos admitieron
que la navegación .por el aire se conseguirá
apenas descubramos un motor que tenga suficiente energía en proporción á su peso. Este
motor se ha encontrado, su fuerza esta probada, su peso es conocido, y por lo tanto Píl·
rece que estamos ya próximos á obtener una
máquina perfecta para navegar por el aire; y
aunque yo no consiga mi objeto, paréceme
que á la vuelta de diez años alguno lo alcanzará.
En cuanto á la utilidad de este aparato,
puede afirmarse que si no para el transporte
de pasajeros podrá servir como poderosa máquina de guerra ante la cual quedarán inúti•
les todos los medios defensivos modernos,
así por mar como por tierra, que han costado
incalculables. millones.
TRADUCIDO POR

E. L.

VERNEUIL

COLONIA, LA DEL RHIN
¡Salve, Colonial Estás poblada para mí de
las blancas visiones y de los sueños de mi
juventud, recordándome el tiempo feliz en
que, delante de mis veinte años, un ejército
de ilusiones desplegaba las alas de oro, y
esperanzas que florecían en mi alma tenían la
blancura de la nieve; conservas todavía frescas las huellas de los seres más queridos que
ya partieron á los lugares misteriosos en donde todo acaba, y en tu cementerio hay sepulcros que guardan los inanimados restos de
los que me impulsaron á rendir culto á los
ideales, á realizar el sueño de una vida consagrada al cultivo de las bellas letras y á poner en mis estrofas mi sangre y mi carne.
¡Salve Colonia, en que los poetas Wolfgang
Müller de Konigswinter, Gustavo Pfarrius,
Armando Grie~en y Nicolás Nocker, cuyos
versos no necesitan la firma de sus autores
para ser conocidos, reflejándose en ellos con
toda fidelidad los sentimientos de su pueblo,
hallaban el color y la nota que conviene á
esa grata reaparici6n de otros tiempos y de
otros hombres! ¡Salve, Colonia, cuya aurom
rompía y centelleaba ya en tiempo de los antiguos romanos! Los blasones de tu historia
que te conquistaron el título honorífico de
)a ciudad santa, de la Roma alemana, de la
Joya más preciosa de la corona de· Prusia· tu
grandiosa catedral que guarda las cabeza; de
los Reyes Magos cuyas tres coronas ostentas
para siempre en tu glorioso escudo; tus magníficas, tus incomparables iglesias (la iglesia
grande de San Martín, los Santos Apóstoles,
Santa María en el Capitolio y Santa María
ABANDONADA, escultura de D. Rafael Atcbé
en Lyseirchen, perteneciendo todas al estilo
gótico; San Gereón, que conserva la cripta de
gada cuadrada. Ultii:namente he ~onstruído dos apa- los tiempos carolingios, representando en su cúpula
ratos de esta especie que pesaban 300 cada uno. la transición del estilo románico al gótico y en su
Cuando estas máquinas trabajan bajo la presión de sacristía el estilo gótico; San Severino y santa Ursu200 libras por pulgada cuadrada, y con una celeridad la) son más que iglesias catedrales; el portentoso arte
de pistón de s6lo 400 pies por minuto, desarrollan de tus artistas revelándose en tu famoso Dombild,
con útil efecto en la propulsión de las hélices más ese lienzo admirado por Alberto Durero, y en el rede 100 caballos de vapor, siendo dicha propulsión licário de los Reyes Magos; tus mujeres celebradas
colectivamente de más de 1.000 libras. Aumentando en 1333 por el amante inmortal del.aura, que en la
el número de vueltas, y también la presi6n de vapor, víspera de San Juan vió una multitud de bellas jócreo que será posible obtener .fuerza de 200 á 300 venes, encanto de los ojos y tormento del corazón,
caballos de las mismas máquinas, con una celeridad lavar sus blancos brazos y sus·pies en el río, impulde pistón que no exceda de 850 pies por minuto (1). sadas por la creencia popular, según la cual toda la
E sos aparatos se construyen con acero templado; son miseria que las amenazara en el año' venidero se la
de mucha pótencia y muy ligeros; pero el nuevo ca• llevaría aquella ablución; tus glorias enaltecidas por
rácter de mis motores consiste en la manera de pro- Eneas Silvio, que llevaba la tiara como Pío II; tu río,
&lt;lucirse el vapor. El generador propiamente dicho nuest~o Rhin adorado, que parece.asombrará la misno pesa más de 350 libras; la máquina 1.800 y el res- • ma naturaleza; tu alegría perenne, los genios festivos
to del aparato otro tanto. Con el cqml;mstible nece• de carnaval, que de un cielo todo sonrisa, de las lagusario, el agua y tres hombres, el peso se acercaría nas de Venecia y de las orillas del amarillo Tíber volamucho ~ 5.000 libras.
.
ron hacia las risueñas riberas del verde Rhin; el rico
Seg11n los resultados obtenidos de mis experimen- dialecto coloñés, que conserva todavía en algunas palatos, parecería que esa maquina puede conducir un bras (1) un ~co de E:spaña y que contin11an _usando
peso, incluso el suyo propio, de 14.000 libras, con tus poetas, a cuyos OJOS todo toma un tinte local y
tal que la presi6n de '.vapor se mantenga á 200 por exclusivo y que parecen decir á una todos: .Nuestro
pulgada cuadrada.
,
carnaval y Colonia; el canto de tus numerosas asociaRéstame añadir que espero confiadamente obte- ciories corales, entre las cuales ocupa el primer pees·

por mmuto 33000
=- 32); y agregando
20 por 100 por deslizamiento de la hélice,
sería 38 4 caballos de vapor. Sup6ngase ahora
que aumentáramos la velocidad de la máquina hasta 60 millas por hora; entonces podríamos reducir el ángulo del plano de I en IO,
porque la fuerza elevadora de un plano, según se ha visto, es proporcional al cuadrado
de su velocidad. El plano que viaja por el
aire á razón de 60 millas por hora, colocado
en ángulo de I en 40, elevará lo mismo que cuando
se halle á I en I o y viaje con la mitad de esta velocidad. El empuje de la hélice debería ser por lo tanto
solamente de 100 libras, requiriendo 16 caballos de
vapor, en efecto útil para arrastrar el plano. Añádase
10 por 100 por el deslizamiento de la hélice, en vez
de 20, puesto que para la rapidez menor aumentaría
la fuerza de la máquina requerida á 17 '6 caballos de
vapor. En estas cifras, por supuesto, no se tiene en
cuenta cualquiera pérdida debida al rozamiento atmosférico. Sup6ngase que se gasta 10 por 100 en
resistencia atmosférica cuando toda la máquina se
mueve á razón de 30 millas por hora: así se necesitarían 42'2 caballos de vapor para arrastrarla. En su
consecuencia, á 30 millas por hora, solamente se
emplearía 3'84 caballos por el rozamiento atmosférico; mientras que con la celeridad de 60 millas
por hora, la fuerza de máquina para vencer esa resistencia aumentaría ocho -veces, ó sea 30'7 caballos
de vapor, que con 17 '6 daría 48 11 de dicha' fuerza
para recorrer 60 millas por hora.
.
De mis pruebas y estudios sobre la materia vengo
á deducir: que si se pudiera suprimir el roce, cuanta
más velocidad menos fuerza se necesitaría; que con
1.1n caballo de vapor se podría conducir un peso de
133 y en ciertas condiciones de 2 50 libras, y que el
mayor grado de fuerza con el mínimo de peso podría
( 1) Por ejemplo, el coloñés Base/emanes corresponde al
obtenerse de una máquina de vapor de alta presi6n,
í 1) La celeridad de pist6n de una locomotora del tren ex- 'Besamanos español, y la palabra melocotón existe, ni! en el diadebiendo ser esta 11ltima de 200 á 350 libras por pul- prls viene á ser de 1.000 pies por minuto,
\ecto de Colonia como en la lengua de Cervantes,
1

NúMERO

517

LA

ILUSTRACIÓN AKTÍSTlCA

to el Mtinnergesangverein, que tuvo los mismos éxitos en Italia
que en Inglaterra, valen bien el amor que
les profesan tus hijos.
Quizá la única cualidad
apreciable que poseía
la que fué esposa del
emperador Claudio y
madre de Nerón es 'el
amor de Julia Agri pina
á su ciudad natal, que
le debe su nombre de
Colonia Agripina. Te
amaba también el emperador Trajano: lo
tenías todo, un Capi·
tolio soberbio, suntuo•
sos palacios, baños
públicos, un grandioso
acueducto, un anfiteatro y casas de campo
adornadas de mármol
y mosaicos; como el
emperador romano te
amaba también la madre del emperador
Constantino, la emperatriz Elena que, según
dice la tradición, mandó erigir tu iglesia de
San Gereón, y te quería el emperador Barbarroja, que te dió los
cuerpos sagrados de
los Reyes Magos. Viviste la vida de la inte·
ligencia bajo los auspicios de tu primer arzobispo, el capellán imperial
Hildebold, el ilustre fundador de tu famoso colegio y de la Biblioteca de la catedral; tenías la corte más espléndida cuando ocupaba la silla arzobispal
el hermano del emperador Oth6n I, el insigne Bruno, y ofreciste un asilo á la viuda de Pepino de

SUEÑO_DE AMOR,

cuadro de D. José Maria Tamburini

Heristal, Plectrudis, que construyó la iglesia de
Santa María en el Capitolio, así como más tarde
fuiste el refugio de la desventurada reina de Francia
María de Médicis. Te precias de tener por patrona
á la hermosa princesa Santa Ursula y sus santas
compañeras las once mil Vírgenes. Tu iglesia de San

LA PRIMADONNA,

cuadro de H. Temple

743
Pantale6n guarda las
cenizas de la griega
Reofano, esposa del
emperador Oth6n II,
por cuya herencia
itálica había de derramarse en balde tanta
sangre alemana. Alberto Magno dió timbres
imperecederos á tu
Universidad, que tenía
por discípulo al Docto,
ang¿¡ico Tomás de
Aquino; i:u bandera
ondeábase en todos los
mares conocidos; los
trescientos buques que
armaste en 1218 salieron para expulsar los
moros del suelo de
Portugal; los reyes y
emperadores buscaban
el favor de tus mercaderes; tu Gürzenich,
ese castillo de la Edad
media que contiene la
más magnífica sala de
conciertos del mundo,
adornada de preciosos
cuadros, vió las fiestas
brillantísimas con que
en 1235 fué obsequiada la princesa inglesa
Isabel, la novia del
emperador Federico,
y aquellos banquetes celebrados en
hon'Or del emperador Maximiliano,
aquellas comidas de Lúculo en que se comía en
platos de oro y de plata. En ti pasó su infancia tu
gran amigo el mago del colorido, el ornamento y orgullo de Flandes, Pedro Pablo Rubens; en ti naci6
el más renombrado poeta neerlandés Justo Van den
Vondel, y en tus cercanías vió la luz primera el héroe

�EL CZAR ELIGI~NDO ESPOSA,

COPIA DEL CELEBRADO CUADRO DE MAKOWSKI

�LA
popular Juan de Werth, eternizado por la canción de
Carlos Cramer y por la fuente que se erigió en el
Mercado Viejo.
Engendraste varones amantísimos de las artes como
los hermanos Boisserée, sabios como el catedrático
Fernando Francisco Wallrag, protectores del arte co·
mo el generoso comerciante Juan Enrique Richartz, el
fundador de tu Museo de pinturas en que se admiran
muchos lienzos de la famosa Escuela de Colonia, teniendo carácter propio y marcadísimo, y el retrato
verdaderamente ideal de la hermosa teina de Prusia,
la angelical Luisa, debido á los pinceles del malogrado Gustavo Richter. Tú meciste la cuna del conocedor más profundo de la vida y de las obras de Goethe,
Enrique Düntzer, y la de mi consecuente amigo el
distinguido arqueólogo Juan Jacobo Merlo, nombrado doctor á los ochenta años de edad por la Universidad de Bono. •Aún resuenan en tus oídos y en tu
corazón los ecos de la gloria tributada por Barcelona
á tu maestro Fernando de Hiller, que compartía sus
horas entre la pluma y la música, pero que ya des•
cansa sobre sus laureles en tu cementerio de Melaten. Lo que para las Provincias Vascongadas fué
Antonio de Trueba y para: Valencia los cronistas Vi•
cente Boix, Félix Pizcueta y Teodoro Llorente, era
para ti mi malogrado amigo el historiador Leonardo
Ennen, y en tus murallas escribió en casa de mi querido · abuelo el bibliófilo Carlos Hürxthal nuestro
Bretón de los Herreros, Rodrigo Benedix, c;ue más
aplaudidas comedias, que en unión de la de Eduardo
de Bauernfeld, ese patriarca de la escena que acaba
de fallecer, son las mejores del teatro alemán, revelando las piezas de ambos autores una personalidad
poética. Tus glorias todas las reunirá en un friso tu
distinguido artista Avenarius.
Tu pasado, Colonia feliz, noble ciudad de los patricios Overstolz y de Weise, está encarnado por el
gran arquitecto Gerardo de Riele, que te hizo la ca·
pita! de Alemania en la que en el siglo xv brillaban
los reputados pintores maestro Guillermo y Esteban
Lochner, el pintor del D ombild; tu esplendor actual
lo representa Stübben.
Hoy marcha todo aprisa, como los muertos de la
balada. Como por encanto el Sr. Stübben ha creado
la Colonia moderna. Ya pasó para siempre la época
de los caballerescos torneos, de las justas, de las Cruzadas y de los cerrados claustros; hoy es la edad del
vapor, de los tranvías, de las fiibricas y de los caño·
nes. Ningdn enemigo ha logrado romper tus muros
y tus puertas construidas de 1180 á 121 o La edad
presente en que hasta la Roma eterna arrojaba su
manto regio para vestir el traje de la ciudad moderna, ha respetado tu Puerta del galo, que rodeada de
un jardín pdblico es con su colosal basamento negro
de basalto, con sus ventanas cimbradas en la pared
blanca, una perla de la Colonia del día. Han respe·
tado también tu histórica Puerta de Ulrique (Ulrepforte), donde tus ciudadanos fueron atacados en
1268 por los partidarios del a rzobispo, el duque de
Limburgo y el conde Dieterick de Faltenburgo. Aquella torre que se había convertido en un molino de
viento, forma hoy parte de un elegante restaurant,
siendo único por su mezr.la de lo venerable y de lo
profano; allí d onde tuvo lugar la batalla sangrienta
que costó la vida á los valientes Matías Overstolz,
Pedro de J udden, Juan de Frechem y al Sr. Armando Von der Ahren, se bebe la cerveza, y los inocentes niños juegan en la parte del antiguo foso, que se
ha conservado' por encontrarse en ella el llamado monumento de Ulrique en recuerdo de la invasión hecha en la noche del 14 al 15 de octubre de 1268.
Otra torre antigua, la Botlmiihle, se ha convertido en
un castillo romántico con un precioso jardín á lo
Semíramis. Nada desperdiciaron, así como 4e un
tonel de vino añejo se recoge hasta la última gota.
Sin embargo, la edad moderna ha destruído por la
mayor parte el idilio agreste de tus campos verdes, de
tus muros cubiertos de hiedra, de tu foso que se parecía
á una frondosa selva, pero después de haber llevado á
· feliz término la empresa más atrevida y más grandiosa
de la Edad media, la construcción de tu catedral, á
que el profesor Kreuser dedicó sus ingeniosas Cartas y
Augusto Reichensperger su vida, y cuya mole gigante debe sus piedras á las cumbres de traquita de los
Siete Mqntes y que los alemanes amamos con delirio,
c~mo el espato! idolatra á la Alhambra y el catalán rinde el culto más férvido al Montserrat; la edad
actual te ha dotado de un Ensanche que rivaliza con
el de Barcelona, ostentando en sus suntuorns palacios toda suerte de balcones, agimeces, nichos y torrecillas. Eres la colonia moderna en tus bulevares,
en tus Ringstrasen, siendo la Viena rhiniana, así por
tu alegría como por tu magnificencia; pero la Colonia antigua, la de las hermosas iglesias, la de las
Casas consistoriales, la de la incomparable Catedral,
presenta los gigantes de su magnífica silueta á orillas

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

del Rhin desde tu atalaya Bayenthurm hasta la iglesia de San Cuniberto. Y continúan sonando en tu
recinto las campanas de tus cien iglesias, de las cuales diré con Rosalía Castro de Murguía:
Si por siempre enmudecieran,
¡ Qué tristeza en aire y cielo 1

¡Qué silencio en las iglesias!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

¡Salve, Co,onia!, que honrando á los finados, erigien•
do estatuas al rey Federico GuillermolIII de Prusia, no
te olvidaste de los vivos, dando ejemplo á Alemania,
pues fuiste la primera ciudad que rindió culto á los
que cubrieron de gloria á la patria, Moltke y Bismarck.
¡Salve, sin par Colonial Yo siempre te amaré.
Tus puertas antiguas se hicieron ó museos históricos ó palacios encantados; tienes todavía casas en
que penetrp un soplo de poesía, como la morada bellísima de tu vate Wolfgang Müller encontrándose á
la sombra de la hermosa iglesia de los Santos Apóstoles y hablándonos de un campeón del arte, de un
gayo trovador, cuyo numen fecundo inspiraste con
el fuego del sagrado patriotismo, y en tu envidiable
Flora, que como reina tienes por alfombra, hay palmeras que leve viento mece, como en el paseo de
Colón de que se precia Barcelona, y oigo el murmullo de la fuente como en la Alhambra, y con sus dulces trinos me recrean los pardos ruiseñores.
J UAN FASTENRATH

NúMERO

poesla y el sentimiento. Por eso la preciosa rima de Vlctor
Ilugo: &lt;Comm~ au bout d' une bran~he ou voit étinceler,&gt;
inspiróle el lienzo que tan admirado fué en una de las últimas
"Exposiciones; la sentida dolora de Campoamor: «¡Quién supiera escribir!,» el precioso grupo del bondadoso párroco y la
enamorada doncella, ó bien el que tituló Esperando, perteneciente al género en que tanto se distinguen Coomans y Alma
Tadema, que demuestra su aliento y brillante ejecución.
En el lienzo que reproducimos, Sttello de amor, una sola fig.ira, ó más bien dicho, una preciosa cabeza y un delicado busto
bastan al pintor para significar su pensamiento y dará conocer su valla. La actitud, el colorido, el dibujo, la luz hábilmente combinada, y sus tonos claros resaltando inteligentemente
sobre un fondo claro también, contribuyen á hacer agradable
y simpática la composición. En los ojos medio entornados de
la'joven, puesto que tal representa, .y en su inclinada cabeza,
adivinase que se halla entregada al recuerdo y al sueño de sus
amores que la absorben por completo.

•••
Las bellas artes, techo pintado por D. Antonio Coll y Pí. (Expesición general de Bellas Artes de lfarcelona). -Tan discreto como modesto es Antonio Coll, un inteligente artista en el que se hallan armónicamente enlazadas
la habilidad y las cualidades del pintor con el sentimiento y la
fantasía del poeta, No se limita, cual otros, á reproducir ó copiar la naturaleza tal como á su vista se presenta ó los cuadros
vivos que á su alrededor observa; lleva más allá su empeño:
siente y discurre, y con el esfuerzo de su imaginación anima lo
que resulta frlo y presta interés á los cuadros que no ofrecerían
más que el de fidelid!d de la reproducción.
La sentida composición que con el titulo i Vi11do! dimos ya
á conocer á nuestros lectores, es una prueba de cuanto indicamos y de que Coll se inspira en esos grandes dolores, en
esos dramas íntimos, que si bien pasan inadvertidos, se «les•
arrollan qe continuo, conmoviendo profundamente el ánimo.
La alegoría de Las bellas artes que figuró en la Exposición
general de.Bellas Artes de Barcelona, destinada á embellecer
el techo de suntuosa mansión, es una de las obras que más
enaltecen á Coll, puesto que aparte del estudio que revela, obsérvanse en ella dificultades vencidas y admirables escorzos
que sólo á costa de labor y perseverancia pueden realizarse.

•
••
Abandonada, escultura de D. Rafael Atché,
- Rafael Atché es uno de los escultores que figuran en prime•
ra línea entre aquellos que á tanta altura han elevado una ¡le
las ramas de las bellas artes, que hace algunos años yada en
lamentable abandono. De hermosa fantasía y verdaderamente
genial, sorprenden sus obras por el sello especial que en ellas
imprime, por un algo bello y grande que revela su alma de artista y su imaginación de poeta. Cultiva el arte con entusiasmo;
y como siente y se identifica con sus creaciones, modela con
soltura, con valentía, con la grandiosidad del verdadero a rte,
del que lo es por excelencia y á todos supera. Prueba de ello
son sus obras, algunas premiadas en las Exposiciones, 0 bien
sirviendo de digno remate de artísticos monumentos.
De género completamente distinto es la nueva obra que reproducimos. Elegante en sus lineas, delicada y correcta en el
modelado, manifiesta esa fantasía distintiva en Atché, tan propia y exclusiva, que ella basta para que no se confundan sus
producciones. A la,zdonada es una preciosa escultura digna de
figurar como preciado adorno en aristocráticos y suntuosos
salones.

•••
Sueño de amor, cuadro de D. José María Tamburini. -Cor.vencido Tamburini de que el arte no tiene límites trazados y que no se halla circunscrito sólo en la buena ejecución, ha empapado su inteligencia en las fuentes inagotables
de los humanos conocimientos é impregnado su corazón en la

NúMERO

517

LA

747

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

•

•••
La primadonna, cuadro de H. Temple. - ¿Se trata de la que tacude á casa del empresario para obtener una
contrata ventajosa?¿ Es por el contrario la tiple que se presenta en el cuarto de estudio del autor para exponerle quejas por
la poca importancia de la particella á ella destinada? ¿Sería
acaso:la mujer que atropellando por todo va en busca del hombre
amado para echarle en cara no merecidos desvíos ó para desvanecer celos ó sospechas injustificados? Todo esto puede ser,
en nuestro sentir, el cuadro de Temple.
Quizás algún critico exigente calificará de defecto la especie de vaguedad que el tema ofrece; nosotros, que no pretendemos actuar de tales, haremos caso omiso de esta insignificante falta, y sólo llamaremos la atención sobre las bellezas del lienzo, que no son pocas ni pequeñas. Elegante en
su composición, bien entendido en la disposición artística «le
los personajes, muebles y demás objetos, de ejecución intachable, el cuadro de Temple ofrece un conjunto encantador que
recrea la vista, como halagan el oldo esas melodías que, sin
laberínticas filosofias, llegan muchas veces al alma, produciendo
un bienestar dulce é inefable.

••
•

NUESTROS GRABADOS
Cabeza de estudio, cuadro de D. Manuel
Felíu. - Felíu forma parte de esa pléyade de jóvenes artistas
que tanto honran con sus obras á España y especialmente á la
escuela catalana, que en el último tercio de este siglo preséntase potente y vigorosa, cual decidido campeón del renacimiento artístico español. Artista de temperamento, emprendió
el cultivo de la pintura con verdadero entusiasmo, que avalo·
rado por sus aptitudes ha podido dar ya excelentes resultados,
puesto que como tales han de considerarse las bellas é importantes obras que ha producido. En las páginas de LA !LUSTRA·
CIÓN ARTÍSTICA, hemos reproducido varios notables dibujos y
el cuadro titulado El escallo de la parroquia, que tan justamente llamó la atención de los inteligentes en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
Hoy reproducimos otro de sus bellos estudios, en el que se
manifiestan sus cualidades de buen colorista y dibujante, ya
que si los tonos sobrios á la par que vigorosos son de buena casta española, la corrección de los trazos avaloran la producción.

517

El czar eligiendo esposa, copia del célebre
cuadro de Makowski. - Las dificultades políticas y diplomáticas que actualmente traen consigo los matrimonios de
los soberanos, en los que el corazón es nada y la razón de Estado lo es todo, no existían en Rusia en la época á que nos
transporta el cuadro que publicamos. El czar, en aquellos tiempos, convocaba á los magnates de su vasto imperio para que,
acompañados de sus familias, se presentaran en palacio; y una
vez alll reun iclos pasaba revista d., las h ijas casaderas y escogía
por esposa á la que más le agradaba y cuya mano, como es de
suponer, no le era negada, aunque lo mismo hubiera sido si
rehusado se la hubiesen, porque no ha de creerse que aquel
autócrata, señor de las vidas y haciendas de todos sus súbditos,
altos y bajos, se parara en consentimiento más ó menos cuando de satisfacer un deseo 6 capricho suyo se trataba, Es de
presumir, no obstante, que el boyardo, conde 6 barón ante la
perspectiva de tener por yerno á su soberano no habla de oponer reparo alguno, y antes bien deb!a darse por más que satisfecho de que la elección hubiese recaído en su hija. ¿Sucedería
lo mismo con ésta? Mucho puede en el alma de una joven el
esplendor de un trbno, más aún si el trono se halla tan alto y envuelto en tal aureola de privilegios y poderlo como el moscovita
y si la joven ha aprendido desde su más tierna infancia á no pensar, sentir ni querer más que á la medida de los deseos de un padre que á su vez no quiere, siente ni piensa sino al compás de la
voluntad de su rey y señor, como sucedía entonces en aquel
imperio. Y sin embargo, quizá alguna de las esposas elegidas
por los czares de aquellas edades hubiera trocado el regio solio
por el humilde retiro del dueño de sus amorosos afectos.
Sugiérenos estas consideraciones la hermosa composición de
Makowski. Una de las doncellas que se disponen á desfilar
por delante del czar, más que á las gradas del trono parece acercarse al camino del suplicio; desfallecida, entornados los ojos en
fuerza de sufrir y de llorar, pálido el bellísimo rostro, caídos los
brazos y casi exánime el cuerpo, que sobre el pecho de su anciana madre se apoya, revela á las claras que la gloria por más
de una de sus compañeras ambicionada serla para ella cruento
martirio. Y si, como creemos por !oque la historia de Rusia nos
describe, el czar representado en el Lienzo de Makowski es
I ván IV el Terrible, razón no le falta á la infeliz para presen •
tir desdichas y tormentos en lo que su alma, de otro enamorada, babia soñado como fuente de goces y venturas.
Este magnifico lienzo de Makowski, de quien reprodujimos
en el número 410 de LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA el no menos
hermoso La muerte de Jván el Terrible, es una nueva prueba
del talento con que el célebre pintor ruso domina las masas
y atrae la atención sobre los principales personajes; de la maestría con que concibe, dibuja y pinta; de la verdad histórica con
que reproduce él indumento, y del genio con que imprime la·
expresió_n justa en cada una de las figuras de sus grandiosas
co'ncepc10nes.

*••

Idilio de amor, cuadro de Modesto Faustini.
- El más pequeño, el al parecer más inofensivo de los dioses
del antiguo Olimpo, ha sido, es y probablemente seguirá sien·
do el soberano que mayor imperio ha ejercido en el mundo.
En lo antiguo como en los modernos tiempos, sus flechas se
han clavado siempre en los corazones produciendo esas heridas
cuyos dolores bastan á calmar una palabra, una mirada, un
beso. ¡Un beso! Mágico talismán que enardece la sangre y de·
rnima en el corazón los más dulces bálsamos.
El ceÍebrado pintor italiano Modesto Faustini ha sintetizado en un beso todo el idilio que compendia sudelicioso·cuadro,
Y basta ver la expreci6n de los dos jóvenes amantes para comprender cuán acertadamente ha escogido el autor este tema
para presentarnos una historia amorosa de aquel pueblo todo
sentimiento, todo arte, cuyas ruinas son el encanto y el asomde cuantos las visitan.
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LA IDEA FIJA
POR PABLO BONNETAIN.-ILUSTRACIONES DE JEANNIOT

I
El comandante retirado Le Sarroix profesaba un
absoluto respeto á las leyes de la higiene¡ Jo cual, por
otra parte, no era más que simple gratitud, según él
mismo decía: «puesto que debía á la estricta observancia de las susodichas leyes el haber resistido victoriosámente treinta y cinco años de servicio, de ellos
quince en campaña.»
«Y sin embargo, añadía el antiguo militar, encogiéndose de hombros para abultar su amplio abdomen, yo he debido ser un mal quinto, lleno de alifafes por parte de mi padre. En lo que atañe á mi
madre, murió paralítica. No obstante, siempre be
tenido costumbres arregladas, y aun siendo joven me
he cuidado lo mejor que he sabido. ¡La higiene!. ..
Es preciso, sépalo usted, tener tanto orden para el
cuerpo como para los negocios. La limpieza, la regularidad en las comidas, en el trabajo y en el sueño
constituyen la higiene. Cuando se cuida del estómago,
se cuida la ropa y se llega con exactitud á la oficina,
la higiene va en línea recta. Todo consiste en esto:
no abandonar la línea recta.»
El comandante seguía rigurosamente esta líneá
recta, así en lo real como en lo figurado. A las nueve
en invierno, á. las ocho durante el buen tiempo,
nunca más tarde ni más temprano, salía de su casa,
dtuada á la entrada de la calle de Bolonia, y después
de enterarse del tiempo que hacía, echaba á andar
con el pie izquierdo, todo derecho, sin siquiera
pensar en variar de acera. Llegado al fin de la calle,
una súbita conversión hacia el ángulo izquierdo y
un giro seco de tahimes le lanzaban á la plaza de Cli•
chy, en una segunda dirección perpendicular á la
primera, que tomaba al pie de la estatua del general
Moncey. Mediante un brusco «á la izquierda» enfilaba el bulevar exterior y le seguía hasta el parque
de Monceau. Allí, desdeñando los senderos que serpentean, nunca abandonaba las grandes avenidas
centrales y se sentaba en los días de buen tiempo,
para leer los periódicos, que volvía á doblar metódica
y geométricamente en severos rectángulos; ó bien distribuía migajas de pan á los gorriones, ó se entretenía
en paternal coloquio con los guardas, deferentes con
la roseta que llevaba en el ojal. A las once dejaba el
parque á paso más l~nto, con objeto de no sobrexcitar el apetito y llegar á su aposento á las once y
media en punto; pero su cuarto de conversión en
la plaza y su media vuelta en la esquina de las calles
de Clichy y Bolonia se efectuaban como á la ida.
- Victorina, ¿está ·aviado el·almuerzo?
Tales eran las primeras palabras q11e pronunciaba

en el recibimiento, mientras restregaba las suelas de f Encaramado en una silla, el comandante se apu
su calzado en la esterilla que había delante de la raba, respiraba con fatiga_y se bajaba al suelo para
puerta. Apresurada y gruñona al mismo tiempo, Vic- juzgar desde lejos del paralelismo de las armas, cotorina había preparado las zapatillas, dejándolas al rriéndole el sudor por la frente, marcando la exage•
lado del arca de madera en un rincón, bien juntas rada prominencia de una especie de berruga produen un sitio inmutabie, sin trocar nunca la del pie de- cida por el roce del chacó y que no había conseguirecho con la del pie izquierdo, en dirección normal- do reducir en el espacio de treinta años.
mente lógica con respecto á la silla en que, siempre
En fin, sea como sea, podía contemplar sus tesoros
de lado, se sentaba su amo.
apoyado de codos en su pupitre.
Y el comandante Le Sarroix, después de haber
Averiado, mazizo, sin elegancia, este pupitre estainspeccio~ado con un~ mirada de ayudante de órde- ba al lado de un estante lle~o de cartones y papeles,
nes la cocma entreabierta, entraba en el comedor y que hacíanle parecerse al anaquel de una oficina.
se sentaba á la mesa.
Sobre el pupitre veíanse plumero, raspador, ovillo de
Dichosa entonces Victorina, si el viejo retirado cordel encarnado, tintero inderramable, arenilla, caencontraba el cubierto colocado á su gusto, el salero lendario, agenda, pedazos de pan para borrar, alfileentre la chofeta y la botella, el mostacero sistemáti- res, reglas, escuadras, limpiaplumas, todo esparcido
camente de frente, cerca de ésta; porque entonces la á intervalos regulares, que indudablemente recordachuleta_ desaparecí~ pronto sin que aquél criticase ban al antiguo militar toda su carrera. De seguro, en
1~ cocción ~e- la misma, y _luego los huevos y las. sar• aquel "!aremágnum veíase simple cabo agregado al
dmas; perm1tiend? á la cnada, después de servir el vestuario, sargento segundo del habilitado, ayuques? y traer la pipa y bols~ del tabaco, largarse en dante de Caja, oficial, subteniente portabandera,
segmda. Porque ya no volvia hasta la tarde para pre- encargado del acuartelamiento y finalmente mayor
parar el cubierto, fregar la vajilla, barrer el comedor y comanda"nte. A pesar de todo, allí no sé veían pay desdoblar el ~anteJ. .
.
pelotes; la papelera estaba casi vacía y vacías veíanse
Solo Le Sarro1x, respiraba á su gusto,
también las carpetas.
¡Oh! ¡Qué alegría verse tranquilo, en la seguridad
En un cajón de la mesa que sostenía el pupitre
de encontrar en torno suyo arregladas las cosas hasta guardaba las órdenes que había recibido, con su anel día 5iguie~te!. .. ¡Le molestaba tanto el aire que tigua hoja, sus títulos de pensionista, su última drahacía el vestido de la sirvienta y sus continuos vai- gona, sus primeras charreteras, sus espuelas casi nuevenes sacudiendo los muebles, dejando abiertas las vas por causa de sólo montar á caballo en dos revispuert~s, apagando ó encendiendo la lumbre y bacien- tas de inspección y no usarlas nunca.
do ruido con los fósforos!
A decir verdad, el comandante nunca escribía.
Un~ vez encendi?a la pipa, saboreaba una copita Siempre limpia, su pluma sólo servía para tomar la
de conac, cuyas últimas gotas desaparecían á tiempo cuenta á Victorina todos los sábados sirviéndose
que ca~an las primeras sombras de la tarde. ~ntonces para las demás cosas de un lápiz rojd que afilaba
se dedicaba á la lectura, á no ser que tuviera que todas las mañanas durante un cuarto de hora. Pero
arreglar sus panoplias.
amaba su pupitre, su cartera y sus apuntes como
Porqu: tenía una hermosa colección de sables, es- partícipes de su vida; cuando es probable que en otro
pa~a_s, pistolas y mosquetes que contemplaba con tiempo, en el regimiento los hubiera detestado. Limf~mc1~n, aunque aq~:llas armas dos ~ec~s centena- pios y relucientes todos los objetos que Je rodeaban,
nas, sm la más mm1ma raspadura m picadura de nunca para él demasiado relucientes ni bastante limmobo, por el contrario, relucientes, evocaban sobre píos ni suficientemente fijos en su sitio se destacael andrinópolis encarnado de las. paredes y entre fo- ban sobre la baqueta verde de la mesa del pupitre.
tografías. de Mac-M~hón y d~ Conrobert la idea de
Además, este pupitre Je servía para sus lecturas.
un baratlll? d~l b~rno Louvo1s.
Excepto treinta y nueve Anuarios de su carrera miLe ~arro1x hmp1aba am~roramente el pol~o de sus litar,, clasific~do_s en orden riguroso, y de algunas
pauophas y frotaba su puhdo acero. También á ve- Teorzas, su btbhoteca sólo contenía una serie de Ences, colocado fre~te al espe~o, blandí~ aquellas ar- ciclopedias en abultados volúmenes poco manejamas, tomando_actitu~es ?:ro1cas1 marciales, ó recor- b_l~s. El gran Diccionario de Larousse ocupaba el
daba su maneJo de eJerc1c10; pero pronto se desva- s1t10 de honor. Cuando dejaba sus armas Le Sarroix
~ecí~ su alegría infantil : con. la pre_ocupa~ión de t?maba un, volumen, el primero, y res~eltamente,
ltmp1arlas y colocarlas en mvanable ahneam1ento.
sm saltar m una línea, leía una ó dos páginas.

y

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

517

- Pues es preciso saberlo.
Una vez en el parque de Monceau, leyó los perióLa criada bajó á informarse y volvió diciendo:
dicos. Después se encaminó á su casa con su aspecto
- Es un pintor, M. Venot, que ahora viaja por
acostumbrado; mas he aquí que al llegar á la calle
de Bolonia, frente á la verja de la casa aquélla, un Italia y no volverá lo menos en seis meses.
- ¡Ah!, murmuró el comandante, y no dijo más.
impulso desconocido hízole volver la cabeza, obli ·
Y continuaron sus paseos y aumentóse la manía
gándole á detenerse y á echar una mirada al interior.
Cuando volvió á su casa cinco minutos después, que le obligaba á detenerse todas las mañanas deLe Sarroix estaba de pésimo humor. Encontró que· lante de la ventana de aquella casa.
Cada día deteníase más tiempo. Primero un mimada la chuleta, el huevo poco cocido, y con manos
temblonas varió la colocación de los diferentes ob• nuto, luego dos, luego cinco, después diez. Por últijetos que cubrían la mesa. En seguida fué á inspec- mo, el portero se fijó en él, lo cual no.tó Le Sarroix,
cionar sus panoplias y permaneció más tiempo que y en vez de disgustarle le sirvió de satisfacción.
- ¡Bonito jardín, buen hbmbre, para jardín de
de costumbre arreglándolas, descontento de su colocación en la pared. A las cuatro menos cinco toda- París!
El portero, halagado, sonrió, bien predispuesto por
vía estaba ocupado con sus armas; luego se encaró
con las fotografías de Canrobert y de Mac•Mahón, la roseta encarnada del comandante, y se llevó la
cuyos cuadros no le parecieron estar exactamente mano á la gorra.
- ¡Vaya un cigarro!
perpendiculares, y cuando el reloj dió la hora se so·
Las relaciones estaban ya entabladas.
bresaltó. Este retraso, el primero desde que se halla- Desde entonces, olvidándose del parque de
ba instalado en aquella casa, pareció espantarle.
Trató de asearse: no encontraba la ropa que bus• Monceau, el retirado pasaba y repasaba por delante
caba ni los cepillos en su cuarto de vestir. Prorrum- de la verja, acechando al portero para hacerle hablar.
pió en interjecciones, y sencillamente se persuadió de Fruslerías: el tiempo, el jardín, la duración probable
que su vida acababa de experimentar un desarreglo de la ausencia de M. Venot; pero sobre todo el jardín. La oferta de un cigarro terminaba casi todos
molesto.
A la mañana siguiente1 cuando salió á dar su «pa- los días la conversación. El portero, agradecido á
seo aperitivo&gt;&gt; sintió una vacilación de dos segundos estas finezas, dijo un día al comandante, que hacía
al transponer la puerta de su casa. Sin embargo, el elogios de las lilas del jardín cultivado por él, pues
tenía también el oficio de jardinero:
tiempo estaba soberbio.
- Puesto que el señor se interesa por mi trabajo,
«¿Tomaré por la izquierda para no ver esa casa,
puede juzgar por sí mismo, si le parece ...
esa persiana abierta? Sí, pero á la izquierda ... »
Y abrió la verja, por donde entró Le Sarroix, enLa costumbre pudo más en él y le impulsó hacia
carnado de felicidad y quizá también de vergüenza,
la decrecha, haciéndole seguir su acera habitual.
Sin escuchar al potero, contemplaba su ventana y
Cuando llegó delante de la verja, volvió vivamente la cabeza á otro lado y fijó la vista en el suelo, con se encaminaba hacia ella. La prudencia hízole disitanta atención, que no reparó en una lavandera y mular su interés y le inspiró una estratagema de que
se sintió orgulloso.
tropezó con el talego que llevaba.
- ¡Qué precioso hotelito!. .. Estilo,Luis XIII, ¿no
- Perdone usted, señora.
es así? Dígame usted: ¿querría alquilármele su amo
- No hay de qué.
Y vencida su voluntad por la casualidad, cómpli· de usted? ¿Cuánto renta? ... ¡Oh! ¡Qué linda marqueces de sus deseos las circunstancias, Le Sarroix, sina ... y esas glicinas alrededor de las ventanas! ...
El comandante tocaba una de éstas, la que le pre·
algo avergonzado de sí mismo, lanzó á la casa del jar·
ocupaba y que estaba abierta; y crispadas las manos
din una furtiva mirada.
La ventana estaba abierta todavía, era muy baja y sobre la barra de apoyo, devoraba con la mirada el
interior ... Entonces· un proveedor, cansado de llaenteramente bañada de sol.
El viejo retirado veía todo el fondo de la habita• mar con la campanilla, lo hizo á voces. El portero
ción, la chimenea llena de chucherías, el espejo en acudió, y al antiguo militar no le pareció convenien·
el cual, alzándose un poco, hubiera podido hacer re- te excitar sospechas en aquél y salió en su compaflejar su semblante, un cuadro que había en la pared; ñía. Fuéle preciso arrancarse á su encanto, y preocuy todas estas cosas penetraron en él, se fotografiaron pado, casi sin oír lo que le decía el portero, se plantó
en
su cráneo, mientras se alejaba de allí apresurada- en la calle, llevando en sí la obsesión más fuerte,
II
más exacta de aquella pieza vacía_cuyas paredes.acamente y con aspecto furioso.
baba de tocar.
Aquel
día
el
comandante
no
volvió
á
su
casa
por
Una mañana, el retirado, que no se fijaba nunca
Vuelto á su casa, el retirado no pudo comer, ni
en los incidentes de la calle, vióse obligado á detener la calle de Bolonia. Al pie de la estatua del general
su paso en la calle de Bolonia al salir de su casa. Moncey su bastón describió un vigoroso molinete. leer, ni ocuparse de sus armas. Por la noche durmió
«Sería muy animal, pensó, si me expusiera á vol- mal, y á la mañana siguiente á las nueve estaba frenUn camión se esforzaba para entrar por una puerta
te á la verja.
cochera, sin duda demasiado estrecha, y el caballo ver á ver aquello.»
- ¡Ah! Caballero, no hay necesidad de insistir, le
Y como aliviado de un peso, habiendo tomado
interceptaba la acera.
dijo
el portero. M. Venot no quiere alquilar su hotel. ..
una
resolución,
orgulloso
de
su
fuerza
de
voluntad,
Bajar por el arroyo no era del agrado del pasean- ¿Lo cree usted así?, balbució el comanElante
te. Esperó, pues, á que el vehículo pasara, y luego continuó andando por el bulevar exterior hasta que
desazonado. ¡Ah! ¡Dios mío!, repuso, tomando una
echó á andar. Pero su paso no era el mismo, le vaci- llegó á la calle Blanca y entróse por ella.
resolución repentina. Voy, amigo mío, á decir á usted
Almorzó
tranquilamente.
Hasta
no
reparó
en
la
laban las piernas, y su bastón, que unas veces blandía y con el que otras golpeaba las puertas, denun- oblicua posición de uno de los rabaneros; pero se le- lo que me ha impresionado, lo que me ha obligado
ciaba una preocupáción casi inquieta. De repente, el vantó dos veces para rectificar la horizontalidad de á fijarme en esta casa y por consiguiente á desearla.
Y luego, señalando con la mano, prosiguió:
antiguo oficial hizo una cosa insólita: una media un paisaje que estaba clavado en la pared frente por
- Es esto, vea usted ...
vuelta, una media vuelta completa, para desandar el frente de su asiento y que le pareció algo ladeado.
Y al mostrar la ventana, hizo al portero ·que le siYa en el salón, su primera mirada fué para los recamino.
Victorina le observaba desde la carbonería, y por tratos de Canrober y Mac-Mahón, que no habían guiera y le habló por lo bajo. Sus dedos, metidos en
poco en su asombro deja caer su cesta. ¿Sería que perdido el paralelismo de sus cuatro costados con el el bolsillo, acariciaban una moneda de veinte francos,
el señor, contra su costumbre, volvería de improviso de las panoplias, el techo, el pavimento y ventanas. que no sabía cómo ofrecer á aquél. Estaba de color
Inmediatamente después leyó, ó por lo menos se de escarlata, y el sudor inundaba su frente.
á sfi casa? Pero no. Se detuvo junto á la puerta coMas el portero no le dejó acabar.
chera, quedóse plantado delante de una verja, mi· esforzó en leer, pues á cada instante una idea hacíale
- En cuanto á eso, ¡nunca, nunca! La madre de
rando la casa que en el fondo de un jardincito por levantar los ojos.
Los días siguientes transcurrieron del mismo mo- M. Venot ha muerto ahí el invierno pasado, y ~u
aquélla cerrado se levantaba. Luego, haciendo otro
cuarto de conversión, continuaba su paseo de prisa, do, Tanto á la ida como á la vuelta, el comandante hijo me ha prohibido dejar entrar á nadie, excepto á.
no pasaba por delante de la verja y cada tarde se mi mujer, que fué doncella de la difunta. Ella tiene
como para ganar el tiempo perdido.
Al echar á andar á su vez·Victorina, pre0cupada, prometía hacer siempre lo mismo; pues una vez fren- la llave y sólo entra para airear la habitación, en donse detuvo también delante de la verja. ¿Sería alguna te á la casa, hiciese lo que hiciera, sentía un impulso de nada se ha variado, absolutamente nada. Si resumujer lo que había llamado la atención de su amo? que le obligaba á fijarse en una ventana del piso ba- citase la anciana señora, aún encontraría su tapicería
intacta, así como también el braserillo en el mismo
¿Sería algún anuncio de alquiler? ... Pero la fachada jo: siempre la misma.
Si estaba cerrada, el antiguo militar exhalaba un sitio ... No, no, no quiero exponerme á perder micode la casa estaba virgen de anuncios, desierto el jardincito y en la única pieza cuya ventana abierta suspiro de desahogo'entrecortado en seguida por una locación.
- Pero usted qlismo, tartamudeó Le Sarroix, uspermitía ver el interior no había nadie. El cuarto inquietud. Entonces volvía la cabeza y alguna vez
ted mismo podría ...
bajo estaba solitario. Además, demasiado sabía Vic• retrocedía, diciéndose:
El portero movió la cabeza, y cómo si le hubieran
- ¿Si habrán abierto la ventana?
torina que hacía meses que el único habitante de la
Por el contrario, si la hallaba abierta acometíale asustado las miradas que el retirado lanzaba al intecasa era el portero. «¡Bah!» dijo encogiéndose de
hombros. «Será alguna chifladura del amo.)&gt; Y se un estremecimiento. Su boca se crispaba y salían de rior de la pieza, cerró bruscamente las persianas.
El antiguo mayor se fué, siempre con el luis entre
sus labios palabras incoherentes é interjecciones de
alejó, no sin volver varias veces la cabeza.
El comandante, entretanto, se dirigía hacia el bu- impaciencia que silbaban á través de sus viejos bigo· los dedos, sin decir una palabra y con la cabeza
levar exterior. También él habíase encogido de hom- tes, sin que no obstante consiguiera separar sus mi- baja.
Cuando entró en su casa, Victorina en tono iróbros, con ese ademán que se hace para desechar radas de aquella fascinadora habitación.
Después se separaba de allí, mediante un gran nico le preguntó si estaba enfermo: su amo no se
una preocupación que se supone inútil; su bastón,
había quitado la levita ni tomado sus zapatillas. Le
girando en un molinete, traducía el pensamiento del esfuerzo, casi corriendo y con aspecto colérico.
- ¿Quién es el paisano que vive ahí más arriba, en sirvió la comida, que el retirado no probó; y como
antiguo militar:
aquélla insistiese en su pregunta, vejada en su amor
el número 122?, preguntó un día á Victorina.
«Después de todo, ¿qué me importa?»
propio y orgullosa del rumpsteak que había confecEsta lo ignoraba.
Y apretaba el paso.

Sorprendíanle frecuentes modorras, sobre todo ei:i
verano, pero las resistía «por 41.igiene » A través
del texto impreso en caracteres demasiado menu·
dos confundía las ideas una con otra á cada cambio' de materia que leía. Los nombres, historias
y hechos le admiraban un instante; 6 bien, no com
prendiendo ciertas cosas, se limitaba pacientemente
á releerlas, no encontrando el principio del pasaje
difícil, perdida la mirada entre el fárrago de letras,
buscando al azar un nombre ó una fecha que le interesaban, hipnotizándole al propio tiempo.
A las cuatro menos diez cerraba el libro, le colocaba en su sitio y contemplaba con una especie de
melancólico azoramiento la línea de volúmenes.
«¡No, no viviría el tiempo necesario para leerlos
todos!»
Inmediatamente después se entregaba á una minuciosa limpieza, se aseguraba con una mirada de
que dejaba la casa en orden, y puesto de veinticinco
alfileres, como suele decirse, salía para dirigirse hacia
París, invariablemente por la calle Blanca.
¿Adónde iba?
Victorina lo ignoraba, y de aquí provenían sus comentarios con la portera: «Seguramente el viejo verde debía tener algún trapicheo en la ciudad.))
Un vecino que le encontró en el bulevar le había
visto entrar en el café del Helder y sentarse con
otros ar.tiguos ·militares. Pero ¿era esta su costumbre
cotidiana? En todo caso, desde las siete podía recons·
tituirse su vida, pues Victorina había recibido la orden. una vez para siempre, de llevarle su correspondencia á casa de su hermana, rentista y viuda, que habitaba en la plaza de la Trinidad. Desgraciadapiente,
esta correspondencia se limitaba á algunas esquelas
de convocatoria de la Sociedad fraternal de jefes y
oficiales retirados, y la sirvienta no había podido penetrar más allá de tres veces en un año en la casa de
la hermana de su amo.
«En casa de la viuda se vive en grande. La criada gana cincuenta francos de salario. El señor se
disponía á jugará cartas ... »
A las once en punto, Le Sarroix volvió á la calle
de Bolonia. Todas las mañanas Victorina encontraba sobre la mesa de noche una ó dos monedas de
cincuenta céntimos, procedentes de la ganancia del
whist de la víspera. «La parte de los pobres&gt;&gt; que el
comandante le dejaba para que la distribuyera con
inteligencia, pues él nunca daba por su propia mano
limosna, temeroso de ser víctima de algún farsante.

NúMERO

517

cionado, Le Sarroix se encolerizó, siendo grosero por
la primera vez en su vida
•
La sirvienta, admirada y ofendida, no se mordió la
lengua y acabó por poner sobre la mesa el libro de
sus cuentas, diciendo á su amo que la arreglara la
suya, pues no quería servir en casas de locos.
Le Sarroix se levantó furioso, pero vió su imagen
en el espejo: sus ojos extraviados, su aspecto amenazador, y volvió á sentarse ó más bien á dejarse caer
en la silla.
Durante un minuto permaneció con la cabeza entre las manos; después dijo sin levantar los ojos:
- Perdón, Victorina, he faltado ... dispens... (la
palabra no quería salir); dispénseme usted, exclamó
al cabo, con el semblante apoplético, y mientras la
criada recogía lo que por sus salarios le correspondía,
corrió á encerrarse en su habitación.
Apoyada la cabeza en el diván, despechugado, con
la boca seca, murmuraba palabras inconexas.
No, no estaba loco ... esa mujer no podrá saber ...
Un loco no podría discurrir como él discurría, no
tendría como él la conciencia del estado en que se
hallaba: la conciencia de su impotencia. Porque él
luchaba y un loco no lo hace ... Verdaderamente,
sería mejor que estuviese loco: no sentiría aquella
angustia, aquel sufrimiento moral que desde algunos
días le sumía á cada momento en la desesperación.
En aquel mismo instante, ¿no se avergonzaba de
la idea que le atormentaba?
¿Por qué ahora su fuerza de voluntad hacíale trai·
ción todas las mañanas? ¿Para qué delante de sus
ojos se presentaba siempre aquella ventana, aquella
pieza desocupada y casi constantemente abierta?
Era oficial de la Legión de honor, jefe del ejército
francés, oficial superior, toda su vida había sido rectilínea ... ¡Oh, sí, rectilínea ... rectilínea ... la línea derecha, derecha, ab-so-lu-ta-mente derecha!... y he aquí
que ahora soñaba con cometer una acción vergonzosa: ¡él, Juan Le Sarroix; él, mayor del ejército!
El infeliz sentía su voluntad desfallecida y su inteligencia desequilibrada... ¿Y las consecuencias?
Después de haberse llegado á tan bajo como á humillarse ante su criada, el portero y la criada parecía
como que le abofeteaban con la idea de un crimen.
¡Un crimen!
¡Ah! ¡Sí, sería un crimen!
El comandante, muy pálido, se levantó violentamente del diván.
«¡ Nunca!», exclamó.
¡No, jamás! Iba á huir, á distraerse, á permanecer
al lado de su hermana, á mudarse de casa si era preciso.
- Victorina, me voy.
No volvió á parecer por su casa hasta pasados tres
días. Parlt quedarse en la de su hermana había
fingido una enfermedad; pero no se había atrevido á
pedirle continuar en su compañía. El cobro de su
pensión se aproximaba ... Entonces podría mudar de
casa, y después... Enfurecido, se resistía á confesárselo á sí propio. Desde la primera tarde de su descubrimiento atraíale invenciblemente la calle de Bolonia. ¡Ver aquella casa, la ventanal. .. Pasaría de
prisa.
Victorina le encontró más delgado, más viejo:
había sufrido.
Sin embargo, no dió aviso de que dejaba la ha·
hitación, y descuidó ocuparse de su futuro alojamiento. Habíale vuelto su fascinación por la maldita
casa, la ventana y la pieza deshabitada. Luchó aún
algunos días: no salía ó salía en coche, expiando sus
momentáneas victorias con una angustia más cruel
al siguiente día:
Diseñábase en él una cosa que no acertaba á explicarse, según se decía hablando solo; una cosa que
exigía una pronta expansión: era un deseo intenso,
apasionado, una titilación de su voluntad vacilante,
una irresistible necesidad que satisfacer. ¡Oh! ¡Sí!
Atravesar la verja, correr, llegar á aquella ventana,
saltar á ella, encontrarse en aquella pieza...
Le Sarroix no terminaba sus reflexiones. Metía la
cabeza en su jofaina llena de agua ó pedía un baño
de pies muy caliente. Sentía su idea hervir en su cabeza. A haber sido posible hubiera salido inmediatamente para ponerla en ejecución. ¡Cuán dichoso
sería después! ¡Con qué placer respiraría!
Mientras tanto, pasaba ocho ó diez veces al día
por la calle, con aspecto indiferente, pero acechando
constantemente la casa que se veía en el fondo del
jardín.
Un domingo por la mañana, á tiempo de almor·
zar, se levantó de la mesa impulsado por una fuerza
desconocida: era preciso que viera inmediatamente
la ventana. Llovía á cántaros y esperó un momento,
Por fin se Jamó á la calle, que estaba desierta y como
barrida por el temporal y además por ser la hora del
almuerzo. Como dudara todavía en seguir adelante,

LA

ILUSTRACIÓK ARTISTICA

749

En seguida, una vez lanzada la píedra, lo dijo
todo, su obsesión, sus luchas y de qué modo había
cometido el... delito.
- Ahora, dijo cuando hubo concluido de hablar,
y más bajo todavía, que hagan de mí lo que quieran.
¿No es hoy día de Santa Ana?
- Calle usted, comandanté, replicó el doctor, que
desde hacía un rato estaba escribiendo. Dentro de
cinco minutos estará usted en libertad; el tiempo
preciso para poner cuatro letras.
Las cuatro letras fueron algunas más.
La pluma corría, y el doctor, mascullando las palabras inconscientemente, leía alto á tiempo que escribía, á fin de concluir más pronto:
«Locura degenerada, forma maníaca sencilla...
Herencia marcada; abuelo alcohólico, muerto en los
Inválidos; padre anémico, espíritu débil; madre
muerta de parálisis; hermanos más ó menos de·
mentes...»
Cuando hubo acabado, exclamó agitando el papel:
- Ya está. Pronto le pondrán en libertad.
El comandante Le Sarroix estaba radiante de ale·
gría.
Aproximóse á la mesa de despacho, tendió la mano al doctor, dejó escapar un «¡gracias!» lleno de
efusión, y luego repuso en su tono habitual:
- Hay que echarle polvos para que se seque.
Y tomando tranquilamente la salbadera, alargóse·
la á su salvador.
El médico echó polvos al escrito, fresco todavía,
sonriendo de un modo particular.
Una hora después, habiéndose recibido la orden
de libertad, el alienista acompañó hasta la puerta al
comandante.
- A propósito, le dijo cuando le dejó instalado
en un coche de plaza, conviene que se cuide usted
se distraiga y se mude de barrio.
'
III
- Voy á vivir á casa de mi hermana, mientras
- Robo presunto; información sobre el estado trasladan mis muebles.
mental... ¿Persiste usted en no querer responder?,
dijo el juez, tirando sobre la mesa el proceso verbal
que le había remitido el comisario de policía.
El comandante L~ Sarroix quiso hablar, aunque
tartamudeando, pero sólo consjguió proferir palabras
incoherentes. Inundados los ojos de lagrimones, miraba incesantemente á la solapa sin su roseta.
En el depósito, encerrado en su celda, había encontrado su perdida condecoración. La oprimía en su
mano, que tenía metida en el bolsillo, hasta el punto
de incrustarse en la palma el botón; pues en medio
del naufragio de sus ideas, sobrenadaba la de querer
ocultar aquel distintivo á toda costa, y á veces la
tentación de ponérselo, de rehabilitarse, de lavar su
pecho y levantar erguida la frente; pero resistía humillado é indignado al mismo tiempo.
Le obligarían á identificar su persona, tomarían
declaración á sus camaradas de ejército, á su hermana... Esta vendría á visitarle al depósito... Le verían en poder de la policía... ¡Oh! ¡Jamás!
Y cada vez más exaltado contemplaba su traje su,cio, sus puños arrugados y el barro que le salpicaba,
mientras el magistrado escribía. ¡Verse él así; él, tan
correcto, tan respetuoso de todas las higienes!
Lo que más le desesperaba era el verse con la cabeza descubierta; su sombrero se había quedado en
la funesta casa, al otro lado de la ventana, caído en
el suelo... ¡Oh! ¡Qué limpios son estos guardias de
orden público; qué bien cepillados y apuestos!
Desgraciadamente un municipal insensible á esta
admiración se le llevó, y Le Sarroix se vió pocos
momentos después dentro de ia enfermería del
•
depósito. Pero en fin, allí pudo lavarse, cepillarse y
- Está bien; pero es preciso no recaer. Yo en luvolver á ser hombre. Sus ojos volvieron á adquirir gar de usted viajaría, para evitar el volver á pasar
claridad. Contuvo sus sollozos, enderezó el cuerpo, por la calle de Bolonia; porque en fin, querido amiy con la razón rec@brada surgió en su mente una go, si el caso de usted ha presentado todos los sínesperanza; y cuando salió del Water- Closet, se atre· dromas clásicos, como son: obsesión, impulso é irrevió á ponerse por segunda vez su roseta.
sistibilidad, conciencia completa de su estado y an- ¡Cómo es esto!, exclamó una hora después el gustia concomiten te, falta ... falta el sexto carácter;
médico alienista, encargado de reconocerle. ¡Es us- indispensable á la historia de la ... de la... leve monoted, mi comandante!
manía de usted; esto es, la satisfacción consecutiva.
El retirado sollozaba.
Y diciendo así, examinaba con fijeza los ojos Elel
¡Todo había ya concluido! La fatalidad hacía pre- enfermo, esperando un arranque por parte de éste;
sa en él; aquel médico solía ser todas las tardes pero Le Sarroix sólo manifestó una sonrisa placencompañero suyo en la partida de whist. Sólo faltaba tera, que salía del fondo de su corazón dilatado por la
hacer avisar á su hermana y convocar á sus amigos felicidad.
del café del Helder, al comité de la Sodedad de an- No, querido doctor, no tema usted nada, dijo,
tiguos oficiales y á toda la calle de Bolonia.
esto se ha acabado. No volveré á pasar por la calle
¡Haber sido reconocido!
de Bolonia, pero sólo por amor propio, pues no te- ¡Dios mío! ¡Dios mío!, exclamó dejándose caer mo una recaída. La he tenido pasajera, muy pasajeen un sillón.
ra; mas he conseguido esa satisfacción consecutiva.
- ¡Vamos, Sr. Le Sarroix, tenga usted ánimo! Cuando han acudido los agentes, el golpe estaba daEl médico se apresuró á tomarle el pulso y á ha- do: había ya puesto el cuadro derecho al lado del escerle oler un frasco de sales.
pejo. Derecho, ¿comprende-usted?; ¡ri-gu-ro-sa-men- ¡Vaya!, esto va mejor. Ahora cuénteme usted... te, geo-mé-tri-ca-mente derecho!
¡Oh, sí, lo contará, es preciso que cuente su historia. Esto le servirá de desahogo; y luego podrá morir.
TRADUCIDO POR F. MORENO GODINO
por lo correcto que era y cuidadoso de la higiene,
mucho más habiendo olvidado su impermeable, detúvose un momento, durante el cual vió pasar al portero de M. Venot dando el brazo á su mujer, vestidos ambos de veinticinco alfileres y con aspecto de
ir á alguna fiesta. El comandante viólos atravesar el
arroyo, cobijados bajo el paraguas, entrarse por la
calle Blanca y perderse de vista. Sintió latirle violentamente el corazón y extraviársele el pensamiento.
«¿Quién había quedado al cuidado de la casa?»
Con un movimiento maquinal quitóse su roseta, y
luego de un brinco se echó á la calle á pesar del
chaparrón que caía. Encontró la verja entreabierta;
entró, corrió, hallóse delante de la ventana; tiró de
las cuerdas de las persianas, que se levantaron en seguida; encaramóse sobre el alféizar, y por último,
con la cabeza descubierta y chorreando agua, se dejó caer dentro de la habitación ...
Al levantarse oyó voces de «i Ladrones! ¡Ladrones!»
No oyó más, nada más que el ruido de la verja
que se cerraba violenta y estrepitosamente; y el flujo
y reflujo de su sangre golpeándole las sienes y haciéndole zumbar los oídos.
Guarecidos del chaparrón en el portal frontero,
había dos individuos de orden público, que atraídos
por las voces, penetraron inmediatamente en la casa,
y cogieron al comandante por el cuello.
Intentó hablar, defenderse; pero sus ojos se fijaron
en su solapa, de donde faltaba la roseta.
· Su roseta, ¿quién se la había quitado?... ¡Basta,
Dios mío, basta!,.. Y no acordándose de nada, enloquecido, con la vista extraviada, perdido de barro y
en esta,do lamentable, dejóse conducir á la Prevención. Afortunadamente la calle estaba desierta y sólo
le siguió un pilluelo.

�LA

75°
SECCIÓN CIENTÍFICA
FÍSICA SIN APARATOS
LA DILATACI ÓN

DE LOS CUERPOS

MALOS CONDUCTORES

DEL CALOR

Vamos á explicar un experimento de física sin aparatos verdaderamente original, pero más original aún

Dilatación de los cuerpos malos conductores
del calórico
es la descripción que de él hace el Scientifi, American, de donde lo tomamos.
&lt;Ctesibius dice á su discípulo:
- Herón, ¿quiere usted un vaso de soda? (agua de
Seltz).
- Como usted quiera, contesta Herón.
En vista de esta respuesta, Ctesibius saca una bote11a de vidrio de extraña forma, con un fondo cónico grueso y que contiene un líquido que se dice ser
agua de Seltz.
-Aquí está la soda, Herón; ahora es preciso beberla sin quitar ni agujerear el tapón y sin romper el
cuello de la botella.
Herón rascóse la cabeza, y dando vueltas entre sus
manos á la botella, respondió:
- Ya sabe usted que soy fuerte en matemáticas,
en mecánica, en pneumática y en hidráulica; mas á
pesar de todo esto, no encuentro solución al problema.
- Calor, dilatación desigual,exclamó Ctesibius con
impaciencia.
Herón,·que era un alumno inteligente, no necesitó
más explicaciones, y encendiendo una bujía aproximóla al extremo cónico de la botella, cuyo fondo en
menos de un minuto cedió, rompiéndose en forma
circular, y empujada por la presión interior desprendióse, dando paso á un chorro del agua de Seltz que
contenía.»
El grabado que publicamos indica el modo de
efectuar el experimento.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

517

Houdín para la construcción de esta pieza. El autó- to. Roberto Houdín, cuya imaginación era inagotamata representa á un marquesito vestido á la Luis XV ble, eonstruyó además para sus experimentos de presy sentado delante de una mesa del mismo estilo tidigitación un autómata que representaba á un solcon un tintero, sostenido todo por un delgado pe- dado francés (fig. 3) que apuntaba su fusil y á la voz
destal.
de mando lo disparaba; el pájaro cantor, que tanto
El escribiente dibujante respondía por escrito á se ha reproducido después, etc., etc.
cierto número de preguntas inscritas en unas pequeEs conveniente hacer constar que ninguna de esñas tablas: bastaba introducir la pregunta en un cajón . tas piezas mide más de 30 ó 40 centímetros de altuy colocar una hoja de papel sobre la mesita; en se- ra, lo que aumenta la dificultad de unos mecanismos
guida el personaje mojaba la pluma en el tintero y que comunican á las figuras, no sacudidas, sino
escribía 6 dibujaba. Si se le preguntaba quién era su movimientos que les dan la apariencia de la vida
creador, contestaba: «Roberto Houclín,», y á las pre- real.
guntas de cuáles era!1 el más veleidoso y el más . Roberto Houdín inventó .también una porción
fiel, respondía dibujando una mariposa y una perra de ingeniosas combinaciones que no son autómatas
lebrela. Por este autómata extraordinario M. Giroux, propiamente dichos, y entre las cuales citaremos: un
en 1840, pagó anticipadamente y sólo ateniéndose á reloj misterioso cuyas agujas marcaban en un disco
la descripción 5.000 pesetas; ignoramos lo que ha de cristal la hora que quería el espectador; otro reloj
sido de él. Roberto Houdfn refiere que se vió obliga- análogo al anterior, compuesto de una esfera y un
do á aislarse por espacio de un año para construir pie de cristal, que anda perfectamente sin causa apaesta obra maestra y que hubo de esculpir él mismo rente, y el eslabón despertador que ha dado postela cabeza, pues el escultor no acertó á dar á ésta la riormente origen á una porción de objetos destinaexpresión que él había imaginado. Para ello, y como dos al mismo uso. Asimismo hizo numerosas aplicano sabía modelar ni esculpir, tuvo la paciencia de ciones de la electricidad, en su tiempo poco conocida;
colocarse delante de un espejo y de ir copiando y pero ocuparnos de esto nos alejaría de nuestro promodelando los rasgos de su propia fisonomía, de tal pósito. .
suerte que cuando la obra estuvo terminada resultó
Cuando abandonó su teatro dejó comenzados una
ser el retrato del autor,
porción de autómatas, de los que algunos, entre ellos
Otro autómata muy curioso es el pastelero del Pa- otro escribiente dibujante, han quedado sin terminar,
lais Royal (fig. 1) que salía de su tienda trayendo lo y otros han sido terminados por su primogénito, que
que se le pedía, volvía á entrar en ella y volvía á sa- ha logrado merecida reputación como relojero.
lir trayendo la vuelta de la moneda que se le había
Hemos llamado nuevamente la atención sobre el
confiado. Esta obra mecánica, como otras muchas de maestro en mecánica recreativa porque nos ha pareRoberto Houdín, era automática y además rec;ibía se- cido interesante recordar su obra extraordinaria á los
cretamente ciertos impulsos del prestidigitador.
que sólo de oídas la conocen.
Construyó también algunos autómatas acróbatas,
El silencio en que durante algunos años han perentre los cuales citaremos los dos autómatas Auriol manecido envueltos los autómatas se debe, no á que
y Debureau que ejecutaban juntos varios ejercicios, el público haya mostrado desvío hacia este género de
terminados los cuales, el primero fumaba y el segun- curiosidades, sino á que no había surgido ningún indo tocaba el flageolé; otro que bailaba
sobre una cuerda, y otro (fig. 2) que lucía
sus habilidades en el trapecio, saltando
luego al suelo para demostrar que se movía por sí solo, puesto que estaba completamente aislado del aparato.
Algunas piezas mecánicas, entre ellas
el pastelero antes citado, fueron concebidas y ejecutadas para ser presentadas
en el ,teatro y como complemento de
experimentos de prestidigitación: uno de
estos autómatas destinados especialmente á la escena representaba á un hombrecito que salía de un huevo y adivinaba
los naipes escogidos; otro construfdo
para el mismo destino consistía en un naranjo florido que se cubría de hojas y frutos, los cuales se abrían mostrando en
su interior los objetos que el hábil prestidigitador había pedido prestados á
los espectadores.
Merece también citarse el escamoteador chino, cuyo dibujo original de Roberto Houdín hemos tenido ocasión de ver.
Fig. I. El pastelero, autómata de Roberto Houdín
Figuraba este autómata un chino de
fantasía, como los que en el siglo xvm dibujaba ventor que en él pn:iduzca obras nuevas y originales.
Pillernent, colocado detrás de una mesa cubierta
Ya veremos, cuando estudiemos los autómatas
con un gran tapete y encima de la cual se veían va- modernos, que el número de estos inventores es

I

NúMERO

517

LA

1 CIFRAS DECORATIVAS -P~~A ARTES E l'~DUSTRIAS

. ♦ J. MAS RIERA Y MANOVENS ♦ MONTANER Y SIMON, EDITORES ♦
Véndese formando un precioso álbum, encuadernado en tela, al precio de• S ptas. ejemplar
1
.........
-

L.llT AIITtPRliLIQUI -

LECHE A.NTEFÉL
tan t ■eldala eoa IIU, IIJl,a
S, LENTEJAS, TEZ ABOL

JARABE
DEL
DR.nerno•••
FORGET
contra los
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ARPULLIDOB, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES.
EFLORESCENCIAS , '
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y .PASTA, ~fil~~
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orla Academia de Medicina de Paria é insertados en la C;olección
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,.IDUIIIElhC",11lcao,11r11llhrl1 ~

Lu

APJ:OL
de los ore, JORET &amp; HOMOLLE

Far'• BRU.1", 150, rudeRtvoU, PWS

Se cama prorpectoa 4 1-..lca IN ■oUcitc
~n4ooe Aloo Srt1. Xoatucr y Siaóa, e&lt;lltor•

ANÉMJA, -

LINFATISMO

El Proto-:Joduzoo de Hierro ., ,1 reparador de la sangreel forfillcanto y et microbicida por excele.licia,

LOS AU TÓMATAS ( 1)

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nloa.-El JARABE FORGET es '111 calmante célebre,
conocido desde so aftos.-En lu farmacias y 28, ruo Bel'gere, Parle (antiguamente 38, rue Vltlenne).

MEDALLAS Expu Unir1•LON DRES188Z· PA RIS 1889

***

75 1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

P,nna ... ctltlftw

PILDORAS~~DEHAUT
DIE "Al'lla

tltuJ&gt;eu 111 IJDl'fane, cuando lo
aece.ieu. No temea el aaco ni el cau,or.que, coaara lo que mcede eoa
o, •mu PDl'flllfea, .,,. no obra bien
cqendo 1110macon bueno, alimento.
11.!bklulorU/icete,, cual el vilJo, 11call,
• .... Cada eaal eacoge, para P!U'flarse la
llora 7 Ia comida que mas le ·toavi111Í11
11p11 ,a, oeupecfone,, Come el carua'
cio que la ,ur,a oeulona ~Ida com,¡•tame11,.uuza11,o,orel efectode la
aMa ~•aucion empleada,uo
'! oelde lttcUmente II volr,r
110

IªZJ;to,

-':º

• ·11 emp,1arcu111rur.,.

....ecenno.

11Jarabe11uGraJeaBcupN1to-ioduo•e•tem4eF.Gille,

LA OBRA DE ROBERTO H OUDÍN

i,odrúJ9' ,,.. dtmu'4ci&lt;) r1com,,tdado1 ffl ra,Ó,, tú ... """""' !l"(mw, tú
'" iMll1rGbJlldad II ú ,v 1olubílidad coml4nlu.
1oac,1a d• to, Bo1J111Al11).
11()

El inventor más fecundo en punto á autómatas es
indudablemente Roberto Houdín, todas cuyas creaciones llevan un sello de originalidad indiscutible, y
han sido en su mayoría copiadas una y cien veces, lo
cual es la mejor prueba del éxito y de la justa nombradía que alcanzaron. Esta popularidad adquirida
por el hábil mecánico y la importancia de su obra
bien merecen que se le dedique un capítulo espe·
cial.
En nuestro anterior artículo dijimos que había reparado la mayor parte de los autómatas conocidos;
dejando, pues, á un lado estas piezas, vamos á describrir sus principales creaciones personales.
Una· de las más notables y menos conocidas es el
escribiente dibujante. Hemos tenido la suerte .de
examinar un dibujo ejecutado por el mismo Roberto
(1)

Véase el número 505 rle LA ILUSTR ACI ÓN ARTÍSTICA.

D11'&lt;la1TO GEIIIIIAL: 411, llue Vauvllllen, PARIS. Depósilo en todu las Jarmaelu.

~PEL WL

CARNE yOUINA

.

DAllmlnto aasrepnler, uido al T6Dioo . .. . . ~i
&lt;

~· ;!~lt
Fig. 2 . El gimnasta, autómata de Roberto Houdln

• Soberano remedio para rtpida cura-

VINO ARDUO CON QUINA

·}

. y C:01' TODOS LOS nmamo1 lnlftlTITOI sotmw 1&gt;a 1.4 CAMB
·c,.aa.u 1 • .,.11&amp;1 110D IOI llementol que ellll'an en la CODID081Clon de t111e potente

Fig. 3. El guardio. francés, aut6mata de Roberto IIoudín

rios cubiletes, idea que ha sido reproducida luego considerable y que nunca faltan compradores para
muchas veces con más ó menós éxito. Este escamo- objetos variados é interesantes.
·teador levantaba los cubiletes, y los objetos debajo de
E L PRESTIDIGITADOR ALOER
ellos colocados se convertían en dados, en bolas de
diferentes colores y luego desaparedan por comple(De La N ature)

t9parador de las ruerzu ntales, de este tertl■e••• per e■eele■ela. De un lrllllo sumamente a¡radal&gt;le, es aol&gt;erano contra la .tnem'4 Y el .t~1tnto, en 1u
7 COllr,allcencúU¡_COntra laS /)14,-re(II '1 Iu .tf«dMlel c1el lllt&lt;&gt;iiago Y loe tnt11ttno,.
Cuando ae iraia de despeliar el apeUto, aserurar lu d1geaUonea reparar laa tuena,,
ertquecer 1a aangre, enwnar el organismo Y precaver.la anemia 7 ÍÜ eDldenúu pro~
cadu por loa OlloN!I, no ae conoce nada superior al t'i■e de taüaa de .are-.
IM -.or. • Parit, ea wa •I.FERú, rarmaceat1co~10t, 1111 BicWlea. '-•AIIOUD.

ª'""'',,,..,

8a ffl(J)S U TODAS loü PIUll"OIP.U.U JIO'na4&amp;

EIIJASE 11.:-=' lROUD

don de 111 Afeocione■ del pecho,

Catarroa,llal de garganta, Bronquiti•• Resfriado■, Romadiso1,

de los Reumati■moa, DolorH,
Lumbago•, etc., SO año1 del mejor
61fto atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
101 primero, médico, de Paria.

-

D1p611to ,n toda, la, Farmacia,

Part1c1-pe.ndo de las propiedades del Iodo
del Blerro, estas Plldoras se emplean
es_peclalmente contra las •■crofulu la
'l'i•I• y la DebUldad de te1npenune~to,
asl como en todos los casos(Pálldo■ colorea,
AIDenorrea, ••&gt;, en los cuales es necesario
ol&gt;rar sol&gt;re la sangre, ya sea para ttevolverl&amp;
su riqueza y abundancia normales, 6 y~ para
' provocar 6 re¡ulartzar su curso periódico.
y

~f'A~fJ5 Fmnacenneo, a Para,
~ 1tu1 lonaparte, 40

NB

El 10duro de hterro tmpuro 6 alterado
■ • ea un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las -rordadoras .PU:clorcu de Blaneard,
el1flr nuestro HIio de plata reaot1v1,
nueatn firma puesta al pié de una etiqueta
•er41• Y el Sello de fiFantla de la Unl 6n d•
l■e Flllrlc1nt11 para lareprestón de 11 Cal.al•
llcae.!611. , ,

e ss IULL.llf u

TOIUS L.lS P.llllü.Clil

�LA

75 2

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N úMERO

517

prurito de echar abajo todo lo antiguo
sin tener en cuenta que &lt;no somos
más que un eslabón de una cadena
que no sabemos ni dónde empieza ni
dónde acaba. &gt; Nos extenderíamos demasiado si hubiésemos de señalar todas las excelencias del discurso, pero
no podemos resistir á la tentación ele
terminar reproduciendo algo de I o
que dice el Sr. Alas al hablar de la
enseñanza religiosa, que defiende con
la convicción de un verdad~ro creye~ ·
te: «quien na está con Dios esta sm
Dios; la enseñanza que no es deista
es atea;I&gt; &lt;los hijos.que se educan en
la duda de Dios se educan como si no
le hubiera; y más diré, que si no lo
hubiera, no está muy claro que fuera
muy perjudicial para la. buena ed_ucación portarse como s1 le hubiese;
mientras 11ue si hay Dios, el prescindir
de la Divinidad no puede menos de
ser funesto.&gt; Y en este punto el voto
del autor es de calidad, porque nadie
Jirá que el ilustre catedrático Sr. Alas
ni el celebrado escritor y profundo crít ico Clarfti pequen de fanáticos ni mucho menos.
Véndese el folleto en las principa·
les librerias al precio de una peseta.

LIBROS ENVIADOS A ESTA RED!CCION
POR AUTORES Ó EDITORES
¡MISERICORDIA! Novela espaflola
por M. Marlinez Barrio1111evo. - Este
conocido y fecundo escritor ha aumentado el ya largo catálogo :ie sus obras
con la novela cuyo título encabeza es·
tas lineas. Como todas las suyas, esta
novela es genuinamente española, !1º
sólo por el asunto, por los personaies
y por las circunstancias de lugar, sino
por su factura, apartada por completo
de las tendencias hacia un realismo
exagerado que de algún tiempo á esta
parte nos ha venido de allende el J'i.
rineo. Quizás alguien tache la nueva
producción de I Sr. Barrionuevo de
sobradamente idealista; pero esto, á
nuestro modo de ver, no e¡; ni mucho
menos un defecto, cuando el escritor
sabe, dentro de la escuela en que milita, responder á los altos fines de la literatura, ¡Misericordia! los llena perfectamente: su acción es interesante y
está bien conducida, pues la aparente
confusión que algunas veces se nota .
en su primera mitad, explícasela cumplidamente el lector á medida que se
aproxima el desenlace; sus personajes
están bien dibujados, sobresaliendo
entre ellos la protagonista y el criado
Pequillas, y nay en la no11ela capitulos que descubren la mano de un experto escritor, como sucede por ejemplo con la hermosa descripción de la
batalla de Alcolea.
¡ Misericordia! forma un tomo de
cerca de 400 páginas y lleva una bonita portada; ha sido editada por don
Inocente López y se vende en las
principales librerias al precio de 3' 50
pesetas.

.•.
NOVELAS CORTAS, por Luis Cánovas. - El tomo 54 de la Biblioteca Selecta que publica en Valencia el editor
D. Pascual Aguilar, es una colección
de novelitas interesantes debidas á la
ele!!ante y castiza pluma de D. Luis
Cá;ovas, á quien conocen ya los lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA
por haberse publicado no hace mu~ho
tiempo un primoroso artículo suyo titulado El do de pecho, que forma también
parte del tomo en que nos ecupamos.
Véndese éste al precio de dos rea·
les en las principales librerías y en
Barcelona en la de D. Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5.

***
UNDI SCU RSO,por(Clariti&gt;{Leopoldo Alas). - Formando parte de la c:o•
lección de Folletos literan'osde D. Leo-

•• •

poldo Alas, que publica el conocido
editor de Madrid D . Fernaedo Fe, se
ha puesto á la venta el por muchos
conceptos notabilísimo discurso que
con motivo de la apertura del curso
académico pronunció el sabio catedrático de la Universidad de Oviedo. Occúpase en él el Sr. Alas de la pedagogfa moderna, combatiendo con _poderosos argumentos y con una nqueza
de dates, que revela una vez más la
prodigiosa erudición de su autor, !os
sistemas exclusivistas, las exagerac10•
nes del utilitarismo, del nacionalismo
y del afán de ineovaciones por el solo

CAUSAS DE LA CEGUERA' Y MODO
EVITARLAS, por D. Atigel Fen11fodez Caro. - El actual vicepresidente
de la Sociedad Española de Higiene
pronunció hace dos a!5os ante es~a Sociedad la conferencia que reciente·
mente impresa ofrece al público. El
tema es interesante y está concienzudamente desarrollado, por lo que merece leerse el folleto, al que acompaña
un cuadro gráfico de causas de ceguera comprobadas por el D. Magnus
en 2. 528 casos.
DE

IDILIO DE AMOR, cuadro de Modesto Faustini

Las oa.sa.s extranjera.a que deseen anunciarse en LA IL USTRAOIÓN ARTÍSTICA dirije.nse

p&amp;ra.

informes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.uma.rttn,

núm. 61. Parfs.-La.e ca.ea.e e13pa.ñola.s pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Oa.lvet y O.•, Diputa.oión, 858, Barcelona

\

111t9ADESd•iEsr04t

. .,
.~

- . -

1

~,, 1

Pepsina Boudault
!probada por la !C&amp;DEIU DE IEDICINJ.

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

.,,....,..o,a, CA1-LB DB Brf"OL.C. 160. PABIB, 11 • • Codao l-.1'•-ae«.e

El ~ A B E DE BRlANTrecomendado desde su prtnclplQ por loa proreaorea
Laennec, Thénard, Oueraant, etc. : ha ¡eclbldo la conaagracrón del tiempo: en el
año i829 obtuvo el prtl1legio de Invención. VERDADEID CDIFITE PtCTOIIAL, con bue
de goma .., de ababol.ea, convtene,.sobre todo , las personu 'd8.llcadu como
muJeres T niños. su gusto excelente no perJudtca en modo alguno á su incacta
conlra 108 ll!SFlll!DOS T todas las IJ1'L11~Cl8!1ES del PECHO y de 108 mESTIIOS.

■' ----------------------­

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856

PUIS - LYOR • VIEU • PBIUDELPBI! • P!BIS
1867

~

lll3

1876

1878

11 s••L■A. COK IL .,-roa jlJTO llt ,.. .

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS ·
D10ESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I OT&amp;Ol l&gt;IIOaDIMII DI L~ DIGIITtc,a

BASO LA FORlll

DE

ELIXIR. . de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PUIS, Phmnacie COLLAS, 8, rae Daupfüue
r "" lna J&gt;l'incloal&lt;, fanMcía1,

tos PllJNCIPIOS NtmuTIVOS DB u

CARNE

c,.1an, IIIIEll&amp;o y_ flllll.&amp;1 Diez años de extto contlnuado y las anrmactones de
todas lilll emlnencia.s médicas preuban que esta ISOCJIClon de la Clarae, el Blern y la
Vai- constituye el reparador mas enerl!'lco que se conoce para curar : la Clardní 1
J.fltmúJ, las Jlfflltl'U4dona aowrosiu, el Jlmpobrec1mlfflto y la '..tlteracwn ae 14 Sangre1
el }l/lqllfttl1110, las . . t f ~ e:.cronuo,a, Y e,.scor&amp;wtktU, etc. El Ylae l"errast■-■• dé
..&amp;reu• ea, en erecto, el único que reune li:&gt;do lo que entona y fortalece 108 organos
regu1~~1 coordena y aumenta considerablemente 1as tuerza.s 6 tnrunde a 1&amp; san¡re
empobrtlCldl y descolorida : el Ytqor, la CO~acioff y la Bnergw. t1"4l.

Poru1or. e11 Paria, en casa de 1. FERRE, fanjiaceutico, 10!, rue Richelieu, Sucesor a, AROUD
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SK VKNDB BN TOD.LS ~ PIUNCIP.lLBS BOTIC.LS

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0

P. LAMOUROUX
Calle Vauvtllter■, J1art1.

El Jarabe tle Pierre Lamouroua:

VINO FERRUGINOSO AROUD
COK TODOS

DE

t.&amp;,

_, El Alimento ma,s fortificante unido a los 'l'ówcoa maa reparadores.

T

Jara be Pectoral
Ante,, Fli'm10,utlco

CARNE, HIERRO y QUINA

Medallu en laa E1po1lclonu lnternaclonalea do

Enfermedadesd,,Pecllo

• ,.

'

como edulcerante de la, tilanas, á
la, cuales comunica ,u guito agra,,
dable y rus propiedade, calmante,.
(GICtla dt loa Hospltalel)

Dtp61ito Cuera! : 4S, Calle Ymilllen, 45,,ws
Se rende en toda, /a, buenu f1rmaolt1.

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111ngun pebgro para el cut11. 50 Años de Éxito, y millms de testimonio, garantlJan ta eficacia
de esta preparacion, (Se vende en oaJa1, i¡,.ra la barba, J en t/2 oajaa para et bigote ligero). Para
los brazos, empléese el P.I.L.1. J'flllJJ;, DUSSER, 1, rue J .•J,•Rousseau, :Parta.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DE MONTANER Y SIMÓN

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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