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                  <text>I

U~1rté!C10t)

Ftí~t1ea
ARO X

BARCELONA 7 DE DICIEMBRE DE 1891

..,.,_ _ _ _ _ __

NúM. 519

Con el presente número se reparte LA HISTORIA DE LA GUERRA FRANCO-ALEMANA DE 1870-71, escrita por el conde de Moltke
Primera. edición ilustrada. que se publica. en Europa., acompañada. de un mapa. para. seguir la. marcha. de la11 operaciones
El suscriptor á cuyas manos no llegase deberá reclamarla. al respectivo corresponsal ó repartidor

ESTATUA ECUESTRE DEL GENERAL GATTAMELATA, en Padua, obra. de Dona.tallo

�La

770

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 519

y de las guzlas, al olor de los pebeteros y de los ro- daban destellos de lapislázuli á la sierra Elvira, brusales Ninguno, entre tales infelices, ninguno se daba ñidos de cristal veneciano á las cumbres nevadas,
cuenta de lo que le sucedía; pero á todos les pasaba arreboles rosáceos á los cármenes bordados de noTexto.-Murmuraciones europeas, 'pOr Emi!io Castelar, pales á las torres ceñidas de cresterías, á las mezquiEl Papa en el Vaticano, por Eduardo Toda. -Bonn, por lo que á la flor desgajada del tallo, lo que al tallo
tas
c~ronadas con rotondas de porcelanas, á los kiosJuan Fastematb. -Ntustros grabados. -La hermosaNata/ia, desgajado del tronco, lo que el tronco desarraigado
por Carlos Iriarte, con ilustraciones de Marold. - S&amp;CCIÓN del suelo. Imaginaos los judíos arrancados á J erusa- cos del Generalife medio escondidos entre los bosCIENTÍFICA: Sopltte de esencia mineral y ten110-cauterio. lén;y conducidos al cautiverio de Babilonia; los he- ques de mirtos, adelfas y cipreses. El cielo espléndiTramportt de fJaljtlt les á domicilí~ 'º': m_edio de la_ electricido, el sol fulgurante, las montañas encendidas como
dad. - Flu"ca recreativa. La presltdigrtació,i desmburta. Las lenos expulsos por los tártaros de la península y de
las islas que á una esmaltaran todos ellos con los volcanes, la Vega inmensa dilatándose hasta donde
pizarras espiritistas .
cinceles de sus artes y poblaran también con las ma- la vista se dilata, las colinas pobladas por torreones
Grabados. -Estatua ecuestre del general Gal/amela/a, en riposas de sus inspiraciones y de sus ideas; imagi- parecidos á corales gigantescos, la ciudad atravesada
Padua, obrn de Donatello. - La sobrina y' el ama de D. Quipor el Darro y lamida por el Genil, entreabierta y
;ofe de la Ata,u l:a, cuadro de D. Juan Gilbert (Exposición naos los pueblos todos á quienes un destino adverde la Real Academia de Londres, 189n. -¡C/1isl!, estatua so condena en sus decretos á dejar el suelo donde hermosísima como la fruta de su nombre; los arrebode D. Juan Vancell {Exposición general de Bellas Artes de se quedan los sepulcros de sus padres y donde se les de aquella tarde, las púrpuras de aqdel ocaso, las
Barcelona!. -Las primeras lecciones, cuadro de C. van Stet- han mecido las cunas de sus hijos; pues ni los tre- armonías compuestas por la mezcla del susurro de
ten, grabado por Baude. -El acaparador de periJdicos, dilas arboledas con el rumor de las brisas, los aromas
bujo de F. Coradam. - Campesina de la Umbría, cuadro de nos de Jeremías llorando la ciudad viuda y solitari,a,
embriagadores,
las perspectivas ina~abables embeni
los
elegíacos
lamentos
del
clepta
viendo
su
tierra
D. Joaquín Sorolla. -Portada de San ,M artín en Salamat1·
ca . - Un nido de miseria, cuadro de D. Leopoldo Roma· en los lejos del horizonte desde las extranjeras mon- llecíanse como á porfía para despedirse y separarse
ñacb. -Dortor D. Andrls Lamas, ilustre historiógrafo, lite• tañas, ni el plañido de los abdibitas sevillanos com- de aquellos sus reyes y señores, los cuales habían
rato y político americano. Nació en Montevideo en 30 de
completado las grandezas del universo con las insnoviembre de 1817; falleció en Buenos Aires en 23 de sep· parando su do aromado de azahares con las arenas
tiembre de 1891. -Estat11a de D. Eusebio da Guarda, erigi• del desierto y sus palacios encantados con las tien- piraciones del arte. Boabdil al volverse instintivada en la Coruña, obra del escultor D. Ellas ~artín, fundida das del aduar y sus jardines inacabables con el oasis mente para despedirse de aquel suelo, vió de un
en los talleres de D. Federico Masriera y C. ª, de Barcelona. estrecho y pobre, pueden compararse al llanto y al lado el pico de Muley-Hacem, donde reposaba su
- Fig, t. Soplete de esencia mineral de M. Paquelin. - Fi•
padre; de otro lado el hijo de sus entrañas engendrag.ira 2. Termo -cauterio', nuevo modelo de M. PaqueUn. - sollozo de los granadinos, abandonando aquella tieFigs. I y 2. Las pi:tarras espiritistas. - c~a de patos, cuadro rra de fuego templada por las nieves, aquellos jardi- do para tanto paraíso, pero sin poder poseerlo; y
de D. José M. Marqués, adquirido por la Diputación pro- nes de Asia regados por manantiales y fuentes y uniendo á los recuerdos profanados las esperanzas
vincial de Barcelona.
arroyos clarísimos, aquella puerta del Edén tras la desvanecidas que cubrían como de duelo aquella
cual columbrábanse las prometidas huríes y ante la tierra milagrosísima, dijo adiós á Granada y lanzó un
cual se anticipaba el ánimo los goces prometidos en amargo sollozo que hubiera partido las pied;as. Pero
el Paraíso por su religión. Así los unos iban á dar el no partió el corazón de su madre A1xa, qmen gu~rMURMURACIONES EUROPEAS
adiós último á tal ajimez, que les recordaba un sue- dando su indómita naturaleza y su complexión mPOR OON EMILIO CASTELAR
ño de amor; los otros á tal mezquita, bajo cuyas bó contrastable hasta el fin de aquella tragedia, díjole:
vedas
habían creído recibir revelaciones del cielo; &lt;Llora como mujer lo que no has sabido guardar y
El Centenario de Colón y Granada. -Grandes recuerdos bis•
tóricos asociados al descubrimiento de América. -La rota casi todos á los patios voluptuosos, á las albercas defender como hombre.&gt; Pues aún debian los lade tos moros y ta expulsión de los judlos. -Pueblos viejos y cristalinas, á las celosías recatadas, á los alham!es mentos de Boabdil perdurar en su recientísimo despueblo~ nuevos: - ~a China y_ sus conmociones. -An!iguas multicolores, donde naturalmente dejaban arreboles tierro cuando Colón se partió regocijado á Huelva
industrias ecles1áshcas encammadas á penetrar en Cbma de su alma y de su vida. El viejo santón, reflexivo y y Palos con la orden de reunir para su disputada
Los primeros exploradores. - El patriarcado griego en Conssolemne, aún podía recatar sus grandes dolores y expedición levas marinas y armar investigadoras catantinopla, -El nuevo patriarca.-Conclusión.
ver aquella catástrofe con ojos enjutos y parecidos á rabelas. Y en efecto, así como coincidía con la paresas nubes del estío, las cuales relampaguean y no tida de Colón desde Granada á Palos el definitivo
I
llueven. Pero los jóvenes de condición guerrera, ore- triunfo de nuestra España sobre los árabes, coinciPor mucho tiempo, durante todo el próximo ar.o, yendo que aún alcanzarían vencer al destino, lanza- día con la partida desde Palos á su primer viaje la
hablaráse del Centenario de Colón entre los pueblos ban toda suerte de maldiciones por aquellas sus bo- expulsión de los últimos judíos restantes en España.
cultos, con especialidad entre los españoles de todos cas cubiertas con espull)a de hiel, y las pobres muje- Junto á las carabelas que al amanecer llenaban del
matices y los americanos de todas procedencias. Así res, incapaces de callar sus sentimientos, proferían clamoreo de sus tripulaciones regocijadas, en una
no puede maravillarse la solicitud con que acuden en alaridos tales, que poblaban como una tempestad mañana del mes de agosto de 1492, el cielo y el mar
mur.has municipios en demanda y petición de un aquellos aires cargados con las evaporaciones de de Huelva con esperanzas generadoras de un munreconocimiento público del derecho suyo á la con- tantas lágrimas no disipadas por los clarines y por do nuevo, pasaban los últimos judíos, cual sombras
memoración gloriosa de antiguas esceoas históricas, el Tedéum de la victoria. Al fin, precedidos todos y espectros de un templo caído y de un mundo
enlazadas con suceso tan humano y universal como aquellos infelices de largas recuas, sobre las cuales muerto, los cuales todavía no han purgado el haber
la invención del Nuevo Mundo. En estos mismos iban sus tesoros más ricos y sus muebles más ama- desconocido una revelación del progreso. ¡Ah! Sunt
días varios comisionados, por todo extremo ilustres, dos, emprendieron el camino desde Santafé á la la~imfZ rent111.
del puebl6 granadino han puesto porfiado empeño Taa de Orgiva, donde iban por el pronto, dando á la
III
en la recordación del papel representado por su bella ciudad las espaldas. El paso era lento, como de
ciudad dentro de tal épico poema viviente, y beles quien huye al objeto amado. Un silencio profundísiY puesto que hablamos de naciones viejas y naasegurado yo mi pobre concurso en la consecución mo siguió naturalmente á las primeras explosiones y
y logro de su legítimo deseo. Aparte Barcelona, pri- estallidos del dolor amargo. La comitiva, con haber- ciones nuevas, no faltaré al ministerio mío de cronis•
mer glorificadora de Colón, tienen derecho á con- se depurado y reducido todo lo posible, formaba por ta departiendo con mis lectores un poco acerca del
memorar el Centenario Sevilla, donde halló Colón su número y por su importancia como un pueblo Celeste Imperio, cuyos alardeas de intolerancia '
poderosísimos y desinteresados valedores; el Puerto, Y este pueblo se unía indisolublemente, por la inte- traen á mal traer las cancillerías europeas, ocupadas
en cuyas playas vivió largo tiempo junto á sus ami- ligencia y por el corazón, á·la tierra que iba dejan- en defender sus respectivos naturales y súbditos al
gos los Medinacelis; Córdoba, que presenció sus do atrás mal de su grado. El hombre, como compen- incendio y al degüello en que han entrado con furor
afanes y auxilió con recursos de ilustres familias cor- dio de todos los seres, pertenece también á los mi- los chinos. ¡ Pueblo incomprensible! Habiéndose
dobesas á los vast!simos proyectos y á las audaces nerales y á las plantas, y necesita, como éstas, respi- adelantado á todos en descubrimientos, dióse tal
investigaciones del descubridor; Málaga y Baza, las rar el aire y absorber el jugo de la natal atmósfera y traza que, inventor de la imprenta, de la pólvora, de
cuale~ en sus asedios le vieron pelear como un sol- de la tierra natal. Y los fugitivos se creían unos con la brújula mucho antes que los demás pueblos, hase
dado; Huelva, de antiguas experiencias marítimas, aquel suelo predilecto; por eso todos los ojos se quedado como inmóvil y rígido en sus invenciones.
puestas en la suma de datos reunida por aquella atristaban como las luces al extinguirse y todas las Y sin embargo, nosotros, los europeos, á pesar de no
mente creadora para la solución de su problema; La frentes se caían hacia abajo como las flores al secar- querer nada con sus personas, resucitamos su filosoRábida, primera y principal en darle dos capitales se. El paladar no queda otros frutos que los frutos fía. Sabido es lo que priva Scbopenhaüer hace mucho
protectores, el guardián de aquel monasterio y el de aquellos huertos, ni las fauces otras aguas que las tiempo en la ciencia germánica, y sabido es que
cosmógrafo y médico Garci-Fernández; el Palos, de aguas de aquellos manantiales. El pensamiento se Scbopenbaüer extrae su filosofía de una religión chilos Pinzones y del primer vi~je; la Vega edénica y la fijaba por modo intuitivo en que hasia el polvo de na, la religión Buda y los budistas. Esta religión prociudad oriental, testigos tanto de las capitulaciones las vías recorridas se formaba con átomos despren- venía de los indios. Pero se diferenciaba tanto del
entre los inmortales monarcas y el ignorado adivino didos de las generaciones muslímicas ali( enterradas. brahmanismo politeísta como pudiera diferenciarse
como del costoso y &lt;)efinitivo triunfo alcanzado so- Cada cual pensaba en el sitio consagrado por algún un judío monoteo del persa ó iranio pagano. El b11bre la superstición por el saber y por el genio. Así bendito recuerdo, por alguna escena familiar, por la dismo no era tanto la religión de Dios como la relicomo la fe busca las huellas de los reveladores divi- sombra de un ser querido, por la reminiscencia de gión del alma Su dogma capita\ísimo y primero estanos en todas partes, en Jerusalén y en el desierto, la vida pasada, por un sollozo. por una oración, por ba reducido á la espiritualidad é inmortalidad del ser
debe la ciencia buscar y consagrar los lugares testi- una lágrima. Imposible saber todo cuanto nos une invisible que nos anima. Y después de haber proclagos de las glorias allegadas por sus reveladores y por con el terruño á que nos hallamos adheridos hasta mado estas dos ideas, tan acordes con todo cuanto
sus mártires. Además los pueblos necesitan saber después de abandonarlo y de perderlo. Boabdil iba nosotros creemos, proclamaba la transmigración de
su historia. Y ninguna ocasión de suyo tan propicia pensando en todas estas cosas conforme se iba diri- las almas, ó séase una especie de sucesivo paso despara enseñar á los españoles el conjunto de sus re- giendo á su triste destierro. Caballero en el corcel de uno á otros cuerpos en .progresión ó retrogradacuerdos como este aniversario, el cual tanto evoca árabe que montó para salir de Granada, precedién- ción perpetua, según el mérito ó demérito de sus acnuestros aciertos como nuestros yerros,
dole su primogénito, á caballo también, á sus dos ciones y de sus obras. Mas ¿para qué proclamaba el
lados se veían su madre y su mujer, igualmente silen- budismo esta esencialidad y esta superior fuerza del
II
ciosas y entristecidas. Quizás por la vez primera de alma humana? Para luego murmurar en sus oídos el
s~ existencia Moraima no ponía los ojos en Boabdil, suicidio. La suprema felicidad para Buda está en la
En tanto que del torreón de la Vela subían Ten- smo en todos los objetos de que la separaba su mar- nirvana que quiere decir á la postre tanto como la
dilla y Mendoza, conseguida ya la rendición, aquella cha Por fin, al caer la tarde solemne de aquel día nada. Huyendo los hombres del dolor siempre, han
su escalera inolvidable, Aixá, Moráima, las mujeres terribl: llegó la corte granadina, como en tropel y de tener por fuerza una seguridad, la de que únicadel harén, los príncipes de la sangre, los santones y confuStón, al célebre boquete conocido con el nom- mente hay dolor en la existencia y en la vida. El que
faquíes del palacio árabe dejaban las estancias don· bre de Padul y que separa los valles alpujarreños del no vive no padece. De aquí la fuga inconsciente que
de tantas veces vieran la palabra felicidad grabada v~lle regado por Darro y por Genil El sol se iba po- todos los seres toman desde las cumbres del ser y de
en las estalactitas de sus t~chos 1 ªl §Oll ge las brisas mendo tras los montes de Loja, Sus últimos rayos la vida por necesidad hacia los abismos de la muerSUMARIO

1

LA ILUSTRACIÓN ARtlST1CA

te. Extinguirse por
completo, suicidarse, buscar la no exis
tencia, dormir en la
nada, por el aniqui
}amiento despeñarse
hasta el no ser, lle gar á un abismo y á
un silencio mayores
que todos los contenidos en el sepulcro: he aquí la verdadera religión; he
ah( la verdadera mo ral. Creedlo: una
doctrina de tal suerte contraria con el
ser, una doctrina
propagadora del suicidio, no podía, no,
dar ni al hombre r
menos á la mujer
aquella dignidad indispensable para
que sea el alma humana un resumen
del alma universal y
para que la dignidad
humana se alce á sus
esenciales derechos.
Libros que se llaman
á sí mismos vehícu•
los para con más ó
menos precipitación
ir al no ser, no podían dar leyes de
vida muy aceptables
y sabias. Buda sólo
piensa en transportar los seres del
océano de dolores
donde han caído á
la nirvana, ó sea,
desde la vida con
todas sus manifestaciones á la muerte,
y á la muerte completa y eterna. Subir,
pensar, extasiarse
por medio de la idea
en los arquetipos
eternos; conocer la
santa verdad y de la
santa verdad virgen
y madre sacar el bien
para esparcirlo en
todos los mundos y
en todos los seres:
be aquí la ley moral
verdadera, por I o
mismo que se halla
tan apartada y distan te del suicidio
prescrito en las reljgiones chinas como
supremo fin de nuestra existencia. El
pueblo chino, entregado á la teo\ía del
LA SOBRINA
aniquilamiento, ya
que no ha podido
suicidarse todo él
en masa, por impedírselo propensiones tan poderosas ~n todas las especies como el instinto de conservación Y de_ reproducción, se quedó en algo á la muerte par:c1do, en
la inmovilidad Y de aquí su odio al extran¡ero Y su
aislamiento del mundo. Para conocerlo hay que engañarlo identificándose no ya con su modo de pen·
sar con su modo de ~er. Así nadie ha penetrado
ta;to en China y hala conocido tan bien como los
jesuitas.

77 l

Francisco Javier,
cinco años en que
no descansó una
hora su febril inquietud. Ya le sirvieron
de apoyo las armas
de las milicias portuguesas, ya el poder de las autoridades políticas y civiles de aquella monarquía; pero muchas otras veces fiólo todo al milagroso
efecto de su palabra
y á la virtud creadora de su ejemplo.
Y fuesen sus motivos y sus actos los
que quiera,no puede
dudarse, no, de SI.!
aptitud, sobrenatural cuasi, para iniciar
esas peregrinaciones
religiosas y evangé·
licas, las cuales pasmaban más que convencían á los pueblos, y por cierto
tiempo los inclina·
ban á una doctrina
con propensiones invencibles, aunque
pasajeras; pues al fin
y al cabo reinaban
con su imperio natural sobreaquellas tri·
bus el temperamento propio, la religión
recibida, la naturaleza externa y Ias
supersticiones bi,tóricas. Hasta en las
obras y empeños del
apostolado asiático
· se muestra la índole
de los jesuitas mundana y ascética, vehemente y hábil,
con presentimientos
proféticos y cálculos
matemáticos, mezcla informe de abnegación individual y
de tristísimo egoísmo. Nada tan curioso en la historia del
mundo como el método empleado por
el jesuita Ricci para
influir en costumbres tan arraigadas
como las costu robres chinas r en
Imperio tan misterioso como el Celeste Imperio. Grande
tentación para estos
apóstoles con mezcla de aventureros
y EL AMA JJE DON QU JJ OTE DE LA MANCHA, cuadro de D. Juan Gilbert
el
saltar la muralla
(Exposki6n &lt;le la Real Academia de Londres, 1891)
ideada por seculares
y antiguos recelos
ni siquiera imaginarse por la fantasía más exaltada. para sorprender los misterios de una religión cercaLa vehemencia de los supersticiosos mézclase ¡.,or na de suyo al seno de la naturaleza y cristianizar
verdadero milagro en ellos con la perfidia de los es- unas castas en las cuales dominaba el antiguo esp(tadistas. Ningún mártir capaz de llegará tanta exal - rítu asiático y las ideas teológicas engendradas en las
tación y ningún político, ninguno, capaz de tantas entrañas mismas de aquella vieja tierra ó bajadas
previsiones y cálculos. Las contradicciones más dis• como gotas de lluvia del seno de su atmósfera. Ricci
pares mézclanse con asombro del mundo en la obra es el tipo acabado, más aún que San Francisco Jamaravillosa de estos apóstoles. Jamás estuvieron tan vier, de la propaganda jesuítica. Deseoso naturalcerca la abnegación y la habilidad. Es cierto que mente de sorprender y sojuzgar aquella sociedad con
algunas veces apelaron á la jurisdicción política de delicadezas de cultura y achaques de barbarie, deslos gobernadores y á la fuerza incontrastable de las ciñóse la vestimenta de jesuíta y ciñóse la vestimenIV
armas, cual hizo en Goa San Francisco Javier; pero ta de mandarín . El austero hijo de Loyola, envuelto
Las dos misiones características de la Sociedad también es cierto que otras muchas veces sólo tu- como un cadáver en su negra sotana, mortaja más
de Jesús ¡ah! son las dos en la China y el Paraguay vieron para defensa y para su propaganda la palabra que vestidura, ciñóse los multicolores trajes y las
respectivamente. Ninguna obra que tanto muestre ~u y la idea, como para premio de sus obras y para vistosas insignias del mandarín chino. Y conociendo
grande actividad mezclada con su tenaz constanc1a1 lustre de sus nombres el sacrificio y el martirio. cómo las ciencias privaban all( entre aquellas gen·
b
El Afri·ca yerma y estéril, como el Cierto también que muchas veces atendían estos tes1 comenzó por propinarles enseñanzas matemáti,
mnguna o ra.
. d e m1s10neros
··
· 1·
·
Asia henchida de recuerdos y la joven Am énea
r:natena
1stas _an~es á un bauhzo
externo cas para concluir por propinarles enseñanzas religio•
.
s
henchida
fueron
á
una
en
la
que
á
una
rnterna
conV1cc1ón.
Bastábales
con
que sas. El cielo era el libro de tales razas y al cielo misgran dwsas esperanza
'
.
. 1 1 b. d l
I
d d r .
d lE
malla espesa del complicado y difícil orgamsmoáJ:·
a !OS ec
a
a r111;osa eá 1 va~ge- mo les convirtió sus ojos, á fin de que allí estudiasuítico envueltas. Sus misiones pasman por lo r ~1- dio, aunquedta ec ardar.1 n ¡am sd egase os ?n• sen como un proemio de las revelaciones evangéli1
d
t - ¡ d O haber sido en su mayona os senos e1 ama,
onde verda eramente arraiga cas. Convencido profundamente de que necesitaba
as,fy sus nun os edn!an hoy no ya creerse, pero . toda idea religiosa. Cinco años duraron los viajes de muchas trazas antes que muchas ideas para persua,
t an ugaces apenas po r

t

r~ra~

".r

�NúMERO 519

LA lLUSTRACION ARTISTlCA

772
dir á los pueblos que viven allá en los albores de la
historia y en los confines del Oriente, dijo como su
Evangelio no era u? origina~ y singular libro! sino la
renovación de los libros antiguos de Confuc10. Moral sencilla, teología positiva, espíritu práctico; he
ahí las grandes cualidades reconocidas por la historia en el revelador asiático. Y los jesuitas idearon
un sistema en consonancia completa y en relación
estrechísima con todos estos caracteres históricos de
una obra verdaderamente secular. Los ritos antiguos
mezclábanse á los ritos cristianos; la idea de un
Dios sin el complemento de la Trinidad ni las jerarquías de los ángeles brotaba del seno de todas aquellas sus afirmaciones como qogma común á todos los
cultos; buscábase más la virtud 1;11oral que la verdad
dogmática; y se concluía, sin decirlo,
en que una vida de pureza y un hábito continuo de practicar el bien
concluyen por allegar tanto la salud
eterna como la salud temporal á los
hombres verdaderamente religiosos.
Así es que la escuela jesuítica no tenía escrúpulo, cuando se lo aconsejaba la necesidad de su propaganda
y se lo imponía el deber de su apostolado, en buscar un fondo común
de doctrina que conviniese á todas
las religiones y que preparase á todos
los religiosos para la profesión de las
ideas y para la práctica del bien. Lo
cierto es que llegaron á la corte misma del emperador y tuvieron con él
una gran privanza. Los calendarios
chinos para el palacio imperial fueron redactados por los misioneros,
quienes predicaban libre~~nte, á
cambio de tan claros serv1c1os, la
verdad evangélica. Chunt·Chi fué por
entonces el verdadero protector de
los jesuítas, quienes le amaestraron,
así en la astronomía como en la óptica europea; le proveyeron de cañones fabricados á nuestra usanza, y le
dejaron más de cien to cincuenta
obras para su biblioteca, escritas to·
das ellas en chino corriente. Necesitóse la febril actividad, la constante
perseverancia, la increíble destreza
y hasta la perfidia misma de los jesuítas para entrar y residir allí, donde
se consideraba crimen la extranjería
y criminales á los extranjeros. Bien
es verdad que aquellos hombres tan
desasidos del mundo en general se
asían á las prácticas de la región que
habitaban con una grande y extrema
flexibilidad. ¿No podrían los colonizadores modernos copiar un poco de
tal destreza?

Ite~as
con que_ la Iglesia condena siemp~e á los here1es y á los s1monía_cos y los manda al mfierno en

un sistema viejo mío, consistente de suyo en unir los
hechos diarios con los hechos pasados, para que se
vea cómo duran las ideas y las instituciones en el
seno de la humanidad, y cómo lo presente de lo pasado en esta vida proviene. Corría el año 10541 y
desempeñaba el patriarcado de Constantinopla Miguel Cerulario, arzobispo inquieto y ambicioso. No
bien exaltado á la sede patriarcal, publicó devoto
escrito contra )a sede pontificia. El papa León IX
contestó á esto con los reproches siguientes: «que
el patriarca de Constantinopla osaba tomar el título
de ecuménico en abierto desacato á la sede apostó·
lica; 'que permitía á casados abrazar el sacerdocio
conservando )a mujer; que borraba del símbolo de
Nicea la palabra jiliot¡ue1 en el símbolo de Nicea

compañía del demonio y de los ángeles protervos,
Y_ no s~ conte~taron los_ l~~ados con esta excom~món_ ruidosa, smo que d1~1gLéndose al em~erador bi zanti_no! le amen~zaron a su vez con calificarlo de
procit;ti~a, es de~1r, mezclador d~ la levadura ~I pan
eucanst1co_, herejía muy aborrec1~a de la Iglesia romana. Existen contra la narración_ q~e acabamos
de apuntar grandes y vale~eras_ obiec10nes pre~en•
ta~as por parte de los h1stonadores eclesiásticos
gnegos. Según éstos, los legados no excomulgaron
al patriarca e~ su presencia, ni dijeron 111 emperador las anteriores amenazas. Informados de to??
cuanto pasaba, ~uardaron profunda reserva,_ y dmg1eron sus exaltadas excomuniones á
la salida de Constantinopla. Acciden ·
tal todo esto, lo esencialísimo es que
las dos Iglesias se dividieron en tiempo del papa León IX y del patriarca
Miguel Cerulario para no volver jamás á reunirse, por lo menos hasta
nuestros mismos días. Pocos papas
ofrece la historia de Roma y pocos
patriarcas la historia de Constantinopla que deban calificarse de tan baladíes é insignificantes como los dos
célebres á cuyos nombres va unido
el terrible cisma de Oriente. León IX
aparece á los ojos de la posteridad
como un caballero feudal sin entrañas, y Miguel Cerulario como un
cortesano bizantino sin conciencia.
Instrumento del emperador Enrique III aquél, sólo se curaba de sus
placeres, teniendo olvidados por
completo el catolicismo y la alta dignidad del catolicismo proveniente y
por su persona representada; y este
patriarca oriental pasaba su vida en
conspirar con los pretendientes y en
oprimirlos cuando salían victoriosas
las conspiraciones, vestido de púrpura y calzado de perlas, como un profano césar, representando así ambos
á dos la vileza de la decadencia y la
corrupción de grandes y veneradas
tradiciones. Lo cierto es que el cisma se consumó y que, á consecuencia del cjsma, los griegos ortodoxos
pudieron huirse de los papas romanos en el siglo undécimo para caer
cuatro siglos más tarde bajo la férula
de los sultanes, terrible servidumbre,
la cual dura todavía, pues la sublime
puerta nombra hoy los patriarcas de
Constantinopla. Sic fata voluere.

NúMERO 519

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para conseguirlo fuí al Vaticano con el vestido de
g_ala de mi oficio, el respeto en la conciencia, la seriedad en la frente, decidido á ver en León XIII á
la Santidad exaltada y á la Soberanía caída, al augus-

773

que se hundió en el polvo de la capilla Sixtina ante
el a~gusto símbolo de universal creen~ia, no ha de
ergume aquí cobarde para menospreciarle ó comba
tirle. Quizás aún, registrando los pliegues más ínti-

la biblioteca, centros de información y depósitos de

rciencia que no tienen igual en el mundo: bajemos á

San Pedro, para ver sus naves y su cúpula sus espléndidos altares y sus magníficos mausol~os. Sólo

Madrid 27 de noviembre de 1891.
~

V

~~

EL PAPA EN EL VATICANO
Vamos á otro negocio de impor·
Líbreme Dios de jamás dedicar
tancia europea, con carácter eclesiásmi tiempo á inoportunas cuestiones
tico también: al recientísimo nombrade religión ó dogma. Aparte de que
miento de patriarca ecuménico en
las polémicas de este género á nadie
Constantinopla. Parece imposible y
es verdad: el califa de los musulmaconvencen, harto se ha evidenciado
nes proclama en la ciudad inmortal
en nuestros días cómo las ideas rede Constantino al jefe supremo de
ligiosas que descienden en campo
los cristianos orientales. El santo Síabierto se trocan con frecuencia en
nodo propone; pero nombra el sulbanderas de partido, provocando con
tán. Aquella corporación eclesiástica
su
lucha activa todas las divisiones
¡CHIST!, estatua de D. Juan Vanee!!. (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.)
tiene un derecho análogo al de nuesy todas las intransigencias. La fe set.ros gobiernos en la provisión de
rena y tranquila, que se alberga en
obispados, la presentación; este . sumo imperante, contenida; que observaba las purificaciones judaicas el interior de la conciencia ó en el fondo del corazón,
aunque infiel, un derecho análogo al de nuestros negando la comunión á las recién paridas; que des- huye el debate y guarda celoso retiro donde ni la
pontífices, el nombramiento. Los candidatos eran conocía la virtud del bautismo latino y lo completa- miren ni la empañen. Dejémosla, pues, en el casto y
un obispo de la famosa Heraclea, muy batallador, y ba con el bautismo griego; que vendía y compraba virginal reposo que nunca debiera turbarse ni ofenotro de la silla de Derkon, más transigente. Las dos los dones de Dios como los más terribles simonía- derse.
propuestas ha borrado el Gran Señor en prueba de cos; que admitía los eunucos al sacerdocio; que emPorque á nadie quiero ofender yo, pobre viajero
su autoridad eminente sobre la Iglesia griega. Y él pleaba pan con levadura en la hostia; que borraba que en largas expediciones á todos los países del glomismo ha elegido su candidato, designándolo al de los dípticos orientales los nombres de los papas bo, he sacado como primero y más importante fruto
voto y elección de los eclesiásticos helenos. Ha sido romanos; que decía terminantemente á la Iglesia de mis correrías la tolerancia á todos los principios,
éste monseñor Neophitos, obispo de Nicópolys, griega la única Iglesia católica; que cerraba los tem- por extraños ó singulares que en mi fuero interno me
aoepto al jefe de los creyentes musulmanes por sus plos latinos en Constantinopla; que sentía una ene• parezcan. Pisé los umbrales de las mezquitas africacomplacencias con él en la dirección de una iglesia miga implacable á la jurisdicción y á la soberanía de nas, dejando reverentemente mis zapatos al guardián
metropolitana de Bulgaria durante la guerra con los pontífices. Así, pues, el papa León IX envió de- de la puerta: compré tres bastones de incienso para
Rusia. Los griegos le quieren por su ortodoxia, y los legados á Constantinopla con expreso encargo de perfumar la pagoda del dios budista en el extremo
búlgaros, correligionarios y enemigos á un tiempo excomulgar al patriarca Miguel Cerulario. En efecto, Oriente: adoré el tabernáculo en la sinagoga judía,
de los griegos, le quieren también por compatriota presentáronse en la ciudad griega y dijeron el terri- I y tuve en la mano, durante dos horas, el libro de
suyo y por no haber hablado nunca su madre la ble anatema. El falso patriarca Miguel, admitido en salmos que se cantaban en el templo protestante, y
hermosísima lengua del Peloponeso. Estos hechos la Iglesia por la prevaricación, según el sentir y el el cirio rojo en el templo ortodoxo al celebrarse el
hanme recordado las tristes causas que trajeron el hablar de los pontífices, y conservado por la simo- , banquete eucarístico de pan y vino. Al llegar á Roma
cisma de Oriente y separaron á Roma de Constan- nía, indigno n~ófito y eterno prevericador, mancha- quise visitar al Papa, conocer su morada, admirar los
tinopla, causas que apuntaré aquí en observancia de do con gran numero de crímenes, caía bajo los ana- esplendores de su corte y el fausto de su culto, y

I

10 prisionero cuyas manos besé y á cllybs pies caí
humillado.
Al consignar mis impresiones en el papel que
ahora tengo delante, no he de hac~r traición ~ estos
sentimientos de respeto que domman ~ gobiernan
mi carácter. Jamás olvidaré á aquel anciano de venerable figura, volviendo hacia mí ~u mano para atraer
las bendiciones del cielo sobre m1 cabeza; Y la frente

mos del altna, bailara en su tondo amarga pena al
ver que en las horas borrascosas de agitada juventud
pude desertar esa bandera.
Vayamos al Vaticano para ver al Papa en sus fiestas y ceremonias: recorramos las extensas galerías y
los anchos salones convertidos en museos donde se
conservan los tesoros más preciados de la antigüedad y del arte: entremos luego en los archivos y en

nos move~án el interés del viajero que contempla obras
d~ otros tiempos y el sentimiento del artista que admira monumentos de otras épocas.
El Vaticano está abierto á todo el mundo. En su
¡,:m_erta ext~rior descan~au perezosamente algunos
su~os, vestidos con el pmtoresco traje que dibujara
Miguel Angel. Cuando se les dirige alguna pregunta
s.uelen contestar con urbanidad, y aun se prestan

�774

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

519

á acompañar al visitante que busca alguno de los animada por celeste inspiración, con sincera fe im- sus detalles para mejor apreciar el fondo de su cainnumerables monseñores alojados en el palacio. plora la protección de la Beata. A los gritos de las rácter. Y á decir verdad, no me causó la impresión
Las galerías que sirven de paso para sus habitacio- mujeres acuden los vecinos, y un joven, Ramón Pas- que esperaba. Es aquella una fiesta de beatificación,
nes, las de las oficinas, la biblioteca y los archivos tor, desciende al pozo atado con una cuerda, pero es decir, destinada á ceñir la corona de la inmortaen el momento de pescar á Martínez recibe una ava- lidad en la gloria á quien padeció muchos dolores
son accesibles á todos los visitantes del Vaticano.
No lo es tanto la augusta persona que reina como lancha de piedras desprendidas de los muros y debe en obscura vida pasada en la tierra: ábrense los risoberano en los estrechos límites de su palacio y sus soltar su presa; mas de nuevo se zambulle en el agua tuales para incluir en sus listas á un elegido más, y
jardines. Vive el Papa retirado en modestfsimas ha- y esta vez saca á la víctima, que aparece alegre, ri- desde entonces la Iglesia deberá dedicar solemnidabitaciones donde nadie entra: en su cuarto de dor- sueña y con los colores naturales en las mejillas. des, y el sacerdote elevar incienso, y el creyente remir, forrado de amarilla seda, se oculta detrás de Esta contó luego que una hermosa joven, vestida de citar preces al Beato en el seno del Señor. Pues todas
una cortina el blanco lecho y un reclinatorio: al lado negro y con blanco velo en la cabeza, le sostuvo so- estas ceremonias tienen gran importancia cuando el
hay una pequeña capilla donde el pontífice suele bre las aguas: era la monja Inés. Esto ocurría en Es- Papa se I!resenta en la capilla: la pjerden cuando se
decir misa á las siete de la mañana sin más compa- paña en 187 5 y se ha declarado como probado por retira de ella. Y las masas que van á hincar la rodilla en las losas del templo, están tormadas en gran
ñía que la de su camarero. La reclusión de aquel la Sacra Congregación de los Ritos de Roma.
mayoría por simples curiosos.
Decía
antes
que
en
el
Vaticano
se
efectuó
la
cererecinto es completa y absoluta,
Curiosos, para no calificarlos con más acerba framonia
de
la
beatificación.
Ocupó
dos
sesiones.
A
las
Sin embargo, con alguna frecuencia el Papa suele
cambiar su modesta capilla privada por el oratorio nueve de la mañana empezó la primera, abriéndose se. Basta ver, y os convenceréis de ello, á aquellos
contiguo al salón de guardias nobles, donde previa las puertas de la moderna capilla construida por or- individuos quitándose los guantes para mejor mane·
invitación particular son recibidas algunas personas. den de León XII[ detrás de la galería principal de jar los anteojos de teatro que todos llevan. Van allí,
Allí celebra el santo sacrificio, ante el hermoso cua- la fachada de San Pedro. Hallábase la iglesia ador- como irán luego á la Argentina para oir la tiple del
dro de la Natividad que pintara Romanelü, y se le ve nada con sus mejores galas: arañas de tres cuerpos día, ó á Metastasio á contemplar las torneadas forsubh y bajar penosamente las gradas del altar, sos- cubiertas de cirios pendían del techo, y numerosos mas de las primeras bailarinas. No faltan creyentes,
tenido por dos camareros secretos, recitando las pre- hachones ardían en fila á lo largo de las cornisas del pero están en minoría: son esos escuálidos frailes con
ces canónicas con voz clara y breve que desmintiera templo. Ocupaba el altar mayor una gloria resplan- la cruz roja y azul en el brazo ó las barras catalanas
sus muchos años, si al propio tiempo no se contem- deciente de oro y luz, destacándose.en su centro la e~ el pecho, por nosotros mejor que por nadie conoimagen de Inés de Beniganim, vestida con la blanca cidos como trinitarios ó mercenarios: son esas Herplara su vacilante cuerpo y su demacrado rostro.
León XIII apenas recibe visitas. Fatíganle las toca y el hábito negro de las religiosas agustinas, manas de la Caridad que al salir del Vaticano creen
exigencias de la vida cortesana, y no gusta de ofre- teniendo un Cristo delante y una doctrina en la bajar del cielo: son los infelices sacerdotes del últicerse en espectáculo al crecido número de curiosos mano, abierta en el capítulo de la Penitencia. Se mo estado, sencillos y exaltados, que se precipitan
y viajeros que todos los años visitan la capital del aprovecharon los intercolumnios de la nave para le- á besar el polvo de la huella que dejó el Papa. Pero
orbe católico. Enciérrase pronto en sus habitaciones: vantar tribunas reservadas á los personajes más dis- todos estos son los menos: el público está compuesto
vive frugalmente, pasea un poco por las tardes en los tinguidos que debían concurrirá la fiesta, es decir, á de curiosos. ¡Si muchos de ellos hasta han pagado la
reservados del jardín, y dedica el resto del tiempo á los Príncipes romanos, á los Superiores de las religio- entrada al portero de su fonda ó á algún cicerone en
las gradas de San Pedro!
la lectura de su correspondencia, al despacho de los nes y al cuerpo diplomático.
Teatral, más que imponente, es el espectáculo que
La entrada era por medio de papeletas, que se reasuntos urgentes y personales y á la concepción y
ali(
se presencia, desde el cortejo de magnates eclepartieron
con
la
advertencia
impresa
de
que
los
homelaboración de esas encíclicas que de vez en cuando
aparecen ofreciéndose como empírico remedio para bres debían presentarse de frac y corbata blanca, y siásticos que acompaña al Pontífice, hasta los genresolver los modernos problemas políticos y sociales. las mujeres de negro, con velo. La turba suelta de darmes con lucientes cascos y largas espadas que le
Pero diríase que el Papa siente de vez en cuando convidados hubo de situarse de pie en la mitad infe- rodean y los suizos de abigarrado traje que contiela nostalgia de las grandes ceremonias, y las ofrece rior del templo, siendo contenida por doble fila de nen la multitud con sus lanzas ó con sus puños.
al público siempre que tiene para ello ocasión pro- alabarderos suizos que dejaban expedita la comuni- Guardias nobles con golilla y capa negra, ujieres
picia. Los procesos de canonización ó de beatifica- cación del pasillo central. En la parte superior había vestidos de encarnado, zuavos en dobles filas con el
ción y las peregrinaciones de fieles que en invierno dos bancos para los cardenales, los canónigos de San ·remington al brazo, granaderos de peluda gorra que
acuden á su palacio, son con frecuencia verdaderos Pedro y los de San Juan de Letrán, y en su centro parecen haber resucitado de los campos de Waterdías de fiesta para el Vaticano, que se adorna con sus se destacaba un rico reclinatorio de raso blanco bor- loo, todos son actores ó partes decorativas en la funmejores galas y abre de par en par las puertas de sus dado en oro, destinado al Pontífice. Este sin embar- ción que agrada y entretiene. Pero no elevéis la visgo no concurrió á la fiesta de la mañana, que fué ta al cielo, ni queráis allí entregaros á la meditación
grandiosos salones y artísticas capillas.
sencilla,
aunque larga, pues sólo consistió en la lec- y á la plegaria, porque vendría á distraeros aquel
Por vez primera hace tres años asistí á una solemnidad de este género, y he de conservar toda mi vida tura del Breve de beatificación Virgt'nem il/ud agmen, hermoso y variado consorcio de sacerdotes y solda•
el recuerdo de la ostentosa ceremonia. Se efectuaba firmado el 21 de febrero de 1888, y en la celebración dos, y turbaría el silencio de vuestras oraciones el
ruido de los aplausos y los vítores con que se saluda
la beatificación de una re:igiosa española, natural de de una misa solemne en honor de la nueva Beata.
·
A las cuatro de la tarde prosiguió la ceremonia, al Papa.
Beniganim en la provincia de Valencia. Vivió en el
Mas, en la ocasión que he descrito, salí ·contento
siglo xvu, y pasó la mayor parte de sus días al abri- en esta ocasión con asistencia de León XIII. No cago del claustro en el convento de monjas agustinas bía una persona más en la ancha nave, y eran mu- del Vaticano. Habíalo visto engalanado en honor de
de su aldea natal, cobrando merecida fama por su chísimas las que se agolpaban en los corredores y una paisana, y esto satisfizo mi amor propio naciopiedad y devoción, al par que extenso crédito por las salas por donde debía pasar el Papa, cuando éste se nal, pues se quiere más á la patria cuando se vive
virtudes sobrenaturales que las gentes concedieron á presentó custodiado entre dos filas de soldados de lejos de ella.
EDUARDO TODA
sus plegarias y oraciones. Se llamaba Teresa Albi- su guardia. Larga procesión formaba su cortejo, preñana y Gomar; profesó en 1645, tornando el nombre cedido por la cruz y acompañado de cardenales, cade Josefa María de Santa Inés, y murió en 1696, nónigos, abades, camareros, frailes y sµizos. El PonBONN
mejor conocida por el nombre con que pasó á la pos- tífice iba en su silla gestatoria, entre abanicos de
orientales plumas, rodeado por gendarmes con la esteridad y ha sido beatificada: Inés de Beniganim.
Siempre el estudiante hará votos para que la UniSu historia es la eterna de esas mujeres que han pada en la mano. León XIII se adelantó resuelto
huido el fragor de la vida para librarse á las torturas hacia el reclinatorio, y hundiendo la frente en las ma- versidad á que pertenece viva, florezca y crezca, y el
del cuerpo y á los sufrimientos del alma en la sole· nos, empezó á recitar sentidas oraciones que habrían amor que profesa á la que llama alma mater se exdad de la clausura. La madre Inés se entregó entera sido interminables si uno de los mayordomos no dis- tienda también sobre la ciudad, sobre todo cuando
á la mortificación y á la penitencia. Monja de pueblo trajese su atención recordándole la presencia del ésta es hija del mágico Rhin, á cuyas orillas perfuera y se mantuvo siempre, y ello bastóle para que el pueblo que esperaba ser bendecido. En tanto tres madas y llenas de sol se desliza la vida tan dulce,
eco de su virtud llegara á los más apartados rincones frailes agustinos repartían entre los cardenales y altos resonando las campanas y las canciones, encantánde la comarca valenciana, y su carácter se viera dignatarios de la Iglesia láminas con el retrato de la donos los añejos castillos, reflejándose en las ondas
pronto adornado con la aureola de santidad que dos Beata y la biografía de su vida, escrita en italiano por capillas y catedrales, perfumando el ambiente y dilael Protonotario apostólico.
tando el alma el aroma de las rosas y de las vides.
siglos más tarde le ha reconocido Roma.
Levantóse el Papa. La venerable figura de aquel «Quisiera estar perpetuamente en Bonn,» dice con
Inés de Beniganim es una Beata y pronto será una
Santa. Su imagen se halla en el altar, á sus pies arde anciano se destacaba en el animado cuadro, con su sobrada razón la copla estudiantil. Como alumno de
el incienso, y confµndida entre ángeles y serafines solideo blanco, la larga túnica del mismo color y la la Universidad de Bonn en 1856 y 57, saludo reveescucha las oraciones que sacerdotes y fieles le diri- muceta de rojo armiño, en medio de los burdos há- rente y cariñosamente al ilustre Claustro y á la hergen en demanda de su gracia. No cabe ya dudar de bitos pardos ó negros de los frailes que le rodeaban. mosa ciudad de Bonn, que cuenta entre los estudianque el alma de la bienaventurada está en el cielo al Los más inmecJ.iatos se abalanzaron á él para recibir tes de su Universidad dos emperadores, FedericoIII
lado del Señor: la sentencia de un proceso canónico su bendición y besar su mano, y tres agustinos le y Guillermo II. Bonn, cuyos habitantes tienen ese
abierto hace ocho años, así lo ha declarado por sen- pidieron de rodillas que santificara un hueso de carácter espontáneo de tendencia abierta y alegre
tencia definitiva y ejecutoria.
la Beata, encerrado en rico relicario de plata que te- que se encuentra por doquier en la comarca rhiniana,
En autos se ha probado que el poder divino de nían en la mano. León XICI se detuvo unos minutos es el idolatrado Santiago de Compostela de los alehacer milagros residió en la monja durante su vida, ante aquel grupo, habló á los religiosos de la gracia manes; pues alH vivió y mur.ió el más germano de los
y que merced á sus oraciones sanaron los enfermos, de Inés, ·exhortóles á qu.e imitaran sus virtudes, y germanos, Ernesto Mauricio Arndt, que escribió
se libraron de la esclavitud los cautivos, multiplicá- acabó llevando á. sus labios la hermosa reliquia, de nuestros más inspirados cantos bélicos; allí nacieron
ronse los alimentos en época de carestía, hallaron su tal manera consagrada por el sucesor de Cristo en las poesías del cantador de la vida rhiniana, Carlos
camino los extraviados por el monte, y hasta se do- la tierra.
José Simrock, que resucitó nuestras epopeyas; allí
mesticaron los animales y se ablandó la piedra, V . A )as cinco se retiró el Papa r-eparliendo bendi- residieron y exhalaron su alma los prohombres del
Dios le dispensó sus favores, lo mismo durante su cio~es á los asistentes, que doblaban la frente y la arte alemán, los hermanos Melchor y Sulpicio Boisseexistencia en esta terrena vida, que al recordar su rodilla á su paso. De pronto oyóse una nutrida salva rée. Y sobre Bonn flota también el genio de la múmemoria después de su muerte, porque hasta en nues- de-aplausos, sostenida hasta la salida fuera del tem- sica, pues aquel severo paraje meció la cuna del
tros días ha bastado algunas veces la sola invocación plo de toda la comitiva pontifical. La fiesta no había maestro sublime, el sin par Beethoven, cuyos padres
de su nombre para hacer un milagro. Un día, Miguel aún concluido, pues empezóse un oficio nocturno de origen holandés trasladaron su residencia á Bonn
Mart(nez cae en un pozo en Beniganim: su tía Vi- pero la iglesia quedó en poco tiempo desierta.
' en el siglo xvm en que los holandeses enterraban
,centa presenci~ la desgracia y corre á avisar á la ma_He indicado que era aquella la vez primera que la ciudad, y en el camposanto viejo de Bono descandre de la víctima, Josefa María Cu querella, la cual asistía á tal~s ceremonias, y fijé mi atención en todos sa Roberto Schumann, que antes de bajar al sepulcro

NúMERO

519

se sumergió en las sombras de la locura.
El espa~ol _pronunciará siempre con gratitud y adm1rac1ón el nombre de Federico Diez
Yde Augusto Guillermo Schlegel, que ilustraron las aulas de la Universidad rhiniana.
El arqueólogo y el poeta pueden llenar su
álbum de ,apuntes y su alma de estéticos placeres al vmtar á Bonn la vetusta ciudad de
los sabios, que ofrece 1~ vista más bella sobre
1~ corona_del Rhin; los Siete Montes que parec1e~do ~1ete castillos naturales guardan al
BaJo Rhm y nos hablan de Siegfried el héroe
de la Feria de Dragón, mientras los hermosos
escombros del castillo de Godesberg recuerdan á Wotán y las pintorescas ruinas del Arco de Roldán traen á la memoria al paladín
de Carlomagno.
·
¡Cu~ntas lindísimas casas de campo, qué
de qumtas tan frescas hay en Bonn y en sus
hermosas .cer~anías, formando una florida guirnalda d_e Jardines en que se deslíen en primorosos tmtes todos los matices y tonos más
s~aves del iris! Dicen que Trajano tenía una
villa en el pueblecito llamado Dransdorf, que
se encuentra en el Vorgebirge. La empeatriz
Helena, la madre de Constantino, vivió en
Bonn y construyó, según la tradición, la catedral, y cuando Carlomagno emprendió su
campaña contra los sajones pasaba por Bonn.
Esta fué la madrina de la primera fundación
del imperio alemán, invitando Enrique I en
921 al rey de los francos, Carlos el Cándido,
á Bonn para que en territorio neutral en un
buque en medio del Rhin, se deterdiinasen
las fronteras de ambos reinos. Dos veces vió
Bonn las galas de una coronación, siendo
coronado en sus muros el 25 de noviembre
de 13 r4 Federico el Hermoso de Austria y en
1346 el emperador Carlos IV. Desde 1267 en
que ocupaba la silla arzobispal Engelberto II,
conde de Falkenburg, á 1794 tuvieron su corte
espléndida en esta ciudad los arzobispos de
C?lonia. Al Elector Clemente Augusto, cuyo
remado duró de 1723 á 1761,le debeBonnsu
palacio co~ el_precioso y extenso jardín, sus
casas cons1stonales, el palacio de Poppelsdort

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

EJ. ACAPARADOR DE Pl':RJÓDicos,

dibujo de F, Coradam

775
con su hermoso jardín y su sin igual alameda,
y la alameda denominada Baumschule, y el
templo del Elector alentaba á los ciudadanos
á imitarle. El último Elector, el archiduque
de Austria, Maximiliano Francisco, hermano
del emperador José II y protector de las ciencias y de las artes, inauguró en 1786 la U niversidad en el espacioso palacio de Bono.
Antes de emprender su campaña de Rusia
tenía Napoleón en 18u una revista en la ala~
meda de Poppelsdorf. Detrás del palacio del
mismo nombre se levanta el Krenzberg con
s? capilla y su precioso panorama que se extiende hasta la catedral de Colonia. Pero la
plataforma llamada Alter Zo/1 (Aduana Vieja) presenta la vista más magnífica: vense la
~!~meda del Rhin, los Siete Montes, la encomienda de Ramersdorf, la abadía de Siegburgo, la colina de Godesberg, las cumbres de
Rolandseck y del Vorgebirge.
Cerca del Alter Zo/1 se encuentra la calle
más bella de Bonn, la de Coblenza, donde
está la casa de Arndt. En la calle de Bono
núm. 25, vió la luz primera el inmortal Bee~
thoven. En 1889 se estableció una asociación
de apasionados del gran músico que compró
aquella memorable casa para consagrarla á la
memoria del divino maestro.
Cerca de las casas consistoriales, enfrente
de la pirámide del Mercado, en torno de la
cual los estudiantes suelen hacer sus ruidosas
manifestaciones y enionar su Gaudeamus igz·.
tur, se encuentra la renombrada fonda La estrella de oro. En la mesa redonda de aquella
casa se pudo ver, pocos años hace, al catedrático Delins, el conocedor más profundo de
Shakespeare, que vivía E'n Bonn tan solitario
como Schopenhaüer en Frlncfort.
El gobierno de Prusia tuvo el mérito de re
sucitar en 1818 la Universidad.
Bonn es un verjel que con su!t dulces trinos _recrean los pájaros cantores, y para mí es
la cmdad de los recuerdos, la cuna de mis ensueños, el foco en que se encendió mi amor
inextinguible á Calderón.
JUAN FASTENRATH

CAMPESINA DE LA UMBRÍA,

cuadro de J' Sorolla

�UN NIDO DE MISERIA, cuadro de D. Leopoldo Romañach
SALAMANCA.-PORTADA DE LA IGLESIA DE SAN MARTÍN

•

�LA

¡Chist! estatua de D . Juan Vaneen (Exposicióngeneral de'Bellas Artes de Barcelo?a).-La expre~iva fison_omía y actitud del chicuelo es un feliz hallazgo del JOVen y disDr. D. Andrés Lamas.-El doctor Lama~ ~~ció _en creto escultor catalán Juan Vancell, qui"en en el resto de la
Montevineo en 30 de noviembre de 18 I 7 y á los vemt!un a~os bien modelada figura da á conocer sus aptitudes para el dificil
desempeñaba ya el dificil cargo de jefe de policía de dicha ciu- arte que cultiva.
Otras obras de mayor importancia ha producido, mereciendo
dad. Mezclado en los asuntos políticos de su patria. desde la
edad de quince años, sirvió en el estado mayor de Ribera, en citarse entre ellas las estatuas de Goya y de Tirso de Molina,
premiadas en la Exposición nacional, y el modelo del monumento que ha. de erigir~e en A~cal_á de Henares al cardenal
Cisneros premiado también en publico concurso. A estos méritos debe el que le reconoció la Academia de San Fernando y
la plaza de pensionado en Roma que le concedió aquella docta corporación,

NUESTROS GRABADOS

*
••

Las primeras lecciones, cuadro de C . von
Stetten. - Esta composición, de un género inti~o y de extremada sencillez, está avalorada por la nota de sentimiento y por
cualidades de ejecución sumamente notables. El autor, tomando el asunto de la vida ordinaria y desdeñando todo otro
efecto que no fuese la verdad, nos presenta un grupo muy_ bien
dispuesto, formado por dos niñas que aprovechan las lecciones
de su hermana mayor, la cual se complace en enseñarles labores propias de su tierna edad.
La expresión de las fisonomías de las tres figuras es acertadísima y en todo el cuadro se descubre una observación con:_
cienzuda de la naturaleza y una hermosa armonía en la composición .

Estatua. de D . Eusebio da Guarda, er~gida en la
Coruña obra de D. Elias Martín, fundida en los talleres de U. Federico Masriera y C.ª - Los rasgos de generoso
desprendimiento por parte de los poderosos en favor de los
pueblos han sido siempre debidamente apr~ciados; pero en la
época positivista que atravesamos, en que el mterés personal se
sobrepone á todo y predomina el afán de atesorar, estos rasgos
son por lo raros más dignos de prorundo recon?cimiento y de
ser divulgados para que puedan serv1r de emulación y estimulo.
Pocos casos habrá superiores en este sentido al que se está
dando en la Coruña, ciudad verdaderamente afortunada, ya
que cuenta con la respetabilísima personalidad de D. Eusebio
da Guarda, quien prodiga los dones de su fortuna sobre su ciudad natal, dedicando á la construcción de edificios destinados
á la religión y á la enseñanza el resultado de su trabajo y de
los afanes de una vida ejemplarisima de labor y de honradez.
Dió comienzo á su laudable empresa reconstruyendo la antigua é histórica capilla de San Andrés para erigir después un
soberbio edificio destinado á Instituto de segunda enseñanza y
escuela de Bellas Artes, invirtiendo en la realización de tan
importante obra, que diri~ó el distinguido arquitecto _D. Faus•
tino Dominguez, la cantidad de I. 500.000 pesetas, sm contar
las sumas importantes que ha debido salisfacer por el decorado
que han dirigido el pintor D. Román Navarro y el escultor don
Isidoro Brocos. Actualmente prop6nese comenzar en breve la
construcción de un nuevo edificio destinado á tres escuelas de
niños y niñas pobres.
. ,
.
. .
En justa correspondencia a tan grandes beneficios ha rec1b1do el Sr. Guarda señaladas pruebas de gratitud del pueblo de
la Coruña, que acaban de traducirse e~ 1~ erecció?,. por. suscripción popular, de una estatua cie tan ms1gne patnc10, e1ecutada por el notable escultor D. Ellas Martin, de la Real Academia de San Fernando, y fundida en los talleres de D. Federico Masriera y C.•, de Barcelona.
LA !LUSTRACIÓN ARTISTICA, que se asocia siempre á todo

El acaparador de periódicos, dibujo de F. Coradam. - ¿Quién no ha tenido ocasión de ver en al~ún Ateneo, casino, café ó fonda á uno de esos lectores tembles que
apenas llegan los periódicos del día se apoderan de cua?tos les
vienen á las ruanos y de muchos de los cuales no han oe enterarse por falta de tiempo ó sobra de cansancio? Porque el rasgo
caracterlstico del acaparador de periódicos, no tanto es el afán
de leer mucho, como el deseo de dejar á muchos sin leer: ¡des•
graciado del que pretenda disputarle la presa que él mismo no
ha de devorar! Y lo peor del caso es que nuestro hombre cuan•
do com:enza su diaria tarea se figura de buena fe que ha de
leer todos los papeles que coge, y se le antoja además que su
ansia no podrla quedar satisfecha si los deja sobre la mesa y á
la disposición de los otros concurrentes.
Todos le conocéis, todos sabéis de memoria su tipo, sus
DR. D . ANDRÉS LA~lAS
prácticas y sus costumbres; pues bien: fijaos en el dibujo de
Coradam y habréis de convenir en que el artista alemán estuvo
Ilustre historiógrafo, literato y político americano
Nació en Montevideo en 30 de noviembre de 1817; falleció verdaderamente acertado en la reproducción del uno y en la
exacta pintura,de las otras.
en Buenos Aires en 23 de septiembre de 1891

Dr.

• •*
Estatua ecuestre del general Erasmo Gattamelata, en Padua, obra de Donatello. - En Padua,
patria de Tito Livio y de Mantegna, levántase la estatua ecuestre del general Erasmo Gattamelata, caudillo ilustre que entre
sus gloriosos hechos de armas cuenta el de haber defendido á
Venecia contra las huestes de Sforza-en 1438. Modelada por
Donatello, ofrece la particularidad de haber sido la primera
estatua de bronce que se fundió en Italia, revelándose en ella
el vigoroso estilo y la genial concepción de aquel célebre
maestro.

..

**
La sobrina y el ama de D. Quijote de la
Mancha, cuadro de D . Juan Gilbert. - Figuras secundarias en la imperecedera obra de nuestro inmortal Cervantes, no parecen á primera vista muy á. propósito para inspirar un cuadro el ama y la sobrina del ingenioso hidalgo;
pero es tan maravillosa la composición de aquel libro, hállase
el genio del incomparable autor de tal manera reflejado en los
personajes menos importantes y en los incidentes más nimios,
que nada de extraño tiene que después de bien estudiados los
tipos hayan podido servir de tema para una obra maestra
aquellas dos buenas mujeres á quienes tan á mal traer tra!an
las chifladuras del manchego Quijano.
El hermoso grabado que del lienzo de Gilbert publicamos
justifica el calificativo que le hemos aplicado y da perfecta
idea de sus bellezas, pues en él se reproducen fielmente la corrección del dibujo, la severidad de la composición y soore
todo los efectos admirablemente entendidos de clarobscuro,
cualidades que en tan poco suelen tener algunos modernistas y
que revelan las excelencias de aquella buena escuela á que pertenece el autor del cuadro, que es uno de los más antiguos
miembros de la Real Academia de Londres, en cuya última
Exposición fué el suyo uno de los cuadros más elogiados.

NúMERO

519

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

779

Caza de patos, cuadro de D. José M. Marqués.
- La naturaleza en sus múltiples manifestaciones, he aqui la
fuente lldonde acude casi siempre Marqués en busca de inspiración y de modelo para sus _cuadros; y á_ f~erza de admirarla y
estudiarla ha logrado adqu1rir tal d~mm10 sobre ella, que en
todas sus composiciones flota ese ambiente de poesía que constituye el mayor encanto de los ~aisajes_y qu: sólo puede ser
trasladado al lienzo cuando el artista lo siente mtensamente en
el fondo de su alma. Bajo este concepto, Caza de patos es un
cuadro bellisimo, y en punto á ejecución lo estimam?s digno
de figurar al lado de los mejores de s_u_ autor, merecu:ndo la
Diputación provincial que lo ha adqum?o plácemes smceros
de los que por el fomento de las artes se mteresan.

•••

*••

los ministerios, en la Cámara, en los Consejos del gobierno, en
los clubs y en la diplomacia.
Imposible es encerrar en los estrechos límites de esta sección
los hechos culminantes de este ilustre americano que sobresalió
como militar, polltico, estadista, diplomático, escritor, jurisconsulto, bibliófilo, munismático, anticuario y por encima de
todo como pensador profundo y observador sagaz.
Ha muerto á los setenta y cuatro años, dejando una biblio•
teca americana de incuestionable valor, quizás la más nutrida
y mejor organizada de la América lalina, y una verdadera riqueza en pergaminos, autógra_fos, monedas y m~dallas_.
Entre las muchas y valios!s1mas obras que deJa escritas pueden citarse como las principales:
Noticia /iistórica sobre la Rep1lblica Oriental del Un,guay:
Escena de la peste dt 1871 en Buenos Aires: lnstroccio,!es p~ra
la adquisición en los arckivos wropeos de documentos inéditos:
Prólogo á la Historia de la Conquista del Paraguay (este prólogo de 98 páginas en 4.• mayor, es una de las mejores obras
del
Lamas; merece ser conocido y estudiado): Estudio sobre la fabricación de tejidos di lana, en el R{o de la Plata:
Apuntes kistóricos sobre las agregaciones del dictador argentino
D. /uan Manuel Rosas: La legislación agraria de Rióadavia:
Estudios sobre la leg islación agraria de Ribadavia: Estudio
/iistórico y cientljico del Banco de la provincia de Bueno~ Aires:
/oar¡uln Suárez: La patria de Solis: Las lenguas americanas y
Catalina JI de Rusia, y el primer libro del Génesis de la Revolttción .
Con ser algo lo apuntado, mucho más es lo que deja inédito,
figurando entre estos trabajos Ribifdavia y si, tiempo, una de
las obras que con más cariño escribió el Sr. Lamas.

NúMERO 519

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

• *
Campesina de la Umbría, cuadro de J. Sorolla. - En un periodo de tiempo relativamente breve ha recorrido J oaquin Sorolla el camino en que otros invierten algunos
años. Apenas terminados sus estudios especiale~ en la Escuela
de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, dióse ya á conocer
como pintor de grandes alientos por medio de un cuadro de
tantas dimensiones como interesante asunto, titulado Dos de
Mayo de 18o8, que mereció una primera recompensa en la Exposición nacional de Bellas Artes. A e~te triunfo. siguió el d_e
su pensión en Roma y el de otro prem_10 en la ulu_~a Exposición nacional por su bella cuanto sentida compos1c1ón El en•
tierro de Cristo, en la que el pintor valenciano pudo dar completa muestra de sus cualidades de buen dibujante y excelente
colorista.
La Campesina de la Umbría es un bonito estudio, recue_rdo
de sus viajes artísticos, altamente recomendablt: por su delicada tonalidad.

LA HERMOSA NATALIA
P O R CARLOS IRIARTE. - I LUSTRACIONES DE MAROLD

•

**
Salamanca. - Portada de la iglesia de S . Martín. - Es la iglesia de San Martín uno d~ los templos más
interesantes y frecuentados de la histórica ciudad de Salamanca. Fundado en 1103 por los naturales de Toro, fué presa de
un voraz incendio en 1854, que produjo el hundimiento de la
nave mayor y la destrucción de un magnifico retablo, obra de
Gregorio Hernández, verdadera joya por su arquitectura y estatuas y relieves que lo decoraban y embellecían. Aún pueden
admirarse, sin embargo, los pilares bizantinos que sostenían la
antigua nave, los arcos de comunicación apuntados, los de las
bóvedas laterales, y en las capillas del ábside los suntuosos sepulcros de la familia Santisteban.
U no de sus más bellos detalles es la puerta que reproducimos que da frente á la gran plaza, apoyada sobre seis columnas~ exornada su triple archivolta por florones, roscas y trepados círculos.

• •*
Un nido de miseria, cuadro de D . Leopoldo
Romañach. - Este pintor cubano, pensionado en Roma
por la Diputación provincial de Santa Clara, está por decirlo
asi en los comienzos de su carrera artlstica, que sigue en aquella ciudad bajo la dirección de nuestro ilustre paisano Enrique
Serra. Las lecciones del maestro bien se adivinan en la obra
del discípulo; pero es preciso confesar que éste ha sabido aprovecharlas, pues siendo el cuadro que nos ocupa el segundo envio destinado á la corporación que le pensiona, y no conociendo el· Sr. Romañach, hace dos años, ni siquiera las más elementales nociones del dibujo, fuerza es que en él aliente el
genio artistico para en tan poco tiempo haber producido una
obra como Un nido de miseria, que no vacilarían en firmar pintores de nota. En ella se revela el joven pintor como adepto á
la escuela naturalista de buena ley, es decir, de aquella que
reproduce lo que se ve cuando lo que se ve dice algo, que se
vale de la copia del natural como medio para conseguir el elevado fin del arte; en suma, de aquella escuela que siendo reali~ta en el procedimiento es esencialmehte idealista en el fondo.
El Sr. Romañach en la carta con que acompaña la reproducción de su cuadro nos dice que LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA despertó ea su alma tal entusiasmo por el arte, que desde
entonces hizo propósito de Jedicarse á él por completo.
Agradecemos esta manifestación que nos halaga, porque demuestra propósitos qu~producen los resultados que tanto de•
seamos,

ESTATUA DE D. EUSEBIO DA GUARDA, erigida en la Coruña,
obra del escultor D. EHas Martín
Fundida en los talleres de D. Federico Masriera y C. ª
cuanto sea noble y digno, no titubea en unir su aplauso al del
pueblo coruñés, rindiendo un tributo de c0nsideración á uno
de sus más ilustres hijos.

¡v:roLETl
n,;';:~';;Jaru VELOU

JABON RE.AL
DET HR IOAC E

..,_J.11

11t ulmü&amp;u aMlr pn la ll¡lw

JABON

TI NE

u la hll J kú... 111 Cllll

Una tarde del invierno último, hallándonos en el
club, y apoyado tú en la chimenea, me preguntaste
bruscamente, querido Máximo, con ese tono sarcástico que tu noble corazón, tu rectitud y tu alma sensible desmienten, «cómo me habían pescado ... » y
por qué, verdadero parisiense de nacimiento y de ra·
za como lo era también por mis relaciones y costu~bres, había trasladado mis lares hacía veinte años
allende el estrecho, cazaba el zorro en los condados
en vez de hacerlo con vosotros, y no me presentaba
en París sino en raras ocasiones y siempre de paso.
Por reducido y simpático que fuese el círculo. de
amigos reunidos aquel día en nuestro salón, m el
lugar ni la naturaleza del relato que deseabas m_e
permitían contestar; pero prom~tí hacerte un día mis
confidencias, y ahora cumplo m1 palabr~. Será un relato en tono menor una de esas confesiones que se
hacen en voz baja 'á un amigo del corazón á quien
no se teme dejar ver el fondo ?el alma, habl~rle de
tristezas profundas, de la emb~1ague~ de un Ó1a Y de
los goces tranquilos de una ex1stenc1a que es~ará en
adelante al abrigo de las tempestade_s _de la VI?ª·
Era el año 1867, el de la Ex~os1c1ón U~1versal;
en París reinaba el bullicio y la vida era febnl; entre
nosotros se albergaban lo~ más de los príncipes de
Europa, emperadores, reyes, el sultán; y desde el
czar y el jefe de los creyentes hasta el orgull?so montenegrino, todos habían aband~nado su remo para
asistir á una especie de apoteosis de las artes Y de la
industria del mundo entero. Menudeaban las gala~,
las revistas y manifestaciones sin fin, y cada pansiense (me refiero á aquellos ~ue son algo _c?smop?·
litas por sus viajes y sus relaciones de fam~ha~ tem~
sus huéspedes, de los cuales habías~ constituid~ cicerone, y á quienes hacía, como meJor le era posible,
los honores de ese hermoso París, que tres anos más
tarde ... Pero no se trata ahora de est?:
.
Cierta mañana anunciáronme la v!Slta de un m·
glés, Sir w. w... , que llegaba directamente de las
Indias y presentábase provistp de una carta de _re•
comendación firmada con el nombre de un am~go
cuyo incógnito es difícil de respetar, porque s_u nomb're se ha hecho célebre en ambos hemisfenos Se-

cretario de lord Elgín á ios veinte años, ó... hab{a
recorrido ya todo el imperio de las Indias, franqueado el Himalaya y dado caza al tigre y al elerante con
los más poderosos rajaes; á los treinta años, cuando
ocurrió la sublevación en Yedo, crucificáronle á la
puerta de la legación inglesa, y cruelmente martirizado escapó por milagro de la suerte de nuestro compatriota Escayrac de Lauture; á los treinta y cinco,
individuo del Parlamento inglés, escritor de mucho
valer por el relato de sus viajes y sus novelas de
costumbres, después de sufrir peripecias que tenían
más de fantástico que de real, había renunciado á
todos los bienes de este mundo, rechazando los honores, la fortnna, la gloria, el prestigio adquirido por
una existencia borrascosa, un hermoso nombre escrito con la punta de la espada y un desinterés raro,
unido á las más preciosas cualidades de seducción
personal. Desengañado de muchas cosas, había ido
á establecerse en las orillas del lago Erié, sometiéndose á privaciones voluntarias, al trabajo manual, á
vivir en el seno de la naturaleza, buscando la verdad
en una tranquila exaltación. :Más tarde, elevándose
siempre y desprendiéndose más de todo lazo terrestre, espiritualizado hasta el punto de no interesarse
ya en los grandes acontecimientos que agitan el universo, mi amigo, que había llegado á ser jefe de una
secta y de una religión, vivía en Haffa, á dos días de
Jerusalén, y desde allí lanzó aquellos escritos singulares y apocalípticos en que anunciaba al mundo la
buena nueva.
Sir W. W... fué muy bien recibido: hijo de un almirante. inglés, perteneciente á una de esas nobles
familias sin título, designadas en Inglaterra con el
nombre de Good Family, la reina acababa de reconocer sus servicios nombrándole baronet. Agregado
muy pronto al ministerio de Estado, llegó á ser presidente en uno de los distritos del gobierno de las
Indias, y aunque contaba poco más de cuarenta años
adquirió ~l derecho de volver á la metrópoli despué~
de una brillante carerra. Su salud, por otra parte, se
hallaba algo quebrantada, pues no escapó de las
fiebres, esa terrible caiamidad de las Indias, de la
que estuvo á punto de ser víctima, Seguro de ser

admitido en el Parlamento por sus relaciones de fa.
~ilia y el aprecio del jefe de su partido político,
Sir W. volvía á sostener su candidatura en un condado en que acababa de ocurrir una vacante. Antes de
volver á Inglaterra, quería aprovechar aquella ocas(ón única ?e ver París, la ciudad del prestigio, en
cucunstanc1as que no se reproducirían jamás.
. Se habla mucho de lo repentino del amor; pero la
simpatía y !a amistad se inspiran aún más súbitamente, y sin menospreciar el atractivo divino, los
lazos que crean son más duraderos. A los ocho días
Sir W... y yo éramos amigos; me había referid~
todos los detalles de su vida, y ya la conocía bien.
Parecfame conocer á su padre, viejo marino que le
adoraba; y hasta leía á veces las cartas de su madre
y las de su única hermana, Natalia, mucho más joven que él, y á la cual profesaba el más acendrado
cariño. Como yo era entonces soltero y estaba del
todo li~re, vivíamos _cual ?ºs hermanos, sin separarnos casi nunca; y m,s amigos, no viendo en él sino
la s~perficie, es ~ec_ir, un hombre discreto, muy silenc10so,--de una t1m1dez y reserva increíbles no comprendía~ bien qué género de interés me inspiraba
tan súbitamente aquel recién venido, á quien cono•
cía desde hacía pocos días y que, en el orden pro·
bable de las cosas no volvería á ver, ó por lo menos
á tratar nunca. Por eso cuando iban á invitarme
p~ra alguna partida y yo tenía ya compromiso con
Sir W..., solían decir siempre: «Villemer está con su
inglés,» y nosotros nos reíamos de esto.
La chispa había brotado: Sir W... que leía en ipi
alma _co~o yo en la suya, renunciaba conmigo á
~oda timidez, comprendía perfectamente mi lenguaje
mcorr~c~o, así como yo todas sus frases, expresadas
en un 1d1oma que no poseía bien; y mientras irritado
al ver que los demás manifestaban extrañeza por su
manera de pronunciar, permanecía mudo ante ellos,
en nuestras conversaciones privadas sus palabras no
produc~an ~unca en mí duda alguna; mi amigo hablaba sm dificultad, y hasta con cierto calor que le
permitía extenderse en el asunto de que tratara. Esto
era sin duda el privilegio de una simpatía instintiva,
pues no se me ocultaba que s~ hubiera podido en-

�780
contrar á Sir W ... en un círculo francés sin comprender á primera vista su carácter elevado, ni hasta qué
punto su energía latente y su verdadera superioridad
le convertían en un hombre excepcional.
Gracias á las· relaciones personales de William y á
su categoría, fué admitido desde luego en todas
nuestras fiestas oficiales, á las cuales yo le acompañaba; la simpatía recíproca bastó además para
que mi círculo privado de amigos fuera el suyo propio; la afición y curiosidad que manifestaba por
aquellas pompas y espectáculos, así como el agradecimiento que mostró por el menor servicio prestado,
interesáronme mucho, y á pesar mío me lancé en la
corriente mundana más de lo que hubiera deseado.
Hasta me complacía en hacerle ver lo más inferior
de París, revelándole los secretos que allí se ocultaban; asistimos también á las grandes recepciones
notables, entre otras al famoso baile de la embajada
de Rusia, donde, la misma noche del pistoletazo de
Berezowski y algunas horas después del atentado,
veíamos reunidos en el salón del conde de Budberg
al emperador Napoleón III, al czar, á los dos czarewichs, al que debía ser primer emperador de Alemania y al conde de Bismarck, que no era aún príncipe ni árbitro de Europa. Fuera de esta región esen •
cialmente oficial y de aquella fiesta de aparato, como
Sir W... se mostraba muy curioso respecto á las
personalidades de todo género, hícele conocer á
nuestros escritores y artistas ilustres; le presenté en
los teatros y en los palcos de las divas y de las estrellas del baile; y, Dios me perdone, tomó parte
conmigo en algunas cenas de las que no debía hablar á su familia.
La permanencia de mi amigo en París no debía
prolongarse más de ocho días; pero al cabo de un
mes aún no hablaba de emprender el viaje, apurábamos la copa de los placeres, y gracias á él, yo
descubría París con sus monumentos, sus curiosidades y atractivos. El método de vida, no obstante,
estaba bien ordenado, y mis estudios no se resentían
de ella, pues Sir W .. . como todos los hombres que
han vivido en la soledad, era aficionado á concentrarse en sí mismo; escribía mucho, leía más, y de
este modo respetaba mis horas de retiro. Cuando
entraba en mi gabinete á la hora convenida, si me
veía ocupado tomaba un libro y disimulábase de
tal modo, que podía oh&gt;idar su presencia.
Cierto día, después de una separación forzosa de
veinticuatro horas, le esperaba en casa y no se presentó; y como siempre era muy puntual, sin dejar
transcurrir apenas el cuarto de hora de gracia corrí
á su hotel. No había elegido uno de esos modernos
establecimientos en que el viajero se convierte en
un número y no deja huella de su paso, sino en un
antiguo hotel parisiense, sin etiqueta, sin lujo exterior, sin vastos salones ni comedores magníficos; era
una casa reducida por su dimensión, cómoda, discreta, de buen tono, ocupada siempre casi toda ella
por extranjeros distinguidos, llegados como mi amigo
para pasar una temporada en París y que poco á
poco se aficionan al nuevo género de vida. Así, pues,
allí no existía lo casual, y el Sr. Pablo, hombre importante que administraba aquél hotel de familia,
hubiera exigido probabl_e mente buenos informes al
que se hubiese presentado á pedir alojamiento después de apearse del tren. Uno de los tíos de Sir W.
que iba á menudo á París en tiempo de los Pembroke, de los Hamilton y de los Hertford, había' vivido
en casa del Sr. Pablo durante largos años; el sobrino
llevaba el mismo nombre por una tradición de familia, y Sir W... fué al hotel directamente.
Como yo conocía á todos los de la casa, introdujéronme en los corredores sin encontrar á nadie, y llamé á la puerta de la habitación ocupada por mi
amigo; no obtuve respuesta, y por lo tanto abrí la
puerta sin vacilar, pero en el umb.ral detúvome ese
olor acre que ofende la garganta cuando se entra en
la estancia de un enfermo. La mesa estaba cubierta
de frascos con marbetes y medicamentos; en la alcoba, con la cara vuelta á la pared y casi oculta por la
colcha, Sir W ... yacía en su lecho tiritando de fiebre,
con el cabello adherido á la frente; el cuerpo temblaba á intervalos y agitábale un estremecimiento convulsivo. Interrogué con dulzura al enfermo, que se
esforzó para volverse hacia mí, y hasta pudo sonreir
con expresión benévola. Su voz no era ya la misma
y en sus miradas había vaguedad; y á juzgar por lo
repentino del mal, no se podía dudar que Sir W ...
era presa de un ataque de la fiebre palúdica, de ese
mal terrible de que había escapado ya y que importaba
conjnrar en el acto, so pena de ver al paciente calcinado por el fuego interno. Y mi amigo estaba allí,
solo, abandonado en aquella gran casa, donde se
agitaba, no obstante, todo un pueblo de servidores.
Al punto adopté mi resolución; dentro de una hora
trasladaría á Sir W... á mi domicilio, y allí, con ayuda

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de médicos enérgicos y amigos seguros, le cuidaría y
triunfaría del mal. Llamé, pues, al dueño de la casa,
y con ese aire de autoridad que impone, interroguéle
sobre las circunstancias del hecho. ¿Cuándo había
sufrido el ataque Sir W ... ? ¿Qué se hizo para conjurar la enfermedad y qué se pensaba hacer? ¿Por qué,
en fin, se dejaba al enfermo solo y como abandonado en semejante crisis?
El Sr. Pablo, al reconocer el carácter grave de la
crisis, no tuvo más que una idea fija, no pensó sino
en desembarazarse del enfermo para no espantar á
sus demás huéspedes; así es que, al manifestarle mi
resolución, sintióse aliviado de un gran peso, tanto
más, cuanto que en una reducida habitación contigua
á la de mi amigo alojábase hacía más de diez años
una anciana señora rusa, su mejor parroquiana, á
quien la muerte infundía un miedo terrible.
«Reflexione usted, díjome el dueño, qué desastrosa sería para mí una desgracia en la casa en lo mejor
de la temporada. ¡Tendríamos aquí colgaduras negras .
y un entierro! .. .»
Y según el Sr. Pablo, yo sería un bienhechor y
modelo de los amigos. Añadió que no se debía acusarle de indiferencia; que su establecimiento era una
verdadera casa de confianza donde se dipensaban al
viajero todos los cuidados de la vida en familia, y
que en aquella ocasión no había faltado á su deber.
El médico inglés visitaba al enfermo dos veces diarías, y habíase remitido un telegrama al cuñado de
Sir W ... , con quien el dueño mantenía relaciones
directas y cuya contestación se esperaba. Por último, apenas observó el primer síntoma del mal, como
ignoraba mi domicilio, el Sr. Pablo avisó á dos jóvenes compatriotas de Sir W ... cuyos nombres y
señas me &lt;lió.
Entonces recordé, en efecto, que William me había presentado á sus jóvenes amigos en una comida
con que nos obsequió en el café Voisin. En su consecuencia, antes de poner mi proyecto en ejecución,
juzgué oportuno consultar á dichos señores y ver
después al médico, exigiendo por el pronto al dueño
del hotel que enviara á buscar una enfermera para
mi amigo.
Al doctor no se le encontraba en ninguna parte;
y en cuanto á los dos jóvenes ingleses, cuando me
presenté en su casa hallábanse en el terrado de las
Tullerías jugando á la pelota. Dirigfme allí muy ex•
citado é inquieto, sin conservar tal vez toda la calma
necesaria para dar cuenta del incidente. Esperé algún tiempo en el terrado, y después me introdujeron
en una especie de palco cerrado, desde donde veía á
dos jugadores, vestidos de franela blanca y cubierta
la cabeza de un casquete con galón de oro, devolverse la pelota hábilmente, muy atentos y sobrexcitados.
La voz del mozo encargado de señalar los tantos re·
sonaba sola en aquel vasto espacio vacío, é impacientábame ya, aunque comprendía que aquel momento
no era el más oportuno para desempeñar mi cometido.
Terminada la partida, los jugadores vinieron al fin,
sin detenerse apenas para enjugarse el sudor que
inundaba sus frentes, sin despojarse de sus chaquetones de lana y muy preocupados del objeto de mi
visita. Les expuse con mucha vehemencia el asunto
que allí me llevaba, procurando hacerles comprender la responsabilidad en que todos nosotros íbamos
á incurrir si un hombre como Sir W ... , un amigo tan
leal, una persona tan distinguida, una inteligencia
tan superior, sucumbía en la triste habitación de una
posada. Pinté con vivos colores el dolor del almirante, el de la madre y el de la hermana, que todos los
días esperaban sin duda ver desembarcar al que
aguardaban y á quien creían sano y salvo á poca distancia de ellas, y que solamente habia retardado su
regreso para disfrutar de los grandes espectáculos de
París. ¡Qué decepción! ¡Qué dolor para ellos y qué
responsabilidad para nosotros!
Hablando así con animación en aquel gran espacio vacío y sonoro, mi propia voz hería mis oídos y
el eco me devolvía mis palabras; y parecióme que
mis dos interlocutores, perfectos caballeros, pero muy
tímidos, como lo son á menudo los ingleses, juzgaban
mi exaltación exagerada y mi proceder algo inconveniente. Más sorprendidos que impresionados por
mis palabras, escucháronme sonrojándose, visiblemente co11fusos, y solamente obtuve, no sin gran esfuerzo, del que tenía m~s edad algunas. palabras llenas de reserva pronunc1~d~s en voz baJa, como para
hacer contraste con m1 viveza. Golpeando con la
pal~ que_ aún ll~vaba en la ~ano la punta de su sandaha, el JO~en ms~lar me d1JO con cierta firmeza que
nuestro amigo Gmller~o no estaba solo en el mundo;
que además de sus ancianos ~adres, cuya residencia
no conocían exactamente meJor que yo y á quienes
no se debía alar~nar prematura~ente, tenía un tío,
lord H .... conocido de todos, ciertamente de avan-

NúMERO 519
zada edad, pero bastante vigoroso aún para trasladarse á París, taqto más, cuanto que era viudo y sin hi·
jos y el más próximo pariente de Sir \V ..., á quien
designaba como heredero de una fortuna comiderable y del más noble título. Por último, con una ligera animación y al parecer esforzán_dose mucho, mi
interlocutor me hizo comprender que aquella manera de intervenir en los asuntos ajenos sin ser invitado á ello era un proceder puramente francés nada
conforme con sus costumbres y conveniencias, y que
tal vez yo me extralimitaba en mis derechos. Como
hombre prudente, hasta me aconsejó que lo pensase
bien antes de incurrir en la responsabilidad de trasladar á Sir W ... á mi casa.
Más sereno ya cuando estuve al aire libre, y al mirar la brillante multitud que bajaba por la gran avenida, de regreso del bosque, experimenté cierta turbación al pensar en los razonamientos de los jóvenes
amigos de Sir W... y aunque firme en mis propósitos,
dudaba ya del derecho de la amistad y del deber que
ésta me imponía. Pero ¿cómo olvidar el rostro pálido
y las facciones descompuestas de aquel enfermo rodeado de personas indiferentes? Si se hallara en peligro, si llegase á morir solo, lejos de los suyos ...
¡Qué remordimiento no sería para mí! Antes de entrar en mi casa volví al hotel. El Sr. Pablo había
buscado ya una enfermera, y encontré al médico de
la embajada á la cabecera del lecho de mi amigo.
Como me lamentase de aquel singular estado del
enférmo, que ni siquiera echaba de ver nuestra presencia, según me pareció, y permanecía inerte con la
cara vuelta hacia la pared, el doctor, muy entendido
en aquellas fiebres perniciosas, asegur6 que aquella
postración era común en semejante enfermedad y
que no debía espantarme. Un poco tranquilizado con
la suerte de mi amigo, salí para volver de nuevo al
poco rato, y ya no me separé de él hasta el amanecer. Seguía entregado á un sueño febril, el sudor
inundaba su frente, y cuando por casualidad abría
los ojos, sus miradas eran vagas; de modo que no
tave la satisfacción de hacerle comprender que ya
no estaba solo y que yo velaba.
Era ya muy de día cuando entré en mi casa, con
el propósito de no dormir sino algunas horas y volver cuanto antes á cuidar de mi amigo. Al principio
no podía conciliar el sueño, mas al fin sucumbí á la
fatiga, y los criados, que conocían la causa de mi inquietud, guardáronse bien de interrumpir mi reposo.
Yo había dado órdenes formales para que me llama·
ran en el caso de recibirse algún recado del hotel, y
al despertar, avergonzado de haber dormido tanto,
tuve en cambio la satisfacción de saber que no me
habían enviado recado alguno. Vestíme presuroso, y
sin detenerme apenas para tomar algún alimento, á
pesar de las observaciones de mi anciano criado,
corrí á los Campos Elíseos; en la portería del hotel
y en el pequeño patio no encontré á nadie; era la
hora de comer y todo el personal de la casa estaba
ocupado en el servicio de la mesa redonda. Poseído
de esperanza y de temor, y esforzándome para ocultar mi emoción, habíame detenido en el umbral del
aposento de Sir W ... cuando de pronto abrióse la
puerta, precipitándose al punto un vivo resplandor
en el obscuro pasillo, y hube de apartarme para dejar
paso á un eclesiástico joven, de larga barba rubia,
cuya gravedad y acento solemnes me hicieron sentir
frío en el corazón.
La estancia estaba iluminada como un altar; la
enfermera arreglaba algunos objetos; y de pie ante
una mesa de despacho, cuyos cajones se hallaban
abiertos, un personaje desconocido parecía tomar
nota de los papeles de Sir W... Quedé inmóvil, como
si mis pies hubiesen echado allí raíces; los grandes
cortinajes me ocultaban aún la vista del enfermo;
mas al dar un paso, le vi ligeramente incorporado
sobre su almohada, con los brazos fuera del lecho,
desencajado ya por la muerte y como sumido aún
en profundo sueño.
Sir W ... había exhalado el postrer aliento hada
algunas horas á causa de la violencia de una fiebre
perniciosa que no cedió ni un instante á las medidas
más enérgicas, presa de un constante delirio, sin re•
conocer á nadie y sin tener por desgracia persona
alguna á quien reconocer, puesto que todo cuanto
le rodeaba era extraño para él. Por la solicitud del
doctor, que conociendo mi quebranto y mi fatiga no
quiso avisarme, un delegado del cónsul, autorizado
por la embajada, asumía, haciendo las veces de la
familia, la responsabilidad de todo. El tío de Sir W ...
debía llegar de un momento á otro, y entretanto el
agente ministerial desempeñaba su misión con esa
reserva especial de los ingleses y de las personas que
ejercen tales cargos. El empleado no parecía notar
mi presencia, y mostrábase tan frío, tan ajeno á mí
que ni siquiera osé interrogarle.
Mientras trataba de dominar mi profunda emo

LA

NúMERO 519

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

·. /

Les expuse con mucha vehemencia el objeto que alli me llevaba

ción, arrodillado al pie del lecho, aquel hombre preguntó á la enfermera qué grado de parentesco me
unía con el difunto, y al saber que yo era un amigo
de poco tiempo, continuó flemáticamente su inventario como si yo no tuviera derecho ni deber alguno
ante aquel lecho mortuorio. Por mi parte, esforcéme
para reprimir los sollozos, persuadido de que mi dolor debía parecer excesivo y singular.

plena mar, bajo el cielo azulado del Atlántico, y la
inmersión sublime en las misteriosas profundidades
en medio del estrépito de las salvas del buque, mezclado con el murmullo de las olas y los cantos fúne·
bres de los ancianos marinos de la orgullosa Albión!
Sin embargo. yo debía cumplir una misión sagrada para mí. Sir W ... me había confiado, desde el
momento en que intimamos, varios objetos que él
creyó más seguros en mi poder que en una casa de
En la tarde del día siguiente estábamos todos en huéspedes, figurando entre ellos en particular una
el templo de la calle Roquepine, adonde se había caja que contenía documentos y numerosos presenllevado el cadáver la víspera cuando cerró la noche. tes destinados á varias personas de su familia, tales
El Sr. Pablo había conseguido á fuerza de pasos como armas de gran valor, muestras de las maravipor aquí y por allá que no se cubriera de luto la llosas industrias de la India, y telas brillantes, que
puerta del hotel, pues la condesa rusa no se habría en nuestras casas europeas conservan un reflejo del
repuesto del susto: ya sabemos que todo cuanto re· sol de Oriente. Ahora bien: á pesar de nuestras larcuerda la muerte es un espectáculo cruel para toda gas confidencias, yo no sabía nada exacto sobre la
esa alegre sociedad que sin fijarse en parte alguna familia de William; recordaba, á decir verdad, el
recorre todas las capitales en busca de los placeres y nombre de Beldorny, donde estaban fechadas las
diversiones. La nave estaba desierta; cinco personas cartas de su madre y de su hermana, y también sasolamente asistían al oficio de difuntos, sin que hu- bía que así se llamaba la quinta &lt;'.fue habitaban en
hiera un curioso ni un transeunte; y al entrar en el una de las islas del grupo de Wight; pero á esto se
templo, entristecido por aquel abandono, aparenté ser reducía todo. Sin embargo, como el jefe de la fami.
indiferente y me senté en el tercer banco. En el lia estaba allí, propúseme rogarle que se encargara
primero vi de pie un anciano de aspecto majestuo- del depósito y dijera á los ancianos padres de Wiso, con corbata blanca, muy pulcro en su traje, fres- lliam, para quienes la noticia de su muerte sería un
co y sonrosado, con el cabello blanco como la nieve, golpe mortal, que en París quedaba un amigo de su
y con uno de esos perfiles á lo Wéllington que hacen hijo, que compartía su dolor y conservaría piados;.pensar en los hermosos retratos de Sir Thomas mente su recuerdo.
Lawrence.
Con la última oración todo terminó; el cadáver
Aquel hombre no podía ser más que lord H... debía ser expedido aquella misma noche á Inglateindividuo del consejo privado de la reina; y junto á rra, acompañándole lord H ... y por lo tanto no haél estaba el secretario particular del embajador de bía que vacilar. Cuando vi que aquellos señores se
S. M. Británica, S ... , siempre inmutable y con el despedían, cambiando un ceremonioso saludo sin
lente calado. Aquel era el banco de la familia; detrás mirarse siquiera, adelantéme hacia el mayor de los
vi á los dos jóvenes ingleses de la antevíspera, muy dos ingleses y le rogué que me presentara al tío
concentrados en sí y vestidos con propiedad para tal de William antes de salir del templo. Ninguno de
ceremonia· detrás de ellos, en fin, hallábame yo solo ellos le conocía; su amigo S... , el secretario de emy triste, si~ más vecino que el camarero que sirvió á bajada, le veía también por primera vez, y aun esto
Sir w ... durante su enfermedad, y que representaba oficialmente y obedeciendo á la orden de su jefe· de
oficialmente al Sr. Pablo, conocido en toda Europa modo que ninguno de ellos se creía con dere~ho,
por su solicitud para con sus parroquianos.
sobre todo en aquel lugar y en tales circunstancias
Conocida es la impresión que en nosotro~ produ- á dirigir la palabra á lord H ... y menos aún á pre'.
cen las grandes ceremonias del culto evangélico, esas sentarle un_extranjero.
paredes frías, esa falta de pompa, la palabra grave
Volvía á tropezar otra vez con ese odioso respeto
del Reverendo, familiarizado con la muerte, q~e humano, esa fría reserva, puramente convencional
pronuncia siempre con el mismo acento las orac10 - que es una manifestación de nuestro orgullo y qu~
nes dispensadas por igual á todos aquellos cuyos la sencillez y la buena fe, dictadas por la nat~raleza
despojos devuelve á la tierra; agréguese, á esto la so- y la verdad, tendrían derecho á rechazar.
ledad y el abandono alrededor del ataud, y se comAsí, pues, aquel anciano y yo, que habíamos coprenderá mi tristeza.
.
n?cido Y am~do al que reposaba en el ataúd, no po¡Qué funerales para aquel sincer~ amigo, para d~a.~os cambiar algunas palabras de mutua simpatía,
aquella alma pura y a~uel buen _servidor de su pa· d_mg1rnos una frase de consuelo y unir nuestras oratrial ¡Cuánto más hubiera prefendo la muerte en , c1ones dándonos el pésame. Hubiera sido una incon-

veniencia de parte mía irá inclinarme ante
aquel octogenario y rogarle que llevase á
los ancianos padres, que esperaban aún al
que no debían ver más, una palabra de
sentimiento del amigo que recibió sus últimas confidencias. Apenas tenía derecho,
como hombre de mundo, para inclinarme
ligeramente con los ojos secos y el cora•
zón tranquilo al pasar por delante de
lord H ...
Y esta vez también, apenas, estuve en
la calle, más sereno, díjeme para explicar ,
esta monstruosa reticencia que yo era víctima de una situación fatal y de las convenciones mundanas que están en uso en
una sociedad extranjera no bien conocida
por mí. Ni el lugar ni la hora autorizaban
á un desconocido á presentarse al anciano; y en cuanto á los jóvenes cuya frialdad
yo censuraba, ¿qué eran después de todo
para aquel á quien yo lloraba? Amigos de
sociedad que se encuentran en el club y
, que, presentados por pura formalidad, podrían vivir veinte años junto á otro hombre sin haber oído jamás latir su corazón
ni sorprender el secreto de un pensamien •
to íntimo. ¿Quién osaría decir, por lo demás, que bajo esa reserva y esa glacial actitud el corazón de un insular late menos
acelerado qua el nuestro, que sienten menos que nosotros?
En fin, y preciso es reconocerlo, nada
autoriza á un inglés de cierta sociedad á
dirigir la palabra á otro sin haber sido
presentado. Decíame todo esto, repetíame·
lo y reconocía una vez más que si estaba
condepado al silencio y al aislamiento
ante aquel ataúd era porque debía ser víctima de las circunstancias.
En su consecuencia, no quise insistir, y
sin más vacilaciones dirigfme á mi domicilio para recoger la caja que se me había
confiado y que entregué con las formalidades legales al oficial consular que entendía en los asuntos de
mi difunto amigo.
Así quedaba roto hasta el último lazo; aquella
dulce amistad en la ·que cada hora equivalía á un
año para afirmarla y acrecentarla; aquella comunidad
de n_iiras, de ideas, de sentimientos y de filosofía,
gracias á lo cual Sir W ... y yo. podíamos considerarnos como dos seres que se habían reconocido por
h~r1;0a~os; todo es,to no era ya sino un recuerdo que
m s1qmera me sena dado compartir con aquellos que
habían amado al difunto Sir W ...
Era forzoso, pues, sepultarle en el fondo de mi

Aquel hombre no podía ser más que lord II ..

c_orazón para conser~arlo como un tesoro, sin permitir que por causa nmguna se borrase jamás de mi
memoria aquel placentero recuerdo de· tan preciada
amistad.
( Continuar!l)

�LA

NúMEl&lt;O 519

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Entonces la central lo expedirá al des tinatario, y al
fusión del platino. Colocando una espita de estrucllegar el carrito á casa de éste tocará un timbre y se
SECCIÓN CIENTÍFICA
tura ordinaria entre el fuelle y la espita dosificadora,
descargará por sí mismo, regresando luego al centro.
se gradda á voluntad la altura de la llama del sopleUna ingeniosa combinación de agujas eléctricas perSOPLETE DE ESENCIA MINERAL Y TERMO·CAUTERIO te, pudiendo de este modo graduarse su_s dimenst0·
mitirá que los carritos tomen la dirección que se
nes diametrales, á cual efecto basta modificar las re·
El doctor Paquelfn ha p,resentado recientemente ladones entre la sección del pico del tubo y la de sus desee.
·
El sistema de transportes á domicilio de Bennet
á la Academia de Ciencias de París dos comunica- agu jeras laterales de alimentación. Así se obtiene una
ciones sucesivas referentes á dos nuevos aparatos
serie de llamas que miden desde uno á será indudablemente de ut ilidad suma, pero nos patres, cuatro ó más milfmetros en su rece que la canalización de las calles para instalar
los tubos ha de ofrecer grandes dificultades.
base.
El soplete que acabarnos de descri·
bir podrá servir en los talleres y laboFÍS!CA RECREATIVA
ratorios y á les artistas pirograbadores
La prestidi'gil?ción duwbierta. - Las pi:.arras upin'Jútas
para esfumar sus maderas.
La fig. 2 representa el tan conocido
Se toman dos pizarras con marco de madera y
termo-cauterio de M. Paquelin. El car·
después
de haberlas hecho examinará los espectabusador es de metal como el anterior,
pero de sección rectangular y puede dores se coloca entre ellas un pedazo de tiza y se
adaptarse á la cintura por medio de un atan con una tirilla de caucho: á poco se oye el ruido
garfio, cuyos anillos sirven de pinzas de la tiza que escribe entre las dos pizarras la conpara dividir el cauterio en caso de ro· testaci.ón á una pregunta, el nombre de una carta
zadura. E n este aparato no hay tubo pensada, etc., y al separar aquéllas se ve que una de
sumergido; la esencia mineral va apri· ellas está escrita,
He aquí la explicación de este prodigio. La escri·
sionada en esponjas, lo que imposibi·
tura
estaba ya en la pizarra A, pero sobre la misma
lita todo derramamiento del lfquido.
habíase
puesto un cartón negro delgado, que oculLa carga del c~rburador basta para
Fig. 1.-Soplete de esencia mineral de ~1. Paq11elín
alimentar el cauterio durante diez ho· taba los caracteres escritos. Al espectador se le da á
examinar la pizarra B, y luego por medio de un escasobre los cual'es creemos conveniente llamar la aten· ras por lo menos.
moteo se le entrega la misma que ya ha visto en vez
Los productos de la combustión son arrojados fueción de nuestros lettores.
de
darle la A que tiene el cartón: para ello se cogen
Comencemos por el so~fete de esencia mineral ra de las manos del operador. Uno de éstos, el vapor las pizarras del modo que indica la figura I y se
(fig. 1): consta el aparato de una doble pera de cau- de agua, que nace á cerca de 1.800 grados, es utili- cambian de mano, lo cual no ofrece dificultades á
cho formando fuelle á doble viento que se hace zado en los grandes cauterios para refrigerar el punto un prestidigitador. Mientras el espectador examina
funcionar con el pie ó con la mano, de un recipien· de partida y los canales que le siguen : el mango es por segunda vez la pizarra B, el operador coloca la
te metálico que fo rma carbu rador y del soplete pro- barrido en su interior de arriba abajo por un chorro otra sobre una mesa con la cara escrita hacia arriba,
piamente dicho. El aire expulsado de la doble pera de aire tomado di rectamente del fuelle que choca en y cuando le devuelven aquélla pónela sobre la priatraviesa el carburador en donde,'pasando al través la parte inferior del mismo formando alrededor del mera y las ata con la tira de caucho.
de un tubo sumergido, se carga de una esencia mi- portacauterio tres zonas de aire aisladoras.
Entonces el prestidigitador levanta las pizarras
Estas diferentes condiciones permiten reducir el
neral de verita corriente, la benzolina. Esta substancon
la mano izquierda, de la que sólo se ve el pulgar
cia es el comQustible de la lámpara Mille y pesa de mango del instrumento á tales dimensiones que mientras con el dedo medio rasca la cara posterio;
puede ser utilizado como un lápiz, y la IDano se en700 á 710 gramos el lit ro. M. Paquelín emplea tamcuentra
muy cerca del campo operatorio; su diáme· de la segunda pizarra, produciendo un ruido muy
bién como saturador un pulverizador llamado sisteparecido al que origina la tiza al escribir. Cuando
ma Giffard, por medio del cual el aire expulsado por tro no excede de r 2 milímetros.
el
operador juzga que esta farsa ha dorado bastante
Los antiguos cauterios ensanchiban•
coloca
las pizarras horizontalmente sobre la mesa'
se de la punta á la base; los de M. Pa ·
quelín se ensanchan, por el contrario, cuidando de que quede debajo la no preparada (figu'.
de la base á la punta: únicamente la ra 2), sobre la cual permanece entonces el cartón, al
parte penetrante ha conservado sus paso que la otra deja ver los caracteres que lleva
primitivas dimensiones. De este modo escritos y que se dice trazados por un,espíritu inviel instrumento posee, con gran econo- sible.
No creernos necesario explicar minuciosamente
mía de platino, todas sus antiguas ven·
tajas, convirtiéndose en un cauterio á de qué medios se vale el prestidigitador para conomanera de llave maestra, por decirlo cer de antemano lo que ha de escribir en la pizarra.
Sabido es que en la prestidigitación las supercherías
así.
Los cauterios grandes no se diferen· constituyen uno de los principales elemento, pata
cian, en punto á dimensiones, de los operar. Asi, por ejemplo, los dados cargados dan
demás sino por el diámetro de la parte siempre los mismos números y en cuanto á saber
qué carta escogerá un espectador, nada hay más fácil
de platino.
Todos los cauterios están monta- sabiendo obligar el naipe, ó valiéndose, si la ciencia
dos en una pieza de menos de seis
milímetros de diámetro y todos se atornillan_ á un mismo mango; el autor ha
reducido la variedad de las fo rmas del
cauterio á dos tipos principales y ha
dispuesto su carburador de modo que
los antiguos cauterios puedan ser utili·
Fig. 2. -Termo-cauterio, nuevo modelo de M Paquelin.-C. Detalle de
la punta del termo-cauterio.-A. Tubo que proyecta el aire carburado.
zados.
-BB Tubo para restituir los productos de la combustión. -TT. Cana·
La lámpara de alcohol del termo•
les condensadores del vapor de agua .
cauterio primitivo queda suprimida: el
.
único combustible que en la nueva se
usa
es
la
esencia
mineral. El cauterio se ceba en una
el fuelle, después de haber pulverizado el líquido
llama
cualquiera
ó
con auxilio del soplete antes descombustible se impregna de sus vapores.
Lo que caracteriza al carburador es su espita crito, que también sirve en caso necesario para des.
dosífico-mezcladora y cuyos llave y tubo presentan grasarlo .
Las aplicaciones del termo-cauterio de M. Paqueuna estructura especial: en efecto, la llave, que gira
en un espacio de una semicircu nfere ncia, tiene en lfn son muchísimas, y el instrumento responde á
su superficie una ranura inclinada sobre su eje: el todas las necesidades de la cirugía.
tubo está canaliculado de tal manera que una parte
del aire del fuelle va directamente al carburador.
Asi lo indica el aspecto mismo de la liama del soTRANSPORTE DE PAQUETES Á DO?&gt;IICILIO
plete, que ora ampliamente teñida de blanco y fuliPOR MEDIO DE LA ELECTRICIDAD
ginosa en un principio, ora insuficientemente alimen•
tada de vapores hidrocarbonatados, va puri ficán dose
En la última sesión de la British association Jor
cada vez más hasta tomar un color azul violáceo muy
puro y en extremo límpido. Cuando llega á este pun- advanement o/ Stience, Mr. A. R . Bennet ha presento es señal de que ha alcanzado su máximo de inten- tado una memoria describiendo un si.stema para el
sidad calorifica, y su color tiene el brillo aterciopela- repa:to de paquetes_ á_ domicilio en las ciudades por
do de una pintura á la aguada. De este modo se medw de la electricidad. Aunque el sistema tiene
utiliza el combustible en el máximo de su intensidad. alguna analogía con el de Siemen, su autor le ha
Figs. I y 2. - Las pizarras espiriti stas
El soplete está formado por un solo tuho, como amp\iado inspirandose en el ¡necanismo de los teléel que usan los joyeros; su originalidad está en la fonos . La instalación consiste en dos tubos sobredisposición de _su pico, que emite dos clases de lla- puestos, de 60 centímetros de ancho por 90 de alto del operador no llega á tanto, de una baraja en la
mas: una central, de punta muy afilada y pequeñas dentro de los cuales circulan unos carritos movido~ que todas las cartas sean iguales.
La prestid_igitación, por otra parte, es un arte ri,o
llamas laterales, en forma de pétalos ó de corona se- por la electricidad. Cada abonado tendrá en su casa
g~n la dirección de sus canales, los cuales sirven 1Para un par de .esos r~males, y cu.ando querrá enviar un en proced1m1entos que permiten simular la previsión .
ahmen¡ar aqué~a y mantenerla en actividad. Con la paquete á otro pedirá á la central un carri.to, lo car- del porvenir.
llama así obtemda puede lograrse un principio de gará y avisará al centro el destino que deba dársele.
(De La Nat11re)

NúMER0 519

LA ILU ST RACIÓN A RTI STICA

CIFRAS DECORATIVAS ,. PARA ARTES · E IN DUSTRIA.S
POR

♦

J. MASRIERA Y MANOVENS

MONTANER Y SIMÓN EDITORES ♦

ptas. ejemplar
Véndese formando u_n precioso álbum, encuadernado en tela, al prec1·0 de '.l.:.;
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JARABE DEL DR. FORGET

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■l'l!IY'I......... .~::.;,..,;;,;;;.., Afeccion es del Corazon,

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El API0L cura I

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~Debilidad, etc.

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aooa. Eteo\ol pernlolOM&gt;a del Karoarlo, Irtlaoion que produoe el Tabaoo. y tptei.al mnla
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Far'- BBmT, 15D, mla lJ,oU,Pilll

PI\OFE801\E8 7 UJ(TOI\U para fati h\U
de la •os.-P••• ; 12 8.a.u.aa.
.811fl"r M -' rotulo • ~NIUI

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Aprol,tdu p11r 11 ,1,.,1d•m11 d,. Med icina da far·,.

rgotina y Grageas de

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ktlnolonN •• la Voa, IDflamaotonN ele la

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MEDALLAS E,p.. Unir* LON ORES1862 - PA ~IS 1&amp;89

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Antss, Farmac~utlco
•s, Calle Vauvtlllers, Parla.

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JtOJ!fDe, contri lo que ,ac,de eo11
• e.mu parr,aaee,, ••te no obra bien

.aao cau 40 •• íom1coa bueao, alimeato,
~/'(/~-; fortilicuta, cual el rillo, el e•"•
b · • • cual~•, para purgarre la
ora 711 oomida gae ma, le co11Yienia
ocapac1oae,. Como eJ caD&amp;a.Q'
0 que I purga oculoaa qaeda completamt.n te aa alado por el efec&amp;o de la
lae.aa altmen&amp;aoion eJD¡,J11d11 uno
., d«:Jde /4cllmea&amp;a ~ ,.0¡.,ff
4UpeHrcuanturecn

El Jarabe de Pierre Lamouroux e,
el P ectoral por excelencia
romo edulcorante de las liscrnas ci
las cuale, commlica .m gusto og,'·adabl~ y sui propiedadu colma11te1.

':fªª '°1

(Gaceta de los Hospitales)

Oep;~~ Gmrd: 45, Calle fmillien, 45, Pil!S

,,. ■ ec..ano.

Se rende en tod11 las buena, farmacias.

LA

IaUenstruacion Jde

EPILEPSIA

GRAJEAS. GBLINBAU
En tod.111 111 Farmacta,

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DIPótlTOGt~&amp;I\AL : . 6. Rue Vauvllllers, PARIS. Dtpilllo ea todl,J lu rariiufu .

PARIS, 81, Rue de Selne.

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LINFATISMO

11Jarahe1 tu Grajea■ CtJ1 Jrolt·iN1re h llcrrt hF. G &amp;Íl e
"° podrio:" l tr ~ ,.,co,,wufad&lt;U .,.,on .i. 11' pvrua f\f i111uo,
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El Prolo-I(!d uro i, B:ierr o es ,1 repara d or d, lo •&amp;ZJ(lr••
el lorfJ4cante y d microbicida 1or ezcelencia

Jarabe Laroze

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DE CORTEZAS DE NARANJAS ' AMARGAS

CARNE f OUINA
ll 411mento.,. rtpandor,
al 'l'6111oo u
1lllÍllO

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VINOARDUO CON QUINA
T COll TODOI LOI nmamo• lllJftfflTOI IOLIIBLU DII L4 C&amp;IIKB

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4'.1&amp;.U 7 111111.1110n t01

l'epUador de lu
te
munen\e a¡rad&amp;l.lle, es toberano contra la .Antm'4 7 él Al&gt;Ota'!11'4mlo, en Iu Cakftl ag..
1 COnoallcendal, conira las
Ylas Af«clOMI del B1t01NaQo y loe '"'""""' ww,
cuando ae , rata de despertar Ñ ape_tito, asegurar lu d.ll(esUonea reparar 1aa ~ artquecer la l&amp;llgte, entonar el organismo Yprecaver la anemia y í'ü eo.tdem1ai-=-.~
Cid.u por loa calores. no ae aonoce nada aupei'lor &amp;l .,._. de
de
parí,, ea wa Id. FEl!.ll,Fare,i-co, IOI, m Riwllft, S.... .. '110U1,

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Desde hace mas de 10 añós el Jarabe Laroze
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\odos los médicos para la curacion de las guu'i~P~!;t!J1
e;;.'; 0 por
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loatlf::J::'o~. 1 para regularizar lodas las funciones del

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e'sWm"ai:"1~

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JARABE

a1Bromuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

ti;~i:!r::-:::Fihrii.a, Espedicionea : J.-P. LÁROZE
t, rnedea Liom-Sl-1'111 ¡ P,,.:
Depo■lto ea todas las prlnclvale■ Botica■ 7 Drogu;rlu

Ba el ,.medio mas encaz para combatir las en!ermed d d
~~ilepsia, hlatéria, ~igraña, baile de 8•-Vito
, __ "a1ºnco1•• Ytoa de los nilios durante la denlicion · en 'una palabra 'to~
wa
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CAZA DE PATOS,

lLOSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO 519

cuadro de D. José M, Marqués, adquirido por la Diputación Provincial de Barcelona

Las oa.sa.s extranjeras que deseen a.nunola.rse e n LA ILUSTRAOióN ARTtSTlOA d.1rija.nse pe.ro informes á los Sres A. Lorette. Rue Ca umartin.
núm. 61. Paría.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de public idad de loa Brea. Oa.Jvet Y O.•. Dtou ts-ctó n . 359 B,u&lt;'~lons

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ENFERMEDADES

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e&amp;m ..aa•., •IIDl&amp;t Dtes añoe de extto oonttnnado 11u &amp;11rmactonee de

&amp;odu Iu emiJlenCIU médicu preubln que est.a UOCJIC!on de la ()arae, el Blern 111
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Pepsina Boudault

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:llll'OL:I, l. 10, :P,&amp;IIJ•, • 6ar..,ae6ae
Bl TABABB DB B.RLlNTrecomenc1ado e111e111n QrtD.ctplo por 101 proreaor11
Laiinnec Tllénard, Gv.eraan-, etc.; ha r1clblC10 11 C041181'&amp;CIÓD. del &amp;lempo: en el

año tsw Ób&amp;nvo el PrlYlle¡io de Invención. VUDADEH CDIFln PECYGIIAL, con baae
de goma y de ll&gt;al&gt;olea, convtene 1obr1 &amp;ocio a 11a per■onu dellcadu, como
mQJ-ere1 J ntiios. su ¡ruato excelente no perjudica en moc10 aJruno á ■u ell.cacla,
._ contra 1011 llSFIUDOS "f toc1u lU IIFLllU.CIOIIES del PECHO Y de loa IITESTIIOS. _...

!prohada por la !UDtlU DI IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL 0' CORVISART, EN 1858
lhdallu •• la1 lbpo1lclonu loterueloo&amp;IH dt

PillS • LYOII • TIEIU • PIIIUDELPHI! • P!RJS
1867

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1876

1171

U ■•PLS4 CON IL ••TO&amp; tUTO IR L.ae

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
BAIO LA FORIIA

ELIXIR. · de PEPSINA BOUDAULT
VINO . · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PillS, Pharmaaie COLLAS, 1, ne Daap._
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de H. AUBERGIER

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es_peclalmente contra las ••crofalaa,, la
Ti■ta y la Debilidad de temperamento,
ui como en todos los caaos(l'iu4o. colorea,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

obrar sobre la sangre, ya sea para dnolverla
1u riqueza 1 abundancia nonnales, ó y~ para
provocar ó re¡ularuar su curso pertódico.

JARABE Y PASTA

1' OT&amp;OI DIIOUIIJfll l&gt;I L4 DIIIITIOII

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
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DE M ONTANER Y S IMÓN

.

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